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Me case con la putita de la colonia

Viernes, enero 21st, 2011

Cuando me case con la que ahora es mi esposa nunca imagine por la que habria de pasar, ella es bonita, con un cuerpo sino de poster, tiene un cuerpo de esos que calienta al verlo y enseguida te lo imaginas empinado ofreciendote las nalgas.

Ibamos un grupo de amigos, gracias a los cuales la conoci, ella caminaba delande nosotros y movia las nalgas en forma exitante, algo me dijo dentro de mi -a esta chava le a de encantar la verga- a los pocos dias la acompañe a su casa, estabamos platicando y al despedirme le tome la mano y la jale un poco hacia mi, ella no puso resistencia y se dejo llevar, la mira y acerque mi boca a la de ella y la bese.

Asi inicio una aventura que para mi en esos dias era exitante y morbosa, al estar frente a su casa recogia piedritas de la banqueta y las aventaba desntro de su brasier, ella solo reia y coqueteaba, una noche al besarla, baje mi mano por su talle, pase por su cintura, por las nalgas hasta llegar al borde de su vestido, toque la piel de su pierna, estaba tibia y la fui subiendo poco a poco hasta llegar a las nalgas, las acaricie y pase la mano debajo de su calzoncito, la pase por el canal de las nalguitas que estaban cada vez mas calientes, la pase al frente, donde encontre una vagina humeda, hize de lado el calzon, saque mi herramienta y la coloque en ese conejito, ella me ayudo con su mano para guiarla a la entrada de la cuevita, que la recibio sin problema alguno.

Despues de algun rato, le di vuelta y coloque la verga entre las nalgas, ella se extraño un poco, pero acepto, senti su ano y como se abria para recibir la cabeza de mi verga, bombee lento hasta que llego al fondo de aquel culito caliente y despues, bañe con mi leche ese rico culo.

Tiempo despues le pedi que se casara conmigo y acepto, en ese inter, la lleve a varios hoteles en donde le di verga hasta por debajo de la lengua, ella disfrutaba al igual que yo, pero llego a mi mente la idea de hacer un trio hmh, tengo un amigo al que pense invitar, pero ella siempre se nego rotundamente.

Al hacer planes para la boda, alguien me ofrecio en venta una casa en uno de tantas unidades habitacionales que queda a la entrada de la ciudad en donde vivimos, le comente a ella para saber su opinion y esta fue rotunda NO por ahi no porque hay muchas casas de citas (al ser nueva la unidad, se presta para ello) y efectivamente, al pasar el tiempo comprobe que tenia razon.

Insisti un poco mas en lo del trio y al ver su negativa , pense que estaba comentiendo un error, asi que lo deje por la paz, lo que si me permitio fue, que al llevarla al cine, al entrar le subuera la falda o vestido, segun yo para calentarme, luego me di cuenta que al entrar todo se ve oscuro, pero los que ya estan dentro ven muy bien, eso porque algunos chiflaban y no falto el que apludia pidiendo mas.

Me di cuenta que tambien le gustaba eso de exibirse, un dia que fuimos a nadar, en un lugar apartado que segun me habian dicho, estaba que ni mandado a hacer para coger a gusto, resulto que habia gente, eso si, el lugar era bonito y escondido de las miradas, pero ese dia habia algunos tipos nadando, nos sentamos cerca de un arbolito y ella puso el mante y preparo las cosas que llevavamos para comer, yo curioseaba por ahi, de pronto al mirar hacia ella, note que tenia la mirada fija, al localizar el objeto de su atencion vi a un tipo moreno, chaparrito que se secaba, disponiendose a vestirse segun crei, rato despues y al no estar yo a la mirada de ellos, voltee de nuevo y el tipo se acarciaba y le mostraba la verga, morena y de muy buen tamaño, ella lo miraba sin incomodarse.

Cuando el tipo se dio cuenta que los miraba se puso el pantalon, tomo su mochila, al retirarse del lugar paso junto a ella y murmuro algo, me hubiera gustado escuchar lo que dijo, cuando llegue junto a ella, estaba colorada y con la respiracion agitada, estaba caliente !!!

Rato despues llego una pareja que se sento cerca de nosotros, ella era morena de muy buen cuerpo y unas nalguitas paradas y redondas, muy buena, el, era moreno tambien de un tipo como ranchero, muy amables, ya para comer nos ofrecieron cerveza, ella, no dejaba de ver el bulto que se notaba debajo del calzon de baño del hombre aquel.

Ya para regresar a casa entramos a unas regaderas  para darnos un baño y quitarnos la arena, no habia mucha gente y sali a asomarme, al entrar hable como si alguien estubiera conmigo y dije -deja tu ropa ahi, ella ya esta adentro- para eso le habia pedido que al entrar me esperara en cuatro y mostrando el culo  a la puerta, entre y ella levanto su carita sonriendo y sorprendida de lo que escucho, pero no se levanto dejando ver el rico culito que tiene, ahi supe que no estaria lejos el dia en que hariamos un rico sandwich con ella.

Ya casados, platicaba con una de sus tias, con la que yo haibia simpatizado y habia hecho amistad, incluso con sus hijas y Marcos su unico hijo, la tia hacia comentarios que me sacaron de onda y al preguntar el porque lo hacia, solo respondio, hubieras preguntado antes de casarte con ella…!!!

Ese comentario desperto mi curiosidad y me dejo por meses pensando en el significado de sus palabras… misma curiosidad que espero sientan por seguir leyendo la continuacion de este relato con la seguridad de que es 100% real, recuerden que aveces lo real supera la fantasia, esto es solo el inicio de una larga histroia de la “Putita de la colonia”

Me case con una…puta

Miércoles, enero 19th, 2011

Era mi cumpleaños, 22 virginales primaveras. En aquella época (1.953) era frecuente que los chicos nos estrenásemos después de los dieciocho, en el Servicio Militar o incluso más tarde. De

ahí que, conociendo que yo era virgen (esas cosas no eran ningún secreto entre muchachos), los mayores de la pandilla del barrio decidieron que, como estaban a punto de cerrarse para siempre las casas de putas, por orden gubernamental, yo era muy afortunado al cumplir los 22 y todavía quedar abiertas algunas en Madrid.  La idea de “ir de putas” no me  entusiasmaba. Eso de meterte en el cuerpo de una desconocida, besarla en la boca, sabiendo que unos minutos antes otro hombre había besado y chupado su boca, no me atraía, me desagradaba, me asqueaba. Pero esos reparos, normales en un chico como yo,  que acababa de aprobar el cuarto año de la Carrera de Derecho (en la pandilla del barrio yo era el único) y, por lo tanto, relativamente culto, no se lo podía hacer entender a los de la “panda”, que podían colocarte fácilmente el “sambenito” de maricón o medio mariquita. Y eso, no lo podía yo consentir. Sobre todo, porque se me había ocurrido una buena estrategia: entrar en la habitación con la puta, no hacer nada con ella y pagar su silencio con una buena propina. ¡Ni el mismísimo Ulises lo habría ideado mejor.

Me llevaron a la calle Gravina,  a casa de Madame Teddy, una de las mejores casas de Madrid y que fue la última en cerrar. Por orden del gobierno, a petición de un obispo, claro. Bien, sigamos. Me encontré frente a una vieja puta, toda pintarrajeada, a la que le “rugían los alerones” (mal olor de axilas o sobacos) y que me pidió la documentación. Le enseñé mi recién sacado carnet de conducir y pasamos a un salón que olía a tabaco malo, sudor rancio y perfume barato. Comenzó el desfile de “señoritas”, como anunció la vieja de la puerta y yo, ya que estaba allí y tenía que fingir, miré con atención. Desde el primer momento me fijé en una joven de unos dieciocho o diecinueve años, guapísima , sin potingues en la cara, piernas largas, gorditas y muy bien torneadas, pecho alto, firme, grandecito y culo respingón. Una chica de las que oyen piropos continuos al pasear por la calle. La miré con insistencia, con mucha insistencia. Respondió a mis miradas y me sonrió ampliamente, con simpatía. Yo, que no sabía lo que había que hacer, me levanté de la incómoda silla y la vieja, al verlo, me preguntó que cuál, señalé a la guapa y dijo: “Lola”. Al oírlo, la chica guapa, sonriendo aún más ampliamente, se acercó a mí, me cogió de la mano y me condujo a su habitación.

Estaba ordenada, limpia, con la cama hecha y olía a colonia , “eau de toillette”, que se decía enton – ces. Se abrió la blusa, que no tenía huellas de sudor, se bajó la faldita y, sonriéndome con verdadera simpatía, me dijo de sopetón al observar mi cortedad y desasosiego:

Es la primera vez ¿verdad, cielo?. No tiene por qué avergonzarte, siempre hay una primera vez.

Me sonrojé hasta la raíz del pelo. Al advertirlo, comprensiva, generosa, me tomó de la mano y me hizo sentar a su lado, en la cama. Me acarició la cara y con acento íntimo, me dijo mimosa:

No te preocupes, cielo, es normal que estés violento y te dé corte todo. Tienes una cara de bueno que me da ……no sé….ternura, sí. Y además eres muy guapo. Desde que entraste me fijé en ti, me gustaste mucho. Y yo no soy de las que se encaprichan con facilidad. ¿Me dejas que te dé un beso, cariño?.

Era tan considerada, tan comprensiva , que no me atreví a decir que no. Un beso en la boca…….

Decididamente, un beso en la boca no iba a gustarme. No sabía cómo decírselo sin molestarla. Era tan amable…….. Mis dudas se resolvieron enseguida: me besó, con mucho cariño, en la mejilla. Yo sentí…….algo…..Como cuando besaba a alguna chica en el cine o en una calle oscura. Le agradecí a Lola su delicadeza: besarme en los labios no me habría gustado.

Se acomodó mejor en la cama y, mirándome largamente, me dijo con ……ternura, aquel tono de voz era decididamente tierno, cariñoso, amigable. Con esta chica yo iba de sorpresa en sorpresa. Y no sería la última, ya verán:

He visto que estabas con otros chicos, ¿te han traído ellos, verdad?. ¿Tú querías venir?.

Yo….no. Y sigo sin querer. No te ofendas, Lola, pero no………mira …..yo….no…

¿No quieres hacer nada?.

No me apetece. Y perdóname. Quizás otro día. Eres una chica muy guapa, guapísima. Y tienes un

cuerpazo …..¡impresionante!. Como mujer, me gustas muchísimo, pero….aquí…, en esta casa, yo no…..¡No!. Y discúlpame.

Te entiendo. ¿Cómo te llamas?.

Juancho.

Tienes una voz muy bonita. Pensé que no llegaría a   oírte hablar. Mira, eres muy guapo y me gustas muchísimo, muchísimo. Te lo digo de verdad. Y me gustaría que me………que me quisieras.

Se echó a reír.

¿Entiendes lo que te quiero decir?.

Si, Lola y lamento que yo sea……como soy. No pienses mal: me gustan las mujeres y tú eres una de las mujeres que más me gustan, pero hoy, aquí…..en esta casa…No puedo, créeme.

Me volvió a besar en la mejilla, cogió mis manos y me dijo, en tono bajo y cariñoso:

No te preocupes por nada. Verás lo que vamos a hacer: Vamos a estar charlando otros diez minutos y luego salimos cogidos del brazo. Nos despedimos con un beso y tus amigos pensarán que hemos pasado un rato estupendo.

Yo, agradeciendo su buena disposición y queriendo gratificarla, eché mano a la cartera y la dije:

Yo quisiera compensarte…..las molestias y tu…comprensión.

Me detuvo con un gesto.

De ti no quiero dinero, Juancho. Ya te he dicho que me gustas, que me gustas mucho. Y has dicho que yo también te gusto, así que voy a darte mis teléfonos, el de aquí y el de mi casa. Es la primera

vez que lo hago. Y quiero que me creas.

Asentí con la cabeza.

Te creo, Lola, eres una gran chica. Estoy seguro de que llegaremos a ser grandes amigos.

Yo también lo deseo, cielito. Apunta los teléfonos.

Así lo hice. Volvió a besarme en la mejilla. Fue un beso largo, muy cariñoso.

Me gustaría mucho que me llamases. Y mucho más que vinieses a mi casa. Allí nunca ha entrado un hombre, te lo prometo. ¿Me crees?.

Sí, cariño.

Dímelo otra vez, Juancho.

¿El qué?

Eso de….”cariño”. ¿Te importa repetirlo?.

En absoluto, cariño.

Mira, cielito, se me ha puesto la piel de gallina. Yo no sé que me está pasando contigo. Nunca he sentido estas cosas, estas sensaciones. Bueno, cuéntame cosas de ti.

Hay poco que contar. Tengo veintidós años, soy estudiante, acabo de aprobar cuarto de Derecho y, cuando termine, me presentaré a una oposición que ya llevo preparando dos años.

Hacer eso a la vez tiene mucho mérito. Es difícil, según dice todo el mundo

No es fácil, no,  pero yo voy a tener suerte, lo presiento.

Seguro que sí, cielito,  pero porque eres muy estudioso y muy listo, amorcito.

Lola, si me sigues diciendo esas cosas y en ese tono tan……

¿Tan qué?

Tan cariñoso, me vas a poner …..nervioso.

Es lo que estoy deseando, mi vida. Nunca he sentido esto que me pasa contigo, te lo juro. No sé lo que es, ni lo que llegará a ser, pero me siento……¡no, no te lo digo!

Dímelo, Lola. A mí también me está pasando algo raro contigo. No sé lo que es, pero…..me gusta que me pase. Dímelo, cielo.

¿Me prometes que no te vas a enfadar?

Prometido, Lolita.

Me siento…tu…novia. ¡No te enfades!. No he debido decirte eso, perdóname.

Rodeé su cintura y la besé en la mejilla. Fue un beso largo, apasionado, lleno de cariño. Al sentirlo,

se aproximó mucho a mí, noté el calor de sus muslos y la dureza de sus tetas. Tuve una fuerte erección y ella notó el bulto de mi pantalón. Suspiró profundamente y me acarició la entrepierna. ¡Caray! , casi reviento el pantalón. Su boca, ansiosa, apasionada, buscó mi boca. Nos besamos con ansia, nuestras lenguas se enlazaron y lamieron con ardor. Sus manos desabrocharon mi pantalón. Yo, enardecido, olvidando mis escrúpulos anteriores, me bajé pantalón y calzoncillo. Lola me cabalgó y antes de meterse mi miembro en su chochito, que era precioso, lleno de pelos rizados, me dijo entrecortadamente:

Juancho, amor mío, no necesitas condón, ayer me hicieron la revisión obligatoria y estaba limpia. Desde entonces no he estado con nadie. Disfrútame sin miedo, estoy muy sana, amor mío. Te quiero.

De un solo golpe se introdujo mi verga, que estaba dura y grande como nunca se me había puesto. Comenzó a retorcerse entre jadeos e inició un sube y baja delicioso. Al poco rato, sus jadeos se hicieron más audibles, su lengua lamía mi boca por dentro y por fuera. Yo la imitaba lleno de ardorosa pasión, cachondo perdido. Dio un gritito y me dijo, ronca la voz:

Amor mío, ¡me corro!…..¡Ay!…..¡¡¡¡Me corro!!!!……Te quiero, vida mía, amor mío.

Sentí que sus jugos aumentaban y resbalaban por mi polla, mojándome, empapándome el bajo vientre. Yo me contuve, sin querer correrme todavía, deseando que ella volviese a sentirme intensamente.

Los movimientos de Lola eran lentos y profundos, lo que me ayudaba a no correrme, a aguantar mi

deseo de vaciarme dentro de su precioso y abrasador coño. Lola, enardecida, apasionada, calentísi – ma, comenzó otra vez a jadear con fuerza, mientras me decía que me quería, que la diese mi leche, que estaba loca por mí, enamorada de mí. Yo no podía resistir la excitación que me producían sus palabras y jadeos y noté que me iba a correr. En ese momento vi que se abría la puerta y asomaba la cabeza la vieja pintarrajeada, que permaneció observando.

Lola dio un grito apagado, anunciándome que se corría, que la diese mi leche, que era sólo de ella, que estaba enamorada de mí.

¡¡Te quiero, amor mío!!. ¡¡Córrete conmigo, mi vida!!, ¡¡¡¡Córrete!!!!.

¡Sí, me corro!, ¡me corro!…..¡Te quiero!.

¡Dame tu leche!…¡Dame tu leche, mi amor!.

Mi respuesta fue fulminante, ya no podía aguantarme más y sentí un gustazo de muerte.

¡Toma mi leche, amor mío!

¡Dámela ,es mía, sólo mía!.

¡Sólo para ti!. ¡Te quiero, Lola, te quiero!….¡Toma, me corro!.

¡Juntos, juntos, juntos!. ¡Te quiero, amor mío, te quiero!.¡Ay,ay,ay!.

Nos inundamos. Yo sentí que me quedaba vacío, que ella también se vaciaba, que empapaba mi vientre. ¡Que gustazo!. No podía imaginar que joder con una mujer fuera tan rematadamente bueno.

Permanecimos quietos, besándonos suavemente y acariciándonos con mimo las piernas. Fueron unos minutos deliciosos, llenos de emoción, de algo muy especial. No sabía qué, pero sí que era muy especial. La puerta se cerró con suavidad. No importa, pensé, si la vieja se ha enterado de lo bien que lo hemos pasado lo comentará con alguien, pero es igual.

Lola lanzó un fuerte suspiro y me besó la boca apasionadamente, comiéndome la lengua a chupeto- nes, me descabalgó y me dijo, recogiendo con un paño nuestros jugos para no manchar las sábanas.

Me has inundado vida mía. Te quiero, Juancho. Es la primera vez en mi vida que siento esto. Y me hace feliz sentirlo tan fuerte. ¿Te he hecho feliz yo a ti, amor mío?. Eres mi amor, ¿sabes?.Te quiero. Me ha entrado de golpe. Me refiero al amor,¿sabes?. No sé cómo ni por qué, pero me ha pasado.

Será  el famoso “flechazo”, del que tanto habla todo el mundo, el fulmine (el rayo), que dicen los sicilianos. A mí también me ha ocurrido, Lola. Somos muy afortunados, el flechazo le ocurre a pocas personas, sólo a los elegidos de los dioses.

Tú, Juancho,¿me quieres un poquito, vida mía?.

Te quiero mucho. Ha sido maravilloso, glorioso .Nunca pensé que esto……fuese tan extraordinario.  Claro que quizás ha sido tan bueno por ser contigo, Lolita.

¡Ay, Juancho!, ¡Ay, amor de mi vida!, no sabes lo que me estás haciendo. Yo tampoco lo sé, pero presiento que va a ser muy importante, que podemos ser muy felices. ¿Nos vamos a ver más veces amor mío?. En mi casa, claro. ¿Querrás?. Te aseguro que nunca ha entrado un hombre. La única persona que ha entrado en mi casa ha sido mi ahijada Pili, la Navidad pasada. ¿Me crees, Juancho?.

Claro que sí, cielo. Estoy seguro que no voy a poder vivir sin estar contigo, sin tenerte muy cerca.

Me haces muy feliz, Juancho. Y ten la seguridad de que yo te haré el hombre más feliz del mundo, porque me voy a enamorar perdidamente de ti. Has entrado en mi vida y…..No sé…..Algo va a pasar, estoy segura.

Se levantó de la cama, me limpió el vientre y la polla ligeramente y exclamó algo alarmada.

Pero, amorcito mío, si llevamos aquí  una hora. ¡Anda, cielo, lávate en el bidé y vístete!.

Esa señora tan pintada se ha asomado y ha estado observándonos.

No importa, cielo mío. Le habrá extrañado, porque a mí sólo me ha pasado contigo.

Tras lavarme, me vestí rápidamente. Lola se puso unas bragas y una bata y salimos cogidos del brazo. Al vernos, mis amigos se levantaron. Lola, abrazándome con fuerza, me dijo, mimosa, cari – ñosa:

No dejes de llamarme a casa, amor mío. Estaré esperando tu llamada. Te quiero, cariño.

Nos besamos apasionadamente, costándonos trabajo separarnos.

Los de la panda me miraban entre admirados y asombrados. Me cosieron a preguntas. Respondí brevemente, diciendo que lo habíamos pasado de locura y que le gustaba mucho, y ella a mí, y que quería que, a partir de ahora nos viésemos en su casa. Fuimos en autobús hasta Lista (hoy Ortega y Gasset) y nos separamos, tirando cada uno para casa.

Yo llegué a la mía en dos minutos. Mis padres y mi hermana estaban pasando el fin de semana en la  sierra, en la casa que fuera de los abuelos. Me senté en el comedor, encendí la radio y no había música, sólo anuncios y un “cara al público”. La idea de cenar solo no me gustaba. Decidí darme una ducha. Al desnudarme y vaciar los bolsillos de la camisa, reparé en el papel de los teléfonos de Lola. Recordé la delicia de su cuerpo, sus besos, su belleza y…..¡Me voy a verla, la llevo al teatro,

decidido!. Me duché rápidamente, me cambié de camisa, me puse chaqueta oscura y pantalón gris , corbata a juego…..¡En fin que quería estar muy presentable para ella, para Lola. ¡Qué mujer!, nunca me había sentido tan atraído por ninguna otra. Me gustaba mucho. Llamé a casa de Madame Teddy. Tras varias llamadas, contestó la vieja pintarrajeada.

Diga.

¿Está Lola?, ¿se puede poner?.

¿Quién la llama?.

Juancho, un amigo. He estado con ella hace un rato.

Si, ya sé. Espera.

Al momento se puso Lola. Al oír su voz (¿soy un tonto sentimental enamoradizo?), sentí que un escalofrío me recorría la columna vertebral.

Dime, Juancho, cariño, ¿te has dejado algo en la habitación?. Yo no he visto nada.

Hola, Lolita, cielo. No, no he olvidado nada. Es que…verás….¿estás ocupada?, ¿tienes algún….compromiso?. Es que he pensado que podíamos salir a tomar…

¿Salir esta noche tú y yo, mi vida?.

Si, cariño. Si no te apetece….

¿Qué dices, mi amor?, si me has dado una gran alegría. Estoy libre. Le he dicho a la madame que no podía estar con nadie después de haber estado contigo y que me iba a casa. Estoy preparada para salir, amorcito. ¡Qué alegría me has dado, cariñín mío!. ¿Cuánto tardas?.

Cuarto de hora, veinte minutos.

Estaré mirando por la ventana. ¡Qué ilusión me hace que vengas a buscarme!. Te quiero mucho, amor mío,¿sabes?.

Y yo a ti, cariño.

¿De verdad?. Soy la mujer más feliz del mundo.

Oye, Lola.

Mi nombre es Adela. Lola es…para aquí.

Bueno, pues, si no te importa no te pintes demasiado, Adela. ¿Te molesta que te lo diga?.

Yo me pinto siempre muy poco, cariño. Anda, no tardes, que estoy loca por salir contigo.

Colgamos y andando deprisa, llegué a la parada del autobús cuando llegaba uno. En menos de un cuarto de hora llegué a la casa. En la ventana estaba Adela, que me lanzó un beso y cerró la venta-na. La esperé en el portal. Oí su rápido taconeo bajando las escaleras. Decididamente, con esta chica me pasaba algo especial: se me aceleró el corazón, sentí una gran emoción al oír sus tacones. Cuando llegó a mi lado, me abrazó con fuerza, me besó en la boca y se apretó contra mí fuertemente. Sentí el intenso calor de su entrepierna y me produjo una erección violentísima, dura, fuerte, tremenda. Se separó de mí y, mirándome asombrada , me dijo, con enorme ternura , emo- ción y voz algo ronca:

Pero, Juancho, amor de mi vida, ¿Qué te pasa conmigo, cariño?. Esa excitación cada vez que me abrazas………. Eso sólo os pasa a los hombres con vuestras novias o vuestras esposas…¿Es….que me quieres amor?, ¿Me sientes algo tuyo?.

Si, Adela, siento por ti algo muy intenso, no es sólo la calentura del hombre por la mujer, es…mucho más. Todavía no sé que es, pero……Es muy importante para los dos,¡seguro!.

Me besó…..con hambre de mí, de mi cariño, de mi amor, no de mi sexo, aunque también sentía su excitación de mujer, pero de mujer enamorada. No acierto a explicar……A Adela se le notaba que estaba muy enamorada de mí.

¡Ay. Juancho!, siento en mi corazón que ya me has cambiado la vida. Yo ya no puedo estar con otro hombre, sólo te quiero a ti, amor de mi vida. Si me lo pides, y aunque no me lo pidas, no vuelvo a….a…esta casa. ¿Me lo vas a pedir, vida mía?.

Ày, Adela, cariño!. Yo no quiero forzarte a nada, yo……

Juancho, sólo de pensar que otro hombre……¡me muero de asco sólo de pensarlo. No sé que es lo que me has hecho, lo que me has dado, pero…..me muero por ti, me siento muy tuya, como podrían sentirse tu novia o tu esposa, si las tuvieras. ¿Me entiendes, verdad?. Yo nunca te voy a obligar a nada, pero me haría feliz que me pidieras que sólo fuese para ti.

En ese momento, se escucharon varias pisadas bajando la escalera. Adela me tomó de la mano y me llevó fuera del portal. Una vez en la calle, con enorme cariño, con un amor que se le notaba, se colgó de mi brazo como lo hacen las novias, apoyando su cabeza contra mi hombro y mi cara. El pelo de Adela olía a…..espliego, a algo campestre. Besé su pelo y , al notarlo, se apretó contra mí.

¡Ay, Juancho!, mi amor, ¡cómo te quiero!.Cualquier cosa que me hagas me emociona……No sé…

Ahora mismo soy la mujer más feliz del mundo. ¿Te sientes tu feliz conmigo?.

Mucho, Adela, me estoy enamorando de ti a….borbotones…Es la primera  vez que me ocurre. ¿Te das cuenta, cielo, tu siempre eres la primera ….. en todo.¿Te gusta serlo?.

Si, mi amor.

Se apretó contra mí, con fuerza, haciéndome sentir el fuego de su entrepierna. No lo pude resistir y la conduje al hueco de una tienda cerrada. La abracé fuertemente y apreté mi polla, que estaba como un tronco, contra su ardiente coño. Se apretó con pasión, retorciéndose. Con voz ronca, llena de deseo me dijo:

Esto que nos pasa es como de….novios, de matrimonios. ¿Te molesta que te lo diga?.

No amor mío, porque eso es lo que nos pasa. ¡Anda, vámonos al teatro!.

¡Qué bien, cariño mío!.

Vamos a cla, ¿sabes?. Yo siempre voy a cla, que es baratísima y te colocan en patio de butacas. Me conocen ya todos los jefes de cla. Hay que aplaudir aunque no te guste, pero no importa,¿no?.

Claro, cielo, estoy deseando ir contigo al teatro, a donde tu quieras, mi amor.

Pues vamos, tenemos el tiempo justo de tomar un bocadillo y coger las entradas. Mira, aquel es el teatro y este el bar de los bocadillos. ¿A qué huele?.

¡A calamares!, ¡qué rico bocadillo!.

Después de comernos los bocadillos y las cervezas, nos acercamos a la tabernita donde estaba el jefe de cla de ese teatro. Pregunté por él y el tabernero me señaló una mesa del fondo.

Buenas noches, Sr. Martos.

¡Hola, Juancho!.  Hoy vienes bien acompañado, ¿eh?.

Si, la novia, que quiero que se aficione también.

Eso está bien.

Me dió dos papeles, diciendo:

Los cambias en taquilla. Ahora hay que hacerlo así.

Nos despedimos y tras pasar por taquilla, entramos. Después de sentarnos, Adela, volviendo a cogerme del brazo, que apretó contra su pecho, me dijo, con voz emocionada:

Juancho, has dicho a ese señor que soy tu novia, ¿por qué?

Por que es lo que somos: novios. Por eso lo digo. Claro que si tu no….

Me interrumpió con voz muy tierna:

Me hace muy feliz saberme tu novia, vida mía. Te quiero.

Aprovechando la semipenumbra de la sala (la función estaba a punto de empezar), acaricié sus muslos por encima de la ropa, aproximé mi boca a su oído y susurré.

Adela, ¿te excita que te acaricie?

Con voz cariñosa, zalamera, tierna, enamorada, íntima, me dijo muy bajito:

Esas cosas no se las dice una novia a su novio, mi amor. Claro que sí, Juancho, tu sola presencia me enciende.

Tras acariciarme brevemente entre las piernas, me dijo, ronca la voz:

Oye, amor de mi vida, luego no tendrás prisa,¿verdad?, porque me estás poniendo loquita perdida.

Claro que no tengo prisa, cariño. Estoy solo en casa y no tengo que volver hasta mañana por la noche.

La voz de Adela se hizo particularmente tierna cuando me dijo, con la voz algo ronca por las emociones que estábamos sintiendo los dos:

¿Juntos toda la noche, Juancho?.

Si no te cansas de mí y me echas, hasta mañana por la noche, Adela.

Se apretó más contra mí y reclinó su cabeza en mi hombro.

¡Qué bien olía su pelo!. ¿Estaré enamorándome de Adela?. Si el amor es este conjunto de emociones…….., me parece que sí.

Se apagaron las luces, me incliné hacia élla y nos besamos brevemente. El telón comenzó a abrirse.

Los aplausos fueron abundantes, fuertes. Buena obra y magníficos actores. A Adela le encantó. En el bar de los bocadillos de calamares nos tomamos un cafecito y un croissant y nos fuimos cami –

nando hacia Cibeles.

¿Dónde vives, Adela?.

Muy cerca de la calle Cartagena , detrás de la Avenida de los Toreros.

Entonces……tenemos que coger…..

El metro o el trolebús, Juancho. Si quieres vamos dando un paseo.

Es una caminata, Adela. El metro es lo más rápido.

¿Tienes prisa, mi amor?.

.

Si, cielo, ya sabes que te quiero mucho y me gustas con locura.

Yo también te quiero, Juancho. Y como me he apretado mucho a ti en el teatro, me he puesto…..¡No te lo digo, que te vas a poner muy tonto!.

Nos paramos, nos dimos un brevísimo beso. Pasaba gente y aquellos años eran como eran.

La supliqué mimoso, con tono zalamero:

Anda, amorcito, dímelo, sé buena.

Pero si es como siempre me pasa contigo: encendida, muy…….muy cariñosa.

Estoy deseando llegar a tu casa.

Pues sigamos andando, que van a cerrar el metro.

Media hora después nos paramos ante el portal de Adela. El sereno no estaba por allí, entramos y subimos al primer piso. Adela me dio la llave. Abrí. Como no entraba, me volví a mirarla.

Con una sonrisa deliciosa en su preciosa cara, me dijo:

¿A qué esperas?, ¿no vas a hacerlo como en las películas?.

Comprendí, la cogí en brazos y tras cerrar la puerta, antes de bajarla, nos besamos con pasión.

La noche fue sencillamente asombrosa, no tengo palabras para describirla: Adela y yo, justo es reconocerlo, nos habíamos enamorado, nos sentíamos absolutamente entregados el uno a la otra, como pueden estarlo dos recién casados. Baste decir que, a lo largo de la noche, estando ambos recién lavados, mis labios comenzaron  a recorrer los pechos de Adela, bajando hasta su vientre y sentí la dulce aspereza de los rizos de su chochito, que tan loco me tenía. Olvidado de todo lo que antes había pensado y opinado sobre el sexo, mis labios buscaron su entrepierna y mi lengua acarició el clítoris de mi adorada Adela. Su cuerpo sufrió un estremecimiento epiléptico y lanzó un leve grito. Se dio la vuelta, adoptó la postura maravillosa del sesenta y nueve y me dijo, ronca la voz por la emoción, la pasión y el amor que sentía por mí:

Vida mía, te quiero, te juro que nunca he hecho esto con ningún hombre. Debes creerme. Contigo estoy deseando probarlo.

Yo también es la primera vez, vida mía. Siempre eres tú la primera, Adela.

Adela, incorporándose buscó mi boca. Yo también me incorporé y nos besamos los labios con ardor, con un ansia ……infinita, alocada. El amor presidió nuestra noche de bodas (así la consideramos desde entonces) y toda nuestra relación.

Adela, tal como dijo, no volvió a la calle Gravina y se colocó de camarera en la cafetería de al lado de su casa, donde desayunaba a diario y cuya dueña, ignorante de su oficio, la había ofrecido el empleo reiteradamente. Ya llevaba un año trabajando en la cafetería y no nos veíamos demasiado, una vez a la semana y un ratito, porque, además de preparar la oposición, tenía que aprobar el último año de carrera, requisito indispensable para poder opositar. Aprobé la carrera y los dos primeros ejercicios de la oposición.

Para preparar a conciencia el último ejercicio, me fui a la casa de la sierra. La única persona a la que veía era a la vecina, amiga de la infancia de mi madre, que me pasaba las tres comidas principales del día. A Adela hacía mes y medio que no la veía. Ella era la encargada de decir a mis padres que me encontraba bien. Adela y mi hermana se habían hecho amigas, se llevaban bien.

Llegó el gran día. La noche anterior dormí en casa, en Madrid, para evitar desplazamientos, posibles retrasos, etc. Me desperté temprano y salí a las nueve hacia el ministerio. A todos les había

engañado en la hora del examen y cuando todos pensaban que iba a empezar, ya había acabado. Tuve mucha suerte y me salió redondo: de aprobar y con buen número, para no tener que ir des-tinado muy lejos de Madrid. Me acerqué a casa, les di la buena noticia y, en el coche de mis padres, que me acababan de regalar como premio, me fui a contarle a Adela la gran noticia. Era la una y media y había unas cuantas señoras en la barra.

La dueña, al verme, me advirtió:

Adela está en la parroquia, rezando por ti. No para de pedir por tu aprobado. ¡Mira, ahí viene!.

Se vino derecha a mí y me dio un abrazo. Se hizo un gran silencio en la cafetería.

Juancho, cariño,¿cómo ha ido todo?.

¿Sabes  que era el último ejercicio y que, si tenía suerte….?

Cariño, me tienes en ascuas.

Todas estamos en ascuas, dijo la dueña.

Pues…….¡Me han tocado los  cuatro temas que mejor me sé!.

Entonces, cielo….

He aprobado. Seguro. Hasta mis padres me han regalado su coche, no te digo más.

Volvió a abrazarme y a besarme.

Entró otra cliente habitual y al ver la escena, preguntó:

¿Cuál es la celebración?

La dueña, sonriente, haciendo suya la alegría de Adela, dijo a la recién llegada:

Una gran noticia. Que te la diga Adela.

Adela, con el rostro resplandeciente, se volvió hacia las clientes y dijo muy emocionada:

Es que tengo el novio más listo del mundo:  me ha aprobado una oposición dificilísima y

en la primera convocatoria, que casi nadie lo hace.

¡Vaya, qué bien!. Pues enhorabuena a los dos, porque ahora, resuelto lo principal, sólo queda fijar la fecha de la boda,¿no?.

Adela, se puso blanca como la pared y, baja la mirada, se quedó a mi lado esperando, sin atreverse a mirarme, a mirar a nadie.

Como se hizo un gran silencio, la recién llegada, confundida y medio avergonzada, se disculpó:

A lo mejor debería haberme quedado callada.

Yo, tras dar un beso en la mejilla a Adela, cogí su temblorosa mano, le alcé la barbilla para que me mirase y dije, emocionado:

Ha dicho vd. lo que yo estaba pensando en este momento: aprobada la oposición, lo natural es que arreglemos los papeles de la boda. Bueno, si es que Adela me acepta.

Se produjo un gran alboroto, todas las señoras querían felicitarnos a la vez. Adela, profundamente emocionada, se sentó y rompió a llorar. Todas las señoras se acercaron a ella. En ese momento, entró el marido de una de ellas y, al ver la escena, se mostró preocupado:

¿Qué le pasa a Adela, por qué llora?.

Su mujer le respondió:

Porque su novio ha aprobado una oposición y la ha dicho que ahora toca casorio. Y claro, la chica se ha emocionado.

Pero eso es para reír no para llorar.

¡Cómo eres!, ¡qué poca sensibilidad tenéis los hombres!.

Adela, levantándose, me abrazó con fuerza, diciéndome, casi sin voz:

Gracias, Juancho, amor mío, no te arrepentirás nunca.

¡Y tanto! (exclamó la dueña). ¡Menuda mujer de su casa te llevas!.¡Y guapa y tipazo a más no poder!. Aquí, la única que sale perdiendo soy yo, que me quedo sin una empleada como no hay dos. Adela, hija, hoy es un día grande, cógete el día libre, tenéis que hablar de muchas cosas.

Sí, Dª Luisa, tiene vd. razón, vamos a casa, a darles a mis padres la gran noticia.

Se alegraron indeciblemente. A mi padre se le humedecieron los ojos al ver a mi madre, a mi hermana y a Adela llorar a moco tendido. Yo también me emocioné; pero el colmo de la emoción y la gran llorera  se produjo cuando, ya en casa de Adela, al comenzar ella a quitarse la ropa, la dije solemnemente:

No, amor mío, a mi prometida la tengo que respetar hasta el día de la boda. Ese es mi deseo, ¿me vas a ayudar, cariño?. Tienes que ayudarme porque es difícil hacerlo.

Tras pronunciar un sí casi inaudible, mi prometida se convirtió en un mar de lágrimas. Lo cumplimos a rajatabla, porque Adela, desde que iniciamos nuestro noviazgo, olvidó por completo a Lola, borrándola de su mente como si nunca hubiese existido.

Yo, por mi parte, estando como estaba profundamente enamorado de Adela, siempre consideré que a Adela la conocí cierta noche cuando fui a buscarla para ir al teatro. Jamás me he arrepentido. Tuvimos, además la gran suerte de no tropezarnos nunca con algún conocido. Era difícil porque Lola, la desaparecida Lola, trabajó muy pocos meses en la calle Gravina.

Mi familia recibió a Adela con los brazos abiertos. Mi hermana, incluso, pidió adelantadas parte de sus vacaciones para acompañarnos a encontrar piso en mi provincia de destino y comenzar a arreglarlo. Sus motivos no pudieron ser más entrañables y emotivos:

Mamá dice, y tiene mucha razón, que, como la gente es muy mal pensada, no hay que dar lugar a murmuraciones malintencionadas.

Había entrado Adela por la puerta grande y así fue siempre. Sobre todo cuando comunicamos que estaba embarazada. ¡Aquello fue el mayor acontecimiento del mundo!. Adela (quiso anunciarlo ella), dijo que, antes de que naciese el niño o la niña, me habrían concedido el traslado a Madrid y que nos acomodaríamos en la casa de Adela, suficientemente grande para una familia con dos hijos.

Y, para remate de fiesta y lágrimas, Adela dijo a mis padres que el niño o la niña llevaría el nombre de ellos: María José o José María. Y que mi hermana sería la madrina. Excuso decirles la que se organizó.

En fin, como remate de esta historia, quiero hacer constar que Adela siempre fue toda una señora, mi señora, que me hizo el hombre más feliz del mundo. Tuvimos un chico y una chica, que fueron los supernietos y los supersobrinos,  porque mi hermana no se casó.

Espero no haberles cansado demasiado con esta historia  que puede ser inventada, pero que, estoy convencido de ello, la vida diaria supera ampliamente. Es importante que el amor esté delante, en medio y detrás del sexo, porque la vida de los seres humanos no solo está compuesta de sexo, aunque sea importantísimo. ¿Saben qué es lo más importante?. Pues que los seres humanos somos capaces de concedernos unos a otros y a nosotros mismos segundas oportunidades. Así, con una segunda oportunidad, todo es un poco menos ácido.  Un saludo muy cordial.

JUANCHO.