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Aprender duele

Tengo 15 años y lo que puede decirse un coeficiente intelectual elevado. Aprendí a hablar antes del año, a leer de corrido a los 3; a los 5 ya tocaba varios instrumentos y hablaba bastante fluido el inglés.
A los 8 ya había concluido la educación primaria y secundaria en un instituto de enseñanza privado y al año siguiente comencé una carrera universitaria. Siempre me atrajo lo relativo al cuerpo humano e investigación así que empecé la carrera de medicina.
Hasta ahí había tenido una vida relativamente tranquila. Los problemas comenzaron cuando me recibí y comencé la especialización en el Hospital Estatal.
No tenía amigos de mi edad, me resultaba muy difícil que me tomaran en serio ahora que no contaba con el respaldo de los profesores, las responsabilidades mayores y las extenuantes horas de residencia me fueron volviendo cada vez más irritante, insolente e irresponsable. Lo único que me motivaba era hacerle la vida imposible a mi residente superior, Paula de 24 años que se aprovechaba de mi falta de carácter e inexperiencia para hacerme trabajar días enteros de corrido, me mandaba a hacer todos sus papeleos (cosa más tediosa en el mundo no hay) y me retaba frente a todos cuando hacía algo mal.
Creo que fue odio a primera vista lo nuestro, el caso que una calurosa noche de verano, después de haber visto lo que parecían ser cientos de pacientes sin parar desde la mañana, me disponía a cenar y descansar un rato cuando entra a la sala común de los doctores y me pide que le complete su planilla de pacientes. Yo de mala manera le digo que no es mi trabajo, que no me molestara más por el resto del día y seguí comiendo como si nada, de repente siento como toma el respaldar de mi silla y lo gira violentamente quedando mi cara a muy pocos centímetros de la suya, y con una voz muy calma pero a la vez amenazadora (que me hizo dar escalofríos) me “advirtió” que si a primera hora de la mañana no estaba hecho lo que me pidió me iba a arrepentir.
La rebeldía me duró poco, estaba muy enojada, principalmente conmigo misma por dejar que se aprovechen de mí. Tenía que hacer algo, esto no podía seguir así, tenía que imponerme, tenía que ganarme el respeto de los demás, principalmente de Paula, ¿Pero cómo? ¿Qué podía hacer yo?
La semana entrante íbamos a tener la visita del Director y Subdirectora del Hospital, el área de salud donde trabajamos es uno de los más tenido en cuenta, porque trabajamos con niños.
Ese fin de semana lo tenía libre y me vinieron a visitar mis primos Lucas y Ariel, el domingo uno de mis primos decide hacer unos brownies de marihuana, comimos algunos y nos quedamos escuchando música. A la mañana siguiente me despierto y me doy una ducha antes de ir a trabajar, cuando una idea llego a mí, una mala idea como más tarde pude comprobar, agarré un par de brownies, los metí en un tupper en la mochila y me fui.
Yo sabía muy bien del fanatismo de Paula por lo dulce, así que ni bien entré a la sala de doctores puse el tupper sin que nadie me viera en la heladera y me fui a hacer consultorio. Pasado el mediodía cuando me dispongo a ir a almorzar, voy caminando por el corredor cuando veo algo que casi me hace infartar. El Director y Subdirectora habían adelantado el día de visita y se dirigían a hacer la inspección. Salgo corriendo para esconder lo que había guardado en la heladera pero cuando lo agarro veo que faltaban dos pedazos, sin pensarlo mucho y ya escuchando las voces de los directores que se acercaban los meto en mi mochila.
Nos estábamos dando los saludos de cortesía, cuando entra Paula, con los ojos rojos, tambaleándose y tirando todo a su paso, burlándose y riéndose a carcajadas de los pacientes que estaban en la sala de espera. Para ser sincera no lo pude disfrutar, sabía que estaba en un problema si se descubría que había sido yo la que intencionalmente había puesto esos dulces para drogarla, presentía que la broma no me iba a salir barata.
La frutilla del postre fue cuando, descompuesta, vomito sobre el Director del Hospital y cayó desmayada. El Director, furioso, se fue dejando todo el asunto en manos de la subdirectora, ésta le puso un suero a Paula y cuando se recuperó no podía creer lo que había hecho. La Subdirectora le dijo que posiblemente fue causa del estrés pero que con seguridad iba a ver sanciones severas al respecto. Me fui relajando, casi sonreía al ver que nadie me mencionaba a mí ni a la marihuana. Después de todo ese lío me fui a trabajar como si nada, ya saboreando mi victoria.
Cerca de las 20:00hs cuando me estaba preparando para irme, me saco el ambo y al abrir la mochila para guardarlo veo que el tupper no estaba, desesperada lo empiezo a buscar por todos lados. Me tiro debajo de la cama para ver si se había caído pero no estaba, al darme vuelta para salir de ahí, veo dos zapatos que me resultaban muy familiar, y enseguida una mano aparece de la nada, me agarra de una oreja y me levanta de un tirón. Era Paula, roja de ira, que me arrastro hasta una silla y me empujo a ella. De repente veo que cierra la puerta de la sala común con llave y se sienta en la otra punta de la mesa.
Se hizo un silencio que me pareció eterno.
_ Estuve pensando que fue lo que me pasó hoy, porque actué de manera tan extraña, me dijo cortante.
_ Ya escuchaste a la subdirectora, fue el estrés, dije de manera muy nerviosa, lo mejor sería qu….
_ Repasé hora por hora lo que hice desde que llegué, y me di cuenta que estaba bien hasta que comí unos brownies que había en la heladera.
Ya a esa altura sabía que ella sabía que había sido yo, no se me ocurría nada que decir en mi defensa y mi cabeza iba a mil pensando las consecuencias que iba a tener, me iban a expulsar, me iban a denunciar, le iban a decir a mis viejos… no podía razonar.
_ Cuando volví a buscarlos ya no estaban, siguió. Me pareció raro que ni el tupper estaba así que decidí buscarlos y los encontré en tu mochila.
No sé si era la culpa o qué, pero sus ojos me miraban de tal manera que me hicieron confesar.
_ Si fui yo, estoy cansada de que te abuses de mí, y me hagas hacer tu trabajo así que quería vengarme. Si queres acusarme con los Directores, con mis viejos, me da igual, no me importa que me echen.
_ Nada de eso, no te voy a acusar, pero si te voy a enseñar que hay ciertos límites, que por más nena irresponsable, caprichosa e inmadura que seas no se deben cruzar.
Dicho esto se levantó tan rápidamente de la silla que no me dio tiempo a reaccionar y me puso sobre sus rodillas, dejando mi cola a disposición suya.
¿Qué haces, estás loca? grite, no podes pegarme, no tengo 5 años, si me tocas un pelo te juro…
No estás en posición de amenazarme, me interrumpió y me dio una nalgada tan fuerte que me hizo dar cuenta de lo que se me venía.
¿Te das cuenta de la gravedad de lo que hiciste… PAFF otro terrible chirlo… yo me había quedado paralizada, jamás me habían castigado así.
¿Te das cuenta? PAFF PAFF PAFF, quiero que me digas las consecuencias que podrían haber ocurrido, PAFF PAFF PAFF PAFF PAFF PAFF PAFF, una catarata de palmadas cayeron sobre mis nalgas, a esa altura yo estaba llorando, me dolían cada vez más las nalgadas y no podía ni hablar.
¿A no querés hablar? Yo te voy a hacer hablar y me bajo el pantalón dejando mi cola al aire PAFF PAFF PAFF PAFF PAFF. Una sucesión de palmadas en mi cola pelada fue demasiado para mí, me largue a llorar como una nena de 3 años, pidiendo perdón y que por favor parara con el castigo.
Cuando al fin se detuvo, y pude tomar un segundo aire, tenía una mezcla de sensaciones, por un lado un horrible ardor en las nalgas pero al mismo tiempo cierta excitación. Paula creo que también se dio cuenta, y comenzó a acariciarme suavemente mi vulva, yo ya estaba toda mojada, me levantó suavemente y me llevo hasta la cama donde solemos descansar. Me sentó en sus piernas, me besó y habló de la manera mas dulce…
_ ¿Comprendes porque tuve que castigarte Pipi? Así me dicen mis amigos, esa fue la primera vez que ella me llamó de esa forma.
-Sí, dije yo, colorada mezcla de vergüenza y excitación, perdón Pau no va a volver a pasar.
– Claro que no, pero para eso tengo que asegurarme, así que el castigo termina solo por hoy.
– Pero…
– SHH SHH no digas nada Pipi que haga que vuelva a castigarte en este preciso momento.
– Esta bien Pau, como vos digas.
– Mañana a la noche te espero en casa, vas a recibir otra sesión de nalgadas, esta vez no esperes que sea tan corta.
– Esta bien, dije y me fui a mi casa. Al llegar corrí hasta el espejo a ver las marcas y vi mis nalgas de un rojo tomate, me estremecí al recordar lo que me había pasado un rato antes, y tuve que masturbarme para bajar la excitación.
Al otro día, fui a la casa de Paula, me estaba esperando con toda una serie de artilugios para castigarme. Terminada la paliza, bastante más severa esta vez, hizo el mismo ritual de sentarme en sus rodillas y besarme muy dulcemente. Cuando nos dimos cuentas estábamos haciendo el amor apasionadamente.
Como se hizo tarde me quedé a dormir en su casa para ir juntas al trabajo al otro día. Así fue como comencé mi relación con mi ama, hasta el día de hoy estamos juntas.
Tengo muchas más historias que les seguiré contando si ustedes así lo quieren.
Saludos.

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