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La máquina

Esta historia es de hace dos años más o menos. Yo tenía 26 años y me tocó hacer una producción fotográfica para una marca de indumentaria masculina. El modelo, un pendejo de 18 años colombiano. Se partía el pibito, tenía un lomazo; morocho ojazos verdes. Un sueño. Cuando me lo presentaron me quedé embobada mal.

La primera parte fue en un parque, re piola el pendejo muy divertido la pasamos muy bien. Yo no podía sacarle los ojos de encima, y encima él me clavaba la mirada de una forma que me hipnotizaba. No sabía si era que lo hacía para las fotos o para mi. La única realidad es que me volvía loca.

Llegó el turno de la ropa interior. Una intenta ser todo lo profesional que pueda, pero te viene un chongazo con los brazos y la V marcada y se hace muy difícil. Sentía como me fulminaba con la mirada. Yo trataba de disimular, ya que no estábamos solos y no quería quedar muy pajera.

Pude notar como le empezó a crecer el bulto. El pendejo se estaba calentando en plena sesión de fotos! Me puse re nerviosa y no sabía que hacer. Cada vez se le notaba más la erección. Terminé como pude y me fui rápido al baño a mojarme la cara con agua fria.

Cuando volví, me puse a ver las fotos en la compu. El pibito se acercó a mi escritorio y me preguntó como habían salido. Le dije que muy bien, aunque algunas iba a tener que retocarlas para poder publicarlas. “Me imagino”, dijo el pibe.

Después de eso, me preguntó si me faltaba mucho para terminar, ya que era viernes y me preguntó si quería salir a tomar algo. Le dije que me faltaba un poco pero que en una hora lo esperaba en un bar cerca de la agencia, donde voy siempre después de trabajar por mi happy hour.

Cuando llegué al bar, el pendejo me esperaba en una mesa en un rincón. Me senté al lado. Nos pedimos para tomar y nos pusimos a charlar. Hasta que salió el tema de la producción de hoy.

– Pudiste arreglar las fotos que salieron mal? – me preguntó.
– No no, salieron todas bien… les retoqué algunas cosas nomás
– Ah, pensé que habían salido mal
– No, pero no se pueden publicar… ciertas cosas- le dije haciendo referencia al incidente
– Me imagino jeje… Pasa que me mirabas de una forma… es inevitable – me dijo ya yendo al grano. A todo esto, ya tenía su cadera pegada a la mía.
– Ah… y solo con la mirada provoqué “eso”?
– Si…- Despacio, deslicé mi mano y la apoyé sobre su pierna. Ya no me importaba nada y tenía pensado ir hasta lo último – Nunca te había pasado algo así? – me preguntó un poco tenso al notar como mi mano se movía en su pierna
– Nunca me había pasado que me calienten tanto con solo mirarme – le dije mientras subía de a poco mi mano. Luego de poco recorrido, me topé con su verga durísima sobre su pantalón. Agarré el tubo y lo empecé a pajear suavemente. El pibito me agarró la cara y me comió la boca con la desesperación lógica acumulada durante todo el día.

Le pregunté donde vivía. “Es muy lejos, mi casa está más cerca” le dije mientras lo agarraba y lo sacaba del bar. No me gusta llevar chongos a mi casa, pero esto era una situación extrema.

El pendejo me fue desvistiendo ya subiendo las escaleras. Me agarraba y me arrinconaba en cada curva. Estaba re caliente el guacho. Cuando se apagaron las luces se sacó el pantalón. Yo quería llegar a mi casa y cogerlo, pero el morbo de arrancar en medio del edificio me tentó.

Me arrodillé y le empecé a chupar la pija. Aún no se la había visto; solo sobre un boxer media parada y la había tocado por encima del jean. No podía rodearla con la mano de lo ancha que era. Por más que abriera la boca no podía meterla. Era un nene, pero venía muy bien armado. Encima era flaquito, asi que resaltaba más el ancho. Mi único deseo, mientas se la chupaba, era que la supiera usar.

En medio de mi pete, me agarró de los pelos y me hizo parar. Me arrastró así hasta mi departamento. Cuando abrí, cerró la puerta atrás mio y me puso contra la puerta. Me comió la boca de una manera que me hizo chorrear a más no poder.

Me fue desvistiendo hasta dejarme totalmente desnuda para él. Abrió mis piernas y se arrodilló para chuparme la concha. Enterró su lengua y la movía por todos lados, mientras sus manos apretaban fuerte mi cola. Le apreté la cabeza contra mi clítoris agarrándolo de los pelos.

Cuando se paró, me hizo dar vuelta. Apoyé mis manos contra la puerta dispuesta a ser penetrada por mi nene. Me agarró fuerte de las caderas y sentí como la cabeza de su pijón jugaba en la entrada de mi conchita. Me volvía loca y me hacía desearlo más. Hasta que empujó y la enterró toda. Me abrió a la mitad de una.

Después de eso, empezó a sacarla y ponerla cada vez a más velocidad. Su cuerpo se chocaba contra mi cola cada vez con más violencia. Me tenía agarrada de mis caderas y me impedía mover. Me estaba cogiendo con tal fuerza que parecía que en cualquier momento rompía la puerta y terminábamos en el pasillo.

Mi cara se pegó contra la madera. Estaba cada vez más apretada y el pendejo me daba cada vez más fuerte. Me agarró de los pelos y tiró mi cabeza para atrás, mientras me comía el cuello. Sentía como su pija resbalaba con facilidad dentro de mi concha inundada por la calentura que me estaba provocando ser casi violada por el nene colombiano.

Mis piernas ya no daban más. Sentía que lo único que me sostenía aún de pie eran las manos del pendejo y su verga clavada hasta el fondo. Sin sacar la pija, y agarrándome de los pelos, me fue arrastrando hasta mi habitación.

Cuando llegamos me hizo apoyar sobre el borde de la cama en 4. Levanté mi cola y empecé a moverme despacio sobre su pija, hasta que el pibito se acomodó parándose arriba mio y comenzó a cogerme casi saltando y dejándose caer con violencia sobre mi. Las dudas sobre si el modelito sabía usar su pija a pesar de su corta edad se habían disipado hacía rato. Me estaba pegando una garchada fenomenal.

Otra vez se acomodó atrás mio, ahora parado sobre el piso mientras yo seguía en 4. Me agarró de los pelos moviendo mi cuerpo hacia él. Ahora me la sacaba despacio y me la enterraba de golpe. Yo no paraba de gritar que me cogiera fuerte como antes, pero no me hacía caso. Me empujó a la cama y me dio vuelta.

Se tiró encima mio y empezó a besarme desde el cuello hasta los pies. Cada vez que su boca rozaba mi piel me estremecía de placer. Cuando volvió a subir, se detuvo en mi concha. Abrió la boca y me la chupó moviendo su lengua a gran velocidad. Con un dedo, empezó a jugar en la entrada a mi conchita, que sentía como se mojaba y chorreaba.

Metió uno de los dedos, pero al sentirla tan dilatada, con facilidad metió otro más. Siguió chupándomela mientras movía los dos dedos adentro mio. Los clavaba, los sacaba, movía en círculos, para arriba, para abajo. Me volvía loca.

Se arrodilló al lado mio y me puso la verga en la boca. Me acomodé lo mejor que pude aunque me era imposible chupar semejante vergón con facilidad. Mientras, el nene estiró una de sus manos y volvió a meterme los dedos en mi concha. Ahora los movía rápido y con violencia hacia arriba y hacia abajo. Tuve que parar de petear de la exitación que me generaba.

Dejé mi mano agarrando su verga mientras con la otra apretaba las sábanas. Pasé mi mano por debajo de sus bolas. Sentí como su pija se endureció de golpe y empezó a acabar sobre mi. Me bañó en leche. Era una manguera el hijo de puta.

Sus dedos siguieron moviéndose adentro mio. Mi cuerpo empezó a convulsionarse. “No pares!” le grité desesperada hasta que en un grito feroz de desahogo acabé en un orgasmo que me ablandó todo el cuerpo.

Mi respiración aun estaba agitada. El pendejo se acostó al lado mio y me besó. Se subió arriba mio y agarrando suavemente mi pelo tiró mi cabeza hacia atrás y me besó el cuello. Llevé mis manos derecho a su cola y lo agarré fuerte subiendo por su espalda rozandolo con mis uñas.

Se incorporó un poco y me apoyó la verga para seguir cogiendo. Me miró como esperando mi aprobación. Lo envolví con mis piernas, y lo empujé adentro mio. Me clavó la pija suavemente, fui sintiendo como poco a poco me iba abriendo paso hasta llegar al fondo.

Otra vez, se tiró encima mio agarrándome de los hombros y me pegó un garche de película. Sus caderas se movían a una velocidad impresionante haciendo que su verga saliera y se enterrara en mí con furia. Tenía mis piernas colgando y me agarraba de su espalda clavándole las uñas, pero al chabón no le importaba.

Se paró de golpe y me agarró de las caderas, levantó mi cola y con su lengua me empezó a lamer toda la concha. No sólo el clítoris, sino todo a su alrededor. Me dejó caer en la cama y otra vez, me la enterró de golpe. Ahora se arrodilló y agarrándome de mis muslos me empujaba contra su cuerpo, con penetraciones rápidas, violentas, cortas y profundas.

“Ay pendejo sos una bestia como cogés!” le gritaba mientras el flaco seguía. Puso mis piernas sobre sus hombros y se tiró encima mio. “Pará ojo que se va a clav.. ahhhh” no me dejó terminar la frase que me hizo pegar un grito entre dolor y placer al meterme su pijón hasta los más profundo. Ni se inmutó. Siguió cogiéndome salvajemente, y ahora ya no quería que frenara, al contrario, lo incitaba a que siguiera.

Me tumbó sobre un costado, cerrando las piernas. El roce de su tremenda pija con las piernas cerradas era hermoso. Tanto, que me hizo acabar. Volvió a salir y a darme vuelta. Me puso en 4 y mientras me agarraba fuerte la cola, metió su lengua en mi ano. Pasaba la lengua desde mi concha hasta la cola.

Después, la escupió y con su lengua empezó a abrir mi agujerito. Yo estaba en el paraíso. Y ni les cuento cuando empezó a chuparme la cola y colarme los dedos en la concha. No pasó mucho tiempo hasta que tenía dos dedos en mi culo.

Me di vuelta. Lo acosté y me dispuse a sentarme arriba. Estaba exitadísima y sentía otro orgasmo llegar. Fue el único momento del fin de semana (si, fin de semana) que me dejó mover. Subía mis caderas y bajaba lo más rápido que podía. Ni cerca a la ferocidad con la que me cogía él. Mientras, él me chupaba y tocaba mis tetas.

“Meteme el dedo en la cola”, le pedí. Me frené, le agarré la mano y le chupé dos dedos. Todavía tenía el ano mojado de la chupada anterior. Me enterró el dedo y empecé a moverme clavándome pija y dedo en simultáneo. Me movía en círculos totalmente penetrada. Hasta que me tuve que detener para acabar en otro orgasmo. Este si fue fuerte, tanto que sentí mi grito no pudo salir hasta después de unos segundos; mientras mis piernas temblaban. Apoyé mis manos en la cama recuperándome.

Pero poco me duró el descanso. El pibito me agarró de las caderas y apoyando sus pies en la cama se empezó a mover. Con tanta fuerza que me levantaba por el aire. “Ay pendejo sos una bestia como cogés!” le decía mientras él me clavaba violentamente. “Y todavía falta la cola”. Cuando dijo esto me calenté de tal forma que me mojé toda de nuevo. “Ay siiii pendejo haceme la cola, rompemela con esa pija pendejo!”.

Esto lo potenció aún más y aceleró el ritmo de la garchada. Yo sentía que flotaba en el aire mientras el pendejo me taladraba sin parar. En un momento se dejó caer, sacó su pija y acabó sobre su panza. Por más que era la segunda vez, aún tenía mucha leche acumulada el pendejo.

Ahora era él quien se quedó descansando. Yo aproveché y me puse a descansar. El pendejo se levantó y fue al baño a limpiarse. Cuando volvió, pensé que iba a acostarse conmigo pero no. Me arrastró hasta el borde de la cama y arrodillándose en el piso empezó a chuparme la concha.

“Ay no…” grité cuando apoyó su boca. Jugaba con su lengua por mi clítoris, mi vagina, mi cola. Me recorrió entera, mientras sus manos amasaban mis pechos. Se quedó disfrutando ahi abajo un rato largo, donde no se olvidó de meterme sus dedos.

Me penetró con sus dos manos. Dos dedos en la concha y uno en la cola, mientras su lengua rozaba mi clítoris haciéndome delirar. No se detuvo hasta que acabé otra vez, agarrando su cabeza y aplastándola contra mi concha.

Se reincorporó y me hizo sentar. Su pija ya estaba dura de nuevo. Era una máquina el pendejo, no lo podía creer. Le hice un pete y una paja hasta que me tiró de golpe a la cama y se puso arriba mio. Me besó con uno de esos besos que aflojan el cuerpo y te mojan toda. Sin dejar de besarme, me la metió despacio hasta el fondo de nuevo.

Otra vez, me pegó una garchada que me hacía sentir totalmente violada. Me di vuelta y lo senté en la cama. Me puse encima suyo pero de espaldas. Me senté en la pija y moví un poco la cola. Él me tenía agarrada fuerte de mis piernas y acompañaba mi movimiento.

Me tiré para adelante levantando la cola. El pendejo miraba y me agarraba fuerte los cachetes y me pegaba. Llevé una de mis manos hacia atrás. Me agarré la cola y empecé a jugar en mi ano. Me chupé el dedo, dejándolo lleno de saliva y lo volví a poner atrás. Fui metiendo mi dedo en la cola mientras el nene empezaba a mover su pija adentro mio.

“Quieres por el culo?” me preguntó con la voz entrecortada de la calentura que le provocaba verme mover mi dedo en mi cola. “Si…” le dije entre suspiros y gemidos. Me levantó y me tiró a la cama. Me puse solita en 4. Abrí bien las piernas y tiré mi cuerpo para abajo levantando la cola. Con sus manos abrió mis cachetes y empezó a mojar el ano con la lengua. Yo no paraba de gemir.

Se incorporó y se dispuso a culearme. Abrí el cajón de mi mesita de luz y le di un gel, porque por experiencia ya se que un monstruo asi solo no entra. “Despacio” es lo único que atiné a decir cuando sentí la terrible cabeza de su pijón rozar mi ano mezclando su saliva con el gel en la punta de su pija. “Aaaayyy!”, entró la cabeza. Siguió empujando… “despacioooohhhh!” seguía empujando. De a poco me fui relajando.

Mi cola se dilataba y poco a poco se iba tragando todo su pedazo. No pude creer cuando sentí Su cuerpo golpear contra mi cola. “Toda mi vida… toda… te la has metido toda” me repetía mientras la sacaba de a poco y la volvía a enterrar. Se sentía como rozaba pero cada vez con menos resistencia. La sacó casi por completo y le tiró más gel. “Un poco más y estamos” decía mientras se la embardunaba toda. De golpe me penetró hasta el fondo. Se tiró sobre mi y empezó a culearme aumentando el ritmo, pero ni por cerca a la violencia con lo que me había hecho antes (por suerte).

Con una mano se apoyó sobre la cama y con la otra empezó a tocarme el clítoris. Estaba en las nubes. No se como hacía, pero me culeaba y me manoseaba al mismo tiempo. Su pija me taladraba el culo y con sus dedos me estaba por hacer acabar. De hecho, acabé de tal forma que se me aflojaron las piernas. Metió sus dedos en mi concha y los sacó empapados. “Mira lo que es esto amor…” me dijo mientras me metía los dedos en la boca para chupar mis flujos.

Mi cuerpo pedía basta. Le rogué que saliera. Sacó su pija, me dio vuelta y se puso a chuparme la concha mientras cambiaba el forro. Yo no lo podía creer. No paraba más. Y lo peor, es que me estaba calentando de nuevo. Tanto que otra vez lo puse encima mio y le pedí que me cogiera.

Y como lo hizo. Me taladró la concha con fuerza hasta que la sacó y acabó sobre mi panza. Me desparramé toda la leche, y aun era mucha, por mi cuerpo. “Paremos un poco… por favor!” le pedí exhausta. Había perdido la cuenta del tiempo que llevábamos cogiendo. Y encima, la seguía teniendo dura.

Lo acosté en la cama y se la chupé limpiandola de toda la leche que aun salía hasta que se le durmió. Pero el morocho este era una máquina insaciable. Al rato estaba otra vez listo para garchar.

No salimos del departamento en todo el fin de semana, desde el viernes a la noche hasta el domingo. Paramos para comer y habremos dormido en total 5 o 6 horas. Esa noche me quizo hacer la cola de nuevo, pero no podía. Al otro día me hizo el culo de nuevo y me llenó los cachetes de leche. Acabó sobre mi espalda, mi panza, mis tetas. Encima, cada vez que acababa el polvo era aún más largo. Igualmente no paraba de largar leche el hijo de puta. Era una bestia el pibito, me hizo de goma.

El último día, a modo de agradecimiento, le hice un pete y dejé que me acabara en la boca. Lo miré fijo, le mostré la leche y me la tragué. “Sabés que ahora voy a tener que cogerte de nuevo”, me dijo. Y asi sin terminar de acabar se me tiró encima y me cogió de nuevo. Ya no solamente no sentía mi concha totalmente desgarrada, sino todo mi cuerpo. Y el guacho este como si nada me tiraba un polvo atrás de otro.

Cuando llegó el momento de irse, no tenía ni fuerzas para levantarme y bajar a abrirle. Como pude, me cambié y bajé. Lo despedí con un beso y pude sentir como su pija se paraba de nuevo!! Un animal el nene. Antes de irse me agarra la cara y me dice “Te dejé mi teléfono anotado en la mesa. Llámame cuando quieras”. Lo saludé y entré. Sin dudas, lo llamé (y lo sigo llamando).

Cuando volví me tiré a la cama y me quedé dormida. Me despertó la alarma del celu a las 7.30, para ir a trabajar. Agarré el teléfono y le mandé un mensaje a mi jefa diciendo que me sentía mal, que iba a llegar más tarde. Apagué todo y me dormí de nuevo. Estaba destruida, como si un camión me hubiese pasado por encima. Recién al mediodía junté fuerzas, me levanté y pude ir a trabajar.