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Al fin ensarté a mi madrastra

El hecho sucedió un día, sin quererlo, entré al baño a tomar una ducha.

Como siempre, mientras me metía bajo el agua, me gustaba hacerme una buena paja, ya que las hormonas me tenían como loco. Teniendo la pija bien erecta, atrapada en la palma de mi mano derecha, cerraba los ojos y me imaginaba cualquier situación erótica, con una rubia y una negra bien putas las dos, chupándome los huevos, la pija y cogiéndomelas hasta por el culo a ambas. En ese veo que en el rincón donde dejé mi ropa, había ropa interior sucia de mi madrastra

Se pararon las rotativas, tomé la bombacha, era de color negro con algunos encajes. La observé con detenimiento, era lo más sensual que hubiera visto.

Automáticamente vi que entre los encajes delanteros de la braga había algunos pendejos negros enredados. Tome alguno de ellos, los observé detenidamente, los olí, y los chupe. Después miré la parte reforzada de la braga, que es la tela que hace contacto con la concha propiamente dicha, o sea los labios vaginales y el clítoris, y divisé unas manchas amarillentas, pegajosas, eran de seguro restos de flujos vaginales, mocos o algo parecido.

No pude evitarlo, acerqué el calzón a mi rostro, y aspiré como si fuera aire fresco los olores de esos restos de fluidos. Con mi mano izquierda inspiraba ese olorcito agrio, sentí el verdadero olor a concha, bien puro. Y puedo decir que ahora comprendo a los animales cuando se excitan, porque mi verga iba a reventar, y sin soltar la bombacha, que permanecía bien pegada a mi nariz, sostenida con mi mano izquierda, con la derecha reanudé la paja, esta vez con un loco frenesí sexual.

Mi cabeza se partía de erotismo, porque ya me imaginé que la mujer que me estaba cogiendo era mi madrastra. Aspiraba el olor de la braga usada , y con la lengua estirada, me animé a probar el sabor de esos restos pegajosos. Sabían saladitos y mi saliva los iba disolviendo poco a poco.

Hasta que no aguanté mas, y presionando la bombacha contra mi nariz y boca, de la pija salían borbotones impresionantes de semen. Era sin duda la acabada mas grande que jamás hubiera tenido, el piso del baño estaba lleno de leche. Rendido, sin fuerzas, caí de rodillas, aún con las bragas en mi cara, aspirando pausadamente ese olorcito a hembra, y sabiendo que esa hembra era mi madrastra

Minutos después, recuperado de esta paja apoteósica, dejé la braga en el rincón y me duché duramente, como tratando de sacarme este pecado. A partir de ahí me volvió loco las bombachas de mi madrastra siempre trataba de ver cual tenía puesta cada día, para luego ir al baño, agarrarla, chuparla, pajearme con ella, etc. Y cada día hacía cosa mas osadas, a veces me las ponía, y sacando la polla por entre las piernas me hacía una paja. Adoraba aquellas bragas que tenían hasta tres días de uso, ya que juntaba bastantes flujos y cremitas, a veces algo de suciedad de excremento. Otras veces me envolvía la verga en sus bragas, me masturbaba violentamente, acabando entre sus bragas, las cuales inmediatamente las limpiaba con papel higiénico, tratando de no dejar rastros de leche, y así no ser descubierto.

Me gustaban mucho unas blancas, las cuales esas si se las dejaba llena de semen, las metía mi madrastra en el lavarropas y ni cuenta se daba que estaban sucias de esperma. Llegué a extremos inimaginables, ya que un día le requisé una de las bragas, esas de alto corte, que se calzan en las caderas, bien sucia de flujos vaginales, y en un acto de locura me las puse y estuve todo el día con ellas puestas.

Me mataba el morbo de saber que en la hora de el almuerzo, sentados a la mesa, mi madrastra no se imaginaba que tenía puesto en ese momento una de sus bragas, sintiendo el roce de mi escroto en el mismo lugar que ella había rozado sus labios vaginales, dejando flujos, restos de orina.

Incluso tuve hasta un catálogo privado de las bombachas que usaba, las negras, las blancas, las de encaje, etc. Sabía que bombacha usaba cada día, desde cuando las tenía puesta, y por supuesto salía corriendo cada vez que ella se las cambiaba para olerlas y cascarme una paja. Descubrí que había días que aparecían unas mas sucias que otras, hasta sabía de aquellas que usaba cuando le bajaba la menstruación, porque se le notaba el resto de pegamento de la toalla higiénica en la bombacha.

Y cada día era peor, ya que las situaciones eran más arriesgadas que nunca, empecé a tratar de espiar en cualquier situación: cuando entraba a su cuarto por cualquier excusa y verle la ropa interior que llevaba puesta, si entraba al baño observar por el ojo de la cerradura y verla desnuda en la ducha o si se sentaba en el inodoro a hacer sus necesidades. Llegué incluso a oler sus toallas higiénicas usadas, y pajearme encima de ellas, mezclando mi leche con los restos sangrantes de su regla. Así estuve tres años, elevando mi morbo al máximo.

Incluso cada vez que salía de putas, trataba de estar con aquellas prostitutas parecidas en edad y físico a mi madrastra, y cuando me las cogía me imaginaba que lo hacía con ella. Era una fiera en celo permanente, cada vez me acercaba mas a mi madrastra, físicamente hablando, yo la tocaba, la besaba en sus mejillas mas seguido, olía su cuello. Mi madrastra siempre decía que me ponía mimoso, como apoyándola en los momentos duros que estaba pasando.

Siempre pensé que mi madrastra era joven y que tal vez tendría algún macho por ahí, pero la verdad es que no tenía ninguno. Entonces por algún lado tenía que desahogar, y se me ocurrió con la masturbación, pero nunca pude averiguarlo, llegando incluso a tratar de espiarla y ver si se pajeaba, no obteniendo resultados positivos. pasó el tiempo y llegó el día en que me descubrieron, en forma inapelable. Ese día mi madrastra tenía que ir a la ciudad a hacer unos mandados. Yo estaba en casa, era sábado por la tarde.

Antes de salir mi madrastra se dio un baño. Sabía que ella estaba usando unos sostenes rosados y una braga del mismo color, un poco más chica que las otras, sin llegar a ser una tanga Apenas se fue, corrí como loco al baño, producto de la excitación, a oler y degustar las recién usadas bragas. Cuando las tomé y acerqué mi nariz, se podía sentir aún el calor de su piel, algunos pendejos enredados, incluso uno canoso, sus olores al máximo, llena de flujos amarillentos, pegajosos. Pasé la lengua y saboreé esa cremita, bien saladita, mezcla de flujos y orina. Había un poquito de suciedad de excremento, seco, pero sin olor a mierda. No pudo resistirme y me desvestí, quedando en pelotas total dentro del baño, tomé el soutien rosado y me lo puse. Me quedaba flojo, ya que mi madrastra esta bien tetuda y yo tengo algo pero músculo nada más.

Después, con mi pija bien dura, con el glande asomado en su esplendor, calce mi pie derecho en el correspondiente al de la braga, y luego el izquierdo.

Comencé a subir despacito esa bombachita rosada, sintiendo como me recorría los muslos hasta que su parte sucia hizo contacto con mi escroto. Seguí subiéndola un poco más, hasta que me calzara en la cadera, pero no mucho más, ya que era una tanga. Ni hablar que mi polla, parecía un mástil, y sobresalía por la parte delantera de la braga, por lo menos la mitad de su tamaño. Mis pendejos se salían por los bordes del calzón, y mis huevos los sentía bien apretaditos como si fuera un suspensor deportivo.

Liberé un poco más mi verga y comencé a pajearme, despacio, disfrutando de la bombacha , imaginándome a ella cogiendo conmigo, hasta sentir que la leche me recorría el tronco de la pija, vaciando mis henchidos huevos, alcanzando el clímax y en el medio del orgasmo, al tiempo que emitía gritos y gemidos de placer, gozo y satisfacción, escupiendo mi pija torrentes de esperma caliente a borbotones sobre el lavabo, en el piso y cualquier otro lado, cuando de repente ¡zas!

Se abre la puerta del baño de improviso: quedé petrificado, y en la misma puerta, sosteniendo aún en su mano derecha el picaporte, mi madrastra con los ojos bien abiertos, helada con la imagen que estaba viendo: su hijastro vestido con ropa interior femenina, teniendo un orgasmo infernal, llenando de leche el baño, gozando imaginariamente con ella. Fueron los segundos más largos de la historia, atiné a sacarme las bragas a toda velocidad, dándole la espalda a mi madrastra, incluso en el apuro las rompí, ya que me quedaban un poco chicas.

Sólo recuerdo que oí que la puerta se cerró fuertemente. Imaginé que mi madrastra había salido disparada de allí, pero me equivoqué, porque cuando me di vuelta para ver, estaba del lado interior del baño, recostada contra la puerta. Seguía observándome, sin emitir palabras.

Continué desvistiéndome, hasta quedar desnudo. Yo tampoco podía pronunciar palabra alguna. ¡Qué iba a decir! Sentía que me desmayaba de la vergüenza. Mi madrastra  rompió repentinamente el hielo: ¿qué estas haciendo? – me preguntó pausadamente. La miré a los ojos, y solo alcancé a decir:

¡Lo siento! ¡Es qué no se que me pasó! – agregué de inmediato. ¡Vístete de inmediato! – me ordenó calmadamente.

Tomé mi ropa, amontonada sobre el rincón y me vestí rápidamente. Mi madrastra mientras tanto, bajó la tapa del inodoro y se sentó en el a modo de asiento. Pude adivinar que sabía de mi secreto desde hace un tiempo, no sé, era una intuición que percibía.

¡Estás en problemas jovencito! – dijo, ¡hace tiempo que noté una conducta extraña en ti! – agregó de inmediato.

Yo no abría la boca, solo escuchaba y bajaba avergonzado la cabeza.

¿Qué te sucede? ¡Confía! – dijo en un tono más alto.

Levanté mi cabeza, debía confiar en ella, ¡Es que desde hace años que me gustas! – respondí se reincorporó, me tomo de los hombros, me abrazo y comenzó a llorar.

La abracé en respuesta a su abrazo, y así me mantuve por unos minutos.

Salimos del baño, ella conduciéndome a la sala con su mano tomada de la mía. Supe ahí que todo era una emboscada de ella para descubrirme en mi acto fetichista.

¡Desde hace unos meses he notado que te estas masturbando con mi ropa interior! – dijo ¡Te equivocas, hace tres años que lo vengo haciendo! – repliqué de inmediato, la sorpresa fue grande.

¡Tengo que confesarte algo! – dijo, ¡yo también desde hace unos meses me pasan ideas horrendas por la cabeza! – agregó al qinstante.
¿qué quieres decirme? – preguntó mansamente. ¡Es que me excita saber que te masturbas con mis bombachas! – respondió la mamá. Su madrastra le abrió el corazón y le dijo que un día mientras ponía ropa a lavar en la máquina, una de sus bragas, cuando las tocó sintió humedad en sus manos.

Se detuvo a mirarlas detenidamente, y noto que estaban sucias de algo pegajoso y blanquecino. Supo al instante, por su experiencia matrimonial que era semen. Una sensación de miedo y morbo le recorrió, y lo que el insistía en espiar surgió una especie de contraespionaje de su madrastra, ya que a propósito dejaba sus bombachas bien sucias para que el las disfrutara.

Para confirmar su tesis, fue sorprendido cuando su madrastra sacó de la cartera, el catálogo privado del que hablo anteriormente. El día D había llegado, porque todo lo que pasó hoy fue orquestado por su mamá, la excusa de ir a la ciudad, y la entrada intempestiva al baño para hallar in fraganti , como prueba irrefutable de lo que era una realidad. Pero lo que no sospechaba era que su madrastra  venía por más.

¡Mira , he estado pensando que te tengo que ayudar! – dijo la madrastra ¿Cómo, a qué te refieres? – ¡Pienso que si tu deseo es de alguna manera poseerme, debería acceder a que observaras mi cuerpo, tal como soy! – respondió su madrastra La táctica de la madrastra era que tal vez viendo su “afeado” cuerpo, se le iban a ir las ganas o lo que sea.

No podía creer lo que escuchaba de boca de su madrastra. Y se apresuró a decirle: ¡no ! ¡No sería correcto! ¡Insisto, es una forma de curarte! – ordenó su madrastra, al tiempo que lo tomaba de la mano y lo conducía al dormitorio de ella. Cuando hubieron entrado, cerró la puerta
Presentía lo que se venía. Su madrastra, encendió la portátil de la mesa de luz.

¡Ponéte cómodo, te curare! – dijo la mujer.

Llevaba puesto un vestido de media estación floreado, unas medias calzas y unas sandalias muy sugestivas. Su cabello castaño, semi lacio, estaba anudado en la parte posterior de la cabeza con un broche de carey. Se quitó eróticamente su vestido, y se lo sacó por los pies. Su madrastra quedó en ropa interior frente a sus ojos. Pudo observar que llevaba una de sus bragas favoritas, las negras de encaje, además de un soutien semitransparente, que permitía vislumbrar unos pezones muy bonitos.

Se quitó las sandalias. Luego vino el tiempo de sacarse las medias calzas. Lo hizo despacito y provocativamente. Se sonreía, y estiraba sus labios como enviando besos a distancia. El silencio era cortado por los ruidos de los roces de las prendas.

El notaba como su polla comenzaba a crecer. ¡Qué se iba a curar! Su madrastra de pie frente a él, se pavoneaba, acercando su pelvis al rostro de el.

Acercó su monte de Venus cubierto por la bombachas, al rostro del joven. Se notaba claramente a través del encaje de la prenda los pendejos de la concha. Algunos se salían, asomando fuera de su encierro. Era bien peluda, y eso ya lo sabía, gracias a su espionaje cuando se duchaba la madrastra. Estiró su nariz, quería sentir el olor de su madrastra. Su madrastra se retiró unos metros hacia atrás, como provocándolo en deseo desenfrenado.

¡Desvístete! – dijo secamente su madrastra.

El obedeció y rápidamente quedó totalmente desnudo frente a su progenitora. Sus músculos eran exultantes, y su pija mostraba todo el esplendor de su erección. El glande parecía uno capullo de rosa morada, a punto de explotar. Su madrastra abrió levemente la boca, Era la pija más grande que había visto, ya que la de su esposo no se acercaba siquiera a ese tamaño. El tomó con la palma de su mano derecha, esos dieciocho centímetros de largo por cuatro de diámetro, de pura carne excitada, para empezar lentamente a cascarse una paja.

¡Veo que te excito! – dijo su madrastra. ¡Mira tengo estas bragas de encaje, las favoritas tuyas y las mías también! – agregó de inmediato. ¡Lástima que no tienen “cremita”, porque recién me las puse! ¡Quítatelas, quiero verte desnuda! – pidió

Su madrastra como gata en celo obedeció, y comenzó con su sostén. Quebró sus brazos tras su espalda y desenganchó el broche, dejando caer la prenda a sus pies. Las tetas eran bien gordas, con unas aréolas café oscuro que cubría una buena parte de la teta, y unos pezones gordos y en erección, producto de la excitación que tenía su madrastra en ese momento. El seguía pajeándose en cámara lenta, gozando de tan maravillosa exposición. Se puso de pie, caminó acercándose a su madrastra, y el rostro de ella le llegaba a su pecha. Sintió en su alto vientre los pechos y notó como los pezones acariciaban su piel.

Se agachó y tuvo necesidad de degustar estos pechos, y con su lengua ensalivó el pezón de la teta izquierda de su madrastra, al tiempo que masajeaba la derecha. Metió en su boca esa deliciosas tetas. Su pija emanaba jugos preseminales, los cuales en el roce su trayectoria había marcado un camino que nacía en el ombligo escondido de su madre, pasaba por encima del encaje de la bombacha, y terminada entre los muslos de tan adorable hembra. Su madrastra levantaba la cabeza al cielo, gozando de tan hermosas caricias, devolviendo mimos sobre la nuca de el, presionando a éste para que nunca dejara de chupar sus tetas.

El cambiaba de una para otra, como si se le fuera la vida en ello. Con sus manos las juntó, y trató inútilmente que ambos pezones le entraran en su boca. Perdido entre las tetas de su madrastra, bajos los brazos y calzando sus dedos pulgares a los lados de la cadera de su madrastra, comenzó a bajarle las bombachas, las cuales se arrollaban en su elástico, dejando paso al esplendor de la negra pelambrera que poseía su vigorosa madrastra. No llegó a las rodillas, por lo que tuvo que desatender las tetas, para dirigirse a través de las estrías del vientre de su madrastra , hasta alcanzar los negros pendejos, con algunos canos entreverados, anunciando la madurez de la mujer.

Enterró repentinamente su nariz y boca en este bosque prohibido, olfateando la concha y supo reconocer ese olor que tenía grabado en su mente. También reconoció el sabor, ya que estiró su lengua y entre pendejos entreverados en su boca descubrió su prominente y gordo clítoris, logrando que su mamá se arqueara de placer al simple contacto.

¡Espera , déjame quitarme la bombacha! – pidió su madrastra, al tiempo que se retiraba un poco.
Se terminó de quitar la braga, dejando todo su cuerpo en esplendor.

Estaba pasada un poquito de peso, su vientre un poquito abultado, sus piernas rollizas con un poco de celulitis, sus brazos con cierta flacidez, propias de la edad. Se quitó el broche de carey que sostenía su cabello, dejando ver una hermosa cabellera que caía sobre sus hombres. Era una mujer madura pero bonita. Desnudos como animales en celo se abrazaron. Las manos de el  recorrieron cada centímetro de la superficie del cuerpo de su madrastra, como queriendo apoderarse de ella para siempre. Había pasado del infierno de ser descubierto pajeándose con las bragas de su madrastra, al paraíso de cogérsela.

Porque era seguro que lo iba a hacer, era su máximo deseo. Y era el mismo deseo de su madrastra, alimentada por años de abstinencia, masturbaciones y el morbo del fetichismo de el. Se dejaron caer desnudos sobre la cama, abrazados, besándose ya en los labios, intercambiando fluidos a través de la lucha titánica de sus lenguas. La madrastra estaba dispuesta a todo, porque amaba con todo su ser, y meses de morbo explotaron en un intenso paroxismo sexual.
El quería disfrutar al máximo, y en un instante de reflexión, colocó a su madre boca arriba, con la cabeza sobre la almohada, e instintivamente se dirigió a su concha, para saborear directamente de ese surtidor las cremas y jugos vaginales de su madrastra.

Ella se abrió de piernas, permitiendo que le lamiera su peluda vagina. Con los dedos hurgó, hasta exponer su clítoris y parte de sus gordos labios vaginales, y los labios y lengua de el se incrustaron en su sexo. Ya desde varios minutos destilaba jugos deliciosos como el néctar de las flores, el lamía con fruición, degustando tan delicioso manjar.

Sentía que la boca se le llenaba de esos jugos, el mismo olor y color que acostumbraba a saborear en las bragas usadas, pero ahora eran directamente de “fábrica”. Saladito, con olor agrio, incluso trató de saborear la salida del meato, por donde su mamá orina, sentir el gustito del “pipi” de su mami.

La habitación era una mezcla de gemidos y resoplidos sexuales. La madre estiró sus brazos hacia el respaldo de la cama, permitiendo que el la hiciera suya a su placer. De vez en cuando bajaba alguna mano, presionando la cabeza de el para que chupara bien profundamente su concha peluda. Para el estas actividades sexuales eran conocidas, ya que con alguna mujer las había hecho, pero para su madrastra, una mujer clásica y sencilla era la primera vez que entraba en este tipo de ejercicios, propios de estás épocas liberales y permisivas.

Siempre había sido una mujer sencilla, coger a lo simple y gracias. Su hijo le chupaba la concha con fruición, y ella paulatinamente iba entrando en un orgasmo bestial.

Los líquidos salían de su cavidad como agua de manantial, el los sorbía como si fuera elixir de la vida. Incluso hasta un poquito de orina se le escapó, pero su hijo no hizo caso de ello, al contrario hurgaba por más. Hasta que lo inevitable llegó, y atrapando con sus piernas la cabeza de su hijo, se acabó como una yegua alzada, gozando como nunca lo había sentido.

¡Me acabo, me acabo, me acabo, me acabooooooooo! – gritó sin prejuicios. ¡Chupa, chupa, chupa, chupaaaaaa, lame mi coño! – volvió a gritar desaforadamente.

El tenía la cara empapada en los jugos maternos, nunca una mujer había acabado de esa forma. Su madrastra respirada agitadamente, y con los ojos cerrados, acarició la nuca de el. Este quiso compartir con su madre los jugos que tenía mojado en sus labios, así que acerco los suyos a los labios de ella, y permitió que los saboreara bien despacio. Abrió su boca y la lengua materna degustó sus jugos vaginales y el producto de su corrida de la propia boca de el.

Era el tiempo que le devolviera el favor a  el tenía que chuparle la pija. Era la primera vez que hacía una cosa así. Y el lo adivinó, por lo que aún con su madrastra boca arriba, se colocó encima de ella con sus piernas a ambos lados del cuerpo, permitiendo que su verga se instalara entre las tetas. Apretó estas y comenzó a follarlas, haciendo lo que aquí se le llama cubana o paja rusa. Su madrastra acomodó el cuello, y con su lengua apenas tocaba la cabeza del glande. Estuvieron así unos minutos, hasta que su madrastra imploró para poder chupar la pija como se debe.

¡Quiero chuparte , quiero hacerlo, quiero sentir el sabor de tu verga cariño! – dijo en éxtasis su madrastra ¿Es tu primera vez?

Sintiéndose de alguna manera descubierta, su madrastra contestó afirmativamente con un movimiento de la cabeza. La verga se puso más erecta aún, como si tuviera vida propia, queriendo meterse en esa boquita virgen, sentir el paladar de la madura madrastra.

Sentándose, recostada su espalda al respaldo de la cama, esperó con la boca abierta que la verga  se metiera dentro de ella. Este se paró sobre la cama y colocó el enorme cipote de carne entre los labios. Esta con los ojos cerrados, abrió la boca, permitiendo que entrara en su cavidad. Al mismo tiempo extendió su mano izquierda atrapando el tronco de la verga, mientras que con la derecha acariciaba los huevos peludos de su -hombre.

La polla se incrustó en el fondo de la garganta, hasta tocar la úvula, provocándole una pequeña arcada. Empezó a chupar como si fuera un helado, el acompañaba ese movimiento con el de su pelvis, cogiéndose tácitamente la boca de su madrastra. Esta chupaba la pija como una diabla, parecía que tuviera experiencia, pero realmente era su primera vez. Se podía sentir el chapoteo de la lengua materna en el glande y tronco de la verga.

Cada tanto sacaba esa verga fuera y ella jugueteaba con su lengua en el glande, lo que provocaba que el se arqueara y sus rodillas se aflojaran del placer que alcanzaba.

¡Asiiiiii, mami, así, ahhhhh, que me acabo puta! – gritó gustoso .

Su madrastra sonreía, sabiendo que estaba disfrutando algo nunca soñado. Siguió con su faena hasta que el pobre muchacho se iba a ir en leche, pero se demoró porque estaba recién acabado cuando lo descubrió intencionadamente en el baño. La madura mujer quería sentir esa pija en la concha, anhelaba sentir la verga en lo profundo de su ser. Lo deseaba desde que el morbo la corrompió, necesitaba una polla que se la cogiera como nunca . Sentir el semen caliente dentro suyo, hacerla acabar como una mujer que era.

Terminó la faena de chupar la polla, y con una sonrisa maliciosa fue indicándole que era hora del placer supremo. Apretando la base de la verga, impidió y retuvo que no se fuera a acabar.

Resbalando, se volvió a acostar, quedando boca arriba, al tiempo que paulatinamente iba abriendo sus piernas, logrando que sus labios vaginales se fueran desplegando, permitiendo ver a pesar de la espesa pelambrera, el orificio vaginal.El fue tomando posición, mientras la besaba, masajeaba sus tetas, haciendo que su falo erecto rozara con los pendejos del pubis de su madrastra.

Intentó penetrarla sin ayuda, pero no le fue posible, por lo que su diligente mamá, con la mano izquierda sujetó esa barra de carne entre sus dedos, y lo fue dirigiendo hasta que un pedacito de la cabeza de la verga entró en el orificio.

¡Métemela ahora , coge a tu madrastra de una puta vez! – ordenó su madrastra.

La pija entró centímetro a centímetro, en cámara lenta, fue resbalando hasta que sus huevos hicieron tope con los labios de la concha. ¡Tenía ensartada a su madrastra! Su madrastra gimió como una cerda, gustosa de sentir después de unos años una verga en su chocho.

¡Ahhhh, así papi, así mi niño, cógete a la guarra de tu madrastra, ahhhhh, uhhhh, qué bueno! – gemía la perra de su madrastra.

Al sentir este tipo de frases obscenas, El comenzó un mete saca como si se fuera a ir la vida en ello.

¡Plop, plop, plop, chaf, chaf! era el ruido que emitía la zona genital, producto del encharcado coño de la madrastra y los líquidos preseminales .El se alzó y sosteniendo su cuerpo sobre sus estirados brazos, observó como su verga entraba y salía de la concha de su madrastra, viendo también como sus pendejos juveniles, se entrelazaban con los de su madura madrastra.

Frotaba con su pelvis el clítoris de la hembra, lo que motivó que esta aullara de placer. Era sin dudas un punto G. Pero tanto dale que te dale, le llegó la hora de acabar a ambos, y por cosas del destino lo harían simultáneamente.

¡Ahhhh, ahhhhh, ahhhhh, me viene, me viene la leche, me corro, me acabbooooooooooo! – gritó en éxtasis . ¡Si mi amor, si mi amor, dame la leche, me corrooooo, me corrooo, me acaboooooooo! – contestó fuera de sí su madrastra.

Parecía que una lluvia de fuegos artificiales hubieran lanzado en el dormitorio, por que acabaron al unísono.

Al instante una descarga de leche seminal, caliente, espesa y llena de vida inundó el aún fértil útero de su madrastra. Ella nada dijo, permitió e incluso aseguró, apretando con sus piernas en la espalda de el, que ese elixir se derramara en su interior. Fueron largos segundos de orgasmo , El cayó rendido sobre el cuerpo flojo de su madrastra, llenos ambos de sudores y otros humores, aún con su verga erecta palpitante en el coño de su madre.

Respiraban agitadamente, su madrastra en un esfuerzo levantó un brazo y acarició agradecida la nuca de su hombre. Era el mejor orgasmo que hubiera tenido, y el de el también. Levantó el macho su cabeza, sonrió agradecido y besó a su madrastra como ella se lo merecía. Estuvieron así largos minutos, no tuvieron remordimiento ni vergüenza, era un secreto que sin prepararlo lo mantendrían para siempre.

¡Te amo ! ¡Te quiero mucho, gracias por este regalo! – dijo el. ¡Te adoro ,siempre soñé con hacerlo, pero es mejor aún que en mis sueños! – le contestó llena de felicidad su madrastra.

Se besaron, y al instante volvieron a hacerlo nuevamente, y esa tarde estuvieron horas cogiendo, llenándose ambos de felicidad. A partir de ese día la relación de el  y su madrastra fue de macho y hembra entre las paredes del dormitorio.

De su fetichismo se curó el, ya que ahora tiene a su madrastra a disposición. Aunque de vez en cuando, su madrastra le regala una de sus bombachas usadas, y ambos se masturban intercambiando ropa interior. También dentro del secreto entraron en algunas perversidades de pareja, muy íntimas, como el sexo anal, ya que la madrastra se hizo adicta a él.

Le gusta como su madrastra grita mientras le coge el culo, y sobre todo cuando saca su verga llena de esperma. Otra perversidad es cogerla cuando su madrastra está menstruando, adora ver como la sangre de la regla se mezcla con los jugos y el semen. Quedan ambos sucios, sudorosos y olorosos. Y para disfrutar ambos de esta última depravación, se rasuran los vellos púbicos, para gozar al máximo de los líquidos de sus sexos.

La madrastra durante un tiempo tuvo cuidado de no dejarse preñar, no quería quedar embarazada, aunque el si lo deseaba. Hasta que llegó el día en que ella aceptó, aun sabiendo que le sería difícil explicar el producto de ello, cumplió el deseo de el.
A pesar de estar preñada, la madrastra  aún quería seguir cogiendo, pero el accedió a hacerlo solo por el culo

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La maestra Neni 5

Luego de una morbosa exhibición en público Neni y yo nos dimos un pequeño relajo en nuestros encuentros exhibicionistas y nos centramos en buscar un cómplice en nuestro centro de trabajo, donde descubrí otra de las facetas de Neni.

Con la certeza de la sumisión de Neni y sabiendo que a ella le iba gustando cada vez más lo que hacía, es que planeamos encontrar entre los varones de donde trabajábamos, una víctima que con algo de complicidad disfrutaría de los encantos de Neni. Paralelamente Neni opto por mejorar su closet con vestimenta más atrevida que nos ayudaría a concretar nuestros planes. Así que las minifaldas con pliegues, ceñidas y cortas, las blusas con transparencia y escote algo exagerado, una lencería bastante sexy con unos brasear que elevan los bustos, bragas de hilo, medias que se usan con portaligas y aquellas que se adhieren al muslo con bordes de silicona fueron lo nuevo que Neni vestiría.

Bien todo estaba listo, así que pusimos manos a la obra, empezamos a seleccionar al primer candidato que sería seducido por Neni y con mucho cuidado elegimos al primero, el maestro de sistemas, un tipo bastante reservado, serio pero muy observador, su nombre Daniel, a quien en más de una oportunidad lo habíamos cogido observando a Neni con ojos de deseo. Elegido el candidato Neni hecho andar lo planeado, el día indicado ella vestía con una minifalda tableada que le daba a medio muslo, unas medias transparentes esas que se cogen con portaligas y por su puesto sus infaltables zapatos de tacón, en la parte de arriba vestía una blusa normal con un escote muy sutil que dejaban ver la parte superior de sus bustos el brasear que llevaba puesto resaltaba mejor su tetas y las hacia tentadoras a sacarlas para darles una buena mamada. Luego de la descripción, continuo con la historia, los alumnos de Neni tenían que dirigirse al laboratorio de cómputo donde deberían rendir examen y por disposición los maestros titulares de cada sección deben apoyar en dichas pruebas, es precisamente el momento indicado que aprovecharía Neni para entregar la visión de sus encantos a nuestro compañero de trabajo. Iniciada la prueba los alumnos de Neni quedaron concentrados todos en sus respectivos lugares, el maestro Daniel se ubicó en su escritorio y desde ahí el monitoreaba el desarrollo de la prueba, Neni por su puesto ocupo el lugar de apoyo desplazándose por los pasillos cuidando que no exista plagio o copia entre los alumnos, según transcurría el tiempo comenzaron las preguntas por parte de los alumnos esto fue aprovechado por Neni que casi siempre dando la espalda a Daniel que estaba en su escritorio asistía a sus alumnos e inclinándose le regalaba de esta manera a Daniel una buena vista de sus perfectas piernas y parte de su culito, que ese momento solo la cubría un diminuto hilo, esta actitud Neni la repitió en varias oportunidades e inclusive recogiendo objetos que se le caían a uno que otro alumno hacia el piso, donde sin doblar las rodillas seguía exhibiendo sus encantos. Mientras que Daniel en su escritorio se encontraba con una erección de caballo ante semejante espectáculo ya que no era en lo que estaba acostumbrado, más aun de semejante mujer que en esos momentos ahí estaba.

El sonido del timbre dio fin a la prueba y la exhibición de Neni, condujo a los alumnos hacia la salida del aula dejando la misma completamente vacía, Daniel solicito a Neni que la ayude apagar los equipos de cómputo y así dejar todo listo para el otro grupo Neni para cerrar con broche de oro su exhibicionismo, levanto un poco su minifalda, Neni se desplazaba entre los equipos apagándolos para tal efecto se agachaba sin doblar las rodillas, así entregaba una perfecta visión de su culito por lo corta de la minifalda, sus tetas inflamadas por la excitación asomaban por su escote, Neni estaba dando un espectáculo de película erótica, hasta que sintió que Daniel se paró detrás de ella mientras apagaba uno de los equipos, la cogió desde atrás y la atrajo hacia su pecho e hizo sentir su erección y le dijo a Neni “todo el momento del examen te has exhibido, he visto tus piernas, tu portaligas y tu delicioso culo, apenas cubierto por un hilo, además que tu cuca a mojado tus bragas, que quieres lograr, dime” Neni confundida por semejante reacción y excitada al mismo tiempo solo balbuceo una disculpa porque no se había percatado de lo hecho, Daniel la volteo bruscamente y la beso con una pasión indescriptible mientras que sus manos apretaban las nalgas de Neni por debajo de la minifalda, Neni al principio intento rechazarlo pero debido al morbo y excitación sucumbió al morreo de Daniel, inclusive éste metió su mano entre las bragas de Neni e introdujo sus dedos en su cuca hecha un charco, ya a un paso de la posesión de esa hembra, una llamada a la puerta del aula de parte de un alumno, corto bruscamente el momento de gran morbo, Daniel solo atino atender al jovencito y Neni aprovecho para huir de su acosador.

Desde este momento la pureza de Neni fue explorada por otro sujeto, más aún que ella sucumbió al morreo y caricias de su acosador, avizoraba un aire de infidelidad que inclusive me convertían en un tolerante cornudo acompañado de celos y complicidad que elevaban mi morbo al tope. Al final del día Neni se acercó a la oficina donde yo realizaba diariamente mis labores y me conto con detalles todo lo sucedido, como manifesté, los celos y la tolerancia me convirtieron en un animal, no sabía si increpar su infidelidad, solo atine a cogerla de ambos brazos y la bese con pasión, jugando con su lengua y mordiendo sus labios, Neni al sentir que lo que había hecho yo lo estaba aprobando volvió a retomar lo que había dejado hace una horas, bajo hasta mi bragueta y saco mi venoso pene lo chupo y lo puso a punto del ataque, ella ya sabía cómo dejarlo erecto y poderoso, luego se puso nuevamente de pie y dijo “sabes me gusta lo que hice con Daniel, ahora quiero que me folles tu pero en mi mente estaré follando con Daniel, quiero que me llenes de semen y me hagas sentir la más puta”, la levante de su delicioso culo y la puse sobre la larga mesa que ahí estaba, la abrí de piernas aparte sus bragas, bese y chupe con pasión su cuca, hasta que soltó un orgasmo y cuando ya la tenía chorreante le clave mi pene con mucha fuerza, cual asesino le clava el puñal a su víctima, una y otra vez, Neni solo gemía y disfrutaba de la felación, pero hay algo que me saco del cuadro e hizo que atacara esa cuca con mayor fuerza, cuando dijo “que rico me coges Daniel, párteme la entrañas, soy tuya, soy tu puta”, comenzó a convulsionar, yo no pare, le clavaba mi pene a su cuca con mayor fuerza, hasta que ambos explotamos, tal fue la cantidad de semen que fluyo de mi rojizo y adolorido pene que resumió en la minifalda, en la mesa y en sus bragas que aun las tenía puestas, debido a semejante arrechura no me dio tiempo a sacárselas, ahora Neni iniciaba otra etapa, la de exhibición, sumisión e infidelidad.

Continuara…

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Mi mejor amiga y yo

Mi nombre es Roberto mido 1.80 de estatura tengo 20 años de edad y soy robusto. El relato que les voy a contar pasó hace dos días. Yo me encontraba solo en mi casa cuando escuche que tocaban el timbre así que me asome para ver quién era y vi que era Mónica mi mejor amiga y la más guapa de todas. Mónica mide 1.60 de estatura su cabello es castaño lacio y largo hasta los hombros su cara es hermosa sus labios son medianos pero besables sus ojos son verdes naturales y su cuerpo escultural (92-60-92) sus tetas son grandes redondas y bien formadas y su trasero es grande redondo paradito y durito definitivamente Moni me encanta es preciosa. Yo le abrí la puerta –Hola Moni-la salude –Hola Roberto-me saludo ella –Pasa Moni-le dije con cortesía y ella paso y cuando paso le vi esas pompas que me enloquecen y cerré la puerta después de que ella paso –Siéntate por favor-le dije señalándole el sillón –Gracias Roberto-me contesto Moni y yo me senté a su lado –Dime amiga ¿A qué debo su agradable visita?-le dije –Andaba en el centro y tu casa me quedaba cerca así que decidí pasar a verte después de la graduación no nos volvimos a ver por eso pase a verte-me contesto Moni –También tenía ganas de verte después de la graduación pero fui a tu casa pero me entere de que ya no vivías ahí y no supe donde vives ahora-le conteste yo y Moni me dio su nueva dirección -¿Se te ofrece algo de beber? ¿Agua, refresco?-le pregunte –Agua por favor-me contesto Moni y yo fui a la cocina y llene dos vasos con hielo y el agua de horchata y volví a la sala con Moni y le entregue el vaso Moni llevaba puesta una blusa de tirantes color verde claro y una minifalda rosa dejando al descubierto sus hermosas y torneadas piernas las cuales también me encantan yo estoy enamorado de Moni desde que la conozco pero no me atrevo a confesárselo por miedo al rechazo entonces ella y yo cruzamos miradas y nos miramos fijamente no sé cuanto tiempo pero lo hicimos y ahí descubrí que Moni también sentía algo por mí que una simple amistad y la bese ambos comenzamos a besarnos incluso yo introducía mi lengua en su boca y ella la suya en la mía yo lleve mi mano derecha a su pierna izquierda y comencé a acariciarle su hermosa pierna y a ella le gustaba entonces subí mi mano hasta su entrepierna y le acaricie su vagina por encima de sus bragas y note como comenzaba a mojarse poco a poco y ahí supe que ella realmente se había excitado –Ven vamos a mi cuarto-le dije y Moni acepto encantada yo le puse el seguro a la puerta de la sala y me dirigí a mi cuarto con aquella bella mujer entonces yo me puse sobre ella y comencé a besarla de nuevo nos besábamos con mucha pasión y yo comencé a besar su cuello mientras ella acariciaba mi espalda y cabeza entonces le quite la blusa dejando al descubierto un brasier negro y le toque las tetas por encima de su brasier y sentí como sus pezones se ponían duros eso me excito mas luego le quite la minifalda dejando al descubierto sus bragas negras luego le quite el brasier y comencé a lamberle sus tetas mientras Moni comenzó a gemir luego de un buen rato comencé a chuparle sus ricas tetas y Moni comenzó a excitarse mas y mas hasta que decidí comenzar a morderles sus pezones –Sigue-gimió Moni excitada y yo le hice caso luego de hacerle llegar a su primer orgasmo le comencé a recorrer su cuerpo desde sus tetas hasta su ombligo eso a ella le encanto entonces le quite sus bragas y comencé a lamber su clítoris Moni empezó a gemir mas fuerte yo le lambia e incluso metía mi lengua dentro de su vagina haciéndola incluso gritar de placer, e hice que se viniera dos veces en mi boca entonces Moni me quito toda la ropa y comenzó a chuparme el pene yo estaba excitado y muy caliente y me encantaba como lo chupaba me excito y derrame mi semen en su boca eso la mega excito que continuo con su labor oral un buen rato Moni era muy buena en el sexo oral (y aun lo es) nuevamente le avente mas semen en su boca entonces yo le di un condón y Moni lo abrió para después ponérmelo excitándome mas entonces la acosté y comencé a penetrarla primero lento pues ella era virgen Moni primero gimió de dolor pero después el dolor se convirtió en placer y comenzó a disfrutarlo más igual que yo lo hacia y entonces comencé a embestirla más rápido que Moni comenzó a gritar de placer y yo le agarraba sus pompas ella solo me sonreía Moni se corrió cuatro veces manchando las sabanas de mi cama pero eso no me importo en lo absoluto solo continúe penetrándola hasta que ambos terminamos pero ahí no acabo todo dado que ella me quito el condón y yo le propuse hacer el 69 ella me chupaba mi pene re sabroso mientras yo le lambia su vagina la cual sabia muy rica al igual que el resto de su cuerpo después de tres horas terminamos satisfechos Moni me regalo sus bragas y yo las acepte muy feliz ambos nos vestimos y continuamos platicando en la sala muy a gusto –Me encanto lo que hicimos-me dijo Moni con una sonrisa –A mi también-le conteste y nos volvimos a besar -¿Quieres ser mi novia?-le pregunte –Me encantaría-me contesto Moni y desde ese día nos hicimos novios y esa no fue la última vez que follamos.
Este es un relato ficticio yo mismo lo escribí espero que les guste. Por favor envíenme sus comentarios a grievous04@gmail.com tanto hombres como mujeres.

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01. EL DEBUT

Apenas tenía 16 años cumplidos y era Navidad. Como todos los años, toda mi familia se reunía en casa de una de mis tías, en la afueras de la ciudad. La casa estaba encima de una fábrica, también de la familia. Siempre esas reuniones juntaban a unas 50 personas, entre hermanos, sobrinos, primos, etc., etc..
Pasó la cena de Nochebuena y seguía la fiesta, bailando y cantando, bebiendo y comiendo panetones, nueces, almendras, etc., etc..
Yo tenía una prima política (Martita) que tenía dos años más que yo, que era bastante bonita y tenía un cuerpo muy, pero muy bueno; curvas, culito parado, tetas razonables, en fin que me ponía a 100. Eramos los dos más chicos, junto a otra prima segunda (Mariquita) que tenía mi edad, pero que vendría el día de Navidad por la tarde.
Como a las 4 de la madrugada, bajamos con Martita a la calle y había, aún, algo de algarabía. Nos juntamos con los vecinos del barrio y estuvimos bailado. Yo trataba de apretarla a Martita, pero la música alegre y rápida no daba pie para nada. La gente, ya cansada, se comenzó a ir y nosotros nos metimos en el zaguán de la casa para subir a la reunión de nuestra familia, que seguía a toda marcha. Cuando íbamos a comenzar a subir, apagué la luz de la escalera y le toqué el culo; ella se dio vuelta y me metió un beso portentoso en la mejilla (en esa época, eso era como ganarse a la piba). Bajó un escalón, se puso a mi lado y nos pegamos un achuchón muy bueno. En eso, escuchamos que se abría la puerta de la escalera desde arriba y enseguida largamos y encendí la luz. Mi viejo bajaba para ver donde estábamos. Acabamos de subir y le expliqué que nos volvíamos porque los vecinos se habían ido todos a dormir, incluido los chicos de nuestra edad. En casa la fiesta continuaba permanentemente y nosotros bailábamos, pero sin apretar porque estaba la familia.
Después de la comida de Navidad, la madrastra de Martita se echó en la cama de mi tío (su hermano) y como no había lugar para tanta gente, Martita se echó junto a ella. Viendo la maniobra, me metí en la habitación, cerré la puerta y me eché en el piso, del lado de Martita. Junté coraje y metí la mano por debajo de la sábana e intenté llegar a la concha de Martita, pero me lié con su amplia falda. Martita lo notó y me llevó la mano hasta su pubis, por encima de las bragas. Se dio vuelta y se puso boca abajo; entonces yo le puse la mano encima del culo, pero siempre por encima de las bragas. Martita dejó caer su brazo hacia el costado y me sobaba la pija por encima de mi pantalón corto. Estábamos en la gloria (vaya por dios), hasta que se abrió la puerta de la habitación. Me quedé inmóvil como si durmiera. Era Ana, una prima mía que tenía unos 15 años más que yo y se quedó mirando; esbozó una leve sonrisa y salió y cerró la puerta. Me quedé petrificado. Como a los 10 minutos, se me había muerto la pija por el susto, salí de la habitación y me fui a la terraza donde seguía la fiesta. Al llegar, mi prima Ana me preguntó como estaba a lo que le contesté que bien y me dijo: “Bien o muy bien” y le dije “Bien”; ella se sonrió y se puso a hablar con mi madre.
Al rato, veo por la ventana que Martita estaba en la cocina y allí fui. Le dije: “Te espero en 10 minutos en la fábrica, junto a la ventana de la oficina. Baja por la escalera de la casa que yo te abro la puerta del depósito”. No me contestó. Yo bajé por la escalera directa de la fabrica, abrí la puerta de calle y esperé que venga Martita. Fue puntual. Cerré con llave para que nadie entrara y me la llevé al fondo, junto a unos fardos de algodón. La comencé a manosear y ella a mí. Nos dábamos muchos besos y le levanté la falda. Ella dejaba hacer. Yo nunca había cojido, pero ella, con seguridad que sí. Me arrodillé, me metí debajo de la falda, le empecé a besar en la pancita y ella comenzó a moverse, seguramente porque le gustaba. Le bajé las bragas, ella levantó la falda y me dijo: “¿Que hacés?”. Respondí: “No ves lo caliente que me pusiste arriba y aquí ahora. Me vas calentando y después me preguntas que hago. Tengo ganas que nos desvirguemos. Hace mucho tiempo que nos vamos franeleando y nada”. Soltó la falda, acabé de quitarle las bragas y le empecé a besar en el vello. Yo no sabía lo que era el clítoris, así que besaba el vientre y el pubis. Estaba con una erección que me estaba inundando. Ella me puso de pié, me desabrochó el pantalón y me bajó el calzoncillo hasta las rodillas. Se levantó la falda me apretó contra ella y, como yo no hacía nada, me agarró la pija y me la puso dentro de su concha. Del calor de la concha casi me quemo. Me dio vuelta y me puso de espalda contra los fardos de algodón, para comenzar a meterse y sacarse mi pija de su concha. A los 2 o 3 minutos, comenzó a jadear y luego a hacer unas respiraciones profundas, y siguió con su meter y sacar. Me dijo, “cuando vayas a acabar, avisame con tiempo, a ver si no hacemos una cagada y me quedo embarazada”. Poco después, comencé a sentir un cosquilleo y le dije que iba a acabar, se quito la pija de la concha y me siguió pajeando hasta que me hizo acabar en un pañuelo que sacó del bolsillo de mi pantalón.
Me estaba limpiando, cuando sentí pasos por la escalera de la fábrica. Nos metimos más al fondo para que nadie nos viera. Alguien andaba inspeccionando. Nosotros ni respirábamos. Cuando pasó el peligro, salimos sigilosamente hacia la calle y nos fuimos a dar una vuelta a la manzana. Al volver, mi tía le dijo a Martita que se iban a ir porque su padre tenía que trabajar al día siguiente. Les acompañé a tomar el autobús y cuando volvía, veo llegar al primo de mi padre con su familia, en la que estaba Mariquita, de mi edad, que estaba muy guapa. Tenía un culito redondito, pero pocas tetas (su madre era una tabla) y era mas bien feíta, pero muy divertida y dicharachera. Subieron a la casa y enseguida su madre y una de mis tías, empezaron a decir que bailáramos el twist, que nos salía muy bien. A Mariquita, hoy la veía un poco más linda ya que estaba en el día de mi debut y desvirgue y estaba muy entonado para apretar a las únicas con las que, según mi idea, podía revolcarme y tener sexo.
Bailamos un rato y nos fuimos, sin que nadie se diera cuenta, por la escalera de la fábrica al depósito. Apenas entrar, comencé a tocarle las tetas y acariciarle el vientre. Ella no quería, porque decía que si nos veían nos iban a cocinar a tortas. Le propuse escondernos donde estábamos antes con Martita y primero no quería, pero después accedió. Yo puse unas telas limpias que encontré en el piso, y nos sentamos. Nos empezamos a meter mano, yo más que ella, y le metí la mano debajo del corpiño. Me quedé un poco desilusionado, porque había poca mercancía; entonces ataque por la concha. Yo le ponía la mano encima de mi paquete, pero ella la quitaba enseguida. Me detuve y con gran cabreo le dije: “Pero vos sos boluda, siempre que bailamos nos estamos franeleando y sobando y ahora que tenemos la oportunidad te hacés la estrecha”. Me dijo que estaba asustada de que pudiera venir alguien y nos viera. Conseguí que me pajeara, metiéndome la mano por la bragueta y yo pajeándola a ella metiéndole el dedo en su coño. Nada más pude hacer, ya que ella, en un momento, se me zafó, se levantó y se fue.
Mis padres se fueron y yo me quedé en casa de mi tía porque habían acabado las clases y en tres días, toda la tropa nos íbamos de vacaciones. Al día siguiente, todos se habían ido a trabajar y mi prima Ana, después del desayuno, me preguntó: “¿Vos ayer a la tarde estuviste en el depósito con alguien?. Contesté que no había estado en el depósito a lo que me dijo “¿Y entonces estas bragas que estaban caídas en el depósito de quién son?. Me debo haber puesto como un tomate, porque Ana me dijo “nene, si te querés comer a la Martita, me lo decís y yo te cubro, pero no me mientas porque sino le tengo que dar las bragas al tío Juan y se va a armar, o crees que no me dí cuenta lo que estaba pasando en la pieza del tío Pepe?”. Me quedé de piedra.
A Martita dejé de verla como 15 años. Un día, voy a la casa de mis primos y Ana me dice: “Te tengo preparada una sorpresa. ¿A que no sabés quien es esta persona?” y sale una señora del escritorio. Después de verla dije “la verdad que no me doy cuenta quién es” y enseguida sale mi tía. Ahí me dí cuenta que era Martita. Envejecida, escuálida y echa una piltrafa. Simulé alegrarme de verla, pero en realidad, con seguridad, la vida fácil la había llevado por el mal camino y así quedó.
Nunca más la volví a ver.
Y así, en Navidad hice mi debut sexual con mi prima Martita. ¡¡Que bien que estaba!!.
Ah !! a Mariquita nunca me la pude coger.
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Mi mujer, mi hijo y sus amigos

Hola amigos, mi nombre es Fermín Jiménez y tengo 42 años. Soy veterinario y tengo una pequeña consulta en el piso de al lado de mi casa,en Madrid, que apenas nos da para vivir a mi mujer, a mi hijo y a mi. Siempre he sido un perdedor, estudie veterinaria porque no pude entrar en medicina,no tengo grandes amigos y nunca se me dieron bien las mujeres,hasta que conocí a María, con la que estoy casado y tengo un hijo, Luis Miguel.

María tiene 39 años, es ama de casa, trabajaba de voluntaria en una asociación para ayuda de los mas desfavorecidos cuando la conocí, ya que es muy religiosa, y considera que es el deber de todo cristiano ayudar a sus semejantes. Yo me había metido en esa asociación porque estaba una chica que me gustaba,naturalmente no la conseguí. Fingiendo ser un hombre muy espiritual me hice novio de María y a los dos años nos casamos.

Ella es una mujer bastante guapa, morena, ojos marrones,piel muy clara y labios carnosos. Tiene los pechos bastante grandes y un culo muy bonito. Se conserva bastante bien ya que trabaja mucho para tener la casa siempre perfecta,anda bastante y ademas es vegetariana y no come demasiado. Aunque no saca demasiado partido a su físico porque siempre va con ropas muy holgadas para no provocar.

Luis Miguel, Luismi como le llamamos, es el ojito derecho de María, tiene 15 años. Mi mujer lo tiene mimadísimo, ya que es hijo único, y le concede todos sus caprichos. Va al mejor colegio de la ciudad, tiene todos la ropa que quiere, un PC de última generación, una consola con todos los juegos que se le antojan y un pastor alemán que se llama Toro al que por supuesto soy yo quien saca de paseo. Vamos que con mi sueldo y sus caprichos apenas tenemos para otra cosa.

Nuestra vida sexual es bastante escasa, hacemos el amor cuando ella no tiene riesgo de quedar embarazada, ya que sus creencias nos impiden el uso del preservativo, y un nuevo hijo supondría la ruina. No quiso que nos acostáramos hasta estar casados, ya que eso seria pecado mortal. Además no es amiga de nuevas experiencias, hacemos la postura del misionero con la luz apagada y nada más. La única vez que le pedí que me hiciera una mamada tuve que dormir en el sofá, así que nunca mas le he comentado nada similar. Ni siquiera me deja verla desnuda,se cambia en el cuarto de baño y cuando hacemos el amor es con la luz apagada y ni se quita el camisón.

Bueno pues entremos en materia, la historia comienza en el momento en el que cambió mi suerte,me tocaron $ 10.000 en la primitiva,el único lujo que me permito. Dude si contárselo a mi mujer, porque sabia que el dinero volaría en cambiar los electrodomésticos, y en nuevos caprichos para el niño. Al final decidí no contar nada.

Como ya he dicho mi negocio no iba bien, asi que pensé que ese dinero me permitiría tomarme una par de semanas de vacaciones,lógicamente sin comentar nada a mi familia, manteniendo nuestro ritmo de vida, comprarme algo para mi y relajarme un poco.

Mi mujer es alérgica a los gatos, asi que nunca viene a mi consulta, por lo que no sospecharía que no iba a trabajar. Yo me levantaba como normalmente y luego en lugar de ir a trabajar salía a hacer todas las cosas que nunca he podido, como ver los museos de la ciudad, pasear por el centro, mirar alguna tienda, etc.

Un día decidí pasar a buscar a mi hijo a la salida del colegio, cuando llegue estaba en la puerta su grupo habitual de amigos, Raúl, Nacho, Juan e Israel. Ellos no me veían porque estaba detrás de un grupo de madres que esperaban para recoger a sus hijos. Iba a acercarme a saludarles cuando escuche la siguiente conversación:

-Nacho: ¿oye donde esta Luismi?

-Israel: ¿esta en clase buscando su nueva consola portatil?

-Raul: ¡pues que siga buscando!

Dijo esto mientras sacaba de su cartera la consola de mi hijo. Todos se rieron a coro.

-Juan: vaya pringao el Luismi. El otro dia me lleve de su casa un par de juegos de PC.

Todos volvieron a reir.

Me di cuenta que los supuestos amigos de mi hijo estaban con el por conveniencia. Siempre estaban en nuestra casa merendando, jugando a la consola y haciendo lo que les viniesen en gana porque mi mujer hacia lo que fuera para que mi hijo estuviese a gusto con sus amigos, mientras que estos no eran amigos sino unos niñatos de 15 años aprovechados.

Pensé en romperle la cara a Raúl y recuperar la consola. Pero el diría que la había encontrado y que iba a devolvérsela a Luismi, por lo que no ganaría nada. Se me ocurrió otra idea, les vigilaría y cuando tuviese pruebas concretas iría a sus padres con ellas, mientras tanto no diría nada a mi hijo, y menos a mi mujer, la cual no soportaría que se estuviesen riendo de su hijito. En uno de mis paseos había pasado por una tienda de electrónica, donde vendían pequeñas cámaras de vídeo, las que utiliza la gente para espiar sin ser descubiertos. Compraría un par de ellas las escondería en mi casa y los espiaría desde el ordenador de mi consulta.

Como tenia el dinero de la primitiva, no repare en gastos, compre las dos mejores minicámaras que había, eran inalámbricas con un emisor y un receptor que se conectaba a un vídeo o con un adaptador a un un puerto usb de un ordenador. Instale una en el salón y otra en el cuarto de mi hijo. Desde el ordenador de mi despacho podía ver y oír lo que ocurría en las dos habitaciones.

Al día siguiente los amigos de mi hijo tenían pensado venir a casa a merendar y a jugar a los videojuegos, asi que estratégicamente me fui a la consulta y me dispuse a grabar lo que pasara, si robaban algo iría con la grabación a sus padres que no podrían negar la evidencia. María abrió la puerta, llevaba puesto un chandal que utiliza para estar por casa. Esta ropa le marcaba bastante bien la figura a diferencia de la ropa holgada que utiliza para salir a la calle.

Los chicos entraron,Raúl el primero, era el cabecilla, los demás le obedecían en casi todo, incluido Luismi.

-Raúl: Hola Sra. Jiménez ¿Como esta?

-María: Muy bien chicos ¿y ustedes?

-Todos: bien gracias.

-María: voy a preparaos algo de merienda, poneos cómodos.

Mi mujer se fue hacia la cocina y ellos se fueron al cuarto de mi hijo a jugar a la consola. Con mi hijo delante no harían nada, as ique decidí forzar un poco la situación. Llame a casa por teléfono y le dije a Luismi que tenia que recoger unos libros para mi de casa de los abuelos, que yo no podía porque estaba trabajando. Después de prometerle un nuevo videojuego accedió a ir.

-Luismi:Me acompañáis alguno, que tengo que hacer un recado

-Raúl:¡Joder tío! no seas plasta. Ya hemos empezado el campeonato, vete tu y luego entras.

Sorprendentemente Luismi no protesto y se fue por la puerta. Era increíble como Raúl manejaba a los demás. Todo estaba preparado, solo tenia que esperar. Mi mujer entro con unos bocadillos y unos refrescos, los dejo en la mesa y se marcho. Lo que ocurrió a continuación me sorprendió más que cualquier otra cosa que pudiese haber pasado .

-Raúl:¡Joder que buena esta la madre del pringao!

-Nacho:¿os imaginais cómo será desnuda?

-Israel:seguro que sus tetas son aun mas grandes de lo que parecen.

-Nacho:Con esa pinta de mojigata, parece que no ha roto un plato en su vida

-Raul:Es la típica beata, mi abuela dice que la ve todas las mañanas en misa.

-Nacho: No me estraña. cuando sale a la calle parece una monja.

Todos se rieron de ese comentario.

-Juan:¿Y que me decis del marido? Es tan pringao como Luismi. Se mata a trabajar para comprarle cosas a su hijo y la mitad nos las quedamos nosotros. Es un calzonazos.

-Raul:Seguro que la tiene pequeña.No se follará bien a su mujer y por eso se comporta como una monja. Esa puta lo que necesita es un buen rabo

-Israel:¿y quién se lo va a dar? ¿tú?

-Raul:Yo no he dicho que se lo vaya a dar, he dicho que seguro que esta necesitada.

Todos esos comentarios me estaban haciendo hervir la sangre. Cuatro niñatos de 15 años hablando así de mi familia y de mi, ¡Quién coño se creian que eran! Por otra parte tenian razón, todo lo que habian dicho era verdad, me estaba matando a trabajar por un niño consentido, para que sus amigos se aprovecharan de él. Mi mujer y yo apenas haciamos el amor y, cuando lo haciamos nunca le aaranqué ni un gemido de placer.Mi pene es bastante pequeño, mide 10 cm en máxima plenitud, incluso en eso tenian razón.

No se si porque pero me empecé a imaginar a esos cuatro mocosos encima de mi mujer, mi cabeza funcionaba sola. Mi mujer gozando en las manos de esos degenerados,sin darme cuenta esa idea me estaba excitando un monton. ¿Como seria por fin ver gozar a mi mujer?Me calentaba la idea aunque no fuese yo el que lo consiguiera. En eso estaba cuando me di cuenta que llevaba mas de media hora dandole vueltas al coco y mi hijo habia regresado.

No ocurrio más en el resto de la tarde. A la hora de cenar cada uno se fue a su casa y yo me disponia a regresar a la mia. Cuando llegue la mesa estaba servida.

-Maria:¿que tal el dia cariño?….Te estoy hablando a ti Fermín.¿Te ocurre algo?

-Yo:¿Eh…? Ah nada solo estaba dandole vueltas a un asunto de la consulta

-Luismi: Mama he perdido la consola portatil.

-María:¿Cómo?¿Dónde?

-Luismi:Raúl dice que lo mas seguro es que la haya dejado en el campo, cuando hemos estado jugando al fútbol en el recreo.

-María:No te preocupes, que si no aparece te compramos otra.

Ni siquiera me di cuenta de que tendría que comprar una consola nueva, yo seguía cada vez más excitado pensando en lo que esos chicos habían dicho sobre mi mujer. Al terminar la cena mi mujer se fue a duchar como todas las noches, mi hijo se fue a su cuarto a ver la tele, y yo me quede a solas tomando una copa con mis pensamientos.

Pensé “¡si quieren verla desnuda la van a ver!”. No se cual es el motivo que me llevo a ayudar a esos chavales en sus propósitos, pero el caso es que lo hice.

Al día siguiente era sábado, lo que significaba que me tocaba hacer unas chapucillas en casa, como ordenar el trastero y colgar un cuadro que los padres de María nos habían regalado. Como todavía me sobraba dinero de lo de la lotería, me levante temprano y antes de que cerraran las tiendas compre dos minicámaras más. El dueño de la tienda me dijo que con dos clientes más como yo se haría millonario. Yo ni siquiera le oí, estaba súper excitado con continuar con mi plan. Llegue a casa hice los arreglos y cuando termine le dije a mi mujer:

-Yo:María, te parece que ya que he sacado el taladro cuelgue una percha detrás de la puerta de nuestro cuarto de baño.

-María: Es buena idea

Hice un agujero en la puerta con el taladro. Intencionadamente puse una broca demasiado gorda y larga y traspase la puerta. Mi mujer se cogió tal cabreo que me dijo que no pusiera la percha porque iba a dejar la puerta como un queso gruyere. Después de eso le dije a Luismi que porque no invitaba a sus amigos a cenar. A el le pareció una gran idea. Fue corriendo a decírselo a su madre, la cual por darle gusto accedió, no sin antes dirigirme una mirada asesina. Ahora tendría que salir al supermercado a comprar y preparar la cena, era mucho trabajo. Convencí a Luismi para que la acompañase y se comprase el juego que le había prometido el día anterior. Mi plan funcionaba, estando solo podría colocar tranquilamente las cámaras.

Coloque una en nuestra habitación,y otra en el cuarto de baño que esta incorporado a la habitación. Me fui a mi consulta y comprobé el funcionamiento. Parecía un vigilante jurado. Con la pantalla del ordenador dividida en cuatro partes, podía verlo todo. Además podía grabarlo todo simultáneamente. Era un plan perfecto.

Por la noche llegaron los cuatro, Raúl como siempre entro el primero

-Raúl: Buenas noches, gracias por invitarnos a cenar.

-María: Gracias a ustedes por venir.

-Luismi:Vamos a jugar a la consola hasta que este la cena.

Los cuatro le siguieron. Yo aproveche mientras mi mujer estaba en la cocina para ir a conectar las cámaras a mi despacho y volver sin ser visto. Luego, continuando con mi plan fui al cuarto de mi hijo . Estuve hablando de tonterías con los chicos hasta que le toco jugar a Luismi. Estaba jugando contra Juan.

-Yo:chicos ¿conocen en resto de la casa?

-Luismi:papa… ¿que resto de la casa?, solo queda vuestro cuarto.

-Yo:Bueno lo digo porque a lo mejor les apetece verlo

-Luismi:que les va a apetecer si es una mierda.

-Raúl:bueno, bueno, vamos a verlo.

Raúl, Nacho e Israel me acompañaron. Yo sabia que no les apetecía pero para parecer buenos chicos vinieron. Una vez allí como quien no quiere la cosa, mientras hablábamos de tonterías les hice ver el agujero de la puerta.

-Yo:Mirad lo que me ha pasado esta mañana, intentando colgar una percha. ¡Ja!, !Ja! (me reí)

-Raúl: Un fallo lo tiene cualquiera. ¡Seguro que es usted un manitas!

-Yo:Hago lo que puedo, pero no es lo suficiente por lo que se ve.

A esto nos llama María para cenar. La cena transcurrió tranquila. Ellos contaban cosas del colegio, María reía sus gracias y yo pensaba en mi siguiente paso. Al terminar la cena María recogió la mesa, Raúl insistió en ayudarla. Yo desde el salón me di cuenta como el muy pillo se quedaba embobado mirando el culo de María cuando mi mujer se agachaba para meter los platos en el lavavajillas. Una vez recogido todo:

-María: Me voy a duchar antes de acostarme.

Yo sabia que haría eso como todas las noches. Los chicos entendiendo la indirecta se levantaron con intención de marcharse.

-Yo:¿No les apetece quedarse a ver una peli?. Mañana es domingo y no hay que madrugar.

Mi mujer me miro con cara de asombro. No le apetecía que se quedasen otras dos horas.

-Raúl No se, es que…

-Yo:venga chavales luego os acerco a casa en el coche.

Ante mi insistencia se quedaron. María se metió en nuestro cuarto y cerro la puerta. Tenia que darme prisa.

-Yo:voy a sacar al perro y ponemos la peli.

-Nacho:vale

-Yo:Acompáñame Luismi.

-Luismi: Ahora papa,¡Que rollo!

-Yo:El perro es tuyo, además tengo que hablarte.

-Luismi:Esta bien,siempre tengo que hacer todo yo.

Mire a Raúl, el cual tenia una sonrisa en la cara. Israel estaba hablando al oído con Juan, explicándole seguramente lo del agujero. Yo me hice el tonto. Nos dimos un largo paseo, yo hablaba sin parar y mi hijo repetía que quería volver a casa. Tenia que dejarles el máximo tiempo posible. A la media hora volvimos a casa. Cuando entramos los chicos estaban sentados en el sofá con una sonrisa de oreja a oreja. Al vernos dijeron que se tenían que marchar porque habían llamado sus padres, y que no hacia falta que les acompañase. A si que se fueron.

Esa noche quise hacer el amor con mi mujer, ella me dijo que podía quedarse embarazada y que era mejor no hacerlo. No podía dormir,solo pensaba en las cámaras y en ver al día siguiente el resultado de las grabaciones.

A las ocho de la mañana me puse en pie, le dije a mi mujer que no podía dormir y que iba a sacar el perro, ella ni contesto. Prácticamente corriendo entre en mi consulta con el perro. Lo deje en la sala de espera y me fui a mi despacho. Empece por revisar la cámara del salón. Seleccione el momento en que mi hijo y yo salíamos por la puerta. El primero en hablar fue Raúl.

-Raúl:que imbécil,nos a puesto a su mujer en bandeja

-Juan:No perdamos tiempo.

-Nacho:¿Y si nos descubre la madre?

-Raúl:El que no quiera venir que no venga. Mejor para los de más.

Dicho esto se acerco silenciosamente a la puerta de nuestro dormitorio. Puso la oreja contra ella. Cuando escucho cerrarse la puerta del cuarto de baño dijo:

-Raúl: Vamos , yo miro el primero.

Nadie se opuso. Entraron en el dormitorio. Seleccione simultáneamente la cámara de nuestro dormitorio y la del cuarto de baño. María se había metido, como siempre, en el cuarto de baño con el camisón preparado y vestida con su chandal, siempre lo hacia así para no desnudarse delante de mi. Pero esta vez no solo yo la vería desnuda, sino cuatro adolescentes con las hormonas disparadas también. Raúl ya tenia el ojo en el agujero que estratégicamente había situado yo para que tuviesen una visión de todo el cuarto de baño.

María se quito primero la parte de arriba del chandal y luego la de abajo. Se quedo en ropa interior. Su sujetador y sus bragas parecían del siglo pasado, en verdad parecía una monja, pero una monja desnudándose.

Yo estaba excitadísimo. Me había bajado el pantalón y los calzoncillos y estaba empezando a masturbarme. Cuando se quito el sujetador dejando al aire sus enormes tetas casi me corro, la situación era súper morbosa, cuatro críos de 15 años iban a ver en primera persona un espectáculo que nadie antes había visto, y yo desde mi ordenador lo podía observar todo. Después se quito sus bragas, una espesa mata de pelo cubría su sexo. Mientras ella se preparaba para entrar en la ducha los muchachos se iban turnando para ver el espectáculo. Nunca pensaron que esto pudiera suceder. Esperaron a que María saliese de la ducha y repitieron la operación mientras esta se secaba con la toalla. Yo por mi parte ya me había corrido viendo el espectáculo. Luego los chicos se marcharon hacia el salón sin decir una palabra cerrando la puerta del dormitorio tras de si. Se sentaron en el sofá y esperaron nuestra llegada.

Esa mañana vi el vídeo otras dos veces más, no entendía como me podía excitar tanto. Esos chicos se reían de mi familia y yo no solo se lo permitía sino que era su cómplice silencioso. Pensé que debía dar otra vuelta de tuerca a la situación, pero no sabia como. Me iría a casa y pensaría algo, eran las 10 de la mañana y no quería que mi mujer se despertase y no me encontrase allí al cabo de dos horas.

Me pase toda la mañana haciendo como si leía un libro y pensando en la situación. Era casi la hora de comer cuando sonó el timbre de la puerta, era Raúl. Dijo que había olvidado unas llaves aquí , pero yo sabia que no era eso porque sino no habría venido tan tarde, era evidente que algo tramaba. Le dije a mi mujer que iba a comprar el periódico y me fui corriendo a mi escondite enfrente del ordenador. Cuando llegue y mire las cámaras estaban en el cuarto de mi hijo los dos.

-Raúl: Mira Luismi, no he perdido las llaves, he venido a hablarte de algo importante.

-Luismi: De que se trata.

-Raúl:Te lo diré sin rodeos, ayer cuando te fuiste a sacar al perro con tu padre estuvimos espiando a tu madre mientras se duchaba por un agujero que hay en la puerta.

La cara de mi hijo era una mezcla entre sorpresa y rabia. Estaba apunto de echarse a llorar.

-Luismi:¡No es verdad!

-Raúl: Si, si lo es. Tu madre esta muy buena y lo sabes también como yo.

-Luismi: pero es mi madre, esto no esta bien. ¿Porque me lo cuentas?

Estaba claro que Raúl se había dado cuenta que si querían seguir espiando a María no podrían hacerlo sin que Luismi se enterara, y estaba buscando la manera de convencerle.

-Raúl:No me digas que no te habías fijado alguna vez en lo buena que esta tu madre, tiene unas tetas enormes y un culo para mojar pan.

-Luismi:Bueno si, pero es mi madre.

-Raúl: Creía que eras un hombre. Si nos ayudases a verla mas veces… serias mi mejor amigo.

El muy bribón sabia como camelárselo. Mi sorpresa fue mayúscula cuando escuche lo que contesto mi hijo.

-Luismi: ¡Esta bien! ¿que tengo que hacer?

-Raúl:Todavía no lo se, mañana vendremos después del colegio y lo pensamos. Solo quería saber que estas con nosotros como yo suponía.

Yo no salía de mi asombro, por una parte tenia un hijo malcriado que traicionaba a la persona que más le quería y que daba todo por el, y por otra esta nueva situación me habría los nuevos horizontes que yo estaba buscando. Se me ocurrió una idea sobre la marcha. Cogí un frasco de un somnífero que utilizo cuando tengo que hacer alguna operación sin importancia a un animal y no necesito anestesiarlo. Encontraría la manera de ponérselo en bandeja a los chicos igual que con el agujero.

La tarde siguiente yo estaba nerviosismo, esperé a que llegaran del colegio en mi despacho. Cinco minutos después de que entraran ellos puse las cámaras a grabar y me fui para casa, empece a hablar con ellos los partidos de fútbol del día anterior y demás tonterías. Metí mi mano en el bolsillo y saque el frasco de somnífero.

-Yo: ¡Qué descuido! Me he traído esto de la consulta por error. No vayáis a tocarlo que es un somnífero muy potente que utilizo para los animales. Con un dedo de este liquido podría dormir a un elefante.

-Raúl: No se preocupe señor Jiménez, que no lo tocaremos.

María me grito desde la cocina

-María:¿Ya estas de vuelta Fermín?

-Si es que hoy había poco trabajo. Por cierto tengo un congreso el sábado que viene en Barcelona. Me iré por la mañana y volveré al día siguiente.

Los chicos se miraron entre si sonriendo, era su gran oportunidad. Para facilitarles el camino dije:

-Yo:María por que no le preparas a estos hombrecitos algo de merienda.

-María: Prepararé bocadillos y unos refrescos

-Yo:Voy a darme una ducha que debo oler a gato cantidad.

Cuando volví de ducharme, ya no había nadie en el salón, María estaba en la cocina y los niños estaban en el cuarto de Luismi, pero en lugar de las voces que se oían normalmente estaban todos muy callados. Me acerque al frasco y comprobé que habían cogido casi la mitad. Mi plan funcionaba, el sábado seria un gran día.

Al día siguiente al comprobar las grabaciones vi como vertían la mitad del frasco de somnífero en un bote de colonia vacío y escuche lo que decían cuando estaban en el cuarto encerrados.

-Raúl: Tu padre es idiota tío, nos a puesto a tu vieja en bandeja.

-Luismi: No te pases tío que es mi padre.

-Raúl: Lo que quiero decir es que el sábado cuando tu viejo se vaya dormiremos a tu madre con esto y la desnudaremos.

-Luismi: ¿no le pasara nada?

-Juan:no seas marica tío, le echaremos poco, las personas son como los animales le hará el mismo efecto.

-Luismi:no se…

-Raúl:¡joder! te acuerdas lo que hablamos ayer o no.

-Luismi:Esta bien, pero solo la desnudaremos.

-Raúl:claro tío, no te preocupes.

En toda la semana no volví a ver a los amigos de mi hijo. Supongo que ellos estarían tan excitados con lo que iba a pasar como yo. Me pase el resto de los días acondicionando la consulta con algo de comida y agua, copiando a cd las grabaciones y preparando el ordenador para una nueva sesión. El sábado llego, le di un beso a mi mujer y me fui. Me encerré en mi despacho a esperar. Después de comer llamaron a la puerta, eran ellos. Raúl venia con una mochila. Yo ya estaba con una excitación tremenda

-María:¡hola como están!

-Raúl:Bien, pero venimos con un calor tremendo, hace un día de verano total.

-María: ¿Quieren beber unos refrescos?

-Raúl:Eso seria estupendo.

-Luismi:mamá tomate uno con nosotros.

-María:ok, voy a prepararlos.

Cuando ya estaban todos sentados

-Nacho:No tendrá un analgésico, es que me duele un poco la cabeza.

-María:creo que si, voy a ver.

En ese momento Raúl saco el frasco de la mochila y vertió todo su contenido en el refresco de María. Quería asegurarse que se quedaría bien dormida. Yo mismo me preocupe porque se había pasado, pero no podía hacer nada sin descubrirme. Llego mi mujer con el analgésico y se tomaron los refrescos. Al rato mi mujer dijo sentirse muy cansada y que se iba a echar una siesta, que no hicieran mucho ruido. Esperaron quince minutos y se dirigieron al dormitorio con la mochila. Yo estaba intrigado con lo que llevarían en ella.

-Luismi:oye tío ¿qué llevas en la mochila?

-Raúl: Ahora lo veras, no tengas prisa. Llama a la puerta a ver si contesta.

María no contestaba, estaba tirada encima de la cama con su chandal puesto, dormía profundamente. Al ver que no decía nada, Luismi entro solo se acercó a la cama y la tocó en el hombro, María no reaccionó,Luismi empezó a moverla con más fuerza pero nada.

-Raúl: perfecto, vamos tíos.

-Luismi:¿no estará muerta?

-Israel:no digas tonterías no ves que respira.

-Luismi:venga tíos enseñarme lo que hay en la mochila.

Raúl saco de ella una cámara de vídeo que había cogido a sus padres. Era irónico ellos grabarían a mi mujer y yo los grabaría a todos. Me bajé los pantalones y me dispuse a contemplar el espectáculo.

Raúl le dio a Nacho la videocámara . Luismi estaba de pie sin saber que decir. Raúl se acerco a María y empezó a desnudarla. Le quito el chandal y la dejó en ropa interior. Los otros tenían los ojos como platos y se miraban entre ellos nerviosamente.

-Raúl: Vaya bragas de vieja que tiene tu madre.

-Luismi:no son de vieja, es que los tangas y esas cosas son de puta.

-Juan: tu madre si que es una puta. Ahora lo veras.

Diciendo esto se acerco a la cama y le quito el sujetador, al mismo tiempo Raúl hacia lo propio con las bragas. Ahí estaban cinco críos de 15 años alrededor de una cama, con mi mujer en el medio desnuda y despatarrada ofreciéndoles la mejor visión que nunca hubiesen tenido.

-Raúl: ¡Venga tíos grabadlo todo!

Mientras decía esto Raúl empezó a apartar los pelos del coño de María. A los demás, incluido Luismi se les caía la baba. Yo ya me había corrido una vez y estaba empezando la segunda paja. En esto que Raúl empieza a meterle un dedo por el coño a María. Luismi protesto porque habían quedado en que solo mirarían. Los demás sin hacer ni caso dejaron la cámara sobre una mesa apuntando hacia la cama y se acercaron a mi mujer, Israel y Nacho se apoderaron de una teta cada uno, las chupaban y apretaban como si les fuera la vida en ello. Juan acudió al lado de Raúl, guiñándole el ojo le aparto la mano y empezó a chuparle el coño a María. Luismi solo miraba sin saber que hacer. Los pezones de mi mujer estaban duros como escarpias ya que Israel y Nacho se habían casado de chuparlos y habían empezado a mordisquearlos,ella respiraba agitadamente y su entrepierna estaba encharcada, nunca la había visto así de excitada.

Raúl saco de la mochila un vibrador que habían mangado de un sexshop y un bote de vaselina. Al ver su tamaño me asuste, media el doble que el mío y era el doble de grueso. Mi mujer solo había probado un rabo, el mío y pensé que ese no le cabria pero me equivoqué. Empezó a introducir dos dedos llenos de vaselina en el coño de María luego también embadurno con ella el vibrador,lo puso a la entrada de su cueva y empezó a empujar poco a poco. Los otros chicos se habían bajado los pantalones y estaban pajeándose, sus miembros no eran muy grandes pero si eran mayores que el mío. Raúl le dio al botón de encendido y el aparato se puso a vibrar. Pensé que ella se despertaría, pero le habían dado tanto somnífero que no fue así.

-Raúl:¡vamos Luismi hazte una paja como los demás!

– Luismi:no tío os estáis pasando un rato.

-Raúl: No digas tonterías, es una oportunidad única, ademas mira como tiene el coño de mojado la puta de tu madre. Seguro que el cabrón de tu padre nunca se la ha follado así. Si no te vas a pajear coge el vibrador que yo si voy a hacerlo.

Esos comentarios hirientes me estaban poniendo a cien, perdí la cuenta de las pajas que me hice. La escena era dantesca, Raúl estaba sentado en el estomago de mi mujer con su polla,la mas grande de todas, entre las tetas de María, los otros tres estaban pajeándose alrededor de la cama y Luismi le estaba metiendo un vibrador por el coño. Raúl fue el primero en correrse, lanzo tres chorros, uno directo a un ojo, otro a los labios y el último se quedo en las tetas de María. Se aparto como pudo y dejo sitio para que descargaran los otros tres. Cada cual escogió a su gusto Israel y Juan lo hicieron en la cara, Nacho opto por correrse en sus tetas. Luismi seguía metiendo y sacando el vibrador, solo que ahora parecía que lo hacia con saña.

Ver a mi esposa con su cara y sus tetas cubiertas de lefa mientras mi hijo le metía un vibrador por el coño me arranco mi enésimo orgasmo. Iban a empezar a limpiarla cuando Raúl que había cogido la cámara y estaba grabando el trabajo que hacia Luismi con el vibrador llamo a los otros.

-Raúl: ¡Mirad se esta meando!

-Juan:¡ ya os dije que era una puta!

-Nacho: si, se esta corriendo de gusto la muy zorra.

-Luismi:Venga tíos vámonos, que se va a despertar.

Lo que me faltaba por ver, mi mujer se había corrido y había dejado encharcada todas sus sabanas. En dieciséis años de matrimonio no había conseguido hacerla gemir y esos mocosos habían logrado que tuviera un orgasmo espectacular.

Le limpiaron el semen de la cara y de las tetas,la vistieron otra vez, con un secador de pelo secaron como pudieron las sabanas, recogieron todas sus cosas y salieron por la puerta dejándola cerrada. Se fueron al cuarto de Luismi para comentar la jugada:

-Raúl:¡ha sido cojonudo tíos!

-Nacho:¡si todo ha salido de puta madre!

-Luismi:¿y si se da cuenta de algo?

-Juan:Ya esta el mariquita poniendo pegas.

-Luismi:Claro a vosotros os da igual, pero si nos descubre soy yo el que me la cargo

-Raúl:no va a pasar cada ¡callaos de una vez!

-Israel: Nos la teníamos que haber follado

-Luismi:¡que dices hijo de puta!

-Raúl: Bueno, venga ya. Vamos a ver el vídeo. De lo demás todo se andará, seguro que tenemos más oportunidades como esta.

Esas últimas palabras de Raúl me dejaron helado, ¿serían capaces esos críos de follarse a mi mujer si tuviesen la oportunidad? Además, si María se daba cuenta de lo que había pasado se acabaría el juego. Lo primero es lo primero pensé, esperé a que se despertase de su siesta pegado al monitor del ordenador. Los chicos se pasaron la tarde viendo el vídeo encerados en la habitación de Luismi y a eso de las ocho se marcharon. Raúl se llevó el vídeo. Quedaron en volver el lunes después de clase para ver si todo seguía normal, si era así darían su siguiente paso.

A las diez de la noche se despertó María, miro el despertador de su mesilla y se extraño de haber dormido tanto. Se sentía extraña, se tocó la cara y la tenia pegajosa. Supuso que seria sudor. Entro en el cuarto de baño, se bajo la parte de abajo del chandal y las bragas y se dispuso a orinar. Su coño estaba húmedo, era una situación muy rara, nunca la había experimentado, además estaba enormemente relajada, no le dio importancia. Pensó que probablemente habría dormido tanto porque necesitaba descansar, había trabajado en casa durante la semana, en cuanto a la humedad de su intimidad no encontró explicación, pero tampoco le importó, se sentía bien.

Salió de nuestro dormitorio y fue al cuarto de Luismi a ver que hacia, luego prepararía algo de cenar para los dos, se daría una buena ducha y vería un poco la tele hasta la hora de dormir. Luismi no estaba, había sacado a pasear al perro. Que raro, pensó. Cuando no esta Fermín lo saco yo.

Luismi llevaba casi dos horas fuera de casa. Estaba sentado en el parque de abajo con Toro, no se atrevía a volver. ¿y si mama se había dado cuenta? pensaba. Me meterán en un internado y no me compraran nada nunca mas. Se armo de valor y volvió a casa ¿que otra cosa puedo hacer ?pensó. Al entrar por la puerta se encontró de frente con María.

-María:Hola cariño,¿donde has estado?

-Luismi:Eh… He ido a sacar al perro.

-María:¡Que bueno es mi niño! como me ha visto durmiendo lo ha sacado él para que no tuviera que hacerlo yo.

Dijo esto mientras lo cubría de besos. Definitivamente María era una ingenua. No darse cuenta de lo que le habían hecho, pase porque de sexo sabe menos que un niño de 7 años pero pensar que Luismi sacaba al perro porque si es demasiado.

Al día siguiente llegue yo. Le conté a mi mujer una historia que había inventado el día anterior sobre el congreso y nos pasamos el día cada uno en sus cosas. Luismi metido en su habitación, María con las cosas de la casa y yo sentado en el sillón, fingiendo leer el periódico y planeando mi siguiente paso.

Pensé en todo lo que había conseguido en estos días, pensé también en que el dinero de la lotería se me acabaría en una semana y tendría que volver a abrir la consulta el lunes siguiente. Mañana llamaré a los clientes y se lo diré, ¡espero que no hayan buscado otro veterinario! pensé. Pero lo más importarte, sabia que el siguiente fin de semana era mi última oportunidad para conseguir algo más con María, luego tendría que volver al trabajo y todo sería mas complicado.

Ya no me conformaba con lo que había visto, ahora quería dar un paso más ¡quería que se la tiraran! pero quería que ella se diese cuenta. Quería que esa mojigata con la que estoy casado traicionase a todos sus principios. Quería que esos bandidos la humillaran y ella no pudiese resistirse.

De repente se me ocurrió una idea, después de todo no esta tan mal ser veterinario pensé. Utilizaría un fertilizante que vendemos a los granjeros para las vacas, es un líquido que se mezcla con el pienso y provoca la ovulación de los animales. Pero era una idea arriesgada, no sabia como reaccionaria María, una cosa era un simple somnífero y otra esta. Además lo que está claro es que ella se pondría muy caliente, pero de ahí a que se acostase con un puñado de mocosos entre los que está su hijo no lo tenía tan seguro. Tenia que perfeccionar el plan.

A la tarde siguiente yo estaba en mi despacho esperando a que la pandilla al completo llegase del colegio. Había depurado mi plan y tenia que ponerlo en marcha. Me dirigí a casa y los encontré a todos en el salón, María les había preparado la merienda y estaba hablando de tonterías con ellos. A los chicos se les veía una gran sonrisa recordaban lo del fin de semana anterior, no les había descubierto, lo que significaba que podrían repetirlo.

-Yo:¡hola chavales! ¿como va todo?

-Raúl: Muy bien Sr. Jiménez ¿y su congreso?

-Yo: bueno, me han llamado hoy, por lo visto quedaron muchos asuntos por tratar, tendré que marcharme este fin de semana otra vez, pero para colmo los dos días.

-María: ¿otra vez? Nos va a salir por un dineral

-Yo: no mujer, eso lo paga el colegio de veterinarios, solo faltaba que encima de fastidiarme el fin de semana tuviera que pagar yo.

María se quedó más tranquila, era un poco extraño tanto congreso pero si no había que pagar ella no protestaría. Además daba igual si sospecha que sospeche, el que algo quiere algo le cuesta. Los chicos por su parte habían desaparecido al oír mis palabras, cogieron la merienda y sin decir nada se fueron al cuarto de Luismi, irían a planear como repetir la jugada, pero yo me encargaría de que consiguiesen más de lo que pensaban.

Llame a la puerta de la habitación y allí estaban los cinco, se callaron al instante, yo me hice el tonto.

-Yo:Chicos, ¿les apetece ver mi consulta?

-Todos: si

Era evidente que querrían conseguir más somnífero para el siguiente fin de semana. Raúl disimuladamente cogió el frasco de colonia vacío de la otra vez y se lo metió al bolsillo. Yo sonreí en mis adentros. Una vez allí

-Yo: Esta es la sala de espera y aquí esta mi despacho.

-Raúl:¿que son todos esos frascos que están en esta vitrina.

-Yo:Son los medicamentos de los animales.

-Israel:¿para qué sirven?

-Yo: Este para curar las heridas, este otro para desparasitar, ….., este es el somnífero que os enseñe el otro día y este frasco tan grande es… bueno es un liquido que se les da a las vacas para que se pongan cachondas… y ya sabéis.

-Luismi:¡Qué dices papa!

-Yo:Venga hijo no me vayas a decir que con quince años no sabéis lo que es ponerse cachondo.

-Raúl:Todo esto es muy interesante.

-Yo: Bueno seguid viendo todo vosotros, yo voy a bajar a cambiarle el ticket al coche que sino me van a multar, luego subo y nos vamos

-Juan:ok Sr. Jiménez aquí le esperamos.

-Yo:Pero no toquéis nada que luego tengo que ordenarlo todo.

-Nacho:descuide.

Dicho esto me marche, subí al cuarto de hora y ahí estaban los cinco sentados en la sala de espera, tenían una cara de mosquita muerta que no podían con ella. ¡Vaya hijos de puta! pensé para mi. Tenia que dar el siguiente paso, una vez en casa, cuando los chicos se fueron al cuarto de Luismi, le dije a María.

-Yo:Me acompañas a sacar al perro.

-María:Tengo trabajo, ¿no puedes hacerlo tú?

-Yo:Es que tengo que decirte una cosa y así aprovechamos.

-María:Esta bien, tu dirás.

Una vez en la calle

-Yo:Mira María hace cosa de un mes Luismi llego a casa bastante borracho.

-María:No me lo creo, ¿mi hijo?

-Yo:Tu sabes que los chicos tienen 15 y que a esa edad ya empiezan a tomar copas.

-María:Si, pero Luismi…

-Yo:Es un chico como todos los demás, no tiene tanta importancia. Lo que hay que hacer es ayudarle a comprender que el alcohol hay que tomarlo con moderación.

-María:pero.. ¿cómo?

-Yo:Había pensado en tomar unas copas con ellos tranquilamente un día en casa, enseñarles que hay que beber con moderación . No reprochárselo, porque eso seria peor.

-María:Me parece bien, pero ¿cuándo? tú te vas este fin de semana al congreso.

-Yo:Puedes hacerlo tú, a ti te hace más caso y te quiere más

-María:Sabes que yo no aguanto la bebida, me tomo dos copas y estoy casi borracha.

-Yo:Pues te tomas dos copas y nada más, así verán que no hay que beber mucho.

-María: Esta bien, ¡Pero lo hago por Luismi!

-Yo:Claro mujer eres una madre estupenda. Invítales a pasar el fin de semana a casa con la excusa de no quedarte sola y luego lo que hemos dicho.

Era increíble como se lo había tragado todo, había sabido manejarla como nadie, me había inventado una historia absurda y se la había creído. Toqué su fibra sensible y claro… Ellos tomaban copas habitualmente y con dos copas estaban más frescos que una rosa. Confiaba que ellos supieran jugar sus cartas pues se lo había dejado todo hecho.

Le dije a María que se fuera a casa que ya terminaba yo de sacar al perro, tenía que pasar por el despacho y comprobar que los chicos habían cogido el líquido. Así era esos cabrones no perdían el tiempo, habían dejado el frasco casi vacío.

Cuando los chicos se enteraron de que pasarían todo el fin de semana en mi casa se pusieron como locos, se marcharon casi inmediatamente y como suponía no volví a verlos en toda la semana.

Por fin llego el viernes, era el gran día, el momento que llevaba esperando estos últimos días. Me despedí de mi mujer y de mi hijo y me fui al “congreso”, o sea a mi despacho.

A las nueve de la noche sonó el timbre de la casa. Ahí estaban todos, Raúl con su mochila y los demás con una sonrisa de oreja a oreja. Luismi estaba pálido, era evidente que pensaba que esto estaba llegando demasiado lejos, pero no podía hacer nada, si decía algo se descubriría, además Raúl tenia la cinta con todo incluido su trabajito con el vibrador. Decidió ver como se desarrollaba la noche.

Durante la cena hablaron de tonterías,Raúl se atrevió a decirle un piropo a mi señora y ella se puso roja como un tomate. Era increíble que un niño pudiera sonrojarla con tanta facilidad. No tuvieron ni una oportunidad de verter el liquido en el vaso de María sin que se diera cuenta, de todas formas estaban tranquilos tenían todo el fin de semana por delante. Después de la cena:

-María:¿Que les parece si tomamos una copita?

-Luismi: Mama si nosotros no bebemos

-María:No te hagas el tonto que sabes muy bien que no es verdad.

-Raúl: Si la tomaremos, pero sólo si me deja que yo las sirva, después de la cena tan deliciosa que ha preparado es lo menos que puedo hacer.

-María: Esta bien caballero, haga los honores (dijo en tono de broma) Tomaré ron con cola, pero no me lo cargues mucho.

-Juan: Te ayudo Raúl.

Los dos se fueron a la cocina,se reían de lo fácil que estaba siendo todo, prepararon las copas, ellos tomarían whysky. La copa de María estaba cargadísima, otra como esa y la tumban seguro, pensé. Echaron parte del liquido dentro y le dieron vueltas, esa dosis era suficiente para
una vaca de 600 kilos y aun así les sobraba mucho, los hijos de puta me habían vaciado casi entero el frasco de mi consulta y tenía liquido suficiente para tener caliente a María durante un mes. Regresaron al salón con las copas. María probo la suya, la noto fuerte pero no dijo nada , tenia que comportarse como ellos, ser una más para poderles enseñar a beber.

Durante la primera media hora estuvieron hablando de cosas del colegio, María pregunto si alguno tenia novia pero todos dijeron que no. Cuando se vaciaron las copas Raúl sin decir nada se levanto y sirvió otra ronda, pero esta vez puso todavía mas ron en la copa de María y vertió la misma cantidad de liquido para vacas que antes. Es un insensato pensé, el liquido tarda en hacer efecto por lo menos una hora y solo hace media hora que lo ha tomado y encima le da otra dosis, además con esa copa. Me empezó a entrar remordimientos, había llegado demasiado lejos, mi mujer iba
a estar en manos de esa gentuza, porque no lo olvidemos esa gente se ha reído de mi familia desde hace mucho tiempo, pero esos remordimientos se fueron transformando poco a poco en calentura, a fin de cuentas es lo que esperaba que pasase.

Paso media hora mas y a María se le veía bastante tocada por el alcohol, casi no hablaba, sólo escuchaba lo que los chicos decían, ellos parecía que no hubieran bebido nada. Ademas se había empezado a poner roja, el liquido estaba haciendo efecto.

Raúl se volvió a levantar y repitió la misma operación con las copas, liquido incluido. Al regresar dijo:

-Raúl:¿por qué no jugamos a algo?

-María:¿Jugamos al parchís?

-Juan: Eso es un rollo además somos seis.

-Raúl:juguemos a las cartas

-María:pero yo no se jugar a nada.

-Raúl:nosotros le enseñamos algún juego

-Nacho:¡Al mentiroso!

-Israel:Si el que pierda tendrá que hacer una prueba.

-Raúl:Dicho queda.

Le explicaron las reglas a María, que no se enteraba de casi nada Raúl guiño el ojo a los demás para que le siguieran la corriente y se pusieron a jugar. María fue la primera en perder, Raúl le dijo que tenia que tomar un chupito, ella lo hizo sin rechistar. Luego perdió Raúl, lo hizo aposta porque con el ciego que llevaba mi mujer estaba destinada a perder todas las partidas, ademas ahora estaba mucho mas roja, el liquido había hecho efecto y estaba experimentando unas sensaciones en su entrepierna nunca antes conocidas. A Raúl, como tenían planeado, le toco quedarse en calzoncillos. María reía como una niña ingenua y los demás le hacían burlas para que María no sospechase nada. Luego perdió lógicamente María y Raúl se adelanto a todos.

-Raúl:Tiene que quedarse en ropa interior.

-María:¿Cómo?¿Estas loco? Soy la madre de Luismi, vuestro amigo

-Raúl:Ya pero yo lo he hecho antes y usted se ha reído, es justo que lo haga usted.

-María:Pero esto no esta bien, además me da mucha vergüenza.

-Raúl:Solo es un juego, será como estar en bañador.

-María:Pero no estamos en la playa y además yo nunca uso bikini llevo traje de baño.

-Raúl:Venga no sea tan mal pierde, ha perdido y tiene que cumplir castigo.

No pensé que María aceptase pero lo hizo, estaba tan borracha y tenia esa sensación de calor tan rara que no se planteo lo que hacia. Los chicos empezaron a decirle piropos para animarla aun más. Se quitó el chandal y se quedó depie. Yo por mi parte ya me estaba pajeando. Sus bragas estaban bastante mojadas fruto de la calentura involuntaria que tenía, cuando se dio cuente se sentó para seguir jugando.

Así la tuvieron media hora, le pusieron otra copa, y fueron perdiendo todos alternativamente hasta quedarse en calzoncillos, incluido Luismi que había decidido que como no podía evitar lo que iba a pasar iba a disfrutarlo. Volvió a perder María. Raúl trago saliva y se lo pensó un momento, sabía que de lo que iba a decir dependía todo su plan.

-Raúl:Ahora queremos que se quite el sujetador para poder ver sus maravillosas tetas.

-María:Estas loco ¿que te has creído que soy? ¡una puta!

-Raúl:No se enfade señora, sólo es un juego. No hay maldad.

María se levanto dispuesta a irse sus bragas estaban totalmente empapadas, pero no le importo. Tenía que salir de allí como fuera. No se iba a desnudar delante de unos adolescentes salidos y de su propio hijo sino lo hacia ni con su marido. Todo parecía perdido cuando Luismi intervino.

-Luismi:¡Venga mama no te enfades! Solo es un juego. Además yo estoy aquí y te prometo que no pasa nada. El otro día jugamos en casa de Raúl y su madre perdió y cumplió la prueba. ¿Es qué es mejor madre que tú?

El muy bribón le había tocado donde más le dolía. Era una excusa muy tonta, pero con el ciego que llevaba mi mujer no importaba, lo que importaba es que su hijo le había dado donde más le dolía. María se dio la vuelta y sin decir nada se quitó el sujetador dejando a todos boquiabiertos, incluido a mí. Sus tetas se veían estupendas, sus pezones estaban más erectos que nunca, parecía que se iban a ir volando. Hecho esto se sentó, cogió las cartas y se puso a repartir.

Raúl se levanto a poner otra ronda, no sabia cuantas llevaba pero daba igual, lo que si sabia es que con ese gesto habían ganado, ella ya no se negaría a nada. A la vuelta volvió a perder María y le obligaron a quitarse las bragas, ya no había vuelta atrás. María no lo sabia pero ese juego no tenia nada de inocente, esos bandidos no se conformarían sólo con verla desnuda. María estaba como fuera de si, no se daba cuenta de lo que hacia, cuando perdió no protesto, se quito las bragas y las dejo a un lado de su silla. Todos gritaron de emoción. La siguiente ronda perdió de nuevo María, ya no hacia falta fingir, la tenían tan desorientada que tenia que aprovechar para actuar. Luismi se
adelantó a todos.

-Luismi:Queremos que te tumbes encima de la mesa con las piernas abiertas y nos dejes verte bien.

María casi sin convicción contesto.

-María:No crees que esto es demasiado. soy tu madre

-Luismi:Venga mama si pierdes cumples castigo, el juegos es así. Haz que me sienta orgulloso de ti.

Estas últimas palabras vencieron la poca resistencia de mi mujer. Ella se levantó y se tumbó totalmente abierta de piernas sobre la mesa. Acto seguido los cinco se abalanzaron sobre ella. Empezaron a manosearla por todos los sitios. Juan y Raúl se lanzaron sobre sus tetas, los otros tres se centraron en su ya encharcado coño.

-María:¡Dejadme! No vale tocar…

-Raúl: Déjese hacer, señora Jiménez, sabemos que le esta gustando.

-María:Estoy mareada, por favor soltadme.

-Luismi:Relájate mama y déjate hacer.

En un último alarde de cordura María intento incorporarse, pero Raúl la empujo otra vez sobre la mesa, ahora ya no la dejarían escapar. María experimentaba sensaciones contradictorias, por una parte estaba traicionando todas sus creencias religiosas dejándose manosear por unos chiquillos entre los que se encontraba su hijo, por otra su coño estaba palpitando, no paraba de manar liquido, nunca había sentido algo así, tenia una tremenda calentura, pero eso no estaba bien. A mi mujer le abandonaban las fuerzas, no podía hacer nada para evitar lo que estaba pasando. Luismi sustituyo a Raúl en su puesto, este por su parte fue a por la cámara de vídeo y empezó a grabar la escena.

-Raúl:¡Venga Israel cómele el coño a esa puta!

-María:¡Cabrones que me estáis haciendo!

-Raúl:Le estamos dando lo que necesita!

-Juan:y esto solo es el principio

-Raúl:Sonría a la cámara!

-María:¡Apaga eso!

-Raúl:¡Calla golfa! a partir de ahora haremos lo que nos apetezca contigo.

Mientras Israel le lamia el coño, Luismi y Juan las tetas, Raúl lo grababa todo. Nacho se había bajado los calzoncillos e intentaba introducir su pene en la boca de María. Ella la mantenía cerrada, no iba a chupar eso, no se rebajaría a ello.

De pronto el trabajo de Israel hizo su efecto, María empezó a convulsionarse, se estaba corriendo abundantemente, sus labios vaginales se abrían y cerraban solos, empezó a gemir de placer, nunca había sentido algo así, o al menos eso pensaba…. Ese fue el momento que Nacho aprovechó para meterle su polla en la garganta, se la metió de un golpe hasta los cojones. Agarro su cabeza con las dos manos y empezó a follársela por la boca. María parecía que iba a vomitar pero no lo hizo. Ya no le quedaban fuerzas para resistirse. Nacho empujaba con todo su alma.
No tardó mucho en correrse, empujo su polla todo lo que pudo obligando a María a tragarse toda su corrida.

-Nacho:¿te gusta mi leche pedazo de puta?

-María:¡Qué asco!

-Raúl:¡Venga Nacho coge la cámara que voy a follármela!

-María: Eso no por favor, podría quedarme embarazada.

-Raúl:Mejor todavía, ¿quieres tener un hermanito Luismi?

-Luismi:Eso no tío,ya hemos tenido suficiente, ¡déjala Raúl!

-Raúl:No seas crío, ahora no vamos a echarnos atrás. Está a nuestra merced y hay que aprovecharlo.

Raúl coloco su polla en la entrada del coño de María y la se la metió de golpe. María grito de dolor,solo había tenido mi polla en su interior en su vida y era mucho más pequeña. Raúl empujaba con rabia, con sus manos estrujaba las tremendas tetas de María. María se acostumbro al poco rato, no entendía porque esto le estaba gustando, su cabeza sentía repulsión por la situación pero su cuerpo le pedía más, estaba muy caliente, se corrió otra vez.

Raúl siguió dándole con fuerza hasta que se corrió en el interior de María. Luego uno tras otro fueron ocupando su lugar, todos se corrieron dentro de ella. Pensé que se podía quedar embarazada, eran sus días de mayor fertilidad y la habían inundado con un torrente de esperma. Creía que utilizarían condón, pero no lo hicieron, les daba igual las consecuencias.

-Raúl:Venga Luismi es tu turno.

-María: No lo hagas hijo, soy tu madre.

Luismi no dijo nada, solo acercó su polla al coño de María y se la metió de un solo golpe, empezó a empujar con un ritmo frenético hasta que se corrió en su interior, luego se apartó sin decir nada. María lloraba, su hijo la había traicionado, ella le había dado todo y él se lo pagaba de esa manera.

María estaba casi sin sentido sobre la mesa del salón, le caían restos de semen de la entrepierna, los chicos estaban descansado a su alrededor. El coño de María palpitaba sin parar, parecía que tuviera vida propia, era normal con la dosis de liquido que había tomado. Estuvieron así durante media hora, luego Raúl tomo la palabra y decidió que debían darle por el culo. La bajaron de la mesa y la pusieron en el suelo. María era como un muñeco de trapo, no se movía.

-Raúl:Luismi, ponle unos cojines debajo y levántale bien el culo. Nacho y Juan sujetarla bien, y tu Israel graba bien esto.

-María: No hagáis eso, por favor os lo suplico

-Israel: Calla y mira a la cámara pedazo de guarra

-Juan: ¡Venga Raúl dale duro!

Nunca pensé que llegarían tan lejos, María era virgen por el culo y la iban a reventar, pero ya no había vuelta atrás, Raúl estaba untándole el culo con mantequilla. Después coloco la punta en su entrada y empujo con todas sus fuerzas. ¡Noooooooooooooo!, el grito de María fue desgarrador.

-María:¡Me duele! ¡Sácamela hijo de puta!

-Raúl: Sujetadla bien. Esta zorra intenta resistirse.

Raúl siguió dándole duro hasta que se corrió. Decidieron meterle también el vibrador por el coño mientras la sodomizaban. Uno tras otro fueron haciendo lo propio turnándose también para grabar. El ultimo fue Luismi que le tiraba del pelo con una mano mientras la embestía, María movía el culo involuntariamente, lo que le hacían con el vibrador le estaba gustando y ayudaba a calamar su dolor, estalló en un último orgasmo. Finalmente Luismi también termino.

Estaba amaneciendo, se habían pasado toda la noche dándole caña a María. Recogieron todas sus cosas y se marcharon. No querían quedarse el resto del fin de semana porque tenían miedo de la reacción de María cuando estuviera sobria. Dejaron una nota sobre la mesa que decía:

“Recuerda que lo tenemos todo grabado. Si dices algo enseñaremos la cinta a todos tus conocidos y tu reputación se irá a la mierda”

Al día siguiente María mando a Luismi a casa de mis padres. Se paso el día llorando, no podía hacer nada, tenían el vídeo y en el se la veía disfrutando. El domingo cuando llegue, me dijo que había que meter a Luismi en un internado sin darme más explicaciones.

De esto hace ya casi un año. Luismi sigue en el internado, a sus amigos no les hemos vuelto a ver y yo sigo viendo mis grabaciones siempre que puedo. Ah, por cierto acaba de nacer nuestro segundo hijo…

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Fantasía invernal

Autora: Ana K. Blanco

La nieve está cayendo muy suave sobre la casa de madera de dos pisos. Tiene a la entrada una estancia grande con la estufa como protagonista acompañada por la mullida alfombra; y sin que moleste la vista del fuego, un sillón grande y cómodo. Sobre un costado está el comedor, y algo más alejada una cocina tipo americana.  Los dormitorios están en el piso de arriba, al que se accede por una simple escalera de madera. Nada lujoso, sólo cómodo y funcional. La música envuelve el ambiente, que se ha vuelto cálido gracias al fuego de la leña ardiente. En un rincón de la cocina, Stephan prepara la cena. Algo sencillo pero delicioso, especial para mí.
Yo anduve todo el día cómoda, con solo las bragas, un blusón y medias blancas. Pero llegó el momento especial y me preparé para la ocasión, con todos los detalles posibles. Y hago mi aparición ante él que se me queda viendo como a una aparición. Veo la aprobación en sus ojos y ¡el deseo! No resiste la tentación y me besa mientras recorre mi espalda, cintura y más con sus manos ávidas de mí. Lo freno, no quiero apresurar las cosas y me alejo un poco. Puede observarme mejor: desde mis zapatos rojos de tacón, las medias transparentes con la liga, que se ve apenas debajo del enorme tajo que tiene el largo vestido de terciopelo negro, ajustado, insinuando cada una de las curvas de mi cuerpo.  Los guantes largos, rojos, llegan casi hasta los hombros.  El pelo recogido en un moño, cuidadosamente despeinado, dejando caer algún rulo por aquí y por allá.  Un maquillaje suave que destaca los ojos y los rojos labios…

Me ofrece una copa de champagne.

– “Dom Perignon -me dice- como a ti te gusta”.
Brindamos.  Me toma de la cintura y me lleva a la mesa que ya estaba servida.  Me ofrece una cena deliciosa, digna del más exigente gourmet. Se la agradezco en cada bocado sin necesidad de palabras, sólo con gestos y miradas. Todos los platos son una obra de arte, un deleite para la vista y para el paladar.
Me invita a tomar el postre en el sofá.  Allí sentada continúo seduciéndolo de forma más o menos solapada: miradas, sonrisas y cruces de piernas que lo dejan casi bizco. Me toma del brazo y me invita a bailar: música suave, que es percibida por mis oídos mientras que sus hábiles manos se deslizan por mi espalda.  Su boca busca la mía y la encuentra ¡por supuesto! Un beso largo, tibio, húmedo, hace que mi corazón se acelere aún más.

De una forma casi imperceptible siento correr el cierre del vestido y sus manos comienzan a recorrer mi piel mientras el vestido cae al suelo. Se aleja unos pasos y me mira. Aprovecho la música para quitarme los largos guantes, queriendo imitar a Rita H. en “Gilda”. No sé si me sale bien, pero él se queda paralizado mirándome. Es sólo un instante, porque al segundo me tira hacia él y comienza a besar mi cuello.  Su nariz se impregna de mi perfume y su boca y su lengua comienzan a recorrer cada uno de los poros de mi piel, como queriendo aprenderlos de memoria.  En este juego pasional, su ropa se une a la mía en un rincón.

Continúa con las caricias y quiero participar, hacerle algo yo también, pero las sensaciones son tan fabulosas que sólo puedo tirar mi cabeza hacia atrás y lanzar un tímido gemido. No existe un lugar de mi cuerpo que sus manos no quieran recorrer esa noche. Las piernas se me aflojan y voy cayendo lentamente sobre la maravillosa alfombra que me recibe con toda su calidez. Busco su dulce boca que no me canso de besar, pero yo también quiero demostrarle mi pasión, así que…

Poniendo su espalda contra la alfombra, me pongo encima de él, con mis piernas a los costados y tratando de no lastimarle con los tacos.  Siente en su cadera la liga de las medias que le rozan y lo excitan. Le comienzo a besar la frente, los ojos; bajo por su nariz y cuando cree que voy a su boca, salto hasta los lóbulos de sus orejas dejándole aún más deseoso de ese beso. A cambio le beso las mejillas, el mentón y bajo por el cuello. En un momento de descuido tomo su boca como por asalto. Siente ese beso que lo quema y quiere corresponder, pero yo me alejo.
– ¡No! -digo- cierra los ojos y déjate hacer.
Obedece en silencio, y entonces sí me dirijo a su boca, pero no como él espera. Le rozo apenas los labios con los míos, y luego, con la punta de mi lengua comienzo a recorrer sus labios, todo alrededor, despacio, sin apuro. Siente mi aliento cálido y puedo percibir entre mis piernas su excitación, que va creciendo segundo a segundo.  Me doy cuenta que quiere que le bese de una vez, pero al mismo tiempo está disfrutando esta “tortura” que alarga el placer.

Cuando lo creo conveniente, mi lengua deja los labios para ir al encuentro de su lengua, que espera impaciente. Es un beso desesperado, de pasión contenida, así que nos devoramos mutuamente.
De repente lo detengo y le pido que vuelva a cerrar los ojos. Otra vez sin muchas ganas obedece.  Quiere ver qué haré, pero está dispuesto a entregarse totalmente a mí.  Sin que Stephan me vea, tomo un cubo de hielo en mi mano.

Vuelvo a besarle los labios y bajo por la barbilla que levanta instintivamente, dejando descubierto el cuello que me indica el camino a seguir. Hago un camino de besos desde la barbilla a la mitad del pecho. En ese mismo camino marcado, paso mi lengua, húmeda y cálida dejando un huella brillante que aprovecha el hielo para deslizarse. El frío del hielo hace que se estremezca y sobresaltarte.  Pero no le doy tiempo a reaccionar, porque vuelvo a pasar mi lengua tibia por encima. Sensaciones tan dispares y tan seguidas hacen que le inunde el placer.
Se le dificulta mantenerse en posición horizontal sobre la alfombra, porque se mueve como un muñeco eléctrico al compás de mis besos y de mi lengua.  No dice nada, pero yo sé que no quiere que pare. Así que sigo con este “tratamiento” de calor, frío, calor…
Voy hacia sus pechos y hago reaccionar sus pezones; luego vuelvo a la mitad del cuerpo y…   le toca el turno al estómago, al ombligo, su vientre. “Algo” me dice que está a punto de estallar e imagino cuál es su deseo. Así que decido no cumplirlo y continuar el tratamiento sobre muslos, rodillas, pantorrillas, pies.

Dejo el poco hielo que me queda, y con la mano helada comienzo a acariciarle de abajo hacia arriba, teniendo cuidado de no rozar siquiera lo que él quiere que tome de una buena vez para permitirle descargar toda esa pasión acumulada.

A mi mano helada la sigue la otra mano, caliente de tanto roce. Comienzo nuevamente a recorrer su cuerpo hasta que inevitablemente y sin escala previa me topo con algo que está… ¡paradísimo!
Su miembro parece dolerle por la dureza y está punto de estallar, y a su manera me implora que lo atienda.  Así lo percibo y excitada por mi propia excitación lo tomo entre mis dos manos para acariciarlo despacio y sin pausa, desde su base hasta la punta en un ir y venir cadencioso.
Una de mis manos se posa sobre sus testículos suaves a causa de la depilación, mientras la otra recorre todo el largo de su miembro duro y caliente, colorado y venoso. La abarco en mi palma envolviéndola como para regalo,  dejando cuidadosamente al descubierto la cabeza roja, que es el fiel reflejo de la mejor fresa.

Mis labios entre abiertos desean ese pene tan erecto…  mis ansias también. Pero mi instinto de verdugo implacable decide hacerlo sufrir un ratito más antes de devorarlo.
Stephan se da cuenta de mi juego, de mi malicia, de mi tortura intencional hacia él. Mis ojos lo miran y me delatan.  Mis labios esbozan una sonrisa traviesa que no puedo disimular y… ¡mi fin es inminente!
No sé cómo hace para ponerse de pie tan rápido. Me toma de una oreja y yo también me levanto veloz, con una agilidad y rapidez que hasta a mí me asombra.  No me dice una palabra, sólo se sienta en el enorme sillón y me acomoda sobre sus rodillas para comenzar un sinfín de azotes con su mano dura y recia.  Mi colita toma rápidamente el color y la temperatura de las llamas de la estufa. ¡Plas, plas, plas, plasss!
Ahora se detiene y siento que se inclina.  ¿Qué está buscando?

– ¡Ayyyyyyyyyyy!  ¡Nooooo!  Con el cinto no Stephan, ¡por favor!
¡Zas, zas, zas!  El cinto doblado silba en el aire y cae sobre mis nalgas haciéndolas temblar. Las lágrimas comienzan a correr veloces por mi rostro. Le pido, le suplico, le imploro que pare de castigarme de esa manera. Pero no; él hace caso omiso a mis palabras. No me oye, no me escucha, no le importa nada, sólo castigarme duramente por haberlo hecho sufrir y esperar tanto por un placer que quería obtener de inmediato.  Lo que más le molesta es que lo hice a propósito, que me reí de él en su cara, y eso es lo que me está haciendo pagar. Y ¡de qué manera!  Su furia es tan grande como la excitación que siento bajo mi vientre mientras me muevo más de lo necesario para frotarme contra él y mantenerlo así.  Me gusta sentirlo de esta forma: hombre, fuerte, varonil y sumamente excitado.  Por eso lo provoqué hasta llegar a este punto; él lo sabe y se está cobrando como sólo él sabe hacerlo.
No sé cuántos azotes recibo, pero está más de media hora azotándome sin tregua.
De pronto, sin previo aviso para de azotarme, y comienza a frotarme las nalgas, rojas, hinchadas y cruzadas por las marcas del cinto.  Con su voz gruesa y demandante me ordena:
– Ponte de rodillas entre mis piernas y termina lo que comenzaste. ¡Ya!
Obedezco en silencio. Su orden no es tal, porque es lo que yo deseo hacer. Así que, con mi libido a mil, se me torna insoportable esperar más, y mis labios temblorosos por la excitación se posan sobre su miembro para saborearlo de a poquito. Primero la puntita, de inmediato y como por arte de magia la hago desaparecer hacia el interior de mi boca húmeda y tibia.   Le siento suspirar, ensayar un leve gemido de placer, y comienzo a lamerla suavecito y con cuidado como con miedo de romperla.  Emite quejidos indescifrables y se sigue retorciendo sentado en el sofá, ahora con más fuerza.  Me toma la cabeza con las dos manos y acompaña mis movimientos como en una danza africana,  al tiempo que mueve las caderas y no deja de pronunciar palabras indescifrables, que solo él es capaz de entender.

Me esfuerzo por que no estalle aún y hacer éste momento eterno. Con todo su miembro en mi boca, las idas y venidas son lentas, prolongadas, apasionadas, llenas de lujuria, dadas con una maestría tal que me parece imposible. Recorro cada centímetro de su pene degustándolo como al helado más rico. Me gusta hacerlo y lo siento enorme dentro de mi boca.

Todo esto me lleva a tal grado de excitación que mis pezones están duros y también piden atención.  Él se da cuenta y me acaricia. Sus manos recorren mis pechos, mi cadera, mi rostro que atrae hasta él y nos unimos en un beso ¡interminable! Nuestras lenguas se entrelazan así como nuestros cuerpos. Estamos ansiosos, expectantes, excitadísimos, ardientes como nunca.
En este momento no sé qué pasa por su cabeza, qué lo lleva a tomarme de un brazo de forma bastante brusca y casi arrastrarme por las escaleras hasta la habitación, donde me arroja encima de la cama y sin más comienza a darme una nalgada tras otra con su mano abierta.  ¡Pica, arde, duele! Siento todo el escozor de los golpes en mi piel. No son caricias precisamente, sino que baja su mano y me golpea las nalgas con toda la fuerza de la que es capaz. Me asusto, no entiendo porqué lo hace, así que cuando me da una tregua, con las lágrimas que me brotan sin parar,  le pregunto entre sollozos:

–          Pero… ¿porqué Stephan?  ¿Qué hice ahora?
–          No hiciste nada en particular.
–          ¿Entonces?  ¿Por qué me azotas así?
–          Porque no necesitas hacer algo para que te azote; porque se me viene en gana; porque tengo deseos de azotarte; porque me gusta tu culo colorado como la amapola, y… porque sí!  Déjame verte…

Parado detrás de mí, comienza a amasar mis carnes rojas y ardientes con sus manos, que son como un bálsamo para mis doloridas nalgas.  En ese vaivén de caricias, lleva lentamente sus dedos hasta mi entrepierna, percibiendo de inmediato mi humedad.  Juguetea con mi clítoris, lo retuerce, me hace estremecer mientras que con la otra mano mete y saca sus dedos de mi vagina.  Estoy a punto de explotar de placer, gimo y me retuerzo sobre la cama.  Stephan me conoce profundamente, y cuando estoy por sentir los primeros espasmos… me levanta de la cama de golpe y me lleva hacia el escritorio, donde me coloca con el vientre sobre él, con las piernas algo abiertas.

Sigo sin entender, pero cuando me doy vuelta, veo que en su mano sostiene… la temible cane!  Actúa con tal celeridad que no me permite hablar y suelta el primer varazo.  Me incorporo levemente por la sorpresa más que por el dolor.  Stephan colocó varios espejos por toda la habitación, de forma tal que siempre puedo ver cómo me azota y presentir el golpe antes que llegue.

Veo bajar la cane una y otra vez.  La apoya contra mis nalgas,  la separa solo unos centímetros, como para medir el golpe, por dos o tres veces y… asesta el golpe en el lugar exacto que él quiere.  Al poco rato mi culo está rayado de tanto azote y yo ya no resisto más.  Lo miro como suplicando y él decide parar y consolarme.  Me levanta del escritorio, me toma entre sus brazos y me acaricia tiernamente.  Quiero que este momento no termine.

Me conduce hasta la cama y me coloca encima de él. Me acaricia las piernas sintiendo el final de mis medias y el comienzo de la carne “al natural”.   Eso me excita aún más, si es eso posible…  Y me doy cuenta que sí lo es, porque puesta sobre él en perfecto ángulo recto y con unos deliciosos movimientos, logramos llegar al mejor orgasmo jamás soñado por mí.
Ana Karen Blanco

9 de noviembre del 2005

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El Sacachispas

Autores: Amadeo Pellegrini y Ana K. Blanco

Hasta los catorce años vivió en Montevideo con sus abuelos y la tía Clotilde, que la habían criado desde los dos meses de edad, a su madre no la conoció y a su padre lo veía cada tanto. De pronto Venancio Paunero había aparecido en la casa para llevarla con él a Carmelo.

-Estará mejor allá conmigo -había dicho. Los abuelos ya no estaban para andar ocupándose de botijas [niños], la hermana tampoco, ella tenía demasiados problemas y encima debía atender a los viejos, la ciudad resultaba peligrosa para una mocita que no tardaría en tener una bandada de gavilanes revoloteando a su alrededor. Además desde que había terminado la relación con la Fermina, disponía de lugar para ella en el inquilinato de la calle General Flores donde vivía.

No se ocupó de saber qué pensaba Balbina al respecto. Pero a ella, le entusiasmaba la idea de abandonar la casa de los abuelos, para quitarse de encima  la maniática vigilancia de la tía solterona que ni siquiera la dejaba asomar a la calle; por ese motivo la pequeña ciudad de Carmelo no la desilusionó como tampoco la austeridad de las dos habitaciones que componían su nuevo hogar, porque allí al menos tendría libertad…

De aquellos dos cuartos comunicados entre sí y con la galería que circundaba el primer patio, el más amplio servía de cocina, comedor y sala de estar, tenía una gran mesa de pino tea en el centro rodeada por seis sillas de paja, otra mesa más pequeña adosada a la pared para el calentador de kerosén, un armario antiguo y en una esquina la palangana, la jofaina y el toallero completaban el mobiliario. El otro, dividido por una deslucida cortina gris era dormitorio. De un lado estaba la cama de hierro de su padre, la mesa de noche y una cómoda: detrás de la cortina su catre y un gran baúl verde con guarniciones y herrajes de bronce. El ropero de tres cuerpos había sido colocado en el medio para bloquear las dos hojas de la puerta que daban a la galería.

Las piletas para lavar la ropa y los retretes para uso de los inquilinos estaban en el segundo patio, al fondo, eso resultaba para Balbina uno de los detalles más incómodos de aquella casona. Sin embargo más sugestivo e inquietante para ella, resultaba todavía en la cocina: el rebenque colgado del mismo clavo que sostenía también un almanaque.

Ese rebenque que había armado Venancio uniendo con alambre un trozo de rienda a un cabo de palo de escoba, no estaba allí precisamente como adorno, según le informó escuetamente su padre:

-Ese es el “Sacachispas” Mírelo bien mocita, porque cuando haga falta ese le va a ajustar bien las presillas, ¿sabe?

En ese momento Balbina no abrió la boca, se limitó a asentir con la cabeza.

No cabía comentario ni pregunta alguna, estaba muy claro que cuando él “echara chispas” por algún motivo, emplearía el rebenque para “sacarle chispas”  a ella… y  lo de “ajustarle las presillas” significaría, claro, una azotaina. Ya se estaba acostumbrando a la forma de expresarse de su padre.

A Balbina, que, por obvias razones estaba decidida a no darle a Venancio Paunero motivos para usar el “Sacachispas”, aquel rebenque colocado de manera tan ostentosa que la mirada de cualquier visitante tropezaba enseguida con él, le resultaba desagradable pues se le antojaba algo indigno, vejatorio, poco menos que indecente.

Tenía conocimiento que muchas familias poseían también algún tipo de rebenque o zurriago parecido, tanto como elemento de disuasión como, -llegado el caso-, para castigar faltas domésticas, pero no los tenían a la vista de todo el mundo; el decoro, el buen gusto, la discreción los mantenía ocultos en  guardarropas, armarios, o en los cajones de algún otro mueble.

Paunero, nacido y criado en esa región, donde los ríos Uruguay y Paraná confluyen repartiendo sus aguas en la miríada de islas que forman el Delta de donde parte el estuario del Río de la Plata que baña las costas uruguayas y argentinas, había llevado una vida agitada por muchos amoríos y diversos oficios, algunos menos honestos que otros.

Las islas, lagunas, bañados [humedales], arroyos y riachos, sus meandros y escondrijos no tenían secretos para ese aventurero andariego que terminó haciendo del contrabando su profesión habitual.

Al comienzo fue un “bagayero” [contrabandista] como los demás, dedicado a pasar pequeños cargamentos, pero poco a poco fue ensanchando la base de operaciones hasta llegar a convertirse en un personaje importante dedicado a todos los rubros: contrabando de personas, cosas, armas, valores, lo que fuera, entre los dos países.

Esas actividades le habían proporcionado un buen pasar, pero al mismo tiempo demasiados sobresaltos. En varias ocasiones había tenido que esconderse meses enteros para eludir el brazo de la ley, por esa razón y con motivo del golpe militar en la Argentina que endureciera la vigilancia y los controles fronterizos había resuelto, finalmente, ocuparse de su única hija y llevar una vida más sosegada.

La mocita pintaba bien, tenía una figura grácil en la que comenzaban a sobresalir ciertas prominencias como esos dos pequeños bultitos de los pechos que empujaban la ropa hacia adelante o la  incipiente curva de las caderas.

En cuanto a su carácter, a Venancio le recordaba mucho a la madre, impulsiva, algo atolondrada, efusiva y temperamental. Con el tiempo seguramente se convertiría en una mujer apasionada, de reacciones ardientes y fogosas. Esto último le preocupaba bastante.

No dudaba que debía mantenerla sujeta, era consciente que si llegaba a aflojarle un poquito las riendas corría el peligro de perder muy rápido el control sobre ella.

Conocía bastante bien la hechura para no estar seguro que tarde o temprano y en más de una ocasión tendría que ajustarle las presillas…

Al principio todo anduvo sobre rieles, Balbina se mostraba dócil y obediente. Cual pequeña ama de casa, limpiaba y ordenaba las habitaciones, lavaba sus ropitas,  planchaba las camisas del padre, le cebaba mates. En poco tiempo aprendió también a guisar, a hacer el puchero y preparar otros platos sencillos.

El primer encontronazo entre ellos se produjo unas semanas más tarde. Balbina quería visitar el puerto de noche porque le habían dicho que desde allí se veían perfectamente las luces de la ciudad de Tigre en la orilla argentina.

Para hacer ese paseo había convencido a una de las muchachas del taller de costura de enfrente, sólo faltaba el permiso correspondiente.

Venancio fue terminante, el puerto no era lugar para que dos muchachas anduvieran solas de noche por ahí… La negativa soliviantó a la impulsiva Balbina que le respondió de mala manera volviéndole despectivamente la espalda.

Más le hubiera valido no hacerlo. Venancio Paunero tronó: ¡Mocita! ¡Venga para acá inmediatamente!

La inesperada orden dada en tono que no admitía réplicas ni demora alguna, detuvo en seco a la muchacha que demudada y temblorosa como hoja de papel, giró obedientemente sobre sus talones para regresar con la cabeza gacha.

¡Alcánceme el “Sacachispas”! ¡Enseguida!

No tenía intenciones de azotarla, porque la veía demasiado frágil y delicada todavía, el rebenque podía lastimarle la piel… sólo quería meterle un poco de miedo en el cuerpo.

Ya llegará la ocasión, -ensó-, de pelarle las asentaderas y hacerle sentir el gusto del cuero… De momento, para ajustarle las presillas, con la mano alcanza…

Más muerta que viva, Balbina, con mano temblona,  descolgó el rebenque y se lo alcanzó.

Paralizada por el terror, observó como Paunero enarbolando el instrumento descargaba fuertes latigazos encima de la mesa primero, sobre el asiento de una de las sillas enseguida y, por último, contra el suelo. Cada choque del cuero producía un estampido seco que la estremecía de la cabeza a los pies…

Después de esa primera demostración, el padre se entretuvo rozándole las piernas con la lonja, haciéndolo subir y bajar al rebenque por delante y por detrás. De tanto en tanto, para intimidarla un poco más, jugueteaba con la falda alzándosela hasta la cintura con el extremo del cabo.

Durante ese lapso Balbina, convencida que abrir la boca no haría más que agravar las cosas, mantuvo cerrados los ojos y las mandíbulas fuertemente apretadas esperando el chaparrón que se avecinaba…

Para su sorpresa Venancio colocó el rebenque encima de la mesa y, suavizando el tono de voz, dijo:

Vea, mocita, por esta vez voy a sofrenar al  “Sacachispas”. Pero ni se piense que se las va a llevar de arriba… Venga arrímese…

La tomó por un brazo obligándola a inclinar el cuerpo hacia adelante. Con deliberada lentitud fue atrayéndola hasta atravesarla boca abajo sobre las rodillas, enseguida nomás la acomodó bien en esa posición, luego le rodeó la cintura arrimándola más a su cuerpo con la mano izquierda.

La pasividad de la muchacha, facilitó todos los movimientos. Ni siquiera opuso resistencia en el momento que  le alzó las faldas exclamando: ¡Para esto los trapos sobran! Ni cuando agregó: Esto también está de más… al deslizar hacia abajo la bombacha [bragas] para descubrirle las nalgas.

La aparición del suave trasero adolescente retrotrajo a Venancio a épocas distantes de su existencia./p>

Mientras recorría con mirada complacida el relieve de aquellas tiernas prominencias, la estrecha hendidura, los breves pliegues y hoyuelos que adornaban el conjunto, por su cerebro desfilaban una multitud de imágenes del pasado.

La blanquecina piel de magnolia de Balbina, le recordaba el trasero de la Yoli, esa mujer de Las Lomas que lo había encaminado hacia los singulares deleites del castigo al confesarle, una lejana noche, que “se ponía así de loquita porque estaba necesitando un poco de rigor…”

Nunca olvidaría aquellas palabras ni la manera decidida como Yolanda Carrascal lo indujo a nalguearla tumbándose en su regazo; apremiándolo después para que no lo tomara a broma, porque ella pretendía  que la azotaran con ganas…

Para el inexperto joven, los sorprendentes efectos de esos primeros azotes propinados a mano abierta en el atractivo trasero de una ardorosa mujer madura constituyeron todo un descubrimiento.

La manifestación de ese aspecto velado y fascinante de los juegos amorosos lo acompañaría de por vida.

A partir de aquella lujuriosa experiencia fueron muchas las mujeres a las que, por algún motivo o simples deseos carnales, Venancio Paunero  nalgueó sobre sus rodillas.

No las olvidaría; de cada una conservaba gratos recuerdos. Mujeres como la dulce Flora Marún que a pesar de su aspecto aniñado y corta estatura se resistía con fiereza a las azotainas, obligándolo a mantenerla bien sujeta porque durante la paliza corcoveaba a lo potro lanzando recios puntapiés; en cambio pasaron otras más resueltas, de carácter áspero y fornida apariencia, que protestaban un poco, pero a los primeros azotes se doblegaban con resignada mansedumbre, no faltaron tampoco las que se entregaban blandamente sin rechistar y también aquellas que, después del estreno no tardaban en aficionarse al castigo.

Estaba seguro que ninguna de ellas le guardaba rencor y que casi todas tenían buenos recuerdos de su callosa mano…

Esto pasaba por la cabeza del hombre, mientras acomodaba el cuerpo de la hija. Aunque en la ocasión las cosas resultaban distintas, pues estaba haciendo uso de su legítima autoridad, aunque no podía sustraerse al influjo de aquellas  desprotegidas nalgas…

Cerró los ojos para alejar de la mente los turbadores recuerdos  antes de descargar la palma de la mano que se hundió en la blanda carne dejando allí una impronta rojiza…

Fue espaciando las palmadas, mientras tanto Balbina pugnando por no gritar para no alborotar al resto de los habitantes de la casa, lloraba a moco tendido. Paunero llevaba mentalmente la cuenta, al llegar a la docena suspendió el castigo y ayudó a la muchachita a recuperar la verticalidad.

Aunque estaba convencido que había obrado con mesura el llanto de Balbina lo conmovió en lo más hondo.

Aquella paliza representó un episodio trascendente en la vida del padre y también de la hija. Las emociones experimentadas en la ocasión despertaron en la muchacha sensaciones hasta entonces oscuramente intuidas, pero en Venancio avivaron inconfesables deseos férreamente reprimidos que esa misma noche fue a satisfacer en uno de los tugurios aledaños al  viejo astillero…

Durante unos días ambos evitaron mirarse a la cara. Balbina avergonzada por lo sucedido, su padre también, aunque por diferentes motivos.

A raíz de aquel suceso, ambos formularon apreciaciones equivocadas respecto de las actitudes asumidas por el otro. La muchacha atribuía los gestos adustos del padre a la permanencia del enojo que ella había provocado, en tanto el hombre imputaba la mirada huidiza de la hija al bochorno producido por la envilecedora desnudez que le impusiera al castigarla.

A Venancio, en verdad,  lo avergonzaba un turbio deseo que lo inclinaba hacia ella… Aunque, durante la tormentosa relación que mantuviera con la madre, en algún momento dudó de su paternidad

A Balbina, por su parte, la humillaban los ásperos estímulos sensuales que aquellos azotes habían despertado en su cuerpo; desde entonces la urgía un insólito afán por renovar idénticas emociones…

El transcurso del tiempo se encargó de atemperar todos los recelos y volver las cosas al estado anterior. La relación de confianza entre ambos se restableció de manera más firme.

>Día a día Balbina experimentaba mayor admiración por el padre, en tanto Venancio advertía que la hija le importaba mucho más que su propia vida y que, cuando pensaba en el futuro, el malestar de los celos lo iba carcomiendo.

Imaginar que algún día la mocita llegara a abandonarlo como había hecho la madre lo sacaba de quicio. Por esa razón extremó los controles y la vigilancia sobre ella.

Pero resultaba imposible vivir pendiente de la hija todas las horas del día, pues atender los pedidos, la clientela, los “pasadores” y comisionistas que trabajaban para él le insumía buena parte de la jornada fuera de la casa, porque en su vivienda de la calle General Flores no recibía a nadie por ningún motivo, sus despachos  en horas determinadas eran las mesas de ciertos bares del centro, allí cobraba, pagaba y cerraba todos los tratos.

Para no descuidar la vigilancia sobre la moza contaba con la complicidad de algunas vecinas que, -favores y propinas mediante-, lo mantenían al corriente de las idas y venidas de la muchacha.

Al comienzo, Balbina creyó que las ausencias de Venancio la dejaban en completa libertad sin sospechar que era objeto de un permanente espionaje por medio del cual todos sus movimientos eran registrados y debidamente informados.

Descubrir que no podía mentir, ni engañar a Venancio le valió la segunda gran paliza de su vida. En la ocasión zafó, por muy poco, de probar los efectos de “el sacachispas”, pero no consiguió evitar el balanceo boca abajo sobre los muslos de su padre, mientras éste, -luego de ventilarle el trasero-, se lo azotó con inusitada furia…

No es que cometiera una falta seria, ella simplemente había salido a dar un inocente paseo, pero le había mentido, eso era lo grave del asunto: la mocita comenzaba a mostrar la hilacha, para que no le tomara demasiada afición a la calle, el autor de sus días resolvió prevenirla de esa manera.

Al principio, la vigorosa aplicación del remedio elegido esultó bastante amargo para la muchacha que no pudo contener el llanto, pero a medida que los dolores disminuían cediendo paso al escozor en la enrojecida piel, irrumpieron los inquietantes, aunque agradables, cosquilleos en las partes más recónditas y sensibles de su cuerpo…

La cólera inicial del hombre, se apaciguó del todo con los prolegómenos de la paliza; la vista del blanco trasero de Balbina le aceleró las pulsaciones, pero no contuvo la fuerza de su mano que aplastó repetidamente la blanda carnadura de los glúteos.

Los azotó hasta enrojecerlos, sin ninguna clase de reparos, ni pausa, ni prisa… Ya dispondría más tarde del tiempo necesario para desfogarse en la barriada del astillero con alguna de las muchachas de allá…/p>

Venancio Paunero, no tardó en lamentar que el tiempo transcurriera con tanta rapidez, la mocita que había traído de Montevideo crecía demasiado rápido. La plenitud de sus formas, la cadencia de sus pasos, el acompasado movimiento de sus caderas, hasta los menores gestos prefiguraban ya una hembra hecha y derecha.

Paralelamente adquiría ella mayor firmeza e independencia, sostenía sus opiniones con vehemencia, trataba de imponer sus criterios y aunque las rebeldías y la obstinación voluntarista le acarrearan frecuentes palizas, éstas no parecían afectarla demasiado, más aun, en algunas ocasiones parecía provocarlas.

Consciente el padre que las palizas ya no la impresionaban y por ese motivo no producían los efectos buscados, estuvo por echar mano al rebenque en más de una ocasión.

Sin embargo se contuvo y continuó castigándola como siempre: boca abajo en sus rodillas, era la manera de hacerle saber que aun no había crecido lo suficiente, que todavía era una botija [niña], convencido, de paso, que ese tratamiento la humillaba más, porque terminada la paliza corría ella a tumbarse en su catre…

Rafaela llegó a Carmelo casi con la primavera. Era hermoso ver como cambiaba todo en septiembre. Volvían las golondrinas, se veían las primeras hojitas salir de los brotes, todo florecía y hasta el aire, aun frío, se hacía más respirable y energizante.

La habían contratado de un colegio privado de Carmelo, pero eso sería a partir de marzo del siguiente año. Entonces decidió irse a vivir desde ya, así podría ir conociendo la gente, costumbres, lugares y autoridades del lugar, para que una vez comenzadas las clases, todos la conocieran y también ella saber con quién estaba lidiando. Tenía 31 años, aunque representaba un poco menos.

Al llegar a la estación de autobuses de Carmelo no sabía muy bien hacia dónde dirigirse, así que contrató a Ricardo para que cargara sus valijas y hablando con algunos vecinos y haciendo preguntas sobre dónde podría alojarse, varios le recomendaron el inquilinato de la calle General Flores. Allí podría alquilar una o dos habitaciones hasta conseguir una casita, o de lo contrario quedarse allí permanentemente.

Bueno, aunque trató de disimular, se sintió algo desilusionada al ver el lugar. No era una persona demasiado ostentosa en sus gustos, pero le hubiera agradado más tener su propia vivienda con baño privado y todo eso, pero… en fin, para salir del apuro estaría bien. Rafaela era una convencida de que nada es casual, así que habló con la encargada y esta le rentó dos habitaciones: una le serviría de dormitorio y en la otra haría el área de cocina-comedor y estar. Mientras Dominga, la encargada, le mostraba su futuro hogar, Ricardo esperaba afuera con las maletas. En eso entraron en la habitación contigua, un hombre de unos cuarenta y pico de años con una muchachita que andaría por los 15 años. El hombre tenía un aspecto bastante severo, y la chica iba con la cabeza baja, pero Rafaela pudo ver perfectamente cómo la chica miraba a Ricardo por el rabillo del ojo.

Una vez arreglados los detalles con doña Dominga, le pidió a Ricardo que le ayudara a entrar los bultos a la habitación y que le trajera el resto de las cosas cuando llegaran de Montevideo. Había dejado unos cuantos bultos con libros y enseres que su familia le despacharía más tarde. El resto del día lo dedicó a organizar sus cosas y a la noche ya se sentía en su hogar. Su vecinita le golpeó la puerta y se presentó. Dijo que se llamaba Balbina, que tenía 16 años y que vivía con su papá don Venancio Paunero. Estuvieron charlando un rato y quedaron muy amigas.

Al día siguiente Rafaela se presentó en el colegio, donde por cierto la recibieron muy bien. También consiguió unas cuantas clases particulares que le servirían para mantenerse holgadamente hasta que comenzara el curso siguiente.

Cuando regresó a la pensión vio a Ricardo con una de sus cajas, parado frente a la habitación y charlando animadamente con Balbina, la joven vecina, mientras que ésta barría el patio. “Aquí hay amor en puerta”, pensó para sus adentros Rafaela.

Luego que puso la caja en la habitación, Ricardo se fue y Balbina entró con una sonrisa que no le cabía en la cara.
-¡Rafaela, Rafaela! ¿No es lindo Ricardo?
-Pero niñaaaaa… ¡cálmate! Sí, es un joven muy guapo… y a ti te gusta mucho, ¿verdad?
-Sí –confesó con su cara roja como una grana- Pero seguro que a mi papá no le parece bien que salga con él.
-¿Porqué no?
-Creo que tiene miedo de quedarse solo…

Comenzaron a conversar. Esa niña necesitaba hablar, y con un poco de psicología por parte de la maestra, Balbina le confesó una muy buena parte de su vida, sobre todo del último tiempo vivido con su papá, de lo estricto que era este, y de las azotaínas que le propinaba por cualquier razón. Más la amenaza del “sacachispas”.

En lo más animado de la conversación, pero luego de un buen desahogo, apareció por la puerta don Venancio.

-¡Balbina! ¿Qué hace usté aquí mocita, en vez de estar arreglando su casa? Deje ya de molestar a la señorita. Me presento –dijo estirando su mano- Venancio Paunerio pa’ lo que guste mandar.

-Es un placer don Venancio –le contestó Rafaela mientras su suave y delicada mano se perdía en la inmensidad de la mano de aquel hombre tosco pero… interesante sin llegar a guapo- Y no le diga nada a Balbina, si ella no me molesta para nada, todo lo contrario, es una gran compañía para mí.

Y dándose la vuelta  con un guiño cómplice a la chica y sin que él la viera, le dijo:

-Justamente estábamos hablando de trabajo para ella y para mí. Como a Balbina le quedan algunas horas libres en el día y a mí también, le estaba proponiendo un negocio.

-¿Qué clase de negocio si se puede saber?

-Uno muy conveniente para las dos, siempre y cuando usted lo apruebe, por supuesto…

-La escucho –le dijo con su tono más severo, seguramente con intención de amedrentarla, cosa que por supuesto no consiguió.

-Le ofrecía a Balbina darle clases particulares a cambio de que me ayude con la limpieza de mis habitaciones, dado que yo no estaré aquí parte del día, y el tiempo que esté lo ocuparé en impartir clases aquí mismo. Por lo tanto, necesito ayuda y ella está muy práctica con todo lo referente a la casa.

-Está bien, lo pensaré…

-¿Pero porqué no pasa usted y nos acompaña? Justo íbamos a tomar unos mates con Balbina…

Rafaela pretendía ganarse su confianza aunque no sabía muy bien por dónde entrarle a este hombre tan huraño. Finalmente aceptó y entre mate y mate lograron que don Venancio  aceptara que la maestra le diera lecciones privadas a Balbina.

Venancio era un hombre muy rígido y no estaba metido en negocios muy limpios, por lo que pudo enterarse con el correr de los días. Algo de contrabando y alguna cosita más que Rafaela no alcanzó a comprender. Quizás debido al ambiente donde se movía explicaba que fuera tan duro con su hija, al extremo de casi no dejarla salir a la calle sin su autorización o en su compañía.

Los días se fueron sucediendo uno tras otro y Balbina aprendía con una velocidad sorprendente. Las pertenencias de Rafaela tardaban más de lo creíble en juntarse con su dueña, pero ya se había dado cuenta que Ricardo las iba trayendo lentamente, día tras día, para poder ver más seguido a Balbina con una excusa. Rafaela no lo negaba ¡ella tapaba esos amores! Pero es que le daba tanta dulzura verlos juntos que… los dejaba sentados en el comedor y ella inventaba cualquier excusa para irse al dormitorio y dejarlos solos… y sentía desde allí el cuchicheo y algún beso que otro. Por supuesto que don Venancio no sabía nada de esto.

Una tarde como tantas, Ricardo apareció con una caja que ni siquiera era para la maestra, pero… ya había terminado de entregarle todas las cajas a Rafaela y la trajo “equivocadamente”. Como siempre ella se retiró al dormitorio y pasados unos minutos se abrió la puerta de golpe. ¡Era don Venancio! Y los pescó en pleno beso pasional.

-¡Ahijuna gran perra! Yo te vi’a dar por andar propasándote con la Balbina…

Y sin más se le tiró encima al pobre Ricardo, sin darle tiempo siquiera de reaccionar. Rápidamente Rafaela logró interponerse a tiempo como para que el chico huyera con apenas algún machucón.

-Cálmese Venancio. Son muchachitos y no estaban haciendo nada malo.

Su mirada la fulminó. Parecía que le saliera fuego de los ojos./p>

-¿Así que usted es la que está tapando estos amores impúdicos? ¡Balbina! ¡Caminá pa’ la pieza carajo! Hoy sí que te la ganaste.

-Pero… ¿qué va a hacer usted Venancio?

-Eso no es su problema, maestra. Usté no se meta en esto, pero…  tenga bien presente que cuando termine con ella, sigue usté –le dijo señalándola con el dedo índice.

-Ese dedito, caballero, puede usted guardárselo. A mí no me señale ¿entendió?

-Ahora no tengo tiempo de discutir, debo ajustar cuentas con mi hija.

-Espere Venancio, usted no debería pegarle estando tan enojado. Está usted fuera de sí y podría hacerle verdadero daño a la niña.

-Le dije que no se metiera en esto. Si sigue así, la primera en ser fajada [castigada] será usté maestra.

-¡Oiga!… a mí no me amenace. Lo único que le estoy diciendo es que piense antes de tocar a su hija con el enojo que tiene.

-Y que usté está haciendo crecer a cada segundo…

-¿Porqué? ¿Por qué lo hago pensar? ¿Por qué sabe que está cometiendo un error?

Venancio optó por ignorarla y salió detrás de Balbina, que imaginando lo que se le venía lloraba desconsoladamente. Entraron a la pieza y Venancio siguió de largo, tomó una silla y se sentó mirando hacia Balbina y hacia la puerta, por donde vio que Rafaela se asomaba tímidamente.

-¡Balbina! –Gritó en forma desaforada- Traiga p’acá el sacachispas que hoy lo va a estrenar.

La niña, muerta de miedo, descolgó aquel terrible instrumento con el que había sido amenazada tantas veces. Se dio media vuelta y se dirigió hacia su padre, cuando de repente sintió que de un tirón le arrebataban el sacachispas. En menos de un segundo con el instrumento en su mano, salió Rafaela corriendo “como alma que lleva el diablo” por la puerta y ganó la calle. Venancio, casi fuera de sí, se dirigió tras sus pasos. Al llegar a la puerta la vio que corría hacia la calle principal. Tomó su auto y la interceptó en plena avenida.

-Buenas noches señorita Rafaela. ¿La llevo hasta la pensión?

-Aléjese de mí –le dijo por lo bajo.

-Maestra –le dijo en el tono más dulce y bajo que pudo lograr- puede usté subirse al auto tranquilamente, o puedo bajarme y obligarla a subir y que sea la comidilla del pueblo por varios días –y le mostró la más bella sonrisa de inocencia de la que fue capaz.

No tuvo otra opción que obedecer. Entró al auto con un gesto de malhumor y se sentó a su lado.

-Ahhhh… cómo me gustan las mujeres cuando son obedientes! –decía mientras ponía el auto en marcha hacia las afueras de la ciudad.

-Oiga, ¿dónde cree que va? ¿Dónde me lleva? ¿Qué pretende al sacarme del pueblo?

Su cara denotaba terror y Venancio la adoró en ese momento.

-No se asuste Rafaela. Sólo la voy a llevar a un lugar que conocemos un puñado de personas. Allí estaremos solos y podremos charlar un ratito y hablar de la educación de Balbina… y de la suya también.

-¿De “mi” educación? No quiero sonar soberbia don Venancio, pero dudo que usted me pueda enseñar educación a mí.

-No me menosprecie maestra. Yo no podré enseñarle todas esas cosas que usté enseña en sus clases, pero… sí puedo enseñarle humildad, obediencia y otras cositas tan básicas en la buena educación de una dama. Sobre todo una dama como usté.

-No lo menosprecio caballero, pero permítame poner en duda sus palabras.

-La pucha que habla fino usté…  En eso la admiro, ¿ve? Pero le aseguro, buena moza, que sí tiene alguna cosita más que aprender. Una pregunta: ¿Ande está el sacachispas?

-Aquí –le dijo, sacando el instrumento de dentro de la manga de la chaqueta- No iba a permitir que la gente viera esta porquería – y sin más la arrojó por la ventanilla.

El frenazo que dio Venancio casi la hace volar a través del parabrisas. Con una rapidez que hizo sonar la caja de cambios del automóvil, puso la reversa [marcha atrás] y paró aproximadamente por donde había caído el dichoso instrumento.

Abrió la portezuela del automóvil y con una terrible cara de enojo mientras que le mostraba su dedo índice, le espetó:

-¡Bájese inmediatamente del auto y búsquelo! Y más vale que lo encuentre.

Ella hizo un gesto como para hablar…

-¡No me hable! ¡No me dirija la palabra! Bájese ya mismo carajo! Y póngase a buscar el sacachispas.

-Pero… está oscuro, no veo nada!

-Haberlo pensado antes… ¡Bájase de una puta vez!

Vaya que estaba enojado. Más le valía obedecerle, así que abandonó el auto y se puso a buscarlo. Era una hermosísima noche de luna llena y eso le ayudó a encontrarlo con más facilidad después de unos pocos momentos de búsqueda.

Venancio se había bajado del auto y la observaba. Llevaba puesta una chaqueta azul y una amplia falda del mismo tono, camisa rosada y zapatos bajos azules. Venancio la miraba a lo lejos y con la complicidad de la noche y la oscuridad, se deleitaba con aquella figura. Él veía a Rafaela como toda una dama y muy lejos de su alcance, como a las estrellas que destellaban en el cielo aquella noche. Era esa una deliciosa mujer, pero imposible para él, así que se conformaba con soñarla en las noches.

En determinado momento, se detuvo y se agachó a recoger el sacachispas. Fue el exacto momento en que el dios Eolo se apiadó de Venancio y sopló lo suficientemente fuerte para levantarle la falda y darle a este hombre un espectáculo inolvidable: un culo redondo, fuerte, firme, juvenil, cubierto por unas bragas que ocultaban lo estrictamente necesario como para dejar mucho a la imaginación. Ese maravilloso trasero estaba sostenido por dos piernas como columnas, torneadas por Dios… porque solo el Divino Creador podía haber hecho semejante belleza. Quedó mudo, atontado, boquiabierto, congelado en el tiempo y tratando de retener en su mente aquella imagen para que no se le borrara jamás. Rafaela caminó en dirección a él. Cuando estuvo a su lado:

-Aquí tiene su estúpido instrumento –le dijo Rafaela mientras le estiraba su mano conteniendo el bendito sacachispas. Venía con el rostro bajo, y aún estaban arrebolados sus cachetes debido al episodio del levantamiento de la falda, y con esos colores y aquella actitud, se veía aún más bella. Pero él era lo suficientemente caballero a pesar de su poca cultura, como para decirle nada a la dama. El oír la voz de Rafaela lo hizo salir de su ensimismamiento. Lo tomó y…

-Suba otra vez, ya falta poco para llegar.

-¿Para llegar a dónde?

-¡Suba!

No lo iba a seguir provocando. Se dio media vuelta y subió al coche, que enseguida retomó la marcha.

La luna y la noche se combinaban con el resto de la naturaleza para crear sombras fantasmales que huían presurosas cuando las luces del auto las enfocaban. Los dos iban en silencio, cada uno sumido en sus propios pensamientos, aunque no tuvieron mucho tiempo para pensar, porque Venancio, luego de diferentes y extrañas idas y venidas por distintos caminos, con una experta vuelta de volante paró frente a lo que parecía un galpón.

-Sígame…

Esta vez no preguntó. Bajó en silencio del auto y lo siguió. Él iba delante, abriendo y cerrando portones, prendiendo y apagando luces y caminando seguro como quien conoce el lugar a ojos cerrados. Hasta que llegaron a una especie de escritorio dentro de aquel enorme galpón lleno de cajas de todo tipo, tamaño y color. Evidentemente era la “guarida”, el “escondrijo”, “la cueva de Ali-Babá” donde guardaban el contrabando. Ella miraba todo pero no decía nada…

Finalmente, Venancio prendió la luz de aquella especie de despacho. Era sumamente sencillo y humilde: un escritorio de madera con varios papeles sobre él, un teléfono, un portalápices y pocos elementos de escritorio más; una silla de cada lado del escritorio, una mesa con implementos para calentar agua, unas tazas, termo y mate, yerbera, y en un costado un archivador. Ese era todo el simple el mobiliario de aquella “oficina”.

Rafaela seguía mirando todo con ojos escudriñadores, y Venancio la dejaba…

-Siéntese – le ordenó. Porque se lo ordenó, no se lo pidió.

-Estoy bien así, gracias –le dijo en tono desafiante. Venancio sonrió… pero ella no supo leer aquella sonrisa.

-Bien Rafaela… la he traído hasta aquí para poder hablar tranquilos, sin que nadie nos moleste. Tengo que agradecerle y reconocer el trabajo que ha hecho con Balbina. Ahora es una señorita fina, y eso me gusta.

-Me alegra que vea usted los cambios.

-Los veo maestra, los veo. Yo lo veo todo. Por ejemplo hoy también vi cómo usted tapa los amores bajos de estos gurises [niños].

-¡No son amores bajos Don Venancio! No ensucie de esa manera un amor juvenil tan bonito y tan puro como el de estos muchachos.

-El beso que yo vi no tenía nada de “bonito y puro”. Era un beso de deseo y de pasión.

-¿Y eso lo hace bajo?>

-Bueno… de todas formas no estamos aquí para hablar de eso.

-¿Ah… no? ¿Y… para qué estamos aquí Don Venancio?

-Estamos aquí porque me impidió usted golpear a ese sabandija de Ricardo en primer lugar, y después no me dejó castigar a mi hija. Se interpuso sin más en el camino y todavía tuvo el descaro de robar este instrumento, que tiene mucho valor para mí.

-Por supuesto. ¡Y lo volvería a hacer! En el estado en el que estaba usted, con ese ataque de ira que tenía, no podía castigar a la niña. Le hubiera hecho mucho daño.

-¿Por qué ella es muy joven?

-Exacto. Y porque estaba usted fuera de sí.

-Bueno, entonces ahora que estoy calmado, castigaré a la verdadera responsable: ¡usted! Venga para acá. A usted le toca pagar por las dos.

Los ojos de Rafaela se abrieron como el dos de oros. Las mil mariposas que tenía en el estómago comenzaron a revolotear sin cesar. Ese hombre no podía estar hablando en serio, pero por más que protestó y pataleó, terminó sobre las piernas de Venancio, que comenzó a nalguearla sin ningún reparo. A medida que los azotes caían y ella sentía el ardor propio de una azotaína fuerte, comenzó a percibir una deliciosa sensación de excitación que no sentía desde la última vez que estuvo con un hombre. Después de varias nalgadas, Venancio levantó la falda para ver el estado de las nalgas que asomaban tímidamente rosáceas a los costados de las bragas. Así que siguió azotando con  maestría y experiencia mientras que Rafaela trataba de cubrir con una mano su colita y con la otra mantener el equilibrio.

Cuando ella pensó que todo había terminado, sintió que una mano invasora bajaba sus bragas.

-¡Noooooooo! ¡No se atreva usted a hacer eso! Déjeme ir. No tiene derecho a tratarme así. Suélteme… ¡bruto, grosero!!

-Siga pataleando por favor, así se cansará más rápido y se me hará más fácil el trabajo de azotarla.

Rafaela se sentía impotente, enojada, y hasta humillada de encontrarse en esa situación, aunque muy dentro suyo, pegaditas a las mariposas de su estómago, volaban también unas cuantas sensaciones maravillosas…

Cuando Venancio terminó de bajar las bragas, no podía creer lo que veía: eran las nalgas más hermosas que hubiese visto jamás. Un grito de ella lo hizo volver a la realidad y su mano comenzó a caer con una fuerza media, pero resonaba en aquel lugar con un eco que parecía que estuvieran nalgueando a un ejército. Las nalgas se iban tornando de un rojo más fuerte y oscuro con cada azote…

En determinado momento Rafaela dejó de patalear y él se percató de sus lágrimas. Su mano seguía siendo efectiva… Sonrió.

-Levántese Rafaela…

-¡Nunca le perdonaré esto! Humillarme de esta manera, ¡no tiene perdón! ¡So bruto, ignorante!

-No me insulte Rafaela… o me veré obligado a…

-¿A qué? ¿A seguirme golpeando? Desgraciado…

-Veo que no ha tenido suficiente, todavía tiene mucha fuerza, así que…

La llevó hasta el escritorio. Con una mano arrojó al suelo todo lo que estaba en él. La tomó y la colocó con su vientre sobre el mueble. Estiró su mano y tomó el sacachispas. Levantó el brazo para descargar el implemento sobre aquellas enrojecidas carnes, cuando… ella se soltó a llorar y se aflojó por completo. La soltó para ver qué hacía, pero no se movió… solo lloraba de forma desconsolada. Y eso lo enterneció.

Bajó la mano, tiró a un costado ese instrumento que por lo que parecía jamás iba a ser estrenado.

La levantó, la abrazó y sobre su pecho dejó que se calmara.

Cuando ella comenzó a sollozar muy suavemente, lo miró a los ojos y ninguno de los dos aguantó más. Se fundieron en un beso largo, profundo, dulce y… pegajoso, porque no podían despegarse. El beso y el abrazo fueron deliciosos…

Cuando se separaron, Venancio habló:

-A partir de hoy, vos te encargarás de la educación de Balbina, y yo me haré cargo de vos…

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El exámen final

 

Autora: Flakita

Aquel día Andrea se despertó temprano, era el último día de clases y ya no tendría que volver a ese odioso colegio religioso y por fin iría a la universidad. Salió de la ducha y comenzó a vestirse, al colocarse la falda y verse en el espejo sonrió y comenzó a recordar todos aquellos castigos que recibió de parte de la directora por llevarla tan corta, cuántas veces había terminado sobre las piernas de sus padres por todas aquellas quejas y avisos que la escuela hacia llegar a su casa, todos aquellos días que la suspendieron y que terminaban siempre en algún rincón de su casa con su trasero ardiendo y adolorido a la vista de sus padres o hermanas, pero el único castigo que ella quería recibir era el de Mauricio su maestro de literatura, un hombre joven, alto, de tez morena y mirada penetrante, fue su maestro durante este último año y aunque ella siempre lo provocó llegando tarde, no haciendo sus trabajos y hasta en ocasiones contestándole de mala manera él solo la mandaba a la dirección, todo el año ella soñó con el durante las noches, esos sueños donde él la reprendía y después la obligaba a inclinarse sobre sus piernas, le levantaba esa corta falda del uniforme que usaba y comenzaba a azotarla cada vez con más fuerza mientras ella se humedecía, él acariciaba sus nalgas desnudas y de vez en cuando sus dedos se concentraban en otra parte más íntima y al darse cuenta de lo excitada que ella se encontraba, terminaban teniendo sexo sobre el escritorio, completamente desnudos. Ella no podía dejar de pensar en esos sueños, sueños que volvían a su mente cada vez que lo tenía enfrente, y que ahora siendo el último día que lo vería no se quitaban de su cabeza.

Pero hoy era el último día y ella no le quedaba más que darse por vencida y dejarlo todo en sus sueños, además tenía que hacer un buen trabajo final ya que no quería tener problemas para entrar a la universidad por lo que se esforzó bastante en esta ocasión.

De pronto al ver el reloj se dio cuenta de lo tarde que se le había hecho al estar recordando lo que aquel maestro provocaba en ella, así que termino de vestirse rápidamente, y corrió hacia el colegio, y aunque el colegio estaba aun par de calles de su casa no logro llegar a tiempo.

Cuando abrió la puerta de su salón, uno de sus compañeros ya se encontraba exponiendo el ensayo que había pedido el maestro para la calificación final, sus demás compañeros estaban en sus lugares, poniendo atención, y Mauricio detrás de su escritorio, al notar su llegada se acercó a la puerta.

– Entra rápido, ni el último día puedes llegar temprano – dijo Mauricio en tono molesto y con voz baja para no interrumpir.

Ella rápidamente se dirigió a su lugar y se dispuso a escuchar a su compañero. Pasaron unos 5 compañeros más y Mauricio le indicó que era su turno de presentar el ensayo. Ella sonrió y comenzó a buscar en su mochila, de pronto en su cara se comenzó a notar un poco de preocupación.

– ¿Pasa algo Andrea? -Preguntó Mauricio al ver su nerviosismo.

– Disculpe profesor, pero con las prisas dejé mi ensayo en la casa, pero vivo aquí muy cerca y puedo ir y regresar con el, no me tardo ni 10 minutos.

– No Andrea, ya estoy harto de tu actitud, pensé que te importaría este trabajo por que es importante para tu ingreso a la universidad, pero ya veo que no, y ahora voy a hacer algo que hace mucho tiempo debí hacer- dijo Mauricio mientras la jalaba del brazo y la llevaba al frente del salón.

Ella no creía lo que estaba pasando, por fin su sueño se iba a realizar, pero no quería que sus compañeros estuvieran presentes.

Mauricio colocó una silla en frente del salón, se sentó en ella y le ordenó que se recostara sobre sus piernas.

– ¡No! No puede hacerme esto enfrente de mis compañeros, por favor.

– Tu pésima conducta y tu insolencia siempre ha sido en frente de tus compañeros así que tu castigo será enfrente de ellos también -le dijo Mauricio mientras la jalaba del brazo y la colocó en la posición que le había indicado.

Le levantó la falda y dejó caer el primer azote, ella no pudo más que dar un salto por la fuerza del azote, en ella hubo muchas sensaciones en ese momento, desde dolor y humillación hasta excitación, se sentía tan apenada de ser castigada en frente de sus compañeros, los cuales observaban muy fijamente, y sus ojos reflejaban sorpresa, curiosidad, y en algunos otros un cierto agrado por aquella escena.

Los azotes continuaban dejando cada vez mas rojas las nalgas de Andrea, después Mauricio bajo lentamente sus bragas y dio unos 30 azotes más, mientras ella no hacia mas que tratar de zafarse por lo que Mauricio la golpeaba con más fuerza. De pronto se detuvo y la acarició un poco, sintiendo esa calidez en sus nalgas.

– Levántate- le ordenó.

Ella lo hizo sin voltear a ver a nadie ya que estaba muy apenada por lo que había sucedido y ni siquiera podía levantar la mirada.

– Quédate ahí, volteando a la pared, con tu falda arriba y tus bragas abajo para que todos puedan ver lo que provocó tu conducta- le dijo Mauricio mientras le señalaba un rincón en el frente del salón.

Ella se colocó donde Mauricio le había ordenado mientras escuchaba como sus compañeros continuaban con sus presentaciones, ella estaba tan excitada y húmeda por esa sensación de ardor en sus nalgas y de humillación por estar ahí con sus nalgas al descubierto mientras todos veían las marcas de su castigo.

Al terminar todas la presentaciones, los alumnos se retiraron, quedando solos en el salón Mauricio y Andrea aún en el rincón.

– Date la vuelta y acércate.

Andrea al voltearse vio a Mauricio cerca de su escritorio.

– Profesor discúlpeme, de verdad me esforcé en este trabajo y si me permite se lo puedo traer ahora mismo -le dijo mientras se acercaba a él.

– No, Andrea; ahora mismo vamos a continuar con el castigo, inclínate sobre el escritorio.

Ella lo hizo sin pensarlo, el escuchar esas palabras hicieron que su excitación aumentara. De pronto sintió el impacto de la regla de madera, era un dolor más intenso y no pudo evitar que las lágrimas se le salieran. Después de 30 azotes se detuvo y acarició sus nalgas, ella hizo un pequeño gemido que más que ser de dolor fue de placer. El sonrió disimuladamente y le ordenó que se pusiera de pie.

– Puedes irte y mañana espero tu presentación, y de verdad espero notar tu esfuerzo -le dijo Mauricio con un tono serio.

Ella subió su bragas y se acomodo la falda, le sonrió a Mauricio y salioó del salón. Se fue a su casa casi corriendo, estaba ansiosa por ver en el espejo las marcas de su castigo, al llegar a su casa, subió a su cuarto y cerró con llave, observó sus nalgas rojas en el espejo y no pudo evitar tocarse hasta llegar al orgasmo.

Al día siguiente, llegó muy temprano a la escuela y presentó su ensayo, Mauricio la felicito, y estaba sorprendido del buen trabajo que había hecho Andrea.

– Parece que de verdad te esforzaste, y vas a tener una buena calificación, puedes irte -Ella tomó sus cosas y se dirigía a la puerta.

– Aunque me hubiera gustado más tener que castigarte de nuevo- le dijo Mauricio sonriendo.

Ella solo se sonrojó, le sonrió y salio del salón.

A partir de ese día ninguno de los dos pudo olvidarse de lo que sucedió, pasaron un par de años, y un día se encontraron, ellos comenzaron a salir, y ella le confeso todo lo que le provocó ese día y lo mucho que lo había deseado. A partir de eso comenzaron una relación.

Ahora están juntos y de vez en cuando juegan a la alumna irresponsable y al maestro severo.

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Fue el primero (I)

Podría decir como muchas que fue llevaba años fantaseando con un amor verdadero. Lo hago desde los 14, cuando sentí el primer furor viendo aquel porno con mis compañeros de clase y me identifiqué con las chicas de la pantalla. Sentí que lo que me excitaba era ver esos enormes penes brillantes y venosos en las manos y sus bocas; que las oía gemir y gozar y sentía que quería ser una de ellas, sobre todo cuando las penetraban por detrás y se veía en los primeros planos como las abrían. Como todas, empecé entonces esa larga historia de robar ropita, usar bragas bajo la ropa de chico y esas cosas. Jugando con mis primas y compañeras aprendí a maquillarme y observándolas me fui sintiendo cada vez más nena, hasta me inventé síntomas de la regla.

Me podía describir, desde los 15 o os 16, como una adolescente sensible, romántica, mimosa, cariñosa y por qué no, sensualísima. Entonces decidí llamarme Laura y escribir un diario como ella. Cada vez mis fantasías eróticas eran más fuertes y desde hace ya tiempo pensaba que me debería arriesgar a salir pero a buscar a mi hombre, mi novio, que sintetizara amor y lujuria. Leía mucho sobre el tema y conocí a algunas chicas así que ya eran maravillosas mujeres, con las que me limitaba a charlar en Internet. Por eso cuando conocí a Diana no tuve dudas. Ella sería quien me abriría a la nueva vida.

Me propuso ir a una disco de esas que abren en fin de semana para gente joven. Lo acepté con terror. Había oído hablar de situaciones muy feas que les pasaban a algunas travestís con hombres intolerantes. Me dijo Diana que me ayudaría a parecer una de esas que destacan en medio de tanta niña exhibiendo su sexualidad de fin de semana y que nadie se imaginaría lo que había en la realidad de mi cuerpo.

Esa noche me vestí con un vestido negro corto sin tirantas, ajustado, formando mis caderas y glúteos, mis piernas largas enfundadas en medias de encaje que dejaban ver mis muslos casi descubiertos, depilados como toda mi piel, blancos, tersos, brillantes de a ratos según los reflejos de las luces del local. Pero eso no era todo, era mi pelo largo, suelto, rizadísimo, flotando a cada movimiento de mi cabecita angelical, mis labios carnosos, rojos sangre, mis orejitas pidiendo mordiscos y sobre todo mis ojos, negros profundos, brillantes, diciendo a los muchachos de la sala: “soy tuya si eres capaz de amarme, a ti te miro,  a ti te clavo mi mirada, aguántala si eres hombre”. Y si había uno que era hombre y me la aguantó.  Luego supe que fue a la disco a ligar, aburrido de una novia de vida disparatada y que me dijo: “no podía compararse con tu belleza”.

Preguntó como me llamaba. “Laura para ti”, le dije cuando se acercó a preguntármelo. Eso era suficiente para hacerle saber que ocultaba algo, que tenía un misterio que a la vez parecía que era para ser más incitante. Me tomó de la cintura. Me atrajo hacia él. Me dijo que desde que me vio no pudo pensar en nada más. Se me notó la timidez y el temor pero pareció incitarle aun más.

No sería fácil entregarme pero estaba feliz de sentirme aferrada a un hombre que a todas luces iba a por mí, pero al mismo tiempo miraba a mi alrededor buscando a Diana, pidiendole su aprobación, le pedía auxilio. Sería difícil pero merecía la pena, me sentía de verdad la diosa del local aquella noche, era nueva para todos, la mejor, una hembra y una princesa. Me aferró más fuerte y fue a por mi boca. Me dejé besar, entorné mis ojos y casi me derrito en medio de un reflejo de luz violeta…que sabor,  que ternura y que fuerza su sexualidad que se dejaba sentir bajo la tela de su pantalón.
“Ahora o nunca” me dije. Él, sin soltarme la cintura, con cuidado pero con fuerza me llevó al lavabo. Daba la impresión que no podía esperar más. “Tanto le excito”, pensé con cierta felicidad,  enardecida.

Me metió sus manos entre mis muslos buscando el encaje de mis medias negras, me puso su mano, me miró con tanta ternura y lascivia mezcladas que me puse a temblar con mi feminidad desbocada. Le dije: “Espera llévame contigo pero aquí no, me da asco”. Casi me muero. Ese “llévame contigo”, después me confesó, le supo a gloria, a triunfo. “Es mi primera vez”, le advertí, ya sin dejar de temblar de cintura para abajo.

El dominaba la situación. Me tomó de la mano, y yo no me desprendí de la mía, salimos del local, del ruido, pensé que ahí se desvanecería todo pero una vez fuera se pegó a mi lado, caminaba con alguna dificultad sobre mis 10 cm. de tacón, se notaba que no lo hacía habitualmente. Seguía habiendo algo de nerviosismo pero no me importó. Ya era suya, el milagro de la noche, una hembrita que lo deseaba, con mi sexualidad terrible, que me había adherido a él sin pedir nada a cambio, con algo de miedo y totalmente novatilla a mis casi 18 años. Pero que me daba igual, a eso había ido, no pensé que tan pronto ni tan fácil pero ahí estaba.

Abrió la puerta del coche, entré y me senté descuidada de forma que la minifalda casi solo me cubría un poquito de mi tanga negro. Sólo había un reflejo que llegaba de una farola y no pudo evitar comerme los morros con locura, mordiendo, metiendo lengua hasta donde cabía, y subiendo sus manos por mis muslos, por dentro que es donde más me gusta y que es donde más agradecidos y sensibles son. Intentaba suspirar con la boca llena de su lengua pero a la vez mostraba más temor a algo que él no podría imaginar. Tiernamente, mientras no dejaba ya de buscar entre mis piernas le llevé a mi pubis, allí había un diminuto pedacito de carne masculina.

Una lagrimita salió de mis ojos. Pero el siguió besándome con fruición, acariciando sus muslos, esquivó aquella masculinidad absurda en mi cuerpo de mujercita asustada y siguió buscando mis nalgas. Dejé de llorar, sonreí y me aferré a su cuello, pedí un perdón que ya no era necesario, dejé mi mano en su paquete por encima del vaquero y suspiré. Arrancó el coche sintiéndome la adolescente virgen más afortunada. Aquello que había sabido digamos que por sorpresa inevitablemente no era obstáculo para llevarme a aquella a su apartamento. “Eres la hembrita más excitante que ha estado a mi lado”, me susurró. Ya sabía de las TV, “sabía que eran amantes terribles y por qué no tener una experiencia contigo  i además tu, Laura, eres novata y virgen”. Bajamos en su portal, agarrados de la mano, de la cintura, besándonos en el ascensor, ya nada me impedía sentirme con un deseo incontrolable. El olía a hombre, yo a mujercita. Me movía como la más sexy de ellas, llevaba aun mis medias por los tobillos como me las había dejado en el coche y suspiraba. Era suya y, en cierta medida, el era mío. Si había ido yo a la disco a buscar suerte, la había encontrado. Si pensaba en un tío dotado, ardiente, amante, ese era él. Abrió nervioso, y no puede más que caer con él en el sofá, sin encender la luz, sin abrir las ventanas, sin más, el abrazándome, apresándome la cintura, intentado bajar el escote de mi vestido negro ajustado y yo sin dejar de buscar su cremallera, con desesperación, me lamía el cuello, las orejas, los pezones, y yo liberando su polla buscando con mis manos ansiosas. “Que maravilla” le dijo al verla y tocársela. “Maravilla eres tu, toda”, me dijo. Me desnudó con algo de ternura pero con mucho de macho salvaje casi como para violarme. De todas formas intentaba tratarme como a una joya y contenerse pero empezó a besarme los pezones, mordisqueármelos, mientras acariciaba mi espalada bajando las manos hasta mis nalgas. Estaba desnuda para él. Ya no me importaba que se viera lo que le dije sería mi “clítoris”. Se sonrió y me preguntó si podía llamar “coñito” a mi huequito que “se le hacía por entonces sabrosísimo”.
Me sentía, una gata, mimosa, cariñosa y muy caliente. Apenas un pequeño empujoncito de mi cabecita hacia su polla y sin resistencia me acomodé para llegar con mis labios y empezar a lamerle, como un animalito, mi lengua pringadita de saliva recorriéndole el pedazo de carne más duro que habría imaginado.

“Es la primera polla que tengo en mis labios” le dije. “No soy experta pero si golosa”, me atreví a balbucear, mientras ya oía sus gemidos impresionantes, lo que me daba más entusiasmo y deseo. Me pidió que me la tragara, que se la chupara con ganas, que succionara con mis labios carnosos apretados y comencé a hacerlo con ganas, golosamente, de pronto le dije que era “lo más maravilloso que había pasado en su vida”. “Mamar una polla así, darle gusto a un macho así y saber lo sabroso que era que me ponía a mil, que me excitaba que me correría solo con esa mamada”, le susurré casi llorando de gusto. Mi dios, lo que significaron para él aquellas palabras.
Deseaba que si yo me corría el lo hicieera también al mismo tiempo. Que estallara en mi boca y me ahogara en leche. El gozaría como macho y yo como hembra. Y sucedió que me estremecí, di un gritito  sin sacar su polla de mi boca y nos derramamos los dos. Me llené mi boca, mi cara, todo y me revolcaba pegándome a su cuerpo como una posesa. Laura, ya era su nena travestida, su amante, su amor. Qué comienzo.

Le pedí que me abrazara. Lo hizo. Me dio ternura que necesitaba. Le confesé que de verás era virgen. Que era mi primera vez. Que mi amiga me había convencido de salir. Que hacía tres años me vestía sexy y se masturbaba con juguetes en el culito y, que sólo tenía 18 años. Que odiaba haber nacido chico y que nunca había sido la hembra de nadie. Que nunca había saboreado semen, ni me había corrido sin tocarme y que esa noche sería suya, esa noche o todas las que el quisiera.
Me invitó a ducharnos juntos. Puso música, me sirvió un refresco y le ofrecí  la visión de mi cuerpo femenino, depiladito, suavecito como de nena. Le vi su sonrisa y su deseo de que la noche no acabara ahí. Buscó en su armario ropa de alguna de sus  amantes, ropita sexy de noche, lencería de encajes y aberturas, me la ofreció después de ducharnos juntos sin parar de tocarnos y besarnos.
Mi virginidad era un aliciente más para los dos. Hablarle de mis 18 años, del tiempo que llevaba sintiéndose femenina, hacían que él se sintiera cada vez más caliente y sólo deseara desvirgarme. Y como lo deseaba yo. Se me veía en la mirada y en mis movimientos de cadera, sacando los glúteos hacia fuera todo lo que podía.

Yo misma lo llevé a su cuarto, volví a mamarle deliciosamente el pene, gimiendo, suspirando, y acariciándole los huevos hasta que me pidió que le dejara lamer mis nalgas, mi huequito y hacer un 69 de locura, él con su lengua en mi anito virgen y yo lamiéndole los huevos. Poco duró aquello. Me eché boca abajo en la cama. Mi culito dilatadito con su lengua y mojadito de saliva, su polla durísima lista para penetrar y sucedió.

Me puso una almohada bajo mi vientre, mis nalguitas se encresparon duritas y suaves como seda y piel de melocotón, mi huequito húmedo, estaba ya dilatado por su lengua áspera y experta y mis suspiros que le llegaban a su oído como música celestial, eran unos gemiditos y algunas palabritas sueltas muy despacito, musicales. “Hazme tuya” le decía •”soy virgencita”, le decía con una lujuria mezclada con ternura que hacía que se enervara como un buey salvaje. Tenía la polla más grande y dura que nunca habría imaginado en mis fantasías. Sabía que me dolería pero ya no había marcha atrás. Se lo pedía casi llorando.

Le estaba dando la oportunidad de disfrutar de un culito de 18 añitos virgen que deseaba ser penetrado, desflorado. Se echó sobre mi cuerpo, con todo su peso encima del mío, me pasó primero sus 20cm por entre mis nalgas, lo sentí con gusto y me estremecí, di un respingo, me puse más pegada a su pubis y gemí “papi ábreme toda por favor”.  En ese momento no pudo ya contenerse apuntó a mi anito, pegó su cabezota bien fuerte abriendo sin contemplaciones, solté un gritito ahogado, seguía abriéndome, seguí gritando contra la almohada, continuó metiendo sin pensar ya en nada más que en gozarme, usarme, lo sentía, y me gustaba sentir un macho de verdad, que no era un juguetito, era carne de verdad, con su calorcito y sus venas hinchadas. “Papi, sigue por favor”, decía entre sollozos que ya eran más de felicidad que de otra cosa. “Papi me estas rompiendo pero me gusta”, sigue así. “Me gusta sentir tu peso de macho encima mío”. “Dale fuerte, mi hombre, más adentro, sigue, destrózame” decía casi aullando con vocecita casi infantil que lo enloquecía más y más.

Cada cosa de esas que decía entre sollozos y gemidos le ponía más salvaje. Me agarró de la cintura y me puso en cuatro. Ahora era una perrita en celo. Libre de su peso empecé a mover mis caderas de forma que entraba su polla hasta los huevos. Me movía como una experta pero yo sabía que eso es natural. Gozaba yo y el me disfrutaba. “Papi, rómpeme toda”, grité de pronto. “Párteme en dos”, chillé, me  bombeaba como un salvaje estaba por explotar me decía. Estaba yo también a punto cuando me dió la vuelta, recogíó mis piernecitas junto a su cintura, y me la metíó hasta el fondo viéndome mi cara de goce, de virgen desflorada en éxtasis, mi pequeño pene chorreaba, mi boca se relamía con mi lengua húmeda, “Préñame”, aullé, y de pronto le agarré del cuello, le besé con locura buscando su lengua y sentí que se derramaba en mis entrañas a la vez que yo, su Laura, me estremecía, lloraba y tenía mi primer orgasmo de locura con un hombre de verdad llenándole el culo de semen.

Entre llantos, agarrada aun a su cuello, le di las gracias por haberme hecho mujer, por aquella follada. Me recosté a su lado, pegada a su cuerpo, con la mano sobre su polla ya descansando y me dormí semidesnuda murmurando algo sobre mi felicidad. Casi había olvidado que era una travesti.
Sobre nuestros otros encuentros escribiré más adelante. Si les gustó este inicio me gustaría saberlo. Mi mail armadejazmin@hotmail.com

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