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Perdí mi virginidad con mi primo preferido

Mi primo es muy sexy, tiene el mejor cuerpo del mundo y su cara es típica de modelo de revista. Mi nombre es Vicky y en esa época debía tener unos 17 años, y él me atraía mucho. Recuerdo muy bien un verano en el que fuimos con toda la familia a la playa. Ese día yo llevaba puesta una ombliguera y unos shorts. Mi ombliguera era bastante escotada, y pillé a mi primo mirándome el escote más de una vez. Esa noche todos llegaron cansados después del largo viaje y se fueron a dormir. Sólo quedamos los dos en el balcón, mirando al mar. Hablamos hasta las dos de la madrugada, ambos estábamos un poco tomados y la conversación empezaba a ponerse caliente. De repente, él paró de hablar, se acercó a mí, me miró a los ojos, me agarró por la cintura y me dio un largo y jugoso beso. Sin decir nada más se fue a dormir. Al día siguiente, él como si nada, me saludó muy cariñoso como siempre y me propuso ir caminando a la playa con él. Yo ni corta ni perezosa acepté. Unos minutos después caminábamos hacia la playa por un sendero. Él no se atrevía a decir nada, yo tampoco. Llegando a la playa, él paró en seco. Levanté mi cabeza en signo de interrogación y en ese momento me volvió a besar aún más
apasionadamente que la noche anterior. Nadie nos veía, así que él me cogió el culo y me acercó a él. Los besos y caricias iban aumentado cada vez más, y empecé a sentir la presión de su pene. Estaba muy excitada y no quería parar, pero sabía que en cualquier momento alguien nos podía ver. Así que paré y seguí caminando hacia la playa. Lo perdí de vista por unos minutos, tal vez una media hora. Ya estaba más calmada, me puse boca abajo acostada en la playa para tomar el sol. Me solté la parte de arriba de mi bikini. Después llegó mi primo, y al verme así me propuso echarme la crema antisolar. Sus manos recorrían toda mi espalda suavemente, estábamos los dos solos en la playa así que empezó a pasarme las
manos debajo de mis calzones cogiéndome las nalgas. De repente sentí su dedo en mi sexo acariciándome lenta y suavemente. Yo estaba muy excitada y muy mojada, él empezó a acariciar mi clítoris con suaves movimientos circulares.
Abrí mis piernas y me puse en cuatro patas, él empezó a penetrarme con sus dedos. Yo me movía al compás de sus penetraciones cada vez más fuertes y rápidas.
Rápidamente tuve un orgasmo, sentía la electricidad que recorría mi cuerpo, unos segundos después me hallaba tirada en la arena sin más energías. Él se recostó a mi lado, y me acariciaba la cara, diciéndome que bella era y que hace rato que él quería hacerme eso. Sentí que ya era el momento de darle a él el mismo placer que él me estaba dando a mí. Por lo tanto le dije que se recostara sobre la arena porque era mi turno de divertirme con él. Así lo hizo y empecé a jugar con su pene,
cuando lo tuve en plena erección lo metí en mi boca y empecé a chupárselo vigorosamente. Sentía cómo su respiración aumentaba y de vez en cuando uno que otro gemido se escapaba de su garganta. De repente, sentí cómo su pene
se puso completamente rígido y empecé a sentir su leche entrar en mi garganta, yo seguí moviendo mi cabeza dándole aún más placer. Cuando terminó, me puse a limpiarlo y lo dejé absolutamente brillante. Él estaba rendido, se quedó recostado sobre la arena con los ojos cerrados. Me agradeció con un dulce beso. Yo me acosté a su lado. Estuvimos así durante
un largo tiempo.

Ya era la hora del almuerzo, así que nos pusimos en marcha hacia la casa. Estuvimos abrazados todo el camino, de vez en cuando parábamos para besarnos o abrazarnos. No paramos de mirarnos durante la comida. Por debajo de la
mesa sentía como sus pies acariciaban los míos. Después del almuerzo toda la familia se fue a la playa a bañarse y a tomar
el sol. Mi primo y yo nos quedamos en la casa bajo el pretexto de arreglar los platos y la cocina. Nos pusimos a hacerlo lo más rápido posible, pero durante que lo hacíamos, hacíamos lo posible por tocarnos o besarnos. Cuando terminé, él me abrazó por detrás, empezó a tocarme por todas partes, me acariciaba el vientre, después los senos y por ultimo empezó a acariciarme tiernamente el sexo. Empecé a mojarme, y a sentir electricidad por mi cuerpo, sin querer empecé a gemir. Me di la vuelta y le di un beso apasionado. Después empecé a besar su cuello, su pecho hasta llegar a su sexo. Él ya estaba en erección así que le di unos cuantos lengüetazos, pero sentí cómo él me tomó por las manos para darme otro beso.
Me llevó hasta su habitación y cerró la puerta, me puso delicadamente sobre su cama y empezó a besarme por todas partes. Empezó por mis piernas y al llegar a mi sexo paró, y me besó en la boca. Fue bajando hasta llegar a mi ombligo. Yo estaba ya bastante mojada y quería más. Así que empecé a quitarme la camiseta que llevaba puesta y los shorts. Quedé en ropa
interior. Él paró y se quedó mirándome y diciéndome lo bella que era. Después él retomó su trabajo. Mientras yo le quitaba sus bermudas él me quitó el sostén y luego los calzones. Me preguntó si era la primera vez. Yo le dije que si.

Esto lo excito mas y mirándome a los ojos, se puso un condón, y besándome empezó a penetrarme lenta pero fuertemente. Paró cuando llegó a la mitad, le costaba trabajo meterla pero de un fuerte empujón me penetró hasta el fondo, mientras yo enterraba mis uñas en su espalda, me miro a la cara y vio que por mis mejillas rodaban lagrimas, pero al mirar mi vagina y su pene entrando y saliendo embarrado de mis jugos y un poco de sangre.. siguio moviéndose, me había desvirgado y lo estaba gozando. Yo no pude evitar el gemido que salió de mi garganta. Él iba aumentando el ritmo y la fuerza cada vez más. Los dos sudábamos entre las sábanas y gemíamos apasionadamente. Después de unos minutos, sentí cómo un orgasmo
empezaba a crecer dentro de mí. Le pedí que fuera más rápido, más fuerte, quería más, más, más, ¡¡¡MAS!!! Las paredes de mi vagina empezaron a contraerse y una fuente de líquidos bañó su pene. Cuando terminé él empezó a gemir y a darme más fuerte, lentamente sentí cómo un segundo orgasmo aún más fuerte que el primero crecía con fuerza dentro de mí. Para él era lo mismo, me daba más fuerte y más fuerte, con una fuerza de animal. Ambos terminamos completamente cansados pero felices. Nos quedamos ahí, acostados como una hora, sintiendo el roce de nuestras pieles y el ritmo de nuestra respiración.
Al final de la tarde bajamos a la playa. Todos se preguntaban que nos había pasado, a lo que respondimos que me dio un fuerte dolor de cabeza y que preferí quedarme en la casa y que mi primo muy amable me acompañó, cuidándome ya que yo era su prima preferida.

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Tristeza

La sociedad muchas veces mira con malos ojos a las chicas abiertas sexualmente pero siempre he pasado de esos prejuicios absurdos.

Gozo del sexo, me encanta porque me hace sentirme viva aunque solo sean breves minutos. Y hasta las experiencias más mediocres, hasta las peores pueden tener su morbo.

Pueden creerme una enferma pero ahí no es donde residen mis transtornos. Al contrario eso los alivia notablemente.

Y me encanta la variedad, la fantasía.

Pero la que voy a relatar a continuación fue una de esas que me hizo entristecer, cuestinorme mi cruda realidad.

Esa tarde de sábado iba dispuesta a conseguir a ese chico que tanto me enloquecía. Sentirle mío solo una vez me bastaría para calmar mis ansias de poseerle, de hacerle mío.

Total su novia me caía fatal y ella no tenía porque enterarse de nada.

Coqueteabamos a menudo y salíamos como buenos amigos a ver peliculas juntos.Siempre en secreto claro.No me gustaba tener que esconderme pero respetaba su decisión. Él quería mucho a Laura a pesar de estar confuso, no soportaría perderla en ese momento.Compartíamos la aficción por el cine,el sexo y la música. Pero nunca habíamos pasado de los besos y leves roces. No quería serle infiel a su novia ¿Pero acaso no lo había sido ya?

Y podía notar solo con mirarle a los ojos cuanto me deseaba igual que yo a él.

No me importaba tener que dar el paso una vez más.

Sabía que estaba solo en su casa, me las ingeniaría para no ir al cine y quedarnos allí.

El lugar ofrecía más intimidad, una mayor seguridad de guardar nuestro secreto ante Laura, una excelente comodidad con tiempo suficiente por delante.

Y el tiempo desapacaible, muy frío. Otra excusa más para acurrucarme entre sus brazos.

Llevaba mi corsé con esa minifalda de cuero que tanto le gustaba. Mis ligueros y las medias de rejilla con una ropa interior sugerente contemplaban el conjunto. Maquillada solo un poco, la melena suelta despeinada por el viento. Y encima la gabardina para refugiarme de miradas indiscretas y del hielo.

Cuando llegue a su casa y llamé a la puerta se quedo muy sorprendido.

— Pero hace un frío de muerte. Vas a caer enferma.Pensaba llamarte para anular la peli. El tiempo está horrible.

— Quiero estar contigo ¿por qué no nos ponemos una película aquí?

— Pero…

Sonreí.

–Venga no seas bobo. No pasará nada.

— Sabes perfectamente que hay situaciones que es mejor no pasemos.

— ¿Tanto desconfías de tu control?

Quité mi gabardina.

— Estoy segura que eres fuerte.

Solo con verme medio desnuda pareció excitarse.Apartó la vista y puso el televisor.

— Estaba viendo Pecado Original. Si quieres rebobinó y la vemos juntos de nuevo.

— Claro.

No nos salían las palabras. En medio del silencio me acerqué a él.

No opuso resistencia me acogió entre sus brazos.

De repente me sentí insegura con mi decisión ¿y si esto fastidiaba las cosas? No, Cristina. Déjalo antes de que sea demasiado tarde.

Pero estaba tan excitada, le deseaba tanto…Me volvía loca esa tortura de tenerle cerca y no poder tocarle.

La sorprendida fui yo cuando note sus labios ardientes en mi cuello, bajando lentamente hasta detenerse en mi escote. Su mano se delizaba desde mis hombros, recorriendo mi espalda.

Un estremecimiento me sobrevino. Nunca habían tenido tanta influencia sobre mí.

Me dejaba hacer, sumisa entre sus manos.

No oponía resistencia cuando quitó mi corpiño para dejarme solo con el sujetador.

Cogió mi mano con delicadeza y la llevó hasta su entrepierna.

— Esto es una locura Cris. Tal vez un error pero no aguanto más. MI control es nulo. Y Laura…

Presioné sus labios con los míos. Callando sus palabras.

— Sss. Regalame este momento solo para mí.

Seguidamente busqué su lengua, enredando la mía. Un juego de batalla. El calor de nuestros cuerpos aumentaba.El deseo nos cegaba y atrapaba.

Sentándome sobre él fui quitandole la camiseta. Recorriendo cada parte de su cuerpo con las llemas de mis dedos. Se estremecía con cada leve movimiento.

Su deseo era aún más grande que el mío.

Y después mi boca hambrienta iba haciendo su camino. Deteniendose en su cintura. Mis manos nunca llegaban donde realmente deseabamos. Quería retrasar ese momento tan lindo,ese sueño que tras dos años de espera tenía ante mis ojos.

Ahí estaba rendido a mí, entregados aunque con ciertas dudas a nuestra pasión prohibida.

Agarró mi trasero con sus manos apretándome contra él.

Podía notar su erección y eso me ponía muy caliente.

Volvi a hacerme con su boca, su cuello. Un peuqño gemido escapó de su garganta.

Y así, en un rato que parecía eterno fuimos acomodandonos sobre el suelo sin dejar de besarnos un solo instante.

Su cuerpo sobre el mío.Sus manos se perdían caminando por mi cuerpo que ardía cada vez más.

Y en mi mente supe que algo diferente me ocurría. Por primera vez en mucho tiempo me sentía valorada. Su manera de acariciarme era apasionada pero cariñosa. Para él no era solo un objeto con el que pasar un rato divertido.

Antes de ser consciente me encontraba reteniendo los gemidos que amenazaban con salir de mi garganta, abriendome a sus dedos que se perdían en la humedad de mi sexo. Rozando mi clitoris hasta volverme loca, entrando y saliendo de mi cuerpo cada vez más rápido.

Le detuve un momento y quité sus pantalones.

A su vez él se deshizo de mi sujetador y mi tanga.

Dejando solo las medias y la minifalda.

Su boca busco la mía. Un beso suave y delicado. Y lentamente hizo su camino hacia mis pechos apoderandose de ellos. Excitandome aún más de lo que estaba.

Inmovilizo mis manos para que solo estuviera a merced de sus caricias.

Cuando su boca llego a mi sexo ya casi me había venido un orgasmo. Su lengua jugaba con mi clitoris.

Y yo me venía lentamente pero con fuerza. El orgasmo que sentí fue el más fuerte desde que podía recordar.

Satisfecho con su obra ahora si dejó que yo le masturbara a él.

Cogí su polla entre mis manos. Quité la ropa que le quedaba y le masturbé.

Alternando el ritmo lento con el rápido. Cuando estaba a punto de no aguantar más se detuvo.

Levántandome del suelo me apoyó contra la pared.

Y quedé así rodeandole con mis piernas, sintiendo sus manos en mi trasero para sujetarme.

Su polla se rozaba contra mí abriendose camino. Lentamente entró en mi cuerpo.

Y mientras nuestras lenguas se enroscaban, las embestidas iban ganando fuerza.

Se corrió dentro de mí, conseguimos llegar al orgasmo simultáneamente.

Después hubo más. Volvimos a hacerlo en la cama y en la ducha pero el relato se alargaría demasiado.

Aunque si quereís os lo contaré en otros.

Ahora ya casi no quedamos porque dice que soy un riesgo para su relación.

Claro ya me consiguió y no quiere saber nada de mí.

Después de ese sábado no he vuelto a tener relaciones. Necesito recuperarme de no tenerle ni si quiera como amigo.

De lo equivocada que estaba. Él en realidad es como todos.

Y a veces me preguntó ¿realmente compensa todo eso? ¿Realmente sirve de algo llenar falsamente el vacío de mi vida de esta manera?

Pero estoy en un pozo sin salida. Y ya no hay marcha atrás para empezar.

Porque algunas estamos destinadas a ser amantes sin que nos tomen en cuenta para nada más.

kristel_cristina@latinmail.com

Lola

Abrió la puerta sigilosamente, quería ver si estaba todo en orden. Recolocó las rosas que ella misma había cortado y las olió
– Uhmmmm, si….
Desprendían un agradable olor. Al levantar la mirada se encontró a si misma en el espejo. Desde hacia unos meses había un brillo nuevo en sus ojos…una primavera desconocida brotaba en su interior…florecía de dentro hacia fuera y pugnaba por salir aunque fuera en forma de rubores y brillos, imponiéndose con fuerza a una consolidada imagen de rigidez minuciosamente cosechada a base de años. Esa seriedad la privaba de aflorar a su exterior lo que con tanta fuerza nacía por dentro… No era capaz de aceptarlo, no quería reconocerlo, así que reparando en esa frivolidad apartó la vista del espejo. Luego abrió la puerta del baño rehuyendo, esta vez, su reflejo…miró que no faltaran los jaboncillos…colocó las toallas de nuevo asegurándose de que fueran del último pedido. Impecable, todo estaba impecable. Dio un último vistazo y cerró la puerta, satisfecha.
No es que su misión fuera la de inspeccionar las habitaciones, para eso ya tenia a la gobernanta, muy eficiente, por cierto, en este caso el empeño era personal, el deseo de agradar se le imponía como algo indominable y pese a su austeridad, osaba cortar rosas que ella misma retiraría clandestinamente por la noche, cuando ellos abandonan la habitación y cuando todavía oliera a amor y a sexo.
Ese era su momento, su privilegio…su alboroto y su placer. Entraría en la habitación presa de mucha ansiedad, el corazón le latiría con fuerza…Sellaría la puerta tras de si y con los ojos cerrados, respiraría profundamente el aire de aquella habitación…Intentaría, como las otras veces, descomponerlo buscando todos los ingredientes en cada bocanada…Buscaría su perfume….Buscaría en sus átomos el que componía el sudor de él…el del aliento y, muy avergonzada, pero buscando sin poderlo evitar… el olor del sexo…Esa fragancia que más que oler, intuía y, que su imaginación y su deseo, potenciarían desmesuradamente.
Luego cogería las copas, buscaría la marca de carmín y restregaría la púrpura huella en su propios labios…como si por medio de esa reliquia orgánica se pudiera transformar en ella, y así recibir aquellos besos tan ansiados. Luego apuraría la otra copa, la de él, bebiendo lentamente el escaso contenido, transformándose en amante…en deseo…en pasión…Luego la cama. Las sabanas actuaban como recipiente de mil olores….Se tumbaría sobre el lecho, y como si le faltara el aire, absorbería como poseída de algún maleficio, todo el aroma que el sexo había dejado impregnando en sus sabanas. Solían dejar la cama muy revuelta, ella se entretendría en deshacer el embrollo buscando el testimonio innegable el éxtasis…Allí mismo…rebuscaría bajo su estrecha falda negra…y rozaría sus marmoleos muslos hasta apagar el renovado y desconocido alboroto de su sexo…
Gemiría y suspiraría en un lecho donde adivinaba las más bellas escenas de amor. Escenas que ella nunca había protagonizado, pero que tantas noches había imaginado leyendo en su solitaria cama novelas de Corin Tellado. El amor, la pasión…unos cuerpos retozando…caricias de pieles y labios…
Sus experiencias no habían pasado de rápidas y torpes caricias, y un abre-mete-saca… y ronquidos a los dos minutos…Y ahora ni eso…su viudez le pesaba como una losa…y aunque no se consideraba una mujer con una vida marital satisfactoria por lo menos si había tenido oportunidad de dejar volar su imaginación en los simulacros en los que habían consistido sus experiencias.
Ella sabia que el sexo no era eso…que si tanto bombo y platillo se le daba era por alguna razón. Pero ella no lo conocía!. Pasó toda su vida, persiguiéndolo, buscó información en libros y hacían sus delicias las revistas pornográficas que algún cliente, extranjero, olvidara en la habitación al finalizar sus vacaciones. Las cogía y las guardaba como un tesoro bajo las sabanas de hilo, lienzos tan blancos que no armonizaban con aquellas pasiones tan oscuras…Ese era su escondite, entre tallos de lavanda, como para purificar esos obscenos pensamientos que en solitario tanto la excitaban.
Nunca se atrevió a confesar su pecado, ni siquiera a su marido…Siempre lo ocultó pensando, incluso, que tal obsesión obedecía a alguna enfermedad incurable, aunque por otra parte no tenia ninguna intención de curar.
Así los días iban pasando, ella se disfrazaba de seriedad, de austeridad y supervisaba que nada en su establecimiento osara traspasar el decoro que siempre lo había caracterizado.
Así fue también construyendo una imagen de sobriedad. ¡Impensable que Doña Lola tuviera secretos de este tipo…! Nunca nadie lo pudo sospechar.
Pero Doña Lola los ocultaba. Tal vez en recompensa a los desasosiegos de toda una vida el azar trajo a su propia casa un escenario de sexo furtivo, un decorado donde el amor y la pasión se daban cita, para vivir, para pintar… escenas de amor.

Acudían al Hotel aproximadamente una vez al mes. El llamaba por la mañana y reservaba una habitación. Pocas llamadas hicieron falta para que le reconociera al otro lado del teléfono y notara, sin poderlo evitar, como su voz se tornaba amable y coqueta. Después alborotada por la noticia de su visita, se preocupaba en prepararles la habitación preferida, esa buhardilla que recogía por su ventanuco los rayos dorados de la tarde…la más bonita del hotel, y la que ella intentaba mantener desocupada por si se presentaban de improviso.
Solía llegar sobre las 15:30h. Ni que decir tiene que doña Lola le esperaba impaciente, su bolsillo escondía una barra de labios rosa pálido, discreta como ella misma, y se daba un azorado retoque a la espera de él.
Llegaba con su porte elegante, con un maletín, y con su encantadora sonrisa. Con mirada de complicidad solicitaba su reserva… Pedía, las primeras veces, una botella de vino y dos copas. Después no hacía falta, ella misma era quien preguntaba si la iba a querer. Al ofrecerle la 604 le correspondía con la misma mirada. Cruzaban algún comentario precipitado, en el que ella volcaba disimuladamente toda su euforia.
Ella llegaba unos minutos más tarde, era una chica muy discreta, entraba con decisión…sabía donde iba. Nunca preguntaba por él, sus pasos eran firmes y por su forma de andar se diría que no corría por no llamar la atención. Saludaba amablemente con un brillo especial en los ojos y se perdía en el ascensor que la elevaría hasta el cielo mientras ella se quedaba tras el mostrador obsesionada por esa situación.
¡Así fue elaborando una historia para sus amantes al más puro estilo telenovela!. Quiso que su protagonista fuera un hombre casado, pues llevaba alianza. Pudiera ser viajante, o tal vez un hombre de negocios puesto que sus trajes eran impecables y su aspecto mostraba un cierto refinamiento. Su mirada… ¡Dios mío…! que mirada tan viva! y su sonrisa… tremendamente seductora, le ponían en la bandeja de los irresistibles! No le extrañaba en absoluto que ella estuviera tan loquita por él, ¡solo había que verla cuando dejaban la habitación y liquidaban la cuenta…!
No había llegado a ninguna conclusión respecto a ella, por la edad podría estar casada, o separada… o…? No llevaba alianza, ni la huella de ella. Se le ocurrió que podía ser enfermera. Su novela rosa le hizo pensar que se conocieron en un hospital. Allí había surgido el flechazo, no le cabía duda de que estaban enamorados y de que aquello no obedecía a canitas al aire. Sus amantes eran auténticos, de los de derrochar amor en sus encuentros, de los de hacer saltar las pasiones por sentirlas con autenticidad.
Había tomado buena cuenta de sus datos, así supo que había nacido en Palma de Mallorca hacia 46 años y que residía en Barcelona.

El poder de seducción de su protagonista y la propia fantasía de Doña Lola le convirtieron en su objeto de deseo, de sueños y turbaciones. Fue calando poco a poco como un riego por goteo en su sediento cuerpo que se empezó a humedecer con sus visitas germinando una euforia desconocida. Sin duda ella ayudaba en esta labor, puesto que estaba completamente predispuesta después de tantos años de infructuosos desvelos.
Bajó las escaleras esperando ya el momento, esa misma mañana había llamado, así que estaba al llegar…
– Buenas tardes – dijo él al entrar por la puerta.
– Buenas tardes! ¿qué tal?- Respondió esbozando una magnifica y evidente expresión de satisfacción.- Le he preparado la 604 como siempre. ¿Le parece bien?
– Si, si, perfecto. Gracias
– Le hago subir el vino?…- Continuó en ese consentido dialogo de complicidades, tendiéndole la llave que ya conocía. La cogió acariciándola entre sus dedos y le contestó que si.
Ya no eran necesarios formularios, ni firmas y su breve conversación había acabado. Solo le quedaba acompañarle con la mirada hasta el ascensor. Sus manos, aunque entrelazadas bajo su barbilla, le acariciaron desde el pelo a los pies…. De repente se dio la vuelta, se volvió hacia ella como si hubiera sentido esos dedos…Sacó un paquetito de su maletín se lo ofreció
– Vaya, se me olvidaba, le he traído unos bombones!
– Para mi? – Respondió doña Lola ruborizada como no era capaz de recordar!
– Si, para usted, por amable y simpática! – Le contestó ganándose así un trofeo más a su ya desmesurada condición de preferido.
– Bueno…pues gracias…- Es lo único que pudo salir por su boca, amen de una exagerada sonrisa.
Doña Lola se quedó confusa, azorada, y muy, pero que muy excitada. Ordenó que subieran el vino a la habitación y esperó impaciente la llegada de ella.

La vio aparcar su coche en la placita frente al hotel. Entró, como siempre con la ilusión en los ojos y la prisa metida en sus zapatos, directa al ascensor. Doña Lola la miró, la observó con la envidia a flor de piel. A pesar de su soso “Buenas tardes”, sabía que en escasos segundos se iba a convertir en fuego, en deliro. Imaginaba que los brazos de él la esperaban en la buhardilla en la que unas rosas cortadas por ella misma decorarían la escena.
Una idea fugaz se coló en su agitada mente y la atrapó al vuelo. Se censuró a ella misma…pero eran demasiados los deseos que tenía…Pasó por encima de su autocontrol, y obedeciendo a ese impulso, cogió la llave de la 603, libre en ese momento, y subió tras ella. Al pasar por delante de la puerta se paró a escuchar. No oyó nada. Les imaginó en un beso silencioso, con las cabezas ladeadas, compensándose por los muchos días de ausencias…Abrazos, besos, suspiros, no oía nada, pero esa puerta emanaba unas vibraciones que se le metían en el cuerpo sin pedir permiso, sin preguntar….
Sigilosamente entró en la habitación contigua y, muy avergonzada pegó la oreja a la pared. Seguían en silencio. Sonaron besos mas chasqueantes, besos que se dan con alegría, con euforia…besos de chacha que demuestran “CUANTO TE QUIERO”. Besos sonoros de cariño, de “TE ADORO”. Luego unas risas de ella y sonar los cubitos de hielo de la cubitera. Iban a descorchar el vino. El crujir del corcho…servirlo en las copas, “cling” del cristal…y las palabras tibias y profundas de él “POR NUESTRO AMOR” y las de ella ” PARA QUE DURE TODA LA VIDA”. Les imaginó bebiendo lentamente sin peder la mirada de sus ojos.
Seguidamente oyó ruidos de tacones, una puerta de armario, deslizar una cremallera… Parecía como si de repente les hubiera entrado la prisa…más tacones…risas…correr de agua…sonido de cama…de muelles de colchón…de cisterna del inodoro, otra vez agua…dedujo que era el bidé, y pasos…otra vez silencio…un grito de sorpresa y risas de nuevo…y ” NO SABES CUANTO TE HE DESEADO”…”OH…”jadeos, suspiros…”TE QUIERO”…pasos desnudos y un golpe brusco en la pared, en su pared…a unos escasos 10 cm. de su oído, de sus manos, de ella misma!
Se paralizó, temió moverse para no alertarles de su presencia. Se quedó muy quieta. Oyó besos, esta vez acaban con largos y hondos suspiros… Su piel empezó a sudar. Sin darse cuenta tenía el cuerpo tenso y agarrotado, las manos crispadas, aferradas a la pared. Escuchó una serie de gemidos que la volvieron loca de excitación…un murmullo jadeante salía de la garganta de su hombre. Les imaginó desnudos: ella de espaldas a la pared, y el frente a ella, acariciándola desesperantemente por todo el cuerpo, buscando entre besos y succiones, sus pechos…amasados, apretados, lamidos, devorados… Sintió como se humedecía y como un calor insoportable le invadía la pelvis….Diossss … … ¡Como la envidiaba!. Ella profirió un gemido más gutural… más profundo… entendió que la había penetrado.
Violentamente se quitó el pendiente que se le estaba clavando en el lóbulo de la oreja y se aplastó a la pared como si quisiera fundirse en ella. Ahora no sonaban más golpes, solo un rítmico gemir entre palabras de pasión…y besos…y más gemidos… y más, y más.
Estaban haciendo el amor a 10 cm. de una doña Lola desesperada, involucrada en esa pasión de forma que no podían imaginar. Apostados apasionadamente los tres, en la misma pared que les separaba. Podía notar en su cuerpo las vibraciones del sexo. Los jadeos se le metían en el alma… palpaba los abrazos como propios. Su mano apretó su húmeda entrepierna y sus dedos hurgaron en su madura vagina, olvidada de esos fuegos desde hacia muchos años. Se acompasó a ellos, y sintió como si fuera penetrada por alguno de aquellos penes tan impresionantes que viera en aquellas revistas y que su memoria se empeñó en atesorar durante tantos años. Gozó como nunca lo había hecho, y manoseó aquella pared, y la besó y la lamió, mientras oía el tap-tap de los cuerpos golpeando en ella. Los gritos de placer de sus amantes se confundían con el agitado fluir de su respiración. No podía parar, se encontraba presa en esa pared, adherida a ella como un clavo en un imán. Escucho un desesperante gemido gutural y un intenso suspiro y entendió que habían explotado en la ultima maravillosa acometida…Doña Lola se fue tranquilizando oyendo como se alejaban sus voces temblorosas.
Se separó de la pared como pudo. La habitación estaba a media luz, suficiente como para ocultarse de ella misma, de su osadía y de su censurable conducta…si alguna vez había ocultado un secreto, este se convertía en el más obsceno a su juicio.
Dudó, no obstante, en escuchar un poco más, pero la recepción estaba sola y debía atender su negocio.
Así que bajó sigilosamente…no había movimiento, probablemente nadie notó su ausencia. Pero ella seguía en un estado de tremenda excitación, sus instintos habían sufrido una fuerte impresión y era imposible concentrarse en nada más. Solo deseaba verles bajar para revivir ese episodio. Esta vez les observaría bien, les sentía cómplices de su secreto.

Bajaron cogidos de la mano presos en almibaradas sonrisas. Solicitaron la cuenta como siempre.
Les miró a ambos, con rubor en las mejillas y con los ojos chispeantes…Se sentía azorada pero decidida, era como si haber compartido ese momento con ellos, le otorgara una confianza desacostumbrada. Aun así procuró no equivocarse en la secuencia de teclas que harían salir la factura por la impresora que recientemente le habían instalado, y que no dominaba demasiado bien.
– Hemos visto que tiene un comedor muy acogedor. ¿Es restaurante también? – Preguntó esta vez ella para su sorpresa.
– Si, es restaurante, me alegra que le guste – Contestó complacida.
– Se lo preguntaba por que nos ha gustado mucho y hemos pensado en celebrar una comida como para 20 personas- Siguió- El próximo mes es nuestro 25 aniversario de boda.
¿CASADOS??????… Notó como un jarrón de agua fría se le vaciaba sobre su cabeza, y como sin poderlo evitar su boca exclamaba – ¿ESTÁN CASADOS???!!! –
Ellos se miraron y estallaron en una carcajada. Doña Lola rió también de puros nervios a pesar de que su fantasiosa ilusión, ese alboroto que había atesorado en silencio durante unos meses, se acababa de hacer añicos.
Lia