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Historia de dos amigas

Viernes, diciembre 3rd, 2010

No sé cómo sucedieron las cosas, pues la verdad nunca pensé que eso llegaría a pasar. La conocía hacía apenas dos semanas y no me había parecido más que una chica bonita y nada más. Pero tuvimos que hacer un viaje de estudio juntas, y empezamos a entablar una amistad femenina nada fuera de lo normal. Me cayó bien, especialmente porque teníamos ideas parecidas en varias cosas, por ejemplo en el sexo y en el amor. Ella vivía su vida con una libertad envidiable, claro, madre soltera, podía hacer lo que se le viniera en gana. En mi caso, un matrimonio de siete años me colmaba de esa felicidad tranquila y relajada que muchas mujeres de mi edad envidian.

Nos contamos algunas intimidades: cómo ella perdió a su esposo y yo en retribución, le comenté sobre cierta relación extraña y enfermiza que aún mantenía con un antiguo amor al que quería ponerle punto final, pues él siempre se había portado de manera muy egoísta conmigo y yo no me había querido dar cuenta. Mis recuerdos sobre esta relación nos acercaron aún más, pues ella vivía algo similar con un viejo amante.

Una noche, en que andábamos buscando un lugar donde dormir que no fuera muy caro, me acordé de un amigo que vivía de cantar en los bares y que me había ofrecido su casa amablemente. Lo contacté y quedamos que nos prestaría su departamento. Esa noche fuimos a verlo tocar al bar y después de algunas copas regresamos al depto., donde mi amigo abrió una botella de vino más. Allí comenzó una discusión que verdaderamente yo no pensaba llevar a ninguna parte. Empecé a hablar sobre mi particular forma de ver el sexo, materia harto conocida por mi amigo que también había sido mi amante. Él me preguntó si yo había estado con alguien de mi mismo sexo, le contesté que no, pero que no me cerraba a esa posibilidad. La noche terminó con la última gota de la botella y ella y yo nos dispusimos a dormir.

Las dos llevábamos ropas adecuadas para el calor de la noche. Prendas delgadas de algodón, consistentes en camisas finas y panties frescas. Nos acostamos una junto a la otra y comenzamos a platicar sobre nuestras respectivas experiencias sexuales, con quien nos gustaba más, quién de nuestros amantes cogía mejor… no recuerdo cómo (todavía sentía el calor de las copas en la sangre) nos quedamos calladas y nuestros pies, las puntas de nuestros dedos se tocaron. No recuerdo si fui yo o ella la que comenzó la caricia. Nuestros pies y piernas comenzaron a frotarse suavemente, ella se hallaba a espaldas de mi y era fácil realizar esa actividad. Me empecé a calentar de manera muy extraña. Poco a poco nuestros movimientos se hicieron más rápidos, más frenéticos y entonces pensé que podía tocar sus pechos, los cuales siempre me habían fascinado de alguna manera, con esa cierta envidia con la que quienes no los tenemos tan abundantes, miramos a las que sí. No me abalancé a ellos directamente, sino que toqué primero su cintura y su vientre, aún temiendo su reacción. Me encantó comprobar que ella también estaba calientísima… Por fin me animé a tocar sus montículos suaves y acolchados. Sus pezones duros me invitaron a dejar mis dedos recorrerlos con curiosidad. La sensación era tan distinta a cualquier otra que hubiera experimentado antes. Ella se volteó hacia mí y empezó a besarme. Sus labios pequeños y armoniosos se hundieron en mi boca en un beso femenino inolvidable.

Nuestras lenguas se encontraron tímidamente, pero pronto empezaron a explorarse, mientras las manos hacían lo mismo con nuestros cuerpos. Sus dedos largos se detuvieron también largo rato en mis pezones grandes y erectos, ella los manipuló de manera deliciosa, con la habilidad de quien se conoce perfectamente a sí misma. Por fin le quité la blusa y me encontré de cara con sus apetitosas redondeces. Casi con incredulidad deposité mi lengua sobre sus senos, ella se estremeció con un suspiro y comenzó a moverse suavemente debajo de mi boca curiosa y ávida. Recorrí sus pechos con mis manos y jugué con sus pezones entre mis dientes. Ella hundía sus manos en mi cabello ensortijado, mientras balanceaba el cuerpo para disfrutar y hacer más intensa las caricias de mi boca. Luego ella hizo lo mismo, se metió uno de mis pezones a su boca y comenzó a tocarlo con la lengua. Qué sensación aquella tan extraña: era como sentir una caricia tan extraordinariamente suave, que no existiera, y sin embargo su legua seguía allí, pequeña y golosa, chupando, succionando, lamiendo, exprimiendo. “Estás riquísima”, “Tienes unos pezones deliciosos” me decía entre jadeos, mientras se montaba encima mío y ponía a la disposición de mi boca _ la única vía de exploración que nos permitía nuestra nula experiencia en las artes de Lesbos_ nuevamente la textura de sus pechos. “No te vas a sacar de onda, ¿verdad?” me preguntó pícaramente… “no, no” le contesté apresurada, excitada, muy caliente…

Reanudamos los besos y mis manos se bajaron a sus nalgas, las que se empezaron a mover a un ritmo sensual, delicioso… “Estás deliciosa” le dije, “buenísima”… y era cierto. Su figura voluptuosa se movía encima mío enloqueciéndome de pasión, sus pechos se bamboleaban felices en mi cara, mientras yo turnaba mi boca en cada uno, o los sostenía con ambas manos mientras me hundía entre sus labios.

En un movimiento apasionado quedamos de costado, frente a frente. Así, con timidez deslicé mi mano hasta su sexo, pequeño y de vello escaso. Sus gemidos me hicieron saber que mi caricia era bienvenida, así que con delicadeza empecé a introducir mis manos en su rajita húmeda. Estaba tan mojada que la baba se escurría entre sus piernas. Casi al mismo tiempo ella hizo lo mismo conmigo. Sus dedos largos, hermosos, exploraron el interior de mi sexo con tanta familiaridad como si me tocara yo misma. Pronto empezamos a hundirlos una y otra vez mientras nos fundíamos en besos apasionados y húmedos. Ella localizó mi clítoris y comenzó a jugar con él, las dos nos tocamos mientras apretábamos nuestros cuerpos y los lamíamos con avidez. Ella volvió a montarse encima mío y sus labios recorrieron mi cuello, bajaron por mis senos, se detuvieron en mi vientre y bajaron poco a poco a mi sexo abierto y húmedo. Me sorprendió su voracidad y al mismo tiempo la delicadeza con la que empezó a comerme, su lengua penetró con curiosidad casi infantil en mi vulva. Mientras tanto, yo la miraba desde arriba, semi recostada en los almohadones de la cama, su abundante cabellera lacia le caía de lado mientras se afanaba en darme placer con su lengua, para entonces ávida exploradora de las profundidades de mi sexo que se extendía a lo largo de mi raja y por momentos se detenía nerviosamente en mi clítoris hinchado. No pude más y le dije: “ven, ven aquí, dame la tuya”… Ella obedeció al instante y puso su sexo a merced de mi lengua ávida, volátil. Sus gemidos se hicieron intensos, mientras mis manos apretaban sus nalgas hermosas y firmes y se deslizaban por sus muslos fríos y redondos. “Qué sabor el tuyo” le dije a media voz… “y el tuyo, rica, es de lo mejor” me contestó cachondísima…

Después de disfrutar las mieles de nuestros cuerpos en ese estupendo sesenta y nueve, ella se incorporó y se sentó en mis piernas, poniendo nuevamente sus pechos a mi disposición, yo mordía con ansias locas, chupaba, lamía, tocaba, masajeaba sus tetas grandiosas, mientras le clavaba mis dedos una y otra vez, disfrutando del calor de sus jugos. Cuando más excitadas estábamos, comencé a mover mis dedos con más prisa, mientras ella se babomboleaba de adelante hacia atrás, aún sentada sobre mis piernas. Se corrió dos veces en medio de suspiros y gemidos sensuales y cayó exhausta encima mío. Yo le acaricié su cabellera y lamí cariñosamente sus pezones. Se recuperó rápidamente y me dijo “ahora te toca a ti, querida”. Se montó encima mío y comenzó a morderme los pezones… “están duritos y hermosos” me decía coqueta, “eres de lo más bonita, estás cachondísima” susurraba a mi oído. Jugó con mis senos y mi sexo a la par, metía y sacaba sus dedos, jugueteaba con mi clítoris, besaba mi cuello y se fundía con mi boca… “muerde más” le suplicaba y ella obediente lo hacía… Pronto encontró el ritmo apropiado con el que frotar mi chocho, lo hizo maravillosamente bien, mientras con la otra mano oprimía con cierta fuerza mi pezón derecho. Yo apretaba las piernas para conseguir un orgasmo intenso y cuando éste empezó a llegar, ella comenzó a jalar mi pezón con fuerza a uno y a otro lado, de manera que el estímulo que me producía mi seno bamboleante, se juntara con la sensación que me produjo ese orgasmo inolvidable. Cuando exhalé el último gemido de placer, ella se incrustó en mi boca y nos besamos largamente, moviendo suavemente nuestras lenguas, tocándonos el cabello, acariciando nuestros rostros, besándonos las mejillas y el cuello. Nos arropamos un poco, pues ya era de madrugada y la brisa entraba por la ventana. Comentamos qué rica estaba la noche y qué rico lo que había pasado entre nosotras. Acordamos que éste sería un secreto entre las dos. Hasta hoy nadie, sólo ella y yo, sabemos lo que pasa entre nostras. Nuestras vidas continúan normales, y somos amigas más allá del sexo. Ella me cuenta sus aventuras y desventuras amorosas con los hombres, los problemas con sus hijas, hablamos del trabajo, a veces de otras personas (ya saben al fin mujeres), viajamos juntas en plan de madres de familia, organizamos fiestas familiares, hacemos proyectos juntas y si… algunas veces, también nos damos un tiempo entre nuestras actividades, para tocarnos, besarnos y jugar maravillosamente con nuestros cuerpos, encontrando aquello que sólo nosotras podemos darnos.

Estudiando anatomía

Martes, noviembre 30th, 2010

Hola les voy a platicar mi gran noche.

bueno yo tengo una amiga , vamos en la misma uni. un dia ella y yo decidimos estudiar en mi departamento , pero ella tenía que dormir ahí toda la noche. bueno terminamos de estudiar y muy agotadas decidimos ir a la cama. me comencé a desvestir me quite el pantalon, la blusa, y procedia a quitarme el bra cuando ella m dijo que haces?, y yo le dije que yo acostumbraba a dormir desnuda. ella hizo lo mismo , segun para saber que se sentía dormir así. eran las2 de la madrugada cuando sentí unos labios calientes y humedos a la vez rosando en mi cuello. y despues rozando mi espalda y asi hasta llegar a mis nalgas. yo sentía un escalofrio que me hacia sentir rico. en ese momento yo le respondí tocandole los pechos, acariciandocelos, y besandolos, eran como a mi me gusta medianos, de ahí empece atocarle todo su cuerpo hasta que llegue a su vagina la cual estaba humeda , mi lengua recorria su clitoris mientras ella gritaba y gritaba  ,yo seguia lamiendola con el miedo de que los vecinos escucharan nuestros gemidos. despues ella hizo lo mismo conmigo ,a si duarnte toda la noche. al otro dia nos metimos a bañar terminando ahí de amarnos. agrengueme mi correo es karen_yok@hotmail.com

Triste realidad

Martes, noviembre 2nd, 2010

Lo veo pasar, su figura atlética, sus ojos de conquistador, su sonrisa linda y alegre… su nombre es Ricardo, mi amor platónico desde los 12 años, han pasado casi 6 años y aun me hace sentir mariposas en el estomago.

Al pasar a mi lado, solo una cruzamos una mirada, dudo que sepa mi nombre, y mucho menos sabe lo que siento por el. En ocasiones iba a verlo jugar básquetbol los fines de semana, sus fuertes brazos, sus torneadas piernas y sin perder el carisma jugando, sudando.

Es viernes en la tarde, Ricardo me ah invitado al cine, después de conocernos en una fiesta, mi corazón late muy rápido a varias horas de nuestra cita, no se que ponerme, no se que le guste, ropa ajustada para llamar su atención?, o ropa casual para decirle que soy formal?, me decido usar una combinación de ambas, sexy y formal sin caer en lo vulgar.

Seis de la tarde con diez minutos, mi corazón se acelera, se ah retrasado 10 minutos, me empiezo a preguntar si se le olvido nuestra cita o me dejaría plantada, suena el timbre, se me corta la respiración, mi hermanito abre la puerta y alcanzo escuchar su voz, -hola, le puedes hablar a Maricruz?-,  me veo por ultima vez al espejo, creo que use demasiado maquillaje, porque me hice este peinado?, ya no importa, no lo quiero hacer esperar, lo veo en la puerta, traía una camisa azul, unos jeans y zapatos cafés, me sonreía, y en la mano llevaba una rosa roja, me la da y me acerco a saludarlo de beso, lastima solo fue en la mejilla, le digo a mis padres que vuelvo pronto y nos vamos.

El manejaba el coche de sus padres, no sabia que decir, no quería mencionar algo sin sentido y quedar como tonta, no frente a el, quien esta estudiando una ingeniería muy difícil, pero el no me hablo de su carrera, supongo que no quería humillarme, me empezó a hablar de música, de sus gustos que curiosamente eran parecidos a los míos, tenemos mucho en común, nos reímos de las mismas cosas.

Al llegar al cine decidimos que película ver, el compro los boletos y yo las palomitas, entramos nos fuimos hasta lo mas alto, la parte mas oscura de la sala, una sala con poca gente, éramos los únicos en la ultima fila de sillas. Durante la película cruzamos varias miradas y algunas sonrisas, no recuerdo a detalle la peli, cada momento pensaba en el hombre de mis sueños estaba a mi lado.

De repente el tiempo se congela, giro mi rostro hacia el y me acerco a sus labios, el sonríe, cierro los ojos, nuestros labios se encuentran, dulces, suaves, un momento de romanticismo, aunque estoy emocionada, mi corazón recibe un choque de paz, amor y seguridad. Fue capaz de llevarme a las nubes, de mostrarme el paraíso y darme la oportunidad de sentirme amada.

Han pasado varios días desde nuestra primera cita, ahora estamos en mi cuarto, mis padres no están, nos besamos, mis latidos se aceleran, acaricio su pecho, su fuerte pecho, me besa el cuello y una onda de calor recorre mi cuerpo, lo deseo,  y pienso… quiero que mi primera vez sea contigo.

Tomo su mano derecha y la apoyo contra mis senos, le sonrió y cierro los ojos, el mueve su mano, me acaricia me hace sentir mujer, la excitación y el erotismo se apoderan de la situación y las mariposas en mi estomago revolotean como locas.

Me desabotono la blusa, siento vergüenza de verlo a los ojos, pero veo sus labios que vienen hacia los míos, un apasionado beso me hace querer más, quiero ser suya.

Me acaricia los senos, las piernas, me besa el cuello, con una de sus manos roza mi entrepierna, lo hace tímidamente. Al quitarme el sostén, me toca mi vientre y baja su mano hasta mi pantalón y empieza a desabrocharlo, trato de quitarle la camisa, me tiemblan las manos y siento un hormigueo en mi sexo, que con la excitación ah empezado a lubricarse.

Al ver sus pectorales y su abdomen marcado, lance un suspiro y lo acaricie, el me quita el pantalón, quedando solo con mi pantaleta rosa a rayas, nuevamente sentí vergüenza, pero me siento segura de lo que hacemos.

Estamos de pie, uno frente al otro, totalmente desnudos, estoy sonrojada y también muy excitada, el me mira a los ojos, me muestra su alma, me abraza y me besa, acaricia mi espalda, y va bajando sus manos, las detiene un momento en mi cintura, luego acaricia mis nalgas, suavemente, me encanta. Su miembro demuestra lo excitado que también esta el.

Me recuesta en la cama, me besa, me acaricia, toca mis senos de una forma tan suave, rozando con su el dorso de su mano mis pezones, nuevamente nuestras bocas se encuentran, y esta vez también nuestros genitales rozan entre si.

Lentamente su pene entra en mí, hay un poco de dolor, sin embargo, la excitación y el placer son aun mayores, y entra cada vez mas, hasta romper mi himen, paulatinamente el dolor se va, pero la excitación y mi lubricación aumentan, cierro los ojos y leves gemidos salen de mi boca, provocados por la penetración, los besos, las caricias, todo.

Acaricio su espalda, y abro mis piernas siento su pene dentro de mi, me siento cada vez mas caliente, hasta que por un momento el tiempo se detiene como en nuestro primer beso, pero ahora un choque eléctrico acaricia mi clítoris, la sensación de placer mas grande del mundo, si, tuve un orgasmo.

El vaivén de su pelvis continua, se mueve al ritmo del contoneo de mis senos, siguen los besos, al igual que la excitación.

El placer me provoca ahora ruidosos y placenteros gemidos, mi querido Ricardo, hazme tuya, te entrego mi corazón, mi alma y por supuesto, mi cuerpo.

Sin embargo, despierto, sola, en mi cuarto, todo fue un dulce sueño, una fantasía que eh tenido durante tanto tiempo, esta es mi fantasía, la historia de Maricruz y Ricardo, la historia que he inventado, aquí me encuentro sola viviendo la triste realidad…