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Vuelo nocturno

Confusas
Entre los pétalos
Alas de pájaros
M. Shiki

Al terminar la segunda película apagué la luz, y contra el respaldo del asiento delantero plegué la mesilla en la que se apilaban dos revistas y la novela que estuve leyendo casi desde que el avión tomó pista de despegue. Tapado con el cobertor de lana hasta la mitad del pecho, Alberto, mi marido, dormía como un tronco en el asiento contiguo a mi derecha y su profunda respiración era tranquila.

Él, que casi no probaba el alcohol salvo en alguna fiesta o en ocasiones especiales, se había bebido entera la botellita de vino tinto a la hora de la cena que ni siquiera tocó. Además se había tomado dos whiskys dobles en el aeropuerto para atemperar el nerviosismo y mal humor que le producían los vuelos largos, y así conciliar el sueño durante toda la noche, sin que le importaran las turbulencias o las 12 horas de aquel viaje claustrofóbico sentado en los asientos centrales de la última fila del avión repleto de pasajeros.

A su otro lado, una bella española, andaluza y trigueña de labios carnosos y ojos color miel, también dormitaba cubierta con la ligera frazada hasta los hombros. La vi cuando tomó asiento, alisando su minifalda color marfil que descubría unas piernas espléndidas y se ajustaba al relieve prominente de su trasero. Alberto había estado charlando animadamente con ella durante la primera hora del vuelo, e incluso intercambiaron sus respectivas tarjetas de presentación. Se llamaba Fabiola, nos dijo, y era antropóloga. Ella iba también de vacaciones y se hospedaría en el mismo hotel que nosotros, donde ya la aguardaba su pareja. En la semi penumbra de la cabina, resplandecía serenamente el hermoso perfil de la mujer y sus labios tarareaban en silencio la música que llenaba sus oídos.

A mi izquierda viajaba un caballero de aspecto oriental, quizá japonés o malayo de ojos almendrados y edad indefinida como todos los seres de su raza, con el que apenas intercambié algunas frases de cortesía en mal inglés, cuando cenábamos. Sus modales eran elegantes, casi solemnes, y su rostro hierático e imperturbable. El también había estado leyendo un libro escrito en un idioma para mi indescifrable.

El avión parecía estar suspendido silenciosamente en medio de la noche que se agolpaba en las ventanillas lejanas a nuestros asientos, a mitad de un océano que kilómetros abajo era una masa oscura, inmóvil como la sombra que nos circundaba y de vez en cuando daba unos breves saltos que me hacían estremecer.

Recliné mi asiento, me envolví en la manta hasta el cuello y apoyé la cabeza sobre el amplio pecho de Alberto. Aprovechando que bajo su cobertor él llevaba el cinturón y el pantalón desabrochados para descansar más cómodo, le bajé la cremallera y abracé su miembro en reposo con mi mano. En mis auriculares Sting, María Bethania y George Michael se alternaban para cantar en voz baja y me arrullaban. Aunque casi nunca he podido conciliar el sueño en los aviones, traté de dormir. Nos esperaban diez días de vacaciones en las soleadas islas del sur a las que viajábamos por primera vez, y quería estar fresca y despejada para disfrutar del reposo en compañía de mi marido.

La sola idea de saber que unas horas más tarde estaríamos los dos desnudos tendidos en la arena me producía un efecto de sensualidad y tibia placidez. Comencé a tener pensamientos eróticos recordando la forma en que habíamos hecho el amor durante toda una tarde no lejana, a la orilla del mar turquesa de Playa del Carmen. Nuestros cuerpos dorados y resbalosos debido al bronceador, se deslizaban uno sobre otro como dos delfines en rumorosa libertad, lejos de todo apresuramiento y aislados del formalismo citadino.

Aquella vez lo cabalgué como enardecida amazona sobre las blancas arenas solitarias, mirando al sol que se mecía tras el oleaje cristalino. El viento, salobre y denso, humedecía mi frente y mis cabellos; tendido boca arriba y desde atrás, Alberto se aferraba amorosamente a mis caderas y a mis senos, pellizcándome los pezones, besándome los hombros y el cuello transpirados. Yo a la vez me acariciaba oprimiendo en círculos y con suavidad sus huevos contra mi clítoris eréctil, entregando a la luz todo mi cuerpo.

Esa tarde me vine varias veces mientras él se esforzaba en contener su propio orgasmo, y en esa posición acuclillada saqué su verga de su cálido recinto para franquearle la entrada en mi culo aceitado. Abierto, el cielo se incendiaba de violetas y naranjas y nosotros sumábamos nuestros gritos y gemidos al ronco vaivén de la marea. Además de nuestra amiga Amarilis, solamente yo era capaz de engullir enteramente su enorme largura y grosor entre las nalgas, y de disfrutar de sus briosas y dulces embestidas como loca.

Suavemente comencé a humedecerme bajo el reflujo de aquella evocación y extendí las piernas para sentir cómo se hinchaban poco a poco mi clítoris y mis labios. Me saqué discretamente la tanga sin levantarme y sin moverme apenas de mi asiento, y aferrada al pene de Alberto me sumergí en las imágenes de aquella tarde, concentrándome en las sensaciones voluptuosas que inundaban mi cuerpo. Recordé también que al regresar de la playa ese mismo día salimos a bailar a una ruidosa discoteca, y que luego fuimos al hotel para hacer el amor en compañía de Amarilis y de José, su esposo. Ella quería ser penetrada por primera vez por cada orificio de forma simultánea, y después de acariciarnos y besarnos rodando las dos en un larguísimo 69, se montó de un solo golpe y hasta la empuñadura sobre la verga magnífica de Alberto.

José se hincó tras ella luego de lubricar su ano y empujó cuidadosamente su verga que yo me había encargado de ensalivar profusamente. Debido a las sinuosas contorsiones de mi amiga y por error de milímetros, la verga resbaló al interior de la ensortijada y pelirroja vagina de Amarilis que ya estaba ocupada por el miembro de mi marido. Fue así como nuestros dos hombres llegaron al fondo de su vulva mientras ella gemía de delectación y de dolor. Yo lengüeteaba y succionaba el par de huevos que entrechocaban en los umbrales de su ensanchada abertura, contemplando las dos vergas apretadas una contra otra, entrando y saliendo, deslizándose rítmicamente en el interior de su vellosa carnosidad dispuesta al placer, hasta que Juan retomó su camino y la enculó paciente pero salvajemente hasta los pelos. A horcajadas, me senté sobre la cara de mi marido para que éste me devorara al tiempo que Amarilis mordisqueaba jadeante y sudorosa mis senos, mis orejas y mi cuello. Luego las dos cambiamos de sitio sin dejar de besarnos.

El avión avanzaba en medio de la negrura que es la nada, y las frescas imágenes de pasión que se agolpaban y sucedían en mi memoria me hacían sonreír gozosa y me provocaban escalofríos anhelantes. Me estreché más al cuerpo de mi esposo. Aquellos vívidos recuerdos del fin de semana en Playa del Carmen me calentaban tanto como los momentos de deleite que los crearon y que compartía con Alberto.

De pronto, entre la ensoñación y la vigilia sentí un roce tibio sobre mi Monte de Venus. Era la mano de mi vecino oriental y no la mía, la que se había posado sobre mi entrepierna. Mi primer impulso fue el de apretar los muslos ante la turbadora intrusión del extraño, arrojar su mano lejos de mi, incorporarme y reclamarle escandalizada por ese absurdo atrevimiento. Pero alguna incomprensible razón me impidió hacerlo. Pensé que tal vez había advertido que me había quitado la tanga, y que aquello lo había interpretado como una invitación a acariciarme. Con cierto temor, tal vez avergonzada y ciertamente curiosa y excitada, cerré los ojos y dejé que me tocara aquel desconocido a quien no habría de volver a ver después de esa noche.

Permití que su palma reposara su dulce peso y calor sobre mi pelvis, y que minutos más tarde desabrochara cada botón de mi vestido camisero hasta dejarme semi desnuda bajo la frazada.

Sin estorbos, su mano se dio a la tarea de deslizarse, lenta y sabiamente, de arriba a abajo, reconociendo la geografía de mi piel desde la doble protuberancia de mis senos hasta mis ingles, desde el anillo de plata de mi ombligo hasta mis muslos. Al cabo de un largo rato, la mano del intruso se posó semejante a un pájaro de fuego en mi vagina ya empapada.

Yo estaba petrificada por la excitación y por el miedo. Jamás una persona extraña me había tocado sin que yo lo desease y consintiera, y sin que Alberto también estuviera de acuerdo. Además de vez en cuando algún pasajero transitaba por los pasillos hacia los baños, aunque nadie, y en esas condiciones mi esposo mucho menos, podía advertir que bajo mi frazada descansara entremetida la mano tan cálida de mi compañero de la izquierda. Volví el rostro y lo miré de reojo: cubierto también con la manta hasta el cuello, el hombre permanecía con los ojos cerrados detrás de sus anteojos redondos, con la cabeza hacia el frente, inmóvil como estatua de un emperador de un reino magnífico. Sus dedos, ajenos tal vez a su voluntad y a la mía, palpaban con cuidado aunque seguros, un territorio propio, antiguamente y de sobra conocido.

Sus dedos eran largos y llenos de misterio. Con las uñas rozaba apenas mi clítoris, sumergía una yema en la humedad apretada de mi sexo y retornaba al exterior para rascar ligeramente la orilla de mis labios, lubricándome con el jugo que manaba en abundancia. Recibí la sabiduría ancestral de aquellas caricias que desde algún país desconocido y remoto en el tiempo y el espacio iban encendiendo la claridad de mi deseo.

Más relajada y dispuesta a regalarme a mi misma esa experiencia volví a reclinar mi cabeza sobre el pecho de mi marido. La tersa y hábil mano se detenía cuando percibía un mínimo movimiento de mis caderas que instintivamente empezaban a menearse y entendí el mensaje.

Bajo la manta de lana, él haría suave y cadencioso aquel masaje, imperceptible para todos los pasajeros que dormían, incluyendo a Alberto, y yo no debía moverme, tan sólo concentrarme en su disfrute pleno. Así es que contuve cualquier empuje pélvico y solamente abrí un poco más las piernas para dejar pasivamente que sus dedos continuaran crepitando en su deliciosa travesía. Flexioné una rodilla para sentarme encima de mi pie, y por mi tobillo empezaron a descender los primeros hilos de mi lubricación.

Con lentos movimientos los dedos abrían y cerraban mi sexo, entraban un poco y salían para patinar unos segundos sobre el clítoris; luego presionaba su palma entera contra mi pubis mientras uno de sus dedos exploraba dulcemente mi ano que había dilatado su estrechez, y volvía a extraerlo para dar masaje a la entrada de mi vulva. Penetraba y oprimía lo necesario para hacerme ansiar más profundamente la duplicada intrusión de sus caricias, repitiendo sin pausa ni prisa los mismos pasos una y otra vez, exasperándome casi, palpando en zigzag de abajo a arriba con delicadeza y con pleno conocimiento de los puntos donde el placer se incrementaba hasta hacerse realmente insoportable.

Aquella mano tenía la masculina rugosidad del terciopelo. Me acariciaba como si mi vulva fuera un dócil animal ajeno al resto de mi cuerpo, un gato montés domesticado, un conejo urgido de su fuerza y su fineza. Nadie, a excepción de Blanca o Amarilis quizá, que sabían sostenerme con la punta de su lengua en la cúspide de la excitación sin dejarme precipitar en la vorágine del goce, me había tocado con tal refinamiento, aunque aquel no era el momento de establecer comparaciones.

Como si doblaran secretos origamis, los dedos descendían desde el clítoris hasta el derredor del ano, entraban una y otra vez de forma breve, para aquietarse sin hacerme traspasar los linderos del orgasmo.

Luego de mucho tiempo, el hombre retiró la mano y lo vi inclinarse para sacar de su maletín colocado bajo el asiento delante del suyo una lata redonda y plana, cuyo destello añil metálico creí reconocer entre las sombras. La abrió y metió en ella sus dedos y la volvió a cerrar. Debajo de la frazada su mano regresó al selvático rumor de mi entrepierna. El ungüento con el que él había lubricado sus dedos me produjo inmediatamente un intenso calor que trepó hasta mis mejillas y me hizo percibir con nitidez las aceleradas palpitaciones de mi sexo. Aquella era una pócima extraordinaria cuya atávica composición incrementaba el fuego de un untuoso placer que me encendía, haciendo resbalar una vez más sus dedos por encima y a través de los suaves caminos por donde sus yemas se habían abierto paso con facilidad, arrastrándose sin premura y alternativamente.

Me mordí los labios y contuve la respiración para no gemir, y apreté la verga de Alberto cuando me sobrevino el primero de los orgasmos que la experimentada mano de mi compañero de viaje me obsequiaba. El goce de sus caricias era multiplicado por la intensa calidez de aquella fórmula cremosa que a partir de la raíz profunda y oculta entre mis nalgas se iba ramificando, para crecer por todos los poros de mi cuerpo y enardecer a su máxima pureza mis sentidos en flor. Mi sexo hinchado estaba extremadamente sensible a la sofisticación de su tacto y él lo supo de inmediato. Dejó nuevamente quieta su mano sobre mi pubis, con un dedo inserto en los latidos de mi vagina y otro dentro del relajado anillo del culo, como si sus falanges fuesen dos anzuelos que saborearan mis involuntarias contracciones, prolongando en mi agonía la sensación de su abrasadora destreza manual.

En silencio, con los músculos tensos, me comencé a correr nuevamente, empapada en sudor de la frente a los tobillos. Sentía estar ya fuera de mi, presa de mi deseo y a merced de la sapiencia de aquella mano que, aunque estuviese inmóvil, hacía que mi piel se erizara de pies a cabeza. El hombre interrumpió su dulce recorrido en el momento en que mis caderas empezaron a empujar ansiando más, pidiendo que los dedos engarzados en mi cuerpo entraran más a fondo y sin contemplaciones.

La verga de Alberto se había endurecido por los apretones que yo había estado dándole cada vez que sentía sobrevenir un nuevo destello del éxtasis y había crecido hasta volverse tensa, lista para mis labios que buscaron con ansia su cabeza, y la introduje en mi boca.

Empecé a succionarla al tiempo que la mano del extraño se movía de nuevo y hechizándome me llevaba a la cima de otro orgasmo. Mi esposo seguía sumido en el sueño más hondo sin percatarse del estado al que me había conducido la maestría de mi diestro compañero de viaje, ni de que mi mano y mi lengua envolvían las oscuras palpitaciones de su miembro, paladeando su enhiesta textura, mamando su progresivo grosor y gusto a dátil.

Fue entonces cuando sentí la mirada de la vecina de asiento de Alberto, y levanté ligeramente la cabeza para buscar su mirada. Sus ojos agrandados tenían una mezcla de delirio y estupefacción por la escena que observaban, pero sus labios esbozaban una leve y cómplice sonrisa. Sabiéndome mirada sin cortapisas en mi deliciosa tarea y sin importarme ya que se hubiese deslizado de su sitio la manta de mi marido, regresé golosa sobre el miembro de Alberto. Al comenzar a lamerlo otra vez, aún viniéndome, advertí que bajo el cobertor de Fabiola se movían sus manos nerviosas.

Sin dejar de chupar y envuelta en el oleaje del prolongado orgasmo, estiré mi brazo bajo la manta de la española donde encontré su propia mano. Ella se acariciaba con rapidez mirando el espectáculo de la verga de mi marido entre mis labios. Sin decirle nada, aparté suavemente su mano de su sitio, y puse la mía encima de la sedosidad depilada de su pubis. No tenía ropa interior y mis dedos hallaron de inmediato su clítoris tan erecto como el mío. Metí un dedo en aquella cueva mojada y empecé a masturbarla con la misma ternura que el oriental me acariciaba desde hacía no sé cuántas horas.

Los dedos de Fabiola se disolvieron entre los cabellos revueltos de mi nuca, empujándome hacia abajo para que mi garganta se llenara de la verga de Alberto hasta los huevos resbaladizos, e imprimió un ritmo cadencioso a mi mamada. Me quité un instante para lamer la base del miembro de mi marido, y ella se inclinó para absorber la hinchadísima cabeza que mi otra mano le brindaba.

Alberto continuaba dormido, respirando pesadamente. Introduje otro de mis dedos entre los blandos pliegues de la chica, y di un suculento masaje a su clítoris inflamado. A lo largo de media hora que me pareció eterna, mi boca se unió a la suya, besándonos en torno a la punta de la verga de mi marido, hasta que eyaculó un primer chorro espeso que recogimos las dos con las ávidas lenguas, absorbiendo después los que vinieron y el sabroso miembro volvió, seco por nuestras bocas, a su estado normal sin achicarse.

Ella se echó para atrás contra el respaldo de su asiento y separando aún más las piernas apretó mi mano con las suyas cuando sintió llegar un orgasmo explosivo, al tiempo de que los cálidos dedos del extraño me conducían en vilo hacia la cumbre de otro orgasmo, éste más suave que los anteriores pero también más alto y ensanchado.

Después que el oriental retiró su mano yo dejé chapotear mis dedos en la caliente lubricación que derramaba el sexo mullido de Fabiola, hasta que encendieron la luces de la cabina y entonces tuve que incorporarme con prontitud para cubrir a Alberto y recobrar la compostura antes que las azafatas empezaran a desfilar por los pasillos llevando y trayendo bandejas con agua, café y jugos de fruta.

Desde el hombro de mi marido le sonreí a Fabiola y ella se acercó para besar mis mejillas brevemente y decirme al oído, suspirando: –Eres maravillosa y quiero follar contigo en cuanto nos instalemos en el hotel. Voy a hacer que me alojen en un cuarto junto al vuestro– añadió sonriendo en medio del resuello. Su cabello olía a hierbas silvestres y su aliento conservaba el inconfundible sabor de Alberto. La maravillosa eres tú– le regresé el piropo y fui sincera al decírselo. Yo no me atrevía a volver el rostro hacia el vecino de asiento que me había proporcionado aquellas horas majestuosas en la privilegiada sombra del vuelo. Mi marido despertó minutos después del aterrizaje.

Alberto esperaba impaciente a que salieran nuestras maletas en la banda transportadora cuando vi a lo lejos a mi compañero de viaje frente a la ventanilla del cambio de divisas. Aproveché para acercármele por la espalda al momento que el cajero le daba monedas y billetes. Quería expresarle mi gratitud por aquellas intensas e infinitas horas de placer que me había prodigado entre la oscuridad nocturna. El también me miró, hermético y contenido, sin traslucir emoción de ningún tipo.

Thanke you –le dije con la más amplia de mis sonrisas, satisfecha.

De nada, señora –me respondió inmutable en perfecto español y con marcado acento norteño–, el placer ha sido mío. Aquel hombre de pulcro asppecto oriental a quien debía tantos y tan magníficos orgasmos era tan mexicano como yo. Xicoténcatl Terreros Pérezluna, traductor del árabe y el hebreo, catedrático de griego y latín en una universidad chihahuense, rezaba la tarjeta de presentación que me dio junto con la pequeña lata envuelta en mi tanga todavía húmeda. De inmediato las guardé en mi bolso de mano.

Consérvela en memoria de este viaje –me dijo– a usted yo la recordaré de hoy en adelante para siempre. Sorprendida y sin responderle o darle las gracias en nuesstro idioma común, regresé rápidamente con Alberto que ya había recuperado el equipaje y el sentido del humor, y salimos del aeropuerto.

En el taxi camino al hotel, me sobrevino otro orgasmo, sin aviso previo, sin estímulo de ninguna especie. El ungüento seguía haciendo su efecto y abrí la ventana con el propósito meter el rostro entre las húmedas ráfagas del día, al tiempo que hacía esfuerzos para que no se notaran mis jadeos. Aspiré a bocanadas el viento del verano austral.

Luego de haberme bañado en el jacuzzi con abundante espuma y de recobrar nuevamente la frescura, y mientras Alberto entraba a tomar una ducha que le devolviera la plenitud de su conciencia, salí al balcón del cuarto del hotel para que el aire secara mi piel y llenara de yodo mis pulmones. Aún me palpitaban, abultados, los labios inferiores.

Ahí, frente al mar y a cielo abierto abrí el bolso y saqué la lata azul metálico de su envoltorio de satín y encaje. Para mi asombro, la pequeña lata era similar a la que yo llevaba en mi equipaje, dentro del maletín donde guardaba los bronceadores, el perfume, las cremas y un par de vibradores. Era la misma crema humectante que utilizo desde la adolescencia para quitarme el maquillaje que ocasionalmente aplico sobre mis pestañas y párpados. No tenía nada de mágica o de ancestral como supuse, o como mi imaginación desbordada me hizo creer, cuando la mano de mi hábil y sigiloso vecino de asiento me la aplicó para incendiarme larga y sostenidamente hasta el arrebato de mis sentidos.

No sabía si reír de mi fantástica ingenuidad o realmente tomar conciencia de que aquellos placeres sensacionales se debían a una simple y sencilla crema limpiadora del cutis, y que la mano prodigiosa que me había transportado en un tumultuoso viaje hacia mis laberintos interiores era realmente poseedora de una sapiencia milenaria, una sabiduría acumulada por los siglos en los que los seres humanos hemos sido capaces de reconocernos en el deseo del otro y en la entrega sin ambages o acondicionamientos. Desnuda en la terraza de un hotel desconocido, de cara un océano luminoso que me abría sus íntimos secretos y me envolvía de brisa y alegría, solté una incontenible risotada. Me sentí feliz por aquel instante, más mágico aún que los que se desgranaron durante el viaje.

Desde el balcón adosado al de nuestra habitación escuché una voz agradable y cristalina–: Hola, ¿de qué ríes, qué te ha hecho tanta gracia? Quien me hacía la pregunta era Fabiola, la hermosa española, desnuda de la cintura para arriba, vestida únicamente con un pareo transparente anudado en la cadera y mostrando sus pechos espléndidos, coronados por dos grandes y sonrosados óvalos, al sol del mediodía. Tras ella, abrazándola cariñosa por los hombros, su pareja también desnuda y mojada como yo, me sonreía intrigada. Seguramente Fabiola ya le habría contado acerca de la manera en que ella y yo nos habíamos conocido durante el vuelo. Se llamaba Rubí y el cabello dorado le caía hasta la cintura sensual de su cuerpo brasileño. Ella oprimía sus senos tiernamente a la espalda brillante y aceitada de mi nueva amiga.

Me río de la vida y con la vida, por el placer de saberme llena de sorpresas y de energía –respondí acercándome a ellas para abrazarlas y besarlas por encima de la barandilla de poca altura que nos separaba–, y less di la lata que contenía la crema milagrosa. Tendríamos diez días para compartir aquel regalo que de mi mano, o de la mano feliz del azar o la fortuna, nos llegó del cielo.

Al unir la humedad de nuestras lenguas, súbitamente sentí ascender, vigoroso y expansivo, el suntuoso temblor de un nuevo orgasmo

 

Por: Rowena Citali

Me hice cargo de mi sobrina

El título ya adelanta los acontecimientos, sin embargo quiero relatarles esta experiencia, que dejó en mi vida una huella imborrable.

Por mi actividad profesional llegué a la ciudad donde vivo, después de dos días de un curso de capacitación. Pasé por la casa de mi hermana a saludarla y me encuentro con la visita que ella tenía: una sobrina que no veíamos hace mucho. Es curioso como, desde el primer saludo y una mirada profunda entre ambos, esta sobrina que llamaré Jessi, conmovió mi adultez. Solamente fue un saludo y salió a pasear. Al otro día partía y le ofrecí mi coche para acercarla hasta la Terminal. Ella accedió y en la despedida me dejó su e-mail. Mensaje va, mensaje viene durante tres meses, hasta que finalmente nos encontramos en su ciudad, durante mis vacaciones. Era una noche calurosa, propia de esa tierra norteña. Ese primer momento de encuentro ya es imborrable para mí. Como dos viejos conocidos y nuevos enamorados nos abrazamos y nos besamos. Vestía un pantalón crema, una remerita con breteles, muy ajustada a su cuerpo de niña. Sus 18 años se veían espléndidos en esas ropas sencillas. Las sandalias que hacían juego con su encanto, coqueteaban en la alfombra de mi auto. Mis ojos prestaban atención a los semáforos y  a la figura que llevaba a cuestas mi Polo azul neptuno polarizado. Después de cenar, charlamos largo rato caminando por el Parque y a la una de la mañana, me pareció apropiado dejarla en su casa. Partimos hacia allá, pero nos quedamos cerca antes de despedirnos. En un primer momento fue un abrazo fugaz que transmutaron en besos desesperados, intensos, soberanos, Abrí su boca inmadura con la lengua y su corazón palpitaba fuerte, la fragilidad de su esencia estaba acumulada detrás de sus orejas perfumadas. Ahí estaba yo, hambriento, enamorado, corriendo su bretel y besando sus pequeños senos. Ella suspiraba y volteaba su cabeza hacia atrás. ¿Señal de entrega?, ¿vergüenza por nuestra filialidad?. La Bersuit sonaba tenue en el stereo, cuando empecé a palpar su cuerpo tierno por encima del pantalón, primero su rodilla y sus muslos, el calorcito de su entrepierna regocijaba a la Diosa Venus. Para esto mi bulto se oprimía y reprimía desesperado. Nos acomodamos un poco y mis manos ya jugaban con su cadera desnuda. Timidamente le había bajado sus pantalones. Le corrí hasta los tobillos y se los saqué “para que no arruguen”, Jessi temblaba y yo todavía entre la euforia y el raciocinio, la recosté en el asiento trasero del coche y por encima de su tanga probé acercarme a su intimidad. Un relámpago de lujuria dejó su última prenda sobre el volante. Mi adúltera lengua recorría ese inmaculado aposento de placeres. El sabor de sus jugos, el perfume de su nidito, sus gemidos, su llanto involuntario y sus apretadas manitos en mis cabellos, me anunciaban que Jessi andaba por el Everets pisoteando escaladores, atravesando suelo selenita, navegando por los cursos de los astros y explotando en universos desconocidos… Ahora, sentada con las rodillas sostenidas por sus manos, me miraba silenciosa con sus ojos rojos de sal.

 –Quiero ser tuya, hoy y siempre– Melodías de fuego deshacían mi razón. Sirenas cantarinas revolucionaban mi ser. Palomas blancas orbitaban en el entorno. -Vas a ser mía, hoy y siempre-. ¿Vencido o vencida?. La acosté tiernamente, nos besábamos con furia, Jessi me mordía los labios y me dolía. Su mirada denotaba una entrega total, doblé sus rodillas hasta casi tocar sus propios hombros, acerqué mi pene a su vagina húmeda y la sentí palpitar cual dedos sienten el pulso temporal. Ahí, mi glande hizo la primera obra: ¡explorar!, ¡gratificarse de la estrechez! y ¡frenarse ante la membrana impoluta!.  Ante el avance, ella lloró, bajó un poco las piernas y me estrechó con ellas y me apretó con sus delicados brazos. Ya estaba hecho. Me quedé quieto y ella se movía sorprendentemente, cual mujer experimentada,   yo sentía todo fuego y líquido entre las piernas. Me soltó y sus manos fueron a aferrase al tapizado del coche, se arqueaba convulsionadamente, gemía y lloraba. Una y otra vez, yo entraba y salía, con la sola fantasía de sentir su estrecho camino. Su cuerpecito quedó inerte, parecía desmayada.   Y yo no podía seguir así, aunque me moría por dejarla con el recuerdo de mis jugos. Me recosté a su lado, ella, pálida recobró sus sentidos. –No terminé– atiné a decir vergonzosamente, me había preocupado que tuviera una buena iniciación, talvez Jess lo entendiera. No sé.  Sus manos tocaron timidamente mi erecto miembro, lo aprisionó, lo miró, lo sintió suyo. –Soy tuya-. Mi mano recorrió su espalda hasta la nuca para empujarla hacia lo nuevo, ella sonrió y abrió la boca con torpeza. La movía como una vagina. En pocos segundos, se acomodó a la situación: con la mano despejó el pene, que miró asombrada por unos instantes, su lengua recorría todo el contorno, sus labios apretaban el glande, empezó a succionar y cada segundo de su esmero era una eternidad para mí. Con mi mano derecha alcancé su ano y mis dedos jugueteaban en círculo con el. Ella desconocía los momentos de los hombres y la sorprendí llenándole la boca de miel. Curiosa, miraba cómo salpicaban mis últimas gotas y con su dedito índice las sacaba y se maquillaba los ojos, los labios, los senos y el cuello. –Soy tuya, hoy y siempre-. Miraba con ojos de mujer plena.

Como una señal de nuestra existencia terrenal, la sirena de un patrullero pasaba a dos cuadras. Eran las cuatro de la mañana.

 NazaSantacruz

Estela su madre y yo

La convivencia entre los tres no sufrió alteraciones. Estela y yo nos amábamos y nuestros encuentros sexuales eran volcánicos. Cada día eran más sentidos y gozábamos de todas las maneras posibles explorando la sensualidad de un hombre y una mujer entregados al amor y al placer. Más de una tarde, en ausencia de Estela tuve relaciones con su madre Elsa, que en el momento de máxima lujuria me prometía que se aproximaba el día en que con su hija me iban a dar placer las dos juntas.

Una noche Estela entre besos y abrazos me preguntó si había hecho el amor con su madre. Quedé en silencio, y ella sin esperar la respuesta continuó “Mamá me contó que la habías hecho feliz el día en que se quedaron solos”. La besé y cuando iba a disculparme se adelantó. “Le debo y la quiero tanto, que lo único que me importa es verla feliz”.

ç Dudé pero me atreví sospechando que Elsa le había contado todo. “¿Puedo compartirlas mi amor?”, le pregunté. “yo te amo y haría cualquier cosa por complacerte y verte contenta”, y agregué. “Tu madre es una diosa y vos tan adorable y generosa como ella”.

“Mamá espera que la comprendamos y desea ser nuestra sumisa y darnos su amor y explorar los placeres del sexo que solo entre los tres podemos disfrutar”. “No necesitamos recurrir a otros para hacer realidad la fantasía de muchos hombres y mujeres”., reflexionó Estela

“Por supuesto y me pondré muy feliz si compartimos el sexo”, “Tu madre estuvo tanto tiempo sin gozar hasta esa noche en que no me pude negar a su provocación y sus encantos”.

En ese momento apareció en la puerta de la habitación Elsa. Casi desnuda, solo cubierta con un corpiño y portaligas rojos que sujetaban sus medias negras. Los zapatos de tacos altos realzaban su figura. Estaba impactante. Había esperado el momento en que su hija me revelara el conocimiento de la verdad y obtuviera el consentimiento de mi parte para hacer realidad lo prometido. Se acercó y nos pidió que continuásemos que ella solo quería mirar y disfrutar de ese momento mágico que desde hacía tiempo envidiaba.

Me incorporé y tomé a Estela de la mano quien besó a su madre. Luego yo la abracé y la besé en la boca sellando nuestro pacto.

“Sigan chicos y disfrutemos juntos” nos pidió.

Sentado de espaldas al respaldo del sillón de pana roja, Estela se subió a horcajadas sobre mi miembro duro y palpitante, mientras Elsa le abría los glúteos con sus manos para ampliar el orificio. Entre con mi verga hasta el fondo de su concha que encharcada por los jugos que fluían de la vagina, generaban un chapoteo ruidoso que hacían las delicias de su madre que miraba todo sin perderse detalle. La cogida era brutal y los gemidos de Estela pidiéndome más me excitaban. Tenía esa manera sensual de decir las cosas que pasaban de la delicadeza hasta la grosería.

“Papi dame tu amor y esa pija enorme que me hace tan feliz”. “Siento que me llega hasta el fondo pero quiero más”. “Asssiii, mi vida, soy tuya, aaaahhhh”.

Mi suegra, tomaba fotos registrando el momento sublime, mientras se masturbaba con su mano libre. Luego colocó la maquina para sacarnos a los tres juntos, se aproximó y beso con ternura el orificio anal, los labios de la concha y mi pija lo que quedó reflejado en una primera foto.

Yo seguía, cogiendo y gozando de las caricias que madre e hija me prodigaban. Sabían como hacer para que mi miembro se mantuviese firme. Pasaba de la concha de mi mujer a la de su madre, hasta que la muy zorra nos pidió que la preparásemos para que yo la enculara.

Me senté con mi verga endurecida por la inminente penetración y Estela que había lubricado el ano de Elsa con los flujos que escurrían de su concha, acomodó a su madre abierta de piernas y dirigió mi verga hacia el orificio pidiéndole que se relajase.

“Hija ya estoy lista”, musitó Elsa.

“Mamá déjate caer sentada de a poco pues puede dolerte cuando atraviese el esfínter”. “No hija nunca lo hice, es la primera vez que lo haré por el ano, pero como los escuché gozar cuando lo hacían, quiero sentir lo mismo”, “Estoy dispuesta a experimentar el dolor y el placer”. Me animó Elsa.

“Aaaayyy, por favor despacio que me duele, aaayyy”, “Que cabeza gordota para mi culo virgen, por Dios, aaayyy”,

Sentí como mi verga se enterraba en sus entrañas hasta los testículos. Gritó de dolor y se levantó, pero inmediatamente se dejo caer e inició una cabalgata furiosa.

Mi pija entraba y salía al compás de sus movimientos. Desde atrás yo le acariciaba las tetas y Estela le besaba y estimulaba el clítoris.

“Así sigan por favor así, por Dios me corro aaahhh, aaahhh, aaahhh, quiero toda la leche aaahhh, aaahhh, me rompieron el culo”, “Que rico por Dios”. “Estoy gozando”. “Que maravillosa experiencia y que orgasmo me produjo”. Concluyó Elsa.

Terminamos exhaustos y sudorosos, y luego de prometernos repetir otras noches de amor, placer y lujuria nos bañamos juntos iniciando una vida en común que aún hoy disfrutamos.

Munjol hjlmmo@ubbi.com

Voy a visitar a mi hija a la universidad. 3ª parte

Ya os he contado que mi ex me había pedido volver con ella. Pero también le prometí a mi hija que la compensaría. Por supuesto que iba a hacerlo, aunque tengo que reconocer que el sexo con mi ex había sido excitante, tan bueno como cuando estábamos casados. Ahora lo mas importante era centrarme y pensar en si iba a volver con mi ex o no, y por supuesto seguir follando con mi hija.

Lo primero era cortar con Lorena. Con ella no teníamos mas que un polvo casual a la semana. Algunos pensareis que soy un pervertido incestuoso por tirarme a mi hija y que tendría que hacerlo solo con Lorena. Pero no me importa lo que penséis. Quiero a mi hija y el sexo con ella me hace rejuvenecer. Y si vuelvo con mi ex, todo quedará en familia, ¿no?

Ese día al llegar a casa, lo primero que hice fue llamar a la puerta de Lorena. Me abrió enseguida.

-Hola, pasa.

Entré y se lo dije directamente.

-Mira Lorena, mi ex me ha pedido volver y voy a serte sincero. No se si voy a volver, pero tenemos que dejar de vernos. Ese “vernos” iba entrecomillado, claro, porque nos acostábamos mas que vernos.

-¿De verdad? ¿Ya no te gusto?

-Claro que si. Eres muy guapa y buena gente, pero, lo nuestro no lleva a ninguna parte. Tenemos que dejarlo. Es solo sexo.

Lorena se quedó callada un rato. Luego se levantó y de malos modos me llevo a la puerta y, sin despedirse, me echó fuera.

Sin embargo, me pareció oír unos lloros cuando me fui.

Tenía pensado algo para esa noche con mi hija. Durante una de sus clases nos estuvimos whatsappeando y la fui calentando, pero no le dije que había preparado.

A eso de las 22:30 salí de casa rumbo a la universidad. Había encontrado una zona con arboles, lo suficientemente cerca, pero también oculta para que nadie pudiera ver mis incursiones, que fue justo donde mi hija y yo nos habíamos despedido, después de volver del hotel.

Salí del coche. Llevaba puesta una sudadera con capucha, como los asesinos de las películas. Me reía al ver la pinta que llevaba y que pensarían si alguien me veía.

Llegué pronto al campus. La habitación de mi hija daba a la parte de atrás. Miré hacia arriba y la reconocí por la cortina rosa tan hortera que seguro colocó su compañera de cuarto.

Me agaché a coger una piedrecita y la lancé a la ventana.

El primer intento no funcionó. Tiré una segunda y una tercera, y esta vez se abrió la ventana.

Mi hija se asomó y al principio no me reconoció.

– Soy yo, le dije en voz baja.

-¿Papá?

No creía que fuera yo.

-Voy a subir.

-¡Estas loco! me dijo, pero sonreía.

Había una escalera de incendios justo al lado de la fila de ventanas y aproveché para subir por ella, hasta su ventana.

Me fijé al entrar, que su compañera estaba durmiendo en la cama de al lado. Nada mas entrar, me acerqué a mi hija y nos besamos. Nos quitamos la ropa entre besos y sobeteos y la llevé a la cama.

Me puse encima de ella. Quería hacerlo así sin mas, pero mi hija me hizo taparnos con una sabana por si su compañera se despertaba y nos pillaba. Ella sabía que yo era su padre y menudo chasco que nos pillara.

-Papá, me dijo, llegas justo a tiempo. Nuria acaba de dormirse.

-Pues mejor. Yo estaba empalmado y mi hija húmeda. Entró sin problema.

Comencé con el bombeo, primero lento, saboreándola como siempre. Y luego acelerando más.

La sabana se movía con nuestro bamboleo. Mi hija cruzó sus piernas alrededor mío y me apretó para que le penetrara mas adentro, como aquella vez en la ducha.

-Ah, ah, ah, ah, papá, que gusto, que gusto.

-Si, mi niña, si, si, si.

-Tenemos que hacerlo mas…a…a menudo…no podía casi hablar. Una vez a la semana es mucho tiem…po…ooooo.

-Si, mi niña, ya lo hablamos, aaaah, me corro.

-No papi, aguanta, aguanta un poco mas.

No podía mas y me derramé de nuevo en mi niña. Ella no se había corrido todavía.

Oí como la cama de su compañera se movía. La chica se levantó.

-¿Qué haces Sara? ¿Te has traído un tío? Como se enteren verás…

Sara no dijo nada y mientras estaba en el baño, yo seguí follándomela hasta que se corrió.

 

Tardó rato en salir y yo aproveché para vestirme rápido y, tras darle un beso a mi niña, me fui por la ventana, como un ladrón en la noche, poniéndome la capucha.

Llegué a paso rápido al coche, no pasaba nadie por allí, y me fui a mi apartamento.

Al llegar a casa me acosté pronto. Estaba cansado, pero feliz.

Al día siguiente, llamé a mi mujer y le dije que lo había pensado y que volvía con ella. Se puso muy contenta.

Me mudé en un par de días. Ni siquiera me despedí de Lorena.

Desayuné con mi mujer ese día cuando ya estaba instalado.

-Me alegro de que volvieras, no debimos separarnos.

-Supongo que el sexo conmigo fue lo bastante bueno como para convencerte.

-Pues tal vez, jeje. Por cierto, ¿cuanto te queda de excedencia?

-Un mes.

-Entonces tenemos tiempo de sobra. Aprovechémoslo.

-No. He pensado que por el momento no quiero tener sexo contigo. Mas adelante.

-Como quieras. Pero entonces tendrás que dormir en el sofá.

-Estoy de acuerdo.

Pasó pronto la semana y como cada jueves, me fui a la universidad a visitar a mi hija. Ese día me había contado que jugaban a esa hora en el estadio, un partido de rugby, donde ella era animadora.

Al llegar, me senté en la grada, bastante alto. Sara estaba vestida de animadora y estaba preciosa. Me sonrió al verme.

 

Empezó el partido. Mas tarde, con una jugada de punto, las animadoras se pusieron a bailar y subieron a mi hija en brazos, que quedó tumbada abierta de piernas y pude ver sus bragas rosas.

Yo estaba excitado, deseando que llegara el descanso, ya que habíamos acordado que en el descanso nos veríamos.

Sonó la sirena y llegó el descanso. Bajé de la grada y me metí debajo.

Mi hija dejó los pompones y supuse que me seguía.

Llegamos al fondo de la grada. Nos besamos, subí su falda de animadora y sus bragas y le comí el chocho.

Yo me bajé los pantalones y los calzoncillos y por primera vez mi hija se agachó y me chupó la polla.

Al principio no lo hacía demasiado bien, era su primera vez, y la fui indicando como hacerlo.

Al poco me daba mucho gusto. Se había convertido en casi una experta.

-Humm, mi niña que gusto. Sigue, así, así, ¡siiii, mi niña!

-Correte papi.

-No tesoro, me correré dentro de ti.

La cogí a pulso y la apoyé contra el fondo de la pared y la penetré. Después de darle fuerte un rato, la saqué y acaricié sus labios y su clítoris con mi glande. Ella se volvía loca.

En eso estábamos, cuando note una luz detrás de mi. Otra mas. Era un fogonazo, un flash. Alguien nos había descubierto y nos había hecho al menos dos fotos.

Me salí de mi hija y sin volverme, ella me señaló con el dedo detrás mío.

-¡Maldita zorra! ¿Qué has hecho?

-Tienes un amante y te he pillado, dijo una voz a detrás nuestro.

Oí como esa chica, que debía ser muy joven por la voz, salió corriendo.

-Es Sonia, una maldita cría de 17 años (cambiar edad), me contó Sara, que es superdotada y entró antes de tiempo en la universidad.

-¿Me ha visto?

-No, papá. Estaba demasiado oscuro y aunque haya disparado el flash, no te has dado la vuelta, con lo que no ha podido verte.

Salimos de las gradas un poco azorados. Mi hija primero y mas tarde yo. Volví a sentarme y a ver el partido. Sara me hizo un gesto con el móvil en alto. Acabó subiendo al ver que yo no bajaba y me lo enseñó.

Tengo unas fotos de ti y tu amante. Decía el mensaje. Me ha gustado mucho su culo. Quiero verle en mi habitación en menos de una hora o envío las fotos a todo el campus.

-Maldita hija de…

-Tranquila Sara.

-Quiere que vayas y no sé que mas tiene pensado.

-No enviará las fotos. No se atreverá.

-Tu no la conoces, papá. Es capaz de todo.

-Soy adulto, tengo 45 años, ¿que puede hacer esa niña contra mi? Tranquila, iré. No pasará nada.

-No debes ir papi. Seguro que quiere… y no dijo nada mas. Sabía a que se refería.

 

Sara respondió que aceptaba ir, sin decir que era su padre, claro. Al poco recibió un mensaje con el numero de su cuarto. Era el 346.

Subí hasta la 3ª planta y no encontré a nadie por los pasillos. Los que no estaban en el partido estaban echándose la siesta. Quedaba casi media hora para que cumpliera el plazo.

Toqué la puerta de la 346 en cuanto llegué. Solo se abrió una rendija. Una voz me dijo:

-¿Eres tu?

-Si.

-Pasa y no hagas ruido.

La tal Sonia parecía mas mayor de 17 años. Tenia un buen de par de pechos, casi como mi mujer y caderas anchas, pero no demasiado.

Alzó el móvil para que viera otra vez las fotos que tenía.

-Así que tu eres el amante de Sara. Me dijo. ¿Cuantos años tendrás? ¿44, 45?

-45, contesté.

-Le gustan maduritos. ¿Y te llamas?

-¿Porque tendría que darte mi nombre?

-Ya sabes, dijo y volvió a levantar el móvil.

-Gerardo, le dije.

-Bájate los pantalones Gerardo. Me gustó tu culo y quiero volver a verlo.

Obedecí y me quedé en calzoncillos.

-Date la vuelta y quítate los calzoncillos también.

Lo hice.

-Huuum, buen culo. Se nota que haces ejercicio.

No lo hacía, pero bueno, si creía eso…

-Ahora date la vuelta.

Lo hice. Se quedó mirando mi polla y se acercó.

-La tienes bien. No es excesivamente grande, pero me gusta.

Se agachó frente a mi y la cogió. Intenté retroceder, pero volvió a amenazarme con el móvil. ¿Me estaba dejando amenazar por una niñata de 17 años o qué?

Subió con su mano arriba y abajo. No podía creerlo, pero me estaba gustando.

-Así, ponte dura.

Paso a acariciarme el culo con la mano derecha.

-Uff, que rico lo tienes. Y siguió sobándolo.

Al poco se me puso dura como un cohete y no se porqué, pero me apeteció follarme a esa guarra.

 

Me hizo que la ayudara a poner el sofá de su cuarto atrancando la puerta y me cogió del brazo y con la polla tiesa y la camisa aun puesta, me llevó a su cama.

Se tumbó boca arriba y estiró la mano a su bolso. Sacó un preservativo y me lo dio.

-Ahora póntelo y follemos. Cuando lo hagamos, borraré las fotos.

Imaginé, que aunque las borrase, tendría mas copias, pero acepté follármela.

Me lo puse despacio, quería saborear el momento.

-¿Es tu primera vez? Le pregunté.

-No. Así que al lío. Vamos, fóllame.

La obedecí y para vengarme, se la metí de un tirón. La empujé lo mas fuerte que pude, para que le doliera, pero no se quejó.

Seguí dandole fuerte, ella me miraba con cara de éxtasis, pero no gemía, solo se limitaba a mirarme.

Decidí que hablaría yo.

-Ah, ah, ah, ¿te gusta? ¿te gusta, eh?

Seguía callada.

-Eres una zorrita adolescente. Te gusta hacerlo con hombres mayores, ¿eh?¿eh? ¿No contestas? Te has quedado sin habla, ¿eh?

Seguí follándomela.

-Me voy a correr, me voy a correr, vas a saber lo que es una corrida de un hombre de verdad, no un niñato de esos que te habrás tirado. ¡Aaaaaaah! ¡Me corrooooooo!

Y era verdad, en ese momento me corrí con ganas. Antes no lo había hecho con mi hija.

Seguí bombeando después de la corrida y me quedé dentro de ella presionado mi polla fuerte contra su chocho.

-Vale, ya está. Me dijo. Has cumplido. Cogió el móvil, conmigo todavía dentro, y borró las fotos.

Me salí de ella y me quité el preservativo. Me limpié bien en su baño y me fui de allí.

-Hasta otra, me dijo sonriendo, cuando me fui.

Salí un poco azorado, pero satisfecho. Ahora me había convertido en un pervertidor de menores.

Mi hija me miró comprensiva cuando se lo expliqué.

Cuando llegué a casa, saqué la cartera y vi una nota escrita a mano:

Me ha gustado mucho, aunque no haya gemido, decía. Espero que repitamos, esta vez sin chantajes. Sin rencores, ¿eh?

Arrugué la nota y la tiré.

Esa noche cuando mi mujer se acostó, me fui a nuestra habitación.

-¿Has cambiado de opinión?

-Si, esta noche follaré contigo.

Mi mujer me esperaba desnuda en la cama, no se como había adivinado que esa noche querría hacerlo con ella.

Se abrió de piernas. Se había depilado el coño y lo agradecí.

Después de comérselo como cuando éramos solteros, la penetré.

Follamos varias horas y fue increíble.

Antes de dormirme, me acordé de Sonia y pensé en que también me apetecía volver a satisfacerla otro día.

Pero eso ya es otra historia…….

Desvirgo a mi hermana a los 19

Mi hermana es bonita, blanca pelo largo castaño ojos café claro pestañas largas, ni gorda ni flaca, ella es delgada: cintura pequeña caderas anchas culo redondo muslos llenitos y una voz muy agradable de mujer bonita.

 

Mi hermana menor se llama Sofía y siendo sincero debo decir que me sentía cómodo siendo hijo único durante mi infancia pero a los 12 años mi madre me dio una hermana y yo estaba sin saber cómo reaccionar, no sabía qué hacer ni que sentir al respecto.

Ella ya llevaba 2 meses de haber cumplido sus 19 años y ese día en particular yo estaba cabreado por que no aprobé el examen de ingreso a la universidad estaba encerrado en mi cuarto escuchando música triste pensando en mi futuro ¿Qué sería de mí? Sin estudios sería un don nadie y para colmo lo había dejado con mi novia ella nunca paso de los besos y caricias pero a la hora de la verdad ponía mil pretextos para no tener sexo y yo estaba que explotaba mi pene lleno de leche y ninguna hembra disponible para saciar mis deseos.

 

Con 19 años se interesó por la gimnasia rítmica un poco tarde pero empezó a hacer sus clases sobre eso en el gimnasio de nuestra ciudad y ella nos molestaba todo el tiempo con que la viéramos y la ayudáramos en casa con sus prácticas, pero yo estaba más interesado y preocupado por entrar a la universidad.

 

 

 

Ante la insistencia de mi hermana abrí la puerta, después de todo ella no tenía la culpa de mi mala suerte.

 

Grande fue mi sorpresa al verla de pies a cabeza era una tremenda hembra un bombón, que guapa y que deliciosa es mi hermana.

 

Inmediatamente me di cuenta de porque la veía así: ella tenía puesto el leotardo de una de sus amigas uno que era un poco transparente muy ceñido al cuerpo y también demasiado pequeño para ella.

 

Ella dijo: mira lo que aprendí.

 

Inmediatamente se abrió toda de piernas, yo siendo más grande tan cerca de ella pude mirar su entrepierna que a pesar de tener puesto el leotardo se podía ver claramente su la raja que la dividía claramente visible ante mis ojos.

mierda me estaba dando un banquete visual con mi hermanita.

 

Fue en ese momento que empecé a mirar a mi hermana con otros ojos.

 

Quería follar con ella en ese momento pero no quería que se sintiese agredida así tuve una idea para hacerla mía a modo de juego.

 

Ella quería que la mirara y que la ayudara con sus prácticas mmm y eso era de lunes a viernes en casa por las tardes esta era mi oportunidad de estar con ella: mi padre ya había fallecido y mi madre cobraba todos los meses un dinero como viuda, este dinero alcanzaba perfectamente para todos los gastos incluido mis propios gastos y mi madre a veces salía a hacer sus cosas entonces esa sería mi oportunidad para estar con mi hermanita.

 

Hasta este punto debo aclarar que mi hermanita nunca me había visto desnudo y yo no la veía sin ropa desde hacia mucho, así me acorde que ella varias veces intento entrar a la ducha conmigo y yo no se lo había permitido, pero esta vez sería diferente.

 

Le dije:

Yo: “Sofía si te ayudo a entrenar debes hacerme caso en todo”

Sofía: “si, mira quiero que me agarres de las piernas para no caerme porque puedo perder el equilibrio, me alegra que por fin me quieras ayudar.

Yo: “mira esto es como un juego y el juego consiste en que va a ser un secreto, no le cuentes nada a mama.

Sofía: “pero ella mismo dijo que tú me ayudes con mis ejercicios”

Yo: “no Sofía, ese no es el secreto, el secreto es lo que vamos a hacer dentro de las prácticas”

Sofía:” ¿Por qué?

Yo: “Vamos a hacer unos juegos que a las mamas no les gusta que hagan sus hijas “

Sofía: “y, que tienen de malo?”

Yo: “no tienen nada de malo, es solo que los grandes piensan que las chicas de tu edad no deben hacerlo, pero vas a ver que es muy divertido y te va a gustar mucho”

Sofía: “bueno, si tú lo dices hagámoslo, que tenemos que hacer de que se trata.

Yo: “ya vas a ver, tu solo ponte a entrenar como siempre lo haces y yo te voy agarrando para que no te caigas así empezamos, venga ponte otra vez de boca abajo”

Mi hermana obedeció al instante solo que esta vez yo la agarre poniendo mis manos por donde más podía para tocar su suave piel, que sentía calientita y mejor de lo que me imaginada, mirarla era excitante pero tocarla esto ya era otro nivel.

 

Ella reía sin parar y yo le pregunte.

 

Yo: “Sofía, ¿Qué sentiste?

Sofía: “fue divertido, nunca me habías tocado así sentí muchas cosquillas, hagámoslo otra vez”

Yo: “Si, mi amor y eso que recién empezamos y tenemos toda la tarde”

Sofía: “ja, ja, ja me dijiste mi amor, pero tú ya tienes novia, tonto”

Yo: “no, ya no tengo novia lo hemos dejado, hagamos un trato quiero que tú seas mi novia porque eres más bonita que ella”

Sofía:” ¿de verdad, soy bonita?

Yo: “Si, mi princesa eres bonita y quiero que seas mi novia, pero es un secreto mama no tiene que saber nada”

Sofía: “Si, si quiero me encanta este juego nunca me habías dicho princesa y me gusta que me lo digas”

Seguiamos con las prácticas y ella hacia todo lo que sabía de gimnasia mientras yo aprovechaba para tocarla todo el tiempo, ya directamente y sin tapujos acariciaba sus muslos de arriba hacia abajo y todo su cuerpo mientras la besaba en la cara y labios y después hasta en el cuello muslos y por donde más podía.

 

Note una mancha de humedad en su entrepierna: una señal muy clara de que mi hermanita estaba excitada.

 

Quería desnudarla pero no sabía cómo convencerla así se me ocurrió algo que ella no rechazaría: invitarla a ducharse conmigo.

 

Cuando se lo dije a ella le brillaron sus ojos y su mirada se dirigió a mi entrepierna, había escuchado que las chicas a esta edad son muy curiosas, pero hasta ese momento no lo había experimentado.

 

Fuimos a la ducha y cuando la vi sacarse el leotardo y quedarse total y completamente desnuda sentí que el corazón me latía muy deprisa incluso mis manos me temblaban y yo me desnude lo más rápido que pude y me metí a la ducha con ella enjabone todo su cuerpo mientras ella me enjabonaba a mi .

 

Nos enjuagamos y fuimos a la cama yo ya no aguantaba las ganas y le comi el coño y el culo y no pare hasta se que termin en un gran orgasmo.

 

La puse a cuatro patas y con mis manos abrí los cachetes de su lindo y apetecible culo y le puse la cabeza de mi polla en la entrada del culo , no la penetre porque no quería que a ella le doliera además yo me sentía más que satisfecho con ponérsela en un sitio donde mi novia no me dejo hacérselo , estaba tan excitado que bombee mi polla a escasos 4 minutos y eyacule como nunca lo había hecho, fue el mejor orgasmo de mi vida nunca ni siquiera con alguna puta había sentido un placer tan maravilloso como lo que sentí en ese momento.

 

Luego le enseñe como tenía que lamer y besar mi polla estuvo 30 minutos lamiendo besando y chupando mis testiculos, mi pene y mi glande finalmente eyacule en su boca.

 

Ella se trago todo mi semen.

 

Yo: “Sofía, verdad que está riquísimo el semen.

Sofía:”mmm no sé, nunca había probado algo que tenga ese sabor, no es desagradable, pero no sé si me gusta, es como salado y espeso”

Yo: “todos los días te voy a dar a beber mi semen calentito directamente en tu boca ya vas a ver que bueno esta cuando le cojas el gusto, la cabeza del pene también tiene un sabor muy bueno que te van a dar ganas de chuparmela todos los días.

Sofía: “el sabor de la cabeza de tu pene me ha gustado mucho y , no me molestaría chupártela todos los días”.

 

Me dijo Sofía con una gran sonrisa con su voz de chica de 19 años mientras un hilo de semen rodaba por su barbilla.

 

Con un dedo coji el semen que se resbalaba por su barbilla y le dije “lame “mientras se lo acerque a su boca, ella miro y saco la lengua lamiéndolo todo,

 

 

De noche llego mi madre no podía mirarla a los ojos sentía que había hecho algo prohibido y mi hermanita tenía una sonrisa de oreja a oreja era demasiado obvio que estaba feliz y le dijo a mama:

Sofía: mami hoy estoy feliz porque hice algo con Carlos”.

 

“mierda” pensé, “Sofía va a hablar”.

 

Mama:” ¿Qué hicieron?

Sofía: “Carlos me ayudo con la gimnasia.

Mama dirigiéndose a mí:” ya era hora de que ayudaras a tu hermana y quiero que no la dejes salir a a la calle según que horas una nunca sabe dónde puede haber un pervertido, ella es mas pequeña que tu y la tienes que vigilar aun siendo ya adulta.

Yo:” si mama, tranquila yo la cuido”

En ese momento mi alma regreso a mi cuerpo un sudor frio había recorrido mi cuerpo, tremendo susto que pase.

 

Fui a la cocina y llame a mi hermana haciendo un gesto con la mano, ella vino y le dije al oído

Yo:” oye, por un momento pensé que le ibas a decir a mama.

Sofía: “No, tranquilo, nunca le voy a decir porque yo te quiero y me encanta tener secretos contigo, además me gusto el juego y mañana quiero que se repita¨

Yo:” tampoco le tienes que contar a tus amigas nada”

Sofía: “está bien como tú digas”

Al día siguiente cuando llego mi hermana del gimnasio.

 

Se veía hermosa con su blusa blanca y su falda a cuadros.

 

Una vez adentro de la casa le di un beso con lengua y ella se reía nerviosamente mientras me decía:

Sofía: “espérate Carlos me baño y me pongo la ropa de entrenar”

Yo: “tengo una mejor idea mira: te bañas y me esperas desnuda en tu cuarto, yo ya mismo voy”

Sofía: “que tienes en mente”

Yo:” algo que te va a encantar”

Mientras estaba en mi cuarto cogiendo las cosas que necesitaba escuchaba la ducha mientras mi hermana se bañaba y a los pocos minutos escuche su voz:

Sofía: “ya, Carlos estoy lista ven.

Cuando entre a su cuarto ella estaba sentada desnuda al borde de su cama .

 

Ella me miro un poco sorprendida y extrañada.

 

Yo acomode un trípode con una cámara y le dije:

Yo: “Sofía quiero que hagas gimnasia rítmica desnuda”

Sofía: “y para qué es la cámara”

Yo: “Quiero tomarte unas fotitos y hacerte unos videos para tenerlos de recuerdo”

Sofía: “y quien va a ver esas fotos y videos, no hay peligro que las vea mama? si ella las ve me mata”

Yo: “tranquila solo son para mi”

Y así mi hermana desnuda hizo toda su rutina mientras yo la filmaba y tomaba fotos y obviamente también tocándola en todos su cuerpo.

 

Luego de eso le comi su culo y su coño hasta que ella quiso.

 

Después le tocó el turno a ella ,me comió la polla con muchas mas ganas que el día anterior y seguiría progresando en su “técnica”, el tiempo había pasado tan rápido que ya se estaba haciendo de noche y tuvimos que bañarnos y dejar para el día siguiente nuestro juego.

 

Al otro día jugamos a que ella era una modelo y posaba para mí: caminando, acostada sentada y todo lo que se me ocurría y ella obediente hacia todo lo que le decía.

 

El sexo anal mejoro con el paso de los días: ya le metía todo el glande y ella decía que le encantaba.

 

Se hizo costumbre primero comerle el coño y culo a ella para que lubricara bien y tubviese el coño bien empapado, luego el segundo orgasmo vendría mientras yo le penetraba analmente y aquello me sorprendió mucho, yo no sabía que una mujer podía tener orgasmos haciéndole sexo anal.

 

Desde el primer día que estuve con ella su culo me atraía como un poderoso imán ya que era redondo, blanco y grande lo cual me ponía cachondo tan solo con mirárselo.

 

La línea negra que dividía la blancura de sus nalgas era el cielo mismo, me encantaba lamerle el culo hasta que se corria en mi cara.

 

Por eso el siguiente paso natural era penetrar ese rico agujero, esas nalgas me han dado tanto placer y he eyaculado tantas veces en esas nalgas .

 

Mientras bombeaba mi polla dentro de sus nalgas le preguntaba:

Yo: “te gusta así Sofía o quieres más rápido”

Sofía: “así estábien pero si quieres puedes dar más rápido”

Yo: “y de profundo como esta, quieres que te la meta más adentro?”

Sofía: “siento que me llega hasta el estómago, no me digas que todavía la puedes meter más?”

Yo: “si, ¿La quieres más dentro?

Sofía: “si”

Yo: “si te la meto más vas a sentir mis huevos chocando con tu culo cada vez que te empujo”

Sofía: “si, metemela quiero sentir tus huevos chocando con mi culo cada vez que me la metes bien hacia adentro”

Tap tap tap paf paf paf sonaba mi ingle mojada golpeando su culo y le pregunte:

yo: “Sofía ¿te gusta cómo suena cuando te la meto?”

Sofía: “ji ji ji sí, me encanta”

Yo:”¿Qué te gusta más cuando te la meto o cuando te la saco?

Ella se puso seria y miro hacia el techo a un punto en el infinito, fruncía el rostro mientras pensaba y me dijo:

Sofía: “cuando me la metes”

Yo:” ¿por qué?

Sofía:”mmm cuando me la metes por el culo me encanta”

Y me miro la polla y me dijo:

Sofía:” ttu polla me encanta, me encanta sentirla en el culo, sentir el culo bien abierto creo que es la cabeza de tu polla lo que mas me gusta.

Después de 10 minutos me corrí dentro de su culo.

 

Ella me miro con una gran sonrisa y me dijo:

Sofía: “eso fue genial me gusto mucho, quiero pagártelo haciéndote disfrutar, yo sé que a ti te gusta que te la chupe, esta vez te lo voy a comer como nunca.

Diciendo esto cogió mi polla flácida y la chupó con todas sus ganas y en 5 minutos me hizo volver a correrme, ella abrió la boca enseñándome la leche e inmediatamente se lo tragó y me dijo:

Sofía:” si quieres te la chupo más “

Yo :” si mi princesa chupámela hasta dejarme seco”

Después de pocos minutos nuevamente me volví a correr.

 

Había pasado un mes de haber empezado nuestros juegos.

 

Mi hermanita totalmente desinhibida se dejaba explorar todo el cuerpo incluso me lleve su virginidad,

Fuimos a una exhibición de gimnasia local y pude darme cuenta como los instructores tocaban a las chicas, si eso lo hacían delante de todos ¿Qué no harían en privado?

También vi muchas chicas con buen cuerpo, deliciosas.

 

Vi padres tocando a sus hijas golosamente y también tíos con miradas cómplices a sus sobrinas y toqueteos más que subidos de tono.

 

Y yo había sido ignorante de este submundo hasta ese momento…

Fue entonces cuando vi como otros hombres miraban a mi hermana, pero no podía culparlos era deliciosa.

 

Mi hermana me dijo al oído que una amiga de ella había hecho cosas con el entrenador para que le diera prioridad a la hora de ir a las competiciones, eso me intrigo quise saber detalles.

 

También me contó de una amiga que le dijo que el tío jugaba con ella desnuda así como nosotros lo hacíamos.

 

Esas revelaciones eran demasiado eróticas, pero también me confeso que el entrenador de gimnasia la había estado tocando , pero que solo había sido toqueteos nada más y por eso ella me buscaba para que yo la toque también ya que después de los entrenamientos se quedaba con ganas de que la toquen más.

 

Tuve ganas de hablar con el entrenador pero pensé: gracias a esos toqueteos mi hermana despertó su deseo sexual y por eso me buscaba para que yo la toque y gracias a este entrenador yo puedo gozar de mi hermana.

 

También pensé: si yo no la satisfago en sus deseos alguien más lo hará.

 

Miraba a todas esas chicas y pensaba como serian desnudas y ensartadas por su entrenador, por sus padres por sus tíos y en el caso de mi herma pues ensartada por su propio hermano.

El Juguete de mi Hermana

El día que todo empezó, leía un libro tumbado sobre la cama del hotel. La puerta del balcón estaba abierta y la brisa veraniega que venía de la playa de al lado acariciaba plácidamente mi cuerpo. Era de noche y la temperatura había bajado lo suficiente como para volverse agradable e invitar al sueño. Pero, por desgracia, no podía dormir. Aquellas vacaciones, gracias a que papá había preferido dejar de hacer horas extra, tenía que compartir habitación con mi hermana Juana y no me quedaba otro remedio que esperar a que ella saliese del baño para poder apagar la luz.

Nunca me llevé muy bien con ella, al menos, no todo lo bien que parece que se llevan el resto de hermanos. Juana es la mayor de los, cinco años y tres meses exactamente, y podría decirse que siempre me vio como si fuese uno más de sus juguetes. ¿Quién querría jugar con muñecas si pudiese hacerlo con algo mucho más realista? Ese era su lema porque no dudó nunca en hacer conmigo todo lo que una niña hubiese hecho con una Barbie.

Tuvieron que pasar muchos años para que la situación cambiase. Cuando me di cuenta de lo que me estaba haciendo y me cansé de ser un simple instrumento a su servicio, me rebelé. Ojalá no lo hubiese hecho porque el guantazo que me dio todavía hoy me duele y no me sirvió para evitar ver como mis uñas eran pintadas de color rosa. Pero, a pesar de mi fracaso, aquel fue el germen que dio paso a una guerra fraticida que sólo se suavizó, me avergüenza tener que reconocerlo, cuando ella dejó de interesarse por las muñecas.

En aquellos días en los que teníamos que compartir habitación de hotel, nuestra relación se había vuelto más cordial. Ya éramos mayorcitos los dos y, como cada uno tiraba por su lado, no nos estorbábamos. Ella, que acababa de terminar la carrera, estaba más preocupada por buscarse un novio que sustituyese al que había dejado hacía unos pocos meses y yo, como había acabado el bachillerato bastante justo, tenía como máxima preocupación en mi vida aprobar un módulo de formación profesional ya que, si no lo hacia, mi padre me mataba. Así que, con preocupaciones como ésas, mucho tiempo para pelearnos no teníamos ninguno de los dos.

Al fin se oyó como la puerta del baño se abría. Hice una marca en el libro para no perder el punto y lo dejé sobre la mesa.

-¿Has visto dónde he puesto mis bragas?

Aquella pregunta me pilló desprevenido y, sin saber por qué, me fijé en ella. Tal y como me había imaginado durante una fracción de segundo, Juana había salido completamente desnuda del baño. Tuve que tragar saliva. Hacía años que no la veía de esa manera y, por mucho que me pese, tengo que reconocer que estaba bastante buena. Mi hermana es alta, unos cinco centímetros más que yo, y delgada pero tiene un buen par de tetas y un buen culo. Aquel día, el pelo, húmedo por la reciente ducha, le llegaba hasta los hombros cubriéndole por completo sus pequeñas orejas. Me pareció guapa y, para mi vergüenza, no pude dejar de mirarla.

-Si sigues mirándome así, vas a soñar conmigo. – dijo mi hermana mientras buscaba las bragas en una maleta.

Aquello hizo que me pusiera tan rojo como un tomate.

-No te miraba. – Le contesté intentando aparentar indiferencia ante sus palabras.- No eres tan guapa como para que pierda mi tiempo en eso.

Ella, con las bragas que buscaba en las manos, me miró de una forma rara, con las cejas alzadas y con una expresión que parecía algo escéptica. Le sostuve la mirada tres segundos y, luego, ella se agachó, separó un poco sus piernas y pasó su pie por uno de los agujeros de las bragas dejando que, por unos instantes, pudiese ver la obertura de su vulva. Aquello fue demasiado para mí, en pocos milisegundos mi pene se puso tan duro como un roca y tuve que darme la vuelta para disimular y evitar los pensamientos enfermizos que venían a mi mente. Mi hermana, que estoy seguro de que se dio cuenta de todo lo que pasó, se acostó en su cama también.

– Buenas noches, hermanito. — Me deseó socarronamente cuando apagó la luz.- No sueñes conmigo.

– Buenas noches.- Le contesté con la imagen de ella desnuda todavía en mi cabeza.

Aquella noche me costó dormirme ya que no podía quitarme de la cabeza la imagen de mi hermana desnuda. Nunca antes había tenido ningún tipo de pensamiento lujurioso en el que saliese ella pero, aquella noche, los tuve todos. Cuando logré dormirme, supongo que soñé muchas cosas pero, de esa vez, sólo recuerdo una.

Estaba tumbado en la cama del hotel y podía oír como mi hermana respiraba dormida en la cama de al lado. Me levanté sin saber por que lo hacía y me acerqué hasta ella. Pude ver como el pecho de Juana subía y bajaba lentamente cubierto por una finísima sabana blanca. Estaba preciosa, recuerdo que pensé, y movido por alguna fuerza ajena a mi voluntad, bajé la sábana hasta los pies de la cama. Tuve que coger aire. Aquello era demasiado nuevo para mí. Me arrodillé ante la cama para poder respirar el olor de mi hermana y un ligero aroma a albaricoque fue lo que captaron mis fosas nasales. Acerqué mi cara a uno de sus senos y disfrute de ese olor mucho más intenso. ¿Y si la tocaba? Quería hacerlo pero el sentido común me decía que ni loco lo hiciese.

No tuve tiempo de tomar una decisión porque mi mano cobró vida propia y acerqué un dedo al pezón de Juana. Era pequeñito y suave y, poco a poco, se puso duro. Mi respiración se agitó y, con mucho cuidado, estiré el brazo hasta que pude tocar el otro pezón. También se puso duro y deslicé la misma mano por su pecho, por el esternón, por el estomago, por el ombligo y por el vientre hasta llegar a la suave mata de pelillos de su pubis.

¿Debía seguir? Podía despertarse, pero en aquel sueño no me importó. Dos de mis dedos continuaron el camino deslizándose por la obertura de mi hermana. La recorrí entera, de arriba abajo hasta que llegue a su agujero. Sin pensármelo le metí dos dedos dentro, que se empaparon con su suavidad. Menuda delicia era aquello. Los saqué y me los acerqué a la nariz traspasando los fluidos de mi hermana que habían quedado en ellos a la piel de mi nariz.

Aquello me volvió loco y, en mi locura, me decidí a penetrar a mi hermana. Mis calzoncillos habían desaparecido y, misteriosamente, pude apreciar que mi polla había crecido unos centímetros más de lo habitual. Sin importarme que mi hermana se pudiese despertar, me tumbé sobre ella, agarré mi pene y, con un movimiento certero, se lo metí hasta el fondo. Por desgracia, no pude disfrutar del placer de penetrar a mi hermana porque, sintiéndome muy desgraciado, me desperté en ese momento.

Estaba empapado en sudor y volvía a tener los calzoncillos en su sitio. Tenía mucho calor y mi pene, completamente tieso y un poco más pequeño, se asomaba ligeramente por el borde de la tela.

-Vaya, vaya, vaya, cómo has crecido hermanito.

Tardé unos segundos en reconocer esa voz, y de repente, me di cuenta de que mi hermana estaba allí, mirando fijamente mi paquete. Llevaba puesto el bikini y, sin preocuparse por nada, se sentó en mi cama y apoyó su mano sobre mi bulto. Aquello me sorprendió mucho y mi estómago se encogió. No hice nada para evitarlo. No sabía por qué pero me había quedado sin voluntad. Ella aprovechó para masajear mis partes un poco, intentando descubrir cómo eran.

-Has crecido mucho desde la ultima vez.- dijo ella en un susurro; como si hablase para sí misma.

Tocó unos segundos más, absorta en lo que hacía y se levantó dejando que todo volviese a la normalidad.

-Me voy a la playa, hasta luego.

Cogió la colchoneta que tenía apoyada en la pared y se fue. Yo, en cambio, me quedé allí, quieto y estupefacto. ¡Mi hermana me había tocado la polla! No me lo podía creer. Si no hubiera sido porque estaba seguro de que no dormía, hubiese pensado que aun soñaba. Casi sin pensar, metí mi mano bajo los calzoncillos y empecé a tocarme. Todo lo que me había pasado en las últimas horas era demasiado complejo como para pensarlo y decidí vaciar mi mente resolviendo el problema más terrenal que tenía entre las piernas. Me di dos o tres meneos y, sin falta de nada más, pringué los calzoncillos con mi semen.

Aquella mañana mientras desayunaba no pude dejar de pensar en aquello. Por la noche, había visto a mi hermana desnuda y, por primera vez en toda mi vida, me había quedado embobado mirándola. Por si fuera poco, encima parecía que ella se exhibía y yo había soñado que la magreaba mientras dormía. Pero lo peor de todo fue lo de la mañana. ¡Mi propia hermana me había magreado la polla! Me dolía tener que admitirlo pero, por primera vez en mi vida, mi hermana me ponía. Lo que no sabía era lo que pretendía mi hermana con todo aquello. ¡Tenía novio! ¿Por qué coño iba toquetearme a mí?

Cansado de pensar, me fui a la playa, al fin y al cabo, estaba de vacaciones. Llegué y todo estaba lleno de toallas con tías buenísimas tostándose las tetas. Dejé mi toalla cerca de la orilla y aproveché para sonreír a la chica de la toalla de al lado. Me había propuesto ligar en esas vacaciones y no iba a desaprovechar esa oportunidad.

Por casualidad, me di cuenta de que mi hermana estaba tumbada unos cuantos metros más allá de esa chica, así que me acerqué a saludarla. Tenía el cuerpo embadurnado de crema solar y su piel brillaba por el sol. Estaba preciosa. Un repentino cosquilleo en la entrepierna fue lo que empecé a sentir y, preocupado por que la gente se diese cuenta, dejé de fijarme en el cuerpo de mi hermana.

-Hola.

-Ah, hola hermanito ¿Cómo estás?

-Bien, iba a bañarme ahora.- Me miró de arriba abajo.

-No, no; ni se te ocurra. Tienes que ponerte crema. Ven, siéntate y deja que yo te unte la espalda.

Mientras ella se sentaba sobre la toalla, intenté balbucear alguna excusa pero no sirvió de nada y tuve que hacer lo que ella quería. Me senté delante de ella y me echó un churretazo de leche solar en la mano.

-Úntate tú por delante.

Acto seguido, estrujó el bote sobre mi espalda y se puso a hacer dibujitos con el chorrito de la crema solar. Cuando se cansó de jugar, posó sus manos sobre mi espalda y un escalofrío recorrió mi cuerpo. No es que sus manos fueran especialmente suaves, o especialmente diestras haciendo aquello. No sé qué era pero el roce de sus dedos turbaba mis pensamientos. Me encantaba lo que me estaba haciendo y, sin darme cuenta, dejé de restregarme yo mismo la crema y me quedé quieto disfrutando de aquello. Perdí la noción del tiempo y sólo la recuperé cuando sentí el cálido aliento de mi hermana en mi oreja.

-¿Tienes algún problema hermanito?- me susurró.

La polla se me endureció de golpe y mi cara se puso tan roja como un tomate. Su voz era muy sensual. Se levantó de la toalla y de la manera más normal del mundo, como si ese tipo de cosas raras las hiciese todos los días, me dijo:

-Cuando termines con la crema, te espero en el agua.

No le contesté, me quedé mirando la arena que había entre mis pies y escuchando como se alejaba. Cuando mi cuerpo se relajó, no me atreví a acompañarla. Así que, sin terminar de ponerme crema, me levanté, le hice señas de que me marchaba y me volví al hotel donde, por segunda vez en un día, me corrí en menos de tres meneos.

El resto del día, lo dedicamos a hacer turismo toda la familia junta. Sin hacer nada extraño, paseamos, fotografiamos monumentos y compramos souvenirs baratos. Aquellas vacaciones estaban siendo muy extrañas. No podía entender nada de lo que ocurría. Por primera vez en toda mi vida mi hermana me ponía y, por primera vez también, Juana me metía mano. ¿Qué sería lo próximo? No me lo podía ni imaginar.

Al atardecer, cuando volvimos al hotel, Juana quiso ser la primera en ducharse y yo me quedé tumbado sobre la cama disfrutando de la brisa veraniega. Estaba tan cansado de todo lo que habíamos hecho que empezaba a quedarme dormido.

– Oscar, tráeme una toalla que aquí no hay.

Con algo de desgana y con algo de sueño, me levanté de la cama y busqué una toalla en las maletas. Cogí la primera que pillé y me acerqué hasta el baño. Supongo que por estar dormido, ni me acorde de llamar y entré directamente sin preguntar. Lo que vi allí me dejó atónito. ¡Mi hermana estaba desnuda! ¡En el baño! Estaba claro que el sueño no me dejaba razonar mucho y, sin pararme a pensar lo que estaba haciendo, me quedé embobado mirando el cuerpo de mi hermana. Estaba buenísima. El vapor del agua envolvía su cuerpo y sus firmes pechos, su terso vientre y su, camuflada por el vello, vulva. Desde la ducha, ella me miraba con la mano extendida para recoger la toalla y con media sonrisita dibujada en la boca. Cuando asimilé lo que estaba haciendo, le di la toalla corriendo, balbuceé unas disculpas y salí de allí muerto de vergüenza.

Me tumbé sobre la cama e intenté no pensar en lo que había pasado. Quería quitarme la imagen de mi hermana desnuda de la cabeza. Pero no podía. No podía olvidar el precioso cuerpo de mi hermana desnudo. ¿Qué clase de hermano era? No podía estar pensando en eso ¡Era incesto! Y yo un pervertido. Metí la cabeza debajo de la almohada y mordí la sábana que cubría la cama para aliviar mi frustración. Pero en lugar de arreglar algo, lo empeoré todo. Tumbado boca abajo sobre la cama obligaba a mi pene a frotarse contra el colchón y eso no ayudaba a ahuyentar mis malos pensamientos.

-¿Qué haces hermanito?- preguntó mi hermana desde la puerta.

Me incorporé sobre la cama de nuevo y volví a quedarme boquiabierto delante de ella. Había salido del baño desnuda y estaba ahí, en el marco de la puerta, mirándome con la misma sonrisita extraña con la que llevaba mirándome desde la noche anterior. ¿Qué coño pretendía?

-¿Te pongo nervioso?- dijo mientras se iba acercando a mí

– No — balbuceé- ¿Por qué ibas a hacerlo?

– No sabría decirte ¿Será por que hay algo vivo entre tus piernas?

Inconcientemente, miré entre mis piernas y, en cuanto vi lo que había, me tapé corriendo. Ella se rió, mi gesto le hizo gracia.

– No seas tímido hermanito, es algo normal, les pasa a muchos chicos.

– ya lo sé- le dije algo molesto por que me tratara como a un crío al que le dan una clase sobre sexualidad.

– En ese caso, déjame ver lo que tienes ahí.

Y sin decir nada más, agarró mis manos con las suyas y las separó de mi entrepierna. Yo, completamente hipnotizado por lo que pasaba, me dejé hacer. Un suspiro de placer se me escapó cuando mi hermana posó su mano sobre mi bulto. ¡Qué gustito! Con la otra mano, me empujó en el pecho para que me recostase sobre la cama y, sin ningún recato, desabrochó mis bermudas y me las quitó. Lo mismo hizo con mis calzoncillos dejándome completamente desnudo de cintura para abajo. Mi polla, que apuntaba como una flecha hacia mi cara, babeaba esperma de excitación. Mi hermana agarró mis testículos y los acarició con una mano.

– ¡Qué suaves son!- dijo para sí misma — Me pregunto a qué sabrán.

Y tal y como lo dijo, lo comprobó. Se agachó entre mis piernas y pude notar como una suave y húmeda lengua se deslizaba por mi escroto. ¡Qué delicia! Pronto, se sumaron a la caricia sus labios también y pude notar como toda la boca de mi hermana se afanaba en llenar mis testículos de saliva. En un momento dado, intentó metérselos en la boca, pero la tenía demasiado pequeña como para que entrasen y desistió para no hacerme daño. Aquello me estaba encantando.

Su boca abandonó mis testículos y empezó a subir por el tallo de mi pene, deslizándose lentamente y asegurándose de que cada uno de los milímetros de mi piel recibía su dosis de saliva. Era todo un gustazo que se multiplicó por mil cuando su boca alcanzó mi glande. Con toda la delicadeza de la que fue capaz, mi hermana depositó un dulce beso en la puntita de mi pene y pude ver, cuando se separaba, como se formaba un filo hilo de esperma entre mi miembro y su boca. La visión de eso me puso burro.

Quise levantarme para hacerle algo a ella yo también, pero mi hermana volvió a empujarme para que permaneciese tumbado.

-Quédate quieto.

Le hice caso y pude sentir como mi pene, poco a poco, se deslizaba dentro de su boca. Centímetro a centímetro notaba como su lengua lo rozaba y como se hundía en las profundidades de su garganta. ¡Qué placer! Aquello era mucho mejor que matarse a pajas.

Se la sacó y lamió la saliva que quedaba en mi glande hasta que estuvo más o menos limpio para volver a metérsela de nuevo hasta el fondo. Volví a notar sus labios y volví a notar su lengua. Me encantaba la suavidad con la que lo estaba haciendo y un suspiro de placer se escapó de mi boca.

Volvió a sacársela pero, esta vez, no lo hizo del todo. Mi glande permaneció dentro de su boca donde pude notar como su lengua daba vueltas en torno a él. Pronto empezó a masturbarlo con sus labios, que lo rozaban frenéticamente. Un enorme gemido de placer se me escapó cuando, sin previo aviso, se tragó mi pene hasta el fondo y empezó a sacudir mi capullo con su garganta. ¡Qué gusto! Mi hermana era toda una profesional y yo empezaba a envidiar a su novio.

Pero la diversión no se acabó ahí. Cuando yo estaba a punto de correrme dentro de su boca, mi hermana súbitamente paró.

– Incorpórate- me ordenó agarrándome de la camiseta y obligándome a sentarme sobre la cama.- Ahora te toca a ti.

Ella se puso de pie delante de mí y apretó mi cabeza contra su entrepierna. Hizo tanta fuerza que mi nariz se introdujo entre sus suaves labios de abajo. Me encantó su olor. Era una mezcla entre el olor del champú de albaricoque y el olor de los fluidos típicos de las mujeres. Moví mi cabeza para llegar mejor y estiré mi lengua tímidamente para acariciar su piel. Apenas tenía vello y todo era muy suave. La introduje dentro de su obertura y la deslicé buscando el agujerito de su vagina. Al final lo encontré y empujé todo lo que pude para meter al máximo mi lengua ahí. ¡Qué delicia!

-Ya no aguanto más

Fue la respuesta de mi hermana a lo que había hecho. Volvió a empujarme sobre la cama y se sentó sobre mis caderas.

– Dime hermanito ¿Lo has hecho alguna vez?

– No — respondí algo avergonzado.

– Pues prepárate que hoy es tu día de suerte.

Y sin decir nada más, agarró mi pene de nuevo, lo apuntó hacia su agujero y se empaló ella sola. ¡Qué gusto! Fue una sensación indescriptible que mejoró mucho más cuando ella empezó a cabalgar sobre mí. Se movía como una fiera sobre una cama elástica. Me sentí en el paraíso y no quería que aquello se terminase nunca. Podía sentir como mi pene se deslizaba dentro de ella a una velocidad vertiginosa y eso provocaba en mi bajo vientre descargas continuadas de placer. No me pude contener y yo mismo comencé a menear mis caderas imprimiendo más fuerza a nuestro vaivén. Aquello era bestial, mi cadera chocaba cada vez más fuerte contra su entrepierna y nuestros disimulados suspiros empezaron a convertirse en gemidos peligrosamente audibles. Las descargas de placer aumentaron y, en pocos segundos, se volvieron una sola. Y, sin poder remediarlo, llegué al orgasmo. ¡Menudo placer! Nunca antes me había corrido tanto.

Mi hermana siguió cabalgando sobre mí pero, desgraciadamente, mi pene se puso flácido y no pudo seguir. Rápidamente, mi hermana se levantó un poco y empezó a masturbarse sobre mí. Llevó un ritmo frenético hasta que finalmente, también llegó al orgasmo. Después, se tumbó a mi lado y reposó unos minutos. Lo último que dijo fue:

– Hermanito, me debes una.

 

elgrancochino

Revisación médica????

Era el 2010, me habia recibido de Tripulante de Cabina de pasajeros, mas comunmente de Azafata de Avion. Era el turno de pasar el psicofísico para obtener la licencia para volar… Me dirijo a la Fuerza Aérea de mi provincia… Ver a todos los hombres con el uniforme camuflado me hacia sentir un aire de atraccion increible…
Pasé varios exámenes, psiquiátrico, psicológico,vista,audiometría, electro etc etc… Llegué a las 7 am y eran las 13 hs y seguía con la revisación, el último control era con el médico clínico que te hacía un chequeo general….
Entré al consultorio al escuchar mi nombre y apellido, me saluda muy amablemente el médico y cierra la puerta con llave, afuera en la puerta decía bien grande “NO GOLPEE ESPERE A SER LLAMADO”…
Tenia puesta una chaqueta blanca, tendría unos 38 años, canoso ,eso le daba un aire de maduro espectacular, ojos verdes y estatura mas bien bajo que alto, esa altura justa que me gustaba…
Me pregunta edad, estado civil, si tuve operaciones etc etc… Me miraba con esos ojitos picarones mientras dejaba escapar una sonrisita a cada respuesta….
Me hace sentar en la camilla, me revisa los ojos, los oidos, y me pide que me saque la camisa… Yo iba con una camisa medianamente holgada de animal print, calzas negras ajustadas y zapatos altos, era la revisacipon de mi vida y había que ir bien vestidos…
Me empiezo a desabrochar la camisa y vi como me sonreía, queria descubrir lo que llevaba oculto el muy putito…Tenía puesto un conjunto de encaje negro que realzaba aun mis tetas con un moñito rosa en el medio…
Apoya el estetoscopio en mi espalda y hace que respire hondo,muy bien me dice… Ahora rescostate boca arriba en la camilla, se inclina y me lo pone en mi pecho, “te tengo que correr el corpiño un poco para escuchar mejor”… A esa altura ya tenia el ritmo cardiaco a 200 ppm…
Era exitante ver con qué picardía exploraba las partes de mi cuerpo, me dice excelente,…
“Ahora parate y sacate las calzas, tengo que ver si tenes cicatrices”… Así lo hice… Me quedé en mi conjunto de ropa interior sexy y zapatos altos, era un culotte de encaje que se traslucía parte de mi conchita, me ruboricé entera, nunca pensé que me tenia que desnudar toda…
Me rodeó mirando cada parte, mi colita grande pero siempre parada, derechita como para marchar… “PERFECTO” exclamo…
SentÍ que me agarro por detrás mis tetas y me apoyó con una erección increíble en mi colita, no me lo esperaba… Asi deje salir un suspiro de sorpresa y placer a la vez… El sabia con quien si y con quien no, llevar la revisacion a comun a una mas profunda…
Me bajó el culotte lentamente y me dijo que no me sacara los zapatos, yo parada y con las piernas abiertas me dijo que me quedara asi que me tenia que examinar la conchita…
Arrodillado en el piso empezó a lamer mi conchita depilada, lentamente ,saborándome, me separó los labios con una mano y encontró mi clítoris, le dió movimientos circulares rápidos llenandolo de saliva… Aunque a esa altura mi lubricación vaginal era óptima, su saliva y mis jugos se mezclaron… Mientras se agarraba de mis firmes piernas…
Empezó a meter los dedos por la colita, siempre me dolió esa zona pero como buen médico sabía como hacerlo…Me exitó tanto su lengua que estaba a punto de acabar arriba de ese doctor que ni siquiera sabía el nombre…
Empecé a temblar y gemir y él muy putito sabia que me iba a correr, “me dijo dale azafata putita correte para mi” quiero saber si todo está bien con tu acabada… Me recorrio un calor impresionante en todo el cuerpo, era una sensacion de ardor, calor, placer, agitacion, en todo el cuerpo…Acabé tanto que no pudo tragarse todo,el doctorcito putito… Me dijo delicioso estas perfecta, pero tengo ahora tengo que ver tu colita …
Me puso en cuatro en la camilla, aún con los zapatos puestos, tenía una vista espectacular de mi concha y mi colita…
Se puso un forro y antes de envestirme ,me lamió el culo, entre que teminaba de correrme y me savoreaba el culo mi cuerpo era puro temblores… Me metió su pija despacito por mi cola, ya que era lógico que no la había entregado varias veces por su tamaño…
“Que cerradita estas putita!” pero me encanta, empezó los movimentos suaves , a medida que me cojia fue aumentando el ritmo, mas y mas, yo gemía de placer, y el muy putito también, difrutaba de mi orto grande redondo y blanco…
Como me gustás trolita desde que pasaste esa puerta! Mi cabeza iba mil mientras me cojia, me folló tanto el culo que ya me dolía, sacó rápido la pija y el preservativo, me giró y acabó en todas mis tetas…
Esa lechita calentita de un doctor en mis tetas mmmm me volvió loca…
Quedate en la camilla boca arriba, tomó un rollo de papel que tenía y empezó a limpiar todo mi cuerpo, “las azafatas siempre tienen que estar impecables no importa las circunstancias”

Una vez vestida y sentada como una señorita vi como ponia “APROVADO” en mi legajo…

Espero que les haya gustado!
Espero puntos comentarios

Curvilinea86

Micaela

Micaela es mi mamá postiza, yo era muy chico cuando mi mamá nos abandonó y mi abuela y mi papá se hicieron cargo de mi crianza y educación hasta que hace cuatro años papá conoció a Micaela y se enamoraron y entonces, a mis diez años, supe por primera vez lo que era tener una madre. Ella es amorosa y se hizo cargo de mí como si fuese mi verdadera madre y yo la quise desde el primer día, feliz de tener a alguien que me llevase al cine, a pasear, me comprase ropa (por fin la que me gusta y no la que me compraba abuela) y tantas otras cosas que hacen las madres. Mica me explicó que no correspondía que le dijese “mamá” porque yo ya tenía una verdadera madre y aunque no la viese debía quererla igual porque quizás algún día me reencontrase con ella, así de noble es Mica, entonces convinimos en que le dijese “Mamica”, palabra que inventé y le causó mucha gracia. Recuerdo nuestras primeras vacaciones y a Mica jugando carreras conmigo por la playa o poniéndome loción refrescante en las quemaduras de sol, pero sobre todo recuerdo de esas vacaciones a Mica en malla, es decir en esos bikinis que usa y que le quedan tan bien. Porque Mica es hermosa, estatura mediana, pelo largo castaño, rostro hermoso y sensual, piernas larguísimas, un par de tetas imponentes y un culo que quita la respiración, ya sé que no debería hablar así de mi mamá postiza pero es que Mica es una hembra infernal. Ni que contar que cuando alrededor de mis doce años empecé a despertar sexualmente mi fetiche fue ella, me masturbaba a morir por Micaela y me escondía para verla en ropa interior y muchas noches me levantaba en silencio y pegaba mi oído a la puerta del dormitorio y si escuchaba gemidos, o jadeos o palabras entrecortadas, me imaginaba que estaban cogiendo y me encerraba en el baño a pajearme frenéticamente. Pero un día nuestra felicidad sufrió un contratiempo, no grave, pero cambió radicalmente nuestra rutina, a papá la empresa en la que trabaja lo envió por seis meses a Estados Unidos a vigilar la construcción de una máquina que traerían la Argentina. Cuando papá se fue los primeros días fueron muy tristes, la casa parecía desolada por las noches sin papá preguntándome como me había ido en el colegio o jugando partidas de ajedrez antes de la cena, o bailando con Mica y haciéndonos reír con sus bromas, claro que por otro lado ahora tenía a Mica para mi solo y la ausencia de papá nos hizo unirnos aún más. Muchas noches nos quedábamos mirando tele en la sala y nos sentábamos juntos y Mica me abrazaba y yo me sentía en el paraíso y me dormía así sentado junto a ese cuerpo tibiecito y después Mica me mandaba a dormir y cuando me acostaba venía en camisón y con una bata encima a darme el beso de las buenas noches y, al inclinarse, yo trataba de espiar su escote y si tenía suerte le veía un poquito de tetas. Una noche no podía dormirme de la terrible calentura que tenía y se me ocurrió una idea. Grité: ¡No!, ¡No! Muy fuerte y escuché la voz de Mica: -¡Juani!, ¡que te pasa querido! Y vi que había prendido la luz de su dormitorio y me hice el dormido y seguí gritando. Mica entró corriendo y prendió la luz de mi lámpara, entonces simulé despertarme. ¡Guauu!, Mica estaba en camisón y era absolutamente transparente y se le veía todo. ¡Qué pezones!, y le vi la sombra de la entrepierna y casi se me para el corazón. –Mica, ¡Freddy me quería matar! Se rió, -Ay Juani, fue una pesadilla chiquito, no tenés que ver esas películas de terror… Y yo: Mica tengo miedo. –Vamos dormite que ya pasó… Y yo insistiendo: No, no, Mica ¿puedo dormir con vos? Y Mica se reía y aceptaba: bueno, pero por hoy nada más, ¿está bien? Y me levanté de un salto, tenía puesto solo el pantalón corto de un pijama de verano y me abracé a ella y fuimos caminando a su dormitorio. ¡que tibia que era y que lindo olor tenia! Cuando nos acostamos le vi la raya del culo y como se le revoleaban las tetas al acostarse y comencé a tener una erección que pensé que se me iba a notar pero Mica apagó la luz y me abrazó. Hundí la cara entre sus tetas y Mica me dio un besito en la frente y me dijo: -Dormí chiquito que Mamica te va a cuidar. ¡Pero qué iba a dormir!, me moría de la calentura y trataba de no acercarme demasiado a sus piernas para no tocarla con mi pija que parecía un ariete capaza de derribar una muralla. Comencé a sentir su respiración haciéndose cada vez más lenta y me di cuenta que se dormía poco a poco. En un momento refunfuñó y se dio vuelta dándome la espalda, comprendí que tenía calor y me acerqué con cuidado de despertarla y apoyé una mano sobre su cadera. ¡El camisón se había levantado y toqué su piel desnuda!, mi corazón empezó a latir cada vez más fuerte y me costaba dominar mi respiración pero me acerqué un poco más y con mi pierna toqué su culo tibio, ahora estaba temblando y me sentí afiebrado. Casi sin moverme me saqué el pantalón y me volví a acercar al culo desnudo de Mica y lo toqué con la cabeza de mi pija. Mica rezongó un poquito y se movió apenas pero volvió a quedarse quieta y entonces, envalentonado por mi calentura, apoyé la cabeza inflamada en la raya del culo y la sentí entre los cachetes, me quedé quieto tratando de contenerme pero mi naturaleza me traicionó y se me escapó un fuerte chorro de leche y otro más apenas un segundo antes que Mica dijese: ¡Pero…! y su mano descendiese para tocarse el culo empapado. Entendí entonces que había cometido un gravísimo error y dándome vuelta llorando supliqué: Perdoname Mica, perdoname, entre llantos cada vez más fuertes. Mica se dio vuelta e intentó hacerme voltear hacia ella pero yo me resistía avergonzado y atemorizado por el probable castigo pero Mica sólo decía: -Chiquito, chiquito querido, mi bebito ya es un hombrecito, mi pobrecito bebé, venga con su Mamica. Sorprendido por sus palabras me di vuelta lentamente y Mica me abrazó y me daba muchos besos mientras decía: Mi pobre hombrecito, su cuerpo ya le pide cosas que mi nene no puede procurarle, chiquito querido, pero su Mamica lo va a ayudar a su nene querido. Me abrazaba y su mano recorría mi espalda y me acariciaba las nalgas y mi pene volvía a crecer (maravillosa adolescencia), sentí su pierna entre las mías y una mano descendiendo entre los cuerpos y capturando mi verga enhiesta y la expresión de sorpresa de Mica: ¡Juani, pero que pedazo de…! ¡Mi nene, igualito a su papá! La mano de Mica me estremeció y casi me derramo en ella pero Mica dijo: -Esperá chiquito. Y sentí que Mica se sentaba en la cama y algo hacía y cuando se volvió a acostar sentí su piel desnuda contra mi cuerpo, ¡Estaba desnuda! Me apretó contra su cuerpo y yo me aferré a ella ya sin ningún miedo pero Mica me volvió a pedir que espere diciendo además que quería verme y lo que hizo fue prender la luz y destaparnos. Me quedé con la boca abierta mirándola, y ella me miraba también asombrada, claro yo era delgadito y mi pija parecía más grande todavía emergiendo de ese cuerpo de adolescente. Pero no dudé demasiado y me arrojé sobre sus tetas y me llené la boca con un pezón gigantesco mientras Mica me abrazaba y me pedía con voz algo ronca y un leve jadeo: Despacito mi amor, despacito, que me hacés doler. Claro, yo mordía y no me daba cuenta por la terrible calentura pero pronto entendí y lamí y chupé los pezones pasando de uno a otro deleitándome con su sabor. Pero Mica me apoyó las manos en los hombros y empezó a empujarme hacia abajo y así fui descendiendo por todo su cuerpo hasta llegar a sus piernas abiertas, allí estaba el premio mayor: la concha mojada de Mica. La miré un momento con la boca haciéndose agua y después hundí mi cara y chupé, mordí, lamí y Mica se reía por mi torpeza pero encontré algo como una pijita y la apreté con mis labios y chupé fuerte. Mica gritó y me asusté, pensé que le había hecho mal y le pedí perdón pero ella me dijo: No, no Juani, no me hiciste mal, seguí haciéndome lo mismo que eso me encantó, entonces metí mi cara casi completamente adentro de su concha y me dediqué a esa pijita con esmero y me bebí todo el rico licor de mujer que le salía de la concha. Pero Mica empezó a levantarme de los brazos y volvió a acostarme sobre ella y su mano izquierda me agarró la pija y tiró de ella acomodándola entre los labios de la concha y con su mano derecha me agarró de las nalgas y empujó hacia si y mi pija entró deslizándose dentro su cuerpo y sentí que el interior de la concha era muy caliente y húmedo y era increíble lo que sentía y Mica me metió la punta de un dedo en el culo y yo no pude aguantarme y me fui con todo. Mi cuerpo se sacudió en el medio de convulsiones y pensé que el corazón me iba a estallar y hundí la cara en el cuello de Micha jadeando y mojándola con mi saliva. Sentía los chorros de mi leche saliendo con una fuerza terrible, era mi debut sexual y estaba acabando a lo bestia. Solo cuando los latidos de mi pija comenzaron a disminuir me di cuenta que la pobre Mica no había acabado: Perdoname Mica, se me escapó, no pude aguantarme, vos, vos… Pero la adorable Mica siempre me disculpaba: Chiquito, no importa, yo gocé sintiéndote gozar a vos, ese fue mi mejor premio. Pero Mica, yo quería que vos también… Mica se rió: No te preocupes Mica va a lograr que la hagas gozar como ni te imaginás que podés hacerlo, ya vas ver chiquito. Y volcándome a un lado me acostó sobre mi espalda, mi pija flácida se deslizó a un costado de mi cuerpo saliéndose de la concha como resbalando. Entonces Mica se arrodilló entre mis piernas y me tomó la pija con la mano y se la metió en la boca, gemí, la boca estaba muy caliente y me excitaba, Mica se la sacó de la boca y retiró la piel hacia atrás descubriendo la cabeza roja y la miró detenidamente antes de meterla nuevamente en la boca, la chupó profundamente arrancándome gemidos de placer. Luego volvió a sacarla y la miró sonriendo pasándose la lengua entre los labios y tragando saliva dijo: ¡Qué rica!. Y volvió a chuparla. Ahora la chupaba metiéndola toda y, manteniéndola apretada entre los labios, succionaba haciéndola crecer chupada a chupada, la cabeza estaba cada vez más grande y ya me parecía un globo. Repetía la misma operación dos o tres veces y se la sacaba de la boca para mirarla y volver a mojarse los labios y relamiéndose tragar luego saliva y volver a meterla en la boca, verdaderamente disfrutaba de la terrible chupada que me brindaba. Me volvía loco, mi cabeza se sacudía a un lado y otro, mi cuerpo se contraía en cada chupada y mis manos se aferraban a las sabanas. Empecé a sentir que desde el fondo de mi cuerpo crecía el orgasmo más grande de mi vida y cuando la verga me empezó a latir y ya estaba a punto de soltar el primer chorro de leche me senté gritando: ¡Mica! Y Mica se sacó la pija de la boca y mirándola sonriendo me clavó la punta del pulgar bajo el glande y yo asombrado vi como la cabeza, inflamada como una pelota de tenis, latía fuertemente en una terrible acabada ¡pero ni una gota de leche salía! Caí de espaldas revolcándome en la cama y gritando pero Mica no la soltaba y me miraba con una sonrisa que me pareció perversa. Me dolía el pecho y me ahogaba al faltarme la respiración. Mica, Mica, quise preguntar pero Mica me interrumpió contestando: Esto se llama orgasmo seco Juanito, te hice acabar pero sin eyacular, ahora la pija no se te va a bajar por un rato largo y me vas a hacer gozar como nunca te imaginaste que podrías hacerlo. Se arrodilló sobre mi y vi sus muslos que brillaban mojados por el semen que aún le chorreaba de la concha. Me tomó la pija y la colocó entre los labios empapados e hinchados y se sentó de a poco metiéndosela, vi que cerraba los ojos como si le doliese, claro la cabeza estaba tan hinchada que tenía casi el doble de su tamaño y debía dolerle, pero Mica no se detuvo hasta que estuvo completamente sentada sobre mi pelvis y tenía la pija totalmente adentro. Se quedó un momento quieta respirando hondo y tratando de acostumbrarse de a poco y luego empezó a moverse despacito, subía y bajaba lentamente y, a medida que la concha se le iba a dilatando, se movía con más confianza: subía y bajaba y al sentarse me frotaba la concha contra la pelvis y así seguía, una subida, una bajada y una cepillada. Después incorporó otros movimientos, rotaba el cuerpo sobre el eje de mi verga y terminaba siempre con la cepillada. Empezó a gemir y la cabeza se le caía a los costados o hacia atrás, cerraba los ojos o los abría desmesurados mirando el techo , se echaba hacia atrás apoyando las manos en mis rodillas o se echaba sobre mi cuerpo y me pasaba las tetas por la cara. Finalmente comenzó como a sollozar y cayó sobre mi y estirando sus piernas las cerró apretándome la pija y me pidió con voz ronca: Abrazame. Lo hice pero la agarré de las nalgas y le metí un dedo en el culo, Mica gimió y hundiendo la boca en mi cuello gritó y comenzó a sacudirse en una feroz acabada. La tuve así agarrada y sintiendo sus terribles sacudidas y los latidos de su concha que se me hacían como manitos que me apretaban la cabeza de tan fuertes que eran. Mica acabó por largos minutos y cuando empezó a tranquilizarse comenzó a reírse y me dijo: Te dije que me ibas a hacer acabar como ni te imaginabas… Mica se reía de pura alegría que sentía, -acabé como una perra, ja ja ja, viste Juanin, ja ja ja. Pero a mi la pija no se me bajaba y empecé a moverme de a poco apretando el dedo que conservaba metido en el culo de Mica. Pero Mica levantó la cabeza de mi cuello que había babeado y mirándome a los ojos me preguntó: ¿Te gusta mi cola Juani? -Claro, contesté. Entonces preguntó: ¿La querés? Casi grité ¡Si! Entonces se levantó sacándose la poronga y abriendo un cajón de la mesa de noche sacó un frasco con una crema blanca con la que me untó la pija. -.Es para lubricarte y que no me duela, informó, y luego se arrodilló en la cama con la cara apoyada en la almohada y me dijo: Ponete atrás y metemela despacito Juani, pero tené cuidado que eso duele, despacito acordate. Le hice caso pero a pesar de mi cuidado Mica gritó cuando le entró la cabeza y me asusté y casi se la saco pero me dijo: No la saques, seguí Juani, seguí, no pares. Finalmente la metí toda y Mica jadeaba y me pidió que esperase que se le dilatase un poquito, después ella misma me dijo: Movete despacito Juanito pero no pares que esto es delicioso. Si, era delicioso, el culo era mucho más apretado que la concha y sentía muchísimo placer y me di cuenta que no iba a durar demasiado pero por suerte Mica también estaba gozando a lo bestia y hundía la cara en la almohada ahogando sus jadeos y yo ya respiraba con la boca muy abierta y se me cerraban los ojos. Cuando acabé el primer chorro de leche fue tan fuerte que Mica gritó y también empezó a acabar sacudiéndose. Caí sobre su espalda y Mica estiró las piernas y quedó acostada boca abajo conmigo besando su cuello. Nos quedamos así un rato largo hasta que Mica me dijo que deberíamos bañarnos porque estabamos empapados en leche y flujo y además quería cambiar las sábanas que estaban imposibles de tan mojadas. Después nos dormimos agotados hasta muy tarde en la mañana y cuando nos despertamos volvimos a coger, como cada día de los cuatro meses siguientes hasta que volvió papá, pero eso no significó que dejásemos de coger, lo hacíamos cuando papá estaba trabajando pero por las noches Mica era de él, fue una época maravillosa, la más feliz de mi vida.

El premio

Recibí el llamado de mi prima Julia, que para mi sorpresa me informaba que nos habíamos hecho acreedores a un premio que una empresa había instituido para promocionar el intercambio turístico con Méjico. Dicho premio consistía en un viaje a Cancún para una pareja por una semana, y cinco mil dólares no canjeables para otras personas. Yo no había sido consultado por Julia que arguyó que jamás pensó ganarlo y me explicó que había escrito varias cartas con distintos nombres de allegados sin mayores expectativas, y a pesar de su descreimiento, resultó favorecida. Aunque el premio era tentador, le expresé la imposibilidad de convencer a nuestros cónyuges de prestarse a la situación de ir solos como si fuésemos un matrimonio. Me sugirió que lo intentase, pues confiaba en mi poder de persuasión para poder hacernos de los cinco mil dólares que tanta falta nos hacían.

Julia nos invitó a cenar el viernes siguiente y allí llegamos puntualmente con mi esposa a la que ya había puesto enconocimiento de la razón de la invitación, preparando el terreno luego de convencerla de la necesidad del premio en dinero. Luego de una velada entre chanzas y comentarios jocosos e intencionados, y ante la seriedad de la propuesta finalmente todos nos pusimos de acuerdo para disfrutar del dinero manteniendo el respeto mutuo que habíamos edificado durante nuestra relación de varios años.

Julia realizó todos los trámites pertinentes a través de la compañía, sin mencionar nuestro vínculo familiar por temor a que nos descalificaran. Recién estuvimos seguros cuando en Ezeiza conocimos a las otras cinco parejas y nos embarcamos con destino a Cancún.

Llegamos a un hotel magnífico que poseía una playa privada, bañada de aguas cristalinas, donde podía observarse el lecho del mar con toda nitidez. Al registrarnos le expliqué al conserje nuestro parentesco pidiendo habitaciones separadas. Me contestó que le era imposible satisfacerme, pues estaban todas ocupadas, aunque luego de consultar con el gerente en un gesto inusual me ofreció la suite nupcial, con una habitación amplia con la cama matrimonial, y otra antesala con un diván, donde yo podría dormir. Por supuesto acepté y el conserje con un guiño me deseo suerte pues esa suite no sería ocupada esa semana y como excepción me la cedían. Adentro de la misma una piscina pequeña de agua caliente en forma de ele adornada con plantas, le aportaban un encanto especial desde cuyo ventanal se podía apreciar el mar entoda su inmensidad. Desde el balcón al abrirlo, se oía el sonido rumoroso de las aguas que bañaban la playa del hotel dándole un tinte romántico con la luna que iluminaba las noches

Luego de instalarnos, y admirar la suite que nos habían cedido, nos duchamos y bajamos a cenar donde nos esperaban con una recepción especial. Nos ubicaron con las otras parejas, y luego de compartir la mesa, a los postres, una orquesta amenizó la velada. Tocaron un tango dándonos la bienvenida, y por supuesto salimos con Julia a bailar. Al retornar fuimos efusivamente felicitados por todos que elogiaron la destreza y la sensualidad demostrada por Julia que era una magnífica bailarina. Recuerdo que yo al sentir su cuerpo pegado al mío, había experimentado el endurecimiento de mi miembro y temiendo que se diera cuenta la invité a sentarnos.

Nos retiramos a descansar luego de una jornada intensa y al llegar a la habitación le ofrecí dormir en la cama matrimonial mientras yo lo hacía en el diván. Pensando en Julia con su cuerpo joven, su cabello renegrido y sus ojos oscuros que insinuaban una sensualidad y una belleza que siempre me subyugó, y tratando de alejar de mis pensamientos de los que me podía arrepentir, me dormí profundamente.

Me desperté por la mañana,sobresaltado, con el llamado del conserje que nos invitaba a desayunar e ir de excursión al museo antropológico y a un mercado de artesanías aztecas que estaban dentro del programa. Caminamos durante varias horas recorriendo la feria y los alrededores y retornamos exhaustos a las cinco de la tarde. Tomamos un baño en la piscina de la habitación y luego nos encontramos con todos para cenar. El menú era muy variado y luego a los postres nuevamente la orquesta interpretó canciones mejicanas, tangos y boleros. Intercambiamos parejas hasta que finalmente bailé con Julia. Sentí su cuerpo sensual, y nuevamente experimenté el endurecimiento de mi miembro por lo que traté de separarme, pero ella no me lo permitió, al contrario sentí como me apretaba. Su pelvis y los pechos tomaron un contacto íntimo con los míos. Sentí su aliento cálido y su respiración agitada. Rocé su oreja y su mejilla con mis labios y en ese momento se separó y me dijo que iba a la habitación a ducharse y dormir, pues estaba cansada, aunque yo podía quedarme.

Habrían pasado diez minutos cuando decidí retornar también a la pieza sin poder frenar mi ansiedad por verla. Abrí la puerta de la suite y escuché el ruido de la ducha. Me asomé y a través de las paredes de vidrio esmeriladas del baño, advertí la silueta borrosa desnuda de Julia que acariciaba con una esponja su magnífico cuerpo.Esperé que saliese de la ducha cubierta con un deshabillé blanco, y luego fue mi turno. No cruzamos palabras. El momento era tenso y traté de esquivar su mirada. Me bañé y al enjabonar mi miembro no pude evitar pensar en Julia y nuevamente éste se endureció, me avergoncé pero no lo pude impedir. Al salir me cubrí con una salida de baño y miré hacia el balcón. Allí estaba ella contemplando el mar y la luna llena, mientras se escuchaba una canción de Javier Solís que salía del parlante de música funcional ubicado en la pared. Me acerqué y tomándola de los hombros la giré y la invité a bailar. Me miró y sin pensarlo la besé. Me respondió con un beso profundo. Su lengua húmeda y pegajosa jugando con la mía me decidieron. La alcé y la llevé a la cama. Dejó caer el deshabillé y la observé desnuda totalmente por primera vez. Era una hermosa hembra con su cabellera negra, sus ojos pardos expresivos y anhelantes. Poseía dos senos firmes de pezones grandes,endurecidos por el deseo. La besé nuevamente y la deposité de espaldas en lacama. Me saqué la salida de baño y Julia con la voz entrecortada me suplicó, al ver la dimensión adquirida por mi verga, que le tuviese compasión ya que hacía años que no tenia relaciones con su marido homosexual y solo la masturbación lehabía permitido mantener su libido. Abrió sus muslos invitándome a penetrarla.Su vulva oculta por un vello pubiano renegrido y prolijo fue un estímulo para explorarla e introducirme en su profundidad. Me situé entre sus piernas ydirigí con mi mano el glande descubierto hacia el clítoris, acariciándolo con suavidad. Arqueó su pelvis para incitarme a penetrarla, pero yo con dominio de la situación me demoraba, hasta que en un susurro me suplicó que apagara el fuego que la consumía desde hacía años, entonces la penetré. Lentamente le introduje la verga hasta los testículos, entrando y saliendo mientras ella jadeaba y gemía de placer, me pedía más y más. Me aseguraba que jamás había gozado tanto con un hombre, que quería ser mi amante a pesar de nuestra relación familiar. Nos dormimos abrazados, despertando varias veces para reiniciar los besos y las caricias. Su lengua y su boca lograban lo que no me sucedía desde hacía años, ponía mi miembro en condiciones para penetrarla. Tuvo varios orgasmos y el semen derramado escurría por sus muslos Ya con el alba y luego de tragar el semen de mi último orgasmo nos dormimos hasta la tarde debido al cansancio y la noche lujuriosa que tuvimos.

Bajamos a cenar y fuimos recibidos por el resto de los comensales con palabras intencionadas ya que las ojeras deJulia y las mías denotaban la noche vivida. Otra pareja también había desistido de la excursión y fue objeto de bromas respecto a la sesión sexual y terminamos riendo todos juntos e incitándolos a contagiarse al resto.

A partir de esa noche prácticamente nos recluimos y solo bajábamos a para las excursiones y a cenar ya que el resto del día lo disfrutábamos en la habitación. De la cama pasábamos a la piscina donde practicábamos el amor de todas las formas y posiciones posibles. Julia se había transformado en una adicta y yo respondía con crecesante sus estímulos. Me encantaba verla abrirse los labios de la vulva con sus dedos y mostrarme la humedad de la vagina. Me pedía que le estimulara el clítoris con mi lengua y la preparase para cogerla. En la piscina y bajo el agua también lo hacíamos. Nos bañábamos desnudos y gozábamosdel agua templada que acariciaba nuestros cuerpos. El día previo a nuestro regreso, al borde de la piscina, luego de coger por la vagina le propuse penetrarla por el ano, y pese a ser reticente al principio finalmente aceptó. La preparé con la lengua y luego con mis dedos le dilaté el orificio anal. La puse en posición y comencé a presionarla con mi verga dura,mientras ella me aseguraba que era su primera vez, y yo la desvirgaba con su consentimiento por el amor que sentía por mí.

Nos despidieron con una fiesta donde prometimos volver y ser los mejores propagandistas en nuestro país, del hotel y de las atenciones recibidas durante nuestra estancia.

Nos embarcamos en la Aerolínea Mexicana a las diez de la noche en un avión con muchos asientos desocupadospor lo que pudimos recostarnos sin problemas en el último asiento para descansar y reponerme de una semana agitada. Cenamos frugalmente y luego me recosté a lo largo del asiento. Había pasado la medianoche y Julia me despertó, me propuso encontrarnos en el baño del fondo en cinco minutos mientras ella se aseaba. Me despabilé y miré alrededor, todo era silencio en la penumbra, solo se oían las turbinas del avión. Me encaminé al fondo y golpeé la puerta. Juliala abrió y me hizo pasar, estaba completamente desnuda, sensual, apetecible. Nolo dudé, me ayudó a desvestirme, y poniéndose en posición para facilitarme la penetración comenzamos una cogida fantástica e irrepetible a diez mil metros dealtura. Jadeaba y gemía de placer ante cada embestida. Eyaculé mientras ella experimentaba un orgasmo entre promesas de amor y deseo irrefrenable.Finalmente me vestí y luego de acicalarme y peinarme la dejé para retornar a mi asiento. Diez minutos después retornó Julia, compuesta como si nada hubiera ocurrido. Nos dormimos abrazados y solamente nos despertamos cuando la azafata nos trajo el desayuno Con picardía nos preguntó si habíamos disfrutado del viaje y agregó que seguramente se había consumado la fantasía de muchos viajeros ya que se había cuidado de no interrumpirnos a pesar de haber oído los gemidos que venían del baño. El rubor encendió la cara de Julia y en un susurro le agradecimos su discreción.

Aterrizamos en Ezeiza y nos despedimos de nuestros ocasionales compañeros, siendo recibidos con alegría por las familias para disfrutar del premio en dinero, que con ellos sí, podíamos compartir.

Munjol.

Follándome a mi vecino

Un saludo a todos. Mi nombre es Ana tengo 19 años, vivo sola en un apartamento del centro de Barcelona gracias a lo que me dan cada mes mis padres porque yo no trabajo.

Me pasa casi todo el día con mis amigas y mi novio. Aunque para lo que les voy a contar no les hace falta les voy a decir como es él: mide 1,90, es moreno de piel, el pelo medio largo también muy oscuro, unos ojos verdes preciosos, unos labios muy carnosos que me encanta besar, un cuerpazo muy musculoso y fuerte y un rabo muy lindo, me gusta comérselo porque de todos los novios que he tenido, él es el que lo tiene más grande.

A las chicas creo que les parecerá que es un chico perfecto porque además me quiere mucho y siempre está pendiente de mí. Supongo que el motivo es que yo, aunque no esté bien que lo diga, no estoy nada mal. Se que a los chicos les gustará que me describa y esto es lo que voy a hacer a continuación: mido 1,70, también soy morena de piel, tengo el pelo castaño muy claro (casi rubio), los ojos son una mezcla entre verde y marrón miel, mis labios son bastantes gruesos, carnosos y mi novio dice que le hago unas mamadas muy buenas (tendréis que creéroslo y soñar con ello). Pero lo que más me gusta
de mi cuerpo y en lo que los hombres se fijan cuando me ven son mis pechos, tengo 110 y un trasero muy firme y redondito, soy muy delgada y esto aún resalta más mis curvas.

Como me gusta mi cuerpo y me encanta que a los hombres se les caiga la baba siempre llevo ropa muy ajustada y con algunas transparencias, acostumbro a llevar unos sujetadores muy pequeños (algunas veces voy sin ellos, pero mis
pechos tiene demasiada vida propia, y solo llevo tangas porque las bragas me molestan. Después de esta presentación voy a contarles lo que me ocurrió hace unos días cuando yo me estaba duchando. Como de costumbre tenía la ventana a medio cerrar cuando vi a mi vecino que también estaba en el baño, él vive en frente mío y se que se fija en mi y que acostumbra a mirar por su ventana a ver si me ve desnuda. Pero yo nunca lo había visto a él. Cuando me fijé un poco más vi como se estaba masturbando, primeramente me hizo gracia porque siempre lo había visto muy modosito. Pero me sorprendí uchísimo
cuando se giró un poco y pude observar bien como la tenía de grande. ¡¡¡DIOS!!! Jamás había visto nada parecido, era enorme, debía medir más de 30 cm. (la mayoría de la gente dice que no le importa el tamaño, pero la verdad es que se conforman con lo que tienen para no deprimirse) de repente empecé a sentirme muy caliente, solo de verle toquetearse ese enorme mástil, ya estaba más cachonda que cuando me follo a mi novio.

Después de unos segundos en los que instintivamente me empecé a frotar mi coñito salí de la ducha, me sequé con prisas y aún con el pelo medio mojado me puse un vestidito que tengo para estar en casa, es muy cortito, apenas es dos dedos más largo que donde termina mi trasero y muy escotado y de color negro, pero medio transparente (aunque si no te fijas mucho no se me ve como si estuviese desnuda), antes de salir me puse el único tanga que tenía en ese momento en el cajón, también negro y con unos dibujos, es de mis preferidos porqué es muy suave. Sin pensármelo y sin coger nada salí de casa y llamé a su timbre. Al cabo de unos segundos abrió la puerta, se había vestido con prisas y aún se le notaba el esfuerzo que había estado haciendo.

– hola – hola – ¿qué quieres? – ¿puedo pasar? – Si claro – ¿Te he interrumpido algo? – No. (Mintió) – Es qué ahora hace un momento te he visto en el baño… – (empezó a enrojecer) ¿ah si? – Si, y me encantaría comerte el rabo.

Esto terminó de sorprenderlo y antes de que pudiese responder me acerqué hasta que mis pechos rozaron los suyos. Él estaba sudando y para acabar de calentarlo me giré y con mi culito empecé a refregar su entrepierna. Ya se notaba el bulto que yo deseaba. Le quité la camiseta, le bajé los pantalones y allí estaba, el paquete más grande que he visto en unos boxers azules a punto de reventar. Le toqué por encina de los boxers y de repente sus manos cobraron vida y me levantó el vestido con tanta fuerza que se rompió. Me agarró los pechos con mucha fuerza, me hizo un poco de daño, pero me daba igual. Lo empujé con todas mis fuerzas hasta que, dándonos algunos golpes llegamos al comedor y lo tiré al sofá. Empezamos a besarnos apasionadamente. Yo estaba encima suyo y aunque no era su cuerpo en si lo que me interesaba le estaba lamiendo todo el tórax (no era como mi novio, pero sí que se le notaba que hacía algo de ejercicio). Yo ya me estaba cansando así que le dejé un momento y me centré en lo realmente importante, su palo.

Le bajé los boxer y empecé a comérselo, parecía que me fuese la vida, pero es que estaba muy, pero que muy cachonda. Él estaba muy caliente también, pero el solo hecho de aguantar mis lametones le impedía hacer nada más. Al cabo de unos minutos él se corrió mientras yo aún tenía su rabo en mi boca y la leche que salió era proporcional a su tamaño, me llenó toda la boca y aún sobró mucho que tuve que desperdiciar, el resto me lo tragué, que buena estaba. Ya me estaba levantando cuando me agarró el culo y me dijo que ahora le tocaba a él divertirse, así que sin esperar respuesta por mi parte me arrancó el tanga como había hecho con el vestido y me metió su mástil por mi rajita, acababa de correrse, pero se ve que no necesitaba demasiado descanso porque ya lo tenía otra vez erecto.

Al entrar me dolió un poco por su exagerado tamaño, pero pude aguantarlo porqué estaba tan mojadita que podía entrar y salir sin problemas. Como era yo la que aún estaba encima empecé a cabalgarlo mientras él me magreaba los pechos, tardó algo más que antes en correrse y no con tanta cantidad, pero yo disfruté como nunca lo había hecho con mi novio. Le dije que se la limpiaría y así lo hice volví a lamérsela hasta que quedó limpita. Me fui con una toalla que me dejó porque me había roto la poca ropa. Aún estoy saliendo con mi novio, pero no hay ni un solo día que no me folle a mi vecino Si desean ponerse en contacto conmigo para compartir experiencias calientes como esta, pueden escribirme

Autor: Ana ana_696969@hotmail.com