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Infidelidad doble

Martes, mayo 8th, 2012

Por Aldo

Juan y yo decidimos empezar a vivir juntos después de 3 años de conocernos, compramos una casa de campo pequeña con la idea de ir haciendo arreglos poco a poco hasta transformar la casa a nuestro gusto. Aunque la convivencia no es sencilla nos entendíamos bien, en parte gracias al buen sexo que manteníamos. Juan tiene 39 y yo 26, el es moreno, de espaldas anchas y de piernas gruesas, con una verga gruesa y unos huevos colgantes que me gustan mucho. Yo soy mas rubio y desde el colegio a mis compañeros me tocaban las nalgas redondas que se me marcaban en el uniforme.

Como todos los sábados en la mañana, Juan se despertó con una erección de caballo y me despertó tocándome las nalgas… ya me sabían que quería antes de irse a entrenar tenis. Me baje el short de la pijama y también lo empecé a tocar y a besar. Eran las 7, a las 8 empezaba su clase que no era muy lejos y yo también me tenia que levantar a dirigir la remodelación del baño que estamos haciendo.

A Juan le encanta ponerme en cuatro patas, dice que así le entra toda la verga y tiene mas libertad de movimiento. Me acomode en la parte baja de la cama y el se paro detrás de mi dándole la espalda a la puerta del cuarto. Con algo de saliva empezó a hacer presión con su verga dura y palpitante en mi ano, que estaba más bien cerrado. Di un primer gemido de placer, eso excita a Juan, le gusta que me mueva y grite como una perra y a mí que me trate duro.

Empezó a moverse cada vez mas rápido, yo sentía que con cada movimiento me abría más y sentía que sus huevos chocaban con los míos. Me empecé a tocar sabido que no teníamos mucho tiempo y al mismo tiempo a tratar de apretar con mis nalgas la verga que tanto placer me estaba dando.

Sentimos que la moto del trabajador había llegado, así que Juan acelero el ritmo, yo trate de no
gritar mucho. Si el trabajador daba la vuelta por la parte de atrás de la casa podía vernos, pero
normalmente se tomaba su tiempo bajando herramienta y esperando que yo saliera a recibirlo. Juan
me decía que le encantaba como se abría ni culo con su verga, y antes de que pudiera venirme dio un
gemido y empecé a sentir su leche caliente en adentro. Termino de venirse y se metió a la ducha del
cuarto. Yo me subí el short y salí a ver donde estaba el trabajador, ya había entrado por la puerta de
atrás y estaba acomodando sus herramientas en la cocina.

El trabajador era un hombre como de 45 años, con brazos fuertes, algo rudo de facciones pero bien educado, se llamaba Gabriel, lo salude y le ofrecí un café, lo había recomendado un vecino que tenia una finca en el sector. Había venido a mitad de semana para evaluar el trabajo que tenia que hacer, fui al baño social con él para explicarle lo que debía hacer, el ponía atención. Cuando me agache a señalarle algo en el piso sentí que el short de la pijama estaba algo mojado en la parte de atrás, trate e no darle más la espalda al trabajador. Juan estaba listo con su uniforme de tenis, pasó y se despidió de mí y saludo a Gabriel. Alance a Juan para decirle que de regreso comprara algo para el almuerzo. Cuando volví al baño Gabriel se había quitado la ropa que traía para ponerse ropa de trabajo, y estaba en unos boxer que dejaban ver sus fuertes piernas, le pedí excusas pero me dijo que no me preocupara que le terminara de explicar… yo no sabia muy bien que hacer.

“bueno mire, la idea es que el mesón del lavamanos vaya hasta aquí” dije yo, y como el espacio no era mucho tuve que pasar por frente de el dándole la espalda.

“Uyy doctorcito, creo que se le mojo la pijama” dijo el y agrego “espero que no haya sido yo” me voltee a mirarlo y se había sacado la verga que escurría liquido, era casi igual de gruesa a la de Juan. Yo me reí algo nervioso y le dije que no se preocupara que hubiera sido otra persona con una herramienta parecida a la que tenía entre las manos. Gabriel se río y con la otra mano me toco por debajo del short, yo sentí un corrientazo al contacto de esos dedos…

“El otro doctorcito tiene mucha suerte, mi mujer no deja que yo se la meta por detrás”, el seguía con su una mano en mi nalga y la otra en su verga, y yo estaba paralizado y trataba de seguir la conversación que me excitaba, no podía quitar los ojos de su verga, era algo mas larga que la de Juan y su cabeza parecía mas gruesa.

“Bueno, a lo mejor ella piensa que usted no sabe bien como… y todo es un arte”, le dije “Como no voy a saber, la que no sabe es ella que es muy recatada, pero si tuviera un culo de puta como este me hiciera gozar los sábados por las mañanas como el otro doctorcito….mmm” contestó Gabriel mientras me baja el short hasta las rodillas.

Por esa respuesta me di cuenta que nos había visto unos minutos antes, me reí, me imaginaba que si Juan llegaba tendría que dar muchas explicaciones, así que decidí dejarme llevar.

“A ver, si quiere métala un poquito y yo le digo si sirve o no sirve para hacer gozar por detrás”, antes de que terminara la frase ya tenia media verga adentro.

“uyy doctorcito con razón que culo mas rico el que usted tiene… lo voy a hacer gritar como cuando llegue y el otro doctorcito lo tenia ensartado”

Me sostuve del lavamanos que íbamos a remplazar para no caerme, este hombre era un experto, me empezó a dar cada vez mas duro y la venida de Juan en mi culo nos ayudaba, empecé a gemir. El me cogía las nalgas, me apretaba el pecho, me tomaba de los hombros, me quería meter hasta los huevos… pensé que se iba venir, pero no. Se sentó en el excusado y me cogía de la cintura haciéndome cabalgar, empecé a sudar a cantaros y al parecer le excitaba que yo gimiera… de pronto escuchamos por la ventana alta del baño un intercomunicador de seguridad… el paro un poco, yo me imagine que la empresa de seguridad estaba haciendo la ronda de los sábados. No volvió a sonar y Gabriel se paro cargándome… tenia una fuerza increíble, siguió metiéndomela hasta el fondo hasta que empezó a venirse con grandes gemidos…

Cuando saco su verga sentí un vacío y mucho semen, las piernas me temblaban, me limpie un poco y tome el short para salir del baño… “organícese un poco, lo que acaba de pasar no lo puede saber nadie ni repetirse” le dije.

Salí algo mareado por la cogida, y con sentimiento de culpa por haberle sido infiel a Juan. En la puerta de la cocina estaba el vigilante de la agencia de seguridad, un negro grande como casi todos los de esa empresa. Lo salude, el contesto: “buenos días, disculpe por molestarlos tan temprano, es solo una ronda de rutina”

“Si no se preocupe, ya estaba levantado y mi compañero no esta” conteste yo mecánicamente.

“esta usted sólo?” pregunto el con una cara de asombro, mientras el intercomunicador hacia el mismo ruido que había escuchado en el baño.

“Sí estoy sólo, ehh digo no, hay un trabajador solamente. Quiere café” dije yo tratando de cambiar el tema.
“Si muchas gracias, se siente bien?, quiere que el trabajador me vea? hay muchos casos de trabajadores que vuelven luego a robar”

Pensé que era buena idea, así Gabriel sabría que no estábamos solos y se dedicaría a su trabajo. Le dije que si, que el trabajador estaba en el baño, pero que no le hiciera sentir que desconfiábamos de él. Mientras el vigilante se fue, termine de preparar el café. Cuando volvió tenia una sonrisa, yo le entregue el café.

“Todo bien?” pregunte yo.

“Si el trabajador dice que esta muy contento de trabajar para usted, que le arreglo usted el día
dándole trabajo y ayudándole a que descargara sus huevos”

Por lo visto ese día me levante para que mi vida privada fuera pública. Solo sonreí

“Perdone que le pregunte pero… es que trabaje toda la noche y tal vez… si usted me hiciera una chupada… si no le molesta, tengo buena verga, mire”

Se había sacado una verga negra y venosa semi-erecta por la abertura de la cremallera.

No sabia que decir, trate de decirle una mentira “no me gusta mucho chupar” el me tomo del brazo y me dijo, “y una metidita rápida? Eso si le gusta, no me puedo demorar”, me volteo contra el lavaplatos, me bajo muy rápido el short solo en la parte de atrás y me la empezó a meter, dio un gemido, y cuando mire hacia atrás, Gabriel nos estaba mirando. Yo la sentía adentro y me gustaba, se sentía diferente a las otras dos.

El vigilante, se vino rápido con grandes golpes de cadera y el intercomunicador haciendo ruido, se subió la cremallera, agradeció por el café y se fue. Gabriel seguía mirando, yo no me había movido de donde estaba y seguía con el culo en pompa.

“Uyy doctorcito usted si sabe tragar… la verga de ese negro si estaba bien grande, yo pare el trabajo porque ya casi son las 9 que es la hora del desayuno, usted ya desayuno?” se acercaba cada vez mas mientras hablaba y se estaba abriendo el cierre del overol…

“No he tenido mucho tiempo” dije yo….

“venga doctorcito yo le doy una lechita antes de que sea medio día y llegue el otro doctorcito”

Me quede donde estaba, mientras el albañil se acomodaba, pensando que esta vez si me iba a venir y que tendría que esquivar a Juan un par e días mientras se me cerraba el culo para que no se diera cuenta.