Archive for the ‘Maduras’ Category

Haciéndole un favor a la vecina

Miércoles, septiembre 21st, 2011

El otro día en la mañana cuando regresaba de dejar a los niños en el colegio hice algo que algunas veces me ha tocado hacer, relacionado con la mecánica.  Noté el carro de mi vecina estacionado a un lado de la carretera. Era obvio que estaba accidentado, digo varado.
Yo siempre he mantenido mis carros en buenas condiciones mecánicas por lo que no entiendo como la gente pueda ser tan idiota y por descuido siempre les pasen percances como ese. El caso es que esaera una vecina quevalía la pena ayudar, merecía toda mi atención porque una dama de aproximadamente 38 años, 1,8 mts. de estatura,  piernas largas y atléticas y un culo bastante firme (ya se lo había  visto mucho cuando se bañaba en la piscina en la época de verano) era alguien a quien valía la pena tenderle una mano. ¡Claro que terminé metiéndole la mano hasta tocarle aquellas nalgas! Como narraré a continuación.
Debido al que el carro estaba bloqueando el tráfico a esa hora tan temprano en la mañana, me ofrecí remolcarlo hasta su casa que quedaba solo dos cuadras de allí, en la misma calle. Mi vecina aceptó e  inmediatamente me puse a trabajar con mi camioneta todo terreno, resultando un trabajo sencillo halar a un Volkswagen tan pequeño. Cuando llegamos maniobré para poder meterlo dentro del estacionamiento y me puse a observar a mi vecina. Parecía algo preocupada, como desconcertada por eso que la había sucedido al fallar su carro. No solo la remolqué sino que también me ofrecí para echarle una rápida mirada al vehículo y el problema fuera muy obvio, también  que se pudiera corregir rápidamente.
Le dije que se sentara al volante y tratara de prenderlo, así yo desconectaría la manguera de combustible para asegurarme de que la bomba de gasolina estaba funcionando. El problema no era allí porque inmediatamente comenzó a regar gasolina por todo el compartimiento del motor. Le hice una señal para que parara y la bomba no siguiera escupiendo gasolina por todo el motor.
La señora descendió del automóvil y caminó hacia donde yo estaba.  Olía mucho a gasolina y al ver que goteaba de la manguera desconectada, se asustó. Vi la oportunidad para observarle mejor ese trasero cuando le dije que sostuviera la manguera en posición vertical con el dedo tapando el hueco en el extremo. Ella obedeció mis instrucciones, pero en el proceso tuvo que inclinarse hacia adelante lo más que pudo ya que la manguera de gasolina estaba muy pegada a la cabina, al ser un motor montado transversalmente. Es así como  yo tuve una vista perfecta  de un culo cuando la falda se le puso tensa sobre sus firmes nalgas al tratar ella de estirarse un poco acostada  sobre el motor.
La costura  de la pantaleta, una tanga en este caso, se notaba mucho. El palo se me paró rápidamente frente a esa belleza. Algo que hizo que la polla se me parara mas rápidamente fue el hecho de notar sus largas piernas atléticascomo 20 centímetros por arriba de la falda la cual lucía apretada y constreñida por la tensión al continuar inclinada sobre el automóvil de aquella manera.    Me coloqué a un lado de ella y comencé a soltar la tapa del distribuidor. En el proceso descubrí que el cablepor medio del cual fluye  la corriente proveniente de  la bobina de alta tensión se había despegado, pero yo no le suministré a la señora aquella información ¡No era ningún tonto!
Allí parado al lado de ella me puse a seguir latrayectoria del sistema eléctrico con mi dedo.  Para eso tendría que colocar la mano y el brazo entre su cuerpo y la carrocería.  Ella todavía estaba inclinada sosteniendo la manguera de la gasolina. Accidentalmente  mi brazo  restregó  un lado de su cuerpo, también  estomago e incluso su pecho y busto, y todavía más,  hasta los senos  de sostén talla B, así acostadita como estaba la doña.  Esto no pareció molestarla, no le dio mayor importancia y de hecho, yo seguí moviendo  la mano lentamente buscando por donde pasaba el cable,  y estoy seguro quela mujer respiraba profundamente, tratando de tomar aire,  por la posición incómoda, su estómago presionado sobre mi brazo.
Haciendo un esfuerzo por llegar hasta los cables del aire acondicionado (recuerden que yo solo quería revisar el cableado y así tener una excusa para aprovechar y  poder llevar a cabo mi plan) me coloqué detrás de ella, me agaché y tuve que meter la cara justo debajo de la nalga derecha, después hasta la cadera, con mi hombro izquierdo presionando contra su trasero y sosteniéndome del carro con mi mano izquierda.  Así tuve la oportunidad de no solo bucearla, inspeccionarle las piernas un poquito por ese lado; desde abajo como yo estaba todo se le veía  a lo largo de esas suaves piernas y el comienzo unas  duras, firmes nalgas bronceadas,  también tuve la oportunidad de restregar mi pecho y parte de arriba de mi brazo contra sus nalgas, apretándoselas bien.
Ella todavía sostenía  la manguera de gasolina y ya la cara se le empezaba a poner roja, también el cuello, y las mejillas ligeramente rosadas. Ya yo estaba apunto de explotar, me puse exactamente detrás de ella, baje mi mano izquierda hasta su culo. La mujer se incorporó dando señales de que quería hacerme un reclamo, como toda mujer decente lo haría, pero no le di ninguna oportunidad porque bruscamente la presioné  con mi cuerpo contra el carro, esa mano sobre su nalga Izquierda para impedir su reclamo porque ya había  comenzado a decir algo, y yo la interrumpí   repitiéndole las instrucciones: “Sostenga la manguera de gasolina, señora, sostenga tranquila!!”
No dijo nada y siguió sosteniendo la manguera, quedándose así todo el tiempo. Con mi mano izquierda continué la exploración de sus nalgas a través de la falda, también  sus muslos por debajo de la falda mientras que con la derecha la tenía sostenida por el  brazo, le manoseaba la parte derecha de su cuerpo el tórax y pasando por un ladito de  los senos en cada pasada, una mano puesta en su culo, la otra en los senos.
Ya mi cara estaba pegada  su cuello y le susurré en el oído que era  muy importante que siguiera sosteniendo la manguera.
“Sostenga, señora, porque si sale una chispa del cable esto explota con la gasolina derramada.”
La mujer tenía el mismo miedo que al principio viendo  que la gasolina derramada podía hacer ignición y el carro quedaría envuelto en llamas, y al yo repetírselo,  la hizo quedar más convencida de tal peligro.  Esto la hizo motivarse, prestarle mayor atención al asunto y seguir con su manguerita, con la diferencia de que ahora su respiración era más rápida igual que la mía, y también notaba que el corazón le latía aceleradamente cuando quedé bien pegado a ella.
Esa misma   mano izquierda la utilicé para a acariciarle el culo y los muslos por detrás de la pierna y  parte interior del muslo izquierdo,llegué bien  arriba, con la mano metida debajo de su falda, y  lo suficiente para que mi dedo pudiera encontrar la unión entre el borde de la pataleta y los labios mayores de la cuca. Esto  hizo que hiciera otro intento por  reclamar y lo adiviné por la forma como movía su cuerpo, como rechazando las caricias. Para impedirle que dijera algo, metí la mano derecha dentro del seno del mismo lado y se lo apreté bien duro:
“!Sostenga, señora, sostenga la manguera!!”
Otra vez no dijo nada y se comenzó a relajar haciéndose mas sensible a mis caricias. Ahora mi mano derecha acariciaba el seno del mismo lado,  la palma de la mano puesta por debajo de la teta mientras que con los dedos hacía dibujos, dando vueltas en círculos alrededor de la teta y por los lados, teniendo cuidado de no tocarle el pezón… hasta que no estuvieran duros por la tensión provocada en se lugar.
Por fin cuando palpé el pezón, con cada manoseo y caricia, de sus labios se escapaban suaves gemidos. Mientras tanto con la mano izquierda seguí explorando   todo lo largo  los labios mayores a través de la tanga la cual formaba una copa que normalmente forma la cuca. Con dos dedos recorría los labios mayores hacia arriba y hacia abajo perobien despacito,  dos dedos  a los lados y el dedo medio en  punto central en donde las pantaletas estaban mojadas. Aquella cuca ya se estaba poniendo bien caliente hasta el punto que se sentían sus palpitaciones.
Le susurraba palabras en el oído dándole ánimo, diciéndole que era necesario  que siguiera sosteniendo la manguera de gasolina debido al peligro de incendio que existía.
“Así, nena, buen trabajo el que esas haciendo, eres una buena ayudante. No te preocupes, ya ese carro va a prender, ya falta poquito.”
&&&&&&
Cuando sentí su cuca latiendo debajo de la mano izquierda decidí que ya era le momento. Metí la mano derecha por debajo de la blusa para acariciarle la deliciosa piel  de la cintura, y la depresión entre las tetas mientras de vez en cuando acariciaba una teta a través del lazo del brasiere.
Era mas fácil utilizar los dedos de mi mano izquierda, así que se los metí  debajo de la tanga por la parte izquierda mientras ella estaba de espalda, y desde atrás subiendo pude tocar  el culo de aquella  mujer. Con el dedo medio le recorría la raja de la cuca ya lubricada aunque todavía la tenía cerrada, pero, coño! bien mojada! Para arriba y abajo, la mano hasta donde comenzaba el clítoris, solo tocando la parte interior de los labios mayores y restregando la parte sobresaliente de los labios menores. Es  hacer notar que esa vecina era una de esas mujeres que tienen los labios menores apuntando hacia adelante totalmente afuera de la cuca. Notaba su humedad y le daba hacia arriba y hacia abajo para lubricar aquel motor que temblaba de lo caliente esperando a que lo pusieran a funcionar.
Ya ella estaba lista con ganas de follar igual que yo, pero el caso es que  tenía la tanga demasiado apretada. Arriesgándome a que se negara y ya no quisiera nada al dejar de mantenerla caliente, retiré mi mano izquierda para con esta misma quitar la pequeña parte de tela estorbando en el medio y que me impedía meter el pene. Con la mano derecha le sostenía la falda y así se me hizo más fácil jalarle la tanga con la mano izquierda.
Cuando le subí la falda completamente para comenzar a follármela el cuerpo  se le puso más rígido y me pareció queno se iba a dejar:
“¡Oiga, pero que á usted haciendo, saque la mano de allí!!”
Ya yo estaba hecho trizas por tanta necedad, y para que se le quitara la payasada, le di una palmada en la nalga derecha para llamarle la atención:
“¡Sostén la manguera, nena, sostén, tranquila que no te va a pasar nada!!”
La mano se me quedo pegada en su  bello culo con la última palmada causándole dolor. El cuerpo se le puso duro cuando la mujer sintió aquel ramalazo pero comenzó a relajarse cuando mi mano le acarició la zona roja de la nalga con el problema y así le producía algún alivio.
Noté que ya estaba colaborando y seguí quitándole la tanga, haciéndolo lentamente a propósito. Se la bajé hasta  los tobillos mientras le pasaba la lengua por la parte trasera de la pierna izquierda. Al quedar sin pantaleta por fin pude ver aquella cuca deliciosa desde atrás. La tenía sin   rasurar  y los pelos  eran de color rubio cereza, los labios menores oscuros, como negros se le salían, sobresaliendo por encima de los labios mayores que se veían hinchados, un poco rosados con la zona de la raja cubierta por un jugo viscoso traslúcido. ¡que vaina tan deliciosa, Dios mío!!”
Le jalaba la tanga para que se saliera de los tobillos y tuve que agarrarle el tobillo izquierdo para terminar mi tarea, luego decidí que seriamas fácil llegarle a la cuca poniéndole la pierna con sus tacones altos sobre el parachoques, así se le abriría bien la cuchara.
Cuando me puse de pie pude meter las manos por dentro de las piernas hasta la zona en donde se encontraba mi objetivo. Me afloje la correa y me baje los pantalones los cuales cayeron al piso. Agarré el palo con mi mano izquierda, le restregué la punta del pene hacia arriba y hacia abajo a lo largo de la raja, asegurándome detocarle el clítoris cuando la cabeza del huevo llegaba arriba. La quinta vez que la acaricié de esta manera, los músculos de la pierna y nalgas se le apretaron y empezó a temblar: estaba teniendo un  orgasmo  de los pequeñitos.
Deje de acariciarla y me acerqué lo más que pude con mi tremenda erección apoyada sobre sus nalgas, la besé suavemente en el cuello, mis labios acariciaban su cuello, y agregado a eso le decía piropos:
“¡Que cuerpo tan bello tienes,  muchacha, esas divina!! Ya tuviste un divino orgasmo y te prometo algo mejor, mucho mejor que eso!!”
Me eche un poco hacia atrás y deslice mi huevo dentro de ella con un movimiento suave. El huevo se me resbaló con un meneo muy suave cuando la vi expuesta delante de mi en esa posición,  estirada sobre el motor con un pie sobre el parachoques.
Me  eché un poco hacia atrás para verificar el asunto y deslizar mi huevo dentro de ella con un movimiento rápido; el pene se resbalaba suavemente por la forma como ella estaba completamente expuesta en esa posición abierta.  Lentamente comencé, meticulosamente,   con largas metidas, nuestros cuerpos tocándose, mis bolas moviéndose hacia adelante y hacia atrás pegando de sus muslos
Con la mano izquierda le acariciaba los senos, mientras con la derecha le coqueteaba elestómago y mas abajo. Mi dedo medio exploraba los pelos de la cuca que tenía una especie de botón hasta que  justo donde se unen los labios mayores en la parte de arriba de la panocha.
Con el mismo liquido lubricante proveniente del palo metiéndosele, comencé a restregarle el clítoris utilizando movimientos cortos hacia arriba y hacia abajo.  Tuvo dos orgasmos rápidos y  seguidos. Podía sentir como esa dama ya iba a tener último y más importante  orgasmo que se le avecinaba; yo también notaba que me excitaba mas y mas.
El frenesí de mi vecina iba en aumento,así que disminuí mis metidas y aceleré el paso con un dedo puesto sobre su clítoris dándole al mismo ritmo que las metidas. La lubricación la obtenía del palo mojado con sus líquidos haciendo que la parte donde se unen los labios menores se abriera, tocándose esa parte. Le pelé la capucha que cubre el clítoris hacia atrás. Le seguí dándole arriba, abajo, arriba, abajo,  otra vez.
Le llegó un tremendo orgasmo: los músculos de la cuca se contrajeron y la mujer se retorcía sin control cuando las piernas se le sacudían al llegar al clímax. Le metí la polla mas adentro y me detuve teniéndosela allí metida: sentía pequeñas pulsaciones y golpecitos dentro de su vagina cuando la cabeza  de mi pene se puso bien hinchada, inflamada y la sangre bombeaba hacia esa zona.
Cuando el orgasmo la sacudió por fin, me metí  un dedo dentro del clítoris y presioné duro sobre la cabecita  de ese botoncito teniendo cuidado de no estimular partes demasiado sensibles. Asi nos quedamos como 15 o 20 SEGUNDOS: ella dominada, atrapada por el orgasmo tan intenso con los músculos de las piernas y nalgas sacudiéndose y las rodillas ya se le doblaban, la mujer como si se fuera a colapsar, siempre con mi pene metido, yo apretando mas el clítoris y  disfrutando cada detalle de los placeres que esta señora estaba teniendo. Noté que había soltado la manguera y ahora tenía las manos descansando sobre el motor de espaldas.
Después  lo que pareció como una hora temblando, retorciéndose,  todo terminó y su respiración era menos errática.Le saque el machete dejando solo la cabeza adentro, luego le di una tremenda nalgada en la nalga derecha.No se dio cuenta de la sonrisa cariñosa y de satisfacción en mi cara: esa mujer simplemente era mágica,  un fenómeno.
Seguí restregándole el pene dentro del túnel del amor pero a vez apresuradamente porque era claro que ahora me tocaba ami tener que satisfacerme. Eran largas metidas comenzando desde los labios aplicando presión hacia arriba de manera que la cabeza friccionara lo máximo posible en la parte  arriba dentro de la vagina. 20, 30 metidas adicionales,  y me vacié, eructando dentro de ella apretándola bien duro. Me quedé sorprendido porque mi vecina volvió a acabar cuando yo tuve mi último espasmo, mejor dicho, mi última sacudida, nuestros fluidos bañándome todo a lo largo del pene hasta  las bolas.
Le acaricié la espalda y el cuello aun teniéndoselo metido. Sentía que el pene no se me bajaba; se estaba parando otra vez. El problema es que yo tenía una cita de negocios, iba a llegar tarde si me dejaba llevar por mi impulso animal;  saqué mi polla, luego me retiré.
Todavía estaba inclinadasobre el motor de espaldas y su bella nalga derecha estaba  roja en donde y le había impuesto disciplina. Una socia, compañera tan buena y complaciente merecía trato agradable, asi que cuidadosamente le sobé la parte inflamada y le di besitos para que se sintiera mejor.  Viendo un poco desde lejos pude notar como le salían líquidos y bajaban por la parte interior de la  pierna izquierda: Mezcla de mi semilla y sus jugos del amor.
Se me hizo tarde y debía darme un buen baño, así que la jalé hacia mi, la abracé y le di un beso muy tierno.
Fue una persona tan bella,   caritativa, generosa conmigo…esa nueva amistad seguro iba a durar y gozaríamos mucho tirando en el futuro.Mientras ella se bañaba yo me quedé terminando de reparar el carro. La ayudé a secarse la espalda después de asearme las manos. Noté que habían dos cosas funcionando mal  en su casa: una bisagra rota, una llave que goteaba y la puerta del closet. Cuando me  imaginé follándomela otra vez y la polla se me comenzó a parar.

Fantasias con la vecina gorda

Jueves, septiembre 15th, 2011

En aquella ocasión yo era un niño, muy puro para mi edad y con apenas 17 años no crei tener semejantes delirios sensuales como los que me envuelven hoy cada vez que pienso en ella. mi vecina, no era muy bonita, ni esbelta, ni el modelo de cuerpo sexapple como para ser el centro de atención de mis amigos, por el contrario era gordita, poco bustona y algo baja para mi estatura, lo que la hacia poco atractiva para mis gustos particulares, pero Luz tenia algo que me volvia loco, era sin duda esa voz jugetona e infantil, su personalidad deshinibida y charlatana, su mirada picara y coqueta y sobretodo esa boquita pequeña como una fresita deliciosa la que me volvia completamente loco;  No fui muy consciente de ello aun después  de verla tantas veces en visitas con mi padre que era buen amigo de su esposo, no tarde mucho en hacerme amigo de su hijo jeison y de pasar mis vacaciones en su casa de campo a las afueras de la ciudad, para entonces yo tenia 18 años y ella 38, era extraño notar como se preocupaba execivamente por mi , me trataba con una dulce ternura y con un extraño cariño, algunas veces se acercaba demasiado y me rozaba la mejilla detenidamente mientras me daba el beso de buenos días, aun asi yo siendo un joven virgen y muy ingenuo para mi edad, no entendía ese lenguaje sensual y menos que Luz Neida era una mujer frustrada sexualmente por tener un esposo sexualmente paraplejico y sin imaginacion y conociéndola ahora debía ser algo casi imposible satisfacer a semejante bomba sexual llamada Luz Neida, detrás de toda esa grasa apretadita había una acumulación de orgasmos reprimidos de mas de 10 años. Los años pasaron y yo había crecido y me mude a otra ciudad, vivía solo entonces, en un frio y tosco apartamento en el centro de la ciudad, cuando empeze a escribir una novela con la que crei me haría famoso, era la historia de su familia, súbitamente y en la soledad de mi apartamento volvieron a mi sus recuerdos, sus caricias, su sensual boquita carnosa y su mirada coqueta, un calor recorrió mi cuerpo y me estremeci de lo dura que se me puso la polla, fantasee mucho con ella y eran pajasos seguros y muy poderosos, hasta que un dia sono mi celular, mi sorpresa fue enorme cuando escuche de nuevo esa vocecilla cantaría y jugetona, era su voz sin duda, había estado buscándome y pidió a mis padres mi celu, yo descaradamente le dije que me moria por verla después de tantos años, ella acepto y para mi sorpresa quieria venir hasta aquí solo para verme, antes de despedirse me dijo, ya debes ser todo un hombre me imagino, tienes novia???? Me quede abismado pensando solo en tenerla en mi cama con las piernas abiertas y mi pene dentro de su vagina, mientras miraba su carita de niña traviesa.

Sucedió y una noche sono mi timbre, era ella, estaba diferente, pero igual de gorda, la invite a pasar, cuando entro la abrace cariñosamente y ella sin preguntarme me beso en la boca, yo me detuve por un momento en sus labios, sin mover los mios y trate de disfrutar esa boca increíble que tanto habia deseado en mis sueños, luego ella empezó a moverlos lentamente y terminamos dándonos tremendo beso de bienvenida ahí parados en el desván del apartamento, mi cuerpo temblaba, nunca supe si lo noto, pero debió parecerle exitante, yo era un idiota confundido con la situación, pero de pronto mi trastorno emocional desapareció ante el repente sonido de sus jadeos y suspiros en el tono dulce de aquella vocesita sexy y ese cuerpecito gordo y pequepo estremeciéndose entre mis brazos, estaba exitandose con solo besarla, de pronto mis manos se aflojaron y comense a acariciarle su gordo trasero caído y su ancha cintura, a esta altura mis boca ya había besuquiado hasta el extasis aquella boquita deliciosa y buscaba el cuello, ella sin decir nada dejo caer ese escotecillo delicioso y seductor que traia intencionalmente y dejo caer su sosten dejando al aire unos pechos morenos,  pequeños y puntiagudos, frajiles y bien formados , eran exquisitos, me perdi completamente ante su sensacional visión eran hermosos hay que admirlo eran unos tesoros ocultos, los bese con pasión, rápidamente la agarre por detrás de las piernas y la levante descargándola sobre el escritorio que daba justo tras de ella, baje su pantaleta y toque despacio su sexo húmedo, abri sus piernas baje mis pantalones y sin pensarlo, ni demorarlo mas le intruduje mi pene bien profundo en esa vagina caliente y mojada, bombie con fuerza y pulso ella gemia de pasión y extasis, tenia una carita de inocente que me volvia loco y sus pequeñas tetas puntiagudas perfectas jadeaban apetitosas en medio del delirio. Mis manos se apretaron a sus caderas y las suyas buscaron mis nalgas apretándolas con fuerza, tuvimos sexo toda la noche y la mañana del otro dia, hicimos cosas de las que aun hoy me acuerdo después de muchos años, fue increíble, de eso ya han pasado muchos años.

Homenaje a Lidia

Miércoles, septiembre 14th, 2011

a verdad es que Betty ya me tiene harto. Bueno, más que harto, me tiene frustrado rozando la desesperación. Betty es mi mujer, llevamos diez años casados y, últimamente, cuando hacemos el amor, se comporta como si fuera una virgen forzada contra su voluntad. No lo entiendo, ella no era virgen, ni mucho menos.
Nos casamos, después de dos años de noviazgo, cuando ella tenía veinticuatro y yo treinta años. Betty había tenido varios novios y, desde que tenia dieciocho años, se había acostado con un buen numero de voluntarios, así que no venia al matrimonio siendo precisamente una ignorante en materias sexuales. Betty sin ser una gran belleza es muy resultona; es alta, como su madre, morena como su padre, de ojos castaños, nariz fina y labios sensuales. No es que tenga pechos como la Moria, pero tampoco esta plana ni mucho menos, fina cintura, buen trasero y piernas bonitas de fino tobillo, como su madre.
Los primeros años de casados fueron bien, sin ningún exceso sexual, pero sin mayores problemas. Lo único que noté era que ella no aceptaba el sexo oral, ni dado ni recibido y del negro… ¡Ni mencionarlo! pero por lo demás, hacíamos el amor una o dos veces por semana, sin grandes aspavientos, pero sin grandes problemas. Betty ya me había avisado antes de casarnos que no quería tener hijos. Así que ella tomaba la píldora y hacíamos el amor sin preocuparnos de calendarios. De vez en cuando, yo mencionaba algo de sexo anal; Betty se ponía hecha una furia, gritaba, me llamaba de todo: cerdo, animal, degenerado… yo me batía en discreta retirada y hasta la próxima. Aunque nunca había dado señales de ser muy religiosa, empezó a insistir que teníamos que ir a misa todos los domingos y ella empezó a ir a la iglesia entre semana.
De esta forma pasamos ocho años y varios cuartos de baño, así que no era lógico decir que no. Además, Betty dijo que su madre vendería la casa y se ofrecía para contribuir con una cantidad mensual, equivalente a los gastos del apartamento, a nuestro presupuesto familiar. No es que nos faltase el dinero, pero tampoco estábamos como para despreciarlo. Así es que mi suegra se vino a vivir con nosotros.
Lidia es más bien seca, sin mucho sentido del humor, cuando vino a vivir con nosotros tenia cuarenta y nueve años, pero para su edad estaba bien conservada. Es alta, uno setenta y siete, rubia (teñida), agradable de cara, un poco entrada en carnes y, aunque no es fácil de adivinar pues viste siempre de forma muy recatada y severa, tiene buenos pechos, un trasero pronunciado, como la mayoría de las mujeres de su edad, y piernas bien torneadas de finos tobillos que se encarga de lucir llevando siempre zapatos de tacó muy alto.
Al principio todo fue bien. Lidia estaba retraída, mas seria de lo habitual, casi hosca, pero lo atribuí a su tristeza y soledad tras la muerte del marido y a que ella quizás trataba de no interferir en nuestra vida cotidiana. Pasados tres o cuatro meses, empezó a participar más en nuestra vida; cocinaba a menudo e intervenía en nuestras conversaciones, se la veía un poco menos retraída, aunque seguía vistiendo de un luto riguroso y austero. Cuando ya llevaba más de medio año con nosotros y tenia más confianza, empecé a notar que cuando intervenía en nuestras conversaciones, a menudo hacia pequeños comentarios bastante sarcásticos y derogatorios hacia los hombres. Nada terrible, cosas como – que torpes que son los hombres; esa cocina nada más la puede haber diseñado un hombre; los hombres nunca piden direcciones…- . Pero con el tiempo, los comentarios se fueron haciendo más frecuentes.
- Como Ariel nunca ayuda en la cocina…
- Ariel, podías ocuparte un poco más de Betty…
- Ariel, manejas como un loco.
Esto ya me empezó a mosquear un poco, pero pensé que si no me daba por aludido, y no respondía, Lidia dejaría de hacerlo. Evidentemente me equivoqué, porque de forma paulatina pero continua, ella incrementó la mordacidad de sus críticas, que pasaron a convertirse en ataques personales. No solo eso, sino que claramente estableció que su difunto marido, Toto, fue un inútil, bestia, desagradable y que yo era, por lo menos, tan despreciable como él y probablemente aun peor: – Ariel, Eres igual de bruto que Toto.
- Eres igual de egoísta que Toto ¡Nada más piensan en ustedes mismos! – Como sos Ariel, ni el animal de mi marido hubiera dicho algo así.
Yo soy de natural apacible y no me gusta meterme en peleas, así que decidí callar pensando que tener una bronca con su madre no ayudaría a mis relaciones con Betty. Así que callé y aguanté mecha. Probablemente hubiera sido mejor que le hubiera parado los pies a Lidia hace tres años, pero a toro pasado… ¡todos somos grandes toreros! Lo que estaba claro es que Lidia tenia problemas en lo se refería a relacionarse con hombres y estaba mas que contenta descargando sus frustraciones sobre mí.
Pero bueno, volviendo a Betty y a mí, como ya he dicho, sin poner poder una fecha concreta al cambio, lo que estaba claro es que Betty demostraba cada día que pasaba menos y menos interés en actividades sexuales. A menudo me tocaba escuchar: – No cariño, por favor. Hoy no que tengo una jaqueca horrible.
- Ariel perdona, pero es que hoy estoy tan cansada…
- Me vas a perdonar, pero se ve que la cena no me cayó bien y me molesta…
Claro esta que la primera vez que pasó esto, no le di ninguna importancia, ni la segunda ni la tercera. Pero, ahora pensándolo bien, me doy cuenta que de hacer el amor una o dos veces por semana, pasamos a una sola vez por semana, una cada quince días, una al mes y, echando cálculos, me doy cuenta de que hace tres meses que no hacemos el amor. Claro, que quizás no estoy en el mejor momento de ecuanimidad, con la tremenda frustración que tengo es posible que distorsione algo las cosas y que no este mirando a Betty y a su madre desde el mejor ángulo posible, pero, se mire como se mire nuestra vida matrimonial, o al menos la mía, no ha mejorado con la adición de Lidia. Además de tener que aguantar las frecuentes puyas de Lidia y sus comentarios derogatorios, tengo que sufrir la falta de interés de Betty. Pero no solo la abstinencia, en los últimos meses, hemos tenido varias broncas. Todas han empezado debido a sus negativas.
Todo esto me lo estaba diciendo a mí mismo mientras rumiaba mis pensamientos camino de casa. Con lo embelesado y enojado que estaba en la conversación conmigo mismo ¡ya seria un milagro si no tenía un accidente en la autopista! La causa de mi enojo la tenia nuestra conversación ¡Qué mierda conversación, nuestra pelea! de esta mañana. Me había despertado antes de lo habitual y me desperté pegado a la espalda de Betty, con mi mano derecha, abrazándola y asida a uno de sus magníficos y duros pechos.
Mi cuerpo totalmente pegado al suyo y mi pija, dura como un canto, pegada a su trasero, acomodada en el glorioso valle entre sus nalgas. Sin pensarlo, de forma automática, giré a Betty, me puse encima de ella, entre sus piernas y la penetré. ¡Mierda que ganas tenia yo! ¡Que acogedora su conchita! Cuando empezaba a acomodarme, entre las vueltas y la penetración, Betty se despegó.
1) Me hizo ver las estrellas.
2) Sacó mi pija de su acogedor estuche.
3) Me tiró al suelo.
4) Me dolió muchísimo.
5) Mi pene que estaba duro como un canto inmediatamente pasó a estar triste y alicaído.
Mientras yo estaba en el suelo, sujetándome los huevos, retorciéndome de dolor, sorprendido y confuso por su reacción, ella chillaba, recriminaba y acusaba de tal modo que parecía un híbrido de basilisco, dragón y furia.
- Ariel, ya sabía que sos un cerdo y una bestia, pero no sabía que fueras tan degenerado. Ya sé que odias a las mujeres, ya sé que nos crees inferiores, pero no te creí capaz de violar a tu propia esposa. ¡Tú propia esposa! Eso es lo que sos un libertino, un degenerado y un violador.
Todo esto lo decía con grandes aspavientos, apuntado un dedo acusador, mesándose los pelos… no le faltó más que rasgarse las vestiduras, algo que no podía hacer, porque estaba en bolas. Cuando, por fin, paró en sus denuestos – supongo que para tomar aire- traté de participar en el intercambio.
- Betty, ¿Te volviste loca? Ni te estaba tratando de violar, ni mierda. Trataba de echar un polvito mañanero, como hicimos muchas veces.
- El que hayas abusado de mí en el pasado no te da derecho a seguir abusando de mí.
- Betty, vos te golpeaste. ¿De que abusos estas hablando? – De tus abusos sexuales; de que voy a estar hablando, siempre queriéndote aparear como un cerdo, siempre alzado, siempre dominándome, nada mas te faltaba hacer lo que trataste de hacer hoy ¡violarme! – Betty, llevas un año que no decís más que bobadas, antes no eras así. ¿Quién te puso esas ideas en la cabeza? – Vos llamas bobadas a todo lo que es diferente de lo que vos pensas. No quiero ser tratada como un animal, ni usada como un objeto.
- Betty ¿Quien te esta diciendo esas estupideces? ¿Tu madre? – Pues claro esta que mi madre piensa como yo. Pero no le eches la culpa a ella por abrirme los ojos.
Me parece que ahí perdí la compostura y solté una ristra de juramentos e insultos hacia mi suegra como no recordaba haber hecho nunca contra otra persona. ¡Era la leche! A la hija de puta no le había bastado con venir a vivir con nosotros, con cobijarse bajo mi techo, con compartir pan y vino conmigo y con insultarme de forma continua. ¡Encima le hacia un lavado de cerebro a Betty y la ponía contra mí! Cuando conseguí controlarme un poco y dejar de jurar, perjurar y maldecir, dije:
- Betty, ahora me tengo que ir al trabajo, pero esta tarde vamos a hablar. Le puedes ir diciendo a la puta de tu madre que o deja de hincharte la cabeza con boludeces, o la saco de esta casa a patadas en el culo. Y vos preparate, porque esta noche con o sin jaqueca, con o sin dolor de panza, cansada, sedienta, hambrienta o con fiebre, esta noche, estés como estés ¡vos y yo cogemos!¡Mierda! así se hace Ariel, ya era hora de poner los huevos sobre la mesa (figurativamente hablando, porque en aquel momento los tenia bien espachurrados y no estaban para ponerlos en ningún lado) Me duché rápidamente, me vestí, y con mucha dignidad (y con mayor dolor de huevos) salí de la casa.
Claro esta que me pasé todo el día en trabajo rumiando lo que había pasado y con ganas de agarrar a puta de mi suegra y cantarle las cuarenta. Me parecía increíble que la hija de puta suegra pudiera hacer algo así. Pues se había equivocado de cabo a rabo, yo soy más bien pacifico y, en general, prefiero aguantar mecha a tener un enfrentamiento, pero no soy idiota. Se iba a enterar Lidia de lo vale un peine. La verdad es que en vez de enfriarme durante el trabajo me pasó lo contrario, me calenté más y más pensando en todo lo que había pasado. Como la cerda de mi suegra me saliera respondona, le iba a dar un par de sopapos de los que nada más entran seis en la docena. Para que aprenda quien lleva los pantalones de una puta vez. Y Betty, Betty se iba a enterar también ¡que puta ya está bien! No es que fuéramos a hacer el amor esta noche, no. Esta noche la iba a coger como dios manda. No solamente coger.
- ¡Bettyyyyyyyyy, Bettyyy! – Betty no está en casa, ¿Qué pasa? ¿Por qué gritas así? Era Lidia, la lava-cerebros, la jode matrimonios, la odiadora de hombres. Como siempre fría, como siempre seria, como siempre vestida con traje negro, de cuello cerrado, manga y falda larga, como siempre displicente y como siempre, con voz y gesto, implicando censura y desaprobación.
- Grito así por que me da la gana, que estoy en mi casa y no le tengo que dar explicaciones a nadie ¿Sabes?
Lidia puso cara de gran sorpresa, parecía que quería decir algo medio tartamudeando, pero antes de que pudiera decir nada, la espeté yo: – ¿No te dijo nada Betty? – No la vi esta mañana, se fue antes de que me levantara yo. Dejo una nota diciendo que no la esperemos para cenar. Insisto en que no me parece bien la forma en que me hablas.
- ¿Que no te parece bien? Pues mira puta suegra, a mi no me parece bien que llenes la cabeza de tu hija con tu odio hacia los hombres. A mi no me parece bien que te pases el tiempo criticándome, censurándome e insultándome. Me parece tan mal lo que estas haciendo, que si lo volves a hacer, una sola vez más, te echo de esta casa a patadas.
Lidia primero puso cara de asombro, después de enfado, irguió aun más su largo cuerpo, puso aire de superioridad y dijo: – Ariel, no consiento que nadie me hable así, y menos un maricón como vos.
¡Madre bendita! Ya dije que soy de natural apacible y aguanto bastante, pero aquella zorra sabía como tocar mis resortes. Sin pensarlo, sin darme cuenta de que hacia, poseído por la ira, como un relámpago, le di dos sopapos de campeonato. Resonaron como pistoletazos, tan fuertes fueron que la tiraron al suelo y Lidia no esta delgada precisamente, así que con su metro setenta y siete de carne sólida no es ninguna pluma. Cuando la vi sentada en el suelo, con las manos en las mejillas, me di cuenta de lo bestia que estaba siendo, después de todo Lidia era mujer y catorce años mayor que yo. Me incliné sobre ella para ayudarla a levantarse y estaba a punto de pedir perdón por lo que había hecho, cuando Lidia con los dientes apretados, rezumando odio dijo con palabras que sonaban como latigazos:
- ¡Además de imbécil y maricón, burro! Cómo todos los incompetentes, cuando no sabes ni que hacer, ni que decir, pegas ¡Cómo los animales! ¡Qué mierda eres! ¡Pegarle a la madre de tu mujer! ¡Puto! ¡Maricón, eso es lo que sos un maricón!
Todo esto lo decía sin haber soltado una lágrima, sin lloriquear, con una mala leche, un desprecio y una firmeza. Sus palabras, su desprecio y su arrogancia fueron la gota de agua que colma el vaso. Perdida toda cordura o control, la agarré por sus pelos rubios (teñidos) y la arrastré hasta el sofá. Me senté, doblé su cuerpo sobre mi rodilla izquierda, cerré mis piernas sujetando las suyas, levante su pollera y empecé a azotar su culo. ¡Como se lo azoté!, con todas mis fuerzas, con toda mi saña, pegué, pegué y pegué, cegado por la ira, como bestia descontrolada pegué, pegué y pegué. No sé cuanto tiempo pegué. Lo único que sé es que la bestia que todos llevamos dentro, a mí me había salido fuera. Pegué hasta que la mano me dolía y mi brazo no se podía mover más. Hice una pausa y noté varias cosas.
1) Mi suegra, a pesar de su severo luto, llevaba unas diminutas y coquetas tanguita de encaje granate que dejaban al aire la mayoría de su espléndido culazo.
2) El culazo de Lidia no solo era de buen tamaño, pero de carnes duras y, aun estando rojo debido a la azotaina, o quizás por lo rojo de mis azotes, era de lo más incitante y atractivo.
3) Yo tenía una erección de campeonato. Tan dura la tenia, que era casi dolorosa.
La verdad es que me dio cierta vergüenza, una cosa era que mi suegra me hubiera enojado, desafiado y, provocado tanto como para haber respondido dándole una paliza. Pero otra cosa es que me calentara con el culo de mi suegra. Creo que hasta me estaba sonrojando cuando Lidia, al notar la pausa en mis azotes, levantó la cabeza y mirándome a los ojos dijo: – Sos tan cruel y bestia como mi marido y como él pegas sin piedad.
Varias cosas me dejaron boquiabierto:1) Grandes lagrimones corrían por las mejillas de Lidia, pero su voz no temblaba y no estaba llorando, simplemente le caían las lágrimas.
2) La voz de Lidia no era la de la arpía desafiante de hacia unos minutos sino sumisa y casi, casi dulce.
3) Por lo visto mi suegro la había zurrado en más de una ocasión.
Yo me quedé alucinado, no sabía que decir ni que hacer, medio tartamudeando dije: – ¿Toto te pegaba? – Puta, que si me pegaba. El animal me pegó más que a una estera. En cuanto lo enojaba por cualquier cosa, ya estaba: ¡paliza! La de palizas que me dio el maricón. Con la mano, con la correa, con la regla, con el bastón… pero lo que más le gustaba, es lo que hiciste vos. Me ponía sobre su regazo y se inflaba de darme azotes con las manos ¡No veas lo que le gustaba mi culo! Yo creo que casi pegaba más fuerte que vos. Claro que es difícil de decir, porque él me quitaba las bombacha antes y, el mamón de él, siempre acababa igual. Después de la azotaina me enculaba. ¡Que bestia! ¡Que enculadas me daba! – Pero Lidia ¿tú entregas el culo? – Ariel, así en tiempo presente: no, que ya hace tres años que no lo pruebo; pero en tiempo pasado… puta que si he cogido.
Si hasta entonces la erección que tenia, casi, casi me dolía, ahora se puso tan dura que empezó a doler de verdad. Otra vez perdí todo el control. Puse a Lidia de pie y sin ningún miramiento desgarré su vestido y lo tiré al suelo. Me quedé casi sin respiración al verla, Lidia nada más llevaba un pequeño sujetador de encaje granate (haciendo juego con la tanga), medias negras enfundando sus largas y bien torneadas piernas y zapatos negros de taco alto.
¡Que buena estaba! Las tetas eran aún más grandes que las de Betty, la cintura se mantenía estrecha, un poco de barriguita en su bajo vientre era la única concesión a la edad, las caderas anchas, de suave y graciosa curva, caderas de Venus madura, de Venus en su plenitud, en su perfección, los muslazos, los muslazos eran la leche. Sólidos, un poco macizos, pero duros. No me entretuve en más contemplaciones, de un tirón…
- Ariel ¿qué estas haciendo? – ¿Que estoy haciendo? No sé que estoy haciendo, pero lo que sí sé es que te voy a dar por el culo.
Supongo que hubiera sido lógico esperar que Lidia protestara, chillara, huyera…Pues no, con toda la calma del mundo (y mucho estilo) se quitó la tanga, se frotó las doloridas nalgas y se limitó a preguntar: – ¿A culiar? Ahora si, ahora si que su voz sonaba dulce y sumisa.
- En el sofá, arrodíllate en el sofá y pone el culo en pompa, aguanta todo lo que quiera hacerte y como no hagas lo que te digo… te mato a palos.
Lidia se acercó a mí, desabrochó mi cinturón, abrió la bragueta, dejo caer mis pantalones y bajando mis calzoncillos asió mi pene.
- ¡Dios mío! Dijo.
- Toto que en paz descanse, tenia buen instrumento, pero vos Ariel ¡pedazo de pija tenes! Sin decir mas, se inclinó y dio una dulce chupadita a mi glande, luego restregó sus enormes tetas contra mi pecho, me dio un beso en la boca metiendo la lengua hasta lo más profundo, giró y contoneando sus poderosas caderas se dirigió al sofá. Se arrodilló sobre él ofreciendo sus gloriosas nalgas, con sendas manos las separó descubriendo el orificio de mis ensueños poniéndolo como en bandeja para mí. Sin timidez alguna me animó:
- Dale Ariel, méteme ese trancón en el culo. Hace tres años que nadie me lo rompe y no veas las ganas que tengo. Metemela hasta el corvejón, partime en dos, no tengas piedad de mi culo; no hagas caso si grito; vos dame pija Ariel, dámela con furia, con rabia, metemela hasta hacerme daño, acaba en mi culo, déjamelo hecho polvo, hecho jalea, dame por el culo hasta que lo derritas; No veas, Ariel, no veas la falta que me hace tener, sentir, gozar de una pija en mi culo ¡Tres años, tres sin catar pija! Dame ya mamón, dame, dame de una vez.
- Espera Lidia que voy a agarrar un poco de aceite.
- ¡Que mierda aceite! Después de la zurra que me diste y de verte ese pedazo tengo el culo rezumando jugos. Conmigo no hacen falta ni aceite ni mierda, que me lubrico yo sola.
¡Qué hembra! Yo, desencapullé mi instrumento, apoyé la desnuda punta en el mismísimo ojete y lentamente empuje.¡Que gustazo! La muy puta apretaba todos los músculos y yo notaba como estrujaba mi pene, pero la muy cerda estaba tan bien lubricada que mi verga entraba y entraba.
- No te dé miedo, maricón. Métela bien metida, fuerte mamón ¡dame fuerte! Ahhh, que gusto, que falta me hacia, me derrite las entrañas. Ahora, ahora, mete y saca a lo bruto, como una fiera, sácamela por la boca, dame palo, dame gusto.
¡Que bestia Lidia! Con lo modosita y mosquita muerta que parecía, toda vestida de negro y como cogía por el culo. Aquello no era coger por el culo, la yegua estaba devorando mi pija con su culo. Parecía que me la quería arrancar, apretaba el esfínter, estrujaba mi pija y como una loca se empalaba y desempalaba. Casi no hacia falta que yo me moviera, ella sola se estaba fifando el culo con mi tranca. Gritaba, chillaba, reía como una posesa, pero a mí me estaba volviendo loco de placer.
Yo le daba azotes en las poderosas nalgas y ella al recibirlos aullaba y se empalaba aun más recio. Yo desenfrenado, me incline sobre ella y asi sus pechazos con ambas manos y tirando de las poderosas ubres me la empalaba hasta lo más profundo.
- Sí Ariel, sí. No tengas piedad de mi, no tengas piedad de mi pobre culo vos metemela, destrózame, mamón. Ay ¡Que falta me hacia una enculada!
Yo nunca había estado con una hembra tan fogosa y desenfrenada y resulta que la hembra mas caliente con que había fifado jamás ¡era mi suegra! Ni en mis más calenturientas fantasías había soñado yo encontrar a una cogedora como Lidia ¡Que suerte la mía! Tener en casa una mujer tan imponente como Lidia y encima cogedora insaciable.
- Lidia ¡Qué buena estas! ¡Que cuerpazo más bueno tenes! ¡Que bien garchas! ¡Cuánto me gusta darte por el culo! – Goza Ariel, goza de este culazo hambriento de pija.
- Lidia ¡me voy! – Dame toda tu leche mamón. Lléname las tripas con tu lechaza, dámela toda, no te guardes nada.
Mientras así decía Lidia movía su culazo y sus caderas con aun más energía empalándose en mi verga como una bestia. Yo con un aullido de lobo, tuve la acabada más intensa de mi vida. La zorra de Lidia al notarlo, continuo metiéndose y sacándose mi verga y al mismo tiempo contraía y relajaba su esfínter, ordeñándome la pija, dándome mas placer del que yo creía era posible. Exhausto, caí derrengado sobre su espalda y mientras besuqueaba su cuello, con mis manos estrujaba sus generosos pechos. Resoplando y tratando de recobrar la respiración dije:
- Lidia, no había tenido un orgasmo así en mi vida. Que gustazo me diste.
- ¿Te gusta el culazo de la puta de tu suegra, eh mamón? – Como no me va a gustar si es el mejor culo que vi en mi vida.
Lidia con cuidado sacó mi verga de su culo, y se dio la vuelta. Ahora sin tanta prisa pude contemplar sus magníficos pechos. ¡Carajo que pechos!. Grandes, blancos, con oscuras areolas y unos pezonazos como pitorros de botijo ¿Cómo podía una hembra de cincuenta y dos años tener unas tetas tan buenas?
- Parece que también te gustan mis tetas.
- Como no me van a gustar. Es que tenes un cuerpazo de campeonato Lidia y las carnes perfectas, ni duras ni blandas, suaves, acogedoras.
- Uy que galante. Gracias papo. Mira, para pagarte el cumplido te voy a hacer algo que a mi marido le volvía loco. ¡Ponete de pie!Me puse de pie y ella se sentó y acomodo de modo que yo quedaba entre sus piernas. Daba gusto verla moviéndose con aquellos globos lechosos, moviéndose tremolosos.
- Déjame que te limpie la pija, que ¡hay que ver como la tenes!Tenia razón Lidia, tenia una mezcla de mi leche, su lubricante y sus heces que se estaba empezando a secar. Lidia sin ningún reparo, se metió mi verga en su boca y empezó a chupar. Me dejo de estuco.
- ¡He… Lidia! ¿No te da asco? – Que me va a dar asco bebe. Me encanta tener una pijla en la boca, me calienta chupar pija.
Naturalmente que con su intensa chupada, mi verga, no solo quedó como los chorros del oro, si no que recupero su orgullo y se puso más dura que un ajo.
- Cómo gozo con una pija en la boca y si encima es un vergón como el tuyo… ¡Pura gloria! Me dan ganas de morderla. Chupar pija es lo mejor del mundo, bueno no sé si lo mejor… pero es muy bueno, a mí me encanta. Mira, ahora que la tenes bien tiesa te voy a hacer la mejor rusa de tu vida.
Con el mayor cuidado escupió entre sus pechos y sujetándolos con las manos los puso rodeando mi verga.
- Ariel, con mis tetas, mi lengua sabia y este vergón que te han dado…¡Te voy a hacer una rusa, que no veas!
No exageraba Lidia ¡Ni mucho menos! Con sus inmensos globos arropados en torno a mi pija, los subía, los bajaba, apretaba mas, apretaba menos; cuando la punta del capullo asomaba entre las opulentas tetas, ella la chupaba con mimo. A veces paraba y metía la punta de la lengua en el mismísimo agujero de mi picha ¡Nadie me había hecho eso antes! Después volvía escupir entre los pechos y ¡dale y, dale! ¡Que artista! ¡Que maña! ¡Que tetas! – Lidia, que bien lo haces, que buena sos.
- Para buena tu pija, que la tenes… es que tener una pija en la boca me encanta. No hay nada como mamar.
- Lidia que me acabo otra vez.
- Pues claro papi, claro que te vas a acabar. Dale, dame toda tu leche en mi boca ¡dámela!
Dejó de jugar con sus pechos, introdujo mi verga en su boca y chupó como un aspirador ¡Qué bárbara! Yo noté un orgasmo intenso recorriéndome todo el cuerpo y empecé a eyacular. No sé cuanto eyaculé, pero fuera la cantidad que fuera Lidia, glotona, se la tomó toda sin desperdiciar ni una gota ¡Qué hembra!Yo agotado, exhausto, y sin respiración me deje caer en el suelo.
- Lidia, estos dos palos han sido los mejores de mi vida. Te juro que nunca había fifado así y nunca me había acabado así ¡Gracias!
- Uy no bebe, las gracias te las doy yo, porque no veas ¡tenia un hambre de pija…! Tres años a dieta, son muchos años.
- Perdona que te haya pegado antes, pero es que me tenias muy enojado.
- ¡Menos mal que por fin te calentaste! Si a mí me encanta que me azoten y me peguen, que me tiren de los pelos, me insulten. Me gusta mucho que me humillen y después se me fifen bien fifada y si además me dan por el culo con una tranca como la tuya, pues miel sobre hojuelas. ¡Me gusta tanto una buena sarta de azotes…! es que me pone el culo a punto, ardiendo, y sentir el culo así aumenta el gusto y la gracia de la enculada.
Mira, me gusta tanto que me azoten, que a mi marido a veces lo calentaba adrede para que me diera una buena tunda y después me enculara a lo bestia, con rabia. Pobre Toto ¡que zurras y que enculadas tan buenas que me dio! ¿Porque crees vos que yo llevo dos años tratando de calentarte? Pues para que de una puta vez me inflaras a palos y después me encularas. Pero, anda nene ¡aguantas demasiado! yo ya no sabia que hacer pensaba que tenias sangre de horchata
- Lidia, si querías fifar no tenias nada mas que decirlo.
- Si, que querías que, delante de mi hija, dijera: Che yerno, me pica mucho el trasero, cuando tengas un rato ven me das una azotaina y después por el culo. No se me ocurrió otra cosa que calentarte hasta que decidieras darme palo. Pegas bien, ¿eh? Pero fifar tampoco lo haces mal. Ariel, tenes un instrumento que es una joya ¿Te has quedado a gusto? – Te lo juro Lidia, nunca he fifado con la intensidad con que hemos fifado hoy y dos orgasmazos, seguidos, como hoy no los he tenido nunca ¿Y vos, te quedaste satisfecha? – Uy, me gusto mucho Ariel, mucho, mucho. Tienes una tranca fenomenal, pero, la verdad es que, un poco más de faena, no me vendría mal.
- Lidia ¡Que calentona que sos! Estas buenísima y me encantaría fifarte otra vez. Pero a mi edad con dos orgasmazos tan seguidos, no se me va a levantar otra vez ni con grúa. Ni tus tetas imperiales van a poder hacer que se levante.
- Bueno, si no… te da asco hay algo que me hacia mi marido que a mí me daba mucho gusto.
- Lidia, te juro que con tu cuerpazo de ensueño, no hay nada que me dé asco.
- Pues ¿me podrías meter unos dedos en el culo y darme gusto? – Claro que sí.
- Déjame que me ponga bien.
Lidia agarró un par de almohadones del sofá y los puso sobre la alfombra. Se echó sobre ellos, acomodándolos bajo su vientre, quedando con el culo un poco elevado. La verdad es que era un placer ver aquel cuerpazo moviéndose, las tetas bamboleándose primero y luego, oprimidas contra la alfombra, derramándose a los lados de Lidia. ¡Que suerte la mía tener un cuerpo así a mi disposición! ¡Que estupidez la mía no haberlo apreciado durante tantos años!
- Ahora, hijo, ahora.
- ¿Quieres que ponga un poco de aceite o algo? – ¡Que pesado! No hijo, no. Mi culo me lo “engraso” yo sola. De solo pensar lo que me vas a meter por ahí tengo el culo chorreando de gusto. Dale, méteme unos dedos.
¡Que mujer! No exageraba, con una mano separe una de las nalgas dejando el ojete expuesto. Empecé a empujar con mi dedo índice y tan pronto como entró la punta, noté como se humedecía, lo saqué un poquito y con el moquillo que ella producía humedecí el orificio. Metía y sacaba el índice sin ningún problema.
- Dale Ariel, pone otro dedito que después de tu tranca un dedo ni se nota.
Así lo hice solamente para escuchar enseguida.
- Ariel, mete otro más.
- ¡Lidia! Tres dedos ¿te vas a tragar tres dedos? – Callate y mete Ariel, callate y mete.
Así lo hice, solamente para oír poco después: – Mira Ariel, de perdidos al río. Méteme la mano entera.
- ¡La mano entera! Lidia ¿vos crees que te cabe? – Uy, pues claro. Mi marido me metió el puño muchas veces. Al principio mete la mano haciéndola tan pequeña como puedas, sin formar un puño. No me hagas caso si grito. Al principio duele un poco, vos segui y cuando tengas toda la mano dentro del todo, para un momento.
Así lo hice. A pesar de mi cuidado, según metía la mano, Lidia chilló, imploró, lloraba con respiración entrecortada, pero siguiendo sus instrucciones yo empuje y empuje hasta que mi mano entera entró dentro de su macizo culazo. ¡Qué visión! Mi brazo como amputado, devorado por las poderosas nalgazas, terminando en mi muñeca que dilataba su vicioso ojete. Yo no entendía como Lidia podía “tragar” todo aquello. Pero tomaba todo como una mujer hecha y derecha; había chillado, gimoteado y suplicado mientras entraba mi mano, pero no había apartado su culazo ni un momento, al contrario, mientras se quejaba, culeaba y empujaba contra mi mano para acelerar la
entrada. ¡Qué hembra! Hice la pausa que ella había pedido. Lidia respiró profundamente dos o tres veces y con voz todavía un poco entrecortada dijo:
- ¡Carajo Ariel! Tres años son muchos años, ya no tengo el culo tan acostumbrado como lo tenía. Dolió un poco al principio, pero hijo ¡Que bueno lo que viene ahora! Mira, empuja con tu mano hacia delante, como si quisieras tocar el suelo… si, si así ¿Notas mi matriz? – Si, si que noto algo duro.
- Pues ahora, haz como que acaricias la punta. Siii, No veas el gusto que me estas dando. Acaríciala, sóbala, ¡Ay que gusto, ay que gustazo! Seguí, seguí, no pares ahora. Ariel, Arielito, lo haces muy bien seguí hijo, seguí que acabo ¡Aahhh!
Aquella leona viciosa se estremeció con oleadas de placer recorriendo su cuerpo, mientras ella culeaba contra mi mano. Cuando dejó de estremecerse, la insaciable viuda me pidió: – Ahora Ariel haz un puño con tu mano dentro de mi culo y subí y baja, subí y baja como si me fifaras con tu brazo. Si, si así, sos buen estudiante, lo haces muy bien. Seguí, seguí, un poco más rápido, si así. Uy Ariel, me matas, me estas matando, me rompes las entrañas, pero que gustazo me estas dando. Más, más dame más. ¡Me muero, me muero! Como gozo, esto es lo mejor del mundo. ¡Ahh!
La yegua de mi suegra se volvía loca de placer, culeaba como una bestia contra mi brazo, yo lo metía y sacaba con tal fuerza y rapidez que parecía la biela de un tren. El cuerpazo de Lidia estaba continuamente sacudido por espasmos de placer, no se cuantos orgasmos tuvo, o si simplemente fue un orgasmo largísimo. Durante varios minutos perdió todo el control, chillaba, lloraba se estremecía, azotaba su propio culazo, se estrujaba las tetas, se tiraba de los pelos, se meó sobre los almohadones… Por fin tras varios minutos de total descontrol, dijo: – Para Ariel, para. No puedo más, no puedo más. Saca la mano despacito, despacito. Ay que bien. No sabes cuanto gusto me diste y cuanto bien me hiciste. Tres años de hambre, tres años sin una buena enculada son demasiados Ariel, demasiados.
Con cuidado saqué m mano de aquel culo glotón. No mentía Lidia, se lubricaba el culo de maravilla, tenia el brazo hasta el codo empapado con sus jugos. Al retirar la mano, por completo, me quedé asombrado de lo tremendamente dilatado y enrojecido que estaba el agujero del culo. Conseguí apartar mi vista de aquella visión y mirando mi mano, fui al cuarto de baño a lavarme. Traje una toalla húmeda para limpiarle el culo a Lidia, que aún seguía, desmadejada, exhausta, encima de los almohadones húmedos de su orina. Al terminar de limpiar su culo con la toalla, no me pude contener y le propineé otra sarta de palos. Lidia no protestó, siguió desmadejada, completamente relajada sobre los almohadones. Por fin dijo con voz calma y relajada:
- ¿Por que me pegas ahora? – Porque me gusta tu culazo Lidia, porque gozo pegándote y porque me da la gana.
-Te gusta mi culo, ¡eh maricón! – Me gustas toda vos Lidia, te quiero fifar a lo animal. Ya vas a ver, o se me desgasta la pija o dentro de un mes estás hecha flecos.
- Oíme, esto de que me metan el puño en el culo me encanta. Da una sensación tan intensa, relaja y estimula a la vez, no se como describirlo. También me gusta mucho que me metan el puño en la concha y me soben y acaricien la matriz. ¿A vos te metieron el puño en el culo alguna vez? – No, que boludeces decís Lidia, te crees que soy marica?.
¡Ya están los hombres con sus estupideces! En cuanto alguien les dice algo del culo, tienen un miedo de ser marica. Mira mi marido no era marica, pero cuando le metía el puño en el culo y le daba un masaje de próstata, se acababa como una bestia ¡Le gustaba más! Mira mañana me pegas lo que quieras y me fifas como quieras, luego quiero que me metas el puño en la conchita y después yo te meto mi brazo en tu culo y te doy masaje en la próstata ¡Vas a ver vos lo que es bueno! Te voy a enviciar en tres días.
- Lidia, hay algo que no entiendo Lidia.
- ¿Qué es lo no entendes? – Como siendo vos tan puta y viciosa, Betty es tan frígida. Hablando de Betty ¿cómo nos vamos arreglar para coger sin que ella se entere?.
No te preocupes Ariel. Mira yo hasta que no tuve treinta y ocho años también era una mojigata, mea-pilas como Betty. Pero tuve una “aventurilla” que me despertó y desde entonces fifo a pierna suelta. No te preocupes, ya has oído el refrán -De tal palo, tal astilla- Betty salió de este palo. Dijo señalando al frondoso bosque de su concha.
- Entre vos y yo la vamos a emputecer. Ya vas a ver vos, en tres meses tenes a dos zorras viciosas en tu casa. Te lo vas a pasar… no vas a dar abasto, vas a tener la pija en carne viva de tanto frotarla y refrotarla con tus dos putas particulares. Ya podes empezar a comer bien e ir a un gimnasio, porque te van a hacer falta todas las energías que podes tener.
Así ha sido. Entre Lidia y yo emputecimos a Betty, ahora Betty es aún más viciosa que su madre. Yo le agarre gusto a lo de pegar y de vez en cuando les doy unas zurras las dos que las dejo destrozadas. El único problema es que son tan viciosas las dos, que no doy abasto. Nada más tengo un problema.
Las dos están tan buenas y son tan viciosas que hay veces que no sé a cual fifarme, si al palo o a la astilla ¡Peores problemas podría tener!

La señora del Metro

Martes, septiembre 13th, 2011

Lo que tantas veces contaban, y no se cansaban de repetir, que en el Metro, con habilidad y sabiendo buscar se ligaba a las mil maravillas, siempre me había parecido una gran exageración, una mentira, ganas de presumir ante amigos y conocidos de ser irresistibles y saber cómo llegarles a las mujeres. Yo, que nunca lo había intentado, por temor y parecerme un tanto ruin, comencé a fijarme, a observar actitudes masculinas y las correspondientes respuestas femeninas. Si la aglomeración de viajeros así lo permitía, había algunos hombres que apretaban su entrepierna con discreta firmeza contra el culo femenino que tuviesen más próximo. Nunca observé respuestas favorables, todo lo contrario, la separación o cambio de sitio de la fémina afectada era instantánea.

 

Cierto domingo, tras no conseguir entradas para la sesión de las siete en los cines de la Gran Vía madrileña, me dirigía en Metro hacia la zona del teatro María Guerrero, por si los hados me fuesen propicios.  El subterráneo iba de bote en bote. A mí me lanzaron contra una señora gordita, de unos  ventimuchos años, que ocupaba el estrecho rincón que había junto a la cabina del conductor. El Metro era así en los años cincuenta.

 

Sentí que nuestras entrepiernas se juntaban, lo que, a mis veintidós años, solía emocionarme muchísimo, tanto, que, aunque intentaba evitarlo pensando en otra cosa, empecé a tener una erección. La señora me miró a los ojos. No había enfado en ellos. De cualquier modo, como no deseaba que me lo censurase, haciendo fuerza con los brazos intenté apartarme. Vano intento, en la siguiente estación entró más gente y el apretón fue mayor.

 

La aproximación de nuestras entrepiernas era tan fuerte que no pude contener una tremenda erección. Ella la sintió por completo y…..¡no se apartó!. Yo, algo aliviado al sentir que no rechazaba  mi proximidad, me animé a dirigirme a ella. Lo hice en voz baja, hablándola al oído, rozando ligerísimamente su oreja con mis labios. Tampoco rehuía este nuevo contacto.

 

Mire, señora, le pido perdón. Le aseguro que intento apartarme, pero aprietan tanto que no me puedo separar. Y claro, al estar tan cerquita de vd……Le prometo que no lo hago a propósito, incluso procuro pensar en otra cosa, pero es vd. una mujer tan agradable…tan guapa….que…. no me es posible  evitarlo, por mucho que lo intente. Perdóneme, señora.

 

Me habló también  al oído y sus labios rozaron también mi oreja.

 

No te apures, que no me molesta que aprieten tantísimo. Tampoco que la proximidad te ….. emocione. Si tú estás bien y no sientes……no sé….rechazo, pues…..siénteme, deja que todo sea natural. ¿Te puedo preguntar una cosa algo íntima?.

 

Sí, señora, lo que vd. quiera. Con toda confianza.

 

A esas alturas de la conversación, yo tenía la polla como un garrote y la apretaba contra su bajo vientre, cuyo calor notaba y me excitaba todavía más. No estaba seguro, pero creí notar que hacía lo que yo: empujar el culo hacia delante. Incluso me parecía que había entreabierto un poco las piernas.

 

No me llames de vd.

 

Como tú quieras.

 

Así siento más confianza para preguntarte: ¿te pasa siempre esto……esta excitación que tienes?…..¿Te ocurre con todas las mujeres en el Metro?.

 

Le juro que sólo me ha ocurrido con vd. Contigo.

 

¿Por qué conmigo es diferente?…..¿Es que…yo……..te gusto un poquito?.

 

Mucho, me gusta vd. mucho. Tú .Eres una mujer preciosa, la más bonita que he conocido.

 

Me alegro mucho, cielo Yo también quiero decirte que es la primera vez que me ocurre una cosa así. No te apartes de mí y siénteme. ¿Te gusta sentirme?.

 

Con locura.

 

¿Sólo así o… o quieres sentirme todavía más?.

 

Más, mucho más.

 

Su lengua rozó mi oreja. Al sentir la caricia, creí que iba a romper el pantalón de cómo se me había puesto la polla. Di un apretoncito y su respuesta me elevó a las nubes: además de retorcerse discretamente, de restregar su bajo vientre contra mí polla, sus manos acariciaron uno de mis muslos. Yo, que casi no podía respirar, la imité, procurando que nadie lo observase, y, más encendido que ella, acaricié, con etérea levedad, con infinita suavidad, su caliente entrepierna. Creí que me moría de gusto.

 

¿Has quedado con alguien, cielo?. ¿Te espera alguna mujer?.

¿Vienes de estar con alguna y por eso estás tan….excitado?.

 

No, no me espera nadie, no he quedado con nadie. Y no vengo de estar con ninguna mujer. Es que vd….tú..me gustas mucho.

 

¿Quieres que merendemos en mi casa?.

 

¿Y tu familia?.

 

No tengo, soy viuda. ¿Quieres venir?…

 

Estoy deseándolo. ¿Cómo te llamas?.

 

Emilia.¿Y tú?.

 

Yo me llamo Juancho.

 

Su lengua lamió mi oreja y su mano me acarició con más fuerza la polla y toda la entrepierna. Yo, que es taba ya sin vista, calentísimo, deseándola con pasión, también acentué la presión de mis caricias. Sentí los labios de su coño y……..¡creí que me moría!.

 

En un susurro, introduciendo más su lengua en mi oreja, me dijo:

 

Juancho……..¡Qué nombre tan bonito!……… ¡Me gustas con locura, Juancho!. Estoy deseando que lleguemos a mi casa.

 

Seguimos con nuestras caricias. Mi excitación era tal que, echando una ojeada alrededor en busca de observadores, acerqué mis labios a los suyos y la besé con suave brevedad. Su lengua se introdujo en mi boca durante un delicioso segundo. Se separó y me dijo:

 

En la próxima estación nos bajamos. Tengo ganas de que estemos solos.

 

Yo también. No puedo más.

 

Enseguida nos vamos a querer con locura, mi amor.

 

El poco recorrido que quedaba se me hizo interminable. También inacabable me pareció el corto recorrido hasta su casa. Iba cogida de mi brazo, haciéndome sentir la delicia de su pecho. Era alta, como yo o un poco menos, tenía buenos pechos, grandes y duros, tal como sentía mi brazo. Me miraba con innegable deseo y sus ojos, grandes y negros, me parecieron muy bellos. Su cara era guapa, muy agradable,  sus gordos labios me lanzaban algún que otro disimulado beso. Me detuve y separándome un poco, la dije:

 

Quiero ver cómo eres, ¿te importa?.

 

Sin dudarlo un momento, se desabrochó  y abrió la gabardina. Pude ver un cuerpo de mujer plena, llena, de unos  treinta años o un poco menos. Sus caderas eran amplias y su pecho muy generoso, sus piernas gruesas y bien  torneadas y una gran melena morena.

 

¿Qué tal?, ¿ te gusto, cariño?.

 

Muchísimo, Emilia, estoy deseando abrazarte.

 

En casa podrás hacerme todo lo que quieras, cariño. Hoy y siempre que quieras, amorcito.

 

Todos los días, cielo.

 

Cuando echó el cerrojo a la puerta de su casa, Emilia empezó a quitarse ropa. Yo, ansioso como estaba, no acertaba a desabrochar los botones. Con su ayuda pude hacerlo.  Al  quedarnos desnudos, mi mirada recorrió avarienta su desnudez. ¡Era preciosa, qué pedazo mujer!. Tenía tanto pelo que casi no permitía que se la viese el coño; sus mulos, gruesos, asombrosamente macizos, apretados en la entrepierna, provocaron mi primera reacción: me puse de rodillas y me abracé a aquella gloria de muslos. Los besé con ansía, lamiéndolos con fruición, ¡qué rico me sabían!. Emilia, hizo que me levantase y nos abrazamos. Caímos en la cama y con sus besos, recorrió mi pecho y vientre, llegó a la polla y, con infinita suavidad, besó mi glande y lo lamió unos pocos segundos. ¡Creí que me moría en ese preciso instante!. Notándome excitadísimo, ansioso de su coño, se convirtió en una deseable amazona y me cabalgó. Sentí que su coño, mojado, humedecido por el deseo,  me quemaba la polla, y entraba suave y hasta el fondo de su vagina. Gimió al sentirlo y, casi sin voz, ronca, sin fuerza, me dijo:

 

¡Ay, amor mío, cómo te siento!……¿Me sientes tú, mi vida?.

 

¡Estoy que me muero, cariño!, ¡me muero del gusto que me das!.

 

¡No te corras todavía, no te corras todavía, mi vida!.

 

Obediente, me puse a pensar en otra cosa. Conseguí aguantar

mientras Emilia se corría entre gritos, jadeos y frases de amor que nunca había oído y que me parecieron maravillosas.

 

Tras su segunda corrida, más brava e intensa que la anterior, sentí mi vientre empapado por sus jugos y no pude aguantar más: grité entrecortadamente, sin aliento casi:

 

¡Me corro, amor mío, me corro!, ¡no puedo aguantar más, me corro!.

¡Si, mi vida, mi amor, córrete conmigo, que te quiero mi cielo!.

¡Qué gustazo, Juancho!, ¡es el tercer polvo, me muero por ti!.

 

¡Yo……también….me corro, te quiero!…..¡te quiero, Emilia!.

 

¡Te quiero, Juancho, amor mío!…..Me corro otra vez, otra vez, qué locura, vida mía!.

 

¡Qué bárbaro, qué mujer tan caliente!. Mientras yo me corría una vez, ella enlazó dos carreras impresionantes…….¡hasta en el culo sentí su leche!. Pusimos la cama perdida. Emilia me descabalgó, se apretó contra mía y sentí su humedad y el calor de su coño, que parecía un alto horno. Estaba empapada y habíamos puesto las sábanas perdidas. Cuando se lo hice notar, me dio un ardiente beso, metiendo ansiosa su lengua en mi boca y tras un minuto largo de lametones, me dijo con voz de cansancio:

 

Ahora las quito. Mañana me voy a sentir feliz lavando las sábanas que hemos manchado con nuestro cariño, mi vida.

 

Tú y yo, amorcito, no manchamos las sábanas, las mojamos.

 

¿De qué las empapamos, amor mío?, ¿sabes tú de que las empapamos, mi cielo?.

 

Claro que sí, cariño.

 

¡Ay!, pues dímelo, amorcito, que estoy deseando escucharlo.

 

Nuestros labios se unieron en un beso interminable y enroscamos las lenguas. Aquel beso parecía no acabarse nunca.

Cuando tomamos aire, Emilia, cariñosa, con voz tierna, de mujer enamorada, me susurró al oído:

 

¡Anda, dímelo, cariño, ¿de qué empapamos las sábanas?.

 

De nuestros jugos, amorcito.

 

¡Anda, no seas soso, amor mío, dímelo mas íntimo!.

 

Bueno, cielo. Las empapamos con nuestra leche.

 

Sí, amor mío, con tu leche y con mi leche, que se juntan porque nos queremos. ¿Me quieres tú, Juancho?.

 

Mucho. ¿Sabes que es la primera vez que…….lo hago?

 

¡Ay, dímelo otra vez, amor de mi vida!…..¿Soy yo la primera?.

 

Sí, cariño, tú eres la primera. Y me alegro mucho de que haya sido contigo, aquí, en tu casa, donde nos vamos a ver muchas veces.

 

¿De verdad, mi amor?, ¿te ha gustado?…¿vas a volver alguna vez?.

 

Todos los días vendré a ver a mi queridísima novia. Si quieres seguir siendo mi novia.

 

¡Te quiero, amor mío, te quiero con toda mi alma!.

 

Volvimos a los besos, las caricias, las frases enamoradas y…mi polla, que ya había recobrado su vigor, volvió a empinarse con toda la altivez que le confería su juventud y busqué ansioso el coño de mi cachondísima novia, cuyas piernas se abrieron para recibirme. Al sentirme sobre ella, su temperamento se volvió a disparar y con sus frases cachondas  provocó de nuevo nuestra locuacidad sexual, tan grata a los oídos y el corazón de los amantes.

 

¡Ay, Emilia, cuánto me gusta sentir tu coño en carne viva!.

 

¡Sí, háblame así, vida mía ,que me pones loca perdida!,¡apriétame más la polla, mi amor, dámela entera, que sea sólo mía!….¡Dame tu leche, mi amor, que me voy a correr enseguida!.

 

¡Sí, empápame con tu leche, cachonda mía, empápame!.

 

¡Me corro, Juancho, me corro!.

 

¡Cómo siento tu leche, Emilia!, ¡Qué bien nos jodemos!.

 

¡Sí, amor mío, novio mío, me corro!…..¡Siénteme en carne viva, jódeme con locura, mi vida, que yo me he quedado vacía para mojarte la polla!.

 

¡Me la has empapado, cariño!…. ¡Me corro, no te resisto, novia, no te resisto, me corro!. ¡Toma toda mi leche, toma, toma!.

 

¡Ay, que bien te has corrido, mi vida!. ¡Ay, novio¡, que bien nos jodemos, ¿verdad?.

 

Si cariño, nos jodemos como nadie, en carne viva, inundándonos!.

 

Si, del todo. Te quiero. Vamos a lavarnos, amor mío.

 

Hasta el momento de marcharme, y pese a mis protestas de que no tenía que darme explicación alguna, Emilia insistió en asegurarme que nunca le había ocurrido lo de hoy y que desde que se había quedado viuda, hacía ya tres años, no había tenido relación con ningún hombre. No dejó de insistir hasta que la aseguré que la creía.

 

A partir de ese día nos vimos casi a diario y no sólo en su casa: salíamos al cine o al teatro, de excursión, de veraneo…..

En fin, como cualquier enamorada pareja de novios.. Ibamos ya por el segundo año de feliz noviazgo cuando pasó algo muy importante, definitivo.

Cierta tarde, después de las seis, Emilia me llamó a casa, pidiéndome que me acercase a la suya urgentemente. Así lo hice y, nada más llegar, me lo soltó de sopetón:

 

Juancho: Ha ocurrido algo muy importante , que a mí me hace completamente feliz. A ti, no lo sé, Juancho. Yo espero que no te vayas a enfadar conmigo, que me eches a mí la culpa de lo que pasa.

 

¿Qué es ello, cariño?. Me estás asustando.

 

Estoy embarazada, ya es la segunda falta.

 

¿Qué dices, te has vuelto loca?. Esas bromas son de mal gusto.

 

No es broma, Juancho, estoy de dos meses. Y muy contenta, porque tener un hijo….o una hija, ha sido lo que más he deseado en este mundo.¿Qué te parece ser papá, Juancho?.

 

Oye……., ya vale de bromitas de mal gusto. ¿Para esto me has hecho venir?. Ya sabes que estoy de exámenes y….

 

No es broma, es la verdad, vamos a ser papás. Y yo estoy feliz, muy feliz.

 

Casi desfallecido, busqué el auxilio de una silla, en la que me derrumbé asustado.

 

¿Es en serio?.

 

Nunca he hablado más en serio en mi vida, Juancho, estoy embarazada de dos meses. Y tú eres el padre.

 

¡Qué disparate!…..¿Pero cómo ha sido posible?.

 

Soltó una carcajada y se sentó frente a mí.

 

Pues…como ocurren estas cosas: un hombre y una mujer se acuestan juntos, se ponen a joder sin tomar precauciones y…pasa lo normal: la mujer se queda embarazada. ¿De qué te extrañas, Juancho?, ¿tan raro te parece?.¿No nos hemos comportado como un matrimonio?. Pues nos ha pasado lo que les ocurre a los matrimonios.

 

Es que nunca hablaste de que…..pudiese existir ese peligro, Emilia.

 

Nunca me lo preguntaste, nunca te preocupó esa posibilidad.

 

Pero tú me dijiste……

 

Ya lo sé, que en siete  años de matrimonio…..no hubo nada de nada; pero…contigo…..Contigo ha sido distinto: te quiero como nunca quise a mi marido, contigo he sentido….lo que nunca sentí  y claro…….Es natural, Juancho: otro hombre, otro cariño, mucho amor…..Estoy muy contenta.

 

Oye…yo….Hay medios para…..En Inglaterra, según dicen…….

 

Mira, Juancho, esta niña, la voy a tener, aunque a ti no te guste que la tenga, que la tengamos, porque es tan tuya como mía, cariño mío. Toda mi vida lo he deseado, por lo tanto, eso de abortar…..¡ni se te pase por la imaginación!.

 

Y yo, ¿ que…?

 

Tú, Juancho, tendrás que cumplir con tus obligaciones de padre. Yo no te voy a pedir que te cases conmigo, tranquilo, pero sí que cumplas con las obligaciones de un papá cariñoso.

¿Serás muy cariñoso con la niña, verdad?. ¿A que la vas a querer mucho, mi amor?.

 

Se inclinó y tomó mis manos con cariño. Se acercó más y me dio un beso en la boca.

 

Será muy guapa, preciosa, ya verás. Y estaremos muy orgullosos de ser sus papás. Yo te quiero mucho y, desde que me has dejado embarazada, muchísimo más, te lo juro. Espero que tú no dejes de quererme, amor mío, porque esto que nos pasa es lo que suele ocurrir cuado un hombre y una mujer se quieren y se acuestan juntos. ¿Vas a enfadarte conmigo por eso?, ¿vas a dejar de quererme, de ser mi novio?…. Ahora tenemos un motivo muy bonito para estar más unidos que nunca, amor mío?. ¿Ya no me quieres, cielo mío?.

 

Claro que te quiero, cielo. Es que……..la noticia…..No sé.

Entiéndelo, es…….¡menuda sorpresa!.

 

Pero tú sabías que yo soy joven y que yo podía ser fértil, que tengo menstruación y…..Ha habido muchas veces en que has venido a hacer el amor conmigo, con tu novia según decías, y no se podía porque estaba con la regla. No ha habido desconocimiento, ha habido exceso de confianza, por parte de los dos,  y ha pasado lo que ha pasado. Yo me alegro mucho. Tú, no sé, supongo que cuando veas a la criatura sentirás….lo que debas sentir. Eres una buena persona y no vas a negar sus derechos a tu propia sangre.

 

De eso puedes estar segura, Emilia.

 

¿Me sigues queriendo o…me odias, Juancho?.

 

No digas tonterías, cariño. Te quiero, sólo que estoy algo desconcertado. ¿Lo comprendes, verdad?.

 

Claro que sí. ¿Tienes mucho susto, amorcito?.

 

Me cago de miedo, cariño. Y menos mal que, dentro de unos meses, si no suspendo, acabo la carrera y empezaré a ganar dinero. Un hijo trae muchos gastos.

 

Verás como todo sale bien, mi amor.¿Te tienes que marchar?.

 

Sí, pero, me gustaría sentirme dentro de ti. ¿Será malo para el niño?.

 

No, no hay peligro. Y será una niña, seguro.

 

Se colgó de mi brazo y nos encaminamos hacia la habitación. Por el camino, mientras nos besábamos, se fue despojando de la ropa. Estaba tan guapa como siempre. La quería, nos queríamos y volvimos a jodernos con locura, en carne viva, sintiendo la humedad de nuestros jugos. Emilia, como siempre hacía, me empapó el bajo vientre, la polla…¡hasta el culo me mojó!. ¡Qué cantidad echaba!…¡Y cómo me gustaba sentir que se corría, que se volvía loca conmigo!. Decididamente, el embarazo no había influido en nada: seguíamos queriéndonos con verdadera pasión y nos corríamos con locura, con un gusto que nadie, ninguna mujer (ya había probado a otras) me dio jamás.

 

Después de lavarnos, Emilia tomó mi mano y se la colocó sobre el vientre. Dándome un beso muy apasionado me dijo:

 

Yo, ya noto cositas. No son pataditas, no es….no es nada; pero siento que hay …..una vida que crece dentro de mí. En un  par de meses, cuando me toques el vientre, tú también sentirás algo.

 

¿Tan pronto juegan al balón estos futbolistas, cariño?.

 

Muy pronto, amor mío. ¿Te estás acostumbrando a la idea?.

 

Mira, sí, ¿para qué voy a decir otra cosa?. Y me gusta, quiero que sepas que me gusta que vayamos a ser papás de un niño.

 

De nuevo buscó mi boca y me la lamió por dentro, a la vez que me acariciaba la entrepierna. Volví a excitarme y la conduje a la cama. Adopté postura de sesenta y nueve y pregunté, ligeramente preocupado:

 

Oye, cariño, ¿le sentarán mal al niño estas cosas?.

 

No, vida mía, en absoluto. Si lo deseas podemos querernos como siempre, mi amor.

 

Claro que lo deseo.

 

Yo también. ¡Ah!, y nada de niño, será una niña preciosa, estoy segura.

 

¿Cómo lo sabes?.

 

Estamos empezando a hablar. Es muy charlatana, como son las niñas. Es una bromita mía, maridito, pero es que me has hecho la mujer más feliz del mundo al hacerme mamá. Te quiero con toda mi alma.

 

Y yo a ti, mujercita mía. Pero ahora…….ahora te voy a comer este chochito tan rico.

 

 

Mi boca se posó en su delicioso coño, el que más me gustaba del mundo, el único que me gustaba de verdad. Mis labios, separando los de su vagina, se hundieron en su bulba y chuparon con ansia. Al momento, mi querida novia respondió. Siempre lo hacía así, con rapidez, con…..entusiasmo. Sentí cómo me mojaba más la boca y se retorcía con pasión. Su boca se tragaba mi polla y subía y bajaba, succionaba, lamía…..me volvía loco .

No pudimos resistirlo y…

 

Amor mío….me corro. No te resisto, marido. Te quiero, cómete mi leche. Toma, te la doy toda, marido mío.

 

Dámela, esposa mía y cómete la mía, que te ha hecho mamá.

 

Si, mi amor, marido, tu leche….Vamos a ser papás…..Te quiero…..¡Ay…..me voy…, vente conmigo, marido!.

 

¡¡¡Menudo carrerón!!!…..Parece mentira que, después de habernos corrido con tantas ganas, nos volviese a salir del cuerpo tanta leche, parecíamos dos surtidores. ¡Claro, echándola tanta en su adorable coño, tenía que haberse quedado embarazada!.

 

Descansamos, volvimos a lavarnos y, tras hablarlo largamente ese día y otros sucesivos, llegamos a la conclusión de que debía preparar a mis padres e ir a verles los dos. Emilia, mi queridísima y generosa novia, me dijo que, si hacía falta y aunque no la hiciese, su casa era la mía y podíamos vivir juntos con nuestros niños. Se quedó parada y me miró intensamente.

 

¿Querrás que tengamos otro bebé, maridito?.

 

Déjame respirar, ¿no?, acabo de asimilar mi primera paternidad y ya estás pensando que tengamos más. ¿Es que quieres un equipo de fútbol?.

 

No me importaría, mi amor.

 

Estas loca, mujercita. Anda, dame un beso y me voy. Ya veré a ver cómo se lo digo a los viejos. Bueno…… a lo mejor hasta les gusta, ¡vete a saber!.

 

Seguro que no les disgusta, mi amor. Lo que hace falta es que me acepten a mí

 

Sin duda. Y si no…..no importa, me vengo a vivir contigo. Tendrás que alimentarme y vestirme hasta que acabe la carrera.

 

Para eso tengo yo mi gran cafetería arrendada, para que a ti, marido mío, no te falte de nada.

 

Eres muy buena Me voy, cielo. Mañana vengo y hablaremos de cómo se lo digo a mis padres. En fin…..Un beso, mujercita mía, mamá.

 

Gracias, marido. Te quiero. ¿Ya no estás preocupado por ser papá?

 

Muerto de miedo, pero…….creo que contento.

 

Mientras me encaminaba al Metro, mi cabeza no paraba de darle vueltas a la noticia. Yo, que estaba enamorado de Emilia hasta los tuétanos, aceptaba gustoso lo ocurrido. De tener un hijo……

quería que fuese con Emilia. Un hijo, no, una hija. ¡Qué cosas decía!……¡Hablar con la niña, qué ocurrencia!……El problema era cómo se lo decía a mis padres. Después de hablarlo muchas veces Emilia y yo, al cabo de mes y medio, cuando estaba ya de cuatro meses, se lo dije a mis padres. Después de tanto pensar en cómo, se lo solté sin previo aviso. Se quedaron mudos. Al cabo de un rato, mi madre, uno de mis dos amores, se acercó a mí, me dio un beso y las gracias por hacerla abuela. Su reacción condicionó la de mi padre, que me dio un abrazo que casi me asfixia. Quedamos en que al día siguiente traería a casa a mi novia. Les previne de la diferencia de años, ocho, y les pareció bien, que no éramos los primeros, ni seríamos los últimos.

 

Llegamos a la hora de comer. ¡Qué padres tenía!, ¡cómo me querían!. Acogieron a Emilia con enorme afecto, como a una hija y mi madre, que se sentó con ella al fondo del salón, la cosió a preguntas. En un momento dado, mientras las servía un refresco, comenté que Emilia tenía mucha fantasía, que aseguraba tener largas conversaciones con la niña. Mi madre saltó como una escopetilla:

 

Pero claro, hijo, es lo natural, yo hablaba mucho contigo cuando estabas en mi vientre. ¿Hablas mucho con la niña, hija mía?.

 

Mucho, es muy charlatana. Por eso sé que es una niña.

 

Hice un comentario jocoso y mi madre me mandó callar.

 

Cuéntame, hija, cuéntame. ¿os entendéis bien?, ¿se da cuenta de que la queréis mucho, que estáis deseando darla muchos besitos?. Cuéntame, Emilia, cuéntame, hija, ¿es una niña, estás segura?. Yo siempre quise tener una. Y me nació este bruto. No les hagas caso, los hombres no comprenden estas cosas. La nena tiene que saber que sus abuelos la van a querer con locura. ¿Se lo vas a decir, verdad?.

 

Emilia estaba feliz por la acogida de mis padres. Se entendieron desde el primer momento y siempre se quisieron. A los postres, la gran sorpresa me la dio mi madre:

 

Oye, hijo, tu no permitirás que mi nietecita, que va a ser preciosa como su mamá, cuando sea inscrita en el Registro Civil, no tenga libro de familia, ¿verdad?.

 

Total y para no hacer fatigosa la peripecia familiar, les diré que:

Nos casamos un mes después; la niña nació preciosa; yo concluí la carrera con buenas notas; la cafetería, ubicada en una de las calles más comerciales de Madrid, pasó a ser explotada por nosotros y tuvimos dos hijos más: otra niña y un chavalote. Jamás me arrepentí de mi boda con Emilia. Fuimos muy felices.

Mis padres estaban locos con Emilia, a la consideraban una hija,

y fueron unos abuelos de los que se les caía la baba con los tres nietos.

Gracias por publicar este elato. Gracias por leerlo. Adiós.

 

JUANCHO.

La veterana y yo

Lunes, septiembre 12th, 2011

Había llevado el coche al concesionario para que le hiciesen la revisión anual. Como iban a tardar un par de horas, decidí darme una vuelta por el barrio. Tras callejear un poco, busqué la acogedora sombra de una acacia frondosa. Hacía calor, mucho calor. Al cabo de un rato, apareció una señora cargada con varias bolsas de compra. Tuvo la misma idea que yo y se quedó bajo el mismo árbol. Me saludó con un breve buenas tardes al que contesté cortésmente, añadiendo un comentario sobre el mucho calor. Había dejado las bolsas en el santo suelo, lo que no suele ser normal. Ello me indujo a preguntarla:

¿Se encuentra vd. bien, señora?, ¿necesita ayuda?

Gracias, sólo estoy agobiada por el calor. Ya no puedo con las bolsas. Como no me ayude algún vecino,
voy a tener que dejar la mitad aquí. Las mujeres siempre vamos cargadas como burras. Somos muy tontas.

No, no, señora, las mujeres son lo único agradable de este mundo.

¡Hombre, es la primera vez que un hombre más joven que yo, me dice una palabra bonita. Porque espero que eso que ha dicho de las mujeres también me incluya a mí, aunque sea una vieja, cansada y fea.

No niego que esté vd. cansada, pero lo de vieja y fea, lo niego en absoluto.

Eso es sólo cortesía de caballero cumplido. ¿Sabe vd. que edad tengo?.

Pues……yo estas cosas las calculo muy mal. Calculo que……unos setenta. Le advierto que yo tengo cincuenta y cinco.

Los lleva vd. de maravilla, de verdad. En fin, no se atreverme…..Ahora la gente de la misma o parecida edad….suele tutearse.

Me parece de perlas, siempre me gusta tratar con confianza a las mujeres. Me llamo Juancho ¿y vd?, ¿y tú?.

Pili. Y conste que no has acertado, tengo setenta y cinco.

Una magnífica edad para una mujer. La mejor edad.

¿Te gusta tratar con mujeres mayores que tú?.

Si, siempre me ha gustado. Y nunca he tenido que arrepentirme de esa inclinación, natural en mí.

¿Y tu mujer que dice?. Y perdóname la confianza.

Me gusta que me tengas confianza, mucha confianza.

Yo también quiero que tu me la tengas. Muchísima confianza. Es que me parece que te conozco de hace muchos años.

He vivido en este barrio hace años y solía venir a esa tienda de electricidad que había……

2

La han cerrado hace unos años. Estaba ahí enfrente.

Bueno, Pili, abusando de la confianza que me das (yo soy de los que les das la mano y se cogen hasta el codo), te digo que con lo que estoy absolutamente en desacuerdo es con eso de..fea. Tu eres muy guapa, tienes muy buen tipo y unas piernas muy bonitas.

¿Te gustan?

Mucho.

Me alegro…..muchísimo. Bueno no me has dicho lo de tu mujer.

¿Mi mujer…?. ¡Ah!. Como puedes imaginar esas cosas las guardo en secreto. Tu….¿estás casada?.

Soy viuda. Desde hace diez años.

¿Cuántos novios tienes?

Ninguno. Desde que me quedé viuda estoy sin saber lo que es un hombre.

No me lo creo.

¿Por qué?

Porque eres muy guapa de cara, tienes buen tipo, estas metidita en carnes, como nos gusta a los hombres de ciertas edades y tus piernas….más arriba de las rodillas…deben ser de las que enamoran. Yo te veo así.

Me alegro que me digas estas cosas. ¿Sabes que te digo?…. ¡Que me alegro mucho de haberme parado en la misma sombra que tú.

¿De verdad, de verdad?.

Te juro que todo lo que te he dicho es la pura verdad. Te lo juro por la memoria de mi santa madre.

Te creo y me alegra oírte decir eso. Hay una cosa de ti que no te he dicho.

¿Cuál?.

Te lo digo si prometes no enfadarte.

Palabra. Dímelo, anda, Juancho.

Que tienes unos labios gorditos, preciosos, hechos para besarlos y para que besen la boca de un hombre y….Bueno eso ya no te lo digo.

Pero yo sé a que te refieres.

Perdona, yo…soy un deslenguado.

Me cogió el brazo con fuerza a la vez que decía:

No, Juancho, si es lo natural, lo que los dos sabemos. Si un hombre y una mujer se gustan y son limpios como los chorros del oro……..pues ….ya se sabe lo que se van a hacer. Bueno, bueno, bueno, ahora la descarada soy yo.

No, me gusta que lo hayas dicho. Me gustas, Pili, me gustas mucho.

Apreté su brazo por la parte alta, casi en la axila e introduje mi dedo índice por la abertura del vestido y acaricié la parte alta de pecho. A lo mejor has metido la pata, Juancho, pensé.

Afortunadamente no fue así: tomó mi mano y la empujó más hacia dentro. Con un par de dedos acaricié su teta. Me tiró un beso con los labios. Yo me relamí los míos. Me imitó.

Nos estamos poniendo……..muy……especiales, Juancho, ¿no te parece?.

Si, Pili, estamos……preparados para……

Dilo, no te cortes, cielo, tenme confianza.

Pues para irnos a….

¿A la cama?.

Si, a querernos con locura.

Yo estoy deseándolo. Y no me tomes por una puta desesperada.

Yo también estoy que me muero por ti.

Pues vamos a mi casa.

¿Está lejos?

Cruzar la calle. El portal de enfrente.

Cogí las bolsas y nos encaminamos a su casa. Al entrar, la portera, que estaba en su garita, le dijo a Pili.

Anda, Pilar, buen ayudante te has buscado.

¿Has visto que guapísimo?.

P’a comérselo enterito. Cuando se descargue, que venga a ayudarme a mí.

¡Huy que rica!, A ti te lo voy a dar yo. Mío y bien mío, p’a mi solita, ¿verdad tesoro?.

Tal como dices.

Bueno, Luisa, pues hasta otra.

Hasta más ver y que aproveche.

Subimos un corto tramos de escaleras y abrió la puerta de su casa. Nada más entrar, dejé las bolsas en el suelo y nos abrazamos. Nuestras entrepiernas se buscaron ansiosas, mientras nuestras bocas y lenguas se lamían con deleite. ¡Qué bien me sabía su lengua!. Pilar, jadeante de emoción y deseo, se sentó en la silla más próxima y con trémulas manos, que no acertaban a bajar la cremallera, sacó mi polla y, mientras la acariciaba con cariño, me dijo, con voz ronca y entrecortada.

¡Qué hermosura, que bonita la tienes, me la voy a comer!.

Dicho y hechos. Comenzó a besarme el glande y luego, despacio, recreándose en lo que hacía, se introdujo poco a poco, lamiendo con auténtica calentura. Se la metió toda, chupó ansiosa y comenzó a meter y sacar la polla de su boca. Sentí que me iba a correr y se lo advertí.

Mi amor, que me corro, no sigas, que quiero que lo disfrutemos los dos.

Se sacó la polla de la boca y me miró largamente.

Me lavo ahora mismo. Me voy a lavar mucho. Gracias a Dios tengo un baño completo.

Salió al cabo de cinco minutos. Desnuda de cintura para abajo, me mostró gustosa un coño muy peludo, que me enamoró. Así se lo hice saber.

Tu coño me enamora, vida mía.

¡Ay, mi amor, te quiero!…..¡qué ganas tengo de que me lo comas!.

¿Qué quieres tú que yo te coma, vida mía!.

El coño, amor mío.

Caímos en la cama en la posición sesenta y nueve, la postura más maravillosa que puede adoptar una pareja. Y mientras su boca engullía mi polla, tragándosela entera, mi boca se llenó de pelos y mi lengua acarició con pasión su clítoris. Se estremeció y me chupó con más fuerza. Creí que me moría de gusto.
Me lamía la parte exterior de la polla mientras emitía grititos de placer. Mi lengua busco sus labios mayores y los lamió ansiosamente. Hundí mi lengua en la gran abertura y y se retorció de gusto.

Juancho, me matas de gusto, un puedo más, me corro.

En mi boca, mi amor, en mi boca, dame tu leche que me la quiero comer.

Y yo la tuya, vida mía, amor de mi vida, dame tu leche, cariño, amor mío. ¡Ay, ay, ay!, me muero, me muero de gusto, toma mi leche, dame la tuya, amor mío, tu leche. Échamela en la boca.

Si, me corro, me corro, que gustazo.

Y así fue. Sentí una gran humedad, mientras me vaciaba en su boca. Gimió de placer, retorciéndose de gusto. Pasado un rato, relamió mi polla en busca de cualquier gota de leche. Yo la imité. Nos levantamos, fuimos a asearnos.

Oye, Juancho. Yo me he quedado hecha polvo, ya no puedo más. ¿Te enfadas?.

No, cariño. Yo también estoy algo cansado. Es el calor, ¿sabes?. Tengo que recoger el coche. Voy a anotar tu teléfono y ya te llamaré.

¿De veras que lo harás?.

Palabra. Tengo ganas de correrme en tu coño.

Ahora, no, porque estoy deshecha. Otro día. No dejes de llamarme, amorcito.

Descuida. Ahora me voy, que tengo que recoger el coche.

Dame un beso.

Después de besarnos, sin gran entusiasmo por parte de ambos, salí y bajé las escaleras. En la garita de portería estaba Luisa, la portera.

¡Vaya si ha sido rápida la cosa!.

Hace mucho calor.

Para ciertas cosas eso no importa, importan las ganas que se tengan. ¿Se ha cansado Pili?. Es natural, es muy mayor. ¿Tu cómo te has quedado?, ¿bien o……a falta de algo?.

Mujer…..no me gusta hablar de estas cosas.

Somos amigas, no pasa nada.

Sí, algo me falta, que quieres que te diga.

Oye, que si quieres algo……yo estoy aquí. Y no me tomes por lo que no soy, te lo ruego.

Descuida, Luisa. Si me guardases el secreto, te diría que me gustaría….estar contigo.

Pues pasa a la garita. Parece pequeña desde fuera, pero es amplia y llega hasta el patio. Allí está mi casa. ¿Quieres venir?.

Si, pero no quiero que nos vea Pili.

Su casa no da a este patio.

Pues vamos.

Entré en la garita y avancé hacia el patio. Luisa me cogió del brazo y se apretó contra mi. La abracé con fuerza y la acaricié la entrepierna. Me devolvió la caricia, bajo la cremallera y sentándose en un taburete me besó la polla. La levanté, me la guardé y la di un beso. Me metió la lengua con ansia. Subí sus faldas y comencé a bajarle las bragas.

En casa, mi vida, aquí no, que pueden vernos. Cruzamos el patio, entramos en su casa. Se quitó la falda y
todo lo demás. Tenía un coño precioso, no demasiado velludo, pero precioso. Buenas tetas, culo grande y caderas plenas, muslos gruesos, muy gruesos. Debía tener…..

¿Qué edad tienes, cielo?.

Mientras me desnudaba y se tumbaba en la cama, me dijo:

Sesenta y cinco. Diez menos que Pili. ¿Qué te parece?.

Muy bien.

Oye que…si te doy mucho gusto……a lo mejor te pido la exclusiva,¿qué te parece?

Después te los diré.

Vale. Ya verás como me quieres solo para ti. Yo, en correspondencia te pediré que con Pili nada de nada.

Me acosté a su lado y comenzamos a besarnos y tocarnos. Yo, que estaba encendido después de mi encuentro con Pili, me puse sobre Luisa. Me hizo bajar y me cabalgó. Me tocó un poco la polla y se la metió de golpe. Exhaló un grito y comenzó a jadear y a subir y bajar. El tercer o cuarto empujón, se corrió como una fuente: me empapó hasta el culo y puso las sábanas perdidas.

Como podrán imaginar fácilmente alterné con las dos. Lo pasamos de maravilla. Eran discretas y apasionadas. Como yo. ¡Qué polvazos nos echamos, caray!.

Gracias por publicarlo y por leerlo. Un saludo cordial. JUANCHO.

Yo Joven y ella toda una mujer

Miércoles, enero 19th, 2011

Hola mi nombre es Antonio tengo 17 años y les contare esta historia que espero les guste.

Hace un tiempo que recurrí a visitar salas de chat pues siempre eh sabido que conoces personas de otros países, haces amigos y hasta puedes encontrar algo más , empecé a meterme mas seguido, conocí algunas personas y me hice amigo de varios en distintas salas.

Uno de esos días ya había terminado mis quehaceres me metí al chat, ya eran como las 10 pm, entre a donde siempre y estaba muy aburrida la sala, entonces me dio la curiosidad de buscar otras salas pero para gente ya mayor, entré a varias, en algunas me sacaban o me decían “esta sala es de mayores salte”, todo esto gracias a que tenia mi foto y mi edad puesta, pero en una sala de mayores no paso nada, había bastante gente, así que enseguida empecé a saludar a medio mundo que no conocía, me preguntaban mi edad y que andaba haciendo ahí, yo les contestaba a todos por lo tanto me dejaron estar sin expulsarme por un buen rato.

Resulta que me metí a bañar, pero no me salí de la sala, así que me bañe y todo cuando vuelvo a mi compu y veo que una persona llamada Jacqueline me abrió conversación privada y me mandaba muchos “holas “”,”que tal”, “estas ahí”, le conteste y empezó una buena platica.

Empezamos muy cordiales, me dijo que se llamaba Jacqueline pero que le dijera Jaqui, era de otro estado de la republica, un poco lejos del DF, que tenia 37 años y tenia 1 hijo de 10 años, el cual le costo trabajot enerlo, era divorciada y trabajaba en una primaria como maestra de 1er año, le gustaban mucho los niños pero hace tiempo que ya no podía tener hijos, por eso su marido le pidió el divorcio y cada fin de semana se llevaba a su hijito con el.

Conversamos hasta muy tarde, simpatizamos bastante, le conté bastante de mi al igual que ella, así que me pidió mi correo para seguir siendo amigos, yo con muchísimo gusto se lo di y ella me dio el suyo.

A la siguiente noche se conecto pero no había ninguna foto para conocerla, en cambio ella me halago mi foto, platicábamos muy agusto sobre que hacíamos y demás cosas, pero la platica le siguió con el tema de las novias y los novios, yo le conté que hacia una mes que no tenia novia, ella me conto que a veces salía con pretendientes amiguillos del trabajo, etc, pero nada serio.

Estas platicas continuaban ciertos días y nos íbamos conociendo bastante bien aunque ya habían pasado varias veces que yo le pedía una foto de ella para conocer a tan linda persona, ella me decía que luego por que no tenia fotos en su compu, en cambio yo le enviaba fotos mías que a veces ella me pedía se las regalara, por seguridad le pedí que por favor me dejara conocerla para asegurarme con quien platicaba pues ya saben el internet es peligroso, esa noche que le pedí eso me dijo que si pero que me conectara al medio día, por que se conectaría desde su trabajo, yo acepte.

Al día siguiente me conecte como ella me pidió, ella se conecto y enseguida puso la webcam, no lo podía creer por fin conocía a esta lindura, mis dudas se disiparon y vi una bella mujer bien vestida,

de tez blanca, ojos muy lindos, nariz afiladita, boquita coqueta, un precioso pelo negro al hombro ondulado peinado muy sexy, preciosa preciosa preciosísima, me saludo con una bonita sonrisa y un “hola” con la mano, eso me animo mucho, me emocione y no tarde en halagarla tanto como pude por su belleza, me éxito tanto hablar con una mujer así, era algo increíble. Platicamos unos 30 min pues tenia cosas que hacer pero me prometió conectarse luego.

Nuestras pláticas seguían casi diario, pero desde que la vi solo pensaba que volviera a poner la webcam y deleitarme con su cuerpo que yo suponía estaba muy sabroso, pues ese día solo vi su cara y su mano. Así que no tuve que pedírselo por que ella me dijo que si yo quería ella le pediría una webcam prestada y la pondría en la noche, eso me prendió bastante y mi mente se viajo con esas palabras, pero me propuso que yo pusiera mi cámara también, enseguida la busque y acepte su propuesta ella me cito para esa noche.

La noche llego, y sin interrupciones cerré mi puerta y me conecte, ella ya estaba esperándome, incluso me regaño por tardar tanto, ella estaba en su recamara por lo que noté, me pidió verme y no la hice esperar, al verme sonrió, me dijo que era lindo y bastante agradable, me mando besos al igual que yo; de repente acomodo su cámara y por fin pude ver su torso, aun llevaba puesta su ropa del trabajo así que me dijo que se cambiaria, mis ojos se me salieron cuando se puso frente a la cámara con una pijamita muy sexy, con un escote que mostraba unos perfectos senos grandes y jugosos, también una cintura muy linda y vientre planito, esas imágenes en mi cerebro causaron que me excitara demasiado y empezara a frotar mi pene que ya estaba bastante erecto, pero lo que le siguió fue aun mas caliente, me dijo que yo le gustaba mucho, que mi sonrisa le fascinaba y que ojala nos conociéramos algún día en persona, esto me hizo sentirme la persona mas afortunada, ella me pregunto que que opinaba yo de ella, que le dijera sin pena alguna, ¡diablos! estaba hirviendo mi cerebro, así que sin dudarlo le empecé a decir cositas lindas sobre su bello rostro y cosas mas perversas sobre sus deliciosas tetas, ella me sonreía por todo lo que le decía y parecía estar tan prendida como yo, así que sin pena saque mi pene del pantalón y me masturbe, viéndola por la cámara, ella solo veía mi cara y mi pecho yo creí no se daría cuenta.

Seguí con mis halagos sucios hasta que ella me confeso ya bien que yo le gustaba mucho a pesar de ser menor para ella y que estaba muy excitada con todo lo que le decía, que me masturbara sin pena, ya que se había dado cuenta desde el principio y que si quería le enseñara mi verga por la webcam, tenia muchas ganas de vérmela dura gracias a ella, y lo hice, me pare delante de la cámara, jale mi pene para erectarlo mas y deje lo viera por todos lados, por lo mientras ella sonreía y escribía, que estaba muy bien, que se veía sabrosa y bastante buena, de momento me dice que me la jale mas duro y rápido, pero que no la dejara de ver, fije mis ojos en la pantalla mientras yo seguía con lo mío, ella se mordía los labios sensualmente y jugaba con su leguita, se tocaba la vagina con una mano y con la otra se abría el tremendo escote hasta dejar salir uno de sus perfectos, jugosos, grandes y redondos senos, se lo apachurraba y me mostraba un precioso y rico pezón como los que me gustan, era chiquito y paradito, después saco el otro seno y continuo con el juego en sus ricos pezones, yo no podía creer las cosas que ocurrían, babeaba por ella, moría por estar entre esas tetas, ummm enserio deliciosas.

Jaqui creyó que bastaba con eso, pues era una situación extraña y le había gustado mucho, eso me dijo, así que se empezó a despedir pero me advirtió que la siguiente semana seria mejor , se desconecto y me mando muchos besos.

Yo me quede confundido pues había sido algo bastante bueno, así que paso el fin de semana volando y me conecte en la noche, ella no estaba pero la espera dio su recompensotototta, por que cuando puso su cámara estaba vestida de saco, falda, medias negras y tacones, pues no se había cambiado desde que llego de trabajar para darme un buen regalito, me pidió yo pusiera mi webcam para que ella me pudiera ver, de repente empezó el show, se empezó a quitar la ropa poco a poco, mientras yo le escribía cosillas para excitarla lo mas que pudiera, pero ella no necesitaba palabras, se quito el saco y la camisa para mostrarme su sostén que cargaba sus sabrosas y grandes tetas, se paro de su silla y me enseño lo que no había visto de cerca, su deliciosa cadera se contoneaba con esa falda pegadita que abría paso a un culo grandecito y delicioso que me moría por ver, también daba paso a unas piernas, unas exquisitas piernotas jugosas envueltas en unas medias negras bastante sugestivas, me estaba enamorando de ella, de cómo se bailaba frente la cámara, de cómo se despojo esa falda quedando en ese liguero tan sensual, ese sujetador premiado, sus labios carnositos , ¡umm!, yo estaba extasiado jalándome la verga, ella me pidió me viniera en la cámara, ella me ayudaría; empezó a desnudarse quitándose primero el brasier, reluciendo sus pechos, con esos sabrosos pezoncitos, vientre listo para acariciarlo, pero mi calor aumento cuando le pedí de favor me mostrara sus nalgas, pues se dio la vuelta se inclino y me dejo ver a toda magnitud ese culo sabrosote, mientras se despojaba de su chonino dando viada a mi vista de un delicioso y tentador orificio anal el cual mostraba abriendo paso entre sus nalgas con sus manos, bajo ese dulce hoyito unos labios carnositos y suculentos se abrían, y me invitaban a comérmelos pues estaban bastante jugosos. Era una mujer infernal pero con carita tan coqueta, era tan afortunado de estar presenciando una diosa así, en un ritual erótico lleno de ganas de estar con disfrutando todo ese cuerpo, penetrándola tantas veces y tanto tiempo como posible fuera, toda mi imaginación plasmada en la bestialidad de mis manos en mi verga, ella se sentó y me pedío ver mi pene para disfrutarlo, así que tomo su mano y se metió sus dedos en su jugosa vagina, lo cual me sobrecalentó para dar paso a una corrida de semen hirviendo sobre la cámara, como me lo pidio, al venirme ella sonrió y decía que ojala me corriera pero dentro de ella, enseguida se empezó a despedir agradeciéndome por compartir esa noche rara, pues me aseguro nunca había hecho tal cosa, que era muy excitante y que serian mas noches así, pues yo le gustaba mucho y me deseaba tanto como yo a ella.

Desde esa vez empezamos una relación virtual de sexo, no diario ni tan seguido, platicas mas intensas, confesiones, webcam, y fotos que nos envolvían en cada noche que nos encontrábamos, aparte de estar siempre viéndonos y conociéndonos todito creamos una conexión como íntimos amigos, pues no todo era cosas sucias, sino también platicas personales de nuestras vidas, cotidianeidades del día con día y por demás cosas que quisiéramos compartirnos, era una gran mujer, pero después de un tiempo de tanto interactuar tan rico decidimos conocernos en persona.

Y sucedió? Si, esa es la continuación .

Marco Antonio : zero_boa@hotmail.com

La señora del Metro

Miércoles, enero 19th, 2011

Lo que tantas veces contaban, y no se cansaban de repetir, que en el Metro, con habilidad y sabiendo buscar se ligaba a las mil maravillas, siempre me había parecido una gran exageración, una mentira, ganas de presumir ante amigos y conocidos de ser irresistibles y saber cómo llegarles a las mujeres. Yo, que nunca lo había intentado, por temor y parecerme un tanto ruin, comencé a fijarme, a observar actitudes masculinas y las correspondientes respuestas femeninas. Si la aglomeración de viajeros así lo permitía, había algunos hombres que apretaban su entrepierna con discreta firmeza contra el culo femenino que tuviesen más próximo. Nunca observé respuestas favorables, todo lo contrario, la separación o cambio de sitio de la fémina afectada era instantánea.

Cierto domingo, tras no conseguir entradas para la sesión de las siete en los cines de la Gran Vía madrileña, me dirigía en Metro hacia la zona del teatro María Guerrero, por si los hados me fuesen propicios.  El subterráneo iba de bote en bote. A mí me lanzaron contra una señora gordita, de unos treinta y tantos años, que ocupaba el estrecho rincón que había junto a la cabina del conductor. El Metro era así en los años cincuenta.

Sentí que nuestras entrepiernas se juntaban, lo que, a mis veintidós años, solía emocionarme muchísimo, tanto, que, aunque intentaba evitarlo pensando en otra cosa, empecé a tener una erección. La señora me miró a los ojos. No había enfado en ellos. De cualquier modo, como no deseaba que me lo censurase, haciendo fuerza con los brazos intenté apartarme. Vano intento, en la siguiente estación entró más gente y el apretón fue mayor.

La aproximación de nuestras entrepiernas era tan fuerte que no pude contener una tremenda erección. Ella la sintió por completo y…..¡no se apartó!. Yo, algo aliviado al sentir que no rechazaba  mi proximidad, me animé a dirigirme a ella. Lo hice en voz baja, hablándola al oído, rozando ligerísimamente su oreja con mis labios. Tampoco rehuía este nuevo contacto.

Mire, señora, le pido perdón. Le aseguro que intento apartarme, pero aprietan tanto que no me puedo separar. Y claro, al estar tan cerquita de vd……Le prometo que no lo hago a propósito, incluso procuro pensar en otra cosa, pero es vd. una mujer tan agradable…tan guapa….que…. no me es posible  evitarlo, por mucho que lo intente. Perdóneme, señora.

Me habló también  al oído y sus labios rozaron también mi oreja.

No te apures, que no me molesta que aprieten tantísimo. Tampoco que la proximidad te ….. emocione. Si tú estás bien y no sientes……no sé….rechazo, pues…..siéntelo, deja que todo sea natural. ¿Te puedo preguntar una cosa algo íntima?.

Sí, señora, lo que vd. quiera. Con toda confianza.

A esas alturas de la conversación, yo tenía la polla como un garrote y la apretaba contra su bajo vientre, cuyo calor notaba y me excitaba todavía más. No estaba seguro, pero creí notar que hacía lo que yo: empujar el culo hacia delante. Incluso me parecía que había entreabierto un poco las piernas.

No me llames de vd.

Como tú quieras.

Así siento más confianza para preguntarte: ¿te pasa siempre esto……esta excitación que tienes?…..¿Te ocurre con todas las mujeres en el Metro?.

Le juro que sólo me ha ocurrido con vd. Contigo.

¿Por qué conmigo es diferente?…..¿Es que…yo……..te gusto un poquito?.

Mucho, me gusta vd. mucho. Tú .Eres una mujer preciosa, la más bonita que he conocido.

Me alegro mucho, cielo Yo también quiero decirte que es la primera vez que me ocurre una cosa así. No te apartes de mí y siénteme. ¿Te gusta sentirme?.

Con locura.

¿Sólo así o… o quieres sentirme todavía más?.

Más, mucho más.

Su lengua rozó mi oreja. Al sentir la caricia, creí que iba a romper el pantalón de cómo se me había puesto la polla. Di un apretoncito y su respuesta me elevó a las nubes: además de retorcerse discretamente, de restregar su bajo vientre contra mí polla, sus manos acariciaron uno de mis muslos. Yo, que casi no podía respirar, la imité, procurando que nadie lo observase, y, más encendido que ella, acaricié, con etérea levedad, con infinita suavidad, su caliente entrepierna. Creí que me moría de gusto.

¿Has quedado con alguien, cielo?. ¿Te espera alguna mujer?.

¿Vienes de estar con alguna y por eso estás tan….excitado?.

No, no me espera nadie, no he quedado con nadie. Y no vengo de estar con ninguna mujer. Es que vd….tú..me gustas mucho.

¿Quieres que merendemos en mi casa?.

¿Y tu familia?.

No tengo, soy viuda. ¿Quieres venir?…

Estoy deseándolo. ¿Cómo te llamas?.

Emilia.¿Y tú?.

Yo me llamo Juancho.

Su lengua lamió mi oreja y su mano me acarició con más fuerza la polla y toda la entrepierna. Yo, que es taba ya sin vista, calentísimo, deseándola con pasión, también acentué la presión de mis caricias. Sentí los labios de su coño y……..¡creí que me moría!.

En un susurro, introduciendo más su lengua en mi oreja, me dijo:

Juancho……..¡Qué nombre tan bonito!……… ¡Me gustas con locura, Juancho!. Estoy deseando que lleguemos a mi casa.

Seguimos con nuestras caricias. Mi excitación era tal que, echando una ojeada alrededor en busca de observadores, acerqué mis labios a los suyos y la besé con suave brevedad. Su lengua se introdujo en mi boca durante un delicioso segundo. Se separó y me dijo:

En la próxima estación nos bajamos. Tengo ganas de que estemos solos.

Yo también. No puedo más.

Enseguida nos vamos a querer con locura, mi amor.

El poco recorrido que quedaba se me hizo interminable. También inacabable me pareció el corto recorrido hasta su casa. Iba cogida de mi brazo, haciéndome sentir la delicia de su pecho. Era alta, como yo o un poco menos, tenía buenos pechos, grandes y duros, tal como sentía mi brazo. Me miraba con innegable deseo y sus ojos, grandes y negros, me parecieron muy bellos. Su cara era guapa, muy agradable,  sus gordos labios me lanzaban algún que otro disimulado beso. Me detuve y separándome un poco, la dije:

Quiero ver cómo eres, ¿te importa?.

Sin dudarlo un momento, se desabrochó  y abrió la gabardina. Pude ver un cuerpo de mujer plena, llena, de unos  treinta años o un poco menos. Sus caderas eran amplias y su pecho muy generoso, sus piernas gruesas y bien  torneadas y una gran melena morena.

¿Qué tal?, ¿ te gusto, cariño?.

Muchísimo, Emilia, estoy deseando abrazarte.

En casa podrás hacerme todo lo que quieras, cariño. Hoy y siempre que quieras, amorcito.

Todos los días, cielo.

Cuando echó el cerrojo a la puerta de su casa, Emilia empezó a quitarse ropa. Yo, ansioso como estaba, no acertaba a desabrochar los botones. Con su ayuda pude hacerlo.  Al  quedarnos desnudos, mi mirada recorrió avarienta su desnudez. ¡Era preciosa, qué pedazo mujer!. Tenía tanto pelo que casi no permitía que se la viese el coño; sus mulos, gruesos, asombrosamente macizos, apretados en la entrepierna, provocaron mi primera reacción: me puse de rodillas y me abracé a aquella gloria de muslos. Los besé con ansía, lamiéndolos con fruición, ¡qué rico me sabían!. Emilia, hizo que me levantase y nos abrazamos. Caímos en la cama y con sus besos, recorrió mi pecho y vientre, llegó a la polla y, con infinita suavidad, besó mi glande y lo lamió unos pocos segundos. ¡Creí que me moría en ese preciso instante!. Notándome excitadísimo, ansioso de su coño, se convirtió en una deseable amazona y me cabalgó. Sentí que su coño, mojado, humedecido por el deseo,  me quemaba la polla, y entraba suave y hasta el fondo de su vagina. Gimió al sentirlo y, casi sin voz, ronca, sin fuerza, me dijo:

¡Ay, amor mío, cómo te siento!……¿Me sientes tú, mi vida?.

¡Estoy que me muero, cariño!, ¡me muero del gusto que me das!.

¡No te corras todavía, no te corras todavía, mi vida!.

Obediente, me puse a pensar en otra cosa. Conseguí aguantar

mientras Emilia se corría entre gritos, jadeos y frases de amor que nunca había oído y que me parecieron maravillosas.

Tras su segunda corrida, más brava e intensa que la anterior, sentí mi vientre empapado por sus jugos y no pude aguantar más: grité entrecortadamente, sin aliento casi:

¡Me corro, amor mío, me corro!, ¡no puedo aguantar más, me corro!.

¡Si, mi vida, mi amor, córrete conmigo, que te quiero mi cielo!.

¡Qué gustazo, Juancho!, ¡es el tercer polvo, me muero por ti!.

¡Yo……también….me corro, te quiero!…..¡te quiero, Emilia!.

¡Te quiero, Juancho, amor mío!…..Me corro otra vez, otra vez, qué locura, vida mía!.

¡Qué bárbaro, qué mujer tan caliente!. Mientras yo me corría una vez, ella enlazó dos carreras impresionantes…….¡hasta en el culo sentí su leche!. Pusimos la cama perdida. Emilia me descabalgó, se apretó contra mía y sentí su humedad y el calor de su coño, que parecía un alto horno. Estaba empapada y habíamos puesto las sábanas perdidas. Cuando se lo hice notar, me dio un ardiente beso, metiendo ansiosa su lengua en mi boca y tras un minuto largo de lametones, me dijo con voz de cansancio:

Ahora las quito. Mañana me voy a sentir feliz lavando las sábanas que hemos manchado con nuestro cariño, mi vida.

Tú y yo, amorcito, no manchamos las sábanas, las mojamos.

¿De qué las empapamos, amor mío?, ¿sabes tú de que las empapamos, mi cielo?.

Claro que sí, cariño.

¡Ay!, pues dímelo, amorcito, que estoy deseando escucharlo.

Nuestros labios se unieron en un beso interminable y enroscamos las lenguas. Aquel beso parecía no acabarse nunca.

Cuando tomamos aire, Emilia, cariñosa, con voz tierna, de mujer enamorada, me susurró al oído:

¡Anda, dímelo, cariño, ¿de qué empapamos las sábanas?.

De nuestros jugos, amorcito.

¡Anda, no seas soso, amor mío, dímelo mas íntimo!.

Bueno, cielo. Las empapamos con nuestra leche.

Sí, amor mío, con tu leche y con mi leche, que se juntan porque nos queremos. ¿Me quieres tú, Juancho?.

Mucho. ¿Sabes que es la primera vez que…….lo hago?

¡Ay, dímelo otra vez, amor de mi vida!…..¿Soy yo la primera?.

Sí, cariño, tú eres la primera. Y me alegro mucho de que haya sido contigo, aquí, en tu casa, donde nos vamos a ver muchas veces.

¿De verdad, mi amor?, ¿te ha gustado?…¿vas a volver alguna vez?.

Todos los días vendré a ver a mi queridísima novia. Si quieres seguir siendo mi novia.

¡Te quiero, amor mío, te quiero con toda mi alma!.

Volvimos a los besos, las caricias, las frases enamoradas y…mi polla, que ya había recobrado su vigor, volvió a empinarse con toda la altivez que le confería su juventud y busqué ansioso el coño de mi cachondísima novia, cuyas piernas se abrieron para recibirme. Al sentirme sobre ella, su temperamento se volvió a disparar y con sus frases cachondas  provocó de nuevo nuestra locuacidad sexual, tan grata a los oídos y el corazón de los amantes.

¡Ay, Emilia, cuánto me gusta sentir tu coño en carne viva!.

¡Sí, háblame así, vida mía ,que me pones loca perdida!,¡apriétame más la polla, mi amor, dámela entera, que sea sólo mía!….¡Dame tu leche, mi amor, que me voy a correr enseguida!.

¡Sí, empápame con tu leche, cachonda mía, empápame!.

¡Me corro, Juancho, me corro!.

¡Cómo siento tu leche, Emilia!, ¡Qué bien nos jodemos!.

¡Sí, amor mío, novio mío, me corro!…..¡Siénteme en carne viva, jódeme con locura, mi vida, que yo me he quedado vacía para mojarte la polla!.

¡Me la has empapado, cariño!…. ¡Me corro, no te resisto, novia, no te resisto, me corro!. ¡Toma toda mi leche, toma, toma!.

¡Ay, que bien te has corrido, mi vida!. ¡Ay, novio¡, que bien nos jodemos, ¿verdad?.

Si cariño, nos jodemos como nadie, en carne viva, inundándonos!.

Si, del todo. Te quiero. Vamos a lavarnos, amor mío.

Hasta el momento de marcharme, y pese a mis protestas de que no tenía que darme explicación alguna, Emilia insistió en asegurarme que nunca le había ocurrido lo de hoy y que desde que se había quedado viuda, hacía ya tres años, no había tenido relación con ningún hombre. No dejó de insistir hasta que la aseguré que la creía.

A partir de ese día nos vimos casi a diario y no sólo en su casa: salíamos al cine o al teatro, de excursión, de veraneo…..

En fin, como cualquier enamorada pareja de novios.. Ïbamos ya por el segundo año de feliz noviazgo cuando pasó algo muy importante, definitivo.

Cierta tarde, después de las seis, Emilia me llamó a casa, pidiéndome que me acercase a la suya urgentemente. Así lo hice y, nada más llegar, me lo soltó de sopetón:

Juancho: Ha ocurrido algo muy importante , que a mí me hace completamente feliz. A ti, no lo sé, Juancho. Yo espero que no te vayas a enfadar conmigo, que me eches a mí la culpa de lo que pasa.

¿Qué es ello, cariño?. Me estás asustando.

Estoy embarazada, ya es la segunda falta.

¿Qué dices, te has vuelto loca?. Esas bromas son de mal gusto.

No es broma, Juancho, estoy de dos meses. Y muy contenta, porque tener un hijo….o una hija, ha sido lo que más he deseado en este mundo.¿Qué te parece ser papá, Juancho?.

Oye……., ya vale de bromitas de mal gusto. ¿Para esto me has hecho venir?. Ya sabes que estoy de exámenes y….

No es broma, es la verdad, vamos a ser papás. Y yo estoy feliz, muy feliz.

Casi desfallecido, busqué el auxilio de una silla, en la que me derrumbé asustado.

¿Es en serio?.

Nunca he hablado más en serio en mi vida, Juancho, estoy embarazada de dos meses. Y tú eres el padre.

¡Qué disparate!…..¿Pero cómo ha sido posible?.

Soltó una carcajada y se sentó frente a mí.

Pues…como ocurren estas cosas: un hombre y una mujer se acuestan juntos, se ponen a joder sin tomar precauciones y…pasa lo normal: la mujer se queda embarazada. ¿De qué te extrañas, Juancho?, ¿tan raro te parece?.¿No nos hemos comportado como un matrimonio?. Pues nos ha pasado lo que les ocurre a los matrimonios.

Es que nunca hablaste de que…..pudiese existir ese peligro, Emilia.

Nunca me lo preguntaste, nunca te preocupó esa posibilidad.

Pero tú me dijiste……

Ya lo sé, que en siete  años de matrimonio…..no hubo nada de nada; pero…contigo…..Contigo ha sido distinto: te quiero como nunca quise a mi marido, contigo he sentido….lo que nunca sentí  y claro…….Es natural, Juancho: otro hombre, otro cariño, mucho amor…..Estoy muy contenta.

Oye…yo….Hay medios para…..En Inglaterra, según dicen…….

Mira, Juancho, esta niña, la voy a tener, aunque a ti no te guste que la tenga, que la tengamos, porque es tan tuya como mía, cariño mío. Toda mi vida lo he deseado, por lo tanto, eso de abortar…..¡ni se te pase por la imaginación!.

Y yo, ¿ que…?

Tú, Juancho, tendrás que cumplir con tus obligaciones de padre. Yo no te voy a pedir que te cases conmigo, tranquilo, pero sí que cumplas con las obligaciones de un papá cariñoso.

¿Serás muy cariñoso con la niña, verdad?. ¿A que la vas a querer mucho, mi amor?.

Se inclinó y tomó mis manos con cariño. Se acercó más y me dio un beso en la boca.

Será muy guapa, preciosa, ya verás. Y estaremos muy orgullosos de ser sus papás. Yo te quiero mucho y, desde que me has dejado embarazada, muchísimo más, te lo juro. Espero que tú no dejes de quererme, amor mío, porque esto que nos pasa es lo que suele ocurrir cuado un hombre y una mujer se quieren y se acuestan juntos. ¿Vas a enfadarte conmigo por eso?, ¿vas a dejar de quererme, de ser mi novio?…. Ahora tenemos un motivo muy bonito para estar más unidos que nunca, amor mío?. ¿Ya no me quieres, cielo mío?.

Claro que te quiero, cielo. Es que……..la noticia…..No sé.

Entiéndelo, es…….¡menuda sorpresa!.

Pero tú sabías que yo soy joven y que yo podía ser fértil, que tengo menstruación y…..Ha habido muchas veces en que has venido a hacer el amor conmigo, con tu novia según decías, y no se podía porque estaba con la regla. No ha habido desconocimiento, ha habido exceso de confianza, por parte de los dos,  y ha pasado lo que ha pasado. Yo me alegro mucho. Tú, no sé, supongo que cuando veas a la criatura sentirás….lo que debas sentir. Eres una buena persona y no vas a negar sus derechos a tu propia sangre.

De eso puedes estar segura, Emilia.

¿Me sigues queriendo o…me odias, Juancho?.

No digas tonterías, cariño. Te quiero, sólo que estoy algo desconcertado. ¿Lo comprendes, verdad?.

Claro que sí. ¿Tienes mucho susto, amorcito?.

Me cago de miedo, cariño. Y menos mal que, dentro de unos meses, si no suspendo, acabo la carrera y empezaré a ganar dinero. Un hijo trae muchos gastos.

Verás como todo sale bien, mi amor.¿Te tienes que marchar?.

Sí, pero, me gustaría sentirme dentro de ti. ¿Será malo para el niño?.

No, no hay peligro. Y será una niña, seguro.

Se colgó de mi brazo y nos encaminamos hacia la habitación. Por el camino, mientras nos besábamos, se fue despojando de la ropa. Estaba tan guapa como siempre. La quería, nos queríamos y volvimos a jodernos con locura, en carne viva, sintiendo la humedad de nuestros jugos. Emilia, como siempre hacía, me empapó el bajo vientre, la polla…¡hasta el culo me mojó!. ¡Qué cantidad echaba!…¡Y cómo me gustaba sentir que se corría, que se volvía loca conmigo!. Decididamente, el embarazo no había influido en nada: seguíamos queriéndonos con verdadera pasión y nos corríamos con locura, con un gusto que nadie, ninguna mujer (ya había probado a otras) me dio jamás.

Después de lavarnos, Emilia tomó mi mano y se la colocó sobre el vientre. Dándome un beso muy apasionado me dijo:

Yo, ya noto cositas. No son pataditas, no es….no es nada; pero siento que hay …..una vida que crece dentro de mí. En un  par de meses, cuando me toques el vientre, tú también sentirás algo.

¿Tan pronto juegan al balón estos futbolistas, cariño?.

Muy pronto, amor mío. ¿Te estás acostumbrando a la idea?.

Mira, sí, ¿para qué voy a decir otra cosa?. Y me gusta, quiero que sepas que me gusta que vayamos a ser papás de un niño.

De nuevo buscó mi boca y me la lamió por dentro, a la vez que me acariciaba la entrepierna. Volví a excitarme y la conduje a la cama. Adopté postura de sesenta y nueve y pregunté, ligeramente preocupado:

Oye, cariño, ¿le sentarán mal al niño estas cosas?.

No, vida mía, en absoluto. Si lo deseas podemos querernos como siempre, mi amor.

Claro que lo deseo.

Yo también. ¡Ah!, y nada de niño, será una niña preciosa, estoy segura.

¿Cómo lo sabes?.

Estamos empezando a hablar. Es muy charlatana, como son las niñas. Es una bromita mía, maridito, pero es que me has hecho la mujer más feliz del mundo al hacerme mamá. Te quiero con toda mi alma.

Y yo a ti, mujercita mía. Pero ahora…….ahora te voy a comer este chochito tan rico.

Mi boca se posó en su delicioso coño, el que más me gustaba del mundo, el único que me gustaba de verdad. Mis labios, separando los de su vagina, se hundieron en su bulba y chuparon con ansia. Al momento, mi querida novia respondió. Siempre lo hacía así, con rapidez, con…..entusiasmo. Sentí cómo me mojaba más la boca y se retorcía con pasión. Su boca se tragaba mi polla y subía y bajaba, succionaba, lamía…..me volvía loco .

No pudimos resistirlo y…

Amor mío….me corro. No te resisto, marido. Te quiero, cómete mi leche. Toma, te la doy toda, marido mío.

Dámela, esposa mía y cómete la mía, que te ha hecho mamá.

Si, mi amor, marido, tu leche….Vamos a ser papás…..Te quiero…..¡Ay…..me voy…, vente conmigo, marido!.

¡¡¡Menudo carrerón!!!…..Parece mentira que, después de habernos corrido con tantas ganas, nos volviese a salir del cuerpo tanta leche, parecíamos dos surtidores. ¡Claro, echándola tanta en su adorable coño, tenía que haberse quedado embarazada!.

Descansamos, volvimos a lavarnos y, tras hablarlo largamente ese día y otros sucesivos, llegamos a la conclusión de que debía preparar a mis padres e ir a verles los dos. Emilia, mi queridísima y generosa novia, me dijo que, si hacía falta y aunque no la hiciese, su casa era la mía y podíamos vivir juntos con nuestros niños. Se quedó parada y me miró intensamente.

¿Querrás que tengamos otro bebé, maridito?.

Déjame respirar, ¿no?, acabo de asimilar mi primera paternidad y ya estás pensando que tengamos más. ¿Es que quieres un equipo de fútbol?.

No me importaría, mi amor.

Estas loca, mujercita. Anda, dame un beso y me voy. Ya veré a ver cómo se lo digo a los viejos. Bueno…… a lo mejor hasta les gusta, ¡vete a saber!.

Seguro que no les disgusta, mi amor. Lo que hace falta es que me acepten a mí

Sin duda. Y si no…..no importa, me vengo a vivir contigo. Tendrás que alimentarme y vestirme hasta que acabe la carrera.

Para eso tengo yo mi gran cafetería arrendada, para que a ti, marido mío, no te falte de nada.

Eres muy buena Me voy, cielo. Mañana vengo y hablaremos de cómo se lo digo a mis padres. En fin…..Un beso, mujercita mía, mamá.

Gracias, marido. Te quiero. ¿Ya no estás preocupado por ser papá?

Muerto de miedo, pero…….creo que contento.

Mientras me encaminaba al Metro, mi cabeza no paraba de darle vueltas a la noticia. Yo, que estaba enamorado de Emilia hasta los tuétanos, aceptaba gustoso lo ocurrido. De tener un hijo……

quería que fuese con Emilia. Un hijo, no, una hija. ¡Qué cosas decía!……¡Hablar con la niña, qué ocurrencia!……El problema era cómo se lo decía a mis padres. Después de hablarlo muchas veces Emilia y yo, al cabo de mes y medio, cuando estaba ya de cuatro meses, se lo dije a mis padres. Después de tanto pensar en cómo, se lo solté sin previo aviso. Se quedaron mudos. Al cabo de un rato, mi madre, uno de mis dos amores, se acercó a mí, me dio un beso y las gracias por hacerla abuela. Su reacción condicionó la de mi padre, que me dio un abrazo que casi me asfixia. Quedamos en que al día siguiente traería a casa a mi novia. Les previne de la diferencia de años, ocho, y les pareció bien, que no éramos los primeros, ni seríamos los últimos.

Llegamos a la hora de comer. ¡Qué padres tenía!, ¡cómo me querían!. Acogieron a Emilia con enorme afecto, como a una hija y mi madre, que se sentó con ella al fondo del salón, la cosió a preguntas. En un momento dado, mientras las servía un refresco, comenté que Emilia tenía mucha fantasía, que aseguraba tener largas conversaciones con la niña. Mi madre saltó como una escopetilla:

Pero claro, hijo, es lo natural, yo hablaba mucho contigo cuando estabas en mi vientre. ¿Hablas mucho con la niña, hija mía?.

Mucho, es muy charlatana. Por eso sé que es una niña.

Hice un comentario jocoso y mi madre me mandó callar.

Cuéntame, hija, cuéntame. ¿os entendéis bien?, ¿se da cuenta de que la queréis mucho, que estáis deseando darla muchos besitos?. Cuéntame, Emilia, cuéntame, hija, ¿es una niña, estás segura?. Yo siempre quise tener una. Y me nació este bruto. No les hagas caso, los hombres no comprenden estas cosas. La nena tiene que saber que sus abuelos la van a querer con locura. ¿Se lo vas a decir, verdad?.

Emilia estaba feliz por la acogida de mis padres. Se entendieron desde el primer momento y siempre se quisieron. A los postres, la gran sorpresa me la dio mi madre:

Oye, hijo, tu no permitirás que mi nietecita, que va a ser preciosa como su mamá, cuando sea inscrita en el Registro Civil, no tenga libro de familia, ¿verdad?.

Total y para no hacer fatigosa la peripecia familiar, les diré que:

Nos casamos un mes después; la niña nació preciosa; yo concluí la carrera con buenas notas; la cafetería, ubicada en una de las calles más comerciales de Madrid, pasó a ser explotada por nosotros y tuvimos dos hijos más: otra niña y un chavalote. Jamás me arrepentí de mi boda con Emilia. Fuimos muy felices.

Mis padres estaban locos con Emilia, a la consideraban una hija,

y fueron unos abuelos de los que se les caía la baba con los tres nietos.

Gracias por publicar este elato. Gracias por leerlo. Adiós.

JUANCHO.

La portera de al lado

Martes, noviembre 23rd, 2010

Mis suegros, que eran unas grandes personas, estaban sinceramente preocupados por el futuro de la portera de al lado, a la que las cosas se le habían puesto muy difíciles: su padre, viudo, portero de la finca de al lado de la de mis suegros, ha-bía  muerto y los copropietarios, según rumor generalizado, no parecían dispuestos a que la hija, de cuarenta años, se quedase como portera de la finca. La junta que iba a decidir sobre esto se iba a celebrar en breve. Mis suegros, me pidieron que aceptase la representación de una amiga que no quería tomar parte en dicha reunión. Tras mucho insistirme, porque yo no quería ni oír hablar de una reunión de condueños, acepté el “regalito” y acudí. Yo conocía de vista a la hija del por-tero: era una mujer de aspecto agradable, cara casi guapa, cuerpo grueso, con caderas generosas, culo grande, tetas generosísimas y piernas también gruesas. Para que se hagan una idea cabal, baste decir que era una mujer a la que le so – braban  veinte kilos. Conste que, vista en conjunto, resultaba muy apetecible. A mí me gustaba, todo hay que decirlo. Bueno, para completar el cuadro, debo decir que yo estaba siempre medio salido porque a mi mujer lo sexual no la lla-maba la atención y no por falta de destreza mía. Lo cierto es que yo no despre – ciaba nunca una oportunidad de calmar mis ardores. Esa fue la razón principal de que aceptase la dichosa junta. Si conseguía que se quedase con el puesto…..

¿Quién sabe?, a lo mejor……La gratitud por ese enorme favor; el ser viuda y sin compromiso y gustarle yo…..algo, como mínimo, porque nos mirábamos al cruzarnos por la calle y su sonrisa….Bueno, que podía sacar partido, si yo era capaz de convencer a las condueñas.  Había varias viudas, ya mayores y confiaba en ablandar su buen corazón.

Unas horas antes de la reunión y a petición mía, la amiga de mis suegros, viuda,

de unos setenta años y muy buen ver, me presentó a las otras señoras de la casa.

A todas las caí muy bien: yo tenía entonces treinta años, tenía muy buen aspec- to y era alto para lo que se llevaba entonces (años setenta) en España. Con todas quedé en que tomaría café con ellas para explicarles cómo se había desarrollado la junta. Con algunas quedé para vernos fuera de la casa. Yo, ya lo he advertido antes, siempre procuraba que me quedase una puerta abierta , por si acaso.

Se celebró la junta, sudé tinta para convencer a varios propietarios, pero, contando con la ayuda de las señoras, se aprobó que la portera fuese la hija del anterior portero. Se llamaba Angeles y, para conseguir mis propósitos, actué con gran astucia: dejé que las señoras diesen la noticia a la interesada y yo me abstu- ve de ir por casa de mis suegros. Me fijé un plazo de quince días y……….

¡Hombre, D. Manuel, dichos los ojos!. Ya pensaba que no iba a poder darle las gracias como vd. se merece.

Mujer….. eso de D. Manuel…..¡Qué barbaridad, menudo protocolo que se gasta vd, Angeles!. Llámeme Manolo. Somos amigos, ¿no?.

Me miró a los ojos con intensidad y, al imitarla yo, nuestras miradas se queda – ron enganchadas un minuto largo. O yo soy un pobre iluso y no entiendo de estas cosas de los hombres y las mujeres, o nos dijimos muchas cosas con los ojos. Me sentí muy animado a llevar adelante mis propósitos aquella misma ma-ñana. Su voz sonó distinta, ligeramente enronquecida cuando me dijo, en voz baja, comprobando que no nos pudiese oír alguien y en un tono prometedor:

Me alegra mucho, Manolo, que se haya decidido vd. a venir a verme para que pudiese darle las gracias a vd.

No las merece porque lo he hecho por simpatía, por afecto personal, porque me…¡caes muy bien, Angeles!.  Perdona el tuteo.

Me gusta muchísimo que nos tuteemos, que nos tratemos con confianza, porque el favor que tu me has hecho……Bueno, no hay dinero en el mundo para pagarlo.

¿Tan grande lo consideras?.

Nadie me ha hecho un favor tan grande. Y quiero que sepas que…….no sé, no me atrevo a….

Dímelo, Angelines, dímelo.

Yo soy……una mujer……con poco mundo, pero muy agradecida. Quiero que eso te quede bien claro, Manolo, te debo el favor de haberme solucionado el futuro de mi vida y quiero……corresponder. No sé como querrás que…….

En fin, Manolo, que deseo corresponder, soy una mujer muy  agradecida y deseo corresponderte de corazón. Estoy deseándolo. Es lo que más deseo en este mundo, corresponderte con todo mi corazón.

No me digas eso, Angelines, que eres una mujer preciosa y……

¿Te parezco guapa, Manolo?

Mucho, Angelines, me pareces preciosa.

¡Me das una alegría!……. Si no lo dices por decir, por cumplir, por ser..amable.

No, Angelines, no sigas hablándome así que, insisto, eres muy guapa y me puedo hacer ilusiones.

Sonrió de un modo……esperanzado y esperanzador. Comprendí que íbamos a entendernos, a llegar a disfrutarnos, a vivir unos amores intensos, apasionados.

La lancé un beso disimulado. Al verlo, sus labios, deliciosamente gordezuelos, modularon un apasionado beso. Su lengua asomó

Te puedes hacer todas las ilusiones que quieras, Manolo, que yo estoy deseando corresponderte con toda mi alma, con todo mi ser.

Angelines, no quiero parecer un aprovechado, por eso no te digo……

Pues dímelo, Manolo. Yo soy viuda desde hace diez años y, desde entonces, no he tenido ningún amor. ¿Cómo tengo que decirte que..

Me gustas, Angelines, me gustas muchísimo. Desde hace mucho tiempo.

Y tu a mí. ¿Quieres pasar a casa?.

¿Lo deseas de verdad?.

Si, Manolo, lo deseo con todo mi corazón.

Voy a subir a ver a mis suegros y en un cuarto de hora estoy en tu casa.

Procura no coincidir con nadie.

Veinte minutos después, llamaba a su puerta. Me recibió en combinación. Estaba francamente gorda, pero muy bien formada, con un tipo magnífico. Me gustó mucho abrazarla y sentir la dureza de sus abundantes carnes. Su bajo vientre ardía y, al calor de esa hoguera, tuve una fuerte erección. Nos besamos con ansia y nos acostamos. La quité la combinación y no llevaba nada debajo, sólo el bosque de rizos de su coño, que apenas la cabía entre los muslos y que se me ofrecía pleno de deseo, de ardor. Nos acariciamos y, sin más trámite, como puestos de acuerdo, nos dimos la vuelta, adoptando la maravillosa postura del delicioso sesenta y nueve. Su boca se tragaba la casi totalidad de mi polla y mi boca, abierta al máximo, sentía cómo me entraban sus rizos, los labios de su coño y el jugo que destilaba al sentir mi lengua. No paramos durante media hora larga. Después, sin poder aguantar más, me cabalgó y, tras unos cuando mete-saca deliciosos nos corrimos salvajemente. No lo dejamos y volvimos a corrernos, sintiendo aún más gustazo. Fue algo inenarrable. Comenzó así una aventura amorosa que duró muchos años. Hubo siempre mucha pasión, discreción y lealtad entre ambos. Nadie se enteró de nuestros amores. Ella, Angelines tampoco tuvo conocimiento de mis amoríos con dos vecinas : aquellas señoras, viudas y mayores (siempre me gustaron mayores que yo) con las que quedé para tomar café. Una de ellas, por supuesto, era la amiga de mis suegros. Estas historias, que duraron menos que la de Angelines, se las contaré en otra ocasión, si es que los editores  de estas necesarias, imprescindibles páginas, se animan a publicar mis relatos. Un abrazo para todos.

JUANCHO.

Mi querida tía Emilia

Sábado, noviembre 6th, 2010

Hacía un año que mi tía Emilia, Mili para la familia, se había quedado viuda. No lo sintió demasiado. Estaba claro que sabía, de sobra, que la

había puesto los cuernos durante todo su matrimonio y que nunca fue un modelo de marido. Era algo bruto, sin llegar a la violencia y muy poco cariñoso con élla, mi tía Mili, que a mí, su sobrino preferido, siempre me había gustado mucho, muchísimo, aunque jamás me atreví a insinuarle lo más mínimo.

Bueno, como he dicho, ya había pasado un año, yo estaba de Rodríguez, con la mujer y los niños en la playa, cuando mi tía Mili y yo nos encontramos  cerca del cine Alcalá. Estaba preciosa, como siempre: gran pecho, sin exagerar, muslos gruesos, piernas largas y bien torneadas, culo respingón, cara guapa y labios gorditos, besables. Nos saludamos con alegría y nos dimos dos besos. En ese instante, en ese preciso instante, comenzó mi felicidad con la tía Emilia, una de las mujeres que más me han gustado y más feliz sexo me han proporcionado. Y yo a élla,

que sigue diciéndome que conmigo es la mujer más felizmente satisfecha.

Todo empezó de un modo sencillo: Como yo estaba sin mi mujer y, por lo tanto, hambriento de sexo, y mi tía Emilia siempre me había gustado muchísimo, al besarla, apreté la comisura de mis labios sobre los suyos y, ¡oh maravilla!,al darnos el segundo beso, fue élla, mi adorable tía, la que buscó con su boca la mía. No fue un beso en plenitud labial, pero sentí algo así como el roce húmedo de su lengua. Nos quedamos callados, sin saber qué decirnos.

Al cabo de un ratito, yo rompí el silencio.

¡Cuánto me alegro de verte!. Y mira que es raro que yo venga por tu barrio, pero como el taller donde voy siempre está cerrado por vacaciones, he tenido que venir al concesionario de guardia, que está al lado de tu casa.

¿Hubieras sido capaz de pasar por la puerta sin subir a verme?.

Mujer…. Uno no sabe cuando puede molestar al presentarse sin avisar. A lo mejor estabas con un novio.

Ya saber, Juancho, que yo no tengo novio.

¿Y eso por qué, si eres muy guapa?.

Pues porque yo tengo que estar enamorada para que un hombre entre en………(su voz adoptó un tono especial)….. mi…casa. Sólo puede entrar el hombre al que quiera con locura.

Su voz, su forma de mirarme y el calor de su mano en mi brazo (yo iba en mangas de camisa), me excitaron. Decidí probar. Si la cosa no salía bien, no pasaba nada: era cuestión de ser más astuto que Ulises. Me lancé de cabeza. El cine podía facilitar las cosas.

Hasta las siete no tienen el coche, así que había pensado meterme en el cine. Aquí mismo, en el Alcalá, que está refrigerado. Se trata de pasar estas tres horas. ¿Te apetece entrar?, ¿Tienes algo urgente que hacer?…

Nada mejor que ir contigo al cine. Es la primera vez. Espero que haya más veces, porque yo no consigo echarte la vista encima, aunque tenga muchas ganas de verte. Tú no, ya lo sé.

Te equivocas, Emilia.

¿No me llamas tía?.

Ahora mismo somos una pareja que entra al cine, a la oscuridad del cine.

Nos verá alguna vecina y mañana me dirá ¡qué bien acompañada te ví ayer, Emilia, ¿es tu novio?. Seguro que alguna me lo pegunta.

Y tú….¿qué responderás?.

Pues que sí, para que se mueran de envidia.

Pues entonces, cógeme del brazo, como una novia. Yo si que voy a presumir de novia guapa.

La voz de mi tía enronqueció ligeramente al preguntar:

¿Te parezco guapa, Juancho?

Ella tambien había dejado de llamarme sobrino.

A mí me pareces la mujer más guapa del mundo.

Gracias, eres un cielo de hombre.

Volvió a besarme. Sentí sus labios en la comisura de los míos y la leve humedad de su lengua. Correspondí en el acto, haciéndola sentir la humedad de la mía.

Nos quedamos muy cerca, mirándonos intensamente. Nuestra manos se buscaron y se estrecharon con fuerza. Volví a besarla, esta vez en toda la boca. Fue un beso brevísimo, en aquella época, los años sesenta, en España las parejas se besaban sólo en los cines, las calles mal alumbradas y los descampados.

Me cogió del brazo con fuerza, apoyando su pecho contra mi brazo. Sentí la dureza de su pezón y me puse como una moto. Sacamos las entradas y pasamos a la sala. El acomodador nos puso hacia la mitad del cine. Daba igual, había poca gente.

Nada más sentarnos, mi brazo ciñó su cintura, élla, mi queridísima tía Emilia, hizo lo mismo. Me excitó el calor de su mano y mis labios buscaron su boca. Nos besamos apasionadamente, enlazando nuestras lenguas, lamiéndonos con pasión, con ansia. Mi mano se hundió debajo de su falda, en busca de sus muslos y de su entrepierna. Ella me acarició la polla por encima del pantalón. Mi mano, ansiosa de su sexo, ascendió hacia su chochito. Abrió las piernas, facilitándome el camino de nuestra felicidad. Mis dedos se hundieron en su coño. Estaba húmedo, muy caliente, abrasaba. Separé los labios un momento y la dije:

Te quiero, Emilia, siempre he estado enamorado de ti.

Y yo de ti, amor de mi vida. Si no fueses tan tímido, podíamos llevar años queriéndonos con locura. ¿Quieres que nos vayamos a casa?.

Estoy deseándolo, amor mío.

Pues vámonos, cielo mío, que estoy deseando tenerte dentro de mí. Hace años que lo deseo con locura.

Vamos mi vida.

Nos levantamos y salimos. Su casa estaba cerca. Nos cruzamos con dos vecinas. Nos miraron con curiosidad. Una de éllas me conocía y le cotilleó algo a la otra. Volvieron a mirarnos con dismulo. Mi tía rió de buena gana.

Mañana lo saben todas. No me importa, porque estoy segura de que te van a ver venir a casa muchas veces.

Muchísimas, vida mía. En voz baja la dije: estoy deseando comerte entera, cariño.

Y yo a ti, amor de mi vida. He soñado con ello muchas veces. Va a ser la primera vez que lo hago. Me tienes            que enseñar, golfo mío.

Entramos en su casa. Nada más cerrar la puerta. Me besó brevemente en la boca y me dijo:

Espera que me lave.

Entramos juntos al baño y nos duchamos. Una vez en la cama, en postura de sesenta y nueve, sentí que los pelos de su coño, abundantísimos, rizados, deliciosos, llenaban mi boca. Lamí su coño con verdadero placer, a la vez que sentía mi polla en su boca. No pude resistirlo, me día la vuelta y, cabalgandola, metí toda mi verga en su cálido coño. ¡Qué gustazo!. Se corrió inmediatamente. Yo seguí moviendome despacio y procuré contenerme. Se corrió dos veces más. Y la tercera, me corrí dentro de élla. La inundé. Gritamos de placer y nos quedamos muy quietos, saboreando esa deliciosa quietud, lamiéndonos la boca, la lengua y la cara. Aquel fue el comienzo de una mor que aun hoy, veinte años después, sigue vigente,apasionado y gustosísimo. No me he divorciado, pero la mujer que me llena que me gusta con locura,

De la que estoy enamorado, es de mi queridísima tía Emilia, el amor de mi vida. Ella siente lo mismo por mí. Ya tiene sesenta años. Me sigue pareciendo la mujer más guapa y más deseable del mundo. A mi mujer,

La madre de mis hijos, no la atrae demasiado el sexo y lo hacemos poco y con poco placer. Eso me lo da mi queridísima tía, que me quiere con locura, como nunca ha querido a nadie. Esto es todo. Gracias por leer esta historia verdadera.

Juancho.

Mi oficio, Practicante

Viernes, noviembre 5th, 2010

Mi oficio, Practicante (ahora se llama ATS), me ha proporcionado situaciones curiosas, interesantes, apasionantes, apasionadas, sorprendentes y enamoradoras. Esta última me sucedió en mi gabinete, en la pequeña casa que había adquirido y en la que ponía las inyecciones y llevaba a cabo mi trabajo particular o el concertado con las sociedades médicas. También era mi picadero, cuando había ligues. Lamento decir que no solía tener suerte. Ya sé lo que alguien estará pensando: ¡hombre, con tanta falda levantada y tanto culo femenino al aire, siempre caería algo!….Pues el que piense eso se equivoca de medio a medio: llevaba dos años pagando aquel pisito y …..¡nada de nada!. Hay que tener en cuenta que buscar ligues entre las pacientes te puede acarrear un gran disgusto y llevarte a la expulsión del Colegio.¡Cualquiera se la jugaba por buscar un polvo!, la cosa tenía que estar muy clara para lanzarse a por el ligue. Pero, claro, la vida, la gran sorprendente, cambió radicalmente mi mala suerte y mi falta de ligues. Y eso es lo que les voy a contar, si es que los responsables de estas deliciosas páginas se animan a publicar mi relato.

Mi pisito ( lo estaba pagando con algún esfuerzo y sacrificio), constaba de una sala de espera alargada ,como un pasillo ancho; la habitación de trabajo; un baño completo, incluida ducha y bidé; cocina y una habitación con armario y cama de matrimonio. Estaba deseando estrenarla, pero de momento………Yo me ganaba bien la vida: cinco sociedades médicas, una sanatorio y mi actividad libre daban su dinerillo, aun a costa de no parar de trabajar. Eso me permitía ayudar en casa e ir pagando el pisito, situado en…….bueno, a unos cuatrocientos metros de la glorieta de S. Bernardo.

Situado el marco de la acción, pasaré a contarla. Mi suerte amorosa cambió cierto caluroso mes de junio. Yo atendía a mis sociedades, tenía la con- sulta llena  y eran las cuatro y media de la tarde. Le tocó el turno a la doña Pepa, una señora de setenta años, de buen ver, aspecto muy limpio y ropa interior muy bonita y sexy. Digo esto porque ya la había pinchado varias veces y conversado con élla en las ocasiones en que había poca clientela o era la última de la sala de espera.

Entró y cerrando la puerta me dijo:

Como vd. ya me ha visto muy ligera de ropa, he traido una foto en traje de baño, para que vea que todavía estoy para que se me mire con buenos ojos.

¿Quiere ver la foto, Juancho?.

Por supuesto, Dª Pepa.Aunque no hacía falta que se molestase vd., porque yo ya sé que está vd. muy……¿cómo diría?…….No sé……..

A ver dígamelo, me interesa saberlo.

¿Le interesa a vd. saber cómo la veo yo?.

Sí, me interesa. Y mucho,quiero que lo sepa, que me interesa muchísimo y, sobre todo, que deje de llamarme de vd. que parece que soy mayor de lo que soy. Vamos si quiere vd. tutearme y tratarme con confianza.

Claro, Dª Pepa..…Pepa, claro que quiero tutearte y tratarte con confianza.

En este punto, viendo cómo encaminaba las cosas Pepa, decidí probar  a ver qué pasaba.

Deseo, desde hace tiempo, tratarte con mucha, mucha confianza, Pepi. A lo mejor, no sé……me consideras un….frescales.

Al contrario, Juancho, me gusta que me trates con ………la mayor confianza, muchísima confianza. Como verás yo te trato a ti con toda la confianza del mundo, hasta te traigo una foto mía en bañador.Mira que guapa estoy en bañador. Bueno, a lo mejor……….. no te gusta……. una servidora.

Abrió la carpeta y me dio una gran ampliación. La  miré y…….¡joder con la vieja!….estaba buenísima. Me gustaba. Me gustraba mucho, mucho, mucho.

Preguntó muy interesada.

¿Te parezco muy fea, Juancho?

Mira, Pepi, si me atreviese, te diría lo que me pareces. Si no lo hago es porque….no me atrevo. Igual te molesta tanta confianza. Y además, está la ética

profesional.

No, Juancho, quiero que me tengas mucha confianza, más que con nadie, más que con ninguna mujer..Espero que entiendas de una vez lo que te quiero decir con esto. ¿Qué te parezcon en bañador?.

Yo, hambriento como estaba de sexo y viendo, entreviendo una posibilidad de tener un encuentro amoroso con esta mujer, decidí empezar a buscarle las vueltas a Pepa, que, aunque tuviese setenta años, me gustaba muchísimo y no iba a dudar en acostarme con élla y comerla el chochito. Lo debía tener precioso.

Insistió:

¿Qué?,¿soy muy fea?, ¿te parezco muy fea, Juancho?. ¿Le puedo gustar a un hombre?.

Le puedes gustar a cualquier hombre, Pepi.Eres preciosa, ¡menudo tipazo!, ¡qué piernas!……¡qué muslazos!, Pepi…y…. qué triángulo tan precioso, tan enamorador. A mí me parece que enamora.

¿Te refieres a este triángulo?,¿ al del………chochito?

Su dedo señalo la entrepierna de la foto.

Yo, seguro de que lo que buscaba Pepi era hacer que me lanzase a por ella, decidí tomar la iniciativa.

Si, a ese chochito,cuyo bulto  es el más perfectamente formado que he visto nunca. A mi me gusta……… con locura,Pepi. Y perdona que te hable tan a las claras. Me gustas muchísimo, Pepi.

Ella, con voz temblorosa me dijo:

Te gusta mi chochito ¿……¿Te ……gus…….to……yo, Juancho?…..¿Te…gusto para que…seamos……..novios?

¿Quieres saber la verdad?.

Cogió mi mano, la apretó y me dijo, con voz temblorosa:

Lo deseo con toda mi alma.

Me gustas, Pepa, me gustas desde que te ví por primera vez. Y estroy deseando que seamos novios, como dices tú.

Yo estoy deseando ser tu novia, que nos queramos mucho, que tú me correspondas….Yo estoy muy enamorada de ti, Juancho.

La atraje hacia mí y busqué su boca. Nuestra lenguas se enlazaron con ansia.

Nos separamos y quedamos en que debía salir, darse una vuelta y volver dentro de media hora. Ahora debía decir que había tardado por estar muy nerviosa.

No me des un plantón, Pepi, ¿eh?.

¿Plantón, yo a ti?. Si te tengo unas ganas……..

Me acarició la entrepierna con una mano sabia, conocedora de cómo complacer a un hombre. Me puso como loco. No lo dudé ni

Un segundo: la subí las faldas y metí mi mano por debejo de las bragas. Tenía el chochito echando fuego, caliente como un horno. Metí mis dedos en su chochito, se estremeció de gusto y yo sentí que su bulba me gustaba, que iba a disfrutar mucho con Pepi. Nos besamos con verdadero ardor.

Anda, Pepi, cielo mío, vete. Se van a dar cuenta.

Si, amor mío. Vuelvo en media hora. Me pongo en la acera de enfrente y, cuando se vayan, me haces una seña, ¿vale?. Te voy a querer con toda mi alma, ¿sabes, amor mío?.

Y yo a ti, mi vida. Te voy a comer.

¿Toda entera?. Su voz era provocadora, buscaba ……saber hasta qué punto la deseaba.

Estoy deseando comerme ese chochito tan precioso.

Se subió las faldas. Llevaba unas bragas preciosas.

¿Te gusta mi chochito?.

Y dicho y hecho: se bajó las bragas y me enseñó su tesoro. Era precioso. ¡Qué cantidad de pelo!. ¿Cómo era posible con su edad?. No lo dudé ni un segundo y besé su coño. No había olor alguno, al menos que me desagradase. La consecuencia inmediata de eso fue que metí mi lengua en su coño y lamí su clítoris. Tuvo varios escalofríos. Me lavanté. Ella me dio un largo beso en la boca, metiendo su lengua y lamiéndome, se subió las bragas. Y se encaminó a la puerta. Retrocedió, se sentó en la silla, me abrió la bragueta y sacando mi polla, que estaba erecta como un garrote, me la chupó con infinita sabiduría. ¡Qué bien lo hacía Pepi, íbamos a disfrutar como locos. Se apartó, me guardo la polla y subiéndome la cremallera, me dijo muy bajito:

Estoy muy enamorada de ti.

A su susurro, respondí con otro:

Y yo de ti, mi amor.

Salió a la sala y,mientras explicaba su nerviosismo, entró una mujer joven, de unos treinta y dos años. Guapísima, una jaca, como se decía entonces: pecho amplio, generoso, agresivo y adorable; culo amplio, con amplias caderas; una cara preciosa y piernas largas, bien torneadas y gruesas. La falda,ç

Algo estrecha, insinuaba la rotundidez de sus muslos.En pocas palabras, una real hembra.

Comentamos los nervios de Pepi (yo dije Dª Pepa, claro) y , en rápido cambio, dijo riéndose que el lugar adonde iban las mujeres con su mejor lencería era éste, la consulta del practicante. Yo, sin saber qué hacer, solté una tímida risa y comencé a preparar el inyectable. Casi se me cae. Me quedé de piedra : la superguapa, se había subrido la falda y se estaba bajando las bragas. ¡Qué portento!….¡Era una mujer de una vez!. ¡Qué cantidad de pelo!.

Me quedé paralizado. Al cabo de un minuto largo, élla, con acento coquetón y hablando bajito me dijo:

¿Tanta impresión te produzco?

Perdone…yo…….no…no…sé que…que me ha pasado……No soy capaz ni de pensar.

No me llames de vd. Lo que acabas de decirme es muy bonito. Me ha gustado.

Perdona, no me hagas caso, yo no puedo, no debo decir estas cosas a una paciente.

A mí, sí, porque me gusta oirlas. Y me alegro. Todavía no me has dicho si te ha producido impresión verme……vermelo. A lo mejor te parece muy feo. ¿Qué te parece?.

Una maravilla. El más bonito del mundo.

¡Qué alegría me das!.

Después de decirte esto, se giró y quitándose las bragas, me mostró toda la belleza de su chochito, lleno de pelo rizado. Se sentó en la camilla y se re-

Costó. Me dirigió una sonrisa deliciosa, cómplice, llena de insinuaciones y promesas.

¿Eres casada?.

Sí. Pero eso no importa. ¿Te importa a ti?.

Me preocupa, me preocupa mucho. Yo no quiero enamorarme de una mujer casada. Y tú…eres preciosa. Estoy seguro de que me iba a enamorar de ti.

¿Te parece que hablemos más despacio otro día.

De acuerdo, cielo. Pero ya sabes: sin preocupación alguna, porque si hablamos de amor, eso es algo que nos va a pasar a los dos,¿sabes?.

Bueno, Pilar, ponte boca abajo. Si no te pincho ya, va a cristalizar el vial.

Se puso boca abajo y, tras desinfectar con alcohol, puse la inyección. Ni lo notó. Me separé y comencé a prepararme para el siguiente.

Preguntó asombrada: ¿Ya me la has puesto?.

Si, Pilar, ya hemos terminado.

Tu y yo, dijo muy zalamera, acabamos de empezar algo que va a ser…….muy bonito. Te lo aseguro.

Vistete, Pilar, no podemos tardar más. Y no estés tan segura.

¿Qué apostamos?

Nada, Pilar. Nunca apuesto.

Haces bien, porque conmigo ibas a perder. Mañana vuelvo. A última hora. Espérame.

Me lanzó un beso con los labios y salió.

Asomé la cabeza a la sala y dije el habitual “el siguiente”.

Se levantó otra mujer. Cuando entró me dí cuenta de que era la portera de al lado. Sonreía ampliamente. Y me dijo, con acento…..muy intencionado, ladino, yo diría que ligón:

Vengo a que me pongas esto que me ha mandado D. Tomás.

¡Ah!,¿es tú médico D. Tomás?.

Desde hace muchos años. Tendría que haber ido al practicante de mi sociedad, pero…..

Yo estoy más cerca. Has hecho bien, yo no te voy a cobrar.

¿No sientes curiosidad?

¿De qué?

¡Anda qué..!, ¡Hay que ver, cómo eres!. Pues de qué va a ser: de saber la razón por la que vengo a tu consulta y no a la de D. José, mi practicante.

Pues tú dirás, Concha.

Me volví y empecé a preparar la inyección.

Concha, usando un tono insinuante, claramente ligón, me dijo despacio:

Porque no quería que volviese a verme………..así, como..me ….vas a ver…tú, Juan.

Sorprendido por su tono y la despaciosidad usada, me volví. Me quedé inmóvil, sin separar la mirada de Concha, que estaba preciosa. Se había subido las faldas y mostraba unos muslos…¡soberbios!, ¡gruesos y bien formados!. Llevaba las piernas enfundadas en unas medias negras. También era negro el liguero. Igual que las bragas, que destacaban poderosas sobre la blancura de sus muslazos de diosa. Álgunos pelos, bastantes, escapaban rebeldes de

La prisión de las apretadas bragas y se esparcían sobra la fina piel de los muslos, como anticipo de la deliciosa selva de su deseable entrepierna. No dije ni una palabra. En realidad, es que no sabía qué decir. Es más, de haberlo hecho, seguro que habría tartamudeado. Estaba asombrado, nunca pude pensar que Concha, la portera, viuda desde hacía cuatro años, pudiera estar tan tremendamente deseable como se mostraba en este momento. ¡Estaba

Para comérsela entera, sin dejar un centímetro de su piel sin lamer y mordisquear.!.

Sin modificar la postura, manteniendo las faldas subidas, se giró un poco, lo justo para que su deseable entrepierna quedase frente a mí. Me dijo, con la voz ligeramente ronca:

¿No me preguntas por qué no quiero que me vuelva a ver así, como me estoy mostrando a ti?

Mi falló la voz y emití unos sonidos afónicos:

No…Concha….no ….se..que…

Sonrió ampliamente y permaneció con las faldas subidas. ¡Estaba preciosa y deseable!.

Pues..verás, me rozó el …….bueno……el chochito. Y tu comprenderás que eso……vamos que eso me lo hace quien yo quiera.

Me encontré la voz y dije:

Tu novio,¿no,Concha?.

No tengo novio, Juan, ¿no lo sabías?. A pesar de ser viuda, no soy facilona,¿sabes?. Y todavía no me ha dicho nada el que a mí me gusta…con locura.

Pues que suerte para él.

¿Lo consideras una suerte?.

No te contesto porque ya sé cómo las gastas. El pobre D. José no puede resistir lo guapa que eres y……¡ya ves lo que has hecho!.

¿Te parezco guapa?.

Mucho.

¿Te gusto?.

Mira, Concha, hablamos mañana, ¿quieres?. A las doce, tengo que venir aquí al lado a poner una tanda de inyecciones. A la una habré terminado y vendré aquí. ¿Te parece bien?.

Maravilloso.

No tardemos más, que van a pensar cosas raras los demás. Debes irte. No te muevas.

La puse la inyección. Y se bajó la falda. Cuando se encaminaba hacia la puerta, se volvió y me dijo:

¿No vas a darme ni un beso?

Me acerqué y nos besamos, sin especial pasión, que quedaba aparcada para el día siguiente.

Antes de abrir la puerta, y muy mimosa, dijo:

¿Vengo así mañana, cielo?.

Así de guapa, cariño.

Hasta mañana, mi amor.

El siguiente paciente fue un hombre. ¡Menos mal!. Hoy, aun pareciéndome mentira, iba de ligue en ligue y de enamoramiento en enamoramiento. Y todas preciosas. Sobre todo, Pepi. ¡No tengo remedio, está visto!. De las tres bellezas que tenía dispuestas a acostarse conmigo, la que más deseaba

Era Pepa, la setentona. ¡Soy un tío raro, no cabe duda!. Mi primer encuentro amoroso tuvo lugar la Nochevieja de…hace dos años y …..fué una

Maravilla. La Sra. Pepa, la suegra de mi tía Lola,se llamaba igual que la de hoy , me enseñó a querer con locura a una mujer. Fue un estreno glorioso y, desde entonces, me quedó una inclinación muy acentuada hacia las “puretas”, como se decía entonces, particularmente hacia las de sesenta y tantos y

Setenta años. En estas cosas del sexo no hay quien mande: te enamora quien te enamora y no hay discusión posible. Pilar y Concha eran preciosas y

Mucho más jóvenes, pero a mí, a pesar de todo, la que “me ponía en condiciones más y mejor”, era Pepa, con sus setenta deseables años. Por eso y porque estaba que me moría de ganas de acostyarme con ella, de abrazarla desnuda, de hundir mi boca en su delicioso coño, de sentir cómo me lamía todo el cuerpo y de correrme dentro de su caliente coño, no pude más y me asomé a la ventana. Allí estaba, preciosa, deseable, mirándome con una amplia sonrisa en sus labios. Con la lengua se relamía los labios, como si estuviese lamiendome la polla. Yola hice señas con la mano de que quedaban dos pacientes. Asintió y me tiro un beso con los labios. Yo me lamí los míos y, con la boca entreabierta, hice que mi lengua se moviese entre los labios, imitando una lamida de coño. Pepi lo entendió a la primera, me respondió lamiéndose otra vez los labios y poniendo con disimulo su mano sobre su coño.Aquelllo me encendió la sangre y abrí mucho la boca y saqué la lengua todo lo que pude, moviéndola en todas direcciones. Se encendió

Toda su pasión y se abrazó los brazos con ambas manos. Con la mano izquierda volvió a tocarse la entrepierna y cruzó la calle en dirección a mi consulta. Yo, salido, soñando solo con comermela entera, me asomé a la salita, hice entrar al penúltimo, le pinché breve e indoloramente. Salió y entró el último. Pepi estaba ya dentro de la sala de espera. Terminé mi trabajo y salí con el paciente hacia la puerta del piso. Al pasar junto a Pepi, sin que lo viese el paciente que salía, su mano me acaricio la enterepierna. Sintió mi erección y no me soltó. El paciente se volvió para despedirse y, liberándome de la amorosa presión de mi futura amante, terminé de abrir, nos despedimos y cerré, echando el cerrojo.

Me volví hacia Pepi, que ya había avanzado hasta mí. Nos abrazamos con enorme ñpasión y fuerza, uniendo nuestra entrepiernas con furor, con enorme deseo. Mientras nuestra bocas se unían y nos lamiamos con profunda pasión, Pepi se soltó la falda. Al Notarlo, me separé de ella para mirarla.

Sus preciosas bragas, sus muslos maravillosos, gruesos, excitantes, se me mostraron como un tesoro al que iba a llegar en pocos minutos. Me arrodillé ante mi nuevo amor, mi deseada Pepi y élla, entendiendo lo que quería hacer, se quitó las bragas. ¡Que chochito tan preciosos!. ¡Cuánto pelo!. Lo sentí

En mi boca y hundí mi lengua en su coño, en la gran abertura del placwer, del gustazo sublime. Abracé sus muslos y sentí como se entremecía de gusto. Sentí que se estremecía dos veces más y su leche me inundó la boca.

Me levanté y nos encaminamos a la habitación. Empezamos a desnudarnos.Pepi se dirigió la baño y,usando el bidé , se lavoteó a conciencia. Salió secándose. Nos acostamos y nos abrzamos con ansia. Nos besamos. Me dí la vuelta y adopté la maravillosa postura del sesenta y nueve. Mi lengua se hundió en su coño, en la gran abertura y susccioné sus labios, grandes, jugosos, inoloros. Mientras sentía sus convulsiones, noté como se metía mi polla en la boca y lamía y se movía arriba, abajo, en circulos. Me era imposible resistirlo, mw iba a correr. Separándose un segundo me dijo con vos ronca:

¡me corro, amor de mi vida, me corro!.

¡Yo también me corro, no puedo aguantar más!.

Su respuesta fue instantánea:

¡En al boca….los dos……nos corremos en la boca….!

Y así ocurrió. Sentí todos sus jugos llenarme la boca, a la vez que me vacié en la suya. Entre estremecimientos de ambos, nos lamimos todos los jugos .

Nos quedamos quietos lamiendonos y acaricinado nuestros cuerpos. Así permanecimos un para de minutos o algo más. Pepi se levantó y se fue al baño. La seguí. Nos enjuagamos la boca, nos lavamos polla y coño. Y volvimos a la cama. Abrazados nos acariciamos todo el cuerpo. Alcabo de unos minutos de caricias, Pepi, se dio la vuelta, se colocó en sesnta y nueve y volvimos a lamernos la polla y el chochito. El chichito de Pepi ,e gustaba con locura. Volví a ponerme como un toro, y dandome la vuelta me puse sobre mi amada y metí mi polla en su hueco delicioso, maravilloso, caliente como

Un horno. Sentí que me quemaba. Entré fácil hasta dentro, hasta lo mas profundo de su coño. Gritó ansiososa, apasionada.

¡Amormío, te quiero!. Novio de mi vida, échame tu leche, vida mía.

Te voy a llenar de leche, mujercita de mi vida.

Yo no me refería a mujercita de matrimonio sino a mujercita de hembra; pero élla, que a lo largo de los años siguientes me demostró  todo el amor que sentía por mí, lo tomo como si la llamase esposa mía y….¡ya nunca más dejó de llamarme marido, esposo, maridito mío….En fin, que…..¡vaya!, me puso loco, hizo que me corriese, a la vez que ,a petición mía ella se corrió también. Nos llemos de leche. Pepi, mi adorada amante y esposa queridísima, nunca dejó de obedecerme cuando la pedí que se corriese conmigo. Siempre nos corrimos juntos. Durante años fuimos felices. Tenía

Setenta y cinco cuando un infarto me la areebató. Fue un doloro finasl del que me costó reponerme. Nos habíamos querido mucho. Sentíamos un

Gran amor, incluso por encima del sexo. Fuimos una pareja de enamorados que sabíamos darnos más gusto que nadie. Yo jamás he vuelto a sentir lo que sentí con Pepi. Y han sido muchas las mujeres con la que me he acostado. Ya lo contaré…..otro día. Adios. Juancho.