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Pasión terminal

Esta es una historia real, tan real que me pasó a mí en persona… y fue así:

  Hace poco que me mudaba a un nuevo barrio en las afueras, lleno de arboledas, fuera del ruido y la contaminación de la ciudad.  Por consiguiente no conocía a nadie y es realmente una sensación bastante fea…

 Ni bien descargamos las cosas de la casa del camión de mudanzas se acerco una de las vecinas, Gloria, era bastante latosa, curiosa y a simple vista era la típica chusma de barrio…

  Mientras mi hermana entablaba conversaciones con la loreta de la vecina, yo me fui al jardín con mi discman, para escuchar algo de música y estar un rato bajo el sol…

  No había nada ni nadie interesante en la calles, solo niños jugando, gritando y corriendo de un lado al otro. Fue justo ahí cuando lo vi., era mi vecino de enfrente…

  Su nombre era Tony, castaño claro, era alto de más o menos 1.80, tenía el pecho formado, a diferencia de sus brazos que eran más delgados, pero tenia un culo redondito que era un molde de la perfección. Una sonrisa que derretía hasta al más duro y unas piernas de atleta que pocas veces en mi vida había visto…

  Se acerco a Gloria, la molesta vecina, y la abrazo mientras saludaba a mi hermana. Un gesto de duda se asomo a mi cara y fue cuando me di cuenta que era su hijo. Fue cuando mi sister me llamo y nos presento, el me saludo con cierta timidez y yo con nerviosismo. Solo miraba sus ojos verdes como brillaban con el reflejo del sol…

   Lo invite a pasar y charlar. Por obvias razones no tenia mucho para ofrecerle de su comodidad, fuimos al patio y nos sentamos bajo la sombra de un roble… 

 – ¿Así que te gusta mucho el reggaeton? Digo, por la música que tenés, esta zona es zona de reggaeton, así que nos vamos a llevar bastante bien…creo – dijo que cierta confianza y amabilidad…

  Ya por lo menos teníamos un gusto en común, y debo decir que amo el reggaeton no solo para escucharlo sino también para bailarlo. En fin… charlamos casi 1 hora hasta la hora del almuerzo…

  Por la tarde volvió por mi casa y me invito a una fiesta. Según él, estaría genial y la pasaríamos espectacular, además seria mi oportunidad de conocer gente nueva y hacerme amigo de los amigos de Tony…

  Una vez en la fiesta el aspecto a simple vista era bastante positivo, mejor de lo que me imaginaba. Era en una gran casa, junto a la piscina, gente charlando, bailando, música al máximo, jóvenes divirtiéndose y uno que otro bombón que se me antojaba bastante…

  Me presento un grupo bastante singular de personas, eran súper divertidas y alegres. La verdad que hacia mucho tiempo que no me sentía tan bien con un grupo de personas que, hasta ese momento, eran extraños…

  Luego tocó el momento del baile y no me quedé atrás. Junto a un rubio y una mulata les enseñamos a esos niños como se baila. Esa noche enseñe y me enseñaron nuevos pasos y la verdad que por la cara de Tony había quedado bastante sorprendido por mi manera de bailar…

  La fiesta continuó como hasta las 6 am, momento en que regresó cada uno a su casa y me tire a dormir como hasta las 4…

  Luego llegó Tony y me invitó a su casa. Por alguna extraña razón no había nadie en la casa y tenia una pinta de no volver en un buen tiempo…

  Me invito a su cuarto y descubrí algo bastante llamativo, al menos en ese momento. Sobre la ventana había un telescopio y un largavistas, cuya ventana daba a mi cuarto. En su momento no entendí bien eso, pero luego lo entendería…

  Mientras miraba por la ventana, él aparecía por la puerta con el whisky irlandés del padre. Y justo en ese momento fue cuando entendí perfectamente lo que sucedía, o lo que iba a suceder…

  – Hay algo que quiero decir pero no me animo a decirlo, entendéme por favor – dijo con cierto nerviosismo. Luego de ello se mandó un vaso hasta el tope de whisky…

  – Quería decirte que me gustas y no me anime a decírtelo antes por miedo, es muy difícil para mi verte a los ojos sin que te vea el culo antes – dijo con cierto bochorno y a la vez que algo de humor. Luego se tomó otro vaso. Era como si quisiera tomar coraje con el alcohol…

  – Basta, primero: dejá la botella, porque te esta pegando fuerte. Dos: vos también me gustas y mucho y el solo hecho de tenerte cerca me pone nervioso y tercero: ¿qué esperas para tocarme, besarme y demostrarme cuánto te importo? – al decir eso me descargue completamente y me sinceré completamente…

  Me acerque a sus labios y antes que pudiera, siquiera, reaccionar le partí la boca de un beso que le llego hasta el alma. Lentamente comenzamos a quitarnos la ropa, bah… lentamente, lo que se dice lento pues no, a los 2 segundos ya estábamos sobre la cama desnudos. Lo que demuestra cuanto habíamos esperado ese momento…

 Me tiró sobre la cama y se monto en mi pene, era una sensación hermosa, pese a que ambos teníamos mas nervios que sangre era algo que ya era tarde para detener…

 – Quiero hacerte algo que hace tiempo quería hacer con alguien – mientras decía eso, subía y bajaba en una deliciosa rutina llena de lujuria y desenfreno. Me calentaba mucho el solo hecho de sentir su culo prieto y macizo abriendo camino a mi deseo mas profundo, romperle el culo a pijazos y acabarme en él…

  Éste juego era cada vez mas rudo, violento y cada vez nos gustaba mas. Comencé a cogérmelo con toda violencia, sin tener lastima alguna de que su ano pudiera, siquiera, estallar de tanta fricción. Me había endemoniado con su culo y solo quería poseerlo, que fuera únicamente mío, solo yo era su dueño y tenia derecho para cogerlo a cualquier hora…

 – Ahhh!!! Seeee, seeee mas duro, la quiero toda, no pares, hacéme tuyo, soy tu putito personal, rompémelo, seeeee, seeee, ayyyy que rico!! – eran las cosas que mas repetía y lo que yo mas le hacia. Era un pendejito insaciable y yo estaba dispuesto a saciarlo…

  En mi mente se cruzaban sucias ideas bastante sexuales. Nunca había sospechado que esa tarde lo haría mi esclavo y que ese verano sería el más activo de mi vida.

  Lo puse en cuatro patas, separé sus piernas y comencé a darle al nene su carne, la cual cada vez se estremecía y endurecía cada vez más. Gozábamos como dos pendejos de 17 años sedientos de placer y hambrientos de deseos que cada vez salían más fuertes a la luz. Y en parte porque realmente teníamos 17 y dimos todo aquella tarde en aquella cama…

   Lo hicimos en la cama, en el suelo, contra la pared, sobre la silla, ya nuestro desenfreno no tenia limitaciones para tanto despliegue pasional…

  Terminamos a las 4 horas, pero teníamos ganas y fuerzas como para otras 10 mas, él era una hiena que atacaba a su presa y yo un burro que satisfacía cuanto deseo se presentara…

   Ésa misma noche, como a eso de las 2 am, escuche ruidos en mi patio y decidí asomarme por la terraza a ver. Era él.

  – Ya tengo todo lo que necesitábamos en mi mochila, ahora hacéme tuyo nuevamente, me encanta tu manera de coger, sentáme en la pija nuevamente –

  Abrí la mochila y deje caer el contenido sobre la cama. Había 6 cajas de preservativos, vaselina, un vibrador, un cinturón de cuero y un par de esposas de policía. Se venia fetichista el tema. Aprovechando que mi hermana había salido a bailar hacía media hora, y mi madre estaba trabajando como medica y ambas no regresaban hasta las 7 de la mañana aproveche la oportunidad…

  – Te molesta si me pongo cómodo? – se saco los pantalones y quedo desnudo, técnicamente, no traía ropa interior, o sea, ya tenia re claro a lo que venia…

  – Me voy poniendo en posición para ahorrar tiempo, pero quiero que me hagas gritar como una perra, ¿OK? –

  No tardo ni 10 segundos en ponerse en cuatro patas ni yo en estar encima suyo. Como me iba a gustar vivir en ese barrio…

   Separe suavemente sus nalgas, que en guarecían un tesoro al cual ya había accedido antes, pero que volvería para viajar por los pasajes de su interior. Por un lado estaba súper excitado por el hecho de descargarme sexualmente con él, ya que me encantaba y me encanta el sexo. Pero por otro lado me estaba compenetrando demasiado con Tony, es más, estaba enamorando cada vez más de él…

  Se la puse de tal manera que el barrio completo tuvo un testimonio de nuestro deseo, se estremecía cada vez mas y con ello venían gemidos cada vez mas agitados y acelerados que eran eco en mi cabeza.

 Podía sentir mi pene bailando mambo en su ano, dejando desierta la hipótesis de que le quedara algo de virginidad, era un hecho, fue mío mientras duro.

  Me quite de encima suyo, se paro y se lleno las manos de vaselina, chorreaba por sus dedos, me lo puso en mi latentemente rojo miembro y comenzó a subir y bajar con un brío impresionante, digno de los máximos expertos del cine porno…

– No pares, nooo, que quiero más de vos, me encanta como lo haces, en serio, dame más rápidooooo – dicho y hecho…

 Le di como nunca antes lo había hecho con nadie, en ocasiones me faltaba el aire, en otras mi corazón latía demasiado rápido. Disfrutaba mucho de su presencia, no solo para el sexo, estaba loco por él…

–  ¿Que te parece si cambiamos de roles? – él acepto de inmediato, ni bien me acabe en su cola accedió de inmediato…

 Se tumbo sobre la cama, dejando separadas sus atléticas y firmes piernas, llevando su pija a mi boca, indicándome como lamer un pedazo gran y duro de carne para obtener su aprobación sexual. Que bien que se sentía hacerlo…

  Esta vez seria yo el encargado de darle el mejor orgasmo que jamás le haya hecho antes. Me prendí de su miembro como un naufrago a una madera en medio del mar. No lo dejaba por nada, yo se lo hacia tan rápida y enérgicamente que sus gemidos no se hicieron esperar…

  Mi lengua recorría hasta el último centímetro de su pubis, anteriormente virginal. Desde la punta del pene hasta sus bolas mi lengua arrasaba con todo a su paso y no dejaba un solo sitio sin provocar en mi victima una sensación de placer sexual espontáneo que se incrementaba cada vez más con el correr de los segundos. Y de mi boquita petera que no iba a dejar al muñeco con cabeza…

– Ahora te toca demostrarme de que estas hecho papi – dije esperando a que de una vez por todas me demostrara que tan lujuriosos podíamos ser aquella noche, en mi cama y con mi enorme ventanal que daba a la calle completamente abierto…

  Me puso en cuatro patas, con las nalgas mirando a su cara y me hizo algo que realmente me encanta: me lamió el ano…

  Prácticamente se había abrazado a mi cola, por fuera sus manos sujetaban fuertemente mi culo, evitando poder escapar de sus garras y por dentro una lengüita que daba sus manjares más sabrosos en una revolución sexual sin precedente alguno…

  Me estaba cabeceando el culo, literalmente, y me encantaba. Gozaba como nunca, es mas, era tal el éxtasis que tenia, que podía flotar de lo libre que me sentía…

  Hasta que llego el tan esperado momento: me la puso definitivamente y me hizo sentir su presa, indefenso de sus ataques más brutos, más sádicos, más explícitos. Tanto que pedía a gritos que nunca más la sacara, quería que viviera en mi interior por siempre…

  La ponía desesperadamente, gritábamos al unísono. Éramos una sola persona, su cuerpo y mi mente formaban al ser más lujurioso que pudo vivir. Solamente me faltaba relinchar, yo era su caballo del sexo, él era mi jockey ansioso por descargar en mi interior toda su virilidad contenida…

– Maaaasssss, maaaassss, quiero maaaassss – eran mis suplicas y su contestación fue mejor: me la enterró a más no poder.

  Me coloco de costado y me puso todo su armamento sexual, nuevamente adentro, como tanto quería, como tanto me gustaba. Me la mando a guardar nuevamente, no me dio ni un solo descanso para reponerme de tanta violencia anal, o un respiro. Como me calentaba que fuera tan insaciable…

  Era una maquina de coger y una bestia para meterla. Era muy ruda la manera con que me despojaba de mis últimos segundos de virginidad. Estaba siendo fornicado por un burro rabioso y hambriento de orgasmos…

  La metía toda, hasta el fondo, la sacaba por completo y la volvía a meter. Era demasiado fuerte como me lo hacia, era una delicia y todo un manjar la sensación de esa penetración ultra satánica que hacia estragos en mis entrañas…

  Hasta que me dijo con sus últimos sentimientos de claridad – me estoy por acabar – Me quite de encima y me la lleve a la boca, se acabo en mi boca mientras mamaba los últimos restos de un sexo que se aprovecho de principio a fin de mi cuerpo…

  Al terminar definitivamente con un acto de apareamiento sin precedentes, me recosté sobre su húmedo y sudado pecho, contenido por sus brazos mientras me besaba la cabeza…

– Te molesta si te digo que te quiero mucho?- Pregunto

– Te molesta si te digo que te amo demasiado? – Respondí

Nos besamos apasionadamente hasta quedarnos completamente dormidos. Pero aun en mis sueños podía sentir la textura de su piel, el olor de sus cabellos, la calidez de su mirada y el placer obtenido al fusionarnos aquella noche…

  A partir de ahí se convirtió en el amor de mi vida. Dimos todo por nuestro amor, pero hubo algo que nos separo para siempre…

  Como a los 5 meses de estar de novios, comencé a notarlo mal, enfermo, como si algo me ocultara, y cada vez que le preguntaba que era me cambiaba de tema…

  Una noche nos juntamos en mi casa, hablamos y me contó toda la verdad. Luego de llorar, contenernos y besarnos despojadamente, hicimos el amor por última vez… Jamás me imagine que lo que me ocultaba era algo tan grave. Me dolió en el alma…

Tony murió el 7 de noviembre de 2004 a los 19 años de edad, producto de un cáncer terminar que se llevo no solo su alma, sino también la mía. Hoy a mas de 3 años de esa fecha, lo recuerdo con mi corazón, esperando poder llenar el vació que dejo en mi interior y sin olvidar que fue mi único verdadero amor…

Espero tus comentarios a Valdenvolten_len1733@hotmail.com

El payaso Pijalarga

Esta es una historia real, tan real que me paso a mí en persona… Todo ocurrió en el cumpleaños de uno de mis sobrinos, Kevin, el cual iba a cumplir 5 años de edad, mi corazón latía de felicidad porque mi pequeño cumplía un año mas de vida y mi cuerpo por haber tenido un ano mas en mi vida…

   Con mi cuñado le habíamos organizado lo mejor posible la fiesta al pequeño de la familia, ya el simple hecho de verlo sonreír y pasar un buen rato agradable junto a sus amiguitos era una gran satisfacción.

  Como hacia ya un tiempo el niño quería una fiesta en un pelotero y castillos inflables decidimos cumplirle su deseo, todo era por el mas dulce y joven de la familia, la cual estaba completamente feliz por el nuevo año que estaba por recibirlo…

   Había torta, invitados, globos, comida, música, juegos pero hacia falta algo de lo cual no habíamos planeado… el payaso.

   Por suerte la casa de juegos donde decidimos hacer el cumpleaños contaba con la posibilidad de añadir al payaso a la fiesta, lo cual sin dudar aceptamos, esta fiesta tenia que ser la mejor que hubiera tenido el pequeñín, o al menos hasta que cumpliera 18, quisiera un auto, se mudara solo y viviera de fiesta en fiesta y de cama en cama, pero ahora partamos de la idea que tenia 5, vivía con nosotros y faltaría muchísimo para que huyera de nuestros brazos y dejarlo experimentar el mundo por si mismo…

   La fiesta estaba transcurriendo con toda normalidad, lentamente comenzaban a caer los invitados y en menos de 1hr la fiesta había dado inicio con toda la fuerza y energía que esta amerita…

    Llego el momento de la torta y todos reunidos a la mesa para cantar el feliz cumpleaños a una pequeña y maravillosa persona, creo que estaba por llorar al ver en su carita dulce y angelical la emoción y la sensibilidad con que recibía su nuevo año de vida…

    Luego llego el payaso, persona que no conocía personalmente hasta que lo vi ante los niños… tenia mucha gracia y simpatía, talento, hacia reír bastante a grandes y chicos con sus bromas y juegos y tenia un culo precioso…

   Terminado su acto mi cuñado actuó como un mago con trucos de los más diversos, sabia como entretener a los niños y le faltaban dos materias para recibirse de David Cooperfield…

   Pero mi vejiga no daba mas y decidí ir directamente al baño a vaciar mis 5 gaseosas y mis 2 cervezas, las luces estaban apagadas, al encenderlas descubrí al payaso cambiándose con los pantalones por el suelo, sin ropa interior y dándome la espalda, mostrando ese precioso culo macizo apuntándome con ansias…

– Perdón, no sabia que estaba ocupado – dije con toda vergüenza y sonrojado

– No hay problema, ya estaba por terminar de vestirme – me dijo con toda tranquilidad, me dio la mano y se presento, su nombre era Ezequiel…

Yo aun así conservaba cierto nerviosismo luego de haber tenido el placer de ver ese culo respingón al natural, como esperando que alguien le diera una mordida y se lo acabara todo…

  Fui directamente al urinal que estaba junto a el, me descargue como nunca, pero puede observar por un espejo que el payaso miraba por encima de mi hombro, como intentando llegar a un punto determinado, como si su vista quisiera posarse sola y exclusivamente en mi pene…

  Hasta que uno de sus comentarios me hizo estremecer y excitar hasta el ultimo de mis pelos…

– Que larga que la tenes, esta durita y todo, se ve re gruesa –    

Era mas que obvio que el payaso era de los míos, y tenia que aprovechar esta oportunidad que se me había presentado…

  Sin subirme siquiera el cierre ni haber guardado mi miembro dentro del pantalón me di vuelta hacia él y la masajeaba como haciéndome una paja…

   El solo se relamía y la miraba, hasta que le dije:

– Por que la miras tanto?? Que?? Acaso te gusta?? – con tono irónico

– Puedo?? – fue lo único que respondió, luego de eso se arrodillo y comenzó a pasar la lengua por la cabeza de mi pene como una serpiente enroscada en un palo, un palo de 19 x 5…

  A medida que pasaba su lengua empezaba como a soltarme un poco, a dejar salir mis ganas de cogérmelo como una bestia salvaje y convertirlo en mi presa, me lo iba a comer en breve…

  Fue en ese momento que empezó lo verdaderamente bueno, cabeceaba con mayor rapidez y agresividad, parecía una maquina de coser que subía y bajaba sin descanso alguno, su intención era conseguir mi aceite espeso, mi gasolina blanca, en castellano, me mamaba con el único fin de ensuciarse con mi semen caliente…

  No aguante mas las ganas de estar lejos de su hoyo, así que lo agarre, lo puse de espaldas y contra el espejo, le empecé a dar bomba de una manera salvaje, zamarreaba su culo como hice con pocos, le di para que tuviera al payaso mal cogido ese, pero en esta oportunidad iba a estar mas que bien cogido, cogidísimo, iba a toser semen durante días de tanto que le iba a dar…

   Su cara estaba contra el espejo y me veía como le daba masa incesantemente hasta dejarlo casi por completo sin hablar y sin respiración, mi satisfacción estaba en uno de sus niveles más altos, al igual que mi miembro.

  Parecíamos animales salvajes fornicando sin asco, vergüenza o localización, solo estábamos haciendo lo que nuestros instintos pedían hacer y con la intensidad que ambos requeríamos, el deseo era mucho y el tiempo poco, así que con cada penetrada aprovechábamos como si fuera la ultima y la gozábamos como la primera…

  Era una bestialidad la manera en que le daba sin egoísmo alguno mi pija para salir como un libro abierto y pelado su culo casi virgen, era el payaso mas afortunado que conozco, obtuvo mi paquete sorpresa sin siquiera ser su cumpleaños, y encima le hice la fiestita gratis…

  Mientras los niños afuera disfrutaban de la actuación de un mago, yo disfrutaba de la participación del payaso en el baño, yo era un mago… se la hice aparecer y desaparecer en el acto, era una rutina sin descanso…

   Gemía como un animal en celo, como una perra insaciable, prácticamente gritaba del dolor y la desesperación y disfrutaba del gozo y la satisfacción de tener mi carne en cuerpo, en época de guerra cualquier hoyo es trinchera… y estábamos a mitad de un bombardeo seminal en la que el era Japón y yo tenia la bomba de Hiroshima en mis manos,  o más bien, entre mis piernas…

   Luego de unos instantes empezó a fluir una deliciosa sensación por la punta de mi pene, como si algo quisiera salir a la luz luego de un largo aprisionamiento… lo regué con la crema que el tanto quería, que tanto esperaba, que tanto deseaba…

   Yo solo vi mi cara frente al espejo al expulsar mi alivio salado, sentía como una lagrima escurría mi ojo derecho, era demasiada de golpe, creo que ni con 20 pajas habré eliminado lo que elimine en esa ocasión…

   Sin mas que esperar fuimos hasta uno de los baños y cerro la puerta de golpe dejando oír un estruendo fuerte, lo que creí que llamaría la atención de alguno de los presentes. Por suerte el baño estaba bajando una escalera hacia un subsuelo y entre la música, los gritos de los niños y su euforia podríamos estar 10 horas sin que nadie no escuchara siquiera gritar…

   Me sentó sobre el inodoro y se monto nuevamente en mi pene como si fuera su único medio de transporte que lo llevaría a ver las estrellas, aun, con el techo sobre nosotros…

   Gemía, pedía y exigía, cada vez se volvía mas rudo, mas violento, mas excitante y comenzaba a tomar el color de una película pornográfica, todo sucedía de una manera en la que nunca antes eme encontré, cogiendo con un payaso

   Saltaba prácticamente sobre mi miembro, lo hacia suyo como solo pocos lo habían hecho hasta ese momento, su ano estaba cada vez mas dilatado y empezaba a tomar dimensiones bastante amplias, eso me excitaba mas todavía…

   Luego de 4 largas y bien aprovechadas horas mi pija latía como un corazón extremadamente agitado, la cabeza de la misma estaba roja por no decir morada, y las piernas me temblaban como si hubiera caminado 200 Km a mitad de la montaña, pero el montado fue otro…

   Nos vestimos, nos besamos unos minutos, nos tocamos por ultima vez< y tuve que decir adiós a ese insaciable y goloso ano que pedía por mas de mi espesa crema blanca para sabor izar sus noches de soledad…

   Luego de eso volví a la fiesta con mi familia, mientras le payaso se despedía por la puerta de atrás y caminando chueco luego de tan tremenda arremetida, luego de eso no volví a verlo, pero cada vez que alguno de mis sobrinos cumplía años yo quería hacerlo en el lugar donde conocí al payaso mas frenético y sediento de sexo que haya conocido en mucho tiempo…

   Ya su mirada con la mía estaba saciándose, su piel rozando con mi piel y sofocándose y en la noche lo imaginaba devorándome, atrapándome, provocándome, era lo que noche tras noche recoraba con melancolia al pensar que esa noche fue una noce en la que todos fuimos felices

 

MI MAIL ES VALDENVOLTEN_LEN1733@HOTMAIL.COM

 

 

 

Colegio Santa Fe de Lopilato

Esta es una historia real, tan real que me pasó a mí en uno de los colegios más prestigiosos de Latinoamérica y me produjo una variedad de sentimientos. Aun hoy los recuerdos como si hubiera sido hace unos instantes…

   Desde chico siempre fui bastante rebelde, es mas, casi podríamos decir que era indomable, no hacia mis tareas, no me importaban las responsabilidades y en la adolescencia continuó con el mismo frenesí. Lo único que me interesaba era ir al gym, escuchar música y estar con mis ‘’amigos’’…

   Hasta que a mis padres, no se les ocurrió mejor idea que meterme en un colegio internado y religioso, peor todavía,  en España, para ‘’aprender una nueva cultura y modificar mis actos violentos…’’

  Obviamente no estaba ni ahí con  la idea de ‘’internarme’’ en un colegio las 24 hrs. sin música, Internet y menos aun en un ambiente de religión concentrada. Seria un homicidio social, pero alguien tenia que hacerlo. Además, no soportaba mas estar con mi familia con sermones todo el día…

Acepté pero de mala gana, y ya estaba listo para ir al aeropuerto a tomar un vuelo de 19 horas que me llevaría al ¡¡¡lugar mas maravilloso de la tierra!!! ¿Alguien se lo creyó? Yo no, pero bue… por 950 euros por mes que esperaban, Disney?? Jajaj

   Para cuando llegue a mi destino no podía creer lo que estaba viendo, enormes jardines llenos de arboledas, prados verdes, aire puro, una capilla que parecía competir con la del Vaticano,  y una colegio del mejor estilo Harvard…

  Me recibió el padre Álvaro, un hombre de unos 80 años, bastante gentil pero que tenia la fama de ser bastante duro a la hora emitir una sanción contra alguno de los alumnos……

 Una vez empezadas las clases, el padre Álvaro me presentó frente a mi clase y la verdad que se notaba que la mayoría venia de familias bastante adineradas de la burguesía española…

  Fue justo cuando entró él, su nombre era Santiago Villalba, 27 años, morocho, ojos marrones y un cuerpazo que me dejaba perplejo. Sería mi nuevo profesor asignado…

  Luego de cada clase, los alumnos se retiraban a sus dormitorios para cambiarse y completar las tareas diarias…

  Mi compañero de cuarto era Federico, 16 años, rubio, ojos verdes y una anatomía que pocas veces había visto en personas mayores…

  Una noche, como a eso de las 4 am, mientras el resto dormía, escuché como quejidos viniendo de la cama de Federico. Me levanté y me di cuenta que se estaba masturbando con una revista porno…

  – Era eso, pensé que seria algo raro – pensé y fue cuando, en un ángulo, con la luz que provenía de la ventana vi que era una revista homosexual, no cualquier revista como había pensado…

  – Ahhh, ahhh, que rico que se siente – decía casi susurrando y pensando que yo permanecía en mi cama completamente dormido, el hecho de pensar en sus sensaciones me provocaba una excitación indescriptible. Por debajo de las sábanas ya hacia visto el tamaño de su pene y la verdad que era bastante largo, flaco, pero largo…

   A la mañana siguiente, en clase no podía quitarle la mirada de encima al culo del profe, era tan perfecto que me costaba trabajo dejar de mirarlo y en ocasiones me llamaba la atención porque supuestamente estaba ‘’con la mente volando’’. Si supiera en las cosas que estaba pensando…

  Al volver al dormitorio, Federico entró detrás mío y cerró la puerta con llave. Me sentó en la cama y me dijo con cierto nerviosismo:

 – Yo sé que viste lo que hice en la noche, y lo de la revista, te voy a decir la verdad pero por favor no se lo digas a nadie, OK? Soy gay, al igual que también sé que vos lo sos, pero  por favor no le digas a nadie, soy capaz de hacer cualquier cosa a cambio de tu silencio, lo que sea… –

  – ¿Cómo pensás que puedo decirle a alguien que sos gay si yo también lo soy, supuestamente? – Al finalizar mi respuesta me abrazó con fuerza tirándome sobre la cama, teniéndolo encima cara a cara…

  Se notaba cierta excitación de ambas partes, es mas, por una cosa u otra comenzamos a besarnos con fuerza y desnudándonos rápidamente, dejando fluir de nuestro cuerpos la respuesta a un interrogante sexual mutuo…

 – Quiero chupártela toda hasta dejarte la pija deshidratada como una pasa, el nene quiere la leche –

  Cabeceaba y cabeceaba con rudeza y violencia, estaba frenético, se posesionó de mi palpitante pene como un niño de un dulce. Me hacia gozar como nunca, se la llevaba hasta la garganta, la sacaba y se la introducía nuevamente en la boca. Podía sentir la punta de mi pija rozando su paladar…

  Cada vez estaba mas cerca de acabarme en su boquita petera y sus dientes blancos, ahora le quedarían más blancos que antes. Era un karma saber que algo tan sabroso como una mamada tendría que finalizar cuando me acabara en su boca, pero no serían la última, de eso estaba más que seguro…

  Mientras él me mamaba, yo con ambas manos lo llevaba hasta su destino para que no olvidara jamás el camino: la punta de mi pija. Para tener 16 era todo un maestro en el arte del sexo oral, me fascinaba como me lo hacía. Lo mejor fue cuando, durante la mamada, me masajeaba las bolas con ambas manos y no quitaba su boquita de vampiro lechero de mi miembro, se sentía deliciosamente fantástico y era solo el principio…

 Luego de acabarme casi 4 veces en su boca, entre gemidos y expresiones que mezclaban la satisfacción recibida con desenfreno, de un quejido dijo:

 – Cogeeeeeeme!!! Rompeme el culooooo!!! –  me costaba rehusarme a un petición tan fogosa como la del compañero con la boca llena de un liquido blanco…

  Debo decir que se ofreció ante mi como una hembra ante su macho dominante, tardo 4 segundos en poner en 4 patas sobre la cama con el culo mirando mi cara…

  Aprovechando tal ofrecimiento, le separé las nalgas y con mi lengua comencé a recorrer el contorno externo de su ano. Cada vez era más dócil, no ofrecía resistencia alguna y cada vez lo hacia gozar mas que antes. Se había convertido en mi perra personal, a partir de ahora cogeríamos cada noche…

 Le introduje dos dedos en medio del culo, para abrirle paso a la última y mejor parte de ésta fase sexual que tanto placer lujurioso nos había dado. Le abrí las nalgas y sin siquiera pedir permiso se las mandé a guardar una sola vez. Solo un fuerte respiro fue la respuesta a mi penetración…

  Comencé suave y cariñoso con su culo, para que se fuera acostumbrando a una faena salvaje que lo dejaría sin aliento por completo y sin poder sentarse cómodamente durante un largo tiempo. Mientras más me lo cogía mas le gustaba y mas gemía de dolor y pasión a la vez…

 – Seee, seee papi, dámela toda, soy tu nene malo y merezco tu violencia, merezco que me la des sin piedad, merezco ser cogido por gran pija hasta el amanecer de la semana que viene sin descanso – Fue todo lo que necesitaba saber, instantáneamente comencé a cogerlo con mayor brío y rudeza…

  Le empecé a dar para que tuviera, nada era suficiente para mi pendejito especial, sobre todo cuando le estaba dando sin asco ni lastima alguna. Comencé a sudar demasiado de tanto cogérmelo, me recosté en la cama y dejé que el nene me monte la pija un rato… Casi 4 horas estuvimos cogiéndo, me dejó la punta de la pija roja como un tomate y su culo quedo blanco como la nieve… Finalmente vi como le dejé el culo: Entraba mi puño entero dentro de él…

   Me vestí y fui a tomar una ducha. Para cuando volví al cuarto me causó mucha gracia, según él, no podía sentarse por lo morado que le quedó el ano… como me excitó esa respuesta, pero estaba cansado para volver a intentarlo, así que me fui a dormir…

  A la mañana siguiente, tendríamos un día libre, ya que era día de padres, pero como yo era el único extranjero y mis padres estaban a más de 10 mil kms tendría que estar en el colegio y como Federico se fue con su familia no tendría con quien coger. Eso creía…

   Mientras me bañaba en las oscuros baños del colegio, detrás mío apareció el profe sexy y me dijo:

 – No tendrías que estar con tus padres en vez de estar solito en un colegio como este? – Le explique la razón y me dijo:

 – Te molesta si tomo un baño también?? Es que tengo mucho calor – No me molestaba en lo mas mínimo, es mas moría por verlo desnudo…

  Mientras no duchábamos charlamos y me dijo algo que jamás me imagine que podría decirme o al menos saberlo:

– Te vi como te cogiste a Ledesma anoche, cogés bastante bien. Tal vez te preguntes como lo se, es que me gusta observar el comportamiento de mis alumnos y la verdad, tenés un culito privilegiado – me sentí bastante incomodo y solo puede responderle:

 – Me tengo que ir ahora – me agarro del brazo y me dijo: – Te digo dos cosas: La primera, ese jueguito de nene inocente y católico conmigo no funciona, dejálo para alguien que te crea. Y la segunda, no hay nadie en el colegio, estamos vos y yo y si no querés que le diga al padre Álvaro, te conviene darme lo que quiero…

  Me acorraló contra la pared, puso sus brazos entre mis hombros impidiendo mi salida y me pasó la lengua por los labios. Me besó en la boca y dijo:

– Tus labios saben mejor de lo que me imaginé desde que te vi cogerte sin piedad al rubiecito petero ése – y susurrando dijo – Te gusta punchi punchi? Ahora te lo voy a dar –

  Me dio media, me puso con la cara contra la pared, separó mis piernas y sin escatimar energía me penetró rudamente, tanto que sentía como un fierro hirviendo entre las nalgas que entraba, salía indeciso y optaba por ingresar nuevamente…

   En mi interior sabia que me gustaba, y mucho, lo que estaba haciendo el profe, pero por otro lado tenia miedo, nunca antes había sido cogido y para ser la primera vez se sentía bastante rico…

– Te voy a hacer vivir, dale gracias al señor por este regalo, nunca mas a volver a ser quien eras, te estoy haciendo hombre, carajo, un día me vas a agradecer esto y cuando te acuerdes vas a pedir que te cojan mas – Me lo decía al oído mientras me penetraba violentamente, sacudiéndome para todas direcciones, su miembro me bailaba en mis partes mas internas, como si quisiera establecerse ahí y no quisiera salir jamás.

 – Seee, me gusta, así, rompe fuerte sobre mi, quema y moja por igual, eso me gusta profe, que delicia – Dicho ésto, su pene comenzó a tomar dimensiones extraordinarias, como si al excitarlo con mis dichos se le parara el bicho, jjaa…

  Era un toro embravecido y ensañado con mi ano, se desquitaba violentamente contra mi, era una tortura indescriptible, pero convengamos que podria acostumbrarme a ese tipo de torturas. Además, mi ano estaba hambriento y estaba digiriendo un enorme pedazo de carne de 24 x 5. ¿Qué más se podía pedir…?

  Finalmente me alzo en sus hombros, contra la pared y me cogia en el aire, para estar sobre un columpio y me hamacaba con brío, podía ver las estrellas, aun estando en el sótano de un edificio de 4 pisos…

-Vení conmigo, te voy a hacer sentir tan bien que me lo vas a agradecer muchísimo- me levanto en sus brazos como una pareja de recién casados y a toda velocidad me llevó a su oficina. Tiró todo elemento que se encontrara sobre el escritorio, se acostó sobre él y con un tono provocativo, insinuativo y bastante erótico dijo:

 – Sentáte, toma asiento, que es para vos solamente, se que te gusta, dale, no me obligues a que te lo haga a la fuerza, hacé lo que tengas que hacer para hacer gozar como solo vos sabes hacer –

  Me subí sobre él, me introduje su verga jugosa en el ano y lo empecé a cabalgar, primero suave, para adaptar mi ano a tan tremenda situación y una vez que se acostumbro empecé a recibir demasiada satisfacción violentamente, tanto que en ocasiones llegaba a arrancarle fuerte orgasmos que por poco no lo escuchaban en Japón…

  Me lo hacia con mucha rudeza, su rugoso y grueso pene me llego hasta las entrañas, sentía como resbalaba en mi interior, chocando con cuando objetivo se encontrara en su camino. Era imposible resistirse a mi mayor debilidad, su pija gorda como anaconda del Amazonas…

  Con un tono bastante provocativo le dije:

– Estoy haciéndote bien la mamada papito? A lo que respondió con un gran gemido y signos de placer:

  – Seee, seee, sos un experto, sos fantástico. No pares porque te cago cogiendo y esta vez te lo hago re fuerte hasta dejarte sin aliento. Ya me voy a acabar en tu boca y vas a ver… –

  Terminamos luego de casi 3 horas y media de una misma rutina que se repetía sin cesar, y dejamos de lado lo sucedido haciendo como que esto jamás había pasado, hasta el día siguiente…

  Para cuando Federico regresó de la casa de sus padres nos armamos una fiestita erótica increíble, desde las 8 de la mañana a las 12 del mediodía, hora en que entrábamos a clases… Le conté lo sucedido con el profesor y me dijo que era muy habitual que pase, es mas, que ya había tenido sexo con 12 de los 15 profesores varones del colegio y que son uno mas morboso y pervertido que el otro, pero también que eran bastante dotados. De eso ultimo no que cabía duda alguna…

  Toco el timbre de salida y el profe hot, por no decirle maestro del sexo anal, me detuvo y dijo en voz alta que quería hablar conmigo. Espero a que todos salieran del salón, cerró las persianas, y ya la situación me la veía venir, pero me hice el desentido, cosa que a esta altura no me costaba mucho…

  – Mirá, estuve toda la noche pensando en vos, en tu cola, en tu boquita, y quiero recordar lo que tanto nos gusta, así que chuparme la pija como solo vos sabes hacérmelo –  Me lo decía mientras dejaba caer estrepitosamente sus pantalones contra el suelo y se subía en el escritorio para tomar comodidad al momento de ser succionado como solo yo, y un par de expertos, pero en este caso yo, sabia hacer…

   Me arrodille y comencé a darle al hombre lo que quería, él simplemente se dedicaba a gemir y a recibir placer, gozaba como pocos en tan poco tiempo. Suspiraba rápidamente, se notaba que no había tenido sexo antes con alguien tan joven como yo, y como lo hacia disfrutar de mi lengua, era mi peón en momento y en otros yo era su perra furiosa por lujuria y desenfreno sexual…

  Mientras le aplicaba una brutal mamada que le llegaba al centro de su miembrote viril, lo masturbaba a velocidades incalculable, digamos que faltaba poco para hacerle salir humo de su erguida chimenea…

  Me monté sobre él y comencé a cabalgarlo con toda la fuerza física posible. Subía, bajaba, subía de nuevo y volvía a bajar. Era una rutina que además de excitante y fogosa del punto de vista anal, era divertido, entretenido y a su ejercitaba mis glúteos…

  Era demasiado sabroso lo que estaba experimentado dentro de mí, se sentía tan bien, sus bolas completamente velludas, su miembro erguido como un obelisco, la punta gorda y robusta como pocas y juntos formaban un semental dispuesto a descargar toda su virilidad en el masacrado ano de su joven victima…

  Mis ojos estaban casi blancos, él cada vez mas rojo y sin deseo alguno de detenerse sin siquiera dar señales de piedad ante la persona que se estaba cogiendo. Sin saber que era simplemente un adolescente de 16 años…

  Luego, me quité de encima y fue cuando me dijo:

  – Ahora vas a ver de lo que tengo dentro que quiero sacar afuera, te voy a hacer mío y vas a acordarte de mí para siempre –

   Puso mis manos sobre el escritorio, separó mis piernas, abrió mis glúteos y retornó, nuevamente, en una salvaje faena sexual en la que la victima, como era de esperarse, era yo…

  Sin pensarlo dos veces me introdujo su virilidad por el culo, 2 cm. más y me salía por la garganta. Se sentía tan dura, tan tiesa, tan viva, tan… mía. Para cuando me di cuenta de lo que me estaba pasando, su grueso pene ya estaba bailando rumba en mi cola sedienta y hambrienta de lujuria mágica…

  – Ayyyy, como me gusssta tu colaaaaa!!! Sos mío, sos mío, sos míooooooo – gritaba a todas voces, definitivamente logré ubicarlo en el clímax adecuado, tanto que podía leer sus pensamientos mas sucios con solo sentir como se movía en mi interior…

   Desde su inconsciente más consciente dijo con todo dominante:

– Te voy hacer llorar el ano leche hirviendo, te vas a acordar por siempre del tamaño de mi pija y de mis múltiples acabadas – acto seguido: se acabo por 5* vez en mi ano, que a esta altura parecía un soldado herido en una guerra nuclear…

– Es un pecado lo que estamos haciendo, pero más pecador me parece el hecho de  negar al poder hipnótico que tiene tu cola firme y carnosa en mi sentido común. Date vuelta que papi te va a enseñar a ser cogido como se debe…

   Me subió al escritorio, nuevamente, llevó mi pierna derecha hasta su hombro y me la puso por cúa trigésimo sexta vez a las quincuagésima se ganaba un auto nuevo. Se ve que no tenía televisión en su cuarto, porque vivía cogiendo para entretenerse. ¿Quien no se divertiría así…?

– Cómo me calientan los pendejos putitos como vos, fuiste el primer al que le masacré el culo en esta escuelita de ‘’hombrecitos’’ de mierda, pero no el ultimo – Luego de decir eso, me lo quité de encima, me vestí y me fui a tomar una ducha a sacarme de encima el asqueroso hedor de la vergüenza de haber sido posesionado por un pederasta importante…

 – Si sabés lo que te conviene, te vas callar la boca y no decir nada, como ya sabrás, tengo una reputación intachable en el colegio y nadie te va a creer nada de lo que digas – fue cuando el padre Álvaro entró y vio semejante escena…

  – ¿Qué es lo que ‘’supuestamente’’ nadie le va a creer al joven? Muchas gracias joven, usted tenia razón, me doy cuenta que no es mas que un sádico e impío el profesor Villalba – Luego de ello le pidió que se vistiese y se retirara…

 – Era todo un plan? Pero… si no te da la cabeza para algo que no sea sexo a vos –

– Puede ser, pero sabes que? Nunca subestimes la capacidad de un adolescente enamorado, somos capaces de cualquier cosa, y si, estuve enamorado de vos, pero me di cuenta tarde de la clase de persona que sos –

  Las clases continuaron normalmente, con un profesor nuevo, mas bueno que el anterior, parecía un desfile de modelos, pero no iba a cometer nuevamente el mismo error en el mismo lugar…

  En Diciembre, junto a mis padres nos mudamos a Londres y comencé a relatar, desde el exilio, el recuerdo de los días más activos en mi estadía en la hermosa ciudad de Madrid y mi testimonio de uno de los colegios mas peculiares que hayan existido jamás…

 

Si te gusto mi historia házmelo saber ¿sí?, bueno gracias, mi mail es VALDENVOLTEN_LEN1733@HOTMAIL.COM, por cualquier consejo o sugerencia no tenés mas que escribir. Nos Vemos…

 

 

Mi ex

No se que me pasa, pero mi ex me pone como un burro, no hago mas que verla y se me para, y a veces hasta eyaculo sin más. 
Lo curioso es que no es una mujer increiblemene bella ni super sexy, mas bien es gordita, no muy alta pero con unas nalgas redonditas y riquisimas, y unos pechos, aunque no muy grandes, que me fascinan.
El asunto, me separe de ella hace casi un año, ya que las peleasse habian vuelto insoportables, y solo en la cama estabamos bien. pero ese dia en especial, ella llegó a mi casa a busca a nuesto hijo.  Cenamos y conversamos como amigos, que definitivamente no somos, y en el interin comienzo a verla con sus piernas descubietas y su chochito rasurado en diamante, que me enseñaba al sentarse sobre uno de sus tobillos.  Ya teia una hora con esa ereccón, no pude mas, me disculpé y fiu al baño, con la escusa de no estar muy bien del estómago, tome un cigarrillo y me meti en la ducha, a jalarmela como adolecente en celo, no tardé mucho en eyacular, pero me seguí masturbado, queria que ese deseo desapareciera, pero fue una mala idea, solo podia pensar en esa estupendisima amante que habia tenido por mujer hasta hace un tiempo, y la ereción regresó como si nada, y sin pensarlo, volvía la carga de nuevo.  Despues de eyacular por egunda vez y dehaber tenido un orgasmo conmigo mismo (cosa que muy pocas veces logro) pensé que seria suficiente.
Me puse ropa lijera y salí del cuarto, al verme en sorpresa, recostada boca abajo en un sofá cama que habia servido de escenario para las cochinadas que pondrian roja hasta a la mismisima Jenna Jameson, y dejando ver su riquisimo diamante entre sus piernas, y ahora con el plus de esas hermosisimas nalgas.  No pude más, y comence a sentir como mi amiguito se ponia de en firmes, listo a la batalla.  Me senté detras de ella y comencé a acariciarle los pies, ella, aunque de apariencia apática, no dijo nada y me dejo seguir por sus pantorrillas y por sus muslos.  Me hice pendejo y comencé a levantarle la falda paratener una mejor vista.  Mi pene comenzaba a latir, no podia creer que despues de dos veces todavia él queria más, y yo definitivamente tambien queria, vamos, esta mujer me pone como un niñato virgen con sobredosis de pornografia y guantes de box, desde el mismisimo dia que la conocí, pero ese es otro rollo.
Al ver su diamante hermoso me acerqué y me di cuenta que ella estaba mojada, tambien queria, pero como nuestra situación personal va de mal en peor, se hacia pendeja, aunque a veces me pedia que me detuviera, cosa que hacia.  En una de esas pausas se dio la vuelta, abriendo en el acto las piernas de par en par, y cerrandolas para acomodarse mejor ante mis ojos llenos de deseo.  Segua acostada, pero ahora le veia, y a sus pechos, como se ponian duros y sus pezones eran prueba de ello.
Nuestro retoño jugaba placidamente en su cuarto, asi que nos olvidamos de él en el momento.  Ahora jugueteaba con su ombligo y poco a poca me fui acercando a sus increiblemente hermosos pechos.  Yo sentía sus latidos cada vez más fuertes, mientras ella me acariciaba el falo con la parte trasera de la rodilla.  Ya estaba como cañon, pero mi orgullo, digo yo, me impidió cojermela como solo Dios sabe que queria, de una forma salvaje y desmedida. Me levanté, con mi pantalón mojado y mi trozo duro como un tronco, sin importarme ya que ella se diera cuenta.
Me fui a la ducha otra vez, por otra secion de amor propio pero no cerr bien la puerta y me di cuenta que ella me obserbaba mientras me la sacudia con úna fuerza incontrolable, ahora acostado en el piso de la regadera, con mi falo en la mano y una ducha de masajes en la otra.  La estaba pasando bien solito, ¿que podria faltarme?  Error mio, esa maldita erección no sólo no se fué, sino que se hizo más fuerte, yo ya estaba que no podia más.  asi que me puse unos baqueros y me estruje mi, no muy querid en ese momento, amiguito contra una pierna.  Ya me dolia, nunca habia tenido una erección tan larga y fuerte, y dudo que se repita con tanta facilidad.  Me dolia, y mucho. 
Vi que mi hijo ya estaba dormdo.
Regrsé al estudio y me di cuenta que ella tambien habia estado haciendo la tarea, el cuarto olia a ella, lo que me exitó aun más,   La vi parada ante un librero, viendo titulos, con cara de interes ante Shakespeare y Tolkien.  Me invadió un no se qué, y sin avisarle, le jalé la falda a los tobillos de un tirón y se lo enterre por el culo en una sola estacada, ella grito, fue algo entre dolor y placer, pero definitivamete más placer, ella se apolló en uno de las columbas de teca, como una stripdancer y comenzo a apretar y soltar las nalgas, una y otra vez.  Mi semen caliente, de mi ultima manuela habia dejado residuos que sirvieron de lubricante mientras comenzaba a escupir de nuevo, cosa que no tardó mucho, entre toqueteos, arrumacos, envestidas bestia, mordiscos, susurros, caricias, pellizcos… ella no tardó en tener un orgasmito simultaneo al mio, que ya habia eyaculado como si nada, con na fuerza que solo los vientos monzones podrian describir.
Tratamos de no gritar, y eso subió la temperatura aunque al final sucumbimos al escandalo.
Mientras ella se empezaba a recuperar de ese pequeño orgasmo, me abofeteó,
pero suavemente la empuje a sentarse en el sofá, me metí en su riquisima entrepierna, aun latiendo y le metí la lengua entre sus labios, llegando a su esquisita vagina y sintiendo esa mezcla de semen y jugos vaginales que sabian a gloria.  El orgasmito se convirtió en orgasmo y de ahi a orgasmon, ayudado por mi indice y mi dedo medio, recorria su interior buscando el famoso G, y encontrandolo.  Mientras ella me gruñia, “sal de ahi malnacido” mientras apretaba mi cara contra su entrepierna con una fuerza asombrosa.  Cuando senti que ya la tenia como un tren, se la volví a meter, esta vez por delante, no tardó en eyacular, mojando tanto mi sofacama como su hermosisimo culo.  Sintiendo eso, me salí y comencé a chuparle todo el malpa que habia salido de su mota, pasando la lengua por sus muslos, nalgas y por ese par de orificios tan rico, ahora más. le mordisquie trabajosamente el perineo, y le encantó, pero todavia mi pico estaba parado y yo seguia cachondidisimisimo, asi que se lo volvi a enterrar en el diamante, estaba logrando un orgasmo nuevo en ella, uno grande, y uno grande en mi, sentía todas esa cosquillas y convulsiones tan ricas, y comenzamos a hacer ese sonido caracteristico en nos que dice “la estoy pasando de reputisima madre!” ella se lo saco, y se lo metió en su boca, ya no tan duro, y lo lamió dulcemente, en ese momento vi algo lindo y dulce en ella, de nuevo, en su mirada…  Hasta que me agarró los huevos y me los apretó muy duro, pero con lacalentur q cargaba, me fascinó y mi manguera se volvió a convertir en garrote.  En ese momento regresamos a la realidad, no se por qué.  Ella se levantó, me besó sin soltarme el paquete, mas bien masturbandome.  Despues me abofeteó muy fuerte, se puso la falda, si pantaletas, tal como habia venido, tomó a mi hijo de la cama de su cuarto, y me dijo q hace rato no la pasaba tan bien, su mejor amante hasta la fecha, acto suguido, pense que me besaria de nuevo, pero se me acerco solo para susurrarme que no queria que volviera a pasar de nuevo, con un todo más bien de ira.
Pero yo seguia calientisimo, con una senseción agridulce en mi alma, asi que llamé a una amiga de toda la vida.  (pensando que esta calentura me la distraeria ella) para salir a tomarnos algo, pero me dijo que no, pero que pasara por su casa.  A ella nunca la habia visto como mujer, ya que la conocia desde que eramos muy niños, hasta esa tarde.  Nos sentamos en un sofá y ella me puso los pies en mis muslos, sé que noto el paquete, pero ella nunca le habia puesto atención, ni siquiera en ese momento. Comncé a acariciarle los pies, y la miraba a los ojos, como hace un buen conversador, entonces me dí cuenta, estaba ante una mujer extremadamente hermosa, que habia hecho fantasear a muchos hobres y ahora yo me sumaba a la lista.  Quice besarla, pero sólo me dediqué a sus pies en mis manos.  Ya no podia más, le conté lo que habia pasado y que estaba super caliente, no podia pasar un minuto más en su casa, Le confesé lo mucho que la quiero y que no queria que nada dañara nuestra amistad y que me acababa de dar cuenta que estar frente a la reencarnación de Venus (no exagero, en serio) no me ayudaria en esa tarea en ese momento.  Asi que salí, acompañado por ella a la puerta, me despidió con un beso muy dulce, en mis labios temblorosos, y la imagen de mi recien roto matrimonio pasaron por mi mente durante ese beso, me retiré y la abracé con tanta fuerza como amor sentía hacia ella, rozando com mi erección, sin darme cuenta, su entrepierna, a ella no pareció molestarle y no dejó de abrazarme, mientras no dejaba de sollozar ella se estrechó más a mi entrepierna y me pidió que me quedará, que no me dejaria manejar en ese estado. 
Me armó una cama en la sala y me acariciaba la cabeza para que me durmiera, entre caricias, tan dulces y palabras tan dulces, comence a exitarme de nuevo, pero ahora era distinto, no queria cojer, queria amar, me senté y le pedí que hiciera lo mismo, junto a mi.  Me preguntó por mi líbido, yo le dije que ya no estaba, pero ahora sentia algo distinto, igual de fuerte, pero mas dulce y limpio, la mire en esos ojos que emanaban dulzura, le besé la cara, ambas mejillas, la barbilla y los labios, con una terunra que rozaba lo ridiculo, pero no ahi, no le use atención, mientras mis manos acariciaban su delgada cintura y sus perfectos muslos, nos hundimos en un besó que duró mucho en el tiempo, pero muy poco en nuestrs almas, nuetros labios no se separaban sino para mordisquearnos o dejar que la lengua del otro jugueteara en el paladar ya no tan ajeno, sin saber como nos unimos en ese sofá, en su sala, hicimos el amor de una forma que nunca habia hecho, y sentí cosas que nunca habia sentido, al cuarto lo invadia un olor a jazmin fresco, ella me comentó que no era jazmin, era algo mas lindo, recostada sobre mi pecho, totalmete llevados por el momento, le dije Ana me estaré enamorando de tí?  Sólo sonrió muy dulce y linda, murmur´un “no sé, quizá, te molestaría?” Me besó el pecho y se quedó dormida.
Nunca comentamos lo sucedido, pero ahora no sé como mirarla, y me tiene confundido, porque no sé cómo la quiero ahora, lo que si se, es que cada dia la quiero más.

Tio y Sobrina

Una siesta de verano yo me fui a acostar como siempre, prendi el ventilador que hace un ruidaso terrible. En el comedor estaba mi cobrina viendo dibujitos hasta que todos se fueron a dormir.
Escuche abrirse la puerta, era ella, entro se saco su vestido y se acosto al lado mio y me pidio que le hiciera masajes. Dirigi mis manos sobre su espalda y empece a frotarle, lo hice por un buen timpo hasta que mi mano llego y toco la suave bombachita rosa con ositos y se la saque.
Vi sus hermosas nalgas y mi miembro se empezo a levantarse y cuando intente sacar mi mano ella la debolvio y la pyso mas abajo; llege a su cloris y estaba humedo, me agache y lo llene de vesos.
La di vuelta, se puso voca arriva la bese en su delicada boca y senti que lo disfrutaba en ese momento me posecione arriba de ella mi pene estaba que esplotaba y de un solo golpe se lo meti hasta el fondo y segui afura y adentro ella gemia de gozo no queria que pare. Senti su concha bien calentita fue como penetrar un pai y acabe…..Ella se deslizo asia bajo y tomo en su boca di duro miembro lo acaricio con su tierna lengua como un chupetin yo no tube mas remedio que derramar mi fluido en ella. Cuando terminamos ella se vistio y salio como si nada.
De vez en cuando ella entra a mi alcoba para seguir con la lujuria.

La psicologa

Alejandra era una Psicóloga recién recibida. Tenía unos 23 años y hacía dos que había terminado la facultad. Pese a ser una flamante graduada, dada la buena posición económica de su familiar y los ahorros que había juntado desde su niñez, pudo enseguida de graduada, instalar su propio consultorio. El mismo estaba en una zona casi céntrica de Buenos Aires, en Palermo. Alejandra iba a trabajar todos los días y siempre pasaba por el kiosco antes de subir a su oficina. Todos los vecinos del consultorio, la tenían bien vista, ya que los ajustaditos trajes que usaba difícilmente podían pasar inadvertidos para cualquier hombre heterosexual. Por lo general eran de colores oscuros o tranquilos (pasteles), pero las camisas blancas, que usaba a veces insinuaban, a veces dejaban entrever y a veces mostraban algo de sus generosos pechos. Por otro lado las faldas que usaba eran más bien cortas y muy, pero muy ajustadas. Esto le marcaba bien la bombacha y hacía que todos aquellos que se imaginaran el tercer componente, su vagina, la imaginaran deliciosa. Y así era.

Además Alejandra siempre estaba de buen humor y era muy simpática, con lo cuál esto aumentaba las fantasías de los hombres, que por lo general no saben diferenciar cuando una mujer está siendo amable, de cuando quiere algo más con ellos.
Luego de dos años de ejercicio de profesión, Alejandra vió muchos casos y aprendió también mucho, pero nunca había tenido un paciente “especial”. Hasta que apareció el primero. El paciente no era síndrome de down, simplemente tenía un problema de aprendizaje y de relacionarse socialmente. Las patologías que presentaba no encuadraban en nada de lo conocido y Alejandra no podía encontrarle solución al problema. No podía curar al paciente.
Luego de varios meses de tratamiento, y haber consultado incluso, a otros psicólogos y médicos de más experiencia y años de carrera que ella, la cabeza le hizo click y entendió cuál era la solución. Entendió como habría de curar a Federico, su “paciente especial” (de 18 años). 
Como todos los martes a las 17 hs., ese martes Federico fue traído por su madre al consultorio. Pero esta vez el tratamiento iba a ser muy distinto. La sesión Alejandra la inició con algunos juegos didácticos, para que el paciente se distendiera, entrara en confianza con el profesional. Hizo todo tal cuál le habían enseñado en la Facultad, hasta el momento de probar su nuevo método. Se paró de su silla y fue caminando hasta al lado de Federico. Ahí continuando con el juego al que estaban jugando le dijo: “C”. El juego consistía en: por turnos, uno de los dos decía una letra y el otro tomada el primer objeto cuyo nombre comenzara con esa letra. Instintivamente Federico llevó sus dos manos al Culo de Alejandra en menos de un segundo. Alejandra se quedó mirándolo fijamente, analizándolo, sacando conclusiones. Federico, vaya a saber uno si por susto o porque motivo, parecía que se hubiera quedado inmóvil. Sus manos permanecían en el lindo culo de la psicóloga. Alejandra prosiguió su idea de “tratamiento especial” para un “paciente especial”. “Hace lo primero que te venga a la mente” le dijo, y esto fue para Federico subirle la falda, dejando su culo con tanga al aire. Otra profesional hubiera terminado todo ahí mismo, pero Julieta estaba dispuesta a llegar hasta el fin, a hacer lo que hiciera falta para curar a su paciente. No iba a aceptar un fracaso. Alejandra le volvió a decir: “Hace lo primero que te venga a la mente” una y otra vez luego de cada acción de Fede. Lo primero que hizo Fede luego de que Alejandra quedara en tanga, fue tocarle el culo bien tocado, masajearlo, apretarlo. La vez siguiente que Alejandra le dio la misma instrucción, jugó con su tanga, lo tomó entre sus dedos, incluso lo corrió de su culo, dejando su ano al aire. Desde el punto de vista profesional, desconcertaba a Alejandra, el cero interés por sus tetas de Federico, cuando los hombres “normales” era lo primero que le miraban (incluso antes de saludarla).

Alejandra por su propia cuenta, se sacó el saco del trajecito quedándo en camisa blanca. Camisa escotada de la que sus senos, empujaban por salir. Se desprendió muy despacio los dos botones superiores de la camisa y los pechos salieron a escena. Federico los miró maravillado. E inconcientemente metió su cara en ellos y empezó a chuparlos como un recién nacido. Ahora sí, se ajustaba un poco más a las reacciones normales de los hombres. Alejandra lo dejó bucear entre sus tetas. El chupaba, lamía, a veces mordía, sin parar. Con cuidado, para no desconcentrarlo y cortar el efecto de catarsis que se estaba generando en Federico, Ale se desabrochó el corpiño y lo fue deslizando para sacarselo quedando completamente con sus pechos al aire. Las manos de Fede, seguían firmes en su culo. Que ahora tenía la tanga corrida. Ale tomó las dos manos de Fede, las sacó de su culo y las pusó en sus pechos. Fede comenzó a apretar muy fuerte, con una fuerza propia de quiénes no tienen todas sus facultades mentales al 100 % y esto parecía excitar a Alejandra. Pero en realidad lo que ella quería era que el retirara un poco las manos de su culo para poder sacarse la falda que tenía en la cintura. Luego de un largo rato, en que Fede estuvo apretando y chupando. Lamiendo y toqueteando, Alejandra se apartó hacia atrás semi-desnuda, en tanguita solamente. Fede en cuanto a ropa, estaba todo vestido. El tratamiento en lo físico, terminaba ahí. Luego lo que seguía y Alejandra tenía programado era hablar con Fede acerca de la experiencia vivida. Pero las cosas pronto se saldrían de control.

Ella dijo: “Bueno Fede, vamos a hablar de lo sucedido”. Ella quería reflexionar con él. Pero que siguiera teniendo presente la situación, por se quedó en su tanguita rosa. “¿Que sentiste?” le preguntó. Fede no contestó nada. Se paró, se le acercó, tomó su tanga con sus dos manos y la rompió de un tirón dejandola a Alejandra completamente desnuda en su consultorio. Fede, se agachó y comenzó a lamerle la vagina. Alejandra intentó resistirse primero, pero luego al ver como esa lengua, inexperta, entraba con potencia y alocadamente por toda su vagina, no pudo evitar dejarse llevar y correrse al rato. La situación se le había ido de las manos. Se sentía algo más puta, y menos profesional.

Cuando se dispuso a frenar el sexo, y continuar con la segunda parte de el tratamiento (la reflexión) Federico que estaba fuera de sí, como loco, la dio vuelta, se bajó rápidamente sus pantalones y demás y tomandola de la cintura le metió su pija en el culo. Ambos estaban parados y Alejandra que vió que ya no podría parar esto tampoco, puso sus manos en la mesa y se dispuso a gozar. Se imaginaba algo de la fuerza y potencia que tendría Federico y no se equivocó. Federico la penetró por el culo como un loco. Empujando, penetrándola muy rápidamente, sin parar. Era como una máquina. Alejandra empezó a gemir, a gritar, a pegar alaridos de placer. Y Fede seguía, como un robot. Pum Pum Pum. Lo cuál despertaba en Alejandra “Aaaaa, Aaaaa!, Aaaaaa”. Ale gozaba como Fede le penetraba su culito este que ya estaba más “suelto” la tomaba de la cintura y cada tanto le pegaba una palmadita en la cola, o bien le ponía manos en las tetas. Alejandra estaba muy caliente y Fede no paraba un minuto. Además su verga era grande y la metía bien hasta el fondo. Alejandra la sentía entrar bien por su culito. Hasta que Fede que no dominaba bien su cuerpo en general le acabó dentro. Tenía tanta leche, que luego sacó su miembro y lo que continuaba saliendo como eyaculación lo echó en el culo de Alejandra.
El tratamiento había cambiado de rumbo y tomado uno muy diferente. Mientras descansaban, Alejandra abrió un caro champagne que tenía guardado para alguna ocasión especial y ambos se tiraron en unos almohadones que Alejandra tenía ahí para hacer juegos cuando trataba a pacientes mucho más chicos. Los dos estaban acostados, tomando champagne. Alejandra no lo podía creer al tiempo que pensaba, son gajes del oficio. Fede cada tanto le hacía una caricia en el culo, del cuál había quedado enamorado y Alejandra se reía. Cuando Fede se “recuperó” un poco, Alejandra lo masturbó con sus manos, para aplacar un poco su instinto sexual y poder ella descansar un rato más. 
Luego de cómo una hora, ambos se recuperaron plenamente y tenían ganas de volver a la acción por más. Fede quedó recostado sobre los almahodones y Alejandra se sentó encima de su pija. Sintiéndola entrar bien hasta el fondo. Subía y bajaba. Subía y bajaba. Una y otra vez. Fede le tocaba y acariciaba el culo y cada tanto Alejandra bajaba su torso para que Fede tuviera que poner su cara sí o sí entre sus tetas. Ale seguía bajando y subiendo. Recibiendo pija en cada momento. Le encantaba la pureza con la que Fede la tocaba. Le encantaba su torpeza, que era también dulzura, y seguía subiendo y bajando para claversele la verga de Fede hasta el fondo. Cuando Fede se vino en semen dentro de ella, justo sonó el timbre. Eran sus padres que lo venían a buscar. Ambos se vistieron muy rápido, se saludaron y Fede se fue. Alejandra saludó muy sonriente a los padres de este.
Sus padres no podían creerlo. Luego de varios meses de tratamiento, su hijo se había curado, era normal. Nunca dejaron de agradecerle a Alejandra lo que hizo por su hijo.
ME ENCANTARÍA RECIBIR SUS “CALIENTES” COMENTARIOS A:
julieta_s24@hotmail.com

Esclava sexual en Arabia Saudita

Julieta era Gerente de Marketing en una importantísima compañía de origen norteamericano. Tenía unos 29 años y desde hacía ya 5 años que ocupaba ese cargo. Las presiones eran muchísimas, el trabajo agotador. Y ella estaba bastante cansada de las presiones, del stress.

Por suerte, no tenía familia, ni hijos que mantener. Lo cuál la hacía una mujer verdaderamente independiente.

Su vida, era una vida normal. Aparte de trabajar, iba al gimnasio unas dos veces por semana, salía con sus amigas los viernes y con un chico que había conocido hacía unos 4 meses los sábados.
Julieta tenía un amigo, que nunca supo bien a lo que se dedicaba. El se llamaba Eric y tenía contactos muy importantes alrededor del mundo. Había viajado por todo el mundo y conocía a muchas personalidades importantes. Julieta nunca supo a lo que se dedicaba su amigo, pero si sabía que era él quién podría solucionar su problema. Fue a verlo y le pidió que le solucionara el problema. Él le dijo que lo esperara unas dos semanas para gestionar lo que ella le pedía y que cuando estuviera todo listo él le iba a avisar.
La llamada de Eric nunca llegaba, hasta que por fin un domingo a las 20:45 hs. la llamada de Eric llegó. Él le informó a Julieta que tuviera todo listo y preparado para dentro de dos semanas. Para el domingo, dentro de dos semanas pero a la mañana. Que en ese día, en ese plazo, una camioneta la pasaría a buscar por la puerta de su casa y ahí su vida cambiaría radicalmente y para siempre como ella quería.
Esas dos semanas la tuvieron a Julieta presas de una ansiedad gigantesca, se dedicó a terminar todos sus asuntos y poco le importó su trabajo y la prestigiosa compañía para la que trabajaba a la que dejó de ir sin avisar ni cuando volvería, ni cuál era el motivo de su ausencia. Realmente no le importaba nada. No tenía nada de que preocuparse y estaba muy feliz con eso.
El domingo exacto una camioneta negra a las 8 de la mañana se acercó a su casa. Dado el día y el horario, no había nadie en la calle y todo estaba muy, muy tranquilo. Ella estaba vestida, lista para viajar y con una valija, en el hall de entrada de su casa.
En la camioneta viajaban tres personas. Todos vestidos de negro y encapuchados. El chófer, nunca se bajó. De golpe bajaron dos fornidos hombres de la camioneta. Le taparon los ojos y la boca y la metieron de un empujón dentro de la camioneta. Enseguida le vendaron los ojos y mientras pudo hablar alcanzó a decirles, que estaban olvidando de su valija. A lo que ellos le respondieron que al lugar a dónde ella iba, no iba a necesitar ni su valija, ni su ropa, ni otras pequeñeces del mundo occidental. Le dijeron también que no tenía nada de que preocuparse. Lo primero que hicieron estos hombres luego de vendarle los ojos, con una gruesa venda negra que no la dejaba ver nada, fue arrancarle bruscamente toda su ropa. Con una tijera, cortaron la remera que traía puesta, la falda se la sacaron de un tirón. Una vez en corpiño y bombacha, le cortaron el corpiño con el mismo cuchillo y le sacaron la bombacha. Le pusieron su propia bombacha, dentro de la boca y la amordazaron para que no gritara. Posteriormente, le pusieron otra bombacha, de color dorado, con una S, bordada en oro. Todo esto era un poco innecesario tal vez, ya que ella voluntariamente quería ir a dónde la llevaban, pero las reglas eran las reglas y había que respetarlas.
La camioneta viajó y viajó, Julieta no podría saber cuanto tiempo, pero probablemente hubo viajado unas ocho horas desnuda, atada y amordaza en la parte de atrás de una traffic negra, junto a tres hombres que cada tanto le hablaban. Le decían: “Tranquila nenita, que vos vas camino a un paraíso en La Tierra”.
Luego de estas ocho horas en camioneta, esta llegó a una especie de pequeño puerto. Pero no era un puerto común, oficial. Era un puerto clandestino. Vaya a saber uno propiedad de quién. Así desnuda cómo estaba, Julieta fue bajada de la camioneta y le destaparon la venda de los ojos para que pudiera caminar, pero no le sacaron la mordaza de la boca. Los tres encapuchados, la conducían hacía un barco, uno la agarraba fuertemente de los brazos y otro de ellos cada tanto le daba una fuerte palmada en la nalga y le decía: “Camina perra”.
Al llegar a la puerta del barco, había dos personas que controlaban el ingreso de la gente al barco. Intercambian unas palabras con los tres encapuchados, que la entregan y se van. Ella es puesta en un container grande junto a otras mujeres. Todas estaban desnudas, aunque no completamente, ya que todas tenían delicadísimas y diminutas tangas de distintos colores y con distintas letras, que indicaban el destino de cada una. La mayoría eran muy bellas.
Después de una media hora de espera, el barco zarpa y realiza una travesía por mar que dura aproximadamente unos 25 días. El viaje en barco fue muy muy duro. Como las vergas de los marineros que lo tripulaban. A la mañana muy temprano, a eso de las 7 las levantaban, aunque sin motivo. Las mujeres dormían bajo cubierta. Todas amontonadas. En el piso, o unas sobres otras, se iban acomodando como podían. Al rato de levantadas les daban un magro desayuno, de comida muy mala y en unos platos muy feos. Al respecto de eso, un día una chica, llamada Barbie se quejó e inmediatamente como castigo, fue atada desnuda al palo mayor del barco y dejada ahí casi un día entero. Luego de ese incidente, nunca más ninguna se volvió a quejar acerca del desayuno. A eso de las 10, eran subidas a cubierta, en tandas de a 7 u 8 para que tomaran un poco de aire y para ser “bañadas”. Esto era, colocaban a las mujeres en cubierta, se aprontaban los marineros dispuestos a enjabonarlas y enjuagarlas por todo su cuerpo. Eran manoseadas, hasta que los marineros se cansaban de toquetearlas y decidían pasar a la siguiente tanda (“a ver que era lo próximo que venía”). A Julieta, que era una de las más lindas, la toqueteaban muchísimo. Iban pasando los marineros por turnos y le apretaban fuertemente las tetas, que eran realmente preciosas. Le tocaban el culo, lo acariciaban, lo besaban, lo lamían. Y Julieta no podía decir nada. Los más “sueltos” le apoyaban y hacían sentir sus miembros en la cola, aunque eso no estaba permitido según las reglas tanto de Samoud, como de Vincent, el capitán del barco. Una vez “bañadas”, las mujeres eran regresadas bajo cubierta, y la espera que parecía eterna continuaba para ellas. A eso de las 12 hs. se les daba el plato principal y aquí si la comida era de mejor calidad. Por lo general había pescado fresco, recién pescado, carnes o conservas. A las 18 hs. se las dejaba nuevamente subir a cubierta para tomar el último aire del día y luego eran regresadas al compartimento dónde estaban.
A la noche, luego de que los marinos comieran y bebieran mucho, pero mucho ron. Entraban algunos a dónde estaban las mujeres (cabe aclarar que habría unas cien mujeres) y elegían a algunas de ellas, para el “show”. El primer día entra un marinero de nombre John con otros 6 marineros de menor rango que él. John dice: “A ver todas contra la pared que voy a pasar inspección”. Inmediatamente las mujeres obedecen. Señala a una chica, una hermosa pelirroja de una belleza exótica y de nombre Diana: “Vós vení al centro”. Diana se acerca al centro de la sala y los otros 6 marineros comienzan a “inspeccionarla” mientras John continúa eligiendo. Elección que hacía no para él, sino para el capitán y máxima autoridad del barco, Vincent, y el círculo de marinos de mayor jerarquía. Los otros marinos comienzan a tocar todo el cuerpo de Diana a ver si era “buena mercadería” y estaba “apta” para ser llevada a la sala de oficiales. Ya que el capitán Vincent, era muy severo cuando le traían mujeres que no eran de su personal agrado. El siempre decía: “Es fundamental que para evitar mi enojo, mi ira, inspeccionen bien a las mujeres, tóquenles el culo una y otra vez. Toquen sus pechos, verifiquen que estén bien firmes, métanles un dedo en el ano si tienen dudas, pero no me traigan “mala mercadería””. Además decía: “La belleza no lo es todo. Si creen que una chica no tiene la actitud adecuada para ser traída a la sala de oficiales. Pruébenla antes. Hágansela chupar delante de sus compañeras, a ver que hace, como reacciona”. Por suerte ese día no hubo pruebas que llegaran tan a fondo, pero sí estuvo el manoseo corriente en la inspección. Van eligiendo a algunas chicas más, a Diana le siguieron: Layla (una hermosa mujer de pelo castaño), Aylin (otra rubia para el infarto), Lay Lee (una hermosa oriental, con rasgos occidentalizados y muy buenas tetas), Natali (una morocha con un culo único) y otras más. Hasta ahora, Julieta estaba tranquila y respirando aliviada. Rogando que no la eligieran. En el turno nro. 8 el marinero la ve y queda impactado con su belleza. Y por lo tanto la señala. Julieta da un paso al frente y comienza a ser tocada por Big T (un marinero negro muy grandote) y por Sansilban (un marinero petiso y desagradable). Big T empiezan por tocarle las dos tetas con sus fuertes y grandes manazas. Mientras que Sansilban desde abajo le baja la tanga y empieza a mirarle detalladamente el culo. Le introduce dos dedos en el ano para asegurarse de que estuviera todo bien y de que podía perfectamente ser penetrada por esa zona. Luego pone su cara frente a frente con la vagina de Julieta, como si fuera a darle una fellada, pero solo hecha un vistazo en primer plano de su vulva. Finalmente son elegidas dos chicas más para completar una cantidad estipulada de 10 y el grupo es llevado a la sala de oficiales. John golpea la puerta de ese salón del barco, se anuncia y luego hace ingresar al grupo. Las mujeres son empujadas al medio de la sala. La matemática era perfecta, 10 mujeres, 5 hombres (Vincent y los 4 oficiales de más alto rango) con lo cuál tenían dos para cada uno, que por supuesto iban intercambiando. Además cada “fiesta” era distinta. No siempre las hacían hacer lo mismo. A veces algunos ni tenían sexo, de tan hastiados que estaban del mismo. Era entonces, cuando llamaban a algún marinero de confianza, o que les agradara, o al cuál le debieran un favor y lo invitaban como excepción a participar de las “reuniones de los altos mandos”.
En esta primera reunión de los “altos oficiales” en la que Julieta participó, ella fue el objeto de atención de el capitán, Vincent, y de su segundo, Simón. Los otros 3 se repartieron y entretuvieron con las otras 9 chicas, quedándoles 3 para cada uno. Y se divirtieron de lo lindo. Dándoles “matraca” a más no poder. Lo que hicieron Vincent y Simón con Julieta fue distinto, por lo menos al principio, ya que luego terminó como todos en sexo desenfrenado. La vieron tan bella, y a la vez tan expuesta e indefensa, y por otro lado con un culo tan lindo, tan “puro”, delicado, que no resistieron la tentación de ir por él. Pero no fueron utilizando sus miembros viriles, fueron aún más “duros”. Arriba de la mesa, había un grueso y largo palo de madera que se utilizaba como instrumento de navegación. El capitán señala, la mira, señala ese artefacto y le dice: “Acá con Simón tenemos una duda. El dice que eso no te va a entrar en el culo, pero yo digo que sí, y nunca me gusta quedarme con dudas, así que empezá”. Julieta miró extrañada el enorme palo de madera. A simple vista, jamás pensó que “eso” pudiera entrar en el ano de alguien. Ella misma no tenía mucha experiencia en el sexo anal, pero de a poco se iría sorprendiendo con sus propias capacidades. Simón: “¿Necesitás ayuda? Dale empezá de una vez”. Julieta comprendió que no se trataba de una broma, que iba a tener que introducirse semejante objeto por la cola. Primero tomó su tanga con las dos manos y se lo sacó, dejándolo en una mesa que había a un costado. Luego tomó con sus dos manos el artefacto, lo miró, lo estudió un poco y luego se inclinó levemente hacia delante, se separó las nalgas con la mano izquierda y comenzó a introducirse el palo de madera sosteniéndolo con la mano derecha. Lo primero que hizo fue rozar su cola con el artefacto, sin llegar a introducir nada. Y acto seguido, la mirada de los dos más altos oficiales del barco se hizo cada vez más severa. Sentía un calor en su cola, junto coraje y se introdujo la puntita del artefacto. Comenzó a empujar hacia delante y hacia atrás para agrandar la zona. Estuvo así un largo rato, pero el palo no podía llegar a introducírselo más de unos 3 o 4 cm.. Estaba tan concentrada en la tarea, que no notó que por detrás y de golpe se le acercó Simón, quién la sujetó con la mano derecha del hombro derecho y luego tomó en su mano izquierda el artefacto y lo introdujo hasta el fondo del ano de Julieta, de una, de un solo golpe. Julieta lanzó un grito de dolor, mezclado con un gemido de placer. Julieta sintió su ano explotar, reventar, pero ello no impidió que pasado el dolor inicial, sintiera alguna clase de excitación, un cosquilleo sexual. Vincent: “Viste Simón, te dije que entraría. Sólo había que encontrar la puta adecuada”. Una vez que el artefacto ingresó hasta el fondo, la cosa no finalizó allí. Se ve que esos dos hombres, estaban preparando la zona para algo. Simón saco casi hasta el final el palo, pero sin dejarlo salir totalmente del culo de Julieta y volvió a introducirlo con una fuerza bestial. Nuevamente esto le arrancó a Julieta un grito de dolor/placer. Después de esta segunda vez fue autorizada a sacarse el palo del ano.

No sólo el culo de Julieta había impactado a los oficiales, también sus tetas les llamaron poderosamente la atención. Ya que eran verdaderamente “poderosas”, con hermosos y delicados pezones. Vincent y Simon, debido a su trabajo, tenían el privilegio de tocar un promedio de 50 pares de tetas por travesía en barco. Las habían tocado de todos los tamaños y variedades. Por momentos estaban cansados de ellas, por eso trataban de innovar, de inventar cosas nuevas. Desde el principio les encantaron los pechos de Julieta. Los vieron tan jugosos, para disfrutar, saborear. Entonces tomaron uno cada uno, como si fueran dos nenes recién nacidos y comenzaron a chuparlos, a sacarles el jugo, a exprimirlos con su boca y sus manos. Estuvieron una media hora chupando los pechos de Julieta, jugando con ellos, apretujándolos, amasándolos, mientras Julieta estaba parada, sin decir nada. Cada tanto recibía un manotazo en el culo o en la concha también. Mientras seguían chupando, lamiendo, Simón comenzó por introducirle primero dos y luego tres dedos por la vagina y Vincent hizo lo mismo con dos dedos por el ano. Julieta al poco tiempo no pudo evitar correrse y largo una buena cantidad de sus flujos de mujer. “Mira cómo acabaste zorrita” le dijo Simon. Julieta no contestó, tan sólo miraba hacia abajo. Los marinos tomaron un poco de ron y fumaron unos cigarros para recuperarse, Julieta se iba a sentar, pero Vincent le ordenó quedarse parada al lado de ellos así podían contemplarla desnuda. Una vez que hubieron fumado y bebido, los dos más altos oficiales del barco, le dijeron: “Vení putita que con vos todavía no terminamos”. La recostaron sobre una rústica mesa de madera y Vincent se le echó encima, penetrándola vaginalmente. De costado se ubicó Simon, y de inmediato le colocó su pija en la boca. Era enorme, le llenaba plenamente toda su boca. Encima se la metía por completo, hasta los huevos. A Julieta le provocaba arcadas, pero Simón la sostenía muy fuertemente de sus rubios cabellos y le metía su pija en la boca, bien hasta el fondo. El miembro de Vincent no se quedaba atrás en tamaño, era muy muy grande también, y Vincent si que sabía usarlo. La penetraba rítmicamente, entrando y saliendo, con una suavidad que a Julieta le encantaba, pese a toda la situación, y le arrancaba mucho placer. Uno y otro fueron bombeando, uno por la boca y otro por la vagina. Julieta sentía este doble “ataque” y se iba excitando de a poco. En el fondo, le gustaba sentirse y que la trataran como a una puta, como a una cosa cuyo único objetivo era dar placer a los hombres. Después de mucho chupar, en realidad Simon era quien le “cogía” la boca, y de ser penetrada por Vincent, ambos acabaron. Casi al mismo tiempo, y la llenaron de leche. Para terminar, luego de ser llenada de leche por Vincent y Simon, Vincent dijo a sus marineros: “A ver muchachos vengan aquí. Vos arrodillate” le dijo primero a sus muchachos y luego a Julieta. Entonces, la pusieron en el centro de la habitación y le acabaron todos en la cara. Julieta terminó llena de leche, por toda la cara, en el pelo y mucha leche en las tetas. Una vez que Julieta recibió todos los fluidos masculinos que los hombres quisieron descargar sobre ella, quiso comenzar a limpiarse, pero Vincent no la autorizó, así que no pudo limpiarse hasta que no fue devuelta al cuarto dónde estaban todas las demás mujeres.
En esos 25 días Julieta debe haber sido elegida en 21 oportunidades y cogida por unos 99 de los 100 marineros que tenía el barco. Ya que cuando había una mujer realmente hermosa la bola se iba corriendo y los marineros de una forma u otra se hacían de su oportunidad para “probarla”. El día 24 se armó una discusión un revuelo en cubierta y Julieta era el motivo de la misma, aunque no estaba presente. El tema era que se acercaba en fin del viaje y el rumor de que había una mujer rubia, hermosa de ojos celestes, con unas tetas y un culo preciosos, de película y una vagina depilada con pelitos rubios en el barco, se había hecho tan grande que todos querían cogerla, y muchos sabían que ya no tendrían oportunidad por razones de tiempo. Que no les alcanzaría el tiempo para tener alguna “oportunidad”. El capitán Vincent se acercó a cubierta y tomó una decisión salomónica. Ordenó a dos de sus marineros armar una especie de rectángulo de madera en cubierta, mandó a traer a Julieta. Le sacó el mismo, la tanga, la invitó a recostarse en el rectángulo de madera y los marineros fueron haciendo fila de uno para cogerla. Cada uno tenía derecho a echarle un polvo y por razones de practicidad, no podían cambiarla de posición, todos debían follarla al modo misionero. Los primeros la follaron en esa misma posición. Siempre ante la vista de todos, en plena cubierta del barco. Al nro. 20 el capitán vió que el ritmo era muy lento y ordenó que empezaran a pasar de a tres, con lo cuál Julieta se puso de costado y empezó a recibir triples penetraciones de manera constante hasta que pasaron los 82 marineros. El resto se la cogió, pero en las fiestas de los oficiales.

Julieta terminó exhausta y por el servicio que había prestado a la tripulación y el capitán la llevó al mejor camarote del barco y la dejó dormir allí por esa noche. En una cama a todo lujo, con colchón y almohadas de pluma de ganso. Luego una vez que se repuso, le trajeron un manjar como cena y un muy buen vino por bebida. Verdaderamente hacía largo tiempo que no cenaba tan bien. Ni siquiera cuando vivía en la ciudad. A la noche, cuando se disponía a descansar, luego de una agotadora jornada en esa hermosa y lujosa cama, se abre la puerta del camarote. Era el capitán, Vincent, quien obviamente se la va a coger. Vincent: “Que pensabas que hoy te ibas a salvar de mí”. Julieta: “No, capitán es un placer para mí “atenderlo””. Vincent: “La verdad que la tripulación se quedó muy contenta con vos. Te admiran, te idolatran, lástima que no te puedas quedar. La verdad que hoy todos los marinos han trabajado mejor que nunca. Los dejaste realmente motivados. Y no es para menos, muchos de ellos nunca en su vida han tocado un culo o unas tetas como las tuyas, ni han cogida, ni cogerán una hermosa perrita como vos”. Julieta: “Bueno, gracias” dijo de cortesía aunque no sabía bien que decir para que el capitán no se enfadara, aunque el comentario hubiera sido algo grosero. Julieta duerme entonces con el capitán quien le da sexo durante toda la noche. Le echó unos cuatro largos y fenomenales polvos.
Hubo muchas otras fiestas de “altos oficiales” durante el trayecto del barco, así cómo en varias noches, o incluso en momentos del día, el capitán solicitó le trajeran a Julieta a su cama, pero por razones de espacio no puedo contar todos esos encuentros sexuales.
Luego de 25 días, una vez que el barco llega a destino, junto con las otras mujeres, la hacen descender (a Julieta) del barco. La tripulación la iba a extrañar y sería recordada en ese barco. Una vez en tierra, es subida junto a las otras mujeres en la parte de atrás de un gran camión. Prácticamente no había espacio entre ellas y esto, sumado al calor intenso que hacía en el lugar, hace que empiecen a frotarse y rozarse entre ellas y a transpirar muchísimo. Era un verdadero “mar” de tetas, culos y vaginas ese camión. Dicho camión emprende otro largo viaje, que duró alrededor de unos tres días, en los que nadie les dio de beber, ni comer, ni siquiera el camión se detuvo por alguna razón.
El pensamiento que cruzaba todo el tiempo por la mente de Julieta y que la distendía, era como había cambiado su vida. Antes era una preocupada mujer, que no tenía tiempo para disfrutar la vida. Presa del trabajo, y sus presiones. Reuniones, fechas de terminación de proyectos, sin espacio para que pudiera vivir. Ahora, estaba libre de las preocupaciones, en tanga y en tetas, arriba de un camión junto a muchas otras hermosas mujeres viajando rumbo a uno de los lugares más hermosos del mundo, El Palacio del Jeque Árabe Samoud.

Samoud era y es el jeque árabe más poderoso que hubo y habrá en toda la historia de Arabia Saudita (o al menos eso es lo que dicen los entendidos en materia de política internacional).
Cuando llegan, las que fueron derivadas al palacio, no podían creer la belleza e inmensidad del lugar al que estaban arribando. Era un lugar verdaderamente único en la tierra. Un paraíso terrenal. El Taj Mahal a comparación de ese lugar, era un centro de refugio para gente sin techo. Las mujeres son conducidas a través de todo el jardín central del palacio. En ese jardín había de todo: árboles exóticos, animales, fuentes, cataratas, sirvientes, parques, automóviles. Más que una mansión, más que un castillo, más que un palacio, ese lugar era verdaderamente único en todo el planeta Tierra. El lugar era tan hermoso que por un momento les hizo olvidar a esas mujeres que estaban desnudas.
De acuerdo a los protocolos y reglamentos establecidos, lo primero que ocurre una vez que llega un “contingente” al lugar, es que vienen unas mujeres, de tez morena, muy corpulentas todas ellas y las “revisan”. Verificando que las tangas de todas sean de color dorado y tengan la S de oro grabada. Lo primero identifica a la familia, a la casta del Jeque, y lo segundo a él mismo en persona, a su palacio. Una de las chicas no tenía su tanga, la había “perdido” en una de las fiestas con los marineros. Al respecto la líder de esas mujeres corpulentas de tez morena dice: “Está no la puedo aceptar, llévensela, véndanla en algún Bar del pueblo, en otro lado”. (Tal vez en algún momento les contaré la historia de esta chica de nombre, Britney y que sucedió con ella).

Quedaron entonces unas 22 mujeres. Todas en su correspondiente tanga de color dorado y con la S grabada.

El paso siguiente fue la revisación médica. Fueron llevadas a un recinto, que se asemejaba, aunque a la manera árabe a lo que sería un consultorio médico occidental. Aquí las chicas que quedaron son “revisadas”. Y aunque los que las revisaron, eran médicos con título profesional, sus revisaciones no diferían mucho de lo que podían hacer los “piratas” (marineros) que las habían transportado en el barco. Ya que, estos “médicos” se preocupaban bastante poco por sus condiciones de salud y más por saber como eran al tacto sus tetas, culos y vaginas. Julieta ya estaba algo cansada de ser manoseada y puso mala cara ante el médico que le tocó a ella para ser revisada. Pero en seguida se acercó una de esas fortachonas mujeres negras y la sujetó por detrás tomándola de los brazos mientras los médicos en represalia la tocaban aún más de lo debido. Le ponían el estetoscopio una y otra vez en las tetas. Le tomaban las medidas, y aprovechaban para manosearla y entre otras cosas le tomaban la fiebre introduciéndole un termómetro grande una y otra vez por el ano y la vagina. Y no continuaron más de allí, ya que los médicos tenían expresas órdenes directas del jeque de no tener sexo con las “pacientes”.
Una vez terminada la revisación médica, las chicas son dejadas nuevamente en manos de estas negras corpulentas que las habían recibido para su depilación. Les hacen sacar el tanga a todas y las van depilando una a una a cero. Excepto a Julieta y a tres más ya que por tener pelos rubios en la zona púbica, les dejan una fina capa de vello, ya que así era el gusto del jeque.
Una vez terminados estos procedimientos, finalmente se realiza la gran Ceremonia de Recepción en la que el jeque Samoud, en un amplio salón del palacio dice unas palabras de bienvenida ante las chicas y otras personas de prestigio que son invitadas a participar de la Ceremonia. Una vez cumplida la formalidad de la ceremonia de recepción, las mujeres son dejadas en manos de Joana quien iba a hacer la encargada de ellas. Lo primero que les explica en un tono muy autoritario y cortante es que ellas eran “Perras, animales” y que como tal no estaban autorizadas a usar ninguna clase de ropa. Y que su única función era “satisfacer los deseos sexuales de cualquier persona que se los ordenara o pidiera dentro del palacio siempre que esta fuera ciudadana de Arabia Saudita o que hubiera una orden del jeque”.
Todas las chicas, proceden entonces a sacarse las tangas y a quedar desnudas. Algunas sentían mucha vergüenza por esto. Una ayudante de Joana recoge todas las tangas y las coloca en una caja para llevar a su lavado, y ser utilizadas en un futuro, por un nuevo contingente.

Luego, ya depiladas, completamente desnudadas y hecha la primer charla introductoria acerca de cómo sería su vida en el lugar,  finalmente las llevan al lugar donde iban a dormir y estar, salvo que alguien las llamara, solicitara o les fuera encomendada alguna “tarea”.
El primer año fue muy duro. Cada una de las esclavas de primer año vivía en una jaula. Comían y tomaban agua, de un plato, sin utensillos, como si fueran animales. Y si comían en presencia de algún miembro de la familia real debían hacerlo en el piso y sin usar las manos. Eran bañadas en un gran patio todas juntas, con mangueras que emitían agua a altísima presión. Y siempre andaban desnudas. Su única función era ser cogidas una y otra vez por el jeque, sus familiares, amigos y hombres de negocios con los cuáles el jeque hacía negocios. Más de una vez Julieta y muchas otras mujeres fueron “prestadas” a amigos del jeque para su entretenimiento. Gente que las sometían a las más diversas cosas. Julieta rápidamente adquirió una gran reputación, no sólo por su indescriptible belleza, sino también porque siempre hacía lo que le pedían. Sin quejarse, fuera lo que fuese.
La primera vez que la prestaron fue a la casa (mejor dicho al castillo) de un hombre que hacía negocios con el jeque. Un magnate del petróleo. En casas como esta, la recepción no estaba organizada como en palacio del jeque. Era todo mucho más informal. Al verla el magnate, Mr. Richardson se quejó: “Pero Samoud me prometió que me iba a mandar tres hembras y me manda una sola. ¿Que hago yo con la fiesta que debo dar el sábado ahora? A ver vení pasa” le dice a Julieta. Julieta obedece y se acerca, quedándose parada y mirando hacia abajo al lado de Richardson. Este la hace dar una vuelta para mirarle el culo, y de paso, tocarlo. “Piba, la verdad que si bien sos una sola estas buena. Le vas a gustar a los invitados”. Antes del sábado, Julieta pasa unos tres días en casa del magnate. No hizo mucho, pues el magnate la esposo desnuda a su cama y allí la dejó esos tres días. En una sola de esas tres noches, decidió follarla, pero no fue nada especial, le echó un polvo rápido por la vagina y luego se durmió.
Llegó el sábado, el día en que se daba la fiesta en la casa del magnate. Como Julieta era una sola, el Sr. Richardson debe contratar otras prostitutas para animar la fiesta. Sin embargo Julieta no deja de ser el centro de atención durante la misma. Y siguiendo una costumbre oriental, la comida de la mesa principal es servida encima de Julieta desnuda. Los distintos platos y manjares son cuidadosamente distribuidos por todo su cuerpo que es tocado, y chupado por los comensales de más alto nivel hasta el cansancio. Una vez terminada la cena, el magnate le pide a Julieta que baile sensualmente para ellos, y Julieta así lo hace. Su sexual manera de bailar, moviendo su cola, tocándose sus pechos, acercándose y alejándose de esos hombres, provocándolos con sus movimientos y miradas, hace que la temperatura en el lugar vaya calentándose de a poco. Julieta bailaba arriba de la mesa en la que hasta hace un rato estaban comiendo, se tocaba el culo, se agachaba, se contoneaba. Todo al ritmo de música ideal para estos bailes exóticos. El magnate le pide que baje de la mesa-plataforma, para tenerla más cerca y ella continúa bailando. A medida que baila se incorporan los toqueteos, principalmente de culo, pero también alguno que otro en las tetas. Cuando los hombres, que eran unos 8 no aguantaron más la calentura que Julieta les hubo provocado se abalanzaron como caníbales sobre ella y empezaron a follarla, de a tres a la vez, turnándose, pero todos metiendo mano todo lo que podían y no pararon de cogerla toda la noche, una y otra vez. Pese a que había prostitutas caras y hermosas en el lugar, todos querían con Julieta. La pusieron nuevamente arriba de la mesa y la cogían por vagina, ano y boca. O la hacían bajar, la arrodillaban y le hacían chupar vergas, y masturbar a otros dos a la vez. A veces, alguno se acercaba por detrás mientras estaba chupando, y la penetraba por el ano. Julieta, muy sumisa, obediente, y atenta, abría sus agujeros y hacía lo que le pedían. En algunos casos disfrutaba, gozaba (dependiendo del hombre que se tratase) y en otros casos, solo “cumplía su trabajo”. Finalmente la fiesta terminó con una Julieta multi-penetrada y con las prostitutas aburridas, y habiendo ganado la plata muy fácil esa noche.
Además, el magnate tenía un hijo que estaba en la pubertad, tenía unos 14 años y muy poco éxito con las chicas. Pero eso no iba a ser un problema, después de todo, era rico y el hijo de un magnate del petróleo. Un día a la tarde, mientras su hijo estaba estudiando, el magnate, lleva a Julieta (que la había vestido con una tanga y corpiño negros para la ocasión) a la habitación de su hijo. Y le dice: “Oliver, mirá ella es Julieta, ella va a estar con nosotros unas dos semanas. Yo ya la “usé” para la fiesta que dí el sábado pasado. Quiero que las dos semanas que faltan esté con vos a tu disposición”. Oliver: “Dice, pero papá mirá que yo tengo esta semana que viene y la otra medio ocupadas”. Richardson: “Hijo, no te hagas problema. Vos hacé lo que tengas que hacer, ella está a tu entera disposición. No le debes más respeto que a esa silla o que a esa computadora. Ella es una cosa para que vos disfrutes, goces. Si te tenés que ir, vos elegís, le ordenas que debe hacer, si querés que te acompañe o no, o simplemente la atas a la cama y le ordenas que te espere hasta que vos vuelvas y en que posición tiene que estar cuando vos vuelvas. Oliver: “Ok, que se quede entonces”. El Sr. Richardson se va y Julieta se queda. Ninguno de los dos, tanto Oliver como Julieta saben en un principio bien que hacer. Pues el chico era algo bastante tímido. Oliver la observa un poco, se excita, pero trata de disimularlo. Oliver se para, se le acerca le toca un poco los pechos y un poco la cola, aprovechando la oportunidad, pero no más que eso y le dice: “Debes estar cansada, acostate en mi cama si querés descansar un rato”. Julieta no dice nada, pero obedece y aprovecha el rato de descanso concedido. Al igual que su padre, esa noche Oliver se acuesta en la misma cama que Julieta y no hace gran cosa sexualmente. Ni siquiera la penetra. Tan acostumbrado estaba a la masturbación, que le pide a Julieta que lo haga. Y realmente la sintió deliciosa. Ya tendría más tiempo para estar con Julieta como se merecía y ese día estaba cansado. Julieta, tomó el pene de Oliver con su mano izquierda y lo masturbaba, mientras Oliver admiraba su belleza, sus hermosos pechos, su vagina y acariciaba su cola. Las delicadas y suaves manos de Julieta jalaban hacia abajo y hacia arriba el pene de Oliver y este muy pronto acabó en una explosión de semen, que llegó hasta Julieta quien sonrío en ese momento. Oliver también sonrío, pero luego le dijo: “Limpiame. Con la lengua” y Julieta obedeció tomándose toda su leche desparramada. Luego, durante toda la primer semana, Oliver se va jugar un torneo de fútbol y deja a Julieta esposada a la cama solamente de la mano izaquierda. Sola, allí y desnuda, recibía de tanto en tanto, agua y comida como Oliver había dejado instrucción a sus sirvientes. La había esposado solamente de la mano izquierda al costado derecho de la cabecera del la cama, es decir que Julieta debía permanecer boca abajo, esa fue la posición en que debía estar a su regreso. A la semana, Oliver vuelve de su viaje, del torneo de fútbol, del cuál había jugado y había salido campeón. Llega y Julieta, estaba boca abajo, con su culo hacia arriba, en la posición que él le había ordenada. Como corresponde, él la penetra por su hermoso y blanco culito.

Dada su edad y poca experiencia sexual. Tenía mucha leche para dar. Y se la sacó toda con Julieta. Incluso, invitó algunos amigos suyos. Es más, invitó a 8 amigos, todos miembros de su equipo de fútbol. Iban haciendo distintas cosas y todos se cogían a la pobre Julieta. Siempre bien dispuesta y con tanto empeño que los atendía. Hicieron cosas, como hacerla bailar desnudándose para ellos, también la llevaron a la pileta y disfrutaron su compañía. Pero pasado el período estipulado, Julieta se tuvo que ir, para volver a la mansión del jeque, y el hijo del magnate y todos sus compañeros la extrañaron mucho cuando se fue
Otro “préstamo” que recuerda Julieta fue el siguiente. El jeque tenía también un equipo de fútbol (soccer) que últimamente no estaba obteniendo muy buenos resultados. Y eso le costaba dinero al jeque y sobre todo disgustos, ya que era un gran aficionado del fútbol, siendo su principal ídolo Maradona. Los jugadores no eran malos, pero no estaban jugando para nada bien. El jeque los mandó a llamar a su palacio. Y los jugadores temieron por su vida. Pero en lugar de amenazarlos, lo que hizo el jeque fue prometerles que si ganaban el campeonato, les iba a mandar 10 de sus mejores putas y entre ellas, la preciosa Julieta. Pasaron 8 meses, el equipo comenzó a ganar todos los partidos y finalmente ganó el campeonato. Y allí fue enviada Julieta. Que, como ya supondrán, fue cogida una y otra vez por los fogosos y potentes futbolistas.

El día que salieron campeones, estaban los jugadores, luego de haber dado la “vuelta olímpica”, cantando canciones de festejo en el vestuario. Ahí el jeque les mandó las chicas, cumpliendo su promesa. Todas estaban vestidas con tanguita y sostén con los colores del equipo. Primero las chicas se pusieron a cantar con ellos, a alentarlos. Pero luego pasó lo que tenía que pasar, y los jugadores las fueron desvistiendo. A Julieta, por ejemplo, estaba cantado una canción alentando al equipo de soccer del jeque y de repente dos de los jugadores la pusieron en bolas. Ella no se hizo problema y siguió cantando desnuda, pero cada vez comenzaban a tocarla más. Las manos calientes de hombres se empezaban a sentir por todo su cuerpo. Hasta que tuvo que dejar los cánticos y empezar de lleno con el sexo. La gran orgía se dio en las duchas. Ahí todos los futbolistas jugaron contra todas las chicas. Y por supuesto que estas últimas perdieron, recibieron varios goles en contra. A Julieta la agarraron primero entre dos futbolistas como ya dijimos, luego el capitán se la subió encima y empezó a penetrarla por la vágina, sin que Julieta apoyara los pies en el piso. Le dio duramente. Julieta subía y bajaba, casi en el aire, con la espalda apoyada contra la pared, y en cada bajada recibía una terrible embestida de pijazo. El capitán, tenía mientras tanto su cara, sumergida en los pechos de Julieta, que chupaba sin parar. Julieta sentía el pene del capitán del equipo bien adentro, entrándole hasta el fondo, gracias a la ley de gravedad. El capitán la penetró una y otra vez, hasta que acabó. Cuando lo hizo, la bajó al suelo y enseguida otros dos futbolistas se le vinieron al humo. Se le acercaron tres, que la pusieron de rodillas y le hicieron chuparle la verga al que se puso en el medio y masturbar con sus dos manitos, a los que tenía a los costados. Julieta ahí estaba, exhibiéndose en toda su generosa anatomía. Con su culo bien abierto, y sus tetas hacia delante, chupando una verga y con otras dos pijas en la mano. Los futbolistas eran resistentes ya que tuvo que estar un rato largo en esa posición. Tardó unos 20 minutos, en hacerlos acabar. Cuando lo hicieron, todos se le vinieron encima. Una vez más le llenaron la cara de leche, y le hicieron tomar parte de ella. Aunque a Julieta no le molestaba, ya se había acostumbrado a probar semen de distintos hombres. Tantos distintos había probado, que en su mente había hecho una especie de clasificación de clases y sabores. Luego de este blow job, estos futbolistas la dejaron, pero vinieron otros dos y la hicieron arrodillarse nuevamente. Uno la penetró por la cola y le pegaba fuertes fuertes palmadas en el culo mientras se la ponía y el otro nuevamente le puso su pija en la boca. Muy duro le dieron por el culito esta vez. Un poquito le dolió. Y la pija del delante estaba realmente sabrosa, era una linda pija. Derechita, recta, dura. Como a Julieta le gustaba. Mientras el otro la penetraba duramente por el culo. La pija entraba y salía, entraba y salía y en cada entrada iba una “nalgada” en la nalga derecha por lo general. Pero Julieta no se quejaba. El de adelante le agarraba la cabeza muy fuerte y la atraía hacia sí, haciendo que se tragara su pija hasta el fondo, aunque cada tanto se la sacaba de la boca y le llevaba la cabeza de Julieta, de modo que su boca quedara al lado de sus huevitos, sin otra opción que empezar a chupar. Aquí no terminó todo, sino que Julieta recibió varias cogidas más, pero la mayor parte fueron similares a estas.
Una vez fue prestada, junto con dos chicas más a un tipo que se dedicaba a vender caballos de Polo. Uno de los caballos de esta persona (ALHAZAA), el más importante, el que estaba entrenando y preparando para obsequiar al hijo del jeque en su cumpleaños nro. 18, comenzó a sufrir una especie de “depresión” o el equivalente para los animales. Esta persona, que se llamaba, Dan Maggini estaba ante un terrible problema. En alguna fiesta pasada, ya había prometido tanto al jeque como a su hijo menor que le regalaría su mejor caballo y precisamente Alhazaa era su mejor caballo. De no cumplir su promesa pagaría con la vida. Pero no podía entregar al animal en el estado en que se encontraba, el jeque lo consideraría una ofensa, y tampoco podía entregar otro caballo, pues sería considerado una burla. Con lo cual estaba ante una verdadera encrucijada en la que corría riesgo su vida.

El préstamo fue hecho por Julieta y dos mujeres más una espectacular pelirroja, de nombre Larissa y de belleza comparable a la de Julieta y una morena, también muy hermosa de nombre Naomi. Un día Dan decidió que iba a llevar a las muchachas a cabalgar. Aunque ya había “cabalgado” bastante con ellas desde que habían llegado. Dan estaba preparando los caballos, junto con la ayuda de algunos asistentes, mientras las tres chicas se paseaban completamente desnudas por el establo. Al pasar Julieta por delante de Alhazaa, este pegó un relinchó estruendoso, y pareció recobrar la energía vital que no había mostrado en el último mes. Algo en Julieta atraía al animal. Alguna energía, alguna conexión cósmico habrían realizado. Dan miró asombrado la situación, miró a sus asistentes y aunque sabía que era una estupidez y que no tenía sentido, se le cruzó una fugaz idea por la cabeza.

Fui y le dijo algo al oído a Julieta, que nadie pudo escuchar. Julieta negó haciendo un movimiento con la cabeza y fue abofeteada inmediata y fuertemente por Dan. La abofeteó tan, pero tan fuerte, que esta cayó al suelo. Dan hizo una seña a dos de sus criados, que inmediatamente se acercaron y ayudaron a Julieta a levantarse, pero cuando esta estuvo en pie la ataron con los brazos bien extendidos. Dan tomó una fusta, ya que el látigo dejaría marcas y no quería dañar a tan precioso ejemplar. Y le dio diez fuertes fustazos a Julieta. 3 en las tetas, 3 en la vagina y los 4 más fuertes y dolorosos en el culo, que enrojeció un poco. Luego de esto y a una seña de Dan, Julieta fue desatada y cayó al suelo. Dan nuevamente se acercó y le susurró algo al oído, y esta vez todos los demás vieron sorprendidísimos como Julieta se incorporó rápidamente y fue hacia al caballo. Se paró a un costado, luego se arrodilló, se puso debajó y empezó a chuparle esa DESCOMUNAL VERGA. Tenía un tamaño increíble, GIGANTE. No se parecía a nada que Julieta hubiera mamado en su vida. Julieta chupó y chupó, tratando de meterla la cabeza en su boca, lo cual era bastante difícil, por eso tuvo que lamer mucho con su lengua los costados del miembro del animal. La sostenía con sus dos manos, pero todavía sobraba un tremendo pedazo. Julieta seguía chupando, el acto ya comenzaba a darle asco, ya que el animal parecía tener demasiado aguante. Así estuvo Julieta chupando la verga enorme del caballo por media hora, mientras las otras dos chicas, la miraban y pensaban “Pobre puta”. Igualmente, hasta acá no había pasado lo peor, Dan pensó que el animal necesitaba un estímulo extra y se volvió a acercar a Julieta. Le dijo algo al oído. Esta vez Julieta ya había aprendido la lección y no se negó. Se dio vuelta, se puso en cuatro patas y se “ofreció” bien abierta al animal. Quién sin exagerar “le rompió el culo”. Julieta se sentía morir. Era tremenda la pija que tenía en el culo. Inhumana, sentía que le iba a salir por la boca, que los ojos se le salían de las órbitas, de la terrible presión que ejercía el animal. Bombeaba y bombeaba sin parar, alentando cada tanto por su criador que le daba golpecitos y el animal empujaba aún con más fuerza.

Las otras dos chicas, Larissa y Naomi, miraban asombradas, y en parte aliviadas porque no les había tocado a ellas, pero en parte temerosas porque no sabían si después no seguirían ellas.
Finalmente el animal se vino dentro de Julieta que sintió una catarata, un torrente de leche de un verdadero semental. La sensación de la explosión del semen de su culo le encantó, realmente sería algo que Julieta atesoraría como una de las sensaciones sexuales mejores de toda su vida y que no volvería a repetir.
Ningún veterinario entendería porqué, pero resultó que el animal se repuso bastante y terminó más vital que nunca, y fue un precioso y valorado regalo para el hijo del jeque.
Hubo muchos otros préstamos más, pero no puedo contar todos ellos, ya que sino este relato se haría interminable.
Otra situación típica, de la vida en el palacio, era por ejemplo, que cada 6 meses el jeque, que era un amante de los juegos de azar, especialmente de la ruleta, organizaba para sus familiares más directos hombres, mayores de edad, el “Juego del Casino”. Lo que los participantes gastaban en fichas y en jugar era donado a escuelas, hospitales y otras entidades de bien. Esa fiesta consistía, en armar un casino dentro de la mansión. Con todo lo que esto implica. Cada ficha valía varios miles de dólares y los premios no eran en dinero, sino en mujeres. Aunque lo que se ganaba era un tiempo con ellas, que seguían siendo propiedad del jeque.

Y así iba Julieta, al igual que otras, caminando por toda la sala, mostrándose como le habían indicado, con un cartel con un nro. “7” escrito en el medio de sus dos preciosas tetotas. En el culo, tenía un nro. 7 pintando en cada nalga. Se paseaba por el salón, de un lado a otro, a la espera de que si alguien acertaba un “Pleno” al nro. 7 se la llevara para acostarse un rato con ella, o quién sabe que más cosas le haría. Pero Julieta hoy parecía estar de suerte. Bah, si suerte puede llamarse a tener que estar paseando desnuda en frente de un montón de tipos que ni conocía.

Pasaron una cuantas horas, hasta que uno de los crouppier gritó bien alto: “Siete” e inmediatamente un viejo decrépito que era el que había ganado reclamo su derecho. El viejo se lleva a Julieta a una de las habitaciones de la mansión e intenta tener sexo con ella. Como era un tipo ya mayor, y se ve que no había tomado el viagra a tiempo o este no le había hecho ningún efecto, no pudo mantener una relación sexual con Julieta. La hace tocarse un poco y bailar sensualmente, pero el impotente viejo se sentía frustado y se notaba en su cara. Julieta, que era muy sumisa, esbozó una leve sonrisa, que no pudo evitar. Sonrisas, que le hacen ver al viejo que no la satisface. Que no puede satisfacerla sexualmente. Entonces el viejo se ofusca, se enoja y dice: “¿Acaso, no soy suficiente para ti? Ahora verás lo que es bueno. Perra insaciable”. Y la lleva desnuda a las afueras de la mansión. Ya que como indicaba el reglamento, una vez ganado el premio, los afortunados, podían por 24 hs. hacer lo que quisieran con sus premios. Una vez afuera de la mansión el viejo enojado insultá a Julieta: “Pedazo de puta. Te gusta estar acá desnuda en la calle”. Julieta no responde, permanece paradita. Con su colita paradita. En ese momento pasaba por ahí justamente una cuadrilla de obreros negros. El viejo les pregunta: “¿Quieren cogerse a este pedazo de zorra, a este pedazo de carne?”. Los obreros, que eran 4, contestaron a coro: “Por supuesto”. Y así empezó una nueva orgía, o “gangbang” (todos contra una) de la que Julieta fue parte o protagonista. “Denle muy duro con sus enormes pijas” decía el viejo. ”Que sangre, que le duela, que sienta sus pijas esta putita. Si lo hacen les daré U$S 2.000 a cada uno”. Los obreros obedecieron de inmediato. Y pusieron manos a la obra. Tomaron a Julieta y comenzaron a tocarla. Exploraron primero sus tetas, su culo y su vagina. También, cosa extraña le tocaban la cara, con sus enormes manos negras, e incluso le metían sucios dedos en la boca. Julieta permanecía parada, y no pudo aguantar la tentación y empezó a tocar a los negros, principalmente en sus pectorales, que estaban muy marcados y desarrollados, pero también en sus enormes “paquetes”.

Sin embargo, Julieta no dejaba de ser el centro de la acción. Estaba en el centro y sentía como las manos le entraban por el culo, como le apretaban las tetas y como se introducían en su vagina. Ahí mismo en las afueras de la mansión, le tiraron a un costado, en una zona de pastizales y un enorme negro se le vino arriba y comenzó a penetrarla. Le dio muy duro, durante una media hora y luego acabó. Enseguida vino el segundo, que estuvo unos 25 minutos y no le acabó adentro como el anterior. Sacó su enorme verga, cargadísima de leche y se la tiró en las tetas y por todo el cuerpo a Julieta. Esta se limpió rápidamente, ya que al toque vino el tercer negro a penetrarla. Este fue el de más duración, 40 minutos aproximados y el que tenía la verga más grande. Julieta pensó que iba a morir. Que luego de este negro, la vagina le iba a quedar tan grande que nunca más disfrutaría del sexo. El negro la penetró una y otra vez. Y Julieta se dejó llevar y comenzó a gemir y a mojarse. Siempre había tenido la fantasía de estar con un negro bien dotado y ahora estaba con cuatro negros bien dotados. Y vino el último, quién tenía el pene aún más grande que el anterior. Sin embargo este le hizo una seña de no con la cabeza. La hizo dar vuelta, la dejó acostada, boca abajo, con las piernas cerradas, se le recostó encima y le dio fuerte por el blanco culito de Julieta. La penetró sin piedad, sin importarle nada. Ese negro era un animal, una bestia. No le importaba, el hecho de que su pija fueran enorme, anormal. Y que estaba cogiendo a una persona. Que estaba literalmente, “rompiendo un culito” de una chica. Julieta debió aguantar los pijazos. Boca abajo, contra el pasto, cerraba los ojos y recibía la pija de negro. Mientras tenía que aguantar que el viejo que tenía un pie casi al lado de su cara la insultara y le dijera cosas cómo: ¿Te gusta puta, te gusta esto zorra? ¿Esto era lo que querías?”. Mientras tanto el negro seguía haciendo su trabajo y le daba carne por el ano a Julieta. Su pija, explotó en semen dentro del ano de Julieta, que ya estaba también acostumbrado a ello. Tanta leche descargó el negro, que un largo rato después el culito de Juli, siguió chorreando algo de un líquido blancusco.
De a poco Julieta, tanto por su belleza, como por su buena predisposición en todo sentido, tanto humana como sexual, pasó a ser más conocida e importante. Julieta sabía que al igual que en su trabajo anterior. Aquí había que “hacer las cosas bien”, “trabajar duro”, literalmente “romperse el culo trabajando” y así ella tenía la fe y la confianza que en algún momento las cosas iban a progresar. Por eso siempre hacía lo que le pedía sin chistar, fuera lo que fuese.
Tanta reputación adquirió que el jeque, que tendría un harem de unas 5.000 mujeres, la mandó a llamar para conocerla especialmente. Tan grande era el harem que el jeque obviamente no conocía a todas sus mujeres, e incluso con muchas de ellas nunca había mantenido sexo.
Esa ceremonia de conocimiento debía hacerse un domingo, como lo marcaba el libro sagrado. Cuando el jeque la mandó llamar era lunes, así que debió esperar casi una semana para conocer a Julieta. A quién todavía nunca había “probado”. El jeque pasó toda esa semana preso de una inmensa ansiedad.

El día de la ceremonia, Julieta llega al templo sagrado, vestida como indicaban los protocolos. Con un collar de perlas en el cuello, una bombacha roja y dos brazaletes de oro en sus muñecas. El jeque queda asombrado, impactado con la belleza de Julieta. No puede creer lo que ven sus ojos. Quiere tocarla, quiere cogerla ya, pero debe cumplir con todos los rituales establecidos y además no puede hacerlo delante de otra gente importante (empresarios, políticos, etc.) que había presente en el palacio en ese momento. Así se desarrolla toda la ceremonia, que incluía cosas comunes como un saludo del jeque y del religioso que presidía ese templo a todos los presentes, luego una presentación de Julieta en sociedad, que implicaba que esta subiera al altar principal y todos la contemplaran una vez parada en el altar principal que no era muy alto (unos 40 cm. de altura) el jeque debía romper con sus manos la bombacha roja, atarle una cadena de oro a los brazeletes y una cadena de plata al collar de perlas y hacerla descender del altar, simbolizando así la toma de posesión real de esa hembra para sí. El jeque cumple todo estos pasos, arrancándole primero la tanguita, y luego tira de las cadenas quedando Julieta en cuatro patas, delante de él con la cara a la altura de su verga. Aunque el jeque se moría de ganas de que se la chupara, en ese momento no podía hacer nada. Julieta no podía mirar al jeque, como le habían explicado las matronas, tenía dos opciones mirar para abajo o mirar hacia la pija del jeque. Y Julieta prefirió esta segunda. Una vez en cuatro, la ceremonia terminaba con el jeque caminando hacia una habitación contigua al recinto principal del templo y llevando a su nueva hembra gateando consigo. Julieta va gateando al otro cuarto, arrastrada por las cadenas de las que tiraba el jeque. En el camino el jeque no se contiene y rompiendo todos los protocolos sagrados le da una palmada en el culo, con ruido y todo. Los presentes miraron sorprendidos, pero enseguida apareció el religioso con una oración para salvar la situación.
El jeque debido a lo impactado que quedó con la belleza de Julieta, decidió inmediatamente concederle el privilegio de llevársela a vivir a su círculo más íntimo. Del que formaban parte solamente unas 15 mujeres (ahora con la inclusión de Julieta) exigentemente seleccionadas. Desde ya que estas mujeres disfrutaban de condiciones de vida, mucho mejores de las que estaban en el “escalón” en el que se encontraba Julieta anteriormente. Tenían algunos derechos más, pero su función principal era también darle sexo al jeque.
La vida de Julieta cambió un poco. Para mejor obviamente. Mejor comida, mejor lugar dónde dormir, lujos, empezó a vivir podría decirse que bien. Entre algunas rutinas, que tenían estas mujeres, puedo comentar que antes de dormir, las 15 mujeres debían estar paradas al lado de la cama del jeque, o bien en ropa interior, o bien con alguna lencería sexy, que si era permitida como excepción hecha por el jeque para su propio beneficio en esta ocasión. Julieta siempre era elegida para ir a la cama del jeque. A veces sola, a veces con otras. A veces el jeque les decía tuvieran sexo entre mujeres mientras el miraba. Y poco a poco, Julieta fue aprendiendo como satisfacer y complacer los deseos sexuales más profundos del más poderoso político de toda Arabia. Lo cuál la convirtió en única.
Al estar ahora más cercana al jeque, tuvo la oportunidad de asistir a muchas y lujosas fiestas. Fiestas que eran mucho, pero mucho mejores, a cualquiera que hubiera asistido estando en la ciudad. Mejor comida, mejor bebida, lugares mucho más caros y lujosos, y hombres más bellos y mejor dotados en muchos casos. Aunque aquí ella era en parte una partícipe de la fiesta, pero no dejaba de ser a los ojos de los hombres un “trozo de carne”. Aunque de más de nivel, pero “carne” al fin. Ya que por ejemplo, en todas las fiestas seguía estando la condición de que debía estar siempre desnuda.

En estas fiestas, tuvo sexo con muchísimos hombres. Con tantos, que sería imposible hasta para una computadora llevar la cuenta. Principalmente, hacía compañía al jeque, pero cuando se trataba de hombres o mujeres importantes y el jeque tenía algún negocio con ellos, Julieta era “cedida” para ser disfrutada por otros. Se había convertido en una verdadera máquina de dar placer. No puedo contarles todas las fiestas, ya que fueron muchísimas, pero Julieta siempre recuerda una en la que:

Vinieron unos tipos realmente importantes. Gobernantes de otros países árabes. Luego de comer y beber en la fiesta, como era costumbre, el jeque y estas importantes personas, pasan a los salones más privados y exclusivos del palacio para continuar con la fiesta.

El jeque le da un par de indicaciones a Julieta, pero no son necesarias ya que ella sabe bien cuál es su rol, lo que debe hacer y cómo satisfacer y divertir sexualmente tanto hombres como a mujeres.

Julieta y otras dos chicas especialmente seleccionadas, una peliroja y una morocha, son las elegidas para ir a los salones privados. Julieta es la que toma el liderazgo, y se para en frente de ellos, en un rectángulo de cristal resistente (especialmente diseñado) que había en ese salón y comienza a bailar sensual y eróticamente para ellos. Baila lentamente, de manera muy sexy. Meneándose para ellos, moviendo la cola, la cintura, acariciándose los senos cada tanto y siguiendo el ritmo de la música. Luego de un rato de bailar parada arriba de la mesita y mientras todos ellos se tomaban un caro champagne, Uno de los hombres, el que tendría un nivel de importancia política similar al del jeque en su país, se acerca primero que nadie comienza a toquetear a Juli. Le pega luego alguna que otra palmadita en la cola, y la explora con sus manos en las tetas.

Julieta queda ahí paradita y dejándose tocar por este hombre, que no conforme con eso, pide e insiste en que les haga un show más caliente. “Dale baila como sabes. Sé bien puta, bien perra”. Julieta continúa entreteniéndolos a ellos una vez más, pero subiendo un poco el nivel de provocación sexual en la forma de bailar, como había hecho en ocasiones anteriores en exclusividad para el Jeque. Baila desnuda, un rato largo más. Cada vez que se quería bajar de la mesita de cristal le decían: “Un poco más por favor” y continuaba bailando desnudita y como una putita para ellos. Incluso invitó e hizo que se sumaran al show las otras dos chicas, las tocaba ella misma, las desnudó e hizó que se tocaran entre ellas para aumentar todavía más la temperatura del ambiente.
El Jeque estaba realmente muy tranquilo, disfrutando del momento. Su par del otro país vecino, llama a Julieta y le dice que vaya caminando hacia él. Desnuda, Julieta empieza a caminar hacia él. Cuando llega a su lado, All Sahif hace que July, se le siente encima y lo cabalgue. Su pija era realmente larga, y en esa posición entro muy profundamente. Cabalgó encima de él un rato largo, mientas que él por momentos le apretaba desesperadamente las tetas, por momentos jugaba con su pelo, por momentos le acariciaba y daba alguna que otra palmada en el culo. Y July seguía montándolo, subiendo y bajando. Disfrutando de su hermosa y secuencial forma de combinar su penetración con tocarle las tetas, luego el pelo y por último el culo. July subía y bajaba. Sufría toquetones de tetas, constante y gemía de placer para él. Hasta que lo bueno se terminó y el tipo acabó bien dentro de ella. Sus jugos llenaron por completo su vaginita.
Acto seguido y sin dejarla respirar otros dos, que venían con este otro gobernante árabe (All Sahif), sus dos segundos, que tampoco se querían perder la fiesta, deciden cojerla. Deciden hacerlo los dos al mismo tiempo. Dándole uno por la cola y otro por la boca.

Julieta estaba bastante ocupada ahora “atendiendo” a estos dos tipos. Estos, la pusieron en cuatro patas, en la mesita e inmediatamente uno de ellos, se paró delante de ella y se quedó mirándola con una expresión bien clara y le dio entender en su pobre inglés la siguiente expresión: “Nena, la pija no se va a chupar sola”. Julieta bajó su bragueta y extrajo su interesante miembro hacia afuera y comenzó a chuparlo. Sabía lo que les gusta a los hombres, por eso chupaba mucho sus huevitos y no usaba las manos, solo la boca. Además metía la pija en su boca bien hasta adentro, como a los hombres les gusta, no chupaba solo la cabeza, casi al punto de atragantarse. Por detrás, el otro comenzó metiéndole dos dedos ensalivados por el ano para tantear el terreno, cuando vió que era posible, metió tres y luego vino su fuerte embestida viril. Empujo con una fuerza bestial. Su pene era grande. Le llenó el culo por completo. A cada embate de él, pensaba que no lo iba a resistir, pero la excitación de Juli estaba tocando el cielo. Estaba mojándose todita y gritaba de placer como una puta. “Aaaa, aaaa, aaa!!!” gemía una y otra vez. Que más podía pedir, tenía una hermosa pija en la boca y otra por el culo. Era deseada con líbido y lujuria y vivía en el palacio más lujoso del mundo. Continuó lamiendo las partes del Sr. y recibiendo las embestidas peneanas brutales del otro Sr.. Julieta pensó que su ano se iba a romper, Uno empujaba con la fuerza de un búfalo y el otro se la metía hasta el fondo de la boca y le pedía: “Miráme mientras me la chupas y tocate las tetitas”.. Cuando este acabó, Julieta se corrió hacia atrás, pero enseguida la agarraron de los pelos y le hicieron comer ese pene nuevamente, con lo cuál terminó por tragarse toda esa leche. Un minuto después acabó el otro árabe, un interminable torrente de semen dentro de su colita. Tanto acabó dentro de ella, que un rato después todavía le chorreaba semen por el culo.
Así como Julieta asisitió a muchas fiestas, también muchas veces el jeque la utilizó como compañía en viajes de negocios. Con lo cual Julieta viajó por todo el mundo. Y también fue utilizada por el jeque para “cerrar” negocios, cuando la otra parte estaba algo dudosa. El poder de “negociación” y “persuasión” a través de métodos no ortodoxos (sexuales) de Julieta era increíble.
Finalmente, tanto le gustó al jeque Samoud, Julieta, ya que presentaba una asombrosa combinación de belleza, inteligencia, capacidad para dar placer sexual, fogosidad, lujuria, desinhibición y buena y fina educación, que decidió primero hacerla una de sus esposas, y luego hacerla la principal, es decir, convertirla en Reina de la Arabia Saudita unificada. A los cinco años de haber llegado, en el mes de Agosto, se realizó la boda, la más cara que se haya realizado jamás en el planeta Tierra, y que convirtió a Julieta de esclava a reina en cinco años. De esa boda, Julieta fue el centro de atención. Ya que pese a ser reina, por provenir de un origen esclavo, su vestido blanco de casamiento, la dejaba prácticamente desnuda. Tenía un valiosísimo collar de plata en el cuello, la corona de diamantes en la cabeza, guantes blancos de seda, botas blancas, un aro en la vagina de oro, puesto en ese lugar para la ocasión como regalo del jeque y nada más. La boda y los festejos se realizaron con normalidad y duraron dos días de manjares, bebidas, y orgías.
Una vez terminada la boda y transformada en reina, la ahora Reina Julieta debe acompañar a su esposo en todos sus viajes tanto diplomáticos, políticos, como de negocios. Y así lo hace, pero con una particularidad, que se ajusta a lo que mandaba el libro sagrado, dado su origen, debe hacerlo desnuda. Es así como recorre al mundo desnuda.

Muchas veces el jeque debió entrevistarse con presidentes, reyes y primeros ministros, y en aquellos lugares, dónde debía ir acompañado, allá iba Julieta desnuda. Que luego de tanto tiempo se había acostumbrado. Ir desnuda era ya, algo natural para ella. El problema no era cuando iba a países del África o de Asia. El tema era cuando iba a países europeos o a Norteamérica con el jeque, también lo hacía desnuda. Al ver una mujer de su edad con traje de oficina trabajando, le cruzaba por la cabeza el pensamiento de que era tan natural para ella ir vestida antes, como lo era ir desnuda ahora. Igualmente no dejaba de notar, el revuelo que causaba en estos países, que no estaban acostumbrados, y como los hombres la miraban con mucho líbido, y cómo les costaba concentrarse en su presencia.
Como Reina, ahora tenía muchas más atribuciones. Incluso, su marido, el Jeque, la convirtió en su Consejera. La primera Consejera mujer de la historia de Arabia Saudita. Julieta una de las cosas que primero hizo, al adquirir algunas facultades políticas, fue trabajar por mejorar las condiciones de las esclavas de primer año. Y algunas cosas consiguió. Mejoraron los lugares en dónde dormían. Dejaron de ser celdas, para ser habitaciones. Se les concedió el derecho de comer en una mesa, con silla, cubiertos y vajilla. Se les dieron colchones para dormir. También se les otorgaron dos derechos de los más fundamentales: el derecho a usar tanga 15 días al mes y el derecho a negarse una vez por mes a una relación sexual. Para esto a cada mujer se le daba una tarjeta, que podían utilizar para negarse a tener una relación sexual cuando estuvieran cansadas o fuera alguien que no sea de su agrado. Aunque estas tarjetas, no tenían ninguna validez ante un deseo o llamado del jeque.
En su función de acompañante del jeque, Julieta también va a muchas exposiciones y congresos sobre temas varios. Incluso participando como expositora en algunos temas de los que verdaderamente tenía conocimiento. 
También Julieta, que estaba preocupada por mejorar las condiciones de vida de la gente, negocia con los ministros de educación y salud, para aumentar la cantidad de hospitales y escuelas públicas, y mejorar la calidad de la atención y el profesionalismo de los médicos, y la cantidad de pacientes atendidos y de chicos educados.
Un día le pregunta si podía empezar a vestirse y el jeque contesta que NO que las reglas que durante siglos y siglos de su familia se habían respetado no lo permitían y el no iba a ser el primero y único de todo su clan en quebrantar las sagradas leyes del libro sagrado.
Con posterioridad, tanto tanto sexo, vuelve a Julieta algo perversa, producto de todo lo vivido y comienza a tener sus propias esclavas sexuales. Fundamentalmente tenía una fijación con una morena de nombre Brenda. A quién somete a las más diversas e innumerables bajezas (Podemos nombrar entre estas, sexo con animales, un gang bang con 200 hombres que iban pasando uno detrás de otro, etc.). Pero en realidad era una tutela, para entrenarla con un objetivo. Convertirla en la Reina de Arabia, ya que ella si bien era querida, no era de origen de árabe. Y una reina verdadera, de origen y familia árabe le iba a dar, al poder de su marido la consolidación definitiva que necesitaba.

Julieta se dedica plenamente al entrenamiento de su esclava. 
Finalmente Julieta, una vez que su sucesora está plenamente “formada” y tiene todas las condiciones para sucederla cede su trono a esta verdadera reina de origen árabe y vuelve a su país. Luego de 10 años, de vivir experiencias increíbles, fascinantes, excitantes, y dado su currículum anterior consigue rápidamente trabajo en la empresa que era y es la principal competencia de la compañía para la que trabajaba antes. No solo conocía información clave de la compañía para la que trabajo antes de su viaje, sino que además había hecho un master internacional en “relaciones humanas” en su viaje por el mundo.
 
 
SOY JULI Y ME ENCANTARÍA RECIBIR SUS COMENTARIOS A:
julieta_s24@hotmail.com

Aposté a mi mujer en la bolera

Era Martes, y como cada martes nos encontrábamos en la bolera esperando al resto de amigos para cenar cualquier cosa y comenzar nuestra partida de bolos. Esa noche Miguela estaba especialmente guapa, llevaba puesto sus vaqueros ajustados que le marcaba su precioso culo y una camisa muy sexy que apenas podía abrocharse al llegar a la altura de los pechos. Yo sabia de antemano que a uno de los amigos que cada martes juega con nosotros se le iban a salir los ojos de las orbitas cuando viese las tetas de Miguela tan apretadas y asomando por el escote. Al contrario de lo que se pudiese pensar, en vez de molestarme al imaginar semejante situación a me excito sobremanera, no en vano, yo recuerdo que alguna vez insistí para que Miguela se pusiese sexy alguna y asi ponerlo cachondo, recuerdo que le he pasado alguna foto subida de tono de ella por internet y también recuerdo como olió e incluso lamió unas bragas usadas de ella que en unas vacaciones le enseñé para demostrarle lo lubricada que siempre estaba.

 

Sin embargo, en los últimos tiempos los acontecimientos se habían precipitado y el adorable Fernando había dejado de ser tan adorable debido a la jugada que le había gastado a su novia. En cuestión de una semana había pasado de ser el adorable e indefenso Fernando a ser el cabronazo del ex novio de Laura. Una serie de infidelidades que él nunca le reconoció le llevó a poner fin a su relación por motivo de remordimentos. Desde luego, Fernando no lo pasó tan mal como Laura en dicha ruptura ya que mientras que él buscaba nuevos chochitos en sus conquistas, ella se hacia ilusiones con la posibilidad de que recapacitase y volviese junto a ella. A mí me pareció tremendamente injusta dicha situación y por eso tomé la decisión de contarle a Laura todo lo que Fernando me confesó haber hecho durante la relación y que habia callado para no “humillarla”. No sabia que todo eso me fuese a costar un precio tan alto.

 

En fin, Miguela y yo nos acomodamos sobre un banco de la entrada del recinto dispuestos a esperar al resto de compañeros. Mientras tanto yo bromeaba sobre el botón del escote que parecía estallar y le tocaba disimuladamente las tetas, el culo y su coño por encima del pantalón ella me respondía con rápidos movimientos de brazos amantándome las manos simulando que le molestaba que la sobase en publico. En muchas ocasiones hemos fantaseado con que otro hombre se unía a nosotros para hacer un trío y follarla juntos por todos sus agujeritos. Ni que decir tiene que Fernando había sido elegido alguna vez como protagonista de la fantasía por lo predispuesto que siempre se habia mostrado ante comentarios picantes por nuestra parte y por supuesto, porque a mi me encantaría que quien estuviese con Miguela fuese alguien de confianza y que la idolatre tanto como yo mismo. Para Fernando, Miguela era una diosa erótica. Mediante conversaciones por Internet, donde me abría el corazón, me confesaba que se masturbaba mirando las fotos calientes que le regalé de Miguela, incluso me animé a hacer una web personal donde exhibirnos “http:/swinger.es.kz” y que le volvían loco su culo y sus tetas e incluso que muchas veces, sobre todo al final de su relación con Laura, cuando tenia sexo con su novia se imaginaba que era a la mía a la que se estaba follando. Yo jamás le conté que él formase parte de nuestros juegos de cama y me excitó saber que mi novia había formado parte de sus fantasías secretas, ya no me extrañaba nada de lo que me contase tras haberme confesado que había sido un golfo y un cabronazo mientras salía con Laura .

 

Poco a poco iban llegando nuestros amigos dispuestos a cenar en el restaurante kebap. Para entonces, ya Miguela me había dicho un par de veces al oído que se sentía muy cachonda y me culpaba de ello por no haberla follado en lo que llevábamos de semana. También me comentó que esperaba no desaprovechar el tiempo durante estos cuatro días en los que se quedaba sola en casa debido a que su madre se marchaba de viaje y yo, en consecuencia, me quedaba a dormir con ella en su casa. Imaginar su rajita húmeda dentro de los pantalones y saber que aquella noche dormiría junto a ella me la puso semidura.

 

Sólo faltaba Fernando por llegar y no tardó demasiado en hacerlo. Tomamos asiento en el restaurante y charlamos todos durante un rato, mientras cenábamos, de diversos temas. Durante la cena pude ver como los ojos de Fernando se clavaban en el escote de Miguela y le hacia bromas que le sirviesen de excusa para  agarrarla de un brazo o tocarle la barriga. Por su parte, mi novia también le hablaba como en ella era costumbre, le llamaba guapo de vez en cuando, se reía con sus comentarios o le daba un golpe en su pierna cuando fingía que algún comentario le había molestado. A mi no me pareció nada extraño ya que desde siempre habíamos tenido esa confianza e incluso con Laura delante solíamos hacer bromas sobre temas picantes y aprovechar el momento para abrazar, sujetar, tocar a la pareja del otro/a en la calle, en la piscina. Por supuesto yo no le conté nunca a Miguela, y supongo que el tampoco a Laura, que aquellos juegos de piscina nos habían calentado sobremanera más de una vez y que tras el baño, él se masturbaba al recordar el tacto del culo de Miguela sobre sus hombros o el bamboleo de sus pechos mientras forcejeaba con Laura jugando a los caballitos.  Por razones obvias Laura no estaba con nosotros pero eso no pareció motivo suficiente para que ellos dejasen de jugar.

 

De camino para la bolera hubo tres palabras de Fernando que me aceleraron el corazón, Tenemos que hablar. Y asi fue, en la primera tirada me lo preguntó de manera discreta apartados del grupo, ¿Le has contado a Laura lo que te confesé?. No tuve más remedio que afirmarlo, e intenté dar toda clase de explicaciones de porqué lo había hecho, sin embargo ninguna pareció convencerle. Él me dijo que eso no se hacia a un amigo y menos aún cuando le prometí que jamás lo contaría, me dijo que no iba a poder confiar nunca más en mi, que al igual que le conté a Laura su secreto se lo habría contado a todo el mundo e incluso habría contado intimidades, confesiones o fantasías a quien no debía. En ese momento la mirada se dirigió claramente  a mi novia. Le llegó el turno de tirada y me dejó sentado aparte pensando en todo lo que me había dicho. A partir de ese momento mi cabeza no estaba en los bolos y por ello mi puntuación iba cada vez peor siendo a mitad de la partida el último clasificado. Entonces ocurrió lo que nunca me hubiese esperado. Miguela se acercó a mi, se agachó y me preguntó que qué era lo que me pasaba, que porqué jugaba tan mal hoy. Le respondí que no lo sabía, que simplemente me sentía mal. Cuando le tocó el turno de tirar logró un strike, hecho del que todo el mundo se alegró ya que por ahora iba primera en la partida y la animaban para que ganase al líder que no tenia buen día. Como iba diciendo, tras el strike todos se alegraron y especialmente Fernando aprovechó la ocasión para abrir los brazos y abrazarla en muestra de alegría y entusiasmo como si fuesen del mismo equipo y acabase de meter un gol. Vi como la apretaba contra él para sentir como le clavaba las tetas casi a la altura de su cuello.

 

Tio, la Miguela está riquísima, mejor que en cualquier foto de vuestra web “swinger.es.kz”, menudo escote trae hoy y, como huele. Y los vaqueros, madre mía, en un par de veces que le ha tocado tirar me he levantado para ver como lo hacia y casi me desmayo al ver el precioso culo moviéndose y la tira del tanga asomando por arriba. Te hago una apuesta. Esas palabras eran habituales en Fernando, es el único tipo que conozco capaz de perder doscientos euros en un dia apostando por Internet.

Si me ganas la partida te perdono lo de Laura, pero si te la gano yo, debes facilitarme las cosas para que me folle a la Miguela, Dios, nunca la vi tan voluptuosa. Me quedé helado, mi reacción fue mirar el marcador y ver que perdía claramente.  Después mire a Miguela que nos dedicó una sonrisa. Me tocaba mi turno, tirada numero siete y último clasificado, me levanté sin responder a su propuesta. Su amistad me importaba muchísimo, no quería perderla pero lo que me proponía eran palabras mayores. Lancé y bingo, un strike. Cuando me acerqué a la mesa junto a Fernando le di la mano, Trato hecho.

 

Las tiradas pasaban rapido y milagrosamente iba recuperando posiciones, Miguela era ganadora virtual de la partida ya que tenia una puntuación muy elevada pero nadie sabia lo que se cocía entre Fernando y yo. Jamás tuvo tanto interés una lucha por quedar segundo. Y a todo esto, me sentía bien. Una semi erección se asomaba a mi pantalón y era visible que Fernando también la tenia.

 

Ultima tirada, Fernando terminó su partida y obtuvo una puntuación digna pero me aventajaba solo por cinco bolos y me tocaba tirar. Cuando me levanté me dijo, No seas cabrón, llevo veinte dias sin follar no me hagas la putada de ganar en la ultima tirada. Yo fingí no tener piedad y me dirigí hacia la pista, pero… maldición, los bolos no bajaban ni la maquina devolvía las bolas que habían lanzado mis amigos. Entonces aproveché para agacharme y apretarme los zapatos cuando pude ver el escote de Miguela sentada frente a mi. Se levantó y me dio un beso deseando que ganase que hiciese buena tirada y al menos quedase segundo. Había sido testigo de la mala racha de que había tenido y quería que no me fuese triste por haber perdido demasiados puestos, Animo cariño. Miré de nuevo hacia la pista y vi que los bolos seguian sin bajar. Entonces le conté lo de la apuesta de Fernando. Su cara de asombro me llegó a asustar pero enseguida reflejó una mueca con la que dejaba claro que empezaba  a comprender el porqué de mi actuación de esta noche. Se sentó sin comentar nada y yo me preparé para lanzar la bola y … maldición solo cuatro bolos, Fernando me seguia ganando por uno. Me volví hacia Miguela y la descubrí mirando hacia atrás a Fernando que tenia cara ilusionada. Me acerque de nuevo a las bolas y cogi otra dispuesto a lanzarla, sabia que seria capaz de tirar un par de ellos sin demasiado esfuerzo y de nuevo dirigí mi atención hacia Miguela que esta vez me miraba con una  sonrisa pícara. Le devolví la sonrisa y un rayo de luz me pasó por la mente. Ese rayo me aclaró que ahora o nunca, por eso hice algo que jamás imaginaba llegaría a hacer… le pregunte a Miguela,

 

¿Qué hago?

Comentarios a parejaswingersur@hotmail.com o visita nuestra web personal para conocernos en http://swinger.es.kz

Mi joven amante

Hola me llamo Luis de 19 años de edad, estudiante universitario; la siguiente historia esta basada en mi primera experiencia gay poco antes de cumplir los 17 años en febrero del 2005.
Era un día jueves 10 de Febrero, 13:30 de la tarde cuando me encontraba en casa después de una mañana en el colegio, antes de almorzar entre a chequear mi cuenta de e-mail para saber si recibí respuesta de un chico de mi misma edad con quien había quedado en encontrarme en el centro de la ciudad; efectivamente el me había respondido confirmandome la hora y el lugar exacto, de repente estaba muy contento porque era mi primer encuentro gay y aún no sabía como iba a resultar llegado el momento de vernos.
Me alisté colocandome mi remera favorita, unos jeans bien apretos y tardé mucho tiempo en el baño tan solo peinandome, noté que casi era hora y entonces tomé un taxi dirigiendome hasta el parque central donde se llevaría a cabo el encuentro.
Llegúe unos doce minutos tarde y estaba muy triste, casi arrepentido porque pensé que el ya se había ido o nunca había llegado, de todas maneras estuve esperando en una banca sentado por casi 20 minutos, mi desesperación me invadía y me fui a un ciber-café, me dieron una máquina donde entré a mi cuenta de messenger, le envíe una carta, entonces decidí ver quienes estaban en línea.. habia un chico llamado Victor al que le hablé, sería mi desesperación en ese momento de no irme a casa sin haber conocido a alguien con los mismos gustos, entonces le dije que nos veamos lo mas rápido posible, el me dijo que tenía un poco de miedo y nunca había tenido un encuentro gay, además tenía mi edad e incluso estabamos en el mismo grado del colegio.
De todas maneras accedió y yo le aseguré que llegaría hasta donde el se encontraba, estaba un
poco alejado pero de todas maneras tomé otro taxi y nos vimos en una esquina donde se encontraba un templo antiguo, al fin pude ver un rostro angelical que buscaba al joven que lo había citado, de repente nuestras miradas se entrecruzaron y nos dimos un apretón de manos, Victor era delgado y alto casi de mi tamaño, expresaba e inspiraba ternura con su mirada de ojos grandes cejas gruesas y muy apuesto.
Comenzamos a caminar por la ciudad y fuimos a comer algo liviano en la tarde, el me pedía estar en un lugar un poco mas “privado” porque tenía un temor comprensible y confusión por hablar de ciertos temas en lugares muy abiertos, le dije lo mismo y entonces pague la cuenta del consumo y nos fuimos en busca de aquel sitio solo para los dos. Era imposible llegar a ninguna de nuestras casas, entonces me acerqué a una residencial donde nos pidieron el carnét de identidad e incluso notaron que eramos menores, asi que se nos puso un tanto difícil encontrar lugar, finalmente hallamos un pequeño hotel donde antes que yo el pagó la cuenta por una noche, llegamos a nuestra habitación de dos camas. Cerré la puerta con llave, continuamos con nuestra conversación, nos reíamos de todo lo que se nos ocurría, hasta que en un momento quedamos muy callados, con una mirada penetrante y seria el se me acercó y me dió un pequeño beso, a lo que yo respondí con uno más largo, sentí sus labios delgados y finos, no podía quitarle los míos… entonces le dije que lo hagamos, me miró medio inseguro y me dijo que le inspiraba mucha confianza, cerramos con llave y encendimos la lámpara de la mesa de noche, ninguno de los dos sabía como lo ibamos a hacer pero  actuamos por sentido común.
Le quite la remera mientras el me tocaba todo, luego me quité la mía y comencé a bajarle muy lentamente los pantalones queriedo degustar del delicioso paquete que quería ser probado por primera vez,, entonces de repente aparecimos sin nada en la cama, nos besamos hasta el alma, sentí volar muy lejos, llegar hasta los cielo, le besé los pectorales y lo abdominales de su delgado pero cuidado cuerpo hasta llegar a rociar con mis labios la punta del pene, me tomó de la cabeza y empecé a mamarsela completa en un vaiven que no cesaba, el gemía de gusto y pasión luego tomé su lugar y me hizo vibrar de emoción al sentir que le gustaba chuparmela, entonces se me acercó me dió un abrazo y le susurré al oído si quería hacerlo por el culo, me dijo que si y entonces mientras sentía su cuerpo en la cama echados y abrazados con las piernas una sobre la otra me desprendí y lo puse de cuatro, al principio no sabía como funcionaría, entonces lentamente acerqué mi pija rodeando la entrada anal, empecé a introducir lentamente pero me dolía un poco, entonces cesé y le pedí a él que lo intentara conmigo, pues puedo asegurar que lo hizo mejor logro penetrarme y sentí su enorme dotación yo con las piernas abiertas,, dentro de mi mientras sentía como la movía en forma de vaiven, el la sacó muy pronto y volvió a abrazarme, seguimos besandonos hasta que nos empezamos a mastrurbar mutuamente, mi mano tomó el control y mientras la movía también pude ofrecerle sexo oral., el hizo lo mismo hasta que nos levantamos mientras seguiamos masturbandonos con las pijas tan erectas como nunca, derrame el liquido sobre todo su pecho y abdomen, mientras yo seguía masturbandole me di la vuelta y todo recayó sobre mis nalgas y espalda, la sensación era única, estabamos satisfechos, sentimos que eramos uno para el otro tanto en la cama como en donde sea, fue así que llegamos a ser pareja y el se convirtió en mi joven amante que tanto había deseado desde hace mucho tiempo.

La trampa

Han tenido que pasar 5 años para que saque valor y me atreva a exortizar ciertos demonios. Me ha dicho un “enteraillo” que contarlo, escribir sobre ello, me ayudará a superarlo, aunque no estoy muy seguro. 

En fin, vayamos al tema. Me llamo Jesús, cuando ocurrió todo esto que voy a contarles estaba a punto de cumplir los 30. Llevaba 11 años con mi novia Mónica que era, es y espero que siga siendo la mujer de mi vida. Todo lo que les he de contar nos ha hecho mucho más fuertes, pronto lo comprenderán. He visto que la gente suele describirse en estos relatos, espero hacerlo bien. Ambos somos madrileños, de Las Rozas. Aunque no sea el mejor para describirme he de decir que soy bastante resultón, en realidad nunca he tenido problemas para ligar. Soy bastante alto, pelo castaño claro, delgado y con ojos muy azules. Suelo vestir caro, me preocupa la moda y me cuido bastante… aunque sin obsesiones.  

Dicen los psicólogos que buscamos parejas parecidas, pues bien, Mónica lo es. Es bastante alta, creo que 1,73, tiene un pelo negro largísimo, liso y muy brillante. Una 90 de pecho, muy firme, de tacto fabuloso y con un montón de pecas que lo adornan extraordinariamente. También está bastante delgada, con un trasero estrecho y durísimo. Lo cierto es que se cuida un montón, le gusta tener el vientre plano, la piel suave y es del tipo de mujer, reservada y elegante, que me dejaría de hablar si se enterase que les estoy contando todo esto. En fin, somos una pareja bastante compenetrada, apenas reñimos, hablamos un montón y nos entusiasma salir a gastar dinero. 

Una de aquellas salidas es la que les voy a contar, y lo haré porque sin duda, nos ha cambiado la vida. Por entonces hacíamos excursiones en moto de fin de semana. Solíamos salir solos y, en ocasiones, con algunas parejas de amigos. Para el fin de semana anterior a la navidad teníamos reservada una casa rural en la Sierra de Gata, al norte de Cáceres. Había hablado con el dueño por teléfono, él vivía en la propia casa, en el primer piso y a nosotros nos reservaba la superior, con un magnífico salón, 2 habitaciones, aseo, un gran ventanal que daba al bosque y su propia salida independiente al exterior. El caso es que se apuntaron a la excursión un par de conocidos, que no amigos. Él había sido compañero de carrera, uno de esos tipos con los que da gusto salir de farra, y precisamente por eso las relaciones entre él y Mónica eran francamente malas. Ricardo era un fulano alto; calculo que 1,90 metros, de estos que se dicen robustos y fuertes, pero que en realidad empiezan a ser gordos. Moreno, de pelo corto, muy corto, uñas mordidas, ojos oscuros, piel tostada, algo infantil y muy, muy lenguaraz, un tipo con labia. La novia era bastante silenciosa, muy de su gusto. Bastante bajita, pechugona, pecosa, morena de pelo rizado y largo, con un culo estupendo y unos magníficos ojos pardos. 

Salimos el viernes después de comer por San Martín de Valdeiglesias, siguiendo por Arenas de San Pedro, etc. La carretera era bastante buena, con muchas curvas que es como nos gustan a los moteros y con poco tráfico. Íbamos a buen ritmo, parando un par de veces por el camino y llegando antes del anochecer.  

No nos costó nada encontrar la casa. Por fortuna era la más cuca del pueblo. Con gruesas paredes de piedra, ventanas de madera, junto a un río, rodeada de árboles, en fin, muy bucólico todo. Por suerte no desmerecía a las fotos de la revista. Hasta el dueño era típico. Un antiguo agricultor, viudo, con la piel destrozada por jornadas de campo, bajo, robusto, muy calvo y con unas manos enormes que parecían de madera. En lo alto una gorra sucísima de colores verde y blancos. Como era de esperar el tipo era parco en palabras, por no decir que bastante grosero. “Niñatos de ciudad” debió pensar al vernos. 

La noche empezó bastante bien. Para demostrar que sí éramos chicos de ciudad necesitamos encender unas teas, varios periódicos, tres pastillas y algo de gasolina para darle vidilla al fuego en la fantástica chimenea del salón. A su lado había dos sofás de piel oscura, donde habríamos de pasar la noche. Una botellita de Jack Daniels desentumeció nuestros músculos, soltó nuestras lenguas y rompió el hielo entre Mónica y Ricardo.  Su novia también empezó a soltarse, riéndonos todas las gracias, poniendo de su parte y hasta diciendo alguna picardía. Por desgracia Mónica no estaba tan contenta, bebía, aunque no es muy dada y sonreía de compromiso. 

Al rato a Ricardo se le soltó del todo la lengua y les descubrió nuestro gran secreto de la noche. Antes de venir habíamos hecho una importante compra online de lencería para nuestras parejas. En principio eran para sacarlas una vez nos diésemos las buenas noches, pero él dijo de dárselas ya. Así que las sacamos, yo le había comprado a Mónica un magnífico corpiño rojo, con encajes negros, sin tirantes, que subiría su pecho haciéndolo muy apetecible. Siempre tuve predilección por las cabareteras al tipo Toulouse Lautrec. Debajo unas braguitas negras muy minis, sin llegar a ser tangas, y también unas medias altas. Para Julia él fue algo más atrevido. Un traje cuasi transparente. Muy ceñido. El caso es que se lo dimos y se partieron de risa. La sorpresa vino cuando Julia dijo de ir a su habitación y probárselo. Yo pensaba que Ricardo le iba a decir que más tarde, pero la animó a hacerlo. Decía que ya nos habíamos visto todos en la playa, en bikini, y que eso no cambiaría mucho. 

Cuando Julia apareció por la puerta me quedé sin respiración. Era una de esas chicas que normalmente, por la ropa que llevan, no suelen llamar la atención, pero con menos trapos te dejan impresionado. Apareció con un traje de cuerpo entero, abierto a ambos lados de las piernas, que transparentaba unos grandes pezones y las sombras, las magníficas curvas de unos pechos soberbios. Debajo un tanga negro que no dejaba demasiado a la imaginación. Debía tenerlo todo muy, pero que muy recortado. Mengano dijo un par de procacidades, ella se las rió ruborizada y se sentó junto a él en el sofá. Mónica siempre había dicho que esta muchacha era una hervida, una pava, así que aquello la dejó tan pasmada o más que a mí. Ella siempre ha sido muy vergonzosa y a esas alturas de la noche no llevaba demasiado alcohol en la sangre como para empezar a desvariar.

  • No pongas esa cara de tonto, ¿quieres ver como me queda eso que me has comprado?- Dijo Mónica. A Ricardo casi se le salen los ojos de las órbitas, como en los tebeos. Ella había pedido mi aprobación para el atrevimiento.
  • Para eso te lo he comprado cariño, para vértelo puesto-

 

Tardó un poco, pero cuando apareció en el salón, con la luz del fuego, desee por un segundo que estuviésemos solos. Los corpiños le encantan, y este le quedaba de impresión. Su alto precio merecía la pena. Muy ceñido en la cintura y, como me imaginaba, levantándole los pechos provocativamente. Creo que ella se los subió más de la cuenta porque los pezones amenazaban con salir por el escote y la aureola se empezaba a insinuar. Sus hombros, su cuello con el pelo recogido… “su todo” la hacían increíblemente apetecible, un auténtico confite. Más abajo la vista era aún mejor. Esas braguitas discretas, negras y reducidas, aunque no demasiado. Unas piernas larguísimas, con medias negras que parecían salir de un anuncio. 

-Guau chicas, estáis que quitáis el hipo.- Ricardo no se cortó un pelo en mirar, la verdad es que nunca lo hacía. Le faltaban ojos para mirarlas a ambas de arriba a bajo. Lo cierto es que me sentí un poco molesto, bueno, bastante molesto, de que mirase así a Mónica. Por fortuna el alcohol empezaba a hacer sus efectos y preferí sonreír. Por el contrario y siendo como soy un tipo muy vergonzoso, preferí mirar a su novia discretamente, aunque a ella parecía no importarle lo más mínimo, bueno, a ambas a decir verdad. Se sabían deseadas y seguro que, como nosotros, ya se maliciaban una fantástica noche de sexo. 

– Es verdad las dos sois estupendas, ambos somos muy afortunados. Seguro que a nosotros no nos quedan los boxer igual.- Traté de ser lo más correcto posible, pero ya empezaba a retorcerme pensando en esas miradas lascivas a Mónica. 

-No seas finolis joder, están para irnos ya a la cama y sin cenar.- Todos le reímos la gracia a Ricardo y ayudó a relajar el ambiente. La cena fue estupenda, unas fruslerías y algo de vino tinto de la Tierra de Barros. Ellas ni siquiera se cambiaron, no me cabe duda de que había algo de pique entre ellas. Una por ser mujer de mundo, elegante, independiente y segura de sí misma, y la otra por todo lo contrario, era la belleza evidente contra la discreción más absoluta. Podríamos decir que eran dos formas de ver la vida, y ambas pugnaban por llevarse todas las miradas.  

Tras el postre vinieron unas copas cargaditas y una marejada de licores. Yo empezaba a atolondrarme y Ricardo no dejaba de sacar conversaciones picantes, estaba realmente cachondo y las insinuaciones a Julia subían de tono cada vez más. En un momento dado ella se levantó. Estábamos todos sentados en la alfombra, alrededor de la mesa. Entonces se puso de pié mostrándonos sus tremendas curvas.  

-¿Nos sentamos?- 

-Si claro, estoy incomodísima con este corpiño, se me corta la respiración- Dijo Mónica. En ese momento me levanté para ocupar uno de los dos sofás que había en el salón. Un mueble tremendo forrado con terciopelo rojo y que ya hacía décadas había vivido su primera juventud. En principio y dado que no había sitio para los 4, la idea era sentarme para que Mónica se pusiese encima mía. Pero según lo hice, fue Julia, que ya estaba de pie, la que pidió hueco y se sentó sobre mis muslos, con sus piernas colgando en un costado. Yo sonreí, tratando de quitar hierro. Pensaba que Ricardo se iba a molestar, pero de eso nada, por alguna extraña razón sonreía. La verdad es que ella estaba buenísima. Sentí su carne dura tras la tela del vestido. Hasta su olor era pura lujuria. Trataba de no mirar, levantando los ojos, pero en algún descuido pude ver unos muslos estupendos y dos pechos fabulosos, que se movían con la respiración chocando contra mí. Ella, sabedora de todas sus armas, se echó para atrás, como queriendo desentumecerse, pero ofreciéndolo todo, dejándolo al alance de la mano. De buena gana la habría devorado, pero resistí. Mónica me miraba con los ojos muy abiertos, observando cualquier detalle, por mínimo que fuese y sabiendo perfectamente cuales eran mis pensamientos.  

Para no quedar como un tonto, como un cortado, le puse la mano en la cintura, justo donde empieza el trasero. Un lugar que, por cierto, me entusiasma. 

-Oye bonita, creo que ese es mi sitio ¿no te parece?-

-¿Pero que miedo tienes Mónica?, lleváis toda la vida de novios, no irás a pensar que ahora voy yo a tontear con Jesús y él se va a excitar- Caray con la pavisosa, ya dicen que las calladitas son las peores. Y para más inri, TODO lo que había dicho era cierto, estaba tonteando y me estaba excitando.

-Ven Mónica, no te pongas celosa. Siéntete encima mía.-

-Eso no te lo crees ni tú, me quedaré aquí mismo, en el suelo, hasta que a tu chica se le ocurra bajar de mi novio- Lo dijo con cierta gracia, así que se la reímos.

-Bueno, pues tú te lo pierdes. Por cierto, he traído un tema que os va a gustar. Si queréis os doy un poquito a probar y nos vamos a dormir … o a lo que sea- Ricardo era el típico catacaldos que siempre está experimentando cositas y le va el vicio como a pocos. Así que sacó una bolsita con unos hongos secos. Tenían una pinta inofensiva, un poco repugnante, pero no más que un tomate seco.

-Vamos, animaros, ya veréis que bien vamos a dormir- Y las dejó sobre la mesa, entre el resto de botellas.

-¿Y esto como se toma?-

-Pues a pelo, o con un poco de pan, lo mismo da. Esta es para los chicos, y esta para las chicas-

-Julia, ¿me lo alcanzas?-

-Si claro- Julia hizo un pequeño esfuerzo levantando su estupendo culo y poniéndomelo, tras el vestido, frente a los ojos. Al dejarse caer se sentó un poco más arriba de los muslos, en blando …ya estábamos muy, muy juntitos. Fui el primero en probarlo con algo de pan de molde y he de decir que era bastante asqueroso. El resto me siguieron. Mónica con cara de muy pocos amigos y Julia con gran entusiasmo. Seguimos charlando y al rato los dichosos hongos empezaron a hacer sus efectos. A mí, que ya tenía bastante alcohol, me dio por reírlo todo, empecé a ver algunas alucinaciones, a ver borroso y, lo más curioso de todo, es que no tenía control de mi cuerpo, como si me hubiera quedado sin energía, empecé con un hormigueo que se fue haciendo más intenso y acabé tendido como una paralítico en el sofá. 

Mónica, al rato de tomar los hongos se levantó cansada de estar en el suelo, me miró, miró a Ricardo y se sentó sobre sus piernas. El otro abrió muchísimo los ojos al ver a semejante mujerón sentarse sobre él. Ella lo hizo con gran delicadeza, como suele hacerlo todo. Y Ricardo, a diferencia mía, no le puso la mano en la cadera, lo hizo directamente sobre el culo, jugándose un bofetón, pero éste no llegaba. La estaba contemplando impúdicamente, de arriba a abajo. 

-Oye creo que con el meneo se te ha salido un pezón.- Era cierto, el corpiño, que todo lo levantaba, sacó uno de sus deliciosos pezones, una pequeña y saltarina maravilla de la naturaleza.

-Si, es cierto- Mónica no hizo ademán de esconderlo, muy al contrario me miró a ver que cara ponía. Yo no podía mover ni el gesto, incluso empecé a pensar que me orinaría encima. Julia parecía dormitar sobre mi pecho y no tenía ni fuerzas para empezar a tontear con ella, tal y como estaba haciendo su novio con mi enamorada.

-Pues cúbrelo mujer, que se va a enfriar- El muy descarado, con la mano que le quedaba libre, cogió el borde del corpiño y lo subió, tratando de rozar con sus dedos la sagrada piel de mi novia. Ella miró atenta, con cara de ensimismada, y no movió ni un dedo, los hongos ya estaban haciendo su efecto y empecé a temer enormemente el descontrol. Era una situación delicadísima y yo no podía decir ni “mu”, a todos los efectos yo no era más que un mueble. Mi propio cerebro no quería dar las órdenes para que los músculos de movieran y esa es una sensación que da mucho miedo, muchísimo. Un escalofrío me recorrió la espalda, tenía que intentar salir de allí, moverme, respirar aire fresco, pero no había forma. Además empecé a darme cuenta de que Ricardo, el maldito Ricardo, no había tomado ningún hongo, nos lo habíamos tomado todo nosotros tres. 

-Oye, a  Julia le encantan estas braguitas que llevas, ella se lo afeita entero ¿sabes?, ¿tú te lo afeitas?-

-Eres un cerdo sabes Ricardo, te desprecio muchísimo, me das asco. Eres un machista insoportable, te crees guapo y no lo eres, y tampoco gracioso, solo eres un maldito gordo fofo, criticón e idiota.- Caray, pues los hongos le habían soltado mucho la lengua a mi chica. Mejor perder la amistad que verla en brazos de otro tipo. Respiré tranquilo.

-Vale, vale, si ya sé que tú y yo no nos vamos a llevar bien nunca, solo era curiosidad- Todo parecía ir bien, Mónica hizo ademán de levantarse, pero no era así. Se tumbó de lado tendiéndose frente a él.

– Yo solo me afeito la línea del bikini, bueno eso y un poco más.- Mónica levantó la pelvis para enseñárselo. Se quedó tendida en horizontal, apoyada en los brazos del sofá, como la bandeja del desayuno. A Ricardo se le salían los ojos. Mónica retiró un poco la tela para enseñar sus ingles afeitadas, la siguió retirando hasta que apareció una ligera franja de pelo oscuro, ensortijado y brillante. 

Ni corto ni perezoso, Ricardo dirigió sus dedos hacia ese lugar, recorriendo la línea de las braguitas, ayudándola a retirarlas y no tardó en juguetear con el pelo ensortijado que asomaba. Mónica parecía disfrutar, nunca imaginé que podría sonreír entre los brazos del tipo que más odiaba en el mundo. Él, ni corto ni perezoso, aprovechando la postura, se agachó un poco, retiró las bragas a un lado y hundió su nariz entre el pelo, aspirando, oliendo profundamente. 

-Ohhh Dios, hueles tal y como me lo había imaginado.-

-¿Y que más cosas te habías imaginado?-

-Tus pechos, me los he imaginado más de 100 veces-

-Si abres el cordel que corre entre ellos podrás ver si son tal y como pensabas- Y Ricardo, ni corto ni perezoso, procedió a abrirle el corpiño que yo le había regalado. El tipo era un sádico, porque en lugar de abalanzarse sobre ella, de devorarla que es lo que yo hubiera hecho, seguía tonteando, volviéndola loca. Con increíble parsimonia fue soltando el cordel y cuando ya estuvo todo suelto lo abrió descubriendo paulatinamente los pechos de mi chica. Allí estaban frente a él, totalmente disponibles para chuparlos, morderlos, manosearlos … pero el desgraciado no lo hizo.

-¿qué tal, te gustan?-

-Me encantan, así era como me los imaginaba, ni más ni menos, son los mejores que he visto- No mentía Ricardo, una talla 90, en su sitio perfecto, proporcionados, suaves, duros y con un pezón que era una delicia. Mónica se estaba volviendo loca y la tenía a su disposición. El carísimo corpiño quedó tendido en el suelo.

-¿Algo más imaginaste?-

-Si claro, os he llevado delante todo el camino en la moto, ¿porqué razón te crees que no quería ir el primero?. Tu culo, el colín trasero te lo levanta que es una maravilla. Desde que te lo ví, hace 4 años cuando fuimos a Jerez, no he dejado de pensar en él- Mónica, ya medio desnuda, se dio la vuelta, tumbada boca abajo en horizontal, con los brazos del sofá y el abdomen sobre los muslos de él.

-Mira a ver si es igual a como esperabas- Yo me quería morir. Ricardo dirigió sus manos hacia las braguitas negras de Mónica y las fue bajando lentamente, por un momento me miró a los ojos cerciorándose de que no me estaba perdiendo detalle. El culo de Mónica apareció en todo su redondo esplendor.

-Bueno Ricardo, ya me tienes totalmente desnuda frente a ti, ¿por donde vas a empezar?, soy tuya.- Pensé que el corazón se me salía por la boca. Ricardo me miró y me hizo una leve sonrisa. Una de esas sonrisas que te echaba en la universidad cuando ganaba el partido de padel. Y siendo el tipo más picado y competitivo que conozco, sabía muy bien cual era su significado. Lo imposible, lo impensable estaba ocurriendo delante de mis narices, bajo los efectos de la droga y sin poder mover ni un músculo. 

Ricardo puso la mano abierta sobre el blanco cachete de Mónica, lo acarició suavemente, después el otro, pasó la mano por la espalda y volvió  a amasarle el culo. Mientras, ella gemía como una gatita, impaciente por ser devorada. Ricardo se llevó los cuatro dedos de la mano a la boca, como queriendo recoger el sabor de mi chica antes de tiempo. Después los metió entre los cachetes del culo de ella, queriendo averiguar como estaba la temperatura. Para mi vergüenza el gesto que me hizo fue elocuente, decía “ella esta MUY excitada”. Ricardo siguió masajeando, con mucho arte todo sea dicho, y ella se retorcía sobre sus piernas. Por los gestos deduje que había explorado en profundidad todo lo explorable… y ese, supuestamente, era mi territorio. 

-Date la vuelta Mónica.- Y ella, obedientemente lo hizo. Le temblaban las piernas de placer. Pude ver brillar húmedos sus muslos a la luz del fuego.

-Siéntate sobre mis rodillas- Mónica, con mucho cuidado, apoyó su culo sobre la pierna izquierda de él y le echó la mano por detrás del cuello. Sus pechos nunca me habían parecido más bellos. La derecha de Ricardo siguió el masaje, de un pecho pasaba al otro, los estrujaba, los pellizcaba y ella echaba la cabeza para atrás disfrutando, en su aturdimiento, de aquel momento. En un momento él aprovechó la postura y bajó la cabeza para devorar tan suculento manjar; se lo introdujo en la bola con deleite, los sacaba y paseaba toda la lengua por su blanca piel. Primero uno, luego el otro, y así una cadencia interminable que me estaba desquiciando. Le iba a quitar el color. Cuando acabó el repaso, con su acostumbrada-enfermiza paciencia, la echó para atrás y volvió a meter su mano entre las piernas, esta vez con un poco más de brío, con cierta agresividad. Ella gimió de placer, había alcanzado un orgasmo tremendo y se estremecía en manos de otro hombre. 

-Mónica, la verdad es que también tenía curiosidad por saber como la chupabas, ¿que tal si te pones de rodillas y me demuestras que la mamas como los ángeles?- Ella actuó obediente, las drogas y el placer que estaba sintiendo le hacían tambalearse atontada. Con alguna dificultad se puso, desnuda como estaba, de rodillas, frente al sofá y entre las dos rodillas de Ricardo. Él puso sus dos manazas sobre la cabeza y la empujó hacia la entrepierna. Desde donde yo estaba no podía ver la felación, tan solo la espalda de Mónica, su hermosísimo trasero desnudo y las plantas de sus pies. Pero tampoco hacía falta ver demasiado, la cabeza de mi novia empezó a subir y bajar según le indicaban las manos de Ricardo, al rato las retiró poniéndolas en los reposabrazos del sofá dejando que fuese ella la que hiciese todo el trabajo. Ricardo, como de costumbre, iba sobrado. El fulano era carne para página de sucesos. 

De pronto Julia levantó la cabeza, se había despertado. Miró el panorama y sin decir nada se puso en la misma posición que Mónica. Ni me preguntó que estaba pasando, ni por qué lo consentía, ni nada de nada. Se puso de rodillas frente a mí y se bajó el vestido dejando al aire dos magníficos pechos, verdaderamente grandes, blancos, con unos pezones muy oscuros y tremendos. Una maravilla. Después dirigió sus manos a mi bragueta y me sacó el pene. Tan aturdido estaba que no me había dado cuenta, pero estaba a punto de estallar, en la vida me lo he visto así. Metía miedo, lo juro, mal me está decirlo, pero como los de las películas porno. Con unas venas de lo más amenazantes. 

-Caray, parece que te está gustando lo que le está haciendo a Mónica. Él llevaba años queriéndosela tirar, me lo ha dicho un montón de veces, no sabía como hacerlo, pero la desea más que nada en el mundo ¿sabes?. Incluso me hacía vestirme como ella. No va a desaprovechar esta oportunidad. Pero te voy a echar una mano, siempre me has caído bien.- 

No pude más que abrir mucho los ojos ante semejante revelación. No podía mover ningún otro músculo. Julia sonrió y se lo puso entre los pechos con todo el mimo del mundo. Yo no tenía ni vergüenza, solo unas ganas tremendas de quitarme esa presión, ese tapón.  Al rato de mover los pechos y jugar con mi sexo se lo introdujo en la boca y afortunadamente pude sentir el calor de sus labios. No estaba insensible del todo. Empezó besándolo con muchísimo cariño, un beso muy sonoro, con la boca abierta rodeando todo el glande, un beso tierno, muy sentido. Pero no tardo abrir más los labios, metérselo entero en la boca y empezar el sube y baja. Ella también estaba un poco mareada, no acababa de atinar. Se le salía unas veces o no acertaba a metérselo bien, en cualquier caso en la vida he sentido tanto placer. Y ella, mientras me lo devoraba, porque eso no era chupar, escondió una de sus manos en la entrepierna para satisfacerse. Hacía bien en no contar conmigo. 

Levanté un rato la vista para ver que tal iban los otros dos. Mónica seguía con la cadencia, ver su trasero me hizo desearla muchísimo, incluso en ese embarazoso momento, aunque ahora me arrepiento, pensé que me gustaría estar detrás para, mientras se la chupaba a ese desgraciado, poder penetrarla tan a gusto como lo solíamos hacer.  

Ricardo quitó las manos del reposabrazos, volvió a cogerle la cabeza para que no la moviese ni un milímetro y de repente se retorció, gimiendo. Yo nunca había visto a un hombre teniendo un orgasmo, el suyo me pareció espectacular he de decirlo. Yo nunca he bramado de esa manera, ni creo que lo haga jamás. Y Mónica no se movió ni un pelo, siguió subiendo y bajando sumisa, como si nada hubiera ocurrido. Ricardo se reía a carcajadas, sin duda era el tipo más feliz del mundo. Y yo no podía quejarme. De alguna manera que no alcanzo a entender me excité una barbaridad cuando él tuvo su orgasmo en la boca que yo besaba a diario y seguí el ejemplo. Un escalofrío me recorrió toda la espalda, pude sentir un estremecimiento por todo el cuerpo, y me alegré al descubrir que aún tenía sensibilidad en manos y pies. Julia no fue tan obediente, después de semejante efusión se la sacó de la boca. Seguía masturbándose lentamente y gimió como una posesa, estaba teniendo un auténtico torrente de orgasmos. Yo desee poder moverme, abrazarla, magrearla, pero no había manera. Derramé  sobre sus pechos, y ella empezó a restregar la viscosidad sin parar de gemir, nunca he visto cosa igual. 

Ya más tranquilo volví a la otra pareja. Mónica seguía igual, seguro que no se estaba enterando de nada, y Ricardo enseñaba todos los dientes en la sonrisa más grande que he visto jamás. De pronto la apartó, la puso de pié y le abrió las piernas para sentada sobre él. Ella seguía dejándose hacer. Esta vez si que pude ver como él se agarraba el miembro y lo dirigía a su objetivo. La verdad es que el cacharro del muchacho también metía miedo, era tremendo, quizá no tan largo como el mío, pero gordo como un salchichón. Le costó un poco atinar, pero cuando lo consiguió debió llegar hasta el fondo. La cogió de los hombros y la bajó. Ella gimió de gusto y empezó a subir y bajar mientras Ricardo se distraía, ora tocándole los pechos, ora agarrándole y arañándole el culo como un ave rapaz. En un rato el ritmo era frenético. Y mientras Julia, que había tenido un montón de tremendos orgasmos, se quedó dormida a mis pies, medio desnuda y brillando por la humedad, la suya y la mía. Con la luz del fuego estaba preciosa, ambas lo estaban. 

Ricardo volvió a correrse como un salvaje, cogió a Mónica y la abrazó contra su pecho. Pude ver como el pene de él se tensaba y curvaba debajo de ella. Mónica estaba agotada. Ricardo dio un largísimo beso en la boca, él también parecía destrozado. Solo habían sido dos orgasmos pero parecía que se le había ido la vida en ellos. Ahora esa vida estaba guardada dentro de mi chica. Ella se quedó desnuda, tendida de lado sobre la alfombra, a la luz de un fuego que ya agonizaba. 

-En fin, creo que nosotros nos vamos a ir a dormir. Ha sido una noche estupenda, a ver si la repetimos. Ricardo me sonrió. Desee levantarme y destrozarle la cara hasta dejársela irreconocible, pero seguía sin poder sentir nada de nada. Él cogió de la mano a Julia, la ayudó a levantarse y la limpió un poco con un paño de cocina antes de llevársela al cuarto. Ella también estaba muy mareada, o dormida o vete a saber.  

Yo estaba idiotizado, sin poder mover ni un pelo. La habitación se había quedado en una extraña penumbra. Las brasas lo iluminaban todo con un aspecto muy extraño. Observé el cuerpo mancillado de Mónica, tendido en la alfombra y aún sudoroso.  Ella dormía inocente. Pero algo en la ventana me llamó la atención, un movimiento entre las cortinas, en el exterior, miré y lo ví. Si la noche había sido dura, aún quedaban unos minutos incómodos para poderla empeorar. El rostro terrorífico, la faz imperturbable del casero, estaba allí, entre las cortinas, lo había visto todo. Naturalmente volví a ponerme muy nervioso, nerviosísimo. 

El pomo de la puerta giró lentamente y apareció su cara, parecía una máscara de madera e incluso imaginé que tendría el mismo tacto. No sonreía, y miraba todo el rato el cuerpo desnudo y postrado de Mónica. Se quitó la gorra y la dejó en la mesa de la entrada, junto a las llaves de las motos, recogió las mangas de la camisa. Tenía unos antebrazos gruesos y muy velludos, a juego con todo lo demás. 

-Se ha follado muy bien a tu amiga, a mi me gustan un poco más rellenitas, pero esta me valdrá. A ver si tu compañero me da un poco de eso que os habéis tomado, es cojonudo, tú no te puedes mover y tu potra se vuelve muy dócil-  

Dios, yo estaba a punto de reventar, no podía de tanta ira, de tanto cabreo, deseaba levantarme y matarlo. De pronto empecé a sentir las manos, podía mover la punta de los dedos, el efecto de la droga se estaban pasando lentamente. Volví a sentir mi corazón saltando desbocado en el pecho. 

Mientras, el miserable se agachó y contempló cuanto quiso el cuerpo desnudo de Mónica. Ella estaba echada de lado, frente a la luz que daban los rescoldos de la chimenea, en posición fetal. Ante él una de esas mujeres que había visto en televisión y que nunca, bajo ningún concepto, le habría prestado la menos atención. Para mi escarnio el viejo cabrón empezó a pasear la mano por su muslo, lentamente, con total deleite. Aquella piel suave, blanca y deliciosa era, con mucho, lo mejor que podía imaginar semejante Neandertal. Este no era Ricardo, este quería cobrarse la pieza y disfrutarla cuanto antes. Al poco esos dedos que pretendían acariciar empezaron a agarrar con avidez la carne magra de mi pareja. La cogió del hombro y le dio la vuelta. Sus ojos se abrieron al ver aquellos pechos magníficos apuntando al techo. Los miraba con una cara que me sería muy difícil describir, luego sus ojos recorrieron el resto del cuerpo, observando el sexo, recortado y aún inflamado. Poco le importó que ella estuviese sudando y que sus pechos aún brillasen con la saliva de Ricardo, en un santiamén se los metió en la boca, chupaba uno se lo introducía hasta hacerlo desaparecer y mientras, con la otra mano estrujaba con perversa avidez el otro. Parecía querer quitarle el sabor, después le chupó el cuello, la cara, ella se movía levemente, pero estaba en el más profundo de los sueños. La besó en la boca e incluso llegó a cometer la osadía de meterle la lengua, cosa que nunca pensé podría hacer alguien de su edad. Ahora veía los hilos de baba de este desgraciado surcar el cuerpo de Mónica y mi furia no tenía límites.  

Traté de recobrar fuerzas, de empezar a moverme y me imaginaba dándole golpes hasta que su rostro se convirtiese en un montón de carne sin forma, deseaba matarlo como jamás lo ha deseado nadie. Yo sabía que era indigno, no merecía ni mirarla y ahora estaba disfrutando de ella a su gusto. Pero ya dije que el tipo era impaciente. No tardó en darle la vuelta y buscar su verdadero objetivo. El trasero de Mónica pareció grandioso, extraordinario, blanco, terso, en sus medidas justas. Él desgraciado le abrió las piernas y con sus dedos índice y corazón exploró el lugar. La luz tenue de los rescoldos hacía que la escena fuese aún más onírica. Se colocó en posición, tras ella, se echo mano a la bragueta con las formas bruscas que lo caracterizaban y se sacó un instrumento bastante tosco, como no podía ser menos. Pequeño pero muy gordo y ennegrecido. Con mucho pelo y apuntando amenazador a aquel trasero sin igual. 

Yo tenía que reflexionar. El amor de mi vida, completamente desnuda, dormida, sin un mísero collar ni un centímetro de tela, entregada completamente a otro hombre, uno de los especimenes más tristes y desagradables sobre la faz de la tierra. Había que sacar fuerzas de flaqueza, recuperar la movilidad. El odio, la furia mortal me ayudaban. Empecé a poder mover las manos, los pies, incluso levemente la cabeza. Pero el baile estaba a punto de comenzar. 

El rústico puso su aparato a las puertas de aquel paraíso. Abrió con sus manos los cachetes y viendo que no estaba aquello en situación, escupió. Si, eso hizo, escupir sobre la piel de mi amada, de mi tesoro. ¿De qué abominable película pornográfica habría sacado semejante vileza?. El tipo acertó, pudiendo lubricar el camino y de un empujón lo emprendió. Mónica, que dormía pese al trasiego, despertó de repente sintiendo un dolor nuevo. No era una práctica ajena a ella, es más, aunque no nos prodigásemos, a ella solía gustarle. Pero aquello no tenía nada que ver. Aquella herramienta no era, en absoluto, la acostumbrada. El tipo empezó a moverse cadenciosamente mientras ella se retorcía de dolor bajo su inmundo peso. Al rato dejó de luchar y se preparó para recibir la carga. Todo su cuerpo se estremecía, se movía con cada embestida. Los cachetes del culo se levantaban y separaban. En un momento el miserable llegó incluso a cogerla del pelo y echarle la cabeza para atrás. Yo podía ver como las gotas de sudor resbalaban por su espalda. De pronto un espasmo, el tipo había llegado al final del camino y fue realmente teatral, espectacular, aunque nada parecido al festival de Ricardo. Se volvió totalmente loco, mientras se estremecía llegó incluso a darle un par de palmadas muy fuertes en el trasero y se quedó tumbado encima de ella. Mónica, que había luchado cuanto había podido, se quedó dormida del mismo cansancio. La droga todavía circulaba por sus venas y a mi me ocurría tanto igual. Pude ver como al rato el fulano se levantaba lentamente, se la limpiaba con el corpiño que yo la había regalado, la observaba por última vez y desaparecía tras la puerta.  

Nos quedamos los dos en silencio, ella durmiendo y yo intentando escapar del sofá, demasiado tarde. Me deslicé y acabé tirado en la alfombra al lado de ella. Tras poner los nervios a prueba no me quedaban fuerzas, así que tras un rato me quedé completamente dormido.  

El sol entró por la ventana y nos descubrió en la cama. Yo me desperté primero con un salto. Llevábamos el pijama, uno al lado del otro. Todo aquello parecía un recuerdo, muy real, muy morboso y sin duda desquiciante, pero yo ya había tenido algún sueño, e incluso pesadillas parecidas. Mónica se despertó como si tal cosa, como otro día cualquiera. Los miembros me respondían perfectamente, la ropa estaba donde tenía que estar y me encontraba extrañamente bien.  

-Vaya pedo nos cogimos anoche, increíble. Te recuerdo en el sofá riéndote como un loco. Creo que me llegué a poner el corsé y todo. Espero que ellos estén igual o peor, no me acuerdo bien y me duele todo el cuerpo, estoy molida-

-Yo tampoco cariño, pero los hongos esos me han dado una cantidad de pesadillas y alucinaciones increíbles. Cosa rara me encuentro estupendo-

-Pues a mi me duele todo el cuerpo, vamos a desayunar- Nos vestimos, salimos al salón y allí no había nadie. Eso sí, sobre la mesa una gorra verde y blanca, muy sucia, con unas letras infantiles, creo que de una empresa de fertilizantes y la cara de un zorro sonriente.