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Quería un trio que le rompa el culo a mi esposa

Bueno, te contaremos que somos un matrimonio de varios años de casados, ella, mi esposa, de 34 años, buenos pechos, un lindo trasero, y con mente fantasiosa, espléndida. Yo de igual edad, con muchas fantasías en mi cabeza, y con 17cms para meter en todos su orificios, les diremos que en la cama hacemos de todo, oral, anal, en fin no tenemos restricciones, pero yo quería ver a mi esposa convertida en una puta, y cogida por un pene doble al mío. Nos hicimos unos contactos y así llegamos a Alejandro, 27 años y dueño de un pene descomunal, no niego que al verlo en fotografías, (las envió vía e-mail) mi esposa decia uff, no podría, me dolería, en fin, bueno nos carteamos vía email con Alejandro hasta que llego el momento de conocerlo.

Hariamos un trío, nos citamos en un pub del centro de mi ciudad, llegamos como a las 22:00 de un fin de semana, el llegó muy a tiempo, y por fin lo teníamos junto a nosotros, vestía un jeans, y polera, con unas zapatillas que lo hacían ver muy deportivo, mas menos 1,85 muy robusto, buenos brazos, y una carita de inocente, se nos acercó, nos presentamos y pedimos unos tragos, ahi reímos, charlamos, sin presagiar, lo que vendría, (nosotros habíamos reservado un departamento, para ir a nuestra incursión sexual) terminamos nuestros tragos, y yo rompí la tregua y le dije vamos al departamento y nos tomamos otros tragos, así lo hicimos, salimos, y nos encaminamos a el famoso dep. Entramos, nos sentamos frente a frente y mi esposa al medio de nosotros, tocamos una música muy suave y seguíamos charlando, después de un rato, mi esposa salió a bailar con Alejandro, yo miraba expectante, saboreaba la situación, al momento sentí que él besaba tiernamente a Karla mi esposa, terminaba la canción, yo le dije otra otra, y puse otra melodía, veía como sus manos bajaban y tocaban el lindo trasero de Karla, seguidamente ella bajaba su manos tratando de encontrar eso que tanta veces miraba en pantalla de mi pc, yo me coloqué detrás de ella y asi bailábamos los tres, mi esposa empieza a ponerse a 100, nuestras manos se cruzaban, le empezamos entre Alejandro y yo a retirar su ropa de su cuerpo, hasta que queda solo en ropa interior. Seguidamente nos retiró nuestros cinturones, y nos sacamos nuestros pantalones, ufff, ahí vi la enorme polla de mi amigo casual, y me pregunte uff le entrará a Karlita.

Seguidamente pasamos al dormitorio, ella se acostó entre nosotros, y le sacó los calzoncillos a Alejandro, y empezó con una sesión de lamidos, eran como 23 cms de puros nervios y carne como por ocho cms, de grosor. Siendo hombre era la mayor verga que había visto, mi esposa la chupaba y volvía chupar, mientras yo la acariciaba, y me colocaba detras de ella y se lo metía, para dejarla húmeda, su concha estaba mojada, le corría la saliva caliente, se lo metí varias veces y la bombee entera. Una vez que hice eso, mire a Alejandro y le hice una seña , como para decirle ya esta lista métela toda, entera, Alejandro se subió arriba, y le empezó a meter, ella le decía “por favor despacio, por favor” yo al lado de ella veía como se iba perdiendo la verga de Alejandro en la concha de Karlita, ella gemía gritaba y sus piernas se subieron y lo agarraba para que no se soltara, y sus manos se apretaban en las sabanas, quedaba poco mas o menos 8 a 10 cms por entrar y ya ella gemía, gritaba como una perra en celo, de repente Alejandro le dio un empujón y ella grito nooooo noooo ricooo ricooo noooo amorrr por favor, y sus manos ahora lo abrazaba lo besaba y su concha estaba llena mojada , y sus movimientos eran rico, su culo se meneaba como nunca , yo me coloque en su cara y empezó chupar y chupar y gritaba QUE RICOOOO MAS MAS MAS MAS NO PAREN NO PAREN DENME TODOOO ” así de repente Alejandro se quejaba en señal de venirse y la verga entro toda y le vaciaba la leche dentro de su concha y yo me venía en su boca, después de eso, nos quedamos quietos y mi Karlita había cumplido el sueño oculto de comerse mas de 20 cms, despues nos dimos otra sesión y Alejandro le metió su verga por el culo ahí no me quedan palabras para describir los gritos de Karlita, pidiendo que noooo pero despues decía todo todo, Alejandro se vino otra vez y le dejaba su agujero lleno de leche, después de eso nos vestimos y nos fuimos a casa, mi Karlita feliz y yo feliz porque cumplí mi sueño de verla con con una verga mas grande que la mía en su concha llena satisfecha y bien culiada. Ahora ronda por nuestras cabezas uno mas grande 25 cm seria rico, mi Karlita quiere verse atravesada…

Un día de gerencia

Esta historia ocurrió en Marzo del 2003, cuando yo me fui a trabajar al África por dos meses. Mi esposa, Vanesa, se había quedado en Buenos Aires, y si bien iba a venir a pasar un mes conmigo, todavía faltaban 20 días para su partida. Hacia ya una semana que estaba sola y como es muy celosa, se la había pasado toda la noche dando vueltas en la cama, pensando en que yo la estaba engañando con otra mujer.

Después de una mala noche, se levantó muy temprano para ir a trabajar a la gerencia. Hacia mucho calor y se puso su vestido corto azul que le hace una figura muy esbelta y sensual, encima con un escote muy marcado que le hace resaltar sus hermosas tetas. Como sobraba el tiempo y estaba lindo, fue caminando hasta la estación del subte. En el momento que bajaba las escaleras, escucho que uno estaba viniendo. Corrió, puso la tarjeta y se metió en el primer vagón que vio. Las puertas se cerraron y en ese momento se pudo percatar que el vagón estaba lleno de hombres. Ella era la única mujer. Como este no era su horario habitual, el ambiente también era distinto. De a poquito, se le fueron arrimando y la empezaron a apoyar. Vane estaba muy nerviosa, pero el subte estaba tan lleno, que no le quedo otra alternativa que mirar hacia abajo y aguantárselas. Con el movimiento y el vaivén del vagón, se le apoyaban cada vez mas seguido. Ya algunos sin ningún reparo, hasta sintió algunas manos por debajo que la tocaban. La pobrecita estaba agarrada de un pasamano y no sabia si largarse a llorar de la impotencia. Ya no aguantaba mas, ella notaba como todos la miraban y le clavaban los ojos en su cola, que se marcaba claramente a través del vestido. Otros tantos no podían sacarle la vista de su busto, que al estar estirada para agarrar el pasamano, parecía que iba a explotar hacia fuera del escote. Todavía faltaban 6 estaciones, si seguían a este ritmo, la iban a terminar violando.

Por suerte para ella, al llegar a una estación, hubo un movimiento de pasajeros y quedo enfrentada con un chico joven y bastante apuesto. Como la apoyaban y empujaban desde atrás, Vane hacia fuerza para no llegar a rozar al muchacho que tenia enfrente. Esa presión que ella ejercía para atrás, sumada a las apoyadas que le daban por detrás, le empezó a gustar. Ya estaba entregada. De repente, esa sensación de impotencia e indignación, se empezó a transformar en excitación. Sentir que más de 50 hombres la deseaban, la hizo soñar por un momento que era una vedette y eso le gusto. Su humor empezó a cambiar rápidamente, hasta que llego a la estación de destino. Se bajo muy tranquila y se fue caminando sensualmente. Al volver a arrancar el subte, se dio vuelta y pudo ver en detalle las caras petrificadas de sus 50 admiradores mirándola con satisfacción. Fue una sensación que le gustó, dejándola contenta. Se acomodó el vestido que estaba todo desarreglado y siguió caminando hasta su trabajo. Entró al edificio y pensó que había sido un buen comienzo del día, algo distinto a lo normal.

Ni bien entró a la oficina y como todavía no había llegado mucha gente, se sentó en una PC para conectarse y bajar los e-mails. Se encontró con 2 mensajes que yo le había enviado el día anterior, contándole como era el lugar, que se podía hacer, los planes que tenía y fundamentalmente que le decía que la amaba mucho y la extrañaba un montón. Vane que es muy sentimental, se empezó a sentir triste y sola. Se le cayeron unas lágrimas y para que nadie la viera llorar decidió bajar a la calle a tomar un café en Havanna. Al llegar al café se sentó en la barra y percibió que había dos ejecutivos muy atractivos que estaban desayunando. Tendrían alrededor de 30 años. Vane que es muy detallista percibió que estaban muy bien vestidos, usaban buen reloj y que ambos eran casados (por el anillo). Al terminar de tomar el café, ella se levantó haciéndose la artista y sacando buen pecho como lo sabe hacer, fue caminando hacia la puerta mientras los hombres se quedaron mirándola con mucho deseo.
Regresó a la gerencia y se puso a trabajar en unos informes que tenía pendientes. Como es muy eficiente, se puso las pilas y en poco tiempo los terminó.

Al cabo de 2 horas, Sánchez, el gerente, la mando a llamar para consultarle algo. Cuando entró a su oficina, se encontró con que Sánchez estaba charlando con dos hombres. El le pidió si por favor podía buscar todos los informes relacionados con el transporte del personal. Ella asintió y al darse vuelta para ir a buscarlos, se percató que los 2 hombres, eran los ejecutivos que había visto en el bar, y que de cerca eran mucho más apuestos. Les saludó con una sonrisa y enseguida, volvió con los papeles que le había pedido el gerente.

Vane regresó a su lugar de trabajo, pero como ya había concluido con el mismo, se fue a charlar con una compañera. Después de los saludos y preguntas de rutina, su compañera le dijo “Que fuerte que están esos 2 perros”. Vane concordó y le dijo que en el bar, ellos le habían clavado la mirada. Su compañera le insistió, para que vaya de vuelta a la oficina de Sánchez con cualquier excusa, así ella observaba sus miradas y luego le contaba.

Vane no pudo con su genio y utilizando todo su carisma, entro nuevamente a la oficina del gerente llevando café para los 3. Todos agradecieron el gesto y mientras se distendían tomando el café, charlaron un poco. Ellos resultaron ser dos abogados de una compañía de seguros que estaban arreglando un problema de una demanda. Uno de ellos era extranjero, y si bien entendía perfectamente el castellano, tenía dificultades para hablarlo.

Vane regresó con su compañera, quien le dijo que los había observado babearse al charlar con ella y que cuando ella se retiraba, uno de ellos saco su lengua relamiéndose.

El largo día de trabajo continúo y Vane volvió a llevarles café varias veces. Por el cansancio, ya no estaban tan duritos, estaban más relajados y el trato era menos formal. En uno de los cruces, averiguó sus nombres. Uno se llamaba Daniel y el otro John.

Yendo al baño, John se detuvo enfrente al escritorio de Vane y en un castellano con acento de ingles que sonó muy cómico, le dijo que era muy bonita y amable. Esto hizo que Vane se sienta reconfortada. Había sido un buen día para la caza, primero el subte y ahora estos dos.

A las 17 horas, todo el personal comenzó a retirarse. Vane pasó por la oficina de Sánchez para despedirse y éste le pidió que si antes de irse, le podía alcanzar los contratos con la compañía de seguros. Ella los fue a buscar inmediatamente, pero tuvo dificultad en encontrarlos. Después de 20 minutos de búsqueda, apareció con el contrato del año anterior y Sánchez le dijo que servia igual pero que había que hacer una actualización porcentual en una planilla en la PC. Ya resignada a que se tenia que ir mas tarde, Vane hizo los cálculos minuciosamente en forma correcta. El gerente le agradeció el favor y le pidió disculpas por la demora. Mientras Vane juntaba sus cosas, ellos dieron por terminada la reunión.

Siendo aproximadamente las 18, salieron todos juntos. Sánchez se ofreció acercarlos con su auto, pero lamentablemente iba para el otro lado. Entonces Vane paró un taxi y ellos le preguntaron hacia dónde iba. Casualmente ellos iban para el mismo lado, para lo cual sin preguntarle se subieron al mismo taxi. Uno subió de cada lado y Vane quedó sentada en el medio. Durante el trayecto, haciéndose el que no se daba cuenta, John fue acercando una pierna a la de Vane, rozándola positivamente cada vez que podía. Si bien ella lo notó, se hizo la despistada y como sintió una pequeña mezcla de miedo y excitación, lo dejo continuar y no lo sacó. En un momento se estaba poniendo denso, pero John era tan simpático y su forma de hablar era tan cómica, que borraba sus intenciones fácilmente. A pesar de estar viajando con dos desconocidos, Vane no sentía temor alguno, estaba cómoda.

Le pidieron al taxista, llevar primero a Vane y luego seguir con ellos. Cuando llegaron a nuestra casa y antes que ella se baje, le preguntaron si le gustaría ir a cenar con ellos a lo que Vane respondió que no. Daniel insistió argumentando que era una noche muy linda, que hacia calorcito y que John al día siguiente partiría para su país y él lo quería llevar a cenar a un buen lugar pero que no se le ocurría donde. Vane les pidió perdón y disculpándose por estar cansada, les rechazó la invitación. Sin seguir insistiendo, Daniel le agradeció el viaje y le dijo que de todas formas, por si cambiaba de idea, le dejaba una tarjeta personal con el número de celular. Vane los saludo formalmente y se bajó.

Cansadísima y sintiéndose mal por el largo día de trabajo y todos los pormenores, ni bien entró a casa, Vane se desvistió y fue directo para la ducha. Después de varios minutos de agua caliente relajante por todo el cuerpo, se empezó a sentir mejor. Allí se puso a pensar si debía haber aceptado la invitación o no. No se podía auto-engañar, realmente deseaba haber ido a cenar con ellos. Se la había pasado todo el día, sintiéndose deseada por hombres, cosa que le había gustado. Hacia una semana que estaba sola y encima desconfiaba de mi. En estos casos, siempre había reprimido su necesidad de sexo, por respeto a la pareja, salvo en contadas excepciones donde no pudo controlar su cabeza, y había ido mas allá de donde se debe, comportándose como una verdadera hembra, que vuelve loco a los hombres, incluyéndome a mi. Con todo este dilema, estuvo pensando un rato, puso todo en la balanza y tomo una decisión, que por supuesto fue llamar al numero de la tarjeta. Por encima de todo, cualquiera de los dos tipos, le gustaban mucho. Solo tenia que decidir a quien elegir.

Al rato lo llamó a Daniel al celular. Este atendió bastante cortado. Se notaba que no podía hablar y él contestó, “Bueno, no hay problema señor, lo paso a buscar por su hotel.” y cortó rápidamente. Se notó que el hijo de puta atendió el teléfono delante de su mujer y no sabia que decir. Esto excitó mas aun a Vane, quien se empezó a preparar especialmente para la velada. Mientras tanto pensaba con quien se quedaría.

Alrededor de las 21 horas sonó el timbre. Era Daniel solo. Vanesa salio deslumbrante. Tenia puesto un vestido minifalda negro, medias de encaje y zapatos de taco alto. Llevaba una minúscula tanga al tono y no tenia puesto corpiño. Su pelo estaba suelto y salvaje.

Daniel casi muere de un infarto. Ni bien subió al auto, él le empezó a dar piquitos en la boca, cosa que mi mujer no rechazó. Al poco tiempo, estos se convirtieron en húmedos besos, caricias y abrazos. Aparentemente Vane ya había decidido. Daniel le insinuó ir inmediatamente para un hotel. Vane aclaró inocentemente, que la habían invitado a cenar y media enojada preguntó por John. Acto seguido, Daniel continuo dándole besitos y le dijo que estaban yendo a buscar a John por el Sheraton, para ir a cenar y que la insinuación solo había sido un chiste. Entre besos y manotazos continuaron su camino hacia dicho hotel.

Estacionaron en la entrada e ingresaron para buscar a John, quien estaba sentado en la barra tomando unos tragos. Se lo notaba muy alegre y zafado, producto del alcohol. Se reunieron con él y allí decidieron ir primero a cenar a un restaurante en las cañitas y después a tomar algo a algún boliche con show. Vanesa ya se inclinaba hacia el lado de Daniel.

Iban caminando por el lobby del hotel hacia la salida, cuando John trastabilló y ante una inminente caída se agarró de Vane, rasgándole sin querer el vestido. El se incorporó rápidamente y balbuceando mil palabras mezcladas entre español e ingles, le pedía las disculpas muy apenado. Sonó tan cómico y la escena fue tan graciosa que todos se largaron a reír a carcajadas sin parar. Lloraban de la risa. Vane reviso que su vestido solo se había descosido, no se había roto, con lo que se quedó mas tranquila. John le propuso si quería subir a su habitación para coserlo, pues allí había un kit de costura. Vane en un primer momento dijo que no, pero analizando que así no podía ir a ningún lugar, aceptó. Daniel les dijo que los esperaba en el auto y Vane le puso una cara como pidiéndole que no la deje sola con John. Daniel comprendió el mensaje y dijo que mejor los acompañaba.

Subieron al ascensor y Daniel que estaba detrás de ella, empezó a tocarle levemente la cola por encima del vestido, haciendo rozar el mismo contra la tanguita. Vane cerró los ojos, echó su cabeza hacia atrás y le comió la boca. Mientras tanto John, empezó a besarle el cuello y a frotar su cuerpo con el de ella. Cuando ella se percató, lo sacó inmediatamente. Pero John estaba muy ebrio, no entendía nada e insistía. Vane le dijo seriamente que la corte, pero el pedo de John era tal, que se mataba de la risa. Mientras tanto, la seducción que le brindaba Daniel besándola, le hizo olvidar de la presencia de John que cada tanto metía alguna mano sin acertar. El ascensor navegaba para arriba y para abajo sin destino alguno, Vane y Daniel se encargaban de apretar al azar algún botón, cuando este se detenía. Mi mujer se estaba mojando mal, entre los besos de lengua y el palo que tenia Daniel, el ambiente se puso espeso. De repente sonó la alarma del ascensor, todos se recompusieron, tocaron el piso correspondiente y fueron para la habitación. Iban caminando por los pasillos tratando de ayudar a John que rebotaba de pared en pared por la borrachera.

Llegaron a la habitación y entre los dos cargaron a John hacia la cama. Lo recostaron y Vane se sentó en la cama para descansar. Daniel se sentó a su lado y continuaron con los besos y caricias. Al poco tiempo y para sorpresa de todos, Vane fue directamente al pantalón de John, le bajo el cierre y saco su pija afuera. Sus ojos al verla se iluminaron, era muy grande y muy gorda, a pesar de que todavía no estaba muy dura. Se la metió en la boca y fue notando como iba creciendo de a poco. John, medio inconsciente, con sus manos le acariciaba las tetas por encima del vestido.

Daniel se dedico a ir subiéndole la pollera poco a poco, mientras le pasaba la lengua por las piernas. Cuando llegó a su cola, le bajó las medias y la dejó en tanga. Mi mujer tenía la pollera subida hasta la cintura, le estaba chupando la pija a uno que mientras tanto le tocaba las tetas y el otro le besaba la cola y como podía le metía la puntita de la lengua lentamente por su concha que se estaba lubricando. Vane estaba muy caliente, los empezó a desnudar a los dos, fue a buscar 2 forros a su cartera y cambio a ambos de posición. Ahora ella se la chupaba a Daniel y John le saboreaba la concha, metiéndole dos dedos mientras le chupaba el clítoris. Ella estaba en la luna. Después de un rato así, empezó a gemir y a convulsionarse, teniendo su primer mojada, un orgasmo largo e intenso que gritó sin vergüenza. Los 2 abogados no la dejaron descansar, a la fuerza, la sentaron encima de John y ella comenzó a cabalgar salvajemente, Daniel por su parte le metía su pija en la boca y amasaba las tetas mientras le decía lo muy puta que era. Vane no aguantando más, acabó por segunda vez. Al mismo tiempo Daniel terminaba en su boca, mientras ella lo miraba con ojos de lujuria. El semen le resbalaba por los labios y como ella no quería desperdiciar ni una gota, se relamía con su lengua. Le chupo la pija hasta dejarla bien limpia y Daniel cayó rendido. John por su parte seguía cogiendo, el efecto del alcohol se le borraba con las acciones de Vane. De repente se la saco de adentro y le pidió que se arrodillara en el piso. Acercó la pija a su rostro y después que Vane le diera dos lengüetazos, inundó su boca y su cara con un chorro de esperma.

Todo muy lindo, descansaron un rato, se repusieron pero Vane no tenía lo suficiente y quería mas. Acostada desnuda en el medio de los dos, se empezó a tocar el clítoris lentamente. De a poquito empezó a jadear y a meterse un dedito. Este jueguito suyo continúo hasta terminar en una terrible paja, contorsionando todo su cuerpo. Desesperadamente se mojaba un dedo con saliva y se lo metía en el culo. La imagen era una película pornográfica y mi mujer era la estrella y estaba en el medio. Los dos hombres no aguantaban más la escena y quisieron participar. Como estaban muy al palo, Vane agarró las dos pijas y se las metió en la boca. Ella misma se sorprendía de la puta que tenía escondida dentro. Los dos machos se pusieron rápidamente a tono y quisieron sacarle el control de la situación que hasta ahora lo tenia mi mujer. Juntos decidieron ponerla en cuatro patas, Daniel se arrimó por detrás y de una se la metió hasta el fondo de la lubricada concha. Vane soltó un grito, mitad placer, mitad dolor. John se puso delante de ella y la empezó a coger por la boca mientras le masajeaba las tetas y le tironeaba de los pezones. Después de un rato en esta posición, Daniel se puso debajo y ella lo montó. El extranjero con semejante cuadro, le empezó a chupar el agujero del culo y a introducirle un dedo. Se lo escupió para poder lubricarlo un poco más. Vane en un principio tuvo miedo, pero enseguida empezó a sentir placer. Sentía como la punta de la pija de John, toda mojada, apoyada en el esfínter de su culo, iba penetrando el estrecho agujero. Estaba experimentando una nueva sensación, ya que nunca se la habían cogido por la concha y por el culo a la vez. Los 3 empezaron suavemente con un ritmo tranquilo, pero que enseguida se hizo más rápido. Ella sentía algo increíble, una mezcla de dolor y mucho placer. Daniel pidió a los gritos, poder cogérsela él por el culo, así que cambiaron de posición. Esta vez Vane se sentó encima de Daniel, dándole la espalda. El se la metió por el culo y le levantaron las piernas para que John se la pudiese meter por adelante. Con esta postura, Vane gozaba aún más que la anterior, gemía en cada embestida. Daniel aprovechaba para apretarle bien las tetas y John le besaba todo el cuello. Le decían todo tipo de barbaridades, lo muy puta que era y lo bien que cogía. Ella no paraba de gozar, de suplicarles que la siguiesen cogiendo, de que no parasen. Los huéspedes de las habitaciones contiguas estarían excitadísimos escuchando las palabras de mi mujer. Así estuvieron serruchando un buen rato hasta que acabaron como animales. Se quedaron los tres abrazados, derrotados tras esta competencia de sexo. Había sido su mejor experiencia sexual.

Se levantó, cosió su vestido, se duchó y cuando estaba por preguntar si iban a ir a cenar, se dio cuenta que eran la 4 de la mañana y que los dos abogados estaban dormidos. En silencio agarró sus cosas y se marchó.

Al llegar a casa pensó en si volvería a repetirlo. Esta era la hora de los arrepentimientos. Inmediatamente prendió la PC y me mando un mail diciendo que me extrañaba mucho, que ya no veía la hora de volver a encontrarnos y que tenía una sorpresa para contarme.

Cuando nos volvimos a encontrar, lo primero que hizo fue relatarme esta historia con lujo de detalles. Durante el relato, estuvimos casi medio día haciendo el amor de manera espectacular, recordando este inolvidable trío.

Claudio

Favor enviar comentarios a: horaciosandra@yahoo.com.ar

Una mujer liberada sexualmente

Hola amigos de Sexycuentos, aquí les mando otro relato de nuestras aventuras, esta vez quisiera contarles la oportunidad en que estuvimos con Oscar uno de mis machos(con quien ya hemos estado varias veces) y es uno de los pocos con quien siempre estamos los tres juntos, mi macho, el guampudo y yo.-

Una tarde en que mi marido y yo caminábamos por la calle haciendo unos mandados, como siempre yo iba vestida bastante provocativa con vaqueros jeans bien ajustados marcándome bien la cola y mi conchita con una tanga chiquita que se marcaba en mi cola , y metiéndose en mi concha dejándola bien abultada, en eso vimos a Oscar y se nos arrimó saludando a mi marido con un apretón de manos y agarrándome a mi de la cintura, dándome un tremendo beso de lengua mientras sus manos recorrían mi cola y yo haciéndome la rogada cruce mis brazos por su nuca abriendo mis labios y besándolo con ganas mientras hamacaba mis caderas(ah no si a mi a Puta y rostruda no me gana)luego me tomó de la cintura diciéndome: Ay Viki que divina que estas cada vez que te veo siento deseos de cogerte toda putita, ; si papito cómeme toda cuando quieras mostrale al guampudo lo que es un verdadero macho(esto era el colmo ahí estaba yo en la calle prendida a otro macho con el guampudo al lado mio )y ya bastante excitada, continuamos besándonos y sus manos no paraban de tocarme , no aguanté y le toqué el bulto por arriba del vaquero y ya estaba duro.

La situación me tenía bastante caliente pero debíamos seguir con nuestros recados así que se lo dijimos y nos invitó para ir a su casa esa noche, por supuesto que aceptamos sabíamos lo que nos esperaba. Luego y ya en casa nos aprontamos para salir yo estaba decidida a salir más PUTA QUE NUNCA , vestida ya no provocativa, sino como una PROSTITUTA, así que decidí vestirme con portaligas color negro. Medias de encaje también negras y no una tanguita sino una micro tanguita bien chiquita de color rojo(para contrastar) era apenas un triangulito chiquitito de atrás y adelante se me metía en mis labios vaginales dejando todo el pubis al descubierto apenas tapando el clítoris, no usé sostén tengo mis tetas bastante firmes y mis pezones duros así que me puse una camisa negra transparente dejando ver mis pezones duros y desafiantes, con una minifalda cortita pero bien cortita y de encaje color rosado, calzando mis pies con sandalias de taco y plataforma color rojo y el cornudo de mi marido se puso bueno no importa lo que se puso.-

Pedimos un taxi y como de costumbre mi marido se sentó atrás y yo adelante con el chofer, ya al sentarme se me subió toda la mini dejando al descubierto mis muslos viéndose parte del portaligas y mi tanguita que al ser tan chiquita dejaba mi concha bien abultada, desprendí otro botón de mi camisa para que pudiera ver mis pechos,(aunque no era necesario porque con lo transparente de la camisa ya se veía todo)el taxista me miraba primero de reojo y luego descaradamente, sudaba como un marrano yo de gusto me movía hacia atrás y hablaba con el cornudo de mi marido cruzando mis piernas, o miraba como le iba creciendo el bulto a ese macho ,la verdad el tipo no estaba nada mal, y en otra situación lo habría buscado aún más, pero teníamos otro compromiso y durante todo el viaje seguí con ese juego me encanta calentar braguetas, sentirme deseada, bueno llegamos a la casa de mi macho y al bajar le di un último espectáculo haciendo como que se me caía algo me incliné sacando bien el culo ya a esa altura la mini estaba sobre mis caderas, así que se imaginan lo que vio ¿no?, luego me bajé la mini y salí en dirección a la casa.-

Mi marido se quedo pagando y yo entre a la casa de Oscar al verme me dijo PUTITA!!que te reparió que estado me encanta verte vestida así yo sin más ni más le agarré el bulto con una de mis manos y comencé a besarlo con desespero, nuestras lenguas se entrecruzaban en un beso apasionado ,el jueguito con el taxista me había puesto a mil, ya estaba mojadita y mis pezones estaban duros como piedras luego entró el cornudin fuimos a la sala nos sentamos en un sillón largo, Oscar y yo y el guampudo enfrente, crucé mis piernas y abracé a ese macho (quería verga y la quería YA!!!) comenzamos a hablar de banalidades, mientras Oscar y yo comenzamos a tocarnos, sus manos me acariciaban las piernas y comenzó a subir tocando el clítoris ahí no aguanté más y le di un buen chupón comenzamos a besarnos y tocarnos por todos lados me encanta ser manoseada y toqueteada por un macho me excita de sobremanera luego le dije que quería bailar puso música suave y comenzamos a bailar en la sala me apretó fuerte contra él y comenzamos a movernos suavemente besándonos y yo refregándome contra él , besándole el cuello pasando mi lengua por su cuello, sus manos no se quedaban quietas, subió la mini hasta mis caderas y comenzó a manosearme el culo , no aguanto me dijo y sacándose la verga ya dura y firme la puso entre mis piernas y comenzó a moverse hay Ssiiiiiiii ASI me encanta sentir tu verga, ahí SEGUI, SEGUI, te gusta putita eh? Te gusta una verga, si dije, me e ncanta una verga, me llevó al sillón me hizo sentarme, se arrodilló frente a mi y comenzó a pasar su lengua por arriba de la tanga yo sentía la presión que hacía aquella lengua sobre mi concha , luego me la pasaba por mi pubis depiladito, y por los costados de mi tanguita, yo no daba más estaba toda mojada sentía como me salían mis jugos y empapaban la tanga , siguió así por un rato luego corrió la tanga y comenzó a darme una mamada de película no tardé mucho en llegar a acabar y al ver al guampudo frente a mi haciéndose una paja fue el detonante para darle a ese macho tanto jugo que sentí como chorreaba por mis piernas, y el seguía y seguía pasando su lengua desde mi clítoris, mis labios vaginales hasta mi ojete me gusta que me chupen el culo mientras me meten uno o mas dedos en mi concha, mi macho de turno se paró, se quitó la ropa y se sentó en el sillón al lado mío yo me tiré encima de él y comencé a pasar mi lengua por sus tetillas , lamiendo, chupando y mordiéndoselas , me encanta hacer eso mientras con una mano lo masturbaba lentamente.

Siiiii!!!!!!!!!! PUTA SI me gusta lo que me haces, hacéme de todo, hacéme lo que quieras , me arrodillé frente a él y abriendo mi boca tragué esa pija y hasta que no la tuve toda adentro no cerré la boca, apreté fuerte con mis labios pudiendo sentir sus pendejos en mi cara y comencé a chupar con ganas y con deseo esa verga mientras mi macho me manoseaba el culo cinchando las tiras de mi tanguita metiéndola aún más dentro de mi concha y mi ojete(si es que eso era posible), sacaba esa verga de mi boca y comenzaba a recorrer todo ese tronco con mi lengua subía y bajaba, lamiéndole los huevos peludos subía hasta la cabeza de esa verga y jugaba con el agujerito de su pija(no se como se llama)metiendo mi lengua en ese agujerito es divino hacer eso, baje otra vez lamí sus huevos y más abajo hasta llegar a su culo, pasándole la lengua, estaba tan caliente que quería meter toda mi lengua en ese ojete, quería romperle el culo con mi lengua, mientras con una de mis manos lo pajeaba, me agarró por los hombros y me dijo ahora quiero cogerte putita divina, vení sentáte en esta pija, Ay si quiero pija quiero que cojas toda , y corriéndome la tanga me senté en esa pija descendí suavemente hasta tenerla toda dentro y comencé a moverme despacio mientras mi hombre me chupaba las tetas y me besaba , estaba tan caliente que comencé a moverme más y maás rápido, subía y bajaba por ese tronco cada vez con más ganas y con más furia, el cornudo se arrodilló entre nosotros y me lamía el culo que deleite que placer yo me inclinaba más hacia adelante para poder sentir su lengua en mi ojete no conforme con esto bajo aún más y lamía los costados de mis labios vaginales, y parte de la pija de mi macho, yo le decía Siiiii perro chpa lambe todo lo que encontres pero chupapijas, GUAMPUDO SIIIIIIIIIIII , COGEME MACHO DIVINO, coge a esta puta, AAAAAAAAAAAHHGGGGG!!!!!! SIIIII acabo, me acabo, la puta madre seguí, perro chupa, chúpame el ojete seguí así me gusta, si tuviera ganas de cagar te juro que te cagaria PERRO DE MIERDA, dale, dale, cógeme, así, así MMMMMMM AAAAAAHHHHHHHH SIIIIII AHHHHHH así seguimos un ratito más y luego me di vuelta de espaldas a mi macho y de frente al guampudo, me clavé esa verga otra vez en la concha , VENI PERRO CHUPAME LA CONCHA, mientras mi macho me coge, vení guampudo mira como me coge otra verga mira como goza esta PUTA QUE TENES POR ESPOSA, y mientras devoraba esa verga mi maridito pasaba su lengua por mi clítoris bajaba lamía las bolas de Oscar con deleite y vuelta a mi clítoris lamía y chupaba con devoción, el placer que se siente es indescriptible, tener una buena pija dentro de la concha y una lengua que viborea en el clítoris es una de acabar y acabar las manos de Oscar apretaban mis pezones, su verga me hacia delirar y la lengua de mi marido AAAAAAAAAAHHHHHHHGGGGGGGG!!!!!!!!!, yo era un mar de jugos que se escapaban por el tronco de mi macho y el guampudo recorría con su lengua, me la saqué de la concha la agarré de la base y comencé a sacudirla, diciéndole al guampudo, chupa chupa esta pija perro, dale límpiala que esta llena de mis acabadas vení perro, vení chupa y el perro la chupó nomás, se la tragó toda me paré sobre el sillón bajé mi cola a la altura dela boca de mi macho y comenzó a chuparme el ojete mientras me metía dos tres dedos en mi concha, SSSIIIIII ¡!!!!!!!! QUE RICO , me encanta viendo al cornudo chuparle la pija a mi macho fue demasiado y me acabé en los dedos de Oscar, sintiendo su lengua en toda mi cola, y me dieron unas ganas terribles de orinar ,le dije a mi macho querés ver como el guampudo se toma toda mi meada, Si claro que quiero putita sos tan degenerada, tan pervertida, que no tenés límites, claro que no los tengo cuando me caliento soy capaz de cualquier cosa me gusta ser así degenerada, chancha, cochina, puta, bien puta, bien degenerada (a mi marido ya lo he meado antes pero nunca delante de otro así que mi excitación y degeneramiento eran increíbles).

Me paré en medio de la sala, mi macho a mi lado y el guampudo se acostó entre mis piernas levantó el torso acercó su boca a mi concha y empezó a chuparme y empecé a mearlo en su boca mientras su lengua me chupaba la concha, y otra vez empecé a acabar sintiendo las manos de Oscar en mis tetas que estaban reduras yo lo pajeaba a mi macho y meaba a mi marido, en la boca que se le escapaba y le mojaba todo el pecho, cuando terminé el guampudo se corrió, y se pajeaba frenéticamente, Oscar y yo nos besábamos con un desespero único, era una de lengua y baba sus manos me de dedeaban por la concha y yo con una mano lo pajeaba y con la otra acariciaba sus bolas, mirando a mi marido le dije no acabes PERRO esa leche es MIA!!!, viéndolo todo empapado en orín me dio un morbo tal que me tiré encima de él clavándome su verga en mi concha me movía como loca Oscar se arrimó, me paró la cola y también me ensartó por la concha , el sumun del placer sentir dos vergas dentro de mi concha , esos palos duros y firmes dándome, uno entra el otro sale uno, entra el otro sale , miré a mi marido y comencé a escupirlo en la cara y con una mano esparcí toda mi baba por su rostro, giré mi cabeza y vi a mi macho detrás de mí, abrí mi boca saqué mi lengua de forma impúdica, y comencé a moverla el acercó su boca sacó su lengua y nos besamos metiéndome la lengua hasta lo más profundo de mi garganta y los dos segregando saliva ,estaba toda sudada babeándome, toda la cara con saliva mía y de ese macho, me sentía sucia me daba asco de mi misma, me sentía todo un PUTON, y a la vez libre, feliz de desatar toda esa lujuria, estaba como poseída quería más y más y más , mi concha era un mar de jugos, gozaba como una perra , una perra puta, ASI MACHOS COJAN ESA CONCHA cojan a esta perra SIIIIIIII AAAAAAAAAHHHHHSSSSIIIIIIIIIIIIIIIIIII MMMMMMAAAAAASSSS, me acabo, me acabo tengo dos hermosas vergas en mi concha, mira guampudo como disfruto mira la puta que tienes, te gusta, te gusta que sea así , SSSIII me encanta lo puta que sos, me gusta que te cojan toda me encanta que tengas machos me gusta cogerte y verte coger con otros, sos una puta, prostituta, ramera de mierda.-

Yo era una de acabar y acabar es divino disfrutar con dos machos, con tres con los que sean, me gusta coger y ser cogida disfrutar de los placeres del sexo sin tabúes ni ataduras solo placer. Oscar me avisó que estaba por acabar No aguanto más putita, te voy a dar lechita, SSIII la quiero en mi boca damela en la boca papito, quiero saborear esa leche caliente, se salió de mi yo me arrodillé y comencé a chupar ese pedazo sintiendo el sabor de mis jugos chupé y chupé hasta que sentí que su verga se hinchaba aún más , y largo uno dos tres chorros de leche espesa agria caliente, me encanta tragar leche de macho para luego dejar esa verga limpia sin rastro alguno, mi marido se empezó a pajear y me acabó entre mis tetas sentir esa leche caliente con el contacto de mi piel es hermoso, la esparcí por mis pechos como si de una crema se tratara(crema cosmética) , nos tiramos en el sillón los tres agotados, y exhaustos de esa mini orgía, comenzamos a hablar y Oscar decía que era increíble cada vez que lo hacíamos se sorprendía de lo degenerados que somos, pero él no se quedaba atrás porque bien que le gusta, todo lo que hacemos, bueno la noche siguió mi macho me cogió como quiso la concha, la boca, el culo y el guampudo chupaba todo lo que encontraba tetas, concha, verga, culo, concha con verga, verga con culo, todo chupaba, me cogieron entre los dos uno por la concha el otro por el culo, uno por el culo el otro por la boca , si fue una noche larga pero QUE NOCHE!!!!!!!; AUNQUE ESA ES OTRA HISTORIA, si les interesa se los cuento todo.-

Si les parece que mis relatos son muy largos haganmelo saber. Debo agradecer los e-mail recibidos creo haberlos contestado a todos, déjenme decirles que mis relatos son reales no son cuentos, tampoco los relato en forma cronológica solamente me acuerdo de alguna relación fuerte y se las mando , y agradezco a mi marido por dejarme ser así y disfrutar plenamente del sexo como una reverenda puta.-

Somos de Buenos Aires, y nos gustaría conocer gente de acá para poder gozar con el guampudo, acá cuesta conseguir machos así , cuando me levanto algún macho y le digo para hacerlo con mi marido no aguantan nada, así que no queda otra que dejarlo al cornudo, pero a él le gusta saber que ando cogiendo con algún otro macho,, llegar a casa toda cogida con olor a ese macho con mi concha y culo bien cogidos, y con gusto a leche en la boca se prende de mi boca y me besa con tantas ganas, huele mi cuerpo buscando olor a macho, con su lengua recorre todo mi cuerpo y más aún donde el macho de turno halla acabado, le encanta lamer la leche seca de otro macho en mi cuerpo, a él le encanta que me cojan otros, poder verme o que se lo cuente, cuando paso algún tiempo sin macho, estando los dos en la cama me suplica, me implora que salga a buscar macho, a mi eso me encanta verlo suplicar diciéndome, dale putita salí a buscar macho, hacéte coger por favor vamos a la calle a buscar un machito , te suplico, dale vamos a mi me encanta que te cojan, lo necesito, yo necesito que tengas un macho, humillame delante de otro decime que soy un cornudo y que te vas a ir acoger con ese macho.-

Ahhhh!!!! Que hermoso que es, que tu propio marido te implore que salgas a la calle de PUTA , de prostituta a mi me encanta sentirme así, una mujer libre, libre de salir con quien yo quiera, de gozar de cuantos machos quiera, sin tener problemas en mi matrimonio, disfrutar del sexo en toda su plenitud ,soy una verdadera PUTONA, toda una RAMERA, así que si te interesa, o si les interesa porque también quiero hacerlo con varios machos a la vez y ¿porqué no con una mujer?

PD: ME GUSTA SER PUTA.-Autor: Viki

fabiangalante@ciudad.com.ar

Mi mujer y un pibe

Hola a todos, me llamo Juan, vivo en Buenos Aires, Argentina (tengo 35 años, mido 1.85, tez blanca, ojos marrones) y lo que les voy a contar me ocurrió en febrero de este año.
Estoy casado con “Clara” hace 6 años y siempre tuvimos un buen sexo. Ella tiene 34 años y es profesora de Educación Física y profesora en un gym cerca de nuestra casa. Ella tiene un cuerpo fenomenal, por lo que en la calle todos voltean a mirarle la cola (lo cual me excita mucho y una de mis fantasías siempre había sido verla coger con otro hombre). Sus pechos no son ni grandes ni chicos.
El día de nuestro aniversario me propuso que vallamos a algún lado a bailar, lo cual acepte. Mis compañeros de trabajo me recomendaron un boliche que queda a 30 cuadras de mi casa. Al llegar la noche, mi mujer (que estaba hermosa, con un jean apretado y una remera que dejaba ver su ombligo) y yo nos fuimos en mi coche hasta el boliche. Cuando entramos al boliche, mi mujer se fue a sentar y yo fui a comprar dos vasos de cerveza. Después de tomarnos los dos vasos, fuimos a bailar (yo mucho no sé bailar, pero acepté por ser nuestro aniversario). Después de bailar un tiempo, entre besos, abrazos y risas, Clara fue al baño y yo me fui a sentar. Cuando salió del baño, saludó a un chico de unos 19 años (que pensé que
tenía) y se quedó un rato hablando con él. Cuando volvió a la mesa le pregunté quién era y de dónde lo conocía y me dijo que se llamaba Gonzalo y que lo conocía del gym. En ese momento empecé a imaginarme si había pasado algo entre ellos (ya que Clara siempre va al gym con una calza y una tanga bien metida en la raya, sin dejar algo a la imaginación). Una vez le
pregunté por qué iba así vestida al gym y me dijo que nunca más le haga una escena de celos, que odiaba que haga eso y que si iba así era porque de esa forme estaba más cómoda. Por eso no quise preguntar nada más sobre ese Gonzalo.
Él estaba vestido con un joggin negro y una remera roja ajustada. Volviendo al tema, después de estar un rato sentados se acercó Gonzalo y mi mujer nos presentó:
-Gonzalo, él es mi marido Juan. Juan, él es Gonzalo, un chico del gimnasio.
-Mucho gusto- respondimos los dos.
-¿Te molesta si saco a bailar a Clara?- me preguntó él.
-No, no- le respondí.
-Clara, ¿querés bailar?- le preguntó.
Clara me miró y yo le hice una seña de que fuera. Entonces ella le dijo que sí.
Al principio, empezaron bailando un poco separados. Después de un rato de baile, Gonzalo se le fue acercando poco a poco, la agarró de la cintura y la acercaba más hacia su cuerpo. Yo esperaba una reacción de Clara pero ella no
hizo nada. Mientras bailaban, Gonzalo empezó a apoyar a mi mujer con su bulto que comenzaba a crecer. Entonces mi mujer acerca su boca hacia su oído disimuladamente y se fueron más al fondo donde desde yo estaba sentado no
los podía ver. Eso me éxito muchísimo. Cuando no los ví más, me levante y los perseguí escondiéndome entre la
gente. Una vez que los encontré, me fui a un rincón a sentarme y mirarlos desde ahí. Ella bailaba dándole la espalda y le pasaba la cola por su bulto, que mostraba una gran erección. Después, él le da vuelta y le da un beso muy
apasionado, el cual mi mujer lo aceptó. Mientras se besaban, Gonzalo bajó sus manos y empezó a tocar la cola de Clara y ella metió su mano dentro del pantalón de Gonzalo y le agarró su bulto. Estando un rato así, veo que mi mujer le saca la mano del pantalón, entonces yo me fui rápido hacia donde estuve sentado al principio. Cuando llegaron,
mi mujer me dijo que valla a comprar unas cervezas. Yo acepte, y al volver ellos estaban sentados y hablando como si no hubiera ocurrido nada.
-¿Te gusta como baila?- le pregunté a Gonzalo
-Sí, baila muy bien- me respondió- tenés mucha suerte de tener una mujer tan linda como Clara.
-Gracias- le dije.
-Voy al baño y ahora vengo- dijo Gonzalo.
Cuando se fue le pregunté a mi mujer:
-¿Te gusta como baila?
-Sí, se mueve muy bien.
-¿Te gustaría seguir el festejo en casa?
Como no respondía le dije que invitara a Gonzalo. Entonces ella me dijo:
-Si a vos no te molesta, me gustaría -me respondió. -Para seguir bailando en casa- me aclaró después.
Entonces yo le dije que mi fantasía era verla con otro tipo teniendo sexo y ella no lo podía creer y me preguntó:
-¿De en serio?
-Sí, pero nunca me animé a contártelo.
En ese momento llega Gonzalo y me dice:
-¿Vos no bailás?
-No- le respondí.
-Nosotros nos vamos para mi casa, ¿querés venir?- le dijo mi mujer
-Bueno, si a ustedes no le molesta…
-No, no nos molesta… vamos- dijo mi mujer
Entonces salimos y nos subimos al auto. Clara se subió con Gonzalo atrás y yo conducía.
En la mitad del camino, miro por el retrovisor y veo que mi mujer empieza a pasar su mano por encima del bulto del chico. Él enseguida me miró y yo hice de cuenta que no lo había visto. En ese momento escucho que le dice a Clara:
-Nos va a ver tu marido.
-No importa a él no le molesta- respondió ella.
Cuando llegamos a mi casa, mi mujer puso música y se puso a bailar sola, mientras yo fui a buscar unas cervezas. Cuando volví, ella seguía bailando sola y Gonzalo estaba en el sillón frente a ella.
-Bailá con ella- le dije.
Entonces Gonzalo se levantó y empezaron a bailar. Esta vez fue Clara quien lo tomó de la cintura y lo acercó a su cuerpo. Mientras bailaban, él la rozaba constantemente. En un momento, mi mujer bajó su mano y la puso dentro de su pantalón. Gonzalo no sabía que hacer y me miró, entonces, yo le hice una seña como que no me molestaba y él se tranquilizó y empezó a tocar los pechos de Clara.
Yo estaba totalmente excitado con lo que estaba viendo. Entonces, me paré y dije:
-Tengo una idea.
-¿Cuál?- me preguntaron.
-Mi amor, ¿Por qué no le mostrás a Gonzalo tu show?
-Bueno- me respondió y se fue a la pieza a ponerce su calza y su remera ajustada que siempre usa cuando me hace su show.
-Vení, sentate- le dije a Gonzalo. –Vas a disfrutar del mejor show de streepteas de tu vida- agregué –Pero tenés que estar relajado y gozar.
Nos tomamos unas cervezas y vino Clara.
-Preparencé, empieza el show- dijo ella y puso la música. Empezó a contornear todo su hermoso cuerpo con sus manos dándonos la espalda. Cuando se dio vuelta, se sacó la remera, pero tenía puesto un corpiño rojo, y dándose vuelta nuevamente (moviendo su cola hermosa en forma sensual) se sacó la calza. Tenía puesta una microtanga roja que me puso a
mil. A Gonzalo también (me di cuenta por el tamaño de su bulto). Entonces mi mujer se nos acerca, se arrodilla delante nuestro y nos pasa la mano por el bulto a los dos. Después se paró, se sentó (dándole la espalda) sobre el bulto de Gonzalo y le pidió que le saque el corpiño. Yo pensé que él acababa en ese momento, pero no fue así. Clara empezó a mover su cola a lo largo del bulto de Gonzalo y este empezó a emitir un gemido, lo cual me excitó tremendamente. Ella se paró y dándonos la espalda, se sacó la microtanga. Se dio vuelta y nos dejó a la vista una concha toda mojada y depilada.
-Vení- le dijo a Gonzalo tomándole de la mano. Él se paró y empezó a bailar con ella apoyándole su bulto que parecía que iba a reventar. Ella le sacó la remera y le dijo:
-Veo que el gimnasio te está haciendo bién- ya que él tenía los pechos y el abdomen un poco marcados.
-Necesito que me cojas ya. Necesito chuparte la pija- le dijo mi mujer.
Él me miró con cara de asombro y yo le dije:
-Complacela.
Entonces mi mujer le bajó el pantalón, pero no el boxer blanco que tenía puesto porque a mi mujer le gusta ver los bultos (me di cuenta cuando vimos una película porno) y este era uno grande.
-¿Qué tenés acá?- le preguntó Clara masajeandole el bulto.
-Un regalote para vos por tu aniversario- le contestó.
Después de acariciar ese bulto por un rato, le bajó el boxer y se sorprendió al ver una verga de ese tamaño. Yo tampoco podía creer el tamaño de su verga.
-¿Te gusta?- preguntó Gonzalo
-Sí, es enorme- respondió mi mujer y se la empezó a chupar desesperadamente.
Él me miró y le dije:
-Quedate tranquilo y disfruta de la puta de mi mujer.
Gonzalo cerró los ojos y empezó a gozar. Yo no aguanté más, me saqué el pantalón y empecé a hacerme flor de paja. Después de estar 5 minutos así,
Clara le dijo a Gonzalo:
-Me gustaría que te pruebes algo, ¿puede ser?
-Sí, como no- le respondió.
Entonces Clara se fue a la pieza y trajo mi slip con trompa de elefante. Como fuimos a un sex shop, lo vimos, pero como no nos animamos a comprarlo, mi mujer me hizo uno a mi medida. Cuando se lo dio a Gonzalo, este se lo puso pero no le entraba en la parte donde se mete la verga y Clara le dijo:
-¿Y? ¿Te entró?
-No, es muy chico el agujero- respondió él.
Yo no lo podía creer y mi mujer se levantó y fue a buscar una regla y un hilo.
-¿Qué vas a hacer?- le pregunté.
-Quiero medirles la verga- me respondió.
Entonces se acercó a mí y me la midió. Los resultados fueron: 16cm. de largo, 4cm. de ancho y 13cm. de diámetro (alrededor de mi verga). Después se paró y fue a medírsela a Gonzalo y los resultados fueron: 18cm. de largo, 5
cm. de ancho y 16cm. de circunferencia. Yo estaba sorprendido y le pregunté a Gonzalo:
-¿Cuántos años tenés?
-16- me respondió.
Yo lo mire y le dije:
-No puede ser.
-Acá tengo mis documentos- me respondió -¿Querés verlo?
-Bueno- respondí y agarré el D.N.I.
Increiblemente era verdad.
-¿Y?- me preguntó Clara
-Tiene razón- respondí yo sin terminar de entender como él con 16 años podía tenerla más larga y más gruesa que yo que tenía 35 años.
Clara continuó chupándole la verga desesperadamente hasta que dijo:
-No aguanto más, metémela toda en la concha-
Entonces Gonzalo la levantó, la sentó en el sillón y empezó a chuparle la concha y el clítoris. Clara gemía como una puta desesperada por pija y me dijo:
-Vení mi amor metémela en la boca que quiero otra pija.
Me levanté, me acerqué a ella y me la empezó a mamar como nunca. Ver a mi mujer así me puso a mil, por lo que no aguanté más y le llené la boca de leche. Gonzalo siguió chupandole la concha hasta que ella tuvo un orgasmo
con el que se retorció toda.
-Ahora metemela, no doy más, quiero que me la metas ahora- le suplicó mi mujer.
Él se sentó en el sillón y ella se agachó apoyando la punta de esa verga en la entrada de su concha. Gonzalo la tomó de la cintura, se la metió de una y mi mujer gritó como yo nunca la pude hacer gritar.
Después de estar un rato así le dije a Gonzalo:
-Ahora quiero metérsela yo.
-Bueno – me dijo secándole la verga a mi mujer, y agregó–Vamos a la cama para estar más cómodos.
Nos fuimos al cuarto, con mi mujer agarrándole la verga. Cuando llegamos, Gonzalo me pidió que me acostara boca arriba y le dijo a Clara que se metiera mi verga en su concha mirándome de frente, ella lo hizo y él se arrodilló atrás de ella y le incrusto su gran miembro en el culo. Mi mujer pegó un grito increíble y me agradecía por esta fantasía que le estaba
cumpliendo. Como Gonzalo le había dilatado el agujero de la concha, mi miembro le producía menos excitación de lo común a Clara. Después de estar unos 10 minutos así, Clara y yo tuvimos un orgasmo increíble y ella le pedía a Gonzalo que no parara que estaba gozando como nunca la habían hecho gozar. Yo a todo esto estaba sentado en un sillón al lado de la cama mirando el gran espectáculo que me estaba dando mi mujer. Él siguió agrandándole el agujero del culo hasta que tuvo un orgasmo que le llenó el culo de leche. Clara se sacó la verga del culo y la empezó a chupar limpiándola de arriba a bajo. Cuando terminó de limpiarla, esa terrible verga estaba nuevamente al palo, por lo que Gonzalo la acostó sobre la cama
(boca arriba), le abrió las piernas y le volvió a introducir ese enorme miembro. Siguieron cogiendo así por unos 10 minutos, hasta que mi mujer tuvo otro orgasmo, después de esto, Gonzalo le dijo:
-Voy a acabar.
-Llename la concha de tu leche papi- le respondió Clara.
Entonces Gonzalo tuvo un orgasmo largándole toda la leche adentro. Ella ya tenía tanto liquido dentro que le chorreaba por las piernas.
-Muchas gracias por haber venido- le dijo mi mujer muy agitada.
-¿Cómo? ¿Ya está?- preguntó Gonzalo.
-¿Querés seguir?- preguntamos Clara y yo.
-Que, ¿Ustedes no?
-Yo no puedo más, estoy re agotado- contesté.
-Yo también estoy agotada, pero quiero que me dejes agotada del todo- dijo Clara.
-Bueno, entonces arrodillate y empezá a sobarme este vergón que tanto te gusta- dijo sacudiéndose ese terrible miembro.
Él se acostó boca arriba en la cama y le dijo:
-Empezá a cabalgar este caballo puta mía.
Clara agarró ese vergón y apoyó la punta en la entrada de su concha y él la tomó de la cintura y se la metió de una. Ella empezó a cabalgar como una loca sobre esa verga. Estuvieron 5 minutos así y los dos acabaron juntos. Gonzalo le sacó la verga del culo y le dijo que se la limpiara con la boca. Ella se metió hasta donde pudo en la boca y se la chupo con lo último que le quedaba de energía.
-¿Listo? ¿ Estás agotada del todo?- le preguntó Gonzalo.
-Sí, no doy más, me sacaste hasta la fuerza para pararme- le respondió Clara muy agotada y chorreando leche de su concha.
Después de cambiarnos, Gonzalo me dijo que lo que nos había sucedido esa noche lo publique en esta página y a mi mujer y a mi nos pareció buena idea. También me pidió que publique su casilla de correo, pero como es menor yo voy a dejar el mío y quien lo quiera me lo pide y yo se lo paso. A mi mujer y a mi nos gustaría que hombres nos escriban contándonos que le
harían a mi mujer y el tamaño de sus miembros con sus edades. El que nos quiera comentar o quien quiera saber el mail de Gonzalo escriban
a: juanmachoargentino@hotmail.com

Juan.

Mi mujer y un pibe 2

Lucas

Los mejores amigos de mis padres habían comprado un campo en un pueblo a unos cuatrocientos kilómetros de Buenos Aires y nos invitaban a pasar con ellos una semana entera. La noticia me disgustó porque ya habíamos veraneado con ellos el verano anterior y su hijo Lucas, ahora de diecisiete años, me había resultado insufrible. Era un chico demasiado lindo pero muy pedante y me trataba como una minusválida, seguramente creía que por tener en ese entonces doce años era un ser anormal y no me habló ni me miró en el mes entero que estuvimos juntos. Por eso la idea de soportarlo nuevamente me parecía una verdadera tortura, pero mis esfuerzos por quedarme con mi tía y mis primos fueron infructuosos, mamá y papá se opusieron terminantemente a que no los acompañase. Así que el sábado muy temprano emprendimos el viaje y al cabo de cuatro horas llegamos a un hermoso pueblito y en unos minutos más entrábamos al parque de una gran casa que nos maravilló. Era un chalet de estilo californiano en medio de un parque rodeado de árboles, con un césped verde esmeralda y hacia atrás, y a un lado de la casa, se veía una gran pileta de natación brillar al sol. Apenas nos detuvimos se acercaron Natalia y Juan y detrás de ellos, el insufrible Lucas. Nos saludaron entusiasmados y observé que Lucas me miraba de un modo que evidenciaba cierta sorpresa pero luego se acercó con una gran sonrisa y me dio un beso en la mejilla. -Kim, creciste, comentó con sorpresa y agregó: Estás hermosa. Yo no lo podía creer, ese chico hermoso con el torso desnudo, bronceado por el sol y con ese mechón de pelo rubio cayéndole por la frente me halagaba, era verdaderamente increíble. Pero me tomó de la mano y me dijo: -Vení que te muestro la pileta, te va a encantar, a esta hora el agua ya está tibia y nos podemos bañar, apurate, ponete la malla. Volvimos a la casa Natalia y Juan nos llevaron a nuestras habitaciones en el piso alto, me habían destinado un dormitorio hermoso con ventana al parque. Apenas me quedé sola me puse la bikini roja, una de las dos que me había comprado mamá, una roja y una amarilla, me encantó lo que vi en el espejo: mis piernas eran largas y bien torneadas, de perfil mi cola era perfectamente redonda y parada y de frente mi entrepierna se veía seductora con el pequeño pero insinuante bultito de mi vagina. Pero al subir la vista el efecto se diluía al llegar a mi busto, mis tetitas eran apenas una leve intención de verdaderas tetas, lo único que las hacía diferentes a las de un chico eran mis pequeños botones rosados, pero el conjunto era agradable: mi rostro era delicado y de rasgos pequeños, excepto mis ojos que me enorgullecían, mi boca y mi nariz tenían el delicado encanto de los de mi mamá y todo se veía enmarcado por la cascada dorada de mi pelo sobre mis hombros desnudos, me vi linda y eso me gustó. Mamá vino a verme y me dijo que estaba bellísima y bajamos al parque. Al verme Lucas dijo: ¡Guauu!, Kim qué bella estás y logró hacerme poner colorada pero enseguida agregó: ¡Una carrera hasta la pileta! Y salimos disparados y saltamos al agua gritando. Enseguida comenzó una guerra de agua y luego hubo concursos de tirarse al agua de bomba a ver quien salpicaba más y después carreras de natación y todo alternando con guerras de agua bajo la mirada sonriente de nuestros papás. Al mediodía comimos bajo los árboles y luego, antes de volver a la pileta salimos en bicicleta a conocer el lugar. Fuimos hasta el río y recorrimos las calles del pueblo desiertas a la hora de la siesta, volvimos en carrera por la ruta y llegamos a la casa transpirados y cubiertos de polvo y al soltar las bicicletas corrimos a la pileta y ni escuchamos el consejo de Natalia: ¡Chicos, duchensé! Porque ya saltábamos al agua así, todos sucios pero muertos de risa. Estuvimos en el agua hasta casi el anochecer excepto una rápida merienda hasta que finalmente fuimos a bañarnos y cambiarnos para la cena. Me puse un lindo vestido que mamá eligió y mientras me cepillaba el pelo me preguntó si lo estaba pasando bien. -Genial mamá, ¿viste que cambiado está Lucas? Mamá se rió y contestó: -¿No será que la que está cambiada sos vos? La miré intrigada y me dijo:
-Kimberley, estás hermosa y Lucas lo aprecia y trata de demostrarlo. Me sentí extraña, no me imaginaba que un chico de la edad de Lucas se pudiese interesar en mi pero al mismo tiempo muy orgullosa. Mientras los hombres se ocupaban del asado y las mujeres de las ensaladas Lucas me llevó a la sala y me hizo escuchar discos que le gustaban y descubrimos gustos comunes que nos entusiasmaron. Comimos al aire libre un riquísimo asado y luego Lucas y yo volvimos a escuchar música pero la intensa actividad del día ya se hacía notar y el sueño me empezó a vencer y me quedé dormida sentada en un sillón. Cuando me despertó mamá ya era tarde y todos se iban a dormir. Hacía calor y me quité la ropa dejándome la bombacha y me puse una camiseta muy corta casi con los ojos cerrados y caí profundamente dormida. Me despertó el calor y una sed que me arrasaba, era tarde y no se escuchaba un solo ruido, traté de volver a dormirme pero la sed era muy grande. Me levanté y salí descalza al pasillo, la oscuridad no era completa porque por las ventanas abiertas entraba la claridad de la luz de la luna y a medida que bajaba las escaleras y llegaba a la sala me iba a acostumbrando a esa tenue iluminación. Entré a la cocina, prendí la luz y fui directamente a la heladera y estaba inclinada buscando una botella de agua cuando escuché la voz de Lucas detrás mío: -¿Qué buscás Kim? Me enderecé de un salto, ¡estaba en bombacha agachada mostrando el culo y Lucas me había visto! Me di vuelta pero era peor, La camiseta no me llegaba ni a la cintura y se me notaban los pezones a través de la delgada tela de algodón, además la bombacha marcaba mucho mi vagina y los labios eran notables y destacaban la rajita entre ambos. -Bus…bus…caba agua, tenía sed, tartamudeé. -Yo también, contestó Lucas mientras me miraba detenidamente. Me observaba sin ningún tipo de pudor, los pezones, mi cintura desnuda, mi pequeña concha… Lucas solo tenía puesto el pantalón corto de su pijama, que se abultaba en su entrepierna, y se veía terriblemente atractivo. Sonrió como aprobando. -Dale, sacá el agua que traigo vasos. Tomamos agua helada mirándonos a los ojos y luego Lucas preguntó: ¿No querés tomar helado? Asentí con la cabeza y Lucas buscó en el freezer y sacó un pote de helado, lo habíamos tomado de postre pero algo había sobrado. Lo destapó y aseguró: -Alcanza para los dos, de un cajón tomó una cuchara y agregó: Vení tomémoslo afuera. Al salir caminaba delante mío y se detuvo para apagar la luz y yo, torpe, lo atropellé. Toqué sus piernas con las mías, mi pancita se apoyó contra sus nalgas y mis labios rozaron su espalda. Me excitó tocar su piel con mi boca. -Dame la mano, dijo Lucas y me llevó hacia el sillón hamaca que había cerca de la pileta, nos sentamos, destapó el helado y hundió la cuchara y sacó helado que me ofreció: -Abrí la boca. Yo la abrí y me puso la cuchara en la boca sonriendo, estaba rico pero me gustaba más tomarlo así, como una nena a la que alimentan, sonreí. Tomó una él y luego me ofreció otra y así tomamos una cada uno, pero luego Lucas empezó a jugar y cuando yo abría la boca alejaba la cuchara y dejándome con la boca abierta reía. Yo también empecé a reír e intentaba sorprenderlo atacando la cuchara rápidamente cuando la acercaba, así se terminó el helado y el juego. Lucas dejó el envase vacío en el suelo y me sorprendió con un inesperado beso en los labios. Un beso de labios fríos y con aroma a chocolate, me quedé mirándolo sorprendida pero antes de que reaccionase me volvió a besar. Esta vez una mano estaba en mi espalda, bajo la camiseta, y la otra me tomaba del hombro desnudo. Su lengua estaba fría como sus labios pero el beso era ardiente y tenia sabor a chocolate, perdí la cabeza toda mi concentración estaba en ese beso, en esa lengua que ya no estaba fría y que recorría el interior de mi boca. La mano que me tenía del hombro bajó a lo largo del brazo y acarició mi cintura antes de comenzar a subir bajo la camiseta hacia mis inexistentes tetitas, las yemas de los dedos acariciaron mis pezones excitados arrancándome un gemido, mi vagina latía y sentía que se mojaba. Fue un beso largo e intenso y cuando Lucas me miró a los ojos los dos respirábamos agitados. No me resistí cuando me sacó la camiseta y me acostó en el sillón, me volvió a besar mientras acariciaba mi pecho y yo sentía su pija dura contra mi pierna. Me besó el cuello y cuando lamió mis pezones tuve el primer orgasmo. Sus manos bajaron a la bombacha y comenzó a bajarla, levanté mi cola para ayudarlo y me la sacó, se incorporó un momento y al quitarse el pantalón vi su pija por primera vez, era grande y recta y estaba muy parada, me la imaginé penetrándome y sentí un poco de miedo pero no estaba dispuesta a ofrecer ninguna resistencia, confiaba en Lucas. Miró mi vagina con una sonrisa, los pelos del pubis brillaban húmedos y los besó haciéndome gemir. Su lengua recorrió los labios de mi concha, se deslizó entre ellos y empecé a tener orgasmos en cadena, uno detrás de otro, sentí un dedo que me penetraba y me mordí una mano para no gritar de tanto placer que sentía. No me di cuenta que tiraba del pelo de Lucas hasta que una mano sujetó la mía dándome a entender que le hacia doler, entonces acaricié su cabeza y la apreté contra mi vagina. No se cuanto duró la terrible chupada de concha porque perdí toda noción de tiempo pero en un momento sentí que el cuerpo de Lucas se deslizaba hacía arriba y sentí su boca empapada buscar la mía mojándome toda la cara con mi propio flujo, lamí su boca, su cara mojada saboreando mi propio sabor a mujer. Pero Lucas buscó mi boca y me besó profundamente justo en el momento que acomodaba la cabeza de su pija entre los labios de mi concha ya muy abierta, el glande estaba caliente y lo deseé desesperadamente pero no tuve que desearlo demasiado porque empezó a deslizarse hacia el interior de mi concha con extrema facilidad. Todo fue demasiado rápido, apenas el pene llegó a estar todo adentro de mi pequeña concha y Lucas se apretaba muy fuerte contra mi cuerpo sentí su eyaculación y el cuerpo de Lucas se sacudió. Su orgasmo provocó el mío y me aferré a su cuerpo con toda mis fuerzas mientras reprimíamos nuestros inaguantables gemidos, nos besamos para silenciarlos con un beso en el que parecía que nos iba la vida. Yacimos agotados con nuestros sexos latiendo por largo rato y luego Lucas me la sacó lentamente y me hizo sentar sobre sus rodillas y así abrazados nos comimos a besos largo rato mientras sentía que un líquido tibio corría por mis muslos. Me paré para mirarme y de mi concha salió el resto de semen que corrió libremente hasta mis rodillas. -Me tengo que lavar mi amor, dije. -Yo también me contestó Lucas y entonces vi su pija colgando brillante a la luz de la luna, metámonos en la pileta, sugirió Lucas. Pensé que pensarían los demás si supiesen que se estaban bañando en el agua en la que sus hijos se lavaron su flujo y su semen y casi me da un ataque de risa. El agua estaba singularmente tibia y nos metimos sin hacer ruido y parados empezamos a lavarnos pero de pronto Lucas me besó y con un impulso me hizo flotar bajo su cuerpo, entendí el juego e inflé mis pulmones para flotar y extendí mis brazos moviéndolos lentamente. Me volvió a penetrar y giramos abrazados, unidos por nuestros sexos y así recorrimos la pileta besándonos, girando, impulsándonos cuando los pies tocaban el fondo y así entre volteretas hicimos el amor como dos delfines y tuvimos un orgasmo maravilloso. La noche continuó en la cama de Lucas donde aprendí varias cosas más sobre el sexo, me arrodillé entre sus piernas abiertas y examiné su pene detenidamente satisfaciendo mi curiosidad y con el beneplácito de Lucas que me miraba sonriendo: descubrí su glande retirando la piel que lo rodea y lo imaginé un cíclope con ese único ojo que me miraba, lo toqué con la punta de la lengua y luego lo lamí probando su sabor que me gustó mucho, descubrí que hacerlo provocaba gemidos en Lucas que se retorcía con los ojos cerrados, lo levanté y miré sus testículos y pasé la lengua por la piel rugosa y peluda que los cubre. -Por favor Kim, por favor, me volvés loco, suplicó. Primero no comprendí pero luego entendí todo, la aferré por su base con mi mano derecha y me metí toda la pija dentro de la boca y moví la cabeza hacia abajo y hacia arriba metiéndola toda y luego sacándola una y otra vez mirándolo gozar al tiempo que mis labios la apretaban y chupaba sintiendo al glande crecer dentro de mi boca hasta casi ocuparla totalmente como un globo que se infla. Me di cuenta que lo enloquecía y que se aferraba a las sábanas como si su vida dependiese de ello y me sentí perversamente poderosa y omnipotente, disfrutaba llevándolo al borde de un frenesí que por primera vez descubría que podía provocar, yo una preadolescente sin experiencia… Lucas giraba la cabeza hacia un lado y hacia otro ahora con los ojos muy abiertos, gemía y sollozaba y a duras penas reprimía los gritos que intentaban salir de su boca hasta que sentándose de golpe en la cama exclamó: ¡Kim! Y se derramó en mi boca. Luego cayó hacia atrás y se revolvía gimiendo como pidiendo clemencia, pero yo no la iba a tener y seguí chupando y tragando su semen y deleitándome con sus sabor. Dejé de chupar cuando ya no le salía ni una sola gota más y Lucas yacía agotado, como muerto en la cama, me acosté a su lado y me dio el beso más profundo que jamás hubiese imaginado y me dormí abrazada a él. Lucas me despertó cuando ya se veía la luz del amanecer y me dio un blister con dos pastillas. -Tomá una mañana cuando te levantes y otra después del mediodía, son para evitar embarazos. Prometí no olvidarme y recogiendo mi camiseta y mi bombacha que por ahí andaban tiradas, me fui a mi dormitorio. Me puse una bombacha limpia y me dormí antes de apoyar la cabeza en la almohada, agotada y saciada de tanto sexo. Mamá me despertó a eso de las diez, me dejó dormir un rato más porque en el primer intento no había logrado despertarme, adjudicó mi sueño a la actividad del día anterior, no imaginó que la actividad nocturna había sido más intensa aún. En la cocina Lucas desayunaba, tenía unas ojeras tremendas que adjudicó al calor que no lo había dejado dormir. El muy amoroso al saludarme me preguntó si había dormido bien y agregó: -Preparate que hoy nos tenemos que divertir más que ayer. Le aseguré que estaba dispuesta y así fue, esa noche aprendí varias cosas nuevas e intentamos el sexo anal pero Lucas olvidó contar con alguna crema lubricante y tuvimos que posponerlo para la noche siguiente en la que pudimos por fin concretarlo, me pareció divino. De más está asegurar que fue una semana inolvidable que lamenté mucho que terminase. Nuestra relación continuó en Buenos Aires y para fin de año ya lucía unas tetitas hermosas de las que estaba muy orgullosa y que a Lucas le encantaban.

Tere

Al estar leyendo algunos relatos del sitio, recordé una de mis primeras experiencias sexuales, yo dentro de las múltiples actividades que tuve entre los 15 y los 22 años, una que mas me hizo conocer mucha gente, obviamente mujeres dentro de ellas, fue el formar parte de una estudiantina, Teresa fue una de esas personas que llegaron a mi vida para dejar algo muy profundo, ella era una mujer divorciada con un hijo, con 26 años de edad para cuando yo tenia 19, ella tenia la función de hacer los arreglos musicales para algunos instrumentos que dominaba en la ejecución, y yo tocaba la guitarra y dirigí musicalmente en algún momento al grupo, por lo cual nos toco trabajar juntos muchas veces en los arreglos de las canciones que se iban incluyendo en el repertorio, por lo cual no era raro que yo estuviese en su casa hasta altas horas de la noche los fines de semana.

Tere era una mujer de un cuerpo que para mi en ese momento se me hacia de Diosa, ninguna de las chicas de la estudiantina se podían comparar con ella, de 1.60 mts. de estatura, de complexión delgada, cabello al hombro negro, de cara redonda de bonitos ojos aunque siempre traía lentes, su busto era normal, ahora que se como van las tallas de bra podría decir que era 32 c o 34 b, bien puestos aunque ya había amamantado, pero lo que resaltaba de ella eran sus piernas y su trasero, siempre en minifalda o jeans, era el centro de atracción de la mayoría de los hombres del grupo, y digo la mayoría porque había dos chavitos que decidieron cambiar sus gustos sexuales, nada contra ellos, son excelentes amigos míos hasta la fecha.

Un sábado previo a una noche colonial en una importante Universidad de la Capital Mexicana (La Salle), estuvimos trabajando como de costumbre hasta tarde pues el domingo teníamos que ensayar algunas canciones nuevas para el evento, eran aproximadamente las 21:00 y ya teníamos tres o cuatro horas trabajando en las canciones, yo estaba con mi guitarra sentado en suelo junto a ella, de momento ante el cansancio ella se levanto y se sentó en el sillón que se ubicaba ante mi, traía vestida una minifalda negra de licra que hacia que su lindo trasero se viese en toda su expresión dejando ver sus lindas piernas sin medias, completaba su vestimenta una playera de algodón color roja y no traía bra, yo la verdad no podía dejar de verla mientras trabajábamos, al sentarse recargo su cabeza en el respaldo del sillón y cerro los ojos, sus piernas estaban a penas 50 o 60 centímetros de mi cara y yo creo relajo su cuerpo en un momento que quedo dormida por el trajín, abrió un poco sus piernas y puede ver mas de lo que había visto hasta ese día, despertó y se me quedo viendo mientras yo estaba perdido viendo mas allá de la tela de la falda, ella puso una mano entre sus piernas tapando la visión y me di cuenta de la situación, me sonroje y le dije que iba al baño, ella soltó una sonora carcajada, y me dijo –nada mas deja limpio no vayas a manchar el baño!!- y volvió a reír, hasta parecía que sabia perfectamente lo que tenia intención de hacer, pajearme, no era la primera vez que ocupaba su baño para eso.

M di la vuelta y me le quede viendo como recriminando el comentario, ella se me quedo viendo con una sonrisa en los labios y completo su sarcástico comentario –o a poco no lo has hecho nunca??, tengo hermanos de tu edad y es normal que ellos se masturben-, regrese a su lado y me le quede viendo, realmente me había dejado sin palabras, sin mediar nada mas, Tere puso su mano sobre mi pantalón y empezó a acariciar mi polla sobre la tela, y me dijo –vamos a aliviar a este pequeño-, prosiguió –se que te gusto “peque” (así me decía), y tu no eres feo, me gustas, soy mayor que tu, pero de tanto convivir en el trabajo de la estudiantina me ha hecho sentir un afecto muy especial por ti, además tengo ganas de estar con un hombre pues hace mas de dos años que no tengo relaciones sexuales, ¿te gustaría?- yo estaba hecho un pendejo, ante lo que escuchaba y las caricias que me estaba proporcionando Tere, mas por iniciativa de ella me empezó a besar y solo acerté a responder a los mismos, me recargo en el sillón apoyo sus piernas en el sillón con las piernas flexionadas se sentó en mis piernas poniendo cada una a mis costados, su falda se subió dejando ver su pantaleta negra, de cual escapaban algunos vellos que hacían que me calentara sobremanera, seguimos besándonos, ya empezaba a despertar, y comencé a acariciar su espalda y la recorría hasta sus hermosas nalgas, acariciaba sus piernas desnudas y fui metiendo mis manos debajo de la falda que solo cubría su trasero, para poder tocar su cola sin barreras, Tere se empezó a mover sobre mi polla haciendo rozar su coño, yo estaba que reventaba, le quite su playera y comencé a besar sus tetas, eran hermosas, piel blanca y sus aureolas rositas con sus pezones finitos ya erectos de la calentura del momento, los bese y los chupe, daba mordidas pequeñas que la hacían gemir, con sus manos hacia que mi cabeza no se despegara ni un centímetro de sus lindas tetas, mis manos levantaron totalmente su falda hasta su cintura y fui retirando su pantaleta, dejando sus nalgas al aire, mientras mi boca hacia lo suyo con sus tetas mis manos acariciaban esas masas de carne que mas de una vez fueron delicia de mis pajas, ahora las tenia en mis manos, se separo de mi se paro frente a mi y retire completamente la pantaleta y la falda que estaba en su cintura, su cuerpo era perfecto, yo me pare y retire mi camisa y ella empezó a desabotonar el pantalón, me retire el bóxer y quedamos totalmente desnudos frente a frente, mi polla estaba que reventaba la tenia erecta como hasta ese momento no la había tenido, hizo que me sentara y ella se hinco entre mis piernas pensé que me haría una mamada pero solo se limito a pajearme la polla y de vez en cuando a besarla en distintos puntos, no aguante prácticamente nada, mi polla empezó a derramar mis semen poco a poco resbalaba por la mano de Tere era una visión fenomenal, cuando hube terminado ella empezó a frotarse en el cuerpo mi semen como si de una crema se tratara al final chupo sus dedos limpiando los restos que quedaban, se volvió a sentar sobre mi rozando su coñito contra mi verga y no tardo nada en volver a la vida, cuando estaba de nuevo en batalla, ella me dijo –ahora si, me vas a tener toda para ti, se levanto un poco y con su mano la cómodo en la entrada de su concha, se fue clavando poco a poco subiendo y bajando cada vez mas, hasta que estuvo toda dentro de ella, la cargue y la acosté sin sacársela en el sillón, hice que doblara sus rodillas y las flexionara, me hinque y comencé a meterla y sacarla de esa conchita que se sentía como fuego, abrazando cada centímetro de mi verga, estuve penetrándola por un buen rato, hasta que ella comenzó a contraer su vientre y respirar mas acelerado, su orgasmo venia y venia con fuerza, yo acelere mis arremetidas y con un dedo acariciaba su clítoris dándole aun mas placer, su orgasmo llego con un grito y un apretón de todos los músculos de su abdomen y vientre, seguí bombeando dentro de ella dejando que el orgasmo se alargara lo mas que se pudiera, poco a poco fueron saliendo de concha todos los jugos que fueron generados por su orgasmo, saque mi verga de su concha y dedique a lamer sus líquidos, me enfoque en su clítoris una vez limpia y poco fue el tiempo que dilato en volver a tener su segundo orgasmo, tras recuperarse me dijo –metemela otra vez quiero que me dejes tu leche dentro-, me acomode de nuevo y empecé otro mete y saca muy suave, quería sentir si concha en toda su magnitud, poco a poco fui sintiendo como se acercaba mi eyaculacion, empecé a acelerar el pasito, y en unos segundo estaba diciéndole que me venia, ella me apretó con sus piernas así si misma, y yo me derrame dentro de ella, uno, dos, tres chorros de leche caliente fueron depositados en su rica conchita, me quede recostado sobre ella , la seguía acariciando y ella a mi, después repetimos un a vez mas, esta vez si me dio una mamada de película y fue la primera vez que lo hice estando mi pareja en la posición de cuatro puntos, fue supremo, pues le di dedo en el culo mientras me la follaba, tuvimos algunos encuentros mas mientras ella estuvo en la estudiantina, después se fue a con sus padres que son de Durango, pues regreso el patán de su ex esposo y empezó a fastidiarla, prefirió irse con sus padres para evitar algún conflicto mayor, aun conservo un recuerdo bonito de Tere, donde quiera que estés preciosa recibe un saludo.

Raza de Bronce.

raza-d-bronce@hotmail.com

El obstetra

Soy médico obstetra y ginecólogo y un día concurrió a la consulta una hermosa mujer joven recién casada que presentaba su primer embarazo. Sus facciones delicadas, su manera sensual de expresarse me impactaron desde su primera consulta.

Era trigueña, de ojos oscuros y mirada insinuante. Su cuerpo armonioso de caderas estrechas y pechos generosos rematados por pezones oscuros, la mostraban magnífica. Su vientre plano y las piernas torneadas, de rodillas y tobillos finos, despertaron una atracción hacia esa mujer como jamás me había pasado antes en mi profesión. Traté de abstraerme a sus encantos pero me fue imposible.

Sus visitas periódicas no hacían más que aumentar el atractivo por esa hembra a punto de ser madre por primera vez. Al revisarla no dejaba de sentir esa piel tersa y joven que se preparaba para su primer parto. Palpar, contemplar y oler su pelvis y la vulva siempre prolijamente depilada para cada encuentro y el perfume de esa hembra en celo me embriagaba y no tarde en encontrar el momento propicio para insinuarle las sensaciones que despertaban en mi su físico y su figura, cuando concurrió sin su esposo. Observé como se sonrojaba y la noté incómoda, por lo que le pedí disculpas por mi sinceridad, pero Marta con un mohín, le resto importancia a mis palabras.

Todo transcurrió normal hasta el parto que se produjo sin contratiempos del que nació una hermosa niña. Los controles seguidos a los que cité a la madre, fueron cumplidos con estricta rigurosidad hasta su alta definitiva. Ese día, para festejar la invité a tomar un copetín en el bar de la esquina, pero Ella se excusó y adujo un compromiso previo con su esposo que la esperaba a la salida, comprometiéndose para otra oportunidad.

No creí que tendría más noticias de Marta, pero me equivoqué. Llamó a mi consultorio antes del mes y pidió un turno con mi secretaria.

Ese día llegó y al encontrarnos solos me solicitó un examen ginecológico para saber si tenía algún impedimento pues sus relaciones sexuales no eran como antes de su embarazo. Era una excusa, pues mientras le palpaba los senos, sentí como se agitaba y aceleraba su respiración, y al practicarle el tacto vaginal comprobé la humedad que fluía de su vagina y observé como entrecerraba sus ojos y movía sus piernas sujetas a la camilla. La desaté y me pidió pasar al baño. Cuando retornó, le expliqué que todo estaba en orden y que lo único que le faltaba era un estímulo adecuado. Era lo que esperaba, me dijo.

Sin darle tiempo a defenderse la abracé y busqué su boca sensual que se abrió generosa para recibirme. Nuestras lenguas se fundieron y yo la atraje hacia mi cuerpo. Me rogó de no continuar allí pues mi secretaria podía sospechar. Entonces la invité a un hotel alojamiento cercano. Se negó al principio pero al ver mi decisión, finalmente aceptó. Lo deseaba. En camino al hotel me confesó que se había enamorado desde que me conoció y que jamás había estado con otro hombre excepto su marido, que desde los quince años la había poseído. Yo iba a ser su primer amante.

Ese día comprobé que tenía mucho que aprender y yo sería su instructor. Era dócil y generosa, podría disfrutar de los placeres sexuales como nunca antes. Le encantaba entregarse y gozar con ese cuerpo bello ardiente de deseo.

La poseía cada vez que podía escapar de mis obligaciones. Marta siempre encontraba la excusa adecuada para tener relaciones y yo generalmente con la complicidad de mi secretaria hallaba el hueco para gozar de esa madre magnífica. Practicábamos el amor en mi consultorio en los hoteles hasta que alquilé un departamento en el barrio norte.

Me encantaba jugar y fantasear con Ella, cada vez la conocía más y sabía de sus preferencias sexuales. A veces la depilaba en la bañera y le suavizaba la piel con cremas aromáticas. Le introducía el pene por la vagina y el ano que fue haciéndose más y más complaciente. Me encantaba sacarle fotos en distintas posturas y situaciones, hasta que decidí filmarla utilizando varios consoladores de gran tamaño. No se opuso, yo ejercía sobre Marta un gran poder de sumisión de su parte y siempre lograba mis deseos, pero cuando los vio se asustó y me suplicó que no los utilizara pues no los soportaría. La tranquilicé diciéndole que la conocía muy bien como ginecólogo y que iba a disfrutarlo y asombrarse de la capacidad de su concha y su culo al ver las fotos y la filmación. Acaso no había fantaseado, como me había confiado, ser una actriz porno alguna vez.

Finalmente la convencí y me puse manos a la obra. La induje a comportarse como tal y le acerqué los consoladores para que los utilizase.

Me asombró la inspiración para mostrarse ante la cámara. Se movía voluptuosamente y abría sus glúteos con sabiduría. Cubrió los consoladores de vaselina y comenzó con un juego rotatorio sobre la vulva que complaciente y húmeda se fue abriendo. Primero se introdujo uno normal pero luego uno enorme que yo había comprado de gran grosor. Luego fue otro que llevó a su boca y mamó, mientras jadeaba de placer. Luego el orificio anal abierto y filmado a corta distancia hizo que no aguantara más y la cogiera como nunca llenándola de semen por todos sus orificios y esparciéndole el resto en su cara para terminar limpiándome el miembro con pasión y deleite como Marta tan bien sabía hacer.

Fue una velada inolvidable que repetimos muchas veces por el placer que nos proporcionaba, el vernos en las fotos y la pantalla remedando a lo que veíamos en los filmes pornográficos que varias veces alquilamos. No teníamos motivos para envidiarlos.

Fue una hermosa y generosa amante hasta que todo terminó años más tarde cuando conoció a otro hombre que le ofreció lo que yo no podía pues no estaba dispuesto a concluir mi matrimonio.

MUNJOL hjlmmo@ubbi.com.

En la sala de ensayo

Bueno les voy a empezar a contar.Yo tengo una sala de ensayo en el fondo de mi casa en la cual ensayamos con mi banda todos los viernes a la noche y después solemos salir a tomar algo a algún bar de por ahí y el amigo de uno de mis amigos que toca conmigo nos va a escuchar siempre hasta que en un momento empezó a venir con la novia o al menos la mujer que él decía que era su novia. Se notaba que estaban saliendo pero a ella no se la veía demasiado entusiasmada con esa relación al menos eso me pareció a mi cuando los veía juntos.
algunas noches alguno de mis amigos llevaba una sustancia para quedar volado, no la quiero nombrar porque no se si se puede pero bueno es una muy conocida y se fuma.
Y siempre fumaba con nosotros Micaela que así se llama y yo notaba que me miraba el bulto mientras tocaba pero me hacia el boludo. Mica es una chica común como cualquier otra mujer pero tiene un no se que que me vuelve loco lindas gomas, colita paradita, morocha ojos marrones común.
Una noche se vino con pollera de tela y como todas las noches empezamos a fumar mientras tocábamos en una de esas veo a que Micaela me mira y levanta las piernas y queda en cunclilla con las rodillas juntas pero levantadas estaba sentada y tenia una bombachita blanca miré para todos lados y nadie la había visto porque estaban muy concentrados tocando y las bajo y se sentó en chinito devuelta.
Terminamos de ensayar y a eso de las 3 siempre salimos pero les dije a los chicos que no tenia ganas de salir que me iba a quedar tocando un rato mas que vayan pero Micaela me dijo -dale yo también me quedo y tocamos algo- (porque ella toca la guitarra). Bueno le dije y los chicos después discutir entre ellos que que hacían y que se yo decidieron irse al final.
Nos quedamos los dos solos y cuando paso media hora calculo yo, porque cuando estas tocando se te va al tiempo rapidísimo deja de tocar la viola me vuelve a mirar de la misma forma que me había mirado antes y vuelve a levantar las piernas como lo había hecho antes. La miro no se como habrá sido mi cara pero ella se sonrió y me dijo te gusta? y le dije, me encanta. Se acercó la pollera lo mas que pudo a la cintura y abrió las piernas, me acuerdo y me caliento, deje la guitarra ahí nomás y ella se acostó y me subí arriba de ella y empezamos besarnos y empecé con movimientos de cintura par calentarnos mas todavía entre gemidos e intercambio de alientos entre boca y boca. Bueno les soy sincero no me acuerdo con exactitud en que orden pasaron las cosas pero les chupe las tetas la concha la agarraba de la cintura y le metía la lengua, le chupaba el culo, como gozamos por favor me acuerdo devuelta de eso y siempre que me acuerdo me calienta, me chupo la pija los huevos que bien que lo hacia , me dan ganas de llamarla ahora. Pero bueno les sigo contando después de que me la chupo como nunca me puse un forro y ahí nomás se la metí despaciiiito, despaciiiito muy lento garchabamos y cada vez mas rápido y mas rápido y entre cositas que nos decíamos que no viene al caso decirlas además tampoco me las acuerdo mucho nos apretábamos con los brazos acercándonos bien fuerte contra los cuerpos como me gustaba por favor y acabamos juntos en un orgasmo tremendo los dos, fuimos nos acostamos en mi cama descansamos un poco y cogimos devuelta, se hicieron las 7 de la mañana y seguíamos cogiendo
Perdón mi nombre es Marcelo y tengo 23 años soy morocho pelo corto y mido bien. Y los dejo porque me la voy a llamar porque me dieron ganar de cogerla devuelta.
Para todas aquellas que quieran escribirme lo pueden hacer a chispirrepo@hotmail.com o si quieren pueden agregarme al msn para chatear
Besos.

El enano…

Una primera vez muy rara.

Hola a todos.
Les cuento como preámbulo que me dicen Tatoo… y no es por tener algunos tatuajes en mi cuerpo, sino porque soy enano.
Tengo 30 años y mi aspecto desde los 14 hasta ahora es de un niño de 10 años.
Mido 1 metro de altura y soy de tez blanca. Ojos color miel, cabello castaño claro, cortito.
Labios normales y piel en mi rostro y cuerpo muy suave.
Mi rostro es lindo y mi ternura se dibuja en mis ojos.
Pero desde pequeño, por mi condición de discapacitado y por mi morbosidad yo he experimentado sexo de forma distinta a los que los demás hombres pudieran realizar…
A los 15 años tuve mamadas con mi perrita cocker y también me masturbaba en lugares públicos, pero ocultos.
Es decir que también he entendido que me gusta el peligro de tener sexo en la vía pública.
Ando en una silla de ruedas electrónica y también con muletitas.
Por eso digo que aunque muchos actualmente me vean como un niño tierno, considero que he experimentado y he aprendido perversiones que muy pocos suelen lograr.
Bueno, voy a ir al tema que quiero contarles… que antes de que sigan leyendo quiero aclarar que es 100 % real y que me costó muchos años poder escribir estas líneas.
Cuanto aún tenía 18 años, era virgen.
Todos me veían en el colegio Normal, como un nene muy lindo que se la pasaba jugando y riendo, pero por dentro yo me consideraba un muchacho que deseaba sexo tanto o más que cualquier hombre…
Mis ojos fueron leídos por una mujer llamada Mariela que se dio cuenta que no quería solamente tener besos y franelas…
Mariela era una profesora de Merceología, amiga de mi mamá y que la tuve en 5º año Comercial.
La conocí cuando comencé la secundaria en 1987 y desde allí, ella fue la primera persona que tuve como amiga.
Cuando había recreos y ella estaba disponible, hablábamos en el aula o en cualquier lado donde nos cruzábamos.
Ella tenía en aquel entonces 25 años.
Yo siempre hablaba con ella no sólo en los recreos, sino cuando venía a mi casa a pasar algunas tardes con mi mamá.
Ella era una muñeca muy hermosa de 1.75 de altura.
Su rostro era de tez blanca, ojos marrones, cabello lacio castaño oscuro, largo hasta los hombros.
Su boca era pequeña, labios delgados, pero siempre recuerdo que estaban brillosos por su propia saliva que salía al hablar y tenía unos dientitos como de conejito.
Pero su cara era redondita y tan perfectamente, que hasta la nariz era la frutilla perfecta de su rostro.
Su cuerpo era normal, pero muy sensual.
Su cintura era muy delgada y se notaba que tenía pechos de 88.
Sus medidas eran aproximadamente de 88-60-90
Siempre se vestía muy sensual pero formal.
Le gustaba los colores claros para vestir y también le gustaba las soleras de color blanca especialmente.
Pero su aspecto de “Valeria Mazza morocha” en 1991 hacía que todos los alumnos y compañeros míos estuvieran suspirando por su presencia.
En los días en donde se terminaba el año de estudios, Mariela se preocupaba por no dejar de verme cuando comenzaban las vacaciones…
Siempre estábamos juntos, tomábamos mates e incluso me contaba una que otras cosas íntimas que yo no entendía porque me lo contaba a mí.
Sus cuentos más favoritos era que, aunque ella era docente, siempre en el tema del amor, le gustaban los hombres más jóvenes que ella, aproximadamente de 17 años porque decía que la inocencia le encantaba a ella.
Pero estas vacaciones en donde pienso abordar el tema, eran las definitivas… se terminaba la secundaria y yo sin poder tener sexo con nadie.
En mis noches, desde que tengo uso de razón, soñaba cosas perversas como, que me aten en la cama y que me hagan sufrir de placer… O poder estar en un lugar bien sofocante y tener sexo con alguien…
Cuando veía películas eróticas en las noches, luego realizaba simulacros en mi cama de las cosas que había visto, y los realizaba con mi almohada.
Mis padres nunca se dieron cuenta, y actualmente no se dan cuenta aun que con mis 30 años soy un hombre que deseo gozar. Seguramente por mi comportamiento con ellos tan normalmente indiferente al tema sexo y relaciones.
También muchas noches mis masturbaciones eran dedicadas a mi amiga Mariela por haber visto de reojo un pecho escaparse por un vestido escotado.
En enero de 1992, yo tenía 18 años y ella contaba con 30 años, cuando terminé la secundaria, un sábado ella me llamó por teléfono y me invitó a su departamento en donde vivía con su mamá en Capital Federal.
Yo vivo en Zona Oeste de Buenos Aires. Y aunque me costó mucho dinero ir en remís (taxi) hasta su casa, valió la pena.
Yo me preparé, pero pensando que ya no iba a haber posibilidades de enamorarla, ya que en mi estilo siempre intenté agradarle y seducirla, pero nunca pasaba más de una charla insinuante por sus experiencias contadas. Que vale aclarar, para ella no eran muy eróticas, pero para mi imaginación si lo eran.
Cuando llegué a su departamento, me percaté que no había nadie, solo ella.
Ella vestía una blusa de color rojo, un jeans cortado en forma de bermudas y unas pantuflas color blancas.
Su cabello tenía unos broches en cada lado de sus orejas y tenía un perfume en su mejilla que cuando la saludé pude percibir que se había bañado hacía pocos minutos.
Se encontraba sola en su departamento y estaba el ambiente bastante oscuro por el calor que hacía…
Era uno de esos días de calor impresionante que me acuerdo que antes de salir vi en la TV que hacía 32 grados de temperatura.
Las persianas estaban a media mitad de abierta y el ventilador de techo funcionando.
Le pregunté donde estaba su mamá y me dijo que tuvo que irse por unas horas.
Estuvimos hablando casi toda la tarde y mientras tanto, yo la miraba con timidez su cuerpo tan provocativo para un adolescente como yo.
Tomamos jugos de naranja preparado por ella, que delante de mí se tomó el atrevimiento de exprimirlas mientras yo la observaba masajeando esas naranjas antes de ponerlas en el exprimidor.
Tenía mucho calor y en ese momento mi temperatura se sumaba a la fiebre que sentía al verla trabajando para mí en la cocina.
Yo quería decirle que me gustaba mucho pero no me animaba.
Ella me dijo que seguramente pronto dejaríamos de vernos, porque como siempre ocurre, luego de terminar la secundaria, muy pocos casos son los amigos que se siguen viendo por muchos años…
Entonces allí reaccioné que si no era ahora, no era nunca…
En verdad no sabía como encararla, pero si sabía como era el final que quería…
En un momento a las 7 de la tarde, le dije:
– “Bueno Mariela, me tengo que ir porque se hará tarde para llegar a casa”.
Ella me dijo.
– “¿No querés quedarte?, porque tengo algo que decirte, pero no sé como decírtelo…”.
Ahora todo comenzó a ponerse en marcha… Ella tenía una pregunta que no sabía como hacerla y yo tenía algo que decirle y no sabía como decirle…
– “Dale, ¿que pasa?”.
– “Bueno, Tatoo, es que hace como 6 años que te conozco y vos fuiste siempre muy divertido. Te conozco en muchos aspectos, pero no te conozco en otros… ¿Entendés?”.
– “Si, yo también te conozco en muchos aspectos”. Le dije.
– “Mirá, yo te cuento mis cosas, porque sos muy especial y porque sentía que querías que te cuente mis cosas. Pero me di cuenta que quiero saber algo de vos y me gustaría que no te enojes por lo que quiero saber”.
– “¡No me enojo! ¿Qué pasa?”.
– “Es que aunque muchas personas me vean tan formal y tan seria, siento que no soy así en mi mente. Soy distinta a muchas personas. ¿Entendés?”.
– “Si, te entiendo. Yo también siento que soy distinto en algunos aspectos”.
– “Bueno. ¿Te lo digo?”.
– “Si, dale”.
– “En verdad” -me dijo. “Tengo mucha curiosidad por saber como sos físicamente”.
Yo estaba temblando desde el momento en que me lo dijo, porque no lo podía creer.
La quedé mirando. Ella estaba sentada en un sofá conmigo de piernas cruzadas y también por lo que vi, me di cuenta que estaba ella muy nerviosa.
Continuó…
“Te considero muy lindo físicamente y también siento que de alma sos muy especial. Me gusta mucho tu inocencia y me gusta mucho tu condición de enano. Tengo sueños con vos”.
– “¿Qué tipo de sueños?” –siguiendo con mi papel de inocente, aunque en verdad me salió de adentro esa pregunta.
– “Me gustaría verte, Tatoo. ¿Podés?”.
– “¿Querés verme desnudo?”.
– “Si”.
Desde ese momento mi vida cambió por completo…
Era la primera vez que me quitaría la ropa frente a una mujer y más aún frente a mi amiga…
Comenzó a subirme un calor que mis axilas empezaron a transpirar y lo primero que se me ocurrió fue sacarme la remera.
Era pleno enero y aunque ya el sol estaba cayendo, el calor era agobiante.
Luego de la remera, ella se acomodó cerca me mí y me acarició…
Tuve chuchos de frío y ella se dio cuenta que era mi primera vez.
– “Sé que no lo vas a poder creer Tatoo, pero me gustaría mucho enseñarte todo lo que sé. No me tengas miedo. Ves, eso es lo que me gustaba experimentar contigo. Esos chuchos que tenés, me gusta mucho”.
Yo tenía miedo de que fuera solo ese momento y luego nunca más, pero en las condiciones en que nos encontrábamos, no quería dejar pasar la oportunidad.
Me quedé quieto e inmóvil, mirándola a los ojos, mientras me arrodillé en el sofá donde estábamos.
Ella me besó y yo no reaccioné.
Me tocaba el pecho y yo no reaccionaba.
Me dijo:
– “¿Querés ser vos mismo? Sé que en tus noches, haces cosas que te gustan. Quiero que hagas lo que sientas. ¡Soy toda para vos Tatoo!”.
Comencé a moverme como en cámara lenta, pero mis movimientos ya eran una insinuación a lo que intentaba decir con mis palabras.
Ella tenía su blusa roja y un bretel de sus hombros se le cayó mientras estiraba sus brazos para tocarme.
Le puse muy brutamente mi mano derecha en su pecho izquierdo y ella me sonrió.
Luego la abracé y la besé y luego pasé a su cuello para darle pequeños besos…
Ella me pidió que valláramos a su cuarto y como no podía caminar con mis muletas, porque me temblaban las patitas de la calentura, me alzó y me llevó a su cuarto, mientras yo le seguía besando su oído.
Cuando me alzó, sintió que mi bulto estaba totalmente duro y se lo refregaba por su cadera. Yo peso 25 kilos, así que soy fácil de alzar.
Cuando llegamos a su cama, ella me acostó como un bebé y se sentó al lado mío.
Me contó que le gustaría que disfrutara y que me relajara, porque ella quería ser la anfitriona y docente.
Me quedé quieto como ella decía, boca arriba y en el centro de la cama.
Me pidió que no intentara tocarme ni que me moviera.
Siempre me imaginé a Mariela en una condición de lujuria y locura, pero la realidad que demostraba en sus movimientos y en su vida en general era de una mujer que jamás se permitiría experimentar sexo duro y perverso.
Lo cierto es que se paró en un costado de la cama y como una mamá con cara de felicidad, comenzó a desabrocharse su pantalón.
Mis manos se movían intentando tocarme la entrepierna, porque ya mi slip me estaba molestando.
Ella me dijo que me portara bien. Que dejara las manos quietas al costado de mi cuerpo.
Lo que hice, fue colocar las manos al costado de mi cintura y agarrar las sábanas fuertemente.
Luego de sacarse el jeans vi que su tanga era roja y estaba muy ajustada en su cola.
Su cintura era pequeña y su piel era tan color costado que se veía a través de los poros como brillaba su piel por el calor que hacía en ese dormitorio.
Había un ventilador de techo en el dormitorio, pero no quiso prenderlo porque en un momento dado comento que le gustaba el calor.
Se volvió hacia mí y sentándose en la cama del lado derecho de mí, me acarició mi bulto, dándose cuenta que estaba ahogado dentro de mi jeans.
Cuando me acarició la verga, cerré los ojos e incliné la cabeza hacia atrás sintiendo la mismísima gloria…
En ese momento en que me tuvo gozando, me dijo.
– “Tatoo, no te preocupes que no será la única vez que estemos juntos”.
Después de oír eso, me transformé en un sumiso increíble.
Luego, ella misma me quitó la remera que llevaba puesta.
Así que ahora me encontraba en jeans y zapatillas.
Levanté mis manos y las coloqué en los barrotes de la cabecera de la cama, tratando de alejar mis manos lo más posible de mi pija, ya que no hacía falta mis manos para gozar.
¡Era mi amiga! ¡MI AMIGA DE AÑOS QUE ME DESEABA!
Me quitó las zapatillas y comenzó a acariciarme hasta los pies.
Me desprendió el pantalón y me lo bajó muy lentamente, viendo en cada movimiento como mi piel cambiaba de estados momentáneos. Entre excitación, fatiga y miedo…
Sus ojos eran de sorpresa quizá cuando vio que aunque era pequeño de altura, mi verga era normal. 14 cm.
Luego de sacarme el pantalón, me acarició el bulto por sobre mi slip azul y con su otra mano se acariciaba su tanga, acelerándose su respiración y la mía.
Desde ese momento, vi en los ojos de mi amiga, una persona que no era la que yo conocía.
Era muy fogosa y perversa.
Me dijo:
– “¿Sabes una cosa? Siempre quise estar con vos, porque me gustan los nenes”.
Cuando terminó luego de varios minutos de tocarse y tocarme.
Se arrodilló en la cama de su lado derecho y me miró a los ojos…
Yo tenía mis manos agarradas de la cabecera de la cama y no sabía que hacer.
Ella se sacó muy lentamente la blusa y me mostró su corpiño rojo.
Hacía mucho calor y me dijo:
– “Tocame, Tatoo. Tocame lo que quieras”.
Bajé mis manos y me arrodillé yo también quedando sus tetas a la altura de mi cara.
Deslicé mis manos por su cadera y mientras subía, acaricié despacio sus pechos duros y erectos.
Llegué hasta sus hombros y le bajé los breteles del sostén.
Me dijo:
– “En el centro de acá adelante tenés el broche. Desabrochalo”.
No me costó mucho desabrocharlo. Y cuando se aflojó saltaron dos hermosos senos, rozados y sin tostar por el sol.
Estaban muy duros y tenía unos timbres muy grandes y pronunciados como sus ojos.
Los olí como un perrito y luego se los tomé con mis manos y los masajeé.
De verdad el calor era insoportable y en un momento vi que su piel emanaba transpiración y la mía era un trapo de piso mojado.
Mis axilas transpiraban tanto que ella cuando me tocaba, se empapaba la mano de sudor.
Allí fue cuando le pedí que encendiera el ventilador y me explicó que no quería porque quería morirse de placer y de transpiración.
Entendí que mi amiga en verdad no era una amiga cualquiera. Me di cuenta que era una perra que tenía muchas fantasías y que las iba a realizar conmigo si entendía todo sus pensamientos ocultos…
Nos estuvimos acariciando y conociéndonos las pieles por más de 30 minutos en donde ella se acostó en la cama y yo la masajeaba como un verdadero experto y profesional arrodilladito al lado de ella.
Ya estábamos, ella con su tanga roja y yo con mi slip azul.
Mi sexo en momentos en donde me encontraba arrodillado, tocaba el colchón y me provocaba tal excitación que era como una sacudida en mi cabeza de espasmos.
Mi verga estaba doblada hacia abajo como siempre la guardo, pero en ese momento, me dolía tanto el palo que era insoportable.
La masajeaba con la yema de mis dedos, tan sutilmente que por momentos ella levantaba sus pechos para sentirme más fuerte.
La besé por todos los rincones y pliegues de su piel y en cada beso ella gemía sabiendo que era besos de amor y de investigación por nunca haber estado con nadie.
Fui arrodillado hasta el medio de sus piernas y ella automáticamente las abrió para que yo me posesionara en ese lugar.
Mi primer impulso fue acercar mi cara y oler que emanaba de ese lugar.
Mi impresión fue que olía a perfume de jabón conocido y que también se apreciaba una temperatura que irradiaba de esa entrepierna que me ahogada…
En la habitación había más de 49 grados aproximadamente. Y los cuerpos ya estaban empapando las sábanas de la cama.
Acerqué mi cara y le besé entre las piernas pero de un lado del muslo.
Luego del otro lado del muslo…
Y ella se levantó y me dijo:
– “Como te gusta hacerme sufrir nene. Seguí dale”.
Coloqué mis manos en sus muslos y comencé a moverlos de arriba abajo porque sus rodillas estaban plegadas hacia arriba y bien abierta para mi.
Sin tocarle la tanga, saltaba con mis manos desde sus piernas hasta su vientre, sin tocar su vagina.
La tanga estaba tan mojada que se veía que no era producto del calor, sino de sus flujos.
Volvía a acercar mi cara y soplaba su zona con tanto entusiasmo que ella se enojó y me dijo.
– “¿Así que querés jugar conmigo? Entonces juguemos”.
Ella se sentó en la cama y me pidió que yo me acueste.
Fue a un cajón de su placard y sacó una media larga que tenía y me dijo:
– “Tatoo, quiero atarte un ratito. ¿Puedo?”.
– “Si dale”.
En ese momento cometí el error de mi vida, porque nunca imaginé lo que iba a ocurrirme.
Ella me llevó las manos a la cabecera de la cama y me ató.
En primer momento me imaginé que estaba un poco fuerte, pero no dije nada.
Luego me dijo:
– “Ahora si sos mío BEBE”.
Una vez que estaba atado boca arriba, ella comenzó a besarme por todo mi cuerpo y me masajeaba de tal manera que mi corazón lo escuchaba en mis oídos.
Llevó su cabeza a mi bulto y me mordisqueó el slip en una parte donde no había piel.
Y cuando lo tenía entre sus dientes, comenzó a sacármelo con su boca tan despacito que yo nunca lo había hecho a esa velocidad.
La punta de mi pija estaba goteando líquido pre-semental y se había pegoteado en el slip.
En todo ese momento yo sentía que mis manos se iban a descolocar de mi cuerpo, porque hice fuerza para zafarme, pero no pude.
Cuando me tuvo el calzoncillo a la altura de los tobillos, se incorporó arrodillada al lado de la cama y me miró a los ojos y me dijo.
– “Mi amor. Estás súper caliente. No te apures, porque tenemos mucho tiempo por delante”.
Yo le pregunté.
– “¿Que hora es?”.
– “Son las 8 PM”.
– “Debería de llamar a casa para decirles que estoy aún acá”.
– “Tenés razón”.
Se levantó de la cama y mientras se fue, volvió para sacarme del todo el slip y llevárselo con ella hasta el comedor.
Cuando volvió con el inalámbrico, llamó a casa y atendió mi mamá.
– “Hola señora, ¿cómo anda? Dice Tatoo que se va a quedar toda la noche en casa porque tenemos que hablar mucho. Mañana se lo devuelvo”.
Cuando escuché eso, le dije.
– “¿Mañana?”.
– “Si. ¡O no querés gozar todo este tiempo!”.
– “Sí, claro”.
Cuando cortó con mi mamá me mostró el slip que tenía en su mano derecha y lo olió como si fuera un perfume.
– “Que lindo olor a testículos”.
Yo no podía creer que ella era así de loca.
Justo cuando mi sexo estaba aflojando de tamaño, se posesionó en una hembra en celo y volvió al ataque para que disfrutara.
Se arrodilló en la cama siempre del lado derecho y me masajeó los huevos.
Mis movimientos en la cama se reducían a mover las caderas hacia arriba y abajo.
En un momento le dije.
– “¿Qué tenés pensado hacerme?”.
– “Quiero que experimentes una erección eterna. Quiero excitarte hasta el sufrimiento. Quiero que me pidas a gritos que termine este juego. Recién para las 6 de la mañana acabaremos el juego”.
Ya desde esas palabras, comencé a preocuparme, porque pensé que es lindo excitarse, pero es lindo terminar en algún momento.
Así que dicho esto. Empezó a masajearme todo, menos mi sexo.
Me estimulaba con besos y con caricias todo mi cuerpo menos mi sexo.
En momentos en donde ella creía que faltaba roces. Me tomaba con sus manos mi pija y me masturbaba lentamente y pausadamente me dejaba sin estimular.
Poco a poco empecé a sentir que su juego hacía efectos, porque comencé a desear profundamente una velocidad en mi pija que ella no se proponía a darme.
Mi cadera la inclinaba hacia un costado intentando tocar la punta de mi pija con su cuerpo, pero ella se daba cuenta y en momentos colocaba su cadera cerca y en momentos se alejaba.
Mis ojos describían que tenía mucha excitación y eso delataba a ella que estaba haciendo su juego efectos inmediatos.
Por momentos me acariciaba el estómago y sin querer queriendo me cacheteaba mi verga para que tocara algo ese pedazo de carne venoso.
Eso me volvía loco… Nunca pensé que iba a sufrir tanto de placer.
La tenía muy dura.
Luego lo hacía más seguido y por momentos cacheteaba mi palo de un lado para el otro con tanta fuerza que a mi no me dolía, solo me excitaba saber que algo rozaba mi pene.
La veía como transpiraba por el calor, sus hombros y espalda brillaban y goteaba transpiración.
Ni hablar de mi cuerpo que también goteaba por mi cuello, pecho y todo iba a parar a las sábanas.
Acercó su rostro a la punta de mi poronga y lo miraba muy de cerca.
Yo bruscamente levanté mi cadera y se la metí en el ojo y eso me hizo sentir tanto placer que comencé a sacar por la puntita líquido a gotas continuas.
En un momento dado, ella no aguantó más y se la metió toda en la boca para limpiar mi punta.
Yo desesperadamente y aprovechando los pocos segundos que tenía me moví de arriba abajo rápido para intentar eyacular y terminar mi calvario. Pero fue inútil porque no logré eyacular.
Ella me dijo:
– “Te estás portando bien hasta ahora Tatoo y no quiero que lo eches a perder. Así que no eyacules aún. Ok”.
Yo me animé a decirle.
– “No puedo más Mariela. Estoy muy caliente, necesito que termines conmigo ahora. Siento que ya no es un juego esto. ¿Qué haces?”.
En ese momento a ella parecía gustarle cada vez más los momentos.
Se paró en la cama y se puso arriba mío con sus piernas al costado de mi cuerpo.
Tenía unas piernas largas y brillantes por la transpiración.
Por momentos sentía que su transpiración allí parada arriba mío caía en mi cuerpo como si fuera una palangana vacía.
Me miró desde su metro setenta y comenzó a menear su cadera.
Mientras se movía llevaba sus manos al costado de la tanga y empezó a bajársela.
Bailaba al mejor estilo Demi Moore, y eso me gustaba mucho a mí, ya que ella sabía que la película Streap Tease me encantó verla.
Tenía su conchita totalmente depilada y sus labios tan mojados que parecía que iba a orinarse encima de mí.
Sus labios eran rozados y pequeños.
Su cola era redondita, como un corazón.
Mientras se bajaba la tanga me dijo:
– “Esto nunca lo esperabas, ¿verdad? Esto es lo que tanto deseas, ¿no?”.
– “No, vasta. Eyacúlame. No soporto más… Tocame”.
– “No nene, no quiero aún. ¿Ves lo que tengo acá? (señalaba su vagina) ¿Querés entrar acá adentro? Pedímelo a gritos”.
– “Mariela, lo que quiera, pero necesito eyacular pronto” –le dije.
– “Yo también quiero que eyacules, pero primero tenés que hacerme gozar mucho”.
– “Lo que quieras”.
Se despojó de su tanga y desde abajo sentí como unas gotas de no sé que cosa, si eran sudor o flujo de su vagina, pero algo de gotas caían en mi pecho.
Luego con su tanga en la mano se caminó unos pasos hacia atrás, siempre con las piernas abierta arriba mío y con su tanga me empezó a pegar suavemente, pero firme en mis huevos y verga.
Mi verga recibía latigazos de su tanga y yo me sentía como en una pequeña pesadilla.
Después de muchos momentos de azotes, volvió a caminar por arriba mío y empezó a arrodillarse justo sobre mi cabeza.
Pero antes de que llegue a mi cara me dijo:
– “Sé que no sabes que hacerme, pero yo te explico. Quiero que pases tu lengua por todos lados y que chupes y tragues todo lo que salga y esté mojado”.
En verdad sonaba un poco asqueroso y no sabía a que sabían esos labios.
Pero cuando bajó y se acercó, le pasé la lengua y no sabía a nada feo.
Parecía a una baba dulce y salada al mismo tiempo.
Empecé a chuparle los labios y pasarle la lengua como me dijo y en momentos ella se abría los labios con sus manitas para que yo metiera todo lo que pudiera mi lengua.
Sus piernas amortiguaban de arriba abajo y comenzó a gemir muy sutilmente, agarrándose de los barrotes de la cabecera de la cama.
Su cadera se movía en círculos y por momento se le aflojaban tanto las piernas que se sentaba en mi cara y me ahogaba, DIRECTAMENTE HABLANDO. Me ahogaba.
En un momento le dije:
– “No te bajes mucho que me ahogo”.
Y mi error fue aún más profundo, porque apenas escuchó esas palabras, se sentó en mi cabeza y luego de 10 segundos se levantaba para verme.
Luego se volvía a sentar y contaba hasta 20 y volvía a levantarse.
No entendía porqué me hacía estas cosas, pero bien en mi interior me gustaba mucho lo que me hacía… y ella telepáticamente lo presentía.
Luego de no sé cuanto tiempo estuve chupándole la concha y jugando a que me ahogaba, PERO ME AHOGABA DE VERDAD. Ella se levantó y fue caminando hacia atrás otra vez arriba mío.
Se volvió a agachar y me dijo:
– “¿Vos querías que te toque la pija no?”.
– “Si, por Dios, te lo ruego, tocame con algo”.
– “¿Te imaginaste alguna vez debutar de esta forma?”.
– “No, nunca”.
– “Mejor, porque va a ser mejor que tu imaginación”.
Se agachó y me miró la pija que estaba palpitando muy fuerte como si tuviera corazón propio.
PERO VALE ACLARAR; que yo como enano, cuando tengo palpitaciones fuertes, mi pija cabecea al compás del latido cardíaco.
Entonces, vio que mi pija latía y me dijo.
– “¿Querés metérmela nene? Ya es hora de que debutes. ¿La querés?”.
– “Si, la quiero”.
– “Mmm no te escucho. ¿La querés?”.
– “¡¡¡¡¡Síiiiiiii la puta madre!!!!!”.
– “Ok. Preparate”.
Empezó a bajar lentamente y cuando llegó a mi pija, ni la agarró con las manos porque estaba mi verga tan dura y caliente que parecía un palo de los barrotes de la cama.
Su vagina estaba tan mojada que no izo falta lubricar nada…
Simplemente se dejó caer… Lentamente y mirándome siempre a los ojos y yo a ella.
Cuando llegó a tocarme la punta se detuvo.
– “Mejor no aún. No quiero ahora”.
– “¿Qué? ¿Cómo que no? ¡DALE MARIELA, NO SEAS TAN HIJA DE PUTA!”.
Se quedó mantenida como una buena atleta a medio caer, y la punta de mi pija tocaba los labios de su concha.
Entonces a mí se me ocurrió algo que no quería comenzar, pero visto las circunstancias no tuve alternativas.
Hice un escuerzo sobrehumano y levanté mi colita todo lo que pude y se la metí toda dentro.
En ese momento ella abrió lo ojos, pero no parecía sorprendida.
Me dijo:
– “Cogeme como puedas. Je”.
¿PUEDEN CREER QUE ASÍ DEBUTE?
Comencé a cogerla con fuerzas. Hacía fuerza con mi cabeza para levantar mi cuerpo todo lo más posible y mis piernas también haciendo fuerzas para mantenerme lo más alto posible. Y ella como si nada me dijo.
– “Estás debutando amor. ¿Te gusta?”.
Yo estaba concentrado en mis movimientos y ella parecía estar volando y suspendida a 14 centímetros de la cama.
En un momento cerré los ojos y seguí disfrutando y ella me sorprendió diciendo.
– “Mmm amorcito. Que lindo que coges. Me encanta”.
Su cuerpo seguía empapado en sudor y sus pechos no se movían porque ella no se movía.
Los senos estaban más duros que antes y cerró los ojos para disfrutar.
Su mano derecha fue a su teta derecha y su mano izquierda fue a su cintura para mantenerse suspendida en el aire.
Luego continuó diciendo.
“Si mi amor. Mmm. ¡Que bueno! Me encanta… pero cuando cuente hasta 3 se acaba la diversión. 1, 2, y 3”.
Se levantó de repente y se volvió a parar, para luego sentarse en la cama al lado mío.
Me miró y yo le dije:
– “¿Qué haces boluda? ¡No me dejes así! Te lo suplico. Te deseo, te necesito”.
– “Ya lo sé Tatoo. Pero siento que no vas a regalarme el tiempo que necesito y por eso lo corto ahora, antes que sea demasiado tarde”.
Y luego continuó.
“Incluso te voy a decir un secreto que no te dije aún. Quiero experimentar que un hombre se mantenga por más de 6 horas erecto y disfrutando de mí. Si lo lográs vos ese tiempo, serás el mejor de todos los hombrecitos que estuvieron conmigo”.
– “¿Más de 6 horas? ¿Estás loca? Ni se te ocurra Mariela. ¡TE ODIO! No, por favor, ¡piedad!”.
– “A ver como quedaste…”.
Luego de esa frase acercó su rostro a mi pija y se lo pasó por su pómulo y mejilla y me dijo:
– “Tu pene está hirviendo y está muy palpitante. Nunca había visto una pija así. Está muy colocara y la piel verdaderamente esta caliente”.
Yo estaba en un momento de angustia y comencé a cargar mis ojos de lágrimas y a llorar muy por dentro de mí.
Ella me dijo:
– “No llores bebé. No es para llorar, sino para gozar este momento”.
Lo único que podía hacer era mover mi cadera para un lado y para el otro intentando rozar mi pija con algo para lograr eyacular, pero no podía porque me tenía muy boca arriba.
En un momento cerré las piernas y me froté con mis muslos los testículos y eso me provocaba placer. Yo pensaba entre mí. Quizá así pueda calmarme.
Ella se dio cuenta que me estimulaba con mis propias piernitas y fue a su armario y sacó otro par de medias para atarme las piernas a los costados de la cama.
Cuando ya me tenía todo inmóvil y sin poder moverme me dijo.
– “¿Seguimos con el tratamiento?”.
Se arrodilló entre mi entrepierna y comenzó a hacer cos sus manos como que me agarraba la pija pero no lo hacía.
Veía sus manos muy cerca de mi pija pero no me tocaba.
Era la tortura más grande que alguna vez experimenté en mi vida… y aunque no me gustaba, no me quedaba otra alternativa.
Igualmente mi sexo demostraba lo contrario.
Mi pija estaba tan dura que hasta sentía que me dolía la punta del glande.
Acercó ella la boca a mi punta y me sopló la pija…
Con solo su soplido. Empecé a gritar de placer tanto que ella se asustó que alguien escuchara… Pero parece que mucho no le importó porque no hizo nada, solo reír y decirme cosas como…
– “Mi bebé… ¿Te gusta?”.
– “Si, ¡pero quiero que acabemos ya!”.
– “Ok”.
Cuando dijo eso, pensé… Listo. Se acabó.
Comenzó a acercar su rostro a mi verga y abrió la boca. Se la metió toda dentro y cuando cerró los labios sentí que llegaba a la luna…
Empezó a chupármela tan despacito que sentís que no importaba la velocidad, sino el contacto.
Me la tomó con sus manos y me masturbó muy despacito, intercambiando sus manos por su boca.
En un momento hizo algo que no me esperaba.
En el acto masturbatorio, ella obvio tiraba la pielcita de mi pija hacia arriba y hacia abajo. Pero en un momento ella hizo…
Tiró la pielcita para arriba y cuando tiró la pielcita hacia abajo para pelármela, la dejó pelada y me la apretó con mucha fuerza…
Me provocó tanta excitación y dolor que grité fuerte.
– “NOOOOOOO”.
En ese momento como un rayo, tomó una almohadita y me la puso en la cabeza como para ahogarme.
Creí que me iba a matar, creí que era el final de mi vida…
Luego sacó la almohada y me dijo:
– “No grites mi amor. Porque sino tendré que taparte la boca y si se me va la mano te puedo ahogar”.
Ese acto de masturbación lo practicó tantas veces que después de un par de veces más me acostumbre al dolor.
Me masturbaba y cuando tiraba la piel para abajo, me dejaba allí pelada y me la apretaba. A veces fuerte y otras tiraba para abajo la piel para pelarla hasta doler.
En verdad debo admitir que en todo momento me excitó tanto esa noche que no puedo decir con certeza que me dolió todo. Solamente fue algo placenteramente doloroso.
Para resumir, ya más de lo que he escrito debo contarles que estuve hasta las 6 de la mañana del otro día sin eyacular…
Ahora cuento que ocurrió en esa hora.
En momentos luego de estimularme, me dejaba atado por 20 minutos mientras ella se masturbaba mirándome como estaba en su cama.
Tenía 2 vibradores que los usaba para cogerse mientras me masturbaba o me miraba.
Cuando veía que yo estaba a punto de venirme, me dejaba en un segundo y seguía pajeándose ella sola.
A veces se sentaba en una silla de costado y me daba la mejor pose porno que jamás había visto en una película.
En un momento de la noche. Ella se volvió a sentar sobre mi pija y se la metió pero sus minutos eran contados con reloj. Porque no quería que yo disfrutara tanto.
Esa noche ninguno de los dos durmió y yo estaba tan transpirado y mojado en la cama que muchas veces ella traía un vaso con agua y un sorbete para darme de tomar agua.
Y luego el agua que sobraba, bien fría me salpicaba la pija y el pecho.
Y ella misma también se pasaba un hielo por sus tetas y por su conchita para apagar su fuego.
Ahora si…
¿Que ocurrió cuando llegó las 6 de la mañana?
Ella estaba tan deseosa que llegara las 6 de la mañana que 1 horas antes me dijo.
– “A las 6 de la mañana eyaculas, te lo prometo”.
Yo miraba el reloj a cada rato y cuando dio las 5 estaba más excitado que cuando comencé a las 9 de la noche.
Ella miraba mi pija que en ningún momento se había bajado la erección y que por mis flujos pre-sementales, estaba mi pija toda chorreada y mojado mis testículos.
Los huevos estaban duros como una piedra y me dolía la piel del escroto.
Cuando se aproximaba las 6 de la mañana, me dejó solo por 10 minutos y se fue al baño.
Cuando volvió faltaban 5 minutos y me dijo.
– “Llegó la hora nene. Tu hora”.
Se subió a la cama y se arrodilló en mi pecho.
Me fregó su vagina por mi pecho y comenzó a gozar sola, mientras con su mano derecha la llevó para atrás y me masturbaba despacito.
Luego se dio vueltas y se colocó en pose 69. Pero como yo soy pequeño, ella me chupaba la pija y yo no llevaba a su concha.
Cuando sintió que estaba mi verga muy lubricada y caliente me dijo:
– “¿Querés acabar? Pedímelo”.
– “Sí, por Dios si. Por favor te lo ruego” –gritaba y comencé a llorar.
En ese momento ella se dio vueltas mirándome, se levantó y acercó sus labios vaginales a la punta del glande.
Me miró firmemente a los ojos y me dijo:
– “No llores bebé, sólo gozá”.
Me secó las lágrimas con sus manos y comenzó a caerse para introducírsela dentro de ella.
Mi verga sintió que su conchita estaba tan caliente que me quemaba.
Mi verga estaba también tan caliente que me dijo.
– “¡Viste que valió la pena llegar hasta acá! Me estás quemando con tu calentura. Estas todo empapado y yo también y eso es lo que quería… Ahora, dame toda tu lechita con fuerzas mi bebé”.
En menos de 2 minutos, ella cabalgaba tan fuerte que parecía que se iba a romper el piso del edificio.
Me cogía con fuerzas y empecé a sentir que me venía un fuego desde mi estómago tan grande que estaba a punto de explotar en mi verga.
Ese fuego venía desde lo más profundo de mí ser y sentía que me iba la vida en esta eyaculación.
Ella como toda experta sentía que mi vena empezó a hincharse como nunca y sintió también que un volcán explotaría dentro de ella.
Me dijo:
– “¡DALE! ¡NO PARES! ¡AHORA!”.
Miré por último sus tetas como rebotaban arriba mío y como su cabello se alborotaba entre sus ojos y frente.
Seguíamos empapados, el brillo de nuestras pieles eran como espejos.
Ella resbalaba en mi cuerpo y yo en el de ella.
Mi corazón comenzó a bombear tan fuerte que pensé que me iba a dar un pre-infarto.
Miré para su concha y vi como mi verga estaba entrando en sus labios y brillaba de nuestros flujos. Y como de su espalda caían gotas de sudor en mis testículos.
Sus tetas seguían rebotando y ella cabalgaba de forma enloquecedora.
Luego cerré los ojos é hice fuerzas con mis muñecas atadas para zafarme, pero fue imposible.
En un grito pequeño dije:
– “Ahí vengo, Mariela, ¡acá vengo, por fin! ¡AMOR!”,
Luego de esas palabras, zaz…
Me vine con tanta fuerza que sentí que mi corazón se detuvo en todo el momento de mis chorros.
Mis chorros eran tantos que no podía parar y sentía que mi cabeza iba a irse por mi pija.
Ella se quedó quieta y por lo que recuerdo, también cerró los ojos y se tomó de los pelos para creer lo que sentía.
En momentos habría los ojos y parecía que estaban dados vueltas y estaban en blanco.
Exploté más de 7 orgasmos consecutivos y sentí que me mareaba.
No quiero mentirles, pero creo que si hubiera eyaculado, como a veces hago en un vaso, hubiera llenado 4 dedos de un vaso de café con espermas.
Largué muchos chorros de semen dentro de su caliente concha y mis orgasmos eran largos, como de 5 segundos, cada uno, con mezcla de orina también al final.
Luego de terminar de eyacular, sentí más mareos y como una sensación de vacío en mi cuerpo.

El esposo de Carla

Hace como un año me mude a un departamento junto con Carla, lo que les voy a relatar sucedió hace cerca de dos mes, me encontraba en mi cuarto cambiándome de ropa, cuando noté por el espejo Sebastián, me estaba observando. Al darme vuelta, él se retiró con rapidez, pero lo llamé para pedirle que antes de irse pues estaba de visitando a Carla, me alcanzara
algunas cosas que yo había dejado en el automóvil. Cuando giró ante mi llamado, noté lo abultada que estaba su bragueta como señal indudable de una erección que él trató de disimular, tapándose con las manos mientras hablábamos. Me causó algo de gracia el confirmar que le era atractiva. Tras una breve conversación se retiro. Minutos después, al pasar frente a la
puerta cerrada del baño, surgió en mí una sospecha que no puedo fundamentar con claridad, pero que me llevó a apoyar uno de mis oídos en la misma, lo que me permitió escuchar ciertos movimientos rítmicos, y una respiración profunda al principio y jadeante luego, que no me sugerían otra cosa que una masturbación en curso.

La situación relatada me generó una variada serie de sentimientos. En primer lugar me preocupé, no por las presuntas maniobras de autosatisfacción de Sebastián, sino porque yo sospechaba que se había excitado observándome y el
alivio que se procuraba me tenía como causante. Por otra parte me sentía orgullosa de confirmar que tengo un cuerpo atractivo. Pensé en qué había visto Sebastián ese día y creo que vio mi espalda desnuda, mi cola parcialmente oculta por una tanga, quizás alguno de mis pechos de perfil. También sentí curiosidad imaginando las maniobras que ocurrían del otro lado
de la puerta y alguna cosquilla entre mis piernas por lo que pasaba del otro lado.

Recordé que otras veces, durante los últimos meses, me había parecido verlo cerca de mi cuarto o del baño mientras yo me encontraba en ellos. Sentí que debía confirmar si estas suposiciones eran ciertas y decidí favorecer el contacto de su mirada conmigo. Sebastián venía a casa casi todos los dias alrededor de las 17 horas, Carla a las 18. Fue así que al desvestirme cada día, comencé a dejar la puerta bien abierta y a moverme semidesnuda, sin mirar hacia afuera para no ahuyentarlo, pero atenta a sus movimientos. Siempre me espiaba. También comencé a dejar entreabierta la puerta del baño y en una ocasión mientras me duchaba lo llamé para que me alcanzara una toalla y al tomarla me incliné para que se me viera fugazmente un pecho. Otra vez salí envuelta en un toallón y de espaldas a él dejé que se me cayera y lo recogí inmediatamente. Una vez y vestida con una falda muy corta, le pedí que me sostuviera una escalera mientras yo subía a buscar algo sobre unos estantes. Imaginé su cara mirándome desde abajo y al bajar, vi otra vez, como en los días previos, la imponente tensión bajo sus
pantalones. Y luego se dirigió al baño.

A esta altura de los hechos, muchos pensamientos nuevos surgían en mi mente. La preocupación inicial se transformó en una mezcla de excitación y vergüenza. Esperaba cada día Sebastián me espiara. Imaginaba su mente pensando en mí y su mano en su miembro subiendo y bajando con frenesí hasta vaciarse, en mi cara o en mi pubis. Sentía además un creciente deseo de ver su miembro. Se me ocurría como un arma poderosa capaz de hacer gozar hasta el desmayo a quien se le pusiera al alcance, incluso a mí. No soñaba con tenerlo dentro de mí, porque sabía que no sería capaz de cometer una locura así, porque era el esposo de Carla, mi amiga, pero quería verlo, mirarlo de cerca. En ese tiempo mi vida sexual era tranquila. La frecuencia de acercamiento con algunos hombres era baja Notaba también que algunos de mis compañeros del trabajo o los hombres por la calle me miraban con intenciones muy claras. Un viernes por la noche tras haber cenado, me duché y salí del toilette cubierta por una bata de algodón. Carla había salido de viaje y no volvería hasta el domingo. Decidí continuar
con mi juego de provocación e invite a Sebastián conversar y ver televisión. Cuando llego, le invite a pasar, me incliné dejando que se vieran parte de mis pechos y luego me senté a su lado con ambas piernas sobre el sillón y la bata entreabierta, que dejaba ver una de mis piernas hasta la ingle. Él me miraba de reojo mientras yo fingía ver la televisión. Yo también de reojo, noté cómo crecía su verga. Sabía que mis fantasías no eran razonables, pero como me venía ocurriendo a diario, comencé a percibir que mi vulva se humedecía y tal vez el saber que Carla estaría afuera por dos días, me llevó
a vencer mis prejuicios y a manipular la situación para aliviarme de esa tortura.

Le tomé una mano, que con la otra intentaba ocultar su erección y le dije que había notado que le gustaba observarme y le pregunté si yo le parecía bonita. Trató de explicar que no, pero que yo sí era bonita y con voz relajada para que no creyera que lo recriminaba, le comenté que no se preocupara, que lo había visto mirándome y cómo se le ponía duro. El pregunte si yo le resultaba atractiva. Se sonrojó y me dijo que sí era muy atractiva y que con ver cualquier parte de mi cuerpo le pasaba eso. Quiso negarlo, pero lo miré con ternura y dijo que sí, que era cierto y le pregunté si gozaba mucho y reconoció que sí.
Le pedí que me contara qué pensaba de mi , le pregunté si imaginaba que yo se la tocaba y dijo que sí y al preguntarle si yo lo hacía sólo con la mano, me dijo que a veces con la boca y le pedí que se distendiera y me diera detalles y me contó cómo yo le besaba la punta y luego los testículos y cómo luego me la metía hasta donde podía dentro de mi boca y la lamía y a veces me sentía ahogada y sacaba la boca y volvía a empezar. Me contó cómo yo me arrodillaba sobre él y me penetraba por la vagina y cómo, me ponía en “cuatro patas”, me untaba mi orificio anal con crema y me penetraba. Y le pregunté si yo gozaba y me dijo que sí, que mucho y que me gustaba que acabara en mi boca, pero cuando más gozaba era con su verga en mi culo, que yo gritaba desesperada y le pedía que se la metiera hasta el fondo y que él gozaba, pero temía lastimarme.

Al escuchar ese relato mi corazón parecía a punto de salirse de mi tórax, estaba transpirada y a punto de pedirle que me penetrara por detrás allí mismo. No recordaba el haber estado tan excitada desde hacía varias semanas, para conformar sus requerimientos y que no había gozado en absoluto. Con un gran esfuerzo por controlarme, le dije que sus fantasías no podían
cumplirse, porque era el enamorado de mi amiga, no era. Pero que no estaba mal soñar y que todos tenemos sueños inalcanzables y que esto los hacía más bonitos. Que me alegraba de que sintiera lo que sentía por mí y de que hubiera sido tan sincero. Que dado que le gustaba mirarme, por este día lo iba a premiar dejando que me observara completamente desnuda y que iba a poder masturbarse delante de mí mientras me miraba. Dijo que le daba vergüenza, pero lo llevé de la mano hasta su cuarto y le pedí que se desvistiera. Lo hizo con temor y le indiqué que se recostara sobre la cama, mientras yo le acomodaba varias almohadas debajo de su cabeza. Parada a su lado le dije que se sacara el slip, y al hacerlo surgió una pija de tono sepia, en ese momento no plenamente erecta, con venas bien visibles, que se inclinó hacia la derecha. Enorme. Le acaricié los muslos y su verga se elevó de golpe como un mástil. Me separé y me paré a un metro. Le dije que él se pajeara mientras me observaba, pero que no nos íbamos a tocar en ningún momento. Le di la espalda, saqué los
brazos de las mangas y dejé caer mi bata hasta la cintura. Me di vuelta tapándome los pechos con las manos. Mis pechos erguidos y con pezones rosados, que en ese momento estaban durísimos. Me los acariciaba mientras dejaba que se fueran viendo cada vez más y mi hijo se masturbaba con una mano, que trepaba y descendía por esa pijota, casi sin que pudiera rodearla con su mano. Dejé mis pechos a la vista mientras me balanceaba de un lado a otro siguiendo el ritmo de la paja. Me di vuelta y dejé deslizar la bata para dejar al aire mi culo redondo, siempre alabado por otros hombres y apetecido
por tantos en el trabajo o la playa. Me seguí moviendo a medida que aumentaba la frecuencia de la paja, hasta que manteniéndome de pie, incliné mi tronco hacia adelante y con el culo a 50 cm. de su cara, con mis manos separé los glúteos para que pudiera ver y dada mi excitación, oler de cerca mi concha y mi ano. Él comenzó a gemir mientras yo aún inclinada giré la cabeza hacia la izquierda, donde a centímetros su pija parecía estallar. Estuve a punto de arrojarme sobre ella y engullírsela, pero me esforcé en controlarme. Me recosté en la punta opuesta de la cama, abrí mis piernas y separé mis labios para que me mirara y completara su tarea. Evité acariciarme para mantener la firmeza de mis propósitos, para no excitarme hasta un punto incontrolable y para evitar el hacer cualquier cosa de la que me arrepentiría (es decir, pedirle que me penetrara). Sonreí con ternura todo el tiempo, evitando que se me notara el descontrol que me provocaba dolores en el abdomen y los dientes, tan apretados.

Le hablé mientras él se agitaba, pidiéndole que estallara, y así ocurrió, cuando varios chorros de semen caliente saltaron mojándolo a él, la cama y salpicándome también. Comenzó a respirar cada vez más pausado. Me levanté, me puse la bata, él tomó la sábana para taparse, me acerqué le di un beso en las mejillas, le acaricié el cabello y le pregunté si le había gustado y si lo ocurrido le había parecido incorrecto y me dijo que nunca había gozado así y que nada le parecía mal, y que le gustaría que ocurriera de nuevo y le dije que tal vez algún día y se marcho a la habitación de Carla pues esa
noche se quedaría allí. No me duché y decidí acostarme impregnada de los olores que me envolvían.
desesperada comencé a acariciar mi vulva, mi clítoris y mis pechos, pensando en Sebastián, pensando en su verga, casi sintiendo su gusto y necesitándolo dentro de mí. Deseé haber tenido un vibrador que jamás se me había ocurrido
comprar y metí mis dedos en mi concha y con la otra mano me acaricié con intensidad el clítoris hasta acabar y sin ceder con mis caricias reiteré varios orgasmos sorprendentes para mí. Hasta quedar dormida.

Desperté sobresaltada a las 4 de la mañana, agitada, creo que angustiada por lo sucedido y excitada por lo que pasó y por lo que no pasó. La puerta de mi cuarto seguía cerrada. Me dirigí hasta el cuarto de Carla, donde estaba Sebastián, la puerta estaba entreabierta. Asomé la cabeza y traté de distinguir entre las sombras si todo estaba bien. Al hacerlo, me preguntó si
era yo y qué ocurría y prendió la luz. Yo estaba desnuda todavía y sonreí diciéndole que bueno, que él ya me conocía así, sin ropa. Me miró extasiado y la sábana se movilizó y se elevó a la altura de su ingle. Me puse seria, avancé hacia él. Sabía que debía detenerme, pero no pude. El deseo era irresistible y era imposible que me controlara. Tomé la sábana, lo destapé,
con ambas manos apreté su pijota y comencé a lamerle el glande. Él me miraba azorado y yo le respondí con una mirada casi de súplica. Metí su verga en mi boca y bajé y subí la cabeza sin soltar su pija atrapada por mis manos y se
contorneaba y gemía. Giré mi cuerpo y me recosté sobre él para que tuviera una visión más completa de mi concha, pero él estiró su cabeza y con su dulce lengua comenzó a chupármela. Primero chupó con pasión mi concha que estaba a punto de explotar y luego mi orificio anal, y luego mi conchita y otra vez mi ano que se abría con el impulso de su lengua firme y
experimentada. No quería llegar al clímax ni que él lo hiciera así, mediante estímulos bucales. Me aparté, de frente a él y montada sobre su cuerpo, me puse en cuclillas y descendí lentamente, mientras su maravillosa pija se introducía en mi concha, que se contraía y parecía aplaudir de alegría. Sebastián, como si fuera un semental descontrolado, bombeaba dentro de mi vagina que no podía contener ese aparato descomunal. Luego estiré mi cuerpo sobre el suyo y sin que su polla se escapara de mí, giramos mientras él ahora encima de mí, arremetía con pasión y controlaba sus. Yo le pedía que me perdonara, que no quería que esto dañara la relación con Carla, que el era el enamorado de mi amiga, y que él tal vez me lo reprocharía en el futuro, pero me contestaba que no, que era feliz, que me amaba, que me agradecía, que nunca
me dejaría por mas que se case con Carla. De pronto sentí una convulsión y me desparramé y derretí en mil orgasmos que
venían y se iban y volvían y no terminaban mientras lo besaba. Mi lengua dentro de su boca, su lengua en la mía, mordiendo mi cuello y lamiendo mis fosas nasales. Exhausta, lo aparté con delicadeza, le acaricié la cara, casi rasguñé su piel, y lo tomé por la cintura para dirigirnos a mi cuarto. Saqué de un cajón una crema humectante que me paso por mi cuerpo (fue lo único que se me ocurrió usar durante esa conmoción), unté su pija maravillosa, le pedí que me la pasara por el ano y él lo hizo casi con sabiduría, por fuera y por dentro y me agaché y le pedí que me destrozara y se acercó con su tronco rojizo y caliente y lentamente comenzó a empujar hasta que su glande hizo punta y luego el resto de su falo, kilométrico, mientras yo me retorcía, gemía, gritaba y agradecía y le pedía perdón y él me decía que me amaba ¿que está bien lo que hacemos? Y él que sí y qué lindo era mi culito y yo desesperada tenía orgasmo tras orgasmo y deseaba que nunca terminara y que
podía morir ahora, ya nada más importante tenía por hacer. No había sido tan feliz en semanas, le dije, estoy lista para recibir todo lo tuyo, donde quieras, y lentamente sacó su pija y me pidió que se la chupara y lo hice sintiendo ese gusto mezcla de mí y de él y la masajeé con mis manos y la chupé con desesperación hasta que sentí como casi convulsionaba y derramó sus líquidos una y otra vez en mi boca, mientras se derramaba un poco y yo deglutía lo que podía, hasta la última gota. Nos dormimos abrazados y despertamos cerca del mediodía.