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Esclava de un desconocido

Miércoles, noviembre 23rd, 2011

Bernardo, mi esposo, nunca se imaginó que la computadora que él usaba para trabajar a mí me servía para serle infiel…. Bueno, al menos cibernéticamente hablando.

Después de unos meses de casados, nuestro matrimonio había caído en cierta monotonía. No es que él me descuidara, no. Pero el sexo se había vuelto algo rutinario, a fuerza de experimentar. Lo habíamos hecho en casi todo lugar imaginable, y eso había hecho que poco a poco la excitación se fuera apagando. Lo amo, sí… Lo deseo, también es cierto… pero yo necesitaba algo más. Sin contar lo que sucedió días antes de mi boda, donde cogí con un compañero de trabajo, y fuera de algunos flirteos sin importancia, nunca me había atrevido a serle infiel después de casados. Por eso es que empecé a frecuentar salas de chat, donde podía dejar salir mis deseos ocultos sin temor de que nadie supiera quién era yo.

Los periodos en que Bernardo tenía que trabajar por las noches habían sido la ocasión perfecta para adentrarme en el mundo del sexo virtual. En la soledad de mi habitación, por las noches dejaba de ser Martha para convertirme en Velia, una ama de casa aburrida que buscaba cibersexo con quien quisiera tenerlo… y vaya que en esas salas abundan los hombres que desean tenerlo.

A escondidas de mi esposo compré una web cam con la que, si el ciberamante en cuestión tenía suerte, me dejaba ver por completo, exceptuando el rostro. Ya si había alguien que me iba a videograbar, al menos que no supiera mi verdadera identidad. No quería hacerme una celebridad en el mundo de la pornografía casera, después de todo…

Durante semanas el cibersexo se me volvió un verdadero vicio. Incluso llegué a disfrutarlo muchísimo más que el sexo con mi propio esposo, en que la mayoría de las veces cerraba los ojos e imaginaba que era uno de mis tantos ciberamantes ocasionales quien me cogía. A final de cuentas, muchos de ellos me habían mostrado sus vergas erectas a través de la cámara y por ello tenía yo amplio repertorio para fantasear…

Sin embargo, ocurrió lo que tenía que ocurrir. Después de un tiempo el cibersexo en esas salas me aburrió. Con frecuencia me topaba con verdaderos idiotas que no sabían nada acerca de coger y en vez de excitarme me hacían salirme de la sala de chat. Y fué entonces cuando me decidí a ir un paso más allá…

Con mi personalidad de Velia, ingresé a un sitio de sadomasoquismo y dominación. Quería probar cosas nuevas en ese mundo. No por nada el ser dominada y humillada siempre me resultó algo particularmente excitante, y pensé que ahí iba a encontrar algo que me ayudara a seguirme masturbando como ya acostumbraba. Después de conocer a algunos “amos” con los que jugué mucho, empecé a cansarme de nuevo. Incluso entré a salas de chat de zonas cercanas a donde vivo, con la esperanza de encontrar algo que mereciera la posibilidad de conocer en persona en un momento dado.

Hasta que lo encontré a Él… o, mejor dicho, hasta que Él me encontró a mí.

Se llama Fernando, pero le gusta que lo llame Señor. Porque desde entonces Él es mi Amo y Señor. Vive a una hora de aquí. Más perfecto, imposible.

Desde el principio Él dejó claro quién mandaba. No Se anduvo con rodeos y me trató como Su esclava. Me proporcionó noches interminables de placer diciéndome qué deseaba Él de mí, siempre con lenguaje autoritario y sin dejar lugar a dudas de cuál era mi lugar. Al principio deseaba con ardor que Bernardo tuviera sus turnos nocturnos para buscar a mi Señor, pero con el paso de los días empecé a inventar pretextos para quedarme tarde en la computadora, buscando alimentar mis fantasías con mi Amo. Después de un día arduo de trabajo y una buena cogida antes de dormir, Bernardo caía muerto de cansancio por las noches y no se daba cuenta de lo que su esposa hacía casi frente a él. En más de una ocasión me mostré completamente desnuda ante mi Señor, y no pude negarme cuando me ordenó que le mostrara mi rostro. Tanto me excitaba, que no me importaron las consecuencias.

Sin embargo, Él no accedía a mostrarse. Yo le rogaba que me dejara verlo, pero Él me ordenaba no insistir. Él se mostraría sólo en persona. Y fué esa noche cuando me ordenó fijar una fecha para encontrarnos. Ansiosa, le dije que el siguiente fin de semana sería perfecto. Estaba ansiosa por, finalmente, dar el paso que apagara el fuego que me consumía a esas alturas. Quería conocerlo… quería verlo para ver si en persona era tan excitante como era con sus palabras. Quería ver si valía la pena el considerar el serle infiel a Bernardo por vez primera desde que nos casamos.

Sólo que las cosas no serían como yo pensaba, oh, no… Mi Señor me dió una descripción detallada de lo que debía hacer y dónde nos veríamos. Leí atenta sus indicaciones y no sin algo de temor y recelo me dije que sería aún más excitante de lo que había pensado… y que por ello bien valdría la pena el arriesgarme. Si las cosas eran como parecían ser, que me perdonara Bernardo, pero bien valdrían la pena…

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Bernardo trabajaria todo el fin de semana fuera, y pude entonces regodearme en la espera de encontrarme con mi Amo. Al atardecer, y después de un baño que no consiguió apaciguar mi calentura, empecé a vestirme para salir al encuentro de quien se había adueñado de mi pensamiento. Todo lo que hice a continuación fué por órdenes expresas de mi Amo.

Tomé un taxi y pedí que me llevara a cierto motel en las afueras de la ciudad. Mi Señor no quiso que yo fuera en mi coche. El chofer me comía con la mirada las piernas y las tetas, que se asomaban a través de generosos escotes. El sentirme observada, y de ser tomada seguramente por una puta pagada, fué un verdadero afrodisíaco para mí. El hombre inició conversación conmigo, y me dije que, de no ser porque ya iba yo al encuentro de mi Señor, le daría oportunidad de darse gusto conmigo. Ya sería en otra ocasión.

Llegando al motel me asignaron una habitación, y fué entonces cuando, armándome de valor, le dije al micrófono que asomaba por la ventanilla:

- Dentro de unos minutos llegará una persona preguntando por Su esclava Velia… Déle por favor el número de mi habitación. Lo estaré esperando.

El taxista apenas podía creer lo que oía. Temblando ligeramente, le sonreí. La excitación me estaba matando. Era la primera vez que me declaraba públicamente esclava de alguien, y aquel hombre se veía con ganas de cogerme ahí mismo.

- ¿Esclava? – me preguntó, mientras conducía hacia mi cuarto.

- Sí – le respondí, mirándolo a los ojos -. Esclava.

Me barrió de pies a cabeza, mirándome descaradamente las piernas y las tetas.

- Qué afortunado es tu amo. ¿Y qué es lo que hace una esclava?

- Lo que Él me ordene hacer – dije, sintiendo cómo mi sexo se humedecía rápidamente. Aquel juego era en verdad excitante. Llegamos al estacionamiento de mi habitación. Le pagué y, mientras me bajaba y sin darle tiempo a nada más, me despedí diciéndole:

- Si no fuera yo a encontrarme con mi Amo, te pagaría de la manera que tú quisieras – y lo dejé con la palabra en la boca. Me rogaba que regresara, pero lo ignoré sonriendo discretamente y subí al cuarto. Entonces le mandé un mensaje de texto a mi Señor avisándole que ya estaba lista.

Al poco rato de estar istalada en la habitación, tocaron a la ventanilla y pagué el costo del cuarto. Ahora sí, había que prepararme para recibir a mi Amo. Me desnudé por completo, dejándome sólo los zapatos de tacón alto, y extraje de mi bolso dos cosas que mi Señor me había ordenado usar: unas esposas y unas antiparras. Dejé la puerta entreabierta para que mi Amo pudiera entrar cuando llegara y coloqué la llave de las esposas en un rincón de la mesita de noche. Apagué el aire acondicionado. Pronto el cuarto sería un verdadero horno, pero así eran Sus deseos. Me coloqué las antiparras, asegurándome de no poder ver absolutamete nada y sólo entonces me coloqué con algo de trabajo las esposas en las muñecas, tras mi espalda. La suerte estaba echada. Sólo restaba esperar.

Me situé a lo que consideré centro de la habitación, de cara a la puerta, y me arrodillé sobre el piso alfombrado, sentándome sobre mis talones. Si alguien entraba en esos momentos me encontraría en una situación bastante comprometedora. Prácticamente quien entrara podría hacer conmigo lo que quisiera.

Los minutos de espera siguientes fueron desesperantemente lentos y excitantes. El ambiente en la habitación se calentaba cada vez más, en todos los sentidos, y podía sentir mi cuerpo perlado de gotas de sudor, producto de mi ansiedad. Lo necesitaba… lo deseaba…

Entonces oí unos pasos subiendo las escaleras. Mi corazón se aceleró al escuchar que giraba la perilla de la puerta y la abría, para entrar al cuarto e inmediatamente cerrarla tras de sí. Arrodillada como estaba, me erguí y pude sentir cómo resbalaban unas gotas de sudor entre mis tetas, bajando por mi estómago y perdiéndose entre mis muslos. Mis pezones se endurecieron al máximo al escuchar… al sentir que Él se aproximaba a mí. Completamentre en silencio, se situó frente a mí y escuché el leve sonido del cierre de Su pantalón al bajarlo. El saber que ahí estaba yo, desnuda, esposada y completamente a su merced, elevó mi excitación al máximo. Ni siquiera Lo conocía. Nunca había visto Su rostro. Jamás había escuchado Su voz. Y ahí estaba yo, arrodillada ante a un completo extraño y ofreciéndome como Su esclava.

Pude escuchar cómo Él extraía Su verga del pantalón y yo, obedeciendo las órdenes recibidas días antes, abrí mis labios y saqué ligeramente la lengua. El primer contacto físico que habría entre los dos sería el de Su Verga y mi lengua… Y entonces la sentí: suave, firme, babeante. Casi experimenté un orgasmo ante esa sensación. Si alguna duda respecto a mi fidelidad hacia mi esposo quedaba, desapareció en ese momento. Enloquecida por lo caliente estaba, me abandoné a mis deseos. Jugué con Su glande, acariciándolo con mi lengua lentamente, y Lo metí despacio en mi boca, aprisionándolo con mis labios y chupándolo con deleite, disfrutando segundo a segundo Su sabor a macho dominante… Mamadas cortas, pero firmes y que le dejaban sentir que esa mujer que tenía ante él era incondicionalmente Suya . Rendida ante Él, jadeando recorrí con mi lengua todo el largo de Su verga hasta llegar a sus huevos, los cuales lamí y chupé con placer… Para mí el mamar la verga de un hombre siempre ha sido el signo de máxima sumisión. Es algo a lo que no se puede obligar a nadie. Es algo que se hace por voluntad propia. Y a mí simplemente me fascina…

Tras unos minutos de jugueteo lento que poco a poco subía de intensidad, de saborear aquel enloquecedor aroma y sabor a verga, perdí el control de mí misma y, abriendo al máximo mi boca, intenté tragarla entera. No era particularmente grande, pero sí era de buen tamaño y Su dureza me asombró, además de que pronto descubriría que Sus características principales estaban lejos de ser el tamaño o el grosor… Lo que hacía de aquella verga algo enviciante era la cantidad de leche que arrojaba, así como Su capacidad de volver a ponerse dura casi de inmediato.

Empecé a mamarla con auténtico frenesí, como una becerra hambrienta de leche. La chupaba como si en ello me fuera la vida, con fuerza, casi con violencia. El saber que se la estaba mamando a un completo desconocido, de quien no conocía ni su voz, y que podría ser cualquier hombre del mundo, me hizo sentir como la peor de las putas, dispuesta a chupar cualquier verga que se le pusiera enfrente. Podía sentir el sudor de mi excitación cayendo a chorros por mi cuerpo, y luchaba frenéticamente por liberarme de las esposas para poder acariciar ese cuerpo ante el que me estaba rindiendo.

Pronto sentí Sus manos tomar mi cabeza y atraerla hacia Sí, metiendo Su miembro hasta lo más profundo de mi garganta. Sentía ahogarme, pero no podía dejar de mamar. Quería Su leche. La necesitaba. Con mi propia saliva resbalando por mi mentón, Le apliqué las mamadas más intensas que jamás había dado en mi vida, y pude sentirlo estremecerse ante ellas. Pronto Lo sentí tensarse. Sostuvo mi cabeza firmemente, de manera que Su semen descargara en mi lengua… y en seguida pude sentir cómo Se venía en mi boca, con un gemir apagado. Mantenía con Sus manos mi cabeza fuertemente contra Sí, para obligarme a no desperdiciar ni una gota. Grandes y espesos chorros de leche me inundaron lengua y garganta y pude sentir Su sabor glorioso en mi boca, así como Su bajar en mi garganta. Me estaba tragando el semen de un perfecto desconocido, de quien me había convertido en Su esclava. Adivinando que Él me veía, tragué lentamente y con deleite Su leche, mostrándole y dándole a entender que lo haría siempre que a Él se le antojara. Que para mí mi mayor placer sería el hacer lo que Él deseara…

Mientras Su pene perdía rigidez, yo continuaba chupándolo como una becerra, y Él empezaba a despojarse de Su ropa. Pronto pude adivinar que se había quedado completamete desnudo, al igual que yo.

Aún con su verga en mi boca, mi Señor me tomó violentamente de los cabellos y me obligó a ponerme de pie y a darle la espalda. Me atrajo hacia Sí, de manera que mi espalda rozaba Su pecho y mis manos podían tomar Su divino miembro. Me tomó las tetas con ambas manos y las apretó con fuerza, amasándolas con rudeza, mientras me besaba y me lamía el cuello y las orejas. No pronunció ni una sola palabra, pero Su aliento en mi oído y Sus violentas caricias me tenían en el límite de la calentura. Sus manos se deslizaban con facilidad por mi cuerpo desnudo y sudoroso; yo jugaba con Su semierecto pene, que conservaba rastros de Su leche y de mi saliva y me ayudaban a masturbarlo con fuerza y torpeza, dada mi limitación por las esposas.

Sintiéndolo besarme el cuello y los hombros, y Sus manos amasando mis tetas, y yo aún sintiendo en mi boca el sabor de Su semen, no conteniéndome más, le rogué:

- Cógeme, mi Señor… por favor, cógeme… méteme Tu verga… métemela toda… cógeme… destrózame…

Entonces me lanzó con fuerza sobre la cama y caí sobre mi espalda, en una posición incómoda por la posición de mis manos esposadas. Sin embargo, me acomodé rápidamente y abrí mis piernas, ofreciéndole mi empapado sexo para que me penetrara a su antojo. Era completamente Suya, y Él lo sabía.

Se avalanzó sobre mí y empezó a besarme las tetas… mordía y chupaba mis pezones con una rudeza calculada, de maestro. Lo suficiente para producirme dolor, pero sin dejar de sentir placer. Él lamió, besó, mordió y chupó cada centímetro de mi piel. No me importaba que me dejara marcas. Lo único que quería era que hiciera conmigo lo que quisiera. Que me usara. Que desahogara en mi cuerpo todas las bajas pasiones que sintiera y quisiera. Sentir Sus dientes mordiendo mis pezones y mis tetas era la gloria. De vez en vez su verga rozaba mis muslos y era una sensación maravillosa. Él me besaba y lamía las tetas, me mordía el cuello y las orejas… Y bajaba hasta mi sexo, donde Su lengua me arrancó gritos de dolor y placer intensos… y yo jadeaba, extasiada por aquel macho que sabía bien cómo tratar a una puta como yo…

Se situó entre mis muslos y colocó Su aún semierecto pene en mi raja, deslizándolo a todo lo largo de ella, jugueteando y encendiéndome aún más. Pronto Su verga recuperó Su dureza y empezó a amagar con metérmela una y otra vez.

- Por favor, Amo… tómame ya… dámela… la necesito dentro de mí… cógeme… úsame… hazme tuya… métemela…

Jugueteó unos segundos más, metiendo apenas la cabeza de Su verga dentro de mí, para inmediatamente retirarla. De pronto embistió con fuerza. De un firme empujón me la metió hasta el fondo, haciendo que en un acto reflejo yo arqueara mi espalda y lo aprisionara con mis piernas. Mis manos se crisparon y lancé sin querer un grito por el dolor y la sorpresa, pero éste sólo fué durante unos segundos, porque pronto el dolor se tornó en un intenso placer, y el grito en estridentes gemidos de excitación. Era el placer de ser poseída por alguien que no era mi marido. El placer de saberme la esclava sexual de alguien de quien no le conocía la cara, ni la voz. El placer de saberme cogida por un desconocido de Internet a quien me había sometido, dominada por mis bajos instintos.

Mi Amo inició un violento movimiento de cintura, metiéndome y sacándome Su verga una y otra vez, Podía sentir que ya no sólo yo sudaba, sino Él también. Mis muñecas estaban entumecidas por las esposas, y deseaba poder librarme de ellas para acariciar ese cuerpo firme y resbaloso. Las embestidas eran cada vez más violentas, como si deseara acabar conmigo, y sentí que Se vendría dentro de mí. En esos momentos mi mente no se preocupaba por cosas como el estarle siendo infiel de la peor manera a mi esposo, ni por estar siendo cogida sin protección, ni por estar a merced de alguien que podría ser un maniático sexual que podría hacerme lo que se le antojara… Mi mente estaba, precisamente, enloquecida por el placer de estarle siendo infiel a mi esposo de la peor manera, por ser cogida por un extraño, sin protección, y que podría ser un maniático sexual que podría hacer conmigo lo que se le antojara…

Y lo hizo. Acompañando Sus brutales embestidas, me besaba en la boca con fuerza de manera deliberadamente prolongada para forzar un abundante intercambio de saliva, que acepté gustosa, y acallando mis gemidos de placer. Sus manos recorrían mi cuerpo arriba y abajo, deteniéndose por momentos en mis tetas para retorcer con fuerza mis pétreos pezones. Luego bajaba por mi cuello, lamiéndolo, hasta llegar a mis senos y chuparlos y morderlos con violencia, causándome un placer que rayaba en el masoquismo.

- ¡¡Aaaaaahhhh!! ¡¡Sí… así, mi Señor!! ¡¡Cógeme, muérdeme, mátame!! ¡¡Soy tuya, Señor, sólo tuya!! ¡¡Así, así!! ¡¡Destrózame!! ¡¡Acábame!! ¡¡Úsame!!

No me importaba que todo el motel se enterara de lo que estaba sucediendo ahí. Lo mío eran auténticos gritos ya. Los gritos de la peor de las putas, que se entregaba sin pedir a cambio nada más que una verga dentro de su cuerpo.

Pronto Él se vino dentro de mí, lanzando un prolongado gemido de placer. Su cuerpo firme se tensó y me abrazó con fuerza, embistiéndome a cada chorro que descargaba en mi interior. Yo lo aprisionaba con mis piernas, deseando que no me sacara Su verga de dentro de mí… quería tenerla adentro siempre…

Estaba yo en éxtasis. Con el cuerpo bañado en sudor, sintiendo el peso de mi Amo sobre mí, aprisionándolo con mis piernas para que no me abandonara nunca, sometida a Su voluntad… me tomó por sopresa el que de pronto Se retirara de mí, sacándome de golpe Su pene. Desconcertada, pensé que todo había terminado, y estaba por suplicarle que no me dejara todavía, cuando lo sentí montarse sobre mí, sentándose en mis tetas y poniéndome en los labios su verga, aún chorreante de semen y de mis propios jugos. Me tomó de los cabellos de manera violenta y me la restregó en los labios. Hambrienta de sexo, abrí mi boca y la recibí con gula, saboreando una vez más Su semen delicioso. Podría pasarme la vida mamando aquella verga maravillosa. Incluso llegué a pensar que podría ser esclava de Su verga, como si ésta tuviera vida y voluntad propias…

Unos minutos después, y ante el ímpetu de mi lengua y boca, Su miembro endureció una vez más, y pude sentir a mi Señor apoyarse sobre sus manos, para luego empezar a cogerme con fuerza por la boca. Sentí que me ahogaba, y de repente las arcadas me traicionaron, pero estaba tan caliente que me dije que morir ahogada por aquella verga sería lo mejor que me podría pasar. El aire me faltaba, pero sentir aquel cuerpo firme embistiendo mi boca era enloquecedor.

Esperaba yo Su descarga de leche de un momento a otro, cuando súbitamente se detuvo y se sentó nuevamente en mi pecho. Yo podía imaginarlo, observándome, con Su verga apuntando firme a mi barbilla. Abrí de nuevo mi boca, mostrándole que necesitaba su sexo en ella… que deseaba que me siguiera cogiendo… que podía pasarme la vida mamándosela, aunque me ahogara y me matara con ella… Entonces Él se inclinó hacia mí y me susurró:

- Eres una puta, Velia. La puta más puta que he conocido. Lo supe desde que te encontré en el chat. Lo supe también cuando te encontré en este motel, arrodillada, con los ojos vendados y esposada. Y eres mía… sólo mía… ¿entendiste? ¡Sólo mía, y voy a hacer contigo lo que se me antoje!

Escuchar Su voz fué cómo si me hubieran dado un afrodisiaco… ¡era tan firme, tan autoritaria! Imposible negarme a lo que me pidiera. Él bien sabía que era mi dueño ya.

- Sí, mi señor… soy tuya, sólo tuya… úsame como mejor te parezca… mi cuerpo te pertenece por completo… sígueme cogiendo, por favor… te necesito… métemela otra vez… déjame seguirte mamando la verga… necesito tu leche… la necesito…

Entonces se levantó y a los segundos regresó. Me hizo incorporarme y, dándome vuelta para darle la espalda, me quitó las esposas de las manos y luego me volvió hacia Él. Mi impulso fué el de quitarme la venda de los ojos para verlo… cuando entonces me aplicó una fuerte bofetada que me cruzó el rostro y me impidió hacerlo.

- No, estúpida… las cosas no son así. Entiende: tú eres mía y vas a hacer sólo lo que yo te ordene hacer. Tu cuerpo y tu vida me pertenecen. Yo soy tu único Amo, Señor y Dueño. Tu voluntad no significa nada. Si yo te digo “ven”, tú vienes. Si yo te digo “lárgate”, tú te largas. Si yo te digo “mámamela”, tú me la mamas. Las cosas se hacen cuando yo te lo diga, en donde yo te lo diga, de la manera que yo te lo diga y las veces que yo te lodiga. Sin preguntar. Sin protestar. Y no te he ordenado que te descubras los ojos… ¿o sí?

Confundida por la bofetada, no supe qué decir…

- ¡Contéstame, perra! ¿Estás sorda, o qué? – y me abofeteó otra vez-. ¿Acaso te ordené que te descubrieras los ojos?

- N-no, señor… No me lo ordenaste… perdóname, soy una idiota…

De manera extraña, el ser maltratada y humillada de esa manera, e incluso el humillarme a mí misma, provocaba que mi excitación aumentara. Ese tipo de violencia que combinaba lo verbal con lo físico era algo nuevo para mí, y descubrí que me gustaba. Muchísimo.

- Por supuesto que eres una idiota. Una pinche puta imbécil que no piensa. Una puta que sólo sabe mamar vergas y tragar leche. Una puta que no respeta a su maridito, y que coge con el primer desconocido que encuentre. Eso eres, ¿verdad?

- Sí, Señor. Soy una puta de lo peor.

- No, estúpida. No eres una puta. Eres MI puta, ¿lo sabes?

- Sí, Señor. Soy tu puta particular. Tuya y de nadie más. Mi cuerpo te pertenece.

- Y voy a hacer contigo lo que se me dé la gana. Tu cuerpo y tu voluntad son míos y sólo míos. Repítelo, pendeja chupavergas.

- Mi cuerpo, mi voluntad y mi vida te pertenecen, Señor. Tú puedes hacer conmigo lo que se te antoje.

- Por supuesto, imbécil. Ven acá…

Y entonces me tomó con rudeza por los cabellos y me quitó las antiparras de un golpe. No supe si abrir los ojos o mantenerlos cerrados. Preferí hacer esto último.

- Mírame, pinche estúpida. Dime qué ves.

Entonces abrí los ojos y pude verlo…

¡Dios mío, qué hombre!

No sabía si me impresionaba y excitaba más el hecho de que era mucho menor que yo, ya que no tenía más de 26 ó 27 años y yo ya pasaba de los 35… o Su cuerpo firme, esbelto, marcado, brillante y perlado de gotas de sudor, tal como estaba el mío… Era un cuerpo sin duda forjado no por el gimnasio, sino por el trabajo duro, físico, como de peón de albañil, en el que no había un gramo de grasa, pero que no era tampoco excesivamente musculoso… Un cuerpo joven, de los que enloquecen a las señoras mayores… y a las putas esposas infieles como yo… Su rostro no era muy agraciado, pero Su expresión era dura, autoritaria, que no dejaba lugar a dudas de que con Él no se jugaba y que a Él se le obedecía o se pagaban las consecuencias. Mis ojos inmediatamente encontraron Su verga… Su deliciosa y divina verga… erecta, dura, desafiante… la deliciosa arma con la que podría matarme de placer y de dolor cuando Él quisiera… una verga de la que, como había pensado antes, podría ser esclava toda la vida, sin importar cómo fuera el resto del cuerpo… Un portentoso par de huevos gordos y grandes colgaban bajo ella, invitando a ser lamidos y chupados una y otra vez…

- ¡Dime que ves, idiota! – me gritó y me plantó una nueva bofetada, que me sacó de mi abstracción.

- Veo el cuerpo de mi Señor… el cuerpo perfecto… excitante… delicioso de mi Amo y Señor… – y, sin pensarlo, caí de rodillas ante Él sin dejar de mirarle, demostrándole que en todos los sentidos estaba a sus pies. Que era suya.

- Así me gusta, Velia estúpida… vaya nombre de puta que elegiste… Nombre de señora vieja que busca jóvenes que la cojan una y otra vez… Por cierto… ¿Velia es tu nombre real, perra?

- No, Señor… mi nombre real es Martha.

- Martha… puros nombres de putas mamavergas tienes.

Como para probarme, se acercó a mí, colocándome Su pene a tan sólo un par de centímetros de mi boca, que al tenerla tan cerca inmediatamente se me hizo agua, pero ya había aprendido que no debía hacer nada que Él no me ordenara. Él se dió cuenta y sonrió, complacido, pero sólo durante un segundo. Inmediatamente recuperó su aspecto frío y autoritario. Me tocó con ella mis labios y la frotó en mis mejillas. Entonces me escupió en la cara. Y mientras su saliva resbalaba por mi nariz y mejillas, me arriesgué a que me regañara, pero saqué la punta de mi lengua para tomar un poco de ella y saborearla… Entonces me tomó nuevamente de los cabellos y, agitando con violencia mi cabeza, me preguntó:

- Eres una puta. Te mueres por mamarla, ¿verdad, Marthita? Se te ve en los ojos tu vicio por las vergas… ¿Quieres seguirla chupando, perra estúpida?

Aguantando el dolor, pero disfrutando la humillación, lo miré a los ojos, que destellaban furia. Sus manos fuertes parecían no querer dejar de zarandearme y de abofetearme.

- Sí, mi Señor… Quiero chupártela… me muero por tenerla en mi boca otra vez…

Entonces me agitó aún más violentamente por los cabellos y me hizo ponerme de pie, para lanzarme sin consideraciones, como un muñeco de trapo, a la cama.

- Pues la vas a mamar, pero cuando yo te lo ordene, pinche zorra. Ahora quiero seguirte cogiendo. Abre las piernas.

Me acomodé rápidamente, recostándome sobre mi espalda y alzando y separando lentamente mis piernas, con las rodillas flexionadas, para recibirlo. Mientras Él se acercaba a mí para poseerme de nuevo, pude admirar Su cuerpo brillante, sudoroso, excitante… tal como estaba el mío. Disfruté por anticipado la cogida, saboreando desde ya en mi mente el sudor de Sus hombros y anticipando el contacto caliente y resbaloso de nuestros cuerpos. Mientras Él se echaba sobre mí, me mordió y chupó el cuello, seguramente dejando marcas… Seguramente una manera de marcar el que desde ese día era Su territorio, Su propiedad… pero no me importaba. Él era mi dueño y podía hacerme lo que se le antojara. Me susurró al oído…

- Estás buenísima, pinche Martha puta, y te voy a coger hasta que me harte de tí. Quiero que me saques hasta la última gota de leche. – me puso una mano en la boca y, presionando con fuerza a los costados de mi quijada, me obligó a abrir la boca. Entonces me escupió dentro de ella y me soltó. Sin esperar orden suya, yo me tragué su saliva… Incluso abrí de nuevo la boca, ofreciéndosela para que escupiera en ella cuanto quisiera. Yo me tragaría todo lo que él arrojara en ella. Pero no me escupió, sino que me besó con fuerza, metiendo su deliciosa lengua hasta lo más profundo. Yo le correspondí con la mía y, mientras nuestras lenguas se acariciaban frenéticamente, Él me acariciaba las tetas y me colocaba Su verga en la entrada de mi sexo, que lo esperaba hambriento…

Y, mientras yo rodeaba con mis pienas su cintura y Él me penetraba de nuevo, invadiendo el cuerpo que él sabía ya era suyo incondicionalmente, me dijo:

- El idiota de tu maridito ni se imagina dónde está la mamavergas que tiene por esposa en estos momentos, ¿verdad? Si supiera que a su mujercita le está metiendo la verga alguien que ella acaba de conocer… el que desde hoy es su Dueño, no le gustaría mucho que digamos, ¿no? De seguro ni sabe la clase de puta con la que se casó… Si tan sólo te viera la cara ahora, y viera cómo estás disfrutando siendo cogida por otro, se moriría el desgraciado…

Yo lo escuchaba, pero sólo jadeaba ante sus embestidas, extasiada… Gemía cada vez que Él me penetraba violenta y profundamente, como buscando desgarrarme en lo más profundo, mientras Sus palabras eran una especie de pecaminoso afrodisiaco. Aquello era una violación consentida. Sabía que cada palabra que Él decía era verdad, y no sólo no me importaba… sino que me gustaba Estaba yo disfrutando todo aquello a un nivel que ni yo misma había imaginado tan sólo unas horas antes.

Durante la noche y la madrugada siguió cogiéndome, abofeteándome, escupiéndome, haciendo que me tragara Su esperma, insultándome, humillándome… y dándome con todo ello un placer que hasta entonces no había imaginado. Había llegado yo a mi punto más bajo… me revolcaba en mi inmoralidad y descubrí que me gustaba… que me gustaba muchísimo.

No me importaba en esos momentos nada… ni mi esposo, ni las marcas que dejaría mi Amo en mi cuerpo y que serían más que evidentes, ni las consecuencias que podría traer el que eyaculara dentro de mí, ni lo que habría d evenir en el futuro. No, no me importaba nada, excepto el embriagarme de esa sensación de ser la propiedad de alguien que no era mi esposo. De alguien que podía disponer de mí como se le antojara, sin importarle mis deseos, cuando, donde, como y las veces que se le diera la gana.

Fernando, mi Amo, Dueño y Señor, tenía ya en mí a Su más fiel esclava.

La iniciación de Ana

Lunes, octubre 10th, 2011

Ana era una chica normal, de aspecto normal… Podría ser perfectamente tu compañera de trabajo, la cajera que desagradablemente te atiende los lunes por la mañana en tu oficina bancaria o la vecina del tercero a la que nunca has prestado atención.

Su altura y peso era el normal en una chica de su edad (27 años). Sus pechos estaban ligeramente caídos, ligeramente separados, incluso eran ligeramente pequeños. Es decir: Eran ligeramente normales.

Sus ojos eran negros y enormes; probablemente era de las pocas partes de su cuerpo que llamaban la atención. Digo de las pocas cosas que uno podía apreciar a simple vista, porque el verdadero encanto de Ana estaba en su cabecita….. Donde por desgracia pocas veces los hombres nos fijamos y, cuando lo hacemos, normalmente es desgraciadamente tarde.

Conocí a Ana en una cena organizada por unos amigos comunes; al parecer se había trasladado recientemente desde su Barcelona natal a Madrid en busca de una nueva vida que esperaba encontrar aquí.

José y Bea me invitaron a la cena como acompañante de Ana; la idea en principio no me disgustaba, ya que tampoco tenía nada mejor que hacer y la pareja en cuestión eran amigos míos desde la juventud; pensé que sería una forma diferente de pasar ese viernes en el que, por otra parte, nada interesante tenía previsto hacer.

Durante la cena, Ana se mostró como una chica extremadamente educada para su edad; era tímida y las pocas veces que abrió la boca fueron para llevarse algo de comer o para responder a las preguntas que los demás compañeros de mesa le hacíamos con la sana intención de hacerle pasar una grata velada.

Siempre me han gustado las mujeres femeninas y su comportamiento durante la cena me llamó la atención. La forma en la que cruzaba las piernas; su ropa, cuidada hasta en el último detalle… Informal pero con clase; la forma en que se alimentaba, su tono de voz, todo era envolvente; sin necesidad del don de la palabra consiguió tenerme pendiente de ella durante toda la velada.

Después de tomarnos unas copas y charlar durante un buen rato, decidimos dar punto y final a la velada. Me ofrecí amablemente a llevar a Ana a su casa y ésta aceptó al sentirse algo mareada por el Viña Albina de la cena con el que gentilmente José y Bea nos agasajaron.

Durante el trayecto en coche estuvimos charlando alegremente de cosas banales hasta que una llamada a mi móvil interrumpió la conversación.
Siempre llevo el móvil conectado al manos libres por lo que Ana, sin quererlo ella ni por supuesto yo, escuchó la conversación.

- Si, ¿Quién es?

- Hola, Señor… Soy su perra, Jewel.

- No es buen momento, Jewel…. Te llamo yo en unos minutos.

Nunca me he avergonzado de practicar el BDSM (Bondage, Disciplina, Sadismo y Masoquismo), pero reconozco que la situación me violentó bastante, por inesperada y por hacer partícipe de ella a una persona a la que apenas conocía.

Es una práctica que desgraciadamente por incomprendida hace que no sea algo que comente alegremente y ahora Ana, la amiga de mis mejores amigos, había escuchado una voz femenina que se dirigía a mí llamándome Señor y reconociéndose una perra.

Ana se quedó callada y mirando a la ventanilla en un intento baldío de evitar que nuestras miradas se cruzasen. Estaba ligeramente ruborizada y eso, unido a lo alocado de la situación, hizo que la misma me resultara graciosa.

- Perdóname Ana. Debí mirar de quien era la llamada, lamento si te has sentido incómoda.

- No… No pasa nada… De verdad… No pasa nada.

Ana no volvió a abrir la boca en los minutos que pasaron hasta llegar a su casa. Yo tampoco.

Nos despedimos con dos besos y no volví a saber nada de ella hasta dos semanas después.

Catorce días más tarde, Ana me llamó por teléfono; la sorpresa fue mayúscula, puesto que yo no le había dado mi móvil y pensé que después de aquella noche lo último que haría sería pedir mi móvil a José para llamarme.

- Si, ¿dígame?

- Hola Marcos, soy Ana… La amiga de José y Bea.

- Ah, qué sorpresa… Dime.

- Mira, es que me gustaría quedar contigo y hablar.

- ¿Hablar? Bueno…. Pues tú dirás.

- Prefiero hablarlo cara a cara, ¿te importa si voy a tu casa y charlamos?

Le di mi dirección a Ana y en media hora llegó; vestía una falda negra justo por encima de las rodillas y llevaba una camisa de cuadros, de esas en las que la manga termina justo por debajo del codo. Llevaba varios botones desabrochados, lo que dejaba ver el canalillo de los que, en ese momento, me parecieron unos pechos de lo más exuberantes.

Serví unas cervezas y, algo curioso, le pregunté a Ana por el motivo de la visita.

- Verás… Desde la noche en la que te conocí no he dejado de pensar en la conversación que mantuviste con la chica que te llamó por teléfono. Hace años que siento una terrible atracción por esa forma de sexo y me gustaría saber si tú… Si te gustaría ser mi Amo.

A eso le llamo yo ir directamente al grano- pensé.

La verdad es que Ana me sorprendió tremendamente; no me esperaba que aquella muchachita de aspecto normal, con cara angelical, modosita y a la que apenas conocía, se estuviese entregando a mí de aquella manera.

- Bueno… La verdad es que no sé que decir, Ana. ¿Sabes bien de lo que hablas? Es decir… ¿Conoces las prácticas sexuales del BDSM?- pregunté.

- Más ó menos… Esperaba que tú me enseñases todo lo concerniente al tema, la verdad.

- ¿Y por qué yo?- pregunté con cierta incredulidad.

- Porque sé que no me harás nada malo; desde siempre me ha atraído este tema, eres amigo desde hace muchos años de José y Bea y… Porque me gustas…. Mucho. Llevo tocándome todos los días desde que oí a esa chica llamarte Señor…- dijo ruborizándose.

Mientras Ana me hablaba… Noté como sus pezones se endurecían, como sus labios se mojaban alocadamente, y todo lo que en aquella chica días atrás me había parecido normal, empezó a parecerme precioso.

- De acuerdo, Ana. No voy a decirte que tú no me atraigas y que no me seduzca la idea de tratarte como a una perra. Pero en el BDSM hay unas normas y a ellas hay que atenerse.

Yo entiendo esto como un juego en el que tu adoptarás el rol de sumisa y yo el de AMO. Lo que más me atrae de este mundo es tener la responsabilidad de obtener el máximo placer para ambos…. Pero hay que imponer unos límites, y para ello debo saber qué es lo que realmente te excita de las prácticas del BDSM.

Te diré que yo me niego al dolor extremo, la sangre, coprofagia, Zoofilia y a todo aquello que te denigre como persona, Ana.

En mis sesiones hay dos palabras claves. Una es piedad… Con ella conseguirás que aminore la intensidad de la sesión. La otra es “Para Marcos”; en ese momento se detendrá por completo la sesión. Aunque bien es cierto que nunca se me ha dado tal caso, es importante que tengas presentes estas dos posibilidades.

- Me parece bien… – dijo Ana

Las palabras fluían sin cortapisas, sin dilación y con una química que llegó a hacerme estremecer.

- Necesito saber cuales son tus límites; te iré diciendo las prácticas más comunes en mis sesiones y tú me dirás el grado de excitación que te produce imaginarte tales cosas. Me las puntuarás del 1 al 10. ¿Entendido?

- Sí… Entendido.

- Waxing (Todo lo concerniente a la cera). Normalmente se utilizan ceras incoloras, ya que las de color suelen pegarse más a la piel y pueden provocar quemaduras; las de parafina son las mejores.

- Un 9… La verdad es que a veces he jugado yo misma con velas y la sensación ha sido placentera.

- Spanking (Azotes). Normalmente se utiliza la mano, una fusta, paletas o látigos. Es conveniente evitar zonas peligrosas como la espalda; el culo es la mejor parte del cuerpo para esta práctica, espaciando los golpes en intensidad y zonas.

- Si no son muy fuertes…. Un 8, me excita la idea.

- Bondage (Atar y vendar). “Es la técnica de capturar a la presa”. Se utilizan, pañuelos, cuerdas, esposas, etcétera.

- Un 10… Eso me encanta. Creo que todas las mujeres, al menos en alguna ocasión, hemos deseado tener esa sensación de indefensión.

- Humillación verbal (Insultos)

- Sí… Eso me gusta, sin duda.

- Humillación física: Utilizar collares de perra, obligar al sumisa/o a beber de un plato, pasearlo con una cadena, y todo lo imaginable que pueda ser humillante para él/ella.

- Bueno…. Tendría que probarlo… En principio no me disgusta la idea.

- Lluvia dorada (Orinar al sumiso/a). Suele usarse como bautismo del sumiso/a.

- No sé… La idea, en un principio, no me gusta; sólo como muestra de entrega haría algo así.

- Bien, Ana… Lo demás son cosas más comunes; como el exhibicionismo, tríos, cesiones, etcétera. Ahora que conozco tus límites… Te diré que me parecen correctos; si te parece bien, nos daremos una semana de plazo para que tú te reafirmes en tu entrega y yo vea si estoy dispuesto a iniciar tu Doma, ¿De acuerdo?

- Sí… me parece bien, Marcos.

Mi pija estaba dura, muy dura…. Sobre todo al saber que si quisiera, podría “usar” a Ana en ese mismo instante. Pero cada cosa a su tiempo….

Pasaron dos semanas y los dos lo teníamos claro; ella quería ser mi sumisa y yo me moría por poseer a la que durante esas dos semanas, tras charlas interminables vía teléfono o cara a cara, había conseguido cautivarme de tal manera que jewel, la que hasta ese momento era mi sumisa…. Había pasado a un segundo plano.

Su iniciación como perra empezaría esta misma noche. Como habíamos acordado, Ana llegó a mi casa pasados unos minutos de las diez de la noche de su primer viernes como sumisa.

Sin apenas maquillaje, su cara lucía más preciosa que nunca; se había vestido igual que la noche en la me planteó ser mi sumisa, pero esta vez unas botas de cuero alto estilizaban aún más una figura que ya de por sí era realmente hermosa.

Todo estaba hablado y bien hablado… Así que, preso de una excitación al límite de lo controlable, pasé a la acción sin mayor demora.

Ana ya sabía como tenía que dirigirse a mí; sabía que en mi presencia jamás cruzaría las piernas, que era libre de pedir su libertad cuando lo creyese oportuno, sabiendo que yo se la concedería. Pero mientras no fuese “libre”, obedecería cada una de mis órdenes ya que para ello había depositado en mí toda su confianza.

Hice que se despojase de la ropa lentamente. De toda menos de sus botas y de su tanga blanco e inmaculado.

Me coloqué delante de ella…. Y le di un bofetón seco, más sonoro que doloroso.

Ana ni se inmutó.

- Ahora soy yo el que manda, perra. – dije con firmeza.

Ese bofetón daba comienzo a la sesión. Puse el collar de perra a Ana y adoptó su posición de sumisa.

Cabeza gacha, piernas separadas y manos a la espalda.

Lentamente fui dando vueltas a su alrededor… Contemplando su belleza; sin detenerme en ningún sitio en concreto, puesto que ninguno era más bello que otro ante mis ojos.

Tirando de su pelo corto, negro y ondulado, coloqué una mordaza en su boca que mientras llevase puesta le impediría articular palabra. Ana temblaba…. No era de miedo, era de excitación, de curiosidad por saber cuál sería mi siguiente paso; temblaba de deseo y eso provocó en mí una seguridad total.

La senté en una silla de espalda alta, muy adecuada para la realización del Bondage con el que tenía pensado obsequiar a mi perra. Con unas tijeras corté la tanga de Ana, como estaba previsto… Su sexo estaba rasurado completamente; rasurado y húmedo, ligeramente hinchado por la excitación reinante y listo para mi disfrute.

Podía ver y notar con mis dedos cómo, al rozar su sexo, éste estaba completamente mojado y deseoso.

Até las manos de Ana a la espalda de la silla, sus tobillos a las patas de la silla y rodeé con una cuerda sus pechos. Ésta, ejercía sobre ellos una ligera presión que provocaba su endurecimiento y una creciente excitación.

Liberé su boca soltando su mordaza… Quería oír su voz, quería tener la tranquilidad de que todo marchaba bien.

- ¿Estás bien, puta?

- Sí, Señor… Dispuesta a darle el placer que se merece. – dijo tranquilizándome.

Pasé una cuerda por el coñito húmedo de Ana, anudándola a su espalda.
El roce de la cuerda con su sexo provocó los primeros suspiros de Ana.
Eran gemidos secos, violentos, temerosos. Eran gemidos en forma de regalo.

Mi excitación aumentaba por momentos; mi lengua recorrió lentamente el cuello de Ana, bajando por su cuerpo hasta llegar a morder levemente sus duros y excitados pezones rosados.

Me excitó sobremanera ver cómo cada centímetro abandonado por mi lengua se erizaba, dejando su piel de gallina.

La habitación estaba en penumbras, tan sólo iluminada por unas velas que ardían dejando ese olor inconfundible que tanto me atrae.

- Eres una perra, Ana…. Debería darte vergüenza ser como eres, mírate… Sentada en una silla, atada… Y chorreando como una puta en celo. – solté a bocajarro.

- Soy Su puta, Señor. Y no me avergüenza; es un placer servirle.

- Buena puta, Ana.

- ¿Sabes qué? Me encantan tus pezones… Pero seguro que pinzados lucen más… ¿No crees, zorra?

- Seguro que sí, Señor.

Puse dos pinzas BDSM en sus pezones… Ana no pudo evitar dar un pequeño quejido, pero mantuvo el tipo y siguió con su mirada baja, orgullosa de sí misma.

Pasé mis dedos por la rajita de Ana, comprobando como su sexo encharcaba ya la silla; sin duda la perra estaba gozando como nunca de la situación, y ese, su gozo, hacía que el mío creciese de forma paralela.

Introduje un pequeño vibrador en su sexo, provocando que Ana empezase ya a gemir descaradamente y sin ningún tapujo.

Entonces me distancié; quería contemplar su imagen…. Atada, pinzada…. y follada por un consolador, sabiendo que todo aquello lo disfrutaba, pero que sobre todo, lo hacía por darme placer a mí, a su Amo.

Manteniendo la distancia adecuada (unos 30 cm), dejé caer unas gotas de cera blanca sobre los pezones de Ana; eso provocó que ella se retorciese de dolor y placer… Una sabia mezcla que, bien utilizada, es cruelmente excitante.

Sin duda, Ana por aquel entonces estaba deseosa de catar la polla de su Amo, pero ese regalo había que ganárselo, y ella lo sabía perfectamente.

Liberé a la zorra de sus ataduras y tras hacerla gatear por toda la habitación, le di permiso para meterse mi pija en la boca.

Como una buena perra, Ana chupó mi pija sin necesidad de sujetarla con las manos; se la metía en la boca y, sin dejar de mirarme a los ojos, lamía con pasión y dedicación cada centímetro de mi pene. Su boca lo succionaba en un enjambre de besos, mordiscos y lametones que hicieron que mil escalofríos recorriesen mi piel, desde los dedos de mis pies hasta el último pelo de mi cabeza.

En ocasiones jugué con su boca; me encantaba sacar mi verga de ella y contemplar como Ana, con las manos cruzadas en su espalda, intentaba sin éxito volver a introducirse mi miembro en una boca, la suya, abierta y deseosa de ser tapada.

Cuando lo creí adecuado, llevé a Ana a la cama; la puse a cuatro patas y me dispuse a recorrer su cuerpo con mi lengua.

Antes de hacerlo, vendé sus ojos para que perdiese el sentido de la vista y acentuase otros sentidos que, en ese preciso instante, yo consideré más importantes.

Mi lengua recorrió todo su cuerpo; lamí sus pezones, su cuello, y me detuve especialmente en su culo. Mi lengua fue haciendo círculos alrededor de su ano, mientras mis dedos masturbaban frenéticamente y sin descanso su mojado sexo.

Ana se retorcía de placer y me pedía que le metiese la pija. Incluso llegó a suplicármelo:

- Deme su pija, Señor, cogéme como a una perra en celo… Es lo que soy, una puta deseosa de pija.

- Mi pija tienes que ganártela, putita. Ana… Nunca te han sodomizado, ¿verdad?

- No, Señor… Nunca.

-¿Quieres?

-Quiero, Señor.

Fusta en mano, acaricié el culo de Ana con la prolongación de mi brazo… La fusta recorría su culo provocando los gemidos de una Ana, consciente de que su culo recibiría mi pija antes que su coñito.

Uno, dos, tres, cuatro, cinco….. Hasta diez fustazos recibió el trasero de Ana, que poco a poco fue enrojeciendo y haciéndola arder.

- ¿Quieres pija, puta? Pues la vas a tener…

Coloqué mi pija, con una tremenda erección, en el culo de Ana, previamente dilatado con mis dedos.

Lentamente fui metiendo mi pija en su culo, abriéndome paso sin descanso alguno…. Mi pene entraba y salía cada vez con más fuerza y deseo de esa vagina que me atrapaba sin dejarme huir. Ana tuvo su primer orgasmo con mi pija follando su recto… Mientras oía toda clase de insultos que tan sólo conseguían darle más placer; esa polla violando su culo, y los insultos recibidos, consiguieron hacerla sentir la mejor de las putas.

Agarré su pelo y la obligué a mirarme a los ojos mientras la enculaba.
Mi pija alternaba sus dos orificios, tan pronto follaba su culo como follaba su coño en un mar de idas y vueltas infernal.

Entonces, y cuando quedaba poco para que eyaculase, la obligué a ponerse de rodillas en el suelo.

Acerqué a sus manos un pintalabios y le dije:

- Ana…. Escribe en tu pecho con el pintalabios lo que eres.

- Sí, Señor…

Ana cogió el pintalabios rojo y, lentamente y apretando con fuerza, escribió la palabra puta en su pecho.

Agarré su cabeza y le metí la pija en la boca sin ningún miramiento…. Follé su boca mientras ella permanecía con sus manos a la espalda, mamando sin parar hasta que bebió todo mi placer. Eyaculé en su interior y ella pudo saborear toda mi pasión; la vorágine había comenzado, ya era imposible retroceder.

Desde esa noche, Ana fue mía y yo de ella. Somos nuestros. Para siempre.

El video de mi esposa

Viernes, septiembre 23rd, 2011

Hace unos días recibí de mis compañeros de un grupo sado, que hemos denominado Dominican-sado. Al ver este video quede pasmado, atónito, asombrado, deleitado y fascinado. La verdad que luego de verlo tengo la necesidad de compartirlo mediante este relato con otros grupos sados. Voy a hacerles una versión escrita de lo visto en ese video. Primero debo contarles que el grupo que formamos Dominican – Sado (DS) une a un grupo pequeños de amigos que compartimos este gusto por sodomizar y esclavizar a un (a) esclava para llevarla a placeres que normalmente entendemos irrealizables por tabúes o simplemente costumbre en las acciones sexuales.

 

Mi esposa con la cual llevo una relación de más de 15 años sabe de mis gustos pero ella no comparte esta forma de sexualidad por encontrarla muy fuera de sus límites de tolerancia.  En una de las reuniones de DS, platique sobre esta situación y de lo que me gustaría compartir con ella todo esto, pero que ella no aceptaba. Entre tragos los muchachos me propusieron invitar a mi esposa a una finca de la montaña y que yo dijera que se fuera con ellos que iría mas tarde. La idea de ellos era que yo no participara para que ella no tuviera el apoyo mío para negarse a ser una esclava. Me pareció interesante y procedimos a coordinar para el próximo fin de semana. Llego el viernes y procedimos a salir para Constanza un pueblo a 2 horas de la capital. Juan, Domingo y Luis llegaron a casa a buscarnos y ella los recibió. Les dijo que estaba en el trabajo y que esperaran a que yo llegara.

 

Juan me llamó a preguntarme por donde iba y cuanto me tardaría. Como habíamos acordado les dije que teníamos mucho trabajo y estaba en un pueblo que al regresar me quedaba de ruta. Juan le paso el cel a mi esposa y le explique que se fuera con ellos y que yo iría de camino y nos juntábamos allá. De aquí en adelante hasta el lunes no supe mas de ellos cuando me trajeron el video que quiero contarles.

 

Ellos llegaron a la casa de veraneo de la montaña, medios bebidos como podía notarse en como hablaban a la cámara sobre todo mi esposa. Entraron a la casa y de inmediato todo cambio, Juan y Luis la agarraron, y ella pregunto: que pasa ¡suéltenme!

 

Mientras Domingo filmaba, Luis agarraba las manos de mi esposa y Juan le puso unas esposas de metal en sus muñecas y otra en los tobillos. Estaba atada, con una cara de pánico, pues ella sabía que ellos compartían conmigo el gusto de sadomizar. Juan le dijo: este fin de semana eres nuestra esclava y harás todo lo que queramos.  Si tu esposo es tan flojo que no puede dominarte nosotros si vamos a enseñarte perra puta. Tu crees que no lo sabemos, ¿acaso andar con 3 hombres con esa micro minifalda y esa blusa sin sostenes que se te marcan los pezones no te delata lo puta que eres?

 

Mi esposa solo sollozó y les pidió que por favor la dejaran ir que ella no le gustaba eso y que no iba a participar. Parada frente a la cámara, con sus manos en la espalda, dijo: les exijo que me suelten bárbaros.

 

Luis le respondió: para pedir favores tienes que estar de rodillas y no se te ocurra mirarnos a los ojos.

 

Ella no reacciono, lloro y bajo la cabeza. Luis la halo hacia una mesa que había en medio de la habitación. Ella tropezaba por tener los pies esposados y el la halaba con mas fuerza. Ella cayó en el piso y se oyeron sus sollozos. La ayudo a levantarse halándola de sus brazos y la llevo a la mesa.

 

Le ordeno acostarse boca arriba sobre la mesa, lo que ella hizo, el halo desato las esposas de sus muñecas y halo sus brazos hacia atrás atándolos con la esposa y una soga a las patas de la mesa. Así mismo Juan ato sus piernas a las otras 2 patas de la mesa. Atada con sus brazos y piernas abiertos la siguieron filmando. Podían verse sus piernas grandes y torneadas, completamente ya que su minifalda a penas cubría parte de su panty, su terso abdomen quedaba también descubierto terminando en sus bellas montañas con sus pezones erectos. Estaba totalmente indefensa. De su rostro corrían lágrimas y ella se mantenía inmóvil.

 

Luis le dice a Juan: la verdad que esta perra es una mujer preciosa, vamos a domársela a su maridito.

 

Luis tomo unas tijeras y agarro la parte de debajo de su suéter y comenzó a cortarlo descubriendo todo su torso quedando totalmente visibles sus dos senos. Domingo enfoco con detenimiento esos senos, sus pezones de diversos ángulos como haciendo una película pornográfica. Juan no se resistió a tocar sus senos, los apretó de manera que ella chillo, luego hizo lo mismo con sus pezones ejerciendo fuerza que causaron gritos en Teresa. Ella se sacudía tratando de zafarse de sus ataduras pero le era imposible. Mientras mas chillaba mas la apretaban. Así pasaron un buen rato cada unos ellos masajeando y besando sus senos. Sus mordiscos producían gritos fuertes de Teresa.

 

Luego Juan tomo la tijera y comenzó a cortar su minifalda quedando solo con una tanga blanca. Se veía su monte espectacular como un promontorio entre sus dos huesos laterales. Le corría algo de sudor desde su vientre.  Por la forma de amarre con las esposas se veía su protuberancia que asomaba con cada respiración. Ella se veía tensa por que sabía lo que vendría.

 

Luis la soltó de su atadura a las patas de la mesa dejando sus piernas atadas solo a las esposas.  La pusieron boca abajo aflojando la atadura de sus manos para que sus pies pudieran llegar al piso.  Así quedo acostada boca abajo con sus senos aplastados y pegados a la mesa y sus piernas en el piso. Sus 2 piernas abiertas de par en par y sus tobillos atados a cada pata de la mesa. Sus nalgas se veían exuberantes con esa tanga atravesando su ralla dividiéndolas en dos al igual que el inicio de sus labios mayores.

 

Pusieron la cámara de frente a este espectáculo y comenzaron a darles nalgadas. Los dedos de ellos quedaron impresos en sus nalgas de color rojo intenso como si toda la sangre se acumulara en cada uno. Luego de un buen rato de darle la dejaron sola. La cámara la filmaba desde atrás y esa vista era un espectáculo maravilloso.

 

Un tiempo después Ella, de seguro acalambrada y adolorida seguramente, comenzó a llamarlos: Paco por favor ven, Luis no me hagas esto… Dominguito por favor vengan… que tengo que ir al baño.

 

Pero ellos no respondían, ella siguió suplicándoles y les pedía que la llevaran al baño. Pero no hubo repuesta. Ellos escuchaban todo pero la dejaban así como estaba. Y cuando ella se venció y  no pudo mas, dejo salir su fluido y se pudo ver como se mojaba su panty y derramo sus chorros por sus piernas.  Aquí ella empezó a entender que estaba totalmente sometida, que el sado es mas que sufrir de simple dolor, que conlleva una entrega mas haya que sus sentimientos, necesidades y deseos.

 

Entraron los 3, y Paco dijo: Teresa hasta ahora te hemos enseñado que tienes que someterte a nuestros deseos ¿tu estas de acuerdo?

 

Teresa: respondió con voz suave casi imperceptible… si

 

Paco respondió: muy bien. Quiero que sepas que si te sometiéramos nosotros sentirías que somos tu amigos y que te hemos obligado pero el sado va mas allá.

 

La cara de Teresa cambio de repente no sabia que significaba esto.

 

Paco dijo: vas a ser sometida y ni nosotros sabemos por que situación pasaras. Tengo aquí dos personas desconocidas que a través de Internet han pagado un buen dinero por pasar la noche contigo. Con le acuerdo que podrán hacerte lo que les plazca. Ahora serás una prostituta para ellos. Parte del compromiso es seguir firmándote para entregarle este video a tu esposo que no sabe nada de esto.

 

Teresa empezo a llorar y a suplicar que no hicieran esto. Que ella nunca había tenido una relacion fuera del matrimonio y mucho menos ser sometida por extraños.

 

Paco dijo: déjenlos entrar y salgamos nosotros.

 

Entraron los 2 tipos con bolsos en la mano. De inmediato uno de ellos se coloco detrás de Teresa agarro su panty que estaba mojado todavía y lo coloco en el lado de su nalga. Introdujo su dedo mayor por su ano introduciéndolo con fuerza para causar dolor. Teresa trato de evadirlo pero estaba muy bien atada. El tipo le entraba y sacaba ese dedo con rapidez y yo diría que con violencia, ella lloraba. El otro la mando a callarse, pero Teresa no podía.

 

En su posición como estaba acostada boca abajo en la mesa con los pies en el suelo no podía moverse. El hombre saco algo como una bola con cintas de amarar y volteo la cabeza de Teresa e introdujo esta bola dentro de su boca y la ato a la parte trasera de su cabeza. Ya Teresa no podía emitir sonidos.

 

La otra persona seguía su mete y saca del dedo. Cuando lo enfocan se ve que había ido introduciendo mas dedos. Se ve como introducía por el ano de Teresa sus cuatro dedos, mientras Teresa desesperada volteaba la cabeza de un lado a otro que era lo único que sus ataduras permitían.

 

El otro saco una vela y la encendió, cuando la misma comenzó a derretirse comenzó a esparcirla por toda la espalda de Teresa. Con las primeras gotas Teresa hizo un gran esfuerzo tratando de zafarse de la mesa pero todo fue en vano.

 

La Persona que estaba detrás ya forzaba por introducir sus 5 dedos, se veía la presión que hacia el ano.  Y de repente paso, su mano se introdujo por el ano de Teresa llegando a sus intestinos. No paro, la sacaba y volvía y la introducía. Salía con sangre de los vasos capilares que había roto al producirse la introducción. Dijo la persona: ya le rompi el culo, ya esta lista.

 

El otro había llenado de cera la espalda de Teresa que en estos momentos estaba totalmente roja. Dijo: bien hagámoslo que quede para el resto de su vida marcada con nuestras iniciales, que esta puta sepa y todo el que este con ella que nosotros somos sus amos.

 

Saco de la bolsa algo parecido a un atizador de ganado pero más pequeño. Lo mostraron a la cámara. La persona fue a la estufa  a calentarlo. Mientras la segunda persona seguía disfrutando su introducción y sacado de mano del culo de Teresa.

 

Llego el otro con el atizador al rojo vivo y se lo mostró a Teresa. Sus lagrimas corrían por su cara, estaba llena de sudores y sabia lo que iba a pasar. El se coloco el la parte de atrás y enfilo en medio de su nalga derecha. Sin pensarlo y con toda precisión le pego el atizador saliendo humo de la piel quemada. Teresa se retorcía del dolor y se desmayo. En tocaron la cámara en su nalga y se leyó las siguientes siglas AD Y DR. Esta marca de posesión quedará para toda la vida de Teresa.

 

Colocaron un banco como para sentarse y le colocaron un tubo metálico o algo así en su centro. Debía medir alrededor de 30 cms por unos 4 centímetros de ancho. Aprovechando su desmayo, la desataron y la colocaron atada desde el techo con una soga que colgaron de una viga. Ambos orinaron en una cubeta y luego la echaron encima de ella que están colgada de las manos. De esta manera reacciono y despertó.

 

Su posición era parada con las piernas abiertas y sus pies sobre dos piezas que le permitían estar a la altura de la pieza metálica que estaba armada en el banco tocando sus labios superiores. Teresa se veía agotada, sus piernas temblaban por que ella se sostenía en ellas para que no le dolieran tanto las ataduras de sus manos. Ellos aflojaron un poco la cuerda de sus manos y Teresa bajo un poco, todo su equilibrio quedo en sus piernas. Seguía con sus brazos atados pero sin que ellos la sostuvieran.

 

Uno de ellos abrió sus labios de su vulva y coloco la pieza metálica alineada a su hueco. Le tomaron una de sus piernas la levantaron y sacaron uno de los calzos que la sostenían el otro hizo lo mismo del otro lado y Teresa comenzó a sentir como esa pieza de metal comenzada a penetrar sus entrañas.  Ella no podía gritar por lo que tenia en su boca,  pero la expresión de su rostro decía que sentía que la estaba partiendo en 2.  Le temblaban las piernas pero se sostenía tratando de que ese metal no se introdujera más dentro de ella.

 

Ellos prendieron cigarros (puros) y comenzaron a realizar quemaduras en sus senos, ambos con cara de satisfacción iban pegando la punta de los cigarros en diferentes partes de los senos de Teresa. Ella casi ni se movía estaba extenuada mientras ellos seguían. Al final el primero apago el cigarro en su pezón, lo que ocasiono que teresa se retorciera de dolor y perdiera el equilibrio dejando que la barra de metal se introdujera casi totalmente. El Otro hizo lo mismo apagando su cigarro en el cuello de Teresa.

 

Ella inmóvil fija a la barra que tenia dentro de su vagina esperaba que sería lo que le vendría.  Ellos excitados por haber realizado lo que le plazca con Teresa le quitaron la bola de su boca, advirtiéndole que no podía emitir ningún sonido. Luego sacaron sus miembros para que Teresa se los chupara.

 

Ella sin poder moverse ni un milímetro, accedió y ellos introdujeron sus penes cuantas veces lo desearon. En ocasiones agarraban su cabeza para hacerla ahogar con sus penes. El primero ya listo para venirse le dijo al otro ayúdame que quiero hacer lo que tu sabes. El otro agarro la cara de Teresa y con sus dedos agarro sus parpados para que no pudiera cerrarlos. Así el primero tuvo una eyaculación enorme dentro de los ojos de Teresa, dejándola con la vista totalmente nublada y desesperada con toda esa leche en sus ojos. El otro agarro la cabeza de Teresa y comenzó a entrar y sacar su pene como si fuera haciendo sexo hasta que soltó su eyaculación en la garganta de Teresa,

 

Le preguntaron a Teresa: ¿Quiénes son tus amos?

 

Ella respondió: ustedes……

Puta Rossy y amo Jordi

Martes, noviembre 9th, 2010

Hola , soy la Puta Rossy, la esclava sumisa de mi Amo Jordi, y ya que él que me ha autorizado a hacerlo, quiero compartir con vosotros una de nuestras sesiones.A pesar de la distancia que nos separa, cuando estamos juntos lo aprovechamos muy bien. Tal es el caso de la sesión que tuvimos hoy, todavía ahora en la comodidad de casa, y bajo la luz de mi lampara, tan solo recordar esos momentos junto a mi AMO me encienden otra vez.Quedamos de vernos a las 18 horas en un cafecito que nos queda muy bien a los dos, asi que lo estaba esperando nerviosa, en una mesa ubicada casi al fondo, con mis piernas abiertas como al descuido y sin mis braguitas, eso a mi amo le encanta, que me exhiba, y a mi me excita mucho, y eso el lo sabe muy bien, él sabe todo de mi, con tal solo verme me desnuda el alma, tiene una mirada penetrante, que fija sobre mi de una manera tal que no puedo mentirle, ni ocultarle nada. En la mesa de enfrente, hay un par de tipos que no disimulan nada y ven mi entrepierna descaradamente, yo empiezo a sudar, tengo miedo, estoy sola y esos dos tipos no se que pensarán, que soy una puta y quiere marcha, y en verdad lo soy, pero soy la PUTA de mi AMO, solo de él, de nadie mas, ellos voltean y uno se sonríe y otro me guiñe el ojo, yo solo atino a bajar los ojos y hacerme la desentendida, quiero cerrar mis piernas pero recuerdo que no tengo permiso para eso, mi AMO puede llegar en cualquier momento y no me gustaría que me viera no cumplir sus ordenes. En eso suena mi móvil, es él, solo él me habla, mi corazón comienza a latir apresuradamente, respondo: “SI AMO”, y el me ordena “Paga y sal PUTA, mi auto esta aparcado fuera”. Respondo “Enseguida AMO” y respiro aliviada de librarme de esos tipejos en la cafetería, llamo al mesero, pago, y salgo. Lo veo, se ve tan atractivo con esa cazadora color camel, y su sonrisa de lado que me encanta, me apresuro y abro, al sentarme levanto mi falda para que mi culo esnudo quede sobre la tela del auto, tal como le gusta a mi amo, y bajando los ojos y en tono suave le hablo “Buenas tardes AMO”, el por respuesta mete su mano bajo mi falda y toca mi coño mojado, comprobando que estoy sin bragas, luego mete sus dedos mojados de mis jugos a mi boca, para que los lama y eso hago, con los ojos cerrados, llena placer, quiero darle gusto, en eso siento su otra mano dirigirse a mis duros pezones, que reclaman su adorable tacto, y me dice “Estas muy caliente PUTA, ya veremos que hacer contigo. Espero no te hayas corrido en estos días tal y como te he ordenado. ¿traes los juguetes?” me dice mordiendo el lóbulo izquierdo, y luego pasando su húmeda lengua en mi cuello, ayyyy, solo eso basta para que yo tiemble toda, lo deseo tanto, tanto, soy cera en sus manos, el me moldea a su antojo, me hace sufrir con sus castigos, me hace tocar la gloria con sus deseos, con sus besos y caricias y me prometo a mi misma, “Jamas le fallaré a mi AMO”, pero le respondo, “Si AMO, estoy muy caliente, estos días sin correrme me tienen a punto de miel, traigo los juguetes que me has dicho, todo está como lo has ordenado AMO”. “Así me gusta Puta” respondes sin verme, tienes la vista fija en nuestro destino, salimos a carretera y nos perdemos a la distancia. Manejas por espacio de unos 15 o 20 minutos, tu aroma me llena, paso mis dedos por tu pelo, me recargo en tu hombro, y mi mano pasa por tu polla por encima del pantalón, la siento erecta, a punto de salir, y eso me pone mal, tu me miras y me guiñes un ojo diciéndome “Quieta PUTA, quien te ha autorizado tocar a tu AMO? Tu castigo va en aumento eh” Yo retiro rápidamente mi mano y te respondo “Perdóname AMO, pero sabes que no puedo estar sin ti, y gracias te doy anticipadas por castigarme por esto” Llegamos a nuestro
departamentito que ocupamos dos o tres veces por semana, es nuestro nidito de amor, bueno así le digo yo, para ti es mi Centro de Castigos y Adiestramiento. Aparcas y me ordenas salir del auto, así lo hago, pero al cerrar la puerta de mi lado, me dices, “Desnúdate puta” mientras te diriges a abrir la puerta, yo me quedo pensando si escuche bien, pero mejor no ienso
mas, si he oido perfectamente, a lo lejos se ven cruzar otros autos, mas vale que me de prisa para entrar corriendo a la casa, asi que bajo mi falda y la saco por mis pies, levanto mi blusa y la pongo a un lado de mi falda que esta en el techo del auto, luego lo tomo y los pongo en mi brazo y me dirijo a la casa caminando con la cabeza baja, y sintiendo la cara roja de verguenza, tu disfrutas verme asi, y a mi tambien me exita tanto, siento tu mirada como me recorre toda, de arriba a abajo y luego al reves. Abres la puerta y entras tu, yo siguiendote. Cierras y pongo la ropa en una silla, quiero quitarme las zapatillas, pero me dices “Quieta PUTA, quien te ha dicho que te las quites” y un bofetada cae en mi rostro, me ordenas ir al centro de la habitación para inspeccionarme, y me pongo en posicion, de pie, abierta de piernas, mis brazos levantados y cruzados detras de mi nuca, puedes ver en mi pubis la marca PERPAJ (Puta esclava Rossy Propiedad AMo JOrdi), mi coño completamente depilado como te gusta a ti, mis pezones pintados de rojo como una ves vi en una peli y que te comente y te gusto, y desde entonces los pinto asi, en mi tobillo derecho una pulsera, en el dedo medio del mismo pie un anillo, veo que te pones un guante de cirujano, para realizar la inspeccion de mi culo, metes el dedo y sale limpio, escucho que dices “Muy bien PUTA, pero has olvidado algo” Yo me quedo helada, “Ahora recuerdo, mi collar de perra, esta en mi bolso, asi que te digo “AMO perdoname por no usarlo antes, pero está en mi bolsa, me permites ir por el y ponérmelo?” y tu respondes “¿a
que esperas puta” Anda ya”, con la cabeza baja voy a buscarlo y lo pongo en mi cuello, “esta mucho mejor PUTA” vuelvo a ponerme de pie donde estaba, mientras tu empiezas a desnudarte y siento como recorre mi cuerpo la punta del fuet, un
escalofrío me recorre, ¿cuantos crees que te has ganado PUTA? “AMO, yo no puedo decidirlo, tu sabes cuantos me merezco” “Asi es PUTA, te daré 20 en cada nalga, 30 en la espalda, 20 en las piernas, 20 en tus pechos y 20 en tu coño ¿te parece?” “Lo que tu digas AMO” pero pensé que eran demasiados, pero me los merecia por haberte hecho enojar. Asi que cerradno los ojos empece a recibir mi castigo, uno a uno caian en mi indefenso cuerpo, y me dolian espantosamente, sobre
todo los que caian em mis pechos, aagggggg, en mi coñoooooo, pero asi mismo, cada vez me mojaba mas y mas, y aunque no lo queria aceptar, mis jadeos se elevaban, el dolor era cada vez mas intenso, no podria resistrilo mas, fue cuando dijiste, “Creo que ya esta bien PUTA, ya tienes ese color rojo que me gusta tanto”, “Gracias AMO” dije debilmente, tu te acercaste
y tomaste mi cabeza en tus manos y besaste mi pelo, mis mejillas que sabia saladas por mis lagrimas, y buscaste mi boca, tu lengua la invadio y la mia la busco desesperadamente, te dije “AMO amo perdoname por hacerte enojar y no cumplir con tus deseos” Tu seguias besandome y tus manos recorrian mi doloroso cuerpo. Me tomaste de la mano y me obligaste a ponerme de rodillas, entendi lo que mi AMO deseaba, asi que con mis manos a mi espalda, busque tu polla solo con mi
boca, tu polla estaba ahi delante de mi, durissima, temblosorsa, con su cabeza roja y las venas marcandose a lo largo, brillaba y de su punta salian gotas de liquido transparente, ese que me encanta, asi que pase mi lengua y tu temblaste, mi lengua tomo esas gotitas y las saboree, mmmmmmm, mis manos ahora tocaban tus muslos velludos, mientras mi lengua recorria tus testiculos, pasando por el perineo, esa delgada piel que llega hasta el ano y aproveche para meter mi lengua en él, se que te encanta, y a mi tambien, adorar a mi AMO de esa forma, hacerle saber que me tiene a sus pies, rendida de AMOr por él, a sus deseos, a sus caprichos, a lo que él quiera, tu gemias y gemias y eso era música para mis oidos, volvi a tu polla, ahora mi lengua la recorria a todo lo largo, y por fin, la meti en mi boca, aghhhhhh, tu mano empujaba mi cabeza a tu polla ahogandome, y empezaste un ritmo de follarme la boca, yo solo abria y abria la boca lo mas que podia, y tu seguias moviendote frenéticamente hasta que un liquido espeso y tibio me lleno la garganta, si, tu lechita que me encanta, que
me has vuelto una viciosa de su sabor, luego tembloroso te sentaste en el sillón y me miraste mientras yo arrodillada seguia limpiando tu polla “Ayyy puta, putaaaaaaa estuvo muy bien” pero esto no ha terminado, saca los juguetes y ponlos sobre la
cama” “Si AMO” me levante y fui a hacer lo que me pediste. Te acercaste y tomaste el cordón con las pinzas unidas y pinzaste mis labios vaginales, 3 en cada labio, yo a estas alturas seguia sin poder correrme, mas caliente que una antorcha, y tu lo sabias, ese dolor me daba ademas mucho placer, mucho, me acostaste en la cama y ataste mis manos a la cabecera y me dijiste “Las piernas abiertas Puta”, asi lo hice y las ataste a cada extremo de la cama, me encontraba expuesta e ndefensa, ataste los cordones de las pinzas a mis muslos, por lo que mi coño se abrio sentia mis labios jalados, mi intimidad
expuesta, y sentia que rios y rios de humedad salian de mi coño, tu mismo dijiste “PUta estas encharcada, como una perra en celo” “Si AMO si, deseo correrme por favor por favor te lo pido, dejame correrme”, NO respondiste, solo vi que tomaste un vibrador y lo metiste a mi boca para que lo chupara, “Mójalo bien puta, que este juguetito ira a tu culo” trate de mojarlo lo mas que pude, y cuando mi AMO lo consideró pertinente, abriendo con sus dedos mi culo, fue metiendo poco a poco el vibrador, hasta que lo metio todo, una vez dentro lo puso en marcha lenta, agggggg, AMO por favor dejame correrme” “Todavia no puta, callate”, luego tomo las pinzas de los pezones y me las puso, ajustando la presión que soporto, eso me
hizo dar un grito y por supuesto con esto lo moleste, por lo que me dio otra cachetada, “Cállate puta que no entiendes” “Perdón AMO”, sentia como mordian las pinzas mis pezones, como latia mi coño con las pinzas en mis labios, pero a pesar de eso, sentia que mi coño ardia, ardia estaba necesitando urgentemente correrme, desahogarme, y mi AMO no tenia ninguna prisa, no sabria si podia aguantar mas. Mi AMo se retiró por unos momentos y luego regreso con dos velas
encendidas, y empezo a regar la cera por mi cuerpo, agfggggg, esos pinchazos me exitan demasiado, sabe que me encanta sentir la cera derretida en mi cuerpo, me llenaba de cera los pezones, mi vientre, agggggk, yo gemia y gemia, sentia gotas enmis piernas, en mis dedos de los pies, en mi coño abierto y expuesto, cuando derramo la cera ahi, tuve que morder mis labios para no gritar, que delicioso dolor, qie agonia tan exquisita, apago las velas, y mi AMO *** PROCEDIO A QUITARME LA CERA DEL CUERPO AZOTANDO NUEVAMENTE, PERO AHORA CON UNA TOALLA HUMEDA CUANDO ME VIO LIBRE DE ELLA, SE ACERCO Y TOMANDO LAS PINZAS DEL COÑO CON SUS MANOS, LAS JALO DE GOLPE, Y UN DOLOR ME SUBIO HASTA EL MISMO CENTRO DE MI CABEZA, EL EMPEZO A FROTARME LOS LABIOS VAGINALES PARA HACER QUE EL DOLOR PASARA, LUEGO, TOMO LAS PINZAS DE MIS PECHOS Y LAS QUITO TAMBIEN, PROVOCANDOME UN DOLOR ESPANTOSO QUE ME RECORRIO LA ESPINA, FROTO MIS PECHOS Y PEZONES, Y DESPUES se subió a la
cama, se sentó sobre de mi y puso su polla en mi boca, y comencé a mamarla frenéticamente mientras el metía y sacaba lentamente el vibra de mi culo, nos mirabamos y él veía mis ojos perdidos de placer, mi rictus era de gozo infinito, y yo también miraba su cara estabamos a punto de corrernos, pero lo escuche otra vez, “No puedes correrte puta, no todavía”, saco de un golpe el vibrador de mi culo y el se salió de mi boca, me desato manos y pies, me ordenó “A cuatro patas puta”,
yo obedecí llena de lujuria, quería sentirlo ya, quería ser suya de una buena vez, senti sus manos fuertes en mis caderas, y como iba penetrándome el culo con su polla, agggggggggg, ambos gemimos de placer, y empezó a embestir cada vez mas y mas fuerte, mientras que con una mano me apretaba a su cadera, con la otra, acariciaba mi clitoris hinchado y adolorido y
empapado, no pudimos mas, y entre gemidos me dijo “Ahora puta, correte con tu amo”, aggggggggggg, me deje ir, mientras el me tomaba fuertemente entre sus brazos, luego se desplomo sobre mi y busco mi boca, lo bese anhelante, con mucho amor, con todo el inmenso amor que le tengo a mi AMO, me sali de él, y busque su polla para limpiarla con mi lengua, luego nos dirigimos al baño y nos duchamos. Nos vestimos y me dejo cerca de mi casa. Eso fue hace apenas un par de horas, todavia siento el sabor de su piel en mis labios, el calor de su cuerpo en el mio, su olor me invade. ¿les gusto esta sesión con mi amo?

Si sientes curiosidad por la sumisión y te gustaría probar, escribeme
a fireonbarna@yahoo.com.mx puede que te contacte con mi amo.

Pobre Francisca

Miércoles, septiembre 29th, 2010

Le costó decidirse, pero tras meditarlo unos cuantos días y viendo que el problema iba a más, Francisca salió del instituto, con los libros y libretas bajo el brazo, y se dirigió a la farmacia en busca de un remedio. El problema era peliagudo, de esos que cuesta dar a conocer incluso a las personas de mayor confianza y más en una persona como ella, una chica muy tímida y que se sonrojaba con facilidad. Desde hacía días sufría molestias en su zona genital de difícil consideración, mezcla de picor, escozor y dolor. Intentó aliviarse con pomadas hidratantes y antiinflamatorias, antes de decir nada a nadie, pero sus remedios fueron aún peores, le causaban mayor dolor. Le preocupaba que otras personas pudiesen darse cuenta de ello, convirtiéndola en objeto de toda clase de burlas y exageraciones entre sus amigas y compañeros de clase, pero sobre todo pensaba en su novio, en lo que diría él al notar problemas en su zona íntima, puede que incluso la rechazase.

Francisca era una chica muy tímida, como ya dije, pero también muy asustadiza. Su físico era estupendo, no muy alta, delgada, pelo negro a más no poder, largo, liso, de piel blanca, ojos marrones y labios finos y rosados. Su cara estaba salpicada de pecas, no muy numerosas pero sí lo suficiente como para darle a su precioso rostro un toque particular. A sus dieciocho años todavía estaba en el instituto, repitiendo el último curso por culpa de una asignatura suspensa que le impidió ir a la selectividad. Tuvo la posibilidad de repetir únicamente esa asignatura, pero sus padres, de régimen estricto, le obligaron a repetir el curso entero con el objetivo de subir la nota y poder acceder a estudiar medicina, un objetivo que en especial su padre le había impuesto como una obligación que no podía dejar de cumplir. Eso le hizo sentirse intimidada todo ese año, pues sus padres no dejaban de vigilarla y por todas partes recibía reproches que la obligaban a mejorar en sus estudios. Sus amigas terminaron el instituto y se fueron a la universidad, un duro palo para ella que se encontró con la sola compañía de su novio de siempre, un chico mayor que ella que trabajaba en el despacho de abogados de su padre mientras terminaba la carrera de derecho. También por parte de él recibió severas reprimendas, amenazándola incluso con romper la relación cuando supo de su revés académico, pero que al final decidió darle una última oportunidad, por así decirlo.

Mientras caminaba hacia la farmacia, tratando de mover sus piernas de manera que no se rozase mucho en la entrepierna para no sentir dolor, fue pensando en lo que iba a hacer, en cómo se presentaría en la farmacia y cómo explicaría su problema. Le entraron dudas sobre si lo mejor no sería ir antes al médico, pero como tardaban casi una semana en dar cita pensó que, mientras tanto, podía acudir a una farmacia para que le aconsejasen un remedio transitorio hasta que el galeno pudiese explorarla. Sentía vergüenza por lo que pensase el farmacéutico, o la farmacéutica, cuando le dijese lo que le ocurría. Una vocecilla en su interior le decía que seguramente se riesen de ella, otra vocecilla le contestaba que iba a tratar con profesionales acostumbrados a consultas como ésa y que no pasaría nada. Con este último pensamiento adquirió un poco más de firmeza, hasta que llegó a la puerta de la farmacia.

Casi nunca iba a la farmacia, por falta de necesidad. Conocía, eso sí, su ubicación, y el interior, que se podía observar a través del amplio escaparate desde la calle, pero no recordaba cuándo había sido la última vez que había entrado. El interior de la farmacia estaba tomado en su mayor parte por una imponente estantería de madera, de aspecto muy antiguo, que albergaba los típicos frascos de porcelana en los que otrora se guardaban los ingredientes con los que los boticarios elaboraban las fórmulas magistrales por orden del médico. El mueble-estantería estaba detrás del mostrador, fabricado con la misma madera, y el cliente que entraba por primera vez se quedaba unos segundos contemplando el lustre del conjunto de muebles antes de responder a la atención que le brindaba el farmacéutico.

Francisca sonrió al entrar, no sólo por la vista sino también por el agradable aroma de la farmacia, el típico olor que desprenden las farmacias cuyo origen es desconocido o al menos difícil de explicar. Tras el mostrador, un farmacéutico esperaba su consulta con una sonrisa amable. Era un tipo bajito, muy ancho y fuerte, de cara un tanto ruda, con un atractivo extraño, que no llamaba la atención a primera vista. Francisca tuvo dudas. A su lado, una señora mayor hablaba con la farmacéutica y a ella le tocaba hablar con el hombre. No sabía si resultaría de mala educación despreciar la atención del farmacéutico para esperar a que fuese la mujer la que le atendiese, lo prefería, pero volvió a reflexionar en la profesionalidad de él y tras unos instantes de reticencia se animó a contarle su problema:

* Hola, buenos días.
* Hola, buenos días – el farmacéutico se mantuvo a la espera.
* Hace días que tengo un problema en mi zona…vaginal – hablaba con voz suave –, tengo unas molestias que no sé a que pueden ser debidas y quería saber si, antes de ir al médico, puede haber algo que me pueda aliviar.
* ¿Cuántos días llevas así? – el gesto apenas lo cambió, quizás un poco más serio, pero no mostró sorpresa.
* Unos días…una semana o así – albergaba la esperanza de que el hombre, al comprobar el tipo de consulta de que se trataba, la dirigiese a su compañera.
* Qué tipo de molestias son: picor, dolor, escozor,…
* Primero me duele y después, al rascarme…al tocarme me empieza a picar…pero por dentro…en el interior…me duele…
* Hmmmm – esta vez el farmacéutico torció el gesto. Era una explicación muy difusa, poco clara. Antes de arriesgarse a darle algo tendría que saber más.
* ¿Qué tipo de ropa interior tienes? ¿Es muy ajustada?
* No, no es…no del todo…no me aprieta – Francisca empezó a ponerse roja, la pregunta le sorprendió, aunque comprendió su lógica. El farmacéutico continuaba con su gesto serio, indagante.
* ¿De qué material es? ¿Sueles variar?
* Pues tengo de algodón…y de licra, más elástica, y alguna vez de raso.
* ¿De raso? – se sorprendió el farmacéutico.
* Sí, bueno…esa es ropa para ocasiones especiales…
* Entiendo, cuando estás con el novio, ¿no? – sonrió en plan cómplice, algo que molestó a Francisca – Puede que un tipo de esos tejidos te dé una reacción alérgica.
* No, no creo que sea eso.
* ¿No?
* No, hasta ahora no me había sucedido esto.
* Que ropa es, si dices que no te aprieta serán bragas no muy pequeñas, ¿no?
* Son pequeñas, pero – se intimidó cuando pronunció esas palabras. Sin querer estaba describiéndole su ropa interior – me quedan un poco holgadas…
* ¿Tomaste antibióticos hace poco?
* ¿Antibióticos? No – no entendía la pregunta.
* Es normal que tras la toma de antibióticos aparezca una sobreinfección por hongos. Entonces… – meditó unos instantes – puede que tus relaciones sexuales tengan algo que ver con ello.

Otra vez Francisca se sonrojó. No esperaba tener que contar sus actos más íntimos para el tratamiento de una molestia que no debía ser poco común.

* ¿A qué se refiere? No creo que sea eso…
* Tienes novio, ¿no?
* Sí, lo tengo – antes de responder lo pensó, tenía la impresión de que era malo decir que tenía novio. Empezaba a molestarse.
* Y qué tipo de relaciones practicáis.
* …
* Vamos, no voy a darte nada sin tener claro a qué es debido el problema, no me arriesgaré a ello. Si me equivoco seguro que te quejarás después de mí, así que iré sobre seguro. ¿Practicáis sexo oral? ¿Penetración? Dime.
* Las dos cosas.
* ¿Lo hacéis muy a menudo?
* Lo típico, no sé…dos veces a la semana…tres.
* Si te hace sexo oral, ¿te lo depilas? – Francisca pegó un respingo, no podía ser que le preguntase eso.
* ¿Qué tiene que ver eso? – con esa respuesta, el farmacéutico sabía que sí, que se depilaba, pero indagaría más.
* Cómo lo haces: con cuchilla, con crema depilatoria,…quiero saberlo para comprobar si la molestia está producida por quemazón o por incisión de algún objeto cortante.
* Lo hago con… cuchilla a veces…pero casi siempre utilizo una crema…
* Y las molestias comenzaron justo después de una sesión de…rasurado.
* No, no justo después.
* O después de alguna sesión de sexo con tu novio – poco a poco, el farmacéutico comenzaba a abandonarse al morbo de la situación. Ante él, la chica se ruborizaba con cada pregunta, que hacía con cuidado para mantenerse en un aparente estado profesional.
* Tuve…tuvimos hace poco…pero no me molestó.
* ¿Nunca te molesta tu novio? ¿Nunca te hace daño cuando lo hacéis, cuando te penetra? – Francisca tuve en su mente la imagen de su novio, follándosela con rudeza, pero sin daño alguno.
* No…es muy cariñoso…

El farmacéutico se quedó un poco pensativo, haciéndose un resumen de las respuestas obtenidas y buscando en su memoria los tratamientos más adecuados. En su mente circulaban alborotadamente tubos de cremas, cajas de óvulos, comprimidos,…pero todavía no podía elegir uno.

* No tengo muy claro a qué es debido el problema, si es una reacción alérgica, si es una infección, si es una mera irritación,…puede que sea necesaria una exploración antes de decidirse. No puedo darte nada.
* ¿Nada? ¿Ni una simple pomada calmante para unos días?
* No hay pomadas “calmantes” para esa zona. Los tratamientos que hay son muy específicos para cada dolencia y si te doy uno inadecuado el problema se puede acrecentar.
* ¿Qué puedo hacer entonces?
* Ya te he dicho que sin realizar una exploración no puedo darte nada. Es mejor que esperes al médico.
* Debe de haber algo que pueda darme.
* Sí, estoy seguro que sí, pero…- hizo un ademán con las manos, dando a entender que no podía hacer más.
* ¿Qué exploración necesita?
* Nada del otro mundo, puede que con sólo verla…ya sepa la causa del problema.
* ¿Sólo eso?
* Sí, creo que sí. Así se reconocerá si es una alergia o una infección.
* Bueno,…y… ¿podría verme, entonces?
* Sí, por mí no hay ningún problema, pasa por aquí.

El farmacéutico la invitó a entrar en la rebotica, situada tras el mostrador y apartada de la visión de los clientes por medio de un par de pesadas cortinas de color verde oscuro. Francisca no lo siguió enseguida, sino que se hizo la remolona, como no atreviéndose a adentrarse a una habitación privada de presencia de más testigos. Y no tenía muchas ganas de hacerlo, de exponerse delante de ese hombre que por el momento la tenía intimidada y que temía pudiese llegar a manejarla con mayor facilidad. El farmacéutico le insistió para que entrase, y ella, finalmente, lo hizo con paso apocopado y dubitativo.

La rebotica, la antesala de todas las farmacias, era una habitación mucho más amplia que la zona que se dedica para atender al público. En ella se encontraban las grandes cajoneras, muebles con cajones que se abrían deslizándose unos sobre otros, vitrinas con frascos de jarabes y colutorios, y armarios de los que no se podía ver lo que guardaban. El farmacéutico la instó a que se colocase en un lugar arrinconado, protegido de cualquier otro par de ojos indiscreto.

* Aquí no nos molestará nadie.
* No sé si quiero hacer esto. Creo que me iré y… esperaré a ir al médico.
* ¿En serio? No tardaremos nada, simplemente un vistazo – Francisca comenzaba a dar pasitos cortos hacia la salida.
* No, no me atrevo…yo.
* ¿A qué tienes miedo? No serás la primera chica que vea, y yo no soy el primer hombre que te verá.

La chica dudó un instante. La sonrisa y la mirada aparentemente tierna del pesado farmacéutico volvieron a calmarla un poco. Francisca avanzó hasta donde él se encontraba, miró hacia todos los lados para comprobar que nadie más la estaba viendo, y se desabrochó el botón de sus ceñidos vaqueros.

* Gerardo, ¿qué vas a hacer? ¿Por qué estáis ahí? – De repente, la voz de la farmacéutica titular la sobresaltó y se quedó inmóvil.
* Es una consulta, eh…simplemente me va a enseñar la zona en la que tiene molestias, para comprobar qué tipo de lesión tiene – el farmacéutico se desdeñaba en la explicación. Mientras hablaba, la rubia e imponente señora, con su bata blanca perfectamente límpida y clara y su pelo peinado y ordenado en un perfecto recogido hacia atrás, se acercaba a ellos.
* ¿Dónde tienes la molestia? – preguntó dirigiéndose a Francisca.
* En mi zona vaginal – contestó un poco más segura la chica.
* Será mejor que me ocupe yo de esto, ¿no crees? – y así la mujer apartó a Gerardo y se dirigió más específicamente a Francisca.
* Dime qué es lo que tienes.

Volvió a explicarle lo que ya antes le había contado a Gerardo. Éste se movía por la rebotica, buscando los medicamentos que otros clientes le pedían y lanzando miradas furtivas para ver lo que hacían las dos mujeres. Finalmente, Azucena, la farmacéutica titular, también pidió ver la zona para poder decidir el tratamiento adecuado. Esta vez, Francisca fue más decidida y accedió con menos contemplaciones a mostrarse.

Una vez se había desabrochado el botón, bajó la cremallera, con la señora Azucena sentada delante de ella observando minuciosamente como sus manos deslizaban el pantalón vaquero hacia abajo. A la vista quedaron sus braguitas, pequeñas, blancas, ajustadas a su piel, de tacto suave. Azucena no hizo nada más que contemplar a la chica mientras ésta se ocupaba de desnudarse para que la farmacéutica pudiese darle el remedio adecuado. Finalmente, las braguitas tocaron el suelo y Francisca se avergonzó tanto que no pudo mirar a la cara a la farmacéutica. Sentía como una ligera brisa por sus piernas y sus caderas, como toda su piel más sensible quedaba al aire, como su escaso vello se erizaba por el frescor del ambiente y sobre todo por la vergüenza de saberse medio desnuda delante de una extraña.

* A ver, déjame mirar mejor aquí, abre un poco.

Con las manos firmes, Azucena acomodó la postura de la joven para contemplarla mejor. Su rostro no lo reflejó, pero cuando vio el coñito rasurado, libre de cualquier rastro de vello, toda esa piel rosada y húmeda…quiso comérselo entero, a punto estuvo de lanzarse a por él, pero se contuvo.

* Aquí tienes una irritación. Una zona pequeña roja, ¿no te duele? – le tocó con la yema de un dedo.
* Sí,… ¡ay! Escuece un poco.
* Ya, parece que tienes la zona un poco dañada – no dejaba de deslizar el dedo índice por el labio de la chica –. ¿Y por aquí te molesta también? – Le tocaba más abiertamente la vagina, con la mano abierta de arriba abajo.
* No, sólo ahí – Francisca estaba siendo tocada impunemente por la señora. Se retorcía para evitar el tocamiento, sin decir que no porque después de acceder a la exploración no quería retraerse por temor a Azucena.
* Así que solo te molesta aquí. Bien, lo bueno es que no son hongos ni infección, sólo es una irritación, una dermatitis que no necesita un tratamiento demasiado fuerte. No creo que necesites ir al médico, en pocos días se te pasará.
* ¿Me dará algo para…eso?
* Sí, no te preocupes,…pero no te subas el pantalón todavía, que te aplico la crema y te digo como se hace. Espera.

La señora se levantó y se dirigió hacia una cajonera sin mucha prisa, meditando por el camino la crema que le iba a dar. Mientras aguardaba a que regresase la farmacéutica, Francisca se quedó desnuda de cintura hacia abajo. En el ínterin, Gerardo pasó a su lado varias veces, seguramente más de las necesarias, recreándose admirando las preciosas y tersas piernas de la chica. Ésta trataba de taparse con las manos, pero los muslos y las caderas se podían ver libremente. Azucena tardó un rato, apareció con un envase en la mano y se dirigió hacia Francisca con una mueca en la boca que intimidó aún más a la pobre chica.

* Esta crema te va a ir bien – volvió a sentarse al lado de Francisca y abrió el tubo –. Es simplemente para las irritaciones, con cuatro veces al día se te pasará enseguida. Te la voy a echar, para que te vaya aliviando ya desde ahora.
* No,…deje…no hace falta… – pero Azucena le esparció la crema por los labios, sin cuidado y tratando de tocarla sin miramientos.
* Eres tan guapa, una chica tan apetecible… – le susurraba estas cosas mientras acercaba su boca a su cara, hasta que sus labios le besaron la mejilla –. En cuanto te vi me entraron ganas de comerte, ¿no te diste cuenta? Empecé a salivar como una loba. Estás tan buena…

Francisca comenzó a sollozar. Los tocamientos se producían por todo el coño, incluso dos de los dedos de la mujer trataron de introducirse en ella, pero pudo desbaratar el atrevimiento de Azucena con un movimiento de cadera.

* Vamos muñeca, no voy a hacerte daño – Azucena sobaba las caderas de la pobre morenita, que se retorcía y gemía para evitar los tocamientos.
* ¿Qué hace?…déjeme…

La farmacéutica forcejeaba divertida con la joven, le gustaba más el contemplarla sometida y forzada que los tocamientos en sí. Tardó en darse cuenta de que Gerardo las estaba contemplando cerca.

* ¿Qué haces? Vete a despachar a la gente, no te quedes ahí parado.
* Vamos, si ya no va a venir nadie. Déjame despachar a esa.
* Ésta es mía.
* Venga ya, hay para los dos.

Gerardo se acercó a Francisca, él con ojos desorbitados y ella con la mirada que irradiaba un temor profundo. Que una mujer la tocase era incómodo, pero si era un hombre…a saber lo que le acabaría haciendo. Cuando Gerardo llegó hasta ella lanzó sus manos a su blusa ansioso por desabrocharle los resbaladizos botones de la misma, aplicando una fuerza en sus brazos quizás excesiva. Francisca comenzó a gritar, en ese momento sí, y a agitar su cuerpo con desesperación y tratar de ponerlo lejos de las cuatro manos que lo manejaban a su antojo.

* Voy a cerrar la puerta, porque sino ésta puede alarmar a alguien.
* ¿Pero vamos a continuar? – le preguntó Gerardo a su jefa, con una sonrisa.
* Sí, veremos hasta donde llegamos, pero merecerá la pena.

Azucena se levantó y cerró la farmacia sin exponer ninguna excusa en el escaparate. Mientras tanto, Gerardo sujetaba a Francisca por las muñecas y la inmovilizaba con fuerza, sin permitir que pudiera soltarse y escapar. Francisca tenía los pantalones y las braguitas a la altura de los tobillos, y su blusa ya había sido abierta y sus pechos, cubiertos por el suave sujetador blanco, relucían ante los ojos de sus violadores.

Azucena se acercó y todo fue más fácil. Antes, Francisca pugnaba con la esperanza de que un cliente pudiese oírla, pero con la farmacia cerrada esa perspectiva se desvaneció y su lucha se hizo un tanto más fútil. Relajó su cuerpo, se rindió ante el ímpetu de los farmacéuticos, le quitaron la blusa y el sujetador y, mientras Azucena le comía el coño de rodillas delante de ella, Gerardo le comía sus pechos de pie al lado de ella. No sabía hasta dónde iban a llegar esos desaprensivos. ¿Por qué entró en aquella farmacia esa mañana precisamente?

Le pareció una eternidad el tiempo que utilizaron para comerla. Se sentía húmeda en todo su cuerpo por efecto de las salivas de ambos farmacéuticos. Sentía sus lenguas lamer su piel, sus manos apretar sus nalgas y sus pechos, sus bocas lanzando comentarios obscenos en cuanto tenían la libertad necesaria para hacerlo. Ella no pensaba, trataba de no hacerlo, de no darse cuenta de lo que estaba sucediendo y quería perder la noción del tiempo, llegar al momento en que sus agresores se cansaran y la dejaran libre. Pero todavía iba a sufrir más.

Totalmente inmóvil, paralizada por el terror que sufría, se dejó desnudar completamente. Dejaron su ropa sobre una silla y la tumbaron sobre el frío suelo. A través de sus lágrimas pudo ver como Azucena se afanaba en desabrocharle el pantalón a Gerardo.

* Esta nena tiene que ser follada.
* ¡Parece que tienes más ganas que yo de que me la folle!
* Quiero ver cómo la penetras con esa verga tan ancha que tienes, quiero verla sufrir. Vamos cabrón, fóllatela.
* Espera, espera, tranquila.
* Joder, pareces maricón.

Azucena le bajó el pantalón a Gerardo, sin que éste pudiese hacer nada por hacerlo él mismo. También le bajó el calzoncillo, le pajeó un poco su ya mojada polla y lo tiró encima de la chica. Gerardo cayó de bruces sobre ella tratando de no hacerle daño, pero no lo evitó del todo. Tan pronto como pudo hacerlo, ajustó sus caderas a las de la chica de manera que su polla quedó a la altura suficiente como para entrar en su coño. Gerardo sujetó las muñecas de la chica para evitar los forcejeos más intensos con los que trataba de zafarse, mientras que Azucena le guiaba la polla para que penetrase a la llorosa chica. Una vez que se la puso en la entrada, Azucena le empujó colocando sus manos en las nalgas del hombre. Empujó en sentido descendente, haciendo que Francisca gimiese y gritase de dolor. Poco a poco Azucena fue logrando un movimiento rítmico en las caderas de Gerardo, a medida que la vagina de Francisca se distendía en cada acometida.

Francisca sentía el pesado cuerpo de Gerardo, moviéndose sobre ella y penetrándola sin miramientos. Azucena se colocó de rodillas a la altura de la cabeza de la chica. Acercó su cara a la suya, jadeante, gimiendo, roja, congestionada por el dolor de la penetración. Acarició sus mejillas con cínica ternura, le enjugaba las lágrimas suavemente con sus dedos, la miraba admirando como esa tierna belleza estaba siendo corrompida gracias a ella. Francisca la miraba con una mezcla de rabia y piedad, implorándola con los ojos que aquella situación llegase a su fin. Azucena no tenía en mente que aquello durase poco, quería disfrutar más de ese tierno cuerpo y pensaba cómo podía someterla completamente y convertirla en su esclava. Gerardo la follaba cada vez más suave, ya no tenía que sujetarla con tanta firmeza y ya no tenía que embestirla con rudeza para domarla. Adoptó un vaivén manso y comenzó a besarle el cuello de la muchacha. Azucena le apartó y fue ella la que comenzó a comerle el cuello. Gerardo tuvo que dirigir su cabeza hacia arriba para permitir a su jefa que accediera a los pechos de Francisca. Azucena sentía el calor de los dos cuerpos cuando su boca alcanzó la parte baja del cuello. Absorbía todo el sudor y todo el sufrimiento de Francisca a través de sus labios. Las gotitas de humedad que perlaban su piel eran degustadas por la madura farmacéutica, y sus manos amasaban los pechos de la joven, con dulzura, tratando incluso de hacer disfrutar a Francisca.

Pero ella estaba lejos de disfrutar de la situación. Gerardo le hacía menos daño, aunque su polla, cuya vasta anchura le dilataba las paredes de su vagina de manera que su novio no podía hacerlo, le producía un dolor agudo semejante a las puñaladas; pero era una violación, el mayor daño era mental y no físico. Su cuerpo iba por libre, había perdido el control sobre él, se movía según las sensaciones que sus adversarios le propugnaban. Y por si fuera poco, los labios de Azucena se acercaban a los suyos y se acoplaban en un forzado beso. Intentó repelerla, pero Azucena era más fuerte, contaba con una posición dominante y terminó por vencer la boca de la chica y adentrarse en ella. Su cabeza era sujetada con firmeza por Azucena, para que el beso fuese más intenso. Francisca volvió a llorar, se sentía avergonzada siendo besada y tocada por una mujer.

Durante unos minutos, próximos a la media hora, estuvo soportando los embistes de Gerardo sobre su dolorida cadera, y los besos y caricias de Azucena sobre su cara, sus labios, su cuello y sus pechos. Su cuerpo reaccionó con un orgasmo, que dado el estado emocional en el que se encontraba le causó una impresión desagradable en su ser. No luchó por retenerlo, pero tampoco fue algo con lo que disfrutar; su cuerpo tembló, sus ojos se cerraron y gimió como siempre, pero lejos de ser placentero resultó ser un tormento más que añadir a los que aquellos dos farmacéuticos le estaban inflingiendo.

Gerardo se corrió encima de su vientre, no en su interior; al menos, pensó, no tendría que preocuparse por un posible embarazo. Francisca estaba exhausta, tumbada en el suelo con las extremidades extendidas y ya sin necesidad de ser sujetas para mantenerla firme, se hallaba inmóvil por pura fatiga tras una lucha vehemente con sus agresores. Gerardo se irguió, con la polla todavía enhiesta y goteante, y recuperó el resuello de pie, al lado de la chica, con los brazos en jarra y mirándola como reconociéndose a sí mismo la proeza que había realizado. Azucena también había recuperado la compostura y ambos aguardaban a que Francisca se recuperase.

Francisca aguardó unos instantes sollozando en la misma postura. Cuando supo que todo había terminado se levantó a duras penas, y sin decir nada y sin dejar de llorar, recogió sus ropas desperdigadas por el suelo y se dispuso con gran dificultad a vestirse. Sus agresores la miraban sonriendo. Gerardo ya estaba vestido y Azucena la contemplaba como a una presa.

* Espera, no te pongas eso, ponte lo demás pero eso no.
* ¿Qué? – Francisca tenía en sus manos el sujetador.
* Eso nos lo quedaremos de recuerdo, por el buen rato que nos has hecho pasar.
* Pero es mío, no pueden…- rompió a llorar, ni siquiera le dejaban vestirse como ella quería.
* Y las braguitas….también nos las quedamos. Son preciosas y huelen tan bien – dijo esto acercándoselas a la nariz e inspirando con fuerza.
* Por favor,…déjenme ir.
* Y te dejamos ir, cariño, sólo te pedimos que nos cedas estos dos recuerdos. Por lo demás, te puedes ir cuando quieras.

Sin ánimos de discutir con la señora y queriendo abandonar cuanto antes la farmacia, Francisca se vistió con el resto de su ropa. Los pantalones vaqueros, tan ceñidos que eran, le hicieron sentir una sensación de desnudez que le parecía incómoda. Las partes más sensibles de su cuerpo estaban en contacto directo con el tejido duro y recio de esa prenda. Lo mismo pasó con sus pechos y la blusa. Cuando salió del local, abriéndole Azucena cortésmente una puerta trasera, Francisca aún se encontraba temblorosa, todavía se le escapaban lágrimas de sus ojos y corrió unos metros para poner tierra de por medio de la inmunda farmacia.

Francisca pudo recorrer varios metros, hasta que una pareja de policías la detuvo. En el estado de shock en el que se encontraba no conseguía discernir lo que los agentes le decían. Lo que estaba claro era que tenía que detenerse, los policías estaban nerviosos. Mientras uno de los policías la cacheaba, apareció Azucena aparentemente furiosa.

* ¡Esa, esa es la ladrona!
* Tranquila, señora, la tenemos controlada.
* ¿Qué? ¿Qué dice? ¡Yo no he robado nada! ¿Cómo puede decir eso? – la indignación hizo que Francisca gritase.
* ¡Claro que sí! En cuanto te fuiste de la farmacia vi que la caja fuerte de los estupefacientes estaba abierta. Me has robado, yonqui, pero por suerte he podido avisar a la policía con tiempo.
* ¿Robar yo? Después de hacer lo que me hizo es capaz de acusarme falsamente de robo.
* Aquí están – uno de los policías había encontrado algo en uno de los bolsillos del pantalón de Francisca.
* ¿Qué es eso?
* Son pastillas, inyectables y… parches, creo.
* ¡Esos, esos son los estupefacientes que me ha robado!
* ¡No! Yo no he robado eso. No sé qué hace eso ahí. Soy inocente.
* Señora, reconoce estas sustancias.
* Sí, son los medicamentos estupefacientes que me han sido robados hoy.
* ¿Quiere cursar denuncia contra la chica?
* ¡No! ¡Soy inocente! ¡Inocente!
* No sé qué hacer. Veamos….déjenme hablar con la chica, por si podemos arreglarlo – los policías se hicieron a un lado sin dejar de vigilarlas estrechamente.
* Nena, como ves estás a punto de ser detenida por robo de estupefacientes. La cosa no es leve.
* Fuiste tú la que me metió esas cosas en mi ropa.
* Sí, claro que fui yo, para sacar partido y aprovecharme de ti.
* No lo dirás en serio.
* Completamente. Me has gustado, y mucho nena. Quiero que seas mía, quiero usarte a mi antojo.
* ¡Pero bueno! ¡Cómo puede decir eso! Se lo diré a los policías, les advertiré del chantaje que me quiere hacer.
* ¿A los policías? Vamos, díselo. Sólo tengo que decirles que te detengan y acabarás en la comisaría. No sé…eso de los estupefacientes no suena bien, no creo que se solucione con una mera fianza.

Francisca se detuvo a pensar sobre si le convenía tomar el riesgo de ser detenida o debía acceder a ser la querida de la mujer.

* Puede que sea mejor que me lleven detenida – accedió a decir finalmente.
* Piénsalo bien, cariño. A partir de ese momento tendrás antecedentes, cualquier otro descuido que tengas te llevará a la cárcel. Y yo soy tan perra que haré todo lo posible para que suceda eso si me rechazas ahora. ¿Te enteras? Si me rechazas tu vida quedará arruinada.
* No te creo.
* Bien, pues si no me crees esos policías te llevarán detenida ahora.

Francisca seguía pensando.

* ¿Qué pasará si accedo a ser tú…sumisa?
* Nada malo, cariño. Simplemente, el día que me apetezca te llamaré para pasarlo bien contigo. Quien sabe, puede que te llame dos o tres veces a la semana, o una vez al mes,…depende – trataba de convencerla acariciándola suavemente un mechón de pelo.
* ¿Por qué me haces esto?
* Porque me gustas, quiero disfrutar de tu cuerpo.
* ¿De verdad harás todo eso si te digo que no?
* Sí, lo haré, tu idílica vida habrá terminado. Así son las cosas, cielo.
* Está bien.
* ¿Sí?
* Está bien, accedo a ser tu sumisa.
* Pero date cuenta que esto no acaba aquí. Si en cualquier momento me haces enfadar, llamaré a la policía y te reclamaré a la justicia, tendrás que portarte bien en todo momento, ¿me oyes?
* Sí, está bien. Por favor, no me haga ser detenida, haré lo que me pida.
* Muy bien, cariño, muy bien. Ya verás que bien lo vamos a pasar.