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Al fin ensarté a mi madrastra

El hecho sucedió un día, sin quererlo, entré al baño a tomar una ducha.

Como siempre, mientras me metía bajo el agua, me gustaba hacerme una buena paja, ya que las hormonas me tenían como loco. Teniendo la pija bien erecta, atrapada en la palma de mi mano derecha, cerraba los ojos y me imaginaba cualquier situación erótica, con una rubia y una negra bien putas las dos, chupándome los huevos, la pija y cogiéndomelas hasta por el culo a ambas. En ese veo que en el rincón donde dejé mi ropa, había ropa interior sucia de mi madrastra

Se pararon las rotativas, tomé la bombacha, era de color negro con algunos encajes. La observé con detenimiento, era lo más sensual que hubiera visto.

Automáticamente vi que entre los encajes delanteros de la braga había algunos pendejos negros enredados. Tome alguno de ellos, los observé detenidamente, los olí, y los chupe. Después miré la parte reforzada de la braga, que es la tela que hace contacto con la concha propiamente dicha, o sea los labios vaginales y el clítoris, y divisé unas manchas amarillentas, pegajosas, eran de seguro restos de flujos vaginales, mocos o algo parecido.

No pude evitarlo, acerqué el calzón a mi rostro, y aspiré como si fuera aire fresco los olores de esos restos de fluidos. Con mi mano izquierda inspiraba ese olorcito agrio, sentí el verdadero olor a concha, bien puro. Y puedo decir que ahora comprendo a los animales cuando se excitan, porque mi verga iba a reventar, y sin soltar la bombacha, que permanecía bien pegada a mi nariz, sostenida con mi mano izquierda, con la derecha reanudé la paja, esta vez con un loco frenesí sexual.

Mi cabeza se partía de erotismo, porque ya me imaginé que la mujer que me estaba cogiendo era mi madrastra. Aspiraba el olor de la braga usada , y con la lengua estirada, me animé a probar el sabor de esos restos pegajosos. Sabían saladitos y mi saliva los iba disolviendo poco a poco.

Hasta que no aguanté mas, y presionando la bombacha contra mi nariz y boca, de la pija salían borbotones impresionantes de semen. Era sin duda la acabada mas grande que jamás hubiera tenido, el piso del baño estaba lleno de leche. Rendido, sin fuerzas, caí de rodillas, aún con las bragas en mi cara, aspirando pausadamente ese olorcito a hembra, y sabiendo que esa hembra era mi madrastra

Minutos después, recuperado de esta paja apoteósica, dejé la braga en el rincón y me duché duramente, como tratando de sacarme este pecado. A partir de ahí me volvió loco las bombachas de mi madrastra siempre trataba de ver cual tenía puesta cada día, para luego ir al baño, agarrarla, chuparla, pajearme con ella, etc. Y cada día hacía cosa mas osadas, a veces me las ponía, y sacando la polla por entre las piernas me hacía una paja. Adoraba aquellas bragas que tenían hasta tres días de uso, ya que juntaba bastantes flujos y cremitas, a veces algo de suciedad de excremento. Otras veces me envolvía la verga en sus bragas, me masturbaba violentamente, acabando entre sus bragas, las cuales inmediatamente las limpiaba con papel higiénico, tratando de no dejar rastros de leche, y así no ser descubierto.

Me gustaban mucho unas blancas, las cuales esas si se las dejaba llena de semen, las metía mi madrastra en el lavarropas y ni cuenta se daba que estaban sucias de esperma. Llegué a extremos inimaginables, ya que un día le requisé una de las bragas, esas de alto corte, que se calzan en las caderas, bien sucia de flujos vaginales, y en un acto de locura me las puse y estuve todo el día con ellas puestas.

Me mataba el morbo de saber que en la hora de el almuerzo, sentados a la mesa, mi madrastra no se imaginaba que tenía puesto en ese momento una de sus bragas, sintiendo el roce de mi escroto en el mismo lugar que ella había rozado sus labios vaginales, dejando flujos, restos de orina.

Incluso tuve hasta un catálogo privado de las bombachas que usaba, las negras, las blancas, las de encaje, etc. Sabía que bombacha usaba cada día, desde cuando las tenía puesta, y por supuesto salía corriendo cada vez que ella se las cambiaba para olerlas y cascarme una paja. Descubrí que había días que aparecían unas mas sucias que otras, hasta sabía de aquellas que usaba cuando le bajaba la menstruación, porque se le notaba el resto de pegamento de la toalla higiénica en la bombacha.

Y cada día era peor, ya que las situaciones eran más arriesgadas que nunca, empecé a tratar de espiar en cualquier situación: cuando entraba a su cuarto por cualquier excusa y verle la ropa interior que llevaba puesta, si entraba al baño observar por el ojo de la cerradura y verla desnuda en la ducha o si se sentaba en el inodoro a hacer sus necesidades. Llegué incluso a oler sus toallas higiénicas usadas, y pajearme encima de ellas, mezclando mi leche con los restos sangrantes de su regla. Así estuve tres años, elevando mi morbo al máximo.

Incluso cada vez que salía de putas, trataba de estar con aquellas prostitutas parecidas en edad y físico a mi madrastra, y cuando me las cogía me imaginaba que lo hacía con ella. Era una fiera en celo permanente, cada vez me acercaba mas a mi madrastra, físicamente hablando, yo la tocaba, la besaba en sus mejillas mas seguido, olía su cuello. Mi madrastra siempre decía que me ponía mimoso, como apoyándola en los momentos duros que estaba pasando.

Siempre pensé que mi madrastra era joven y que tal vez tendría algún macho por ahí, pero la verdad es que no tenía ninguno. Entonces por algún lado tenía que desahogar, y se me ocurrió con la masturbación, pero nunca pude averiguarlo, llegando incluso a tratar de espiarla y ver si se pajeaba, no obteniendo resultados positivos. pasó el tiempo y llegó el día en que me descubrieron, en forma inapelable. Ese día mi madrastra tenía que ir a la ciudad a hacer unos mandados. Yo estaba en casa, era sábado por la tarde.

Antes de salir mi madrastra se dio un baño. Sabía que ella estaba usando unos sostenes rosados y una braga del mismo color, un poco más chica que las otras, sin llegar a ser una tanga Apenas se fue, corrí como loco al baño, producto de la excitación, a oler y degustar las recién usadas bragas. Cuando las tomé y acerqué mi nariz, se podía sentir aún el calor de su piel, algunos pendejos enredados, incluso uno canoso, sus olores al máximo, llena de flujos amarillentos, pegajosos. Pasé la lengua y saboreé esa cremita, bien saladita, mezcla de flujos y orina. Había un poquito de suciedad de excremento, seco, pero sin olor a mierda. No pudo resistirme y me desvestí, quedando en pelotas total dentro del baño, tomé el soutien rosado y me lo puse. Me quedaba flojo, ya que mi madrastra esta bien tetuda y yo tengo algo pero músculo nada más.

Después, con mi pija bien dura, con el glande asomado en su esplendor, calce mi pie derecho en el correspondiente al de la braga, y luego el izquierdo.

Comencé a subir despacito esa bombachita rosada, sintiendo como me recorría los muslos hasta que su parte sucia hizo contacto con mi escroto. Seguí subiéndola un poco más, hasta que me calzara en la cadera, pero no mucho más, ya que era una tanga. Ni hablar que mi polla, parecía un mástil, y sobresalía por la parte delantera de la braga, por lo menos la mitad de su tamaño. Mis pendejos se salían por los bordes del calzón, y mis huevos los sentía bien apretaditos como si fuera un suspensor deportivo.

Liberé un poco más mi verga y comencé a pajearme, despacio, disfrutando de la bombacha , imaginándome a ella cogiendo conmigo, hasta sentir que la leche me recorría el tronco de la pija, vaciando mis henchidos huevos, alcanzando el clímax y en el medio del orgasmo, al tiempo que emitía gritos y gemidos de placer, gozo y satisfacción, escupiendo mi pija torrentes de esperma caliente a borbotones sobre el lavabo, en el piso y cualquier otro lado, cuando de repente ¡zas!

Se abre la puerta del baño de improviso: quedé petrificado, y en la misma puerta, sosteniendo aún en su mano derecha el picaporte, mi madrastra con los ojos bien abiertos, helada con la imagen que estaba viendo: su hijastro vestido con ropa interior femenina, teniendo un orgasmo infernal, llenando de leche el baño, gozando imaginariamente con ella. Fueron los segundos más largos de la historia, atiné a sacarme las bragas a toda velocidad, dándole la espalda a mi madrastra, incluso en el apuro las rompí, ya que me quedaban un poco chicas.

Sólo recuerdo que oí que la puerta se cerró fuertemente. Imaginé que mi madrastra había salido disparada de allí, pero me equivoqué, porque cuando me di vuelta para ver, estaba del lado interior del baño, recostada contra la puerta. Seguía observándome, sin emitir palabras.

Continué desvistiéndome, hasta quedar desnudo. Yo tampoco podía pronunciar palabra alguna. ¡Qué iba a decir! Sentía que me desmayaba de la vergüenza. Mi madrastra  rompió repentinamente el hielo: ¿qué estas haciendo? – me preguntó pausadamente. La miré a los ojos, y solo alcancé a decir:

¡Lo siento! ¡Es qué no se que me pasó! – agregué de inmediato. ¡Vístete de inmediato! – me ordenó calmadamente.

Tomé mi ropa, amontonada sobre el rincón y me vestí rápidamente. Mi madrastra mientras tanto, bajó la tapa del inodoro y se sentó en el a modo de asiento. Pude adivinar que sabía de mi secreto desde hace un tiempo, no sé, era una intuición que percibía.

¡Estás en problemas jovencito! – dijo, ¡hace tiempo que noté una conducta extraña en ti! – agregó de inmediato.

Yo no abría la boca, solo escuchaba y bajaba avergonzado la cabeza.

¿Qué te sucede? ¡Confía! – dijo en un tono más alto.

Levanté mi cabeza, debía confiar en ella, ¡Es que desde hace años que me gustas! – respondí se reincorporó, me tomo de los hombros, me abrazo y comenzó a llorar.

La abracé en respuesta a su abrazo, y así me mantuve por unos minutos.

Salimos del baño, ella conduciéndome a la sala con su mano tomada de la mía. Supe ahí que todo era una emboscada de ella para descubrirme en mi acto fetichista.

¡Desde hace unos meses he notado que te estas masturbando con mi ropa interior! – dijo ¡Te equivocas, hace tres años que lo vengo haciendo! – repliqué de inmediato, la sorpresa fue grande.

¡Tengo que confesarte algo! – dijo, ¡yo también desde hace unos meses me pasan ideas horrendas por la cabeza! – agregó al qinstante.
¿qué quieres decirme? – preguntó mansamente. ¡Es que me excita saber que te masturbas con mis bombachas! – respondió la mamá. Su madrastra le abrió el corazón y le dijo que un día mientras ponía ropa a lavar en la máquina, una de sus bragas, cuando las tocó sintió humedad en sus manos.

Se detuvo a mirarlas detenidamente, y noto que estaban sucias de algo pegajoso y blanquecino. Supo al instante, por su experiencia matrimonial que era semen. Una sensación de miedo y morbo le recorrió, y lo que el insistía en espiar surgió una especie de contraespionaje de su madrastra, ya que a propósito dejaba sus bombachas bien sucias para que el las disfrutara.

Para confirmar su tesis, fue sorprendido cuando su madrastra sacó de la cartera, el catálogo privado del que hablo anteriormente. El día D había llegado, porque todo lo que pasó hoy fue orquestado por su mamá, la excusa de ir a la ciudad, y la entrada intempestiva al baño para hallar in fraganti , como prueba irrefutable de lo que era una realidad. Pero lo que no sospechaba era que su madrastra  venía por más.

¡Mira , he estado pensando que te tengo que ayudar! – dijo la madrastra ¿Cómo, a qué te refieres? – ¡Pienso que si tu deseo es de alguna manera poseerme, debería acceder a que observaras mi cuerpo, tal como soy! – respondió su madrastra La táctica de la madrastra era que tal vez viendo su “afeado” cuerpo, se le iban a ir las ganas o lo que sea.

No podía creer lo que escuchaba de boca de su madrastra. Y se apresuró a decirle: ¡no ! ¡No sería correcto! ¡Insisto, es una forma de curarte! – ordenó su madrastra, al tiempo que lo tomaba de la mano y lo conducía al dormitorio de ella. Cuando hubieron entrado, cerró la puerta
Presentía lo que se venía. Su madrastra, encendió la portátil de la mesa de luz.

¡Ponéte cómodo, te curare! – dijo la mujer.

Llevaba puesto un vestido de media estación floreado, unas medias calzas y unas sandalias muy sugestivas. Su cabello castaño, semi lacio, estaba anudado en la parte posterior de la cabeza con un broche de carey. Se quitó eróticamente su vestido, y se lo sacó por los pies. Su madrastra quedó en ropa interior frente a sus ojos. Pudo observar que llevaba una de sus bragas favoritas, las negras de encaje, además de un soutien semitransparente, que permitía vislumbrar unos pezones muy bonitos.

Se quitó las sandalias. Luego vino el tiempo de sacarse las medias calzas. Lo hizo despacito y provocativamente. Se sonreía, y estiraba sus labios como enviando besos a distancia. El silencio era cortado por los ruidos de los roces de las prendas.

El notaba como su polla comenzaba a crecer. ¡Qué se iba a curar! Su madrastra de pie frente a él, se pavoneaba, acercando su pelvis al rostro de el.

Acercó su monte de Venus cubierto por la bombachas, al rostro del joven. Se notaba claramente a través del encaje de la prenda los pendejos de la concha. Algunos se salían, asomando fuera de su encierro. Era bien peluda, y eso ya lo sabía, gracias a su espionaje cuando se duchaba la madrastra. Estiró su nariz, quería sentir el olor de su madrastra. Su madrastra se retiró unos metros hacia atrás, como provocándolo en deseo desenfrenado.

¡Desvístete! – dijo secamente su madrastra.

El obedeció y rápidamente quedó totalmente desnudo frente a su progenitora. Sus músculos eran exultantes, y su pija mostraba todo el esplendor de su erección. El glande parecía uno capullo de rosa morada, a punto de explotar. Su madrastra abrió levemente la boca, Era la pija más grande que había visto, ya que la de su esposo no se acercaba siquiera a ese tamaño. El tomó con la palma de su mano derecha, esos dieciocho centímetros de largo por cuatro de diámetro, de pura carne excitada, para empezar lentamente a cascarse una paja.

¡Veo que te excito! – dijo su madrastra. ¡Mira tengo estas bragas de encaje, las favoritas tuyas y las mías también! – agregó de inmediato. ¡Lástima que no tienen “cremita”, porque recién me las puse! ¡Quítatelas, quiero verte desnuda! – pidió

Su madrastra como gata en celo obedeció, y comenzó con su sostén. Quebró sus brazos tras su espalda y desenganchó el broche, dejando caer la prenda a sus pies. Las tetas eran bien gordas, con unas aréolas café oscuro que cubría una buena parte de la teta, y unos pezones gordos y en erección, producto de la excitación que tenía su madrastra en ese momento. El seguía pajeándose en cámara lenta, gozando de tan maravillosa exposición. Se puso de pie, caminó acercándose a su madrastra, y el rostro de ella le llegaba a su pecha. Sintió en su alto vientre los pechos y notó como los pezones acariciaban su piel.

Se agachó y tuvo necesidad de degustar estos pechos, y con su lengua ensalivó el pezón de la teta izquierda de su madrastra, al tiempo que masajeaba la derecha. Metió en su boca esa deliciosas tetas. Su pija emanaba jugos preseminales, los cuales en el roce su trayectoria había marcado un camino que nacía en el ombligo escondido de su madre, pasaba por encima del encaje de la bombacha, y terminada entre los muslos de tan adorable hembra. Su madrastra levantaba la cabeza al cielo, gozando de tan hermosas caricias, devolviendo mimos sobre la nuca de el, presionando a éste para que nunca dejara de chupar sus tetas.

El cambiaba de una para otra, como si se le fuera la vida en ello. Con sus manos las juntó, y trató inútilmente que ambos pezones le entraran en su boca. Perdido entre las tetas de su madrastra, bajos los brazos y calzando sus dedos pulgares a los lados de la cadera de su madrastra, comenzó a bajarle las bombachas, las cuales se arrollaban en su elástico, dejando paso al esplendor de la negra pelambrera que poseía su vigorosa madrastra. No llegó a las rodillas, por lo que tuvo que desatender las tetas, para dirigirse a través de las estrías del vientre de su madrastra , hasta alcanzar los negros pendejos, con algunos canos entreverados, anunciando la madurez de la mujer.

Enterró repentinamente su nariz y boca en este bosque prohibido, olfateando la concha y supo reconocer ese olor que tenía grabado en su mente. También reconoció el sabor, ya que estiró su lengua y entre pendejos entreverados en su boca descubrió su prominente y gordo clítoris, logrando que su mamá se arqueara de placer al simple contacto.

¡Espera , déjame quitarme la bombacha! – pidió su madrastra, al tiempo que se retiraba un poco.
Se terminó de quitar la braga, dejando todo su cuerpo en esplendor.

Estaba pasada un poquito de peso, su vientre un poquito abultado, sus piernas rollizas con un poco de celulitis, sus brazos con cierta flacidez, propias de la edad. Se quitó el broche de carey que sostenía su cabello, dejando ver una hermosa cabellera que caía sobre sus hombres. Era una mujer madura pero bonita. Desnudos como animales en celo se abrazaron. Las manos de el  recorrieron cada centímetro de la superficie del cuerpo de su madrastra, como queriendo apoderarse de ella para siempre. Había pasado del infierno de ser descubierto pajeándose con las bragas de su madrastra, al paraíso de cogérsela.

Porque era seguro que lo iba a hacer, era su máximo deseo. Y era el mismo deseo de su madrastra, alimentada por años de abstinencia, masturbaciones y el morbo del fetichismo de el. Se dejaron caer desnudos sobre la cama, abrazados, besándose ya en los labios, intercambiando fluidos a través de la lucha titánica de sus lenguas. La madrastra estaba dispuesta a todo, porque amaba con todo su ser, y meses de morbo explotaron en un intenso paroxismo sexual.
El quería disfrutar al máximo, y en un instante de reflexión, colocó a su madre boca arriba, con la cabeza sobre la almohada, e instintivamente se dirigió a su concha, para saborear directamente de ese surtidor las cremas y jugos vaginales de su madrastra.

Ella se abrió de piernas, permitiendo que le lamiera su peluda vagina. Con los dedos hurgó, hasta exponer su clítoris y parte de sus gordos labios vaginales, y los labios y lengua de el se incrustaron en su sexo. Ya desde varios minutos destilaba jugos deliciosos como el néctar de las flores, el lamía con fruición, degustando tan delicioso manjar.

Sentía que la boca se le llenaba de esos jugos, el mismo olor y color que acostumbraba a saborear en las bragas usadas, pero ahora eran directamente de “fábrica”. Saladito, con olor agrio, incluso trató de saborear la salida del meato, por donde su mamá orina, sentir el gustito del “pipi” de su mami.

La habitación era una mezcla de gemidos y resoplidos sexuales. La madre estiró sus brazos hacia el respaldo de la cama, permitiendo que el la hiciera suya a su placer. De vez en cuando bajaba alguna mano, presionando la cabeza de el para que chupara bien profundamente su concha peluda. Para el estas actividades sexuales eran conocidas, ya que con alguna mujer las había hecho, pero para su madrastra, una mujer clásica y sencilla era la primera vez que entraba en este tipo de ejercicios, propios de estás épocas liberales y permisivas.

Siempre había sido una mujer sencilla, coger a lo simple y gracias. Su hijo le chupaba la concha con fruición, y ella paulatinamente iba entrando en un orgasmo bestial.

Los líquidos salían de su cavidad como agua de manantial, el los sorbía como si fuera elixir de la vida. Incluso hasta un poquito de orina se le escapó, pero su hijo no hizo caso de ello, al contrario hurgaba por más. Hasta que lo inevitable llegó, y atrapando con sus piernas la cabeza de su hijo, se acabó como una yegua alzada, gozando como nunca lo había sentido.

¡Me acabo, me acabo, me acabo, me acabooooooooo! – gritó sin prejuicios. ¡Chupa, chupa, chupa, chupaaaaaa, lame mi coño! – volvió a gritar desaforadamente.

El tenía la cara empapada en los jugos maternos, nunca una mujer había acabado de esa forma. Su madrastra respirada agitadamente, y con los ojos cerrados, acarició la nuca de el. Este quiso compartir con su madre los jugos que tenía mojado en sus labios, así que acerco los suyos a los labios de ella, y permitió que los saboreara bien despacio. Abrió su boca y la lengua materna degustó sus jugos vaginales y el producto de su corrida de la propia boca de el.

Era el tiempo que le devolviera el favor a  el tenía que chuparle la pija. Era la primera vez que hacía una cosa así. Y el lo adivinó, por lo que aún con su madrastra boca arriba, se colocó encima de ella con sus piernas a ambos lados del cuerpo, permitiendo que su verga se instalara entre las tetas. Apretó estas y comenzó a follarlas, haciendo lo que aquí se le llama cubana o paja rusa. Su madrastra acomodó el cuello, y con su lengua apenas tocaba la cabeza del glande. Estuvieron así unos minutos, hasta que su madrastra imploró para poder chupar la pija como se debe.

¡Quiero chuparte , quiero hacerlo, quiero sentir el sabor de tu verga cariño! – dijo en éxtasis su madrastra ¿Es tu primera vez?

Sintiéndose de alguna manera descubierta, su madrastra contestó afirmativamente con un movimiento de la cabeza. La verga se puso más erecta aún, como si tuviera vida propia, queriendo meterse en esa boquita virgen, sentir el paladar de la madura madrastra.

Sentándose, recostada su espalda al respaldo de la cama, esperó con la boca abierta que la verga  se metiera dentro de ella. Este se paró sobre la cama y colocó el enorme cipote de carne entre los labios. Esta con los ojos cerrados, abrió la boca, permitiendo que entrara en su cavidad. Al mismo tiempo extendió su mano izquierda atrapando el tronco de la verga, mientras que con la derecha acariciaba los huevos peludos de su -hombre.

La polla se incrustó en el fondo de la garganta, hasta tocar la úvula, provocándole una pequeña arcada. Empezó a chupar como si fuera un helado, el acompañaba ese movimiento con el de su pelvis, cogiéndose tácitamente la boca de su madrastra. Esta chupaba la pija como una diabla, parecía que tuviera experiencia, pero realmente era su primera vez. Se podía sentir el chapoteo de la lengua materna en el glande y tronco de la verga.

Cada tanto sacaba esa verga fuera y ella jugueteaba con su lengua en el glande, lo que provocaba que el se arqueara y sus rodillas se aflojaran del placer que alcanzaba.

¡Asiiiiii, mami, así, ahhhhh, que me acabo puta! – gritó gustoso .

Su madrastra sonreía, sabiendo que estaba disfrutando algo nunca soñado. Siguió con su faena hasta que el pobre muchacho se iba a ir en leche, pero se demoró porque estaba recién acabado cuando lo descubrió intencionadamente en el baño. La madura mujer quería sentir esa pija en la concha, anhelaba sentir la verga en lo profundo de su ser. Lo deseaba desde que el morbo la corrompió, necesitaba una polla que se la cogiera como nunca . Sentir el semen caliente dentro suyo, hacerla acabar como una mujer que era.

Terminó la faena de chupar la polla, y con una sonrisa maliciosa fue indicándole que era hora del placer supremo. Apretando la base de la verga, impidió y retuvo que no se fuera a acabar.

Resbalando, se volvió a acostar, quedando boca arriba, al tiempo que paulatinamente iba abriendo sus piernas, logrando que sus labios vaginales se fueran desplegando, permitiendo ver a pesar de la espesa pelambrera, el orificio vaginal.El fue tomando posición, mientras la besaba, masajeaba sus tetas, haciendo que su falo erecto rozara con los pendejos del pubis de su madrastra.

Intentó penetrarla sin ayuda, pero no le fue posible, por lo que su diligente mamá, con la mano izquierda sujetó esa barra de carne entre sus dedos, y lo fue dirigiendo hasta que un pedacito de la cabeza de la verga entró en el orificio.

¡Métemela ahora , coge a tu madrastra de una puta vez! – ordenó su madrastra.

La pija entró centímetro a centímetro, en cámara lenta, fue resbalando hasta que sus huevos hicieron tope con los labios de la concha. ¡Tenía ensartada a su madrastra! Su madrastra gimió como una cerda, gustosa de sentir después de unos años una verga en su chocho.

¡Ahhhh, así papi, así mi niño, cógete a la guarra de tu madrastra, ahhhhh, uhhhh, qué bueno! – gemía la perra de su madrastra.

Al sentir este tipo de frases obscenas, El comenzó un mete saca como si se fuera a ir la vida en ello.

¡Plop, plop, plop, chaf, chaf! era el ruido que emitía la zona genital, producto del encharcado coño de la madrastra y los líquidos preseminales .El se alzó y sosteniendo su cuerpo sobre sus estirados brazos, observó como su verga entraba y salía de la concha de su madrastra, viendo también como sus pendejos juveniles, se entrelazaban con los de su madura madrastra.

Frotaba con su pelvis el clítoris de la hembra, lo que motivó que esta aullara de placer. Era sin dudas un punto G. Pero tanto dale que te dale, le llegó la hora de acabar a ambos, y por cosas del destino lo harían simultáneamente.

¡Ahhhh, ahhhhh, ahhhhh, me viene, me viene la leche, me corro, me acabbooooooooooo! – gritó en éxtasis . ¡Si mi amor, si mi amor, dame la leche, me corrooooo, me corrooo, me acaboooooooo! – contestó fuera de sí su madrastra.

Parecía que una lluvia de fuegos artificiales hubieran lanzado en el dormitorio, por que acabaron al unísono.

Al instante una descarga de leche seminal, caliente, espesa y llena de vida inundó el aún fértil útero de su madrastra. Ella nada dijo, permitió e incluso aseguró, apretando con sus piernas en la espalda de el, que ese elixir se derramara en su interior. Fueron largos segundos de orgasmo , El cayó rendido sobre el cuerpo flojo de su madrastra, llenos ambos de sudores y otros humores, aún con su verga erecta palpitante en el coño de su madre.

Respiraban agitadamente, su madrastra en un esfuerzo levantó un brazo y acarició agradecida la nuca de su hombre. Era el mejor orgasmo que hubiera tenido, y el de el también. Levantó el macho su cabeza, sonrió agradecido y besó a su madrastra como ella se lo merecía. Estuvieron así largos minutos, no tuvieron remordimiento ni vergüenza, era un secreto que sin prepararlo lo mantendrían para siempre.

¡Te amo ! ¡Te quiero mucho, gracias por este regalo! – dijo el. ¡Te adoro ,siempre soñé con hacerlo, pero es mejor aún que en mis sueños! – le contestó llena de felicidad su madrastra.

Se besaron, y al instante volvieron a hacerlo nuevamente, y esa tarde estuvieron horas cogiendo, llenándose ambos de felicidad. A partir de ese día la relación de el  y su madrastra fue de macho y hembra entre las paredes del dormitorio.

De su fetichismo se curó el, ya que ahora tiene a su madrastra a disposición. Aunque de vez en cuando, su madrastra le regala una de sus bombachas usadas, y ambos se masturban intercambiando ropa interior. También dentro del secreto entraron en algunas perversidades de pareja, muy íntimas, como el sexo anal, ya que la madrastra se hizo adicta a él.

Le gusta como su madrastra grita mientras le coge el culo, y sobre todo cuando saca su verga llena de esperma. Otra perversidad es cogerla cuando su madrastra está menstruando, adora ver como la sangre de la regla se mezcla con los jugos y el semen. Quedan ambos sucios, sudorosos y olorosos. Y para disfrutar ambos de esta última depravación, se rasuran los vellos púbicos, para gozar al máximo de los líquidos de sus sexos.

La madrastra durante un tiempo tuvo cuidado de no dejarse preñar, no quería quedar embarazada, aunque el si lo deseaba. Hasta que llegó el día en que ella aceptó, aun sabiendo que le sería difícil explicar el producto de ello, cumplió el deseo de el.
A pesar de estar preñada, la madrastra  aún quería seguir cogiendo, pero el accedió a hacerlo solo por el culo

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Me niego a ser Lesbiana (Parte 3)

El experimento – Segunda Fase.

Estaba un poco desorientada y excitada luego del intenso experimento lésbico al que me sometió Tatiana. No quería volver a mi casa pero tampoco tenía ganas de entrar a la facultad, no me afectaría en nada faltar una vez. Comencé a caminar con rumbo fijo al cibercafé que mencionó mi nueva amiga, donde podría poner a prueba mis preferencias sexuales.

Caminé un rato con la mente obnubilada hasta que di con una casita pintada de azul marino en la que se leían las palabras “La Cueva, Cibercafé” en letras doradas.

El lugar era oscuro. El ambiente hacía honor al nombre del establecimiento. Las paredes estaban pintadas de negro, el techo era bajo y el aire estaba viciado. Eso sí, de café ni hablar. No servían ni un vaso con agua. Era sólo un nido de ratas lleno de cables y computadoras algo pasadas de moda. El muchacho que lo atendía era una mezcla entre estúpido total y maniático sexual, no dejaba de mirarme de forma descarada y me puso un poco incómoda. Por fin logré que me dejara en paz al pedir una máquina para uso personal, hice hincapié en la palabra “personal”. Me señaló la que me correspondía y me alegré al llegar a ella, estaba ubicada dentro de un cubículo con puerta, sólo había tres de esas cabinas privadas, el resto de las computadoras estaban bastante expuestas.

Me senté tranquila y de golpe me invadió la paranoia. Si estos lugares eran tan cerrados es porque la gente hacía cosas raras en ellos, eso me asqueó un poco, lo peor fue pensar (no sé porque llegué a esa conclusión) que podría haber una cámara escondida para grabar a dulces niñitas como yo. Revisé el pequeño cuarto minuciosamente. Todo parecía estar en orden, no había sitio donde esconder una cámara, por pequeña que fuera. Hasta revisé debajo de la mesa y opté por voltear hacia la pared la cámara web de la compu, por más que estuviera apagada. Coloqué la tranca que cerraba la puerta del cubículo desde adentro y me senté en la silla.

Cuando recuperé la serenidad comencé con mi investigación. Abrí Google y no sabía ni siquiera cómo buscar ese tipo de material pornográfico, comencé por la sección masculina, escribí cosas como “Hombres con grandes penes”, “Chicos desnudos”, “Penes erectos” y cualquier palabra absurda que se me ocurrió. Me sorprendí bastante con ciertas imágenes, algunos hombres tenían miembros bastante grandes, pero la verdad que sólo me generaban sorpresa, nada de excitación. Nunca había visto cosas de este tipo, todo era nuevo para mí. No podía parar de inspeccionar, vi hombres haciéndolo con mujeres, lo cual tampoco me despertó grandes sensaciones, ya me estaba preocupando.

Decidí pasar a la categoría femenina. Busqué “Lesbianas teniendo sexo” “Mujeres desnudas”. Casi al instante llegué a un video de dos chicas de mi edad besándose apasionadamente, parecía estar filmado con un celular por una tercera persona. Ese beso tan intenso me recordó a lo que viví con Tatiana apenas minutos antes. Seguramente nos veíamos igualitas a esas chicas. Eso me calentó un poco. Continué la búsqueda y encontré otro video, me di cuenta que eso era mejor que ver imágenes. Dos chicas delgadas de cabello negro se encontraban sobre una cama y una le estaba practicando sexo oral a la otra. Se la estaba chupando con unas ganas increíbles. Nada que ver a las lamidas que yo le había dado a Lara. Esto era sexo puro. Miré hacia los costados como si fuera a cruzar la calle, no había nadie más que yo, pero me disponía a hacer algo sucio y prohibido, inconscientemente necesitaba asegurarme.

Me levanté la pollera y fui directo a mi vagina. Ya se me estaba mojando, a pesar del intenso orgasmo que me había provocado Tati. Froté mi clítoris sin dejar de mirar la pantalla. En cuanto el video finalizó, busque otro de la misma índole. De nuevo dos chicas comiéndose una a la otra. Ya me estaba masturbando ávidamente y me imaginaba que era Lara la que me lamía, luego que Tatiana lo hacía. Fui fantaseando con todas las chicas de mi grupo, incluso aquellas que no eran tan bonitas. Me cachondeé pensando en las chicas de Acción Católica, un grupo de la iglesia conformado por puras mojigatas, como yo. Una a una me las violé en mis pensamientos. Estaba descontrolada. Al dejar fluir tanto mi imaginación y disponer de tanto material erótico, llegué al orgasmo en poco tiempo. Unos veinte minutos aproximadamente. Tuve que esforzarme por no jadear de más ya que con eso le alegraría la mañana al estúpido que atendía.

Acomodé mi ropa y abandoné el cibercafé pagando de más y sin esperar el vuelto. No quería que ese degeneradito notara mis mejillas coloradas y mi respiración agitada. Una vez más me invadió la culpa, intentaba no pensar. Tomármelo a la ligera, como Tatiana decía. Las chicas se masturbaban todo el tiempo. No era el fin del mundo, aún no podía asegurar nada. No hasta probar una vagina de la forma apropiada, porque las lamidas a Lara no significaban nada, eso ni llegaba a ser sexo oral.

Por ese entonces estaba desarrollando una increíble capacidad de mentirme a mí misma.

No sabía cómo llegaría a estar entre las piernas de una chica, tal vez Tatiana se ofrecería a ayudarme, pero me daba un poco de miedo lo que vendría después, el mirarla todos los días, ya hasta se me hacía difícil el volver a verla luego de lo que pasó y eso que no había transcurrido ni una hora. Tragué saliva y seguí caminando sin rumbo fijo. Mi subconsciente me llevó hasta la puerta de la capilla, anexo de la Universidad. Era como querer castigarme a mí misma por todos esos sucios pensamientos. Entré y me senté en un banco tan cerca de la cruz como me fue posible. No fui a la primera fila porque allí había un par de viejitas y no quería que me molestaran.

Cuando ya estaba por ahogarme en mis pensamientos vi que alguien se sentaba a mi lado.

– La Madre Superiora me dijo que querías hablar conmigo.

Se trataba de la hermana Anabella, la conocía sólo de vista. Al tenerla tan cerca noté que realmente era joven, debía tener unos 34 años. Estaba enfundada en sus hábitos y sólo podía ver su rostro. Sus facciones eran suaves y no había marcas en su piel, tenía ojos grandes y expresivos. No aparentaba la rigidez típica de las monjas, su sonrisa era alegre. Era como estar viendo a la Novicia rebelde.

– Hermana Anabella, buenos días – ni siquiera sabía qué hora era.
– ¿Tu nombre es Lucrecia, cierto? – asentí con la cabeza – ah que bien, tenía miedo de confundirme. Podés decirme Anabella, no me gustan los formalismos – eso lo había sacado de la Madre Superiora – ¿de qué asunto querías hablar? – preguntó con suavidad, no me estaba interrogando, sino que me invitaba a conversar.
– Es un tema un tanto delicado, no sé si éste será el mejor lugar para hablarlo – miré a Cristo en la cruz como si no quisiera que él me escuchara. La tensión entre Él y yo iba en aumento.
– Entiendo, si querés podemos hablar en mis aposentos.

¿Aposentos? ¿Quién usaba esa palabra hoy en día? De todas formas accedí. Caminamos un largo trecho en silencio, no sabía que hubiera lugares tan amplios dentro de este lado del edificio. Los “aposentos” de las monjas se conectaban con la escuela mediante pasillos. Nos detuvimos en uno de estos pasillos. Podía ver varias puertas. Anabella utilizó una vieja y pesada llave para abrir una. La habitación parecía salida de un libro de Harry Potter… si también leía Harry Potter. El techo era alto y los ventanales hermosos, todos terminaban en arco y aportaban una cálida luz al interior abovedado. Pude ver una gran cama a varios metros de la puerta de entrada. Anabella también poseía una mesa de madera en el centro del cuarto. La distribución me recordaba un poco a mi propio dormitorio, sólo que aquí todo era mucho más amplio y antiguo. Hasta las paredes eran de piedra, aumentando la ilusión de viaje en el tiempo. Faltaba que encendiera velas, pero al parecer ya le habían instalado corriente eléctrica.

Me invitó a sentarme frente a la mesa y puso agua a calentar sobre un anafe, pensé que tomaríamos té, pero llegó con un mate en la mano y comenzó a llenarlo con yerba. Era un poco gracioso, no sé por qué pero no me imaginaba a las monjas tomando mates. Yo no era una gran aficionada a esa infusión pero no me molestaba tomarla. Me mordí los labios porque estaba sintiendo mis pezones duros, aún no se me había pasado la calentura. Rogaba que la Hermana no lo notara.

– Ahora sí, podés hablar con libertad.
– Ni tanta libertad, hoy casi mato una monja y no quiero hacerle lo mismo a otra. Es que el tema es un poquito delicado. Tiene que ver con la relación entre mujeres… relación íntima.
– Ahhhh, comprendo – eso borró de un zarpazo la sonrisa de su cara.
– La verdad es que – de pronto me dio por ser sincera, esa mujer me inspiraba confianza – es algo que me está pasando a mí. Me siento atraída por algunas de mis compañeras de facultad – en realidad por todas, pero no le diría eso.
– Si es un tema delicado y no sé si yo sea la indicada para hablarlo – otra vez le iban a pasar la papa caliente a otra – pero voy a hacer mi mayor esfuerzo. Yo no soy tan ingenua como parezco, sé muy bien que hay chicas en la Universidad que hacen esas cosas, pero nosotras no podemos oponernos, menos hoy en día con todo ese tema de la aceptación de la homosexualidad – escuchar esa palabra me chocó bastante, nunca me había pensado como “homosexual”.
– ¿Y usted qué piensa sobre esas prácticas, le parece que están bien, que es algo normal?
– Podés tutearme Lucrecia – trajo el agua caliente en un termo y comenzó a cebar mates – para serte sincera no creo que sea algo “normal” yo creo que Dios nos hizo como somos para que la relación amorosa sea entre un hombre y una mujer, pero entiendo que los tiempos cambian y la mentalidad de la gente también. Creo que vos deberías rezar para que Dios te muestre el camino a seguir – me ofreció un mate, estaba muy rico, a pesar de no llevar azúcar.
– Mis más sinceras disculpas Anabella, pero la verdad no creo que rezar me ayude mucho, esto que me está pasando es muy intenso. Ya me conozco todos los sermones religiosos y la verdad es que necesito alguna respuesta que esté fuera de la fe. Algo concreto.
– Me lo ponés difícil – de pronto sonrió, era bonita de verdad – pero voy a hacer una excepción, vos parecés una buena chica y yo puedo dejar de lado mi devoción al Señor por unos instantes, para que hablemos como amigas, de mujer a mujer.
– Eso me agradaría mucho.

En ese momento me di cuenta que mi vagina aún seguía mojada por tanto dedo introducido, tenía miedo de estar manchando mi pollera. Que ya era mía porque no pensaba devolvérsela a Lara, luego le compraría una nueva, esta me gustaba mucho. Me encontré imaginando cómo sería el cuerpo de Anabella debajo de toda esa tela, ¿sería bonita? ¿Parecería una anciana caderona? No lograba hacerme una imagen concreta.

– Si querés contame cómo empezó todo – me sugirió.
– Está bien. La cosa empezó hace unos días, cuando vi algo en el celular de una amiga – extraje mi Smartphone para enseñarle cómo era – acá uno puede guardar muchas cosas, incluso fotos y videos – me miró como si no comprendiera – tienen cámara fotográfica y filmadora, el de mi amiga es bastante parecido a este y…
– Puede ser – me interrumpió – aunque el tuyo está un poco pasado de moda – extrajo un Smartphone color blanco aún más grande que el mío – esos tienen un sistema operativo un tanto viejo, en cambio éste te permite instalar más aplicaciones y tiene más memoria RAM – me quedé boquiabierta.
– Ahhh, no pensé que tendrías uno…
– ¿Por qué? ¿Te creés que porque soy monja vivo en la edad de piedra? Casi todas tenemos uno, yo lo uso básicamente para los jueguitos, me entretienen bastante. Me lo compró mi madre hace unos días – ¿su madre estaba viva? Pensé como si Anabella tuviera 70 años – se nos permite tener algunas pertenencias, pero no podemos tener mucho dinero propio – hizo una pausa – A veces saco fotos también, pero no como las de tu amiga, eso seguro.
– ¿Fotos como cuáles? – pregunté automáticamente.
– A ver… esperá.

Buscó unos segundos y luego me enseñó la foto de una chica muy bonita, de cabello castaño rojizo que caía sobre sus hombros en delicadas capas. Lo más destacable era su amplia sonrisa. La muchacha vestía una remera blanca que hacía notar unos pechos redondos de tamaño considerable, aunque de forma muy discreta.

– Que linda chica ¿quién es? – pregunté.
– ¿Cómo que quien es? ¡Soy yo! – simuló indignación.

Segunda gran impresión en menos de cinco minutos. No podía creer que fuera tan bonita debajo de ese sobrio atuendo. Se me aceleró el corazón. ¿De verdad tendría el cabello tan hermoso? ¿Y esos pechos?

– Pensé que eras más vieja – no es la palabra correcta para usar con una mujer, no importa si ésta es monja o no – o sea, que tenías más años.
– ¿Qué edad pensás que tengo? – su sonrisa fue la de una chica común y corriente, no encajaba con el marco que ofrecía su vestimenta.
– Entre 33 y 35 años – respondí.
– Tengo 28.

Listo, tercera conmoción cerebral. Esta monjita me sorprendía a cada minuto.

– ¿Y por qué una chica tan joven y bonita decidió ser monja?
– Es una historia un poco triste – en ese momento sonó su teléfono, era como un recordatorio – uy, tengo que irme, tenemos actividades con los alumnos del secundario. Vamos a tener que dejar la charla para otro día.
– Está bien, no hay problema. Me agradó charlar con vos – sonreí – cuando tengamos tiempo nos juntamos otra vez.
– ¿De verdad? – su sonrisa era radiante – eso me encantaría. Espero que no te olvides, las monjas solemos tener buena memoria, especialmente si nos mienten.
– Te prometo que vamos a retomar la charla. Todavía tengo muchas preguntas.

Me dio su número de teléfono para que le escriba cuando tuviera ganas de charlar. Era la segunda amiga que hacía en el día. Me estaba volviendo más sociable. ¿Mis nuevas inclinaciones sexuales tendrían algo que ver?

En los siguientes días intenté mantenerme lo más ocupada posible. Estudiaba hasta quedar agotada o me ponía a leer algún libro que me distraiga, estuve tres días así. Casi no hablé con nadie, mucho menos si era del sexo femenino. No hice ningún intento por dilucidar mi condición sexual, la dejé bien almacenadita y reprimida en el fondo de mi ser.

La tarde del cuarto día me encontraba tragando libros y apuntes de la facultad a más no poder, en eso suena mi teléfono. Era un mensaje de Lara: “¿Querés venir a dormir a casa? Vemos unas pelis” No sabía que contestar, dejé el teléfono arriba de la mesa y seguí con mis estudios. Diez minutos después me dije que si no respondía mi amiga se enojaría. Si me negaba a su oferta tal vez creería que estoy enojada con ella, por el asunto del beso, pero si le decía que sí tal vez me vería en un aprieto emocional. En ese momento recordé las fotos de ella desnuda que poseía. Por primera vez desde que las robé se me dio por mirarlas.

Su vagina era realmente preciosa, bien formadita y rosadita, su piel era suave y blanca como la leche. En una foto tenía las piernas abiertas y podía ver su agujerito un poco mojado y el clítoris asomándose. Seguramente se estaba masturbando cuando capturó la imagen. Ya sin pensarlo más le contesté que si iría.

Llegué a su casa una hora después de recibir su mensaje. Eran como las 8:30 de la noche y sus padres ya me esperaban con la comida lista. La comida kosher me estaba gustando cada vez más, aunque algunas cosas eran bastante simples, tenían platos muy sabrosos. La cena transcurrió de forma alegre, con Lara nos limitamos a comparar conocimientos sobre algunas de las materias de la facultad y a esclarecer dudas. La chica estaba tan bonita como siempre, con sus ojos negros bien abiertos y el cabello lacio del mismo color me transmitían paz. Además al ser tan menudita y bajita inspiraba cierta ternura.

Miramos dos películas, una detrás de la otra. Ambas estuvieron muy buenas, las había seleccionado ella misma. La primera fue una del Señor de los Anillos, yo nunca había visto esa película, pensé que sería una bobería, pero me sorprendió muchísimo. Lara me dijo que también estaban los libros, que ella los había leído y eran muy buenos. Es más, hasta me prestó el mismo libro en el que estaba basada la película. Le prometí que lo leería y luego seguiría con el resto de la saga. La segunda peli fue una comedia romántica que no era gran cosa pero que nos hizo reír bastante, al menos nos sacó esa pesadez que dejó la primera película.

Se hicieron como las tres de la madrugada y ya estábamos liquidadas. Fuimos a su cuarto. Ella se quitó el pantalón y vi sus blancas y redondas nalgas comiéndose la tela de una diminuta tanga negra. ¡Madre mía, que culito tenía la nena! Eso jamás lo hubiera dicho en voz alta. Para colmo esa vez también se quitó la remera, quedando con un corpiño haciendo juego con la tanga. A mí se me estaba poniendo la cara de todos colores. Tímidamente me desvestí. Cualquiera diría que esta vez vine mejor preparada, con una bombacha menos transparente, más discreta, más de vieja, pero no. En un arrebato de inconsciencia me puse una colaless apretada y de tela delgada que traslucía los pelitos de mi entrepierna. Tuve que quitarme también la remera, mi corpiño era bastante discreto ya que no creí que tuviera que enseñarlo.

Nos acostamos. Miré el techo por un largo rato rogando que el aburrimiento me hiciera dormir, no entendía por qué no podía conciliar el sueño si hacía apenas unos minutos los ojos se me cerraban solos.

Maldita Lara, ella se durmió ni bien apoyó la cabeza en la almohada. Estaba de lado con su cola apuntando hacia mí. Simulando estar acomodándome en la cama, le rocé suavemente una nalga. Estaba fría, de verdad era como tocar porcelana. De golpe recordé todos esos videos lésbicos con los que me había masturbado, los toqueteos y besos con Tatiana, la masturbación de mi amiga en video, sus fotos desnudas, el sabor de su vagina. Y sí… me mojé.

Posé la mano en su nalga y le susurré su nombre al oído. Quería que se despertara, algo en mi macabra imaginación me hacía creer que si despertaba terminaríamos haciendo el amor apasionada y locamente, así como si nada. Volví a llamarla por su nombre y la acaricié, bajando por la colina de porcelana hasta llegar al cañón. Toqué la división de sus labios por arriba de la tanga, me pegué más a ella y la llamé un poco más fuerte. Nada. Una tumba hubiera sido más comunicativa. Con el dedo mayor recorrí toda esa hendidura mágica. Me estaba mojando cada vez más y a ella le estaba pasando lo mismo. Sentí la tibieza de su sexo y apoyé mi boca contra su cuello. ¡Se movió!

Luego de escupir mi corazón junto con gran parte de mis pulmones y haciendo un esfuerzo inhumano por no gritar, me di cuenta que sólo había girado en la cama, seguía tan dormida como siempre. Quedó boca arriba con la cara mirando hacia mí, su respiración era pausada y sus ojos estaban bien cerrados. Esperé unos segundos y volví a las andanzas lésbicas. Esta vez busqué su boca, hice que nuestros labios se tocaran, podía sentir su respiración. Eso me confirmó que dormía plácidamente. Sus piernas habían quedado bastante juntas. A rastras llegué hasta ellas y las fui separando lentamente, siempre atenta a cualquier cambio. Mi corazón latía a un millón de revoluciones por segundo. Esto no podía ser nada bueno para mi salud.

Cuando por fin logré abrir sus piernas me quedé encantada con lo que vi. Su vagina estaba mordiendo la tanguita, como si fuera a tragarla toda. A esta altura mi estado de locura era importante, para demostrarlo me quedé en pelotas. Me despojé de mi corpiño y de mi colaless, como si inconscientemente quisiera ser atrapada. Lo primero que hice, al quedar desnuda, fue ponerme de rodillas y comenzar a masturbarme mientras admiraba el cuerpo de Lara, agradecía enormemente que la ventana estuviera abierta y que la luz fuera buena, pero yo necesitaba ver más. Interrumpí mis toqueteos para encender una lámpara en la mesita de noche. La apunté hacia una pared para no alterar a mi amiga. Ahora se veía todo muchísimo mejor. Regresé a mi posición. Ya tenía la entrepierna empapada y fue un alivio el poder meterme los dedos. Últimamente me estaba masturbando más de lo que lo había hecho durante toda mi vida.

Bajé la cabeza lentamente hasta darle un besito en la zona del clítoris a mi amiga. Me sobaba las tetas mientras admiraba cómo la tanga se le metía. Con un leve movimiento pude hacerla a un lado y allí quedó todo ese manjar expuesto para mí. ¿Cómo podían ser tan hermosas las vaginas y yo nunca lo había notado? Al menos hasta ahora. Aparté mi largo cabello y lo dejé caer hacia la izquierda. Me acerqué más, ese olorcito a almejita me estaba volviendo loca. Con la puntita de mi lengua toqué su botoncito sexual, el cual asomaba erguido. De a poco, intentando no despertarla, fui lamiendo como lo había hecho aquella noche.

Si quería confirmar mi gusto por la vagina, debía ir más allá. Sabiendo que Lara no se despertaría, di una lamida firme, pegando mucho mi lengua a la división central de sus labios. ¡Cómo había extrañado ese sabor! Lamí unas cuantas veces más sin dejar de toquetearme, frotarme el clítoris o meterme los dedos. La calentura me estaba nublando el juicio, la culpa ya había quedado olvidada. Con dos dedos en mi sexo fui saboreando los jugos que fluían de mi querida amiga.

Perdí la cabeza por completo, seguramente se debía a años de reprimirme y dejar salir toda mi sexualidad de golpe. Me las ingenié para poner mis rodillas a los lados de su cara sin moverme demasiado. Bajé la vagina hasta que prácticamente tocó su boca y me masturbé locamente. De pronto noté los suaves labios de su boca rozar contra los de mi vagina, transmitiéndole mis fluidos. Miré hacia abajo, ella ni se movía. ¿Estaría soñando con sexo lésbico otra vez? Temí llegar demasiado lejos y despertarla, por lo que me aparté, pero aún seguía excitada. Más que nunca.

Volví a su vagina y esta vez comencé a chuparla. No a lamerla, sino a chuparla de verdad. A comerla. A engullir todo su sexo y succionar sus jugos. Le di un chupón a su clítoris sin pensar en nada. Me pegué a su sexo como una sanguijuela succionadora de flujos vaginales. Cerré mis ojos y me dejé llevar por el enorme placer.

En ese momento, como Lázaro que se levanta entre los muertos, Lara se sentó en la cama. Miré hacia arriba y me encontré directamente con sus ojos, abiertos como platos, intentando comprender lo que pasaba, pude leer el terror en su mirada. Ni siquiera atiné a quitar la boca de su vagina. Si yo hubiera sido un espía de la KGB, ese era el momento preciso en el que debía tomarme la pastilla de cianuro.

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Hermanas: tangas y bombachas III

Capítulo VI: Todo tiene un precio

Martín estaba atento. Su mirada se posaba sobre la cola de su hermana. Ella, atrapada por la excitación, dejó el lápiz arriba de la carpeta, y acostada como estaba boca abajo, colocó ambas manos en sus caderas, sujetando a cada lado el elástico de la calza.

Miró por última vez a su hermanito, y comenzó a bajársela. Tiró lentamente y despacito su calza hacia abajo. Lo primero que saltó a la vista fue el borde de la tanga rosada. Continuó bajando, y aparecieron sus nalgas bien grandes cada vez más descubiertas. Llegó bajándose la calza hasta el final de la cola y el comienzo de sus muslos, cuando se detuvo.

El muchacho observaba todo. ¡Le estaba viendo la cola a su hermana en vivo y en directo!. La tanga era demasiado pequeña, apenas le cubría la rajita del culo, estaba casi todo descubierto. Le pareció extremadamente excitante… gordo, con volumen, nalgas bien grandes… la tanga se enterraba dentro de toda esa carne.

Tenía la pija parada haciendo presión en el pantalón. Estaba tan excitado que ni se cubría su erección ya, no le importaba que Florcha se la estuviese viendo.

Florencia también estaba muy cachonda, de a ratos le miraba el bulto a su hermano y por momentos deseaba vérsela, pero se contenía.

– Bueno, ya es suficiente-Dijo la chica.

Martín se quedó viendo. Ella volvió a subirse la calza, esta vez más rápido. Se la puso en su lugar.

– Ufaa, un ratito más??
– Jajaja nooo, mañana, pervertido. Se acabó el turno de hoy.

Terminaron con el estudio, y Martín aprovechó lo que quedaba de mañana para hacer las tareas del hogar.. por partida doble. Le tocó fregar el piso de casi toda la casa. Pero nada era comparable con haber visto a su hermana en tanga. Valía la pena, salía ganando, se decía a sí mismo.

También cocinó el almuerzo, dejando todo listo. Mamá llegó del trabajo, y agradeció a su niño por haber cocinado. Florencia también se sentó en la mesa y llamaron a Agustina para que se despierte.

La mayor acusó un clásico dolor de cabeza por haber bebido tanto la noche anterior, y se quedó en la cama.

Fue transcurriendo el día, y el chico estaba muy caliente todavía, por lo que había pasado en la mañana. Tenía la cola entangada de su hermana en la mente, y se le paraba la pija a cada rato. Cuando a la noche su hermana se bañara, pensó en usar la tanga para hacerse la paja.

Lo llamó un amigo, que lo necesitaban para jugar un partido, porque faltaba un jugador. Aceptó gustoso la propuesta, y se fue.

Como era de esperar, cuando regresó a casa al anochecer, su hermana Agustina seguía en la cama. Pasó por el dormitorio de las chicas y la vió allí despierta, hablando con alguien por whatsapp. Fue hasta la cocina y allí estaba Florcha tomando un té. Todavía estaba con la misma ropa que en la mañana.

– Hola Flor, te vas a bañar ahora?
– Hola, no, ahora tengo que irme de Lucía un ratito. Por?
– Ahh… ok… nada.
– Eh? Dale decime!
– Bueno… es porque ahora que me voy a bañar… quería…hacerlo.
– Hacer qué?
– Eso! Mas..masturbarme… y quería hacerlo con tu tanga.
– Ahhhhhhh. Shh que mamá o Agu te pueden escuchar. Que cochino. Cuando regrese de la casa Lucía te la doy, anda a bañarte.
– En serio? Graciasss hermanita!

Martín le dio un beso en el cachete a su hermana, y se metió a la bañera. Apenas se sacó el pantalón y el bóxer, le saltó el pene duro, deseoso de una buena paja para descargar tensiones… pero debía esperar un rato más. Durante el baño, se tocaba, se pajeaba pensando en la cola de su hermana con la tanguita rosada, y cuando estaba a punto de eyacular, se detenía.

Salió del baño, y esperó por Florencia. Mientras tanto se entretenía en facebook.

Florcha por fin arribó al hogar. Martín estaba sentado con la notebook en el living. La chica lo miró y le preguntó donde estaban los demás.

– Agustina sigue en su cuarto, y mamá salió a comprar comida.

El chico volvió a hablar otra vez.

– Flor…. Te acordas, de….?
– Sí, tan apurado estás?
– Bueno… un poco sí je.
– Aysssss, vení conmigo al baño así ya te la doy.

Florencia caminó hasta su dormitorio para asegurarse de que Agustina esté allí. Luego fue hasta el baño con su hermano detrás de ella. El chico ya sentía la pija más que dura y el corazón a mil. Florcha abrió la puerta y se metió al baño.

– Esperame ahí… no hagas ruido. –Le dijo al chico atrás de la puerta, afuera del baño.

Lo primero que hizo fue sacarse las zapatillas. Acto seguido, se quitó la calza, y finalmente se bajó la tanga hasta los pies, para sacarla y tenerla en sus manos. Abrió la puerta ligeramente, solo un poquito, sacó su mano por ahí para alcanzársela a su hermano.

– Acá tenés.
– Gracias!!!!

Martín agarró la tanga que su hermana le ofrecía y salió de allí mientras la chica se empezaba a bañar. Se fue a su cuarto, cerró la puerta, prendió la luz, se sentó en la cama, y se bajó los pantalones.

Ahora podía observar con claridad la tanguita de su hermana. Estaba súper húmeda! La abrió toda y se fijó en lo de siempre, la parte interior estaba muy muy mojada, completamente. La parte estrecha era muy pequeña, el chico sin dudas pensó que esa parte la había tenido toda metida adentro de la concha. Sintió el olor y tuvo que tocarse. Se la llevó a la cara para sentir el profundo olor a concha que salía de esa tanga que en la mañana había visto puesta a su hermana. Mientras con una mano se dejaba la tanga en la cara para olerla, con la otra se pajeaba. Tras un par de sacudidas, empezó a acabar. Fue intensísima. Caía y caía semen de su chota. Creyó que nunca había sacado tanto semen. Llenó el piso de su habitación de semen pegajoso.

Urgentemente, abrió la puerta y espió que nadie estuviera cerca. Fue hasta el lavadero y encontró el trapo de piso que había usado en la mañana. Se lo llevó a su cuarto y limpió todo en unos segundos. Lo más rápido que pudo, metió el trapo en un bote de agua y lo llevó al patio.

Regresó a su habitación, que alivio. Todo bien. Volvió a agarrar la tanga y la miró de nuevo. Haberla visto metida toda en la cola… se le fue poniendo dura otra vez. Una ocasión más, la olió.

Ahora ya la tenía dura de nuevo. Tuvo que volver a bajarse el pantalón. Tenía ganas de otra. ¿Por qué no?

Además de olerla, la lamió, le pasó la lengua a la parte mojada. Le encantó el sabor de la chocha de su hermana.

Luego se enrolló la tanga alrededor del tronco de su pija parada, y se pajeó… la leche que salía esta vez fue sin tanta potencia. No salía disparada, sino que brotaba del glande hacia abajo. Caía por el tronco de la pija, manchando toda la tanga con semen.

Una vez terminado, Martín tenía el pene lleno de semen. Desenrolló la prenda y se limpió la pija con la tanga de su hermana. Se la pasó por toda la pija y el pubis, un poco por los huevos, para limpiar toda la leche.

La tanguita rosada de Florcha quedó llena de leche tibia. Se subió los pantalones y salió de la habitación con la tanga escondida en la mano.

Fue hasta el baño. Abrió la puerta, y le dijo a su hermana que ya la había usado, que se la dejaba con toda su ropa. Ella acepto.

Se quedó en el living viendo TV.

Cuando Florencia salió del baño, inmediatamente buscó a su hermano. Lo encontró en el living, sentado en el sillón en frente de la TV.

– Boludo, qué es esto?
– Qué cosa?

Florcha le mostró la tanga llena de leche a su hermano, la tenía agarrada de la punta de los dedos.

– Esto es lo que yo creo que es?
– Ahh… sí, pensé que te podía molestar… no sabía si decírtelo.
– Esta cosa es tu semen, no?
– Sí…
– Vos sos tonto? No podés ser TAN ASQUEROSO. Me arruinaste la tanguita!
– Por?
– Cómo por???!!! Si la dejaste llena de semen, asqueroso.
– Pero se puede lavar, Flor.
– Si???!!?? Y quien va a lavar esta asquerosidad? Mirá si mamá ve esto?
– Ah.. jaja tenés razón.
– Ves? Y vos te crees que yo me voy a volver a poner esto después de que vos la hayas llenado de semen? Aparte con Agustina compartimos nuestras tangas, mirá si se llega a enterar.!!!!
– Tranquila, la lavamos bien y queda como nueva.
– Arreglas todo fácil vos. Qué hiciste con esto? No entiendo como hiciste para ensuciármela así.
– Bueno… primero la olí… tenía un olor riquísimo, me hice una paja..
– Otra vez esas palabras!
– Bueno, perdón… estaba..
– No, dejá, dale, hablá como quieras… ya para que.
– Bueno, me hice una paja… y quedé caliente igual, entonces la volví a oler otra vez y me tuve que hacer otra.
– Te hiciste dos pajas???? –Pregunto Florencia, sorprendida.
– Sí… es que lo de esta mañana, cuando me mostraste la cola, y después oler tu tanga, estaba excitadísimo! Entonces cuando me hice la segunda, terminé y me manché todo… y me limpié con tu tanguita.
– Cómo?!?! Te pasaste mi tanga por tu pito???
– Sí, tranquila que se lava hermanita…
– Yo no lo puedo creer. Y estoy casi tocando tu semen, tomá y lavala vos cochino!

Florencia le dio la tanga a su hermano.

– No es para tanto, estuvo tremendo, gracias por dármela Flor.
– Sí, ya veo lo tremendo que estuvo, si te hiciste dos pajas y me la llenaste de semen.
– Jaja, es que me encanta el olor de tu concha.
– Bueeeenoooo! No te pases.
– Perdón, pero trato de ser sincero…
– Sí, ya sé, pero sos asqueroso. La próxima vez que hagas esto, no me la des, metela directamente al lavarropas!
– Bueno.
– Ah, y mi concha tiene un olor horrible, me da vergüenza que me sientas el olor. Nada más. Y sí, hablo con esas palabrotas, a ver si me entendes, jaja.

Florcha se rió y se fue a su cuarto.

Martín se fue al lavadero a limpiar la tanga. La metió en remojo y le quitó el semen pegoteado. Luego, la metió directamente al lavarropas.

:::

Esa misma noche, como habían quedado, salieron Florencia y sus amigas con Martín. Al chico no le hacia mucha gracia salir con todas mujeres, pero es lo que tocaba, su amigo no quería. Fueron a una discoteca, donde algunas de las amigas de Florcha bebieron de más y se dejaban coquetear por los chicos.

Florencia y Martín también habían bebido, y la noche fue divertida en compañía. Ni uno se le acercó a Florencia, quizás pensaban que estaba con el novio… pero era su hermano.

Pidieron un taxi y se volvieron juntos a casa, ya amaneciendo el domingo.

Entraron a la casa tratando de hacer el menor ruido posible. Bromeaban sobre un muchacho que estaba tan borracho que no podía mantenerse de pie en la discoteca.

Florencia llegó a su cuarto, mientras Martín tenía que seguir por el pasillo hasta el suyo.

– Al fin a dormir. –Mencionó Florencia, bostezando.
– Sí, muy cansado estoy.
– Esta tarde estudiamos otro rato?
– Sí!!
– Ja, vos querés estudiar para verme.
– También… aunque me gusta ayudarte.
– Jaja, sí, claro.. que descanses.
– Igualmente.

Tras el descanso, y luego de almorzar, Martín estaba viendo un partido de fútbol, cuando Florencia llegó al living a preguntarle si quería estudiar un rato. Obviamente, el chico apagó el TV y salió disparado con ella.

Se repitió la misma escena. Ella acostada en la cama, él sentado al lado, estudiaron. Mientras estudiaban, Martín le miraba la cola y como la ropa interior se le veía mínimamente abajo del jean.

– Qué mirás?- Dijo la chica.
– Que ya se te nota un poco…

Florcha se miró y se rió.

– Bueno, concéntrate en el estudio ahora… después eso.
– La tenés puesta desde anoche, no?
– Sí.
– Es una tanga como la de ayer o una bombacha?
– Es una bombacha, cochino, ahora estudiá!

Cuando al fin terminaron de estudiar, Martín tenía los pantalones haciendo presión ya. Florencia cerró la carpeta.

– Dale hermanita, mostrame la bombacha.
– Andá a fijarte si hay alguien cerca. –Dijo la chica.

Martín abrió la puerta del cuarto, pero no había nadie cerca.
La volvió a cerrar, y se sentó al lado de ella.

– Nadie.
– Ok.

Florcha se desabrochó el jean e iba a bajárselo, pero antes Martín la detuvo.

– Flor, quiero me la muestres de frente.
– De frente?
– Sí!
– Oookey.

La muchacha se arrodilló en la cama de frente a su hermano, y se bajó el jean hasta los muslos. Ante él, apareció el pubis de su hermana cubierto por una bombacha blanca. Se le veía que se le transparentaba un poco la mata de pelo del pubis.

– Ya me la viste, me subo el jean.
– Paraaaa un ratito más Flor.
– Uh dale querido que más querés ver?

Tras un par de segundos más mostrándole la bombacha a su hermano, ya se subió el jean.

– Gracias Flor, estás hermosa.
– Jajaja andá…
– Cuando te vas a bañar?
– Ahora en un ratito voy, vas a usar mi bombacha?
– Sí, tengo muchas ganas.
– Bueno pero no me la manches con semen….
– Te molesta mucho? Si total se lavan… no seas malaaaa, me encanta olerla y me gusta mucho llenarla de leche.
– Leche?
– Así se le dice al semen hermanita.
– Ya sé, tontito…
– Entonces? Déjame echarle mi lechita porfa….
– Bueeeno, pero si me la llenas de leche, metela en el lavarropas, no la dejes ahí, entendiste??? Si la llega a ver Agustina nos mata, y andá a saber que pensará mamá si la ve.
– Sí, tranquila.

Martín salió de la habitación. Florencia, de solo pensar que su hermano se iba a hacer una paja con su bombacha, se excitaba. En el baño, se quitó casi toda la ropa, y se restregó bien la bombacha en la concha, para asegurarse de que quede bien mojada y olorosa para su hermanito. Se la sacó y la dejó allí tirada con toda su ropa.

Luego de bañarse, entró el chico al baño y agarró la prenda. La abrió bien y se dio cuenta de lo empapada que estaba. El olor a concha era demencial. Se hizo la paja, y acabó encima de la bombacha directamente. Se limpió la verga con la tela de su hermana y la dejó allí. Cuando terminó de bañarse, fue hasta el lavadero y la metió en el lavarropas.

La chica cuando se fue a dormir, recreó en su mente imaginándose como su hermano menor se hacía una paja oliendo su bombachita, y luego se imaginó como se la pasaría por la pija, llenándosela de semen caliente y espeso. Se sintió re contra excitada. Al principio le parecía un asco, pero ahora le encantaba. Disfrutaba de darle la bombacha húmeda a su hermanito para que se haga pajas y las llene de leche.

Se tuvo que masturbar en la cama, pensando en eso. Metiendo su mano adentro de la bombacha, tocándose el clítoris, y los pezones. Decidió ir más allá, y meterse la bombacha en la raja de la concha, para llenarla aún más de sus flujos y su olor. Tuvo un orgasmo excelente. Recién se iba a dormir y ya tenía la bombachita empapada para mañana! Se durmió toda mojada.

Ahora que sabía lo que su hermano hacía con sus prendas, estaba más caliente que nunca. Casi todos los días estaba excitada, y mojaba el doble que antes las bombachas. Esto lo notaba su hermano, que cada vez que las recibía, estaban mucho más húmedas que las primeras veces.

:::

Capítulo VII: ¿Dónde está la línea del límite?

El lunes, Florencia antes de ir a la escuela pensó en cambiarse la bombacha, la sentía demasiado húmeda por el orgasmo de anoche, pero se la dejó puesta, para excitar más a su hermano.

Estuvo toda la mañana excitada, a pesar de que a la noche se había masturbado. Tenía que hacerlo de nuevo, Florcha tenía la necesidad de tocarse otra vez. De a ratos, mientras estaba en el salón y se aseguraba que nadie la estuviera mirando, se rozaba disimuladamente los dedos debajo de su pollera del colegio, tocándose levemente la conchita por encima de la bombacha.

De regreso de la escuela, Florencia le agradeció a Martín por haberle echo los ejercicios de matemáticas que tenía que llevar ese día, pues estaban todos correctos.

A media tarde, mientras mamá todavía estaba en el trabajo, y Agustina en la universidad, Florencia le dejó sus apuntes de matemáticas a Martín en la mesa de la cocina, pues le habían dado más tarea. Martín abrió los apuntes mientras se tomaba un café.

– Hoy no estudiamos? –Preguntó el muchacho.
– No tengo muchas ganas, aparte en un rato tengo inglés.
– Ok. Aunque tengo ganas de verte un poquito la bombachita.
– Jajaja. El trato era que te la mostraba cuando estudiábamos!
– Sí, ya sé… pero como hoy no estudiamos…dejame vértela un poquito.
– Jaaa, no, sos re tramposo! Ahora me voy a bañar, te la dejo en el baño para que después te hagas una paja.
– Siii, gracias hermanita.

Tras meterse en el baño, Florencia se quitó toda la ropa menos la bombacha. Abrió la ducha y se empezó a tocar de nuevo antes de meterse.

Estaba parada frente a la bañera, apoyada contra la pared. Se tocaba el clítoris en círculos para darse placer. Más mojada, más cachonda, más excitada como una zorra. Se llevaba dos dedos a la boca para lamerlos, y luego otra vez al clítoris para estimularlo. No le costó llegar al clímax. Acabó como una perra, dejando el máximo rastro posible en la bombacha que a esa altura estaba casi completamente empapada directamente. Se había masturbado dos veces encima de esa bombacha.

Se secó toda la acabada de su concha con la bombacha y se la dejó tirada en el baño a su hermano.

En pocos días, se había transformado en una zorrita.

Florencia salió del baño ya vestida, se peinó el pelo y partió para inglés, saludando a su hermano que seguía haciéndole la tarea en la mesa de la cocina.

Una vez que el muchacho terminó la tarea, fue hasta el baño, recogió la bombacha mojada de su hermana, e hizo lo habitual. No podía creer lo empapada que las dejaba su hermana, pero lo agradecía. Tras sentirle el olor a la conchita sucia de su hermana, se puso la bombachita en la punta de la pija para terminar la paja y llenarla por completo de leche calentita.

Una vez hecho, la dobló toda y la metió al lavarropas bañada en semen.

Al rato, llegó su hermana mayor Agustina de la universidad. Lo primero que hizo fue ir a ducharse. ¿Qué sucedió cuando Martín fue a bañarse? Revolvió la ropa de Agustina, encontró su bombacha y se hizo otra paja.

Esta vez era una bombachita negra, al contrario de las de Florencia, no estaba mojada. Estaba toda seca, pero al olerla en la zona de la vagina, sintió el inconfundible olor a concha, aunque no tan profundo, pero igual de excitante.

A ésta bombacha no le podía echar su semen, asique se hizo la paja oliéndola solamente.

Tras todo aquello, ya muy satisfecho, se dispuso a ducharse.

Después de cenar, Martín se sentó junto a Florencia en el sillón del living, mientras Agustina y su madre ya se habían ido a dormir.

– Te terminé la tarea ya, Flor. Te dejé todo en tu carpeta.
– En serio??? Muchas gracias hermanito!!. Tu recompensa te la dejé en el baño como lo prometí.
– Siiiii, gracias por dejármela Flor, te juro que me encantó!!
– Que bueno, entonces la pasaste bien.
– Muy bien!!! Ayer y hoy las dejaste muy mojadas. Tenía un olor riquísimo. Me hice una paja con la tuya, y después me hice otra con la bombacha de Agus.
– Con las dos?!!!??
– Sí jeje.
– A las de Agustina también las oles?
– Sí.
– Jajaja, que pendejo cochino. Me voy a dormir. Hasta mañana.
– Hasta mañana hermanita.

:::

Amanecía. Cuando se iba a levantar de la cama, Martín se dio cuenta de que se le partía la cabeza, y acusaba dolor de garganta.

Le dijo a su madre que no se sentía bien. Mamá le puso la mano en la frente para medirle la temperatura y dio su diagnóstico: “tenés fiebre querido” “Quedate por hoy a dormir y descansar”

El muchacho no dijo más nada y se quedó en la cama a dormir, mientras sus hermanas se alistaban para ir a la universidad y a la escuela.

Durmió hasta el mediodía, cuando se levantó y preparó el almuerzo para las tres mujeres de la casa. Él no tenía hambre, sólo se iba a tomar una sopa caliente, y regresó a dormir la siesta.

Para la tarde, Florencia entró al cuarto de su hermano, y lo despertó.

– Vamos a estudiar un rato? O estás muy enfermucho?
– Estoy enfermo pero puedo estudiar, y más con vos.
– Jaja.

El chico aceptó. Florencia le dijo que él se quedara acostado en la cama, y ella se sentó a su lado. Abrió la carpeta, y Martín le fue enseñando algunos problemas de matemáticas, y las soluciones.

Florencia estaba vestida con una remera de tirantes escotada, que invitaba a espiar sus tetas, y la pollera roja y negra a cuadros del colegio, estaba sentada cruzada de piernas en la cama de su hermano. Martín la miró, le miraba las piernas, y obviamente quería ver qué había debajo de esa pollera escolar.

– Y éste problema como se resuelve? -Preguntó la muchacha.
– Así… tenés que…(la explicación del chico)
– Ahí me salióoooo!!!!- Exclamó Florencia.
– Qué bien.

Florencia lo miró a su hermano, y observó como le miraba descaradamente las piernas.

– Estás enfermo pero me seguís mirando igual eh, jajaja.
– Jajaja, sí. Que lindas piernas.
– Gracias.
– Hoy te toca la parte del trato, eh.
– Jajaja sii hermanito, quedate tranquilo que no me olvidé.
– Hoy tenés bombacha o tanga?
– Tanga.
– Vas con tanga a la escuela?
– Jajaja sí, no me la ve nadie eh, no te pongas celoso.
– Jajaja. Me mostrás la tanga hermanita?
– Si, pervertido.

Florencia se descruzó de piernas, las abrió un poquito, y se levantó la pollera, así sentada en la cama, para enseñarle la parte delantera de su tanga a su hermano. Martín le veía el triangulo de tanga azul cubriéndole el pubis a su hermana.

– Mmm que hermosa, Flor. La tengo re parada.
– Por verme la tanga?
– Siii. Te animás a pararte y sacarte la pollera?
– Te gustaría verme sin pollera?
– Sí, porfa. Quiero ver como te queda la tanguita en la cola.

Florencia no podía evitar mojar la tanga. La situación la sobrepasaba, estaba muy caliente, con la concha hinchada por la excitación. Más hinchada, más se tragaba la tela angosta de la tanguita. Tenía la tanga un poco metidita en la concha.

Se puso de pie, y se bajó la pollera hasta los pies. Se giró, mostrándole el enorme culo entangado a su hermano. Sólo le cubría la rajita del ojete.

– Uff me encanta como te queda la tanga Flor…aunque más me gusta tu cola… es enorme!
– Jaja, en serio te gusta mi cola?
– Siii, aparte la tanga casi no te cubre nada… me la vas a dar para hacerme una paja?
– Sí, en un ratito me voy a bañar.
– Está mojada como la bombacha de ayer?
– …Sí, está un poco mojada.
– Qué bien… no puedo esperar a olerte la concha hermanita.
– Tendrá buen olor?
– Siii… ya te dije que es riquísimo, voy a acabar enseguida.
– Me la vas a llenar con tu leche?
– Si, no aguanto más… la tengo re dura Flor.
– Querés que te la de ahora?
– Siii.

Florencia se subió la pollera. Metió sus manos por abajo, y se fue bajando la tanga por sus muslos, sin que Martín pudiera verle nada.

Agarró la tanga toda mojada y se la tiró a su hermano en la cama.

– Me voy a bañar. Pasala bien.
– Gracias Flor!!!

Florencia salió de la habitación de su hermano con la pollera y sin nada abajo, con la conchita ardiendo. Apenas ingresó al baño, se sentó en el inodoro, abrió sus piernas lo máximo que pudo, y se masturbó como nunca. Se escupió dos dedos y se los pasó por toda la concha peluda, tratando de aliviar el ardor, la tremenda excitación. Imaginó como su hermano en este momento estaría oliendo su tanga, disfrutando con el olor de su concha, y llenándola de leche caliente, rica y espesa. Se pegó un orgasmo majestuoso, tratando de no gemir como una puta. Se quedó temblando. Se agarró fuerte los pelos del pubis y se llevó sus dedos a la boca. Nunca había sentido la chocha tan inflamada.

Su hermano? Apenas salió Florencia de su habitación, se bajó los pantalones y olió toda la tanga que segundos antes había estado metida en la concha y en la cola de su hermana. Estaba tan caliente que enseguida acabó. Salió tanta leche. Se lleno la pija y el pubis de semen. Se lo limpió todo pasándose la tanga por la verga y los huevos, dejándola completamente llena de leche.

Al rato, ya calmada, salió de su ducha Florencia. Fue a la habitación de su hermano, envuelta en una toalla, a buscar la tanga. Él se la dio.

– Ah bueno. Cuantas pajas te hiciste? Jajaja.
– Una sola… pero salió mucho porque me dejaste muy caliente hermanita.
– Jajaja, yo tengo la culpa? En fin, no va a quedar más remedio que tocar tu semen.

Florencia agarró lo que parecía su tanga, llena de sus flujos vaginales y de semen de su hermano. Tuvo que ensuciarse los dedos con leche. Fue a su habitación a vestirse. Dejó la tanga en el piso, para después llevarla al lavarropas. Se estaba vistiendo, cuando escuchó llegar a su madre a la casa.

– Florenciaaaaaaaaa- Gritó mamá desde el living.
– Quéeeeeeeeeeeee? –Respondió ella.
– Necesito que me ayudes con algooo.

Florcha se vistió rápido y fue a ver que quería su madre. Tenía que ayudarla con unas bolsas de compras del supermercado.

Mientras ayudaba a su madre con eso, vio pasar a Agustina, que llegaba a casa y cruzaba directamente el living. Florencia se acordó de la tanga llena de leche en su cuarto.!!!!!!!!!!

Tarde. Florcha dejó una de las bolsas de verduras en el piso, y miró hacia el pasillo. Vió a su hermana entrar a su habitación.

“¿Ay no. Y ahora?”

Mamá le preguntó que le pasaba, que se quedó atontada. Ella terminó de acomodar las cosas, y se fue para su cuarto.

No sabía si entrar o no entrar. Quizás no la vió, pensó. Estaba aterrada y temblando!!!!!!!! Hacía un rato estaba temblando por el orgasmo, y ahora estaba temblando de miedo.

Finalmente, abrió la puerta. Vió lo peor. Agustina con la tanga en sus manos, tratando de descubrir que clase de asquerosidad era eso.

Agus la vio entrar, y la miró. Florencia entró y cerró la puerta.

– Florencia… esto qué es?

Florcha se quedó muda, mientras notaba como se le empezaban a humedecer los ojos, temblaba, y comenzaba a llorar como una nena.

Continuará…

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