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Mi tío me pone

Hola mi nombre es Laura. LLevo dos años viendo como mi tio Raul me gasta mas bromas de manos, cuando antes para darle un beso para saludarlo tenia que ser que nos vieramos por casualidad en la calle y con gente extraña.

Yo para deciros la verdad, iba mucho por casa de mi abuela donde vive mi tio Raul porque trabajaba y me dejaba toda la habitacion para mi sola y os hablo de dvd, gran televisor, video, ordenador y lo que a mi me encantaba el internet.Una amiga me enseño un truco del ordenador el como se descubria las ultimas paginas de internet que habias utilizado, y eso es lo que hacia con el ordenador de mi tio cuando el no estaba. Descubria que mi tio se bajaba videos de pornografia, de hombres con jovencitas y asin poco a poco descubria otra faceta de mi tio que jamas me hubiera imaginado.

Un dia en el que toda mi familia pintaba la casa de mi abuela donde vive mi tio, que por cierto no os he hablado de el. Alla voy, el mide unos 1.7….tantos largos es rubio con ojos azulgrisaceos, le gustaba mucho hacer deporte y por ello tiene un cuerpo muy apetecible, nada de musculitos pero muy bien conformado y su mejor aficion es la montaña, es un David de migel angel sin pulir, tienes unos 30 añitos y como he dicho muy bien cumplidos. Y yo solo bajita de piel blanca, rubia, de ojos celeste claro, buena constitucion pero hay algo que creo que se,es que destaco y son mis pechos muy boluptuoso y de pezones grandes y rosados, mi edad es de 17 años.

Como decia , un dia nos reunimos toda la familia que somos muchos para pintar la casa de mi abuela y estabamos alli mi tio y yo y mi hermana y mi otro tio su mujer osea mucha gente en una habitacion todos limpiando los goterones de pintura en el mueble y en el suelo, yo estaba dando la crema de pulido al ropero el por arriba y yo por abajo y no se por que lo hice pero me acorde de esas fotos del internet de mi tio, era verano y por esos todos llevabamos lo mas fresquito de ropa que teniamos, yo unos pantalocitos de lycra antiguos y camiseta ceñida y el solo unas calzonas de playa, fue entonces cuando me acerquepara limpiar la zona deabajo justo donde estaba el por la parte de arriba,a escazos centimetros de su pene entonces me asegure y me incorpore justo donde mi culo le rozara sus caderas y con tanto mover las manos en el pulido le coloque mi culo en su parte y note algo que me gusto estuve puliendo aquella zona del ropero largo tiempo y mi tio no se quitaba y entonces fue cuando note como su verga se hinchaba en mi culo notando como se calentaba algo habia en el que me aseguraba la complicidad pero entonces el se aparto puesto que alli en esa habitacion habia mucha gente,y no seria muy bien visto como se le veia su miembro.

No deje ni un dia en pensar en aquel momento del ropero por lo que empezaba a fantasear con el,creo que incluso me estaba obsesionando,pero lo mejor es que me gustaba este morbo.Fue entonces que decidi ir todos los dia a la casa de mi abuela entrar en la habitacion de mi tio a mirar las paginas que el utilizaba y de vez en cuando tocarme viendo la pantalla del monitor,Seguia siendo verano y un dia que fui a la casa de mi abuela en la habitacion de mi tio Raul, estaba el alli acostado en la cama lo mire y vi como dormia apenas le hice caso y me fui directa para el ordenador, Mi tio estaba de espalda a mi y yo no sabia si hacer lo de todos los dia, me puse muy nerviosa sali de la habitacion y le pregunte a mi abuela.

-Que hace Raul acostado en vez de estar trabajando?.

-Es que hoy ha trabajado por la mañana y esta descansando. dijo mi abuela, el trabajaba cuidando rapaces, hasta en eso era especial.

Me prepare un cafe y volvi a la habitacion decidida en provocar algo, en forzar algun momento que me hiciera recordar el dia del ropero, lo mire de nuevo, el seguia de espaldas a mi, me sente y decidida me puse a mirar lo que el habia navegado antes, y asi fue como otro dia mas el seguia viendo las mismas paginas de siempre, sexo con jovencitas, el morbo de que mi tio estuviera alli de espaldas los nervios tensos de saber que el se podria girar y ver lo que estaba haciendo me puso peor de lo que estaba, fue entonces que entro mi abuela y me dijo que salia a casa de mi tia que vive al lado, le dije que vale que yo me quedaba un poco mas chateando con mis amigas.

Mi abuela se fue y me encontraba sola con mi tio de espaldas acostado solo en calzonas y con el ordernador viendo unas fotos de un tio mayor metiendole su polla en la la boca de una colegia.Me roce mis bragas, me toque no lo podia evitar, me estaba masturbando en la habitacion de mi tio de espaldas a el, pasando de foto en foto cuando el se giro de repente,cambie de pagina estresadamente y muy torpemente con el afan de disimular…el ventilador del techo giraba pero no hacia el minimo efecto de fresor en aquella tarde de verano del sur,el se coloco boca arriba y con su mano derecha se rasco su entrepierna de tal manera que por debajo de sus calzonas se le podia ver sus bellos. ahi se quedo!!

No sabia que hacer, si salir de alli y dejarle dormir o seguir buscando paginas o seguir tocandome, no hice nada de eso, sali de la habitacion a por agua ya que tenia la garganta seca y la piel de gallina.

Me apolle en la nevera tragando agua fresquita llene un vaso y fui otra vez a la habitacion pero antes de sentarme en la silla giratoria del ordenador me pare viendo , bueno me pare, me agache para ver si debajo de sus calzonas se veia algo mas que su bello, asi fue como logre ver ver mi primer testiculo adulto de un hombre. Me sente pero esta vez gire el sillon y me puse frente a el a un metro de el, La habitacion de mi tio era pequeña asin que me era facil tocarle con solo estirar el brazo.Eso fue lo que hice estire mi mano derecha en el muslo de mi tio y mi otra mano se fue a mi entrepiernas a acariciarme mis braguitas, subia poco a poco sabiendo que mi tio dormia, me acerque mas a el y seguia acariciando su muslo sin ninguna reaccion ,subi hasta tocarle su testiculos era un tacto raro, blando caliente y peludo y yo empezaba a humedecerme, me tocaba y le tocaba sin ser muy descarada y sin movimientos bruscos , para evitar despertarle pero entonces vi como algo se movia dentro de sus calzonas era su pene !! aparte la mano y me volvi al ordenador,pero el no se movio ni se quejo seguia alli boca arriba pero con un gran bulto en sus calzonas, me ruborice y volvi a mirarle por debajo y vi como entre el hueco de su bulto tapado por la tela y su piel se veia un trozo de carne , algo que jamas vi solo en fotos y en la tele pero el calor que senti en su entrpiernas quitaba la frialdad de una foto del ordenador.

Soy virgen me dije a mi misma, nunca he visto nada de esto en la vida real y ademas me estaba quemando, pero sabia que si me acercaba otra vez con la mano y le tocaba la reaccion que tuvo de empalmarse le haria esta vez de despertarse, entonces pense en solo sentir su bulto como el dia del ropero. Me arme de valor, cerre la puerta de la habitacion, apague el ordenador y me quite las bragas que ntenia mojadas debajo de mi falda de hilo y me sente en la cama, me acoste al lado y removiendome le hice saber a mi tio que yo estaba alli.

-Tio no te importa que duerma la siesta aqui? Es que he estado chateando con mis amigas y me ha entrado sueño- Le menti.

Mi tio recien despertado solo pudo balbucear.

-Esta bien acuestate pero darle mas potencia al ventilador. – Me incorpore le di al ventilador y me removi de nuevo buscando algo.Solo encontre a mi tio boca arriba dormiendo y yo como una tonta nerviosita perdiada mas tiesa y temblona con mis partes mojadas. Me dio un arrebato de verguenza y me deje de estupideses. Mi tio era un hombre mayor, con una novia guapisima buenisima y encantadora que me caia genial y yo estaba intentando frustar una pareja tan bonita. Cuando mi tio se incoporo y se puso de mi lado alzando su brazo y cubriendome tocando su antebrazo en mis pechos , de nuevo empezo a correr mi sangre ,porque senti como su pene duro tocaba mis caderas y su antebrazo con su peso estrujaba mis boluptuoso pechos, me quemaba su pene notaba su calor entre mis faldas sin bragas y sus calzonas, queria sentir eso!. Me volvi me levante la falda y le puse mi culo entre su pene pero antes se lo refregue para que lo sintiera lo movi un poco y el se movio tambien para colocarlo pegado entre mis cachas,le subi la mano y se la puse entre mis pechos. Todo ello como si solo fuera un acople para dormir mejor.Y fue asi como sucedio para mi tio que solo sabia dormir,alli estaba yo medio desnuda con su pene apoyado entre mis cachas del culo y su mano entre mis pechos.Pasaron dos minutos asin mas o menos y note como se empequeñesia el bulto de mi tio,no lo pense volvi a moverme para refregarle mi culo y su reaccion fue la de volverse hacia arriba pero yo me vol vi a la vez y le puse mi rrodilla en su muslo y mi mano a la altura de su ombligo y le note sus bellos.

La mano de mi tio caia en la altura de mi coño asin que lo acerque hasta que el lo tocara con sus dedos, yo me movia de vez en cuando haciendole que me rozara, y mi mano empezo a jugar con su ombliglo y su bello, le pasaba la mano por el filo superior de sus calzonas metiendo un dedo y luego otro, sacandolo para disfrutar del momento, era increible creo que fue mas el morbo de lo que estaba haciendo que otra cosa, pero al sentir que mis dedos debajos de su calzonas rozaba el pene de mi tio, no pude aguantarme. La mano de mi tio que estaba cerca de mi coño se la cogi y se la puse justo entre mi bulba y con la otra le acariciaba el pene. Asin paso un rato delicioso hasta que el movio uno de sus dedos acariciandome la bulba. Se erguio yo pare pero el siguio moviendo su dedo en mi coño suavemente y muy dulcemente, la verdad no sabia si el seguia durmiendo, asin que le agarre su pene con toda mi mano y vi como suspiraba, entonces comprendi que el seguia dormido,empalmado, acariciando mi coño con un dedo pero dormido.

La persiana del cuarto permanecia echada por lo que la luz que entraba era poca, y yo nunca habia visto un pene,sin hacer mucho movimiento con la otra mano le levantaba sus calzonas, me incorporaba poco a poco sin dejar que su dedo saliera de mi bulba y con un movimiento rapido pero suave se la saque, alli estaba un pene en la poca luz , salido de sus calzonas, pero su mano ya no la movia sobre mi coño. Seguia dormido, con su pene medio erecto y yo tan cerca de el,tenia que seguir haciendo algo mas, tenia que aprovechar esta ocacion,asi que me movi y me movi bajando poco a poco hasta colocar mi cara en sus caderas, el movio la mano y me la puso sobre mi pelo asin que me incorpore hasta quedar justo mis labios hasta dos centimetros de su pene entonces averigue su olor, un olor que me echaba hacia atras y otro que me impulsaba a saborear eso, entonces alargue mi lengua y note su carne caliente volvi hacerlo pero esta vez con los labios vi una reaccion en el ,le gustaba se la coloco junto a mi cara, mejor dicho me la pego a mi cara, entonces fue cuando me la introduje en mi boca y le chupaba de arriba hacia bajo dulcemente pero notaba como crecia en mi boca y como su mano acariciaba mi pelo segui un tiempo asi hasta que el levanto la cabeza medio sorprendido y medio dormido y me dijo.

-Laura que me haces?

Yo me incorpore y me puse a su altura

-Yo? nada- fingiendo no pasar nada.

Me volvi como si estuviera mosqueada, pero volvi a colocarle mi culo esta vez con la falda agachada entre su pene pues el se volvio al unisono y nos quedamos dormidos y yo con una sonrisa de felicidad y de fracaso ,pues hubiera querido echarle cara a mi tio y decirle que hiciera conmigo lo que lo fuera pero seguia nerviosa pensando si mi tio Raul se habia dado cuenta de todo y lo estaba fingiendo.Ya me daba igual tenia que descubrirlo, pero sera otra historia.

lolixi_cai@hotmail.com

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Desde lo que quede de mí

Yo apenas contaba los once años. Se me había ido la pelota al jardín de la señora Barrios, una madre soltera con una niña de seis años. Nunca supe el nombre de la señora, mujer que en aquél entonces me parecía por demás alta y elegante. Usaba siempre pantalón de mezclilla y camisas de hombre, de piel morena y cabello negro negro, como la noche en el campo, donde se ven un motón de estrellas. Por aquellas épocas lo único que me importaba de las niñas era jalarles las trenzas o ponerles el pie cuando pasaban corriendo junto a mí. Recuerdo que me metí al jardín en busca de mi pelota sin siquiera tocar. La verdad es que le tenía miedo a la señora.

Me sorprendió cuando intentaba salir del jardín; se me atoró el pantalón con la barda de madera.

-¿Qué haces en mi casa? -me preguntó con una sonrisa que en vez de tranquilizarme, me avergonzó -¿No deberías estar en la escuela?

-No voy a la escuela -le dije sin mirarla.

-¿Cómo así?

-No hay dinero en mi casa…

No hizo falta decir más. La verdad, aún cuando no me llamaban la atención las niñas ni mucho menos las mujeres, sí me aventuraba a mirar de vez en cuando desde mi azotea con unos binoculares que le había ganado a un vecino jugando a las canicas. Me acomodaba donde nadie me viera espiar a la señora Barrios. La veía cuando entraba en la ducha, veía su silueta recortada contra las cortinas, la veía cuando se vestía y hasta cuando se revolcaba con uno que otro sujeto que ahora supongo recogía de algún bar. De vez en cuando la veía con su hija, también de piel morena, pero más pálida, tenía el mismo cabello de su madre, pero unos ojos mucho más lindos, y los labios como de manzanas. Pero lo único que en verdad me importaba eran las formas de la señora, figuras redondas y hermosas aún a mis ojos infantiles. Me gustaba ver cuando entraba algún tipo con ella, la veía gemir sin tener la menor idea de por qué lo hacía.

Esa misma tarde me llevó de la mano a mi casa, donde habló con mi madre. Conversaron un rato y al fin y al cabo acordaron que yo iría diario por la mañana a su casa, excepto los fines de semana. Ella me pondría al corriente con las materias y vería la forma de incluirme en el siguiente ciclo escolar. Ella decía que siempre vio algo en mí, que siempre supo que en mis manos estaba el arte. Hoy toco algo de guitarra, hago origami y suelo dibujar de vez en cuando. La verdad es que me dedico más a las letras. Me la paso leyendo. Debo agradecerle eso a la señora Barrios, supongo.

Su hija, Jessica, vivía en una escuela de señoritas, de donde salía los fines de semana, motivo por el cual yo no podía ir a verla. La verdad es que nunca me importó su hija.

Me gustaba la voz de la señora Barrios, me gustaban mucho sus manos y sus pies pequeños, que solía traer descalzos por las alfombras de la casa. Fue unos meses después. Ya casi llegaban el verano y las vacaciones. Tenía yo permiso de entrar a la casa cuando fuera la hora, mediante una llave que estaba escondida en el pórtico. Una tarde (creo que martes), me olvidé el libro que me había prestado la señora esa misma mañana, “Cinco semanas en globo” de Julio Verne. Hasta el día de hoy sigue siendo uno de mis favoritos.

Toqué a la puerta, pero nadie abrió. Las luces estaban apagadas. Entré con la llave, y sin poder evitar la curiosidad, fui hasta el baño de la planta alta (era una casa de tres pisos) y miré aquella bañera que tantas veces me daba qué imaginar. En eso estaba cuando escuché un auto llegar. No eran más de las siete de la noche, pero estaba algo oscuro. Bajé rápidamente para saludar a la señora, pero me quedé de piedra en la escalera. Subí rápidamente con un miedo que no supe nunca describir, me escondí en el mismo baño que hacía unos momentos miraba.

Por la puerta de la habitación entró la señora con un vestido de noche de una pieza. Venía con otro tipo, un hombre alto que al verlo me provocó una cierta ira. Se besaban como posesos. Yo lo observaba todo desde detrás de la puerta del baño.

-Rápido -dijo la señora Barrios.

-Como si contigo se pudiera ir despacio -comentó el otro resignado.

La señora Barrios lo embistió y pegó su boca a la del tipo. Al cabo de unos segundos, se deshizo del vestido con un sólo y contundente movimiento. El tipo la liberó del brassiere sin tirantes mientras ella le desabrochaba el pantalón. La señora Barrios se deshizo al poco de la camisa del hombre y arrojó sus bragas negras en la dirección en que yo me encontraba. Ella le metía y le sacaba la lengua de la boca, y a medio lametazo, con el tipo a medio quitar los pantalones, empezó a besar el cuello del sujeto. El tipo le tomó luego del cabello, la apartó bruscamente y le besó los pechos.

La señora Barrios deslizó en un momento la mano entre las piernas del sujeto. Nunca había visto un pene erecto, ni siquiera el mío. Poco o nada sabía yo de aquellos andares, que nunca había visto ni oído sobre el tema, porque en mi casa eran demasiado conservadores y yo no tenía un sólo amigo que con morbo platicara de aquellas cosas. Mientras la señora le acariciaba el miembro, el tipo metió dos y luego tres dedos entre las piernas de la señora. Ella, por toda respuesta, los apartó y luego atrajo la verga hacia ella, acariciando sus vulva con ella. Por supuesto, en aquél entonces, no tenía idea de lo que estaba viendo. Sólo sabía que estaba viendo con mucho más detalle todo aquello que hacía que la señora se doblara e hiciera esos gestos que parecían medio de dolor y de risa. El tipo la penetró bruscamente. Ella dejó escapar un gemido.

Después de un rato, la señora se apartó, sonrió al tipo y lo arrojó sobre la cama. Ella fue y se arrodilló a un lado, luego apoyó una mano en los muslos del tipo y le separó las piernas, deslizando la cabeza poco a poco hasta apoyarla sobre su cintura. La verga del tipo estaba que parecía una piedra de tan dura, en un momento miré dentro de mis propios pantalones, mirando mi pequeño miembro, infantil y sin un sólo vello. Me pregunté por qué el mío era más pequeño y lampiño. Cuando volví la mirada hacia los amantes, la señora Barrios le lamía y succionaba la punta mientras sujetaba el miembro por la base, y en seguida, comenzó a acariciarlo con movimientos ascendentes y descendentes. El tipo le sujetaba del cabello y gemía.

-Quiero besarte -dijo el tipo, como suplicando. Pero la señora Barrios no le permitía incorporarse, la verga del tipo entraba y salía de su boca con un cierto chasquido que me daba escalofríos, Su cabello acariciaba las caderas del sujeto y su lengua se deslizaba por todas partes, como si fuera un helado de frambuesa. El tipo se colocó de forma que pudiera meterle todo el miembro en la boca, ella le tomó las nalgas y siguió mamando con avidez. Supongo que el tipo estaba por correrse, pero en ese preciso momento la señora se detuvo. Lo miró, sin dejar de masturbarlo, con una sonrisilla traviesa.

La señora Barrios se arrodilló en la cama y se puso a horcajadas sobre la cintura del tipo. Él le metió un dedo en la vagina, primero con cierta dificultad y luego hasta el fondo y acompañado de un segundo. Cuando ella misma se empezó a estimular el clítoris con los dedos (todo esto me lo expliqué luego yo mismo, que son cosas que nunca se olvidan, y menos a esa edad), él se incorporó para lamerle y chuparle los pechos, aquellos que tanto imaginaba detrás de la cortina del baño. y que solía admirar en un sube y baja cada vez que montaba a un tipo… como aquél. El sujeto le sacó los dedos de la vulva y luego se los llevó a la boca, le dijo que tenía muchas ganas de comérselo y, sin la menor oposición por parte de la señora, la tendió boca arriba en la cama, le abrió las piernas y se las felxionó para tenerlo todo a la vista, al alcance de su mano. La penetró con los dedos mientras le lamía y le chupaba el clítoris. Se metió otro dedo en la boca y lo deslizó entre sus piernas, más abajo, hasta llegar a su ano. Con el miembro tan hinchado que se le saltaban las venas, el tipo comenzó a frotarse él mismo sin apartar la lengua de la vagina de ella, pero luego ella tiró de él hacia arriba y le ofreció los pechos.

Sin dejar de manosearse, el tipo avanzó por la cama hasta que sus bocas quedaron a la misma altura y, durante unos segundos, se besaron apasionadamente, con voracidad, hasta que ella le agarró el miembro y se lo acercó a la vulva, la cuál franqueó sin menor problema. Ella abrió la boca y cerró los ojos, pero no emitió sonido alguno. Hasta parecía que sonreía. Él empezó a embestirla, y en un momento, cuando las respiraciones agitadas inundaban la habitación, noté que mojaba sin querer mis calzoncillos. Me asusté y dejé escapar un leve murmullo de exaltación. El tipo no lo escuchó, pero la señora Barrios abrió los ojos y miró sorprendida hacia donde yo estaba. Ella se detuvo, pero el tipo siguió. La señora Barrios y yo nos miramos un largo rato, mientras el tipo la penetraba una y otra vez…

II

La señora Barrios estuvo a punto de levantarse, pero el sujeto la penetraba cada vez con más violencia, le besaba el cuello y la apretaba los pechos como si fueran pelotas de esponja. Ella parecía no saber qué hacer, así que dejó que el tipo llegara al orgasmo. Ella cerraba los ojos y abría la boca involuntariamente, pero nunca dejaba de mirarme. Yo sentía un cierto ardorcillo en la panza.

Unos quince minutos después, el tipo se vistió y se fue, ignorante de que yo lo había presenciado todo. La señora se colocó una bata de satín que dejaba notar sus pezones aún erectos por el magreo. Fue y me alcanzó en el baño.

-¿Qué haces aquí? -me dijo con un leve alientillo alcohólico (cosa que, sin embargo, no me hace creer que estuviera ebria). Yo no contesté nada – ¿Qué tanto rato llevas ahí? ¡Pero mira nada más! -dijo al verme mojado -¿qué te pasó?

-No lo sé, señora -le dije al mismo tiempo que me ruborizaba y salía corriendo de la casa, volviendo a olvidar mi libro.

Fui a esconderme en mi cuarto, me cambié de pantalones y escondí los sucios. Me metí en la cama y me tapé con las cobijas. Al poco rato, escuché que alguien tocaba la puerta de la casa, y unos minutos después, mi madre entró en la habitación, seguida de la señora Barrios. Mi madre encendió la luz y me ordenó levantarme, luego salió de la habitación a tiempo para que yo volviera a ruborizarme.

-Yo sí sé lo que te pasó -dijo la señora Barrios -, y creo también que nunca te han hablado de lo que viste.

-Ya lo había visto antes, señora -dije sin dar crédito a mis palabras.

-Lo sé -respondió ella con toda calma, pensando quizá que lo había visto en la tele o alguna revista -, pero nuca lo habías visto de cerca. Lo que acabas de ver debió de ser duro para ti.

La señora se puso de pie y dejó un par de libros en mi cama.

-Uno te lo había prestado -me dijo -, el otro, creo que deberías leerlo. Si tienes alguna duda, ven a verme. No se los enseñes a tu madre.

Uno de los libros era el de Julio Verne, pero el otro tenía una pareja haciendo el amor. No lo solté en toda la noche. por supuesto que no volví a la casa de la señora Barrios. Sin embargo, cuando terminó el verano, hice examen y entré a la secundaria, gracias a unos pagos que la señora Barrios hizo por adelantado. Mi madre me ordenó ir a ver a la señora para darle las gracias.

Cuando llegué, ella se preparaba para bañarse, envuelta en aquella bata de satín blanco. Entramos y le agradecí su ayuda lo peor que supe. Ella guardó silencio y luego me pidió que la acompañara arriba.

-Mira -me dijo señalando a la ventana. Miré y me di cuenta que aquél escondite por donde yo solía espiarle, quedaba perfectamente a la vista -Tienes curiosidad -continuó mientras se dirigía al baño para dejar correr el agua caliente -, eso es comprensible. Quiero ayudarte con eso. Puedes preguntar lo que quieras.

Acto seguido, dejó deslizar la bata por su perfecto cuerpo. Me quedé embelesado, pero no tanto que no pudiera decir una sola frase.

-¿Puedo verlo?

Ella se miró la entrepierna y me dijo:

-¿No lo viste en el libro?

-Sí señora, pero quisiera verlo…

Ella se recostó en la cama y abrió las piernas. Me dijo que me acercara, y yo noté una cierta fragancia que medio me dio asco y medio me hizo sentir aquél raro ardorcillo en la panza. Le pregunté si podía tocarlo. Ella asintió y cerró los ojos para no verme: Tanto así confió en mí.

Mi mano fue como una fiera entre la hierba negra del pubis de la hermosísima señora Barrios, aunque con cierta lentitud. Quise hacer lo mismo que el tipo, toqué con la punta de un dedo y luego me lo llevé a la boca. Luego volví a tocar lo alto del pelo a derecha e izquierda.

-Te has quedado muy lejos esta vez -me dijo sin abrir los ojos, muy seria.

Fui bajando, iba yo bajando y bajando, cerré los ojos. El terreno comenzó a plegarse, a hendirse. Sentí la lengüecita del medio. Ella se estremeció entera. Luego ya no supe si a la derecha o a la izquierda, dudé un momento.

-Más abajo -me dijo ella -, sí, así. Méte el dedo. Mételo.

Noté que la carne se separaba y se abría. Empujé el dedo un poco más, abrí los ojos y vi como espuma húmeda por todas partes. Se sentía todo mojado, tibio.

-Frótalo -me dijo la señora con la voz entrecortada -, sí, así, pega bien el dedo todo a lo largo y mételo más. Sí, frota. Ahí. Me masturbas cabrón.

Nunca había escuchado a la señora decir una mala palabra, pero fue en lo último en lo que me fijé. Me aparté un poco asustado. Volví a mojar mis pantalones.

-Acércate -me ordenó en voz baja.

La señora Barrios, sentada en el borde de la cama, abrió mis pantalones, me bajó el calzoncillo todo húmedo, y luego me sonrió. Tomó mi pene por el glande con dos dedos apenas y me comenzó a frotar.

-¿Te gusta? -me preguntó. Yo tenía miedo, sentía ese ardorcillo en la panza otra vez. No sabía si soltarme de plano a llorar. Cerré lo ojos. Ella seguía frota que frota, yo sentía ese vacío hoy ya familiar en el bajo abdomen, y luego pasó, experimenté mi primer orgasmo, salpicándole un poco el rostro a la señora, que si no con semen, si con un poquito de orín. Ella se echó a reír tiernamente. Yo sentía que me desmayaba.

Ella me tomó de la mano y me llevó a la ducha, lista desde hacía unos minutos. Me desvistió completamente. Me sentó en la bañera y empezó a tocarme de nuevo. Intentó ponérmela un tantito dura, lo suficiente para metérsela ella misma, me decía, pero yo no daba una, así que me puso de pie… y se metió mi pene infantil en los labios.

No sabría describir lo que sentí, ni lo que pasó después, ya que mi mente se fue en blanco. Lo único que sé es que la segunda vez que ella me hizo sentir, eché por fin un poco de semen y se me puso un poquito dura, pero no duró. La señora sonrió y me dijo:

-Vístete y ve a casa, intenta tocarte como te toqué, y cuando notes que se puede poner dura, vienes a verme otra vez.

Yo asentí y medio le sonreí. Ella tomó mi rostro entre sus manos y me besó muy tiernamente. Me dio uno de esos besos que nada tiene de sexuales, sino de puro amor. Ese mismo día, nos mudamos.

III

Para cuando cumplí diecisiete, yo seguía sin novia, dedicándome a puro estudiar. Fui el primero de mi clase durante la secundaria y la prepa. Fue unos meses antes de la graduación cuando volví a ver a la señora Barrios, un viernes por la noche.

La vi en una cafetería del centro, tenía unas cuantas canas, pero seguía siendo la más hermosa para mí. Nos saludamos como suelen saludarse los viejos amigos. Tomamos café, compartimos un pastelillo, la acompañé a su casa, al otro lado de la ciudad. Me hizo pasar con el pretexto de tomar una copa.

Apenas entramos, nos entregamos en un apasionado beso. Nunca había dejado de pensar en ella.

-¿Ya se te pone dura? -me preguntó, acariciándome por encima del pantalón. Yo sentí que aquél viejo rubor se me subía de nuevo.

Nos metimos al baño un rato, sólo para manosearnos, nos besamos como un par de tórtolos. Después del baño, la señora Barrios me tumbó sobre el colchón. Yo estaba totalmente sereno, encendido a más no poder. Nos tumbamos de lado, contemplaba maravillado el cuerpo de la señora Barrios, le acaricié un poco el vello púbico, le introduje dos dedos en la vagina mientras dejaba que me fuera chupando la lengua.

Ella se apartó un poco, se deslizó hasta allá abajo y comenzó a mamármela. Logré que se pusiera mirando a los pies de la cama y le comí la vagina, caliente y estrecha, empecé con movimientos lentos, alcanzando casi el ano, luego introduje la lengua en la vulva con movimientos rápidos y profundos, o ponía la lengua rígida y se la metía hasta donde podía, devorando y chupando todo cuanto pude. Luego deslicé la punta de la lengua por el clítoris y ella se sentó sobre mi cara, moviéndose de arriba a abajo mientras con las manos buscaba sus pechos. Yo le masajeaba los pezones mientras ella se corría tocándose el clítoris con el dedo medio.

Ella se volteó y quedó a horcajadas sobre mí, apenas rozándome la verga con la vulva.

-¿Estás listo? -me preguntó.

No me preocupó mi evidente torpeza, ni mi falta de experiencia, ni mucho menos mi virginidad. Sólo sentí calientito, al mismo tiempo que ella se dejaba penetrar despacito, con toda calma. No bien nuestras pelvis se juntaron, eyaculé.

-¿Ya tan pronto? -me dijo. Yo asentí avergonzado -Así que estás nuevecito ¿eh?

Me sonrió. Me frotó con los dedos para no perder la erección. Abracé su piel, húmeda ya de sudor. Me puso de espaldas sobre la cama, me recorrió el cuello y el pecho con sus manos, besándome todo el camino hacia abajo. De pronto, puso nuevamente sus labios a mi alrededor y comenzó a succionar con mucha más intensidad. Eché la cabeza hacia atrás cuando comenzó a meter y sacar mi miembro de su boca. Su lengua paseaba con toda libertad, yo la tomé del cabello y me atrevía a echarle una mirada: sus cabellos regados por mi abdomen, sus manos todas sobre mí, y sus labios succionando y su lengua lamiendo, generosamente. Ella me miró un instante sin detenerse. Le sonreí si querer y ella hizo expresión de hacer lo mismo, pero no pudo bien sonreír por tener la boca ocupada. Volví a venirme en su boca. Me sentí de nuevo de once años.

Intenté descansar, pero ella no me dejó, me atrajo hacia ella y metió su lengua en mi boca. Nunca pude soltar la erección. Me hizo sentarme y se sentó ella sobre mí. La penetré casi sin querer, con cierta violencia. Ella comenzó a mover sus caderas en círculos, provocando que mi cabeza diera vueltas y más vueltas. Rodeó mi cuello con sus brazos. Le besé el hombro izquierdo y ella comenzó a resoplar en mi oído. Empezó luego a comerme la oreja, pero el placer la hizo hacer esa mueca que yo ya había visto, aquella en la que abre la boca sin emitir sonido alguno, apretando los ojos.

-¿Que chingados me estás haciendo? -me dijo, casi sin pensar.

-¿Quiere que me detenga? -le dije con la respiración entrecortada

-No.

Después de un instante, ella aceleró el ritmo. A mí me ardía ya demasiado el pene, pero no podía dejar de moverme junto con la dulcísima señora Barrios. Sin querer me di cuenta que ella estaba a punto de tener un orgasmo.

-¿Qué me estás haciendo? -gimió con más fuerza.

-No lo sé -le contesté.

-Me estás matando, cabroncito. Bien que te la tenías guardada.

Ella comenzó a gemir como una posesa, sus pechos brincaban y se estrujaban contra mí, ella me arañaba la espalda y yo no dejaba de ocultar el rostro en su cuello, mientras apretaba sus nalgas.

-¿Que me estás haciendo? -gimió

-¿Me detengo? -pregunté, aún sabiendo que ni pidiéndomelo dejaría de follármela.

-¡No!

Ella se apretó contra mí con todas sus fuerzas, dejó escapar un largo y apesadumbrado gemido al mismo tiempo que sentía sus músculos vaginales contraerse espasmódicamente alrededor mío. Yo seguí un poco hasta venirme dentro de ella también.

Nos apartamos por fin.

-Bésame – me dijo -, bésame por favor.

La besé y nos quedamos dormidos.

A la mañana siguiente, con el miembro rojo y adolorido, todo embarrado de semen y fluidos vaginales, me metí en la ducha. No podía creer mi buena suerte. La escuché hablar por teléfono y luego me alcanzó en la ducha.

-Tu madre estaba preocupada -me dijo entrando al agua conmigo -, le dije que me habías acompañado y que luego se hizo muy noche, por lo que te pedí que te quedaras en el cuarto se mi hija.

Como mi madre conocía bien a la señora Barrios, no hubo ninguna objeción. teníamos toda la mañana para segur follando a nuestras anchas.

Una media hora después, me puse unos pantalones y bajé a la cocina. Cuando ella me alcanzó, usando sólo mi camisa, nos pusimos a desayunar unos huevos revueltos con tocino y jamón, bañados en salsa y espolvoreados con un poco de queso.

-¿Necesitas recuperar fuerzas?

Comimos al mismo tiempo que conversábamos. Nos pusimos al corriente. Le platiqué de mis proyectos a futuro y ella me habló de su hija y de lo lindas que se ponían cada día, y que, al igual que yo, iba a terminar la prepa, por lo que pronto saldría de la escuela. Ella tenía un año más que yo, pues yo había entrado a la secundaria un año más joven. La recordé en una fiesta de cumpleaños de uno de los vecinos, pero nada más.

La señora Barrios se me quedó viendo un largo rato.

-¿Qué tanto has aprendido? -me preguntó sonriéndome de nuevo.

-Nunca lo suficiente.

-¿Sigues leyendo?

-Quiero ser escritor…

No alcancé a terminar la frase, pues la señora Barrios se puso de pie y se sentó sobre mis piernas. Me desabrochó los pantalones y comenzó a masajearme el miembro. Luego lo acomodó justo frente a su vulva, sin penetrarla. Comenzó a desabotonarse la camisa, dejando uno de sus pechos descubiertos. Le besé de la boca al cuello, mientras mis manos aprisionaban esos pechos cálidos y turgentes. Cuando comencé a pasar mi lengua por sus pechos, chupeteando y dando pequeños mordiscos en sus pezones, ella dejó caer su peso lentamente. Pasé mi lengua por el borde de su pecho hasta el brazo, y de ahí me aventuré hasta su boca. Nos buscamos y restregamos con fuerza, como si quisiéramos fundirnos el uno con el toro.

Haciendo fuerza de voluntad, la levanté y la puse sobre la mesa. Abrí sus piernas y me arrodillé frente a ella para dejar entrar mi lengua y un par de dedos por su húmeda cueva. Ambos nos perdemos de ansiedad.

-Lléname -me dijo suplicante, después de correrse un par de veces -, hazlo ahora; te quiero dentro de mí.

Me levanté y ella buscó que la penetrara tomándome con sus manos, pero la puse de pie y la giré. La dejé con las manos en la mesa mientras le recorría la espalda con las manos y mi boca. Entonces la penetré lentamente, dejándonos disfrutar del primer contacto. Poco a poco aumenté la intensidad de mis bombeos, entrando cada vez más fuerte y más profundo. Ella sólo cerró los ojos y abrió la boca en ese ya para mí familiar grito sin voz. Ella se giró y yo seguí follándola, hasta que puso sus piernas sobre mis hombros.

-Dame por el culo -me dijo muy seria.

Yo lo intenté un par de veces, pero me costaba trabajo. Aquél era terreno inexplorado para ambos. Ella se metió la mano en la vagina y luego, con sus jugos y los míos, se lubricó el ano, relajando su esfínter lo más que pudo. La penetré despacio. Nuestras lenguas se buscaban con fervor, nuestros corazones latían que iban a estallar y nuestros gemidos inundaban la cocina. Ella se metió unos dedos en la vagina para ayudarse y bien pronto nos corrimos los dos, uno despuecito del otro. La mesa estaba húmeda por el sudor de nuestros cuerpos y otros fluidos corporales. La señora Barrios se recostó sobre la mesa, empapada, con el ano aún palpitante, yo me senté de nuevo en la silla.

-¿Te ha gustado? -Me miro y yo asentí sonriente -¿ me harías luego un favor?

-Desde luego -le dije.

-¿Podrías llevar a mi hija al cine ésta noche?

En eso sonó el timbre, ella me arrojó la camisa y subió a cambiarse, me pidió que me arreglara y que abriera, y que por ningún motivo dejara entrar a nadie a la cocina.

Abrí la puerta y la vi, con una maleta en la mano y una mochila en le hombro. Si bien antes me había enamorado de la Señora Barrios, ahora sabía que el amor tenía nombre: Jessica…

IV

Fuimos al cine esa tarde, al día siguiente comimos helado en el centro. Pasaron un par de semanas, durante las cuales, La señora Barrios no dejaba escapar oportunidad de que su hija y yo nos conociéramos mejor.

En realidad no soy guapo, aunque tampoco soy feo, pero los hábitos intelectuales y artísticos que la señora Barrios me inculcó a los once, bien pronto me sirvieron para enamorar poco a poco a Jessica.

Fue dos meses después, el día antes de que Jessica regresara a su escuela para graduarse, cuando la señora Barrios me mandó llamar a su casa. Yo aún no terminaba de preparar las cosas para mi propia graduación, pero después de todo lo que me había regalado, ¿cómo decirle que no a la señora Barrios?

Me recibió muy seria. Después de aquella tarde en que volvimos a vernos ya no habíamos vuelto a intimar, a no ser por el beso de despedida que me dio esa misma tarde.

-Mi hija ya acaba sus estudios -me dijo -, pero hay ciertas cosas que no puedo enseñarle yo.

-¿Señora…? -le pregunté confundido.

-Ven conmigo.

Me tomó de la mano y me llevó a su habitación. Cuando entramos, me di cuenta que había cambiado las cortinas y la cama, y que todo parecía ahora una lujosa habitación de hotel. No con esto quiero decir que la señora Barrios lo hubiera arreglado con aquella intención, sino que se veía muy elegante. Jessica estaba en la ducha, bañándose. La señora Barrios se desnudó, hizo lo mismo conmigo, me besó, me tomó de la mano y me llevó dentro del baño.

Dentro de la ducha, la señora Barrios admiraba nuestros cuerpos juveniles. Jessica tenía la misma figura de su madre, aunque los pechos más pequeños y escaso vello púbico. El agua del enorme teléfono cromado de la ducha caía como un torrente sobre nuestros cuerpos. La señora Barrios jugueteaba con mi pene y la vulva de Jessica, quien estaba a punto de dejar de ser virgen, de la mano de su madre y de su mejor amigo. Jessica y yo nos mirábamos a los ojos. Le tomé la mano y le sonreí.

La señora Barrios dejó que sobara a Jessica mientras ella le introducía la cabeza entre las piernas. Jessica dobló sus rodillas un par de veces, pero la señora Barrios la sostenía con un brazo mientras oprimía la cara sobre su virginal vulva. Ella arqueaba la espalda, restregándose sobre la señora Barrios, que mientras le lamía los labios mayores me agarró la verga y comenzó a enjabonármela. De pronto, comenzó a chupármela, y se me puso tan dura que la noté palpitar. La señora Barrios se sacó mi miembro de la boca y lo observó, apretujándolo; luego deslizó la lengua sobre el prepucio, lo levantó por la punta y empezó a lamerla con movimientos rápidos y precisos alrededor del glande. Jessica gemía pausadamente, observando la escena, masturbándose en la penumbra del baño. La señora Barrios se metía mi pija en la boca, hasta el fondo, y chupándola con avidez, sin dejar de juguetear con sus dedos en su vagina. Cuando bajé la vista, solté sin querer a Jessica, luego comprobé que la señora Barrios me miraba fijamente, sonriendo. Casi parecía que éramos Jessica y yo sólo sus juguetes sexuales. Tenía ella el cabello pegado a la frente, y el color rosa pálido de su lengua contrastaba con el moreno de su rostro.

Luego, la señora Barrios le ordenó a Jessica que se girara, enseguida le separó las nalgas y le introdujo la lengua; al cabo de unos momentos, retiró la lengua y empezó a follarla con el dedo, lo que hizo que comenzara a gemir con un cierto dolor en su tono de voz. Me arrodillé frente a Jessica y comencé a lamerle el clítoris, separándole los labios de la vulva con los dedos. ella me tomó del cabello y yo la recargué contra la pared, obligando a la señora Barrios a apartarse.

La señora Barrios comenzó a sobarme el abdomen y a besarme la espalda. Yo seguía comiéndole el coño a Jessica, deslizando la lengua desde el clítoris hasta su ano; luego, tras colocar una de sus piernas sobre mi hombro, le succioné el clítoris mientras le metía dos dedos, y luego tres. Luego me enteré que en aquella ocasión no sangró porque durante sus primeras experiencias íntimas personales, se había roto el himen con un dildo. A continuación le hinqué la lengua en el ano varias veces mientras seguía toqueteándole el clítoris. Cuando me incorporé, tras el primer orgasmo de Jessica, la señora Barrios comenzó a mamarnos los sexos, mientras Jessica y yo nos besábamos apasionadamente, por primera vez…

V

Después de secarnos, nos trasladamos al dormitorio. Todas las luces estaban encendidas para no perdernos detalle. Jessica, sin previo aviso, comenzó a chupárme la verga mientras la señora Barrios buscaba mi lengua con la suya. Jessica se llevó una mano a la entrepierna y empezó a toquetearse el clítoris, metiendo y sacando también un dedo de la vagina. Cuando la señora Barrios se apartó, Jessica me ofreció los dedos que tenía dentro de sí misma; yo los chupé una y otra vez, mientras Jessica seguía lamiéndome el miembro. Luego de un rato, durante el cual la señora Barrios se la pasó mirándonos y masturbándose, tomé el rostro de Jessica entre mis manos y lo acerqué al mío; mientras la besaba, deslicé mis manos hasta sus nalgas, luego le acaricié la cintura y los pechos, deslicé las palmas sobre sus pequeños pezones hasta que se le pusieron duros, mientras ella no cesaba de temblar, de gemir. A continuación la tendí sobre la cama, me arrodillé junto a ella y acaricié los labios de su vulva con un dedo, un toque muy suave sin llegar a separárselos. Le metí un dedo y jugueteé con su clítoris, que adquirió un tono más intenso. Jessica permaneció tumbada boca arriba, con los ojos cerrados, mientras yo le lamía el clítoris; luego la levanté por las caderas y le separé los labios de la vulva hasta observar la carne rosada de su vagina.

Le besé luego los pechos, succionando con fuerza los pezones mientras le estrujaba los pechos; luego me deslicé hacia abajo y le pasé la lengua por el ano; Jessica alzó las piernas, y las separó para ofrecerme su clítoris hinchado, rojo; al principio apenas y lo rocé, evitándolo deliberadamente, haciendo que se agitara con movimientos frenéticos para buscar el contacto con mi lengua, gimiendo. Cuando empecé a lamerle el clítoris, éste se puso más grande y tieso. Le estrujé la parte posterior de las piernas y el interior de los muslos mientras seguía follándola con la lengua. La señora Barrios se inclinó entonces sobre nosotros para observar cómo metía y sacaba la lengua de dentro de Jessica.

-Estás empapada -murmuré, y seguí con el trabajo oral.

Luego le introduje un dedo en la vagina y Jessica empezó a mover las caderas en sentido rotatorio mientras yo le succionaba los labios y el clítoris, con lo cual volvió a correrse.

De pronto, la señora Barrios la atrajo hacia sí y la abrazó. Ella le tomó la barbilla con la mano y obligó a Jessica a levantar la cara. Las dos se besaron con pasión, entrelazando sus rosadas lenguas. Jessica llevó su mano hasta la entrepierna de la señora Barrios para introducirle dos dedos. La señora Barrios se tendió junto a mí, con la cabeza cerca de mi verga y su vagina en mis narices. Jessica se arrodilló en el lecho y empezó a lamer los labios vaginales de la señora Barrios, sin dejar de mirarme a los ojos. Mientras la señora Barrios me lamía el miembro, gimiendo de gusto, Jessica deslizaba su lengua hacia arriba y hacia abajo, devorándole el coño a la señora Barrios mientras ella levanta las caderas. Yo intentaba acariciarle las nalgas a Jessica, pero no las alcanzaba por completo.

Luego, la señora Barrios se incorporó y fue a sentarse sobre mi cadera. La penetré con violencia ésta vez. Jessica fue detrás de ella y comenzó a sobarle los pechos y a besarle detrás del cuello, mirándome fijamente. La señora Barrios se apartó un poco y se restregó sobre mi glande hasta meterse de nuevo toda la verga en la vagina; tras unos instantes se detuvo, dejando que su coño se adaptara, y de pronto empezó a restregarse de nuevo sobre mi miembro, primero con suavidad, luego con más ímpetu. Me corrí un par de veces antes de que la señora Barrios contrajera todos sus músculos, tratando de contener el orgasmo, pero perdió el control y grito: “¡Cógeme! ¡cógeme!”

La señora Barrios se arrodilló luego frente a Jessica y comenzó a restregar su sexo con el de ella. Las dos gemían como posesas, sin dejar de verme. Yo rodeé con mis manos a Jessica y comencé a sobarle los pechos, mordisqueándole la oreja. Jessica arqueó la espalda y dejó las nalgas al aire; la señora Barrios hizo lo mismo, y quedaron las dos elevadas unos centímetros de la cama, sobándose los sexos con furor. Jessica no soportó tanto placer, levantó sus manos hasta tocar mi cabeza y se dejó correr.

Mientras seguían levantadas, sosteniéndose con las manos y los pies, yo aproveché para ponerme debajo de ellas. La señora Barrios no perdió el tiempo y se metió mi pija en la vagina. Cuando Jessica bajó las caderas para descansar, se encontró con mi boca en su ano. Después de un rato. La señora Barrios puso a Jessica boca abajo y la separó las nalgas para empezar a lamerle el ano. Yo aparté a la señora Barrios y penetré despacito a Jessica por detrás. Ella contrajo el rostro con dolor, pero después de un momento, estaba gimiendo de nuevo. Le sujeté luego las caderas y comencé a follarla con furia, sintiendo cómo mi vientre chocaba con sus nalgas a cada embestida. Estiré la mano y comprobé que Jessica se estaba toqueteando el clítoris, el cual estaba duro e hinchado. Ella se corrió antes de que yo pudiera terminar.

La señora Barrios me agarró el pene y me ayudó a introducirlo en el coño de Jessica. yo la penetré mientras le levantaba las piernas sujetándola por los muslos. Ella gimió y sonreía de placer al sentirse penetrada por fin en aquél lugar que tanto deseaba desde hacía tiempo. Su vagina me succionaba la verga maravillosamente, mientras ella gemía como posesa. Yo embestí con más fuerza y dejé escapar una exhalaciones de placer. Jessica tenía una sonrisa en el rostro y los ojos apretados; no cesaba de gemir. De pronto, todo dejó de tener sentido, tomé a Jessica entre mis brazos y la miré de frente. Dejé que se recostara en la cama por completo, le abrí las piernas y la penetré muy suavemente. Ella me abrazó y comenzó a gemir con placer y parsimonia en mi oído. Besé sus pechos y su cuello, la besé en la boca y la apreté fuerte contra mí. La señora Barrios sonrió y salió del cuarto. Jessica y yo nos corrimos interminablemente el resto de la tarde.

VI

Una semana después de la graduación, volví a casa de la señora Barrios, pero no la encontré. Entré con la llave que sabía siempre dónde había estado. Dentro encontré a Jessica acomodando ropa en su closet. Cuando me miró me sonrió con la misma suavidad con la que lo hizo cuando nos levantamos juntos del lecho, aquella tarde.

-¿No te sientes un poco extraña? -le pregunté.

-No -me dijo.

-No todos los días pasa algo así.

Ella se acercó, me besó rápidamente y me sonrió:

-Lo sé.

-¿No importa que también haya estado ahí tu madre?

-Ella no es mi madre -me dijo -, me adoptó cuando yo tenía cuatro años.

-Eso no lo hace menos malo…

-¿Crees que aquello fue malo? -me preguntó algo severa. Yo negué con la cabeza.

Me sonrió y me atrajo hacia sí.

En un instante estábamos los dos desnudos, abrazados, de pie frente a la cama.

Ella recorrió mi espalda hasta llegar a mi cabello. Sentí ese ardorcillo en mi estómago, pero de manera mucho más intensa y agradable. Sentía su pecho desnudo contra el mío, le sentía respirar pausadamente. Nos dejamos caer en la cama. Me aparté un poco para verla bien, ella me sonrió y se mordió el labio inferior. Me apresuré a recorrer su cuello con mis labios, mientras mis manos recorrían su anatomía; su abdomen, sus caderas, sus muslos, su entrepierna, su sexo…. Mis dedos comenzaron a juguetear dentro de ella durante algunos instantes, mientras ella dejaba escapar profundos suspiros.

Luego, ella me besó el cuello. Sus besos se deslizaban con lentitud, siguiendo la línea de mi abdomen hasta llegar a mi entrepierna, donde, con su lengua, empezó acariciarme el miembro, a darle ligeros chupetones y lengüetazos. Luego hice lo mismo con ella, pidiéndole que tomara sus piernas y se las llevara al pecho, para tener mayor acceso. Los dos nos deleitamos mientras yo degustaba sus interiores.

Cuando me acerqué para abrazarla de nuevo, me abrazó y se puso ella sobre mí. Subió con sus labios de mi pecho a mi boca. Yo le sonreí y le acaricié la espalda. Cerré los ojoso al mismo tiempo que ella, me tomó entre sus manos y me deslizó dentro de ella, muy despacio. Cuando comenzamos a movernos, ella deja escapar unos gemiditos de placer. Me senté y ella sobre mí. Besé sus pechos y su abdomen. Ella me acariciaba el pelo y mordisqueaba mi cuello. Busqué entrelazar nuestras lenguas en un cálido beso, al tiempo que nos venía el orgasmo. Nos sonreímos y nos dejamos caer en la cama, felices y cansados.

Al día siguiente, presenté a Jessica en mi casa como mi novia. La señora Barrios no esperaba menos. Unos cuatro años después, cuando yo buscaba un anillo de compromiso para Jessica, ella me dejó para ir a vivir a España. No la he vuelto a ver desde entonces, pero de vez en cuando nos llamamos por teléfono. Supongo que la extraño de vez en cuando, puesto que nunca volví a salir con nadie. Nunca volví a tener relaciones con la señora Barrios, tampoco le vi muchas veces después, pero por siempre le voy a estar agradecido por inculcarme el hábito de leer, de estudiar y el del arte, pero sobre todo, por mostrarme las maravillas que se esconden en un acto tan íntimo y carnal como lo es el de dos yogando.

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La playa

Hola soy Neni, esto paso cuando tenía 15 años de edad.

Organicé un paseo por fin de semestre hacia la playa asi que me puse a llamar a amigos y amigas para ir a la playa, el dia que salíamos me di cuenta que era la unica que no llevaba pareja, pero en fin me decidi a conseguir a alguien en la playa para no hacer la bomba.

Salimos y todo fue super bien hasta que llegamos a una ciudad donde el chofer recogio a su sobrino que nos acompañaria, cuando se subio me di cuenta que era amigo de mi primo que tambien iba asi que lo conocia saludamos como si nada, pero ya en mi salto esa pequeña mirada de picardia ya que el muchacho me gustaba sobre todo.

Al llegar a la playa no pasaba de las 6 de la mañana nos hospedamos y lo primero que hicimos fue ir a la playa, empece el juego de la seducción con Jhony (asi se llamaba), asi que me puse una tanga, un sombrero y con mi bronceador bajo el brazo nada mas.

Todos estubimos juntos en la playa y una auna las parejas desaparecian para ir a algo mas privado asi que me quede a solas con el chofer y su sobrino, buscaba la forma en que el tio desapareciera, aunque de todas formas a veces encontraba a jhonny espiando de reojo mirando y desnudando mi cuerpo mientras estaba tumbada en la arena tomando el sol.

Me levante y dije que me iba a bañar ya que queria salir a comprar recuerdos asi que inicie mi partida sin mas que guiñarle un ojo a Jhonny del cual me percate que su paquete tenia ya una dimensión que me excitaba solo pensarlo dentro de mi.

Llegue a mi habitacion y cerre la puerta pero no puse seguro pues bien estaba sola y no creia que nadie vendria asi que me desnude medio excitada solo pensar en Jhonny asi que antes de la ducha me masturbe pensando en el y sabeindo que mis manos serian las de el recorri todo mi cuerpo hasta que acabe, asi que me meti a la ducha y en medio de mi afan de limpiar mi cuerpo me di cuenta que alguien me observaba, me causo miedo ya que estaba sola pero cuando distingui que era Jhonny empece a hacer mi movimientos mas lentos como amando mi cuerpo con las manos, veia leves movimiento que venian de la parte baja de la puerto y alcance a ver que se masturbaba me excito más que solo ya me econtraba masturbandome y fue cunado entro silenciosamente me abarzo y me beso con la mayor de las pasiones jamas imaginadas.

Me cargo y lentamente me llevo a la cama aun mojada me seco todo mi cuerpo con su lengua, hasta que llego a mi clitoris ami interior a mi parte mas ansiosa de probar el sabor del sexo.

Me lamio despacio haciendome padecer cada vez mas, me hacia gemir como nunca me deje llevar sin mas tuve un gran orgasmo que hizo que mis jugos slieran estrepitosamente a los cuales el no dejaba de desperdiciar ni una gota.

Luego me levante lo empuje a la cama y me avalance sobre su miembro era grande no se cuanto pero grande firme y estaba rojo de placer rojo para ser comido, saboreado, mientras lo chupaba sentia sus pulsaciones sus ganas lo bese de arriba a abajo miemtras mis dedos recorrian sus dos bolas acariciandolas masajeandolas capaz de que genia mas que yo del placer que le daba hasta que llego un momento en que le chupe con mas fuerza y se corrio en mi cara en mis labios en mi garganta, lo limpie todo y me levante el no queria terminar me beso tiernamente y empezo a chupar mis senos los pelliscaba y los saboreaba todo lo que podía mientras tanto mis manos recorrian su cuerpo sus nalgas bien uniformes sus pechos su cuello su cabellera, el con sus manos recorria mi cuerpo mi cintura mis partes intimas.

Cuando baje mis manos toque su polla la cual estaba nuevamente lista para una faena espectacular, le acaricie hasta que el me acosto en la cama, me abrio las pierns y primero emèzo a acariciarme mi clitoris con su pene lo hacia lentamente, me volvia loca de placer luego me introdujo un dedo lo metia y sacaba lentamente mientras con su pene me volvia loca lo queria dentro de mi ya ahora, y sin pensarlo lo agarre me lo puse en la entrada y sin mas me lo metio hasta el fondo lo dejo alli sin movimiento mientras me besaba el cuello me volvia loca de placer queria movimiento queria sentir como me tragaba todo su pene como mis labios vaginales se lo comian todo empece instintivamente a moverme haciendo que gritara de placer alli empezo a moverse suavemente y lentamente entra y sale, entra y sale, solo podia imaginarme como nis labios vaginales lo comian por completo, enpezo con movimientos mas rapidos gemiamos de placer y cada vez era mas rapido mas y mas rapido miembras ! sus dedos recorrian mi clitoris miemtras su miembro deseperado entraba y salia de mia hasta que de una sola embestida grito de placer al igual que yo termina con multiorgasmos que me llevaron a la gloria.

No lo saco dejo que su miembro estuviera dentro de mi mientras iba perdiendo su dureza y al sacarlo me provoco otro orgamos mas que agardeci dandole una mamada para limpiarlo todo.

Dormimos abrazados y y nos despertamos a media noche decidimos darnos un baño pero en la playa.

eso es otro cuento que luego les relataré

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Teléfono

Esto comenzó por casualidad. Una noche en que quería llamar por teléfono a un amigo y me daba siempre equivocado. De pronto me respondió una voz sensual y soñolienta de mujer, era el numero equivocado nuevamente. Pedí disculpas y corte inmediatamente. Volví a marcar el numero de amigo nuevamente y me respondió la misma voz. Esto seguí pasando como tres veces mas. Pense que la mujer que me atendía en un momento se iba a cansar y me insultaría, pero su tono de voz no variaba en ninguna de la ocasiones, seguía siendo sensual y hasta me parecía algo provocadora.

Pedí disculpas y le dije que mi insistencia se debía a que tenía que discutir con él un asunto de suma importancia respecto a mi futuro en la empresa donde trabajaba, lo que, por otra parte, era verdad. Ella no parecía estar enojada, me dijo que no estaba dormida sino acostada leyendo una novela. El hecho de que me diera conversación me hizo comprender que la dama estaba aburrida y que en el anonimato telefónico podíamos gozar de alguna experiencia inesperada y muy atrevida.

Le hice algunas preguntas personales, si era soltera, si estaba sola en la casa, como estaba vestida en ese momento. Ella me seguía el tren sin reparos. Después de presentarnos mutuamente y de describirnos como verdaderas obras de arte de la naturaleza, estabamos ya en clima para iniciar un dialogo mas subido de tono.

-¿Estás muy tapada, Marisa?- le pregunte, llamándola por primera ves por su nombre.

-No, estoy destapada, con un bretel del camisón caído que casi deja escapar uno de mis pechos-

¿Con las manos sostenes el libro?

Ella me respondió con una risita nerviosa:

¿Por qué pensas que necesito las dos? No es un libro tan grande, la izquierda la tengo en un lugar muy calentita-

-Dónde- pregunte haciéndome el idiota.

-Entre las piernas-

Mientras íbamos conversando, yo construía en mi mente la imagen de una mujer súper sensual con curvas abundantes, como debía ser la mujer que tuviera esa voz.

-¡Cómo me gustaría ser yo quien estuviera entre tus piernas!- exclame.

-¿Y que harías?- Sin duda la chica era bien desenfadada.

-Metería mi lengua en tu vagina hasta llegar a lamerte el clítoris . Después pondría un dedo en el interior de tu lindo agujerito.-

-Todo eso me gustaría mucho. Pero yo no te dejaría hacer todo a vos solo. Jugaría con tu pija mientras te invitaría a que me chuparas mis tetas grandes y blancas.

-Te pediría que te pongas boca abajo. Nada me calienta tanto como las nalgas de una mujer.-

-¡Qué gustos parecidos tenemos! Soy tan sensible en la colita.-

-Te voy a meter en ese lindo culito el instrumento bien parado y duro-

-Lo estoy esperando, metelo, no tengas miedo. Empezá con fuerza, partime en dos. ¡Quiero sentir como tu leche se derrama dentro de mis intestinos!-

-¡Lo estoy haciendo, lo estoy haciendo!- Respondí totalmente poseído, mientras me masturbaba a toda velocidad imaginando que realmente la estaba penetrando por detrás.

-¡Seguí, seguí así, no te detengas Papito! Puedo sentir como la moves dentro mío ¡Hacelo mas fuerte mi amor!- Sus palabras me enloquecían y cuando acerco el auricular del teléfono a su concha para que pudiese escuchar los sonidos de sus dedos cuando entraban dentro de su vagina, ya no necesitaba sus palabras para continuar.

-¡Te la estoy dando con furia, más, más adentro. Te tengo las tetas agarradas y te aprieto los pezones hasta hacerte gritar!-

-¡Ya no puedo mas! ¡Esto es maravilloso! Me dijo y sentí como empezaba a gritar mientras se acercaba al orgasmo. Luego el silencio. En ese mismo momento empece a acabar. Un momento después escuche el ruido del auricular al colgarlo.

La volví a llamar inmediatamente pero me atendió su contestador, tenia la misma voz sensual y provocadora de la primera vez que la había escuchado hablar, le deje un mensaje que por favor se comunicara conmigo a la brevedad.

Después de dos semanas me llamo.

Eso lo dejamos para la próxima, espero que les halla gustado.

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Mi madre paso a ser mi mujer (10)

A partir del episodio de la sobada general con mamada de tetas y la posterior tragada masiva de lefadas de mis amigos por mi madre, la popularidad de “la melones” subió, si bien que de forma bastante discreta, casi en secreto, los comentarios nunca delante de mi, pero me enteraba, claro y a veces los veía gesticulando con signos evidentes, descriptivos sobre los melones de mi madre o sobre la mamada que le había pegado. “La melones” había resultado una “comepollas” y una “tragaleches”, vaya, “la mamona”.

El único que no se cortaba de comentármelo era Armando, se había quedado con muchas ganas de follarse mi madre.

– Con lo que le gustan los rabos, tu madre tiene pinta de follar de muerte, tengo que tirármela. ¿No tendrás inconveniente, no? – me miraba a ver qué cara ponía – Total, no creo que sea nuevo para ella, seguro que se la tiran a menudo, quiero decir tíos que no son tu padre, no hay más que ver lo que le gustó comerse los rabos de todos y lo caliente que se puso tragándose las lechadas – no tuvo ninguna información de mi cara, impasible.

– Lo hizo por mi, tío – le miré – supongo que podrías tirártela, pero más adelante – de momento yo tenía otros planes, lo primero preñarla, y estaba muy ocupado con mis otras putitas.

– Tiene que ser la hostia meterle el rabo mientras te ahoga con sus tetazas.

Lo dejé correr, de momento, aquella tarde me fui con Sara, que estaba ansiosa por aprender. Su padre me miró con una expresión no demasiado simpática, pensé que estaba jodido porque intuía, si no sabía, que me la había tirado y ya no era virgen. Pero yo a lo mío.

En la habitación de Sara, ella me pidió que la enseñara a besar. Así, que obedecí, labios, lengua, comida de boca…primero de pie, luego ya en la cama, hasta que se me puso la polla a mil.

– Sara, colega, que esto me excita una barbaridad…y ya sabes lo que me pasa.

– Ah, ya veo ¿Y no quieres que te pase? No te apetece follarme…

– Claro que sí, por eso, pero entonces como mi putita, ya sabes…

– Si, naturalmente, seré tu putita…enséñame a follar…colega.

– Ok, colega – me senté en la cama dispuesto a disfrutar – lección 23, provocando erección. Ponte de pie enfrente y desnúdate, putita. Primero de arriba, a ver esas tetas. Ve subiéndote la camiseta, ummm así, preciosa, sácatela –me hacía caso, obediente, cosa que me ponía mucho más – muy bonito ese sujetador, inclínate…así, insinúa, date la vuelta, de espaldas…ahora quítate el sujetador…ummm, tápate las tetas con las manos y date la vuelta…así, no las enseñes aún, menéatelas, magréatelas…estás muy excitante, putita. Quita las manos…enséñalas…uauuuu, buenas peras…pellízcate los pezones…las manos detrás, y menéalas, que boten…ofrécelas…dilo, di qué te gustaría

– Um, toma mis tetas…tócamelas…ummm…chúpamelas…

– Más obscena, Sara, muévelas…que te guste…entrégamelas, siente deseo de que te las trabaje…

– umm, mámame – las movía encantadora y sexualmente – son tuyas…hazme lo que quieras….te doy mis tetas…¿así?

– Más…ponte furcia…

– Ufff…cómeme…dioss…saborea mis pezones…

– Ven a dármelas, putita, en la boca…voy a comerte esas peras de puta…voy a chuparte hasta que el pezón me toque la campanilla – no fui excesivamente brusco, le fui lamiendo, le sujetaba las manos detrás, una delicia de tetas, por estrenar mamada, una fuente de placer cuando me las meti en la boca y se las mamé, gimió de placer y de dolor, pensé que de mayor serían tipo melones – te gusta, ¿eh colega?

-Uuuuaaauuuu…siiiiii, qué gusto…- le mordí el pezón – aaaaaaaaaaaaa…colega…joder…me has mordido…duele…- pero no se apartaba, así que le volví a morder – aaaaaaaaaaaaa … cabrón…muérdeme…siiii…la otra…uuisssss…joder si me gusta…me baja de los pezones hasta el coño… -estaba abierta con una pierna a cada lado de mis rodillas, la senté y entro en contacto con mi polla —uuuummm me vas a follar… – movia su coño contra mis huevos – aaaaaaaaaaaaa cómeme las peras de puta…me vas a meter tu polla…

– Aún no putita, primero acabamos la lección, ahora me vas a ofrecer tu chocho, ponte de pie y súbete la faldita poco a poco, – se levantó, realmente estaba excitante con su minifaldita y las tetas al aire – ummm realmente sexy- la aguantaba por encima de su tanga- …así, ahora mueve la cadera, ummm biennn, quítate las bragas pero no la faldita – lo hizo – levanta la falda y enséñame tu chocho, ummm así…separa las piernas…más…más…despatarrada…estás muy guarra así, me gusta tu chocho expuesto, ¿quieres que te lo folle?…muévelo…ofrécemelo

– Uuuuuuu siiii, quiero que me folles, sí, que me metas la polla – se movía sensualmente – toma mi chocho…es tuyo…¿lo hago bien?…me gusta…

– Antes te lo vas a tocar, mastúrbate un poco – no tuve que repetírselo, con una mano mantenía la faldita subida y con la otra se hacía un dedo, gimiendo – así me gusta, bien despatarrada, que me estás calentado, colega, mírame a los ojos, buena putita, te estás pajeando obscenamente, pareces una guarra calentorra.

– Oooh soy una guarra calentorra que me masturbo delante de un tio….aaaah qué morbo….me miras masturbarme…joder…me excita hacer esto….me voy a correeeeeerr – le daba más rápido y le vino un orgasmo allí mismo, pero no pudo aguantar de pie, se dejó caer de rodillas y se apoyó en mis rodillas –aaaaaaaaaaaaaaaaaaa …bestial…uuuuffffffffffff , aaaaarffffffffff.

– Impresionante, colega. Aprobada con excelente. Me tienes el cipote bien tieso. Vaya pajote, se la levantarías a un muerto

– Ummmmm, qué guapa la tienes…- me la agarró y me la menaba – uff estoy empapada…qué gorda y dura, mmmmm ¿puedo comértela un ratito? – asentí con ganas y Sara la empezó a chupar con deleite, suavemente – ummmm me encanta, no imaginaba que me gustara tanto comer polla…¿sabes? Te hice caso…ayer…le chupé la polla a mi padre, colega, flipó el tio, y hasta que se corrió en la boca.

– Jajaja, putita eres…te sobaba las tetas, claro, uauuu qué bien me la chupas…

– Jejeje, sí. Claro que le provoqué un poco, me tumbé en el sofá con la cabeza en su regazo, es su posición preferida para sobarme. La verdad es que tenía ganas, le he cogido vicio a que me sobe las tetas después de tanto tiempo haciéndomelo, y me desabroché el pijama para que me las sobara bien, se puso a mil, le noté la polla dura, le apoyaba la cabeza allí, sin decirle nada se la toqué, uff, no creas que él tampoco dijo nada, me las sobaba con más ganas, así que se la saqué por fuera del bóxer que usa de pijama y me la metí en la boca, joder, flipaba el tío, resoplaba pero no decía nada, solo me sobaba, ufffff se corrió enseguida.

– ¿Te gustó su leche?

– Siiiii, me excité muchísimo, pero me echó mucha menos que tú.

-¿Te gustó la polla de tu padre? – seguía jugando con mi polla en la boca – no pares de chuparme la polla, Sara.

– Ufffff, pensaba en ti, mi segunda polla mamada, aunque no es tan grande como la tuya, ni mucho menos, pero me gustó, me daba mucho morbo que fuera mi padre.

– Me has puesto a mil, Sara, voy a tener que joderte, colega. ¿Te apetece?

– Joder, sí, sí que me apetece, jódeme bien colega. – se incorporó con la intención de empalarse pero la detuve – tengo ganas de notar tu polla dentro otra vez.

– Hoy te enseño algo nuevo colega, a follar como una perra, te voy a poner a 4 patas y te voy a montar como las perras.

-Ufff, ¿en el suelo? Eso es muy sucio y humillante, ¿no?

– Yo creo que has de saber lo que es estar montada como una perra, conmigo aprendes de todo y luego ves si te gusta o lo que no.

– Ok, fóllame como una perra.

– Sí, pero antes ponte de pie, de espaldas a mi – se puso – abre las piernas, inclínate hacia adelante.

Para mi sorpresa y deleite, resultó que Sara era muy flexible, había hecho gimnasia clásica y prácticamente quedó doblada tocando el suelo con la palma de la mano, ofreciéndome la visión de su chocho totalmente abierto y sus tetas entre las piernas.

– ¿Así, colega?

– Joder, Sara, esto es mejor de lo que pensaba – me arrodillé, le cogí de la cabeza y le metí el rabo en la boca – traga rabo, puta, mientras te como el chocho –increíble la comida de coño que le hice mientras me chupaba el cipote en esa postura tan buena, mientras gemía fuerte. Paré al cabo de un rato – ahora a 4 patas, zorra – se puso – pídeme que te folle.

– Fóllame, colega, jódeme, quiero sentir tu polla dentro – me puse detrás de ella y le metí poco a poco el rabo –Aaaaaaahhh siiii qué gusto….gracias… colega…me gusta como una perra…

– Me estoy montando una perra, Te doy lo que mereces perra, tu ración de rabo,¿ lo sientes bien en tu coño de perra? – la bombeaba duro agarrándola de la cadera

– Uffffffff qué gorda la siento así…aaahhhhh…me excita que me llames perra…me gusta joder como una perra…ummmmmmmm…qué maravilla colega…

– Jodida como mi perrita, diosss qué estrecho tienes el chocho, puta, qué gusto jodértelo…estás muy buena Sara…un placer darte rabo.

– Aaaaahhhhh me encanta joder así…sigue, porfa, siiii, sii me encanta tu rabo…uuuuuh me voy a correr como…ufff…como una perraaaaaaaaaaaaaaaa

Le di palmadas suaves en el culo y ella se meneaba gritando y gimiendo, la llamaba perra y ella repetía perra, perra…..nos corrimos los dos, yo volví a dejarla llena de leche el coño, pensé que debería tener más cuidado o la preñaría. Pero lo pensé después, echados sobre la cama, recuperándonos.

– Gracias colega, qué gusto me has dado…te ha gustado a ti también…

– Gracias a ti Sara, me encanta enseñarte, estás buenísima y me lo paso de muerte jodiéndote.

– En serio, Roger, ahora sé que me gustan los tíos y he perdido el miedo…pero…me sigue gustando ver un par de tetas…y no sé cómo…

– Te conseguiré una tía, colega, así acabarás por saber qué te gusta más…mientras sigue chupándosela a tu padre, que seguro que repite hoy…

– Ummmmm, ¿me conseguirás una chica? Ufff colega, me pone de pensarlo…

-Ey, ya te desfogarás después con tu padre que yo necesito la leche que me queda para …otra.

-Ya, ya sé, para tu madre. yo…es tan guapa y sexy tu madre…

– Umm Sara, no sigas que nos liamos…

Nos despedimos con unos morreos intensos, la dejé desnuda en la cama, al salir me despedí de su padre, que me preguntó si Sara aprendía bien…le dije que a pasos de gigante, que se acercara a verla…y pensé “y fóllatela si te atreves”.

Preñando a mi madre

Mi madre dejó de tomar las “precauciones” al uso en aquellos días para evitar el embarazo, pero tampoco nos dijo nada a mi abuelo ni a mi sobre cuándo lo hizo.

Pero sí que noté que iba, no diría que más caliente, porque siempre iba así, pero más deseosa, más receptiva. Cada semana pedía un encuentro a tres con su padre y yo. Y además, se me ofrecía en casa más a menudo, prácticamente no llevaba bragas nunca, y no perdía ocasión de mostrármelo, de esas maneras que las mujeres como ella saben hacer. Entre sentarse enfrente y abrir los muslos, agacharse explícitamente delante de mi o acuclillarse abriendo los muslos, mirándome divertida, sabiendo el efecto que me causaba, sin disimulo alguno, explícitamente mi madre pidiendo polla.

– Joder, mama, estás muy guarra estos días, todo el rato con tu chocho por ahí pidiendo caña.

– Me gusta que sepas que estoy en celo. Si vas a dejarme preñada, vas a tener que follarme mucho, pero…hijo…deberías hacérmelo de otra manera.

– ¿De otra manera? ¿Cómo?

– Umm hijo, ya llevamos tiempo, me gustaría que el bombo me lo hicieras con cariño. Y así es más seguro que me quede.

-Pero si te quiero mucho…

– Hazme el amor como tu mujer, como tu hembra, y te daré un bebé, cariño.

Dicho y hecho, la verdad es que me excitó mucho la idea. Así que una tarde, nos metimos en su cama de matrimonio desnudos los dos.

– Bésame amor mío, ummmmm, si, así -enseguida entendí lo que quería y me gustó – mi hombre… – la besé por todo el cuerpo, me entretuve en sus delicados pezones y bajé a lamerle el coño, con suavidad – aaaaah sí, sí cielo… – no me entretuve demasiado vi que enseguida estaba empapada de flujo, receptiva. Subí a besarla mientras la acariciaba – mi niño, mi hombre…deseo ser tuya…tu mujer…

– Te quiero…madre…eres mi mujer…- me subí encima y suavemente la fui penetrando

– Aaaah siii, qué placer…amor mío…hazme tuya… siiii…déjame encinta cariño…quiero darte un hijo…un hijo tuyo y mío…siiiii…- la penetraba con ritmo suave pero a fondo –aaaaaa muy dentro hijo mío, más, siiiii…hazme la madre más feliz del mundo…aaaaaaa

Fue el primero de una serie de polvos encantadores, tiernos y muy placenteros, mucho, aprendí que era más receptiva así para poder quedarse preñada y con más voluntad.

Estoy convencido que aquellos días fueron en los que se quedó encinta de mi.

El profe y la colegiala de Pilar

Había quedado con el profe de mates, ya quería tirarse de nuevo a mi Putette. Me pareció bien y justo. Él seguía tratando a Sara como habíamos quedado y eso me había posibilitado desvirgarla y jodérmela a gusto. Así que preparé una sesión con Pilar de prostituta. El profe me pidió un capricho, que Putette fuera vestida de colegiala, con unas falditas plisadas, una camisa blanca, corbatita y medias blancas hasta la rodilla, dado su cuerpo aniñado, excepto las tetas de pera con su largo pezón, le apetecía una barbaridad pensar que se tiraba una adolescente, también me dijo que le había quedado pendiente metérsela por el culo. Joder con el profe, pensé, así que le apetece dar por el culo a una nena.

Pilar era la putita idónea para eso. Así que la llamé.

– Hola, puta. ¿Estás sola?

– Hola, n-no, ¿qué tal?

– Ah, ok, disimula, veo que tu cornudo está por ahí.

– Sí, ahora estamos aquí relajados, jeje, sí, a ver si nos vemos un día – hizo un aparte para informar a su marido que era una fulanita, una amiga.

– Bien hecho puta. Escucha, te he conseguido un cliente que te quiere follar y dar por el culo, ya verás lo bien que te lo pasas ¿te va bien mañana?

– Sí, creo que sí, no habrá problema…un rato y así nos vemos.

– Estupendo, zorra, vas a gozar como una marrana. Y yo también voy a joderte y llenarte de mi leche. Seguro que ya te estás mojando las bragas, so ramera, y enfrente de tu marido, oyendo como vas a tener dentro dos rabos, dos tios que te vamos a pasar por la piedra…

– Ah, …sí, de acuerdo…sí, me encantará, ya sabes…

– Claro que lo sé, cada día eres más putota, y te pone hacer de prostituta…hasta mañana, Putette.

Por supuesto, hice que el profe pagara el “uniforme de colegiala” de Pilar y a la hora acordada se presentó en el apartamento. La morreé con ganas y le hice desnudarse entera. La puse delante del espejo y empecé a sobármela, quería que estuviera muy caliente y sabía cómo.

– Mírate en pelota y sobada, me gusta tu cuerpo, estás muy buena – le agarré las tetas y tiraba de los pezones – recuerda que aquí sólo eres una prostituta, has venido a joder, a que te den rabo, a satisfacer instintos obscenos, a que te usen para descargar leche y aliviar los huevos – le bajé una mano al chocho – ábrete zorra, aquí tu coño es público, va a tragar mucho rabo, los que yo diga ¿estás de acuerdo, guarra?

– Uffff síiiiiiii….soy una prostituta…he venido a joder con quien me digas…que me usen para lo que quieran…siiiii…me van a meter muchos rabos en mi coño

– Más, putón – le sobaba el chocho y el clítoris y un pezón – dime más de lo que eres…pienso en tu marido y en tu hijo mientras me lo dices.

– Aaahh sí, soy una guarra…una cerda… una zorra adúltera…quiero joder y que me follen…que me enculen muchos…comer pollas y tragar leche…que me den mucho cipote…aaaaaa

Ya la tenía caliente. Le di la ropa de colegiala y le dije que se la pusiera toda incluso las braguitas pero sin sujetador. Ella se la puso, excitada. Yo ya tenía el rabo tieso, realmente parecía una adolescente, excepto por la cara tapada, con su faldita plisada corta y su camisa ajustada, corbata y medias hasta la rodilla.

– Vas a trabajar de prostituta, Pilar. El cliente quiere joder con una adolescente y tu vas a ser la adolescente, has de hacer bien el papel y dejar contento al cliente. Ya sabes, le gusta que se la chupes, y esta vez quiere saber lo que es dar una tía por el culo, así que serás una adolescente enculada vilmente. Si dejas contento a tu cliente, ramera, después te follaré yo y te enlecharé ese coño de esposa adúltera – me acerqué y la besé en los labios, excitada – sé lo que te gusta…Putette.

Cuando llegó el profe, la llamé y salió.

– Hola Putette, estás guapísima. – Ella sonrió adoptando un aire tímido.

– Gracias profe, espero que lo pase bien conmigo.

– Ummm has sido una niña mala, Putette, espero que serás buena hoy conmigo.

– Sí, profe, intentaré ser muy buena con usted y ser capaz de darle placer – el profe la agarró del brazo y la atrajo hacia él, le levantó la cara y la morreó, ella le pasó los brazos por el cuello, se apretó contra él y le respondió con calentura. Cuando la dejó se fueron hacia el dormitorio y yo me dispuse a ver el espectáculo desde la habitación de al lado, desde el visor espejo que ninguno de los dos conocían.

– A ver Putette, tengo que reñirte porque esta no es la manera decente de vestirse una nena como tú – rápidamente en el papel, el profe y Pilar, de pie, bajó la mirada, también en su rol – esa falda es demasiado corta, incita a meterte mano debajo, lo pones muy fácil –se acercó a ella y le metió mano subiendo al chocho – ¿ves? Seguro que lo haces adrede. Los chicos te meten mano al chocho y al culo.

– Sí, profe, los chicos me tocan.

– Eres mala, Putette – le agarró una teta con la otra mano – y vas provocando sin sujetador para que te las toquen – subió la otra mano y le agarró las dos tetas, apretándolas – Así es como te las soban, seguro, y tú les provocas, ¿les enseñas las tetas?

– Sí profe, les enseño las tetas.

– ¿A ver cómo, Putette, qué haces para que te las vean?

– Así, profe – Se desabrochó unos botones de la camisa, pero sin quitarse la corbata, uff dudé de si no lo habría hecho alguna, vez – me las pueden ver y tocar – el profe de situó detrás de ella y le metió mano a las tetas por debajo.

– ¿Así, guarrilla, así dejas que te toquen?

– Sí, profe, así me las tocan – el tio le amasaba con ganas las dos tetas, cada vez más excitado.

– ¿Y tú que haces, guarra?

– Les toco la polla y se la meneo, profe

– Eres una nena muy mala, ¿A ver como lo haces? – Pilar le bajó la bragueta sin cabiar de posición y le sacó la polla, ya dura, acariciándola – pero que muy mala, ¿Y no se la chupas?

– Si profe, les chupo la polla a los chicos, les gusta – ella se arrodilló de frente a él y le lamió la polla – así hago profe –el le agarró del pelo y le metió la polla en la boca.

– Ummm es una guarrada eso que haces, Putette, no es de chicas decentes, chuparle la polla a los chicos es de putas – le follaba la boca – voy a tener que castigarte- La levantó del suelo y la echó en la cama boca abajo, con los pies en la alfombra, se la miraba excitado y ella esperaba –¿También les enseñas el culo?

– Sí profe, me bajan las bragas y se lo enseño – se las bajó hasta por encima de las rodillas y se levantó la falda – así profe –ufff me estaba poniendo a mil, cómo estaba en el papel, se veía que disfrutaba haciendo de puta. El profe de acercó y le dio dos palmadas en el culo –aaaa.

– Mala nena, ¿y te tocan el chochito así? –le metió mano a su coño.

-Uuu, sí profe, les dejo que me toquen el chochito – le dio una cachetada más –aaa – le metió dos dedos en el coño – uffff sí, profe, así también – le dio otra cachetada – aaaay.

– Muy, pero que muy mala – se la iba follando con los dedos – seguro que te meten la polla, seguro que te dejas follar como una cerda

-AAah, sí, profe, también me meten la polla – le dio otra palmada y le sacó los dedos del coño, para empezar a meterle uno en el culo – soy mala, merezco que me castigue – le dio otra palmada – aaaaah – le follaba el culo con el dedo y pasó a meterle dos, recogía flujo de su coño y se mojaba los dedos para metérselos – aaaaaa, profe….soy mala…

El profe se retiró un poco y se la quedó mirando, la visión era excitante, realmente con sus preciosas piernas parecía una adolescente ofrecida con las bragas medio bajadas. Entonces el profe se le acercó, se bajó el pantalón, se puso el condón y apuntó la polla a su culo.

– Voy a castigarte por mala nena, lo mereces, voy a darte por el culo con mi polla – empezó a penetrarla.

– AAAAAy, sí, sí, profe, castígueme, lo merezco, sí, deme usted por el culo….aaaaah…ufff

El profe acabó por metérsela en el culo y la empezó a bombear sin compasión, excitadísimo, un ratito hasta que se corrió gritando y bufando, Pilar también gemía y gritaba y eso nos excitaba más aún.

Se estiraron en la cama.

– Uffff, Putette, extraordinario polvo, qué buena estás y qué bien lo he pasado. Me ha excitado pensar que le daba por el culo a una jovencilla como tú, y además que estés casada me pone mucho.

Total, esta vez no repitió y se fue encantado de la vida.

Entonces entré yo, con la polla durísima, tenía sentimiento de admiración por ella, cómo había hecho de puta de burdel, le hice desnudarse del todo y yo también, y me acosté. La besé con cariño, me entretuve acariciándola con suavidad y ternura, ella respondió gimiendo suave.

– Pilar, cariño, eres estupenda, una delicia –le besé los pezones, sin agresividad – me encantas y estoy maravillado de tenerte como mujer, no como puta.

-Ooooh, cariño, siiii, quiero ser tuya, tu mujer…tómame…te estimo…- sin más me monté encima y ella se abrió –ummmm, tómame, soy tu hembra…- nos besamos sensualmente

– Yo también te estimo, Pilar, tanto que deseo mucho tener un hijo juntos…- la trataba con cariño, me gustaba y aplicaba lo que me había enseñado mi madre – tú, mi amor, la madre de mi bebé… – la empecé a penetrar suavemente – ummmm que gusto me das…

– AAAAAAAAAAhhhh cariño….qué delicia…sí, sí…quiero darte un hijo, amor mío, siiiiii…. Eres mi hombre…tómame…préñame cielo…deseo parirte un hijo…tú y yo…aaaaaaaaahh siiiiii

( CONTINUARA… )

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Buenas amigas

Volvía una y otra vez hacia su boca, bajé hasta sus pezones y comencé a bordearlos con la lengua, sus pechos eran perfectos, grandes, tersos, suaves, llegué hasta el centro del pezón y lo lamí con la punta de la lengua, sintiendo como se ponía aún más tieso si cabía, que sensación, lo mordía con dulzura, ella inclinaba su cabeza hacia atrás, indicándome que estaba disfrutando.

Me encontré a Candela por la calle, había pasado tanto tiempo desde que dejamos nuestra amistad a un lado… me parecía increíble verla de nuevo, más guapa y radiante que nunca, parecía contenta de haberme encontrado, nos distanciamos por tonterías y creo que las dos nos echábamos mucho de menos. Yo tenía prisa, pero le pedí que nos encontráramos en otro momento, teníamos muchas cosas de que hablar, mucho que contarnos, habíamos cambiado mucho en ese tiempo.

Me pasé toda la tarde pensando en ella, en esa amistad que siempre nos había unido y que habíamos dejado escapar, sí, la echaba de menos y no lo había querido reconocer hasta ese momento en que la vi en plena calle, pero bueno, esa noche tendríamos oportunidad de hablar, le pediría perdón. Llamé a mi novio para decirle que no me esperara esa noche, le conté que me había encontrado con ella y habíamos quedado para cenar, le conté con excitación que la había visto muy guapa, que estaba impresionante y él bromeó diciéndome que a ver si ahora me iban a gustar las tías, que se iba a poner celoso si seguía hablando así de ella, le dije que no fuera tonto, que sabía que habíamos sido muy buenas amigas y que a mi solo me gustaba él.

Me preparé con dedicación para esa cena, no sabía porqué, pero estaba excitada con ese encuentro, decidí ponerme informal, pero a la vez quería estar guapa, incluso llegué a pensar que quería estar sexy, pero deseché esa idea de mi cabeza, no podía ser. Al final me decidí por un vaquero ajustadito, botas altas de tacón y una camisa entallada, me maquillé cuidadosamente y me dejé el pelo suelto, al salir de casa me puse una chaqueta negra y desabroché un botón más de mi camisa, me excitó ver como por mi escote se dejaba entrever el sujetador color burdeos que me había puesto, era precioso y llevaba un tanga a conjunto igual, bordado con detalles claritos… Estoy loca –pensé-, me he puesto esto como si fuera a seducir a alguien y solo es una cena de amigas…

Pasé a recogerla por su casa, estaba lista cuando llegué, así que subimos al coche y nos dirigimos al restaurante, mientras bromeábamos diciendo que parecíamos gemelas, nos habíamos vestido prácticamente igual.

La cena transcurrió con normalidad, contándonos nuestras cosas, me dijo que su novio se había ido fuera a trabajar y que le echaba mucho de menos, que ahora se sentía un poco sola y yo le pedí perdón por no haber estado más pendiente de ella, por aquella discusión tan tonta que tuvimos que nos había alejado, ella se disculpó también, no había rencor en las palabras de ninguna, solamente ganas de retomar lo que habíamos dejado. Todo transcurrió normal hasta que al final de la cena, cuando ya estábamos tomando el café, el camarero nos llevó unas copas diciendo que los chicos de la mesa de al lado nos invitaban a ellas, pero solo si les dejábamos que nos acompañaran, les dijimos que sí, no nos vendría mal compañía por un rato.

Los chicos se presentaron, se llamaban Julio y Daniel, estuvimos durante un largo rato hablando con ellos y nos comenzaron a resultar pesados, no hacían más que hablar de sus trabajos, de cuanto ganaban, de que querían ascender, etc., le dije a Candela que me acompañara al baño.

Una vez en el baño le dije que como podíamos hacer para quitárnoslos del medio, que nos iban a arruinar la noche estos dos pesados y Candela tuvo una idea, fingiríamos ser lesbianas, podría ser divertido y así además los echaríamos. Volvimos sonriendo mucho las dos y ellos nos hicieron una broma diciendo que habíamos tardado demasiado en el baño, que si habíamos estado haciendo algo… indecente, yo solo les dije que pensaran mal y acertarían, mientras le cogí la mano a Candela delante de ellos, se empezaron a mosquear al ver el buen rollo que teníamos, nos estábamos divirtiendo con las caras que estaban empezando a poner…

Candela decidió seguir más adelante y me dio un beso muy corto en los labios, las caras de ellos parecían un poema, estaban sorprendidos y excitados a la vez. Les propusimos ir a otro lado, a mi me estaba gustando el juego y a Candela parecía que más aún, porque había metido la mano bajo el mantel y me tocaba la pierna muy suavemente… En el coche me preguntó que si lo estaba pasando bien y le dije que mucho, que me encantaba provocar a esos dos, volvíamos a ser las dos chicas juguetonas que antes salían de marcha volviendo locos a los tíos.

En el pub había muy poca luz, los chicos lo habían hecho a conciencia, no sé si por intentar tener algo con nosotras o por provocar que ocurriera algo entre nosotras. El caso es que allí estábamos con ellos, pidiendo en la barra, cuando empezamos a jugar entre nosotras, Candela me cogió por la cintura mientras pedía la bebida al camarero. Los cuatro nos dirigimos hacia unas mesas que había más alejadas del resto y ellos preguntaron abiertamente si éramos pareja, ante la pregunta directamente me dirigí a Candela y la besé en los labios… nunca había sentido un beso con tal suavidad e intensidad a la vez, lo que más me turbaba es que Candela había respondido a ese beso… (¿Qué nos estaba pasando?)

Mi cabeza daba vueltas pensando en ese beso, pero ella parecía tranquila, serena, aunque había algo en su mirada… en un momento sentí como miraba mi escote y me susurró al oído que le encantaba mi sujetador, en ese momento me quedé completamente descolocada, seguía fingiendo o era real que estaba excitada por mi… Yo sí podía decir que estaba excitada, aparte de por la provocación hacia los chicos, los cuales tenían unas erecciones de campeonato, me había excitado Candela, al besarme, al susurrarme eso… notaba un cosquilleo en mi entrepierna que no me atrevía a reconocer, pero me debatía en si eso estaba bien o mal, era una mujer, era mi amiga…

Mientras pensaba esto, Candela me tomó de la mano para que fuéramos al baño, los chicos hicieron algún comentario de burla diciendo que haber que íbamos a hacer allí… Entramos en el servicio de las chicas, había mucha gente, así que las dos pasamos juntas a una puerta que había vacía. En cuanto cerré la puerta Candela se giró poniéndose frente a mi y comenzó a besarme con una locura, diciéndome que quería sentir cosas nuevas, que quería probarme, que mi escote durante toda la noche y ese beso habían despertado en ella cosas que nunca había imaginado sentir, yo simplemente me dejaba llevar.

Salimos del baño y ni siquiera me di cuenta que llevaba dos botones más de la camisa desabrochada, fuimos donde estaban los chicos, los cuales me miraron con lujuria y les dijimos que teníamos prisas, que nos teníamos que ir.

Salimos de allí rápidamente, subimos en mi coche yo conducía mientras Candela metía las manos por mi camisa y me acariciaba los pechos desesperadamente, me dijo que fuéramos a su casa, apenas llevaba una semana instalada y quería estrenar la cama nueva que había comprado conmigo… yo para entonces ya no razonaba, solo deseaba tenerla…

De camino a casa…casi ni nos hablábamos…solo nos dirigíamos miradas cargadas de deseo que ninguna de las dos entendía… Candela no sabía porqué lo hacía y yo solo podía dejarme llevar porque había despertado sensaciones en mí que no quería perderme. Jamás había sentido nada así, esa desesperación, esas ganas de ella, nunca la había deseado, pero ahora la encontraba más atractiva, más seductora…más sexy que nunca…

Llegamos a su casa…y me ofreció algo para beber mientras se ponía cómoda… Durante el tiempo que estuve sola en el salón mil ideas revoloteaban en mi cabeza… ¿Debía seguir adelante? La respuesta la encontré pronto, cuando me llamó desde la habitación…me acerqué despacio hasta la puerta del dormitorio y allí estaba, completamente desnuda…. Su voz temblaba…esta tan nerviosa como yo… Me pidió que me acercara y mordiéndome los labios lo hice…me acerqué y besó tímidamente mi boca, una boca que estaba pidiendo a  gritos que le entregaran todo…

Separándome de ella, mientras contemplaba su cuerpo desnudo fui despojándome de mi ropa, me quedé solo con ese fino conjunto de sujetador y tanga, el que me había dicho que le gustaba a lo largo de la noche, me eché a su lado en la cama, sin saber muy bien que hacer, esperando a que fuera ella quien diera el primer paso, con los hombres me gustaba llevar las riendas, pero con ella… quería dejarme llevar, al menos de momento.

Con mucha suavidad comenzó a recorrer con la punta de los dedos mi cuello… me sonreía mientras se iba deslizando por el escote, rozando el borde del sujetador, veía como mis pezones estaban enhiestos deseando ser chupados por esa lengua dulce, suave, que hacía una rato había sentido besarme… pero Candela no los tomó aún, siguió recorriéndome con los dedos, ahora jugaba por encima de mi sujetador y seguía descendiendo…

Mi piel se erizaba al sentir el contacto de su piel por mi abdomen, esto ya no tenía remedio, llegaríamos hasta las últimas consecuencias, siguió jugando, bordeando ahora mi tanga… acariciándome por encima de él, continuó su recorrido y ahora rozaba con mucha suavidad mi coño por encima del tanga… mmmmm, esas manos eran deliciosas y eso que aún no había empezado la guerra…

Terminó de quitarme la poca ropa que me quedaba, no hablábamos, solo nos mirábamos y nos sentíamos, los prejuicios se habían ido, solo quedaba la pasión, el gozo, los sentimientos encontrados…

Nos sentamos sobre la cama, una frente a otra, me dirigí hacia ella y la besé, la besé con más deseo de lo que jamás había besado a un hombre, estábamos muy juntas, las piernas entrelazadas a la cintura, sentía sus pechos presionando los míos, seguía besándola sin pensar lo que hacía, sus manos acariciaban mi espalda.

La separé un poco de mi para contemplarla, estaba preciosa, sus ojos brillaban con fuerza, agarré su pecho y lo empecé a masajear mientras la batalla de besos volvía a comenzar, pero ahora recorría su cuello, sus hombros… volvía una y otra vez hacia su boca… bajé hasta sus pezones y comencé a bordearlos con la lengua, sus pechos eran perfectos, grandes, sin llegar a la exageración, tersos, suaves… llegué hasta el centro del pezón y lo lamí intensamente con la punta de la lengua, sintiendo como se ponía aún más tieso si cabía, que sensación… lo mordía con dulzura… ella inclinaba su cabeza hacia atrás, indicándome que estaba disfrutando…

Sus manos seguían recorriéndome y llegaron hasta mi sexo, el cual estaba abierto debido a la postura, nuestros coños estaban uno frente a otro, húmedos, brillantes de excitación, palpitantes, deseosos de ser tocados… sus dedos se deslizaron con maestría por mi clítoris… cada vez estábamos más juntas, los pechos rozándose, nos comíamos las bocas de desesperación, los dedos seguían haciendo su trabajo…

Ahora yo también jugaba con su sexo, nos masturbábamos mutuamente, teníamos los dedos metidos cada una en el coño de la otra… separamos nuestros cuerpos, dejando solo unidos nuestros coños… nos tumbamos hacia atrás, entrelazamos las piernas y dejamos nuestros clítoris unidos, rozándose desesperadamente…

En el momento en que prácticamente estábamos llegando al límite Candela se separó de mi, metió la cabeza entre mis piernas y empezó a lamerme el coño primero muy lentamente, después muy rápido, hacía círculos sobre mi clítoris con la punta de la lengua, no me tocaba siquiera con las manos, solo su lengua… se deslizaba por mi raja y me penetraba, volvía al clítoris de nuevo, bajaba hacia el ano y metía lo que podía la lengua… no recuerdo cuantos orgasmos tuve, porque iba enlazando unos con otros… hasta que decidí que era el momento de devolverle el favor.

Primero la puse a cuatro patas y poniéndome detrás de ella la empecé a lamer de arriba abajo… en esa postura si intentaba lamer el clítoris mi nariz se quedaba cerca de su agujero y se excitaba más aún al sentir mi respiración en su coño… le lamí el ano, se lo lubriqué todo lo que pude y la volví a cambiar de postura… la eché sobre la cama y comencé a introducir dos dedos por su ano… se estaba dilatando… gritaba de placer… a la vez le comía el clítoris… alternaba los dedos entre su vagina y su ano, con la otra mano acariciaba sus pechos…

Me encantaba tocarlos, siempre había deseado tener esos pechos, cada vez gritaba más… cada vez estaba más fuera de sí, hasta que de repente se quedó callada, de su coño comenzaron a emanar chorros de líquido… estaba eyaculando, yo estaba sorprendida, exhausta, pero seguía recogiendo con mi boca todo lo que salía de ella…

Era algo indescriptible, excitante y sobretodo… ¡Inolvidable!

Autora: Ariadnna

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