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Negras intenciones

Hola! Otra vez estoy aquí para escribirles un relato nuevo. Lo que les voy a contar le sucedió a un amigo de Nigeria al que conocí hace poco en un chat en inglés y que tuvo que huir de los Estados Unidos por las “travesuras” que andaba haciendo en ese país. Esta es su historia y espero que les excite tanto como a mí 😉
“Hola Susy, como te prometí el día que platicamos en el chat te escribo para contarte lo que me pasó hace muy poco en los Estados Unidos, en una pequeña población del Estado de Vermont en la Costa Este de ese país. En mi país Nigeria la situación económica es muy mala y mi trabajo como burócrata no dejaba lo suficiente para mantener a mi esposa y tres hijos, así que a mis 30 años y con ayuda de algunos primos que ya vivían en aquél país entré a Estados Unidos como inmigrante ilegal y lo más que pude conseguir fue un trabajo como afanador en un prestigiado colegio de niñas.
En este colegio se imparte lo que ellos llaman educación “elementary” por lo que asisten niñas de 6 a 14 años de edad de las mejores familias de esa región del país y algunos Estados vecinos. Ahí se maneja es sistema de semi-internado para las niñas de hasta 11 años y de internado completo para las que tienen 12 años en adelante por lo que éstas ocupan el colegio todo el año salvo en los períodos vacacionales. Hasta que llegué a ese país yo no había visto de cerca a niñas blancas y por alguna razón que desconozco se me despertó un profundo interés sexual por ellas. Seguramente pensarás que soy un pervertido y quizá si lo sea, pero te confieso que la atracción por ellas me nació en forma involuntaria pero muy poderosa. Su blanca piel como la leche, rosada en algunas partes, los expresivos y alegres ojos azules y las hermosas y sedosas cabelleras rubias me conquistaron de inmediato.
Las niñas que más me atraían eran las de 10 a 14 años y en ese rango habría unas 200 o 250 niñas por lo que era difícil elegir a una como preferida pues en todas encontraba algo en especial que me gustaba, y por supuesto yo debía de ser muy cauteloso y guardar mi distancia con ellas pero cada vez que me fuera posible al hacer mi trabajo o en mis ratos de ocio buscaba la manera de observar a estas linduras, ya fuera mientras realizaban sus actividades escolares diarias o en sus dormitorios, ya que con el pretexto de apoyar a mis compañeros de trabajo a quienes les habían sido asignadas esas áreas también podía ingresar a éstas, por ello tenía acceso autorizado a las llaves maestras de todo el colegio.
En una ocasión en que limpiaba los pisos del bloque “C”, y mientras las chicas realizaban sus prácticas deportivas en el gimnasio, me introduje al dormitorio que compartían dos de ellas y con gran ansiedad comencé a hurgar entre los cajones procurando no revolver sus cosas. Muy nervioso pero igualmente excitado dediqué algunos instantes a esta labor pero de repente me percaté de que sobre las camas había algunas prendas recién usadas y dejadas ahí así nada más, así que tomé una de ellas y la metí en mi bolsillo para salir rápidamente del cuarto y seguir con mi trabajo. Por la noche y ya en mi cuarto saqué mi botín de su escondite, me desnudé completamente y parado frente al espejo del baño comencé a olfatear la preciosa y delicada prenda con la avidez de un perro.
La prenda de color blanco tenía un corte tipo bikini elaborada en tela de satín y su aroma era glorioso, a frescura, a néctar de nínfa, a niña pre-adolescente! Luego llevé el bikini directamente a mi verga y comence a frotarla ahí delicadamente. La suavidad de la tela provocó que mi miembro creciera al máximo hasta alcanzar sin problema la totalidad de sus 18 centímetros. Luego, imaginando que solo unas horas antes el bikini había estado cubriendo el pequeño “pussy” de su propietaria, la sangre se me fue a la cabeza y con gran rapidez me masturbé hasta que mi negra verga explotó en chorros de semen sobre el lavabo del baño. Sólo en mis días adolescentes había experimentado una potencia tan grande como en ese momento. Me volvía a vestir y para no dejar huellas bajé hasta el sótano para arrojar la prenda dentro de las calderas, donde desapareció casi de inmediato con la fuerza del fuego.
Luego de eso mi deseo hacia las niñas tomó una fuerza indescriptible pero con gran dificultad de mi parte supe contenerme, pues sabía que en ese país las penas son extremadamente duras para los que osan siquiera posar sus ojos en las menores de edad. Pero dice el refrán que “quien busca encuentra” y para mi buena fortuna esto se hizo realidad para mí.
Como debía buscar la manera de desahogar mis ansias, una forma que encontré era metiéndome por las noches a los baños de las niñas para masturbarme ahí. Tenía muchos para elegir pues en cada bloque había baños con grupos de cinco casetas o cabinas cada uno. Una noche en que me encontraba haciendo lo mío en los baños del bloque “B” escuché cómo alguien, sin encender la luz, abría la puerta y entraba a la caseta localizada justo a mi derecha, era casi la 1:00 a.m. de la madrugada por lo que me sobresalté al darme cuenta que una de las niñas acababa de entrar y que podría descubrirme. Con sumo cuidado subí los pies a la taza del baño temiendo que a pesar de la oscuridad quien quiera que estuviese del otro lado pudiera ver mis zapatos.
En esa incómoda posición esperaba escuchar los naturales y característicos sonidos que debería producir una persona que acude al baño a realizar sus necesidades, pero contrariamente a esto no escuchaba nada. Pero para mi gran sorpresa luego de algunos instantes comenzaron a llegar a mis oídos ligeros gemidos y frases entrecortadas… ¡Una de las niñas se estaba masturbando!”

Continuará… susyteen@yahoo.com