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Mi abuela margarita y yo

Cuando yo tenía 11 años, hace muchísimo tiempo ya, pasé por una etapa en que no podía transcurrir mucho tiempo sin masturbarme.
Recuerdo que eran momentos de terrible placer para mi y por eso es que lo hacía a menudo. En aquel momento corría el verano. Yo vivía en una localidad a 25 km. de la ciudad en la que, era costumbre por las cálidas tardes que todos durmieran la siesta. En ese momento yo aprovechaba para salir al patio y ahí, al aire libre, me despojaba de la única prenda te tenía, un pantaloncito y mis calzoncitos y me masajeaba la pija hasta experimentar eyaculaciones gloriosas. Lo curioso era que para ello imaginaba situaciones sexuales con chicas a veces, pero en otras me gustaba imaginar que yo era la chica, o al menos un chico que asumía la posición pasiva. En esos casos yo usaba un palo de escoba que había en la casa, debidamente lustrado y suavizado y solía introducírmelo en el ano, lo más profundo que podía alcanzando de esa manera placeres extraordinarios.-
Al lado de mi casa había otra en la que vivían una pareja de ancianos. La señora era conocida como doña Margarita. La división entre las dos propiedades era un límite natural de ligustrina. Una planta alta que, de todas formas, permitía ver algo de lo que ocurría al lado. Una tarde, estando yo masturbándome completamente desnudo sentado y apoyado en una pared, justo frente a esa ligustrina observé movimientos del otro lado. Afinando la vista (sin dejar de subir y bajar mi mano sobre mi pene erecto) pude ver que detrás de la planta estaba doña Margarita, espíandome. Sentir que había alguien que me estaba viendo desnudo y teniendo esa actividad sexual, lejos de inhibirme o avergonzarme me produjo un mayor morbo y excitación. Continué, entonces, con mi entusiasta labor, poniendome de forma que mi espectadora pudiera apreciar, con todos los detalles, mi tarea la que continué hasta que en una explosión de inusitado placer, lancé un chorro de mi leche bien lejos. Durante el resto del día experimenté una sensación de profundo placer por haberme masturbado así con público y ya a la noche me sentí excitado de nuevo y esperando la próxima hora de la siesta para volver a hacerme una paja con público. Al otro día a la misma hora me desnudé y me puse en el mismo lugar. Pronto volví a ver la sombra de doña Margarita moviéndose, subrepticiamente, por detrás de la ligustrina. Comencé a pajearme, pero en esa oportunidad tenía al costado de mi cuerpo mi palo de placer. Pronto mi tarea prescindió de la presencia de la vecina solo me concentré en pensar que Alfredo, el hijo del dueño del corralon de materiales que había cerca de mi casa, que siempre estaba hablando de sexo y mostraba a los demás chicos su pene, me tenía en sus brazos y me sometía como una mujer. Tomé entonces el palo, y lo lubrique con una crema que le había sacado a mamá, y que ella usaba para suavizar sus manos. Me lo fui introduciendo en el ano, retorciéndome de placer, hasta quedar sobre el piso de costado. La eyaculación fue realmente poderosa y el sentimiento de placer profundo. Cuando abría los ojos pude ver, con alegría que mi vecina seguía allí y que había presenciado todo mi espectáculo.
Algunas tardes mas adelante, otra vez me comencé a masturbar y otra vez estaba allí doña Margarita. En mi casa había de visita una tía mía, joven, que había lavado y dejado colgado por allí su traje de baño. Era una malla enteriza, tipo body que era lo que se usaba en esos tiempos. Ya existían las bikinis pero eran usadas solo por las muy jóvenes y atrevidas. De prontó sentí la excitación de pensar que era una chica, y que usaba esa maya. Así que la tomé y me la puse. Sentir la prenda femenina en mi cuerpo me dio una nueva fuente de placer. No tardé mucho en sacar la pija por un costado de la malla y empezar a tocármela y luego correr la parte de atrás, liberando mi orificio trasero para meterme el palo. Otra vez ofrecí a doña Margarita mi erótico espectáculo que, como siempre culminó con una terrible eyaculación.-
Esa misma tarde mis padres me enviaron a hacer una compra al kiosco que estaba en la esquina de mi casa. Para ir al mismo tenía que pasar por la puerta de la casa de doña Margarita. Al regresar, esta estaba asomada en la puerta y me llemó pidiéndome que pasara. Existía en esa época confianza entre los vecinos así que yo accedí sin problemas. Cuando entré, la anciana me invitó a sentarme en la mesa y me convidó un refresco y galletitas indicándome que tenía algo que decirme. Yo imaginé de que se trataba, pero no el cariz que iban a tomar las cosas. Una vez acomodados ambos en la mesa, doña Margarita comenzó diciéndome que me había estado viendo y que sabía lo que hacía a la tarde. Hasta allí no había nada novedoso en lo que me comunicaba y yo la escuchaba sin darle demasiada importancia hasta que la mujer me dijo, que había visto como me gustaba meterme cosas en la cola y que era evidente que yo era una nena mariconcita. Casi me atraganto con la galletita que estaba comiendo cuando me dijo eso, es que jamás se me había ocurrido pensar que yo podría ser considerado así. Me agregó que como yo era como una nena, ella quería que yo la visitara periódicamente para que ella me transformara en la nena que era, y para que fuera su nieta, ya que ella siempre había deseado una nieta. Por supuesto que a eso me negué rotundamente, de ningún modo estaba dispuesto a hacerlo. Pero la mujer me manifestó que si yo no accedía le iba a contar a mis padres como me gustaba meterme cosas en la cola y que me ponía prendas de mujer. Ante la amenaza no supe que decir, solo me quedé ahí, callado, con la cabeza gacha.
.- A partir de ahora las cosas van a ser así -me dijo la mujer.- Vas a venir, y aquí vas a ser toda una nena. Yo me voy a encargar de las cosas necesarias para ello. Me vas a decir ‘abuelita’ y vos te vas a llamar Margarita igual que yo -Y después vinieron instrucciones más específicas-. Vas a venir sin masturbarte antes, te vas a masturbar aquí, como nena, tocándote adelante, pero metiendote algo en el orificio. Para ello vas a venir con el vientre completamente limpio, antes de venir vas a ponerte agua en el trasero con esto.-
Me dio una pera de goma para justamente eso producir la limpieza de mi vientre. Me indicó que solo en su baño podía hacer pis, pero que lo iba a hacer como las nenas, sentadita en el inodoro y limpiándome el agujerito con papel después de hacerlo. Confieso que mientras la mujer me daba estas pautas, yo sentía un extraño cosquilleo en el estómago. No me desagradaba para nada la perspectiva, ¡todo lo contrario!
.-Entendiste? -me preguntó al final.
.- Si, abuelita -le respondí.-
Esa noche tuve que hacer un esfuerzo para no masturbarme, pero estaba dispuesto a cumplir con las instrucciones de mi nueva abuela. Al día siguiente avisé en mi casa que a la tarde me iba a ir a jugar a la casa de otro chico (mis padres no me controloban, en realidad no se interesaban mucho ni en lo que hacía ni en lo que me pasaba). A la hora de la siesta, me metí en el baño, llené de agua la pera de goma, me introduje delicadamente la cánula en el ano y apreté llenándome el vientre de agua y provocando una limpieza absoluta de mis intestinos. Una vez cumplido ello, y con una excitación que me mareaba, fui a la casa de doña Margarita. Toqué el timbre y ella me abrió la puerta, con una sonrisa, invitándome a pasar:
.-Hola abuelita -le dije.
.-Así me gusta Margarita, así me gusta que me trates.
En la sala de estar de su casa me ordenó desnudarme por completo, lo cual cumplí sin la menor vergüenza. Después me hizo sentar desnudo en un sillón y vinó con un fuentón en el que había un preparado de hierbas con algun tipo de crema. Me ordenó apoyar bien la espalda en el sillón y me aplicó unos profundos masajes circulares con la preparación alrededor de mis tetillas. Al principio me produjo cierta molestia, pero después el masaje me pareció agradable.
.-¿Qué me estás haciendo, abuelita? -le pregunté.
.-Te estoy haciendo un tratamiento para que salgan un poco de tetitas, dejame a mi que cuando las tengas te va a gustar.-
Yo me deje hacer, no tenía intención alguna de tratar de evitar lo que doña Margarita quisiera hacer conmigo, mis padres no se enterarían lo que hago, y además… un poquito me gustaba, desde ya que ese tratamiento me lo fue aplicando cada vez que la visitaba y con buenos resultados por cierto.-
Después de eso, doña Margarita me hizo parar y me escrutó por completo. Concluyó que por suerte todavía no me salía el vello. Solo tenía un poquito en la zona genital y empezaba a asomar en la axila.
.-Bueno, esto está bastante bien -dijo ella- pero las nenas no tienen ningún pelito así que te los voy a eliminar.
Preparó un potaje con crema de afeitar que se usaba en la época y con habilidad realmente asombrosa, me dejo la zona del pubis como cuando tenía cinco años. Y despúes de eso, delicadamente me sacó la totalidad del pelo de las axilas. Completó su labor untándome una crema refrescante que, después pude comprobar, me había suavizado completamente la zona.
.-Bueno, ya estás lista para vestirte -me dijo la anciana.
Fue a un mueble y de uno de sus cajones sacó una prenda. Era una bombacha femenina (en aquella época aun no se usaba la tanga, ni siquiera la vedettina) y me la alcanzó ordenándome que me la pusiera, pero antes con una habilidad increíble comenzó a maniobrar con mis testículos, haciendo que los mismos me subieran quedando solo un pequeño penecito colgando. Me la puse, era de un suave color rosa y tenía un adorno consistente en una cinta roja, que culminaba por delante con un moñito primoroso. Mi nueva abuela me pidió que me levantara y me observara en el espejo. Ver mi imagen con una prenda íntima de mujer me encantó y me excitó, me miré de frente y observé que gracias a las maniobras de doña Margarita apenas se me notaba mi condición masculina. Después ella misma me dijo que me diera vuelta y mirara lo bien que me quedaba en la cola, cosa que hice y no pude menos que reconocer que sí, que me quedaba bien.
.-¿Te gusta? -me interrogó.
.-Si, abuelita, me gusta mucho.
.-Era de esperar que seas así de maricona. Tenes cola de mujer, lindas piernas y piecito chiquito como una chica. Sos toda una nena Margarita.
Frente a esos piropos lo único que pude decir, ya totalmente absorvida por el ritual a que me estaba sometiendo fue:
.-Gracias abuelita.
Enseguida la mujer abrió un armario y de allí sacó una percha que tenía un vestidito, de una muy femenina tela floreada. Me lo hizo poner, enseñándome como las nenas se ponían los vestidos desde las piernas hacia arriba. Otra vez me hizo observarme mientras ella me ayudaba, cerrándome la prenda por el cierre que tenía en la espalda. Otra vez me miré detenidamente y otra vez quedé muy satisfecho, no. mejor muy satisfecha con lo que veía. El vestido me quedaba perfectamente, y me daba de mi una imagen totalmente femenina. Era un vestidito cortido, que me llegaba a mitad de muslos, dejando ver mis piernas, incluyendo una franja blanca en mi piel, producto de que al andar siempre con pantaloncitos, el sol no había tostado del todo mis piernas. El rito de feminización culminó cuando la propia mujer me hizo sentar y me puso un par de mediecitas blancas y cortitas, con un borde de puntilla y luego me dio para que aprendiera a ponerme los clásicos zapatos guillermina de las chicas. Estos tenián un taco de cinco centímetros. Cuando volví a verme en el espejo, quedé muy feliz de ver mi transformación. Pero faltaba algo, doña Margarita comenzó a maniobrar en mi cabello, que lo tenía abundante y me hizo un peinado de nena de pelo corto, lo que culminó con un vinchita hermosa, con florcitas, y sí, pense, soy una maricona, me encanta como me veo
.-¿Y te gusta?
.- Si abuela, me gusta mucho ser nenita.
.- Ya lo sabía yo, acordate, tenes que seguir viniendo para que por un rato seas mi nieta y seas la nena que te gusta ser.-
Después de eso, doña Margarita sirvió un té para que las dos mujeres de la casa tomáramos. Me molestaban un poco los tacos de mis zapatos, pero doña Margarita me enseñó como usarlos, y prontó pude caminar con ellos sin problemas. Mi abuela me prometió que me iba a comprar luego zapatos con mas tacos. También me dijo que me iba a enseñar las cosas que sabían las nenas. Lavar la ropa, plancharla y hasta bordar.-
Cuando culminamos nuestro té, doña Margarita, o ya mi abuelita me pidió que me masturbara. Me hizo sentar en el ya mencionado sillón y allí me dijo, bajate la bombachita y masturbarte metiéndote este consolador. En aquella época, los consoladores no eran como ahora con la exacta forma fisiológica del miembro masculino (y con el que tanto me divierto ahora). Eran unos instrumentos con forma así como de cohete, o sea con punta afinada para la penetración y que se vendían en los negocios con el nombre eufemístico de “vibradores”. La cosa es que yo no estaba en condiciones de negar nada. El instrumento estaba lubricado con la mejor lubricación para meterlo en la cola, según me dijo doña Margarita, con manteca. Lo tomé con una mano, me incliné para tener acceso a mi ano, y mientras con una mano me manoseaba la pija, fui introduciendome el aparatito. Lo notable, para mí y también para mi abuelita, fue la facilidad con la que el mismo se fue introduciéndose en mi intimidad, dándome más y más placer a cada centímetro que se me metía. La masturbación fue maravillosa, pensaba que estaba con Alfredo pero así vestida, y que el entonces me usaba como la nena que era. Al momento de eyacular, otra vez el placer fue profundo.-
Cuando pude recuperarme, mi nueva abuela me hizo limpiar lo que ella indicó el “enchastre” que había hecho. Después me mandó a lavarme la cola. Con eso terminó lo que podría decirse mi primera tarde como nena. Doña Margarita me preguntó cuando quería volver y yo le dije que si podía ser mañana mismo. Ella sonrió y me dijo, por supuesto siempre que quieras.-
A partir de ese momento fueron varias las tardes en que fui a lo de mi abuela. Ella siempre me compraba alguna cosa nueva. Bombachitas, medias de nylon que me llegaban hasta el borde de mis piernas, y que al colocármelas por primera vez me superexcité al sentir la suavidad sedosa de la media en toda mi pierna. Otros vestidos, siempre cortitos y polleritas. Esos regalos a mi me ponían realmente feliz. Tener ropita nueva me daba una gran alegría como podría suceder con cualquier chica.
Otra cosa que también me excitaba era el progreso que había experimentado con los masajes que ella siempre me hacía con su preparación vegetal. Al principio noté primero que los botones de mis tetillas, se encontraban siempre como erectos o paraditos. También que a la noche el roce de esa zona con las sábanas, me provocaban sensaciones de placer. A tal punto que mis masturbaciones frente a mi abuela ahora eran con el consolador en la cola, tocándome la pija con una mano y acariciando mis pechitos con la otra. Bueno como les contaba, luego de ver mis puntitas paradas, me di cuenta que mis tetillas habían crecido, se estaban transformando en verdaderos pezoncitos. Hasta que un día, mirándome al espejo me di cuenta que se me estaban formando las tetitas y que, como dije antes tocarme ahí me calentaba y me daba placer para masturbarme.-
Asi llegamos al día de mi cumpleaños. Cumplí doce. Ese día por cierto no me pude desprender del agobio familiar. Una familia que no me daba bolilla y que hizo el festejo solo por costumbre. Ni cuenta se dieron de mi transformación o, por ejemplo que yo, que siempre andaba en el verano con el torso desnudo y así dormía, ya no la hacía mas, usando remeras amplias, para que no se dieran cuenta de mis nuevos y hermosos órganos femeninos. Al otro día tuvimos el festejo con mi abuela. Hubo torta y todo y muchos regalos. Ropita interior, que me gustaba tanto estrenar. ¡Unas sandalias hermosas, con taco de 10 cm!. La abuela me pidió que me las pusiera y me dio las instrucciones para poder caminar con ellas sin problemas. Ah que hermoso era verse en el espejo con vestido cortito, encima de esas sandalias, que estilizaban mi cuerpo y hacían ver mi colita perfectamente parada. Los otros regalos consistieron, en un camison! Si la abuela me regaló una prenda para dormir o para estar en la cama al menos. Me lo hizo probar. Era de un tono amarillito, muy lindo, ¡y que transparentaba!. ¡Que hermosa sensación!, verme ahí frente al espejo con un camisoncito que apenas me cubria la parte púbica y muy poco de mis muslos, pero como era transparente dejaba a la vista la bombachita que tenía debado, y el resto de mi cuerpo, incluyendo, claro está, mis nuevas tetitas, y sus pezones, oscuros y agrandados. Para culminar, la abuela me regaló un traje de baño, ¡sí, una bikini!.
.- Ya que te gusta ponerte mallas de mujer, te compré estas. -me dijo.
También me las probé, era lo mas chiquito que se podía conseguir en esa época, no las de ahora, pero bastante chica. ¡Me encantaba usar una bikini!. Mi abuela me dijo que con ella podía cuando fuera a su casa salir a tomar sol, y tostarme el cuerpo como lo hacen las chicas (así evitaría la franja blanca de mis muslos que se veía cuando me ponía mis vestiditos), siempre que no haya nadie afuera en tu casa (recuerdo que mi casa estaba al aldo de la de mi abuelita postiza).
.- Ahora no hay nadie. -dije con entusiasmo.-
.-Bueno, bueno, salgamos. -dijo ella.
.- Gracias abuelita. –le respondí abrazándola como si realmente lo fuera. Esa vez, me masturbé otra vez, con un consolador en el culito, pero allí fuera, con mi bikini. Al otro día, cuando me levanté, fui corriendo al baño y me saqué la ropa. Que lindo fue ver mi cuerpito todo tostadito, salvo en la pequeña línea de la bombachita de la bikini y los dos triángulos en la zona de mis incipientes pechitos.-
Una vez, la abuela me pidió que fuera un día y en una hora determinada, porque quería presentarme a un familiar suyo. A mi me asombró el pedido porque siempre la abuela había mantenido reuniones entre nosotras, bien íntimas y yo como nena, cosa que no iba a poder ocurrir esa vez, pero, en fin, era la abuelita y estaba dispuesta a hacerle caso. En el momento indicado me hice presente en su casa. Me hizo pasar y me presentó a un familiar que no era más que un hermoso muchacho de unos 16 años. Yo lo saludé pero enseguida la abuela me dijo que antes que nada me fuera a cambiar, que ya me había dejado la ropa en la otra habitación. Yo me quedé mirándola, como diciéndolo con los ojos, pero… hay otra persona, ella también me contestó con los ojos, interpreté en su mirada, “haceme caso y anda a cambiarte”. La abuela me había preparado uno de los vestiditos más cortitos, las medias de nylon y las sandalias de taco. Todavía no había terminado de vestirme cuando mi abuelita entró. Me acomodó el pelo, poniéndome un brochecito, después hizo su maniobra de esconder mis testículos y me aplastó el pene, pegándolo.-
.- Hoy tenes que verte bien de nena, lo vas a disfrutar -me dijo como dándome un adelanto.-
Después la abuela hizo algo nuevo. Me hizo sentar y me maquilló. Poniéndome rubor en los pómulos, pintando mis párpados y mis labios. Cuando la abuela terminó, estoy convencida, nadie podría sospechar si me viera, que era varoncito. Bien, de ese modo salí al salón. Allí los tres tomamos el té. Yo me comporté como una señorita y el muchacho, que se llamaba Damián, no dejó de decirme lo bien que se me veía, lo bonita que era. En un momento la conversación se hizo animada, y yo charlaba con él, como toda una nena, y estando en eso, nos interrumpió la abuela que le dijo a Damián:
.-Margarita viene aquí porque le encanta ser nena y masturbarse como nena.-
Yo me puse totalmente colorada y, por un momento, hasta tuve ganas de salir corriendo de la vergüenza, pero, ¿adonde iría, así vestida?. Pero mi abuela siguió y fue aun más allá.-
.-Yo les voy a prestar mi dormitorio, para que vayan, así Margarita no se tiene que masturbar.-
.-¡Pero abuela! -protesté yo.-
.-Porque no Margarita, es como cuando te masturbás, nada más que te lo va a hacer el, haceme caso, anda con él, y después me decís que te pareció.-
Yo me quedé, allí sentada, sin saber que decir. Fue Damián el que habló.-
.- Margarita, me encantaría que vinieras conmigo, te prometo que te voy a tratar como la hermosa señorita que sos.-
Ya no podía mentirme a mi misma, lo deseaba, lo quería, lo había fantaseado tanto tiempo y ahora podía concretarlo.
.-Bueno, está bien.-
.- Pero antes andá a ponerte tu lindo camisoncito, el que te regalé. -me dijo la abuela.-
Así lo hice, y volví al salón con la prenda que me quedaba cortita y en la que se me vía el cuerpo. Me alegré mucho cuando escuché a Damián decir:
.- Pero que hermoso cuerpo.
E inmediatamente el se levantó y me tomó de la mano y me condujo, decididamente, al dormitorio, cerrando la puerta tras nuestro paso.
Damián se acercó a la cama y fue quitándose, una a una sus prendas, hasta quedar desnudo por completo delante mio. Su pija estaba ya muy bien parada y dura y verla me excitó y me confirmó que mi deseo era que me hiciera mujer en ese mismo momento. Se acostó en la cama y me invitó a la misma. Me acosté a su lado y sentí que me abrazaba con ternura y luego comenzaba a acariciar mi cuerpo. Recorría mis nalgas sobre la bombacha, mis muslos, mi espalda. Yo también quise acariciarlo, y así lo hice por un rato sobre todo en su pecho, que estaba ya velludito, hasta recalar en la pija, que comencé a tocarle y tocarle con gran placer. Era el momento de hacer algo mejor por él y entonces me incliné para que mi boquita quedara a la altura de su verga. Saqué mi legüita y le lamí la cabecita, disfrutando su sabor saladito. Enseguida me metí la cabeza en la boca y comenché a chupársela. Su pija caliente y dura se metía centímetro a centímetro en la boca y yo la succionaba como una posesa. Damián puso una mano en mi nuca, delicadamente acompañaba los movimientos de mi cabeza mientras yo chupaba con verdadera pasión sintiendo que eso era lo que me gustaba hacer. Por la posición en que estaba, Damián tenía la posibilidad de acariciarme todo el cuerpo ¡y lo hacía!. Recorrió mi espalda y fue bajando por la misma hasta alcanzar mi colita que, por lo corto del camisoncito que tenía, estaba descubierta, bueno, solo tapadita con mi bombachita. Sus caricias en mis nalgas fueron hermosas y sobre todo cuando sus deditos traviesos se deslizaban entre ellas, tocándome la piel que rodeaba mi agujerito de amor provocándome un cosquilleo tan bonito. Senti que de la pija de mi amante salían algunos chorritos de líquido que supe, era el preseminal, mientras que su manito se había metido ya por debajo del elástico de mi bombacha y recorría la piel de mi cola y de mi orificio. Después con suavidad me hizo erguir, haciendo que saliera de mi boca golosa su pija, y tomó el camisón y me lo sacó por la cabeza. Yo estaba arrodillada en la cama, a su lado, y cuando me dejó el torso desnudo, primero miró y después acarició mis pechos. La sensibilidad que tenía en esa zona era muy grandie y muy placentera, mi abuelita había hecho un gran trabajo. Mis pezones, ya grandecitos, bien diferenciados de una tetilla de hombre, se erectaron y allí recibí primero un beso y luego un chuponcito de mi hombre. Yo ya estaba en el séptimo cielo, deseando que ese momento no se terminara nunca. Estiré mi mano, para tomar y acariciar la pija durísima que tenía y le dije.-
.-Ayyyy, mi amor, que dura la tenés.
.-¿No te gusta así? -me preguntó el.
.- Siiii, claro que me gusta. ¡Me encanta!.
.- Entonces acostate aquí en la cama, así, para que la disfrutes adentro tuyo. -me indicó pidiéndome que me pusiera boca abajo.
Cuando lo hice, tomó mi bombachita y la deslizó por mis piernas, sacandomela. Yo instintivamente, una vez desnuda, separe mis piernas, mientras levantaba un poco mi cola tal como él me lo había pedido. Sentí como echaba en mi ano un aceite especial para la piel que mi abuelita me había dado para lubricarme (en esa época no existían los lubricantes actuales que son tan buenos y placenteros), y después de ello, pude sentir la punta de la pija apoyándose en mi agujerito.
.- Ay, mi amor, despacito por favor, es mi primera vez.
.- Quedate tranquila mi nenita, te voy a tratar como la linda mujercita que sos.
Damián comenzó a forzar mi esfinter, la lubricación surtió su efecto y ahhhhhhh, me penetró. Sentí que en ese momento me transformaba en una mujer hecha y derecha, cumpliendo la función de una mujer, que es la de ser penetrada por el macho.
.- Ahhhhh, mi amor, siiiiiii. -le dije mientras el enterraba todo su pene bien profundamente. Cuando sentí que su cuerpo se apretaba contra mi cola, es decir que me la había metido toda estalle de placer, que no podía descargar ya que tenía el pene pegado y sin poder erectarse. No me importaba, mi placer era el cúmulo de sensaciones que en mis terminales nerviosas provocaba la pija de Damián bien metida adentro y luego a traves de su movimiento de mete y saca, que yo acompañé moviendome a su compás.
.- Ahhh, si nena, asi, movente asi, que nena putita sos. -me dijo él. .- Si mi amor, te parezco putita porque me gusta mucho lo que me estas haciendo, ayyy, que lindo, siii, siii, asii, asiii quiero que me cojas así, papi, cogeme toda, ayyy mi amor, asiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii.-
Y comencé a gemir incontrolablemente, mientras que él sacaba un poco su verga y luego me la metía con fuerza toda bien adentro. El placer se acrecentaba con cada profunda penetrada que me hacía y aun con el pene pegado sentí una explosión de placer inmenso, un verdadero orgasmo femenino, aunque en mi caso acompañado con la leche que salió de mi pene aunque el mismo no se hubiera podido parar. Involuntariamente mi orgasmo me hizo contraer mis esfinteres, agregando un placer más a mi amante que entonces sí, con un salvaje suspiro de placer enterró toda su pija en mi culito y me hizo sentir en las entrañas su descarga cálida de una inmensa cantidad de su preciosa leche. Ahora sí que era toda una mujer, no solo me habían penetrado, sino que un hombre había dejado toda su simiente dentro mio. Damián se desplomó sobre mi cuerpo. Yo me quedé quietecita, aplastada por el peso del cuerpo de mi macho, hasta que su pija se puso flacidita y salió solita de mi trasero. Sentí que parte de su líquido también salió, provocándome una inmensa sensación de felicidad sentir la leche de mi hombre corriendo por mi cola.-
Damián quedó recostado boca arriba a mi lado. A mi me dio ternura y quisé quedar a su lado, acostada, apoyando mi cabeza en su pecho. El me rodeó con sus brazos y me apretó contra él. Que linda sensación de estar así abrazada por el hombre con el que había tenido sexo, aquel que había hecho mujercita.-
Después de un ratito de disfrutar esa momento de ternura me levanté para ir al baño y para lavarme como una nena limpita. Y claro para salir me vestí. Cuando lo hice me cruce con la abuelita quien me miró con ojos de interrogación. Yo me acerqué y la abracé:
.- Gracias, gracias abuelita por haberme transformado en nenita. -le dije y le di un beso en la mejilla, recibiendo de su parte una casta y tierna caricia.-
Yo me cambié poniéndome el vestido, las medias, los zapatos, en fin todo. Mi abuela me arregló el maquillaje y después me mando a lavar la ropa interior que había usado del modo en que ella me había enseñado, para lavar la ropa delicada.
Estábamos sentadas en la sala cuando apareció Damián. Me debe haber visto con cara de vergüenza por lo que le había dicho a mi abuela, y fue esta la que hizo de interlocutora.
.- Damián -le dijo- aquí Margarita me preguntó si no quisieras que ella se quede esta noche a dormir con vos.
.- Me gustaría mucho. -respondió el.
Recién entonces me atreví a mirarlo a la cara y le sonreí feliz. Me cambié para ir a casa a avisar que iba a pasar la noche en la casa de un amigo, y rápidamente volví a lo de mi abuela. Allí ella me esperaba con una ropa un poco más arreglada de la que usaba, a mi me extrañó, entonces fue que ella me dijo que me cambiara que íbamos a ir a comprar algunas cosas para estar presentable para Damián a la noche.-
.- Pero, yo no puedo salir a la calle vestida de mujer. -le dije.
.- No tengas miedo, nadie te va a reconocer, te lo prometo. ¿No te gustaría dar un paseo como a vos te gusta, como nena?.
La idea me hizo dar cosquillas en el vientre y accedí. Al salir de la casa de mi abuelita estaba muy nerviosa, sobre todo porque tenía que pasar por delante de mi propia casa. Por allí nadie me vio, más adelante me crucé con varios vecinos que no pusieron cara de sorpresa ni nada, es decir que no me reconocieron. Cuando llegamos a la parada del colectivo sí hubo alguien que me miró y mucho, pero no pareció que era por saber quien yo era en realidad, sino para admirarme y seguramente tratar de incomodarme como mujer, era, nada más ni nada menos que Alfredo, aquel chico que, inclusive antes de mi transformación, yo ya miraba con ojos de lujuria.-
Además de ser mi primera salida como nena, fue muy productiva ya que la abuela se sentía ese día muy generosa. Caminar por la calle como nena ya por sí era una situación que me encantaba, pero, además, recibí de la abuelita un montón de regalos. Fuimos juntas a una lencería y allí me compró un camisón muy, pero muy cortito negro de una tela muy tenue y una bombacha roja: “Para usar esta noche” me dijo al oído. También me compró varias otras prendas. Y en una casa de bijouterie, adquirió un par hermoso de aros de broche (yo no tenía orificio en la oreja y en esa época que un varón los tuviera era impensable).-
A la noche, ayude a mi abuelita a preparar la cena. Yo me vestí con una blusita de breteles y una poyerita tableada, y, por supuesto maquillada por la abuela y estrenando mis aros. Comimos los tres juntos y Damián hizo un montón de comentarios divertidos que nos hacía reir con ganas a las dos. Cuando terminamos, yo le ofrecí a mi abuela recoger las cosas sucias para dejarlas en la cocina, mientras ella anunció que ya era tarde y que se iba a acostar, así lo hizo deseándonos las buenas noches. Yo recogí platos y cubiertos y los llevé a la cocina, los dejé en la pileta y abrí la canilla para que se le fuera la primera suciedad, a la mañana siguiente me encargaría de lavarlos. Estaba en esa tarea cuando sentí que desde atrás Damián me rodeó la cintura con sus brazos y me aplicó un besito en el cuello:
.- Que linda que estás esta noche.-
.- Ay, gracias mi amor. -le contesté yo, sintiendo como mis aros se movian cerca de sus labios, un detalle que, otra vez, me hacía sentir bien mujer. Cuando terminé mi pequeña labor, siempre con el cuerpo de mi hombre pegado, me seque las manos y me dí vuelta. Quedamos enfrentados, muy cerca, él sosteniéndome de la cintura, yo puse mis brazos alrededor de su cuello, y entonces, por primera vez, el me besó en la boca. Yo me dejé llevar por el beso, me sentía maravillosa con ese gesto. El me obligó a abrir mi boca, sin despegarse, y me hizo sentir la lengua, mientras sus manos me agarraban de las nalgas. Así estuvimos un rato, besándonos apasionadamente como lo que héramos, dos amantes, hasta que él dijo:
.-Vamos a acostarnos.
Yo le sonreí y le dije:
.- Andá mi amor que yo paso por el bañito y después voy.-
En el cuarto de baño había dejado yo la ropita que iba a usar en la noche, el camisoncito negro y la bombacha roja. Me limpie bien y fui al dormitorio. Cuando entré él estaba recostado en la cama totalmente desnudo.-
.- Guauuu, que bien estás -me dijo él.
Yo sonreí pudorosa, y le dije:
.- Y que lindo sos vos cuando estas así, todo desnudito.-
Me acerqué a la cama, por el costado en el que el estaba, el se incorporó sentándose en el borde y yo me agache para que pudieramos besarnos nuevamente en la boca. Luego de un largo beso, que el acompaño con caricias en mis tetitas por encima del camisón y yo con caricias también, pero en la pija que se fue endureciendo en mi mano, yo me puse de rodillas entre sus piernas, y con la mano moví su instrumento hacia mi boca. Se la chupé con el mayor entusiasmo y en esa oportunidad, por primera vez en mi vida, sentí un hombre eyaculando en ella, echando chorros y chorros de salado semen que me esforcé por tragarme como ofrenda de sumisión a mi macho.-
.- Ahhh, nena que placer me das. -me dijó mi amante.-
Yo salí de la habitación y fui al baño a enjuagarme la boca y rápidamente volvi para acostarme con mi hombre. En la cama comenzamos a besarnos y en poco tiempo la tuvo de nueva parada. Nos acariciamos, nos besamos y después me dejo toda desnuda. Me cogio con terrible entusiasmo dos veces. La primera me dijo que me pusiera de perrita, fue muy lindo asi, y la segunda como la primera vez, con él encima mio haciendome sentir su peso de hombre.-
Una vez que se calmó, otra vez me abrazó y me apretó a su cuerpo, acariciándome dulcemente, sobre todo en mis pechos, y dándonos besitos a menudo. Me tuve que levantar para ir al baño. Me puse la ropa de noche y fuí a hacer pis sentadita, como siempre lo hacía ahora. Me lavé la cola. Y volví para acostarme. Cuando el me sintió me hizo un lugarcito a su lado, yo me pegué a su cuerpo dejándome abrazar por mi chico y así me dormí en sus brazos, con nuestros cuerpos bien pegados.-
Me desperté a la mañana siguiente antes que mi chico. Me deshice suavemente de su abrazo y me levanté para prepararle con mis propias manos el desayuno, tanto para él como para la abuela que enseguida también se hubo levantado. Damián y yo nos quedamos en la sala tomando el desayuno, pero la abuela prefirió hacerlo en el parque trasero, al aire libre. Al terminar de desayunar, me asomé y le dije a la abuelita:
.- Abuela voy a agarrar dos toallas porque nos vamos a bañar.-
.- Bueno, esta bien –dijo ella.-
Y así fuimos los dos juntitos al baño. Abrimos la ducha y nos desnudamos por completo. Yo estaba feliz, contenta de ser la mujer de ese chico, y de poder tener esa intimidad con él, de conocer todo su cuerpo desnudo. Bromeabamos y nos reíamos mientras estabamos en la ducha, como dos novios. El me pidio en un momento que le enjabonara la espalda, prometiéndo que después me iba a hacer lo mismo. Yo lo enjaboné y después me coloqué para que el hiciera lo propio. El enjabonó toda mi espalda, pero después siguió para abajo y me pasó jabon por la cola:
.- Dijiste la espalda –le dije yo pícara, pero disfruntando de su caricia en la piel suave de mis nalgas y la parte de adentro.-
.- Pero también te tenés que lavar bien la colita –me contestó él, y nos empezamos a reir sin sentido.
La caricia después se extendió para adelante sobre mi vientre y después sobre los pechitos y eso hizo que yo retrocediera y me pegara a su cuerpo, sintiendo enseguida su rotunda virilidad.-
.- Ay, nena, hiciste que se me parara de nuevo.-
A mi esa confesión no me producía más que placer, que mejor para una chica que hacer que su amante se excitara de esa forma, de todas formas le contesté chicaneándolo:
.- Pero papi!, a vos se te para a cada rato –y después, riendo me di vuelta, le pase los brazos alrededor del cuello y lo besé con toda pasión. Cuando terminamos ese largo beso, sintiendo yo en mi vientre la dureza de su verga, lo mire lascivamente a los ojos y lentamente me arrodillé ante él. Le apliqué una mamada amorosa y sexy con la decisión de llevarlo al final. Pasaron varios minutos en que escuche sus suspiros de placer hasta que sentí el glande vibrando dentro de mi boca y enseguida su eyaculación, brindando a su hembra la oferta de leche masculina, que yo recibí agradecida y bebí como si fuera su puta personal.-
Habiendolo dejado satisfecho, terminamos nuestro baño y salimos del mismo enfundados en las toallas, el la llevaba anudada a la cintura, como un hombre, pero yo como mujercita que era, me la coloqué desde arriba, tapando recadamente mis senos, aunque, eso provocaba que por abajo poquito tapara ya que la toalla no era muy grande.-
Cuando salimos, la abuela me llamó desde el parque. Yo me asomé, así envuelta en la toalla:
.- ¿Que pasa abuelita?
.- Pónganse las mallas y vengan a tomar sol que el día está precioso.-
Fuimos a la habitación, yo con mi prenda en la mano. El se puso una clásica bermuda masculina, yo, por supuesto me coloqué el bikini que la abuela me había regalado, y por cierto que recibiendo otro regalo que fueron los comentarios amorosos de mi hombre. Salimos y nos pusimos en la misma reposera, yo encima de él. Alli bromeamos, jugamos y nos besábamos a cada rato. A la tarde, a la hora de la siesta Damián me la dio de nuevo, y esa noche también la pasamos juntos y mi incansable macho me cogió tres veces entusiasmada cuando yo le decía lo bien que cogía y que quería que me cogiera toda toda la noche y me llenara toda la cola con su leche.-
Lamentablemente todo lo bueno termina. El día siguiente era el de la despedida. Lo acompañamos, yo como chica, a la parada del autobus. Allí nos despedimos con un largo beso, y lloré cuando lo vi por la ventanilla moviendo el brazo en señal de adios.-
Volvimos a la casa con la abuela. Yo estaba muy triste y ella me consoló, diciéndome que de todas formas estos días habían servido para que me diera cuenta que yo era una verdadera mujer y que tenía que continuar mi vida como tal. Yo acepté ese consejo y le pregunté que le parecía si intentaba conquistar a Alfredo, a lo cual ella me contestó entusiasmada que eso era lo que quería decir con que continuara mi vida.-
Vestida de nena frecuenté los lugares donde podría estar Alfredo, hasta que logré que me hablara y un día me invitara a tomar un refresco. En el bar el me dijo que yo le gustaba y que le hacía acordar a alquien pero que no se daba cuenta quien. Yo me sinceré, le dije quien era en realidad, pero que había descubierto que quería ser mujer. Que mi abuela me había puesto Margarita como ella, y que realmente él me gustaba mucho. Fuimos novios por tres años.-
Hasta aquí mi relato, espero que les haya gustado y también excitado un poco. Me encantaria mensajear con algún otro hombre que tenga estas fantasías, mi mail monica.ramires@ymail.com.-

Mi primer vez con un hombre

Hola a todos lo que les voy a contar es algo que me paso no hace mucho, pero no les diré mi verdadero nombre por seguridad.
Bueno debo de confesar que desde niño tengo tendencias para vestirme como mujer, siempre me ponía una tanga roja o amarilla eran de mi mama después un bra y le ponía relleno, escogía una mini muy pegadita una blusa escotada buscaba unos tacones no muy altos y sin maquillaje ya veía como toda una niña buena y me ponía a caminar en la casa mientras no avía nadie, eso lo hice muchas beses.
Ahora tengo 20 y voy a la universidad a Pachuca donde rentaba en la noche veía videosporno de transexuales y así y llegue a la conclusión de que quería sentir un penedentro de mí porque al ver los videos me excitaba tanto ver como cogían esas personas y lo decidí hacer. Me puse a buscar en internet a mi macho y lo encontré nos quedamos de ver en mi depa, pero el único problema es que no tenia ropa de niña pero a mi hombre no le importo solo me dijo que actuara como la mujer que era. Bueno llego el día fui por el ala parada de taxis más cercana en el camino platicamos todo normal hasta llegar a mi depa, al entrar todo cambio le dije que mi nuevo nombre seria Sandra y el acepto entonces como él me dijo empecé a portar como una mujercita, nos besamos muy apasionadamente el empezó a tocar mi rico culo y yo a su bulto era muy grande como de 20 cm y grueso. En eso el me agacho y se sacó su rica verga al verla supe lo que tenía que hacer la empecé a chupar como loca, así lo hice por 7 min después el me voltio y me quito mi pantalón y si una tanga que él me dio antes de empezar y empezó a chupar mi culo y metía su lengua después su dos dedos asta dilatar mi ano. Él me puso en cuatro y seguía haciendo lo mismo y de repente sentí su verga intentando entrar dio el primer empujón y sin problemas metió solo la cabeza de su pene dio el segundo empujón y metió la mitad que rico se sentía no dolió tanto porque estaba relajado y disfrutando en el últimoempujón la metió toda 20 cm de verga dentro de mí se sentía increíble empezó con el mete y saca y empezaba a decirme cosas muy obscenas como “vas a ser mi puta”, “te gusta perra como te cojo”y cosas así yo a todo le respondía que sí y también le decía “si cógeme soy tu hembra”, “vamos as me una mujer” y otras cosas más.
Así duramos como 7 min después me acostó boca abajo en la cama y se puso atrás de mi me metió su pene como si nada y me habría mis nalgas me jalaba mi pelo, después él se acostó boca arriba en la cama y yo encima de el de frente y seguimos cogiendo en esa posición me dio una cogida que nunca voy a olvida y es mi posición preferida después de unos diez minutos termino dentro de mi sentí como su leche salía dentro de mí se sentía tan caliente nos besamos como 5 min fue tan lindo al despegarnos le chupe su pene y se lo limpie todo descansamos y lo volvimos hacer al terminar nos cambiamos y nos despedimos y él se fue. Bueno esta fue la primera vez que me cogieron y cuando perdí mi virginidad espero y les haya gustado espero sus comentarios.

Fantasía

Hola nuevamente, soy Gaby de Cancún en mi relato anterior les conté mi sueño no realizado y que anhelo algún día poder realizar, ahora les cuento una Fantasía, que no necesariamente espero se haga realidad, pero como en el relato anterior siento la necesidad de contarlo.
Me mensajeaba por internet con varias personas hombres y mujeres, heteros, bisexuales y travestis, nos contábamos cosas que solo así podíamos contar en el anonimato del internet, nos dábamos tips, era excitante leerlos y contestarles, un día conocí a Antonio me dijo que era joven (30 años), soltero, que vivía cerca de mi ciudad, que le gustaban las travestis y así empezamos a mensajearnos cada vez más y más seguido, nos contábamos cosas y él me decía cosas lindas, me atraía su forma de escribirme, me inspiraba confianza, un día me dijo que porque no nos conocíamos, que él venía a mi ciudad si quería, a lo que le dije que mejor yo iba a la de él si no tenía inconveniente, el acepto, quedamos en vernos un jueves por la tarde en un bar céntrico, vestidos de hombre, me dijo que si no había química entre nosotros, nos tomábamos dos cervezas y quedábamos como amigos, sin ningún compromiso, lo cual me inspiro confianza, intercambiamos números telefónicos y espere con ansias el día citado.
El día esperado llego, viaje en mi carro a su ciudad, llegando le envíe un mensaje para que me dijese como reconocerlo, me dijo que iba de jeans y playera azul fuerte tipo polo, que medía como 1.75, claro de color de piel y pelo castaño ondulado ligeramente largo, fue fácil encontrar el bar, y en una mesa apartada ahí estaba Antonio esperándome, he de reconocer que a pesar de que hasta ese momento no había tenido experiencias con hombres, el tipo me pareció agradable, cuerpo atlético, ojos aceitunados, se veía bien arreglado y con un olor bastante agradable. Nos presentamos pedimos unas cervezas light y empezamos a platicar de cosas banales, era una persona que sabía llevar una plática y que no sentías el tiempo pasar, no sé porque, pero pensé en cómo se sienten las mujeres cuando se encuentran un hombre que las cautiva con su plática, después de tres cervezas me dijo que tenía un hotel, que si quería me acompañaba a el para que me hospede, descanse un rato y me arregle para salir en la noche, me dijo que había un bar gay muy tranquilo y que si quería podíamos ir un rato, le dije que nunca había ido a uno pero que podíamos probar, me dijo que si no me sentía cómodo en el lugar pues nos íbamos y no pasaba nada, la confianza que le había sentido cuando nos mensajeabamos en persona se confirmó más, era muy atento, discreto y no presionaba, lo seguí al hotel el cual no estaba en el centro, era una especie de bungalós donde podías dejar tu vehículo estacionado en frente de tu habitación, no hubo que pasar la recepción por que él ya traía llave, me dijo que ya estaban enterados en recepción y que no habría ningún problema, al despedirnos saco una bolsita de su coche y me dijo que era un regalo, que si me gustaba y quería lo pusiera en la noche, le di las gracias y quedo en pasar por mí, entre a la habitación muy limpia y cómoda, revise la bolsa que me acababa de regalar y vi que era un cachetero blanco con encaje muy bonito y un top igual blanco con encaje, sonreí y lo deje sobre lo cama, me quite la ropa, me di un baño lavándome todo perfectamente por si pasaba algo, después del baño me acosté sin ropa un rato viendo televisión, cerca de la hora acordado me levante y decidí ponerme mi regalo, se me veía divino y me hacía sentir especial, me puse unos jeans y una camisa de vestir que disimulaba el top que tenía abajo. Puntual paso por mí, se veía recién bañado, vestía jeans y playera pegada, se veía que tenía buen cuerpo, y como anteriormente una fragancia suave, subí a su vehículo y enfilamos a las afueras de la ciudad, durante el camino la plática fue igual de amena y agradable, llegamos a un bar que se veía bien, tranquilo sobre todo, entramos estaba concurrido pero no repleto, música agradable, y gente de todo tipo, nos sentamos en un sofá con una mesita, pedimos unos whiskies y continúo la charla, me pregunto que me parecía el lugar y le dije que estaba bonito, me pregunto cómo me sentía y le dije que bien, a gusto, la música se ponía cada vez de más ambiente, me dijo que si quería bailar, mire a la gente bailando y vi que bailaban hombres con hombres, mujeres con mujeres, hombres con mujeres, otros lo hacían en grupo y me dije, qué más da, contestándole que sí. Por primera vez me tomo de la mano y me llevo a la pista, nuevamente pensé en cómo se siente una mujer cuando le tomas la mano y la llevas a bailar, nos ubicamos a la orilla de la pista sin meternos entre la gente, el quedando en la parte de afuera y yo en la de adentro, empezamos a bailar el ambiente estaba muy rico, de repente sentía que alguien disimuladamente me tocaba, no de manera seguida pero si esporádica, las nalgas, la verga, o me restregaban su cuerpo lo que me hizo sentir caliente, después de un rato me tomo de la mano y me llevo al sofá, unos whiskies más, platica amena, la música estaba en su punto máximo, y me dijo que había visto que me manosearan y que se ve que me había gustado a lo que le confesé que fue excitante, me dijo que si quería bailar otra vez, y le dije sin pensarlo que sí, y me dijo que ahora lo haríamos en el centro de la multitud, a lo que no puse objeción, nuevamente me tomo de la mano y ahora me guio entre la gente y una vez en medio nos pusimos a bailar, ahí las manoseadas y las restregadas ya no fueron de manera disimulada, sino más bien descaradamente, quiero confesar que me anime y toque algunas vergas, el me observaba y sonreía, veía que lo estaba disfrutando y yo veía que el también, después de un rato en que me encontraba muy caliente pusieron música romántica, algunas personas se fueron a sus mesas y algunos se abrazaron y empezaron a bailar, me miro a los ojos y me pregunto que si quería bailar esa música, tímidamente bajando la mirada le susurre que sí, me tomo de las manos y me las coloco alrededor de su cuello y el me tomo de la cintura, yo me pegue a él y baje la cabeza tenía pena, estar abrazados y pegados me hizo sentir su cuerpo, su aroma, se sentía rico, no sé si los whiskies, el lugar o el ambiente pero me sentía flotar, como si nada más existiese, empecé a jugar con su pelo, sentía su respiración en mi oído, sentía el latir de su cuerpo, sentía su erección, me empezó a acariciar las nalgas y me dijo al oído, te gusto tu regalo?, nuevamente susurrando y sin atreverme a verlo a los ojos le dije que sí, te lo pusiste? pregunto, asentí con la cabeza, me tomo delicadamente de la barbilla me levanto la cara y me dio mi primer beso correspondiéndole y dejándome llevar por mi instinto, pase mis manos por su espalda y fue muy agradable sentir su cuerpo atlético, después de besarnos largamente me tomo de la mano y me llevo al sofá, pedimos otros whiskies me empezó a acariciar y a besar, yo no perdí la oportunidad para buscar con mi mano su verga, se sentía exquisitamente rico, estaba en éxtasis, nada más existía en el lugar que nosotros, me dijo que si quería que vayamos al hotel, casi suplicante le dije que sí, sentía en mi entrepierna la humedad de mi excitación, levanto la mano y pidió la cuenta, le dije que iba al baño, necesita secarme un poco y tomar aire, cuando regrese ya había pagado y me esperaba con dos bebidas en vasos desechables para el camino, no sé si el alcohol ya había hecho efecto o era la excitación o ambas cosas, tome la bebida y nos fuimos a su carro,…….CONTINUARA….. LA HISTORIA DARÁ UN GIRO INESPERADO.

Mi sueño

Hola me llamo Gabriel, vivo en Cancún, de clase media, no soy un hombre muy guapo pero tampoco soy feo, piel blanca, 1.70 de estatura, complexión media, tengo 42 años, casi todos heterosexual pero desde hace unos años no muchos me empezaron a llamar la atención las travestis y poco a poco he ido he ido incursionando en ese ambiente, empecé por meterme un dedo en el ano y masturbarme, a agarrar la ropa interior de mujer de alguien y ponérmela, a ver páginas y fotos de travestis, a pasar por los sitios donde ellas se paran a trabajar, luego di el siguiente paso, comprarme a escondidas ropa interior de mujer y ponérmela cuando estaba solo y masturbarme metiéndome cosas en el ano, el mando de cepillos, plumones, en fin cualquier cosa con la que pudiera penetrarme, un día me anime a pagar el servicio de una travesti y tener sexo con ella haciendo solamente yo la parte activa pero viendo y tocando su verga, hasta ese entonces no había visto muchas y nunca había tocado una, fue una experiencia muy rica y excitante sentir su textura y temperatura, luego di el siguiente paso que fue en un servicio ella me pidió que se la mamase a lo cual accedí ya que de verdad deseaba probar que se siente tener un caramelo de esos en la boca, quiero mencionar que aunque lo deseo mucho nunca he dejado que se vengan en mi boca por cuestiones de precaución, sin embargo algunas veces cuando me masturbo y me vengo pruebo mi semen y me gusta, así mismo, empecé a frecuentar a algunas lo que hacía que hubiera confianza y empecé a vestirme de mujer con ellas, tangas, minis, peluca y pintarme, y un día una me dijo que si no quería que ella me penetrara y como también era algo que deseaba y había confianza le dije que sí, lo cual me encanto muchísimo sobre todo montarme dejando que me vaya entrando poco a poco en lo que mi culito se iba dilatando y luego moverme como loca disfrutando tener una verga adentro de mí, me encanta gritar y gemir como mujer cuando me están cogiendo, igual nunca he dejado que se vengan dentro de mí por precaución, he comprado ropa, pelucas y consoladores por internet con los que en mi soledad me he dado festines y una vez después de venirme dormirme así vestida y pintada, me gusta embarrarme mi semen en el cuerpo y dormirme así sucia, también voy a las sex-shop a abastecerme de todo esto, he comprado películas de travestis, y soy fan de las paginas travestis de internet, pero tengo un sueño que no he podido realizar que es: ser novia de una travesti, guapa y femenina pero que esté totalmente funcional porque yo sería su mujercita, vivir con ella tiempo completo, tomar hormonas para feminizarme, que me depile mi cuerpo en su totalidad, que me bañe y andar vestida en casa solo con liguero, medias, un corsé para hacer cintura, peluca y tacones altos y cuando quiera con un dilatador en el culo para que esté listo para recibir su verga en cualquier momento, sin tanga para que pueda usarme en cualquier momento y donde quiera, obviamente tendría que ser una travesti que tenga una vida tranquila para poder tener sexo sin protección y disfrutar de su semen, comer poco y sano para estar limpia siempre, que me enseñe a caminar como mujer, a sentarme como mujer, a hablar como mujer, a tener modales de mujer, me encantaría que en la noche me acostara boca abajo y me cogiera y después de que se venga se quedara encima de mi sin sacarla y dormirnos así, y sentir como su verga pierde su erección dentro de mí, igual me gustaría dormirme con su verga en mi boca recordando cuando era bebe y me dormía con mi chupón, sería la mujer de la casa, haciendo las labores que a toda mujer le concierne en casa, me gustaría que me vistiese con minifalda y me llevase a un cine de películas porno y nos sentemos a lado de hombres que me manosearan durante la película, igual que me vistiese de novia sexi, que tuviéramos un perro que nos cogiera a las dos, quiero sentir que se siente estar abotonada con un perro y sentir su semen dentro de mí y escurrir por mis piernas, que ella vea como me coge el perro y luego verla yo a ella, meterme la verga del perro en mi boca y hacerle venir y tragarme su semen, igual me gustaría hacer un trio con algún amigo de ella guapo y varonil y tener dos vergas en mí, una en mi culo y otra en mi boca, me gustaría que me llenaran el culo de semen, que quede rebozando y también tragarme mucho semen, sentirme usada y humillada, consentirlo y mimarlo, ser obediente y sumisa con él, ser su juguete sexual y satisfacerlo en todo lo que me pida y se le antoje. Espero algún día este sueño se me pudiese hacer realidad lo disfrutaría mucho. Les dejo me correo para sus comentarios y sugerencias prometo contestarlos todos gabigarcia1270@gmail.com.

Soy la sucia perra de un ama transexual

(Advertencia: relato fetichista y con algún detalle escatológico)

Hace dos años que vivo sometido a mi ama. Lo que empezó como un encuentro con una profesional transexual, motivado por el morbo y las ganas de satisfacer mis fantasías fetichistas, ha terminado en una relación total sobre la que no tengo ningún control, pues me he convertido en un verdadero esclavo.

En todo este tiempo, mi ama y yo hemos constituido un vínculo en el que poco a poco se han ido estableciendo patrones, fijado pautas y límites no pactados, y revelándose predilecciones. Es pues una relación “segura”, incluso predecible hasta cierto punto, y gozo cada segundo de sumisión, pero en todo momento, mi ama me hace sentir que no tengo ningún gobierno de la situación, que nada importan mis deseos, necesidades u opinión: soy tan solo un juguete de su propiedad, un instrumento a través del cual mi ama se recrea en la degradación, la depravación y la lujuria.

Deseo rememorar cómo comenzó todo, y compartir con el lector los detalles de una “jornada” cualquiera a los pies de mi ama.

Tras algunas (bastantes) experiencias, más o menos satisfactorias, con travestis y transexuales, con los que, a cambio de la tarifa establecida en cada caso, experimenté todo tipo de prácticas sexuales (ora como activo, ora como pasivo), llegó a mis manos un anuncio que se me antojó idóneo para dar rienda suelta a mis inclinaciones favoritas: la sumisión y el fetichismo. Una escultural transexual cuya reputación la acreditaba como experta en dominación, y con fama de guarra, de implicarse al 100% en sus sesiones, y de disfrutarlas sinceramente, más allá de la recompensa económica.

En seguida concerté un encuentro. Yo me sentía tremendamente excitado, ansioso por refocilarme en mis perversiones. Horas antes había consumido anfetaminas, y el declive de sus efectos estimulantes, acrecentaba mi impudicia. Nada más llegar a su piso me recibió metiendo su lengua entre mis labios, enroscándola con la mía y ensalivando con lascivia toda mi boca. Le dije que quería ser humillado, vejado, sometido a todo tipo de sucias obscenidades.

Le pedí que me escupiese en la boca, algo que me provoca sobremanera, y que hizo abundante y repetidamente. Viendo mi excitación creciente, y mis ansias de bajeza, mi ama empezó a desinhibirse y a entusiasmarse: me abofeteaba e insultaba cada vez con mayor furor y vileza; se sorbía profundamente la nariz, fabricando espesos y salados salivazos que yo recibía en mi boca abierta loco de sensualidad, y saboreaba durante unos segundos antes de tragármelos con un escalofrío de placer. Me arrastraba a sus pies sintiéndome una puta guarra, agradeciéndole que me bendijese de esa manera, rogándole que me siguiese alimentando con su saliva y que me dejase también degustar su sudor, pues eran los productos de su cuerpo, sacramento para mí.

Le lamí con voracidad los pies, las axilas y los senos. Pero no me detuve aún en su entrepierna. Ella, mientras tanto, continuaba gritándome las más inconfesables cochinadas, dándome tortazos y fustigándome (sin apenas contenerse) con una cimbreante vara que me dejó marcas en la espalda durante días.

Tras entregarnos un buen rato a estos juegos, me ofreció su polla enhiesta. No era de un tamaño excesivo, lo cual celebré ante la perspectiva de que me follase el culo con ella, pero era gruesa y parecía a punto de reventar. Yo restregué lentamente mi cara por toda su bragadura, aspirando profundamente el aroma almizcleño de su sexo sudado, embriagándome de excitación morbosa, acariciándola con mis mejillas, mi nariz, mis labios…Una vez saciado de su fragancia, comencé a cubrir de besos toda la zona, desde el perineo a la punta del pene. Lamí con avidez cada centímetro, aplastando toda la superficie de mi lengua arriba y abajo, paladeando su exquisita embocadura. Y finalmente comencé a mamarle con glotonería la polla, subiendo y bajando rítmicamente mi cabeza y mis manos, enroscadas en su tronco, con un ritmo pausado pero intenso, y masajeando al mismo tiempo sus testículos. ¡Cómo se retorcía de placer mi ama! Gemía, se convulsionaba, agarraba mi cabeza, gritaba, y cuando el aliento se lo permitía, me distinguía con más improperios ultrajantes.

Me detuve y le supliqué que me permitiese adorar su culo. Con una risita, se dio la vuelta, colocándose a cuatro patas y ofreciéndome sus nalgas, que separó todo lo que pudo con sus manos. Totalmente fuera de mí, hundí mi nariz en su gruta, inhalando desesperadamente sus efluvios. Permanecí arrebatado oliéndole el ano un buen rato, y, despojado ya por completo de pudor y dignidad, le pregunté si tenía gases, implorándole que perfumase con ellos mi cara. Ella dejó escapar una carcajada perversa, mientras volvía su cabeza para dedicarme una libidinosa mirada que contenía a un tiempo asombro y satisfacción ante mis impuros placeres. Por desgracia, y a pesar de intentarlo, no consiguió liberar ventosidad alguna. Yo me concentré en fundir mis labios contra su repujado agujerito trasero, y a recorrer toda la raja con mi lengua insaciable, para por fin introducirla en ese oloroso orificio todo lo que podía, horadándolo con gula, rendido a mis propios ardores de fetichista vicioso. Podía sentir los escalofríos de placer que festoneaban la espalda de mi ama; sus gruñidos de gusto, multiplicaban mi lujuria.

Luego terminé la felación que había dejado inconclusa, añadiendo a mis anteriores caricias, la introducción de mi dedo hasta el fondo de su ano, frotándolo arriba y abajo, presionando la pared de su recto contra el perineo. Mi ama, fuera de control, incapaz siquiera de seguir injuriándome, se estremecía profiriendo alaridos de gozo. Unos violentos espasmos y la ferocidad de sus bufidos me anunciaron su orgasmo. Haciendo acopio del poco autocontrol que me quedaba, retiré la boca a tiempo para recibir un abundantísimo chorro de leche que se estrelló bruscamente contra mi rostro. Ardía en deseos de beberme el néctar de mi diosa, mas logré contenerme: era nuestro primer encuentro, apenas sabía nada de ella, y se impuso la prudencia.

En cuanto recuperó el aliento, me ordenó tumbarme a su lado, aplicándose en masturbarme a la vez que seguía humillándome verbalmente y bombardeando mi boca con sus divinos lapos. Exploté como un volcán, mi cuerpo se arqueaba sin obedecer mi voluntad; el torrente de semen me salpicó el pecho, la cara, el pelo, y se estampó contra la pared del dormitorio a varios centímetros de distancia.

El obsceno maratón de inmoralidad se había prolongado más allá del tiempo pactado cuando hice entrega a mi pareja de sus emolumentos, pero no parecía importarle lo más mínimo: despeinada, con el rostro desencajado tras la explosión de voluptuosidad, era evidente que ella también había disfrutado el encuentro plenamente. En ese momento, yo tenía claro que esta sería la primera de muchas visitas a esa casa, tantas como me permitiesen mi economía y compromisos. Lo que no podía imaginar es que la experiencia había hecho descubrir a mi partenaire una puerta tras la que se encontraba todo un universo de oscuras, inconfesables e intensas delicias, de las que, una vez experimentadas, no quería verse privada.

Un par de citas después, cementamos una relación que fue el germen de lo que hemos mantenido durante dos años en los que, tanto ella como yo, hemos mutado en personas distintas a las que fuimos antes de que nuestras vidas se cruzasen. Lo que por mi parte comenzó siendo un calentón inmundo, devino en una entrega total y absoluta a otra persona, a la renuncia de mi propia voluntad, al sometimiento y la adoración incondicional e irracional a un ser superior, a la convicción de que mi único propósito en la vida es el de servir, y proporcionar fruición a mi ama, y que ser degradado, ultrajado, doblegado y mortificado por ella suponía el mayor regocijo posible. Mi ama, por su parte, descubrió la dicha del poder, la indescriptible sensación de sentirse superior a alguien, el disfrute sádico que ofrecía la impunidad de torturarlo a capricho y enfangarlo en la abyección cuando lo desease.

Pronto, estas inconfesables pulsiones, se convirtieron en una necesidad, lo que selló nuestro vínculo. “Oficialmente”, cada uno vive en su casa (aunque pueden pasar semanas sin que yo pise la mía), y mantenemos, en lo esencial, nuestras anteriores vidas: los empleos que nos sustentaban y sustentan: ella como prostituta transexual, yo en un bufete de abogados. Pero aparte de ello, he renunciado a toda vida social, a formar una familia, a cultivar mis antiguas aficiones: solo pienso en postrarme a sus pies, y exceptuando las horas que obligatoriamente debo pasar en la oficina, mi existencia transcurre de rodillas en su apartamento, presto a cumplir, sin cuestionamiento, todas y cada una de sus caprichosas, deshonrosas órdenes.

Normalmente, nuestra rutina es la siguiente. Lo primero que he de hacer al llegar del trabajo, es desvestirme por completo y tenderme en el suelo ante su butaca favorita. Entonces mi ama, sin mediar palabra, se sienta y desnuda sus adorables pies, apoyándolos sobre mi cara. Siempre que puede, procura tenerlos bien sudados y pestilentes después de un día entero encerrados en sus botas. Puede permanecer así durante horas, según su antojo, leyendo o viendo la televisión. Habitualmente, al cabo de un rato, me ordena con un gesto reposar la cabeza en la butaca, para a continuación dejarse caer sobre mi cara y acomodar sus posaderas sobre la misma. Las emanaciones de su culo me trastornan, y cuando mi ama se siente generosa, me colma con sus pedos, que yo inspiro presa del éxtasis.

En otras ocasiones, si ha tenido un mal día o se siente disgustada por algo, me recibe con la fusta, propinándome una paliza sin mediar explicación. Yo me acurruco gimoteando ante ella y agradezco en voz alta cada latigazo, patada o bofetón.

Una práctica que le encanta escenificar cuando están presentes otras transexuales amigas suyas, es la lluvia dorada. Si tiene prevista una visita, suele beber grandes cantidades de líquido, para sentir ganas de orinar. Conozco de sobra lo que viene a continuación: en medio de la tertulia con sus colegas, interrumpe un momento la conversación para llamarme con un par de palmadas (o con algún degradante insulto); yo acudo a cuatro patas y me planto de rodillas frente a ella con mi boca abierta. Apoya su glande sobre mi lengua y descarga toda su meada, que yo me esfuerzo en ingerir sin que se derrame una sola gota, mientras continúa charlando indiferente, como si aquello fuese lo más normal del mundo. Es algo que deleita a sus amigas, que prorrumpen en carcajadas y gritos de burla. Luego animaba a sus invitadas a desahogarse de la misma manera, y ni que decir tiene, que a menos que no sintiesen la más mínima necesidad física, todas aceptaban gustosas el ofrecimiento entre grandes risotadas. Es una de sus formas favoritas de humillarme, y aunque en ocasiones el sabor de los orines o la abundancia de los mismos, me resultaba harto desagradable, y su atropellada ingesta amenazaba con provocarme arcadas, yo no podía evitar lucir una pétrea erección (circunstancia que solía reavivar las mofas de las presentes), abandonado a una sensación de total degeneración, indignidad y sometimiento.

Nunca me ha utilizado de retrete para sus necesidades mayores, aunque tengo el convencimiento de que terminará dando ese paso, y yo lo aceptaré sin rechistar como el mayor de los galardones. De momento se limita a, cuando está sentada defecando, enterrar mi cabeza entre sus muslos, para que su delicioso hedor inunde mis fosas nasales, amenazándome con hacerme tragar su mierda (repito que hasta ahora, no ha cumplido su “amenaza”). Para lo que sí me usa invariablemente, es para dejarle bien limpio el ano (con mi lengua, desde luego) una vez ha terminado. He desarrollado una práctica tal, que devoro hasta la más mínima mácula, y hace mucho tiempo que en su casa el papel higiénico solo lo usan las visitas o sus clientes.

Otra cosa que, según su humor, suele proveerle un inmenso disfrute, es utilizarme con sus clientes, como si fuese un juguete sexual más. A pesar de mi inexplicada atracción hacia los transexuales, e incluso los crossdressers, no siento inclinaciones homosexuales “puras” (esto es, no me atrae un varón a menos que venga revestido de una panoplia transformista). Por ello, la humillante sensación de vergüenza que me embarga cada vez que me obliga a servir a uno de sus clientes varones, es abrumadora. Le encanta forzarme a mamarles las pollas, los ojos le brillan de forma salvaje, y su respiración se agita mientras me ridiculiza llamándome puta, zorra, guarra, perra, “esto es para lo único que sirves: mamar pollas, maricón de mierda, puta esclava salida. Te gusta, ¿eh?” A menudo, en el exacerbamiento de su pasión, me agarra del pelo y me refriega la cara contra sus sexos, mientras, con voz entrecortada me susurra al oído las más sucias procacidades. O me hunde el rostro entre sus nalgas y me obliga a lamerles el ano. No es raro (aunque tampoco muy frecuente) que también permita a sus clientes sodomizarme. Yo siento que no puedo ser más degradado y ello me colma de gozo.

Ya he mencionado que mi ama tiene una polla de tamaño perfecto, ni muy grande, ni muy pequeña. Adoro que me folle el culo, cosa que suele hacer casi todos los días. A ella también le gusta ser penetrada, y es un honor con el que me enaltece de manera habitual. Me vuelve loco clavarle la polla y escucharla gemir complacida. Siempre termina corriéndose en mi boca (y, ahora sí, yo me afano siempre en tragarme su corrida sin desperdiciar nada); creo que desde que “formalizamos nuestra relación”, no ha habido un día en el que no le haya practicado una mamada.

Otro día seguiré relatando otras prácticas a las que me somete mi ama…espero que os haya gustado.

Si queréis comentar algo: ernestfetish81@gmail.com

Conociendo a mi nuevo Jefe

Como contador de la empresa, y ante la ausencia del chofer de la misma, por encontrarse este en una comisión especial con mi jefa, Mr. Burton, el dueño de la compañía, me pide como favor especial, pasase recogiendo a un tal Ing. Gutiérrez, quien era un candidato fuerte a ocupar el cargo de vicepresidente regional, un cargo bastante alto ya que solo tenia por encima al propio Mr. Burton, accionista estadounidense de la compañía. Fue así, que tome el auto de la empresa y espere por más de 40 min ante la puerta de salida del aeropuerto nacional esperando un vuelo procedente de Cumaná, con un letrerito hecho a mano con el nombre del candidato: Ing. Gerardo Gutiérrez.

Al tiempo, observo a un hombre maduro, de unos 56 o 57 años, aprox.1,72 m de altura, algo pasado de peso, canoso pero muy elegantemente vestido, con un traje gris plomo y una hermosa camisa azul y corbata azul a rayas, además con un corte de cabello que resaltaba su elegancia y masculinidad. Se me queda mirando y hace un gesto con la mano, el cual, correspondo con una sonrisa…algo tímida.

Se le veía algo cansado, exhausto, pero aun así no dejo de sonreír y saludarme con mucha educación:

– Gerardo, mucho gusto.

– Sr. Gerardo, un placer, mi nombre es Eduardo, me han encargado de llevarlo hasta la empresa, para la entrevista con Mr. Burton.

– Ok, pues vamos Eduardo,-contestó.

Al caminar hacia el vehículo me detengo para abrir el maletero de manera que el Ing. Gutiérrez meta allí sus maletas, pero él de forma distraída continua caminando y sin darse cuenta tropieza con mi espalda, y sin querer, su pene hace contacto con mi trasero.

-ohhhhh, disculpa Eduardo, no vi cuando te detuvistes-aclaró con algo de vergüenza.

-no se preocupe Ing., no hay problema-dije con educación. Pero a la vez pensé, que si iba a ser el jefe de mi jefa y la única cabeza por debajo del dueño mayoritario, que me iba yo a estar molestando o reclamándole por haberme tropezado en mi parte intima.

Subiendo hacia Caracas por decir algo, se me queda mirando y me pregunta: ¿eres chofer de la compañía?, ¿cuanto tiempo que trabajas con ellos?

-No, no soy chofer, Ing., de hecho soy contador y trabajo directamente con la Lic. Norma, del área de finanzas, lo que pasa es que ella tuvo que trasladarse a una de las sucursales fuera de la ciudad y le asignaron al chofer, ya sabe, ella es directora, y no la dejan trasladarse sola, de todas formas-dije,-estarán de regreso en dos días.

El Ing. Me observaba fijamente, noté algo extraño en su mirada, por lo que fui yo en esta ocasión quien intentó romper el hielo: Y usted viene por el cargo de Vicepresidente general, no?

-así es-me contesto con su mirada fija en mi, y con voz pausada, demostrando su seguridad y algo de arrogancia, como convencido de que esa entrevista con Mr. Burton era solo un trámite, puesto que su experiencia, mas de 30 años en el área así como sus credenciales académicas lo sobrecalificaban para el cargo ofrecido, y conociendo a Mr. Burton, debía ser un hombre muy competente para que haya sido considerado por el dueño y solicitado desde una ciudad del interior del país. En líneas generales, irradiaba seguridad y determinación y en ningún momento denotaba intranquilidad o nervios por la reunión con Mr. Burton.

Al instante hace una mueca y con media sonrisa me dice:-Disculpa si te molestó qué pensará por un momento que fueras el chofer de la compañía.

-ohhh No me molestó, por favor Ing. No se preocupe por eso, aquí estamos para servirle- Dije, sin simular algo de servilismo y adulancia por el cargo que seguramente le iban a asignar, y porque no? Pensé, el gesto de recogerlo podría ser una oportunidad para conocernos y socializar, cosa que de seguro sería muy difícil una vez que tome la responsabilidad como adjunto al Mr. Burton. Quien quita, pensé, que si le caía bien, pudiese considerarme para un cargo mayor, total ya tenía 3 años como un simple asistente de la directora a de finanzas, y era tiempo de que ascendiera, aunque eso era bastante difícil, a menos claro está, que alguien pesado, con poder, como el Sr. que estaba a mi lado, me diera una mano. Vanidades del ser humano, pensé y sonreí internamente.

Así continuamos el viaje hablando de las políticas de la empresa, él me comentó que se encontraba allí por lo importante del cargo pero que no fue una decisión fácil, ya que tuvo que hablar con su familia al respecto para poder tomar la decisión de trasladarse a la entrevista y seguramente que para aceptar el cargo. Sobretodo con su esposa, me comentó, pero que al fin y al cabo, ella, una mujer madura, ya estaba acostumbrada a que él se trasladase frecuentemente, y estuviese en casa algunos fines de semana.

-caramba, eso debe ser fuerte para ella-dije.

-porque?-preguntó.

-Pues, porque no todas las mujeres soportan estar sin sus esposos mucho tiempo, Ud. sabe, por lo de los cachos y eso…..

-bueno, ya está acostumbrada, son muchos años de matrimonio, y a estas alturas, tu sabes, mientras tenga sus necesidades cubiertas, no hay problema alguno, además a su edad el sexo no es primordial, de resto procuro brindarle todo tipo de comodidades.

-si,claro-contesté.

-aunque ese no sea mi caso-me respondió tajante y de nuevo con su media sonrisa.

Calle como disimulando, pero adivine lo que me quería decir, que a él el tema del sexo si le afectaba, y de inmediato imagine que detrás de esa facha de seriedad y profesionalismo pudiese existir un hombre un poco relajado en el sentido de aprovechar las oportunidades que se le presentaran fuera de su hogar.

-A mi si me hace falta el sexo y bastante-se refirió sin dejarme de ver, ahora con un aire de seriedad que no logré comprender, como si el punto de su necesidad sexual fuera uno de los puntos más serios de su existencia. O como si a mí me importara en lo más mínimo.

-si………..-solo atine a decir.

-si no lo hago en tres días me vuelvo loco-afirmo, esta vez llevando su mirada hacia el horizonte, con gesto de circunspección, hacia la fila de autos que teníamos enfrente subiendo, al igual que nosotros por la carretera.

-y entonces, como hace?-pregunte sin el menor atisbo de discreción, y quizás haciéndome el interesado por algo que no me compete pero que quizás al Ing. Gutiérrez, próximo mandamás de la empresa, si le complacería ahondar en ese tema tan personal.

-pues…me cojo lo primero que se me resbale-manifestó con absoluta seriedad, viéndome nuevamente a los ojos y sin siquiera mostrar una mueca en su rostro que en esta ocasión parecía de piedra sobre su cabello gris y blanco muy bien peinado.

-oookk…jejeje..-solo dije con disimulo y tratando de no mostrar ningún síntoma de asombro ante un comentario tan fuera de lugar para un individuo de su nivel y menos frente a alguien quien estaba muy por debajo de su nivel jerárquico y quien podía además podría llegar a ser el propagador de semejante comentario de mal gusto. Y me di cuenta que mejor no se hablara mas del asunto. Aunque no niego que ese tipo de comentarios solo se le dice a alguien a quien se tuviera mucha confianza o que despertara confianza en alguien, lo que no me incomodo, pensándolo mejor. Ayyy vanidades del ser humano, me repetí para mí mismo.

-y tú? Eres casado?- me pregunto, ya un poco más relajado y abriendo la chaqueta de su fino traje gris.

-noo, no…soy soltero….-conteste.

-y no tienes pareja? –pregunto con cierto interés.

-pues no-conteste con otra sonrisa.

-Caramba, que envidia…la soltería-dijo riéndose sin ganas.-y eso porque? Habiendo tantos culos buenos por allí con ganas de que se las cojan?-dijo.

-quizás por que soy muy serio- dije, ahora forzando la sonrisa. Este tipo se las trae,pensé.

-bueno, Eduardo, yo también soy un hombre serio, no te creas, pero cuando un buen culo se me presenta….no lo pelo, como quien dice-se refirió aun más relajado que antes, de verdad que no parecía que fuese a una entrevista tan importante.

-bueno si, Ing.-continúe de forma de plantear mi situación sin ofenderlo y a la vez respetando o intentando respetar su posición, que en lo personal me parecía machista y desdeñable- lo que sucede es que yo veo a la mujer, como algo más que un c…., me refiero, busco a alguien que me comprenda, me apoye…sea mi compañera-finalice.

-ajajaj.ok…ok…esta bien, te entiendo, pero yo no busco eso sabes, por que ya lo tengo, y por lo del termino “culos”….jejeje…no me refería solo a las mujeres….no se si me entiendes….-se sonrió sarcásticamente, dejándome ver sus blancos y relucientes dientes.

Iba a contestarle pero primero no supe que decir y segundo ya habíamos llegado. Menos mal!!

Subimos al tercer piso y allí lo deje con la asistente de recursos humanos, despidiéndome de la misma forma, estrechándole la mano con mucha seriedad y poniéndome a sus órdenes, una vez que saliera de la entrevista, le sonreí y le desee suerte.

-gracias, Eduardo-me dijo sonriendo también con esa hermosa sonrisa que tenia y con ese aire de seguridad y determinación, propio de un hombre maduro y experimentado.

Luego de un par de horas, me llaman a la oficina, la secretaria de Mr. Burton para informarme que el ing.Gutierrez fue seleccionado para el cargo de Vicepresidente general y que su primera tarea sería trasladarse a Bogotá, de manera de empaparse con el proyecto de mayor relevancia estaba ejecutando la empresa en ese momento, por lo que debía dirigirme a la oficina del Presidente a recibir unas indicaciones referentes a esa decisión.

Voy a la oficina de Mr. Burton, creo seria la cuarte vez en tres años que pisaba esa lujosa estancia, llena de mármol y caoba por doquier, y al entrar Mr. Burton con una diplomática sonrisa me saluda y me dice: hello Eduardo, por favor encárgate de que le hagan los exámenes médicos, hospedaje para esta noche en el hotel asignado y vuelo para mañana a Bogotá al Ing. Gutiérrez, que como debes saber será mi nuevo Vicepresidente General, así que dale por favor todo el apoyo que necesite, consigue todo lo que necesite para que su ingreso y estadía hasta mañana que vaya a Colombia sea lo más cómodo posible-dijo en su español muy mal pronunciado.

El Ing. Ahora con su mayor sonrisa me saluda con un gesto de su cabeza y me lanza una mirada cómplice como diciendo: ves, te lo dije, lo logré….o mejor dicho, lo logramos.

A su vez, le respondí el saludo, de forma muy respetuosa y sin tanto despliegue de espontaneidad como él, claro.

-por supuesto, Mr. Burton-respondí con un gesto agradecido por la confianza y responsabilidad que me estaba dando. Además eso me permitiría socializar aun más con el ahora nuevo Vicepresidente general de Burton-Halley Co.

-well, Mr. Gutierrez, welcome on board! See you the next Friday when you come back from Bogota. Have a nice trip!-dijo Mr. Burton ahora en prefecta pronunciación.

-Thank you Mr. Burton ¡ i hope that i will satisfy the great responsability that you offer me.Thank you very much!-dijo igualmente en prefecto ingles, al tiempo que le estrechaba las dos manos al dueño de la empresa.

Vaya! pensé, que suerte tienen algunos…..de verdad que no podía creer que fuera la misma persona del comentario hace unas horas atrás, pero traté de no darle importancia, y de nuevo con mi sonrisa política acompañe al nuevo vicepresidente y me retire con un pequeña reverencia de la oficina de Mr. Burton.

Lo lleve a la clínica indicada para los exámenes médicos de ingreso a la empresa y mientras lo deje con una secretaría para que le tome sus datos, le digo: Ing. voy a buscarle habitación y regreso por usted.

-gracias Eduardo, pero por favor, trátame de tu, ya soy parte del equipo, recuerda.-me dijo.

-ehhh, si…ehhh, lo intentare sr….Ing.…..-me di media vuelta y me retire. No sin antes detenerme en la extraña forma en que me veía, mientras yacía recostado en el escritorio de la secretaria con sus dos manos en los bolsillos del elegante y seguramente costosísimo traje italiano.

Al llegar al hotel, me encuentro con la desagradable noticia que todas las suites estaban ocupadas por una delegación de funcionarios del estado. Y al intentar negociar con el gerente del hotel, me hace saber que es tarea imposible, además todo el resto de las habitaciones estaban ocupadas por funcionarios de menor nivel que formaban parte del sequito de los funcionarios.

Diossss y ahora que hago? necesito alojar al nuevo Vicepresidente de la empresa Burton-Halley, por favor ayúdeme!-le rogué al gerente del hotel.

-no le puedo ayudar, lo siento, ya ustedes tienen una suite reservada a una de sus empleadas desde hace más de un mes, y si hubiesen querido otra suite, con gusto se la hubiésemos dado por las relaciones comerciales que tenemos, pero sin reservación es casi que imposible.-me hoz saber el gerente del hotel.

-mmm ok, pero se me ocurre algo, el Ing. Gutiérrez, así se llama, solo necesita la habitación para esta noche, si le pregunto a él y no hay problema, podríamos alojarlo allí, ya que la Lic. Norma regresa en dos días-le pregunte al gerente con entusiasmo.

-pues claro, para mí no hay ningún problema, además esa habitación esta cancelada por la empresa.-me respondió, por lo que apreté mis puños en señal de triunfo, y solo me restaba avisarle al Ing. Gutiérrez, lo que me despreocupaba un poco, ya que por su forma de ser no parecía ser la persona que presentara objeciones por esos detalles.

Me encargue de reservar el pasaje para Bogotá y me dirigí a la clínica, a recoger al Ing. Quien ya debió haber terminado con los exámenes de ingreso.

-buenas Ing.-le salude apenas entré al lobby de la clínica.

Él se encontraba plácidamente tendido en un sofá, leyendo una revista sin su chaqueta, ya que esta reposaba a su lado, también se había desabrochado la camisa y aflojado su corbata, dejando ver una frondosa selva de vellos encanecidos en su pecho. Lo que me llamo la atención un poco, sin tener la más remota idea del por qué.

-hola- me contesto sonriendo-he terminado hace unos 30 minutos-me hace saber.

-que bien, Ingeniero, yo también termine lo del pasaje y su hospedaje.

-caramba! Pero que eficiente eres….muchacho! así me gustan……-y se quedo callado.-viendome con ese extraño brillo en sus ojos.

Mientras subíamos al auto, le hice saber la situación de la suite en el hotel, mostrándose, como supuse, despreocupado y con una sonrisa haciéndome saber que no tenía ningún tipo de problema para ello pero que el hambre que tenia, si era algo de qué preocuparse, me hizo saber.

-Bueno, entonces vámonos de una vez para el hotel, ya sus maletas están en la suite de la empresa, y puede comer algo en el restaurant, que según me han dicho es muy bueno.-le propuse.

-querrás decir, vamos a comer-dijo.

-comer? No gracias…es que tengo cosas que hacer…y….-le respondí algo nervioso y tan mal disimulado que se dio cuenta de inmediato de mi mentira.

-mira, no quiero comer solo, y tú te has portado muy bien conmigo, vamos comemos y nos tomamos algo, mira que el día ha sido un poco largo para mi, y mañana me sale un vuelo internacional.-dijo seriamente y con voz algo cansada.

-está bien, Ingeniero.-le conteste.

-puedes llamarme Gerardo……-me dijo afablemente.

-disculpe…pero me cuesta mucho…lo siento…-conteste tímidamente.

-no lo siento….llámame Gerardo…está bien? Ahora contéstame…-sentí en su voz un tono autoritario y dictatorial, al igual que su semblante de repente se puso sumamente adusto-quiero que cenes y te tomes algo conmigo, está bien….?-me pregunto.

-está bien, como desees, Ge….eerardo…-respondi.

-así me gustas mas, ves?-dijo sonriendo mientras se abotonaba de nuevo su camisa tapando su pecho y apretaba su correa, justo al momento de llegar al hotel.

“me gustas mas” pensé……será que se equivoco, me dije a mí mismo.

Entramos al restaurant, y Gerardo pide una botella de vino, para esperar la comida,

El camarero trae la botella de vino francés, y Gerardo hace un ademan para que me sirva a mi primero.-por favor sírvale a ell…….,gracias-le indica.

-gracias, Ing.….Gerardo….-digo sonriéndome por el olvido al momento de dirigirme a él- sabes yo no bebo mucho y menos vino.-le hago saber.

-y eso porque?-me pregunta.

-es que me rasco muy rápido-le conteste.

Luego de tres copas y la cena, un salmón delicioso con ensalada, ya comenzaba a entrar gente al sitio un poco más en una inda nocturna, puesto que un tecladista comenzaba a soltar sus primeras notas de boleros y baladas románticas.

En una mesa contigua a la nuestra se sentaron dos mujeres muy voluptuosas.

Gerardo con su sonrisa, como de hiena, las observa con mirada lasciva y me ve para decirme: Mira….un par así es que necesitamos nosotros. Qué te parece?-me pregunta.

-jejejeje…-solo sonreí nerviosamente. El hecho de estar cenando con un jefe importante es una acosa y la otra es que el pretendiera que iba a estar ligando con unas mujeres que de todas todas se veían que eran ficheras o prostitutas de lujo que nada mas estaban ahí para buscar clientes de nivel alto.

-que pasa no te gustan?-me pregunta.

-no no es eso…es que tienen una pinta..de…..mejor yo paso, si Ud. quiere yo lo dejo solo y me retiro para no molestarle….además debo llevar el auto a la compañía.- le indique, pero al parecer esto no le gusto y sujetándome del brazo, me hizo sentar de nuevo a la mesa.y con una seriedad de piedra en su rostro.

-te quedas conmigo!-me dijo. Si no te gustan las chicas, no hay problema, pero ya he pedido otra botella de vino y no quiero tomarla solo, entiendes?- me dijo, mientras yo bajaba la mirada apenado y contestándole: si Sr. Disculpe, usted.-

-como te dije que me llamaras?-me pregunto con algo de brusquedad.

-Gerardo, discúlpame, me quedare contigo…-le conteste entre tímida y sumisamente, casi que femeninamente.

-asiii es que me gustas- me contesta de nuevo con esa mirada de lujuria en sus ojos.

Ya para ese momento estaba algo incomodo, así que me mentalice de que todo era parte del trabajo que me había honrado Mr. Burton en asignarme, así que de esa forma lo tome, aunque ya con 6 copas encima, mas una botella en camino,,,,el trabajo se me estaba haciendo bastante arduo.

Así seguimos tomándonos la otra botella, mientras charlábamos de su vasta experiencia…y de la poca de la mía… no solo en el ámbito laboral, sino personal, pues resulta que el Sr. A pesar de que tenia treinta y algo de años de casado, había tenido muchas amantes y hasta había probado en una ocasión con un travesti, resultándole la experiencia muy especial. De allí, me hizo saber, su comentario esa mañana de que un buen culo es un buen culo y que no se podía dejar pasar.

Yo, para ese instante, solo asentía con mi cabeza, y sonreía ya que todo me daba vueltas, tratando que el alcohol no me hiciera quedar mal con el Ing.

En eso comienza a hablarme que en su vida había visto muchas cosas y que él solo intentaba vivir su vida sin hacerle daño a nadie, que amaba a su esposa pero que por su trabajo, la lejanía de su familia, le hacía hacer sacrificios que se veían recompensados con algo de diversión aquí y allá, y que pensaba que lo más importante era vivir tranquilo con uno mismo, sin importar lo que piensan los demás, mientras no le hagas daño a terceros todo es permitido, cada uno debe vivir sin complejos.

Pidió una tercera botella de vino, se queda mirándome y me dice, que piensas tu de lo que hago? Crees que es correcto lo que digo, por vivir mi vida y disfrutar de sus placeres mientras haya posibilidad?

-pues me parece bien…Gerardo lo importante es disfrutar y estar bien consigo mismo,,,,y…..-

-sabes-me interrumpe

– si?-le contesto

-me gustan tus labios

-perdón?

-tu boca, me gustaría verla pintada de rojo intenso…alguna vez lo has hecho?

-yo???noooo, jamás!

-que lastima, pues te debes ver muy bien-dice sonriendo con media sonrisa.

-jejeje-sonrio, mareado.

-si, con esos labios pintados de rojo, ningún hombre se resistiría a besarlos…..a comérselos…-

-ohhhhh-volvi a sonreír.

-bueno, creo que ya es hora de irme, estoy algo mareado-le hago saber.

-no puedes manejar así-me dice

-No hay problemas, lo puedo hacer

-No te puedo dejar ir así, si tienes un accidente no me lo voy a perdonar, además, quien me llevaría al aeropuerto mañana, no señorito. Te propongo que subas a la suite y descanses un poco, luego que se te pase el mareo te podrás ir-me propone con aire de preocupación y protección.

-ohh no está bien-le contesto- gracias pero no puedo aceptar…ayyyyy todo me da vueltas.

-heyyy, No te lo estoy pidiendo…. te lo estoy ordenando, recuerdas quien es el jefe ahora?

-pues usted, señor-respondo con la misma voz sumisa y hasta femenina.

-así me gusta, no te equivoques y llegara lejos en la empresa, ahora vámonos, déjame pagar y subimos, entendido?-me pregunta.

-si…..entendido…..sr.-respondi casi que con los ojos cerrados.

Gerardo pago la cuenta, casi no me di cuenta, como que tampoco le dijo algo al mesonero, y era que deseaba otra botella de vino a la habitación, cosa que comprobaría después.

Fuimos hacia el ascensor, me pareció que el tiempo se había detenido, estaba subiendo a una habitación de hotel al lado de un hombre mayor que yo y muy varonil, y hasta guapo…pensé…para mí. – wow! Adonde va a acabar todo esto? Me preguntaba.

Llego el ascensor, Gerardo hace una caballerosa reverencia para permitirme el paso, luego entra él mientras yo me coloco al fondo, el se para cerca de tablero y pregunta ¿Qué piso?, voy hacia el tablero para marcar el piso doce, trastabillo y me tropiezo sin querer con Gerardo, quien como reacción me toma por la cintura y me paga completamente a su cuerpo, en eso siento su pene que tiene una erección al contacto con mis nalgas, al sentir esto, trato de separarme pero Gerardo con fuerza me mantiene pegado a él.-SHHHH, quédate quieta, estas mareada y te puedes caer-me dice al oído.

– ¿Cómo?- le pregunto

– Nada, nada, tranquila que ya casi llegamos.

Quieta?, tranquila? Pero a este que le pasa? Me pregunto mientras trato de mantener el equilibrio posando mis manos en el tablero del ascensor.

Llegamos al piso 12, entramos a la suite, y el lobby era bastante acogedor, Gerardo me llevo directamente al cuarto, la cama estaba ordenada, me acostó y me dijo: -acuéstate y descansa un rato- Totalmente mareado solo escuche que me dejo solo en el cuarto, termine de cerrar mis ojos y creo que me quede dormido profundamente.

Al cabo de unos 20 minutos y mientras yo dormía la pea…..Gerardo fue a cambiarse también y al observar que en la peinadora estaban los productos de la Lic. Norma, cremas, labiales, vaselina, perfumes y varios estuches de maquillaje, pinta uñas, etc. Se le ocurrió una idea.

Entro al vestier y observo una gaveta de las pantaletas muy sexys de todos los colores y tipo, brassieres, también habían vestidos de fiestas, negros, rojos, formales…zapatos y sandalias de tacón alto.

Fue a la cocina y abrió la nevera, tomo un vaso de agua, y lo llevo a la recamara, mientras me despertaba para que lo bebiese, cosa que hice casi dormido y con gusto pues después de tanto vino, la sed me estaba matando, mientras bebía, Gerardo muy cariñosamente me quito la camisa, los zapatos y el pantalón, dejándome solo en calzoncillos, acostado de nuevo luego de beber todo el vaso de agua. Luego me dijo: espera que voy a cambiarte-solo atine a decir:sssiiiiii- con mis ojos cerrados. Estando acostado me quita el interior y me coloca algo que siento muy suave, como seda entre mis muslos.

Pero lo que me despertó, fueron sus fuertes manos acariciándome todo, las piernas, el culo, mi pecho. En eso me desvelo e intento levantarme de la cama, pero Gerardo con su fuertes brazos me toma de los hombros y me sienta de nuevo en la cama.

-adonde crees que vas?-me dice con aire arbitrario, y semidesnudo, con solo su calzoncillo como prenda. Quiero que me complazcas….ahora mismo-me ordena.

.pero como?-le respondo entre dormido y despierto, sorprendido y asustado.

Gerardo se voltea a la peinadora y toma un labial de color rosa intenso.

-toma, ponte esto en los labios, o quieres que lo haga yo?-me dice con cara de fastidio.

Tomo el labial, lo veo fijamente a los ojos a ver si todo es una broma de mal gusto o en el mejor de los casos una pesadilla, pero al no notar su reacción, me coloco el lápiz labial sobre mis labios, primero en los labios inferiores y luego con cuidado en la parte superior, sin dejar de verlo a él, uno mis labios para que la pintura impregne tanto a los de arriba como a los de abajo, luego me paso la lengua humedeciéndolos y noto su aprobación al ver que su rostro cambia ahora de semblante.

-uffffff, que bella, que rica boca-dice gustoso y empezando acariciar su paquete dentro de sus calzones.-vamos a ver qué puedes hacer con esa bocota rica, nena?-

En eso saca su miembro que ya estaba como un hierro duro y caliente, lo acerco a mi cara pero de nuevo trato de levantarme, me toma de nuevo por los hombros y me sienta, dejándolo ardiendo de deseo por romper cualquier resistencia. Moví mi rostro para evitarlo pero en esta ocasión recibí una orden directa: métetelo en la boca y mámalo!-me ordeno

Cerré mis ojos y mi boca se fue abriendo poco a poco para permitir el paso de pene, entro, y como reacción eche la cabeza hacia atrás, pero Gerardo me tomo con fuerza con una de sus manos y la empujo hacia adelante. Luego, sin más, comenze a chupar poco a poco, y al rato parecía un desesperado por tragarse ese pedazo de carne caliente……uffffff… que placer tan grande, me sentía muy extraño…extraña…por ese calor…ese sabor….en eso me dijo: ¿quieres que me venga en tu boca?, en eso moví mi mano para decir que no, y seguí mamando, me sentía como toda una hembra satisfaciendo a su macho maduro.

Gerardo se quedo allí parado gimiendo de placer, sol sosteniendo mi cabeza que se movía al compas del mete y saca de su miembro en mi boca. En eso escuche un grito de máximo placer y sentí como salían de su miembro chorros de leche caliente que inundaron mi boca y trague sin ni siquiera poder reaccionar, luego lamí su miembro, de arriba abajo, hasta dejarlo limpio, ¿te pasó el mareo? me pregunte, un poco- respondí, con una voz femenina que no sé ni de donde la saque.

Luego me tomo de la mano y me levanto de la cama. Vamos a cambiarte-me dijo, quiero verte vestida de hembra, me dijo: Quiero cogerte vestidita de mujer, -NO- respondí con fuerza

SI, le dije también con fuerza, no te lo estoy pidiendo te lo estoy ordenando. Estate quieta para probarte la ropa, me dijo enfurecido, casi como un loco.

por favor, no lo hagas, le dije…por favor…Gerardo…no.

En eso me tomo con fuerza por la cintura….me pego hacia él y me beso….metiéndome toda su lengua, mientras sus manos bajaban por mis caderas tocándome el culo que solo tenía la pequeña pantaleta que me había puesto mientras dormía……, no sabía lo que pasaba, aun estaba medio dormido…forcejeando con un hombre mayor que yo y con un deseo incontrolable de poseerme…..me volteo contra el espejo del baño, inclinándome un poco y abriendo mis piernas, jalo el bikini hacia abajo y puso su miembro que nuevamente estaba caliente, en la entrada de mi ano, en eso, empujo con fuerza y lo metió, no grite….pero exclame: me matas, es mi primera vez…. no me hagas daño, pero él insistío en meterlo, pero como estaba sin lubricación, se separo y fue a la peinadora y tomo el pote de vaselina, unto todo su miembro desde la cabeza hasta el tronco y se puse también un poco en los dedos; El se acerco a mí, que lo esperaba temblando como una hoja con ganas de salir corriendo de allí para evitar lo que más me temía, así que tomándome de nuevo me dijo: tranquila- y me beso en la oreja, luego me tomo las nalgas con sus manos y empezó a abrirme poco a poco,

Acariciándome las tetillas y el culo, diciéndole: me gustan tus tetas, tienes lindos senos, con la otra mano llego hasta su culo, metiendo sus dedos untados en vaselina para lubricarme mi huequito, cuando sintió que estaba bien lubricado se coloco tras de mí y puso su miembro en la entrada, sin penetrarme, es eso casi sollozando le dije: poco a poco por favor, soy virgen y me duele….- dije con voz ahogada por el deseo. El con el deseo ardiente en sus ojos me respondió: Si mi niña así lo voy a hacer….en eso me tomo de la cintura y yo coloque mis manos en el lavamanos mientras me inclinaba y abría mis piernas….su pene fue entrando poco a poco en mi cuevita húmeda, cerradita, -Ayyyy!!- Grite y empujo esta vez de un solo viaje, entro hasta el fondo y mi grito fue desgarrador, trate de liberarme echándome hacia delante que casi se sale su miembro, pero me tenia bien sujeta por la cintura y me trajo hacia él, haciendo que entrara nuevamente hasta el fondo y nuevamente me eche hacia delante y otra vez me trajo hacia él y así fue como por seis o siete veces, yo me arrimaba hacia delante y él me halaba hacia él, hasta que me dijo: acéptalo nena! Hoy vas a ser mujer, así que tranquila..acepta y disfruta la situación- no dije nada, solo respire profundo mientras que Gerardo estaba que no aguantaba por la excitación del momento….en eso me soltó… y esta vez fui yo mismo quien se movió, hacia atrás para permitir que me penetrara y seguí así moviéndome solito….solita…disfrutando del placer de su miembro en mis entrañas. Empecé a gemir y a decir: que bien lo siento……………me gusta…..soy tu mujer….te gusta así????..mmmmmmmm-mientras el me decía ente sudor y gemidos: eres mi perra, eres mi hembra… ya sabes quien es tu macho- y así seguimos no se cuanto tiempo hasta que se vino dentro de mí y me vine…..frente al lavamanos, en un grito unísono de placer!!!!que cantidad de leche solté creo que nunca había eyaculado tanto, en eso me volteo hacia el….. nos vimos a la cara y nos dimos un profundo beso.

-Ufffff, que rico mi amor….me dejastes agotado, perdón quise decir agotada….-dije. Si mi amor estas agotada, porque desde ahora eres mi mujer-me respondió.

Luego me llevo tomado de la cintura hacia el vestier. ¿Qué quieres hacer? pregunte con voz de hembra sumisa al llegar le saque unas medias pantys, y un brassier….ponte esto-me dijo-, ¿Qué esperas? Hazlo!- me coloque las medias, el brassier, sin prisa y veía como Gerardo se excitaba nuevamente viéndome vestirme, transformándome en su mujer. Zapatos, había unos negros altos y brillantes, usa estos- me dijo. Me los puse, me quedaron bien, el brassiere me quedaba un poco grande, entonces él saco unas pantaletas y me las dio para que colocara una en cada seno como relleno. Estas linda me dijo al terminar de vestirme, solo hace falta una peluca que luego te comprare….ahora retócate el labial y maquíllate, voy a preparar unas copas, así camine como toda una hembra muy femeninamente a la peinadora y allí retoque mis labios y sombra en mis parpados, base en mis pómulos, y mi cabello lo engomine y lo peine hacia atrás…cuando Gerardo regresó al cuarto se sorprendió al verme. DIOS que linda eres, me ofreció la copa, me levante, el se acerco, me tomo por la cintura, empezamos a bailar y nos besamos ardientemente, luego me fue llevando hasta el cuarto en donde me acostó boca arriba, en la cama puse mis pies en sus hombros y me empezó a penetrar…………………….

-Lubrícame Gerardo, tomo la vaselina se puso en su miembro y en mi cuevita caliente….volví a colocar mis pies en sus hombros y su pene entro en mi ano como “perro por su casa” comencé a gemir y a pedir más , hasta que acabo dentro de mí, lo saco y aún su pene estaba duro, como hembra golosa me puse en cuatro patas y me le ofrecí nuevamente me penetro como un loco y nuevamente acabo dentro de mía, caímos tendidos en la cama nos besamos y me dijo:- ahora eres mi mujer, tengo que ponerte un nombre, ¿te gusta alguno?-me pregunto. Nos quedamos callados un momento y al mismo tiempo le dije: Gina y el dijo: Susana; entonces te llamaras Gina Susana….. Esa eres para mí, Gina Susana, mi hembra, mi mujer.

-Gracias Gerardo por convertirme en hembra…en mujer……-y cerrando los ojos nos besamos apasionadamente hasta quedarnos dormidos el abrazándome por la cintura y el culo y yo aferrada a su torax…mi cabeza en su pecho.

La historia de Natalia : de las 5 amigas.

Me llamo Natalia Pérez Costa. Nací como varón hará aproximadamente treinta años. Mi aspecto del pasado era el de un hombre robusto, atractivo pero como era gordo no se notaba con cabellos castaños y de ojos verdes. Tenia un rostro muy expresivo pero de un momento a otro me destrozaron la vida. Fui alterado para ajustarme a los deseos de alguien que me compro. Recuerdo que yo era un solitario, sin familia, prácticamente sin amigos había terminado de estudiar en la universidad no tenia trabajo.
Todo empezó en octubre de 2006, cuando eché el curriculum para conseguir un trabajo. como administrador de empresas yo estaba sobre calificado había estudiado tres carreras en cinco años. Tenia un alto coeficiente intelectual.
Trabajaría en una pequeña oficina que era parte de una gran empresa. El sueldo era muy bueno.
Después de algunas pruebas escritas y una entrevista personal con lo que parecía ser un psicólogo, sólo quedamos cinco candidatos. Todos varones. No conocía a ninguno. Tan sólo nos quedaba por pasar un examen médico. Si estábamos sanos, los cinco firmaríamos los contratos y empezaríamos a trabajar con ellos de inmediato.
La consulta, por llamarla de alguna manera, era grande. Había cuatro médicos en su interior, todos hombres, todos de mediana edad. Como la mayoría de los doctores, nos ignoraban mientras hablaban en voz baja entre sí. Cuando nos miraban, era más como ganado que como seres humanos. Finalmente, uno de ellos se acercó a nosotros con cinco pequeños vasos. Nos dio uno a cada uno.
– Bienvenidos a su prueba final, caballeros – dijo, cuando todos teníamos la bebida en la mano – Por favor, beban esa solución. Es un contraste inocuo para que podamos observar el funcionamiento de su sistema digestivo.
Todos obedecimos. El sabor era extraño. Una mezcla entre jarabe de fresa y alguna extraña medicina. Y así nos quedamos los cinco, mirándonos unos a otros, sin atrevernos a hablar, en una hilera perfecta. El tiempo pasaban lentamente. Poco a poco, me dejó de importar todo y hasta el corazón, acelerado hasta entonces, se relajó. Después de cinco minutos, otro de los médicos, el tercero habló:
-Bienvenidos al lugar de vuestra transformación. La vida que habéis conocido hasta ahora termina aquí en este preciso momento. Pertenecemos a una empresa muy poderosa –continuó – si bien es diferente a cualquier otra que hayáis visto en vuestra vida. Este edificio ha sido alquilado tan solo para esta “selección de personal”. Mañana estará vacío.
Sentí preocupación, necesidad de escapar. Pero permanecí allí, de pie, sin poder moverme.
– Nadie será capaz de rastrearnos, si es que alguien se molesta en hacerlo, cosa que dudo. Los cinco habéis sido seleccionados – Dijo el que parecía estar al mando – porque son personas solitarias. Sin familia, sin amigos, sin interacción social en el trabajo… Esto es bueno por dos razones: la primera, no queremos a gente preguntando por ustedes. La segunda, preferimos no destrozar familias. No nos gustan las lágrimas y el dolor, aunque ahora penséis lo contrario. Todos vosotros vais a ser felices en vuestra nueva vida, os lo aseguro. No nos gustaría que dejen a alguien llorando detrás. Ahora, por favor desnudaos y quedaos donde estáis. Sí, toda la ropa. También la interior.
Obedecimos sin una protesta. Definitivamente, algo en esa bebida nos hacía sin voluntad.
– Permitidme que os explique lo que os va a pasar ahora – dijo un tercer doctor, más anciano que los otros. -Vais a cambiar para ajustaros a las solicitudes de nuestros clientes. Vuestra apariencia física será alterada para volverse más femenina. Algunos de vosotros seréis también eunucos. Los más afortunados quizá retengáis vuestra capacidad para tener orgasmos, incluso erecciones. Por ejemplo a ver…Número Uno, acércate. – Vas a convertirte en una mujer de 25 años, llamada Dalia.
Le dijo cuando este hombre se acerco
Este hombre no podía moverse y yo tampoco.
– Te proporcionaremos un par de pechos de silicona de gran volumen. Tendrán la apariencia de falsos, al estilo de Pamela Anderson, pero es así como nuestro cliente lo ha solicitado. Tendrás que llevar el pelo siempre teñido de rubio. Destruiremos cada folículo por debajo de tus ojos, incluidas las cejas, que te serán tatuadas en un fino hilo. Aumentaremos tus labios, dado que tienen que ser gruesos; sin embargo, será un aumento moderado, así que seguirán pareciendo naturales. Tendrás que llevar siempre lentillas azules, de las más naturales del mercado. ¡Ah! Te extirparemos los testículos, pero dejaremos tu pene intacto excepto por sus sensibilidad, que caerá prácticamente a cero. No te preocupes… te encantará el sexo, aún siendo anorgásmica. Ahora, por favor, acude a la puerta número uno.
El hombre obedeció. Había seis puertas delante de nosotros, justo en la pared opuesta de la consulta. Después que hablaran con el participante numero dos me señalo a mi.
– Ven aquí. Hice lo que me habían ordenado.
-Serás una rubia natural de pelo largo. Te proporcionaremos unos enormes pechos naturales, así que puedes esperar que sean muy caídos. Tu piel será pálida. Serás castrado, pero tendrás plena sensibilidad en el pene…
Entré en la habitación. Había dos doctoras en el interior. Cerraron la puerta y ya no pude oír más.
– Por favor, túmbate en esa cama.
Después de que lo hiciera, pusieron un vial en mi brazo.
No quería perder mi masculinidad, pero seguía sin importarme. Maldito brebaje. Un momento después, todo se volvió oscuro y caí en la inconsciencia.
Cuando me desperté no sabia donde estaba y tenia mucha sed, me sentía mareado, profundamente cansado.
Observe en el espejo de la habitación el reflejo de una mujer
Era una chica joven. Preciosa, realmente preciosa. La más guapa que había visto hasta el momento, lo que ya era mucho decir. Representaba la misma esencia de la naturalidad. Su pelo era largo y liso de un dorado oscuro desde el nacimiento hasta las puntas. Su melena, de cabellos finos caía sobre sus hombros.
sus ojos eran grandes distinguí unos iris verdes con motitas amarillas cerca de la pupila como los míos. Su nariz era corta y recta, en perfecta armonía con su rostro, como lo estaban sus labios, de suave color rosado que parecía suyo propio, enmarcando una boca grande. Llevaba un pijama celeste levante la mano y esta mujer también lo hizo. Me di cuenta que era yo.
Mi cara no se movía. No tenia expresiones ni nada.
Recordé lo que me dijo ese medico en la falsa entrevista laboral.
-Serás una rubia natural de pelo largo. Te proporcionaremos unos enormes pechos naturales, así que puedes esperar que sean muy caídos. Tu piel será pálida. Serás castrado, pero tendrás plena sensibilidad en el pene…
Me desnude. Mi pijama lo tire hasta convertirlo en un montón de ropa en una esquina de la habitación. Me veía muy delgado. Mis costillas se adivinaban en el costado, mi cintura era tan breve como la de una modelo. Mi culo era pequeño, pero redondo y apretado, Pero mis pechos eran desproporcionados parecía que eran de verdad. Lo cual representaba que no estaban precisamente muy firmes.
Debido a su gran volumen, colgaban hasta más allá de mi ombligo. Mis pezones, eran grandes y rosados con una aréola a juego en tamaño y color, miraban directamente hacia los dedos gordos de mis pies descalzos.
Empecé a notar que había algo en mi cintura algo que rodeaba la cintura y desaparecía entre las piernas. Algo metálico y duro.
Mis bamboleos y tirones hacían que mi pelo como, sobre todo, esos pechos, bailaran de manera incontrolada y me molestaran continuamente.
El pelo me lo apartaba pero los pechos me obstaculizaban todo movimiento.
Finalmente, desesperado abandone la lucha y me arrodille sobre la cama, llorando. Mis pechos quedaban desparramados a ambos lados de mi cuerpo. No es sólo que estuvieran caídos es que, desde luego, eran enormes. La habitación tenía una puerta blanca. Me vestí con ese pijama que deje en el suelo.
Mi intención era escaparme de ahí. Giré el pomo y se abrió la puerta sin problemas. El pasillo era como el de cualquier hospital privado, luminoso y silencioso.
Una enfermera me vio asomar y acudió corriendo a mi lado.
-No, Natalia. No puedes salir – dijo, cogiéndome de los hombros y devolviéndome al interior del cuarto – Enseguida vendrá el doctor y podrás hablar con él.
– Pero… pero… – Quería decir que me quería ir a casa, pero lo que realmente deseaba era que me devolvieran a mi anterior persona, a mi anterior vida me condujo dócilmente de nuevo a la habitación. No tardó mucho tiempo en aparecer un médico acompañado por un enfermero. Cerré los puños y me acerqué hacia él. El enfermero me sujetó.
-Escucha, Natalia – Dijo el doctor – Con violencia no vas a conseguir nada.
El enfermero, me soltó.
– De todas formas, pronto desaparecerá esa agresividad, ya que no está programada en tu carácter. He venido aquí a explicarte alguna de las cosas que sin duda estarás interesada en saber. ¿Vas a comportarte, o me voy?
Asentí con la cabeza.
– Has sufrido una serie de modificaciones que implican una altísima tecnología. No te voy a explicar los pormenores, porque no es necesario. No existe nadie más en el mundo que tenga la capacidad de hacer lo que te hemos hecho y aunque lo hubiera, no puede deshacer prácticamente nada. A todos los efectos, eres una mujer desde ahora, aparte de lo que los restos de tu antiguo sexo indiquen. Hemos tomado como base tu antiguo cuerpo, por eso hay partes que notarás tuyas, como tu pelo, por ejemplo. Tenemos la capacidad de alterarlo, pero todo tiene un coste, y nuestro cliente se ha gastado el dinero en otras cosas, como por ejemplo, el aumento de tus pechos y depilación definitiva. Tus pechos en principio iban a ser un barato implante corriente de silicona, pero finalmente decidió gastarse el dinero en hacerlas reales. ¡Y la verdad es que nos ha quedado una auténtica obra de arte!
Parecía orgulloso de su resultado.
Yo quería disimular mis pechos como fuera, porque me avergonzaba pero no veía cómo hacerlo con el pijama del hospital.
– Las demás alteraciones que hemos llevado a cabo implican también una modificación de tu conducta, mediante alteraciones cerebrales. A nuestros pacientes les cuesta más tiempo actuar, por eso aún puedes tener arranques de violencia masculina, como el que has intentado. Te va a gustar el sexo, créeme – reafirmó, al ver en mis ojos extrañeza – No tendrás orgasmos pero con masaje prostático llegaras a la eyaculacion. Ya lo veras. Serás muy feliz. Pronto empezarás tu formación no todo podemos hacerlo los médicos – rió – Te enseñarán a cuidarte y a mostrarte bella. También aprenderás a dar placer sexual y el resto del programa que tu dueño ha elegido. Natalia no luches contra tu destino. Aunque, de hecho, es imposible que te opongas, puede hacer que tus primeros días sean realmente incómodos y sería una pena.
– ¿Pero porque no puede mover mi cara?.
– Ese a sido un requerimiento del cliente, tu futuro marido. El ha pedido que destruyamos algunos músculos faciales.
“Ese hijo de puta”. Pensé. “Cuando lo encuentre lo matare”.
El medico y el enfermero se fueron.
¿Aceptar lo que me estaban haciendo? ¡Nunca! Lucharía y me opondría con todas mis fuerzas. Y saldría de allí libre o me escaparía antes o después. Y la policía de seguro que estaba comprada por esta gente. Trate de asimilar todo lo que me había dicho el medico. Me temblaban las rodillas sobre todo se debía al trauma que habían provocado sus palabras. Me sentía superado totalmente por lo que me estaba ocurriendo. Me veía realmente estúpido con ese delgado cuerpo de mujer tan desequilibrado, vestido tan sólo con un pijama de hospital, sin saber qué hacer ni a donde ir. No sé cuánto tiempo había pasado cuando alguien golpeó suavemente la puerta, como tampoco sabía el tiempo que había estado privado de conocimiento. Debería haberlo preguntado cuando me había visitado el médico. Por cierto, muy seguro debía de estar de su trabajo, ya que no me había examinado.
La puerta se abrió lo justo para que se asomara una cabeza. Pertenecía a una mujer. Era pelirroja, con los ojos azules y labios gruesos y sonreía.
-¿Puedo pasar? – La mire con mucha bronca. Deslizó su cuerpo al interior y cerró detrás de sí. El pelo pelirrojo le caía en desorganizados rizos sobre los hombros. Su nariz era pequeña y recta y sus cejas tenían forma de lágrima alargada, finas y suavemente arqueadas.
Vestía una jersey ligero ajustado de color blanco, ceñido con un cinturón ancho y una pequeña falda negra. Tenía unos pechos muy voluminosos que no hacía nada por disimular pero naturalmente nada que se acercara al mío.
Sus piernas eran largas y terminaban en unos pies diminutos que tenían unos zapatos blancos de tacón alto.
-¡Hola! -Se presentó, dándome un beso.-Me llamo Raquel y voy a ser tu asistente personal en tu camino hacia tu nuevo yo.
La miré. Se sentó a mi lado y fijó sus hermosos ojos en los míos.
– Estoy segura de que piensas que no te puedo ayudar en nada. Que todo lo que te ha pasado es injusto y te sientes desesperada. ¿Sabes por qué sé que piensas así?
Yo negué con la cabeza.
– Porque yo he pasado por exactamente lo mismo que tú. Hace dos años yo era… bueno, ya sabes… – Le costó mucho decir la palabra – un varón.
Entonces mi mirada cambió a incredulidad.
– ¿Por qué no me crees?
No dije nada. Preferí callar. Incluso antes yo era muy callado. Además que a mi no me importaba.
Ella se rió. Con su risa cristalina.
– ¿Acaso tú pareces un hombre? Claro que te faltan los detalles de belleza que toda mujer debe conocer por eso estoy aquí, para que los conozcas.
– ¿Y si no quiero? – Le grite con ira – Yo quiero volver a ser quien era. No esta porquería.
– Natalia no hables así. No eres una porquería. Eres bellísima. Te convirtieron en un ser hermoso. Yo soy una empleada de la Compañía. Mi labor es conocer estilos y formas de belleza. A ti tengo que enseñarte según los deseos de tu comprador. Podrías tener otros gustos si dejásemos que se desarrollasen, pero no va a ser el caso…
– Entonces lo que yo diga no importa. Yo no tengo derecho a nada y lo mas importante son los deseos del estupido que me compro. Yo soy una persona tengo sentimientos.
– Eso ya lo se. Pero te acostumbraras y serás feliz con ese hombre.
– Se ve que no me conoce Señora. – Le grite – No voy ser feliz nunca.No pienso hacer feliz a nadie.
– Eso lo decís ahora pero te aseguro que vas a ser feliz con el.
– ¡Así! ¿Y como se supone que voy a ser feliz? ¿Que van a hacer me van a volver a drogar – La mire con odio.
Yo tenia una mirada muy expresiva. Cuando miraba a alguien con odio bajaban la vista. Esta mujer no fue la excepción.
– Yo antes era muy feliz. Ahora me convirtieron en esta mierda y se supone que tengo que aceptarlo sin chistar.
– Pero vas a ser feliz. Veras que con el tiempo tu también te acostumbras. No me lo hagas mal difícil Natalia. vamos así te enseño a cuidar tu imagen.
No quería aprender a cuidar mi imagen en realidad no me importaba tanto. Ya me escaparía antes o después.
– Hoy, antes de que te acuestes, te parecerás más al diseño contratado para tu imagen. Y además te va a gustar. Ya lo verás.
“Nunca lo aceptare”. Pensé. “Nunca”. Raquel me sacó de mi habitación. Me cogió de la mano pero yo me libere enojado. Mirándola con mucho odio. Ella se limito a sonreírme algo que me dio mucha mas bronca. Me llevo a otro recinto dentro de la misma planta.
– No, no – me dijo en cuanto empecé a andar – No lo hagas así camina como mujer tienes que mover las caderas…
Se quedó un momento mirándome. Sonrió al ver mi cara sin expresión. Me volvió a coger la mano y la apretó con un gesto cariñoso pero yo me solté no quería que me tenga lastima ni agradecerle nada.
No podía evitar sentirme ridículo hasta la médula vestido con un pijama de hospital y sandalias.
– Natalia, cariño. Mueve las nalgas.Ya sé que no te gusta, pero debes hacerlo
Suspiré y lo intenté como me decía. Lo hice para que me dejara de molestar.
Pasamos por delante de tres habitaciones similares a la mía llegamos a otra puerta exactamente igual que las anteriores, salvo que estaba en el lado del pasillo opuesto. Estaba cerrada con llave, que Raquel abrió. El interior estaba oscuro, ya que era una habitación sin ventanas. Raquel alcanzó el interruptor y pude ver lo que había. Un tocador con iluminación propia y una camilla con varios instrumentos cosméticos en un mueble a su lado.
– Hemos venido aquí para otra cosa. Aquí es donde vas a aprender a cuidar tu aspecto físico, especialmente tu maquillaje pero también poses y posturas.
Cada palabra me hacia sentir una triste desesperación. Y cuando me sentó delante del espejo volví a ver ese rostro que a la vez era mío y no lo era.
Un rostro que ya odiaba.
El óvalo facial sí que parecía mío, aunque la barbilla era más fina. La nariz recta, antes había sido mas grande. Mi pelo ahora era más rubio de lo que yo antes lo había tenido.
Mis ojos eran más grandes y más como de gato pero eran míos reconocí mi color de ojos verdes y por encima de ellos, unas cejas llenas de pelos, como siempre las había tenido. Raquel tomo una pinza para depilar.
– Te voy a depilar las cejas.
– No. No quiero.
– Tranquilízate o llamo a los enfermeros. El cliente te pidió con cejas finas.
“Maldito cliente – Pensé – No podrá dejarme algo mío”. Yo antes había sido gordo. Ahora era una mujer súper delgada.
Tal vez habían usado mi grasa para hacerme esos pechos. Por lo menos mi estatura la habían respetado. Yo media un metro setenta y cinco no me sentía mas bajo. Me tuve que tranquilizar Raquel empezó a depilarme las cejas quedaron arqueadas y finas.
– Ahora procederé a maquillarte.
Tras esas palabras, me inclinó hacia atrás en la butaca en que estaba sentado. Una luz directa me forzaba a tener los ojos cerrados casi continuamente. Poco tiempo después, sentí sus manos sobre mi rostro.
– Bueno, ya está – dijo, tras un suplicio que pareció eterno – Mírate y dime lo que te parece.
Abrí los ojos con una mezcla de precaución. El rostro de esa mujer parecía el de una modelo. No me gusto. Nunca lo aceptaría.
Esa mujer era sexy y a la vez natural no me reconocí.
Raquel dijo.
-¿Te gusta?.
No le conteste.
– Dime cariño si te gusta.
– ¿No se supone que soy un esclavo? Desde cuando los esclavos tenemos derecho a algo Señora.
La mire con mucha bronca.
– Pero no eres una esclava.
– Entonces si no soy esclava puedo irme cuando se me de la gana señora.
– Cuando termines el tratamiento te podrás ir. – Después se echo a reír – Pero no me trates de Señora me llamo Raquel quiero ser tu amiga.
Intento abrasarme pero la evite como si fuera una víbora.
– Yo nunca voy a ser amiga suya Señora. – Le dije recalcando el “Señora”. – Yo no voy a parar hasta hacerles pagar el daño que me han hecho.
– Pero no es así Natalia. Espero que en el futuro cambies de idea. – Dijo sin darle importancia a mi amenaza. – Mañana, después de la peluquería, tendrás que empezar las clases de maquillaje. Ahora es tarde y han sido suficiente bombardeo de información para un día.

Alejandra Parte I

Mi padre nunca se dio cuenta de lo que sucedía. Yo ya me había dado cuenta que el era un perverso, lo había encontrado algunas veces viendo pornografía transgénero por internet. En otras ocaciones viajando por Avenida Insurgentes en la noche, me hacía comentarios de su atracción por las “chicas” que ofrecen su cuerpo al mejor postor.
El no sabía que también me gustaban y que mejor aún, las envidiaba, por estar así, tan bellas, en minifaldas de bellos colores, con sus senos artificiales prácticamente al descubierto y arriba de esas hermosas zapatillas con tacón de aguja, tan seductoras y exitantes.
Yo daría lo que fuera por haber estado en el lugar de alguna de ellas, me encantaba pensar en historias en mi mente.
-Hola muñeca, eres hermosa!.
-Gracias que lindo bombon, para mi es un placer ayudarte, que necesitas?.
-A ti linda, muero por darte mi instrumento.
-Ay nene, que rico me sabe hacerlo, estoy a tus órdenes.
-Sube, pagaré lo que sea.
Irme con aquellas lindura de hombre y sentir el placer de sentirme una mujer en todos los sentidos.

Mamá es una bella mujer, no entendía por que a papá le gustaban tanto esas beldades transgénero. Mamá siempre se cuidó bastante, es hermosa, luce siempre un cuerpo perfecto y nuca descuida su arreglo, podría decirse que es una de las mujeres mas bellas que he visto.

Cuando yo tenía 13 años, cierto día vi a mis papás cogiendo delicioso en la sala de mi casa, pensaban que dormía y nunca se dieron cuanta de que los espiaba detrás de una puerta.
-Valeria, tengo muchas ganas de hacerte el amor.
-Mmmm, que bien suena eso, me encantaría, y más si fueras un poco sucio.
-Que maravilla, amor, tus deseos son órdenes.
Papá tomó a mamá del cabello y le dijo:
-Empieza por chuparme la verga Valeria, se una linda lame huevos.
-Mmm, a eso me refería cuando te dije que fueras sucio.
-Callate perra y haz lo que te digo!.
Mamá le desabrochó hábilmente el pantalóna papá, sacó su pene, que por cierto, ese día me di cuanta de que era muy grande y empezó a lamerlo con tal desesperación que parecía que no lo había hecho en años. Metía y sacaba el pene de papá de su boca, lo recorría con la lengua y ponía especial empeño en el glande y los testículos

Por robar termine esclavo de mi ama y transexual

Todo comenzó siendo de 14 años, solía jugar al futbol en el patio de mi casa. Por ese entonces había algo nuevo en mi, se despertaba el deseo sexual de experimentar lo que sentían las mujeres al colocarse panty medias, deseaba saber que se sentía con el roce de aquella fina tela sobre mis muslos, la curiosidad se acentuaba cada vez más, de vez en cuando me masturbaba con unas medias de mi mamá o de mi abuela que dejaban sucia en el canasto del baño. Así pasó el tiempo y cierto día jugando en el aquel lugar pude ver que en el patio de la vecina habían una medias colgadas en la soga de la ropa, me llamaron la atención el color y la textura, ya que no eran como las que acostumbraba a usar de mi mamá o la abuela; de repente sentí un escalofrió y la necesidad de saltar el muro y robarlas, pero estaba latente el temor por sí me descubrían al hacerlo, en un momento recobre fuerzas y sin pensarlo salte y rápidamente me acerque a la soga y tome las medias y rápidamente de un brinco volví a mi casa. Corrí a mi cuarto me senté sobre la cama y comencé a observar lo que tenía en las manos, eran fabulosas de un color azul Francia y con dibujos en forma de hojas, aparte de ser gruesas en sus textura que no dejaban ver las manos a través de ellas; nunca hasta ese momento había logrado tener algo parecido y no veía el momento de colocármelas y terminar masturbándome con ellas cuantas veces pudiera hasta dormirme y quedar exhausto por el acto sexual. Llegando la noche ya en mi cuarto sólo y todos en la casa dormidos comencé por sacarlas del escondite secreto y a colocármelas, en la medida que cubrían mis pies y mis tobillos y hasta los muslos para luego llegar a la cintura la excitación hacía que mi cuerpo temblara y una vez colocadas termine acabando sin ni siquiera tocarme, nunca había experimentado tal cosa, creo que fue todo lo ocurrido ese día que ayudo a que explotase con un orgasmo genial. Dentro del cuarto camine desfilando mis piernas y dejaba que se reflejaran sobre el espejo, eran tan gruesas y cómodas que no podía ver el color de la piel todo era azul Francia, así fue que hasta llegar a la cama me cubrí con las sabanas y acolchado para luego dejar que el roce de la tela me vuelva a excitar y lograr acabar nuevamente varias veces hasta dormirme felizmente cansado.
Fue el despertar de una noche genial que al ver el sol del nuevo día, escondí mi tesoro y me fui a desayunar, a la media mañana mi madre me pidió que hiciera algunas compras y yo accedí; salí contento de mi casa y comencé a realizar los que me habían pedido; al salir del tercer negocio que perplejo al ver que venía hacia a mí la vecina, es decir la dueña de aquellas hermosas panty medias azul Francia, no pude verlas a los ojos y mucho menos saldarla pero ella se acerco y me dijo con voz baja cerca del oído…así que ahora robas. Yo me quede helado y sentí que el corazón se paro y no logre pronunciar palabra, pero ella no se quedo atrás y me volvió a decir…esto tiene un alto precio por el silencio de mi boca. Ahora solo atine a balbucear y entrecortado le dije que no entendía lo que me decía…¡para que! exploto en ira y acercándose de nuevo a mí me dijo…mentiroso y ladrón. Por un momento muchísimas imágenes se cruzaron por mi mente y en la confusión me sentí descubierto y medio lagrimeando entrecortadamente le dije perdón. Ahí la situación cambio y su semblante también ya más tranquila a causa de la confirmación de mi error me dijo suavemente y dulcemente al oído…hoy en la tarde te espero en mi casa con las medias que me robaste y si no venís te vas a arrepentir. Y se alejo.
Toda la felicidad y excitación que tenía de los hechos de la noche anterior se esfumaron de repente y se apoderó de mi el temor y la confusión, no sabía que hacer y mucho menos como enmendar el error y comencé a sentir una culpa grandísima que me dieron ganas de llorar, así que llegando a casa me refugié en mi cuarto y no pude almorzar del miedo que sentía al recordar todo lo que me dijo mi vecina. Se me cruzaron muchas ideas pero el tiempo paso y con él la tarde hasta que inesperadamente sonó el teléfono atendió mi madre y paso lo peor mi vecina deseaba hablar conmigo y llamándome mi mamá me acerque y ella me dijo…no te habrás metido en problemas… ¡no!. Yo muy rápidamente le asentí con la cabeza que no y atendí muy cordialmente y escuché atentamente mientras me decía… ¡Ya te quiero acá! No pude negarme y convenciendo a mi madre de que la ayudaría con unas cosas pesadas enfile para su casa.
Al llegar a la puerta ella me estaba esperando y me abrió para que pasara, me recibió muy cordialmente y me pidió que tomara asiento, yo quise pedirles disculpas y ella me dijo que me callará que ahora le tocaba hablar a ella y a mi obedecerle sin chistar, de lo contrario todos se enterarían de lo ocurrido. ¿Ante tal escenario que podía hacer?
Ella estaba maquillada y con el pelo recogido y con una bata que solo le dejaban ver unos zapatos de cuero que más tarde me di cuenta que eran botas. ¡Mientras comenzó a decir!..ya que te gustan las prendas femeninas y que las que te robaste son muy finas y costosas las tendrás que pagar con acciones placenteras. Entonces se paso frente a mí y quitándose la bata que la cubría quedo al descubierto su cuerpo bien formado y un traje de cuero, corset y en las piernas medias pero eran con ligas todo en color negro además de las botas, y me dijo ahora me vas a obedecer solamente a mí y sabrás que siente una verdadera mujer. En medio de tanta cosa, los pensamiento entrecruzados, la incertidumbre, el temor y esta situación que estaba viviendo opte por dejarme guiar por sus palabras y obedecerle, ya que otra no tenía. Con voz firme me pidió que me desvistiera, yo a esa edad tenía un cuerpo bien formado y delgado y como ella dijo asentí y me saque toda la ropa, me pidió que pasará a otra habitación y pude ver que había una camilla y en una mesa todas las cosas que usan las mujeres para depilarse ahí logre darme cuenta lo que seguía y en unas dos hora y medias con liquido y cremas, no tenía ningún pelo sobre el cuerpo.
Pasado ese tiempo me dijo ya es tarde así que mañana volves a la misma hora…escuchaste. Y asentí con la cabeza y en silencio. En mi casa ni una palabra pero estaba muy confundido y tenía muchas emociones y pensamientos encontrados. Al otro día estaba ahí y ella recibiéndome me dijo hoy es tu día y me llamo con el nombre de Daniela, me ordeno entrar en un cuarto que estaba lleno de ropa y me dijo que me colocara todas las prendas que estaban sobre la cama, un body una bombachita con medias ligas y zapatos todo en color blanco también me maquillo y me coloco una peluca, al verme en el espejo parecía una niña mas y ella exclamo esto es lo que querías y yo lo voy a disfrutar… por robar terminaste esclavo de mis deseos. Me ordeno colocarme en cuatro patas sobre la cama y me bajo la bombachita diminuta y comenzó con cremas a untarme mi agujerito y de repente un dedo penetro mi ano virgen y ella decía…esto hay que abrirlo un poco para que reciba algo grande; hasta que coloco tres dedos y presionaba con fuerza, mientras yo lloraba del dolor y ella reía y exclamaba un poco más mi amorcito que así se forman las mujeres en la cama.
No aguantaba más hasta que se detuvo y atándome a la cama con un collar me dejo así con el culo al aire apago la luz y se fue, paso el tiempo y al rato volvió pero no sola, se abrió la puerta prendió la luz y entro ella con otra persona y dijo…esta es la niña que te comente que desea ser una mujer completa ahí esta para que la desvirgues, al ver quien era se llamaba Roque un vecino del barrio, un negro de casi 2 metros de altura y con un pene entre las piernas que comencé a rezar. El lleno de emoción dijo: que putita hermosa me conseguiste hoy…y besándome la cola y acariciándome el cuerpo comenzó su acto, ella aprovecho para chuparle la pija y dejarla bien paradita y El unto mi anito con saliva y crema, también me introdujo hasta dos dedos y le dijo a ella, deja ahora a Daniela que pruebe el sabor de una buena pija, es verdad tenía un sabor salado intenso pero aceptable y una vez que estaba listo me dio vueltas y comenzó desde atrás a querer entrar en mí
Que dolor insoportable yo gritaba y ella me tapaba la boca y le ordenaba a él que siguiera hasta que me hiciera mujer, no sé cómo pero con mucha fuerza entro la cabeza de aquella cosa enorme y sentí que en mi ano algo se rompió, después del sangrado intenso me di cuenta que me había desgarrado. Fue una bestia él y también ella, además yo me desmalle del sufrimiento y al despertar estaba ahí recostado sobre la cama y ella colocándome una crema cicatrizante. Ya repuesto me ordena que me descambiara y que esperara su llamado, que esto recién empezaba.
Así fue pasaron dos semanas, yo ya estaba algo inquieto por todo lo ocurrido, en las noches recordaba lo ocurrido y al excitarme terminaba masturbándome pensando el Roque y su hermosa verga. Una tarde ella me llamo ordenándome que fuera y al entrar desesperadamente me desvistió y me dijo que ya me colocara la ropa que tenia sobre la mesa del comedor, era un traje corset con medias ligas y una tanga diminuta que alcanzaba para tapar mi pene y unos zapatos todo en color rojo y detalles negros. Luego pasamos al otro cuarto y fue mi sorpresa había dos mujeres o no hombre, no eran travestis, yo en ese entonces no conocía bien esto pero con el tiempo fui aprendiendo. Ella ahora mi ama, les ordeno que me tomaran e hicieran lo que desearan, y así fue esa tarde recibí de adelante y atrás. Una travesti era rubia y la otra más tirando a morena, las dos comenzaron a acariciarme besarme y mientras la morena me daba su pija para chuparla la otra se acomodaba detrás mío y untándome comenzó a penetrarme, el pene que tenia no era tan grande así que fue entrando y también yo disfrute esta cogida, ahora si me sentía más cómodo o cómoda mejor dicho y mientras me embestía por la cola la otra acabo en mi boca y pude saborear todo su semen tragándome hasta la última gota, después intercambiaron lugares y otra vez volví a recibir el néctar de ellas por delante y por detrás en abundancia que me chorreaba por la comisuras de la boca y por el ano.
Mi ama quedo satisfecha y echando a las travestis me ordeno que la lamiera hasta que logró terminar en un orgasmo intenso….
Esta es la primera historia de cómo comencé a ser esclavo de mi ama, fue tal su accionar en mí que hoy entra por mi cola dos puños…pero esa es otra historia.

Nuevas y Bellas emociones III

En estos momentos me encuentro desnudo. Me siento fresco, oloroso, libre… aún puedo sentir como permanecen en mí restos de una relajante ducha, los cuales se manifiestan en forma de pequeñas gotas que van recorriendo mi espalda hasta desaparecer a través de ella o bien se deslizan por mi bajo vientre perdiéndose entre mi recortado vello púbico.

Desde donde escribo puedo observar como Marcela, tras un pasional intercambio de caricias, adorna con su desnudez el desordenado estado en el que han quedado las sábanas. Donde el sexo sin límites y sin tabúes ha culminado, como respuesta a nuestra entrega, con la presencia del deseado orgasmo. Manifestándose en forma de una indefinible e intensa explosión de placer, la cual la hemos exteriorizado con fuertes gemidos cargados de gozo.

Me excita jugar un papel activo en la relación sexual. Al margen de que me guste proporcionar placer, encuentro en ello la forma más sincera de agradecer a esa persona que me haya elegido para compartir, con él o ella, esos momentos de pasión. Convirtiéndose cada nuevo roce, cada beso o cada orgasmo en una especie de “ofrenda” de sentimientos y caricias que en esos momentos tan especiales emanan de lo más profundo del alma y cuya finalidad es unirlos, sin prisas y con lo mejor de nosotros mismos al clímax de quien en esos momentos se encuentre, en éste caso, conmigo. Ya sea hombre o mujer. Convirtiéndolo todo en una mezcla de nuevas y bellas emociones.

El despertar

¿Sabes lector@? Jamás pensé que llegaría a mantener una relación gay , cuando siempre me sentí atraído por las mujeres (leer “Nuevas y bellas emociones” 1 y 2)Sin embargo no me fue fácil aceptar la atracción hacia mi nueva pareja. Andaba como un nómada, vagabundeaba sin rumbo entre mis contradicciones y sentimientos más reprimidos. Al mismo tiempo que necesitaba manifestar ese deseo ardiente y que yo mismo me prohibía hacia Walter. Él no sólo me tendió la mano de un amigo, sino la de un amante dispuesto a sacarme del pozo del temor y la autorepresión producido por una educción basada en la religión y el pecado y que posteriormente se traducía en doble moral, pero que psicológicamente me habían hecho mucho daño. Él también anhelaba el fin de mi conflicto interior, puesto que éste de alguna manera también le vetaba el derecho a amar.

Yo soy tu cama, tu suelo

Soy tu guacal

En el que te derramás sin perderte

Porque yo soy tu semilla

y la guardo.

(Gioconda Belli)

El placer que experimentaba a al sentir mi sexo erecto como consecuencia de las caricias que mi cuerpo recibía por primera vez procedente de unos labios y una lengua masculina, el estar penetrado por mi hombre sintiéndolo gozar dentro de mí o el saborear el jugo de su verga dentro de mi boca… fueron sensaciones a las que hasta ese momento yo había permanecido ajeno, y que sin lugar a dudas se me hicieron necesarias. Así que una vez que se derrumbó el muro de mis temores comenzamos a andar desnudos por un camino desconocido para mí y que tan sólo él me podía enseñar, y que conducía a un nuevo lugar donde se desatarían las pasiones más reprimidas y los deseos más ocultos y al mismo tiempo encontrados, donde el placer se encargaría de llegar a ambos a través de infinidad de caricias y que en mí llegaron a liberarse en un nuevo lecho y con una nueva pareja. Descubriendo una nueva forma de amar que no difería mucho del que llevaba con una mujer, sólo que en esta ocasión mi pareja era una persona de mi mismo sexo.

Siento un viento cosquilleo

cuando estamos juntos

quisiera convertirme en risa,

llena de gozo

retozar en playas de ternura y

recién descubiertas

(Gioconda Belli)

Noté como mis sentimientos reprimidos dejaron de estarlo. Comenzando en mí una nueva forma de entender el sexo, alejada del espectro de la culpa. Bajo el cual me era imposible amar a alguien de igual sexo .Ambos éramos conscientes de que nuestra relación sería breve en el espacio pero imborrable en el tiempo. Por eso no s amamos hasta el último momento de mi estancia en su país. Siempre lo recordaré como mi primer hombre, mi amigo., el amante que me enseñó los rincones más secretos de una relación gay. Sus besos, sus palabras llenas de ternura y convicción me liberaron de las cadenas de la culpabilidad. Mientras que esa unión llevada a cabo en nuestros encuentros sexuales fue el bálsamo que sanaría las heridas que dañaron mi alma.

En estos días secos

En que la ausencia duele

Y agrieta la piel,

El agua sale de mis ojos

Llena de tu recuerdo

A refrescar la aridez de mi cuerpo

Tan vacio y tan lleno de vos.

(Gioconda belli)

Tras mi separación de Walter se me hacía difícil adecuarme a la rutina diaria del trabajo reflexionaba sobre mi experiencia. No sabía si ésta supondría un acontecimiento puntual en mi vida o por el contrario aún permanecería en mí latente la condición de heterosexual. Esas dudas no tardaron en disiparse al estrecharse mi amistad con María (Leer la “Fantasía de María” I y II) Dada la necesidad que ambos teníamos de encontrar a alguien con quién hablar hizo que ambos nos reencontráramos con el sexo uniéndose también su marido. Ésta nueva relación supuso para mí un nuevo contacto con ambos sexos especialmente el femenino. Mientras que para ellos significó el renacer de una relación que adoptaría para ellos un carácter más liberal.

Marcela

Todo sucedió cuando casualmente descubrí una librería perdida en un barrio antiguo de la ciudad. No tardé en frecuentarla con asiduidad, no sólo por el aspecto bohemio que presentaba, sino porque los volúmenes que descansaban sobre las viejas estanterías intentaban huir del carácter excesivamente comercial, ofreciendo al lector la posibilidad de reencontrarse en ellas con títulos descatalogados. Sin embargo lo que más me atrajo de ese “pequeño antro de sabiduría” fue la persona que lo regentaba. Una hermosa mujer de unos treinta y cuatro años aproximadamente. Alta con unos senos medianamente abundantes y caderas redondeadas, cuya femineidad se complementaba con una exótica sensualidad.

Frecuenté con tanta asiduidad la librería que mis lazos con Marcela se fueron estrechando de tal forma que paulatinamente fuimos apartando los temas literarios para acercarlos más a los del alma.

Una tarde mientras tomábamos un café me hizo una confesión:

-Quiero que sepas – me dijo mientras daba un sorbo a la taza- que a pesar de mi aspecto femenino nací varón. Sí, mi sexo es el de un chico. Desde que tuve uso de razón quise ser mujer. Mi fuerza, mis ademanes y mi actitud eran de niña. Yo era muy hembra. Tan hembra me sentía, que ya me gustaba el maquillaje y los brasieres. No podía ver a los hombres porque me erizaba la piel. Ahí comenzó mi vida de travesti. Pero debía de pasar mucho tiempo antes de que definitivamente pudiera “salir del armario”. La primera vez que me fui a la cama con mi primer novio me entregué como una mujer por primera vez deseosa de un hombre. Posteriormente tuve otras experiencias que pudieron acaba en matrimonio. Una vez en Barranquilla conocí a un teniente retirado. Casado y padre de dos hijos con quién sostuve un romance muy puro. ¿Sabes? Antes de convertirme en mujer era un hombre muy femenino. No quiero tener una vagina artificial, por eso no me he operado. Además el pene es el gran secreto que tenemos los travestis para complacer a los hombres. ¿O no te gustan las mujeres con sorpresa?

– Agradezco que me hayas confiado tu secreto. Sin embargo tu sexo no tiene que ser un obstáculo para la persona que realmente quiera estar contigo. ¿Y nunca has deseado estar con una mujer? –le pregunté con un poco de morbo-

– Es la eterna pregunta que nos hacen a los travestis. Siempre me han gustado los hombres, me siento mujer, soy una mujer. Pero nunca se sabe no se puede decir que no a nada. Si me acostara con una mujer tendría que atraerme muchísimo y volver a despertar en mí ese “instinto masculino”.

Estaba totalmente hechizado conversando con ella, cuando inoportunamente timbró el celular. Cambiando totalmente su estado de ánimo, encolerizándose como el peor de los mortales…

– ¿cómo es que necesitas dinero? ¿Qué te has creído? No te voy a mantener siempre ¿oíste? Bueno… si es así… ¿Nos veremos esta noche?

En ese momento quise saber el secreto de su interlocutor para apaciguar su cólera y someterla a su voluntad en tan breve espacio de tiempo.

Al día siguiente Marcela desapareció se fue sin decir nada, dejando atrás sus libros descatalogados, nuestras confesiones y especialmente sembrando en mí una un deseo inalcanzable de tenerla entre mis brazos. Pensé que sería una escapada de dos días sin embargo habían transcurrido casi algo más de dos semanas y no sabía nada de ella hasta que una timbrada del celular me sorprendió al escuchar su voz.

Estoy en casa llegué esta mañana. ¿Por qué no te vienes para acá y celebramos mi regreso?

Estaba aún sorprendido así que me alisté rápidamente y me dirigí a su casa. Cuando llegué me abrió la puerta envuelta en un kimono de seda el cual le cubría hasta la mitad del muslo. Dejándole al descubierto sus largas y bellas piernas. Y Su cabello

Largo y sedoso se lo había recortado hasta llegarle por encima de los hombros. No pudimos evitar abrazarnos permaneciendo así durante unos largos segundos.

Sentémonos –me sugirió-, aún es pronto para cenar.

-¿Dónde has estado durante todo éste tiempo? Estaba ya preocupado.

– Me alejé de todos y de todo. Me refugié en una casita cerca del mar.

-Yo pensé que estabas con tu novio.

-Ah! No, lo dejamos. Es verdad que es un animal sexual, pero ya la relación se deterioró.

Tras una pausa nuestras miradas se encontraron e inevitablemente nuestros labios y nuestras lenguas se buscaron para encontrarse dentro de su boca.

-Ven – Me dijo- Y tomándome de la mano me condujo hacia su dormitorio, cuya cama estaba cubierta por un manto de pétalos de rosa e iluminado por la débil luz de unas velas las cuales transmitía el aroma de la pasión y del sexo. Al desprenderse de su kimono dejó al descubierto sus senos tersos, firmes y no excesivamente voluminosos, pero muy femeninos. Mientras que de un extremo de su diminuta tanga, de la que se desprendió rápidamente, se salía su verga desnuda y erecta.

Cuando nuestros cuerpos desnudos se encontraron sobre el lecho de rosas no demoramos en abrazarnos nuevamente. Yo sentía una especie de excitación al sentir el roce de mi verga erecta con la suya. Me encontraba cargado de energía y mi excitación aumentaba puesto que sentía que ambos respondíamos a nuestros preliminares. Le succionaba las orejas subiendo y bajando mi lengua por su cuello, mientras que mis labios descendieron hasta sus pezones erectos, duros y rosados mordiéndoselos, tirando de ellos con mis dientes y chupándoselos. Abarcando con mi boca todo lo que dentro de ella me podía entrar de sus pechos… Bajé por el ombligo hasta encontrarme con su verga totalmente erecta y mojada por el líquido preseminal. No dudé en introducírmela hasta el fondo de mi boca reteniéndola dentro de ella durante algunos segundos. Regresando desde la base de su miembro hasta encontrarme con la cabeza de su glande. Succionándolo y lamiéndolo procurando que mis mamadas fuesen lentas y suaves, sin tener prisas… puesto que quería proporcionarle una sensación de placer y relajación. Buscando el disfrute de ese momento donde el contacto de mis labios y mi lengua con su glande humedecido por mi saliva y sus jugos le estaban haciendo gozar. Procurando que esa sensación de placer que precede al orgasmo se prolongase el mayor tiempo posible demorando así la eyaculación.

A veces, esas veces,

me gusta la ternura femenina

de tu ser masculino.

Tu tacto, tu sudor, tu saliva.

Me gusta el fluido que viertes sobre mí,

el que empaña mi vista, llena mi boca

y acaricia mi cuello

el que riega mi pecho

en goteo lento y gozoso, el que desoye y empapa la sábana

y también

el que penetra por dentro,

el que guardo y retengo sólo para mí.

(Olga Lucas)

-Cielo, eso está rico… cuidado que llevo casi dos semanas sin tener sexo… ¡Ahhh!…Lo siento…qué riquísimo…

Al observar que se corría aumenté el ritmo de mis mamadas para que definitivamente llegase hasta el final.

-Lo siento… Esas fueron sus últimas palabras antes de eyacular emitiendo un tremendo gemido e inundando el interior de mi boca con una enorme cantidad de espeso y cálido semen.

¡Lo siento!…pero ha sido tan rico.

-No tienes por qué disculparte, eso que tenemos dentro hay que expulsarlo y si lo haces con placer mucho mejor. Yo también he disfrutado al ver como gritabas y te corrías dentro de mi boca. Soy feliz, porque al saborear tu verga has disfrutado hasta tener un orgasmo.

Se acercó a mí y con su lengua lamió los restos de su semen que aún permanecían en mis labios.

-Me alegro de que no sientas asco de algo que forma parte de mí, especialmente si ha salido gracias a tus mamadas… ahora Vas a ver lo que una hembra es capaz de hacer… y diciendo eso empezó a deslizar suavemente su lengua desde un lado a otro de mis testículos. Metiéndoselos todos en la boca, haciéndolo despacio para no hacerme daño. Lo alternaba introduciéndose toda mi verga con un movimiento de arriba abajo deteniéndose en el glande para lamerlo y volviendo a deslizar nuevamente su boca a lo largo de mi sexo. Volviendo a chupar mis testículos tragándoselos y engulléndolos. Después me colocó un cojín bajo la zona lumbar y empezó sin prisas a deslizar su lengua desde el ano hasta encontrarse de nuevo con mis huevos. La sensación era mágica, electrizante, indefinible…. No existían las palabras, puesto que la misma necesidad de gozar y hacer gozar nos llevaban a cambiar de posturas…Me coloqué a cuatro patas e inesperadamente sentí recorrer su cálida lengua alrededor de mi orificio anal. Escupiendo para lamer su propia saliva que resbalaba a través él. Así continuaba proporcionándome un riquísimo beso negro mientras que una de sus manos, mojada en saliva, agarraba mi verga amasándola y masajeándola. Haciéndome imposible ante tanto placer contener mi leche, la cual acabó embarrando la mano con la que ella me pajeaba. En ese momento de éxtasis me desplomé boca abajo, porque el placer del orgasmo unido al de la lengua acariciando mi ano, no se, pero sentí que se me multiplicó haciendo incontenible la eyaculación.

-Vamos a compartirlo – me dijo- y ambos empezamos a lamer y a chupar mi semen que se deslizaba por entre sus dedos y que cubría la palma de su mano.

-Ahora quiero volver a ponértela grande, mi amor. Y metiéndose mi sexo, ya flácido y mojado de semen, empezó a chuparla y a lamerla deslizando su lengua desde la cabeza a la unión del frenillo con el glande. Y continuando boca arriba me lubrico el ano introduciéndome dos dedos hasta que consideró oportuno penetrarme. Cuando al fin lo hizo la sentía rico dentro de mí. Me ponía caliente escucharla gemir cada vez que empujaba su verga.

-Vamos a corrernos juntos, aguanta como un hombre –decía a medida que su respiración se aceleraba. Te aviso cuando me venga la leche…

Los dos estábamos disfrutando, ella al penetrarme y yo no sólo por el hecho de sentir el placer que ella me estaba proporcionando sino porque al mismo tiempo yo me masturbaba..

¡¡Papi, ya me vengo, me corroo!!!

Y deshaciéndose del preservativo empezó a masturbarse metiéndome su verga en la boca cuando ya su jugo empezó a salir, disfrutando y sintiendo el orgasmo con los ojos cerrados gritó de placer. Recogiendo con su lengua su recién expulsado semen, que resbalaba por mis labios, ya en forma de unas reducidas gotas al mismo tiempo que yo también había sentido la llegada del orgasmo, puesto que me corrí al mismo tiempo que ella. Los dos nos desplomamos rendidos y al cabo de unos minutos nos dirigimos a la ducha donde ambos salimos de allí con las vergas erectas, puesto que no pudimos evitar besarnos bajo el agua tibia de la regadera. Súper caliente por el momento me arrodillé para chuparle su sexo. Era una experiencia rica como el agua descendía por mi cuerpo mientras ella empujaba su verga dentro de mi boca como si fuese ésta mi culo.. . Nuestras vergas estaban erectas y sin secarnos se colocó a cuatro patas porque quería que le comiera todo el culo. Así permanecí durante un gran rato haciéndole lo mismo que ella me había hecho con anterioridad. Hasta que me dijo:

-¡Papi métemela ya! -quedando mi verga atrapada entre sus glúteos…

-Tócame las tetas, pellízcame los pezones… soy tu hembra ¿verdad?

Mientras la penetraba ella se masturbaba…, demorábamos ambos en corrernos, puesto que ya lo habíamos hecho con anterioridad y a penas nos quedaba semen. Sin embargo intentamos volverlo a hacer juntos. Como así fue. Yo deposité mi semen entre sus tetas y el ella quedó derramado entre las sábanas.

Esta historia así como todo el contenido del relato es verdad, tan solo cambia los nombres. Quisiera saber si os ha gustado a igual que si queréis escribir. Lo pasamos muy bien, nos conocemos, sabemos lo que nos gusta y ella no descarta hacerlo alguna vez con una mujer. Somos amigos con derecho a cama, no somos pareja, pero queremos practicar el sexo con personas que realmente quieran disfrutarlo con respeto y sinceridad, por eso nos gustaría hacer un trío con un chico o con una chica o incluso hacer el amor con una pareja U otro travesti.

Encuentroeneltropico.

encuetroeneltropico@hotmail.com