Archivo de la categoría: Masturbación

Autoexperimentando

Buenas a todos. Llevo tiempo en esta página sólo como espectador, y me he animado a contaros un pequeño experimento con mi propio cuerpo.

Un día, estaba sólo en mi casa, buscando porno aquí en varias web más. Tenía novia, pero ella vivía en otra ciudad, y estaba un poco necesitado de afecto. El caso es que términé encontrando imágenes de una bonita chica… que resultó ser trans. Me sorprendió, pues tenía muy buen cuerpo, y continué el resto del post. Qué rica estaba. Y cómo me excitó. Cayó paja.

Al día siguiente, me había picado la curiosidad, de forma que busqué más explícitamente ese contenido. Mujeres trans, y adicionalmente, me aparecieron imágenes de hombres gays. Nunca me han llamado los hombres (siempre me han gustado los cuerpos de las mujeres, y me siguen gustando), pero aquel material me hizo preguntarme… ¿qué se sentía con el culo penetrado? Intenté olvidarlo.

Pero no pude evitar darle vueltas a la cabeza con aquel tema. La curiosidad se había apoderado de mí, y debía probarlo.

Así que aproveché otro día para probar a satisfacer esa curiosidad. Estando sólo, me aseguré de tener todo bien cerrado, ventanas y persianas, para evitar miradas indiscretas desde el bloque de enfrente, muy cercano al mío.

Me desnudé, y me tumbé sobre mi cama. Separé las piernas, y empecé a masturbarme. Antes de empezar quería estar excitado. Lo acompañé con un video porno en mi móvil, de una chica que también jugaba con su hermoso culo. Cuando mi polla estaba bien erecta (y un poco de líquido precum emanaba de la punte) pensé que era el momento. Alargué la mano y saqué del cajón una caja de condones, saqué uno, lo abrí y cubrí mi dedo medio con él.

Alcé las piernas (como se lo había hecho a mi chica) como pude, y tanteé con el dedo cubierto de goma por mi culo, hasta encontrar la abertura. Probé a introducirme un poco el dedo. Apenas pasó, lo retiré. Era una sensación extraña. Respiré y volví a probar. Esta vez entró un poco más profundo, pero parecía que mi culo lo rechazaba de forma natural. Lo intenté de nuevo, e intenté mantenerlo dentro. Me costó un poco, pero lo conseguí.

Una vez me hube acostumbrado, probé a metérmelo un poco más. Tuve que gruñir. Era incómodo. Probé a mover mi dedo en círculos, para dilatarme un poco más y hundí mi dedo nuevamente. Un poco más de lo que hubiera probado en ese momento, pero ya estaba completamente dentro.

Dolía. No era un dolor inaguantable, pero lo notaba dentro y era realmente incomodo. Aguanté unos segundos para dejar a mi culo acostumbrarse, y luego probé a moverlo hacia dentro y hacia afuera. Pensé “¿Cómo se me ha ocurrido esto?” y saqué el dedo del todo. Aguardé unos momentos, y luego volví a metérmelo. Parecia algo mejor, pero no me terminaba de convencer. Probé a acompañarlo de una paja, lo cual ayudaba a compensar el dolor que tenía en el culo, pero finalmente, cesé. Tiré el condón a la papelera, me lavé las manos, y aprovechando que estaba en el baño, terminé de pajearme hasta que me corrí.

Y mis experimentos no habrían ido más lejos de no ser porque estuve los días siguientes recordándolo con más placer del había tenido. Mi cerebro insistía en dar otra oportunidad a la experiencia antes de descartarla del todo. Y decidí obedecer.

Pero no fue algo inmediato. Opté por excitarme los días siguientes, ms veía porno, con esas imágenes de gente (mujeres, hombres, trans…) gozando al sentir que dedos, dildos o penes entrasen en sus culos. Me masturbé una semana con aquellas fotos, y llegó de nuevo el día de experimentar.

Me ocupé nuevamente de estar empalmado y excitado antes probar. Cambié la posición esa noche, y me puse en cuatro sobre el colchón. Me toqué un poco más en esa posición, y en lugar de usar mi dedo, aproveché que por cada tenía una cosa (jamás desvelaré qué) de forma cilíndrica, de tamaño inferior a mi pene. Perfecto para probar.

Así que cubrí aquella falsa polla con el condón, dejé mi cuerpo relajado sobre el colchón, y dirigí mi juguete a mi culo. Probé a introducirlo, lentamente. Suspiré nuevamente, por fastidio. La curiosidad de mi cuerpo era rechazada por mi propio cuerpo, pues mi culo insistía en expulsar hacia afuera el juguete. Pero no me rendí. Cometiendo una locura, introduje toda la longitud de aquello en mi culo.

Dolió, pero aguanté. Mi mano se aseguraba de que permaneciera dentro de mi, aunque era obvio que mi cuerpo continuaba echando a aquel intruso. Así que permití que saliera, pero yo marqué el ritmo. Aquello fue un poco más placentero. Y también lo fue cuando lo volví a introducir, antes de terminar el trayecto de salida. De ese modo, aproveché el comportamiento de mi cuerpo para que se acostumbrase a jugar con el falso pene.

Una vez me lo estaba metiendo de nuevo, se me cansó la mano. Cayó sobre la cama… y para mi sorpresa, el juguete permaneció tal como estaba, a medio introducir. ¡Qué alegría me dio! ¡Mi cuerpo ya no buscaba echarlo! Con la otra mano, probé a introducírmelo un poco más. Quité la mano. Y nuevamente, no se movió. Procurando tener siempre el culo relajado, probé a meterme y sacarme el juguete una vez más. Ahí empecé a disfrutarlo. Sí… me sentía a gusto.

Probé a moverlo con más rapidez, y me gustó. Sí, empezaba a entenderlo. Mi culo se sentía genial. Pero no podía descuidar mi pene, completamente erecto, y emanando precum, así que lo agarré con una mano y me masturbé doblemente: mi polla y mi culo recibiendo goce simultaneamente. Delicioso.

Me pregunté si podía mantenerlo dentro caminando… y no iba a dejar pasar la oportunidad de comprobarlo. Me aseguré de que lo tenía bien dentro, y me puse de pie. Probé a andar, y la sensación era genial. Me masturbé por toda la casa, caminando, con el juguete dando placer a mi culo. Era perfecto.

Estaba por correrme, así que me encaminé al baño sin dejar aquello. Me puse ante la bañera, y con la mano derecha volví a darme placer anal, mientras que con la otra me masturbé sin control. Me sentía como en un trío en la cual lo hacía con mi chica mientras alguien me follaba a mi, y con esa imagen, eyacule como pocas veces había hecho antes.

Siguen sin gustarme los hombres… pero me pregunto qué pensaría mi novia si le pidiera que usara un consolador conmigo y que me dominase.

Autoexperimentando

Buenas a todos. Llevo tiempo en esta página sólo como espectador, y me he animado a contaros un pequeño experimento con mi propio cuerpo.

Un día, estaba sólo en mi casa, buscando porno aquí en varias web más. Tenía novia, pero ella vivía en otra ciudad, y estaba un poco necesitado de afecto. El caso es que términé encontrando imágenes de una bonita chica… que resultó ser trans. Me sorprendió, pues tenía muy buen cuerpo, y continué el resto del post. Qué rica estaba. Y cómo me excitó. Cayó paja.

Al día siguiente, me había picado la curiosidad, de forma que busqué más explícitamente ese contenido. Mujeres trans, y adicionalmente, me aparecieron imágenes de hombres gays. Nunca me han llamado los hombres (siempre me han gustado los cuerpos de las mujeres, y me siguen gustando), pero aquel material me hizo preguntarme… ¿qué se sentía con el culo penetrado? Intenté olvidarlo.

Pero no pude evitar darle vueltas a la cabeza con aquel tema. La curiosidad se había apoderado de mí, y debía probarlo.

Así que aproveché otro día para probar a satisfacer esa curiosidad. Estando sólo, me aseguré de tener todo bien cerrado, ventanas y persianas, para evitar miradas indiscretas desde el bloque de enfrente, muy cercano al mío.

Me desnudé, y me tumbé sobre mi cama. Separé las piernas, y empecé a masturbarme. Antes de empezar quería estar excitado. Lo acompañé con un video porno en mi móvil, de una chica que también jugaba con su hermoso culo. Cuando mi polla estaba bien erecta (y un poco de líquido precum emanaba de la punte) pensé que era el momento. Alargué la mano y saqué del cajón una caja de condones, saqué uno, lo abrí y cubrí mi dedo medio con él.

Alcé las piernas (como se lo había hecho a mi chica) como pude, y tanteé con el dedo cubierto de goma por mi culo, hasta encontrar la abertura. Probé a introducirme un poco el dedo. Apenas pasó, lo retiré. Era una sensación extraña. Respiré y volví a probar. Esta vez entró un poco más profundo, pero parecía que mi culo lo rechazaba de forma natural. Lo intenté de nuevo, e intenté mantenerlo dentro. Me costó un poco, pero lo conseguí.

Una vez me hube acostumbrado, probé a metérmelo un poco más. Tuve que gruñir. Era incómodo. Probé a mover mi dedo en círculos, para dilatarme un poco más y hundí mi dedo nuevamente. Un poco más de lo que hubiera probado en ese momento, pero ya estaba completamente dentro.

Dolía. No era un dolor inaguantable, pero lo notaba dentro y era realmente incomodo. Aguanté unos segundos para dejar a mi culo acostumbrarse, y luego probé a moverlo hacia dentro y hacia afuera. Pensé “¿Cómo se me ha ocurrido esto?” y saqué el dedo del todo. Aguardé unos momentos, y luego volví a metérmelo. Parecia algo mejor, pero no me terminaba de convencer. Probé a acompañarlo de una paja, lo cual ayudaba a compensar el dolor que tenía en el culo, pero finalmente, cesé. Tiré el condón a la papelera, me lavé las manos, y aprovechando que estaba en el baño, terminé de pajearme hasta que me corrí.

Y mis experimentos no habrían ido más lejos de no ser porque estuve los días siguientes recordándolo con más placer del había tenido. Mi cerebro insistía en dar otra oportunidad a la experiencia antes de descartarla del todo. Y decidí obedecer.

Pero no fue algo inmediato. Opté por excitarme los días siguientes, ms veía porno, con esas imágenes de gente (mujeres, hombres, trans…) gozando al sentir que dedos, dildos o penes entrasen en sus culos. Me masturbé una semana con aquellas fotos, y llegó de nuevo el día de experimentar.

Me ocupé nuevamente de estar empalmado y excitado antes probar. Cambié la posición esa noche, y me puse en cuatro sobre el colchón. Me toqué un poco más en esa posición, y en lugar de usar mi dedo, aproveché que por cada tenía una cosa (jamás desvelaré qué) de forma cilíndrica, de tamaño inferior a mi pene. Perfecto para probar.

Así que cubrí aquella falsa polla con el condón, dejé mi cuerpo relajado sobre el colchón, y dirigí mi juguete a mi culo. Probé a introducirlo, lentamente. Suspiré nuevamente, por fastidio. La curiosidad de mi cuerpo era rechazada por mi propio cuerpo, pues mi culo insistía en expulsar hacia afuera el juguete. Pero no me rendí. Cometiendo una locura, introduje toda la longitud de aquello en mi culo.

Dolió, pero aguanté. Mi mano se aseguraba de que permaneciera dentro de mi, aunque era obvio que mi cuerpo continuaba echando a aquel intruso. Así que permití que saliera, pero yo marqué el ritmo. Aquello fue un poco más placentero. Y también lo fue cuando lo volví a introducir, antes de terminar el trayecto de salida. De ese modo, aproveché el comportamiento de mi cuerpo para que se acostumbrase a jugar con el falso pene.

Una vez me lo estaba metiendo de nuevo, se me cansó la mano. Cayó sobre la cama… y para mi sorpresa, el juguete permaneció tal como estaba, a medio introducir. ¡Qué alegría me dio! ¡Mi cuerpo ya no buscaba echarlo! Con la otra mano, probé a introducírmelo un poco más. Quité la mano. Y nuevamente, no se movió. Procurando tener siempre el culo relajado, probé a meterme y sacarme el juguete una vez más. Ahí empecé a disfrutarlo. Sí… me sentía a gusto.

Probé a moverlo con más rapidez, y me gustó. Sí, empezaba a entenderlo. Mi culo se sentía genial. Pero no podía descuidar mi pene, completamente erecto, y emanando precum, así que lo agarré con una mano y me masturbé doblemente: mi polla y mi culo recibiendo goce simultaneamente. Delicioso.

Me pregunté si podía mantenerlo dentro caminando… y no iba a dejar pasar la oportunidad de comprobarlo. Me aseguré de que lo tenía bien dentro, y me puse de pie. Probé a andar, y la sensación era genial. Me masturbé por toda la casa, caminando, con el juguete dando placer a mi culo. Era perfecto.

Estaba por correrme, así que me encaminé al baño sin dejar aquello. Me puse ante la bañera, y con la mano derecha volví a darme placer anal, mientras que con la otra me masturbé sin control. Me sentía como en un trío en la cual lo hacía con mi chica mientras alguien me follaba a mi, y con esa imagen, eyacule como pocas veces había hecho antes.

Siguen sin gustarme los hombres… pero me pregunto qué pensaría mi novia si le pidiera que usara un consolador conmigo y que me dominase.

Ayuda escolar con una putita

El hijo de una amiga de mi mamá necesitaba ayuda en una materia del secundario y como yo entendía un poco me dijo si por favor le podía explicar.
Hace un montón no lo veía, sabia que era un pendejito cargoso por las veces que venia a casa y se metia en todo y era re caprichoso, y tenia en mente que lo iba a tener cortito para que no me rompa las bolas y que las dos horas se pasen rápido, encima ni sabia si me iban a pagar..
Mi mamá tenia que ir a pagar unas cosas asi que íbamos a estar solos con el pendejo..
El dia anterior me tenia que encontrar con un “amigo” pero por culpa de la novia que lo tenia controlado no pudo verme y me dejó con las re ganas de coger, asi que tenia la excusa perfecta para andar de putita un rato con un pendejito boludo que necesitaba a una maestra particular como yo
Me puse un vestidito clarito que no era ajustado pero era finito y se me movia para cualquier lado y con un poquito de viento se levantaba tranquilamente.. y debajo una tanguita rayadita blanca con rosa.
Tipo diez de la mañana golpearon las manos y fui a atender, cuando abro no lo podía creer, ese nenito cargoso y caprichoso se había convertido en un tremendo machito y lejos de ser un nene, era alto rubio de ojos claros con un cuerpo todo marcadito que logró estremecerme la concha mientras me decía hola..

Yo: Hola pasa.. disculpa como era tu nombre?? (mordiéndome un poco los labios)
El: Hola permiso, Walter!! No te acordas de mi?? Jaja
Yo: Jaja si pero no me acordaba tu nombre perdón
Walter: No pasa nada, es que hace mucho no nos vemos no?
Yo: (mirándolo de arriba abajo) eh?? Ahh sisi! Eras un nene la ultima vez que te vi je!
Walter: (riéndose) todavía soy un nene, vos cuantos años tenes? Eras mas grande que yo no??
Yo: Tengo 21 jaja y si vos ni terminaste la escuela todavía jaja pero yo te voy a ayudar a terminar
Walter: A terminar??
Yo: la escuela obvio .. mientras lo hacia pasar a la cocina (pensando en voz baja) y a terminar toda la leche!!!
Walter: eh?? Me hablaste??
Yo: Ponete comodo que yo ya vengo! Voy a buscar las cosas!

No me podía sacar las costumbre de cada vez que me iba miraba rápido para atrás para ver si el machito que tenia cerca me miraba el orto, y como siempre no falló. Apenas me di vuelta a mirar para atrás estaba el pendejo fichándome, y como casi todos se hizo el boludo girando la vista para otro lado haciéndose el otro, lo que me calentaba de sobremanera.
No daba mas de la excitación, fui a buscar los útiles que tenia para explicarle las cosas pero no dejaba de pensar en la cogida que le pegaría a ese pendejo, tenia ganas de todo y mi mano ya por costumbre se pegó sobre mi conchita, no tuve que hace nada de fuerza para que el vestido se levantara y me empiece a tocar por encima de la tanguita, ya me imaginaba saltando encima de su pija, me urgía cuanto antes esa pija, cuando me estaba pajeando sola en la pieza veo en la cartuchera una boligoma, si bien su grosor era bueno el tamaño no alcanzaba para satisfacer la calentura que tenia esta puta, pero como quien dice las putas no le hacen asco a nada… la agarré firme con la mano y ni lo dude, corrí mi tanguita, me arquie un poquito para atrás y enterré entre mis labios jugosos la boligoma que parecía no querer entrar, con un poco de presión y un suave gemido de mis labios entro perfectamente apretando la conchita.

Sali de la pieza y lo vi a Walter re perdido..

Yo: perdón, tarde un poco porque estaba buscando todo para empezar a estudiar..
Walter: No pasa nada Ani..
Yo: igual algunas cosas se me perdieron Ja! (sonriendo con picardía aunque el no entendiera de que hablaba)
Walter: Uh bajon después buscamos si queres
Yo: (el pecho me latia a mil y la calentura crecia) uhhh siii dale me vendrie bien una mano

Me senté a su lado con las hojas y todo y el parecía ya preparado, así que tome el lápiz de la mesa cuando observo que entre mis dedos había esparcido algo de flujo. Los ojos de el lo observaron así que hice de cuenta que no lo vi, y seguí copiando. Me acerque hasta el borde de la silla para que presionara el filo de la madera contra la boligoma, mmmmmmmmmmmmmmmm aspero y frio tocaba las paredes bañándose en flujo que hasta ya parecía olerlo. El pibe se recostó contra la silla mientras yo estirando el culito me movia suavemente de atrás a adelante para masturbarme con mi juguetito. Estaba muy excitada, y ya no podía concentrarme..

Walter: sabes como se hace estos ejercicios?
Yo: Si, bah maso menos jaja
Walter: bueno algo es algo, yo básicamente no entiendo nada.
Yo: cual se te complica más? (Mirando la hoja)
Walter: (acercandose a mi hoja) esta, como encuentra esta función?

Comencé a explicar maso menos lo que yo había sabia, el me miraba pero sentía que me prestaba poca atención. Mientras yo escribía en la hoja el miraba mis piernas y mi culito que seguía frotando contra el asiento. Después de un rato, le pregunte si entendía y el asentó con la cabeza aunque era obvio que me había dado ni bola.

Walter: serias una buena profesora…
Yo: bueno gracias..
Walter: aunque si vas asi a dar clase van a mirar el pizarron solo cuando estes de espalda. (Guiñando el ojo)
Yo: (riendo) vos decis?
Walter: si olvidate….

Ya se me estaba haciendo el gato y no la podía dejar pasar, era ahora el momento de sacarme las ganas con este pendejo.
Le habia hecho un cuadrito con un resumen y le pedi que lo recorte mientras yo iba al baño un ratito, ni bien llegue al baño me quite la tanguita que estaba toda mojada por la calentura que tenia y por el buen trabajo que habia hecho la boligoma en cada movimiento de mi culito, con los dedos arrime la plasticola en la puerta de la conchita para que se note bien y salí

Walter: que hago con esto Ani?
Yo: hay que pegarlo en tu hoja pero la plasticola se me perdió!
Walter: uh bueno hay que buscarla o no??
Yo: si veni ayúdame, vos que sos mas joven seguro la encontras mas rápido jaja
Walter: en que la encuentra primero gana!!!!
Yo: apaaa me gustó esa

Fuimos a la pieza y empezamos a “buscar”, yo me hacia la boluda diciéndole donde podría estar mientras el como un nenito buscaba rápido y apurado como queriendo ganar un jueguito inocente, mientras que yo no dejaba de mirarle el bulto, en un momento cuando ya no daba mas y el jueguito de buscar me cansó le dije

Yo: hay que correr la cama porque seguro se cayó detrás de todo, vos que sos el macho correla y yo me fijo jaja
Walter: como usted diga profesora jaja (corriendo la cama a un costado)

Me puse en cuatro contra la cama mirando para abajo y levantando bien el orto que ya se encontraba libre para su vista bien abierto y sin la tanguita..

Yo: La ves??? (ya mordiéndome de la calentura para no gemir)
Walter: … (silencio)
Yo: Y????
Walter: (con la voz entre cortada) Creo que la encontré…
Yo: (mirándolo desde esa posición) ahhh si?? Y agarrala!!

Se puso detrás de mi y con las dos manos me abrió bien el orto y se quedó mirándome como si no lo pudiera creer.
Mientras que mantenía una mano abriéndome las nalgas con la otra se dispuso a sacarme la boligoma de la concha, yo hacia fuerza con mi muslos y mi culo para que le cueste sacármela mientras el metió los dedos escarbando mi conchita para agarrarla mejor. Cuando la estaba por sacar sentí un calor tremendo y empecé a mover el culo y a jadear como la perrita que era. El era un pendejito pero entendió muy rápido que era lo que la putita quería..

Sin quitarme la plasticola de la concha me pare y me puse en cuatro pero sobre la cama para que pueda tener mejor vista de mi culo y le quede mas comodo para que me haga lo que quisiera.
Seguia los movimientos de mi culo dejando entra y salir la boligoma de mi concha, que cada vez se agrandaba mas, lo que permitia que entrara la boligoma y sus dedos.
Estaba tan mojada que la boligoma y sus cinco dedos entraban perfectamente mientras que yo no paraba de gemir y arañar las sabanas de mi cama.

Walter: te gusta colarte la plasticola??
Yo: ayyyy siii sii me encanta, me meto lo que quieras ahhhhhh ahhh
Walter: Entonces no te la saco??
Yo: noooo no seguiiii ayyy seguiiii por favor!!

Al parecer no habia entendido bien esa pregunta porque apenas termine de decir eso siento que el empieza a hacer fuerza con sus manos para que la boligoma choque contra la parte de arriba de mi conchita, y para mi sorpresa empiezo a sentie algo caliento y carnoso sobre mi clítoris.
El pendejo me estaba por meter la pija al mismo tiempo que me metia la boligoma, hacia fuerza y con las dos manos trataba de acomodar su pija para que entre. Yo ante eso lo único que hacia era empujar mi culo hacia el para que la pueda meter.
Cuando se pudo dar cuenta saco un poquito la plasticola y metió las dos cosas al mismo tiempo, creo que nunca habia gritado tanto

Yo: ayyyyyyyyyyyyyyy siiii que ricooooo!!
Walter: que conchitaaaa!!!
Yo: Le gusta la conchita al nene??
Walter: mmm sii (Respirando agitado) Me .. me encan.. taaa!!

Podía sentir lo áspero de la plasticola y lo suave de su pija chocando y rozando contra las paredes de mi conchita, me estaba haciendo gozar como nunca pero al mismo tiempo me dolia, nunca me habían estirado tanto la concha, era un placer nuevo que me estaba volviendo loca y se notaba por la cantidad de flujo que largaba sin parar.
Después de un rato de coger asi le corro el culo y me quito la boligoma, no puedo explicar como estaba esa cosa.. toda mojada y caliente, al igual que la pija de mi alumnito.

Yo: A ver alumno.. tiene que hacer lo que yo le digo asi que se me acuesta en la cama con la pija bien dura!
Walter: Aca Ani?? Digo profe!! Perdonnn
Yo: no.. perdón nada, ahora vas a tener una prueba sorpresa!!
Walter: No sea mala profe!
Yo: Shhhh silencio, el examen es asi, tenes que aguantar mas de cinco minutos mientras yo me muevo encima tuyo y te cojo toda la pija..
Walter: es fácil eso profe esta segura??

No le respondí, solo me subi y me sente encima de su chota. La concha había quedado tan abierta que la pija del pendejito me bailaba adentro, no podía llenar todo el espacio que ocupaban la plasticola y su pedazo de carne..
Me empecé a mover como una perra desquiciada y enferma de la pija, mi culo saltaba y revotaba, mientras que el me agarraba de la cintura tratando de que no me mueva tan rápido, lo que me daba mas calentura y mas ganas de moverme.
Mi conchita estaba tan abierta que cuando hacia fuerza para hundirme su pija podía sentir sus huevos queriendo entrar, por lo que agarre con la mano y hacia presión para que entren, quería toda la pija y sus huevos adentro mio.. moria de ganas por acabar pero mi alumnito estaba por desaprobar su examen. Empezó a quejarse y a gemir mas fuerte, su chota no daba mas y en uno de mis movimientos me acabo de tu leche adentro, lo que le hizo cambiar la cara de inmediato..

Yo: uhhh te llevaste la materia al final!!!
Walter: Noooo para Ani, te acabé adentro no me di cuenta y ahora que hacemos??
Yo: (moviéndome con su pija enlechada) no pasa nada bebe tomo pastillas asi que espero que hayas disfrutado
Walter: Posta??? Es la primera vez que acabo adentro, esta re cheto!!
Yo: ufffffff como me calienta saber esooo!! bueno pero desaprobaste asi que ahora como recuperatorio vas a agarrar esa boligoma y me la vas a meter hasta que te acabe yo!

Como lo ordené me metió la boligoma en la concha y la movia con desesperación, yo movia mi cuerpo para atrás y para adelante acompañando el movimiento de su mano, se podía sentir que en cada entrada y salida la leche de Walter se escurria entre mis labios y goteaban sobre las sabanas. Le gritaba que lo haga mas rápido mientras yo me mandé la mano por abajo para empezar a pajearme el clítoris, que bien que lo hacia el pendejo, me estaba cogiendo con esa plasticola que se mojaba con la mezcla de mi acabada y su leche.
No soporté mucho mas, ya tenia ganas de acabar desde hace rato, gemia bien fuerte, no me importaba si se escuchaba o si justo alguien venia.. no estaba pensando en nada.. acabé tan fuerte que que arañe todo el respaldo de la cama y mordí la almohada de la calentura

Walter: Si sabia venia a particular antes!!
Yo: Mmmmmm no te preocupes que te cogería hasta que termines la facultad!!

Los dos nos vestimos y salimos.. ordenamos todo y lo acompañe para que se vaya. Cuando vuelvo a entrar preparé todo para darme una buena ducha y ya que estamos me llevé la boligoma

Mañana de lluvia

La lluvia fue la culpable. Odio el metro, no me gustan las aglomeraciones, solemos ir al trabajo es bus, dando un paseo hasta la parada… pero la lluvia determinó que tomásemos el metro, lógicamente abarrotado de gente, pues eran las 8:30h de la mañana.

Cogida de la mano de mi novio, nos embutimos en un vagón repleto, … estudiantes la mayoría, gente de todas las edades y condiciones, pegados unos a otros sin respetar las distancias mínimas vitales, por supuesto no había ni un solo asiento libre, pero nos pudimos sujetar a una barra, por lo menos un punto de apoyo!. Mi novio situado a mi derecha me protegía con su presencia, yo así lo sentía… una vez en marcha me miró levantando las cejas… él, como yo, estaba incomodísimo con semejante multitud. Teníamos que aguantar, como el resto de los allí presentes, los olores corporales, el vaho de la ropa húmeda, los constantes roces de brazos, traseros, abdómenes… en fin solo teníamos que esperar las 6 paradas que nos separaban de nuestra salida.

Una mano izquierda me rodeó la cintura, bajó por mi cadera, y con una ligera presión me pellizcó la nalga… miré a mi novio y le guiñe un ojo, él me respondió con una sonrisa. Me extrañaba mucho esa actitud en él, pues no solía hacer esto en público, pero a la misma vez me alegró que lo hiciera, era un juego excitante y me apetecía seguirlo… Le sonreí con complicidad.

La mano recorrió mis nalgas y se deslizó hacia mis muslos, recorriéndolos de arriba abajo, queriendo entrar hacia el interior de ellos. Como llevaba una falda no podía meter su mano, pero la intención estaba allí, y yo me estaba excitando mucho, le miraba sonriendo, él me miraba extrañado, como si no comprendiera lo que le estaba comunicando…

La mano curiosa y atrevida se hizo paso a través de la abertura trasera de mi gabardina, me la había puesto para protegerme de la lluvia. Ya en su interior y con una precisión más palpable, fue recorriendo mis muslos, mi cadera, mi cintura, llegó hasta delante y bajó hasta la pelvis, deteniéndose allí.
La gabardina fue mi cómplice, ocultaba lo que ocurría dentro de ella, entre la mano curiosa, y mi cuerpo, que respondía de una forma especial al tacto provocador de esos cinco dedos…

Le miré de nuevo, aquello empezaba a coger mucha temperatura y la multitud estaba allí, rodeándonos. Estaba muy excitada, pero era consciente de la situación y del lugar, y además estaba muy extrañada por esa actitud nada típica en él.

—Cielo— le dije— ahora no es el momento. No tenemos tiempo…
Él me miró sorprendido, y levantando su brazo izquierdo, miró su reloj. Pero la mano atrevida y curiosa seguía posada en mi cuerpo acariciándome por encima de la falda.
—¿Tiempo de que…?— Respondió.
—Pepep…pero…, ¿tu…, no…?
—¿Qué te pasa…? ¿Te encuentras mal? Estas muy colorada cariño. ¿Te estás mareando?— Me preguntó.

Mientras, la mano, había subido por mi vientre y me recorría los pechos, buscando además, desabrochar un botón de la camisa, para hacerse paso a través de ella, y alcanzar los pechos, dentro del sujetador.
—No nada, nada, no es nada… Le respondí.
Me miró extrañado y afortunadamente desvió la mirada.
Entonces comprendí que la mano me era ajena, no era su mano, pero me había ganado la batalla, porque yo no tenia ni fuerzas ni ganas de detenerla, y me entregué absolutamente, al placer que me daba.

Sentí, además, la caricia de otra mano, de una mano derecha esta vez, que me rodeaba la pelvis y esta vez me apretaba contra su dueño… Primero noté en mi culo la presión de un miembro empalmado… eso me desarmó totalmente, y me abandoné a su antojo. Después noté su vientre y su pecho pegados a mi espalda, mientras las manos tocaban y tocaban cada vez con más intensidad todo mi cuerpo.
La izquierda se entretenía con mis pechos, mientras la derecha había levantado mi falda y rodeando el culo se metía por entre mis piernas como un sobre en un buzón. Calculo que su dedo índice fue el que me rozó más íntimamente. Mi clítoris había alcanzado un tamaño notable, pues lo sentía con el roce de sus dedos…

Me resistía a mirar a mi novio, no podía hacerlo, lo que me ocurría no tenia explicación, y sin embargo no quería que esa mano se detuviera, no quería que llegara la parada que determinaría el fin de aquella locura.
Noté su aliento prudentemente jadeante en mi cuello, y el sonido de su fluir, en mi oído izquierdo, sin duda eso era un juego tremendamente excitante para él y también para mi…
Notaba la flojedad de mis piernas, y mis manos se debatían entre sujetarse a la barra del vagón, o lanzarse en su busca para apretarle aun más contra mí. El calor sofocante que sentía, la humedad en mi sexo, y el aire cálido de su aliento en mi oído, pudieron más que mi voluntad, y mi mano izquierda le atrapó por su pierna izquierda, y le clavó las uñas acercándole más a mí. Entonces noté más próximo el jadeo, incluso creo que su boca me rozó la piel del cuello. Yo estaba como loca de excitación.

No miraba a mi novio, no me atrevía. Las manos curiosas y atrevidas habían desatado en mi, un torbellino de sensaciones, de fantasías, de placer… Mi cuerpo ardía de deseo y lo único que me importaba en ese momento era que me poseyera por completo, que se detuviera el mundo, y que el tiempo, solo existiera para mi enigmático amante, y para mi …

El tren se paró… sabia que habíamos llegado. La mano, esta vez si de mi novio buscó mi mano derecha y la cogió. Me arrastró fuera del vagón a través de la gente, arrancándome de ese paraíso de sensaciones… de esas garras ardientes. Al despegarme del cuerpo de mi enigmático amante, sus manos fueron deslizándose lentamente por mi cuerpo, por mis brazos, como soltando cuidadosamente la presa, mientras en un susurro me decía… adiós preciosa….
La voz cálida… y sensual, fue repiqueteando en mi cerebro mientras llegábamos al andén… Mi novio me miró y me dijo.

—¿Qué te pasa? Estás extraña…

Di unos pasos más de la mano de él, pero me detuve, le arrastré hacia la pared, y detrás de una columna le dije.
—Bésame…!— El no entendía nada, claro… pero me besó… Después le pedí con un hilillo de voz que me hiciera el amor…! El no salía de su asombro…, me miro…y me volvió a besar, esta vez apasionadamente.

Lía

Una tarde en el chat

Era una aburrida tarde de domingo, estaba sola en casa, en la calle hacía frío, me agobiaba pensar que el día siguiente sería lunes y otra vez vuelta a la rutina, pasé un ratito mirando la tele, pero la misma basura de siempre, me puse a mirar por la ventana y sorpresa!!! Estaba abierto el cybercafé, cogí un poco de dinero y bajé volando. Estaba repleto de gente jugando, humo, ruido y todo eso, el encargado se acercó a mi y me dijo:
– ¿Que deseas?
– Quisiera navegar una horita o más a mis anchas.
– Esta la cosa un poco jodida, ya ves como tengo el local de gente, pero espera, al fondo hay un ordenador vacío no lo utilizamos porque no esta preparado para jugar, pero si dices que solo es para navegar… te lo preparo en un momento.
Le hice un gesto indicándole que si.
Ya estaba sentada en el ordenador, sola y empecé a navegar por los grandes portales y decidí meterme en un chat, uno en el que hablaban de sexo, me pareció curioso. Entre a la sala y estaba toda llena de tíos todos salidos, me acosaban, era super molesto, que si como te llamas, que si donde eres, que si nos podemos conocer, etc etc etc, era una conversación de tontos, nadie escuchaba a nadie, todo el mundo escribía a la vez, decidí salir de ese horrible lugar. Y entre en un chat que pensé que sería más ameno: amistad. Por lo menos allí se podía hablar un poquito más y conoci a Lucas, un chico la mar de simpático, poco a poco, fue captando mi atención, solo le enviaba privados a él, hablamos de lo tipico, trabajo, estudios, experiencias, vivencias, y empezamos a intimar. Me dijo que hacía tiempo que no sentía el calor de una mujer y que se moría de ganas. Nos hechamos a reír.
Pero paré la risa en seco:
– ¿Donde estas? – le pregunté.
– En mi casa.
– ¿Te has masturbado alguna vez con otra chica?
– No, nunca.
– Yo tampoco. Pero hoy estoy un poco juguetona.
Se hizo el siencio, parecía que se había sentido incómodo. Mi respiración se aceleraba a segundos.
– Frota tus pezones con el borde de la mesa – me dijo – imagina que son mis dientes mordisqueandote.
Empecé a frotarme, con el riesgo que corría de ser descubierta, pero eso me excitaba aún más, me estaba mojando por momentos.
– Sácate la polla y empieza a acariciarla – le dije.
– Estoy rodeando la polla con mi mano, acaricio el capullo, esta super suave, te encantaría verla Judith.
– Me encantaría chuparla Lucas. Imagina que tu mano es mi boca, lamiendo cada rincón, lamiéndote desde el perineo, subiendo por los huevos, por debajo del tronco y acabar metiendo la lengua en el agujerito.
Mientras iba diciendo esas palabras, empecé a deslizar mi mano por debajo de la mesa y la pose en el interior del muslo.
– Lucas, me encataría meterme tus huevos en mi boca y chuparlos, imaginate que lo hago.
– Si, Judith.
– Ahora te estoy chupando la polla Lucas, te la chupo con cara de viciosa ¿te gusta?
– Me encanta. Separa un poco tus braguitas y tócate Judith.
La idea de estar en un sitio público me excitaba aún más, y eso hice, apoyé mi pierna donde pude y separé la otra, mientras iba deslizando mis braguitas a un lado. Sentí el airé fresco acariciandome, eso me puso malísima, empecé a acariciarme el clítoris.
– ¿Que haces?
– Me toco el clítoris, me imagino que es tu polla desnuda rozándolo suavemente.
– Uuuuuuhhhmmmm. Metete mi polla.
Deslicé mis dedos hacia dentro, tenía todo el coño mojado, no me costó nada metérmelos, sentí un gran placer, como si me quemara y mis dedos me hubieran refrescado, aliviado.
Empecé a mover mi mano con mis dedos dentro, fui subiendo el ritmo, miraba a todos lados, no quería que me pillaran.
– Me encanta meterte la polla Judith, ¿te gusta como te follo?
– Si, Lucas, si!!
Moví mis dedos con más rapidez, mi respiración se aceleraba, movía mi pelvis casi involuntariamente, si en ese momento hubiera llegado el encargado, me hubiera dado igual, no había marcha atrás, mi boca semiabierta, mis pechos botaban, mi respiración agitada, cuando empecé a arañar la mesa, con fuerza, me estaba corriendo, apreté los dientes, no sé porque pero sabía que Lucas también estaba llegando al orgasmo y eso hizo que la sensación fuera más intensa!! Mi cuerpo se convulsionaba involuntariamente y termino la tormenta, me quedé exhausta, sin respiración.
– ¿Lucas?
– Judith, estoy todo perdido.
– Jajaja, Lucas, se me acaba la hora, apunta mi teléfono: 600 000 000
– Te llamaré Judith.
– Te esperaré.

Judith

En el bus

Era una calurosa mañana de verano, mis vacaciones estaban próximas, pero aún me quedaba una semana más de trabajo. Me levanté y me fui directa a la ducha, sentía como el agua helada recorría mi piel, bajaba por mis pechos, humedecía mi vello. Ese frescor me aliviaba, cómo era posible que hiciera tanto calor!!

No apetecía vestirse demasiado, si hubiera sido por mi, habría salido desnuda a la calle. Me puse una camiseta de tirantes finos y una falda corta, me calcé mis sandalias y salí a la calle sin ropa interior, se iba más a gusto. Tenía que coger el bus y llegaba tarde, lo iba a perder si no me daba prisa, así que tuve que dar una pequeña carrera hasta la parada. Mis pechos se movían al compás de mis pasos, la falda dejaba entrever mis piernas. Algunos hombres se quedaron mirando mis tetas mientras se movían, eso me gustaba, y porque no decirlo, también me excitaba.

Subí al bus totalmente acalorada, me sentía deseada por algunos de los pasajeros y me empecé a mojar, esta el bus hasta los topes, no cabía un alfiler. Me puse donde pude, estaba de pié, entre un montón de gente, tenía una de mis caderas apoyada en un asiento, para no perder el equilibrio. El autobús inició su viaje, estaba rodeada de hombres, me excitaba.

De pronto empecé a sentir una mano en una de mis nalgas, me quedé parada, inmóvil, sorprendida. No sabía que hacer, si irme a otro sito (practicamente imposible) o si llamarle la atención, opté por quedarme callada, pero empecé a sentir como la mano iba bajando, poco a poco y tocaba la parte interior de mis muslos. Apreté con fuerza la barra del bus, mi respiración se aceleraba, mi corazón palpitaba con fuerza.

El desconocido empezó a subir su mano lentamente y empezó a tocarme el culo por debajo de la falda y yo sin ropa interior!!
Estaba indefensa. Sentí como su mano bajaba despacito, con cuidado y quería tocar los labios de mi chochito, puse un poco el culo en pompa, me estaba volviendo loca, separé despacito mis piernas y sentí como su mano me sobaba entera, le estaba poniendo la mano perdida con mis fluidos!! El no hacía más que sobarme de adelante a atrás.

Hasta que sus dedos se pararon en mi clítoris, mi respiración estaba super acelerada, mi corazón bombeaba con fuerza. Sentía que me iba a desmayar del placer!!! Jadeaba despacito, no quería que me descubrieran.

Sentí como un dedo se introducía en mi, apreté con fuerza la barra, cogí aire y empecé a sentir un placer como el que no había sentido nunca. El desconocido era muy hábil con los dedos, con la misma mano me tocaba el clítoris e introducía un dedo. La cadencia de los movimientos se aceleraba, yo me estremecía, el temor a ser descubierta era aún más excitante.

Hasta que un escalofrío recorrió mi cuerpo, se me puso la piel de gallina, cerré los ojos, me mordí el labio y sentía como un orgasmo me llegaba, no pude evitar mover mi pelvis al compás de sus movimientos.

El desconocido cesó en sus movimientos, el bus se paró, era mi parada, baje como pude aún aturdida. Mientras recorría los pocos metros hasta llegar a la oficina, pensaba en lo sucedido y no me lo podía creer.

Un besazo a todos

Judith

Teléfono

Esto comenzó por casualidad. Una noche en que quería llamar por teléfono a un amigo y me daba siempre equivocado. De pronto me respondió una voz sensual y soñolienta de mujer, era el numero equivocado nuevamente. Pedí disculpas y corte inmediatamente. Volví a marcar el numero de amigo nuevamente y me respondió la misma voz. Esto seguí pasando como tres veces mas. Pense que la mujer que me atendía en un momento se iba a cansar y me insultaría, pero su tono de voz no variaba en ninguna de la ocasiones, seguía siendo sensual y hasta me parecía algo provocadora.

Pedí disculpas y le dije que mi insistencia se debía a que tenía que discutir con él un asunto de suma importancia respecto a mi futuro en la empresa donde trabajaba, lo que, por otra parte, era verdad. Ella no parecía estar enojada, me dijo que no estaba dormida sino acostada leyendo una novela. El hecho de que me diera conversación me hizo comprender que la dama estaba aburrida y que en el anonimato telefónico podíamos gozar de alguna experiencia inesperada y muy atrevida.

Le hice algunas preguntas personales, si era soltera, si estaba sola en la casa, como estaba vestida en ese momento. Ella me seguía el tren sin reparos. Después de presentarnos mutuamente y de describirnos como verdaderas obras de arte de la naturaleza, estabamos ya en clima para iniciar un dialogo mas subido de tono.

-¿Estás muy tapada, Marisa?- le pregunte, llamándola por primera ves por su nombre.

-No, estoy destapada, con un bretel del camisón caído que casi deja escapar uno de mis pechos-

¿Con las manos sostenes el libro?

Ella me respondió con una risita nerviosa:

¿Por qué pensas que necesito las dos? No es un libro tan grande, la izquierda la tengo en un lugar muy calentita-

-Dónde- pregunte haciéndome el idiota.

-Entre las piernas-

Mientras íbamos conversando, yo construía en mi mente la imagen de una mujer súper sensual con curvas abundantes, como debía ser la mujer que tuviera esa voz.

-¡Cómo me gustaría ser yo quien estuviera entre tus piernas!- exclame.

-¿Y que harías?- Sin duda la chica era bien desenfadada.

-Metería mi lengua en tu vagina hasta llegar a lamerte el clítoris . Después pondría un dedo en el interior de tu lindo agujerito.-

-Todo eso me gustaría mucho. Pero yo no te dejaría hacer todo a vos solo. Jugaría con tu pija mientras te invitaría a que me chuparas mis tetas grandes y blancas.

-Te pediría que te pongas boca abajo. Nada me calienta tanto como las nalgas de una mujer.-

-¡Qué gustos parecidos tenemos! Soy tan sensible en la colita.-

-Te voy a meter en ese lindo culito el instrumento bien parado y duro-

-Lo estoy esperando, metelo, no tengas miedo. Empezá con fuerza, partime en dos. ¡Quiero sentir como tu leche se derrama dentro de mis intestinos!-

-¡Lo estoy haciendo, lo estoy haciendo!- Respondí totalmente poseído, mientras me masturbaba a toda velocidad imaginando que realmente la estaba penetrando por detrás.

-¡Seguí, seguí así, no te detengas Papito! Puedo sentir como la moves dentro mío ¡Hacelo mas fuerte mi amor!- Sus palabras me enloquecían y cuando acerco el auricular del teléfono a su concha para que pudiese escuchar los sonidos de sus dedos cuando entraban dentro de su vagina, ya no necesitaba sus palabras para continuar.

-¡Te la estoy dando con furia, más, más adentro. Te tengo las tetas agarradas y te aprieto los pezones hasta hacerte gritar!-

-¡Ya no puedo mas! ¡Esto es maravilloso! Me dijo y sentí como empezaba a gritar mientras se acercaba al orgasmo. Luego el silencio. En ese mismo momento empece a acabar. Un momento después escuche el ruido del auricular al colgarlo.

La volví a llamar inmediatamente pero me atendió su contestador, tenia la misma voz sensual y provocadora de la primera vez que la había escuchado hablar, le deje un mensaje que por favor se comunicara conmigo a la brevedad.

Después de dos semanas me llamo.

Eso lo dejamos para la próxima, espero que les halla gustado.

Trago

El sábado en la tarde, Pedro apareció por casa acompañado de su secretaria la que venía en compañía de su esposo Raúl. Mi marido debía terminar esa noche un importante proyecto y le pareció una buena idea mientras ellos trabajan que yo me encargara de atender a Raúl. Desde un inicio el joven no despegó los ojos de mi cuerpo. Sin duda le gustaba. Por mi parte la belleza, juventud y musculatura del muchacho me cautivaron. Durante toda la cena me dediqué a coquetear con él, quien por su parte, con suaves y disimulados gestos me hacía entender que le gustaba.

Al finalizar la cena pasamos a la biblioteca, yo ya estaba con varias copas en el cuerpo apareciendo, en todo mi ser, ese calorcillo y fuerte cosquilleo que invariablemente me indica con claridad que el nivel de excitación hace que se me nuble el entendimiento y la razón.

Mientras Pedro y su secretaria trabajaban en la mesa de centro de la habitación compartía con Raúl un trago, frente a frente, en los sillones que están a unos tres metros de donde se encontraba mi marido. Descaradamente y sin dimensionar el peligro subí mi falda y abrí completamente mis piernas. Raúl no dejaba de observarme. Me acaricié suavemente por encima de mi calzón tanga el que poco a poco fui sacando de mi cuerpo dejando a la vista del muchacho mi sexo en plenitud. Luego, comencé a jugar con si pechos. Abrí mi blusa y sacando mis tetas del sostén las acaricié y besé lujuriosamente. Mientras seguía jugando y me movía disimuladamente, Raúl sacó su verga del pantalón masturbándose sensacionalmente para mí. Cuando el chorro de semen salió disparado colocó su copa y dejo caer el precioso jugo en ella para así no manchar la alfombra. A esa altura del juego yo ya había gozado con un rico orgasmo.

Rápidamente nos arreglamos. Me acerqué al joven y regalándole mi calzón le pedí que cambiáramos las copas. Tengo que reconocer que el simple hecho de beberme el semen de Raúl en compañía de su mujer y de Pedro me llevó a obtener un segundo y placentero orgasmo el que tuve que disimular con todas mis fuerzas.

Cuando nos despedimos, un rico beso del joven, que rozo mis labios me indicaron que se retiraba más que satisfecho por haber acompañado a su mujer a una aburrida reunión de trabajo.

Los vecinos y yo

Una tarde me llamó por teléfono una de mis mejores amigas para avisarme que iba a salir de viaje por tres o cuatro días y quería pedirme el favor de que cuidara su apartamento mientras ella estaba fuera de la ciudad.
como entre ella y yo había mucha confianza, acepté.
Antes de irse y después de entregarme las llaves de su casa y de hacerme las recomendaciones de costumbre, me dijo que tuviera paciencia con los vecinos de al lado porque eran bastante escandalosos y les gustaba mucho el sexo.

En el momento en que estaba por irse, dio la media vuelta y me dijo:

—¿Sabes qué? Como eres mi mejor amiga y no quiero que te aburras estos días te voy a hacer una confesión y un regalo.
La confesión es esta. Desde hace algún tiempo que me hice amante del vouyerismo, y el regalo es este. En la recamara, debajo del cuadro de Frida hay un mirador que da a la recamara de los vecinos, así que puedes verlos cuando quieras. Son una pareja muy particular.

Nos reímos mucho y le agradecí el obsequio, después se fue.

Esa misma tarde me mudé a su departamento, después de darme un baño cociné algo para cenar y me dispuse a ver televisión.
Llevaba ya dos horas viendo tele, cuando comenzaron a escucharse unos gemidos muy fuertes que venían sin duda del apartamento de al lado.
Sin pensarlo mucho me dirigí a la recamara y efectivamente, ahí estaba, una copia muy barata de una pintura de Frida kahlo enmarcada. La levanté del muro y encontré algo parecido a uno de esos ojillos que ponen en las puertas para ver quien toca, pero este era mucho mas pequeño por lo que al otro lado seguramente ni se notaba que estaba ahí. A pesar que era pequeño, el agujero tenia algo así como un lente porque al ver a través de él se tenía una visión completa de la recamara de los vecinos.

Lo que pude ver fue impactánte, para empezar el cuarto no era para nada una habitación convencional. Estaba totalmente equipado para el sexo, en especial para el bondage y la dominación, había cadenas con muñequeras colgando del techo y de las paredes, había dos potros de distinto tamaño, de los barrotes de la cama colgaban toda clase de cuerdas y sobre ella alcanzaban a verse toda clase de objetos de sumisión, esposas, vibradores de todos los tipos y tamaños, mordazas también de distintas clases y para distintos fines, tubos extensibles con grilletes en los extremos para mantener las piernas y brazos abiertos y muchas cuerdas.

Al fondo de la habitación estaban ellos: un hombre moreno, delgado, no era un galán pero tenía algo que provocaba atracción, estaba desnudo, su pene era de tamaño normal, pero a mi me llamó mucho la atención porque me excitan mucho los penes morenos. La mujer era de tez blanca, y si bien no tenía mal cuerpo, tampoco era delgada en exceso, su sexo estaba rasurado y enrojecido como si hubiera sido golpeado. Los gritos tan fuertes que había escuchado antes no eran para menos.
La mujer estaba colgada del techo por las manos juntas, sus piernas estaban abiertas sujetas por uno de esos tubos con grilletes, sus senos, de tamaño normal, estaban anudados al rededor lo que los hacía sobresalir mas aún. En cada pezón tenía una pinza grande, el cabello suelto y una mordaza que le mantenía la boca bien abierta y un consolador incrustado en ella, a pesar de eso, los quejidos eran muy fuertes.
El hombre estaba detrás de ella, le jalaba el cabello fuertemente mientras la azotaba con un látigo en las nalgas y las piernas. Después de un rato, paró de golpearla y le quito la mordaza, le vendó los ojos y salió de la habitación, tardo como media hora en regresar, ella comenzó a llorar del cansancio y a gritarle que regresara y la bajara.
Cuando se cansó de gritar el regresó, sin hacer ruido, ella solo se dio cuenta porque el jalo fuertemente de una de las pinzas en sus senos y ella grito de dolor y su cuerpo comenzó a balancearse, pues sus pies apenas tocaban el suelo.

Yo no podía dejar de ver aquel espectáculo. Me estaba excitando tanto que comenzaba a sentirme mojada entre las piernas.
Después la descolgó, le quitó todos los accesorios del cuerpo, le dio dos bofetadas, ella solo lloraba, pero cuando el le preguntaba si quería que pararan, ella respondía que no.
La dejó tirada en el suelo, ella no tenía fuerzas ni para moverse. Cuando regresó traía varias cosas que dejó sobre una mesa. Acostó a su esclava en la cama y la amarró con las manos juntas sobre la cabeza y las piernas bien abiertas, ella tenía los ojos vendados y temblaba, me imagino que se sentía desvalida , además el la tenía a su completa disposición.
De la mesa, tomó un recipiente con cubos de hielo, y le puso uno en la boca, en cuanto ella lo sintió, comenzó a decir que por favor no, prácticamente estaba suplicando, obviamente ya le había hecho algo antes con hielo, ella le pedía que le quitara la venda de los ojos, pero el la ignoró. La indiferencia de aquel hombre ante el dolor y las suplicas de su esclava me atraía mucho. Seguí observando.
Le llenó la boca con un trapo y le puso una mordaza. Tomó otro cubo de hielo y lo puso entre sus pechos, ella temblaba y se quejaba bajo la mordaza. El le vació hielo picado en el pecho, ella grito y su cuerpo se estremeció. Cuando sus pezones estuvieron bien duros, el comenzó a lamerlos y morderlos muy fuerte.
De repente ella comenzó a retorcerse, y es que el hombre le restregaba un hielo en el clítoris, ella seguía quejándose cada vez mas fuerte cuando de repente él le metió el hielo completo en el coño, ella se movía como desesperada tratando de sacarse el hielo, se quejaba mucho. El puso su mano, en la entrada de la vagina impidiendo que el hielo saliera, no lo sacó hasta que se derritió. Cuando esto pasó, pensé que todo terminaría, pero parecía que ellos jamas descansaban.
Seguí observando, entonces sin desatar las manos de la esclava, él la puso boca abajo y le coloco una varilla para separar las piernas en las rodillas y comenzó a abrirlas, cuando ya no podía abrirse mas, ella se quejaba, pero el no paraba, cuando fue suficiente, él la dejó con las piernas abiertas y trajo un consolador que no parecía muy grueso, pero tenía una textura como de pequeñas púas, se lo metió en el coño y comenzó a moverlo, creo que ella comenzó a excitarse porque trataba de mover las caderas, cuando el se dio cuenta de esto comenzó a inflar el consolador, hasta que tuvo un grosor como de diez centímetros, ella trataba de gritar, el dolor del consolador creciendo en su interior y las púas clavándose en ella, parecía insoportable, el seguía metiendo y sacando el consolador probablemente hasta que se cansó, de reponed lo infló un poco mas y lo jaló bruscamente, ella se quejó aun mas fuerte.
La desató de las piernas y le metió unas almohadas bajo el vientre, su culo quedaba a la disposición de su amo, el fue a la mesa y trajo una especie de palo, como de 20 cm de largo y 2 de ancho, lo embadurnó de algo que parecía crema y se lo comenzó a meter por el culo, ella ya no podía mas, se retorcía pero él no tenía piedad, sacaba y metía el palo de su culo a la vez que la golpeaba en las nalgas, de repente paro de mover el palo, pero no lo sacó, lo dejo metido como a la mitad, apuntó su pene hacia el coño de la mujer y comenzó a follarla fuertisimo, de repente, creo que ella comenzó a tener un orgasmo, cuando el se dio cuenta de esto, metió hasta el fondo de su culo el palo y ella gritó mas que nunca, en ese momento yo me comencé a excitar muchísimo creo que era lo que estaba esperando, verlo follársela, pero no me alejé hasta ver como el derramo todo su semen en la espalda de la mujer, entonces no pude mas y fui a la cama, comencé a desnudarme, me tocaba a mi misma por todas partes, y después de haber visto el espectáculo de mis vecinos se me ocurrieron muchas cosas, fui hasta la cocina y busque algo que me sirviera de consolador, y otras cosas como cuerdas, pinzas, en fin.

Regresé al cuarto y me desnude por completo me ate los pies separados a los barrotes de la cama, me puse las pinzas en los pezones, no me imaginaba cuanto iba a dolerme, pero el dolor me excitó aun mas, como la zanahoria era delgada la envolví en una tela hasta que tuvo como 6 cm de grosor, entonces comencé a metérmela en el coño que ya sentía completamente mojado, lo estuve metiendo hasta que tuve tres orgasmos, mi deseo no paraba, me excitaban los gritos que todavía se oían en la habitación de los vecinos, así seguí como una hora hasta que me cansé. Me desaté y me preparé para dormir, pero no pude, toda la noche estuve deseando ser dominada por ese hombre y mas aún, dominarlo yo.
No tardaría mucho en hacer mis fantasías realidad, en realidad pasaron cosas que ni imaginaba hasta antes de vivirlas.
Pero eso se los contaré en la segunda parte de este relato. Espérenlo.

sexymac.
sexymac@excite.com

Concierto para Emilio

Observaba con detalle sus zapatos, los calcetines negros, la postura de sus pies cruzados y en punta bajo la silla, las prominencias redondeadas de sus rodillas.., le contemplaba absorta… Estaba hablando por teléfono… apoyado sobre la mesa en su despacho, fumando ¿cómo no? al mismo tiempo. Ese cigarrillo formaba parte de su cuerpo, humeaba y lo envolvía en una nube de misterio, ahora era capaz de percibirlo con claridad. Los ojos verdes, se le cerraban al reír, y el bigote, ya canoso, escondía esa sonrisa que otros rasgos de su rostro se empeñaban en delatar: los hoyuelos de sus mejillas, y alguna que otra pata de gallo.

Se le notaba más delgado, su piel y su aspecto mostraban un gran cansancio, agotamiento… Fui desnudándole con la mirada, miles de pensamientos bailaban en mi mente. Nunca le había dedicado tanta atención. Nunca antes había sentido esa curiosa y morbosa fijación por él. Su aspecto, tan formal de siempre: camisas impecables, corbatas clásicas, pantalones con raya perfecta. Llevaba colgada una etiqueta de persona familiar y seria. ¿Quién iba a decir que tras ese aspecto tan discreto se escondía un hombre fogoso, voraz, apasionado…!

Traté de concentrarme en el trabajo, de desoír las señales que me anunciaban el retorno de la locura , de esa dependencia enfermiza…pero gozosa, de años antes. El tic en el párpado, el sabor picante en la lengua, y la ligera molestia en los riñones… No quería sumirme otra vez en esa esclavitud, sabia que no podría evitarlo. Los acontecimientos me impulsaban, aun sin ser consciente, a aquellas intimas y ceremoniosas dosis de concupiscencia.

Coincidimos en el ascensor a las 8:30h. Esa mañana le vi realmente mal. Unas enormes ojeras, y más delgado que nunca…

—¿Emilio; te encuentras bien?.

—Sí, estoy bien me dijo con unos ojos que gritaban… ¡estoy desesperado!…

—A ti te pasa algo— Le dije preocupada…— Perdona la franqueza, pero tienes un aspecto lamentable! Sabes que puedes confiar en mi— Le dije con un ligero apretón en el brazo.

Me miró… Sonrió sin alegría.

—Gracias por preocuparte, pero son cosas mías, que no tienen más importancia… Creo que puedo llevarlo solo… eres muy amable… Gracias de nuevo.

No volvimos a hablar más del tema, pero sí cruzamos algunas miradas, escrutadoras por mi parte, otras, pretendidamente tranquilizadoras por la suya… Tres días después, se acercó a mi mesa para entregarme el correo, y aprovechó la ocasión para decirme.

—Comemos juntos hoy, y te cuento mi problema?

—Si claro, de acuerdo… me tienes preocupada! Le respondí.

Elegimos un rincón discreto en una cafetería próxima a la oficina. Frente a frente, con un plato de Raviolis, una ensalada, unos ojos cansados, la piel opaca y unos dedos más amarillos que nunca de tanto cigarrillo, empezó a contar…

—Sabes que estoy solo desde poco más de una semana?

—Sí, lo sé…

—No me vas a creer, pero estoy así desde hace 12 días exactamente, bueno, ya estas viendo que cada día peor…

—¿Pero que te pasa Emilio?. ¿A que se deben tus ojeras?

—¡Estoy agotado, exhausto de tanto sexo!— Me respondió.

Me quedé de piedra… Yo suponiendo ingenuamente que se trataba de la salud, o de su familia… ¿Pero por sexo? No, no esperaba eso, y menos de él. Así que le pregunte con los ojos abiertos como platos…

—¿Por sexo?… ¿Pero en que demonios te has metido?.

—Es que no sé como empezar, Laura, no sé que vas a pensar de mí…— me dijo

—Anda. Suéltalo ya!, te escucho.

—Me he liado con una vecina— Así inició su confesión.

—Todo empezó una tarde- continuó- en la que yo esperaba el autobús cerca de casa, para recoger el coche que estaba en el taller. Pasó ella en su coche… me miró, paró, y me preguntó —¿Donde vas? ¿Y tu coche?…

Le expliqué la situación y me dijo, anda sube que te llevo… El trayecto no le venia de paso, pero por lo visto no tenia otra cosa mejor que hacer, así es que me subí… Llevaba una faldita corta, color crema… y la chica está bastante bien, es bajita pero tiene un buen cuerpo. Miré instintivamente a sus piernas. Ella se dio cuenta y me dijo —¿Te gustan?— Sorprendido de su espontaneidad, le respondí que sí, que tenia unas bonitas piernas… Ella se rió, y para más descaro se subió más aun la corta faldita y dijo.
—Tócalas si quieres, veras que suaves…— Yo me corté entonces, me reí como si se tratara de una broma y dejé el tema… No me atreví a seguir mirándola. Llegamos al taller, le di las gracias y allí acabo todo.

Pero al día siguiente… llamó a mi puerta. Yo iba en pantalón corto y sin camisa, ya sabes el calor tan sofocante que está haciendo. Abrí sin pensar en quien podía ser. Era ella!!. Me pregunté muy sorprendido, y ligeramente turbado—¿Qué querrá esta ahora?— Estaba viendo un partido de fútbol y no me apetecía para nada esa interrupción, pero aun así… la atendí con corrección. Me pedía si tenia cinta de embalar, que la necesitaba urgente y se le había terminado. Le dije que creía que sí, pero que la tenia en una caja en el altillo de un armario. Así es que entró hasta el dormitorio, que es donde estaba el armario. Se quedó al pié de la escalera mientras yo intentaba localizar el dichoso rollo. Entonces ante mi sorpresa me mordisqueó la pantorrilla, riendo muy divertida…. Yo le dije —Pero quieres parar que me voy a caer!.— Por fin di con la maldita cinta y le dije: anda, toma!.

Guardé la escalera ignorando, no me fue fácil, sus jueguecitos y me senté en el sofá. Ella no se iba, así que le ofrecí tomar algo, —Sírvete lo que quieras- Entonces se plantó frente a mí, y me dijo. —¿De verdad puedo tomar lo que quiera?— Le dije —sí con toda libertad—. Lo que hizo, entonces, fue desabrocharse la camisa… subirse la falda y como una gata en celo se sentó sobre mí, y me besó.

Vi ante mi sorpresa que no acabaría ahí, por lo que le dije, aun más sorprendido que deseoso —Vecina, lo que va a suceder… no debería suceder…— Pero puedes imaginar lo que ocurrió, pues todo y más, y mucho mas Y desde entonces llevo un ritmo endiablado… esta última noche 4!!! Y así estoy…!

Cuando concluyó el relato de su aventura, debí probablemente, respirar muy hondo porque me dijo:

—¿Estas bien Laura?, Apenas has probado los ravioles!

Un solo granito de arena era suficiente para construir una playa en mi retorcida cabeza. Le observaba tras del cristal de su despacho Mi mente no paraba de imaginarle… Le veía entre las sabanas, arrebujado entre sudores y pasión… Me imaginaba a su vecinita despeinando ese pelo moreno que empezaba a platearse por las sienes… Miraba sus manos que pocas horas antes habían sido expertas amantes, tocando y sintiendo la pasión del sexo… Le imaginé desnudo… Le imaginé jadeando. Le imagine sobre ella, y debajo… y le imaginé abrazando y besando… Dios! Cómo me estaba poniendo!

Sabia que disponía de dos horas de libertad para mí, hasta que llegaran mis hijos. De camino a casa, nerviosa y excitada… compré velas, no estaba segura si las tenia… hacía tanto tiempo…! Y por experiencia sabia que tenia que ser completo si no, no me calmaría… Repasé en mi memoria los objetos que me eran precisos, y los localicé mentalmente en casa… Sí, estaba todo.

Llegué y me metí en la ducha, después de haber dejado sobre la moqueta de mi habitación, las tres velas, la cubitera con agua tibia para calentar el consolador. El vaso de whisky lleno de hielo, el conjunto de ropa interior de satén negro, los zapatos de tacón… y el collar largo de perlas. Estaba todo… Salí del baño, mojada y untada en aceite, dejando en el suelo las huellas de mis pies… Fui hasta el equipo de música… saqué del estuche, el antiguo vinilo “El Bolero de Ravel”, exactamente 14 minutos y 33 segundos, para mi concierto de desenfreno. La moqueta me acogió cálida, demasiado para el calor que hacía, pero estaba tan excitada, tan nerviosa… Con la piel húmeda, aun, me vestí con ese precioso y sexy conjunto, me calcé los zapatos. Encendí las velas y me arrodillé frente al espejo con la cabeza vacía de otros pensamientos…

Mi ceremonia era para Emilio… sería él quien me tocara, sus dedos serían las perlas del collar. El aliento fresco y ardiente de los besos, el whisky de mi vaso… Su sudor, el aceite que impregnaba mi cuerpo… Y su miembro, el que descansaba templándose en el agua, a mí lado, en ese enfría botellas…

El metro de perlas enredado en mi mano como una telaraña me acariciaba con dedos expertos… esta vez si haría lo que yo quisiera, no me obligaría a nada, por muchos susurros en mi oído. El espejo me devolvía una imagen bella… Pronto apareció él, tras de mí, sus labios besaron mi cuello, unas gotas de whisky rodaron por mi escote… como si el beso quisiera precipitarse por el abismo de mis pechos… luego bajó el tirante del sostén y destapó mi pecho tibio… Los dedos se enredaron en el pezón que pronto se manifestó altivo, poderoso. Empezaba la locura… El sabor picante de mi lengua degustaba los besos ardientes que el whisky me ofrecía, y las perlas, sus dedos anhelantes, se deslizaban por el vientre, la cintura y se metían donde el calor de sexo humedecía el satén negro del minúsculo tanga… Las oleadas de lujuria empezaban a acosarme…!

La braguita retirada a un lado y los dedos, sacando de mí, temblores de placer… El metro de dedos perlados se introducían en la vagina… uno tras otro, entraban a pares, dos más, dos más y dos más… Hasta que la oscura y húmeda cavidad quedó llena de blancas bolitas nacaradas. Me acerqué al espejo. Pegada a él, besaba labios de cristal de sabor ardiente, que me quemaban la garganta hasta mi esófago… La pelvis bailaba, y de eco… el crujir de aquellos dedos metidos en mí… Jadeos, besos embriagadores, y luego, el delirio lento del metro de placer, deslizándose suavemente, por encima de un clítoris rabioso.

Una, una más, otra… así hasta un metro de dedos mojados, respingos de placer y crispación… todo fuera!. Entonces la imperiosa necesidad del sexo por poseer, y esos susurros de pasión… El hombre se imponía, tenia el consuelo al alcance de la mano. Mojado, tibio… Acerqué la cubitera, y cogí el clavo que me taladraría, bebí el agua que lo cubría… Metido en la boca, miraba desafiante la imagen lasciva del espejo… lengua, labios… brillos… gritos al oído nublando mi cabeza… Acomodé el consolador en el suelo, la moqueta lo sujetaba, sabía como hacerlo. Pronto se hundió en mí, desapareciendo en mi encendida cavidad… Miraba el espectáculo que tantas veces me hizo temblar… Tantos minutos de concupiscencia entre aquellas paredes… Los brillos de las velas reflejadas en el sudor de mi cuerpo… La música culminaba, y la locura hecha pasión desencajaba mi boca en un grito de placer… gutural, profundo. Otro beso intenso quemándome las entrañas, resbalando por el abdomen, y dedos perlados estirándome los pezones, pellizcos… tirones. El consuelo se metía hasta el fondo, mojado por flujos que lloraba mi cuerpo… La fricción, el chapoteo acompañaban a la música que aceleraba al mismo ritmo que mis contracciones. Más susurros al oído… la voz de Emilio, dura esta vez, dominante y exigente, me pedía más y más… Otra vez lo estaba haciendo, acabaría con los pezones heridos, y sangrantes… tenia que acelerar el orgasmo… Ya llegaba, y sabía que allí se acabaría todo… Las contracciones del útero… seguidas, seguidas. Latiendo por encima de la sensatez… más, más…

Caí desplomada en la cálida moqueta… exhausta de tanto placer… tranquila y sonriente. Riéndome de las horas perdidas en el diván del psicólogo. Esta vez no se lo diría a nadie. No permitiría que un estirado facultativo decidiera por mí. Porque Emilio me había hecho recuperar esos minutos de pasión, que como única secuela, me dejaban los pezones irritados y una leve… pero dulce borrachera.

Lia