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Semen en ayunas

Mi novio y yo estamos estudiando en la Universidad de Valencia y hace unos días que acabamos los exámenes de septiembre, y como las clases no empiezan hasta octubre, estamos aprovechando estos días para descansar e ir a la playa. Lo cierto es que esto no tiene nada e extraordinario, porque llevamos yendo todo el verano, pero estos días últimos los estamos aprovechando al máximo.

Además lo bueno que tiene el ir a la playa en esta época es que como todo el mundo está trabajando, pues practicamente la playa está vacía por las mañanas, por lo que casi siempre estamos solos.

Hasta ahora nunca habíamos intentado hacer nada en la playa, y eso que llevamos casi 3 años juntos. Pero yo aquel día estaba muy caliente, y Mario…bueno, creo que Mario nunca deja de estarlo. Es insaciable ese chico.

Era un día normal de la semana. Mario se pasó a recogerme temprano, sobre las 9:00 de la mañana. Subimos a su coche y nos dirigimos, como todos los días, a la playa más cercana. Al llegar no había absolutamente nadie, pero bastó con bajar hasta la orilla para instalarnos, cuando oímos llegar a un coche. Al rato vimos que se trataba de una pareja de personas mayores, un hombre y una mujer, que se pusieron como a 10 metros de donde estábamos nosotros, y mira que había playa. La verdad es que tampoco nos importó demasiado y nos olvidamos pronto de su presencia. Mario comenzó a ojear una revista mientras yo tomaba el sol, boca arriba, extrañamente consciente de mi calentura, causada no precisamente por el sol de las 10 de la mañana, sino porque, con la cabeza ladeada, no podía quitarle la vista de encima al paquete de Mario.

Así pasé un rato, hasta que me dio la sensación de que el calor de mi bajo vientre no se aplacaría nunca, por lo que me incorporé para darme un baño. Se lo comenté a Mario, pero éste, imbuido en la dichosa revista, solo me lanzó un gruñido como de haberse dado por enterado. Eso me reveló. Me cabreó bastante, vaya. Así que cogí, me levanté, y me acerqué a la orilla, y allí me quedé quieta un rato, notando cómo la espuma de las olas me acariciaban los pies y los tobillos. Me fui metiendo poco a poco en el mar, medio enceguecida por el oblicuo sol de la mañana, admirando la claridad del agua, el olor a yodo, la fina arena el fondo. No comprendo el porqué, pero todo esto contribuyó a que me excitara más. Tenía los pezones tan duros que casi me dolían. Cuando el agua me llegó a la altura de las caderas me zambullí, pensando que quizás, si Mario me estaba mirando, se animara a seguirme, porque al meterme de cabeza le di una buena panorámica de mi trasero. Pero al emerger a la superficie y girarme hacia él, vi que mi táctica había fallado. Ni siquiera levantó la vista cuando le grité que el agua estaba “buenísima”.

¡¡Me sentí despechada!! Así que decidí pasar de él. Cerré los ojos y me concentré en el líquido elemento, en cómo el agua rozaba mi piel, en mi larga melena flotando en el agua. Yo llevaba un bikini blanco de triángulo que me lo había comprado años atrás, cuando aún mis tetas no habían alcanzado toda su extensión, y la verdad es que me estaba un poco pequeño. Y la parte de la braguita también me estaba un poco ajustada, se me iba remetiendo la tela por la rajita el culo. Tenia que estar casi continuamente cuidando de que no se viera más de lo normal, pero como era septiembre y apenas hay gente en la playa en esta época, y solo me iba a ver mi novio, que ya me tiene bien vista…pues total , qué mas me daba. Además aquel bikini le volvía loco a Mario. Menos aquel día, claro. Supongo que estaba un poco cortado por la pareja de ancianos, no sé.

El caso es que la parte de arriba me molestaba. Era de esas que se atan al cuello y a la cintura. Y… además me apetecía sentir el agua entre mis senos, así que me lo desaté del cuello y me lo bajé hasta la cintura. Miré haca los ancianos y vi que no estaban mirando , de hecho estaban medio ocultos por su enorme sombrilla, inclinada hacia el sol, como una gigantesca flor que va buscando la luz. Bajé la vista y observé mi pecho. Se veía refulgente bajo el agua y con los rayos el sol que penetraban en ella. No pude evitar tocármelos y sentirlos en mis manos… tan redondos y tan duros, con mis punzantes pezones entre los dedos, y la suavidad del agua a su alrededor, como acariciándomelos, habiendo que se elevasen, como si quisieran salir a la superficie. Qué placer. Me puse a nadar lentamente a lo largo de la orilla, en sentido contrario a donde estaban los ancianos, totalmente desnuda de cintura para arriba. Los hombros y el cuello supongo que se veían demasiado liberados de cualquier carga de tirantes.. porque Mario no tardó en acercarse a la orilla y mirarme con picardía. Yo le sonreí y le hice un gesto para que se acercara. Él se zambulló en el agua y a los pocos segundos ya me estaba magreando los pechos.

“Eres una descarada, Patricia… una descarada zorrita. ¿Y si el viejo te descubre?”.

“Pues se pondrá contento, Mario, yo qué quieres que le haga, estamos en un país libre, no?”

Mi chico sonrió complacido ante mi natural descaro. Deslizó la mano por mi vientre hasta llegar al elástico de las braguitas y metió la mano por ellas hasta rozarme el vello púbico, con el que se entretuvo un rato enrrollandolo y desenrrollánolo.

“Estoy como un toro, Patri” – y pegó su entrepierna justo en la raja de mi culo – “no te haces una idea…”.

“Me la hago, si…no te separes, por favor…”- dije mientras dejaba escapar un gemido.

Para ese entonces su mano ya había alcanzado la plenitud e mi sexo, y me acariciaba el clítoris con un dedo mientras que con otro hacía a magos de querer metérmelo hasta la médula, del énfasis que le ponía. Le dije que no fuera tan descarado, que nuestros vecinos podrían descubrirnos. Entonces él, separándose de mi, me agarró de la muñeca y me guió fuera del agua. Estábamos tan calientes que ni me di cuenta de que yo aún llevaba la parte superior del bikini por la cintura hasta que nos sentamos en las toallas. Rápidamente me puse boca abajo y traté de volver a anudármelo al cuello, pero Mario me lo impidió sujetándome las dos manos. Yo me dejé hacer. Luego se incorporó y colocó la sombrilla de tal forma que nos tapara un poco de la vista de los dos viejos. Se tumbó boca arriba y se bajó el bañador lo suficiente como para dejar a la vista su flamante polla… yo no necesité más pistas. Coloqué mi cabeza sobre su bajo vientre y comencé a darle pequeños lametones por debajo del glande, en esa zona tan rugosa. Su pinga estaba totalmente enhiesta y muy dura, bastante humedecida en la punta debido al líquido preseminal que no tardé en lamer también. Me encanta ese sabor. Más incluso que el propio semen.

Coloqué mi mano alrededor de la base el pene, apretando bien, para ver toda aquella polla en su esplendor, pero no pude aguantar demasiado esa visión, necesitaba comerme aquella polla ya, así que no tardé en dale lentos y húmedos lengüetazos, notando el sabor de su piel, desde la base hasta la punta del capullo, chupando siempre un poco la puntita en busca de más liquido preseminal. Luego pasé la lengua alrededor de la base del glande y me metí la punta en la boca, aprentando todo lo que pude mis labios y haciendo fuerza para que pareciera que me lo metía en una abertura muy estrecha. Mario entonces posó su mano sobre mi nuca y suspirando me dijo, “suave, Patricia, suave, por faaaaavor”… me encanta cuando me dice eso.

Lo hice más lentamente, hasta que vi que él ya no podía más. Entonces empecé a hacerlo paulatinamente más rápido, haciéndole una paja con mi boca, un rápido mete saca. Lo hacía tan deprisa que pronto me empezó a doler el cuello. Iba a decírselo a Mario cuando me gritó que se corría… y se corrió. Si, señor. En toda mi boca. O mejor sería decir en toda mi garganta, porque noté cómo un chorro caliente y espeso de semen se me colaba por la garganta y descendía hasta mi estómago vacío (aquella mañana no había desayunado…nada mejor que semen en ayunas).

Cuando levanté la cabeza para mirarle, descubrí al hombre mayor en la orilla, justo enfrente de nosotros, con las manos unidas a la espalda y observándonos directamente. Yo me miré unos instantes y creo que me puse roja como un tomate.

“Ayyyy, hijos míos….qué envidia me dáis…”.

Mario y yo nos reímos con ganas.

“Lo siento, señor, pero no se la presto…”

“Lástima, hijo, lástima…mi pobre Herminia ya no está para esos trotes…”.

En la casa abandonada

Hola, usaré el nombre de Julián, y la historia que voy a platicarles sucedió hace cinco años, yo tenía 27 años y era gerente de una tienda departamental.
Un dia regresé al trabajo después de la hora de la comida, y observé en el Área de Cajas una nueva empleada que había contratado el Jefe de Recursos Humanos. Era una chica de mi edad, blanca, delgada, de un rostro hermoso, una mirada penetrante y un pequeño mechón blanco en la frente. La llamaré Cindy.

Desde que la ví me sentí profundamente atraído por su personalidad, y tras una abstinencia de más de dos años (Me Había dedicado de lleno al trabajo, y aunque en la tienda había chicas guapas, tenía que guardar las distancias porque las relaciones amorosas estaban prohibidas en la empresa, y yo como gerente tenía que poner el ejemplo; es más, despedí a varios empleados que fueron sorprendidos formando parejas de enamorados), la calentura me fue dominando y me propuse ligármela.

La invité a comer y ella aceptó. La plática fué trivial y frívola, pero sirvió para romper el hielo (Yo era el jefe, y muy estricto por cierto). Poco a poco, ambos fuimos buscando la oportunidad de estar a solas para conocernos. Ella vivía con una de sus hermanas mayores, casada ya y con dos hijas. Pero su padre (Que vivía en otra ciudad) le había dejado a Cindy una casa fuera de la ciudad.

Hasta ese tiempo no pasábamos de besos y de manitas sudadas, ella se mostraba muy renuente a mis caricias, hasta pensé que era frígida, pero como realmente me interesaba estar con ella, seguía haciendo mi lucha.

El 19 de noviembre, cerré el negocio y me alejé por la oscura calle. Sofía me esperaba dos cuadras adelante (Recuerden que nadie debía saber de nuestra relación).
-Vámonos Cindy – Le dije.
-¿me acompañas a mi casa Julián?
– Seguro que sí, pero siempre lo hago ¿Por qué me lo preguntas?
-Es que no voy a la casa de mi hermana, sino a la mía, la que te platiqué que me dejó mi papá.
-Claro que sí.

El taxi se encaminó hacia fueras de la ciudad. Llegamos. La calle era de terracería, las casas estaban dispersas y había muchos lotes baldíos. Entramos por un callejón y Cindy se dispuso a abrir un enorme zaguán morado.

La casa era muy rústica y estaba a medio construir. Entramos. En el interior había muy pocos muebles y ya viejos.
– ¿Me invitas un café flaquita?
-Aquí no hay nada
-Bueno, al menos pon algo de música.
– No
-Entonces voy a prender la tv.
-No tiene antena.
– Caray, entoces….¿Qué vamos a hacer?

Para ese entonces ella se había quitado su abrigo, se había acomodado en un enorme viejo sofa…
-Ven aquí, conmigo – Me dijo
Caminé lentamente hacia ella, me acomodé a su lado y comencé a abrazarla y besarla, yo me sentía muy nervioso e instintivamente baje de besar su boca y su cuello hasta una de sus tetas, por encima de su playera de uniforme de trabajo. Mi mano comenzó a acariciar una de su piernitas.

De pronto ella se escabulló de mis brazos – Voy a quitarme el uniforme, porque sólo me dieron dos y el otro no lo he lavado. –

Se alejó a una de las habitaciones y regresó con un blusón holgado color verde limón.

Volvió a sentarse a mi lado y nos empezamos a besar nuevamente. La pasión aumentaba cada vez más, pero yo la llevaba lentamente, con delicadeza.
Cindy se recostó sobre el sofá, yo me inqué y nos seguíamos besando. Los besos eran cada vez más fuertes, más mordelones. Le besé el cuello mientras mis manos acariciaban sus tetas por encima de la ropa. Luego comencé a desbotonarle el blusón y la despojé del sostén. Frente a mí quedó aquel par de hermosas tetas, blancas, pequeñitas, con sus pezoncitos marrones y ya erectos por la excitación. Me parecieron las tetas más lindas que había tenido. Comencé a besárselas, a mordérselas, mientras una de ellas estaba en mi boca, con mi mano aprisionaba la otra. Ella comenzó a gemir de placer. Alcé la vista y pude observar que en su bellísimo rostro se dibujaba una sonrisa desatisfacción, de éxtasis.

Le besé su abdomen, esa pancita blanca y tersa, su ombligito, mientras mis manos desabrochaban su cinturón y le baja el zipper. Ella estaba nerviosa pero extasiada.

Terminé por bajarle el pantalón negro que tenía. Y sólo quedó con su panty color melón de algón con encaje. Mientras terminaba de quitarle el pantalón mi mano se posó sobre su vagina y le propició suaves caricias. Cindy se estremeció y, temblorosa, tomó mi mano con la suya y la apartó de su vulva. Le besé la mano que me sujetaba y y acerqué mi boca a su ya mojada rajita.

La empecé a lamer con suavidad por encima de la panty,la cual empecé a hacer un lado poco a poco hasta tener frente a mí la vulva más hermosa: Su piel era blanca, suave, su bello púbico era castaño, rizado, abundante pero bien recortado.

Hundí mi cara entre sus piernas, froté mi barbilla con su sudoroso monte de venus, mi nariz abrió paso a mi boca por sus labios vaginales, con la ayuda de mis dedos hallé su clítoris y empecé a mordisqueárselo. Para ese entonces, ella estaba totalmente húmeda y gemía de placer.
Sujetó con tremenda fuerza mi cabeza por los cabellos (Pensé que me los quería arrancar) y me undío aún más entre sus piernas. La lamí hasta que alcanzó su segundo orgasmo de la noche.
– Vamos a la habitación – me dijo extasiada, – Por favor mi amor, quiero ser tuya… ahora.

La tomé en brazos (Era esbelta pero…¡Cómo pesaba!), y así entramos a una recámara, la deposité sobre una vieja cama mientras yo me desvestía (Antes, sólo me había quitado los lentes y la corbata). Cindy no pudo seguir esperando y ver cómo me desnudaba: Se levantó de la cama y me quitó con desesperación la camiseta, me abrazó con fuerza, me mordió las orejas, me besó el cuello, el pecho, me mordió mis pezones mientras me despojaba del pantalón. Estaba como histérica de ansiedad.
Mis pantalones cayeron al suelo, nos fuimos sentando a la orilla de la cama, y su delgada y blanca mano empezó a cariciar mi pene por encima del calzoncillo. Mi erección era ya incontrolable.

Con un empujón de ella, caí de epaldas sobre la cama, Cindy me sacó de un tirón el calzoncillo0 y sujetó mi pene mirándolo fijamente, como analizándolo; con el dedo pulgar recorrió toda la base del glande y la punta. Yo me sentía en la gloria.

-¿Qué quieres que te haga? – me preguntó.
– Lo que quieras mi reina
– No, tú dime qué quieres que te haga
-Chúpamela

Empezó a masturbarme con un ritmo semilento, su mano recorría todo mi pene y mis testículos.

– ¿Te gusta? – me preguntó mirándome a los ojos con una sonrisa lasciva.
– Me encanta, sigue….por favor

Tímidamente acercó su boca a mi pene y pasó su lengüita por la punta, llevándose el líquido preseminal que no pude contener.
– Me encanta tu olor, tu sabor – me dijo, y con suavidad se introdujo mi pene en su linda boca. Las caricias orales se fueron haciando más intensas y bruscas, hasta que quise apartarla de mi porque sentí que me venía.
– No me partes, eyacula en mi boca, quiero sentirte – me dijo.

El chorro de semen brotó con fuerza hasta impregnarle su cara y sus tetas.
Pero mi miembro seguía firme, rígido. Al verlo así, Cindy sonrió, y quizó seguir con la sesión, pero yo me levanté y la empujé hacia la cama
-Ahora me toca a mi – Le dije.

Cindy se tendió de espaldas gustosa y abrió su piernas hasta donde podía. Me encantaba tener ese hermoso coño en mi boca. Colocó sus muslos alrededor de mi cabeza mientras mi lengua retozaba en su vulva de terciopelo. Subí mis manos para acariciar sus pequeñas tetas mientras mi lengua iba desde su monte de venus hasta su anito. Ella vibraba de placer. Fuí subiendo hasta sus tetas para acariciárselas y besárselas, pero su ansiedad me había contagiado. Ahora se las acariciaba y se las mordía con furia, con desesperación. mientras mordisqueaba una mi mano apretaba la otra con fuerza. Mis manos se quedaron arriba pero mi boca bajó nuevamente para lamerla con furia, como queriendo comérmela. condy se arqueba se placer, gemía, balbuceaba no sé que cosas. Estaba toda mojada.
– Ya no aguanto más, penétrame, métemela toda- Dijo casi suplicando.

Ella estaba frente a mi de espaldas a la cama. La tomé por sus blancas, delgadas y suaves piernas y la jálé hasta la orilla de la cama. Le levanté sus piernas abiertas, quedando su linda raja totalmente expuesta frente a mi. Yo de pie, la sujeté de los tobillos, y froté la cabeza de mi pene en sus rosados e hinchados labios vaginales.
– Me estás haciendo temblar – me dijo ella, mientras cerraba los ojos y se mordía los labios. ¡Realmente estaba temblando!.

Lentamente la penetré. Ella gimió de placer, ahogó un grito cuando sintió toda mi virilidad dentro de ella. El mete y saca se fue haciendo intenso, ella se mordía los labios y sudaba.

– Quiero montarme – me susurró quedamente. Así que me tumbé en la cama y ella me montó quedando en cuclilllas y de espaldas a mí. Con una mano me agarró el miembro y se lo colocó en la entrada de su vagina, se frotó suavemente, y de un impresionante sentó se lo comió todo. Yo grité de placer. Mis manos la sujetaron de las nalgas para ayudarla en sus movimientos de arriba abajo, y de ahí la sujetaba del cuello, la jalaba hacia mi y le apretaba con fuerza sus pequeñas tetitas. En el silencio de la noche sólo se escuchaban nuestros gemidos y el golpeteo de mis testículos en su traserito. Por enésima vez, Cindy alcanzó un orgasmo más, yo no pude contenerme y eyaculé dentro de ella. Ambos gritamos de placer, mi semen le ecurría por su aterciopelada vulva y ella se lo untó por toda la entrepierna , por el ombligo y hasta sus tetas.

Quedamos exhaustos. Era de madrugada. Luego de un receso la penetré nuevamente. El amanecer nos sorprendió haciendo de todo.

Esas noches de pasión y lujuria en la casa abandonada se repitiron infinidad de veces.
Mese después Cindy se renunció al trabajo porque se fué a vivir a otra ciudad. Nunca más la volví a ver. Pero es la mujer que he aamado toda la vida y con la que he tenido el mejor sexo de mi vida, el más tierno y el más salvaje a la vez, el más inocente y el más lujurioso. Una relación de contrastes. Así era mi Cindy.

Regalo de cumpleaños

Hace mucho que no escribo, pero como el último tiempo ha sido bastante especial ansió contárselo a alguien, eso si sin que sepa quien soy yo porque me moriría de vergüenza.

Me llamo Marcia, tengo 29 años, morena pelo negro, un metro sesenta y dos, llevo 5 años de matrimonio con Juan, no tenemos hijos, he engordado un poco desde que me casé pero gracias a la madre naturaleza, esos kilitos se han ido donde más le gustan a mi marido, tengo un lindo par de senos, bien llenitos y 100% naturales y unas caderas anchas, voluptuosas como le dice Juan, “que invitan a afirmarse mientras te lo meto bien adentro”.

Juan mide 1.78 metros, moreno, cuerpo firme, juega al fútbol todos los fines de semana, yo diría que es un hombre normal salvo por dos cosas, la primera es que es gemelo de José, son como dos gotas de agua, lo segundo es que ambos tienen muy buen carácter, son muy juguetones pero sobre todos hermanables, se van juntos al trabajo, llegan juntos, se cuentan todos, no hay fiesta donde este uno si no va el otro, etc. Incluso se casaron con muy poca diferencia de meses, con María
la señora de José nos parecemos físicamente, incluso vivimos en el mismo edificio pero claro, cada uno en su departamento.

El sexo con Juan siempre fue rico y divertido, como les decía es muy juguetón y le encanta hacer cosas nuevas, le gusta mucho que nos pongamos como perritos y mientras el me penetra, se agarra con ambas manos de mis tetitas y me dice cochinadas la oído, “me encanta culiarte, , estas muy rica, te la voy a llenar de leche puta, quiero verte chupándosela a mi hermano mientras te culeo, que te llene la boquita de su leche mientras yo te lleno la conchita, después que sea el que te lo meta y te llene de leche la conchita mientras yo te beso esa boquita glotona”

El me dice glotona porque me encanta acariciar su pene con mi lengua chupárselo, mirarlo a los ojos cuando lo está disfrutando, acariciar sus coquitos con mi mano y sentir su peso, sentir como se vuelve loco cuando está por terminar y me permite meterle el dedo por el culito para atráelo hacia mi boca, sentir como la cabeza del pene se pone bien dura y caliente, como sin darse cuenta mueve las caderas para culiarse mi boca, hasta que me llena la boquita con su leche caliente.

Me encanta, lo único malo es que después de ese tratamiento cuesta mucho que se vuelva a parar, así que para no quedarme con las ganas el me pone como perrito y me lo mete todo lo que quiero hasta hacerme terminar, luego el se pone delante mío para que se lo chupe, así sin moverme de posición, como se perrita que soy, así todo mi culito y vagina se refleja en el espejo que Juan hizo poner en nuestra habitación.

Mientras yo gozo y lo hago gozar chupándoselo y pasando mi lengüita por sus cocos y por ese pedacito de piel que queda entre sus cocos y el ano, el disfruta diciéndome cochinadas ricas; “así te quería tener puta, chupándomelo mientras mi hermano te culea, sácame lechecita y llénate la boca, que buena puta que eres, con una cuñada así no tenía para que casarme”

A pesar de lo fuerte que suena al escribirlo ambos los disfrutamos muchos y claro nunca fue más que una fantasía.

A los pocos meses del matrimonio de José mi cuñado, las cosas comenzaron a ir mal con su señora, por lo que me contaba Juan mi marido, ella era o le gustaba hacerse la estrecha, nunca lo hacían con la luz prendida, no le gusta que la vea desnuda, la frecuencia se fue distanciando, ni hablar de palabras cochinas o sexo anal u oral, después del coito ella iba al baño a lavarse, solo gemidos nunca una palabra más fuerte o por último un me gusta, se pone el pijama después de tener sexo, etc.

Yo en cambio soy bastante demostrativa, disfruto el sexo con Juan y me gusta decírselo y que me lo diga, calentarlo y que me caliente, que me llame en la mañana para decirme; “ponte ese colales rojo que me calienta tanto, te quiero encontrar bien mojadita para culiarte como a mí me gusta, ven a verme a la oficina para que veas lo rico y paradito que está para ti”. Bueno yo voy, entro a su privado para besarnos, le tomo la mano y la paso por mi conchita para que vea que me mojo al estar cerca de él, que juegue al mete y saca con su dedito en mi conchita y que después se chupe el dedo con gusto”

Respecto al sexo oral ya les dije que me encanta, el sexo anal me vuelve loca pero Juan me enseño a hacerlo y cuando me tiene bien caliente lo dejo darse un gusto y si quiere metérmelo por allí, que lo haga, eso si sin terminar adentro, esa lechecita es sólo mía, creo que no me podría dormir sin sentir el gusto de su lechecita en mi boca.

En la mañana siguiente me siento súper sexy oliendo a él, con el pelo o la cara tiesa con su leche seca y sentir como me corre lentamente por las piernas cuando me paro y como tengo la conchita bien mojada por él. Me gusta mirarlo desnudo, con su típica erección de las mañanas, despertarlo y que me mire con ganas, me monto sobre Juan y me lo meto sin su ayuda, le digo: “te gusta culiarme huevón, ahora vas a ver como te culeo yo, pobre de ti que termines antes que yo, te voy a meter una vela en el culo si eso pasa”. Soy yo la que me muevo, la que me lo meto y saco a mí gusto, a mí velocidad para sentirlo como yo quiero, mientras le digo “así papito, aguanta, mira como me lo meto, me gusta tu pichula, me encanta tu pico, métemela bien adentro, mira mi conchita como esta llenita de ti, me gusta, me gusta mucho, rico, haa haaa, haaaaaaaa,
dame, dame tu lechecita huevón, haaaaaa, así, rico, lléname mi amor” me encanta sentir mi orgasmo mientras lo beso y me llena con su lechecita. Que sepa que soy SU mujer y que disfruto siéndolo.

Opsss, parece que he escrito con mucho detalle y me estoy alargando, Juan ya me llamó, hoy quiere que vaya con una falda ancha tipo gitana y sin calzones a verlo, bueno, el deber me llama, mañana les explico lo del regalo de cumpleaños.

Marcia

marperu@yahoo.com

Reyna

Hola nuevamente amigos lectores, soy José de la Cd. De México, hoy les voy a relatar algo que me sucedió hace no mas de dos años, para los que vivan en la Cd. De México o la conozcan sabrán de las bondades de nuestro sistema de transporte colectivo “Metro” a las 9 de mañana en una de las líneas que mas se atiborran de gente a esa hora la línea 2, esta corre de Taxqueña al Toreo de 4 caminos, pues bueno voy a los detalles:

Como les comente eran alrededor de las nueve de la mañana, yo estaba en búsqueda de trabajo pues me encontraba desempleado y me dirigía al centro de la capital a registrarme en una bolsa de trabajo, me subí en la estación Ermita, el vagón del tren iba verdaderamente hasta la madre no cabía un alma mas, como pude me hice de un espacio junto a la puerta y cerrar esta quede como muñeco de peluche con gomas pegado al medallón de cualquier coche, afortunadamente en la siguiente estación bajaron algunas personas y pudimos estar un poco mas “cómodos”, solo un poco, en esa misma estación subió una jovencita de mas de 18 años de tez y piel morena clara, cabello negro lacio y negro y toda la pinta de una chica que va al bachillerato, con mochila y todo eso, lo que verdaderamente me llamo la atención fue su vestimenta, falda y blusa de lycra color negra ajustadísima al talle y encima una chamarra de mezclilla un poco fuera de lugar, mallas negras y unos zapatos tenis, que ni son zapatos ni son tenis, no se si ha visto este tipo de calzado un poco raro. Lo que hay que hacer notar eran unas tetas del tamaño de una naranja que se veían que sufrían de su encarcelamiento, pues la lycra se veía demasiado apretada pero esa visión hizo que me pusiera erecto de inmediato, como llevaba traje el saco me disimulaba el bulto, y señores en una de las ocasiones que quiso acomodarse me dejo ver un culito verdaderamente hermoso, dos nalguitas de regular tamaño bien formaditas y levantaditas y como era de esperarse mi verga respondió poniéndose mas dura, el destino quiso que esto no quedara en una chaqueta mental y en uno de tanto empellones por acomodarse esta niña termino de espaldas frente a este su servidor, al sentir sus duras nalgas contra mi verga, que acusaba una dureza que era mas que evidente no pude mas que dejar salir un pequeño gemido pues me había cogido por sorpresa y la verdad fue delicioso, ella al sentir a mi fiel compañero ante la imposibilidad de moverse lo único que acertó a hacer fue a recarga su espalda en mi pecho y tratar de retirar sus nalguitas de mi pelvis y todavía me dijo —disculpa- ja, ja como si hubiera hecho algo malo, la verdad me dio risa, y acercándome a su oído lo dije —no hay problema la verdad fue todo un placer-, y en verdad lo fue, ella voltio y me respondió con una sonrisa muy picara y acto seguido me volvió a colocar sus nalguitas en mi verga esta vez recargando todo su peso en mi, yo estaba de frente a una de las puertas que no abren en esa parte de la línea así que no había hacia donde hacerme y continuo recargándose mas y mas, una y otra vez haciendo movimientos circulares de vez en cuando, ¡¡estaba haciéndome una paja con sus nalgas!!! Y pues ella se veía que lo disfrutaba pues me volteaba a ver de vez en cuando sonriendo y mordiéndose los labios las cosas estaban subiendo el calor que ya se sentía dentro del vagón. Yo metí por debajo de su chamarra mis manos hasta que estuvieron en sus tetas y empecé a acariciarlos y apretujarlos, era como lo supuse bastante duritos sus pezones eran chiquitos y se sentían muy bien debajo de esa blusita, metiendo por debajo de la blusa mis manos las libere y los acaricie con mas celeridad ella estaba que se derretía y los recargotes se habían convertido en verdaderos choques contra mi, la gente solo se nos quedaba viendo pero poco nos importaba, estábamos gozando de lo lindo, baje una de mis manos le levante la faldita por la parte atrás y le baje las mallas y su tanguita la hice a un lado esta empapada de sus jugos hasta media pierna me saque la verga y le penetre su coñito desde atrás ella voltio y me movió la cabeza como diciendo que no lo hiciera le susurre al oído -como no, te la vas a acabar toda- y la empecé a penetrar una y otra vez la zorrita ya no era virgen pero su coñito estaba muy apretadito y me daba un placer sin igual, pero no quise vaciarme allí, se la saque y la enfile hacia su culito ella al sentir la maniobra, solo me dijo, -despacito por favor, que no he hecho un anal todavía- y eso me encendió, la iba a desvirgar su culito y poniendo un poco de saliva en mi verga y en su anito, penetrándola un poco con mis dedos, le puse mi escroto en su anito y en dos empujones jalándola de la cintura su esfínter cedió a mi verga, ella dejo salir de su boca unos gemidos que apagaba intentando apretar sus labios, estaba tan estrecho si agujerito que bastaron pocas penetraciones para vaciarme dentro de ella, ella llegaba a su tercer orgasmo pues sentí muy bien los dos anteriores, en este de plano tuve que soportar su peso entre muy brazos y mi verga que seguía clavada en su ano, le saque mi pene que ya regresaba a su estado de reposo y nos acomodamos un poco la ropa, la gente que estaba a nuestro alrededor que eran prácticamente puros hombres y solo una mujer nos veían con cara de asombro, incredulidad y excitación, nos bajamos en la estación “Pino Suárez” y uno de nuestros espectadores nos dijo al salir —vaya par de calientes, me han dejado con ganas de empalarme a la primera que se me cruce- y los dos viéndonos nos empezamos a reír, la mujer que estaba viéndonos, me dio su teléfono y haciendo una seña con la manos con la que me invito a llamarla, cosa que hice pero después le platicare de ello.

Reyna, que así se llama la niña que me folle, me dio sus datos y su teléfono y todavía de vez en cuando nos aventamos un buen polvazo pero ya en lugares menos públicos, pero esa ocasión fue memorable, pues fue mi primer y único palo en el “metro”.

Saludos a todos, si tienes algún comentario házmelo saber.

Hombre_d_gris@hotmail.com

La maestra Neni 3

Luego de este excitante momento de exhibición, logre descubrir en Neni la mujer caliente que vivía en ella, por supuesto no le comente a Neni de lo que hicimos en el taxi y como había participado el conductor ya que necesitaba seguir sacando y descubriendo más de ella aquello que llevaba guardado por mucho tiempo.

En el transcurso del año lectivo tuvimos una sorpresa en la dirección de la escuela, cambiaron al director que ya había cumplido su etapa en su reemplazo colocaron un director más joven y con otra visión empresarial, tanto así que las cosas mejoraron mucho se dejó de lado el feo uniforme y el trabajo se hizo mayor lo que nos obligaba a quedarnos más tiempo hasta completar las labores. Dicho esto pasó a detallar lo que paso uno de esos días donde me quedaba hasta más tarde.

Tenía que terminar una presentación urgente así que me encerré en la oficina avanzar todo lo que podía ese día no salí como lo hacía diariamente a recibir a mi sumisa Neni, así que no sabía cómo llego vestida ese día ya que desde que suspendieron los uniformes ella venía diferente diariamente sin dejar de lado sus cortas minifaldas que me hacían divagar en el tiempo observando su belleza y deseándola cada vez más. Ya la tarde había caído por completo yo pensé que me encontraba solo en la escuela con la única compañía del portero que a esas horas estaba tomando su siesta como era de costumbre, cuando sentí unos golpes en la puerta de la oficina y cuando me pare abrir dicha puerta Neni estaba ahí como siempre impresionante con un vestido floreado que apenas le cubría el inicio de sus ricas nalguitas acompañada de una chaqueta sus zapatos de tacón y unas hermosas piernas en su color natural sin nada que las cubriera la verdad que era todo un putón de mujer. Al ingresar me dio una exhibición de su figura se sentó en una silla y con su habitual cruce de piernas me dio una exuberante visión de su figura, cuando me interrogo “Te falta mucho es que mira como he venido vestida ya es tarde y me da miedo salir así” le dije que terminaba en unos minutos más y que saldría con ella acompañarla hasta su casa volví a mi computadora pero no podía concentrarme ya que a mi lado la tenía a Neni mostrando más de lo debido, Neni sabía lo que tenía tanto así que repentinamente abrió las piernas y me mostró su húmedas bragas inmediatamente clave mi mirada donde estaba ella y salió una orden directa de mi “sácate las bragas y muéstrame esa deliciosa cuca” pensé que había sido muy tosco y repentino esperaba una negativa reacción, pero o sorpresa ella se paró y comenzó a retirarse las bragas inmediatamente al ver su reacción le di otra orden “siéntate sobre el escritorio y pon tus pies a los lados y dame una visión más profunda de lo putita que eres” ella se reincorporo y se sentó sobre mi escritorio y abrió las piernas de lado a lado, la visión era espectacular una cuquita limpia y bien depilada con los jugos de su arrechura escurriendo hacia su delicioso ano me acerque y repase mi lengua de abajo hacia arriba por ese tesoro ella dio un pequeño brinco y un gemido que anunciaba que había tenido un orgasmo, así que me dedique los próximos minutos a disfrutar de ese manjar de cuca haciendo que Neni tenga varios orgasmos hasta dejarla completamente extasiada y casi sin sentido, la limpie muy bien con mi boca y mi lengua la ayude acomodar su ropa y salimos rumbo a su casa.

Continuara…

Historia de dos amigas

No sé cómo sucedieron las cosas, pues la verdad nunca pensé que eso llegaría a pasar. La conocía hacía apenas dos semanas y no me había parecido más que una chica bonita y nada más. Pero tuvimos que hacer un viaje de estudio juntas, y empezamos a entablar una amistad femenina nada fuera de lo normal. Me cayó bien, especialmente porque teníamos ideas parecidas en varias cosas, por ejemplo en el sexo y en el amor. Ella vivía su vida con una libertad envidiable, claro, madre soltera, podía hacer lo que se le viniera en gana. En mi caso, un matrimonio de siete años me colmaba de esa felicidad tranquila y relajada que muchas mujeres de mi edad envidian.

Nos contamos algunas intimidades: cómo ella perdió a su esposo y yo en retribución, le comenté sobre cierta relación extraña y enfermiza que aún mantenía con un antiguo amor al que quería ponerle punto final, pues él siempre se había portado de manera muy egoísta conmigo y yo no me había querido dar cuenta. Mis recuerdos sobre esta relación nos acercaron aún más, pues ella vivía algo similar con un viejo amante.

Una noche, en que andábamos buscando un lugar donde dormir que no fuera muy caro, me acordé de un amigo que vivía de cantar en los bares y que me había ofrecido su casa amablemente. Lo contacté y quedamos que nos prestaría su departamento. Esa noche fuimos a verlo tocar al bar y después de algunas copas regresamos al depto., donde mi amigo abrió una botella de vino más. Allí comenzó una discusión que verdaderamente yo no pensaba llevar a ninguna parte. Empecé a hablar sobre mi particular forma de ver el sexo, materia harto conocida por mi amigo que también había sido mi amante. Él me preguntó si yo había estado con alguien de mi mismo sexo, le contesté que no, pero que no me cerraba a esa posibilidad. La noche terminó con la última gota de la botella y ella y yo nos dispusimos a dormir.

Las dos llevábamos ropas adecuadas para el calor de la noche. Prendas delgadas de algodón, consistentes en camisas finas y panties frescas. Nos acostamos una junto a la otra y comenzamos a platicar sobre nuestras respectivas experiencias sexuales, con quien nos gustaba más, quién de nuestros amantes cogía mejor… no recuerdo cómo (todavía sentía el calor de las copas en la sangre) nos quedamos calladas y nuestros pies, las puntas de nuestros dedos se tocaron. No recuerdo si fui yo o ella la que comenzó la caricia. Nuestros pies y piernas comenzaron a frotarse suavemente, ella se hallaba a espaldas de mi y era fácil realizar esa actividad. Me empecé a calentar de manera muy extraña. Poco a poco nuestros movimientos se hicieron más rápidos, más frenéticos y entonces pensé que podía tocar sus pechos, los cuales siempre me habían fascinado de alguna manera, con esa cierta envidia con la que quienes no los tenemos tan abundantes, miramos a las que sí. No me abalancé a ellos directamente, sino que toqué primero su cintura y su vientre, aún temiendo su reacción. Me encantó comprobar que ella también estaba calientísima… Por fin me animé a tocar sus montículos suaves y acolchados. Sus pezones duros me invitaron a dejar mis dedos recorrerlos con curiosidad. La sensación era tan distinta a cualquier otra que hubiera experimentado antes. Ella se volteó hacia mí y empezó a besarme. Sus labios pequeños y armoniosos se hundieron en mi boca en un beso femenino inolvidable.

Nuestras lenguas se encontraron tímidamente, pero pronto empezaron a explorarse, mientras las manos hacían lo mismo con nuestros cuerpos. Sus dedos largos se detuvieron también largo rato en mis pezones grandes y erectos, ella los manipuló de manera deliciosa, con la habilidad de quien se conoce perfectamente a sí misma. Por fin le quité la blusa y me encontré de cara con sus apetitosas redondeces. Casi con incredulidad deposité mi lengua sobre sus senos, ella se estremeció con un suspiro y comenzó a moverse suavemente debajo de mi boca curiosa y ávida. Recorrí sus pechos con mis manos y jugué con sus pezones entre mis dientes. Ella hundía sus manos en mi cabello ensortijado, mientras balanceaba el cuerpo para disfrutar y hacer más intensa las caricias de mi boca. Luego ella hizo lo mismo, se metió uno de mis pezones a su boca y comenzó a tocarlo con la lengua. Qué sensación aquella tan extraña: era como sentir una caricia tan extraordinariamente suave, que no existiera, y sin embargo su legua seguía allí, pequeña y golosa, chupando, succionando, lamiendo, exprimiendo. “Estás riquísima”, “Tienes unos pezones deliciosos” me decía entre jadeos, mientras se montaba encima mío y ponía a la disposición de mi boca _ la única vía de exploración que nos permitía nuestra nula experiencia en las artes de Lesbos_ nuevamente la textura de sus pechos. “No te vas a sacar de onda, ¿verdad?” me preguntó pícaramente… “no, no” le contesté apresurada, excitada, muy caliente…

Reanudamos los besos y mis manos se bajaron a sus nalgas, las que se empezaron a mover a un ritmo sensual, delicioso… “Estás deliciosa” le dije, “buenísima”… y era cierto. Su figura voluptuosa se movía encima mío enloqueciéndome de pasión, sus pechos se bamboleaban felices en mi cara, mientras yo turnaba mi boca en cada uno, o los sostenía con ambas manos mientras me hundía entre sus labios.

En un movimiento apasionado quedamos de costado, frente a frente. Así, con timidez deslicé mi mano hasta su sexo, pequeño y de vello escaso. Sus gemidos me hicieron saber que mi caricia era bienvenida, así que con delicadeza empecé a introducir mis manos en su rajita húmeda. Estaba tan mojada que la baba se escurría entre sus piernas. Casi al mismo tiempo ella hizo lo mismo conmigo. Sus dedos largos, hermosos, exploraron el interior de mi sexo con tanta familiaridad como si me tocara yo misma. Pronto empezamos a hundirlos una y otra vez mientras nos fundíamos en besos apasionados y húmedos. Ella localizó mi clítoris y comenzó a jugar con él, las dos nos tocamos mientras apretábamos nuestros cuerpos y los lamíamos con avidez. Ella volvió a montarse encima mío y sus labios recorrieron mi cuello, bajaron por mis senos, se detuvieron en mi vientre y bajaron poco a poco a mi sexo abierto y húmedo. Me sorprendió su voracidad y al mismo tiempo la delicadeza con la que empezó a comerme, su lengua penetró con curiosidad casi infantil en mi vulva. Mientras tanto, yo la miraba desde arriba, semi recostada en los almohadones de la cama, su abundante cabellera lacia le caía de lado mientras se afanaba en darme placer con su lengua, para entonces ávida exploradora de las profundidades de mi sexo que se extendía a lo largo de mi raja y por momentos se detenía nerviosamente en mi clítoris hinchado. No pude más y le dije: “ven, ven aquí, dame la tuya”… Ella obedeció al instante y puso su sexo a merced de mi lengua ávida, volátil. Sus gemidos se hicieron intensos, mientras mis manos apretaban sus nalgas hermosas y firmes y se deslizaban por sus muslos fríos y redondos. “Qué sabor el tuyo” le dije a media voz… “y el tuyo, rica, es de lo mejor” me contestó cachondísima…

Después de disfrutar las mieles de nuestros cuerpos en ese estupendo sesenta y nueve, ella se incorporó y se sentó en mis piernas, poniendo nuevamente sus pechos a mi disposición, yo mordía con ansias locas, chupaba, lamía, tocaba, masajeaba sus tetas grandiosas, mientras le clavaba mis dedos una y otra vez, disfrutando del calor de sus jugos. Cuando más excitadas estábamos, comencé a mover mis dedos con más prisa, mientras ella se babomboleaba de adelante hacia atrás, aún sentada sobre mis piernas. Se corrió dos veces en medio de suspiros y gemidos sensuales y cayó exhausta encima mío. Yo le acaricié su cabellera y lamí cariñosamente sus pezones. Se recuperó rápidamente y me dijo “ahora te toca a ti, querida”. Se montó encima mío y comenzó a morderme los pezones… “están duritos y hermosos” me decía coqueta, “eres de lo más bonita, estás cachondísima” susurraba a mi oído. Jugó con mis senos y mi sexo a la par, metía y sacaba sus dedos, jugueteaba con mi clítoris, besaba mi cuello y se fundía con mi boca… “muerde más” le suplicaba y ella obediente lo hacía… Pronto encontró el ritmo apropiado con el que frotar mi chocho, lo hizo maravillosamente bien, mientras con la otra mano oprimía con cierta fuerza mi pezón derecho. Yo apretaba las piernas para conseguir un orgasmo intenso y cuando éste empezó a llegar, ella comenzó a jalar mi pezón con fuerza a uno y a otro lado, de manera que el estímulo que me producía mi seno bamboleante, se juntara con la sensación que me produjo ese orgasmo inolvidable. Cuando exhalé el último gemido de placer, ella se incrustó en mi boca y nos besamos largamente, moviendo suavemente nuestras lenguas, tocándonos el cabello, acariciando nuestros rostros, besándonos las mejillas y el cuello. Nos arropamos un poco, pues ya era de madrugada y la brisa entraba por la ventana. Comentamos qué rica estaba la noche y qué rico lo que había pasado entre nosotras. Acordamos que éste sería un secreto entre las dos. Hasta hoy nadie, sólo ella y yo, sabemos lo que pasa entre nostras. Nuestras vidas continúan normales, y somos amigas más allá del sexo. Ella me cuenta sus aventuras y desventuras amorosas con los hombres, los problemas con sus hijas, hablamos del trabajo, a veces de otras personas (ya saben al fin mujeres), viajamos juntas en plan de madres de familia, organizamos fiestas familiares, hacemos proyectos juntas y si… algunas veces, también nos damos un tiempo entre nuestras actividades, para tocarnos, besarnos y jugar maravillosamente con nuestros cuerpos, encontrando aquello que sólo nosotras podemos darnos.

Estudiando anatomía

Hola les voy a platicar mi gran noche.

bueno yo tengo una amiga , vamos en la misma uni. un dia ella y yo decidimos estudiar en mi departamento , pero ella tenía que dormir ahí toda la noche. bueno terminamos de estudiar y muy agotadas decidimos ir a la cama. me comencé a desvestir me quite el pantalon, la blusa, y procedia a quitarme el bra cuando ella m dijo que haces?, y yo le dije que yo acostumbraba a dormir desnuda. ella hizo lo mismo , segun para saber que se sentía dormir así. eran las2 de la madrugada cuando sentí unos labios calientes y humedos a la vez rosando en mi cuello. y despues rozando mi espalda y asi hasta llegar a mis nalgas. yo sentía un escalofrio que me hacia sentir rico. en ese momento yo le respondí tocandole los pechos, acariciandocelos, y besandolos, eran como a mi me gusta medianos, de ahí empece atocarle todo su cuerpo hasta que llegue a su vagina la cual estaba humeda , mi lengua recorria su clitoris mientras ella gritaba y gritaba  ,yo seguia lamiendola con el miedo de que los vecinos escucharan nuestros gemidos. despues ella hizo lo mismo conmigo ,a si duarnte toda la noche. al otro dia nos metimos a bañar terminando ahí de amarnos. agrengueme mi correo es karen_yok@hotmail.com

Triste realidad

Lo veo pasar, su figura atlética, sus ojos de conquistador, su sonrisa linda y alegre… su nombre es Ricardo, mi amor platónico desde los 12 años, han pasado casi 6 años y aun me hace sentir mariposas en el estomago.

Al pasar a mi lado, solo una cruzamos una mirada, dudo que sepa mi nombre, y mucho menos sabe lo que siento por el. En ocasiones iba a verlo jugar básquetbol los fines de semana, sus fuertes brazos, sus torneadas piernas y sin perder el carisma jugando, sudando.

Es viernes en la tarde, Ricardo me ah invitado al cine, después de conocernos en una fiesta, mi corazón late muy rápido a varias horas de nuestra cita, no se que ponerme, no se que le guste, ropa ajustada para llamar su atención?, o ropa casual para decirle que soy formal?, me decido usar una combinación de ambas, sexy y formal sin caer en lo vulgar.

Seis de la tarde con diez minutos, mi corazón se acelera, se ah retrasado 10 minutos, me empiezo a preguntar si se le olvido nuestra cita o me dejaría plantada, suena el timbre, se me corta la respiración, mi hermanito abre la puerta y alcanzo escuchar su voz, -hola, le puedes hablar a Maricruz?-,  me veo por ultima vez al espejo, creo que use demasiado maquillaje, porque me hice este peinado?, ya no importa, no lo quiero hacer esperar, lo veo en la puerta, traía una camisa azul, unos jeans y zapatos cafés, me sonreía, y en la mano llevaba una rosa roja, me la da y me acerco a saludarlo de beso, lastima solo fue en la mejilla, le digo a mis padres que vuelvo pronto y nos vamos.

El manejaba el coche de sus padres, no sabia que decir, no quería mencionar algo sin sentido y quedar como tonta, no frente a el, quien esta estudiando una ingeniería muy difícil, pero el no me hablo de su carrera, supongo que no quería humillarme, me empezó a hablar de música, de sus gustos que curiosamente eran parecidos a los míos, tenemos mucho en común, nos reímos de las mismas cosas.

Al llegar al cine decidimos que película ver, el compro los boletos y yo las palomitas, entramos nos fuimos hasta lo mas alto, la parte mas oscura de la sala, una sala con poca gente, éramos los únicos en la ultima fila de sillas. Durante la película cruzamos varias miradas y algunas sonrisas, no recuerdo a detalle la peli, cada momento pensaba en el hombre de mis sueños estaba a mi lado.

De repente el tiempo se congela, giro mi rostro hacia el y me acerco a sus labios, el sonríe, cierro los ojos, nuestros labios se encuentran, dulces, suaves, un momento de romanticismo, aunque estoy emocionada, mi corazón recibe un choque de paz, amor y seguridad. Fue capaz de llevarme a las nubes, de mostrarme el paraíso y darme la oportunidad de sentirme amada.

Han pasado varios días desde nuestra primera cita, ahora estamos en mi cuarto, mis padres no están, nos besamos, mis latidos se aceleran, acaricio su pecho, su fuerte pecho, me besa el cuello y una onda de calor recorre mi cuerpo, lo deseo,  y pienso… quiero que mi primera vez sea contigo.

Tomo su mano derecha y la apoyo contra mis senos, le sonrió y cierro los ojos, el mueve su mano, me acaricia me hace sentir mujer, la excitación y el erotismo se apoderan de la situación y las mariposas en mi estomago revolotean como locas.

Me desabotono la blusa, siento vergüenza de verlo a los ojos, pero veo sus labios que vienen hacia los míos, un apasionado beso me hace querer más, quiero ser suya.

Me acaricia los senos, las piernas, me besa el cuello, con una de sus manos roza mi entrepierna, lo hace tímidamente. Al quitarme el sostén, me toca mi vientre y baja su mano hasta mi pantalón y empieza a desabrocharlo, trato de quitarle la camisa, me tiemblan las manos y siento un hormigueo en mi sexo, que con la excitación ah empezado a lubricarse.

Al ver sus pectorales y su abdomen marcado, lance un suspiro y lo acaricie, el me quita el pantalón, quedando solo con mi pantaleta rosa a rayas, nuevamente sentí vergüenza, pero me siento segura de lo que hacemos.

Estamos de pie, uno frente al otro, totalmente desnudos, estoy sonrojada y también muy excitada, el me mira a los ojos, me muestra su alma, me abraza y me besa, acaricia mi espalda, y va bajando sus manos, las detiene un momento en mi cintura, luego acaricia mis nalgas, suavemente, me encanta. Su miembro demuestra lo excitado que también esta el.

Me recuesta en la cama, me besa, me acaricia, toca mis senos de una forma tan suave, rozando con su el dorso de su mano mis pezones, nuevamente nuestras bocas se encuentran, y esta vez también nuestros genitales rozan entre si.

Lentamente su pene entra en mí, hay un poco de dolor, sin embargo, la excitación y el placer son aun mayores, y entra cada vez mas, hasta romper mi himen, paulatinamente el dolor se va, pero la excitación y mi lubricación aumentan, cierro los ojos y leves gemidos salen de mi boca, provocados por la penetración, los besos, las caricias, todo.

Acaricio su espalda, y abro mis piernas siento su pene dentro de mi, me siento cada vez mas caliente, hasta que por un momento el tiempo se detiene como en nuestro primer beso, pero ahora un choque eléctrico acaricia mi clítoris, la sensación de placer mas grande del mundo, si, tuve un orgasmo.

El vaivén de su pelvis continua, se mueve al ritmo del contoneo de mis senos, siguen los besos, al igual que la excitación.

El placer me provoca ahora ruidosos y placenteros gemidos, mi querido Ricardo, hazme tuya, te entrego mi corazón, mi alma y por supuesto, mi cuerpo.

Sin embargo, despierto, sola, en mi cuarto, todo fue un dulce sueño, una fantasía que eh tenido durante tanto tiempo, esta es mi fantasía, la historia de Maricruz y Ricardo, la historia que he inventado, aquí me encuentro sola viviendo la triste realidad…