Provocado por mis hermanas

diciembre 16th, 2011

Esta vez les voy a contar una historia que me paso a mi espero que les guste tanto como el anterior.
Soy el menor de tres hermanos, la mayor se llama Beatriz, le sigue Ana y luego voy yo, Fernando. Me sacan seis y cuatro años respectivamente. Bea ya no vive con el resto de la familia, se casó. Pero Ana y yo seguimos en casita de los papis.

Por aquel entonces yo apenas salía de fiesta, mis padres me controlaban mucho. Pero mis hermanas al ser mayores que yo si disfrutaban del fin de semana. No tenía novio ninguna de las dos y compartían grupo de amigas. Las dos se ponían aun más guapas de lo que eran para salir de fiesta. Se parecen bastante, morenas de piel y pelo rizado largo. Bea, la mayor, es también algo más alta y más delgadita aún que Ana, que tiene los pechos más grandes. La verdad es que mis hermanas están muy buenas, y ellas decían lo mismo de mí, que qué guapo era, que dentro de unos años me las ligaría a todas,… lo que le suelen decir a un hermano menor.

Un fin de semana se fueron mis padres al campo, a casa de unos , y nos dejaron solos a los tres. El sábado llamamos a un telepizza para comer y después estuvimos viendo una peli de video que había alquilado Ana. No la recuerdo exactamente, pero cuando la estábamos viendo me fijé en Bea, que estaba en un sofá casi frente al mío. Estaba vestida con una simple camiseta y un pantaloncito corto de deporte mío que muchas veces me quitaba. Algo que me molestaba mucho, por cierto. Ella estaba sentada con los pies sobre el sofá, y al fijarme en los shorts me di cuenta que se le veía el coñito. Rápidamente volví la mirada al televisor, pero una fuerza desconocida me hacía volver a mirarla a ella y a su “cosita”. Me empecé a excitar un montón, era algo tan prohibido y sólo se lo había visto cuando éramos pequeños. Podía observar que lo llevaba rasurado la muy guarrilla de mi hermana. De repente Ana que me estaba viendo desde el otro lado del sofá me dijo:

- ¿Tu qué miras, mocoso?
- Nada, nada.- me había pillado, y me puse un poco nervioso.

- ¿Cómo que nada? ¿Qué estabas mirando?
- Pues, joder, que Bea me ha vuelto a quitar mis pantalones.

- Ya, por eso te has empalmado. Mira Bea, Mira como se la has puesto a Fernando. Jajaja, ponte unas braguitas por que si no….jajaja

Y empezaron a reírse de mí las dos, en mi vida lo he pasado tan mal. Intentaba esconder mi erección, pero con el chándal que llevaba puesto era imposible. Me giré para insultar a Bea (típico entre hermanos cuando no tienes ningún argumento), pero noté una mirada suya que desconocía. Era como una especie de consentimiento y picardía. El resto de la tarde lo pasé callado viendo la tele.

Más tarde ellas se arreglaron para salir, yo me quedaría en casa porque aunque estaba sólo no tenía plan. Aprovecharía para ver una peli porno que tenía ya muy vista pero que salían unas tías estupendas. A las diez se fueron y como cualquier chaval de dieciséis años me hice de la casa. Comí lo que sobró de las pizzas, me tomé un par de cervezas, me hice una paja con la peli y a las dos me fui a la cama.

Serían las cuatro y pico cuando regresaron. Las oí por el portazo que dieron al entrar. Desde mi habitación se oye todo lo que sucede en casa, por lo que las estuve escuchando hasta que se acostaron y aquí viene lo “gordo” de la historia.

Casi una hora después todavía no había conseguido dormir cuando se abrió con sigilo la puerta de mi cuarto, no se sabía si era Bea o Ana, pero no encendió la luz. Supuse que querrían asegurarse de que estaba en casa, pero no era así, porque “ella” se metió en mi cama. Yo no sabía cómo actuar por lo que me hice el dormido. Pasaron unos segundos, para mí eternos, en los que no sucedió nada, pero después “ella” empezó a acariciarme, seguí haciéndome el dormido mientras “ella” me tocaba el torso, los brazos, el vientre, hasta meter la mano por de bajo de mis slips y agarrarme la polla, que ya estaba muy crecida. Se escondió bajo la colcha, y comenzó a chupármela, ¡Dios! ¡Era la primera mamada que me hacían en la vida! Yo no sabía qué hacer, qué decir. ¡Una de mis hermanas estaba comiéndome la polla! Era algo prohibido, pero, me estaba gustando tanto… Supuse que “ella” sabría que yo estaba despierto, pero ahora entiendo que jugábamos con el sobreentendido.
No me atreví a tocarla, me dejé hacer. Cada vez chupaba y me pajeaba con mayor intensidad y notaba sus tetas golpeando y rozando mis piernas. Intenté averiguar por ello cual de mis hermanas era. Ana, ya lo dije, tiene los pechos más grandes, pero en la oscuridad y sin poderla tocar me era imposible descubrirla. Llegó un momento que mi excitación era tal que fui a correr, obviamente no podía avisarla, así que descargué mi leche en su boca. Fue la primera vez que emitió algún sonido: jadeaba mientras chupaba y lamía todo lo que salía por mi polla. Nunca había sentido un placer semejante, creo que me corrí como nunca en toda mi vida. Después, “ella” salió de debajo de la colcha, me besó en la oreja con un lametón y abandonó mi cama y mi cuarto tan sigilosamente como había entrado en él.

Como os podréis imaginar me costó dormirme aquella noche volviendo a disfrutar una y otra vez en mi imaginación lo que había sucedido. También pensando quién de mis hermanas se había atrevido a meterse en mi cama, mis deducciones llegaban más hacia mi hermana mayor Bea después del suceso de la tarde, pero no lo podía saber a ciencia cierta.

A la mañana me daba miedo levantarme, me acojonaba enfrentarme a mis hermanas cara a cara desayunando. Al final me atreví aún sabiendo que ambas estaban despiertas andando por la cocina. Cuando entré allí, os puedo asegurar que era como otro día cualquiera, nada fuera de lo normal, así que desayuné igual que como lo hice el día anterior o cualquier otro de mi vida, eso sí, un poco más callado.

El resto del día y de la semana siguiente fue de lo más común, nada extraño entre mis hermanas y yo. Claro que dentro de mí se acrecentaba la curiosidad y algo nuevo que apareció aquel sábado por la noche: el deseo sexual hacia mis hermanas.

El Jueves por la noche estábamos toda la familia viendo la tele, una película. Era un poco raro, la verdad, que estuviéramos todos juntos, pero la peli era buena. En un momento salió una escena de sexo un poco fuerte y larga que comenzó a excitarme. Yo estaba flanqueado por mis dos hermanas, y de repente, como si nada, Bea se levantó y dándome un golpecito en el pene me dijo: “¡Que te emocionas!”. Hubo alguna sonrisa en casa, pero pasó muy desapercibido aquello, menos para mí. Aquella era la prueba definitiva.

Me acosté esa noche dándole mil vueltas a la cabeza, y por otro lado muy excitado por la proximidad de la tentación a la que le sumaba mi cobardía por intentar nada con ella. Pensaba que quizás ella dio el primer paso y que esperaba de mí dar el segundo. Y a las tres de la mañana lo hice. Salí en silencio de mi habitación y a oscuras crucé todo el pasillo hasta situarme frente a la puerta de la habitación de Bea. Tenía miedo de lo que pudiera pasar porque a cada paso que daba mi certidumbre iba mermando. Pero por otro lado pensaba en lo buena que estaba Bea, una chica cañón que me sacaba seis años. Sólo pensaba en aquella imagen de Bea con mis shorts mostrándome el coñito. Así que entré en su habitación intentando hacer el menor ruido posible, ya tenía pensadas excusas por si se despertaba y me “pillaba”. Me acerqué a la cama no sin dificultad por la oscuridad, ella seguía inmóvil, podía advertir el bulto que hacía ella en la cama. Respiré profundamente y me metí bajo las mismas mantas.
Lo primero que percibí fue su olor y su calor. Me atreví a acercar la mano hacia su cuerpo, me estaba dando la espalda, la toqué, estaba desnuda. Hizo como una pequeña contracción que me asustó y retiré la mano, pero se quedó inmóvil, así que volví a extender mis manos hacia ella. Ronroneaba como en sueños, pero, ¿Podía creer que estaba dormida realmente?. Mis manos fueron cercándola para llegar a sus pechos donde sus pezones me esperaban ya erectos como lo estaba mi polla desde hacía rato. Pegué mi cuerpo al suyo, y estuve un buen rato acariciándole los pechos y arrimándome a su culito. Después de eso me sumergí entre las mantas, y ella simulándose la dormida se giró para quedarse boca arriba y facilitar mi incursión. Nunca antes había estado tan cerca de un coño, y su olor fue para mi toda una novedad. Allí abajo olía a una mujer preciosa y deseada. Le aparté suavemente los muslos, ella me ayudaba, y metí mi cabeza hasta el fondo para con mi lengua lamer aquella vulva que ya estaba húmeda.
Movía la lengua de arriba abajo, chupaba, mordía… hacía todo aquello que había visto en las películas porno, pero esta vez era yo el protagonista del placer. Ella increíblemente seguía haciéndose la dormida, y creo que aquel juego me encantaba. Seguí chupándola y metiéndole mi lengua en el coño hasta que entendí que se corría porque no disimuló ya los movimientos y con contracciones de su cuerpo acabó por inundarme la cara de sus flujos. Estaba tan excitado que no sabía que hacer, si masturbarme allí o intentar follármela. Entonces con decisión me puse sobre ella, busqué con mis dedos la entrada y se la mostré a mi polla para írsela metiendo poco a poco. Entró con suavidad porque ella estaba completamente mojada y muy dilatada. Por aquel entonces no sabía moverme muy bien pero me la estuve follando clavándosela hasta el fondo. En cuanto podía me separaba un poco y bajaba la cabeza para poder chuparle las tetas. En un momento ella, a pesar de mantener el papel de dormida, fue a correrse otra vez y me agarró el culo contra sí de una manera muy fuerte que hizo que yo me corriera dentro de ella. Tuve que darla como unas diez embestidas bien fuertes del placer que me estaba proporcionando aquel orgasmo, y en la última me quedé tumbado sobre ella notando el latir de nuestros corazones exhaustos y nuestra piel sudada. Fue un polvo increíble, casi me quedé dormido sobre ella, por lo que me levanté con sigilo y volví a mi cuarto rápidamente.

A la mañana siguiente estábamos desayunando los tres hermanos a la mesa solos, porque mis padres trabajan en el centro y han de salir temprano por los atascos. En vez de estar acobardado, esta vez me sentía mucho mejor, alegre y descansado. Así que con toda la frialdad del mundo miré a mi hermana Bea y le dije:

- Bueno, ya te devolví la visita

Fue entonces cuando mis hermanas me miraron, se miraron entre ellas y empezaron a reírse de mí, y me dijo Ana:

- Perdona, me la debías a mí. Para cuando lo hagas estaré dormida esperándote.

En ese momento me quede boquiabierto, callado, no sabia que decir. Ellas se rieron mientras seguían haciendo lo suyo. De repente se me acerca Ana y me pone la mano en el pene mientras me dice:
No lo olvides eh, te espero!- voltee a verla y los dos sonreímos. Todo continuo normal en el día por que yo no me animaba a decirles nada para no perder el sabor de la acción el la noche.
Por la noche me levante con dirección al cuarto de Ana me fui despacio como si ella no lo supiera, no quería que se perdiera la emoción, entré despacio y me fui a la cama, seguí la misma estrategia que use con Bea. Levante la sabana y me metí debajo de ella, avance un poco y comencé a besarla desde la pantorrilla hasta su coño comencé a rodearlo con la lengua y de pronto sentí que alguien se metía debajo de las sabanas al igual que yo enseguida supe que se trataba de Bea y la deje hacer lo que intentaba. Se acostó por un lado de mi, yo me acosté de lado ofreciéndole la polla, la cual tomo gustosa. Ana se levanto y quito las sabanas que ya habían comenzado a estorbar. Me voltee hacia arriba y entre las dos comenzaron a chuparme la polla que ya se encontraba lo suficientemente erecta como para alcanzar para las dos. Ellas se turnaban para lamerla y comérsela entera. Todo era fabuloso, si con solo una de ellas se sentía bien, con las dos disputándose mi pija ya era algo que me tenia al borde del desmayo. Ana se levanto y se sentó sobre mi cara ofreciéndome esa delicia que momentos antes yo había saboreado. Bea se levantó y lentamente se sento en mi polla, yo no podia verla por que tenia el coño de Ana en mi boca, pero sentí perfectamente como se fue comiendo mi pene desde la cabeza, todo lo largo hasta los huevos. Comenzo a cabalgarme lentamente mientras yo metia la lengua lo mas que podia en el coño de mi hermana mayor. Ana se levanto y le dijo a Bea:
-Oye, sos una golosa.¿por que no te levantas un poco para disfrutarlo yo también?- y Bea le contestó-Es que tiene una polla tan deliciosa que si no me la pides me la como toda la noche!.
Ana se arrodillo en la cama y luego puso las manos para acomodarse en cuatro- anda tio, ven y cojéeme así para que entre toda, no quiero que la primera vez mela des a medias ehh, dame fuerte que esta noche somos tus putas- para entonces yo ya había perdido todo pudor y me acomode detrás de ella y se la metí fuerte como me la pidio- asi… asi… maaas… no importa que me hagas daño- no podia creer lo guarra que habia salido mi hermana estaba irreconocible pero no puedo negar que me gusto eso. Bea no podia quedarse mirando y se acomodo debajo de Ana formando un 69, Ana le mamaba el coño a Bea y Bea el clítoris de Ana sintiendo la entrada de mi polla. No pude resistir mucho mas y termine dentro de mi hermana mayor, no lo podia creer estaba cojiendo con mis hermanas pero tampoco podía dejar de hacerlo era como las pelis pornos que miro en las noches…fabulosoo. Bea probaba mi leche de el coño de Ana y todos quedamos acostados en la cama, uno encima de otro.
No había pasado ni 1 min cuando siento una mano pajeandome, abrí los ojos y era Bea que no se había quedado conforme ya que no la había penetrado, mi pene se paro casi inmediatamente y Bea comenzó a lamerlo le daba unas lamidas fabulosas. Poco a poco se lo fue metiendo todo a la boca hasta que lo comió todo. Ana no quiso quedarse atrás y se acomodó atrás de Bea para lamerle la rajita. Ana se levantó y se sento en mi pene pero ella lo hizo lentamente mientras Bea le sobaba el clítoris, y yo le sobaba esas deliciosas tetas. Asi estuvo moviéndose unos momentos pero de pronto Ana se levanta y me dice:
Oye hermanito, este momento es muy especial…¿por qué no me estrenas el chiquito?-al momento que se acomodaba la punta en su hoyito virgen. Costo trabajo entrar, lo hicimos lentamente ya que no quería lastimarla. Entró la mitad y espere un momento para que se acostumbrara, y mientras tanto me entretenía con sus tetas que me tenian maravillado, eran fabulosas. Ana comenzó a moverse lentamente aunque aun no se reponia del dolor que le estaba causando mi polla. Bea se sentó en mi boca como lo había hecho Ana y me dedique a lamer.Hicieron unos cuantos movimientos y mi corrida se aproximaba:
-Me corro, me corroooo…
-yo tambien vamos siii…quiero sentirlaa…
-aaahhhh… tienes un ano fabuloso hermanita!-De pronto sentí que tambien –Bea se nos unia en esa cadena de orgasmos que tambien estaba teniendo Ana. Ana se saco mi polla y me dijo:
-sería imperdonable dejar que se desperdicie esta leche hermanito.- Acercó su boca a mi pija y Bea hizo lo mismo, no se le separaron hasta dejar seco ese instrumento de placer que las dos habían sentido. Después de eso nos quedamos tirados sin fuerzas y nos dormimos abrazados. No desperté hasta el otro día, estaba solo en la cama… asi desnudo sali del cuarto y escuche ruido de la cocina y me diriji hacía aya. Al entrar me recibió una vista preciosa estaban mis dos hermanas de espaldas a la puerta, desnudas pero con solo un delantal, al voltear me dijo Ana:
-el desayuno esta listo hermanito. Debes retomar fuerza por que de ahora en adelante tendras mucho trabajo en casa- desayunamos los tres sin hablar para nada pero yo tenia una erección que no podia evitar, la cual habia provocado que ellas dos sintieran lo mismo. Al terminar de cenar me preguntó Bea que si deseaba algun postre mientras se sobaba la rajita con dos dedos. Esa mañana volvimos a tener sexo y muchas veces mas, pero hasta ahora no hemos sentido lo que sentimos la primera noche de orgía.

Un niño dotado

diciembre 15th, 2011

Hacía ya más de cinco años que mis padres se habían separado. Yo vivía entonces con mi madre solo, ya que mi padre se había largado y no quería saber nada de custodias ni de nada de eso. A mí me había herido un poco al principio, pero al poco tiempo todas las heridas se curan, y ésta no fue una excepción.
La vida no era nada mala de todas formas con mi madre. Ella tenía por entonces 42 años y tan sólo se dedicaba a ir a trabajar a la oficina por la mañana y a ocuparse de la casa por las tardes. No había querido rehacer su vida con ningún hombre, ya que decía que bastante había tenido ya con mi padre, así que vivía sólo para su ocio y para mi comodidad.
Los dos nos llevábamos muy bien, tal vez porque nos parecíamos mucho en carácter y nos entreteníamos y divertíamos juntos no pocas veces. Solíamos ir al cine una vez por semana y a veces pedíamos unas pizzas a casa y nos la comíamos viendo una peli alquilada, generalmente elegida por mí. Otras veces, nos íbamos a un local de fuera y nos la tomábamos por ahí.
Mi madre era realmente buena y comprensiva conmigo y yo la quería mucho. Los dos nos comprendíamos mutuamente y sabíamos lo que nos gustaba. Estábamos realmente muy unidos y lo pasábamos bien juntos, mejor de lo que lo pasaba con mis , mucho mejor. Teníamos plena confianza el uno en el otro y pasábamos gran parte del día juntos.
Estábamos tan unidos que la mayoría de las noche dormíamos juntos. Ella me decía que le daba miedo dormir sola, y que desde que era una niña le había pasado, de modo que la gran mayoría de las noches los dos compartíamos cama. A mí desde luego no me importaba, ya que no era tampoco un ejemplo vivo de valentía en la oscuridad.
Pero todavía nos os he descrito a mi madre. Como he dicho era entonces una mujer de 42 años, de pelo oscuro, ojos marrones y piel bastante blanca. Medía 1’64 y estaba bastante rellenita, pero sin llegar a ser gorda. Sus pechos necesitaban la talla 100 de sujetador y sus caderas eran anchas, pero no en demasía, dando forma a un culo ancho, pero muy bien hecho y bastante firme. Sus piernas estaban muy bien hechas y sus muslos eran gordos y bien proporcionados. En cuanto a sus pies, estaban muy bien hechos y eran bastante pequeños, de la talla 35. Solía llevar las uñas pintadas de rojo o morado, ya que le gustaba lucir sus pies y, a veces, que se los acariciara yo cuando estábamos en el sofá viendo la tele.
En cuanto a mí, yo era entonces un adolescente normal. Medía 1’59, tenía el pelo negro y era algo flaco, todavía sin desarrollar. No había tenido novias ni nada de eso, pero cada vez me interesaban más y tenía más necesidad de algo que no sabía cómo definir.
Una noche, después de cenar, mi madre y yo veíamos un programa en la tele como de costumbre. Ella estaba tumbada en el sofá y yo estaba en el otro extremo con sus pies sobre mí, acariciándoselos. Ella llevaba puesto un camisón blanco que se transparentaba bastante y no le llegaba ni a la rodilla, cubriendo sólo tres cuartas partes de sus muslos. Como he dicho, yo tenía las hormonas por aquella época algo alteradas y al más mínimo estímulo me ponía erecto. Yo no sabía qué era aquello ( sí, ya sé, era un poco retrasadillo en eso ) y algunas veces me llegaba a asustar.
Aquella noche, como iba diciendo, mi madre tenía sus pies sobre mi regazo y yo se los acariciaba, ya que esa era una de sus mayores debilidades. Tenía las uñas pintadas en negro aquel día y sin darse cuenta de vez en cuando rozaba con sus pies mi entrepierna. Yo llevaba puestos sólo unos calzoncillos pequeños y ajustados, ya que era verano y mi madre había puesto sus pies varias veces sobre mi bulto. Alguna vez incluso lo apretó y lo acarició intencionadamente con sus cinco dedos, tal vez sin ser muy consciente de ello, ya que estaba ensimismada viendo la tele.
Yo me puse totalmente erecto y mi bulto se hizo obscenamente grande bajo la tela de mis calzoncillos. Afortunadamente a mi madre no le dio por tocarme en ese momento. Yo aproveché, algo preocupado, para ir al baño a ver qué me pasaba. Cuando volví, me dirigí muy tenso por los nervios de no saber qué tenía hacia mi madre. Antes de llegar al sofá ( que me daba la espalda al estar la puerta del pasillo justo opuesta a él ) paré un momento para reunir el valor suficiente. Respiré hondo y me dirigí hacia el sofá. Me quedé justo detrás de éste y le dije en un tono nervioso:
-Mamá…me pasa algo en mi…en mi colita…No sé qué tengo…
-¿Qué…? ¿Qué te pasa, cariño…? -me preguntó mi madre muy alarmada sentándose sobre el sofá de un respingo.
-No lo sé…Es algo raro que me viene pasando mucho últimamente…No sé qué es… -le respondí aún más nervioso y tenso.
-Tranquilo, cariño…Ven, acércate y déjame ver…
Yo le di la vuelta al sofá y me dirigí con sólo los calzoncillos puestos hacia mi madre. Ésta estaba mirándome todo el rato algo asustada y yo me coloqué a unos treinta centímetros de ella.
-Bájate los calzoncillos para que te pueda ver la colita, cariño… -me dijo dulcemente.
Yo deslicé despacio la exigua prenda hacia abajo, primero por detrás y luego poco a poco por delante. Al principio se me quedaron los calzoncillos “enganchados” en mi erecto pene, pero finalmente salieron y mi pene surgió violentamente de detrás de la prenda. Era un pene enorme. Yo no lo sabía, pero 20 cm era mucho. Además, me medía 5 cm de diámetro y tenía el glande completamente fuera, de color violáceo y húmedo.
La cara de mi madre expresó claramente la sorpresa que se había llevado al ver lo bien dotado que estaba. Al principio no dijo nada, completamente alucinada, pero luego reaccionó y me preguntó:
-Bu……¿Qué es lo que te pasa en la colita…?
-Que…que se me ha puesto dura y grande…y no sé por qué…Cr…creo que fue cuando pusiste tus pies sobre mí… -dije todavía tenso-. ¿Qué será lo que me pasa…?
Mi madre se quedó de piedra, tal vez porque había supuesto que yo me enteraría de las cosas referentes al sexo por medio de los o en el colegio. Luego dijo:
-No pasa nada por eso, cariño…Es normal que te pase eso algunas veces…Les pasa a todos los chicos y hombres…
-Pero…¿por qué…? ¿Por qué se pone tan dura y larga? -pregunté inocentemente.
-Pero, ¿es que no te han enseñado eso en el cole…? -me preguntó mi madre extrañada.
-No…Por lo menos yo no me he enterado…
-Ah…Bueno, pues verás…. Se… se pone así cuando ves a una mujer o a una chica que te gusta o que te toca o algo así…¿Tú sabes ya bien cómo se hacen los niños? – me preguntó.
-No…Creo que es cuando un hombre y una mujer se dan besos o algo así…
-Bueno, no exactamente…Verás…La colita se les pone así a los chicos para poder meterla dentro de una mujer y dejarla embarazada…¿entiendes? -me dijo mi madre-. Y no se puede meter si no está larga y dura.
-Y…¿por dónde se les mete…? -pregunté yo inocentemente, aunque ya tenía cierta idea sobre esto.
-Pues…por…el chocho…
-¿Por la raja que tienen las chicas ahí…?
-Sí…Hay un agujerito y por ahí se mete… -me explicó mi madre.
-Ah…Ya…Bueno, ¿y qué pasa cuando se mete…?
-Pues…hay que…hay que…. meterla y sacarla rápidamente hasta que sale un chorro de líquido blanco de la colita que se llama semen…Todo el proceso de meterla y sacarla y de echar semen da mucho gustirrinín a los dos y por eso es por lo que se hace…
-Ah…Ya lo entiendo…
-Me alegro…Tú no te asustes porque se te ponga dura, es normal y no pasa nada… -me tranquilizó.
Yo me senté todavía desnudo en el sofá al lado de mi madre y ella me dio un cariñoso y tranquilizador abrazo para luego separarse y echarse hacia atrás en el sofá. Yo me quedé sentado donde estaba y también me eché hacia atrás.
-Mamá… -dije
-¿Qué, cariño…?
-¿Me puedo quedar sin calzoncillos…?
-Claro que sí, cariño… -me respondió dulcemente mi madre.
-Gracias…
Los dos nos quedamos allí viendo la tele otro rato. Mi madre me miraba de vez en cuando a mi pene, que ahora estaba semierecto haciendo una especie de arco en el aire. Más o menos tenía el mismo diámetro, pero estaba más flácido. Entonces se me ocurrió otra cosa. Estaba claro que mi mente preadolescente no pensaba parar.
-Mamá… -dije
-¿Sí, cariño. . ?
-¿Me enseñas tu…tu…chocho…para que pueda ver por dónde se mete la colita…?
-Pero Luis…es que…es que eso no está bien… -dijo mi madre tensa.
-Es que quiero vértelo y verte también las tetas para saber cómo es una mujer…
Un largo silencio se apoderó de la situación hasta que mi madre dijo:
-Bueno, vale…Pero no se lo puedes decir a nadie…¿vale?
-No, claro que no…¡Gracias, mamá…!
Mi madre se puso de pie descalza sobre la alfombra y llevó sus manos a la parte inferior de su camisón. Lo fue levantando hacia arriba y se lo sacó por la cabeza. Entonces quedó allí delante de mí en sólo ropa interior. Llevaba puestas unas pequeñas bragas blancas y un exiguo sujetador que apenas podía contener sus enormes tetas.
Entonces, mi madre se acercó a mí y se dio la vuelta delante mía.
-Desabróchame el sujetador, cariño… -me dijo dulcemente.
-Vale, mamá…
Yo me puse de pie y empecé a tocar la prenda por detrás. Mi pene estaba de nuevo completamente erecto y mi glande relucía a causa de los fluidos preeyaculatorios. Me costó un poco desbabrochar el sostén, pero por fin pude y mi madre lo sostuvo un momento por delante. Luego lo dejó caer y sus tetas quedaron libres, balanceándose un poco. Seguidamente, mi madre llevó sus manos a sus braguitas pequeñas y se las fue bajando poco a poco hasta que, al pasar por sus rodillas, cayeron al suelo súbitamente.
-Ahora me voy a dar la vuelta, Luis…¿Estás preparado para ver a mamá…? -me preguntó.
-¡Sí! -dije entusiasmado.
En ese momento se fue dando la vuelta. Al principio vi solo el perfil de sus tetas, con sus gordos y rojizos pezones coronándolas y luego fui viendo las dos. Finalmente mi madre me enseñó todo su cuerpo desnudo y mi vista bajó rápidamente hacia su entrepierna. La tenía completamente cubierta por su espeso vello púbico, pero no de forma desordenada, sino bien cuidado y con los pelos bien ordenados.
-¿Qué te perece…? -me preguntó mi madre sonriendo pícaramente.
-Eh…yo…Me…me encanta… -le dije sintiéndome extraño.
-Ven, cariño…Siéntate aquí en el sofá con mamá…
Los dos nos sentamos el uno junto al otro en el cómodo sofá de tres plazas. Mi enorme pene erecto apuntaba hacia arriba con mucha fuerza y realmente quedaba un tanto extraño en un cuerpo aún sin desarrollar como el mío. Mi madre me lo miraba visiblemente sorprendida y yo la miraba a ella. Sus enormes tetas se balanceaban y movían con cada movimiento, pero aún así daban la sensación de ser bastante firmes.
-Bueno, ahora te voy a explicar un poco cómo funciona lo de hacer los niños -empezó a decirme mi madre-. Mira…ponte de rodillas delante de mí para ver mejor.
Yo me levanté y me puse enfrente de ella. Mi madres separó sus piernas y las levantó con las rodillas flexionadas. Yo alucinaba al ver su oscuro sexo tan cerca y con su raja semiabierta debido a una excitación que yo no sabía que existía en ella. Me encantaba su forma y el suave aroma que emanaba de él. Su piel rosa interna también me llamó la atención.
Debido a esta vista que estaba teniendo mi pene se puso aún más erecto si cabe y mi glande más morado y húmedo. Mi madre empezó a explicarme un poco lo que estaba viendo.
-Bueno, cariño, mira… -dijo llevando una de sus manos a su vulva-. Esta es la raja por donde el chico debe meter su colita. Exactamente es por aquí… -dijo llevando dos dedos a la entrada de su vagina-. Ahí hay un agujerito por donde se mete y donde se deja el semen para hacer un niño. Y aquí, entre los labios por aquí por la parte de arriba hay una especie de órgano que se llama clítoris. Ese órgano pequeño es el que hace que a las chicas les dé gustito cuando lo hacen con los chicos.
-Ah… -fue lo único que pude decir.
-Entonces, ¿lo has entendido mejor ahora? -me preguntó mi madre.
-Sí, pero…Si ese órgano, el clítoris, es el que da gusto, ¿por qué no se lo tocan las chicas solas…? -pregunté.
-Ah……Pero es que lo hacen en realidad…
-¿De verdad…? -dije yo mientras me volvía a sentar al lado de mi madre y ésta volvía a poner sus piernas juntas abajo.
-Claro…Casi todas o prácticamente todas lo hacen, sobre todo cuando no tienen a un hombre cerca… -me explicó.
-Qué suerte tenéis las chicas…Los chicos nos tenemos que aguantar… -dice decepcionado.
-Oh, no…cariño…Los chicos también podéis hacerlo solos…
-¿De verdad…? -dice entusiasmado
-Claro…Mira, pon tu mano alrededor de tu colita.
Y así lo hice.
-¿Y ahora…? -pregunté.
-Pues ahora mueve la mano de arriba abajo y verás cómo te gusta… -me dijo.
Yo lo hice así y empecé a sentir algo que jamás había sentido antes. La sensación de frustración que tenía al tener el pene erecto y no poder hacer nada desapareció, siendo sustituida por una sensación de placer que iba en aumento. Yo seguí masturbándome por primera vez mientras mi madre me miraba y eso me daba más morbo casi si lo hubiera hecho solo. Entonces, le dije:
-Mamá…¿Puedes hacérmelo tú…?
Mi madre se quedó un poco sorprendida al principio, pero luego dijo:
-¿Quieres que mamá te dé gustito en la colita…?
-Sí…
Entonces mi madre llevó su mano derecha a mi enorme pene y empezó a masturbarme. Ella lo hacía de otra forma, de una forma mucho mejor. Lo hacía suavemente y de vez en cuando paraba para acariciar mis testículos o para hacer círculos con un dedo sobre mi glande.
-Ahhh…Qué gusto da, mamá… -dije yo.
Ella entonces empezó a deslizar su mano con más rapidez por mi pene, hasta que yo empecé a sentir el clímax acercarse. Entonces, sin que mi madre retirara su mano, un enorme chorro de semen salió disparado de mi pene, llegó a más de medio metro de altura ( sin exagerar ) y cayó en su mayoría sobre la barriga de mi madre. Al estar mi miembro orientado hacia mi madre, la segunda descarga de semen cayó sobre una de sus tetas y la siguiente ya cayó sobre mi cuerpo. El resto se lo llevó la mano de mi madre, que se puso toda llena del líquido blanco transparente.
-¿Ves, cariño…? Este es el líquido blanco que te dije… -me dijo mi madre con una voz algo ronca que me extraño un poco.
-Sí, ya veo…Pero te he manchado…Perdona, mamá… -me disculpé.
-Oh, no importa, cariño…Ahora me limpio…
Mi madre se acercó y me dio un suave beso en la mejilla y me dijo:
-¿Te ha gustado…?
-¡Sí!, mucho, muchísimo… -le respondí sin ocultar mis sentimientos.
-Me alegro…¿Sabes…? A mí también me ha gustado…
-¿De verdad…?
-Sí… -respondió mi madre.
-¿Y qué les pasa a las mujeres cuando les gusta un chico o quieren que les metan una colita…? -pregunté
-Bueno…pues…Los pezones se ponen empinados y duros y el chocho húmedo…
-¿Y te ha pasado…?
-Sí…
-¿Quieres que yo te toque el…clítoris para que te dé gusto a ti también…? -le sugerí.
-Me encantaría, sí…Pero no le puedes decir a nadie que nos hemos tocado, eh…
-No, no…
Inmediatamente, puse mi mano sobre el sexo de mi madre y lo empecé a tocar por todas partes. Primero simplemente acaricié el vello, pero luego toqué la raja con un dedo y fui recorriéndola en toda su longitud con él. Mi madre empezaba a suspirar. Echó la cabeza hacia atrás y empezó a tocarse los pezones y a estrujarse las tetas. Entonces yo llegué a donde me había dicho que estaba su clítoris. Empecé a describir círculos alrededor de él y mi madre empezó a gemir.
-Ahhhh…. ahhhhh…. así, cariño…. así…. -decía gimiendo.
Yo seguí haciéndolo, suavemente todo el tiempo. Ella se retorcía de placer en el sofá, y yo no la dejaba ni un solo instante. Dejé su clítoris y recorrí su raja de nuevo, esta vez con dos dedos. Estaba mucho más húmeda que antes, y mis dedos se deslizaban con suma facilidad por entre sus labios. Paré un poco y acaricié sus pelos pasando la palma de mi mano con ellos. Era como un sueño estar haciendo aquello, pero yo no perdí los nervios demasiado, simplemente seguí curioseando su vulva, algo que yo jamás había visto antes.
De nuevo toqué su clítoris y describí círculos alrededor de él. Mi madre seguía gimiendo y soltando gritos ahogados mientras se estrujaba las tetas y los pezones, aún humedos por mi semen. Unos minutos después de empezar mis caricias, mi madre se retorció violentamente y gimió atropelladamente. Había llegado al orgasmo. Llevó una de sus manos a donde estaba la mía y la puso encima acariciándomela.
-Gracias, cariño…le has dado mucho gusto a mamá… -me dijo dándome otro beso en la mejilla.
-¿Te ha gustado de verdad…? -le pregunté algo incrédulo.
-Sí, mi amor…lo has hecho muy bien…
Los dos nos quedamos el uno junto al otro un rato. Era ya casi medianoche, así que nos estaba entrando sueño.
-Bueno, nene…Vámonos a la cama… -dijo mi madre levantándose.
-¿Puedo dormir contigo esta noche, mamá…? -le pregunté
-Claro que sí…Además, sabes que me gusta dormir contigo…
-No, pero yo me refiero a si podemos…si podemos dormir sin ropa… -le dije habiendo reunido todo el valor necesario.
-¿Por qué…?
-Pues…porque quiero…quiero poder acurrucarme a ti sin ropa y darte besos y eso como hacen los mayores en la cama…
-Pero, Luis… -dijo mi madre con mirada pícara
-Bueno, si no quieres, no… -le dije
-Que sí, nene…Que lo podemos hacer…Podemos jugar un rato en la cama si quieres…
-¡Gracias, mamá…! -grité lleno de júbilo
Los dos nos fuimos a su habitación. Ella se detuvo un rato en el cuarto de baño para lavarse los dientes y todo eso, cosa que yo ya había hecho antes. Luego, vino sin ropa y con el pelo ( que normalmente le llegaba a la base del cuello ) en una coleta detrás. Yo estaba sentado en la cama de matrimonio con la espalda sobre el cabecero y el pene semiflácido haciendo el arco que antes he descrito.
-Bueno, ¿ya estás preparado para jugar con mami, cariño…? -me preguntó amorosamente mi madre.
-Sí, mamá…
Me madre se sentó a mi lado en la cama y se acercó a mi cara. Con sus labios me dio un beso breve en los míos. Luego llevó su mano a mi pene y comenzó a acariciármelo y sobármelo hasta que de nuevo lo puso erecto. Entonces paró y me dijo:
-¿Qué te parece si los dos nos acariciamos ahí…? Yo juego con tu colita y tú con mi chocho, ¿vale?
-Vale, mamá… -le dije.
Los dos empezamos a tocarnos nuestros genitales. Yo deslizaba mis dedos por entre su raja, la cual estaba de nuevo húmeda y ella me masturbaba lentamente. Mis dedos se centraron de nuevo en su clítoris y ella empezó a gemir más fuerte ahora. Con la otra mano yo empecé a acariciar sus tetas y a pellizcar sus duros pezones, jugueteando con ellos. Ella seguía mientras tanto tocando cada rincón de mi sexo, acariciando mis testículos o simplemente deslizando su mano de arriba abajo. Estuvimos así un rato, hasta que mi madre llegó a un segundo orgasmo, retorciéndose y casi chillando de placer. Yo aún no había eyaculado, y ella me soltó. Pensé que todo había acabado ahí y que iba a pasar de mí, pero me equivocaba.
Mi madre se levantó un momento y fue al cuarto de baño. Yo miré hacia donde había estado sentada y descubrí una mancha amarillenta, provocada por sus fluidos vaginales. Al poco, mi madre volvía del baño con un bote de algo en la mano. La sustancia que había dentro parecía ser amarillenta, pero no lo vi bien. Lo dejó encima de la mesilla de noche y me dijo que volvería enseguida. Yo miré el bote y vi que era vaselina. Mi madre volvió después de cinco minutos y se sentó donde había estado antes. Me empezó a acariciar el pene de nuevo, el cual pasó otra vez de un estado de semierección a erección completa.
-Luis… -me dijo
-¿Qué mamá…? -le pregunté yo
-¿Quieres que mamá te chupe la colita en vez de tocártela…?
Yo me quedé pasmado. Jamás había oído que eso se hiciera, pero respondí:
-Sí, mamá… Pero, ¿no estará sucia o algo…?
-No, cariño…
-Es que como antes eché semen y después hice pis también, pues… -expliqué
-No importa, cariño…A mamá le gustará el sabor de la colita de su nene…
-Vale…
Mi madre se puso de rodillas a mis pies y separó mis piernas metiéndose entre ellas. Poco a poco se fue agachando hasta que su cara quedó a unos diez centímetros de mi glande. Mi madre pasó su nariz olfateándolo y luego también todo el pene.
-Mmm, me encanta cómo te huele, nene… -dijo-. Ahora te la voy a chupar un ratito y verás cómo te gusta.
Entonces empezó a lamer con la punta de su lengua mi glande y luego recorrió el pene en toda su extensión, lamiendo aquí y allá…Luego metió todo el glande en su boca y finalmente la mitad de mi pene. Entonces empezó a subir y a bajar con sus labios apretados contra mi miembro, prestando especial atención a la base de mi glande.
Mi madre gemía y decía muchos “mmm” mientras me chupaba, y yo sentía cómo la punta de su lengua rodeaba mi glande por todo su contorno. Daba un placer indescriptible y yo me sentía al borde del clímax ya. Mi madre no paraba y yo temía que fuera malo lanzar el semen en su boca así que le dije:
-Mam…mamá…. creo que voy a…que voy a…
En ese mismo momento exploté. No había podido remediarlo y me había corrido en su boca. Lo que me extrañó fue que mi madre no se detuvo, es más, gimió con más fuerza y yo la sentí lamer mi glande y tragar mi semen. Cayeron dos chorros de mi esperma por los lados de mi pene, pero mi madre los lamió y se los tragó saboreándolos un rato en su boca.
Había sido algo increíble y los dos nos quedamos el uno junto al otro en la cama tocándonos y acariciándonos. Ella me tocaba el pecho y yo a ella las tetas y los pezones. Los dos nos fuimos quedando más y más quietos hasta que el sueño nos venció y los dos nos quedamos dormidos. Había sido un día que no olvidaría fácilmente, en el que había aprendido cosas que casi no sabía que existían.
A la mañana siguiente, los dos nos despertamos a la misma hora. Estábamos aún medio dormidos, pero mi madre me acariciaba un brazo dulcemente con su mano. Yo a ella le hice lo mismo lentamente y me sonrió cariñosamente con sus rojos labios. Luego me acarició el pecho con su mano vuelta del revés pasando sus uñas por mi piel. Eso me hacía un poco de cosquillas, pero aguanté y le sonreí cariñosamente también. Mi madre se acercó a mí con su cara y me dio un pequeño beso en los labios.
-Te quiero, cariño… -me dijo con la voz más dulce que jamás he oído.
-Yo también a ti, mamá… -le dije yo.
Entonces los dos nos levantamos, desayunamos y nos fuimos de compras a un hipermercado cercano. Mi madre me llevó gran parte del tiempo cogido de la mano, apretándomela fuerte y acariciándomela con el dedo gordo. Todo el tiempo me estuvo llamando “cariño mío” y cosas por el estilo de una forma muy llena de amor. Me dijo que me llevara todo lo que quisiera, que comprara chucherías, galletas, refrescos, y todo lo que se me antojase. Me dijo que es que no quería salir mucho en los próximos días, ya que el calor empezaba a ser insoportable y que por eso quería llevarse de todo. Yo no era muy caprichoso, pero me llevé algunas cosas que vi.
Cuando pagamos la cuenta, mi madre dijo que se lo enviaran todo a casa, así que los dos nos fuimos al coche de nuevo y nos dirigimos a casa. Por el camino, mi madre paró un momento en la farmacia. Me dijo que me quedara en el coche, así que allí me quedé esperando. Cuando volvió traía una bolsita con algo dentro. Me la dio y vi que eran unas pastillas extrañas y aspirinas. Visto esto, los dos seguimos nuestro camino hasta llegar a casa.
Entramos en casa y nos relajamos un poco con el aire acondicionado puesto al máximo. Mi madre fue a su habitación a cambiarse y yo me fui a la mía. Me puse sólo un bañador y me fui a ver la tele al salón. Una vez allí, me senté en uno de los sillones individuales y lo recliné un poco para estar más cómodo. Pensaba mucho en lo que había pasado la noche anterior. Había aprendido en una hora lo que no había aprendido en años y sentía unas ganas terribles de volver a hacer esas cosas con mi madre.
Ésta apareció pronto con una bata de estar por casa puesta. Estaba descalza como de costumbre y caminaba sobre la moqueta hacia mí. Pero en el último momento se desvió y se sentó en el sofá. No estaban poniendo nada interesante en la tele, así que pronto estábamos los dos s. Mi madre me miró sonriendo y me dijo:
-¿Por qué no te vienes aquí con mamá, cariño…?
-Voy, mamá -le respondí.
Me senté a su lado y ella me rodeó los hombros y empezó a acariciarme el pecho de nuevo con sus uñas y el brazo con su mano. Yo me sentía en el paraíso sintiendo la suavidad y el amor de mi madre en mi cuerpo y no quería que acabara ese momento. Ella siguió acariciándome mientras veíamos la tele y yo le respondí cogiéndole su mano libre y acariciándosela.
-Mamá…te quiero…Te quiero mucho… -le dije
Ella me sonrió cariñosamente y me dijo que también me quería. Luego siguió tocándome, esta vez pasando la palma de su mano por mis brazos, por mi pecho y por mi barriga plana y algo musculosa.
-Nene… -me dijo mi madre
-¿Qué, mamá…?
-¿Te gustó de verdad lo que hicimos ayer…? -me preguntó algo seria.
-Pues claro que sí, mamá…Me encantó…Nunca me había sentido tan bien… -le aseguré yo.
-¿No lo hiciste obligado…?
-Claro que no, mamá… Tú me dijiste lo que le pasaba a mi colita y por qué y me ayudaste a quitarme la sensación tan rara que tenía…Lo que pasa es que ahora siento algo distinto…algo un poco extraño… -le expliqué.
-¿Qué, amor mío…? -me preguntó
-Pues…es como si te quisiera mucho más de lo que te quería antes…o de una forma diferente, no sé…Quiero estar contigo todo el tiempo y acariciarte y darte besos…
-Oh, cariño…a mí también me pasa eso…Necesito tenerte a mi lado todo el tiempo y tenerte cogido de la mano y acariciarte…
-¿Y por qué nos pasa…?
-Pues…verás…Es porque hemos empezado a querernos como hombre y mujer, y no como madre e hijo…Son dos formas de amor distintas… -me explicó mi madre.
-¿Y cómo puede aliviarse esa sensación…? -le pregunté
-Sólo como lo estamos haciendo…Tocándonos y besándonos…
-Pero eso no llega a ser suficiente me parece…
-No lo es…es verdad…Hay que llegar hasta el final… -me dijo.
-¿Haciendo el amor…?
-Sí…Sólo así se cura…pero en realidad sólo se alivia…La verdad es que el amor no tiene cura…es como una necesidad continua de la persona a quien amas y de la que no puedes escapar…
-¿Y vamos a hacerlo nosotros, mamá…? -le pregunté preocupado por su respuesta.
-Sólo si tú quieres cariño…Yo no te puedo forzar a hacerlo…
-¿Tú quieres hacerlo conmigo…?
-Cariño…Yo te amo…te amo y te necesito como nunca he necesitado a nadie y quiero hacer el amor contigo…No hay otra cosa en el mundo que yo quiera más que sentir tu piel y tu cuerpo junto al mío y que nos demos gusto los dos… Pero lo que no sé es si tú me querrás tanto como para llegar a eso…-me dijo con tono triste.
-Mamá…yo te quiero más que a nada en el mundo… -dije, y de pronto rompí a llorar no sé por qué y dije lo siguiente entre sollozos-. Quiero que estés conmigo todo el tiempo y quiero tocarte y amarte todo el tiempo…No quiero que te vayas nunca…
-Ven aquí, amor mío… -me dijo cariñosa y maternalmente
Mi madre apoyó mi cabeza sobre su pecho y acarició mi nuca mientras yo lloraba sobre ella. Me acarició el pelo delicadamente y yo me fui calmando poco a poco hasta dejar de llorar. Entonces levanté la mirada y vi que mi madre tenía también dos lágrimas cayendo por sus mejillas.
-No llores, mamá…por favor…No quiero verte triste… -le dije.
-Cariño, es sólo que soy feliz porque me quieres tanto…Yo no te voy a dejar nunca, porque quiero estar contigo todo el tiempo, para siempre…
Creo que fue en este momento cuando más me di cuenta de lo guapa que era mi madre. Su rostro me miraba con una expresión enamorada que lo realzaba. Su flequillo castaño oscuro, sus brillantes ojos marrones, sus mejillas sonrojadas sobre un cutis muy blanco, sus rellenos y rojos labios, la curva que hacían éstos…Todo daba como resultado un rostro de una belleza como jamás he visto y creo que fue por el amor tan increíblemente profundo que sentía por ella, que me hacía verla como la persona más atractiva del mundo.
Yo acerqué mis labios a los suyos y la besé suave y lentamente en ellos. Mi madre suspiró y empezó a mordisquear mis labios con los suyos. Después, metió la lengua en mi boca y yo me sentí extraño ante la nueva sensación. Mi madre movió su lengua dentro de mí y lamió la mía. Entonces yo empecé a mover la mía también y las dos se entrelazaron y se lamieron mutuamente. Yo experimenté una sensación de auténtica satisfacción al poder dar salida a mi amor de esta forma y, poco a poco, la delicadeza y lentitud iniciales dieron paso a un beso más rápido y apasionado durante el cual los dos estuvimos abrazados y tocándonos nuestros cuerpos.
Estuvimos dándonos el beso más de diez minutos. Sí, parecerá un poco increíble, pero así fue, y habríamos seguido de no ser por el timbre, que sonó en ese momento. Era el repartidor que traía la compra. La pusimos en la cocina y mi madre y yo nos besamos otro poco. Me dijo que comiéramos en ese momento y que así disfrutaríamos más al tener que esperar, de modo que nos sentamos en la mesa de la cocina uno enfrente del otro. Mientras comíamos estuvimos acariciándonos los pies y rozando nuestras piernas. Hablamos de lo mucho que nos queríamos y los dos nos mirábamos como dos adolescentes que han descubierto el amor, admirándonos mutuamente.
Cuando acabamos, mi madre se levantó y me cogió de la mano y me dijo:
-Vámonos al sofá a hacer la digestión un poco, ¿vale?
-Sí, mamá -le dije yo.
Los dos nos fuimos al sofá y nos sentamos muy juntos, con nuestros cuerpos pegados el uno al otro bajo el frío del aire acondicionado. Mi madre me abrazó por encima del hombro como antes y me acercó más a ella. Hizo que apoyara mi cabeza sobre su hombro y me acarició el pelo durante un largo rato. También mi brazo derecho y mi pecho como lo había hecho antes.
Vimos una película durante más de una hora y, cuando empezamos a cansarnos de ésta, las caricias de mi madre empezaron a llegar cada vez más abajo hasta que llegaron al bulto de mi bañador. Era uno de esos bañadores largos tipo bermuda, es decir, los más normales. Mi madre abarcó todo mi bulto con su mano y me lo estrujó un poco. Inmediatamente, mi pene comenzó a crecer. Había estado en semierección casi todo el día cuando nos besábamos y tocábamos, pero ahora la estimulación era directamente sobre él y reaccionó. Mi madre se dio cuenta de ello e introdujo su mano por debajo del bañador para agarrarlo mejor. Cuando lo tuvo en su mano lo apretó y luego acarició mis testículos.
-¿Por qué no te bajas el bañador y me dejas ver tu colita otra vez, cariño…? -me pidió mi madre.
Yo agarré ambos lados del bañador con mis manos y me resarcí de él haciendo un poco de contorsionismo sobre el sofá. Mi pene enorme quedó libre y mi madre se volvió a asombrar de su tamaño.
-La tienes muy grande, nene… -me dijo mirándomela fijamente.
-Gracias, mamá…
-¿Quieres que nos vayamos a la cama…? -me preguntó mi madre
-Sí…¿Vamos a jugar un rato…?
-Sí, cariño…
Mi madre me cogió la mano y me la acarició un poco. Luego se lavantó y se puso frente a mí. Muy despacio fue abriendo su bata de estar por casa hasta dejarla con una raja en medio. Entonces, muy despacio fue abriéndola hasta que la dejó caer al suelo. Sus enormes y balanceantes tetas quedaron libres. Llevaba puestas unas braguitas muy pequeñas que no se transparentaban. Eran blancas y llevaban un lazo rosa pequeño cosido en la parte de arriba. Entonces, mi madre llevó sus manos a ambos lados de éstas y las fue deslizando hacia abajo dejándome ver su poblado y negro sexo. Sus braguitas cayeron sobre sus pies y ella hizo un sexy movimiento de tobillos para sacárselas.
Mi madre me miraba sonriendo y me tendió un brazo diciendo:
-Vamos, cariño…
Yo me levanté del sofá con mi pene a punto de explotar y ella me cogió de la mano. Nos encaminamos lentamente hacia su dormitorio, ella con sus tetas balanceándose al aire y yo con mi pene moviéndose de aquí para allá completamente erecto y con todo el glande fuera. Mi madre me detuvo en el pasillo y me echó contra una de sus paredes. Yo me extrañé de su forma de actuar, pero ella se acercó inmediatamente a mí y empezó a acariciarme el pecho con sus dos manos. Luego acercó sus labios a los míos y los besó suave y lentamente mordisqueándolos de vez en cuando con los suyos. Pegó su cuerpo contra el mío y sus tetas rozaron y se apoyaron contra mi pecho. Mi pene hizo de pronto contacto con su vello púbico y un escalofrío recorrió mi cuerpo debido al cosquilleó que me produjo. Luego el roce se repitió y finalmente mi miembro quedó entre sus pelos.
Mi madre introdujo su lengua dentro de mi boca y nuestras lenguas se encontraron y empezaron a entrelazarse y lamerse. Los dos nos exploramos las bocas muy despacio. Mi madre puso sus manos alrededor de mi cuello y yo alrededor de su espalda, acariciándola cariñosamente. Luego, mi madre y yo paramos de besarnos y ella me dio un beso en la mejilla y dio andó unos pasos ligeramente invitándome a seguirla hacia su dormitorio. Era preciosa hasta vista desde atrás. Su firme culo tenía una forma perfecta, aunque ella creía que era demasiado ancho y sus blancas y esbeltas piernas eran preciosas.
Yo la seguí de inmediato hacia su habitación y ella se dirigió hacia su lado habitual de la cama. Miré a mi alrededor mientras ella se sentaba sobre el filo de la cama y vi que había varias cajas de colores distintos cada una. Mi madre cogió una y la abrió. Luego sacó una tira de plástico blanca dividida en tres y arrancó una.
-¿Qué son esas cosas, mamá…? -le pregunté mientras me acercaba a ella de rodillas por encima de la cama desde el otro lado de ésta.
-Son preservativos, cariño… -me respondió dulcemente.
-¿Preservativos…?
-Sí, también se les llama condones…
-¿Para qué son…? -pregunté
-Pues verás, son unos trozos de un material que se parece al plástico que se llama látex. Son como globos desinflados y se mete la colita dentro de ellos antes de meterla en el chocho de una chica…Así, el semen se queda en ellos y la chica no se queda embarazada… -me explicó
-Ah…Y… ¿me vas a dejar que meta mi colita en tu chocho…?
-Sí, nene…quiero que me la metas en mi agujerito -me dijo mi madre cogiéndome de la mano de nuevo y acariciándomela nuevamente.
Mi madre dejó el preservativo y la caja sobre la mesilla de noche junto a las otras cajas sin estrenar y me empujó sobre la cama. Yo caí de espaldas sobre ésta con mi pene aún erecto y con el glande violáceo y húmedo. Mi madre rió como una niña y se sentó a horcajadas sobre mis muslos. Entonces recorrió mi abdomen y mi pecho con sus manos para luego echarse hacia delante y besarme de nuevo en la boca. Sus tetas se echaron hacia delante también y presionaron contra mi pecho. Mi pene quedó bajo su barriga, horizontalmente sobre mi abdomen.
Nos estuvimos besando durante unos cinco minutos. Mi madre se puso de rodillas y me dijo que colocara la cabeza sobre la almohada. Yo lo hice así y ella se acercó a mi desde un lado y me empezó a masturbar lentamente. Luego bajó su cabeza y lamió muy despacio u minuciosamente mi glande. Luego recorrió todo mi pene hasta abajo y finalmente se retiró y se tumbó a mi lado. Entonces los dos comenzamos a magrearnos. Yo estrujaba sus tetas y ella mi pene y mis bolas, pero sin masturbarme. Luego yo bajé mi mano hasta su vulva y descubrí lo húmeda que estaba. Ella gimió ahogadamente cuando recorrí su raja con uno de mis dedos y luego toqué ligeramente su clítoris. Entonces se me ocurrió la idea de probar a qué sabía mi dedo y me lo llevé a la boca, descubriendo un sabor nuevo y estimulante que me hizo perder todo control de mi mismo.
-Mamá… -dije
-¿Qué, cariño…?
-¿Puedo chuparte el chocho como tú me has chupado la colita…?
-S…sí, cariño…Si tú quieres…
Yo no lo dudé ni un segundo y fui de rodillas entre sus piernas. Ella separó sus piernas todo lo que pudo y yo me fui acercando a su raja. Su aroma de mujer me llegó inmediatemente y me impulso a dar el siguiente paso. Saqué la lengua de mi boca y la pasé por el interior de sus muslos. Poco a poco fui llegando a su zona más femenina. Mi lengua pasaba por los alrededores de su vulva, por el exterior de sus labios. Luego la fui acercando cada vez más a su raja y finalmente la coloqué en la entrada de su vagina, en la parte más baja de su raja. Estaba segregando sus fluidos vaginales y yo los lamí y los saboreé en mi boca antes de tragarlos. Luego recorrí despacio su raja hacia arriba, apretando fuerte entre sus labios.
Mi madre gemía cada vez más mientras yo deslizaba mi boca por su vulva. Por fin, llegué a su clítoris y empecé a mover la lengua en forma circular alrededor de él. Mi madre jadeaba y gemía cada vez más fuerte y puso sus piernas sobre mi espalda, apretándome más contra ella. Yo lamía su clítoris más y más fuerte y ella jadeaba casi chillando. De pronto, se retorció agarrando las sábanas con sus manos fuertemente y gritando “ahhhhhhhhhhhhhhh”. Había llegado al orgasmo, pero yo no me detuve, me encantaba el sabor de su sexo y no iba a parar. Bajé mi lengua por su raja de nuevo y descubrí lo mojada que estaba de nuevo. Sus jugos vaginales no paraban de rezumar y yo los tragué sin más dilación. Describí círculos alrededor de la entrada a su agujero del amor y chupé la parte interior con golpes de lengua, sacándola de mi boca como si tratara de beber en un sitio al que no se alcanzase con los labios.
-Sigue, cariño…sigue así…Por favor… no pares… -me suplicaba mi madre jadeando enloquecida.
Yo continué golpeteando esa zona un rato y luego lamí rápido y de una vez toda la longitud de su raja, degustando su maravilloso sabor a mujer. Después continué describiéndo círculos alrededor de su clítoris, jugueteando con él de todas las formas posibles, incluyendo los golpes de lengua. Las piernas de mi madre me apretaron más fuerte contra ella mientras alcanzaba un segundo clímax. Volvió a gritar jadeando y a retorcerse como loca sobre la cama, agarrando la parte posterior de mi cuello con sus manos y levantando sus piernas en el aire. Entonces yo paré y me tumbé de nuevo junto a ella.
Mi madre aún trataba de recuperar el aliento, pero volvió a besarme suavemente en los labios y acarició mi cuerpo una vez más. Acarició mi pelo y mis mejillas y rozó mis piernas y pies con los suyos. Era tan suave y dulce…Luego se subió encima de mí a horcajadas sobre mis muslos con mi pene haciendo contacto con la parte inferior de su barriga. Estaba de nuevo erecto y a mi madre parecía entusiasmarle. Me sonreía mientras pasaba sus manos por mi pecho y abdomen apretando un poco. Se movía de detrás hacia delante y sus tetas se balanceaban de la misma forma enfrente mía.
-¿Quieres que lo hagamos ya, cariño…? -me preguntó.
-Sí, mamá…
Mi madre alcanzó con su brazo el condón que había dejado sobre la mesilla de noche y se lo llevó a la boca para sacarlo del plástico. Cuando hizo un pequeño corte en éste, desgarró totalmente el plástico con sus manos y sacó un trozo de goma o algo así amarillo. Yo nunca había visto uno, pero confiaba en mi madre y sabía que no me haría daño con aquello. Muy despacio lo colocó sobre mi glande y fue deslizándolo hacia abajo por mi pene. Cuando llegó casi abajo, mi madre me dijo que ya estaba y yo vi una especie de apéndice que sobresalía del preservativo por la parte de arriba. Mi madre me dijo que era el depósito y yo no pregunté más, simplemente me dejé llevar por ella.
Mi madre se puso de rodillas con sus piernas a los lados de mis muslos por fuera. Se acercó más a mí hasta que su vello púbico estaba justo encima de mi glande cubierto de látex. Poco a poco se fue bajando hasta que mi pene tocó la entrada a su vagina. Entonces se dejó caer poco a poco y mi pene comenzó a entrar dentro de mi madre. Era una sensación nueva y extraña, sentirse dentro de otra persona. Su agujero daba la impresión de estar húmedo y muy resbaladizo, ya que mi pene entró con suma facilidad hasta que llegó al fondo. Había tocado su cérvix y eso me dijo que dolía un poco. En ese momento comenzó a subir y a bajar sobre mi miembro despacio.
Yo no podía aguantar durante mucho tiempo aquel placer intenso y mi madre se veía completamente satisfecha al tener su agujero tan lleno como lo tenía. Le costaba cierto trabajo poder “saltar” encima de mí, porque la longitud de mi pene era tal que al menos seis o siete centímetros debían permanecer fuera. Yo veía la base del condón desde donde estaba, y veía mi pene hundirse y volver a surgir de su vulva. Mi madre gemía y jadeaba cada vez más fuerte, llena de placer al tener un pene que tocaba cada una de sus terminaciones nerviosas.
Cada vez saltaba con más fuerza y sus tetas subían y bajaban botando sobre su pecho delante de mí. Ella se inclinó hacia mí y apoyó sus manos sobre mi pecho mientras sus caderas subían y bajaban introduciéndose mi enorme falo. Yo agarré sus tetas, que se balanceaban delante de mí muy cerca. Las estrujé y pellizqué sus pezones erectos. Ella casi chilló ante mi estimulación y llevó una de sus manos a su clítoris, empezando a acariciárselo. Luego se irguió de nuevo y yo solté sus tetas. Ella siguio acariciándose la vulva mientras su vagina era penetrada cada vez más rápido.
La escena tenía que haber parecido rocambolesca. Yo, un chico con cuerpo flaco, con una mujer madura y rellenita saltando sobre mi pene con sus grandes tetas balanceándose de aquí para allá y su cabeza hacia atrás mientras gemía de placer. Habría sido verdaderamente excitante poder vernos desde todos los ángulos mientras lo hacíamos, pero por desgracia no contábamos con tantos adelantos y tuvimos bastante con nuestras propias sensaciones.
Mi madre llegó al orgasmo y echó la cabeza aún más hacia atrás mientras gemía enloquecida y se estrujaba las tetas aún saltando sobre mí. Entonces, yo reaccioné y empecé a mover mi pelvis hacia arriba hundiéndome más deprisa en ella mientras le duraba el clímax. Mi orgasmo no tardó en aparecer y sin más contemplaciones se apoderó de todo mi cuerpo llenando de esperma el preservativo. Mi madre seguía saltando, incluso con más fuerza y empezó a hacerme daño cuando yo acabé de correrme. Estaba más flácido, pero ella seguía botando sobre mí. Entonces ella se dio cuenta y se levantó rápidamente.
Mi pene había llenado el condón de arriba abajo de esperma y éste llegaba casi hasta abajo. Entonces mi madre me lo quitó cuidadosamente y lo echó al suelo. Luego se acercó a mí y se tumbó a mi lado. Me cogió por detrás del cuello y me acercó a sus labios. Los dos nos besamos apasionadamente durante un largo rato. Ella me acarició el pelo y la cara y me dijo que había sido maravilloso y que me quería. Yo le pregunté si lo haríamos alguna vez más y ella me dijo que para qué había comprado todos esos preservativos si no…

La mama que no resistio a su hijo

diciembre 14th, 2011

Esta historia esta contada en primera por una mujer casada con su hijo.
Al gunas noches entre semana solia estar en el salon de casa con una camiseta que me llega un poco por encima de las rodillas, al sentarme se me subia y dejaba gran cantidad de muslos a la vista, yo no lo hacia con intencion alguna, solo por estar mas comoda y no daba ninguna importancia al hecho de que tambien estuviera mi hijo sentado a mi lado. Pero me parecio que me miraba demasiado como de pasada, yo lo vine observando unos dias y notaba como despues de mirarame furtivamente se levantaba y se iba al cuarto de baño.
Algunos dias despuesde soñar que mi hijo se iba al cuarto de baño para pajearse pensando en mi, eso me ponia tan caliente que me tenia que masturbar pensando en el. Estando las cosas asi, y yo con mi excitacion cada vez mas palpable, decidi ponerle a pruebas para descubrir si de verdad mi hijo me deseaba como yo deseaba. De esta forma, poco a poco, me fui disimuladamente volviendo mas atrevida. El juego, al menos el mio me provocaba un morbo increible, asi que, me arreglaba un poco mas cada noche antes de que llegara para que me encontrara atractiva, pero mi hijo no se comportaba de manera diferente, solo esas miradas furtivas, o al menos a mi me parecian que lo eran. yo que queria soñar que el me dedicaba sus masturbaciones, me sentia cada dia una hembra mas deseosa, y me ponia cada vez ropas de estar por casa mas corta.
Estuve pensando unos dias y me decidi una noche por no ponerme bragas. Me diò mucho pudor el dia que decidi de enseñar mas alla de lo de todos los dias, es decir, no me atrevi a ser mas explicita, la falta de seguridad mia me producia frustacion y calentura, asi que me marche a la cama y me masturbe, tuve un orgasmo que casi no pude contener, los suspiros, sin querer, fueron las altos de los deseados. Mi hijo no tomaba nada de iniciativa, yo era incapaz, me parecia que lo que yo intuia de que me deseaba era una quimera de una cuarentona calentorra y aburrida, asi que decidi olvidar mis provocaciones a mi propio hijo. La vergüenza que sentìa nunca antes la habìa experimentado. Los dias posteriores dejè de provocar, como lo habia hecho los dias inmediatos y quise olvidarme del asunto. Sin embargo, un dia de una tormenta grande de truenos, le dije a mi hijo que no me acostaria hasta que pasara, de verdad que me da panico y allì fue cuando mi hijo me contestò : -vamos mami, ¿como vas a estar aqui hasta que termine la tormenta?, si quieres yo me quedo contigo en la cama. Al escuchar eso me estremeci, tenia tanto miedo que no me pare a pensar y le dije que si. Yo en ese momento, lo juro, no pensaba en sexo, vuelvo a decir que solo tenia panico, en mi casa cuando habia tormentas, como no estuviese mi esposo
Yo me quedaba en el sofa, me sentìa mas protegida. Luego nos dirigimos a mi habitacion, fui al cuarto de baño y me puse un pijama. Cuando llegue mi hijo ya estaba acostado, me meti en la cama y allì el me preguntò- ¿estas ya nas tranquila? – Sii hijito mio contestè
-No te preocupes que estando conmigo no te pasara nada, me dijo. Yo estaba vuleta de espalda a el y me tomo por la cintura. Asi estuvimos un rato, yo no me atrevia ni a respirar y menos a moverme, sentia sus asperas manos en mi cintura y me reconfortaba Pasadas unas dos horas la tormmenta amaino, le di las y le dije que si queria que podia volver a su habiatacion.
no mami. me respondio, aqui estoy muy bien. ¿TE MOLESTA? -no, le respondi. mi hijo subio las manos, y se arrimo a mi, me dijo: -no te pasara nada. Sus manos rozaban mis pechos, y empeze a sentir la calor de una hembra en celo, pero no me queria ni mover su cuerpo. El se apreto mas a mi y senti la dureza de su miembro en mi trasero. Estaba que no podia mas. En ese momento sus manos estaban debajo de la camisola del pijama y me tocaba suavemente los pechos y luego a tocarme los pezones con dos dedos. Yo no podia mas, estaba caliente como una perra !Y CON MI PROPIO HIJO! las caricias en mis pechos me tenian al borde del extasis, y empeze suavemente a empujar mi pompis hacia atras, no me podia contener. Mi hijo me dijo suavemente al oido:
-mami que buena estas. Yo queria decirle que aquello no estaba bien, pero era incapaz, mi calentura tantos dias controlada me lo impedian. Y no dije nada, simplemente me dejaba hacer. me tomo la mano izquierda y me la llevo a su sexo, al principio queria soltarla, pero no podia, asi que se la aprete con fuerza, era una verga enorme, dura y caliente de alrededor de 18 a 20 centimetros. La tenia tomada con mi mano extendida hacia atras, no podia soltarla. Espera mami, me dijo, y volviendome hacia el, me levanto y me bajo la parte baja del pijama, le ayude y me desvesti por completo, quedè totalmente desnuda y excitada para el. Ahora los dos estabamos como dios nos trajo al mundo.
Alli èl no dudo un instante y empezo a empujar sobre mi vulva caliente, y le dije que parara que todavia podia quedarme preñada Yo no tomo nada para evitar el embarazo asi que le pedì precaucion. -Espera. le dije mientras me dirigi a un cajon del ropero, alli debajo de la ropa camuflado, tenia una caja de condones de su padre, tome uno y se lo puse muy despacio.
Ahora puedes tomarme le dije. _ no mami tomarte no. Dime que te folle. me daba verguenza utilizar con el esas palabras, insistia una vez y otra y tuve que decirle: SI FOLLAME. Me empezò a bombear salvajemnte con esa pija tan dura que no tarde en correrme a las dos o tres embestidas. Pero, deseaba mas y yo tambien. Me puse a cuatro patas y le dije:FOLLAME. Se puso detras y me la metio con unas ganas que asombraba.
Nunca lo habia visto a mi hijo asi. Gritaba desaforadamente. me llamaba -puta calentona ¿te gusta que te diga esto mami? – si cariño soy tu putita calentona y te dera todo el placer que quieras. No me queria perder su lechita por lo que le dije que no se corriera – Mama te la va chupar todita hijito. Me incorpore y le chupe su enorme verga -no te corras, le dije, dejandole de mamar, correte en mi boca, me puse tumbada en la cama se lo toque dos o tres veces y un chorro caliente como una fuente salio llenandome la boca y rebosando hasta mi cuello. Aquella noche y las sigueintes dormimos como dos amantes.

Cogida y embarazo para mi cuñadita

diciembre 13th, 2011

Desde que tengo memoria mi cuñada me odia por ser un pervertido. Pero hoy en día me odia mucho más debido a que ya no puede usar sus coquetas minifaldas estando embarazada… que como sucedió todo? Enseguida les cuento:
A mi cuñada Natalia siempre le ha gustado vestir con minifalda. Es una chica de esas que despiertan pasiones al por mayor y creo que, aunque siempre lo supo, nunca hizo nada por evitar despertar la mía. Es más, estoy casi seguro que disfrutaba mucho de tentarme a pesar de saber que yo no era nada tímido ni abstraído como mi hermano.
Actualmente tiene 22 años, es morena clara, rostro fino y bonito y un cuerpo descomunal que pone de pie hasta a la verga más cansada. No sé cómo el tonto de mi hermano se fue a agarrar un pedazo de bombón como ella pero hoy en día estoy más que agradecido con él pues me puso en bandeja al mejor polvo de mi vida.
Ernesto, mi hermano, siempre ha tenido problemas con la bebida y fue precisamente un viernes por la noche que salió con mi cuñada a celebrar su ascenso laboral que todo sucedió.
Él y Natalia habían ido a un casino y como siempre a mi hermano se le habían ido las patas apostando y bebiendo toda la noche. Alrededor de las 2 de la madrugada, sonó el teléfono de mi departamento y, como pude, tratando de no tropezar con nada, atendí al llamado:
-Hola?
-Hola Carlos soy Natalia…
-Natalia… a que se debe ese encanto? Es que acaso se te ha ofrecido algo que mi hermano no pueda darte?
-Déjate de tonterías Carlos… si te llamo es porque tu hermano nuevamente se ha pasado con la bebida y estamos encerrados en el casino sin poder salir… se le ha ocurrido apostar con unos tipos y ahora que ha perdido no puede pagarles porque tiene vacío el bolsillo. Podrías ayudarnos?
-A que te refieres con ayudarnos? Me estas pidiendo prestado?
-Si… es tu hermano quien lo pide solo que esta tan borracho que ni siquiera puede atender la llamada…
-A mi hermano no pienso prestarle un centavo más, en caso de que suelte dinero tendría que ser a ti a quien se lo preste… en mi hermano no puedo confiar, no tiene forma de pagarme pero tu si…
Mi cuñada guardó silencio, estoy seguro que en ese momento sentía unas enormes ganas de colgarme y sacudirme con alguna grosería pero sabía que aquello no era sabio debido a su condición.
-Necesitamos 3 mil pesos, puedes prestarnos o no?- preguntó sin más detalles y en ese momento supe que la tenía en mis garras.
-Sí, pero debes venir por el dinero pues no tengo forma de ir al casino. Me han dejado cuidando a mi primo el más chico y no puedo dejarle solo…-Mentí al respecto a sabiendas que, con la creencia de que estaba mi primo el más chico en mi departamento, Natalia ganaría confianza y accedería a venir sola.- Qué te parece si dejas en garantía a mi hermano y tomas un taxi para venir por el dinero? Anda, anímate que no tardarás mucho…
Natalia guardó silencio nuevamente. Seguramente estaba pensándolo seriamente pero finalmente accedió a venir.
-Espera Natalia… como vienes vestida?- le pregunté antes de colgar y en ese mismo instante terminó la llamada.
Mi corazón dio un vuelco y comenzó a latir aceleradamente. De inmediato tomé una ducha y me asee lo mejor posible para recibir al encanto de mujer que estaba por llegar a mi domicilio.
Justo 25 minutos después llamaron a la puerta, abrí y frente a mí apareció aquella hermosa criatura luciendo una minifalda y una blusa escotada que la hacía parecer una escort de primera clase.
La invite a pasar y me la saboree en el camino.
-Te ves hermosa Natalia…
-Tienes el dinero?- preguntó directamente.
-Sí, en la habitación tengo los 3 mil que me pediste…
-Entonces… me los puedes prestar?
-Depende…
-Depende de que…?
-Si me los vas a pagar…
-Ya te he dicho que si… tan pronto tu hermano cobre te traemos el dinero…
-No quiero que mi hermano me los pague… quiero que tú lo hagas….
-Sabes muy bien que no trabajo…
-Y tú sabes muy bien que dinero no necesito…
Natalia me miró fijamente a los ojos. En ese momento tenía 2 opciones: mentarme la madre y salir por la puerta sin dinero y sin una solución para sus problemas o portarse bien conmigo y conseguir lo que quería a cambio de un simple favor para su cuñadito. Y, afortunadamente, escogió el mejor camino…
-Que es lo que quieres Carlos… me quieres ver las tetas? Tocármelas? Si eso te hace feliz pues adelante maldito pervertido… por lo que veo te preocupan más tus perversiones que tu hermano y sus adicciones…
-Por 3 mil pesos tendrás que hacer algo más que enseñarme las tetas y dejar que las toque Natalia…
Natalia guardó silencio y me miró con un odio puro.
-Que tienes en mente? Es que acaso no está aquí tu primito?
-Aquí solo estamos tú y yo… y entre más pronto arreglemos este asunto más pronto sacarás a mi hermano del casino… acompáñame a mi habitación, quiero enseñarte algo…
-Eres un bastardo…- me dijo mientras comenzaba a seguirme rumbo a mi cuarto.
-Si no estas agusto puedes irte… yo no voy a forzarte pero como están las cosas dudo que mi hermano salga fácilmente del casino sin pagar.
Al llegar a mi habitación le pedí que se sentara en la cama, así lo hizo y enseguida su minifalda se corrió lo suficiente como para dejar ver sus encantadoras piernas gruesas y bien torneadas.
Sin más ceremonia saqué la faja de billetes y la puse sobre la cómoda. Luego, me abalancé sobre ella y comencé a besar sus labios ante los pequeños intentos de lucha que mi cuñadita hacía sin estar del todo convencida.
-Déjame Carlos…- decía mientras recibía mis primeras caricias en sus piernas y mis besos en sus labios.
Seguí insistiendo en los besos hasta que ella comenzó a mostrarse más complaciente y me permitió incluso que le metiera la lengua.
Luego de 5 o 6 minutos de besos y caricias comencé a sacarme la ropa. Mi pene largo y erecto quedo frente a ella y enseguida abrió mucho más los ojos en una especie de encanto combinado con sorpresa.
-Que estás haciendo???- preguntó inmediatamente.
-Sacándome la verga… que creías que haríamos?
-Supuse que solamente serían besos…
-Por 3 mil pesos tengo derecho a hacerte lo que se me dé la gana Natalia… deja de resistirte y mejor comienza a disfrutar porque de aquí ya no sales si no eres mía…
Natalia estaba completamente consciente de la situación así que cerrando sus ojos se recostó boca arriba y completamente quieta aguardó a que le quitara cada una de sus prendas hasta dejarla desnuda sobre mi cama.
-Ponte condón que no estoy en la píldora…- me suplicó justo antes de que con mi verga comenzara a rosar su vagina desnuda.
Pronto, de una sola estocada, le hundí más de la mitad de mi pija arrancándole un intenso gemido de placer o dolor que se yo pero que me excitó hasta el alma:
-AAAAHHHHHHHHHH… Que estás haciendo… aun no te has puesto el condón… sácamelo!!!
Ante eso, comencé a embestirla cambiando de ritmo constantemente.
-OHHHH Sácamelo Carlos… Hazlo… AAHHHHHHHHHHHH
Era una sensación sumamente increíble. Al fin la estaba haciendo mía!!!! Saber que me estaba follando a la mujer de mi hermano me hacía sentir un placer inmenso.
-Sácamelo Carlos!!! Por favorrr… AAHHHHHHH….
-Escúchame bien Natalia… HMMMMM…- Comencé a decirle entre gemidos y sin dejar de cogerla.- Acaso creías que nunca haría nada luego de andarme tentando durante años con ese culo tan divino que te cargas y que luces a cada que puedes con minifalda??? Créeme, tentarme tiene un precio muy alto y estas a punto de averiguarlo… HMMMMMMMMMM
-Por favor Carlos… sácamelo… podría quedar embarazada…!!! –Aquello no hizo más que excitarme aún más y, en cuestión de segundos, mi pene explotó adentro suyo llenándola de tanta leche como pude soltar.
-AAAHHHHHHHHHH HMMMMMMMMMMMMM…- Ambos gemimos frenéticamente, aguardamos unos segundos recostados y luego, poniéndonos de pie y comenzando a vestirnos, me dijo:
-Ya tienes lo que querías ahora quiero el dinero…
-Le entregue los 3 mil y luego de eso yo mismo la lleve al casino a que pagara. Luego le ayude a llevar a mi hermano a su casa, como pudimos lo recostamos y, antes de irme, nuevamente la volví a follar en la sala de su casa.
Hoy en día está embarazada y espera un hijo que ambos sabemos es mío. A mi hermano lo han corrido de su trabajo y por lo que he oído están seriamente necesitados de dinero por lo que creo que es hora de que me vuelva a pedir prestado…

Mamá, los chicos se quedan a dormir

diciembre 12th, 2011

“Por Dios, Gabriel…, ver así a tu mamá hizo que me parara!!!!”.
Recostada sobre la alfombra del piso superior, con el oído pegado a la rejilla de la ventilación para poder escuchar la conversación que el grupo de adolescentes mantenía en la sala de la planta baja, el corazón de Jimena Rossi experimentó un sobresalto cuando oyó las palabras de Lucas.
“Estará hablando de mí?…”, se preguntaba.
Ella esperaba oír a uno o más de los chicos hablar “sucio”, pero realmente no se imaginaba una charla tan franca y que encima la tuviera a ella de protagonista.
Entonces, su mano se movió bajo su pequeño camisón hasta encontrar su bombacha, y comenzó a acariciar su entrepierna mientras continuaba oyendo…
“Si…, apostaría que no estaba usando corpiño…”, exclamó Diego.
“Ese camisón era tan corto…, estaría usando bombacha debajo…?”, preguntó Lucas, buscando una rápida respuesta…
“Sí…, pude ver las marcas de la bombacha bajo el camisón…”, aseguró Pablo.
“Ella siempre usa eso cuando se va a acostar”, dijo Gabriel. “Es simplemente una camiseta más larga que lo habitual, pero me encanta ver como se mueven sus tetas tras ella. La otra noche lo estaba usando mientras me ayudaba con la tarea del colegio, y en varias ocasiones me rozó el hombro con sus tetas…”
Cuando Jimena Rossi comenzó a experimentar lo que ella consideró “inocentes fantasías” respecto de su hijo Gabriel y sus del colegio secundario, sintió un leve sentimiento de culpa que sucedía a sus repetidos orgasmos.
Pero con el tiempo, esos sentimientos de culpabilidad fueron desapareciendo, a medida que las fantasías se hacían más frecuentes y las escenas que ella imaginaba en su mente se volvían más interesantes.
Últimamente, el pensar en los chicos prácticamente le ocupaba todo el tiempo que le dejara libre su trabajo, su matrimonio, las tareas del hogar, y cualquier otra ocupación.
Quizás, si sus compañeros de trabajo fuesen más atractivos, si su esposo pasara más tiempo en casa, si tuviera algún hobbie interesante para matar el tiempo, jamás sus pensamientos se hubieran detenido en un grupo de colegiales…
Pero así fue, y ahora la fantasía de verse involucrada con su hijo, e incluso con sus , se transformó en la esperada vía de escape de una vida aburrida…
Jimena había estado muy ansiosa esperando lo que los chicos dieron en llamar “el viernes de pizza y videos”. Lógicamente, no esperaba que nada extraño sucediera, pero tenía la pequeña esperanza de que el más mínimo detalle le sirviese para echar más leña a esas fantasías: un leve flirteo de su parte, quizás el que alguno de los chicos le dedique alguna mirada más allá de lo normal a su cuerpo, la lógica curiosidad sexual de ellos a esa edad, el poder llegar a ver a alguno de ellos en su ropa de dormir o incluso en ropa interior…
Pequeñas pruebas, inocentes juegos…, como los que Jimena venía desarrollando con Gabriel.
Cuando ella comenzó a sentirse sexualmente interesada en su hijo, se dedicó a darle unos maternales abrazos, que duraban más de la cuenta. Esto, de a poco, fue avanzando hacia besitos en la mejilla y, muy recientemente, en un pequeño piquito en los labios.
Al mismo tiempo, la habitualmente tímida y conservadora mamá empezó a mostrarle más de ella a su hijo. Dejarlo ver más de lo normal, poniéndose un corto camisón, por ejemplo.
Cuando la alta y morena Jimena logró captar la atención de Gabriel, que no dejaba de admirar los pechos de su madre moviéndose libremente bajo el camisón, entonces llevó las cosas un poco más lejos, permitiendo que él entrara en su cuarto cuando ella estaba en ropa interior, o elogiando el cuerpo de su hijo que estaba en pleno desarrollo, y también, por que no, presionando sus pechos contra la espalda de él cuando lo abrazaba.
Nada grave, en un principio, pero la tensión sexual entre ellos había llegado a un punto muy álgido…
Y las cosas parecían ir por buen carril con los de Gabriel, también. Jimena notó a un par de ellos dedicándole algunas miradas más largas que lo habitual a sus pechos en éste último tiempo, tanto como admiraban sus largas y torneadas piernas cada vez que usaba shorts.
Ella siempre recordaba la ocasión en la que Pablo llamó a su casa mientras Gabriel no se encontraba, y se quedaron hablando un buen rato sobre la vida personal de Pablo.
O aquella otra en su casa, en la que llegó a comentarle a Rafa que se había convertido en un chico muy atractivo, lo que provocó un suspiro mezcla de halago y vergüenza en él…
En realidad, ninguno de los chicos podría ser considerado como muy atractivo. Eran más bien del tipo normal, más cercano al tipo “estudioso” que al galán del colegio.
Y más allá de todo lo que se dice hoy en día sobre el prematuro despertar sexual de la juventud, Jimena estaba prácticamente segura que ninguno de ellos había estado íntimamente con alguna chica.
Pero aún a sus 37 años, Jimena no se cortaría un pelo en poder acostarse con cualquiera de ellos…
Además de su hijo Gabriel, estaba el rubio Pablo, quien era el mejor amigo de su hijo y el más extrovertido del grupo. Jimena lo conoce casi desde bebé…
Diego, con ese rostro tan perfecto, casi femenino, que vivía a dos casas de la suya desde hacía un par de años…
Lucas, el moreno de ojos claros, que había sido alumno de Jimena cuando ella daba clases de inglés en la Parroquia los sábados por la mañana.
Y Rafa era más bien gordito, con gafas, aunque muy educado…
El “viernes de pizza y videos” estaba siendo un éxito en varios aspectos. Su marido estaba fuera de la ciudad por negocios hasta dentro de un par de días, y su hijo más pequeño se había marchado de campamento con su compañía de boy scouts…
Estaba comenzando a llover de manera casi torrencial, lo que hacía prácticamente improbable que cualquier visita indeseada llegara hasta allí…
Todo esto le quitó de la cabeza a Jimena cualquier preocupación, por lo cual procedió a ducharse y a vestirse con su pequeño camisón negro a un horario más temprano que el usual.
Ella ya había pensado de antemano en que debía quedarse un rato en la cocina con esa vestimenta, para que cuando alguno de los chicos fuera en busca de refrescos, pudiera verla así, lo cual salió como había planeado, ya que todos ellos le dedicaron unas miradas muy fuertes. Y también ella pudo darse un pequeño regalo, viendo a Pablo y a Diego en shorts, y con camisetas ajustadas.
Y ahora esos comentarios sobre sus pechos…
“Sus piernas son interminables…”, dijo Diego. Escuchando por el ducto de ventilación, Jimena introdujo su mano bajo su bombacha…
“Diego…, trajiste el video porno de tu hermano?”, preguntó Gabriel…
“Sí…, quieren verlo ahora?”.
“Esperemos un rato, hasta asegurarnos que mi mamá esté dormida. También podemos navegar por Internet y buscar algunos sitios porno más tarde”.
“Qué chicos tan calientes…”, pensó Jimena, cuando su costado maternal le insinuaba que le pusiera un punto final al espectáculo porno que pensaban montar. Pero prefirió no meterse…
Tras esto, se levantó del piso y se dejó caer sobre su cama.
Se dio cuenta que no tenía ninguna otra excusa para bajar nuevamente, por lo cual se dio por vencida…, y se puso a imaginar una nueva fantasía, que pudiese llevarla hasta ese ansiado orgasmo.
Bajo las sábanas, Jimena se bajó la bombachita casi hasta sus tobillos, y comenzó a dibujar círculos con uno de sus dedos alrededor de su clítoris. “Veamos…, con cuál de los chicos quiero fantasear hoy…?”
De repente, la luz de la pequeña lámpara de su habitación se apagó, y sólo se percibía un silencio alarmante. Los voces de desconcierto de los chicos dieron la pauta a Jimena de que se había cortado el suministro de corriente.
Jimena encontró como pudo su bombacha, y volvió a calzársela en la oscuridad. Con pasos temerosos, se las ingenió para llegar al corredor, y bajar las escaleras hasta la cocina, donde guardaba la linterna. Una vez que la encontró, fue hacia donde estaban los chicos, que miraban por la ventana el maravilloso espectáculo de la lluvia sobre el jardín.
“Miren que belleza”, dijo Lucas, a lo que Jimena se acercó por detrás para observar, quedando rápidamente sus rostros muy cerca, tanto que ella podía sentir la respiración del chico.
Se sintió bien, tanto que no dudó en presionar disimuladamente uno de sus pechos sobre el hombro de Lucas, que no hizo movimiento alguno por separarse…
De otro sector de la casa, alguien gritó que la luz se había cortado en todo el vecindario, cosa que Jimena comprobó de inmediato.
Pero lo que comprobó mejor, fue que Lucas parecía estar rozando intencionadamente su pecho con la espalda, lo que hizo que la adrenalina fluyera a mares en el cuerpo de la atractiva y madura madre…
Cuando notó que el resto de los chicos entraban a la sala, Jimena se separó de Lucas y fue a buscar otra linterna y una lámpara a batería, de esas que se usan en los campamentos.
Afortunadamente, su marido era muy previsor, y la batería funcionaba perfectamente, lo que les permitiría tener suficiente luz como para pasar el rato.
Los chicos estaban nuevamente en la sala de estar, y Jimena no dejaba de preguntarse cuanto podrían verle a través de su camisón, con una luz tan tenue…
De lo que sí estaba segura, era que podía ver perfectamente a Pablo y Diego enfundados en sus shorts deportivos.
“Chicos…, creo que ya es muy tarde como para que se vayan, y la calle además está completamente a oscuras, lo que no hace para nada aconsejable que intenten manejar de regreso. Por qué no nos sentamos y esperamos a que vuelva la electricidad…?”, explicó Jimena, asumiendo nuevamente el rol maternal y protector.
Más tarde, encontró una vieja y desusada radio a batería que apenas si funcionaba…, pero al menos a ella pudieron enterarse que el corte duraría toda la noche.
Estaba empezando a sentirse el frío, y Jimena supuso acertadamente que sus pezones se estarían poniendo como un iceberg…, frente a los chicos. Y las miradas que ella recibía de ellos los ponía todavía más duros…
“Vamos a poner algo de leña en la salamandra…” dijo…, y Gabriel comenzó a ayudarla a hacerlo. Mientras Jimena se movía buscando leña y periódicos viejos, se dio cuenta que sus tetas, al estar sin sujetador, bailaban juguetonamente, y no tenía dudas de que los adolescentes estarían mirando desprejuiciadamente.
Tan pronto se agachó para acomodar la leña, notó como su corto camisón se levantó, lo suficiente como para que tomase noción de que su blanca bombacha estaba quedando a la vista de los chicos. Excitada de solo pensarlo, se agachó aún más, provocando que se viera una buena parte de su bombacha clavada en su culito…
Pronto el fuego estaba encendido, y quedaban aún dos problemitas: uno era que, sin electricidad, no había TV, ni radio, ni PC…, los chicos se aburrirían pronto. Y la segunda, era que hacía bastante frío como para que ella volviera a su habitación…
“Chicos…, adivinen qué?. Esta es la única habitación con calefacción en toda la casa, por lo cual tendrán que aguantarme esta noche con ustedes…”
Jimena estaba de pie en medio de los chicos, y rogaba porque la silueta de sus tetas pudiera verse a través del fino camisón.
Los chicos no le quitaban la vista de encima…
A pesar de que no lo dijeran, ella esta segura, después de haber oído aquella conversación, de que a ellos no les importaba en lo más mínimo tenerla cerca, y menos vestida con ese camisón…
Mientras los chicos discutían sobre que hacer, Jimena se sentó a un costado del fuego, disfrutando de su buena suerte por tener a “sus” chicos esa noche…
Todo se estaba dando en forma perfecta para ella…
La lujuria de Jimena se incrementaba cada vez más, hasta llegar al punto en que decidió tirar al viento sus miedos, y disfrutar de la situación…
Mientras los chicos se quedaban sin ideas, Jimena intentaba recordar algún juego de los de su época.
“Alguna vez jugaron a Pasar la Fruta…?”…
La mayoría de los chicos miró con cara de no entender, pero Pablo asintió: “Sí…, es ese juego en el que tenés que ponerte una fruta entre la quijada, y tenés que pasársela a otro sin usar las manos…, cierto?”….
“Exacto”, dijo Jimena. “Se supone que es un juego de Chico/Chica, cada uno de ustedes jugará conmigo”.
Jimena se puso de pie, se colocó la pelota de tenis en su quijada y se acercó a Pablo, quedando a unos centímetros de él. Pablo se inclinó, y presionó su cuerpo contra el de la madre de su amigo. Mientras Pablo y Jimena intentaban pasarse la pelota, sus cuerpos se rozaban completamente…, lo que daba al resto de los chicos una idea clara de los beneficios extras de este juego.
Observaban encantados como Jimena rozaba sus pechos contra el torso de Pablo, como sus mejillas se tocaban…
Cuando Pablo logró finalmente colocarse la pelota en su quijada, repitió al proceso, sólo que a la inversa…
Jimena se dirigió entonces a Lucas, quien ansiosamente esperaba ser el próximo. Como la mayoría de los chicos a su edad, Lucas era más bajo que Jimena, por lo cual ella debió inclinarse para encontrarlo.
Los chicos miraban mientras los torsos de Jimena y Lucas se tocaban…
Jimena sentía sus pechos hundirse en el de Lucas…, y no dejó pasar la oportunidad de rozar uno de sus muslos en la entrepierna del chico.
Cuando lograron su propósito, Jimena no pudo dejar de sorprenderse por la forma en que Lucas pasó su erecto pene disimuladamente sobre los muslos de ella, y como “grande finale”, abrazó al chico fuertemente…
Tras Lucas, cada uno de los chicos que faltaban tuvieron su oportunidad de apoyar sus miembros sobre la madre de su amigo, tanto como ella de rozar sus pechos sobre los de los chicos…
De pronto, el juego casi había perdido su esencia, transformándose en una excusa para abrazarse y rozarse abiertamente…
Gabriel fue el último de los chicos en tener su turno. Jimena no quería parecer excesivamente ansiosa por tener un contacto directo con su propio hijo, especialmente delante de sus amiguitos. Ella percibió su erección, y lo atrajo hacia ella, quedando su miembro casi a la altura del monte de venus de su madre. Gabriel era el más alto de los chicos…
Jimena no pude evitar soltar un casi inaudible suspiro, y recorrió con sus manos la espalda de su hijo…, que respondió repitiendo la acción…
Cuando cada uno de los chicos había tenido dos turnos, una Jimena entusiasmada cortó el juego contra su voluntad, sentándose nuevamente al costado del fuego, sobre un almohadón gigante. Los chicos se sentaron en el sofá y en algunas sillas…
“Qué hacemos ahora…?”, preguntó Jimena…
Continuará…

Rescatado por mamá

diciembre 11th, 2011

- Venga, más deprisa- espoleó Beatriz a sus jadeantes alumnos de cuarto de la ESO mientras estos trataban de mantener el ritmo que su profesora de gimnasia les imponía.
Beatriz a diferencia de la mayoría de los profesores de aquella materia se tomaba muy en serio la asignatura, y desde luego no vendía baratos sus aprobados.
La mujer era consciente de que para exigir aquel nivel a sus alumnos no podía ser como otros maestros de gimnasia del centro, los cuales sufrían un importante sobrepeso, por aquel motivo pese a estar camino de los 44 años Beatriz mantenía un cuerpo esbelto y a la vez fuerte que le permitía realizar cualquiera de los ejercicios que exigía a sus pupilo.
- Es suficiente por hoy- dijo a voz en grito después de tocar su silbato- ¡A las duchas!- los agotados estudiantes recibieron aquellas palabras con júbilo y comenzaron a desfilar hacia los vestuarios mientras que Beatriz se dirigía al pequeño despacho que tenía en el gimnasio para apuntar las notas correspondientes al trabajo que había hecho cada uno de ellos.
Después de unos minutos de rápida evaluación, la mujer entró primero al vestuario de las chicas y a continuación al de los chicos para asegurarse de que no quedaba nadie. La profesora siempre llamaba antes de entrar, aunque alguna vez por accidente se había encontrado con algún alumno ligero de ropa, que había tardado algo más de lo habitual en ducharse.
En aquella ocasión no hubo ningún rezagado y por aquel motivo la maestra comenzó a cerrar las puertas del gimnasio, salvo la de emergencia, había organizado sus clases de tal forma que todos los días los acababa bajo techo, pudiendo así tomar una ducha antes de regresar a casa.
Beatriz dejó su ropa sudada sobre el suelo, para pisar sobre ella para no resbalar al salir de la ducha. La profesora recibió con alivio el chorro de agua tibia sobre su cabeza comenzando esta a recorrer su espalda y sus pechos. La mujer, que aquella mañana no había llevado esponja al instituto comenzó a enjabonarse todo su cuerpo con sus manos, comenzando por sus piernas y subiendo poco a poco hasta llegar a su largo cabello rojizo. A Beatriz la costó un poco de esfuerzo el no entretenerse en su sexo depilado o en sus duros y firmes pechos de pequeños pezones rosados, pero finalmente decidió que aquel no era el mejor lugar para darse un poco de autosatisfacción.
Tal y como la pasaba cada vez que se estimulaba en las duchas del instituto salió muy excitada, con unos deseos locos de llegar a casa cuanto antes. El no haber tenido sexo satisfactorio con ningún hombre desde que se divorció de su marido, hacía más de un año, provocaba que aquella situación se volviese cada día más común e insoportable.
La mujer abandonó el instituto rápidamente por la puerta principal montada en su coche, sin duda quedarse unos minutos en la ducha era una gran idea, ya que la primera oleada de alumnos acostumbraba a salir despavorida dejando en un espacio de 10 minutos la entrada totalmente libre para que los profesores, y los alumnos que tenían carnet de conducir, pudiesen salir sin riego de atropellar a nadie.
La casa de Beatriz estaba a las afueras de la ciudad, con lo que tardó tan solo unos minutos en llegar a su domicilio, un piso de tamaño medio en el que vivía con su hijo Marcos, un chico de 19 años que había comenzado a trabajar muy joven y que en aquel momento se encontraba en paro, sin más ocupación que la de estar en casa todo el día y salir con sus .
A Beatriz ninguna de estas dos actividades le gustaba, aunque prefería que se quedase en casa ya que los de Marcos eran una pandilla de chicos demasiado conflictivos.
La mujer se encontró con la sorpresa de que Marcos no estaba en el domicilio familiar, aquello era muy raro, lo normal era que le pillase comiendo o que la estuviese esperando para comer con ella, pero en aquella ocasión no encontró absolutamente nada, ni siquiera una nota que explicase el motivo de su ausencia.
Beatriz, un poco preocupada, comenzó a comer viendo las noticias que daban en la televisión, aunque aquello no hizo que sus preocupaciones desaparecieran, no era normal que Marcos no la llamase o la dejase alguna nota cuando se salía de su rutina habitual.
La profesora se tumbo en el sofá para descansar un rato mientras trataba de auto convencerse de que todo estaba bien. La mujer logró dormir por espacio de una hora, levantándose algo más tranquila, pero justo en aquel momento sonó su teléfono móvil. Era su hijo.
- Por fin llamas, Marcos- le dijo su madre como respuesta.
- Mamá que suerte, por fin acierto con tu número- dijo el chico que sonaba un poco fatigado.
- ¿Qué sucede? ¿estás bien?- preguntó un poco inquieta ante la extraña respuesta.
- Me han gastado una broma y necesito que vengas a recogerme, me han atado en una habitación de hotel, por favor ven a buscarme.
- Dime donde estás- dijo la mujer al ver que no era el momento más indicado para hacer preguntas.
Marcos dio rápidamente la dirección del hotel y el número de la habitación en la que se encontraba para que su madre no tuviese problemas a la hora de hallarlo.
Beatriz bajó rápidamente a por su coche y se puso en camino lo antes que pudo. El trayecto se la hizo muy angustioso, normalmente se tomaba con calma los atascos de la ciudad, pero el no tener detalles sobre que clase de broma habían gastado a su hijo o si este se encontraba bien, hacía que su normal actitud tranquila se viese alterada por la situación.
La mujer entró en el hotel un tanto sudorosa, no por el ejercicio físico que había hecho, sino por la preocupación que en aquel momento sentía por Marcos.
- Necesito la llave de la habitación 612- dijo la mujer nada más llegó a la recepción- han gastado a mi hijo una broma y lo tienen hay atado.
El recepcionista dudoso ante lo que la mujer le decía descolgó el teléfono que había en el mostrador para comunicarse con la habitación a la que la recién llegada le hacía referencia. Después de dos llamadas infructuosas el recepcionista llamó a otro compañero que apenas tardó un minuto en llegar, para que acompañase a Beatriz al lugar al que esta quería ir.
La mujer no se relajó en todo el trayecto y animaba al hombre vestido de rojo que la guiaba a que caminase más rápido para poder llegar cuanto antes.
El corazón parecía que se la quería salir del pecho cuando el botones del hotel comenzó a abrir la puerta, adelantándose la mujer a este para ser la primera en entrar. Entonces pudo comprobar que la llamada de su hijo era 100% real.
Allí estaba Marcos, totalmente desnudo, con las manos esposadas a los barrotes que conformaban en cabecero de la cama, con su teléfono móvil en la mano izquierda. Era un chico, de piel clara, pelo castaño bastante largo y en aquel momento con una mirada suplicante que pedía la ayuda de su madre.
- ¡Es mi madre, ahora lárgate!- le dijo al botones tan pronto como lo vio entrar en la habitación.
- ¿Pero que te han hecho?- preguntó la mujer una vez se marchó el hombre que la había guiado.
Beatriz no pudo evitar reparar en que su hijo no solo tenía inutilizadas las manos, sino también las piernas, las cuales estaban abiertas y unidas mediante cuerdas a las patas de la cama. Tampoco pudo dejar de echar un vistazo al gran y amoratado pene que estaba atado por la base con una cuerda fina, al igual que sus hinchados genitales que habían sido aprisionados por una goma del pelo de color rosa.
- ¿Se puede saber quien te ha hecho esto?- le preguntó Beatriz antes de comenzar a liberar a su hijo.
- Ha sido un broma de los idiotas de mis y de una chica que me ha hecho creer que le gustaba pero que solo quería reírse de mí- dijo el chico visiblemente avergonzando, la mujer se dispuso a apiadarse de él, pero no pudo reprimirse y le dijo.
- ¡Ya te dije que esos no eran buena compañía!- recriminó.
- Ya lo sé mamá- dijo el chico elevando la voz- ahora desátame y vámonos.
- ¿Te parece forma de hablar a tu madre que ha venido corriendo a ayudarte?- preguntó la mujer algo enfadada- Quizás debiese dejarte así para que venga a recogerte alguno de tus .
- Lo siento mamá, es que esto es muy humillante. Te agradezco que hayas venido a buscarme- dijo Marcos aún sin mirar a su madre.
- ¿Qué clase de treta usó para lograr dejarte así?
- Era una chica que está muy buena.
- ¿Puedes definir muy buena?- preguntó la mujer comenzando a desatar la polla de su hijo.
- Mamá, por favor no hagas eso- pidió el chico avergonzando por que su madre tocase su pene.
- Dime que clase de chica era- exigió la mujer.
- Una chica alta, morena, de tetas grandes – dijo el muchacho- por favor mamá, no hagas eso…- dijo el chico para acabar soltando un gemido de placer.
- Parece que tu polla no tiene reparos en que sea tu madre- dijo acariciando la verga del muchacho de arriba abajo para acabar quitando la goma del pelo de sus huevo- ¿sabes? Estás más dotado que tu padre, más que tu padre y que todos los hombres con los que he estado en los últimos meses- dijo sonriendo y haciendo que Marcos se sonrojase aún más.
- Deja de decir esas cosas, mama, por favor- pidió el chico al que se le veía incómodo, pero aún en aquella situación el pene del muchacho perdía tamaño.
- Lo siento mucho cariño- le dijo la madre sonriendo sin dejar de tocarle el miembro- pero mamá está demasiado necesitada como para dejar escapar una ocasión así.
- Pero que…
Pero Marcos no pudo terminar de decir nada ya que el ver a su madre comenzar a quitarse la ropa con la que se había presentado en aquel hotel le hizo enmudecer. Sin ningún pudor, Beatriz se deshizo de su falda y su blusa, para liberar a continuación sus firmes pechos del sujetador que tiró fuera de su vista, y exponer también su sexo totalmente depilado dejando su tanga, un poco húmedo debido a la excitación de ver así a su hijo, en el suelo.
- Ocasiones así no se presentan todos los días- dijo la mujer acariciando el pecho de su hijo y colocándose de tal modo que el pene de Marcos chocaba contra el estómago de la mujer- y puedes estar seguro de que no la voy a dejar escapar.
- Por favor mamá, para con esto- dijo el chico rojo de vergüenza ante la actitud de su madre. Beatriz sonrió.
- Puedes acabarla tú si quieres, tan solo tienes que bajar esta erección y mi atención por ti desaparecerá- le dijo bajando para acariciar el sobresaliente glande del chico para acabar dando un beso sobre el mismo, haciendo que la erección se volviese aún más firme.
Las quejas del muchacho comenzaron a desaparecer cuando Beatriz empezó a dar una sesión de sexo oral a su hijo, el chico en un principio se resistió, pero dejó de protestar cuando notó la húmeda y ágil lengua de su madre acariciar sus doloridos testículos, comenzando a emitir gemidos de placer.
La mujer, viendo que Marcos comenzaba a aceptar aquella situación no tardó en meter el hinchado miembro del muchacho en su boca para iniciar un rápido mete-saca que entusiasmo al chico en exceso, tanto que acabó por eyacular sin previo aviso.
La madre trató de disimular su disgusto mientras tragaba el semen de Marcos, no era en ella habitual tragar el esperma de sus amantes, pero en el caso de su hijo haría una excepción, seguramente en aquel momento no se sentiría muy bien después de no haber aguantado ni dos minuto con su polla en la boca de su madre.
- Has sido un niño muy malo Marquitos- le dijo Beatriz levantándose sobre la cama para en un solo paso colocar su sexo ante los ojos del muchacho- te has venido en la boca de mamá sin avisar, así que ahora vas a lamerme hasta que ese pollón que tienes se vuelva a hinchar.
El chico dudó durante unos momentos, haciendo que Beatriz comenzase a pensar una estrategia para conseguir su objetivo, pero antes de tener nada ideado, Marcos, por iniciativa propia comenzó a lamer con deseo la raja de su madre.
La mujer gimió de gusto al notar la torpe lengua de su hijo esforzándose en darla placer, lamiendo sus labios de arriba abajo para poco a poco tratar de intentar penetrar el sexo de su madre con ella.
Beatriz, aparte de los innumerables gemidos también acariciaba el cabello de su hijo, para comunicarle que lo estaba haciendo muy bien y que no se detuviese por nada del mundo.
Marcos trató de seguir el sexo de su madre cuando esta comenzó a alegarlo, pero las férreas esposas que lo mantenían retenido le obligaron a observar impotente como aquella dulce vagina se escapaba de su alcance.
- No te pongas triste, mi niño- le dijo mientras acariciaba el pecho de Marcos mientras los sonreía pícaramente- mamá no te dejará solo ni un momento.
Después de decir aquello Beatriz comenzó a morder los pezones de Marcos, primero con delicadeza y una vez comprobó que su amante se excitaba con eso con mayor voracidad.
Las constantes caricias de la mujer sobre el excitado cuerpo del muchacho hicieron que este comenzase a desear con más fuerza el cuerpo de su madre, llegando al punto de tratar de acariciarla con la única parte de su cuerpo que tenía libre: su boca.
- ¿Qué quieres, cariño?- le preguntó dejando sus tetas a escasos centímetros de la cara del muchacho, pero aún así inalcanzables para él.
- Acércate- pidió lleno de deseo.
- Si no me dices lo que quieres hacerme no me acercaré- le dijo la mujer juguetona acariciando los testículos del muchacho al tiempo que hacía votar sus tetas ante el rostro de Marcos.
- Quiero comerme tus tetas- dijo el muchacho haciendo sonreír a su madre.
- Ves, así no entendemos bien- comentó la mujer acercándose.
Marcos mordió los pechos de Beatriz cuando se colocó a su alcance, haciendo que esta gimiese un poco de dolor y pidiese a su amante que fuese más delicado. Marcos al oír las críticas de la mujer obedeció al momento y pese a las ganas que tenía de morder las duras tetas de su madre tan solo se dedicó a lamerlas de arriba abajo, al tiempo que las daba algún suave mordisco en sus duros y dulces pezones.
Beatriz permaneció inmóvil durante las primeras lamidas, hasta que finalmente se acostumbró a aquel nivel de placer y pudo comenzar a trabajar en las esposas que mantenían a su hijo retenido, ya no habría problema en que la dejase a medias, ya que el muchacho estaba como mínimo tan caliente como su progenitora.
La fue más sencillo de lo esperado forzar las cerraduras de las esposas con una de las horquillas que acostumbraba a llevar en el pelo, en menos de cinco minutos los dos brazos del chico ya estaba totalmente libre.
Beatriz se sobresaltó un poco cuando el muchacho se la quitó de encima y comenzó a aflojar las cuerdas que le mantenían las piernas abiertas. La mujer al ver lo rápido que se estaba desasiendo de sus ataduras estuvo segura de que se marcharía de aquella habitación tan pronto como estuviese libre. Pero se equivocaba.
Marcos miró a su madre fijamente durante un instante antes de lanzarse sobre ella, agarrarla por los brazos y tirarla de espaldas sobre la cama para caer encima de ella. La mujer por un instante valoró y se asustó ante la posibilidad de que su hijo pudiese volverse violento en venganza por cómo ella se había aprovechado de la situación, pero respiró aliviada cuando se dio cuenta de que lo único que deseaba era besar, chupar y tocar hasta la última parte de su anatomía.
El muchacho estaba sediento de sexo y Beatriz estaba dispuesta a aplacar aquellos deseos.
Después de tanto tiempo llevando la iniciativa, a la mujer no la importó en absoluto que Marcos se hiciese con las riendas, al menos hasta que este se desfogase por todo el tiempo que había estado obligado a observar el exuberante cuerpo de su madre sin poder tocar nada, más que lo que esta le ofrecía.
Beatriz se sorprendió ante la fuerza de su hijo, que manejaba a la mujer a su antojo pese a que esta trataba de poner algo de resistencia cuando Marcos mordía con fuerza excesiva sus pechos o sus nalgas, o cuando el muchacho trataba de meter en el sexo de su madre más dedos de los que admitía.
Beatriz que sabía que si se ponía en serio podría zafarse de su hijo decidió no hacerlo, en cierto modo estaba gozando de aquella situación, y la pequeña porción de dolor que Marcos le producía no hacía más que excitarla.
La mujer se sobresaltó cuando, teniendo ella los ojos cerrados por el último mordisco sobre su clítoris, notó las manos de su hijo agarrándola las rodillas, para un instante después separar bien las piernas de su madre. Beatriz sonrió orgullosa de su elasticidad, si aquel violento movimiento se lo hubiese hecho a cualquier otra chica, el muchacho seguramente habría recibido una bofetada y su pareja lo habría dejado con las ganas, pero desde luego a una profesora de gimnasia en forma no podía pasarla aquello.
- Es esto lo que buscas ¿verdad?- le preguntó la mujer separando sus grandes labios vaginales y mostrando un sexo rosado y brillante al que Marcos no quitó el ojo.
El chico no contestó a la pregunta de su madre con palabras sino con hechos, agarrando su polla con la mano derecha para apuntar su hinchado y rosado glande sobre el sexo de Beatriz. La mujer gimió de placer en cuanto Marcos comenzó a empujar su pene con cuidado, pero aquella forma precavida de penetrar desapareció cuando la cabeza de la polla fue tragada por completo, a raíz de eso el chico comenzó a embestir con violencia el sexo de su madre.
Los muelles de la cama comenzaron a escucharse por toda la habitación, acompañados de los agudos gemidos de Beatriz y los graves gruñidos de Marcos, que desde que había sido desatado estaba dando rienda suelta a sus instintos más básicos.
Beatriz, para que la unión con su hijo no se deshiciese con facilidad tomó la decisión de rodear por la cintura a Marcos con sus piernas, siendo así muy difícil que el chico pudiese sacar su miembro una vez se hubiese corrido, dejándola a medias.
La mujer besó con pasión a su hijo cuando este se calmó un poco, aún no se había corrido, pero como era normal después de unos minutos en los que el muchacho hizo todo el trabajo físico sus fuerzas comenzaban a mermar y su ímpetu decrecía por momentos.
Aquel largo beso hizo que Marcos volviese a la carga con sus últimas fuerzas, jadeando sobre el rostro de su madre, que lo lamía con deseo al tiempo que agarraba con fuerza sus nalgas.
- ¡Me voy a correr mamá!- dijo el chico en cuyos ojos se podía ver lo cerca que estaba del éxtasis.
- ¡Yo también estoy a punto!- manifestó la mujer.
Aquella última frase Beatriz la acabó con un largo gemido cuando notó como el caliente y espeso esperma de su hijo comenzaba a bañar su interior, siendo el detonante de que ella misma también se corriese y soltase una importante cantidad de fluidos que de no haber sido por que la gruesa polla de su hijo tapaba casi por completo su vagina, habría empapado el edredón sobre el que se encontraban.
Beatriz abrazó con fuerza a su hijo para que este no se separase de ella y así no sacase de su interior aquel gran falo que tanto la llenaba. Ambos se estuvieron besando, lamiendo y dando dulces mordisquitos hasta que la mujer sintió que la polla de Marcos perdía volumen y dureza.
La mujer observó como el chico sacaba su pene empapado de su cálido interior, saliendo con él unos pocos fluidos que aún no habían logrado abandonar su cuerpo por el tapón que aquella verga suponía.
- Cuando me han atado pensé que iba a ser el día más vergonzoso de mi vida, nunca pensé que pudiese convertirse en el mejor- dijo el chico tumbándose junto a su madre.
- ¿Te ha gustado hacerlo con tu madre?- le preguntó la mujer sonriente al ver lo satisfecho que había dejado a su hijo.
- Sí, ha sido la mejor experiencia que he tenido.
- Eso está bien- dijo la mujer incorporándose un poco para coger la flácida polla de Marcos- ahora te la limpiaré un poco y nos vamos a casa.
- Yo también te limpiaré a ti, mamá- dijo el chico tratando de levantarse, pero cayendo de nuevo al sentir la mano de su madre sobre el pecho.
- Tú te has esforzado mucho- le dijo sonriendo mientras bajaba la piel que cubría el glande de Marcos, mostrándolo por completo.
El muchacho no puso ninguna queja más en cuanto comenzó a notar la rápida y hábil lengua de su madre chupando, primero el glande con ternura hasta eliminar hasta el último resto de semen, y después todo el tronco de arriba abajo y acabando por sus grandes testículos que tenían un color mucho más saludable que el que se había encontrado cuando Marcos aún permanecía atado.
- Una cosa Marcos- dijo la mujer cuando terminó de limpiar la polla por completo- quiero que no vuelvas a ver a esos supuestos con los que te sueles juntar.
- Dalo por hecho mamá, no tenía idea de volver a verlos- dijo el chico, que seguramente estaría dolido por aquella broma pesada que podría no haber tenido un final tan feliz.
- Y también quiero que comiences a buscar trabajo, si encuentras un empleo sabré recompensarte- le dijo sonriendo pícaramente mientras se tumbaba apoyando sus tetas sobre el pecho del chico.
- Mañana mismo comenzaré a buscar, mamá- dijo el chico sonriendo tan solo de imaginar la recompensa que su madre le daría si consiguiese un trabajo.

Con mamá en su cama

diciembre 10th, 2011

Mi mamá quedó complacida cuando le di la noticia. Esa tarde vendría mi novia a casa para formalizar nuestra boda. Después de un año de noviazgo, Martha y yo habíamos decidido que era hora de vivir juntos.

La comida transcurrió de buena manera y al anochecer dije a mi madre que acompañaría a Martha a su casa. Regresé y encontré a mi mamá mirando televisión en su cuarto. Me senté en su cama y como había hecho tantas otras veces, me quedé en su habitación platicando con ella antes de irme a dormir.

Me dijo que estaba feliz por lo de mi boda y yo sabía que así era, pero notaba algo raro en ella, algo que no quería decirme.

Desde que mi papá nos abandonó, cuando yo tenía ocho años, en casa quedamos sólo ella y yo y ambos eramos confidentes el uno del otro. Mamá me platicaba de sus parejas y yo de las mías, pero esa noche ella estaba muy callada y triste.

Yo había estado atareado con mi novia y además el trabajo, por lo que me sentía muy cansado. Durante un rato guardamos silencio con mi madre para ver televisión y el sueño me venció. Desperté de madrugada, quizá serían como las tres. Me di cuenta que yo estaba en su cuarto y podía escuchar que ella sollozaba. Eso me preocupó así que le pregunté qué tenía y por fin me lo dijo. Un día antes ella había terminado con su pareja y eso la tenía muy mal. Además sentía algo de tristeza porque yo me iría pronto de la casa.

-Estoy feliz de que vayas a casarte –me dijo-, pero no puedo dejar de sentir cierta tristeza porque ya no estarás acá. Pero no te preocupes por mí, es algo natural que piense en que te voy a extrañar.

La televisión y las luces estaban apagadas, pero yo podía ver como brillaba un poco su cara, a causa de algunas lágrimas que mojaban su rostro. Ambos estábamos acostados y hablábamos de frente, casi cara con cara. Yo sentía su aliento tibio cada vez que me decía algo. Comencé a acariciar su rostro con mi mano derecha y no pude evitar acercarme y besarla en las mejillas. Entonces nos abrazamos y mi cara estaba pegada a la suya.

-No te preocupes por lo de tu pareja –le comenté-, tú eres alguien muy especial y ya encontrarás a otra persona.

Seguíamos abrazados y entonces nuestros labios se tocaron. Eso no hubiera tenido mucho de especial, porque cuando yo era niño, mi madre me besaba no sólo en las mejillas, sino también en los labios, claro, sin otro sentido que el de su afecto de madre, sin embargo, ahora nuestros labios se unían de otra manera, en un beso húmedo y largo y un calor invadió todo mi cuerpo. Sentí como un relámpago recorriéndome y ella seguramente también lo estaba notando. De repente sentí una erección tremenda y por eso separé mis labios de los de mi madre, quien después del beso dijo:

-No está bien que una madre de 38 años bese a su hijo de veinte. Bueno, -continuó diciendo- tú siempre vas a ser mi bebé.

Ella me acariciaba el cabello y yo miraba una sonrisa de felicidad en su cara.

-Hace frío para que te levantes y vayas a tu cuarto, podrías resfriarte. Lo mejor es que pases la noche aquí.

Le contesté que sí, que dormiría en su cama. Estábamos cubiertos y el calor y el cansancio me vencieron y dormí otro rato, hasta que al moverme un poco hacia adelante, noté que tenía una erección tremenda y que mi verga estaba rozando las nalgas de mi madre. Abrí los ojos en la oscuridad y a pesar de que sabía que debería retroceder un poco, para evitar el contacto con mamá, no lo hice. Ahí estaba yo, detrás de ella apretando disimuladamente mi verga contra sus nalgas.

¿Pero qué me pasaba? Yo nunca la había visto más que como lo que era: mi madre. Pensaba esto entre la oscuridad, pero no hacía nada por alejarme de ella. Era tan rico sentir la dureza de su culo contra mi verga hinchada, que yo deseaba prolongar ese contacto.

Estuve un rato así y entonces ella retrocedió un poco más y ésta vez mi pito casi se incrustaba entre sus nalgas. Ella se había cambiado de ropa y dormía con una bata de tela muy delgada, y yo estaba casi seguro que ahora sentía mi fierro rozándola.

Haciéndome el dormido, pasé mi brazo derecho sobre el costado de mi madre, a modo de abrazo y dejé caer mi mano sobre uno de sus senos. Jamás había vuelto a sentir ese pecho. Sus tetas eran grandes y si bien habían perdido un poco de su firmeza, no dejaban de ser muy hermosas. Yo ya no podía ni quería controlarme. El deseo por ese cuerpo caliente de mi madre me tenía a mil. Moví un poco mi mano y sentí su pezón, que rápidamente se puso duro al contacto de mi piel. Ya no iba a parar. Comencé a pasar la palma de mi mano despacito por la teta de mi madre y casi estaba seguro de que ella empezaba a jadear. Metí mi mano por completo en su sostén y ahora apretaba ese pecho hermoso y caliente, mientras estrechaba cada vez más mi verga contra su rico culo.

Se oían sus gemidos mientras le apretaba las tetas, pero no decíamos nada. Entonces bajé mi mano por sus pechos, hasta tocar los vellos de su concha. No podía creer que mi mano estuviera ahora en la pucha de mi madre. Era tan lujurioso todo. Apenas toqué sus pantis, me di cuenta que estaba totalmente mojada y sin pensarlo mucho, saqué mi pene del pantalón y haciendo a un lado sus bragas, coloqué la punta de mi verga en su concha. Mi madre se estremeció al sentir la punta de mi verga entre sus labios y despacio hice que toda mi verga entrara en ella. Mamá chorreaba y fue fácil entrar en su pucha. Yo me movía despacio, entrando y saliendo. Era mucha la excitación. Su baba me tenía toda la verga lubricada. Me estaba cogiendo a mi madre. Su concha caliente se estaba comiendo mi pito. Ya no eramos sólo madre e hijo, sino hombre y mujer. No sabíamos si estaba bien o mal lo que hacíamos. Lo único que sabíamos era que el deseo era mutuo y que no queríamos dejar pasar este momento.

Ahora, mientras me la cogía, yo le mordía los hombros y le lamía y le besaba el cuello. Fue entonces que me atreví a hablar y le dije:

-Eres una mujer muy hermosa mamá.

-¿Te gusto mi vida?

-Claro mamá, eres una hembra bellísima.

-Huy, mi amor, me haces sentir muy deseada.

-¿Te… te gusta lo que estamos haciendo? –dije, y ella contestó:

-Ay mi amor, me gusta como le das verga a tu mami. Métemela así mi amor. Huy, has puesto muy caliente a tu madre mientras me rozabas con tu verga.

-Ufff mamá, vas a hacer que me corra.

-No todavía bebé, porque te deseo mucho tiempo dentro de mí.

Entonces ella se alejó un poco para sacarse mi verga y se colocó de frente a mí. Comenzamos a besarnos. Nuestras lenguas se enredaban y yo mordía sus labios carnosos.

-Ay mi niño. Qué caliente me tienes.

Comencé a bajar hasta que mi boca quedo frente a sus tetas. Le lamí los pezones llenándoselos de saliva, hum qué rico morder y chupar sus pezones duritos.

-Ay mi niño, tú vas a hacer que tu mami se chorree. Así lindo, sácale la leche de las tetas a tu mamá. Ah, mi vida, me has puesto como una callejera.

Seguí lamiendo hasta que mi boca llegó a su pucha. Le quité sus pantis y lamí la baba de sus bellos. Hum, ahora mis dedos le abrían la pucha y mi lengua húmeda tocaba las paredes de sus labios. Los apretaba entre mi boca y chupaba. Tenía la cabeza entre las piernas de mi madre y ella me tenía sujetado del cabello y me apretaba la cara contra su pucha.

-Ay bebé ay ah.

Sentí cómo me invadía toda la humedad de mi madre. Acaba de correrse y yo seguía chupando su concha, metiéndole la lengua hasta el fondo. El aroma de esa panocha era para extasiar a cualquiera y yo no quería alejarme. Terminó en mi boca pero seguíamos muy calientes y yo no dejaba de beber su humedad que escurría hasta sus muslos. Parece mentira que no me había dado cuenta de lo hermosas y ricas que eran las piernas de mi madre y ahora yo las tenía para lamerlas y morderlas.

-Ufff hijo, así, chupa cariño, tómatelo todo mi amor.

-Sí mamá; huy, me excita tu aroma y me excita que estés tan caliente.

-Me tienes como una perra en celo mi vida y soy sólo tuya.

La levanté para acercarla a mí, quería darle por la pucha desde atrás y me acomodé tras de ella. Metí y mi verga con fuerza y ella lo resintió con un gemido. La arremetía con mucha violencia y ella igual que yo estaba ardiendo.

-Mamá, me voy a correr.

-Sí mi amor, hazlo dentro de mí, anda cielo. Lléname toda con tu leche… ay cariño ufff.

Seguí cogiendo a mi madre con todas mis fuerzas, mi verga rozaba las paredes de su concha y no pude contenerme más. Me aferré a sus tetas mientras le llenaba la pucha con mi leche. Ambos gemíamos de placer.

-ufff mamá.

-¿Te gustó mi cielo?-preguntó ella.

-Sí, me encantó tenerte como mujer, aunque…

-¿Aunque?… sientes algo de culpa ¿no?

-Sí mamá, así es.

-Pues pensemos que sólo es algo lindo ¿sí?

Le di un beso en la mejilla y nos quedamos mirando. Después acerqué mi boca a la suya y nos besamos. Yo sabía que ya no dormiría esa noche, cuando sentí que mi verga se volvía a poner muy dura entre la mano de mi mamá.

Vacaciones con mi suegra

diciembre 9th, 2011

No me gusta la playa, y aun así, ese verano accedí a alquilar un apartamento en la costa, lo cual significaba jornadas enteras de mañana y tarde rebozado en arena y con la sal pegada al cuerpo . Y para acabar de rematar , una semana antes de marcharnos, mi mujer me suelta qque su madre se viene con nosotros. No es que me desagradase la idea de pasar unos días con mi suegra, siempre nos hemos llevado genial y es una mujer simpática, divertida y muy agradable y cariñosa. Pero yo ya me veía en un apartamento pequeño, con las paredes como papel de fumar y con mi mujer sin dejar ni que la rozase por miedo a que su madre nos oyese. Total que estaba de muy mal humor , playa y matándome a pajas , ese era mi panorama futuro.
Llevábamos tres días de vacaiones y mi humor iba empeorando. Ese día decidimos que nos quedaríamos a comer en la playa para aprovechar mejor el día. Yo en cuanto pude puse una excusa y me marché a dar una vuelta, ir a tomar una cerveza a un bar del paseo y sentarme a observar los cuerpos de las mujeres tomando el sol. El resultado un calentón de cuidado que ya me veía aliviando esa tarde en la ducha yo solito. Regresé casi a la hora de comer, pensando en convencer a mi mujer para que nos duchasemos juntos y a ver si aqsí aliviaba un poco mi calentura. Pero mis esperanzas murieron nada más llegar pues solo verme mi mujer de morros empezó a decirme que ya estaba bien , que donde había estado toda la mañana que vaya cara más dura tenía…………Osea bronca y mis esperanzas de sexo muriendo allí mismo.
Mi suegra estaba jugando con los niños en la orilla y al llegar se percató de la situación e intento mediar y poner paz y tranquilidad, pero ni por esas. Al final consiguió que mi mujer se calmase un poc diciendole , que despues de comer se fuese ella a dar una vuelta por las tiendas mientras los niños hacían la digestión. Esopareció calmarla y más cuando le pedí perdón y le dije que se comprase algo bonito que esa noche las llevaba a cenar a un buen restaurante.
Al acabar de comer , mi hijo pequeño se quedó dormido a la sombra y mi mujer se llevó a la niña con ella a tomar un helado y de compras, mientras yo me echaba en la toalla observando el panorama y mi suegra iba a remojarse un poco para tomar el sol fresquita.
Y así estaba yo, ensimismado, sin pensar en nada más que la hora en que podría salir de la playa cuando mis ojos captaron la imagen de mi suegra saliendo del agua.
Estaba en la orilla sacudiéndose el pelo mojado que le llegaba por los hombros , con toda la luz del verano brillando en su piel morena e involuntariamente una sonrisa afloró a mis labios.
Cierto era que mi suegra acababa de cumplir ese mismo mes los 65 años, pero tambien era cierto que la esplendorosa hembra que yo había conocido más de 20 años atrás seguía allí. Bajo los kilitos de más que los años habían ido posando en su vientre y caderas , bajo las suaves arrugas que habían ido conformando su rostro, se seguía reconociendo a aquella mujer que el día que me la presentaron me dejó cortado y sin habla.
Vi que ella se acercaba a nuestra sombrilla y me hice el dormido. En aquel momento me sentí violento y prefería no tener que hablar,por si el muchacho que fuí volvía a salir tambien y volvía a tartamudear ante ella.
Disimuladamente giré la cabeza de forma que pudiese observa a mi suegra creyéndome que ella no se daría cuenta de mi examen. Estaba sentada en la toalla , tenía una pinza en la boca mientras sus dedos trabajaban su pelo para hacerse una coleta . Me fijé en aquellas manos una vez más. La verdad es que siempre había admirado sus manos. Eran grandes, con los dedos largos y gruesos, las uñas redondeadas, grandes y un poco largas con una perfecta manicura francesa. El paso de los años había hecho que las venas se marcasen más y algunas pequeñas manchas las adornaban.
Mi suegra se estiró boca arriba dejando que los rayos de sol tostasen su fina piel. Siempre me había admirao qla suavidad de la piel de mi suegra. Recordé un día conversando con mi mujer mientras la observaba como se daba crema hidratante por todo el cuerpo , que ella me explicó que siempre lo había hecho desde muy jovencita , que fue su madre que tanto a ella como a su hermana les había inculcado que debían cuidarse mucho físicamente
-Deberías ver lo suave que tiene mi madre la piel y ni te imaginas lo bonitos que aun tiene los pechos, ojalá yo a su edad los tenga tan bien como ella …
La verdad es que si me lo imaginaba, muchas veces a lo largo de aquellos años me los había imaginado y más cada vez que mi mujer de la forma más inocente del mundo me hacía comentarios como aquellos. Y todos aquellos comentarios acumulados durante tanto tiempo parecieron aflorar a mi consciente en aquel momento .
Me quedé absorto observando como la respiraqción hacia que los pechos de mi suegra subiesen y bajasen lentamente , sus manos apoyadas en su vientre suave , como pequeñas gotas de agua resbalaban por su piel impregnada de crema que la hacía más brillante y más suave y apetitosa. Me descubrí a mi mismo pensando en mi lengua recorriendo aquel cuerpo , sintiendo la sal y sorbiendo con mis labios el agua que estaba en su ombligo ….
Estaba empezando a emocionarme sin darme cuenta de que me había ido acercando para tener mejor vista , hasta que la voz de mi suegra me devolvió a la realidad.
-Yerno que te veo, que yo “tampoco” estoy dormida….- Me dijo sonriendo y sin abrir los ojos
No supe que decir, sentí que si abría la boca tartamudearía otra vez. Fue ella la que volvió a hablar:
-No dices nada? porque estabas muy concentrado mirándome …….. – Y giró la cabeza abriendo los ojos y mirándome directamente.
Tenía que decir alguna cosa , aquellos ojazos grandes, negros de mirada clara me estaban quemando.
-Yooo, solo , , estaba estaba , me preguntaba si cuando tu hija tenga tu edad estará tan bien como tu …….- dije de manera entrecortada y sintiendo como me sonrojaba al momento. Ella seguía mirándome y sonriendo se giró de lado hacia mi, alargó su mano y acariciándome suavemente la cara me dijo:
- Muchas yerno, ha sido un bonito piropo.
Al sentir el contacto de su mano en mi piel, el casi impercptible roce de sus uñas en mi cara, sentí que se me erizaba el vello. Rodé yo también de lado hasta ponerme a su altura los dos de lado mucho más cerca que antes.
mi suegra tenía la cabeza apoyada de lado sobre una mano mientras la otra se moviaq indolente por su muslo, su lengua se paseba de vez en cuando por sus labios , saboreando la sal del mar y humedeciendolos de manera muy sensual. Sentía que debía decir algo , pero no sabía decidir si continuar el camino abierto o soltar cualquier nimiedad que enfriara el ambiente hasta llevarlo a un plano convencional.
-No te preocupes, la he educado bien y se que se cuida, cuando llegue a mi edad estará mejor que yo, solo ha tenido dos hijos y eso se nota.- Me dijo ella finalmente para romper el silencio.
- Sí , ella me comentó lo mucho que te cuidabas y muchas otras cosas la verdad, pero aunque yo quiero mucho a tu hija, las cosas son como son y se perfectamente que no llegará a ser tan estupenda como tu , suegra.
- Eso crees de verdad? tan bien me ves?
-Ya lo creo, ya le gustaría a muchas mujeres mucho más jóvenes que tú ser tan atractivas y estar tan buenas como tu.
Yo aun no comprendo como aquel día me lancé, supongo que se debió a que sin darme cuenta era mi suegra la que poco a poco me fue incitando a aquel clima de intimidad, pero me lancé a por todas.
¿Tengo curiosidad, que más te ha dicho mi hija de mi?
Esa vez dudé solo un instante, pero eraq el momento ideal y decidí aprovecharlo.
- Tu hija siempre habla de lo preciosos que tienes los pechos, que siempre los has mimado y que incluso habiendo dado de mamar a 5 hijos , ella los envidia .
- hummmmm Así que mi propia hija envidia mis pechos…………
-Mujer, lo que se ve está muy bien , pero vamos tú ya sabes que tienes un escote precioso que ya te ocupas de lucirlo bien …- Le dije intentando que mi tono pareciese de broma picarona.
-Sí para que mentir, se que tengo un bonito escote y tambien he sabido siempre que a ti te gusta mucho…….
-¿cómo? a que te refieres…….- me quedé helado al oir a mi suegra diciendo qaquellas palabras.
- Mira estamos los dos solos y en un tono de confidencia- me dijo- no disimulemos vale?Seamos sinceros que esto no saldrá de aquí.
-Yoooooo, siempre me has parecido una mujer excepcional y claro uno no deja de ser un hombre y cuando veo un escote tan bonito, noi puedo evitar que se me vayan los ojos.
-No te preocupes. Siempre lo he sabido. Desde el primer día que mi hija te presentó en casa me miraste . Siempre lo he notado y siempre me ha parecido halagador.
Aquella conversación estaba yendo por caminos inesperados, pero ya no iba a dejar que se me escapase la oportunidad, era demasiado buena para perderla
-Esta bien suegra, entonces te seré sincero..
-Adelante por favor.
-Bien pues entonces te confesaré que llevo 25 años imaginándome esos pechos tuyos e los que tanto he oido hablar a tu hija
El órdago estaba echado , solo quedaba descubrir las cartas y ver por donde tiraba aquello. Estaba esperando la reacción de mi suegra , que dijese algo, aquella espera me estaba poniendo los nervios de punta, y entonces, sin decir nada , observé como su mano abandonaba su muslo parqa dirigirse hacia la prte superior del bikini y muy lentamente y sin dejar de mirarme a los ojos, apartaba una de las cazoletas, dejando al descubierto uno de sus pechos.
Yo no sabía que decir tampoco, solo lo miraba comiendomelo conlos ojos. Aquel pecho redondo, cayendo de forma natural, de piel tan blanca contrastando con el bronceado del resto y que hizo imaginarme al momento otras marcas similares que el cuerpo de mi suegra escondía celosamente. y en el centro una aqreola grande como una galleta maría de color marrón oscuro rematado con un pezon gordito y redondo y arrugado .
-Decepcionado? – la oi decir de formaq natural.
-Al contrario suegra tienes unas tetas maravillosas , mejor de lo que me habría imaginado y mira que las he imaginado veces………..
-¿Te gustan más que las de mi hija? me dijo mientras yo observaba alucinado como sus deos jugueteaban con el pezón haciendo que este se pusiera duro y turgente .
- Me los comería ahora mismo suegra , me estás poniendo a más caliente que una cafetera
De forma incosnciente nos habiamos ido acercando , estabamos a tocar echados en la arena , de lado tan juntos que casi sentía el calor de su piel en la mía. Eché una ojeada a nuestro alrededor, pensé por un momento que aquella escena tan caliente y morbosa tenía que ser el centro de atención de laplaya, pero nada máslejos de la realidad. Para cualquiera que nos observara eramos simplemente un hombre y una mujer madura y espectacular charlando tranquilamente a la sombra de un parasol y eso me tranquilizó y me aceleró aun más.
-mira como se me ponen los pezones yerno…….- me dijo mientras seguía pellizcándoselos con sus dedos fuertemente.
De forma disimulada, y natural , moví mi brazo bajo el cuerpo por la arena hasta llegar al pecho que ela tenía apoyado en la toalla y lo puse encima apretandolo suave.
Ella tambien como sin más importancia puso una pequeña toalita qque cubrió mi mano mientras seguiamos hablando. La postura era incómoda pero nos permitía pasar totalmente inadvertidos al resto de la gente que paseba por la playa, solo un observador muy atento se hubiese dado cuenta de como bajo esa pequeña toalla mis dedos bajaban la otra cazoleta hasta llegar al pezón de mi suegra, que al sentir mis dedos emitió un leve gemido, como el ronroneo de una gata en celo.
- HUmmmm suegrecita , no sabes la de pajas que me he hecho imaginandome así tocandote las tetas- le dije mientras mis dedos pellizcaban su pezón
Mi suegra jadeaba mientras se mordía ellabio inferior y me decía-Así así no pares aprietalo fuerte, juega con él…….
Mis dedos golpeaban su pezón , moviéndolo arriba y abajo altiempo que trataba de pellizcar la carne de su pecho y miraba como ella se estimulaba el otro ella misma .
No dejaba de mirarla, como apretaba los muslos , apresando su coño entre ellos que yo imaginaba mojado y caliente …….su jadeos , su boca entreabierta……..
- Me estás poniendo a reventar , suegra.
-Quiero verlo- me dijo-, Enséñame como te pongo ……..
No estaba dispuesto a soltar aquel pecho que había estado soñando durante tantos años así que haciendo como que me colocaba bien el bañador, con la otra mano conseguí subir lo suficiente el bañador como para que mi polla dura como un palo se pusiese un poco a la vista . Lo justo, solo el capullo hinchado y cabezón , palpitante de deseo por aquella hembra que tantos años atrás había parido a mi mujer.
-hummmmmmmm que pedazo de polla se te ve yerno, me voy a tener que imaginar el resto……..o a lo mejor se lo pregunto a mi hija……..Tienes que tenerla satisfecha…….
-Me muero de ganas por tu coño suegra, te follaría aquí mismo ………- Le dije mientras me tocaba la verga yo mismo por encima del bañador
En aquel momento fue ella la que bajó lqa mano de su pecho que dejó colgando libre , para disimuladamente apartar aun lado la braguita del bikini y enseñarme aquel glorioso coño maduro.
-Mïramelo , mira el coño de tu suegra………¿ te gusta?
-Vas a hacer que me corra si sigues así, que coño tan maravilloso, tan grande , tan peludo con los labios asi hinchaditos……….
Ella jadeaba cada vez más y se humedeció los labios cuando se metio un dedo dentro poco a poco y empezó a moverlo despacio con la ayuda de la toalla que la cubría. Yo solté mi polla que palpitaba y se movía sola como si tuviese vida propia atraida por el olor que emanaba del coño de mi suegra e hice como si le limpiase un poco de arena que tuviese en la cara justo al lado de la boca pasando mi dedo pulgar encima de sus labios.
En ese momento mi ella , absorvió mi dedo pulgar dentro su boca, por un momento sentí su lengua chupándo mi dedo como si fuese mi polla dura y sentí sus dientes mordiéndolo. mi otra mano que seguía aferrada a su teta apretó con fuerza.Sentí sus dientes en mi dedo clavados con fuerza en el momento que se estremecía en un espasmo de placer y mientras mis dedos pellizcaban hasta el dolor su pezón y snetía como mi suegra llegaba al orgasmo, sentí como mis huevos explotaban de placer escupiendo semen a borbotones .
Nos separamos un poco, jadeando y sudados , miré mi bañador en el que la erección aun era patente y la mancha de semen se extendía cada vez más.
Fuí a hablarle……_Natalia, yo…..esto……..
-Shhhhhhhh, me hizo callar, por ahí vienen tumujer y tu hija, en otro momento hablamos de todo…. y vete al agua a ver si puees disimular esa mancha.
Así empezaron mis mejores vacaiones de verano, que por supuesto han tenido continuidad

Folle con mi hermana

diciembre 8th, 2011

Nuestros padres se fueron de viraje y mi hermana (28 años) y yo (18 años) nos quedamos solos en casa por una semana.
Los 3 primeros días fueron muy divertidos. El cuarto día hacia mucho calor entonces andábamos semi-desnudos y ese fue el momento en que me empecé a fija en mi hermana porque ella andaba de biquini y se le notaban los hermosos senos y ese súper culo que ella tiene. Ese día nos metimos a la pileta y yo de excitado que estaba me acercaba y trataba de apoyarle o de tocarle el culo o los senos. Esa noche compramos unas pizzas y una cervezas y nos pusimos a ver una película (era medio erótica). Cuando nos fuimos a dormir parece que estábamos un poco borrachos porque dormimos juntos. Al otro día también asía calor así que también andábamos con poca ropa y yo de nuevo andaba excitado, cuando nos metimos a la pileta otra ves trataba de apoyarle. Pero cuando Salí de la pileta para tirarme de cabeza me di cuenta que la tenia muy dura y trate de acomodármela antes de que mi hermana me viera. Pero creo que ella se dio cuenta porque me miro fijo y se rió con una risa muy tímida y me dijo.
-no savia que la tenias tan grande-
Yo me puse nervioso y le conteste -¿te gusta?-
-no seas sucio- me dijo y yo me reí.
Esa noche cuando se fue a bañar yo me puse a ver videos porno por Internet y hacerme la paja. En lo que menos esperaba sale mi hermana de bañarse y me ve con la pija a al aire y se queda quieta mirándome, yo estaba me puse rojo y ella se fue a vestir.
Antes de irnos a dormir ella vino a mi cuarto con una tanguita y un corpiño chiquito que se le podía ver una parte del pezón y me dio un beso en los labios y me dijo que quería que esa noche duerma con ella, a mi se me puso dura al momento y me tape para que ella no lo notara. Cuando fui a su cuarto y me acosté con ella, puso una película porno, se dio la vuelta, se desnudo y se puso una bata o salida de baño y me dijo.
-cuando te vi pajeandote me excite-
-¿enserio me lo decís?- le conteste
-si y me vinieron ganas de hacer lo- me dijo
-ajaja yo tengo ganas de hacerlo con vos desde ayer cuando nos metimos a la pileta- le conteste.
Ella se saco la bata o salida de baño, me bajo el bóxer y me empezó a mamar la pija y yo le masajeaba los senos, después nos empezamos a besar con la lengua y nos pasábamos saliva mientras nos besábamos, yo le metía los dedos en la en la vagina, después con una mano le abrí la vagina y le metía la lengua, le pasaba la lengua por el clítoris y con la otra le metía los dedos en el culo, después yo me acosté y ella se puso arriba mío y yo le penetre la vagina, mientras ella saltaba arriba mío yo le masajeaba los senos, después ella apoyo su pecho contra el mío (todavía con la pija dentro de su vagina) nos empezamos a Pasar la lengua por la cara, besarnos y nos pasábamos la lengua por dentro de la boca y nos pasábamos saliva, después ella se sentó en mi pija y le penetre el culo y mientras lo hacia me metía los dedos (índice, medio y anular) en la vagina y se los movía adentro, después se la saque del culo y me la empezó a mamar, le llene la boca y la cara de leche, después nos fuimos a bañar juntos y nos dormimos desnudos haciendo cucharita. Esa fue la mejor noche de nuestras vidas y llegamos a la conclusión de que fue el mejor sexo de nuestras vidas. Al otro día también lo hicimos, pero en la pileta.
Desde entonces ella termino con su novio y yo con mi novia y cada ves que nuestros padres salen de viaje (1 ves al mes) tenemos sexo descontrolado.
Espero que les guste mi experiencia, mas adelante les contare mas sobre esto.

Entregandole un regalo a mi suegra

diciembre 7th, 2011

“Maldición, otra vez se enojo!” fueron las palabras de mi suegro tras colgar el teléfono.

Ambos trabajábamos para la misma compañía como ingenieros en una plataforma en una de las zonas costeras de nuestro país. Habíamos planificado salir rumbo a nuestras casas la mañana siguiente ya que contaríamos con unos días de vacaciones, sin embargo a ultima hora el hombre que debía reemplazar a mi suegro como ingeniero principal había tenido un problema de salud, entonces la compañía le había informado a mi suegro que pasaría una semana antes de que pudieran encontrar un reemplazo para El.

Por lo que había percibido parecía que mi suegra se molestado pues mi suegro le acababa de informar que pasarían algunos otros días antes de que pudieran estar juntos. Mis suegros han estado casados por 30 años, de los cuales los últimos 25, mi suegro los había trabajado en la compañía un poco alejado de su casa, compartiendo con su esposa una semana cada mes. Yo había empezado a trabajar en la misma empresa hacia un año y aunque no me gustaba tener que estar tan separado de mi esposa durante tanto tiempo, la verdad es que la remuneración monetaria era muy alta.

“Podría hacerme un favor yerno?” pregunto mi suegro rompiendo el silencio después de que colgó el teléfono.

“Seguro señor, de que se trata?” respondí

Entonces abriendo el cajón de su escritorio, saco una pequeña caja envuelta en papel de regalo.

“Podría pasar por mi casa cuando regrese a la ciudad y dejarle este regalo a mi esposa, quizás esto la hará cambiar su humor” me pidió mi suegro.

Prometí entregárselo a mi suegra, aunque tuviera que desviarme algunas horas de mi camino a casa pues mis suegros y mi familia vivían en barrios un poco lejanos dentro de la misma ciudad.

La mañana siguiente emprendí mi largo viaje de regreso a casa. Saliendo un poco temprano esa mañana con suerte estaría llegando a mi hogar después de las 10 de la noche.

Mis suegros vivían en un acomodado barrio residencial en una de las mejores zonas de la ciudad. Al llegar a la casa de mi suegra me encontré con que había un coche que no conocía estacionado frente a la entrada de la casa de mi suegra, por lo que decidí parquear el mío un poco mas adelante frente a la casa de uno de sus vecinos. Fui hasta la entrada de la casa y toque el timbre, sin embargo nadie contesto, aunque algunas luces de la parte trasera estuvieran encendidas. Estaba seguro de que mi suegra estaba en la casa, sin embargo no entraría sin su permiso. Por lo que girándome decidí volver a mi carro, en ese momento fue que escuche reír a mi suegra en la parte trasera de la casa. Decidí mirar si mi suegra se encontraba bien.
En el jardín principal hay una puerta que comunica con el traspatio, por lo que abriendo esta puerta fui hasta la parte trasera de la casa. Cuando me acerque al final del traspatio, lo que vi me dejo completamente consternado.

Mi suegra se encontraba recostada sobre uno de los sofás de la terraza y un hombre que no conocía la besaba apasionadamente. Silenciosamente antes de que pudieran escucharme o verme decidí girarme y volver a mi carro. Tenia que salir de allí sin ser visto ni oído. Sin embargo en el momento en que iba a encender el motor de mi auto, me di cuenta de que me encontraba excitado con lo que había visto y que de alguna manera quería ver un poco más. Hasta donde yo sabia mi suegra siempre había sido una decente y recatada mujer, nunca me hubiese imaginado encontrarla en la situación en que la había visto.

Descendí de nuevo de mi auto y ahora mas silenciosamente camine de nuevo al traspatio, ocultándome detrás de uno del arbusto que había allí, mire de nuevo la escena. MI suegra y el hombre desconocido continuaban besándose, el tipo tenía una de sus manos entre las piernas de mi suegra y probablemente dentro de sus calzones, ella tenía sus manos alrededor del cuello de este, pareciendo gozar de las estimulantes caricias del desconocido.

Mi suegra separo su boca de la de este y le dijo algo con un extraño acento en su voz, luego se incorporo del sofá y se quito rápidamente su blusa y el sostén. Un par de grandes y pesados senos quedaron libres frente a mis ojos, entonces ella tomo su falda y la bajo junto con su calzón, mientras hacia esto ella se movía inestablemente de lado a lado, parecía que mi suegra estaba muy bebida, hasta donde yo sabía esta casi no tomaba por lo que el nuevo descubrimiento también me sorprendía. Luego de nuevo mi suegra se sentó en el sofá, abriendo lentamente las piernas, el desconocido se sentó junto a esta y se quito los zapatos y las medias, luego de nuevo se levanto y se quito la camisa, luego desabrocho sus pantalones y también los bajo, el desconocido era un tipo delgado por lo que podía notar desde donde me encontraba debía tener una edad parecida que la de mis suegros, ambos tenían 57 años. Pude mirar el tamaño del pene de este parecía medir unos 6 pulgadas y no era tan grueso.

Entonces inclinándose el tipo tomaba uno de los enormes senos de mi suegra en su mano e inclinándose aun mas empezaba a chupar uno de sus pezones, su otra mano sin vacilación descendió entre los muslos de mi suegra , luego moviéndose un poco se acomodo sobre mi suegra quien ya se había recostado completamente sobre el sofá, mi suegra quedo inmóvil mientras este parecía empezar a penetrarla, después de uno o dos minutos de estar bombeando, mi suegra lentamente doblo las piernas y las levanto permitiéndole un acceso mas fácil al tipo. Me suegra levanto sus caderas tratando se unirse mas al desconocido quien continuaba penetrando rápidamente a esta. Podía escuchar a mi suegra gemir suavemente, mientras le decía algo que no pude entender. Parecía que el tipo estaba a punto de acabar pues sus empujes llegaron a ser más rápidos. Unos segundos después el tipo dejo de moverse y gimió fuertemente mientras mi suegra se movía también fuertemente. Un momento después ambos permanecieron relajados sobre el sofá.

Gire para retirarme, pero me di cuenta en ese momento de que mi verga se encontraba completamente dura dentro de mi pantalón. Decidí quedarme un poco más para ver si lo hacían otra vez. Unos minutos después mi suegra separaba al tipo de ella y se incorporaba en el sofá, girando su cara hacia el tipo le pregunto con voz dificultosa si quería otra bebida. El tipo le contesto que no. MI suegra recogió su ropa del piso y levantándose camino dentro de la casa. El tipo permaneció un par de minutos mas sentado en el sofá, luego se levanto y comenzó a vestirse.

Diez minutos después mi suegra salio de nuevo de la casa usando una bata azul desatada, en una mano llevaba una toalla que ofreció al desconocido y en la otra mano llevaba un vaso repleto de una bebida desconocida. El tipo no acepto la toalla, por lo que mi suegra la tiro en el suelo.

“A donde cree usted que va?” le pregunto mi suegra con un acepto aun de bebida.

No pude escuchar lo que el tipo le respondió, sin embargo pareció no complacer a mi suegra, quien recostándose sobre el sofá con su bata aun abierta le dijo

“Usted es un desgraciado, piensa que puede venir acá, metérmela unos minutos y después irse dejándome aun insatisfecha?, pues váyase y no me llame ni me busque mas desgraciado!”

El tipo no le obedeció, por el contrario se sentó junto a ella en el sofá y empezó a cuchichearle algo en el oído mientras mi suegra termino de tomar su bebida, luego le dio el vaso y esta coloco sus manos entre sus piernas, entonces el tipo se levanto, mi suegra se recostó completamente sobre el sofá. El tipo continúo hablándole durante algunos minutos y fue entonces cuando escuche su voz por primera vez.

“Nancy, Nancy!” era el nombre de mi suegra, parecía que trataba de despertarla.

“Si claro, usted quiere que yo venga y me la coja, sin embargo usted siempre se desmaya después, eso me molesta!” Grito el tipo.

Al terminar de decir eso, puso el vaso de mi suegra sobre el piso y camino hacia la salida. Permanecí oculto tras el arbusto unos minutos más, escuchando como el tipo en la parte delantera de la casa encendía su auto y partía. Iba a retirarme también del lugar cuando decidí fijarme primero si mi suegra se encontraba bien.

Camine de mi escondite y me acerque, la mire, su cara mostraba cada uno de sus 57 años, seguramente por los efectos del licor se veía un poco desmejorada, su bata estaba desabrochada, seguro de que se encontraba completamente dormida, tome los extremos de esta y la ate, decidí despertarla y decirle que se fuera a descansar dentro de la casa. A fin de cuentas no tenia que sorprenderse si se despertaba y me veía, mi suegro me había enviado a dejarle un regalo y pensaría que acababa de llegar, no sospecharía que había presenciado todo lo que había sucedido.

Trate de despertarla, pero no había manera, parecía que dormía profundamente casi en un estado total de desmayo, por lo que abriendo la puerta trasera de la casa, decidí cargarla dentro de la casa y dejarla sobre uno de los sofás grandes de la sala. Prendí una de las lámparas de mesa en la habitación con el fin de no tropezar mientras la cargara dentro, luego regrese al patio y la cargue, llevándola dentro de la casa. Sentía el cuerpo de mi suegra un poco pesado, seguramente por el estado en que esta se encontraba.

Cuando finalmente logre acostarla sobre el sofá, pude notar como su bata se había abierto de nuevo, su pierna derecha colgaba fuera del sofá con su pie tocando el piso y su brazo derecho también caía fuera del sofá. La mire y por primera vez me percate de que aunque su cara mostrara toda su edad, mi suegra poseía un cuerpo realmente agradable, incluso en aquel estado.

Sus senos eran grandes, y por la posición en que se encontraba estos colgaban pesadamente hacia los lados, sus pezones eran color rosa grandes y redondos, su estomago era plano y liso, sus labios de su raja eran tan grandes que parecían hinchados, su pelo pubico no era muy tupido, color negro con algunos canas, sus caderas eran anchas y firmes.

Mientras permanecía allí de pie mirándola, mi suegra gimió procurando acomodarse completamente en el sofá, esto sin mucho éxito, me asuste de que fuese a caer, por lo que me incline instintivamente para ayudarla. Antes de que pudiera saber lo que sucedía, mi suegra extendió sus brazos alrededor de mi cuello sujetándome fuerte me jalo hacia ella.

“Venga Manuel, no se vaya aun, satisfágame un poco mas, lo necesito” con voz completamente alcohólica me hablo, comprendí en ese momento que mi suegra pensaba que yo era el tipo con quien había estado hacia algunos minutos, mi suegra trato de besarme en los labios pero en su estado fallo y me beso en la mejilla, su aliento era terrible, olía completamente a licor, sin embargo rápidamente encontró mi boca, cuando su lengua entro en mi boca, olvide el olor de su aliento.

Mientras mi suegra me besaba ansiosamente sentí como mi verga se ponía completamente dura, en verdad esta mujer sabia como besar. Coloque una de mis manos sobre uno de sus senos, estaba tibio y suave, tome su pezón entre mi dedo pulgar y mi índice y lo apreté lentamente, este empezó a hincharse poniéndose duro y grande, trate de terminar el beso que me daba, para poder poner mi boca sobre sus senos, sin embargo mi suegra parecía determinada a continuar besándome.

Extendí una de mis manos, poniendo entre sus piernas abiertas, mi mano bajo entre los dobleces de sus labios exteriores, mi índice encontró su clítoris, moví mi dedo suave y lentamente masajeándolo. Bebida, como estaba mi suegra parecía aun decidida a gozar completamente del sexo, incluso aunque en su estado no tuviera la menor idea de que la fuente de su placer ahora era su propio yerno. Me moví un poco para que mi suegra pudiera desabrochar mi cinturón y bajar mis pantalones y mi ropa interior aun sin dejar de besarnos, en cuanto mi suegra termino su labor, me coloque sobre ella y la penetre.

Mi suegra coloco su pierna izquierda sobre el respaldo del sofá, yo lleve mis manos hasta sus redondas nalgas apretándola mas contra mi, su trasero era firme y su piel suave y lisa, mi suegra gimió fuertemente al sentir mi gorda y larga verga abriéndose paso en su apretada y caliente raja. Con cada uno de mis fuertes empujes la penetraba completamente, mientras mi suegra movía frenéticamente sus caderas y gemía gozando del placer que le estaba dando. Después de varios minutos mi suegra comenzó a gemir aun mas fuertes, sus gemidos eran casi gritos que la llevaron a la cumbre del placer, sentí como su cuerpo se contraía inundado por un fuerte orgasmo. Su placer era total, esto me llevo a que también alcanzara rápidamente mi orgasmo, empuje mi dura verga profundamente en su interior y estalle, llenando su raja con mi abundante y caliente esperma.

Permanecí sobre mi suegra gozando del intenso placer que había experimentado. MI suegra gimió suavemente y suspirando, me beso en el cuello.

“OH si, eso era lo que necesitaba, me has cogido como nunca, por favor permanezca sobre mí hasta que duerma amor” susurro mi suegra, ella aun pensaba que era el otro tipo.

Permanecí sobre ella, con mi verga aun enterrada en su raja, era la primera vez en varios años, que aun después de haberme regado, mi verga no se ablandaba, permanecía aun completamente dura. Algunos minutos después escuche que la respiración de mi suegra volvió a ser más profunda, ella dormía otra vez. Algunos segundos después empecé a moverme muy lentamente dentro de ella. La gozaría otra vez.

Empecé a penetrarla suave y lento, masaje sus senos, frotándolos y apretándolos suavemente, cuando estaba por alcanzar de nuevo un orgasmo, mi suegra comenzó a responder. Sus movimientos se emparejaron a mi ritmo, lento y firme, era claro que mi suegra estaba por tener otro orgasmo aunque estuviera aun dormida. Mi orgasmo fue tan intenso y como el primero, escuche a mi suegra gemir fuerte nuevamente mientras llenaba su raja con mi leche.

Me relaje de nuevo, después de 10 minutos, comprobando que mi suegra estuviera de nuevo completamente dormida, me levante lentamente y fui al cuarto de baño a limpiarme y vestirme para dejar la casa rápidamente. Volví a mi auto y tomando el regalo que mi suegro le había enviado, lo coloque en la entrada de la puerta principal.

MI suegra pensaría el día siguiente que había pasado y no encontrándola había dejado el obsequio en su puerta.

Nada más sucedió jamás entre mi suegra y yo, hasta que mi suegro muriese algunos años después. Pero eso es una historia para otra ocasión.