Archive for the ‘Ultimos relatos’ Category

Mary

Jueves, julio 26th, 2007

Déjenme  contarles que yo tengo 30 años y de cómo hace poco me lleve la virginidad de Mariana, es una mujer de 23 años blanca mide 1.60 metros y tiene un cuerpo delicioso, cuando la conocí fue algo inesperado y llegamos a salir haciéndonos novios. En nuestros constantes encuentros la convencí de tener nuestra primera experiencia.
Una ocasión que estuvimos solos en la casa de la abuela la comencé a tocar convenciéndola con mis caricias de ceder en pasar a uno de los cuartos, al estar en la cama la bese poco a poco por el cuello de donde emanaba un perfume delicado el cual combinado con su excitación era una delicia a mi olfato, al sentir sus cabellos en mis manos era como acariciar la seda.
Poco a poco fui desprendiendo sus zapatos, su blusa y su bra quedando al descubierto dos pequeños pero fuertes, imponentes y suaves volcanes que poco a poco fueron marcando más su dureza cuando con mi legua los acaricie, fui muy suave y delicado en cada beso que recorrió hasta ese entonces lo que había de su cuerpo desnudo. Como tuvimos el tiempo del mundo lo que en un principio fue por parte de ella tensión, adquirió naturalidad sentí como se fue dejando llevar y viví sus caricias que aunque inexpertas delataban el deseo que comenzaba a arder en ella.
Ella fue quien después de un largo rato de besos y caricias desprendió mi ropa y su pantalón quedando ambos casi desnudos pues ella conservo su bikini, no saben que agradable fue ver lo plano de su vientre y sentir el calor de su cuerpo, lo suave de sus caderas, mismas que bese como loco pero en todo momento tratando de conservar la calma, la llene de caricias yo sabía que Mary sería quien pediría el siguiente paso y así fue, llego el momento en que le besaba la entrepierna cuando me sorprendió diciendo que esperara, yo creí que no quería continuar aunque me sentí frustrado decidí que esto pasaría en el momento que ella lo quisiera. Pero la sorpresa fue tal cuando ella misma se deshizo del resto de ropa y con voz temblorosa me pidió entrara en ella pero que tuviera cuidado debido a que nunca había tenido relaciones, pueden imaginar que sentí, lo que no hice de manera inmediata, quise poner mi suerte a prueba besando su virginidad lo que al momento la enloqueció y sentí su primer orgasmo aun sin haberla penetrado.
Después de eso encendí en ella todo el instinto de mujer que me correspondió de igual manera, me exigió que entrara en ella cosa que hice muy despacio, sintiendo sus jugos como lubricaban, aun así no podía entrar de un golpe sentí  como lo impedía su himen aun intacto, con pequeñas arremetidas fui haciendo que lo tenso de su cuerpo se desvaneciera quedando en su lugar lo placentero de oír y sentir su excitación y aunque torpemente ella comenzó a mover sus caderas donde ella misma quería entregarse. Así fue como logre estar en ella debo aceptar que mi nivel de control estuvo a punto de llegar en algunos instantes a su limité y quería invadirla por mi semen que debía ser liberado, no sin antes llenarla de placer, cosa que logré cuando estuve dentro de ella, no se cuanto tiempo paso en lo que ambos nos entregamos el uno al otro pero si recuerdo cuando oí sus gritos donde me decía que estaba “muriéndose” que no podía describir lo que sentía, por fin mi propósito estaba cumplido el hacerla mía, aun cuando ella se había venido 2 veces de manera intensa yo seguí hasta que logré sacar todo lo que había reservado para ella.
Después de esto hemos tenido largas cesiones de sexo, donde ahora a ella le comienza a inquietar nuevas formas de placer y yo comienzo a jugar con su trasero donde en juegos le digo que la voy a penetrar por detrás, me responde que sus amigas le han dicho que es doloroso a lo que le respondo que también decían que el sexo oral es asqueroso  y ella se ha vuelto una experta y además adicta y lo hace como nunca.
Ya les contaré como hago mía también esa virginidad.
Espero sus comentarios al siguiente correo artificios98@gmail.com

 

Perdi mi virginidad pendejamente

Jueves, julio 26th, 2007

Solo para recordar mi historial histórico, el título general de los relatos es Truenos y Relámpagos. El Capítulo I,  fue UNA NOCHE CON MI ABUELA;  el Capítulo II, con mi COMAPEÑRA DE ESTUDIOS.  Este Capítulo III, es con mi compañera en la fiesta de los Andrade.  Recordarán que Anita fue invitada a una fiesta de cumpleaños y ella a su vez me invitó a mi.
 
Quedamos en encontrarnos a las 3 de la tarde y allí estuvimos en la casa de los  amigos Andrade.  Habían acondicionado un salón grande, con mesas pequeñas en diferentes lugares y un buen lugar para bailar.  Allí encontramos a varios compañeros y compañeras de estudios.  Pero habíamos más mujeres que hombres.  Nos dijeron que había una final de campeonato de ligas de fútbol juvenil.  Entonces muchos muchachos fueron para el estadio deportivo.
 
La fiesta se inició con un brindis y unos discursos con ironías, dijeron que faltaban algunas “pelotas” y que los muchachas pueden hacer unos cuantos goles por la ausencia de “palos” y “palos gruesos”. Enseguida de los brindis de rigor vino la música.  Una buen grupo de chicas no teníamos parejas varones, estamos sentaditas en las mesas.  Para alegrarnos comenzaron  a brindar un buen  vino. Poco a poco la gente se iba poniendo en onda. La fiesta se avivó con música salsa, merecumbés, regatón y música pop. Brindaron bastante  ron compuesto que le llamaban cuba libre. Algunas de las chicas que no bailaban se dedicaban a criticas a los bailarines.  Pues habían algunas chicas que movían la cintura y el culo que daba envidia. Algunos muchachos estaban muy alegres y exitados y se les veía como se sacudían sus vergas dentro de los pantalones. Entre estas y las otras. Mi amiga Anita bailaban por un largo rato con un muchacho llamado Ramiro. Estaban muy alegres, pero cuando pusieron unos boleros románticos y estaban apegaditos en un momento se vino de golpe Anita a donde yo estaba sentada, Ramiro trató de seguirla pero le dijo que ya no bailaba más.  A mi me preocupó esta situación.  Habían unos vasos de ron en la mesa, llenó uno y se lo tomó. Le pedí que me contara si algo malo pasó.  Bueno, me dijo Anita,
– Te lo voy a contar pero lo manejas con reserva, tu tienes amistad con varios miembros de mi familia y no quiero que se enteren.. Pero si viene a sacarme a bailar le insulto a Ramiro, o mejor tu vas a bailar con él, no quiero saber nada de este huevón. OK?.
– Sisisi. Le contesté, pero quiero que me cuentes con lujo de detalles, como yo te he contado mis cosas. Somos amigas y el principio de la amistad es saber guardar los secretos o confidencias de las amigas, verdad??.
-Verás Marlene, el tema central es como perdí mi virginidad. Pero en esta parte dame un trago no mucho, un  poquito, lo necesito para tener el coraje de contarte.  Y tráeme un sánduche de jamón de los que están sobre la mesa.
 
 Fui a buscarlos, pues Anita se merecía un buen trato, me iba a contar algo muy serio y difícil, porque la virginidad  es algo muy respetable, un tabú en nuestro medio.
 
-Como tu sabes; Marlene, el problema de la virginidad en medio de nuestra sociedad hipócrita y conservadora es de vida o muerte en el noviazgo. Hay matrimonios que se han roto por eso. Hay unos cuantos desgraciados que le sacan en cara a la mujer si la encuentran que no fue virgen en la noche de luna miel, jajaja.  Tu sabes en sociedades judías o musulmanas como en pueblos primitivos la virginidad se la guarda hasta la noche de “luna de miel”.  Es algo muy sagrado y hay toda una fiesta después del desvirgue..
 
Tomándose un poco de aire y coraje, me dijo.   Hace un año y meses el hermano de Ramiro, que se llama Carlos, fue mi novio, esto lo conocían todos ustedes.  Un día me invitó a su casa, cuando llegué me encontré con la novedad que nadie de la familia se encontraban en la casa.  Pues salieron de la ciudad para atender una invitación. En verdad, los dos estábamos nerviosos y yo quería salir de la casa, pero el me rogó que no.
 
Para superar los nervios trajo una botella de Cognac, que los entendidos lo pronuncian Coñac. Conversa y conversa y escuchándole las lindas cosas que hablaba de mí, nos tomamos unos dos vasitos de coñac, que lo sentía bastante bueno para mis nervios. Ya más tranquilos me dijo que yo era su primer amor y que nunca estuvo antes con una mujer a “solas” y que ese día era uno de los más lindos de su vida.  Entonces brindamos otro vaso de coñac.  Con ese tercero perdí toda noción de recelos y miedos y nos besamos como locos.  Puso una música romántica, bailamos apegaditos, el comenzó a besarme por el cuello, que al comienzo me hacía cosquillas, pero luego me exitó y sentía que me iba humedeciendo el calzoncito.  Hubo un momento en que se me acercó mucho y sentí que su verga se le había parado, estaba dura y apuntaba a mi vagina.  A momentos la cabecita topeteaba con mi clítoris y eso me ponía muy arrecha.  Instintivamente me retiré, aun que por dentro quería sentir más fuerte esa verga virgen, para mi concha virgen y un poco me di la vuelta, como si fuera a bailar pasodoble. Trataba de huir de ese monstrito que intentaba invadir mi cueva. No se cómo fue pero me agarró por detrás,  y se movía.  Yo me sentí más segura, pero sus movimientos y su verga que la tenía en medio de mis nalgas y con el ritmo de la música casi inconscientemente movía rítmicamente el culo contra su vientre y sentía más ese paquetito, eso me producía intensos escalofríos  Ah, me olvidaba de decirte fui con un vestido corto y no con pantalones.  Eso facilitaba para los fines de Carlos.  En un momento me agarró de las tetas, eso no lo tenía en mis planes. Yo moviendo el culo con su verga entre mis nalgas y con las manos que apretaba mis tetas, ya me desmayaba de la arrechez, sentía que los jugos bajaban por mis muelos y como que un orgasmo se venía encima.  El trató de darme la vuelta, pero no me dejé, me gustaba ese juego de sentir la verga por atrás.  Luego y pensé como me libro de ese paquete que me va causar mi rendición?,  Entonces me tomé de valor y le agarré la verga, y le oprimía.  El lanzó un tremendo suspiro.  Con una de las manos sacó su verga, pero yo no regresaba a mirarlo y me pedía que lo acaricie.  Te confieso Marlene, que grata sensación sentir esa salchicha caliente en mi mano, con temor le acariciaba,  él  me pedía que por piedad  le oprima la paloma y le de unos masajes.  Ya para terminar me soltó y bajó  su pantalón y vi esa hermosa verga en todo su esplendor, blanca con una cabecita rosada.  Yo estaba atónita, muda, y de pronto agarró mi mano y puso su verga y eyaculó.  Por primera vez veía como salía la leche por la boquita de esa paloma. Y yo agarrada de su verga le daba los últimos masajes y también tuve mi orgasmo, aunque me reprimí de gritar, para no demostrarle mi tremenda excitación que había logrado.  Luego sacó su pañuelo, se lo quité, limpié la leche que tenía en mis manos y  con mucha ternura le limpié la verga, sus huevitos,  el pantalón había vomitado lava como un volcán.  Eso me excitó tremendamente.  No soltaba su verga de mi mano, tenerla dormidita era una gran sensación de placer.  El notó eso y metió su mano por debajo de mi falda, pero no quería que llegue a mi vagina.
 
El me rogaba que le deje acariciar y que no iba hacer nada.  Le dije que estaba mojada. Fue peor los ruegos y caricias que me dejé tocar, pero metió su mano por debajo de mi calzón. Carlos se emocionó tanto con sus dedos me limpiaba y se los lamía, entre mí dije que puerco, pero el así lo quiere, que lo haga y que no pare de hacerlo.
 
En esos momentos  que Anita me contaba vino un joven a sacarme a bailar, pero me negué un tanto disgustada. Lo mismo hizo Anita, nos dio pena porque el muchacho se fue triste.  Le dijimos que más luego, pues estábamos tratando de resolver una situación especial.  Yo misma estaba excitadísima, que no quería que no pare de conversar su historia.  Estoy segura que si salía bailar terminaba bailando.  Me toqué la cara y tenía las mejillas calientes. Y siguió Anita contándome su historia
 
– Anita continuó.. Descansamos un buen momento  sobre el sofá de la sala,  el me daba de rato en rato besos en los labios, las mejillas, el cuello, parece que descubrió mis zonas erógenas, y en un momento besaba mis senos por encima de la blusa que llevaba puesta.  Entre mi pensaba le dejo o no le dejo, porque para decirte la verdad, como me estaba gustando que masajee mis tetas, oprima mis pezones, los besé aunque por encima de los sostenes,  pero mientras yo pensaba el me agarró de la cuca y claro yo tenía mi conchita muy caliente.  Jugaba con mis pelitos hasta que llegó al clítoris y me acariciaba muy tiernamente, a veces con brusquedad, y yo le respondía sus besos con avidez, abrí más piernas para dejarlo actuar. Allí aprovechó el momento para darme de besos sobre el calzón que me decía olía y tenía un rico sabor.  En esos momentos pensaba en mi hermana Claudia, que  me decía lo mismo cuando hacíamos el amor. Al final logró bajarme el calzón y metía su lengua por mi rajita que me ponía a volar.  Yo comencé a darme convulsiones en el sofá.  Ya estaba a su merced, había perdido mi control.  Le vi se bajó el pantalón y por un lado de su calzón sacó su verga, creo que tendría unos 13 centímetros o algo más, me la hizo acariciar y le di unos cariñosos masajes de sube y baja.  Como me gustaba verle la cabecita de su verga  como salía de su capullito, ver la verga dormida y que poco a poco se iba despertando, me era otro espectáculo.  Trató de que le mame la verga, pero no acepté.  Yo traté de moverme a un lado, mi intención era de que me la meta esa salchicha en el culo, me haga un hot dog,  que me rompa el culo pero no se coma mi conchita, salvar la virginidad para el matrimonio era mi lucha. El pobre Carlos,  un poco desesperado se montó encima mío, yo me sentía incómoda, pretendiendo mejor la postura hice un giro un poco brusco y el pobrecito se cayó al suelo.
Tuve una risa nerviosa, él igual se rió y con su verga en la mano me pidió disculpas. Le acaricié la cabecita y luego le agarré de los huevos, me gustó bastante. Sabía que iba a perder mi virginidad que la había guardado, para el matrimonio, pero ya no aguantaba más.  Mis labios vaginales pedían verga a gritos.   Me acosté en el sofá , él se levantó y conectó su verga en mi raja, no sabía por donde mismo meter y yo le ayudé, con mi mano cogí su verga y le puse sobre lo que debía huequearme .  Presionó, se rompió el himen, me dolió, grité un  poquito, más del susto, me metió la paloma y dos o tres movimientos de mete y saca la verga de mi chucha  y Carlos  terminó encima mío, me lavó de semen por dentro y por fuera de la vagina.  El lo único que me decía era culea mihijita , culea.  Muévete.    Yo no terminé, no tuve ningún orgasmo y la vagina estaba adolorida y sangrosa.  La falda de mi vestido se había manchado. El se fue al suelo, agotado de “tanto trabajo”.  Al final me quedé frustrada. Seguramente el muchacho estuvo muy arrecho y el pobre tuvo lo que llaman eyaculación precoz, eso es lo que deduzco.
 
 Perdí la virginidad pendejamente, sin ningún orgasmo, el placer desapareció de mi cuerpo, fue como una pesadilla.
 
 Me fui al baño,  limpié a la cuca, había leche en mis pelos, le bañé lo mejor que pude, tratando de dejar huellas de sangre en la ropa y toda adolorida, salí de su casa.  El me alcanzó  en la calle, en su moto, y me llevo a mi casa.  Si no habría estado adolorida, frustrada y con iras conmigo misma,  no le había aceptado.
  Esa es, Marlene, mi secreta historia.
 
Yo le agradecí por la confianza de Anita. Por haberme contado su buen y mal momento que pasó.  Pero le pregunté ,
– Por que te resentiste con Ramiro, el no tiene la culpa de nada.  Al comienzo estabas bailando con gusto. Qué pasó?? 
– Lo que pasó es que este huevón del Ramiro, me habló de su hermano. Que el pobre Carlos no sabía de mujeres.  Que Carlos le contó la historia, que el tenía mucha pena y vergüenza de su hermano que no sabia culear.   Pero que él si me iba hacer gozar como yo me merecía y que el sabía muy bien como culear a una mujer, hacerla gritar de placer,  no como el tonto de su hermano.  Yo le seguía escuchando, de pronto tomó mi mano y me la llevó hasta su verga que ya la tenía dura.  En ese momento yo me resentí y le dije si piensas que soy una puta ándate a la mierda a culear con la que te parió.  La verdad, Marlene, que se me salió todo el vocabulario que hablan los muchachos.  Casi le doy un chirlazo al muy sinvergüenza……….. Oye Anita vamos saliendo de la fiestita.  Algunos están saliendo y como hay más mujeres que hombres no les vamos hacer falta………. Marlene, hagamos una cosa por qué no nos llevamos una botella de vino a tu casa.  Alláa en la mesa hay algunas.  Tu me tapas y yo le meto en mi mochila y vamos a tu casa.  Así lo hicimos, salimos con el vino a la espalda. A la salida los padres de una compañera nos llevaron a la casa de mi abuela
 
Ahora lo que pasó en la casa de mi abuela es motivo de otro relato.  De todos modos me gustaría de recibir sus comentarios. marlenemiravalles@yahoo.com   Repito estoy escribiendo no para que les guste ni les disguste, solo son las confesiones de una mujer que se une a todas aquellas que han contado sus verdaderas historias y son a las que yo admiro.
 
Con mucho cariño,  Marlene
marlenemiravalles@yahoo.com

Intento fallido

Jueves, julio 26th, 2007

He leído varios relatos de zoofilia y me he quedado sorprendida de la manera como han gozado de esa buena verga animal.
 
Les cuento desde estoy viviendo en incesto.  Estoy culeando con mi hijo.  Mi esposo estará ausente, esta vez por tres meses en el exterior. Y mi hija está en goce de una beca y regresa en ocho meses.  Si vas a la sección de incesto encontrarás mi relato titulado Y LO HICE CON MI HIJO.  El caso que desde ese tiempo me he vuelto totalmente arrecha, cachonda, caliente  y quiero verga como pan de cada día. Por otro lado quiero dejar de culear con mi hijo, por causa del incesto, tengo ciertos remordimientos.  Quiero dejarle a mi hijo que se enamore y se case con alguna buena chica.  Aunque le amo a mi hijo como hombre pues me ha hecho gozar como mujer, juntos hemos experimentado sexualmente muchas cosas que nunca las había hecho con mi marido; hemos tenido tantas noches y días de placer y lujuria que se me hace duro dejarlo.
 
Después de haber leído varios de los relatos, unos más calientes y convincentes que otros, me ha estado rondando en la cabeza la posibilidad de culear con un perro.  Hasta soñé una vez.. Ayer fui a casa de mis padres. Me pidieron que les cuidara la casa por unas horas. Ellos fueron a una invitación de amigos y me quedé en su casa.  Tienen un pastor alemán.  Ilusionada por los relatos le llevé al perro hasta la sala le di un platito de leche, luego me puse un poco de leche en la vagina me lamió, que me hizo terminar con gritos, pues su lengua larga y carrasposa me hizo loca en pocos segundos. Toni, el perro fue una maravilla.  También  es que ahora se me ha hecho un clítoris super sensible. Hay veces que el roce de mi bombacha, de mi tanguita me produce unas arrecheras que termino cayendo en unos grandes orgasmos, por supuesto estirando mi calzón y friccionándolo dura contra la vagina y penetrándolo en mi rajita
 
Siguiendo la historia fui hacia la verga de Toni, en principio estuvo quieto, pero jadeante, comencé a masturbarle, cuando comenzó a salir la verga de su estuche era  roja, sanguinolenta me emocioné…..Era una verga diferente a toda vergas conociida  Ganas me daba de mamarle la verga como lo hago con mi hijo, pero me dio repugnancia y no lo hice.  Tu, amiga me dirás si me he perdido algo bueno. Me enseñarán como hacerlo. Es sabrosa su leche??.   Espero me cuenten. …..
 
 Me puse a cuatro patas y al perro  traté de ayudarle para que me monte pero me lastimó un poco la espalda, pero se bajó.  Luego le di un poco mas de leche y me puse leche en el culo abrí mis nalgas para que le quede claro el hueco, me lamió el culo que fue otro escándalo, pensé que ya estaría el perro listo para culearme y como me había salido muchos jugos de la vagina, esta vez me acosté en un pequeño diván con la vagina en su cara, me lamió que fue otra terminada con todos los ayes, creo que me mi vino unos tres escandalosos orgasmos. Traté de montarlo sobre mi, para que me culee de frente ya que por atrás falló, por el culo o la vagina, pero el muy desgraciado casi me mordió y gruñía y se volvió amenazante, agresivo, sus dientes caninos me dieron miedo..
 
El desgraciado había ya recogido su verga que por ratos la tuvo afuera Me asusté tremendamente que terminé la sesión tremendamente frustrada, gritándole al perro que era un hijo de puta y maricón y el muy desgraciado se fue.  De las iras ya no tuve ni ganas de una masturbación para aplacar mi arrechera y todas las ganas de verga que tenía.
 
Así terminó la tarde, toda frustrada y lastimada.
Quiero que me ayuden a cumplir con mi propósito. Que debo hacer??.  Espero que las amigas lectoras como los lectores de buena voluntad me ayuden y me digan con  sinceridad cómo hacerlo, que tácticas usar.  Les anticipo mis gracias y por favor escríbanme lo más pronto.  Que pueda.  Les  mando un beso grandote.
 
Mi nombre es Margot, comparto el email con mi hijo, por eso  pero les pido me escriban al email de una amiga y compinche que espero se cumplan otras realidades, quiero que ella se entere de lo que estoy haciendo y quiero hacer. Su email es isabelanaper@hotmail.com.
 
Con mucho amor y un gran beso
 
Margot
 

Coronación de la Pasífae de las Pampas

Sábado, julio 21st, 2007

En el atardecer de la víspera del ya designado día del acto de apareamiento de la bella y el toro, la princesa y el capataz debieron realizar la importante tarea de transportar al novio al corral chico. Debido a la docilidad que el animal invariablemente manifestaba hacia Marcia Paula, contrarrestada por una verdadera inquina hacia el capataz, fue necesaria su presencia para colaborar en tal operación. Se dieron, pues, a la tarea en medio del mayor sigilo y aprovechando el vespertino retraimiento de las actividades.

     Con la mayor tranquilidad, tomado de una muy elemental soga al cuello, siguió Mimoso a la patrona hasta que lograron acomodarlo en el interior de una jaula de madera montada en una vieja camioneta Ford, dispuesta para estos fines. Cubrieron la caja de la chata con una lona, de tal suerte no era dable observar su contenido.

     Al llegar al sitio previsto tomó Marcia Paula nuevamente al toro del cordel y hablándole con afectuoso tono lo hizo descender por el plano inclinado colocado al efecto. El animal, como era ya de notoriedad, obedeció con total complacencia, hecho que no dejaba de sorprender al receloso capataz. Finalmente, el toro quedó ubicado en el corral vecino al principal y convenientemente separado de éste; el que, al día siguiente, muy en la madrugada, se convertiría, según los planes, en la liza del sin igual combate.

     Como el capataz no podía desasirse de la idea de contar con una adecuada iluminación general, apuntó:

     ––Ya está cerrando la noche, niña. Esperemos un poco más para que podamos comprobar el grado de luminosidad que nos va a proporcionar el foco del poste. Quizá resulte conveniente sustituirlo por uno de mayor potencia.

     ––¡Dale con la luz!… ––contestó, algo fastidiada, Marcia Paula––. ¿Es que no te ha entrado en la mollera que podremos complementar fácilmente cualquier carencia de iluminación de ese bendito poste?… Pero…bueno, ¡esperemos un rato más!… si ello satisface a mi amado capataz.

     Poco después, aún en la penumbra de la oración, Ramón accionó la llave de la luz y pudo comprobar que, al fin de cuentas, la iluminación general en la zona del anclaje, aunque parca, era razonable. Ante al insistencia de Marcia Paula, que estaba ansiosa por partir, se conformó con el resultado, refunfuños de por medio. Era obvio que para las operaciones más finas requeriría del auxilio de una buena linterna.

     —¿Pregunto, amita? —dijo Ramón mientras regresaban—: ¿no correrá usted el riesgo de quedar embarazada de semejante bicho?

     —No, Ramón, no… No existe la más mínima posibilidad que tal ocurra, aunque en la leyenda griega se consigne que la reina Pasífae haya concebido un verdadero engendro del toro que la poseyó y que se convirtió en otra leyenda con el nombre de Minotauro. De hecho, tengo entendido que hay mucha gente que ha franqueado la barrera de las especies desde el punto de vista físico, tanto de un lado, como del otro; ya te he mencionado que en nuestras narices se halla instalada la cuestión, según es notorio, de El Taba y la Lucinda. Tal hecho mereció el poco edificante (al menos para mí) mote de «bestialismo». Pero las restricciones biológicas de la concepción son cosas mucho más específicas y no se puede pensar que sean susceptibles de ser infringidas. A lo sumo llegamos a tener el mulo, del apareamiento de burros y caballos, pero la cosa queda ahí nomás, pues se dice que el mulo no puede tener descendencia.

     —¡Pero es que yo tengo tanto miedo a todo esto!… Tiemblo de pensar que algo pueda pasarle a usted y no me canso de recomendarle mucho cuidado.

     —También yo estoy temerosa, mi querido Ramón, pero he llegado a la convicción que un sino inescrutable me ha empujado a todo esto. No sé por qué causa… pero es obvio que todos los acontecimientos se encadenaron de manera tal, que no pudieron sino desembocar en la forma que estamos viendo. Y, en primerísimo lugar, está la presencia de esta profunda perturbación de lo que siento como mi «vacío», que es un ente abstracto, pero que se manifiesta con una potencialidad muy concreta; y luego, el misterioso desarrollo de todos esos hechos que poco a poco fueron incrustando en mis meninges los pensamientos que hasta aquí me condujeron: el presenciar aquel apareamiento del overo, muchas ideas obsesivas sobre la verga de él, la leyenda sobre la reina y el toro, el caballo de Troya del gallego del almacén, la notoria aquiescencia y aceptación por parte de Mimoso y, lo que es de la mayor importancia, la habilidad de don Otto Salinger (verdadero y oportunísimo Dédalo) y el hecho de que se cruzara tan a propósito en mi camino. Y por si esto fuera poco, estás vos, mi querido Ramón, sin cuya conspicua voluntad y lealtad nada hubiera sido dable hacer.

     »¡No, mi querido Ramón!, no es posible sino imaginar que un destino inexorable, convertido en desatino, me ha empujado a este acto de cruzar la frontera de las especies, y en el que vos has quedado también entrampado, mi fiel amigo. Pero no te preocupés, ya que el corazón me dice que todo irá bien.

     Siguiendo el mismo derrotero de esas razones, pero ya para sus adentros, se dijo: «A todo aquello debo agregar la rauda desaparición del enanito, cuya ‘protuberancia de abajo’ con su increíble ‘cabeza de pera’ iba en camino de constituirse en la opción a la verga taurina. No en balde hizo que por momentos olvidara toda la operación del Vacuno de Soya, pues ya tocaba el cielo con las manos después de aquellas dos únicas sesiones. Nunca estuve tan segura de la presencia de mi ‘vacío’ como en aquella circunstancia, y tan en la convicción de que por tal vía lograría destruirlo… Pero… por desgracia… el indescifrable hado acabó por poner su rúbrica… Y el corcovado personaje del enorme miembro muy pronto se me esfumó del camino.»

     Al regresar se dirigieron directamente al taller principal y se introdujeron en él junto con la camioneta de la jaula. Allí se hallaba un segundo vehículo, el furgón, que sería utilizado para transportar a la vaquilla y para todo otro requerimiento durante la operatoria.

     ––Dentro del furgón se encuentra ya la vaquilla de don Otto con el montaje totalmente realizado y descansando sobre un pequeño acoplado de ruedas de bicicleta ––dijo Ramón––. Tan sólo queda por proceder a su transporte, a su encastre sobre los anclajes y al ulterior ajuste de sus patas sobre los mismos… A los elementos de índole personal que Ud. quiera llevar al corral chico los pondremos también en el furgón, junto a la escultura.

     ––Sí, sí, ––replicó la patrona–– mañana, cuando partamos, traeremos un bolso en el que se halla todo lo que pienso que necesitaré. Ahí mismo, dentro del habitáculo, se harán todas las operaciones previas y posteriores… Ahora, quiero ver al Vacuno de Soya. Abrí, pues, el furgón.

     Así lo hizo Ramón y Marcia Paula se extasió en la contemplación de la maravillosa pieza escultórica, que resultó fruto de su iniciativa, de la gestión del bueno de Ramón y de la artesanía del genial Otto Salinger.

     ––¡Es realmente bella! ––Exclamó la princesa––. Me siento muy orgullosa de haber conseguido realizarla y espero que en un futuro pueda servir de emblema a la Estancia La Soya… ¿Está bien afirmada para el transporte?

     ––No lo ponga en duda… ¿Le parece, amita, que ahora vayamos a la mansión directamente por el túnel? El tramo es un poquitín largo, pero estaremos al abrigo de cualquier mirada.

     ––Sí, por supuesto… Me parece la mejor idea. Iremos, descansaremos un poco en el departamento y luego volveremos aquí por el mismo camino.

     Salieron del taller y en contados minutos se hallaron en el granero viejo, desde el cual accedieron a la mansión a través de la larga galería subterránea. Ambos pasaron el tramo de noche, previo a aquel tan crucial encuentro, como apacibles y quedos esposos. Sabían de los agitados momentos que les esperaban y de la necesidad de calcular con exactitud los tiempos a utilizar en aquel particularísimo quehacer, pues al iniciarse las tareas rutinarias de la estancia, todo debía haber concluido.

     Así, pues, comieron frugalmente y durmieron un par de horas. Luego, casi despidiendo la medianoche que acababa de transcurrir, mucho antes de la madrugada, iniciaron la marcha. Por el túnel se dirigieron al granero viejo, de allí al taller, y, luego de realizar los últimos aprontes en la camioneta-furgón, en la oscuridad de la noche, nuevamente pusieron rumbo hacia el corral chico.

     La princesa cerró los ojos y, en medio de la ensoñación, oyó el majestuoso himno del Parnaso:
     ¡Oh, Marcia Paula, rediviva y preclara versión de la cretense reina en las australes tierras del planeta!…

     ¡Oh, lejana encarnación de la hija del rey Agenor, no ingenua y candorosa, sino astuta y pletórica de salacidad!…

     Repican a vuelo las heráldicas campanas anunciadoras del arribo de la suprema hora de la verdad…

     Ha de despuntar la mañana, y antes que el inmutable carro de Febo inicie su comba, proverbial y rutinaria carrera, esparciendo en chispeantes raudales el aura de su esplendente rosicler por el perezoso cielo, todo habrá sido consumado para ti…

     Tu voraz apetencia de la desmesura habrá de trabarse en recia lucha ante la embestida del fiero marido taurino…

     Después de tantos preparativos y desvelos, has de bajar a la liza a disputar, por imperio del caprichoso hado que puso en ti el desaforado anhelo, este balsámico y asaz hechizante combate de amor…

     Con el despuntar del alba saludarán tu solemne paso los bulliciosos pajarillos del despertar. ¡Congratúlate, entonces, con sus laudatorios trinos, con su grácil cortesía y con su policroma entonación!

     Tú vas, anhelosa y solemne, rumbo al vientre del exótico artificio vacuno con el majestuoso porte de una María Antonieta…

     Mas, en tu caso, este destino no te condena a letal cadalso, sino que viene a consagrar la corona de la Pasífae de las argentinas pampas… Trofeo que deviene, por ende, en el conspicuo trono del Nuevo Imperio de las Profundidades.

     µ µ µ

     En contados minutos más, la operación Vacuno de Soya quedaría absolutamente lista para iniciar ese viaje a una verdadera dimensión desconocida, en lo que se convertiría en una paráfrasis de la historia de aquel notable caballo de los griegos que, transportando en su interior un belicoso grupo guerrero, permitió la entrada de las furias del sitiador de la ciudad. Así, nuestro vacuno, llevará en su vientre a una también gallarda y belicosa amazona, ávida de acción guerrera, que abrirá sus propias puertas a las furias de un extraño y poderoso invasor.

     Envueltos en la cerrada noche llegaron a aquella liza. Tal como lo supusiera el perspicaz Ramón, el sencillo poste de iluminación procuraba algunos valetudinarios aunque suficientes destellos de luz en el lugar donde se hallaban los anclajes. «La niña tiene razón —pensó—; hay claridad suficiente para los desplazamientos y las operaciones de mayor lastre.» Finalmente se tranquilizó y quedó conforme con esa suerte de clara penumbra que reinaba alrededor del corral chico, pues, lo que menos interesaba en tan especial ocasión, era una brillante iluminación… ¡Nada de eso!… Nunca podría tener la certidumbre de que no existan ocultos ojos indiscretos atisbando los hechos.

     Ramón Zamorano despejó con una pala lineman la tierra que cubría los anclajes; los limpió meticulosamente con una escobilla, y luego procedió a extraer las tapas de acero. Inspeccionó el interior de esos dispositivos, pues el alemán le había recomendado la mayor limpieza en el momento del encastre de las patas de la vaquilla; con un pincel en seco procedió a realizar una más prolija pasada y, finalmente, dirigió un chorro de aire comprimido de un pequeño depósito cilíndrico que había portado al efecto. Luego, mediante una rampa, descendió de la caja del furgón la pieza escultórica (convenientemente cubierta por una lona) que se hallaba sobre el carrito de ruedas y la ubicó junto a los anclajes; era el momento en que quizá requeriría la ayuda de la dama. Pero pronto advirtió que tomando por sí solo aquella pieza alternativamente por cada uno de sus extremos, ello no sería necesario. No obstante la princesa estaba presta a la colaboración en las tareas.

     Antes de ubicar la vaquilla en su sitio, untó adecuadamente con aceite mineral el interior de los anclajes y luego se las arregló muy bien para colocar las patas en ellos sin, casi, ayuda de la bella. Vio que encastraban perfectamente, sonando en cada caso el clack correspondiente; ajustó las tuercas y, en cuestión de media hora, ambos dejaron localizada la escultórica imagen vacuna en el sitio previsto, habiendo quedado completamente firme y sin posibilidad de que fuerza alguna la pueda tumbar.

     Ramón aplicó con su recio cuerpo una serie de empujones a aquella pieza para comprobar, en alguna medida, el funcionamiento de las articulaciones de las patas, pudiendo notar sus oscilaciones y su rápida amortiguación.

     —Creo que las rótulas han de trabajar a la perfección —sentenció––. Y el gringo tenía razón en cuanto a que ni un elefante habría de voltear la vaquilla.

     —Lo que no me agrada —protestó la princesa— es este particular olor que tiene el aceite mineral que metiste en los encastres. ¿No podrías haberlo evitado?… Temo que interfiera con el olfato de Mimoso.

     —Bueno, lo hecho… ¡hecho está! —replicó él—. En realidad no se me pasó por el pensamiento tal idea. Mi magín se hallaba totalmente ocupado por las recomendaciones del gringo de procurar que el encastre sea tan dulce como se pueda… Quizá debí usar alguna vaselina inodora.

     Mimoso se hallaba bastante nervioso y la patrona se aproximó entonces a él. Comenzó a acariciarlo y de nuevo le habló al oído con sus acostumbrados susurros, tratamiento que, al parecer, el toro tan bien comprendía, según se comportaba:

     —Mi querido Mimoso, ha llegado la hora de la prueba. Es el momento de nuestro himeneo. Compórtate como el enamorado y todopoderoso Jove, que yo seré tu dulce Europa. No repares en que en aquel caso el inductor fue el poderoso dios del Olimpo y la bella doncella, la hija del rey Agenor, fue la inducida por el porte y la belleza del camuflado animal. Claro está, en nuestro caso se han permutado los papeles… Pues yo, Marcia Paula, soy el fabricante del ardid y tú… quizá seas un vicario de aquel dios.

     »Sólo te pido que te conduzcas como en aquella ocasión te vi hacerlo con tu vaca de verdad. Quizá no vaya a ser lo mismo para ti, pero lo cierto es que, ante el vital impulso de tu sexo, recibirás al menos otro impulso de igual naturaleza, que no del mismo calibre. No te sientas engañado, como no lo está mi querido y fiel capataz… Nos veremos, pues, en la amorosa contienda…

     A continuación Marcia Paula se despojó de su ropa en el interior del furgón, al que había acondicionado convenientemente y dotado de todos los menesteres que consideraba habría de necesitar; se calzó un par de sencillas zapatillas de color lila y echó sobre sus hombros un simple batón destinado a permanecer sobre ellos tan sólo en el corto trayecto que la separaba del habitáculo vacuno. La madrugada era fresca, pero ninguna consideración térmica pasó por su mente. Sólo llevaba entre sus manos una toalla y el preciado frasco bermellón que el enano le había regalado, precaución que, desde que las propiedades de la sustancia contenida en él entraron en su conocimiento, consideró oportuno tomar en la emergencia.

     Al llegar frente a la cabeza de la vaquilla, la que se hallaba rebatida hacia un costado, procedió a descalzarse y a despojarse de aquella última prenda que portaba, depositando todo ello, junto con la toalla, en el piso. Subió sobre el banco que Ramón había colocado a propósito y luego pasó su cuerpo -primero sus piernas- a través de la entrada a la cámara, tal como lo hiciera en la prueba, dejando afuera, por unos instantes, tan sólo su cabeza. Dio las últimas instrucciones a su capataz, y ambos se besaron largamente. Después, temblando de emoción y con el corazón fuertemente retumbando en su pecho, se introdujo al interior de aquella maravillosa pieza, encendió la rosada luz e hizo señas a su ayudante para que procediera a cerrar la puerta. Tras oír el seco golpe de su cerradura, la princesa se dirigió a colocar la pelvis a la altura del orificio de la ficticia vulva. Realizó un par de movimientos de ajuste de la plataforma de base para acomodarse al citado orificio, de suerte tal de asegurarse la mayor facilidad de operación. Dio dos golpecitos con los nudillos sobre su plafond, de acuerdo a la señal convenida, y Ramón, después de retirar la lona que cubría a la vaquilla, abrió entonces la puerta del corral que retenía al ya cuasi furioso toro y de inmediato se puso a buen recaudo.

     A Marcia Paula se le apuró nuevamente el corazón al percibir el retemblar del piso por las correteadas del animal, que iba de aquí para allá. Sintió asimismo los mugidos del amor que Mimoso lanzaba y cómo, por momentos, se rozaba sobre el firme casco de la vaca artificial. Tal como ella lo había deseado, se produjeron voluptuosas oscilaciones de aquel hábitat, las cuales denunciaban las pasionales y grotescas caricias taurinas. Así, el overo daba inequívocas muestras de su favorable predisposición para el himeneo. Ella ya se encontraba muy ‘mojada’ por la excitación, y cuando percibió los resoplidos del toro en la vulva de la vaca, adosó su genital a la parte interna del orificio… y comenzó a sentir las ardientes ráfagas de su aliento.

     —¡Huele, Mimoso, huele!… ¡Huele la fragancia del sexo que tú ya conoces y que te sirva para expoliar tus ancestrales energías de macho!… Huele y haz pasar desapercibidos los matices de aromas que no se avienen por completo con tus instintos, que, después de todo, la oferta lo es también de una hembra bravía que el destino ha dictaminado en adaptar a tu gusto.

     Luego comprobó que su temperamental novio volvía a sus pesados trotes, a sus vivas patadas en el suelo y a sus clamorosos bufidos… y nuevamente al olfateo genital. La princesa se cuidaba muy bien de no dejar pasar esta particular manifestación de la taurina filia.

     Finalmente sintió una suerte de blando impacto en su plafond y el hábitat sufrió un desplazamiento hacia abajo y adelante, lo que a ciencia cierta le estaba indicando que el animal se había montado. Se produjo en ella una eclosión de voluptuosidad.

     Entretanto, el alicaído capataz no podía dar crédito a lo que estaban viendo sus ojos. En rigor de verdad, siempre había mantenido la alentadora sospecha de la imposibilidad de engañar al toro de tal modo y creía que ese singular apareamiento, por cuenta del animal, jamás llegaría a consumarse… Al menos era su más recóndita esperanza, pese a cuanto se le había advertido en contrario.

     Casi se diría que la princesa, por su parte, percibió el peso del toro como sobre su propio lomo; tanto era el grado de compenetración a que había arribado. Prestamente, con un movimiento minuciosamente proyectado ab initio, levantó su pelvis por encima del nivel del orificio para dejarlo expedito… y, casi de inmediato, vio pasar entre sus piernas con la celeridad de un sablazo, al enorme miembro taurino que con extraordinaria rigidez iba en busca de su placentero destino. Su glande describía en el ventral vacío, singulares, nerviosos e invisibles contornos.

     Lo primero que hizo fue cerrar sus piernas alrededor de él para sentir su contacto y para aquietar aquellos movimientos que, según ella entendía, debían causar perplejidad en el animal: era uno de los puntos críticos y de los momentos más débiles del proyecto. Luego, vertiginosamente, pese a que temblaba toda de emoción, tentó aquella verga y la ungió con el oleoso y perfumado elixir que portaba, dejándola totalmente cubierta de una membrana untuosa… Todo el habitáculo quedó de inmediato gratamente aromatizado.

     Usando sus rodillas y sus manos, gateando, y con aquel vástago entre sus piernas acariciándole el vientre, comenzó a adelantarse como para dar inicio a la penetración. Mas de improviso, también con la velocidad del rayo, vio Marcia Paula que la resbalosa verga se deslizó hacía atrás de entre sus piernas y desapareció del hábitat. Simultáneamente percibió que éste se desplazaba nuevamente a su posición inicial de equilibrio… Sencillamente que el toro se había desmontado… Casi en el paroxismo de la desesperación exclamó la princesa:

     —¡Maldito sea!… ¡El tan temido punto crítico!… ¡Vamos, Mimoso, vamos!… ¿Qué te pasa?… ¡No quieras abandonar este combate en hora tan temprana!… ¡Vuelve… vuelve… por favor!…

     —¡Ya me parecía!… ¡Ya me parecía!… —exclamó, por su parte, el despechado capataz—. ¡El overo se ha percatado de la engañifa!…

     No lo dijo tan despacio que, desde el interior de la vaquilla, no lo haya oído la princesa, si bien a nivel de monocorde y no entendible rumor. Pero, conociendo el sentir de su amante en la cuestión, no le cupo mayor duda de cuál debía ser el tenor de sus expresiones.

     ––¡Y maldito sea también este Ramón!… Se debe estar regocijando de la desmontada de Mimoso. Cuando salga de aquí me va a tener que oír… y si esto fracasa, ¡peor!

     Pero el toro no había abandonado su impulso. Marcia Paula apreció nuevamente el retemblar del piso originado por nuevas y violentas correteadas y con ello tuvo las pruebas de que aquél seguía activo en sus juegos preliminares. Se alivió, dejó de pensar en su venganza a Ramón y, en unos segundos más, nuevamente percibió los furibundos resoplidos por el orificio de atrás: tuvo buen cuidado de aproximarle su vulva… la última esperanza que le quedaba.

     La expectante Marcia Paula notó la reiteración de las muestras que indicaban que el overo volvía a montarse sobre la vaca artificial: en este caso hubo un seco y sordo sonido en el plafond, seguido de inmediato por el desplazamiento del hábitat bajo el efecto del gran peso. La princesa, habiendo ganado ya el conocimiento del sitio en que podría comenzar el acoplamiento, se adelantó rápidamente hasta donde había comprobado la llegada del extremo de la verga en su anterior embate.

     Pero muy pronto hubo de advertir que se trataba de una maniobra equivocada, pues ahora la verga se introdujo al interior de la vaquilla en dos o tres breves etapas; mas esta vez parecía haber perdido parte de la rigidez de la erección, de tal modo que, solicitada por la gravedad, presentaba una cierta curvatura hacia abajo; por ello no llegó a tocar la ansiosa carne de Marcia Paula. Vio claramente que era uno de los efectos iniciales de la carencia de la vagina de la vaca, efecto que no había sido tomado en consideración en todas las lucubraciones del proyecto; habían preferido pensar (inadvertidamente) en la rigidez cuasi absoluta, en todo momento, de la verga del toro. Consideró, pues, que al adelantarse había equivocado el modus operandi y que más le hubiera valido una posición de espera similar a la primera, es decir, muy próxima al orificio de ingreso y dejando deslizar el órgano del toro por entre sus piernas hacia delante.

     Pese a que la nueva presencia le había hecho retornar su alma al cuerpo, no le cupo duda que le era indispensable actuar con la máxima celeridad, antes que el ocasional amante eche de menos el abrigo interior de su arqueado miembro. Y así, pasando su brazo hacia atrás por entre sus piernas, lo tomó con la mano y lo enderezó en un santiamén, colocando el tumefacto extremo en contacto con el vestíbulo de su rezumante sexo…

     —¡Ahora no te vas a escapar! —fustigó.

     Lo notó muy tibio, casi caliente… y se tomó unos escasos segundos para emitir un demoledor suspiro…

     —¡Madre!… ¡Qué grueso que es!… ¡Oh, mi inexorable «vacio» vuelve por sus fueros!… Siento su efecto etéreo… ¡Nuevamente ha invadido mis entrañas!… ¡Así está bien!… ¡Así está bien!… ¡Él es quien debe sostener esta lucha en su propia ciudadela!

     Tras haber logrado que aquel miembro penetrara un par de centímetros más allá del introitus, manteniéndole de tal guisa sujeto por su extremo a las puertas de sus entrañas, lo tentó hacia atrás percatándose, en virtud de la curvatura que presentaba que, en efecto, había perdido algo de su erección. Notó que se desarrollaba una típica catenaria entre el orificio vulvar de la vaquilla y su propio sexo… Lo levantó para restituirle su linealidad y no dejó de apercibirse, deleitosamente, de su significativo peso. Sin embargo confió en que con el avance de la operación habría de recuperar totalmente su rigidez.

     Vio que era conveniente levantar un poco el nivel de su cuerpo y sin más pérdida de tiempo liberó provisoriamente su mano de aquella operación de sostén, a fin de maniobrar la plataforma del vientre… Había tomado conciencia de la necesidad de proceder con la mayor premura para ceñir con su propio conducto aquella desconfiada verga.

     Rápidamente volvió a sostener la voluminosa catenaria con su diestra e inició la incitante, exótica y peligrosa carrera hacia el retroceso… y hacia el corazón mismo del infinito arcano… La nunca vista confabulación de dos instrumentos diseñados para un mismo fin, pero con actores en muy diferentes escalas.

     Marcia Paula reculaba con un suave meneo de caderas y con acendrada precaución, pero no con menos gusto…

     ¡Qué al dedillo había resultado el diseño de la plataforma del germano!

     Comenzó entonces a tener la sensación de distensión y de plenitud…

     Sus ojos permanecían entrecerrados por la ensoñación y pecho y garganta se habían convertido en permanentes focos emisores de suspiros de placer…

     Molestia, por la evidente distensión de su conducto vaginal, ¡ninguna!…

     Por otra parte, la lubricación que había proporcionado el viscoso néctar del frasco bermellón operaba a las mil maravillas y, por añadidura, mantenía todo el ambiente inmerso en su especialísimo aroma de incitación.

     Su preocupación por la erección del animal no la abandonaba, por lo que tentó nuevamente la porción remanente del miembro por detrás de ella. Verificó así, con evidente satisfacción, que el tramo era tanto más rígido cuanto más corto. A ojos vista, la curvatura de la catenaria se estaba disipando.

     Se sintió transportada a los confines del embeleso mágico por acción de aquel perfume; sabía, con ardiente convicción, que tales efectos actuarían, asimismo, en su bestial marido.

     Se daba en recordar las palabras del enano: «Es obvio que la señora Carla es profundamente entendida en estos avatares de amores; pues sabe muy bien calificar el valor de los instrumentos y sustancias que la naturaleza prodiga para el mayor beneplácito de los hombres.»

     Y Marcia Paula proseguía, con sublime regodeo, aquella mágica penetración… Ella sabía que su «vacío» tenía la taumatúrgica facultad de convertirla en ancha y profunda… como un lago de montañas… Ya lo había comprobado el jorobadito… Pero, como éste lo había aseverado, el aromático elixir traería una significativa colaboración.

     ¿Acaso habría algo de aberrante en todo esto?… ¡No!, la flagrante inmersión no daba lugar a queja alguna. Antes por el contrario, tan prodigiosa posesión taurina le procuraba pura delectación… ¡Se estaba consumando el anhelo de tanto tiempo!… Ella no se sentía culpable de su pasión. Aquello era, sin duda, el ukase del hado.

     Ahora percibió mucho calor y notó que diminutos regueros de transpiración le recorrían diversos sectores del cuerpo. De su perlada frente se descolgaron un par de gotas que rápidamente se embebieron en el tapiz de la plataforma del vientre.

     Con gesto maquinal, abandonó por unos instantes el sostenimiento de la porción externa de la verga para utilizar su mano en el accionamiento del sistema de ventilación, pues para nada podía contar con su brazo izquierdo que tenía la función de único soporte de su torso. Manipuló, pues, la llave correspondiente y puso en funcionamiento los pequeños rotores de aspas ubicados en las orejas de la escultura vacuna… De inmediato, se oyó un sutil zumbido y se produjo en el interior de aquel particular hábitat una vivificante corriente de aire.

     —¡Ah!… ¡Qué refrescante brisa circula desde abajo!…

     Rápidamente volvió a retomar el monitoreo de la ya casi insignificante catenaria por detrás de sus nalgas. Nunca dejaba de menear sus caderas y de presionar en su retro avance.

     Por momentos pensaba en su vivencia junto al jorobadito; si bien en este caso pudo engullir su órgano casi de un bocado. «Era también una verga monstruosa… pero humana», pensó.

     Milímetro tras milímetro proseguía deglutiendo el colosal ariete…

     —¡Así está bien, mi Mimoso!… Mi querido novio de esta hechizante jornada… Te estás comportando a las mil maravillas… Espero que no te canses demasiado pronto, que esta particular cura ha menester de su tiempo… A las conspicuas virtudes prolongadoras del elixir, me remito.

     Un nuevo avance… Dureza… Más rigidez… ¡Ah, qué bien!…

     Mas ahora vio que se fatigaba en mantener el equilibrio de la parte anterior de su cuerpo en tanto que seguía utilizando su diestra en la operación de palpación del miembro. Optó entonces por levantar un poco el borde anterior de la plataforma del vientre; quizá pueda apoyar en ella directamente su torso…

     Tentó el botón de comando pertinente; de inmediato percibió el aceitoso zumbido del sistema y la arista superior de la plataforma comenzó a elevarse. Después de un par de ajustes comprobó que el apoyo que ahora le brindaban sus rodillas y su torso redundaba en una mayor comodidad. Literalmente tenía las manos libres para colaborar en las restantes operaciones de la increíble cópula. Sintió un gran alivio en sus brazos.

     ––¡Qué gran idea la de dotar de rotación a esta bendita base de apoyo!

     Y la adecuación que la cómoda inclinación de la plataforma le había prodigado, le dio motivo a reiterar sus agradecimientos al inefable maestro alemán…

     Siguió reptando con su pelvis… y reculando… sin prisa y sin pausa… Siempre a la conquista de nuevas porciones de aquella gratificante presa… ahora convertida en sutil espada canalizada tan sólo por su vaina.

     Suspiraba a mares y emitía gozosas quejas…

     Con su diestra tentó nuevamente la porción de miembro que gastaba entre sus nalgas y el orificio de entrada de la vaca…

     —Casi toda ella está alojada en mi seno y ya no necesito que me preocupe por su dureza… ¿Dónde estás?… ¡Oh, lampalagua colosal! ¡Oh, súper-giba taurina!… ¡Oh, pantagruélica bracamarte!… ¿Quién te contiene?…

     —¡Ah, mi maldito «vacío»!… ¡Sempiterno Moloch de voracidad inaudita!… Presiento tu retirada… Ya está casi destruida tu ciudadela… No podrás resistir el ímpetu y magnitud del enemigo con quien pugnas…

     —¡Ah, cómo me siento de colmada!… Pudiera ser que este bestial marido tenga la sutileza del jorobadito de concentrar la suficiente potencia como para expandir el tiempo. Lo que confío que ocurrirá por efecto de aquel prodigioso elixir que el enanito usara y que parecía dotarlo de extraordinario vigor y aguante.

     Y más que enfrascada en sus goces y reflexiones concomitantes, no dejaba por ello de menearse y… de retroceder…

     Y en aquel momento percibió que las plantas de sus pies daban con las cortinitas de la cubierta de cuero de la vaquilla, e iban en demanda de la apertura de los orificios dispuestos para sacar sus extremidades inferiores al exterior.

     Casi sin darse cuenta presionó y saltaron sus broches; pronto emergieron sus diminutos pies al exterior del habitáculo.

     Así como Ramón los vio aparecer, quedó atónito. Además, comprobaba que la bestia se hallaba más que eufórica en su función… Se tapó los ojos con las manos.

     Entretanto, sumida en el más profundo éxtasis, Marcia Paula proseguía maquinalmente meneando sus caderas… y retrocediendo.

     —¡Ah, qué delicia!… ¡qué sensación!… ¡qué falta que hacía a mi «vacío» la contundencia de este remedio!

     —Estoy siendo totalmente colmada… ¡Ah, Pasífae, Pasífae!, sólo yo, desde el confín de estas dilatadas llanuras australes, podré comprenderte por siempre jamás…

     Y de pronto: ¡lo increíble!, ¡lo colosal! ¡lo maravilloso!… ¡la cristalización del encanto!…

     Pues percibió que sus nalgas se adosaron tiernamente a la rugosa superficie interna de la pared posterior de la vaquilla… Con superlativo deleite cayó entonces en la cuenta de que albergaba en su hechizado seno toda la dimensión del órgano taurino…

     ¡Tal como ocurriera con el ahora desdibujado miembro del Gobbino Kokó!… ¡Tal como penetrara el de El Tala en el interior de la Lucinda!… Su «vacío» lo devoró sin más trámite…

     Las partes salientes de sus extremidades inferiores, notoriamente divergentes, iban más allá de la mitad de sus pantorrillas…

     En verdad: ¡se hallaba mágicamente poseída en su totalidad por su descomunal novio!…

     Se veía saturada en su salacidad… y su dicha era inenarrable…

     ¡Habíase consumado, integralmente, el taumatúrgico acople gino-taurino! Y ella lo sentía como algo maravilloso y hechizante… como si al fin hubiesen resultado satisfechos los requerimientos de su singular fatum.

     De vez en vez, el bestial novio propinaba violentas embestidas a su engañadora amante bovina, la que se agitaba cadenciosamente al influjo de tales enviones, dando pruebas así del perfecto funcionamiento del dispositivo de amortiguación preparado por el alemán. El conjunto de la acción ofrecía tales visos de realidad al concordar con los impulsos del toro, que difícilmente pudiera pensarse que la hembra de aquel apareamiento era de artificio.

     La princesa, por su parte, recibía aquellos impactos con enorme beneplácito, pues, convenientemente defendida por la carcasa de la vaquilla de los efectos brutales del animal, sólo llegaban a su entraña como una serie de mitigados impulsos que le agitaban gustosa y profundamente su cuerpo entero y le provocaban intensos quejidos de placer.

     ––¡Ah!… Me felicito una y mil veces por haber insistido frente a Ramón para que el maestro Otto instalara estos dispositivos de amortiguación… ¡Qué gran goce me propinan las controladas furias de mi bestial marido!… Por otra parte, estoy segura de que los movimientos de la vaquilla ayudan a mantener los necesarios estímulos del overito, quien debe estar en la cuenta de que se aparea con una vaquita muy bella… ¡y muy real!

     Después de arribar a la posición extrema, tuvo clara consciencia de que no le sería dable poner su mente, como estaba acostumbrada a hacerlo, en la sublimación de la acción. Seguramente su compañero, que tan cabalmente había aceptado el reto biológico, no entendería nada de tales exquisiteces.

     —¡Ay, torito de mi alma!… ¡Compórtate, por favor, en algo, como lo hace mi Ramón, como lo hizo tan complacientemente el jorobadito!… ¡Quédate quieto un rato!…

     Intentó aprovechar al efecto uno de esos momentos de relativa calma que el vehemente dinamismo imponía a su compañero. Quiso entonces encapsular el instante que vivía y detener el tiempo.

     El inmenso placer que la embargaba le hacía percibir un electrizante cosquilleo en todo su ser… No dejaba de albergar la convicción profunda de que alojaba al descomunal miembro taurino en sus entrañas por una suerte de hechizante influjo.

     Se sentía rebosante… pletórica… Como le ocurría frecuentemente con lampalagua y como le acaeció en la circunstancia de su aventura con el Gobbino Kokó, percibió a aquel intruso como volátil… etéreo… difuso… indefinido… la quintaesencia de lo incorpóreo… Le prodigaba un cosquilleo hechizante.

     Por todo lo cual vino a calibrar la feroz contienda que su «vacío» presentaba.

     Cual famélico Moloch, también pretendía devorar esta inusitada presa.

     —¡Carpe diem!… ¡Carpe diem!… —se repetía incansablemente, en su afán por captar en el finito instante lo que se transformaría en la vivencia capital de toda su existencia.

     Mas pronto advirtió que la pasividad por ella deseada no cuadraba con el astado marido y percibió que se hallaba en puertas el instante del fin de aquel acto.

     Así que resolvió que debía acompañarle y, con gran fruición comenzó gustosamente a frotar sus nalgas contra las paredes interiores del artificial vacuno y a ejecutar alternadamente especiosos movimientos de vaivén.

     Con ello, sentía por instantes la pesadez de la carne que había engullido.

     Aún contó con el tiempo suficiente, aunque breve, para menearse a su sabor antes de la inexorable crisis taurina.

     Y, como ya estaba descontado, la novísima Pasífae de las pampas no pudo pasar más allá…

     Pues de repente sintió en su vientre, casi con la fuerza de un haz de saetas, los impactos de las violentas venas del seminal néctar bovino…

     Lanzado como caliente flujo que le embriagaba las entrañas, le sentía golpear como chorro, desplazarse cual torrentoso venero, refluir cual descarga de colmado vertedero…

     —¡Ah, tú, nutritiva corriente de la vida!… ¡Te presentas cual hirviente lava que viene a ocupar el vacío cuenco, al pie del eruptivo orificio!… ¡Te escurres, generoso, cual agua milagrosa que lava las espurias incrustaciones de mi «vacío»!… ¡Tú, divino néctar, eres digno colofón de tan mágica restauración!…

     Aquel miembro hechizado vomitaba su seminal licor en efusiones espasmódicas, a las que acompañaban sus propias embestidas y agitaciones.

     En tal situación la princesa permaneció enajenada, gozando las últimas y más sublimes cuotas del placer.

     Ahora, sobre el final, la frenética dama del vientre de la artificial vaca restregó fuertemente su clítoris sobre las paredes de la verga y presto fue acometida por las deliciosas sinrazones del orgasmo…

     No pasó desapercibida para el único y atribulado espectador, la gozosa manifestación de la crisis taurina, declarada sin misericordia ante sus ojos por los temblorosos espasmos de las ancas y patas posteriores de la bestia. Oía, con destemplada grima, los bufidos de placer que el toro emitía y veía, asimismo, tamborilear sobre el suelo a sus extremidades posteriores en erráticos pataleos.

     Tampoco pasaron desapercibidas las inenarrables pruebas del goce de la princesa. En un primer momento Ramón quedó absolutamente pasmado al comprobar que la patroncita de su alma ponía tal porción de sus pantorrillas en el exterior… Contrariamente a lo que había sido su opinión (y sus deseos), eso hablaba a las claras de que por aquellos instantes la inserción del descomunal monstruo en las entrañas de la niña, era total; lo cual había dejado impregnada su alma de un manto de tristeza infinita.

     Sus lejanas expectativas de que el montaje de todo aquel artificio sólo sirviera para desalentar de entrada las apetencias de la patrona, se habían desvanecido. En gran medida, desde el fondo de su alma, había apostado al fracaso de aquella misión, esperando que se limitara exclusivamente a una única y fallida función. Ahora… para nada estaba seguro; sólo parecía sentir el feo regusto del amante engañado.

     «No hay dudas -pensaba- que tal como lo decía la vieja ladina de la Ña Flora, aquí hay cosas de Mandinga. Al principio el overo ya había desestimado la oferta mentirosa de la vaca artificial… ¿Qué diablos fue aquello que lo hizo volver?…

     Pero el colmo de su desazón y vergüenza fue asistir a los síntomas evidentes del orgasmo de la princesa. Así, pudo observar cómo las extremidades que emergían por la parte posterior de la vaquilla artificial entraban en un frenético bailoteo; cómo los adorados y níveos pies se extendían y contraían al influjo de los prodigiosos estertores de la crisis…

     Vio cómo sus dedos se elongaban y distendían, buscando poner la máxima separación entre sí… Cómo luego tremolaban sobre sus nacientes, agitándose en nervioso abanico… Y cómo, en mudo tamborileo, se sacudían secuencialmente al socaire de las inescrutables ondas del deleite…

     Vio cómo dichos dedos se arqueaban hacia arriba en prolongación de la extrema concavidad que, cual acusador valle, habían tomado los empeines…

     Vio cómo se sacudían pies, tobillos y pantorrillas al compás del espasmódico ritmo del demonio del placer…

     Y vio cómo, en definitiva, se manifestaban en todo su esplendor los desgarradores estertores de la crisis final… sus exasperantes claroscuros… sus flujos y reflujos… sus recurrentes y alternados desperezos.

     Y no menos punzantes resultaron a sus oídos los ardientes suspiros, los salaces quejidos, los voluptuosos lloriqueos y demás exclamaciones que estallaban en el corazón mismo de la vaquilla, en consonancia con tan notables agitaciones…

     Después de haber desaguado su viscosa semilla, Mimoso, siguiendo los dictados de sus instintos, se desmontó de la vaquilla. Ramón pudo observar, al brillo de la tenue luz que al lugar llegaba y no sin muestras de fastidiosos recelos, la enorme verga, relumbrante y untuosa aún, que comenzaba a entrar en retirada. Un plateado hilo de remanente baba se prolongaba más allá de su extremo y, sin decidirse a cortarse, oscilaba en juegos de trapecio.

     «Después de esto -se dijo con pesadumbre-, no hay lampalagua que valga. Si mis amores han de perseverar en el tiempo, es obvio que deberé aprender a mugir. Al ‘mal de la matriz de vaca’ habrá que responder con la ‘terapia de la verga de toro’»…

     Concluido el himeneo, el satisfecho marido se dirigió a tranco lento hacia el corral vecino y se introdujo en él. Ramón corrió prestamente a cerrar la puerta tranquera para aislarlo del centro de la escena y evitar todo ocasional peligro. «Estas bestias son malhumoradas e imprevisibles -se dijo-; es mejor mantenerlas aisladas… Sólo, al parecer, la patroncita ha logrado simpatizar con el overo y, según veo, ¡por muy buenas razones! Espero que este animal no se aficione sólo al vientre de esta maldita vaca artificial y que siga siendo tan buen semental como lo es hasta la fecha.»

     Comenzó a inquietarse por el tiempo que estaba transcurriendo luego que el toro se llamara a sosiego, pues la patrona no salía de su nupcial recámara. No sabía Ramón si ir en su búsqueda, pues temía interferir en vaya a saber qué especulación de Marcia Paula; tenía consciencia que la situación era extremadamente delicada y recelaba de ganarse una reprimenda, pues albergaba la sensación de que ahora su obligado testimonio debía fastidiar a la patrona.

     Ella, entretanto, estaba esperando que mermara el abundante reflujo del esperma taurino, que había bañado totalmente sus piernas y encharcado parte de la plataforma; asimismo una cantidad ponderable había escapado hacia abajo por las vacías patas posteriores de la vaquilla. Al fin, accionó el cerrojo de la puerta y salió mostrándose muy seria y sin efectuar mayores comentarios. Ramón corroboró su anterior pálpito de que tan mustia actitud no era otra cosa que la expresión de la vergüenza que suele seguir al pecado.

     El capataz pretendió tomarla en vilo para hacerla descender de la abertura de la vaquilla, pero ella le hizo desistir con un elocuente gesto y le indicó que bajaría por sus propios medios. Y ágilmente, luego de utilizar el banco como intermediario, se halló pisando el suelo.

     —No me toqués pues estoy todo chorreada… Por favor, quisiera que me llevaras en forma urgente al casco, que tengo necesidad de un baño —fue todo lo que dijo, en tanto que secaba sus piernas con la toalla, operación que, a todas luces, le provocaba particular fastidio.

     —Patroncita, ¿se halla Ud. bien? ¿No tiene ningún daño? —Inquirió Ramón, con un hilillo de voz.

     —¡Me hallo perfectamente bien! No me ha lastimado, no he sufrido dolores… Sólo deseo un buen baño.

     —Está bien, niña, me alegro que hayamos salido con felicidad de esta circunstancia… Esta tarde, en la oración, vendremos a buscar al overo con la camioneta y su jaula.

     »Ahora tendrá que tener un poco de paciencia antes de regresar mientras desmonto la vaquilla. No quedará tiempo para hacer dos viajes al casco. Entre en el furgón y relájese mientras yo termino esta tarea.

     Luego el sufrido Ramón volvió a la liza donde demoró alrededor de treinta minutos para desmontar y transportar el Vacuno de Soya. Al notar el encharcamiento de que daba muestras la parte posterior e interior de la vaquilla, y reflexionando acerca de la ardua tarea a que le habría de dar lugar su aseo, se dijo mientras trabajaba denodadamente:

     —Mi querido amigo Salinger: he aquí la más notable falla de tus completas previsiones: no has caído en la cuenta de colocar algún pequeño grifo de drenaje en la parte inferior de la vaca.

     »En cuanto a la patroncita… ¡Ah!, está claro que tiene vergüenza de narrarme su experiencia y es por ello que me arisquea toda conversación sobre el asunto. Pero, por lo que mis ojos pudieron ver en aquellas agitadas piernas y por los suspiros que llegaron a mis oídos, pocas dudas me caben que ha gozado como una loca la enorme verga del overo. ¿Cómo no pensar que debe estarse inmensamente feliz?… ¡Ay, amita, amita!, creo que de aquí en más ya no habrá más lampalagua que te satisfaga… ahora será del caso pasar a una anaconda… Espero que esta espantable escena se restrinja a lo de esta noche, pero… ¡Mmmm!… Algo me dice que no habrá de ser así.

     Luego de colocadas las tapas de acero sobre los anclajes y de esparcir unas paladas de tierra sobre ellos, emprendieron el viaje de regreso en la atmósfera de un embarazoso silencio inicial. Finalmente la princesa le puso coto:

     ––¡Es inútil!… ¡Siempre han de faltar diez centavos para el peso!… No hay proyecto en el que todo pueda preverse.

     ––¡Pero niña, no entiendo de qué se lamenta! ¿No cree que todo le ha salido de mil maravillas?

     ––No nos alcanzó el tiempo para cumplir todas las etapas del caso, Ramón. ¿Cómo vamos a dejar a Mimoso en solitario durante un día completo en ese corral? Ni siquiera sabemos si tiene comida y agua… ¿Cómo diablos no pensamos en regresar al toro en esta misma madrugada?… Y, sin embargo, tenés razón: nos sorprendería la labor de la mañana en tal tarea, cosa que es harto imprudente. Pero es lamentable que, así como tomamos todas las providencias para llevar al toro al corral chico en la tarde del día anterior, no hubiéramos tenido la suficiencia de pensar en la operación de su retorno al campo principal.

     ––En verdad que, atosigados por la inminencia de los próximos acontecimientos y las grandes precauciones que debíamos tomar, no pensamos en ello. Era enorme el cúmulo de tareas y el tiempo, en rigor, resultó muy escaso…

     ––Y no nos preocupamos de considerar las necesidades ulteriores de Mimoso.

     ––Pasto no le ha de faltar, niña… quizá el agua. Tampoco le escaseará la sombra en caso de que el sol caliente por demás, pues hay un grupo de árboles dentro del corral en que se halla.

     ––¿Cómo diablos decís que no le va a faltar pasto si dentro del corral no hay ni trazas de él? Debimos, al menos, abrirle la otra tranquera para que se vaya al prado circundante… Quizá podría hallar agua también.

     ––¡No se preocupe, amita!… El Mimoso ése no se va a morir por estarse unas cuantas horas sin pasto y sin agua. Después, podrá hartar su hambre como supongo que habrá hartado su otro apetito…

     Marcia Paula sintió el pinchazo de lo que consideró una insolente pulla de su capataz, pero optó por el silencio.

     ––Una pregunta ––agregó Ramón––: ¿procedo a desarmar la vaquilla en sus partes?

     ––Aún no ––fue la réplica tajante.

     A partir de ese momento hubo un silencio de tumba en el resto del viaje de retorno.

     Con la llegada de la madrugada y cuando ya afloraban señales del inicio de las típicas actividades matutinas de la estancia, había quedado totalmente finiquitada la espectacular operación «Vacuno de Soya»…

     Y había hecho definitivamente irrupción en la Historia, la moderna versión de una singular Pasífae de las Pampas.

Obligada a Hacer Strip Tease en el Cabaret de mi Tí­o III

Viernes, julio 20th, 2007

Hola, mi nombre es Julieta. Voy a contarles algo que me paso en unas vacaciones a los 21 años, cuando me fui a Mar del Plata. Ese verano organicé todo para irme de vacaciones con dos de mis mejores amigas. Sin embargo, como ellas tenían menos días de vacaciones que yo, yo decidí irme de vacaciones dos días antes que ellas y luego nos encontraríamos en la ciudad balnearia.
Al igual que en mi viaje a España, hecho dos años antes que este, hago todos los preparativos para partir y el 31 de diciembre ya tengo todo listo. Paso el Año Nuevo en familia, pero muy ansiosa y deseando que llegasen mis queridas vacaciones.

El 1ero. de diciembre tomo el micro y salgo hacia Mar del Plata. El viaje en micro fue bastante largo. El micro era bastante viejo y paró en varios lados. Cuando no pinchó una goma fue por un problema mecánico, pero la cuestión es que tardó casi 8 hs. en ir de Buenos Aires a Mar del Plata.
Finalmente, llego a la terminal. Mis ansiadas y esperadas vacaciones con amigas estaban por empezar. Aunque claro ellas vendrían dos días después.

En la terminal bajo del micro bajo y voy en seguida a tomar un taxi. Pues el equipaje que llevaba era muy pesado para una chica como yo. Aunque claro, quería llevar toda mi ropa, no quería que me faltara nada. Ese verano, quería ser una diosa total en la playa.
Llego al edificio, que yo no conocía, ya que lo alquilé por teléfono y fotos desde Buenos Aires. Y realmente era un muy lindo edificio con departamentos múltiples y casas en la planta baja, que pertenecían a la misma estructura de departamentos. El nro. del departamento era el 03. Entro y la verdad que por dentro era muy muy lindo. Bien decorado, con muy buen gusto. Colores claros, muy ameno.
Era primero de enero, y obviamente el edificio parecía medio vacío. No todos los vacacionantes habían llegado aún. Todo parecía bastante tranquilo. Sin embargo, al otro día llegan unos chicos de Rosario. Eran unos cinco en total y habían alquilado el departamento de al lado al mío y de mis amigas, el 04.

La primera vez que me crucé con ellos fue cuando yo estaba volviendo de la playa al mediodía para comer en la casa. Tenía puesta una bikini amarilla muy diminuta y erótica, y la verdad que esos chicos no pudieron dejar de mirarme. Podría decir que los dejé bien calientes. Incluso creo, aunque no llegué a escuchar muy bien que me gritaron algunas obscenidades. Realmente, me desnudaron con la mirada, es más me cogieron con la mirada.
La verdad que los dos primeros días fueron bárbaros. El primer y segundo día de playa, hubo un sol total, calor, arena. Dos días de playa magníficos. Uno de esos días, uno de los cinco chicos rosarinos el más lindo de los cinco y podríamos también decir que el líder de la banda, me tira onda. Se me acerca y me dice un piropo malísimo: “Si la belleza fuera pecado, vos no tendrías perdón de Dios”. La verdad que me reí pero de lo malo que era el piropo y al chico no le gustó nada. Se sintió herido en su orgullo y ante sus amigos, que se rieron a carcajadas de su fracaso. Por lo bajo, mascullaba: “Ya vas a ver”. Más tarde sabría que se llamaba Kevin. Y la verdad que más allá, de ser muy malo hablando con chicas, estaba muy bien formado, era muy musculoso y lindo de cara, alto y parecía bien dotado.
Al tercer día a la tarde al volver de la playa estaban esos chicos algo tomados en el hall de la entrada del edificio. Yo paso entre el medio de sus lascivas miradas, que me recorren de arriba abajo, desde pies a cabeza, pero deteniéndose especialmente en mi culo y en mis dos hermosas tetas. Cuando estaba por introducir la llave en la cerradura de mi departamento, siento dos fuertes brazos que me agarran por detrás, me empujan un poco y me meten en su casa, en e departamento 04.
Sin mediar palabra, el que me agarro por la espalda me tapa con una mano la boca y con otra los ojos. Enseguida viene otro y me venda los ojos y me amordaza la boca para que no gritara.

Yo estaba vestida esta vez con sandalias, un pareo, una remera ajustada blanca y una bikini color lila. Ni bien puse mi primer pie en el departamento de ellos, el pareo ya me lo habían arrancado y tirado por ahí. Se acercó un tercer chico y sentí como con una tijera, cortaba mi remera blanca, dejándome ante ellos solamente en bikini. El primero de ellos en hablar fue Kevin y dijo: “Hola bombón, soy Kevin y la verdad no me gustó para nada como me trataste en la playa. Podríamos habernos hecho buenos amigos de entrada, pero vos lo elegiste así”. Yo estaba en estado de shock, no entendía en absoluto lo que estaba pasando. Enseguida interviene otro de los chicos, Eduardo y dice: “Tranquila, está un poco enojado por lo de ayer, pero no te preocupes, que vamos a pasar unas hermosas vacaciones todos juntos …”.
Se acerca nuevamente Kevin (los nombres de los tres chicos que faltaban eran Juan, Gastón y Pedro y tendrían todos ellos un promedio de 24 / 25 años) y me desabrocha el corpiño y luego me baja la bombacha de la bikini. Quedo desnuda ante ellos, que se quedan un rato en silencio, contemplándome. Hasta que Kevin le hace una seña a Eduardo, que era el que me mantenía fuertemente sujeta por detrás y este me hace inclinar 90 grados, en la mesa en que comían. Todo esto a la vez que yo no veía nada, y sólo podía emitir débiles gritos, ya que estaba amordazada. Kevin, comenzó a darme los chirlos en la cola, más fuertes que había recibido en vida. A tal punto, que cuando terminó me quedó toda la cola enrojecida. Luego, le dijo a Juan y a Gastón: “Llévenla arriba”. 
Así fue como me dejaron 5 días atada por las muñecas y los tobillos, desnuda y con los ojos vendados en una de las piezas del primer piso de la casa. No me hablaban, no me decían nada. Yo no sabía que pensar. De vez en cuando venía alguno y me tocaba un poco las tetas, o el culo, pero eso era todo. Ni siquiera me daban de comer o de tomar. Al cuarto día cuando sube uno de los chicos le empiezo a preguntar que era lo que querían de mí. Tanto le insistí o le fastidié, que agarró mi propia tanguita, me la metió en la boca y me amordazó nuevamente. Así pasó un día más en la oscuridad total. Mientras tanto, yo escuchaba como esos chicos iban y venían hacia y desde la playa. Ellos estaban realmente disfrutando sus vacaciones.
Al quinto día de estar encerrada, ya tenía mucha hambre y mucha sed, sube Juan y me pregunta: “¿Querés disfrutar las vacaciones divirtiéndote con nosotros’”. “Sí” digo yo sin dudar, ni pensar. Cualquier cosa era mejor que la situación en la que me encontraba. “Tengo hambre y sed” le dije. En eso subía Pedro, que había escuchado y dice: “Así que tiene sed la putita”. “Traéla para abajo” le dice a su amigo. Así desnuda y vendada en los ojos como estaba, me llevan al piso de abajo y me sientan en la cabecera de la mesa. Me acercan un vaso a los labios y yo empiezo a tomar agua. No habré llegado a tomar medio vaso de agua, cuando de repente me sacan el vaso de la boca y Kevin dice: “Bueno, este medio vaso de agua, es toda el agua que vas a tomar en quince días. A partir de ahora y hasta que terminen tus vacaciones, el único líquido que vas a tomar, es nuestro semen”. Los otros se reían y gritaban cosas. Acto seguido, uno de ellos que no sé quien fue, me pone su pija en la boca. Me quedo inmóvil un segundo, pero luego instintivamente empiezo a chupar. Chupo, chupo y sigo chupando hasta que Kevin me agarra del pelo, me hace lamerle los huevitos, lo que lo calentó demasiado y luego vuelvo a chuparle el pene y al poco tiempo acabó en mi boca. Su semen, fue como una caricia en mi garganta, una sensación de alivio única a la terrible sed que tenía en ese momento. No se si fue un acto de inconciencia o qué, pero luego de esto, no tuve mejor idea que decir: “Tengo más sed”. Enseguida, Eduardo me puso su pija en la boca y tuve que darle una buena mamada. Lamí su pene, muy lentamente. El me agarraba de la cabeza, del pelo y me hacía tragar su verga hasta el fondo. Yo abría la boca lo más que podía y chupaba, y utilizaba mi lengua para darle la mayor cantidad de placer posible para extraer un buen trago de leche que me calmara totalmente la sed. Seguí chupándole el tronco de su pene, aunque por momentos me iba a sus testículos, que lamía una y otra vez y eso lo calentaba mucho a Eduardo. Cada tanto el me decía: “Mirame perra, mientras la chupas” o me decía “¿Te gusta, no? ¿La pija te encanta, no?” y yo lo miraba sumisamente y le hacía que sí con la cabeza ya que sino lo hacía el me agarraba fuertemente de la cabeza y el pelo.

Finalmente, le extraje una buena cantidad de leche. Luego de Eduardo, no tenía más sed, pero ello no impidió que Juan, Gastón y Pedro, en ese orden, me pusieran sus calientes vergas en la boca y arrojaran todos ellos sus calientes líquidos masculinos dentro de mi boca.
Una vez que me hube sacado la sed, me acordé de que tenía hambre y dije: “Tengo hambre”. Saciados momentáneamente de sexo, ninguno hizo el chiste fácil del tipo vas a comer salchicha o chorizo. Me dieron de comer un puré muy rico y luego un plato de arroz muy bien condimentado. Cuando lo terminé uno de los chicos se acerca con una banana y dice: “Bueno, es la hora de comer la fruta”. Pela la banana y me la mete en la boca. Yo le digo: “Gracias, pero no tengo más hambre”. Gastón, montó inexplicablemente en cólera y dijo: “Parece que la señorita no tiene más hambre, pero como decía mi abuela hay que comer fruta. Juan traéla para acá”. Juan me empuja hacia un sillón que tenían al lado de un ventanal que daba al pasillo del edificio y me ponen en cuatro. Luego, me introdujeron la banana pelada por el ano. Empezaron a empujar y sacar, empujar y sacar, empujar y sacar, empujar y sacar con la banana. Mientras todos se divertían y gritaban cosas, Gastón cada vez me metía la banana por el culo más rápido y más fuerte. La fuerza y la velocidad que le imprimía al movimiento me estaban haciendo estallar el culo. Estallar de placer por suerte. Ese extraño artefacto, me arrancó uno de los orgasmos más placenteros de toda mi vida y uno de los cuáles más flujo vaginal salió de mi vagina.
Yo pensé, ingenuamente, que luego de todo lo que les había hecho, me iban a dejar ir a la playa y pregunté: “¿Hoy vamos a ir a la playa, no?”. Kevin me responde: ”No. Todavía no vamos a ir a la playa. Hoy a la noche, como no tenemos ganas de ir a bailar nos vamos a quedar acá y te prometo que van a empezar tus vacaciones”.
Nuevamente me llevaron a la pieza de arriba y me dejaron desnuda y atada.
Cuando se hizo de noche, los chicos volvieron de la playa. Se bañaron, comieron, en fin, hicieron todas las cosas que uno hace cuando se va de vacaciones y vuelve de la playa. Luego de comer, tipo a las 23:30 hs. viene uno de los chicos a la habitación dónde yo estaba, deja algo en la cama de al lado y me desata. Y se va. De abajo escucho que uno de ellos grita: “Sacate la venda de los ojos. Ponete la ropa que te dejamos en la otra cama y bajá”. Era un traje de enfermerita sexy. Tenía el clásico gorro, zapatos blancos, medias blancas largas hasta las rodillas, corpiño con triangulitos blancos, bombachita blanca y una falda muy corta (casi ridícula podríamos decir, ya que me quedaba medio culo afuera). No me gustaba la idea de vestirme así para ellos, pero no tenía mejor opción si pensamos que había pasado 5 días completamente desnuda. Finalmente, me visto y bajo por la escalera.
Cuando me asomo y empiezo a bajar la escalera, los chicos me aplauden y me gritan: “Diosa!”, “Potra!”, “Yegua!” y otras cosas lindas al principio. Cuando termino de bajar ellos estaban sentados en sillas formando una ronda, me hacen entrar al medio de la ronda y ahí empezaron los manotazos. Me tocaron el culo como nunca en mi vida, me apretaban las tetas, en fin me manosearon toda un buen rato. Sentía como me tocaba las tetas, algunos las apretaban muy fuerte como si quisieran hacerlas explotar, otros las masajeaban suavemente, otros se enfocaban en jugar con mis pezones. Lo mismo con el culo, algunos me daban palmaditas, otros me hacían caricias, pero todos me toqueteaban. Cuando se sacaron un poco las ganas de toquetearme, no faltó uno que dijera: “Enfermera, me duele acá” señalándose su miembro viril. “¿Por qué no me cura?” Desde ya que curarlos significaba chuparles el pene hasta que me acaben en la boca o en el mejor de los casos pajearlos. Una vez que “curé” a Gastón y a Juan, Pedro pone música de Strip Tease (creo que era un tema de Britney Spears primero y luego vino un tema de los ochenta) y me hacen bailar para ellos en el medio de la ronda. “A ver cómo te vas desnudando” dijeron algunos. 
Y así empecé a bailar para ellos al ritmo de la música. Me agachaba moviendo la cola. Me meneaba, me acercaba y me alejaba de ellos. Primero me saqué el gorro de enfermera y me solté con gesto sexy el pelo. Todo mientras de fondo la música seguía sonando e invitaba al baile sexual. Luego me saqué con un movimiento de pies los zapatos y como jugando le pedí ayuda a dos de ellos para que me sacasen las medias. Cada prenda que me iba sacando era con ayuda de ellos. Gastón, me ayudó a sacarme el chaleco. Pedro me desabrochó la camisa. Eduardo me “arrancó” de un tirón la pollera. Quedando en bombachita y corpiño blancos bailé un rato más para ellos evitando que me dejaran desnuda rápidamente. Les bailaba de manera muy sexy. Estaban al palo. Y es en ese momento, cuando me veo de refilón en un espejo, bailando ante esos chicos y me sentí toda una diosa griega. Afrodita, la diosa del amor. Me sentaba alternadamente en cada uno de ellos, sintiendo todas sus anatomías, frotándome con ellos. Y yo me sacó el corpiño, porque el corpiño no me gusta que nadie me lo saqué. Las tetas son algo muy personal para la mujer y es ella quien debe decidir cómo, cuándo y fundamentalmente a quién mostrárselas. En este raro momento, aunque ya las habían visto, yo les quise regalar a esos chicos mis tetas al desnudo.
Luego de regalarles mis tetas, Kevin que estaba detrás se acercó y muy despacio me fue sacando la bombacha. Jugueteando con ella. Me la dejo un buen tiempo a mitad del culo, mientras yo bailaba para ellos y luego me la sacó del todo, dejándome completamente desnudita. Ellos se desvistieron también, bajándose primero los pantalones y Kevin fue el primero en agarrarme y atraerme para sí. Me hizo sentarme arriba de él y me empezó a coger fuertemente. Subía y bajaba, cerrando los ojos y gimiendo. Una y otra vez. Los otros no se acercaron nos respetaron. Yo estaba sentada arriba de Kevin y sentía como su dura verga entraba bien dentro mío. Entraba desde la vagina pero se elevaba erecta por dentro casi como si quisiera salir por mi garganta. La sentía bien dura y bien adentro. Y sus movimientos, el subir y bajar arriba de él, era algo realmente hermoso. Sabía cómo moverse y yo cómo montarme en él. Cerraba los ojos y gemía muy muy fuerte, mientras él por momentos ponía sus dos manos en mi culo y por momentos me sujetaba con sus dos manos las tetas. Me encantaba como me tocaba. Su pene tenía la fuerza de un toro y sus manos la suavidad de una flor. Jugaba con mis pezones, me pasaba la mano por la raya del culo, me tocaba el clítoris, en fin, estaba y recorría todos aquellos rincones de mi cuerpo que me daban placer. Verdaderamente disfruté esta vez con Kevin hasta que el acabó dentro mío. Yo había acabado 3 veces. Una vez que hubo terminado, Kevin se retiró y me dejó en manos de los otros chicos. Una verdadera lástima ya que algo en aquel chico empezaba a gustarme.
Eduardo estaba algo cansado y se fue a dormir. Pero los otros tres, Juan, Gastón y Pedro me llevaron hacia el sillón . En el sillón primero se recostó Pedro de costado, encima de él me pusieron a mí y del otro costado, casi de frente a mí se puso Juan. Pedro me metió los dedos en la boca, buscando saliva y luego me los metió en el ano. Probó con dos y tres dedos y luego atrás vino su miembro. Era muy muy grande. Insoportablemente grande. Desgarrador. Juan de frente me embistió por la vagina. El tercero en discordia, Gastón me puso la pija en la cara primero, paseándome sus huevos y su pene por la cara y luego me la metió en la boca. Yo tenía que doblar el cuello para poder chupársela. Así fue como los tres, simultáneamente, cada uno a su ritmo, pero todos con mucha intensidad y vigor sexual me hicieron una triple penetración. Me cogieron, me cogieron y me cogieron. No me daban descansado. Los tres empujaban con sus pijas con mucha fuerza. Yo estaba más que excitada. Tanta pija para mí sola. Tanta buena verga para mí sola. Aparte me tocaban por todos lados. Disfrutaban realmente de mi cuerpo y eso me encantaba y me hacía sentir muy bien. Me hacía sentir deseada y una perra en lo sexual. La situación, aunque rara, me excitaba muchísimo. Me vine varias veces. Tener esos tres machos para mí (y dos más). A los cuáles les gustaba y los excitaba. Con lo cuál me dejé coger como una buena señorita y puse todo mi esmero en la chupada que le di a Gastón. Este último fue el primero en venirse. Una vez más se vino sobre mi cara y mis tetas. Esta vez no me obligó a tragar su leche, fui yo quién pasándome el dedo por las tetas, me metí algo de su semen en la boca. Los otros dos seguían dándome a su ritmo. Duramente. Pedro me apretujaba las tetas con una fuerza demencial y Juan me penetraba y me penetraba sin parar. El sillón, cuyas patas eran de madera, hacían un ruido característico acompañando el movimiento. Pac Pac Pac. Me seguían dando pija por el ano y por adelante, hasta que acabaron sincronizadamente los dos al mismo tiempo, lo cuál me produjo una de las sensaciones sexuales más placenteras del mundo y creó la mejor que había experimentado en mi vida para ese entonces. Doble semen dentro de mí.
Al otro día. Eduardo: “¿Ché, la casa está sucia no? Le pregunta a Kevin. “Sí, la verdad que esto es una mugre” le contesta él. Al igual que el traje de enfermerita del día anterior, esta vez habían conseguido un traje de mucamita sexy. Juan sube a mi habitación y dice: “Limpiate toda la casa. Que brille”. A mi no me molestaba limpiar, de hecho en mi casa, muchas veces ayudaba con la limpieza, lo que iba a ser imposible era limpiar, mientras me miraran, me tocaran el culo, me hicieran agachar reiteradamente a buscar cosas, etc.. Que fue lo que finalmente pasó. Empecé lavándoles los platos y lo primero que hicieron fue venir de atrás y subirme la pollera dejándome en tanga a la vista. Yo seguía lavando los platos sin hacerles caso, pero volvían a venir y me pegaban nalgadas en la cola con la mano. Cuando se aburrieron de tocarme el culo con la mano, me pegaban las nalgadas con un palmeta que habían por ahí. Un poquito se les fue la mano, porque la colita se me enrojeció, aunque no me dolía.

Terminé de lavar los platos, me volví la falda a la posición correspondiente y continué por pasar una escoba al piso. Lo que empezaron a hacer aquí, fue tirar papelitos al suelo para que me agachara a recogerlos. Siempre los tiraban cerca de ellos para que me agachara y pudieran verme la tanguita o bien manotearme el culo. Por ejemplo, Juan tiró un papelito al piso y dijo: “Juli, acá hay un papelito”. Yo voy y me agachó para juntarlo y ahí él me mete la mano bien metida en el culo. Yo junto el papelito y sigo limpiando.

Agarro la ropa sucia de todos y la pongo a lavar en el lavarropa y limpio algunas otras cosas de la casa como la heladera y la cocina.

Por último, cuando ya había terminado con la limpieza general de la casa, me voy a limpiar el baño. Entro y cierro la puerta. Empiezo juntando ropa sucia de ellos que habían dejado tirada por ahí, paso un secador primero y luego preparo un trapo para pasar. De repente siento que la puerta se abre, entran los cinco desnudos y abren la ducha. Con lo cuál todo mi trajecito de mucama sexy se empieza a mojar rápidamente. El traje se pega aún más al cuerpo y mis formas de mujer se ven resaltadas. Los chicos no pudieron aguantar y entre los cinco me sacaron la ropa en un segundo. En menos de cinco segundo me dejaron desnuda nuevamente, frente a ellos cinco también desnudos en la ducha, que estaba prendida. Y así nos bañamos todos juntos. Bah, yo una ducha necesitaba y me bañé sin hacer nada, ellos se encargaron de pasarme el jaboncito por todos los lados necesarios. Aunque ciertas partes de mi cuerpo, no sé porque las limpiaron una y otra vez. No se cansaban de limpiarlas. Mis tetas, por ejemplo, creo que cada uno me las enjabonó, limpió y enjuagó a su manera, lo mismo con mi culito y ni hablar de mi conchita, que permanentemente tenía una mano encima. No perdían oportunidad tampoco, de alternadamente, apoyar sus miembros contra mi cola y frotarse un poco, o contra mi concha y hacer un pre-aviso de que esas pijas querían entrar por esos lados. Me apoyaban sus pijas en el culo, sin llegar a penetrame. Me enjabonaban, me tocaban. Me acariciaban la concha y llevaban mis manos hacia sus miembros. Me hacían acariciarlos en sus partes más íntimas. Yo les acariciaba los huevitos y dejaba que ellos me bañaran. También hubo mucho sexo en la ducha. Varias penetraciones, me hicieron arrodillar y mamar, también me penetraron uno por el culo y otro por la boca y así se fueron saciando de sexo, pero de ese momento lo que más recuerdo fue la última penetración. Nuevamente Kevin fue el último en quedar y pasamos un momento hermoso los dos solos bajo la ducha, con el agua acariciando nuestros cuerpos. Kevin me levantó en sus fuertes brazos, me puso contra una de las paredes de la ducha y empezó a cogerme con mucha pasión, yo literal y sensorialmente no tocaba el piso. Kevin me estaba haciendo llegar a otra dimensión, me estaba haciendo excitar muchísimo. Yo con mis piernas me “abrazaba” a su cuerpo y el embestía con toda su masculina potencia. Me sentí muy perra en ese momento y lo disfruté mucho. Lo pija entraba a pleno, en un 100 %, yo me elevaba un poco de su cuerpo y volvía a caer y su miembro se introducía profundamente dentro de mi. Kevin acabó dentro mío con mucha fuerza, dejo mucho semen en mi interior en esa ocasión.

Luego dos de ellos volvieron y me secaron con una pequeña toalla, toqueteándome todavía más.
Siguieron cumpliendo sus fantasías (aunque no voy a contarles todas ellas en este relato ya que se haría muy muy largo). El tercer día con ellos a la noche, me disfrazaron de colegiala. Al cuarto día de porrista y al quinto de Gatúbela. Básicamente pasó lo mismo que cuando me disfracé de enfermerita o de mucamita. Me miraron un buen rato, luego me hicieron “entretenerlos” un poco, me desvistieron y me cogieron y re-cogieron una y otra vez hasta el hartazgo.

Luego supe que lo de los cinco disfraces correspondía a uno por cada uno. Cada uno había elegido y cumplido la fantasía que más le gustaba.
Así fueron transcurriendo los días, mis vacaciones en la playa se transformaron en vacaciones puramente sexuales, sin playa. Al día 13, tenía mucha sed y le digo a Eduardo “Eduardo, tengo sed. Te puedo hacer un pete”. Hastiado y agotado de sexo, al igual que los demás me dice: “Ahora, no dentro de un rato”. Lo mismo ocurre con Gastón, Juan y Pedro. Cuando me acerco a Kevin, y le pido a él un poco de semen para tomar, el responde lo mismo. Yo le digo: “Kevin, por favor dejame tomar un poco de agua, tus muchachos están secos”. Kevin, se enoja una vez más y dice: “Ah, con que no podemos satisfacerte. Bueno, entonces vas a tener que satisfacerte vos misma” Agarran una bombachita que había usado unos cuantos días, y que tenía algo de transpiración y también húmedades femeninas. Simultáneamente calientan agua en un jarro de metal y me hacen un “Té de Tanga”. Riéndose, preguntaban: “¿Está rico perra? La próxima vez vas a pensar dos veces, antes de siquiera insinuar que nuestro semen no te alcanza ni es suficiente”
No se si fue por estar tanto tiempo desnuda, pero la zona de la vagina se me había empezado a irritar. Un día les pido que me dejen usar aunque sea una bombacha pero me dicen que no. Me lo niegan rotundamente, hasta que uno de ellos se enfurece y dice: “Te dije que bombacha hoy no. Lo que vas a usar hoy nada más es una remera de Rosario Central”. Y me visten con una remera de Rosario Central y nada más. “Aguanten Central” grita uno y luego los demás se suman y empiezan a cantar canciones de cancha arengando a Rosario Central. Para avergonzarme más Pedro no tiene mejor idea que llevarme a hacer las compras así como estaba. Me dan mis ojotas y Pedro y Eduardo me llevan al supermercado. Si bien la remera era larga y la gente no me veía ni el culo, ni la vagina, yo sabía que no tenía nada más puesto que esa remera de fútbol y eso me causaba mucha vergüenza y cierto escalofrío. Encima parece que ese día a Pedro y a Eduardo, que no creo que en sus casas hicieran muy seguido las compras, se les ocurrió comprar de todo. Estuvimos un buen rato en el supermercado y caminamos bastante por la calle peatonal. En un momento pasamos por la feria artesanal hippie del lugar y Pedro se quería comprar un collar pero no le alcanzaba la plata. Empieza a regatear con el joven artesano hasta que le dice: “Vos dame el collar que yo quiero, que te voy a mostrar y dejar tocar algo que va a ajustar la diferencia de precio que hay entre nosotros”. Sin que la gente que estaba mirando otros puestos se diera cuenta, me hace pasar dentro del puesto del joven hippie y levanta la remera de Rosario Central, dejando mi culo al aire delante del artesano. Este se queda anonadado, enmudecido y Pedro lo saca de tal estado diciéndole: “Dale, tocalo, si tenés ganas”. Así fue como Pedro consiguió el collar que quería a muy bajo precio. Después de todos estos percances, fuimos caminando hacia la casa.
Los últimos dos días por fin me llevan a la playa. Kevin es quien me da la buena noticia de la siguiente forma: “Preparate bien que hoy y mañana vamos a ir a la playa”. Me puse contenta de verdad. “Toma ponete esto” me dice a la vez que me da una tanga negra, perdón un hilo negro. De lencería, micro, micro, prácticamente era una tira para cubrirme la cola. No me dan sostén y si me dan una remera blanca muy delgada. Vamos al balneario y puedo decir que por cómo me habían vestido, media playa se volteó para mirarme. Más de un problema de parejas habré generado ese día, más de un marido reprendido por sus esposas.
En la playa, hicimos lo que cualquiera hace en la playa, tomar mate, tomar sol, jugar a las cartas, al tejo, a la paleta, etc.. Tipo 15:15 de la tarde Juan dice: “Bueno, llego la hora de ir al mar” y vamos todos para el agua. Nos metemos todos juntos, jugueteando en el agua y salpicándonos. El problema fue al salir. La delgada remera blanca toda mojada dejaba transparentadas mis tetas. Prácticamente no había diferencia entre tener la remera puesta y estar en tetas. Esto los chicos lo habían hecho a propósito. Varios hombres que pasaron caminando o corriendo por la orilla del mar me gritaron cosas, o paraban para mirarme.

Lo peor fue cuando se acercó un viejo de unos 65 años muy baboso que escuché que les preguntó a uno de ellos: “¿Chicos, cuanto me cuesta un rato con la putita?” Por suerte los chicos le dijeron que no estaba en venta y que no era una puta. El día de playa fui lindo en cierto modo, superada la incomodidad y vergüenza que me generaba la forma excesivamente sexy en que habían vestido y que hacía que no pudiera estar tranquila un minuto disfrutando de la playa sin atraer lascivas miradas masculinas.

Volvimos a hacer esas cosas que uno hace en la playa y se fue pasando la tarde. Al atardecer, ya siendo casi de noche en la playa, ellos quisieron sacarse fotos para guardar de recuerdo y me pidieron que por favor me sacara la remera. Y me dijeron que si me sacaba fotos con ellos, sin remera en la playa para que ellos tuvieron de recuerdo esa noche me llevarían a bailar. Como no pasaba casi nadie ya a esa hora por la playa y tenía muchas ganas de ir a bailar y dado que ya me habían re contra visto desnuda, yo accedí. Me dejé sacar la remera y nos tomamos muchas fotos con la cámara digital de Gastón. Debo haber aparecido en muchas fotos siempre en tetas. Cuando entro más de noche, los chicos se pusieron densos, insistieron mucho y finalmente me hicieron sacar la bombacha de la bikini y sacarme fotos completamente desnuda en la playa. Me saqué varias con todos, algunas individuales con cada uno y otras típicas como, arriba del puesto de vigía de los guardavidas.
A la noche, y esta fue la única vez en estas vacaciones, me llevaron a bailar. Me hicieron vestir muy trola con botas de cuero negras hasta la rodilla, falda negra de cuero cortísima, remera ajustada y ropa interior de lencería muy sexy. Fuimos caminando por la peatonal hasta el boliche, hicimos unos 45 minutos de cola en la puerta y finalmente entramos. En el boliche pasamos un muy buen momento, bailamos mucho, había muy buena música y tomamos mucho, pero mucho alcohol. Lo cuál produjo que los chicos se sobreexcitaran demasiado. Y a diferencia de otras veces, esta vez no tenían que salir a conquistar mujeres por el boliche. Cada uno de ellos cinco tenía una “novia” a su disposición, yo. Con lo cual iban y venían, me convidaban de sus tragos, me llevaban un rato a los reservados. Con cada uno de los chicos que íbamos a los reservados, tomábamos mucho alcohol y nos manoseábamos ambos. Ellos me toqueteaban toda. Un poquito se zarparon, hubo alguno que me chupó las tetas en el boliche y otro que me metió los dedos en la concha. Aunque confieso que yo también los tocaba por debajo del pantalón. A Gastón, le hice una buena paja estando dentro del boliche. Algunos que estaban dentro del boliche pensaban: “Esta es re trola”. O eso es lo que yo supongo que pensarían por como miraban. Pero no sólo me llevaban a los reservados de a uno o de a dos para entretenerse conmigo. Cuando surgían ratos de bailar en la pista, allí también me manosean toda y lo peor que delante de toda la gente, haciéndome quedar como una verdadera puta. Eduardo en un momento no aguanto más y me llevó al baño, y este fue el último encuentro que tuve con alguno de ellos. Yo hubiera preferido que hubiera sido con Kevin, pero bueno fue Eduardo quien me pegó la última cogida de las vacaciones. Como les decía, me llevó al baño del boliche. Sin que nos vieran, nos metimos en uno de los inodoros y ahí Eduardo como desesperado me bajó la remera y el corpiño dejándome con las tetas al aire. Me las tocaba como un desesperado, como un loco. Luego me subió un poco la pollera y me bajó la bombachita hasta las rodillas y ahí mismo me empezó a dar. Primero me dio y me dio por la vagina primero, pero sin llegar a acabar. Yo sentía como su lindo pene me penetraba y eso sumado al lugar, me excitaba mucho. Aparte como me tocaba, tan desesperado. Yo por momentos no podía aguantar gemir un poco, estabamos tan calientes que no nos importaba nada, que nos descubrieran, solo queríamos terminar con un orgasmo para cada. Antes de descargar toda su leche dentro de mi vagina, Eduardo saca su pene, me hace dar vueltas poniendo las manos contra la pared y me empieza a dar por el culo. Bombea y bombea. Embiste y embiste, con ritmo y constancia sin parar un segundo y mientras con su mano derecha me da cachetadas en el culo y me dice: “Dale Juli movete”. Yo aprieto mi culo lo más que puedo para hacerlo gozar al máximo y llevo su otra mano hacia mis tetas, para que me las toque desesperadamente como estaba haciendo antes. El seguía palmeándome las nalgas y diciéndome cosas sucias. “¿Te gusta que te lo rompan, no?”, “Que lindo culito, es increíble”. Y seguía penetrándome una y otra vez sin cansarse. Sentí que mi culo iba a explotar, pero antes explotó él y descargo toda su leche dentro. Fue una sensación hermosa. Luego sacó su miembro de mi ano y me tiró algo de semen en la cola. Y por último cuando algo todavía quedaba en su miembro, me dijo: “Limpiame … con la boca”, y yo me agaché y tragué la leche que quedaba en su pija. Luego de esto, nos vestimos, esperamos que no hubiera nadie en el baño, nos arreglamos un poco y nos fuimos. Seguimos divirtiéndonos en la pista principal del boliche y cuando terminó la noche, nos fuimos a desayunar a un bar y luego nos fuimos a dormir a la casa.
Al otro día, luego de esa noche de boliche, ellos ya debían partir para Rosario. Terminadas sus vacaciones, cuando se fueran yo pensé que me iban a dejar ir. Pero no, el día anterior habían comprado en el centro un par de esposas. Me dejaron esposada a la cama de un brazo boca abajo y desnuda. Abrieron la puerta de la habitación del primer piso, me saludaron y se fueron. Nunca más los vi.
Al día siguiente, con el cambio de quincena, vienen a pasar sus vacaciones al departamento 04 3 tipos de unos 35 años cada uno. Pasado el efecto sorpresa, de llegar a una casa y encontrar una hermosa rubia desnuda y atada a la cama, hablan entre ellos y deciden que yo iba a tener unos quince días mas de vacaciones …
 
julieta_s24@hotmail.com

Obligada a Hacer Strip Tease en el Cabaret de mi Tío II

Jueves, julio 19th, 2007

Mi nombre es Julieta. Esta historia es una especie de continuación de la primera. Les recuerdo que soy estudiante, tengo 19 años, soy rubia, mido 1,70 mts., y lo que más les importa a ustedes, tengo muy lindas tetas y muy buen culo. Además soy linda de cara, tengo ojos celestes, lindo cuerpo, y resumiendo estoy realmente muy buena. O por lo menos, eso es lo que dicen de mí, no es que lo diga yo.
Esta historia es parte de mi viaje de vacaciones por España y comienza cuando mi Tío Alejandro pierde una partida de póker con sus amigos. No tenía ya más dinero e iba unos 10.000 euros abajo. Ahí fue cuando en lugar de dejar de jugar (lo que hubiera hecho cualquier persona normal), decide apostarme a mí contra el dinero de sus amigos. Incluso uno de ellos apostó un caro reloj marca Rolex que perdió a manos de otro de los amigos de mi Tío. Era la última mano y yo estaba cerca. Vi que mi Tío estaba sonriente. Tiene buenas cartas pensé. Muestra el primero su juego. El segundo jugador pasa. Mi Tío muestra su juego que es muy bueno. Parece que va a ganar, pero el cuarto jugador, el Sr. Leiva dice: “Póker de ases” y muestra su juego con toda la seguridad y arrogancia del ganador. El Sr. Leiva había ganado la partida e iba a cobrarse su premio. A los cinco minutos aproximadamente, mi Tío le pregunta: “Bueno, querés que te la llame ahora a mi sobrina, a July”. A lo que el Sr. Leiva responde: “Ahora no, estoy muy cansado. Mejor mañana la pasamos a buscar nosotros tres y la llevamos a dar una vuelta. Así pasea y conoce un poco la ciudad, ya que la pobre chica vino de vacaciones y vos la tenés todo el día trabajando”. Mi Tío dijo: “OK, mañana pásenla a buscar. ¿A las 10 de la mañana está bien?”. Lautaro Leiva responde: “No mejor, que esté lista y cambiadita a las 9 de la mañana”.
Al otro día a las 8 de la mañana, se aparece mi Tío por mi habitación y me despierta. “Dale July, levántate. Que vienen mis amigos a buscarte para llevarte a dar un paseo” me dice él. Yo estaba muy dormida y no me podía levantar. Entonces, mi Tío me destapa toda y así quedo expuesta ante él en bombachita y remerita para dormir. Ambas de color blanco. Yo estaba durmiendo boca abajo, con lo cual mi Tío se toma un buen tiempo contemplando mi perfecto culo, antes de volver a decirme: “Dale July levantate”. Esta vez aprovecha y me pasa la mano primero por la espalda y luego por el culo, dándome una caricia. Finalmente me despierto, me cambio y bajo a desayunar. Cuando estoy abriendo la heladera mi Tío me dice: “No, espera, estos señores te van a llevar a desayunar también”. “Uy que bueno, que amables son” le contesto. 
A las 10 en punto de la mañana suena el timbre. Era el Sr. Lautaro Leiva vestido en un impecable traje de color claro. Sus dos amigos (Alexander y Danilo) y amigos de mi Tío también estaban esperando en el auto. Subo al auto y empezamos a conversar en una charla muy amena. Hablamos de todo: de cómo es la Argentina, que tiene de distinto y parecido con España, que hacía yo de mi vida, a que se dedicaban ellos, etc.. No faltaron tampoco, los chistes, ni los comentarios de actualidad.
Finalmente, luego de una hora de viaje por ruta llegamos a una hermosa finca ubicada en las afueras de Madrid. Al acercarse el auto un portero abre la reja y saluda amablemente al Sr. Leiva. El me explica que esta era su casa de verano o de fin de semana.
Estaciona el auto y vamos caminando hasta la casa. Entramos por la puerta principal de una mansión verdaderamente enorme y hermosa. Por dentro estaba decorada con mucho buen gusto y un estilo ecléctico. Atravesamos toda la sala principal y salimos al jardín trasero. Allí el Sr. Leiva llama a un mayordomo y este inmediatamente trae una mesa cuatro sillas y una bandeja de plata con café, masas, facturas, etc.. Desayunamos todos juntos y seguimos conversando amigablemente los cuatro.
No había notado yo, que a dos o tres metros de dónde estábamos había un caño que salía del piso con una ducha en la punta y una amplia y antigua bañera de madera debajo. El Sr. Leiva me dice: “Sos muy simpática y la verdad que nos estamos llevando muy bien. Así que vamos a continuar paseando por Madrid todo el fin de semana y pasando buenos momentos entre los cuatro. Solo te pedimos una cosa, ya que somos en cierta forma, algo maniáticos con algo. Alexander, mi querido amigo es un reconocido médico infectólogo aquí en España. Y tantas historias me ha contado que me he vuelto maniático como él en un sentido. Es decir, somos excesivamente cuidadosos con el tema de la higiene”. Yo me quedé ya que no entendía ni una palabra de lo que este buen hombre me estaba diciendo. El Sr. Leiva prosiguió: “Lo que te estoy diciendo y pidiendo es que te bañes, en esa ducha que está allá” y señaló con el dedo el lugar del cuál yo acababa de percatarme hacia un instante. Yo lo primero que contesté fue: “Le agradezco, pero me bañé antes de que me pasaran a buscar”. Me puso una mano en la mejilla y me dijo en un tono sarcástico, pero con cierto contenido violento: “Linda, no te olvides que vos hoy sos el pago de una apuesta que perdió tu tío. Por este fin de semana, sos una simple cosa, y nosotros, tus dueños. Así que anda a la duchita que está ahí y bañate para nosotros”. La forma en que lo dijo me asustó bastante. Más que un pedido era una orden, de la forma en que lo había dicho.
Me paré de la mesa de desayuno, los miré fijamente un momento y luego fui caminando hasta la ducha. Abrí el grifo y el agua salía con presión y bien calentita. Pensé que una linda ducha calentita no me haría mal, ya que el día estaba bastante lindo. Hacía unos 27 grados, y antes que hacer una problema, prefería bañarme, ya que la estábamos pasando tan bien.

Me desvestí muy despacito. Primero me saqué la ajustada remerita escotada, luego las zapatillas. Continué con la pollera y me quedé en ropa interior. Iba a bañarme así, ya que sacarme más me parecía mucho. Además hasta ahí era cómo estar en traje de baño, en un día soleado en la playa. Pero el Sr. Leiva me miró con una expresión, frunciendo el entrecejo y con cara de enojado. Tenía una personalidad muy fuerte ese hombre, avasallante para cualquiera. Yo comprendí perfectamente lo me que quería decir, y me saqué primero el corpiño y luego la bombachita también arrojándolos hacia dónde estaban ellos. Comienzo a mojarme con el agua de la ducha y a sentir como esa ducha toda calentita bañaba y recorría todo mi cuerpo. Mis pezones estaban bien erectos y mi vagina excitada. El agua me recorre una y otra vez.
Sentía vergüenza y por eso, mientras me bañaba, me puse de espaldas a ellos. Si me iban a ver desnuda, prefería exponerles mi culito y no mis partes más íntimas.

Sin que yo me dé cuenta, por detrás, se acerca el Sr. Leiva. Agarra el jabón y sin decir palabra, ni pedir autorización, comienza a enjabonar mi cuerpo. No pensé que esto iba a ser así, yo creía que me iba a bañar yo solita. No sé si le preocupaba mi higiene en general o no, pero sí estoy segura que le preocupaba mucho la higiene de mis pechos y de mi vagina. Partes que enjabonaba otra y vez. Tomaba el jabón, me enjabonaba las tetas. Con la esponja primero y luego sólo con el jabón en su mano. Hacía lo mismo en mi vagina. Luego me pasaba el jabón y su mano por la raya del culo. Cuando el Sr. Leiva se hartó de toquetearme descaradamente, me dice: “Bueno nena, ahora enjuagate”. Me vuelvo a poner de cara a la ducha, dándoles la espalda, o mejor dicho mostrándoles mi culo a ellos, que estaban tomando sus cafés y me estoy enjuagando, cuando de repente el agua se corta. De fondo, escucho que mientras tomaban sus cafés Alexander le dice a Danilo: “¿Es increíble, no? Mira ese culito hermoso que tiene. Que hermoso para romperlo”. A lo que Danilo contesta: “Quédate tranquilo Alex, que esta pendeja la tenemos todo el fin de semana para nosotros, ya vas a tener tiempo de romperselo”.

Se acerca Alexander con una manguera, con intención de “ayudar” a enjuaguarme, y me manguerea. Es decir me tira agua, sosteniendo el la manguera. Otra excusa más para tocarme, ya que a medida que me tiraba agua, en aquellas partes donde todavía tenía jabón me las tocaba. “Dejame que te ayudo a enjuagarte” decía mientras me metía mano en las tetas. Me acaricio las tetas un rato largo hasta que dijo: “July, date vuelta a ver”. Me doy vuelta para él y me tira agua en el culo y me lo toca con su mano derecha ya que con la otra sostenía la manguera. “Date vuelta que te quedó jabón en la conchita” dijo y me hace dar vuelta para tocarme la vagina. Ahí estuvo unos diez minutos, ya no había jabón y el seguía tocando, frotándome. Ya sin más jabón en mi cuerpo, yo lo miraba con los brazos al costado de la cintura y expresión de descontento, pero él hacía caso omiso y seguía restregándome su mano por la vagina.
Parecía que Alexander nunca en su vida iba a parar de tocarme. Pero finalmente y milagrosamente se cansó. Cierro el grifo de la ducha y me voy a vestir. Cuando me voy a vestir, luego de bañarme, noto que mi ropa había desaparecido. En ese momento aparece Danilo, el tercero de los amigos de mi tío y me alcanza un vestido. “Ponete esto nena, que te va a quedar bien” me dijo.

Me vistieron muy sexy con un vestidito blanco muy cortito. Y para completar me dieron ropa interior de encaje negra. La tanga, era una microtanga, atrás era solo una pequeña tirita. Y el corpiño era de dos triangulitos minúsculos que apenas me tapaban los calientes pezones.
Ahora sí, según ellos estaba en condiciones de pasear con ellos. Eran gente importante y muy cuidadosos de su imagen y de la imagen de la gente que los rodeaba. Vestida y bañada como ellos querían que luciera, fuimos a realizar un lindo paseo por España, por Madrid exactamente y sus alrededores. Paramos en lugares típicos, turísticos, sacamos muchas fotos, nos divertimos mucho. En esos paseos se nos consumió prácticamente todo el día. Incluso me obligaron a comprarme y probarme ropa para luego regalármela y que me la llevara de regreso a Buenos Aires. Me llevaron a varias casas de alta costura y me compraron ropa de todo tipo. Como el Sr. Leiva era un empresario realmente muy conocido tenía contactos por todos lados. Entonces en varias de esas tiendas de ropa, el Sr. Leiva, pedía una habitación y me hacían probar la ropa delante de ellos. No voy a contarles todo, porque habremos entrado en unas 5 o 6 tiendas distintas pero recuerdo la última en la que entramos. Era una tienda de ropa interior. El Sr. Leiva entró primero. Habla con la encargada del local, una chica de unos 28 años, de nombre Paula. Paula hace un llamado a un nro. interno del mismo local y enseguida nos hacen pasar a un salón privado. Paula me saluda, saluda a los otros dos y luego me mira de arriba abajo. Creo que se río para sus adentros. A una seña de ella otra empleada de menor rango trae varios estuches. Y me dice: “Tomá probátelas”. Abro las cajas y veo varios conjuntos de ropa interior muy sexy. El primero que agarro era un conjunto de bombacha y corpiño en un color azul francia. Otra vez sacarme la ropa, la verdad que ya estaba cansada de tanto vestirme y desvestirme. Aunque por otro lado era toda ropa de primera línea que el Sr. Leiva me iba a regalar. Esos conjuntos de ropa interior, de diseños exclusivos, valdrían en Bs. As. unos 2.000 dólares cada uno. “¿Te ayudo a desvestirte?” pregunta Danilo. No me dio tiempo a responder y se me acercó y me sacó el vestido blanco por arriba. Quedé en tanga y Danilo aprovechó para darme una palmada en la nalga. Luego me apretó las dos tetas fuertemente. Todo delante de Leiva y Alexander obviamente, pero también delante de Paula, la encargada del local, y de Cinthia la empleada de menor rango. Estas dos chicas, no podían creer la situación. El pedazo de puta que tenían delante pensaban. Pensaban que era una puta de profesión. Y creo que en el fondo sentían alguna envidia. 
Continuando, una vez en tanga y en sostén negro el Sr. Leiva lo mira a Danilo y le dice: ”Tranquilo”. Luego de lo cuál Danilo se aleja un poco y me deja tranquila.

Paula: “Cinthia tomale las medidas a la chica”. Cinthia se acerca con un centímetro y me toma las medidas del culo primero, de la cintura luego y por último va a tomarme la medida de las tetas, pero antes me dice “Sacate el corpiñito por favor”. Yo me saco el corpiño quedando en tetas en frente de todos. Cinthia me pasa el centímetro y me toma las medidas. Sorprendiéndose le dice a Paula “100, yo creía que era más”. Paula me mira las tetas y dice: “No puede ser, a ver.” Se acerca ella también y me sostiene una teta con cada mano mientras la otra toma la medida nuevamente. Luego Paula afirma: “Sí, tenías razón, era 100”.

Cinthia: “Sabés que Pau, ¿Tengo una duda con la cola también, porque antes se me trabó el centímetro con la bombachita?”

Paula: “A ver, bajale la bombachita”. Con manos muy suaves y delicadas siento como Cinthia me baja la bombachita. Mientras me la está quitando, es inevitable sentir sus delicadas manos por los costados de mis piernas y eso me hizo calentar un poquito.

Una vez más quedo desnuda ante una serie de desconocidos. Ya me estaba acostumbrando, tal vez no me quedaba otra o tal vez esa situación empezó de algún modo gustarme. Y si no a gustarme, seguro que sí a excitarme. Tal vez estas dos chicas, aunque se esforzaban muchísimo por disimularlo, también comenzaron a calentarse con la situación y a jugar un poco conmigo. Y cómo Leiva y compañía no impedían nada, siguieron adelante. Paula agarró la ropa interior de encaje color azul francia que había quedado arriba de la mesa. Estiro la tanga, se agachó y ella misma me la puso. Me la puso bien arriba, para que me entrara bien adentro en el culo. La otra Cinthia, se ocupó de ponerme el corpiño y como si yo fuera una cosa, me tocó descaradamente las tetas al hacerlo. Mientras tantos, los tres hombres veían la situación y se calentaban. Las dos chicas de la tienda estaban ahora, al mando de la situación.

Paula: “Este conjuntito te queda bárbaro, te queda muy sexy. Yo que vos lo llevó” me dijo a mí mirándome una y otra vez y luego mirando al Sr. Leiva.

El Sr. Leiva haciendo un gesto afirmativo con la cabeza dijo: “A mí también me gusta mucho, lo compramos”. Una vez que ya lo habíamos comprado rápidamente me lo sacaron lo guardaron en el estuche y pusieron a un costado. Trajeron más ropa para que me probara. Lo siguiente que me hicieron probar no fue un conjunto de ropa interior, sino un camisón cortito y blanco transparente. Las chicas me ayudaron a ponérmelo. Los hombres estaban al palo solo de mirar. El Sr. Leiva hace una seña afirmativa con la cabeza nuevamente y luego dice: “También lo compramos”. Ese camisón era para usar con ropa interior blanca debajo, pero sin duda me quedaba mucho mejor sin nada. Doy una vuelta para que vean cómo me quedaba y Leiva vuelve a decir: “Sí sin duda, lo compramos”.

El tercer estuche contenía otro conjunto de ropa interior, esta vez de un color violeta clarito. Esta vez el protagonismo fue todo de Paula, que se me acercó se me puso enfrente. Parada enfrente mío. Quedamos cara a cara. Por un momento pensé que esta chica de hermoso y largo pelo enrulado quería besarme. Me tocó el culo mirándome a los ojos, casi como si fuera un hombre, pero con sus manos que eran mucho más suaves. Lo cual me produjo una sensación linda, pero distinta a la que me producía cuando un chico me toca la cola. “Que linda colita tenés” me dijo, mientras me la acariciaba delicadamente. Y finalmente, se dejó llevar y me dio un largo, hermoso y femenino beso en la boca. Duró unos cinco hermosos minutos aproximadamente, yo no me atrevía a tocarla, pero ella me acariciaba suavemente el culo. Luego ella se puso un poco más caliente y empezó a tocarme las tetas con una mano. Se encendió todavía más y continuó por tocarme la vagina. Ahí yo también la abracé por el cuello y me dejé llevar por el apasionado beso. Cinthia su compañera de trabajo estaba boquiabierta de ver a su jefa en una situación así. Aparte ella sabía que Paula tenía novio, nunca se imaginó una situación así. Yo me relaje primero y luego me dejé llevar a tal punto que sentí por un lujuriosos e intenso instante ganas de arrancarle la ropa.

No me quedé con las ganas e hice el intento. Le saqué el chaleco y luego le saqué la camisa blanca de dentro del jean que tenía puesto. Ella no se resistió. Ella dudó un instante ya que la presencia del Sr. Leiva en toda situación era realmente imponente. Este le hizo un gesto de aprobación con la cabeza y ahí ella se soltó.

Paula le dijo a su colega: “Cinthia, saluda al resto de los empleados, cerrá el local y ya te podés ir a tu casa”. A lo que Cinthia contestó: “Yo esto no me lo pierdo ni loca, ahora vengo”. Cinthia sale del salón privado, hace lo que su jefa le pide, saludando al resto de los empleados y cerrando el local. Luego vuelve al salón privado.
Se ve que por regla general la atraían los hombres más grandes que ella, que tendría unos 26 años y al volver reparó primero en Alexander, que era quién más atractivo le había parecido desde un principio. Alexander tendría unos 42 años y era un lindo tipo. Cinthia se le acercó sensualmente, y se le sentó encima de sin más, como una verdadera “cabaretera”. Luego le rodeó el cuello con sus manos. Así empezó un encuentro de sexo pasional y desenfrenado.
Pero volviendo a la historia central, Paula se soltó completamente. Yo le desabroché muy despacito la camisa al tiempo que seguíamos besándonos. Cuando terminé de desabrocharle la camisa, ella excitadísima ya, se la sacó de un tirón y la arrojo al costado. Se sacó las zapatillas con sus pies y yo fui por su jean, se lo desabroché y se lo saqué, así estábamos los dos en una mayor igualdad de condiciones. Tenía un cuerpo perfecto, embellecido aún más por un conjunto de ropa interior de encaje color azul francia idéntico al que me había probado y que desencadenó esta situación de excitación sexual hacía unos instantes. Ella mientras yo la desvestía, no paraba de tocarme un minuto, recorrió mi cuerpo una y otra vez por completo.

Era una mujer realmente hermosa, sus formas eran perfectas. Su hermoso culo, se hacía aún más hermoso por el efecto de la suave caída natural de su pelo enrulado por la espalda. Sus tetas, nunca había visto pechos tan hermosos. Ninguna de mis amigas, ni en la televisión había visto algo así. Era la primera vez que estaba con una chica y aunque no podía creerlo algo en ello me excitaba. No pude aguantar continuar quitándole la ropa, quería, necesitaba ver a esa morocha completamente desnuda. Esta vez yo tomo la iniciativa y le desabrocho el corpiño en un abrir y cerrar de ojos, dejándola en tetas y tanga. Me quedé maravillada con la belleza que estaba viendo y me quedé también contemplándola desnuda. Pero más me sorprendí aún, con lo que me producía a mí, ver a una mujer así desnuda ante mí. Cosa que hasta ese momento desconocía.

Nos seguimos toqueteando un breve instante, hasta que me agache y empecé a bajarle la bombacha. Jugueteé mucho con su bombacha, bajándosela de a poco a la vez que le agarraba firmemente con mis dos manos sus nalgas. Finalmente, termino de quitarle la tanguita y la arrojo a un costado. Seguimos besándonos y tocándonos. Ella hacía ya un rato había comenzado a introducirme repetidamente dos dedos de su mano izquierda en la vagina. Yo comencé a hacer lo mismo y las dos nos excitamos sobremanera casi al punto de explotar. Nos fuimos hacia un sillón de cuero que había a un costado y seguimos besuqueándonos y tocándonos nuestras vaginas apasionadamente hasta que nos dimos cuenta que nos faltaba algo que teníamos muy cerca y al alcance de la mano (o de la boca). Nos miramos por un instante y como si nos conociéramos de toda la vida, las dos pensamos lo mismo. Nos paramos y fuimos hacia dónde estaban el Sr. Leiva y Danilo. Simultáneamente nos arrodillamos, les bajamos sus pantalones y comenzamos a chuparles sus penes. Chupamos y chupamos un rato bastante largo. Como si las dos estuviéramos sincronizadas, lamíamos primero la cabeza, luego el tronco y por último los huevitos. Los masturbábamos un poco con las manos y luego volvíamos a succionarles sus testículos y sus penes. Estando las dos arrodilladas, cada tanto Paula me daba una dulce palmadita en la cola, me miraba de costado y se reía excitada de placer. Yo con mi mano derecha masturbaba y chupaba al Sr. Leiva, mientras que con la izquierda se la pasaba a Paula por dentro de su hermoso y parado culito. Los llegamos a poner bien erectos pero sin dejarlos acabar. Ya que ese era nuestro momento. Luego nos montamos en ellos, cabalgándolos mientras nos tomábamos de la mano. Los cojimos por un rato largo, subiendo y bajando, gimiendo, como verdaderas perras desenfrenadas y excitadas. Gritábamos muy muy fuerte de placer y los hombres se volvían locos. En esa posición sus hinchados penes nos entraban bien bien adentro de nuestras vaginas, y además los apretábamos muy fuerte con ellas. Por fin acabaron y un río de leche entró en mi interior, sentí el semen del Sr. Leiva dentro mío y vino con una potencia tremenda. Fue hermoso. Supongo que a Pau le ocurrió algo similar.
Con todo esto se hizo de noche. Aproximadamente las 22:00 hs., con lo cuál fue tiempo de ir a cenar y por eso vamos los cuatro a comer a un caro restaurante muy exclusivo. El “Babylon”. Da la casualidad que los tres amigos de mi Tío se encuentran en ese restaurante con un matrimonio amigo. Comemos los tres amigos de mi tío, la pareja y yo. Todo resulta muy bien, la charla es muy amena y está nueva gente resulta muy agradable.
Luego de comer, como es costumbre en ese lugar, los clientes más prestigiosos son invitados a pasar a los salones exclusivos para realizar la sobremesa, tomar un champagne, un café o unos tragos largos, comer el postre y seguir charlando. Todos nos dirigimos hacia uno de los salones privados, para seguir conversando y haciendo la sobremesa.

De esta pareja, Diana, la esposa, una rubia muy hermosa de unos 35 años y que había tomado algunas copas de más empieza a insistir con que quería que yo me desnudara ahí para ellos. Y le decía: ”Dale Lautaro, por favor. ¿No tenés ganas de que nos divirtamos un rato? Ponela en bolas a la putita esta”. Tanto insiste tanto insiste que el Sr. Lautaro me dice: “A ver Julieta, desvístete para nosotros”. “¿Por qué?” pregunto ofendida yo. Lautaro: “Diana, se quiere divertir un rato. Dale desnúdate, dale”. No me desnudo y seguimos charlando y una vez terminados los cafés empezamos a tomar tragos largos. Al rato, una media hora, Diana vuelve a insistirle al Sr. Leiva y los otros dos amigos del Sr. Leiva, se suman al pedido. Conclusión, que tengo que pararme en frente de ellos, en la mesita ratona que había en ese salón y comenzar a bailar sensualmente y a desvestirme para ellos. Empiezo a bailar lentamente y de manera muy sexy. Meneándome para ellos, moviendo mi cola, mi cintura, acariciándome los senos cada tanto y siguiendo el ritmo de la música. Luego de un rato de bailar parada arriba de la mesita y mientras todos ellos se tomaban un caro champagne, Diana se acerca primero que nadie y me saca el vestido, subiéndomelo bruscamente desde abajo hacia arriba. Me pega luego alguna que otra palmada en la cola, y me explora con sus manos las tetas.

Quedo en tanguita y corpiño negro de encaje. No conforme con eso, Diana me pide e insiste en que les haga un show más caliente. “Dale baila como sabes. Como hacés cuando vas a bailar con tus amigas y sacate todo”. Continúo entreteniéndolos a ellos una vez más, pero subiendo un poco el nivel de provocación sexual en mi forma de bailar, como había hecho el día anterior para el Sr. Rogerwar y termino por desnudarme y arrojarle mi corpiño a Diana y la bombachita, como correspondía al Sr. Leiva. Quién la agarra y la guarda en un bolsillo. Una vez desnuda continué bailando un rato más en ese estado. Cada vez que me quería bajar de la mesita ratona, me decían: “Un tema más por favor” y yo continuaba bailando desnudita y como una putita para ellos.
El Sr. Leiva, estaba realmente muy tranquilo, siempre serio, parecía que nada lo conmovía, los estimulaba, ni lo afectaba. El marido de Diana me llama y hace que vaya caminando hacia él. Desnuda, empiezo a caminar hacia él. Cuando llego a su lado hace que me le siente encima y lo cabalgue. Su pija era realmente larga, y en esa posición me entro muy profundamente. Cabalgué encima de él un rato largo, mientas que él por momentos me apretaba desesperadamente las tetas, por momentos jugaba con mi pelo, por momentos me acariciaba y daba alguna que otra palmada en el culo. Y yo seguía montándolo, subiendo y bajando. Disfrutando de su hermosa y secuencial forma de combinar su penetración con tocarme las tetas, luego el pelo y por último el culo. Hasta que lo bueno se terminó y acabó bien dentro mío. Sus jugos llenaron por completo mi cavidad vaginal.
Acto seguido y sin dejarme respirar los otros dos, Alexander y Danilo que tampoco se querían perder la fiesta, deciden cojerme. Como ya era algo avanzada la noche, serían las 3 a.m. aproximadamente y temían que el Sr. Leiva decidiera que debíamos irnos, deciden hacerlo los dos al mismo tiempo. Dándome uno por la cola y otro por la boca.

El Sr. Leiva no me tocó en ese momento en absoluto. Pero sin embargo, tenía bastante ocupación con “atender” a Danilo y a Alexander. Alexander se había quedado con las ganas de mí, en la tienda de ropa, ya que él si lo recuerdan, tuvo sexo con Cinthia. Alexander se moría por romper mi colita desde que bañé en la ducha al aire libre y yo no tuve demasiada oportunidad de resistirme. Me pusieron en cuatro patas, en la mesita ratona e inmediatamente Danilo se paró delante de mío y se quedó mirándome con una expresión bien clara y me dijo: “Nena, la pija no se va a chupar sola”. Yo bajé su bragueta, extraje su interesante miembro hacia afuera y comencé a chuparlo. Ya me estaba volviendo toda una experta en el tema. Sabía lo que les gusta a los hombres, por eso chupaba mucho sus huevitos y no usaba las manos, solo la boca. Además metía su pija en mi boca bien hasta adentro, como a los hombres les gusta, no le chupaba solo la cabeza, casi al punto de atrangatarme. Por detrás, Alexander comenzó metiéndome dos dedos ensalivados por el ano para tantear el terreno, cuando vió que era posible, metió tres y luego vino su fuerte embestida viril. Empujo con una fuerza bestial. Su pene era grande. Me llenó el culo por completo. A cada embate de él, pensaba que no lo iba a resistir, pero mi excitación estaba tocando el cielo. Estaba mojándome toda y gritaba de placer como una puta. “Aaaa, aaaa, aaa!!!” gemía una y otra vez. Que más podía pedir, tenía una hermosa pija en la boca y otra por el culo. Era deseada, me llevaban a comer a los mejores lugares, me compraban la mejor ropa y tenía todo el buen sexo que en unas vacaciones se pueden desear. Continué lamiendo las partes del Sr. Danilo y recibiendo las embestidas peneanas brutales del Sr. Alexander. Creí que mi ano se iba a romper, Alexander empujaba con la fuerza de un búfalo y Danilo me pedía: “Miráme mientras me la chupas y tocate las tetitas”. Dos pedidos que yo cumplía y disfrutaba de ver como eso lo encendía aún más. Cuando acabó yo saqué mi boca, pero Danilo me agarró de los pelos y me hizo introducir su pene nuevamente en mi boca, con lo cuál terminé por tragarme toda su leche. Un minuto después acabó Alexander, un interminable torrente de semen dentro de mi colita. Tanto acabó dentro mío, que un rato después todavía me chorreaba semen por el culo.
Terminada esa agitada noche, volvemos a casa del Sr. Leiva y nos vamos a dormir cada uno a su habitación. El Sr. Leiva dormía en la habitación principal y el resto de nosotros en las distintas habitaciones para huéspedes que tenía su mansión. Fue raro, yo pensé que el Sr. Leiva iba a querer que me acostara con él pero no fue así. Menos mal, ya que estaba muy cansada tanto físicamente como del sexo. Había tenido mucho más sexo en una semana que en un mes en Buenos Aires.
Al otro día me levanté en la casa del Sr. Leiva y pensaba, cuánta gente nueva he conocido en tan poco tiempo que llevo aquí. Cuantas nuevas e interesantes experiencias que había vivido. Bajo a desayunar vestida con un pijama blanco, muy ajustadito y que me transparentaba la blanca tanguita Toda la ropa que había en la habitación de huéspedes que me tocó era así. Toda muy sexy. Era un verdadero guardarropa de mujer diseñado por un hombre, con todo lo que calentaba realmente a los hombres.

Me siento a desayunar con el Sr. Leiva, que era el único que estaba despierto y leyendo el diario. Viene el mozo de la casa. Le sirve primero a él y luego me sirve a mí. Me deja tostadas, mediaslunas, mermeladas y curiosamente el café servido hasta la mitad de la taza. El Sr. Leiva sigue leyendo impasible su diario (sólo me había dicho un seco y cortante “Hola”) y sin siquiera mirarme dice: “Trae la taza que hoy vas a tomar café con leche”. Yo no entendía pero me acerco a él, pensando que el tenía el sachet con leche. Y me hace una seña señalando su entrepierna y luego me dice: “Dale, empezá a proporcionarte tu desayuno. Que hoy va a ser un largo día”. Tal vez antes de este viaje no hubiera entendido lo que me había querido decir, pero dados los hechos como habían transcurrido estos últimos días, entendí perfectamente lo que quería decir y que seguramente estaba relacionado con algo sexual. Me arrodillo entonces, saco su pene de su pantalón y comienzo a hacerle una buena mamada. Cuando está por acabar, el se hecha hacia atrás, sacándome su pene de la boca. Que alivio pensé, ya que era demasiado temprano y tenía el estómago vacío como para tragar una buena cantidad de semen. Leiva recoge la taza con café y descarga toda su leche allí. “Muy bien, dijo él. Veo que entendés todo a la perfección. Ahora terminemos el desayuno”. Terminamos de desayunar, el café, y yo café con “SU” leche. Me pregunta: “¿Te gustó, no? ¿Querés más?”. “Muy rico, pero no” le respondí yo. “Ya me llene”.
Ese día no había paseos turísticos planificados, tiendas de ropa, ni restaurantes. El itinerario era otro muy distinto. Uno de sus hijos era profesor de quinto año de un colegio secundario especializado en arte. Habían practicado muchos estilos de pintura, a lo largo de todos estos años. Pero les faltaba terminar de estudiar y practicar ciertos estilos de pintura.
El Sr. Leiva, me llevó a dar un paseo por la escuela de arte en la que trabajaba su hijo. Entramos, la recorrimos y luego fuimos hasta el aula en que estaba su hijo dando clases de arte. Su hijo al verlo, interrumpe la clase, hace un recreo para el alumnado y sale a saludarnos. El Sr. Leiva, le explica a su hijo lo que se traía entre manos. Su hijo encantado con la idea me saluda y me hace ingresar al aula. Los estudiantes que promediarían los 17 años se sorprenden al ver ingresar una hermosa rubia de 21 años acompañada de un Sr. mayor y empiezan a murmurar por lo bajo. Yo no sabía que era lo que estaba pasando, pero algo sospechaba. El Prof. de arte Rodrigo Leiva dice: “Atención clase, atención. Demos la bienvenida con un fuerte aplauso a la señorita Julieta, quien se ofreció voluntariamente a posar desnuda para nosotros para que podamos concluir nuestro programa de estudios”. Rodrigo me hace una seña de que pase al medio del aula (ya que los bancos de los alumnos estaban formados en semi círculo, en forma de anfiteatro). 
Si haberme tenido que desnudar en un cabaret fue algo difícil, aquí el caso era mucho peor. El ambiente era otro, la luz era total, pasaba gente por el pasillo y ni siquiera estaba esa especie de protección que me daba la semi-oscuridad el cabaret. Pero no tenía mucha opción, mi tío me había apostado y había perdido y el Sr. Leiva era un tipo bravo. Si yo no hubiera accedido desde un principio, el no sólo hubiera lastimado severamente a mi tío, sino que se habría cobrado de todos modos su premio (o sea a mí).
Paso al centro del salón y una vez más comencé a desvestirme. Tenía puestas unas zapatillas, medias blancas, un pañuelo en el cuello, un ajustado jean azul, una camisa ajustada blanca y un conjunto de ropa interior lila. Comienzo por lo primero, desabrocharme la camisa. Termino de desabrochar uno por uno los botones y me la saco, arrojándola a un costadito. Eso no era lo difícil. Quedo en jean y sostén. Pero ya el sostén no podía contener demasiado bien a mis enormes pechos, que luchaban por salir. Los estudiantes no lo podían creer. Dudaba yo, que pudieran llegar a concentrarse adecuadamente para hacer sus pinturas. Sigo sacándome la ropa, me desabrocho el jean primero y luego me lo bajo muy lentamente. Hago una pausa y no pude evitar mirar a los alumnos, a ver cuál era su reacción. Estaban encantados. Hubiera querido que la cosa terminara allí y que hicieran pinturas de mí así. Sin embargo, nuevamente la fuerte mirada del Sr. Leiva me dio a entender que no era suficiente y no me queda otra opción que desabrocharme el corpiño, dejando al aire mis dos enormes pechos. Escuchaba por lo bajos unos murmullos acerca de las cualidades de mi culo y de mis tetas.

Lo que más me costó fue el último paso, sacarme la bombachita. Ya que cuando estaba por hacerlo pasaron por el pasillo de las escuela, dos alumnos que serían de segundo año y se quedaron al lado de la ventana mirándome. Pero finalmente junté fuerzas y pude sacármela. 
Así estuve dos horas desnuda, posando frente a un curso de unas 40 personas. Afuera, se ve que estos dos chicos de segundo año que me vieron primero fueron a buscar a sus compañeros y no paró de agolparse gente al lado de la ventana para verme desnuda. La vergüenza había llegado a un nivel total. Dentro, escuchaba, desde los asientos que tenía más cerca, que murmuraban cosas cómo: “Mirá que culo hermoso que tiene”, “Y mirá esa conchita, con esos pelitos rubios. Como me gustaría comérsela”, “Que lindo sería partirla al medio”. Algunos comentarios hicieron que me sonrojara por momentos. Cada tanto Rodrigo Leiva me hacía cambiar de poses y aprovechaba para rozarse conmigo. Por momentos se acercaba a mí para hacer que daba alguna explicación a la clase y aprovechaba para tocarme: “Ven, tengan en cuenta que dar la redondez adecuada a algunas partes del cuerpo es muy difícil” decía al momento que me hacía parar de espalda a la clase y me pasaba la mano por el culo. “Ojo, pongan especial cuidado en esta parte, también es muy difícil de dibujar correctamente” decía mientras jugueteaba con mis pezones entre sus dos manos o directamente me sostenía una teta.

Pasadas las dos horas de clase, suena el timbre del instituto y los alumnos comienzan a guardar sus elementos de pintura en sus mochilas y a retirarse, Rodrigo Leiva me alcanza mi ropa y yo me visto ahí mismo. No me alcanzan ninguna bata como habitualmente se debería hacer en estos casos. Mientras algunos estudiantes pasaban por al lado mío. Primero me puse la camisa y cuando me estaba poniéndo la bombacha un alumno paso por al lado y me dio una nalgada en el culo: “Adiós, preciosa” dijo y rápidamente se perdió en los pasillos del instituto sin darme tiempo a quejarme.
Algo más tarde, volvemos a la mansión Leiva. El Sr. Leiva, me hace ir a su habitación esta vez, como era de esperarse. Había dejado que casi todos me cogieran y se guardaba lo mejor para el final. Para él. Había aprendido un par de cosas, y creo que él quería probarlas todas. En su gran habitación me coge una y otra vez, sin parar. Era increíble que un hombre de su edad y dado lo que aparentaba pudiera mantener cuatro potentes relaciones sexuales. Hicimos muchas y distintas posiciones. Comenzamos con un clásico misionero, en él que él se recostó encima mío y me embistió con todas sus fuerzas, bombeando y bombeando dentro de mi conchita una y otra vez hasta que se vino completamente dentro mío.

El segundo fue el perrito. Es decir, el me puso en la cama en cuatro patas y me dio pija por la cola sin parar. Me cogió el culo casi hasta el punto de hacerlo explotar. Sentí su enorme verga dentro mío empujando y empujando cadenciosamente una y otra vez. Llevaba él un muy buen ritmo que yo seguía hasta que me acabó en la cola, pero por fuera, bañando parte de mi espalda y mi cola.

El tercero fue un 69 hermoso, en el cuál con su experta lengua me arranco una enorme cantidad de jugos femeninos, al tiempo que yo le succionaba su miembro. Me lamió y lamió. Primero mis húmedos labios con maestría. Luego introducía su lengua bien adentro de mi vagina y la movía locamente, produciéndome una sensación de excitación asombrosa. Me daba chirlos en la cola también, fuertes y me introducía dedos en el ano para hacer mi goce aún mayor. Yo para recompensarlo, ponía todo lo mejor de mí en darle una buena chupada. Lamía su pene, por la cabeza, por los costados y luego bajaba hacia sus testículos. El seguía palmeándome las nalgas e introduciéndome sus dedos en el ano, mientras su mágica lengua se movía arrancándome gritos de verdadero y profundo placer.

El cuarto y último fue simplemente bestial. Tal vez la mejor penetración que recibí en mi vida y nunca vaya a tener otra igual. También fue él encima mío, pero esta vez me hizo cerrar fuertemente las piernas y apretar la vagina, con lo cuál sentí muchísimo su enorme verga. El me dio con todo. Bombeó y bombeó mientras me besaba muy bien en la boca, luego lamía mis pechos y me hacía gozar como nunca. Era increíble que una persona de su edad pudiera hacer lo que él estaba haciendo. Pero lo hacía y su verga no se bajaba. Seguía firme como un roble, erecta dentro mío. Continuaba bombeando y yo me dejaba puse las manos al costado de mi cabeza y me puse a disfrutar de lo que él me estaba haciendo. No podía disimular una sexual sonrisa en mi cara, ni dejar de gemir apasionadamente por momentos. Disfrutaba mucho cuando me tocaba con maestría las tetas. Como las acariciaba, como sólo pocos saben. Y él seguía empujando parecía invencible, un coloso. Por momentos yo lo abrazaba y acariciaba su espalda y seguía disfrutando de la pija que estaba recibiendo. Finalmente descargó su semen dentro mío y lo sentí con una fuerza y vigor increíbles, una vez más se repitió la sensación hermosa que había experimentado en la tienda de ropa.

Cuando terminamos el encuentro sexual, me explica que desde que se había muerto su mujer, que el no compartía su cama con nadie y que por otro lado no había terminado de cobrarse el premio de su apuesta y que en la casa había muchas cosas de valor y que en el fondo él no me conocía. El corolario de toda esta explicación que yo no entendía a dónde apuntaba fue: “Te voy a tener que atar y por respeto a mi difunta esposa nos vas a dormir conmigo, sino a los pies de mi cama”. Fue así como me puso un collar de cuero negro en el cuello, que tenía una larga correa atada a la cabecera de su cama. Me señalo una especie de colchón que habían en el piso a un costado y me dijo: “Vos dormí ahí que vas a estar cómoda”. No había almohada ni nada, sólo el colchón. Para poder dormir, me puse de costado y así dormí plácidamente toda la noche, como una gatita o perrita a sus pies.
Al otro día hubo más sexo, sexo y cosas que tal vez les cuente en un futuro relato. Cuando se hizo de noche, me llevaron en automóvil hasta la casa de mi Tío Alejandro. Nos saludamos y despedimos efusivamente. Entré a la casa exhausta y me tiré a dormir.
julieta_s24@hotmail.com

 

Obligada a hacer un strip-tease en el cabaret de mi tí­o

Miércoles, julio 18th, 2007

Mi nombre es Viviana. Soy estudiante de Administración de Empresas, tengo 19 años y vivo en Buenos Aires. Soy rubia, mide 1,70 mts., tengo buenas tetas y buen culo. Soy linda de cara, tengo ojos celestes, lindo cuerpo, en fin, no tengo de que quejarme en lo que hace a mi aspecto físico.

En enero de este año decidí que en vacaciones me iba a ir a pasar unos días a España a la casa de unos parientes. Tengo abuelos, tíos, primos. Toda la familia por parte de mi madre vive allá.

Hablo con mi madre y le comentó del viaje que quiero hacer. Ella me dice que le parece muy bien y me arregla todo para que vaya a pasar el verano europeo en casa de mi tío Alejandro.

Cuando comienza febrero empiezo a hacer los preparativos para el viaje. Voy a hacer los trámites, comprarme ropa, el pasaje de avión, etc., hasta que a mitad de febrero ya tengo listo todo para viajar.
Y llega el gran día: Mi mamá me lleva a aeroparque y viajó a conocer un nuevo país, un nuevo continente, una cultura diferente. Voy sola, y era la primera vez que hacía un viaje tan largo y de esas características. El viaje se hace bastante largo, como 16 horas de avión. Pero finalmente, llego a España, nadie me va a buscar al aeropuerto, sin embargo ello no afecta mi optimismo en cuanto al viaje.
Llegó a casa de mis tíos, una hermosa casa grande en las afueras de Madrid. Toco el timbre y comienzo a saludar a familiares que ni conozco. Todos ellos muy amables y muy hospitalarios todo el tiempo. Todo va muy bien los primeros 5 días. Al sexto día que era un viernes, estoy en mi habitación y entra mi tío sin golpear, mientras me estoy cambiando. Estaba en bombachita (una prenda muy chiquitita y delicada que compré en Recoleta, Buenos Aires) y alcancé a taparme con una remera, sin embargo a mi tío Alejandro parece que no le importó. Pasó y me habló como si estuviera vestida, sin hacerse ningún disimulo mientras de reojo me miraba las tetas y a través de un espejo que había en la habitación el culo. En ese momento, mi tío Alejandro me dice: “Mira nena que si bien vos venís de vacaciones, acá hay que trabajar”, yo le digo: “Bueno, decime en que querés que te ayude y te ayudo”. Él responde: “Hoy te espero en mi bar a las 20:30 hs. que falta una de las meseras y vos la vas a reemplazar”. Yo le digo: “Ok., a esa hora en punto voy a estar ahí”.
A eso de las 19 hs. comienzo a bañarme, no quería llegar por nada del mundo. Me cambio, elijo una remera blanca escotada, una falda negra muy corta, unas botas negras y medias blancas y una ropa interior blanca de encaje muy sexy y diminuta. Me tomo el tren (que en esas ciudades europeas funciona a la perfección y con una precisión asombrosa) y llegó al lugar. Cuando voy entrando veo dos hombres de seguridad en la puerta. Me miran de arriba abajo, enfocándose específicamente en mis tetas y me preguntan: “¿Vos quién sos?”. Los tipos no podían sacar la vista del escote de mi remera blanca, cuando empezó a darme vergüenza la situación les digo: “Viviana, la sobrina de Alejandro”. Uno de los dos me dice: “Pasa, por acá por favor”, y me dejan ingresar al lugar.
Entro y veo que el lugar es un bar con pocas luces, una barra de tragos hacia mi izquierda, muchas mesas chicas para dos o tres personas y un escenario al fondo grande, y otro escenario más chico hacia el costado derecho. 
Viene mi tío, me presenta a una chica de unos 29 años: “Hola, ella es Julieta mi asistente, ella te va a guiar y ayudar con lo que necesites”. Julieta me lleva a un cuarto contiguo y me da la ropa que tenía que usar para trabajar. Al ser un trabajo de mesera en un bar y de noche, yo había elegido una ropa que me había parecido sumamente sexy, sin embargo lo primero que me dice Julieta es: “Hola, te vamos a cambiar un poquito el look, así estás más sexy y recibís más y mejores propinas”. Abre un armario y empieza a sacar ropa, desde el lugar que yo estaba no veía bien que. Cuando me la alcanza veo la tanga más pequeña que había visto en mi vida, nunca había usado una cosa igual. El triangulito era minúsculo. Además me da un pañuelo para el cuello, una remera blanca que se transparentaba toda y una pollera que era la mitad de la que yo traía que ya era bastante corta. Mis nalgas se salían para afuera. La ropa me pareció excesivamente provocativa y sexual, pero como quería ayudar a mi tío lo más posible no dije nada. Pensé: estoy en su bar, estoy protegida. Le preguntó entonces a Julieta: “¿Donde me puedo cambiar?”. Ella me dice: “Acá mismo, adelante mío, ya que quiero ver tu actitud”. Al principio me dio vergüenza, pero sin darme cuenta por inercia, empecé a sacarme la remera. Primero quedé en corpiño, luego me bajé la pollera quedando en ropa interior. Ahí ella se acercó, siempre mirándome de arriba abajo y me dio una palmada en la nalga derecha y me dijo: “Estás buena, en este trabajo te va a ir muy bien”.  Yo me detengo un segundo pero enseguida ella se me pone detrás y sin que yo me de cuenta, me desabrocha el corpiño. Quedo en tanga y tetas, y cuando creía que eso era todo, Julieta rápidamente, me baja la bombachita dejándome completamente desnuda. Tenía mucha vergüenza en ese momento, porque bueno en bombacha y corpiño, era casi como estar en bikini, pero completamente desnudita era algo muy distinto. Agarro la ropa “de trabajo” que ella me dio para vestirme rápidamente y ella me dice: “Un segundo, no te vistas tan rápido, primero vamos a hacer un “ejercicio” para que a la noche estés más relajada y tranquila. Quédate desnuda”. Me hace quedar desnuda y yo le preguntó: “Nos vamos a quedar acá?”. Ella responde: “No, ahora vamos a ir para el salón”. Y me lleva a mí desnuda, mientras ella estaba vestida al salón. Había algunos empleados (seguridad, cocineros, etc.) y empleadas (otras chicas y meseras) que iban llegando. No podía soportar la vergüenza. Los hombres enseguida me miraban y comentaban, y no me sacaban la vista de encima. Entre los murmullos escuchaba: “Está bárbara”, “Mira las tetas que tiene”, “Mira ese culito”, “Es hermosa”, “Como le apretaría esas tetas”. Lo cual en cierto modo me llenaba de orgullo.

Julieta me conduce hasta la barra de tragos en donde estaba mi tío y le dice: “Alejandro, te felicito tenés una sobrina hermosa, tiene mucho futuro trabajando con nosotros”. Mi tío dice: “Si ya veo, Vivi a ver date una vueltita”. Y yo ahí exhibiéndome ante mi tío, Julieta y unos 5 o 6 empleados que estaban un poco más lejos. De a poco la vergüenza del primer momento iba pasando, tal vez Julieta tenía razón. Hasta que mi tío dice: “A ver, Eric vení”. Eric era un empleado de seguridad, bastante fornido y apuesto.  Alejandro: “Que te parece, del uno al diez que puntaje le das”. Me agarra suavemente de la mano derecha, me hace dar una vuelta quedando de espaldas con el brazo en alto y sacando culo. El me da una palmada en la nalga, me hace completar la vuelta y me toco los dos senos fuertemente con sus dos manos. Se acerca más de frente y me toca nuevamente el culo, lo amasa, me mete un dedo por la raya, mientras con su mano izquierda me toca la vagina y dice: ”Alejandro, sin duda, es un 9 puntos”.
Eric se va a continuar sus labores y quedamos yo, mi tío Alejandro y Julieta. “Que querés tomar” me pregunta él. “Una cerveza”, contesto yo. Y ahí estaba yo, tomando una cerveza desnuda en un bar y a muchísimos kilómetros de mi casa. Cuando termino la cerveza, ya un poco el hecho de estar desnuda se había tornado “natural”, o por lo menos natural para esa extraña situación. Mi tío (Alejandro) dice: “Julieta, bueno llévala a que se cambié”. Julieta me lleva y me  da la ropa que me había dado antes. Me visto y me miró frente al espejo que había en la habitación chiquita que usaban de vestuario. Noto dos cosas: mis pechos se transparentaban demasiado y mi culo se salía casi por la mitad de la pollera. En cuanto me inclinara un poquito para adelante, el hilo blanco que me habían dado por bombacha se vería todo. Cuando veo como queda, le pido a Julieta otra ropa, o si no podía usar la mía, pero me dice terminantemente que NO, que esa era la ropa del local, y que la tendría que usar y que sino mi tío se enojaría mucho y me enviaría devuelta a Buenos Aires y mi viaje y mis soñadas vacaciones habrían terminado.

Aparte de decirme que no podría usar otra ropa, Julieta me explica las reglas respecto al cuidado de la ropa del local y me dice: “Como hemos tenido problemas con otras chicas que perdían o se robaban la ropa, la regla general es así, por cada día de trabajo, se te da un conjunto de ropa, si lo perdéis o por alguna razón no lo encontráis o no lo tenés, no se te va a dar otro conjunto de ropa. Está entendido”. “Sí”, dije yo pero no entendí muy bien a que se refería, siendo la sobrina del dueño no me iba a robar la ropa, que aparte no me gustaba, ni me quedaba cómoda.
Ya vestida para trabajar voy al bar y le pido a mi tío otra cerveza para tomar. A las 22 hs. empieza a llegar la gente. A las 23 hs. aproximadamente me llamó la atención que había pasado una hora y no había ingresado una sola mujer al lugar. Pensé: “Será un club de hombres en el que miran partidos de fútbol, boxeo, o juegan al póker”. Sin embargo a las 23:30 hs. sale un Sr. al escenario presenta a una tal Natalia que sale al escenario y hace un baile erótico.
Yo mientras tanto seguía trabajando como camarera. Nunca había estado en un lugar así. Pero bueno, era una experiencia distinta y nueva, que era lo que yo quería hacer cuando emprendí este viaje. Atiendo un par de mesas, tomo varios pedidos y los llevó. Los hombres empiezan a comer. A la quinta mesa que voy a atender, había tres hombres, uno de ellos más alegre que los otros dos, probablemente por efectos del alcohol y me dice: “Hola, nena” al momento que me mete la mano por debajo de la pollera y me toca el culo y ahí dice: “Ahh bueeeno! que pedazo de culo tenés perra”. Yo me incomodó un poco, pero dejo que me toquen para no hacer una escena y pregunto: “Que van a ordenar?” Me hacen el pedido de vino y lomo a la portuguesa para los tres. Cuando vuelvo para traerles el mismo, el más “alegre” dice: “Está propina es para vos y me pone un billete de 20 Euros en la tira de la bombacha y me da otra palmadita en la nalga. Les sirvo vino y los otros van a brindar. Me preguntan: “Como es tu nombre?”; “Viviana” respondo yo y el “líder” del grupo dice: “Salud, por las mujeres hermosas como Viviana” y levanta bruscamente su copa. Al levantar la copa, me mancha toda la remera y queda con un olor a vino impresionante. Voy a hablar con Julieta y le digo: “Un cliente me ha manchado la remera, necesito otra.”. Ella se pone como loca, furiosa y me dice: “Ves, te dije que cuidaras la ropa, te explique las reglas. Querés hacer que me echen? Eh, yo soy la responsable de vestuario entre otras cosas, así que ahora vas a aprender. No sólo que no te voy a dar otra remera, sino que también me vas a devolver el corpiño”. “Como?” pregunto yo, estaba anonadada. Le digo: “Yo no te voy a dar nada, hasta que no termine de trabajar”. Eso la hizo enojar aún más y apretó un botón rojo. Enseguida apareció Roberto, otro de los guardias de seguridad y Julieta dijo: “Roberto, déjala en tanga, así aprende a cuidad la ropa”. Viene Roberto me agarra por detrás y con una fuerza descomunal tira primero del corpiño, rompiéndolo y dejándome en tetas y con mis pechos bamboleándose por un rato. Y luego hace lo mismo con la pollera. Quedo en la fina tanguita blanca. Al volver al salón, mi nuevo aspecto impacta en algunos hombres, ya que si bien todas las meseras eran muy bonitas y estaban vestidas de manera sexy, ninguna de las camareras estaba todavía a esa hora tan desnuda.
Vuelvo a atender las mesas, sólo que ahora estaba mucha más expuesta que antes. En todas las mesas que iba alguno me daba una palmada en la cola. Otros me pedían de sacarse fotos conmigo a lo que yo accedía gustosa y de buena onda. Hubo un cliente que pidió una botella de cerveza que me pidió si no me la podía poner entre mis dos hermosas tetas, por lo cual me gané una propina de 15 Euros. A las dos horas de estar atendiendo las mesas en tanga y tetas, y los hombres haber consumido más alcohol, ya en casi todas las mesas había alguno que me tiraba un manotazo en las tetas, aparte de la ya casi automática palmadita en el culo con cada pedido que llevaba a las mesas.
Haciendo un show erótico muy acrobático, una de las chicas se lesiona. Era la preferida del Sr. Rogerwar, el mejor cliente del lugar. Esa chica, Diana, luego de bailar para todo el público iba a hacer un show privado en uno de los VIPs para este cliente como era costumbre todos los viernes.
En algún momento cuando empecé a buscar trabajo, había pensado en trabajar de camarera, pero nunca me había imaginado una experiencia  semejante. Y en cierto modo, era excitante.
En una de mis idas a la barra, para buscar las bebidas y comidas para los clientes, mi tío me dice: “Nuestro mejor cliente, el Sr. Rogerwar me preguntó por vos y si estás dispuesta a hacer un baile para él en la sala VIP”. Le digo: “No sé, dejámelo pensar”. Alejandro: “Mira que para a hacer un baile te dan un nuevo conjunto de ropa”. “Entonces sí”, digo yo. Ya estaba un poco cansada de estar desnuda y ante la mirada de tantos hombres. Además tal vez, el volver a vestirme evitaría aunque sea en parte el manoseo constante al que era sometida por parte de los clientes. Voy con Julieta y ella me da la ropa que yo había traído más un collar plateado para el cuello.
Al principio no sé que decir, pero bueno, voy. No sabía muy bien que hacer, entonces empiezo a bailar como lo hago en los boliches de Buenos Aires, cuando salgo con mis amigas. Mucho meneo, movimiento de cola, 100 % sexualidad.
A los 10 minutos de bailar para él de manera sexy, el tipo sin dudarlo me pide que me quede sin ropa. Dudo y el se da cuenta enseguida de lo que pasaba por mi cabeza. Sin pensarlo dos veces él, que se ve que tenía muchísimo dinero y poder, saca un fajo de varios billetes de 100 U$S y me dice: “Te compro tu remerita”. Lo dudo un instante, pero cuando pienso en que esa remera me había costado U$S 10,00 y estaba por venderla en por lo menos U$S  2.000,00 no lo pensé y sin pensarlo me saqué la remerita y se la arrojé al Sr. Rogerwar que la agarró al vuelo con un mano, lo que me hizo pensar que era un habitué en este tipo de clubes. Lo mismo con la pollerita que me habría salido unos U$S 25,00 y él me la “compraba” a U$S 3.000,00 aproximadamente. Para ese momento estaba en bombacha y corpiño y con U$S 5.000,00 para gastar. El tipo me dice: “Te gusta la platita, no? Putita. Ahora te voy a dar el doble si te quedás totalmente desnudita”. ¡10.000 dólares! Nunca había tenido esa plata en toda mi vida, es más era mucho más de lo que podría ahorrar trabajando  10 años. “Aceptó” le dije, pero esta vez fue él quien me sacó primero el corpiño y luego la bombachita, y no era para menos con lo que había pagado por dichas prendas. Ahí estaba yo, completamente desnuda, frente a un tipo que no conocía y a 20.000 km. de mi casa. Si mis padres se enterarán de esto pensaba.
La situación me calentaba mucho, debo confesarlo. El tipo me hace arrodillar frente a él y me dice que le iba a tener que practicarle sexo oral. Yo pensé: “Se lo merece”. Mientras se la chupaba, él me pegaba palmadas en las nalgas para que yo aumente el ritmo. En un momento me dice: “Juntate las tetas”. Me hizo un poco una “turca” (pene entre las tetas) y me acaba un poco en las tetas y un poco en la cara.
Una vez que el acabó, yo estoy por vestirme y el me mira y me hace un gesto de negación con la cabeza y dice: “No, nenita, vos te quedas así desnudita y con mi lechita por tu cuerpo”. Me deja desnuda, pide un champán, uno bien bien caro (U$S 500 la botella) y lo tomamos. Cuando ya se está por acabar en el último vaso el me dice a ver ahora te vas a tomar un nuevo trago que está de última moda aquí en Europa. Me hace masturbarlo y acaba en un vaso. Llama al mozo, pide otro vaso y dos hielos con un poco de vodka pone su leche ahí y me lo hace tomar al tiempo que me pregunta: “¿Está rica, no?” Al principio me dio un poco de asco, el hecho de tomar su leche, pero luego me di cuenta que no tenía un gusto tan feo.
Este tipo parecía insaciable, me hace cabalgarlo. Después de un buen rato de sexo en el que yo estaba arriba de él, el tipo se va.
Cuando vuelvo al salón, paso por al lado de mi tío quién me hace el siguiente comentario: “Aprendés rápido, nena, yo sabía que ibas a ser una buena puta”. Luego más tarde terminada la noche de trabajo vuelvo a la casa. Me encuentro con mis primas y me preguntan como me había ido. Yo les cuento la historia y a ellas les parece lo más normal del mundo.
Al día siguiente el club no habría y vienen unos amigos de mi tío, para jugar al póker. Mi tío que según me cuentan mis primas venía perdiendo mucho dinero, no tenía dinero suficiente para jugar esa semana. Pero jugador incurable como era se le ocurre una brillante me apuesta a mí en la partida de póker. Finalmente, luego de 2 horas de póker mi Tío pierde y para pagar sus deudas, me dice: “Vivi, mañana a las 10 hs. de la mañana estos buenos señores te van a llevar a pasar un día de campo y a conocer parte de España” (ESTA HISTORIA LA CONTARÉ MÁS EN DETALLE EN OTRO CAPÍTULO).
Una vez que vuelvo del día de campo, mi tío me lleva a trabajar nuevamente a su bar y la historia se repite, aunque no igual, parecida.
Una vez finalizadas mis vacaciones, despido a mi familia en mi Madrid, luego de unas hermosas vacaciones, las mejores de mi vida y vuelvo a Buenos Aires.
Empiezo a frecuentar “bares” por la zona de Recoleta y la historia continúa …
julieta_s24@hotmail.com

Mi confesión

Domingo, julio 15th, 2007

Hola a todos.

He leido muchos de sus relatos por recomendación de un amigo y después de encontrar todo lo que ustedes publican me atrevo a escribir esto ojala y me permitan publicarlo y felicidades por tan bonita pagina gracias, para cualquier aclaración escribanme a gabymargo68@hotmail.com, espero publiquen esto en la seccion de FILIALES

Gracias.
MI CONFESION

Se que esto a muchos escandalizara y para otros será asqueroso, lo único que puedo decir es que esto es auténticamente cierto, y que las cosas se van dando y las circunstancias arrastran una y otra situación que desemboca en resultados que a veces no queremos, por otro lado, a muchos nos provoca lo sucio y lo perverso, lo disfrutamos y por un falso pudor y moral lo negamos, quiero al publicar esto que me escriban personas, especialmente mujeres que hayan vivido cosas similares, que quieran comentar esto platicarlo, desahogarnos y porque no disfrutarlo, solo suplico que sean personas honestas y reales y que no solo les guie el morbo o la calentura; y pues comenzare diciendo que soy una mujer mexicana, separada hace 5 años de mi esposo que fue a la vez mi primer novio y mi único hombre, como muchas tuve que lidiar con es estigma de ser una mujer “abandonada” que tenia que aparentar ante la “sociedad” y demostrar una decencia para evitar que me malvieran, tuve que trabajar para mantener a mis dos hijos, enfrentarme a la realidad que como mujer debe uno de ser “accesible” y muy “dispuesta” con los jefes y patrones para conservar el puesto además de soportar a todos aquellos “hombres” que se desviven por atender a una mujer separada, y que lo único que buscan es una vagina donde vaciar su semen y su calentura. Bueno cuando esto sucedió tenia 2 años de separada,  trabajaba en una oficina de gobierno, tenia yo 36 años siempre he poseído un buen cuerpo mido 165 cms, morena clara cabello a media espalda y rizado, ojos claros, con talla 9 de pantalón caderona y sobra decir algo nalgona, de busto 34c, de casada me encantaba andar de minifalda y de mucha zapatilla, gusto que tuve que dejar pues siendo sola el vestir así implica traer un letrero puesto que dice fornicame, los dos años sin marido habían sido muy difíciles en el terreno intimo pues había tenido que aguantarme las ganas de hacer nada y solo me tocaba muy discretamente en la soledad de  mi cama, después de una agria discusión con mi madre cuando supo que tenia un pretendiente y que incluso amenazo con quitarme a mis hijos por mala mujer, accedí por primera vez a irme a tomar unas copas con unos de mis compañeros de trabajo, quería desquitarme y vengarme de cómo me trataba la vida, ya eran como las dos de la mañana y quien me toco de pareja bailando, ofreció llevarme a mi casa, y al llegar ya mareada, quise agradecer invitándole un café, resulto que termino todo en un delicioso faje en la puerta del edificio donde vivo, todo eso causo efecto y lo que mas deseaba era tener sexo con alguien, así que dada la hora sabia que mis hijos dormían como troncos y pidiéndole que no hiciera ruido lo invite a subir, entramos y fui a verificar que mis hijos durmieran, una chica y un joven aun en la adolescencia, lo lleve a mi cuarto, me desnudo y a poco me daba cuenta que aparte de todo no sabia nada del sexo, pues este hombre me tocaba y hacia cosas que jamás había imaginado haría yo, estaba en la gloria, me habían encendido un interruptor que saco todo lo hembra que llevo dentro, en un rato me había penetrado, me había hecho el sexo anal y lo mejor lo disfrutaba como toda una puta, yo gemía y de momento perdía el control, el después de varios intentos accedí a que bajara y lamiera mi vagina, lo hizo delicioso, nunca en mis 17 años de casada, había experimentado tanto placer como esa noche, y pensaba de lo que me he perdido, y me juraba que a partir de ese día  haría muchas cosas sucias y que cocería como loca, y vaya que lo he hecho, estaba como poseída con las piernas abiertas de par en par, mientras el me chupaba y movía sus dedos dentro de mi vagina, cuando por reflejo voltee a la puerta, tanta había sido mi intención de no hacer ruido, que no cerré ninguna puerta, y estaba mi hijo parado tratando de no se visto viendo todo lo que me hacia, quise gritar levantarme y correr, pero no pude hacer nada, fue todo en instantes, paso todo por mi mente, de pronto a la luz de la lámpara de la calle, vi. como el se apretaba en su entrepierna, era obvio se estaba masturbando, fue algo detonante en mi, desapareció mi miedo mi temor, mi vergüenza y una oleada de algo caliente recorría mi cuerpo, de pronto no sabia porque el centro de ese placer que sentía no radicaba en lo que mi amigo me hacia sino en ver a mi hijo ahí parado, en el momento que el se levanto para volverme a penetrar el desapareció, pero esas imágenes de el parado en la puerta fue lo que me dio un tremendo orgasmo que me llevo al cielo, al otro día estaba confundidísima, el me hablaba como si nada, y no sabia que hacer, yo sentía mas calentura que en la noche, sabia que algo se había transformado en mi, a partir de esa noche, cada que algún conocido o amigo me invitaba salía con el, y terminaba en un hotel haciendo el amor como loca, pero no era suficiente no sabia que pasaba pero no me sentía satisfecha, unos veinte días después me descubrí que mientras me cambiaba mi hijo me estaba espiando, y me di cuenta, eso me excitaba muchísimo, entonces empecé a idear un plan, a mi hija la mande con mi hermana con un pretexto absurdo y a mi hijo le recomendé que no llegara tarde pues me iba con un amigo pero que el me venia a dejar, con una excitación enorme pasada a una de la madrugada llegamos esa vez yo había tomado mucho menos pero fingía estar mareada, entramos a mi cuarto y solo empareje la puerta, sentía que mi corazón se salía, y empezamos a coger como locos, de pronto ahí estaba nos estaba espiando, yo fingía no ver pero notaba como el metía su mano bajo su short, era sencillamente enloquecedor, buscaba acomodarme de manera que el viera todo, al poco rato, note que se marchaba, a partir de esa noche cada 8 o 15 días me las ingeniaba para mandar a mi hija fuera y a llevar a mi amigo,  era un placer el solo imaginar que nos espiara, tal vez el sospechaba que yo me daba cuenta pues un día note que el se asomaba en la puerta mientras yo hacia el sexo oral, y note que al ver que mi amigo le daba totalmente la espalda se paro en medio de la puerta totalmente desnudo, eso me enloqueció, fue todo una provocación de su parte pues el estaba ahí esperando que lo viera tratando de lucir su pene totalmente erecto, y no conforme alcanzaba a ver como se masturbaba, me daba cuenta como cada que le daba espectáculo a mi hijo mis orgasmos eran fenomenales y quedaba mas que satisfecha, entonces mi perversión iba en aumento, y como resultado empecé a vestir cuando andaba en la casa en fachas con una playera larga ya  gastada, me quedaba como minifalda y permitía ver a través de ella, se notaba mi pantaleta y mis pezones, aparte que dejaba ver gran parte de mis muslos y cuando me sentaba dejaba ver claramente mi entrepierna, yo veía a mi hijo cada vez mas interesado en la perversión, pero aun con miedos o pena, como a los 4 meses de esos juegos, mi hija estaba en exámenes y el no tenia clases, hable al trabajo y pretexte sentirme mal, baje a darle de desayunar y me metí a bañar sobra decir que deje entreabierta la puerta yo podía casi ver la silueta de su cabeza asomándose, entonces decidí ir mas lejos y comencé a sobarme los pechos para terminar dándome dedo deliciosamente, pero por mas que intentaba no podía llegar al orgasmo, entonces, decidí salir con mi toalla enredada y subí a mi cuarto, yo sabia que el había visto todo y fui a su cuarto, ahora yo lo espiaba, y si había hecho efecto, estaba tirado en la cama con su pants en las rodillas y acariciándose su miembro para sus casi 15 años estaba muy desarrollado, eso me tenia casi enloquecida, no sabia que hacer, no sabia que decir, empecé otra vez a tocarme y en un momento lo decidí, empuje la puerta y entre el se asusto, y se quedo inmóvil, yo llegue y sin decir nada tome su pene en mi mano, y comencé  a masturbarlo, solo subí y baje su pellejito unas 3 veces y eyaculo embarrando mi mano, sin soltarlo le dije que ya era todo un hombrecito y que sabia que me espiaba y que después de eso venia a masturbarse, el seguía en silencio, me incline le di un beso en la mejilla y uno muy suave en sus labios, después de eso, sucedieron unos 15 días de silencio entre nosotros casi no hablábamos y eso me tenia muy preocupada, tenia por momentos sentimientos de culpa y en otros unos deseos enormes de volver a hacerlo, ya no había llevado a mi amigo y casi no tenia ganas de estar con el, llego un fin de semana que había hecho una comida para el cumpleaños 13 de mi hija, mis hijos con sus primos y algunos amigos jugaban y pasaban el rato, como es costumbre en las fiestas mexicanas al final los mayores terminamos tomando y ya mareados solo quedábamos mi hermana con su esposo y mis sobrino quienes terminaron quedándose por lo avanzado de la noche, dispuse la recamara de mi hija para mi hermana y mis sobrinos se quedarían en la de mi hijo, mientras mi hija se cambiaba y mi hermana ya dormía mi hijo seguía con el play station en la recamara, ya con mi acostumbrada playera fui a pedirles que se durmieran, y aun recuerdo los ojos llenos de morbo de mi hijo y mis sobrinos al verme entrar así, insistieron de sobra en que me quedara a jugar, cosa que acepte pidiéndole que bajaran la voz pues no quería que mi hermana me viera así, los tres ponían mas atención a mis piernas y mis pantaletas que asomaban mas que al juego, fue una sensación que me pareció muy perversa y excitante, no se cuanto tiempo estuve ahí con ellos incluso termine sentada en el piso dejando ver todo lo que pudiera dejar al descubierto mi tanga, al final me fui a dormir y termine viniéndome deliciosamente tras una rica masturbada en el baño, entonces me daba cuenta de las cosas, me gustaba que mi hijo me viera pero mas allá me encanto que mis sobrinos que tenían de la misma edad de mi hijo, también habían despertado mi morbo, empecé a hacer cosas temerarias, en la junta de firma de boletas de mi hijo, me senté de tal manera que accidentalmente se me viera la tanga, algunos chicos volteaban a verme con disimulo y eso me promocionaba una excitante humedad en mi entrepierna, terminaba dándome dedo como loca, al mes de ese primer encuentro entre mi hijo y yo el asunto llego a su culminación, el sábado que yo no trabajo mi hija tenia ensayo en la escolta y me quede con mi hijo me levante y me puse solo mis pantaletas, el saber que estábamos solos me puso como loca, le lleve un jugo a su cama el veía tele y me veía como hipnotizado mis pechos, empezó a tomar el jugo y levante las cobijas entre jugando, buscaba que se levantara cuando vi. tenia su miembro totalmente erecto, y como duerme con un short pero sin truza se notaba todo a su máximo esplendor, le dije mira como estas, otra vez sucedió lo mismo sin pensar puse la mano sobre su pene, y le di un beso en la boca, esta vez el beso fue largo largísimo donde mi lengua hurgaba en su boca, el reacciono, me abrazo y empecé a guiar sus manos, enseñándole como acariciar mi espalda, mis pechos lo puse a lamerme los pezones, y a mamarme las tetas, yo estaba excitadísima, el me mordía y me manoseaba toscamente poco a poco le fui enseñando como hacerlo, me levante y me quite la pantaleta, me acosté y lo puse sobre de mi guiando su miembro a mi vagina, me penetro no duro ni 5 segundos adentro y termino, fue muy excitante para mi, lo acosté y empecé a chuparle el pene, fue delicioso sentir ese pene casi sin nada de vello, aun chico y delgadito, se lo chupe un ratito y volvió a eyacular, lo estuve acariciando mucho rato, y le dije que por todo eso estaba muy excitada que me tenia que ayuda y le pedí que me acariciara los pechos y las piernas mientras me masturbaba, el no perdía detalle de todo eso, hasta que explote en un orgasmo mas que delicioso mas que extenuante, me volvió a la realidad el teléfono, era mi hija que me pedía permiso para irse con su papa y que regresaría al otro día, esa noche me lleve a mi hijo a mi cama, le fui enseñando poco a poco como tocar a una mujer, como darme placer, le enseñe como lamerme la vagina y como moverse mientras me penetraba, las posiciones que podíamos hacer, cojimos delicioso, fue una noche maravillosa, el se volvió mas abierto conmigo me buscaba en todo momento, cuando sabia que su hermana no nos veía, me acariciaba las nalgas y las piernas, era el juego mas sucio y perverso pero muy excitante,  cuando podíamos el se me aceraba y me decía al oído quiero, yo sabia que significaba, como siempre teníamos la libertar de estar solos en ciertos momentos, lo llegamos a hacer el la sala el baño, en todas partes y me daba un placer infinito y maravilloso, yo lo hice hombre y le enseñe todo lo que un hombrecito debe saber, aun seguimos haciéndolo se ha desarrollado como va a un gym ha formado un cuerpo envidiable, el también se ha vuelto muy morboso, muy perverso, a veces va y me platica que hace con su novia, como la toca, incluso en una ocasión yo le sugerí que la trajera a ala casa cuando fueran a hacerlo pues quería esconderme y ver como lo hacia, el dijo que si de inmediato, lo mas morboso de todo fue cuando hace unos dos meses lo descubrí espiando a su hermana que esta mas que desarrolladita, estaba muy excitado yo lo abrace por atrás y estuve masturbándolo unos segundos mientras el miraba, muchas cosas muy perversas se me han ocurrido desde entonces, no se que pueda pasar, no se como lo tomaría mi hija, cada cabeza piensa diferente, hay muchas cosas y detalles llenos de placer, de morbo que no puedo describir acá pues seria muy largo, no se cuanto mas dure esto pero por lo mientras lo disfruto mucho, ahora y pensando en eso, hace unos días permití por primera vez que mi ahijado viera mas de la cuenta, tal vez sea el siguiente, no lo se, espero comentarios como dije muy sinceros y honestos, mi correo es gabymargo68@hotmail.com escriban por favor. Gabriela.

Primera experiencia Merida, Yuc. (Hombre-perro)

Sábado, julio 14th, 2007

Hola a todos les contare esta historia que tiene ya algunos años, pero me animo a escribirlo pues me encantaria que se repitiera, vivo en la ciudad de Mérida, Yucatán, México y tengo 24 años, no me considero de mal aspecto de hecho a la gente le agrada estar conmigo dado esto, y pues si tengo mi pegue, ok ahora si vamos a lo que es.
 
Hace mas o menos 10 años, pues me encontraba en el apogeo de la pubertad y las hormonas estaban al cien, habia descubierto la pornografia desde ya hace tiempo, y pues a veces me masturbaba viendola, aunque suene curioso me daba mucha pena acercarme a las mujeres y por eso pues no habia podido tener alguna experiencia hetero, solamente alguna vez con un amigo que me llevaba mas años, como uno o dos, pero estando aun mas chico, pues tuve mi primera experiencia sexual, pues experimentabamos con nuestra sexualidad y pues esa fue mi primera experiencia homo, de ahi en adelante eso entraria en mi mente, y pues por eso me considero bisexual, por que me encantan las mujeres, aunque no siempre se puede encontrar una que comprenda esta manera de vivir, ok, continuando con el relato, pues llegue a la casa de un tio mio, el cual contaba con un perro Rottweiller, muy docil y jugueton pero pues con la apariencia que tenia inspiraba respeto, este perro tendria unos 2 años por esos momentos, y nunca habia sido cruzado, entonces a veces se te subia a la pierna, y comenzaba a hacer su baile, no lo habia tomado en cu3enta antes, pero aquel dia de verdad estaba caliente, y sali al patio con la intencion de ir a un estudio que se encontraba en este, claro sin intenciones de nada. solamente iba a la computadora a jugar un rato, de hecho no habia nadie en la casa pues mi tio habia salido y pues considere que iba a tardar, asi que al dirigirme hacia el estudio donde estaba la computadora, me encontre al perro quien siempre me recibia como si fuera su dueño pues yo me ponia a jugar con el lanzandole la pelota, etc. pero aquel dia cambiaria el juego, y el lo iniciaria esta vez, pues al saludarlo, este se me subio a la pierna como lo hacia a veces pero esta vez no lo baje, el me tomo por sorpresa por la espalda y perdi el equilibrio y caí en cuatro, y este empezo a tratar de penetrarme, pero me pare rapido y lo corri, me meti al estudio y encendi la computadora, pero esa imagen y lo que habia pasado no me la pude quitar de la mente, y el perro en la puerta del estudio echado, me puse muy caliente vale la pena decirlo pues a pesar de ser una idea confusa la que tenia en mente recorde lo que hacia con mi amigo antes, asi que lo llame, y me lo vi, lo comence a acariciar, y este volvio a hacer lo mismo trato de montar mi pierna, pero esta vez no me tiro, sino que esta vez, solamente lo hice a un lado pues seguia calentandome, y me puse en cuatro, pense que que tenia que ver ue era lo que hacia, pero al estar solo en casa, pues podia ponerme mas comodo aunque no podia estar tan seguro asi que solamente me baje el pantalon, que era un pants,osea rapido de poner, asi que me puse en cuatro y este al verme en esa posicion no perdio tiempo y me monto, claro al principio no lograba acertar, pero el simple hecho de sentir su pene rozando mi ano, me ponia al 100, de verdad que estab viviendo un extasis tremendo solamente con estar en esa condicion, y en uno de esos intentos lo cual no tardo mucho pero sentia que fuera asi, logro penetrarme de inmediato senti placer pues con la lubricacion que tienen los perros no me dolio en lo absoluto cuando entro, al entrar inmediatamente comenzo a entrar y salir (solamente de recordarlo me pongo caliente otra vez) yo no podia creer lo que estaba haciendo me encontraba en una situacion en la cual jamas habia pensado, pero me encantaba, me encantaba sentir como gemia el perro, y sentir como me penetraba, de manera rapida, y dura, derrepente, el se bajo de mi espalda, pero yo estaba al cien, y lo voltee a ver hasta ese momento fue cuando realmente pude comprender lo que estaba dentro de mi y que me daba tanto placer, era un miembro de aproximadamente 22 o 23 cms, con todo y bulbo, pero esta muy grueso, en ese momento me asuste por que nunca habia visto el pene de los perros, o bueno al menos no habia puesto atencion, este perro comenzo a lamerse, y yo seguia caliente pero me imagine que llegaria mi tio, y me moriria de verguenza de que me encontrara en esas condiciones aunque estaba lejos de la entrada y podria escuchar si llegaba, pero me subi los pantalones y me puse en la computadora, estaba hyper excitado, me hacen falta palabras para describir lo que sentia en ese momento, y aunque trate de poner atencion a la computadora, no lo lograba solo de pensar en lo que acababa de suceder, y volteaba a ver al perro, y este estaba como si no le importara nada mas, se seguia lamaiendo echado, y pues tambien me quede pensando que no habia eyaculado, hasta ahora no comprendo eso pero no importa, al saber ersto pues nada habia corrido por entre mis nalgas, el morbo, la excitacion y la idea que me rondaba una y otra vez, me decidi a volver a intentarlo, el perro al ver que me levante de la silla se me puso enfrente como diciendo a donde vas, pero yo sabia exactamente a donde iba, asi que me agache un poco y le toque su pene envuelto ya en su vaina,al sentir esto el perro se comenco a excitar inastantaneamente, asi que no perdi mas tiempo, pues veia que sacaba chorritos de liquido, crei que era su semen pero despues me entere que es un lubricante natural, actua rapido me baje el pantalon a la altura de las rodillas nuevamente, y este al verme nuevamente asi no perdio tiempo pero esta vez solamente hizo 3 intentos y logro penetrarme otra vez estaba dentro de mi y me poseia de una manera increible, me encantaba sentir como me penetraba una y otra vez, pero se volvio a salir pero esta vez, comenzo a lamerme el culo, una y otra vez, sentia delicioso esa experiencia, yo me abandonaba a su lengua, y despues me volvio a montar, esta vez me agarro fuertemente con sus patas delanteras, y comenzo a tratar de atinar en mi ano, pero esta vez yo le ayude, estaba super exciatado asi que comence a mover mi culo para que este acertara rapido y asi fue comenzo a cogerme nuevamente, ahi estaba entrando y saliendo ese pedazo de carne canino poseyendome entraba y salia una y otra vez, sentia delicioso esa experiencia una y otra vez, me abrazaba fuertemente por mi cintura, y gemia, yo no emitia ningun sonido mas que un leve ahhh, cada vez que arremetia contra mi, esta en el cielo, me encantaba, sentir ese pedazo de carne y la manera en que me cogia, y derrepente, siento como empieza a inflarse su bulbo, por que sentia como entraba y salia de mi ano, pero derrepente ya no pudo entrar, pero yo segui disfrutando aun sin saber para que era ese extremo, y el perro seguia, hasta que derrepente se detuvo y se quedo en mi espalda yo seguia moviendome, pero ya no era lo mismo, me encantaba sentir esa fuerza con la cual arremetia contra mi, y aunque solo el hecho de tenerlo encima y su pene aun dentro de mi me excita mucho, se quedo asi por 2 minutos aproximadamente, y se bajo de mi espalda al no estar abotonado, no hubo problemas y al salir su pene de mi ano, senti delicioso ya me habia venido como 2 veces en el suelo, pero queria seguir disfrutando, al salir la punta de su pene de mi ano solamente se escucho como un chasquido, y senti como salio una que otra gotita de semen de el, pero yo me sentia totalmente extasiado, el comenzo a lamer mi culito, y senti delicioso, eso que habia hecho, despues el unicamente se echo en un rincon a lamerse, y ya con los deseos controlados aunque no al 100% me subi el pantalon, y no fue sino hasta ese momento que senti algo extraño fui al baño y me di cuenta de que magnitud habia sido su venida, estaba impresionado, y seguia excitado pero ya no hicimos nada mas por temor a la llegada de mi tio, del inicio al final habran pasado unos 40 o 50 minutos, esos que marcaron mi vida para la zoofilia.
 
Tengo mas experiencias con este y otros perros que despues les contare, espero sus comentarios, ideas, y tambien por este medio digo que me gustaria conocer a gente de aqui de Mérida o de pueblos o ciudades vecinas que cuenten con perros machos dado que ya no tengo ninguno y me gustaria revivir experiencias, e intentar cosas nuevas como hacer un video mientras me lo hace el perro, de lo demas si lo hablamos no creo que haya problema, gracias por leer estas lineas, mi e-mail es: cockerspamx@yahoo.com.mx.
 
hasta pronto
 
Cocker Spa

Mi nuevo amigo William

Miércoles, julio 11th, 2007

Hola, soy Carmelo, tengo 53 años y soy de Puerto Rico. No acostumbro salir desde que comencé mis estudios postgraduados y, ahora que me gradué pensé que salir a compartir con mi concuñado y algunos de sus amigos no sería mala idea.  Eran, aproximadamente, las siete de la noche y la barra donde estos comparten los viernes la cierran a las ocho (8:00pm).  Nos tomamos unas cuantas cervezas y sin darme cuenta dieron las 8:00 y noté que el dueño de la barra cerraba las ventanas, fue entonces que decidí ir a una barra cercana, pero me fui sólo.  De momento no pensé en detenerme allí, pero vi algo que me llamó la atención y no quería perder la oportunidad de verlo de cerca.  Era un joven bastante robusto, un poco pasado de peso y bien parecido que hablaba con un amigo en la puerta de la barra.  Entré y pedí una cerveza, mis ojos no dejaban de mirar aquel monumento, pero de repente se despidió de sus amigos y se fue.  No era de este pueblo y lo acompañaba otro joven, menos apuesto que mi gordito.  Me quedé con los deseos de conocerle, pero, esto no termina aquí.  
En el grupo que compartía con aquel joven había un hombre mayor, algunos 50 años, gordito bien distribuido y con un bulto que al verlo me impresionó.   No era muy alto, pero se notaba que tenía algo bueno debajo de la ropa.  Después de varias horas allí el hombre se acercó y me preguntó si podía usar la silla que yo tenía al frente, le dije que no había inconveniente y se sentó cerca de mí.  
Wao, pensé tantas cosas para poder entablar una conversación, pero no fue necesario, ya que entre sus amigos había un señor mucho mayor que él y cantaba a capela canciones del ayer.  Todos le aplaudimos y comentábamos lo bien que lo hacía.  En eso mi hombre me comentó que cuando ese señor era joven cantaba con un trío de voces y guitarras y que aún conservaba su bonita voz.  Fue entonces que aquel viejecito decidió marcharse por que su hijo le apresuraba.  Me estaba quedando cada vez más a solas con mi gordito.  Cada vez que le miraba a los ojos me detenía para que notara que me gustaba.  Él también me miraba de la misma manera.  Entre las charlas que tuvimos me torné un poco suelto de manos y cada vez que podía le tocaba en los hombros.  Hubo un momento en que el levantó su brazo para tomar un sorbo de su cerveza y mi mano quedó pegada del mismo, aproveché para con mis dedos juguetear con los vellos de su brazo.  Mi hombre no se inmutó y seguimos hablando de distintos temas, especialmente de sexo con mujeres, que yo no avalaba, pero le seguí su juego.  Hablaba de que necesitaba que alguien le regalara una pareja de gallo y gallina para comenzar una crianza en su nueva casa.  Su casa estaba a medio terminar y se la entregarían dentro de dos semanas.  Yo le comenté que yo tenía una crianza de gallinas y que si las buscaba yo se las regalaba.  De inmediato me dijo que cuándo podía pasar a buscarlas y yo le dije que cuando quisiera.  Me sugirió que las buscáramos en ese momento, pero yo le dije que no podía porque mi esposa estaba durmiendo y no quería llegar con personas a esa hora.  
Dentro de la conversación, que no era entre nosotros únicamente, porque se unió otro señor que se había quedado sólo en su mesa y decidió acercarse, surgió el tema de la impotencia sexual, y el dueño de la barra ofreció un remedio.  La cáscara de Almácigo Rojo hervida servía como una Viagra.  Mi gordito dijo, “a mi me hace falta porque no se me para” yo le interrumpí y le dije, “cómo es posible que un hombre tan joven como usted tenga ese problema” me dijo que la diabetes y la presión arterial alta le afectaron su funcionamiento y ya no podía sostener relaciones.  En un momento pensé que había estado perdiendo mi tiempo, pero la atracción era tan grande que en mis adentros me decía que no importaba, que aunque fuera flácido tenía que tener aquel bulto que tanto me había llamado la atención.  En eso le interrumpí y le dije, “hace mucho rato que estamos hablando y no nos hemos presentado, yo soy Carmelo”, él me respondió, yo soy William y nos dimos las manos.  Continuamos la conversación y él me dice, “¿me acompañas a buscar cáscara de Almácigo Rojo?”.  De inmediato le dije que sí, y él seguía insistiendo en que fuera con él a buscar el dichoso árbol, y yo seguía diciéndole que sí.  Ya iba viendo que su intención era salir a solas conmigo.  Estuvimos allí hasta que dieron las 11:30pm y el dueño de la barra comenzó a cerrar ventanas y puertas.  Mi amigo, o sea, mi gordito, mi hombre, William, me invitó a seguir a la próxima barra que cerraba muy tarde en la madrugada. Nos acompaño aquel otro señor que se había unido en nuestra conversación.  
Una vez allí nos tomamos una cerveza y nuestro auto-invitado se retiró a hablar con otras personas que se reunían fuera de la barra.  Ahora nos quedamos completamente solos.  William me preguntó que cómo le parecía su amistad y sin pensarlo le dije que le consideraba un ser especial porque tenía un ángel muy agradable.  Volvió a insistir, ¿pero, te agrado?, sí, le respondí, ¿Te gusto?, claro que sí, le dije.  Volvió a preguntarme “¿te gusto como hombre?, síííííííí’, le dije sin pensarlo.  Me dijo, ¿que hacemos?, pues vamos a tu casa, le dije, pues ya sabía que no estaba habitada.  Me dijo, sígueme. Y le seguí hasta su casa.  No entramos porque el sitio es tan solitario que nos quedamos frente a ésta.  No dudé en abrazarme a él y comérmelo en un beso que comenzó nuestro momento de pasión.  Mi mano se me fue hacia su paquete que era enorme, y estaba parado.  Le dije “me mentiste al decirme que no se te paraba”, y me dijo que no quería ilusionarme hasta que se diera el momento.  Yo le pregunté que si yo le había gustado y me dijo que durante toda la noche se daba cuenta de mis miradas, y que él también sentía lo mismo.  
Ya dejamos de hablar y empecé a vivir aquel cuerpo que tanto me gustó y que se desnudaba para dejarme disfrutar de aquel pecho velludo, su panza bastante pronunciada y aquel descomunal animal que colgaba en su entrepierna.  Es muy grueso y largo, su tronco es mucho más grueso que los que yo había visto en toda mi vida.  Me arrodillé y me metí aquel hermoso glande en mi boca, casi no me cabía, lo fui tragando poco a poco hasta que lo pude meter completo en mi boca, que delicia, me moría por hacerlo y se me dio.  Sus huevos son redonditos y muy duros.  Besé toda su extensión y traté de meterme sus huevos a mi boca, pero no me lo permitió.  Seguí mamando aquel manjar que me sabía a la gloria.  Ya me desesperaba por tener su leche en mi boca, pero me dijo, creo que no me voy a venir porque hemos bebido mucho y se me está bajando.  Entonces me incorporé y volví a besarlo, esta vez más apasionado y con mi mano le masturbaba, se le puso muy dura y gemía de placer, en eso descargó en mi mano y bajé a buscar el néctar que tanto había deseado.  Logré tragarme bastante de su sabrosa leche y luego le besé y me masturbé para completar aquel momento  de placer que no sé si volveré a vivir.  Lo que les cuento pasó anoche. Le di mi número de celular, pero no sé si me llamará.  Estaré esperando porque me prometió que en nuestro próximo encuentro quería metérmela toda.  Eso espero y que sea pronto, les contaré si sucede.