Archivo de la etiqueta: caricias

Mejor con una amiga

Tengo un amigo con una novia espectacular.

Hace un tiempo, Alicia, la novia de mi amigo, me propuso salir juntos una noche con Silvina, que como saben es mi mujer.

Al principio, dudé durante tres segundos, hasta aceptar. Llegué a mi casa y le conté a Silvina esa propuesta. Estabamos seguros que la cosa era por
mí (por lo menos yo lo pensé así). Esa misma noche salimos. Cena, fuimos a bailar a un boliche, Silvina quedó sentada y Alicia y yo a la pista.

Mi madre!! Qué refregada corporal nos mandamos!!Cuando volvimos a sentarnos,

Alicia le dió un beso a Silvina (en la boca,por supuesto!!).

Salimos y fuimos al telo(de paso: se llama “Charles”), para abreviar, le dí a las dos, un poco a cada una, mientras me decían: Pareces un sultán, con dos hembras en la cama!!!!!!

Pero yo vi cierto resplandor mientras se miraban, lo pensé y me hice el dormido.

Allí se desató el escándalo: Silvina, pasó sobre mi cuerpo y se tiró sobre Alicia que la esperaba con los brazos abiertos. Eso fue un aquelarre de dos brujitas super calentonas!!!!!!!!

Besos, chupadas, caricias, mordiscos, gemidos, susurros, no paraban de hacer el amor como poseídas. Los orgasmos parecían ser continuos.

Silvina tiene una lengua especial, es fina, puntuda, larga y fuerte. No solo en esa inundada vagina sino en el culo de Alicia se metía hasta no se donde. Silvina montada sobre Alicia, dlítoris sobre clítoris, cojiéndola como si fuera su mujer. Alicia sobre Silvina, retribuyendo. Piernas cruzadas, concha contra concha, refregándose mientras se besaban y se chupaban las tetas. Silvina, que es más tetuda que Alicia, se ponía en cuatro sobre ésta, las tetas colgando, y Alicia, mamaba como un cachorro. Ya se habían olvidado de mí y hacían ruidos como si yo no estuviera. Yo, por las dudas, me hacía el dormido.

Lo mejor fue un 69 que debería ser contado por poetas. Silvina debajo, Alicia arriba. mamaban, lamían, chupaban, metían dedos en los culos. Silvina pedía: dame de eso, dame de eso!!! y Alicia la conformó, junto a tanto jugo dejó escapar un chorrito de líquido amarillo. Si vieran como sorbía Silvina!!!!!! Que gusto!! Puedo asegurar que fue tan feliz!!!!

Pero vino lo raro, Alicia pidió un beso y lo obtuvo, compartieron sus líquidos, llevados por la boca de Silvina.

He visto muchos casos de amor femenino, pero nunca como el que tuvieron mi mujer y la novia de mi amigo.

Como el relato anterior y los que pueda contar en el futuro, juro que es verdad. Esa relación duró varias semanas, yo: afuera!

No se qué pasó entre ellas, al tiempo se separaron y hoy apenas se saludan.

Mi amigo sigue siendo feliz.

Billy
billywillyer@hotmail.com

Mi primera mujer

Contradiciendo al titulo de este relato, mi primera mujer no fue aquella con quien tuve mi debut en las lides sexuales…

Su nombre es Laura y es prima de mi madre (aunque es bastante menor que ella y solo 8 años mayor que yo)…

Laurita siempre fue una mujer muy guapa, y mi “atraccion” por ella empezo desde muy chico… de hecho, esta historia comienza en mi infancia… Tendria 7 u 8 años (por ende ella era una bella adolescente de 15/16) en que comienzan mis recuerdos… desde siempre fui como su bebe su muñeco de verdad… y para esa epoca la situacion era que, en las reuniones familiares, yo terminaba sentado sobre su falda disfrutando de sus caricias… obviamente aquí no había ningun contenido erotico… tambien me llevaba a dormir y se quedaba “mimandome” hasta que me dormia… y todo siguio asi de placido e inocente hasta que, unos añitos mas tarde (para tus primas mayores nunca creces) aproximadamente a mis diez años, empece a notar que sus caricias me hacian sentir nuevas cosquillas, y un dia entre sorprendido y avergonzado, senti como crecia mi pene… hoy estoy seguro que allí desperte a las chicas… de hecho, despues de la primera vez que me ocurrio, buscaba sus caricias con mas insistencia, mas adelante senti la curiosidad de ver su desnudez, y asi fue que busque un lugar desde el que se viera su habitacion y espere a verla mientras se desvestia… al verla senti aquellas cosquillas y aquella dureza… esa noche pense en ella y me fui acariciando, explorando mi cuerpo, hasta que senti una paz como hasta allí nunca habia sentido… esa fue mi primera paja, ella mi primera inspiracion…

Y paso el tiempo, mucho tiempo sin vernos, hasta que el año pasado celebramos un cumpleaños de mi abuela… apenas llegue fui saludando a mis familiares hasta que llegue a ella, quien me estrecho fuerte y dulcemente en sus brazos… inmediatamente senti como mi pija se endurecia, e inmediatamente me di cuenta que ella tambien habia notado mi ereccion…

Ese dia la cosa quedo ahi, pero la idea de verla a solas me empezo a obsesionar… asi fue que consegui su email y le escribi (algo pueril)… paso un tiempo y la invite a vernos en un bar… alli, y luego de tantear muy sutilmente si el terreno era fertil… le conte como era que habia sido mi primera mujer… me tomo la mano y me beso… inmediatamente salimos para un hotel…

la desnude despacio y ella me sento en su regazo, comenzo a acariciarme la espalda como hiciera cuando yo era niño… pero al llegar a la cintura, en un rapido movimiento, me agarro la pija y empezo a mover su mano hacia arriba y hacia abajo… me levante y asi me chupo… luego, muy dulcemente me pidio que me queria sentir dentro suyo… y asi fue que, luego de una buena chupada, me meti en ella y cogimos duramente…

Esta es la historia de mi primera mujer… ah, todavia hoy nos encontramos y repetimos…

Día de carrete

A pesar de que me estoy duchando, todavía siento el cosquilleo en mi sexo, fruto de cómo me dejo este cabrón de Alberto, que me dio hace unos minutos un sexo virtual tan fabuloso, que me hizo acabar dos veces, mientras me decía las cosas que me estaría haciendo, y como el me lo pidiera, ahora me estoy tocando mi coño suavemente en su honor y siento ese cosquilleo que me pide otra vez, meto mis dedos dentro del mismo, y me comienzo a masturbar, pensando en lo que va a ser, cuando lo vea al viajar a Valparaíso, para conocerlo personalmente.
Una vez duchada y preparada para salir, por ser hoy viernes día de carrete, (Así se denomina en Chile, la salida a beber y bailar y si se da……., a todo lo demás), me fui en búsqueda de una buena mi amiga a la que fui a buscar al lugar donde trabaja para irnos de copas por Santiago.
Debo reconocer que estaba vestida con ropas que marcaban bien los atributos que la naturaleza me diera, ya que tengo unas tetas que son mi orgullo por lo abundantes, una cola bien proporcionada y abundante y una figura que hace a los hombre darse vuelta por la calle y a algunos proponerme alguna indecencia.
Noche de chicas, pensé yo, pero no fue así, ya que Patricio que para entonces gustaba algo de mi amiga quedó de reunirse con nosotras.
Nos reunimos entonces, en un bar mi amiga, yo, él y un amigo, de nombre Jorge, el que a mí no me llamó mayormente la atención este tío, que si bien no era mal parecido, no estaba yo en plan de conquista, la verdad.
Ahora que lo pienso, no me fijé, pero Patricio resulto tener todos los atributos que a mí me gustan: alto, del tipo más bien mediterráneo, con cabellos claros y ojos oscuros y no muy delgado aunque tampoco gordo.
Luego de un par de copas la conversación se tornó un poco aburrida, y me llamaron en ese momento a mi celular, mis amigos de la facultad para invitarme al apartamento de uno de ellos para salir de carrete.
Viendo que mi amiga estaba en unos arreglos con el amigo de Patricio y ante el llamado recibido de mis amigos, decidí retirarme para ver si con ellos podría tener algo de diversión.
Me despedí de todos en el bar, y en ese momento Patricio me pregunta si lo podía alcanzar, si iba por su camino (que no eran más de pocas manzanas), a lo que respondí que sí que suba al coche, y nos fuimos los dos.
Sorprendentemente, en el trayecto en auto, tuvimos una buena conversación, la verdad le encontré encantador a su manera, algo callado y pasivo, como si esperara que alguien lo cuidase.
Todavía no sé muy bien como, pero le pregunté si quería acompañarme para ir de carrete con mis compañeros, a lo que respondió de inmediato que sí.
Llegamos al apartamento, nos sirvieron algo de comer y beber, luego de interrogarme
acerca “del nuevo” como le bautizaron enseguida.
Debo decir que con tanto brindis que se acostumbra a hacer por estos lados, el alcohol hizo efecto en mí, me sentía algo mareada y más desinhibida de lo normal.
Fui por un momento a la cocina, en busca de algo que ya no recuerdo que era, y cuando regresé, Patricio me pidió que me sentara con él en el sillón en que él estaba.
No recuerdo muy bien, pero a mi parecer no deben haber pasado más de diez minutos desde que regresé de la cocina y mientras hablábamos comenzó a besarme en el cuello y detrás de las orejas, cosa que – está de más decirlo – me excita sobremanera, tocaba mis tetas por debajo de mis brazos mientras me abrazaba, para que los demás no notaran nada.
Después de un rato de este cachondo “juego” empecé a notar que todos abandonaban la sala, hasta que quedamos solos en ella.
No hubo tiempo ni de pensarlo, cuando él me da uno de los mejores besos que he recibido en mi vida, decidido pero a la vez suave. Los suyos eran besos que transmitían ganas de tener sexo, además de sus manos que recorrían todos los lugares mejor preparados para eso.
A la vez, toma mi mano y me la pone en su polla, que ya estaba a mil, y me dice: “mira como me tienes”. “Te quieres ir a otro lugar?”.
Yo, sin pensarlo mucho, olvidada ya la idea inicial de salir de marcha por Santiago, y con la cabeza puesta en que si, y viendo como me habían gustado sus besos, y que probablemente lo que venía sería aún mejor me despedí de todos y nos fuimos de ahí.
Ya había dicho que el alcohol me hizo efecto, y como soy responsable, si bebo no conduzco, pasé las llaves del coche a él.
Un par de minutos más adelante comencé a sobarle la polla por encima del pantalón, mientras conducía, a la par que le susurraba “ Te gusta como te acaricio la polla Patricio……?” y otro par de minutos más adelante, desabrochando su bragueta, saque del encierro su pene, el que estaba gordo y jugoso, diciéndole mientras lo hacía “ te voy a dar una mamada que te va a dejar loquito vida……” y comencé a darle una mamada de aquellas que mientras viva no podrá olvidar, con lo que lo desconcentré absolutamente de la labor de conducirme sana y salva a algún lugar seguro, ya que entre jadeos y suspiros me dijo “Marina pero que bien que me la chupas, me estas volviendo loco, sigue así, amor, que me gusta mucho……”, pero por precaución, suspendí mi mamada al ver que casi pierde el control del vehículo de tanto placer que estaba sintiendo., por lo que en la primera calle lo bastante en penumbras aparcó, inclinó el asiento y se abrió su pantalón para dejar ante mí su linda polla absolutamente erecta y sus huevos a la vista.
Comenzamos a besarnos, con lo que el calor me subió aún más, y me pidió que volviera a comerle la polla, a lo que accedí con todo gusto comenzando por pasarla por los labios sólo tocándolos con ellos, siguiendo con una mamada más bien pausada, durante la cual intenté “ordeñar” la punta y su glande, y luego pasando la lengua a lo largo de toda ella. Después hice un esfuerzo por meter toda esa polla a mi boca, tarea que no pude llevar a cabo y que procedí a completar poniendo una de mis manos en la base.
Mientras esto hacia, Patricio jadeando me decía “Que bien que chupas el pico Marina, me haces gozar como nunca, eres una artista en esto, sigue chupando que me dan escalofríos de placer, asíiiiiiii………., sigue amor, no pares, sigueeeeeee……., Cojéeme bien con tu boquita, reina………..”
Al cabo de un rato, me avisó que se venía, así que yo disminuí un poco la intensidad de la mamada, hasta detenerla completamente.
Comenzamos luego a besarnos nuevamente, y a investigar todo lo que habíamos sentido antes en el apartamento, pero ahora solos, no menos expectantes (recordad que habíamos aparcado en la calle), y ya sin pudor, nos quitamos la ropa.
Como mis tetas son más bien grandes, al verlas exclamo , “ que hermosas tetas tienes amor, te las quiero comer todas, me quiero meter cada una en mi boca no sabes lo que me gustan las tetas como las tuyas……” y parecía volverlo loco de placer, entonces comenzó a masajeármelas, medianamente suave al principio, y luego fuertísimo, lo que aumentó aún más mi creciente estado de excitación, las comenzó a chupetear y relamer y después definitivamente me comió las tetas, por la calentura que le provocaban, era tan bonito la forma en que me las comía las , que no pude dejar de exclamar, “ cómetelas todas cabrón, chúpamelas bien y muérdeme bien los pezones que eso me excita mas, sigue así, cariño, que me vuelves loca casi me estoy corriendo con solo chuparme las tetas, sigue y no pareeeeessssss………..”
Como la chupada que me estaba brindando nos puso a ambos en un estado de calentura tal, que sin decir una palabra ninguno de los dos, decidimos que era llegada la hora de que me penetrara y gozáramos al máximo.
Como los dos no habíamos tenido antes experiencia en tener sexo en un automóvil, no conocíamos la incomodidad de la situación. Era todo un enredo de piernas, brazos, y cuerpos, especialmente él, porque yo soy más bien baja, pero él mide sobre los 185 cm. (pobre…..!!).
Intentó ponerse sobre mí, pero la posición, a decir verdad, era absolutamente incomoda; ni siquiera con todas las ganas que teníamos pudo introducir su polla en mi coño y mantenerla en el y ..así que la solución más obvia fue que yo me pusiera sobre él., a la vez que me decía, “te vas a comer toda mi pico Marina, te voy a penetrar hasta mis huevos, y te acabare una catarata de leche, por como me has dejado de caliente con tu mamada, preciosa….,” a lo que le respondí frenética por sentir bien adentro ese tremendo garrote que tenía, “Métemela bien adentro que la quiero sentir hasta el fondo de mi cuerpo, Patricio, tienes una verga que me enloquece, cojéeme con esa polla bien mi coño…..”.
Así que la solución más obvia fue que yo me pusiera sobre él, mirándole a la cara me senté sobre su polla hinchada y erecta como estaba que lo único que quería era encontrar un lugar cálido para acomodarse, y qué mejor lugar que mi coñito húmedo y tibio?, ahí estuvo mucho rato, ya ni siquiera me acuerdo cuanto tiempo habrá sido, jugando a entrar y salir hasta que de repente Patricio me avisa que ya no puede más y que está a punto de correrse, sólo pensar en eso me puso más cachonda aún, y aunque yo ya había tenido un orgasmo cuando sentí su esperma entrando en mi tuve un segundo orgasmo exquisito coronado con caricias y expresiones lindas dichas por él en mi oído.

Después de eso, ambos fumamos del mismo cigarrillo, mientras él se vestía rapidísimo; yo, la verdad debo tener algo de exhibicionista, porque por mucho que él insistía en que me vistiera, permanecí desnuda por un buen rato más, el sólo hecho de pensar en que alguien se pudiese acercar al coche hacía que me dieran aún menos ganas de vestirme…
Estuvimos un rato conversando, haciendo arrumacos (no mucho, porque yo no soy de ese tipo de persona), besándonos y tocándonos por todos lados, hasta que la polla de mi amigo despertó nuevamente, y él me pidió que otra vez se la comiera, a lo que yo accedí encantada (os he dicho que ese es mi deporte favorito?).
Estaba él follándome por la boca espectacularmente, yo me metía todo lo que me cabía de su polla en mi boca, lamiendo esos ricos juguitos previos que brotan de ella cuando de repente por los espejos laterales se divisa el reflejo de unos focos, con lo cual la adrenalina se me subió a mil: “quédate muy quieta, para que las personas que vienen en el otro coche no nos vean”, me dijo él, y yo que soy muy obediente, le hice caso, y ahí me quedé hasta que pasó el otro coche.
Luego de eso, dado el contratiempo que sufrimos la vez anterior, él trató de innovar en la estrategia de la posición, acomodándose sentado en el asiento del co-piloto con la verga dura de tantas emociones intenta sentarme a mi encima de ella, pero esta vez hacia el otro lado, como tantas veces había visto supongo en alguna película o algo así; pero, como la vida no es como en las película, obviamente no resultó, y ahí optamos por la mejor solución: pasarnos al asiento trasero del coche!!!!
Ahora si que había una maraña de piernas y brazos y cuerpos, pero bastante más cómodo que las dos posiciones anteriores, y comenzamos a follar con toda la pasión que fuimos capaces; al principio muy lento y suave y después fuertemente ya ni siquiera nos acordábamos donde estábamos, ni tampoco nos importaba si alguien pudiera vernos.
Tuve dos orgasmos más, el primero cuando con suavidad, poco después de empezar a follar él sacaba su polla de mi y me la introducía con delicadeza, pero con fuerza hasta los huevos, y el segundo más brutal, cuando la intensidad de la cogida iba en aumento, fue espectacular sentir todo ese placer mezclado con toda esa fuerza y sentirle a él tan excitado que no podía detenerse cuando lo cierto es que era yo la que estaba tan caliente que no dejaría que el me quitara esa polla que en ese momento era toda mía!!!
Después de eso, me dijo que si no paraba ya mismo acabaría y no estaba seguro cuanto le costaría recuperarse, y que no podía dejar de hacérmelo por el culo, así que otra vez a buscar el acomodo en el espacio pequeño en que nos encontrábamos!!. Esta vez, la posición elegida fue mirando hacia atrás, de rodillas en el asiento posterior donde estábamos, como de costado, para que él pudiese ubicarse detrás de mí y desde allí atacarme el culo.
Lamentablemente por el, y por suerte para mi (porque me dolió un poco), esto duro sólo un par de minutos, porque era tal el grado de excitación que el tenia que al cabo de muy poco tiempo sentí el culo lleno de su leche, pero esto me calentó sobremanera, así que le pedí que no sacara su polla de ahí y que siguiera moviéndose tal como lo estaba haciendo, continuó sólo con el movimiento de la polla en mi culo, sin el mete y saca y así fue como alcancé el último orgasmo de
la noche y el mejor de todos…
Espero volver a repetir la experiencia que tuve con Patricio, pero esta vez en algún lugar menos incómodo, aunque…a veces son esas pequeñas cosas lo que permite que las historias sean todas distintas….quien sabe si la próxima vez es en un lugar aún mas incomodo y eso mismo sea lo que lo haga aún más excitante…
Rian_319@hotmail.com

La palabra correcta…

“La palabra correcta vale más que mil imágenes”.

Bueno vengo aquí a compartir una experiencia que compartí con mi novia y que me pareció bastante excitante dado su naturaleza, pues es bien sabido que muchas personas limitan el sexo a la penetración sin explorar todos su recobecos y dejando de lado el disfrute que esto implica.

Hacia unos meses que habia comenzado una relación con Laura (así la llamaremos para fines prácticos), ella a sus 20 años ya había tenido algunos encuentros sexuales antes de conocerme, sin embargo aún nos podíamos considerar inexpertos y juntos fuimos aprendiendo algunas cosas. Gracias a que vivo solo, teniamos oportunidad de practicar el sexo el día que quisieramos y en los lugares que quisieramos en mi departamento. Algunas veces poniamos unas películas porno para ver y a continuación ponerlo en práctica, otras veces no era necesario ni que la pelicula fuera xxx para comenzar a fajar para después pasar a una escandalosa sesión de sexo en la sala, sin preocuparnos porque los vecinos nos escucharan, pues de hecho eso nos excitaba mucho más.

En una ocasión acordamos venir a mi depa a ver una película cualquiera, aunque la verdad ambos sabíamos que ese era el pretexto para vernos y dar rienda suelta a nuestra lujuria. Cuando la recogí en su casa ella me dijo “te tengo una mala noticia: hoy no vamos a poder hacer nada porque estoy en mis dias” a lo que contesté “eso no significa que no podamos hacer nada”… y así continuamos el camino hasta llegar a mi casa. Una vez ahí pusimos la película y nos sentamos abrazados a verla. Ya en el abrazo y los cuerpos juntos no fue necesario mas que un respiro, un beso y un par de palabras para empezar con el intercambio apasionado de caricias y senimientos. Después de unos minutos decidimos parar, mas cuando terminó la película retomamos la diversión. Ellá dudó y me pidió un respiro, me recordó sus palabras al inicio de la tarde “hoy no podemos hacer nada” agregando que se sentía cansada, le propuse ir a descansar al cuarto; así lo hicimos y juntos, acostados nos besamos nuevamente y las caricias volvieron a subir de tono. Ella me pidió parar, a lo que respondí que no habría penetración si no quería (a final de cuentas ella sabía que soy un caballero y puede confiar en mi palabra). Después de un rato de fajar nos detuvimos a platicar de algunos datos duros del sexo… me hizo preguntas del tipo “¿con qué frecuencia te masturbas?” yo respondí que debido a mi calentura me masturbaba cada tercer día y lo hacía recordando momentos exitantes a su lado e imaginando todas las aventuras que podíamos vivir juntos. Debo decir que hasta que me conoció ella nunca habia dado sexo oral, por lo que mi pene fue el primero en recibir una mamada inexperta por parte de sus hermosos labios; a partir de ahí ella se interesó por darme placer por ese medio, y debo confesar que su aprendizaje fue muy rapido y efectivo; me hacía gozar como loco nada mas cuando su lengua se acercaba a mi pene, cuando sentía su aliento caliente en mi abdomen, cuando sus dientes me rozaban en una indescriptible sensación de dolor y placer, cuando succionaba mis huevos y con su dedo estimulaba el espacio entre mi escroto y mi ano.
Pero ese inolvidable día su interés por mi miembro era particular e intrigada preguntó “¿cómo es la forma correcta de masturbarte? Porque yo quiero que tu disfrutes como disfruto yo” ni tardo ni perezoso pregunté: “¿quieres aprender?” a lo que ella respondió con una cara de ansiedad, asombro y calentura un contundente “sí, quiero aprender”. Me desnudé completamente y me recosté a su lado, tomé su mano y la guié hasta mi pene erecto que ya estaba ansiando por sentir sus caricias. Lleve su mano hasta mi pecho e hice que acariciara mi vello y poco a poco fuera bajando hasta mis huevos . Yo veía su cara, veía que disfrutaba tener en su mano mi miembro, ya nuestra calentura era insoportable. Coloqué su mano en mi verga y ella lo apretó debilmente, así que coloqué mi mano sobre la de ella para exigirle que lo hiciera mas fuerte, ella esperaba esa señal y lo hizo sin dudar; poco a poco comencé a guiar su mano en un movimiento de sube y baja; ella tenía miedo de lastimarme, así que le exigí que lo hiciera más fuerte, que no tuviera miedo.

Cuando ella había tomado el ritmo necesario yo le dije “y a partir de aquí es el momento en que los hombres comenzamos a fantasear” y comencé a fantasear. Me acerqué a su oido y le dije “Laura me exitas demasiado, tu cuerpo me encanta y fue hecho para mi y para mis perversiones; desde el día que te conocí tenía ganas de tomarte y traerte a mi casa para cogerte todo el día y toda la noche. Esa tarde llegué a mi casa y me masturbé como nunca, me masturbé pensando en ti.” Ella al oir esto comenzaba a dar pequeños gemiditos de placer al tiempo que aumentaba la intensidad de la tremenda masturbada que me daba. Yo continuaba fantaseando “desde el primer día que viniste a mi casa, cuando todavía eramos amigos queria cogerte y si tu no querías no me hubiera importado… yo te hubiera obligado”. Ella reaccionaba y aumentaba la fuerza de con que jalaba mi verga, señal inequívoca de que iba por buen camino. Continué diciendole “ya en mi cuarto te arrancaba la blusa y el bra, amrraba tus manos a la cabecera de la cama y ya indefensa empezaba a recorrer todo tu cuerpo a besos, te vendaba los ojos, pero nunca taparía tu boca porque tus gemiditos me excitan tanto que no podria privarme del placer oirte disfrutar, jadear y quejarte” En estos momentos yo tenía mi mano sobre su trasero, acariciando esas nalgas que me encantan; pero ella ya excitadísima llevó mi mano hasta sus senos, esas gloriosas tetas de sabor único, esas tetas que podría pasar la noche entera saboreando, mamando y mordiendo. Levanté su playera y su bra. Ahí estaban, todas para mi… pellizqué sus pezones mientras seguía diciendole al oido todo lo que ella quería oir. “Una vez amarrada morderia tus pezones, bajaría lentamente y te arrancaría el pantalón y la tanga… me acomodaría delante de ti, y de un solo golpe te ensartaría mi verga para que la disfrutes” ella solo atinaba a aumentar la intensidad de sus gemidos. “Te compraría un juguetito solo para ti… para que mientras te clavo mi pene en tu vagina el dildo vaya dilatando tu ano; cuando ya estuviera completamente dilatado te voltearía y te penetraría por atrás, sin importarme que te duela, porque estas siendo violada”. Al llegar a este punto ella suelta otro gemidito y me dice “No puede ser… lo conseguiste, y solo hablandome” y sí, su primer orgasmo había llegado, eso le fascinaba, nos fascinaba así que le dije “Laura, eres una zorra” y ella dijo “Soy tu zorra” eso me excito al límite y ella lo sabía así que continuó con su tarea de darme placer manual cada vez más intenso. Yo continué “al final tomaré tu cabeza y te obligaré a que me mames la verga, mientras introduzco el dildo en tu vagina y mis dedos uno a uno en tu ano, ¿lo puedes imaginar? Tú, toda una zorra, penetrada por todos tus orificios, para finalmente correrme en tu cara y tu boca, y obligarte a que tragues todo mi semen”. Ella entre gemidos alcanzó a decirme “Arturo, te amo… quiero que eyacules” yo le pregunté “¿dónde lo quieres mi amor?” ella dijo “donde quieras” yo me coloqué sobre su abdomen y mientras pellizcaba sus pezones la obligué a que continuara con su tarea. Ella ya quería sentir mi leche en su pecho y me lo exigía “¡Ya! Eyacula” yo tomé mi verga y terminé sobre sus tetas; después me recosté a su lado, la limpié cuidadosamente y la besé con un amor infinito, sintiendome como nunca en mi vida… lo disfruté más que cualquier penetración. Y como ella dijo: “sólo hablando”… es por eso que yo creo que “La palabra correcta vale más que mil imágenes”.

El esposo de Carla

Hace como un año me mude a un departamento junto con Carla, lo que les voy a relatar sucedió hace cerca de dos mes, me encontraba en mi cuarto cambiándome de ropa, cuando noté por el espejo Sebastián, me estaba observando. Al darme vuelta, él se retiró con rapidez, pero lo llamé para pedirle que antes de irse pues estaba de visitando a Carla, me alcanzara
algunas cosas que yo había dejado en el automóvil. Cuando giró ante mi llamado, noté lo abultada que estaba su bragueta como señal indudable de una erección que él trató de disimular, tapándose con las manos mientras hablábamos. Me causó algo de gracia el confirmar que le era atractiva. Tras una breve conversación se retiro. Minutos después, al pasar frente a la
puerta cerrada del baño, surgió en mí una sospecha que no puedo fundamentar con claridad, pero que me llevó a apoyar uno de mis oídos en la misma, lo que me permitió escuchar ciertos movimientos rítmicos, y una respiración profunda al principio y jadeante luego, que no me sugerían otra cosa que una masturbación en curso.

La situación relatada me generó una variada serie de sentimientos. En primer lugar me preocupé, no por las presuntas maniobras de autosatisfacción de Sebastián, sino porque yo sospechaba que se había excitado observándome y el
alivio que se procuraba me tenía como causante. Por otra parte me sentía orgullosa de confirmar que tengo un cuerpo atractivo. Pensé en qué había visto Sebastián ese día y creo que vio mi espalda desnuda, mi cola parcialmente oculta por una tanga, quizás alguno de mis pechos de perfil. También sentí curiosidad imaginando las maniobras que ocurrían del otro lado
de la puerta y alguna cosquilla entre mis piernas por lo que pasaba del otro lado.

Recordé que otras veces, durante los últimos meses, me había parecido verlo cerca de mi cuarto o del baño mientras yo me encontraba en ellos. Sentí que debía confirmar si estas suposiciones eran ciertas y decidí favorecer el contacto de su mirada conmigo. Sebastián venía a casa casi todos los dias alrededor de las 17 horas, Carla a las 18. Fue así que al desvestirme cada día, comencé a dejar la puerta bien abierta y a moverme semidesnuda, sin mirar hacia afuera para no ahuyentarlo, pero atenta a sus movimientos. Siempre me espiaba. También comencé a dejar entreabierta la puerta del baño y en una ocasión mientras me duchaba lo llamé para que me alcanzara una toalla y al tomarla me incliné para que se me viera fugazmente un pecho. Otra vez salí envuelta en un toallón y de espaldas a él dejé que se me cayera y lo recogí inmediatamente. Una vez y vestida con una falda muy corta, le pedí que me sostuviera una escalera mientras yo subía a buscar algo sobre unos estantes. Imaginé su cara mirándome desde abajo y al bajar, vi otra vez, como en los días previos, la imponente tensión bajo sus
pantalones. Y luego se dirigió al baño.

A esta altura de los hechos, muchos pensamientos nuevos surgían en mi mente. La preocupación inicial se transformó en una mezcla de excitación y vergüenza. Esperaba cada día Sebastián me espiara. Imaginaba su mente pensando en mí y su mano en su miembro subiendo y bajando con frenesí hasta vaciarse, en mi cara o en mi pubis. Sentía además un creciente deseo de ver su miembro. Se me ocurría como un arma poderosa capaz de hacer gozar hasta el desmayo a quien se le pusiera al alcance, incluso a mí. No soñaba con tenerlo dentro de mí, porque sabía que no sería capaz de cometer una locura así, porque era el esposo de Carla, mi amiga, pero quería verlo, mirarlo de cerca. En ese tiempo mi vida sexual era tranquila. La frecuencia de acercamiento con algunos hombres era baja Notaba también que algunos de mis compañeros del trabajo o los hombres por la calle me miraban con intenciones muy claras. Un viernes por la noche tras haber cenado, me duché y salí del toilette cubierta por una bata de algodón. Carla había salido de viaje y no volvería hasta el domingo. Decidí continuar
con mi juego de provocación e invite a Sebastián conversar y ver televisión. Cuando llego, le invite a pasar, me incliné dejando que se vieran parte de mis pechos y luego me senté a su lado con ambas piernas sobre el sillón y la bata entreabierta, que dejaba ver una de mis piernas hasta la ingle. Él me miraba de reojo mientras yo fingía ver la televisión. Yo también de reojo, noté cómo crecía su verga. Sabía que mis fantasías no eran razonables, pero como me venía ocurriendo a diario, comencé a percibir que mi vulva se humedecía y tal vez el saber que Carla estaría afuera por dos días, me llevó
a vencer mis prejuicios y a manipular la situación para aliviarme de esa tortura.

Le tomé una mano, que con la otra intentaba ocultar su erección y le dije que había notado que le gustaba observarme y le pregunté si yo le parecía bonita. Trató de explicar que no, pero que yo sí era bonita y con voz relajada para que no creyera que lo recriminaba, le comenté que no se preocupara, que lo había visto mirándome y cómo se le ponía duro. El pregunte si yo le resultaba atractiva. Se sonrojó y me dijo que sí era muy atractiva y que con ver cualquier parte de mi cuerpo le pasaba eso. Quiso negarlo, pero lo miré con ternura y dijo que sí, que era cierto y le pregunté si gozaba mucho y reconoció que sí.
Le pedí que me contara qué pensaba de mi , le pregunté si imaginaba que yo se la tocaba y dijo que sí y al preguntarle si yo lo hacía sólo con la mano, me dijo que a veces con la boca y le pedí que se distendiera y me diera detalles y me contó cómo yo le besaba la punta y luego los testículos y cómo luego me la metía hasta donde podía dentro de mi boca y la lamía y a veces me sentía ahogada y sacaba la boca y volvía a empezar. Me contó cómo yo me arrodillaba sobre él y me penetraba por la vagina y cómo, me ponía en “cuatro patas”, me untaba mi orificio anal con crema y me penetraba. Y le pregunté si yo gozaba y me dijo que sí, que mucho y que me gustaba que acabara en mi boca, pero cuando más gozaba era con su verga en mi culo, que yo gritaba desesperada y le pedía que se la metiera hasta el fondo y que él gozaba, pero temía lastimarme.

Al escuchar ese relato mi corazón parecía a punto de salirse de mi tórax, estaba transpirada y a punto de pedirle que me penetrara por detrás allí mismo. No recordaba el haber estado tan excitada desde hacía varias semanas, para conformar sus requerimientos y que no había gozado en absoluto. Con un gran esfuerzo por controlarme, le dije que sus fantasías no podían
cumplirse, porque era el enamorado de mi amiga, no era. Pero que no estaba mal soñar y que todos tenemos sueños inalcanzables y que esto los hacía más bonitos. Que me alegraba de que sintiera lo que sentía por mí y de que hubiera sido tan sincero. Que dado que le gustaba mirarme, por este día lo iba a premiar dejando que me observara completamente desnuda y que iba a poder masturbarse delante de mí mientras me miraba. Dijo que le daba vergüenza, pero lo llevé de la mano hasta su cuarto y le pedí que se desvistiera. Lo hizo con temor y le indiqué que se recostara sobre la cama, mientras yo le acomodaba varias almohadas debajo de su cabeza. Parada a su lado le dije que se sacara el slip, y al hacerlo surgió una pija de tono sepia, en ese momento no plenamente erecta, con venas bien visibles, que se inclinó hacia la derecha. Enorme. Le acaricié los muslos y su verga se elevó de golpe como un mástil. Me separé y me paré a un metro. Le dije que él se pajeara mientras me observaba, pero que no nos íbamos a tocar en ningún momento. Le di la espalda, saqué los
brazos de las mangas y dejé caer mi bata hasta la cintura. Me di vuelta tapándome los pechos con las manos. Mis pechos erguidos y con pezones rosados, que en ese momento estaban durísimos. Me los acariciaba mientras dejaba que se fueran viendo cada vez más y mi hijo se masturbaba con una mano, que trepaba y descendía por esa pijota, casi sin que pudiera rodearla con su mano. Dejé mis pechos a la vista mientras me balanceaba de un lado a otro siguiendo el ritmo de la paja. Me di vuelta y dejé deslizar la bata para dejar al aire mi culo redondo, siempre alabado por otros hombres y apetecido
por tantos en el trabajo o la playa. Me seguí moviendo a medida que aumentaba la frecuencia de la paja, hasta que manteniéndome de pie, incliné mi tronco hacia adelante y con el culo a 50 cm. de su cara, con mis manos separé los glúteos para que pudiera ver y dada mi excitación, oler de cerca mi concha y mi ano. Él comenzó a gemir mientras yo aún inclinada giré la cabeza hacia la izquierda, donde a centímetros su pija parecía estallar. Estuve a punto de arrojarme sobre ella y engullírsela, pero me esforcé en controlarme. Me recosté en la punta opuesta de la cama, abrí mis piernas y separé mis labios para que me mirara y completara su tarea. Evité acariciarme para mantener la firmeza de mis propósitos, para no excitarme hasta un punto incontrolable y para evitar el hacer cualquier cosa de la que me arrepentiría (es decir, pedirle que me penetrara). Sonreí con ternura todo el tiempo, evitando que se me notara el descontrol que me provocaba dolores en el abdomen y los dientes, tan apretados.

Le hablé mientras él se agitaba, pidiéndole que estallara, y así ocurrió, cuando varios chorros de semen caliente saltaron mojándolo a él, la cama y salpicándome también. Comenzó a respirar cada vez más pausado. Me levanté, me puse la bata, él tomó la sábana para taparse, me acerqué le di un beso en las mejillas, le acaricié el cabello y le pregunté si le había gustado y si lo ocurrido le había parecido incorrecto y me dijo que nunca había gozado así y que nada le parecía mal, y que le gustaría que ocurriera de nuevo y le dije que tal vez algún día y se marcho a la habitación de Carla pues esa
noche se quedaría allí. No me duché y decidí acostarme impregnada de los olores que me envolvían.
desesperada comencé a acariciar mi vulva, mi clítoris y mis pechos, pensando en Sebastián, pensando en su verga, casi sintiendo su gusto y necesitándolo dentro de mí. Deseé haber tenido un vibrador que jamás se me había ocurrido
comprar y metí mis dedos en mi concha y con la otra mano me acaricié con intensidad el clítoris hasta acabar y sin ceder con mis caricias reiteré varios orgasmos sorprendentes para mí. Hasta quedar dormida.

Desperté sobresaltada a las 4 de la mañana, agitada, creo que angustiada por lo sucedido y excitada por lo que pasó y por lo que no pasó. La puerta de mi cuarto seguía cerrada. Me dirigí hasta el cuarto de Carla, donde estaba Sebastián, la puerta estaba entreabierta. Asomé la cabeza y traté de distinguir entre las sombras si todo estaba bien. Al hacerlo, me preguntó si
era yo y qué ocurría y prendió la luz. Yo estaba desnuda todavía y sonreí diciéndole que bueno, que él ya me conocía así, sin ropa. Me miró extasiado y la sábana se movilizó y se elevó a la altura de su ingle. Me puse seria, avancé hacia él. Sabía que debía detenerme, pero no pude. El deseo era irresistible y era imposible que me controlara. Tomé la sábana, lo destapé,
con ambas manos apreté su pijota y comencé a lamerle el glande. Él me miraba azorado y yo le respondí con una mirada casi de súplica. Metí su verga en mi boca y bajé y subí la cabeza sin soltar su pija atrapada por mis manos y se
contorneaba y gemía. Giré mi cuerpo y me recosté sobre él para que tuviera una visión más completa de mi concha, pero él estiró su cabeza y con su dulce lengua comenzó a chupármela. Primero chupó con pasión mi concha que estaba a punto de explotar y luego mi orificio anal, y luego mi conchita y otra vez mi ano que se abría con el impulso de su lengua firme y
experimentada. No quería llegar al clímax ni que él lo hiciera así, mediante estímulos bucales. Me aparté, de frente a él y montada sobre su cuerpo, me puse en cuclillas y descendí lentamente, mientras su maravillosa pija se introducía en mi concha, que se contraía y parecía aplaudir de alegría. Sebastián, como si fuera un semental descontrolado, bombeaba dentro de mi vagina que no podía contener ese aparato descomunal. Luego estiré mi cuerpo sobre el suyo y sin que su polla se escapara de mí, giramos mientras él ahora encima de mí, arremetía con pasión y controlaba sus. Yo le pedía que me perdonara, que no quería que esto dañara la relación con Carla, que el era el enamorado de mi amiga, y que él tal vez me lo reprocharía en el futuro, pero me contestaba que no, que era feliz, que me amaba, que me agradecía, que nunca
me dejaría por mas que se case con Carla. De pronto sentí una convulsión y me desparramé y derretí en mil orgasmos que
venían y se iban y volvían y no terminaban mientras lo besaba. Mi lengua dentro de su boca, su lengua en la mía, mordiendo mi cuello y lamiendo mis fosas nasales. Exhausta, lo aparté con delicadeza, le acaricié la cara, casi rasguñé su piel, y lo tomé por la cintura para dirigirnos a mi cuarto. Saqué de un cajón una crema humectante que me paso por mi cuerpo (fue lo único que se me ocurrió usar durante esa conmoción), unté su pija maravillosa, le pedí que me la pasara por el ano y él lo hizo casi con sabiduría, por fuera y por dentro y me agaché y le pedí que me destrozara y se acercó con su tronco rojizo y caliente y lentamente comenzó a empujar hasta que su glande hizo punta y luego el resto de su falo, kilométrico, mientras yo me retorcía, gemía, gritaba y agradecía y le pedía perdón y él me decía que me amaba ¿que está bien lo que hacemos? Y él que sí y qué lindo era mi culito y yo desesperada tenía orgasmo tras orgasmo y deseaba que nunca terminara y que
podía morir ahora, ya nada más importante tenía por hacer. No había sido tan feliz en semanas, le dije, estoy lista para recibir todo lo tuyo, donde quieras, y lentamente sacó su pija y me pidió que se la chupara y lo hice sintiendo ese gusto mezcla de mí y de él y la masajeé con mis manos y la chupé con desesperación hasta que sentí como casi convulsionaba y derramó sus líquidos una y otra vez en mi boca, mientras se derramaba un poco y yo deglutía lo que podía, hasta la última gota. Nos dormimos abrazados y despertamos cerca del mediodía.

El puñal de sus ojos oscuros

Tenía los ojos tan tristes que cuando miraba herían. Sangraba por dentro y hacia dentro ya estaba marchita. No fue difícil averiguar el motivo de su profundo desasosiego, aunque necesite más tiempo para encontrarle sentido a los momentos previos al desenlace.

Como toda historia entre mujeres comenzó con palabras.

Era miércoles. Once de la noche. Sonó el teléfono. Atendí y cortaron.

Tres horas, veinte minutos después, me despertó una voz opaca y temerosa.

Necesito hablar – . De mi parte, silencio.

Por favor – . Al tono trémulo de su voz le agregó un agudo desahuciado.

¿Quién es?- . Creo que me dormí con el tubo en la mano.

Soy Mara

Equivocado.

No, por favor. Espera un segundo, no me cortes – rogó. -Soy amiga de Dolores, ella me habló de vos-.

Miré el reloj. -Son las dos y veinte de la madrugada- dije. -¿Podés llamar mañana por favor?- agregué molesta.

No tengo tiempo – respondió. Finalmente logró despertarme. Madamme abrió los ojos y maulló.

Tenés una gata… – Instintivamente miré por la ventana. – ¿Cómo sabes que tengo una gata? – ¿Quién sos?-. Había logrado asustarme.

La escuche maullar…

Aquella madrugada, terminó su eterno monólogo y cuando escuchó mi llanto, cortó.

-Mierda… los suicidas son una mierda – pensé. Una tristeza, ajena e infinita, me desveló. Sus palabras retumbaban insistentemente y en cada vez, revelaban un nuevo entramado.

Me habló de amores imposibles, de la mediocridad y del consecuente egoísmo, del abismo inconmensurable al que sentía caer inevitablemente después de cada intento fallido. Fracaso. Esa era la palabra a la que recurría una y otra vez para justificar su decisión. “Porque la decisión esta tomada”, decía. Iba a ser de tarde, pasados los veinte minutos después de las siete. Durante ese “homenaje diario a la melancolía” – en palabras de ella- y que yo compartía.

No intenté convencerla de la belleza por la cual vale el esfuerzo, porque más allá del tono trágico de su confesión, sabía que no exageraba. No existe la exageración cuando la voz nace en el vacío, y la precisión de las imágenes que usaba para ilustrar su dolor, me obligaban a no subestimar lo que sentía. Intenté comprenderla.

Quizás por eso fue que no me costó identificar la incoherencia de este llamado. Porque, querida lectora, quisiera despejar dudas. Yo no soy psicóloga, ni brindo algún tipo de “ayuda espiritual”. Una simple fotógrafa. Eso soy. Mejor dicho, por eso me conocen. Una simple fotógrafa que en sus momentos libres escribe relatos eróticos sin pretensión de literatura. Aunque por esto no me conocen tantos. Por este motivo me era difícil dilucidar por qué esta niña recurría a mi, una desconocida, en un momento tan íntimo como es el último instante. Finalmente opté por preguntarle. Primer error. Lo único que logré fue apurar el llanto desconsolado que se resistía en su garganta. Lloraba como nunca escuche llorar. Sobándose las lagrimas, a gemidos que confundían. Lloraba sin tapujos, sin pudor, de un modo que inevitablemente me contagió. Y una segunda equivocación. Rompí en llanto. – ¡Mara! – había cortado.

Bronca e inmediatamente después, el terror de que cambiase las siete de la tarde por las cuatro de la madrugada. Gracias al identificador de llamadas pude actuar con rapidez. Atendió luego de unos segundos que desafiaron mi percepción del tiempo.

Voy para allá – dije. – Decime dónde vivis –

No quiero, no vengas – respondió.

¡¡¿No quiero?!!, me llamás a las dos de la madrugada, no tengo idea quién sos, me largas todo tu bajón y ahora no querés verme!!??? -. Estaba perdiendo el control.
…quiero ir a tu casa… – dijo en un murmullo al que agregué una tímida sonrisa.

Bastante había pasado de las seis y todavía no había llegado. Nunca me imagine que tardaría tanto. Preparé café que inevitablemente se enfriaría y me recosté en el sofá del living. Madamme fue la única en conciliar el sueño y al despertarla buscando compañía se desperezó, indiferente, haciendo honor a su nombre.

A las siete tocaron el timbre. Abrí la puerta sin preguntar. Quizás la mujer más hermosa que haya tenido frente a mi. Quizás no: seguro. Perdería brillo y ganaría tibieza desnuda en mi sofá. Deslumbrada, parecía que había perdido el habla. Fue ella, consciente de mi desconcierto, la que tomó las riendas de la situación.

– ¿Hacemos café? – me dijo. – Hay hecho, pero se enfrió, lo caliento – . Casi en automático, fui a la cocina, encendí el fuego, y minutos después cargué el termo. Me siguió en todo momento. Me miraba, observándome. Sus movimientos eran torpes, absurdos, desafinados. Sus gestos no llevaban su rostro, ni en su cuerpo se podía entrever algo de la tristeza que había expresado sentir horas antes. Por un momento pense que estaba loca. En breve dejaría de pensar. Mientras servia el café, ella se agachó para levantar algo del suelo, dejando allí, sin preocupación, sus tetas frente a mis ojos. Me sorprendió su descuido pero poco después entendí, que aunque en segundo lugar, por ese motivo había venido.

– Dolores me dijo que eras fotógrafa -. Sonrió, ladeó su cabeza hacia la derecha y clavó sus ojos oscurísimos en los míos. – ¿Puedo ser tu modelo? – propuso.

-No suelo trabajar con modelos, pero si alguna vez necesito una sin dudas te llamaría… – no pude evitar seducirla y eso me incomodó. Rápidamente quise retomar el motivo de este encuentro y agregué, bruscamente – siempre y cuando postergues tu decisión… -. Me sentí una estúpida. Pero no dije más. El cansancio y el sopor que provocaba su perfume me mareaban. Permaneció callada, acariciando con la yema de su dedo la boca de la taza. Jugaba con Madamme, quien refregaba sus bigotes en la palma de su mano y cada tanto, a modo de beso, lamía sus dedos. – Le gustaste- dije, intentando darle la bienvenida. – Una gata nunca miente, y Madamme además, es bastante arisca -. Ignoró mi comentario, tomó uno de los almohadones y se cubrió la cara. Se inclinó hacia la derecha y con una enorme sonrisa, dijo con voz dulce que acentuaba su gesto infantil – ¿Me sacas fotos ahora? -. Y entonces, sobreactuando su belleza, parándose de un solo envión, levantó los brazos y me pidió que le saque el vestido. Tarde unos segundos en reaccionar, pero ya era tarde. Luego de un simple – OK – desanudó el cordón que ceñía la tela a su cintura y en un instante quedó desnuda frente a mi, con sus ojos insistentes fijos en la pared. Ofreciéndose. Tenía los contrastes del mediodía distribuidos cuidadosamente sobre su cuerpo. Pequeñita, de huesos frágiles que se me hicieron las ramas de un sauce arqueadas por el peso de las hojas. Se oponía a su fragilidad la luz intensa de su piel blanca, tersa y vital donde dos cicatrices, seguramente de la infancia, eran los únicos defectos. Sus tetas, anzuelos efectivo de mis pupilas, sin ser perfectas tentaban por la naturalidad con la que su peso les daba forma, mientras que sus pezones, todavía relajados, se distinguían tan sólo por su color purpúreo. Las piernas, apenas abiertas, se ensanchaban brevemente conservando la armonía para unirse en el final en un contraste oscuro y salvaje que resguardaba la guarida.

La sorpresa de su gesto logró asustarme. No se que esperaba de mi, pero no iba a complacerla. – Para, mujer.. ¿qué estás haciendo?. ¡Vestite! -. Un silencio denso que se iría desflecando con su sonrisa. – Sacame unas fotos… algunas nada más- rogó. Se acercó y reafirmando su intención, forzó una pose absurda que logró transformar la tensión en carcajadas mutuas. – Sos ridícula… – “pero insoportablemente hermosa” pensé. – OK, acepto – dije, – pero vestite – No me es fácil concentrarme si estas desnuda… –

Fue un momento mágico. De una tibieza infinita. Exigir que se vistiera transformó la sesión de fotos en la experiencia erótica más intensa que haya vivido. No verla era desearla en retazos. Oculta, el recuerdo de su desnudez fue una obsesión reiterándose hasta lo insoportable. Intentando evitar el peligro llevé el ojo de la cámara hacia sus manos, porque sus dedos largos y cuidados prometían buenos resultados. Continué con su cuello y sus hombros y me equivoque en sus ojos. Sus pupilas, casi imposibles de distinguir, fueron caminos directos hacia el abismo. El intento de actuar su misterio se transformó en un rasgo auténtico, quizás el único hasta ese momento, y la dejó en evidencia. Confirmé entonces que no mentía cuando dijo que su decisión ya estaba tomada. Tuve miedo. Me olvidé de su belleza, me acordé de su desconsuelo. Se dio cuenta. Me abrazó. Tan fuerte que sentí su desesperación. Fue ese el momento en el que me hice trampa y ella lo sintió una conquista. Supo que no podría resistir a sus ojos y supo también que estaba demasiado caliente como para dejarla ir. Las fotos se transformaron en una excusa. Sin corpiño, sus tetas coronadas por dos círculos perfectos y pequeños se traslucían de su vestido claro y dejando caer sus brazos hacia atrás, toda ella se ofrecía a través de su voluptuosidad apenas descubierta. Su sonrisa, segura y firme, me desafiaba a más. Le pedí que se siente y con su silencio me obligó a tocarla. En cuclillas me acerqué a sus piernas y separé sus muslos en el intento de recuperar en una toma la mágica sensualidad que su belleza profesaba. Me recibió el aliento húmedo de su hendidura. El rocío tibio y sabroso del canal se desbordaba embelleciendo sus labios aterciopelados. Carne, fruta y flores. Para saciarme, para refrescarme, para relajar mis sentidos. Hechizada y paralizada a la vez, recosté mi cara sobre su muslo derecho y cerré los ojos. Su olor a mar y el calor refractado de sus arenas me sumieron en un goce profundo y platónico. Fue ella la que subió su vestido hasta la cintura, abrió las piernas un poco más y enredó sus dedos en mi pelo. Manojos de caricias que luego bajaron hasta mi cuello y se detuvieron sobre mis hombros. Giró sobre sus nalgas acercándose aún más rozándome la mejilla con su mata oscura. Temblaba. Era yo la que temblaba. De miedo y excitación. Aún no me animaba a cruzar el cerco. Llevé mi mano a mi entrepierna y comencé a masturbarme. Mi tanga hacia largo rato que estaba mojada y un estallido acuoso ahogó mis dedos cuando reconstruí en mi mente su cuerpo desnudo. “Basta” me dije para mis adentros y quise huir.

Intuyéndolo sujetó mi cabeza con sus muslos como una pinza y me dejó allí, sólo un momento. La viscosidad de sus jugos se impregnó sobre mis pómulos y sentí su ardor regocijándose por su captura. Me sentí su presa. La tomé de las rodillas, liberándome. Y allí la vi. Frente a mi, mi abismo sin límites. Dos compuertas relajadas y abiertas sobresalían en la pelambre, enmarcándolo. Y en el vértice, la punta tentadora de una frutilla madura. Me quedé sin pensamientos y por eso sin dudas. Cuando la última fuerza dejó de resistir, perdí las alternativas y sólo encontré un sentido. La oscuridad tiene el color del misterio y fue el misterio el que me sedujo. Quise contener la marea con mi lengua y sólo logré romper el dique. Se vaciaba sin pudores sobre mi boca. Gemía en susurros. Elevaba su cadera cada vez que mi lengua culminaba su recorrido circular. Permanecí con los ojos abiertos para llenarme de recuerdos los ojos. La tomé de la mano y llevé sus dedos hacia su concha. Comenzó a acariciarse y se penetró de un solo intento. Sacó sus dedos y los puso dentro de mi boca. Los chupé hasta los nudillos y yo, que nunca añoré huéspedes, me imagine un enorme falo con el cual poder sentir el límite del dulce abismo. Quise llevarla hacia mi orilla, cuidarla hasta que recuperase fuerzas. Con las nalgas despegadas del sofá, y las piernas exageradamente abiertas, se presentaba en escena su culo ajustado como los pliegues de una boca al ofrecerse para un beso. Y lo besé. Con la lengua tiesa y en punta fui venciendo su resistencia. La embadurne de saliva, sus pelos me hacían cosquillas en la boca. Mordí la cara interna de sus muslos, cubrí de besos los pliegues que se formaban entre sus labios y las ingles, chupé su concha hasta desbocarme. Pero no quise acabar. Preferí contener mi orgasmo para sostener en lo más alto mi excitación y la de ella. Se dio cuenta que quería esperarla. Fue a su búsqueda con desesperación. Tapó mis ojos con su vulva, abrazando mi nariz con sus labios, untándome, fregando su clítoris sobre mis mejillas, sobre mi mentón, toda mi cara. Y encontró lo que buscaba. Un suspiro de tormenta estremeció la atmósfera y la nutrió de su alegría. Se reía a carcajadas, levantando los brazos en un gesto que se me antojó de triunfo, sin dejar de moverse sobre mi boca. Desfalleció con la sonrisa que le imponía el cuerpo. Era una niña virgen de dolores y tristezas. Renació pronto, sedienta y voraz. Me levantó del suelo y me recostó sobre el sofá.

Quitó la poca ropa que aún cubría mi cuerpo y se concentró en mis tetas. Levantó su pecho apoyándose sobre el respaldo y con precisión de pescador danzaba rítmicamente de izquierda a derecha con sus tetas colgando y con sus dos pezones capturando a los míos. Los tomó entre sus dedos, apagando y encendiendo mis gemidos. Abrió mis piernas con la suya y ofreció su muslo para que buscase con mi concha el regalo que ella tenía pensado para mi. La abrace encerrándola con el nudo de mis pantorrillas. Perdió entonces el equilibrio y llenó mi boca con sus dedos que mordí hasta el dolor. Finalmente, le pedí que bajase hasta mis labios y bastó un único roce de su lengua en el clítoris para estallar en un ardor inconfundible que se expandió apresuradamente buscando la yema de mis dedos, para perderse y dejarme exhausta, con su sabor en mi garganta y mis manos anhelando su piel.

“El paraíso tenía el sabor del mar y la penumbra de la noche”, eso lo pensé después, para epígrafe de una de sus fotos, cuando me levanté a servirle un licor de almendras. Cuando volvieron las dudas. Es que las dudas volvieron rápidamente cuando se quedó dormida con mi remera puesta dentro de mi cama. Y digo, “dentro de mi cama”, porque encontró el tiempo de acomodarse entre las sábanas y cubrirse con el acolchado. El rimel corrido manchó la almohada. – OK – pensé. – Se resolverá más tarde -. Dejé el licor sobre la mesita de luz, y la abracé con fuerza, sin lograr despertarla. Su pelo, negro y muy largo, se quedó enredado entre mis dedos. Y aunque el más tarde llegó, recién ayer, sábado, logré resolver el enigma. Cuando abrí los ojos, a las siete de la tarde del jueves, Mara se había puesto su vestido y sentada frente a mi, me observaba. Madamme ronroneaba sobre sus piernas. Me miraba y sonreía. Había cambiado su ternura de niña por una tibieza maternal. A su lado, la bandeja -mi bandeja- con tostadas, café negro y jugo de naranja.

– Te preparé una merienda, porque pensé que tendrías hambre.

– Gracias… – me senté y se acercó a mi cama. Comí en silencio, intercambiando miradas y alguna que otra frase insulsa. Cuando le pedí que me cuente cómo supo de mi, me habló nuevamente de Dolores y no dijo más. Pedí explicaciones que no dio y finalmente quiso irse. La deje ir. Teníamos nuestros teléfonos y nos llamaríamos. Un encuentro como el nuestro, siempre tiene segunda parte. Pero no. No fue así. Llame al día siguiente, y al otro. Deje mensajes que nadie devolvió. Estaba preocupada pero no tanto como para llamarla a Dolores. La esperé, aunque impaciente, con una seguridad sin motivo.

Ayer sábado sonó el teléfono. Era Dolores. Tenía un mensaje para mi de Mara, su mujer. Me citó en un hospital de Palermo. Mara había tomado pastillas con un fin muy claro. Murió horas después. Esta vez llegué tarde. La encontraron dormida, con siete cartas en la mano. Dos de ellas eran viejos cuentos míos. Dolores no lloraba. Tenía los dientes apretados de bronca. Recordé entonces inevitablemente el motivo de nuestra separación, tres años atrás. Cuando me vio no quiso saludarme.
Vos sabrás que quiso decir, pero me pidió que “la revivas” – dijo sin mirarme.

No tardé en comprender, porque detener el tiempo fue la única vocación que permaneció inalterable a lo largo de mi vida. Me sentí estafada, herida. Un sentimiento extraño e imprevisible que me invadió con sostenida calma hasta desbordarme. Llegué a mi cuarto y la lloré con bronca hasta reconstruir su recuerdo por completo. Me faltaba un único eslabón porque a los otros decidí obviarlos -“Decile que me reviva” – y la quise de pronto, con toda mi alma, viva y a mi lado. Tengo sus fotos desparramadas sobre el sofá que aún guarda su olor: “revivirla”. Esa palabra es mi obsesión como lo fue su cuerpo aquella vez. Finalmente, creo entonces que usted comprenderá por qué, querida lectora, ahora estoy aquí… intentándolo.

Francesca

Con mi compañera y su virginidad

Solo para recordar mi historial histórico. El título general de los relatos es Truenos y Relámpagos. El Capítulo I,  fue UNA NOCHE CON MI ABUELA;  el Capítulo II, con mi COMAPEÑRA DE ESTUDIOS.  Este Capítulo III, es con mi compañera  de estudios, en la fiesta de los Andrade.  Recordarán que Anita fue invitada a una fiesta de cumpleaños y ella a su vez me invitó a mí.
Quedamos en encontrarnos a las 3 de la tarde y allí estuvimos en la casa de los  amigos Andrade.  Habían acondicionado un salón grande, con mesas pequeñas en diferentes lugares y un buen lugar para bailar.  Allí encontramos a varios compañeros y compañeras de estudios.  Pero habíamos más mujeres que hombres.  Nos dijeron que había una final de campeonato de ligas de fútbol juvenil.  Entonces muchos muchachos fueron para el estadio deportivo.
La fiesta se inició con un brindis y unos discursos con ironías, dijeron que faltaban algunas “pelotas” y que los muchachas pueden hacer unos cuantos goles por la ausencia de “palos” y “palos gruesos”. Enseguida de los brindis de rigor vino la música.  Un buen grupo de chicas no teníamos parejas varones, estamos sentaditas alrededor de unas mesas redondas.  Para alegrarnos comenzaron  a brindar un buen  vino. Poco a poco la gente se iba poniendo en onda. La fiesta se avivó con música salsa, merecumbés, regatón y música pop. Brindaron bastante  ron compuesto que le llamaban cuba libre. Como de costumbre las chicas que no bailaban se dedicaron a intercambiar chismes de profesores, profesoras y alumnos, otras  a criticar a los bailarines.  Pues habían algunas chicas que movían la cintura y el culo que daba envidia. Algunos muchachos estaban muy alegres y excitados y se les veía como se sacudían sus vergas dentro de los pantalones. Entre estas y las otras. Mi amiga Anita bailaba por un largo rato con un muchacho llamado Ramiro. Estaban muy alegres, pero cuando pusieron unos boleros románticos y estaban apegaditos bailando y él hablando en los oídos de Anita.  Pero, en un momento, repentinamente  se vino Anita a donde yo estaba sentada, Ramiro trató de seguirla pero le dijo que ya no bailaba más.  A mi me preocupó esta situación.  Habían unos vasos de ron en la mesa,  se lo tomó uno de esllos. Le pedí que me contara si algo malo pasó.  Bueno, me dijo Anita,
– Te lo voy a contar, pero lo manejas con reserva, tu tienes amistad con varios miembros de mi familia y no quiero que se enteren de algo muy personal. Si viene a sacarme a bailar le insulto a ese desgraciado de Ramiro;  o mejor tu vas a bailas con él, no quiero saber nada de este huevón. OK?.
– Sisisi. Le contesté, pero quiero que me cuentes con lujo de detalles, como yo te he contado mis cosas. Somos amigas y el principio de la amistad es saber guardar los secretos o confidencias de las amigas.
-Verás Marlene, el tema central es como perdí mi virginidad. Pero en esta parte dame otro traguito, no mucho, lo necesito para tener el coraje de contarte.  Y tráeme un sánduche de jamón, están sobre la mesa.
Fui a buscarlos, pues Anita se merecía un buen trato, me iba a contar algo muy serio y difícil, porque la virginidad  es algo muy respetable, un tabú en nuestro medio, de eso no se habla. Se da por sentado que las chicas vamos vírgenes al matrimonio. Casi hay un culto a la virginidad de las mujeres.  En lo que va a los hombres cuanto más temprano se desvirgan se consideran más hombres.  Esta la sociedad machista en que vivimos.
Pero estos muy sinvergüenzas necesitan de las mujeres para saber como funcionan. No importa con quienes ni como ni cuando. Muchas veces las pobres sirvientas de la casa pagan los platos rotos. Otras somos nosotras mismas que caemos ingenuamente.  Creo que cuando hay un verdadero amor eso es posible; sin embargo, en nuestros hogares, las hijas somos malamente castigadas.  Oigamos lo que me dice Marlene
-Como tu sabes; Marlene, el problema de la virginidad en medio de nuestra sociedad, hipócrita y conservadora, es de vida o muerte en el noviazgo. Hay matrimonios que se han roto por eso. Hay unos cuantos desgraciados que le sacan en cara a la mujer si la encuentran que no fue virgen en la noche miel, que noche ni que miel, jajaja.  Tu sabes en sociedades judías o musulmanas como en pueblos primitivos la virginidad se la guarda hasta la noche de “luna de miel”.  Es algo muy sagrado y hay toda una fiesta después del desvirge.
Tomándose un poco de aire y coraje, me dijo.
– Hace un año y meses el hermano de Ramiro, que se llama Carlos, fue mi novio, esto lo conocían todos ustedes.  Nos llevábamos bastante bien, no pasábamos de besos y mutuas caricias. Un día me invitó a su casa, cuando llegué me encontré con la novedad que nadie de la familia se encontraban en la casa. Pues salieron de la ciudad para atender una invitación. En verdad, los dos estábamos nerviosos y yo quería salir de la casa, pero el me rogó que no.
Para superar los nervios trajo una botella de Cognac, que los entendidos lo pronuncian Coñac. Conversa y conversa y escuchándole las lindas cosas que hablaba de mí, nos tomamos unos dos buenos vasos de coñac, que lo sentía bastante bueno para mis nervios. Ya más tranquilos me dijo que yo era su primer amor y que nunca estuvo antes con una mujer a “solas” y que ese día era uno de los más lindos de su vida.  Entonces brindamos con otro vaso de coñac.  Con ese tercer vaso perdí toda noción de recelos y miedos y nos besamos como locos.  Puso una música romántica, bailamos apegaditos, el comenzó a besarme por el cuello, al comienzo me hacía cosquillas, pero luego me excitó, sentía que me iba humedeciendo el calzoncito.  Hubo un momento en que se me acercó mucho y sentí que su verga se le había parado, estaba dura y apuntaba a mi vagina.  A momentos la cabecita topeteaba con mi clítoris y eso me ponía muy arrecha.  Instintivamente me retiré y un poco me di la vuelta, como si fuera a bailar pasodoble. Trataba de huir de ese monstrito que intentaba invadir mi cueva. No se cómo fue pero me agarró por detrás,  y se movía.  Yo me sentí más segura, pero sus movimientos y su verga que la tenía en medio de mis nalgas y con el ritmo de la música casi inconscientemente movía rítmicamente el culo contra su vientre y sentía más y más a ese misterioso paquetito.  Ah, me olvidaba de decirte fui con un vestido corto y no con pantalones.  Eso facilitaba para los fines de Carlos.  En un momento me agarró de las tetas, eso no lo tenía en mis planes. Yo moviendo el culo con su verga entre mis nalgas y con las manos que apretaba mis tetas, ya me desmayaba de la arrechez, sentía que los jugos bajaban por mis muelos y como que un orgasmo se venía encima.  El trató de darme la vuelta, pero no me dejaba y pensé, como me libro, entonces me tomé de valor y le agarré la verga, y le oprimía.  El me pedía que por piedad le de unos masajes.  Ya para terminar me soltó y abrió su pantalón sacó su verga-  Yo estaba atónita, muda, y de pronto agarró mi mano y puso su verga y eyaculó.  Por primera vez veía como salía la leche por la boquita de esa paloma. Y yo agarrada de la paloma también tuve mi orgasmo, aunque me reprimí para no demostrarle mi tremenda excitación que había logrado.  Luego sacó su pañuelo y yo con mucha ternura le limpié el pantalón y la verga, que había vomitado lava como un volcán.  Eso me excitaba acaloradamente.   El notó mi arrechez,  metió su mano por debajo de mi falda, le dejé  pero no quería que llegue a mi vagina.  El me rogaba que le deje acariciar y que no iba hacer nada.  Le dije que estaba mojada. Fue peor los ruegos y caricias que me dejé tocar, pero metió su mano por debajo de mi calzón. Carlos se emocionó tanto con los jugos que salían,  con sus dedos me limpiaba y se los lamía, entre mí dije que puerco, pero el así lo quiere, que lo haga.
En esos momentos de la narración de Anita vino un joven a sacarme a bailar, pero me negué. Lo mismo hizo Anita, nos dio pena porque el muchacho se fue triste.  Le dijimos que más luego, pues estábamos tratando de resolver una situación especial.  Yo misma estaba excitadísima, que no quería que pare de conversar su historia.  Estoy segura que si salía bailar terminaba bailando.  Me toqué la cara y tenía las mejillas calientes. Y siguió Anita contándome su historia
-Descansamos un poquito sobre un sofá de la sala, pero el me daba de rato en rato besos en los labios, las mejillas, el cuello, parece que descubrió mis zonas erógenas, y en un momento besaba mis senos por encima de la blusa que llevaba puesta.  Entre mi pensaba le dejo o no le dejo, pero mientras yo pensaba el me agarró de la cuca y claro yo tenía mi chucha muy caliente.  Jugaba con mis pelitos hasta que llegó al clítoris y me acariciaba muy tiernamente, a veces con brusquedad, y yo le respondía sus besos con avidez, abrí más piernas para dejarlo actuar. Allí aprovechó el momento para darme de besos sobre el calzón que me decía olía bien y tenía un rico sabor.  En esos momentos pensaba en mi hermana que ella me decía lo mismo cuando hacíamos el amor. Al final logró bajarme el calzón y metía su lengua por mi rajita que me ponía a volar.  Yo comencé a darme convulsiones en el sofá.  Ya estaba a su merced, había perdido mi control.  Se bajó el pantalón y por un lado de su calzón sacó su verga, creo que tendría unos 13 centímetros me la hizo acariciar y le di unos masajes de sube y baja. Como me gustaba verle la cabecita de la verga como salía de su capullito.  Trató de que le mame la verga, pero no acepté.  Un poco desesperado se montó encima mío, yo me sentía incómoda, pretendiendo mejor la postura hice un giro un poco brusco y el pobrecito se cayó al suelo.
Tuve una risa nerviosa, pues sabía que iba a perder mi virginidad que la había guardado, para el matrimonio.  Ya no pudimos más aguantar, él se levantó y conectó su verga en mi raja, no sabía por donde mismo meter y yo le ayudé, con mi mano cogí su verga y le puse sobre el Himen.  Presionó, se rompió, me dolió, grité un  poco, me metió la paloma y dos o tres movimientos y el terminó, me lavó de semen por dentro y por fuera de la vagina.  El  me decía  culea mihijita , culea mi amor, muévete.   Yo no terminé, no tuve orgasmo y la vagina estaba adolorida y sangrosa. La falda de mi vestido se había manchado. El se fue al suelo, agotado de “tanto trabajo”.  Al final me quedé frustrada.  Había perdido la virginidad y sin ningún gusto, el placer desapareció de mi cuerpo, fue como una pesadilla.  Me fui al baño, limpié a la cuca, había leche en mis pelos, la bañé lo mejor que pude y toda adolorida, salí de su casa.  El me alcanzó  en la calle, en su moto y me llevo a mi casa.  Si no habría estado adolorida, mal tratada,  no le habría aceptado.   Llegamos a la casa, me bajé de la moto. Me dio un beso en la mejilla.  Lo acepté de muy mala gana y no le correspondí.  Prácticamente ese fue el fin de todo.  Por mucho tiempo le guardé rencor……  Esa es, Marlene, mi secreta historia, me da ganas de llorar.
. Yo le agradecí por la confianza de Anita, por haberme contado su buen y mal momento que pasó.  Me dio la impresión que Anita perdió su querido “trofeo”, en una mala jugada.  Me contagió su tristeza que también tenía ganas de llorar  Luego le pregunté,
– ¿Por que, Anita, te resentiste con Ramiro, el no tiene la culpa de nada.  Al comienzo estabas bailando con gusto. Qué pasó??
– Lo que pasó es que este huevón del Ramiro, me habló de su hermano. Que el pobre Carlos no sabía de mujeres.  Que Carlos le contó la historia, que el tenía mucha pena y vergüenza de su hermano.  Pero que él si me iba hacer gozar como yo me merecía y que el sabía muy bien como culear a una mujer y no como el tonto de su hermano. En ese momento yo me resentí y le dije si piensas que soy una puta ándate a la mierda a culear con la que te parió.  La verdad, Marlene, que se me salió todo el vocabulario que hablan los muchachos.  Casi le doy un chirlazo al muy sinvergüenza………….. Oye Anita vamos saliendo de la fiestita.  Algunos están saliendo y como hay más mujeres que hombres no les vamos hacer falta………. Marlene, hagamos una cosa por qué no nos llevamos una botella de vino a tu casa. Alláa en la mesa hay algunas.  Tu me tapas y yo le meto en mi mochila y vamos a tu casa.  Asi lo hicimos, salimos con el vino. A la salida los padres de una compañera nos llevaron a la casa de mi abuela
Ahora lo que pasó en la casa de mi abuela es motivo de otro relato.  De todos modos me gustaría de recibir sus comentarios si a sí ustedes lo desean.  Hasta aquí he contestado a casi todos los email que me han escrito. Repito estoy escribiendo las confesiones de una mujer que se une a todas aquellas que han contado sus verdaderas historias y son a las que yo admiro y respeto.
Con mucho cariño,  Marlene