Archive for the 'Lucha erotica' Category

Olga, mi compañera de trabajo

Friday, January 25th, 2008

Esta historia sucedió algunos años atrás, cuando yo estaba soltero con casi 40 años de edad. Vivía solo en un departamento que tenía un dormitorio, suficiente espacio para mí.

Tenía una compañera de trabajo, Olga, que a varios los tenía babosos, aunque, para se honesto, no era muy bonita. Sí tenía bonito cuerpo, aunque no se apreciaba con las ropas que usaba normalmente. Ella tenía una pareja, con quien convivía algunos días a la semana, pues ella vivía a más de 100km de la ciudad, y no viajaba todos los días.

Un día ella se peleó con su pareja y se le presentó el problema de un alojamiento, a lo que yo gentil y desinteresadamente, le ofrecí compartir mi departamento mientras ella resolvía su situación.

Lo primero que hizo fue comprar un sillón-cama más cómodo, pues el que yo tenía era bastante malo, así que se instaló en el living-comedor mientras yo dormía solo en mi habitación.

Un día tenía de invitado a cenar a un muy bien amigo, quien al despedirse después de la cena, afuera del departamento, no escatimó en indagar sobre Olga:

– ¿Qué hay entre ustedes?, preguntó.

– Nada –  contesté rápidamente.

– Pero, ¿por qué nada? Ni tú ni ella tienen compromisos. ¿Por qué no se lo metes? Pude notar que andaba sin sostenes – agregó.

– ¿En serio? No me di cuenta – le dije.

Nos despedimos y volví a mi departamento algo caliente con el comentario de mi amigo.

Con Olga nos lavábamos los dientes juntos en el baño, y esta vez no fue la excepción. Ambos estábamos ya con pijamas, listos para acostarnos. Como era verano, mi pijama era un pantalón corto y una polera de mangas cortas; el de ella era uno de dos piezas, largo, azul oscuro, de seda, que le tapaba brazos y piernas.

Como mi padre es dentista, le ofrecí revisar su técnica de cepillado, observando detenidamente su boca sensual, imaginando mi pene en ella. En esos instantes se produjo el siguiente diálogo:

–         Me siento muy observada, más aún, casi invadida. Creo que nunca me habían observado tanto la boca alguien que no es mi dentista – dijo ella.

–         Sólo quiero que mejores tu técnica de cepillado – respondí.

–         ¿Quieres que te haga un masaje? – agregué rápidamente, cambiando el tema.

–         Bueno, pero acostada en la cama – me contestó.

Ella se tendió boca abajo en mi cama y yo me senté primero a un lado de ella y comencé a masajear su espalda.

–         Mejor si lo haces por debajo de mi pijama – me dijo.

Entonces le subí la pijama hasta dejar al descubierto casi la totalidad de su espalda.

Ella era delgada, un poco más baja que yo (1,62mt aprox.) con unos pechos no muy grandes, pero de buen tamaño, de caderas más bien estrechas y un culito redondito. Un cuerpo de una joven de 20, teniendo ella unos 35.

Como estaba incómodo, me senté sobre ella, precisamente sobre sus nalgas, sin siquiera pedirle autorización, pero ella no reclamó. En mis movimientos de masaje me inclinaba hacia delante, cada vez más excitado, por lo que mi pene iba creciendo en tamaño por la evidente erección. En cada movimiento hacía que mi pene se colocara entre sus nalgas, lo que a esas alturas ya me tenía muy caliente.

–         Para masajearte la zona baja de tu espalda, es mejor que te apoyes en las rodillas, así esa zona quedará más extendida – le inventé para que se pusiera en 4 patas.

Ella levantó sus caderas y se colocó como yo le sugería, muy obedientemente.

–         ¿Así está bien? – me preguntó.

–         Sí, está muy bien. Cuéntame cómo se siente ahora – le dije, mientras rozaba mi pene por sus nalgas y mis manos se deslizaban por su espalda, pasando por sus costillas hacia sus pechos, rozando suavemente sus senos.

–         Se siente mejor – contestó.

Entonces mis roces eran cada vez más groseros, clavándola cada vez más fuerte con mi pene en su ano, siempre ambos con pijama y muy calientes

–         ¿Sabes? Creo que es mejor que utilicemos alguna crema o algo similar para que el deslizamiento sea más suave – agregué.

Me paré y fui al baño en busca de algo así, y encontré vaselina líquida. Ella mantenía su postura en 4 patas, con su culito bien parado y su espalda descubierta.

–         Esto servirá – le dije, mostrándole la vaselina.

–         Te voy a colocar un poco a ti primero – agregué.

–         No quisiera estropear tu pijama, así que te lo voy a bajar un poco – añadí.

Ella nada decía, Se notaba que estaba tan caliente como yo.

Procedí a bajar sus pantalones lentamente, claro que los bajé mucho más de lo necesario, y junto con sus calzones, dejando al descubierto ese exquisito culo, que torpemente yo no había notado antes.

Ella seguía sin decir palabra alguna, y mostraba su culo a plenitud, procurando incluso abrir sus nalgas para mostrar también su ano.

Tomé la vaselina y me coloqué en abundancia en mi dedo medio, el que comencé a deslizar desde la zona lumbar hacia abajo, hasta llegar a su ano. Luego le metí el dedo lentamente, hasta notar que quedaba bien lubricado. Repetí esta operación varias veces, primero con un dedo, luego con dos y hasta con tres dedos, para asegurar una buena dilatación y lubricación. Todo esto era combinado con un diálogo de indirectas, diciendo que era bueno que se “hiciera” bien lubricado, claro que ese “hiciera” no se refería precisamente al masaje, mientras con la otra mano me ayudaba abriéndole más las nalgas, convirtiendo el masaje en un evidente preámbulo de penetración anal.

–         Ahora me voy a lubricar mis dedos – le dije. Me bajé mis pantalones cortos y comencé a colocar vaselina en mi pene.

–         ¿Quieres ver cómo quedaron mis dedo? – le pregunté con el pene completamente erecto.

–         Bueno – respondió.

–         Pásame tu mano – le pedí.

Ella extendió su brazo hacia atrás y coloqué su mano en mi pene, el que comenzó a acariciar con movimientos de masturbación.

–         Quedaron muy bien – me dijo

–         Empecemos entonces – agregué, y me puse detrás de ella, con la punta de mi pene en su ano, listo para metérselo.

–         Antes de empezar, ¿cómo te gustan los movimientos? ¿Lentos o rápidos? Porque esto es a gusto del consumidor – le dije.

–         Me gusta con movimientos rápidos – contestó.

–         ¿Y te gusta de a poco, o con movimientos profundos desde un comienzo? – pregunté nuevamente.

–         Profundo desde el inicio – respondió.

–         ¿Te gusta que te hablen mientras tanto como estímulo o prefieres en silencio? – agregué.

–         Me encanta que me hablen. Es un muy buen estímulo.

No podía ser mejor. A mí me encanta el diálogo erótico mientras culeo y me encanta meterlo hasta el fondo a la primera.

–         Bueno. Entonces prepárate porque vamos a comenzar – le dije.

–         Ya estoy lista – respondió.

Y entonces empujé con fuerza y le clavé todo el pene en su rico culito. En cuanto entró se escuchó un “ssssssssssssssssssssss”, algo así como un quejido de placer.

–         – ¿Te dolió? – le pregunté.

Ella sólo movió la cabeza para indicar una negación.

–         Entonces te voy a seguir culiando, porque tu culo está muy rico – agregué, mientras le metía y sacaba el pico del culo, con movimientos rápidos, tal como ella lo solicitó, disfrutando de una vista panorámica espectacular de sus nalgas abiertas y mi pico perdiéndose por completo en su interior.

En un momento ella propuso cambiar de posición y se tendió de lado en la cama, con su espalda hacia mí. Yo le levanté una pierna para lograr mejor visión de su culo y empecé a meterlo nuevamente. Noté que en esa posición las metidas eran más profundas, pues nada quedaba afuera, mientras que al estar ella en 4 patas, sus nalgas impedían una penetración total.

Seguimos culiando así un buen rato, hasta que sentí que iba a acabar, lanzando un buen chorro de semen bien adentro de su culo.

Al terminar, se produjo el siguiente diálogo:

–         Creo que esta es una de las veces que he culiado con más erotismo. Fue un preámbulo exquisito – le dije

–         La verdad es que yo también estaba muy caliente. Me gustó mucho – agregó.

Para resumir lo que sucedió los días siguientes, voy a decirles que culiábamos 3 veces al día: una en la mañana, antes de irnos al trabajo; una al regreso del trabajo, como a las 19:00; y otra antes de dormir. Lo hacíamos en el baño, en la cocina, en el living, en todas partes. Había tardes después del trabajo en que decidíamos andar sin ropa, por lo que nos calentábamos rápidamente y teníamos que culiar casi de inmediato.

Esta historia duró un par de meses, pues después ella decidió volver con su pareja. Claro que se la devolví bien culiada, por todos lados, pues también me lo chupó y se tragó el semen, se lo metí por la vagina, pero la mayoría de las veces se lo hice por el culo, pues a ella y a mí nos gustaba más y decía “se siente más apretadito”. Y la verdad, es así: más apretadito. Hay que agregar que las veces siguientes no necesitaba dilatárselo, sólo un poco de vaselina, luego se lo metía entero y ella hacía siempre la misma exclamación de placer: “ssssssssssss”.

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Entre golpes y cogidas

Wednesday, January 10th, 2007

Lo primero es presentarnos… Mi nombre es Daniel y tengo 26 años, mi esposa se llama Mariana y tiene 19.

La experiencia que les vamos a contar, fue para nosotros realmente excitante, algo fuera de lo común, que ni ella ni yo pensábamos jamás llegar a realizar algo así.
Siempre me consideré una persona normal, al cuál le gusta el sexo como a cualquier otra persona.

Nos conocimos por casualidad, y en poco tiempo el amor comenzó a nacer, nos llevábamos muy bien, y en todo estábamos de acuerdo. Teníamos una manera muy parecida de ver la vida lo que nos llevó a un rápido ascenso hasta chocar con el amor.

Las cosas comenzaron normales, ella viniendo a mi casa, (yo vivía con mis padres), yo yendo a la casa de ella, (ella vivía con la madre y el marido de la madre).
Una noche que ella se había quedado en mi casa, comenzamos a hablar sobre cual era el sentimiento que teníamos al llegar al orgasmo. Yo dije que era unas ganas de romper todo, de golpear, de pegar. Ella estuvo de acuerdo conmigo… Luego de conversar, y por supuesto cachondearnos con el tema, nos dispusimos a hacer el amor, ella me dio la espalda, yo la abrasé por detrás tocándole sus tetas, con una mano y con la otra le agarraba la espalda, la calentura que teníamos era notoria, recosté mi pija a su culo, y con cada friegue que le hacía mas loco me ponía, fui colocando mi verga entre sus piernas, y con un poco de ayuda de ella se la metí en la concha que estaba empapada.

Luego de unos minutos de coger, yo estaba a punto de acabar, mi pregunta fue directa y clara…: Puedo pegarte?, a lo que ella contestó que Sí.
El ritmo iba subiendo y mi leche estaba a punto de salir, fue en ese momento que dejé de tocarle las tetas y de agarrar su espalda y pasé con una mano a tomarla del pelo, y con la otra a darle fuertes golpes en la cara, ella lejos de quejarse por el dolor, gemía de placer, lo que a mi me enloquecía…, esa fue la primera vez que la golpeé.
Después del éxtasis, vinieron las preguntas, y la verdad que ninguno de los dos estaba mal por lo sucedido, sino todo lo contrario, a ambos nos había encantado.
La segunda vez y las siguientes fueron para mí tal vez mas excitantes, recuerdo que en otra oportunidad, también en mi casa, (para esa altura cualquier excusa valía para que ella se quedara a dormir conmigo), el tema volvió a salir, en verdad no se si volvió a salir o nunca se fue, ya que estábamos todo el tiempo pensando en lo ocurrido.
Llegó la noche y con la noche el clima fue tornándose cada vez mas caliente.

Yo estaba boca arriba, tirado en la cama, Mariana entre mis piernas chupándome la pija, cosa que hace muy bien, fue subiendo lentamente hasta mi pecho, hasta que se sentó encima mío, se metió mi verga y comenzó a cabalgarme, yo la agarré de los pelos y le comencé a golpear la cara, a lo que ella contestó, me pegó un golpe que me hizo girar la cabeza hacia un costado, no podía creer que algo así fuera tan excitante, cogíamos como animales, sin reglas, sin pudor, sin nada, los golpes se hacían cada vez mas fuertes, pero en vez de dolor, daban placer. El acabar fue algo divino, entre golpes de ella y golpes míos. Tal vez lo mas difícil era esconder las caras al otro día y rezar para que los golpes no fueran tan notorios.

Cada vez que cogíamos era así, golpes, arañazos, tiradas de pelo, etc.
Llegamos a pensar que se nos haría imposible volver a hacer el amor de una manera “normal”, que si algún día nos separáramos se nos haría difícil coger con “respeto” con nuestras parejas.
Y eso que el día mas extraño todavía estaba por llegar.

Esta vez le tocó a ella ser locataria, yo fui a su casa, en ese momento estábamos solos.
Fuimos hasta su cuarto y cerramos la puerta, nos sentamos en la cama a conversar como siempre… de sexo.
Poco hablamos y ya estábamos tirados en la cama, ella de espalda hacia mi, y yo pegado a su cuerpo. La agarre de los pelos, le metí la pija y comenzamos a coger. Siempre con brutalidad, con furia, pegando y arañando. Entre muchas posiciones, y maneras de coger el tiempo fue pasando. Mi espalda se convertía en un mapa cada vez que yo estaba encima suyo, los arañazos dibujaban carreteras a lo largo de mi cuerpo.

Cuando el clima estaba en lo mejor… se oyó la puerta de la casa que se abría, y una voz de hombre que dijo: Llegué!!!

Con rapidez nos vestimos, y sentamos en la cama con total naturalidad como que nada hubiera pasado. Su padrastro golpeó la puerta del cuarto a lo que respondimos que ya salíamos. Salimos, lo saludamos, y regresamos al cuarto.
La idea de coger, lógicamente se esfumó, con él ahí, se hacía imposible.
Pero lamentablemente lo único que se fue era la idea, la calentura estaba intacta. Nos sentamos en silencio uno frente al otro a los pies de la cama, solo nos miramos por unos segundos así… sin hablar.
No se porqué razón pero de repente salió de mi, un golpe directo a su cara.
Ella me miró, y lo respondió. El placer era tan inmenso que les puedo asegurar que de esa forma estábamos cogiendo, vestidos, sin hablar, sin penetración, sin manoseos, cada golpe que nos dábamos representaba a mi pija entrando y saliendo de su concha, ella sentía lo mismo. Así estuvimos un rato, en uno de los golpes que ella me dio me hizo sangrar la nariz, pero eso no la detuvo, no le importó, solo la excito mas. Lógicamente a mi tampoco me importó, me pasé la mano sequé la sangre y seguimos golpeándonos.

No fue la única vez que me hizo sangrar la nariz en esa tarde, manche toda la cama de rojo a raíz de los golpes recibidos.
Los golpes sonaban y no nos dábamos ni cuenta, ni nos acordamos que su padrastro estaba afuera del cuarto, él comenzó a llamarnos, tal vez por preocupación al escuchar golpes, y de esa manera nos cortó nuestra manera de coger.

Era casi imposible disimular las caras, rojas, golpeadas, machucadas, pero bueno, tampoco nos hacíamos problemas, el disimular comparado con el placer era mínimo.
Así seguimos por un largo tiempo, nos casamos, y las costumbres no cambiaron, todo lo contrario, aumentaron de nivel, ataduras, mordeduras, golpes con cintos, maltratos, etc, eran parte de nuestra manera de llevar el sexo. Me encantaba verla atada sobre la cama sin poder moverse, toda a mi merced, dispuesta a que yo le hiciera lo que quisiera. Ella sabía que en mi también podía hacer lo que se le antojara.

Muchas veces ella me tuvo atado a la cama, pegándome, mordiéndome, arañándome, y hasta introduciendo objetos en el culo.

El tiempo fue pasando, y la locura fue amainando, el sexo es como una flor, si no lo regás se marchita, y eso es lo que tratamos de hacer.

Luego de dos años cuando los golpes ya no eran lo mismo, tal vez por costumbre o aburrimiento, las cosas fueron cambiando, siempre en juegos que disfrutamos los dos.
Hemos jugado con comida, con aceite, hemos cogido en lugares públicos, siempre alimentando al sexo. Tenemos muchas cosas en mente que queremos realizar, pero nos son tan fáciles, espero que mas adelante cuando estas cosas ocurran podamos contarles experiencias “raras” o al menos no tan comunes.

Tenemos reglas claras, podemos llegar a hacer cualquier cosa, lo único que tenemos prohibido es que un tercero nos toque, el cuerpo de ella es solamente mío, y el mío es solamente de ella. “Se mira y no se toca”.

Si tienen algún comentario, si quieren saber mas de nosotros, si les pasó algo parecido, o simplemente nos quieren dar ideas locas, escríbannos, se los vamos a agradecer y a contestar.

Daniel y Mariana… reydereina@web-mail.com.ar

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