El mejor amigo del hombre

hola, lo que les voy a contar sucedio una mañana que yo me encontraba solo en mi casa, ya antes habia tenido experiencias con gallinas, perros e incluso borregos, bueno lo que les voy a contar sucedio que como les dije anteriormente un dia me encontraba solo en mi casa casi siempre amanesco caliente y me masturbo viendo pornografia en internet pero ese dia vi un
poco de zoofilia y pues me calento mas de lo normal, fui y tome a mi perro que es de raza mediana fui a mi cuarto y me puse comodo me sente a la orilla de la cama y pues le hable para que se subiera conmigo y lo empece a acariciar el pecho y cerca de su panza, rapidamente ya sabia que era lo que yo queria, y empezo a salir su verguita bien rica lo empece a masturbar con la mano despues de un rato se le empece a mamar pero como no lo tengo acostumbrado a eso pues me gruñia, me decidi porque me penetrara, me subi a mi cama y me puse en cuatro me agarre del respandol y le dije mi amor ya pichame quiero que me la ensartes toda, como no queria tuve que ayudarle lo tome de las patas y lo subi a mi espalda, mientras que con una mano lo mantenia encima de mi con la otra lo masturbaba y fue asi como se animo y solo me tomo entre sus patas e hizo intentos por clavarme, como no podia lo tuve que dirigir hacia mi culito hasta cuando senti que de un solo golpe me
metio toda la verga en mi culo, ohhh que rico me empece a mover y el tambien me seguia cogiendo nunca lo habia hecho en mi cama siempre era en el patio o en lugares apartados de mi casa, pero esa ves fue de lo mas rico, esmas ahorita no hay nadie en mi casa voy a ir a ver a mi macho para que me meta la verga y ese relato se los contare mas adelante….

Marlon

que tal soy de mexico d.f y tengo 19 mi historia empieza cuando mi padrino se va de viaje y me deja su casa encargada y a su perro llamado marlon un perro labrador, yo hice caso a lo que dijo mi padrino y estube verificando si todo estaba bien, cuado de repente sale su perro y empieza a brincar y yo le decia: ya marlon estate empaz, cuando veo su patio todo el tiradero que hiso el marlon, yo empeze a levantar todo su desmadre que habia hecho, en un momento el se puso algo cariñoso y lo notaba algo raro, en una de esas empeze lebanto su balon todo ponchado, cuando de repente me caigo y se hacerca marlon y se me monto, yo le dije: que te pasa estas loco o que, en ese momento marlon me gruño y trataba yo de pararme y no me dejaba, cuando vi su vergas afuera de su funda, intente una vez mas tratarme de parar y me ladro, yo dije: bueno ya estaste empaz marlon, y empese a pensar que se sentiria ser cogido por un perro, en ese momento me puse en cuatro patas y me baje el pantalon, el se me monto y yo le agarre su verga para que me la metiera toda en mi culo, cuando senti su puntita y le dije: hay cerca biene biene, y en se momento la metio toda, yo nadamas me quede tranquilo y copere con lo que quieria marlon, yo nadamas sentia su verga dentro de mi culo, y me gusto, yo soy una persona cachonda y me gusta el sexo, pero bueno sigo, marlon me sujeto y no me dejo ir, mientrar intentaba escapar el me sujetaba mas y mas y eso me empezo a gustar, ya el pobre de marlon estaba cansado, y yo me lebante y me puse a terminar de limpiar la casa de mi tia, en eso marlon no me dejaba me seguia a donde fuera, y yo dije bueno una vez mas, me puse en cuatro patas y el se me monto y me volvio a cojer y cada vez me gustaba mas, aunque esta vez marlon no aguanto mucho, y se empezo a lamber la verga, me le quede mirando cunado me le hacesco y le hagarro la verga y le hice una chaqueta el se quedo quieto y yo se la jalaba, al el le gustaba, yo ya estaba algo cansado, y en ese momento marlon aun queria mas, pero ya no podia, ya con el pantalon abajo dije la tercera es la vencida, y volvi a hacer lo mismo aunque yo gemia esta ves: ¡ si marlon, yo se que tu puedes haaaaaaaaa si eso es! y solo duro 5 minutos y el se bajo y se fue a dormir,yo fui al baño a quitarme el semen de marlon,y cadabes que me ve marlon se me pone cariñoso conmigo y yo le dijo alrato, bueno eso es todo si les gusto escriban a neo183@msn.com, soy caliente y me gusta la zoofilia y el sexo con mujeres, me gustaria ver la zoofilia en vivo si alguna mujer esta dispuesta a dejarme ver la zoofilia en vivo escribame, si algien sabe donde puedo descargar videos de zoofilia gratis diganme porfa.

La Diana

Yo tendría unos 13 años, edad en que todo niño comienza a dejar de serlo, con algunos amigos ya realizábamos algunas “Pajas” en conjunto, o sea, nos juntábamos y nos hacíamos la paja, además, las fantasías alocadas que pasaban por mi cabeza, hacían que mas de una vez en la noche me despertaba al palo y terminaba bajando la temperatura masturbándome.

En la casa había una perra Doverman, de buen tamaño, y bastante mansa que era mi acompañante a cada aventura alocada de correr por el fondo, esconderme en medio de los bananales, etc; hasta que un día como todo fin de semana que me tocaba bañar a Diana, note que su vulva se encontraba hinchada, despacio y mientras la enjabonaba, comencé a tocar con la punta de mis dedos su raja, notando que la perra se acomodaba hacia atrás como buscando que la penetren. No me hice rogar mucho y perdí uno de mis dedos en su concha, notando que se ajustaba, pero que la perra comenzaba con impulsos como tratando de que la penetrase aun mas, termine de bañarla muy al palo y deje la cosa para mas tarde.

Por la siesta me dirigí al bananal, con Diana a mi lado, allí me coloque detrás de ella y previo ensalivar mi dedo la comencé a pajear, me di cuenta que le gustaba, a su vez saque mi pija y comencé a masturbarme, estaba en eso cuando la perra ladeándose comenzó a lamerme la pija, eso me produjo una serie de sensaciones unicas y casi en el momento me corrí.

Deje pasar el día y nuevamente a la otra siesta volví al bananal, ya al ir para allí con Diana me encontraba al palo, comenzamos con lo mismo yo la pajeaba y ella me lamía la pija, estábamos en eso cuando se me ocurrió probar de colocarle la pija en su concha, recordé que esa perra nunca había salido de la casa, o sea nunca fue penetrada, me coloque detrás, al ser una perra grande, mi pija quedaba casi a la altura de su concha, coloque la puna pero se escapaba hacia arriba por la forma que la perra pujaba hacia atrás, con bastante trabajo la sujete, ensalive bien mi pija y comencé a empujar, creo que entro la cabeza y sentía como se abría, a su vez su concha se ajustaba a mi pija, empecé a empujar ya que se había quedado quieta, sentía que había algo que hacia tope y no dejaba que la penetre totalmente, me ponía loco y empecé a empujar sujetándola cada vez mas violentamente, de pronto sentí que cedía y mi pija de desparramo dentro de ella, que lanzo una serie de aullidos me parecían de dolor, de allá en mas comencé a bombear y veía como mi pija se perdía completa en su concha, me quede quieto para no correrme, y entonces note algo que ninguna mujer me hizo sentir, toda su concha palpitaba como ordeñando a mí pija, era una sensación increíble, que lamentablemente nuestras mujeres no pueden reproducir, en eso las perras son únicas, pero volviendo al tema, no pude contenerme y le inunde la concha de leche, Diana solo se dio vuelta, se lamió, me lamió la pija y muy contenta se hecho a mis pies. Los dos acabábamos de dejar de ser vírgenes.

Por muchos años, ya cogiendo con mujeres, una ves a la semana, Diana seguía siendo mi perra, la penetraba, y también aprendí que en esos casos la vulva de la perra se mantiene elástica permitiendo la penetración aunque no se encuentre alzada.

Corcho

Hola a todos aqui de nuevo yo, Lorena, les mando un relato. Espero les guste y ya saben chicas pueden agregarme a su msn mi direccion es lorena_lorena91@hotmail.com. CHICOS ABSTENERSE PORQUE SERAN IGNORADOS!

Todo comenzó en el verano de 1999, tenía 20 años de edad y trabajaba con mi hermana en la panadería que pusimos a medias.

Para esa fecha mis padres ya tenían decidido pasar 15 días de vacaciones en la costa de Mar del Plata, eso significaba que quedaría al cuidado de la casa. Para no quedarme sola le pedí a mi mejor amiga Carla, que se quedara conmigo, no tuvo ningún problema.

Acompañe a Carla hasta su casa para recoger ropa, y luego volvimos a la mía. Contentas las dos porque pasaríamos estos 15 días tomando sol y metiéndonos a la pileta sin que nadie nos controle.

Luego que mis padres se fueron, planeamos todo con lujo y detalles. Primero un chapuzón en la pileta y después de una ducha, nos dirigimos al vídeo club, y alquilamos un par de películas pornográficas, ahora nadie nos molestaría y podríamos verlas tranquilamente.

Esa noche nos hartamos de ver sexo, al comienzo es excitante pero después de un rato todo parece monótono. Si tan solo pudiera tener a mi novio cerca de mí.

Mientras trataba de dormir me puse a pensar en mi amigo Gustavo, él tiene videos de todo tipo, al otro día lo llame por teléfono y le pedí que me prestara algunos de ellos, pero que sean fuera de lo común. Él me dijo que tenía unos videos que me dejarían con la boca abierta, y me los mandó.

Esa misma noche cenamos y ansiosa por ver qué se trataba nos metimos en la cama para verlo. Mi dormitorio no tiene las dos camas paralelas sino que están enfrentadas pies con pies, por lo tanto sólo se podía ver la televisión desde una sola cama. Nos acostamos en la mía y comenzamos a reproducir el vídeo, no podía creer lo que estaba viendo, era un vídeo de zoofilia, mujeres teniendo sexo con todo tipo de animales. Esas imágenes me empezaron a excitar de tal punto que mis pezones se inflamaron dé tal manera que las puntas se notaban claramente debajo de mí top de algodón blanco, no podía sacar mi vista de esas imágenes.

Carla se dio cuenta de mi excitación, reconozco que ella tiene más experiencia que yo en sexo, probó todo con dos hombres, doble penetración, con mujeres etc.

Con la punta de sus dedos tomó la punta de mis pezones y los frotó muy suavemente, mi excitación aumentaba con cada caricia y las imágenes de la tv me tenían hipnotizada. Muy despacio y sin darme yo cuenta levanta mi top dejando mis pechos desnudos, mis pechos son chicos como de una adolescente es más todo mi cuerpo es de una adolescente, como una Lolita.

Carla arrima su boca y empezó a chuparme los pechos como un bebé a los de su madre, lentamente deslizó su mano por mi vientre y ágilmente introdujo sus dedos por debajo de mi pantalón pijama de seda frotándome delicadamente toda mi vagina, un temblor recorrió mi cuerpo, entre mi amiga y el vídeo lograron que llegara al clímax total. En ese momento Carla metió uno de sus dedos dentro de mí y reaccionando le saqué la mano y me paré al lado de la cama. No puede ser le dije, eres mi amiga de toda la vida y no está bien, apagué la tv y dije, será mejor dormir, mi amiga sin hacer ningún gesto se marchó a su cama. Esa noche no pude dormir pensando en lo que pasó, ¿sería que yo era lesbiana y ahora salía dentro de mí?, Pero no, los hombres me seguían gustando.

Pasaron dos días y todo se olvidó, por la noche nos acostamos en mi cama para mirar tv, emitían por un canal de cable una película de terror, asustadas por el film empezamos a sentir toda clase de ruidos fuera de mi casa. Sin pensarlo le abrí la puerta a mi perro llamado Corcho y lo dejé entrar, por lo menos si alguien quería entrar él nos defendería.

Corcho es un perro mestizo, su madre era mastín y su padre un perro de la calle, él es un can enorme parado en sus dos patas es más alto que yo, y mi estatura es de 1,70 m.

Luego de la película pusimos el vídeo de zoofilia otra vez, al rato las dos estabamos completamente excitadas. Carla mirando a mi perro dijo, tengo tanta calentura que cogería con Corcho, yo sin dejar pasar la oportunidad le dije que no se animaría sabiendo que a mi amiga no le gusta quedar como cobarde cuando de sexo se trata. Ella exclama ¡AH NO! Y de un salto salió de la cama y fue al lado de mi perro echado a lo largo, de rodillas le tomó su miembro con una mano mientras con la otra le tocaba la cabeza.

Frotó y frotó su miembro y de pronto empezó a salir una punta roja, larga y gruesa, Corcho de un brinco se paró y actuaba un poco inquieto, parándose en dos patas sobre los hombros de Carla, como queriondola montar, mi amiga giró en cuatro patas dándole su cola y él de un salto la trepó y con sus patas delanteras la tenía tomada de su cintura.

El pene enorme de mi perro pegaba fuertemente sobre la cola de Carla, pero noté que debajo de su remera larga tenía puesto un short, y le dije que así no valía. Ella me pidió que sacara a Corcho y así lo hice, mientras ella se desnudaba completamente. Se arrodilló delante de la cama y apoyó sus brazos y su cabeza en la misma, y me dijo SOLTALO, el perro de un salto la tenía otra vez a su merced. Los movimientos de Corcho hacían que su pene pegara en toda la cola de Carla, la punta de ese enorme palo logró entrar un poco en su vagina y de un golpe la metió completamente, mi amiga largó un gemido de placer.

Luego de 15 minutos sus movimientos mermaron y pude ver cómo lentamente metía dentro de Carla una gran bola casi del tamaño de una pelota de tenis. Carla se quejó con un gesto de dolor y placer.

Al entrar completamente ese nudo Corcho comenzó otra vez con sus movimientos, de repente paró completamente y quedando por un tiempo sobre mi amiga, giró hacia un costado y sacó su tremendo falo, de la vagina de Carla empezó a salir un interminable liquido que corría por sus piernas. Se quedó recuperando el aliento y luego se duchó.

Al preguntarle qué sintió la muy pícara me contestó SI QUERES SABER QUÉ SE SIENTE HACELO.

Desde esa noche mi amiga lo hacía todos los días con mi perro, y verlos gozar me traje la inquietud de por qué yo no.

Pasaron los días y mis padres regresaron de sus vacaciones y junto a ellos la normalidad. Un mes más tarde por la mañana mi madre me despierta para decirme que saldría y que regresaría al medio día, cuando se fue me quedé haciendo pereza en la cama, de repente entra mi perro al dormitorio, me lamió la cara, recorrió mi cuarto y se fue hacia otra sala, por miedo a que rompiera algo me dispongo a salir de mi cama, noto que me faltaba una pantufla. Seguramente mi madre sin querer, de un puntapié la arroja debajo de la cama, me arrodillé y en cuatro patas me dispuse a mirar, no pude hacerlo porque sentí un gran peso en mi espalda, era Corcho trepado en mí aferrándome fuertemente de mi cintura, intenté salir pero era muy pesado y no pude.

Empecé a sentir cómo golpeaba mi cola con su enorme pene, no pude dejar de excitarme, por placer y curiosidad le dejé que actuara. Su punta pegaba en mí con más fuerza y recordé que tenía mi pantalón pijama de seda que me costó carísimo, para que no me lo rompiera, como pude me los bajé, quedé solamente con mi bombacha. Ahora podía sentir su enorme pene con más claridad pegar en mis nalgas buscando un lugar donde meterlo, y lo encontró, mi bombacha no fue obstáculo para eso.

Introdujo su miembro en mi vagina empujando mi ropa interior dentro de mí, pero eso fue un tope para que no lo metiera más.

Empezó a meter y sacar esos 10 cm que logró introducirme, hasta eyacular dentro de mí, luego de un rato sobre mi espalda, se bajó y se fue. Mi bombacha toda mojada queda dentro de mí, eso me produjo una excitación extra y terminé masturbándome.

Empece a leer sobre el tema, quería sacarme todas las dudas, (podría quedar una mujer embarazada de un perro, me agarraría una infección.).

Por mi cabeza pasaba la idea de hacerlo pero tenía esas dudas. Un día me decidí y empecé a planear todo, en dos semanas mis padres pasarían el fin de semana en la casa de mi hermana, era en ese momento o nunca. Saqué turno para mi ginecólogo, y le pedí que me recetara un anticonceptivo, tomando las píldoras por lo menos una de mis dudas la eliminaría.

Y llego el día, mis padres se fueron temprano y quedé completamente sola. Sentía una excitación tremenda y una inquietud comparada con mi primera vez en el sexo. Esperé un tiempo prudencial por si mis padres regresaban por algún olvido, y luego dejé entrar a Corcho, cerré puertas y ventanas, no quería que nadie molestara.

Me traje un gran espejo del cuarto de mi madre y lo puse en el suelo recostado en la pared, se podía ver todo desde allí.

Era el momento de la verdad, me desnudé completamente y arrodillada junto a mi perro que estaba parado, tomé su miembro con las dos manos y empecé a masturbarlo, no tardó en aparecer esa gran punta colorada, lo toqué hasta sentir que se puso inquieto queriéndome montar.

Giré mi cuerpo ofreciéndole mi sexo mojado y ardiente, inmediatamente saltó sobre mí aferrando mi cintura, su enorme pene castigaba mis nalgas como látigo. Cada vez sentía que el palo se le ponía más y más duro, y su punta pugnaba por entrar. En un momento alcanzó a meterla un poco en mi ano, al sentir el dolor le grité ¡NO! Y tiré hacia delante para sacármela y lo logré, luego de un rato otra vez pero más profundo, hice el mismo movimiento y logré sacarlo. Ese dolor mezclado con placer, ese dolor agridulce, terminó por excitarme completamente, es más rogaba que penetrara mi culo por tercera vez. Pero tuve miedo que me lastimara.

Al mirar por el espejo noto que él quedaba más alto que yo por eso su pene entraba en mi ano, arqueé mi espalda y levanté mi cola y justo en ese momento en la medida justa introdujo la punta en mi vagina y de golpe me penetró totalmente con ese largo y grueso palo. Sentí un sacudón dentro de mí nunca nadie me metió semejante cosa. Él se movía para adelante y para atrás con un ritmo infernal, logré tener dos orgasmos, mi placer era total.

Después de 20 minutos de una continua sacudida mermó su movimiento, eso significaba sólo una cosa, intentaría meter ese gran nudo rojo y mojado. Empezó a empujar suave pero firmemente su miembro más profundo en mi interior, pero como yo soy un poco estrecha, no podía. Decidí ayudarlo un poco, apoyando mi busto sobre la cama, estiré mis manos por los costados de mi cuerpo y separé un poco más mis piernas me tomé de mis glúteos y los abrí lo que más pude, y despacio fue entrando en su totalidad.

La excitación, el placer que yo tenía superaba todo lo imaginado. Luego de un breve movimiento se detuvo y sentí cómo llenaba mi interior con un interminable chorro de semen caliente, por un momento creí que no terminaría nunca. Luego giró y pasó unas de sus patas traseras sobre mi cola para salir, pero yo no permitiría que sacara su gran pija de mí, entonces cerré mis piernas y apreté los glúteos para no permitir que la sacara.

Lo mantuve pegado a mí un buen rato, ahora la que se movía era yo buscando tener un nuevo orgasmo, tuve dos por falta de uno, y no sólo eso logré que él eyaculara nuevamente dentro de mí, chorros de semen. Ya satisfecha abrí mis piernas y aflojé mi cola dejándolo salir, giré mi trasero hacia el espejo y observé mi vagina totalmente dilatada y colorada, abierta totalmente, del interior empezó a escurrir un río de liquido seminal que corría por mis piernas hasta el piso.

Corcho, parado a mi lado empezó a lamer mi vagina limpiándola totalmente, mientras él hacía eso yo tenía otro orgasmo. Al mirar a mi perro vi su pija enorme que le tocaba la punta en el suelo, y me pregunté cómo una cosa tan grande entró en mí, pero así fue.

Desde ese día, cuando podemos, y mis padres nos dejan solos, tengo buen sexo con mi perro Corcho.

Carola y los ponys

Hola, me llamo Carola y este es mi relato, esto paso hace ya como 5 años, yo vivo con mis padres y hermanos en san cristobal ecatepec, en un pequeño rancho, al lado pasa la autopista mexico pachuca, por esos dias a mi padre se le ocurrio que podia hacer negocio comprando y vendiendo caballitos enanos y ponys, y pues se gasto algo de dinero en la compra de tres de estos animalitos, adaptamos un cobertizo a manera de caballeriza, yo por mi parte estaba en segundo de prepa, mi caracteristica fisica es que soy chaparrita y nalgoncita, la verdad tengo un buen trasero, me encanta mostrarlo con faldas cortas o jeans apretados.

Uno de esos caballitos era uno pequeñito al que le puse pintito, me recordo a los caballos que montaban los indios en las peliculas americanas, estaba precioso cuando lo trajo mi papa, no pasaba del metro 20 de tamaño, parecia como de jugete, de inmediato me prende de el, los primeros dias el caballito estaba algo inquieto, a lo mejor por el cambio de casa, pero como a los 2 meses ya se habia acostumbrado.

Somos gente sencilla , de campo, asi que pues nosotras sabemos cosas de sexo de animales a nuestra corta edad, era normal hasta cierto punto , ver a un caballito o a un burrito cuando los cruzaban para tener crias para luego venderlas, era normal para mi ver como el pene de los caballitos se les salia a veces y los animalitos relinchaban y se exitaban, a pintito le pasaba lo mismo, la primera vez que le paso estaba yo sola con el, se inquieto y en un par de minutos tenia de fuera como 15 cmts de su pene, y a mi la verdad me gustaba cada vez mas la idea de verlo asi, exitado, me gustaba su pene.

Asi poco a poco me fui acercando a el, a acariciarlo y de ahi pase a su pene me encanto tenerlo en las manos, tenemos un “vaciador” esto es un aparatito en el cual subimos a los caballitos , tiene un orificio y ahi mete el caballito su organo y lo frota, del otro lado hay un recipiente donde cae el semen, que es muy preciado para la cruza y mejora de los animalitos, recuerden son caballitos enanos. y si que valen por aca en mexico.

Ese dia era viernes en la tarde, y estaba sola, me toco ir a darle de comer a pintito su dieta especial, cuando llegue el ya estaba con medio pene de fuera y bien exitado, el caminaba de un lado a otro de su potrillera, yo al verlo me fui exitando, entre y trate de calmarlo, pero no dio resultado, seguia igual y yo cada vez mas caliente, la verdad me cosquilleaba la vagina de tenerlo cerca de mi, asi que em dije, hay que aprovechar el momento, me levante la falda y me quite las pantaletas , me dije, hoy yo sere su recipiente, quiero ver que se siente hacerlo con un caballito, yo ya estaba bien mojada, asi que ajuste el vaciador para que yo arriba quedara al alcance del caballito, le abri la puerta y fui corriendo a ponerme arriba del vaciador, levante mi falda y abri las piernas dejando expuesta mi anhelante vagina, el caballito entro y de inmediato fua hacia mi, se me subio y empezo a acomodarse, yo lo sentia arriba de mi, trataba de metermela y despues de unos intentos me atino, senti como me metio media tranca , ya dentro de mi me daba unas buenas arremetidas metiendo cada vez mas su pene, hasta que me lo metio todo yo creo que me cupo como 25 cmts, asi me dio como por 3 minutos, yo senti luego como se venia dentro, y luego se me bajo y ya se tranquilizo, a mi me encanto y sobra decirles que lo hice muchas veces mas de 10 hasta que lo vendieron, pero trajeron otros y yo fui para muchos su yegua. si alguien me quiere escribir lo puede hacer a carola_2020@hotmail.com.

Un deseo recurrente

Sin ser asidua a las páginas de contenido erótico, recientemente me he dejado seducir por la sección de relatos de esta web, particularmente el apartado de zoofilia me ha impulsado a escribir esta historia y es que es oportuno mencionar que soy una mujer casi entrando a los treinta la cual descubrió el placer animal ya en la madurez, por persuasión de mi entonces compañera sexual, es justo decir entonces que para mi la zoofilia es una pasión que si bien no ejerzo regularmente y de la que en ninguna forma dependo o soy adicta, si es una expresión recurrente de mi sexualidad apenas un par de veces al mes, a veces ni siquiera eso y casi siempre con perros, aunque a decir verdad son los caballos mi juguete sexual favorito y con los que he podido experimentar en contadas ocasiones pero siempre con magníficos resultados. Como mencioné al principio, mi iniciación fue instigada por una dulce mujer con la que mantenía relaciones sexuales y de la que siempre me sorprendió, tuviera una verdadera jauría de canes en su hogar. La única explicación que me otorgaba era que si bien mantener a 12 perros le costaba una verdadera fortuna al mes, amaba tanto a los animales que no podía mas que estar atada a ellos, al principio no tenía idea de que tanto implicaba eso de “estar atada” pero todo se aclaró cuando una tarde en la que supuestamente no nos veríamos, llegué a su casa de improviso y la encontré abotonada a uno de los tantos perros que le servían como sementales. Como era lógico de suponer, aquella visión fue tan sexualmente estimulante como desagradable, por un lado me daba asco las tantas veces en que había sumergido mi lengua en su coño sin saber si momentos antes había estado en contacto con la verga de un perro, no tenía idea si podía estar infectada por alguna enfermedad canina y aunque estuve fuertemente tentada a entrarle a golpes para desfogar mi miedo y coraje, la estampa que me ofrecía ella ahí en cuatro, con el perro subido a su espalda, ambos jadeando y dando la apariencia de tener la mejor jodienda de todo el mundo fue mas que suficiente para despertar mi infinita morbosidad, tan es así que me contuve de cualquier tipo de agresión y totalmente empapada empecé a cuestionarla sobre lo que se sentía ser cogida por un perro, por un animal … fue entonces que aún en cuatro con la verga del perro taponando su vagina (como comprobé al acercarme) me relató totalmente excitada las ventajas de tener a un can en la lista de amantes, sobre los cuidados que tenía y la higiene que había que guardar, sobre la penetración y el placer oral. Su dominio del tema era tan vasto y persuasivo que como supondrán, la siguiente en quedar abotonada fui yo.

En efecto, emocionada tanto o mas que yo me ofreció la experiencia y luego de pensarlo por un momento acepté. Desde luego me dirigió durante todo el proceso y como sus animalitos estaban perfectamente entrenados en el arte de satisfacer a hembras humanas no hubo ningún problema. Mientras el labrador dorado al que llamaba James me lamía la entrepierna, haciéndome ver estrellas y otorgándome un sin fin de sensaciones placenteras que nunca esperé una lengua tan áspera fuese capaz de prodigar, me confesó que mantenía a sus compañeros en un muy estricto control y que solo les permitía copular una vez en su vida con una perra, por supuesto elegida por ella para tal fin y que luego de su “desfloración” con una de su especie, no permitía mas que encuentros con mujeres, lo cual me indicó que no era yo la primera y seguramente tampoco la última en ser iniciada en tales artes.

Así, en un par de semanas supe todo lo que había que saber y experimenté todo lo que nuestras diferentes anatomías nos permitían experimentar. Al final, con mucha aflicción pero segura que sabría hacer buen uso de él y que lo cuidaría como a un tesoro, me obsequió uno de sus sementales, el cual vive conmigo y con el que mantengo eventuales encuentros sexuales.

Pero la historia que pretendo relatar en justamente la primera vez en que tuve la genial oportunidad de disfrutar de la compañía de un delicioso caballo.

Cuando adquirí la confianza y destreza suficiente como para montármelo yo sola con mi amante canino, me surgió la inquietud de probar con otra especie, no es que el animalito me hubiese cansado era solo que en la cúspide del placer bestial, a una le empiezan a surgir las ideas. Así, consulté con mi experta instructora y aunque lo hablamos por mucho tiempo nunca se presentó la oportunidad de ser iniciada con un caballo, a veces el trabajo, en otras conflictos personales, en fin una y mil cosas. Afortunadamente, no pasó mucho tiempo antes de que pudiera ver mi sueño hecho realidad.

Mentiría al decir que aunque excitada hasta el grado de querer arrancarme la ropa tan pronto como llegamos al establo, propiedad de un amigo suyo y con el que se había arreglado para cuidar del lugar un par de días, también estaba aterrada y expectante. Para ese entonces ya había probado una buena cantidad de vergas perrunas en todos los orificios de mi cuerpo pero siempre habían sido cuando mucho, un par de centímetros mas grandes que las que hubiese podido probar con hombres, había sido en efecto abotonada tanto vaginal como analmente en varias ocasiones pero un caballo era por supuesto palabras mayores. Mi expectación así como mi deseo se fue hasta las nubes cuando, justo antes de cruzar el umbral del establo, mi compañera me hizo partícipe que ya en anterioridad había probado a nuestro amigo y podía certificar que estaba dotado con una polla tan larga y gruesa como mi brazo, me cuestionó entonces si estaba segura de querer seguir, advirtiéndome que aún estaba a tiempo de retractarme y que ella lo entendería. Como toda respuesta le ayude a atrancar la puerta para así estar seguras de no ser molestadas en lo absoluto.

Ya me había advertido que si el animalito no se encontraba de humor, sería necesario implementar una buena labor de convencimiento que no siempre fructificaba, en este sentido me explicó que por la naturaleza y docilidad de un can, es mucho mas fácil excitarlo e incitarlo a hacer lo que una desea que un caballo pero que valía la pena todo el esfuerzo. Pronto me sentí de lo mas frustrada ya que el pobre caballo no acababa de acostumbrarse al par de locas que pretendían divertirse a sus costillas. Tan es así que luego de un par de horas en que todos nuestros esfuerzos fueron en vano y apenas se dejaba tocar abandonamos el proyecto, dedicándonos a retozar eróticamente frente a la vista de nuestro irritado amigo. Desconozco si fue el aroma a mujer excitada con el que perfumamos el ambiente o si la visión de nuestros cuerpos desnudos retorcidos uno contra el otro fueron capaces de excitarlo pero lo cierto es que, pronto nuestro amigo equino empezó a relinchar y a mostrar que el incitante “brazo” que le había crecido espontáneamente entre los cuartos traseros, pronto exigiría la atención de una hembra y por supuesto, las dos que se encontraban ahí no iban a desperdiciar la oportunidad de satisfacerse con él.

Nuestra ansia por finalmente tener entre manos lo que tanto habíamos deseado, nos hizo desbordarnos sobre la polla del caballo de tal suerte que hubiese sido imposible saber quien era “la alumna” y quien “la experta” en esos menesteres. Nuestras ansiosas manos pronto se asieron al mástil, masturbándolo de mil formas distintas y a las manos pronto le siguieron las bocas.

El tacto de aquel miembro en principio flácido pero con nuestra ayuda cada vez mas rígido y palpitante era muy distinto a lo que hasta entonces había experimentado, tanto con hombres como por perros, el gusto era definitivamente muy fuerte pero aquellas mujeres que han tenido la experiencia de mamarle el miembro a un caballo no me dejaran mentir y concordarán conmigo cuando digo que el gusto poco importa cuando se tiene la satisfacción de chupar y lamer una verga de tales dimensiones.

Está de mas decir que, si con los canes había experimentado un placer descontrolado, el caballo superó todas mis expectativas. Después de este encuentro, forzamos un par mas de visitas e incluso por mi cuenta, me las arreglé para hacerme de un caballo en una ocasión. Así y una vez satisfecha mi natural curiosidad, mi apetito bestial fue estabilizándose poco a poco tan es así que ahora, sigo manteniendo relaciones sexuales con mi compañero canino y nunca desdeño la oportunidad de un encuentro equino sin embargo, la zoofilia es para mi solo un deseo que viene y se va, otorgándome de cuando en cuando grandes placeres y experiencias.
Un beso.

La cuadra de tala

Desde siempre tuve una irremediable atracción por los caballos, desde luego que no en el plano sexual, sin embargo era evidente que me gustaban mientras que yo parecía gustarles a ellos, así que prácticamente obligué a mis padres a pagarme clases de equitación. Aunque al principio se mostraban renuentes y de hecho lo consideraban como un capricho absurdo de mi parte que olvidaría una vez satisfecho, con el paso del tiempo demostré una dedicación y amor incondicional a la carrera ecuestre con lo que aceptaron sin mas que la caballería era lo mío. Tanto que adaptaron una pequeña propiedad en las afueras de la ciudad para albergar a una pequeña cuadra, misma que pasó a ser de mi propiedad al cumplir la mayoría de edad. Desde luego cuando una se convierte en toda una mujer, descubre que los caballos además de ser preciosos animales sorprendentemente inteligentes y nobles, tienen otros atributos que los hacen prácticamente irresistibles. Durante mis años en el instituto ecuestre, había tenido oportunidad de escuchar las conversaciones secretas de las alumnas mas avanzadas sobre “dejarse montar”, “tirarle una paja” y otras cosas que por aquella época no tenían ningún sentido para mi, ahora todo era distinto y llevaba un tiempo maquinando lo que sería montárselo con un caballo, literalmente hablando por supuesto. Finalmente arreglé todo para un fin de semana, di un par de días libres a los empleados y así, me quedé por completo sola en la propiedad, no estaba segura de hasta donde llegaría pero si que después de ese fin de semana no sería la misma.

La ansiedad me consumía por completo, deseaba que la noche terminara y apenas pude conciliar el sueño con todas las ideas en mi cabeza revoloteando. A primera hora me di un baño y así, desnuda y libre salí de mi habitación rumbo al establo, nunca hubiese imaginado escenario tan perfecto, cielo azul, nubes aborregadamente blancas, apenas una brisa suave y reconfortante. Todos mis preciosos animales ya estaban despiertos y luego de considerarlo por unos minutos decidí empezar con Terio, un alazán magnífico con el que había ganado una importante competencia el año pasado, nunca le había agradecido todo su desempeño así que era justo que fuera el primero.Lo lleve fuera del establo y por primera vez en la vida lo monte a pelo, el primer contacto de su sedosa piel contra mis labios vaginales me produjo fuertes descargas eléctricas. Me moje por completo tan pronto sujete las riendas en la primera vuelta. No tenía idea si a el le producía efecto alguno sentir la humedad de mi sexo pero a mi, me tenía con los ojos en blanco y mas de una vez tuve que confiar en su apego para continuar. La sensación era exquisita, sentía mi vulva vibrar de mil formas diferentes, en un momento dado no pude mas y estalle en un multiorgasmo que me dejó viendo estrellas por un par de segundos.

Aún jadeante y con la compostura deshecha, noté que le había bañado su lomo de flujo y éste, mas bien su aroma parecía inquietarle pues aspiraba fuertemente, abría descomunalmente sus fosas nasales y se mostraba atento a los movimientos de mis caderas. Estaba decidida a seguir con el juego y lo llevé de regreso al establo pero antes de entrar, resolví atarlo afuera pues día tan magnífico no podía desaprovecharlo. Frente a él me abrí un poco de piernas y le di a oler, desafortunadamente no prestó toda la atención que yo hubiese querido por lo que resuelta fui hasta sus cuartos traseros, recuperé algo de flujo de entre mis piernas a manera de lubricante natural y empecé a masajearle la tranca aún oculta dentro de su bolsa. Bastaron unos minutos para que le saliera un trozo considerable, no sabía si llevármelo a la boca o seguir acariciándolo con la mano porque aun cuando la tentación era mucha, un pene equino en las manos es una sensación muy agradable y distinta a la que se percibe con el pene del hombre y que vale la pena disfrutar ampliamente. Mientras que yo me encontraba extasiada ordeñando el instrumento de Terio, éste se notaba cada vez mas inquieto, dando pasitos atrás y adelante haciendo que su pene se bamboleara de un lado a otro, era muy gracioso y al mismo tiempo excitante, tanto que sin dejar de pajearlo le probé la punta con la lengua. El sabor era muy fuerte nada que pudiera definir en esos momentos. Ya resuelta como estaba, me lo metí de una buena vez y tanto como mi garganta me lo permitía. Creo que ha sido de las pocas veces en que he tenido un orgasmo con apenas tocarme, pues aún dándole brillo con una mano con la otra me acariciaba el clítoris, terminando en un orgasmo sencillo y no tan avasallador como el que experimenté montada minutos antes. A pesar de que todo iba perfecto, me decepcionaba que su miembro no alcanzaba toda la dureza de que la que sabía era potencialmente capaz de dar un caballo. Todos mis esfuerzos no fueron suficientes para hacerlo venir: mamarlo a todo lo largo, pajearlo con las dos manos, suave o con frenesí despiadado, chuparle la punta o lamerle esa carne rosa brillante que me volvía loca. Al final solo conseguí irritarlo y frustrarme por lo que lo conduje al interior del establo.De cualquier manera y como ni todos los orgasmos que hasta el momento había conseguido, parecían extinguir esa ansia en mi interior por probar a toda la cuadra entera, me dirigí a mi siguiente elegido: un azabache y que pese a su majestuoso poderío apenas montaba. Sin mayor preámbulo le di a oler mi sexo que para ese entonces seguía rezumando flujos. Sorprendentemente mi olor parecía agradarle mucho mas que a Terio, tanto que me dió un par de lengüetadas que casi me tiran de la fuerza. Tras un par de minutos de olisquear entre mis piernas, le asomó espontáneamente una tranca, delgadita pero muy larga y esta vez dura como una piedra, la cúspide de todos mis deseos.

Rápidamente me fui en su búsqueda y me di a la tarea de drenarlo, quería verlo correrse de cerca y de una buena vez, sentir su esperma desbordarse de mis manos, salpicando mi cara, mojando mis labios con su blanquecina viscosidad, quizás probarlo… no lo sabía de momento. El azabache relinchaba, todo él era una sinfonía de alocadas quejas que a mi se me antojaban de satisfacción, mi mente volaba tanto o quizás mas rápido que mis manos al pajearlo. De pronto noté que el resto de mis animales relinchaban también, sin duda excitados por el espectáculo, iba a ser un estupendo sin de semana. Mis divagaciones y expectativas fueron sorprendidas por un chorro de esperma, podía sentir vivamente como el fluido caliente, corría a todo lo largo del miembro para salir disparado al suelo con una fuerza impresionante. No pude contener un grito de satisfacción en las ultimas corridas, cuando un flujo filante escurría del miembro rápidamente flácido y colgante. Lo probé con la boca y desistí inmediatamente, el sabor era demasiado fuerte para mi gusto, sin embargo su venida había sido tan fantástica que me olvidé inmediatamente de ello, prácticamente hipnotizada por el charco de esperma en el suelo. Con los brazos molidos de tanto pajear pero con las ganas al tope, di un vistazo al resto de la cuadra, otros dos de mis caballos estaban dispuestos a ser complacidos y no tenía ninguna intención de dejarlos empalmados. Literalmente pegué un brinco al box de Leeloo y este me sorprendió haciéndome una ronda como a la que se le monta a las yeguas en celo. Eso me causó mucha risa pues la idea era por demás persuasiva pero no suponía como iba a ser capaz de montarme un caballo, de todos los contingentes su peso era el mayo problema y ni pensar en tener un accidente, ahí, sola por completo en la propiedad no podía arriesgarme a ese nivel. Como a mis anteriores amantes, le hice una paja de antología sin embargo, eso no parecía satisfacerle gran cosa, en todo momento se mostraba inquieto y muy insistente en la monta. Rápidamente pensé en una solución, descabellada pero que tenía posibilidades de éxito. En un box contiguo apile unas cuantas pacas, las suficientes para darle un punto de apoyo para sus patas delanteras. Al terminar, el cuadro parecía una escalera con un hueco en medio, no sabía si iba a servir de algo o si encontraría una forma para lograr la penetración pero caliente como estaba, era todo lo que se me ocurría y además iba a poner todo mi empeño en que resultara.

Saqué a Leeloo y lo llevé hasta la “cama”, colocándome con las piernas separadas, flexionando mi cuerpo descansando el abdomen sobre las pacas de manera que tuviera a su disposición mi trasero. Desde siempre había reconocido la inteligencia de estos animales, pero en definitiva, su instinto natural sobrepasaba cualquier cosa pues de inmediato trato de montarme. Se alzó sobre sus patas traseras, cayendo pesadamente sobre las pacas a mis costados y por un momento quise desistir de la monta al sentir un par de estocadas fortísimas sobre mis muslos que me dijeron lo fuerte con que iba a embestirme de hacer diana. Apenas busqué un punto de apoyo para salir debajo de las pacas cuando prácticamente me alzó en vilo, había acertado quedando empalada con un trozo enorme de miembro en mi vagina.

El dolor era insoportable, estaba segura que me había desgarrado y a cada bombeo era peor. Me sentía como una mariposa clavada por un alfiler, a merced de las arremetidas de Leeloo. El maldito caballo no dejaba de follarme a pesar de mis gritos y cada vez embestía mas fuerte, mis lagrimas corrían como un río por mis mejillas. Era un completo desastre. Apenas habían pasado unos segundos desde la penetración pero para mi, eran como horas de interminable angustia. De pronto, tuve que pegar un grito, aún mas lastimero que los anteriores pues se estaba corriendo en mi interior, podía sentir su corrida caliente fluyendo en mi y sus relinchidos de triunfo en mi cabeza, era una cacofonía tan espantosa que apenas terminó de vaciarse y se desmontó, me desmayé.

Al despertar mi cabeza retumbaba, de mis muslos escurría todo lo que había vertido en mi interior, mis pies estaban en el medio de una laguna de esperma frío. A pesar del dolor, nunca había sentido esa clase de avasallador poder y absoluta supremacía frente a un macho. Me sentía adolorida y por completo desfogada, difícilmente podía pensar en coger sin que me dolieran todos los músculos al unísono. Tras una rápida revisión no encontré muestras de sangre, parecía estar bien sin embrago podía tener daños internos o algo peor, quizás después de una examen medico regresaría para terminar con lo que había empezado, apenas habían sido tres caballos y pese a todo, en mi cabeza seguía fija la idea de ser la amante por lo menos una vez, de todos en la cuadra. Cuando se prueba a un caballo por amante no importa que pase, es una experiencia difícil de olvidar y que siempre mantiene viva la llama.

Zima, gozando con los preciosos caballos

Soy hija de un prominente político de la Cd. De México. A decir verdad desconocido hasta hace unos años y que “mágicamente” fue escalando posiciones en su partido político que por cierto consigue y pierde el registro con una facilidad impresionante, tanto que a veces debemos preguntar si todavía tenemos partido o no. Ahora bien y en honor a la verdad no hay nada de “magia” en su actuar político, todo es posible gracias a palancas, sobornos, chantajes y toda esa clase de triquiñuelas tan comunes y que como es obvio esperar, desembocan en un cambio radical tanto en las finanzas familiares como en el estilo de vida en general. No es que me queje de ello, las corruptelas de mi padre me han permitido gozar de una pasión desconocida pero a la cual estoy atada desde hace un par de años: el amor incondicional hacia los caballos.

Cuando el dinero empezó a llegar a raudales y sin mucha imaginación para gastarlo, tuvo a bien mi padre llegar un día a la casa con un par de caballos a los que en principio no había lugar para alojarlos. Pronto se acondicionó una sección del patio a manera de establo y posteriormente se reestructuraría casi en su totalidad la casa para albergar al par de preciosos animales. Resulta demasiado estúpido el hacerse de un par de caballos en plena ciudad, demasiado increíble? Pues créanlo o no es cierto, como también es cierto que muy pronto aprendimos mis hermanos y yo a montar. A pasear en las aceras como si se tratara del campo, a tolerar las recriminaciones calladas de los vecinos ante los “nuevos miembros de la familia”, etc.

Por aquella época despertaba a la sexualidad, tardía algunos podrían considerar pero al menos yo veía todo con ansia, el mundo como es obvio nunca parece bastante y tratándose de sexo mucho menos, descubría mi cuerpo y todas y cada una de las posibilidades que éste es capaz de ofrecer, hasta aquí no hay nada extraño cierto? Y de hecho pienso que ahora sería una mujer normal, de no ser por aquella ocasión en que toda la familia asistió a un importantísimo evento del partido mientras que yo me quedé en casa, pese a las protestas de mi padre y a su insistencia, preferí quedarme en casa, con el stereo a todo lo que daba y “vivir la vida” como mejor me venía en gana.

Tan pronto llegara de la escuela elegiría un par de CDs, pondría la música en volumen 23 y así, desperdiciaría la tarde mientras la familia se aburriría en un evento de los cuales ya había tenido muchos antes, que me fastidiaban tan pronto como empezaban y que había que soportar hasta entrada la noche e incluso madrugada.

Al llegar todos mis planes se vendrían abajo. Por aquella época aún no se construía el establo en forma y por ende los caballos se amarraban de manera improvisada bajo un cobertizo igualmente improvisado, tan pronto crucé la puerta fui golpeada visualmente por una imagen que sin duda cambió mi incipiente concepción del sexo.

Zima, el mas dócil quizás deba decir flojo de los dos caballos, se encontraba en esos momentos excitado, exhibía un largo, pero muy, muy largo miembro entre sus cuartos traseros, negro y colgante, como una gruesa cuerda suspendida bajo su panza… me quede boquiabierta, no podía creer que pudiese existir un miembro de tales dimensiones, me parecía por completo irreal.

No se cuanto tiempo estuve en el umbral de la puerta sin poder reaccionar pero cuando lo hice, mi impulso inmediato fue acercarme. Ahora y ya mas de cerca, podía comparar el impresionante miembro de Zima con la discreta protuberancia de Colo, el otro caballo y que a diferencia de Zima no tenía ni asomo de excitación. Mi cabeza era un verdadero remolino de supuestos y fantasías inmediatas, de pronto me vi a mi misma debajo del caballo siendo poseída por mi gran semental, el relinchando de gusto y yo, ahogada en gemidos de placer y mas caliente que una… yegua? y eso que lo único que había hecho era verlo de cerca pues no me atrevía a tocarlo ni nada.

A mitad de mi contemplación noté como empezaba a perder tamaño, seguramente al cabo de un par de minutos ese interesante y descomunal miembro regresaría a su reducido y poco atractivo tamañito. Quizás no tendría otra oportunidad de hacer nada, tal vez no volvería a toparme con esa casualidad o habría gente en casa, nuevamente mi excitada cabeza trabajaba mas aprisa de lo que lo hacía la conciencia y antes de que perdiera por completo esa magnífica oportunidad, estiré mi mano buscándolo torpemente con la punta de los dedos. Tenía miedo que se asustara, que me hiciera daño pensando que yo se lo haría a él pero la curiosidad fue mucho mas fuerte y cuando lo tuve por fin en mi mano supe que todo iba a ir bien, muy, pero muy bien.

Se sentía tibio, al principio me había parecido caliente pero luego, conforme iba resbalando mi mano lentamente desde arriba hasta abajo ya no me lo pareció tanto. Lo que mas temía es que no le gustara lo que estaba haciendo y que pese a mis esfuerzos perdiera su ímpetu. La idea me pareció terrible y me dediqué a masturbarlo con todas mis fuerzas, primero con una y luego ambas manos al unísono, afortunadamente el animal no se mostraba molesto y eso desde luego facilitó mucho mas las cosas, no solo seguía igual de largo y grueso sino que además empezaba a erectarse, a perder esa flacidez inicial, era mas que evidente que estaba empapada y tenía que atenderme igual que al caballo.

Dejé de masturbarlo para quitarme la ropa interior, efectivamente estaba mojada por completo, me saque la blusa apresuradamente tirandola lo mas lejos que pude. Me permití un momento para acariciarme los pechos, recorrerlos lentamente con ambas manos, incipientes pero sensibles por completo al tacto y ahora si, con plena conciencia de lo que hacía me presté a gozar del momento, masturbaba al caballo con una mano mientras me masturbaba a mi con la otra, era un momento de completo éxtasis, si bien el orgasmo no tenía para cuando llegar, no hacía mucha falta pues volaba en una nube de sensaciones.

En un momento dado cambié posiciones, mi mano anegada en flujos fue a dar al rígido miembro mientras que la otra se desvivía recorriendo mis labios vaginales, mi inflamado clítoris, la abertura ansiosa de mi vagina, casi podía sentir palpitar a Zima entre mis piernas, y ya para este punto no me importó nada, me agache y busqué con mi boca.

Al momento tenía dentro de mi boca el mas grande miembro que pudiese probar en toda mi vida, me guiaba totalmente por mi instinto, lo lamía en la punta, lo chupaba en el tronco, estaba loca pero segura que no podía desperdiciar la oportunidad de tener algo así, estaba viviendo una experiencia sexual total y completamente entregada al momento, esta absorta en mi masturbación, en la mamada que le estaba haciendo al caballo, nada importaba. Finalmente, el orgasmo que tanto se había demorado llegó impulsiva y arrolladoramente, tanto que me senté en el suelo olvidándome de mi, del caballo, de la experiencia, de todo.

Recuperé la conciencia, bueno algo parecido a la conciencia minutos después, el miembro de Zima seguía ahí, erecto y expectante, por primera vez el afortunado animal se dignaba a mirarme como esperando que continuara. Con la cabeza fría y repuesta del recién orgasmo, vi las cosas en su justa dimensión; me pregunté que hacía ahí, en lo que haría o como explicaría si me daba una infección, mi clítoris todavía palpitaba y mi flujo vaginal brillaba sobre la superficie negra y gruesa que me había embelesado minutos antes, todo estaba de cabeza, yo estaba de cabeza, le había mamado el miembro a un caballo¡, como iba a ser mi vida después de eso?. Con todo esto y mucho mas retumbándome en la cabeza dejé el patio, no me importó abandonar al pobre animal sin terminar, fui a bañarme, a pensar, si, tenía mucho en que pensar.

Los días siguientes y después de un profundo análisis de conciencia llegué a la conclusión, no mas bien me juré a mi misma que no volvería a hacer algo así, nunca haría nada para que ocurriera eso de nuevo pero… si acaso se me presentaba algún día la oportunidad no la desaprovecharía y de hecho no lo hice, pero eso es motivo para otro texto.

La culiona

Cierto día me encontraba algo aburrida en mi casa , ya que estoy acostumbrada a que todos los fines de semanas tengo programa con uno o varios chicos en la noche y culeo hasta que mi culo , mi cuca y mi boca se sacian de vergas. Hoy ninguno de mis amigos me había llamado, y aunque decidí llamar yo a varios amigos ninguno me contestó. Entonces me vestí de una forma que mi cuerpo provocara ganas de culiar a primera vista : me coloqué una minifalda blanca súper pegada tan diminuta que se podía ver la punta de mis nalgas, llevaba puesta una mini tanga blanca que se podía ver a través de la falda, la blusa también era blanca trasparente anudada en mis senos dejando al descubierto todo mi estómago, los zapatos eran una sandalias plateadas con un tacón puntilla súper altas, me pinté la cara muy provocativa y alboroté mi pelo ; decidí salir a la calle caminando sensualmente para que se notara el movimiento de mis nalgas para ver qué programa conseguía.

Al fin se me acercó un hombre de color y me dijo : para dónde va semejante culo arrecho y se tocó por encima del pantalón su verga y además me dijo que si tenía algún programa yo le contesté que no y si él tenía alguno me gustaría que me invitara, él se sonrió y me dijo espera, hago unas llamaditas y solucionamos el problema, y así lo hizo, habló con un amigo y luego me dijo “ya tengo el programa, vamos a la casa de un amigo y allí la vamos a pasar muy bien”. Yo estaba emocionada pues quería tener acción aquella noche, cuando llegamos a la casa del amigo habían cinco hombres más dos negros y tres hombres blancos, todos con unas figuras atléticas, altos y bien parecidos, de sólo verlos mi cuca se empezó a mojar de imaginar que estos seis hombres me iban a comer en muy poco tiempo. El hombre negro con quien llegué me presentó como una amiga que estaba buscando diversión, los hombres me dijeron “llegaste al sitio correcto, pasa y te vas poniendo en calor”.

Me senté en un sillón grande que había cerca de la chimenea, el negro con quien llegué me ofreció un trago y se sentó a mi lado, empezó a acariciarme y a besarme, caricias y besos que yo correspondía. De pronto sentí cómo con una de sus grandes manos desató el nudo de mi blusa quedando al descubierto mis grandes senos y empezó a chuparme los senos y acariciarme el clítoris. Uno de ellos me dijo “por qué no nos bailas y nos muestras todos tus atributos”.

Como ya me había tomado varios tragos esta un poco encendida, acepté sin más reparos. Uno de ellos colocó una música muy sensual y parada en la mitad de la sala inicié un baile muy arrecho, ellos me decían “a ver perra, queremos que nos enseñes tus tetas”. Con mi blusa me las levantaba pues ya las tenía afuera. ellos gritaban “qué tetas tan ricas” “miren esos teterotes tan parados que tiene esta putica” y esto empezó a excitarlos. Se fueron quitando la ropa y sus vergas ya estaban erectas y no había ni una sola pequeña, todas eran grandísimas y gordas y comenzaron a pajearse, lo que me hizo animarme más para seguir desvistiéndome. De pronto me gritaban que querían ver mi culo, y con movimientos sensuales me fui quitando la falda y mis nalgas gordas y grandes quedaron al descubierto, solo quedé con mi diminuta tanga blanca y moviéndoles el culo, y con mis manos abría mis nalgas para que pudieran ver mi huequito. Esto los puso más arrechos de lo que ya estaban y me decían “zorra qué ano tan lindo tienes” y “se ve riquísimo”. Después les mostré mi cuca y con mis dedos me acariciaba y les dije “¿cuál me va a coger primero?” y con mis dedos me acariciaba el ano para provocarlos aún más. Un hombre que estaba al lado mío —era de unos cuarenta y cinco años aproximadamente su pelo era ya canoso pero tenía una verga riquísima— me dijo “ven puta, siéntate en mi tranca, quiero probar qué tal esta tu culo” y no me hice esperar, abriendo mis nalgas me enterré de una sola, su verga era tan gruesa que apenas si cabía en mi culo, yo empecé a brincar encima del hombre y él me decía “seguí culiando así, perra, mira que te estas tragando toda mi verga” los demás muchachos se tiraban con más fuerzas sus trancas al ver cómo brincaba yo encima de aquel hombre.

Le dije a uno de ellos que se acercara a mí para chuparle la verga pues tenía unas ganas tremendas de mamar una, se me acercó, yo cogí su verga con mis manos y la acaricié un momento. Después poco a poco me la fui tragando toda hasta las güevas, él me decía “mamita rica, cómo mama de rico” después de un buen rato de estar mamando le dije que se diera vuelta que quería lamerle el culo, y colocándose en posición le metí la lengua por el culo, a él pareció gustarle. Después de un buen rato otro chico se tendió en el suelo y me dijo “ven, zorra, quiero abrirte el coño” y me paré y acomodando la verga en mi cuca me movía como loca, estaba en esto cuando de pronto sentí otro chico encima mío clavándome por el culo “uy, esto me encanta” les dije “sentirme clavada por todas partes” otro chico se paró frente a mí y sin pensarlo me tragué su verga de un solo bocado, mientras acariciaba sus güevas grandes e hinchadas. Los otros dos me seguían clavando, los tres chicos mientras tanto se pajeaban de ver tan hermoso espectáculo, de pronto uno de ellos dijo chicos por qué no bañamos a esta perra con nuestra leche, “sí, sí” les dije yo y me arrodillé en la mitad de la sala, y todos los chicos hicieron un círculo y apuntando sus vergas a mí se empezaron a venir con sendos chorros de semen, mientras como loca no sabía cuál verga chupar y sacarle la leche. Uno de los negros me puso su enorme y gorda verga negra en mi boca, yo la chupaba como si fuera el más rico helado, tomándola con mis dos manos, acariciándola, y también las güevas , de pronto uno de ellos dijo esta perra todavía tiene ganas de más y colocándome en cuatro sobre el sofá grande les dije “mi culo puede con dos vergas al mismo tiempo” estaba tan emocionada de ver tanta leche regada en mi cuerpo que quería seguir con más acción.

Sentí dos enormes cabezas de vergas entrando en mi culo, yo mordía mis dedos para no gritar de pacer y dolor, después de un rato uno de ellos dijo “yo creo que este culo tiene un poco de sed, ¿por qué no le damos un poco de vino?” y trajeron una botella de la nevera y batiéndola fuertemente la introdujeron en mi culo, y el vino espumoso y frío empezó a entrar. Yo les dije que lamieran mi culo para que me limpiaran el vino, y uno a uno fueron pasando a lamerme. Nuevamente me vi clavada por dos vergas y con otra en la boca, cuando llegaron me dijeron que si quería tragarme la leche, yo les contesté que sí quería, y por todas esas vergas empezó a salir esa deliciosa y caliente leche, y yo a tragar la que más podía. “Ahora vamos a mear a esta perra” y todos empezaron a bañarme en orines apuntándome a la boca mi culo y mis tetas… cuando terminaron me dijeron “queremos que nos acompañes a un sitio muy especial donde te espera algo que es precisamente lo que calmaran tus ganas” y sin más me llevaron a un establo donde había un hermoso caballo negro, uno de ellos me dijo “¿te gusta el caballo? Es todo tuyo, pero antes queremos medir que tanto te puede entrar la enorme verga del caballo” como tengo un culo tan arrecho me encantó la idea, les dije cuál va a probar y me puse en posición.

Un negro se me acercó y me dijo “yo quiero probar qué tan profundo es ese culo” y acariciándome con su mano muy suavemente me fue introduciendo dos dedos y los movía como si quisiera abrir aun más mi culo, y así poco a poco fue metiendo toda su mano hasta la muñeca, y allí la movía. Yo sentía que me tocaba el ombligo… esto me puso más arrecha de lo que ya estaba y el negro después les dijo a los demás “chicos, esta puta ya tiene listo el culo”.

“Ahora queremos que te metas tu solita esta belleza” y me pasaron un bate. Lo miré un poco sorprendida y les dije “¿ustedes creen que esto me cabe en el culo?”, “claro que si, zorra” asi que poco a poco fui metiéndomelo en el culo, pero antes me lo tuve que aceitar, al igual que el bate, para facilitar la cosa. El bate entró casi hasta la mitad y los hombres parecieron enloquecer con esto, y cada uno jalaba con mucha fuerza sus trancas y me gritaban “métetela más perra, te ves deliciosa con ese bate entre el culo” yo con la cabeza afirmaba pues no tenía ni aliento de hablar, otro me decía “muévelo más, muéstranos cómo estas de arrecha, zorra”. Empecé a hacer movimientos sensuales con el bate metido en mi culo, cuando ellos me dijeron que me lo sacara que ya estaba listo para recibir la verga del caballo, pero tenía que masturbar al caballo para poder comérmelo los hombres llegaron en ese momento y yo les dije báñenme el culo para que el caballo se excite y abriendo mis nalgas mojaron mi culo con semen, después me acerqué al caballo y arrodillada debajo de él puse el hocico en mi culo, para que oliera el semen que los chicos habían derramado en mí, con su lengua pegajosa lamía mi culo mientras su verga empezaba a crecer. Yo empecé a mamar esa verga larga y delgada de aquel caballo, cuando ya la tenía lo suficientemente larga me la empecé a meter en el culo, yo disfrutaba de esto y les decía “esta verga esta deliciosa, me voy a venir, qué verga tan rica, me encanta así de larga” de pronto uno de ellos me dijo “sácatela del culo que el caballo ya va a llegar” yo me la saqué y con mis manos me la metí a la boca para mamársela… sentí que casi me ahogaba, nunca había visto tanta leche, ni aun cuando todos aquellos chicos me bañaron al tiempo con su semen, de pronto oí que me decían “eso perra trágate toda esa leche, así queríamos verte putica arrecha inundada de leche”.

Cuando terminamos decidí regresar a mi casa… tenía todo mi cuerpo pegajoso de toda la leche que había recibido, tanto de los chicos como del caballo, y mi culo ya no resistía más pues me habían metido más vergas de lo que yo estaba acostumbrada. Fue una noche inolvidable.

Margarita

Antes de iniciar es necesario aclarar que lo que en adelante se diga es totalmente real, ya que me fue confiado por la misma persona que lo vivió.

Margarita es, sin duda alguna, la más puta de las mujeres que he conocido. Esto es cierto a tal grado que afirmar que hay otra que le supere constituye a una blasfemia. ¿Una mujer más prostituta que Margarita?. ¡Hasta no ver, no creer!.

No es para menos lo que escribo.

Cuando la conocí, me pareció una chica común y corriente, una estudiante de medicina de 3er año cualquiera. Su cuerpo, de complexión mediana, aunque poquito pasado en libras está exageradamente proporcionado: la grasa corporal acumulada por tantos años esta muy bien distribuida en toda ella: más en las caderas y en los muslos, poco menos en sus pechos y mucho menos en su cintura. Se ve algo “rellenita” si, pero siempre conserva su atracción, aunque sus carnes no parezcan tan sólidas como antes. Todo ello le daba esa capacidad e incluso quizás para un poco más.

Es que la Margarita es una de esas mujeres que dan ganas de cogértela por donde quieras con sólo verla, con acercártele, con hablarle.

Margarita es una mujer completa en todo el sentido de la palabra. No hay experiencia sexual que no haya probado: sexo vaginal, oral, anal (que tanto le encanta); hacer el amor con dos hombres, con tres, con cuatro e incluso una vez con cinco a la vez; lesbianismo, con un hombre y una mujer a la vez, fetichismo, en fin…

Todo, todo lo había probado, excepto una cosa.

* * * Sigilosamente Margarita cruzó el pasillo de la casa, con el temor que su tía la descubriera. Se detuvo un instante en el marco de una puerta y espió a orillas del dintel, no vio a nadie.

Avanzó unos cuantos pasos hasta la siguiente puerta, e hizo lo mismo. El camino se hallaba despejado. Siguió un poco más hasta la puerta de su cuarto, metió la llave, giró y empujó. Entró con rapidez, halando con la mano la brida y el acompañante que llevaba.

Su acompañante era alto, negro, peludo, fornido y nervioso.

Desde que cruzaron la puerta principal de la casa, se había resistido a avanzar, sin embargo, la ansiosa mano de Margarita lo había halado con fuerza hasta el interior y conducido hasta su cuarto. En realidad para él estar dentro de una casa no era costumbre. Se había criado en un rancho cercano, libre de cierta forma de todo contacto con la gente. Cuando llegaron al cuarto de Margarita a él no le sorprendió en lo más mínimo la comodidad del lugar, aunque nunca había visto algo igual.
Además era la primera vez que una mujer lo llevaba a su alcoba.

Es que en realidad el acompañante de Margarita Trejos no se trataba de un chico, sino de un caballo, joven y cimarrón.
Parecería que Margarita había llegado al colmo de las degeneraciones con aquello, pero en realidad eso había sido siempre la fantasía sexual más ansiada de su vida, el clímax de la locura febril que constreñía sus entrañas, su sueño varonil convertido en animal.

Iba rumbo a su casa después de salir de la jornada del hospital en la que fungía como medico interno. El cansancio y el hambre parecían doblegar su cuerpo esplendoroso, cuando lo vio. Andaba suelto, pastando libre pero aún con las bridas, por las calles aledañas a la casa donde alquilaba un cuartito. No lo pensó dos veces. Atisbó a lo largo de la calle y no vio a nadie, era su oportunidad de oro. Lo tomó por las bridas y lo haló, primero con suavidad y a medida que el macho se acostumbraba a la tensión, ella comenzó a caminar más deprisa. Consiguió llegar a la casa sin que nadie la viera.

Entró con premura a su cuarto y cerró tras de sí rápido. Sin pocos preámbulos, se fue directamente al miembro viril del animal, flácido como una serpiente asténica y lo peló de un tirón. El animal tuvo la sensación y nerviosamente retrocedió un poco.
—Calma, mi amor —dijo Margarita— esto te va a gustar tanto como a mí.

Y embutió el pene en su boca. El caballo, como macho, era lógico que iba a reaccionar como lo hace un hombre. Su miembro comenzó a erguirse endurecerse con cada movimiento de los labios de Margarita, con cada lamida, con cada chupada. Llegó un momento en que el grosor que alcanzó fue tanto que era dificultoso para la chica continuar con aquellas maniobras.
Entonces se desnudó por completo. El animal no mostró el mismo gesto de deseo que hubiera mostrado un hombre al ver el cuerpo macizo y hermoso de nuestra chica, un animal no se excita por lo que ve, sus mecanismos funcionan de otra manera. Margarita como que se desilusionó un poco por ello.

De inmediato se dio cuenta que el vigor del miembro del animal iba en merma pues se iba languideciendo poco a poco.
Entonces comprendió que si quería mantenérselo erguido debía usar la excitación manual, por contacto. Con sus manitas volvió a tomar la verga de la bestia y a manipularla como la primera vez.

El arcabuz de la bestia volvió a erguirse en toda su extensión y Margarita Trejos sonrió complacida, ahora sabía que tenía que mantenerse frente a la bestia, piel con piel, estimulándole el miembro para lograr mantenerlo erguido y enorme. Ahora su preocupación sería mantener en silencio al caballo para que su tía no se enterara de lo que estaba sucediendo.

Como se encontraba ya totalmente desnuda, cada una de sus fibras se estremecía al contacto con el pelo del animal.
Tuvo que detenerse, porque en ese momento su tía le interrumpió:

—Margarita, hija, voy a ir al centro. Si alguien me llama decile que voy a regresar dentro de unas tres horas.

—Está bien tía, yo les doy tu mensaje.

—Adiós, hija.

—Adiós tía, tómate tu tiempo.

La tía tardó poco más de dos minutos en salir. Margarita escuchó la puerta al cerrarse y una felicidad sin límites desbordó su corazón. Ahora se encontraba solita, con su macho y podía hacer cuánto se le antojara. Volvió a tomar al animal por las bridas, abrió la puerta y se dirigió a la sala. Allí lo ató a una pequeña columna, cerca del sofá preferido de su tío.

Se sentó en él como quien se sienta a ordeñar a una vaca, pero no, ella iba a ordeñar al macho que había conseguido.

Tomó de nuevo en sus manos el instrumento del caballo y empezó a masajearlo hasta llevarlo a una erección increíble.
En este punto, lo acercó a su rostro y trató de hundirlo completamente en su boca. Pero hasta Margarita Trejos tiene sus limitaciones: su cavidad oral acostumbrada a la succión y a dar placer jamás se había enfrentado a algo tan grande como aquello y por mucho que se esforzó, apenas poco menos de la mitad de la verga pudo alojar en su boca. En fin, la succión, los chupeteos y lamidas comenzaron a sucederse una a otras.

Esta vez el caballo relinchó y se paró en dos patas. Margarita lo tranquilizó:

—Quieto, quieto, bonito. Ya verás que lo que te espera te va a gustar más.

Y continuó con la deliciosa succión ejercida sobre el falo bestial. El animal se tensaba, se ponía intranquilo, daba pasitos hacia atrás y adelante y Margarita por puro instinto de hembra que es capaz de reconocer la excitación en un macho de cualquier especie, supo que la bestia quería ya alcanzar una cavidad para penetrarla.

Así, Margarita volvió a tomar en sus manos el rígido miembro de la bestia y de nuevo comenzó a acariciarlo y a mamarlo; no tardo mucho en ponerlo férreo y enhiesto como cañón, y eso le volvió a excitar. Una fuerte emoción, algo así como un torbellino sacudió su cuerpo pletórico desde su cerebro hasta sus pies al palpar entre sus manos aquel enorme palo de carne. Toda ella se cimbró: su cabeza, sus pechos redondos y amacizados por el continuo “uso”, su vientre ansioso de invasión constante y sus muslos gruesos y rellenos. El frenesí que se apodero de Margarita le hizo restregar el falo del animal sobre sus pechos y su rostro.

Aquello le estaba resultando muy difícil a Margarita. Tendría que ingeniárselas para sacar el máximo placer aprovechando la oportunidad. No solamente le bastaba acariciar el peludo bruto y sentir sus cerdas lijando su piel trigueña y suave, sino también quería que el caballo le lamiera el cuerpo, sentir el vaho ardiente de su resuello y la saliva espesa que le mojara todo. ¿Cómo haría para que el animal hiciera todo esto? El negro bruto no sentía la atracción que un macho de la especie de Margarita sentiría al verla desnuda, ni tampoco sentiría placer lamiendo aquel abundante conjunto de carne. Pero a la chica comenzó a valerle un pepino lo que sintiera o no su “macho”, solo le importaba obtener el máximo placer de aquella aventura loca y bestial.

Recordó que en alguna parte había elido que a los equinos les gusta lo dulce, lo azucarado, Y así, desnuda como estaba, abrió la puerta del cuarto, se deslizo con prisa por el pasillo hasta la cocina y tomo la garrafa de miel de la alacena.
Con el mismo sigilo, volvió a su cuarto donde el animal esperaba sin esperar. Con prisa, Margarita destapó la garrafa y lenta y sistemáticamente derramo un poco de miel sobre sus pechos; el animal percibió el olor, alzo las orejas y volvió la mirada, brillante, hacia el lugar de donde provenía. Margarita supo entonces que había encontrado la formula mágica porque el caballo se le acerco a pasos pausados pero decididos.

La chica colocó la garrafa a un lado, sobre la mesita de noche y abrió los brazos esperando el contacto. El animal acercó el hocico a pocos centímetros del plexo de Margarita y olfateo todo el contorno por escasos segundos, y luego vino lo que ella había estado deseando tanto. La lengua enorme y áspera protruyó del hocico del alazán y lamió, lamió y lamió la miel que bañaba el tórax anterior de la chica.

Sus pechos se tensaron y sus pezones se irguieron y endurecieron al sentir el órgano elástico y rasposo deslizarse sobre ellos; Margarita no soportaba por mementos la suma excitación y se aferraba de las crines del animal rodeando por el cuello. La miel se termino pronto y el corcel cesó las lamidas al dejar de sentir lo dulce.
Margarita lo halo por las crines, enojada tratando de que el animal siguiera la faena que, para una mujer como ella, apenas comenzaba a “calentarla”.

Aquello le enojó muchísimo e iba a hacer un berrinche pero le satisfizo más el desquitarse físicamente soltando un manotazo en plena cara del noble bruto, al que quizás, ni siquiera le dolió.

—¡Animal culero! —vociferó.

Tomo la garrafa y la vació por casi por completo sobre su cuerpo. El viscoso líquido se desparramó cubriendo totalmente su pletórica anatomía y mojando el piso a su alrededor. El animal volvió a sentir el olor y se acercó a la hembra que ahora sí supo con certeza que alcanzaría lo que quería. El alazán continuó el lengüeteo que había dejado pendiente… Margarita retrocedía lentamente, gozando el carnoso órgano a medida la bestia avanzaba hacia ella en busca del delicioso manjar.
La chica tropezó en el retroceso y cayó aparatosamente, e iba a incorporarse, pero no lo hizo al ver que el animal continuó la tarea en el mismo lugar donde yacía y prefirió disfrutar aquello tendida en el suelo.

De esta forma era más cómodo para ella y menos dificultoso que el animal le lamiera todo el cuerpo, gastaba menos energía y podía tensarse cuanto quisiera, dar vueltas para que el caballo le lamiera por delante y por detrás.

La chica se puso a gatas, pecho al piso, mostrando su amplio trasero al animal, y a poquitos descargaba chorlitos de miel entre sus nalgas, la cual se deslizaba entre ellas mojando su ano hasta escurrirse entre la ranura carnosa y velluda de su vulva. Como es de suponerse el animal comenzó a lamer la miel sin más placer que el de saborear el néctar; Margarita en cambio, comenzó a sentir un placer indescriptible cada vez que el órgano elástico y áspero se deslizaba desde su sexo caliente hasta su ano, perforado un sin fin de veces.

Ya Margarita no soportó más aquello. Tenia una imperiosa necesidad de sentir aquel enorme instrumento hurgándole las entrañas, ensanchándole la pelvis, destrozándole la matriz. Pero, ¿Cómo se colocaría para ello?

No le funcionaria colocarse a gatas, mostrándole su descomunal trasero, así como le había funcionado con todos los hombres que se la han cogido. Ya la primera vez, cuando se puso desnuda frente al animal lo comprobó.

Desde hacía unos momentos, entre los segundos de lucidez en medio de aquella borrasca de placer, había estado maquinando la forma adecuada de colocarse para que el animal tuviera acceso a su ardiente interior. Como se sabe, la posición anatómica y la forma del cuerpo de los equinos haría imposible el cruce de estos y de una fémina humana. Pero Margarita, muy ingeniosa, vació una caja de madera como de 75 cm. de alto que contenía ropa suya, la colocó bajo el animal siguiendo el eje longitudinal de éste.

Luego se metió boca arriba entre el estrecho espacio que quedaba entre el mueble y el corcel y rápida y dificultosamente fue bajando su aparato inguinal hacia el enorme sexo del caballo hasta que la cabeza abultada y dura quedó a la entrada de la hendidura mayor de Margarita. Alzó las piernas prensando con ellas las ancas musculosas y lentamente bajó un poco más y con ello el falo gigante, hinchado al máximo, se fue introduciendo en su vagina, y con ello distendió las paredes húmedas y musculosas, tensando las fibras nerviosas y produciéndole un dolor intenso, un dolor que jamás la chica había sentido. Pero Margarita Trejos era una chica que no se dejaba vencer por algo que siempre había considerado “poca cosa”; es más ella piensa que el dolor, cualquiera sea su causa, es parte esencial e ineludible de toda relación sexual placentera y satisfactoria. De modo que retuvo el grito que su garganta estaba a punto de desatar y soportó el primer impacto de la bestia en sus entrañas y siguió; siguió bajando y dejando que éste invadiera su pelvis. Una vez el falo había perforado a margarita en toda su capacidad, la chica comenzó a moverse frenéticamente y con golpes de cadera hacía que el grueso instrumento entrara y saliera de su grieta sexual tensionada al máximo. A todo esto, las piernas rollizas y hermosas de Margarita se aferraban férreamente a las ancas del animal.

Margarita, avezada en las cosas del sexo, se dio cuenta por su instinto de hembra fogosa y experta que aquel macho iba a eyacular. Se liberó del obelisco incrustado en sus tripas, apartó la caja de debajo del animal, se arrodilló de nuevo bajo el miembro erguido y lo embutió en su boca, casi desencajando sus mandíbulas. En el mismo momento la bestia descargó toda su vitalidad en un río líquido y grumoso. Pero esta vez Margarita calculó mal; su boca no tenía la suficiente capacidad para contener semejante volumen de esperma y ésta rebalsó por entre sus labios aferrados al palo, escurriéndose sobre sus senos redondos y endurecidos, su abdomen y sus muslos.

Margarita se sintió muy contenta, porque jamás había obtenido tal cantidad de semen. Lo que había logrado recoger en su boca muy pronto pasó a su estómago y luego, con ambas manos iba recogiendo el resto desparramado sobre su piel, llevándolo hasta su boca donde corrió la misma suerte.

El caballo, rendido o satisfecho tal vez, cayó al suelo de lado y margarita se recostó de pecho sobre el peludo costado, acariciándolo por completo con una gran sonrisa de satisfacción.