Cuerpo a cuerpo

Me llamo Gemma. Conozco vuestra revista por uno de mis hijos que la lee todos los meses. A mi me la esconde pero a su hermana se la enseña para escandalizarla y hacerla rabiar. Ella acabo diciéndomelo y un día que el no estaba ojee sus revistas para intentar averiguar que podía gustarle de ellas. Leí la editorial del principio y el correo con las historias de los lectores. Algunas de las cosas de vuestra revista me dieron risa y otras me dieron asco. Sobre todo me impacto la violencia que lo empapaba todo. No la violencia física sino mental, el odio, la agresividad, el hacer daño a otro por placer. ¿No hay manera de irse a la cama con alguien sin chincharle? En una de vuestras revistas encontré una historia de un chico que había tenido una experiencia erótica peleándose con su profesora particular. Me llamo la atención porque mi primera experiencia fue parecida, una lucha divertida, sin odio ni rabia.

Estaba colada por aquel pedazo de tío bueno de Dani pero no me atrevía ni a abrir la boca cuando el estaba cerca. Yo era el típico patito feo, gafas, atlética, alta y muy marimandona. Solía imaginarme que saltaba sobre el y le arrancaba la ropa antes de hacerle el amor. Aquella fantasía me hacia arder. Luego pensaba: “¡Despierta atontada! ¿Como vas a violarlo si no te atreves ni a darle los buenos días?”.

Un día decidí ir a por todas, pero cuando llego el momento de la verdad me quede helada de nuevo. El me miraba mientras yo me moría de vergüenza. “¿Que, tu también estas puteada con la química, verdad?” me dijo. ¿La química? Oh. Claro, el examen del lunes. Le respondí: “No, que va. Lo malo es tener que estudiar el fin de semana” El sonrió y fue como un sol que me derritiera “Pues yo no tengo ni unos apuntes decentes.” Aquí fue donde vi el cielo abierto de par en par. “No te preocupes, te prestare los míos. Ven esta tarde a mi casa y te los daré”

Así encontré la excusa para traer la mosca a mi telaraña. Cuando Dani llego, le recibí vestida con unos pantalones cortos playeros y una blusa roja anudada. El abrió mucho los ojos pero no dijo nada y se comporto con formalidad. Charlamos un rato y yo hervía por dentro viendo que se marchaba y no sabia como abordarle. Entonces dijo: “¿que es esa chaqueta blanca?” “¿Eso?, naah! Es solo el kimono de mi judo de mi hermano” “Bah, el judo, valiente mariconada” “Oye, listo. El judo no es ninguna mariconada. A mi me zurraban mis hermanos hasta que me harte y aprendí para defenderme. Les empezó a dar tales palizas que se apuntaron los dos al mismo gimnasio para no estar todo el rato debajo mío en las peleas.” “¿Y por que peleabas con tus hermanos?” “Soy la mayor pero como soy chica dicen que mandan ellos. Siempre queremos ver programas distintos en la tele, cosas así, y tengo que recordarles a esos enanos quien es la jefa.”

“Bah, tus hermanos jugaban contigo. Si alguien te ataca más te vale correr”. Le agarre por el cuello y puse mi cara rozando la suya. “¿Tu me harías correr, nene?” El desafío le galvanizo y me beso. “¡Al fin!” pensé. Le di un sopapo y grite “¡Cerdo!” y le di un besazo monumental. El me devolvió el beso. Yo le abofetee otra vez. “Si me besas otra vez te araño”. “¡Pero si tu me has besado a mi!”. “Porque me da la gana. Aquí mando yo”. Y para subrayar mi autoridad le bese de nuevo. El intento besarme. Forcejeamos. Le pase el brazo por su sobaco y lo proyecte por encima de mi hombro. Cayo de espaldas al suelo y me tire en plancha sobre el. Me abrazo con fuerza y rodamos comiéndonos a besos. Le arranque de cuajo la camisa. Los botones salieron volando al ceder los hilos y la tela se desgarro y rompió. Hice lo mismo con su camiseta. Entonces el chico dulce y bien educado que conocía se esfumo y en su lugar surgió la fiera hambrienta que estaba buscando. Me destrozo la blusa y dejo mis pechos al descubierto. El botón que cerraba mis pantalones salió despedido hasta el techo. Intento hacer lo mismo con mis braguitas pero le luxe la muñeca y me senté encima de el. Apreté su cabeza contra mis braguitas hasta sentirme inundada de placer. ¡Por poco le asfixio!

Le quite el pantalón y el me dejo desnuda. Entonces desgarre sus calzoncillos. Nos abrazamos y sentí el calor de su cuerpo cuando sus brazos me rodearon. Nuestros labios se buscaban, nuestras lenguas se paladeaban, nuestras respiraciones se unieron en un solo aliento y nuestras manos exploraron territorios sin cartografiar. “Gemma, Gemma, eres única, eres increíble, eres una leona. Te adoro, te necesito, quiero fundirme en ti” Agarre su sexo duro y poderoso con las dos manos, acariciándolo para ponerle un preservativo. Entonces lo monté y yo misma me ensarte su virilidad hasta lo más hondo sentándome sobre el. Luego comencé a levantarme y a sentarme de nuevo mientras mis muslos se cerraban capturando su masculinidad en mi más íntimo interior, sintiendo su tacto duro y cálido avanzar centímetro a centímetro. Dani oprimió mis nalgas con sus vigorosas manos como si quisiera exprimirlas mientras las meneaba lentamente. Disfrute un orgasmo que me derritió de placer. Dani, que todavía no había eyaculado, se aprovecho de mi debilidad y me descabalgo.

Forcejeamos y el se puso encima. Yo no deseaba otra cosa que ser vencida y conquistada por aquel Apolo de mis sueños, pero era más divertido resistirme y verle sudar para conseguir sus propósitos. Luche con todas mis fuerzas y usando cada truco que sabia, limpio o sucio. Mis labios acariciaban su pecho mientras mis uñas le marcaban la espalda. Las yemas de mis dedos le cosquilleaban la ingle mientras mis dientes se hundían en su culo. Le tiraba salvajemente del pelo mientras le susurraba al oído frases abrasadoras de inaudita indecencia. Saboree su pene mientras le luxaba la muñeca. Dani me ataco haciéndome sentir el empuje de su hombría. Su musculatura masculina me doblego contra el suelo. Entonces avanzo entre mis piernas. Con los brazos abiertos nos agarrábamos de las manos tensando nuestros músculos en un duelo de fuerza. Gotas de sudor caían sobre mí. Mientras tanto martilleaba su culo con mis talones para clavarme más hondo su estaca deliciosa. Fue entonces cuando sucedió el milagro. Tal vez el esfuerzo y la tensión a la que estaba sometido cada musculo de mi cuerpo en aquel lujurioso combate actuó como un amplificador pero de repente explote en un orgasmo de magnitud cósmica que duraba sin apagarse. La sensación fue tan fuerte como si me electrocutaran con millones de voltios de placer; como si todo mi cuerpo fuera un clítoris gigantesco. Estuve a punto de desvanecerme.

Tras una tarde de placer tuve que esconder las ropas destrozadas y darle a Dani algo que le valiera. Lo difícil fue jugar al escondite con mi madre: “Gemma, ¿donde tienes la blusa roja, que voy a lavarla?” Cualquiera le decía que me la destrozo mi amante para sobarme las tetas mientras yo usaba mis puños para violarlo. ¿Os lo imagináis? El belorcio de mi hijo, que se cree muy listo, muy mayor, y me trata como si tuviera cuatrocientos años, no tiene ni idea de lo que es una verdadera juerga y se quedaría bizco si imaginara como se lo montan la cachonda de su madre y el sátiro de su padre cuando el y su hermana se van de excursión el fin de semana. Mi hija suele alabar mi forma física. ¡Cualquiera le dice cual es nuestra tabla de ejercicios! Y es que acaba siendo irritante que todo el mundo piense que los matrimonios veteranos no tiene vida sexual ¿Acaso no saben que el diablo sabe más por viejo que por diablo? Publica esta carta para que todos esos jovencitos presuntuosos se enteren de que aquí hay un par de cuarentones que saben jugar entre las sabanas.

Gemma. Burgos

Como me aficione a las peleas de tías

Por sexfight

Yo tenía 13 años y mis padres me habían enviado a estudiar música con una profesora particular. Yo odiaba todo eso del solfeo y el piano y lo demás pero mi madre tenía la manía de la cultura y me enviaron lo quisiera o no. Mi profesora era una señora mayor llamada doña Enriqueta y vivía en casa de su hija. Allí daba las clases y tenía varios alumnos. También tenía una nieta de 17 años llamada Begoña. No era fea del todo y tenía buenas tetas pero no era nada guapa y además estaba algo gorda. Ella odiaba la música y la tenía todo el día con las lecciones de su abuela. A ella no podía decirle nada así que la pagaba con nosotros. Como era mayor que la mayoría de los alumnos se divertía dándonos la lata. Doña Enriqueta recibía a los alumnos de uno en uno y mientras uno daba la clase el siguiente esperaba su turno.

Yo tenía mi turno justo a tiempo de terminar la clase, salir a todo correr a mi casa, que estaba cerca, y ver mi serie de televisión favorita que eran unos dibujos animados llamados ‘Vikie el vikingo’. Begoña lo sabía y jugaba a hacerme perder el tiempo a la salida. Su madre con frecuencia llegaba tarde de modo que con su abuela encerrada con el siguiente alumno, estábamos solos ella y yo, y ella era mayor, más alta y más pesada. Me mareaba un poco, teníamos algunos forcejeos y palabrotas hasta que me zafaba de ella o se aburría y me dejaba ir. Un día que iba retrasado y ella estaba más pelma que de costumbre me enfade de verdad y le dije que era una foca. Ella se picó, me dio un sopapo y me dijo que si volvía a decirle eso me daría una paliza. Bien. A mi, mis siempre me habían dicho que los hombres son los más fuertes y así se lo dije. En menos de un segundo estábamos por el suelo como perro y gata. Ella peleaba sucio, me mordía, me tiraba del pelo, pero yo también la tiraba del pelo y le daba con los pies y con los puños y ella hacia lo mismo y además me escupía y trataba de darme en la entrepierna. Al final se puso encima mío y como tenía mucho más peso me sujeto y me obligo a rendirme porque no pude sacármela de encima por mucho que lo intenté. Ella se rió de mi y me repetía en son de burla lo que yo le había dicho antes acerca de que los chicos son siempre más fuertes.

Al día siguiente al salir de mi lección de solfeo ella estaba allí esperándome de nuevo, plantada frente a la puerta y riéndose. Yo estaba hirviendo de vergüenza y sin pensármelo me tire sobre ella y luchamos en el recibidor, luchamos en el pasillo y terminamos luchando en su cuarto. Ella intentaba ponerse de nuevo encima mío y dominarme con toda su grasa pero yo sabia que si lo lograba estaba perdido y me movía rápido hasta que la note que jadeaba. Entonces logre ponerme encima suyo pero ella me derribo y volvimos a rodar por el suelo hasta que esta vez la agarre bien agarrada y ella ya no pudo liberarse. Entonces me senté en triunfo sobre ella e intente besuquearla pero ella me escupió en los ojos y eso me distrajo de manera que pudo soltarse y empezamos otra vez. Entonces llegó su madre y tuvimos que dejarlo. Regrese a casa caliente como una moto y con una erección descomunal.

Desde aquel día no había vez que fuera a dar clase que no nos agarráramos el uno al otro. Ella me vencía con frecuencia pues era más grande pero yo era más rápido y a veces lograba cogerla bien cogida. Ni que decir tiene que me pasaba la pelea metiéndole mano y ella me llamaba cerdo y no se dejaba pero ella también me metía mano a mi y notaba que siempre terminaba con las bragas empapadas. Un día su madre llego de improviso y estábamos tan enzarzados que no la oímos llegar. Ella oyó el ruido de la lucha y nos pilló hechos un ovillo rodando sobre la alfombra. Nos quedamos helados pero ella creyó que solo estábamos jugando y se limito a decirle a Begoña que no armara tanto ruido y que tuviéramos cuidado de no romper nada. Entonces volvió a salir para hacer alguna compra y en cuanto cerró la puerta volvimos a la lucha.

Un día que estábamos solos en su casa la tenía casi vencida pero estaba tan excitado que eyacule. Ella se dió cuenta y me dió un rodillazo en la entrepierna. No me dió de lleno pero eso me enfureció y la arranqué las bragas de cuajo. Ella me dió un puñetazo y aquella vez nos peleamos realmente en serio hasta que ella me aplastó y se sentó sobre mi cara. Entonces me ordenó que fuera su novio. Yo me negué porque era gorda y fea pero ella me puso los puños en la cara y me dijo que ahora éramos novios. Begoña no había tenido novio nunca y yo iba a cubrir ese hueco. Así sus amigas no se burlarían más de ella. Desde entonces íbamos juntos por la calle y al cine y a todos lados. Yo intente acostarme con ella pero me rechazaba. Para ella ser novios era una cosa y el sexo algo completamente distinto y no tenían nada que ver. Hacer peleas guarras medio desnuda conmigo y meternos mano y sobarnos para ella eran solo juegos más emocionantes en cuanto que los mayores con toda certeza nos los prohibirían si llegaban a enterarse, pero para ella eso no era sexo aunque se corría a menudo y yo también. Un día me harté y la bese por la buenas y empece a soltarla el pantalón y ella se dio cuenta de que iba el asunto y se defendió como una posesa pero la tumbé y entonces ella me dijo que si y me saco una caja que yo no sabia que era ni entendí a cuento de que me daba esto y ella sacó las gomas y me puso una. Entonces lo hicimos. Ella no era virgen, aunque no se si eso debería sorprenderme. Luego lo hicimos de nuevo dos veces más y ella todavía quería otro pero reconozco que yo ya no daba más de mí.

Mientras tanto había convencido a mi madre para que se olvidara del solfeo y Begoña y yo nos veíamos cuando queríamos, lo hacíamos como conejos y podíamos pasar horas rodando por el suelo. Para mi eso fue el paraíso hasta que un día su madre llegó de improviso y nos pilló en plena faena. Ya podéis imaginar el escándalo que se armó. Me prohibieron volver por allí ni salir con ella, a ella la castigaron sin salir, etc…. pero nos vimos de nuevo pese a todo hasta que su abuela se puso enferma y murió. Entonces se mudaron. Ya no volví a verla, pero nunca la olvidaré.

La asiática y la escandinava

Decir que Hiroko era promiscua era decir las cosas muy suavemente. Hiroko era la más impúdica calentorra de la universidad. Una compatriota suya que se había matriculado en otro curso pero que había sido compañera suya en el instituto nos aseguró que se había pasado por la piedra a casi todos los chicos de varios cursos y que no le hacia ascos a las muchachas. Una de sus diversiones favoritas era seducir a los compañeros que tenían novia y cuando esta tomaba cartas en el asunto le arreaba una paliza y la violaba. Si el chico intentaba defender o vengar a su novia tenía mucha suerte si no recibía otra paliza. Hiroko era alta para la media japonesa, 1,75, y desde joven había practicado el jiujitsu con aplicación. Desde los 15 años era capaz de derrotar a las chicas de los cursos más altos y también a muchos chicos, centrándose en su entrepierna con ensañamiento. Todos juraban que se excitaba sexualmente cuando peleaba, y también decían que era lisa y llanamente la mejor folladora del instituto, capaz de resucitar a un muerto con una de sus mamadas. Era el terror del instituto, pero aunque los profesores sabían lo que pasaba sus víctimas jamás se atrevieron a denunciarla de manera que no la pudieron expulsar. Por otra parte cuando no estaba peleando o buscando pelea su comportamiento era impecable y además se rumoreaba que sobornaba sexualmente a varios profesores para evitar esa eventualidad aunque eso jamás se supo con certeza. De lo que no había dudas es que era la zorra sáfica más malévola y sádica que jamás hubiéramos visto. Su rostro era más bien infantil pero sus ojos rasgados le daban un aspecto diabólico y su cuerpo espléndido parecía el de una pin-up de revista. En toda la universidad solo había una hembra que le hiciera sombra: Ulrica.

Ulrica era una vikinga rubia que había formado parte de una pandilla de motoristas hasta que su padre la forzó a matricularse en nuestra universidad porque estaba en el quinto pino y así hacer que su hija se alejase de aquel ambiente. Vano esfuerzo. El padre de la rubia había confundido la causa con el efecto y Ulrica no había cambiado en absoluto. Es cierto que ya no iba con motoristas pues no los había por aquellos contornos, pero seguía siendo la misma. Vestía siempre de cuero negro, con botas altas, pantalones ceñidos o recortados y chaquetillas cortas que dejaban al descubierto y también un generoso escote que dejaba muy poco a la imaginación. Su padre la tenía muy corta de dinero para impedir que se desmandara pero ella había encontrado la forma de reunir fondos. Cuando un chico mostraba interés por ella lo incitaba hasta que estuviera muy caliente y luego lo desafiaba a luchar. Si el ganaba, echaban un revolcón o dos o los que el semental aguantase. En caso contrario Ulrica se embolsaba una fuerte suma de dinero, dependiendo de lo que el pretendiente pudiera desembolsar. A la mañana siguiente el derrotado sabía además que toda la universidad estaría al corriente de su derrota, aunque si las cosas le salían bien Ulrica no le regateaba elogios ante las demás alumnas de la facultad.

Ambas eran mujerzuelas de cuidado pero había un par de diferencias entre las dos. Su aspecto físico era muy distinto. Ambas tenían unas tetas grandes y prietas como nueces de coco, unas nalgas que parecían sandias en sazón y en general unas curvas alucinantes. Ambas llevaban el pelo largo hasta casi la cintura y vestían de forma provocativa, pero Hiroko era morena de piel bronceada y Ulrica rubia platino blanca como la leche. Hiroko solía vestir de blanco o de colores vivos mientras que Ulrica prefería el negro. Y sobre todo, Hiroko, siendo alta como era, parecía una enana al lado de Ulrica, que era una verdadera giganta con su 1’94 de estatura. La principal diferencia no era externa sino interna. Hiroko era una completa bisexual e incluso a veces alardeaba de preferir a las chicas. Ulrica en cambio era enteramente heterosexual e incluso mostraba abiertamente desprecio por las lesbianas. Dos chicas que habían tenido el coraje de ‘salir del armario’ como suele decirse, habían cometido el error de hacerle insinuaciones y ella, tras fingir aceptarlas, se fue con las dos a un lugar apartado. Nadie sabe en detalle lo que paso pero Ulrica salió de allí casi sin despeinarse y las dos magulladas bolleras estuvieron una semana sin aparecer por clase.

Lo que Ulrica ignoraba era que ambas eran amiguitas de Hiroko y esta, que ya sentía una cierta antipatía hacia la vikinga, se tomó el asunto como algo personal. Tras salir del hospital fue directamente al campus y localizó a la rubia tumbada al sol sobre el césped, en un rincón apartado de los jardines. Era horario lectivo y la zona estaba casi vacía. Ulrica vestía solo una tanga negra que dejaba muy poco a la imaginación. Sus soberbios pechos estaban al descubierto para que se bronceasen. Entonces apareció Hiroko, ataviada con botas militares, falda vaquera corta y un top también de tela vaquera. Sin mediar palabra se sentó sobre la sorprendida Ulrica y antes de que esta pudiera decir nada la escupió en los ojos, cegándola, y a continuación la agarro de las tetas y apretó como si quisiera arrancárselas.

Ulrica gritó y a ciegas lanzó un directo al estomago de la japonesa que la dejó sin aliento y la hizo salir despedida de encima suyo. Ulrica tardo unos segundos en despejarse la vista y entonces se lanzó a por Hiroko, que luchaba por recuperar el aliento, y agarrándola del pelo comenzó a arrastrarla por todo el parque durante varios metros mientras ella chillaba y chillaba hasta que la estrelló de cabeza contra un árbol. Hiroko parecia acabada pero cuando Ulrica se acercó, logró conectar la suela de sus botas con la entrepierna de la vikinga, que se derrumbo de rodillas con un alarido. Hiroko entonces le arreó tal puñetazo en la cara que la tumbó de espaldas. A continuación Hiroko intento ponerse encima suyo para rematarla pero Ulrica, que parecía fuera de combate, estaba todavía consciente y enlazó a Hiroko por las piernas y cerró los muslos con rabia asesina mientras Hiroko sentía como gemían sus costillas.

Hiroko, desesperada, mordió con furia el muslo de la rubia y ella, gritando de dolor pero sin soltar su presa, se lanzó contra los ojos de rendija de la asiática. Esta tuvo que ceder en su mordisco para esquivar los pulgares de su adversaria y agarrándole el brazo empezó a girarle la articulación de la muñeca en un ángulo antinatural. Ulrica gritó con tanta fuerza como una sirena de alarma pero no liberó la cintura de su adversaria y logró zafarse de la luxación. Hiroko, asombrada de la tenacidad de la vikinga y sintiendo que se hallaba próxima a desvanecerse a medida que la rubia apretaba más y más, comenzó a estrangularla mientras ella le respondía con salvajes puñetazos y cuando Hiroko estuvo lo bastante cerca, con un cabezazo demoledor que hizo que la diablesa amarilla quedase momentáneamente aturdida y sangrase por la nariz.

Ulrica había estado a punto de perder el conocimiento y había perdido su presa sobre la asiática pero Hiroko veía literalmente las estrellas del cabezazo de la escandinava. Ambas se incorporaron lentamente y quedaron medio agachadas frente a frente, mirándose con un odio indescriptible durante unos segundos. Luego se lanzaron una contra la otra atacando con una lluvia de patadas y puñetazos. Ulrica sintió como su cuerpo recibía tales impactos que parecían martillos de picapedrero más que los golpes de un ser humano mientras que su adversaria parecía tan dura y fibrosa como si estuviera hecha de cemento. Hiroko por su parte estaba al borde del pánico bajo los terribles golpes de la vikinga, que eran como enormes peñascos cayendo sobre ella desde gran altura. Hiroko golpeaba con todas sus fuerzas pero la vikinga parecía de piedra viva y la gladiadora amarilla sentía sus nudillos doloridos de golpearlos contra la piel sonrosada de la rubia. De forma casi simultánea ambas se agarraron de las manos y comenzaron una prueba de fuerza. Ulrica estaba segura de que su mayor envergadura le daría una rápida victoria pero quedo asombrada al sentir la resistencia que le oponía su rival. Por su parte Hiroko ya imaginaba que la escandinava seria excepcionalmente fuerte pero lo cierto es que sentía como si luchase con una prensa hidráulica. Finalmente ambas se abrazaron y cada una de ellas comenzó a apretar con fuerza en un abrazo de oso.

Mientras se estrujaban entre sus brazos las dos fieras comenzaron a morderse, a intentar darse cabezazos y a darse patadas y pisotones hasta que cayeron al suelo y rodaron una y otra vez hasta que chocaron con un árbol. Hiroko estaba debajo y su minifalda se había levantado dejando al descubierto que no llevaba bragas, según su costumbre. Ulrica por su parte había perdido las braguitas del tanga, que se habían roto durante la pelea, de manera que sus sexos estaban en intimo contacto. Entonces Hiroko comenzó a restregar su sexo oriental contra el felpudo rubio miel de la escandinava, como si imitase el movimiento y el ritmo del acto sexual, al mismo tiempo que en vez de seguir mordiéndola la besuqueaba ávidamente en el cuello, en la oreja, en los pezones. Ulrica, asqueada, tuvo que forzarse a si misma a mantener su posición mientras lentamente intentaba dejar sin aliento a la morena, estrujándola con todo su peso. La japonesa por su parte sonreía malévolamente mientras sus expertas caricias deshacían las defensas y el autocontrol de la giganta europea. Su agarre era firme todavía pero el sudor perlaba su piel y su respiración estaba entrecortada por gemidos de placer hasta que de repente la vikinga sintió como todo su cuerpo explotaba de placer en un orgasmo colosal. Ni siquiera sintió a Hiroko escapando de su agarre bajo ella, ni vio venir el tremendo patadón que aplastó su cara y la envió al suelo para no levantarse.

Todo aquel increíble despliegue de salvajismo había durado poco más de 4 minutos y había sido la pelea más larga que cualquiera de ellas hubiera tenido en años. Hiroko tenía fracturadas dos costillas y estaba cubierta de marcas de golpes, pero se sentaba triunfante sobre la cara de su derrotada adversaria y procedió a darle tal sistemática paliza antes de follarsela que Ulrica no regresó a la universidad en tres meses.

La Pantera

Su nombre era Pamela pero todo el mundo la llamaba ‘La Pantera’. Cabellos azabache, agresivamente cortos, ojos oscuros como un pozo sin fondo, piel bronceada, cuerpo recio, pero sumamente femenino; espalda ancha, alta para ser una chica. Bajo su minifalda unas piernas de corredora; esbeltas, pero fuertes. Brazos delgados, pero de marcada musculatura. Nalgas poderosas, cintura esbelta, y pechos no demasiado grandes, pero firmes y erguidos, que resultaban difíciles de olvidar. Realmente semejaba una pantera, esbelta, flexible, poderosa.

Criada entre cinco hermanos, había aprendido a lidiar con ellos de igual a igual, y a disfrutar haciéndolo. Con sus increíbles piernas podía dejar atrás a cualquier chico que la persiguiese… cuando no eran ella su perseguidora! Hábil con sus puños gracias a los brutos de sus hermanos, en la lucha cuerpo a cuerpo era también experta gracias a primos y vecinos de largas manos. Aunque las envidiosas murmuraban que sus propias manos eran más largas aun y en realidad siempre estaba dispuesta a probar manjares nuevos, aunque además de golosa era una groumet, y para aceptar repetir el menú este debía ser excepcional. Pero todo esto lo ignoraba yo al empezar mis vacaciones, cuando aposté con imprudencia una abultada suma a que yo podía ‘cazar’ a Pantera. Daba igual que fuera mayor, más alta, y mas pesada. Era solo una chica, ¿no?

Cuando aceptó salir conmigo y me invito a nadar con ella en las ruinas del viejo molino, debí sospechar que fuera tan fácil. Apenas me había cambiado cuando sin ceremonias se apoderó de mi ropa y arrojándola por encima de la tapia, me empujó violentamente contra la misma, riéndose de un perrito de ciudad que se creía león y pretendía cazar a la Pantera. Intenté empujarla; ella empujó mas fuerte y nuestros cuerpos se tensaron el uno contra el otro. Rodamos por el suelo, estrechamente abrazados y su combinación quedó cubierta de manchas y desgarrones mientras forcejeábamos.

Caímos a la represa y luchamos en el agua hasta terminar en el fango de la orilla. Ahora su ropa interior mojada ocultaba tan poco de su espléndido cuerpo como si no la llevase puesta. Arrogante como una amazona legendaria, me sonreía con insolencia mientras me desafiaba con su mirada, esperando mi ataque Ya había sentido la fuerza que ocultaban aquellas curvas voluptuosas y aquel rostro pecaminoso, y ya no sabia quien era el cazador, y quien el cazado, pero lo único que cabía en mi mente enfebrecida era el deseo de estrechar entre mis brazos aquella forma deliciosa y tomarla por asalto como a una fortaleza que custodiase un dulce tesoro en las más oscura de sus grutas.

No recuerdo cuanto tiempo nos enfrentamos en el barro de la orilla, en las frías aguas, o sobre la hierba de la ladera, mientras nuestras prendas quedaban reducidas a jirones, sus puños aturdían mi cuerpo, y sus encantos aturdían mi espíritu. Solo recuerdo el roce de su cuerpo desnudo tensándose contra el mío mientras nos acometíamos. Varias veces logre doblegarla contra el suelo, cubriendo su desnudez con la mía, sintiendo la suavidad de su piel, la fuerza de sus brazos y los latidos atropellados de su corazón mientras me desafiaba en la batalla de los cuerpos, exhibiendo con alegre desvergüenza su invitadora desnudez, nublando mi mente con lujuria para dominarme en el combate.

Muy pronto la ardiente Pantera me puso a la defensiva pero, enardecido por el oscilar de sus pechos, la sensualidad de sus ojos y el jadeo de su respiración, volvía con renovados bríos al asalto de su atlética desnudez, hasta que la agresiva beldad logró doblegarme por puro agotamiento. La Pantera había cazado a su cazador. Solo entonces, con ella al mando, mi agraciada agresora me concedió sus favores mientras forzaba los míos, cabalgándome como una vaquera domando a un garañón salvaje.

Y pareció agradarle su nueva montura, pues me invitó a reclamar la revancha cuando quisiese; de hecho me la exigió. ¿Quien sabe? Había perdido mi apuesta, y luego supe que ella era cómplice y llevaba parte en el ‘negocio’, pero a veces no importa perder.

Mis continuas batallas con mi vecino quinceañero

Era un soleado día de primavera. Yo estaba tomado el sol desnuda en mi patio trasero. Es algo que me encanta porque se que eso le pone a cien a Brian, el desvergonzado hijo adolescente de mi vecino. Aquel día estaba de muy buen humor, esperando que el muchacho asomase la nariz para poder desafiarle otra vez a un combate de lucha libre. Ya habíamos luchado dos veces antes, venciéndole yo en ambas ocasiones. Por supuesto, siendo yo una mujer adulta de 22 años con unas espléndidas delanteras de talla 34-EE, había aprovechado ambas ocasiones para asfixiarle con mis tetas antes de sentarme sobre su cara, hasta conseguir en ambos casos una gloriosa serie de orgasmos en cadena, uno tras otro y otro y luego otro mas.

Mis deseos se convirtieron en realidad cuando vi que Brian se descolgaba del roble de su finca para aterrizar en el césped de mi jardín. Ese viejo roble era la única atalaya desde que la que un extraño podía espiar lo que sucedía en mi patio trasero y en los patios traseros de otras cinco o seis residencias de la urbanización en la que vivíamos. El pequeño sinvergüenza de Brian llevaba años trepando a las ramas de aquel árbol. Desde allí, podía divertirse espiando sin ser visto a casi todos su vecinos. Así había sido como todo comenzó, cuando aquel lunes prodigioso aterrizó de golpe en mi piscina, con los pantalones bajados y el miembro viril en la mano. Había estado pajeándose mientras me espiaba y al hacer esto se distrajo lo suficiente como para perder el equilibrio y caerse. Yo por mi parte llevaba un rato acariciándome el conejito, pero la súbdita aparición de un intruso me detuvo justo en el momento en que estaba a punto de correrme. Furiosa por tan inoportuna interrupción, alcancé a Brian justo cuando lograba salir de la piscina y tras un breve pero violento forcejeo le di su primera lección en el delicado arte de besar como es debida la entrepierna de una dama.

Creí que no volvería a verle, ¡así que imaginad mi sorpresa cuando al día siguiente regresó y me exigió la revancha, jurando que iba a cabalgarme por las buenas o por las malas! Claro que pese a sus bravuconadas, volví a vencerle, le cabalgue la cara y me corrí un par de veces sin dejarle que se corriese. Cuando ya creía que todo había terminado, igual que el día anterior, me atacó por detrás y tuve que vencerle de nuevo, no sin ciertas dificultades. Esta vez, para domarle del todo, mientras me limpiaba el pubis a lengüetazos, le agarré el nabo con ambas manos y le ordeñé vigorosamente hasta que su leche brotó como la espuma del champaña recién descorchado. Entonces, para dejar claro del todo quien era la que mandaba, le desafié a luchar de nuevo de inmediato. El, cansado tras eyacular, se mostró remiso pero cambió de opinión cuando le sacudí un par de bofetadas bien dadas. Por supuesto, le volví a ganar y disfruté como una loca mientras la punta de su nariz me hacia cosquillas en el botoncito

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Eso fue el día anterior. Ahora, Brian se acercó tranquilamente, vestido con una camiseta de manga corta y unos pantalones cortos de licra, que no disimulaba en absoluto su erección.

“Hola Miranda. ¿Vas a ir a la fiesta de…?” comenzó a decirme, pero yo no estaba de humor para charlas triviales. Me encaré con el, abriendo descaradamente las piernas para que viese mi conejito y le interrumpí bruscamente diciendo:

“Si quieres quedarte aquí y disfrutar de las vistas, tendrás que luchar conmigo de nuevo; y si deseas obtener lo que de verdad deseas, tendrás que derrotarme.

“De acuerdo. Esta vez voy a darte una paliza, morena.” Respondió el, quitándose la ropa. “Al fin a cabo no eres mas que una tía”

“Y tu eres un renacuajo” le respondí sonriendo, mientras alzaba los brazos desafiándole a un duelo de fuerza, igual que en nuestros dos combates anteriores. Como le saco diez centímetros de estatura y soy bastante atlética, este es un enfrentamiento en el que llevo siempre las de ganar. En esta ocasión sucedió lo mismo. Nos agarramos de las manos y comenzamos a hacer fuerza. Brian no es ningún blandengue por mas que se lo diga cientos de veces en cada combate para hacerle rabiar, pero no puede conmigo y poco a poco comencé a doblegarle. Era estupendo sentirse poderosa e invencible, viendo la cara de desesperación del joven macho, sometido por una hembra mas vigorosa que él.

De repente vi que Brian, en vez de desesperarse, sonreía. Entonces dejó de resistir mi empuje y tiró de mi con todas sus fuerzas, arrojándome de cabeza contra el césped. Antes de que pudiera reaccionar, Brian saltó sobre mi espalda y comenzó a cabalgarme como a una yegua, estampándome una y otra vez contra la tierra blanda y húmeda cubierta de hierba mientras contaba en voz alta sus arremetidas.

Cuando la cuenta llegó a llegó a veinte yo estaba casi fuera de combate. Entonces Brian me arrojó sobre la colchoneta y enlazó mi cuello con sus piernas, apretando con fuerza. Me agarró del pelo para apretarme mas contra el, estrujando su pene erecto y sus testículos contra mi cara.

“Una adulta hecha y derecha, derrotada por un chaval quinceañero- ¿No te da vergüenza?” me dijo mientras comenzaba a cabalgar mi cara. Su entrepierna subía y bajaba lentamente, rozándose contra mi rostro cada vez un poco más rápido a medida que se excitaba. Yo había disfrutado haciéndole lo mismo en nuestros dos combates anteriores y ahora se tomaba la revancha. Se corrió en un par de minutos y me llenó la cara y el pelo de su lechada. En cuanto pude recuperar el aliento, me fui a casa corriendo y me di una ducha rápida para limpiarme el pelo de su semen. Cuando regresé al jardín le encontré sentado en la colchoneta con la sonrisa más radiante que jamás le hubiera visto y el cipote erguido de nuevo como si los recientes acontecimientos no hubieran tenido lugar. Tengo que reconocer que era un chico muy guapo y que su miembro viril no me era en absoluto indiferente y.. ¡Que demonios! Un traro es un trato, así que sin mediar palabra me arrojé sobre el y nos dimo un revolcón apoteósico bajo los rayos del sol. Eso si, cuando ya estábamos acoplados, le obligue a ponerse debajo mío. El se resistió con furia por supuesto, pero eso solo sirvió para excitarme todavía más. Cuando terminé de masturbarme con su miembro viril, usé mi vagina para ordeñarle sin piedad, conmigo encima por supuesto.

“¡No vale” gritó él cuando dejé de comérmelo a besos. “¡He ganado yo, por lo tanto tenia derecho a ponerme encima”.

“Me corro mejor cuando hago trampas” le respondí. El rugió de furia y se lanzó sobre mí. Forcejeamos un rato sobre la colchoneta y sobre la hierba hasta que logré someterle de nuevo y obligarle una estupenda lamida de coño que disfruté como una puerca. Quedamos tan exhaustos que tardamos casi una hora en librar el siguiente asalto, que volví a ganar, con trampas obviamente. Brian estaba excitadísimo y peleaba como un poseso para poder copular conmigo de nuevo, pero cuando creía tenerme atrapada, me puse a decirle guarradas al oído mientras me rozaba con el todo lo que podía hasta que el pobre adolescente, sin poder evitarlo en absoluto, se volvió a correr. Entonces me fue fácil someterle sin piedad y cabalgarle la cara todo lo que quise, y quise mucho pues yo también estaba excitada a tope.

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Al día siguiente salí al patio trasero desnuda y me puse a darme crema bronceadora muy despacio y muy sensualmente. Brian, que por supuesto estaba espiándome otra vez, acepto el desafió y salto desde el árbol, tan desnudo como el día que llegó al mundo.

“¿Estas preparado para aprender a hacerme cosquillas en el conejito con la punta de tu nariz?” le pregunté, adoptando una pose desafiante.

“Me voy a masturbar en tu cara, preciosa”. Me respondió.

Nos miramos fijamente, desafiándonos con la mirada. Su miembro viril comenzó a erguirse mientras nos acercábamos. Mis pezones estaban tiesos. La idea de pelear cuerpo a cuerpo con aquel yogurcito adolescente era excitante. La idea de derrotarle y humillarle en la lucha era mucho más excitante. La posibilidad de que volviese a derrotarme, aunque pequeña, le daba todavía mas picante a la situación. De nuevo alcé mis manos, desafiándolo a un duelo de fuerza. El aceptó el reto y alzó sus brazos para agarrarme de las manos como el día anterior. Entonces, en vez de cogerle de las manos, me lancé a por el, le agarré por el cuello y le derribé con una llave de cadera. Una vez en el suelo, me puse sobre el y comencé a aplastarle mis pechos contra su cara, impidiéndole respirar. El pobre muchacho se defendió desesperadamente, pero eso solo logró excitarme todavía más. Rodamos por el suelo, hechos un ovillo. Era maravilloso apretarle con fuerza y sentir como su cuerpo desnudo se debatía con todas su fuerzas entre mis piernas y mis brazos hasta que mis pechos le sometieron por asfixia. El pobre Brian comenzó a golpear el suelo para indicar su completa rendición. Me sentí tan exultante ante mi nueva victoria que goce de nuevo en aquel mismo instante, gimiendo y chillando de deleite.

“¡MAS!” grité, mientras le aplastaba la cara con mis partes mas intimas. Brian, que había podido respirar solo unos segundos, comenzó a besarme y lamerme el conejito con tanto entusiasmo que en pocos segundos me volví a correr. ¡Demasiado rápido! Yo quería más. Agarré a mi adversario, que intentaba escabullirse, y lo monté de nuevo, usando la punta de su nariz para acariciarme el botoncito, pero por tercera vez me corrí casi de inmediato.

Quedamos abrazados bajo el sol del atardecer durante más de media hora y luego pasamos el resto de la tarde copulando hasta que agotamos los preservativos. ¡Es maravilloso disfrutar de un quinceañero! ¡Son dulces, tímidos, cariñosos, vigorosos, tiernos, viciosos, atrevidos, inagotables, increíbles!

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Al día siguiente estaba lloviendo, pero sonó el timbre de la puerta y allí estaba el, vestido de calle, pero con los ojos brillantes y un evidente abultamiento en los pantalones.

“Hola Miranda. ¿Puedo pasar?” me preguntó, con fingida inocencia.

“Si pasas, te doy una paliza” le respondí “pero si no pasas, eres un maricón sin agallas”.

Sin una palabra, Brian entró en la casa, sonriendo y mirándome con desafió. Se quitó casi toda su ropa y alzó los brazos, desafiándome a un duelo de fuerza. Yo cerré la puerta, me quité la bata que llevaba y me quedé en ropa interior (de la normal; si hubiera sabido que aquel yogurcito iba a venir, me hubiera puesto mi lencería mas despampanante) Alcé los brazos aceptando su desafío y me dispuse a disfrutar de mi nueva victoria. Por desgracia para mi, el renacuajo tenia otras ideas. De repente me embistió y aferró mi esbelto cuerpo en un abrazo de oso, estrujándome con todas sus fuerzas. Sentí que crujían mis costillas pero me sentía segura de ganar. La cabeza de Brian estaba justo a la altura de mis pechos, de manera que le empujé contra la pared y le aplasté la cara con mis atributos femeninos para asfixiarle.

Mantuvimos este forcejeo durante un par de minutos más o menos. Para mi sorpresa, su abrazo del oso era mas fuerte que el mío (probablemente su técnica era mejor, aparte de la ventaja de abrazarme primero y conseguir así el mejor enganche sobre mi cuerpazo) Estaba en apuros, pero aun así resultaba excitante estrujarme con aquel caliente adolescente mientras le sometía con mis pechos. Ganarle a un macho era algo maravilloso, pero usar mis atributos de mujer para doblegarle iba a ser glorioso.

Por desgracia Brian tenía otros planes. Al ver que se quedaba sin aliento, me derribó al suelo barriéndome las piernas y caímos al suelo, yo debajo y el encima aplastándome el estomago. El impacto me dejó sin aliento y aquel maldito crío aprovechó a fondo su oportunidad para arrancarme la ropa y sacar su rabo. Intenté escapar a cuatro patas pero se subió a mi espalda, me cogió por el cuello e intentó penetrarme como a una yegua, usando mi hermosa melena como si fuesen las riendas. Por supuesto, yo no me rendí y me lié a coces. Cuando comenzó a besuquearme la oreja, le agarré por el cuello y comencé a estrujarle la cara. No podía arañarle porque mis uñas son muy cortas, pero le hice todo lo que pude sin sacarle los ojos.

“Ríndete nena. Te voy a tomar por la fuerza como se toma un castillo” Dijo Brian.

“¡Pollafloja, No tienes huevos!”

“¡Bruja!”

“¡Enano!”

“¡Golfa!”

Mientras el tono de nuestros insultos subía, íbamos rodando por el suelo, hechos un ovillo hasta que no podíamos movernos ni podíamos soltarnos sin quedar a merced del adversario. Entonces sentí que Brian me penetraba con sus dedos y comenzaba a masturbarme. Con lo excitada que estaba, no le costó nada ponerme húmeda y lubricada a tope. Era un truco muy sucio pero muy astuto. Si lograba llevarme al orgasmo, iba a quedar casi indefensa durante unos cruciales segundos, permitiéndole penetrarme con mi permiso o sin el.

“Estas mojada como un pantano, pedazo de guarra”

“Vas a ver lo guarra que soy” le respondí, girando la cabeza para besarle el nabo. En unos segundos, se la estaba lamiendo como una profesional. No es mi truco favorito; normalmente prefiero con mucho ser la lamida a la lamedora, pero eran momentos desesperados.

“No eres lo bastante zorra para lograr que yo me corra”, se burló Brian, mientras sus dedos se cerraban dentro mi vagina, formando un puño. ¡Sentí como si estuviese explotando de placer por dentro! Pero justo en ese momento, cuando ya me creía vencida, sentí la eyaculación de Brian en mi boca. Chupe, chupe y chupe mas y mas, tragándomelo todo sin remilgos, pero en el proceso yo también me corrí a lo grande. Aquel vicioso crío me había tenido contra las cuerdas en el combate erótico, pero yo le había robado la victoria en el último segundo mediante una mamada magistral.

Durante unos segundos, quedamos en el suelo el uno junto al otro, jadeando de placer y de fatiga al mismo tiempo. Por supuesto, fui yo la que se recuperó en primer lugar. Le cogí del pelo y me lo llevé a rastras hasta mi dormitorio para cabalgarle la cara a lo grande. Lo tuve a mi merced y lo gocé a mi capricho durante veinte minutos más o menos. Entonces noté que comenzaba a forcejear de una manera más agresiva. ¡Mejor para mí!, pensé, sin darme cuenta de que su cipote se estaba irguiendo de nuevo.

Fue cuestión de segundos: Aquel maldito enano se encabritó como un pony salvaje, me derribó de encima de el y me hizo caer fuera de la cama. Antes de que pudiera reaccionar, lo tenía montado encima de mi, sujetándome con firmeza. Un segundo después lo tenía justo a mis espaldas, preparado para cabalgarme como un semental a una yegua en celo. Sentí su miembro viril en la entrada de mi cajita del tesoro y cerré con fuerza mis poderosos muslos para bloquearle el paso mientras intentaba quitármelo de mi espalda, pero el me abrazó con fuerza y me mordió el cuello como un león aferrándose a su presa mientras su robusto instrumento presionaba para invadirme, igual que un ariete embiste para invadir el castillo, intentando echar abajo las defensas del ultimo reducto.

“Ya eres mía, zorra”

“¡Puto perro sarnoso! No eres capaz.”

“¡Te voy a meter el nabo!”

“¡Hazlo si puedes cacho mamón!”

Entre un insulto y otro, su miembro viril continuaba presionando para penetrarme, ¡pero la puerta seguía bien cerrada! Sin embargo, mientras forcejeábamos, nos caímos de costado y entonces sentí como todo su instrumento se deslizaba entre mis músculos vaginales y me ensartaba hasta la empuñadura. ¡Me corrí de inmediato!

Aprovechándose de mi indefensión, Brian me dio la vuelta y se sentó sobre mi cara. Tuve que lamerle el cipote, empapado de mis propios flujos vaginales. Luego Brian insertó su bien dotado miembro entre mis espléndidas tetas y tras un par de arremetidas se corrió al estilo cubano, derramando una abundante eyaculación sobre mi cara. ¡Me dio una ducha con su semen, el muy cabrón!

Tras lavarme la cara, quise atacar a Brian aprovechando su fatiga post-coital, pero yo también estaba muy cansada y tras un indeciso forcejeo sobre la cama nos quedamos entrelazados durante un buen rato, recuperando el resuello. Yo estaba ansiosa de librar combate para conseguir la revancha y Brian se agarraba a mi como un pulpo hambriento, pero nos sentíamos tan fatigados que lo único que podíamos hacer era cubrirnos de insultos el uno al otro.

“Mariconazo”

“Bollera”

“Pichafloja”

“Machorra”

“Pringao”

“Puta barata”

“Perro sarnoso”

“Zorra”

“Claro que soy una zorra. Estoy orgullosa de lo zorra que soy, pedazo de mierda. Soy la gran zorra que se va a merendar al gallito machito que se cree un león y no es más que un perrito.

“No estabas tan chula hace un minuto, nena, cuando me calentabas el cipote con tu conejito”

“Te vas a enterar de lo que vale esta hembra, lamecoños.”

“Te voy a violar otra vez”

“No, te voy a violar yo a ti otra vez, como lo he venido haciendo todos estos días, macho mamarracho. Te violé el lunes, te viole de nuevo tres veces el martes y dos veces mas el miércoles…

“¿El miércoles te gané yo” me interrumpió él.

“Me ganaste un solo asalto de tres y al día siguiente te volví a montar, igual que hoy”.

“Hoy te he vuelto a vencer, maldita calientapollas”

“Uno a uno hoy, por el momento…” le respondí sonriendo, asumiendo una pose provocativa. “Y en lo que va de semana ¡vamos siete a dos a mi favor, mariquita llorica!”

“¡Bruja! ¡Te voy a follar!”

“¡Adelante! Fóllame si puedes…, ¡Perdedor!”

El tono de los insultos iba subiendo. Ambos estábamos ahora de rodillas, frente a frente, compitiendo por ver cual de los dos le soltaba al otro la barbaridad de mayor calibre. Al cabo de unos minutos sentí de repente que ‘algo’ me rozaba un muslo. ¡Era el cipote de Brian, que volvía a erguirse! Entonces hizo algo que desde luego el no se esperaba. Me lancé sobre el, abrazándole. Le tumbé de de espaldas y al hacer esto, deliberadamente me clavé a mi misma en su virilidad ascendente.

“¡Ya eres mío!” Grité, mientras le inmovilizaba.

“¡Que te crees tú eso!” me respondió, mientras intentaba liberarse. Yo apreté los muslos, aferré su miembro viril contrayendo los músculos vaginales y le dije:

“No escaparás. ¡Esta es la presa de las amazonas! ¡No hay macho que escape de la presa de las amazonas! ¿Te rindes?”

“¡Ni hablar!”

“¡Mejor! A mi conejito le encanta un buen combate de lucha libre contra un nabo bien gordo como el tuyo”. Y diciendo esto, comencé a estrujar su espolón con los músculos de las paredes vaginales mientras le besuqueaba por todas partes. El pobre diablo intentó escapar, pero le tenia bien inmovilizado y en un par de minutos estábamos los dos sudando y jadeando. Al comprender que estaba atrapado y no iba a poder derrotarme en el combate físico, comenzó a besarme y acariciarme lascivamente. Era un mozo muy habilidoso pero le llevaba ya mucha ventaja y con tres hábiles contracciones vaginales, le ordeñé el cipote mientras nos metíamos la lengua. La presa de la amazona me había dado la victoria una vez más. El pobre chico, exhausto, no pudo hacer nada cuando le desmonte y me giré 180 grados para sentarme sobre su cara. Me pasé la siguiente media hora corriéndome una y otra vez mientras le embadurnaba la cara con mis fluidos vaginales y su propio semen.

“¡Ocho a dos a mi favor, enano!

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Al día siguiente, viernes, me tropecé en la calle con los padres de Brian, buenos amigos míos, y me enteré que se iban a pasar fuera el fin de semana. Les deseé que se lo pasasen muy bien y se lo deseé con entera sinceridad porque me caen muy bien los dos y porque tenía muy claro que yo por mi parte iba a pasármelo más que bien con todos los rincones de la anatomía de su vicioso hijo.

Me fui a casa, me duché, me puse la lencería más sexy que tengo, unas botas altas de cuero negro, unos guantes largos de cuero negro y me puse por encima un vestido largo, holgado y discreto. Dos horas después de que mis vecinos se marchasen vi que Brian llegaba a casa. Toque el timbre y le dije:

“¿Tienes agallas para invitarme a entrar? Tengo ganas de correrme de nuevo”.

“¿Y perderme la oportunidad de sobarte las tetazas? Vale, pero lucharemos en el sótano, que no quiero romper nada aquí arriba”.

“Me parece bien”, le respondí. Brian cerró la puerta y me quité el abrigo. Luego, con cierta dosis de teatro, me baje la cremallera del vestido y me mostré ante el con mi mejor atuendo ‘de batalla’. Entonces me indicó la puerta del sótano y me invitó a bajar. El lugar era amplio y despejado, con varias colchonetas en el centro. En la parte alta, pequeños tragaluces dejaban entrar desde el exterior la difusa luz del atardecer de aquel día lluvioso.

Mientras examinaba el nuevo campo de batalla, la batalla comenzó sin previo aviso cuando el muy sabandija de Brian me atacó a traición sin vergüenza alguna, saltando sobre mi espalda desde el rellano de la escalera. Luchamos en la penumbra sin ahorrar golpes pero el muy cabrito consiguió mantener la ventaja gracias al sucio truco que había usado para sorprenderme.

“Vas a disfrutar cuando te viole” me dijo Brian, mientras metía las manos bajo mi lencería para manosearme los pechos.

“¡¿QUEEEEE!?” Le respondí, sin creerme lo que acababa de oír.

“Las tías estáis programadas para perder”. Me susurró Brian, mientras nos zurrabamos. “Os gusta que los tíos os puedan, os excita luchar contra los hombres para descubrir a los machos mas fuertes. Cuando encontráis a uno vigoroso de verdad, se os empapa la entrepierna y os ponéis en celo como perras”.

“¿Ah, si? ¿Entonces, porque no nos abrimos de piernas, eh? ¿Y por qué sigo luchando para violarte yo a ti?”

“Para provocar al macho y lograr que se le ponga todavía mas tiesa. Vamos guarra, confiésalo: os gusta sentiros dominadas por un hombre de verdad que pueda desvirgaros y haceros muchos hijos. Por eso hay tantas mujeres que tiene fantasías de violación”.

“Te voy a enseñar mi fantasía de violación, macho mamarracho! ¡Cierra la puta boca y pelea!”

Brian había logrado sujetarme de espaldas al suelo y me tenía muy bien agarrada, pero yo estaba tan furiosa que comencé a quitármelo de encima a pulso. Brian se resistió todo lo que pudo y en circunstancias normales yo no habría tenido ni una oportunidad de escapar pero durante casi un minuto estuvimos en suspenso, todos los músculos tensados al máximo, nuestros cuerpos casi desnudos perlados de sudor, cubiertos solo por algunos jirones de tela destrozados.

“¡Te puedo, renacuajo! ¡Soy la mas fuerte!”

“¡Jamás! Yo soy el macho, zorra.”

“Soy zorra, machorra, buenorra y a mucha honra, machito enanito. ¡Ríndete!”.

“¡Nunca!” pero mientras lo decía, ya había logrado medio incorporarme, pese a sus esfuerzos, y estábamos casi de rodillas frente a frente. Al final, el poder femenino se impuso y le di la vuelta a la situación. Tumbé a Brian de espaldas en el suelo y me monté sobre el. ¡Había demostrado que la hembra era la mas fuerte! ¡Y desde una posición de clara desventaja! La victoria me proporcionó un orgasmo majestuoso pero Brian, que no se había rendido todavía, aprovechó para contraatacar. Logré mantenerle bajo mi control pero necesité todavía un buen rato para someterle por completo. Solamente entonces, cuando quedó indefenso por agotamiento, pude cabalgarle la cara a gusto hasta hartarme.

“¡Nueve a dos a mi favor, macho mamarracho!” Brian solo pudo responder con un gemido. Su cuerpo desnudo y vapuleado me pareció tan erótico, que me tumbe encima suyo y me rocé con el hasta correrme de nuevo.

“¡No es justo!” Exclamó Brian. “Tu eres mas grande.”

“No busques excusas, maricón. Claro que soy más grande que tu y por eso me gusta luchar contigo. Porque soy mas grande y te puedo casi siempre.”

“¿Ah, si? ¿Por qué no pruebas entonces con alguien de tu tamaño, rubita?” Dijo una suave voz femenina a mis espaldas.

Aquel fue el momento más espeluznante que sufrí en años. Creí por un momento que mi vecina había regresado prematuramente de su fin de semana y que me había pillado in fraganti abusando sexualmente de su hijo menor de edad. Me di la vuelta temiéndome lo peor, para encontrarme con una absoluta desconocida: una adolescente morena y con un buen cuerpo, de unos 17 o 18 años, que me miraba con divertida insolencia, las manos en las caderas.

“Vaya vaya vaya, Brian cariño. Ahora entiendo que no me hicieses mucho caso toda esta semana. Tengo que admitir que tu nueva zorra no está nada mal, pero… ¿no es un poco vieja para ti?” Dijo la recién llegada, acercándose despacio, con aire desafiante.

Que a una chica de mi edad la llamen ‘vieja’ no es plato de mi gusto, así que, aguantándole la mirada a aquella lagartija insolente, dije:

“Brian cariño, ¿Te importa hacer las presentaciones? Me gustaría saber el nombre de esta putita antes de apalearla”

“Ehh…. Miranda, esta es mi prima carnal, se llama Claudia y es…”

“Su iniciadora”, la interrumpió la morena, “Y la propietaria de su nabo” añadió, para remachar la insolencia.

“¿De verdad?” respondí yo. “¡Bueno1, tengo que agradecerte que le hayas enseñado bien. Ya me extrañaba que a su edad fuese un semental tan bueno. Pero ahora que ha terminado con los aperitivos…” dije, señalándola, “a tu ex novio le toca probar los platos fuertes” añadí señalándome a mi misma con un brazo mientras flexionaba bíceps con el otro y posaba ante ella, exhibiendo mi cuerpazo casi desnudo.

“¿En serio?” respondió Claudia, empezando a desnudarse. Bajo la ropa de calle normal y corriente, ella también iba ‘vestida para matar’, era alta, casi como yo, y su cuerpo era esbelto pero atlético, como una corredora o una nadadora que entrenase con frecuencia. Bonitas tetas, pequeñas pero bien formadas, buen culo y bastante mona de cara, con un aire travieso y perverso o eso me pareció. “Bueno… ¿Miranda, no? Tienes razón en que ya no es tiempo de preliminares, así que vamos a dejar claro cual de las dos es el plato fuerte.

“Ya he apaleado a tu exchico. ¿Crees que tu me vas a durar mas?”

“Una victoria fácil. Tú y yo sabemos que una hembra de verdad puede derrotar a un macho. La pelea realmente fuerte es cuando las tías nos zurramos… unas con otras.”

“Muy cierto, pero tu no eres una tía, eres una cría. No me vas durar ni un min….UF”

No terminé la frase porque la muy puerca se me echó encima sin más dilaciones. Brian pudo disfrutar de un increíble espectáculo mientras rodábamos por los suelos tirándonos de los pelos, mordiéndonos, pellizcándonos, estrujándonos, escupiéndonos, dándonos cabezazos, tropezando con los muebles, estampándonos contra la pared o contra el suelo, arrancándonos la poca ropa que nos quedaba, pateándonos, arrojándonos cualquier cosas que tuviéramos a mano, chillando y llamándonos de todo durante un buen rato sin que ninguna lograse imponerse hasta que nos liamos a puñetazos en el centro de la habitación. Ella me dejo un ojo morado pero la hice picadillo y la rematé en el suelo mientras se rendía y me suplicaba clemencia. Estaba tan excitada por aquella estupenda pelea que me corrí de inmediato mientras ella repetía: “Me rindo, me rindo, me riiiindooooooo”. Luego me senté sobre su cara. Brian era realmente bueno en el sexo oral, pero su maestra era el doble de buena! Una buena pelea, una espléndida lamida y de postre una magnifica polla, porque Brian estaba de nuevo empalmado y me lo follé de inmediato, sin poder contenerme. Luego los agarré de los pelos a los dos y los arrastré hasta la cama de Brian. Allí caí, agotada pero satisfecha. Me hice un ovillo con mi última conquista y descansé un buen rato, pues Claudia tenía razón en una cosa: Una pelea mixta es poca cosa comparada con una verdadera pelea de gatas salvajes. Brian me pegaba sin remilgos en nuestras peleas sucias, pero su prima me había dado mas leña en unos minutos que Brian en toda la semana.

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Los dos días siguientes fueron realmente apoteósicos. El sábado por la mañana los dos perversos primos se pusieron de acuerdo para atacarme a la vez. Tardé más de media hora en someterles a los dos. El domingo, ya domados, les hice pelar entre ellos mientras yo disfrutaba mirando. Pero fue el lunes cuando alcancé realmente el paraíso. Llamaron a mi puerta y me encontré con una desconocida de aspecto escultural y arrogante. En una mano sostenía uno de mis sujetadores mas sexis.

“¡Hola! Soy la madre de Brian y la ti carnal de Miranda. También soy monitora de educación Física y defensa personal en el instituto local. Creo que esto es tuyo”. Añadió, tendiéndome el sujetador desgarrado.

“¡Muchas gracias! Lo había echado de menos. ¿Te apetece pasar?”

“Voy a hacer mucho más que pasar, zorra asaltacunas”.

“¿Qué sucede? ¿Te molesta que haya acariciado la picha de tu hijo con mi vagina mientras me corría?”

Por supuesto, al oír eso me rompió la cara con una patada de karate y luego me saltó encima. Fue el comienzo de una intensa amistad.

Elvira y Don Julián

Hola amigos de Sexycuentos. Aquí os adjunto un tercer relato de peleas salvajes como juego erótico. Este es un poco mas largo y se divide en tres partes. Espero que os guste.

1)

Elvira era la criada de Don Julián desde hacia tres meses y también era su amante. Era una andaluza de piel morena, de un metro ochenta y cuatro de estatura, cabellos muy negros y fascinantes ojazos oscuros. Sus brazos eran fuertes como los de una campesina y sus pechos eran gordezuelos y generosos como su soberbio trasero. Elvira era también la cocinera, y lo cierto es que tenia un ligero sobrepeso, pero era una verdadera maquina en la alcoba, especialmente en los juegos que al señor le gustaban, que solían consistir en luchas duras y sucias donde la robusta criada y su atlético patrón rodaban por los suelos arrancándose la ropa y forcejeando con todas sus fuerzas, empleando tanto tiempo en meterse mano como en pegarse hasta la extenuación física y sexual. Al principio las luchas eran fingidas y juguetonas, pero amo y sirvienta estaban muy igualados físicamente, eran duros y muy competitivos, de manera que pronto estaban peleando con todas sus fuerzas y cuanto mas competitivas eran sus impúdicas peleas, rodando por los suelos furiosamente, totalmente desnudos, mas intenso era el orgasmo posterior. Las reglas eran pocas, solo las indispensables para no hacerse verdadero daño. Los uniformes de servicio no le duraban mucho a Elvira, que siempre había sido muy pegona y solía iniciar las peleas para excitar todavía mas a su patrón, pero que luego se cerraba en banda como una tímida doncella, de manera que don Julián tenia que tomarla como se tomaría un castillo, suponiendo que no fuese la criada la que domase al señor, ganando así un día de sueldo según el pacto convenido, mas la satisfacción de cabalgar la cara del señor y obtener de él un maravilloso orgasmo de la victoria.

El día de su cumpleaños, Julián decidió celebrarlo con una buena pelea con Elvira, y sin previo aviso le saltó encima. La morena estaba sacando un montón de periódicos viejos para tirarlos y cayó encima de ellos, con el señor encima, tirándola del pelo para darle la vuelta y besarla.

¡Estupendo! Pensó Elvira. ¡Otro uniforme a la porra! Menos mal que los paga el jefe.

El amo y la sirvienta forcejearon frenéticamente, desgarrándose la ropa mientras rodaban por los suelos entre una nube de hojas de periódico. Julián le metía mano por el escote para sobarle los pechos mientras que Elvira le tiraba de los pelos y le daba rodillazos en el estómago. Al cabo de un par de minutos Elvira, que era una moza fortachona y descarada, estaba montada encima de su patrón, inmovilizándole y aplastándole la cara con los pechos mientras rozaba rítmicamente sus braguitas contra el ‘paquete’ de su jefe para masturbarse. Julián se encabritaba bajo el robusto cuerpo de su tetuda doncella como un caballo salvaje, intentando desmontarla mientras le tiraba de los pelos y le arreaba en las costillas. Todo eso solo sirvió para que Elvira se excitase todavía mas hasta correrse como una yegua en celo, uniendo el éxtasis de su cuerpo al éxtasis de su victoria física sobre su jefe macho. Comenzó a frotarse mas deprisa todavía contra la virilidad de su vencido adversario hasta correrse de nuevo un par de minutos después. Insaciable, se quitó los jirones que todavía conservaba de sus ropas, hasta quedar gloriosamente desnuda sobre el tendido cuerpo de Julián, al que desvistió también y acto seguido se montó de nuevo sobre el rozando sus cuerpos desnudos todo lo que podía, sintiendo el delicioso roce de la piel contra la piel hasta que al cabo de unos pocos minutos se corrió de nuevo, entre suspiros de placer.

Sudorosa y magullada, pero satisfecha, Elvira se alzó triunfante sobre su patrón, alzó los brazos en señal de victoria y le puso un pie sobre el miembro viril. Luego se encamino hacia su cuarto para buscar algo que ponerse. Entonces Julián, viendo que se marchaba, le dijo: ¡Eh, morena,! ¿Y yo que?

¿A mi que me cuentas? Respondió la criada. Yo ya voy servida.

¡Pero yo no me he corrido todavía!

Ese es tu problema, nene. Has perdido, ¿recuerdas? Ah, por cierto, me debes un día de sueldo.

La respuesta de Julián fue embestirla y tirarla al suelo. Al cabo de cinco minutos, Elvira había vuelto a correrse y Julián le debía a la criada otro día de sueldo. Julián se fue a la cama aquella noche en ayunas y de muy mal humor. Para su sorpresa, Elvira estaba allí, en su dormitorio, medio desnuda. Julián, sonriendo picaramente, quiso meterse en la cama con ella, pero Elvira le rechazó a patadas.

¡Búscate otro sitio, mariconazo! ¡Esta noche duermo yo aquí!

¡Pero esta es mi cama!

Te fastidias

¡Oye mona, que yo soy el patrón y tu la empleada! Respondió Julián, tirando de las sabanas.

Bueno, pues si de verdad soy tu empleada, empléame para algo… si es que todavía eres lo bastante hombre para emplearme! Dijo la criada, abriendo mucho las piernas, como si le invitase a proceder. Su jefe no se hizo de rogar pero ella le recibió de nuevo a patadas, impidiéndole entrar en la cama. Julián le saltó encima y lucharon en el colchón y muy pronto en el suelo, donde el limitado espacio les estorbaba para maniobrar. La lucha se convirtió en un duelo de pura fuerza donde el amo de la casa intentó establecer de nuevo la tradicional supremacía masculina en este terreno, pero Elvira era una verdadera tigresa, tan alta y robusta como su patrón. Ambos estaban desnudos, empapados en sudor, sus cuerpos estrechamente entrelazados en el limitado espacio entre la cama y la pared. Al cabo de un rato y tras considerable esfuerzo, Julián comenzó a tomar el control de la pelea en el plano físico, pero Elvira se impuso en el plano erótico, logrando mediante hábiles frotamientos y palabras sucias susurradas al oído que Julián se corriese antes de poder penetrarla. Entonces ella le agarró de los pelos, le arrojó sobre la cama y se tumbo encima, inmovilizándole y estrujándole hasta que se rindió.

Me debes TRES días de sueldo, nene. Y ahora, ¡A cumplir! Y dicho esto, la salvaje morena se arrimó a su patrón para que este le hiciera el amor con dulces besos y tiernas caricias hasta que reunió Julián energías suficientes para copular de nuevo, con ella encima, por supuesto.

Al día siguiente, Julián se despertó sintiendo los dedos de su sirvienta jugueteando con sus genitales, mientras le besaba en el cuello y se rascaba contra el como una gatita mimosa.

Zorra, musitó el, entre un beso y otro.

Y a mucha honra, pedazo de capullo, respondió ella. Querías una autentica zorra para follar y pelear, para ponerte cachando, pero soy demasiado zorra para ti porque te puedo. Querías una zorra, no una zurra. Te creías que eras un lobo salvaje y que podías zurrar a la zorra, pero no eres mas que un perro sarnoso.

Y dicho esto, se lo folló otra vez.

– – – – – – – – –

2)

Elvira disfrutaba peleando a lo bestia y su patrón era justo lo que necesitaba: un cerdo machista que la había contratado como criada y a la vez como juguete sexual. Elvira le había dado ya unas cuantas duras lecciones de poderío femenino pero Julián no aceptaba que su criada pudiera ser la campeona de lucha en el dormitorio, de manera que siempre buscaba la revancha y a veces la conseguía. Elvira por su parte no deseaba otra cosa que una oportunidad para patearle el culo a su patrón y el fútbol era una excelente oportunidad.

Aquella tarde Don Julián llegó a casa pronto para ver el partido relajadamente y se encontró con que la TV había desaparecido! Elvira estaba reclinada en el sofá, sonriendo lascivamente con las piernas abiertas. Los muebles habían sido desplazados para dejar mas espacio en el salón.

¿Dónde esta la tele? Exclamó asombrado Julián. ¿Se ha roto?

Tu cara es lo único que va a estar roto aquí, capullo. Respondió Elvira sonriendo.

¿Olvidas quien manda aquí, puta machorra?

Mando yo, porque soy la más fuerte, machito mariquita. Y como soy una puta te voy a hacer unas cuantas putadas. ¡nenaza! Te voy a…. Ugghhh!

Julián, sin esperar mas, le había pegado una patada en el coño a su criada respondona. Elvira cayó al suelo hecha un ovillo y Julián comenzó a darle de patadas hasta que Elvira pudo agarrarle por los tobillos y hacerle caer. Entonces lo tuvo al alcance de sus puños y comenzó a golpearle sin compasión. Julián le devolvía los golpes y ambos rodaron por el suelo machacándose con todo lo que tenían. En un cierto momento, quedaron enredados de tal manera contra un rincón de la habitación que apenas podían moverse pero ninguno quería soltarse por miedo a darle ventaja a su rival. De manera que se quedaron allí, estrujándose con todas su fuerzas. Cada uno de ellos tenia al otro enlazado por las piernas y se agarraban con los brazos por donde podían. Elvira le tiraba de los pelos al señor y le mordía en el hombro. Julián por su parte intentaba desgarrarle la ropa y alcanzarle los pechos para estrujárselos. Cuando Elvira sintió que su patrón le aferraba sus espléndidas tetas, le dio un cabezazo a su adversario.

Ay! Cabronaza, te voy a matar! Y comenzó a apretarle las tetas como si fueran naranjas para exprimir. Elvira le dio otro cabezazo mas fuerte y Julián, aturdido, soltó a su tetuda adversaria. Ella, rápida como el rayo, se le echó encima. Pero Julián le planto cara y quedaron frente a frente, de rodillas.

Te vas a arrepentir de haberme dado esa patada, maricon medio nena!

Me vas a chupar el rabo, golfa!

Con tu cara me voy a hacer pajas, puto desgraciado!!

¡Culo de vaca!

¡Pollafloja!!!

Sin aguantarse mas, amo y criada se lanzaron el uno a por el otro a puñetazo limpio. Chocaron y después de unos pocos golpes quedaron abrazados de rodillas, estrujándose mutuamente en un abrazo del oso. Aprovechando un descuido, Julián le metió la lengua en la boca a su criada respondona. Ella sintió un subidón al recibir el beso francés y se lo devolvió apasionadamente mientras ambos seguían estrujándose con todas sus fuerzas. Astutamente, Julián tenia metido su pierna derecha entre las piernas de ella, de manera que podía rozar con su muslo la entrepierna de Elvira, cubierta tan solo por unas braguitas de algodón. Antes de poder reaccionar, la viciosa criada machorra estaba sintiendo los preliminares de un salvaje orgasmo. Elvira interrumpió el beso e intentó zafarse del abrazo del oso pero era demasiado tarde. Se corrió en pleno combate y se cayó de espaldas con su amo y señor encima.

Julián se bajo los pantalones y le arrancó las bragas a su adversaria para rozase con ella y excitarla todavía mas hasta que se corrió de nuevo. Entonces se montó a caballo sobre ella y comenzó a machacarla con sus puños hasta tenerla a su merced. Una vez sometida por completo, le metió la polla hasta el fondo y se la folló sobre la alfombra del salón. Elvira, dominada y domada por su robusto patrón, no pudo evitar correrse de nuevo. Entonces Julián la agarró por los pelos y se la llevó a rastras al dormitorio. Allí había una TV pequeña. La conectó justo a tiempo para ver el inicio del partido.

Al cabo de un cuarto de hora Elvira comenzó a moverse. Entonces Julián la sacó de la cama de una patada en el culo y le dijo: ¡Tráeme algo de beber, zorra!

Un par de minutos después Elvira, todavía desnuda, regresó al dormitorio con un vaso de cerveza. Sin mediar palabra, le volcó la cerveza en la cabeza a su jefe, cegándole. Entonces aprovechó para lanzarle un gancho a la barbilla que lo tumbó de espaldas. Entonces la criada respondona se montó sobre su vapuleado jefe. La pelea parecía decidida pero Julián estaba furioso y luchaba como un loco.

Suéltame puta barata. ¡Quiero ver el partido!

¡Te jodes! El fútbol es una mierda y tu eres una mierda y peleas como una nena de cinco años. ¡Ríndete!

¡Tu madre!

¡Que te rindas!

¡Que te jodan!

Jodeme tu si puedes, ¡mariconazo!

Elvira esta montada sobre el estomago de su patrón, quitándole el aliento. Julián estaba al borde de la derrota total pero, forcejeando desesperadamente, logró alcanzar el pubis de Elvira y apretó con fuerza. Elvira gritó como una histérica y quiso escapar, pero Julián la persiguió a puñetazo limpio y la cazó con un directo a la barbilla que la dejó grogui.

Julián agarró a su vencida agresora, la puso a cuatro patas y comenzó a penetrarla vaginalmente al estilo perro, pero entonces Elvira comenzó a recuperarse y se resistió todo lo que pudo. Sin embargo esta todavía algo aturdida y bastante fatigada, de manera que poco a poco Julián fue imponiéndose y clavándose hasta la empuñadura, masturbándose con el coño de su agresora mientras no se perdía detalle del partido.

Mira al número siete, le dijo a su criada mientras arremetía rítmicamente contra el culo moreno de Elvira. Ese tío si que sabe jugar al fútbol y no esos pringaos que cobran millones y millones.

¡Odio el fútbol! Preferiría verte con una pelandusca barata que con el fútbol!

Pues eso no te impide tener un par de balones, respondió Julián, sobándole las tetas gordezuelas, y una buena portería, añadió, reanudando sus arremetidas contra la vulva encharcada de su criada respondona.

Mientras tanto el equipo de Julián marcó gol. Entonces, mientras el locutor cantaba el ¡GOOOOOOOOL!!! a voz en cuello, Julián se corrió como no se había corrido en meses. Muy a su pesar, ella también se corrió. La pobre Elvira se quedó tan agotada y humillada por su derrota física y sexual que no le volvió a darle problemas al patrón durante el resto del partido.

¿Te ha gustado? Le preguntó Julián muy contento, porque había ganado su equipo por dos a cero y porque su duelo físico y sexual contra su criada respondona también iba de momento dos a cero.

Te voy a patear las pelotas cabrón.

Inténtalo si te atreves zorra barata.

Te voy a dar una paliza de muerte y me voy a correr mientras me pides piedad.

Te voy a violar puta calientapollas, dijo Julián, poniéndose de pie. Su miembro viril estaba irguiéndose. Retarse con Elvira le ponia caliente.

Besame el coño payaso. A ostias te puedo, así que aquí mando yo.

¿Ah, si? ¿Quién lo dice?

Estos dos lo dicen, pollafloja de mierda. Respondió Elvira, alzando los puños. Julian alzo también los puños y cuando Elvira no se lo esperaba, le lanzó una patada al estomago.

¡Tramposo de mierda! ¡TE VOY A MATAR!!!

Pero Julián estaba ya sobre ella machacándola con pies, rodillas y puños, de manera que Elvira tuvo que defenderse como pudo y agarrarse a su adversario para dejar de recibir tantos golpes. Ambos rodaron sobre la cama estrujándose, tirándose de los pelos y mordiéndose hasta que poco a poco fue bajando la intensidad del combate por puro agotamiento. Ambos terminaron en los brazos del otro, haciéndose el amor apasionadamente. No se follaron ni echaron un polvo, se hicieron el amor hasta correrse una vez mas. Luego durmieron de un tirón el resto de la noche.

Al día siguiente, que era sábado, Julián parecía un poco incomodo y dijo: Oye, Elvira, lo que pasó anoche…

¡Corta el rollo! Le interrumpió ella. Yo empecé, ¿lo recuerdas? Buscaba pelea y la encontré. Si te hubiera vencido como proyectaba hacer, te ibas a enterar de lo que es bueno. Me contrataste para esto: sexo y pelea ¿No es así? Pero yo acepté el empleo por los mismos motivos. ME GUSTA zurrarles a los tios y el que tu puedas vencerme de vez en cuando no modifica el hecho de que yo soy superior. Es un poco más emocionante no ganar siempre, pero el hecho escueto es que aquí soy yo la que lleva los pantalones. ¿Te enteras?

Ayer no estabas tan chula, puta vaca machorra. Y no te olvides de que yo soy el jefe porque soy el que paga. Dijo Julian, acercándose a su criada respondona y peleona

Bueeeeeno! Tu eres el que paga pero yo soy la que pega ¡y tu el que ‘cobra’! replicó ella, plantándole cara a su jefe.

Y en un segundo, estaban a tortas de nuevo

– – – – – – – – –

3)

De vez en cuando el señor se traía alguna pelandusca a casa pero ninguna duraba demasiado porque muy pocas se la podían comparar en la cama, y casi ninguna se amoldaba a los gustos del señor como se amoldaba ella. Inevitablemente se llegaba a la pelea entre ambas hembras, y de forma casi invariable las uñas de la gata andaluza demostraban ser las mas afiladas. (En sentido figurado, porque Elvira llevaba las uñas cortas para poder usar mejor los puños) Cada victoria en una de estas sucias peleas femeninas le reportaba un mes de sueldo, pero si perdía se arriesgaba a perderlo todo, pues ella misma había logrado aquel trabajo derrotando a la criada anterior, una rubita de medio pelo con un buen par de tetas que no le había durado ni cinco minutos. Tras la primera pelea, la perdedora tenia derecho a una revancha pero la mayoría de sus adversarias, incluida su antecesora, no tenían ovarios para repetir.

Una que si que tenia ovarios de sobra era la señora, o mejor dicho, la ex – señora, porque el señor y ella estaban separados, tramitando el divorcio. Un día apareció de repente por la casa una pelirroja pecosa y de piel muy pálida, bastante alta aunque no tanto como Elvira, de largas piernas, culo espléndido y con buenos pechos, evidentes al ir vestida como una puta de 300 euros. Elvira por su parte tenia el pelo despeinado y muy poco más, pues el señor y ella habían estado pegándose en el recibidor, perdiendo en el proceso la ropa y la vergüenza, aunque no echaban de menos ninguna de ambas cosas. De repente se escucho el ruido de una llave en la puerta y alguien abrió. Era la señora, que se quedo mirándoles estupefacta.

Hola Julián. ¿Es esta tu nueva putita?

¿Quién es esta bruja? Dijo Elvira.

Chicas, chicas… cariño, esta es Elvira, la doncella. Elvira, esta es Bárbara, mi ex mujer.

Todavía no, nene, y me parece que tu nueva putita de ‘doncella’ no tiene nada. ¿Te gustan ahora las gitanillas, Julián?

No soy gitana, y no me llames putita, putona.

Mejor una putona rica y elegante como yo que una putita barata y desvergonzada como tu.

Puede que tengas mas dinero que yo, pero yo tengo algo que tu no tienes.

¿Ah, si? Y que es?

¡Esto! Respondió Elvira, recogiendo del suelo un preservativo usado y arrojándoselo a la cara.

¡¡ZORRA!! Gritó la pelirroja, arreándola un sopapo monumental

¡¡BRUJA!! Respondió Elvira, devolviéndole la bofetada

¡¡PUTA!! Replico Bárbara, arreándole un tremendo guantazo

¡¡PUERCA!! Dijo la criada, arreándole una trompada

¡¡FURCIA!! Otro sopapo para la morena.

¡¡FOCA!! Lo mismo para la señora.

¡¡PERRA!! Un buen revés en la cara de la criada

¡¡GUARRA!! Replicó Elvira, sacudiéndole a su adversaria un tremendo tortazo.

Normalmente, tras un par de bofetadas, las dos gatas de pelea se habrían lanzado la una a por la otra. Pero esta vez parecían sostener una especie de duelo personal, subiendo de tono los insultos mientras sus mejillas iban volviéndose coloradas y aparecían en ellas marcas de uñas. Julián estaba alucinado ante aquel enfrentamiento, que se prolongó todavía un par de minutos hasta que Elvira, con un tremendo revés, derribó a Bárbara y acto seguido se lanzó sobre ella con un alarido de triunfo. Bárbara la recibió con uñas y dientes, agarrándole una teta con las dos manos y retorciéndosela. Elvira aulló de dolor pero en un segundo le estaba devolviendo el favor. Esto duro tan solo unos segundos, pues ninguna de ellas pudo aguantar ni un instante más.

Las dos fieras quedaron en el suelo, jadeando y recuperando fuerzas. Esta vez fue Bárbara la que atacó primero, agarrando el cabello de su adversaria y tirando con fuerza. Elvira hizo lo mismo y agarrándose de los pelos con ambas manos se pusieron de pie de nuevo intercambiando patadas y rodillazos.

¡Ríndete putita, o te dejaré calva! Gritó la pelirroja. No era bravuconada, pues esta vez fue la morena la que se vio en desventaja, arrastrada por su rival. Entonces Elvira soltó el cabello de la señora y comenzó a usar los puños. La elegante zorra aceptó el reto, y durante un par de minutos ambas bestias tetudas se machacaron mutuamente.

Julián estaba asombrado de la pelea. Normalmente Elvira no usaba los puños en las peleas salvo que el combate se le volviese difícil o estuviese muy enfada, pero cuando los ponía en acción, la batalla terminaba casi siempre en cuestión de segundos. Esta vez, tras un prolongado intercambio de puñetazos, las dos fieras quedaron frente a frente, en guardia, jadeando. Bárbara había perdido sus elegantes pero impúdicas ropas, revelando que no llevaba ropa interior alguna debajo. Vale que estábamos en pleno verano y hacia un calor de caerse las moscas, pero aun así la tal Bárbara era un verdadero putón, paseándose sin bragas y con aquella minifalda de tubo por la ciudad.

Durante un segundo las dos gladiadoras se miraron con odio la una a la otra. Luego atacaron. Cayeron al suelo, Bárbara encima, pero Elvira cerró sus piernas morenas sobre la cintura de avispa de la pelirroja y cerró con fuerza. Bárbara pegó un alarido al sentir la presión sobre sus costillas, y quiso atacar el pubis de la criada, pero Elvira estaba muy pegada a la señora, abrazándola con fuerza. Bárbara estrujó un pecho de Elvira, la golpeó, la mordió, la tiro del pelo, pero de nada le valió y unos segundos después tuvo que pedir piedad.

La señora no ha podido con la criada. Dijo Elvira en son de burla. ¿Quiere un poco más la señora? Preguntó, cerrando de nuevo las piernas.

¡¡ARGHHHH!!! Gritó Bárbara. ¡Basta, BASTA! ME RINDO!!!!

Elvira se monto sobre Bárbara, y comenzó a comérsela a besos, rozándose con ella, y frotando rítmicamente su sexo contra el de su vencida adversaria, que al principio se resistió pero luego comenzó a gemir y retorcerse mientras la sirviente la jodia con entusiasmo. La señora se corrió entre gemidos y luego la criada siguió cabalgándola hasta masturbarse con el caliente coño de la señora. Julián, caliente a tope ante esta increíble escena, se excitó tanto que entró de nuevo en erección y embistió por detrás a la caliente pareja, insertando su miembro viril entre los conejitos calientes de ambas hembras, que comenzaron a refrotarse la una con la otra sintiendo el tacto duro de la polla de Julián en medio de sus coños, como una salchicha en el bocadillo. Las dos cachondas se corrieron en unos segundos, y al cabo de un par de minutos de salvajes jadeos se corrieron los tres casi a la vez. Luego la morena se levantó, se sentó sobre la cara de la señora, embadurnándole la cara con el semen del macho que acababan de disputarse.

Julián se sentó a su lado y comenzó a besarla y acariciarles los pechos.

Tu ex mujer pelea muy bien, pero folla mucho mejor. Dijo Elvira.

Tiene mucha practica, en realidad demasiada, ya me entiendes, respondió Julián. Por eso voy a divorciarme de ella.

Me la voy a follar el resto de la noche, dijo Elvira, con una sonrisa picara. ¿Vienes?

Chica, no, gracias, me gustaría pero estoy muerto. Me has dejado agotado antes de que Bárbara llegase, y este ultimo ya ha sido demasiado.

Tu te lo pierdes, guapo. ¡Hasta mañana! Y diciendo eso, agarró a Bárbara por sus cabellos y se la llevó a rastras al dormitorio.

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4)

Al día siguiente Elvira se despertó sola en la cama, y al espabilarse del todo escuchó ruidos de impactos y jadeos en la entrada. Se levantó y moviéndose con sigilo vió en la entrada a Julián y a Bárbara desnudos, vestidos tan solo con una par de manoplas de boxeo de esas que dejan libres los dedos para agarrar. Ambos giraban y giraban mientras se lanzaban puñetazos y patadas hasta que la pelirroja le arreó tal gancho de derecha a su marido que lo tumbo en el suelo. Entonces la señora le saltó encima al señor y rodaron por el suelo. Entre tanto Elvira observaba la pelea matrimonial poniéndose cada vez más cachonda mientras veía a Julián ir poco a poco doblegando a su esposa y montándose encima de ella para echarle un buen polvo. La pelirroja le besaba pero a la vez intentaba quitárselo de encima a torta limpia, incluso cuando su marido ya la había penetrado y la cabalgaba rítmicamente. Elvira se puso tan cachonda viéndoles pelear y follar a la vez que empezó a masturbarse mientras les espiaba. Mientras tanto Bárbara había logrado tumbar al señor y lo montaba como una amazona en celo. Viendo moverse el estupendo trasero de la pelirroja, Elvira no pudo aguantarse mas y se abalanzó sobre ella, montándose sobre su espalda, besándola en el cuello, acariciándole los pechos y rozando su pubis contra sus nalgas. Al cabo de un par de minutos deliciosos se corrieron los tres, Bárbara primero, luego Julián y por ultimo Elvira.

Durante un minuto o mas, quedaron los tres en el suelo, recuperándose. Luego, Bárbara comenzó a asaltar con su ágiles dedos el pubis de Elvira, que le respondió en el acto de la misma forma, comenzando así una batalla sexual entre ambas hembras. La pelirroja atacaba con las yemas de sus dedos las partes intimas de la morena mientras le mordisqueaba la oreja. Elvira por su parte no permanecía ociosa, y la punta de su lengua masajeaba los pezones de Bárbara mientras sus propios dedos acariciaban la entrepierna de su adversaria. Tuvieron que pasar varios minutos para que la señora, con un gemido, se derrumbase entre los brazos de la criada que había vuelto a derrotarla. Entonces y solamente entonces, Elvira se dejó llevar y se corrió también. Distraída como estaba, no se dio cuenta de que Bárbara se levantaba y la agarraba en una llave de lucha libre, montándose encima de ella para cabalgarla coño contra coño. El revolcón era de tal calibre en su rudeza que parecía mas un combate de lucha libre americana que un acto de amor. Claro que no era amor, era sexo de combate, pues combate era, mientras cada una de ellas intentaba ponerse encima de la otra para marcar el ritmo del orgasmo. Ninguna lo logró, pero de nuevo fue la morena la que tras un buen rato de combate lésbico domino sexualmente, haciendo que la pelirroja se corriese primero. Entonces pudo montarla y correrse también.

Mientras Bárbara se recuperaba, Elvira hizo un esfuerzo por levantarse y no dejarse sorprender. Se acerco a Julián, que en el tiempo transcurrido había vuelto a empalmarse contemplando las acrobacias sexuales de su esposa y su sirvienta, y agarrándole por el pelo le dio un tirón que le hizo gritar y se lo llevo a los labios, besándole lascivamente mientras se enroscaba en su cuerpo como una boa constrictor apareándose. Cayeron al suelo, Elvira encima, y rodaron por el suelo besándose y acariciándose mientras copulaban. Entonces Bárbara se tumbó sobre la espalda de Elvira, rozándose con ella mientras la besaba en el cuello. Tras varios deliciosos minutos Elvira se corrió, seguida por Bárbara y luego Julián, que ya no pudo aguantarse mas escuchando los gemidos de placer de aquellas dos calientes hembras.

Tras los referidos excesos carnales, todos quedaron en el suelo, exhaustos y sudorosos durante un bien rato. Entonces Elvira, que parecía inagotable, se levantó y saco de un armario un consolador doble y tras meterse un extremo en su vulva, se lo sacó y se lo pasó por la cara a Bárbara, retándola a un nuevo combate sexual. La pelirroja agarró el consolador y lo chupó con ademán lascivo. Luego se lo metió en su propio coño, y agitó el otro extremo de forma obscena, como diciendo, ‘ven aquí’. Entonces Elvira agarró el otro extremo y se lo metió en el conejo mientras sobaba los pechos de Bárbara, que le devolvía el favor con lascivo entusiasmo. Sentadas frente a frente, con las piernas cruzadas para un contacto mas intimo, sus labios acariciándose en un lascivo beso, con sus lenguas masajeándose sin cesar y sus caderas moviéndose rítmicamente. Esta vez Bárbara, decidida a no dejarse vencer, aguanto largo rato, pero al final sintió que sus sentidos se sobrecargaban y sucumbía a una oleada de placer que la dejó en el suelo medio desvanecida.

Cuando Bárbara recuperó el sentido, Elvira le tiró unas ropas viejas.

La señora no puede irse desnuda, dijo Elvira. Pero Bárbara se acercó a cuatro patas a la morena y comenzó a darle lenguetazos en el conejo.

Nadie puede conmigo en el sexo oral, zorra andaluza, dijo Bárbara.

Es cierto, dijo Julián. Es la mayor mamona que conozco.

Exceptuándome a mi, respondió la criada, agachándose para entablar nuevo combate. La lengua de Elvira atacó sin piedad el clítoris de Bárbara mientras sus labios bucales mordisqueaban los labios vaginales de la señora, que le devolvía el favor con tal habilidad y furia que en breves instantes Elvira ardía por dentro sin poderse contener. Por un segundo Elvira se creyó vencida, pero entonces escucho los gemidos de placer y desesperación de la pelirroja, corriéndose como una yegua salvaje en celo.

Aquello fue el final del combate. La criada había aplastado sexualmente a la señora, derrotándola una y otra vez hasta el agotamiento total. Bárbara quedó en el suelo, inconsciente, y allí se quedo durante un par de horas. Pero Elvira todavía tenia ganas de marcha, y viendo el cipote de nuevo erecto de Julián, salto sobre el como una tigresa hambrienta sobre un cervatillo para darle un ultimo y glorioso revolcón.

Caperucita Roja lucha contra el Lobo Feroz

Érase una vez, una familia de leñadores que vivían en una cabaña aislada en el bosque. El matrimonio tenia cinco hijos y una hija, a la que todos llamaban caperucita porque para protegerse de la lluvia y del viento, llevaba siempre una media capa con capucha de un vistoso color rojo. Caperucita era la hija mayor y entre la dureza de la vida en el bosque y las continuas peleas con los guarros de sus hermanos, era tan hermosa como un ángel y tan fuerte como cualquier chico de su edad, o incluso mas todavía.

Un día, su madre fue a buscarla y la encontró en el granero, rodando desnuda con su hermano mas joven, de 14 años. El chico la tenia sujeta con una llave de tijera a la cintura y con una mano le tiraba del pelo salvajemente mientras que con la otra le estrujaba un pecho. Ella chillaba de dolor pero al mismo tiempo mantenía aferrado con firmeza su miembro viril, estirándolo rítmicamente como si lo ordeñase, hasta que el chico eyaculó. Entonces ella se libró fácilmente de la tijera y se montó sobre él, frotándose el pubis con su cara hasta correrse entre gemidos.

La madre: ¿Hija, que estas haciendo?

Caperucita Roja: Nada, mama. Tan solo estoy desvirgando al pequeñajo, que se me ponía chulo por haber cumplido los 14.

LM: Desde que tu padre murió, estas cada vez más salvaje y más guarra. En fin, mientras no te quedes embaraza, tus hermanos y tu podéis jugar sucio todo lo que os apetezca. Pero de momento coge tu ropa y llévale este paquete a tu tío, el cazador.

CR: ¡Jo, mama! La cabaña del tío esta lejos y hay que atravesar el bosque.

LM: ¿Quieres que les prohíba a tus hermanos jugar sucio contigo?

Ante este ultimátum, la viciosa jovencita agarró el paquete, lo metió en una cesta de mimbre que le resultaba cómoda de llevar y partió a través del bosque. Al llegar al vado del arroyo encontró al príncipe heredero del ducado, un adolescente problemático, grande y alto para su edad, que ya había vapuleado a más de un campesino y desvirgado a más de una campesina. Desgreñado y mal vestido pese a su condición de noble, todos le llamaban el lobo feroz por el emblema heráldico familiar, su aspecto delgado, sus orejas peludas, su escasa higiene personal, su lujuria insaciable y su demostrado salvajismo.

Lobo Feroz: ¡Eh, campesina, ven aquí!

CR: No soy campesina. Soy leñadora.

LF: ¿Y que más da? Campesinas, burguesas, pastoras, leñadoras.. Todas sois iguales. ¿Es comida eso que llevas dentro de la cesta? Dame un poco, tengo hambre.

CR: Tendrás menos hambre cuando te parta los dientes, mamarracho.

El lobo feroz, al oír esto, con ademán soberbio le dio una bofetada a Caperucita. Era la conducta normal de un noble acostumbrado a una completa sumisión de sus vasallos feudales, pero su soberbia se volvió sorpresa cuando caperucita le devolvió el bofetón. El Lobo la abofeteó otra vez y Caperucita, sin amilanarse, le estampó otro sopapo monumental. El Lobo le lanzó otro tortazo pero Caperucita detuvo el golpe y ambos jóvenes se enzarzaron en un duro forcejeo. Caperucita era fuerte pero el lobo no era ningún alfeñique y ninguno de los dos consiguió ventaja en la lucha. Más todavía, tras la sorpresa inicial, el Lobo comenzó a disfrutar de la experiencia de luchar cuerpo a cuerpo con una chica atractiva de turgentes pechos, largos y sedosos cabellos negros, piel bronceada y cuerpo esbelto.

Caperucita se dio cuenta de que la entrepierna del Lobo comenzaba a hincharse desmesuradamente y que su adversario estaba aprovechando el combate para meterle mano bajo la ropa. Cuando comenzó a sobarle entre las piernas, Caperucita dejó de forcejear para liarse a mordiscos, patadas, puñetazos, cabezazos, rodillazos y codazos.

LF: ¡ESTUPENDO! No me había divertido tanto desde que violé a la hija del herrero, que es la mujer más fuerte de toda la aldea. Si hubiera sabido que tú también sabes pelear, te hubiera buscado hace mucho.

CR: Me he peleado seis veces con la hija del herrero porque a las dos nos gustaba el mismo chico, pero ella aceptó olvidarse de él después de la sexta paliza. Me corrí seis veces en su cara y voy a hacer lo mismo con la tuya, pichafloja!

Caperucita y el lobo rodaron por el suelo luchando con todas su fuerzas. A sus 19 años caperucita era una chica atlética y en forma, mucho más fuerte de lo que aparentaba, pese a su baja estatura. El Lobo, a sus 17 años, era ya un granuja redomado y aprovechaba la pelea para meterle mano a caperucita todo lo posible. La morena fingía dejarse hacer mientras usaba sus conocimientos de lucha para inmovilizar a su agresor. Cuando el Lobo se dio cuenta de que estaba atrapado, intentó liberarse haciéndole cosquillas a su adversaria, pero sin éxito.

CR: Es inútil lo que intentas, no tengo cosquillas. ¡Pero tu si!

Y comenzó a hacerle cosquillas. El Lobo intentó liberarse mientras Caperucita le apretaba cada vez más fuerte. Cuando vio que su adversario estaba inmovilizado, decidió tomarle el pelo y acercándose a sus peludas orejas, que eran las que le habían valido el apodo de ‘Lobo’, comenzó a susurrarle procacidades.

CR: Tengo los pezones tiesos…

Era verdad. Los pezones de la chica estaban enhiestos y duros, marcándose con claridad en su ropa. Caperucita siguió hablando, usando un lenguaje que le habría ganado una bofetada a cualquiera que lo usase con ella en una situación normal, escogiendo con cuidado las palabras para maximizar el efecto sobre la libido masculina.

CR: Tengo unas ganas locas de que me folles, lobo sarnoso. Quiero FIESTA! Me voy a hacer un par de pajas con ese pedazo de cipote que te noto bajo esos birriosos pantalones que deberías haber tirado hace años. Tengo la almeja tan mojada que voy a empapar las bragas, cacho cabrón!

LF: ¡Calientapollas!, en cuanto me suelte, te voy a echar un polvo que te vas a enterar, ¡cabrona!

CR: (ondulando lascivamente su cuerpo, rozándose suavemente la entrepierna contra la abultada bragueta de su inmovilizado adversario) ¡Vaya Mierda de lobo, que se pelea con la cabrona y ella le puede! Si tus músculos fueran como tu rabo, a lo mejor me ganabas, nene. Ohhh, macizo, tio bueno, calientapollas me llamas, pero tu si que tienes un buen calientacoños. OHHH!!! ¡Que grande! SII!! Ojala pudiera desmontarlo y llevármelo a casa. ¡SI! Te voy a joder vivo. Quiero polla. Quiero tu puta polla. Ah, ahhhh, ahhhhhh!! ¡Que gorda la tienes! aaahhhh!! SIII AAAHHHHH!!!!! AAAAAHHHHHHHH!! AAAAAAAAAAAAHHHHHHHHHHHHHHHHHH!!! AAAaahhhh………..

El lobo, aprovechando que caperucita estaba distraída por aquel colosal orgasmo, intentó liberarse y casi lo consiguió, pero Caperucita reaccionó con presteza para asegurar su presa. El Lobo inmovilizó la cabeza de caperucita sujetándola por la barbilla y la besó por la fuerza, pese a los desesperados esfuerzos que ella hizo para zafarse. Fue un beso largo y húmedo, que la jovencita comenzó a devolver con entusiasmo voraz. Lucharon estrujándose con rabia, mordiéndose, pellizcándose, tirándose de los pelos y dándose patadas y codazos, mientras que el top y la falda de caperucita salían volando, quedando la musculosa morenita vestida tan solo con unas bragas negras de cuero y la capucha con media capa que le había valido su apodo. El Lobo también había perdido la camisa y los zapatos, conservando tan solo unos calzones viejos y feos que estaban pidiendo a gritos un buen lavado desde antes de que la pelea comenzase.

LF: Calientapollas, te voy a arrancar las bragas

CR: Pollafloja, te vas a quedar con las ganas

Era verdad. Las bragas de Caperucita eran de lino fuerte, muy resistentes, difíciles de arrancar si su propietaria no se dejaba. Mientras el Lobo intentaba sacárselas, Caperucita pudo atraparle la cabeza con las piernas en una llave de tijera y sentarse sobre su cara, mirando hacia sus pies. Quedó el Lobo de espaldas sobre el suelo, con las espléndidas nalgas de caperucita aplastándole la cara, ondulando ella sus caderas para restregarle las bragas en la cara, los ojos cerrados con expresión de arrobamiento. El Lobo no tuvo escrúpulos en intentar morderla para quitársela de encima, pero el cuero la protegía muy bien. Lo único que consiguió el lobo con todos sus esfuerzos fue acelerar la excitación de la vencedora. El lino estaba empapado de sudor y fluidos genitales, y de repente sintió el Lobo que aumentaba la temperatura mientras los gemidos de su conquistadora indicaban que se derretía de placer.

Quedó Caperucita tendida junto al lobo, abrazándole, deshecha de placer. No pudo sacar provecho el Lobo de tal situación, pues estaba demasiado ocupado recuperando el aliento tras quedar casi ahogado bajo los poderosos genitales de su lujuriosa adversaria.

LF: ¡Zorra!

CR: Venga ya… Como si no te pusiera cachondo a tope que sea un poco zorra cuando te arreo una buena zurra. (le agarra de los pelos y lo besa apasionadamente.) Ha sido un verdadero placer, mamarracho, pero tengo prisa.

LF: (señalando el enorme bulto de sus pantalones) ¡Eh, oye! ¿Y yo, que? ¡Mirame!

CR: (Poniéndose la falda y el top) Tu desmontable es tu problema, nene. Yo ya voy bien servida.

Y dicho esto, se puso en marcha de nuevo. El Lobo, furioso, de buen gana se hubiera lanzado a por ella, pero estaba agotado a mas no poder, aparte de que tuvo que perder tiempo recuperando su propia ropa. Cuando estuvo en situación de perseguir a Caperucita, la moza había ya desaparecido por el bosque. Quedó el Lobo de pie allí, en medio del claro, con aire estúpido y sin saber que hacer. Luego, sonriendo, echo a correr a toda velocidad. Corriendo a toda potencia, el Lobo llego a casa del tio de Caperucita antes que esta, y la encontró cerrada, con un cartelito que decía:

“Querida sobrina: he tenido que marcharme por un imprevisto. Regresaré esta noche. Déjame la cesta en casa y recoge la bolsa que te he dejado en el salón.”

El Lobo se puso a pensar. Por el cuerpo a cuerpo, sabia a ciencia cierta que Caperucita no llevaba llaves encima. Por lo tanto era seguro que las llaves de la casa estaban en algún escondite. Tras probar cuatro o cinco sitios posibles, las encontró debajo de una losa de piedra. Arrancó el cartel, abrió la puerta y entró en la casa. Localizó el dormitorio y tras inspeccionar los armarios, se apodero de un pijama, un gorro de dormir de lana, unas gruesas gafas y una bufanda. Justo a tiempo, porque escuchó que ya llegaba Caperucita. Se metió en la cama, bendiciendo el hecho de que caperucita fuese a ver a su tio y no a su tia. Con una mujer, las probabilidades de éxito de su plan hubieran descendido drásticamente, pues hubiera sido más difícil mantener el disfraz.

CR: (Entrando en la casa) Tío, ¿dónde estás?

LF: (Poniendo una voz de falsete y tosiendo mucho) Estoy aquí, resfriado.

CR: Pues debe ser un buen resfriado, porque vaya voz cambiada tienes. ¿No habrás cogido la gripe? Ah, no, no es la gripe.

LF: ¿Y como lo sabes?

CR: Por que la tienes tiesa tiesa, tanto que la sabana parece una tienda de campaña. ¿He interrumpido algo?

LF: No, cariño, llegas justo a tiempo. Y diciendo esto, saltó sobre su sorprendida victima, derribándola sobre la cama.

CR: ¡TU! ¡Maldito cerdo! Me voy a hacer una paja con tu cara, puto maricón.

Lucharon por toda la habitación, chocando con las paredes y arrojándose el mobiliario y los objetos domésticos. Caperucita le dio una tremenda paliza al Lobo pero este apenas parecía notar los golpes. La lujuria parecía centuplicar sus fuerzas y tras más de un cuarto de hora de pelea interrumpida, Caperucita acabó sucumbiendo ante los asaltos sexuales de su violador. Como el ariete en la puerta de una plaza tomada por asalto, así penetró el cipote del Lobo Feroz en la entrepierna de la vapuleada Caperucita.

CR: ¡Cabronazo! OHHH, ¡Que gorda la tienes! AHH, AAAHHH, AAAAAHHHHH!!!

¡No pares cerdo! ¡Si! ¡Siiiiiiiiiiii! Me corro, me corro! OHHH! Cerdo, te mataré. AHH!

Sabes como usar una polla. ¡Me corro otra vez! ¡Dios mio! AAAAAAHHHHHH!!!!

Me las pagaras, cerdo. ¡Toma ostia! Te voy a sacar los ojos capullo. ¡No pares! Oh, Dios mío, otro mas. AH, AAHH, AAAHHH, AAAAAAAAAAAHHHHHHHHH!

Mientras gozaba a su pesar, Caperucita no dejaba de resistirse con todos los medios a su alcance, dientes, uñas, rodillazos, tirones de pelo y puñetazos en las costillas, pero todos estos golpes solo parecían servir para enardecer todavía mas al Lobo. Caperucita volvió a correrse cuatro veces mas antes de que el Lobo consumase su brutal violación eyaculando dentro de su victima mientras la devoraba a besos, ignorando sus golpes.

Tras más de seis horas de brutales forcejeos y salvaje fornicación, el Lobo había gozado cuatro veces por la fuerza de su musculosa victima, que yacía a su lado llena de moratones pero con expresión de gatita saciada.

Al anochecer, Caperucita despertó, para ver que su aristocrático violador empezaba a vestirse.

CR: Ha sido soberbio, ¡glorioso! El mejor revolcón de mi vida.

LF: ¿Serás marrana? Tanto alardear de machorra y te corres cuando te violan.

CR: ¿Qué pasa? ¿Es que una mujer de verdad no puede disfrutar de una buena polla? Los cipotes de primera como el tuyo son difíciles de encontrar. Además, siempre me ha puesto cachonda una buena pelea. Ganar siempre estaba comenzando a resultar aburrido. Tú en cambio eres perfecto. Estas tan bueno que me pongo húmeda solo de mirarte, pero eres tan asqueroso que disfruto el doble zurrándote. Pero lo mejor de todo es la emoción del riesgo. Pelear contigo a toda maquina, sabiendo que puedo vencerte y obligarme a lamerme el conejo, pero que de verdad puedo perder y quedar a tu merced, me pone a más de mil por hora. ¡Dios! Vas a ser un esposo perfecto.

LF: (muy alarmado) ¿Esposo? ¿Te crees que me voy a casar contigo por muy maciza que estés y por muy bien que folles, sucia plebeya? ¡Soy un noble!

CR: El difunto duque era un verdadero noble, sabio, apuesto, valiente y generoso. Todas las mujeres del feudo se hubieran abierto de piernas para él. Tú no eres más que basura y aunque seas el heredero, ni siquiera creo que seas su hijo. Seguro que la zorra de tu madre, la duquesa regente, se largaba al bosque las noches de luna llena y se acostaba con algún licántropo para parirte a ti.

LF: Licántropos no hay por estos bosques que yo sepa, pero leñadores si. ¿Y que crees que estaba haciendo la honesta y robusta esposa del fornido leñador, mientras su marido derramaba su simiente en el vientre de mi madre? Pues gozar como una puerca del cipote de mi supuesto padre.

CR: ¿No te atreverás a insinuar que….?

LF: Tú misma lo has dicho: todas las mujeres del feudo se hubieran abierto de piernas para él. Así se vengó mi madre de los adulterios sin fin de vuestro idolatrado duque. Cada vez que su esposo salía a cazar ‘conejos’, ella se iba a recolectar ‘nabos’. El duque es tu verdadero padre mientras que yo soy hijo del leñador. Yo, un bastardo hijo de un plebeyo, heredaré el ducado. La venganza de mi madre esta completa. No solo le ha puesto abundante cornamenta al viejo lobo, sino que su linaje se ha extinguido.

CR: Hablas por hablar. Si tu madre se acostaba con cualquiera, tú puedes ser el hijo de cualquiera.

LF: No, por una razón muy sencilla: Mi madre buscaba venganza además de lujuria. Acostándose con el esposo de tu madre, se vengaba a la vez de su marido y de tu madre también. Solo queda un cabo por atar: ¡tu!

CR: ¿YO?

LF: Si, ¡TU! Eres la última descendiente viva del linaje ducal. Aunque seas mujer y bastarda, eres la única amenaza a mi ascensión al poder. ¿Crees que fue casualidad que me cruzase contigo y que te buscase pelea? Pensaba matarte después de violarte, pero creo que te dejaré vivir. Cuando me case con alguna marquesa feucha por motivos dinásticos, necesitaré una concubina de melones generosos, que sepa mover las caderas y pegar con el puño cerrado como tu. Va a ser un placer el poder follarte siempre que me apetezca, mientras disfruto de mi feliz reinado, sentado en un trono que debería haber sido tuyo.

CR: ¿Has olvidado que ya te he vencido antes? Voy a reconquistar el trono de mi padre a ostia limpia y de propina, me voy a hacer unas cuantas pajas con tu enorme rabo, chaval.

Y diciendo esto, se lanzó con los puños cerrados sobre su violador. Este la recibió de igual forma y tras un rápido y brutal intercambio de puñetazos, la lujuria tomo el lugar de la estrategia y se lanzaron a un vicioso cuerpo a cuerpo, enroscándose el uno en el otro como serpientes trenzadas en un combate de apareamiento.

Un par de horas después, se abrió la puerta y entraron la duquesa viuda y el cazador, tio de caperucita. Él le metía mano por el amplio escote para manosearle los generosos pechos y ella le deslizaba la mano por los pantalones para aferrarle el paquete mientras se lo comía a besos. Estaban tan concentrados en sus lujuriosos escarceos que al principio ni siquiera percibieron que la cabaña ya estaba ocupada.

DUQUESA: ¡Hijo! Que haces aquí!

CAZADOR: ¡caperucita!

Los dos estaban desnudos y cubiertos de moratones. Caperucita tenía un ojo morado y el semen le goteaba por los muslos, el pelo y otras partes del cuerpo, pero estaba claro quién de los dos era el indiscutido ganador del combate.

CR: Hola, amante de mi padre. El imbécil de tu hijo me lo ha largado todo mientras le violaba.

DUQUESA: ¡Ahhhhh! Tu eres la bastarda que mi esposo tuvo con esa golfa de tetas regordetas y culo de vaca. ¿Y que piensas hacer ahora que conoces la verdad?

CR: Voy a casarme con tu hijo y seré la duquesa, por supuesto.

DUQUESA: ¡Mnnnnnn! ¡Pues no es mala idea!

LR: ¡Madre, no puedes hablar en serio!!!!!

DUQUESA: En realidad es perfecto. Os casáis y cerramos el círculo. De esta forma, nadie podrá disputarles el trono a tus descendientes. Además hijo, te quiero mucho y eres muy bueno en la cama, mejor que tu padre sin duda y él era un verdadero maestro entre las sabanas, pero eres bastante tarambana y aquí te hace falta una mujer con mano fuerte. ¿La has desvirgado?

LR: Varias veces, aunque ella no se dejaba.

DUQUESA: Entonces, puedes vencerla en una pelea aunque ella también puede vencerte a ti. ¡Magnifico! Vais a ser una pareja perfecta.

LR: También voy a ser una duquesa perfecta cuando no esté demasiado ocupada pajeaádome con el cipote de tu lobito.

La duquesa, sin decir nada, se quitó sus lujosos ropajes y quedó desnuda ante los atónitos ojos de Caperucita. La duquesa era mujer hercúlea, musculosa como un hombre atlético y flexible como un junco.

DUQUESA: Tu madre y yo ya hemos tenido esta conversación, varias veces de hecho a lo largo de los años. Las dos disfrutábamos mucho de esas charlas; bueno, tu madre un poco menos, sobre todo al final, cuando tenía que lamerme el…

Caperucita se lanzó a por la duquesa, atacándola con una patada en el coño pero ella esquivó el ataque y rebotaron de un lado a otro de la habitación mordiéndose, pateándose y tirándose de los pelos. Caperucita luchó con todas sus fuerzas pero estaba cansada y la duquesa era mucho más fuerte que su hijo. Caperucita terminó derrotada, abierta de piernas, mientras la perversa duquesa se masturbaba frotando su coño contra la entrepierna de Caperucita hasta correrse.

DUQUESA: No ha estado mal. ¿Otro asalto, zorra?

Caperucita se lanzó al ataque sin dudarlo cuatro veces más, pero cuatro veces acabo domada y violada lésbicamente. Cuando al sexto envite ya no tuvo fuerzas, la duquesa se sentó sobre su cara hasta correrse. Después, insaciable, se refocilo con el cazador hasta agotarlo.

DUQUESA: Bueno hijo ¿Has visto como se doma a una zorrona machorra? ¿Has tomado nota para tu noche de bodas? Pues ven aquí y dale un beso a tu madre.

CR: ¿Seréis guarros?

Madre e hijo no se molestaron en contestarle porque estaban demasiado ocupados en el frenesí de la pasión. Cuando acabaron, Lobo Feroz estaba tan cansado que se quedó profundamente dormido.

DUQUESA: Os casareis la semana que viene.

CR: Ningún problema por mi parte, pero la noche de bodas, antes de zurrar de nuevo a tu lobito sarnoso, cuando no esté tan cansada como ahora, vamos a dejar claro cuál de las dos va a ser la duquesa reinante.

DUQUESA: ¡Ohhhhhhh! Creo que voy a páralo mejor contigo que con tu madre.

CR: Ya veremos.

Ella me destruyo

Todo empezó como los grandes cambios, con pasos pequeños en imperceptibles y una gran sorpresa.
Durante un tiempo comencé a conversar por largos ratos con una hermosa mujer, a veces en los viajes, en los aeropuertos y buses ya que al trabajar juntos en algunas ocasiones debíamos recorrer el país y encontrarnos en diferentes ciudades, o durante nuestros almuerzos que compartíamos únicamente los dos, poco a poco creció mi admiración por su forma de ser tan directa y encantadora, además de su absoluto atractivo, tal vez era esa pequeña cintura que unida a un culo de locura ponía como dementes a cualquiera que la mirara, estaba por sus 33 años pero parecía mucho menor, siempre vestía con jeans que resaltaban su figura, era la imagen de la elegancia casual, su tetas eran perfectas para ese pequeño cuerpo, la boca invitaba a la lujuria y eran sus grandes ojos negros que decían todo lo que uno tenía que saber, el cabello con un leve color cobrizo hacia que resaltara su rostro enmarcado por un corte de cabello muy moderno que terminaba en los hombros, en varias ocasiones la invite a salir pero ella se negó, a pesar de esto seguí considerándome su amigo y ella en más de una ocasión me ayudo en problemas que habían podido ser graves y afectar mi posición en la organización para la que trabajamos.
Realmente yo le debía mucho a esa belleza de mujer, al paso del tiempo y poco a poco fuimos contándonos algunas infidencias personales que llenaron nuestra amistad del encanto de conocer secretos mutuos, también compartimos conversaciones sobre nuestra experiencia sexual, ahora que lo veo en retrospectiva yo hablaba más que ella, mi timidez natural con las mujeres a la hora de abordarlas, mi total locura por el culo y las mamadas largas, y muchos otros deseos que no se habían vuelto realidad eran para ella confidencias que en algún momento la hacían reír pero siempre confiaba en su criterio, ella a quien llamare H salía con un hombre más alto que yo (mido 182 cm) que en verdad parecía un atleta o modelo de ropa interior además de económicamente estar muy bien afincado, todo parecía normal entre ellos y era la envidia de las otras chicas de la oficina.
En nuestro último viaje coincidimos en el aeropuerto a nuestro regreso y note en ella la mirada de inconformidad y rabia que yo conocía, su genio era reconocido por todos como algo de temer, después de algunas frases de saludo y cortesía pregunte: que te pasa?, alguno de nuestros estúpidos jefes te está molestando con algo?, su respuestas fueron evasivas hasta que mirándome directamente a los ojos me hizo una afirmación que me dejo perplejo: te diré que tengo unos gustos particulares sobre los hombres, cuando dijo esto una alarma sonó en mi mente, una voz interior me dijo huye, pero no hice caso, -yo soy una AMA-, esta palabra la pronuncio con una fuerza que casi me saca de mi silla – soy una DOMINA, así vivo mi vida, uso a los hombres para mi placer físico y sexual, ellos me obedecen en todo momento, son solo juguetes para mí- por unos segundos quede frio pero me compuse lo más rápido que pude, -está bien para mi si a ti te gusta – logre articular y continúe -lo que no entiendo es como eso te puede tener preocupada? Hoy me dijo -tengo una reunión con un grupo de mujeres que comparten mis gustos, pero el estúpido de Raul me quedo mal,-espera interrumpí- él es tu esclavo?, SI. Contesto con una voz pausada que me desquicio, y va a sufrir las consecuencias de este desplante, lo dijo lentamente, saboreando el dolor que le iba a causar, lo dijo entre dientes como si lo disfrutara, a continuación me explico que la reunión era en su casa y al no tener un esclavo que mostrar sus amigas significaba que era su posición como AMA la que estaba en juego, además de su ego que yo cada vez conocía más, H tú me has ayudado en momentos críticos y es hora que sea yo quien te ayude en algo importante, que puedo hacer para que tu como siempre salgas adelante con este problema?, mi pregunta y ofrecimiento la dejaron por un momento sin palabras, inmediatamente me respondió: SE MI ESCLAVO ESTA NOCHE, SOLO POR HOY Y DESPUES TE IRAS, podremos seguir siendo amigos aunque no lo creo, pensé en tantas cosas antes de decir.- oye H yo no sé nada de nada sobre dominación, no sé qué hacer, además como me voy a comparar con Raul?- inquirí, yo corro regularmente y hago deporte pero mi cuerpo no pasa de alguien que no se ha engordado, uso el cabello corto para disimular la caída de cabello y mi verga es de tamaño normal 16 cm, realmente estaba lejos de Raul aunque en mejor forma que muchos de mi edad, todo esto se lo dije y ella me respondió: ven a casa yo te preparare, te advierto va a ser duro, doloroso, pero si llegas a casa conmigo no habrá reversa, siempre me has tratado con respeto y como una reina, por esto que te cuento es que jamás quise salir contigo, no sé cómo hubieras reaccionado ante esta verdad y realmente no creo que tengas lo suficiente para llegar a ser mi esclavo, sé que quieres ayudarme de corazón, y no sé si mañana quieras de verdad volver a hablarme- puntualizo, yo me mantuve en mi ofrecimiento y ella por primera vez en 3 años de conocernos me mostro una sonrisa que yo jamás había visto.
No hablamos nada en el taxi a su casa, era un hermoso apartamento en un buen sector de la ciudad, la decoración era de un gusto inmejorable, todo en su lugar, los colores resaltaban los adornos, todo de lo más normal, apenas entramos la mire y le prometí que iba a dar todo por ayudarla, ella no me dijo nada, solo me dio una bofetada: -PUTO, ahora eres mi esclavo, hablas cuando yo diga, haces lo que yo diga-, no me miras a los ojos ni a mis invitadas y me dirás AMA H, yo no sabía qué hacer, no sabía que decir, e inmediatamente me ordeno: -desnúdate y ven al baño quiero revisarte – yo como un imbécil comencé a quitarme la ropa mientras ella me miraba, cuando por fin termine fui a dar un paso y de nuevo me abofeteo: a 4 patas como el perro que eres en mi presencia -, tomo mi correa y la enlazo en mi cuello y como si me sacara a pasear me llevo hasta su baño, me ordeno ponerme en pie, alzar los brazos y me esposo, luego hábilmente ato un cordel a la cadena que las unía, las paso por una argolla en el techo y halo mis brazos, cuando me estire lo más que pude me ordeno separar las piernas y empezó la inspección: bueno; te voy a afeitar todo el cuerpo, esta ofensa te va a costar y me dio una nalgada tan fuerte que me hizo temblar, no estás tan mal como imagine, después tomo mi verga y con maestría que me dejo como un tonto hizo que se me parara hasta reventar: esto es lo que tienes?, esa cosita? Y me apretó con fuerza, yo estaba a punto de correrme y ella lo noto, me dio un tremendo golpe en la punta de mi polla que me hizo gritar, de nuevo me abofeteo mientas me decía: aquí no tienes derecho a hablar o gemir sin mi permiso y si te llegas a correr sin que yo te lo ordene el castigo será ejemplar -termino con un pellizco en otra nalga. Realmente me dolió esta burla, pero eso era poco paro lo que se venía.
Me ordeno bañarme con agua fría, superviso todo el proceso y después me llevo a la habitación donde procedió a afeitarme con una maquina eléctrica todo el cuerpo, saco de un cajón un extraño objeto, que fácilmente me puso en la polla, era un “cinturón de castidad” tomo la llave y la llevo a una cadena de oro que pendía de su cuello, después lentamente bajo su pequeña mano por mi espalda y me ordeno agacharme con las piernas rectas y abiertas, cuando llego a mi culo puso su dedo índice y comenzó a penetrarme lentamente cuando me preguntaba: este culito es virgen? A lo que respondí que sí. Entonces rio de nuevo y saco el dedo y con malicia me dijo al oído: ya no lo será mañana.
Me hizo arrodillar con las manos a cada lado de mi cuerpo y sin mediar palabra se alejó a otro cuarto, 30 minutos después regreso totalmente cambiada, el traje de cuero amarillo que contrastaba con su piel canela era como su segunda piel, las botas de tacón alto y hasta la rodilla era un sueño, tenía un látigo en su mano derecha, además sus tetas resaltaban dentro de ese traje de látex, mi verga quiso pararse de inmediato pero la jaula en que estaba no la dejo produciendo un dolor profundo en todo mi cuerpo, ella que a esta altura me conocía más que yo mismo se dio cuenta y sonrío con lujuria, -ven – me moví a 4 patas hasta alcanzar sus pies, ella se sentó en un sillón grande de mimbre, realmente era imponente – has cometido muchas faltas y debo hacer que entiendas que si quieres ser mi esclavo debes tener disciplina, y descargo el primer golpe con la fusta sobre mi culo, a este siguieron otros hasta que perdí la cuenta, el dolor era infinito, cuando de un momento a otro se detuvo. APRENDISTE? me grito, yo respondí si AMA H y trate de besar sus botas, que error, me asesto una patada en las costillas que me saco el aire, de nuevo esclavo: -HACES LO QUE YO DIGO CUANDO YO DIGO-. Si AMA H logre responder, a esta altura mi cerebro era un remolino, esa mujer me excitaba con solo hablarme, pero también las circunstancias eran muy extrañas, había tenido experiencias con mujeres, realmente no con todas las que yo hubiera querido y ella lo sabía, además no tenía forma de volver atrás.
Unos minutos después trajo una pastilla azul, yo sabía que era, me ordeno tomarla, Yo quise decir algo pero sus ojos me callaron, la trague junto con algo de agua que me hizo servir en un vaso, no sentí ningún cambio en ese momento, realmente estaba tan nervioso por lo que se venía que simplemente mi cabeza era un profundo mar de dudas. Sus amigas llegaron a eso de las 11, solo una me conocía: Karen pues en algún momento habíamos salido a tomar unas copas de vino, era una mujer de 165 cm, con el cabello teñido de rubio, con unas tetas enormes y buen cuerpo, siempre de buen humor, me hizo abrirles como estaba: solo cubierta mi verga por la jaula de castidad y un collar de esclavo había reemplazado mi correa, cuando me vio inmediatamente exclamo entre risas: -H desde cuando lo tienes en tu corral?, esto es una sorpresa, lo tenías guardado- mientras reía, realmente se llevaban bien, AMA H contesto: -sabes que siempre terminan a mis pies- con desdén.
La noche prosiguió cuando todas ellas habían regresado cambiadas, todas de latex en diferentes colores y modelos, todas con botas altas, látigos y paletas, supe que iba a caminar por un sendero lleno de espinas, mientras era yo quien servía los tragos, preparaba la comida, cosas que se me dan bien, recogía las copas y hacia todo el trabajo, ellas reían y se burlaban de mi o me ignoraban completamente, Andrea con su enormes ojos azules que le daban frialdad a un rostro bonito aunque con un cuerpo sin curvas era demasiado petulante y sus 33 años comenzaban a notarse, tenía pocas tetas y casi nada de culo, con un tono de voz de sorna disimulada y con una rivalidad abierta con AMA H como ella me confirmaría después -preguntó: bueno y tu esclavo que puede hacer: AMA H con indiferencia me llamo y me ordeno, -córrete en sus pies mientras me quitaba la jaula- yo me arrodille y sin mirarla a la cara me hice una paja que mojo todos sus zapatos, los cuales debí limpiar con mi lengua en medio de risas y burlas, -que poquito te corres- me grito Andrea mientras bebía un trago, cuando acabe AMA H me ordeno de nuevo, córrete en los pies de Karen, esta vez tarde mas pero ella me acaricio con cariño el cabello y la espalda hasta el culo y me corrí, de nuevo tuve que limpiar todo de otra vez, cuando de nuevo llego la orden más imperiosa todavía, córrete en los pies de Luisa a esta altura a pesar del rostro de niña buena, su traje de latex rojo intenso y su cuerpo trabajado en el gimnasio que a sus 27 años era espectacular no era tan sexy como AMA H aun siendo ella era su hermana menor pero si tenía su mismo mando e indiferencia, logre correrme con mucho esfuerzo, igual todas reían y Andrea se burlaba sin parar de mi “verga pequeña y corrida de conejo”, AMA H se puso en pie, DIOS mío era una figura de mando total desde sus pies hasta su cabello, CORRETE PARA MI me ordeno, yo por más que intente no pude, estaba cansado, vacío y totalmente fuera de mí, ella que sabía eso fue caminando lentamente hasta el cuarto y regreso con un arnés atado a su cintura, la polla era mucho más grande que la mía, yo temblé y comprendí las palabras que me había dicho horas antes: me hizo poner en 4, unto en el miembro de plástico un aceite y empezó la penetración sin piedad de mi culo lo hizo sin cuartel a pesar de mis lamentos, yo no podía decir ninguna palabra pero sudaba por todo el cuerpo y el sonido de mi dolor solo les causaba más risa, las tres se arremolinaron a mi alrededor y especialmente rieron como locas cuando AMA H sin ninguna compasión hizo un movimiento brutal con su cadera y me enterró ese artilugio hasta el fondo, mi grito de dolor fue callado por una cachetada desgarradora de Luisa, era como si me incendiaran, de un momento a otro note como entraba y salía todo el arnés con un ritmo impresionante, ella quería partirme en 2 mientras gritaba: A MI, A TU AMA, LE NIEGAS ESA MISERABLE LECHE QUE TIENES, TE VOY A CASTIGAR, TE VOY A DEJAR ESE CULO ROTO, mientras esto el maldito dildo comenzó a masajear mi próstata, nunca había sentido algo así, fue como un corrientoso que empezó en mis riñones mientras me pajeaba como quinceañero y me corrí con una verga en el culo, salió una cantidad inusual de leche, el dolor era intenso en todo mi cuerpo, ella tomo una correa y la ato a la que tenía en el cuello y me llevo como un perro faldero a limpiar todo mi semen del piso: las otras tres estaban como locas, se reían entre ellas y me arrojaban su tragos en todo el cuerpo, Luisa pido permiso para montarme como un caballo, así lo hizo y me obligo a cargarla entre ellas mientras bailaban, mis rodillas crujían del peso, Karen tomo la correa de mi cuello y me hizo acostar desde mi vientre hacia adelante en la mesa del comedor con los brazos extendidos y me abrió las piernas, ella entre risas comenzó a revisar mi culo, sin compasión metió un dedo primero, luego el segundo y después el tercero, mientras esto azotaba mis nalgas con la otra mano y me gritaba: todos son iguales, creídos, insolentes pero todos terminan así como tú, todo este tiempo yo había gemido de dolor muchas veces, durante mi penetración había llorado, lo que más las había excitado.
Cuando Karen termino Andrea me miraba burlonamente y le propuso a AMA H: tu esclavo no soporta ni 10 azotes míos, es un flojo maricon, mira como ha recibido verga por ese culo, es más si aguanta 10 de mis azotes yo seré tu esclava por 2 horas pero sino tú serás mía por 2 horas que te parece? Mis sospechas eran ciertas, había odio entre ellas, pero la respuesta de AMA H me dejo en una tumba: mejoremos la apuesta, él va aguantar los 10 azotes mientras se come la chocha de Karen, si la lastima el será su esclavo una semana y yo seré tuya toda la noche, pero si resiste tú serás nuestra esclava por 24 horas, y con el mismo tono con que Andrea había preguntado AMA H le dijo: Que te parece? Inmediatamente Luisa y Karen intervinieron tratando de parar toda esta lucha, pero Andrea contesto riéndose de mí. ACEPTO.
Esa palabra retumbo en todo mi ser, ella se jugaba por mí?, mi pobre cerebro no sabía que pensar, mi cuerpo estaba agotado, me dolía todo, solo quería salir corriendo y ahora ella se ponía en mis manos, y yo debía soportar el castigo de esa petulante, realmente estaba por enloquecer.
Me llevaron a un segundo cuarto con una cama muy grande, me hicieron poner en cuatro sobre la misma, AMA H en persona tomo mis muñecas por separado y las jalo hacia atrás y ato cada una a mis tobillos de modo que quede con el culo para arriba y la cabeza pegada a la cama, mi culo, polla y huevos estaban expuestos así como mi espalda y todo mi cuerpo, luego Karen se acostó delante de mí y abrió las piernas para que yo empezara a comerle la chocha mientras las otras veían, AMA H dijo: muéstrale como lo haces esclavo- Karen quiere saber si te he entrenado o no -prosiguió empecé lentamente, DIOS eran deliciosos sus jugos, subí por sus labios uno por uno y regresaba, metía mi lengua bien adentro del chocho y ella con su mano exponía el clítoris para que yo lo chupara, era la gloria, cuando menos pensé se corrió con la fuerza de una catarata, me vi bañado por toda la cara y sus gritos fueron mi regalo, también me golpeo muy fuerte con su pierna mi hombro derecho tan fuerte que casi me disloca el mismo, cuando termino ella se incorporó alzo mi cabeza y me acaricio la cara tiernamente, Luisa, Andrea e incluso AMA H estaban en silencio, Karen miro a AMA H y le dijo: que bien lo has entrenado. Después se volvió a acostar y me dijo- empieza otra vez y si me lastimas en algún momento te voy a cortar esas huevas, al decir esto Andrea me rodeo y me mostro una fusta de 6 patas de cuero, cada pata tenia pequeños nudos, las paso lentamente por mi espalda mientras decía: no soportaras ni el primero, MARICON, al decir esto soltó el primer latigazo sobre mi espalda, yo no sentí el dolor inmediatamente, comía el coño de Karen con deseo de volverla a llevar al orgasmo, un par de segundos después un sensación indescriptible corrió por mi cuerpo, como si mil agujas me picaran, era terrible, pero en el interior de mi cerebro solo había una idea: DEBIA RESISTIR PARA MI AMA.
Era increíble yo quería seguir siendo su esclavo, como ella no había nadie más, no importaba el dolor, solo quería ser de ella para siempre, el segundo azote llego sobre la parte trasera de mi muslo derecho, el tercero sobre mi nalga izquierda que estaba ya maltratada por AMA H, el cuarto recorrió mis huevas, casi grito, mi lengua se detuvo por un instante pero Karen acerco más su choco a mi rostro y se penetro ella misma, me estaba dejando si aire, AMA H y Luisa observaban, ella con ojos excitados y lujuriosos se acariciaba el chocho por encima del látex y se tocaba una teta libremente, AMA H impasible miraba, sus ojos se clavaron en mí, su mirada decía: eres mío y de nadie más, el quinto azote me devolvió a la realidad, llego en la zona debajo de mi cuello, el látigo tenía algo de mi sangre, después vino algo peor Andrea arrojo sobre todas mis heridas alcohol, el ardor era para no soportar, Luisa le dijo que eso no estaba en el trato pero Andrea le recordó que cuando se azotaba todo esto valía, después del puño del azote extrajo más hilos de cuero, estos con nudos más grandes y duros y los ato para convertir el azote en un arma terrible de dolor, por primera vez vi una mirada de terror en Luisa y Karen pero no dijeron nada, Karen me miro por primera vez con algo de compasión, el sexto azote fue devastador, entro sobre las dos nalgas y los huevos, casi me desmayo no podía resistir más, Andrea tomo un dildo y lo introdujo en mi culo después comenzó a inflarlo, yo no sabía que dolía más, si los restos de los azotes o mi culo agrandado, el séptimo azote fue diferente: comenzó por decirme: -ERES UN MARICA, TU AMA NO TE QUIERE, TE DESPRECIA, MAÑANA SE BURLARA DE TI TODO EL DIA CON NOSOTRAS, HASTA EL OTRO ESCLAVO ES MEJOR QUE TU, NO TIENES VERGA, NO ALCANZAS SIQUIERA PARA SER UN HOMBRE- hoy sé que estas palabras eran verdad, ella solo me anticipo el verdadero dolor, el vacío de no ser, el vacío de no querer estar en ninguna parte, el vacío de saber que no vales nada, paso seguido descargo con furia el golpe, cayó sobre mi hombro lastimado en diagonal hacia mi culo, comencé a sangrar por la nariz pero seguí comiendo el chocho a K, A estaba empezando a preocuparse, sabía que debía hacerme fallar o estaría en manos de todas tres, no se Karen y Luisa pero tenía la certeza que AMA H la destruiría, el octavo azote fue en las plantas de mis pies, esa fue otra dimensión de dolor, primero lento y después subió por todo mi cuerpo, ese dolor me penetraba por partes de mi cuerpo que yo nunca había sospechado que tenía pero mi lengua y boca no dejaban de funcionar: empecé a notar de nuevo los flujos de Karen, sus gemidos a subir de intensidad, su muslos deliciosos a mi alrededor, el noveno azote me recordó que la vida era muy dolorosa pero mi motivación era muy grande: AMA H estaría orgullosa de mi, el décimo azote no lo sentí, solo recuerdo el sonido sobre mi piel, las gotas de sangre en las sabanas, y los ojos de mi AMA, si los ojos de mi AMA.
Lo siguiente que recuerdo es como AMA H caminaba hacia mí, estábamos solos en la habitación, yo seguía en la misma posición, estaba llorando, AMA le he fallado- atine a decir-, ella me miro y me dijo: No, tu resististe todo esto por mí, soportaste más dolor que ningún otro que yo recuerde, me has obedecido sin saber nada, y te has humillado ante ellas por mí. Karen te quiere llevar con ella, Luisa está loca por tenerte unos días y Andrea: entonces sonrío con malicia: vendrá esta noche a las 11 para ser nuestra, era algo que queríamos hace días, es una perra engreída, le ordenamos traer sus 3 esclavos, pero sabemos que solo tiene uno, por cada esclavo que dijo tener y que no venga será nuestra otro día más, después de esta noche ella nunca volverá a ser la perra que es. Ellas creen que te he entrenado bien, AMA H yo solo quiero ser suyo, de nadie más-, lo dije suplicando., sus ojos me miraron con algo parecido a los ojos fríos de los tiburones por primera vez, está bien me respondió, pero debo marcarte como mío y me desato, eso no lo entendí, lentamente me llevo a 4 patas a la sala donde estaban Karen y Luisa, Andrea se había ido, pobre mujer no sabía que le esperaba esa noche.
AMA H las llamo y les dijo: van a ser mis testigos, este esclavo va a llevar mi marca, todas aplaudieron felices, los 4 fuimos al baño, tenía una vara de marcar ganado con sus iniciales AMA H. dentro de un diseño tribal, todo de un tamaño que semejaba una moneda, saco un pequeño soplete y lo comenzó a calentar, yo no dije nada, cuando estuvo al rojo lo marco sobre mi nalga derecha, yo me desmaye del dolor, unos minutos después desperté, me habían aplicado unos aceites en todo el cuerpo y las marcas estaban empezando a desaparecer, AMA H me miro y me ordeno: Luisa quiere que le comas el coño como te he ensañado, ella estaba acostada en el sofá con una pierna sobre el espaldar y la otra sobre el suelo, yo camine como pude y metí mi cabeza entre sus muslos, todo su chocho estaba perfectamente depilado, sus labios eran delgados y finos, su clítoris rosado y pequeño, durante este lapso Karen miro con deseo a AMA H y esta sonrió, hicieron que Luisa se sentara de lado para que yo metiera mi verga entre las piernas de Karen y me masturbara, ella antes de empezar me advirtió, -quiero esa asquerosa leche en mis botas, si no lo haces te voy a cortar por pedacitos esa miniverga que tienes- mientras eso AMA H me advirtió:- voy a motivarte para que hagas todo bien e introdujo un dildo en mi dilatado culo sin miramientos y comenzó a castigar las zonas de mi espalda que no estaban marcadas con un látigo más delgado, la sensación era totalmente diferente, en minutos Luisa se corrió como una loca, yo logre correrme en las botas de Karen, ella tomo mi semen en su mano y me lo dio para que lo limpiara, después AMA H me dijo que me acostara en el piso al lado de su cama y descansara mientras comía y bebía algo, las otras dos AMAS se fueron a cambiar para irse, apenas habían pasado unas horas desde que todo había empezado.
Me despertaron sus caricias, lo primero que vi fue su rostro: cómo estás?- pregunto, entonces le dije: yo hubiera querido estar en mejor forma, que te sintieras orgullosa de mi, de tener mejor cuerpo, musculoso y de tener una verga más grande, le conteste con amargura, yo quería todo para ti pero no pude cumplirte y ahora todo termino y en tu vida no va a ver espacio para mí, tu esclavo regresara y yo me iré-, y por primera vez en muchos años de mi vida adulta llore desconsoladamente, con ternura tomo mi cabeza y me dijo: Jamás espere algo así, tu resististe, ahora Karen y Luisa van también a cobrar sus cuentas con Andrea, sé que sufriste un dolor tremendo, la forma en que te desvirgue fue brutal, pero ahora va te voy a mostrar que eres mío y me beso, me beso largamente, despacio, su lengua se apodero de mí, su manos recorrieron mi pecho, su mano llego a mi verga que estaba dura como una piedra, no sé cómo lo lograba, me dolía todo pero lo único que podía pensar era ser digno de su presencia, comenzó lentamente a pajearme, ella sabía lo que hacía, bajo lentamente y me dio una mamada que casi me consume, a punto de correrme paro y se acomodó sobre mí, se metió mi verga muy despacio, tenía lo que los viejos de mi barrio describían como “chocho chupador” yo creía haber conocido mujeres con esta característica pero no, no hasta ese día, cada vez que me cabalgaba era como si algo dentro de ella me chupara mi vida, mi energía, mi cuerpo empezando por la verga, comenzó a apretarme lentamente con su musculo de Kegel, era la locura, no me dejaba mover, era ella quien tenía el control, después acelero y me dijo al oído ”no te corras todavía”, ella gimió como una loca y se vino en medio un grito infinito de placer, se quedó quieta sobre mi unos minutos, con lentitud se salió de mí y me ordeno que me apoyara sobre la cama, quede con mi pecho y cara sobre el edredón, tomo mis manos y las ato sobre mi espalda y comenzó de nuevo a pajearme mientras con su dedo medio penetraba mi culo, cuando encontró la próstata comenzó a darle pequeños golpes cada vez que me pajeaba, primero despacio y luego apretaba mi verga y la jalaba como si quisiera arrancármela, cuando me tuvo a punto se acercó a mi oído y me dijo: “córrete para MI” entonces me deje ir, mi semen salió pero yo sentía como si nunca parara, su dedo en el culo hacían sentir como si mi vida se fuera a terminar ese día, realmente y de nuevo me había llevado por caminos diferentes.
Me quede así por un rato, 5 minutos o 50, ya no sé, fui al baño y tome una ducha de agua caliente al principio y después agua fría, todo el cuerpo me dolía, en especial el culo, al salir ella estaba sentada en la cama esperándome, yo de nuevo desnudo y de pie frente a ella, nos miramos unos segundos, la vida iba a continuar pero no podía irme sin decir lo que sentía, baje la mirada, me arrodille y camine a 4 patas hasta sus pies, los bese con amor, cada dedo, sus tobillos, subí y puse mi cabeza al alcance de sus manos, ellas lentamente abrió sus piernas mostrándome lo más parecido al cielo que he visto en mi vida, no pude decir nada, su chocho era pequeño, perfecto, su olor era embriagador, su sabor era como una adicción a la que no puedes renunciar, puse sus piernas sobre mis hombros y con mis manos subí hasta sus tetas, era un sueño hecho verdad, eran perfectas, redondas, firmes, sus pezones se hincharon inmediatamente, comencé a meter mi lengua lo más profundo y despacio que pude, chupaba sus labios suavemente, sus gemidos eran deliciosos, cuando encontré su clítoris parecía un botón, era redondo, grande, me metí todo en la boca mientras metía mis dedos en la vagina y presionaba por dentro justo detrás del clítoris, acelere todo y por un segundo ella grito y vino su corrida, jamás había visto nada igual, era como si orinara, gritaba cosas que yo no podía entender y apretó mi cabeza con sus piernas hasta casi asfixiarme.
Por unos minutos estuvimos en silencio, hasta que pude articular palabras: gracias AMA H por esta noche, ha sido la mejor de mi vida, yo he dado todo de mi para su placer, sé que entre nosotros todo está claro pero quiero preguntarle: que debo hacer para ser tuyo?, ella tomo mi barbilla y subió mi cabeza hasta mirarnos a los ojos: soy lo que soy, una AMA, tú no tienes como ser mi esclavo, tu verga es pequeña, no tienes nada, sabia en el aeropuerto que podía traerte a casa para esto, cuanto te penetre la primera vez lo hice asi para que Andrea te viera más debil, después cuando aposte con ella sabía que resistirías para mí, después te marque para que ninguna otra AMA pueda tenerte, eres mío pero no me interesas como esclavo, sal de mi vista, simplemente eres un PUTO y yo lo supe desde el principio, nunca más te volveré a ver como AMA, y si Luisa o Karen te ven con otra AMA yo lo sabré, busca alguna mujer para que puedas seguir en tu patética vida, pero a mí no me interesas, vístete y vete, termino con voz tajante.
Cada palabra que dijo me dolió más que todos los golpes, cada mirada me humillo más que nunca en la vida, yo no valía nada porque en mi interior no había nada, esas palabras fueron el preludio de la sentencia, “Aquí todo termina para los dos” finalmente hablo. Yo baje los ojos y con mi boca tome el azote del piso y lo deposite sobre la cama al lado de su cuerpo de piel trigueña, el contraste con las sabanas era insoportable y mi verga reacciono, ella me miro con desprecio, yo termine de vestirme como pude y las lágrimas nunca pararon de caer. Tome mi maleta y antes de irme ella con frialdad simplemente dijo ADIOS.
En la calle el sol brillaba para todos, pero yo me sentía vacío, en realidad ella había descubierto todo sobre mí, y por una noche mi vida realmente encontré un camino, pero ahora no importaba ningún camino porque yo no tenía ningún lugar donde realmente ir.

Luis, esclavo y travesti

Hola, me llamo Luis, esto es cierto espero que os guste. Siempre me gusto ponerme medias, bragas, ropa femenina, os cuento se murió mi madre y mi padre se fue con otra, yo me quedé con mi hermana, tenia yo 15 años, iba al colegio, todo normal. Mi hermana tenia 28 años, siempre estaba trabajando, cuando yo llegaba lo tenia todo, comida, cena, ropa, etc. Iba asu cuarto me ponía sus medias, bragas, sujetador, zapatos, me ponía muy cachondo, me miraba al espejo y miraba revistas de contactos, me pajeaba y me corría. Cuando cumplí 16 deje el colegio y me puse a trabajar, yo seguía igual, me compre medias, bragas, etc me metía los mangos de los cepillos por el ano, al principio me dolia me pajeaba me corría hasta por el ano cuando cumplí 25 ya me compre de todo ropa consoladores anales, minifaldas, corsés, llame a un anuncio de la revista que buscaba sumiso esclavo y que le gustara ponerse ropa femenina en la intimidad y le obedeciera en todo… yo seguía igual, a los poco días me llamo, quedamos en un bar de su barrio el jueves a las 6, me dijo “a partir de ahora eres mi esclavo, ponte medias negras y tanga cuando vengas” así lo hice fui, entre en el bar, había poca gente, abuelos jugando al domino… pedí un tercio, me senté en una mesa cara al a puerta, al rato entro un chico rubio, alto, se me acerco, me dijo “eres Luis?” dije si, bien, fue a la barra, pidió un tercio, se sentó a mi lado, me dijo bien esclavo me has hecho caso, ve al cuarto de baño, fui, al rato entro, dijo bajate los pantalones, me los baje, llevaba puesto las medias y el tanga, me agarro el culo y dijo “vístete, ve a la mesa”. Fui, vino, me dijo “quieres venir a mi casa, vivo cerca”, dije si, pago y nos fuimos. Entramos a su casa, vivía cerca, fuimos a un cuarto, había una cama, un mueble, y una silla, el suelo tenia una alfombra grande, me dijo quítate toda la ropa, me la quite, saco una correa y collar, me lo puso en el cuello, dijo todo, las medias y el tanga también, me dio un azote en el culo y me dijo mi esclavo tiene que estar afeitado, me dijo ponte a cuatro patas, cojio la cadena, dijo sígueme perra, me llevo al baño, lleno el bide, dijo siéntate… me limpio el culo, polla, me puso crema de afeitar, me afeito la polla y los huevos, se me puso la polla dura, me dijo la tienes grande veo que te gusta, me limpió, me dio una toalla, me seque, me dijo ponte a cuatro patas, fuimos al cuarto saco unas medias de rejilla negra, un corsé y un tanga y unos zapatos de tacón, me dijo ponte lo hice, se sentó en la silla dijo ahora si que pareces una puta, da vueltas que te vea me costaba caminar por los tacones, se quitó los pantalones y el calzoncillo, tenia la polla dura más pequeña que la mía, dijo ven ponte de rodillas y chupa, lo hice, me dijo “sin manos perra” me cojia la cabeza y me la metía toda y sacaba, dijo ponte a cuatro patas, me puso crema, me metía un dedo, dos, me azotaba decía “te gusta puta” cojio un consolador fino, me lo metió, me cojia de los huevos y la polla dije me corro, me corrí en su mano, me dijo “limpiala, traga tu leche” nunca lo había probado lo hice, estaba un poco salada, dijo ponte de rodillas, chupa, le chupe la polla se corrió en mi boca, dijo traga, así lo hice, me dijo camina por el cuarto y que no se te caiga el consolador, estuve dando vueltas se acercó con mis medias dijo pon las manos en la espalda me las ato con mis medias, me tapó los ojos con una máscara, dijo ponte de rodillas, ahora vendrá otro esclavo te la chupara le follas y te corres en su boca… salio, se oyo una puerta alguien se me acerco, me cojio la polla, me la chupo, cuando ya la tenia dura se la metí, estuve un rato, la saque, dije me corro… se metió la polla en su boca y me corrí salio se oyo la puerta, me dijo bien, ponte de pie, me saco el consolador, me desató las manos, me quito la máscara, me dijo ok vístete los jueves a las 6 aquí. Me fui, ya os contare, besos.

Madre Argentina XVII

La situación estaba tomando calor para mi hermano que estaba a punto de apoyarle toda la pija semi dura a nuestra madre.
Yo me sentí algo incómodo e interrunpi levantándome de mi cama, mi hermano se tiró para atrás y trato de ocultar la erección.
Mi vieja se dió vuelta y me dijo.

S: vamos a ir con tu hermano a la pileta querés venir?

G: no hoy no tengo ganas.

Mi hermano haciéndose el gracioso.

L: bueno vos te lo perdes jajajaja

Despues de ver a mi hermano tratar de rosarle la pija a mi vieja, comeze a sospechar si algo había pasado entre ellos, pero nunca pude encontrarlos en una situación así.

Llegó diciembre unos de los meses más agitados para todo, con mi familia estubimos preparando cosas para pasar noche buena con nuestra tía en su casa, donde iban a estar mis primos y tíos, entre ellos mi primo Eduardo.

Salíamos a la tardecita noche con mi familia en el auto, ellos vive a una hora de nosotros, ya ibams vestidos. Mi mamá viajo como.mi acompañante, se había vestido muy sexy para la ocasión, me calentaba ver cómo se subía la falda para dejarme ver las medias que llevaba puesta,

Llevamos a la casa de mi tía saludamos, ayudamos con algunas cosas, yo mientras estaba sentado tomando, veía a mi vieja en la otra punta hablando con mi primo, estába coqueteando con el, se hacia la nena. Cada tanto levantaba la mirada para ver si yo la estaba observando, creo que trataba de darme celos. Cruzaba las piernas para calentar la pava a todos los varones de la reunión, uno de mis tíos la jodia diciendo

T:jajaja ahora te haces la gata flora?

S: sii Jaja.. pero no para vos..

Tocaron las 12, brindamos, los chicos abrieron los regalos. Y yo trataba de acercarme a mi mamá para ver si la conciencia de darme mi regalito, pero cada vez que me acercaba ella se movia para otra parte.
Seguimos tomando y mucho, a mis tíos les gustan tomar, mi vieja no re controlo nada y probó casi todos los tragos, esa noche. Habían puesto música a las 3am, ya estavan todos re tomandos así que a nadie le importaba nada. Mié hermano saco a a bailar a mi mamá, todo normal hasta que pusieron algo de regueton y mi mamá le movía todo el culo a mi hermano delante de todos, igual a nadie le importo, mi tía le decía.

T: jajaja mírate Sandra, no sabía que podías mover el culo así.

Y siguió el el moviéndose sexy pegandose a mi hermano, mientras la tomaba por la cintura para que no se despegue.

Me fui al baño de la casa porque no aguantaba las ganas de mear por tanto alcohol, cuando volví a la fiesta, no ví a mi mamá por ningún lado, así que supuse que estaba con mi hermano en algún lado. Esa era mi oportunidad para ver si entre ellos pasaba algo más. Entre devuelta a la casa, a revisar los cuartos, y encontré a mi hermano jugando a la play con otro de mis primos.

G: che y mamá?

L: nose.. en el baño supongo.

Estaba casi todos en el patio o e. La planta de abajo de la casa. En el piso de arriba había un segundo baño pero se suponía que estaba roto así que nadie tenía nesesidad de subir.
Subí las escaleras en silencio y abrí apenas la puerta del baño para ver si estaba ahí. No había nadie Asi que entre y me mojé un pco la cara para sacarme la borrachera de ensima. Cuando apague la llave del agua pude escuchar ruidos que venían de la otra habitación. Eran pequeños gemidos.

Mmmm Aahh ahhh ahhh

Salí del baño y abrí apenas la puerta de la otra habítacion, la imagen que ví me volvió loco, mi mamá, apenas iluminada por una lámpara, estaba arrodillada con la falda levantada dejando ver la tanguita que llevaba puesta, chupandosela a mi primo, el estaba acostado en su cama y yo veía como la cabeza de.mi mamá subía y bajaba con. Todo el culo al aire, me quedé uno minutos.mirando tan exitante escena, y me empeze a tocar la pija por arriba del pantalón, mi vieja no mentia cuando me dijo lo dotado de mi primo, quería hacerme una paja ahí pero se cortó la fiestita cuando escuché que subian por las escaleras, corrí hasta el baño, y pude escuchar que mi tía estaba acompañando a mi abuela hasta una de las habitaciones para que duerma.
Escuche que la llevó a la habitación donde estaba mi mamá con mi primo.

T:que hacen ustedes acá?

E: nada.. le mostraba a la tía, unos apuntes de la secundaria que estaba buscando.

Minutos se comió ese verso barato o eso creí.

T: a esta hora?… Bueno no importa, vos Eddy baja que te está buscando tu mujer para que vayan a visitar a los papás de ella.

E: naa que no joda.. creí que nos vamos a quedar a dormir aca, es que tome mucho y no puedo manejar.

T: utdes también? Mira que ellos también se quedan en el comedor.

Nosotros nos hibams a quedar porque mi abuela están muy cansada.

E: no hay problema, nosotros nos acomodamos en otra pieza.

Salieron de la habitación y mientras mi tía le preparaba la cama a mi abuela, salí del baño y me fui al patio.

Ya casi amaneciendo, se fueron todos a dormir. Mi mamá y mi hermano tiraron un par de colchones en el piso y yo me acosté en el sillón.
No me quería dormir estaba esperando a que todos duerman bien así me metia en la cama con mi vieja y le daba mi regalito.
Cuándo ví que nadie se movia, me destape y me estaba levantando del sillón cuando escuché que alguien bajaba, me volví a Acostar rápido, y pude ver que mi primo bajaba en bóxer y se dirigía a la puerta de atrás. A los dos minutos hice un nuevo intento para levantarme y se movió mi vieja, se fue con su camisón corto moviendo el culo hasta la puerta. Espere para darles ventaja y los seguí, salí al patio, yo estaba también en boxer y descalzo, están fresco esa mañana. Lo empecé a buscar, no los ví, entonces me acordé de la casa de la suegra de mi tía que ya había muerto, pero la casa estaba intacta, me acerque hasta ahí y me asome por una de las ventanas. No podía ver bien por el puto mosquitero. Que cubris todo. Pero algo veía.
Mi vieja se estába montando a mi primo en el sillón de la vieja, estaba de espalda con el camisón por arriba de la cintura , y como. Las manos de mi primo apretandole las nalgas.
Mi mamá lo tomaba por los hombros a mi primo mientras saltaba sobre su puti duro, la tetas de mi mamá bailaban al ritmo de cada envestida.
Esa imagen de mi mamá con otro hombre nunca la voy a olvidar, como le chupaba las tetas y como le bailaban sobre la cara de mi primo ese culo gordo moviéndose y la tela del camisón apena tampando.

Los gemidos de mi primo.

E: ahhh siii tia….Como te extrañe

S: ahhhhhgggh si yo también y a esa verga jugosa.

E: así? Estrañabas mi verga tía?… Estrañabas las cogidas….

S: ayyyy siiiiiii… Siiiiiii que bien me coges…

Yo comenze a frotarme el pito por arriba del boxer, segui tocandome hasta que me di cuenta que nadie hiba a venir, así que me saque la verga y me comenze a pajear con el espectáculo que estaba dando mi vieja con mi primo.
Mi emocion era tal que quería ver más de cerca esa escena tan caliente, así que me acerque más a la venta y puse sin querer una paja seca.
Ese ruido alertó a mi mamá y a mi primo que le saco la pija de la concha toda húmeda, y se Acercó a la ventana, yo me agache para que no me vieran.

E: está bien no era nada… Seguro algún gato

Volvió al sillón y la hizo levantar a mi mamá la dió vuelta y mi vieja lo sigui montan de espalda mirando directo a la ventana.
Yo m asome un poco primero y mi primo estaba sentado con los ojos cerrados mientas mi mamá le daba la espalda y lo montaba.
Me anime y me asome por completo total mi primo no se iba a percatar de mi presencia y seguí mirando como si nada mientras me masturbaba, mi mamá abrió lo ojos y me vió tocandome en la ventana, pero no dijo nada es más subió la apuesta u se abrio de pierna para dejarme ver cómo se la cogían mientas se apretababa las tetas. Yo no podía creer lo putaa que era así que seguí con lo mío, hasta que acabé, mi mamá lo seguia montando a mi primo parecía una cosa que nunca iba a terminar.
Ella me mandó un Beso cuándo acabe, me subí el bóxer y volví a la casa. Ya no me importaba lo que seguía después.