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Le di su Premio

Hola amigos soy Nidia trabajo como secretaria en un centro de estudios superior y le di a un alumno por ser muy aplicado una recompensa que ni él mismo se esperaba. 

Diego, así se llama el muchacho que ha sido el mejor amante que he tenido en mi vida, tiene 24 años, un pene grandísimo y muy grueso; yo por mi parte no estoy nada mal, tengo 40 años, pero mis tetas siguen en su lugar y mi culo como es grande vuelve locos a los chicos que ahí estudian, pero solamente a Diego se lo entregué, ya que él también me miraba siempre con mucho deseo. 

Yo siempre lo he notado pero preferí no decir nada ya que siempre es bueno guardar respeto, no puedo negar que deseaba y soñaba con que su verga entrara en mi vagina y también en mi culo y me trataba como una perrita mientras me bombeaba toda. 

Hasta que un día me decidí, fue el último día de sus clases en el centro de estudios, él había venido a hablar conmigo referente a sus papeles, entonces decidí provocarlo, iba de un lado para otro, enseñándole mi trasero, había ido con falda ese día para mostrar también mis piernas, entonces decidí hacer algo para mostrarle a Diego mi culo en toda su dimensión, para que se fuera calentando para nuestro encuentro sexual que ocurriría momentos más tarde, encuentro que ni él mismo sabía que ocurriría, así es que boté unos papeles adrede para tener que recogerlos y al estar esparcidos, le mostraba más tiempo mi culo para que lo deseara con más ansias de lo que ya lo hacía, y eso hice, noté que Diego me miraba con mucho placer y al despedirlo segundos después vi que su miembro estaba duro como piedra, lo cual me excitó muchísimo y me puso aún más caliente que de costumbre. 

Entonces no pude esperar más y como 10 minutos después fui a buscarlo a su aula, lo hice salir y le dije que le iba a dar una sorpresa que la dirección le había dado por ser un buen alumno, entonces Diego no dudó en acompañarme, entramos a la oficina en que le dije que se encontraba su obsequio, ahí le dije que se sentara en la silla y le pedí por favor que cerrara los ojos ya que era una sorpresa, él aceptó mi pedido y una vez que lo hizo, empecé a desnudarme, me quité la blusa, mi falda y por último mi brassiere, tenía mi calzón, pero quería que Diego me lo quitara; entonces me acerqué a él desabroché su pantalón y vi por fin su grande y hermosa verga, era una delicia para mis ojos y una vez afuera, le hacía la paja lentamente para que no se corriera, me acerqué a sus labios y lo besé, con gran emoción noté que me correspondía, entonces me senté en sus piernas, sus manos recorrían cada parte de mi cuerpo con gran pasión y yo estaba como loca por que me penetrara, cogí sus manos e hice que me cogiera de las tetas, le encantaba jugar con ellas, acerqué mis pechos a sus labios y los empezó a lamer y a chupar con desenfreno. 

Sus manos llegaron a mi culo que todavía lo cubría mi calzón, acerqué de nuevo mis labios a los suyos, y antes de terminar el beso Diego me dijo: Creo que ya puedo abrir los ojos ¿no, Nidia?, al escucharlo hablarme así me calentó aún más de lo que ya estaba y cuando abrió los ojos su primera expresión fue: Estás riquísima, mejor que todas las chicas que estudian aquí; lo miré a los ojos y lo besé de nuevo, parecía una colegiala cuando estaba a su lado, entonces miré su pene y comencé a bajar suavemente. 

Al llegar a su miembro, lo tomé entre mis manos, lo acaricié y me lo metí a la boca, le di una mamada como nunca en mi vida porque nunca lo había hecho, ni en la suya porque me dijo: Nidia es tu primera vez mamando una verga ¿verdad?, asentí con la cabeza ya que no quería sacar su verga de mi boca, y me dijo lo haces como una experta que rico la chupas no pares, se la seguí mamando y antes de que se corriera me dijo: Nidia, yo también quiero probar el jugo de tu conchita, yo sonreí y me puse de pie, Diego se acercó a mi, se puso de rodillas y me quitó el calzón, vio mi vagina y me dijo sonriendo es muy linda tu conchita y me la besó, yo me estremecí, me abrió un poco las piernas y me lamió la rajita, abrió mis labios vaginales y jugó con mi pepita, entonces me jaló a mí hacia el suelo colocándome sobre él e hicimos un 69 de lo lindo. 

Él chupaba mi conchita en toda su extensión, yo chupaba su pene con cierta dificultad porque era muy grande, hasta que luego de un momento sentí un nuevo placer, su lengua recorría el agujerito de mi culo y yo ardía en placer, tanto que me vine y le di de tomar mis jugos que él tanto deseaba, al momento que Diego también me daba de su lechita calentita. 

Yo necesitaba de su pene dentro de mi vagina y se lo hice saber diciéndole: Diego, hazme tuya de una vez, tú eres el único que me puede apagar el fuego que llevo por dentro, él se sonrió entonces me volteé, me arrodillé, tomé su verga y la acomodé lentamente en mi conchita, quería sentirla en toda su dimensión y una vez que la tuve toda dentro de mí, di un gemido de placer. 

Diego era un perfecto amante, mientras yo estaba sobre él, me acariciaba todo el cuerpo, y yo meneaba las caderas para sentir como me poseía cada centímetro de su verga, de rato en rato se sentaba y me chupaba los pechos y me daba besos en la boca los cuales yo correspondía con mucho gusto, y con alaridos de pasión. 

Cambiábamos de posiciones por momentos, yo de espaldas a él, luego me echó sobre el suelo de costado y él colocándose atrás de mí me penetró con todas sus fuerzas, hasta que me dijo para hacer la posición del perrito ya que le agradaba mucho y además me dijo que quería ver mi culo mientras me follaba, yo accedí a su petición sin saber lo que me esperaba una vez que estuviera en esa posición. 

Diego me enterró su verga de una sola, yo lancé un gemido que lo excitó mucho y comenzó a bombearme la vagina de una forma frenética, por lo cual yo entré a la dimensión de orgasmos múltiples, me llegaban uno tras otro, creo que hasta me desvanecí un momento y cuando volví en sí, Diego continuaba bombeándome la conchita pero ya más despacio, y empezó a meterme los dedos en mi culito, yo lo dejaba hacerlo sin imaginar lo que él tenía en mente, cuando después de 10 minutos más de bombeo, descargó su lechecita en mi vagina, yo lancé una gemido de placer extremo mientras que de su pene seguía brotando leche, llenándome toda. 

Quería llevarme su pene a mi boca para tomar más lechita, pero cuando sintió que estaba sacándome su verga, me cogió de las caderas con más fuerza, y me dijo: todavía no acabo; y así sujetándome firmemente de las caderas, sacó su pene de mi vagina y la dirigió en la entrada de mi culito, al notar que yo quería escapar de él, me dijo: Nidia, no sé si lo has hecho antes o no, pero tú me dijiste que eras mi premio, así es que puedo hacer lo que me plazca, además no te preocupes no te haré daño. 

Pero Diego, le dije, por ahí nadie me la ha metido, soy virgen por ese hoyito. Mejor aún, me dijo, ahora tu culo quedará marcado con mi semen y será solamente mío. Al oír eso solo me quedó decirle que hiciera lo que quisiese conmigo, porque ahora yo era suya. 

Entonces comenzó a ablandar mi agujerito punteándolo con mucha fuerza, y haciendo fuerza aún mayor para que entrara, yo soltaba algunas lágrimas que aún no sé si eran de alegría por perder la virginidad del culo o de temor de que un pene tan grande me entrara por atrás porque podía hacerme daño. 

Cuando de pronto la cabeza de la vergota de Diego comenzó a entrar en mi cola, yo grité de dolor ¡sácala, me duele mi culo, me duele mi culo no ya no por favor!, le dije, pero él no paraba y siguió metiéndola centímetro a centímetro, hasta que por fin sentí que sus huevos tocaron mi cuerpo, yo continuaba llorando y él empezó a bombear muy despacio, pero al sentir mis quejidos se detuvo, me hizo voltear la cabeza y me dio un largo beso en los labios; mientras tu huequito se acostumbra a mi verga, me dijo, yo sonreí, y luego de un momento comenzó a bombearme la cola despacio, y cada vez iba aumentando más y más el ritmo del bombeo, hasta que mis quejidos de dolor se convirtieron en gemidos y gritos de placer. 

Diego me bombeaba el culo de una manera deliciosa, y yo disfrutaba cada bombeada que me daba; más, sigue, no me la saques, soy tuya Diego sólo tuya, gritaba, mientras él me decía: lo sé, Nidia, lo sé. 

Luego de 30 minutos de estarme dando por el culo, Diego se vino dentro de mí, tenía toda mi cola llena de leche y yo brillaba de felicidad, y Diego me dijo: ahora este culo me pertenece y me dio una palmazo en las nalgas; sí, es todo tuyo, cada vez que quieras meter tu verga en mi culo yo te lo daré con mucho gusto, respondí yo. 

Y así yo caí rendida al suelo y él se tiró sobre mí porque aún tenía su verga metida en mi cola y una vez que salió la tomé entre mis manos y la comencé a chupar con emoción mientras que le decía que él era de ahora en adelante mi único hombre, el único que quería que me cogiera, y el único que me iba a follar. 

Así fue como acabó esta aventura que aún recuerdo con mucha emoción, ya que fue cuando perdí la virginidad de mi colita y además porque todavía sigo siendo la mujer de Diego porque cada vez que viene al instituto me folla y siempre me pide que le de mi culito y yo se lo doy siempre, ahora ya se acostumbró mi culo a su pene así es que ahora es mucho más sabroso el sexo con Diego, porque como lo dije antes ahora él en mi único hombre, el único que me folla, con el único que yo disfruto plenamente y es la única verga que quiero comerme y que me coma. 

Adiós, espero que les haya gustado mi relato, hasta la próxima, besitos a todas las vergas y conchitas, que lo hayan leído. 

¡Me hizo su hembra!

Hola amigos mi nombre es Aracely y les voy a contar la primera vez que me sentí toda una perra, lo que es lógico ya que le mascota de mi amiga me hizo suya. 

Me encantan los animales, y desde ese día les tomé un cariño especial a los perros machos, todo empezó cuando un día mientras mi amigo Diego me bombeaba el culo, me dijo: Ara, eres una completa perra, te juro que harías muy feliz a uno…, yo me quedé helada, sonreí, pero esa idea se me quedó en la mente. 

Ya en mi casa esa estaba caliente, queriendo que una verga me bañe de leche el interior de mi trasero, pero como no había ninguna cerca, decidí masturbarme viendo páginas pornográficas en Internet, cuando entro a una y veo fotos de una mujer como de mi edad que estaba siendo montada por ¡un perro!, me excité aún más de lo que ya estaba, y recordé lo que me dijo Diego mientras me follaba, que sería una excelente perrita, me quedé pensando en eso mientras me masturbaba hasta llegar al orgasmo. 

Días después llegando a mi casa vi a un perro que se quería coger una perra pero la perrita no se dejaba, yo miré la verga del perro y era grandísima, se me hizo agua la boca con solo verla, pero no me lo pude llevar a mi casa, y me masturbé al llegar pensando como ese perro me hacía su hembra, cuando recibí la llamada de mi amiga Erika, diciéndome que si conocía alguien que tuviera una perrita hembra porque quería cruzar a su perro pero no encontraba a alguien de confianza para pedirle, entonces se me ocurrió que talvez yo pudiera ser la perra de la mascota de mi amiga, y le dije que sí pero que era yo quien debía llevarlo, mi amiga aceptó y al día siguiente me trajo al perro, era un siberiano con ojos azules, de color blanco con negro, yo me alegré muchísimo al verlo y pensé que me iba a hacer suya esa misma noche. 

Al tenerlo en mi casa le dije al perro: Diablo (así se llamaba el perro) esta noche vas a tener a tu perrita, lo dejé en mi casa y salí de compras, quise vestirme para él, compré un sostén y un calzoncito nuevo de color rojo por que me encanta ese color, al llegar a casa, me di una ducha a la vez que imaginaba a Diablo haciéndome su hembra. 

Salí de la ducha y me puse la ropa interior especial que me compré para ese momento, miré al perro a los ojos y le dije, tu te vas a comer todo esto en un momento, no sabía como hacer para que el perro me montara, entonces recordé que las perras en celo atraen a los machos por su olor por lo que empecé a masturbarme delante del animal, además recordé que tenía entre la ropa sucia el calzoncito con el que me había masturbado días antes, lo saqué y se lo di al perro, al principio lo olfateó y luego comenzó a lamerlo, al ver eso comencé a excitarme mucho más, lo llamé para que me viera, extendí mi mano que estaba con mi jugo y la comenzó a lamer también, acerqué la mano a mi conchita y al oler también ahí mis jugos el perro comenzó a darme una lamida espectacular, yo gritaba de placer ¡Aaaaahhhh, uhmmmmmmm, sigue, Diablo, sigue, soy tu perrita!, el perro se metía con su hocico cada vez más en mi conchita, cuando no pude más y comencé a buscar su verga con mi mano y al tocarla salió de su capullo, crecía más y más y yo pensaba ¿Cómo me va a entrar todo eso? pero no me importaba solo quería que Diablo me follara como una perra, como lo que soy. 

Entonces bajé y vi su enorme verga de perro, roja y bien parada, me la metí a la boca con cierto recelo pero al probarla me sentí como en el cielo entonces como el perro estaba excitadísimo comenzó a bombear en mi boca como si estuviese en mi vagina, yo estaba encantada, pero yo quería su leche dentro de mi, entonces la saqué de mi boca porque creció aún más y casi me ahogo, me terminé de desnudar y apoyándome en el sofá le entregué mi vagina y mi culo a ver donde entraba y el perro, al parecer entendiendo, se trepó rápido ya que en mí veía a su perra en celo. 

Su verga hacía de todo por entrar en mí pero no embocaba entonces agarré la verga de Diablo con la mano y la dirigí a la entrada de mi vagina, al sentir la entrada de mi concha en la punta de su pene el perro entró sin compasión y me la metió entera de un solo tranco, yo grité de dolor por que pensaba que me había hecho daño, cuando me empezó a culear de una manera criminal, yo gritaba ¡bájate, ya no quiero, me haces daño!, pero el perro no entendía y arremetía aún más fuerte contra mi vagina, y de pronto comencé a alcanzar el orgasmo y mis gritos de dolor se esfumaron pero quedaron los de placer ¡Diablo, sigue cómete a tu perrita, dale más verga, a tu puta!, y el perro me seguía bombeando de una manera deliciosa cuando siento que una bola de mayor tamaño entra a mi conchita, y yo di un grito ahogado al momento que alcanzaba otro orgasmo, ¡ahhhhhhhhhhhhhhhhhhh siiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiií! grité yo y el perro se quedó atorado en mí vagina y sentía como su semen entraba en mí, yo le decía, sí Diablito, preña a tu perra, cuando el perro pasó su pata por detrás y quedamos culo con culo mientras Diablo me seguía llenando de semen. 

Luego de 20 minutos el perro salió de mi conchita y empezó a lamerse el miembro, yo sentía mi conchita un poco adolorida y llena de semen de perro, entonces al ver a Diablo lamiéndose su verga decidí ayudarlo a modo de agradecimiento por lo que me había hecho sentir, así comencé a darle una mamada, cuando de pronto su pene se puso duro otra vez y el perro volvió a excitarse, entonces como yo estaba bien excitada me entregué a Diablo de nuevo diciéndole ¿Quieres montarte a tu perrita de nuevo?, el perro me movió la cola, entonces le dije, como me has dejado doliendo la conchita entonces sólo queda que te entregue mi culo, el perro me quedó mirando y yo como toda buena puta, que quiere que su macho la cabalgue bajé más las caderas para que Diablo alcance mi ojete y al verme así el perro vino hacia mí y me montó otra vez y le atinó porque justo su vergota dio en el ojito de mi culo entonces al sentir su verga ahí le ayudé a que me metiera la punta de su herramienta y una vez que la metió me la enterró entera en el ojete sin darme un segundo para darme por enterada, y yo grité ¡Diablo nooooooooooooo, ahhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhahhhhhhhhhahhhhhhh! al momento que un nuevo orgasmo invadía mi ser. 

El perro me bombeó todito el culo, estuvo sobre mi como 30 minutos, yo en cada arremetida de mi macho daba alaridos de placer, alcanzando un orgasmo tras otro y uno mejor que el anterior pero peor que el siguiente, yo gritaba como loca, ¡Diablo, tu eres mi macho! ¡No me la saques perrito por favor! ¡Ahhhhahhhahhhahahahahaha, sigue, Diablo, sigue, dale duro a tu perrita, dame más duro Diablo que soy tu puta! y mientras gritaba como desquiciada y tenía más orgasmos y gozaba más que una ninfómana, el Diablo me seguía dando hasta que sentí su bulto entrando a mi culo y yo comencé a derramar lágrimas por el dolor que sentía, pero no gritaba, porque era el mejor momento de mi vida, nunca me había sentido así tan puta, tan perra, y mientras pensaba eso, Diablo llenaba mi culote con su lechecita y yo estaba feliz, porque era la mejor verga que alguna vez me hayan metido. 

Dos días después llegó Erika a mi casa para llevarse a su can, yo me puse un poco triste y al ver mi amiga mi estado de ánimo preguntó porqué y yo contesté que me había divertido mucho con Diablo (¡y de que forma!) y que me daba pena que se fuera, mi amiga sonrió y se despidió, yo veía como se iba mi macho mientras yo me quedaba como una perrita triste sin su compañero. 

Semanas después, Erika me contó que le había pasado algo muy extraño, que al salir de la ducha estaba desnuda y al ir a su dormitorio vio a Diablo ahí, lo cual era normal, pero que cuando se agachó para sacar sus pantuflas que estaban bajo su cama, el animalito se le trepó y como ya era un experto (ya que aprendió conmigo) le atinó a la vagina y la violó (según sus propias palabras) y se sentía mal pero no porque su perro la hubiera violado, sino porque fue ese el mejor sexo de su vida y a la vez se sentía feliz, porque tenía a su mejor amante en su casa, y también me dijo que ya no se lo iba a prestar a ninguna perrita porque de ahora en adelante ella iba a ser su hembra. 

Yo aún continúo masturbándome recordando ese día, de vez en cuando dejo que algún perro callejero me folle y así me siento muy bien conmigo misma, ahora he pensado decirle a Erika para una noche compartir a Diablo para que nos folle a las dos.  

Una Experiencia Muy Placentera

Hola mi nombre es Jacqueline pero en el instituto donde estudio me conocen como Jacqui, la historia que les contaré transcurre justamente en el instituto, lugar donde perdí mi virginidad y tuve mi primera experiencia lésbica, esta historia se refiere a mi primera experiencia en un trío con mi amiga Inger y un conocido por las dos como es Diego, ya que él nos desvirgó a las dos. 

A Inger y a mi nos mandaron a recoger unos documentos de la oficina de uno de los profesores, una vez en la oficina mientras buscamos los documentos nos pusimos a conversar, cuando de pronto Inger me cogió el culito, cosa que a mi me gustó mucho. 

Yo estoy muy satisfecha con mi cuerpo, soy morocha, tengo 22 años, unos senos redonditos y bien proporcionados al igual que mi trasero que es muy firme, muchos de mis amigos lo desean pero sólo Diego lo ha hecho suyo. Inger también tiene lo suyo es más alta que yo, es blanca, tiene 20 añitos, unos senos pequeños y redonditos que son una delicia, y un culito muy rico de lo redondito que es, si lo sabré yo que hemos pasado tantas noches juntas, ella es una experta en el sexo, su maestro al igual que el mío fue Diego, y aunque también es deseada por los chicos, nosotros somos fieles (por ahora) al hombre que nos quitó la virginidad de nuestras conchitas y nuestro culito y con el que tenemos el mejor sexo de nuestra vida. 

Como decía Inger me tocó el trasero, y yo la miré con cara de complicidad, nos acercamos y empezamos a besarnos en los labios, y a quitarnos la ropa. Yo le abrí el pantalón a Inger mientras ella abría mi blusa y jugaba con mis pechos, yo mientras le sobaba su conchita y le metía un dedo en ella, cuando de repente sonó el celular de Inger y tuvo que salir porque en esa oficina hay muy mala recepción, los minutos pasaban, y mientras esperaba con ansias a que regresara Inger, tuve una sorpresa inesperada; me abrazaron por detrás sus manos tocaron mi conchita aún cubierta por el pantalón y mis tetas cubiertas también por mi blusa, al sentirme tocada así solo podía ser una persona. 

Adivina quien soy, me dijo, y yo sonreí y respondí eres tú Diego, mi amor, me volteé y por supuesto era el, lo sabía le dije mientras lo besaba con locura y él que me agarraba el culote que tengo, mi culo que es solamente suyo. 

Diego me sacó rápidamente la blusa, mi sostén y mi pantalón me dejó sólo con una tanguita que también me había puesto, luego que me desnudó me besó cada poro de mi cuerpo, mientras yo me excitaba cada vez más, Diego se concentró en mis pezones y los chupaba de una manera deliciosa al igual que mis tetas, las lamía centímetro a centímetro, con cada paso de su lengua me excitaba cada vez más, le bajé el zipper del pantalón y le comencé a hacer una paja mientras me lamía toda y besaba mis labios. 

A modo de agradecimiento, me arrodillé ante él, le quité el pantalón y el boxer que traía puesto y por fin vi la mazorca que me había hecho mujer y por la cual me había vuelto una putita en la cama, al verla me volví loca y recordé todos los momentos que él me había hecho suya, porque mi culito aún le pertenecía sólo a él, y comencé a chuparla con locura, a Diego parecía agradarle mucho, gozaba mucho con mi mamada, estaba segura que le encantaba “mi perrita consentida” me llamaba y yo me llenaba de satisfacción cuando me llamaba así, porque me hacía sentir completamente suya.

Luego de estarle mamando la verga por 20 minutos y de haberme tomado su semen, Diego me hizo parar y me bajó el calzón, se sentó en una silla, y yo me coloqué sobre él enterrando toda su verga en mi vagina, sentía como entraba cada centímetro de su trozo en mí y una vez dentro comenzó a bombear mi conchita con desenfreno y yo deliraba de placer de pronto cuando estaba a punto de alcanzar el orgasmo llamaron a la puerta, me asusté pero al preguntar quien era me respondieron “Inger” así es que saqué la verga de Diego de mi conchita y fui a abrir la puerta así desnuda como estaba. 

Al abrir la puerta Inger estaba ahí sola (por suerte) y al verme desnuda se excitó muchísimo, exclamó ¡Mi amor, estás bellísima! y se abalanzó sobre mí dándome un beso profundo y largo en mis labios, al advertir Inger la presencia de Diego en la oficina comprendió lo que estábamos haciendo y eso la excitó aún más y se puso aún más calentona cuando Diego le preguntó ¿nos acompañas? Inger dejó de besarme y sonrió dijo Pensé que no me incluirían, Diego se acercó y me dijo Jacqui, Inger no puede estar así vestida tenemos que hacer algo, yo le guiñé el ojo a manera de complicidad, Diego besó la boca de Inger y bajó para quitarle los pantalones y el calzón mientras yo le quitaba el top y su brassiere, Diego al ver su conchita la comenzó a chupar, yo le sobaba las tetas tan lindas que tiene Inger y le besaba los labios. 

Diego dejó de chuparle la concha a Inger y se fue a sentar a la silla donde me estaba cogiendo, fuimos tras él y comenzamos Inger y yo a chuparle la verga, la compartíamos, primero Inger y luego yo, o sino yo chupaba el tronco e Inger le chupaba los huevos y viceversa, luego de haberla chupado, y de haber compartido la lechita de Diego en partes iguales, nos entregamos a él. 

Diego comenzó conmigo, me puso sobre su verga y me la enterró de una sola en mi conchita, me bombeaba de una manera deliciosa, y mientras lo hacía, Inger nos besaba a ambos, primero a Diego y luego a mí, Inger me besaba en los labios y luego besaba mis tetas, las chupaba con locura y yo me llenaba y gritaba del placer que me estaban dando Inger y Diego, Inger se arrodilló y comenzó a lamer mi ojete yo me llenaba de placer, a Diego también le chupaba los huevos, por momentos Diego sacaba la verga de mi vagina, le daba de chupar a Inger y ella luego de chuparla la metía nuevamente a mi conchita y Diego me seguía bombeando. 

Párate me dijo Diego y yo lo hice enseguida, me volteé y ya sabía lo que me tocaba, Inger y Diego se concentraron en mi culo me hicieron inclinarme y mientras Inger chupaba mi culo, Diego lo hacía con mi conchita, me metían los dedos al culo y a la vagina, yo estaba en las nubes, cuando no pude más y grité ¡Diego, por favor méteme la verga al culo, ya no aguanto más!, OK me dijo Diego tus deseos son órdenes; pero antes de metérmela al culo le hizo chupar a Inger su verga y luego de una buena mamada de Inger me la empezó a meter. 

¡Aaaaahhhhhhhhhhhhhhh, aaaaaaaaaaahhhhhhhhhhhhhhhh! grité, la verga de Diego estaba riquísima bien parada y bien gruesa sentí como me entraba toda en mi hoyito, una vez dentro me bombeaba fuerte y parejo todo el culito y causaba una revolución placentera en mi interior, de rato en rato sacaba la verga de mi culo, le hacía chupar a Inger la verga y mi culo y la volvía a meter, hasta que después de 3 ocasiones y luego de dos orgasmos míos, me bombeó el culo 10 minutos seguidos y sin descanso para acabar y llenarme con su leche calentita, luego de un rato la sacó, Inger se encargó de limpiarle a Diego la verga y a mí me lamió el culito para tomarse la leche que caía para no desperdiciarla. 

Yo estaba llena de semen por todos mis huecos y feliz obviamente, así es que luego le tocó el turno a Inger, la hicimos poner en 4 patas yo me puse debajo de ella como en la pose del 69, Diego se puso sobre las dos y antes de meterle la herramienta a Inger, se la chupé un poco al igual que el culo y la conchita de Inger, luego Diego procedió a introducirle el pene en el culo y ella gritó de placer, luego comenzó a bombearla igual que a mí, pero para darle aún más placer a Inger y que se corriera más rápido yo le lamía su conchita que estaba deliciosa. 

Diego le llenó el culito con leche después de 30 minutos seguidos de estarla bombeando con la misma fuerza que a mí, la besó y luego le sacó el pene del culo, entonces Inger y yo comenzamos a hacer un 69, Inger era una experta lamiendo mi conchita la recorría todita, de arriba abajo y en círculos, hasta que se encontraba con mi clítoris y jugaba con él utilizando su lengüita sabrosa, luego de un buen rato, nos pusimos de pie, y nos dirigimos donde Diego que se corría la paja viendo lo que él llamaba un hermoso espectáculo que era vernos a mí y a Inger haciendo el amor, le quitamos las manos y se la comenzamos a chupar de nuevo hasta que Diego se vino en nuestras boquitas y como seguía botando chorros de leche, empezó a bañarnos con ella, terminamos con el cuerpo regado y lleno de semen. 

Después Inger y Diego me vistieron luego de que Inger y yo nos lamimos mutuamente todo el cuerpo para limpiarlo de la deliciosa lechita de Diego, yo besé a los dos en los labios, Inger cogió mis senos y Diego me metió la mano al culo, luego de esa manoseada que me encantó me retiré y mientras me iba observé como Inger se inclinaba otra vez ante Diego, nuestro hombre, y también vi a Diego metiéndole la verga al culo otra vez, me sonreí de ver como Diego se follaba a mi amiga, feliz por ella porque la verga de Diego es incomparable y por él por que sé que le encanta el culito de Inger y que le encanta tenerlo a su disposición (y nosotras tenemos nuestro culito a disposición de Diego, somos sus putitas), y así entre gritos y gemidos de Inger salí de la oficina, feliz por esta nueva experiencia, la mejor de todas ya que hice el amor con los dos mejores amantes que una chica pudiera tener, el hombre que me quitó la virginidad que es mi macho, y mi mejor amiga que es la chica con la que cualquier chica quisiera estar.

Mi Amigo me hizo la Cola… ¡Y fue delicioso!

Hola mi nombre es Jesse y les voy a contar de la ocasión cuando por primera vez mi amigo y mi mejor amante me hizo sentir una mujer. 

Soy un poco gordito, tengo el pene muy pequeñito, me encanta vestirme de mujercita ya que me siento una, aunque de chico lo negaba me encantaban los hombres, en los vestidores del colegio luego de las clases de gimnasia veía sus miembros de reojo mientras nos aseábamos, me moría por chupar alguna de esas vergas o que alguna me entrara pero me reprimía ya que no se que me dirían mis compañeros. 

Pasaba el tiempo y yo sentía aún más ganas de que un hombre me la metiera en mi anito y me diera su lechita, quería saborearla para disfrutar de ese manjar exquisito que es el semen de un macho, pero no hubo oportunidad sino hasta quinto año del colegio cuando quedé sólo en el salón con mi amigo Diego.  

Todos mis compañeros se referían a mi amaneramiento (que era evidente) en algún momento y aunque no me lo decían en mi cara yo lo notaba, el día que me quedé a solas con Diego en el aula, él sacó una revista de esas con mujeres desnudas y como supuestamente estábamos entre hombres sin ninguna demora sacó su pene y empezó a masturbarse en mi delante, yo miraba como crecía su verga y lo dura que estaba, que delicia pensaba y me imaginaba que me hacía su mujer, penetrándome dándome a chupar su pene delicioso que medía como unos 22 cm de largo y 5 cm de grosor, lo miraba sin que se diera cuenta pero llegó un momento en que Diego se percató de lo que yo hacía y aunque traté de voltearme ya era demasiado tarde. 

Diego vino hacia mí con la verga ya guardada, yo estaba con la cabeza puesta sobre mi carpeta entonces Diego me llamó y me dijo Jesse, te tengo una sorpresa, cierra los ojos; yo los cerré y me dijo abre la boca, yo lo hice de inmediato cuando sentí algo duro entrando a mi boca, entonces Diego me dijo, no abras los ojos y no muerdas solo chupa ¿ok?, yo asentí y me dediqué a chupar, en mi corazón yo estaba contento sabía que era su verga la que chupaba pero mi cabeza lo quería rechazar, Diego me sujetó la cabeza y empezó a arremeter más rápido en mi boca luego de 5 minutos más sentí por primera vez el sabor del semen de un hombre en mi boca, Diego me dijo ahora abre los ojos yo los abrí y al ver su pene dentro de mi boca lo empujé hacia atrás y le grité ¡como pudiste! Diego me dijo si no quieres es tu problema y se fue a su silla, se continuó masturbando viendo la revista y yo continué mirándolo, cuando de pronto no pude más salí de mi asiento y me dirigí hacia él, me arrodillé ante él, aparté sus manos y metí su aparato de nuevo a mi boca para chuparlo otra vez, Diego me dijo: eres toda una putita, me la chupas muy bien, yo estaba feliz porque me trataba como una señorita yo era su putita y no tenía miedo que me rechazara. Eres una maricona chupa verga, me dijo Diego y yo asentí con la cabeza. 

Luego de mamársela por media hora me tomé de nuevo su leche y estaba deliciosa, le limpié todito su pene con mi lengua, que rico que chupas la verga puta, me dijo, yo sonreí y de pronto Diego me dijo: tengo una idea se acercó a mí me reclinó sobre el pupitre del profesor y me comenzó a puntear el culo, mi pene pequeñito estaba excitadísimo, cuando Diego me desabrochó el pantalón dejando al descubierto mi ropa interior que era un calzoncito blanco con un lacito rosado, que rico calzón me dijo Diego, desde hace cuanto que los usas me preguntó, desde el año pasado respondí yo y al parecer eso le excitó aún más porque comenzó a puntearme con más fuerza y su pene lo sentía mucho más duro que antes. 

Yo estaba excitadísima mi sueño se estaba haciendo realidad al fin me iba a abrir un hombre pero me daba miedo que le hiciera daño a mi culito porque su pene era muy grande, y de pronto Diego me preguntó ¿Ya te la han metido?, No, respondí yo, y continuó preguntando ¿Dejarías que yo te meta mi pene? quiero meterte mi pene al culo; no sé, respondí, anda déjame, continuó Diego, si tu eres un mariconcito estás rica utilizas calzoncitos, deja que te inaugure el culito, deja que te haga mi mujer, al escuchar eso me volví loca me dijo lo que yo quería escuchar que sería una mujer y que le pertenecería a un hombre, pero me seguí resistiendo no aún no, dije con firmeza pero él continúo insistiendo, ya pues si ya te lo metiste a la boca y te gustó además falta sólo que te quite el calzón para poder disfrutar de tu culito rico. 

Diego tenía razón ya me había metido su pene a la boca y había descubierto que yo era un hombrecito que utilizaba calzones de mujer entonces no me quedó de otra que aceptar, Bueno papi, le dije, si tanto lo deseas métemelo, hazme tu mujer, pero despacito que recién tú vas a estrenar mi culo; sí, me dijo, no te preocupes; entonces me bajó el calzón se paró y apoyó su vergota en mi culito, ábrete las nalgas me ordenó, yo lo hice, entonces vio mi agujerito y dijo aquí va. La verga de Diego dura y grande como estaba arremetía contra mi culito queriendo entrar, como estaba virgen no entraba fácilmente, entonces Diego utilizó más fuerza y metió su cabezón en mi agujerito, yo me mordí los labios del dolor, cuando sentí que toda la verga de mi macho estaba dentro de mí. 

¡Ahhhhhhhhhhhhhhhh! grité, Diego me dijo calma que te va a gustar primero voy a dejar que tu culito se acostumbre a mi verga, estuvo metido un par de minutos sin moverse, yo meneaba las caderas para sentirla toda al notar Diego que me movía mucho dijo que putona ya quieres que te bombee la cola, y comenzó con el mete y saca, me bombeaba todito y yo al principio lloraba de dolor, ¡por favor sácamela, ya no sigas! , y Diego que me contestaba, ¡yo la saco después de llenar este culo, yo la saco cuando yo quiero, puta!, yo asentí con lágrimas en los ojos, pero luego mis quejidos de dolor se convirtieron en gemidos de placer, sigue, sigue Diego, no pares, le decía, que bien ahora si pareces toda una puta me contestaba, se sentía riquísimo tener esa verga tan grande dentro de mi culo, y así continuó bombeándome durante 10 minutos más cuando sentí la delicia más grande que una mujer pueda tener, su leche calentita en el interior de mi culito, ¿te gustó? me preguntó mientras que seguía llenándome la colita con su leche; muchísimo, me encanta tu verga, respondí yo, cuando su pene se puso flácido salió de mí, yo estaba feliz, por fin era toda una señorita mi virginidad le pertenecía a un macho que me había hecho sentir toda una puta, cuando se sentó Diego en su silla me llamó para que se la chupara a lo que yo accedí y mientras la chupaba sentí como se le iba poniendo tiesa de nuevo yo me asusté un poco porque aún me dolía un poco el culito y no quería que me la metiera pero el sujetó mi cabeza y yo le seguí mamando el pene hasta que me dio de tomar su deliciosa lechecita. 

Ahora eres mi puta, me dijo, yo le dije que sí, me ordenó que sólo sea su mujer que mientras esté en la escuela él era el único que podía metérmela porque mi colita era suya, yo por supuesto que le dije que sí, mientras le seguía mamando la verga, feliz por ser al fin toda una mujer a los ojos de mi único macho en ese momento. 

Luego de ese día seguí siendo su mujer, me ordenó que orine sentado, que sólo utilice calzoncitos y que cada vez que el necesitara mi culo se lo tenía que dar, yo acepté todos los pedidos de mi macho ya que el me hacía feliz, como lo hacíamos muchas veces mi culo se acostumbró rápidamente al tamaño de su verga, a veces yo me iba al baño, él salía luego tocaba la puerta donde estaba yo y como ahora me sentaba para orinar me ordenaba que se la chupara mientras lo hacía y yo feliz de hacerlo porque luego de acabar de mamársela el se encargaba de meterme su vergota en mi agujerito y así me hacía su mujercita, y mi culito fue solo suyo hasta que salimos de la escuela, porque ahora mi culito goloso tiene muchas vergas que cuando quieren la pueden meter y aún quiero muchas más (una vez me compartieron dos amigos y me penetraron los dos a la vez), pero a veces yo lo busco para pedirle que me meta la suya y él acepta entonces me vuelve a meter ese hermoso palo que me hizo sentir toda una mujer por primera vez y más aún que me convirtió en una perrita come verga.

Hechizo de amor

Gustavo Sebastián Macías se introdujo entre las blancas y perfumadas sábanas de la cama. Dado que la noche era algo fresca, se tapó, asimismo, con una delgada colcha de lana. Estaba definitivamente nervioso. Su corazón latía como si se tratara del furibundo redoble de algún bélico tambor y parecía querer escapar, enloquecido, de la perenne prisión de su tórax.

     Con sus veintitrés años, en la flor de la juventud y como tantos otros, tenía especial predilección por todo lo atinente al denominado «bello sexo».

     Nunca había sido un extraordinario amador, si ello habría de medirse por su potencia sexual y por sus dotes de conquistador, de lo que él se lamentaba profundamente, especialmente cuando escuchaba, embelesado, las maravillosas aventuras donjuanescas que algunos de sus compañeros narraban y que más se desarrollaban en los jactanciosos escenarios de mentes frondosas y libidinosas, que en la realidad de los hechos. En cambio, sí era posible calificarle de tal suerte, si se tomaba en consideración la exuberancia de su idealizada imaginación amatoria y de las emociones que entonces su corazón le suscitaba. Pues, Gustavo Sebastián era dado en extremo a idealizar la condición de la mujer; vivía pensando en ellas: amándolas, sirviéndolas, acariciándolas, entregándoles lo más puro y querido de su acervo.

     En resumidas cuentas, la vida sentimental de Gustavo Sebastián le había deparado una serie de experiencias de mayor o menor satisfacción. Muchas de las de tipo sexual, eran de carácter frustrante: alguna que otra chiquilla de voluble temperamento y de imaginación infantil y devastadora; las relacionadas con aquellas prostitutas que sólo atinaban a instar la pronta conclusión del acto, en su avara predisposición por no diluir la «producción» del día, y otras por el estilo.

     Por otra parte, en varias ocasiones, había tenido problemas con la erección de su miembro viril, que se negaba al comportamiento adecuado en circunstancias críticas, si bien de manera contingente, de forma tal que siempre lo pudo atribuir a algún tipo de cansancio físico o mental o, más generalmente, a su temperamento incorregiblemente nervioso. Pero como en las más de las ocasiones, ese órgano había respondido bien, fue echando sus fallos en olvido, asiéndose a la conclusión que, como en todas las cosas relativas a los avatares humanos, también en la emergencia sexual había que contar con triunfos, derrotas y, según como se quiera mirar, uno u otro «a medias».

     Mas, Gustavo Sebastián poseía una envidiable particularidad: gozaba entre sus camaradas de merecida fama de estar dotado de un miembro viril de generosas dimensiones, mentas éstas que procedían desde la época de su adolescencia, en que se había hecho acreedor a tal renombre. En efecto, por aquellos tiempos solía intervenir en esas típicas contiendas, juveniles y jaraneras, conducentes a determinar el pene de mayores dimensiones entre los integrantes de la varonil cofradía… y siempre había resultado ganador. Era, en efecto, poseedor de uno de notable envergadura, hecho que le había prodigado cierto orgullo durante aquella época de su vida, pero que ya había echado en sano olvido.

     Ahora Gustavo Sebastián contemplaba con inusual admiración a la escultural y sensual Sofía. Se hallaba en el departamento de ella… Y la cama en que yacía era la de ella… Y se preguntaba cómo había ido a parar allí.

     Con toda parsimonia, dando muestras de total seguridad en sí misma, iba ella despojándose de sus prendas, a las que prolijamente acomodaba en una silla.

     Tenía alrededor de treinta años y era portadora de una belleza realmente esplendorosa, lo que ponía una cuota adicional de nerviosismo en las melindrosas mientes de Gustavo Sebastián.

     En efecto: en su casi adolescente inseguridad, se preguntaba cómo era posible que Sofía haya puesto sus ojos justamente en él… Siempre la había visto pasar, con su ondulante e insinuante andar… Provocando entre sus cofrades ondas de generalizada admiración, jadeos y profundos silencios, en medio de densas y escrutadoras miradas, inflamadas de ardientes deseos. Y jamás se le había ocurrido pensar que podía llegar a ser acreedor a semejante bocado.

     «Es que Sofía… ¡es realmente bella!», no se cansaba de repetirlo…

     Rostro angelical en el que, frente a su lujuriosa expresión general, se dibujaban rasgos de candorosa inocencia. Pechos redondeados y ubérrimos cuya armoniosa y suelta oscilación con el andar de gacela de su portadora, provocaba enajenantes delirios. Caderas de formas insinuantes que sabían menearse en acompasado contrapunto con los carnosos glúteos. Pantorrillas admirablemente contorneadas que sólo pudieron ser fruto de algún celestial artesano venusiano. Pies diminutos, quizá algo fuera de escala con su estampa de portentosa majestuosidad. Su voz, más bien de tono grave, fluye en una suerte de hilvanados suspiros y como entonando beatíficos himnos de amor. Sus cabellos, negros, lacios y sedosos, constituyen una incontrolable insinuación a la tersa caricia de la palma. Su piel, ¡ah, su piel!… sólo creada para aspirar sensual fragancia en besos arrobadores… ¿Para qué seguir? Era obvio que por este camino Gustavo Sebastián acabaría por enloquecer…

     Por todos aquellos atributos, gozaba Sofía de merecida fama en esos alrededores. A la hora de mentar las delicias del bello sexo (lo cual ocurría con frecuencia artera en aquella grey juvenil), ella era la referencia obligada que presidía, cual summa summarum del símbolo sexual, toda otra consideración. Demás está decir que, en forma simétrica a esas edulcoradas apreciaciones masculinas, se deslizaba insidiosamente una caterva de recelos por parte de muchas competidoras que veían dramáticamente opacar sus atractivos, ante la presencia intempestiva de la bella.

     ––¿Por qué a mí?… ¿Justo a mí?… ¿Sólo a mí?… —se repetía, temeroso, Gustavo Sebastián.

     Desde muy joven se había conformado a una consciencia escasamente gratificante de su ego. Creía, en efecto, que su convencional figura varonil no era precisamente de esas que arrancan suspiros de los pechos femeninos, aunque tampoco debía considerarse mal parecido. De estatura superior a la normal y de complexión más bien robusta, Gustavo Sebastián entendía que esas favorables condiciones de su apariencia, no alcanzaban para equilibrar la escasa cuantía de aquellas otras, capaces de ejercer influjo en las mujeres y que, según él reputaba, se hallaban muy en las medianías de su ser.

     ¿Acaso le interesaría a Sofía el hecho de su inminente graduación en la Escuela de Arquitectura? Decididamente, ¡no!; sus contactos previos con ella le llevaron, en forma casi inmediata, a la conclusión de que los mundos de lo intelectual y de lo artístico eran ilustres desconocidos en el ser de Sofía. Ni siquiera había mostrado barruntos de perseguir, a través de una relación ventajosa, el bienestar económico y las comodidades que en tales condiciones el mundo suele prodigar. Sofía era, antes que nada, la encarnación de la Diosa Venus…, la consubstanciación del sexo y la lujuria… y, según lo sospechaba Gustavo Sebastián, había en ella más de un enigma que le intrigaba y que le resultaba muy difícil de desentrañar.

     ¿Por qué, pues, le había elegido a él?… ¡Él, que no había realizado el mínimo intento de seducción! No porque no ansiara los favores de aquella codiciada criatura, sino porque tal objetivo no enrasaba con su debilitada autoestima. De cualquier modo que fuere, lo cierto es que Sofía lo había elegido a él, en medio de la sorpresa general de sus compañeros y de la envidia poco disimulada de quienes, poseídos por ínfulas de galanes, creían ostentar mejores títulos para el caso.

     Por aquellos signos inequívocos que toda mujer sabe poner de manifiesto para comunicar sus deseos y elecciones, Sofía extrajo para sí a Gustavo Sebastián Macías del varonil conjunto de suspirantes admiradores, con la facilidad con que se saca una carta de la baraja o como se elige un plato de comida en un bien surtido restaurante. El joven Macías, alelado, enajenado, entontecido a ultranza, no hizo más que cumplir los designios de la bella y, debido a su naturaleza gentil, obvió toda ostentación ante la incrédula y resentida mirada de sus cofrades.

     Y ahora, unos días después, se hallaba en el departamento de ella… en la cama de ella… ¡a la espera de ella!… Que, con toda parsimonia, continuaba en la insinuante tarea de despojarse de sus prendas y de acomodarlas en la silla, con exasperante prolijidad.

     Finalmente, Sofía, la bella Sofía, vino a quedar tal como su madre la arrojó al mundo, sólo que con las modificaciones que le endosaron las tres décadas que transcurrieron y a las que sólo los más sofisticados poemas pueden dar cumplido canto…

     Erguía, algo alejado de la cama, su cuerpo esbelto y escultural.

     Su piel, un tanto morena, era del todo tersa y suave, tal como lo había vislumbrado el azorado Gustavo Sebastián al otear, en sus primeras salidas con ella, las superficies del cuerpo que normalmente se llevan descubiertas.

     En su estudiada exhibición, levantó ella sus brazos colocando las palmas de sus manos en la parte posterior de la cabeza y, lanzando al joven una penetrante mirada rezumante de lascivia, acabó por realizar un gracioso movimiento de contoneo, al par que giraba sutilmente sobre sus pies con el objeto de completar la exposición de su maravilloso cuerpo en los 360 grados de su circunferencia.

     Macías, estático, permanecía deslumbrado.

     Mas no pudo evitar un nuevo gesto de admiración al observar la lujuriante y sedosa negrura de su monte de Venus. Quedó pasmado. Jamás en su vida había contemplado una espesura venusiana de tan hirsuta belleza, en la que se adivinaba la sedosidad de su contextura.

     «Sólo le falta -pensó- el contacto con mi propia piel… Prodigarle la contenida caricia, para agregar el adicional de voluptuosidad en la percepción de la sutileza y tersura de tan inédita vellosidad.»

     Luego de esta excitante escena de presentación, Sofía se introdujo en la cama dispuesta a iniciar la acción.

     El joven dirigió incontinenti su mano, ávida de la preconcebida caricia, hacia aquel foco velloso, antesala de la cámara del amor, y, tal como lo había imaginado, recibió una salvaje descarga de deleite: la región estaba ya impregnada de un oleoso humor de incitante aroma.

     Instantes después, ella desplazó algo abruptamente la sábana y la fina manta que cubrían sus cuerpos y las arrojó a un costado, directamente al piso, quedando en consecuencia, ambos al descubierto.

     Comenzó entonces a acariciar el miembro masculino de Gustavo Sebastián -que se hallaba acostado sobre su espalda- ya con sus delicadas manos, ya con su anhelante boca. Demostraba en ello una ostensible maestría.

     Entonces el joven tomó contacto con una realidad que había escapado a su percepción: con horror, vino a comprobar que, como ocurriera en algunas otras ocasiones, su miembro se negaba a una erección digna de la circunstancia. Si bien no había permanecido inerte y casi seguramente le permitiría consumar el amor en ciernes, Gustavo Sebastián estaba lejos de quedar conforme con el grado de afilamiento que su herramienta estaba adquiriendo, pese a las incitantes caricias que el experto arte de la Venus le prodigaba.

     —¡Otra vez, estos malditos nervios me están traicionando! —dijo con un excusante susurro.

     —Ocurre que esta ‘cosa’ que posees —replicó la bella—, es de generosas dimensiones. Y cuando es así, no es de extrañar que sean lentas y perezosas. Y corres el peligro, pequeño Gustavo, de dejar sin sangre suficiente a otras partes del cuerpo —agregó en tono sonriente y algo exagerado, no pudiendo disimular su ostensible glotonería.

     Como la exhalación del lampo, la luz se hizo en la mente del joven.

     —¡Ahora todo está claro! —Reflexionó—; Sofía se ha llevado de las mentas acerca de las «generosas dimensiones» de mi hoy atribulado miembro viril. Y es evidente que semejante hembra ha de tener un especial requerimiento al respecto, digno de su condición apabullante…

     Y así era en efecto. Aquella fama había filtrado los muros de lo que no era otra cosa que una divertida competencia entre un grupo de amigos jaraneros y que, según pensaba Gustavo Sebastián, quedaría confinada en el reducto de esa grey. Ahora… ¡todo resultaba aclarado!: la bella Sofía, la codiciada Venus, le había elegido precisamente a él por la fama de su híper-dimensionado atributo… De lo cual ahora volvía a tomar conciencia y, sin poderse explicar el por qué, sintió que un flujo de incipiente terror le atravesó todo el cuerpo.

     Entretanto, la apasionada Sofía continuaba con sus sutiles y variadas caricias al semi-indolente miembro de Gustavo Sebastián que, muy despaciosamente, iba ganando envergadura. Pero al final, después de una insistencia más o menos prolongada, pareció arribar a un cierto grado de erección, negándose obcecadamente a pasar más allá de ese punto.

     Sofía le miró en forma inquisitiva y le sonrió comprensivamente. Él permanecía algo humillado y bajó la vista.

     —No te preocupes, pequeño Gustavo —apuntó ella—. No es más que un pequeño guijarro en el camino. Pronto lo habremos de solucionar. Confía en mí y en ti.

     Y prestamente saltó de la cama y desapareció de la habitación por una estrecha puerta, que hasta ese instante había pasado desapercibida para el joven. Quedó algo extrañado por tan inopinada retirada. Empero, tras un breve lapso, ella regresó al lecho portadora de una hermosa pluma de ave, que lucía blanca en su base y azulada en el suave extremo.

     Sin pronunciar palabra alguna, volvió a acostarse poniendo su torso casi perpendicular al cuerpo de Gustavo Sebastián. Aplicó un fresco y húmedo beso a su vientre y luego fue a apoyar su mejilla sobre él, mirando hacia su verga. De tal suerte, la cabeza de Sofía venía a interferir la visión de Macías hacia el caprichoso miembro.

     Comenzó nuevamente a acariciar a éste, a besarlo, a lamerlo, al par que pronunciaba palabras y organizaba frases entre dientes, en medio de ininteligibles susurros.

     Luego empezó a frotarlo lenta y sutilmente con la pluma…

     De todas las formas imaginables… Siguiendo una línea recta, comenzando desde la base hacia el romo extremo y volviendo a iniciar en otro punto de la base, cubriendo así todos los segmentos posibles de su circunferencia. Con movimientos de sentido contrario al anterior. En ocasiones, desarrollaba otros de forma helicoidal, circunferencial, toques singulares, frotamientos y golpecitos, en un sinfín de direcciones, etc.

     Las plumíferas cosquillas iban abundante y sabrosamente acompañadas y combinadas con caricias de carácter convencional y, asimismo, de… extraños e inquietantes susurros invocadores.

     Gustavo Sebastián Macías comenzó a percibir una gratificante y relajante sensación de paz y levedad.

     Sintió incrementarse la picazón del deseo en sus genitales y en su cuerpo todo, y un regocijo inesperado se plantó en su pecho, aventando mágicamente sus ancestrales temores de apocamiento…

     La sedosidad de aquellos cabellos cuyos mechones lamían su vientre, le provocaba un maravilloso y complementario cosquilleo…

     Luego, cuando ella hubo levantado la cabeza y le quedó restablecida la línea de visión a su sexo, sencillamente no pudo dar crédito a sus ojos perplejos…

     Su recalcitrante miembro viril aparecía ahora enhiesto, ostentando la dureza del mármol… Tal como si se tratara de un poste de quebracho empotrado en la tierra…

     Con una coloración púrpura y heterogénea, vino a descubrir que nunca antes lo había observado de tal envergadura… ¡Tenía la absoluta sensación de que se hallaba, a ojos vista, incrementado su ya dilatado y afamado volumen original!

     Lo tentó con su mano y lo encontró, esta vez sometido al juicio del tacto, tan voluminoso y tan férreo, que no dudó en admitir que el hecho configuraba una suerte de maravilla y que era la primera vez que se hallaba en tal disposición.

     Como a su vez percibió en sí un grado de excitación inicial excepcionalmente bajo, tuvo la sensación que se hallaba muy distante de la eclosión del orgasmo, pese a que su miembro se hallaba regiamente humedecido por el viscoso néctar de la caricia bucal prodigada y por efecto del lubrificante humor que, cual magma ardiente, surgía desde sus propias entrañas.

     Por ello pensó, con profundo regocijo, que a la sazón había acrecentado notoriamente su potencia sexual, en el ara del inminente acto de amor que habría de compartir con la hembra más bella de la tierra…

     ¡Su júbilo no conocía límites!…

     Ahora Sofía, la rutilante Sofía, se colocó a horcajadas sobre Gustavo Sebastián…

     ¡Lucía bellísima!…

     Arrojó sobre él una mirada cargada de lascivia, al par que depositaba suavemente sus asentaderas sobre la palpitante ingle…

     Colocó el rígido miembro entre sus piernas obligándole a voltearse y haciéndole emerger por detrás de sus nalgas casi horizontalmente…

     Tanto Gustavo Sebastián como Sofía se solazaron con la reacción de resorte de aquel prisionero que, cuando ella se lo permitía, retomaba su recalcitrante verticalidad…

     Luego, rebatiéndolo ora hacia delante, ora hacia atrás, comenzó ella a frotarle suave, laxamente, con la comisura de su sexo… Retrocediendo y volviendo fue dejándolo todo impregnado del aceitoso humor…

     El joven sintió el agridulce sabor de aquel ancestral impulso, que es heraldo de la penetración.

     Se resolvía en una suerte de mini-orgasmos.

     Percibía la dureza de su miembro ansioso, cual anhelante espada, presta a clavarse en la tierna carne…

     ¡Casi le desesperaban los voluptuosos prolegómenos de la bella!…

     Sofía le acarició tiernamente sus cabellos y le dirigió ahora una mirada iluminada.

     Luego… tomó delicadamente entre sus manos el desaforado y enhiesto miembro.

     Gustavo Sebastián percibió la discrepancia de temperaturas: aquella mano le transmitía una deliciosa frescura, en tanto que el apéndice de su cuerpo parecía hallarse al infrarrojo, irradiando un cuasi exacerbado calor… ¡Fruto seguramente del voraz anhelo!…

     ¡Ah, que bello contraste térmico!…

     Sofía hizo hocicar el romo extremo sobre los también tibios labios de su barbado sexo.

     De repente, se detuvo, haciendo coincidir el glande con su región vestibular y, luego de unos segundos de jadeante gozo, se sentó abruptamente…

     Se penetró con la ligereza de una saeta… En un santiamén…

     Apretó con todo su peso la ingle del joven… Echó su bonita cara hacia el cielo… Blanqueó sus ojos, poniendo en exilio sus negras pupilas… Y desinfló su pecho en un estremecedor suspiro de voluptuosidad…

     ¡De cuánto placer le había embargado aquella ansiada y cuasi fenomenal penetración!…

     Gustavo Sebastián apreció entonces la sabrosa cautividad de su miembro.

     Percibió cómo la dilatada periferia escrutaba, acariciante, el tapiz de la palpitante y cálida entraña de aquella hembra feroz…

     Por momentos, lo sentía como disolviéndose en un atrapante vacío… cuasi anestesiado… ingrávido… Tal parecía como si su excesiva dureza y rigidez conspirase contra su sensibilidad.

     Mas en medio de tan sensual vivencia no pudo dejar de pensar en la fenomenal dimensión que aquél había cobrado a expensas de… ¡la pluma!

     Y, al contemplar el aún estático vientre de la Venus, comenzó a preguntarse dónde estaría inmersa tan descomunal masa…

     ¿Cómo era posible?… Medía con la mirada aquel vientre… ¡Inadmisible imaginar!… ¿Qué será del saco encargado de cobijar al embrión humano?

     Vislumbró, quizá en tono alegórico, aquellas simas del planeta cuyos fondos son desconocidos.

     Y, por idénticas razones, quedó más que impresionado por la alucinante voracidad con que Sofía literalmente le engulló. Sin la más mínima precaución… ¡con semejante tamaño!… ¿Artificiosamente ganado?… Pensó: «cualquier otra amante, por fogosa que fuera, habría adoptado seguramente algún recaudo. Se habría tomado su tiempo… de una mínima adaptación.»

     Aún permanecía en sus pupilas la imagen del inédito grosor y largura que había adquirido su verga, previo a su increíble inmersión… Aún receptaba en su mano la vívida impresión del palpitante e inusitado volumen, que aquella carne había adquirido al socaire del sortilegio de Sofía.

     ¡Y pensar que ella!… Nuevamente echó una calculadora mirada a su vientre. ¡Y pensar que ella lo había devorado con increíble rapidez!…

     Entretanto, la hermosa Venus, se hallaba muy alejada de los oficiosos pensamientos de Gustavo Sebastián.

     Ella estaba en lo suyo: en la demoledora tarea de extraer hasta el tuétano del gozo que la circunstancia le deparaba… y del volumen y fibra del masculino ariete que, orondamente, señoreaba en sus entrañas.

     Ora se apoyaba sobre sus rodillas, ora, sobre sus manos. Y de esta forma, a veces elevando su cuerpo, a veces presionando firmemente contra la ingle del joven, comenzó la ejecución de la más florida y exótica danza de amor que imaginarse pudiera.

     Por momentos imprimía a sus caderas un movimiento circular horizontal, en uno u otro sentido.

     Luego otro de óvalo, en sentido vertical, obligando al varonil miembro a recorrer la aterciopelada vaina. Así, al separarse venía a dejarlo casi totalmente a la intemperie, para luego, cuando su extremo llegaba al vestíbulo de su sexo y corría el peligro de perder su dirección de retorno a la deliciosa profundidad, introducirlo abruptamente en toda su extensión.

     Esto hacía suspirar a Sofía, en medio de inusitadas exclamaciones de gozo.

     En circunstancias, componía esos dos movimientos, horizontal y vertical, como si no se decidiese por ningunos de ellos… o, haciéndolo por ambos a la vez…

     Con lo cual provocaba una suerte de alabeada reptación, que no hacía sino favorecer el íntimo contacto en la frotación de las amorosas áreas… La imagen que proyectaba entonces, era la de unos desplazamientos oleosos, viscosos.

     Otras veces, era víctima de un violento frenesí que le obligaba a rozar espasmódicamente la parte anterior de su sexo contra la cara superior del inserto órgano viril… Con grandísima gula aprovechaba su dilatada longitud para estos menesteres.

     En otras ocasiones, comprimía sobre él las paredes de la amorosa vaina. Luego, reteniéndolo así aferrado, aplicaba un tierno y enérgico apretón retirando suavemente las caderas hacia arriba… Tal como si, sádicamente, pretendiera arrancarlo de su raíz.

     A esta acción le seguía el aflojamiento general y, al dejar caer nuevamente su cuerpo, una profundísima penetración… con exteriorizaciones de indefinible gozo por ambos lados.

     Las generosas masas de sus bellísimos pechos participaban activamente de la chispeante danza.

     Sus enhiestos pezones aparecían ligeramente curvados hacia el cielo.

     Cual maravillosa y subyugante escena, sus formas redondeadas e insinuantes bailoteaban en una suerte de contradanza…

     Con movimientos que semejaban el desplazamiento de una onda en un medio viscoso, se alzaban y caían, caprichosos y descompasados, al son de las cadencias generales de la danza.

     Entretanto, las turgentes y aguzadas puntas de sus pezones, dibujaban en el aire exóticos arabescos.

     Gustavo Sebastián se veía extasiado… Embelesado por efecto del cuadro que la actividad de Sofía le brindaba… y completamente hechizado de la belleza y habilidad de aquella diosa del amor.

     Las sensaciones que recibía a través del contacto directo, piel a piel, no eran de menor cuantía que la de la maravillosa visión que el cuadro le ofrecía…

     En el que la incomparable belleza de Sofía formaba parte principal… ¡Oh, felicísimo impacto de la gratificación psicológica!…

     Toda esta danza había dado comienzo con un ritmo más bien lento y parsimonioso.

     Paulatinamente iba entrando en un nervioso crescendo, en la medida en que la excitación de la Venus ascendía e ingresaba en aquel umbral que se halla en la antesala de la crisis, del deleite máximo.

     Había transcurrido alrededor de media hora desde que el majestuoso ariete de Gustavo Sebastián irrumpiera en la penumbra de la acolchada gruta de Sofía. El joven amante, exultante, se hallaba aún lejos del predecible final. Sentía que podía controlar maravillosamente su excitación, en aras a prodigar el máximo de placer a la hembra voraz…

     A veces, temía, por lo que reputaba como una pérdida de sensibilidad a expensas de la tremenda rigidez de su verga… Por momentos se le representaba como una barra de acero de materia extraña a su ser.

     ¡Eso sí que podía llamarse potencia sexual!…

     En otras circunstancias, con tan sólo una escasa proporción del vapuleo a que estaba siendo sometido, habría llegado brusca e incontrolablemente al fatídico orgasmo, dando todo por terminado… ¿En virtud de qué agradable sortilegio se incrementaría ostensiblemente las dimensiones de su miembro, su capacidad de erección, su grado de control sobre la siempre inconstante excitación y, en resumidas cuentas, su potencia sexual?

     Sabía, de una manera cierta, que en general el macho y la hembra de la especie humana poseen aptitudes diferentes con respecto al camino a recorrer en la consumación del acto carnal. No llegan ambos de idéntica forma a beber en la fuente del placer final, con el notorio ejemplo de la diversa velocidad con que los amantes acceden a él. Compatibilizar esas diferencias es precisamente tarea de un arte que encierra a su vez una sofisticada técnica… O, quizá en su caso, ¿del sortilegio? Nuevamente, una escalofriante corriente de miedo le atravesó el pensamiento; pero la desechó de inmediato volviendo a poner toda su alma en la hermosa vivencia de la hora.

     Para estos momentos, la danza de la galopante amazona estaba adquiriendo un ritmo asaz frenético, casi alocado.

     Sus contorsiones se habían reducido casi estrictamente al espasmódico frotar de su «punto nervioso», el mágico tetoncito de la máxima sensibilidad.

     Por sus agitados vaivenes, cortos y de gran frecuencia, alternados de vez en cuando por otros lentos y largos, Gustavo Sebastián conoció que el umbral de descarga crítico de la diligente amante, se hallaba muy cerca.

     Calculó que el amoroso acople llevaba alrededor de cuarenta minutos…

     ¡Y aún se encontraba en perfectas condiciones de controlar su excitación… pese al ajetreo a que la feroz hembra lo sometía!

     Y así, definitivamente, advino a ésta el supremo goce del orgasmo…

     Se recostó entonces sobre el pecho del joven…

     Comenzó a emitir violentos jadeos y huracanados suspiros…

     Ahora su «punto nervioso» rozaba con verdadera fruición, por momentos alocadamente, sobre la base del enorme miembro, a la sazón totalmente alojado en sus entrañas…

     Plantó luego sus labios y dientes en el hombro izquierdo del yacente amante y, cual potente bomba de vacío, comenzó a succionar su carne…

     Finalmente, sucumbió ante la violencia de la crisis…

     Aprisionó al joven con sus muslos y rodillas como un cepo…

     Estalló en lamentos…

     Hincó sus dientes…

     Clavó sus uñas…

     Por momentos creyó Gustavo Sebastián que no habría de sobrevivir a tan efusiva descarga…

     Ella se hallaba convertida en una sensual trituradora… infernal máquina del placer.

     La duración de aquel orgasmo pareció excesivamente prolongada a Gustavo Sebastián, quien al fin de cuentas resistió estoicamente con el más admirable éxito. Después, la venusiana Sofía se calmó prestamente.

     Ambos se soltaron; sus músculos se relajaron… mas para nada ella abandonó su posición de amazona.

     Rápidamente el joven echó de ver que se trataba de un provisional período de descanso. La bella permanecía recostada sobre él. Sus palpitantes pechos apretados al tórax. Sus bellas piernas y rodillas presionando sobre su montura, para mantenerla aherrojada… Su tibia morada alojando íntegramente al siempre enardecido y señorial pene.

     Esporádicamente, realizaba un tenue movimiento de caderas, muy lento y especioso. En él, apretaba suave y cálidamente la periferia del inmerso miembro, con el objeto de mantener viva la llama de su propia excitación, ahora amortiguada por imperio del explosivo orgasmo. Asimismo, lo que le era de importancia capital, comprobaba si la trabajosa y sofisticada erección del órgano masculino se mantenía en pie… ¡Y en verdad que gozaba de todo su esplendor!…

     Al cabo de unos cuantos reparadores minutos, Sofía comenzó a mostrarse nuevamente activa.

     Enderezó su cuerpo colocándolo en la primitiva posición de jinete… Y reinició su anterior actividad.

     Echó nuevamente su rostro al cielo levantando su maravillosamente tallado mentón.

     Entonces, sus sedosos cabellos cayeron rectilíneos, mostrando un ligero espaciamiento sobre la espalda… Oscilaban con un pendular chispeante, sugestivo, irreverente.

     Sus ensoñadores ojos, entrecerrados por la voluptuosidad, blanquearon en un caldo omnipresente de sopor.

     Comenzó a gesticular con rostro en un concierto visual, mohinesco y voluptuoso… Así, proyectaba como una roseta anular sus labios hacia afuera cual si estuvieran ansiosos de algún sonoro beso, y, a continuación, los retraía con énfasis, configurando ahora una lujuriante sonrisa… Todo ello salpicado por el esporádico y rítmico entrar y salir de la rosada y juguetona lengua…

     Cuidando asimismo de incluir la debida profusión y combinación de todas las figuras de su tan nutrida cuan sabrosa danza, sólo modificó los tiempos asignados a los diferentes ritmos.

     Ahora, la fulminante ascensión del nivel de excitación al de los umbrales previos al de crisis, exigía, sin más, el mantenimiento del frenesí y el frotamiento enérgico y casi permanente de su diminuto punto sensitivo…

     Y así se lanzó, enloquecida, a la búsqueda de su segundo clímax.

     Tras los estertores del mismo y luego de una mesurada pausa de aliento, puso proa al inicio de un tercer ciclo…

     Como era de esperar, sucesivamente, se iba endosando los placeres de una serie de orgasmos, denotando un grado de insaciabilidad que bien se avenía con su rutilante estampa de vampiresa.

     Gustavo Sebastián llegó a perder la cuenta de la cantidad de estos ciclos… quizá seis, siete… Pero lo cierto es que ya había comenzado a impacientarse, debido principalmente al escaso estímulo que recibía a través del cuasi anestesiado miembro. Mas estaba cierto de que no había perdido la más mínima porción de su rigidez.

     Con preocupación, nuevamente se preguntaba por la falta de avance de su excitación. ¿Llegaría finalmente a alcanzar el orgasmo? A esta altura de los hechos, la repetición de los estímulos de igual naturaleza e intensidad, como lo eran la visión de la bella amazona ejecutando su danza y las caricias prodigadas a sus caderas, piernas y pechos, había ya erosionado su interés. Ahora, sabía que necesitaba urgentemente obtener un escape a ese interregno, es decir, requería ir en busca de su propio clímax.

     Sofía, dándose ya por satisfecha y con algunos signos de cansancio, tomó plena conciencia de la situación e invitó a su amante a cambiar de posición. Así, pues, levantó su cuerpo lo suficiente como para desalojar de su interior al estoico órgano y se acostó sobre su espalda a la espera de recibir a Gustavo sobre ella, en la más convencional postura del amor que se conoce.

     Abrió sus piernas exponiendo ampliamente su sexo.

     Ahora sí, el joven, después de penetrarla nuevamente, sintió el contacto de todo su cuerpo.

     Estaba claro: no era lo mismo que cuando ella jineteaba sobre sus caderas. Luego de cruzar los brazos sobre su espalda, percibió la gratificante sensación psicológica de la posesión de la hembra. Con ello, su dormida excitación vino abruptamente a ponerse nuevamente de pie.

     Bastaron unos pocos movimientos de vaivén para que se presentaran las mil delicias de un deleite intenso… Intenso y prolongado.

     Percibía cómo en cada uno de aquellos espasmos que le impulsaban a la estocada profunda, vomitaba un torrente de líquido seminal irrigando generosamente la entraña femenina.

     Estuvo largos minutos aferrado crispadamente a Sofía, en medio de enloquecedores jadeos y suspiros.

     En ese paroxismo, buscó afanosamente fundir su boca en los carnosos labios de la Venus…

     Mas, ¡qué contrariedad!… halló que ella había girado desmesuradamente su cabeza hacia un costado alejándola de la ansiosa boca…

     Aún bajo el exasperante influjo de la crisis, tuvo la sensación fugaz de que escatimaba el beso. Máxime cuando ella, tomándole la cabeza con ambas manos, la llevó sobre su hombro izquierdo.

     Así, en tanto que oprimía fuertemente su cabeza, la mantenía de tal suerte cautiva…

     ¿Será que así se procuraba mayor placer?… O, tal vez: ¿no estaría retaceando la húmeda caricia de los besos?… Recordó que en ningún momento le había besado en la boca.

     Finalmente, cuando se hubo calmado, se retiró y se dejó caer de espaldas al lado de la satisfecha Sofía.

     Habían transcurrido alrededor de una hora y media desde el inicio del que le resultaba el acto de amor más maravilloso de su vida. Le invadió una tibia sensación de relajación, que hacía vibrar sutilmente todas las células de su cuerpo. Su miembro perdió rápidamente su increíble volumen y erección, para retornar a la condición que le era habitual.

     De repente, una idea poderosa se incrustó en sus mientes, un pensamiento que le insinuaba que Sofía había manipulado a su voluntad los estímulos de él… de acuerdo a sus propios intereses. Pues, ¿cómo explicar el nivel relativamente estático de esos estímulos durante la casi totalidad del tiempo que demandó el acto, para, después que ella se mostró satisfecha, producirse un incremento explosivo de su intensidad y que, en contados minutos más, desencadenó su clímax?

     Sin proponérselo mayormente, acabó asociando esta idea a la operatoria de la inefable pluma. Asimismo, comprendió que a ésta debía atribuir las dimensiones excepcionales que su miembro viril había adquirido, en los prolegómenos del coito y lo que ya, decididamente, reputaba como escamoteo de los besos en la boca.

     Nuevamente… una fugaz sensación de angustia, un desasosiego que pugnaba por desalojar su Ser de su cuerpo, le erizó la piel. Luego… se durmió profundamente.

     Mas no por mucho tiempo. Apenas había alcanzado a reparar algo de las energías consumidas cuando, entre sueños, sintió un leve cosquilleo en su zona genital. Despertó sobresaltado en medio de la tenue iluminación indirecta de la habitación, que al parecer nunca había sido apagada.

     Observó nuevamente la nuca de Sofía que se mostraba esporádicamente, por entre los espacios que dejaban los compactos haces de su tersa cabellera de azabache. Percibió el peso de aquella cabeza sobre su vientre.

     ¡Horror!… la insaciable Venus otra vez manipulaba su sexo con una concentrada acción, combinando caricias, palabras… y el sutil frotamiento con la dichosa y extraña pluma.

     Tembló… ¡No podía creerlo!… Miró al reloj: las cuatro de la madrugada. Habría descansado alrededor de tres horas… tan sólo.

     Pensó con toda razón que, luego del ajetreo a que había sido sometido antes, no se hallaba en disposición de tentar siquiera una nueva escaramuza sexual, aunque sea complementaria y de cuantía menor. Pues, en rigor, al despertar comprobó que su miembro se hallaba atrincherado en la más inocua y apacible flacidez.

     Pero… ¡Cuán equivocado estaba!…

     Poco a poco fue notando un cambio de temperamento en él.

     Como por influjo de una potencia irresistible, volvió a ser poseído por virulentos estímulos…

     Al término de unos cuantos minutos de amorosos y sutiles manejos, la celestial Venus los dio por concluidos retirando su cabeza del vientre de Gustavo Sebastián.

     Y… ¡horror!… Nuevamente pudo observar su viril miembro.

     Su primer impacto hizo que girara intuitivamente la cabeza hacia un costado.

     ¡No le era permitida su visión sin una profunda perturbación del ánimo!…

     Su miembro del amor aparecía, en efecto, erecto y desafiando al cielo como una monumental pirámide, rígido como un asta de bandera, duro como un trozo de acero y, por sobre todas las cosas, colosalmente voluminoso… Hasta creyó ver que sus dimensiones eran superiores a las que detectara en su anterior acción.

     Acto seguido la hermosa hembra, conduciendo siempre su actividad inmersa en su característico laconismo, depositó la pluma maravillosa en el cajón de su mesita de luz. Extrajo de ella, asimismo, una crema lubrificante y se dio a la tarea de untar profusamente su apetecido ariete que ahora aparecía algo seco…

     Y, a continuación, de idéntica forma a como lo hiciera unas horas antes, se puso a horcajadas sobre el aún anonadado joven.

     Haciendo gala de la misma gran voracidad que antes había mostrado, se penetró en uno o dos segundos en toda su profundidad, hasta hacer descansar su cuerpo sobre el de su amante.

     Prestamente, ambas ingles quedaron fusionadas en una suerte de cálido y apasionado beso pubiano.

     Ahora Gustavo Sebastián recibió un gratificante estímulo, que dio por tierra con todos los reparos que su intuición y sentido común le habían susurrado…

     Se dispuso a gozar nuevamente de los placeres que devendrían de la inminente función…

     Hasta olvidó que la había imaginado breve y complementaria ya que, por la evaluación que hacía en relación con la reverdecida libido, por la controlada sensibilidad de sus estímulos y por el grado sumo de erección alcanzado, reputaba sin lugar a dudas que se hallaba nuevamente en plena posesión de una inusitada potencia sexual, y que, en consecuencia, el próximo acto amoroso sería abordado con todo énfasis y como una acción principalísima.

     Y así fue, en efecto.

     Una reiteración de las escenas antes vividas: la prolongada cabalgata de Sofía, su contorsionada y sabrosísima danza, sus orgasmos enloquecedores, el cambio de postura amorosa y el clímax de Gustavo Sebastián con igual intensidad y duración.

     Él sólo creyó ver algunas diferencias: le pareció que el número de orgasmos de Sofía había sido superior al de la primera vez y que el tiempo total insumido en este segundo acto también había sido mayor al anterior.

     Por otra parte… ¡qué gran lástima!, no había conseguido robarle un sólo beso de amor, pese a que en esta ocasión los había buscado con mayor determinación.

     Concluida la exótica y fenomenal noche de amor y habiendo retornado rápidamente a la normalidad, Gustavo Sebastián Macías, presa de una inefable sensación de irrealidad, se vistió con gran prontitud y, pretextando una evidente tardanza a los compromisos que le esperaban muy temprano por la mañana y acuciado en rigor por una fuerza irresistible que le impulsaba a huir de aquel escenario, salió del departamento de la bella con una celeridad que pudiera alcanzar niveles ofensivos para con la dueña de casa. Estampó un castísimo beso sobre su sien y se despidió con un «chau amor».

     —Hasta pronto —respondió ella con una cariñosa y enigmática sonrisa.

     Y cerró la puerta del departamento.

De vergas lechazos y mi culito desgarrado

por fin me decidì a probar una verga de verdad, cansado de solo verlas
y desearlas en las peliculas porno.
me fui  a un teatro de porno en el centro y me sentè de una en la fila
de atras, los nervios me estaban matando; de repente un tipo se sienta
a mi lado y me mira fijamente, yo no volteo a verlo, me siento
aterrado; apagan la luz y entonces su mano se apoya en mi rodilla; me
quedo petrificado, incapaz de moverme, el lo tomo como una aceptacion
y en menos de lo que canta un gallo ya me ha soltado el pantalon y
tiene mi polla entre su mano; me toma una mano y me la lleva hasta su
entrepierna; siento por primera vez una verga gorda en mi mano; le
abro el pantalon y empiezo a juguetear con ella, un liquido espeso
sale a gotas de su polla y yo las esparzo por su cabeza, es suave, el
tipo se retuerce, lo goza; de repente las luces!!, nos tapamos como
podemos y a los pocos segundos las apagan de nuevo, es incomodo, todo
el mundo te mira, finalmente siento como su polla palpita en mi mano
una,dos tres veces; terminò demasiado pronto, yo me demoro mas, le
gusta pajearme, lo hace lento y luego rapido, me retuerzo y aullo;
uff!!. agg, uhmm. mi leche sale disparada y el tipo se va con ella, yo
quedo alli tembloroso y con ganas de màs…

la siguiente vez fui a un teatro menos concurrido, no prendian las
luces, la oscuridad total, me paro al final de las escaleras y siento
como alguien me toca las nalgas, otra vez paralizado y cuando me doy
cuenta mis pantalones estan en el piso y un tio me recuesta una polla
dura y palpitante contra ni culo, se sintiò raro, me daba miedo
-Agachate..
no pude el miedo no me dejò. el empujaba y me dolia; de pronto alguien
mas frente a mi me colocaba una polla gorda en mi mano, por instinto
lo pajee y el otro excitado resbalando su polla entre mis nalgas se
venia sin que apenas hubiera podido disfrutar su verga…aun no me
atrevia a mamar y mi culo seguia virgen; no por mucho.

regresè esta vez dispuesto a todo sin ningun tipo de verguenza; fui a
un rincon y enfoquè con una lampara… habia alguien sentado sin
pantalon una cosa grandota se hallaba descansando sobre su pierna y de
inmediato me agachè, y se la toquè, se fue poniendo dura y su cabeza
creciò aun màs; parecia un hongo y su tallo era venoso y duro; no lo
soportè mas, me lo metì suavemente a la boca, mis labios jugueteabna
con su cabezota, mi lengua recorria de arriba abajo, y me lo metia
hasta el fondo de mi garganta, hasta donde llegaba por que no me cabia
todo; lo debia estar haciendo bien por que esa verguisima palpitaba en
mi boca, y el tipo se apretaba a mi cara, con sus manos me cogia la
cabeza y me hacia tragar su polla.

me volteè dispuesto a probar esa cosa en mi culo, mas con curiosidad
que otra cosa, estaba seguro que no me entraria esa bestialidad en mi
estrecho culito,me la sobè una y otra vez, tratè de meterla pero nada,
de nuevo el dolor y la sensacion de que era demasiado para mì; el tio
estaba arrechisimo, bramaba tras de mi y me cogia las nalgas, me
apretaba la cintura y trataba sin exito de penetrarme; me agachè hacia
las bancas del frente y notè en la penumbra otro tipo sentado delante
mio tocandose su polla; me dediquè a èl , se la mamè con vehemencia,
era dura y grande, y tenia un olor particular, me la gocè toda,
mientras èl se levantaba de su silla intermitentemente, follando mi
boca y yo chupaba, lamia, mordisqueaba; me olvidè por completo que
atras de mi un toro trataba de culiarme hasta que sentì como esa
bestia me la empujaba sin piedad, mi culito se abriò, sentì como se
desgarraba y esa pollota enorme,venosa,cabezona y dura se me metia
hasta el fondo..
-agghh..
-te duele?
-ss si.. uff
-esto es lo que querias no? ahora aguanta!!
empezò a culiarme suave, entraba y salia, nunca habia sentido algo
asi; me habia metido en el culo palos de escoba, mangos de todo tipo
de herramientas,botellas, pero nunca una verga de verdad y era
completamente unico, distinto, indescriptible.

seguì mamando mientras me culeaban sin piedad ahora mas fuerte, yo
trataba de zafarme mientras lloraba pero de atras me tenian las manos
agarradas mientras me empujaban esa pollota hasta el fondo, podia
sentir sus bolas golpeando mis nalgas y mi cabeza era sostenida desde
el frente contra un polla cada vez mas palpitante que de repente
explotò en un rio de leche caliente; la sentì un mi lengua, en mi
paladar, en toda mi boca; se me saliò por entre mis labios y esa verga
hinchada en mi boca que no se retiraba me estaba ahogando; me la tuve
que tragar y luego si sentì como esa verga se ponia ahora blanda
aunque conservaba su tamaño.

de pronto el de atras empezò a azotarme las nalgas con palmadas y a
darme clavo como loco
-agg; urghh; ahhh!!! que rico culo que rico!! toma toma mi polla!!
-ahora veràs perrita!!
inmediatamente me volteò de manera brusca y me arrodillò frente a èl
mientras su polla estaballaba sobre mi cara; no alcancè a meterla en
mi boca y el primer chorro reventò contra mi cara; los otros me los
tirò en la boca; se me desbordaba; era tanta que me parecia increible;
a pesar de que tragaba, se me salia por las comisuras de los labios;
le lami los huevos , le chupè de nuevo la verga hasta dejarla limpia y
se fueron mientras yo me quedaba a alli tirado en el piso culiado
salvajemente,tembloroso; con la cara chorreada de leche.

Despues de eso cada noche un ardorsito en el culo no me dejaba dormir;
yo le echaba la culpa a los parasitos hasta que por fin fui al medico
y al examinarme me dijo que tenia desgarres multiples externos e
internos; me dio vergûenza por que el sabia a que se debia sin
preguntar; pero no me censurò; solo me dijo que debia usar un
lubricante…
mi historia con el medico es otra luego la sabran..

les gustò? escribanme a ulises123@caliescali.com

Perdi mi virginidad en mi curso

Hola como están, recién entre a su pagina el día de hoy y la verdad m aprecio interesante, además yo tuve una experiencia a mi parecer cómica, la historia trata de cómo perdí mi virginidad, fue un día en el colegio a mis 13 años de edad, yo m llamo Steffany soy española, barcelonesa puedo decir q soy bonita por q m lo dicen todos soy alta de 1.81 actualmente tengo 17 buen cuerpo lo q mas m gusta son mis ojos, la historia es esta a mis 13 yo era una chica estudiosa y un día m quede hasta tarde haciendo un trabajo con un compañero de curso el tenia 15 yo estaba adelantada 2 años eran como las 22 hrs. Mis padres ya sabían q no llegaría a mí casa por después tenia q ir donde mi amiga a estudiar pero la cuestión es esta al acabar el trabajo con mi amigo estaba cansada, por el esfuerzo q hicimos, solo tenia puesto una camisa y falda aparte de medias y zapatos, típico uniforma de colegio, m había sacada la chaqueta y la corbata por el calor q sentía m quede sentada en un asiento, pude notar q mi amigo estaba nerviosos por estar solo conmigo a esas horas, además el colegio estaba vació, solo estaba el conserje pero teníamos permiso de quedarnos hasta altas horas, m dormí un rato por q estaba cansada al despertar como en 10 min. vi q mi amigo estaba tocando mi intimidad tenia sus dedos enzima de una tanguita q tenia, siempre fue algo llamativa, el m vio y se avergonzó mucho yo m senté y m puse a pensar y la verdad en ese momento empecé a segregar mis fluidos al parecer m gusto eso q hizo, fui donde el y le dije q si quería podía tocarla pero si el m dejaría tocar su pene, el aun avergonzado accedió, se bajo el pantalón y lo vi, primera ves en mi vida lo tuve entre mis manos era duro como m dijeron y grande lo mire y comencé a masturbarle y el boto su leche en mi cara muy rápidamente, la verdad sentí un poco de asco pero sabia rico y le dije si lo podía volver a hacer el m dijo q si pero q le deje tocar mi vagina, accedí sin pensarlo m senté en una mesa, el se agacho a m la vio estaba mojada, la toco luego la beso m hizo unas cosas increíbles a pesar d q era virgen el también, y la verdad una sensación hermosa m llego no supe q era pero ahora se q fue un orgasmo, entonces m levante le dije q ahora quería su lechita y m dijo q ya entonces le masturbe otra ves, pero esta ves tardaba y como el uso la boca yo pensé e hice lo mismo estuve nací un rato hasta q se vino esta ves fue mas leche q antes era rica m la tome toda, luego m pare y le dije q nos fuéramos q ya era tarde pero el m dijo q m lo quería meter a mi vaginita, yo lo pensé como 3 min. Y le dije q esta bien pero yo quería estar arriba para q lo hagamos como yo quiero el ese momento vino m saco mi camiseta todo mis pechos los beso todavía tenia mi faldita esa no m la saco le gustaba así, fuimos a la mesa del profe lo hice recostar ahí, y m subí encima de el, agarre su pene y m lo metí en mi vaginita completamente mojada, m dolió al principio pero luego el dolor paso y se volvió placer  entonces comencé a subir y bajar sobre su pene el apretaba mis pechos le dije q m avisara cuando este por acabar para q no descargue adentro de mi, así lo hicimos unos 5 min. Fue excitante tuve como 2 orgasmos mas y el dijo q ya se venia saque su pene de mi vagina y rápidamente comencé a chupárselo quería mas lechita y otra ves se vació en mi boca hay como m gustaba su leche, rápidamente m subí otra ves sobre el m metí su pene y le dije q quiero otra mas, el dijo q estaba cansado ya no podía, la verdad m importo eso y yo comencé a hacerlo otra ves esta ves lo hice mas rápido otros orgasmos m siguieron el m dijo q ya se venia otra ves, pero esta ves quería q acabara adentro de mi, quería sentir su leche adentro de mi y acabo adentro ya muy cansado se durmió casi ese mismo instante, yo súper satisfecha m eche enzima de el y tan bien m dormí todavía tenia su pene adentro de mi vagina así nos dormimos, hasta q fueron las 7am y todavía seguimos así, nos asustamos los 2 ese momento m levante m senté en una mesa q arregle la faldita y le dije q si le gusto, el estaba desesperado por cambiarse, yo estaba tranquila mientras lo veía y m dijo q le gusto mucho y recién m propuso q sea su novia y yo acepte, acabo de cambiarse y m dijo q m apurara yo lentamente m fui poniendo el resto de mi ropa mientras el arreglaba el trabajo q hicimos la noche anterior y nací fue como perdí mi virgidad fue chistoso por q al día siguiente al comenzar clases nos confundimos de camisas el por muy apurado se puso la mía y no lo noto, y todos nos preguntaron, q hicimos la noche anterior, hay fue chistoso, bueno esa es mi experiencia tengo muchas mas soy una chica muy viciosa haber si se las digo, si m quieren conocer para q vean como soy agreguen mi msn steffany_76246@hotmail.com para comentarios tan bien y cosas así o si simplemente quieren ser mis amigos, bueno luego estaré contando otras de mis aventuras q por si acaso son parecidas

El sabor a mujer

Que tal , es la primera vez que escribo.Queria compartir con ustedes un gusto bastante particular el dar placer me encanta hacerlo.

Para empezar me voy a presentar me llamo Eduardo tengo 22 años vivo en la ciudad de Montevideo Uruguay lo que se refiere de cómo soy interiormente y principalmente al sexo soy re liberal ya he probado casi de todo algunas las sigo practicando como el sexo oral en las mujeres mas conocido como el cunilingus actividad que le tomo bastante tiempo a la hora de hacer la previa y así como también otros lo he hecho una sola vez y nunca mas , pero hay que probar.Para arrancar de una vez contare como empecé con este gusto.

Tendría 14 años todavía era virgen y era muy curioso , tenia una vecina de mi edad a la que llamare Claudia ella ya no era virgen y éramos amigos la verdad que me atraía un poco.Una noche quedando en casa que era muy común que ella estuviera en mi casa o yo en la de ella ya que nuestros padres se conocían desde hace mucho tiempo ; tarde de la noche me dijo que  no podía dormir porque no se sentía bien se vino conmigo a mi cama así la abrazo como inocente y después de varios minutos el que empezó a sentir cosas fui yo , ella lo noto enseguida ya que se empezó a mover como queriendo algo , me empezó a preguntar que me pasaba y yo le dije que nada al estar yo abrazado hacia ella sentía mi pija en sus nalgas ella a pesar de su edad ya tenia muy bien formado su cuerpo y su mente también porque enseguida empezó a demostrarmelo.Su mano se corrio hacia atrás y toco la punta de mi pija que para ese entonces ya estaba que explotaba , me dijo que si quería calmarme y yo le dije que si , a esta altura ya sabia lo que iba a pasar , se dio vuelta y me bajo el pijama inmediatamente metió su boca ahí y que sensación la sentía húmeda y caliente ella bajaba y subía su cabeza y de vez en cuando me miraba yo no podía mas era la primera vez que tenia algún tipo de contacto con una mujer , sin previo aviso decargue todo el semen en su boca quede quieto por un minuto sin reaccionar aturdido ella se levanto fue al baño no me dijo una palabra y se acostó en su cama.Yo todavía no reaccionaba no entendía nada.La noche paso y así una semana mas , ella estaba rara conmigo yo a ya me había dado cuenta lo mal que estube.Una tarde me decidí ir hablar con ella había llegado a la casa su madre estaba saliendo me dijo que ella estaba durmiendo pero que la despertara porque tenia mandados que hacer , yo ahí vi la oportunidad de por lo menos remediar el fiasco que había hecho un mujeron me quiso iniciar y yo ni siquiera le dije algo lindo.Abro la puerta y ahí estaba ella durmiendo ya no lo pensé la llame desde la punta de la cama Claudia Claudia se despierta me mira y hace que sigue durmiendo yo empiezo a hacerle cosquillas en los pies y empiezo a subir mis manos por sus muslos ella nota lo que hago y se deja hacer le digo que vamos a estar bien me agarra y me tira contra ella me da un beso de lengua infartante yo le sigo la corriente me aparta y entendiendo lo que quiere como que estuviéramos conectados me meto debajo de sus sabanas estaba nada mas que con una tanguita ,primero empecé a recorrer sus piernas con mis dedos después ya fueron besos apoyaba los labios y después ya le daba pequeñas lamidas que se iban acercando por el interior de los muslos a su tan deseado lugar , instintivamente los dos sacamos la tanga ya nada se interponía acerque mi cara para acomodarme lo mas que pude y me invadió aquel aroma a mujer  le voy metiendo la lengua suave y rigurosa por el costado de sus labios ella se abre del todo de piernas me abrazo en cada una de ellas queda atrapada en mi , después mucho mas suave paso la lengua bien por su rajita ella lleva las manos a mi cabeza para apretarme y yo la sujeto , le doy un soplido se retuerce con la ayuda de una mano separo uno de sus labios y meto mi lengua lo mas adentro posible empiezo un sube y baja ahora me concentro en su clítoris con la punta de la lengua me dedico a masajearlo y de tanto en tanto lo aprieto despacio con mis labios bien mojados de mi saliva y sus jugos que ya estaban empezando a salir ahí me empiezo a descontrolar , quiero tomar ese jugo meterme cada vez mas adentro y no solo que le sigo el masajeo de su clítoris sino también mis manos ya están arriba en sus tetas ella sierra las piernas y me sofoca me encanta , acelero el ritmo de los lenguetazos y finalmente se viene entre que se sigue retorciendo le doy  unas cuantas lamidas mas pero esta vez largas recorriendo de abajo arriba aprovechando para que cada gota quede en mi boca subo y nos besamos prueba  sus propios jugos hablamos y me dice que quiere hacer lo mismo conmigo pero con la condición que pruebe yo mis jugos.Asi fue como empecé  atener el gusto por el sexo oral hoy le dedico en lo real una media hora hasta que adormezca la piel.Continuara pq esa ya es otra historia , a partir de ahí nada mas fue igual me gusto tanto que cada vez que podía hacia sexo oral.Espero que lo hayan disfrutado y espero sus opiniones chicas asi seguire contado historias como estas.Si quieren contactarme y tener una experiensa virtual de esto y mucho mas porque para el sexo como lo dije antes no le digo no a casi nada ,  mi mail es detodomasss@hotmail.com.

Compartiendote

Somos un matrimonio bastante grande, abuelos ya. Mi nombre es Rodolfo, tengo 51 años y, pese a cierta barriguilla, me mantengo bastante en estado. Mi mujer se llama Patricia, tiene 49 años, una tetas envidiables ye está más apasionada que nunca.

   Hace un año, nuestro matrimonio no atravesaba el mejor momento. La menopausia de Patri le había hecho perder su natural lubricación y había olvidado, en algún recodo del camino de la vida, su histórica libido. Esto –aunque es ajeno a nuestro asunto- provocó una infidelidad de mi parte, que trajo como consecuencia mi expulsión del hogar y una posterior e inolvidable reconciliación. Hasta ese momento, Patri se resistía bastante a entregarme su cola, alegando un dolor importante , aunque –para ser honesto- debo contar que en varias oportunidades eyacule en sus intestinos. Luego de nuestra traumática separación comenzó a darme su culo más asiduamente, hasta que comenzó a gozar locamente cada penetración anal. Empezamos, además, a gozar de la compañía de algunos aparatitos. Compramos, en primer término, un vibrador de unos 15 cms. , al que llamamos Chiquito y que fue acogido por Patri con gran beneplácito. Se lo devoró de mil formas y por todos sus orificios. Para que se deslice más ágilmente dentro suyo lo vestíamos con un bien lubricado condón. Se hizo habitual que Patri fuera objeto de dobles penetraciones; Chiquito en su concha y mi pija en su cola causaron su delirio en largas noches de múltiples y prolongados orgasmos. Introducimos, luego, una segunda variante: tras ser penetrada por el vibrador y humedecida su concha por los movimientos de “nuestro amigo”, yo  –no sin esfuerzo-, metía también mi miembro en su vagina  poniéndola loca de calentura y sacándole sus gemidos más sonoros.

   Vio la luz, entonces, la época más maravillosa de nuestra sensualidad. Cogíamos a cualquier hora y en cualquier lugar de la casa. Mi pija entraba alternativamente en su concha y en su culo, follando hasta que sus agujeros enrojecían o hasta que el dolor de mi prepucio me dictaba el “basta”.Las tetas de Patri se balanceaban incesantemente ante mis constantes embestidas y su cara iba tomando, cada vez más, el inequívoco aspecto de “cachonda adicta al sexo total”.

   Entre polvo y polvo comenzaron a presentarse grandes ratones. Pensé en lo delicioso que sería ver a mi mujer penetrada por otro hombre, escucharla gemir al ritmo de otra pija . No tardé en hablarle de eso y ella –si bien me trató de loco en un principio- empezó a compartir mis fantasías. Poco a poco, mis imaginarios compañeros de penetración de uno a ser dosy luego varios más.  Patri se acostumbró a gozar de interminables veladas sexuales en las que era repetidamente cogida –frecuentemente sodomizada- por Chiquito, por mi y por un nuevo consolador de grandes dimensiones, al que bautizamos como Papuchi.

   La necesidad de algún encuentro en el que vergas de carne y hueso reemplacen al plástico apareció en nuestras vidas. Muchas veces, mientras nos masturbabamos mutuamente, le relataba como sería una escena en que varios hombres la hicieran suya, ocupando todos sus orificios y bañando de semen todo su cuerpo. Estas narraciones llenaban su sexo de jugos y la transportaban a exquisitas acabadas con solo imaginarse a entera disposición de una serie de machos calientes dispuestos a darle y darle durante horas.

   Así, llegaron nuestras vacaciones en una hermosa isla del sur de Brasil. Allí, en una cabaña alquilada y lejos de las preocupaciones cotidianas, cogimos hasta el hartazgo, con el infaltable aporte de nuestros amigos de siliconas y de nuestros entrañables ratones.

   Un día, tras una no muy larga discusión, decidimos concurrir a un balneario nudista del lugar, Praia Galetha. Era un día algo nublado pero caluroso, cuando llegamos a esa playa sde aguas frías, enmarcada por un acantilado en el que la erosión dibujó algunas cuevas de considerable tamaño.

   Seleccionamos un lugar donde ubicarnos y yo me despojé de toda mi ropa, mostrando un miembro que –por el stress de la nueva situación- no mostraba su aspecto más tentador. Patri, incomoda por los numerosos curiosos vestidos que pasaban permanentemente por el lugar, no se desnudó totalmente y solamente accedió a hacer topless, dejando al aire sus sensacionales senos. Esto bastó como para que los hombres desnudos que pasaban por nuestro lado voltearan para mirarla y mostraran el crecimiento casi instántaneo de sus vergas.

   Luego de permancer un rato tomando mate  y gozando del poco sol que las oscuras nubes dejaban filtrar, notamos que un hombre depositaba sus pertenencias a escasos metros de nuestra posición. Tendió su toallón sobre la arena y se quitó el short, dejando a la vista un maravilloso miembro que, aun en estado de semireposo, se presentaba un fino bocado para cualquier mujer con sangre en las venas. Patri no se mostró ajena a ello y su rostro comenzó a mostrar ese inconfundible rubor típico de las mujeres cuando principian a calentarse. Si bien yo me hice el desentendido, noté que el recién llegado no sacaba sus ojos de las tetas de Patri  y que su pija ya mostraba señas de estar entrando en erección, acusando recibo del atractivo de mi querida esposa. Invité entonces a Patri a meternos en el mar, a lo cual ella accedió sin dudarlo.

   Mientras jugabamos con las primeras olas, Patri me dice: -“Viste el tipo que se acostó a nuestro lado?…me encanta esa pija en reposo sobre sus muslos. En realidad, me estoy mojando bastante”-. La miré a los ojos y le pregunté: -“Te gustaría que te haga el amor?. Creo que este tipo ni se puso allí por casualidad y que el tamaño de su pija indica que no le sos indiferente…es más, creo que tus tetas lo tienen loco”-. Me miró con una amplia sonrisa, como si le estuviera dando la mejor de las noticias y señaló: -“su pija también me pone loca, pero no sé, en realidad no me animo a…”- Un trueno y el inmediato aguacero que se desató le impidieron terminar la frase. Corrimos hacia nuestra ropa, la tomamos y continuamos nuestra carrera hacia una de las cavernas del acantilado para protegernos de la lluvia y…!vaya casualidad!…el motivo de nuestros desvelos era nuestro único compañero en ese improvisado refugio. Era un joven de unos 35 años, de cabello corto castaño claro, estatura media y una considerable dotación que no había perdido su consistencia.

   Tras un primer momento de cierta incomodidad, decidí romper el fuego diciendo: -“Qué mala suerte, qué día del demonio!”-, tras lo cual me persenté: -“Soy Rody y ella es Patricia, somos argentinos”-. El asintió con su cabeza y respondió en un portugués bastante comprensible:-“Eu seu Wilson e moro o Sao Paulo”-. Agregó que pedía disculpas por estar totalmente desnudo. Yo vi allí una luz de esperanza en ver cumplidas mis fantasías y le dije que debíamos ser nosotros quien nos disculparamos ya que no estabamos en sus mismas condiciones pues lo correcto sería que Patri se quite su tanga para quedar todos desnuditos. Mi esposa me fulminó con su mirada, pero luego…sorpresivamente se fue quitando despacito su tanguita sin separa su mirada de los ojos de Wilson. El brasileño se tomó su tiempo para mirar la bien depilada conchita de Patri, luego su vista se detuvo en los erectos pezones de mi mujer para finalmente susurrar: -“Delicia”-.

   La verga de Wilson tornaba a tomar dimensiones más que notables y los ojos de mi mujercita no lograban abstraerse de ella. Pensé entonces en qué podía hacer para ayudarlos a darse todo el placer que parecían reclamar y sólo una c osa se me ocurrió, una excusa que no por obvia y vulgar dejaría de ser eficaz. Dije, entonces: Qué estúpido, olvidé mi reloj tirado en la arena, corro a buscarlo. Ya vuelvo”-.

   Salí de la cueva y caminé un rato por la playa. La furiosa lluvia que se había desatado ya se había transformado en una inofensiva llovizna. Hice tiempo para permitir que algo se iniciara en aquella cueva.

   Pasados 7 minutos, medidos por el reloj que, en realidad, llevaba envuelto en la remera que colgaba de mi brazo, volví a la caverna.

   Cuando puse un pie en ella, no pude más que llevar una mano a mi pija. El espectáculo que se presentaba era hermoso. Patri y Wilson estaban estrechamente abrazados y se besaban apasionadamente. La lengua de él entraba en la boca de ella que la recibía y la retenía entre sus labios y las monumentales tetas de mi amada se refregaban contra el bien formado torso masculino . Las manos de Wilson se hicieron dueñas de las tetazas de Patri y su boca bajo hacia ellas como para querer libar del elixir anhelado. Comenzó entonces a besarlas desesperadamente e introducir los rebozantes pezones en su boca, sin hacerles faltar el suministro de lengua que ella parecía suplicar. Chupaba uno…y después el otro…los amasaba y los sorbía. Mi esposa gemía y gemía, mientras su mano se apoderó del arma letal del paulista y comenzó a mecerlo muy lentamente. Me miró como pidiéndome disculpas, yo le sonreí y la levanté el pulgar en señal de autorización. Se arrodilló entonces y engulló ese magnífico ejemplar de pija. Pasó su lengua, reiteradamente, de la base a la cabeza, lubricando todo el tronco con su espesa saliva. El solo murmuraba: -“shupa tudo…tudo o pau”- Ella acariciaba sus huevos y se tragaba toda la pija haciéndo desfallecer de placer a su ocasional amante.

   De pronto, él la tomó de la mano y la puso de pie. Suavemente, la recostó contra la pared de la caverna y la levantó por las piernas colocando su cabeza entre ellas. Muy tiernamente, comenzó a acariciar con la punta de su lengua el clítoris femenino, mientras los pezones de mi querida Patri eran oprimidos por las manos de su amante. Ella gemía como una loca y gritaba: -·dame toda esa lengua amorcito, chupamela así que soy toda tuya, dame más lengua …damela toda”- El no se hacía rogar y le enterraba la lengua en la concha, mientras sus dedos cambiaban de destino  acariciando y vibrando en las puertitas del culo de mi amada. Ella, sin soltar aquella pija soñada, deliraba de gusto y tenía su primer orgasmo: -“Estoy acabando, guachito mio, no dejes de mover esa lengua, damela toda…si…la quiero”- y apretaba sus piernas como para que la lengua de su machito se le quedara a vivir adentro.

   Cuando las convulsiones de Patri cesaron, se paró y –en gesto de agradecimiento por tan gloriosa mamada- besó tiernamente los labios de Wilson. Luego, se puso de rodillas, tomó la vergota entre sus manos y dijo:-“ Ahora quiero beberme toda tu lechita, hermoso”- y comenzó a pajearlo violentamente. Luego, cesó el fenético movimiento y la introdujo en su boca todo lo que pudo iniciando un tránsito envolvente de su lengua `por el rojo glande. Por momentos detenía el movimiento, por momentos se la comía toda y luego reiniciaba la movida, incrementando los gemidos de su deseada pareja. La verga ya despedía sus primeros jugos. Wilson gritaba: _”Shupame pau..tudo”- y tomaba con sus manos la cabeza de Patri  para hacer llegar su verga hasta la garganta de mi putita hermosa. –“Tuda mi leite para vocé, garotinha”- decía e incrementaba el movimiento de sus caderas, enterrando su garrote en lo más profundo de Patri. De pronto Wilson comenzó a temblar, se escucharon los gemidos de Patri parcialmente disimulados por la tranca que estaba degustando, y torrentes de leche  se vieron asomar de los labios de mi tierno amor. Ella, solícita con su amante, trataba de tragarse toda aquella generosa ración, pero su boca no alcanzaba y el excedente chorreaba por su cuerpo, mientras se veia relamiendose de gusto. Wilson, enarbolando su verga como trofeo de guerra murmuraba: -“ Gustoso…gustoso…tuda mi leite para vocé argentina bela, agora quero sua buceta”-.

   Ambos se pusieron de pie, se abrazaron y comenzaron a comerse la boca. Los labios de Wilson empezaron a teñirse con el blanco de su propio semen, con el color de la leche que aun emanaba de la boca de mi mujercita. Se besaban, se acariciaban, se mimaban como una pareja de tiernos novios. Yo, mientras tanto acariciaba mi verga haciendo grandes esfuerzos para no acabar, ya que presentía que la mejor parte estaba por venir.

   Y la realidad me da la razón una vez más. Wilson toma a Patri por la cintura y monta la pierna derecha de ella sobre una roca, levantando su culo hasta ponerlo a la altura de su verga. Acaricia suavemente las caderas de mi hermosa dama, e introduce dos dedos en su vagina iniciando en exquisito mete y saca. Patri gime…me mira fijamente a los ojos y, a pesar que quiere evitarlo, gime con su mejor cara de puta. El acerca la cabeza de su palpitante animalito a la conchita de mi Patri…la frota contra su clítoris mientras sus manos se aferran fuertemente a las inflamadas tetas de mi dueña. Un grito de ella me lleva a bajar nuevamente la vista hacia su sexo. ¡Cómo la están cogiendo, mi hermosa!…Su concha está totalmente llena. Una verga enorme, lubricada  y palpitante se mueve muy dentro de lla provocandole los mejores suspiros. Patri está a mil, su cabeza gira y sus labios buscan la boca del macho que la enloquece con sus bravías embestidas. Su lengua se encuentra con la del paulista y cintura se mueve frenéticamente hacia atrás obligando a su concha a ir incesantemente en busca de aquella verga que la somete y la subyuga. La siente adentro…mi pobre amor…muy adentro, taladrando sus entrañas, convocando a todos sus zumos, haciendola hembra…más hembra que nunca.

   º”Dame pija, hermoso mio, la quiero, me vuelve loca, me encanta…me estás matando. Cojeme, no dejes de moverte sentime…,mi concha caliente es solo tuya”-. Patri no da más. Quiere acabar temblando sobre la hinchada pija de Wilson. Me mira..ve como me pajeo y abre grande su boca en un gemido interminable. Sus ojos se muestran extraviados, está cabalgando sobre la pija que siempre soñó, está llamado a todos los duendes del orgasmo para que la hagan, al menos por unos segundos, la putita más feliz del universo. Y, finalmente, llega. Y Wilson, llega. Y se abrazan fuerte e intercambian sus liquidos. Y la pija de él se entierra más fuerte que nunca en sus estertores postreros. Y ella delira de lujuria, y eso me encanta. Y la leche de él en se vuelca en sus entrañas y se siente muy mujer, muy de Wilson, muy poseída, muy bien cogida. Y yo me acerco a ellos y descargo mi leche sobre las tetas de mi hermosa. Ella apenas me mira…y lo besa como una novia enamorada, Ellos se abrazan…ellos se besan…ellos se tocan mientras mi semen baja por el cuerpo de mi esposa. El, Wilson , en español le dice:-“Ahora quiero tu culo mi amor, quiero hacerte, cosita, el culo”-. Ella le toma la manos y mirandolo, embobada, a los ojos, le reponde:-“Hoy solo toda tuya mi amor, podés  pedir lo que quieras, podés poseerme de todas las maneras. No quiero que dejes de cojerme…no quiero”-.

   Para mi, ya era demasiado. Para un solo día. Me interpuse entre ellos y dije:-“Si quieren seguir disfrutandose pueden hacerlo, pero no ahora, en otro momento. Mañana podemos reunirnos en nuestra cabaña y vivir toda una noche de sexo. Esta vez también yo voy a participar. Mañana, Patri, vas a tener dos vergas de carne y hueso muy adentro. Vas a gozar como la hermosa puta que sos. Mañana va a ser un día inolvidable.

   Nos fuimos entonces. Pero antes, ellos se abrazaron y se besaron. Primero tiernamente y luego enredando sus lenguas. Ella dijo: -“Hasta mañana, te espero”-. El le respondió: -“Adios, te deseo:”-. Nosotros, nos tomamos de la mano y caminamos por la arena rumbos a la salida con la alegría de una fantasía cumplida y la perspectiva de nuevas delicias para los sentidos.

 

Mi tia Paola

Soy Martin, vivo en Buenos Aires, y esta historia ocurrio ya hace un

par de años. Mi tia Paola vive en la localidad de Glew, al sur  de la

provincia de Buenos Aires. Y durante años ella fue mi mas inalcansable fantasia…Esta es nuestra historia.
   Solia ir a visitar a mis primos,a pesar de lo largo del viaje,  solo como una excusa. Recuerdo ver siempre a mi tia en fiestas familiares, con esos vestidos de generoso escote, y esas caderas sensuales que hacian las delicias y el deseo de mas de uno en cada evento. Yo era el consentido de mi tia Paola, siempre me subia a su regazo, me apoyaba la cabeza contra sus pechos y me acariciaba el pelo con cariño. A partir de los 12 años, esa costumbre comenzo a excitarme, a hacerme sentir deseos de lamer esa piel y probar ese perfume que me volvia completamente loco…

Y fue a esa corta edad que comenzaron mis visitas, cada vez mas asiduas, solo para estar

cerca de esos sensacionales pechos y ese culo fantastico. Esta

situacion

se dio por años, desde mis 12 años hasta los 23 fantasee con mi tia y

me

entregue a desenfrenadas masturbaciones imaginando todo lo que seria

capaz de hacerle de tenerla una noche para mi.

Recuerdo en especial una tarde de octubre, en la que me dio fiebre estando de visita en su casa. Ella me dio los cuidados de rigor, una píldora antifebril, reposo y paños humedos en la frente.

Tenia yo 16 años y mi tio no estaba en casa. Mis primos dormian arriba y yo en el sofa de la sala en la planta baja.

Tia Paola paso la noche atendiendome. Yo miraba su camisón semi transparente, a traves del cual se mecian un precioso par de tetas con pezones de enormes aureolas oscuras.

La erección debió durarme toda la noche.

Ella me cambiaba los paños y me daba besitos en la frente, mientras sus pechos se bamboleaban ante mi cara…era una sensacional y muy caliente situación.

En un momento mi tia, mientras me ponia un paño humedo en la frente y tomaba mi temperatura con un termómetro, apoyo al descuido su mano cerca de mi muy erecto miembro. Creo que contuve la respiración esos celestiales momentos en que duró aquella escena. Tia Paola debio darse cuenta de mi ereccion pues retiro su mano de inmediato y me sonrio algo nerviosa. Se levanto y me dijo

-te traere algo fresco martu…debes hidratarte…

La vi irse con esa tanguita enterrada en su hermoso culito y casi acabo alli mismo.

Volvio con jugo de naranjas y para darme de beber, se sento a mi lado y me ayudo a incorporarme abrazandome con dulzura.

Bebe todo mi martu, ya la fiebre esta cediendo…

Poco a poco bebí todo el vaso , al terminarlo Tia me apoyo en su regazo y me pidió que tratara de dormir un poco.

Apoyado en esos pechos di rienda suelta a mis mas oscuros deseos y la imagine teniendo sexo conmigo, pidendome mas, poseida de deseo, chupando mi pija con voracidad…

Pero solo soñaba por la fiebre y al despertar mi tia dormia a mi lado, con su boca pegada a mi cara.

No resisti la tentacion y la bese, lo cual la desperto inmediatamente, sobresaltada me miro y me dijo:

-Martu! Estas mucho mejor veo…!

-Perdon Tia – respondi

-es que soñaba… -trate de justificar mi proceder.

-No hay problema Martu…estas en la edad de la revolución de las hormonas y lo entiendo. Pero no lo digamos a nadie si? Será nuestro secretito.

Y sonriendome me besó nuevamente y se fue a preparar el desayuno.

Pasaron años de aquel hecho y no volvimos a estar en otra situación igual, pero nunca olvide ese beso.

Y estaba seguro que ella tampoco.

Paola era una mujer tranquila, exhuberante, simpatica, a la que mi

tio, por su adiccion al alcohol, no atendia como ella merecia.

  Pasabamos tardes tomando mates los dos sentaditos uno frente al otro

en el patio trasero de su casa, yo comiendole los pechos con la mirada

y saboreando su saliva de la bombilla. Ella me retaba porque queria que

yo llevara una novia y se la presentara, me decia:

   -sobrino cuando vas a venir con una chica? me imagino que a tus años

debes andar rasguñando las paredes no?

  Yo la miraba y le contestaba

  – Y si tia…a veces ando re caliente…que se le va a hacer!

  Ella sonreia y lo dejaba alli, pero un dia, una tarde en la cual mi

tio estaba de viaje y mis primos en un campamento, la historia, por fin, cambio.

  Ella me recibio con una remerita corta que dejaba ver su ombligo y

sus pezones duros asomaban pidiendo guerra, tenia un short de jean

ajustado por el cual escapaban sus nalgas …

  -Tia estas para el infarto !!!-le dije mientras nos saludábamos

  -Si no fueras mi tia…-exclame mirándola con picardía.

  Ella se sonrojo y me dijo

  -Hay Martin!!! las cosas que decis che…si soy una vieja

  Yo me hice el enojado y mientras ella terminaba de cerrar la puerta,

la abrace y le dije

  – Vos no sos una vieja Paola, sos una hermosa mujer, no vuelvas a

decir eso por que me enojare!

  Ella sonrio y me abrazo con fuerza y me susurro al oido

  -te gustan las maduritas sobrino?

Recorde el beso que años atrás nos dimos. Mi pija se endureció inmediatamente.

  Pero solo sonrei y le guiñé un ojo, luego le pregunté

  -Que raro vos vestida asi !!! esperabas a alguien?

  -A vos te esperaba Martu-me dijo sonriendo y tomando mi mano

Me sonrojé. La miré bastante nervioso.

  -Vamos a tomar algo fresco-agrego y me llevo a la cocina.

  Alli me conto del viaje del Tio y el campamento de mis 2 primos, y me

confesó que tenia ganas de que yo fuera a visitarla para acompañarla

esos dias.

  -Entonces me esperabas de verdad!!! Que bueno Paola! Yo también tenia

ganas de verte!- le dije entusiasmado

  -Seguro la vamos a pasar muy bien..-dijo con voz sugerente

  -Queres que vayamos de compras asi tenemos provisiones para el fin de

semana?- me pregunto.

  -Si claro, te acompaño, pero dejame darme una ducha antes

  -okey, vaya y apurese que me voy a cambiar este disfraz de

gata!!!-exclamo a pura carcajada

  Ella fue hacia el dormitorio, yo hacia la ducha, entré al baño, me

saque toda la ropa y me di cuenta que no habia toalla disponible, solo

una bastante humeda; me envolvi en ella de la cintura para abajo y fui

a

pedirle una a mi tia.

  Entre al dormitorio y la encontré en tanguita y con los pechos al

aire, ella se sobresaltó y se cubrió con las manos, sonrojándose levemente.

  -Perdoname Paola…es que no habia toalla seca y yo…-dije sin

sacarle los ojos de encima.

  -Hay Martin…pareciera que nunca viste a una mujer medio

desnuda…me pones nerviosa!!!

  -Y vos a mi ni te cuento-respondi y me mordi la lengua…pense que me

habia propasado en mi comentario, pero Paola se acerco a mi y dandome

un beso en la mejilla me dijo:

  -Martu…te gusto?

Nunca habia logrado olvidar aquel beso, y alli estaba frente a mi, casi desnuda e insinuandose…

-Toda la vida me has gustado Pao…nunca olvide nuestro beso…

Respondí nervioso y excitado.
  No se si para ese entonces ella ya habia notado la erección

descomunal que yo tenia, o si mis nervios la llevaron a deducir mis

deseos, lo

unico cierto es que no pude decirle mas, solo me limite a tomarla del cuello

con

suavidad y besarla en la boca; que me recibió abierta, con su lengüa

jugueteando con la mia afiebradamente y apretando su cuerpo contra el

mio

con fuerza. Mis manos volaban por su cuerpo, que se estremecia ante mis caricias. Visitaron su espalda, sus nalgas, escalaron sus pechos y buscaron su ya humeda conchita…

  Fue un beso maravilloso, y duro varios minutos, al cabo de los cuales

ella comenzo a jadear y me pidio:

  -Llevame a la cama y haceme tuya Martu

  La levante en brazos sin separar sus labios de los mios, y caimos

juntos en la cama.

  -Hace tiempo que fantaseo con esto- me dijo entre lengüetazos…

  -Yo hace años sueño con hacerte el amor Paola-le respondi mientras

apoyaba mi miembro, aun con la toalla encima, sobre su conchita, que

todavia escondia su pequeña tanga.

-ay Martu…la tenes grande y dura – murmuró mientras la tanteaba con sus manos a traves de la tela.

-Damela Martin…La quiero toda!!!

  Ella me acarició el pecho, me fue besando las tetillas, y me susurró

  -Por fin esta Verga es mia!!! Hace rato que no tengo una como la

gente!!!

  me saco la toalla a los tirones, desesperada…

  Y se la metió lentamente en la boca…

  Ahhhhhh fue sensacional, yo miraba mi miembro perderse en esa boquita

carnosa y me estremecia de placer, ella clavo sus ojos en los mios

mientras me fellaba como una verdadera PUTA, y eso me enloquecia…Su

boquita se cerraba sobre el glande con suavidad, mientras retorcía la

lengüa como una serpiente acorralada en su cubil.

  Sus jadeos, su cabello desordenado, su culo en esa diminuta tanga (

que se notaba empapada) y su mirada me harian perder la razón. Debia

darle a mi tia Paola un poco de su propia medicina…

  -AHHHH lauraaaaaa….yo tambien quiero chupartelaaaaa-le rogué.

  Sin soltar mi pija se dio vuelta ofreciendome la vulva en mi cara.

Practicamente le arranque la tanguita en tres zarpazos, y disfrute la

vista solo unos pocos segundos antes de comerme la concha que mas habia

deseado en mi vida. Hasta ese momento me habia encamado con tres

boluditas que mucho no sabian. Un olvidable Pete ( asi llamamos a la

mamada en argentina), y una vez un culo

(casi bah, porque se la enterre y me obligo a sacarla a los gritos), lo

demas habia sido

siempre ponerla y chau.

Pero mi tia Paola era una mina hecha y derecha,

que sabia bastante, no porque mi tio la supiera satisfacer o coger muy

bien, sino porque ( como ella misma me contaria mas adelante ) leia muchas historias eroticas y ( a escondidas )

miraba peliculas pornográficas.

  Era mi primer 69, y fue espectacular, le enterre la lengüa entre los

labios mayores y subi hacia el clitoris, al sentir sus temblores y

alaridos cuando masajeaba con la punta de mi lengüa ese botoncito,

acelere

mis lamidas, lo cual la puso totalmente loca, gemia, jadeaba, gritaba,

se encorvava,temblaba, estaba gozando de manera desenfrenada, y en eso,

yo, que con sus alaridos me calente aun mas, senti que ya no podia mas

retener esa leche que durante años espero por mi tia.

  -Paolaaaaa voy a acabar-grite

  Ella me clavo las uñas en las nalgas y aceleró sus movimientos al

mismo tiempo que gritaba:

  -ahhhhh….ahhhhhhh….yo…tambien…ahhhhhhhhh ….siiiii…dame

toda …ahhhhh ….toda tu lechita….ahhhh

  y con un estremecimiento que nunca olvidare, mi poronga, endurecida y

fuera de control, lanzó largos chorros de caliente semen en su garganta

casi en simultaneo con su acabada, que hacia temblar su vagina en mi

boca. Lami su culo que, casi imperceptiblemente, se abria y cerraba en

sintonia con sus violentos espasmos. Ella gemía descontrolada,

  Sentia su lengua saborearme y chupar con fuerza, mientras decia:

  -MMMMMM….siiiiiiiii…que rico!!!! ahhhhhhh

  yo la escuchaba y sentia desmayarme ante tanto placer, mi lengüa se

hundia en su culito cada vez mas, dilatandolo y ensalivandolo con

insistencia..

  -ayyy Martu!!! me queres hacer el orto tambien?! me gritó empujandome

cada vez mas el culo en mi cara

  -Paola, a partir de ahora soy tu dueño, y vos mi dueña-conteste con

la voz enronquecida…

  -Siiii papito…haceme lo que quieras mi amor- me grito lamiendome

los

huevos y aun temblando

  -Me trague toda tu leche, y jamas habia hecho algo asi…-confeso

lamiéndose los labios con satisfacción

  estábamos re-calientes y todo el tiempo que demoramos en concretar

nuestras fantasías estaba siendo recuperado con creces. La lechada que

añeje por tantos años recién asomaba a lo que seria el mas salvaje fin

de

semana de nuestras vidas.

  Mi lengua no dejaba de perforar su culito con ansias y ella me

limpiaba la Pija con una dedicacion alucinante.

  Mi miembro que no se habia ablandado del todo se estaba endureciendo

otra vez y entonces…

  FIN DE LA PRIMERA PARTE

  MARTIN

  ESCRIBIME!

   martinxy@yahoo.com.ar tengo una historia que

podemos protagonizar juntos