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Mi Sobrino Andre

Tengo un sobrino precioso, André, de 17 años, de 1.70, moreno, de cara aniñada, de rasgos casi perfectos, media melena, delgado y algo musculoso. Muy tierno de carácter.

 

Una día, André estaba enfermo de Gripe, estaba debilitado, medio mareado. Como buena tia , le dije a mi amor:
– Cariño, dúchate hoy que eso va muy bien para el catarro.
– No, Vicky que estoy algo débil.
– Bueno, cielo, si quieres te ayudo yo.
– ¡ Vicky !, ¡ Pero si hace años que no me bañas !.
– ¡ JA !. ¿Y qué crees? ¿Que me voy a asustar? (me hice la veliente).
Mi chico se metió con el calzoncillo puesto, y en ese momento me lo tomé a broma:
– Jo, André, te dije que no me iba a asustar, que tengo 27 años y varios novios detrás… ! (lo dije riendo).
– Bueno, supongo que eres de la familia, …, pero no mires mucho ¿Eh?.
Se sacó el calzoncillo y dejó al aire un pene todavía flácido, con el Glande dentro, con un poco de pelusilla en los huevos, pero el pene límpido y precioso. Me sonreí. No sé por qué, pero estaba feliz !.
Empecé a bañarlo, con mi único “novio” sentado. Le enjaboné el pecho y el cuello, y dio un suspiro. Le dije:
– André, cielo, levántate que tengo que lavarte el trasero…
Y mi mano rozó su culo sin pelo alguno, tierno, carnoso…
Y se dio la vuelta. Nadie dijo nada, pero se suponía que tenía que limpiarle su aparato también. Lo hice con la mano, acariciando ese “dedo” suave y esa bolsita carnosa…, y empezó a crecer, mucho. Miré para sus ojos y ví que él miraba directamente para el escote de mi bata, que algo dejaba ver. Y con la mano derecha, como una parva, seguía magreándole el palo que a su edad era ya de 14 cm., y de repente, en una de mis sacudidas, salió su rojo glande.
No paré en ese momento, ni siquiera me tapé el escote porque sería demasiado obvio.
Me levanté y él intentó darme un beso, pero lo esquivé. Su respiración iba a mil.
– Bueno, mi vida, a secarte…
No pude contenerme y le sequé de primeras su falo, para ver si se pausaba un poco porque hasta yo me asusté. Pero nada, notaba su calor y dureza tras la toalla.
Los dos de pié, frente a frente, pecho a pecho, de repente, él me abrazó (había un clima muy propicio). Y le sonreí inocentemente.
– Gracias, Vicky. (notaba su verga en mi bata, clavada).
Y empezó a besarme en los labios, con un pico. Me di cuenta:
– No, André, tranquilo, para…
Pero empezó a apretarme contra él para notar cerca mis pechos, a besarme por la cara y en mi cuello. No sabía qué hacer, y de repente noté como me “culiaba”, hacía que me penetraba pero con mi bata de barrera.
– NOOOOOO, ¡ André !
– ¡ Vicky !
Me desató la bata y noté su pecho y su vientre directamente con los míos, y su polla ya rozaba mis labios vaginales. De repente, me pasó su lengua por mi cuello.
– Contrólate,   qué estamos haciendo.
Me separé bruscamente de él y caí al suelo en el amplio cuarto de baño…; me di cuenta que estaba desnuda. Mi sobrino tenía sus ojos clavados a mis pechos, estilizados y que tenían los pezones duros en ese momento.
El muy mañoso, en vez de ayudarme, ¡ Se puso encima mía para tirarme !
Apreté mis muslos y noté su pene atrapado en ellos. En un último intento, mientras el acariciaba mis pechos, le puse mi mano en su cara y le dije:
– André, cariño, no podemos, no. Por favor, para ahora que aún estamos a tiempo… !. Contestó mi amor:
– Vicky, me haces daño, me duele el pene…
¡ Menudo dilema !. Era mi tesoro, y en ese momento temí hacerle daño en su delicadísimo miembro todavía en crecimiento. Miré preocupada hacia abajo y abrí mis muslos.
– Gracias, Vicky, ahora está mejor.
Y su pene contactó con mis labios vaginales. Estaba mojadísima… !
Él empujaba con fuerza mientras se agarraba de mis hombros. No pude hacer otra cosa…: “consentí”.
Di un respiro y dejé que poco a poco me penetrara mi André amado. Se puso nervioso, su pene no daba entrado. No pude más. Le dije:
– SSSSSSSSSSS. Espera cariño…
Le cogí su pene y lo dirigí a mi vagina. Me penetró, lo sentía dentro, duro, que entraba y salía muy deprisa. A veces se salía del todo pero entraba perfectamente por lo húmedos que estábamos. Me besó en la boca y yo también se la ofrecía. Me abrí por completo a mi sobrino. Era un acto de amor supremo. Lo amaba por completo.
– Vicky, …, me voy, que me voy !
– Tranquilo, cielo, no te preocupes por nada.
Le besé en la mejilla dulcemente, hasta que se puso coloradísimo, eyaculó y acabé besando con lujuria su nuez.
Lo amaba tanto que quise hacer de aquella experiencia algo normal, no traumático:
– André, mi amor. Que bueno fue hacerlo!!!
Nos vestimos como si nada hubiera ocurrido.
Quise aparentar normalidad, como una TIA muy moderna. Aunque en mi interior tenía enormes dudas.
Al día siguiente, cenamos juntos viendo una peli. Tomamos los dos vino, y reíamos mucho. De repente, André, desinhibido, se puso enfrente a mí, que estaba sentada en el sillón. Me besó en los labios y le sonreí (después de lo que había pasado no iba a estar ahora yo de monja).
– Vicky, me gustó mucho lo de ayer. Fue el día más feliz de mi vida.
Se acercó más a mí agarrándose en las hombreras del sillón con una mano y me besó el cuello.
Le dejé y le acaricié su barriga para darle cariño:
– Venga, pesado, que no podemos hacerlo más…
Me besaba totalmente excitado mi cuello con su lengua.
– Vicky, mira cómo estoy… !
– Ya veo, ya, mi cielo, pero no está bien hacerlo. Eres joven y has de encontrar un amor de tu edad, no a tu tia, cariño.
– Tócame y verás, por favor…
Le toqué la verga más bien por curiosidad, total, es casi como cuando le acariciaba cariñosamente el culo. Pero mi sorpresa fue enorme: al tocársela estaba ya sin pantalón ni calzoncillos. Tenía el Glande fuera, y los huevos muy duros, más pequeños, apretadillos…
– Eres un tramposo, André.
– Jejejejejeje; Por favor, quiero hacerlo.
– ¿Tú estás loco?
– Sigue, no dejes de acariciármela, por favor…
Yo tenía dudas, seguí masturbándole el pene y mi impulso me llevó a besarle yo a él, en sus labios, en su lengua, en su cuello de adolescente.
– Sigue, Vicky, así…
Con su mano derecha me desabotonó la blusa y quedé en sostén. Me sobó el pecho izquierdo casi hasta hacerme daño. Y noté gotitas en mi mano.
– Cariño, que te vas a correr.
– ¿Vicky!, no me dejes así.
Vi triste a mi amor, y me puse de pié, le abracé y le besé en la cara.
– André, cariño.
Nos estábamos dando un magreo.
– Vicky, será la última, te lo prometo, pero hoy te lo suplíco, déjame.
Me quitó el sostén y besó todo mi pecho, mamando de los pezones durísimos. Miré al techo y eché un suspiro de emoción y placer, y mi chico me lamió de arriba abajo mi estilizado cuello.
Quedé sólo en calzoness y él sólo con su camisa. No era justo, mientras me lo pensaba, le desnudé a él y tomé mi parte: Le besé su pecho sin pelos todavía y así él sobaba mejor aún mis pechos, por la postura, en todo su esplendor.
Le toqué el pene, que explotaba, y supe que quedaban segundos antes de que mi vida, mi verdadero amor se corriera. En ese momento lo amé con todas mis fuerzas: se había hecho un hombre.
– André, lo hago para demostrarte mi amor…
Le besé la barriga, plana, sin bello, y mi lengua jugó con su ombligo. Él daba jadeos y suspiros de placer, y yo estaba húmeda por completo, Ahora me resarcí, con mi sobrino: le agarré su culo y besé más abajo del ombligo. Su glande ya rozaba mi barbilla, y le toqué los huevos.
Me incorporé, me saqué el calzón y le abracé como a un amante, le metí mi lengua en su boca y le cogí sus manos llevándoselas a mi pecho. Nos juntamos tanto que su pene casi entra de lleno por hasta mi utero.
No quería tener un hijo, la verdad, y por eso me agaché hasta tener delante al pene joven de mi querido. Lo toqué y me lo dirigí con ansia a mi boca. Le chupé su pene, que estaba empapada, con un sabor a piel húmeda, algo salada, con un tacto rugoso y terso. Y se la chupaba con fuerza mientras mi mano izquierda le acariciaba el vientre. Mi mano derecha le sobaba los huevos, y así soltó su chorro, que no era amargo, era agri dulce.
Se cayó del esfuerzo y suspiraba. Me senté junto a él, me puse encima de él, clavándole mi pecho y le besé en la cara.
– Te quiero, André, nunva tuve un orgasmo como el de hoy.
– Vicky…
Me acarició de nuevo el pecho. Nos besamos, reímos y le vestí a él.

 

 

Besitos

 

Vicky

María

Levanté la sábana con mucho cuidado y metí mi mano lentamente hasta que rocé aquel montículo cubierto apenas por una diminuta pantaleta, me aventuré a tocar con mayor firmeza; María separó sus piernas y comenzó a gemir profundamente por lo que supe que estaba disfrutando mi caricia. De pronto su mano aferró la mía y la apretó fuerte contra su sexo; yo me quedé petrificado, hacía tres noches que había estado haciendo lo mismo, pero apenas la tocaba me iba directo al baño y me masturbaba furiosamente; yo apenas tenía once años y no me atrevía a ir mas lejos, incluso creo que lo hacía por el constante bombardeo que me tenían mi hermano mayor y un primo que estaba de vacaciones en mi casa. Que si yo no era capaz de cogerme a la cachifa, que si su cuarto quedaba al lado de mi cama y no tenía puerta, en fin, que al final terminé gateando hasta la cama de María y esa noche me capturó…

“Esta noche no te vas de aquí hasta que no me cojas bien cogida carajito, llevo tres noches haciéndome la paja porque tu llegas, me tocas, y me dejas con la cuca ardiendo, entonces me tengo que coger con los dedos y eso no es igual a un güevo ven, mámame las tetas gran carajo que esta noche te desvirgo!!”

Me hizo mamarle las tetas hasta que se sintió bien excitada, entonces me colocó sobre ella entre sus macizos muslos y tomando mi verga con una de sus manos la guió hasta su húmeda y caliente cueva, me agarró con ambas manos por la cintura y halándome hacia ella dejó que mi lanza se clavara hasta el final de aquel rugoso, estrecho y caliente pasaje; fue la sensación mas deliciosa que jamás he experimentado en mi vida, era la primera vez que mi verga se abría paso entre los pliegues de una vagina y como es lógico, es una experiencia que jamás se olvida; lo malo fue que apenas me moví dentro de ella y acabé como lo que era, un carajito sin experiencia que no sabía controlarse.

María río bajito y me dijo en un susurro: “esta vez te la paso porque es tu primera vez, pero hoy mismo vas a aprender a controlarte para que sepas como hacer gozar a una mujer; así como tu acabaste bien rico, las mujeres acabamos igual, no lo olvides nunca, cuando te cojas una mujer, deja que acabe cuantas veces quiera antes de acabar tú; y si esperas que ella te lo pida es mejor, así querrá repetirlo contigo. Al principio es difícil, yo lo sé, pero ya verás que antes que yo me vaya de esta casa te habrás convertido en un amante perfecto…”Acarició nuevamente mi miembro que enseguida se puso rígido… “coño carajito!!, no solo lo tienes grande para tu edad, lo mejor es que se te para con solo tocártelo, que arrecho eres!!”; me guió nuevamente hasta su vagina y me recibió entusiasmada; “no te muevas!, deja que yo te goce hasta que acabe y luego tu podrás acabar de nuevo…”; se movió con fuerza hasta que sentí que se puso rígida y comenzó a temblar mientras su respiración se agitaba y sentía como su rugosa vagina me apretaba una y otra vez; descansó un rato inmóvil hasta que su respiración volvió a la normalidad y comenzó a moverse de nuevo hasta que me dijo… “muévete ahora que yo sé que estás desesperado por acabar de nuevo!!”; lo hice tal como ella me dijo y casi enseguida descargué una nueva porción de semen en su ardiente vagina que me recibió con un segundo orgasmo mas intenso que el anterior.

Aquellas excursiones nocturnas se volvieron algo cotidiano; todas las noches gateaba hasta la cama de María que me esperaba ansiosa y hacíamos el amor siguiendo sus instrucciones; tan pronto me mamaba sin dejarme acabar, como me hacía mamarle la cuca hasta que ella acababa en mi boca; aprendí como estimular su clítoris mediante suaves mordiscos o chupones intensos o lamidas muy suaves y rápidas. También me enseñó a usar manos y dedos en todo su cuerpo; amasaba y besaba sus duras tetas o aplicaba labios, lengua y dientes en sus pezones o en sus nalgas y aún en su trasero. Igual se me ofrecía en la posición tradicional, como se colocaba en cuatro para que yo la cogiera desde atrás o me cabalgaba de frente o de espaldas mientras me decía como amasar sus tetas o meterle un dedo en el culo mientras me la cogía. Lo cierto es que al cabo de un mes, yo era capaz de aguantar hasta que ella me pedía que le diera mi orgasmo y ella agradecida me felicitaba haciendo que yo me sintiera mas seguro cada vez.

Un sábado nos quedamos solos en casa pues todos habían salido; María estaba planchando ropa en el lavadero, yo pasé por detrás de ella a dejar una ropa sucia en el canasto y al hacerlo no pude resistir la tentación de rozar sus hermosas nalgas con mi verga; “si vuelves a hacer eso me vas a tener que coger aquí mismo desgraciado…!!”; aquellas palabras me provocaron una erección inmediata, al pasar de regreso la tomé desde atrás por las tetas y le dejé sentir mi dureza entre sus nalgas. Debo decir que María tenía una carne muy firme; tanto que era difícil hundir los dedos en sus tetas o nalgas cuando la manipulaba. Además su temperamento era muy ardiente, apenas la rozaba y ya estaba excitada y dispuesta a ofrecérseme. Empinó el culo hacia arriba y lo restregó con fuerza contra mi verga… “eres ocioso carajito, pero me encanta; hoy vas a saber lo que es un culo estrecho y gozón, vente, vamos a la cama!!…”.

No sé cuantas veces acabé ese día; nos hicimos de todo, nos mamamos mutuamente aunque ella nunca me dejaba acabarle en la boca, asumimos cualquier cantidad de posiciones y en cada una María logró un orgasmo; yo mismo logré cuatro. Estábamos fumando mientras descansábamos del último encuentro cuando María comenzó a excitarme con su boca; no usaba sus manos, solo tomó mi dormido miembro entre sus labios y comenzó a succionar con fuerza hasta que mi erección tocó su garganta; hizo arcadas pero no me soltó, me azotaba con la lengua mientras sus ojos buscaban los míos. Al rato me soltó y se puso boca abajo apoyada en sus rodillas con el trasero empinado… “llegó el momento!, usa un poco de vaselina, pon un poco en mi culo y comienza a meter tu dedo lentamente y hacia abajo hasta que Aaaaahhh!, así coño!, suavecito papi!!, métemelo hasta el fondo mi amor y luego gíralo despacio mientras me das hacia atrás y hacia delante mi vida, ay coño que rápido aprendes coño de madre!!, eres lo máximo David!!, me vas a hacer acabar papito!!, méteme un dedo en la cuca y sigue dándome así hasta que acabe que estoy al borde!!; ay coño!, ssssss! Assssíiiiiiii coooñooooooooo!, que rico mi viidaaaaaa!!, dame seguido mi amor que estoy acabando hijo de puta! Ay mi madre que vaina tan riicaaaa nojoodaaaaaa!!!, sssssssss!!!! Ya!, ya! Ya! Ya!!!, ahora saca tus dedos muy suavemente para que no me duela!, ajá!, ahora si David! Cógeme por el culo con ese güevote rico que te gastas mi macho!!, métemelo despacio para que me acople a tu tamaño y cuando me tengas bien clavada entonces me das con fuerza mi cielo que quiero sentir que me rompes el culo con esa vaina!!!”.

Me arrodillé colocando mi verga justo frente a su orificio posterior; lo presenté contra su entrada ayudándome con la mano y lenta pero firmemente lo fui enterrando en su estrecho pasaje hasta que su esfínter se cerró alrededor de mi glande… “ay coño que riiicooo!!, no te muevas papi!, no te muevas David!, deja que mi culito se adapte a tu tamañote mi macho!! Luego sigues cuando yo te avise!, sssss! Que grueso lo tienes papi!!, Ay coño!, ahora si!, mételo despacito mi rey hasta la pata muchachito divino!!, déjame sentir esa verga rica en mi culito papiiitooooo!!; ay coño!, que rápido aprendes carajito!, vas a ser una maravilla con las mujeres mi cielo!!!; dame despacio hasta que te avise y entonces me das bien duro ricura, hasta que me destroces!!!, quiero que me hagas acabar bien rico por detrás!!!.

María acabó tres veces por el culo mientras yo amasaba sus nalgas y apretaba sus tetas con furia o halaba sus cabellos según lo que ella me pidiera. Yo estaba al borde y ella debió notarlo pues cuando se aproximaba el cuarto orgasmo me pidió que le acabara en el culo…, “dame duro mi amor!!, dame tu leche David!!, lléname el culo con esa leche caliente mi cielo!!, ay si!, ay si!, ay coooññoooo siiiiiiii!!.

Todavía lo hicimos una vez mas en la cual María se sentó sobre mí y se clavó ella misma por el culo mientras se amasaba las tetas y gritaba como una endemoniada aprovechando la soledad en la que nos encontrábamos.

A los tres meses de estar en casa, ella me decía que estaba listo para complacer a cualquier mujer; me agarró una noche y me hizo acabar en su boca como jamás me había permitido; tres veces me recibió en su boca y tres veces acabó mientras se acariciaba con los dedos; al final de esa noche me ofreció su trasero pidiéndome que se lo metiera seco hasta que la hiciera llorar de dolor. Tuvo que morder la almohada para no gritar pues mis padres se hubieran dado cuenta; al día siguiente se marchó y nunca mas supe de ella. Debo confesar que a esa edad ella fue quien me cogió a mí, pero igual le doy gracias por todo lo que me enseñó pues luego me fue muy útil con otras mujeres. Gracias María!, donde quiera que estés…

La vecina del 19 H

Nos habíamos mudado con mi esposa a un edificio torre en la zona de Caballito. Alquilamos un departamento en el del piso 19. Era un edificio de construcción moderna que constaba de 22 pisos que albergaban 8 departamentos por cada uno, una verdadera comunidad. Casi no nos conocíamos con el resto de los inquilinos. Solo unos pocos nos saludábamos, y uno de esos era el matrimonio que constituían Mirta y Sergio cuya puerta de entrada al departamento confrontaba con la del nuestro.

Nos solíamos encontrar en el pasillo o el ascensor cambiando saludos protocolares. El parecía mucho más amable y locuaz que Mirta que parecía tímida y respondía lacónicamente a nuestros saludos. Era atractiva, de estatura mediana, delgada, y de muy buena figura. Morocha, de cabello negro y siempre bien arreglada. Sus ojos oscuros brillaban con un dejo de sensualidad y misterio como si ocultaran algo íntimo de mujer insatisfecha. En una charla informal, me enteré que Sergio era comisario de abordo y pasaba varios días ausente de su casa, por lo que no me extrañó no verlo durante un par de meses. Mirta se ocupaba de los hijos, hasta que en un encuentro en el ascensor me confesó que se había separado y necesitaba mis servicios como médico pues tenía al hijo más pequeño con fiebre. Con todo gusto la visité en su domicilio, resolví su cuadro febril y le ofrecí consultarme cuando me necesitase.

A partir de allí se produjo una relación más estrecha y en confidencia le ofrecí vincularla a una psicóloga amiga del hospital para ayudarla en su depresión a causa de su ruptura matrimonial que decía no poder superar.

Aceptó y a partir se entonces, todos los martes y viernes la comencé a llevar en mi auto para sus entrevistas. De común acuerdo decidimos que no se lo diríamos a mi esposa, pues sabía que celosa como era, pondría el grito en el cielo.

Transcurrieron un par de meses, hasta que la psicóloga me llamó y me alertó “Te necesita esta enamorada de vos y te puede comprometer”. Eso no hizo más que incitarme y decidirme a enfrentar el peligro que implicaba transformarme en su amante desoyendo las advertencias de Alicia pues creía que lo podría manejar. En realidad me gustaba como mujer y seguramente necesitaba de alguien que la pudiera atender en su soledad y su abstinencia sexual.

Esperé el sábado. Aduje en casa que estaba de guardia y la invité a tomar el té en un bar de Recoleta. No se hizo rogar, y aceptó. Sabia que el padre llevaba sus hijos consigo los fines de semana, y no pondría excusas. Nos encontramos a las seis de la tarde. Estaba preciosa con un vestido negro, botas y una polera del mismo color. Se había puesto un perramus blanco con capucha, que hacían resaltar su cabello y sus ojos negros. Expresé mi admiración por su belleza y su sensualidad tanteando el terreno, que Mirta allanó cuando me dio un beso en la mejilla, agradeciendo mi delicadeza.

Llovía a cántaros cuando íbamos a descender del auto para entrar a la confitería, entonces le propuse ir a un lugar más íntimo para no mojarnos. Me miró con esa mirada profunda y sensual, y en un susurro me expresó “Lo que tomo prestado no lo devuelvo”. Era una amenaza para mi esposa?. Por toda respuesta la abracé y busqué su boca. Nuestras lenguas se fundieron. Busqué con mis manos sus senos y noté la dureza de sus pezones, y al colocar mi mano por debajo de la pollera percibí la humedad de su vulva a través de la tanga. Mientras se recostaba en mi hombro y acariciaba mi miembro, dirigí mi automóvil hacia un hotel alojamiento.

Al llegar estábamos excitados, y apenas cerrada la puerta de la habitación, nos abrazamos y besamos con pasión. La fui desvistiendo con torpeza y Mirta, musitando mi nombre, me pidió pasar al baño. Mientras la esperaba me saqué toda la ropa y comprobé la dimensión adquirida por mi miembro palpitante.

Al aparecer la admiré, Mirta no era muy alta y sus senos más bien pequeños poseían pezones oscuros y puntiagudos que parecían apuntarme endurecidos por el deseo. Su rostro arrebolado y su boca entreabierta, eran una clara invitación a poseerla. Estaba totalmente desnuda y el calzado de tacos altos era su única indumentaria. Su cuerpo de cintura estrecha y sus piernas torneadas me sedujeron definitivamente. La atraje hacia mi cuerpo y sentí su piel ardiente. El vello que cubría la entrada de su sexo estaba húmedo, y el misterio de sus entrañas me indujo a arrodillarme, y mientras se recostaba en el diván y se abría de piernas, comencé a explorarla con mi lengua entreabriendo con mis dedos los labios de la vulva. El jadeo y los gemidos entrecortados y el sabor agridulce de los pringosos jugos que fluían de su interior me revelaron el placer inmenso que sentía por la caricia. Luego fue Mirta, la que tomó con sus manos mi verga y con maestría me practicó una mamada fantástica. Nos pusimos en 69 y mientras yo disfrutaba con la visión de sus orificios abiertos por mis manos y lamía el clítoris, Mirta me mamaba la verga, tomándola con sus finas manos. Sentí como me descorría el prepucio dejando mi glande al descubierto entonces eyaculé dentro de su boca. Se atragantó con el semen, pero sorbió hasta la última gota, terminando entre jadeos y gemidos agitados y felices.

Nos bañamos juntos y luego descansamos abrazados echados sobre la cama. Mirta seguía excitada y comenzó a masturbarme, me confesó que hacía tiempo me deseaba aún antes de separarse, y muchas noches había soñado conmigo mientras hacía el amor con su marido. Me susurró al oído, mientras lamía mi oreja, “Te espero adentro mi amor”, incitándome a penetrarla. Quería que mi pija la llenase de amor y de leche.

No pude más la deposité en la cama de espaldas y comencé a jugar con mi glande acariciando el clítoris. Se arqueaba pidiéndome con desesperación que apagase el fuego que la consumía. Ella que parecía tímida y recatada, había resultado fogosa e insaciable en la cama. En ese momento percibí que podía comprometer mi matrimonio pero no me detuve para aclarar las cosas, no era el momento, solo deseaba gozar de ese momento sublime.

La penetré hasta el fondo de su vagina de un solo movimiento, estaba empapada. Fue un mete saca violento entre gritos de placer y semen desbordando de su concha, esparciendo los jugos por su vientre y los muslos de ambos, que limpió luego con su boca. Me confesó que luego de mucho tiempo había gozado como mujer y me proponía compartir por “un tiempo” a mi esposa, agregando que haría reflotar en Silvia la libido y el deseo adormecidos, como yo le había contado.

Nos vestimos y antes de dejar la habitación, nos besamos y mirándome a los ojos me propuso ser su amante sin perturbar mi vida matrimonial.

MUNJOL,

Sigue con la segunda parte “LA VECINA DEL 19 H” (Parte 2)

Continuando con mi visita a San Juan

Mi tia vive en un barrio bien posicionado, donde la mayoria son parejas jóvenes con hijos pequeños, mi tia debe ser una de las muy pocas solteras que quedan por ahí. Siempre se escucha música hasta tarde en los entornos.
Lorena tambien comenzaba a sentir la necesidad de un hombre, por lo que cada vez que saliamos no dejabamos de mirar diferentes ejemplares.
Un día decidimos salir temprano a correr por la periferia del barrio donde llegabamos hasta una plaza, mi tia tenia la costumbre de ir al gimnasio a la salida de su trabajo. Al llegar a la plaza, cerca de las 10 de la mañana (por el frio antes era imposible) nos encontramos con unos jovenes de nuestra edad. Venian a jugar al voley en un campeonato y estaban conociendo la ciudad.
Logicamente, con nuestros cuerpos no pasamos desapercibidas. Aprovechamos y nos quedamos ahí a estirar un poco, ocación que no desaprovecharon y se acercaron a nosotras.
Nos topamos con unos santafesinos, que se albergaban en un club muy cerca de donde estabamos. Entre charla y charla acordamos con un par de muchachos en juntarnos por la siesta ya que ellos jugaban recien por la noche. Le dimos la dirección y nos marchamos.
Sabiamos que nuestra tía regresaba a almorzar y volvia al trabajo. Siempre llegaba pasada las 20 hs. ya que se quedaba en el gym o con sus amigas solteronas.
Llegaron como a las 14:30, ya no eran 2, eran 5 muchachos. No mostramos ningun tipo de molestia por eso, ni sorpresa tampoco, simplemente los dejamos pasar y nos ubicamos en la sala de estar. Entre charlas les mentimos que estabamos radicadas ahí desde hace poco tiempo, no le pensabamos decir nuestro verdadero origen.
Mientras charlabamos, las miradas se cruzaban y el ambiente comenzaba a tomar temperatura, tanto ellos como nosotras, cambiamos la música que estabamos escuchando por algo mas atrevido, que nos permitiera bailar con roces, vinieron juegos con ello y comenzó el descontrol al momento de las prendas.
Entre regalos de besos y quitas de ropa, no paso mucho hasta que por medio de trampas (apañadas por nosotras) nos quedamos en ropa interior. Ellos en su mayoria tenian su pantalon excepto uno, supuestamente el mas tímido que ya estaba en calzones.
Al bailar Lorena con él, fué inevitable que desplazara sus manos por sus pechos y le rozara su pedaso que comenzaba a tomar volumen por su nalgas, situación que provoco la entrega de Lorena. Uno mas se apego a ellos no sin antes quitarse el pantalon.
El resto hizo lo mismo y se avalanzaron a mí. Empezamos a besarnos mutuamente, me quitaban lo poco que me quedaba y tomaron mis pechos como juguetes. Al comenzar mis caricias sobres sus miembros me vino a la mente el día anterior donde me clave por todos mis agujeros sintiendome la mas puta y deseada del mundo. Me sente en un sillon y les comence a mamar sus mienbros de forma alternada. Con toda la energía del mundo a nuestra edad, ellos terminaron rápido en mi cara, pero sus miembros siguieron firmes.
Seleccione cual iría a cada agujero. El mas alto de todos tenia una exelente pija para mi trasero así que tome a uno y lo hice sentar montandome sobre él. Al de pene mas pequeño lo hice poner frente mio para otra mamada mas exclusiva e inolvidable. Al grandote no hizo falta decirle nada. Untando el gel intimo que vino con los preservativos en mi agujero, asento su glande y lo introdujo un poco torpe. Mientras me estocaban con sus miembros y yo mamaba, mire de reojo a Lorena y vio como ella estaba recostada de espalda sobre uno mientras el otro levantaba sus piernas y le cogian los 2 agujeros. Como ella no llego a hacerlos terminar con la boca, se vinieron rápido junto con ella que estaba muy exitada. Me encanto verla terminar, me proboco mucho e hizo que yo tambien me viniera junto al pene que estaba en mi boca tragando todo sus jugos. Solte mi cuerpo pegandolo al que estaba abajo y dejando que ellos me sigan dando mas placer con sus estocadas. El grandote empezó a gemir y a golpear mas fuerte hasta que me lleno el culo con su leche. le pedi que no la quite, que esperara a que su compañero terminara. Pasó muy poco tiempo y tomo fuerte mis nalgas descargando todo dentro de mí.
Nos acomodamos y relajamos. El grandote siguió jugando con mis pechos, yo tome su tranca y la comence a masajear nuevamente, reacciono rápido pero intervino unos de los muchachos que estaba con Lorena. Simplemente me volteo y me comenzo a perforar la concha. El grandote se dirigió a mi prima, puso sus piernas en sus hombros y se la introdujo por el culo, y el de pene chico que no cogia a ninguna se fué hacia Lorena, la giraron y por fin pudo cogersela. Mi macho se ve que tenia energía para rato, ya que me daba con fuerza y mucha velocidad, lo estaba gozando mucho, me hizo girar, se ubico bien y me comenzó a bombear mas fuerte aún mientras me mordía los pechos. Me puse a mil, el otro que estuvo con mi prima se acerco y me metio su pija en la boca para que dejase de gemir fuerte. Se la mamaba al ritmo de su amigo, el cual se vino de golpe dejandome con toda la temperatura arriba. Lo quite e hice que su compañero se recostara ya con su verga bien dura por mi mamada, lo monte y la salvaje esta vez fuí yo al cabalgarlo con fuerza, metiendomela toda, los otros dos se acercaron y mamban mis pechos. Logramos terminar juntos, quedando por lo menos yo exausta.
Al abrir los ojos miro hacia mi prima y tambien ya habian terminado. Estabamos todos quietos y en silencio. Hasta que sono el telefono de uno de los muchachos, los estaban llamando a juntarse con el equipo. Nos despedimos muy sensualmente pero no acordamos ningun otro encuentro.
Con Lorena nos fuimos a bañar en silencio y a descansar un rato. Esa noche pasó desapercibida y tranquila viendo peliculas con mi tía.
Al día siguiente nos damos con que mi tia tenia franco laboral y decidio quedarse en la casa. Pasamos la mañana juntas y despues del almuerzo ella prefirio quedarse en la casa mientras nosotras no fuimos a conocer un lugar turistico cercano a la ciudad.
Volvimos cerca de las 6 de la tarde y 3 cuadras antes de llegar vimos a nuestros muchachos que volvian de esa dirección muy contentos, pero ahora eran 8 jaja.
Nos ocultamos con unos arboles para que no nos vieran y llegamos a la casa un poco nerviosas por lo que le pudieran haber insinuado a mi tia.
La encontramos recostada, despeinada y con cara de muy cansada. Lorena disimuladamente me indico donde todavía quedaba por pedazo del envoltorio de los preservativos. Ya se podran imaginar el resto. La que hereda no hurta… soy cachonda de sangre.