Veronica, la amiga de mi esposa

octubre 21st, 2011

Asumo la culpa, o a lo sumo la culpa fue de los dos, o mejor dicho de los tres, pero quiero contar esta historia desde el principio.
Mi nombre es Luis y soy casado desde hace algunos años, mi esposa se llama Sara y la verdad es que nuestro matrimonio no es mejor ni peor que la media de las parejas normales. Hemos tenido nuestros encuentros y desencuentros, pero quizá la rutina, el trabajo y el afán de mejorar un poco nuestra situación económica, nos ha llevado a que últimamente no estemos pasando nuestro mejor momento. Es por eso que Sara trabaja casi todo el día, y yo tengo un taller en mi casa, por lo que nuestros horarios a menudo no coinciden para nada.
Verónica es la mejor amiga de mi esposa, tiene nuestra edad y es soltera, es muy abierta a la amistad y divertida, pero si hay que nombrar un defecto es que es muy temerosa, por lo que generalmente si hay que cambiar una lamparita o arreglar una usina nuclear, siempre nos llama para que le demos una mano.
Ese día yo estaba medio al pedo, por lo que cuando recibí la llamada de Sara no puse demasiados reparos
-hola Luis, me llamó Vero, te necesitaba urgente- dijo riendo Sara
- ¿Qué le pasó?- me pregunté cual sería ahora la necesidad de nuestra amiga,
-Le ocurrió la terrible calamidad de que el lavarropas no anda, y ella parecía a punto de suicidarse.- dijo manteniendo la risa, y a la vez con un poco de culpa
-bueno, ya voy en un rato- dije yo, quizá demostrando un poco más de pesar del que sentía realmente.
Quise preguntarle a mi esposa como estaba pasando la mañana, pero ella no me dio tiempo, pues cortó de inmediato.
Debo admitir que me gustaba ir a la casa de Vero, ella siempre fue el complemento de Sara, cuando mi mujer no está de humor, seguro que Vero la apaña y la contiene. Y eso hizo que yo con el tiempo fuera incorporándola a mi vida. Pero lo más significativo fue cuando yo me dí cuenta un par de veces que me miraba distinto. Y lejos de disgustarme yo también empecé a verla de otra forma. En vez de venir con ropa de entrecasa, comenzó a vestirse más sexy, el cambio fue lento pero significativo. Ella aducía que le gustaba un vecino nuestro y que quería verse bien.
Realmente al principio me molestó y sentí un poco de celos de nuestro vecino. Quizá no eran celos, sino la incertidumbre de que o era yo o era el vecino. Hasta que ese día me saqué las dudas.
Cuando llegué a la casa de Vero por el asunto del lavarropas, no me sorprendió verla con ropa de gimnasia, ahí me di cuenta de que realmente me gustaba su cuerpo. Sus Calzas obviamente ajustadas y la remera blanca que dejaba traslucir apenas sus pechos sin corpiño, me volvieron loco.
-hola Luis- me dijo con una sonrisa muy sexy
-hola Vero, ¿que está pasando?- dije yo que no podía quitarle los ojos de las tetas aunque tratara de disimular
-el lavarropas no enciende, y te necesito – me dijo mientras entrábamos a la casa.
Ese “te necesito” resonó en mi mente como un grito, y la verdad que estuve a punto de girarme hacia ella, pero a duras penas pude contenerme
-¿me necesitas?- dije yo tratando de disfrazar un poco un poco la situación con una risa.
-para el lavarropas, tonto- exclamó mientras me daba una suave palmada en la espalda y volvía a reir.
Llegamos hasta el lavadero, me paré delante del aparato.
-bueno, vamos a ver este bebé- dije yo haciéndome el hombre superado
Realmente no encendía, por lo que me volqué sobre el lavarropas tratando de llegar hasta la parte posterior, donde se encuentra el fusible. No pude dejar de advertir que Vero se volcó hacia delante, como tratando de mirar hacia donde yo trataba de llegar, en esa posición y por el escote de su remera no pude dejar de mirarle las hermosas tetas con pezones y todo.
-¿te gustan?- me preguntó de repente
Yo me quedé petrificado, sorprendido infraganti no pude reaccionar
-perdoname, no pude dejar de mirar – dije yo paralizado y con un poco con vergüenza.
Ella se quedó mirándome fijo, sin cambiar de posición. Allí vino nuestro primer beso, en una de las posiciones más incomodas que pueden existir, ambos volcados hacia la parte trasera del lavarropas, el beso fue breve pero tremendamente cargado de dulzura y deseo. Nos enderezamos y yo la abracé
-perdoname, no pude dejar de besarte- le dije riendo por la repetición que acababa de cometer.
Ella no me contestó con palabras, me ofreció nuevamente sus labios y yo me sumergí en ellos, recuerdo como le acaricié la nuca mientras nos dábamos un beso extremadamente largo y pasional. Así trenzados comenzamos a caminar a ciegas, llegamos hasta un largo sofá, donde ella se recostó, yo maquinalmente le saqué la remera, ella quedó con sus bellas tetas al aire, yo como si fuera un niño frente a un juguete nuevo me quedé largos instantes observándola, mientras yo me sacaba los pantalones.
-no me respondiste si te gustan- me dijo sonriendo
-me encantan- contesté casi sin voz
Suavemente me abalancé sobre ella, mi lengua comenzó a jugar con sus pezones, sus manos fueron directo a mi nuca, acariciándome con ternura y pasión. Cada tanto yo le acariciaba las tetas y volvía a besarla, nuestros labios se unían fuertemente.
-es una locura- me dijo
-no me importa- respondí
-Tu…esposa es mi mejor amiga- agregó
-no me importa- repetí
Me desprendió la camisa, nos pusimos de pié y yo comencé a bajarle la calza y sin querer tomé a la vez su tanga, dejándola de un solo movimiento completamente desnuda. Ella me miró directo a los ojos. La tomé de una mano
-date una vueltita para mí- le rogué
Ella accedió, poniéndose de espaldas y moviendo su culo sólo para mí
-sos una diosa- le dije mientras la atraje hacia mí, mis manos se posaron en su vientre, para apoyarla contra mi verga, que estaba dura como nunca.
-mm, que durita que está- me dijo
Nuevamente se giró, y poniéndose de frente a mí, me miró fijo mientras sonreía, comenzó a agacharse, me dio un beso en el pecho mientras sus manos volaron hacia mi verga, que como un animal que reconoce inmediatamente a su dueña, se puso más dura aún.
-como deseo esa verga- dijo mientras ahora el beso se depositaba en la punta de mi pija
Yo le acariciaba la nuca, continué recorriendo su espalda mientras ella ya se introducía mi verga completamente en la boca, llegué con mis manos hasta su cintura, luego mientras observaba su bello culo desde mi perspectiva, lo acaricié delicadamente, pues realmente me parecía mentira lo que me estaba sucediendo.
Ella se enderezó, interrumpiendo mi esplendorosa visión, me dio un leve empujón y me hizo sentar en el sofá, luego ella se colocó entre mis piernas y se fue arrodillando muy lentamente mientras sus manos me acariciaban distintas partes del cuerpo.
-¿te dije que quiero tu verga?- me preguntó
-si- le dije entregándome
-¿Y qué quiero tu leche?- sus manos me acariciaban los testículos
-si- repetí
No voy a olvidar el instante en que comenzó a sentarse sobre mí y de frente, y como en el preciso instante en que mi pija hizo contacto con su clítoris, ella lanzó un gemido celestial mientras su cabeza se echó hacia atrás, mis manos volaron hacia sus nalgas y ella inició un lento movimiento cargado de gemidos. Mi dedo índice encontró la pequeña rugosidad de su ano, y una caricia fue como si le hubiera clavado mil pijas, ella abrió enormes sus ojos, para luego adoptar un gesto suplicante
-no me sueltes más – me rogó mientras comenzaba a aumentar su ritmo
-te la voy a dejar adentro hasta el fin del mundo- dije yo
Ahora, sus ojos cerrados con fuerza acentuaban su gesto suplicante, y su voz entrecortada por quejidos era como el canto de las sirenas que me hechizaba cada vez más.
-si…cojeme…así- decía mientras sus manos se apoyaban en mis hombros
Yo jadeaba como un perro tratando de contener el tropel que sentía con mi proximidad a acabar.
-si amor, dame así- decía ella casi en un grito
Sus uñas se clavaron en mi piel, el dolor que me produjo, fue el complemento perfecto para que mi semen explotara en su interior, mientras jadeaba desesperadamente indicando su orgasmo, lentamente bajamos el ritmo hasta quedar inmóviles, aún con mi verga en su vagina. Se volcó hacia mi hombro mientras me daba pequeños besos a lo largo del cuello.
-¿Qué vamos a hacer?- me preguntó ella con dulzura
-coger como locos- le dije arrancándole una risa
-de verdad te pregunto- ahora me tomó el rostro y me miraba a los ojos
La proximidad de su boca, hizo que no pudiera resistirme a darle un largo beso, que sumado a sus tetas que se apoyaban contra mi pecho, hicieron que mi verga volviera a recuperar la dureza todavía dentro de su vagina.
-¡epa!, el muchachito todavía quiere jugar- dijo ella riendo
En el instante en que ella comenzaba a moverse, no se que fuerza del destino hizo que sonara mi teléfono celular. Era Sara, mi esposa. El salto que dí fue como si la tuviera frente a mí.
-hola Sarita- dije tratando de disimular
-¿Cómo va todo?- me preguntó
-estoy tratando de sacar un fusible, parece que está quemado- yo trataba de agregar un poco de tranquilidad a mi voz.
-mirá, yo calculo que en quince minutos ando por allá- me dijo muy tranquilamente
-bueno, te espero- le dije yo mientras cortaba la comunicación
Vero vio mi cara de desesperación
-¿Qué pasa?- su rostro demostraba alarma
-en quince minutos está acá- le dije como si nuestras vidas dependieran de ello.
Ahora recuerdo divertido como me vestí apresuradamente, mientras trataba de caminar hacia el lavarropas, tropezando con mis pantalones aún por la mitad, buscaba mi camisa y mi calzado y trataba de prenderme el cinturón. En cambio Vero divertida y totalmente desnuda, recogió su ropa tranquilamente y se fue caminando lentamente hacia su dormitorio.
Apareció con un pantalón de jean, una remera amplia y unas pantuflas, justo en el instante en que yo lograba sacar el maldito fusible y a la vez sonaba el timbre de calle.
Cuando Sara entró, fue directo hacia mí, yo exhibía el fusible en mi mano como si fuera una enorme espada.
-este es el hijo de puta- dije yo exagerando el triunfo como si hubiera construido las Cataratas del Iguazú con mis manos.
-eso no está quemado- me dijo mi esposa
Me quedé petrificado mirando al frente, lentamente fuí girando mi vista, realmente no lo había mirado, por lo que sentí que había quedado al descubierto absolutamente toda la verdad.
Con alivio ví que realmente estaba chamuscado, y recordé que mi esposa no entendía absolutamente nada de electricidad, por lo que hubiera dado lo mismo si el estúpido fusible estaba quemado o no. Busqué las llaves de mi auto rápidamente
-Voy a comprar uno- dije yo tratando de escapar hacia la calle.
Así terminó lo que fue el encuentro con la Amiga de mi esposa.
Ustedes se preguntarán si se repitieron, pues eso se los cuento otro día.

Mi segunda relacion sexual

octubre 21st, 2011

En esta ocacion contare de mi segunda vez que a diferencia de la primera fue mas placentera y mas genial. Bueno todo enpeso con un dia normal como cualquiera donde me levanto me doy un baño y me preparo para el colegio unas medias blancas que hacen un juego perfecto con mi tanga del mismo color, unos jeans ajustados y una camisa blanca es mi vestimenta para ir a un dia genial aun sin saberlo. Tomo el colectivo al centro siento como mi culo atree la mirada de los muchos tipos que asisten a su trabajo muy temprano debo confesar que es la parte de mi cuerpo que mas atree a los hombres y es un honor portar ese culo con orgullo como lo hago yo.llego a la escuela que por cierto solo estoy 2 horas diarias ya que me rateo siempre, es una clase normal si pregunta solo un profesor algo guapo pero no del todo ya que es un poco canoso y eso lo hace ver mas viejo de lo que es, suena el ansiado timbre de salida todos salimos al recreo cuando escucho decir : -ana espera un momento. Se que se avecinan problemas ya que en mis ultimos examenes no me fue del todo bien, regreso al escritorio del profesor y noto en el una mirada mas lujuriosa que normal, me dice que en mis ultimos 2 examenes eh tenido un promedio de 5.4 y que ya que ese es mi resultado final deberia repetir el curso que dura aproximadamente 6 meses a lo que solo digo “y no se puede hacer nada profe” el me vuelve a mira y noto como su bulto empieza a crecer solo digo dentro de mi “todo sea por evitar un regaño” el responde que pasaria si tomo un curso personal o hago un trabajo para entregar y asi ganar puntos extras a lo que decido la segunda opcion. El pregunta de que me gustaria exponer a lo que respondo que no se que lo que el me indique esta bien.se queda pensando un momento y responde: ¿qué tal sexo? La verdad me sorprendio `porque la carrera que hacia no exije ninguna materia de biologia o alguna otra materia referente al sexo a lo que le respondi esta bien asi lo lo voya hacer. Me disponia a salir cuando el profesor me detiene y me comenta que si quiero el me puede indicar como hacer mi resumen , la verdad me extraño todo eso porque ya era demasiado obvio lo que el buscaba para pasarme asi que me voltee pense unos segundos y tomando aire regrese a mi posicion de frente y dije Que quiere con tal de pasarme y no se enteren en mi casa solo eso basto para que se me lanzara en un beso profundo y largo sentia como su lengua recorria lo largo de mi boca como en busca de algo la verdad eso me prendio y pues si queria pasar y evitar una regañada de aquellas tendria que hacerlo lo bese apasionadamente el me separo y me dijo espera deja cerrar la puerta asi lo hizo como sabia que tendriamos poco tiempo en el trayecto de la puerta a su escritorio donde yo aguardaba se despojo de su camisa y desabrocho su pantalon, llego a mi me beso mientras sus manos jugaban y buscaban mis grandes Tetas y un pezon rosadito que a los hombres les encanta me quito mi remera dejando solo el corpiño me desabrocho el pantalon mientras salian de su boca frases como: Ahora si mi anita vas a ver lo que es un hombre de verdad, Te voy a dar verga hasta que ya no aguantes esas palabras me excitaron a mas no poder y me abalance sobre su entre pierna besando todo lo que se interponia entre mi manjar y mi boca el dijo asi baja a mi pene y cometelo todo asi mami al llegar al pantalon ya desabrochado lo baje dejandolo solo en boxers y con una ereccion tremenda, de un solo golpe la meto a mi boca no tarda mucho en tomarme de los pelos y hacer que me la meta casi hasta tocar mi garganta siento ahogarme pero el no entiende un no como respuesta asi se la pasa un buen rato hasta que se viene en mi, debore cada gota que salio de ese pene caliente y humedo, el despues de eso pense que habia terminado mi experiencia con mi profesor porque ya habian pasado mas de 30 minutos y yo tendria que estar ya de camino a mi casa le comente que si podriamos continuar despues a lo que el respondio, no pendeja aca vas a hacer mia y te aguantas todo esto cuando bajaba mi pantalon y mi Tanga en un movimiento rapido y presiso me ordeno date la vuelta te quiero penetrar desde atrás a lo que accedi sin mas explicaciones el metio un dedo por mi vagina unas dos o tres veces despues de eso eran 2 y 3 consecutivamente los dedos que estaban dentro de mi vagina el me pidio que me sujetara fuerte de su escritorio ya que iba a recibir toda su verga en mi, la apunto a la entrada de mi vagina y sin mas aviso la clavo toda sentia como si me partiera en dos poco a poco sus arremetidas arrancaban de mis labios unos gemidos de dolor aaaaaahhhhh me duele es enorme ooohhh ya no soporto porfavor profe el solo responde callate nena esto es ser realmente una mujer, aaaahhhhhhh ooooohhhhhhhhhh mas de sus ensartadas en mi no muy bien lubricada vagina es un dolor feroz pero tengo que compraserlo en lo que pida si no me iria mal en casa.luego Terminamos y volvi a mi casa.

Mi novia, mi cuñada y yo

octubre 21st, 2011

A cuento de “un amigo”, escribí este relato real, sucedido hace un tiempo.

Mi nombre es Juan, aún no me puedo dormir, miro el resultado de lo sucedido y no lo puedo creer, es más, me parece ser la víctima pero no estoy seguro de ello, pero para que entiendan voy a comenzar desde el principio.
Hace un tiempo que estoy con Vanina, ella es de ojos verdes, buenas tetas naturales, grandes y paradas, boca de labios gruesos y cola redonda y la verdad es que el sexo entre nosotros es bastante bueno. Tiene una hermana que se llama Verónica, ella es de ojos claros, rubia, boca de labios finos, tetas grandecitas y cola chiquita pero redonda. A pesar de tener rasgos distintos se nota que son hermanas.
Esa noche yo noté varias veces miradas pícaras en mi cuñada, si hasta caminaba distinto, parecía que movía su culito para mí. En una ocasión yo estaba apoyado en la mesa, casi sentado sobre la tabla, mirando como ambas hermanas cocinaban, y no voy anegar que les miraba el culo a la par comparándolos, cuando mi novia se concentró no sé en que comida, mi cuñada pasó por delante de mí, y haciéndose la distraída me apoyó el culo en mi pija, mi erección fue instantánea, yo me quedé congelado, sorprendido, y más aún cuando ella miró directamente hacia mi pija, sus ojos se abrieron también de sorpresa aunque fingidamente, pero a diferencia de mí, su boca esbozó una pícara sonrisa que a mí me pareció muy sexy. Mi novia no se dio por enterada, pero yo como para sacarme un poco la culpa por lo sucedido acaricié suavemente el culo de Vanina.
-Juan, está mi hermana- dijo Vanina dando un pequeño saltito.
Verónica rió sonoramente el comentario de mi novia, y como Vanina siguió con su tarea Vero disimuladamente estiró su mano hacia atrás hasta agarrarme la verga. Esta vez el que dio el salto fui yo, que con la mirada increpé a mi cuñada, ella me miró de reojo y levantó sus hombros en un gesto que a mí me pareció de lo más caliente. Decidí por el bien de mi pareja que era momento de retirarme de la cocina y ponerme a ver TV.
Llevaba unos minutos recostado en el sillón, tratando de olvidar lo sucedido, pues debo confesar que me había puesto bastante nervioso, cuando ambas aparecieron con la cena.
Durante la comida y tal como en una mala película cómica Vero me tocaba con sus pies por debajo de la mesa mientras conversaba con su hermana, y yo al borde de un ataque de nervios estaba completamente mudo.
-Juan, ¿Qué te pasa que estás tan callado?- me preguntó mi novia
-nada amor, estoy un poco cansado, pero nada más- dije yo tratando de zafar
-¿viste?, te dije que estaba un poco viejito- dijo Vero desafiándome y haciendo que ellas estallaran en risas cómplices.
-no te metás con mi novio- dijo Vanina mientras fingía empujar a su hermana
Mientras ellas jugaban yo inmediatamente me las imaginé a ambas en una lucha en el barro, en tanga, y nuevamente se me paró la verga.
Las dos se habían puesto de pié y reían graciosamente mientras fingían una pelea cuerpo a cuerpo, Verónica le dio un suave pellizco su hermana en uno de los pezones, y Vanina en un rápido movimiento le dio una fuerte palmada en la cola, lo que provocó que ésta le desprendiera los broches de la camisa de un tirón, ocasionando que Vanina quedara con sus bellas tetas al descubierto. Totalmente reaccionaria, ésta tomó a su hermana de ambos brazos, la inmovilizó y le levantó la remera hasta el cuello, lo que hizo que yo por primera vez viera las hermosas tetas de mi cuñada, eran un poco más pequeñas que las de mi novia.
-¡chicas!- atiné a decir solamente yo totalmente estupefacto.
Ambas se detuvieron, me miraron a la vez. Vanina advirtió que mi verga estaba totalmente erecta y se evidenciaba a través de mi pantalón.
-¿te calientan las tetas de mi hermana?- me dijo en falso tono de reprensión
-no…es que…yo- realmente no supe que contestar
Vanina comenzó a acariciar suavemente las tetas de Verónica, colocó uno de los pezones entre sus dedos y lo pellizcó levemente, a su vez Vero deslizó una de sus manos por debajo de la falda de Vanina hasta la vagina, ambas habían adoptado gestos y poses de estrellas porno y exageraban un poco al mirarme.
-¿a vos te calienta mi novio?- preguntó mi novia a su hermana
-mm, no sé, tendría que probarlo- dijo pícaramente Verónica
Ambas se acercaron a mí, Vanina me desprendió el pantalón que cayó rápidamente al piso, mientras ella terminaba de bajarme la ropa interior, lo que hizo que yo en un instante me encontrara con la verga evidentemente dura, erecta y al descubierto.
-la tenés más hinchada que de costumbre- me dijo Vanina, mientras Vero me miraba fijamente a los ojos.
-¿no tenés ganas Vero?- continuó diciendo mi novia a su hermana
Yo no entendía nada, allí estaba con ambas hermanas arrodilladas delante mío y lo que era más increíble, mi novia invitaba a su hermana a ponerse mi verga en la boca. Verónica muy lentamente abrió sus labios y se fue acercando hasta mi pija mientras Vanina me la sostenía con una de sus manos, ya que con la otra me hacía suaves cosquillas en los testículos, finalmente vero comenzó a chupar, cerró sus ojos como para concentrarse en el sabor de mi miembro, mientras Vanina nos miraba alternativamente a ambos.
-¿me convidás?- dijo Vanina a Vero riendo
Ambas se colocaron a cada lado de mi pija, a la vez iban y venían con sus bocas desde la base hasta la cabeza de verga, y a veces entrelazaban sus labios en unos besos muy calientes. Vanina me hizo el gesto de que me recostara en el piso, donde la gruesa alfombra nos hizo de suave cama.
-te estás portando muy mal, me vas a tener que convencer de que no te abandone- me dijo mientras se terminaba de desnudar, yo pensé que iba a sentar arriba de mi verga, pero en cambio, colocó su vagina sobre mi boca, yo como enloquecido comencé a pasarle la lengua en la zona del clítoris, olvidándome momentáneamente de Verónica, pero el olvido no fue prolongado, pues de pronto sentí como Vero se colocaba encima de mi pija, y apoyando sus manos en mi vientre comenzaba a sentarse muy despacito. Sentí como mi verga se abría paso a través de su vagina, y como ambas comenzaban a gemir a la par, yo no podía parar de gozar y debo aceptar que a pesar de mi “buen rinde” como amante, no pude aguantar por mucho tiempo, pues Vero que parece que también estaba hambrienta de “carne” comenzó a gemir más profusamente que su hermana, sus movimientos se hicieron más rápidos, y sus gemidos se convirtieron en los quejidos mas dulces que escuché en mi vida, clavó sus uñas en mi panza en el momento en que el orgasmo la hacía temblar y mientras su hermana la volvía a besar dulcemente.
Siempre necesito unos minutos para recuperar fuerzas luego de mi primera acabada, pero esa noche mi verga permaneció intacta en su dureza, por lo que apenas hubo acabado, Verónica se hizo a un lado y Vanina ocupó su lugar, ahora con mi cara “liberada” pude ver como Vanina se sentaba sobre mí, y mientras comenzaba a moverse sus tetas seguían el ritmo de su cuerpo, dando leves bamboleos por el movimiento. Vero ahora comenzó a besarme en la boca y yo con mi mano comencé a acariciarle el culo, lo sentía suave y firme al tacto, y su lengua tremendamente movediza recorría mi boca entrelazándose con la mía. No se cuanto tiempo estuvimos así, pero de pronto comencé a sentir los dulces gemidos de Vanina que indicaba que estaba gozando como loca.
-¿vos nos querías tener a las dos?, acá estamos – decía Vanina sin dejar de gemir
Llevó una de sus manos hacia mis huevos, y mientras no dejaba de moverse, comenzó a apretarlos suavemente, eso me vuelve loco, y mientras Vero colocaba una de sus tetas en mi boca, acabé salvajemente ya por segunda vez.
-te has portado bien, dijo Vanina, ahora te vamos a cumplir una fantasía que se vos tenés-
Ambas se pusieron en posición de perrito, dejando sus culos a mi vista. Yo estaba como loco, y mi verga no me iba en saga, esa noche parecía de piedra y yo sentía que podría acabar mil veces más. Me puse de pie, miré detenidamente para grabar esa gloriosa imagen, y para mi deleite ambas hermanas comenzaron a besarse, yo lentamente me aproximé a Vanina, puse mi verga contra su vagina, procuré que se lubricara con sus propios “jugos” y luego la apoyé contra su ano, Vanina se quejó suavemente, incrementando sus quejidos a medida que yo empujaba, Vero con sus manos mantenía abiertas las nalgas de su hermana y ahora me besaba a mí. Embestí furiosamente contra el culo de mi novia, sintiendo como sus apretado agujerito hacía cierta presión en torno a mi pija, ella una vez más comenzó a temblar,
-dame así, dame duro, partime por favor – decía Vanina prácticamente fuera de sí
Mis manos se apretaron en torno a su cintura cuando ella emitió un largo gemido indicando que estaba acabando por segunda vez.
Verónica se puso nuevamente en cuatro, esperando su turno, debo confesar que yo ya estaba bastante agotado, pero no podía dejar pasar la oportunidad de hacerle la cola a Vero, por lo que sin pausa me coloqué ante su hermoso culo, intenté empujar suavemente, pero el estrecho culo ofrecía resistencia
-despacito que no lo hecho nunca- me dijo Vero
Cubrí con mi saliva mi pija, y reemprendí la embestida, esta vez entré más fácilmente, arrancando en ella verdaderos quejidos de dolor, mezclados con gemidos de placer. Fui más paciente, moviéndome lentamente, incrementando mis movimientos por instantes, para luego volver a la suavidad.
-me vas a volver loca, dijo Vero mientras rápidamente comenzaba a evidenciar su segundo orgasmo, a la vez que yo también comenzaba a acabar por tercera vez. Me moví unos instantes más hasta que los tres caímos rendidos al piso.
Ambas hermanas se quedaron dormidas, yo acá estoy con una a cada lado mío, abrazadas ambas a mí, mientras yo miro el techo totalmente incrédulo por lo que acaba de suceder.

Jesica – El campamento final

octubre 21st, 2011

Los cuentos del Doctor Morbo

Oscar, el marido de Jesica había aprovechado unos minutos libres que disponía y se sentó en un café, quería pensar, pues a pesar de que todo parecía en orden, no concebía que las dos veces que había aparecido José, tanto n el campamento como en la fiesta se hubiera quedado dormido tan pronto y sin que él recordara haber tomado demasiado. Estaba concentrado pensando cuando advirtió la sombra de alguien que estaba parado a su lado…
En otra parte de la ciudad, más precisamente en su casa, Jesica estaba sorprendida de ella misma, no se sabía “tan puta”, pues había gozado demasiado en esa gran orgía, pero a pesar de su sorpresa, apenas recordó lo de la noche anterior, comenzó a excitarse nuevamente. Recordó esa gran pija sobre la que se sentó, o cuando la alzaron entre dos tipos para que el mismo pijudo la cogiera y sintió el mismo calor en sus entrañas. Se tentó de masturbarse, pero se contuvo, debía recuperar su compostura, tenía que terminar con esta historia. El sonido de su propio celular la sobresaltó.
-hola putita- José hablaba desde el otro extremo de la línea
Pensó en cortar, en insultar, en rebelarse, pero no pudo
-hola José- se limitó a aceptar las palabras de “su dueño”
-demasiado cortante para haber gozado tanto anoche- ahora él sonaba risueño
-no seas así, no me gusta que me humillen- dijo ella angustiada
-mmm, creo que anoche te excitó bastante, pero bueno, en fin. Te necesito esta noche- El tono imperativo de José no admitía negativa
-¿esta noche?, pero ¿Cómo hago?, sabés que no puedo faltar de mi casa- exclamó acentuando la angustia
-no se, inventate alguna excusa, de todas formas tu marido no llega hasta las ocho, vos a las diez estás desocupada-
-supongo que no tengo alternativa- dijo ella
-no, a las cinco de la tarde te paso a buscar- ordenó él
-¿Cómo me visto?- preguntó ella
-no te preocupes, yo te llevo la ropa- exclamó con un tono de poca paciencia
-¿Cuándo me vas a liberar de esto?- preguntó Jesica, pero él ya había cortado.

Mientras tanto en el café donde Oscar se encontraba
-¿estás seguro?- dijo sorprendido Oscar
-completamente, es todo tal cual le cuento- dijo su compañero de mesa
-¿y que hacemos?- la pregunta de Oscar sonó un poco fuerte de tono
-ya lo tengo todo preparado- dijo el interlocutor

A las cinco en punto, Jésica estaba nerviosa, y apenas sonó el timbre de calle, ella abrió impaciente
-¿Cuándo va a terminar esto?- preguntó impaciente ella
-primero saludame- exclamó secamente José
-hola José, ¿Cómo estás?- ella exageraba la amabilidad
Él no respondió, en cambio le pasó una bolsa con la ropa que el quería que ella usara. Jesica miró el contenido
-¿no pretenderás que use esto?- preguntó ella entre asustada y sorprendida
José la miró en silencio, su mirada fue tan dura que ella no se atrevió a oponerse más, y desapareció rumbo a su dormitorio.
En breves minutos volvió a aparecer, traía una corta remera negra, una minifalda de jean muy pequeña, por lo que por debajo asomaban sus hermosos glúteos y por arriba de la cintura asomaban dos delgados hilos de una tanga colaless. Unas medias de red y unos tacos altos completaban su vestimenta. El pelo suelto enmarcaba su rostro contraído de furia.
-¡esto es para las putas!- dijo ella con el enojo a flor de labios
-Estás preciosa, me recalentás así vestida- dijo ahora sonriendo José
Inmediatamente el gesto adusto se trastocó en una tímida sonrisa en el rostro de Jesica.
-sos un cabrón- dijo ella intentando abrazarlo
-vas a venir conmigo- ordenó él
Ella no se opuso en lo más mínimo, sabía que era inútil, y que él terminaba haciendo de ella lo que se le ocurriera.
El camino era totalmente conocido para ella, pues descubrió que se dirigían al mismo local de la fiesta anterior.
-¿te trae buenos recuerdos? – Dijo riendo José
-no…para nada- la risa en ella puso el tono cómplice que José esperaba
Ambos ingresaron en el local, que estaba completamente vacío, a excepción de una larga mesa en el centro, donde dos tipos de bastante más edad que Jesica esperaban pacientemente.
-buenas tardes muchachos- dijo José
-hola, estábamos esperando
-pasé a buscar el regalito- mientras hablaba, José pasó su mano por el hombro de Jesica
Los tipos estaban anonadados
-me los vas a tratar bien, ¿estamos?- ordenó José
Jesica se quedó paralizada, las libidinosas miradas de ambos tipos la perforaban
-por lo menos dejanos que la veamos- pidió uno de ellos
José se colocó detrás de Jesica, e imprevistamente le levantó la remera, dejándola con sus tetas sólo cubiertas por un diminuto corpiño.
-José, por favor- dijo ella sorprendida
José completó la tarea y le sacó la remera y en un rápido movimiento le desprendió el corpiño para liberar definitivamente los pechos. Instintivamente ella intentó cubrirse con ambas manos, pero José hábilmente le desprendió ahora la falda que cayó hasta el piso. Ambos visitantes estallaron en risas.
-¡que buena que está- dijo uno de ellos
José sin perder tiempo la hizo girar, dejándola con el culo apuntando hacia ambos tipos. Deslizó su mano por debajo de la tanga y las medias, hasta acariciarle las nalgas.
-José, basta por favor- rogó ella
Él buscó directamente el orificio anal, y con su dedo comenzó a hacer presión en él. Inmediatamente ella intentó impedírselo con su propia mano, pero José la inmovilizó con su mano desocupada mientras ella ahora intentaba apretar sus nalgas para impedirle sus deseos, pero él con más maña que fuerza, fue ingresando lentamente, y ella con sus ojos cerrados y esforzándose por no rendirse, dejó escapar el primer suspiro.
-uhh- un sonido de admiración escapó igualmente de ambos tipos a la vez.
-José, te suplico- dijo ella cayendo cada vez más en las redes de él
José comenzó a mover su dedo, las nalgas de Jesica fueron aflojándose a medida que las defensas de ella se rendían al poder de José
Ahora el dedo se movía rítmicamente, y como él notara que los brazos de ella no ejercían resistencia, él la soltó e inmediatamente ella se abrazó a él, gimiendo sonoramente para expresar el placer que ella sentía.
Jesica jamás había tenido un orgasmo puramente anal, y esa sensación la hizo perderse en un mar de gemidos y suaves quejidos, mientras ahora su boca buscaba afanosamente los labios de José, que a modo de consuelo la besó apasionadamente.
Ella se estremeció con fervor, abriendo ahora su boca para jadear afanosamente mientras gozaba de un poderoso orgasmo anal.
Aún temblando se desnudó completamente, y se arrodillo pues tenía muchas ganas de saborear la verga de José.
En ese instante la puerta de entrada tronó al ser abierta por la fuerza.
-Policía- gritó alguien poderosamente
Sobresaltada, Jesica descubrió entre los hombres armados a Oscar y a Marcos, e inmediatamente su cuerpo acusó el susto y casi se desmayó pesadamente sobre el suelo.
Cuando despertó, Jesica estaba en una camilla, junto a ella su esposo le tomaba la mano.
-¿Qué pasó?- dijo ella haciéndose la desentendida
-Marcos me contó lo que sucedía, que José usaba poderosas drogas en nosotros, a mí para dormirme y a vos para aprovecharse de vos- dijo Oscar apesadumbrado
Aprovechando lo de “poderosas drogas”, ella respondió
-estoy perdida…¿Dónde estamos?- la actuación de Jesica fue sumamente creíble
-descansá amor- le pidió Oscar mientras Jesica cerraba sus ojos.

Pasaron un par de horas, Jesica estaba “totalmente recuperada de los efectos de las drogas” y junto a Marcos esperaba en un pasillo que Oscar terminara de declarar ante un oficial.
-¿me podés explicar que pasó? Preguntó Jesica
-José me dejó a un lado de las fiestas, le gustaste y él decidió sacar provecho solo, entonces yo cambie un poco la historia y le conté a tu marido- dijo Marcos
-¿y lo de las drogas?, porque en mí no usó drogas y se van a da cuenta- dijo ella preocupada
-ja, hay un testigo que va a atestiguar, es un policía y estuvo en la fiesta.
Riendo Jesica giró su rostro para conocer a quien daría ese testimonio.
El delgado vergón, ahora vestido con el uniforme de policía, subió ambos hombros sonriendo.
-tendré que agradecerle muy bien- dijo Jesica mientras Marcos azorado se cubría el rostro con sus propias manos.
¿Cómo terminó la historia?, bueno José fue apresado apenas por unas semanas y salió libre por falta de méritos, pues a pesar del testigo nunca se encontraron “las poderosas drogas usadas en Jesica. Apenas volvió a la libertad decidió disculparse con Jesica y regularmente llevó adelante “amorosos encuentros con ella”.
Marcos, decidió cobrarse el favor de haber salvado a Jesica, y como premio obtuvo muchos “amorosos encuentros con ella”.
El delgado Vergon, que se llamaba Daniel, fue convenientemente recompensado por Jesica con estupendos “amorosos encuentros con ella”.
Mientras tanto, Oscar, apesadumbrado por lo vivido por su esposa comprendía que ya no hubieran tantos “amorosos encuentros con ella”.
FIN

Pendeja colegiala y albañiles

octubre 21st, 2011

Estaba saliendo del cole y estaba con la ropa de gimnasia, una chomba blanca y un pantalon celeste que me quedaba chico lo cual hacia que se me marque la cola. Caminando hacia mi casa veo un grupo de albañiles trabajando, y habia un chico que estaba re fuerte, y estaba en cuero y uff tenia unos abdominales… unos brazos, y si hay algo que me excita son los albañiles bien fornidos.
Cuando paso por al lado siento que me miran, y alcanzo a oir que uno me grita “mira la cola que tiene esa nena” y como soy muy culona es costumbre que en la calle me digan cosas asi.
Entro a mi casa y estaba algo excitada, luego de lo que me gritaron y de haber visto esos machos tan fuertes trabajando. Entro al baño abro la ducha y siento muchas ganas de tocarme toda, asi que me siento en el inodoro abro las piernas y comienzo a tocarme el clitoris, lo masajeo de forma muy excitada mientras que con la mano desocupada me tocaba los pechos y me imaginaba la pija gruesa que podrian tener esos hombres tan fuertes. Suspirando y gimiendo de placer tras masajearme la conchita finalmente llego al orgasmo, se me habian aflojado las piernas habia sentido un placer enorme tras acabar.
Salgo desnuda del baño y empiezo a buscar la ropa para cambiarme, me pongo una tanga blanca que se me mete adentro de la cola y una calza gris apretadisima para que se me marque bien el culo. Siempre me gusta salir provocativa, me encanta cuando los hombres me miran atras y se babean por mi colita.

salgo a la vereda y me quedo viendo como trabajan. De repente uno de ellos se me acerca y me pongo nerviosa sin saber que iba a hacer, pero el buen hombre solo me pedia agua, queria que le llene la botella de agua, y como soy muy solidaria les traje un bidon de agua potable y se lo di. El señor albañil que masomenos tenia unos 35 años muy agradecido me responde: “muchas gracias nena”. Le pregunto que obra estaban haciendo y responde que estan arreglando el pavimento.
Estaba muy caliente y con la conchita mojada, necesitaba una buena pija parada y durita dentro de mi concha, asi que en un acto de inconciencia y calentura le digo que pase si queria mas agua y el hombre no se nego, lo hago pasar a mi casa ya que mis papas hasta la noche no llegaban y cuando entramos le digo que hacia mucho calor, el hombre tenia unos 34 años, y si hay algo que me hace excitar son hombres muchos mayores que yo. Estaba decidida a cojer con el, y que me meta con fuerza su tremenda pija.

Sin vueltas y ya siendo obvias mis intenciones el tipo me dice que linda que soy, y me empieza a tocar, me manosea el culo y agitado por la excitacion me dice “mi amor que colita tenes”. Me baja la calza y la tanga y me apoya contra la pared, siento como su pija gruesa y caliente me la refriega por la cola y me la mete por el agujerito pero sin penetrar, frotandomela. Que pedazo de pija pensaba por dentro, me va a doler mucho si me la mete por el culo. En un juego previo el hombre me habre la cola y me la empieza a chupar, le daba mucho morbo eso al parecer, y a mi me encantaba sentir como su humeda lengua se metia por dentro del agujero de la cola, hacia que mi conchita se me humedeciera mas.

Ya con la pija toda dura me coje de parado sosteniendo mis pechos, me la daba con fuerza estaba muy caliente el albañil, no paraba de decirme “mi amor que pedazo de culo tenes”. Sientiendo un orgasmo detras de otro dejo que el señor meta su pedazo enorme en mi cola, pero a penas le entraba la cabeza, asi que se pajeaba mientras tenia el glande dentro del culo.

Luego de media hora intensa de cojer le chupo la pija y uf parecia que le iba a dar un infarto, seguramente no podia creer que se este cojiendo a una pendeja colegiala, asi que con mucho pasion le chupo la verga, estaba muy rica y grandota, le daba muchos besos en la cabezita mientras lo pajeaba, hasta que finalmente le empieza a salir la lechita.. y uff le salia cantidad de leche que me daba sed y para tomarmela toda.

Hermanas enfiestadas

octubre 21st, 2011

Necesitaba salir, distraerme, y por eso acepté la invitación de mi hermana para ir a cenar.
A mi hijo (mayor de 18 años) no le gustó nada, estaba cada vez peor, me celaba todo el tiempo, quería saber adónde iba, con quién, a qué hora iba a volver…
-Mirá cómo vas vestida, parece que salís de levante -me reprochó.
-Soy tu madre, no tu amante -le recordé.
Debo hablar un poco de mi hermana. Hemos tenido una extraña relación de amor odio a lo largo de nuestras vidas. Ella es dos años menor que y bastante distinta a mí. Mucho más activa sexualmente, y mucho más precoz. Yo me casé joven pero virgen, para entonces ella ya había pasado por varias camas.
Somos muy amigas, no tenemos secretos, nos contamos todo. Ella es insegura, y competitiva conmigo. Lo peor que me hizo fue acostarse con mi ex marido cuando estábamos casados. Ni siquiera estoy segura de que lo haya hecho por gusto, creo que lo hizo para demostrarle a él que ella coje mejor que yo.
Para entonces mi ex marido ya se había revelado como un verdadero cerdo. Cuando le reproché que se haya acostado con mi hermana me contestó cínicamente:
-Todo hombre tiene dos fantasías: cojerse a una madre y a su hija, y cojerse a dos hermanas. Quedate tranquila, tu vieja se va a salvar.
Estuve años sin hablarme con mi hermana por ese motivo. Discutimos muy fuerte, nos tratamos mutuamente de puta, pero el tiempo cura las heridas. Cuando me divorcié, y por cierto que mi divorcio fue muy traumático, ella estuvo a mi lado. Desde entonces volvimos a ser como antes, amigas y confidentes.
Ahora está divorciada también, no tiene problemas de dinero ni para conseguir hombres. Para lo que tiene problemas es para que le duren. Quiere una relación duradera pero los tipos sólo la buscan para tener sexo. Y mi hermana establece vínculos con ellos a través del sexo, convencida de que si los complace en todo no la abandonarán, lo cual para mí es un error.
Mi hermana me llevó a un restaurante exclusivo. Durante la cena charlamos de todo y nos reímos bastante. El malbec que tomamos contribuyó a entonarnos, salimos del restaurante un poco mareadas. Mi hermana, incorregible, hasta coqueteó con el mozo. Tiene con qué, es muy atractiva, y esa noche llevaba un vestido corto que le quedaba muy bien.
Decidimos ir al boliche y allí nos encontramos por casualidad con un antiguo novio que ella había tenido en la secundaria. Estaba en compañía de un amigo, y nos pusimos a bailar los cuatro.
Era tan evidente que mi hermana estaba interesada en él que se lo dije disimuladamente al oído.
-Pará un poco, parecés regalada.
-No sabés cómo me gustaba cuando era pendeja. Y todavía está re bueno -me contestó.
Seguimos bailando, y en determinado momento me dí cuenta que la había perdido de vista.
-¿Adónde se fue mi hermana? -le pregunté al tipo que estaba bailando conmigo.
-Se fue con mi amigo, pero no te preocupes, ahora vuelven.
El tipo con el que yo estaba no me interesaba particularmente y yo no estaba en plan de levante, pero era buena onda y me divertía bailando con él.
En efecto mi hermana reapareció al rato con dos tragos y una gran sonrisa. Estaba decididamente borracha. Me pasó uno de los vasos, me tomó de la mano y fuimos hasta unos asientos.
-¿Qué pasa? -le pregunté.
Ella no podía parar de reír. Logró recomponerse un poco, pegó su boca a mi oído y me dijo:
-Se la comí toda en el baño.
Al principio no entendí pero enseguida me dí cuenta. Tenía aliento a alcohol y a semen.
Cuando ella descubrió, por la expresión de mi rostro, que yo había entendido, tuvo una risita infantil.
-Boluda, me siento una colegiala -gritó.
-Estás re loca -reí.
-Este tipo fue novio mío pero éramos muy chicos, nunca pasó nada. Y fijate qué casualidad, a los dos nos había quedado esa fantasía desde aquella época.
-Y bueno… felicitaciones por la fantasía cumplida.
Brindamos, y ella me dijo:
-Le regalé mi bombacha.
-¿Qué hiciste qué?
Abrió ligeramente las piernas para que pudiera ver bajo su falda.
-Boluda, estás en concha -exclamé.
Largó otra carcajada.
-Por otra fantasía cumplida -gritó y volvimos a brindar.
En eso aparecieron su ex novio y el amigo.
-¿Vamos a tomar la última copa a mi casa? -propuso el tipo.
Yo no tenía muchas ganas pero mi hermana me insistió tanto que acepté.
Al salir del boliche, el aire fresco de la madrugada me golpeó. Ahí cobré consciencia de que yo había tomado mucho también. En realidad los cuatro estábamos bastante borrachos, nos reíamos de cualquier cosa.
Mi hermana y su ex novio se sentaron en la parte de atrás del auto. El tipo que estaba conmigo era el que menos había bebido así que se encargó de manejar, yo ocupé el asiento del acompñante a su lado.
Fuimos escuchando música y charlando. De pronto él miró por el espejo retrovisor y me comentó:
-Estos dos siguen recuperando el tiempo perdido.
Giré la vista hacia atrás. Mi hermana le estaba haciendo otra mamada a su ex novio.
No supe qué decir. Las cosas estaban tomando un rumbo que me inquietaba.
El tipo manejaba y miraba alternativamente por el retrovisor y me miraba a mí, atento a mi reacción. También espiaba sin disimulo mi escote. El aire frío había endurecido mis pezones, que se marcaban en la tela del vestido.
Descaradamente se acomodó el bulto en el pantalón.
-Imposible permanecer indiferente con el espectáculo que están dando ahí atrás, ¿no? -dijo.
La verdad era que mi hermana estaba para cualquier cosa, nunca antes la había visto lanzada así. Y como obviamente una no es de madera, yo también me estaba contagiando su excitación.
Llegamos a la casa, bajamos del auto, y nadie encontraba las llaves para abrir la puerta. Mi hermana estaba con el vestido subido, colgada del cuello de su ex novio, que tenía la pija afuera del pantalón y le manoseaba el culo. Todos reíamos, por la borrachera, los nervios y la excitación.
Las llaves aparecieron y pudimos entrar. Ellos se fueron directamente a la habitación, yo me quedé con el otro tipo que se dedicó a preparar unos tragos.
Mi hermana es bastante escandalosa cuando tiene sexo. Al rato escuchamos sus gritos.
-Así… así hijo de puta… cojeme toda… así… ahhh… qué bien me la ponés…
Yo me quedé en el living. La situación me ponía un tanto incómoda.
El tipo me ofreció un trago con una sonrisa.
-Parece que somos testigos de una reconciliación -dijo divertido.
Nos sentamos en un sillón del living. Los gritos de mi hermana me estaban enloqueciendo. La conozco, hacía tanto escándalo para demostrarme cuánto podía gozar, qué tan buena era en la cama.
Sentí envidia. Me moría de ganas de estar en su lugar, porque el tipo me gustaba mucho a mí también. En cambio su amigo no me resultaba atractivo.
-¿Vos sos distinta a tu hermana, no? -me preguntó.
-Sí, somos distintas.
-Está a la vista. Vos sos más hermosa.
Me sonó un poco cursi, y eso me desmotivaba.
Él en cambio estaba muy caliente. Me dio un beso, y metió una mano entre mis muslos.
-¿Podríamos imitarlos, no? -dijo.
Yo lo dejé hacer. Mientras a mi hermana se la cojían en la habitación, a mí me cojió en el sillón. Fue un polvo corto, sin sacarnos la ropa y bastante insatisfactorio para mí porque el tipo acabó muy rápido.
En eso mi hermana apareció en el living, completamente desnuda, sólo llevaba puestos sus zapatos de taco alto. Tenía el rostro desencajado, las tetas transpiradas, la parte interna de los muslos empapada.
-Necesito un trago -dijo, y tomó mi vaso.
Me quedé de una pieza. He visto desnuda a mi hermana antes, pero nunca en medio de un acto sexual. Y ella tampoco me ha visto a mí en las condiciones en las que yo estaba con la falda levantada y la concha llena de semen.
No sé si ella registró el espectáculo que estaba dando. Bebió de mi vaso con avidez. El tipo a mi lado la comía con los ojos.
Que paradoja, pensé. A este tipo le gusta mi hermana, y a mí me gusta el tipo que está con mi hermana.
El ex novio no tardó en aparecer, también desnudo y con una espléndida erección.
-¿Seguimos mi amor? -le dijo.
Ella tomó otro trago y le convidó.
-¿A vos te da para seguir? -lo desafió riendo.
-Por supuesto.
Se besaron.
Después él dijo dirigiéndose a nosotros:
-¿Quieren sumarse chicos?
Mi hermana le dio una palmadita en la pija.
-Sos puerquito eh.
-¿Por qué? Podemos pasarla bien los cuatro.
-Vos te querés cojer a mi hermana, puerquito.
El corazón se me saltaba del pecho. Jamás había pensado en la posibilidad de compartir la cama con mi hermana.
-Yo digo que la pasemos bien, nada más -rió el tipo.
Pero mi hermana estaba molesta. Eran típicos en ella los cambios súbitos de humor.
-¿Qué te pasa, no te alcanza conmigo? ¿Es porque no te quise dar el culo? Bueno, te lo doy. ¿Querés hacerme el culo? Vamos, a ver si me lo hacés bien -dijo de mal modo.
Era otra típica actitud de mi hermana. En el fondo es una mujer insegura, que no admite competencia, menos si la competencia era yo. Y que sólo sabe enganchar a los tipos por el sexo.
Veía venirse una tormenta, y decidí evitarla. Así que me puse de pie.
-Me voy -dije.
-No che, no es para que nadie se ponga mal -dijeron ellos.
-No, mejor me voy -insistí.
Para confirmar mis presunciones, mi hermana me abrazó y me susurró al oído:
-No me lo robes, por favor. No me robes a este tipo porque me gusta mucho.
-Quedate tranquila, me voy de verdad -le contesté.
Su ex novio se metió y dijo:
-Vamos, un beso entre las hermanas. Esta es una noche de reconciliación.
Más tranquila, mi hemana recuperó la sonrisa pero dijo “no, no, no”.
-¡Un beso, un beso, un beso! -cantaban ellos.
-No, no -repitió ella.
Me llamó la atención su negativa. Yo, en cambio, sí quería besarla.
Las mujeres en general no me atraen, pero mi hermana… verla desnuda, oliendo a sexo, recién cojida por el tipo que me gusta… y yo excitada y mal cojida… era demasiado.
Ellos seguían gritando “un beso, un beso”. Mi hermana me dijo:
-Dale, decíles vos que no, a ver si te hacen caso.
Pero yo, que he cruzado todos los límites, tenía otra idea.
-¿Y por qué no? -le pregunté.
Ella tuvo una reacción que no esperaba, se puso agresiva.
-¿Estás loca? Somos hermanas, trola de mierda.
Se produjo un silencio. Me empujó y se fue dando largos pasos hacia el baño.
-Cójanse los dos a esa trola si tanto les gusta -gritó.
Me dieron ganas de llorar. El ex novio me dijo:
-No le hagas caso, le pegó mal la bebida.
Yo estaba tan aturdida que no podía creer lo que había pasado.
Me acomodé el vestido y busqué mi cartera. El ex novio me detuvo.
-No, esperá, no te vayas, voy a hablar con ella.
-Es inútil -dije.
-Esto fue culpa mía, dejame que lo arregle.
Había algo en su mirada que he visto en otros hombres. Ese tipo tenía más ganas de enfiestarnos a mi hermana y a mí que de cualquier otra cosa en el mundo.
Y por supuesto, él había tomado nota de que yo había querido besar a mi hermana.
-No te vayas, dame un minuto -insistió.
Me dio un ligero beso en los labios y fue hasta el baño. Se paró en la puerta y empezó a hablarle para tratar de convencerla de que saliera.
Me quedé en el living junto al otro tipo, que también tenía la idea de la fiesta en la cabeza: se había quitado los pantalones. Su miembro, aun en erección, era pequeño. Con razón casi ni lo había sentido cuando me penetró.
-¿Por qué no te ponés cómoda vos también? -dijo.
Me pareció patético. Mi mente estaba puesta en mi hermana y su ex novio.
Fui también hasta el baño y me paré en la puerta.
-Qué difícil se puso tu hermana, no hay caso, no quiere salir -me dijo el ex novio.
-Dejala tranquila, ya se le va a pasar y va a salir sola.
El tipo bajó la voz:
-Haceme la gamba, dale, ayudame a convencerla.
Miró hacia el living, donde estaba su amigo, y con voz más baja aún me dijo:
-¿Si nos quedamos solos ustedes dos y yo será mejor? Le puedo decir a mi amigo que se vaya…
Confirmado, el tipo se moría por enfiestarse con nosotras. Yo le puse los pies sobre la tierra.
-No quiero desilusionarte, pero no creo que esta noche se dé lo que tenés en mente.
-No te vayas, haceme el aguante -me rogó.
-Otra vez será -insistí.
-¿Te puedo llamar? -me preguntó.
Yo golpeé la puerta y le dije a mi hermana:
-Ya podés salir, me estoy yendo.
Unos segundos después mi hermana abrió. Se notaba que había llorado.
Se abrazó a su ex novio y le dio un beso de lengua.
-¿Te la cojiste? -le preguntó, aludiendo obviamente a mí.
-No, no mi amor, para nada.
-Cojeme a mí nada más. Vamos a la cama, te doy el culo, te doy todo, haceme lo que quieras.
Fueron a la habitación. El otro tipo se ofreció a llevarme a casa. Cuando íbamos en el auto me tiró onda, me habló de lo caliente que estaba. Yo también estaba caliente pero no pensaba entregarme a él.
Entré sigilosamente a mi casa, pensando que mi hijo estaría durmiendo. Pero lo encontré en mi cama, desnudo, mirando una porno en la notebook. Ni se molestó en cubrirse.
-¿Cómo te fue? -me preguntó.
-Bien. Tu tía te manda saludos -contesté cansada.
Deliberadamente me desnudé delante de él, me metí en la cama y me puse de costado dándole la espalda como para dormir. Mi hijo cerró la compu y la dejó sobre la mesa de luz.
Cerré los ojos. Pensé que en ese mismo momento, a mi hermana se la estaban metiendo por el culo. Igual que a mí.

 

2da parte

 

 

Hipnotizando a mi hermana

octubre 21st, 2011

“Si noqueamos a alguien en sueños, significa que lograremos el triunfo sobre nuestros adversarios.”

Me encontraba sentado frente a mi computadora cuando mi hermana Valeria entró en mi habitación.

-Hola Rulo, que haces?

Valeria, mi hermana, es una verdadera hermosura. Tiene 21 años, mide 1.71 y posee unos pechos simplemente adorables.

Desde que tengo memoria, siempre me he imaginado follándola hasta el cansancio…

Quien hubiera dicho que mis deseos estaban por hacerse realidad!

En aquél entonces, la escuela había terminado su ciclo escolar y nos encontrábamos de vacaciones pero yo me había inscrito a un curso de hipnosis que siempre me había llamado mucho la atención. Y la verdad es que, dicho curso de hipnosis, podría decirse que me llamó la atención porque siempre creí que, sabiendo hipnotizar, podría follarme a cualquier chica que quisiera.

No me culpen, la verdad es que ya casi tenía 20 años y aún era virgen así que ya se imaginaran como traía las ganas de follar.

Y es que, si bien no me considero un chico feo, siempre he sido un chico bastante tímido y me cuesta mucho trabajo desenvolverme con las chicas. De hecho, creo que con la única mujer con la que puedo desenvolverme bien sin que se me trabe la lengua es con mi hermana.

De hecho, cuando mi hermana entro en la habitación, me encontraba buscando información acerca de cómo llevar a la cama a una mujer mediante la hipnosis.

-Estoy buscando una tarea en el ordenador…- le dije a Valeria.

-Que tarea?

Aunque en ese momento quise decirle a mi hermana: que te importa!. No lo hice…

-Es de un tema de hipnosis…

-Porque?

-Porque el profesor así no lo pidió… no tienes nada más que hacer Valeria?

-No, además me gusta mucho molestarte hermanito…- me miró fijamente y luego con una sonrisa malévola me dijo.- me puedes hipnotizar?

En ese momento sentí como la verga se me ponía dura nomás de imaginarme a mi hermana hipnotizada y bajo mis órdenes.

-No lo se…

-Que, es que acaso ese curso del que hablas no ha servido de nada Rulo? Acaso mis papás están tirando su dinero a la basura en un curso que tan solo es un fraude?

-Claro que no. La hipnosis funciona… yo mismo he sido testigo…- le dije ya un poco cabreado.

-Funciona ah? Entonces, porque no me hipnotizas?

-En verdad quieres intentarlo?- le dije dispuesto a hipnotizar a mi hermana aún cuando nunca antes había tenido la práctica y tan solo me había limitado a la teoría y a ser testigo de cómo mi profesor hipnotizaba a los voluntarios que se animaban a experimentar.

Mi hermana movió sus bellos ojitos de un lado para otro como siempre lo hace cuando esta pensando y me dijo:

-Mediante la hipnosis podrías hacer que yo hiciera cualquier cosa aún cuando no quiera?

-No, no puedes hacer que una persona haga algo en contra de su voluntad…- le mentí pues varias veces había visto a mi profesor controlar a las personas como se le daba la gana.

-Bueno, después de todo estoy tan aburrida que vale la pena intentarlo. Anda, hipnotízame!- Me dijo entusiasmada con la idea.

En ese momento decidí intentar hipnotizar a mi hermana de verdad.

-Siéntate en mi cama y observa detenidamente mi dedo. Lo comenzaré a mover y tú lo seguirás con la mirada entendido? Pronto comenzarás a sentirte relajada. Comenzarás a sentirte en un estado bastante agradable y relajado…

Moví mi dedo acercándolo a sus ojos y luego alejándolo lentamente, tratando de hacer lo que el profesor siempre nos había dicho como parte fundamental en la hipnosis: atraer la completa atención de quién hipnotizábamos y establecer una completa credibilidad.

Pronto tuve su completa atención y estaba a punto de establecer la credibilidad en el momento en que sus ojos comenzaran a cansarse.

Mientras tanto yo no paraba de repetirle: estas a punto de entrar en un estado de relajación total… cuando mi dedo se acerque a tu nariz sentirás tal cansancio que te será imposible mantener tus ojos abiertos. Una vez cerrados no deberás abrirlos nuevamente…

Al hacer lo que le decía ella cerró casi de golpe los ojos.

Habrá funcionado?- pensé sorprendido pues la verdad aunque quería que sucedieran, no esperaba muchos resultados. De inmediato proseguí.

-Te encuentras en un estado de relajación total. Tu cuerpo entero se siente relajado. Cuando te despierte te sentirás maravillosamente. Contaré hasta 3 y te despertaras pero cada vez que te pida que duermas, volverás al estado en el que te encuentras actualmente con el cuerpo completamente inerte. 1,2,…3!

Mi hermana abrió los ojos.

-Me hipnotizaste?- preguntó inmediatamente.

-Creo que si…- respondí aún teniendo mis dudas acerca de mis habilidades como hipnotizador.

-No te creo…- me dijo con una enorme sonrisa.

-Duerme Valeria…- le dije sin saber cual sería la reacción de mi hermana y en ese momento, mi hermana cerro sus ojos y cayó de espaldas en la cama.

No podía creerlo, estaba completamente hipnotizada!

-Como te sientes?- le pregunté queriendo gritar de la emoción.

-Muy relajada…-contestó ligeramente.

En ese momento sabía que tenía que poner a prueba su profundidad. Quería saber si mi hermana sería una sonámbulo y no recordaría lo que pasara cuando se iba en trance.

En ese momento vi lo que llevaba puesto, una blusa de botones…

-Cuando despiertes no recordaras haber sido hipnotizada y sentirás mucho calor. Tanto que desabrocharas tu blusa completamente pensando que yo no me he de dar cuenta de ello… 1,2…3.

Mi hermana abrió sus ojos y se sentó en la cama. Acto seguido se desabrochó todos los botones de su blusa. Después me miró y me dijo:

-Que calor siento Rulo… entonces que, me hipnotizaras?

-Duerme Valeria…

Nuevamente mi hermana se colapsó en la cama.

En las clases de hipnosis a las que había asistido me habían dicho que uno podía comunicarse perfectamente con la persona sin que esta recordara algo de la comunicación. Además de que se obtendrían respuestas completamente honestas.

-Valeria, eres virgen?

Sin moverse me respondió:

-No…

-Te gusta el sexo?

-Si, me encanta.

Estaba de pie, a escasos 2 metros de ella y con la verga más tiesa que nunca. El hecho de tener a mi hermana con la blusa desabotonada y tirada en mi cama me ponía tan caliente como nunca.

En ese momento decidí arriesgar el todo por el todo.

-Cuando despiertes estarás sumamente atraída sexualmente hacia mi persona. Te imaginarás haciendo el amor conmigo, imaginarás mi verga ancha y larga entrando y saliendo de tu ser y esto te hará sentir una excitación como nunca. No pensarás en mí como un hermano sino como un hombre con el que quieres coger. 1,2…- apenas podía pronunciar los números de lo excitado que estaba.- 3!

Mi hermana se sentó y abrió los ojos. Miró a su alrededor y luego a mí. En ese momento vi como su mirada se iba directamente hacia mi entre pierna.

-Rulo, creo que debemos olvidarnos de la hipnosis por ahora… me siento un poco rara.

Me senté a su lado y ella se acercó a mí.- Podía sentir sus caderas pegadas a mi cuerpo.- La envolví en mis brazos para ver que pasaba y ella se me repegó.

Luego la miré de frente y atrevidamente la besé en los labios. Ella me correspondió abriendo su boquita y dejando salir su juguetona lengüita.

-Recuéstate…- le ordené y mi hermana se tiró de espaldas en mi cama.

Pronto comencé a manosearle las tetas por debajo del brassier hasta que casi de un tirón se lo saque. Sus 2 senos brincaron libres y me quedé atónito. Vaya par de tetas!

Comencé a acariciárselas, eran las primeras tetas que acariciaba en mi vida. Eran suaves y duras a la vez, no tarde mucho en inclinarme a besarlas.

-Oohhhh… Ruloooo!! Hmmm…- mi hermana comenzó a gemir. Menos mal que mis padres no se encontraban en casa.

Sus pezones cada vez se ponían más duros. Sentí como si estuviera a punto de recibir lechita tibia. Me encantaban!

No estaba seguro de que hacer luego así que continué mamando su pezón durante mucho tiempo hasta que mi hermana, tomando una de mis manos, la llevo hasta su vagina.

Comencé a acariciársela por encima de los pantalones vaqueros que llevaba puestos. Luego, sin dejar de besarle las tetas, con trabajos se los bajé y acaricié su conchita por encima de su pantaleta. Estaba empapada!

Mi hermana comenzó a abrir mis pantalones y saco mi verga inmediatamente. Casi me desmayo. Miré el reloj de pared de mi alcoba, mamá no estaría en casa por lo menos en 1 hora más así que teníamos tiempo…

Mi hermana me acariciaba la verga como cuando yo me masturbaba. Sentí que acabaría en cualquier momento.

Sin decir nada, Valeria se agachó y beso la punta de mi verga.

-AAAHHHHHHHH…- Gemí al instante. Creí que estaba en el cielo pero apenas se la metió en la boca me comprobó que había mucho más placer por seguir.

No pude más y me vacié en su boca. Su boquita nunca paró de mamar.

Mi cuerpo temblaba, mejor dicho se convulsionaba intensamente. Nunca antes había sentido tanto placer.

Mi verga permaneció en su boca los siguientes 10 minutos. Flácida en un inicio pero poco a poco se fue poniendo dura ante las incesantes mamadas de mi hermana quien era toda una experta.

Mientras tanto yo ya le había sacado la pantaleta y le acariciaba los labios vaginales con un dedo.

-Métemela Rulo…- me dijo y acto seguido comenzó a subirse encima de mí.

-Y si quedas embarazada?- pregunté espantado.

-No estoy en mis días… anda métela!

Con una mano guío mi verga hasta la entrada de su vagina y una vez bien colocada se la ensartó de un bajón.

-AAAHHHHHHHHHHH…- Gemí con furia… mi hermana me había hecho hombre!

Su vagina era estrecha, calientita y estaba empapada.

Cabalgo como una diosa. Sus tetas subían y bajaban al ritmo en que mi verga entraba y salía de su conchita.

-AAAAHHH me vengo Rulo… que ricooo… HMMMMMM…- Gritó mi hermana acelerando su cabalgar y en ese momento solté los últimos chorros de leche que tenía acumulados en los huevos.

Permanecimos acostados durante varios minutos. Miré el reloj y me percaté de que mamá estaba a punto de llegar.

Mande a Valeria a su habitación sin tomarme el tiempo siquiera de deshipnotizarla y de inmediato escuche como mamá entraba en la casa.

-Hijos, ya llegue!!- gritaba al entrar.

Me arregle como pude y baje a recibirla.

-Traigo varias bolsas en la cajuela, me ayudas a bajarlas?

Me apresure a ayudarla. Salimos a la calle donde estaba estacionado el auto y en ese momento mamá tiró una bolsa donde traía fruta. Se agachó a recogerla y no pude evitar que mi mirada se fuera a posar en su cachondo culo. En ese momento llegó mi hermana y me pilló mirándole las nalgas a mamá. Me guiñó el ojo y cuando mamá entro en la casa me dijo:

-Te ayudo?

-Si, agarra las bolsas que pesan menos.- le dije.

Valeria se acerco a mí y en me susurró al oído:

-Ni lo pienses hipnotizador… tal vez conmigo haya funcionado pero con mamá no lo creo…- luego me besó en la mejilla y me dijo.- y asegúrate de dejar esas clases de hipnosis que no son más que una vil farsa. Mejor ahórrate el dinero y cómprame algo lindo eh? Después de todo tú y yo podemos seguir practicando la hipnosis cada vez que quieras…

Me beso en los labios y me dejo parado atónito…

Tal vez no sepa hipnotizar pero después de todo, gracias a la hipnosis conseguí lo que más añoraba, llevarme a mi hermana a la cama…

 

JJQUILMES

Compañera de oficina

octubre 21st, 2011

Desde que la conocí la deseé.

Estaba casada y tenía un hijo cuando la vi por primera vez. Al poco tiempo apareció embarazada y lo envidié al marido porque tenía la impresión de que cogían de vez en cuando y ésta había sido una de esas veces. Siempre me atrajo. Me calentaba verle sus esbeltas piernas cuando las cruzaba (cosa que hacía en forma frecuente dejando a veces ver su portaligas e incluso su bombacha). Siempre supuse que no lo hacía adrede pero mostrar mostraba. Solía usar blusas con transparencias y a través de ella se podían ver sus diminutos pero bien formados senos. Me calentaba de tal modo que se me paraba.

En los corrillos de la oficina se decía que se acostaba con uno de nuestros compañeros con quien ella tenía gran afinidad ya que su marido no la atendía cómo correspondía. Le empecé a tomar bronca a mi compañero. Nunca lo pude comprobar aunque mis dudas crecían día a día. Sobre todo cuando él se fue a otra empresa y la llamaba para verla y ella dejaba todo pendiente y corría a su encuentro. Se ausentaba por más de dos horas (¿un turno?) y hasta las secretarías sonreían y decían que cuando volvía había cambiado el carácter. Estaba más sonriente y no las trataba mal. Su mal humor desaparecía cuando salía con éste y cómo lo hacía seguido dejaron de llamarla “malco” (sobran las palabras).

Mis pretensiones eran tenerla entre mis brazos algún día pero nunca me daba pie para iniciar una conversación que derivara en ello. Era y es muy seria y ante cualquier intento de avance me paraba de inmediato con la mirada . No aceptaba palabras con doble intención y era y es esquiva a los besos que solemos darnos en la oficina cuando se cumplen años o se celebra algún acontecimiento o simplemente cuando uno sale o vuelve de vacaciones.

Era una mujer normal, no se podría decir que fuera una de esas hembras voluptuosas o espectaculares. Sin embargo había algo en ella que me atraía en forma especial. Nuestra relación de trabajo a lo largo de los años se fue transformando. Poco a poco empezó a gestarse una camaradería que acabó en una buena amistad. Incluso con mi esposa. Sobre todo luego de quedar viuda.

Buscábamos momentos del día para poder hablar de diferentes cosas de la vida y poco a poco entramos en conversaciones sobre nuestra vida personal y, cómo no, acabamos entrando en las conversaciones que rozaban temas de sexo. Por mi mente pasaban pensamientos de todo tipo pero ella siempre frenaba cualquier intento de aproximación. Cuando teníamos alguna reunión fuera de la oficina siempre nos ibamos juntos (en mi auto o en taxi) pero acompañados por una o dos personas a las que ella proponía llevar, así que la dejaba en su casa y con toda la bronca seguía repartiendo gente.

Lo que pasaba era que el compañero de quien hablé al principio y que suponíamos era su amante seguía dando vueltas por ahí y la llamaba muy seguido. Ella, disimuladamente siempre hablaba loas de él. Lo respetaba como profesional y como persona. Decía que era muy inteligente y se ponía nerviosa cuando hablaba de la esposa de él. De ahí mis sospechas.

Un día, de repente y cuando yo menos lo imaginaba me propuso ir a su casa a cenar, aclarándome que por cuestiones de trabajo sus hijos no se quedaban esa noche en la casa. La llamé a mi mujer poniéndole una excusa aceptable y le dije que sí. No me podía perder esta oportunidad. Nunca se me había presentado algo igual y empecé a ratonearme con ello.

Pasé el día muy nervioso. En la oficina casi no nos hablamos y viajamos por separado, llegando yo alrededor de una hora más tarde para darle tiempo a preparar todo. Aproveché tomarme una cerveza y comprarle una botella del whisky que le gusta tomar.

Cuando abrió la puerta de su casa quedé agradablemente sorprendido, nunca la había visto vestida de aquella manera. La encontré con un vestido estampado con flores que le quedaba muy bien. Tenía un escote generoso que dejaba adivinar el principio de sus pequeños pero bien proporcionados senos. Lucía sandalias con taco muy alto lo que le resaltaba aún más sus piernas.

La cena fue fantástica. Comimos, bebimos, hablamos de muchas cosas y nos contamos otras que en el trabajo no nos hubiéramos atrevido a decir. Al final -supongo que a causa del vino y de los whiskys que habíamos tomado- terminamos hablando de sexo. Fue en ese momento que pensé en lanzarme para ver cómo respondía.
Me levanté y me situé detrás suyo. Ella no dijo nada así que supuse que aceptaría mis intenciones. Lentamente apliqué un suave masaje en su hombros, que poco a poco fue descendiendo por su espalda. Me percaté que era algo que ella aceptaba de muy buena gana ya que poco a poco fue distendiendo sus músculos y se iba acomodando en la silla.

Cuando vi que aquello iba en serio comencé un suave besuqueo por su cuello y los lóbulos de las orejas. Poco a poco empezó a respirar de una forma que me indicaba que iba por buen camino. Mis manos pasaron de su espalda a sus costados y, siempre por encima de su vestido, acaricié sus menudos pechos, notando una creciente erección de sus pezones.

De repente sentí la mano de ella que subía por mis muslos hasta llegar a la entrepierna, donde una creciente excitación causada por las caricias mantenía mi miembro aprisionado en los pantalones. Poco a poco le fui sacando el vestido dejándola en ropa interior y pude observarle su cuerpo de piel blanca, tersa y suave.
Las caricias se hicieron más intensas y empezaron a recorrer toda su anatomía. Mis manos iban desde los pechos -ya le había sacado el corpiño- hasta su vientre y bajaban despaciosamente hasta acariciarle la rubia mata de su Monte de Venus, lo que le producía pequeños espasmos de placer.

Me interné en su entrepierna y noté una humedad que denotaba el estado de excitación al que estaba llegando. Paré unos instantes en su clítoris, notándolo hinchado y una pequeña caricia hizo que su cuerpo temblara de placer.

La di vuelta. Entre nosotros se había creado una atmósfera de placer y deseo que hacía tiempo no había notado. En esa posición ella aprovechó para desabrochar mis pantalones y dejar libre toda mi virilidad. Su s manos acariciaron mi verga produciéndome una sensación maravillosa.

El suave masaje recorría toda su longitud y se paraba breves momentos en mis testículos, consiguiendo que por mi espalda recorrieran pequeños espasmos eléctricos.

Al cabo de un momento de este suave vaivén se inclinó y aplicando sus labios sobre mi pene empezó una delicada mamada. Su lengua recorría mi virilidad mientras sus manos masajeaban mis testículos, no podía creer lo que me estaba sucediendo. Vivía una situación inexplicable.

El efecto de la acción fue instantáneo: mi pija se hinchó hasta límites insospechados y las sensaciones recorrían mi cuerpo, sintiendo cómo espasmos de placer empezaban en mi nuca y después de recorrer mi espalda llegaban hasta mi verga, que no paraba de ser atendida por los solícitos labios de ella.

Después de un instante la carga de esperma pugnaba por salir y, avisando de la circunstancia, asistí con estupor y placer a una más excitante succión que denotaba las ganas que tenía de beber mis jugos. No aguanté más y exploté en su boca. La leche rebosaba por sus labios, mientras me afanaba en evitar que no se escapara ninguna gota que con avidez relamía. Después de limpiar con la lengua toda la longitud de mi aparato y dejarlo reluciente se recostó en la mesa y reclamó mi atención, que inmediatamente fue puesta en práctica.
Todavía no la había liberado de su bombachita blanca, de encaje semitransparentes así que delicadamente se la fui sacando de a poco para que gozara más del momento. Tenía sus pezones erectos y desafiantes que rápidamente procedí a acariciar y lamer.

Mi lengua y mis manos sorbían y masajeaban sus carnes, haciendo que la excitación aumentara por momentos en ella. Después hundí mi cabeza en su entrepierna y noté que estaba toda humedecida. Los jugos se le escapaban de su interior y dejaban sus labios brillantes, labios que separé suavemente con mi lengua hasta dejar al descubierto el pequeño botón de su clítoris que se estremecía de placer en cada uno de mis lengüetazos.

Poco a poco, con suaves movimientos rotatorios de mi lengua, conseguí arrancar de su garganta suaves gemidos de placer que llenaban de sensualidad en lugar en que estábamos.

Mis caricias se prolongaron a lo largo de unos momentos, desplazándome de su concha hasta su ano en el cual estuve entretenido un tiempo. Los suaves gemidos se convirtieron en poco rato en grititos que intentaba ahogar mordiéndose el labio inferior. Sin embargo, mi trabajo obtuvo su premio y al cabo de unos instantes explotaba en un largo orgasmo que hizo que todo su cuerpo se arqueara sobre mí.

Después de unas contracciones se relajó y se abrazó fuerte, susurrándome en la oreja, mientras me besaba delicadamente, que quería ser penetrada por lo que la tomé por el culo y, levantándola en vilo, coloqué mi verga en su entrada embistiéndola de una sola estacada. Noté como todos sus músculos se ponían en tensión y proseguí mi tarea mientras ella se agarraba a mi espalda y me arañaba salvajemente demostrándome así el placer que sentía.

Cuando vislumbré que estaba a punto de llegar al climax me retiré y la tumbé sobre la mesa , dejando todo su culo a mi vista. Ella, intuyendo mis intenciones, se puso de rodillas y se acomodó para recibir mi pija sobre su negro orificio. Se lo besé para que estuviera más lubricado y suavemente fui entrando todos mis centímetros en su interior mientras ella susurraba palabras ininteligibles para mí. Cuando logré establecer en su interior mi pija, comencé un lento vaivén que nos llevó a los dos hasta límites insospechados de placer. Finalmente descargué mi leche dentro de ella y quedamos los dos tendidos uno encima del otro, agotados por la experiencia.
Poco a poco nos fuimos recuperando y después de unos momentos nos abrazamos durante largo rato y nos vestimos para despedirnos.

A la mañana siguiente en el trabajo no cruzamos ninguna mirada. La verdad es que tardamos varios días en volver a hablarnos. Sin embargo nuestra relación laboral ya se ha normalizado, aunque nunca más hemos hablado del tema, pero, en secreto, siempre deseo tener otra ocasión para poder volver a cenar con mi compañera ya que aún no me explico porqué después de tanto rechazo accedió a acostarse conmigo.

Jesica – El campamento Parte 3

octubre 21st, 2011

Los cuentos del Doctor Morbo

Jesica había olvidado completamente que José le había dicho que esa noche volvería para encontrarse con Oscar, su marido, por lo que cuando él llegó esa noche, ella se sorprendió, es más se asustó un poco.
Con el transcurrir de los minutos, ella se dio cuenta que en realidad José había ido de puro morboso. Desempeñaba un papel de tipo bonachón, y lo peor de todo era que Oscar lo creía.
-Quiero invitarlos a una fiesta mañana a la noche- dijo José
-hace mucho que no salimos, me gustaría ir- dijo Oscar mirando inocentemente a su esposa.
-no se si podamos, es día de semana, vos trabajás al otro día- Jesica intentaba desanimar a su marido.
-no importa, vamos igual- dijo Oscar mirando a José.
Luego de un rato en donde José se mostró divertido y hasta compinche con Oscar, se retiró no sin antes dejarles la dirección y la hora de la fiesta.
Al otro día Oscar se mostraba impaciente por ir de joda, por lo que a la hora señalada llegaban a un salón que se alquilaba para fiestas, era pequeño, pero bien adornado. Oscar se sorprendió al ver que habían no más de veinte personas, todas se veían muy animadas y muy pronto él se vio envuelto en el ambiente festivo, se saludó muy efusivamente con José. La cena fue agradable y ya Oscar se había hecho de algunos amigos, el problema era que a cada persona que se le acercaba se le ocurría hacer un brindis, y como alcohol no faltaba, ambos se encontraron con que muy temprano luego de la cena ya estaban levemente afectados por el alcohol. Luego de un rato, José apareció con tres copas de champagne, la primera se la dio a Jesica, obviamente la segunda se la entregó a Oscar y la tercera la tomó él.
-Quiero hacer un brindis por mis nuevos amigos- dijo José elevando su copa, a lo que toda la concurrencia se sumó.
Si bien Jesica desconfió un poco del contenido de la copa, no tuvo opción cuando José la miró a los ojos fijamente, y mansamente bebió el contenido al igual que su ignorante esposo.
A los cinco minutos, Oscar se encontraba en una silla, totalmente fuera de combate, casi dormido, con su barbilla apoyada en su propio pecho.
José se acercó a Jesica, la tomó de la mano
-Señores, les presento a mi nueva putita- exclamó en voz alta
Todos estallaron en aplausos, ignorando a Jesica que con una mano trataba de negar lo que José había dicho
Pero José ahora apoyó su mano en el culo de Jesica, y comenzó a acariciárselo delante de todos.
-José, por favor acá no- dijo ella en voz baja
-acá y donde a mi se me ocurra, tengo 50 fotos que puedo usar cuando quiera. ¿estamos?- José hacía alusión a las imágenes tomadas durante el campamento.
Jesica agachó la cabeza reconociendo su derrota.
Ahora José la tomó de la cintura, la estrechó a su lado y le dio un beso apasionado delante de todos. Ese acto hizo que ella una vez más sintiera la dominación que José ejercía sobre ella. Y le fue inevitable responder de la misma forma, luego él le tomó descaradamente una de las tetas y la apretó suavemente. Todos rieron a coro y ella se sintió humillada, y precisamente por eso, dentro suyo la excitación comenzaba a hacerse presente. José repitió el beso, pero esta vez la mano se deslizó por debajo de la larga camisa de Jesica. Los presentes estallaron en vítores y aplausos.
-José, por favor, acá no- repitió ella suavemente al oído.
-acá y donde se me ocurra- respondió él de igual modo
José le tomó una de las manos, y se la llevó a su verga, que ya acusaba una potente erección aún debajo de la ropa.
De pronto fue como si una invisible señal hubiera activado a los presentes, y se desató una oleada de besos y manoseos que fueron desparramándose por la estancia, formándose algunos tríos y hasta enredados cuartetos en torno al dormido e ignorante Oscar.
José ahora la tomó efusivamente, le sacó la camisa de forma casi violenta, luego se desprendió el pantalón, lo que provocó que su pija saltara como una potente palanca hacia delante. No hizo falta más que una seña, para que Jesica se arrodillara, totalmente dominada por la situación, solo atinó a abrir sus labios para que la dura verga entrara en su boca. Se sobresaltó cuando desde atrás una mano desconocida se apoyó en sus tetas. Dio un salto hacia atrás y miró a José.
-¿nunca estuviste en una orgía?- dijo José sonriendo
-no…nunca- mientras hablaba conservaba la pija en sus manos.
-Muchachos, hay que hacer un bautismo- José elevó la voz para que todos lo escucharan mientras hacía poner de pie a la sorprendida mujer.
Rápidamente la rodearon, alguien le desprendió el corpiño que no tardó en ser tirado a un costado, ella casi desesperada miró a su esposo, que continuaba impedido de toda acción. Sintió un tropel de manos que le manoseaban el cuerpo, mientras José se retiraba hacia un costado de la acción, deseoso de mirar, ella ahora lo siguió con la mirada. La falda de Jesica se encontraba totalmente subida sobre su cintura, de inmediato alguien la desprendió, e instantáneamente se la quitaron, obviamente que su tanga fue igualmente retirada y ella así rápidamente se encontró totalmente desnuda en medio de un grupo de desconocidos, La excitación la iba ganando, y cuando volvió a mirar a José y vio que éste sonriente aplaudía las acciones, sintió que los límites iban desapareciendo.
Se sorprendió cuando el chorro de una botella de champagne se derramó sobre su cuerpo desnudo, una boca se ocupó de lamer uno de sus pezones empapado en la bebida, ella atónita no pudo reaccionar, pues inmediatamente otra boca se ocupó de su teta restante, una mano se hundió entre sus nalgas e inmediatamente también comenzaron a manosearle la vagina. Se sintió abrumada pero sumamente excitada, pues incluso alguien la tomó del rostro y le comió la boca. Sus propias manos fueron a para a desconocidas vergas, que ella comenzó a masturbar. La mano en sus nalgas fue reemplazada por una dura pija que haciendo presión comenzó a bajar entre sus nalgas, cuando le rozó el ano, ella respondió con un movimiento hacia atrás, pero no pudo sostenerlo, pues rodeada como estaba, ya otro tipo se ocupaba de “jugar” con su clítoris.
Uno de los desconocidos la indicó que se arrodillara, lo que ella realizó sin pérdida de tiempo y se vio acorralada por 4 vergas que la “amenazaban” cada una más dura que la otra. Eligió una al azar, no importaba “su propietario”, abrió su boca y con la mano se la introdujo, comenzó a chupar con pasión, mientras ahora sus manos se ocupaban de dos más, el restante se masturbaba lentamente para no perder la erección, ella ahora reemplazó la primer verga por otra en su boca. Se descubrió tremendamente excitada por esta primer experiencia. Una a una fue ocupándose de las cuatro pijas que la apuntaban sin cesar, entre el movimiento, alcanzó a divisar a su esposo, todavía inmóvil, giró su rostro hacia el otro lado de la habitación y advirtió a José, que miraba atentamente lo que sucedía.
De pronto la hicieron poner de pie, un tipo de cada lado la elevaron del piso, sosteniendo sus piernas abiertas, ofreciendo como en un sacrificio pagano su vagina. En ese instante ella vio a uno que no había participado hasta el momento, un tipo joven, alto y delgado que exhibía una verga inmensa, era larga y gorda. El tipo se acercó a ella con su enorme miembro en la mano, sonreía malévolamente mientras los vítores volvían a escucharse. Apenas el tipo le apoyó la verga, ella sintió la inmensidad de la pija, un quejido poderoso se escapó de su boca, mientras las risas de los presentes la humillaban.
Esto elevó su placer, lo que hizo que jadeos intensos se sumaran a sus quejidos, sus brazos apoyados en los hombros de los dos que la sostenían se contrajeron, el tipo comenzó a embestir con violencia y ella creyó desfallecer, pues dos sensaciones antagonistas como el dolor y el placer la abrumaban. Su boca no lograba exclamar una sola palabra, y rápidamente su cuerpo comenzó a temblar, sus brazos se contrajeron aún más. Cuando el orgasmo comenzó a manifestarse, ella logró expresarse al fin.
-sii…si…dame duro…así- dijo entre quejidos
-¿mas duro todavía?- dijo alguien entre risas
El tipo dejó de penetrarla, alguien acomodó una colchoneta en el suelo, y el delgado desconocido se recostó en ella, Los tipos que sostenían a Jesica la bajaron y ella aún temblando por el poderoso orgasmo y sin pérdida de tiempo fue a acomodarse para cabalgarlo, ahora la verga se veía más imponente todavía, y ella lentamente fue absorbiendo la pija en su vagina, su cabeza se volcaba hacia atrás, mientras poderosas quejas se hacían sentir, en medio de esas acciones ella no sintió la saliva deslizarse por su culo, sólo cuando un dedo comenzó a lubricarla, ella se percató de lo que se avecinaba, se volcó hacia delante cuando la mano se posó en su espalda, y seguidamente su culo evidenció la presencia de una dura verga que pugnaba por penetrarla, debió apoyar sus manos en el suelo, y sus labios liberaron un poderoso grito cuando sintió las dos vergas ya en su interior, ella cabalgaba sobre el recostado, y a la vez el otro se movía detrás de ella. Ni en sus más oscuras fantasías había soñado con vivir algo así. Sus ojos no parecían capaces de contener tanto placer, y se cerraban en evidencia de una sensación única y poderosa totalmente desconocida para ella. Así estuvo durante un lapso de tiempo, pues el orgasmo volvió a abrumarla una y otra vez mientras los tipos se turnaban para penetrarla, esta vez el que estaba acostado comenzó a gruñir, indicando que estaba acabando, y el que la penetraba analmente siguió el mismo rumbo. Ambos tipos acabaron a la par, y ella terminó entregando su orgasmo por segunda vez, con jadeos y gemidos de una intensidad maravillosa.
Extasiada, satisfecha, y agotada quedó casi inmóvil sobre la colchoneta ya desocupada, los restantes tipos la volvieron a rodear mientras se masturbaban, no tardó en producirse sobre ella una lluvia de semen. Cuando ella parcialmente recuperada miró a su alrededor, advirtió que los presentes ahora la ignoraban, enredados entre todos producían un tumulto de cuerpos que daban y recibían placer a diestra y siniestra.
Se puso de pie cuando advirtió a José que se acercaba a ella con una toalla en la mano.
-Limpiate- dijo él riendo
-creo que nunca vas a olvidar lo que te hecho vivir- continuó él.
- me destruyeron- dijo ella extasiada
-Allí está el baño, andá date una ducha- ordenó José
Y ella nuevamente sin capacidad ni ganas de oponerse, una vez más hizo caso inmediatamente.

Jesica – El campamento Parte 2

octubre 21st, 2011

Los cuentos del Doctor Morbo

Habían pasado unos días desde el campamento y Jesica, no podía dejar de pensar en lo sucedido, y con mayor razón ahora en la ducha la invadían las imágenes que recordaba de esa noche, se recordó en cuatro en el suelo, siendo ferozmente penetrada por José. Casi sin darse cuenta, Jesica llevó una de sus manos a su clítoris, comenzó a masajearlo suavemente mientras con la otra se pellizcaba levemente uno de los pezones, el masaje se aceleró mientras ahora era el pecho completo lo que se tomaba con fuerza, debió apoyarse en la pared, mientras el agua de la ducha seguía derramándose sobre ella, se masturbó ferozmente y sintió el potente orgasmo en todo su cuerpo, sus piernas flaquearon y el gemido contenido indicó que había acabado. De pronto recordó las fotos que le tomaron, ¿para que querrían 50 fotos?. No había forma de saberlo. Luego de salir de la ducha se paró frente al espejo de su dormitorio, disfrutaba mucho de su tiempo sola en casa cuando su esposo se iba a trabajar, porque aprovechaba a permanecer desnuda completamente. Estaba contemplándose cuando comenzó a sonar su celular.
-hola princesa- reconoció inmediatamente la voz de José
Sintió pánico por ese llamado y debió sentarse en el borde de la cama.
-¿Qué querés?, ¿Cómo sabés mi número?- preguntó atemorizada
-lo saqué de tu teléfono cuando dormías, al igual que el de tu esposo- José sonaba tranquilo.
-decime que querés- dijo ella tratando de recomponerse
-verte- dijo José
-es imposible, sabés que soy casada- Jesica trataba de poner tranquilidad en su voz
-esa noche ya estabas casada- la risa contenida de José provocó en Jesica un poco de enojo
-sabés que no estaba en mis cabales- dijo ella mientras se potenciaba su enojo
-no me importa si estabas alcoholizada, drogada o hipnotizada, quiero verte- dijo José y cortó la comunicación
Jesica estaba abrumada por esta situación, Oscar no podía enterarse, por lo que trataría de convencerlos. Ahora fue el timbre de calle lo que la sacó de sus pensamientos, rápidamente se puso una remera y una minifalda sobre una pequeña tanga. Se sorprendió al ver a José esperando sin Marcos a la vista.
-no podés venir a mi casa- dijo Jesica apenas abrió
-¿Por qué no puedo?- José ingresó sin esperar que ella le permitiera hacerlo
-no te dije que pudieras entrar- dijo ella indignada
-esa noche, me dejaste entrar todas las veces que quise- dijo él sonriendo malévolamente
Jesica bajó su cabeza un poco avergonzada
-sos un hijo de puta, se aprovecharon de mí, yo no sabía lo que hacía- Jesica se sintió impotente ante los hechos
José tenía en sus manos una foto
-mirá, esta es la mejor- José le entregó la imagen
En ella se la veía en cuatro patas, acusaba un gran gozo con el rostro vuelto hacia quien la estaba penetrando, y de fondo se lo veía a Oscar, completamente dormido e ignorante de lo que estaba viviendo Jesica.
-¿Qué tengo que hacer?- dijo resignada
-bueno, veo que nos vamos entendiendo- dijo José exagerando sus gestos
-no me queda opción-
-bueno, por empezar, quiero que te saques la ropa- dijo él
-está por llegar Oscar- intento mentir ella
-no, Oscar está exactamente a 42 km. De acá, y vuelve a la noche- José tenía el dato exacto de Oscar.
-me lo encontré esta mañana accidentalmente, y me contó que iba hacia allá, quedamos en encontrarnos esta noche, acá en tu casa- él mantenía esa sonrisa malévola
Jesica bajó su cabeza, estaba vencida. Con pesadez se sacó la remera, sus hermosas tetas se revelaban como un premio ante José, sin ningún tipo de seducción se desprendió la minifalda que fue a parar al piso, sin que Jesica se molestara siquiera en acomodarla. Luego la tanga siguió el mismo camino
José se acercó hacia ella.
-no te me acerqués, por favor – rogó ella
-¿de que tenés miedo?, ¿de que pase algo que vos no quieras?- José la tomó suavemente por los brazos.
Jesica intentó alejarse hacia atrás, hasta que se detuvo contra la pared. José le besó el cuello suavemente. Jesica en un principio intentó impedírselo, pero él continuó con su tarea mientras se apoyaba contra ella, haciendo que su pecho se apretara contra las tetas de Jesica, quien a cada instante le era más difícil mantener su oposición. De pronto las manos de José le acariciaban los muslos, mientras ahora sus labios buscaban la boca de Jesica, ella abrumada se quedó inmóvil y cuando él la tomó de las nalgas para alzarla, ella se abrazó a él, entregándose a su dominador, se trepó y dejó que él la manejara a su antojo.
José, la mantenía en el aire, con sus manos sosteniéndola del culo y con la espalda contra la pared, y ella totalmente en poder de él, se limitó a gemir contenidamente
-dejame por favor- rogó ella
Pero lejos de obedecer, José, con su verga ya dura y dispuesta comenzó a penetrarla entre gemidos y jadeos de la ya indefensa Jesica que con fuerza se tomaba de José, y respondía a sus embates de manera apasionada.
-¿vos querías que me fuera?- preguntó él
-no…no…no- exclamó ella
-¿decime que te deje ahora- repreguntó él
-no…por favor…no- repitió ella
El primer orgasmo no demoró demasiado, y fue tremendo, ella se estrechó con fuerza, sintió como si una piedra al rojo vivo la perforara, y con un grito ahogado, le entregó el primer clímax de ese encuentro. José no se detuvo en lo más mínimo, y ante los jadeos de ella, el ritmo de sus movimientos fue enloquecedor para ella que temblaba de placer, mientras continuaba acabando para su dominador.
José individualizó la puerta del dormitorio de Jesica entreabierta, la alzó en sus brazos y la condujo hacia allá.
-En mi cama no…por favor- ella en vano intentaba oponerse a los deseos de José
Sin mediar palabra, José la depositó sobre el colchón, al borde de la cama, él se colocó entre las piernas de ella, y le sostuvo los brazos sobre su cabeza, contra la cama y comenzó a recorrerle las tetas con su lengua, ella rápidamente volvió a gemir
-me vas a volver loca, hijo de puta- dijo Jesica
Ahora con sus manos libres, ella acariciaba la cabeza de José, pero él comenzó a bajar entre los pechos y llegó hasta el ombligo, donde igualmente con su lengua le hizo unas suaves caricias. Ella dio unos respingos entre cosquillosas risas
José continuó su camino hacia la entrepierna de Jesica, que aceptó sin miramientos los deseos de José.
Cuando José llegó al clítoris, Jesica comenzó a gemir primero suavemente, pero a medida que él la rozaba con su lengua, ella incrementaba el volumen de sus expresiones.
Luego de unos minutos, en que José le prodigó caricias, y hasta suaves chupaditas, ella estaba en total éxtasis, por lo que cuando él se incorporó, ella lo miró sonriente
-¿ahora no te parece mala idea que te coja?- él la miraba fijamente a los ojos mientras apoyaba su pija en la ardiente vagina.
-no, me encanta la idea – dijo ella un poco avergonzada
Ella esperaba una suave penetración, pero en cambio fue tremendamente repentina, ella se quejó en voz alta.
-ayy, por favor….- la sensación fue muy poderosa
Él se volcó sobre ella y en nueva embestida la penetró con todo el largo de su verga. Jesica en respuesta elevó sus piernas y las entrelazó en la espalda de José, que alternaba sus movimientos, por momentos daba fuertes empujones, y por momentos lo hacía de forma lenta y suave hasta casi detenerse.
-Dale…dame con todo…más duro- exclamaba ella en esos instantes
Jesica sintió el poder que José ejercía sobre ella, su mirada fuerte, sus aires de superioridad, y de pronto una oleada de placer que nunca había vivido la cubrió. El orgasmo era increíble, a tal punto que por primera vez sus jadeos y gemidos de placer se mezclaron con algunos gritos que ella no pudo contener, mientras sus manos se aferraban con fuerza a las sábanas de su lecho conyugal.
-bueno, veo que la mujer amante de su marido ha quedado un poco lejos, ¿no?- preguntó José
Ella avergonzada no pudo sostenerle la mirada, pues sabía que él tenía toda la razón del mundo.
José comenzó a acomodarse las ropas, mientras caminaba hacia la puerta. Ella al llegar hasta su remera quiso vestirse.
-Jamás sin que yo te lo diga, comiences a vestirte- ordenó él
Ella iba a discutirlo, pero no se animó, y obedeció inmediatamente. Permaneció completamente desnuda. Él retomó el camino hacia la puerta
-¿no me darías un beso?- pidió ella
-¿vos te crees que sos mi novia?, el beso lo doy cuando yo quiera, ¿entendés?- el gesto de José serio
-Perdoname- la voz de Jesica fue casi inaudible.
José casi sin volver a mirarla, salió por la puerta, y Jesica totalmente perpleja y sorprendida por su propia debilidad ante él se dio cuenta de que cada vez sería más difícil salir de esta situación y que todas sus preguntas permanecían sin respuesta: ¿para que las fotos?, ¿por que a ella?.