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Buscando una tercera

Creemos ser dos seres normales, nos gusta mucho el sexo, nos apasionan ver videos porno y yo tenia deseos de realizar nuevas experiencias, primero comenzamos por comprarnos un consolador y otras cosas por el estilo, ropa sexy pero cada vez yo quería mas y mas hasta llegue a convencer a mi pareja para tratar de tener una tercera persona en nuestro cuarto.

Decidimos ir por la calle y tratar de hacer amistad con alguna mujer, mi pareja me dejaba en un bar y él se iba a levantar a otra mujer para mí, al principio no me gustaba la idea pensaba que se iría 2 o 3 horas por ahí y que volvería con las manos vacías. No era facil pero  un día cualquiera sin pensarlo llega al bar donde yo estaba  (ese día vestida con una mini muy provocativa y una remera en la que se podían reflejar mis pechos.) Hola me dijo, y dirigiéndose a la acompañante le dijo que casualidad acá esta mi mujer de la que te estuve hablando hace instantes, la chica en cuestión debería tener no mas de 24 años era mas alta que yo pechos paraditos, buena cola, estaba en un jean apretado y tenia una camisa fuera de la cintura, me llamo la atención que no usara sostén, pero no le di importancia. Hola me dijo yo soy Ana vos sos Julia o Julita como dice Oscar. Se acercó, me dio un beso en la mejilla y la invite a sentarse a tomar un café, charlamos los tres un buen rato, me atraían sus pechos los cuales me los imaginaba con tan solo ver la separación de los mismos ya que tenia un botón de la camisa desabrochado. Pude observar que me miraba el cruce de piernas y que miraba mucho a Oscar cada vez que se dirigía  hablándome a mí. Bueno luego de tomar algo nos decidímos a irnos, ya que ella vivía cerca le dije que la llevábamos sin compromiso pensando que como no hablamos nada de encuentros no le había caído algo bien. Nosotros tenemos un auto tipo combi para transporte de gente, subimos los tres adelante yo me senté en el medio y ella del lado de la ventanilla, Oscar muy astuto determino ir a la casa de Ana por el camino más largo y más tranquilo, serian las 22 hs ya era bastante oscuro, en una curva mis piernas tocaron las piernas de Ana y ella muy sutilmente me arrimo su mano sobre mi muslo, diciéndome que lindas piernas tenés ¿haces deportes? No, le dije, solo camino y no corro mucho, sentia el calor de su palma en mi pierna, y la sensación era tal que sentia mi humedad surgir de entre mis piernas. Oscar nos dijo porque no se pasan atrás y estan mas comodas, nos miramos y aceptamos el paro la combi y nos pasamos a los asientos de atrás, ya él  sabia que iba a ocurrir, se le notaba la cara sonriente. Ana se animó y comenzó a tocarme las piernas más fuerte, yo hice lo mismo pero me dediqué mas a tocar su pezones principalmente el  izquierdo el cual estaba durísimo, sentía su mano subir por entre mis piernas y llegar a mi clítoris, ya estaba muy mojada, excitándome a cada segundo, intercambiamos un beso en la mejilla y luego otro en el cuello, ella determino que ya era hora y apoyó muy suavemente sus labios en los míos quedándonos varios minutos saboreando nuestras lenguas y abrazándonos apasionadamente. Oscar paro la combi al costado del camino apagó las luces y se pasó al mismo asiento donde estábamos nosotras, acomodó algunos asientos para tratar de hacer un tipo sillón en el cual me acosté, Ana no dejaba de besarme, levantando mi remera y desabrochando mi sostén, se dedicó a besar mis pezones mientras me iba sacando mi tanga, a la vez Oscar le desabrochaba su jean y también su camisa, ya él se había sacado su ropa quedándose solamente con el bóxer en el cual se podía divisar su miembro erecto listo para satisfacerme. Ana bajaba cada vez mas llegando con su lengua a mi clítoris e introduciéndomela en mi conchita, jugaba con sus dedos mientras yo saboreaba el miembro de Oscar, nos estábamos regocijando los tres, Ana sacó su cabeza de entre las piernas y se recostó en el asiento de al lado mío, dejando sus piernas  abiertas para que yo me decidiera a hacer lo mismo que ella me hizo a mí, nunca había hecho algo así, pero mi excitación iba cada vez mas en aumento, Oscar me dijo solo apóyale tu cara en la pelvis mientras yo te penetro, me acomodé, Oscar se apoyó en mi penetrándome totalmente y yo en la pelvis de Ana, era una sensación enorme ella me acariciaba mis pelos y yo introducía dos dedos en su concha mientras que Oscar me hacia tener un orgasmo sensacional, tal era mi excitación que bajé la cabeza apoye mi lengua en el clítoris de Ana y más luego toda mi trompa en su concha hasta llegue a besarle el orto, ella se empezó a mover muy bien hasta llegar al orgasmo justo cuando Oscar estaba acabando dentro de mí, y yo también acababa con él, Los suspiros de Ana eran eternos, el néctar que desprendía mojaba  mi lengua, era sabroso y sentir la leche de Oscar caer entre mis piernas no tenia palabras para decir, Oscar se  separó y todavía tenia su miembro parado (el siempre se echa mínimo 2 polvos seguiditos) así que le dije a Ana si me ayudaba a besárselo cosa que aceptó y entre las dos besamos ese miembro y la colita de Oscar en la que ya yo tenia puesto un dedito así lo excitaba mas, cuando él comenzó a darse cuenta que acababa nos hizo poner la boca juntitas y nos lleno de leche la boca y la cara, para mas luego Ana y yo nos dimos un beso saboreando ese semen.

Terminamos vistiéndonos Oscar paso al asiento del conductor prendió la combi y llevamos a Ana hasta la casa, nos quería invitar con un café pero decidimos que no, que lo preferíamos tomar otro día con mas tiempo. Así que quedamos para vernos y compartir también al marido de Ana (hasta ese instante para mí era soltera), pero esa es otra historia que otro día les contaré.

Si alguien nos quiere escribir proponiéndonos algo parecido prometemos contestar los mail.
alegrias@ciudad.com.ar

Orgía con mi compadre

Mi marido siempre me ha insistido en tener sexo con dos hombres al mismo tiempo, hemos tenido muchas fantasias pero llego el momento en que se presento la ocasion en una borrachera con mi compadre beto.

Nosottros somos una pareja que nos gusta la vida nocturna y no nos asustamos de nada, y en una parranda mi marido y mi compadre me sedujeron.
Mi compadre fue a visitarnos a la ciudad donde vivimos, y como festejo de su llegada mi marido compro cerveza y despues de estar tomando por un largo tiempo y como ya era tarde para mis hijos le hable a mi niñera y nos fuimos a un hotel para seguir la fiesta. Antes de salir mi marido me pidio llevar ropa sexy y yo lleve un vestido corto y unas medias con liguero y unas zapatillas.

Al llegar al hotel mi marido pago dos habitaciones una para mi compadre y otra para nosotros ya que nos instalamos mi compadre llego ha nuestra habitacion y pregunto que si ibamos ha continuar la fiesta a lo cual le contestamos que si y lo invitamos ha quedarse para entonces yo ya me habia puesto mi vestido y mi marido me dijo que me quitara la ropa interior.

Nos pusimos ha jugar baraja y empezamos ha castigar al perdedor con quitarse una prenda despues de un rato ya los tenia desnudos a los dos y con la verga bien parada y eso me empezo ha exitar a mi tambien.

Mi marido al ver que yo tambien estaba excitada empezo ha manosearme en frente de mi compadre yo podia ver como mi compadre me comia con la mirada mientras mi marido me metia mano y empezo ha masturbarse en frente de nosotros al mirarlo yo me calente mas y deje abrir mis piernas para dejarlo verme cosa que me gusto y me hizo tener un orgasmo inmediatamente.

Dejamos de jugar baraja y nos fuimos a la sala donde para entonces mi esposo le hizo señas ami compadre para que se uniera a nosotros.

A mi me agrado la idea porque se me antojaba su verga cuando se masturbaba y no desaprobeche la ocacion para sentirla los empezaron ha manosearme por todo el cuerpo y mi marido me dijo acuestate en la cama se colocaron uno ha cada lado mio [YO SIEMPRE HABIA FANTASIADO CON DOS VERGAS HA MI LADO] mi marido empezo ha lamer mi culo mientras mi compadre chupaba mi clitoris algo que me gusto mucho y lo distfrute mucho,les hize una puneta ha los dos juntos y mi compadre estaba tan exitado que termino luego. mientras mi marido me penetraba mi compadre empezo ha acariciarme los pechos y al verlo exitodo de nuevo no resisti la tentacion y me meti su pene ha la boca y se lo chupe hasta tragarmelo totalmente aunque mi compadre tiene la verga grande me la trague toda y lo hice terminar de nuevo.

En otro ocacion ya que teniamos mas confianza dejaba que me mirara mi compadre cuando me cambiaba de ropa y procuraba de acuerdo con mi marido provocarlo a lo cual el respondia inmediatamente porque mi comadre no le gusta el sexo con el .

Me excita que mi compadre mire cuando mi marido me penetra y ver que a el le crece la verga inmediatamente, me gusta verlos parados frente ha mi jalandose la verga los dos y ver como les escurre el semen me gusta sentirlos excitados, me gusta que me besen todo el cuerpo que no quede un lugar sin tocar me gusta ver como mi compadre se excita conmigo porque he visto que con mi comodre no logra que se le pare la verga, todavia no me animo ha que mi compadre me meta la verga pero yo creo que la proxoma ocacion voy ha dejar que me cojan los dos.

Walkirias

Hola mi nombre es Oriana y les voy a relatar cómo una noche mi mejor amiga y yo tuvimos sexo con el novio de ésta, para empezar tengo 25 años, mido 1.64,cabello castaño y delgada. María y yo planeamos un viaje a la playa en yate, el dueño de éste era el novio de María Christian. Bueno acordamos vernos en un club vacacional y de ahí irnos a una playa cercana. Bueno, cuando llegamos, anclamos a seis metros de la playa desierta para podernos bañarnos, ella por iniciativa se quitó el sostén del bikini dejando sus senos al aire, ella me incitó a hacer lo mismo, Christian, que venía de la proa nos miró atentamente, María le dirigió una mirada provocadora y tomó el bronceador dándoselo a Christian y colocándose de espaldas, Christian le untó la espalda y los hombros de bronceador y ella me miraba con mirada devoradora e insinuante. Luego fuimos a la popa y nos desnudamos para sumergirnos en el mar y nadar, echarnos agua y bromear un poco entre las dos. Pasamos toda la tarde nadando y nos secamos para ir a comer. Envueltas en la toalla, nos sentamos en la mesa y María delante de mí empezó a besar a Christian, luego ella empezó a juguetear un poco con su pene y a la vez ella me miraba insinuadora, luego se acercó a mí y me despojó de la toalla y empezó a besarme los pechos bajo la mirada atenta de Christian quien se acercó y se acostó en el sofá. Yo me senté encima de él y María se sentó sobre su rostro, yo me empecé a moverme y María empezaba a acariciarme los pechos y a besarlos, me movía con cierto ritmo aumentando y disminuyendo hasta que sentí la proximidad de mi orgasmo, María acabó enseguida, yo después. Caímos exangüe encima de Christian y ésta empezó a besarle la cosita a María para luego penetrarla yo me coloqué debajo de ella y comencé a acariciarle los senos hasta que en medio de gemidos, ella decía:
-Ay qué rico, sigue.
Luego Christian la besó y la imposibilitó gritar cuando su orgasmo se aproximó, ella cayó exangüe para luego colocarse a horcajadas encima de mi cara y poder chupar mi cosita que estaba húmeda, luego me puso su chocho en mi boca y pude chuparle el clítoris, Christian estaba sentado en la esquina del otro lado del mueble y nos veía atento mientras se manoseaba su pene erecto cuando las dos sentimos que llegaba el orgasmo, Christian se levantó y con una botella en mano la introdujo en mi vagina y empezó a darle vueltas, María no dejaba de tocarle el miembro a Christian y no dejaba de chupar mi clítoris hasta que acabé en un delicioso orgasmo. Después de las vacaciones en el yate regresamos a casa prometiendo que en el próximo viaje haríamos lo mismo.

zuela4421@cantv.net

Mi prima necesitaba un buen polvo

Me llamo Raúl y es el tercer relato que envío. Los dos anteriores tenían como protagonista a mi mujer pero esta vez quiero contaros lo que sucedió entre una prima mía y yo.

Ella se llama Bárbara. Tiene 40 años es alta pues mide cerca de 1,80. Rubia y con unos ojos azules preciosos y un tipo monisimo. Está casada y tienen 4 hijos el menor de 3 años que es mi ahijado y la mayor de 12 años. Últimamente mas o menos desde hace un año su relación matrimonial va fatal hasta el punto que su marido duerme en otra habitación por lo que no tienen ninguna relación íntima. Mi relación con ella fue siempre de mucha confianza y amistad y nos consideramos como hermanos. Hace cosa de quince días pasé por su casa a tomar un té y empezamos a hablar sobre su matrimonio. De la mala relación que tenían su marido y ella y la suerte que tenía yo al no tener problemas con mi mujer. Sobre todo de la suerte que tenía mi mujer de tenerme cuando quisiera. La conversación acabó siendo un poco picante hasta que me preguntó que era lo que le gustaba a mi mujer en relación al sexo. Yo me quedé un poco parado pues no esperaba esa pregunta, pero le contesté si quería saber lo que a mi mujer le gustaba hacer o que le hicieran. Mi prima se puso colorada y sin mirarme a los ojos contestó que quería saber que le gustaba que le hicieran. No se como, pero me di cuenta que mi prima estaba muy necesitada de sexo. Sin pensar le pregunté que cuanto tiempo hacía que no follaba. Me contestó que casi un año. Así como en broma le dije que si yo tenía a mi mujer un año sin follar lo más probable es que me echara de casa. A mi esa conversación me estaba empezando a poner cachondo y de golpe le pregunté si de verdad quería saber que le gustaba que le hicieran a mi mujer. Me contestó. Ya te dije que si. En la forma de decirlo note como que le temblaba la voz y que a ella esa conversación también empezaba a ponerla caliente. Bien. Si quieres saberlo lo sabrás. Levántate y ponte de pie aquí delante de mí. Ella así lo hizo. Ahora acércate y abre las piernas. Quiero deciros que tenía puesta una falda de cuadros escoceses de esas cruzadas que le daba un poco por encima de la rodilla. Me quedé mirando sus piernas y os digo que son largas, larguísimas y delgadas con un tobillo fino y por lo que hasta ese momento veía una pantorrilla perfecta. Eran unas piernas preciosas. Le desabroché el imperdible que tenía en el cruce de la falda y empecé a acariciárselas. Ella cerró los ojos y me dijo que era la primera vez que alguien que no fuera su marido le tocaba y acariciaba las piernas de ese modo. Con mis manos recorría sus piernas acariciándolas por la parte exterior desde los tobillos hasta sus caderas. Sentía como se le ponía la piel de gallina y que su respiración empezaba a ser más rápida. Al cabo de un ratito empecé a acariciarla por el interior de sus muslos desde la rodilla hasta tocar sus braguitas. Cada vez que las tocaba me daba cuenta que estaba ya mojadísima. Y agarrándolas con las dos manos se las fui bajando despacio hasta que quedaron a la altura de las rodillas. Al verla así con las piernas abiertas y las bragas en las rodillas siempre pienso lo mismo. Creo que no hay cosa más erótica que ver a una mujer de esa manera. Seguí bajándole las braguitas hasta que se las quité. Me las llevé a la cara y pude oler y sentir ese aroma de mujer caliente y abandonada sin voluntad para negarse a nada que quieras hacerle. Así era como estaba mi prima caliente y abandonada. Totalmente sometida a todo lo que me apeteciese hacerle. Es ese momento colocó sus manos en mis hombros y abriendo los ojos me dijo. Por favor trátame con cariño. Haz lo que quieras conmigo pero hazlo con dulzura. Quiero recordarlo de esa manera como algo bonito y no como algo sucio de lo que tenga que avergonzarme cada vez que te vea. La miré y estaba empezando a llorar. Al verla así le dije. Yo también quiero recordarlo como algo precioso que nos esta pasando a ti y a mí. No tendrás que avergonzarte al revés será algo que recordaremos, como tu dices, bonito y dulce. Seguí acariciándole las piernas y sobre todo el interior de sus muslos rozando cada vez con más frecuencia los labios de su coñito. Era tal la cantidad de flujo que salía de su interior que le corría por sus muslos mojando las palmas de mis manos. Era espeso y de un fuerte olor. Ella cada vez respiraba más fuerte y rápido y empezaba a mover muy despacio sus caderas. Viendo que su grado de calentura era ya importante le dije. Desabróchate la falda y déjala caer. Quiero ver lo que tienes entre las piernas. Así lo hizo. Se desabrochó la hebilla de su falda y esta cayó al suelo dejado al aire un coño espectacular. Propio de una mujer con cuatro hijos. Al tener los muslos delgados había una separación entre ellos de unos cuatro centímetros por lo que el coño quedaba como colgado entre ellos. Como digo era espectacular. Los labios mayores los tenía abultados y abiertos y a través de ellos salían colgando los pliegues de sus labios menores. Esos pliegues colgaban de su coño como dos centímetros eran carnosos y rosados. Y debido a lo empapados que los tenía brillaban. En la parte superior de su coñito donde se juntan sus labios menores aparecía claro y abultado el clítoris. Con mis dedos pulgar e índice le corrí la piel que lo cubría y salió libre. Era blanco casi como transparente y se le veía brillante y precioso. La verdad viendo a mi prima con lo delgada que era no me podía ni imaginar que tuviera semejante coño entre las piernas. Empecé a acariciárselo lentamente. Primero por los labios mayores de arriba hacia abajo con un dedo luego con dos después con la mano entera a continuación empecé a introducirle los dedos a través del canal que dejaban los labios menores. Iba de arriba abajo. Desde el agujerito del ano hasta el clítoris una y otra vez a veces rápido otras despacio. Había que ver a Bárbara moviendo la cabeza hacia delante hacia atrás hacia los lados con la boca abierta gimiendo en cada bocanada de aire al ritmo que yo marcaba con mis manos en su coño. Movía las caderas con fuerza como para aumentar su placer. Sabía que si seguía tocándola de esa manera se correría. Pero yo no quería que se corriera. Quería tenerla disfrutando de esa calentura más tiempo. Así que cuando notaba que le llegaba el orgasmo casi paraba de acariciarla solo la tocaba con delicadeza hasta que notaba que podía volver a acariciarla. Al cabo de un rato con lagrimas en los ojos y casi como no pudiendo ni decirlo me miró y me dijo. Raúl por favor deja que me corra. Por favor no pares de tocarme y de acariciarme cuando ves que me viene el orgasmo. Te lo suplico. Lo necesito. Necesito sentir ese orgasmo dentro de mí. Déjalo venir. No me lo cortes más o me moriré. Y así hice. Cuando me di cuenta que le venía seguí acariciándole el clítoris y tuvo ese orgasmo que quería largo, intenso. Le temblaban las piernas todo su cuerpo empezó a convulsionarse los gemidos se convirtieron en gritos. Los gritos en llanto y el llanto en placer. Era maravilloso ver a mi prima corriéndose entre mis manos. Apretando con sus manos mis hombros para no caerse y siempre mirándome. No paraba de mirarme. Pero lo que mas me marcó lo que mas me impresionó era que a cada oleada de placer que tenía me miraba aun más fijamente a los ojos y me decía. Te quiero. Te quiero. Te quiero.

A todas estas mi prima solo estaba desnuda de la cintura para abajo. Aun llevaba puesto una blusa y una rebeca. Cuando terminó su orgasmo le quité la rebeca y le desabroché los botones de la blusa. Despacio. Disfrutando cada botón, cada mirada, cada segundo, hasta que solo tuvo puesto el sujetador. Entonces fui yo el que mirándola a los ojos le pedí. Quítalo. Quiero ver tus pechos. Ella con una sonrisa en los labios y una mirada limpia y encantadora me contesto. Y yo quiero enseñártelos. Quiero que me los acaricies. Quiero que me los beses. Quiero que me los chupes. Quiero lo que tú quieras. En ese momento yo estaba acojonado. No sabía que pensar. Mi prima se me estaba declarando como si tuviésemos quince años o lo que decía era producto de la calentura que tenía.

Mi prima tiene unos pechos no muy grandes son de ese tamaño que casi los cubres con las manos. Pero eran perfectos. Nada caídos. Como los de mi mujer respingones. Con los pezones apuntando hacia arriba y una aureola pequeña. Empecé a acariciárselos despacio. Los apretaba y luego los soltaba. Le agarraba los pezones y tiraba de ellos con los dedos. Se los apretaba. Acercando mi boca se los chupaba, lamía, mordía. Era una delicia. Mientras yo le hacía todo eso ella me miraba. De vez en cuando cerraba los ojos y me decía. Dios que feliz tiene que ser tu mujer si le haces sentir sola la mitad de lo que me estas haciendo sentir a mí. Nunca en mis años de matrimonio mi marido me hizo sentir lo que me estas dando tu. Yo ya no aguantaba más. Mi poya estaba apunto de reventar. Mientras le chupaba los pechos empecé a desnudarme hasta quedar desnudo igual que ella. Entonces apartó mi cara de sus pechos y se quedó mirándome la poya. No os lo creeréis. Pero empezó a llorar otra vez y decía. Lo sabía. Sabía que sería así. Siempre que te veía pensaba como la tendrías. Y deseaba que fuese así. Grande, gorda. Pensarás que soy una puta o una mala esposa por pensar como sería tu poya. Pero no puedo evitarlo. Son cosas que no se pueden evitar cuando se desea a alguien y yo te deseo. Te he deseado desde que era niña. Ya con quince años me masturbaba pensando en ti y ahora estas conmigo. Aquí estoy. Desnuda para ti. Quiéreme vida mía. Quiero sentirte dentro de mí. Necesito disfrutar de ti.
Nada más decir esto se acercó más a mí. De pie como estaba se coloco de manera que mi poya quedase debajo de su coñito. Me la agarró con una mano y guiándola se colocó la punta en la entrada de su cuevita. Empezó a bajarse lentamente sobre mi poya. Mientras se la metía, la cara le iba cambiando. Cada centímetro que entraba era un gemido y una bocanada de aire que entraba por su boca abierta. Cuando tenía dentro de ella más o menos la mitad de mi poya se inclinó hacia delante. Me abrazó y se la metió de golpe. El grito que dio me estalló en el oído y pensé. Dios que estoy haciendo en que lío me estoy metiendo. Pero no me importaba. Quería hacerlo. Quería follarme a mi prima Bárbara. Lo estaba deseando. Una vez que la tuvo toda dentro empezó lentamente a subir y bajar sus caderas haciendo que mi poya entrase y saliese de ella. Primero despacio. Pero a cada golpe se la metía y se la sacaba más rápido. Hasta que no había transcurrido ni un minuto con mi poya dentro. Volvió a mirarme a los ojos y llorando o gimiendo ya no lo se me dijo. Me viene otra vez vida mía. Me viene otra vez. Y le vino otro orgasmo aun mas largo y violento que el que tuvo en mis manos. Temblaba, gritaba, todo su cuerpo se estremecía, se agarraba con sus manos los pechos y mirándome decía. Así. Así es como siempre pensé e imaginé que sería follar contigo. Te quiero. Te quiero. Te quiero.
Cuando acabó de correrse y con mi poya a punto de reventar aun dentro de ella. Agarró mi cara con sus manos y me dio un beso no precisamente un beso entre primos y mirándome con esos ojos azules maravillosos me dijo. Ya se, lo que le gusta que le hagan a tu mujer. Ahora vas tú a saber, que es lo que me gusta hacer a mí.

Se fue desclavando lentamente mi poya de dentro de ella. Se puso de pie y en ese momento la vi. Por primera vez totalmente desnuda delante de mí. Era como una diosa rubia, alta, con unas piernas preciosas. De anuncio de medias le dije. Unas caderas y unos pechos que no me cansaría nunca de mirarlos. Como digo se puso de pie. Me separó las piernas. Se arrodilló entre ellas y mientras que con una mano me agarraba los huevos con la otra empezó un sube y baja en mi poya. Creí volverme loco. Ver a mi prima Bárbara así arrodillada era demasiado. Al momento sin dejar de mirarme abrió la boca y se tragó mi poya. Subía y bajaba la cabeza haciendo que mi poya entrase y saliese de dentro de ella. A la vez movía su lengua alrededor de la punta. Yo estaba en la gloria. Quería que durase. Ver a Bárbara chupándome la poya. Haciéndome la mejor mamada de mi vida y sin dejar de mirarme a la cara era algo que no puedo explicar. Cuando yo ya no podía mas se sacó mi poya de su boca y me dijo. Dámelo. Quiero sentirlo dentro de mi boca. Quiero tragarme todo tu amor. Quiero hacerte feliz como tu me has hecho a mí. Y diciendo esto se la volvió a meter en la boca y ya no aguanté mas me corrí dentro de su boca. Mientras me corría ella seguía chupando y chupando sin dejar de mirarme. Esos ojos me volvían loco. Por la comisura de sus labios salía un hilo de mi leche que ella dejaba que corriese por su mentón. Cuando terminé de corrérme ella abrió la boca y pude ver todo lo que le había dado. La cerró y empezó a tragársela hasta que no le quedó nada dentro. Se levantó. Me abrazó y me dijo. Toda mi vida he estado esperando este momento. Toda mi vida me estuve imaginando como sería tu expresión cuando estuvieses corriéndote dentro de mi boca. Ya la he visto. Y no me lo digas pero se que me quieres no de la manera que te quiero yo. Pero me quieres. Eso me basta.

Hice el amor una vez mas con ella. Fijaros que digo hacer el amor no follar. Hacer el amor es una cosa y follar es otra.
No se como acabará esto que nos pasó a Bárbara y a mí pero lo que sentimos los dos el uno por el otro es algo muy especial. Algo de lo que no me había dado cuenta hasta ahora.

Mi primera vez fue con mi prima

Hola me llamo Gilberto tengo 15 y mi primera vez fue hace un año con mi prima de 14 años.

Acababa de acabar segundo de secundaria y vivía con mi prima Karla, éramos buenos amigos nos llevábamos bien.

Siempre me había gustado ya que es una chica hermosa, gûera ojos cafés y unas piernas bien formadas y rosas no le quería decir que me gustaba, pero un día estabamos solos viendo la tele en mi cuarto y ella me dijo ya viste la segunda noche? A lo que conteste que ya, me dijo hay que ponerla y puso el disco.

Cuando estabamos viendo la película ella me dijo al ver una escena donde se besan y tienen sexo-¿que se sentirá?, Ya que nunca habíamos tenido sexo le conteste que no sabia. Transcurrieron unos quince minutos y tarde en explicarme por que me había preguntado eso después de un rato ella me dijo:

– y si lo intentamos

Me puse muy caliente por lo que me había dicho pero mas por su falda que casi no dejaba nada a la imaginación, entonces le dije:

-es en serio
-bueno si tu quieres- me contesto

Para ese momento yo traía ya el pene bien erecto y ella no dejaba de mirarme ni yo a ella. De repente puso mi mano en sus piernas y me pregunto que sentia a lo que respondi que sus piernas eran muy suaves y firmes.

Empecé a besarla primero su maravilloso cuello.

Su mirada era tan tierna que supe que estaba muy excitada.

Se bajo la falda, aparto un oso de peluche de la cama y se abrió de piernas, no lo pense mas y decidí desnudarme, ella me siguió. Ya desnuda la senté en la cama y sin dejar de besarla la jale hacia mi de tal manera que su clítoris tocaba mi pene. Le dije que lo agarrara y lo metiera algo que hizo al instante. Empece a empujar hacia ella y escuchaba su respiración acelerarse, de repente la saque y la volví a meter dentro de su preciosa y lampiña vagina solo para sentir lo caliente que era su vagina.

Ella solo me besaba y decía lo rico que sentía. Le pregunte:

-te gusta
-si mucho
-que sientes
-rico pero no la saques
-no no la voy a sacar

Seguí moviéndome y vi como ella se recostaba hacia atrás y serraba los ojos para tener su primer orgasmo. En ese momento no pude contenerme mas y comencé a venirme dentro de ella. Nos habíamos venido juntos y estabamos muy cansados así que nos quedamos dormidos unas dos horas.

Seguimos teniendo sexo unos 6 meses hasta que se fue a vivir al Ajusco con su papá.

Si te gusto enviame un correo a question2424@hotmail.com

Vicio Compartido

Autor: Ana K. Blanco

La boda de mi amiga Leonora estuvo llena de sorpresas. La primera la tuve durante el ensayo de bodas, cuando entré a la iglesia y lo vi. Alan y yo habíamos tenido una aventura muy particular pero nunca imaginé que lo encontraría en este lugar.

-¿Qué haces aquí? –pregunté con extrañeza.

-Soy el padrino. Ya ves, como siempre, tu contraparte, tu alter ego, tu complemento… –me dijo divertido.

-Pero… si Leonora me dijo que el padrino sería Daniel, el primo de… -Entonces comprendí. Alan jamás me había confesado su verdadero nombre. Y como dejé New York para mudarme a Miami, apenas conocía al novio y menos aún sus relaciones.

Nos reunimos a la salida del ensayo. Era noviembre. Otoño. El clima era agradable y la vista espectacular. Desde la puerta de la pequeña capilla se veía Battery Park, el río Hudson y en la mitad, la Estatua de la Libertad. Nos mezclamos con la gente que bajaba del ferry procedente de Staten Island y tras ellos, aunque a otro ritmo, comenzamos a caminar por Wall Street. De algún modo que no percibí, terminamos en un pub pequeño y atestado de gente.

-¿Dónde te estás quedando? Miami está lejos. Además –dijo sonriente-, esta noche tenemos el rehearsal dinner. No imagino que la dama de honor falte a tal acontecimiento.

-Supongo que como tú y la mayoría de los invitados, me estoy quedando en el mismo hotel que los novios y en el mismo piso que el resto de las damas y la novia.

Después del almuerzo seguimos en una de las barras del hotel y la tarde se fue con rapidez. Corrí. Tenía menos de dos horas para cambiarme, pero llegué a tiempo. La cena tuvo mucho de formal sin perder esa calidez que dan la familia y los amigos. Me senté junto al resto de las chicas y luego del postre Leonora se acercó con un

montón de bolsas en sus manos.

-Chicas, mañana las espero a las siete en mi habitación para desayunar. Habrá un equipo de peinadoras y maquilladoras para dejarnos aún más hermosas, y junto con esto –dijo levantando las manos cargadas- será mi regalo para ustedes.

En la bolsa había un par de elegantes pantuflas y un salto de cama para presentarnos al día siguiente. Pensé que ya nos íbamos, así que saqué la tarjeta de mi habitación de mi bolso cuando Alan vino a saludarnos y se sentó a mi lado hasta el final. Al regresar al hotel me ofreció ir a tomar algo, pero decliné la invitación.

-Lo siento, pero debo madrugar y no quiero parecer una zombie, así que iré directo a la cama. Y dime… -Pregunté mientras íbamos en el ascensor- ¿Aún tienes aquel artilugio plegable?

-Por supuesto, siempre me acompaña –dijo al extraer del interior de su saco un fino cilindro que, al desplegarlo, se convirtió en la vara que recordaba. Sonreí en silencio y me acerqué para susurrarle un hasta mañana tan sutil como el beso que olvidé en su cuello…

Esa noche recordé nuestro fugaz ¿romance? No. No fue romance. Hubo afecto, sí, pero lo que en realidad nos unió fue los azotes y el sexo. En ese orden. Porque era más fácil conseguir pareja para el sexo que para jugar Spanking. Y Alan reunía cualidades en ambas artes, además de ser alto, rubusto, fascinante y sexy como pocos. Recordé su cuerpo encima de mí refrescando mis nalgas hirvientes… y me estremecí.

A las siete me presenté en la suite de la novia, y tres horas después regresaba a mi habitación desayunada, peinada y maquillada. En dos horas nos reuniríamos en el hall para las fotos y luego a la Iglesia. Al abrir la puerta encontré a Alan estaba allí sentado, esperándome con la vara plegable en la mano.

-Pero… ¿Qué haces aquí? ¿Cómo entraste?

Alzó la tarjeta y supe por qué la noche anterior no la había encontrado. Seguro que la tomó de la mesa cuando nos vino a saludar.

-Estoy aquí porque tenemos una charla pendiente -se puso de pie y comenzó a caminar a mi alrededor-. Ayer a la tarde te fuiste corriendo, a la noche me rechazaste, esta mañana te escabulliste…

-No es así. Te dije que…

-¡Silencio!

Se movía con lentitud. Desplegó la vara y sin decir palabra me señaló el sofá. Yo sabía que eso significaba apoyar las manos en el asiento y levantar las nalgas.

-No hay mucho tiempo. Tu cúmulo de faltas te ha conducido a una sentencia de treinta azotes, aunque merezcas muchos más.

-Pero… Alan… yo…

-No hables. Obedece, a menos que quieras aumentarlos y llegar tarde.

El solo hecho de tenerlo cerca e imaginar que algo podía pasar, me excitó. Lo observé vestido con su bello traje, blandiendo la vara mientras caminaba a mi alrededor y decía su discurso acerca de mi sentencia, y me sentí feliz. Acaté sus órdenes por dos motivos. El principal era que ambos disfrutáramos este juego que tanto nos satisfacía, y el segundo era porque nadie empuñaba la vara como él. Ya en posición, respiré hondo y me entregué… Pasaron unos segundos antes de sentir su voz en mi oído.

-¿Me estás tomando por tonto? Desvístete antes de que los treinta se conviertan en sesenta.

Me incorporé de inmediato y comencé a sacarme la ropa.

-Treinta y uno, treinta y dos, treinta y tres… –y yo apenas me estaba desabrochando el pantalón-. Treinta y ocho… y en aumento…

Por mucho que me apresuré, cuando estaba totalmente desnuda estaba en cincuenta cuatro, porque la blusa y el sostén me los quité juntos y sin desabrocharlos. Antes que pudiera abrir la boca estaba sobre sus rodillas. Comenzó a nalguearme con una potencia que casi había olvidado. Mi memoria me llevó a otras sesiones donde había usado ese método de ir de más a menos: comenzaba con nalgadas fuertes e iba disminuyendo la intensidad. Era tan doloroso como excitante, aunque poco placentero al principio. Extrañaba aquella sensación de calor, picazón y ese dolor dicotómico que le hace a uno desear que el Spanker pare en ese instante y al mismo tiempo continúe hasta la eternidad.

Los azotes disminuían en intensidad, pero se sentían igual de fuertes a pesar de las caricias masculinas.

-Ahora sí estás preparada. Ponte en posición –dijo con voz firme mientras volvía a señalar el sofá. Obedecí gustosa. Abrí mis piernas lo más que pude e hice que mi espalda formara un ángulo recto con ellas. Pensé que estaría perfecta, pero Alan empujó mi cuello hasta que mi frente casi tocó el asiento. Luego, enterró su mano entre mis piernas y tomando con su palma mi monte de Venus me alzó, dejándome más expuesta y con las nalgas levantadas.

Y la vara cayó. Y la piel se levantó dejando la marca. Uno. Dos. Cinco. Diez azotes. Descanso. Caricias. Gemidos de dolor mezclados con placer. Y vuelta a empezar.

Imagino que la visión de mis nalgas rojas cruzadas por finas líneas purpúreas, eran un deleite para Alan, que uno tras otro y con un breve descanso cada diez, terminó por completar los cincuenta.

-Los cuatro últimos los dejamos pendientes. Tienes que ducharte y empezar a vestirte porque queda media hora para las fotos.

Ducha. Panties. Vestido. Zapatos. Revisión de maquillaje y peinado. Excepto por mi sonrisa de sexo reciente, nadie adivinaría mi alegría extra durante la sesión de fotos. Todo estuvo bien hasta que tuve que sentarme en la limusina.

-¿Qué te pasa? ¿Te duele algo? –preguntó Leonora al ver que me sentaba con máximo cuidado.

-No. Todo está bien –respondí presurosa-. Es que tengo miedo de arrugar mi vestido.

Me sentí radiante caminando al altar por mi querida amiga. Alan estaba junto al novio y me regaló una sonrisa cómplice. Cada vez que había que sentarse, volvía sus ojos hacía mí y su bello rostro se iluminaba.

Intercambio de anillos. Bendición, y el famoso “puede besar a la novia”. Aplausos. Alegría. Los novios hicieron su primera caminata como el señor y la señora tal. Y tras ellos los padrinos. Alan me ofreció su brazo y al llegar al atrio me condujo hasta la pared y acarició mis nalgas.

-Estamos en la iglesia, Alan. Podrías aprovechar para arrepentirte de lo que me hiciste.

-No, no. No puedo arrepentirme. Lo que te pasó fue en justo castigo por tus pecados más recientes. Debería haber continuado, pero no hubo tiempo –me dijo en tanto yo me sonreía-. ¿Y ahora de qué te ríes?

-El que solo se ríe… -Respondí, dejando el refrán sin terminar- Búscame en la fiesta y lo sabrás.

Peter Minuit Plaza era lo único que nos separaba del restaurante pegado al río, en pleno Battery Park. Más de doscientos invitados. Barra libre de bebidas y varias mesas con manjares para esperar la llegada los novios.

Pasó media hora. Fui a pedir un Bloody Mary a la barra cuando un desubicado me acarició una nalga. Me di vuelta y al verlo sonreí. Nadie lo notó, los invitados seguían apareciendo y los saludos continuaban.

-¿Dónde me llevarás? –preguntó intrigado.

-Vine aquí con Leonora y sé de un apartado que nadie usa en las fiestas. A menos eso nos dijo el encargado cuando nos lo ofreció por si queríamos algo de tranquilidad durante la recepción. Sígueme…

Con las copas en la mano, llegamos al lugar. Estaba fresco y agradable. Tenía su propio baño, un par de mesas, sillas y sofás confortables como para poder echarse en ellos y descansar. Pero no era descansar lo que queríamos en ese momento.

-Alan… -Dije apenas entramos- Tienes que terminar lo que empezaste. En la iglesia me dijiste que aún no había expiado mis pecados por completo, así que…

Me quité toda la ropa y, apoyando mi torso en la mesa, abrí las piernas y me quedé quietecita. Sabía que me dolería, que iba a sufrir, pero lo hice con gusto y confiando en él.

– Vuelve a azotarme, por favor.

-Repetiré la rutina del hotel. Te daré cinco series de diez azotes cada uno, con pequeños descansos. Solo que esta vez quiero que los cuentes en voz alta. ¿Comprendido?

-Perfectamente, Señor –respondí.

En aquel lugar cerrado, el silbido era más atemorizante. La vara comenzó su tarea. Gemidos sordos salían de mi garganta con cada varazo, e imaginé mis nalgas cruzadas de líneas recién infringidas encima de las recibidas pocas horas antes. Conté del uno al diez y respiré aliviada al sentir la mano de Alan. Cuántas sensaciones encontradas en ese instante mágico de la caricia, donde además de las nalgas, su mano continuaba su viaje por mi vulva, recorriendo los labios, deteniéndose en el clítoris, y hasta haciéndome creer que introduciría sus dedos en mi cuevita.

-No has cambiado nada… Sigues igual de caliente, perrita… Eso me complace mucho.

Me pareció, tuve la sensación de que su mano salió empapada con mis humores. Me abrió las nalgas y guardó silencio. Escuché cómo se retiraba para tomar distancia y recomenzar.

Hubo tres tandas más. Cuando entre lágrimas sollocé un entrecortado “cuare.. cuarenta y… y… dos”, sentí su miembro erecto y palpitante, apoyado entre mis nalgas doloridas e irritadas.

Confieso que no soy adepta al sexo anal, pero esa tarde lo deseé. Me di vuelta y lo ayudé a deshacerse de su ropa para volver a mi posición con un pequeño cambio. Apoyé una pierna encima de la mesa y abrí mis nalgas.

-Alan… los últimos… los quiero aquí… -dije tocando mi ano- Es mi ofrenda para ti.

Quedó mudo por la sorpresa.

-Es el mejor regalo que me han hecho. Gracias, Mina. Sabes cuánto lo he deseado.

Fueron azotes duros, tanto que a veces hasta se me cortó la respiración. Más que dolor era un ardor punzante que me hacía sentir la necesidad de ser penetrada…

Alan apoyó su miembro en mi vulva y comenzó a frotar. Mi clítoris se hinchó y los fluidos fueron aprovechados por mi verdugo para mojar su herramienta. La colocó en la entrada de mi ano y sin ningún miramiento, me poseyó.

El dolor fue menos intenso que el placer. El vaivén de los impulsos me hacía sentir que estaba viva, que al entregar lo más íntimo de mi cuerpo hacía que me sintiera muy suya.

Nos vestimos y regresamos a la fiesta antes que llegaran los novios. A partir de ese día, tuvimos un secreto más para compartir. Y otro placer que tenía la apariencia de convertirse en un vicio compartido, algo que le debería confesar cada vez que lo encontrara…

En la oficina con Luci

Esta historia tiene lugar en mi oficina donde a menudo se organizan reuniones de trabajo y pedimos café en un bar que está a la vuelta. Siempre trato de organizar las reuniones en el mismo horario para que venga siempre la misma moza con la que ya tengo un poco de confianza y creo que algo de onda también. Hay miradas que insinúan y comentarios que alimentan mi fantasia de tener sexo con ella en la oficina; o quizás soy yo que me imagino esas cosas por el solo hecho de que me ratoneo mal, no lo se, pero solo hay una forma de averiguarlo y tengo que juntar el coraje para ver si puedo cumplir mi fantasia o seguirá siendo solo eso…
Ella es morocha, con un cuerpo armonioso, 1,65 mts aprox, una cola bien paradita y redonda, sus pechos se notan firmes y serán de un 95 creo yo la medida del corpiño. Siempre usa una calza negra, remerita azul entallada al cuerpo y un delantal negro (es el uniforme del bar).
Este dia, en una reunión mas, hice el pedido al bar y vino ella, abri la puerta de la oficina y la mire directo a sus hermosos ojos color miel de mirada penetrante, saludó sonriente como siempre y pasó a dejar el pedido sobre la mesa de reuniones. Yo iba atrás de ella imnotizado con su cola escultural, tenia una tanguita chiquita que se marcaba en su calza, mis ratones corrian a una velocidad increíble, no podía concentrarme en nada mas que en tratar de tener ese cuerpo para mi. Después de dejar el pedido, la acompañe hasta la puerta y le dije que pasara a buscar las cosas cuando termine su turno. –Bueno dale, asintió con una sonrisa; -nos vemos después, le dije yo.
Esa reunión era interminable para mí, solo quería que se pasara el tiempo y mi fantasia se convirtiera en realidad…. Una vez que terminó la reunión, empezaron a irse todos de la oficina y yo me quedé esperando unos 40 minutos más para que termine el turno de Luci (así se llama) tratando de elaborar una estrategia o frase para encararla. Estaba nervioso ya que no se si Luci tendrá onda conmigo o solo son mis ratones los que me hacen creerlo. Por ahí ella es muy macanuda y soy yo el que la pudre tirándome un lance.
Por fin llegó Luci,
– Pasá Luci, ya te vas? Le pregunté.
– Si, llevo estas cosas y me voy a casa.
La acompañé a la mesa de reuniones y mientras acomodaba las cosas en la bandeja me quedé paralizado, parado cerca de ella mirándola. De todo lo que había pensado decirle no me salía nada (siempre conversábamos mientras Luci levantaba las cosas). Es obvio que ella se dio cuenta que ese día era distinto de las otras veces que fue a la oficina y cuando estaba terminando de juntar las cosas me miró y dijo:
– Que pasa? Te colgaste.
– Si, le dije.
Y solo atiné a agarrarle un brazo, acercarme y con la otra mano agarrarla de la nuca y tirarle la boca. Me encantó chocar sus labios carnosos contra los mios. Su primer reacción fue separarme y decirme:
– Que haces?
Yo sin decir nada solo volvi a la carga con otro beso y esta vez agarrándola de la cintura para traerla en contra mio. Ahí me di cuenta que ella sentía lo mismo que yo, me abrazó y abrió su boca para dejar entrar mi lengua, al principio desaforada, después de unos segundos comprendí que ese momento era quizás único y teníamos que disfrutarlo. Entonces con intensidad pero sin desesperarnos seguimos apretando mal. Mis manos ya estaban en esa cola que tanto deseaba, la acariciaba, la apretaba contra mi verga, que a esa altura ya estaba que explotaba, se sentía tan suave, tan firme… Empecé a besarle el cuello, la oreja y soltó un gemido que lo acompañó llevando su mano a mi verga.
– Que querés? Me preguntó susurrando al oído
– Chupame la verga, le respondí.
Mientras me sacaba la camisa ella se encargaba de desabrochar el cinto y bajarme los pantalones, en un segundo quedé en bolas, sentado en el filo de la mesa con un pie arriba de una silla y Luci arrodillada empezó a chuparme la verga con una dedicación exquisita, suave se la tragaba toda, la sacaba y con su lengua jugaba con mi cabeza enrojecida. Con sus labios carnosos besaba la cabeza de mi verga, se la volvia a tragar y la mojaba toda con su saliva.
– Te gusta que te chupe la verga? Preguntaba mientras me miraba con una carita de puta que me calentaba más todavía y me pajeaba despacito.
– Me encanta como te queda mi pija en la boca, le dije.
Siguió chupándome las bolas hasta que la separé, ahora me tocaba a mi sacarle la ropa. Primero la remerita entallada, besaba sus hermosas tetas mientas desprendía el corpiño. Sus pezones estaban duros, sus tetas firmes tal cual las imaginaba, lamia esos pezones con un placer increíble mientras iba bajando su calza negra. Hice que ella se apoyara en la mesa mientras le bajaba la calza, yo estaba arrodillado enfrente de ella y empecé a besarle la concha con la tanga puesta. Luci se sentó en el borde de la mesa y subió un pie en cada silla para que me quedara libre su dipilada conchita, ya estaba húmeda, corrí la tanguita para el costado y hundí mi lengua. Estaba en el paraíso, no podía creer estar chupándole la concha a esa hermosura, me dediqué a jugar con mi lengua en su clítoris mientras mis manos apretaban sus tetas. La escuchaba gemir y sentía como se retorcia de placer, apretaba mi cabeza contra su concha con una mano mientras con la otra se apoyaba en la mesa. Me encantaba estar ahí, probando su jugo, quería hacela acabar con la boca, me calienta muchísimo eso pero me paré e hice que se recostara en la mesa, me quedé admirando su cuerpo por un segundo y entré despacio con mi verga en su concha, estaba bien mojada, sentía su calor en la cabeza de mi verga, entré bien profundo hasta que sentí como mis bolas chocaban en su culo. La agarraba de la cintura mientras la cogia con un placer indescriptible, veía como sus tetas se movían con cada encontronazo, sus gemidos me volvían loco. Dejé mi verga adentro moviéndome arriba y abajo mientras le tocaba el clítoris, casi furiosamente, quería hacerla acabar. Ella tenía los brazos hacia atrás agarrándose de la mesa, pidiéndome que siga así, hasta que soltó un grito, vi como su cuerpo se retorcia y empecé a sentir como su concha se contraía apretando mi verga. Delicioso momento, saqué mi verga y le di una rica lamida a su vulva. Me senté y le pedí que se sentara arriba mio dándome la espalda, -dejame ver ese culo- le dije, y se sentó sobre mi verga pajeandome con su culo, -asi te gusta?- me preguntó, -me encanta, ahora cojeme vos- le dije. Inclinó su cuerpo para adelante agarrándose de la mesa con una mano, con la otra acomodó mi verga en su concha y empezó a dar saltos haciendo rebotar su culo en mi abdomen….Increíble!. Con la otra mano me agarraba las bolas y se tocaba el clítoris. No pasó mucho tiempo hasta que sentí que iba a acabar, entonces le dije que se pare y agarrada de la mesa, con su cuerpo bien inclinado, yo le di un par de bombazos y saqué mi verga para llenarle de leche su hermoso culo, acababa a chorros, el primero le llegó casi a la nuca, apoyé la cabeza de mi verga en su ano y segui acabando. Quise meterla por su culo pero estaba muy apretado y le dolia, -vení a chupármela ahora- le dije y me limpió todos los restos de leche de mi verga.
Nos cambiamos y salimos juntos de la oficina. Los dos seguimos con nuestras vidas, ella con su novio, yo con la mia pero desde ese día nos encontramos en la oficina cada 15 días a matarnos y disfrutar del buen sexo….

Con los maduros la paso mejor

~Sentía como entraba y salía haciendo ese chasquido producto de mi gran excitación, sus manos apretaban mis tetas al ritmo de sus clavadas…. mmmmmmmmmm esa chota gruesa repercutía entre mis entrañas y mis jadeos eran tan profundos que me raspaba la garganta. Me levanto una pierna y metiéndomela hasta el fondo me hizo sacudir como nunca~
Apretando la almohada me desperté, sintiendo que picaban la pared. Mis flujos caían entre mis muslos, mientras una sonrisa se me dibujaba en la cara. Había olvidado que el albañil iba a terminar la obra en la pieza de al lado y justo ese día estaba sola. Me levante, me quede sin la tanguita y me puse un short ajustadito pero muy fácil de bajar que estaba al lado de la cama, una remerita ajustada sin el corpiño y haciéndome un rodete salí de la habitación. Me asome a la puerta:

Yo: Buen día.
Albañil: (dándose vuelta) buen día señorita como le va? Disculpe si la desperté.
Yo: No se haga problema, voy a darme una ducha si necesita algo avíseme.

Don Andrés era un hombre de aproximadamente 40 y tantos, estaba en su mejor momento rumoreaban que luego de su separación la fila de hembras que circulaban por su casa no era solo un comentario al pasar. Aunque con su ropa de trabajo y medio sucio por estar picando la pared me intrigaba saber que había debajo de ese pantalón..
Entre a la ducha, el agua caliente corría por mi piel y mis dedos rápidamente supieron posicionarse. Hace un buen tiempo que no recibía un polvito de algún macho. La última vez había sido con un viejo que me había tirado con el auto hasta mi casa y de favor yo le tire la goma y un poco más también, así que particularmente ese día mi conchita no dejaba de emanar ese flujo que me brota cuando necesito urgente una buena pija. Un día antes me había depilado y estaba justo para que la lengua habilidosa de un servidor se deleite entre mis jugos.

Mmmmmmmmmmmm tres deditos entraban en esa conchita sedienta de chota, se sumergían y salían al compás de mis caderas. Incremente el ritmo, sabía que si seguía iba acabar pero no…
Quería dejarle ese lujo a quien sepa corresponderlo, y como últimamente los pendejos estaban muy lentos y vuelteros, seguro iba a ser otro madurito el que me saque las ganas. Me detuve aunque mi concha palpitaba y explotaba, deje correr agua sobre mi cara para apagar un poco la calentura que hervía dentro de mí.

Me sequé bien el pelo y otra vez sin ponerme tanga ni corpiño me puse una remera que parecía más un top que una remera y el shorsito que demostraba a simple vista que no había nada abajo.
En segundos las aureolas de mis pezones se hicieron visible entre lo mojado de la tela. Salí del baño y fui hasta la cocina, al lado estaba la habitación donde trabajaba Andrés. Comencé a batirme una taza de café haciendo un poco de ruido con los cajones, cuando me di vuelta vi que Andrés estaba colocando unas cerámicas sin dejar de vista ese culito carnoso que se movía en la cocina.

Me agache un poco para tomar unos platitos que estaban debajo de la alacena cuando siento que se levantó de donde estaba, él ya había notado no solo que no llevaba nada sino que también yo estaba buscando algo y el como viejo zorro se dio cuenta con solo unos movimientos de mi culo. Cuando estaba por prender la hornalla siento como sus manos comenzaron a recorrer mis piernas metiendo suavemente sus dedos por adentro del short. Su aliento caliente circulaba en mi cuello, mi culito comenzó a empinarse rozando su bulto bien erguido.

Me di vuelta, pero sin poder reaccionar sentí sus manos estirándome el pelo hacia atrás.

Andrés: que pensas hacer pendeja??? Te gusta calentarme y ahora te queres ir???
Yo: mmm si me niego vas hacer algo?

Me apretó de la mandíbula e introdujo su lengua en mi boca, sentía como me lamia sin parar de un lado a otro dejándome prácticamente sin aire. Eso es lo que mas me gusta de los maduros
Intente tirarme hacia atrás pero fue en vano, me apretó la nuca dejándome sin escapatoria, sentía su saliva cayendo en mis tetas y esa lengua asquerosa penetrándome la boca.
Sin perder el tiempo me bajo el shorsito en un segundo para ver que no tenia nada y que mi culo ya estaba a su total disposición.

Andrés: ahhh bueno ahora si que te voy a hacer mierda pendeja..
Yo: a ver que me haces???
Decirle eso lo volvió loco y me alzo arriba de la mesada y separándome las piernas comenzó a colarme la mano entera.
Yo: ayyyyyyyyyyyyy noooooooooooo
Andrés: no que putita????? Ay que te duele mi vida?? Si te duele esto como te va a doler cuando te coja

Mmmmmmmmmmmmmm su mano áspera se impregnaba de flujo y sin darme respiro me manoseaba con desesperación.
Le rasguñaba toda la espalda de la calentura que tenía, era una especie lujuria y dolor. Después de unos minutos dilatándome la conchita, saco su mano y me lo paso por los labios, lamí cada gota de flujo que brillaba en su piel.

Andrés: siiiiiii asi de guaranga te quiero pendejitaaaa!!!

Me levantó de la cocina y cargándome en su cintura me llevó hasta la pieza tirándome en la cama. Separo mis piernas y largo un largo flujo de saliva dentro de mi, vi como se desprendía el cinturón ante mis ojos dejando ver una panza peluda sobre mi y su pija dura e hinchada. Comenzó a levantarme la remera mientras sentía su pija extremadamente dura rozando mi pierna, pasó su lengua por mi rayita pero sin detenerse subió hasta mis pechos. Sin siquiera usar las manos y con un solo movimiento apoyo su pija en la puerta de mi concha toda mojada, sentía su cabecita gorda expandiéndomela lentamente.

Yo: siiiiiiiiiiiiiiiiii ayyyyyyy que ricoooooooooo

En un segundo y con un clavada me hizo ver el cielo, esa chota entraba a la perfección en mi conchita!!!!! Sus labios carnosos rodeaban mis pezones y estirándolos con crueldad los saboreaba en su boca. Su cuerpo se tambaleaba sobre mi, mientras siento ese pedazo de carne desarmándome por dentro.

Yo: maaaaaaaaasssssss maaaaaaaaaassss soy toda tuyaaaaaaa
Andrés: cerra el orto pendeja y gemi bien fuerte dale!!

Levanto su mano y apretandome el cuello me obligo a que abriera la boca y largara dentro de mí su saliva. Me besaba el cuello empapándome en su transpiración pero no había nada mejor que sentir como estaba siendo dominada por ese hombreeee!!!
Me apretó de la pelvis y estirando mi cabeza hacia atrás me dijo.

Andrés: queres que te coja bien fuerte no hija de puta?? No das maaaas mmmmmm senti ese olorcito a concha mojada.. sos una perra…..
Yo: (susurrando) uuuuufffff cogemeee mmmmmmmmm cogemeeeeee cogemeeeee!!
Andrés. Uffff que trolita, al final tenían razón los que andaban diciendo que eras flor de putita
Yo: ah si? Quien dijo eso??
Andrés: cerra el orto te dije ( mientras con su dedo todo mojado me lo mete por el culo) ahhh no lo podes cerrar.. ya te lo rompieron hija de puta

A penas sintió eso me estiró la saco por completo y con fuerza y presión volvió a meterla esta vez presionando con tanta fuerza que parecía que quería meterme hasta los huevos..

Yo: Ayyyyyyyyy siiiiiiii!!!!!

Sus movimientos eran muy bruscos, pero se notaba que sabia como tratar a una puta como yo. Mmmmmmmmmmmm era un hijo de mil puta!!!!!! La puntita estaba a punto de estallar de lo gruesa que la tenia me la metia y empujaba mis labios hacia adentro dificultando que volviera a salir. Sus huevos rebotaban contra mis piernas erizándome la piel!!!
Mi orto carnoso parecía quererse tragar sus huevos, se envolvían en flujo y cada clavada intentando ser mas profunda me arremetía contra el colchón, y mientras yo me resbalada y me movía el volvía a traerme hacia el con toda bestialidad.
Metió su mano por medio de mis piernas y comenzó a pajearme el clítoris uuuufffff, tenía el dedo tan largo que me pajeaba de todas las formas que podiaa!!!!! Lo estiraba lo presionaba volvía a estirarlo y presionarlo en círculos, con la otra mano separaba mi culo para abrirme aún más la concha y ver su pija presionada en ese torrente de flujo.

Andrés: (susurrando) Uuuufffffff mmmmmmmmmm como me calentaaaassss!!!!!!! Ayyyyyy que ricoooo es cogeerteeeeeeee!!!!!! Que edad tenes pendeja??
Yo: 19 añitos…
Andrés: uffff sos una nena.. y que buena que estas!!

Saltaba sobre mi para que las clavadas repercutan en todo mi cuerpo. Sobaba mis nalgas más y más, parecía desarmarse sobre mi cuerpo, sus gotas de sudor me bañaban entera, gemía como desquiciada no aguantaba maaaaaas!!!!!!! Su pija latía dentro de mí y mi concha no podía más de lo hinchada y caliente que estaba. Cada vez costaba mas que entre estábamos sudados y envueltos en lujuria, por diooooooooosssssssssss me quemaba por dentro, su chota salía y entraba como poseída y mi concha no tardo en hincharse haciendo más difícil su salida pero más gustosa cuando lo intentaba.
En un momento se sintió que no aguantó mas..

Andrés: Mmmmmmm tomaaaaaa aaayyyyyy tomaaaaaaaa pendeja de mierdaaaaaaaaa
Yo: Uuuuffff siiiiiii mmmmmmmmmmmmmmmm como me cogeeeeeeeesssss

Apretó mis hombros, se puso de cuclillas sobre mi y levantando mis rodillas me la clavo como nunca nadie lo habia hechoo aaaaaaaayyyyyyyyyyyyyyyyy senti que me desgarraba por dentro. La presion de sus manos en mis rodillas y sus huevos agolpándose en mi concha me hacia enloquecer.
No aguante mas y lo empuje hacia un costado, necesitaba estar sobre él, que vea el orto de la puta que se estaba comiendo.

Me subí arriba de él quedando de espalda y empecé a montarlo una tras otra, sentía mi cuerpo temblar sobre el.
Saltaba, me abría las nalgas y me inclinaba más adelante para que viera el orto que se estaba comiendo y que tantas veces se habrá querido comer, ahora la tenía en bolas y comiéndole la pija, chupe su dedo gordo y sin preámbulos lo lleve para que me lo me lo meta entero en el orto, me quebré hacia adelante entregándoselo por completo. Masajeaba sus huevos con mi clítoris ..estaba excitadísima!!! Mi orto estaba siendo culeado por su dedo, y sentía como me lo estaba rompiendo.
No aguante mas y acabe con todo sobre su pija, mmmmmmmm sentía como se deslizaba el flujo sobre su tronco y caía hasta sus huevos. Me corrí mas para atrás y le lamí los huevos mientras se los succionaba. El se levantó y quedando de rodillas, empezó a bombearme en cuatro. Mi conchita contraída succionaba su pija como haciéndolo parte de mis entrañas.

Andrés: que delicia sentir ese culo!!!!!!!! Te cogería todo el dia..

Bombeaba al máximo que podía, su pija aumentando mas su grosor parecia ya no caber dentro de mi, pero no me importaba.. me hundia mas y mas sobre el obligando que permaneciera ahi, queria que ese momento sea eterno no veia el momento de sentir ese chorro de leche golpeandome las entrañas.
Sentir toda su pija dentro de mí penetrándome, invadiéndome, me fascinabaaaaa, miraba hacia atras y veia como me culeaba con su dedo mientras ya se lo veía cansado pero con muchas ganas de seguir garchando..
Cuando me miró le dije..

Yo: me acabas adentro???

Su cara se transformó y me apreto fuerte las nalgas, clavando sus uñas en mi piel, como si nunca se hubiera pensado que le iba a decir eso.
Con un grito ahogado senti como se desprendio el semen de su chota directo dentro de mi. Uuuuuuuffffffffffffff de tanta friccion quemaba dentro de mi, y en segundos el olor a sexo invadio la habitación. Cansado y sin decir nada se sentó unos segundos en la cama, mientras yo aun en cuatro dejaba que permaneciera en mi su potente leche que de a poco empeza a escaparse de mi concha..
Me acerque a su boca, mordi sus labios y sacando un poco de leche de mi conchita me la meti en el orto para que viera hasta que punto llegaba con mi calentura.
Puta cogida si, satisfecha solo por un rato

El reencuentro

Llevaban horas observándose, hablando en silencio. Horas cruzando miradas y gestos cómplices que los demás no apreciaban. Ella intentaba no caer en su red, en su juego. Él sabía donde atacarle para que ella se rindiera.

Y después de horas de jugar, ambos ganaron cuando él se apoderó de ella desde atrás. Empujándola contra su pecho comenzó a deslizar sus manos por los caminos de sus caderas, caminos que esas manos ya habían recorrido.

Ella, sorprendida a la par que satisfecha, dejaba que las manos de él se perdieran entre su ropa y su vientre, mientras echaba la cabeza hacia atrás buscando la mirada lasciva de su amante.

Los labios de él buscaban los oídos de ella para poder deslizarle frases que sabía que la excitarían. Y ella podía sentir como el sexo de él crecía y se endurecía debajo de su ropa. “Te deseo”, gemía él mientras sus dedos jugaban con el pelo púbico de ella abriendo miles de caminos hasta su clítoris. Y éste, hinchado y húmedo, le esperaba ansioso.

Los flashes del bar hacían que sus caras se tiñeran de miles de colores. Y perdidos en su esquina para ellos no existía nada más que ellos, y sus manos, y su tacto, y sus ojos y su visión y su olor y su piel.

Ella se giró bruscamente para poder encontrarse con sus ojos. Él la miró como sólo él sabía hacerlo, y ella, excitada, se abalanzó contra sus labios para, por fin, volver a sentir su lengua resbalando en la de él. Las manos de ella recorrieron su espalda deseando que no existiera la camisa. Las de él acariciaban sus nalgas propinándole pequeños golpes que entremezclaba con mordiscos en sus carnosos labios. Ella sabía como le gustaba jugar a él. Por eso sus caricias fueron convirtiéndose en pequeños arañazos y rasguños en su espalda. Deslizaba sus manos con firmeza, y con gracilidad y disimulo desabrochó su cinturón y rodó entre sus ropas. Su pene, duro y erecto, le esperaba expectante. Ella le miró y le susurro al oído “¿Me deseas?” “Siempre” contesto él entre gemidos. Sus labios volvieron a encontrarse para volver a perderse en los del otro. Él deslizaba diestramente su mano entre su tanga. Ella notaba perfectamente como su sexo húmedo se abría para recibirle. Y él lo sabía. Comenzó acariciando su clítoris despacio pero firmemente, para seguir frotándolo con fuerza cada vez más aprisa. La respiración de ella se transformó en quejidos. Intentaba esconder su cara en el cuello de él, y, en más de una ocasión tuvo que morderse los labios para no gritar. Poco le costó comenzar a sentir ese agradable cosquilleo por los pies que sube rápidamente por las piernas y explota en el vientre. Sudaba, jadeaba, le mordía el cuello desesperada y sentía que le fallaban las rodillas de la excitación. Y el cosquilleo seguía subiendo… “ NO pares…… Ahora no. Sigue…..” no podía terminar las frases. “Quiero que te corras en mis dedos, que me impregnes con el olor de tu coño” Con cada palabra que él decía más se humedecía ella. Él sabía cuando iba a irse ella, y justo antes de que esto ocurriera, deslizó sus dedos en su vagina. Los ojos de ella se tornaban hacia arriba a la vez que un gemido se escapa de sus labios y le clavaba las uñas en los hombros.

Él comenzó a mover su mano acompasadamente mientras, con el pulgar, acariciaba su clítoris. Elle no podía dejar de moverse, aún con el pene en su mano, mientras lo amarraba con ansia y lo movía con un grandioso ritmo acompasado. Los dos se movía al unísono, todo su cuerpo, sus caderas, sus hombros, sus manos… todo. Ella paro de repente esperando el momento justo de alcanzar el clímax. Los hormigueos llegaban de todas partes de su cuerpo para encontrarse en el mismo instante en su vientre. No pudo contener un pequeño grito que no consiguió pasar desapercibido entre la gente, pero eso no les importaba lo más mínimo. “Esto era justo lo que yo quería” le susurro él con picardía. Ella con los latidos aún agitados, le miró fijamente mientras le decía “Quiero que me folles, necesito que me folles, peor creo que no voy a ser capaz de llegar hasta tu casa… “sus enormes ojos negros dibujaban una mirada tan lasciva que el no pudo más que responder con un apasionado y fiero beso.

Salieron juntos del bar, y al momento siguiente ya habían encontrado una esquina, un rincón oscuro que les cobijara.

Ella le empotró contra la pared y, en un momento, se abalanzó a por su cuello. Comenzó lamiendo, siguió besando y acabó mordiéndole el cuello mientras el gemía de placer e, incluso, de dolor, pero no le importaba, más bien era al contrario.

Iba desabrochando los botones de la camisa, abriéndose camino por su torso. Se paró un momento para contemplarlo. El simple hecho de mirarle la excitaba. Siempre lo había hecho. Y el saber que la deseaba la estremecía más aún. “ME masturbo pensando en que te follo” le susurro él al oído des pues de haberlo lamido con pasión. Oír decir aquella frase al hombre que había deseado desde el primer momento que lo vio, hizo que se sintiera más sexual que nunca. Él era mayor que ella, no demasiado pero si lo suficiente como para dominar su sexualidad. Atractivo, interesante y morboso; podía tener a la mujer que quisiera y el lo sabía y ella también. Por eso le excitaba tanto. Ella era una chica muy sensual y sexual, decían que demasiado para su edad, sus iguales no la satisfacían. Pero él sabía tan bien lo que tenía que hacer y como hacerlo… era tan excitante.

Al oír esas palabras, las pocas inhibiciones que podían quedar en ella se desvanecieron de su mente. Ahora solo estaba él. Lamió todo su torso, sus costillas, su ombligo, cubrió su cuerpo con saliva como si de otra piel se tratara. Y con un grácil movimiento bajó su calzoncillo y sus pantalones. Y ahí estaba, ese gran pene, duro, erecto, caliente y expectante. Ella comenzó acariciándolo suavemente mientras se arrodillaba. Luego dio largas lamidas por todos los recovecos deleitándose en el glande. La respiración agitada de él se transformó en gemidos. Ella se lo metió en la boca, primero poco a poco, pero hasta el fondo con gran destreza. Comenzó a mover su cabeza metiendo y sacando el pene, mientras con una mano le arañaba el torso y con la otra le daba pequeños tirones en los testículos.

Él clavaba sus uñas en la espalda de ella mientras se escapaban gemidos de sus labios. La mano de ella abandonó su torso para acabar caminado en su periné. Paró un momento y, mientras le miraba lascivamente se lamió el dedo índice a la vez que arqueaba las cejas diciéndole que era lo que le iba a hacer. Volvió a meterse el gran pene en la boca, ala vez que introducía el dedo en su ano, él gimió de placer por la combinación de ambas técnicas. Ella no pudo disimular su alegría por el triunfo.
De repente él cogió su cabeza y la levantó del suelo. “Ven aquí”. La besó de nuevo. Le mordisqueo el cuello mientras la rodeaba con sus brazos para poder darle la vuelta y dejarla acorralada contra la pared. Le desabrochó el sujetador y se lo quito hábilmente si arrancarle la camiseta. Sus tersos pechos se deslizaron a sus manos. Los lamía con desesperación. Siguió hacia su ombligo y su vientre. Se deshizo de los pantalones y casi le arrancó el tanga de un mordisco. Se arrodillo frente a ella y su cabeza se perdió entre sus ingles. Empezó lamiendo los muslo, luego los labios. Llego hasta el clítoris húmedo y caliente. Movimientos circulares fueron los primeros para dar paso a torbellinos de lametazos a cada cual más placentero. Ella se retorcía de placer, notaba como chorreaba e intentaba agarrarse a la pared para no perder el equilibrio.

No tardó en tener el primer orgasmo, al cual le siguió otro aún mejor, más intenso y largo, uno de esos que dejan la boca seca y las rodillas temblando. Y ella resbalaba despacio por la pared, sudorosa y satisfecha, hasta quedar de cuclillas enfrente de su gran amante.

Se besaron con pasión mientras él la levantaba del suelo y le quitaba la chaqueta. Ella, con un rápido movimiento, sacó un condón de uno de sus bolsillos y se lo enseñó a él con picardía. Y él no pudo hacer nada más que sonreírle lujuriosamente. Acercó su mano para cogerlo pero ella se lo alejó mientras le susurraba, “Tranquilo, tú déjame esto a mí”. Se agachó frente a él, se metió el condón en la boca y con una habilidad que le tenía pasmado se lo puso con los labios haciendo que la libido de ambos se subiera hasta las nubes. La levantó rápido y con un fuerte movimiento la puso contra la pared. Le levantó las manos y las colocó por encima de su cabeza mientras él se las sujetaba con firmeza. Con la otra mano recorría el contorno de sus curvas, hasta llegas a su nalgas donde le propinó un sensual cachete que fue acompañado de un leve gemido de ella.

Fue entonces cuando la penetró, firme y profundamente. Con movimientos marcados y hondos. Las respiraciones de ambos se fusionaron en una y poco a poco fueron convirtiéndose en gemidos más y más altos y claros. Él resbaló su mano con facilidad hasta su clítoris el cual esperaba deseoso. Una sola caricia hizo que el cuerpo de ella se estremeciera y que sus gemidos pasaran a gritos descontrolados. La respiración de ella se hacía entre más cortada con cada embestida y los pequeños gemidos acabaron transformándose en uno solo largo y alto que declaraba otro de sus múltiples orgasmos. Él excitado cada vez más gracias a los orgasmos de ella, seguía y seguía con su sensual vaivén mientras le susurraba al oído lo excitado que estaba, lo que ella conseguía que el sintiera. Las sacudidas de él se hacían más cortas e intensas. Ella empezó a sentir en las puntas de sus pies el preámbulo de lo que sería un gran orgasmo. Él sabía que se iba, por eso la embestía con fuerza mientras su respiración se aceleraba y entremezclaba con gemidos premonitorios. Y justo en el mismo instante ambos explotaron al unísono fusionando sus dos voces, sus respiraciones, sus cuerpos, su sudor. Ambos se quedaron quietos, inmóviles, respirando agitada y fuertemente, esperando a que su cuerpo se normalizara pero que esa sensación de satisfacción no desapareciera.

Y ambos se dijeron, sin decirse nada, que seguían queriendo más…

Untada en chocolate

Antes que nada pasare a describir su habitación, tenia las paredes en color crema con accesorios de color negro intercalados con leopardo, su cama era muy amplia dos plazas y media con sabanas de rasó negras y leopardo, la luz era calida de color amarillenta y se podía escuchar la buena música.

Sabíamos que esa noche pasaría de todo pero no imagine que el lo tuviera tan planeado, al llegar a su departamento fuimos derecho a su habitación me gusto los detalles de buen gusto que pude ver mientras me besaba y sacaba mi abrigo, el me dijo al oído te quiero entregada a mi y entre sus besos puede contestarle que hacia mucho me tenia en sus manos.

Su perfume embriagaba mis sentidos nos desnudamos rápidamente sin mucho protocolo los dos necesitábamos sentir la piel del otro me recostó en la cama como si fuera una princesa y mientras me comía a besos como para no dejarme pensar me pregunto si me dejaba que el me atara de pies y manos, le pregunte como ,con que fin , me dijo: no me temas solo quiero que experimentes el placer y la entrega ; no pude rechazar la oferta y deje que sus manos hábilmente ataran mis muñecas al respaldar negro de la cama con unos pañuelos de seda razada de color habano, luego prosiguió con los tobillos a los pies de la cama me sentí incomoda por un momento luego sus caricias me hicieron perder.

No se de donde ni en que momento pero saco un pequeño bols que contenía chocolate en un estado liquido y un pincel que supongo seria nº10 chato, mis ojos se abrieron como abanicos y el con una mirada muy dulce me dijo: te dije que te entregaras a sentir placer, le dedique una sonrisa y cerré mis ojos , el hundió el pincel en el chocolate y como si fuera un artista en plena obra comenzó a dibujar en mi cuerpo sentí el pincel en mi pera que se deslizaba suavemente por mi cuello ,para desviarse a uno de mis pechos podía sentir el pelo del pincel, lo tibio del chocolate no podía dejar mi cuerpo quieto ante cada pincelada en mi pecho, rodeo el pezón con el pincel como si quisiera taparlo , mi pezón se puso tenso como alerta hizo una línea como comunicando ambos pechos y repitió lo mismo .La sensación era rara increíble pero placentera abrí mis ojos buscándolo y en contre su rostro abstraído disfrutando de cada pincelada como si fuera su mejor obra y sonriendo cada vez que lograba un gemido mío.

Ahora la línea bajaba hasta mi ombligo para rodearlo y llenarlo de chocolate, me producía una cosquilla y un deseo en todo el cuerpo y de allí siguió bajando hasta mi pelvis allí paro fijo la mirada en mí, hundió el pincel en el chocolate y paso el pincel por mis labios vaginales creí que me desmayaría no podía expresarme mas que con gemidos la sensación del chocolate tibio deslizándose por mi vagina mi clítoris se hinchó rápidamente y el volvió apitar rodeándolo suavemente con el pincel veía que me retorcía de placer y de necesidad de algo mas , no saco su mirada de la mía mientras el pincel jugaba en mi clítoris y yo me debatía en un mar de deseos, por favor le dije , pero tapo mi boca con su dedo y me dijo ya tendrás mas .mi vulva palpitaba y podía sentir mi humedad, comenzó a bajar con el pincel por el interior de mis piernas rodeo la rotula de mi rodilla robándome un gemido , para seguir bajando hasta mis tobillos y llegar a mis dedos los cuales lleno de chocolate , comenzó hacer lo mismo con la otra pierna y cuando llego a los dedos ya no podía parar de retorcerme quería desatarme tomarlo de la cabeza que me lamiera que hiciera algo mas o entraría en locura .

El tomo mi pie y me dijo ahora quiero que sientas aun masm, no entendía a que se refería hasta que comenzó a chupar mis dedos provocándome un calor que iba desde mis pies pasando por mi vagina y llegando a mi cara , limpio uno a uno los dedos de cada pie y subió a mi pera donde me dio un beso que me estremeció toda paso su lengua suave húmeda decidida fuerte y comenzó a bajar por mi cuello hasta llegar a mi pecho , cuando llego a el me miro y me dijo siente y relájate , comenzó a chuparme el pecho como si fuese una criatura mamandom, las sensaciones eran indescriptibles quería desatarme aprisionarlo besarlo que no hubiera hecho sino hubiese estado atada , paso al otro pecho y repitió la acción creí volverme loca pero esto recién empezaba comenzó a bajar por mi abdomen y comenzó a hundir su lengua en mi ombligo por dios me desespere me moría de calor desesperación quería que ya me penetrara estaba como una pantera enjaulada, cuando lo dejo bien limpio y vio que estaba gimiendo comenzó a bajar a mi pelvis y comenzó a besar los labios de mi vagina de una manera que comencé mi primer orgasmo el movía su lengua rodeando mi clítoris y lo mordía sensualmente mientras lo chupaba absorbiendo el chocolate hasta que acabe en su boca como si en realidad eso hubiese estado buscando, sentí que la parte mas salvaje de mi quería romper lo que me detenía para poseerlo el se dio cuenta subió hasta mi rostro me beso profundamente intenso suave y salvajemente , podía sentir aun el sabor a chocolate y a mi en su boca cuando se aparto de mi me dijo te pedí que te entregaras deja de luchar , como podía entregarme si estaba como una pantera enjaulada desesperada viendo su presa jugar; volvió a bajar y limpio mis piernas con su lengua y sus besos , volvió a ir a mi vagina y comenzó a jugar con su dedo mirándome para saber que movimiento me ponía en guardia entonces tomo el pincel nuevamente y me unto el clítoris y jugo con el pincel hasta volverme a poner en clímax , hundió su lengua en mi y comenzó de nuevo como queriendo provocar otro orgasmo en mi pero esta vez le pedí que me penetrara me sentía una salvaje el jugo con su dedo tomo un consolador de un cajón de un tamaño normal lo puso a vibrar y lo coloco sobre mi clítoris y me dijo si te mueves se cae le dije penétrame me dijo aun no, comenzó a besar mis piernas y el vibrador sobre mi clítoris y mi excitación al borde de la locura hasta que tuve mi segundo orgasmo se acerco como piadoso y me penetro con el vibrador suavemente salio y entro como si fuera el mismo y mientras me mamaba mis senos y no pude contener mi tercer orgasmo pero este ya a los gritos por la desesperación de no poder soltarme .El se apiado de mi y soltó solo una mano entonces lo tome como una salvaje de su cabeza lo bese y le pedí que me penetrara el ahora que ya no podía mas con tanto deseo y así lo hizo me embistió con su pene erecto palpitante hinchado de esperar entrar en mi, salvajemente comenzó la cúpula y yo eleve mi cuerpo hacia el y con mi brazo me tome de su cuerpo para poder besar su pecho y calmar mi desesperación y terminamos en un orgasmo salvaje desenfrenado de deseos intente ahogar mis gritos en su pecho pero terminamos uniendo nuestros gemidos en uno solo pude sentir como se derramaba sobre la cama nuestros fluidos de amor y como nuestros cuerpos temblaban de pasión .

Después desato todo mi cuerpo y volvimos a mimarnos mientras me acariciaba me decía sos demasiado salvaje para dejarte desatada fue lo ultimo que le escuche decir mientras me abrazaba y me cubría de besos .

Autor: sweethot