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Lucas

Los mejores amigos de mis padres habían comprado un campo en un pueblo a unos cuatrocientos kilómetros de Buenos Aires y nos invitaban a pasar con ellos una semana entera. La noticia me disgustó porque ya habíamos veraneado con ellos el verano anterior y su hijo Lucas, ahora de diecisiete años, me había resultado insufrible. Era un chico demasiado lindo pero muy pedante y me trataba como una minusválida, seguramente creía que por tener en ese entonces doce años era un ser anormal y no me habló ni me miró en el mes entero que estuvimos juntos. Por eso la idea de soportarlo nuevamente me parecía una verdadera tortura, pero mis esfuerzos por quedarme con mi tía y mis primos fueron infructuosos, mamá y papá se opusieron terminantemente a que no los acompañase. Así que el sábado muy temprano emprendimos el viaje y al cabo de cuatro horas llegamos a un hermoso pueblito y en unos minutos más entrábamos al parque de una gran casa que nos maravilló. Era un chalet de estilo californiano en medio de un parque rodeado de árboles, con un césped verde esmeralda y hacia atrás, y a un lado de la casa, se veía una gran pileta de natación brillar al sol. Apenas nos detuvimos se acercaron Natalia y Juan y detrás de ellos, el insufrible Lucas. Nos saludaron entusiasmados y observé que Lucas me miraba de un modo que evidenciaba cierta sorpresa pero luego se acercó con una gran sonrisa y me dio un beso en la mejilla. -Kim, creciste, comentó con sorpresa y agregó: Estás hermosa. Yo no lo podía creer, ese chico hermoso con el torso desnudo, bronceado por el sol y con ese mechón de pelo rubio cayéndole por la frente me halagaba, era verdaderamente increíble. Pero me tomó de la mano y me dijo: -Vení que te muestro la pileta, te va a encantar, a esta hora el agua ya está tibia y nos podemos bañar, apurate, ponete la malla. Volvimos a la casa Natalia y Juan nos llevaron a nuestras habitaciones en el piso alto, me habían destinado un dormitorio hermoso con ventana al parque. Apenas me quedé sola me puse la bikini roja, una de las dos que me había comprado mamá, una roja y una amarilla, me encantó lo que vi en el espejo: mis piernas eran largas y bien torneadas, de perfil mi cola era perfectamente redonda y parada y de frente mi entrepierna se veía seductora con el pequeño pero insinuante bultito de mi vagina. Pero al subir la vista el efecto se diluía al llegar a mi busto, mis tetitas eran apenas una leve intención de verdaderas tetas, lo único que las hacía diferentes a las de un chico eran mis pequeños botones rosados, pero el conjunto era agradable: mi rostro era delicado y de rasgos pequeños, excepto mis ojos que me enorgullecían, mi boca y mi nariz tenían el delicado encanto de los de mi mamá y todo se veía enmarcado por la cascada dorada de mi pelo sobre mis hombros desnudos, me vi linda y eso me gustó. Mamá vino a verme y me dijo que estaba bellísima y bajamos al parque. Al verme Lucas dijo: ¡Guauu!, Kim qué bella estás y logró hacerme poner colorada pero enseguida agregó: ¡Una carrera hasta la pileta! Y salimos disparados y saltamos al agua gritando. Enseguida comenzó una guerra de agua y luego hubo concursos de tirarse al agua de bomba a ver quien salpicaba más y después carreras de natación y todo alternando con guerras de agua bajo la mirada sonriente de nuestros papás. Al mediodía comimos bajo los árboles y luego, antes de volver a la pileta salimos en bicicleta a conocer el lugar. Fuimos hasta el río y recorrimos las calles del pueblo desiertas a la hora de la siesta, volvimos en carrera por la ruta y llegamos a la casa transpirados y cubiertos de polvo y al soltar las bicicletas corrimos a la pileta y ni escuchamos el consejo de Natalia: ¡Chicos, duchensé! Porque ya saltábamos al agua así, todos sucios pero muertos de risa. Estuvimos en el agua hasta casi el anochecer excepto una rápida merienda hasta que finalmente fuimos a bañarnos y cambiarnos para la cena. Me puse un lindo vestido que mamá eligió y mientras me cepillaba el pelo me preguntó si lo estaba pasando bien. -Genial mamá, ¿viste que cambiado está Lucas? Mamá se rió y contestó: -¿No será que la que está cambiada sos vos? La miré intrigada y me dijo:
-Kimberley, estás hermosa y Lucas lo aprecia y trata de demostrarlo. Me sentí extraña, no me imaginaba que un chico de la edad de Lucas se pudiese interesar en mi pero al mismo tiempo muy orgullosa. Mientras los hombres se ocupaban del asado y las mujeres de las ensaladas Lucas me llevó a la sala y me hizo escuchar discos que le gustaban y descubrimos gustos comunes que nos entusiasmaron. Comimos al aire libre un riquísimo asado y luego Lucas y yo volvimos a escuchar música pero la intensa actividad del día ya se hacía notar y el sueño me empezó a vencer y me quedé dormida sentada en un sillón. Cuando me despertó mamá ya era tarde y todos se iban a dormir. Hacía calor y me quité la ropa dejándome la bombacha y me puse una camiseta muy corta casi con los ojos cerrados y caí profundamente dormida. Me despertó el calor y una sed que me arrasaba, era tarde y no se escuchaba un solo ruido, traté de volver a dormirme pero la sed era muy grande. Me levanté y salí descalza al pasillo, la oscuridad no era completa porque por las ventanas abiertas entraba la claridad de la luz de la luna y a medida que bajaba las escaleras y llegaba a la sala me iba a acostumbrando a esa tenue iluminación. Entré a la cocina, prendí la luz y fui directamente a la heladera y estaba inclinada buscando una botella de agua cuando escuché la voz de Lucas detrás mío: -¿Qué buscás Kim? Me enderecé de un salto, ¡estaba en bombacha agachada mostrando el culo y Lucas me había visto! Me di vuelta pero era peor, La camiseta no me llegaba ni a la cintura y se me notaban los pezones a través de la delgada tela de algodón, además la bombacha marcaba mucho mi vagina y los labios eran notables y destacaban la rajita entre ambos. -Bus…bus…caba agua, tenía sed, tartamudeé. -Yo también, contestó Lucas mientras me miraba detenidamente. Me observaba sin ningún tipo de pudor, los pezones, mi cintura desnuda, mi pequeña concha… Lucas solo tenía puesto el pantalón corto de su pijama, que se abultaba en su entrepierna, y se veía terriblemente atractivo. Sonrió como aprobando. -Dale, sacá el agua que traigo vasos. Tomamos agua helada mirándonos a los ojos y luego Lucas preguntó: ¿No querés tomar helado? Asentí con la cabeza y Lucas buscó en el freezer y sacó un pote de helado, lo habíamos tomado de postre pero algo había sobrado. Lo destapó y aseguró: -Alcanza para los dos, de un cajón tomó una cuchara y agregó: Vení tomémoslo afuera. Al salir caminaba delante mío y se detuvo para apagar la luz y yo, torpe, lo atropellé. Toqué sus piernas con las mías, mi pancita se apoyó contra sus nalgas y mis labios rozaron su espalda. Me excitó tocar su piel con mi boca. -Dame la mano, dijo Lucas y me llevó hacia el sillón hamaca que había cerca de la pileta, nos sentamos, destapó el helado y hundió la cuchara y sacó helado que me ofreció: -Abrí la boca. Yo la abrí y me puso la cuchara en la boca sonriendo, estaba rico pero me gustaba más tomarlo así, como una nena a la que alimentan, sonreí. Tomó una él y luego me ofreció otra y así tomamos una cada uno, pero luego Lucas empezó a jugar y cuando yo abría la boca alejaba la cuchara y dejándome con la boca abierta reía. Yo también empecé a reír e intentaba sorprenderlo atacando la cuchara rápidamente cuando la acercaba, así se terminó el helado y el juego. Lucas dejó el envase vacío en el suelo y me sorprendió con un inesperado beso en los labios. Un beso de labios fríos y con aroma a chocolate, me quedé mirándolo sorprendida pero antes de que reaccionase me volvió a besar. Esta vez una mano estaba en mi espalda, bajo la camiseta, y la otra me tomaba del hombro desnudo. Su lengua estaba fría como sus labios pero el beso era ardiente y tenia sabor a chocolate, perdí la cabeza toda mi concentración estaba en ese beso, en esa lengua que ya no estaba fría y que recorría el interior de mi boca. La mano que me tenía del hombro bajó a lo largo del brazo y acarició mi cintura antes de comenzar a subir bajo la camiseta hacia mis inexistentes tetitas, las yemas de los dedos acariciaron mis pezones excitados arrancándome un gemido, mi vagina latía y sentía que se mojaba. Fue un beso largo e intenso y cuando Lucas me miró a los ojos los dos respirábamos agitados. No me resistí cuando me sacó la camiseta y me acostó en el sillón, me volvió a besar mientras acariciaba mi pecho y yo sentía su pija dura contra mi pierna. Me besó el cuello y cuando lamió mis pezones tuve el primer orgasmo. Sus manos bajaron a la bombacha y comenzó a bajarla, levanté mi cola para ayudarlo y me la sacó, se incorporó un momento y al quitarse el pantalón vi su pija por primera vez, era grande y recta y estaba muy parada, me la imaginé penetrándome y sentí un poco de miedo pero no estaba dispuesta a ofrecer ninguna resistencia, confiaba en Lucas. Miró mi vagina con una sonrisa, los pelos del pubis brillaban húmedos y los besó haciéndome gemir. Su lengua recorrió los labios de mi concha, se deslizó entre ellos y empecé a tener orgasmos en cadena, uno detrás de otro, sentí un dedo que me penetraba y me mordí una mano para no gritar de tanto placer que sentía. No me di cuenta que tiraba del pelo de Lucas hasta que una mano sujetó la mía dándome a entender que le hacia doler, entonces acaricié su cabeza y la apreté contra mi vagina. No se cuanto duró la terrible chupada de concha porque perdí toda noción de tiempo pero en un momento sentí que el cuerpo de Lucas se deslizaba hacía arriba y sentí su boca empapada buscar la mía mojándome toda la cara con mi propio flujo, lamí su boca, su cara mojada saboreando mi propio sabor a mujer. Pero Lucas buscó mi boca y me besó profundamente justo en el momento que acomodaba la cabeza de su pija entre los labios de mi concha ya muy abierta, el glande estaba caliente y lo deseé desesperadamente pero no tuve que desearlo demasiado porque empezó a deslizarse hacia el interior de mi concha con extrema facilidad. Todo fue demasiado rápido, apenas el pene llegó a estar todo adentro de mi pequeña concha y Lucas se apretaba muy fuerte contra mi cuerpo sentí su eyaculación y el cuerpo de Lucas se sacudió. Su orgasmo provocó el mío y me aferré a su cuerpo con toda mis fuerzas mientras reprimíamos nuestros inaguantables gemidos, nos besamos para silenciarlos con un beso en el que parecía que nos iba la vida. Yacimos agotados con nuestros sexos latiendo por largo rato y luego Lucas me la sacó lentamente y me hizo sentar sobre sus rodillas y así abrazados nos comimos a besos largo rato mientras sentía que un líquido tibio corría por mis muslos. Me paré para mirarme y de mi concha salió el resto de semen que corrió libremente hasta mis rodillas. -Me tengo que lavar mi amor, dije. -Yo también me contestó Lucas y entonces vi su pija colgando brillante a la luz de la luna, metámonos en la pileta, sugirió Lucas. Pensé que pensarían los demás si supiesen que se estaban bañando en el agua en la que sus hijos se lavaron su flujo y su semen y casi me da un ataque de risa. El agua estaba singularmente tibia y nos metimos sin hacer ruido y parados empezamos a lavarnos pero de pronto Lucas me besó y con un impulso me hizo flotar bajo su cuerpo, entendí el juego e inflé mis pulmones para flotar y extendí mis brazos moviéndolos lentamente. Me volvió a penetrar y giramos abrazados, unidos por nuestros sexos y así recorrimos la pileta besándonos, girando, impulsándonos cuando los pies tocaban el fondo y así entre volteretas hicimos el amor como dos delfines y tuvimos un orgasmo maravilloso. La noche continuó en la cama de Lucas donde aprendí varias cosas más sobre el sexo, me arrodillé entre sus piernas abiertas y examiné su pene detenidamente satisfaciendo mi curiosidad y con el beneplácito de Lucas que me miraba sonriendo: descubrí su glande retirando la piel que lo rodea y lo imaginé un cíclope con ese único ojo que me miraba, lo toqué con la punta de la lengua y luego lo lamí probando su sabor que me gustó mucho, descubrí que hacerlo provocaba gemidos en Lucas que se retorcía con los ojos cerrados, lo levanté y miré sus testículos y pasé la lengua por la piel rugosa y peluda que los cubre. -Por favor Kim, por favor, me volvés loco, suplicó. Primero no comprendí pero luego entendí todo, la aferré por su base con mi mano derecha y me metí toda la pija dentro de la boca y moví la cabeza hacia abajo y hacia arriba metiéndola toda y luego sacándola una y otra vez mirándolo gozar al tiempo que mis labios la apretaban y chupaba sintiendo al glande crecer dentro de mi boca hasta casi ocuparla totalmente como un globo que se infla. Me di cuenta que lo enloquecía y que se aferraba a las sábanas como si su vida dependiese de ello y me sentí perversamente poderosa y omnipotente, disfrutaba llevándolo al borde de un frenesí que por primera vez descubría que podía provocar, yo una preadolescente sin experiencia… Lucas giraba la cabeza hacia un lado y hacia otro ahora con los ojos muy abiertos, gemía y sollozaba y a duras penas reprimía los gritos que intentaban salir de su boca hasta que sentándose de golpe en la cama exclamó: ¡Kim! Y se derramó en mi boca. Luego cayó hacia atrás y se revolvía gimiendo como pidiendo clemencia, pero yo no la iba a tener y seguí chupando y tragando su semen y deleitándome con sus sabor. Dejé de chupar cuando ya no le salía ni una sola gota más y Lucas yacía agotado, como muerto en la cama, me acosté a su lado y me dio el beso más profundo que jamás hubiese imaginado y me dormí abrazada a él. Lucas me despertó cuando ya se veía la luz del amanecer y me dio un blister con dos pastillas. -Tomá una mañana cuando te levantes y otra después del mediodía, son para evitar embarazos. Prometí no olvidarme y recogiendo mi camiseta y mi bombacha que por ahí andaban tiradas, me fui a mi dormitorio. Me puse una bombacha limpia y me dormí antes de apoyar la cabeza en la almohada, agotada y saciada de tanto sexo. Mamá me despertó a eso de las diez, me dejó dormir un rato más porque en el primer intento no había logrado despertarme, adjudicó mi sueño a la actividad del día anterior, no imaginó que la actividad nocturna había sido más intensa aún. En la cocina Lucas desayunaba, tenía unas ojeras tremendas que adjudicó al calor que no lo había dejado dormir. El muy amoroso al saludarme me preguntó si había dormido bien y agregó: -Preparate que hoy nos tenemos que divertir más que ayer. Le aseguré que estaba dispuesta y así fue, esa noche aprendí varias cosas nuevas e intentamos el sexo anal pero Lucas olvidó contar con alguna crema lubricante y tuvimos que posponerlo para la noche siguiente en la que pudimos por fin concretarlo, me pareció divino. De más está asegurar que fue una semana inolvidable que lamenté mucho que terminase. Nuestra relación continuó en Buenos Aires y para fin de año ya lucía unas tetitas hermosas de las que estaba muy orgullosa y que a Lucas le encantaban.

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Tere

Al estar leyendo algunos relatos del sitio, recordé una de mis primeras experiencias sexuales, yo dentro de las múltiples actividades que tuve entre los 15 y los 22 años, una que mas me hizo conocer mucha gente, obviamente mujeres dentro de ellas, fue el formar parte de una estudiantina, Teresa fue una de esas personas que llegaron a mi vida para dejar algo muy profundo, ella era una mujer divorciada con un hijo, con 26 años de edad para cuando yo tenia 19, ella tenia la función de hacer los arreglos musicales para algunos instrumentos que dominaba en la ejecución, y yo tocaba la guitarra y dirigí musicalmente en algún momento al grupo, por lo cual nos toco trabajar juntos muchas veces en los arreglos de las canciones que se iban incluyendo en el repertorio, por lo cual no era raro que yo estuviese en su casa hasta altas horas de la noche los fines de semana.

Tere era una mujer de un cuerpo que para mi en ese momento se me hacia de Diosa, ninguna de las chicas de la estudiantina se podían comparar con ella, de 1.60 mts. de estatura, de complexión delgada, cabello al hombro negro, de cara redonda de bonitos ojos aunque siempre traía lentes, su busto era normal, ahora que se como van las tallas de bra podría decir que era 32 c o 34 b, bien puestos aunque ya había amamantado, pero lo que resaltaba de ella eran sus piernas y su trasero, siempre en minifalda o jeans, era el centro de atracción de la mayoría de los hombres del grupo, y digo la mayoría porque había dos chavitos que decidieron cambiar sus gustos sexuales, nada contra ellos, son excelentes amigos míos hasta la fecha.

Un sábado previo a una noche colonial en una importante Universidad de la Capital Mexicana (La Salle), estuvimos trabajando como de costumbre hasta tarde pues el domingo teníamos que ensayar algunas canciones nuevas para el evento, eran aproximadamente las 21:00 y ya teníamos tres o cuatro horas trabajando en las canciones, yo estaba con mi guitarra sentado en suelo junto a ella, de momento ante el cansancio ella se levanto y se sentó en el sillón que se ubicaba ante mi, traía vestida una minifalda negra de licra que hacia que su lindo trasero se viese en toda su expresión dejando ver sus lindas piernas sin medias, completaba su vestimenta una playera de algodón color roja y no traía bra, yo la verdad no podía dejar de verla mientras trabajábamos, al sentarse recargo su cabeza en el respaldo del sillón y cerro los ojos, sus piernas estaban a penas 50 o 60 centímetros de mi cara y yo creo relajo su cuerpo en un momento que quedo dormida por el trajín, abrió un poco sus piernas y puede ver mas de lo que había visto hasta ese día, despertó y se me quedo viendo mientras yo estaba perdido viendo mas allá de la tela de la falda, ella puso una mano entre sus piernas tapando la visión y me di cuenta de la situación, me sonroje y le dije que iba al baño, ella soltó una sonora carcajada, y me dijo –nada mas deja limpio no vayas a manchar el baño!!- y volvió a reír, hasta parecía que sabia perfectamente lo que tenia intención de hacer, pajearme, no era la primera vez que ocupaba su baño para eso.

M di la vuelta y me le quede viendo como recriminando el comentario, ella se me quedo viendo con una sonrisa en los labios y completo su sarcástico comentario –o a poco no lo has hecho nunca??, tengo hermanos de tu edad y es normal que ellos se masturben-, regrese a su lado y me le quede viendo, realmente me había dejado sin palabras, sin mediar nada mas, Tere puso su mano sobre mi pantalón y empezó a acariciar mi polla sobre la tela, y me dijo –vamos a aliviar a este pequeño-, prosiguió –se que te gusto “peque” (así me decía), y tu no eres feo, me gustas, soy mayor que tu, pero de tanto convivir en el trabajo de la estudiantina me ha hecho sentir un afecto muy especial por ti, además tengo ganas de estar con un hombre pues hace mas de dos años que no tengo relaciones sexuales, ¿te gustaría?- yo estaba hecho un pendejo, ante lo que escuchaba y las caricias que me estaba proporcionando Tere, mas por iniciativa de ella me empezó a besar y solo acerté a responder a los mismos, me recargo en el sillón apoyo sus piernas en el sillón con las piernas flexionadas se sentó en mis piernas poniendo cada una a mis costados, su falda se subió dejando ver su pantaleta negra, de cual escapaban algunos vellos que hacían que me calentara sobremanera, seguimos besándonos, ya empezaba a despertar, y comencé a acariciar su espalda y la recorría hasta sus hermosas nalgas, acariciaba sus piernas desnudas y fui metiendo mis manos debajo de la falda que solo cubría su trasero, para poder tocar su cola sin barreras, Tere se empezó a mover sobre mi polla haciendo rozar su coño, yo estaba que reventaba, le quite su playera y comencé a besar sus tetas, eran hermosas, piel blanca y sus aureolas rositas con sus pezones finitos ya erectos de la calentura del momento, los bese y los chupe, daba mordidas pequeñas que la hacían gemir, con sus manos hacia que mi cabeza no se despegara ni un centímetro de sus lindas tetas, mis manos levantaron totalmente su falda hasta su cintura y fui retirando su pantaleta, dejando sus nalgas al aire, mientras mi boca hacia lo suyo con sus tetas mis manos acariciaban esas masas de carne que mas de una vez fueron delicia de mis pajas, ahora las tenia en mis manos, se separo de mi se paro frente a mi y retire completamente la pantaleta y la falda que estaba en su cintura, su cuerpo era perfecto, yo me pare y retire mi camisa y ella empezó a desabotonar el pantalón, me retire el bóxer y quedamos totalmente desnudos frente a frente, mi polla estaba que reventaba la tenia erecta como hasta ese momento no la había tenido, hizo que me sentara y ella se hinco entre mis piernas pensé que me haría una mamada pero solo se limito a pajearme la polla y de vez en cuando a besarla en distintos puntos, no aguante prácticamente nada, mi polla empezó a derramar mis semen poco a poco resbalaba por la mano de Tere era una visión fenomenal, cuando hube terminado ella empezó a frotarse en el cuerpo mi semen como si de una crema se tratara al final chupo sus dedos limpiando los restos que quedaban, se volvió a sentar sobre mi rozando su coñito contra mi verga y no tardo nada en volver a la vida, cuando estaba de nuevo en batalla, ella me dijo –ahora si, me vas a tener toda para ti, se levanto un poco y con su mano la cómodo en la entrada de su concha, se fue clavando poco a poco subiendo y bajando cada vez mas, hasta que estuvo toda dentro de ella, la cargue y la acosté sin sacársela en el sillón, hice que doblara sus rodillas y las flexionara, me hinque y comencé a meterla y sacarla de esa conchita que se sentía como fuego, abrazando cada centímetro de mi verga, estuve penetrándola por un buen rato, hasta que ella comenzó a contraer su vientre y respirar mas acelerado, su orgasmo venia y venia con fuerza, yo acelere mis arremetidas y con un dedo acariciaba su clítoris dándole aun mas placer, su orgasmo llego con un grito y un apretón de todos los músculos de su abdomen y vientre, seguí bombeando dentro de ella dejando que el orgasmo se alargara lo mas que se pudiera, poco a poco fueron saliendo de concha todos los jugos que fueron generados por su orgasmo, saque mi verga de su concha y dedique a lamer sus líquidos, me enfoque en su clítoris una vez limpia y poco fue el tiempo que dilato en volver a tener su segundo orgasmo, tras recuperarse me dijo –metemela otra vez quiero que me dejes tu leche dentro-, me acomode de nuevo y empecé otro mete y saca muy suave, quería sentir si concha en toda su magnitud, poco a poco fui sintiendo como se acercaba mi eyaculacion, empecé a acelerar el pasito, y en unos segundo estaba diciéndole que me venia, ella me apretó con sus piernas así si misma, y yo me derrame dentro de ella, uno, dos, tres chorros de leche caliente fueron depositados en su rica conchita, me quede recostado sobre ella , la seguía acariciando y ella a mi, después repetimos un a vez mas, esta vez si me dio una mamada de película y fue la primera vez que lo hice estando mi pareja en la posición de cuatro puntos, fue supremo, pues le di dedo en el culo mientras me la follaba, tuvimos algunos encuentros mas mientras ella estuvo en la estudiantina, después se fue a con sus padres que son de Durango, pues regreso el patán de su ex esposo y empezó a fastidiarla, prefirió irse con sus padres para evitar algún conflicto mayor, aun conservo un recuerdo bonito de Tere, donde quiera que estés preciosa recibe un saludo.

Raza de Bronce.

raza-d-bronce@hotmail.com

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El obstetra

Soy médico obstetra y ginecólogo y un día concurrió a la consulta una hermosa mujer joven recién casada que presentaba su primer embarazo. Sus facciones delicadas, su manera sensual de expresarse me impactaron desde su primera consulta.

Era trigueña, de ojos oscuros y mirada insinuante. Su cuerpo armonioso de caderas estrechas y pechos generosos rematados por pezones oscuros, la mostraban magnífica. Su vientre plano y las piernas torneadas, de rodillas y tobillos finos, despertaron una atracción hacia esa mujer como jamás me había pasado antes en mi profesión. Traté de abstraerme a sus encantos pero me fue imposible.

Sus visitas periódicas no hacían más que aumentar el atractivo por esa hembra a punto de ser madre por primera vez. Al revisarla no dejaba de sentir esa piel tersa y joven que se preparaba para su primer parto. Palpar, contemplar y oler su pelvis y la vulva siempre prolijamente depilada para cada encuentro y el perfume de esa hembra en celo me embriagaba y no tarde en encontrar el momento propicio para insinuarle las sensaciones que despertaban en mi su físico y su figura, cuando concurrió sin su esposo. Observé como se sonrojaba y la noté incómoda, por lo que le pedí disculpas por mi sinceridad, pero Marta con un mohín, le resto importancia a mis palabras.

Todo transcurrió normal hasta el parto que se produjo sin contratiempos del que nació una hermosa niña. Los controles seguidos a los que cité a la madre, fueron cumplidos con estricta rigurosidad hasta su alta definitiva. Ese día, para festejar la invité a tomar un copetín en el bar de la esquina, pero Ella se excusó y adujo un compromiso previo con su esposo que la esperaba a la salida, comprometiéndose para otra oportunidad.

No creí que tendría más noticias de Marta, pero me equivoqué. Llamó a mi consultorio antes del mes y pidió un turno con mi secretaria.

Ese día llegó y al encontrarnos solos me solicitó un examen ginecológico para saber si tenía algún impedimento pues sus relaciones sexuales no eran como antes de su embarazo. Era una excusa, pues mientras le palpaba los senos, sentí como se agitaba y aceleraba su respiración, y al practicarle el tacto vaginal comprobé la humedad que fluía de su vagina y observé como entrecerraba sus ojos y movía sus piernas sujetas a la camilla. La desaté y me pidió pasar al baño. Cuando retornó, le expliqué que todo estaba en orden y que lo único que le faltaba era un estímulo adecuado. Era lo que esperaba, me dijo.

Sin darle tiempo a defenderse la abracé y busqué su boca sensual que se abrió generosa para recibirme. Nuestras lenguas se fundieron y yo la atraje hacia mi cuerpo. Me rogó de no continuar allí pues mi secretaria podía sospechar. Entonces la invité a un hotel alojamiento cercano. Se negó al principio pero al ver mi decisión, finalmente aceptó. Lo deseaba. En camino al hotel me confesó que se había enamorado desde que me conoció y que jamás había estado con otro hombre excepto su marido, que desde los quince años la había poseído. Yo iba a ser su primer amante.

Ese día comprobé que tenía mucho que aprender y yo sería su instructor. Era dócil y generosa, podría disfrutar de los placeres sexuales como nunca antes. Le encantaba entregarse y gozar con ese cuerpo bello ardiente de deseo.

La poseía cada vez que podía escapar de mis obligaciones. Marta siempre encontraba la excusa adecuada para tener relaciones y yo generalmente con la complicidad de mi secretaria hallaba el hueco para gozar de esa madre magnífica. Practicábamos el amor en mi consultorio en los hoteles hasta que alquilé un departamento en el barrio norte.

Me encantaba jugar y fantasear con Ella, cada vez la conocía más y sabía de sus preferencias sexuales. A veces la depilaba en la bañera y le suavizaba la piel con cremas aromáticas. Le introducía el pene por la vagina y el ano que fue haciéndose más y más complaciente. Me encantaba sacarle fotos en distintas posturas y situaciones, hasta que decidí filmarla utilizando varios consoladores de gran tamaño. No se opuso, yo ejercía sobre Marta un gran poder de sumisión de su parte y siempre lograba mis deseos, pero cuando los vio se asustó y me suplicó que no los utilizara pues no los soportaría. La tranquilicé diciéndole que la conocía muy bien como ginecólogo y que iba a disfrutarlo y asombrarse de la capacidad de su concha y su culo al ver las fotos y la filmación. Acaso no había fantaseado, como me había confiado, ser una actriz porno alguna vez.

Finalmente la convencí y me puse manos a la obra. La induje a comportarse como tal y le acerqué los consoladores para que los utilizase.

Me asombró la inspiración para mostrarse ante la cámara. Se movía voluptuosamente y abría sus glúteos con sabiduría. Cubrió los consoladores de vaselina y comenzó con un juego rotatorio sobre la vulva que complaciente y húmeda se fue abriendo. Primero se introdujo uno normal pero luego uno enorme que yo había comprado de gran grosor. Luego fue otro que llevó a su boca y mamó, mientras jadeaba de placer. Luego el orificio anal abierto y filmado a corta distancia hizo que no aguantara más y la cogiera como nunca llenándola de semen por todos sus orificios y esparciéndole el resto en su cara para terminar limpiándome el miembro con pasión y deleite como Marta tan bien sabía hacer.

Fue una velada inolvidable que repetimos muchas veces por el placer que nos proporcionaba, el vernos en las fotos y la pantalla remedando a lo que veíamos en los filmes pornográficos que varias veces alquilamos. No teníamos motivos para envidiarlos.

Fue una hermosa y generosa amante hasta que todo terminó años más tarde cuando conoció a otro hombre que le ofreció lo que yo no podía pues no estaba dispuesto a concluir mi matrimonio.

MUNJOL hjlmmo@ubbi.com.

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En la sala de ensayo

Bueno les voy a empezar a contar.Yo tengo una sala de ensayo en el fondo de mi casa en la cual ensayamos con mi banda todos los viernes a la noche y después solemos salir a tomar algo a algún bar de por ahí y el amigo de uno de mis amigos que toca conmigo nos va a escuchar siempre hasta que en un momento empezó a venir con la novia o al menos la mujer que él decía que era su novia. Se notaba que estaban saliendo pero a ella no se la veía demasiado entusiasmada con esa relación al menos eso me pareció a mi cuando los veía juntos.
algunas noches alguno de mis amigos llevaba una sustancia para quedar volado, no la quiero nombrar porque no se si se puede pero bueno es una muy conocida y se fuma.
Y siempre fumaba con nosotros Micaela que así se llama y yo notaba que me miraba el bulto mientras tocaba pero me hacia el boludo. Mica es una chica común como cualquier otra mujer pero tiene un no se que que me vuelve loco lindas gomas, colita paradita, morocha ojos marrones común.
Una noche se vino con pollera de tela y como todas las noches empezamos a fumar mientras tocábamos en una de esas veo a que Micaela me mira y levanta las piernas y queda en cunclilla con las rodillas juntas pero levantadas estaba sentada y tenia una bombachita blanca miré para todos lados y nadie la había visto porque estaban muy concentrados tocando y las bajo y se sentó en chinito devuelta.
Terminamos de ensayar y a eso de las 3 siempre salimos pero les dije a los chicos que no tenia ganas de salir que me iba a quedar tocando un rato mas que vayan pero Micaela me dijo -dale yo también me quedo y tocamos algo- (porque ella toca la guitarra). Bueno le dije y los chicos después discutir entre ellos que que hacían y que se yo decidieron irse al final.
Nos quedamos los dos solos y cuando paso media hora calculo yo, porque cuando estas tocando se te va al tiempo rapidísimo deja de tocar la viola me vuelve a mirar de la misma forma que me había mirado antes y vuelve a levantar las piernas como lo había hecho antes. La miro no se como habrá sido mi cara pero ella se sonrió y me dijo te gusta? y le dije, me encanta. Se acercó la pollera lo mas que pudo a la cintura y abrió las piernas, me acuerdo y me caliento, deje la guitarra ahí nomás y ella se acostó y me subí arriba de ella y empezamos besarnos y empecé con movimientos de cintura par calentarnos mas todavía entre gemidos e intercambio de alientos entre boca y boca. Bueno les soy sincero no me acuerdo con exactitud en que orden pasaron las cosas pero les chupe las tetas la concha la agarraba de la cintura y le metía la lengua, le chupaba el culo, como gozamos por favor me acuerdo devuelta de eso y siempre que me acuerdo me calienta, me chupo la pija los huevos que bien que lo hacia , me dan ganas de llamarla ahora. Pero bueno les sigo contando después de que me la chupo como nunca me puse un forro y ahí nomás se la metí despaciiiito, despaciiiito muy lento garchabamos y cada vez mas rápido y mas rápido y entre cositas que nos decíamos que no viene al caso decirlas además tampoco me las acuerdo mucho nos apretábamos con los brazos acercándonos bien fuerte contra los cuerpos como me gustaba por favor y acabamos juntos en un orgasmo tremendo los dos, fuimos nos acostamos en mi cama descansamos un poco y cogimos devuelta, se hicieron las 7 de la mañana y seguíamos cogiendo
Perdón mi nombre es Marcelo y tengo 23 años soy morocho pelo corto y mido bien. Y los dejo porque me la voy a llamar porque me dieron ganar de cogerla devuelta.
Para todas aquellas que quieran escribirme lo pueden hacer a chispirrepo@hotmail.com o si quieren pueden agregarme al msn para chatear
Besos.

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El enano…

Una primera vez muy rara.

Hola a todos.
Les cuento como preámbulo que me dicen Tatoo… y no es por tener algunos tatuajes en mi cuerpo, sino porque soy enano.
Tengo 30 años y mi aspecto desde los 14 hasta ahora es de un niño de 10 años.
Mido 1 metro de altura y soy de tez blanca. Ojos color miel, cabello castaño claro, cortito.
Labios normales y piel en mi rostro y cuerpo muy suave.
Mi rostro es lindo y mi ternura se dibuja en mis ojos.
Pero desde pequeño, por mi condición de discapacitado y por mi morbosidad yo he experimentado sexo de forma distinta a los que los demás hombres pudieran realizar…
A los 15 años tuve mamadas con mi perrita cocker y también me masturbaba en lugares públicos, pero ocultos.
Es decir que también he entendido que me gusta el peligro de tener sexo en la vía pública.
Ando en una silla de ruedas electrónica y también con muletitas.
Por eso digo que aunque muchos actualmente me vean como un niño tierno, considero que he experimentado y he aprendido perversiones que muy pocos suelen lograr.
Bueno, voy a ir al tema que quiero contarles… que antes de que sigan leyendo quiero aclarar que es 100 % real y que me costó muchos años poder escribir estas líneas.
Cuanto aún tenía 18 años, era virgen.
Todos me veían en el colegio Normal, como un nene muy lindo que se la pasaba jugando y riendo, pero por dentro yo me consideraba un muchacho que deseaba sexo tanto o más que cualquier hombre…
Mis ojos fueron leídos por una mujer llamada Mariela que se dio cuenta que no quería solamente tener besos y franelas…
Mariela era una profesora de Merceología, amiga de mi mamá y que la tuve en 5º año Comercial.
La conocí cuando comencé la secundaria en 1987 y desde allí, ella fue la primera persona que tuve como amiga.
Cuando había recreos y ella estaba disponible, hablábamos en el aula o en cualquier lado donde nos cruzábamos.
Ella tenía en aquel entonces 25 años.
Yo siempre hablaba con ella no sólo en los recreos, sino cuando venía a mi casa a pasar algunas tardes con mi mamá.
Ella era una muñeca muy hermosa de 1.75 de altura.
Su rostro era de tez blanca, ojos marrones, cabello lacio castaño oscuro, largo hasta los hombros.
Su boca era pequeña, labios delgados, pero siempre recuerdo que estaban brillosos por su propia saliva que salía al hablar y tenía unos dientitos como de conejito.
Pero su cara era redondita y tan perfectamente, que hasta la nariz era la frutilla perfecta de su rostro.
Su cuerpo era normal, pero muy sensual.
Su cintura era muy delgada y se notaba que tenía pechos de 88.
Sus medidas eran aproximadamente de 88-60-90
Siempre se vestía muy sensual pero formal.
Le gustaba los colores claros para vestir y también le gustaba las soleras de color blanca especialmente.
Pero su aspecto de “Valeria Mazza morocha” en 1991 hacía que todos los alumnos y compañeros míos estuvieran suspirando por su presencia.
En los días en donde se terminaba el año de estudios, Mariela se preocupaba por no dejar de verme cuando comenzaban las vacaciones…
Siempre estábamos juntos, tomábamos mates e incluso me contaba una que otras cosas íntimas que yo no entendía porque me lo contaba a mí.
Sus cuentos más favoritos era que, aunque ella era docente, siempre en el tema del amor, le gustaban los hombres más jóvenes que ella, aproximadamente de 17 años porque decía que la inocencia le encantaba a ella.
Pero estas vacaciones en donde pienso abordar el tema, eran las definitivas… se terminaba la secundaria y yo sin poder tener sexo con nadie.
En mis noches, desde que tengo uso de razón, soñaba cosas perversas como, que me aten en la cama y que me hagan sufrir de placer… O poder estar en un lugar bien sofocante y tener sexo con alguien…
Cuando veía películas eróticas en las noches, luego realizaba simulacros en mi cama de las cosas que había visto, y los realizaba con mi almohada.
Mis padres nunca se dieron cuenta, y actualmente no se dan cuenta aun que con mis 30 años soy un hombre que deseo gozar. Seguramente por mi comportamiento con ellos tan normalmente indiferente al tema sexo y relaciones.
También muchas noches mis masturbaciones eran dedicadas a mi amiga Mariela por haber visto de reojo un pecho escaparse por un vestido escotado.
En enero de 1992, yo tenía 18 años y ella contaba con 30 años, cuando terminé la secundaria, un sábado ella me llamó por teléfono y me invitó a su departamento en donde vivía con su mamá en Capital Federal.
Yo vivo en Zona Oeste de Buenos Aires. Y aunque me costó mucho dinero ir en remís (taxi) hasta su casa, valió la pena.
Yo me preparé, pero pensando que ya no iba a haber posibilidades de enamorarla, ya que en mi estilo siempre intenté agradarle y seducirla, pero nunca pasaba más de una charla insinuante por sus experiencias contadas. Que vale aclarar, para ella no eran muy eróticas, pero para mi imaginación si lo eran.
Cuando llegué a su departamento, me percaté que no había nadie, solo ella.
Ella vestía una blusa de color rojo, un jeans cortado en forma de bermudas y unas pantuflas color blancas.
Su cabello tenía unos broches en cada lado de sus orejas y tenía un perfume en su mejilla que cuando la saludé pude percibir que se había bañado hacía pocos minutos.
Se encontraba sola en su departamento y estaba el ambiente bastante oscuro por el calor que hacía…
Era uno de esos días de calor impresionante que me acuerdo que antes de salir vi en la TV que hacía 32 grados de temperatura.
Las persianas estaban a media mitad de abierta y el ventilador de techo funcionando.
Le pregunté donde estaba su mamá y me dijo que tuvo que irse por unas horas.
Estuvimos hablando casi toda la tarde y mientras tanto, yo la miraba con timidez su cuerpo tan provocativo para un adolescente como yo.
Tomamos jugos de naranja preparado por ella, que delante de mí se tomó el atrevimiento de exprimirlas mientras yo la observaba masajeando esas naranjas antes de ponerlas en el exprimidor.
Tenía mucho calor y en ese momento mi temperatura se sumaba a la fiebre que sentía al verla trabajando para mí en la cocina.
Yo quería decirle que me gustaba mucho pero no me animaba.
Ella me dijo que seguramente pronto dejaríamos de vernos, porque como siempre ocurre, luego de terminar la secundaria, muy pocos casos son los amigos que se siguen viendo por muchos años…
Entonces allí reaccioné que si no era ahora, no era nunca…
En verdad no sabía como encararla, pero si sabía como era el final que quería…
En un momento a las 7 de la tarde, le dije:
– “Bueno Mariela, me tengo que ir porque se hará tarde para llegar a casa”.
Ella me dijo.
– “¿No querés quedarte?, porque tengo algo que decirte, pero no sé como decírtelo…”.
Ahora todo comenzó a ponerse en marcha… Ella tenía una pregunta que no sabía como hacerla y yo tenía algo que decirle y no sabía como decirle…
– “Dale, ¿que pasa?”.
– “Bueno, Tatoo, es que hace como 6 años que te conozco y vos fuiste siempre muy divertido. Te conozco en muchos aspectos, pero no te conozco en otros… ¿Entendés?”.
– “Si, yo también te conozco en muchos aspectos”. Le dije.
– “Mirá, yo te cuento mis cosas, porque sos muy especial y porque sentía que querías que te cuente mis cosas. Pero me di cuenta que quiero saber algo de vos y me gustaría que no te enojes por lo que quiero saber”.
– “¡No me enojo! ¿Qué pasa?”.
– “Es que aunque muchas personas me vean tan formal y tan seria, siento que no soy así en mi mente. Soy distinta a muchas personas. ¿Entendés?”.
– “Si, te entiendo. Yo también siento que soy distinto en algunos aspectos”.
– “Bueno. ¿Te lo digo?”.
– “Si, dale”.
– “En verdad” -me dijo. “Tengo mucha curiosidad por saber como sos físicamente”.
Yo estaba temblando desde el momento en que me lo dijo, porque no lo podía creer.
La quedé mirando. Ella estaba sentada en un sofá conmigo de piernas cruzadas y también por lo que vi, me di cuenta que estaba ella muy nerviosa.
Continuó…
“Te considero muy lindo físicamente y también siento que de alma sos muy especial. Me gusta mucho tu inocencia y me gusta mucho tu condición de enano. Tengo sueños con vos”.
– “¿Qué tipo de sueños?” –siguiendo con mi papel de inocente, aunque en verdad me salió de adentro esa pregunta.
– “Me gustaría verte, Tatoo. ¿Podés?”.
– “¿Querés verme desnudo?”.
– “Si”.
Desde ese momento mi vida cambió por completo…
Era la primera vez que me quitaría la ropa frente a una mujer y más aún frente a mi amiga…
Comenzó a subirme un calor que mis axilas empezaron a transpirar y lo primero que se me ocurrió fue sacarme la remera.
Era pleno enero y aunque ya el sol estaba cayendo, el calor era agobiante.
Luego de la remera, ella se acomodó cerca me mí y me acarició…
Tuve chuchos de frío y ella se dio cuenta que era mi primera vez.
– “Sé que no lo vas a poder creer Tatoo, pero me gustaría mucho enseñarte todo lo que sé. No me tengas miedo. Ves, eso es lo que me gustaba experimentar contigo. Esos chuchos que tenés, me gusta mucho”.
Yo tenía miedo de que fuera solo ese momento y luego nunca más, pero en las condiciones en que nos encontrábamos, no quería dejar pasar la oportunidad.
Me quedé quieto e inmóvil, mirándola a los ojos, mientras me arrodillé en el sofá donde estábamos.
Ella me besó y yo no reaccioné.
Me tocaba el pecho y yo no reaccionaba.
Me dijo:
– “¿Querés ser vos mismo? Sé que en tus noches, haces cosas que te gustan. Quiero que hagas lo que sientas. ¡Soy toda para vos Tatoo!”.
Comencé a moverme como en cámara lenta, pero mis movimientos ya eran una insinuación a lo que intentaba decir con mis palabras.
Ella tenía su blusa roja y un bretel de sus hombros se le cayó mientras estiraba sus brazos para tocarme.
Le puse muy brutamente mi mano derecha en su pecho izquierdo y ella me sonrió.
Luego la abracé y la besé y luego pasé a su cuello para darle pequeños besos…
Ella me pidió que valláramos a su cuarto y como no podía caminar con mis muletas, porque me temblaban las patitas de la calentura, me alzó y me llevó a su cuarto, mientras yo le seguía besando su oído.
Cuando me alzó, sintió que mi bulto estaba totalmente duro y se lo refregaba por su cadera. Yo peso 25 kilos, así que soy fácil de alzar.
Cuando llegamos a su cama, ella me acostó como un bebé y se sentó al lado mío.
Me contó que le gustaría que disfrutara y que me relajara, porque ella quería ser la anfitriona y docente.
Me quedé quieto como ella decía, boca arriba y en el centro de la cama.
Me pidió que no intentara tocarme ni que me moviera.
Siempre me imaginé a Mariela en una condición de lujuria y locura, pero la realidad que demostraba en sus movimientos y en su vida en general era de una mujer que jamás se permitiría experimentar sexo duro y perverso.
Lo cierto es que se paró en un costado de la cama y como una mamá con cara de felicidad, comenzó a desabrocharse su pantalón.
Mis manos se movían intentando tocarme la entrepierna, porque ya mi slip me estaba molestando.
Ella me dijo que me portara bien. Que dejara las manos quietas al costado de mi cuerpo.
Lo que hice, fue colocar las manos al costado de mi cintura y agarrar las sábanas fuertemente.
Luego de sacarse el jeans vi que su tanga era roja y estaba muy ajustada en su cola.
Su cintura era pequeña y su piel era tan color costado que se veía a través de los poros como brillaba su piel por el calor que hacía en ese dormitorio.
Había un ventilador de techo en el dormitorio, pero no quiso prenderlo porque en un momento dado comento que le gustaba el calor.
Se volvió hacia mí y sentándose en la cama del lado derecho de mí, me acarició mi bulto, dándose cuenta que estaba ahogado dentro de mi jeans.
Cuando me acarició la verga, cerré los ojos e incliné la cabeza hacia atrás sintiendo la mismísima gloria…
En ese momento en que me tuvo gozando, me dijo.
– “Tatoo, no te preocupes que no será la única vez que estemos juntos”.
Después de oír eso, me transformé en un sumiso increíble.
Luego, ella misma me quitó la remera que llevaba puesta.
Así que ahora me encontraba en jeans y zapatillas.
Levanté mis manos y las coloqué en los barrotes de la cabecera de la cama, tratando de alejar mis manos lo más posible de mi pija, ya que no hacía falta mis manos para gozar.
¡Era mi amiga! ¡MI AMIGA DE AÑOS QUE ME DESEABA!
Me quitó las zapatillas y comenzó a acariciarme hasta los pies.
Me desprendió el pantalón y me lo bajó muy lentamente, viendo en cada movimiento como mi piel cambiaba de estados momentáneos. Entre excitación, fatiga y miedo…
Sus ojos eran de sorpresa quizá cuando vio que aunque era pequeño de altura, mi verga era normal. 14 cm.
Luego de sacarme el pantalón, me acarició el bulto por sobre mi slip azul y con su otra mano se acariciaba su tanga, acelerándose su respiración y la mía.
Desde ese momento, vi en los ojos de mi amiga, una persona que no era la que yo conocía.
Era muy fogosa y perversa.
Me dijo:
– “¿Sabes una cosa? Siempre quise estar con vos, porque me gustan los nenes”.
Cuando terminó luego de varios minutos de tocarse y tocarme.
Se arrodilló en la cama de su lado derecho y me miró a los ojos…
Yo tenía mis manos agarradas de la cabecera de la cama y no sabía que hacer.
Ella se sacó muy lentamente la blusa y me mostró su corpiño rojo.
Hacía mucho calor y me dijo:
– “Tocame, Tatoo. Tocame lo que quieras”.
Bajé mis manos y me arrodillé yo también quedando sus tetas a la altura de mi cara.
Deslicé mis manos por su cadera y mientras subía, acaricié despacio sus pechos duros y erectos.
Llegué hasta sus hombros y le bajé los breteles del sostén.
Me dijo:
– “En el centro de acá adelante tenés el broche. Desabrochalo”.
No me costó mucho desabrocharlo. Y cuando se aflojó saltaron dos hermosos senos, rozados y sin tostar por el sol.
Estaban muy duros y tenía unos timbres muy grandes y pronunciados como sus ojos.
Los olí como un perrito y luego se los tomé con mis manos y los masajeé.
De verdad el calor era insoportable y en un momento vi que su piel emanaba transpiración y la mía era un trapo de piso mojado.
Mis axilas transpiraban tanto que ella cuando me tocaba, se empapaba la mano de sudor.
Allí fue cuando le pedí que encendiera el ventilador y me explicó que no quería porque quería morirse de placer y de transpiración.
Entendí que mi amiga en verdad no era una amiga cualquiera. Me di cuenta que era una perra que tenía muchas fantasías y que las iba a realizar conmigo si entendía todo sus pensamientos ocultos…
Nos estuvimos acariciando y conociéndonos las pieles por más de 30 minutos en donde ella se acostó en la cama y yo la masajeaba como un verdadero experto y profesional arrodilladito al lado de ella.
Ya estábamos, ella con su tanga roja y yo con mi slip azul.
Mi sexo en momentos en donde me encontraba arrodillado, tocaba el colchón y me provocaba tal excitación que era como una sacudida en mi cabeza de espasmos.
Mi verga estaba doblada hacia abajo como siempre la guardo, pero en ese momento, me dolía tanto el palo que era insoportable.
La masajeaba con la yema de mis dedos, tan sutilmente que por momentos ella levantaba sus pechos para sentirme más fuerte.
La besé por todos los rincones y pliegues de su piel y en cada beso ella gemía sabiendo que era besos de amor y de investigación por nunca haber estado con nadie.
Fui arrodillado hasta el medio de sus piernas y ella automáticamente las abrió para que yo me posesionara en ese lugar.
Mi primer impulso fue acercar mi cara y oler que emanaba de ese lugar.
Mi impresión fue que olía a perfume de jabón conocido y que también se apreciaba una temperatura que irradiaba de esa entrepierna que me ahogada…
En la habitación había más de 49 grados aproximadamente. Y los cuerpos ya estaban empapando las sábanas de la cama.
Acerqué mi cara y le besé entre las piernas pero de un lado del muslo.
Luego del otro lado del muslo…
Y ella se levantó y me dijo:
– “Como te gusta hacerme sufrir nene. Seguí dale”.
Coloqué mis manos en sus muslos y comencé a moverlos de arriba abajo porque sus rodillas estaban plegadas hacia arriba y bien abierta para mi.
Sin tocarle la tanga, saltaba con mis manos desde sus piernas hasta su vientre, sin tocar su vagina.
La tanga estaba tan mojada que se veía que no era producto del calor, sino de sus flujos.
Volvía a acercar mi cara y soplaba su zona con tanto entusiasmo que ella se enojó y me dijo.
– “¿Así que querés jugar conmigo? Entonces juguemos”.
Ella se sentó en la cama y me pidió que yo me acueste.
Fue a un cajón de su placard y sacó una media larga que tenía y me dijo:
– “Tatoo, quiero atarte un ratito. ¿Puedo?”.
– “Si dale”.
En ese momento cometí el error de mi vida, porque nunca imaginé lo que iba a ocurrirme.
Ella me llevó las manos a la cabecera de la cama y me ató.
En primer momento me imaginé que estaba un poco fuerte, pero no dije nada.
Luego me dijo:
– “Ahora si sos mío BEBE”.
Una vez que estaba atado boca arriba, ella comenzó a besarme por todo mi cuerpo y me masajeaba de tal manera que mi corazón lo escuchaba en mis oídos.
Llevó su cabeza a mi bulto y me mordisqueó el slip en una parte donde no había piel.
Y cuando lo tenía entre sus dientes, comenzó a sacármelo con su boca tan despacito que yo nunca lo había hecho a esa velocidad.
La punta de mi pija estaba goteando líquido pre-semental y se había pegoteado en el slip.
En todo ese momento yo sentía que mis manos se iban a descolocar de mi cuerpo, porque hice fuerza para zafarme, pero no pude.
Cuando me tuvo el calzoncillo a la altura de los tobillos, se incorporó arrodillada al lado de la cama y me miró a los ojos y me dijo.
– “Mi amor. Estás súper caliente. No te apures, porque tenemos mucho tiempo por delante”.
Yo le pregunté.
– “¿Que hora es?”.
– “Son las 8 PM”.
– “Debería de llamar a casa para decirles que estoy aún acá”.
– “Tenés razón”.
Se levantó de la cama y mientras se fue, volvió para sacarme del todo el slip y llevárselo con ella hasta el comedor.
Cuando volvió con el inalámbrico, llamó a casa y atendió mi mamá.
– “Hola señora, ¿cómo anda? Dice Tatoo que se va a quedar toda la noche en casa porque tenemos que hablar mucho. Mañana se lo devuelvo”.
Cuando escuché eso, le dije.
– “¿Mañana?”.
– “Si. ¡O no querés gozar todo este tiempo!”.
– “Sí, claro”.
Cuando cortó con mi mamá me mostró el slip que tenía en su mano derecha y lo olió como si fuera un perfume.
– “Que lindo olor a testículos”.
Yo no podía creer que ella era así de loca.
Justo cuando mi sexo estaba aflojando de tamaño, se posesionó en una hembra en celo y volvió al ataque para que disfrutara.
Se arrodilló en la cama siempre del lado derecho y me masajeó los huevos.
Mis movimientos en la cama se reducían a mover las caderas hacia arriba y abajo.
En un momento le dije.
– “¿Qué tenés pensado hacerme?”.
– “Quiero que experimentes una erección eterna. Quiero excitarte hasta el sufrimiento. Quiero que me pidas a gritos que termine este juego. Recién para las 6 de la mañana acabaremos el juego”.
Ya desde esas palabras, comencé a preocuparme, porque pensé que es lindo excitarse, pero es lindo terminar en algún momento.
Así que dicho esto. Empezó a masajearme todo, menos mi sexo.
Me estimulaba con besos y con caricias todo mi cuerpo menos mi sexo.
En momentos en donde ella creía que faltaba roces. Me tomaba con sus manos mi pija y me masturbaba lentamente y pausadamente me dejaba sin estimular.
Poco a poco empecé a sentir que su juego hacía efectos, porque comencé a desear profundamente una velocidad en mi pija que ella no se proponía a darme.
Mi cadera la inclinaba hacia un costado intentando tocar la punta de mi pija con su cuerpo, pero ella se daba cuenta y en momentos colocaba su cadera cerca y en momentos se alejaba.
Mis ojos describían que tenía mucha excitación y eso delataba a ella que estaba haciendo su juego efectos inmediatos.
Por momentos me acariciaba el estómago y sin querer queriendo me cacheteaba mi verga para que tocara algo ese pedazo de carne venoso.
Eso me volvía loco… Nunca pensé que iba a sufrir tanto de placer.
La tenía muy dura.
Luego lo hacía más seguido y por momentos cacheteaba mi palo de un lado para el otro con tanta fuerza que a mi no me dolía, solo me excitaba saber que algo rozaba mi pene.
La veía como transpiraba por el calor, sus hombros y espalda brillaban y goteaba transpiración.
Ni hablar de mi cuerpo que también goteaba por mi cuello, pecho y todo iba a parar a las sábanas.
Acercó su rostro a la punta de mi poronga y lo miraba muy de cerca.
Yo bruscamente levanté mi cadera y se la metí en el ojo y eso me hizo sentir tanto placer que comencé a sacar por la puntita líquido a gotas continuas.
En un momento dado, ella no aguantó más y se la metió toda en la boca para limpiar mi punta.
Yo desesperadamente y aprovechando los pocos segundos que tenía me moví de arriba abajo rápido para intentar eyacular y terminar mi calvario. Pero fue inútil porque no logré eyacular.
Ella me dijo:
– “Te estás portando bien hasta ahora Tatoo y no quiero que lo eches a perder. Así que no eyacules aún. Ok”.
Yo me animé a decirle.
– “No puedo más Mariela. Estoy muy caliente, necesito que termines conmigo ahora. Siento que ya no es un juego esto. ¿Qué haces?”.
En ese momento a ella parecía gustarle cada vez más los momentos.
Se paró en la cama y se puso arriba mío con sus piernas al costado de mi cuerpo.
Tenía unas piernas largas y brillantes por la transpiración.
Por momentos sentía que su transpiración allí parada arriba mío caía en mi cuerpo como si fuera una palangana vacía.
Me miró desde su metro setenta y comenzó a menear su cadera.
Mientras se movía llevaba sus manos al costado de la tanga y empezó a bajársela.
Bailaba al mejor estilo Demi Moore, y eso me gustaba mucho a mí, ya que ella sabía que la película Streap Tease me encantó verla.
Tenía su conchita totalmente depilada y sus labios tan mojados que parecía que iba a orinarse encima de mí.
Sus labios eran rozados y pequeños.
Su cola era redondita, como un corazón.
Mientras se bajaba la tanga me dijo:
– “Esto nunca lo esperabas, ¿verdad? Esto es lo que tanto deseas, ¿no?”.
– “No, vasta. Eyacúlame. No soporto más… Tocame”.
– “No nene, no quiero aún. ¿Ves lo que tengo acá? (señalaba su vagina) ¿Querés entrar acá adentro? Pedímelo a gritos”.
– “Mariela, lo que quiera, pero necesito eyacular pronto” –le dije.
– “Yo también quiero que eyacules, pero primero tenés que hacerme gozar mucho”.
– “Lo que quieras”.
Se despojó de su tanga y desde abajo sentí como unas gotas de no sé que cosa, si eran sudor o flujo de su vagina, pero algo de gotas caían en mi pecho.
Luego con su tanga en la mano se caminó unos pasos hacia atrás, siempre con las piernas abierta arriba mío y con su tanga me empezó a pegar suavemente, pero firme en mis huevos y verga.
Mi verga recibía latigazos de su tanga y yo me sentía como en una pequeña pesadilla.
Después de muchos momentos de azotes, volvió a caminar por arriba mío y empezó a arrodillarse justo sobre mi cabeza.
Pero antes de que llegue a mi cara me dijo:
– “Sé que no sabes que hacerme, pero yo te explico. Quiero que pases tu lengua por todos lados y que chupes y tragues todo lo que salga y esté mojado”.
En verdad sonaba un poco asqueroso y no sabía a que sabían esos labios.
Pero cuando bajó y se acercó, le pasé la lengua y no sabía a nada feo.
Parecía a una baba dulce y salada al mismo tiempo.
Empecé a chuparle los labios y pasarle la lengua como me dijo y en momentos ella se abría los labios con sus manitas para que yo metiera todo lo que pudiera mi lengua.
Sus piernas amortiguaban de arriba abajo y comenzó a gemir muy sutilmente, agarrándose de los barrotes de la cabecera de la cama.
Su cadera se movía en círculos y por momento se le aflojaban tanto las piernas que se sentaba en mi cara y me ahogaba, DIRECTAMENTE HABLANDO. Me ahogaba.
En un momento le dije:
– “No te bajes mucho que me ahogo”.
Y mi error fue aún más profundo, porque apenas escuchó esas palabras, se sentó en mi cabeza y luego de 10 segundos se levantaba para verme.
Luego se volvía a sentar y contaba hasta 20 y volvía a levantarse.
No entendía porqué me hacía estas cosas, pero bien en mi interior me gustaba mucho lo que me hacía… y ella telepáticamente lo presentía.
Luego de no sé cuanto tiempo estuve chupándole la concha y jugando a que me ahogaba, PERO ME AHOGABA DE VERDAD. Ella se levantó y fue caminando hacia atrás otra vez arriba mío.
Se volvió a agachar y me dijo:
– “¿Vos querías que te toque la pija no?”.
– “Si, por Dios, te lo ruego, tocame con algo”.
– “¿Te imaginaste alguna vez debutar de esta forma?”.
– “No, nunca”.
– “Mejor, porque va a ser mejor que tu imaginación”.
Se agachó y me miró la pija que estaba palpitando muy fuerte como si tuviera corazón propio.
PERO VALE ACLARAR; que yo como enano, cuando tengo palpitaciones fuertes, mi pija cabecea al compás del latido cardíaco.
Entonces, vio que mi pija latía y me dijo.
– “¿Querés metérmela nene? Ya es hora de que debutes. ¿La querés?”.
– “Si, la quiero”.
– “Mmm no te escucho. ¿La querés?”.
– “¡¡¡¡¡Síiiiiiii la puta madre!!!!!”.
– “Ok. Preparate”.
Empezó a bajar lentamente y cuando llegó a mi pija, ni la agarró con las manos porque estaba mi verga tan dura y caliente que parecía un palo de los barrotes de la cama.
Su vagina estaba tan mojada que no izo falta lubricar nada…
Simplemente se dejó caer… Lentamente y mirándome siempre a los ojos y yo a ella.
Cuando llegó a tocarme la punta se detuvo.
– “Mejor no aún. No quiero ahora”.
– “¿Qué? ¿Cómo que no? ¡DALE MARIELA, NO SEAS TAN HIJA DE PUTA!”.
Se quedó mantenida como una buena atleta a medio caer, y la punta de mi pija tocaba los labios de su concha.
Entonces a mí se me ocurrió algo que no quería comenzar, pero visto las circunstancias no tuve alternativas.
Hice un escuerzo sobrehumano y levanté mi colita todo lo que pude y se la metí toda dentro.
En ese momento ella abrió lo ojos, pero no parecía sorprendida.
Me dijo:
– “Cogeme como puedas. Je”.
¿PUEDEN CREER QUE ASÍ DEBUTE?
Comencé a cogerla con fuerzas. Hacía fuerza con mi cabeza para levantar mi cuerpo todo lo más posible y mis piernas también haciendo fuerzas para mantenerme lo más alto posible. Y ella como si nada me dijo.
– “Estás debutando amor. ¿Te gusta?”.
Yo estaba concentrado en mis movimientos y ella parecía estar volando y suspendida a 14 centímetros de la cama.
En un momento cerré los ojos y seguí disfrutando y ella me sorprendió diciendo.
– “Mmm amorcito. Que lindo que coges. Me encanta”.
Su cuerpo seguía empapado en sudor y sus pechos no se movían porque ella no se movía.
Los senos estaban más duros que antes y cerró los ojos para disfrutar.
Su mano derecha fue a su teta derecha y su mano izquierda fue a su cintura para mantenerse suspendida en el aire.
Luego continuó diciendo.
“Si mi amor. Mmm. ¡Que bueno! Me encanta… pero cuando cuente hasta 3 se acaba la diversión. 1, 2, y 3”.
Se levantó de repente y se volvió a parar, para luego sentarse en la cama al lado mío.
Me miró y yo le dije:
– “¿Qué haces boluda? ¡No me dejes así! Te lo suplico. Te deseo, te necesito”.
– “Ya lo sé Tatoo. Pero siento que no vas a regalarme el tiempo que necesito y por eso lo corto ahora, antes que sea demasiado tarde”.
Y luego continuó.
“Incluso te voy a decir un secreto que no te dije aún. Quiero experimentar que un hombre se mantenga por más de 6 horas erecto y disfrutando de mí. Si lo lográs vos ese tiempo, serás el mejor de todos los hombrecitos que estuvieron conmigo”.
– “¿Más de 6 horas? ¿Estás loca? Ni se te ocurra Mariela. ¡TE ODIO! No, por favor, ¡piedad!”.
– “A ver como quedaste…”.
Luego de esa frase acercó su rostro a mi pija y se lo pasó por su pómulo y mejilla y me dijo:
– “Tu pene está hirviendo y está muy palpitante. Nunca había visto una pija así. Está muy colocara y la piel verdaderamente esta caliente”.
Yo estaba en un momento de angustia y comencé a cargar mis ojos de lágrimas y a llorar muy por dentro de mí.
Ella me dijo:
– “No llores bebé. No es para llorar, sino para gozar este momento”.
Lo único que podía hacer era mover mi cadera para un lado y para el otro intentando rozar mi pija con algo para lograr eyacular, pero no podía porque me tenía muy boca arriba.
En un momento cerré las piernas y me froté con mis muslos los testículos y eso me provocaba placer. Yo pensaba entre mí. Quizá así pueda calmarme.
Ella se dio cuenta que me estimulaba con mis propias piernitas y fue a su armario y sacó otro par de medias para atarme las piernas a los costados de la cama.
Cuando ya me tenía todo inmóvil y sin poder moverme me dijo.
– “¿Seguimos con el tratamiento?”.
Se arrodilló entre mi entrepierna y comenzó a hacer cos sus manos como que me agarraba la pija pero no lo hacía.
Veía sus manos muy cerca de mi pija pero no me tocaba.
Era la tortura más grande que alguna vez experimenté en mi vida… y aunque no me gustaba, no me quedaba otra alternativa.
Igualmente mi sexo demostraba lo contrario.
Mi pija estaba tan dura que hasta sentía que me dolía la punta del glande.
Acercó ella la boca a mi punta y me sopló la pija…
Con solo su soplido. Empecé a gritar de placer tanto que ella se asustó que alguien escuchara… Pero parece que mucho no le importó porque no hizo nada, solo reír y decirme cosas como…
– “Mi bebé… ¿Te gusta?”.
– “Si, ¡pero quiero que acabemos ya!”.
– “Ok”.
Cuando dijo eso, pensé… Listo. Se acabó.
Comenzó a acercar su rostro a mi verga y abrió la boca. Se la metió toda dentro y cuando cerró los labios sentí que llegaba a la luna…
Empezó a chupármela tan despacito que sentís que no importaba la velocidad, sino el contacto.
Me la tomó con sus manos y me masturbó muy despacito, intercambiando sus manos por su boca.
En un momento hizo algo que no me esperaba.
En el acto masturbatorio, ella obvio tiraba la pielcita de mi pija hacia arriba y hacia abajo. Pero en un momento ella hizo…
Tiró la pielcita para arriba y cuando tiró la pielcita hacia abajo para pelármela, la dejó pelada y me la apretó con mucha fuerza…
Me provocó tanta excitación y dolor que grité fuerte.
– “NOOOOOOO”.
En ese momento como un rayo, tomó una almohadita y me la puso en la cabeza como para ahogarme.
Creí que me iba a matar, creí que era el final de mi vida…
Luego sacó la almohada y me dijo:
– “No grites mi amor. Porque sino tendré que taparte la boca y si se me va la mano te puedo ahogar”.
Ese acto de masturbación lo practicó tantas veces que después de un par de veces más me acostumbre al dolor.
Me masturbaba y cuando tiraba la piel para abajo, me dejaba allí pelada y me la apretaba. A veces fuerte y otras tiraba para abajo la piel para pelarla hasta doler.
En verdad debo admitir que en todo momento me excitó tanto esa noche que no puedo decir con certeza que me dolió todo. Solamente fue algo placenteramente doloroso.
Para resumir, ya más de lo que he escrito debo contarles que estuve hasta las 6 de la mañana del otro día sin eyacular…
Ahora cuento que ocurrió en esa hora.
En momentos luego de estimularme, me dejaba atado por 20 minutos mientras ella se masturbaba mirándome como estaba en su cama.
Tenía 2 vibradores que los usaba para cogerse mientras me masturbaba o me miraba.
Cuando veía que yo estaba a punto de venirme, me dejaba en un segundo y seguía pajeándose ella sola.
A veces se sentaba en una silla de costado y me daba la mejor pose porno que jamás había visto en una película.
En un momento de la noche. Ella se volvió a sentar sobre mi pija y se la metió pero sus minutos eran contados con reloj. Porque no quería que yo disfrutara tanto.
Esa noche ninguno de los dos durmió y yo estaba tan transpirado y mojado en la cama que muchas veces ella traía un vaso con agua y un sorbete para darme de tomar agua.
Y luego el agua que sobraba, bien fría me salpicaba la pija y el pecho.
Y ella misma también se pasaba un hielo por sus tetas y por su conchita para apagar su fuego.
Ahora si…
¿Que ocurrió cuando llegó las 6 de la mañana?
Ella estaba tan deseosa que llegara las 6 de la mañana que 1 horas antes me dijo.
– “A las 6 de la mañana eyaculas, te lo prometo”.
Yo miraba el reloj a cada rato y cuando dio las 5 estaba más excitado que cuando comencé a las 9 de la noche.
Ella miraba mi pija que en ningún momento se había bajado la erección y que por mis flujos pre-sementales, estaba mi pija toda chorreada y mojado mis testículos.
Los huevos estaban duros como una piedra y me dolía la piel del escroto.
Cuando se aproximaba las 6 de la mañana, me dejó solo por 10 minutos y se fue al baño.
Cuando volvió faltaban 5 minutos y me dijo.
– “Llegó la hora nene. Tu hora”.
Se subió a la cama y se arrodilló en mi pecho.
Me fregó su vagina por mi pecho y comenzó a gozar sola, mientras con su mano derecha la llevó para atrás y me masturbaba despacito.
Luego se dio vueltas y se colocó en pose 69. Pero como yo soy pequeño, ella me chupaba la pija y yo no llevaba a su concha.
Cuando sintió que estaba mi verga muy lubricada y caliente me dijo:
– “¿Querés acabar? Pedímelo”.
– “Sí, por Dios si. Por favor te lo ruego” –gritaba y comencé a llorar.
En ese momento ella se dio vueltas mirándome, se levantó y acercó sus labios vaginales a la punta del glande.
Me miró firmemente a los ojos y me dijo:
– “No llores bebé, sólo gozá”.
Me secó las lágrimas con sus manos y comenzó a caerse para introducírsela dentro de ella.
Mi verga sintió que su conchita estaba tan caliente que me quemaba.
Mi verga estaba también tan caliente que me dijo.
– “¡Viste que valió la pena llegar hasta acá! Me estás quemando con tu calentura. Estas todo empapado y yo también y eso es lo que quería… Ahora, dame toda tu lechita con fuerzas mi bebé”.
En menos de 2 minutos, ella cabalgaba tan fuerte que parecía que se iba a romper el piso del edificio.
Me cogía con fuerzas y empecé a sentir que me venía un fuego desde mi estómago tan grande que estaba a punto de explotar en mi verga.
Ese fuego venía desde lo más profundo de mí ser y sentía que me iba la vida en esta eyaculación.
Ella como toda experta sentía que mi vena empezó a hincharse como nunca y sintió también que un volcán explotaría dentro de ella.
Me dijo:
– “¡DALE! ¡NO PARES! ¡AHORA!”.
Miré por último sus tetas como rebotaban arriba mío y como su cabello se alborotaba entre sus ojos y frente.
Seguíamos empapados, el brillo de nuestras pieles eran como espejos.
Ella resbalaba en mi cuerpo y yo en el de ella.
Mi corazón comenzó a bombear tan fuerte que pensé que me iba a dar un pre-infarto.
Miré para su concha y vi como mi verga estaba entrando en sus labios y brillaba de nuestros flujos. Y como de su espalda caían gotas de sudor en mis testículos.
Sus tetas seguían rebotando y ella cabalgaba de forma enloquecedora.
Luego cerré los ojos é hice fuerzas con mis muñecas atadas para zafarme, pero fue imposible.
En un grito pequeño dije:
– “Ahí vengo, Mariela, ¡acá vengo, por fin! ¡AMOR!”,
Luego de esas palabras, zaz…
Me vine con tanta fuerza que sentí que mi corazón se detuvo en todo el momento de mis chorros.
Mis chorros eran tantos que no podía parar y sentía que mi cabeza iba a irse por mi pija.
Ella se quedó quieta y por lo que recuerdo, también cerró los ojos y se tomó de los pelos para creer lo que sentía.
En momentos habría los ojos y parecía que estaban dados vueltas y estaban en blanco.
Exploté más de 7 orgasmos consecutivos y sentí que me mareaba.
No quiero mentirles, pero creo que si hubiera eyaculado, como a veces hago en un vaso, hubiera llenado 4 dedos de un vaso de café con espermas.
Largué muchos chorros de semen dentro de su caliente concha y mis orgasmos eran largos, como de 5 segundos, cada uno, con mezcla de orina también al final.
Luego de terminar de eyacular, sentí más mareos y como una sensación de vacío en mi cuerpo.

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El esposo de Carla

Hace como un año me mude a un departamento junto con Carla, lo que les voy a relatar sucedió hace cerca de dos mes, me encontraba en mi cuarto cambiándome de ropa, cuando noté por el espejo Sebastián, me estaba observando. Al darme vuelta, él se retiró con rapidez, pero lo llamé para pedirle que antes de irse pues estaba de visitando a Carla, me alcanzara
algunas cosas que yo había dejado en el automóvil. Cuando giró ante mi llamado, noté lo abultada que estaba su bragueta como señal indudable de una erección que él trató de disimular, tapándose con las manos mientras hablábamos. Me causó algo de gracia el confirmar que le era atractiva. Tras una breve conversación se retiro. Minutos después, al pasar frente a la
puerta cerrada del baño, surgió en mí una sospecha que no puedo fundamentar con claridad, pero que me llevó a apoyar uno de mis oídos en la misma, lo que me permitió escuchar ciertos movimientos rítmicos, y una respiración profunda al principio y jadeante luego, que no me sugerían otra cosa que una masturbación en curso.

La situación relatada me generó una variada serie de sentimientos. En primer lugar me preocupé, no por las presuntas maniobras de autosatisfacción de Sebastián, sino porque yo sospechaba que se había excitado observándome y el
alivio que se procuraba me tenía como causante. Por otra parte me sentía orgullosa de confirmar que tengo un cuerpo atractivo. Pensé en qué había visto Sebastián ese día y creo que vio mi espalda desnuda, mi cola parcialmente oculta por una tanga, quizás alguno de mis pechos de perfil. También sentí curiosidad imaginando las maniobras que ocurrían del otro lado
de la puerta y alguna cosquilla entre mis piernas por lo que pasaba del otro lado.

Recordé que otras veces, durante los últimos meses, me había parecido verlo cerca de mi cuarto o del baño mientras yo me encontraba en ellos. Sentí que debía confirmar si estas suposiciones eran ciertas y decidí favorecer el contacto de su mirada conmigo. Sebastián venía a casa casi todos los dias alrededor de las 17 horas, Carla a las 18. Fue así que al desvestirme cada día, comencé a dejar la puerta bien abierta y a moverme semidesnuda, sin mirar hacia afuera para no ahuyentarlo, pero atenta a sus movimientos. Siempre me espiaba. También comencé a dejar entreabierta la puerta del baño y en una ocasión mientras me duchaba lo llamé para que me alcanzara una toalla y al tomarla me incliné para que se me viera fugazmente un pecho. Otra vez salí envuelta en un toallón y de espaldas a él dejé que se me cayera y lo recogí inmediatamente. Una vez y vestida con una falda muy corta, le pedí que me sostuviera una escalera mientras yo subía a buscar algo sobre unos estantes. Imaginé su cara mirándome desde abajo y al bajar, vi otra vez, como en los días previos, la imponente tensión bajo sus
pantalones. Y luego se dirigió al baño.

A esta altura de los hechos, muchos pensamientos nuevos surgían en mi mente. La preocupación inicial se transformó en una mezcla de excitación y vergüenza. Esperaba cada día Sebastián me espiara. Imaginaba su mente pensando en mí y su mano en su miembro subiendo y bajando con frenesí hasta vaciarse, en mi cara o en mi pubis. Sentía además un creciente deseo de ver su miembro. Se me ocurría como un arma poderosa capaz de hacer gozar hasta el desmayo a quien se le pusiera al alcance, incluso a mí. No soñaba con tenerlo dentro de mí, porque sabía que no sería capaz de cometer una locura así, porque era el esposo de Carla, mi amiga, pero quería verlo, mirarlo de cerca. En ese tiempo mi vida sexual era tranquila. La frecuencia de acercamiento con algunos hombres era baja Notaba también que algunos de mis compañeros del trabajo o los hombres por la calle me miraban con intenciones muy claras. Un viernes por la noche tras haber cenado, me duché y salí del toilette cubierta por una bata de algodón. Carla había salido de viaje y no volvería hasta el domingo. Decidí continuar
con mi juego de provocación e invite a Sebastián conversar y ver televisión. Cuando llego, le invite a pasar, me incliné dejando que se vieran parte de mis pechos y luego me senté a su lado con ambas piernas sobre el sillón y la bata entreabierta, que dejaba ver una de mis piernas hasta la ingle. Él me miraba de reojo mientras yo fingía ver la televisión. Yo también de reojo, noté cómo crecía su verga. Sabía que mis fantasías no eran razonables, pero como me venía ocurriendo a diario, comencé a percibir que mi vulva se humedecía y tal vez el saber que Carla estaría afuera por dos días, me llevó
a vencer mis prejuicios y a manipular la situación para aliviarme de esa tortura.

Le tomé una mano, que con la otra intentaba ocultar su erección y le dije que había notado que le gustaba observarme y le pregunté si yo le parecía bonita. Trató de explicar que no, pero que yo sí era bonita y con voz relajada para que no creyera que lo recriminaba, le comenté que no se preocupara, que lo había visto mirándome y cómo se le ponía duro. El pregunte si yo le resultaba atractiva. Se sonrojó y me dijo que sí era muy atractiva y que con ver cualquier parte de mi cuerpo le pasaba eso. Quiso negarlo, pero lo miré con ternura y dijo que sí, que era cierto y le pregunté si gozaba mucho y reconoció que sí.
Le pedí que me contara qué pensaba de mi , le pregunté si imaginaba que yo se la tocaba y dijo que sí y al preguntarle si yo lo hacía sólo con la mano, me dijo que a veces con la boca y le pedí que se distendiera y me diera detalles y me contó cómo yo le besaba la punta y luego los testículos y cómo luego me la metía hasta donde podía dentro de mi boca y la lamía y a veces me sentía ahogada y sacaba la boca y volvía a empezar. Me contó cómo yo me arrodillaba sobre él y me penetraba por la vagina y cómo, me ponía en “cuatro patas”, me untaba mi orificio anal con crema y me penetraba. Y le pregunté si yo gozaba y me dijo que sí, que mucho y que me gustaba que acabara en mi boca, pero cuando más gozaba era con su verga en mi culo, que yo gritaba desesperada y le pedía que se la metiera hasta el fondo y que él gozaba, pero temía lastimarme.

Al escuchar ese relato mi corazón parecía a punto de salirse de mi tórax, estaba transpirada y a punto de pedirle que me penetrara por detrás allí mismo. No recordaba el haber estado tan excitada desde hacía varias semanas, para conformar sus requerimientos y que no había gozado en absoluto. Con un gran esfuerzo por controlarme, le dije que sus fantasías no podían
cumplirse, porque era el enamorado de mi amiga, no era. Pero que no estaba mal soñar y que todos tenemos sueños inalcanzables y que esto los hacía más bonitos. Que me alegraba de que sintiera lo que sentía por mí y de que hubiera sido tan sincero. Que dado que le gustaba mirarme, por este día lo iba a premiar dejando que me observara completamente desnuda y que iba a poder masturbarse delante de mí mientras me miraba. Dijo que le daba vergüenza, pero lo llevé de la mano hasta su cuarto y le pedí que se desvistiera. Lo hizo con temor y le indiqué que se recostara sobre la cama, mientras yo le acomodaba varias almohadas debajo de su cabeza. Parada a su lado le dije que se sacara el slip, y al hacerlo surgió una pija de tono sepia, en ese momento no plenamente erecta, con venas bien visibles, que se inclinó hacia la derecha. Enorme. Le acaricié los muslos y su verga se elevó de golpe como un mástil. Me separé y me paré a un metro. Le dije que él se pajeara mientras me observaba, pero que no nos íbamos a tocar en ningún momento. Le di la espalda, saqué los
brazos de las mangas y dejé caer mi bata hasta la cintura. Me di vuelta tapándome los pechos con las manos. Mis pechos erguidos y con pezones rosados, que en ese momento estaban durísimos. Me los acariciaba mientras dejaba que se fueran viendo cada vez más y mi hijo se masturbaba con una mano, que trepaba y descendía por esa pijota, casi sin que pudiera rodearla con su mano. Dejé mis pechos a la vista mientras me balanceaba de un lado a otro siguiendo el ritmo de la paja. Me di vuelta y dejé deslizar la bata para dejar al aire mi culo redondo, siempre alabado por otros hombres y apetecido
por tantos en el trabajo o la playa. Me seguí moviendo a medida que aumentaba la frecuencia de la paja, hasta que manteniéndome de pie, incliné mi tronco hacia adelante y con el culo a 50 cm. de su cara, con mis manos separé los glúteos para que pudiera ver y dada mi excitación, oler de cerca mi concha y mi ano. Él comenzó a gemir mientras yo aún inclinada giré la cabeza hacia la izquierda, donde a centímetros su pija parecía estallar. Estuve a punto de arrojarme sobre ella y engullírsela, pero me esforcé en controlarme. Me recosté en la punta opuesta de la cama, abrí mis piernas y separé mis labios para que me mirara y completara su tarea. Evité acariciarme para mantener la firmeza de mis propósitos, para no excitarme hasta un punto incontrolable y para evitar el hacer cualquier cosa de la que me arrepentiría (es decir, pedirle que me penetrara). Sonreí con ternura todo el tiempo, evitando que se me notara el descontrol que me provocaba dolores en el abdomen y los dientes, tan apretados.

Le hablé mientras él se agitaba, pidiéndole que estallara, y así ocurrió, cuando varios chorros de semen caliente saltaron mojándolo a él, la cama y salpicándome también. Comenzó a respirar cada vez más pausado. Me levanté, me puse la bata, él tomó la sábana para taparse, me acerqué le di un beso en las mejillas, le acaricié el cabello y le pregunté si le había gustado y si lo ocurrido le había parecido incorrecto y me dijo que nunca había gozado así y que nada le parecía mal, y que le gustaría que ocurriera de nuevo y le dije que tal vez algún día y se marcho a la habitación de Carla pues esa
noche se quedaría allí. No me duché y decidí acostarme impregnada de los olores que me envolvían.
desesperada comencé a acariciar mi vulva, mi clítoris y mis pechos, pensando en Sebastián, pensando en su verga, casi sintiendo su gusto y necesitándolo dentro de mí. Deseé haber tenido un vibrador que jamás se me había ocurrido
comprar y metí mis dedos en mi concha y con la otra mano me acaricié con intensidad el clítoris hasta acabar y sin ceder con mis caricias reiteré varios orgasmos sorprendentes para mí. Hasta quedar dormida.

Desperté sobresaltada a las 4 de la mañana, agitada, creo que angustiada por lo sucedido y excitada por lo que pasó y por lo que no pasó. La puerta de mi cuarto seguía cerrada. Me dirigí hasta el cuarto de Carla, donde estaba Sebastián, la puerta estaba entreabierta. Asomé la cabeza y traté de distinguir entre las sombras si todo estaba bien. Al hacerlo, me preguntó si
era yo y qué ocurría y prendió la luz. Yo estaba desnuda todavía y sonreí diciéndole que bueno, que él ya me conocía así, sin ropa. Me miró extasiado y la sábana se movilizó y se elevó a la altura de su ingle. Me puse seria, avancé hacia él. Sabía que debía detenerme, pero no pude. El deseo era irresistible y era imposible que me controlara. Tomé la sábana, lo destapé,
con ambas manos apreté su pijota y comencé a lamerle el glande. Él me miraba azorado y yo le respondí con una mirada casi de súplica. Metí su verga en mi boca y bajé y subí la cabeza sin soltar su pija atrapada por mis manos y se
contorneaba y gemía. Giré mi cuerpo y me recosté sobre él para que tuviera una visión más completa de mi concha, pero él estiró su cabeza y con su dulce lengua comenzó a chupármela. Primero chupó con pasión mi concha que estaba a punto de explotar y luego mi orificio anal, y luego mi conchita y otra vez mi ano que se abría con el impulso de su lengua firme y
experimentada. No quería llegar al clímax ni que él lo hiciera así, mediante estímulos bucales. Me aparté, de frente a él y montada sobre su cuerpo, me puse en cuclillas y descendí lentamente, mientras su maravillosa pija se introducía en mi concha, que se contraía y parecía aplaudir de alegría. Sebastián, como si fuera un semental descontrolado, bombeaba dentro de mi vagina que no podía contener ese aparato descomunal. Luego estiré mi cuerpo sobre el suyo y sin que su polla se escapara de mí, giramos mientras él ahora encima de mí, arremetía con pasión y controlaba sus. Yo le pedía que me perdonara, que no quería que esto dañara la relación con Carla, que el era el enamorado de mi amiga, y que él tal vez me lo reprocharía en el futuro, pero me contestaba que no, que era feliz, que me amaba, que me agradecía, que nunca
me dejaría por mas que se case con Carla. De pronto sentí una convulsión y me desparramé y derretí en mil orgasmos que
venían y se iban y volvían y no terminaban mientras lo besaba. Mi lengua dentro de su boca, su lengua en la mía, mordiendo mi cuello y lamiendo mis fosas nasales. Exhausta, lo aparté con delicadeza, le acaricié la cara, casi rasguñé su piel, y lo tomé por la cintura para dirigirnos a mi cuarto. Saqué de un cajón una crema humectante que me paso por mi cuerpo (fue lo único que se me ocurrió usar durante esa conmoción), unté su pija maravillosa, le pedí que me la pasara por el ano y él lo hizo casi con sabiduría, por fuera y por dentro y me agaché y le pedí que me destrozara y se acercó con su tronco rojizo y caliente y lentamente comenzó a empujar hasta que su glande hizo punta y luego el resto de su falo, kilométrico, mientras yo me retorcía, gemía, gritaba y agradecía y le pedía perdón y él me decía que me amaba ¿que está bien lo que hacemos? Y él que sí y qué lindo era mi culito y yo desesperada tenía orgasmo tras orgasmo y deseaba que nunca terminara y que
podía morir ahora, ya nada más importante tenía por hacer. No había sido tan feliz en semanas, le dije, estoy lista para recibir todo lo tuyo, donde quieras, y lentamente sacó su pija y me pidió que se la chupara y lo hice sintiendo ese gusto mezcla de mí y de él y la masajeé con mis manos y la chupé con desesperación hasta que sentí como casi convulsionaba y derramó sus líquidos una y otra vez en mi boca, mientras se derramaba un poco y yo deglutía lo que podía, hasta la última gota. Nos dormimos abrazados y despertamos cerca del mediodía.

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La más deseada, Jade

Estaba yo, un poco triste porque mi novia me había cortado en la azotea, un lugar al que íbamos a fajar y a ponernos bien calientes, me dijo que necesitaba tiempo y que Jade, (una amiga de ella que tenia 15 años) quería andar conmigo, y se veía que me quería mucho, yo baje un poco frustrado por no haber podido llegar a nada bueno con ella aquel día.

Me fui a caminar porque me había cortado y no me dí cuenta de que estaba caminando acerca de la casa de Jade, en eso me doy cuenta de que ella y unos amigos se dirigen hacia donde yo estaba, ella llevaba una falda bastante corta arriba de las rodillas y un top bastante provocador ya que transparentaban sus pequeñas pero excitantes tetas, cuando no ellos estaban cerca crucé la mirada con Jade, ella me llamo y me dijo:

-ven Angel, quiero hablar contigo

Yo como normalmente no me junto con ellos le dije que prefería estar solo un rato, pero ella sabía lo que pensaba de sus amigos y me dijo:

-no, yo decía que solo nosotros dos

– OK si vamos solos te acompaño

Curiosamente ella me llevo al depa de uno de sus amigos del cual ella guardaba una copia de llaves y empezó a decirme:

-mira Angel, la neta quiero que sepas que desde que te conozco me gustas mucho pero no me atrevía a confesarlo, pero hoy vas a saber cuanto te quiero

-en serio?

– si, en serio

En silencio me llevo a uno de los cuartos, en donde solo había un colchón tirado y las cortinas cerradas, cerro la puerta, me empujo hacia la pared y empezó a besarme apasionadamente, después de unos minutos yo estaba ya bien caliente y empecé a meter mano, primero bajo la blusa, sobaba sus senos duros, después bajo la falda, note que su tanga estaba húmeda, ella estaba excitada, me quito la camisa y me empujó sobre el colchón, caí tendido a sus pies, mientras contemplaba como se quitaba la blusa y dejaba al descubierto sus pezones, se me lanzo encima para seguir besándonos apasionadamente, ella tomo la iniciativa, empezó acariciando mi pene que ya no aguantaba mas y había permanecido erecto desde que entramos al cuarto, ella lo noto, lo saco del pantalón y me la chupo como nadie lo había hecho antes, enroscando su lengua alo largo de toda mi vara, no pude aguantar mas y le di el premio que tanto se merecía, mojé toda su cara con mi leche y ella lo relamía haciendo soniditos de placer, cuando termino se recostó a descansar un rato.

Decidí que eso no se podía quedar así , la levante y le levante la falda, empecé masturbándola con mis dedos, ella se retorcía respirando agitadamente, pero yo seguí sin inmutarme, después use mi lengua, cuando toque el clítoris con la lengua ella gimió pero sofoque su grito con un beso, comenzando otra vez a usar mis dedos, después de un rato de masturbarla, me decidí, saque los condones de mi pantalón y ella comprendió, me quito un condón, lo abrió y me lo puso delicadamente, luego se tendió en el colchón dispuesta a todo, yo me recosté suavemente encima de ella, antes de penetrarla mi pene rozó con su clítoris y ella casi se orgasmea en ese instante, empecé a meterlo despacio, me di cuenta de que era virgen porque decía:

-mas despacio, duele un poco.

Cuando por fin lo tuvo dentro, comencé el mete saca, cada empujón era asombroso, a ella después de un rato a ella ya no le dolía y gemía de placer, ella comenzó respirar más profundamente, en ese momento me vine, y me iba a detener pero ella gritó:

-No te pares, que te mato!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!

-sigue, si, si, si, no pares.

Yo casi reventaba, no podía más, pero seguía empujando mi pelvis contra la suya, mientras lamía sus senos o la besaba y mis manos acariciaban cada parte de su piel.

Ahí me dejo saber de su orgasmo con un súbito y largo suspiro

-aahhhhhhhhh

Saque mi pene de su concha y avente el condón por ahí, ella relamió lo que quedaba del semen en mi pene y se recostó en mi pecho.

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Teza

Yo tendría 16 años, y Teza unos 15, nunca supe por que ese apodo, era muy delgada, morocha, y de un cuerpo bonito que remataba en dos piernas largas y bien formadas, no la conocía hasta que un día caminando por una plaza del pueblo, me atropello con su bicicleta, entre enojado y preocupado la ayude a levantarse, espetándole un poco político – Pelotuda mira lo que haces -, se levanto y con mas enojo que el mió me aclaro que no era ninguna pelotuda, que en vez de bolas tenia otra cosa, a lo que respondí, no se para que carajo te sirve, en el colmo de su enojo trato de pegarme, la tome de los brazos, y para hacerla enojar mas le pegue un beso en la boca, se sorprendió, pero lo contesto, dejándome sin saber que hacer, sentí su lengua dentro de mi boca, y su cuerpo pegándose al mió, afloje sus manos y de inmediato recibí un rodillazo en la entrepierna que me dejo doblado en el suelo.
Así comenzó nuestra relación, lógicamente yo quede bastante caliente, ya que ese cuerpo me puso al palo, al igual que su forma de besar, trate de encontrarla en diferentes lados, pero no estaba nunca, hasta que se me ocurrió volver a la plaza del choque y allí estaba con su bicicleta, me fui derecho, y la invite al cine, en esa época en los pueblos daban matinée, o sea una función a la siesta, acepto y ya en el cine empecé a tratar de avanzar con una mano por sus senos, grande fue mi sorpresa cuando Teza agarro mi mano y me la apoyo en su entre pierna, explore con los dedos, aparte su bombacha y comencé con un dedo a acariciar su clítoris, la vi agitarse, y acomodarse en el asiento en tal forma que mis dedos alcanzaron a penetrar en su concha, estuvimos así yo masturbándola y ella descansando la cabeza en mi hombro besándome el cuello casi media hora, después se recostó en mi regazo, saco mi pija y comenzó a chuparla y ponerla en su boca, eso duro poco, ya que en unos cinco minutos me vacié, ella trago la leche, y enderezándose me dio un profundo beso de lengua.
En las semanas siguientes seguimos saliendo pero no avanzamos mas allá de ella mamarme y yo masturbarla, hasta que como mis padres viajaban al campo la invite a pasar la tarde en mi casa, entro y en el living comenzó a desnudarse, recién entonces pude ver su cuerpo desnudo totalmente, sus tetas pequeñas pero bien formadas, su vientre chato, y unos pocos pelos que comenzaban a asomar en su concha, su culo era como dos melones duros y parados, realmente, pese a su edad tenia el cuerpo de toda una mujer, nos acostamos en un sillón, me podio que le chupe los pezones, ya que la calentaba mucho, lo hice mientras ella frotaba mi pene contra su concha, de golpe sentí que en la humedad de ella mi pija se perdía en su interior, se sentó arriba mió me cabalgo, penetrada gritaba y gemía como si se encontrase en trance, la acoste, puse sus piernas en mis hombros y comencé una penetración profunda, clavo sus uñas en mi espalda, sentí que se arqueaba, y me vacié en su interior mientras sentía que su concha se contraía en un orgasmo. Quedamos uno sobre otro como dormidos, pero tomo la iniciativa y comenzó a chupar mi pija, correspondí y empecé a lamer su clítoris, le gustaba, y apretó sus caderas contra mi cara, yo puse mus manos contra su culo, y note que me las guiaba al medio de ellos, así sentí su pequeño ano, que comencé a explorar con un dedo, pude darme cuenta que gozaba de esa forma y mucho, seguimos así hasta que tubo un orgasmo muy fuerte, yo ya estaba loco, y la tendí de espaldas, levanto cu cadera y la penetre de esa forma mientras con la mano acariciaba su clítoris, se dio vuelta y me dijo, no queres ponérmela por atrás, quede mudo, nunca había penetrado a una mujer por el culo, es mas Teza era la segunda mujer que tenia en mi vida, la otra fue una prostituta con la que debute; le dije que si, que me diga como, me pidió que le bese un poco el culo, tratando de penetrarla con la lengua mientras con la mano la seguía pajeando, introduje mi lengua varias veces en su pequeño anillo, después me dijo que le colocase dos dedos así lo hice, los saque y apoye mi pija contra su culo, me pidió que quede quieto que ella aria el trabajo para no lastimarla, empezó a pujar, y sentí como la cabeza de mi piza hacia ceder su anillo, no aguante mas y de un empujón la penetre, grito, pero se aferro de mi, así que comencé a bombear despacio, me pedía que le apriete las tetas y le acaricie la concha, al cabo de un rato empezó a gritar y jadear, me di cuenta que se iba, y sin poder aguantar me descargue dentro de su culo.

Descansamos y le pregunte como sabia tanto, se enojo, y se puso a llorar después me explico, que de chica a los ocho trabajaba en la casa de de un matrimonio, que cuando la señora no estaba el patrón se acostaba con ella, que primero la obligaba a chuparle la pija, después le chupaba los nacientes pezones y la conchita, con el tiempo comenzó a penetrarla por el culo ya que tenia temor a embarazarla o lastimarla, que le ponía un dedo entero en la concha, que la primera vez que la penetro por el culo, comenzó a colocarle un dedo después fue a la heladera trajo manteca, y le introdujo un poco en el orificio, que coloco todo el dedo, y comenzó a forzarla con la punta de la pija, que como lloraba, por un tiempo le ponía solo la punta de la píja y desagotaba su verga dentro de ella, que un día que la señora no vendría, cuando estaban así colocándole la punta con manteca, de golpe le pego un empellón y se la puso toda, que grito, lloro y sentía que le sangraba, pero que igual la siguió cogiendo hasta irse en su interior, que cuando trato de levantarse no podía, que tenia las piernas duras del dolor, que la tubo que llevar alzada al baño donde expulso leche y sangre en cantidad, después entubo tres días en cama con hemorragias, pero no pudo decir nada, cuando se sintió mejor se escapo y nunca volvió, pero que le quedo gustando lo de coger y que de vez en cuando lo hacia con algún amigo siempre mayor que ella.

Mucho tiempo seguimos encontrándonos con Teza, y cada ves me fue enseñando mas cosas, hasta que un día me pidio que consiga un amigo para cojerla entre los dos, que así lo hice, y con Pablo comenzamos a cogerla cada uno en un orificio, yo en el culo y el en la concha, yo en la boca y el en la concha y así sucesivamente, no había medida ni forma de tenerla satisfecha. Nuestra relación murió por agotamiento, se fue del pueblo y nunca supe más de ella.

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Once A

Malena mira en el recuerdo la boca que mueve la lengua. Aun estando sola baja la vista, evitando encontrar esos ojos que se abren y la ven. No la miran porque son ojos que no invitan. La ven porque en una fracción invaden hasta lo más sólido de su vergüenza. Pero los ojos lo saben y ella lo intuye, entonces la mirada se cierra mojada y en ese simulado descuido protege sus ganas de volver a mirar.

Es increíble que mi mamá, de alguna forma, ojalá supiese cual, también intuya desde la nada cuando estoy así, cuando llego así. Se me pone a hablar o me pregunta estupideces, como si quisiera sujetar mi cabeza y ocuparla con toda su voz.

– ¡Malena, tenías que sacar!…-
-¡Sí!… ¡sí!… ¿Qué?.-

Las palabras no suenan en la boca de su madre pero en la sordera de Malena arrancan el olor de esos ojos, que llegan primero a la nariz para secarse después en toda su cara. Se levanta y camina frotándose la mejilla en el hombro, como reteniendo en el olor la claridad de la imagen. Un reojo vuela hacia la cocina. La madre la mira. Ella no. Piensa: quiero estar sola.

– Voy a dormir un rato. –
– Bueno. Te levanto cuando… –

Pone llave, deja la luz apagada, su cuerpo vuelve al once; enciende el ventilador y se tira en su viejo silloncito de infancia. El tapizado proyecta una fila de animalitos que se miman y se besan. Siempre en pareja, macho y hembra, siempre de a dos.

– Te pasaste un piso Male. ¿Venís de tu clase de armónica?.
– No, tendría que haber ido. Bah … estar ahora allá, no sé.
– Estábamos durmiendo una siesta. A esta hora nos podemos tirar un rato. Ya sabías, ¿no?.-
– Sí.-
– Pasa, dame la mano. ¡Mambrú!.

Las pupilas se adaptan a su nueva luz ocre y en el disfrute de ese período ella reconoce lentamente su cuarto. No se detiene en el bruto desnudo de los objetos sino en la vulgaridad cotidiana que los cubre. Podría cerrar los ojos y enumerar cada línea que atraviesa el colorido cuadrille de su acolchado, cuantos muñecos de madera flotan en su repisita de libros pardos, el orden idílico de las fotos que fueron empapelando el placard, las carpetas y las paredes de su nido; cual remera cuelga hoy de la butaca y que bombacha se enrolla en los bordes para llenarse de polvo en el suelo, a los pies de la cama. Sabe que descansa sobre las jirafas que se aman por el cuello, los hipopótamos echados trompa con trompa y los monos que sonríen abiertos bajo la casta melancolía de los elefantes. Encoge una pierna apoyando el pie en el sillón y con la rodilla de base al mentón logra distinguir el abrazo de los delfines.

Me gusta adivinar arriba de quien estoy sentada. Apuesto cosas, no sé; hoy me llama, mañana no me toman. Después me asomo para saber si gané, si perdí o empaté. Por lo general gano. Me corro sin darme cuenta y ya está, gané. A veces es muy obvio ya que no adiviné ninguno, entonces me hago bien la boluda y enojada me dejo empatar. Esta bien me digo a mi misma… listo tenés razón, eran pajaritos y no vaquitas. Igual nunca pierdo. Al menos sola y a oscuras, nunca pierdo.

Por un instante endurece la frente evitando que se la trague el hueco que succiona desde la nuca. Inclina la cabeza hacia un costado y el hoyo arrastra una carpa donde las cosas se entorpecen con la tela. Pasan tan rápido que no las puede ni ver. Solo cuando la pieza queda pelada alcanza a distinguir un trapecio que le sirve de tapón. Lo introduce raspando la cervical y cuando el bastón llega al límite la succión se corta. Junta saliva y se lame la rodilla. Se moja la cara con la piel y se huele y se seca… y se vuelve a lamer… y se huele y se seca. El cuarto se le hace tan chico que lo atraviesa por la ventana de sus dedos. Es ella quien ahora busca en el vacío los ojos que la ven. A la mujer que hace algunas horas le besaba el cuello dejando en su nuca un pozo agujereado y hueco.

– ¡Malena!. Que sorpresa, hoy te vimos a la mañana y como no saludaste pensamos que estabas enojada, que te había caído mal la invitación de la otra vez.-
– No, es que venía con mi vieja y me puse nerviosa.-
– Sabes que este guacho me hacía mimitos y hablaba de vos, y justo tocaste el timbre.-
– Dame un beso pitonisa… vení.

Me desespera no ver, pero también me gusta por eso lo hago. Me gusta sentirme la rodilla mojada y el airecito del ventilador cuando pasa. Me gusta tener puesta la bermuda de mi hermano, es ancha y mi mano pasa cómoda y siento como si no fuese yo la que me tocase. Pienso en los dedos de alguien, no hay caras ni cuerpos. Una vez escuche a Fico decirle a mi hermano que se pintaba las uñas de rojo para hacerse una paja. Me gusta empezar así, con mi mano de otro acariciándome el flejecito entre la pierna y mi concha.

Durante cinco mil minutos no paran de besarse. Malena no mira, quiere pero no puede. Escucha como si procurasen despegarse una bola de caramelos masticables del paladar. Ha perdido la sensibilidad del tiempo y asimila la geografía cuando se cubre de ella; sin embargo la esencia penetra con la misma destilación que suponía: tardar en descubrir su proyección al borde de la cama y no controlar sus pies, que intentan abrir en el golpeteo del piso el techo de su cuarto.

– ¿Estas bien Male?. Sabés que de chica cuando rompía algo, o se me caía algo, o hacía cosas que creía que estaban mal, me ponía a mover todos los dedos hasta darme cuenta de que no tenía ganas de hacer eso. Yo había tenido ganas de romper, de patear a la vieja que manoseaba mi cara, de tocar a mi prima, no sé… sí sé, tenía muchas ganas.-
– Yo tengo ganas de estar acá.-

La mujer le besa el hombro. Son besos cerraditos pero gruesos como si mimase la espaldita de un bebé. La mujer tiene pelo corto, teñido de un caoba extrañamente chisposo, su nariz tironea de la boca levantando apenas el labio superior. En la siesta viste siempre de camisones color lagarto; todos y todo esconde en ella un barroco ilustrado. Sus pómulos se tallan por vida y flacura mientras que su mirada ancha rejuvenece la lenta erección de su marido. Para él estos ojos esconden el sentido de olvidarla por un rato. Llega la hora de su patoncita, su brotecito de arvejas, su palomita de cornisa, su iguanita afiebrada de ojos dulce de leche. Llega la hora de jugar.

Malena progresa en rigidez, acaso la inmovilidad le sugiere un tráfico sexual distinto. La mujer repliega la cara y en un movimiento brusco se llena la boca con los dedos curtidos de su Mambrú. Mambrú es casi un anciano de cincuenta y tantos para Malena. Es extremadamente rollizo y aunque la barba aliviane sus rasgos, los pliegues que brotan del cuerpo le endurecen por completo el visaje. Ahora la mira y con la palabra arrastrada se dirige a su copita de curacao. Malena no alcanza a escuchar. Siente un desequilibrio visual casi imperceptible para el oído. El viejo enloquece con la postal: su mujer besando a una nena. La retiene una y otra vez, las cejas se le fruncen hasta casi taparle los ojos. No quiere aligerar el placer del paisaje: es casi inevitable.

– ¿Por qué no le sacas la ropita mi amor?…me parece que le raspa un poquito… ¿no Malenita?.-
– ¿La ropa?-
-No le hagas caso Male. ¿Querés sacarme el camisón?. Tengo los pezones reduros. ¿Me los querés ver?. Si siguen creciendo me van a romper el corpiño.-

Los latidos carretean hasta el cuello y la presión es tan fuerte que los labios se muerden para camuflar el sismo. Una humedad de pecho embarrado y un nudo seco en la concha. La garganta áspera no le permite decir palabra. Tampoco lo intenta. Cabecea en círculo pidiendo. Se muere de ganas y de miedo. Una sorda taquicardia anula el cuerpo que no encaja en su mirada. La precaria y novedosa sensación de ser una masa de bloques, cada uno con autonomía propia, apilados pero sin integridad. Un zumbido le quema el tímpano; piensa: estarán hablando mal de mi… estarán hablando mal de mi… estarán hablan… el eco se le hace insoportable y trata de pensar en cosas desconocidas, que no se llamen, que no pueda nombrar. Una carilla del diccionario se le clava en la M y las palabras le taladran el cerebro. Aprieta las sienes buscando cesar en una foto: una obra de Chagall, un monotipo, “Desnudo, amarillo y fauno”. La tiene, la despliega como una sábana cubriendo los temblores del primer plano. Es el mayor y mejor esfuerzo que hizo en toda su vida. Allá atrás, flotan en un susurro las definiciones: montacargas… aparato que transporta verticalmente… monte… tierra sin roturar…, se pierden suaves, sin rencores desaparecen por la rejilla del oído. Malena se relaja y en la dulzura del desconcierto quiebra los dedos para desabrochar el corpiño.

-Mira como están estos pezones Male, me van a explotar. Los tengo un poquito secos… ¿sabés?. ¿Querés que los mojemos juntas?-

Me acuerdo y me da miedo. ¿Cómo pude tocarles el timbre?. ¿Qué cara voy a poner cuando me los encuentre con mis papás?. Cuando me los cruce en el ascensor. Me quiero matar. Cuando bajen un rato a tomar algo y el viejo hable del trabajo con papá, y la mujer se ría con esas tetas; y yo que no voy a poder dejar de mirárselas. ¿Qué hago?. No salgo del cuarto. No, es cualquiera. No estoy, me voy… no sé. ¿Ellos no estarán pensando lo mismo?. Con las guasadas que dijo el viejo no tendrían ni que salir de la casa. Que pija que tiene. La cabeza es enorme, se estiraba la pielcita y me apuntaba agitando cada vez más rápido. Si me la metía me partía. ¿Fico la tendrá chica?, no sé, es la única que conozco. Curtimos una vez sola, vino a buscar a mi hermano que no estaba, él sabía que no estaba, yo sabía que iba a venir. Estábamos mirando tele y nos reíamos no sé de que boludez; empezamos a transar mal, así de la nada. Después nunca más, le hice un par de pajas pero apurados y a escondidas, una vez arrinconados en el balcón, mi hermano se había quedado dormido escuchando el partido, hacía un frío horrible. La segunda en un baño, era una fiesta en una casa y yo estaba reborracha, me acuerdo de los dos acostados en el inodoro, no sé como, es imposible pero tengo el recuerdo de estar acostada. Estoy remojada, ¡puta madre! ahora estoy recaliente. Al viejo se la agarré y era como un garrote, hirviendo, tenía un olor tan fuerte que la boca se me iba sola. A Fico le quiero ver la cara cuando acaba, quiero mirar como le salta la leche. Nunca pude ni puedo, siempre me mete la lengua hasta la campanilla y la deja paralizada mientras gime sacudiéndose todo. El airecito del ventilador me vuelve loca. Me gusta ponerlo cerquita y sentir que me sopla cuando pasa. La cara del viejo se transformaba, decía cosas todo el tiempo, me dan ganas de tocarme, de mostrarle como sé tocarme. Hay viene el vientito de nuevo. Soplame así Fico, dale… dejáme verte esa carita.

Sola en la pieza Malena se saca la bermuda y la huele. Siente su concha confundida en los olores de su hermano. Arquea la espalda y se baja la bombacha a la altura de los tobillos, apoya una mano en la panza y con la otra se sube la remera sin descubrirse los pezones. Levanta una pierna y la cuelga en el apoya brazos del sillón. Sacude la otra dejando caer la bombacha y con la planta del pie la arroja sin fuerza hacia donde vaya. Prende su velador mandarina y se reconoce en el largo y angosto espejo que cubre la vejez del empapelado. Se mira sin mirarse a los ojos, la sombra se dilata creciendo en luz por la curva final de sus tetas; las acaricia como si apenas le picasen. En la cocina unos platos chocan y la madre carajea. El sonido es tan lejano que Malena baja la mano y en un respiro largo empieza a tocarse.

Me calienta mirarme las tetas en el espejo. Me gustan así, como si se escapasen de la remera sin que yo me de cuenta. Cuando vienen los amigos de mi hermano y se ponen a hablar en el comedor, fumados y chupados como bestias antes de salir, yo dejo entornada la puerta de mi pieza, primero para saber lo que dicen y segundo para escuchar cuando alguno de ellos viene al baño. Me hago la tonta y salgo con la remerita ajustada, los pezones se me renotan, me pinchan por el amarillito de la remera. Saludo y me meto en el cuarto de mi vieja como buscando algo. Me encanta imaginar que mientras mean están pensando en mi con unas ganas terribles de ponérmela. Fico es divino, se hace el duro pero es retímido, vive poniéndose colorado, cuando estamos juntos tiene más vergüenza él que yo. El vikingo es el más guaso de todos, mide como dos metros y se acomoda los huevos todo el día. El hijo de puta se mete la mano por adentro del pantalón y después se filtra los dedos en la nariz con un placer terrible. Siempre lo escucho decir que se quiere garchar una pendejita con tetas grandes y duras. Como tu hermanita le dice el grasa a mi hermano.
-Como me gustaría verle esos ojitos azules con todo este caño en la boca.-

– ¡Callate gordo!. Porque no te comés esta y te llenas de merengue toda esa cara de torta que tenés.- le grita mi hermano reloco.
– ¡Uy!…sii… sentadita acá arriba y yo amarrándole la colita con una mano y la guacha que me dice: me duele un poquito Viko… ¡ay!… me gusta igual… la tenes redura. Sí bebé, ¡sí!.-

Todos se ríen y yo me imagino abajo del vikingo, mojándome las dos manos con la cola transpirada, empujando, me mira y empujo y siento que me abre, la panza cerosa que se aprieta contra mí clavándome como un animal. ¿La tendrá grande como el viejo?. No creo. Además el viejo es un señor degenerado, no se rasca los huevos, se manosea la pija tan bien que me da ganas de tener una para poder tocármela así. Así… así Vikingo… agarrame la cola… estás todo saladito… así.

Sobre la cabecera de la cama el viejo juega con los dedos en la boca de la pitonisa hasta sentir la palma de la mano empapada en saliva. Espera impaciente la mirada de Malena y en el instante en que la encuentra la devuelve enteramente vacía. Ella mantiene fija la invitación de esos ojos que no la ven. Entonces el viejo se agarra la pija y se la moja de arriba hacia abajo, se pajea con una belicosidad tan desagradable que a Malena le tienta.

– ¡Te encanta patoncita eh!… te encanta chuparme la mano con todo este gusto a pija… –
-Es que se te pega toda a los dedos… ¡ay!… ¡mm!… te la voy a comer toda.-
-¿Querés que la nena te vea con toda la pija en la lengua?… ¡eh!… mira como te mira.-

La pitonisa se acerca al viejo y le pasa el pezón desde los huevos hasta la punta de la pija. Lo frota suave y se lo muestra, después lo lleva tibio a la boca y lo babea para volver a pasarlo. El viejo holgado murmura como con arena entre las muelas. La patona sonríe con los dientes calientes. Malena queda por un momento excluida del código interno, duerme la vista y se hace tan chiquitita que ni ella puede verse. Un llanto le camina por el cuerpo y se monta sin resistencia a cualquier despedida. Cuando despierta la mirada, las tetas de la pitonisa rozan el aire que se fastidia contaminado por el olor que derraman sus pezones. Malena abre la boca hasta donde su libertad lo permite.

– ¡Uy!… que besito me estás dando. ¿Te querés quedar un ratito ahí?, como cuando eras más chiquita y se las comías llenas de leche a mamá… ¿eh?… sí… viste que grande que son mis tetas… ¡aay!… mirame… quiero verte con todo el pezón en la boca. Viste que los tengo como bañaditos en aceite. ¡Uy!… le pasas la lengüita toda tímida… ¿tengo mucho gusto a pija no?.-
– ¿Te gusta?.-
– Así me gusta más, mirame la lengua… así, vení a chuparla conmigo.-
– ¿Así por abajo?… besitos por acá.-
– Sí… ¡ay! sí, ¿querés venir acá Mambrú?.-
Malena escucha el elástico de la cama y toma distancia repentinamente.
– ¿Querés que sigamos nosotras dos nada más?. Vení… volvé que estoy solita jugando con mis tetas. Vení… ¡ay mojame!… mojame que se la paso por toda la pija. Mirale la carita, mira como se la esta tocando solito. ¿Querés que te ayudemos?.-
– Por favor.-
– ¡Espera!… ¡ay!, ¡ay! que hermosa… no sabés que bien me está chupando esta nena las tetas.-
– Vengan acá.-
-Te voy a sacar esta remerita Male… ¿querés?… la tenés toda pegada al cuerpo, estás toda transpiradita. Te va hacer mal quedarte así. Te podes resfriar, después te doy un bañito sabés.

Me daba un poco de asco sentirla tan melosa; me agarraba la cintura con un amor tan vicioso que me causaba rechazo. Tenía las uñas comidas y los dedos bien flaquitos. La mesita de luz era una montaña de aros, pulseras y anillos. Igual me encantan las uñas comidas. El Vikingo también se come las uñas, esa mano mocha apretándome la espalda, me lo imagino con la cara desorbitada… me calienta esas ganas que tiene de darme. El viejo estaba desesperado por cogerme, cuando la pitonisa me sacó la remera empezó a tocarse con todo mientras me decía que se la mire. La mujer me acariciaba las axilas y los dos me fulminaban con la vista las tetas. Yo no hablaba nada, ellos no paraban de murmurar cosas. Era como escuchar lo que jamás iba a decir. Escuchar en ellos lo que yo también pensaba. No me gustó porque no sonaba como en mi cabeza, toda palabra estaba poseída por la misma entonación grasa del Vikingo. Puedo oírlo sin que hable, puedo sentirlo abotonado sin querer despegarme de su pija ni por un minuto.

El viejo sacude una pierna al ritmo discontinuo de la mano. La aprieta fuerte y soplando en una especie de quejido se la mira: dura, gorda y venosa. Malena vuelve a cerrar los ojos perdiendo en los besos de la pitonisa la identidad del goce.

-Te puedo lavar así la carita. Tenés todo el pecho mojadito. Acá en medio de las tetas… dejame darte unos besitos. Sabés que sos una nena con las tetas muy grandes. ¿Querés que sea la amiguita envidiosa que te las toca?.-
-¿Me las vas a chupar?…-
-Si no querés no, me muero de ganas pero si no querés muevo los dedos hasta que me dejes.-
– Me da un poco de cosa, no sé… puedo darte besos yo… tengo ganas.-
-Sí mi bomboncito. Ya me comiste todas las tetas, tenés ganas de seguir por acá… toda la pancita. Me voy a poner así… vení, vení.-

La mujer se tira hacia atrás apoyando la cabeza sobre la pija del gordo. Se abre de piernas y con las dos manos se golpea el pubis incitando a Malena, como si fuese un perrito que va a sacar con su lengua todo el gusto que guarda en la concha.

– ¡Estoy empapada Male!, me siento como una nenita con mucha vergüenza. ¿Querés ver como me hacés tocar?… mira… ¡ay mira!, mira como la haces tocar a esta nenita… ¡ay! tengo los dedos regomosos.-

Detrás de Malena una pintura descentrada ocupa el centro de la pared. La mano de la pitonisa resbala por su cara cercando con su olor el pequeño territorio. La boca se fertiliza y Malena deja crecer la lengua que lava de saliva los dedos untados en flujo. Un flujo contagiado de sexo y de sexos, una distancia irreconocible para una nena que aun moja sus labios con una impersonal transparencia.

– ¡Como me calentás pendeja!. Te puedo llevar con los dedos así. Vení, querés jugar con mi clítoris un poquito, ¡vení!… vení.-

Malena se deja traer como perforada por un anzuelo, la imagen de la concha a medio centímetro de su ojo le produce una repulsión irresistible, tan irremplazable que la lengua se deshace de la mano y se hunde en la lascivia del gusto. Malena tiene rulos hasta la mitad de la espalda, el azul de su mirada no despide la rabiosa espuma de la ola; un antojo de ciruelas oscurece parte de su brazo, es bajita y camina como si una estaca atravesara sin dolor su cadera. Las amigas le dicen Carlita porque se parece a la chica que se tatúa el ombligo en una publicidad de toallitas femeninas. Ahora en su cuarto los ojos excitados se le atan a la nuca, resbala por el sillón acercándose en diagonal al ventilador, la pierna continúa trepada del apoya brazos, no apuesta nada pero tiene la certeza de estar humedeciendo el noviazgo de los caracoles. Deja por un momento de tocarse apaciguando la velocidad a la que corren sus diapositivas; se huele la mano reconociendo su calentura. Vuelve a tocarse: esta vez los dedos son más agresivos y las imágenes ya no golpean como destellos, sino que se hacen pasivas, se quedan, se desarrollan logrando una consistencia mucho más activa. Su cabeza viaja lenta en el gesto de la patona: una mueca velada por el placer. Estaciona su paja en esa cara, le regala la totalidad del frote; ningún Vikingo, ningún Fico, ningún pasaje de ningún pasajero se estrella en la escena para sumarse a un repertorio enriquecido. La mujer nenita se abre con los dedos y pega el clítoris a la lengua de Malena. Un almíbar tibio baja por la garganta. Traga… Malena por primera vez, traga.

– ¡Mira como me come la concha!. Te gusta mi juguito, somos dos amiguitas que nos gustamos mucho… ¡ay! ¿querés que te la abra un poquito más?.-
– Por favor vení, quiero que me chupes la pija.-
– ¿No podes más mi amor?…ay… ¡ay! ¿esta tan rica Male que me la comés así?.-
– ¡Estoy recaliente!, le preguntás a tu amiga si no quiere cogerme.-
– ¡Malena para… eh!, ¡ay! para un poquito… por favor me vas hacer acabar si me la seguís chupando así.-
– ¡Le vas a llenar de lechita la boca!… sí, ¡sii!…así con toda mi pija en tu cara.-
– ¡Te voy acabar Male!, ¡decile a mi amiguita que me deje!…¡ay, ay te voy a bañar por favor!…¡ay!, ¡ay! querés escuchar a tu compañerita acabar… ¡eh!, decime ¿querés que te acabe toda la lengua?.-
-Acabame.-
– Acaba mi amor, dale… dale llenala de airecito, te quiero escuchar.-
– Me dejas, sii… ay, ¡ay! ¡uh!, ay ¡uh!… ¡te voy a entregar la concha nena!… ¿la querés?…¡ay! toma… así… toma mi concha… toma, ¡uh!, ¡uh!, ¡ay!, ¡ay!.
– Como le apretás la lengua… la vas a ahogar, querés que no se te escape… movete así… dale… ¡así!… ¡dale mi amor!.
– ¡¿Puedo?!, ¡¿Me dejas?!… ¡ay!… ¡¡no aguanto más!!… ¡ah!, ¡ah!, ¡¡ay!!, ¡¡ay!!, ¡¡ah!!… ¡te estoy acabando toda la boca pendeja!… ¡ah!, ¡uh!, ¡ay!, ¡ah!… ¡oh!, ¡oh!… ¡umm!, ¡oh!, ¡uff!, uf, uf…

La patona cierra los ojos y con los pies en punta se deja alisar por un instante la sangre. Malena arrodillada al borde de la cama y con los labios abultados, observa la aspereza del viejo que agita en su propio manoseo el letargo de su mujer. El gordo estira la mano con la que se toca dejando caer la pija sobre el pelo de su mujer. Malena también estira su mano pero sin ganas de ser llevada, simplemente quiere sentir al tacto el extracto de esos dedos. Se quedan un rato así, en el aire, se tironean pero no se nota. La pitonisa abre los ojos como si estuviese sola, no mira nada, parece como si se ojease el cuerpo. No mira nada. Malena la busca desconfiada, con la mano libre le acaricia como equivocada el tobillo. La mujer reacciona bajo la inercia maternal que derrapan sus orgasmos. La anarquía del intervalo canaliza un soplo donde ninguno se responsabiliza del tiempo. El viejo toma el liderazgo y la trae hasta la boca de la patona; queda una encima de la otra, se besan como por primera vez, como hace media hora. Una de las dos larga un gemido corto; atrás el gordo se pajea ensordecido por el ruido de su pija. Las tetas de la pitonisa se abren suaves por el peso leve de Malena, se escabulle en el pantalón y con las dos manos le aprieta fuerte la cola; la adhiere y la mece en circulo.

– Así… despacito. ¿No te querés sacar el pantalón?.
– No sé… aparte no me bañe y me siento incómoda.
– Mi chiquita. ¿Tenés miedo de ensuciarte o de lavarte?. Ya te dije, después nos bañamos.

El viejo sonríe y fuera de todo contexto besa la mejilla de su mujer. A Malena le brota la urgencia de salir corriendo. Voltea en un rayo la posición quedando boca arriba, hace un puente con la espalda y en la agilidad novata de la torpeza saca en una sola maniobra pantalón y bombacha. Se trepa a la pitonisa y mientras le lame el cuello combina un forzado roce corporal. El viejo abandona la prolijidad del manoseo y ensaya un comprensivo puchero que nadie alcanza a ver. Piensa como no piensa en años. Lo piensa sin ordenador de memoria:

El dulce no tiene lugar, y no puedo más con tu camino. ¿Acaso el color es lo que adivinas?. Quizás tus pies no demuestran que van. Miedo a una cama grande o grande a una cama de miedo; y sequita, sequita estás, no te toco que te vas. Nada hay arriba, nada hay abajo. Alguna línea hablará por vos. Tengo amor hasta en los codos, ¿vos te seguís viendo los bracitos?. ¡Te asusté!. ¿Me estás viendo?, ¿sí o no?. Todo igual.

Por un instante sujeta una añeja carta en la mano. Mira agradecido los pies de su mujer. Sabe que ese arco aplasta la incertidumbre de lo que nunca leyó. El cuerpo de Malena lo regresa a donde siempre estuvo. Una nena capaz de hacer recordar a un niño toda su veteada longevidad. La pitonisa acerca la boca al oído de Malena.

– Mi nenita, que lindos besitos. Male… sabés que acá no tenés que demostrar nada. A nosotros nos gusta que te guste, no nos importa si lo haces bien o mal, porque cuanto más te guste mejor lo vas a hacer.-
– A mi me gustas vos.-
– A mi me gustaría que me la chupen. Por favor, me estoy volviendo loco, se están dando unos besos muy ricos.-

El viejo intenta filtrarse por las bocas que se besan, los labios se separan de a ratos, las lenguas no se despegan ni por un segundo. Las observa deleitado y en el éter de la unión asoma el filo de la pija. La saliva tibia sutilmente brilla cuando apenas toca su cabeza. La pitonisa la agarra y le pincela la cara a Malena sin dejar de besarla. El techo apunta en la memoria la mejor cola que ha visto en esa cama.

– Meteme en tu boca, dale mi amor.-

La pitonisa se la pasa por la nariz y después juega como si fuese la puntita del helado.

– ¿Así está bien?… ¿o así?.-

Ahora se lo coge con la boca que entra y sale en un sonido de galope mojado. El viejo arruga el pecho como si la lengua le llegase al estómago. Malena al fin baja el latido de su garganta, la pija le maquilla los labios cerrados, la pitonisa lo pajea manteniendo la dureza que estalla en forma de anillos circulando por sus manos. Haciendo palanca abre despacio la boca de la nena y con delicados mimos en la nuca empuja, empuja suave hasta desfigurarle el gesto. Malena quiere pero no puede permanecer con la boca llena y los ojos abiertos. Malena quiere tantas cosas que no puede. Y aunque no quiera enterarse, siempre decide lo que puede. La pitonisa se lleva el índice al clítoris y lo trae empapado hasta el culo del viejo, el dedo penetra primero por la yema y ocultándose lerdo comienza a escarbar, como sondeando el relleno de un flan.

-¿Podés sola con mi pija Malenita?. Que ruidito estas haciendo… ¡oh!, ¡ay!…-
– Que blandita tenés la cola mi amor. Tengo todo el dedito adentro, ¿sabés?.-
– ¡Ah!, ¡ay! no vas ayudar a tu amiguita. Se la está comiendo toda solita.-
– Vení un ratito a bucear mi amor, no me dejes así que la quiero apretar un poquito. Dale vení, estoy reabierta. Subís Male acá… pasame la concha por las tetas.-
– ¡Ay!, ¡que concha que tenés!… me voy a quedar así pegadito.-

El viejo gordo entra y sale de su mujer con las manos sobre los hombros de Malena. Arrodillado siente el calor de lijar las rodillas, hace años que no raspa meniscos y combina ese ardor con la rutinaria sensación de estar cogiendo. La pitonisa mira como sus tetas endurecen al contacto de la nena. El pezón roza el clítoris y llega empalagado hasta la sensibilidad que divide la concha del culo. El hormigueo no tiene costumbre en el vientre de Malena, burbujas que trepan y mueren sopladas por el estómago antes de llegar al diafragma.

– ¡Subí!… ¡ay! como me estás cogiendo hijo de puta… subí Male que te quiero chupar toda la concha.-
– No, dejála así que le quiero ver toda la cola mientras te cojo.-

Malena se muere por sentarse en la boca de la pitonisa. Quizás sin entenderlo se estira sobre ella, sintiendo los golpecitos cortos que rascan la panza del viejo entre sus piernas. Malena quiere tantas cosas que no puede.

Me hubiese gustado que la patona me chupe toda; no sé, siempre digo que no cuando quiero algo, y cuanto más es eso lo que quiero más rápido digo que no. Soy una tarada. Estoy recaliente. Toda esa lengua en mi concha. Quiero acabarte toda la boca. Sí, quiero que me la comas… así como se mueve mi dedito, así, así quiero que se te mueva la lengua.

– ¡Baja la mano mi amor!… tocame, dale por favor tocame la concha…¡ay!, tocame mientras me cogés, ¡ah!, ¡ah!. ¡Te gusta apretarle toda la colita a la nena eh!… ¡ah! tocame, dale.-

El viejo sale y rodea su pija con los pies de Malena, pasa la lengua por la concha de su mujer, una vez sola, como si secase el chorro que cae por los muslos. Le chupa los pies a la nena, las piernas, la cola, la espalda, la cola. La lengua del viejo es tan gorda y ancha como su panza. Es una vaca pastando a una liebre de ojos mal abiertos.

– La cola no… besitos no. Quiero que te la vuelva a meter.-
– Mi amiguita quiere que me cojas. Dale, ponemela.-

El gordo la caza de la cintura y la trae sin mucha resistencia. La pija es un ladrillo pegada al clítoris de Malena. Hace fuerza pero no entra. Malena quiere tantas cosas que no puede.

– Quiero que te coja a vos.-
– Dale, volvé… dale que mi amiguita me quiere ver con toda la pija adentro.-

La pitonisa enrosca al rinoceronte marcando con los talones el paso. El viejo rollizo escucha allá arriba el sonido esponjoso de los besos, los dedos se agarran a la cola de Malena descargando toda la dureza del cuerpo.

– ¡Ahh!, ¡ay!, si sigo moviéndome así voy a acabar.-
– ¿Te gusta Male ver como me coge?.-
– Tengo la pija que me estalla… ¡ah!, ¡ah! les voy acabar a las dos. Les puedo tirar toda la leche en la cara… ¡eh!, ¿me dejan?.-
– ¿Querés sacarla y hacerte la paja en la cola de ella?… ¿querés juntarle los cachetitos y apretarte toda la pija dura?… ¿lo dejamos Male meterse en el medio de tu cola?.-
– ¿Puedo así?… ¡oh!, ¡oh!, ¿puedo pajearme así en tu cola?… ¡oh!, ¡oh! ¡oh!…-
– ¿ Sí dejamos que te la meta un poquito?… dale, un poquito en la concha.-
– ¡Ah!… me están dejando entrar.-

Malena clava los dedos en la muñeca de la mujer, el viejo casi ni se mueve, se deja coger por la nena que sube y baja con las manos de la pitonisa en la cintura.

– ¿Te gusta como estamos cogiendo?… ¡ay!, ¿te gusta verte penetrando a mi amiguita?.-
– ¡Ay!, ¡no puedo más! ¿quieren darse vuelta?… ¡ah!, ¡oh!, les voy a tirar toda la leche en la cara.-
– Sí, dale… así, dale pajeate más fuerte… ¡ah!, así, dale así más fuerte.-
– ¡Ah!, ¡oh!, ¡oh!, ¡oh!, hay viene… ¡hay viene toda la leche!, ¡ah!, ¡oh!, ¡ooh!, ¡ooh!….-
– Sí, sí, ¡ay!, ¡ay!, ¡umm!… ¡que manera de largar!… ¡ay! por favor seguí acabando, no pares, ¡por favor no pares!.-

La cama es tan grande como un río. La pitonisa continua desparramando la leche por el cuello de Malena, baja hasta las tetas y con la boca empastada se las chupa hasta dejarle cascaritas de semen. No hay lugar para pensar nada, el viejo gordo y acabado mira las manijitas del ropero y descubre la mala combinación que hacen con la mesita de luz; la patona medita sobre las azaleas y si en realidad nacen lilas o cambian de color con el tiempo. Malena piensa en nada, no puede pensar, no quiere pensar. Siempre decide lo que puede y entonces quiere sentir sin pensar:

Cuando me senté en esa piedra y se te mojaron las pestañas, goteabas. Y cinco dedos en cada mano y cinco cadáveres en los pies. Agito la melena y doy giros con mi cabeza, te veo rapidito y entonces pedí un deseo. ¿Acaso se cumplió?. Soy más grande que tu mano, pero ella me sabe guardar. Y se apoyo en mi hombro y no quería volar. Beso de a uno sus ojos, seco sus pestañas mojadas, enrojeció sus labios. La mosca voló y dijo: chau che, nos vemos.

No puedo sacarme ese olor de la nariz, cada vez que respiro o me muevo es peor. El ventilador me revuelve la piel y siento el olor de los dos como si estuvieran todavía conmigo, en mi cuarto, acá en mi chocita mirándome la concha, abierta de piernas diciendo las cosas que no escucharon. Me muero por acabarte toda la panza Mambrú. Yo también tengo un olor ahora… ¿me lo quieren sentir?. Vení metémela mientras ella me chupa. Vengan… quiero hacerle toda la paja a esa pija. Dale, ¿quieren escucharme acabar o no?.¿Siguen ahí parados con ese olorcito que tienen?. Estoy a punto de lavar a las jirafitas, ¿me quieren mirar?. Creo que voy a mojarte toda la boca patona, ¿querés?, ¿les gusta mirar la paja que me estoy haciendo?. A mi me gustaría que me chupen los dos las tetas hasta que me saquen leche de los pezones. Me están haciendo tocar mucho, mucho. Miren mi mano en el espejo como no puede parar de abrirme toda, está yendo muy rapidito, así muy rapidito. Quiero aguantar un poquito más, despacito, que lindo, un poquito más. Por favor la jalea que tengo en los dedos, ¿me dejan limpiarlos con la lengua así?. ¡Estoy muy caliente!, no puedo dejar de tocarme y mirarme y sentir todo este olor a sexo que me pusieron encima; no puedo, no puedo, ay ¡estoy super caliente!, me veo todo el clítoris salidito y duro, parece un tomatito que no terminó de crecer. ¡Estoy tan mojada!,tan empapada que el ventilador pasa y me da chuchos de frío. Me entro una cosquilla por la concha y ahora la tengo acá en la pancita, me está dando cada vez más vueltas, me hace temblar las piernas, las voy a estirar todas así me ven bien la concha acabando en el espejo… así, así con todo el silloncito húmedo, así de chiquitita, les gusta, les gusta, sí… ¡les gusta!, ¡¡les gusta!!, ¡te amo!, ¡te amo!, ¡te amo!, ¡te amo!, ¡te amo!, te amo… te amo… te amo.

lapeceraetero@hotmail.com

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Mi mujer y un pibe 2

Hola a todos, soy yo, Juan. Hoy les voy a contar lo que pasó después de que tuvimos esa experiencia (mi mujer, Gonzalo y yo). En la semana, después del encuentro con Gonzalo, empecé a notar a mi mujer un poco distinta: ya no me pedía tener sexo sino que yo le tenía que pedir. Un día me comentó que Gonzalo le había dicho que tenía ganas de cogerla él solo y que ella le había respondido que me iba a preguntar. Yo le dije que si ella quería si, pero yo tenía que estar ahí. A la semana me dice que había arreglado con Gonzalo de venir el Lunes a casa. Yo le dije que esta bien si es lo que ella quería. Llegado el Lunes ( 2 semanas después del encuentro), mi mujer llega temprano a casa(del gimnasio) acompañada de Gonzalo.
Gonzalo: hola Juan.
Yo: Hola. ¿cómo estas?
G: bien gracias. En serio no te molesta.
Yo: no, esta bien. Si ella quiere…
Clara: hola mi amor.
Yo: hola bebe, ¿cómo estas?
C: bien. Vení Gonzy pasá- le dijo tomándole de la mano y llevándolo al living.
Lo sentó en el sillón y ella se sentó al lado.
Y: ¿quieren algo para tomar?
C: si, traenos.
Y: ¿vos querés?
G: si, dale.
Fui a la cocina y cuando volví, Gonzalo estaba besándola con su mano derecha metida en la calza (del lado de adelante) y ella con su mano izquierda metida dentro de su pantalón.
Y: ¿Qué hacen? ¡Clara te dije que yo tenía que estar presente!
C: disculpá mi amor.
G: disculpala fue culpa mía.
Y: bueno.
C: ¿podemos ir al cuarto?
Y: bueno, vamos.
Ellos se levantaron y nos fuimos a nuestra pieza. Gonzalo me dijo si me podía sentar en el sillón que tenemos del lado derecho de la cama y yo le respondí que esta bien y me fui a sentar. Ella lo acostó sobre la cama y se sentó sobre su bulto con los pies a los costados del cuerpo de él y le comió la boca. Luego le sacó la remera y le empezó a besar el cuello, y comenzó a bajar hasta llegas a su pantalón, una vez ahí, le sacó las zapatillas y el pantalón, dejándolo sobre la cama con
un boxer blanco que marcaba mucho su semi-excitada verga. Ella se puso en 4 y empezó a masajearselo. Estuvo un rato así hasta que Gonzalo le dijo chupámela que no aguanto más la calentura que me provocaste. Ella le sacó el boxer, le escupió el glande y se la empezó a mamar como una puta desesperada. Yo no aguanté más y me saqué la verga y me empecé a masturbar. Estuvimos unos minutos así, hasta que sonó el timbre.
Clarita se paró, se puso la calza sola y salió a atender (yo no entendía por qué fue ella si podía haber ido yo). Cuando Clara salió, me guardé la verga y le dije a Gonzalo que no saliera por nada. Cuando salí vi a mi mujer hablando con mi cuñada Gabriela (la del timbre). Ella es muy parecida a mi Clarita con la excepción de que ella es colorada. Tienen casi el mismo cuerpo: es un poco mas rellenita, tiene las tetas un poco más grandes y el mismo culo, pero ella tiene 26 años.
Le pregunté: ¿qué haces por acá?
Gab: pasé por la puerta y decidí entrar. ¿Por?
Y: no, por nada.
Y en ese momento sale Gonzalo desnudo con la verga semi-erecta pero manteniendo un buen tamaño.
G: hola muñeca- le dice a mi cuñada.
Gab: hola bebe. Le contesta, y a nosotros nos dice: con razón no querían que pase, ¿les molesta si me quedo?
G: no, quedate mamita.
Él la abrazó cruzando su brazo por detrás de la nuca y de la misma manera a mi mujer y se fueron para el cuarto y yo los seguí. Entre él y Clara la desnudaron y empezaron a chuparla toda. Después de unos minutos, Gonzalo se acostó boca arriba en la cama y mi mujer le agarró la verga y se la siguió mamando, mientras que mi cuñada se le arrodilló en la
cara dejándole su concha justo para que le practique sexo oral. Yo no aguanté más, me desnudé y me empecé a masturbar. Cuando me estaba acercando para metércela en la boca a mi cuñada, ya que la tenía desocupada, Gonzalo
le dice a Clara: mirá a tu marido, habíamos arreglado que él no se iba a meter.
C: si Juancy, Gonzy tiene razón.
Entonces me di vuelta y me fui a sentar al sillón. Ellos siguieron un segundos así hasta que Gonzalo les dijo que cambiaran de lugar y ellas le obedecieron, pero mi cuñada en vez de chupárcela, se la metió en la concha pegando un grito fuerte.
G: AY!!! Más despacio que duele.
Gab: disculpame bebe.
C: tarada, acordate que después lo tengo que usar yo.
Gab: G: C: jajajajaja.
G: parence un ratito.
Ellas se pararon y él le dijo a Clara que se pusiera en cuatro y que le chupe la concha a mi cuñada, ellas lo hicieron.
G: Mirá como goza la puta de tu mujer cuando le meten una buena poronga.
Se la metió y ella empezó a gemir como nunca lo hace conmigo. Él se la sacaba y se la metía mientras me miraba y me decía: ¿te gusta como me cojo a la muy puta de tu mujer? Yo no aguantaba más la excitación y le dije a Gonzalo: ¿le puedo guasquear en la boca a mi mujer? Porque no aguanto más.
G: Putita mía, ¿qué habíamos arreglado con tu marido?
C: Que él no se iba a meter.
G: ves? Hasta tu mujer te lo dice.
Yo me fui al baño porque no aguantaba más y acabé en el inodoro. Cuando volví, la que estaba en 4 era mi cuñada que le estaba chupando la concha a mi mujer y las dos estaban gritando como locas. Estuvieron un rato más así hasta que Gonzalo dijo: Clara, tengo una nueva pose para mostrarte.
C: ¿Cuál?
Él la agarro, la acostó boca arriba, le puso los pies para el lado de la cabeza y le levantó el culo metiéndole los huevos en el culo ( antes abierto) y la verga en la concha. Yo no podía creer lo que estaba viendo, esa imagen hizo que me excitara de vuelta. Mi cuñada, viendo mi estado de excitación, se me acercó y Gonzalo le dijo que no me tocara porque yo no me
iba a meter y que ya le tocaba a ella. Y se la cogió hasta que mi mujer no aguantó más y se acabó. Le sacó la verga de la concha y después los huevos, e hizo lo mismo con Gabriela. Hasta que ella también acabó. Estuvieron un tiempo así hasta que Gonzalo dijo que no aguantaba más y mi mujer y mi cuñada empezaron a chupárcela hasta que él acabó en la boca de
ellas.
Gabriela le dijo: quiero más bebe.
G: vení y chupala un rato.
Ella se le acercó y se la empezó a mamar y se la dejo tiesa otra vez. La acostó boca arriba y se la metió de una en la concha. Era impactante como gritaba mi cuñada. Estuvieron así hasta que mi cuñada no aguanto más y se acabó sobre la verga de Gonzalo. Él se la sacó y se la metió en el culo y le acabó ahí.
G: ¿vos también querés?- le preguntó a Clara.
C: si bebe.
E hizo lo mismo con ella. Cuando terminaron, Gonzalo se me acerca y me dice: viste lo que es tener un buen trozo de poronga. Las mujeres notan la diferencia entre una de 18×5 (por él) y una de 16×5 (por mí).
Yo me quedé tan helado con lo que había vivido que no me salió nada para decirle.

Finalmente se fueron cada uno para su casa (creo) y mi mujer se acostó a dormir porque al otro día tenía que volver temprano al gimnasio.

Mi mail: juanmachoargentino@hotmail.com
El mail de Clara (para que no me rompan en mi mail):
clarita_juan@hotmail.com
Y el de Gonzalo: gon_placer@hotmail.com

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