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Vicio Compartido

Autor: Ana K. Blanco

La boda de mi amiga Leonora estuvo llena de sorpresas. La primera la tuve durante el ensayo de bodas, cuando entré a la iglesia y lo vi. Alan y yo habíamos tenido una aventura muy particular pero nunca imaginé que lo encontraría en este lugar.

-¿Qué haces aquí? –pregunté con extrañeza.

-Soy el padrino. Ya ves, como siempre, tu contraparte, tu alter ego, tu complemento… –me dijo divertido.

-Pero… si Leonora me dijo que el padrino sería Daniel, el primo de… -Entonces comprendí. Alan jamás me había confesado su verdadero nombre. Y como dejé New York para mudarme a Miami, apenas conocía al novio y menos aún sus relaciones.

Nos reunimos a la salida del ensayo. Era noviembre. Otoño. El clima era agradable y la vista espectacular. Desde la puerta de la pequeña capilla se veía Battery Park, el río Hudson y en la mitad, la Estatua de la Libertad. Nos mezclamos con la gente que bajaba del ferry procedente de Staten Island y tras ellos, aunque a otro ritmo, comenzamos a caminar por Wall Street. De algún modo que no percibí, terminamos en un pub pequeño y atestado de gente.

-¿Dónde te estás quedando? Miami está lejos. Además –dijo sonriente-, esta noche tenemos el rehearsal dinner. No imagino que la dama de honor falte a tal acontecimiento.

-Supongo que como tú y la mayoría de los invitados, me estoy quedando en el mismo hotel que los novios y en el mismo piso que el resto de las damas y la novia.

Después del almuerzo seguimos en una de las barras del hotel y la tarde se fue con rapidez. Corrí. Tenía menos de dos horas para cambiarme, pero llegué a tiempo. La cena tuvo mucho de formal sin perder esa calidez que dan la familia y los amigos. Me senté junto al resto de las chicas y luego del postre Leonora se acercó con un

montón de bolsas en sus manos.

-Chicas, mañana las espero a las siete en mi habitación para desayunar. Habrá un equipo de peinadoras y maquilladoras para dejarnos aún más hermosas, y junto con esto –dijo levantando las manos cargadas- será mi regalo para ustedes.

En la bolsa había un par de elegantes pantuflas y un salto de cama para presentarnos al día siguiente. Pensé que ya nos íbamos, así que saqué la tarjeta de mi habitación de mi bolso cuando Alan vino a saludarnos y se sentó a mi lado hasta el final. Al regresar al hotel me ofreció ir a tomar algo, pero decliné la invitación.

-Lo siento, pero debo madrugar y no quiero parecer una zombie, así que iré directo a la cama. Y dime… -Pregunté mientras íbamos en el ascensor- ¿Aún tienes aquel artilugio plegable?

-Por supuesto, siempre me acompaña –dijo al extraer del interior de su saco un fino cilindro que, al desplegarlo, se convirtió en la vara que recordaba. Sonreí en silencio y me acerqué para susurrarle un hasta mañana tan sutil como el beso que olvidé en su cuello…

Esa noche recordé nuestro fugaz ¿romance? No. No fue romance. Hubo afecto, sí, pero lo que en realidad nos unió fue los azotes y el sexo. En ese orden. Porque era más fácil conseguir pareja para el sexo que para jugar Spanking. Y Alan reunía cualidades en ambas artes, además de ser alto, rubusto, fascinante y sexy como pocos. Recordé su cuerpo encima de mí refrescando mis nalgas hirvientes… y me estremecí.

A las siete me presenté en la suite de la novia, y tres horas después regresaba a mi habitación desayunada, peinada y maquillada. En dos horas nos reuniríamos en el hall para las fotos y luego a la Iglesia. Al abrir la puerta encontré a Alan estaba allí sentado, esperándome con la vara plegable en la mano.

-Pero… ¿Qué haces aquí? ¿Cómo entraste?

Alzó la tarjeta y supe por qué la noche anterior no la había encontrado. Seguro que la tomó de la mesa cuando nos vino a saludar.

-Estoy aquí porque tenemos una charla pendiente -se puso de pie y comenzó a caminar a mi alrededor-. Ayer a la tarde te fuiste corriendo, a la noche me rechazaste, esta mañana te escabulliste…

-No es así. Te dije que…

-¡Silencio!

Se movía con lentitud. Desplegó la vara y sin decir palabra me señaló el sofá. Yo sabía que eso significaba apoyar las manos en el asiento y levantar las nalgas.

-No hay mucho tiempo. Tu cúmulo de faltas te ha conducido a una sentencia de treinta azotes, aunque merezcas muchos más.

-Pero… Alan… yo…

-No hables. Obedece, a menos que quieras aumentarlos y llegar tarde.

El solo hecho de tenerlo cerca e imaginar que algo podía pasar, me excitó. Lo observé vestido con su bello traje, blandiendo la vara mientras caminaba a mi alrededor y decía su discurso acerca de mi sentencia, y me sentí feliz. Acaté sus órdenes por dos motivos. El principal era que ambos disfrutáramos este juego que tanto nos satisfacía, y el segundo era porque nadie empuñaba la vara como él. Ya en posición, respiré hondo y me entregué… Pasaron unos segundos antes de sentir su voz en mi oído.

-¿Me estás tomando por tonto? Desvístete antes de que los treinta se conviertan en sesenta.

Me incorporé de inmediato y comencé a sacarme la ropa.

-Treinta y uno, treinta y dos, treinta y tres… –y yo apenas me estaba desabrochando el pantalón-. Treinta y ocho… y en aumento…

Por mucho que me apresuré, cuando estaba totalmente desnuda estaba en cincuenta cuatro, porque la blusa y el sostén me los quité juntos y sin desabrocharlos. Antes que pudiera abrir la boca estaba sobre sus rodillas. Comenzó a nalguearme con una potencia que casi había olvidado. Mi memoria me llevó a otras sesiones donde había usado ese método de ir de más a menos: comenzaba con nalgadas fuertes e iba disminuyendo la intensidad. Era tan doloroso como excitante, aunque poco placentero al principio. Extrañaba aquella sensación de calor, picazón y ese dolor dicotómico que le hace a uno desear que el Spanker pare en ese instante y al mismo tiempo continúe hasta la eternidad.

Los azotes disminuían en intensidad, pero se sentían igual de fuertes a pesar de las caricias masculinas.

-Ahora sí estás preparada. Ponte en posición –dijo con voz firme mientras volvía a señalar el sofá. Obedecí gustosa. Abrí mis piernas lo más que pude e hice que mi espalda formara un ángulo recto con ellas. Pensé que estaría perfecta, pero Alan empujó mi cuello hasta que mi frente casi tocó el asiento. Luego, enterró su mano entre mis piernas y tomando con su palma mi monte de Venus me alzó, dejándome más expuesta y con las nalgas levantadas.

Y la vara cayó. Y la piel se levantó dejando la marca. Uno. Dos. Cinco. Diez azotes. Descanso. Caricias. Gemidos de dolor mezclados con placer. Y vuelta a empezar.

Imagino que la visión de mis nalgas rojas cruzadas por finas líneas purpúreas, eran un deleite para Alan, que uno tras otro y con un breve descanso cada diez, terminó por completar los cincuenta.

-Los cuatro últimos los dejamos pendientes. Tienes que ducharte y empezar a vestirte porque queda media hora para las fotos.

Ducha. Panties. Vestido. Zapatos. Revisión de maquillaje y peinado. Excepto por mi sonrisa de sexo reciente, nadie adivinaría mi alegría extra durante la sesión de fotos. Todo estuvo bien hasta que tuve que sentarme en la limusina.

-¿Qué te pasa? ¿Te duele algo? –preguntó Leonora al ver que me sentaba con máximo cuidado.

-No. Todo está bien –respondí presurosa-. Es que tengo miedo de arrugar mi vestido.

Me sentí radiante caminando al altar por mi querida amiga. Alan estaba junto al novio y me regaló una sonrisa cómplice. Cada vez que había que sentarse, volvía sus ojos hacía mí y su bello rostro se iluminaba.

Intercambio de anillos. Bendición, y el famoso “puede besar a la novia”. Aplausos. Alegría. Los novios hicieron su primera caminata como el señor y la señora tal. Y tras ellos los padrinos. Alan me ofreció su brazo y al llegar al atrio me condujo hasta la pared y acarició mis nalgas.

-Estamos en la iglesia, Alan. Podrías aprovechar para arrepentirte de lo que me hiciste.

-No, no. No puedo arrepentirme. Lo que te pasó fue en justo castigo por tus pecados más recientes. Debería haber continuado, pero no hubo tiempo –me dijo en tanto yo me sonreía-. ¿Y ahora de qué te ríes?

-El que solo se ríe… -Respondí, dejando el refrán sin terminar- Búscame en la fiesta y lo sabrás.

Peter Minuit Plaza era lo único que nos separaba del restaurante pegado al río, en pleno Battery Park. Más de doscientos invitados. Barra libre de bebidas y varias mesas con manjares para esperar la llegada los novios.

Pasó media hora. Fui a pedir un Bloody Mary a la barra cuando un desubicado me acarició una nalga. Me di vuelta y al verlo sonreí. Nadie lo notó, los invitados seguían apareciendo y los saludos continuaban.

-¿Dónde me llevarás? –preguntó intrigado.

-Vine aquí con Leonora y sé de un apartado que nadie usa en las fiestas. A menos eso nos dijo el encargado cuando nos lo ofreció por si queríamos algo de tranquilidad durante la recepción. Sígueme…

Con las copas en la mano, llegamos al lugar. Estaba fresco y agradable. Tenía su propio baño, un par de mesas, sillas y sofás confortables como para poder echarse en ellos y descansar. Pero no era descansar lo que queríamos en ese momento.

-Alan… -Dije apenas entramos- Tienes que terminar lo que empezaste. En la iglesia me dijiste que aún no había expiado mis pecados por completo, así que…

Me quité toda la ropa y, apoyando mi torso en la mesa, abrí las piernas y me quedé quietecita. Sabía que me dolería, que iba a sufrir, pero lo hice con gusto y confiando en él.

– Vuelve a azotarme, por favor.

-Repetiré la rutina del hotel. Te daré cinco series de diez azotes cada uno, con pequeños descansos. Solo que esta vez quiero que los cuentes en voz alta. ¿Comprendido?

-Perfectamente, Señor –respondí.

En aquel lugar cerrado, el silbido era más atemorizante. La vara comenzó su tarea. Gemidos sordos salían de mi garganta con cada varazo, e imaginé mis nalgas cruzadas de líneas recién infringidas encima de las recibidas pocas horas antes. Conté del uno al diez y respiré aliviada al sentir la mano de Alan. Cuántas sensaciones encontradas en ese instante mágico de la caricia, donde además de las nalgas, su mano continuaba su viaje por mi vulva, recorriendo los labios, deteniéndose en el clítoris, y hasta haciéndome creer que introduciría sus dedos en mi cuevita.

-No has cambiado nada… Sigues igual de caliente, perrita… Eso me complace mucho.

Me pareció, tuve la sensación de que su mano salió empapada con mis humores. Me abrió las nalgas y guardó silencio. Escuché cómo se retiraba para tomar distancia y recomenzar.

Hubo tres tandas más. Cuando entre lágrimas sollocé un entrecortado “cuare.. cuarenta y… y… dos”, sentí su miembro erecto y palpitante, apoyado entre mis nalgas doloridas e irritadas.

Confieso que no soy adepta al sexo anal, pero esa tarde lo deseé. Me di vuelta y lo ayudé a deshacerse de su ropa para volver a mi posición con un pequeño cambio. Apoyé una pierna encima de la mesa y abrí mis nalgas.

-Alan… los últimos… los quiero aquí… -dije tocando mi ano- Es mi ofrenda para ti.

Quedó mudo por la sorpresa.

-Es el mejor regalo que me han hecho. Gracias, Mina. Sabes cuánto lo he deseado.

Fueron azotes duros, tanto que a veces hasta se me cortó la respiración. Más que dolor era un ardor punzante que me hacía sentir la necesidad de ser penetrada…

Alan apoyó su miembro en mi vulva y comenzó a frotar. Mi clítoris se hinchó y los fluidos fueron aprovechados por mi verdugo para mojar su herramienta. La colocó en la entrada de mi ano y sin ningún miramiento, me poseyó.

El dolor fue menos intenso que el placer. El vaivén de los impulsos me hacía sentir que estaba viva, que al entregar lo más íntimo de mi cuerpo hacía que me sintiera muy suya.

Nos vestimos y regresamos a la fiesta antes que llegaran los novios. A partir de ese día, tuvimos un secreto más para compartir. Y otro placer que tenía la apariencia de convertirse en un vicio compartido, algo que le debería confesar cada vez que lo encontrara…

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En la oficina con Luci

Esta historia tiene lugar en mi oficina donde a menudo se organizan reuniones de trabajo y pedimos café en un bar que está a la vuelta. Siempre trato de organizar las reuniones en el mismo horario para que venga siempre la misma moza con la que ya tengo un poco de confianza y creo que algo de onda también. Hay miradas que insinúan y comentarios que alimentan mi fantasia de tener sexo con ella en la oficina; o quizás soy yo que me imagino esas cosas por el solo hecho de que me ratoneo mal, no lo se, pero solo hay una forma de averiguarlo y tengo que juntar el coraje para ver si puedo cumplir mi fantasia o seguirá siendo solo eso…
Ella es morocha, con un cuerpo armonioso, 1,65 mts aprox, una cola bien paradita y redonda, sus pechos se notan firmes y serán de un 95 creo yo la medida del corpiño. Siempre usa una calza negra, remerita azul entallada al cuerpo y un delantal negro (es el uniforme del bar).
Este dia, en una reunión mas, hice el pedido al bar y vino ella, abri la puerta de la oficina y la mire directo a sus hermosos ojos color miel de mirada penetrante, saludó sonriente como siempre y pasó a dejar el pedido sobre la mesa de reuniones. Yo iba atrás de ella imnotizado con su cola escultural, tenia una tanguita chiquita que se marcaba en su calza, mis ratones corrian a una velocidad increíble, no podía concentrarme en nada mas que en tratar de tener ese cuerpo para mi. Después de dejar el pedido, la acompañe hasta la puerta y le dije que pasara a buscar las cosas cuando termine su turno. –Bueno dale, asintió con una sonrisa; -nos vemos después, le dije yo.
Esa reunión era interminable para mí, solo quería que se pasara el tiempo y mi fantasia se convirtiera en realidad…. Una vez que terminó la reunión, empezaron a irse todos de la oficina y yo me quedé esperando unos 40 minutos más para que termine el turno de Luci (así se llama) tratando de elaborar una estrategia o frase para encararla. Estaba nervioso ya que no se si Luci tendrá onda conmigo o solo son mis ratones los que me hacen creerlo. Por ahí ella es muy macanuda y soy yo el que la pudre tirándome un lance.
Por fin llegó Luci,
– Pasá Luci, ya te vas? Le pregunté.
– Si, llevo estas cosas y me voy a casa.
La acompañé a la mesa de reuniones y mientras acomodaba las cosas en la bandeja me quedé paralizado, parado cerca de ella mirándola. De todo lo que había pensado decirle no me salía nada (siempre conversábamos mientras Luci levantaba las cosas). Es obvio que ella se dio cuenta que ese día era distinto de las otras veces que fue a la oficina y cuando estaba terminando de juntar las cosas me miró y dijo:
– Que pasa? Te colgaste.
– Si, le dije.
Y solo atiné a agarrarle un brazo, acercarme y con la otra mano agarrarla de la nuca y tirarle la boca. Me encantó chocar sus labios carnosos contra los mios. Su primer reacción fue separarme y decirme:
– Que haces?
Yo sin decir nada solo volvi a la carga con otro beso y esta vez agarrándola de la cintura para traerla en contra mio. Ahí me di cuenta que ella sentía lo mismo que yo, me abrazó y abrió su boca para dejar entrar mi lengua, al principio desaforada, después de unos segundos comprendí que ese momento era quizás único y teníamos que disfrutarlo. Entonces con intensidad pero sin desesperarnos seguimos apretando mal. Mis manos ya estaban en esa cola que tanto deseaba, la acariciaba, la apretaba contra mi verga, que a esa altura ya estaba que explotaba, se sentía tan suave, tan firme… Empecé a besarle el cuello, la oreja y soltó un gemido que lo acompañó llevando su mano a mi verga.
– Que querés? Me preguntó susurrando al oído
– Chupame la verga, le respondí.
Mientras me sacaba la camisa ella se encargaba de desabrochar el cinto y bajarme los pantalones, en un segundo quedé en bolas, sentado en el filo de la mesa con un pie arriba de una silla y Luci arrodillada empezó a chuparme la verga con una dedicación exquisita, suave se la tragaba toda, la sacaba y con su lengua jugaba con mi cabeza enrojecida. Con sus labios carnosos besaba la cabeza de mi verga, se la volvia a tragar y la mojaba toda con su saliva.
– Te gusta que te chupe la verga? Preguntaba mientras me miraba con una carita de puta que me calentaba más todavía y me pajeaba despacito.
– Me encanta como te queda mi pija en la boca, le dije.
Siguió chupándome las bolas hasta que la separé, ahora me tocaba a mi sacarle la ropa. Primero la remerita entallada, besaba sus hermosas tetas mientas desprendía el corpiño. Sus pezones estaban duros, sus tetas firmes tal cual las imaginaba, lamia esos pezones con un placer increíble mientras iba bajando su calza negra. Hice que ella se apoyara en la mesa mientras le bajaba la calza, yo estaba arrodillado enfrente de ella y empecé a besarle la concha con la tanga puesta. Luci se sentó en el borde de la mesa y subió un pie en cada silla para que me quedara libre su dipilada conchita, ya estaba húmeda, corrí la tanguita para el costado y hundí mi lengua. Estaba en el paraíso, no podía creer estar chupándole la concha a esa hermosura, me dediqué a jugar con mi lengua en su clítoris mientras mis manos apretaban sus tetas. La escuchaba gemir y sentía como se retorcia de placer, apretaba mi cabeza contra su concha con una mano mientras con la otra se apoyaba en la mesa. Me encantaba estar ahí, probando su jugo, quería hacela acabar con la boca, me calienta muchísimo eso pero me paré e hice que se recostara en la mesa, me quedé admirando su cuerpo por un segundo y entré despacio con mi verga en su concha, estaba bien mojada, sentía su calor en la cabeza de mi verga, entré bien profundo hasta que sentí como mis bolas chocaban en su culo. La agarraba de la cintura mientras la cogia con un placer indescriptible, veía como sus tetas se movían con cada encontronazo, sus gemidos me volvían loco. Dejé mi verga adentro moviéndome arriba y abajo mientras le tocaba el clítoris, casi furiosamente, quería hacerla acabar. Ella tenía los brazos hacia atrás agarrándose de la mesa, pidiéndome que siga así, hasta que soltó un grito, vi como su cuerpo se retorcia y empecé a sentir como su concha se contraía apretando mi verga. Delicioso momento, saqué mi verga y le di una rica lamida a su vulva. Me senté y le pedí que se sentara arriba mio dándome la espalda, -dejame ver ese culo- le dije, y se sentó sobre mi verga pajeandome con su culo, -asi te gusta?- me preguntó, -me encanta, ahora cojeme vos- le dije. Inclinó su cuerpo para adelante agarrándose de la mesa con una mano, con la otra acomodó mi verga en su concha y empezó a dar saltos haciendo rebotar su culo en mi abdomen….Increíble!. Con la otra mano me agarraba las bolas y se tocaba el clítoris. No pasó mucho tiempo hasta que sentí que iba a acabar, entonces le dije que se pare y agarrada de la mesa, con su cuerpo bien inclinado, yo le di un par de bombazos y saqué mi verga para llenarle de leche su hermoso culo, acababa a chorros, el primero le llegó casi a la nuca, apoyé la cabeza de mi verga en su ano y segui acabando. Quise meterla por su culo pero estaba muy apretado y le dolia, -vení a chupármela ahora- le dije y me limpió todos los restos de leche de mi verga.
Nos cambiamos y salimos juntos de la oficina. Los dos seguimos con nuestras vidas, ella con su novio, yo con la mia pero desde ese día nos encontramos en la oficina cada 15 días a matarnos y disfrutar del buen sexo….

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Con los maduros la paso mejor

~Sentía como entraba y salía haciendo ese chasquido producto de mi gran excitación, sus manos apretaban mis tetas al ritmo de sus clavadas…. mmmmmmmmmm esa chota gruesa repercutía entre mis entrañas y mis jadeos eran tan profundos que me raspaba la garganta. Me levanto una pierna y metiéndomela hasta el fondo me hizo sacudir como nunca~
Apretando la almohada me desperté, sintiendo que picaban la pared. Mis flujos caían entre mis muslos, mientras una sonrisa se me dibujaba en la cara. Había olvidado que el albañil iba a terminar la obra en la pieza de al lado y justo ese día estaba sola. Me levante, me quede sin la tanguita y me puse un short ajustadito pero muy fácil de bajar que estaba al lado de la cama, una remerita ajustada sin el corpiño y haciéndome un rodete salí de la habitación. Me asome a la puerta:

Yo: Buen día.
Albañil: (dándose vuelta) buen día señorita como le va? Disculpe si la desperté.
Yo: No se haga problema, voy a darme una ducha si necesita algo avíseme.

Don Andrés era un hombre de aproximadamente 40 y tantos, estaba en su mejor momento rumoreaban que luego de su separación la fila de hembras que circulaban por su casa no era solo un comentario al pasar. Aunque con su ropa de trabajo y medio sucio por estar picando la pared me intrigaba saber que había debajo de ese pantalón..
Entre a la ducha, el agua caliente corría por mi piel y mis dedos rápidamente supieron posicionarse. Hace un buen tiempo que no recibía un polvito de algún macho. La última vez había sido con un viejo que me había tirado con el auto hasta mi casa y de favor yo le tire la goma y un poco más también, así que particularmente ese día mi conchita no dejaba de emanar ese flujo que me brota cuando necesito urgente una buena pija. Un día antes me había depilado y estaba justo para que la lengua habilidosa de un servidor se deleite entre mis jugos.

Mmmmmmmmmmmm tres deditos entraban en esa conchita sedienta de chota, se sumergían y salían al compás de mis caderas. Incremente el ritmo, sabía que si seguía iba acabar pero no…
Quería dejarle ese lujo a quien sepa corresponderlo, y como últimamente los pendejos estaban muy lentos y vuelteros, seguro iba a ser otro madurito el que me saque las ganas. Me detuve aunque mi concha palpitaba y explotaba, deje correr agua sobre mi cara para apagar un poco la calentura que hervía dentro de mí.

Me sequé bien el pelo y otra vez sin ponerme tanga ni corpiño me puse una remera que parecía más un top que una remera y el shorsito que demostraba a simple vista que no había nada abajo.
En segundos las aureolas de mis pezones se hicieron visible entre lo mojado de la tela. Salí del baño y fui hasta la cocina, al lado estaba la habitación donde trabajaba Andrés. Comencé a batirme una taza de café haciendo un poco de ruido con los cajones, cuando me di vuelta vi que Andrés estaba colocando unas cerámicas sin dejar de vista ese culito carnoso que se movía en la cocina.

Me agache un poco para tomar unos platitos que estaban debajo de la alacena cuando siento que se levantó de donde estaba, él ya había notado no solo que no llevaba nada sino que también yo estaba buscando algo y el como viejo zorro se dio cuenta con solo unos movimientos de mi culo. Cuando estaba por prender la hornalla siento como sus manos comenzaron a recorrer mis piernas metiendo suavemente sus dedos por adentro del short. Su aliento caliente circulaba en mi cuello, mi culito comenzó a empinarse rozando su bulto bien erguido.

Me di vuelta, pero sin poder reaccionar sentí sus manos estirándome el pelo hacia atrás.

Andrés: que pensas hacer pendeja??? Te gusta calentarme y ahora te queres ir???
Yo: mmm si me niego vas hacer algo?

Me apretó de la mandíbula e introdujo su lengua en mi boca, sentía como me lamia sin parar de un lado a otro dejándome prácticamente sin aire. Eso es lo que mas me gusta de los maduros
Intente tirarme hacia atrás pero fue en vano, me apretó la nuca dejándome sin escapatoria, sentía su saliva cayendo en mis tetas y esa lengua asquerosa penetrándome la boca.
Sin perder el tiempo me bajo el shorsito en un segundo para ver que no tenia nada y que mi culo ya estaba a su total disposición.

Andrés: ahhh bueno ahora si que te voy a hacer mierda pendeja..
Yo: a ver que me haces???
Decirle eso lo volvió loco y me alzo arriba de la mesada y separándome las piernas comenzó a colarme la mano entera.
Yo: ayyyyyyyyyyyyy noooooooooooo
Andrés: no que putita????? Ay que te duele mi vida?? Si te duele esto como te va a doler cuando te coja

Mmmmmmmmmmmmmm su mano áspera se impregnaba de flujo y sin darme respiro me manoseaba con desesperación.
Le rasguñaba toda la espalda de la calentura que tenía, era una especie lujuria y dolor. Después de unos minutos dilatándome la conchita, saco su mano y me lo paso por los labios, lamí cada gota de flujo que brillaba en su piel.

Andrés: siiiiiii asi de guaranga te quiero pendejitaaaa!!!

Me levantó de la cocina y cargándome en su cintura me llevó hasta la pieza tirándome en la cama. Separo mis piernas y largo un largo flujo de saliva dentro de mi, vi como se desprendía el cinturón ante mis ojos dejando ver una panza peluda sobre mi y su pija dura e hinchada. Comenzó a levantarme la remera mientras sentía su pija extremadamente dura rozando mi pierna, pasó su lengua por mi rayita pero sin detenerse subió hasta mis pechos. Sin siquiera usar las manos y con un solo movimiento apoyo su pija en la puerta de mi concha toda mojada, sentía su cabecita gorda expandiéndomela lentamente.

Yo: siiiiiiiiiiiiiiiiii ayyyyyyy que ricoooooooooo

En un segundo y con un clavada me hizo ver el cielo, esa chota entraba a la perfección en mi conchita!!!!! Sus labios carnosos rodeaban mis pezones y estirándolos con crueldad los saboreaba en su boca. Su cuerpo se tambaleaba sobre mi, mientras siento ese pedazo de carne desarmándome por dentro.

Yo: maaaaaaaaasssssss maaaaaaaaaassss soy toda tuyaaaaaaa
Andrés: cerra el orto pendeja y gemi bien fuerte dale!!

Levanto su mano y apretandome el cuello me obligo a que abriera la boca y largara dentro de mí su saliva. Me besaba el cuello empapándome en su transpiración pero no había nada mejor que sentir como estaba siendo dominada por ese hombreeee!!!
Me apretó de la pelvis y estirando mi cabeza hacia atrás me dijo.

Andrés: queres que te coja bien fuerte no hija de puta?? No das maaaas mmmmmm senti ese olorcito a concha mojada.. sos una perra…..
Yo: (susurrando) uuuuufffff cogemeee mmmmmmmmm cogemeeeeee cogemeeeee!!
Andrés. Uffff que trolita, al final tenían razón los que andaban diciendo que eras flor de putita
Yo: ah si? Quien dijo eso??
Andrés: cerra el orto te dije ( mientras con su dedo todo mojado me lo mete por el culo) ahhh no lo podes cerrar.. ya te lo rompieron hija de puta

A penas sintió eso me estiró la saco por completo y con fuerza y presión volvió a meterla esta vez presionando con tanta fuerza que parecía que quería meterme hasta los huevos..

Yo: Ayyyyyyyyy siiiiiiii!!!!!

Sus movimientos eran muy bruscos, pero se notaba que sabia como tratar a una puta como yo. Mmmmmmmmmmmm era un hijo de mil puta!!!!!! La puntita estaba a punto de estallar de lo gruesa que la tenia me la metia y empujaba mis labios hacia adentro dificultando que volviera a salir. Sus huevos rebotaban contra mis piernas erizándome la piel!!!
Mi orto carnoso parecía quererse tragar sus huevos, se envolvían en flujo y cada clavada intentando ser mas profunda me arremetía contra el colchón, y mientras yo me resbalada y me movía el volvía a traerme hacia el con toda bestialidad.
Metió su mano por medio de mis piernas y comenzó a pajearme el clítoris uuuufffff, tenía el dedo tan largo que me pajeaba de todas las formas que podiaa!!!!! Lo estiraba lo presionaba volvía a estirarlo y presionarlo en círculos, con la otra mano separaba mi culo para abrirme aún más la concha y ver su pija presionada en ese torrente de flujo.

Andrés: (susurrando) Uuuufffffff mmmmmmmmmm como me calentaaaassss!!!!!!! Ayyyyyy que ricoooo es cogeerteeeeeeee!!!!!! Que edad tenes pendeja??
Yo: 19 añitos…
Andrés: uffff sos una nena.. y que buena que estas!!

Saltaba sobre mi para que las clavadas repercutan en todo mi cuerpo. Sobaba mis nalgas más y más, parecía desarmarse sobre mi cuerpo, sus gotas de sudor me bañaban entera, gemía como desquiciada no aguantaba maaaaaas!!!!!!! Su pija latía dentro de mí y mi concha no podía más de lo hinchada y caliente que estaba. Cada vez costaba mas que entre estábamos sudados y envueltos en lujuria, por diooooooooosssssssssss me quemaba por dentro, su chota salía y entraba como poseída y mi concha no tardo en hincharse haciendo más difícil su salida pero más gustosa cuando lo intentaba.
En un momento se sintió que no aguantó mas..

Andrés: Mmmmmmm tomaaaaaa aaayyyyyy tomaaaaaaaa pendeja de mierdaaaaaaaaa
Yo: Uuuuffff siiiiiii mmmmmmmmmmmmmmmm como me cogeeeeeeeesssss

Apretó mis hombros, se puso de cuclillas sobre mi y levantando mis rodillas me la clavo como nunca nadie lo habia hechoo aaaaaaaayyyyyyyyyyyyyyyyy senti que me desgarraba por dentro. La presion de sus manos en mis rodillas y sus huevos agolpándose en mi concha me hacia enloquecer.
No aguante mas y lo empuje hacia un costado, necesitaba estar sobre él, que vea el orto de la puta que se estaba comiendo.

Me subí arriba de él quedando de espalda y empecé a montarlo una tras otra, sentía mi cuerpo temblar sobre el.
Saltaba, me abría las nalgas y me inclinaba más adelante para que viera el orto que se estaba comiendo y que tantas veces se habrá querido comer, ahora la tenía en bolas y comiéndole la pija, chupe su dedo gordo y sin preámbulos lo lleve para que me lo me lo meta entero en el orto, me quebré hacia adelante entregándoselo por completo. Masajeaba sus huevos con mi clítoris ..estaba excitadísima!!! Mi orto estaba siendo culeado por su dedo, y sentía como me lo estaba rompiendo.
No aguante mas y acabe con todo sobre su pija, mmmmmmmm sentía como se deslizaba el flujo sobre su tronco y caía hasta sus huevos. Me corrí mas para atrás y le lamí los huevos mientras se los succionaba. El se levantó y quedando de rodillas, empezó a bombearme en cuatro. Mi conchita contraída succionaba su pija como haciéndolo parte de mis entrañas.

Andrés: que delicia sentir ese culo!!!!!!!! Te cogería todo el dia..

Bombeaba al máximo que podía, su pija aumentando mas su grosor parecia ya no caber dentro de mi, pero no me importaba.. me hundia mas y mas sobre el obligando que permaneciera ahi, queria que ese momento sea eterno no veia el momento de sentir ese chorro de leche golpeandome las entrañas.
Sentir toda su pija dentro de mí penetrándome, invadiéndome, me fascinabaaaaa, miraba hacia atras y veia como me culeaba con su dedo mientras ya se lo veía cansado pero con muchas ganas de seguir garchando..
Cuando me miró le dije..

Yo: me acabas adentro???

Su cara se transformó y me apreto fuerte las nalgas, clavando sus uñas en mi piel, como si nunca se hubiera pensado que le iba a decir eso.
Con un grito ahogado senti como se desprendio el semen de su chota directo dentro de mi. Uuuuuuuffffffffffffff de tanta friccion quemaba dentro de mi, y en segundos el olor a sexo invadio la habitación. Cansado y sin decir nada se sentó unos segundos en la cama, mientras yo aun en cuatro dejaba que permaneciera en mi su potente leche que de a poco empeza a escaparse de mi concha..
Me acerque a su boca, mordi sus labios y sacando un poco de leche de mi conchita me la meti en el orto para que viera hasta que punto llegaba con mi calentura.
Puta cogida si, satisfecha solo por un rato

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El reencuentro

Llevaban horas observándose, hablando en silencio. Horas cruzando miradas y gestos cómplices que los demás no apreciaban. Ella intentaba no caer en su red, en su juego. Él sabía donde atacarle para que ella se rindiera.

Y después de horas de jugar, ambos ganaron cuando él se apoderó de ella desde atrás. Empujándola contra su pecho comenzó a deslizar sus manos por los caminos de sus caderas, caminos que esas manos ya habían recorrido.

Ella, sorprendida a la par que satisfecha, dejaba que las manos de él se perdieran entre su ropa y su vientre, mientras echaba la cabeza hacia atrás buscando la mirada lasciva de su amante.

Los labios de él buscaban los oídos de ella para poder deslizarle frases que sabía que la excitarían. Y ella podía sentir como el sexo de él crecía y se endurecía debajo de su ropa. “Te deseo”, gemía él mientras sus dedos jugaban con el pelo púbico de ella abriendo miles de caminos hasta su clítoris. Y éste, hinchado y húmedo, le esperaba ansioso.

Los flashes del bar hacían que sus caras se tiñeran de miles de colores. Y perdidos en su esquina para ellos no existía nada más que ellos, y sus manos, y su tacto, y sus ojos y su visión y su olor y su piel.

Ella se giró bruscamente para poder encontrarse con sus ojos. Él la miró como sólo él sabía hacerlo, y ella, excitada, se abalanzó contra sus labios para, por fin, volver a sentir su lengua resbalando en la de él. Las manos de ella recorrieron su espalda deseando que no existiera la camisa. Las de él acariciaban sus nalgas propinándole pequeños golpes que entremezclaba con mordiscos en sus carnosos labios. Ella sabía como le gustaba jugar a él. Por eso sus caricias fueron convirtiéndose en pequeños arañazos y rasguños en su espalda. Deslizaba sus manos con firmeza, y con gracilidad y disimulo desabrochó su cinturón y rodó entre sus ropas. Su pene, duro y erecto, le esperaba expectante. Ella le miró y le susurro al oído “¿Me deseas?” “Siempre” contesto él entre gemidos. Sus labios volvieron a encontrarse para volver a perderse en los del otro. Él deslizaba diestramente su mano entre su tanga. Ella notaba perfectamente como su sexo húmedo se abría para recibirle. Y él lo sabía. Comenzó acariciando su clítoris despacio pero firmemente, para seguir frotándolo con fuerza cada vez más aprisa. La respiración de ella se transformó en quejidos. Intentaba esconder su cara en el cuello de él, y, en más de una ocasión tuvo que morderse los labios para no gritar. Poco le costó comenzar a sentir ese agradable cosquilleo por los pies que sube rápidamente por las piernas y explota en el vientre. Sudaba, jadeaba, le mordía el cuello desesperada y sentía que le fallaban las rodillas de la excitación. Y el cosquilleo seguía subiendo… “ NO pares…… Ahora no. Sigue…..” no podía terminar las frases. “Quiero que te corras en mis dedos, que me impregnes con el olor de tu coño” Con cada palabra que él decía más se humedecía ella. Él sabía cuando iba a irse ella, y justo antes de que esto ocurriera, deslizó sus dedos en su vagina. Los ojos de ella se tornaban hacia arriba a la vez que un gemido se escapa de sus labios y le clavaba las uñas en los hombros.

Él comenzó a mover su mano acompasadamente mientras, con el pulgar, acariciaba su clítoris. Elle no podía dejar de moverse, aún con el pene en su mano, mientras lo amarraba con ansia y lo movía con un grandioso ritmo acompasado. Los dos se movía al unísono, todo su cuerpo, sus caderas, sus hombros, sus manos… todo. Ella paro de repente esperando el momento justo de alcanzar el clímax. Los hormigueos llegaban de todas partes de su cuerpo para encontrarse en el mismo instante en su vientre. No pudo contener un pequeño grito que no consiguió pasar desapercibido entre la gente, pero eso no les importaba lo más mínimo. “Esto era justo lo que yo quería” le susurro él con picardía. Ella con los latidos aún agitados, le miró fijamente mientras le decía “Quiero que me folles, necesito que me folles, peor creo que no voy a ser capaz de llegar hasta tu casa… “sus enormes ojos negros dibujaban una mirada tan lasciva que el no pudo más que responder con un apasionado y fiero beso.

Salieron juntos del bar, y al momento siguiente ya habían encontrado una esquina, un rincón oscuro que les cobijara.

Ella le empotró contra la pared y, en un momento, se abalanzó a por su cuello. Comenzó lamiendo, siguió besando y acabó mordiéndole el cuello mientras el gemía de placer e, incluso, de dolor, pero no le importaba, más bien era al contrario.

Iba desabrochando los botones de la camisa, abriéndose camino por su torso. Se paró un momento para contemplarlo. El simple hecho de mirarle la excitaba. Siempre lo había hecho. Y el saber que la deseaba la estremecía más aún. “ME masturbo pensando en que te follo” le susurro él al oído des pues de haberlo lamido con pasión. Oír decir aquella frase al hombre que había deseado desde el primer momento que lo vio, hizo que se sintiera más sexual que nunca. Él era mayor que ella, no demasiado pero si lo suficiente como para dominar su sexualidad. Atractivo, interesante y morboso; podía tener a la mujer que quisiera y el lo sabía y ella también. Por eso le excitaba tanto. Ella era una chica muy sensual y sexual, decían que demasiado para su edad, sus iguales no la satisfacían. Pero él sabía tan bien lo que tenía que hacer y como hacerlo… era tan excitante.

Al oír esas palabras, las pocas inhibiciones que podían quedar en ella se desvanecieron de su mente. Ahora solo estaba él. Lamió todo su torso, sus costillas, su ombligo, cubrió su cuerpo con saliva como si de otra piel se tratara. Y con un grácil movimiento bajó su calzoncillo y sus pantalones. Y ahí estaba, ese gran pene, duro, erecto, caliente y expectante. Ella comenzó acariciándolo suavemente mientras se arrodillaba. Luego dio largas lamidas por todos los recovecos deleitándose en el glande. La respiración agitada de él se transformó en gemidos. Ella se lo metió en la boca, primero poco a poco, pero hasta el fondo con gran destreza. Comenzó a mover su cabeza metiendo y sacando el pene, mientras con una mano le arañaba el torso y con la otra le daba pequeños tirones en los testículos.

Él clavaba sus uñas en la espalda de ella mientras se escapaban gemidos de sus labios. La mano de ella abandonó su torso para acabar caminado en su periné. Paró un momento y, mientras le miraba lascivamente se lamió el dedo índice a la vez que arqueaba las cejas diciéndole que era lo que le iba a hacer. Volvió a meterse el gran pene en la boca, ala vez que introducía el dedo en su ano, él gimió de placer por la combinación de ambas técnicas. Ella no pudo disimular su alegría por el triunfo.
De repente él cogió su cabeza y la levantó del suelo. “Ven aquí”. La besó de nuevo. Le mordisqueo el cuello mientras la rodeaba con sus brazos para poder darle la vuelta y dejarla acorralada contra la pared. Le desabrochó el sujetador y se lo quito hábilmente si arrancarle la camiseta. Sus tersos pechos se deslizaron a sus manos. Los lamía con desesperación. Siguió hacia su ombligo y su vientre. Se deshizo de los pantalones y casi le arrancó el tanga de un mordisco. Se arrodillo frente a ella y su cabeza se perdió entre sus ingles. Empezó lamiendo los muslo, luego los labios. Llego hasta el clítoris húmedo y caliente. Movimientos circulares fueron los primeros para dar paso a torbellinos de lametazos a cada cual más placentero. Ella se retorcía de placer, notaba como chorreaba e intentaba agarrarse a la pared para no perder el equilibrio.

No tardó en tener el primer orgasmo, al cual le siguió otro aún mejor, más intenso y largo, uno de esos que dejan la boca seca y las rodillas temblando. Y ella resbalaba despacio por la pared, sudorosa y satisfecha, hasta quedar de cuclillas enfrente de su gran amante.

Se besaron con pasión mientras él la levantaba del suelo y le quitaba la chaqueta. Ella, con un rápido movimiento, sacó un condón de uno de sus bolsillos y se lo enseñó a él con picardía. Y él no pudo hacer nada más que sonreírle lujuriosamente. Acercó su mano para cogerlo pero ella se lo alejó mientras le susurraba, “Tranquilo, tú déjame esto a mí”. Se agachó frente a él, se metió el condón en la boca y con una habilidad que le tenía pasmado se lo puso con los labios haciendo que la libido de ambos se subiera hasta las nubes. La levantó rápido y con un fuerte movimiento la puso contra la pared. Le levantó las manos y las colocó por encima de su cabeza mientras él se las sujetaba con firmeza. Con la otra mano recorría el contorno de sus curvas, hasta llegas a su nalgas donde le propinó un sensual cachete que fue acompañado de un leve gemido de ella.

Fue entonces cuando la penetró, firme y profundamente. Con movimientos marcados y hondos. Las respiraciones de ambos se fusionaron en una y poco a poco fueron convirtiéndose en gemidos más y más altos y claros. Él resbaló su mano con facilidad hasta su clítoris el cual esperaba deseoso. Una sola caricia hizo que el cuerpo de ella se estremeciera y que sus gemidos pasaran a gritos descontrolados. La respiración de ella se hacía entre más cortada con cada embestida y los pequeños gemidos acabaron transformándose en uno solo largo y alto que declaraba otro de sus múltiples orgasmos. Él excitado cada vez más gracias a los orgasmos de ella, seguía y seguía con su sensual vaivén mientras le susurraba al oído lo excitado que estaba, lo que ella conseguía que el sintiera. Las sacudidas de él se hacían más cortas e intensas. Ella empezó a sentir en las puntas de sus pies el preámbulo de lo que sería un gran orgasmo. Él sabía que se iba, por eso la embestía con fuerza mientras su respiración se aceleraba y entremezclaba con gemidos premonitorios. Y justo en el mismo instante ambos explotaron al unísono fusionando sus dos voces, sus respiraciones, sus cuerpos, su sudor. Ambos se quedaron quietos, inmóviles, respirando agitada y fuertemente, esperando a que su cuerpo se normalizara pero que esa sensación de satisfacción no desapareciera.

Y ambos se dijeron, sin decirse nada, que seguían queriendo más…

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Untada en chocolate

Antes que nada pasare a describir su habitación, tenia las paredes en color crema con accesorios de color negro intercalados con leopardo, su cama era muy amplia dos plazas y media con sabanas de rasó negras y leopardo, la luz era calida de color amarillenta y se podía escuchar la buena música.

Sabíamos que esa noche pasaría de todo pero no imagine que el lo tuviera tan planeado, al llegar a su departamento fuimos derecho a su habitación me gusto los detalles de buen gusto que pude ver mientras me besaba y sacaba mi abrigo, el me dijo al oído te quiero entregada a mi y entre sus besos puede contestarle que hacia mucho me tenia en sus manos.

Su perfume embriagaba mis sentidos nos desnudamos rápidamente sin mucho protocolo los dos necesitábamos sentir la piel del otro me recostó en la cama como si fuera una princesa y mientras me comía a besos como para no dejarme pensar me pregunto si me dejaba que el me atara de pies y manos, le pregunte como ,con que fin , me dijo: no me temas solo quiero que experimentes el placer y la entrega ; no pude rechazar la oferta y deje que sus manos hábilmente ataran mis muñecas al respaldar negro de la cama con unos pañuelos de seda razada de color habano, luego prosiguió con los tobillos a los pies de la cama me sentí incomoda por un momento luego sus caricias me hicieron perder.

No se de donde ni en que momento pero saco un pequeño bols que contenía chocolate en un estado liquido y un pincel que supongo seria nº10 chato, mis ojos se abrieron como abanicos y el con una mirada muy dulce me dijo: te dije que te entregaras a sentir placer, le dedique una sonrisa y cerré mis ojos , el hundió el pincel en el chocolate y como si fuera un artista en plena obra comenzó a dibujar en mi cuerpo sentí el pincel en mi pera que se deslizaba suavemente por mi cuello ,para desviarse a uno de mis pechos podía sentir el pelo del pincel, lo tibio del chocolate no podía dejar mi cuerpo quieto ante cada pincelada en mi pecho, rodeo el pezón con el pincel como si quisiera taparlo , mi pezón se puso tenso como alerta hizo una línea como comunicando ambos pechos y repitió lo mismo .La sensación era rara increíble pero placentera abrí mis ojos buscándolo y en contre su rostro abstraído disfrutando de cada pincelada como si fuera su mejor obra y sonriendo cada vez que lograba un gemido mío.

Ahora la línea bajaba hasta mi ombligo para rodearlo y llenarlo de chocolate, me producía una cosquilla y un deseo en todo el cuerpo y de allí siguió bajando hasta mi pelvis allí paro fijo la mirada en mí, hundió el pincel en el chocolate y paso el pincel por mis labios vaginales creí que me desmayaría no podía expresarme mas que con gemidos la sensación del chocolate tibio deslizándose por mi vagina mi clítoris se hinchó rápidamente y el volvió apitar rodeándolo suavemente con el pincel veía que me retorcía de placer y de necesidad de algo mas , no saco su mirada de la mía mientras el pincel jugaba en mi clítoris y yo me debatía en un mar de deseos, por favor le dije , pero tapo mi boca con su dedo y me dijo ya tendrás mas .mi vulva palpitaba y podía sentir mi humedad, comenzó a bajar con el pincel por el interior de mis piernas rodeo la rotula de mi rodilla robándome un gemido , para seguir bajando hasta mis tobillos y llegar a mis dedos los cuales lleno de chocolate , comenzó hacer lo mismo con la otra pierna y cuando llego a los dedos ya no podía parar de retorcerme quería desatarme tomarlo de la cabeza que me lamiera que hiciera algo mas o entraría en locura .

El tomo mi pie y me dijo ahora quiero que sientas aun masm, no entendía a que se refería hasta que comenzó a chupar mis dedos provocándome un calor que iba desde mis pies pasando por mi vagina y llegando a mi cara , limpio uno a uno los dedos de cada pie y subió a mi pera donde me dio un beso que me estremeció toda paso su lengua suave húmeda decidida fuerte y comenzó a bajar por mi cuello hasta llegar a mi pecho , cuando llego a el me miro y me dijo siente y relájate , comenzó a chuparme el pecho como si fuese una criatura mamandom, las sensaciones eran indescriptibles quería desatarme aprisionarlo besarlo que no hubiera hecho sino hubiese estado atada , paso al otro pecho y repitió la acción creí volverme loca pero esto recién empezaba comenzó a bajar por mi abdomen y comenzó a hundir su lengua en mi ombligo por dios me desespere me moría de calor desesperación quería que ya me penetrara estaba como una pantera enjaulada, cuando lo dejo bien limpio y vio que estaba gimiendo comenzó a bajar a mi pelvis y comenzó a besar los labios de mi vagina de una manera que comencé mi primer orgasmo el movía su lengua rodeando mi clítoris y lo mordía sensualmente mientras lo chupaba absorbiendo el chocolate hasta que acabe en su boca como si en realidad eso hubiese estado buscando, sentí que la parte mas salvaje de mi quería romper lo que me detenía para poseerlo el se dio cuenta subió hasta mi rostro me beso profundamente intenso suave y salvajemente , podía sentir aun el sabor a chocolate y a mi en su boca cuando se aparto de mi me dijo te pedí que te entregaras deja de luchar , como podía entregarme si estaba como una pantera enjaulada desesperada viendo su presa jugar; volvió a bajar y limpio mis piernas con su lengua y sus besos , volvió a ir a mi vagina y comenzó a jugar con su dedo mirándome para saber que movimiento me ponía en guardia entonces tomo el pincel nuevamente y me unto el clítoris y jugo con el pincel hasta volverme a poner en clímax , hundió su lengua en mi y comenzó de nuevo como queriendo provocar otro orgasmo en mi pero esta vez le pedí que me penetrara me sentía una salvaje el jugo con su dedo tomo un consolador de un cajón de un tamaño normal lo puso a vibrar y lo coloco sobre mi clítoris y me dijo si te mueves se cae le dije penétrame me dijo aun no, comenzó a besar mis piernas y el vibrador sobre mi clítoris y mi excitación al borde de la locura hasta que tuve mi segundo orgasmo se acerco como piadoso y me penetro con el vibrador suavemente salio y entro como si fuera el mismo y mientras me mamaba mis senos y no pude contener mi tercer orgasmo pero este ya a los gritos por la desesperación de no poder soltarme .El se apiado de mi y soltó solo una mano entonces lo tome como una salvaje de su cabeza lo bese y le pedí que me penetrara el ahora que ya no podía mas con tanto deseo y así lo hizo me embistió con su pene erecto palpitante hinchado de esperar entrar en mi, salvajemente comenzó la cúpula y yo eleve mi cuerpo hacia el y con mi brazo me tome de su cuerpo para poder besar su pecho y calmar mi desesperación y terminamos en un orgasmo salvaje desenfrenado de deseos intente ahogar mis gritos en su pecho pero terminamos uniendo nuestros gemidos en uno solo pude sentir como se derramaba sobre la cama nuestros fluidos de amor y como nuestros cuerpos temblaban de pasión .

Después desato todo mi cuerpo y volvimos a mimarnos mientras me acariciaba me decía sos demasiado salvaje para dejarte desatada fue lo ultimo que le escuche decir mientras me abrazaba y me cubría de besos .

Autor: sweethot

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La prima (de otra)

En una reunion por motivo de un cumple me presentaron a la prima de una amiga y a la hora ya nos estavamos bessando asi que cuando todos comenesaron a estar un poco mareados nos pusimos de acuerdo para tener un encuentro de esos pero nunca pense que seria en el cuarto de su tia asi que al final no tuve problema la espere y llegocon con una bata huy mal me dije pero me dio la sorpresa al hecharse al lado mioy me comenzo a besrme y poco a poco comenzo a bajar hasta llegar a mi pecho, pero no dejaba que le saque la bata y ni que la toque me beso todo el pecho y recorria con susu manos todo mi cuerpo hasta llegar a desabrocharme la correa , to ya estava a millll me bajo el sierre y metio su mano comenso a acariciarme mi polla y se exitaba me dijo cierra los ojos y lo hice ella se monto ensima mio y puso su vajina PELADITA en mi cara (la muy puta no tenia nada bajo la bata) comense a comerme esa vajina poco apoco para que se exite al maximo le introducia mi lengua y le succionaba el clitoris ahhhh ahhhhh solo gemia y gemia de placer ella bajo todo mi pantalon y agarro mi pija como otra no lo hizo nunca esatvamos en un 69 de lo mejor yo senti que me venia pero ella segia y segia mamandomela yo le chupaba su clitoris y con las manos le peñiscaba sus duros pezones rosaditos que pedian a gritos que los muerda yo le metia mi lengua y ella gemia de placer nos corrimos los dos ella se tomo toda mi leche hasta la ultima gota y yo senti los olores de sus jugos saliendo calientes de su vajina toda abierta

se paro y pude verla toda desnudita ella se dirijio ala puerta y la abrio entrando su TIA la mama de mi amiga no supe que hacer y me pare pero ella estav con una bata transparente y me dijo no te preocupes lo se todo pero no me gusta que me hagan a un lado asi que en castigo te quedas con migo ya les contare en que acaba eso por que sigo con Paty (asi se llama la prima ) y estamos calientes acordandonos de ese dia y bueno ya vuelvo ……..

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El tanga rojo

Lo vi y me encantó. Simplemente iba paseando y apareció ante mi como por arte de magia. Aunque más que rojo, aquel tanga era de un suave color granate. ¡¡Y no tenía costuras!!. Era fantástico. No dudé en entrar a la tienda y comprármelo.

Camino de casa no podía dejar de pensar en José María… estaba segura de que le encantaría, porque yo jamás había tenido un tanga de aquel color y… ¡¡¡ vaya, que creo que estrenar ropa interior es un motivo de fiesta !!!. bueno, ya es de imaginar el pase de modelo, las posturitas delante el espejo y ante tu pareja y luego…

Así que iba ideándomelas para sorprenderle. Aquel día era viernes por la tarde y casi iba siendo ya la hora de que mi marido saliera de la oficina para volver a casa… ¡era perfecto!. Decidí ir hasta allí, entrar a su despacho y mostrarle mi última adquisición de lencería.

En menos de 15 minutos me planté allí. Subí a la 8ª planta, donde él trabaja, y me metí en los aseos de mujeres para cambiarme y ponerme mi tanga rojo. Al salir, después de saludar a algunos de sus compañeros de trabajo – mi marido es el subdirector de la empresa -, me colé en su despacho. Antes me tuve que librar de la pesada de Mariola, su secretaria, porque decía que él estaba muy ocupado y blablabla… ¡Habrase visto! ¿Desde cuándo una secretaria puede tratar de impedir que una mujer entre al despacho de su marido!?

El caso es que entré. Me lo encontré hablando por teléfono y rellenando una serie de gráficas. Bah! Me senté delante de su mesa de caoba y me crucé de piernas a lo Sharon Stone, echando la cabeza hacia atrás, mesándome el pelo… después le miré con cara de viciosilla calenturienta, pero…él no me miró.

“ José María…que estoy aquí… ”

“Si, cariño” – dijo tapando la horquilla el teléfono -, “enseguida estoy contigo.”

José María.
José María y el trabajo. Me casé con él hace ya 3 años – ni siquiera los hemos cumplido – porque era un arquitecto de lujo. Un poco mayor que yo, eso sí: nos llevamos 16 años de diferencia. Yo tengo 29 y él tiene 45, pero es una fiera en la cama. Jamás he deseado a otro hombre. Pero lo malo de mi matrimonio es que él tiene demasiado trabajo y yo… bueno, yo no estudié, nunca me gustó, así que me ocupo de la casa. La verdad es que fue un milagro que un hombre como él se fijara en mi, no sé, es tan culto. Era amigo íntimo de mi padre, y así nos conocimos, porque José María siempre venía mucho a mi casa desde que yo era una niña. Es un hombre encantador. Pero creo que es demasiado ambicioso y apenas sabe disfrutar de la vida, de las pequeñas cosas… de cosas como mi tanga nuevo, por poner un ejemplo.

Permanecí un buen rato con los brazos laxos sobre los brazos del sillón (valga la redundancia), muy recta en la silla y con las piernas cruzadas. Pero ni caso. Al rato colgó el teléfono, se levantó, me besó ligeramente en los labios y, cogiendo su chaqueta, me anunció que tenía que salir un momento a recoger unos planos, pero que le esperara allí porque volvería enseguida, que tenía prisa y no sé que más historias.

Al verme sola en aquel enorme despacho no supe qué hacer. Me levanté, bajé las luces para tener más intimidad y me tumbé en el sofá como una muñeca rota. Lo cierto es que tenía una postura bastante indecorosa para ir vestida con mi carisimo traje de Armani, pero daba lo mismo, porque estaba sola.

Pasó tanto tiempo que me quedé dormida. Me despertó la puerta del despacho al abrirse y cerrarse de nuevo. Yo estaba tumbada boca abajo – me gusta dormir así – , y creyendo que era mi marido quien acababa de entrar, me incorporé de tal suerte que me levanté la falda hasta la cintura y me puse a cuatro patas, con lo cual le estaba dando una magnífica perspectiva de mi voluminoso y bien formado culo a mi esposo… tengo que decir que yo estaba de espaldas a la puerta de entrada.

Al ver que mi marido no me decía nada, comencé a ronronear suavemente y le dije, melosa:

“ Cariño…, ¿vas a permitir que este culito pase hambre?” – mientras me contoneaba insinuante…

Silencio.

Entonces, mosqueada, miré hacia atrás.

Y quien estaba allí no era mi marido, sino el director de la empresa.

Rápidamente me puse de pie y me bajé castamente la falda, que me llegaba a medio muslo. Era un chico joven; le calculé que tendría unos treinta y tantos años. Tenía un cuerpo muy bien formado, tan atractivo con aquel traje de chaqueta que lucía, y la corbata impecablemente anudada… por un momento, una idea me pasó por la cabeza, pero en seguida la descarté. ..él era el jefe de mi marido. O casi. Vamos, que yo nunca le había sido infiel a mi esposo, pero lo cierto es que hacía tanto tiempo que no manteníamos relaciones sexuales, tanto tiempo que no me dedicaba algo de tiempo, que me sentía un poco abandonada, olvidada; como si yo ya no le atrajera a mi marido…

Quizás dejé trasmitir inconscientemente esa sensación, porque me empecé a sentir desprotegida, en desventaja evidente ante aquel hombre casi desconocido para mi. No fui capaz de controlar la situación.

Y él lo notó. No pudo ser de otra manera, pues su gesto viajó sin transición del asombro a la seguridad y sin transbordo.

“Muéstramelo otra vez.”

“ ¿Cómo….?”

“ Que me lo muestres de nuevo, princesa… tienes un cuerpo tan hermoso… quiero verlo de nuevo. Muéstramelo.”

Me quedé parada, el corazón me comenzó a latir tan violentamente y tan deprisa que me dio la sensación de que se me saldría del pecho en cualquier momento.

Tímidamente me bajé la cremallera del costado de la falda y dejé que resbalara hasta el suelo. Salí de su circulo y le miré. Él me miraba serio y noté que se había acercado a mí.

“ Muy bien, princesa, ahora date la vuelta y agáchate sin doblar las rodillas, por favor.”

Obedecí, desde luego. Tenía una voz tan sensual que ni pude ni quise resistirme. Estaba muy excitada, y máxime pensando que mi marido podría regresar al despacho en cualquier momento. Yo solo me había acostado con dos hombres en toda mi vida. No me importa admitirlo: con un novio que tuve en la adolescencia, con quien estuve más de cinco años, y con José María, mi marido. Podría decirse que siempre fui una chica difícil… qué paradoja pensar en eso en el momento en el que un desconocido le pone a una cachonda.

Me sentí tan húmeda que imaginé mis flujos vaginales deslizándose por el interior de mis muslos y me puse mala.

Entonces él se acercó a mi, se agachó y pegó su cara en mis nalgas, cogió con un dedo la parte de atrás el tanga y, mientras lo sujetaba con los dientes, buscó y me acarició suavemente el clítoris.

Yo me incorporé un poco para apoyarme en la mesa del escritorio, ya que sentí cómo me comenzaban a flaquear las piernas. Estaba tan caliente que ni me inmuté cuando me mordió en la nalga derecha, aún con la cuerda el tanga entre los dientes. Yo estaba que me iba a dar algo, apenas podía creerme la situación en la que me hallaba, pero daba igual, ya no podía pensar, ya solo podía sentir y entregarme al placer.

Me cogió el tanga por los costados y me lo fue deslizando hacia abajo lentamente mientras me pasaba la lengua por la rajita del culo, hacia abajo. Cuando ya me lo había quitado, me giré y, al verle arrodillado, con su cara a la altura de mi entrepierna, le cogí la cabeza y le hundí su rostro sobre mi sexo.

Él me succionó con ansias, sediento, apretándome suavemente con los labios, besándome… le separé de mi y me tumbé en el suelo. Él se echó sobre mi y, aún vestido, me empezó a besar por el cuello, acariciando el interior de mis muslos, hasta que yo ya no pude más y le supliqué, entre sollozos, que me penetrara.

Se quitó la chaqueta, los pantalones y los slips, y se quedó con la camisa y la corbata, lo que me excitó sobremanera. Me penetró con tanta facilidad que casi me pareció imposible, pues siempre me había costado bastante con mi marido, pero eso no impidió que me doliera un poco, porque lo cierto es que ni mi antiguo novio ni mi marido gozaban de un pene como aquél…era tan largo, tan suave y tan ancho… A punto de llevarme al orgasmo le cogí con ambas manos de las nalgas y me impulsé rápidamente con mis caderas… hasta que llegué al éxtasis.

Permanecí con los ojos cerrados, respirando entrecortadamente, como si el mundo me perteneciera y no me importara. Fue entonces cuando oí un portazo, la puerta del despacho se acababa de cerrar. Abrí los ojos y vi al director tumbado jadeante a mi lado y comprendí que mi marido ya sabía lo que acababa de ocurrir.

Me levanté trabajosamente, con los mis fluidos y los de él resbalándome por entre las piernas. Busqué mi falda y me la puse. Busqué mi nuevo tanga rojo, tan bien estrenado y, cuando lo hallé, lo pensé mejor y, en lugar de ponérmelo, se lo tiré a la cara al director de la empresa de mi marido.

Mi esposo tendría que quedarse sin sorpresa.

La vida es dura.

Aliena del Valle.-

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Como fue acogido el pancho en su primer mes de clases…

Soy Francisco y tengo 18 años y estoy en primer año en la universidad estudiando educación física y acondicionamiento, y les quiero contar como me acogieron este primer mes o mejor dicho como me cogieron.
Para ayudarles a imaginar y a ponerse en mí lugar les cuento algo más de mí, mido uno ochenta y dos, soy fornido ya que hago pesas hace algún tiempo y nado, soy de piel clara pero bronceada de ojos verdes y tengo el pelo corto.
Como ustedes sabrán la costumbre es hacer pasar toda clase de prueba cada cual mas denigrante que las otra a los estudiantes de primer año o mechones por parte de los estudiantes de cursos superiores. Este era el caso en el que me hallaba .recién llegado a la u, todo tímido ya que no conocía a nadie.

Al terminar una clase todos los que estábamos en el salón fuimos sacados de el , y separados en dos grupos, uno de mujeres y el otro de hombres, donde nos ataron. La primera labor consistía en que las chicas nos rasgaran la ropa que traíamos puesta, como ya dije estábamos atados por lo cual no nos podíamos ni mover, yo ese día traía puesto unas bermudas y una polera con mangas de cuarto ; la Javi una chica de un metro setenta cinco de altura de unos profundos ojos color miel , de pelo liso largo castaño ,con un cuerpo digno de lo que es ella una gimnasta olímpica , se acerco a mi con una sonrisa de complicidad y de cachorro nuevo mirando me a los ojos balbuciendo algo como “ lo siento…” ,lo cual era mentira ,ya que después ella misma me confesaría que le havia encantado sacarme la ropa a tirones, partió tirando de el borde de la manga de mi polera hasta sacarla ,luego siguió con la otra ,en eso la dani una chica de segundo llego con unas tijeras que ayudaron a la tarea ,la javi se arrodillo al costado mio ,jalando mi partalon con una mano y con la otra pasando la tijera por el pantalón cortando a diestra y siniestra ,dejandolo cual falda jaguallana, al decir verdad entre los tirones y los cortes me encontraba casi en ropa interior .
Luego de esto fue el turno de nosotros los hombres de divertirnos ,las chicas fueron dejadas en dos grupos en la mitad de una cancha que havia sido convertida en un barrial, como ustedes se imaginaran la idea era que las chicas lucharan unas con otras arrojándose al barro, si nunca han visto esto se han perdido la mitad de su vida, desde las chicas mas bellas a las poco agraciaditas que para encontrarle algo de bueno hay que estar muy curado ,provocaban en mi como en mis compañeros un ardiente deseo de ayudarles a cubrirse no de barro sino de otra cosa ,ya que se veían de lo mas sexy que hay ,con esos cuerpos bien curtidos por horas de preparación y entrenamiento físico , con esas nalgas firmes que parecieran llevar un cartel que dice “dame por aquí” ,con esas tetas por donde refálala el fango ,que rico ¿ no? .Las chicas habrán paliado casi unos 20 minutos ,pero los cuales nos parecieron muchos menos, luego empezó lo realmente bueno ,nos llevaron vendados hasta una tarima montada en una esquina de un patio ,donde nos desataron de la soga que nos unía unos a otros y fuimos siendo ubicados separados por un par de metros en sima de la tarima por unas manos y voz femenina que nos apretaba mas la venda y ataba nuestras manos a la espalda al tiempo que decía un nombre de mujer , cuando me toco a mi turno dijo “Javíera con este cabrito te sacaste el premiado” ;al poco rato sentí nuevamente ese perfume dulce que me indico que la Javíera estaba inhalada delante mío ,ella con una voz muy dulce me dijo voy a desatar tus manos para sacarte la polera, al decir esto un cosquilleo frió recorrió mi espalda y me pareció que estábamos nosotros dos solo ,con sus suaves manos rozo las mías soltando la cuerda que las unía en mi espalda , tomando desde el borde de la polera cercano al cinturón haciendo las deslizar para sacarla por mi cabeza; luego ella volvió atar mis manos a mi espalda ,al terminar esto, se separo de mi por un instante para regresar con alguien que vació un liquido un tanto cremoso sobre mi torso que se hallaba desnudo ,luego sabría que era yogurt , en eso javíera se puso de rodillas delante mío y comenzó a besarme lenta y delicadamente bajando por mi vientre por aquellas partes por las cuales corría el yogurt en mi y a medida que iba bajando en mi vientre los besos se volvían lamidas y luego chupones, los cuales hicieron reaccionar a mi cuerpo colocando mis músculos tensos ,y mi pene endurecido y erecto ,lo cual la poca ropa que llevaba no lo podía disimular ,lo cual desato en javiera un deseo y un calor pasional que le hacia apegarse mas y mas a mi ;pasando de sentir yo unos tímidos y fríos besitos a una lengua tibia que no se despegaba de mi y unos labios que parecían querer recorrerlo todo ; sentía mi cuerpo como una tetera que esta a punto de hervir ,sentía mi mente como si volara por sobre las nubes y a javiera recorriéndome por todos lados .
En eso una voz fuerte grito y comenzaron los gritos y carreras ,eran los guardias de la universidad y la policía que venían a detener todo esto , la javi se detuvo cortantemente tomándome de el brazo diciendo ”ven , vamos a tener que terminar esto en otra parte” y gritando otras cosas comenzamos a correr ,yo vendado con las manos atadas a mi espalda , solo conducido ( tirado) del brazo por la javi trataba de escapar de ese lugar ,corrimos por el patio y por la cancha embarrada por entremedio de una masa de gente que huía , sin saber como llegamos a la calle y nos subimos a un auto ,recién allí me desataron , quitaron la venda y pude entender parte de lo que estaba pasando , iba en un auto huyendo quien sabe por donde ,quien sabe con quien ,salvo que iba junto a una mina que casi me hacia explotar .

Al poco nos detuvimos y nos bajamos todos, era el momento de respirar profundo y declara que estábamos a salvo.
El auto era de la Javiera, es de esos autos que se ven pequeños por fuera pero por dentro tienen espacio suficiente para hacer varias cosas.
Pasado un instante nos ordenamos en lo que íbamos a hacer , que básicamente como nos íbamos a ir a nuestras casas, la javí ofreció ir a dejarnos a 3 chicas y a mi, tenia razón no podía yo irme en esa facha semidesnudo y sin plata a casa . En definitiva partimos rumbo a repartir gente, primero dejamos a la Chávez , que por lo demás es bastante ”potable” , luego a la isí y a la Sofía que viven juntas en una pensión , por lo que quedamos solo yo y la javiera en el auto, los primeros momentos de verdad a solas fueron de esos silencios molestos en los que no dices nada porque no sabes que decir aunque sabes que deberías hablar; la Javiera fue la primera en hablar ”vamos a pasar a mi casa primero y de allí de voy a dejar a la tuya” ,de allí empezamos a hablar de distintas cosas ,muchas de ellas sin sentido alguno .
Llegamos a su casa, yo un tanto nervioso, ya que te vea la chica de tus sueños así todo desastrado y casi desnudo es fatal, mas lo es si te ven tus potenciales suegros, claramente no es la opción para presentarte delante de ellos; pero la javi me tranquilizo cuando abría la puerta de la casa me dijo” estamos solos, mis viejos llegan tarde. Pasa y acomódate en el sillón, yo voy a buscar algo y regreso”, entramos un saloncito pequeño pero muy bien decorado, y allí estaba ese sofá blanco de cuero con muchos cojines, en el que me quede sentado mientras javiera desaparecía por unos instantes. A los pocos minutos por una puertita que cohonestaba ese saloncito y la cocina apareció javiera sin nada, nada en sima ,solo con un frasquito en la mano, debo decirles que si hay algo perfecto en este mundo es el cuerpo de esta chica, y si hay algo que no me cansare nunca de ver es a esa mujer ,su piel rosada, suave y limpia como la aurora al amanecer , su pelo largo y liso que caía delicadamente sobre sus hombros llegando a tocar sus pechos firmes ,redondos, proporcionados, su silueta armónica de medidas perfectas ,con curvas que suben y bajan haciendo perder la cabeza a cualquiera ,y ese coñito , ese coñito capullo de flor en botón en primavera que delicadamente se manifiesta al mundo ; Alí estaba frente a mi. Ustedes se imaginaran lo que sentía mi corazón latía cada vez mas y mas rápido, irrigando sangre a toda maquila a mi cuerpo, aumentándole así rápidamente la temperatura. La Javiera me dijo “es hora que pueda terminar de hacer lo que empecé, ya que no me gusta hacer nada a medias”, me recline en el sofá y ella se abalanzo sobre mi soltando mi cinturón, bajando lentamente el cierre de mi pantalón para luego tomarle de sus bordes para sacarlo por completo, mi ropa interior ya no tardo tampoco en salir para dejarme allí desnudo dispuesto a todo, a entregarme por completo. Vació el contenido de el frasco que traía , desde mis pectorales y al núcleo mismo de mi virilidad; y empezó la fiesta, ella encaramada sobre mi en cuatro patas lamiendo, besando y chupándolo todo como si yo fuera cual helado, o caramelo, o dulce de algodónalo ,lo cual no me molestaba mas bien me hacia sentir como si dominara el mundo desde aquel sillón, como si por mi cuerpo transitaran todas las energía del universo y se proyectara desde la cabeza de mi órgano reproductor a el resto de la galaxia , a medida que la temperatura iva subiendo mas y mas mis labios se dilataban y necesitaban hallar encuentro en los labios de ella, tan solo descansando de ellos para darle una buena pasada por sus pezones ,cada vez mas y mas mi pene se endurecía, y ensanchaba ,mas aun cuando ella jugaba con su lengua sobre el , recorriéndole de arriba a bajo ,y de abajo a arriba ,tomando mis testículos y jugando con ellos en una danza sin igual ,haciéndome sentir verdaderas descargas de energía , sentía como que cada segundo era el momento culmina de una sinfonía perfecta, como que algo dentro de mi cuerpo deseara escapar, sentía cuando ella peinaba mis bellos púbicos como si estuviera naciendo de nuevo , sentía cuando ella se apoyaba sobre mi pecho a oír mi corazón, que palpitaba con redobles pronunciados ,como si aquello no se debería acabar jamás ,y que si existiera el cielo estaríamos en eso, sentía como si ella me conociera por completo y yo a ella como si hubiéramos vivido junto siempre, cuando ella me invito a encontrar su clítoris en ese húmedo y tibio centro de placer me sentía como un niño en una dulcería . Jugamos a eso un largo rato a descubrirnos uno al otro, a besarnos y volcarnos uno sobre el otro, a explorar desde las mas altas cubres y picos a las mas profundas inmensidades de nuestros cuerpos.

Ella me tomo de la mano y nuevamente nos echamos a correr, esta vez por la casa hasta llegar al patio donde nos zambullimos en la piscina de la de aquel jardín, hundiéndonos en el agua y saliendo solamente para tomar aire a través de los labios del otro.
Luego de un rato javiera salio del agua para tirarse sobre una de esas típicas sillas de playas para tomar sol acostado. Ella allí tendida al sol desnuda con ese cuerpo magnifico por el que se Iván deslizándose pequeñas procesiones de gotitas que le Iván recorriendo , y yo en el agua sentía una nueva gran necesidad que desde ese instante hasta ahora me persigue ,la necesidad que siente mi cuerpo del suyo , empecé a imaginarle junto a mi con sus manos en mi cuerpo, su respiración en mi piel, su calor cubriéndome por entero . No tarde mucho en salirme yo también para ir junto a ella, al llegar a su lado, claramente aun excitado, ella jalo de mi mano y me invito a recostarme junto a ella, pero yo me acerque a su oído y le dije “quiero que hagamos otra cosa “, al decir eso no tardamos en unir nuestros cuerpos, en fundir nuestros labios como si fueran uno solo. sus manos recorrieron mi cuello y las mías su cintura ,puedo sentir aun su respiración en mi oído .puedo jurar que siento sus manos como comienzan a bajar por mis cuerpo provocando en mi un placer tan intenso que no lo puedo describir .Era hora que yo te de placer le dije mirándole a sus ojos color miel ,mis manos y todo mi ser se aboco en recorrerle en darle placer a ese cuerpo que se retuerce de sentir como mis manos no dejan rincón en ella sin explorar para transportarla a un tobogán de placenteras sensaciones , sus pechos florecen y se esparcen al movimiento de mis manos que los acarician, sus pezones parecieran querer arrojar al mundo toda la energía provocada por cada una de mis carisias , la respiración se me entrecorta y un fuego intenso me recorre, y le siento a ella como si fuera una locomotora a punto de partir , uno de mis dedos lo humedezco en su boca para recorrerle con el, siento como se tensa su cuerpo y le logro robar unos gemidos , me dejo llevar por mi instinto y me permito comenzar a morderle delicadamente sus pezón que hondean al viento suave de la tarde , siento como comienza a humedecerse ;una de mis manos se va directo a su clítoris, lo estimulo como si fuera una parte de mi , suave pero sin dejar de ser firme , en círculos como se a de hacer , sintiendo como se muevo en cada giro que hace ,le siento húmeda cada vez mas y sus gemidos mas intensos y constantes ,pero le sigo friccionándolo y su respiración se acelera pronuncio ya no solo gemidos sino pequeños alaridos que piden “más y mas! que siga, que… no aguanta más , que no puede mas “, que me desea dentro de ella , grita quiero “explotar, te ruego que no pares , quisiera que me penetres ya “, pero es tal la energía que fluye desde nuestros cuerpos que ya no soy yo quien controla aquella escena de entrega y de placer , es un calor intenso el que me sube desde lo pies hasta el rostro , una de mis manos busca nuevamente su boca ,para bajar con mi dedo húmedo a estimular sus pechos ,mas y mas nuestras respiraciones se van uniendo agitadamente , su cuerpo se retuerce; al buscar mi reflejo en sus ojos veo como casi esta a punto de llorar por lo que esta sintiendo, con un hondo gemido marca que su cuerpo no puede retenerlo mas, y exploto en un éxtasis de placer que se derrama por mi piel , al mismo tiempo mis labios y mi lengua han ido a degustar las mieles que de su cuerpo ice brotar de placer , y me éxito mas. Y solo quiero seguir sintiendo aquel inmenso placer de sentirla mía , sentir que este momento no acabe y estar casi desvanecido de placer.

Como el día ya a esa hora comienza a declinar y el sol a volver a su morada dando paso a la luna, entramos a la casa para secarnos.
Frente a un armario ella me paso una toalla y al sentir mi piel como rozaba con la de ella, mi virilidad volvió a erectarse, lo cual era muy notorio, ella se agacho y beso la puntita de mi pene, diciendo “te has portado bien mereces un premio”. En eso ella se encaramo sobre mi, convirtiéndome nuevamente en suyo, pasando sus brazos por sobre mis hombros y abrazándose a mi cuerpo con sus piernas. Yo la tome de sus glúteos perfectamente redondos y firmes y la atraje a mi cuerpo para penetrarla, y hacernos uno. Comenzando nuestros cuerpos a unirse cada vez más, e ir de arriba hacia abajo y de atrás para adelante, con una intensidad de placer que ambos experimentamos como cada instante fuera la sima de la felicidad.
Nos tomamos de la mano y caminamos hasta su habitación , un cuarto muy bello delicadamente decorado, con una gran cama repleta de cojines y almohadas ,que a partir de ese día hasta hoy convencido me encuentro que ha de ser el camino al cielo ,y el altar de las pasiones desatadas .
Una vez en la pieza comenzó el juego de darse y entregase, de dar y recibir, de buscar y de encontrar el como hacer mas feliz al otro.

Ambos nos tendimos de costado, en la cama. Ella de espaldas a mí, y nuestros cuerpos comenzaron a amoldarse uno al otro. Ella en un alarde de destreza, como buena gimnasta olímpica que es, paso su pierna externa flexionada abriendo la puerta al placer: yo la comencé lenta y delicadamente a penetrarla haciendo palanca con la pierna de ella, que se apoyaba en la cadera de mía. Diciendo secretamente a su oreja cuan excitado me traía, lo cual dio el condimento perfecto para alcanzar el máximo de placer y desatar en los dos un espíritu salvaje por dejarnos poseer por el otro. Ella me pidió que tocara como lo havia hecho antes su clítoris, pero no solo hice eso sino que recorrí todo su ano, y mordisquee sus pezones. Una vez acabado esto, cansados tendidos en la cama, cara a cara nos encontramos, y ella dijo con emoción “es hora Ya “, fue en ese instante mientras me introducía en ella nuevamente que medí cuenta que no solo ese día havia tenido sexo por primera vez en la universidad, sino era la primera vez que amaba de esa forma tan intensa, y era por eso que permitía darme de tal forma.
Esa tarde practicado la mejor forma que hay para desarrollar nuestros cuerpos y capacidad de entrega y recepción, mediante gimnasia del amor.
Esa tarde la variedad de movimientos que nos permitimos probar, fueron tantos y mucho mas las sensaciones y emociones que vivimos, que creo no ser capas de expresarlas todas.
Luego nos dimos un rico baño tibio, y la Javí me presto algo de ropa de su hermano, la cual me quedaba muy corta y ajustada, y me fue a dejar a mi casa, pero no sin antes ponernos de acuerdo como nos encontraremos para continuar esto.
No puedo dejar pasar antes de terminar decir que ese día fue sensacional, y cada vez que pienso en el mas y mas ganas me dan de repetirlo una y otra vez ,y recomendarles que cada vez que se encuentren en la intimidad permítanse ser llevados y conducidos por sus deseos ,tan solo procurando darse por entero para el otro.
Hasta la vista nos estaremos viendo pronto, escríbanme
Un abrazo.
El Pancho

Comentario a :
pancho_campion@terra.com.mx

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El esposo de Carla

Hace como un año me mude a un departamento junto con Carla, lo que les voy a relatar sucedió hace cerca de dos mes, me encontraba en mi cuarto cambiándome de ropa, cuando noté por el espejo Sebastián, me estaba observando. Al darme vuelta, él se retiró con rapidez, pero lo llamé para pedirle que antes de irse pues estaba de visitando a Carla, me alcanzara
algunas cosas que yo había dejado en el automóvil. Cuando giró ante mi llamado, noté lo abultada que estaba su bragueta como señal indudable de una erección que él trató de disimular, tapándose con las manos mientras hablábamos. Me causó algo de gracia el confirmar que le era atractiva. Tras una breve conversación se retiro. Minutos después, al pasar frente a la
puerta cerrada del baño, surgió en mí una sospecha que no puedo fundamentar con claridad, pero que me llevó a apoyar uno de mis oídos en la misma, lo que me permitió escuchar ciertos movimientos rítmicos, y una respiración profunda al principio y jadeante luego, que no me sugerían otra cosa que una masturbación en curso.

La situación relatada me generó una variada serie de sentimientos. En primer lugar me preocupé, no por las presuntas maniobras de autosatisfacción de Sebastián, sino porque yo sospechaba que se había excitado observándome y el
alivio que se procuraba me tenía como causante. Por otra parte me sentía orgullosa de confirmar que tengo un cuerpo atractivo. Pensé en qué había visto Sebastián ese día y creo que vio mi espalda desnuda, mi cola parcialmente oculta por una tanga, quizás alguno de mis pechos de perfil. También sentí curiosidad imaginando las maniobras que ocurrían del otro lado
de la puerta y alguna cosquilla entre mis piernas por lo que pasaba del otro lado.

Recordé que otras veces, durante los últimos meses, me había parecido verlo cerca de mi cuarto o del baño mientras yo me encontraba en ellos. Sentí que debía confirmar si estas suposiciones eran ciertas y decidí favorecer el contacto de su mirada conmigo. Sebastián venía a casa casi todos los dias alrededor de las 17 horas, Carla a las 18. Fue así que al desvestirme cada día, comencé a dejar la puerta bien abierta y a moverme semidesnuda, sin mirar hacia afuera para no ahuyentarlo, pero atenta a sus movimientos. Siempre me espiaba. También comencé a dejar entreabierta la puerta del baño y en una ocasión mientras me duchaba lo llamé para que me alcanzara una toalla y al tomarla me incliné para que se me viera fugazmente un pecho. Otra vez salí envuelta en un toallón y de espaldas a él dejé que se me cayera y lo recogí inmediatamente. Una vez y vestida con una falda muy corta, le pedí que me sostuviera una escalera mientras yo subía a buscar algo sobre unos estantes. Imaginé su cara mirándome desde abajo y al bajar, vi otra vez, como en los días previos, la imponente tensión bajo sus
pantalones. Y luego se dirigió al baño.

A esta altura de los hechos, muchos pensamientos nuevos surgían en mi mente. La preocupación inicial se transformó en una mezcla de excitación y vergüenza. Esperaba cada día Sebastián me espiara. Imaginaba su mente pensando en mí y su mano en su miembro subiendo y bajando con frenesí hasta vaciarse, en mi cara o en mi pubis. Sentía además un creciente deseo de ver su miembro. Se me ocurría como un arma poderosa capaz de hacer gozar hasta el desmayo a quien se le pusiera al alcance, incluso a mí. No soñaba con tenerlo dentro de mí, porque sabía que no sería capaz de cometer una locura así, porque era el esposo de Carla, mi amiga, pero quería verlo, mirarlo de cerca. En ese tiempo mi vida sexual era tranquila. La frecuencia de acercamiento con algunos hombres era baja Notaba también que algunos de mis compañeros del trabajo o los hombres por la calle me miraban con intenciones muy claras. Un viernes por la noche tras haber cenado, me duché y salí del toilette cubierta por una bata de algodón. Carla había salido de viaje y no volvería hasta el domingo. Decidí continuar
con mi juego de provocación e invite a Sebastián conversar y ver televisión. Cuando llego, le invite a pasar, me incliné dejando que se vieran parte de mis pechos y luego me senté a su lado con ambas piernas sobre el sillón y la bata entreabierta, que dejaba ver una de mis piernas hasta la ingle. Él me miraba de reojo mientras yo fingía ver la televisión. Yo también de reojo, noté cómo crecía su verga. Sabía que mis fantasías no eran razonables, pero como me venía ocurriendo a diario, comencé a percibir que mi vulva se humedecía y tal vez el saber que Carla estaría afuera por dos días, me llevó
a vencer mis prejuicios y a manipular la situación para aliviarme de esa tortura.

Le tomé una mano, que con la otra intentaba ocultar su erección y le dije que había notado que le gustaba observarme y le pregunté si yo le parecía bonita. Trató de explicar que no, pero que yo sí era bonita y con voz relajada para que no creyera que lo recriminaba, le comenté que no se preocupara, que lo había visto mirándome y cómo se le ponía duro. El pregunte si yo le resultaba atractiva. Se sonrojó y me dijo que sí era muy atractiva y que con ver cualquier parte de mi cuerpo le pasaba eso. Quiso negarlo, pero lo miré con ternura y dijo que sí, que era cierto y le pregunté si gozaba mucho y reconoció que sí.
Le pedí que me contara qué pensaba de mi , le pregunté si imaginaba que yo se la tocaba y dijo que sí y al preguntarle si yo lo hacía sólo con la mano, me dijo que a veces con la boca y le pedí que se distendiera y me diera detalles y me contó cómo yo le besaba la punta y luego los testículos y cómo luego me la metía hasta donde podía dentro de mi boca y la lamía y a veces me sentía ahogada y sacaba la boca y volvía a empezar. Me contó cómo yo me arrodillaba sobre él y me penetraba por la vagina y cómo, me ponía en “cuatro patas”, me untaba mi orificio anal con crema y me penetraba. Y le pregunté si yo gozaba y me dijo que sí, que mucho y que me gustaba que acabara en mi boca, pero cuando más gozaba era con su verga en mi culo, que yo gritaba desesperada y le pedía que se la metiera hasta el fondo y que él gozaba, pero temía lastimarme.

Al escuchar ese relato mi corazón parecía a punto de salirse de mi tórax, estaba transpirada y a punto de pedirle que me penetrara por detrás allí mismo. No recordaba el haber estado tan excitada desde hacía varias semanas, para conformar sus requerimientos y que no había gozado en absoluto. Con un gran esfuerzo por controlarme, le dije que sus fantasías no podían
cumplirse, porque era el enamorado de mi amiga, no era. Pero que no estaba mal soñar y que todos tenemos sueños inalcanzables y que esto los hacía más bonitos. Que me alegraba de que sintiera lo que sentía por mí y de que hubiera sido tan sincero. Que dado que le gustaba mirarme, por este día lo iba a premiar dejando que me observara completamente desnuda y que iba a poder masturbarse delante de mí mientras me miraba. Dijo que le daba vergüenza, pero lo llevé de la mano hasta su cuarto y le pedí que se desvistiera. Lo hizo con temor y le indiqué que se recostara sobre la cama, mientras yo le acomodaba varias almohadas debajo de su cabeza. Parada a su lado le dije que se sacara el slip, y al hacerlo surgió una pija de tono sepia, en ese momento no plenamente erecta, con venas bien visibles, que se inclinó hacia la derecha. Enorme. Le acaricié los muslos y su verga se elevó de golpe como un mástil. Me separé y me paré a un metro. Le dije que él se pajeara mientras me observaba, pero que no nos íbamos a tocar en ningún momento. Le di la espalda, saqué los
brazos de las mangas y dejé caer mi bata hasta la cintura. Me di vuelta tapándome los pechos con las manos. Mis pechos erguidos y con pezones rosados, que en ese momento estaban durísimos. Me los acariciaba mientras dejaba que se fueran viendo cada vez más y mi hijo se masturbaba con una mano, que trepaba y descendía por esa pijota, casi sin que pudiera rodearla con su mano. Dejé mis pechos a la vista mientras me balanceaba de un lado a otro siguiendo el ritmo de la paja. Me di vuelta y dejé deslizar la bata para dejar al aire mi culo redondo, siempre alabado por otros hombres y apetecido
por tantos en el trabajo o la playa. Me seguí moviendo a medida que aumentaba la frecuencia de la paja, hasta que manteniéndome de pie, incliné mi tronco hacia adelante y con el culo a 50 cm. de su cara, con mis manos separé los glúteos para que pudiera ver y dada mi excitación, oler de cerca mi concha y mi ano. Él comenzó a gemir mientras yo aún inclinada giré la cabeza hacia la izquierda, donde a centímetros su pija parecía estallar. Estuve a punto de arrojarme sobre ella y engullírsela, pero me esforcé en controlarme. Me recosté en la punta opuesta de la cama, abrí mis piernas y separé mis labios para que me mirara y completara su tarea. Evité acariciarme para mantener la firmeza de mis propósitos, para no excitarme hasta un punto incontrolable y para evitar el hacer cualquier cosa de la que me arrepentiría (es decir, pedirle que me penetrara). Sonreí con ternura todo el tiempo, evitando que se me notara el descontrol que me provocaba dolores en el abdomen y los dientes, tan apretados.

Le hablé mientras él se agitaba, pidiéndole que estallara, y así ocurrió, cuando varios chorros de semen caliente saltaron mojándolo a él, la cama y salpicándome también. Comenzó a respirar cada vez más pausado. Me levanté, me puse la bata, él tomó la sábana para taparse, me acerqué le di un beso en las mejillas, le acaricié el cabello y le pregunté si le había gustado y si lo ocurrido le había parecido incorrecto y me dijo que nunca había gozado así y que nada le parecía mal, y que le gustaría que ocurriera de nuevo y le dije que tal vez algún día y se marcho a la habitación de Carla pues esa
noche se quedaría allí. No me duché y decidí acostarme impregnada de los olores que me envolvían.
desesperada comencé a acariciar mi vulva, mi clítoris y mis pechos, pensando en Sebastián, pensando en su verga, casi sintiendo su gusto y necesitándolo dentro de mí. Deseé haber tenido un vibrador que jamás se me había ocurrido
comprar y metí mis dedos en mi concha y con la otra mano me acaricié con intensidad el clítoris hasta acabar y sin ceder con mis caricias reiteré varios orgasmos sorprendentes para mí. Hasta quedar dormida.

Desperté sobresaltada a las 4 de la mañana, agitada, creo que angustiada por lo sucedido y excitada por lo que pasó y por lo que no pasó. La puerta de mi cuarto seguía cerrada. Me dirigí hasta el cuarto de Carla, donde estaba Sebastián, la puerta estaba entreabierta. Asomé la cabeza y traté de distinguir entre las sombras si todo estaba bien. Al hacerlo, me preguntó si
era yo y qué ocurría y prendió la luz. Yo estaba desnuda todavía y sonreí diciéndole que bueno, que él ya me conocía así, sin ropa. Me miró extasiado y la sábana se movilizó y se elevó a la altura de su ingle. Me puse seria, avancé hacia él. Sabía que debía detenerme, pero no pude. El deseo era irresistible y era imposible que me controlara. Tomé la sábana, lo destapé,
con ambas manos apreté su pijota y comencé a lamerle el glande. Él me miraba azorado y yo le respondí con una mirada casi de súplica. Metí su verga en mi boca y bajé y subí la cabeza sin soltar su pija atrapada por mis manos y se
contorneaba y gemía. Giré mi cuerpo y me recosté sobre él para que tuviera una visión más completa de mi concha, pero él estiró su cabeza y con su dulce lengua comenzó a chupármela. Primero chupó con pasión mi concha que estaba a punto de explotar y luego mi orificio anal, y luego mi conchita y otra vez mi ano que se abría con el impulso de su lengua firme y
experimentada. No quería llegar al clímax ni que él lo hiciera así, mediante estímulos bucales. Me aparté, de frente a él y montada sobre su cuerpo, me puse en cuclillas y descendí lentamente, mientras su maravillosa pija se introducía en mi concha, que se contraía y parecía aplaudir de alegría. Sebastián, como si fuera un semental descontrolado, bombeaba dentro de mi vagina que no podía contener ese aparato descomunal. Luego estiré mi cuerpo sobre el suyo y sin que su polla se escapara de mí, giramos mientras él ahora encima de mí, arremetía con pasión y controlaba sus. Yo le pedía que me perdonara, que no quería que esto dañara la relación con Carla, que el era el enamorado de mi amiga, y que él tal vez me lo reprocharía en el futuro, pero me contestaba que no, que era feliz, que me amaba, que me agradecía, que nunca
me dejaría por mas que se case con Carla. De pronto sentí una convulsión y me desparramé y derretí en mil orgasmos que
venían y se iban y volvían y no terminaban mientras lo besaba. Mi lengua dentro de su boca, su lengua en la mía, mordiendo mi cuello y lamiendo mis fosas nasales. Exhausta, lo aparté con delicadeza, le acaricié la cara, casi rasguñé su piel, y lo tomé por la cintura para dirigirnos a mi cuarto. Saqué de un cajón una crema humectante que me paso por mi cuerpo (fue lo único que se me ocurrió usar durante esa conmoción), unté su pija maravillosa, le pedí que me la pasara por el ano y él lo hizo casi con sabiduría, por fuera y por dentro y me agaché y le pedí que me destrozara y se acercó con su tronco rojizo y caliente y lentamente comenzó a empujar hasta que su glande hizo punta y luego el resto de su falo, kilométrico, mientras yo me retorcía, gemía, gritaba y agradecía y le pedía perdón y él me decía que me amaba ¿que está bien lo que hacemos? Y él que sí y qué lindo era mi culito y yo desesperada tenía orgasmo tras orgasmo y deseaba que nunca terminara y que
podía morir ahora, ya nada más importante tenía por hacer. No había sido tan feliz en semanas, le dije, estoy lista para recibir todo lo tuyo, donde quieras, y lentamente sacó su pija y me pidió que se la chupara y lo hice sintiendo ese gusto mezcla de mí y de él y la masajeé con mis manos y la chupé con desesperación hasta que sentí como casi convulsionaba y derramó sus líquidos una y otra vez en mi boca, mientras se derramaba un poco y yo deglutía lo que podía, hasta la última gota. Nos dormimos abrazados y despertamos cerca del mediodía.

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Estimulante femenino

Nos sentamos a tomar un poco de vino con mi mujer hasta que le propuse arrojar un colchón en el living para seguir tomando, charlando y mirando TV.
Hasta que recordé que había comprado en el sexshop un sobrecito de viagra femenino (pomada a base de mentol de uso tópico que se aplica en el clítoris). Entonces le propuse que se la aplicase. Accedió, fue al baño y se puso el sobrecito entero.
Cuando volvió le consulte si le hacia efecto y me dijo que comenzaba a sentir calor. Cada vez mas hasta me pidió que se la meta, que deseaba sentirla dentro junto con esa sensación.
Se me puso muy dura cuando me dijo eso.
Así que ella siguió acostada boca arriba, ahora sin ropa. Yo me incorpore, me desnude y me senté frente a ella con las piernas abiertas. Me acerque y los 2 introdujimos mis 19 cm en su vagina que estaba caliente lubricada y deseosa de ser penetrada.
Comencé a hacérselo despacio hasta que yo también experimente ese calor o hinchazón. Cogimos largo rato hasta que cuando yo no daba mas me acosté, ella se subió arriba y me hizo acabar dentro.

Dedicado a Maria Maria.
bsamaxz@hotmail.com .
Argentina.

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