La primera

Tal vez el primer beso que nos dimos fue el más sensual de todos. Al instante que rozó su lengua mis labios, mi cuerpo me alertó, estaba lista. Pero me provoca mucho placer demorarme, esperar, prepararme.

Así fue que decidí dilatar el encuentro hasta la próxima vez, que no tardó en llegar.

Entonces si. Primero nos fuimos a beber un vino en un lindo bar, empezamos hablando de trivialidades, después empezamos a besarnos. Le gustaba y le gusta, deslizarme la mano por debajo de la ropa y palparme la cintura fina, el vientre chato, y fantaseaba con las alas de ángel que tengo tatuadas en la espalda. A mi me gustan sus dedos suaves y temblorosos, y ruego sin decirlo que sus manos suban un poco hasta los senos, que me roce los pezones. Pero no tengo que decírselo, porque ya están acariciándome, primero sobre la ropa interior, luego corriendo suavemente me pellizca los senos, me mojo un poco, le digo -Mejor nos vamos-

Y nos vamos, pero una vez montados en el auto, noto que esta totalmente excitado, entonces mientras le da marcha, le suelto el cinturón, el botón del pantalón, bajo la bragueta. se deja, me mira con una sonrisa cómplice. Palpo por primera vez la verga expectante, no puedo evitarlo, lo beso en la boca, y despues agacho la cabeza entre sus piernas y lo lamo, lo acaricio, está húmedo, con sus manos me acaricia la cabeza sin empujarla, pero otra vez prefiero demorarme, y vuelvo a mi posición. -Sí, mejor vamos. –

ya en la habitación de ese hotel que tantas alegrías nos da, inesperadamente, se ofrece a darme masajes. Me recuesto en la cama vestida, llevo una blusa y una pollera a las rodillas que se abre con un cierre por atras. Se sienta sobre mí con una pierna a cada lado, baja suavemente el cierre de la pollera, baja la tanga un poco tan solo. Me acaricia el trasero, que es muy bonito, me lo dice, pero yo ya lo se, me masajea la espalda, suelta el corpiño y desliza las manos hacia mis senos, me acaricia con suavidad, siento que otra vez se ha puesto duro, y no puede esperar : me levanta la pollera, corre la tanga, y el ya se ha liberado del pantalón y se ha bajado un poco el calzoncillo, me penetra, suavemente, estoy recostada pero me enderezo para que con su mano pueda tocarme por delante, me aprieta contra su cuerpo, su verga entra y sale suavemente de mi vagina, tengo tanta sensibilidad en la cola que me encanta sentirlo por detrás. Me suelto y lo empujo para que se tumbe en la cama, me siento sobre el y otra vez la deliciosa sensación de su verga penetrándome, me mira con una expresión extremadamente lasciva, me llega el orgasmo, cierro los ojos, me acaricia los pezones. Me pide que continúe, que esta por llegar. pero me salgo, y vuelvo a chupársela, está mas dura que nunca, grande, tiembla, me jala del cabello, finalmente un estertor, el líquido caliente llena mi boca y aún se derrama por fuera, lo miro, ese rostro de placer incommesurable, no voy a olvidarme de eso.

Sabrina Love.

Paola la amiga de mi hija

La historia que le contare sucedio hace unos años y solamente de acordarme se me vuelve a para la verga, todo comenzo cuando fuimos a pasar unos dias de descanso a una casa que tenemos en cuernavaca mexico, mi hija invito a su miga Paola a que nos acompañara, ellas estaban todavia estudiando preparatoria, Paola es una niña muy delgada y alta pero tiene una carita de angel, largas piernas, nalguitas pequeñas pero muy redonditas y respingonas, sus tetitas son pequeñas pero tiene unso pezones morenitos, duritos y muy paraditos, ademas su boca es de labios carnosos y grande ideal para mamar. en fin despues de esta descripcion que hace que se me pare les voy a contar que paso, al final de los dias una tarde estaban todos descansando por todas partes de la casa;paola estaba en la sala y cuando entre note que se puso nerviosa, vi que tenia las piernas separadas y que su bikini estaba jalado hacia arriba lo que hacia que lo tuviera metido en la panochita, se notaba que esta era bien abultadita y se asomamaban algunos pelitos por los lados, los pezones se distinguian por la tela de su top y su respiracion estaba agitada, comprendia que se estaba satisfaciendo antes que entrara yo a la sala, me miro de una forma muy diferente a como siempre habia sido y la verdad es que me desconcerto un poco ya que siempre la habia visto como una niña y amiga de mi hija, no dije nada y me fui a mi recamara a descansar, regresamos a mexico pero desde ese dia no hacia mas que pensar en ella,una tarde que mi esposa y mi hija se fueron de compras tocaron el timbre y al salir a abrir me encontre con Paola que venia a buscar a mi hija le dije que se habia ido de compras y que no sabia a que hora volveria, me pidio si la podia esperar ya que su papa hiba a pasar a recogerla hasta la noche a nuestra casa, por supuesto que le abri la puerta y recorde la ecena de cuernavaca, ese dia Paola llevaba una minifalda de mezclilla, sandalias y un playera de tirantes blanca con una blusa arriba, con el bronceado de cuernavaca se veia riquisima.

paso a la sala y le ofreci un vaso de agua de limon, al sentarse en el sillon dejo la falda un poco mas arriba y pude ver sus calzoncitos blancos, despues de un rato de platicar bobadas comenze a llevar la paltica hacia lo sexual, me dijo que ya no era virgen pero que cundo lo hizo fue con su novio y como el tambien es adolecente no tiene mucha experiencia y que la veradad es que no lo habia disfrutado, que hasta cierto punto la habia frustarado yo le dije que no lo sintiera asi que necesitaba volver a tener relaciones pewro que buscara alguien con mas experiencia–? alguien como tu, me pregunto, y ya sin decirle nada me acerque y comenze a besarla, ella correspondio abrazandose de mi muy fuerte,

la subi sobre de mi sentados en el sillon, abri sus piernas y meti las manos por debajo de su falda hasta sentir sus nalguitas pequeñas, redondas y bien duritas, le abri mas las piernas y meti la mano en su rajita haciendo de lado el calzon, la senti bien humeda, aprete sus nalgas contra mi para que sintiera la verga bien parada tallandosela contra la panochita a traves de la ropa, se levanto un poco se quito la camisa y la playera y aparecieron sus tetitas pequeñas copn los pezones bien duros y las auroleas inflamadas, incline la cabeza y comenze a besarlos, lamerlos y morderlos, ella gemia de placer cada vez que mordia sus pezones, me quite la camisa y la sente en la orilla del sillon, le quite la falda y le baje los calzones, volvi a subir para besar sus tetitas y poco a poco fui bajando por su torso, llegue el ombligo y lo lami largo rato, abris sus piernas y las bese en su interior, fui subiendo poco a poco y ella me jalaba del cabello hasta que llegue a su panochita, le abri los labiso y le metii la lengua, el sabor era delicioso toque su clitoris y ella movia las caderas como loca cada vez que mordia ese rico boton, estuve buen rato deleitandome hasta que me dijo !ya por favor que me estas volviendo loca, ahora te toca a ti, me levante y de frente a ella comenzo a quitarme el pantalon y los boxers, cuando vio mi verga frente a su cara la tomo con las dos manos y se lo metio en la boca, con la lengua lo frotaba y despues lo sacaba y lo lamia hasta los guevos, ya estava muy caliente y cuando senti que me hiba venir le dije que parara pero ella me contesto que no que siguiera hasta que terminara en su boca que queria conocer el sabor del semen, con esta respuesta comenze a bombear en su boca ella me agarraba con una mano y su lengua apretaba mi falo hasta que no pude mas y me vine abundantemente como hacia tiempo no lo hacia,le limpio la boca fue al baño de abajp, !que delicia de cuerpo ! esa imagen no la olvidare, cuando regreso tomo su falda y se la hiba a poner cuando le dije ! no apenas estamos comenzando, la acoste en en sillon nuevamente le bese todo el cuerpo la voltee y le bese las nalgas la puse nuevamente de frente volvi a saborear su panochita la puse sobre de mi y abriendole las piernas se la meti casi de un tiron, apreto los labios y se pego a mi cuerpo su nariz sudaba frio y nos besamos por toda la cara, baje mis manos y aprete sus nalgas fuertemente, las abri mas y meti la mano en esa division deliciosa, comenze a acariciar su culito y ell se movia hacia atras para que yo pudiera llegar asi introduje la punta del dedo y comnzo a moverse mas y mas, me decia !asi !asi que rico metelo mas la separe de mi y la recarge de espaldas en el sofa. ? que vas a hacer me pregunto y yo le dije no te preocupes lo voy a hacer muy suavemente para que no te duela, le abri las nalgas y pude ver su culito cerrado, con pelitos, negrito, me acerque a el y lo lami para dejarlo muy ensalibado ella empujaba hacia atras sus culito y gemia, puse la punta de mi verga en la entrada y la jale hacia mi, se quejo, gimio y se empujo mas hacia atras, poco a poco se la fui metiendo hasta que estuvo toda adentro, ella se quejaja y medio lloaraba, gemia y se movia en forma circular, ! metemela hasta el fondo me dijo y comenzamos a movernos yo la metia y la sacaba lentamente y en cada moviemiento se apretaba mas, hasta que ya no pude mas y me vine dentro de su culito ella casi gritaba !asi !asi. que caliente, que ricura.

me acoste junto con ella y nos quedamos largo rato acariciandonos.

El reencuentro / Segunda parte

Ambos se miraron, con los latidos aún acelerados por la excitación, y se dijeron, sin decir nada, que querían más…

Él se acercó hasta ella, quien estaba apoyada contra la pared intentando recuperar la respiración, y le susurro al oído “Ven a mi casa”. La frase empezó como una orden pero acabó con tono de suplica. En un solo segundo pasó por su mente todo lo que podrían hacerse en uno al otro en la intimidad de una cama, o una bañera, i una mesa… Solo pudo seguirle.
El camino hacia su piso se transformó en esquinas y rincones donde la lengua del unos se perdía en la boca del otro, donde las manos de una se difuminaban en el pecho del otros. Cada pequeño escondite oscuro se convertía en minúsculos instantes de placer extremo.

Ninguno de los dos sabía cuánto tiempo había tardado en llegar a casa. Pero eso no importaba. Lo único relevante era que ambos seguían excitados, más incluso que antes.

Esperaban ansiosos el ascensor mientras las manos de ella desabrochaban el cinturón de él, y él hacía lo propio con el pantalón de ella. Entraron al ascensor entre trompicones y jadeos. Ella le empujó contra la pared, y él y el ascensor temblaron al unísono. Con una mano desabrochaba los pocos botones supervivientes de la camisa y con la otra buscaba el botón que les llevara hasta su piso.

Abrieron la puerta de un golpe y se abalanzaron hacia el pasillo.

Él la levantó del suelo cogiéndola en brazos y la levó hasta su cuarto. La dejó caer en la cama con un golpe secó y se arrojó sobre ella. Ella le quitó la camisa para poder recorrer con total tranquilidad la sensual espalda de él. Él se deshizo de la camiseta y el sujetador con una velocidad vertiginosa. Su cabeza se perdió entre sus tersos pechos para luego esconderse en su ombligo e ir bajando hasta su vientre. Le quitó los pantalones, después deslizó el tanga entre su calientes muslo. Paró un instante para deleitarse mirándola. A ella le provocaba tanto que la mirara de aquella manera, que al deseara de aquel modo que sus manos tomaron el control de su cuerpo y le arrancaron los pantalones y los calzoncillos en un solo momento.
Se besaron febrilmente fusionando sus lenguas, sus cuerpos desnudos, desvaneciéndose en el sudor del otro.

“Déjame a mí” le susurró al oído él “Cierra los ojos, dame diez segundos y te juro que la espera valdrá la pena”. Ella obedeció, se quedó tendida en la cama, desnuda, sudorosa y caliente, con su sexo húmedo que le esperaba jadeante.

Oyendo, escuchando cada minúsculo sonido ¿Qué había sido eso? ¿Un cajón? Sonaba como algo… ¿metálico?

La espera se le hizo eterna. Pro fin él volvió a la habitación. Bajó la intensidad de la luz y se acercó a ella “Ahora voy a vendarte los ojos, así sentirás todo multiplicado” Ella notó como una suave tela le cubría los ojos. Él levantó los brazos de ella por encima de su cabeza y comenzó a acariciarlos con algo que parecía ser metal. ¡¡Unas esposas!! Adivino ella por el ruido y el tacto.

Antes de que pudiera darse cuenta estaba esposada al cabecero de la cama.

Una sonrisa pícara se dibujó en su cara. Esta tan excitada, cada poro de su piel, cada surco de su cuerpo esperaba absorto el siguiente paso. “¿Te gusta?” inquirió él. “Siii” gimió ella. “Aún queda lo mejor” aseguró él.

De repente, unas gotas de algo que podía ser agua llenó el ombligo de ella. Un gemido escapó de sus labios. Una sensación fría y estrepitosa recorrió con velocidad la piel de su pecho. Un cubito de hielo. Se deslizaba por su piel como una minúscula lagartija, dejando pequeños ríos que él secaba con su dulce lengua. El contacto del hielo, los carnosos labios y movimiento de su lengua le propinaban una gran cadena de escalofríos que le recorrían todo el cuerpo. Los suspiros seguían huyendo de entre sus labios. El hielo se deleitó en sus pezones, estos tersos y erectos ahora quedaban también húmedos y más excitados.

Él, recorría el mismo camino que el pequeño témpano con su lengua recogiendo la estela que este dejaba, y marcando la suya propia. Y el pequeño cubito se deshacía con rapidez al contacto con su piel caliente. Saber cual era el destino del hielo la excitaba más aún, si eso era posible claro.

Sus manos amarraban los barrotes del cabecero con ansia. Y él, despacio, léntamente, andaba los senderos del cuerpo de ella hasta llegar a su vientre. El primer roce la dejó helado, otro escalofrío le recorrió el cuerpo dejándola casi inmóvil. Él comenzó a mover el hielo en círculos sobre su clítoris mientras ella gritaba de placer. Al tener lo ojos vendados el resto de sus sentidos se habían exacerbado de una manera increíble. Lo olía todo, lo oía todo, lo sentía todo. Cada minúsculo roce, cada pequeño sonido, cada ráfaga de fragancia. Todo.

Los labios de él mordisqueaban el cuello de ella, mientras uno de sus dedos jugaba con su lengua. Y ella, loca de placer, lamía aquel dedo con ansia devoradora. Sentía como su boca se secaba, y como el fuego le atravesaba todas las estelas de su cuerpo para acabar explotando en su vientre. Un rito desagarrado desde su vientre anunciando un increíble orgasmo.

“Has conseguido derretir el hielo”. Ella solo respondió con una lujuriosa sonrisa. Él rodó hasta quedarse encima de ella totalmente. Ella movió las manos instintivamente para encontrarse con él, pero las esposas le cortaron el camino. “¿Lo notas?” “Sí” gimió ella. Entre sus muslo sentía ese gran pene, duro y erecto moviéndose como si tuviera vida propia. “¿Lo quieres?” “Siempre”

No necesitó nada más. Un pequeño movimiento y se introdujo dentro de su sexo, húmedo, caliente y expectante.

Un profundo clamor acompañó el hondo movimiento. Con cada movimiento las sacudidas se hacían más profundas y salvajes. Ella estiraba su cuello buscando en la oscuridad el de él, para poder morderle. Ambos seguían danzando, moviéndose al unísono con la melodía de sus gemidos, de sus susurros, de sus latidos. Bailaron durante… ¿cuánto? ¿Minutos? ¿Horas? No importaba, sus sudores se hicieron uno, al igual que sus voces y su tacto. La respiración de ambos empezó a entrecortarse, el vaivén era cada vez más rápido e intenso. El fuego recorría los cuerpos de ambos por todas partes, por cada recoveco, por cada surco, la pasión les estremecía. Y ambos, en mismo pequeño instante, explotaron al unísono, para acabar tendido, agotados el uno sobre la otra, disfrutando del peso del otro. Intentando, sin mucho énfasis, recuperar el control de sus cuerpos.

El reencuentro

Llevaban horas observándose, hablando en silencio. Horas cruzando miradas y gestos cómplices que los demás no apreciaban. Ella intentaba no caer en su red, en su juego. Él sabía donde atacarle para que ella se rindiera.

Y después de horas de jugar, ambos ganaron cuando él se apoderó de ella desde atrás. Empujándola contra su pecho comenzó a deslizar sus manos por los caminos de sus caderas, caminos que esas manos ya habían recorrido.

Ella, sorprendida a la par que satisfecha, dejaba que las manos de él se perdieran entre su ropa y su vientre, mientras echaba la cabeza hacia atrás buscando la mirada lasciva de su amante.

Los labios de él buscaban los oídos de ella para poder deslizarle frases que sabía que la excitarían. Y ella podía sentir como el sexo de él crecía y se endurecía debajo de su ropa. “Te deseo”, gemía él mientras sus dedos jugaban con el pelo púbico de ella abriendo miles de caminos hasta su clítoris. Y éste, hinchado y húmedo, le esperaba ansioso.

Los flashes del bar hacían que sus caras se tiñeran de miles de colores. Y perdidos en su esquina para ellos no existía nada más que ellos, y sus manos, y su tacto, y sus ojos y su visión y su olor y su piel.

Ella se giró bruscamente para poder encontrarse con sus ojos. Él la miró como sólo él sabía hacerlo, y ella, excitada, se abalanzó contra sus labios para, por fin, volver a sentir su lengua resbalando en la de él. Las manos de ella recorrieron su espalda deseando que no existiera la camisa. Las de él acariciaban sus nalgas propinándole pequeños golpes que entremezclaba con mordiscos en sus carnosos labios. Ella sabía como le gustaba jugar a él. Por eso sus caricias fueron convirtiéndose en pequeños arañazos y rasguños en su espalda. Deslizaba sus manos con firmeza, y con gracilidad y disimulo desabrochó su cinturón y rodó entre sus ropas. Su pene, duro y erecto, le esperaba expectante. Ella le miró y le susurro al oído “¿Me deseas?” “Siempre” contesto él entre gemidos. Sus labios volvieron a encontrarse para volver a perderse en los del otro. Él deslizaba diestramente su mano entre su tanga. Ella notaba perfectamente como su sexo húmedo se abría para recibirle. Y él lo sabía. Comenzó acariciando su clítoris despacio pero firmemente, para seguir frotándolo con fuerza cada vez más aprisa. La respiración de ella se transformó en quejidos. Intentaba esconder su cara en el cuello de él, y, en más de una ocasión tuvo que morderse los labios para no gritar. Poco le costó comenzar a sentir ese agradable cosquilleo por los pies que sube rápidamente por las piernas y explota en el vientre. Sudaba, jadeaba, le mordía el cuello desesperada y sentía que le fallaban las rodillas de la excitación. Y el cosquilleo seguía subiendo… “ NO pares…… Ahora no. Sigue…..” no podía terminar las frases. “Quiero que te corras en mis dedos, que me impregnes con el olor de tu coño” Con cada palabra que él decía más se humedecía ella. Él sabía cuando iba a irse ella, y justo antes de que esto ocurriera, deslizó sus dedos en su vagina. Los ojos de ella se tornaban hacia arriba a la vez que un gemido se escapa de sus labios y le clavaba las uñas en los hombros.

Él comenzó a mover su mano acompasadamente mientras, con el pulgar, acariciaba su clítoris. Elle no podía dejar de moverse, aún con el pene en su mano, mientras lo amarraba con ansia y lo movía con un grandioso ritmo acompasado. Los dos se movía al unísono, todo su cuerpo, sus caderas, sus hombros, sus manos… todo. Ella paro de repente esperando el momento justo de alcanzar el clímax. Los hormigueos llegaban de todas partes de su cuerpo para encontrarse en el mismo instante en su vientre. No pudo contener un pequeño grito que no consiguió pasar desapercibido entre la gente, pero eso no les importaba lo más mínimo. “Esto era justo lo que yo quería” le susurro él con picardía. Ella con los latidos aún agitados, le miró fijamente mientras le decía “Quiero que me folles, necesito que me folles, peor creo que no voy a ser capaz de llegar hasta tu casa… “sus enormes ojos negros dibujaban una mirada tan lasciva que el no pudo más que responder con un apasionado y fiero beso.

Salieron juntos del bar, y al momento siguiente ya habían encontrado una esquina, un rincón oscuro que les cobijara.

Ella le empotró contra la pared y, en un momento, se abalanzó a por su cuello. Comenzó lamiendo, siguió besando y acabó mordiéndole el cuello mientras el gemía de placer e, incluso, de dolor, pero no le importaba, más bien era al contrario.

Iba desabrochando los botones de la camisa, abriéndose camino por su torso. Se paró un momento para contemplarlo. El simple hecho de mirarle la excitaba. Siempre lo había hecho. Y el saber que la deseaba la estremecía más aún. “ME masturbo pensando en que te follo” le susurro él al oído des pues de haberlo lamido con pasión. Oír decir aquella frase al hombre que había deseado desde el primer momento que lo vio, hizo que se sintiera más sexual que nunca. Él era mayor que ella, no demasiado pero si lo suficiente como para dominar su sexualidad. Atractivo, interesante y morboso; podía tener a la mujer que quisiera y el lo sabía y ella también. Por eso le excitaba tanto. Ella era una chica muy sensual y sexual, decían que demasiado para su edad, sus iguales no la satisfacían. Pero él sabía tan bien lo que tenía que hacer y como hacerlo… era tan excitante.

Al oír esas palabras, las pocas inhibiciones que podían quedar en ella se desvanecieron de su mente. Ahora solo estaba él. Lamió todo su torso, sus costillas, su ombligo, cubrió su cuerpo con saliva como si de otra piel se tratara. Y con un grácil movimiento bajó su calzoncillo y sus pantalones. Y ahí estaba, ese gran pene, duro, erecto, caliente y expectante. Ella comenzó acariciándolo suavemente mientras se arrodillaba. Luego dio largas lamidas por todos los recovecos deleitándose en el glande. La respiración agitada de él se transformó en gemidos. Ella se lo metió en la boca, primero poco a poco, pero hasta el fondo con gran destreza. Comenzó a mover su cabeza metiendo y sacando el pene, mientras con una mano le arañaba el torso y con la otra le daba pequeños tirones en los testículos.

Él clavaba sus uñas en la espalda de ella mientras se escapaban gemidos de sus labios. La mano de ella abandonó su torso para acabar caminado en su periné. Paró un momento y, mientras le miraba lascivamente se lamió el dedo índice a la vez que arqueaba las cejas diciéndole que era lo que le iba a hacer. Volvió a meterse el gran pene en la boca, ala vez que introducía el dedo en su ano, él gimió de placer por la combinación de ambas técnicas. Ella no pudo disimular su alegría por el triunfo.
De repente él cogió su cabeza y la levantó del suelo. “Ven aquí”. La besó de nuevo. Le mordisqueo el cuello mientras la rodeaba con sus brazos para poder darle la vuelta y dejarla acorralada contra la pared. Le desabrochó el sujetador y se lo quito hábilmente si arrancarle la camiseta. Sus tersos pechos se deslizaron a sus manos. Los lamía con desesperación. Siguió hacia su ombligo y su vientre. Se deshizo de los pantalones y casi le arrancó el tanga de un mordisco. Se arrodillo frente a ella y su cabeza se perdió entre sus ingles. Empezó lamiendo los muslo, luego los labios. Llego hasta el clítoris húmedo y caliente. Movimientos circulares fueron los primeros para dar paso a torbellinos de lametazos a cada cual más placentero. Ella se retorcía de placer, notaba como chorreaba e intentaba agarrarse a la pared para no perder el equilibrio.

No tardó en tener el primer orgasmo, al cual le siguió otro aún mejor, más intenso y largo, uno de esos que dejan la boca seca y las rodillas temblando. Y ella resbalaba despacio por la pared, sudorosa y satisfecha, hasta quedar de cuclillas enfrente de su gran amante.

Se besaron con pasión mientras él la levantaba del suelo y le quitaba la chaqueta. Ella, con un rápido movimiento, sacó un condón de uno de sus bolsillos y se lo enseñó a él con picardía. Y él no pudo hacer nada más que sonreírle lujuriosamente. Acercó su mano para cogerlo pero ella se lo alejó mientras le susurraba, “Tranquilo, tú déjame esto a mí”. Se agachó frente a él, se metió el condón en la boca y con una habilidad que le tenía pasmado se lo puso con los labios haciendo que la libido de ambos se subiera hasta las nubes. La levantó rápido y con un fuerte movimiento la puso contra la pared. Le levantó las manos y las colocó por encima de su cabeza mientras él se las sujetaba con firmeza. Con la otra mano recorría el contorno de sus curvas, hasta llegas a su nalgas donde le propinó un sensual cachete que fue acompañado de un leve gemido de ella.

Fue entonces cuando la penetró, firme y profundamente. Con movimientos marcados y hondos. Las respiraciones de ambos se fusionaron en una y poco a poco fueron convirtiéndose en gemidos más y más altos y claros. Él resbaló su mano con facilidad hasta su clítoris el cual esperaba deseoso. Una sola caricia hizo que el cuerpo de ella se estremeciera y que sus gemidos pasaran a gritos descontrolados. La respiración de ella se hacía entre más cortada con cada embestida y los pequeños gemidos acabaron transformándose en uno solo largo y alto que declaraba otro de sus múltiples orgasmos. Él excitado cada vez más gracias a los orgasmos de ella, seguía y seguía con su sensual vaivén mientras le susurraba al oído lo excitado que estaba, lo que ella conseguía que el sintiera. Las sacudidas de él se hacían más cortas e intensas. Ella empezó a sentir en las puntas de sus pies el preámbulo de lo que sería un gran orgasmo. Él sabía que se iba, por eso la embestía con fuerza mientras su respiración se aceleraba y entremezclaba con gemidos premonitorios. Y justo en el mismo instante ambos explotaron al unísono fusionando sus dos voces, sus respiraciones, sus cuerpos, su sudor. Ambos se quedaron quietos, inmóviles, respirando agitada y fuertemente, esperando a que su cuerpo se normalizara pero que esa sensación de satisfacción no desapareciera.

Y ambos se dijeron, sin decirse nada, que seguían queriendo más…

La puta de Norma

Hola que tal, me llamo Juan, tengo 20 años. Bueno son del Edo. de Guanajuato, les contaré la historia de como me cogi a una de mis mejores amigas. Ella se lla ma Norma tiene 19 años, aquí donde yo vivo se dio a conocer como una puta, ya que mis amigos y yo tuvimos la suerte de ver como un amigo le quitava la virginidad, en esa ocasión ella llego toda adolorida y me mostró (a mi y a mi hermano, el cuál también se la folló) toda la camisa y calzón llenos de sangre. Son un hombre mas o menos moreno de 1.70, pelo color negro, y ojos negros, a decir verdad soy algo guapo ya que he podido tener mujeres hermosas a milado, llevó una vida social muy activa a pesar de que estuió fuera, me encanta hacer fiestas a las que acudé media ciudad (amigos y amigas igual de parranderos que uno). En esas fiestas platicaba con mi amiga Norma, despuaés de calentarla disiendole cosas eróticas, le metiá unos fajjes de aquellos. En una ocasión, ella acudió a una fiesta a la que supuestamente hibamos a ir 2 amigas incluyendola a ella un amigo y yo, asistimos todos asistimos exepto que una de mis amigas no pudo ir lo cuál quedamos ella y nosotros dos, empesamos a beber unas cuantas cervezas, y yo emepece a tocar la guitarra, pero al tocarla puede percatarme que ella se mordió los labios y me miraba el pantalón dirijiendo su miradá a mi verga, decidi que mi otro compañero la empezará a tocar, pero como el no sabe le enseñe rapidamente una cación muy sencilla. Mi amigo empezó a tocar y le dije a Norma que nos bailará ella ya estaba un poco mariada, y me dijo que yo lo hiciera, alo cuál mi amigo dijo, -no mejor enseñale como se hace una Rusa-, ella me dijo que como era eso y yo le dije que me teniá que sacar la verga e introducirla en su blusa y que con sus tetas me tendria que masturbar, me dijo que lo hiciera a lo cuál me quede un poco sacado de onda (a pesar de que tiene fama de puta), yo que traia unas ganas de cojermela, prosedi a sacarmela y la introduje en su blusa a lo cuál le dije que con sus manos apretara su teta contra mi verga, mi compañero seguia tocando y nos estaba observando, el nada tonto dijo voy al baño, cuando cerró la puerta me levante y ella masajeaba mi verga con su mano mientras yo la besaba, era tanto la calentura que meti mi mano a su vagina y la empece a masturbar elle gemia mucho, de pronto me di cuenta que mi amigo estaba como a un metro observandonos a lo cual los 2 nos separamos.

MI amigo agarró la onda y se despidió de nosotros, después, le dije que si nos subiamos a uno de los carros de los que estabanahí, seguimos fajandonos, cuando yo le dije hoy te cojeré. Ella se puso como loca y empezo a besarme todo el cuerpo, yo le mamaba sus ricas tetas, y procedi a mamarle su vagina a lo cuál ella dijo -no, quiero que los 2 lo hagamos mutuamente-, entonces yo la agarré y practicamos el tan conocido 69,, ella estaba muy mojada, como sus nalgas me quedaban cercas empece a meterme mi dedo en su ano, mientras seguiamos practicandonos sexo oral mutuamente, ella de repente se paro sobre mi y con su mano agarró mi pito y lo quizo introducir dentro de su vagina a lo cuál le dije que esperará, la agarre y le segui practicando sexo oral a su vagina mientras introduciá uno, luego dos, tres, y al final solo consegui introducir cuatro, ya que noté que le doliá, la pare y se la empece a meter estabamos bien calientes ella insistiá en cambiar de posición a cada momento, a lo cual, yo le dije que nos bajaramos del carro, ya una vez afuerá, la puse recargada a una silla con sus dos manos, y sus dos pies en el suelo (osea que estaba parada) empece a cogermela de nuevo a lo cua´l me imaginó que la posición le agradaba tanto, que empezó a gemir como perra en celo, gritaba tanto, que le tuve que tapar la boca, al momento de que me hiba a venir, lo cual tenia pensado hacerlo sobre su espalda cola, ella se dió la vuelta y me la mamo y se trago toda mi leche.

A la fecha ya no la he visto porque creó que se caso y como no si siempre pensaba en sexo.

Bueno amigos eso es todo.

Fantasía cumplida con mi autor

¿Querían sexo con sentimientos?, ¿querían descripción de personajes?: pues ahora lo tienen, porque dejé a la mitad una historia inspirada en “La autoestopista” de Danielito y en mis propias experiencias y otra de cómo me cogí a dos gemelos en Cancún, para contarles esta. Y se chingan.

Cuando publiqué en internet los tres relatos que he escrito, llovieron a mi buzón (creado ex profeso) docenas de mensajes de guarros, calentureitors y necesitados de toda especie que querían cogerme a la de ya, sin más ni más… y que creían (supongo) que yo, presta y entusiasta, les contestaría ipso facto citándolos en los rápidos de Tlalpan… pare prestarles mis nalguitas.

Pero me calentaba un poco. No le iba a decir que si a ninguno de esos cabroncitos, porque no me hacía falta, pero pensé que alguno de mis autores, de los que con tanto gusto aquí he leído… vaya, ¿también los autores recibirían tanto pinche mensaje… o solo las autoras?

De todos los autores que me gustaban, a mano solo tenía… digamos un par. Eso tras leerlos y suponer que vivían donde vivían, aquí cerca, pues. Le escribí un mp a uno de ellos, el que mas me gustaba, preguntándole, con inocencia inicial y falsa, si a él, como autor, también le llovían mensajes por el estilo de esperpentos necesitados de verga y putos que se hicieran pasar por viejas.

Me contestó pronto. Me dijo que le escribían chicas, aunque pocas, y que solo había accedido a conocer a tres, de las cuales, solo con una había pasado a mayores. Me contestó que también le escribían chicos a los que ni siquiera les contestaba.

Le envié mi foto, una foto sugerente que me tomé a mi misma, con disparador automático, en mi casa. Reclinada en el sofá, con la mano derecha tapaba mis ojos y buena parte de mi cara, apenas vestida con un breve tanga blanca y una camiseta de tirantes a juego que, mas que esconder, realza mis turgentes pechos. La morena línea de mis muslos y mis pantorrillas, flexionadas sobre el sofá, fueron, me dijo, lo que lo decidió a aceptar la cita.

Pero no me envió foto. Me dijo exactamente donde iba a estar, leyendo qué libro, vestido de qué manera, y me dio una hora entera para abordarlo. “Si no te gusto –escribió-, no me abordas”.

Aunque hubiese sido jorobado: quería conocerlo. Lo otro, ya veríamos, así que me puse mi disfraz de pecadora, del que solo les platicaré la chamarra de cuero, las botas de mosquetera y la minifalda tableada. Un día escribiré el elogio de las minis y como permiten coger en parques y cines… y otras cositas, pero eso otro día, hoy, a mi autor.

Lo abordé y nos fuimos a un bar de la zona rosa. Hablaba de todo con una voz armoniosa y pausada. Sus ojos ardían en santo fuego; y me encantaron, tanto como sus labios cuyos besos anticipé; su pelo largo, su bigote rebelde, su barba de tres días; pero sobre todo sus manos, de largos dedos, de movimientos expresivos que acompañaban la suavidad de su charla.

Decidí cogérmelo, esa misma tarde, luego de mi cuarto martini, su tercer tequila (me estaba fichando, el cabrón), la quinta historia apasionante que me contaba, la sexta vez que sentía perderme en sus ojos. Puta, que me gustaba.
Pero el cabrón iba lento. Me seguía la plática, me preguntaba por mis andanzas, me contaba historias. Sus ojos, clavados en los míos, también me hablaban, pero no daba un paso. Bebía sosegadamente un tequila, sobre cuyos orígenes y virtudes dictó una cátedra, me hablaba con los ojos y las manos, miraba mi escote de reojo, liaba –como dice Anita Belén- sus miradas a mi falda, por debajo de mi espalda cuando me paraba al servicio, pero no decía nada que nos llevara al tema que empezaba a urgirme.

Recordaba sus relatos y veía sus manos y sus ojos. Imaginaba su lengua en los lugares que describe, en los movimientos que cuenta en sus relatos; casi sentía sus finos dedos sobre mi piel desnuda, su aliento en mi cuello, sus dientes mordiendo sus pezones, pero él dale que dale, hablando y hablando mientras mi panty se mojaba con mis flujos y mi piel entera se erizaba.

Había que pasar al ataque. Mi mano alcanzó la suya y la acarició suavemente. Dejó de hablar y me miró a los ojos. Acerqué mis labios a los suyos y respondió. Me dio uno de los mejores besos que me han dado, o quizás sería que ya estaba yo como un boiler, tanto, que sentí que lo necesitaba ya. Me levanté del banco en que estaba y me acerqué lentamente a él, mirándolo a los ojos, y puse su mano en su cachete, acariciando luego el cuello, los hombros y el pecho. Tocarlo me excitó aún mas.

Él seguía mirándome, sin moverse, mientras yo bajaba delpecho al estómago y de ahí a su vergota, por encima de los levi´s, que acaricié con calma. Mi autor, entonces, me agarró de la cintura y me jaló a su pecho, haciendome sentir su erección en mi vientre.

-Quiere cogerte –susurré en su oído.

Cerró mi boca con la suya y me acarició el muslo y el inicio de la nalga bajo la falda mientras con la otra mana sacaba el varo para pagar la cuenta y me arrastró a la calle.

-¿De verdad coges como en tus cuentos? –le pregunté.

-Te la voy a meter hasta tocarte el alma –me contestó, con la mano entre mis nalgas, sobando mi culo bajo la falda, llevándome al hotel de la esquina.

-Eso está por verse –dije, feliz de haberle sacado el macho que llevaba dentro.

Nada mas cerrar la puerta, lo ataqué con prisa, como en las películas. Le quité la camisa y mordí y chupe su pecho y su duro estómago, bajando palmo a palmo hasta su verga, casi blanca y dura como una piedra. Lo fui empujando hasta la cama, le bajé el pantalón y los chones y hundí mi cabeza entre sus piernas. Yo no nesecitaba mas preparación porque estaba mas caliente que una olla express. El tampoco, pero quería probar su verga, sentirla en mi boca, descubrir con mi lengua sus pliegues y su forma.

El gemía, gemía y me acariciaba los hombros, la cara, el cuello. Gemía y me dejaba hacer, me dejaba chuparlo y lamerlo, hasta que me paré, dispuesta a cabalgarlo: entonces retomó el papel de macho dominante: me quitó mi estrecha camiseta (la chamarra estaba en el suelo rato ha) dejando en libertad a mis chichis, entre las que hundió su cabeza para chuparlas y morderlas.

Se interrumpió para, levantándome en vilo, arrojarme sobre la cama y quitándome el calzón. Yo me abrí de piernas y empecé a gemir, diciéndole:

-Cógeme papi, métemela ya, la quiero enterita, párteme… –cosas así.

Su mano abierta se posó en mi sexo, la palma y el pulgar sobre el clítoris y el monte de venus, los dedos sobre la raja de mi panocha que, como si tuviera voluntad y movimientos propios, se tragó dos dedos.

-Te corre más agua que una noche de tormenta, chula –me dijo.

-Y tu estás mas duro que un fierro… y te quiere dentro ahora –contesté agarrándole la verga, mientras sus dedos jugaban dentro de mi panocha.

-Si… ya es tiempo…

Y me la ensartó sin miramientos. Primero la puntita, que acarició mis labios, pero luego la ensartó entera y comenzó a entrar y salir de mi hoyito sin dificultad ninguna, ¡tan húmeda y caliente me tenía! Yo no sabía de donde agarrarme ni qué hacer, quería morderlo, sentía explotar (¡y exploté, una, dos, casi tres veces!) hasta que me llenó con su ardiente leche.

Tendidos uno al lado del otro nos acariciamos. Nos quitamos la ropa que aún teníamos y nos abrazamos como si fuéramos novios, hasta que noté que su verga empezaba a reaccionar. Me di vuelta entonces sobre mi eje y de un bocado, sin avisarle, me metí su vergota en la boca, su vergota sucia de mi, sabrosa a mi. La succioné con fuerza, la lamí luego en toda su longitud haciendo girar mis labios sobre su verga, cada vez mas dura, durísima que la quise dentro otra vez.

-¡Métemelo por el culo, papito –le dije, sin haberlo planeada antes, se los juro-, rómpeme toda!

No se hizo repetir la invitación. Se volvió a parar y dándome vuelta, me agarró de la cadera. Vi como llenaba su verga de saliva mientras recargaba la caliente cabecita en la entrada de mi ano. Lo sentí luchar contra las apretadas paredes y pujé para recibirlo. Su resbalosa cabeza entro por fin, la sentí dentro de mi con el dolorcillo que eso siempre causa y el placer que es su acompañante. Me eché para atrás para comérmela completita y luego él comenzó a embestirme tan fuerte que no pude contenerme y empecé a gritar de dolor y placer.

Cuando finalmente me llenó el culo con su leche y saco su verga de mi agujerito yo estaba agotada y satisfecha. Le pedí que se diera un regaderazo rápido y yo me estiré sola en la cama, con las piernas temblorosas y estremeciéndome de placer.

Empecé a vestirme, fatigada, sucia como estaba, satisfecha. Contenta con la fantasía cumplida.

-Quédate –dijo él, saliendo del baño, desnudo.

Volteé a mirarlo. Me fijé en la sonrosada cabeza de su verga en reposo, en su marcado estómago, en sus piernas de duros y delgados músculos…

-Si me quedo, me enamoro –y sin darle tiempo a decir nada, a ponerse algo que cubriera su varonil desnudez, abrí la puerta y me fui.

aboguarra77@yahoo.com.mx

Silvia y Antonio / Parte 2: consumación

Luego del episodio en donde Silvia le practicó sexo oral, Antonio se propuso llegar a consumar el acto sexual que durante años había soñado tener con esa mujer que siempre pareció estar distante e indiferente a sus insinuaciones. Era el momento y la oportunidad. Silvia se sentía desatendida por el marido, y había dado el primer paso. Le juró que era la primera vez que había engañado a su esposo y no quería continuar para no arrepentirse, pero Antonio no iba a darse por vencido hasta no conseguir su propósito.

Pese a su insistencia para encontrarse a tomar un café, Silvia se negaba con distintas evasivas, conciente de las pretensiones de Antonio pues se imaginaba que de aceptar la invitación no encontraría argumentos para hacerlo desistir de sus propósitos. Se sentía indefensa ante la personalidad avasallante de Antonio y no quería serle infiel a su marido.

Fueron meses de tenaz insistencia, hasta que ocurrió lo previsible. Silvia llevaba a su esposo a una audición de radio donde lo dejaba y dos horas y media después lo pasaba a buscar.

Antonio sabiendo del tiempo que disponía, esperó a que lo dejase en la radio y la buscó a la salida. Ante la insinuación para tomar un café no se pudo negar. Parecía que sabía de la discusión que había tenido con Hugo esa mañana por la desatención para con ella y finalmente despechada aceptó.

Silvia dejó el auto estacionado y subió al de Antonio. Este miró el reloj y con una sonrisa cómplice le dijo”Tenemos tiempo aunque no todo el que yo quisiera”. Se dirigió a un hotel alojamiento a escasas cuadras de la radio. Silvia intentó disuadirlo pero Antonio estaba decidido e hizo caso omiso de las protestas y los argumentos expuestos y se introdujo en la cochera del hotel.

“Hace años que no concurro a un lugar como éste”, fueron las primeras palabras de Silvia cuando cerraron la puerta de la habitación, “Desde que estaba de novio con Hugo”, agregó. A Antonio poco le importaba, estaban solos. La tomó en sus brazos y buscó su boca. Se besaron apasionadamente y Antonio trató de quitarle torpemente la ropa.

“Por favor déjame ir al baño y vuelvo”, susurró Silvia, “No quiero arrugar el vestido”.

Mientras Silvia iba a desnudarse, Antonio se quitó la ropa, y de solo pensar que iba a ser suya su miembro se endureció. Era grueso y debía medir unos 22 centímetros. El prepucio se corrió y dejo al descubierto el glande rojo vinoso. Las venas ingurgitadas por la sangre dejaban ver una verga lista para penetrar a su amante. Palpitaba y tomándola con su mano, le practicó un ligero masaje haciendo más notable su dimensión.

Silvia apareció y quedó perpleja al ver el miembro de Antonio. “Es enorme mi vida, hace años que no tengo relaciones y no lo voy a poder soportar”. “Mi rajita está cerrada y no la visitan desde hace mucho tiempo”,dijo con un mohín.

“Estas hermosa, tu cuerpo es maravilloso”, exclamó mientras se acercaba. Se besaron nuevamente y Ella lentamente se arrodilló y acariciando los testículos introdujo la verga dentro de su boca. Apenas le cabía. Antonio le tomó la cabeza y la aproximó a su pelvis. El movimiento al engullirla le provocó arcadas al ponerla en contacto con la garganta y al eyacular la atragantó. Lo que no tragó escurrió por la comisura de los labios de Silvia que se movía como poseída.

Finalmente Antonio la levantó, la tomó en sus brazos y la depositó en la cama. Silvia había perdido toda la compostura. Se miró en el espejo del techo y abrió sus brazos y sus piernas invitándolo a poseerla. Estaba arrebolada y acarició sus tetas pequeñas y firmes pellizcando los pezones oscuros que se endurecieron y apuntaron a Antonio que se reclinó y comenzó a besarlos y lamerlos alternativamente. Sus cuerpos se reflejaban en el espejo y los besos y las caricias hacían que la calentura fuese mayor.

Antonio la colocó de espaldas en el borde de la cama y le abrió las piernas. La vulva cubierta por un rizo ensortijado se veía húmeda, y más cuando Antonio arrodillado se encargó de darle placer. Su lengua recorría la raja deteniéndose en el clítoris que mordisqueaba y arrancaba gemidos y jadeos. Silvia se retorcía de placer hasta que tuvo su primer orgasmo. “Siii, sigue así mi vida, que rico”,”mmmmhhhh, mmmmhhhh, me corro mi dios, aaaaaaahhhhh”, “Cuanto tiempo sin gozar de estas caricias”, “Me voy mi vida aaaaaaaahhhhhhaaaayyyhh”

Habían disfrutado ambos al haberse corrido, pero eso solo era el principio.

Luego de recuperarse, abrazados y con las piernas entrelazadas, comenzó Antonio con manoseos acariciando la vulva e introduciendo sus dedos en la raja encharcada por los jugos pringosos que fluían de la vagina. Silvia tomó entre sus manos la verga y comenzó a masturbarla. Rápidamente estuvieron en condiciones de consumar el acto sexual, eso que desde hacía tanto tiempo deseaba Antonio, y porque no Silvia.

Silvia de espaldas y con los muslos separados, esperó con ansiedad y casi con desesperación la visita de ese miembro enorme que la iba a hacer gozar. Antonio de rodillas entre sus piernas, le aproximó la verga y acompañándola con la mano comenzó a jugar con la raja y el clítoris pasándola de arriba abajo y viceversa mientras elogiaba su cuerpo y su vulva generosa. El vello pubiano ocultaba la entrada a esa vagina profunda y capaz de recibir el tributo de Antonio. La verga palpitaba al insinuarla y retirarla para hacer más deseable la cópula.

Silvia no pudo contenerse y arqueando el cuerpo le imploró que la penetrase. “Por favor no me hagas sufrir”, “La necesito dentro mío para apagar la calentura que me consume”. “Quiero esa pija enorme aunque me duela”, fue su ruego sin medir las palabras.

Antonio no pudo resistirse y lentamente le introdujo la verga hasta los testículos. Eran los únicos testimonios del aparato sexual que quedaron fuera de la vagina. Parecía mentira que los 22 centímetros hubiesen cabido en esa rajita que parecía a priori tan estrecha. Silvia, alta y delgada poseía una concha generosa. Habituada a masturbarse con velas y aparatos que la consolaban durante sus largos períodos de abstinencia no podía compararse con lo que estaba viviendo. Esto era diferente, la calentura la desbordó. Se abrazó con sus piernas a la cintura de Antonio, y mientras Él le besaba y mordía los pezones, comenzó a hamacarse haciendo un mete y saca frenético que terminó en un orgasmo ruidoso donde se mezclaron palabras de amor y de placer, que coincidieron con la eyaculación de Antonio que regó de semen las entrañas de Silvia.
Concluyeron con un beso apasionado, y luego de bañarse juntos, mientras se enjabonaban, Antonio le propuso repetir el encuentro agregando la “exploración” que faltaba.

Ya casi habían pasado las dos horas. Se apresuraron y luego de componerse ante el espejo se retiraron del hotel, Silvia temía que su esposo e diese cuenta y cuidó hasta los mínimos detalles.

Llegaron con el tiempo justo. Antonio la dejó a dos cuadras, y Hugo jamás sospechó de esa tarde que Silvia le había sido infiel aprovechando el tiempo en que él disfrutaba de su audición.

Munjol.

Silvia y Antonio

Silvia era una mujer hermosa. Conservaba su lozanía y su figura a pesar de sus años. Alta delgada de senos pequeños pero firmes. Su vientre plano, su cintura estrecha y sus caderas femeninas, la hacían sumamente atractiva. Sus piernas torneadas de rodillas huesudas y tobillos finos, resaltaban sus pies delicados. En una palabra, resultaba una magnífica mujer madura deseable para cualquier hombre.

Era retraída y no muy sociable. Educada en una familia puritana donde el sexo era un tema tabú, y cada vez que se tocaba el tema ella rehuía el mismo con evasivas

Antonio era un intelectual y vanguardista desde su juventud. Alto, de buen porte, debía medir 1.85 mts. Más afecto a los libros que al deporte, se relacionó con Silvia en la adolescencia y si bien salieron como amigos durante un tiempo, nunca llegaron a noviar. Era evidente que gustaba de Silvia pero nunca se atrevió a manifestárselo. Su contacto se mantuvo a la distancia cuando ella se puso de novia y la vida los separó.

Silvia se recibió de odontóloga. Antonio fue maestro y profesor. Ambos se casaron y tuvieron hijos. Luego el destino hizo que se encontraran nuevamente cuando el hijo de Silvia necesito del apoyo para algunas materias del colegio, y a partir de allí Antonio recurrió a los servicios profesionales de Silvia que se transformó en la odontóloga de cabecera.

Antonio enviudó y quedó solo pues sus hijos se alejaron para independizarse. Silvia, quedó a cargo de su marido que sufrió un accidente y se dedicó a él por entero.

Antonio era un caballero, y no daba motivos para dudar de su comportamiento a pesar de su interés por Silvia que siempre le atrajo como mujer. Sutilmente se lo daba a entender en cada ocasión que podía.

Silvia se divertía y coqueteaba al sentirse halagada. Todo no pasaba de un juego, hasta que una tarde en que Silvia concurrió a la casa de Antonio, él tomándola de sorpresa, le declaró su interés y el deseo de ser su amante. Avergonzada cuando Antonio intentó abrazarla y besarla al sentir el bulto de la entrepierna palpitando apretándose contra su pelvis, se separó bruscamente disculpándose al tiempo en que se despedía.

Silvia bajó corriendo las escaleras y mientras volvía a su casa en el auto, repasó lo sucedido. Esa noche no pudo dormir y la figura de Antonio se le aparecía a cada instante. ¿Había llegado demasiado lejos?. La sensación del bulto parecía acompañarla en cada pensamiento. ¿Era enorme, o le parecía?. Hacía tanto tiempo que no gozaba de una relación sexual.

¿Pensaba que Antonio había quedado defraudado por su huída?. “¿La volvería a llamar?”

Sin embargo, apenas llegó a su casa Antonio la llamó para disculparse por lo ocurrido, rogándole que hiciese como que nada hubiese pasado. Silvia tímidamente lo disculpó y le expresó que seguramente también ella había sido culpable.
Dos días después tenía turno para tratarse en el consultorio y Silvia recibió un llamado de Antonio en que se excusaba de concurrir debido a un inconveniente con el auto. Sin pensarlo Silvia le dijo que el tratamiento no podía demorarse y ella lo pasaría a buscar, ya que había concluido con el último paciente. Se sacó la chaqueta, y con una blusa blanca, una pollera celeste, luego de ponerse zapatos de tacos altos, se dirigió a la casa de Antonio. Subió las escaleras y al abrir la puerta él lo recibió con una camisa azul abierta y un pantalón blanco de verano. Por primera vez Silvia lo vio con otros ojos. No solo como un amigo, sino como un hombre de físico atlético que le produjo una sensación en su cuerpo difícil de describir.
La hizo pasar y la convidó con un vaso de whisqui. Sentados en un sillón de cuero, la tomó de la mano y con firmeza le acercó la misma a su entrepierna. Silvia trató de liberarse, pero él se mostró decidido y pudo ella percibir el bulto que la atormentó durante los días anteriores. El miembro parecía querer salir de su encierro. La presión de Antonio sobre su mano fue cediendo, hasta cesar por completo cuando advirtió que Silvia, comenzó a acariciar su verga. La calentura de ambos fue creciendo hasta que Silvia se decidió. Desprendió el pantalón y bajó el calzoncillo dejando a la vista el miembro y los testículos. Era enorme y grueso. Palpitaba de deseo. Comenzó a masturbarlo descubriendo el glande rojo vinoso que llevó a su boca. Los labios y su lengua se encargaron de acariciarlo hasta que Antonio no pudo contenerse y eyaculó derramando el semen que escurrió por las comisuras de la boca. Silvia luego se encargó de limpiar lo que no pudo tragar y lamió y chupó los testículos de Antonio hasta vaciarlos totalmente.

Fue una mamada fantástica, que los dejó exhaustos. Antonio quería más. Quería penetrarla y hacerle el amor, pero Silvia se negó. Ya había traspuesto los límites, pues nunca lo había hecho luego de casada y no se animaba aún.

Antonio era un caballero y accedió a su pedido. Luego de acicalarse y camino al consultorio, entre chanzas y palabras intencionadas le dejo entrever que no perdía las esperanzas de darle y recibir placer, cuando estuviese dispuesta, “Gocé intensamente y mi miembro te pertenecerá y hará las delicias de tu concha y tu culo al explorarlos”, concluyó Antonio.

Silvia avergonzada con un mohín y a modo de despedida le susurró.”Ni lo pienses”.”Luego de comprobar el tamaño de tu herramienta no sería capaz de soportarla”. “Llevo demasiado tiempo sin darles una satisfacción a mis cuevas, y seguramente deberías esmerarte para darme placer sin que me duela”.

En la próxima entrega, Antonio insiste y busca el momento y el lugar apropiado para concretar lo que soñó desde su adolescencia y quedó inconcluso en esta primera parte.

Munjol.

Un día muy caliente

Hola chicos/ as, mi relato se remonta a la semana pasada. tuve que hacer un trabajo de clase y tenia que buscar informacion en internet… lo cual me aburre terriblemente. derrepente empece a sentirme caliente, cada vez más, y decici buscar algunas fotos porno para hacerme un dedo, relajarme y continuar con mi labor. he de decir que cuando empiezo a hacer sexo con un hombre o me masturbo nunca veo la hora de parar porque me encanta, pues bien, despues de ver las fotos porno, bajarme algunos videos de lesbianas, que me ponen muchisimo y correrme un par de veces, seguia caliente, muy caliente, tanto que no podia mas… estaba desesperada por sentir una polla en mi coño, asi que me dirigi al cajon de mi madre y cogi su consolador. es una polla gorda y larga que vibra a distintas velocidades. cuando la tuve entre mis manos estaba ansiosa, corri al baño y cogi un espejo para poder ver mi coño abrirse mientras me metia “la polla”, la meti una otra vez, sin parar, las vibraciones eran tan fuertes que casi chirriaban mis dientes, acaricie mi clitoris rapido, y en movimientos circulares hasta que consegui tener un nuevo orgasmo, antes de que este acavase segui acariciandome, saque un poco la polla y encontre una bolita que tengo a unos 3 o 4 centimetros de mi coño, la aprete y acaricie muy fuerte, puse el vibrador alli y segui con mi clitoris que estaba a punto de explotar… tuve 3 orgasmos seguidos, chorreaba flujo mi coño y cuanto mas lo miraba en el espejo mas caliente me ponia de nuevo, asi que decidi hacer algo: como mi chico estaba ocupado y vendria mas tarde llame a un amigo el cual me atrae desde siempre pero nunca tuve nada con el, supongo que por verguenza de los dos, le dije qe si queria venir a casa a hacerme compañia que estaba sola y aburrida, el acepto mi propuesta, supongo que sin tener idea de lo que pretendia… tardo unos minutos, me asome a la ventana y lo vi aparcar su moto, mi corazon y mi coño comenzaron a palpitar mas rapido… pense como seria hacerlo alli, en la calle sobre la moto pero deje mi fantasia para otro momento, el ya estaba aqui; llamo a la puerta y pense como hacer para follarmelo apasionadamente, me beso en las mejillas pero yo agarre su nabo con mis dos manos (me disloca su nabo), el me miro sorprendido y me beso apasionadamente los labios mientras acariciaba mi almeja, derrepente se paro en seco, dijo que se notaba mojada, le dije que estuve toooda la tarde pensando en el, me metio la mano por el pantalon hasta introducir dos de sus dedos de golpe dentro de mi, gemi suavemente, le invite a entrar pero el me propuso un juego mejor:

me bajo los pantalones y empezo a comerme el coño como nunca antes lo habia hecho nadie, estabamos en la puerta de mi casa y podia vernos cualquiera, inncluso mi madre, eso me excitaba aun mas, subio poco a poco hasta llegar a mi boca, me beso y comi todos mis flujos, me cogio en brazos y me llevo a la cama, me dijo que era mi esclavo y que me haria chorrear todo lo que tenia dentro porque hacia meses deseo ese momento, se desnudo mientras me desnudaba tammbien a mi yo a penas lo tocaba porque me atrapaba y empezaba a besar y morder todo mi cuerpo, me metio 2 dedos, despues 3, desues 4… me pregunto si me gustaria que me metiese el puño, yo estaba mas mojada que nunca asi que asenti mientras gemia con el

siiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii

mas largo d mi vida, comenzo a introducirme el puño pero mi coño se contraia, el dijo que me haria cosas que nunca nadie me havia hecho y apreto fuerte, note como mo coño se separaba tanto que sentia las piernas muy lejos la una de la otra, comenzo a mover su puño dentro de mi de tal manera que al subir hacia arriba levantaba mi cuerpo entero tumbado en la cama, pasamos asi un largo rato hasta que encontro el consolador me llamo lujiriosa, viciosa… y me dijo qe despues del puño su nabo no seria suficiente yo grite que si que queria su nabo pero el me metgio el consolador, a decir verdad no me gustaba tanto como cuando estaba sola ya que por mi coño podria meter un melon en ese momento el me dijo que comparara y pillandome desprevenida metio su verga en mi agujero hasta chocar con una de las paredes de mi vagina, me puso sobre el y apreto mis hombros hacia abajo, yo la sentia casi en la boda, era excesivamente larga y muy gruesa, despues lo hicimos a perro, esa postura me hace chillar de placer, el lo noto y me introdujo repentinamente el consolador en mi ano, nunca antes habia hecho algo asi, con mi chico porq dolia y no pense hacerlo nunca, me hubiera enfadado con el si no fuera porque sentia como su polla se hinchaba mas y mas y mi coño chorreaba de tal manera que lo estaba poniendo perdido de flujos decii chuparlos mientras el meneaba el consolador en mi culo, pasamos asi algunas horas hasta que se hizo tarde, a penas podia moverme, me hizo vaciarme y casi morir de placer, no nos besamos demasiado, como despedida me acaricio el coño, que estaba tan abierto que no pudo resistir metermela otra vez rapido y cuando se quito puse mi boca en su polla y me comi todo, el se fue, a pocos minutos llego mi chico me dijo que estaba caliente y queria follarme toda la noche (yo estaba sola en casa asi que podiamos hacerlo) yo le dije que esperara un poco pra que no notara como estaba mi concha pero el insistio, decidi comerle la polla para que pareciera que me habia mojado por eso, el no puso ningun inconveniente… follamos toda la noche de todas las posturas y formas posibles hasta que el se agoto, yo estaba agotada hacia tiempo pero me gusta tanto… a la mañana siguiente salimos, cual fue mi sorpresa cuando nos encontramos con mi amigo el me miro sonriente, de forma especial y yo le correspondi, mi chico le saludo amablemente y le conto nuestra noche salvaje, derrepente el puso cara de enfado y dijo que tenia que irse, mi novio fue a comprar tabaco asi que aprobeche para ir detras de el me subi como pude en la moto y me llevo a un descampado cerca de alli, follamos rapido hasta que nos corrimos y volvimos donde estaba mi novio, el se fue justo 1 minuto despues aparecio mi chico, estaba enfadado… habia mucha gente en el estanco y tuvo que tardarse mas… que pena! fume sin parar por todos los polvos, las corridas y los orgasmos que habia tenio en esas escasas 24 horas, el dia mas feliz, lujurioso y caliente de mi vida.

agregadme a: carolina_cv_87@hotmail.com

Parking supermercado

No es la primera vez que cuando vas a realizar tus compras en el supermercado que frecuentas normalmente en el parking te aborda una mujer extranjera pidiéndote que le des algo para comer, se valen de estar en el punto donde vas a dejar el carrito y si cuela le das el euro o los 50 céntimos de euro que has puesto en él, no?

A quien no le ha pasado esto muchas veces y has pensado en la pasta que pueden sacar con esto, pues bien a mi ya cansado de que me ocurriera tantas veces y siempre con la misma persona me atreví a dar un paso que nunca olvidaré, pues no es normal que me atreva a hacer este tipo de cosas, pero ese día estaba un poco cabreado por el día que había tocado vivir y quizás por ello actué de la forma que a continuación relato.

Llegué al parking del supermercado como solía hacer cada fin de semana como es normal para casi todo el mundo, aparque mi coche y me cogi un carrito para entrar el super, realicé mi compra como siempre y salí hacia mi coche, descargué la compra y me dirigí a lugar donde dejas el carrito para recuperar tu moneda, en ese momento es cuando se presento ella, era una mujer joven, morena y atractiva, vestía muy corriente por no decir mal, es lógico porque si estas pidiendo no puedes ir de lujo, el caso es que aquella mujer tenia algo que me atraía y ya la conocía de otras veces anteriores por coincidir en el mismo sitio y siempre le había dado la moneda del carrito.

Como he comentado anteriormente me encontraba un poco contrariado, molesto o mas bien cabreado por situaciones que te ocurren en la vida, total que no era mi día, fue entonces cuando dirigiéndose a mi sonriendo me pidió que la ayudara para poder comer y que tenia hijos que alimentar ( el rollo de siempre), me quedé mirándola de arriba abajo con curiosidad y sin pensarlo le dije mirándole a los ojos que podía ganar mas dinero si se dedicaba a otra cosa en lugar de pedir, ella se quedo parada sin decir nada y a continuación le dije que podía hacer favores a la gente, que con eso ganaría mas dinero.

En un castellano un poco extraño entendí que me decía como si no podía trabajar por ser extranjera, entonces le contesté que si me hacia un favor le daría 20 € por hacer lo que le pidiera, me dijo que por ese dinero haría lo que fuera, fue cuando se me pasó por la cabeza lo que había pensado en otras ocasiones con ella.Me acerque a ella dándole la moneda y le susurré al oído que me la chupara, cogio la moneda y se alejo sin decir nada dirigiéndose apresuradamente a otras personas que dejaban su carrito en ese momento.

Me di la vuelta y me dirigí hacia mi coche, pensaba que me había aprovechado de la situación y me sentía sucio por querer abusar de mi situación, y si era una mujer con principios morales y le era fiel a su marido, y si por circunstancias de la vida se vio obligada a pedir, a todos nos puede pasar alguna vez no?, me sentía mal.

Arranque mi coche y me aleje del lugar, pasé a su altura mirándola y ella se quedó mirándome también, la saludé con la mano y ella me contesto también, continué y mirando por el retrovisor trasero vi como levantaba la mano y corría detrás de mi.

Intentaba decir algo que no adivinaba, paré inmediatamente y esperé a que llegara a mi altura, baje la ventanilla y se acercó a mi, entonces fue cuando me dijo “ 20€”?, le que si que cuando ella pudiera, “ahora”, me dijo, subes y vamos a otro sitio quieres?, se subió a mi lado y arranque rápidamente por si se arrepentía.

Una vez dentro y muy nervioso le pregunte como se llamaba, me dijo que Nadia, que era Rumana y que hacía 3 meses que estaba en España porque en su país no podían vivir, que su marido estaba en otro lugar trabajando en el campo y ella vivía con su hijo, su hermana y mas gente en un piso, también me contó que le habían propuesto dedicarse a la prostitución pero que ella no quería a no ser que no tuviera mas remedio.

Yo la escuchaba y mientras tanto sin pensar me dirigí hacia mi chalet que tengo en una urbanización cercana a la ciudad donde vivo en invierno, y en verano paso mis días de vacaciones en este lugar, estábamos a 5 minutos del súper, es por eso que cuando terminó de relatarme un poco su historia ya habíamos llegado a mi chalet, paré en la puerta y entonces ella me contesto que donde estábamos, le dije que en mi casa y que si no le importaba lo haríamos ahí, la noté un poco asustada por la situación y le pregunté que si no quería nos íbamos y que no pasaba nada, no dijo nada y entonces entre con el coche al garaje y paré el motor.

Bajamos y descargando la compra del maletero entre los dos entramos en la casa dejamos la compra en la cocina y le comente que me ayudara a colocar las cosas en la nevera y despensas para relajarnos, una vez colocado todo estábamos sudados hacia mucho calor y le propuse que si quería ducharse, ella me contesto que hacia 2 días que se duchaba y que le apetecía mucho, entonces le dije que me acompañara al baño para que se tomara esa ducha, le di una toalla y entro en el baño cerrando la puerta.

Yo esperé bastante excitado por la situación y pensando en como sería su cuerpo que a través de sus ropas se adivinaba muy exuberante, pasarían unos 10 minutos hasta que la puerta de baño se abrió, cuando salio y la vi delante de mi con la tolla enrollada en su cuerpo y su cabello moreno, largo, húmedo y descalza, me sacudió una excitación que me hizo estremecer.

Con la ropa en la mano me dijo que si podía tenderla pues estaba sudada de estar todo el día al sol, le propuse lavarla y secarla, que en 30 minutos la tendría limpia y seca, accedió a mi propuesta y la puse a lavar inmediatamente.Ella se quedo sentada en el sofá de la sala mientras yo ponía en marcha la lavadora, le dije que si quería beber algo diciéndome que solo agua pues tenia mucha sed, después de ponerle la bebida y ponerme una cerveza para mi, me senté a su lado preguntándole como se encontraba, me dijo que muy bien, le había sentado estupendamente la ducha y estaba mas relajada.

Fue entonces cuando le dije que como la ropa iba a tardar unos 30 minutos mas o menos yo me iba a duchar también, asentó con la cabeza y me fui al baño; estando en la ducha pensaba en ella que hacía poco tiempo había estado allí mismo desnuda y me excitaba el pensarlo, tardé poco en ducharme, deseaba salir para verla y empezar nuestra aventura.

Cuando salí de la ducha y al dirigirme a la sala me la encontré tumbada en el sofá adormilada y acurrucada como una niña, me acerqué a ella con sigilo y contemplándola muy de cerca pude ver lo hermosa que era y lo a gusto que dormía, acerque mi boca a la suya besándola suavemente y no se dio cuenta, me atreví a mas, la toalla estaba ligeramente entreabierta entre sus muslos y lentamente la separé hasta observar su entrepierna que estaba cubierta de abundante pelo negro y rizado, era bastante velluda.

La seguí tocando por las piernas observando su piel morena y sus pies pequeños bien formados, sus muslos pretos y con algunas estrías debido seguramente a el embarazo que tuvo, seguí explorando debajo de la toalla poco a poco, subiendo desde el pubis logrando ver su ombligo bonito y profundo, continué hacia arriba hasta encontrarme con sus pechos, entonces como la toalla estaba sujeta a esa altura y al intentar quitarla ella abrió los ojos y me miró, no dijo nada y volvió a cerrar aquellos bonitos y grandes ojos verdes.

Y una vez abierta la sujeción de la toalla pude contemplas sus pechos desafiantes ante mi, sus pezones erectos de color marrón oscuro y la aureola grande mas suave del mismo color, los pechos eran grandes y bastante bien formados ligeramente caídos pero muy eróticos, toque sus pechos con suavidad para no hacerle daño y acaricie sus pezones notando que se ponían duros, cogí sus pechos con las dos manos apretándolos cada vez mas, pensaba que no podría seguir impasible con ese meneo que daba a sus pechos.

No quería demorar mas tiempo ese placer y destape completamente su cuerpo quedando desnuda ante mis ojos que dilatados de lujuria no dejaban de observar aquel cuerpo moreno y joven que tenia para mi, entonces ella me volvió a mirar sonriendo y me dijo que aquello no era lo convenido pero que no le importaba pues estaba cómoda y excitada, me extendió los brazos cogiéndome de la nuca y acercando mi cabeza hacia sus labios me besó son ternura hundiendo su lengua en mi boca con mucha suavidad, yo le respondí con la misma ternura y sin ninguna brusquedad por temor a asustarla.

Nos fundimos en un abrazo mucho mas efusivo y fui acariciando su cuerpo desde sus pechos hasta sus piernas lentamente, no quería llegar a tocar su entrepierna hasta estar seguro de que ella me lo pidiera, yo permanecía vestido sobre ella deseando liberar mi cuerpo de todo y quedar desnudo también, entonces me cogió de la camisa quitándomela con suavidad dejando mi torso desnudo y me deje caer sobre sus pechos notando su calidos pezones que tenia erectos, me beso con mas fuerza esta vez clavando sus uñas en mi espalda, estábamos muy excitados los dos y nuestra respiración iba en aumento calentando nuestros cuerpos y sudando a la vez.

Entonces me puse de pie sin apartar la mirada de su cuerpo y me quité el pantalón y los calzoncillos liberándome así de la presión que ejercía sobre mis genitales, quedé desnudo frente a ella y tocándome el pene le dije que me apetecía comerle el chocho que todavía no había visto de cerca y eso me excitaba mucho, en ese momento abrió sus piernas lentamente hasta que pude contemplar aquella maravilla que pedía ser lamida hasta la saciedad.La volví hacia mi y levantándole las piernas colocándolas sobre la mesilla centro que tenia entre los sofás me coloqué entre sus piernas de rodillas y comencé a darle pequeños besos en las ingles, muslos, ombligo y todo alrededor de su chocho sin tocarlo, notaba su excitación y su olor que llegaba hasta mi cada vez que levantaba su pelvis como queriendo que llegara al punto de encuentro que yo hacia demorar con mucho esfuerzo.

Teniendo mis labios cerca de su vagina y viendo como se abría cada vez que respiraba profundamente, besé en el centro de su excitación notando lo húmeda que estaba y pasando mi lengua entre sus labios menores degusté su sabor y su olor penetraba en mi como un manjar dispuesto a ser engullido, hundí mi lengua en su interior buscando el clítoris para darle el mayor placer que tanto deseaba, lamiéndola, besándola y mordisqueando su clítoris metí un dedo en su vagina notando lo mojada que estaba, metía y sacaba el dedo al mismo tiempo que se la chupaba toda mezclando mi saliva con sus jugos que cada vez eran mas abundantes y se convulsionaba cada vez mas hasta que alcanzo el orgasmo que noté por sus grititos de placer y sus piernas apretándolas sobre mi cabeza.

Se quedó un poco relajada y temblorosa, yo mientras tanto me quedé mirando como su vagina mojada se dilataba y contraía, acerqué mi boca a la suya besándola con pasión y presionando mi pene sobre su monte de venus para que notaré como me había puesto esa situación, me cogio del pene mientras la besaba y suavemente me lo acariciaba de arriba abajo, su mano resbalaba sobre mi pene que se encontraba muy mojado y deseando que llegar al final, me pidió que me levantara, y poniéndome de pie delante de ella comenzó a acariciarlo muy despacio mirándola con mucha atención como si fuera la primera vez que veía una, le pregunté si le gustaba, me dijo que le atraía como se ponía gorda y roja cuando la tocaba que pocas veces había tenido ocasión de tenerla tan cerca cuando estaba así de dura, me comentó que su marido se corría enseguida y no le daba tiempo a verla en ese estado, yo estaba encantado con la situación pero deseaba algo mas, le pedí que me la chupara y sin mediar palabra se la metió en la boca lentamente chupándola con avidez mientras me masajeaba los testículos.

Aquel momento era sublime y me encontraba en la gloria viendo como la lamía con ternura mientras me miraba a los ojos, aquellos ojos verdes tan bonitos que me excitaban cada vez mas, no podía resistir mas tiempo por temor a correrme en su boca y no poder penetrarla a continuación, así que le pedí que parara un momento y me fui a la habitación a por un preservativo, ella se levanto y me siguió entrando conmigo, mientras yo buscaba el condón ella se tumbo en la cama boca abajo, me puse detrás de ella mientras me lo colocaba y me tumbé encima buscando su culito con mi pene, enseguida note ese calor típico cuando penetras en un chocho caliente, con ritmo lento y continuo y cada vez mas rápido empecé a menearme mientras ella iba subiendo el culo con cada embestida que le propinaba.

Así estuvimos un ratito, pues yo no quería correrme tan pronto y alargar lo máximo ese momento, le di la vuelta sin sacarla quedándose abierta delante de mi viendo sus pechos y su sonrisa preciosa como pidiéndome mas, mas y mas.No me hice de rogar y continué sobre ella penetrándola con furia y con golpes cada vez mas bruscos, noté que se ponía colorada y entre grititos me decía, “ ahorra ahora, ya,ya”, fue entonces cuando me di cuenta que se corría y yo no pudiendo resistir la excitación me corrí al mismo tiempo que ella.

Nos quedamos un rato tumbados en la cama abrazados con las piernas entrelazadas mientras nos besábamos en la boca, estábamos extenuados de tanto ajetreo y la excitación que habíamos sentido los dos, nos levantamos y fuimos a la ducha sin pensarlo, teníamos calor y las gotas de sudor resbalaban por nuestros cuerpos, nos duchamos juntos, frotándonos el uno al otro, contemplé su desnudez por última vez cuando la sequé con la toalla, me quedé con su imagen para siempre.

Salí de la ducha para coger sus ropas que estaban en la lavadora secadora y se las di para que se vistiera, mirándola como lo hacía pude observar que no tenía muchas ganas de marcharse, se vistió y cogiendo el coche la acompañé de nuevo al Parking del super, no me olvidé de darle 50€ por lo menos, ella me miró cogiendo el dinero y me dijo que lo necesitaba pero que si no fuera así no lo aceptaría después de haber disfrutado tanto conmigo.

Nos dimos un beso largo en la boca y salió del coche mirándome y sonriendo al mismo tiempo, no dejo de pensar en ella después de ese día, he vuelto al mismo lugar y hasta la fecha no la he vuelto a ver, no cesaré en mi empeño en volver a verla, si ocurre ya os lo contaré.