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Un día de gerencia

Esta historia ocurrió en Marzo del 2003, cuando yo me fui a trabajar al África por dos meses. Mi esposa, Vanesa, se había quedado en Buenos Aires, y si bien iba a venir a pasar un mes conmigo, todavía faltaban 20 días para su partida. Hacia ya una semana que estaba sola y como es muy celosa, se la había pasado toda la noche dando vueltas en la cama, pensando en que yo la estaba engañando con otra mujer.

Después de una mala noche, se levantó muy temprano para ir a trabajar a la gerencia. Hacia mucho calor y se puso su vestido corto azul que le hace una figura muy esbelta y sensual, encima con un escote muy marcado que le hace resaltar sus hermosas tetas. Como sobraba el tiempo y estaba lindo, fue caminando hasta la estación del subte. En el momento que bajaba las escaleras, escucho que uno estaba viniendo. Corrió, puso la tarjeta y se metió en el primer vagón que vio. Las puertas se cerraron y en ese momento se pudo percatar que el vagón estaba lleno de hombres. Ella era la única mujer. Como este no era su horario habitual, el ambiente también era distinto. De a poquito, se le fueron arrimando y la empezaron a apoyar. Vane estaba muy nerviosa, pero el subte estaba tan lleno, que no le quedo otra alternativa que mirar hacia abajo y aguantárselas. Con el movimiento y el vaivén del vagón, se le apoyaban cada vez mas seguido. Ya algunos sin ningún reparo, hasta sintió algunas manos por debajo que la tocaban. La pobrecita estaba agarrada de un pasamano y no sabia si largarse a llorar de la impotencia. Ya no aguantaba mas, ella notaba como todos la miraban y le clavaban los ojos en su cola, que se marcaba claramente a través del vestido. Otros tantos no podían sacarle la vista de su busto, que al estar estirada para agarrar el pasamano, parecía que iba a explotar hacia fuera del escote. Todavía faltaban 6 estaciones, si seguían a este ritmo, la iban a terminar violando.

Por suerte para ella, al llegar a una estación, hubo un movimiento de pasajeros y quedo enfrentada con un chico joven y bastante apuesto. Como la apoyaban y empujaban desde atrás, Vane hacia fuerza para no llegar a rozar al muchacho que tenia enfrente. Esa presión que ella ejercía para atrás, sumada a las apoyadas que le daban por detrás, le empezó a gustar. Ya estaba entregada. De repente, esa sensación de impotencia e indignación, se empezó a transformar en excitación. Sentir que más de 50 hombres la deseaban, la hizo soñar por un momento que era una vedette y eso le gusto. Su humor empezó a cambiar rápidamente, hasta que llego a la estación de destino. Se bajo muy tranquila y se fue caminando sensualmente. Al volver a arrancar el subte, se dio vuelta y pudo ver en detalle las caras petrificadas de sus 50 admiradores mirándola con satisfacción. Fue una sensación que le gustó, dejándola contenta. Se acomodó el vestido que estaba todo desarreglado y siguió caminando hasta su trabajo. Entró al edificio y pensó que había sido un buen comienzo del día, algo distinto a lo normal.

Ni bien entró a la oficina y como todavía no había llegado mucha gente, se sentó en una PC para conectarse y bajar los e-mails. Se encontró con 2 mensajes que yo le había enviado el día anterior, contándole como era el lugar, que se podía hacer, los planes que tenía y fundamentalmente que le decía que la amaba mucho y la extrañaba un montón. Vane que es muy sentimental, se empezó a sentir triste y sola. Se le cayeron unas lágrimas y para que nadie la viera llorar decidió bajar a la calle a tomar un café en Havanna. Al llegar al café se sentó en la barra y percibió que había dos ejecutivos muy atractivos que estaban desayunando. Tendrían alrededor de 30 años. Vane que es muy detallista percibió que estaban muy bien vestidos, usaban buen reloj y que ambos eran casados (por el anillo). Al terminar de tomar el café, ella se levantó haciéndose la artista y sacando buen pecho como lo sabe hacer, fue caminando hacia la puerta mientras los hombres se quedaron mirándola con mucho deseo.
Regresó a la gerencia y se puso a trabajar en unos informes que tenía pendientes. Como es muy eficiente, se puso las pilas y en poco tiempo los terminó.

Al cabo de 2 horas, Sánchez, el gerente, la mando a llamar para consultarle algo. Cuando entró a su oficina, se encontró con que Sánchez estaba charlando con dos hombres. El le pidió si por favor podía buscar todos los informes relacionados con el transporte del personal. Ella asintió y al darse vuelta para ir a buscarlos, se percató que los 2 hombres, eran los ejecutivos que había visto en el bar, y que de cerca eran mucho más apuestos. Les saludó con una sonrisa y enseguida, volvió con los papeles que le había pedido el gerente.

Vane regresó a su lugar de trabajo, pero como ya había concluido con el mismo, se fue a charlar con una compañera. Después de los saludos y preguntas de rutina, su compañera le dijo “Que fuerte que están esos 2 perros”. Vane concordó y le dijo que en el bar, ellos le habían clavado la mirada. Su compañera le insistió, para que vaya de vuelta a la oficina de Sánchez con cualquier excusa, así ella observaba sus miradas y luego le contaba.

Vane no pudo con su genio y utilizando todo su carisma, entro nuevamente a la oficina del gerente llevando café para los 3. Todos agradecieron el gesto y mientras se distendían tomando el café, charlaron un poco. Ellos resultaron ser dos abogados de una compañía de seguros que estaban arreglando un problema de una demanda. Uno de ellos era extranjero, y si bien entendía perfectamente el castellano, tenía dificultades para hablarlo.

Vane regresó con su compañera, quien le dijo que los había observado babearse al charlar con ella y que cuando ella se retiraba, uno de ellos saco su lengua relamiéndose.

El largo día de trabajo continúo y Vane volvió a llevarles café varias veces. Por el cansancio, ya no estaban tan duritos, estaban más relajados y el trato era menos formal. En uno de los cruces, averiguó sus nombres. Uno se llamaba Daniel y el otro John.

Yendo al baño, John se detuvo enfrente al escritorio de Vane y en un castellano con acento de ingles que sonó muy cómico, le dijo que era muy bonita y amable. Esto hizo que Vane se sienta reconfortada. Había sido un buen día para la caza, primero el subte y ahora estos dos.

A las 17 horas, todo el personal comenzó a retirarse. Vane pasó por la oficina de Sánchez para despedirse y éste le pidió que si antes de irse, le podía alcanzar los contratos con la compañía de seguros. Ella los fue a buscar inmediatamente, pero tuvo dificultad en encontrarlos. Después de 20 minutos de búsqueda, apareció con el contrato del año anterior y Sánchez le dijo que servia igual pero que había que hacer una actualización porcentual en una planilla en la PC. Ya resignada a que se tenia que ir mas tarde, Vane hizo los cálculos minuciosamente en forma correcta. El gerente le agradeció el favor y le pidió disculpas por la demora. Mientras Vane juntaba sus cosas, ellos dieron por terminada la reunión.

Siendo aproximadamente las 18, salieron todos juntos. Sánchez se ofreció acercarlos con su auto, pero lamentablemente iba para el otro lado. Entonces Vane paró un taxi y ellos le preguntaron hacia dónde iba. Casualmente ellos iban para el mismo lado, para lo cual sin preguntarle se subieron al mismo taxi. Uno subió de cada lado y Vane quedó sentada en el medio. Durante el trayecto, haciéndose el que no se daba cuenta, John fue acercando una pierna a la de Vane, rozándola positivamente cada vez que podía. Si bien ella lo notó, se hizo la despistada y como sintió una pequeña mezcla de miedo y excitación, lo dejo continuar y no lo sacó. En un momento se estaba poniendo denso, pero John era tan simpático y su forma de hablar era tan cómica, que borraba sus intenciones fácilmente. A pesar de estar viajando con dos desconocidos, Vane no sentía temor alguno, estaba cómoda.

Le pidieron al taxista, llevar primero a Vane y luego seguir con ellos. Cuando llegaron a nuestra casa y antes que ella se baje, le preguntaron si le gustaría ir a cenar con ellos a lo que Vane respondió que no. Daniel insistió argumentando que era una noche muy linda, que hacia calorcito y que John al día siguiente partiría para su país y él lo quería llevar a cenar a un buen lugar pero que no se le ocurría donde. Vane les pidió perdón y disculpándose por estar cansada, les rechazó la invitación. Sin seguir insistiendo, Daniel le agradeció el viaje y le dijo que de todas formas, por si cambiaba de idea, le dejaba una tarjeta personal con el número de celular. Vane los saludo formalmente y se bajó.

Cansadísima y sintiéndose mal por el largo día de trabajo y todos los pormenores, ni bien entró a casa, Vane se desvistió y fue directo para la ducha. Después de varios minutos de agua caliente relajante por todo el cuerpo, se empezó a sentir mejor. Allí se puso a pensar si debía haber aceptado la invitación o no. No se podía auto-engañar, realmente deseaba haber ido a cenar con ellos. Se la había pasado todo el día, sintiéndose deseada por hombres, cosa que le había gustado. Hacia una semana que estaba sola y encima desconfiaba de mi. En estos casos, siempre había reprimido su necesidad de sexo, por respeto a la pareja, salvo en contadas excepciones donde no pudo controlar su cabeza, y había ido mas allá de donde se debe, comportándose como una verdadera hembra, que vuelve loco a los hombres, incluyéndome a mi. Con todo este dilema, estuvo pensando un rato, puso todo en la balanza y tomo una decisión, que por supuesto fue llamar al numero de la tarjeta. Por encima de todo, cualquiera de los dos tipos, le gustaban mucho. Solo tenia que decidir a quien elegir.

Al rato lo llamó a Daniel al celular. Este atendió bastante cortado. Se notaba que no podía hablar y él contestó, “Bueno, no hay problema señor, lo paso a buscar por su hotel.” y cortó rápidamente. Se notó que el hijo de puta atendió el teléfono delante de su mujer y no sabia que decir. Esto excitó mas aun a Vane, quien se empezó a preparar especialmente para la velada. Mientras tanto pensaba con quien se quedaría.

Alrededor de las 21 horas sonó el timbre. Era Daniel solo. Vanesa salio deslumbrante. Tenia puesto un vestido minifalda negro, medias de encaje y zapatos de taco alto. Llevaba una minúscula tanga al tono y no tenia puesto corpiño. Su pelo estaba suelto y salvaje.

Daniel casi muere de un infarto. Ni bien subió al auto, él le empezó a dar piquitos en la boca, cosa que mi mujer no rechazó. Al poco tiempo, estos se convirtieron en húmedos besos, caricias y abrazos. Aparentemente Vane ya había decidido. Daniel le insinuó ir inmediatamente para un hotel. Vane aclaró inocentemente, que la habían invitado a cenar y media enojada preguntó por John. Acto seguido, Daniel continuo dándole besitos y le dijo que estaban yendo a buscar a John por el Sheraton, para ir a cenar y que la insinuación solo había sido un chiste. Entre besos y manotazos continuaron su camino hacia dicho hotel.

Estacionaron en la entrada e ingresaron para buscar a John, quien estaba sentado en la barra tomando unos tragos. Se lo notaba muy alegre y zafado, producto del alcohol. Se reunieron con él y allí decidieron ir primero a cenar a un restaurante en las cañitas y después a tomar algo a algún boliche con show. Vanesa ya se inclinaba hacia el lado de Daniel.

Iban caminando por el lobby del hotel hacia la salida, cuando John trastabilló y ante una inminente caída se agarró de Vane, rasgándole sin querer el vestido. El se incorporó rápidamente y balbuceando mil palabras mezcladas entre español e ingles, le pedía las disculpas muy apenado. Sonó tan cómico y la escena fue tan graciosa que todos se largaron a reír a carcajadas sin parar. Lloraban de la risa. Vane reviso que su vestido solo se había descosido, no se había roto, con lo que se quedó mas tranquila. John le propuso si quería subir a su habitación para coserlo, pues allí había un kit de costura. Vane en un primer momento dijo que no, pero analizando que así no podía ir a ningún lugar, aceptó. Daniel les dijo que los esperaba en el auto y Vane le puso una cara como pidiéndole que no la deje sola con John. Daniel comprendió el mensaje y dijo que mejor los acompañaba.

Subieron al ascensor y Daniel que estaba detrás de ella, empezó a tocarle levemente la cola por encima del vestido, haciendo rozar el mismo contra la tanguita. Vane cerró los ojos, echó su cabeza hacia atrás y le comió la boca. Mientras tanto John, empezó a besarle el cuello y a frotar su cuerpo con el de ella. Cuando ella se percató, lo sacó inmediatamente. Pero John estaba muy ebrio, no entendía nada e insistía. Vane le dijo seriamente que la corte, pero el pedo de John era tal, que se mataba de la risa. Mientras tanto, la seducción que le brindaba Daniel besándola, le hizo olvidar de la presencia de John que cada tanto metía alguna mano sin acertar. El ascensor navegaba para arriba y para abajo sin destino alguno, Vane y Daniel se encargaban de apretar al azar algún botón, cuando este se detenía. Mi mujer se estaba mojando mal, entre los besos de lengua y el palo que tenia Daniel, el ambiente se puso espeso. De repente sonó la alarma del ascensor, todos se recompusieron, tocaron el piso correspondiente y fueron para la habitación. Iban caminando por los pasillos tratando de ayudar a John que rebotaba de pared en pared por la borrachera.

Llegaron a la habitación y entre los dos cargaron a John hacia la cama. Lo recostaron y Vane se sentó en la cama para descansar. Daniel se sentó a su lado y continuaron con los besos y caricias. Al poco tiempo y para sorpresa de todos, Vane fue directamente al pantalón de John, le bajo el cierre y saco su pija afuera. Sus ojos al verla se iluminaron, era muy grande y muy gorda, a pesar de que todavía no estaba muy dura. Se la metió en la boca y fue notando como iba creciendo de a poco. John, medio inconsciente, con sus manos le acariciaba las tetas por encima del vestido.

Daniel se dedico a ir subiéndole la pollera poco a poco, mientras le pasaba la lengua por las piernas. Cuando llegó a su cola, le bajó las medias y la dejó en tanga. Mi mujer tenía la pollera subida hasta la cintura, le estaba chupando la pija a uno que mientras tanto le tocaba las tetas y el otro le besaba la cola y como podía le metía la puntita de la lengua lentamente por su concha que se estaba lubricando. Vane estaba muy caliente, los empezó a desnudar a los dos, fue a buscar 2 forros a su cartera y cambio a ambos de posición. Ahora ella se la chupaba a Daniel y John le saboreaba la concha, metiéndole dos dedos mientras le chupaba el clítoris. Ella estaba en la luna. Después de un rato así, empezó a gemir y a convulsionarse, teniendo su primer mojada, un orgasmo largo e intenso que gritó sin vergüenza. Los 2 abogados no la dejaron descansar, a la fuerza, la sentaron encima de John y ella comenzó a cabalgar salvajemente, Daniel por su parte le metía su pija en la boca y amasaba las tetas mientras le decía lo muy puta que era. Vane no aguantando más, acabó por segunda vez. Al mismo tiempo Daniel terminaba en su boca, mientras ella lo miraba con ojos de lujuria. El semen le resbalaba por los labios y como ella no quería desperdiciar ni una gota, se relamía con su lengua. Le chupo la pija hasta dejarla bien limpia y Daniel cayó rendido. John por su parte seguía cogiendo, el efecto del alcohol se le borraba con las acciones de Vane. De repente se la saco de adentro y le pidió que se arrodillara en el piso. Acercó la pija a su rostro y después que Vane le diera dos lengüetazos, inundó su boca y su cara con un chorro de esperma.

Todo muy lindo, descansaron un rato, se repusieron pero Vane no tenía lo suficiente y quería mas. Acostada desnuda en el medio de los dos, se empezó a tocar el clítoris lentamente. De a poquito empezó a jadear y a meterse un dedito. Este jueguito suyo continúo hasta terminar en una terrible paja, contorsionando todo su cuerpo. Desesperadamente se mojaba un dedo con saliva y se lo metía en el culo. La imagen era una película pornográfica y mi mujer era la estrella y estaba en el medio. Los dos hombres no aguantaban más la escena y quisieron participar. Como estaban muy al palo, Vane agarró las dos pijas y se las metió en la boca. Ella misma se sorprendía de la puta que tenía escondida dentro. Los dos machos se pusieron rápidamente a tono y quisieron sacarle el control de la situación que hasta ahora lo tenia mi mujer. Juntos decidieron ponerla en cuatro patas, Daniel se arrimó por detrás y de una se la metió hasta el fondo de la lubricada concha. Vane soltó un grito, mitad placer, mitad dolor. John se puso delante de ella y la empezó a coger por la boca mientras le masajeaba las tetas y le tironeaba de los pezones. Después de un rato en esta posición, Daniel se puso debajo y ella lo montó. El extranjero con semejante cuadro, le empezó a chupar el agujero del culo y a introducirle un dedo. Se lo escupió para poder lubricarlo un poco más. Vane en un principio tuvo miedo, pero enseguida empezó a sentir placer. Sentía como la punta de la pija de John, toda mojada, apoyada en el esfínter de su culo, iba penetrando el estrecho agujero. Estaba experimentando una nueva sensación, ya que nunca se la habían cogido por la concha y por el culo a la vez. Los 3 empezaron suavemente con un ritmo tranquilo, pero que enseguida se hizo más rápido. Ella sentía algo increíble, una mezcla de dolor y mucho placer. Daniel pidió a los gritos, poder cogérsela él por el culo, así que cambiaron de posición. Esta vez Vane se sentó encima de Daniel, dándole la espalda. El se la metió por el culo y le levantaron las piernas para que John se la pudiese meter por adelante. Con esta postura, Vane gozaba aún más que la anterior, gemía en cada embestida. Daniel aprovechaba para apretarle bien las tetas y John le besaba todo el cuello. Le decían todo tipo de barbaridades, lo muy puta que era y lo bien que cogía. Ella no paraba de gozar, de suplicarles que la siguiesen cogiendo, de que no parasen. Los huéspedes de las habitaciones contiguas estarían excitadísimos escuchando las palabras de mi mujer. Así estuvieron serruchando un buen rato hasta que acabaron como animales. Se quedaron los tres abrazados, derrotados tras esta competencia de sexo. Había sido su mejor experiencia sexual.

Se levantó, cosió su vestido, se duchó y cuando estaba por preguntar si iban a ir a cenar, se dio cuenta que eran la 4 de la mañana y que los dos abogados estaban dormidos. En silencio agarró sus cosas y se marchó.

Al llegar a casa pensó en si volvería a repetirlo. Esta era la hora de los arrepentimientos. Inmediatamente prendió la PC y me mando un mail diciendo que me extrañaba mucho, que ya no veía la hora de volver a encontrarnos y que tenía una sorpresa para contarme.

Cuando nos volvimos a encontrar, lo primero que hizo fue relatarme esta historia con lujo de detalles. Durante el relato, estuvimos casi medio día haciendo el amor de manera espectacular, recordando este inolvidable trío.

Claudio

Favor enviar comentarios a: horaciosandra@yahoo.com.ar

Asi fue / Parte 1

Asi fue. En este momento aun me tiemblan los dedos al pulsar estas teclas pues aun recuerdo todo como si apenas hubiese sucedido. Un secreto sepultado dentro de mi por muchos años y que jamas se habia revelado. ¿Para que? Posiblemente nadie lo entienda. ¿En donde sucedió? En una pequeña localidad de provincia como tantas otras. ¿Cuándo? Hace ya tiempo.

Como sucede en muchos casos, mi padre fallecio siendo yo muy niño por lo cual mi madre tuvo que ingeniarselas para sacar el sustento de cada dia. Alrededor de mis 13 años tuvo la suerte de que le dieran un trabajo en la capital del estado, el unico gran problema fue que se lo darian a ella sola. Es decir, tuvo que renunciar a mi y con la promesa de mejorar me deposito en casa de mi padrino sin saber al gran peligro que me estaba exponiendo.
Ese dia, el mas triste de mi vida, la fuimos a despedir a la central de autobuses. Aun recuerdo como sus ultimas palabras fueron de aliento y de advertencia al decirme que me portara bien y que obedeciera en todo para no contrariar a nadie pues no queria que causara problemas.

Nos quedamos hasta que el camion desaparecio y aunque trate de hacerme el fuerte no puede evitar el llanto. Aun las lagrimas corrian por mis mejillas cuando mi padrino con una voz seca me ordeno que nos fueramos pues mi madre ya se habia ido. Dandome un empujon, me impulso a caminar y con largos pasos se adelanto a la camioneta quedandome yo rezagado. De repente senti un manazo en la espalda.

-¡Deja de chillar!-escuche-¡Pareces mariquita!

Ese era Daniel el hijo mayor de mi padrino que andaba entre los 16 casi 17 según recuerdo. Ese manazo fue nuestro primer contacto.

Como se podran imaginar por ese primer “saludo”, mi vida se convirtió poco a poco en un infierno. De las tantas cosas prometidas por mi padrino a mi madre muy pocas se cumplieron. Desde un principio se mostro seco y distante conmigo, como si mi presencia le molestara. Ni siquiera me dio un cuarto sino me hizo dormir en una pequeña salita de un corredor de esas casas antiguas de pueblo y mi ropa la puse en unas cajas cerca del sofa que se convirtio en mi cama. Mi madrina era un poco mas amigable pero en aquel tiempo su madre se encontraba enferma y ella se iba a cuidarla al pueblo mas cercano asi que pasaban dias sin que la viera y a veces cuando regresaba solo regresaba por una horas y se volvia a ir. De esta manera la casa casi siempre se encontraba sola y de igual manera estaba yo solo con mi padrino y sus hijos.

Un dia me llevo a trabajar a su tienda. Todo fue mas o menos bien hasta que empezamos a cargar mercancia a una camioneta. Yo no estaba acostumbrado al trabajo fisico tan fuerte ademas de que mi complexión rechoncha me dificultaba aun mas las cosas y me costo mucho trabajo hacerlo. Mi padrino me gritaba que lo hiciera mas rapido y Daniel me hostigaba con diversas frases hirientes: “Apurale gorda.” y cosas por el estilo. De repente iba yo caminando cuando mis endebles brazos no pudieron mas y se me cayo lo que llevaba desparramandose todo por el piso. Enseguida mi padrino se acerco gritandome y ya cuando estuvo cerca de mi me agarro por el pelo y me avento a un lado.

-¡Mira nomas pendejo!- recuerdo-¡Ni para eso sirves!

Yo apenas si pude reaccionar y me quede paralizado a un lado. Ya para ese momento los otros trabajadores se habian acercado asi como tambien Daniel. “Pareces niña” me dijo cuando llego cerca de mi. Mi padrino estaba muy encabronado y les ordeno a todos que se pusieran a recoger y acercandose a mi me volvio a jalar del pelo y empujandome hacia la calle me dio una patada en las nalgas y me grito:

-¡Largese a la casa, chingado, a ver si alla sirve de algo!-

Como te podras imaginar alcance a escuchar las risitas y las miradas burlonas de los otros empleados y sin mas ni mas eche a correr y asi llorando me fui a la casa. Ahí me quede todo el dia y me aterraba el momento en que ellos fueran a llegar. Cuando finalmente lo hicieron mi padrino me volvio a regañar ante la mirada burlona de Daniel y de Lalo su hermano y nuevamente diciendome que no servia para nada me ordeno que me quedara en la casa y como la señora que les ayudaba alli ya no iba a poder ir entonces que me quedara en la casa y yo era el encargado de limpiarla y todo. Por un lado me senti aliviado pues pense que me iba a ir peor y la verdad estaba mas o menos acostumbrado pues siempre le habia ayudado a mi madre hacer labores de casa y a partir de ese dia me converti en su chacha pues yo me quedaba en la casa y hacia mas o menos toda la limpieza y tenia que estar al pendiente de ir por la comida que una señora del pueblo les hacia y demas. De alguna manera me gusto porque me quedaba solo en la casa y nadie me molestaba. Cuando ellos llegaban a comer, les servia y terminando me ponia a lavar los trastes y se volvian a desaparecer hasta la noche cuando nuevamente nada mas comiamos y yo limpiaba la cocina y nos acostabamos a dormir. De esa manera, casi no tenia yo contacto con ellos y vivia mas o menos feliz.

Todo esto fue mas o menos bien hasta que un dia que estaba yo solo en la casa llego Daniel. Como siempre con su actitud destemplada. Seria muy largo de detallar su comportamiento pero como se podran imaginar me empezo a ordenar cosas y a criticarme y a decirme muchas cosas insultantes e hirientes que aunque trate de ignorar poco a poco me hicieron enojar. En una de esas, no recuerdo muy bien que me dijo y ante mi coraje le dije que se callara. El me contesto que a el nadie lo callaba y no supe ni como pero se me salio decirle: “Pinche puto”.

Cuando escucho eso se super encabrono y me dijo que a el nadie lo llamaba puto. Se acerco a mi tratando de golpearme pero me le pude escabullir como pude.

-¡Me las vas a pagar cabron!- me grito y salio casi corriendo de la casa.

Pasaron unos minutos y yo me quede agazapado cuando ya no escuche ruido sali y me quede aun al acecho y como no escuche nada pues segui haciendo lo que estaba haciendo y en un rato se me olvido el suceso. Estaba asi de lo mas entretenido, cuando de repente senti un dolor agudo en mi cabeza. Era Daniel que me tenia agarrado del pelo.

-¡Vamos a ver quien es el puto!-me grito en el oido dejandome casi sordo.

Aventandome al suelo y ante la sorpresa del ataque me empezo a golpear y a patear yo trataba de protegerme lo mas que podia y solo sentia los golpes de sus puños y las patadas de sus botas de cargador. Todavía estaba yo medio aturdirdo por la chinga que me estaba poniendo que no supe ni como pero empeze a sentir como me jaloneaba los pantalones y al tratar de defenderme solo consegui un par de golpes mas. Me saco los zapatos y a jalones me quito el pantalón dejandome solo la camisa. Los avento al saguan y me golpeo con un trapo en la cara.

-¡Ponte esto!- me ordeno con voz destemplada.

Yo no entendi muy bien lo que me decia por lo aturdido que estaba asi que nuevamente me grito mas fuerte que la vez anterior.

-¡Que te pongas esto!-

Como pude me medio levante y tome entre mis manos el trapo que me habia aventado solo para descubrir que era una de esas faldas del uniforme de niña de secundaria. Yo me quede de una pieza pues estaba completamente sorprendido por todo pero Daniel sabia lo que queria y acercandose nuevamente me tomo de los pelos y dandome una sacudida me volvio a gritar que me estaba ordenando que me la pusiera. Como pude le obedeci mas por miedo y por dolor que por otra cosa. Aun tomandome del pelo me puso de pie y me ordeno que me acomodara la falda y que la cerrara. Total que no me solto hasta que no estuve vestido con la falda que el me habia traido. Esta por demas decir que la falda no me quedaba muy bien pues no era de mi talla me apretaba mucho y ademas en aquel tiempo era yo algo gordito pero el me obligo a abotonarmela. Yo no se de quien la consiguió pero recuerdo la vergüenza de estar ahí vestido con es falda y de sentirme casi desnudo. Después me llevo a medio cuarto y me avento al centro. Yo me quede como estatua parado ahí en medio y el solo daba vueltas y se reia y se carcajeaba y se burlaba de mi.

-¿Quién es el puto ahora?-me dijo entre otras cosas.

No paraba de dar vueltas alrededor mio y de reirse de mi. Yo estaba muy escamado y asustado y no atinaba a hacer nada. Solo sollozaba y el se reia mas y me decia mas cosas; que si era un mariquita chillona, que solo servia para limpiar la casa, que no podia cargar unas cajas y asi mas y mas cosas. Diciendo esto se fue acercando mas y mas y ya cuando estuvo muy cerca de mi me metio la mano rapidamente por debajo de la falda y me dio un pellizco.

-¡Estas MUY buena!-me dijo y yo apenas si pude reaccionar medio brincando a un lado de el. Al ver mi reaccion mas se carcajeo y me ordeno que me quedara asi. Me dijo que si me cambiaba me iba a ir peor y que asi tenia que quedarme hasta que el viniera y que si no lo hacia me iba a poner una verdadera chinga no como la de hace rato sino una verdadera.

-¿Me entendiste?- me dijo y yo solamente moviendo la cabeza apenas si le pude contestar. El camino para atrás no sin desaprovechar mi desconcierto haciendome movimientos amenazadores y cizcandome como queriendo pegarme o faulearme sin darme la espalda y todavía en la puerta me volvio a repetir que no se me olvidara y que asi me tenia que quedar vestido. No se por cuanto tiempo me quede ahí parado cuando por fin empeze a caminar me dolia todo el cuerpo de los chingadazos que me habia puesto. Como pude fui al baño y me lave. Después la verdad no sabia que hacer. Me sentia ridiculo vestido con esa falda pero por otro lado no se me olvidaba lo que el me habia dicho y amenazado. Total que me quede con la falda puesta pues aunque en ese momento no lo pense nadie llegaba a la casa y yo me la pasaba solo casi todo el dia.

Estaba lavando unos trastes en el fregadero cuando escuche una fuerte voz detrás de mi que casi hizo que se me cayera el vaso de las manos.

-¡¿¡ Y ahora que chingados!?!-

Para mi mala suerte era mi padrino que por no se que maldita razon habia ido ese dia a la casa.

Se me quedo viendo con cara de sorprendido y yo me sentia muy humillado pero no se de donde saque fuerzas y le grite que Daniel me habia obligado a vestirme asi. Por un momento pense que el tambien me iba a agarrar a chingadazos pero para mi mayor sorpresa me volvio a preguntar y le volvi a decir que Daniel me habia obligado a vestirme asi. Cuando escucho eso solo se carcajeo y me mando a vestir. Cuando regrese ya no le encontre por ningun lado. Después de eso ya no se hablo mas del tema y yo supongo que el hablo con Daniel porque en la noche que llegaron Daniel no me dijo nada ni se volvio a mencionar el tema al menos por ese momento fue erróneamente lo que pense.

asifuegdl@yahoo.com.mx