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Chantaje familiar (Prima Wanda)

“Un chantaje con elementos firmes domina a cualquier persona.” Yo lo comprobé.

Esto me paso hace unos años, cuando era un menor.

Vivía con mis padres en una casa muy amplia, con tres habitaciones, living,cocina comedor, extenso patio y quincho.
En la época de las fiestas, previo a navidad, llegaron mis primos y mi tía delsur. Mi prima tenía mi edad (17) y mi primo 19 años, mi tía tenía 37 peroestaba muy bien conservada, cualquier persona que la cruzara en la calle, máslos hombres que miran hipnotizados sus redondas nalgas, dirían que tiene unos26 años.
Llegaron mis parientes y todo fue muchos abrazos y besos, en mi caso algo decasi desconocidos con mis primos, ya que la última vez que nos vimos, fue pordebajo de los 5 años, yo ni siquiera lo recordaba.

Llegamos a mi casa y cada uno tomo su lugar en la casa y comenzaron a descargarlos bolsos, mi primo y yo en una habitación con dos camas, mi prima y mi tía enla habitación que tenía la cama marinera (Una cama individual que tiene otracama debajo) y mis padres en la cama matrimonial en su habitación.

La charla entre mis padres y mi tía era muy animada, recordando anécdotas ycontando algún que otro chisme. (Así que el de la secundaria, ese de rulitos,terminó con Sabrina, la rubia que nunca le daba bola… El que persevera triunfaal final… (Risas). Y todas esas boludeces que no me interesaban)

Mi primo era morocho, de tez quemada y bastante grandote, me contaba queterminó el secundario y ahora estaba haciendo algo de ingeniería, pero que nole convencía mucho, mientras que mi prima era morocha, pero de piel más blanca,con pechos proporcionales levantaditos, igual que la cola, que claramente laheredó de mi tía, aunque su actitud media agrandada y asquerosa no me gustaba,no hacía más que estar con el celular en el sillón desde que había llegado, sereía y se mordía el labio inferior sin sacar los ojos de la pantalla,seguramente tendría un novio en el sur, ya que disimuladamente apretó uno desus pechos, al ver que yo la había visto se levantó del sillón y se fue albaño, claramente el fulano la había excitado por mensajes.

Con mi primo Luciano nos habíamos puesto a jugar al pes en la ps2 mientrasseguían las risotadas de los mayores que se encontraban en la cocina. Estabaalgo desconcertado, seguía pensando en mi prima, y que no salía del bañodespués de un largo rato, en como se mordía los labios, en como se apretó lospechos, en lo que estaría haciendo ahí adentro… Tuve una erección recorriendoel camino de esos pensamientos, pero la disimulé ya que al lado estaba miprimo. El resultado fue un humillante 7 a 2 que el festejaba burlonamente, peroa mi no me importaba eso, tenía la cabeza en otro lado.

Pasaron dos días desde la llegada de mis familiares a mi casa, con Lucianoteníamos bastante buen trato, con mi tía, que era a la única que recordabadespués de tanto tiempo, teníamos una afectuosa relación, pero con mi primaWanda era difícil entablar conversación sin que hiciera gestos sobradores y quedemostrara desinterés de manera muy arrogante, sin descartar que tenía elcelular encarnado en las manos, ya que no hacia nada más que tocar la pantalla.

-Ah, esta embobada con el novio que tiene allá- Me contestó Luciano cuando lepregunté por el comportamiento de ella.

Al otro día mis padres salieron con mi tía a un supuesto bar que iban en susépocas juveniles. Luciano y yo íbamos a salir a ver que pintaba la noche einvitamos a Wanda, que rechazó inmediatamente nuestra invitación por unadescompostura que tenía “desde ayer” y se encerró en la habitación.
Los mayores de la casa se habían ido y luego nosotros estábamos saliendo atomar el bondi para que nos llevara al centro. Un par de amigos nos estabanesperando.
Al llegar a la parada (Que esta a unas 7 cuadras de mi casa) justo llegaba elinterno y mi primo estaba por subir, cuando tantee mis bolsillos y no tenía mibilletera, donde estaba la sube (Tarjeta del transporte) y todo mi dinero.

-Me olvide la billetera la puta madre.- Le informé a Luciano. –Vos anda, en laparada van a estar un par de amigos míos, deciles que sos mi primo y que yavoy, porque si no se van a ir, nos vemos.

Llegué a mi casa, abrí la puerta y fui directo a mi habitación, la billeteraestaba en el jean que me había sacado y dejado arriba de la cama. Cuando estabapor cruzar el pasillo oí débiles sonidos desde la habitación en donde estaba miprima. La puerta estaba entreabierta y yo la abrí , sigilosamente, un poco más,y me quedé con la boca abierta con lo que vi. Ella estaba acostada en la camaboca arriba, con el celular en su mano, su musculosa levantada hasta el cuelloy sus pechos al aire, que apretaba con su mano libre, y con esa misma manotocaba su vagina cubierta por una delgada tanguita rosa.
El corazón me iba a mil, estaba muy buena, pechos del tamaño justo, un bronceadoespectacular, pezones perfectos, abdomen plano y trabajado, y las caritas deperra que ponía cuando se tocaba me enloquecían. Decidí sacar mi teléfono yfilmarla, se veía muy bien ya que la luz estaba prendida.
-¿Ahora que mas hago mi amor?- Le dijo al teléfono. Evidentemente estaba envideollamada con su novio, ojalá alguna de las novias que tuve me hubiera hechoun show así.
No alcancé a escuchar lo que dijo, pero ella respondió con que le daba cosa yvergüenza mientras apretaba sus pechos desnudos. Despues de un momento se veque la convenció, porque levantó sus piernas y se quitó su tanga muylentamente, luego separó sus piernas y dejó en vista una conchita preciosa,algo rosadita, con algo de pelo en la parte superior, tal y como a mi me gustan.Enfocó su entrepierna con el teléfono y le preguntó a su novio si le gustaba loque veía. A esa altura yo ya me había desprendido el pantalón y me estabaacariciando la verga con la mano libre, que se estaba poniendo muy dura.
Hubo un intercambio de palabras entre ellos que no escuché, ella sonrió y semordió el labio y tímidamente comenzó a acariciarse la vagina, acto seguidocomenzó a frotar su clítoris con dos de sus dedos y el placer de apoderó deella, levantó su cadera de la cama acompañando un fuerte gemido y aumentó elritmo de sus movimientos, gemía como una nenita y eso me puso al palo y no pudecontenerme más. Wanda frotó su clítoris aun mas rápido y un pequeño chorro deflujo salió expulsado de su vagina, sus piernas temblaron y ella no paraba degemir.
Me aseguré de que había capturado todo y guardé el video.
-Para estas cosas no estas descompuesta eh prima.- Le dije en tono burlón mientras abría la puerta y entraba en la habitación.
No puedo explicar su reacción, fue como si hubiera visto un fantasma,empalideció y no le salían las palabras de la boca, no pasaron 2 segundos quelanzo un grito de desesperación y se tapó con las sábanas.
-¿Q-qué mierda estas haciendo acá?- Gritó nerviosa.
-Calmate, todas las mujeres hacen lo que vos haces, o la mayoría.
-Sos una mierda, un degenerado, no podes estar espiándome, les voy a decir atus padres que me acosaste, y te va a ir feo.
Yo me reí y ella se empalideció aún más.
-Hace lo que quieras, pero yo le voy decir a tu madre y a tu hermano la razónpor la cual Wandita no salió, porque prefería quedarse en casa pajeandose paralos machos que tiene.
-Deciles, no te van a creer nada, porque soy la nena inocente de la familia.-Dijo sonriendo nerviosamente.
-¿Estas segura?- Le dije mostrándole el inicio del video en mi celular.
Ella se llevó las manos a la boca, reprimiendo un llanto, no de tristeza, sinode rabia e impotencia.
-No me hagas esto, somos primos, y muy buenos primos.
Yo ladee la cabeza de lado a lado.
-Me trataste mal desde que llegaste, te hiciste la no se que, ahora estas a mimerced.- Le dije acercándome a ella. –Me dejaste muy caliente con la pajota quete echaste zorrita.
-Por favor borra ese video, hago lo que vos quieras, pero por favor hacelo.
Me hice el reflexivo un instante.
-Hacete otra.
-¿Otra que?
-Otra paja pelotuda, adelante mío.
Se puso roja de furiosa e infló sus pulmones, pero largó el aire y se acostó enla cama nuevamente y comenzó a frotarse por debajo de las sábanas.
-¿Me tomas el pelo? Destápate, sácate toda la ropa, abrí bien las piernas ypajeate como lo hacías para tu macho.
-Por favor…
-Hacelo, si no querés que muestre esto a toda la familia.- Le dije de manerasobradora. – Ay Wandy querida, si hubieras sido mejor persona conmigo noestaríamos en esta situación, pero es algo que no puedo dejar escapar.
Lentamente Wanda se destapo, se quitó su musculosa y su tanga y comenzó amasturbarse tímidamente.
-Veo que esto no funciona.- Dije al cabo de un momento – Veni acá.
Ella vino tímidamente de rodillas a mi, que me encontraba al borde de la cama.Yo desaté mi cinto, bajé la cremallera, desprendí el botón de mi jean y lo bajéjunto con mi bóxer, mi verga parada dio un salto y casi le da en la cara a miprima, que se echó para atrás.
-Ay dios… no sabía… no pensé nunca que vos… ibas a tener una pija así. – Dijoella con los ojos bien abiertos.- Es más grande que la de mi novio, dios mío,mucho más.
-¿Y que es lo que vas a hacer?
-Chupársela a mi primo hermoso, obvio.- Dijo sonriendo perversamente.
-Es justo lo que te iba a pedir prima, ahora dale.- Dije metiéndosela de unsaque en la boca.
Ella se ahogó ligeramente, pero no se quejó y comenzó a frotarla con sus manosy llevarla a su boca, lamiendo el tronco, introduciéndosela hasta la mitad,saboreando la cabeza y pajeandola. La tomé de los pelos y comencé a cogerle su boquita. Ella opuso la mínima resistencia de sostenerme las piernas para frenarlas violentas embestidas de mi verga contra su garganta. Al cabo de unos minutos se la saqué de golpe de la boca y un grueso hilo de saliva cayó al suelo, la pintura de sus ojos estaba corrida por las lágrimas.

-Ahora tu primo te va a coger porque tiene la verga que le explota.
-Ay si métemela toda papito.- Me dijo poniéndose en cuatro y levantando bien el culo hacia arriba y agachando la espalda. La pendeja tenía algo de experiencia.

Le froté la pija por la conchita lentamente y ella suspiraba de placer, me eché un poco mas hacia adelante y le apreté las tetas, tenía los pezones durísimos.
Después de frotársela un buen rato me pedía a gritos que se la metiera y eso hice, se la mande lentamente y ella disfrutó cada cm que se iba abriendo caminomi verga por su interior. Gimió como toda una teen porno cuando aceleré elritmo y la bombeaba cada vez más fuerte.
-Ay si, ay si primito que bien me coges por dios… me encanta tu verga.
Esas palabras me calentaban cada vez más y llegué a darle un par de nalgueadas que a ella la pusieron como una bestia.
-Deja el videíto si querés, porque yo quiero seguir cogiendo con vos, que mecojas y me rompas toda, AY DIOSS.
Ese ultimo fue uno de los gritos de las 3 o 4 acabadas que tuvo en la noche.
Despues de un intenso bombeo a toda maquina de 5 minutos y pico le dije que mevenía, y como tan buena prima que se volvió de un momento a otro se arrodillófrente a mi y abrió esa boquita deliciosa que se dejó llenar de leche, meencantó como se la escupió en el pecho y se untó las tetas con mi semen.
-Me encantó que mi primito me chantajee.- Dijo riéndose aún de rodillas.

¿FIN…?

Cogida y embarazo para mi cuñadita

Desde que tengo memoria mi cuñada me odia por ser un pervertido. Pero hoy en día me odia mucho más debido a que ya no puede usar sus coquetas minifaldas estando embarazada… que como sucedió todo? Enseguida les cuento:
A mi cuñada Natalia siempre le ha gustado vestir con minifalda. Es una chica de esas que despiertan pasiones al por mayor y creo que, aunque siempre lo supo, nunca hizo nada por evitar despertar la mía. Es más, estoy casi seguro que disfrutaba mucho de tentarme a pesar de saber que yo no era nada tímido ni abstraído como mi hermano.
Actualmente tiene 22 años, es morena clara, rostro fino y bonito y un cuerpo descomunal que pone de pie hasta a la verga más cansada. No sé cómo el tonto de mi hermano se fue a agarrar un pedazo de bombón como ella pero hoy en día estoy más que agradecido con él pues me puso en bandeja al mejor polvo de mi vida.
Ernesto, mi hermano, siempre ha tenido problemas con la bebida y fue precisamente un viernes por la noche que salió con mi cuñada a celebrar su ascenso laboral que todo sucedió.
Él y Natalia habían ido a un casino y como siempre a mi hermano se le habían ido las patas apostando y bebiendo toda la noche. Alrededor de las 2 de la madrugada, sonó el teléfono de mi departamento y, como pude, tratando de no tropezar con nada, atendí al llamado:
-Hola?
-Hola Carlos soy Natalia…
-Natalia… a que se debe ese encanto? Es que acaso se te ha ofrecido algo que mi hermano no pueda darte?
-Déjate de tonterías Carlos… si te llamo es porque tu hermano nuevamente se ha pasado con la bebida y estamos encerrados en el casino sin poder salir… se le ha ocurrido apostar con unos tipos y ahora que ha perdido no puede pagarles porque tiene vacío el bolsillo. Podrías ayudarnos?
-A que te refieres con ayudarnos? Me estas pidiendo prestado?
-Si… es tu hermano quien lo pide solo que esta tan borracho que ni siquiera puede atender la llamada…
-A mi hermano no pienso prestarle un centavo más, en caso de que suelte dinero tendría que ser a ti a quien se lo preste… en mi hermano no puedo confiar, no tiene forma de pagarme pero tu si…
Mi cuñada guardó silencio, estoy seguro que en ese momento sentía unas enormes ganas de colgarme y sacudirme con alguna grosería pero sabía que aquello no era sabio debido a su condición.
-Necesitamos 3 mil pesos, puedes prestarnos o no?- preguntó sin más detalles y en ese momento supe que la tenía en mis garras.
-Sí, pero debes venir por el dinero pues no tengo forma de ir al casino. Me han dejado cuidando a mi primo el más chico y no puedo dejarle solo…-Mentí al respecto a sabiendas que, con la creencia de que estaba mi primo el más chico en mi departamento, Natalia ganaría confianza y accedería a venir sola.- Qué te parece si dejas en garantía a mi hermano y tomas un taxi para venir por el dinero? Anda, anímate que no tardarás mucho…
Natalia guardó silencio nuevamente. Seguramente estaba pensándolo seriamente pero finalmente accedió a venir.
-Espera Natalia… como vienes vestida?- le pregunté antes de colgar y en ese mismo instante terminó la llamada.
Mi corazón dio un vuelco y comenzó a latir aceleradamente. De inmediato tomé una ducha y me asee lo mejor posible para recibir al encanto de mujer que estaba por llegar a mi domicilio.
Justo 25 minutos después llamaron a la puerta, abrí y frente a mí apareció aquella hermosa criatura luciendo una minifalda y una blusa escotada que la hacía parecer una escort de primera clase.
La invite a pasar y me la saboree en el camino.
-Te ves hermosa Natalia…
-Tienes el dinero?- preguntó directamente.
-Sí, en la habitación tengo los 3 mil que me pediste…
-Entonces… me los puedes prestar?
-Depende…
-Depende de que…?
-Si me los vas a pagar…
-Ya te he dicho que si… tan pronto tu hermano cobre te traemos el dinero…
-No quiero que mi hermano me los pague… quiero que tú lo hagas….
-Sabes muy bien que no trabajo…
-Y tú sabes muy bien que dinero no necesito…
Natalia me miró fijamente a los ojos. En ese momento tenía 2 opciones: mentarme la madre y salir por la puerta sin dinero y sin una solución para sus problemas o portarse bien conmigo y conseguir lo que quería a cambio de un simple favor para su cuñadito. Y, afortunadamente, escogió el mejor camino…
-Que es lo que quieres Carlos… me quieres ver las tetas? Tocármelas? Si eso te hace feliz pues adelante maldito pervertido… por lo que veo te preocupan más tus perversiones que tu hermano y sus adicciones…
-Por 3 mil pesos tendrás que hacer algo más que enseñarme las tetas y dejar que las toque Natalia…
Natalia guardó silencio y me miró con un odio puro.
-Que tienes en mente? Es que acaso no está aquí tu primito?
-Aquí solo estamos tú y yo… y entre más pronto arreglemos este asunto más pronto sacarás a mi hermano del casino… acompáñame a mi habitación, quiero enseñarte algo…
-Eres un bastardo…- me dijo mientras comenzaba a seguirme rumbo a mi cuarto.
-Si no estas agusto puedes irte… yo no voy a forzarte pero como están las cosas dudo que mi hermano salga fácilmente del casino sin pagar.
Al llegar a mi habitación le pedí que se sentara en la cama, así lo hizo y enseguida su minifalda se corrió lo suficiente como para dejar ver sus encantadoras piernas gruesas y bien torneadas.
Sin más ceremonia saqué la faja de billetes y la puse sobre la cómoda. Luego, me abalancé sobre ella y comencé a besar sus labios ante los pequeños intentos de lucha que mi cuñadita hacía sin estar del todo convencida.
-Déjame Carlos…- decía mientras recibía mis primeras caricias en sus piernas y mis besos en sus labios.
Seguí insistiendo en los besos hasta que ella comenzó a mostrarse más complaciente y me permitió incluso que le metiera la lengua.
Luego de 5 o 6 minutos de besos y caricias comencé a sacarme la ropa. Mi pene largo y erecto quedo frente a ella y enseguida abrió mucho más los ojos en una especie de encanto combinado con sorpresa.
-Que estás haciendo???- preguntó inmediatamente.
-Sacándome la verga… que creías que haríamos?
-Supuse que solamente serían besos…
-Por 3 mil pesos tengo derecho a hacerte lo que se me dé la gana Natalia… deja de resistirte y mejor comienza a disfrutar porque de aquí ya no sales si no eres mía…
Natalia estaba completamente consciente de la situación así que cerrando sus ojos se recostó boca arriba y completamente quieta aguardó a que le quitara cada una de sus prendas hasta dejarla desnuda sobre mi cama.
-Ponte condón que no estoy en la píldora…- me suplicó justo antes de que con mi verga comenzara a rosar su vagina desnuda.
Pronto, de una sola estocada, le hundí más de la mitad de mi pija arrancándole un intenso gemido de placer o dolor que se yo pero que me excitó hasta el alma:
-AAAAHHHHHHHHHH… Que estás haciendo… aun no te has puesto el condón… sácamelo!!!
Ante eso, comencé a embestirla cambiando de ritmo constantemente.
-OHHHH Sácamelo Carlos… Hazlo… AAHHHHHHHHHHHH
Era una sensación sumamente increíble. Al fin la estaba haciendo mía!!!! Saber que me estaba follando a la mujer de mi hermano me hacía sentir un placer inmenso.
-Sácamelo Carlos!!! Por favorrr… AAHHHHHHH….
-Escúchame bien Natalia… HMMMMM…- Comencé a decirle entre gemidos y sin dejar de cogerla.- Acaso creías que nunca haría nada luego de andarme tentando durante años con ese culo tan divino que te cargas y que luces a cada que puedes con minifalda??? Créeme, tentarme tiene un precio muy alto y estas a punto de averiguarlo… HMMMMMMMMMM
-Por favor Carlos… sácamelo… podría quedar embarazada…!!! –Aquello no hizo más que excitarme aún más y, en cuestión de segundos, mi pene explotó adentro suyo llenándola de tanta leche como pude soltar.
-AAAHHHHHHHHHH HMMMMMMMMMMMMM…- Ambos gemimos frenéticamente, aguardamos unos segundos recostados y luego, poniéndonos de pie y comenzando a vestirnos, me dijo:
-Ya tienes lo que querías ahora quiero el dinero…
-Le entregue los 3 mil y luego de eso yo mismo la lleve al casino a que pagara. Luego le ayude a llevar a mi hermano a su casa, como pudimos lo recostamos y, antes de irme, nuevamente la volví a follar en la sala de su casa.
Hoy en día está embarazada y espera un hijo que ambos sabemos es mío. A mi hermano lo han corrido de su trabajo y por lo que he oído están seriamente necesitados de dinero por lo que creo que es hora de que me vuelva a pedir prestado…

Penetrada por ell diablillo de mi hijo…

Mi vida no ha sido muy feliz durante el matrimonio, a excepción de los primeros meses cuando todo era felicidad, pero , yo juré estar en las buenas y en las malas y eso es lo que importa.

Me llamo Nora y tengo 38 años, segun mi marido y algunos hombres que conozco, tengo un buen fisico, mi marido Alberto de 40 años y mi hijo Gabriel…

A mis años me considero una mujer que ha logrado realizar varias cosas que quería alcanzar en la vida. Hoy en día me dedico a realizar las labores del hogar, me siento tranquila haciéndolo, aunque hace tiempo me he dado cuenta que el matrimonio no es la gran cosa, eso no quiere decir que no ame a mi esposo.
Resulta que mi esposo y yo vivimos en una casa de su madre, desde que nos casamos. A mí nunca me ha disgustado que vivamos ahí, porque nunca he tenido problemas con ella, siempre nos hemos llevado bien. Un mañana mi esposo me dijo que iban a llegar a casa mi hermana con nuestro pequeño hijo Gabriel que venian de estar 10 dias de vacaciones. Me llené de alegría al saber que los volvería a ver, y a mi hermana después de tanto tiempo.
El día que llegaron fuimos de compras, me dediqué a hacerle pequeños regalos a mi hijo y a mi hermana, me agradaban tanto que los traté de una manera muy cordial.
Lo que ocurrió ese día fue que me encontré con un ex pretendiente de mis años de universidad, Sebastián, aquel con el que mi esposo había tenido que competir para ganarse mi amor. Pero ahí no acabó todo, ocurrió que cuando lo vi fue en un momento en el que Carla, mi hermana, estaba en el baño y yo estaba con mi hijo Gabriel escogiendo unos zapatos.

Él me miró y me dijo que desde hace tiempo deseaba encontrarse conmigo, y que hoy era su día de la buena suerte. También me dijo que desde hace años había regresado y que nadie le había querido dar mi dirección.

La conversación prosiguió durante unos minutos, lástima que yo ya tenía que irme porque tenía una cita con el doctor, él no perdió la oportunidad de pedirme el teléfono pero yo no se lo di, por lo que él me dio el suyo y me dijo que lo llamara para conversar un poco. Finalmente yo le di el teléfono y cuando Carla Salió del baño yo ya me había despedido de él. Fue un susto cuando veía que Carla iba a regresar de un momento a otro pensar que nos iba a ver juntos.
Al día siguiente lo llamé para quedar en conversar uno de esos días, para recordar tantas cosas que habíamos pasado juntos en la época en la que habíamos sido enamorados. Aunque primero lo pensé muy bien, porque no se vería bien que una mujer casada como yo se estuviera citando con un hombre a escondidas de su esposo, luego pensé que era normal que dos se tomaran un tiempo para conversar, y para despejar cualquier duda lo invité a ir a casa.

Ese día olvidé decirle a mi esposo que él vendría a cenar, y cuando se lo iba a decir me llamó desde su trabajo para decirme que se iba a tardar porque tenia bastante trabajo y que mejor no lo esperara a cenar, porque no podía llegar temprano. Carla salió como a las 5 de la tarde y me dijo que iva a volver tarde. No era tarea difícil, así que decidí no decirle nada a nadie de la visita que tenía esa noche.

Le prepare la cena temprano a mi hijo Gabriel y una vez que Sebastián llegó y tocó la puerta sentí que era incorrecto haberlo invitado y era peor no haberle dicho nada a mi esposo, pero mejor me dediqué a pasar el momento y a disfrutar de la velada con, mi ahora amigo, Sebastián. Lo recibí, y él al verme puso una cara de sensualidad que me hizo recordar muchas cosas, recordé nuestras citas de años atrás, en las que la habíamos pasado tan bien.

Luego de un rato de haber empezado la cena él comenzó a mandarme piropos como que bella estas esta noche, y cosas que me gustaban y poco a poco me fue recordando esas tardes que pasábamos juntos estudiando. Me llené de erotismo al ver que estaba en la casa en la que vivía con mi esposo y mi hijo, que era una mujer casada y que no debería dejar que se acercara tanto a mí, en eso sentí sus labios rozar los míos.

Sin darme cuenta él ya me estaba besando y yo no oponía resistencia, sin darme cuenta su mano estaba en mi pierna derecha, acariciando mis muslos, me sentí excitada y muy avergonzada de la escena que estaba viviendo. Mis manos no respondían a las órdenes de mi cabeza y pronto me dejé llevar por lo que sentía y lo dejé seguir, aunque la culpa me estaba matando, estaba excitada como no lo había estado en mucho tiempo.

Sebastián estaba siendo muy listo al aprovecharse de la situación y subió su mano a la parte superior de mis muslos, casi llegando a la parte de mi prenda íntima, pasaba su mano por todo mi muslo y luego subía y bajaba. Era excitante sentir esa mano, me volvía loca. En una de esas subió su otra mano a mis pechos y los comenzó a acariciar muy suave por encima del vestido. Después de un rato yo ya no hacía ningún esfuerzo por rechazarlo y comencé a sentirme más a gusto.

Siempre con el miedo que implica estar haciendo algo prohibido, sentía que estaba disfrutando al máximo de lo que estaba pasando, recordé a mi esposo, que estaría trabajando a esas horas, pero luego de un rato ya ni me acordaba, estaba recordando s momentos al lado de Sebastián y el miedo me hacía sentir la angustia de estar traicionando a mi esposo, debería haberlo rechazado y darle una bofetada, pero no lo hice y me estaba gustando lo que me hacía.

Me siguió besando y ahora apretaba mis pechos con sus manos, después metió sus manos por debajo de mi blusa para acariciarlos por encima del sostén que traía ese día, fue lo más rico que me habían hecho en los pechos en mucho tiempo, y cuando comenzó a llevar sus manos al broche de mi sostén sentí que ya era demasiado, no podía permitir que se aprovechara tanto y me quitara el sostén.
-No, eso no…
-No tengas miedo ¿no me dijiste tú misma que no hay nadie en casa?
-No te olvides que esta mi hijito Gabriel.
-Pero él está arriba durmiendo, no te preocupes.
-Espera yo soy una mujer casada…
-Solo vivamos el momento….
-Pero nos puede ver.

Luego de ese intercambio de frases no pude seguir resistiendo sus embates y su persistencia, me entregué completamente al diluvio de caricias que en ese momento él me ofrecía. No supe cómo reaccionar y eso terminó entregándome en los brazos de él, ya en ese momento estaba súper excitada y con ganas de más, mi gran debilidad se había puesto de manifiesto, yo me recosté un poco hacia atrás para recibir sus caricias y besos mientras él me comía los pechos y con una mano se las ingeniaba para masturbarme por encima del calzón, con toques sutiles.

Estaba sudando y él comenzó a subirme el vestido, no sé cómo llegamos a tanto, lo que en ese momento importaba era que me sentía tan excitada que era capaz de todo, incluso de tener sexo ahí, pero la idea de ser vista por el pequeño me asustaba tremendamente.

De pronto sentí una de sus manos posarse a escasos centímetros de mi entrepierna y acariciar como nunca nadie me había acariciado antes, la excitación se convirtió en calentura y quería que él siga tocándome, llegó al borde de mi calzón, la parte que cubre mi vagina y yo ya estaba humedeciéndome de tanto placer, me tocó con los dedos por encima del calzón y comenzó a sobarme, en ese momento quería explotar de tanto placer, me estaba masturbando sin siquiera tocarme la piel, se sentía riquísimo tener sus dedos encima de mi intimidad, yo estaba sudando y él me estaba manoseando a sus antojo.

Por suerte, y dejándome con las ganas y una gran excitación, llegó mi hermana, tocó la puerta y de inmediato nos separamos, yo me subí y me volvía a abrochar el sostén, me acomodé la ropa y abrí la puerta. Los presenté y a los pocos minutos él dijo que ya se tenía que ir. Por supuesto que Carla nunca sospechó nada pues siempre me había conocido con una moral intachable de mujer de un solo hombre y de su casa.

El susto me lo llevé unos minutos después, cuando al quedarme sola en la sala se abrió la puerta del closet y vi salir de ahí a Gabriel, la sangre se me heló y pensé rápidamente que él lo sabía y lo había visto todo, pero no me desesperé.
Al pasar los días Gabriel no dijo nada acerca del tema, creí que era probable que no hubiera visto nada, pero la duda me estaba matando, así que decidí esperar a que me dijera él mismo qué es lo que había visto.
Pasaban los días y nada de nada, pero un día de esos tantos, casi a las dos de la mañana escuché que se abría la puerta del cuarto en donde dormía Gabriel pensé que quizá había tenido una pesadilla o algo así. Me desperté y esperé que viniera a mi cuarto, eso era lo que él hacía siempre, hace años cuando me quedaba cuidándolo y él estaba más pequeño siempre venía a mí cuando tenía pesadillas en la noche.
Esta vez él abrió despacio la puerta de mi cuarto y al verme despierta me dijo”: ¿Puedo quedarme a dormir contigo?”. Por supuesto que le dije que sí, pues siempre se había quedado a dormir en mi cuarto cuando tenía pesadillas o no podía dormir. Recuerdo que al despertar al día siguiente me quedé sorprendida al ver que su mano estaba un poco más arriba de mis rodillas, hasta ese entonces él no se había atrevido a poner sus manos ahí en las noches anteriores que había dormido en mi cuarto.
Pero no le di la mayor importancia al asunto, creí que de repente lo había hecho entre sueños y sin darse cuenta de lo que hacía. Ese día por la mañana estábamos viendo televisión y de pronto apareció el anuncio de la nueva película que estrenaban ese día, él se quedó viendo y luego me dijo que lo llevara. Le dije que ese día no iba a poder, pero que si esperaba a mañana lo podía llevar. Quedó todo listo para que sea un día de semana, en el que no iba tanta gente al cine y él estaba de acuerdo.

Llegó el día tan esperado para él y lo llevé al cine, de pronto me di cuenta en la entrada del cine que la película no era tan inocente como parecía, había carteles de escenas de la película que contenían escenas bastante fuertes y por un momento creí que no lo iban a dejar pasar. Al entrar me di cuenta por qué es que los cines bajan los precios de la entrada esos días, la gente no iba al cine esos días y parecía casi vacío, a excepción de algunos señores que estaban ahí.

La oscuridad y la comodidad del ambiente me hicieron sentir en confianza y sentirme como en casa, había atrás de nosotros un grupo de señores de edad avanzada y nada más. Llegamos con gaseosas y pochoclo para comer mientras veíamos la película.

Ese día yo llevaba puesta una minifalda que me hacía lucir las piernas, cosa que no hacía desde hace tiempo. Gabriel se quedó viéndome las piernas cuando llegamos al cine, pero no era cosa de mucha importancia.

-que bien que te queda la minifalda, mami te hace lucir tus hermosas piernas…
– hijo, me halagas…
Y entramos a la sala.

Al correr lo minutos y avanzar la película llegó una escena en la que un hombre le tocaba las piernas a una chica, no supe que pensar cuando sentí la mano Gabriel subiendo por mi rodilla y palpando con la yema de sus dedos mis piernas. Cogí su mano y la llevé a su asiento. Pasó un rato más y volví a sentir su mano sobre mis piernas, esta vez le sentí el gusto a las caricias, pero al mismo tiempo separé su mano de mis piernas pues no era correcto que él me estuviera tocando ahí.

La película duraba más de dos horas y al parecer Gabriel iba a seguir insistiendo, en una de esas yo lo miro de reojo, sin voltear la cara y veo que me esta mirando las piernas. Me sentí contrariada, no supe que decirle y a los pocos minutos volvió a poner su mano sobre mí. Esta vez le dejé que lo haga un rato más, después de sentirme excitada recordé que no estaba bien y de nuevo me saqué su mano de encima.

Gabriel se fue al baño un rato, quien sabrá a hacer qué y después regreso con una sonrisa inocente que hizo que me olvidara de lo anterior.

Pero Gabriel iba a seguir con su manoseo sobre mí, al rato probó y fue más audaz y llevó su mano más arriba que las otras veces, sentí miedo al pensar que nos estaban viendo y volteé con mucho nerviosismo para atrás, felizmente no nos estaban viendo y Gabriel seguía subiendo.
-Gabriel, saca tu mano de ahí. Parece que no me entiendes.
-Pero a ti te gusta.
-No, y no está bien.
-Si papa te ve así se molestaría.
-¿Y cómo el señor de la otra vez te las tocaba y no le dijiste nada?
-Es que… era…
-¿Ya ves?, déjame que te toque.

Me sentí nerviosa y descubierta por él, un chiquito que me tenía en sus manos, no tuve otra opción que quedarme callada por un buen rato, no sabía que decirle para que me entienda que estaba mal lo que estaba haciendo. Volvió a la carga y esta vez llegó a límites insospechados, llevó su mano a mi entrepierna y yo me quería morir, por última vez le dije que sacara sus manos y él me dijo que entonces le iba a decir al padre lo que había visto.

-No, como sé te ocurre-Le dije con voz entrecortada
-Entonces déjame tocarte.
-No, ya para.
-Entonces le digo.
-No…
-es que soy tu madre, Gabriel y eso no esta bien…
El no me escuchaba y me seguia tocando.

Poco a poco la expresión de desaprobación en mi rostro fue desapareciendo, no tenía otra salida y no se me ocurría nada en ese momento, agaché mi cabeza un poco y no supe que decir, un silencio obligado se apoderó de mí.

Sin decirle una sola palabra le dije que sí (el que calla otorga), él me acarició la concha por encima de la tanga, jamás creí que podría recibir tanto placer en un cine, y con ese mi pequeño hijo, estaba mojada, completamente mojada, y ya no me importaba nada, volteé para ver si no nos miraban y luego me incliné en mi asiento, estaba temblando, me daba un miedo inmenso el saber que en cualquier momento nos podían ver.

Ya quería tener esa manito entrando en mi ropa interior, pero la idea me parecía aberrante, ¿qué me estaba pasando?, es mi hijo me debo estar volviendo loca, en ese momento no sabía por qué deseaba tanto esas cosas, pero el hecho es que las estaba deseando. Me avergüenza admitirlo, pero por unos momentos perdí la vergüenza y no opuse ninguna resistencia a sus caricias.

En la parte de atrás del cine no se veía que alguien notara algo, pero me paré y me fui al baño, solo eso me pudo salvar de seguir siendo manoseada al antojo de mi niño. Al llegar al baño no supe que hacer con la calentura que éste me había provocado y di rienda suelta a mi imaginación y me puse a pensar que sería si yo le permitía seguir con esas caricias. No supe que pensar, lo cierto era que cuando volviera me iba a seguir tocando, eso era lo que iba a pasar.

Luego salí a seguir viendo la película y como de costumbre el pequeño siguió con sus metidas de mano a mis piernas. Luego de un rato me volvía a excitar, pero esta vez la película estaba por acabar, terminé súper excitada y con ganas de más, pero claro está que no le iba a decir que me gustaba.

Salimos del cine, yo con la vagina húmeda, y me pidió ir a un restaurante que quedaba cerca, uno donde siempre íbamos con toda la familia. Llegamos y pedimos lo que se nos antojó.
-¿Te gustó la película mami?
-Mas o menos, tengo que decirte algo.
-¿Cuándo venimos otra vez?
-Escúchame: podemos venir las veces que podamos, pero no le debes decir a nadie lo que viste ese día,y mucho menos a tu papa…
-Que bien, ¿y yo que gano con no decir nada?
Era obvio que el chiquillo sabía algo del arte de negociar, me sorprendió con esa frase y no tuve otra salida que decirle que podíamos repetir más jornadas como la de ese día. Puso una sonrisa y se quedó callado un momento. Parecía que todo estaba arreglado y disfrutamos de la comida tranquilamente.

Pasaron unas pocas semanas y la visita se hizo más larga que de costumbre, mi hermana acordó con nosotros quedarse un tiempo más en nuestra casa y yo estaba de acuerdo.
No habíamos vuelto a hablar de lo que había pasado ese día en el cine y el día se acercaba, esa tarde mi hermana y mi esposo habían salido y me volví a quedar a solas con mi hijo. Estábamos viendo televisión y de pronto tuve la necesidad de ir al baño, por coincidencia él también quiso ir al mismo tiempo que yo y salió como una flecha para llegar antes que yo y así lo hizo.

Esperando afuera recordé que ese día en la televisión no había nada interesante que me llamara la atención, pensé que sería ir al cine pero recordé que quizá mi niño iba a querer manosearme otra vez. Luego de un rato llegué a la conclusión de que no era tan mala idea dejar que me explorara un rato, todo en forma de pago por su silencio. Esa tarde la pasé de maravilla, toda esa excitación fue lo máximo, en el cine nadie se dio cuenta de lo que pasaba y al final le di en premio un beso muy cerca de la boca. Se quedó contento.

Para mi mala suerte, al llegar a la casa estaba Sebastián con su carro estacionado afuera. Nos saludamos y me convenció de recibirlo en la casa. Gabriel sabía que esa noche iba a poder ver algo más, pero yo lo olvidé por desgracia. Lo mandé al desvío y le dije que fuera con sus nuevos a divertirse, incluso le di una propina para que se quedara contento.
-Gabriel, anda a jugar, vienes en una hora-Le dije mientras le daba una jugosa propina.
-Gracias mami.
-Ya te dije que si te portas bien te va a ir bien.
-Ahora sí te creo.
Una vez que creí que estábamos solos comencé a conversar con Sebastián, en la conversación salió a relucir lo de la otra noche, cuando me besó por casi todo el cuerpo. Rápidamente se puso caliente la conversación y ya estaba excitada de nuevo. Él, no desaprovechó la oportunidad y me calentó con palabras que más parecían de una pareja con una inmensa actividad sexual, ya no sabía que hacer y en una de esas me comenzó a abrazar.

Sentí su cuerpo apretar el mío y no supe poner un alto, los recuerdos de mi vida antes de casada me volvían a la mente y me dejé llevara por el momento, cuando me di cuenta nos estábamos besando y el ya tenía sus manos en mi cuerpo, acariciándolo y haciéndome sentir cada cosa.

Para terminar de empeorarla nuevamente me dieron ganas de tener sexo, y eso era lo peor que le puede pasar a una mujer casada cuando su marido no está en casa y se encuentra acompañada de un hombre tan atractivo, estaba perdida y ya no había nada que me pueda salvar, salvo mis últimos intentos de resistirme.
-Sebastián, no esta bien lo que estamos haciendo.
-Vamos, déjame seguir, yo sé que te gusta.
-No esta bien, mejor vete-Le dije con una voz que ya reflejaba mi lucha interna entre el si y el no.
-No te preocupes.
-No, para ya, aquí no…
-Entonces vamos a tu cuarto, ahí nadie nos verá.

me convenció de ir a la recámara donde duermo con mi esposo, me llevo dándome una serie de besos que me ponían a un grado de excitación cada vez más elevado, ya no pude resistirme y me dejé llevar por mis deseos.

En unos instantes estuvimos en la recámara y no demoró en quitarme la ropa, aprovechando para ir manoseándome todo lo que quería, era imposible resistirme a sus caricias, las estaba disfrutando al máximo.

En pocos instantes yo estaba solamente en calzón y sostén y sentada en la cama, él se bajó el pantalón, dejando a mi vista y a escasos centímetros una verga de aproximadamente 20 centímetros y bastante gruesa, pasé saliva y me quedé viéndola, me parecía increíble estar ahí, en la cama de mi esposo, en ropa interior y nerviosísima por lo que estaba haciendo.

-Ahora me toca a mí…
-¿Crees que puedas hacer algo?-Me dijo, invitándome a probar su miembro.
-Ay, no sé, nunca lo he hecho…
-Siempre hay una primera vez-Me dijo, haciéndome recordar que esa era la frase que yo siempre repetía.

Era más que obvio que me tocaba usar mi boca para seguir con esa sesión de lujuria, me ponía muy nerviosa estar haciéndolo en el cuarto de mi casa, donde duermo con mi marido, pero a la vez le daba ese toque picante que nunca me hubiera imaginado que tendría. Llevé mi mano hacia la cabeza de su verga, era bastante gruesa y larga, al principio me dio miedo, pero luego le agarré más confianza, acerqué mi boca y comencé a oler lo que tenía enfrente de mí.

Luego de un rato que estuve masturbándolo y viendo cómo se moría de placer pensé seriamente en llevármelo a la boca, momento exacto en el que se oyó el sonido de un carro estacionándose afuera, escuché cómo la puerta del cuarto se movió un poco… ¿Qué habría pasado ahí?, me pregunté, pero ese no era momento para preguntarse nada, con mucha osadía, se la lamí, la probé y la masturbé con la mano.

Luego de escasos segundos de hacer esto me la llevé a la boca y la estuve chupando como una loca, creo que nunca en mi vida había estado con esa calentura. La llevaba de adentro hacia fuera, de afuera hacia adentro de mi boca y con la lengua la lamía dentro de mí. Se sentía su sabor, si mi marido hubiese sabido que se la estaba chupando a otro, yo, que siempre me había negado a hacérselo a él, se hubiera muerto de la envidia.
Seguidamente comencé a masturbarlo al mismo tiempo que se la chupaba, con mi mano derecha se la corría primero despacio, después rápido, cambiando de ritmo según se me antojaba. En esos momentos experimenté por primera vez que se siente cuando una mujer tiene en la boca una verga, lo había visto tantas veces en los videos que trae mi esposo a la casa y recién ahora lo estaba practicando, era una cosa de locos.

Al pasar unos pocos minutos Sebastián un pudo seguir conteniendo la eyaculación que le provocaba mi boca, mi lengua y mis manos.
-Ahhhhhh…Hummm…
-Tiene buen sabor-Dije con una sonrisa al levantar la cabeza y verlo a la cara.
-Que rico lo haces…
-¿Quieres más?-Le dije viéndolo lascivamente al levantar otra vez la cara por un instante.
-Ah… claro…tú sigue…
-Hum… que rica esta tu pija, me gusta, y está bien grande…
-Ya era hora de que la probaras sin miedo.
-Que rico sabe tu vergaa Sebastián- Le dije son una sonrisa cómplice que fue correspondida por él, fueron palabras que se me salieron sin pensar, quizá fue el subconsciente que me traicionó y sacó a relucir mis más bajos instintos.

Bajé a los huevos y también los probé, era una verdadera perra en ese momento, ni yo me reconocía. Como nada es eterno, y menos el placer, se vino en mi boca, nunca había tenido leche en mi boca, pero esa fue la primera vez, como dato anecdótico puedo decir que un pequeño chorrito de semen resbalaba por mi labio inferior. Sebastián se quedó viéndome y yo lo miré también, un mutuo acuerdo se veía en nuestras caras, el deseo de que esto no se acabe ahí.

-Ay, yo quiero mas lechita-Le dije, en un tono muy sensual, como ya dije, no yo misma me reconocía en esos momentos. Sebastián me miró con una cara de deseo y lujuria que jamás había visto en mi marido.
-Yo te puedo dar más lechita, solo tienes que hacer lo que yo te diga…
-Si, si quiero que me des más lechita…-En esos momentos ya había perdido la vergüenza.
-Te voy a dar lechita por todos lados.
-Ay que rico…

Me estaba comportando como una verdadera puta, y eso no era todo sino que quería probar de una vez lo que era el sexo extramatrimonial en todas sus formas.
Me sentía muy cachonda, me saqué el sostén delante de él y me dijo que tenía unos lindos pechos que se veían más bonitos cada vez que los veía, yo ya no aguantaba y me eché en la cama, levantando los pies, al mismo tiempo que me quitaba el calzón con las dos manos delante de él, que se quedó viendo impresionado todo mi cuerpo y en especial mi parte íntima que estaba cubierta de mis pelos pélvicos, era muy erótica la escena que estaba viviendo.

Me quedó viendo y al verlo así le dije:
-¿Qué esperas? ¿A que viniste? ¿Solamente a ver?-Me dijo que no, moviendo la cabeza.
-Ahora vas a sentir lo que es una verga de verdad.
-Huy que miedo-Le dije en un tono algo gracioso.
-Mira que grande es.
-Ay amor…clávamela hasta el fondo antes de que venga mi marido-Le dije poniendo una cara de mujer caliente que nunca en mi vida me imaginé poner.

Ya estaba hecha, no había marcha atrás y ahora me tocaba recibir algo a cambio por tanta chupada, él estaba con el arma durísima otra vez y me estaba mirando con unos fuertes deseos que se reflejaban claramente en su cara.

En su cara se veían unas ganas tremendas de meterme su miembro, eso era muy excitante, se podía ver su verga grandota y dura que acababa de tener en mi boca con unas gotas de semen cayendo, ahora tendría que soportarla en mi interior. Me sentí abrumada por un momento y con muchas ganas de tenerla dentro ya.
-Ahora me vas a decir que quieres.
-Quiero tu pene, de una vez…
-Siempre supe que eras una tigresa…
-Vamos, dame lo que quiero, ¿o tengo que mandarte una carta de invitación?
-Abre las piernas y comienza a rezar-Me dijo medio en broma y yo sonreí con lascivia.

Ahora el se estaba quitando toda la ropa, quedó completamente desnudo en cuestión de segundos, se veía con muchas ganas de hacérmelo. Se echó encima de mí y yo lo recibí en lo que hasta ese entonces había sido un lecho de amor y fidelidad, creí que nunca lo haría, pero ahí estaba yo, dispuesta a todo con tal de satisfacer mis deseos de sexo. Era increíble pero era cierto.

Nos besamos y me separó las piernas que en un acto inconsciente yo mantenía aún cerradas, en mi última muestra de fidelidad a mi marido, que era una extraña manera de seguir siendo fiel. Entonces fue que sentí como acomodaba la cabeza de su cosota en la entrada de mi vagina, con solo hacer contacto hacía que me moje más de lo que ya estaba.

Luego de unos instantes seguimos besándonos y dándonos piquitos, ya para ese entonces estaba empujando su cosota adentro de mí, sentí su cabeza empujando entre mis labios para abrirse paso, a lo que yo reaccionaba abriendo más las piernas para mayor comodidad, mi cuerpo estaba sudando y la cama comenzaba a moverse, finalmente logró meterme la cabeza y ahí fue cuando empezó mi tortura y placer extremo.

Comenzó a meter y sacar la mitad de su miembro con una lentitud que me enloquecía, sentí como se estremecía mi cuerpo cuando mi concha recibía un nuevo inquilino que no era el mismo de siempre, no era el pene de mi marido, y se me humedecía la concha cada vez más.

Sentí la necesidad de abrazarlo y lo hice, llevando mis manos a su espalda y apegándome más a el, sentí el contacto de nuestras pieles completamente desnudas y calientes, con el sudor que se sentía al contacto.
-Papito dame más…
-Ah…ah…ah…
-Si quieres métemela toda, te doy permiso…
-Si…si…
-Anda de una vez, cogeme bien, déjame bien cogida…

Lo dije en broma, no pensaba que eso me iba a caber dentro.
Parecía incansable, seguía taladrando mi concha y me di cuenta que lo que pretendía era metérmela toda, que horror si me la mete toda, pensé. Pero luego de experimentar las primeras sensaciones de placer ocasionadas por esa cosota estuve decidida a soportarlo, ya no importaba si me dejaba la zorra más abierta, el placer que me estaba dando era difícil de explicar con solo palabras, me dolía muchísimo pero a la vez quería más y me gustaba más que cuando me lo hacía mi esposo.

Luego de los primeros dos minutos logró colocar toda su verga en lo más profundo de mi ser, me dolía harto y empecé a gritar y a gemir del dolor y placer, mis gemidos se escuchaban por todo el cuarto y estoy segura que por toda la casa, y es que con ese tamaño cualquiera se pone así, comencé a arañarle la espalda y a besarlo con todo y lengua, nos besamos con la lengua y nos acomodamos apretándonos más.

Todo el olor a sudor y a sexo se sentía en todo el cuarto y yo seguía recibiendo más y más.
-Más…más…más…
-Ah…ah…que apretada eres…-Me decía con una voz jadeante que me ponía más caliente.
Mientras él me la metía y sacaba a su ritmo, yo tuve que seguirle el paso y moverme al compás de él. Era lo máximo en placer que había experimentado hasta ese entonces y era la primera vez que lo hacía sin mi esposo. Sentía su respiración en todo mi cuello y mi cara, era excitante y me estaba cogiendo de una forma increíble, cada vez más fuerte.

Hasta ese entonces yo no sabía qué era tener sexo de verdad, gozar al máximo y ser penetrada tan rico. En esos momentos Sebastián empezó a metérmela con más fuerza y a hacérmelo más rápido. Lo besé, al mismo tiempo que jadeaba inconteniblemente, que placer me estaba dando, que rico se sentía, y que dolor también.
-Ah…ahhh….
-Hasta el fondo…hasta el fondo-Le decía con voz jadeante y entrecortada.

Miré para abajo por un momento y miré como entraba y salía su pene en mi concha, salía y de nuevo empujaba y se abría paso entre mis labios vaginales y volvía a salir y luego a entrar, que rico era todo eso.

Se veía en su cara el esfuerzo que hacía por seguir el ritmo de la penetración fuerte y rápida que me estaba haciendo, yo quería explotar de tanto placer y por momentos no sabía como responder a tanto placer que me estaba dando.
-Ya…
-Hum…
-Así… no pares.
-Uf…ah…ah…

Era cierto que las grandes duelen más y si no me creen pueden comprobarlo algún día. A mí me gustaba bastante esta nueva forma de tener sexo y no iba a dejar que solo fuera una vez. De pronto Sebastián comenzó a dar indicios de una inminente eyaculación, y contrario a lo que haría la mayoría de las mujeres yo quería sentir algo nuevo.
-Vacíate adentro…
-Si…
-Adentro, no la saques…
-Muévete más…
Nuestros cuerpos empezaron a temblar y justo en el momento que sentí humedecerse mi vagina con su semen dejé que se me vinieran los líquidos que estaba aguantando desde hace rato.
-Ahhhhhhhhh…
-Hummmmm…
-Que rico….hum….
Por fin se mojó dentro de mí, nos mojamos los dos y fue increíble, las sábanas estaban húmedas y nos echamos, estábamos muy cansados por el esfuerzo y nos abrazamos, él me besó y yo le correspondí, solo sentíamos que estábamos juntos y descansamos un rato. Pero la cosa no iba a acabar ahí, de un momento experimenté un sentimiento de culpa, pero felizmente se me dio por pensar solo en el presente, la jornada estaba empezando y él y yo queríamos más.
-Por qué no viniste a Madrid cuando me dijiste.
-Hace años te llamaba, pero tu madre me decía que no querías saber de mí.
-Eso es mentira, yo te esperaba.
-Entonces todo fue una farsa.
-Me quedé con el que ahora es mi esposo porque nunca regresaste.
-Ya veo, y siempre lo sospeché, yo tampoco nunca te olvidé.
-¿De verdad?
-Si, lo que pasa es que…

La conversación prosiguió y por supuesto que yo no quería que se volviera aburrida, de un momento pasé mi mano por su entrepierna que estaba cubierta por la sábana y constaté que se le estaba endureciendo de nuevo la verga. Le dije que por ahora los dos ya teníamos vidas diferentes y que ni pensara en la posibilidad de que yo me separe de mi esposo, él estuvo de acuerdo nos besamos de nuevo.
-Ay, la tienes bien grande…
-Si, mira lo que te perdiste.
-Ay, no seas malo.
-Pero el tiempo perdido a veces se puede recuperar.
-Creo que sí…
-Veo que se te está haciendo agua la boca.
-Creo que tienes buena vista…-le dije sonriendo.

A los pocos minutos ya estaba de nuevo con su verga entre mis manos y acariciándosela ya no me daba miedo que iba a pensar de mí, acababa de ser su mujer y por eso ya había tomado más confianza. Acerqué mi cara a su miembro y me percaté de que estaba rojo, seguramente por lo que habíamos estado haciendo con tanta pasión.

-¿Alguna vez lo has hecho por atrás?
-No, nunca…Le dije mientras comenzaba a lamer el glande.
-Pero siempre hay una primera vez.-Al instante sonreí.
-Así que quieres hacérmelo por el culo, eres muy caliente.
-¿Solo yo?-Me dijo mientras le seguía lamiendo la cabeza.
-Ja ja ja…
Mientras me decía cosas así como que es normal el sexo oral y otras cosas me fue calentando de nuevo, y me acariciaba de una forma que me excitaba.
-¿Ya?-Me dijo.
-¿De verdad quieres meterme esa cosota por ahí?
-Si, no te preocupes te va a gustar…
-Ay, si, como no…
La conversación proseguía y se me vino a la mente la idea de cumplir una de las fantasías que muchas tienen, cabalgar, me pareció que era hora de que yo tome la iniciativa y que fuera yo quien manejara y tuviera el control. Pero para eso debería quedar como una mujer que tiene mucha experiencia en eso, y para mí no era fácil hacerlo.

Poco a poco la lujuria se fue apoderando de mí al ver que su sábana se levantaba en la parte de su entrepierna y que cada vez se hacía más grande. Lo miré a la cara y me dijo que no me avergonzara, que si ya la había tenido bien adentro no había por qué avergonzarse. Le di la razón y me dediqué a verlo sin ningún reparo.

Luego de unos pocos minutos la acaricié por encima de la sábana y me decidí a probarla de nuevo, ante su mirada de complacencia. La tomé entre mis manos, todavía no sabía cómo esa cosa tan grande había podido caber dentro de mí, pero la lamí y otra vez se la estuve chupando. Al final no se vino porque paré antes e inicié mi travesura de montarme encima, me descubrí de la sábana que tenía encima y quedé otra vez desnuda delante de él. Me quedó mirando.
-Que bella eres.
-¿Así te parece?
-Así nos parecía a todos los chicos de la universidad.
-Ay, ahora que me lo recuerdas, había muchos chicos que me invitaban a salir.
-Lo que pasa es que eres atractiva, me gustas toda.
-Y imaginaste verme así cuando regresaste a Madrid?
-La verdad es que lo he deseado desde que te conocí. Siempre fuiste la más bonita.
-Imaginaste tirar conmigo en la cama de mi esposo?
-Ja, ja ja ja-Sonrió de una manera extraña, que me hizo recordar lo lejos que habíamos llegado. En uno de los espejos del cuarto se veía la escena que ocurría en ese momento.
Yo estaba completamente desnuda, se veían mis pechos bien redonditos y el comienzo de mi zona púbica, se veían mis bellos vaginales y mis caderas, toda yo, sin nada encima.
-Te voy a dar un regalito.
Dicho esto, me subí sobre sus muslos, abriendo bien las piernas que estaban próximas a recibir de nuevo esa vergota tan dura y gruesa. Me acomodé bien y luego de unos instantes tenía esa cosa tan enorme en mis manos, acomodando su punta en la entrada de mi chocho. Para ese momento mi intimidad ya estaba húmeda otra vez y la calentura se había apoderado de mí por haberme imaginando esa escena tan erótica.
Sin más alargue, comencé a montar como si fuera una experta en esas artes y ya sentía la mitad de ese monstruo entrar y salir de mí como pedro en su casa. La calentura se había apoderado de mí y otra vez no era yo la que hacía eso, sino mis impulsos sexuales.
Miré en el espejo y se vio la escena que tanto me había imaginado por tanto tiempo, cuando veía esas películas a solas después que mi marido se había ido a trabajar, era increíble estar viviéndola, y de ahí en adelante solo me dediqué a disfrutar lo rico que era eso.
-Ahhh…
-Hummm…
-Toda, cómetela toda…
-Eso quiero, pero es muy grande….
-Ahhh….
-Solo baja todo lo que puedas…
Así lo hice y volvía asentir que la concha se me partía en dos cuando me incrusté toda esa chota hasta la base.
-Ahhh….ayyyy…..que rico….
-Hummm….
Mis gemidos y nuestras respiraciones se escuchaban por toda la casa, ya que eran muy fuertes.
Seguía gimiendo y después de unos minutos sentí cómo mi cuerpo comenzaba a experimentar un temblor que se apoderaba de mí y de él, sin más preámbulo nos mojamos juntos, el con mi líquido y yo con su leche, que llegó muy adentro de mis entrañas.

Estuvimos un rato acostados y le dije que ya debía irse, que en cualquier momento llegaba mi esposo, nos metimos a la ducha donde me pedía como loco que se la chupara asi desnuda, que eso lo calentaba mucho y le di el gusto, ya cuando estaba saliendo de la casa me dio un beso antes de cruzar la puerta y me acarició la concha por encima de la ropa.
No podía creer lo que acaba de hacer, me había acostado con otro hombre, y en mi lecho de matrimonio, no sabía cómo iba a poder mirar a los ojos al hombre que me prometió fidelidad para toda la vida.
Ese día me quedé en la cama metiéndome el dedo de tan solo recordar todo lo que había hecho, descubrí un nuevo mundo de recuerdos vividos otra vez con tan solo querer recordar. Estaba segura que desde ese día las cosas ya no serían iguales y que a la larga iba a perder mucho, pero en ese momento no sabía qué.
La mujer que se creía perfecta hasta hace poco, había caído, presa de la lujuria y el deseo de experimentar sensaciones nuevas. Sin duda ya no era la esposa fiel de antes, y no tenía cómo justificar lo que había hecho, pero nadie me iba a quitar lo bailado, todo el placer de esa tarde no se borra así nomás. A veces me sentía sucia, pero con ganas de seguir con esa locura.

Con el pasar de los días Sebastián me fue llamando seguido y yo no le contestaba, pero un día si lo hice y nos citamos para un jueves, todo debía ser ultra secreto y ya estábamos lunes. Me ponía nerviosa cuando tenía que hablar con mi esposo de temas de fidelidad o cosas relacionadas.

Al día siguiente, ya casi cuando iba a amanecer, escuché la puerta de mi cuarto abrirse poco a poco, se veía una imagen algo así como sigilosa, era Gabrielito que estaba entrando. Ese día mi esposo se había quedado dormido en la sala, viendo televisión, como otras noches, y no subía al cuarto hasta que amanecía, yo no lo despertaba porque quizá se podía molestar.
-Mami, para dormir aquí.
Como por mí no había habido problema nunca, años antes dormía con él cuando tenía pesadillas, acepté de lo más normal.
-Lo que pasa es que he tenido una pesadilla.
-No te preocupes, duerme aquí.
Eran como las tres de la mañana y en verdad estaba con un sueño que no me dejaba pensar, ahora recuerdo que si en ese momento hubiera tenido la lucidez de una persona sin sueño le hubiera dicho que no.
Era obvio que él iba a tratar de tocarme las piernas y manosearme todo lo que pudiera, ya no era el niño inocente de tiempo atrás y yo lo recordaba porque ese día había tomado pastillas para el sueño, por lo que no podía pensar en otra cosa que no fuera dormir
.
Es por que es ahora que recién lo pienso bien que no pude evitar mucho de lo que pasó esa madrugada. Pasaron pocos minutos y comenzó a acariciarme las piernas. Recordé ya lo había hecho antes y que seguro que lo iba a hacer de nuevo. No tardó en acariciar con más confianza al ver que yo no ponía ninguna resistencia. Me quedé helada la ver que quizá esa iba a ser la constante de toda la noche.

Mi esposo estaba en el primer piso de la casa y yo estaba siendo manoseada por un pequeño que se estaba aprovechando de mi agradecimiento por su silencio. Procuré hacerme la dormida para que no pensara que yo estaba de acuerdo con sus caricias, pero él seguía subiendo su mano hacia mi entrepierna.

Ese día estaba durmiendo con un camisón muy transparente, ese fue otro de mis errores, tenía puesto una tanga chiquita que se notaba a leguas por la transparencia del camisón y un sostén que resaltaba mis redondos pechos. Mi culo estaba como para toda una noche de sexo sin parar, por algo me había comprado esa ropa interior especialmente para lucirla para mi esposo, que estaba dormido en el primer piso de la casa.
Quiera o no, Gabriel ya me había visto con esa ropa tan sugestiva y era seguro que me estaba deseando, yo no tenía otra escapatoria que seguir dejando que me tocara las piernas, pero ya estaba acercándose demasiado a mi zona íntima y eso me ponía nerviosa y me estaba excitando la situación en la que me encontraba.
-Gabriel, deja de tocarme.
-Es que te ves tan bonita…
-Si, pero deja de tocarme.
-¿Y cómo le dejas a ese señor que te toque?
-Solo fue una vez, así que ya no molestes…
-Yo sé que no fue solo una vez…
-¿Qué?
-Yo los miré hace días en el cuarto.
-Pero, que dices, eso no es verdad.
-Sí es verdad, tengo fotos, les tomé fotos y se las voy a dar a papa.

Me quedé helada en ese momento, había sido descubierta, y todo por confiarme demasiado, me había visto y ahora sí que estaba perdida. Mi matrimonio estaba condenado al rompimiento y no había nada que yo pudiera hacer.

-Pero si me dejas tocarte puede que no le de las fotos.
-¿Cómo sé que existen tales fotos?
-Si quieres te enseño una.

Fue a su cuarto muy rápidamente y me trajo un sobre, rápidamente se acostó a mi lado y se tapó con la sábana, lo que traía eran fotos que había escaneado por la computadora y ahora me las enseñaba sin ningún pudor. La luz que yo acababa de prender de la meza de noche iluminaba las fotos que me delataban. En ellas aparecía mi cuerpo desnudo y con otro hombre que no era mi esposo. Y se veia claramente que era en nuestra cama matrimonial.

Pensé que quizá se apiadaría de mí si le decía que le iba a dar una buena propina, pero luego me di cuenta que quizá querría algo más.

Ya no había nada que hacer, estaba en sus manos y en ese momento tomé la decisión de convencerlo de cualquier forma de que no le diera esas fotos a mi esposo. Estaba en las manos de un mocoso.
-Tú sabes que eso esta mal…
-Gabriel, no le enseñes esas fotos, por favor.
-Por favor te pedí cosas que tú no me quieres dejar hacer.
-¿Qué cosas? Pídeme lo que quieras, no te voy a negar nada.

Su cara expresó una satisfacción que se me hizo extraña, como que había ganado algo que yo no me imaginaba. Después me miró a los ojos y me dijo:

-Quiero cogerte.
-¡¿Quéeeee…?¡¡¡
-Quiero meterte mi pene…
-Pero estas loco, soy tu madre.
-Mira que le doy las fotos a papa.
-Yo soy tu madre, como vas a querer hacerme eso.
-Pero si no lo haces le digo a papa, y de verdad lo voy a hacer.
-por favor Gabriel, hijo mio, no hagas eso, papa se puede enojar y mucho conmigo, se y ni se las muestres…
No tenía otra escapatoria que ofrecerle un regalo que le gustara un montón, la bicicleta que tanto quería se la podía dar yo. Me dijo que mi hermana se la había comprado esa tarde.
-Por favor Gabriel, mi vida se destruye si papa se entera.
-Solo te estoy pidiendo una cosa muy fácil para ti-Me dijo mientras acariciaba mis muslos, muy cerca de mi entrepierna.
-Anda, dime que sí. Muchos hombres afuera quieren estar contigo, pero yo voy a ser el único.
-Pero Gabriel, no esta bien que me pidas eso.
-Entonces le voy a decir ahora mismo a papa que vea esto-Me dijo mientras se levantaba.
-¡Nooo…¡
-Sueltame, mi papa va a saber.
-Espera.
En un momento de desesperación lo tomé de la mano y le dije:
-Primero anda a ver si tu papa sigue dormido…
Esas fueron las palabras que cerraron mi entrega total a cambio de un silencio del que dependía mi vida. Me dijo que venía enseguida, como cuando se iba a comprar algo a la tienda. Sentí un gran alivio cuando se fue a ver si mi marido estaba bien dormido. No sé como explicarlo pero al mismo tiempo sentí que se me cargaba otra cruz que tenía que padecer.
En esos escasos momentos mientras esperaba que regresara no sabía cómo era que había aceptado dejar que se acueste conmigo. Escuché sus pasos de regreso, sigilosos y casi imperceptibles, se abrió la puerta de nuevo y yo estaba en la cama esperando.
-Ya lo ví, esta durmiendo, no se va a dar cuenta…
-Gabriel no sé…
Ya estaba embarcada en eso y no había marcha atrás, me sentí muy angustiada por lo que iba a hacer y lo cierto es que quería que pase rápido. Llegó y se echó en cama como si nada hubiera pasado, como si no me estuviera chantajeando.
Si quieren que les escriba que siguió pasando, ese y los días siguientes, escríbanme sus comentarios y valoren el relato…

Chantaje a la profesora

La profesora que había empezado a darlos clase en el colegio tenía 42 años, llegó de otra ciudad, por motivos personales. Eso le comentó el padre de Arón, que como dueño, fue quien la contrató. Era una mujer atractiva, que para ninguno de los chicos pasó inadvertida. Carmen, era casada y su hijo, Gino, había venido con ella a vivir a la ciudad, mientras que su marido se había quedado en el lugar de origen, a más de 600 kilómetros de distancia, en su anterior residencia, lo que hacía que sus encuentros hubieran de demorarse a una o dos veces al mes. Gino era reservado, algo mayor que los muchachos a quien ella daba clase, de carácter altivo y parecía estar de vuelta de la vida, a pesar de contar con apenas diecinueve años.

Arón, es como he dicho, hijo del dueño del colegio en el que Carmen daba clase y su mejor amigo Francis, hijo del comisario de policía de la ciudad. Ambos son íntimos desde niños. Aunque se les podría considerar bastante inteligentes, pero malos estudiantes, por lo que sus aprobados solían ser raspados.

Gino acudía frecuentemente a buscar a su madre a la salida de clase. Aunque Arón y Francis intentaban entablar conversación con él, y a pesar de la frialdad del muchacho, los chicos consiguieron ganarse la amistad con el hijo de la profesora.

Un día, le ofrecieron acompañarlos. Tenían un poco de hierba, compraron bebida y se marcharon a las afueras de la ciudad a fumar unos porros y tomar unos litros de cerveza.. Allí, Gino se confió a ellos. Les dijo que su madre había cambiado de trabajo y de residencia por él, puesto que había tenido algún problema legal. Su padre no tenía posibilidad de pedir traslado, y además estaba ya cansado de sus andanzas, por lo que se se habían trasladado los dos solos. Eso fue todo lo que consiguieron sacarle

Les intrigaba los motivos por los que tenían que haber abandonado su ciudad, aunque eran conscientes que la causa, seguramente era algún problema de drogas o tal vez, un robo.

De vez en cuando, el padre de Francis trabajaba por las noches, y como sólo vivían los dos en la casa, se iba a dormir a su casa, lo que les permitía escaparse alguna madrugada, aunque tuvieran clase a la mañana siguiente.

En una de esas escapadas, habían salido a dar una vuelta, cuando los amigos vieron de lejos a Gino, que hablaba con dos hombres mayores que él. Era muy tarde, en torno a las cuatro de la mañana, y las calles estaban desiertas. Parecían discutir, y escondiéndonos entre los coches se acercaron a ellos. Arón tuvo la impresión de que tramaban algo, comenzó a sacar fotos compulsivamente con su móvil, sin saber muy bien para que le servirían. Al momento, Gino subió en un todo terreno, mientras que los otros dos hombres se dirigieron a otro coche que tenían aparcado justo detrás. Arón no dejaba de sacar fotos, en principio sin ningún fundamento.

Les siguieron con la moto de Francis, y la sorpresa fue mayúscula al pararse en frente de una joyería. Dio marcha atrás con el coche, y rompió los cristales. Se bajó del 4 x 4, con la cara enmascarada, y en pocos segundos salió de la joyería con una bolsa llena. Después se dirigieron al aparcamiento de un centro comercial, donde Gino entregó la bolsa a los otros hombres, y dejaron el vehículo en el que habían perpetrado el robo abandonado.

Al día siguiente, no se hablaba de otra cosa en aquella pequeña ciudad, un lugar donde nunca sucedía nada. Habían hecho un alunizaje en la joyería y según decían, el botín había sido abundante, el coche había sido robado unos días antes, y la opinión de la policía es que sería una banda procedente de otro lugar.

Arón pasó todas las fotografías al ordenador. Se le veía perfectamente como subía al coche, como se había encapuchado, como entraba y salía de la joyería, y como entregaba el botín a sus compañeros.

Francis dijo que le diera las fotos para decírselo a su padre, y que detuvieran al ladrón, al fin y al cabo tampoco tenían mucha relación con él. Pero Arón le convenció para que no dijese nada, sabía que estas pruebas serían mucho más valiosas en sus manos.

Los chicos ya habían chantajeado a una antigua profesora porque la habían visto besarse con un alumno, y aunque sólo tenían su palabra, ella les aprobó con muy buena nota. Ahora era aún mejor, tenían unas pruebas concluyentes, en las que su hijo, podría ir a la cárcel.

Arón, pasó todas las fotos al ordenador. Lo cierto, es que ni el mejor paparazzi habría hecho un trabajo de mejor calidad.

Un viernes por la mañana los acercamos a hablar con ella. Le pidieron que les diese una tutoría individual el viernes por la tarde. El padre de Arón, se iba a pasar el fin de semana fuera, por lo que , como hacía frecuentemente, le dejaría a él las llaves del colegio y sería quien se encargase de cerrarlo. Las normas del colegio era que no se podía tutear a los profesores, por lo que siempre los alumnos debían llamarlos de usted.

A Carmen le extrañó que aquellos chicos tuvieran interés en unas clases particulares. Tal vez no le apeteciese mucho, pero no se podía negar a dárselas al hijo de su jefe.

Cuando las clases habían terminado, los dos chicos se acercaron a ver a Carmen. No quedaba nadie en el colegio, por lo que ella los llevó a la sala de profesores.

La profesora sacó unos libros y varios cuadernos con notas. Por su parte, Arón encendió su portátil.

* Qué duda tenéis exactamente?

Los chicos se miraron.

* Donde está Gino? Hace días que no le vemos
* Se ha ido a pasar una temporada con su padre, respondió.
* Creo que sabemos porque se ha ido.

Lo cierto es que la mujer no tenía ni idea del motivo de la espantada de su hijo, aunque estaba extrañada que estuviese con su padre, ya que su relación no era demasiado buena.

– A si? Y por qué se ha ido según vosotros? Preguntó con cierto aire de superioridad

Gino comenzó a enseñarle las fotos. La cara de Carmen palideció.

* Quien sabe esto? Queréis que os apruebe? Es lo que buscáis?
* Sólo lo sabemos por el momento nosotros tres, respondió Francis. Aprobar? No sólo nos aprobará, sino que será con nota, pero a parte, queremos hablar del tema detenidamente con usted. Sabemos que nadie la espera, así que nos veremos en casa de Arón en media hora.

La mujer estaba desconcertada. Creía que los chicos le pedirían dinero. Ahora no estaban en su mejor momento, pero si era necesario pediría un crédito sin que su marido se enterase, ya que este estaba un poco harto de los problemas con su hijo Gino.

Los jóvenes prepararon la casa para recibir a Carmen. Si todo les salía como lo habían planeado, pasarían unas horas bastante entretenidas. Sólo había que ver el grado de implicación de la mujer hacia su hijo.

A la media hora, sonó el timbre de la puerta. El director tenía una enorme casa a la salida de la ciudad. La profesora pasó dentro y la invitaron a sentarse en el salón.

* Tomad, es todo lo que he podido conseguir. Os puedo dar el lunes algo más.

Dejó sobre la mesa mil euros. Ambos chicos rieron.

* Nos quedaremos con los mil euros de hoy, nos daremos una fiesta con ellos, aunque no es dinero lo que queremos, dijo Arón riendo.

La mujer quedó desconcertada y sin saber lo que aquellos muchachos pretendían de ella.

* Bien, presentaré mi dimisión y me iré del colegio, si es lo que queréis
* Para nada, no queremos que se vaya, y no te irá.

Los chicos le explicaron que les apetecía pasar una noche casera, en la que ellos hicieran de profesores y ella de alumna, con el único límite que pusiera su imaginación. Podía aceptar y salvar a su hijo de una condena segura o marcharse y que su hijo terminase entre rejas.

Carmen se sintió indignada, cogió los mil euros y salió de la casa llorando. Llegó hasta el jardín de la casa, pero apesadumbrada, volvió a llamar a la puerta, donde sonriente, la recibió de nuevo Arón.

Sin decir nada, la mujer volvió a sentarse y a dejar de nuevo los mil euros sobre la mesa.

* No quiero que mi hijo vaya a la cárcel. No lo soportaría. Decidme que queréis de mi
* La queremos a usted. Sin límites, como hemos dicho antes.

Arón sacó unas cervezas y algo de picar, mientras Carmen estaba sentada, pensativa y cabizbaja. Los muchachos sacaron dos paquetes de tarjetas que dejaron encima de la mesa y le explicaron el juego.

* Carmen, hay dos grupos de tarjetas, empezaremos por este, que son preguntas a las que deberá contestar de forma sincera, mientras que el otro serán pruebas que deberá ir pasando.
* Sois unos críos, les recriminó.

Los muchachos le dejaron claro de nuevo que podría marcharse si lo deseaba, pero si se quedaba, debía empezar a sacar tarjetas del primer montón. También le advirtieron que si dejaba de contestar serían ellos quien pararían el examen así que Carmen empezó a leer:

* 1, Ha sido usted alguna vez infiel, leyó. Su respuesta fue no.

* 2, Carmen, defínase físicamente..Altura media, rubia, ojos azules, complexión normal.
* 3. Detalle como va vestida, incluída la ropa interior.
* No me veis? Preguntó malhumorada y cansada de los juegos de los críos.
* A la siguiente impertinencia tuya, romperemos el trato. Conteste y haga todo lo que pidamos.
* Llevo un vestido de lana morado hasta un poco más abajo de las caderas, unos leggins negros y unas botas altas, unos centímetros por debajo de la rodilla. Esto es absurdo, reclamó.
* Limítese a contestar y hacer lo que le digamos, no habrá más avisos.

* Sujetador negro y un tanga rosa, añadió

Siguieron las preguntas referidas a sus experiencias sexuales, pérdida de virginidad, sexo anal, veces por semana. Por las respuestas, Carmen parecía ser una persona con poca experiencia sexual.

El taco de las preguntas terminó, y temerosa de lo que le esperaba, esperó a que alguno de los chicos le pidiese que empezase a leer de nuevo. Fue Arón quien lo hizo

* 1. Quítese las botas y los calcetines.– Lo hizo sin dudar demasiado
* 2. Quítese los leggins.– Les dijo a los muchachos que el vestido era muy corto, pero hiceron caso omiso a sus quejas, incluso se burlaron diciendo que eligiera un vestido corto para ella o una condena larga para Gino.

Carmen dudó, pero sabía que no podía hacer nada, así que ahora ya con cierta vergüenza, se quitó los pantalones. Sus ojos ahora estaban mojados. El vestido le subía un palmo por encima de las rodillas, lo justo para tapar sus bragas. Su aspecto era de una mujer de 42 años vestida como una de quince, con una minifalda extrema.

* 3. Vuelva a ponerse las botas ahora.– Lo hizo con cierta soltura.

* 4.Quítese el vestido, de forma lenta.–Protestó, pero los chicos se limitaron a esperar sabiendo que terminaría obedeciendo.

Arón enchufó una lámpara hacia el cuerpo de su profesora, mientras esta dejó su cuerpo tapado por un sujetador negro y un tanga rosa, tal y como había contestado en las preguntas. La profesora intentaba cubrir su cuerpo de las miradas indiscretas de los muchachos.

* 5. Deberá pedir a sus alumnos, de forma educada, introduciendo en la frase la palabra, por favor, que le quiten su sujetador.– Dudó, lloraba desconsoladamente, pero los chicos se limitaban a esperar. Con voz entrecortada, les habló
* Por favor, podríais quitarme el sujetador? Dicho esto le dio un ataque de llanto.

Uno de los muchachos se acercó a ella por detrás y se lo desabrochó, mientras que el otro lo sacó por delante. Inmediatamente procedió a taparse los pechos con sus manos. A los chicos pareció no importarles, era cuestión de pocos momentos que tuviera algo más importante que tapar.

* 7. Diríjase al espejo que hay en el salón, sitúese de frente, abra sus piernas y diga el nombre del alumno que desee que meta su mano bajo la parte delantera de su tanga, de nuevo, introduciendo en la frase la palabra, por favor.– Se sentía agobiada, lloraba, no podía pensar. La estaban humillando, pero necesitaba salir airosa de la situación. A quien elegir, al hijo del dueño del colegio o al hijo del comisario. Gino era lo principal, sólo una madre sabía que haría cualquier cosa por su hijo.
* Francis, por favor, puedes meterme la mano por la parte delantera del tanga? Se ahogaba al decirlo, pero terminó sus palabras.

La mujer se situó frente al espejo mientras que el muchacho alcanzaba su sexo con su mano. Francis estaba excitado, besaba la cara de Carmen que lloraba. Francis la miraba en el espejo, sus pechos, su pequeño tanga, sus botas altas. La abrazó por detrás y su mano se deslizó por debajo de su vientre, entrando en sus bragitas y disfrutando de su presa. Le pasaba la mano, acariciaba su clítolis, le introducía lentamente su dedo.

* Qué pensaría tu marido si te viese ahora? Le preguntó el muchacho mientras le mordía su oreja y acariciaba todo su sexo.– Ella hizo intención de dar un brusco giro, pero la agarró fuerte y al oído le volvió a decir que debía pasar su examen para que su hijo no tuviera problemas.

Francis se apartó y le pidió que volviera a sacar una nueva tarjeta

* 8. Sitúese de nuevo frente al espejo y deberá pedir al alumno que no ha participado en la prueba anterior que le quite su tanga, de nuevo, con la palabra, por favor– Estaba sofocada. Estos chicos no tenían fin, pensaba Tan sólo estaba tapada por unas botas y un pequeño tanga. Volvió a situarse frente al espejo.
* Arón, por favor, quítame el tanga.– El chico se colocó de rodillas, colocando su cabeza a la altura de las caderas de Carmen, que tenía sus piernas muy juntas y mirando al espejo comenzó a deslizarlo por sus muslos hasta que con cierto esfuerzo, lo sacó por debajo de sus botas.

Su sexo quedó a la vista de los muchachos. Una mata de pelo negro, en forma rectangular, cubría su vagina. Los muchachos lo contemplaron y le ordenaron sacar otra tarjeta.

* No habéis tenido ya bastante? Tenéis delante de vosotros a vuestra profesora desnuda.
* Una palabra más de desaprobación, y terminaremos con el examen, dijo Francis
* 9. Siéntese en la silla, abra bien las piernas y permita que sus alumnos la unten de aceite corporal.– En ese momento Carmen fue consciente que esa noche tendría sexo con los muchachos. Hundida y humillada abrió se sentó y abrió ligeramente las piernas. A cada prueba, la imagen de su hijo aparecía en la cabeza de la mujer.

Arón le gritó a la vez que le decía que las piernas debían estar más abiertas, las separó bruscamente con sus manos. Los dos chicos, tomaron abundante aceite que extendieron por todo el cuerpo de su profesora. Las cuatro manos se alternaban por cuello, brazos, muslos, pero los lugares preferidos eran los pechos y entre las piernas. Los dedos de los muchachos se perdían en la cavidad sexual de su profesora.

Aún quedaban varias tarjetas, y Carmen, ya entregada, sacó la siguiente.

* 10. Abra el archivo numerado como 10 en el ordenador y proceda a hacer lo mismo.– Era un video en el que una mujer hacía una felación a dos hombres que tenían sus pollas juntas.
* Por favor, por favor. Replicó entregada. – Sólo dijo esas palabras en voz baja para volver a su silla.

Los chicos se desnudaron, mientras que la mujer, sentada en la silla comenzó a chupar los miembros de sus alumnos. Los muchachos agarraban su cabeza y la llevaban de un pene a otro. No se llegaron a correr, aunque hilos de semen salían de la boca de la madre de Gino. No tenían prisa, y tenían aguante, pero antes de que sus pollas explotasen, la invitaron a sacar otra tarjeta.

* 11. Abra el archivo numerado como 11 en el ordenador y proceda a hacer lo mismo. – En este caso era otro vídeo. La mujer estaba tumbada en una mesa, mientras un hombre la penetraba por delante, su boca hacía una felación al otro, después cambiaban de posición.

Lamentos en voz baja, súplicas que caían en saco roto. Los chicos acompañaron Carmen a la mesa y empezaron a replicar la escena. Francis se quedó de pie y torció la cabeza de la profesora para meter su miembro entre sus labios, mientras que Arón, le abrió las piernas e introdujo bruscamente su miembro en el coño.

Jugaban, disfrutaban y evitaban correrse. Los chicos cambiaron sus papeles y Francis comenzó a penetrarla y Arón a disfrutar de su boca. Cuando llevaban unos minutos, Arón preguntó a su compañero.

* Nos corremos ya?
* Perfecto por mi parte.

Las embestidas de ambos aumentaron hasta hacerse ciertamente violentas. Casi a la vez, la boca de Carmen se llenó de semen y su coño recibió el chorro de Francis.

Los chicos quedaron relajados. Carmen estaba dolorida y hundida. Lloraba, apenas se movía, pero con las fuerzas que le quedaban, se acercó e intentó recomponer su ropa.

* Qué hace?, preguntó Francis
* Me voy a mi casa. Ya habéis tenido lo que queríais, no? Os lo habéis pasado de puta madre, verdad?
* Señorita Carmen, quedan aún tres tarjetas. Lea la siguiente.

Se hundió de nuevo. Estos muchachos no tenían fin. Andando lentamente, sacó otra tarjeta.

* 12. Siéntese en el sofá, abra las piernas, y comience a tocar lentamente su clítolis y a meter el dedo dentro de su coño– Carmen cerró los ojos. Aún quedaba más, aunque esperaba que fuese poco.

Se sentó, abriendo las piernas como le habían indicado y empezó a tocarse. Los chicos la jaleaban para que abriese sus labios vaginales. Ella obedecía como una autómata. Poco a poco, los dos alumnos se fueron excitando de nuevo. Cuando sus penes volvieron a estar erectos le indicaron que leyese la siguiente.

* 13. Coja la moneda que está sobre la mesa. Láncela al aire. Si sale cara tendrá sexo anal con Arón, si es cruz, Francis.– Carmen se estremeció. Era virgen por detrás. Negaba con la cabeza pero a la vez cogió la moneda y la tiró al aire.
* Podríamos evitar esto?, por favor, haré otra cosa que queráis.

No obtuvo respuesta. Tiró la moneda y salió cara. Arón la colocó de rodillas, con la cabeza apoyada en el sofá. Le dio un poco de aceite corporal que habían usado anteriormente y le introdujo su pene, desgarrando su ano, a la vez que ella daba muestras de dolor. La estrechez de su trasero hizo que el chaval se corriese rápidamente.

* Hemos terminado? Preguntó ella entre sollozos, en voz baja y abatida
* Queda una tarjeta más. Ábrala y podrá marcharse. Hoy ha salvado a su hijo de ir a prisión. Gino puede sentirse orgulloso de tener una madre que le quiera tanto.

Carmen leyó la última tarjeta.

* 14. Sitúese junto a la pared y haga un posado para ser fotografiada con cada una de las prendas de su ropa. La primera, será como está ahora. Sus manos siempre estarán detrás de su cabeza– Carmen protestó, pero ya que había llegado a tanto aquella noche.

Dudó y al final preguntó que como sabría que no enseñaría esas fotos a alguien.

* Si enseñamos esas fotos, te echarán del colegio, y no queremos que eso suceda, verdad Arón?

Ella estaba confundida y no sabía las consecuencias que traería eso en su vida. Arón sacó su cámara y le hizo la primera foto, totalmente desnuda, sólo con sus botas. En la segunda, le añadieron el tanga, la tercera el sujetador, cuarta el vestido. Carmen se quitó las botas para ponerse sus calcetines y leggins, y le hicieron una última foto

* Ahora se puede ir usted. Ha sido un placer que haya obtenido tan buena nota en su examen, dijo jocosamente Francis.

La profesora salió por la puerta. Los chicos automáticamente fueron buscar una cámara de video que estaba escondida, que había estado funcionando desde la entrada de ella en la casa y con la que habían filmado todo el encuentro completo.

* Francis, con las fotos de Gino robando la joyería, sus fotos ligerita de ropa, y este video, tenemos a Carmen en nuestro poder. Si alguien viera este material, no sólo sería despedida del colegio, sino que no volvería a trabajar nunca como profesora, y su hijo iría a prisión.

Los muchachos cogieron los mil euros que les había dado Carmen, y salieron a vivir la noche.