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Nancy, una mujer inalcanzable

Autor: Fer (*)

Promediaba la mañana del viernes cuando Fernando Fústez, posiblemente el más eficiente, voluntarioso y lacónico de los empleados de Pompas Fúnebres El Ocaso Sociedad Anónima, traspuso la puerta de cristal y entró en la recepción del sector de los ejecutivos de la empresa, el coto de caza privado de Nancy, la secretaria.

Nancy…Si alguien le hubiera preguntado a Fernando Fústez cuál era su ideal de mujer, hubiera respondido sin vacilar: “Nancy”.

Nancy, con el enigma de su edad -y ese aire a la vez juvenil y señorial-, con sus trajes de corte, sus blusas blancas, y su gesto ceñudo. Nancy, la eficiencia personificada, la otra cara de la seriedad, con un carácter poco propicio para las familiaridades y nada permisivo para las insinuaciones y las bromas de oficina. Nancy y su misteriosa vida privada. Nadie podía decir que conocía su estado civil, si tenía pareja o si le gustaban las mujeres. Pero todos coincidían en que si en esa oficina había una mujer a la que todos deseaban pero con quien no convenía tener un encontronazo, era con Nancy.

Nancy, la secretaria perfecta para una empresa de estas características, que en ese momento redactaba un correo electrónico, conseguía una comunicación ur-gen-te para uno de los mandamases, y contestaba una llamada por el teléfono móvil, todo al mismo tiempo.

-Me dijo que quería hablar conmigo -dijo, dando por sentado que ella sabía que hablaba de su jefe. Era sabido que en la empresa nadie podía traspasar el virtual muro del escritorio de Nancy quien, como un soldado en su puesto de guardia, decidía quién podía pasar y quién no, lo que la hacía acreedora a la antipatía de casi todos, menos la de Fernando. A él nada de eso le importaba.

El podía mirar un poco más allá y ver a la Nancy de las manos esbeltas, con sus largas piernas exquisitamente torneadas como columnas griegas, su cabello rubio recogido con estudiado descuido, los senos generosos que sólo se adivinaban debajo de la seda cuando se inclinaba sobre el teclado del ordenador, o la forma en que se tensaba la falda en las caderas perfectas, como si hubieran sido moldeadas por un artista del Renacimiento. Algunas veces la había mirado furtivamente por detrás para apreciar una espalda perfecta finalizada en unas nalgas más marcadas de lo que su tipo físico podía indicar, redondas, generosas y muy probablemente duras…Él veía a una Nancy de singular elegancia, de una belleza casi mítica, dueña de una sensualidad felina delatada en el grosor apenas más pronunciado del labio inferior. Una Nancy que disimulaba hábilmente esas pecas que le salpicaban el escote y que olía a perfume francés.

Nancy…¿Cuántas noches se había dormido pensando en Nancy, fantaseando con esa deliciosa mujer totalmente inaccesible para él? Pensaba en tenerla sobre sus rodillas y hacerle entender quién estaba al mando… pero…estaba seguro que ella ni siquiera recordaba su nombre.

Pero esa soleada mañana de viernes, y para su sorpresa, Nancy dejó de aporrear el teclado, lo miró y le sonrió como nunca antes le había sonreído a nadie que él conociera.

-Adelante, Fernando -le contestó, mientras vaciaba el contenido de un sobrecito de edulcorante en la taza de café que tenía sobre su escritorio.
Lo había llamado por su nombre.

Cuando salió del despacho, tras media hora de reunión, ya sabía que ese fin de semana, tenía que llevarse trabajo extra a su casa. Un trabajo sobre la rentabilidad de los ataúdes de cartón prensado para incineraciones”que tiene que estar el lu-nes-sin-fal-ta, Fernando, sé que tú puedes hacerlo”, había dicho el mandamás. Cerró tras de sí la puerta del despacho y no pudo evitar mirar a Nancy que en ese momento estaba terminando de tomarse el café. Ella volvió a sonreírle.

¡Dos sonrisas en un mismo día!

Las mejillas le ardían, como si alguien se las hubiera encendido con un lanzallamas.
-Gracias… hasta luego… -dijo, mirándola de soslayo y enfilando hacia la salida.
Fernando no era precisamente el Rodolfo Valentino de la empresa, aunque tampoco era un timorato con las mujeres. De hecho, había salido con algunas compañeras -ese juego que se conoce como aventuras de oficina-, aunque no se había comprometido en ninguna relación, tal vez por tratarse de una empresa que trabajaba con la muerte, todo se compensaba con un Eros potente que circulaba por sus pasillos, salas de reunión y despacho. Fernando era un asiduo navegador de Internet en busca de mujeres aficionadas a recibir azotes eróticos… si bien, era muy difícil obtener citas por ese medio, debía conformarse con el sexo vainilla. Por lo general, y aunque no se consideraba un galán ni un seductor profesional, no tenía problemas en el trato con las chicas, pero con Nancy…

Con Nancy era distinto.

Cuando se la cruzaba en el ascensor, a la entrada o a la hora de salir, no podía evitar comportarse como un adolescente vergonzoso, que se ruboriza cuando se encuentra frente a frente con la chica de sus sueños. En todo el tiempo que trabajaba en la oficina, y desde la primera vez que la viera, no habían cruzado más que un par de palabras y algún que otro gesto a manera de saludo.

Casi llegaba a la doble puerta de cristal cuando escuchó la voz a sus espaldas:
-Fernando -otra vez su nombre en boca de ella.
-¿Eh? -se detuvo a mitad de camino y cuando se dio vuelta, allí estaba la sonrisa otra vez, envolviéndolo. ¿Lo estaba seduciendo?
-Me dijeron que te las apañas con los ordenadores -dijo ella.
-Emm… sí, algo… -contestó Fernando, con modestia y aturdido por las sensaciones.
-Yo… quería pedirte un favor -aventuró ella-. Bueno, en realidad quiero pedirte un favor.
-¿Un favor? -preguntó Fernando-. ¿A mí?
-Sí. Precisamente a ti -contestó ella con la sonrisa que se empecinaba en su boca, dejando al descubierto sus dientes parejos, con los dos centrales apenas separados, que le regalaba un aire juvenil y los ojos verdes rebosantes de chispitas doradas,
-Bueno, yo… e-este… -vaciló Fernando. Sentía que en el pecho, en vez de corazón, parecía tener un martillo neumático-. ¿Qué favor?
-Podría decirse que es un intercambio -dijo ella.
-¿Intercambio?
-Yo te invito a cenar y tu me revisas el ordenador, que no sé qué problema tiene -le contestó como si hubiera conocido de antemano que él no se iba a negar bajo ninguna circunstancia.

Eran apenas pasadas las ocho de la noche de ese día, cuando Fernando presionó el timbre del portero eléctrico del edificio. Las piernas se le habían hecho de goma. Una brisa fresca hacía ondular la copa de los árboles de la calle donde ella vivía. Le había dado la dirección de su casa esa misma mañana, en la oficina, explicándole que no podía usar ni el correo electrónico ni el buscador y él le prometió llevar los CD para reinstalar los programas, porque debía tratarse de eso, sin duda. En ese momento, cuando ella le entregó una tarjeta en la que garabateó su dirección, el corazón de Fernando empezó a latir demasiado rápido, ahora sentía que en cualquier momento se le iba a escapar del pecho.
Por supuesto, se había olvidado por completo del trabajo sobre las malditas cajas de cartón que tenía que estar el lu-nes-sin-fal-ta
-¿Fernando? -la voz de ella en el intercomunicador, anticipándose a su respuesta.
-Sí, soy yo… Fernando -contestó él.
-Adelante, entra -dijo la voz de ella y un segundo después, el zumbido de la puerta que se abría.

Cuando Nancy abrió la puerta y le franqueó la entrada, se puso en puntas de pie para saludarlo con un beso en la mejilla. Fernando sintió ganas de pellizcarse para comprobar que no estaba soñando, que era la realidad.
Ella estaba envuelta en una bata blanca de toalla, con el cabello todavía mojado y descalza. Como no podía ser de otra manera, tenía unos pies deliciosos. Llevaba las uñas pintadas de rojo y en el tobillo izquierdo una fina pulsera de oro.

Entró al ambiente sosegado, apenas iluminado por la luz difusa de una lámpara de mesa y de otras, estratégicamente ubicadas en el cielorraso. De algún lugar del interior le llegaban los acordes del Adaggio, de Albinoni.
-Discúlpame por el atuendo… pero llegué molida y necesitaba una ducha antes de preparar la cena.
“¿Discúlpame el atuendo? ¿Qué tiene de malo el atuendo?”, pensó Fernando, “¡Está fantástica!”
-No tendrías que haberte molestado -dijo, en cambio, sin moverse del lugar donde se había quedado como petrificado, junto a la puerta.
Nancy estiró las manos.
-¿Te vas a quedar ahí parado con la chaqueta puesta? -había algo de picardía en la pregunta-. Ven, hombre, ponte cómodo.
Lo ayudó a quitarse la americana y con total naturalidad y torpe femineidad le aflojó el nudo de la corbata.
-¿Vemos la máquina ahora? -ofreció Fernando, dejándose hacer.
-Después -contestó Nancy y, con aire divertido agregó-: Ahora, señor Fústez, si quiere acompañarme vamos a terminar de preparar una rica comida y a tomarnos una copa de buen vino. Dime que te gusta el vino, por favor.
-Sí… me gusta el tinto -Fernando, de pronto, se sintió excepcionalmente cómodo.
-Anda, ven y descorcha la botella -lo alentó ella, y en ese momento de alguna manera él supo con toda certeza que esa noche iba a terminar como no había imaginado ni en sus más alocadas fantasías.

Cuando advirtieron que ya era casi medianoche. Habían hablado de todo, menos de la oficina. De ellos, de sus vidas, de algunos fragmentos de sus historias personales. Para entonces, se conocían bastante más y la botella de vino estaba vacía.
-Ay, mira que hora es -exclamó ella-. El tiempo se nos ha pasado tan rápido…
-La computadora -dijo él.
-¿No es muy tarde para que te pongas a trabajar? -preguntó ella, dejando los platos en la pica de la cocina.
-Es un minuto -No pensaba irse de allí, y menos en ese momento-. ¿Adonde tienes el equipo?
En ese instante Nancy se volteó y quedó enfrentada a Fernando a menos de medio palmo. El escote de la bata blanca que olía a acondicionador de ropa, a sol y a mujer, se había abierto y él pudo ver el canalillo de los senos, salpicado de pecas.
-En el dormitorio -dijo Nancy, mirándolo a los ojos. Le tomó la mano. -Vamos -resolvió. La última imagen que recordaba Fernando es que el dormitorio estaba en un entresuelo, una suerte de planta superior, y era un reflejo de la personalidad de Nancy. Cuando subieron por la escalera caracol, ella lo precedió y él no pudo dejar de admirar sus pantorrillas, que remataban en la fina curva de los tobillos, la fina cadenita de oro en el izquierdo. Los rosados talones perfectos, que levantaba ligeramente cuando subía los escalones de madera en puntas de pie. Apreció – valorando – sus bien formado culo que se marcaba deliciosamente. También vio que la computadora estaba en un mueble empotrado en una biblioteca bien provista de libros que cubría toda una pared, junto a la ventana.
-Ahí está -señaló Nancy con un gesto, invitándolo a sentarse en el cómodo sillón de trabajo.
-Es un minuto -dijo Fernando, por decir algo, porque en realidad quería que el tiempo no pasara.
-¿Un poco más de vino? -ofreció ella.
-Sólo si tú me acompañas -aceptó él.

Entonces se puso al trabajo con el ordenador, cargó nuevamente los programas y, contra todo pronóstico, todo funcionó a la perfección.

Le comentó:

– Tienes un poco desordenadas las carpetas de Mis Documentos ¿te ayudo a organizarlas?

Ella contestó afirmativamente, mientras no dejaba de mirarlo algo inquieta.

Al llegar a una carpeta cuyo título era “A. SPK” a Fernando el corazón le dio un vuelco… le preguntó:

-¿Puedo entrar a esta carpeta?

Ella le contestó con un gesto pícaro:

-Mejor que no porque sabrías casi todos mis secretos

Él le dio al doble clic y la sorpresa fue mayúscula al encontrarse con un archivo con cientos de fotos y de clips de spanking…

Ella había bajado la mirada

Y, él con una rapidez de reflejos extraordinaria, le dijo:

– No te preocupes yo también soy aficionado a este tipo de fantasías de azotes

-¿Qué prefieres ser spankee o ser spanker? Porque yo soy spanker…

Ella contestó con gran alivio y naturalidad:

– He jugado en los dos papeles, tengo fantasías de los dos tipos y se puede decir que soy switch

Después, la magia convirtió la fantasía en realidad.

Fernando le dijo:

– ¡Me has provocado mucho y toda tu altanería merece un estricto castigo!

Nancy con una vocecilla apenas audible le susurró:

– No he hecho nada malo, no merezco que me trates así, ¡soy una dama!

Él la tomó fuertemente por la muñeca, la tumbó en un segundo sobre sus piernas y le dijo

– Ahora vas a pagar todo lo que me has hecho sufrir con tu chulería de mujer inalcanzable

Le levantó el albornoz, para su sorpresa llevaba unas bonitas braguitas de encaje estilo culotte, y comenzó a azotarla por encima de su ropa interior. Ella comenzó a protestar, ya con una voz que indicaba que se estaba recuperado y volvía a ser un reflejo de la mujer-diosa que Fernando conocía tan bien. Esto enardeció a Fernando que redobló la fuerza de sus azotes y le bajó las braguitas hasta la mitad de sus muslos.

Ahora ella protestó más enérgicamente diciendo:

-No me hagas eso que es muy humillante, por favor, Fernando…

Él estuvo a punto de caer en la trampa, pero sus reflejos de viejo spanker le hicieron aumentar la intensidad y la cadencia de sus azotes que caían en una y otra nalga y ya comenzaban a enrojecer ese trasero de ensueño.

Durante un largo rato, pese a las protestas de Nancy, la azotaina sobre las rodillas de Fernando siguió su curso, incluso con monotonía, cuanto más excitado estaba Fernando, más sistemáticamente procedía con el castigo.

Finalmente decidió darle una tregua a Nancy, le acarició las nalgas y poco rato después ella ya se estaba riendo. Fernando pensó que ahora vendría la segunda parte.

Entonces la hizo poner de pie, le quitó el albornoz y las braguitas y la tumbó boca abajo sobre la cama, apoyando sus caderas encima de un gran cojín. Rápidamente se sacó la camisa, ya que estaba acalorado y gran parte de su ropa y, aprovechó, para deslizar su cinturón fuera de las presillas.

Sin solución de continuidad, comenzó con el cinturón, con el cual no era tan diestro como con la fusta, pero, lamentablemente no iba preparado, por lo cual se tuvo que conformar con el cinturón.

Iba castigando con energía las nalgas expuestas de Nancy, alternativamente, pese a que algún cinturonzazo caía sobre el último tramo de los muslos de la mujer.

Ahora Nancy se quejaba, pero también jadeaba de forma entrecortada, y se movía inquieta. De cuando en cuando intentaba protegerse con sus manos, pero Fernando se las retiraba inmediatamente y sus trallazos se tornaban más estrictos.

Mientras seguía la “cueriza”, como le llamaban a este tipo de castigo sus amigas de Internet mexicanas, Fernando atisbó con el rabillo del ojo sobre el tocador de Nancy un gigantesco y tradicional cepillo de pelo. Le dijo:

-Esto no se ha acabado, tengo que tener la certeza que te llega el mensaje que te estoy enviando… solo te dejo un minuto de descanso…

Tomó el cepillo, cambiándolo por el cinturón y recordó el manejo de este instrumento casero pero agradecido.

Ella no se había percatado del cambio y fue sorprendida por el primer golpe de cepillo al cual siguieron al menos un ciento… fue una larga sesión de azotes…

Fernando percibió como su sexo, rasurado sobre los labios, .estaba húmedo desde el inicio del correctivo con el cinturón, pero al llegar al cepillo ya desbordaba y la humedad, ya no era un simple rocío sino un minúsculo manantial de carne rosada y palpitante. También Fernando tenía una erección pétrea…

Fernando decidió entrar en la fase de consuelo y mimos, muy bien aceptados por Nancy que cambió su actitud inicial de spankee rebelde por un comportamiento, primero de mayor sumisión y luego muy mimosa. Finalmente se mostró como toda una mujer anhelante de locuras sexuales.

La hizo ponerse en pie y observó el cuerpo rotundo de una bella mujer madura. Los senos más que generosos, con los pezones erectos y las areolas pequeñas y rosadas, y la forma en que se le erizó la piel cuando la rozó con los dedos.

Las manos de Fernando no podían dejar de tocar esa piel que se le antojó de seda; de sopesar los senos, acunándolos para rozar con sus labios los pezones. En algún lugar de su memoria recordaba que mientras la besaba -la adoraba, para ser justos-, le decía cosas y que Nancy le sonreía y entrelazaba sus dedos en el pelo y también le decía algo que lo excitaba.

Hasta que fue el turno de ella, que también le susurraba al oído que lo había deseado tanto, aunque ahora le doliera un poco, mientras le bajaba el cierre del pantalón, dejando que él la explorara y la reconociera.

Y en el momento siguiente ambos estaban en la cama, los cuerpos entremezclados, besándose en la boca, jugando con sus lenguas, mirándose a los ojos, disfrutando el haber llegado a lo que ambos buscaban: el final del camino.

Fernando se excitaba acariciando su culo, aún muy caliente por los azotes recibidos.

Fernando gozaba por sí mismo y por tener a Nancy así de excitada, retorciéndose de gusto, pidiéndole que no dejara de acariciarla y que no dejara de tocarla, que siguiera acariciando y besándole los senos, que la reconociera.

Nancy…Tal como se la había imaginado, como la había vislumbrado bajo la apariencia de seria eficiencia. Una mujer entregada y demandante al mismo tiempo, que en cierto momento le prohibió moverse y fue deslizando su lengua por el torso y el vientre, hasta llegar a su sexo, donde se dedicó de pleno a darle placer. Activa, vehemente, posesiva y experta, lo llevó hasta la explosión final y bebió de ése manantial el néctar ligeramente dulzón que brotaba del cuerpo de Fernando.

Después se abrió a él, y pidió reciprocidad, ofreció su propio pozo de delicias para que él saciara la misma sed que la había cautivado. Y cuando él se hubo y la hubo saciado, lo apremió para que se deslizara adentro y lo aceptó, lo capturó y ambos se permitieron llegar a las más altas cumbres del placer, y se entregaron al vértigo del orgasmo y después, sudorosos y agitados, se abrazaron pero por un breve instante, porque sin darse cuenta casi, habían comenzado de nuevo. Y otra vez. Y otra… El domingo, cuando el sol como un disco de fuego se escondía entre los edificios de la gran ciudad, ya habían pasado dos días con sus noches encerrados, dedicados por completo y exclusivamente al amor.

Habían cocinado juntos. Se habían sumergido juntos en la gran bañera para tomar dejarse relajar entre aceites y sales, para volver una y otra vez a explorar nuevas formas de placer, el regocijante ejercicio del amor. En ningún momento se vistieron. Disfrutaron del andar desnudos por el piso, con esa naturalidad que da la intimidad conseguida a pura pasión descubierta y desatada.

Hubo otra deliciosa sesión de azotes y sexo, más sexo, sexo del bueno… Para ambos todo esto era como un sueño lejano hecho realidad. Hablaron entre azotes y sexo, entre sexo y azotes, hablaron y hablaron. Cómo había surgido en ellos el gusto por los azotes, los compañeros de juego que habían tenido. Nancy le confesó que durante muchos años había azotado a una sobrina segunda que estuvo viviendo en su casa mientras estudió la carrera de Derecho. Y por supuesto hablaron de la gran dificultad que representa conseguir compañeros para estos juegos. Ambos se confesaron mutuamente que solo esperaban buen sexo vainilla, pero que la suerte les había permitido a ambos mostrarse tal cual eran.

Jugaron a muchos juegos prohibidos, especialmente cuando ella abrió su armario y de un neceser tipo Samsonite con combinación extrajo todo tipo de juguetes sexuales. Nancy le confesó a Fernando que los plugs eran sus predilectos, en posición OTK,  Fernando no tardó en irle insertando de forma gradual los tres plugs que componían el juego, cuando el de más grueso calibre estuvo insertado, la azotó con una zapatilla y cuando su culo volvió a estar rojo como un tomate, la colocó a cuatro patas y extrajo el plug y gracias a la dilatación lograda la sodomizó de un solo golpe, ella no tardó ni un minuto y medio de movimiento sincronizado, en tener un orgasmo explosivo y profundo. Unos minutos después, Fernando también llegó a un orgasmo termonuclear dentro del canal más estrecho de Nancy. Verdaderamente ella rindió honor a su confesión de ser una mujer “muy anal”.

Sólo una inquietud vino a perturbar ese fin de semana idílico.

Fue cuando tomaban un último bocado en la cama -casi no se habían podido despegar de ese terreno sagrado del amor que era el somier-, mientras miraban una película de spanking bajada de la red.

-¡Uh! -exclamó de pronto Fernando, chasqueándose la frente.
-¿Qué? ¿Qué ocurre, querido? -preguntó Nancy, tomada por sorpresa.
-El trabajo… el maldito trabajo sobre la rentabilidad del nuevo producto.
-¿De qué trabajo me estás hablando?
-El que me encargó tu jefe, el de los ataúdes de cartón,cuando tuve la reunión con él… el viernes.
-¿Qué pasa con el trabajo? -se interesó ella, dejando la copa de vino en la mesa de luz.
-Que no lo hice -dijo él.
Nancy retiró la bandeja que estaba entre ellos.
-¿Qué? ¿No te das cuenta que mañana no sé qué voy a decirle? -insistió él.
Pero la mano de Nancy se había apoderado de su hombría, que rápidamente volvió a despertar.

Nancy no le contestó. En sus ojos brillaban esas chispitas doradas de picardía que él había descubierto en sus ojos, se mordió ligeramente el labio inferior y asomó su hermosa lengua entre los dientes.

Un instante después de montarse a horcajadas y hacer que él se deslizara en su carne, con sus generosos senos salpicados de pecas rozándole las mejillas, y cuando ya volvía a entregarse a la mujer, escuchó que ella decía:
-Déjalo por mi cuenta, yo lo soluciono. Olvídate de ese trabajo y dedícate a éste…

Cuando, exhaustos, por fin se durmieron el uno en los brazos del otro, empezaba a clarear un nuevo día.

 

Me folle a mi prima

Todo comenzó cuando mi hermana y yo nos fuimos para Colombia a pasar unas vacaciones cuando llegamos mi hermana se quedo en casa de una de sus amigas y yo me quede en casa de mi tia ella vivía con sus 2 hijas una se llama leidy de 24 años y la otra maría de 18 años cuando llegue a casa de mi tia ellas me recibieron con mucho cariño, besos, abrazos pasaron 3 días los cuales fueron geniales una noche leidy (la cual les aseguro es muy hermosa y que sin duda le quita el sueño a mas de uno ella es bajita como de 1,55 cm los pechos son pequeños pero provocativa y su culo es bien paradito y bien formado ) ella me pidió que le ayudara a lavar la nevera y yo acepte encantado en eso encontramos una botella de vino que ya estaba empezada así que lleve unos vasos y empezamos a tomar estábamos algo mareados cuando terminamos de lavar la nevera vi que ella se fue en ese momento no sabia si se iba a dormir o a bañar yo termine de arreglar todo y me fui a bañar cual fue mi sorpresa que al abrir el baño ella estaba ahí completamente desnuda mi reacción fue salir y cerrar la puerta yo le dije que porque no me aviso que iba para el baño y lo que me dijo fue porque no entras y te bañas conmigo al escuchar eso entre sin pensarlo 2 veces me quite la ropa y me quede desnudo frente a ella me dirigí hacia la ducha como haciéndome el desinteresado pero mi miembro me delataba ya estaba bien duro ella lo noto de inmediato se me acerco y me beso en la boca yo la agarre y la pegue contra la pared y la empecé a besar mis manos acarician cada centímetro de su cuerpo y ella solo se dejaba llevar por mis caricias y mis besos fui bajando poco a poco hasta llegar a su panochita que la tenia gordita y bien rasuradita le pasaba la lengua por cada rincón de esa rica panochita con mis dedos le abría los labios para alcanzar su clítoris luego le fui metiendo un dedito ella se estremecia pero yo lo hacia despacio para disfrutar del momento la panochita la tenia bien lubricada y eso me exitaba aun mas y mas me levante. Y la bese en la boca mientras metía otros dos dedos mas que se perdían en esa panochita entonces ella me agarro y con fuerza me avento a la otra pared cosa que me dolió y mucho pero no me importaba nada ni siquiera que mi tia se despertara y nos viera ella me comenzó a besar bajo por el cuello por mi pecho y se concentro en mi miembro lo besaba le pasaba la lengua de arriba abajo se lo metía todo en la boca me hizo una mamada de dioses volvió a subir y me beso con fuerza, me decía primo penetrame no me puedo seguir aguantando quiero sentirte dentro de mi cuando escuche esas palabras me puse mas cachondo entonces la puse en la posición de perrito y le abrir el culito y se lo bese me levante y coloque la punta de mi miembro en la entrada de la panochita que estaba bien caliente la comencé a penetrar bien lento ella se comió cada centímetro de mi miembro el cual digo muy orgulloso que mide unos 17 cm yo estaba a millón la comencé a penetrar muy despacio y cada vez aumentaba mi ritmo ella casi gritando me decía qué le diera mas duro y yo la complacia hicimos varias posiciones ella se vino 3 veces seguidas y yo ya no aguante mas y se la saque y me vine en su cara nos terminamos de bañar ella se fue a dormir y yo también como dormiamos en la misma habitación pues no paso mucho tiempo antes de que ella se me metiera en la cama otra vez lo hicimos 3 veces esa misma noche pero todo iba a cambiar en la mañana siguiente cuando mi otra prima nos ve y también quiere que se lo haga pero eso es otra historia espero que les halla gustado
Escriban me a kembo204@hotmail.com si tienen historias podríamos compartir pero eso si que sean verdaderas

El placer de la vista: Una ducha caliente

Autor: Alex

Email: d3m1p4r4t1@hotmail.com

Llegue a casa sobre las 8, con la mente aun nublada de las horas pasadas en el trabajo, entre tantas cifras y números, una termina pensando que se va a transformar en una maquina como el propio ordenador, pero ya daba igual estaba en casa y hasta mañana, el resto de la noche era mía. Agotada, necesitaba relajar mi cuerpo, disfrutar de mí y de mí tiempo. Tras dar un par de vueltas por al casa, cerveza recién sacada de la nevera en mano, decidí que lo mejor seria deshacerme en un largo y calido baño. Retire la sombra de ojos y el rimel mi clave mi propia mirada verdosa en el espejo. Si no fuese casi por obligación del trabajo, me gustaría poder disfrutar de mi cara y rostro limpio y sin pintar…

Lleve un par de toallas y alguna vela aromática al baño, y tras dejar las cosas preparadas cuidadosamente, me desnude para darme una ducha caliente, podía notar los nudos de mi espalda cada vez que me agachaba a colocar las cosas, estaba tensa y necesitaba relajar mis músculos. Salí una ultima vez para tirar la lata vacía de cerveza a la basura y regrese al cuarto de baño, cerré la puerta y mire agradecida el ambiente que acababa de crear en este pequeño santuario. Las velas desplegaban su perfume por toda la estancia, cerré los ojos y fui oliendo una a una sus fragancias para después sentir como se mezclaban entre ellas. El cuarto de baño donde estaba la bañera tiene una ventana que conduce a un patio interior. Recuerdo como en verano me quedaba horas dentro del agua sin volver a poner agua caliente, solo con la luz del Sol entrando por el cristal. Lastima que ahora sea invierno, pensé.
Vivo en una cuarta planta y encima de mi piso no tengo a nadie, pero si frente a el, y sinceramente al estar en el ultimo piso, nunca me había preocupado de que con ese Sol que me gustaba sentir en la bañera, entrasen otras cosas… Hasta hoy.

Me adentre en el cuarto de baño, abrí el grifo y lo deje correr. Mientras comencé a desnudarme, dejando los vaqueros tirados en el suelo para no pisar con los pies descalzos los fríos baldosines, acompañada del ronroneo del agua caer dentro de la bañera, aproveche en cuanto se lleno un poco para poner un poco de aceite, no quería burbujas, pero si un poco de aroma. Tenía la ventana entreabierta, lo note en cuanto el vapor comenzó a moverse hacia ella. Cuando me acerque para cerrarla, me pareció ver de refilón una especie de sombra quieta en la ventana que tenía frente a mí. Por un instante me extrañe y mire mas fijamente para saber de que se trataba.
Una luz calida, como de una lámpara de lectura o de sobremesa, dejaba salir un poco de claridad a través de un visillo por cortina de color beige y detrás lo que sin duda era la forma de un cuerpo. Me quede pensativa. Por un momento quise pensar que era casualidad. Era casualidad que mi vecino estuviera detrás de la cortina mientras yo me metía en la bañera, lo mas posible es que únicamente este leyendo en la sala, junto a la lámpara, aprovechando la tranquilidad de la noche… Pero no se muy bien porque, un par de pensamientos tan traviesos como morbosos se pasaron por mi mente… Y decidí dejar la ventana tal y como estaba, entreabierta y ver si era casualidad o si mi vecino era un mirón como los de las películas.
Algo sobresaltada, por mis propias ideas, salí del baño y volví a la cocina, saque otra cerveza fría y espumosa y mientras le daba un largo trago pensé sobre lo que creí haber visto… Apure la cerveza tan rápido como mis primeras inhibiciones desaparecían. Sonreí divertida y marche de nuevo hasta el cuarto de baño, volví a cerrar la puerta y continué todo donde lo había dejado.
Me metí en la bañera, comprobando lo calentita y agradable que estaba el agua. Agarré el mango de la ducha y comencé a regar mi cuerpo con un agua tan caliente que de la impresión inicial, se me estaba poniendo los vellos de punta. Notar como con la misma velocidad con la que el agua se evaporaba sobre mi piel, se marchaban mis molestias musculares, mis problemas… Y mis inhibiciones, era algo excitante. El agua se deslizaba por cada centímetro de mi piel, mi pelo, mis pechos… De vez en cuando no podía evitar deslizar la mirada con los ojos entornados de malicia hacia la ventana, imaginándome el poder saber si mi vecino seguía ahí, disfrutando del espectáculo.

Me moví dentro de la bañera, para alcanzar un bote de gel… Y allí estaba. Su figura se dibujaba a través del visillo. El solamente podía apreciar a través de mi ventana mi cara y mis hombros… Pero parecía que le era suficiente, pues no se movía ni un centímetro de su posición. Mientras me enjabonaba comencé a fantasear… Fantasear con bailar envuelta en jabón para el dentro de la bañera, con la idea de que un repentino golpe de viento abriese de par en par mi ventana, incluso…
Con la posibilidad de masturbarme en mi dormitorio para que el me viera… Fue algo que me vino a la mente de forma completamente repentina, como una idea mas, pero extrañamente esta se quedo mas tiempo grabada en mi mente… Y a cada movimiento que hacia con mis manos, deslizándolas por mis ahora resbaladizos senos, cubiertos de espuma, mi vientre, brillante mientras el agua corría por el… Mmmmm…
La idea me fascino. Me fascino imaginar a mi vecino en su sala, sudando por la fabulosa visión que yo le ofrecía… Masturbándose mientras su vecina incauta y sedienta de placer, se lo daba a solas y sin ninguna prisa en su dormitorio, pero sobretodo, incapaz de dejar mi vena mas divertida, me fascino imaginar la cara que el pondría cada vez que me cruzara con el en las escaleras. A medida que mi cabeza fantaseaba, mis manos, como si no tuviese ningún control sobre ellas, se habían deslizado hacia debajo de forma instintiva, ante el constante reclaro de mi sexo palpitante que se adelantaba a los futuros acontecimientos.
Con mis dedos jugando alrededor de mis labios carnosos e hinchados, mi respiración se agitaba, haciéndome tomar más aire, llenando mis pulmones de un aire denso que parecía nublar mi vista, como una droga. Cuando por fin la yema de uno de mis dedos rozo mi clítoris por un instante, mientras continuaba su avance para abrir mi hambrienta gruta, mi mente se disparo.

Tenía un deseo animal, carnal, la idea de ser poseída por aquel vecino mirón hizo que mi sexo comenzase a rezumar sus propios jugos, mezclados con el agua que chorreaba entre mis piernas separadas, la sensación contraria del ardiente calor de mi interior, con el agua que ahora me parecía casi helada en comparación me hizo temblar de un extraño placer.
Me imagine por un momento follando con el, nada de amor, nada de sentimientos externos al goce y placer, lo imagine de forma brusca y rápida, como me latía el corazón ahora, imitando las contracciones que sentía en lo mas profundo de mi ahora que el mas valiente y explorador de mis dedos, jugaba por dentro de mi. Lo imagine diciéndome que podría hacerle todo lo que una mujer sin nada mas que instintos le haría a un hombre, lo imagine diciéndome que me deseaba por encima de ninguna otra cosa, que deseaba poseerme, y que me poseía, mi boca, mi rajita completamente abierta, mi trasero…
Me poseía por completo y yo era lo único que deseaba.
Imaginaba su miembro duro y reluciente por la excitación, y mis labios lamiéndola de arriba a abajo, lo imagine dentro de mi, empujándome con sus caderas de una forma bestial, alocada. Lo imagine chupando mis tetas, lamiendo mis pezones, con ligeros mordiscos según se endurecían presa del gozo, tirando de ellos, asfixiando su verga entre mis tetas, lo imagine recorriendo cada centímetro de mi cuerpo con sus labios y con sus manos, con su lengua, con sus dedos… Ya era demasiado, y mi clítoris hinchado y tembloroso me pedía mucha atención. Toda mi atención. Ya no era dueña de mis ideas, solo sabia que estaba demasiado caliente como para escoger ninguna otra opción, así que en una fracción de segundo, lo decidí. Decidí masturbarme para el.

Me enjuague a toda prisa, me seque con la toalla, peine mi pelo rubio, pero lo deje mojado y me fui corriendo para mi cuarto. Tenia la persiana abierta, pero la cortina echada, así que sin demasiado disimulo, la corrí por completo, como sino supiera que el estaba ahí mirándome.
Me senté en el borde de la cama, tome unos de los taburetes que tenia en mi habitación para alcanzar a los altillos de los armarios, y sentándome sobre la cama, apoye mis pies en ellos. Solo por un instante llego a mí ser una imagen de claridad. Me veía a mi misma haciendo lo que estaba haciendo…
Y me gusto, me gusto y me excito terriblemente. Allí estaba yo, completamente desnuda y con mis piernas especialmente abiertas para que mi vecino pudiera contemplar todo mi cuerpo y mi sexo…
Mi coño húmedo.
Mi coño húmedo… Mmm, trataba de pensar como estaría el describiéndome, con ese lenguaje sucio del pervertido mirón, que en esta ocasión, era ideal para este morboso juego.
Comencé a tocar mis pechos, rodeaba mis pezones con mis dedos, los pellizcaba y después abría la mano para rodear mis senos por completo y acariciarlos a placer. Estaban duros, erectos, quizás por la idea de que eran sus dedos los que lo hacían, quizás por la idea de que estaba mirándome… Pero lo importante es que sensaciones de cierto dolor, pero sobretodo de tremendo placer estaban ahogando mi cuerpo.

Tome uno de ellos con mi mano y mientras lo acariciaba de forma delicada, repentinamente cambie el ritmo y me lo lleve hasta mi boca… Deslice mi lengua húmeda por mi pezón, lo mordí, mis pezones para este momento ya estaban duros como piedras, estaban mojados por mi saliva, y mis dientes sobre ellos eran como millones de descargas eléctricas que recorrían mi cuerpo en apenas segundos. Mi respiración comenzó a acelerarse mas, mientras sentía como me subía el color rojo, rojo de sangre, rojo de pasión, por toda mi piel.

No pude hacer más esfuerzos y me rendí a todos mis impulsos. Mientras que con una mano tocaba mis pechos, me lleve la otra hasta los pegajosos labios de mi sexo. Comencé a frotar mi clítoris con dos dedos, juntos y completamente tensos, lubricados en parte por mi propia saliva, y el resto de el roció de excitación que poblaba esa sonrosada zona, aprovechando esa fluidez de movimientos para imaginar que era su lengua la que por el se deslizaba… Más y más deprisa, en apenas un par de minutos me vi. Hablando para nadie, en mi habitación vacía, o quizás para el, desde el otro edificio, pero lo que empezaron siendo gritos en mi mente que me espoleaban a continuar, pronto se entremezclaron con gemidos, para ser verdaderas ordenes que yo misma me daba, quizás el desearía decirme lo mismo…
Y hacerme lo mismo.
Mi espalda se arqueaba, mi cabeza se echaba hacia atrás, todo mi cuerpo ahora funcionaba bajo la necesidad de mi sexo, mis gemidos se hacían mas intensos, mis labios, enrojecidos y abiertos al encontrarse completamente hinchados, se lubricaban mas y mas, mis dedos se deslizaban divinamente por ellos de forma descontrolada, no era capaz de sostener las caricias sobre mi excitadísimo clítoris, y eso era como tener un amante juguetón que quería verme suplicar y retorcerme de placer en lugar de hacerme acabar antes de disfrutar lo suficiente de este juego.

Levante la cabeza con mis mejillas completamente encendidas y mis ojos vidriosos, y desplace mi mirada hacia la ventana de mi vecino. El también era presa del deseo… Era presa de mí. Había corrido el visillo y estaba desnudo, frente a mí, podía ver perfectamente el movimiento de su brazo derecho, sonreí de forma lasciva mientras no detenía ni uno de mis movimientos para el. El me correspondió casi de forma sorprendente, retirándose un poco de la ventana y dejándome ver ese tieso miembro que estaba acariciándose machaconamente de arriba abajo. No podía ver con demasiada claridad, pero me la imagine enorme, con una cabeza brillante y muy roja… Dios como me puso verlo así, tan excitado, con la cara desencajada, mirándome como un obseso, acompañando su paja con la mía.

Cuando ni siquiera frotándome con varios dedos de una de las manos me era suficiente, baje la otra que aun masajeaba mis pechos para que colaborase en mis mas primarias necesidades. Metí dos de mis dedos dentro de mi, comencé a moverlos como si fuera su… POLLA. Si era su polla en mi coño… quería que estuviese ahí dentro, moviéndose a la velocidad endiablada con la que giraba yo mi muñeca para hacer bailar mis dedos. Comencé a retorcerme, a jadear porque los gemidos eran demasiado altos y me ahogaban, dejándome sin aire para respirar, a morder mis labios, a recorrerlos con mi lengua, lentamente y mirándole fijamente a el, mí pervertido, para excitarlo aun mas…
Le hacia gestos con mi lengua, con mis ojos, mientras mantenía mis piernas lo mas separadas que podía, con mis muslos tensos y duros como piedras por la tensión que estaba acumulándose en mi, anunciándome que pronto tendría un orgasmo, un orgasmo que se avecinaba tremendo por las sensaciones que tenia hasta ahora.
Comencé a darme prisa, a mover mis dedos mas rápido, era increíble como se deslizaban, de mi sexo fluían hilos brillantes y transparentes de mi lujuria en esencia pura, pequeñas contracciones se convertían en grandes oleadas de placer, cada vez que rozaba en mi interior ese pequeño lugar que era la cúspide de todos mis gozos, y mas de verlo a el tocándose ese pedazo de carne, nervuda y tensa, caliente y palpitante, un enorme falo que ahora por encima de todo desearía que mi cueva inundada se comiese, de ver como ese maldito obseso no paraba de pajearse y mirarme con ojos casi salidos de sus orbitas, pues ya no dudaba que lo estaba haciendo para el. Solo para el.
Empecé a jadear con más fuerza, mi orgasmo se acercaba, notaba algo dentro de mí que me iba a llevar al séptimo cielo. Un río de gozo que nublo mis ojos y comenzó a marearme invadió mi cuerpo, empezando por mis muslos mientras mis dedos hacían las ultimas penetraciones, ascendiendo hasta mi coño donde se me clavaban centenares de agujas haciéndome apretar y apretar, hasta llegar a mis pechos, poniéndome la piel de gallina, y finalmente llegar a mi boca, con los labios secos de no poder cerrarla desde hacia rato, y dejar escapar mis últimos y profundos gemidos, casi gritos mientras mi orgasmo daba sus últimos coletazos. Mi cuerpo cayo rendido hacia atrás, en la cama.

Necesitaba recuperarme, necesitaba controlar mi respiración, estaba mareada, me sentía como sobre un barco, en esa cama todo se movía a mí alrededor sin ningún control. Cuando pude me incorpore, y mi primera y turbia mirada fue hacia la ventana.

Mi vecino aun seguía, seguía moviendo su mano, sus movimientos eran muy rápidos, debía estar a punto de llegar a su orgasmo… Estaba apunto de correrse… Mis pensamientos eran mas palabras entre susurros, como queriendo que le llegasen hasta sus oídos. Yo mientras estaba sentada en mi cama, mirándolo, ahora era yo la mirona, la pervertida que iba a contemplar como descargaba ese chorro de esperma caliente, era yo la que iba a imaginar que ese chorro descargaba en mi interior aun palpitante… En mi cuerpo aun ardiente… En mi boca aun sedienta.

Pero aun no había acabado el show, la diversión y la malicia volvieron a mí y pensé que quizás debía darle un empujoncito… Me lleve de nuevo una de mis manos hasta mi rajita, aun extremadamente sensible y completamente cubierta por mis zumos de pasión, mirando fijamente a mi vecino, deslice uno de mis dedos de arriba abajo, muy lentamente, le enseñe ese brillante dedo a mi vecino y lo acerque hasta mi boca, dejando asomar mi lengua hasta casi tocarlo, el ya no podía verlo tan claramente….
Pase mi lengua por su alrededor, como si estuviese saboreando los restos de mi fuerte orgasmo, entonces fue cuando pude ver la corrida de mi vecino, que no pensó ni en las cortinas ni en la pared ni en nada… Excepto en mi, mientras el apretaba su miembro para aumentar las contracciones a cada una de las cuales eyaculaba, solo podía pensar en mi…

Me levante de la cama, baje la persiana y me fui de nuevo al cuarto de baño a tomar una ducha, pero esta vez de agua fría.

Una noche de sorpresas

Bueno esta es mi primer relato q contare me llamo Manuel y el joven con cual lo ise se llamaba Sergio. Esto me paso cuando yo tenia 14 ahora ya tengo 17 bueno esto empiesa asi… Era un dia como cualquiera en el cole cuando yo entre me ise altoque amigo de sergio era un chavo como cualquiera de estatura normal y entre otras cosas una persona muy hermosa para mi.. weno despues de estar estudiando mas de 2 años en la clase de musica como el profe no vino estubimos ai normal con sergio entonces derrepente como juegos nos empesamos a tocar el culo entonses yo en ese momento no decia nada = q el bueno la cuestion fue q todos los dias nos metiamos la mano hasta q un dia le propuse a el pa irno a tirarnos una pajita en cualquier lugar lo cual el asepto entons terminada la clase nos fuimos a mi casa ya q no havia nadie y como studiabamos en la tarde no quedamos hasta noche entons el trajo cintas xxx yo pensando q eran de hertero y no era de gays era normal para mi entons nos pusimos aver y cuando nos ibamos a pajear yo notaba en su pantalon una hermosa verga grande yo ni vien lo sacara ya estaba a mill entons se saco el polo y despues el pantalon y se quedo en puro boxer y se notaba una gran verga entons el se acerco y me empeso a desvestir hasta q me quede en boxer tambien en ese instante nuestros corazones palpitaban de nervios y de la nada nos empesamos a besar con una pasion enorme como nuestras vergas el entons me confiesa q era gay pero yo lo tome normal y me dijo q si queria lo hacemos lo cual accedi despues el me dijo q se lo chupe pero yo no sabia entonces el me enseño como se hacia me besaba desde el cuello hastas llegar a mi vientre y me bajo el boxer y me lo empeso a mamar yo me sentia en las nubes como ya q nunca nadie me la abia mamado despues de unos 10 minutos le dije q ya no use su boca lo queria perforar lo cual me dijo q era virgen eso iso q me exitara mas entonces le dije q se volteara y vi su hermoso trasero entons le empese a lubricarle el culo el gemia como una perra en celo decia SI! sigue! mas! mas! entonsces le dije preparate q ai boy y se lo meti primero la cabeza por q mi verga era mi grande se lo metia despacio hasta q se lo introduci toda completa le dolio pero no podia expresarlo solo germia y gemia despues de unos 30 minutos le dije q se prepare q venia a descargarlo el me dijo q ya estaba listo entonces le di uin descargada de mi leche calientita el le gusto y me dijo q le tocaba y yo estaba super nervioso el me dijo q me relajara entonces empese a besarle y llegue a su verga empese a chuparle y el me dijo q para ser la primera vex lo hacia como los dioses entonces le tocaba perforarme entonces me puse en 4 y me empeso a metermelo yo gritaba d plaser despues d unos 15 minutos termino en mi culito y lo seguiamos haciendo isimos la 69 por unos 10 minutos despues de estar casi 2 horas en la cama nos fuimos a la ducha a bañarnos pero como stabamos todavia hot lo isimos en la ducha depsues de un rato nos besamos y nos abrasamos entons el me dijo q me amaba yo tambien le dije q lo amaba nos empesamos a besar y otra vez nos fuimos a la cama al final el llego asu casa alas 10 de la noche pero su mama no le dijo nada ya q estaba en mi casa pero no sabia q habiamos echo la cuestion es q ahora lo asemos ya no tan seguido si no es como un agarre…

Ojala les aya gustado cualquier comentario escríbanme a bb_11_11_11@hotmail.com Grax..