Romina y los ladrones

octubre 25th, 2011

Romina y Manu estaban tranquilos, habían decidido quedarse en casa viendo una película, los dos abrazados se habían quedado dormidos en el amplio y cómodo sillón. Por un descuido, la puerta había quedado sin seguro y cuando alguien tanteó para ver si estaba abierta, ellos no sintieron nada. Los intrusos eran tres. Uno parecía ser el jefe, y como tal daba instrucciones a sus cómplices con señas. El segundo debía ser novato, pues sus movimientos eran un poco torpes y el tercero, el más joven de los tres, se lo notaba nervioso, y a punto de estallar.
El jefe se colocó frente a la pareja y los otros a cada costado de ellos. Con un arma en la mano, apunto a la cabeza de Manu y con el caño le dio unos golpecitos para despertarlo.
-dame la guita- le dijo el jefe a Manu
Sobresaltado pero no asustado y mirándolo, manu contestó
-¿Qué guita?, no tengo nada- dijo él.
-dale, no te hagás el pelotudo que la cocino a ella- dijo el jefe apuntando a Romina que en ese momento se despertó. Comenzó a los gritos y el mas joven de los tres intrusos tuvo que taparle la boca con la mano, mientras trataba de inmovilizarla.
-callate, petera, que tambien lo podemos quemar a él- le decía el joven señalando a Manu. Romina pareció entender, y se quedó callada e inmóvil.
-Bueno, dale que no tenemos tiempo, dame la guita- volvió a exclamar el jefe
-Buscá por donde quieras, acá no tengo un mango- dijo Manu bastante tranquilo.
El jefe miró a Romina, la tomó de la muñeca con brusquedad, y la atrajo hacia él.
Apenas la vió, el tema de la plata pasó a un segundo plano.
Romina tenía un culo imponente y como tenía puesta una calza, se divisaba perfectamente la pequeña tanguita que se perdía entre las hermosas nalgas.
-No se si plata, pero me parece que para esta noche conseguimos una carnecita- dijo el más joven.
Romina se sintió invadida por una extraña excitación, pues entre sus fantasías, figuraba enfiestarse con más de un tipo y que Manu lo consintiera, y esa situación se estaba presentando ahora.
-Atalo- dijo el jefe al más novato, y de sus bolsillos sacó un precinto plástico, suficiente para inmovilizar los brazos de Manu a una silla, el más joven tomó un largo pañuelo de cuello y con eso le taparon la boca.
El jefe ahora le levantó uno de los brazos a Romina
-Date una vueltita para nosotros- dijo en tono imperativo
Romina tenía sentimientos encontrados, por un lado el miedo a tres desconocidos que habían reducido a Manu, por otro lado la enorme excitación que le producía estar a merced de ellos tres. Por lo que movida por ambas sensaciones obedeció “dando la vueltita” muy lentamente.
-huy, que culito nos vamos a comer hoy- dijo el jefe riendo.
Alargó la mano y manoseó el hermoso culo de Romina, ella se quedó inmóvil, pues el miedo y la excitación se hicieron más poderosos en su interior.
-Las ganas que tengo de comerme una culoncita- dijo el más joven
Sin más preámbulos, éste último se colocó detrás de ella, y la tomó por la cintura, apoyándole con rudeza la dura pija que ya se adivinaba a través del pantalón.
-cabrón- dijo ella en voz baja
-¿Cómo me dijste?- el tipo repetía la acción, simulando una perfecta penetración anal.
No solamente el tipo lo imaginaba, también a Romina se le instaló esa imagen en la cabeza. Sin darse cuenta cerró los ojos, demostrando placer con lo que sucedía.
-parece que le gusta- dijo el novato riendo
El jefe la volvió a tomar de la mano y se la llevó a su entrepierna, Romina accedió sin resistencia y sintió la verga en su mano, y también se sentía dura a través de la ropa.
El más joven deslizó la mano por debajo de la apretada calza, y para Romina sentir esa mano desconocida contra la suave piel de sus nalgas, estaba siendo demoledor, la excitación en ella seguía creciendo, y sin darse cuenta comenzó a apretar su mano en torno a la verga del jefe. Éste se le colocó por delante,
-desnudate- le ordenó él, a lo que ella obedeció sin resistencia
Ahora el jefe comenzó a recorrerle las tetas con determinación, mientras le apoyaba la verga ahora contra la vagina. Romina era la primera vez que estaba en “sanguchito” entre dos tipos, por lo que se dejó llevar por sus impulsos y pasó sus brazos por los hombros del jefe. Este sin pérdida de tiempo acercó sus labios a los de ella, y apenas rozándolos le dijo
-¿tenés hambre de verga?- la voz era grave, pero suave e imperativa
Para Romina no fue una pregunta, fue una orden que no pudo desobedecer.
-Si- dijo solamente ella, pero sus ojos que miraban fijamente al jefe expresaban la calentura de la que era presa ella.
Se agachó, dejando su culo al alcance del más joven que todavía la estaba manoseando, y ella con presteza desprendió el pantalón del jefe, que la tomó con fuerza de la nuca y hundió su verga en la boca de ella.
-mirá como se la come- dijo el jefe mirando a Manu.
Romina extendió su mano, queriendo tomar la verga del más novato, que tímidamente se mantenía al margen de la situación, pero el jefe se lo impidió.
-¡Que pedazo de culo!, mirá lo que es esto- dijo admirado el más joven
Rápidamente extrajo su verga, y comenzó a rozarla contra el imponente culo casi desnudo. Romina no pudo resistirse a la tentación, y apoyó su culo con fuerza contra la dura pija que tenía detrás.
-Jah, mirá, culo divino y encima petera- dijo divertido el joven.
Romina se excitaba cada vez más, sentía como la humillaban, y descubrió que eso le encantaba. El jefe, casi con violencia, la obligaba a sacar e introducirse la verga casi completamente, haciendo que ella en ocasiones se ahogara. En cambio el joven, con su verga seguía rozándola en su vagina, y con sus manos trenzadas en la cintura de ella la sostenía a su voluntad. Por su parte Romina se saboreaba y con pasión pasaba la lengua por el contorno de la cabeza de la verga que invadía su boca. Ahora el joven con sus manos trataba de separar un poco sus nalgas, y le hizo doler un poco a Romina.
-ay, despacito, por favor, me duele- dijo ella
Los tres rieron a coro.
-pobrecita, si ahora te duele, imaginate enseguida- dijo el jefe
El joven estaba como hipnotizado por el culo de ella, y con su verga hizo presión en la vagina de Romina. Un quejido se escapó de ella cuando comenzó a ser penetrada.
-ahh, veo que te gusta- dijo el joven, ante la risa socarrona del mas novato de los tres.
Las embestidas eran violentas, y Romina no pudo continuar con la verga del jefe, pero la tomó con una mano y no podía soltarla. En cambio sus labios dejaban escapar profusos quejidos. La violencia era tal, que ella debió sostenerse del jefe, para no caer.
-ay…si…si…así- decía ella
El jefe se sacó los pantalones, y a una seña de él, el más joven dejó de penetrarla, entonces el jefe hizo que ella nuevamente pasara sus manos alrededor de su cuello, y la levantó por las nalgas, ella se sostuvo con fuerza de “su jefe”, ahora era él el que la penetraba por la vagina, sosteniéndola en su cintura, ella se sintió un juguete en sus brazos, y fue en ese instante que sintió la otra verga pugnando por entrar también en la vagina.
-no…las…dos…no, por…la…conch- no pudo terminar de hablar, ambas vergas se introdujeron a la vez, la sensación de placer de Romina era totalmente superior a todo lo que hubiera conocido.
-nunca más vas a querer coger con él- El jefe señalaba a Manu, que atado e impotente observaba inmóvil la escena.
Los gemidos de Romina eran gritos de placer, uno de sus brazos lo llevó hasta el más joven, los tenía a ambos por el cuello. Las penetraciones eran profundas y su vagina parecía que se iba a desgarrar. El orgasmo se hizo presente en forma intensa, arrolladora y Romina llegó al clímax cuando ambos delincuentes acababan a la vez dentro de ella. Pero la acción estaba lejos de terminar.
-Preparate negro, venís vos- le dijo el jefe al que parecía ser el más novato.
El tipo miró hacia los costados como si hubiera alguien más mirando. El jefe tomó a Romina que a estas alturas ya era un objeto sin propia voluntad, e hizo que apoyara sus manos en las piernas de Manu. El novato, sacó su verga, lo que provocó que el jefe y el más joven, estallaran en risas. Romina giró su rostro y no pudo evitar la sorpresa. El tipo tenía la verga más grande que ella hubiera visto en su vida, las tenía todas, era grande, gorda y cabezona.
-no…por…favor…no- atinó a decir Romina
-vamos a ver si te la bancás por el culo- dijo el jefe riendo
Romina quiso moverse, pero el más joven ya apuntaba nuevamente a Manu a la cabeza, quitándole toda posibilidad de resistencia.
-lubricala, por favor, me va a partir- dijo ella con miedo
El jefe fue hasta la cocina, volvió con un poco de aceite de cocina.
-Lo siento, es lo único que conseguí- dijo él
El tipo se mostró compasivo y lubricó abundantemente su enorme miembro erecto. Lugo con uno de sus dedos lleno de aceite, comenzó a hacer presión en el ano de ella. El dedo se hundió fácilmente. Los quejidos de ella fueron instantáneos, cerraba sus ojos con fuerza, y sus suspiros y gemidos dejaban ver que ella estaba gozando con ese dedo intruso. Otro dedo se sumó al anterior, haciendo que su ano se expandiera un tanto, los dedos entraban y salían cada vez más fácilmente. Y ella gozaba más a cada instante. De pronto cesó toda actividad en su culo, ella giró su rostro y vió como el tipo ahora “la amenazaba” con su gran miembro erecto. Sintió el contacto con su culo seguido de una suave penetración. Ella igualmente sintió dolor.
-Ay, por favor despacito, te lo ruego- dijo suplicante.
La penetración le arrancó amargos quejidos, que fueron coreados por la risa de los delincuentes que miraban la escena.
-pero, tanto culo, y no te bancás una pequeña verga- dijo el jefe
-Dale duro, no seas gil- dijo el jóven
La penetración continuó suavemente. El dolor daba paso al placer y como tal ella comenzó a gemir.
-¿te gusta que te partan el culo?- preguntó el jefe.
Romina sonrió y quiso mirarlo a la cara pero el placer no se lo permitió, continuó con los ojos cerrados.
-si…me…encanta- balbuceó ella afirmándose con fuerza en las piernas de Manu.
Los movimientos cobraron fuerza y poco a poco se hicieron más veloces y toscos. Romina estaba entrando en un nuevo orgasmo y cuando sintió que la verga del jefe se apoyaba en su boca, ella la abrió prontamente, permitiendo que la pija entrara en ella sin ningún problema.
-Me parece que vamos a venir más seguido a visitar a…¿Cómo es tu nombre?- preguntó el joven.
-Ro…Romina – dijo ella entre quejidos
-Romina la petera- se rió el jefe
-Romina culona- dijo el otro
Esa actitud de humillarla, la hacía gozar más y más, y verse en poder de esos desconocidos, y sentir como le destrozaban el culo, la hizo acabar con una fuerza inusitada en ella.
-Si…así…así- decía ella
-¿te coje él así?- preguntó el jefe señalando a Manu
-no…no…no- ella no podía pensar y contestaba casi mecánicamente.
Las manos en su cintura se atenazaron con fuerza, y la verga entraba hasta el fondo, ella respondía con movimientos equivalentes, mientras con pasión continuaba succionando la verga del jefe.
Todo ocurrió a la vez, el jefe le llenó la boca con su semen, el que estaba en su culo, gimió con fuerza, indicando que también estaba acabando, y ella comenzó a gemir en voz alta.
-si, hijo de puta, si, haceme acabar así- exclamaba ella mientras también entregaba su orgasmo a los delincuentes. El tipo se retiró suavemente de su culo que ya chorreaba la abundante acabada del tipo, a la vez también por la comisura de la boca se le escapaba un pequeño hilo de semen del jefe.
-Mirá, está rebalzada de leche- dijo el joven riendo
-La peterita se llenó, y está perdiendo por todos lados- dijo el jefe sumandose a las risas
Lejos de molestarse, Romina también rió, demostrando que la humillación le encantaba.
De pronto el joven miró por la ventana.
-Cacho, ¿Qué número te pasaron en el dato de la casa con la guita?- dijo alarmado
-136- dijo el jefe también presa de la alarma
-Boludo, es enfrente, la guita está enfrente- dijo el joven
Ambos miraron por la ventana nuevamente, y luego miraron a Romina, que se había recostado en el piso totalmente agotada.
-bueno, tan mal no nos fue, ¿no es cierto?- dijo el jefe mirando a Romina
Romina sonrió nuevamente.
-una noche de estas volvemos por más, ¿querés?- preguntó a Romina
Romina asintió aprobando la idea.
Los tipos desaparecieron por la puerta tal como habían entrado, Y ella fue a liberar a Manu. Le sorprendió verlo con una poderosa erección.
-huy, ¿mi bebé también quiere darme lechita?- dijo ella riendo
Y mientras desprendía el pantalón, aprovechó que él estaba inmovilizado y suavemente comenzó a darle una mamada.
Final.

Me coji… un minon físico culturista del Gym

octubre 24th, 2011

Esto ocurrió hace poco más de un año… Cuando después de estar estudiando y trabajando en gastronomía al tener que probar todo tipo de cosas nuevas para entrenar el paladar, la profesión se me empezó a notar en el cuerpo… Así que decidí anotarme en un gym que estaba a mitad de camino de mi casa y el trabajo.
Me anote a clases de RPM (spinnig) que estaban buenísimas estábamos 1hora meta pedaleo subiendo y bajando siguiendo el ritmo de la música que eran todos temas bien power (si nunca hicieron una clase de estas se las súper recomiendo) me gusto tanto que además me compre una bici y empecé también a ir a la noche los días que tenia libre, estaba re-enchufado… a ese horario hay mas actividad había una oferta de minitas que estaban para partirlas al medio todas en las cintas y con unas pesitas de 1 Kg. se la pasaban boludeado con los pibes y no entrenaban una mierda… Pero había una mina que estaba impresionante toda fibrosa tipo físico culturista de unos 30&pico, media 1.70m, tenia un ojete descomunal bien redondeado que se le marcaba con sus calcitas blancas… unas piernas que parecían columnas de Partenón… los brazos y espalda todos fibrosos casi el doble de una mujer tipo y unas tetas que eran como dos montañas queriendo desbordar del escote de su ajustado top negro. Cuando la veía entrenar en las maquinas me hacia el boludo y elegía los aparatos en los que tenia la mejor vista de esta descomunal hembra, en especial cuando hacia sentadillas me ponía detrás de ella tirado en una colchoneta haciendo abdominales para ver como su cola redonda y turgente se contraía y relajaba ante el levantamiento de las pesas, podría estar toda la noche admirándola e imaginando mi lengua recorriendo su espalda para terminar en su hermoso culo chupárselo y cojerselo a lenguetazos, mientras yo subía con cada flexión, me venia bien porque hacia como 300 abdominales.
Al terminar su rutina de ejercicios hacia clases de RPM que a la noche hacían 3 seguidas a las 18,19,20hs la mina se hacia las tres y en cada receso entre clase y clase hacia abdominales era una maquina… obviamente me anote a las clases y me ponía en la bike que estaba justo detrás de ella para tener en claro mi objetivo, mirando como subía & bajaba del minúsculo asiento que se perdía entre sus carnes redondeadas… sus gotas de sudor escurriéndose sobre su torneada espalda hasta su rajita… me imaginaba recorrer todo su cuerpo con mi lengua saboreando ese néctar translucido y salitroso que bañaba su perfecta figura…una delicia. Además siempre elegía la misma bike porque algunas estaban medio echas bosta y hacían un ruido que parecían un animal herido pidiendo que terminen con su sufrimiento…al principio me costo, pero enseguida le tome el gustito al entrenamiento duro, aparte a la noche estaba mas copado parecía un boliche con las luces de colores que ponían y la música a todo volumen. Realmente esperaba el momento que llegara la clase tanto así que Mi descomunal Hembra casi que paso a segundo plano.
Al pasar las semanas como no todos aguantaban las 3hs seguidas y además siempre me ponía detrás de ella, empecé a captar su atención con lo que empezamos a hablar y la acompañaba en los recesos a hacer abdominales, a veces íbamos y nos comprábamos un gel de carbohidratos y una Gatorede para reponer energías para la siguiente clase… así que pegamos buena onda. Me contó que era casada pero tenia problemas con el marido que era camionero y había veces que no lo veía por semanas, además no podía tener hijos y el tipo no quería adoptar, así que resignando su instinto maternal y por el desinterés de su marido hacia ella focalizo su vida al perfeccionamiento de su cuerpo y también la ayudaba a desconectarse de todos sus problemas.
Una noche que terminamos las clases ya se había largado una tormenta terrible y con la bici me iba resultar imposible llegar a mi casa porque había calles que se inundaban un montón tanto que la corriente es tan fuerte que te lleva y no me animaba a dejarla toda la noche atada en el estacionamiento por miedo que me la chorearan. Así que ella se ofreció llevarme y la bici la poníamos en la parte trasera de su camioneta, para así dejarla en su casa que estaba mas cerca del gym y después me dejaba en la parada del bondi… buenissimo dije yo.
Al estar en la camioneta con una musiquita de fondo estaba al lado de la mujer con la que había fantaseado por semanas e iba hacia su casa me dio cosa preguntar si estaba o no su marido pero lo mas seguro era que no, mi mente estaba a mil y no podía articular palabra alguna… entonces percibo el olor a jaboncito floral que tenia, ya que estábamos recién bañaditos y me dejo llevar por la sensación de su apetecible aroma… imaginándome en la ducha del gym con ella con su cuerpo enjabonado y mis manos recorriéndolo hasta lo mas recóndito de sus partes. Al volver a la realidad veo que estamos parados en un semáforo y siento su mano derecha acariciando mi pija que estaba bien al palo (en el gym cuando se me ponía dura la disimulaba con el pantalón bien suelto, pero con el Jean era imposible) estaba en una nube no podía creerlo… en eso la presiona con fuerza y me dice:
Ella (digamos): Se ve que estuviste entrenando este músculo bastante bien… mientras me mirabas el culo al entrenar, porque la tenes duriissima!
Dije con algo de pudor por la situación:
Yo: Se me notaba mucho… y eso que trate de ser disimulado.
E: Bastante… pero no te imaginas como soñaba sentir tu pija entre mis manos (no saben lo fue sentir la fuerza de sus masculinas manos en mi indefensa pija)
Yo: Vos ni te imaginas como te desee todo este tiempo…
En eso el semáforo se pone verde y tenemos que continuar sino algún auto nos pegaría una piña por la poca visibilidad con la copiosa lluvia.
Mientras sigue atenta al camino me dice:
E: Ummm, ahora que te tengo a mi merced, quiero que me cumplas una fantasía…chupamela mientras manejo.
Yo: Siii te como toda la conchita!!!

Pero con la lluvia era medio riesgoso. Así que decidió parar en la vereda de una distribuidora que a esa hora no había nadie.
Al frenar corre su asiento hacia atrás para que trabaje mas cómodo… abre sus musculosas piernas y veo que no tiene nada que se interponga entre su conchita y mi lengua ansiosa de probar sus jugos del placer.
Yo: Que hermosa sorpresa, el ver tu deliciosa almeja sin introducción alguna.
E: No me puse nada para vos, ya que tenía planeado esto desde el principio.
Yo: Que lindo detalle (dije mientras bajaba lentamente hacia su centro de placer)

Se levanta el vestidito deportivo que tenia puesto hasta su cintura y me posiciono entre sus muslos y empiezo a saborear su chochito ya empapado con sus dulces jugos, por la excitante situación… Mientras ella sujetaba el volante con fuerza y gemía del placer.
Me deleitaba saboreando sus labios y recorriendo a lengüeteaditas sus laterales… escalando hasta llegar a su monte de Venus, para luego arremeter sobre su clítoris…
Al llegar me tropiezo con un tubo como de unos 4cm de largo que me toma por sorpresa, pero enseguida comprendo que es su clítoris totalmente expuesto, al parecer tomaba algunas cosas que no solo masculinizaron su cuerpazo sino también le hicieron cambiar su anatomía genital… siempre me gusto chupar conchitas pero en esas el clítoris siempre estaba resguardado cual perla en las almejas (mejor analogía imposible). Así Que ahí estaba yo ante algo nunca visto, habrán sido milésimas de segundo en que me quedo admirándolo… en ese momento siento las potentes manos de mi Hembra empujando mi cabeza hacia abajo sometiéndome ante su placer personal haciéndome devorar completamente su miembro (propiamente dicho) al sentir su dureza en mi boca me hizo enloquecer parecía que estaba chupando una mini-pija… estaba alucinando saboreando su turgente y vibrante clítoris mientras agarro sus dos muslos y los pongo sobre mis hombros a lo que ella cruza las piernas y ejerce presión sobre mi espalda con sus duros gemelos y con sus muslos presiona mi cabeza restringiendo mis movimientos al solo placer de mi Dueña… con esto ella empieza a gemir y a tener fuertes espasmos, lo que me hace poner mas fuerza a mis trabajos bucales haciéndole emitir una ráfagas continuada de espasmos y gemidos, La Sinfonía mas hermosa que un hombre puede escuchar…
Me incorporo y puedo ver el cuadro completo como resultado de mis labores bucales… Esta tremenda Hembra reclinada hacia atrás con sus manos sujetando el cabezal del asiento y sus piernas abiertas bamboleándose de un lado al otro mostrando el rastro de jugos desde su entrepierna hasta el asiento… y me dice emitiendo unos soniditos de gusto:
E: Umm bebe Se ve que te gusta el rol de esclavito… me calentas un montón, ahora que ya cumpliste mi fantasía voy a encargarme de voss…
Con sus poderosas manos me hace acomodar en el asiento del pasajero y rápidamente saca mi pija que estaba durisima, toda empapada del placer de chupar esa jugosidad de concha, esperando algo de protagonismo… Abre su boca y sin preámbulos la devoraba por completo manteniéndose así hasta el fondo por unos momentos moviendo su cabeza rápidamente hasta liberarla de sus fauces… a continuación sigue pero esta vez con mas delicadeza saboreándola, sintiendo su textura… trabajándola con dedicación… lengüeteándola de arriba hacia abajo sin desperdiciar una gota de mis jugos PRE-seminales… Levanta la vista y mientras me pajea me dice:
E: Queres ver lo que hago en la camioneta cuando estoy sola en el garaje…
Y: Siii (le dije sin saber con cosa me iba a salir)

Se levanta y abre un poco sus piernas… para mi asombro pega un escupitajo en su mano… embadurna la palanca de cambios y empieza a introducírsela en la argolla era algo surreal ver como semejante camión se estaba cogiendo la palanca de cambios de la camioneta… ya toda adentro la sigue cogiendo se acomoda mejor y me la empieza a chupar con fuerza yo deliraba como esta loca me chupaba la pija y se cojia la palanca a la vez… Sin aguantar más le saco la pija de la boca y acabo sobre mi torso.
Me agarra la pija y mirándome fijamente a los ojos me dice:
E: Nunca me gusto desperdiciar las cosas menos algo tan esperado como tu lechita
Y sin quitarme la vista se mete la pija en la boca la saborea bien y continúa la limpieza del rastro de la explosión Láctea que mande… todito hasta dejarme limpito y me ensarta un chupón apasionado mezclando nuestras salivas junto el gustito agridulce de mi lechita y su dulce sabor a conchita que todavía persistía en mi boca…
E: Bueno, ahora que ya precalentamos vamos a mi casa que el boludo de mi marido no esta… te tengo unos ejercicios que siempre quise practicar con vos y no aguanto mas para usarlos…Vamos?
Y: Dale quiero Cojerte ya en la cama del cornudo de tu marido!!!
Nos acomodamos un poco las ropas y emprendimos viaje…

Finalmente embarazada… por otro

octubre 24th, 2011

Era una tarde de primavera, alrededor de las 3pm. El calor comenzaba a asomarse en aquella época del año, aunque tímido. Ya se veía por la calle a la gente caminar más suelta de ropa, camisas, polleras, etc. Yo vivía en un 4to piso de un departamento en Belgrano, en la ciudad de Buenos Aires.
Este relato es absolutamente real, salvo los nombres y algún detalle relacionado con lugares y fechas, para proteger mi privacidad. Les voy a contar una de las historias más reservadas de mi vida, pero que aun hoy me produce tanto morbo que me decidí a volcarla en un relato erótico, incluso a riesgo de que alguien pueda leerlo y sentirse. Por aquellos días tenía 27 años, soy argentina, y para este relato me llamaré Sofía.

Soy de piel blanca, tengo el cabello negro, lacio, y muy extenso (llegando casi hasta mi cola), ojos marrones, mido 1.64m. Soy delgada, trato de mantenerme muy en forma a fuerza de gimnasio, y salgo a correr regularmente con un grupo de amigas, 2 veces por semana. Mis pechos son bastante grandes, dado que hace algunos años, tomé la decisión de operarme con el consentimiento de mi marido, y hacerme unos implantes, que afortunadamente quedaron muy bien, y sin complicaciones. Mi cola es grande también, firme, aunque proporcionada con mi cuerpo. En medidas ordinarias, sería algo como 105-63-95, lo que me da una figura muy llamativa, aunque nunca he sido provocativa con mi forma de vestirme, ni con mis actitudes. Suelo vestirme muy bien, aunque no llamativamente.

En el momento de este relato, llevaba 3 años de casada (aun lo estoy), y con mi esposo Carlos llevaba y llevo una relación muy especial, llena de afecto y compresión. El es contador, tiene una carrera profesional muy fructífera, toma su trabajo muy en serio, y siempre ha sido un esposo y amante excelente. Económicamente estamos muy bien, y sabemos administrarnos. En el sexo, aún hoy nos llevamos muy bien, nos entendemos, y si bien no somos liberales, se puede decir que tratamos de ser creativos. Yendo al grano, como para describirlo, me gusta experimentar, me gusta el sexo intenso, me gusta jugar con mis pechos, me gusta provocar en la cama, y demás cosas que quizá a otras mujeres les resulta “extraño”.

En aquella tarde, estaba nerviosa, sentada en una banqueta de un pequeño bar en el living de nuestro departamento. Realmente no sabía bien como había podido llegar hasta ese momento. Mis manos transpiraban un poco, y nerviosamente tomaba un trago del vaso de whiskey que tenia sobre la barra. Trataba fuertemente de no pensar, de no repasar lo que había pasado, de no buscarle explicaciones a lo que había sucedido, y lo que quizá estaba por suceder. Sin embargo, todo estaba preparado, dado que era algo que venía ideando sin quererlo, y había tomado los recaudos para que esto sucediera.

Mi marido Carlos estaba de viaje en la provincia de Santa Fe desde esa mañana, y no volvería a la capital hasta dentro de 3 días. Yo estaba producida, había estado en la peluquería por la mañana, el cabello suelto, aunque arreglado, mis uñas trabajadas, y un maquillaje muy tenue y sutil, apenas un poco de labial rosado (de los que no salen fácilmente), un poco de base, y algo de delineador. Llevaba aros, una cadenita dorada al cuello con una pequeña cruz, una pulsera del mismo color en el brazo derecho, y mi anillo de matrimonio en la mano izquierda. Tenía puesta una pollera mini azul, ajustada, que llegaba hasta un poco pasada mi cola, una camisa blanca con mangas 3/4 y pequeños apliques de encaje con un par de botones sueltos, y un conjunto de ropa interior blanco, muy sugestivo y que delineaba mis curvas muy bien. Para completar, unas sandalias blancas (aunque sin brillo) relativamente altas.

El departamento estaba arreglado, limpio, y con el típico perfume a rosas que suele haber en él, dado que soy fanática del aroma a rosas naturales, y tengo fragancias en varios lugares de la casa. Tenemos varios sillones blancos, y una decoración relativamente moderna. En el living se escuchaba música suave que puse con un CD, y en el resto del departamento, mucho silencio y tranquilidad. No había chicos. Llevábamos prácticamente los 3 años de matrimonio buscando hijos, sin lograrlo. Mi marido padece de un desorden reproductivo, que hace que la tarea de dejarme embarazada sea realmente difícil, aunque venimos intentándolo constantemente. Y sin querer asumirlo en ese momento, ese fue el motivo por el cual había hecho todo lo que había hecho hasta ese momento. Si bien mi matrimonio era excelente, yo no podía soportar más la ausencia de hijos, y de la posibilidad de ser madre. Sentía que si no tomaba una determinación, moriría de angustia, o arruinaría mi vida de casada.

Eran las 3:10pm, y suena el portero eléctrico. Por la cámara del aparato veo a Ezequiel, a su amigo Jaime. Los atiendo, y con vos nerviosa les digo que pueden subir al 4to piso. Ezequiel es un viejo compañero de facultad, con el cual tenía una relación de amigos (bastante normal hasta ese momento), y que conozco desde que tenía 17 años. Jaime, en cambio, es un viejo amigo suyo, aunque conmigo apenas nos hemos cruzado un par de veces en cumpleaños o reuniones sociales.

En el intervalo de tiempo en el que ambos hombres subían el ascensor, por mi cabeza pasaron las ráfagas de recuerdos. Hacia 4 semanas que con Ezequiel comenzamos a chatear por las tardes, antes que mi marido llegara del trabajo. Las charlas por Internet se hicieron rutina, y llegamos a armar una muy buena relación, incluso algunas veces hablando por teléfono por varias horas. Casi inadvertidamente, con el transcurrir de las charlas, comenzamos hablar de sexo. Lo que comenzó como una charla desinteresada, fue incrementando el nivel de osadía, y hablamos de cosas más calientes, de qué cosas nos gusta más, de nuestras relaciones actuales y pasadas. Un día, casi como un juego, comenzamos a tener “cyber sexo”. Él jugaba con que ambos lo necesitábamos, porque él hacia algunas semanas que no tenía relaciones, y que yo podía aprovechar para descargarme. Más allá del chiste, la verdad es que comencé a calentarme muchísimo con esas conversaciones por chat. Pasaron varias tardes en donde ambos acabábamos contándonos historias, o fantaseando con una escena caliente entre ambos.
El perfil que trataba de demostrarle era el de una mujer que sabía lo que quería, y daba a entender que yo ya le había metido los cuernos a mi esposo. En ese juego peligroso, estaba tomando una iniciativa que sabia como iba a terminar. De las charlas y sexo virtual, comenzamos a las conversaciones telefónicas calientes. Hasta que una tarde me dijo:

– Cuando te vas a animar?. Cuando vas a decir “veni Eze, que quiero que me cojas acá mismo”.
– Cuando vos te decidas – le dije.
– Mmmm, mañana mismo!, jajaja… te puedo llegar a coger por horas, con lo caliente que me tenés.
– Pero, para por fin hacerlo, me tendrían que coger de a dos.
– No hay problema, yo consigo un amigo – me dijo.

Todo sonaba a chiste, y él lo tomaba de esa forma. Hasta que comencé a insistir, a provocarlo, y a hacerle entender que realmente quería que viniera con un amigo suyo a cogerme entre dos. Yo realmente no sabía adónde me estaba metiendo, simplemente seguía el juego, me gustaba provocarlo, y escuchar cómo reaccionaba.

– Sofi, de verdad me estás diciendo todo esto?, es en serio?
– Si Eze, es muy en serio, quiero cumplir esta fantasía, y este es el momento.

El muchacho se quedó mudo. Cuando reacciono, comenzamos a hablar sobre quien sería el otro afortunado, y terminamos “eligiendo” a Jaime. Un hombre muy apuesto que yo apenas conocía, como dije antes, casi de nuestra misma edad.

Y ahí estaba yo. Escuché el timbre, y abrí la puerta. Ambos hombres entraron, y los saludé a ambos con un beso en la mejilla. Eze es un poco más alto que yo, y Jaime es bastante más alto que ambos. Corpulentos, con el típico pecho de quienes hacen pesas. Estaban muy bien vestidos, ambos con camisa un poco desabrochada (cada uno con su color), pantalón de vestir y zapatos.
Estábamos los 3 bastante tímidos, los invité a sentarse en las banquetas del bar, justo hay 3 de ellas, yo al medio de ambos. Tenía preparados los vasos, y les serví una medida de whiskey.

Jaime se veía mas inquieto, como mas desinhibido y a la espera. Aún un poco tímidos, hablamos del clima, y otros temas de conversación para el relleno. Hasta que Eze me dice:

– Sofi, estás segura de esto?

Sin decir nada, me baje de la banqueta, me acerqué a él y le di un beso en la boca, con apenas un poco de lengua. Fue la señal que desató el huracán. Jaime se levantó, y se me pegó al cuerpo desde atrás, apoyando su paquete en mi culo, sobre la ropa, mientras seguía besándome con Ezequiel. Ambos chicos comenzaron a recorrer mi cuerpo con las manos, yo no podía creer lo que estaba haciendo, pero a la vez, mis mejillas explotaban de calor, y por dentro tenia fuego que me quemaba el cuerpo.
Las manos de Jaime se apoderaron de mis tetas, por sobre la blusa, mientras sentía que su pija crecía rápidamente debajo de su pantalón. Me besaba el cuello, mientras mis manos acariciaban el pecho de Eze, y esporádicamente tocaba las manos de Jaime sosteniéndome las tetas.
Eze comenzó a desabrocharme los botones, y asistiéndolo, terminé sacándome la camisa, y tirándola al suelo. Siguió mi corpiño, también al suelo, y cuando mis tetas estaban libres, me volví a sentar en la banqueta, cuando ambos hombres saltaron sobre ellas, besándolas, y chupando mis pezones. Casi no tenia control de mi cuerpo, no sabía lo que hacía, y que me muerdan los pezones es algo que liberalmente me vuelve loca. Mis dos manos fueron a parar a ambos penes por sobre los pantalones. Ellos entendieron el gesto, y ahí mismo nos quitamos los 3 la ropa.
Cuando vi a ambos chicos desnudos, con sus pijas duras en frente mío, me saltó el corazón. Fue un shock de miedo, morbo y placer. Jaime hizo que me sentara en la banqueta, se arrodilló, y comenzó a darme sexo oral. Me lamia la concha como desesperado. Sin ser bruto, movía su lengua fuertemente en mi clítoris, me separaba los labios de la concha con la lengua, y jugaba intensamente con ellos. Mientras tanto, Eze se me acercó, tomé su pija con mi mano, y nos besamos profundamente. Con la otra mano jugaba con los cabellos de Jaime.

Mis gemidos subían, y la humedad de mi concha aumentaba. Jaime no resistió mas, se incorporó, y su verga salto en frente de mis piernas abiertas. Me tomó entre los brazos, y me llevó al sillón. Me recosté sobre el mismo, con los pies en la alfombra, mientras observaba detenidamente la pija de Jaime. Era gorda, de unos 16cm, bastante curvada hacia arriba, y con el glande mucho más ancho que el tronco, y que ya brillaba con gotas de fluido pre seminal en la punta.

– En la caja de metal hay preservativos – Dije yo, apuntando a una caja de adorno en la mesa del living.

Jaime entendió el mensaje, se dio vuelta, abrió la caja, y descubrió una gran cantidad de preservativos que yo había dejado hacia unas horas. Tomó uno, y en menos de 10 segundos, su pija ya estaba enfundada. Hice un gesto para que Eze se acercara, dado que a todo esto parecía tímido en medio de tanto franeleo. Le dije que se arrodillara en el sillón, y comencé a chuparle la pija, primero con besos suaves, y luego más profundamente. De nuevo, no tenía control de mi cuerpo. Estaba chupando el pene de un hombre, y estaba a punto de ser penetrada por otro. Esto último no tardó en suceder. Jaime ya arrodillado entre mis piernas, encaminó su pene a la entrada de mi vagina, y con un movimiento fuerte pero preciso, logró penetrarme. Cerré los ojos, y solté un gemido fuerte, mientras seria con el pene de Eze en la boca.
En pocos segundos, Jaime se movía, sus manos estaban apoyadas en mis tetas, y su verga estaba entrando y saliendo de mi concha sin ninguna resistencia. Era la primera vez que otro hombre me penetraba, luego de mi casamiento. Sentía como su enorme glande recorría mi cueva como si fuese una pelota en un bastón, y sus testículos golpeaban mi cola rítmicamente. La mamada que le estaba dando a Eze comenzaba a surtir efecto, ya que su pija estaba largando fluidos, y me tomaba la cabeza con ambas manos.

La cogida duró algo de 5 minutos, cuando abruptamente Jaime se abalanzó sobre mis tetas, mordiéndolas suavemente, y comenzó a gemir. Sentí como su pene se agrandaba dentro de mí y comenzó a acabar. Yo gemía junto a él, estaba realmente disfrutándolo. Cuando finalmente terminó, sacó la verga de dentro de mí, y se levantó. Pude ver la punta del preservativo completamente blanca, llena de leche. Jaime me acarició la concha con una mano, como agradeciéndome, incluso metiendo un par de dedos.

Rápidamente miré a los ojos de Eze, y él entendió que quería que siguiese. Sin embargo, traté de controlar un poco la situación. Dejé de mamarle la pija, me levanté y sonreí. Ambos hombres quedaron mirándome, como regocijándose de estar cogiéndose a una mujer casada, y disfrutándolo. Les dije que me acompañaran, y fui caminando hasta la habitación principal. Ambos me siguieron rápidamente. Al llegar al borde de la cama, me senté y continué la chupada de pija a Eze.

– Cogeme Eze – le dije.
– Ufff, si por favor. Dejame traer un forro.
– No, vos no necesitas preservativo. A vos te dejo cogerme sin nada, no te preocupes, me cuido.

El chico se quedó helado, noté como se le erizaron los pelos de las piernas, y su pene dio un salto cerca de mi cara. Le di una última chupada de pija, me levanté, y usando el borde de la sabana, sequé un poco de la humedad de mi vagina. Me subí a la cama, poniéndome en cuatro patas. Levanté el culo las que pude, arqueando mi espalda, y dejando que mis tetas rozaran las sabanas.

– Veni por atrás, cogeme la concha así en cuatro – le dije, como si fuese una verdadera puta.

El se subió a la cama, con su herramienta lista, y apoyó sus dos manos en mi cintura. Su pene era largo, como de 18cm aproximadamente, y bastante ancho, con la cabeza del mismo tamaña que el tronco. Era estéticamente mucho más llamativo que el de su amigo, recto, sin venas marcadas, con la piel perfecta, parecía salido de un film porno, era un incentivo visual para cualquier mujer. Apenas la cabeza del pene tocó mis labios vaginales, solté otro gemido fuerte, sentí como volví a mojarme. Sin tocar el pene con las manos, hizo un poco de presión, hasta que la cabeza del pene, que no estaba mojada, rompió la resistencia de mis labios vaginales, también un poco secos por la sabana.
Cuando esa resistencia se rompió, la penetración fue instantánea. Más de la mitad del pene, sin preservativo, se perdió dentro de mi concha, en una fracción de segundo, lo cual era una prueba de que internamente, tenía la vagina inundada de jugos, y muy caliente.
En unos segundos más, la totalidad de ese gran pene ya estaba dentro mío, rodeándolo de calor y de humedad. Primero lento, y luego con fuerza, me penetró constantemente, durante más de 15 minutos, sin parar, sin cambiar de posición, fue una de las cogidas más intensas de mi vida. Jamás había estado con un hombre que pudiera coger durante tanto tiempo, sin frenar, sin cambiar de pose, y sin perder absolutamente nada de erección. Seguía siendo una piedra.
Mientras tanto, Jaime se sacó el forro, se limpio la verga con las sabanas, y acercándose a mi cara, hizo que se la chupara. La pija de Jaime recobró vida, y comencé a darle una fuerte mamada, logrando una garganta profunda intensa. Dado que Jaime era el más activo, sentí la necesidad de provocarlo, y me esmeré en darle una intensa chupada. Mientras Eze seguía cogiéndome como un poseído, Jaime no soportó más, y comenzó a eyacular en mi boca. Hábilmente dejé la cabeza del pene sobre la lengua, apenas cerca de la garganta. Sin ejercer fuerza, el muchacho dijo “arrjjj no aguanto, voy a acabar!”, y comenzó la explosión de leche. Los 2 primeros chorros fueron enormes, y fuertes, pese a que era su segunda acabada en menos de 20 minutos. Ambos chorros fueron directo a mi garganta, que tuve que tragar rápidamente. La acabada fue rápida y constante, mi intensión era dejar caer un poco por la lengua, pero notablemente la mayoría de los chorros fueron profundos, y no tuve opción que tragar ese semen caliente y espeso. El chico gemía mientras le lamia fuertemente la cabeza, y un poco de semen terminó por salirse por la comisura de mis labios.

Continúe lamiéndole el pene, pasándole la lengua por la cabeza mientras apretaba el tronco, logrando que alguna última gota de semen saliera por la cabeza, y lamiéndola como si se tratara de crema en un pastel. El hombre aun gemía, temblaba, y me acariciaba la cabeza con una mano y una de sus tetas con la otra.

Mientras tanto, Eze en mi concha, luego del espectáculo, al fin decidió tomar una determinación. Retiró su pene, que seguía duro como en el primer segundo de sexo, e hizo que me acostara sobre mis espaldas, boca arriba. El bajó de la cama, que al ser tan alta, permitía una altura perfecta entre nosotros.

Todo sucedía muy rápido. Mi vagina empapada, y relativamente abierta por la intensa acción de ambos machos. Me levantó las piernas con ambas manos, y en una rápida movida, bajó de rodillas, y pasó su lengua por mis labios vaginales… a lo que le respondí con un intenso gemido. Como respuesta del dialogo, el se detuvo un rato, y por un minuto estuvo dándome sexo oral, con pequeñas mordidas de clítoris, y jugando con la lengua.

Pero como estaba concentrado en otra cosa, se volvió a levantar, y sin soltarme ambas piernas, su pene erecto volvió a penetrarme, en un abrir y cerrar de ojos. Las estocadas ahora eran fuertes, el pene salía casi por completo y volvía a entrar, produciendo ruidos húmedos de gran volumen. El movimiento hacia que mis tetas (redondas y firmes, vistas desde arriba) entraran en un vaivén, que era atenuado por sus manos, y las mías.

Jaime sentado en el respaldar de la cama, con el pene en la mano (que increíblemente estaba retomando algo de erección), miraba como su amigo me cogia, y dijo: “que hermosa concha tiene, no Eze?”.

Eze comenzó a temblar, aun no había acabado, llevaba casi una hora de erección, y yo sabía que sería un momento intenso. Cerró los ojos, apretó los dientes, y de nuevo como si se tratara de una película tiple-x, dejó el pene a mitad de camino en su concha. Cuando lo noté, no pude permitirlo. Quizá en ese día podría quedar finalmente embarazada. Eran mis días fértiles, no estaba tomando pastillas, y tenía adentro de la vagina a un hombre con una inmensa cantidad de semen a punto de explotar dentro de mí. Todo había sucedido rápido, pero increíblemente era lo que estaba buscando.

Le tomé las manos y la cintura, y presionándolo logré que me penetrara completamente, sin soltarlo. Eze comenzó a gemir y a gritar. Estaba eyaculando borbotones de semen, caliente, espeso, dentro de mi vagina, sin protección, y a una profundidad importante debido a la pose, y al tamaño de ese pene. No pude contarlos, pero fueron muchos chorros de semen, en los cuales los primeros fueron realmente grandes e intensos. Cerré los ojos, y me dejé llevar, solo sentía ese tronco enorme y duro dentro de mí y trataba de imaginar como esos chorros de semen me inundaban por dentro, y luchaban por lograr mi deseo.

Transpirados, pasaron 2 minutos más y él seguía con el pene dentro de mí, aun con algo de erección. Los nervios y la locura, habían hecho que yo aun no pudiese acabar. Sin embargo, estaba distendida, y trataba de pensar que quizá ese podría ser mi gran día. Eze me besó en la boca, y sacó su pene lentamente de mi cueva. Me toqué la vagina con una mano, estaba hirviendo, sensible, y empapada de mis jugos y algo de su leche. En ese momento pensé en Carlos, y en cuanto lo amo.

En lo que restaba de la tarde, ambos chicos me volvieron a coger muchas veces, en distintas poses, en distintos lugares de la casa (en la mesada de la cocina, el comedor sobre la mesa, en los sillones, etc). Tuve 3 orgasmos enormes, y logré que Ezequiel me volviera a llenar de semen la vagina otras 2 veces más. Comimos algo los 3, nos duchamos juntos (en donde me penetraron ambos por última vez), y abandonaron mi casa alrededor de las 10pm.

Desde ese día, no permití que nos volviéramos a comunicar conmigo, ni Eze, ni Jaime. A los 20 días de esa tarde, ya con un atraso menstrual de algunos días, me enteré con un test casero de que al fin estaba embarazada. Hoy tengo 31 años, sigo casada con Carlos, y nuestro pequeño hijo tiene 4 años.

Por supuesto, ni Carlos sabe nada de mi verdad, ni siquiera Eze sabe que mi hijo es suyo. Solo ustedes lo saben ahora. Este es mi pequeño gran secreto.

mllia

Cosecharás tu siembra

octubre 24th, 2011

- Buenos días Gustavo, fue el saludo cristalino y juguetón que lo recibió al entrar al súper. Mas atrás su padre estaba acomodando algunos productos.
– Buenos días, Luciana, hola Jorge fue la respuesta medida y controlada como siempre, aunque sus ojos se iluminaron al ver la personita que lo saludaba: rubia, 1,70, estilizada, un cuerpo deseable sin ser exuberante, ojos celestes, un rostro que sin ser una belleza perfecta, era muy sensual y atractivo. En fin una hermosa mujer de unos 35 años, que para sus 55 resultaba todo un sueño.
Hacía 25 años que vivía en el barrio, y recordaba cuando en los primeros tiempos al comenzar al ir al negocio la vio jugando a atender a los clientes. Una hermosa nena, alegre y pícara que era mas lo que molestaba que lo que trabajaba.
Cuando llegó a los 16 había explotado, para convertirse en la mujer que hoy era. Se casó y tenía dos hijos. El marido viajaba permanentemente y se dejaba ver poco . Ella pasaba sus días entre su casa con sus hijos y el negocio familiar que cada día estaba más a su cargo. Sus padres, de a poco, se estaban retirando y la dejaban al frente del mismo.
Recorrió las góndolas eligiendo lo que necesitaba, mientras la escuchaba atender a los demás. Su voz era atenta, pero juraría que cuando se dirigía a él adquiría un tono más íntimo, mas de cercanía. Pero seguramente era su imaginación. Tantas veces había soñado con tenerla en sus brazos que su mente le jugaba una mala pasada. Para colmo vivía cerca de su casa, así que era muy habitual que la viera pasar, y en cada oportunidad, los ojos de ella se iluminaban y lo saludaban con mucha simpatía. El debía convencerse que las atenciones que creía recibir tenían más que ver con el tiempo que hacía que se conocían que con otra cosa. Pero, las fantasías no pueden controlarse.
Llegó a la caja y allí Luciana comenzó a sumar las compras, mientras le preguntaba sobre su trabajo, su esposa y sus hijos.
Si. Gustavo estaba casado hacía 30 años y tenía dos hijos, uno de 28 y la niña de 25. Ambos ya independizados y viviendo en otra ciudad, más grande y vital que esta pequeña localidad, donde pasaba sus días. De cualquier manera, apenas 30 km. Lo separaba de la urbe, así que se veían asiduamente.
Por fin, le dio el total y Gustavo pagó.
– Aquí tienes tu vuelto, le dijo tutéandolo como siempre. Espero que vuelvas pronto, le dijo mirándolo a los ojos fijamente.
– Siempre que pueda, Luciana, siempre que pueda, le dijo, dio media vuelta y salió.
Luciana lo vio partir, y se quedó con ese extraño sabor en la boca. Desde niña siempre le había atraído ese hombre, y a pesar de los años transcurridos, seguía provocando en ella la misma sensación, esas mariposas que revoloteaban en su estómago y una plenitud que la llenaba. Luego se había casado, quería a su esposo y a sus hijos , pero ese hombre la seguía provocando como el primer día. Siempre pensó que solo se recibiría de mujer en sus brazos.
Ya camino a su casa, el no podía dejar de pensar en ella. Si, la conocía desde niña, pero ya no era una niña. ¿ Qué pasaría si intentara algo? Era imposible. El único lugar donde la veía era en el negocio y siempre había otras personas. En la calle ni soñar con hablarle porque inmediatamente llamaría la atención de todos los vecinos.
Pero no podía dejar de pensar en ella. Sentía que era una oportunidad que le llegaba para volver a sentirse vivo. Su matrimonio era un espacio de rutina. Quería a su mujer, pero el romanticismo y el sexo ya habían pasado. De pronto con Luciana sentía que volvía a su juventud.
Algo tenía que hacer, pero no imaginaba que.
Esa tarde mientras se bañaba, recordó a Luciana, y como un adolescente se masturbó debajo de la ducha, soñando que la tenía a su merced. Por fin, decidió que esta situación debía tener un corte, para bien o para mal. Ya los dos eran grandecitos y las cosas debían poder hablarse de frente.
En su próxima visita al negocio, mientras pasaba por la caja, y aprovechando que no había ningún familiar cerca, pudo quedarse charlando un rato más. Luciana comenzó a preguntarle por sus hijos.
– Allí andan con sus ocupaciones de siempre, le dijo atento.
– Debe ser lindo vivir en la ciudad, no?, comentó ella
– Pues tiene cosas buenas y malas.
– A mi me encantaría vivir allí, pero mi familia y mi trabajo están aquí.
– Yo pensé que eras feliz en este lugar
– No me quejo,pero la ciudad permite otras cosas. Especialmente no estar siempre observada y vigilada por todos, dijo con desdén.
– Eso es verdad. Nada puede hacerse aquí. Hasta la acción mas inocente se convierte en sospechosa.
Sus ojos se iluminaron.
– Eso es lo que siempre digo. Cuando puedo escaparme a la ciudad, me siento libre.
Una luz de atención brilló en la mente de Gustavo.
– ¿ Y vas seguido?
– No mucho, pero cada 15 días me tomo una mañana para mí.
– Eso está bien. ¿ Y que haces cuando vas?
– Pues nada. Miro vidrieras. Me meto en el shopping del centro. Tomo un café
– Bueno, si alguna vez nos encontramos te voy a invitar ese café, le dijo con toda intención.
Ella lo miró y sonrió.
– Es una promesa que acepto encantada. Pero te aprovechas porque es muy difícil que coincidamos.
– Pues hagamos una cosa. Cuando vayas la próxima vez me llamas. Aquí te dejo mi número. Y si por casualidad viajo, combinamos, te parece?
– Está bien, pero no quiero que te creas obligado, le dijo ella con picardía.
– Por favor. No es una obligación. En realidad sería un soplo de aire fresco dentro de la rutina cotidiana, le dijo.
Salió del negocio, transformado. Se sentía vivo y joven. Nada había pasado y seguramente nada pasaría, pero el rumbo que había tomado la relación, le permitía sentirse satisfecho. Al menos había actuado para que las cosas cambiaran.
Luciana sentía que las piernas le temblaban. Gustavo le había abierto la puerta a una oportunidad. ¿ Se animaría ella a jugarla?
Todo siguió como siempre. Los días pasaron y nada ocurrió. Gustavo no volvió a comentar el tema las veces que fue a hacer las compras. Seguramente ella había sido muy atenta por el tiempo que hacía que se conocían, pero de allí a compartir con él un tiempo fuera de lo estrictamente social, era un salto muy importante. Y por otra parte, debía tener muchos jóvenes de su edad con quienes sentarse a conversar, si realmente quisiera hacerlo.
Una noche, estaba en su habitación mirando televisión. Su esposa estaba en el comedor mirando una novela y él tenía interés en seguir una entrevista que iba por otro canal. De pronto, sonó su celular. Número desconocido. Las 11 de la noche. Pensó en no atender, pensando que era un numero equivocado.
A desgano, atendió.
– Hola
– Hola ¿ Gustavo?
– Si, el habla, ¿ quién es? Preguntó fastidioso
– Perdona que te moleste a esta hora. Soy Luciana
Su corazón se paralizó por un instante. Una escalofrío le corrió por el cuerpo.
– Luciana, que sorpresa. Realmente no pensé que eras tú. Sinceramente pensé que era alguien que quería molestar, dijo apresuradamente.
– Perdona, no quiero molestarte, dijo Luciana disculpándose.
– No me refería a vos. Nunca me molestarías. ¿ Que necesitas?
– Nada. Bueno, en realidad lo que ocurre es que mañana por la mañana voy a la ciudad, y si en una de esas estabas allí, me podías invitar ese café que prometiste.
– De mil amores. Hagamos una cosa. Mañana por la mañana te llamo si viajo y combinamos donde encontrarnos, quieres?
– Perfecto. Yo estoy viajando a primera hora pues tengo que hacer varias compras, pero creo que a media mañana estaré libre. Si tienes un rato nos hablamos.
– Como no. Despreocúpate. Y gracias por llamar, dijo cortésmente.
– No, por favor, y disculpa la molestia. Nos hablamos, dijo Luciana y colgó.
Quedó allí, sin aliento. No podía creer que aquello estuviera pasando. Se quedó recostado pero el informe de la tv, pasó sin que el se diera cuenta. Pensaba en mañana, en como aprovechar esa que sería su única oportunidad.
Cuando su esposa vino a acostarse, lo interrogó.
– Me pareció escuchar el celular. ¿ Te llamaron?
– Si. Un cliente que necesita que mañana por la mañana lo vea en su despacho en la ciudad.
– Que lástima que te avisó tan sobre la hora. Me hubiera gustado ir a pasear un poco, pero mañana ya tengo compromisos, dijo su mujer decepcionada.
– Mira, no se hasta que hora me tendrá ocupado, así que es preferible que organicemos un viaje otro día donde podamos pasear los dos juntos, no te parece?
– Si, tienes razón. No se puede mezclar el trabajo con el placer, porque después el tiempo no alcanza ni para una cosa ni para la otra.
Al día siguiente, se levantó temprano, se bañó, se arregló con mucho detalle. Su mujer dormía, así que no pudo extrañarse de la situación. La besó, subió al auto y partió.
Al llegar, tomó el celular y llamó a Luciana.
– Hola, respondió una voz cristalina
– Hola Luciana, ¿ donde andas?, preguntó
– ¡Gustavo!, pensé que no vendrías, anoche te noté muy ocupado.
– Si realmente, pero adelante algunas cosas que tenía que hacer y de paso cumplo mi promesa.
– ¿ Ya te desocupaste?
– Tengo para media hora, mintió, ¿ donde podemos encontrarnos?
– ¿Conoces el Café de Las Artes?, ante la respuesta afirmativa agregó “ nos vemos allí en 45 minutos, te parece?
– Me parece perfecto. Un beso, contestó Gustavo.
Igual para vos, dijo Luciana.
Gustavo, lentamente condujo hasta cerca del lugar de la cita y estacionó a media cuadra del café. Se quedó dentro del auto haciendo tiempo, y cuando se cumplió el tiempo bajó y se dirigió al lugar de encuentro.
Al entrar, miró a su alrededor. En el fondo, en una mesa, Luciana le hizo señas. Sin apresurarse se dirigió hacia el lugar.
Cuando llegó Luciana se levantó y le acercó su mejilla, la que el besó suavemente.
– ¿ Hace mucho que esperas? Perdona si me demoré pero el tránsito estaba complicado, mintió
– No, llegué hace 5 minutos, además, dijo mirando el reloj, estás justo a tiempo. Yo estuve más impaciente, dijo riendo.
Se sentaron, y comenzaron a hablar de cosas cotidianas del barrio. Una moza se acercó y le pidieron un par de cortados. La charla era muy amena, y los minutos volaban. De las cosas comunes del barrio, pasaron a los temas familiares. El trabajo, los hijos, la familia, y terminaron recalando en el matrimonio.
Gustavo llevaba 25 años de casado y tenía dos hijos ya grandes. Luciana llevaba 12 años de casada y tenía tres hijos de 11, 8 y 5 años.
– Pues siempre me asombró que la maternidad te sentara tan bien. Estás mas bella ahora que cuando recién te casaste, dijo zalamero.
– No te burles, que siento que los años me han pasado por encima. Me siento muuuuy vieja, dijo sonriendo.
– Si tu estás vieja, que me queda a mí. Soy todo un fósil, dijo Gustavo.
– En los hombres es distinto. Con los años a veces se vuelven mas interesante y atractivos. No siempre, pero a veces. En cambio las mujeres con los años nos ponemos viejas y arrugadas.
– Pues en tu caso quédate tranquila que no estás ni vieja ni arrugada. Seguramente eres el sueño de más de un hombre de los que te conoce, le dijo sinceramente.
– Puede ser, pero lo que pasa es que el matrimonio nos condiciona demasiado. Mi marido me ama, estoy segura, pero ya no nos deseamos mutuamente como antes. El tiempo no perdona, dijo con resignación.
Nos pasa a todos, no te preocupes. Pero me intriga el hecho de que te atraigan los señores mayores, dijo volviendo sobre el tema.
– No me atraen todos los señores mayores, tampoco exageres. Simplemente dije que hay hombres que con los años no pierden el atractivo, por el contrario.
Con tranquilidad y lentamente, Gustavo le tomó las manos sobre la mesa.
– Te pregunto porque me sorprende que te fijes en el atractivo de hombres mayores que tu, cuando tienes muchos jóvenes de tu edad para mirar. Si ella notó que el le había tomado las manos, nada dijo, siguió charlando como si nada.
– Si los jóvenes son atractivos los miro, no te creas, dijo sonriendo.
– El problema Luciana, es que tal vez alguien mayor que tú interprete mal tu interés. Sabes, a una cierta edad, uno ya no tiene tanto tiempo para juegos, le dijo en voz baja, sin soltar sus manos.
– No creo que nadie se confunda tanto, dijo pausadamente.
– Luciana, no imaginas lo feliz que estoy de haber podido compartir este rato contigo. Sin embargo hay ciertas cosas que tenemos que aclarar, dijo decidido.
– ¿ Qué cosas? Preguntó ella
– ¿ Cuántas veces nos hemos podido encontrar y charlar así con tanta intimidad?
– Nunca, reconoció
– ¿ Cuántas veces más pensás que vamos a poder volver a encontrarnos?
– Y…. es difícil, dijo ella
– Por un momento te pido que olvidemos la diferencia de edad, si es posible. Me gustás mucho. Siempre me gustaste, en verdad.
– Bueno gracias, pero…..
– Espera, déjame terminar y luego prometo escucharte, si?
– Está bien, aceptó.
– Repito que siempre me gustaste, y durante mucho tiempo he soñado contigo. Soñé en poder encontrarte así, en poder charlar contigo. Soñé con lo feliz que iba a ser, y como me iba a hacer sentir pleno el estar contigo. Y debo decir que la realidad ha superado a mis fantasías.
– Nos conocemos desde hace mucho tiempo, inclusive eres muy amigo de mi padre y mi madre…. dijo ella.
– En este momento no soy amigo de nadie. Soy un hombre encandilado por una mujer hermosa a la que necesita besar y acariciar. Te dije que te olvidaras de todo. No me importa quien eres ni quienes son tus padres. Lo único que me importa es la manera en que haces sentir. Y siento que esta es la única oportunidad que tengo, y no quiero que te enojes, pero no puedo dejarla pasar. Necesito que estemos a solas, en un lugar íntimo y tranquilo, y creo que tú también lo necesitas. Nada de lo que pasó antes tiene importancia. Nada de lo que pase después la tendrá. El aquí y el ahora es lo único que nos tiene que importar. Y eso es lo que te propongo. Que me veas simplemente como un hombre enloquecido por vos. Y que seas una mujer decidida a dar y recibir placer.
El silencio los envolvió. Tomados de la mano se miraban a los ojos.
– Gustavo, realmente me has dejado sorprendida. No pensé que ibas a decir las cosas que dijiste. Nos conocemos desde hace mucho. Conozco a tu familia y tu conoces a la mía. Mentiría si dijera que no me agradas, pero de allí a lo que me propones hay una gran distancia, y me toma realmente de sorpresa. No me malinterpretes, no me enojo, entiendo tu planteo. Entiendo que hayas esperado mucho tiempo para decir esto y que esta haya sido la primera oportunidad, pero lo haces muy difícil para mí. Me estás pidiendo que engañe a mi marido, que tenga una aventura, nada más que por el placer de tenerla, que arriesgue todo por un rato de placer. No creo estar preparada para esto, dijo seria.
Gustavo atrajo las manos hacia él y las besó. El perfume de su piel invadió todos sus sentidos. Esos ojos verdes que lo miraban con curiosidad, lo excitaban y lo hacían sentir como un adolescente.
– Mira Luciana. Somos adultos y creo que los juegos nos roban un tiempo precioso e imposible de recuperar. Hagamos una cosa. No quiero que te ofendas, ni cambies la opinión que tienes de mí. No me gustaría perder tu amistad, ni verme privado de la posibilidad de seguir saludándote todos los días, como siempre. Voy a pagar los cafés, y luego de pagarlos te daré un beso, me levantaré y me iré. Si te quedas aquí sentada, está todo bien. SI sales conmigo, entonces nos iremos a un hotelito muy discreto que conozco, y allí podré besarte y acariciarte con todas las ganas que tengo y te poseeré como siempre lo soñé. Depende de vos, como siempre ocurre en estos casos. Siempre la última palabra la tiene la mujer. Y dicho esto soltó las manos de la mujer y llamó a la moza. Pidió la cuenta, mientras con el rabo del ojo vigilaba las reacciones de ella. Se había puesto colorada, y tomando su cartera, hacía que buscaba algo dentro de ella, para no tener que mirar a nadie. Seguramente sentía que todos la estaban mirando, lo que no era cierto. La gente que había en el café estaba toda entretenida en sus propios asuntos, y el diálogo fue en voz baja, de manera que nadie pudo seguirlo.
Le trajeron la cuenta, pago, y cuando la moza se retiró, se levantó y acercándose a Luciana la besó en la mejilla, para luego dar media vuelta y alejarse hacia la salida. Caminó lentamente, sin mirar atrás. Llegó a la puerta y salió. El aire fresco lo hizo temblar. Recién allí notó lo caliente que estaba. Se imaginó que su rostro debía estar colorado, pero no le importaba. Creía haber actuado como cualquier hombre lo hubiera hecho. Sin suplicas, ni ruegos.
– No seas así, al menos puedes llevarme hasta la parada del bus, dijo una voz a su espalda.
Se dio vuelta y allí estaba Luciana de pie detrás de él. Un vaquero ajustado, una remera blanca y una chaqueta de medio tiempo.
– Voy a llevarte a la parada del bus, no te hagas problema, le dijo tomándola del brazo.
Fueron hasta el estacionamiento y subieron al auto de Gustavo. Antes de arrancar, Gustavo se inclinó sobre ella y sorpresivamente se adueñó de sus labios, besándola profunda y tiernamente. Luciana, sorprendida, no opuso resistencia, y luego de unos segundos respondió su beso de igual manera. Fue un beso largo,prolongado, hasta que ambos necesitaron respirar. Gustavo se retiró, puso en marcha el auto y salió. Luciana quedó sentada inmóvil.
– Mirá Gustavo, me halaga que te guste tanto como dices, dijo Luciana buscando las palabras.
Gustavo manejaba sin decir nada.
– Pero vivimos en una comunidad muy chica. Cualquier cosa que hagamos se van a terminar enterando todos y tendremos muchos problemas, seguía ella. Gustavo seguía en silencio.
– Podemos seguir siendo amigos, no me molesta lo que ocurrió, te lo aseguro
Gustavo dobló en una esquina y como venía ingresó en un hotel para parejas. Luciana no se dio cuenta tal como estaba concentrada tratando de justificar lo que había ocurrido y porqué nada más debía pasar. Gustavo tomó el ticket con el número de habitación e ingresó con el auto hasta la cochera del cuarto que le correspondía. Una vez allí apagó el motor. Fue en ese momento cuando Luciana se dio cuenta de lo que pasaba.
– ¿ Qué estás haciendo?, preguntó sobresaltada.
– Te dije lo que iba a pasar si salías conmigo del café, dijo Gustavo tomándola de la mano.
– Pero Gustavo, pensé que habíamos acordado que me ibas a llevar hasta la parada del bus, dijo seria.
– Y te voy a llevar, después, no te preocupes, dijo mientras volvía a besarla.
– Pero no es así, dijo ella resistiendo al avance de Gustavo, tengo que irme, me esperan
– Y vas a irte pero no sin antes descubrir de que eres capaz, le dijo mientras conseguía besarla, y la tomaba del cuello.
Luciana respondió al beso y se dejó acariciar por esa mano que recorría su cuello y su nuca, obligándola a profundizar el beso. Sus labios se entreabrieron y la lengua de Gustavo la invadió, dando más intimidad al encuentro. Su mano bajó por el pecho de él, y rodeó su cintura, dejando que el tiempo transcurriera. La sensación era muy agradable. Hacía tiempo que no la besaban con tanta ternura, con tanta pasión. Notó que comenzaba a excitarse, que ese hombre al que siempre había considerado atractivo e inteligente la estaba llevando por un camino sin retorno, por un camino nuevo que ella deseaba recorrer. El de la infidelidad. Siempre había sospechado que su esposo tenía alguna aventurita, máxime porque pasaba por razones de trabajo mucho tiempo fuera de su casa, pero nunca pensó ella en verse envuelta en una situación como esa.
Los besos de Gustavo dejaron sus labios para recorrer su cara y su cuello y terminar rozando sus pezones por encima de la ropa. Estaba paralizada. Le parecía que lo que pasaba le pasaba a otra persona y que ella era solo una espectadora. Cuando la mano de Gustavo tomó la suya y la obligó a acariciar su bragueta, se dio cuenta que ya no era un juego y que no era una espectadora. Era la actriz principal de esa escena erótica.
Al principio quiso retirar su mano, pero la presión del macho la obligó a adueñarse de esa vara caliente que se marcaba debajo de la ropa, y en un rato estaba acariciándola arriba y abajo, a pesar de que ya la mano de Gustavo la había dejado en libertad. Su mano ahora tenía vida propia. La mano libre del macho ahora se adueñaba de sus pechos, y recorría uno y el otro, con un roce suave que la enloquecía y la excitaba. Sentía como sus pezones se endurecían y se sensibilizaban. Comenzó a suspirar y a gemir, respondiendo a los avances de Gustavo.
Fue en ese momento que Gustavo se retiró, dejándola caliente y necesitada. Bajó del auto, dio la vuelta y abrió la portezuela de su lado, dándole la mano para que descendiera del vehículo.
Luciana lo miró, y dudó. Sabía que si bajaba con él, no habría retorno. Aún estaba a tiempo de poner punto final a esta situación.
– Por favor, Gustavo, suplicó, pero la mirada de deseo del macho le indicó bien a las claras que si dependía de su sentido común, estaba perdida. Ese hombre estaba decidido a poseerla. La mano de Gustavo insistió, y ella, por fin, tímidamente, le entregó la suya y giró su cuerpo para descender del auto. Gustavo la ayudó a erguirse y cuando estuvo de pie, cerró la portezuela y apoyándola en contra del auto volvió a besarla, esta vez con un beso mas depredador que los anteriores. Había posesión en ese beso. Ya no era algo tierno, era una demostración de dominio del macho que la excitó aún mas. Luego de ese beso, la tomó de la mano y la llevó a la habitación. Abrió la puerta y la hizo pasar. Cerró la puerta y la llevó hasta el borde de la cama.
– ¿ Realmente nunca pensaste que esto iba a pasar? , le preguntó mientras la besaba y la acariciaba por todo el cuerpo.
– Por favor, Gustavo, contrólate. Nos vamos a arrepentir después. No tiremos todo por la borda, decía ella pero sus palabras no tenían nada que ver con su actitud complaciente que disfrutaba las caricias que recorrían todo su cuerpo, y cuando una mano de Gustavo se perdió entre sus piernas y presionó sobre su sexo, inconscientemente separó sus piernas para que el roce fuera mas profundo.
– Me voy a arrepentir si no te poseo, le decía el cuando su boca quedaba libre. Sus manos buscaron el borde de su remera y lentamente la levantó hasta sacarla por su cabeza, dejándola vestida únicamente con su corpiño. Las manos del macho ahora tenían mas libertad para juguetear con sus senos, y los gruñidos de satisfacción mostraba que lo estaba disfrutando a pleno.
– Que lindas tetas que tienes, tal como me las imaginaba, le decía Gustavo, mientras una de sus manos le magreaba los pechos, y la otra regresaba a marcar el surco entre sus piernas. Luciana sentía que la ropa le molestaba, pero no quería ceder y desnudarse. Necesitaba oponerse todo lo posible.
– Basta Gustavo, mira, hagamos una cosa, vamos a besarnos, charlemos un rato y luego nos vamos cada uno por su lado, sin problemas, por favor, suplicaba Luciana , pero por dentro rogaba que el hombre no le hiciera caso. No hacía falta que rogara. Gustavo no estaba dispuesto a detenerse por ninguna razón. Ni un terremoto podía evitar que el siguiera adelante con sus maniobras. Además, el sentir bajo su mano esos pechos, y el acariciar su sexo lo habían puesto a mil. No había nada que evitara lo que iba a pasar.
Y sin embargo, la actitud de Gustavo la sorprendió. De pronto, la soltó, y se alejó unos pasos. Mirándola a los ojos comenzó lentamente a desvestirse. Primero su pullover y su camisa, dejaron a la vista un cuerpo estilizado a pesar de la edad. Luego desabrochó su cinturón, los botones del pantalón, el cierre. Se sentó en la cama, se quitó los zapatos y las medias y poniéndose nuevamente de pie, terminó de quitarse el pantalón. Quedó allí de pie, mostrando un bulto respetable. Lentamente se sentó en la cama, y se desplazó hasta apoyar su cuerpo contra el respaldo.
– Ven Luciana, dijo llamándola con la mano.
La mujer dudó. Sabía que si obedecía estaría sometiéndose voluntariamente a todo lo que iba a pasar. Pero la visión de ese hombre con el que había soñado desde su adolescencia, allí, desnudo y dispuesto a disfrutar de su cuerpo, era una tentación irresistible. Dio un paso hacia la cama, y un gesto del hombre la detuvo.
– Estás muy vestida para mí. Vamos, muéstrame tu cuerpo, por favor, le dijo cariñosamente.
Luciana lo miró, y una tenue sonrisa enmarcó su rostro. Se quitó los zapatos, desabrochó su vaquero y lo hizo correr hasta sus pies saliendo ágilmente de ellos. Una tanga blanca que hacía juego con el corpiño destacaba la excelencia de sus curvas. Así , se acercó a la cama sentándose en el borde inclinada hacia su lado y dejando al alcance del macho todos sus encantos, allí a la distancia del brazo.
Suavemente Gustavo recorrió con una mano su rostro. Ante el contacto de la mano ella cerró los ojos. Sintió como esa mano corría por su piel, y su respiración se entrecortaba. Cuando los dedos llegaron a sus pechos los pezones estaban duros y sensibilizados . Notó que la otra mano subía por su pierna y lentamente se adueñaba de su sexo.
Luciana , casi instintivamente apoyó su mano en el pecho de Gustavo y acariciándolo fue descendiendo hasta su cintura. Se entretuvo un momento y luego descendió hasta el bulto que la atraía magnéticamente. Un arma dura y caliente la esperaba debajo de la única prenda que conservaba él.
Gustavo, excitado por las caricias que brindaba, se descontroló cuando sintió la dulce mano de Luciana acariciando su lanza. En ese momento, sus dedos hábilmente separaron la tanga y su mano tomó contacto directamente con el sexo de la hembra. Un suspiro señaló el placer de ella, y una lenta separación de las piernas fue el permiso para que los dedos del macho la invadieran íntimamente. Sentir esos dedos pugnando por poseerla, la volvieron loca, y se inclinó sobre Gustavo para comenzar a besarlo.
El dedo medio de la mano del macho se introdujo lentamente por completo en su sexo y ella gemía mientras lo besaba. Descendió por su cuello y se entretuvo en su pecho mordisqueando los pezones del macho, mientras el dedo la masturbaba simulando una posesión fálica. La excitación la hizo seguir descendiendo por el cuerpo de Gustavo, hasta tropezar con su lanza pugnando por salir de su encierro, latiendo y vibrando en forma incontrolable. Hábilmente, mientras descendía con su boca, una de sus manos se adelantó y desplazó el slip, liberando la turgente herramienta, que saltó hacia arriba incontrolable. De inmediato la mano que la había liberado la envolvió y comenzó a masturbarla suavemente, preparando el camino para lo que vendría. Sin abrir los ojos, siguió descendiendo gratamente encantada por la verga que rodeaba su mano. Era gruesa y larga. La sensación era muy satisfactoria.
Cuando su boca llegó a ella, la fue engullendo despacio, hasta un punto donde notó que era imposible tragarla toda y desde allí retrocedió para juguetear con su lengua por toda su extensión.
Gustavo se deslizó hacia abajo, obligándola a descender más para continuar con su fellatio, y las mano de él la ayudaron a girar por completo y colocar una rodilla a cada lado del rostro del macho, el que desplazando su tanga recorre con su lengua su sexo, se adueña de su clítoris dilatado, y comienza a introducir su lengua, provocando espasmos en Luciana que se descarga aumentando la fuerza de su succión en la verga de Gustavo.
Nunca la habían acariciado de esa manera. Ella lo había visto en alguna película porno, pero su esposo no era afecto al cunnilingus, y ella nunca lo había hecho. Se sintió sucia, toda una prostituta, pero por otra parte, le gustaba mucho la atención del macho. También era cierto que su esposo tenía que pedirle que le chupara la verga, y en esta situación ella había actuado por su cuenta tomando la iniciativa. Que distinto que era el sexo clandestino….
Siguieron así por un buen rato. Ella sentía como el líquido preseminal brotaba de la vara de Gustavo y ese sabor la excitaba. Sentía crecer su calentura y esa lengua jugueteando en su sexo la volvía loca. Casi sin darse cuenta, sintió crecer su orgasmo, hasta hacerse incontenible y terminó explotando en un clímax arrasador. Debió soltar la verga de Gustavo para poder gritar a gusto. Fue una liberación. Hacía mucho tiempo que no se sentía así. Creyó que iba a morir de placer.
Gustavo la dejó acabar sin cesar de penetrarla con su dedo, el cual chapoteaba en la humedad que surgía del cuerpo de Luciana. Cuando terminó y se desmoronó ronroneando como una gata, desabrochó su corpiño, con suavidad la dio vuelta, se lo quitó, le sacó la tanga, separó sus piernas, se arrodilló entre ellas y colocándolas sobre sus hombros, apoyó su dilatada verga en la entrada de su vagina haciendo que la cabeza separara los labios de la hembra. Mirándola a los ojos avanzó y la poseyó.
Luciana, aún floja por el orgasmo, no atinó a hacer nada ante las maniobras del macho y recién cuando se sintió penetrada abrió los ojos. Para su sorpresa, la expresión cariñosa de Gustavo había desaparecido. Sobre ella tenía un hombre dispuesto a poseerla con todo, a partirla en cuatro si podía, ha hacerla pedazos con su garrote enfurecido. Y lo que vio le gustó.
En esa posición, el se hundió hasta el fondo, y ella se sintió llena como nunca. No se creía capaz de acomodar tanta verga, pero allí estaban sus dos cuerpos tocándose y demostrando que la conjunción era total. Las pelotas del macho golpeaban contra ella cuando el arremetía hasta el fondo y luego se retiraba.
– Dame mas, dame mas, era lo único que ella atinaba a decir ante el ataque depredador del macho.
– Te la estoy dando toda perra, sentila porque te voy a partir en dos a pura verga, decía Gustavo entre dientes mientras continuaba con el mete y saca.
– Por favor, no me llenes, rogó Luciana
– Todavía no, gruñó Gustavo mientras aceleraba sus arremetidas. De pronto se detuvo y saliendo de ella la giró poniéndola de costado y acostándose detrás de ella. En esa posición levantó su pierna y se metió nuevamente dentro de ella mientras acariciaba sus tetas. Luciana girando la cabeza le ofrecía su boca y el la tomaba y le metía la lengua. Al mismo tiempo ella jugueteaba con sus pelotas que estaban duras, llenas de semen. Sentía como esa verga entraba y salía, como una máquina bien aceitada. Su mano se apoyó en la pierna del macho y pudo sentir la tensión de los músculos cuando empujaba para clavarla hasta el fondo. Esos movimientos la excitaban mucho. Sentía crecer nuevamente su orgasmo, pero a la vez tenía que controlar que Gustavo fuera capaz de sacarla antes de acabar. Ella se cuidaba pero no quería tener problemas.
Cuando sintió que la aceleración aumentaba, sintió que un nuevo orgasmo llegaba, pero a la vez sentía que el del macho también estaba cerca.
– Sácala por favor, rogó, recibiendo solo un gruñido como respuesta.
– Sácala Gustavo, no me llenes, volvió a suplicar, y de pronto sintió al macho hundirse hasta el fondo. Se aferró a su pierna y la noto tensa como un cable de acero, y un calor la quemó. Gustavo se estaba vaciando dentro de ella.
– ¡¡Espera!!! ¡¡¡¡ Te dije que la sacaras!!!, gritó y de inmediato el orgasmo la elevo al séptimo cielo perdiendo el control de lo que estaba pasando. Gustavo se vació dentro de ella chorro tras chorro, gimiendo y suspirando. Parecía a punto de darle un ataque. Hacia mucho tiempo que no tenía un orgasmo tan profundo. Por fin, se quedó quieto, sintiendo como su verga latía y se ablandaba. Los dos quedaron rendidos. Pasaron varios minutos.
– Perdona Luciana, pero no pude sacarla. Hace mucho que deseaba llenarte así, dijo a modo de disculpa.
– Está bien. Yo también necesitaba sentirte dentro mío, dijo ella. Preocupada, se sentó en la cama.
– ¿Qué hora es?, preguntó, tengo que irme, se hace tarde
Gustavo la tomo de la cintura y la obligó a recostarse nuevamente para comenzar a besarla. Ella se entregó totalmente.
Se besaron como adolescentes durante un largo rato.
– Vamos, Luciana, se que eres capaz de levantarla de nuevo le dijo al oído Gustavo, y ella comprendió. Despacio volvió a tomar su miembro con la boca y acariciar sus huevos. El sabor del semen en la boca le gustó. Así arrodillada sobre la cama, mientras lo comía, su trasero levantaba quedaba al alcance del macho. Lentamente metió una mano entre su piernas y tomó la abundante lubricación de la hembra junto al semen de la acabada anterior y le untó el trasero, hasta conseguir que uno de sus dedos perforara su esfínter, lo que sorprendió a Luciana y la excitó. Nunca la habían forzado de esa manera. Cuando dos dedos la penetraron ya gemía de deseo, y para colmo la verga en su boca comenzaba a endurecerse rápidamente. Por fin Gustavo se colocó detrás suyo como un jinete dispuesto a montar una yegua. Hizo que bajara su cabeza hasta apoyarla en la cama, y en esa posición apuntó la verga a su vagina, y se metió como un cuchillo caliente en la mantequilla, tal era la lubricación que había allí abajo. Enseguida comenzó a bombearla. Con una mano la tomaba del cabello como si fueran las riendas de una yegua, y la otra mientras tanto jugueteaba con su culo, acariciando y volviendo a perforarla con los dedos.
Ella no atinaba a reaccionar. Allí estaba siendo penetrada salvajemente, y gozaba como una loca. La penetración anal le estaba gustando, sus pezones se endurecían . De pronto el macho se retiró y ella respiró profundo. Pero de inmediato una sensación extraña la invadió. Algo que nunca había sentido la estaba invadiendo. Le costó unos segundos comprender que la estaban sodomizando.
– ¡¡¡ Por ahí no!!!, gritó, pero la cabeza del miembro ya se había abierto paso.
– Tranquila nena, relájate y goza, fue toda la respuesta de su amante. El dolor era agudo pero el trabajo previo realizado había facilitado la maniobra y cuando la cabeza se abrió paso, el se quedó quieto magreando sus tetas mientras ella se acostumbraba. En un par de minutos sintió nuevos empujones y al rato los cuerpos se chocaron. Se la había tragado toda. El la besaba en la espalda sin apuro, mientras su ano se volviera lo suficientemente complaciente para mantener el encuentro. Despacio el comenzó la tarea de poseerla totalmente y ella comenzó a disfrutarlo como jamás había disfrutado un encuentro físico. Nunca pensó sentir tanto placer y un orgasmo la barrió por completo, mientras el la sodomizaba.
– Es muy bueno, pero no quiero terminar así, dijo Gustavo y se retiró de su culo. La dio vuelta mientras todavía estaba floja por el orgasmo, y poniendo una rodilla a cada lado de su cabeza, le entregó su verga para que se la comiera, cosa que ella hizo sin chistar. Por fin,el macho comenzó a trabajar su boca como si se estuviera masturbando y ella comprendió lo que él quería. Nunca había dejado que su esposo le acabara en la boca, pero estaba dispuesta a satisfacer a ese macho y a darle todo lo que pudiera. Cuando sintió la verga endurecerse y estirarse en su boca se dio cuenta que el momento llegaba y por fin, con un alarido, sintió que el llegaba y un liquido ardiente le llenó la boca. Jugueteó con el y por fin lo fue tragando hasta dejar esa verga limpia y reluciente. En ese momento el se retiró y comenzó a besarla dulcemente.
– Has sido extraordinaria. Eres toda una mujer. Complaciente y puta como nunca tuve ninguna, y esta frase le pareció el mayor elogio que le habían hecho en su vida.

– Hola Gustavo, ¿ Como está?
– Bien Luciana, haciendo las compras.
– ¿ Y su esposa?, preguntó diligente.
– Bien Luciana, en casa, ¿ Cómo está tu esposo?
– De viaje, como siempre, lo que es una suerte porque me permite ir de compras a la ciudad, en los próximos días.
– Me alegro Luciana, espero que disfrutes el viaje.
– Yo espero disfrutarlo tanto como la última vez, le dijo sonriendo mientras le cobraba.
– ¿ Y por qué no? Contesto Gustavo mientras salía.

 

Borrachas en el tren

octubre 23rd, 2011

El día que cumplí los 18 años recibí como regalo de mis padres un sobre en cuyo interior encontré la entrada para el concierto de rock al que tenía tantas ganas de acudir y el billete de ida y vuelta en tren Cádiz-Barcelona (que era donde se celebraría dicho concierto).

El concierto era el siguiente fin de semana y acudiría solo, pues mis amigos estaban liados preparando los próximos exámenes.

El concierto se celebraba el sábado día 23 de marzo a las 20.00 horas en el Palau San Jordi de la ciudad condal.

Tras unos días que se me hicieron interminables, por fin llegó el viernes, día en el que cogí el tren en Cádiz a las 12.00 de la noche. Llegaría por la mañana temprano a Barcelona y era una pequeña paliza pasar esa noche entera en el tren y también la siguiente de vuelta a mi ciudad. Pero el concierto merecía la pena.

Así que subí al tren unos minutos antes de su salida y me acomodé en mi departamento: era para cuatro personas, aunque de momento el único ocupante era yo. La verdad es que esperaba que no subiese nadie más para poder realizar el viaje solo y más cómodo, pues siempre resulta algo complicado pasar la noche en un espacio reducido con personas que no conoces de nada.

Cuando el tren estaba a punto de partir, apareció el revisor y le enseñé mi billete. Justo en ese momento empezaron a oírse voces femeninas que se acercaban al departamento. Entonces aparecieron tres mujeres, que tras comprobar su billete y enseñárselo al revisor, pasaron al departamento. El revisor, antes de marcharse, nos aconsejó que como ya no tenía que entrar nadie al departamento cerráramos la puerta con el seguro para evitar posibles robos durante la noche. Yo la verdad es que sólo llevaba una mochila con lo básico y algo de dinero y las mujeres tampoco llevaban equipaje, únicamente sus bolsos. Pero aun así le hicimos caso al revisor y una de las mujeres cerró la puerta con el seguro.

En ese momento el tren se puso en marcha. Yo me senté y lo mismo hicieron las tres mujeres. Me saludaron y yo les devolví el saludo. Eran dos mujeres de unos 50 años y otra mucho más joven que rondaría los 25. Iban maquilladas y vestidas de forma sexy, como si vinieran de alguna fiesta.

La chica joven llevaba una camiseta blanca con unas letras rosas, una minifalda vaquera y medias negras. Era la más delgada de las tres y tenía su pelo negro recogido en una cola.

Las dos mujeres cincuentonas también vestían de forma sexy: una llevaba un vestido azul eléctrico que le llegaba hasta la mitad de los muslos, cubiertos con medias negras y la otra, la más rellenita y alta de las tres, vestía una blusa roja con transparencias, una minifalda negra y medias marrones. Las transparencias de su blusa dejaban ver parte del sujetador también rojo, que cubría unos grandes senos.

La chica joven se sentó a mi lado y las dos maduras lo hicieron enfrente.

La joven parecía más tímida y reservada, pero las otras dos mujeres entablaron pronto conversación conmigo:

– Un poco más y perdemos el tren- me dijo la mujer del vestido azul.

Antes de que yo pudiera decir algo, la otra mujer madura le replicó:

– Claro, por tu culpa, por querer seguir bebiendo en el cumpleaños hasta el final.

Yo desde que entraron en el departamento había observado algo extraño en los movimientos y gestos de las mujeres, pero ahora ya tenía claro cuál era el motivo: iban algo bebidas.

La mujer de la blusa roja no tardó en presentarse:

– Yo soy Elisa, ésta es mi hermana Alba y la joven que está a tu lado es mi hija Ingrid.

– Yo soy David- contesté.

– ¿De viaje a Barcelona, no?- me preguntó Elisa.

– Sí, voy a un concierto que hay mañana.

– Ah, eso está muy bien- dijo Alba, mientras se quitaba sus zapatos de tacón. – No los aguantaba más- añadió.

Entonces Elisa, bastante “alegre” por el alcohol, comentó:

– Nosotras venimos de un cumpleaños de una amiga en una finca a unos 50 kilómetros de Cádiz. Hemos estado todo el día comiendo y bebiendo. Sólo nos ha faltado echar un buen polvo.

– ¡Mamá, por favor, ya vale, que estás dando la nota!- exclamó su hija, que parecía la única sobria de las tres.

Pero Elisa, lejos de callarse y mientras se despojaba también de sus zapatos, dijo:

– ¿Dando yo la nota? ¿No lo habéis hecho también vosotras desde que salimos de la finca?

Me miró y me dijo:

– Mira, cuando llegamos ayer a la finca alquilamos un coche para desplazarnos hasta ella y para regresar esta noche a la estación. Mi hija no bebe alcohol y es la que se ha encargado de conducir. Te voy a contar lo que nos ha pasado.

– Mamá, ni te atrevas- le gritó su hija.

– Deja que lo cuente, así nos reímos un rato y se nos hace más ameno el viaje- comentó Alba.

Yo continuaba con mi asombro al ver la actitud de las mujeres.

Elisa no lo dudó más y comenzó a contar lo que les había sucedido:

“En la fiesta de cumpleaños mi hermana y yo nos hemos puesto “moradas” de comida y bebida, supongo que ya lo habrás notado. Cuando salimos de la finca, cogimos el coche y mi hija conducía, ya que era la única que no había probado el alcohol. A los 10 kilómetros de trayecto le tuve que decir a mi hija que parara en la cuneta, que tenía ganas de vomitar. Menos mal que es una carretera secundaria y poco transitada, por lo que apenas circulaban coches en ese momento. Me bajé del vehículo y vomité. Mi hija se bajó también para ver cómo me encontraba. La cabeza me daba vueltas y además tenía unas enormes ganas de orinar. Entonces apareció allí también mi hermana, diciendo que necesitaba hacer pipí. Se agachó, se subió un poco el vestido, pero no le dio tiempo a nada más: se orinó con las medias y las bragas puestas.

A mí me ocurrió lo mismo: conseguí quitarme la minifalda, pero no aguanté más y me oriné con mi tanguita y mis pantys todavía puestos.

Mi hija aprovechó también para aliviar sus necesidades, pero a ella las ganas no le apretaban tanto y se pudo bajar toda la ropa sin problemas.

Mi hermana y yo teníamos nuestra ropa íntima y los pantys totalmente empapados, pero no parábamos de reírnos. Mi hija nos preguntó:

-¿Qué pensáis hacer ahora? Anda, voy al coche a coger unos kleenex para que os podáis secar un poco. Quitaos mientras el vestido, la minifalda, los pantys y las bragas. Me llevo el vestido y la minifalda para el coche para que no se manchen más.

Mi hija regresó, nos trajo los kleenex y volvió al coche. Yo miraba a mi hermana y no podía aguantar la risa: estaba allí, en medio de la noche y en el arcén de aquella carretera, en sujetador, con todo su coño peludo al aire y con las bragas y los pantys tirados en el suelo. Claro que yo estaba igual: sólo tenía puesta mi blusa y estaba desnuda por completo de cintura para abajo. Entonces mi hija empezó a gritarnos:

– ¡Rápido, creo que viene un camión. Terminad de una vez y subid al coche!

Pero no nos dio tiempo más que a terminar de limpiarnos. Cuando nos dimos cuenta, el camión ya estaba a nuestra altura y se detuvo. El camionero al principio debió creer que habíamos sufrido un avería, pero cuando se bajó de su vehículo y nos vio a las dos medio en pelotas, se le quedó una cara tremenda de asombro.

Mi hermana trató de cubrirse su sexo con las manos y yo intentaba ponerme mi tanga, pero ni siquiera lo encontraba en el suelo por la borrachera que llevaba. Así que el camionero se deleitó viéndome mi coño. Ya no tenía mucho sentido taparme, pues aquel hombre me había visto mi sexo, por lo que me daba igual que lo siguiera haciendo por unos segundos más. Al tío se le empezaba a notar bajo su pantalón un gran bulto por lo excitado que se estaba poniendo.

– ¡Venga, subid al coche de una vez y vámonos!- gritó mi hija desde el vehículo.

Yo me dirigí hacia el coche dejando en el suelo el tanga y los pantys. Mi hermana trató de hacer lo mismo, pero tropezó y cayó al suelo. Se quedó tumbada unos instantes hasta que pudo incorporarse, momentos que aprovechó el camionero para verle el coño a ella también. El hombre se había sacado la polla y se la estaba tocando delante de nosotras. Por fin alcanzó mi hermana el coche y se subió.

– ¡Eh, que os dejáis esto, jajajá!- gritó el camionero, mostrando en la mano mi tanga y mis pantys.

Mi hija arrancó el vehículo y comenzamos a abandonar aquel lugar. Me giré y vi al camionero masturbándose como un loco y oliendo mi tanga. Estoy segura de que se quedó como recuerdo toda la ropa íntima que dejamos allí abandonada.

Mi hermana y yo nos empezamos a vestir dentro del coche: ella se puso su vestido y yo la minifalda. Lógicamente debajo no llevábamos nada.

Cuando por fin estábamos entrando en la ciudad le dije a mi hija Ingrid:

– Hija, a ver si antes de llegar a la estación puedes entrar en algún bazar de los que cierran tarde para comprar alguna braguita para tu tía y para mí y un par de pantys.

Eran las 23.30 y a los pocos minutos pasamos por un bazar chino, que estaba a punto de cerrar. Mi hija detuvo el coche delante de la tienda y entró rápidamente. Unos instantes más tarde salió con una bolsa de plástico en la mano. Se subió al vehiculo y me pasó la bolsa.

– ¡Toma, esto es lo único que he podido comprar. Por lo menos no iréis con el coño al aire!

Abrí la bolsa y dentro había dos cajitas rojas con un panty en cada una de ellas. Le pasé una cajita a mi hermana y yo me quedé con la otra. Antes de que mi hija volviera a arrancar el coche nos pusimos dentro como pudimos los pantys. El dueño de la tienda, que ya estaba fuera echando el cierre, se percató de lo que estábamos haciendo y mirando con disimulo fue el segundo hombre en la noche que nos vio el coño a mi hermana y a mí.

Cuando terminamos de vestirnos, Ingrid arrancó el coche y por fin llegamos a la estación. Eso es todo lo que nos ha pasado hasta ahora“.

El relato de aquella mujer me había excitado por completo y notaba bajo mi pantalón mis bóxer humedecidos y mi polla tiesa. Tenía allí en aquel departamento del tren a esas tres mujeres sexys y sabía que dos de ellas no llevaban bragas.

Estuvimos un rato más hablando de otras cosas y sobre la 1.00 de la madrugada les dije a aquellas tres mujeres que iba a echarme a dormir. Ellas me comentaron que harían lo mismo, pues estaban agotadas. Yo dormiría en una de las literas de arriba, Ingrid en la de abajo y las otras dos mujeres en las restantes literas.

Pero ahora se nos presentaba un problema: ¿cómo haríamos para quitarnos la ropa y acostarnos? Ninguno llevábamos pijama ni nada por el estilo: yo acostumbro a dormir en bóxer y así se lo dije a las mujeres. Ingrid se quedó callada, pero su madre me dijo:

– Tu estarás acostumbrado a dormir en bóxer, pero es que nosotras tres dormimos siempre desnudas. Bueno, hoy tendríamos que hacer una excepción por estar tú delante y por lo menos dormir en braguitas, pero es que ni mi hermana ni yo llevamos, como te he contado antes. La única que sí se puede dejar el tanga puesto es Ingrid.

Entonces Alba comentó sin pensárselo mucho:

– Mira, después de que el camionero y el chino de la tienda me hayan visto hoy ya el coño, no me voy a morir por que me lo vea también este chico.

– ¿No te molesta que durmamos en pelotas las dos?- me preguntó Elisa.

Yo tardé en reaccionar. Esas dos mujeres se iban a desnudar allí mismo e iban a pasar la noche completamente desnudas y la chica joven tapada sólo por un tanga.

– No, claro que no me importa- respondí.

Alba añadió:

– Yo soy soltera, y hacía tiempo que un hombre no me veía desnuda. Pues bien, en un solo día me van a ver el coño 3 hombres: el camionero, el chino y ahora tú.

Fue Elisa la primera en comenzar a desnudarse antes de acostarse. Empezó a desabrocharse la blusa, se la quitó y la dejó caer al suelo. Se echó las manos a la espalda tratando de liberar sus tetas del sujetador. Tras dos intentos lo consiguió y yo tuve que tragar hasta saliva de la impresión: jamás había visto unos pe3chos tan grandes al natural. La mujer se dio cuenta de mi asombro y pícara me lanzó el sujetador a la cara. A continuación comenzó a bajarse la minifalda lentamente. Entre los movimientos del tren y que la mujer todavía no se había recuperado de la borrachera, perdió el equilibrio cuando trataba de sacarse la minifalda por los pies y fue a para sobre mí. Yo la sujeté para que no se cayera al suelo y entonces ella aprovechó para pegarse a mí de forma intencionada. Sus dos enormes tetas estaban estrujadas contra mi pecho y tenía su coño, cubierto sólo por las finas medias, pegado a mi bragueta del pantalón. Mi verga no tardó en reaccionar y pronto se puso tiesa y dura bajo el pantalón.

Elisa acercó su boca a mi oído y me susurró:

– Te estas empezando a excitar, ¿verdad?. Noto tu polla durita y quiero sentirla entera dentro de mí.

– ¡Mamá, por favor!- gritó Ingrid.

– Tengo unas ganas terribles de follar desde que me vio el coño aquel camionero y vi cómo se estaba masturbando. Así que este joven no se me escapa: quiero que me folle por todos los sitios.

No había terminado casi de decir esto cuando ya me estaba quitando la camiseta. La tiró al suelo y después empezó a bajarme los pantalones de forma impaciente. Me los terminó de sacar, los arrojó también al suelo y yo me quedé delante de esas tres mujeres simplemente con el bóxer puesto.

– Yo ya tengo mi coño húmedo desde hace un rato de lo caliente que estoy, pero tú también has humedecido tu bóxer- comentó Elisa.

Y tenía razón: la mancha de líquido preseminal que había en él me delataba. Yo hasta ese momento había estado incrédulo y sorprendido por lo que estaba pasando, pero a partir de ese momento decidí dejarme llevar y disfrutar de aquella situación.

Miré los pechos de Elisa: sus pezones eran rosaditos y estaban erectos por la excitación. Bajé la mirada y a través del panty le vi su coño completamente depilado, cuya humedad había manchado las medias por la zona de la entrepierna. La mujer empezó a acariciarme el paquete por encima del bóxer, ante la mirada de su hija Ingrid y de Alba. Cuando mi miembro estaba ya del todo erecto, Elisa me quitó el bóxer y mi polla salió como un resorte liberada de la prenda. Las dos mujeres maduras se quedaron mirándolo sin decir nada, pero con caras de deseo, mientras que a Ingrid la vi por primera vez en toda la noche también con ganas de “guerra”. Las tres mujeres se miraron y se sonrieron. Alba dijo entonces:

-¡Menuda polla tienes. Seguro que hay de sobra para las tres!

Y comenzó a despojarse de su vestido azul, no llevaba sujetador, por lo que se quedó desnuda por arriba y cubierta sólo por los pantys por abajo, que dejaban ver el sexo peludo de la mujer.

Sus tetas no eran tan grandes como las de su hermana, pero tenían mejor forma. Los pezones eran de color marrón oscuro y los tenía tiesos.

Mientras, Ingrid también había comenzado a desnudarse y se había deshecho de su camiseta. Tenía un sujetador blanco transparente que no tardó en desabrocharse. Era la que tenía los senos más pequeños de las tres. En la cumbre de sus dos tetitas aparecían sendos pezones rosados. Luego se bajó la minifalda: sus piernas cubiertas por las medias negras eran perfectas y un tanga blanco le tapaba su zona más íntima. La madre se giró hacia ella y le quitó los pantys, lanzándolos hacia el montón de ropa que ya se acumulaba en el suelo. La chica se quedó con el tanga puesto y contempló cómo su madre y su tía empezaban su “faena” conmigo. Elisa estaba pegada a mí por delante y Alba hacía lo mismo por detrás. Yo me sentía en una nube: estaba aplastado entre dos mujeres maduras, sentía sus senos pegados a mi torso y a mi espalda. Mi polla estaba ten erecta que se encontraba a la altura del ombligo de Elisa. Las dos mujeres tenían aún los pantys puestos y a través de ellos sentía lo húmeda que se encontraba Elisa, pero también ya Alba. Ésta se separó por unos instantes de mí para quitarse las medias y tras hacerlo me las puso por sorpresa en la nariz:

– ¡Toma, huele mi excitación!- me dijo.

Aquellos pantys estaban mojados por la zona de la entrepierna y desprendían un fuerte olor a coño que me calentó todavía más. Después la mujer se agachó y me metió uno de sus dedos por el ano: la muy guarra me estaba penetrando por el culo.

Me estaba causando una mezcla de placer y dolor y me desahogué agarrando los pantys de Elisa y desgarrándolos por la zona de la entrepierna. Rompí la prenda lo suficiente como para poder meter por ahí la polla y follarme a la madurita sin esperar ya a que se quitara los pantys. El placer de sentir mi verga dentro de aquella vagina chorreante y ardiente fue enorme. Comencé con unos lentos movimientos de mete y saca, al tiempo que le mordisqueaba los pezones.

Mientras por detrás Alba había sustituido su dedo por la lengua y ahora me lamía con ella todo el ano. Por su parte Ingrid estaba sentada en el suelo, se había apartado un poco su tanga por delante y se acariciaba los labios vaginales.

Empecé a acelerar mis movimientos de penetración y Elisa se puso a gemir cada vez más. Tras unos instantes decidí parar y le saqué mi polla: quería probar también el coño de Alba.

– ¿Qué haces? ¡No me dejes así con las ganas. Fóllame hasta partirme el coño!- me gritó Elisa desesperada.

Pero yo le comenté que ahora era el turno de Alba, que después continuaría con ella. No le quedó más remedio que esperar y autosatisfacerse metiéndose varios dedos en su sexo y masturbándose con ahínco.

Yo no tardé en meter mi verga en el coño peludo de Alba y comenzar a taladrárselo. Además le manoseaba sus senos y le besaba la boca, que todavía le sabía a alcohol. Me dolían la polla y los testículos y sentía toda esa zona a punto de reventar. No aguanté mucho más y descargué todo mi semen en varios chorros dentro de la vagina de Alba. Se le quedó una cara de satisfacción enorme y cuando le saqué la verga de su coño aprovechó para darle un par de lametones y chupar las últimas gotas de mi leche. Complacida se tumbó en su litera y desde allí siguió contemplando el resto de la orgía.

Casi sin dejarme tiempo para recuperarme Elisa me agarró con sus dos manos la polla y comenzó a masturbarme, llegando a causarme dolor debido a la vehemencia con que lo hacía. Le grité que por favor parara, pero ella no hizo caso y continuó un rato más. Cuando mi verga volvió a ponerse dura, paró un instante y me dijo que se la metiera otra vez en su coño, pero esta vez de forma definitiva. Mientras comenzaba con los movimientos de bombeo, me percaté de que Ingrid ya se había quitado el tanga: por encima de sus labios vaginales de apariencia delicada tenía una fina línea de vello púbico perfectamente marcada y depilada. Con una mano se estaba masturbando y con la otra se acariciaba los senos.

Cambié el ritmo de mis embestidas hacia el interior del sexo de Elisa: en lugar de muchos y rápidos movimientos empecé a hacer otros más lentos pero con más fuerza. Además de vez en cuando le dejaba mi polla dentro durante unos segundos y hacía con mi cintura movimientos circulares , para que mi verga llegara a más zonas internas de su sexo. Sentí cómo Elisa tuvo un orgasmo y se corrió chorreando una gran cantidad de flujos. Yo aún tardé un poco más hasta que entre gritos me corrí dentro del cuerpo de Elisa.

La pobre Ingrid esperaba su turno pero le tuve que pedir unos minutos: después de las dos corridas estaba agotado y necesitaba recuperarme. Entonces Elisa se acercó a su hija y ante mi asombro comenzó a acariciarle primero sus pechos y después el coño. La hija no se quedaba atrás y también le manoseaba los senos a su madre e incluso la vagina, todavía con restos de mi semen que Ingrid recogió con sus dedos y chupó.

Me dio la impresión de que no era la primera vez que madre e hija hacían ese tipo de juegos sexuales entre ellas. Los labios vaginales de Ingrid se veían empapadísimos y cuando su madre la penetró durante unos minutos con varios dedos, tuvo un orgasmo y se corrió manchando el suelo del vagón con sus flujos.

Yo ya había recuperado mínimamente las fuerzas y se lo hice saber a Ingrid. Ella me pidió que la penetrase por detrás, que nunca se lo habían hecho y que quería probarlo por primera vez. Así que me lubriqué mi polla con un poco de saliva, le abrí los glúteos y muy despacio y lentamente empecé a meterle la verga dentro. Ella gemía de dolor y me pedía que lo hiciera más despacio, pero era imposible hacerlo más lento. Por fin conseguí introducir todo mi miembro en su ano y se lo dejé quieto durante unos segundos, antes de comenzar con el mete y saca. Ella seguía con sus suspiros y gemidos y yo sabía que no iba a tardar mucho en correrme esta vez y me imaginaba que no soltaría mucho semen, pues mi cuerpo ya estaba muy exprimido. Así que saqué mis últimos gramos de fuerza, hice seis o siete embestidas brutales y le llené el interior del culo con el poco semen que me quedaba.

– ¡Ahhh, qué dolor! No aguanto más tengo que ir al servicio!- gritó Ingrid y cogiendo su tanga y llevándoselo en la mano para no perder más tiempo en ponérselo, salió del departamento en busca del servicio que estaba casi contiguo a donde estábamos.

– Pobrecita, le habrás removido todo. Pero bueno, el gusto ya no se lo quita nadie- me dijo su madre con una sonrisa en la cara.

Unos minutos más tarde regresó Ingrid ya recuperada y con el tanga blanco puesto.

– ¡Menos mal que no había nadie por el pasillo debido a lo tarde que es, sino me ven en pelotas!- comentó la chica.

Nos acostamos cada uno en nuestra litera y caímos pronto vencidos por el agotamiento. Por la mañana nos despertamos ya casi en Barcelona, nos vestimos rápidamente y antes de bajar del tren comentamos los cuatro que nunca olvidaríamos aquel viaje nocturno.

Embarazada de su hermano

octubre 23rd, 2011

Julia despertaba agotada, la ultima noche de sexo la agotó completamente, Sandro habia descargado todo el hambre de sexo acumulado que tuvo.

Sentía todavía la leche de su hermano por todo su cuerpo, se había sometido a todas sus fantasías sin dudar.

Lentamente se desperezaba y se fue a duchar, odiaba deshacerse del olor de su hermano, pero no podía ir al instituto así.

Notó que le habían crecido los pechos, ¿será que el sexo hace que los aumenten? Se frotó sus pechos con admiración y orgullo, unos pechos que ya no cabían en sus sujetadores, debía comprarse una copa más.

En el instituto, sus amigas no paraban de preguntarle que crema se ponía, Julia había oído que enamorarse y practicar sexo rejuvenecía la piel y hacia los ojos más brillantes, pero en medio de una clase le entraron nauseas y vomitó.

La llevaron a casa, sus padres estaban fuera y Sandro fue a atenderle, cuando le dijeron que vomitó, ambos lo supieron, la extraordinaria sensibilidad en sus pezones, sus mareos, su retraso menstrual y que confundiera el olor de un pavo con un biscocho.

Estaba embarazada.

El miedo entró en los corazones de la pareja ¿Qué pensarían sus padres? ¿Qué pensarían todos? ¿Cómo serán sus vidas en cuanto el niño nazca? Pidieron hora a una clínica abortiva, ella solo estaría una hora y todo pasaría.

Julia entró sola en la clínica, mientras esperaba su turno, empezaba a pensar.

Pensaba en su vida, lo triste y sola que estuvo, pero los últimos acontecimientos fueron los más felices de su vida, todo debido a una confusión que a muchos ojos seria pecaminosa.

Pero ella lo vio como una bendición divina.

Se puso la mano en su vientre, su madre no paraba de decir que el aborto era un asesinato, pero últimamente no hizo mucho caso a su madre.

Pero esta vez.

¿Quién era ese bebé? ¿un producto de su descuido? ¿o simplemente una bendición? ¿Qué culpa tenia ese bebé de formarse cuando la culpa fue de ella por no tomar anticonceptivos? ¿Qué podría llegar a ser ese bebé? ¿Qué vida tendría?

Atormentada por ese debate, se fue de la clínica, su hermano fue comprensivo cuando ella le explicó que no pudo hacerlo.

En la cena familiar, ella estaba intranquila, ¿Cómo podría comunicarles a sus padres que ella esperaba un bebé y menos de su hermano.

No se sentía con fuerzas, no podía decirle eso a sus padres.

Llamaron al timbre y entró la persona que le incitó a hacerlo con su hermano.

La prometida de Sandro.

-¡Sandro! ¡he venido desde Nueva York para que me expliques personalmente…! ¡esa puta está aquí! – dijo la prometida señalando a Julia.

El padre se levantó enfurecido diciendo.

-¡¿Cómo se atreve a insultar a mi hija?! ¡salga de nuestra casa inmediatamente!.

-¡su hija fornicó con mi prometido como la vil ramera que es! ¡tu! ¡vuelve conmigo! ¡y tu no vuelvas a acercarte a nosotros en la vida! ¡¡PUTA!! – dijo la prometida fuera de si.

La prometida si iba a ir pero se detuvo al ver que Sandro no se movía.

-¡¿Qué te he dicho?! ¡ven conmigo!

Sandro se levantó y le dijo.

-¿para que? ¿para que me ningunees? ¿Para interrumpir mis conversaciones? ¿para prohibirme salir con mis compañeros? ¿para no poderte tocar en la vida? ¿para que me tengas? ¿Cómo se dice? ¿domado?.

La prometida se sorprendió al ver aquella rebeldía.

-¡eres mi prometido! ¡nos juramos amor eterno!

-el amor se alimenta, pero tu lo mataste de hambre – dijo Sandro con determinación.

-¡no eres más que un degenerado asqueroso! – dijo la prometida furiosa.

Julia, no podía más y se levantó diciendo.

-no se lo que eres, pero si se lo que serás, una vieja loca que colecciona gatos porque no triunfó en las relaciones humanas, mientras que yo y Sandro estaremos cuidando del bebé que crece en mis entrañas.

Todos perdieron el color, en especial los padres de Julia.

-si, estoy embarazada, de mi propio hermano, yo lo deseé y no me arrepiento, el, de mi carne y mi sangre, es el amor de mi vida – dijo Julia envalentonada.

-n-no puede ser verdad – dijo la madre.

Julia miraba a su madre desafiante y luego miró a Sandro y le besó en los labios, Sandro respondió al beso.

La prometida retrocedió sorprendida y se fue al grito de que estaban enfermos.

Cuando terminaron el beso, miraron a sus padres y al servicio que miraban sorprendidos.

-nos queremos papis, no es ninguna fantasía adolescente, Sandro y yo nos amamos.

-p-podemos ir a una clínica abortiva, pod… – decía la madre, pero Julia le interrumpió diciéndole.

-no, no voy a matar a nuestro hijo, es en lo único que estoy de acuerdo con tus ideas madre, tendré a mi bebe, lo cuidaré y lo convertiré en una persona de provecho.

Sus padres empezaron a discutir acaloradamente con Julia, está hizo lo mismo, pero lejos de enfadarse, Julia sentía.

Jubilo.

Y extrañeza, tenia que estar embarazada de su propio hermano para que sus padres supieran que existía.

Julia no dejó de ir al instituto en los meses siguientes, todos se sorprendieron del embarazo de Julia, la cual, pensó que su barriga maternal era una lente.

Una lente que veía como era la gente.

La mayoría de sus compañeras de colegio y profesoras se alejaban de ella, pensaban que era una fresca.

Pero sus amigas de verdad, Carolina, Fátima, su primer amante y su hija, y otras muchas personas la arroparon, ella supo quienes no le darían la espalda, da igual lo raras que fueran las cosas.

-¿todavía lo haces con el? – preguntó Carolina.

-no, mi bebe podría lastimarse – decía Julia agarrando su barriga de embarazada con temor.

-¡que va! ¡he oído que es sanísimo! Y que influye positivamente en el embarazo – decía Carolina con seguridad.

Esa noche, comprobó por internet lo que dijo y pensó que aquel acto de amor había que alimentarlo con más amor, llevaba tres meses sin hacerlo con Sandro, pero antes tenia que hacer una cosa.

Julia fue al prostíbulo, tocó el timbre, dejó una nota y se fue, una nota que ponía.

“gracias por enriquecer mi vida”

Al volver a casa, cogió una botella de bourbon y se fue desnuda a la habitación de Sandro, sus padres no estaban, tenían toda la casa para ellos.

-querido, tomate una copa – dijo Julia mientras llenaba el vaso.

-gracias, ¿Cómo llevas el embarazo? – preguntó Sandro.

-bien – decía Julia acaramelándose al lado de Sandro – ¿no te gustaría que nuestro bebé supiera que sus padres se aman?.

-si, mucho – dijo Sandro con una sonrisa.

Julia agarró la mano de Sandro y la dirigió a sus pechos, eso asustó a Sandro que la retiró diciendo.

-¿no sabes que podemos hacer daño a nuestro hijo? – dijo Sandro con temor.

Julia besó los labios de su hermano y acarició sus cabellos mientras apoyaba sus pechos en el torso de Sandro.

-tranquilo, todo irá bien – dijo Julia sonriendo.

Las manos de Julia recorrieron el torso y el abdomen de Sandro hasta llegar a sus pantalones, los cuales los desabrochó con habilidad, descubriendo el instrumento que daba placer y vida.

Los labios de Julia empezaron a recorrer la virilidad de Sandro.

Unos labios que recorrían suaves la dura y cálida carne de su hombre, rozando, besando, daba pequeñas pasadas en el glande con la punta de su lengua.

Ella sabia que a Sandro le gustaba, porque le estaba acariciando sus cabellos, miró a los ojos de su amado con inocencia y sus labios engulleron la cálida verga de su hermano, una verga que llenaba su boca hasta llegar al principio del esófago.

Julia se esforzaba, hasta ahora sus felaciones no llegaban a tragarla del todo, luchaba contra sus arcadas, pero sentía que podía hacerlo, por el.

-¿estas bien? – preguntó Sandro preocupado por que su hermana no se ahogase.

Ella lo miró con ojos llorosos por el esfuerzo, pero había hecho una mueca como de una sonrisa.

Lo que agradeció Julia es que Sandro se hubiera afeitado el pelo de su virilidad, la ultima vez que le hizo una felación le rozaron los pelos en su nariz con resultados surrealistas.

Sentía como su amado temblaba, se sacó la suficiente verga como para que su lengua acariciase el glande dentro de su boca, no tardó en sentir el semen chocando contra su lengua.

En ese momento, engulló el pene de Sandro hasta tocar los testículos de su barbilla y apretando sus labios se separó lentamente de el, sacándole toda la leche de macho que había quedado sin salir, un hilillo viscoso era lo único que unía el vigor de Sandro con la boca de Julia, alzó la barbilla para que Sandro viera como su cuello hacia el movimiento de tragar.

Tres veces.

Julia se incorporó a la altura de su amado y le miró con dulzura a sus ojos, el sonrió y acarició su cara, su cuello, sus pechos que al manipularlos salía un liquido amarillo y ceroso, eso preocupó a Julia.

-tranquila mamita, es calostro – dijo Sandro.

Antes de que pudiera preguntarle, Sandro empezó a chupar se sus senos, ella era especialmente sensible, pero ahora se mordía los labios solo con un roce, acariciaba la cabeza de su amado mientras intentaba no llegar al orgasmo demasiado pronto, pero era muy difícil, Sandro succionaba el calostro con ganas, succionando, moviendo su lengua, el placer era tal que apretaba la cabeza de su hermano en sus pechos, no tardó en llegar al climax de su placer.

Sandro la veía agotada, la tumbó sobre la cama y la contempló, era distinta con su barriga de embarazada, no la favorecía, ni tampoco la hacia fea.

Digamos que veía, una belleza distinta.

-S-Sandro, por favor no me mires así – decía Julia tapándose, ella podía chupársela y beber su semen, podía dejarse sodomizar, podía ser masturbada con una cadena, pero todavia le daba vergüenza que la mirasen fijamente, parecía una tontería, pero las miradas eran más sexuales que la misma penetración.

Sandro, sonriendo, le arrancó la sabana que protegía a Julia de su mirada, ella se cubrió con sus manos muerta de vergüenza, pero el se puso encima de ella y le separó las manos y la miró con más atención.

-no soy bonita.

-¿Por qué dices eso? Hermana.

-mírame, estoy gorda, no tengo ese vientre plano con el que mojabas con champagne.

-hay vida en tu vientre, la prueba de que nos amamos, de que nos deseamos.

Julia miró a los ojos de Sandro, unos ojos llenos de sinceridad y deseo, separó despacio sus piernas y le dijo.

-tómame hermano, quiero que estés cerca de mi, quiero que estés tan cerca que prácticamente estemos unidos físicamente, que nuestro bebé sepa que sus padres se aman con fuerza, que sepa que nunca lo dejaremos solo por nuestras peleas, estamos los tres juntos, como una familia feliz.

Esas palabras hicieron reaccionar a Sandro, que besó con pasión los labios de Julia, apuntó con su vigor la concha de la joven y entró despacio en su puerta de la vida.

A medida que bombeaba, veía los pechos de Julia moverse como flanes de gelatina, esa visión excitaba a Sandro que aumentó las envestidas, Julia, temerosa, puso sus manos en su vientre de madre.

Eso calmó a Sandro, que la penetró con más cuidado, mirando amorosamente a los ojos de Julia, la cual, acariciaba las manos de Sandro que agarraban sus caderas.

-te quiero – decía Julia con una sonrisa.

-y yo te quiero a ti, Julia – decía Sandro.

Las envestidas lentamente se aceleraban, Julia sintió mucho placer, pero cambiaron de postura.

Sandro se tumbó boca arriba y ella se puso de rodillas encima de el, sintió como la penetraba profundamente.

Los senos de Julia se movían al ritmo de la penetración, cada vez más rápido, Sandro estaba llegando al orgasmo y en vez de tocar los pechos de su hermana, acarició su vientre de madre.

Ella también llegaba al climax y puso sus manos en su vientre, no tardaron en llegar ambos al orgasmo al mismo tiempo.

Julia, agotada, se tumbó al lado de Sandro, ambos acariciaban el vientre de embarazada.

-¿crees que será feliz? – preguntó Julia.

-crecerá con unos padres que se aman y le aman, si, será muy feliz – dijo Sandro acariciando el vientre de su hermana.

Julia tuvo al niño y prosiguió con sus estudios, llegó a ser la dueña de una empresa de publicidad de gran éxito, en una entrevista que le hicieron, le preguntaron por el secreto de su éxito.

-yo, como muchos vivía en la seguridad, en la comodidad de donde estaba, pero para tener éxito de verdad, hay que ampliar los horizontes y arriesgarse para poder ganar – respondió Julia con naturalidad.

Kevin, pequeño y rico

octubre 22nd, 2011

Bueno.. antes que nada, este es mi primer relato. Así que espero lograr ser lo suficiente detallista para que puedan

apreciar mi relato.
Me llamo Rodrigo, tengo 18 años, soy delgado, con un cuerpo algo fornido, ya que voy al gimnasio periódicamente, si mucho me ausento cada 2 meses. Mido 1.73, ojos café oscuro, pelo negro y liso. Con espalda grande, buen culo y cintura.
Vivo en un residencial, y con mis amigas de por acá hay un chavo q nos llama mucho la atención. Se llama Kevin, (ellas no saben nada que yo soy bisexual) y vive casi enfrente de nuestras casas, ya que todos vivimos una casa enfrente de la otra. Cada vez que lo vemos ellas comentan algo sobre el, yo casi siempre sólo me río, para que ellas no sospechen nada. Kevin tiene unos 20 años, no es muy alto, (yo soy más alto) tiene pelo negro, cara de chico malo, (pero es muy bueno) y un cuerpo que cualquier persona querría tener.
Un día mis amigas me contaron que el salió de su casa y se empezó a rascar el abdomen, y se le levantó la playera, con lo que ellas quedaron asombradas, dado a que tiene los 8 cuadros marcado (cosa q comprobé más adelante). Siempre tuve la curiosidad de verlo, de hecho el tiene una camioneta como las Hippie Volkswagen y una vez me contaron que vieron que se estaba besando de una forma muy caliente con una chava y ellas lo vieron.
Kevin tiene carro, sin embargo lo he visto algunas veces cerca de la casa a pie, así q uno de los días que lo vi. Me animé a darle aventón/jalón. El sabe de nuestra existencia así como nosotros de la de el, así que accedió. Mientras ibamos en el carro pude ver su típica playera de cuello en V que le queda justa, su pantalón relativamente tallado. Con su pelo parado y su cuerpo fornido y cara sexy. Claro. como yo iba manejando no podía siempre observarlo. En el camino empezamos a hablar de cosas banales… Hasta que estando cerca de casa me contó sobre la vez q mis amigas lo vieron, a lo cual me reí, y le dije que debería ser más discreto, el me dijo que ese día estaba demasiado caliente y q no pudo evitarlo, por eso ni cerró la puerta de su camioneta. A lo cual yo no dije nada, porque observe que relatármelo hizo que se le empezará a parar ese bello pene. Y le dije, bueno, veo q sigues algo caliente. Y el sólo rió tímidamente, estábamos frente su casa, y me agradeció por darle jalón, antes de bajarse le pregunte q a donde iba, que me gustaba su cuerpo y quería lograr tener un cuerpo como el del (ya q aún no me gusta del todo mi cuerpo) y me dijo a cual iba. Y al quedarnos sin que hablar le comenté, te vas a bajar con eso así? Sería mejor q lograras bajar tu calentura, a lo que el me dijo “si me podés hacer el favor” a lo que yo me quede pálido! Tenía muchas ganas de hacerlo, pero el es el hermano de la mejor amiga de mi hermana. Y el me dijo “sino contás nada, yo no diré nada… Además he visto que casi me comes con la vista al verme con tus cuatas” así que dada la condición, no lo pensé.
Empezé a besarle el cuello e ir tocandolo desde su pecho durito hasta sus biceps bien marcados, le levanté la playera y comensé a darle besitos, yo veía su cara de placer, segui bajando y me quede un rato por las entradas, luego le desabroché el pantalón, y tenía un boxer negro, super tallado, y se le salía la punta de su berga, le medía unos 19cm, lo cual ya era grande para mí, así q vino, me hagarró del pelo, se bajó el boxer y me empezó a cojer la boca con su berga, era realmente excitante, me atragantaba por momentos, pero me aguantaba ya que sentía la excitación de Kevin. Luego me dejo seguir por mi cuenta, al rato me dijo que se iba a venir, y que me quería cojer, que le gustaba mucho mi culo, y q cuando pasabamos a la par, era inevitable vérmelo. Así que salimos de mi carro y pasamos al suyo, entonces vino y me empezó a besar, y sus manos fueron bajando hasta mi trasero, me metió un dedo así nada más y me dijo “se siente más rico de lo que se ve” lo cual me encendió y me bajé todo, el me dio la vuelta y me dio un beso negro… WOW! sus besos negros eran más ricos que sus besos en la boca, su lengua humedecía cada parte de mi oyo, y yo gemía del placer y el me metía la lengua, era realmente excitante, yo estaba que estallaba de la excitación. Y me dijo, ahora vas a probar, entonces me puse en cuatro y el empezó a meterme su cabeza, me dolió un poco, dado a el tamaño, y que tenía como 3 meses de no cojer. Le pedía pausas, pero me dijo q era su puta, y que le gustaba mucho mi culo y no iba a parar, eso me excitó para aguantarme, cuando metió sus 19cms en mi culo empezó con un va y ven. Yo estaba super excitado y a el gemía, me decía “que rico culo, ahora este es mi culo” y eso me excitaba, me sacó su verga y se acostó, me senté en el y me empeze a menear, se excitó tanto que se corrió dentro de mi.
Me dijo que fue riquisimo y que esto se iba a repetir, me mencionó que su primo también quería probar mi culo. Y le dije que cuando quisiera.
Su primo es más alto que el, mide como 1.67 es moreno, lampiño (igual q Kevin) con sus cuadritos, aunque no como los de Kevin y tiene cara de malo también… Pero esa experiencia la dejo para otro relato.
Espero que les haya gustado, espero sus comentarios: incredibilmente_io@hotmail.com

Los amigos de su hijo

octubre 22nd, 2011

- Uff, que calor, dijo el esposo al entrar a la casa.

Había estado trabajando en su taller, reparando unas luces, y realmente la primavera venía con todo. Dentro de nuestro hogar, el clima estaba agradable, pero fuera era un horno

Rebeca le sirvió el almuerzo, y Juan preguntó por su hijo. Y es que Raimundo estaba en su habitación estudiando y no había bajado a almorzar

– Querida, dile que venga, sabes que no me gusta almorzar sin él. Y allá fue Rebeca, escaleras arriba a buscar al joven.

Ella tenía 22 años cuando nació su hijo, que hoy tenía 18 y que estaba terminando su secundaria. Golpeó la puerta y cuando respondió le dijo que el almuerzo estaba servido. Regresó al comedor y apenas entró su hijo también lo hizo.

El esposo tenía 10 años mas que Rebeca. Era gordito, semicalvo, y bonachón. Un buen padre de familia, y un esposo cariñoso, aunque últimamente la vida sexual era bastante intrascendente. Muy de vez en cuando tenían sexo, y cuando lo tenían era un sexo rutinario, casi fisiológico.

A Rebeca, en cambio, los años le habían sentado. Si de joven era preciosa, ahora, entrando en la madurez, se había convertido en una mujer muy sensual y atractiva. Ella lo sabía. Los hombres en la calle se daban vuelta a mirarla, Y hasta los compañeros de escuela de sus hijos preferían reunirse en su casa, para estar cerca suyo. Ella se daba cuenta, y afortunadamente ni su hijo ni su esposo lo notaban. El contacto con esos jovencitos llenos de testosterona siempre la motivaba y la rejuvenecía. Por momentos conversar con ellos le hacía volver a sus 18 años.

– Ma, esta tarde vienen los chicos, dijo su hijo entre bocado y bocado. ¿ Puedes preparar algo?

– Raimundo, que tú y tus amigos se encarguen de traer algo. Tu madre no está para atenderlos a Uds., dijo el padre.

– No hay problemas querido, yo me encargo, dijo Rebeca complaciente.

– Carlos y Sebastián tal vez se queden a dormir, completó Raimundo.

– Lo único que falta. Sabes que esta noche no voy a estar, dijo el padre.

– Por eso mismo los invité. Podemos charlar y escuchar música sin molestarte

– Pero van a molestar a tu madre.

– A ella no le molesta. Le gusta estar con nosotros, dijo el joven defendiéndose

Luego del almuerzo Rebeca preparó unas galletas, para los jóvenes, luego se dio una ducha y poniéndose un solero liviano, siguió con las tareas de la casa.

A eso de las 4 sonó el timbre y su hijo bajó a abrir la puerta. Sus amigos estaban allí. Carlos era un joven alto y rubio, atlético que integraba el equipo de volley de la escuela. Sebastián era mas bajo, pero más morrudo, y su debilidad era la gimnasia con aparatos. Junto a ellos había dos muchachos mas, compañeros también pero menos conocidos.

– Hola señora, dijo Carlos una vez dentro de la casa, se la ve tan bonita como siempre, dijo sonriente.

– Gracias por el halago para esta anciana, contestó Rebeca

– ¿ Anciana? Vamos que no tiene nada que envidiarle a ninguna, dijo Sebastián adelantándose a besarla en la mejilla

– Basta con las bromas, dijo Raimundo, que se los va a terminar creyendo.

– No te preocupes, hijo que se ubicarme , dijo Rebeca sonriendo.

Los otros saludaron al pasar y todos fueron a la habitación de Raimundo.

Al rato bajó su esposo, con un bolso y cambiado.

– Por suerte, ya me voy. El escándalo que hacen estos muchachos no lo soporto.

– No te preocupes querido, son jóvenes nada más. Y prefiero que estén aquí a quien sabe donde y con quien.

– En eso tienes razón, además sus amigos parecen muy educados y correctos, reconoció Juan. Por fin saludo a su esposa y se fue, para regresar al día siguiente sobre el mediodía.

Rebeca quedó sola y aprovechó la tranquilidad para sentarse a mirar televisión. Desde arriba llegaba el sonido de la música y las carcajadas de los jóvenes.

Al rato bajó Sebastián.

– Señora, su hijo me manda a buscar una galletas, dijo parándose al costado de su sillón. Ella se levantó y al girar para ir a la cocina lo llevó por delante, no pudiendo evitar que sus pechos se aplastaran contra el joven

– Perdona Seba, estaba entretenida con la película y no ví donde estabas, dijo ruborizándose.

– No hay problema señora, espero no haberla lastimado, dijo el joven separándola suavemente. Rebeca de reojo lo miró y un sutil movimiento en el pantalón del muchacho, le indicó que él se había dado cuenta de las partes que habían chocado.

– No, Seba no ha pasado nada, le dijo alejándose hacia la cocina. El joven la siguió. Cuando iba a ingresar a la cocina, recordó que sus lentes de leer estaban en el comedor y se detuvo bruscamente. Este movimiento inesperado hizo que el joven que venía detrás de ella, la chocara, y ahora ella pudo sentir algo duro que golpeó su trasero. Este joven estaba totalmente empalmado, con una erección como hacía tiempo no sentía.

– Perdón señora, se apresuró a disculparse el joven, no me di cuenta que iba a detenerse.

– No hay problemas. Espera que traigo mis lentes, y dándose vuelta se dirigió de nuevo al comedor, los tomó de sobre la mesa, y volvió a la cocina.

Una vez allí, abrió el horno para sacar las galletas, y ahora, con toda la intención, Sebastián se paró detrás suyo, con la excusa de ayudarla y le apoyó su verga en el culo. La sentía latir mientras extraía la bandeja, y a propósito, demoró unos segundos más de los necesarios. Ese objeto duro y caliente contra su cuerpo, le daba mucho placer.

– Dejeme que la ayude, dijo Sebastián mientras la apoyaba descaradamente.

– Gracias, pero puedo sola, no te apures, le dijo para disimular, mientras con la excusa de hacer su trabajo, movía el culo suavemente acariciando esa lanza.

El joven la tomó de la cintura, acomodando su pedazo bien en el medio de sus piernas.

– Tenga cuidado, no me gustaría que se quemara, le dijo disimuladamente.

Rebeca sentía como se mojaba ante este tratamiento.

– Tengo mucha experiencia, no es tan facil hacer que me queme, le dijo con toda intención, y ahora córrete así puedo apoyar la bandeja en la mesa, le dijo con decisión, obligando al joven a retirarse de tan placentera posición.

Mientras pasaba las galletas a una fuente podía ver por encima de la mesa la brutal erección del muchacho. Estaba colorado y se lo notaba agitado. Evidentemente hacía mucho que venía soñando con esa escena, porque estaba totalmente sacado. Por fin, le entregó la fuente, y le dio una palmadita en la cabeza.

– Vamos, lleva las galletas y tranquilízate, le dijo sonriendo

El joven se dio vuelta y se fue hacia el cuarto.

Rebeca se sintió complacida por el hecho de sentirse deseada por este muchacho que seguramente era el sueño de mas de una de las niñas de su edad. Y a la vez se sorprendió de sentirse excitada y mojada por lo que había pasado. Debía tener cuidado con sus sensaciones, aunque seguramente le sobraba experiencia para manejar a estos mocosos. Se divirtió pensando en la manera en que esta noche el muchacho se iba a masturbar recordando lo ocurrido.

Sebastián llegó arriba transfigurado. Raimundo estaba eligiendo unos cd y la música estaba a todo volumen. Se acercó a Carlos con la excusa de darle una galleta.

– Carlos, no vas a creer lo que pasó, le dijo

– Cuenta, cuenta.

Sebastián vigilaba mientras hablaba que Raimundo no prestara atención.

– Pues que baje y con toda intención la apoyé a la Sra. y no dijo nada. Por el contrario, te diría que le gustó.

– Tu estás loco,dijo Carlos relamieńdose

– Pues la próxima bajas tú y me cuentas.

Rebeca siguió mirando televisión, y luego de un buen rato fue Carlos el que bajó.

– Sra. ¿ tiene algo para tomar? Estamos todos ahogados

– Cierto, Carlos perdona que no tuve en cuenta las bebidas, y levantándose rápidamente se dirigió a la cocina. Abrió la heladera y al inclinarse a buscar las bebidas, sintió que un cuerpo se pegaba al suyo, y otra vez una dureza reconocible se apoyaba en su trasero.

– ¿ Que bebidas tiene? Preguntó una voz inocente a su espalda,mientras se refregaba contra su culo.

– Pues hay gasesosas comunes y diet, dijo ella aferrándose a la puerta y escondiendo su cabeza dentro de la heladera, disfrutando del magreo.

– Pues prefiero diet, si es lo mismo, dijo Carlos tomándola de las caderas para asegurar el roce.

– No hay problema, ahora apártate un poco así puedo trabajar, le dijo con inocencia.

Lentamente Carlos se retiró y la soltó. Ella entonces sacó un par de gaseosas y se las entregó.

– Vas a necesitar copas, dijo y estirándose abrió la alacena que estaba detrás de Carlos y con esa excusa le apoyó sus tetas en el pecho. Carlos con una gaseosa en cada mano, nada podía hacer, solo disfrutar del roce y el aroma del perfume de la hembra que lo envolvía al quedar su cara pegada al cuello de ella. A través del escote, podía ver el nacimiento del valle de las tetas. Si la erección antes era importante, el bulto que ahora se apoyaba contra el vientre de la mujer era terrorífico. Lentamente tomó los vasos y se separó, mirando de reojo el bulto que se marcaba en los vaqueros del joven.

– Espera, que así no los podrás llevar, y dándose vuelta abrió la puerta de la alacena, y apoyándole descaradamente el culo contra la verga distendida, tomó una bolsa de nylon y se volvió, tomando las gaseosas y colocándolas en la bolsa, para luego entregarle las copas.

– Así está mejor, ahora vete, le dijo mirándolo con lascivia.

– Gracias señora, dijo Carlos totalmente sofocado, y partió hacia arriba.

Si antes se había sentido complacida, ahora se sentía confusa.

Evidentemente los jovenes habían hablado entre ellos, porque Carlos había venido directamente a apoyarla. ¿ Su hijo habrá entendido algo? Esto la asustó, pero bueno, nada había pasado.

Por otra parte, recordó que los muchachos se iban a quedar a dormir allí. Tuvo la sensación de que sería una noche muy larga.

La tarde transcurrió tranquila. Los dos muchachos que habían venido se habían ido ya, y quedaron solamente su hijo y los dos que iban a pasar la noche allí.

– Mamá, Vamos a buscar unas pizzas, ¿ Qué te parece?, preguntó su hijo asomándose por la escalera.

– Me parece perfecto. La verdad que no tenía muchas ganas de cocinar, ya que tu padre no estaba.

– Perfecto, ya vamos entonces

Un tropel bajó por la escalera. Los tres jovenes entraron al living.

– Voy a ir con Carlos a comprar la comida,mientras Sebastián y tú preparan la mesa, quieres?

– No hay problema dijo Rebeca, mirando de reojo a Sebastián. Una luz de alarma se encendió. Iban a quedar solos.

Rapidamente los jovenes salieron.

– Bueno, le ayudo con la mesa, dijo Sebastián acercándose a ella.

Rebeca se levantó y se dirigió a la cocina.

Una vez allí comenzó a buscar los utensilios, y comenzó a lavar platos y copas. Cuando estaba en la pileta, sintió que Sebastián se acoplaba detrás suyo.

– Realmente es muy atractiva, ¿ no se lo dicen en la calle?

– En la calle se dicen muchas cosas, Sebastián, contestó mientras sentía como la verga del joven latía desenfrenadamente.

– Es que además de atractiva, emana de Ud. una imagen de experiencia que seguramente debe enloquecer a los hombres, dijo el joven bajando sus manos por los costados del cuerpo de la mujer.

– Seba, tranquilizate, mira que soy una mujer muy mayor para tí. Puedo ser tu madre.

– Ese es el problema, tengo el edipo mal resuelto, dijo el joven tomándola de las caderas, y refregándose contra su cuerpo.

Rebeca cerró el grifo, se secó las manos, y se dio vuelta para detener al muchacho, pero esta acción fue un error. Cuando se dio vuelta, el joven rapidamente la apretó contra la mesada y se adueñó de su boca con desesperación, mientras sus manos se adueñaban de sus tetas.

Rebeca quedó aplastada por la virilidad del joven, y no pudo reaccionar. Le llevó unos minutos conseguir que aflojara la presión.

– ¿ estás loco?, le dijo al joven mientras intentaba alejarlo con sus manos.

Sebastián, rápidamente tomó sus manos y las dirigió hacia su verga, obligándola a acariciarla.

– Si, estoy loco por vos. Me tenés recaliente y no me voy a quedar así, le dijo, comenzando a besar su cuello.

– Pero, soy la madre de tu amigo, por favor, déjame, dijo Rebeca sin demasiada convicción. Se daba cuenta de dos cosas: primero que no conseguiría que el muchacho la dejara, y segundo, que ella tampoco quería que la dejara. Estaba excitada como hacía mucho que no lo estaba.

Sebastián tomó posesión de su boca para silenciarla. Su lengua la invadió. Sintió como una mano se metía debajo de su vestido y llegaba a su entrepierna. Subió hasta que encontró el elástico de su ropa interior y descendió por su monte de venus, hasta posarse sobre su sexo. Trató de rechazar el ataque, pero el joven no cejaba y claramente a pesar de su edad, era mas fuerte y decidido que ella.

La mano que atacaba su sexo la obligó a separar las piernas y allí se dio cuenta que estaba perdida. Cuando un dedo separó sus labios vaginales, era inocultable su excitación. Estaba toda mojada. Un gruñido de satisfacción fue la respuesta de Sebastián.

– Estás caliente como yo, Rebeca, no lo puedes negar.

– Ya basta que pueden volver en cualquier momento, dijo tratando de terminar con el momento.

– Tranquila, que cuando salgan de la pizzería Carlos me va a mandar un mensaje, le dijo el joven mientras su dedo medio se enterraba en su vagina, y su boca recorría su cuello.

– ¿ Qué? ¿ Están de acuerdo?, dijo Rebeca sobresaltada.

– ¿ Creíste que ibamos a quedarnos calientes? Vamos Rebeca, somos grandecitos para conformarnos con una paja, habiendo una mujer como tú disponible, le dijo el muchacho volviendo a besarla con lujuria.

Rebeca, por fin, se entregó ante el ataque. Sus brazos envolvieron la espalda del muchacho, y comenzó a responder a los besos.

Ese era el momento que esperaba Sebastián.

La tomó de la cintura y la sentó sobre la mesada, colocándose entre sus piernas mientras seguía besándola y bajaba los breteles del solero dejándola solo con el corpiño. Sus manos habilmente lo desprendieron y se lo quitaron, arrojándolo al suelo de la cocina. Así, con medio cuerpo desnuda no pudo evitar que las manos del joven se adueñaran de sus pechos, y luego la boca los recorrió uno por uno, deteniéndose unos minutos en cada pezón, que se endurecieron al contacto de los labios. Mientras Rebeca, con los ojos cerrados arañaba la espalda de Sebastián, dejándose llevar por las sensaciones.

De pronto, el muchacho se retiró y metiendo las manos por debajo del vestido y tomando su bombacha la bajó hasta hacerla caer al piso. Antes que Rebeca reaccionara avanzó nuevamente y ahora pudo sentir el bulto apoyado directamente contra su sexo. Solo la ropa del joven los separaba. Con mucha decisión Sebastián siguió atacando su boca, su cuello, sus pechos, hasta conseguir convertir a Rebeca en una pila de nervios sensibilizados al extremo. Se estaba garantizando la entrega total para lo que vendría a continuación.

Rebeca sintió que mientras su lengua jugaba en su boca, la cremallera de un cierre se abría. Sintió correr el jean de Sebastián, y de pronto, sintió la punta caliente y húmeda de una verga apoyarse contra la entrada de su vagina. Trató de reaccionar, de hacer que el joven se retirara, pero este con decisión la tomó de la cintura, y separó su rostro del de ella.

– ¡¡¡Detente!!!!, le dijo abriendo los ojos con desesperación, y mirando al joven, pero su grito quedó congelado ante la imagen del rostro del joven. Sus ojos eran ardientes. Reflejaban una determinación que nada podía frenar. Lentamente Sebastián se afirmó en sus caderas y mirándola fijamente avanzó, hasta conseguir que la cabeza de su lanza entrara en su cuerpo.

Sus piernas se tensaron alrededor del cuerpo del muchacho. Esta acción inconsciente fue interpretada como sumisión, y sin más, el joven le hundió el garrote hasta las cachas. El vuelo del vestido no le había permitido ver la herramienta del joven, pero la forma en que la dilataba le daba la pauta clara de que era mucho más grande que la de su esposo, y además mucho más dura y caliente, aunque esto debía tener más que ver con la edad y la excitación. Y de pronto, allí estaba ella, sobre la mesada de su cocina, engañando a su esposo con un muchacho que podía ser su hijo.

Sebastián volvió a comerle la boca, mientras comenzaba a bombearla pausadamente y con largas arremetidas que la hacían gemir aunque por la posición la penetración no era total. Así siguieron durante un largo rato. Ella gozaba tremendamente y sentía crecer dentro suyo un orgasmo bestial. En ese momento sonó el móvil de Sebastián, lo que la paralizó.

– ¡¡¡Dejame que ya vuelven!!!! dijo tratando de despegarse del joven.

– Tenemos todavía un rato. Ni sueñes que te voy a descabalgar sin completar la tarea, le dijo, mientras comenzaba a acelerar.

– ¡¡¡ Espera!!! ¡¡¡ No me llenes!!!, dijo desesperada. Pero ya era tarde. Un líquido caliente la invadió. La expresión del rostro de Sebastián no dejaba dudas de que estaba gozando como un marrano.

– Ahhhh, que polvo, que polvo, ahí va otro chorro, come puta come, decía mientras se vaciaba en cada arremetida.

Rebeca solo pudo aguantar la acabada. El teléfono le había cortado su clímax pero así y todo disfrutó del polvo que le estaban echando. Hacía rato que tanta leche no la inundaba.

Por fin, el joven se tranquilizó y se quedó un minuto dentro de ella, para luego sacar su verga fláccida y vestirse rápidamente.

– Vamos Rebeca vístete rápido que no queremos que te encuentren desnuda sobre la mesada, y vamos a poner la mesa.

– No estuvo bien lo que hicimos, dijo Rebeca mientras se vestía,y con un repasador limpiaba el semen que chorreaba por sus piernas.

– No, por eso más tarde lo vamos a hacer mejor. No te preocupes. Se que no acabaste, pero te aseguro que esta noche te vas a poner al día, le dijo mientras comenzaba a llevar platos y copas, y además voy a hacer que la sientas toda.

Rebeca quedó paralizada por lo que escuchó, y tembló de pensar como iba a hacer para pasar una noche en esa casa con esos niñatos que le habían tomado el tiempo. Se asustó por lo que su hijo pudiera descubrir, y decididamente debía ponerle un límite. Lo que pasó no debía volver a ocurrir.

Al rato llegaron los demás, trayendo las pizzas para cenar. Se sentaron a la mesa y comieron sin mayores novedades.

– Menos mal que no se enfriaron, dijo su hijo, porque a Carlos se le ocurrió para por el camino a ver una vidriera de instrumentos musicales. Perdimos como 10 minutos., comentó

Carlos miró a Sebastián con complicidad.

– Lo que pasa que no había apuro, y estaba seguro de que no se iba a enfriar nada. Por el contrario, iban a tener más gusto., dijo mirando a Rebeca. Ella hizo de cuenta que no escuchaba nada, y siguió comiendo.

– Igual aquí estuvimos entretenidos poniendo la mesa, así que no nos molestó la demora, no Rebeca?, dijo Sebastián, obligándola a entrar en el juego.

– Si, Sebastián, no hubo problemas con que demoraran.

– Por el contrario, nos dio tiempo para conocernos un poco más. Realmente, tienes una madre muy comprensiva, Ramundo.

– No te creas, será comprensiva contigo, porque lo que es conmigo, nunca me entiende.

– Tal vez no te esmeras en hacer lo que ella desea. Yo en cambio me anticipé a todo lo que ella quería y si bien no quedó satisfecha, no se quejó, dijo el muchacho con doble sentido, pero estoy seguro que la próxima vez todo andará mejor.

– Estuvo bien, Sebastián. La próxima vez será mi hijo quien me ayude a preparar la mesa, dijo ella tratando de marcar el límite.

– Ahh, no mamá, no cuentes conmigo. Si a Sebastián le gusta que el te siga ayudando.

– De última yo también puedo colaborar, dijo Carlos terciando en la charla.

Rebeca miró a los tres jóvenes, y sonrió.

– No se preocupen que lo de hoy no se va a repetir tan seguido, dijo con firmeza

Carlos y Sebastián se miraron desconcertados. La situación no iba a ser tan fácil como pensaban.

Terminada la cena, los muchachos pusieron una peli en la tele, y ella se fue a su dormitorio con su notebook. Se puso su pijama y se entretuvo un buen rato. El volumen del televisor bajó, seguramente para no molestarla, pensó ella.

Luego de un rato, decidió bajar a tomar algo, y cuando llegó a la mitad de la escalera observó con sorpresa que los muchachos habían cambiado el programa.

En el televisor se veía una escena porno, donde dos muchachos estaba retozando con una mujer madura, mientras la penetraban por todos los agujeros. Se quedó paralizada. Dos muchachos jovenes y robustos, con su virilidad a pleno, elevaban al séptimo cielo a una mujer madura, que sin falsa modestia, no estaba ni la mitad de lo que estaba ella, pero no pudo menos que verse a ella misma en esa situación, y su imaginación la excitó.

– Este es el sueño de todos los jovenes, decía Carlos, riendo.

– Si, debe ser extraordinario tumbarse una madurita, decía su hijo, con una voz que denotaba su excitación.

Sebastián, en el reflejo del televisor vio a Rebeca en la escalera

– Imagínate tener una madurita atractiva e insatisfecha y poder clavarla así, dijo con intención.

– ¿ Qué le harías tu ? Preguntó Raimundo sin sacar los ojos del film.

– Pues depende de la situación. Veamos. Supongamos que sea una amiga de mi mamá. Pues primero trataría de ver si acepta el juego.

– ¿ Y como haces eso sin que te insulte?

– Pues se nota cuando a una mujer le va la marcha. Aparte como te ven como un niño, tienen las defensas bajas. Lo mejor es arrimarte y rozarla disimuladamente, y si puedes hacerle sentir tu verga. Y luego esperas la reacción. Normalmente no se enojan, porque les gusta sentirse deseadas, y además en sus fantasías, sueñan con tener un pedazo de carne joven y caliente con ellas, así que si perseveras te la montas.

– Parece que ya lo hubieras hecho, comentó Raimundo

– No todavía, pero tengo un prospecto en la mira.

– ¿La conozco?

– No, no la conoces

– En fin, espero que tengas suerte, comentó, mientras en la pantalla, la madurita se sentaba sobre la verga del joven tragándosela hasta el fondo y gozando como una perra.

– ¿Quieren tomar algo mas fuerte? Preguntó, se donde mi padre tiene algunas bebidas.

– Pero si tú nunca tomas, le dijo Carlos

– Pero hoy, y con esta peli, me entraron ganas. , y se levantó y fue hasta la oficina de su padre. Volvió con una botella de whisky y tres vasos. Los llenó a tope, y hundiéndose en el silló siguió mirando la peli mientras tomaba a grandes sorbos.

– Despacio Raimundo, que te vas a emborrachar, le dijo Carlos, quien apenas mojó sus labios en el vaso, ante el gesto de Sebastián de que se midiera.

Seguí mirando las reacciones de Rebeca, que no podía sacar sus ojos de la pantalla. Se notaba que le gustaba lo que veía. Tal era su interés que no notó lo de las bebidas hasta que su hijo ya había terminado una copa entera. Se volvió a servir y ya se notó que le costaba dominar su cuerpo.

Sebastián y Carlos, tranquilos miraban la peli, y estaban empalmados. En un momento Sebastián le comentó que la madre del amigo estaba mirando el video, y los dos, entonces decidieron dejar a Raimundo que tomara todo lo que quisiera. Esa noche lo necesitaban inconsciente.

La pelí terminó con un brutal orgasmo del joven que le bañó la cara y las tetas de semen, no dando a vasto para tragar todo lo que recibía. A esa altura ya Raimundo estaba casi inconsciente. Aún tenía los ojos abiertos, pero ya no entendía nada.

Rebeca, al terminar el video rápidamente subió la escalera y se metió en su dormitorio. Temblaba de pensar en la trampa que los amigos de su hijo le habían tendido. Lo habían dejado emborracharse y ahora quedarían los tres solos toda la noche en la casa. Trató de pensar como zafar de esta situación, pero no se le ocurría nada que no pusiera sobre el tapete lo que ya había ocurrido , y de solo pensar que su hijo se enterara le corría un escalofrío por todo el cuerpo.

Por otra parte, le daba mucho placer que alguien ideara todo ese plan para disfrutarla. Pero ella pensaba que como mujer madura, iba a poder controlar a esos mocosos.

Los escuchó entrar al dormitorio, llevando a su hijo totalmente borracho. Se hizo un silencio profundo. Se acostó y apagó la luz, pero no podía dormir. Estaba con los nervios a flor de piel. Por un lado el morbo de la situación la ponía a mil. Por otro lado, pensar en como podía manejar la situación para que no se desmadrara no la dejaba descansar. Sabía que en cualquier momento, los muchachos harían su jugada. Y no se equivocó.

En la oscuridad, con los ojos cerrados, sintió que el picaporte giraba. Se quedó quieta. Tal vez si pensaban que estaba dormida la dejarían en paz. Hizo como que dormía. Unos pasos se acercaron furtivamente a su cama. Sentía la presencia de alguien parado al lado de la cama, pero no se atrevía a abrir los ojos, para no darle ánimos. Sintió una mano que corría la ropa de cama, hasta dejar la mitad de su cuerpo libre. Luego sintió como suavemente los botones de su camisa eran desabrochados uno por uno. Imaginó la cara del depredador cuando a través de la camisa abierta, asomaron sus pechos desnudos, pero decidió mantener su estrategia.

Unos labios capturaron uno de sus pezones suavemente. La lengua jugaba con él haciendo que una corriente sexual le recorriera el cuerpo. Luego de un minuto, el otro pezón recibió el mismo tratamiento. Le costaba mucho no reaccionar, pero aguantó. Lo que ella no podía evitar era que sus pezones se endurecieran con el tratamiento, y el invasor lo notó.

Una de sus manos entró bajo las sábanas y acarició sus piernas, para luego subir lentamente hasta instalarse entre ellas. Un dedo comenzó a presionar sobre su sexo a través de su pijama, y el roce de las prendas en lugar de protegerla de la intromisión, la calentaban aún mas. Se dio cuenta que si no actuaba todo iba a estar perdido y entonces simuló despertarse. Se movió, abrió los ojos y se encontró con Carlos arrodillado en la cama a su lado. Estaba totalmente desnudo y mostraba una erección importante. No era una verga grande, era mas o menos como la de su esposo, pero la dureza era propia de un adolescente calentón.

– ¿ Qué crees que estás haciendo? Le dijo mientras le obligaba a retirar las manos. Iba a sentarse en la cama, cuando sintió que desde atrás, alguien la tomaba de los hombros y la obligaba a quedarse acostada.

– Tranquila Rebeca, que te debemos una y queremos complacerte, le dijo Sebastián, mientras la sostenía horizontal.

– ¡ Sueltenme, degenerados! Alcanzó a gritar, antes de que la boca de Sebastián silenciara la suya. Con una pierna aplastaba uno de sus brazos, con una mano, sostenía el otro y con el otro brazo sostenía su cabeza mientras le metía la lengua hasta el fondo. La fuerza del joven la dominó por completo. Luchó para poder respirar y cuando lo consiguió se quedó quieta. Sintió como la ropa de cama volaba y un frío en sus piernas le indicó que estaba desnuda. El ataque de Sebastián le había hecho perder el control de lo que pasaba más abajo. Cuando quiso juntar las piernas, se encontró conque un cuerpo estaba ubicado entre ellas. Trató de cerrar sus piernas pero era imposible. Quiso quejarse, pero Sebastián no cejaba en su presión. Por fin, sintió que Carlos se deslizaba hacia abajo, que unas manos separaban totalmente sus piernas y notó a la lengua de Carlos recorriendo su sexo. La sensación era fabulosa. Se aflojó y lo dejó hacer, mientras seguía besándose con Sebastián. En un rato sintió como Carlos se deslizaba nuevamente hacia arriba y algo duro se apoyaba en su sexo, y momentos después su vagina comenzó a distenderse ante el ataque de Carlos. En unos segundos, el macho había entrado en ella por completo. La situación la había excitado, por suerte, y entonces la penetración no fue tan desagradable ni dolorosa, y luego de unos minutos, el placer ganó la batalla. Carlos empezó a bombearla con ganas. Luego de un rato, Rebeca envolvió al muchacho con sus piernas facilitando la penetración. En ese momento Sebastián fue aflojando su presión, liberando su boca, y dejando lugar para que Carlos la disfrutara plenamente. El que la penetraba comenzó a besarla con desesperación, comiéndole toda la cara y el cuello.

– Así está mejor, Beca, sabíamos que te iba a gustar. Máxime despues de haber disfrutado de la peli que mirábamos. Te digo que la miraba y me imaginaba dentro tuyo.

– Ustedes son dos delincuentes. No pueden aprovecharse así de una mujer, decía Rebeca cuando Carlos le dejaba la boca libre.

Sebastián le tomó la mano y la obligó a toquetear su verga. La sorpresa la paralizó. El muchacho tenía una verga de cuidado. Antes, en la cocina, le había parecido que era grande, pero en realidad era monstruosa. Su mano se aferró de la lanza y comenzó a masturbarla. El muchacho giró para ofrecersela y la puso al costado de su cara. Ella se dio vuelta y se encontró de frente con el monstruo. Gruesa, nervuda, con una cabeza como un durazno, y debajo de ella dos huevos enormes y duros que mostraban la calentura del macho, a pesar de que esa tarde ya se había vaciado.

– Chupala vamos, que te mueres de ganas le dijo Sebastián tomándola del cuello, y ella abrió la boca y comenzó a succionarla. No podía sorberla toda, pero hizo su mejor intento. Fue en ese momento que Carlos comenzó a acelerar, y ella, entre lo que había pasado y lo que estaba pasando, se corrió sorpresivamente, con un orgasmo largo y profundo que la dejó casi inconsciente. En ese estado de semiinconsciencia alcanzó a sentir los golpes de Carlos en el fondo de su cuerpo, seguidos de un líquido caliente que la inundaba chorro tras chorro. Soltó la verga de Sebastian y comenzó a llorar de placer. Hacía mucho tiempo que no tenía un orgasmo tan profundo.

– Así me gusta, que goces. Lo único que queremos es que la pases bien, te lo mereces Rebeca. No sabes como te queremos y como te deseamos. Hace años que me pajeo pensando en vos y en este momento. Por suerte todo llega, dijo Sebastián tiernamente mientras le acariciaba el rostro. Esa ternura terminó por doblegarla por completo. Estaba totalmente a las órdenes de estos muchachos. Haría lo que ellos quisieran.

– Ahhh, que placer, decía Carlos mientras desmontaba, nunca disfruté tanto un polvo, creí que me quedaba seco.

– No te preocupes que una mujer de verdad siempre puede exprimirte un poco más, y me parece que encontramos a La Mujer, dijo Sebastián mientras comenzaba a besarla por todo el cuerpo. Recorrió con su boca toda su piel, la hizo girar para besar su espalda, hasta tenerla boca abajo en la cama, y fue descendiendo por su cuerpo hasta sus nalgas.

– Que hermoso culo que tenés, mamita hmmmm, siempre soñé con montarte como una yegua, dijo, mientras la levantaba de las caderas y la obligaba a arrodillarse. La tomó de los hombros y se acercó, haciendo que sintiera la rigidez de su vara. Y luego, despacio fue haciendo que inclinara su cuerpo hasta apoyarse en las manos. Así en esa posición, como si fuera realmente una yegua, se acercó e introdujo la punta de su verga entre sus labios vaginales. Le masajeaba los hombros mientras la acomodaba con su cadera, trazando círculos con la cabeza de su miembro en la puerta de su sexo. Por fin, sus manos bajaron hasta tomar posesión de sus pechos, y como si fueran las riendas de esa cabalgata erótica, se afirmó en ellas para, despacio, empezar a empujar, hasta conseguir luego de varios intentos, ir penetrándola con su poderosa lanza. Rebeca flipaba de placer, gemía y suspiraba aferrándose a las sábanas con sus manos e inclinando su cuerpo para brindar el mejor ángulo posible para el empalamiento.

– Despacio, por favor, por favor, me matas, despacio, me partes animal, decía entre dientes de manera inconsciente, sacudida por las sensaciones de sometimiento y posesión que nunca había sentido de manera tan violenta. Esa verga era demasiado, y si mas temprano en la cocina la había tolerado, era porque en la posición en que la poseían no podía entrar toda, pero ahora, tan accesible como estaba, sentía los huevos del macho pegar contra su cuerpo. Estaba toda adentro y se sentía llena como nunca. Parecía que realmente iban a partirla en dos pedazos. Y a esta sensación ayudaba Sebastiań, cuando una vez sumergido por completo en su cuerpo comenzó un mete y saca con enviones largos que hacían que la sacara casi por completo para volver a martillarla de regreso e introducirla mas y mas en cada arremetida, lo cual era una sensación, porque en cada empalada sus cuerpos se fundían en uno solo. No tenía más para darle, y ella se la estaba comiendo toda.

– Te dije que te la iba a dar toda y que te iba a gustar. ¿ No es cierto que es grande?, decía mientras la sacudía con violencia.

Ahora fue el turno de Carlos de acercarse y ponerle la verga en la boca para que se la chupara. Floja al principio, luego de unos minutos fue creciendo dentro de su boca, para terminar dura como una barra de hierro y tan caliente como si recien saliera de la fragua.

– Ay, Rebeca, Rebeca, no sabes durante cuanto tiempo soñamos con Carlos en tenerte así, abierta de patas. Eres muy atractiva y sensual, ¿ sabes? Y nos calentabas con solo verte caminar. Costó trabajo tenerte, pero ahora vamos a disfrutarte a tope, siempre que podamos ¿ verdad?, dime, ¿ nos darás el gusto siempre que queramos?

– No, por favor. Mi hijo va a enterarse, contestó Rebeca como entre sueños, obnubilada por la excitación.

– No se va a enterar, no tengas miedo. Dime que serás nuestra putita, dale

– Si, sere vuestra putita, pero nadie tiene que enterarse, dijo ella rendida por completo.

– Ahhh, no aguanto mas, toma tu lechita , dijo Carlos mientras empezaba a eyacular en su boca. Nunca había tragado la leche de un macho. Siempre se lo había negado a su esposo, pero estos muchachos no pedían permiso. Cuando se dio cuenta, tenía su boca llena de semen y sin querer comenzó a tragar. Lo violento del acto, en lugar de asquearla como siempre pensó que pasaría, la llevó a un orgasmo violento. La situación no pasó desapercibida para Sebastián.

– Ahhh, perra me aprietas la verga como si tu sexo fuera una mano, me sacas, puta, me sacas, y sin más comenzó a correrse en el fondo de su cuerpo. 6 ó 7 chorros de semen copiosos y espesos, quedaron depositados en ella, mientras sus orgasmos se encadenaban uno con otro. Sebastián agotado por el orgasmo cayó sobre ella y la aplastó sobre la cama.

Allí quedaron los tres boqueando ante la violencia del encuentro. Sebastián desensilló y le ordenó a Carlos que se vistiera por las dudas que reaccionara Raimundo, a pesar de que iba a llamar cuando llegara. Carlos se levantó y rápidamente se fue al otro dormitorio.

– Bueno Rebeca, has estado maravillosa, le dijo a la mujer acariciándole el cabello

– No se que me pasó, no soy así, decía ella tratando de justificarse.

– Ya lo se, nena, ya lo sé. Simplemente necesitas atenciones que no te ofrecen muy a menudo, pero a partir de ahora nos tendrás a tu entera disposición. Cada vez que necesites te daremos verga hasta que te canses.

Se deslizó hasta apoyarse en la cabecera de la cama.

– Ven aquí, le dijo tiernamente.

Rebeca obedeció. Se arrodilló frente a él y el la acercó y comenzó a besarla tiernamente.

Estuvieron así un buen rato.

– Ahora Rebeca, quiero que hagas algo por mí, le dijo suavemente.

– ¿ Que quieres? Preguntó ella.

– Quiero que me la chupes hasta que se levante y que luego te tomes la poca leche que me queda, recién allí te voy a sentir totalmente mía, dijo mientras le acariciaba la cabeza y la miraba con dulzura. Ella lo miró y sin más se agachó y capturó esa verga que estaba morcillona con su boca y comenzó a chuparla con fruición. Notó como iba poniéndose dura, mientras el joven jugaba con sus tetas.

– Así, así, buena chica, eso, así me gusta, dale que ya lo consigues, la alentaba el joven con los ojos cerrados.

En 10 minutos estaba otra vez dura como una piedra. Al principio podía tenerla casi toda en la boca , pero ahora ya era imposible. La tomaba con las dos manos y todavía sobresalía la cabeza y un buen pedazo de verga por encima de sus manos. Era realmente una pieza de colección. Seguramente sus amigas nunca habían tenido algo así. Siguió chupando y lamiendo, dejó la verga y se dedicó a chuparle también los huevos y les pasó la lengua para volver a trepar por la vara y capturar nuevamente esa cabeza que estaba ya morada de la distensión y la sangre acumulada.

– Ahhm ya me viene, ya me viene, chupa chupa, comenzó a gemir Sebastián, y ella se afirmó se metió todo lo que pudo en la boca y comenzó a apretarle los huevos como si lo estuviera ordeñando. El tratamiento hizo efecto, porque de pronto el joven se tensó, tiró la cabeza hacia atrás como si le hubiera pegado un rayo, apretó su cabeza contra su verga obligandola a tragar mas de lo que tenía pensado y comenzó a correrse. El primer chorro fue suave, salió lentamente, el segundo fue un poco mas copioso, pero el tercero fue un verdadero sablazo de semen que llegó hasta su garganta para luego agotarse rápidamente. Lo había dejado seco, literalmente.

– Seba, Raimundo quiere reaccionar, termina de una vez, dijo Carlos desde el pasillo. Con desgano Sebastián se levantó de la cama, y luego de besarla se retiró.

Rebeca fue rápidamente al baño del dormitorio y dejó que el semen terminara de brotar de su sexo. Se lavó los dientes para sacarse el gusto a macho de la boca, y se acostó agotada por todo lo vivido. Nunca había gozado tanto. Y soñó toda la noche con lo que había pasado, mojándose como una colegiala.

Soñó que la acariciaban y las desnudaban, que la ponían de costado y un macho se ponía detrás de ella, levantaba una de sus piernas sobre su cuerpo, y comenzaba a frotarle la verga en su concha. Se excitó como si fuera real, y hasta sentía como una verga luchaba por penetrarla. Se despertó caliente y descubrió con horror que no era un sueño. Sebastián la estaba clavando sin miramientos.

– ¿ Qué haces? ¿ Estás loco? Está mi hijo, vete de aquí.

– Tu hijo fue con Carlos a comprar facturas y yo te voy a dar tu embutido para que desayunes, así que goza, dijo mientras con un empujón le endiñaba media verga.

– Ufff, despacio, dijo dejándose poseer,

– Lo lamento, no tenemos mucho tiempo, así que solo quiero vaciarme dentro tuyo, dijo terminando de enterrarle su aparato hasta el fondo, para luego comenzar con frenesí a bombearla.

– Ayym, me matas, me matas, atinó a proferir Rebeca ante ese tratamiento tan brutal, pero ni modo de que el joven aflojara. Siguió sacudiendola hasta que la sometió por completo, y consiguió que ella explotara en un furioso orgasmo.

– estas rapida putita para acabar. Ya te di tu embutido ahora te vas a tomar la leche, y sacándola, la hizo acostarse boca arriba y trepó hasta colocar sus piernas una a cada lado y le dio su verga caliente para que se la chupe. Fue ponersela en la boca para que comenzara a eyacular. Evidentemente se había recuperado. Los tres chorros tiernos de la noche anterior se convirtieron en 6 chorros espesos y calientes que rebalsaron de su boca ante la imposibilidad de tragarlos tan rápido. Casi se ahogó en su desesperación por tomarse todo. Cuando terminó, él la sacó y con sus dedos dirigió a su boca el semen que se había derramado.

– Ahora no hace falta que bajes a desayunar. Ya tienes suficiente leche en el estómago. Y ahora sí, en un rato nos vamos y te vamos a extrañar, pero ya combinaremos la manera de volver a encontrarnos, ¿ no te parece?

– Es dificil, además ya te sacaste las ganas. Tienes muchas jovencitas a quienes atender, así que olvídate de mí.

– ¿ Olvidarme? ¿ Crees que has vivido lo suficiente si no sientes mi verga bien enterrada en tu culo? Porqué ese va a ser el paso siguiente. Te voy a encular y vas a gozar como nunca soñaste que ibas a gozar, zorrona, le dijo pellizcándole un pezón.

Rebeca quedó sola. Su vida se había trastocado. ¿ Cómo explicar lo ocurrido? Ella no tenía ningún interés en estos jovencitos y sin embargo la habían dominado y la habían usado sin miramientos vaciándose varias veces en su cuerpo.

Esto no podía seguir. Tenía que darle un corte. Y esto era definitivo. La próxima vez les iba a poner los puntos. Tenían que olvidarse de ella. Eso si. Despues que la encularan, por supuesto…..

 

Hice un trato con mamá (Segunda Parte)

octubre 21st, 2011

EL DÍA SIGUIENTE

Mi alarma sonó fastidiosamente a las 8 de la mañana. Salí de la cama, y busqué por la casa, no había nadie. Sobre el desayunador, en la cocina, había una nota. Un domicilio. Tal vez mamá pensó que era muy arriesgado llegar juntos al lugar. Desayuné y me duché rápidamente. Me vestí aun más rápido, una playera, pantalones deportivos y salí de casa. En menos de 20 minutos estaba llegando a la dirección señalada en la nota, “Motel Paris”. Estacioné el coche, me dirigí a la habitación “16” y toqué…

Mi madre abrió la puerta mientras asomaba la cabeza misteriosamente como si nos observaran, me hizo una seña con la mano para que entrara.

– Rápido Santiago, entra. No quiero que alguien nos vea así. —Exclamó, mientras me adentraba.

Observé la habitación y el amueblado de reojo conforme giré en su dirección para verla mientras cerraba la puerta.

Dios ¡qué vista! Ella vestía solamente un baby doll sin sostén y unas sandalias rojas. El bello de su concha estaba depilado muy corto lo que revelaba sus hinchados y rosados labios. Mis ojos la devoraron de pies a cabeza hasta que su voz me sacó de trance.

– ¿Te vas a quedar ahí viéndome como tonto?—Preguntó.

– Perdón. —Respondí.

Debí haberme visto patético.

– Quiero sacar de una vez por todas esta lujuria que se ha apoderado de ti, para que sigamos con nuestras vidas. Démonos prisa, quiero estar en casa antes del mediodía. —Se lamentó.

Se acercó a mí, y tomo mi playera del extremo para sacármela. Sus tibias manos se deslizaron suavemente por mis costados. Jadeé al ver desde arriba sus gordas tetas he inflamados pezones, a la par con sus ardientes caderas. Me moví para besar sus rojos labios pero inmediatamente se volteó y puso su mejilla al último segundo.

– Sin besos. Solo le permito a Germán ese placer. Solamente podrás tocar mis tetas y mi culo. ¿Entiendes?

¡Mierda! Estaba empezando a sentirme como su cliente en lugar de su hijo. Da igual, si eso significaba tener su apretado hoyo, que así sea.

Después de mi fallido intento, me acerqué un poco más y la tomé por las caderas. Se sentía tan suave y tibia que mi verga empezó a sacudirse sin control.

Acto seguido, me hinqué en el piso todavía tomándola de sus tersas caderas y lentamente la hice girar hasta que su delicioso culo quedó frente a mí. Levanté un poco su baby doll hasta descubrir por completo sus redondas nalgas. Eran perfectas. Como poseído y sin ninguna demora, clavé mi nariz entre sus acojinadas montañas y respiré profundamente para captar su alucinante olor. Masajeé con mis temblorosas manos su esponjado trasero mientras hundía profundamente mi cara en su apretado canal. Sus tibias nalgas templaban mi cara, podía escuchar mi corazón latirme en los oídos, y el pulso de mi sangre en la sien.

La intensidad del momento doblegaba mis sentidos. Ninguna de mis incestuosas fantasías me había preparado para las increíbles sensaciones que recorrían mi joven cuerpo en ese momento.

Tras unos segundos de restregar mi cara en su dulce culo, lancé mi lengua sobre su rosado y apretado capullo. Ella gimió tras el inminente ataque al más privado de sus agujeros.
Mientras intentaba clavar más profundo mi rígida lengua en su recto, su concha empezó a embijar mi barbilla con su pegajosa crema. ¡Dios! Mi madre se estaba mojando. El saber esto, tenía mi pulsante erección casi a reventar.

Después de reunir la voluntad suficiente para detenerme, la encaminé sobre la cama y la arrodillé sobre el borde. Sin ninguna protesta se arrodilló, y se posicionó sobre sus hombros e inconscientemente arqueó su espalda, lo que causó que sus nalgas quedaran paradas en el aire. Me faltó la respiración al ver su cremoso culo expuesto ante mí. Sacudí mi cabeza maravillado mientras separaba sus suaves nalgas hacia los lados y veía como su arrugado y elástico hoyo se estiraba obscenamente en el proceso. Ella suspiró mientras yo separaba aun más sus carnosos globos. La mojada concha de mi madre cedió y sus labios se separaron ante la presión de mis manos en sus nalgas, mostrando su húmedo y rosado interior.

No podía contenerme, así que, inmediatamente empecé a devorar su hermoso hoyo, lamiendo y chupando sin control sus carnosos bordes.

– ¡Ma…Ma-má tu culo esta tan rico…slurp…me vuelve loco…slurp. No puedo satisfacerme…slurp…quiero comerlo todo el día…slurp…hasta que no pueda mover mi lengua…slurp!

Mi sangre hervía mientras continuaba alimentándome de su arrugada y delicada estrella. Me mantuve firme alrededor de 15 minutos solo lamiendo, chupando y mordisqueando su apretado agujero.

– Ahh, Santi… me vas arrancar la piel. Cariño…ahh…para…estoy muy sensible. ¡Para!

Los quejidos de mamá para que me detuviera solo sirvieron para que mi nivel de lujuria y deseo aumentara aun mas, por lo que seguí con el banquete en su estrecho orificio un par de minutos más hasta que apretó su carnoso canal alrededor de mi lengua invasora. Intenté librarme un par de veces sin éxito alguno. Así que, sumergí mis dedos índices en su sensible argolla y abrí su fruncido ano para liberar mi lengua mientras se quejaba:

– No más Santiago, por favor. Estoy muy sensible. No puedo aguantar más.

Deslicé mi lengua hacia fuera de lo que ahora era un pequeño boquete, jadeando por aire y tratando de calmar mi acelerado corazón.

– Mamá… dijiste… que querías librarme de la lujuria que… ha tomado control de mí. Pues, esto es lo que necesito… para librarme de ella. Además,… solo será esta vez.

Analizó mis palabras, respiró profundamente y se resignó ante su destino.

– Mmm, continúa entonces.

La vista de su esfínter ligeramente abierto tenía a mi duro miembro rogando por ser liberado.
Inserté nuevamente mis dedos, esta vez el índice y mi dedo medio simultáneamente para evitar que su estrecho hoyo se cerrara. Acerqué una vez más mi lengua mientras el femenino aroma de su dilatado canal invadió mi nariz. Inhalé profundamente su embriagante olor mientras mi cabeza giraba sin control. Con ayuda de mi otro índice, abrí paso a mi lengua por su carnoso agujero con la esperanza de poder lamer su rosado interior antes del evento principal.

Logré mover mañosamente mi lengua un poco en su interior de lado a lado. Babeando sus entrañas. ¡Dios! Sabía tan bien. ¡Pero necesitaba más!

Saqué mi pants de un tirón y me posicioné de pie detrás de su parado trasero.

– Usa el lubricante que hay en mi bolso. –Dijo agitada, señalándome su bolso que se encontraba en el tocador frente a la cama, mientras examinaba detenidamente mi dura erección que apuntaba hacia el techo.

Saqué de su bolso un tubo con nombre Astroglide, y me acerqué de nuevo para verter el gel en su suave ano. Ella jadeó y suspiró al contacto del frio gel en su parpadeante agujero. Unté la sustancia y tracé círculos por los bordes de su ardiente hoyo mientras sentía mi miembro a punto de explotar. Una vez que sentí que sus rosados pliegues estaban suficientemente lubricados, tomé mi verga con mi mano derecha para nivelarla con su ano que se contraía sin cesar. Batallé un poco debido a que mi verga estaba tan dura que no quería ceder.

Me acerqué lentamente. Podía sentir el calor que emanaban sus cremosas y redondas nalgas mientras cerraba el espacio que había entre nosotros. Cuando la rabiosa cabeza de mi polla besó su ardiente capullo, su esfínter reaccionó inmediatamente contrayéndose aun más, mientras ella gemía debido a la caliente evaporación del líquido pre seminal que empapaba mi cabeza. Yo gemía de placer sabiendo que me encontraba a solo momentos de estar en el cielo.

Sin que yo se lo pidiera, se inclino hacia atrás y con sus delicadas manos con manicure, separó sus carnosas nalgas dejando su lubricado anillo a mi disposición. Unté mis jugos en sus rosados bordes, no porque hiciera falta lubricante, simplemente porque sentí la necesidad de restregar la punta de mi polla sobre los delicados pliegues de su capullo. Cuando ya no pude aguantar un instante más, lentamente presioné la hinchada cabeza de mi miembro contra su elástica membrana color rosa y empujé.

Mi madre reaccionó inmediatamente tensando sus músculos rectales. Las venas de mi polla resaltaban por debajo de la piel, creí que se iban a reventar. Pero no dejé que eso me detuviera, así que incrementé la presión sobre su obstinado agujero, forzándolo a hundirse un poco, hasta que eventualmente, cedió. Milímetro tras milímetro, su estrellado hoyo se dilató lentamente alrededor de mi cabeza con forma de hongo, lo que casi provoca que liberara mi ardiente leche en ese momento.

Ella gimió conforme la grande cabeza de mi verga se abría paso lentamente en su apretado anillo. Cuando finalmente atravesé su estrecho ano, el cuerpo de mamá se puso rígido. Me detuve por un segundo para que se acostumbrara a mi tamaño y poder saborear la tibia sensación alrededor de mi venoso miembro. Al fin estaba dentro de su dulce ano.

Cuando sentí que podía continuar, inserté un poco más mi erección en la calidez de su apretado canal. Mamá jadeaba y apretaba fuertemente mi miembro. Me detuve una vez más, ya que su estrecho ano se negaba a ceder. Después, tras hacerme una señal con su cabeza, deslicé mi hinchada verga estirando su esfínter ampliamente, ignorando sus lindos gemiditos mientras intentaba acomodarse a mi bastón. Yo, gruñía tras el esfuerzo que ocupaba hacer para clavar mi pene hasta la base. Cuando sentí mis caderas topar con su suave y maternal culo, solté un gran gemido de placer. La estrechez de su apretado esfínter alrededor de la base de mi verga me tenía respirando sin control. Nuevamente estuve a punto de derramar mis jugos, pero gracias a una tremenda fuerza de voluntad, evité que esto sucediera.

Miré hacia abajo pasmado, por como el ajustado culo de mamá había tragado completamente mi tieso miembro. Con mis manos tomándola por cada una de sus suculentas y redondas nalgas, deslicé hacia fuera mi verga hasta la cabeza. Enseguida, empujé de nuevo hacia dentro mientras gemía debido a la deliciosa presión ejercida alrededor de mi gordo pene. Repetí el proceso cogiéndola con estocadas largas, intentando tomar ritmo. Los músculos de su recto se contraían y relajaban alrededor de mi estirado prepucio como si su única misión fuera ordeñar la leche de mis pesadas bolas. Ella gemía y apretaba las sabanas mientras, yo, su hijo menor, me complacía con su hermoso culo. Era algo fuera de este mundo.

Tras un par de estocadas mas, saqué mi verga completamente de su húmedo hoyo, lo que generó un fuerte ruido similar a un sorbido debido al sello hermético que su apretado canal generaba alrededor de mi bastón. Con mis manos, separé lo mas que pude sus nalgas tan solo para ver su boquete dilatado gracias al grosor de mi miembro. No sabía si quería seguir cogiéndola o comerla una vez más. Pero mi pene decidió por mí, así que lo inserté de nuevo. Su esfínter me recibió con mayor facilidad esta vez en sus tibias profundidades ya que no había alcanzado a cerrarse por completo.

Ahora, mantenía un ritmo tranquilo pero firme, fuera y dentro de su recto, con el objetivo de alcanzar mi orgasmo. Había llegado al punto en donde necesitaba liberar el esperma de mis tensas bolas. Volteé hacia mi verga deslizándose en su tibio ano cuando caí en cuenta por primera vez, en verdad estaba cogiendo analmente a mi buenísima madre. La mujer de mis fantasías. ¡Dios!

Fue entonces cuando recordé que tenía que plasmar aquel momento en la eternidad. Y como un viejo refrán dice, “hombre prevenido vale por dos”. Recordé que había colocado mi cámara digital dentro del bolsillo de mis pants. Así que solo ocupe inclinarme un poco hasta el piso para tomar el pantalón y coger la cámara. Sin detener mis estocadas, encendí el aparato y lo centré de tal manera que pudiera capturar mi rígido miembro mientras se deslizaba en su glorioso hoyo. Capturé la foto, y planeaba tomar otra cuando la mirada de mamá por encima de su hombro me obligo a cumplir mi parte del trato. Debía tomar solo una. Así que, guardé la fotografía, apague la cámara y seguí con mi labor. Había conseguido una foto para el recuerdo.

Momentos después de guardar la cámara, me incliné hacia delante para tomar un puñado su cabello y jalar su cabeza hacia atrás mientras ella gemía gracias al ritmo que habíamos logrado.

– Ahh, ohh, ahh.

La fricción de su angosto agujero había hecho que mi verga se viera rojiza, como sobreexpuesta al sol. Mientras mi madre gemía y seguía tensando y destensando sobre mi verga. Comencé a sentir mi semen hacerse camino hacia mi uretra. Supe que no me faltaba mucho. Solté su cabello y la tomé fuertemente de sus hermosas nalgas. Aceleré mis estocadas y empecé a perder control.

– Ahh, mamá, no puedo parar.

Comencé a clavarla como en estado de frenesí.

– Ohh, ¡ya casi termino!—Balbuceé apretando mi mandíbula de placer.

Sentí mis bolas ponerse rígidas.

– Prepárate mamá… ahí viene, ahí viene.

Con una estocada final, sumergí mi miembro hasta el fondo de sus entrañas, lancé mi cabeza hacia atrás y rugí mientras espesos chorros de mi hirviente crema bañaban las paredes del ardiente recto de mi madre.

– Oh mamáaaa. ¡Ahhrrgg! ¡Uh, uh! ¡Siiii!

El sentir los primeros chorros de mi explosión provocó su orgasmo también.

– ¡Ay no! ¡Nooo! Me voy a venir. ¡Me vengooo! ¡Ahhhh!—Gritó, mientras yo continuaba bombeando descarga tras descarga de mis jugos en sus entrañas.

Mi tibia leche bañaba las paredes de su recto, cuando, se contrajo violentamente conforme otra oleada de su orgasmo se apoderaba de ella.

– ¡Ay Dios! ¡Nooo! ¿Por qué me estoy vinien—aahh! ¡Me vengo Santi! ¡Me vengo! ¡Aaaahhh!

Sus gritos perforaban deliciosamente mis oídos, mientras me intoxicaba con la vista de su jugoso culo que no paraba de contraerse y tirar en todas direcciones. Acaricié tiernamente sus gordas nalgas hasta que lentamente salió de su éxtasis.

Agotado, me colapsé en su espalda que estaba empapada en su rico sudor, inhalando y exhalando violentamente, mientras amasaba sus gordas tetas que colgaban dentro de su baby doll. Mi largo miembro perdió su erección eventualmente y se deslizó fuera de su ardiente canal. Ella se dejó caer en la cama respirando con dificultad y giré hacia un lado para bajarme de ella.

Observé a mi hermosa madre tendida en la cama con su esponjado trasero apuntado hacia arriba. Mi semen escurría de su dilatado boquete hacia las sabanas. Con un pedo, soltó una burbuja de semen, mientras un poco más escurría por su concha. En ese momento, en verdad me sentía celoso de mi hermano mayor, que iba a tener a esta mujer por su esposa.

Tras un par de segundos, giré a mi madre bocarriba, que todavía jadeaba, y empecé a manosear sus gordas tetas llenas de leche, la cual empapaba su baby doll debido a la avariciosa presión que mis manos ejercían en sus globos. Me incliné hacia adelante y tiré su baby doll hacia abajo para descubrir sus suculentos melones. Cuando el borde presionó sus pezones justo al hacerlos visibles, un chisguete de leche baño mi cara, lo que me provocó llevar uno de sus brillosos pezones a mi boca, y febrilmente amamantarme de sus deliciosas tetas. Trataba de meter a mi boca la mayor cantidad de carne posible. Alterné mis turnos en cada teta, codiciosamente chupando ambos pezones, mientras los vaciaba de su tibia leche.

Siendo casi imposible de evitar, mi verga empezó a llenarse de sangre una vez más, yo gruñía de placer mientras me alimentaba de sus melones. Empecé a restregar mi polla contra su carnoso muslo, y fue justo ahí cuando mamá colocó su mano derecha debajo de su teta justo enfrente de mi barbilla y tiró para liberar su gordo pezón de mis avariciosas fauces. El inflamado pezón de mi madre salió repentinamente de mi boca, causando un sonido similar al de un biberón retirado de la boca de un bebe violentamente mientras el todavía succiona. Mientras mamá sostenía su pecho entre su mano, la leche que ya venía en camino hacia mi boca, bañó mi cara una vez más. Al salir de mí trance pude escuchar a mi madre decir:

– Suficiente Santiago, se hace tarde, me tengo que ir.

Mientras observaba muy de cerca el duro pezón de mamá todavía goteando, me di cuenta que mi estancia en el cielo había terminado.

Me colapsé en la cama ya que después del desaire de mi madre, el cansancio de nuestro primer encuentro empezó a hacer efecto. Libre de mis garras, ella se puso de pie para dirigirse al baño. Pude ver su abusado canal todavía escurriendo un poco de mi semen por su bien formado muslo, conforme caminaba. 20 minutos más tarde, después de haberse dado un baño, apareció vestida y lista para marcharse. Cogió su bolso del tocador y lo colgó en su hombro para después decir:

– Santiago, yo…—Hizo una pausa.

– ¿Si?—Pregunté.

– Nada, solo espero que cumplas tu parte del trato y no digas nada. Yo he cumplido con mi parte. —Respondió.

– No te preocupes mamá, cumpliré con lo acordado.

La vi dirigirse a la puerta con la mirada perdida como si hubiera querido decir algo más, la abrió y antes de salir, giró para decirme:

– Nunca hubiera imaginado que mis hijos me deseaban de esa manera.

Quise preguntar qué era lo que había querido decirme antes, pero el clic de la puerta al cerrarse detuvo mis palabras. Se había ido a casa.

No sabía qué hacer. Qué le diría al toparme con ella en casa de nuevo. Y qué tal si mencionaba algo a papá. Ella tenía mucho que perder, pero en lo que a mí respecta, la había chantajeado para follarla. No creo que mi padre hubiera tomado muy bien la noticia. Ni hablar de German. Decidí darle un tiempo de ventaja antes de salir a casa, estaba exhausto y quería recobrar un poco mis energías. Consulté mi reloj, eran las 11:45 de la mañana. Puse mi cabeza en la almohada todavía con la conciencia intranquila y sin darme cuenta, caí en un profundo sueño.

Cuando desperté, estaba confundido, no recordaba dónde estaba. Mi reloj marcaba las 4:50 de la tarde, debí haber dormido unas cinco horas. Fue entonces cuando recordé lo que había vivido durante la mañana. De nuevo un gran remordimiento se apoderó de mí. Probablemente porque con la cabeza fría podía pensar con más claridad, y percatarme del daño que había hecho. Pero no había nada que pudiera hacer, además, ella tenía algo con German, no se atrevería a delatarme. Decidí ir a casa.

Conduje un rato y al llegar, me di cuenta que mi padre ya estaba en casa. Su coche se encontraba en la cochera al igual que el de mi madre. Un temor se apodero de mí pues no sabía que pasaría al entrar. Estacioné el coche y cuando estuve dentro, percibí un incómodo silencio. Pensé en recorrer la planta baja antes de subir para cerciorarme que todo estaba en orden. Camine silenciosamente para no llamar la atención. La sala, la estancia, no había nadie. Seguí caminando hacia la cocina después de pasar el comedor cuando oí a mi padre decir:

– ¿Así que por eso estabas tan callada en el carro ayer?

Sentí un frio recorrer mi cuerpo. ¿En verdad le habría dicho? El nervio se apoderó de mí en fracción de segundos mientras seguía caminado. Al entrar a la cocina, me detuve repentinamente. Mi padre, sentado en el desayunador, me veía con una mirada que jamás había visto en su rostro…

FIN DE LA SEGUNDA PARTE

Hice un trato con mamá

octubre 21st, 2011

Cada que necesitaba distraerme y darme un respiro—lo que ocurría muy seguido—siempre fantaseaba con mi buenísima madre. Ella era la actriz porno principal de mis pervertidas fantasías…

Mi nombre es Santiago, tengo 18 años, y actualmente vivo en casa con mis padres. Tengo un hermano mayor, Germán, quien acaba de iniciar como arquitecto en una gran constructora. Tiene un bonito apartamento a las afueras de la ciudad.

Elena, mi madre, es una mujer muy guapa de 43 años, sin embargo, yo diría que aparenta menos de treinta, es hermosa y muy sexy. Es delgada, normalmente lleva una dieta muy rigurosa, y por lo menos asiste cuatro veces por semana al gimnasio. Su cabello es castaño claro y ondulado, le topa casi a media espalda, tiene unos bellos ojos verdes, una linda naricita curveada hacia arriba y unos carnosos labios rojos que esconden unos dientes dignos de la mejor sonrisa que conozco. Sus formidables tetas, son grandes, firmes y bien paradas, como inmunes a la gravedad y listas para ser devoradas. Sus grandes pezones normalmente se dibujan en todas las blusas que viste invitando a ser mordisqueados a diestra y siniestra. Es dueña de una cintura de concurso, y un vientre plano tan excitante, que se abulta de una manera muy erótica al nivel del abdomen invitando a ser lamido suavemente.
Como pueden ver, no hace falta ser muy observador para notar su innegable belleza.

Sin embargo, su mejor atributo es—en mi opinión—su parado y redondo culo.

Esas nalgas paradas y gordas de mamá poseen una sublime manera de hipnotizar a la especie masculina mientras camina. Con cada paso de sus curiosos y delicados pies, sus hermosas nalgas saltan y se balancean deliciosamente de lado a lado.

No había un solo día en el que no quisiera hundir mi gruesa verga en su estrecho y fruncido ano. Estaba tan enamorado de su dulce culo, que mí miembro palpitaba y se estremecía cada vez que la veía.

Desafortunadamente, mis probabilidades de coger analmente a mamá eran casi nulas. Ella nunca permitiría que su bebé clavara su duro pene en su exquisito y perfectamente delineado culo. Al menos eso creía yo—hasta el día de hoy…

Desperté en medio de la noche. El reloj de mi buró marcaba las 2:15 de la mañana.
Mi garganta deshidratada me obligó a salir de la cama e ir hacia la cocina por un vaso de agua fría cuando, repentinamente al salir de mi habitación, escuché un profundo gemido que venía del otro lado del pasillo.
Me detuve para escuchar con mayor claridad. Lo escuché de nuevo, esta vez acompañado por un intercambio de susurros. Enseguida, silencio…

Pensé que todavía seguía dormido y estaba oyendo cosas, cuando escuché una voz masculina decir:

– ¡Ah mierda! ¡Qué apretada estas!—La voz venía del cuarto de mi madre.

Pude escuchar nuevamente el intercambio de susurros mientras me desplazaba lenta y silenciosamente hacia la puerta de su habitación—la cual se encontraba semiabierta—para echar un vistazo.

Sentí mis ojos salirse al presenciar aquel acto carnal ante mí.

¡Ahí, de espaldas a mí, sobre la cama marital de mamá, se encontraba mi hermano mayor Germán en posición de “cuchara” sobre su lado derecho, deslizando ansiosamente su erecto miembro fuera y dentro de la maternal concha de mi madre!

Permítanme decirles, la concha de mamá se veía verdaderamente apretada; sus labios sellaban al vacio alrededor de la hinchada verga de Germán, evitando absolutamente el paso del aire. Germán tenía el seño fruncido, pero yo sabía que era más a causa de placer que de dolor.

Ella, llevaba puesto un camisón de noche morado, el cual estaba obscenamente jalado por debajo de su protuberante y suculento pecho. Germán pasaba sus manos por sus cremosas tetas mientras las mallugaba salvajemente.

– ¡Ay bebé! ¡Así, juega con las tetas de mamá!—Decía, mientras gemía bajo la presión combinada de las ásperas manos de Germán y su tieso tronco. Los carnosos labios de su boca se entreabrían conforme jadeaba de placer y se entregaba a las hambrientas garras de mi hermano.

Quería dejar de presenciar aquel ilícito apareamiento, pero mis piernas simplemente no respondían. Me encontraba en shock. Solo podía observar mientras mi mente se llenaba de confusión.

– Dios, me encanta como se sienten tus tetas, tan suaves y tibias mamá.

Cediendo bajo la fuerte presión que generaban las manos de Germán sobre sus tetas, los inflamados pezones rosados de mi madre inesperadamente lanzaron chorro tras chorro de su cremosa leche empapando las sabanas, mientras mi hermano seguía manoseando aquellos deliciosos globos sin parar.

Mi cabeza daba mil vueltas mientras la sangre de mi cuerpo corría hasta mi verga que se ponía cada vez más dura.

– ¡Ay, Germán así! ¡A mamá le encanta cuando le haces eso!—Lloraba en éxtasis.

» ¡Chupa mis tetas amor! ¡Chupa toda mi leche!

Germán levantó su gordo pezón y lo apuntó hacia su cara exprimiendo la tibia leche de los senos de mamá hasta su hambrienta boca. Después, puso el rosado pezón entre sus labios y succionó bocado tras bocado de su dulce leche hasta atragantarse.

Con su sed saciada por el momento, continuó el ataque en la rosada y húmeda concha de mi madre, repitiendo sus estocadas mientras ella se retorcía y gemía delante de él.

Sentí mis rodillas debilitarse.

Germán jadeaba con cada empujón mientras intentaba clavar mas profundo su duro miembro en el mojado coño de mamá.

– ¡Ohh, mamá! Siento tu deliciosa concha como si ordeñara mi verga.

Sus cuerpos se empapaban en sudor, conforme Germán martillaba la lujuriosa concha de mi madre. Ella apretó las sabanas dentro de sus puños mientras se lanzaba hacia atrás encontrándose con los empujones de mi hermano. Le faltaba el aliento, se retorcía y dejaba escapar leves gemidos conforme Germán profanaba su contorneado cuerpo.

– ¡Aayyy Dios, bebé! ¡Más fuerte! ¡Cógeme más fuerte!—Rogaba llena de placer.

Germán la tomó aun con más fuerza de la cintura y atendió sus plegarias.

Mi verga palpitaba continuamente ante aquel incestuoso vínculo entre mi madre y mi hermano. Tengo que admitir, que muy profundamente me sentía celoso de que ella lo hubiera escogido a él antes que a mí. Quería ser yo el que estuviera partiendo su vulva por la mitad con su rígido miembro. No era justo.

Sé que suena descabellado, pero tienen que entenderme, la había deseado desde hacía mucho tiempo.

Por los susurros de plática sucia que intercambiaban entre ellos, supe que no faltaba mucho para que alcanzaran su clímax.

Germán arremetía sus últimos empujones mientras mordisqueaba el lóbulo de mamá.
En su última embestida, se estiró completamente rígido, paralelo al colchón.

– ¡Ohh, mierdaaaa! ¡Aaaaarrgghhh!

Las venas en su cuello resaltaban al mismo tiempo que mordía el suave hombro de mi madre para sofocar sus gemidos, mientras derramaba sus jugos profundamente en su vientre. Pronto, ella lo siguió conforme lo jalaba contra su inflamada concha.

– ¡Germán! ¡¡¡Ay, bebé!!! ¡Me vengo! ¡Me vengooooo! –Con sus ojos bien cerrados y su boca abierta en forma de “O”, se lamentó, mientras su orgasmo se apoderaba violentamente de su excitante cuerpo. Oleada tras oleada la poseían al mismo tiempo que su piel se enrojecía delicadamente. Se sacudió incontrolablemente mientras mi hermano la envolvía posesivamente entre sus brazos, manteniéndola junto a su pecho hasta que el clímax de mamá terminó. Cuando finalmente se tranquilizó y recobró el aliento, se acurrucaron mientras él, lenta y delicadamente amasaba sus gordas tetas. Mi madre escondió su cara entre sus manos mientras que la última oleada de su orgasmo desaparecía. Parecía una joven virgen en su luna de miel en ese momento.

Se quedaron entre brazos absorbiendo la brisa post orgásmica que emanaba sus cuerpos. La cara de mamá brillaba mientras se acurrucaban y Germán acariciaba su delicado cuello. La habitación se encontraba en completo silencio a excepción de sus agitadas respiraciones. Eventualmente, su pene se ablandó lo suficiente para que se deslizara hacia fuera y cayera sobre el colchón. Suspiré al ver la recién usada concha de mi madre quedar entreabierta, escurriendo el espeso semen de Germán.

– Eres una diosa excitante mamá. No puedo evitar querer llenarte con mi semen cada vez que te veo. —Confesó apasionadamente.

– Continúa. —Dijo ella con una sonrisa.

Él empezó a agarrar y juguetear con su nalga izquierda. Al levantarla por un momento, dejó expuesto el ano más excitante que he visto. Su agujero estaba delineado con unos hermosos pliegues color rosa que se estiraban obscenamente por el agarre de su mano. Todavía en la posición de “cucharita”, mamá giró su cabeza para besar a Germán.
Al hacerlo, me vio espiando del otro lado de la puerta. Tal vez porque me acerqué lo suficiente para que la luz se reflejara en mis ojos. Al verme pude notar la impresión en su mirada. El temor se apoderó de su rostro al darse cuenta de que habían sido descubiertos. Germán no notó en lo absoluto el cruce de nuestras miradas, tal vez porque besaba y chupaba apasionadamente los carnosos labios de mi madre.

A estas alturas, me encontraba muy nervioso como para permanecer ahí, así que rápidamente me fui de puntillas hacia mi cuarto, cerré la puerta detrás de mí. Me recargué en ella mientras me estremecía en pánico tratando de encontrarle sentido a lo que acababa de presenciar. ¡Germán había estado cogiendo a nuestra madre! ¡No lo podía creer!

Aunque, dada la posibilidad, yo también lo haría.

Ahí, agobiado, liberé mi palpitante miembro de mi short, y empecé a jalármela pensado en lo que acababa de ver. En cuestión de segundos, arrojé tres grandes chorros de semen al piso. Fue el orgasmo más grande que había tenido.

Terminé vacío, hiperventilando, y temblando por la excitación. Enseguida, empecé a sentirme nervioso por lo que iba a pasar cuando mamá me confrontara acerca de lo que había presenciado.

15 minutos después, escuché la puerta principal cerrarse. Germán se había marchado a su departamento. Supe que la noche había terminado. Cuando mi cabeza tocó la almohada, caí en un profundo sueño en donde mi madre y su apretado agujero ocuparon toda la noche…

LA MAÑANA SIGUIENTE

Sentí alguien sacudiéndome, como intentando sacarme de mi profundo sueño.

– Santiago… mi cielo, despierta. Ya es la una de la tarde.

Abrí los ojos lentamente y me los froté para quitar lo nublado de mi vista. Sentada a mi lado, usando solo su corto camisón morado estaba mi madre.

– Santiago, necesitamos hablar.

Mis ojos se trabaron en sus jugosas tetas que sobresalían a través de su sedoso camisón. Sus gordos pezones se veían tan tentadores, invitando a ser chupados. Ella notó mi mirada y se cubrió.

– Ups, lo siento. —Sonrió nerviosamente.

» Hijo… sé que me viste con tu hermano anoche. Quiero explicártelo.

– Esta bien mamá. –Dije, mientras me sentaba gradualmente y esperaba que ordenara sus ideas.

– Mira, lo que viste anoche es algo que nunca quise que presenciaras. Sé que debió haber sido un shock para ti encontrar a tu hermano en la cama conmigo, y sé que probablemente tengas muchas preguntas acerca de lo que viste. Intentaré responderte lo mejor que pueda. –Respiró profundamente y entreveró los dedos de sus manos.

» Lo que viste…

– ¿Por qué mamá?—Interrumpí.

En verdad quería decir: ¡¿Por qué yo no, en lugar de él?!

– Bueno, no tiene sentido ocultarlo más. Todo empezó hace dos años cuando tu padre recibió el ascenso por el que tanto había trabajado. –Tomó un segundo para reflexionar antes de continuar su historia.

» Tu padre comenzó a mostrar cada vez más interés en su trabajo y menor interés en mí. Hacíamos el amor una vez al mes, después varios meses, al final, nada. Intenté de todo para que me notara, pero después de un año, me di cuenta que la chispa se había extinguido. No quería engañar a tu padre, pero tenía mis necesidades. Santiago… tu padre no me tocó durante más de un año.

Mamá se veía dolida mientras narraba los eventos entre ella y mi padre. Sus ojos empezaron a llenarse de lágrimas.

» Cuando pasó casi un año y medio, finalmente decidí que había sido suficiente. Un día… Germán vino a la casa antes de que llegaras de la escuela. El notó que algo me molestaba. Después de mucho insistir de su parte, finalmente le confesé la situación entre tu padre y yo. Mi cielo, sentí muy bien al hablar finalmente lo que me pasaba con alguien. Contarle a una persona lo que había estado viviendo durante tantos meses. En verdad necesitaba un hombro para llorar, y Germán fue el único que estaba ahí en aquel momento. Supongo que me encontraba vulnerable y Germán… bueno, una cosa llevó a la otra. Sin darnos cuenta, estábamos haciendo el amor.

– Mamá… ¿cuánto tiempo llevan Germán y tu… ya sabes?

– Casi seis meses.

Maldito suertudo. ¿Por qué no se abrió conmigo?

– Si no te molesta que pregunte, ¿Por qué están tus pechos llenos de leche? Por lo que veo, no has dado a luz desde que me tuviste.

Apareció ese bello rubor en ella bajo mi firme mirada.

– A decir verdad, fue idea de tu hermano. El tiene una especie de fetiche por las mujeres que lactan. No vi nada malo en darle gusto, así que visité a mi doctora y me recetó un medicamento llamado metoclopramida. Me dijo que tendría que tomarlo tres veces al día con abundante estimulación en mis pezones, durante dos meses. Me sugirió utilizar una bomba extractora de leche para estimular mis pezones. Pero acordamos— o mejor dicho— Germán me convenció, que él debería tomar el trabajo de chupar mis pechos dos horas diarias, cuando tú y tu padre no estuvieran. En un par de semanas, estaba dando más leche de la que él podía beber.

Gemí en silencio tan solo de imaginarme chupando sus carnosas tetas enteras. Mi miembro empezó a sacudirse y dar estirones bajo las sabanas.

– No puedo imaginar lo que debes estar pensando de mí. Pero, Germán me hace feliz, y eso es algo que no había sentido en mucho tiempo.

– Mamá, ¿en verdad estas enamorada de Germán?

– Tal vez… estamos planeando vivir juntos. Y probablemente te sorprenda saber que…estamos considerando tener hijos. Tu hermano tiene 25 y se siente listo para ser padre. Ya hablé con mi ginecóloga y me dijo que estoy lista para concebir. Necesito ser mamá de nuevo, Santi. Siempre he querido una familia grande pero tu padre no quiso más hijos después de tenerlos a Germán y a ti.

Permanecí inmóvil, no lo podía creer. ¿Acaso dijo lo que acabo de escuchar?

» Te dije que tal vez te sorprenderías.

Sorprenderme no era la palabra. Esto era algo ¡increíble! ¿Dónde estaba cuando pasó todo esto? Tengo que empezar a poner más atención a las cosas que suceden en esta casa.

» Santiago, el punto de todo esto es que, siento algo muy grande por tu hermano, y pienso divorciarme de tu padre. Ya no hay nada entre nosotros. Podría decirse que ya no nos queremos. A tu hermano le está yendo muy bien en su trabajo, y quiere comprarme una casa cuando esté lista para dejar a tu padre. –Estudió mi rostro esperando mi respuesta.

– Mamá, no sé qué decir. Pero algo es seguro, me diste muchas cosas en que pensar.

Se inclinó hacia mí y tomo mi mano para enfatizar la seriedad de lo que a continuación diría:

– Santiago, te diré otra cosa en la que pensar. El poder está en tus manos, de hacer el bien, o el mal. Ahora tienes el secreto que prácticamente podría destruir mi vida o la de tu hermano. Así que… necesito saber… ¿le dirás a tu padre? –Buscó mi mirada con sus hermosos ojos verdes mientras mordía ansiosamente su carnoso labio inferior.

Comencé a pensar en lo que acababa de decir. La parte en la que tengo el poder en mis manos. ¿Qué podría hacer con dicho poder? Hmm…

Gracias a mi subconsciente, no tuve que pensarlo durante mucho tiempo.

Verán, tengo un recuerdo de mi hermosa madre que ha estado grabado en mi cerebro durante años:

Un día, casi al anochecer, me encontraba caminando hacia el baño por fuera de la habitación de mis padres. Cuando pasé por su puerta, reviré dos veces. Mamá se encontraba hincada en su cama quitando la colcha de las almohadas. Sus deliciosas nalgas estaban separadas en el aire. Me detuve para absorber la vista de su suave y ligeramente bronceado trasero. Supuse que iba seducir a mi padre, ya que llevaba puesta una nueva tanga—bueno, al menos nueva para mí. La tela que se abrigaba en su concha era blanca, adornada con puntos rojos que conectaba con una tira roja que hacia mejor trabajo resaltando que cubriendo su apretado hoyo color rosado. No había ningún cabello, así que asumí que se había depilado. En la parte superior llevaba una entallada camiseta blanca que acentuaban sus jugosas tetas. Cuando terminó de preparar la cama y se disponía a bajar, me apresuré hacia el baño. Saqué mi miembro y me masturbé desesperadamente.

Ese recuerdo permanecerá conmigo hasta el día que muera, o contraiga Alzheimer, lo que suceda primero.

Así que, hice un trato con mamá.

Normalmente no consideraría proponer este tipo de acuerdo con ella, pero, desde la noche anterior, me he convertido en un hombre nuevo. Un joven adolescente con una lujuria que no podía controlar, ni ocultar.

– Mamá… No le diré nada a papá. –Ella suspiró de alivio.

Pude oírla exhalar la tensión nerviosa que estaba atrapada en sus pulmones. Una sonrisa empezó a formarse en sus labios.

– ¡Gracias cariño! No sabes lo feliz que me has hecho.

Estaba a punto de inclinarse para abrazarme cuando mi voz la detuvo.

– No he terminado. A cambio de mi silencio, quiero algo que tú posees.

– Oh… está bien… ¡claro! Lo que sea que tenga es tuyo, Santiago.

– Aguarda, mamá. Tal vez no estés tan entusiasmada ya que escuches lo que quiero de ti.

Creo que mi tono de voz llamó su atención.

– Está bien… puedo ver hacia dónde vas con esto, pero debes saber que no tengo mucho dinero. Tu padre es el verdadero sostén de esta familia.

– Mamá, no podría importarme menos el dinero. De hecho, lo que quiero no te costará ni un centavo.

Mi respuesta pareció confundirla por un momento, ya que frunció el seño intentando adivinar lo que tenía en mente.

– Si no se trata de dinero, entonces… ¿Qué deseas?

– Q-qui… q-quie…

¡Por primera vez en mi vida tenía que empezar a tartamudear!

– Puedes decirme mi cielo, no hay problema.

Como dicen, era todo o nada.

– Mamá, quiero cogerte, quiero coger tu hermoso culo.

Al escuchar mis palabras, su rostro reflejó perfectamente el shock que le causó la inesperada vulgaridad de mi petición. Abrió su boca de impresión mientras apretaba su camisón contra su pecho.

– ¿¡Q-que!? ¿Hijo, que estás diciendo?

En verdad la había sorprendido.

– Lo siento mamá, pero es lo que hará falta para comprar mi silencio. He querido cog… hacer el amor a tu jugoso culo durante años. Te quiero, pero el deseo me ha hecho el hombre que tienes ante ti. Necesito saber lo que se siente hacerle el amor a esa parte de tu anatomía. Por favor perdóname.

La vi tragar saliva atemorizada ante el hijo que ella creyó conocer. Hubo un momento de silencio antes de que hablara de nuevo.

– Pu… puedo ver que lo dices en serio. Pero… mi cielo, ¿no crees que estas llevando esto muy lejos? Tal vez, en su lugar, te pueda… m… m-masturbar antes de dormir por la noche. Lo haré durante una semana. ¿Qué dices?

Sus esperanzas de que cambiara de opinión pronto desaparecieron al ver mi serio semblante. Empezó a morderse las uñas con manicure, mientras sus ojos vagaban nerviosamente por todo mi cuarto. En ese momento yo solo quería evitar que notara mi “bluff”. Me miró nuevamente a los ojos resignándose a su destino.

– Esta bien… Dejaré que te complazcas con mí…culo.

¡Mierda! ¿En verdad ha dicho eso?

– Pero solo una vez. Y termina después de esto. ¿Entiendes? Jamás volverás a pedirme que lo haga. No me gusta tener que engañar a tu hermano. Siento como que estoy traicionando a Germán.

Si no hubiera estado tan jodidamente caliente, hubiera reído en su cara. ¿Quién lo creyera? ¿Traicionando a Germán? ¡¿Y qué pasa con traicionar mi padre?!

En fin, no podía quejarme. Iba a follarla.

– No podemos hacerlo en este momento, ya que tu padre regresará hoy de su viaje de negocios. Voy a alquilarnos una habitación en algún motel a las afueras de la ciudad. Lo haremos ahí, mañana.

Al finalizar me apuntó con el índice y me amenazó con una última condición:

– Santiago, escúchame bien. Nunca, nunca menciones esto a Germán. ¿Lo entiendes? Jamás.

– Trato hecho. Mamá, una cosa más.

– ¿Qué cosa? –Dijo suspirando.

– Voy a tomarnos una foto mientras lo hacemos. Para… tú sabes… usarla en un futuro.

Creo que sabía lo que quería decirle con “un futuro”.

– No me agrada la idea Santiago. Pero supongo que no tengo otra opción. Así que está bien. Pero solo una.

Se levantó y salió de mi habitación dejando atrás su agradable aroma floral. Mi boca se llenaba de saliva de anticipación. No podía contener mi emoción. En verdad iba a coger su jugoso y redondo culo. Caminé por la casa durante todo el día con una estúpida sonrisa en mi rostro. Hasta mi padre lo notó cuando lo recogimos en el aeropuerto. Pensó que estaba enamorado—ja,ja,ja. Por otro lado mi madre sabía la causa. Estuvo callada durante todo el camino de regreso a casa, mientras papá y yo platicábamos sobre las diferentes universidades que tenía en mente para estudiar el próximo año.

Antes de dormir esa noche, me la jalé un poco pensando en lo que le haría al sexy culo de mamá. Pero me detuve antes de acabar, quería guardar todo mi jugo para las festividades de mañana.
EL DÍA SIGUIENTE

Mi alarma sonó fastidiosamente a las 8 de la mañana.
Salí de la cama, y busqué por la casa, no había nadie. Sobre el desayunador, en la cocina, había una nota.
Un domicilio. Tal vez mamá pensó que era muy arriesgado llegar juntos al lugar.
Desayuné y me duché rápidamente. Me vestí aun más rápido, una playera, pantalones deportivos y salí de casa.
En menos de 20 minutos estaba llegando a la dirección señalada en la nota, “Motel Paris”.
Estacioné el coche, me dirigí a la habitación “16” y toqué…

FIN DE LA PRIMERA PARTE