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Adrenalina en el almacén

Soy y Yina y soy travesti de closet. Hace algún tiempo, por curiosidad abrí una cuenta de facebook, como travesti, en la que subía fotos y compartía mi sentir vistiéndome de mujer, pues desde siempre me ha encantado usar ropa femenina y sentirme mujer.
La verdad es que también buscaba algo  de acción, así que interactuaba con chicos y otras tv.
Había encontrado un chico diez años menor que yo, y en aquél tiempo él tenía 23 años.
No era muy atractivo, pero me encantaba: no muy alto, moreno, algo fortachón y tenía buenas piernas, porque jugaba futbol. Además por su edad, era muy impetuoso y cuando nos veíamos en mi departamento, cogiamos dos o tres veces. Me metía la verga, con mucha intensidad, toda su fuerza y energía y yo me volvía loca escuchando cómo chocaban sus testículos contra mi culito.
No posee un miembro muy grande, pero sí tiene talento para usarlo y con ello me hacía ver estrellas. Le gustaba besarme en la boca, daba unos besos ricos en todo el cuerpo, en las nalgas, me mordía las tetas; me acariciaba mucho y de cuando en cuando me nalgueaba con fuerza.
Era un tipazo para la cama y con el me sentía una mujer completa, puesto que me trataba como tal, me decía que era su nena, su mujer. Y cuando me tenía ensartada, me decía que era una perra , una puta, con lo que yo me excitaba y me movía más, así que lo hacía gozar, en tanto que yo lograba venirme por dentro, dos o tres veces, cada vez que me hacía suya.
Dejamos de vernos un tiempo, lo cambiaron de turno en su trabajo, una purificadora de agua como velador, yo trabajaba hasta tarde y no podíamos coincidir. Aunque ello no impedía que nos mandaramos mensajes y fotos calientes por whatsapp.
Un domingo por la noche, como a las diez, estábamos platicando por whatsapp él y yo. Obvio la plática se había puesto candente y me pidió  que fuera a verlo al trabajo porque dentro de poco su supervisor se iría a rondar las otras plantas, así que estaría sólo durante dos horas.
En principio me dio miedo, pues el ir a un lugar implicaba muchos riesgos, podrían cacharnos y mínimo llamar a la policía y a él, correrlo.
Y unos momentos después, sin pensarlo, acepté porque me sentí muy excitada de coger en un lugar desconocido y con esa adrenalina de que pudieran cacharnos.
Me puse un cachetero de encaje color rosa mexicano que había comprado recientemente y unas medias negras de red. Arriba me puse un top negro que me cubría el torso. Me puse un vestido negro pegadito y medias. Encima para disimular me puse un pants y playera. Por si se ofrecía, en una mochila metí también un baby doll rosa de encaje que a él le gustaba mucho, una tanga de cebra, un vestido pegadito color blanco, tacones y peluca.

Tomé mi auto. El trabajo de mi muchacho estaba cerca de mi casa como a quince minutos, y en el camino iba muerta de nervios y más porque él a cada rato me llamaba para ver si ya llegaba.

Al llegar, me quedé estacionada un momento, saliendo él por el portón principal. De inmediato entré. Era un patio grande, al fondo medio iluminado pude ver los camiones repartidores. Me pidió que entrara a las oficinas que estaban hacia el lado izquierdo. Eran amplias, pasé un escritorio y metió a un despacho y después al baño de ese despacho, en el la única luz que había entraba por una rendija del patio contiguo. Uffff él también estaba muy nervioso y me pidió que lo esperara unos minutos. Mientras eso ocurría aproveché para terminar de arreglarme, ponerme peluca, tacones, pues ya iba medio maquillada.

De repente entró y como estábamos a oscuras, pude ver un poco su mirada turbada por la excitación. Me dijo que me veía muy bien y de inmediato empezó a manosearme y a besarme en la boca. Para entonces me puse el baby doll que había llevado y cuando se dio cuenta que lo traía puesto, se detuvo para mirarme bien de arriba a abajo y me dijo “qué puta te ves” uuufff eso me puso más cachonda olvidándoseme el lugar donde estábamos. Así que luego me bajé a chuparle la verga. Me gustaba mucho chuparsela mientras le acariciaba las piernas peludas y de futbolista. Así estuvimos como dos minutos, lo besaba, le chupaba las tetillas de hombre y él de cuando en cuando mordía las mías, haciéndome gemir, hasta que me pidió metermela, porque el tiempo corría. La sensación de nervios y de excitación era única, porque a pesar de que él decía que no había nadie, yo sentía que podían cacharnos.

Saqué condon y lubricante, atendí muy bien su pene delicioso y enseguida me inclinó hacia el lavabo, me dedeó un poquito y me la clavó de un sólo golpe. De lo excitada y nerviosa que estaba, no sentí tanto dolor, así que de inmediato me bombeaba, me nalgueaba y me decía “qué puta eres” o “eres mi perra” él apoyó una pierna sobre el retrete y con eso podía metermela un poco más profundamente. Me ponía más caliente  que me dijera todas esas cosas y por eso le pedía más y más. Los dos estábamos super calientes, apasionados y en eso en el patio de afuera se escuchó un ruido. Uuff, me puse a mil de nervios. Pensé que nos cacharian. Él de inmediato se puso la camisa, se subió los pantalones y salió a ver. Fueron minutos interminables porque no regresaba. Escuché más ruido en el patio y en la oficina por donde había pasado para entrar y sentí el cuerpo helado, porque escuchaba la voz de mi chico y la de otro hombre. Al cabo de unos minutos, regresó y me dijo que no habría problema, pero que su supervisor se dio cuenta de que había alguien en el baño y quería entrar a ver quién era, pero mejor lo dejó porque él también iría a ver a una amiga cerca de ahí, así que le comentó que no se preocupara, porque iba a tardar con su amiga. “deja bien atendida a tu chica” le dijo su jefe.

Debo confesar que se me hizo excitante la idea de que el supervisor entrara y entre los dos me cogieran, ya que esa ha sido mi fantasía, por mucho tiempo. Se lo comenté y el respondió que era una putita y que me iba  a dejar bien cogida para que yo no pensara en más hombres. Me empezó a besar con fuerza, mientras me manoseaba, me tomó con fuerza por el cuello y me besaba con mayor  deseo. Me decía que esa perrita  era sólo de él. Oírlo y la forma como me trataba, me prendió más, me sentía hembra dominada por su macho, además de que me hablaba con voz cachonda, por lo que empecé a besarlo por  todo el cuerpo hasta bajar  su herramienta, lamerla, ensalivarla, admirar lo que iba  a comerme. Entre la penumbra busqué otro condón, se lo coloqué y le pedí que se sentara sobre la tapa del retrete, poco a poco me senté sobre ese falo y me dispuse a gozar de él a mi gusto. Siempre me ha gustado agarrar esa posición porque es posible gozar del miembro y al mismo tiempo hacer gozar al macho. La adrenalina se estaba apoderando de mí y no podía parar de subir y bajar sobre mi hombre, lo oía gemir, decirme que era su puta y más me excitaba. Así sentada sobre él me coloqué para poder besarlo en la boca, apoyando mi brazo sobre su hombro; así mi tetilla izquierda quedó expuesta a su boca, que la devoraba con la respiración entrecortada. Más sentones y gemidos, más sudor y sexo, más mordidas, besos y lengüetazos, hasta que mi chico empezó a venirse, sentí que él  se estremecía y yo me movía más, para que gozara y poder exprimerle más leche. Le di unos apretones con mi ano y él reaccionó gimiendo más, y con un orgasmo más profundo.

Estábamos rendidos, me besaba y me acariciaba los pechos. Me levanté y de inmediato reaccionó, saliendo al patio para dar un rondin, en tanto que me apuré a ponerme el pants de nuevo y preparar mi salida. Salí sin problema y gustosa de haber ido a visitar a mi chico para dejarlo satisfecho. De regreso a mi casa me mandó mensajes para decirme que lo había dejado rendido. No volví a verlo dos o tres veces más, durante el siguiente año. Y hace un año no sé de él, pero recuerdo encantada los buenos polvos con él.

Gracias por leerme.

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