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Matrimonio de conveniencia

1:

Arturo contrata a una doncella tailandesa y pretende no pagarla

Por sexfight

“¿Como que tu no tener dinero?”

“Mira chica, ahora estoy muy liado. Ya te pagare el mes que viene ¿De acuerdo?

“¿No!. ¡No de acuerdo! ¿Tu deberme ya seis meses! Tu pagar ahora!

“Bueno. ¿Y si te pago con otra cosa en vez de dinero? ¿Este reloj de bronce, quizás?

“No. Reloj bonito pero no suficiente. Yo necesito más. Quiero más. Mucho más”

“¿Que es lo que tiene valor para ti?”

“Yo, inmigrante ilegal. Para mi lo mejor ser casarme. Así no deportar. Yo no quiero volver Tailandia. Si tu casarte conmigo matrimonio de conveniencia tu saldar deuda y yo hacer gratis todo lo que tu querer todos los días.”

“Estas loca. Ya se que se dice que las de tu país sois fornicadoras excepcionales, pero tu eres delgada y bajita, y yo tengo la obsesión de las mujeres altas, fuertes y dominantes. Solo me casare con una mujer de esas características”

“Yo follar mejor que diez blancas juntas. Yo antes estudiaba en universidad. En pocas semanas todos los chicos vienen solo yo. Nada las demás. Yo hacerme famosa. Las demás envidia. Las demás pegarme. Tres blancas y una mulata. Yo, sola. Ellas más que yo. Ellas más grandes que yo. Gran pelea. Ellas malas en la cama, malas en la lucha. Ellas perder. Ellas llorar y pedirme perdón. Ellas ser mías en la cama muchas, muchas veces. Ahora mando yo. Ya ves. Yo, pequeña pero muy dura. Todas las tailandesas somos muy, muy duras. Tu, más grande y más fuerte pero yo puedo dominarte. Limpiando encontré tus revistas guarras. Se lo que te gusta. ¿Tu gustas cuero y látigos? ¿Tú quieres dominación? ¿Tú quieres sexo muy violento? ¿Quieres todo eso todos los días y gratis?

Arturo tenía que hacer grandes esfuerzos para no reír. ¡Aquella mosquita muerta, flaca como una lagartija y que no le llegaba a la barbilla le retaba! Pensó en enviarla de vuelta a su casa con dinero para el taxi y una disculpa pero la echo un segundo vistazo. La chica se llamaba Ajit, era feuchilla de cara, con labios gruesos y viciosos, ojos rasgados que le daban un aspecto feroz, pelo negro que le caía en una cola de caballo casi hasta la cintura, piel muy oscura, muy flaca pero muy fibrosa, pechos pequeños pero bien formados y un culito respingón. Vestía de modo discreto. Pantalones y camisa, sin adornos ni joyas. Mientras hablaba tomaba poses provocativas y retaba a Arturo con la mirada, relamiéndose y sentándose en el sofá abriendo las piernas y contoneándose. Arturo decidió aprovecharse.

“Te propongo un trato. Si eres capaz de dominarme como dices, me caso contigo. De lo contrario te abriré de piernas aquí mismo. ¿De acuerdo?”

“De acuerdo. Tu ahora reír pero luego tu llorar y yo mandar.”

Arturo se aproximó a la pequeña oriental, que le esperaba a pie firme. En honor a la verdad Arturo no tenia intención de hacerla daño. Agarrarla con fuerza, un breve forcejeo, tumbarla en el sofá, abrirle la camisa, abrirle las piernas, clavársela hasta el fondo y darle un buen meneo. Por desgracia para el, la chica tenia otros planes. Un pie que parecía hecho de hierro se clavo como un cañonazo en el estomago de Arturo, que cayo al suelo doblado en dos. Ajit comenzó a patearle la espalda con sus botas de campo. Arturo logro rodar sobre si mismo y hacerla caer. Ambos rodaron entrelazados hasta que Arturo quedo encima y comenzó a abofetearla. Ella respondió con los puños y le coloco un gancho de derecha a la mandíbula que lo derribo. Quedaron de costado atacándose con pies y manos hasta ponerse de rodillas. Arturo la envío al suelo de un puñetazo pero ella volvió a levantarse en un segundo. Un nuevo golpe tuvo el mismo efecto. tres, cuatro, siete veces Arturo derribo a su pequeña rival y ella volvió a levantarse como un muñeco de resorte, con sus finos brazos tensos y sus puños cerrados. Ajit logró conectar un directo en la cara de Arturo y le dejó un ojo morado. Su oponente volvió a tumbarla pero la tigresa volvió a levantarse y devolvió el golpe. Tres veces más volvieron a intercambiar golpes de esta manera, pero a la tercera fue Arturo el que cayó.

Arturo no tuvo tiempo de levantarse. Aquella diablesa de ojos rasgados cayo sobre el atacándole con las rodillas y los puños. Arturo se puso boca abajo para protegerse y luego se puso a cuatro patas bruscamente para quitársela de encima. Ajit cayó al suelo y Arturo la inmovilizó quedando en la posición del misionero. Arturo comenzó a restregarse contra su prisionera y rozar su entrepierna con la de ella mientras Ajit intentaba por todos los medios liberarse y giraba la cabeza para esquivar los labios de Arturo. Cuando Arturo la agarró de la camisa haciendo que los botones reventaran, se separó los suficiente como para que Ajit le golpeara de nuevo en la barbilla. Arturo quedó medio aturdido por el golpe y Ajit aprovechó para quitárselo de encima. Se levantaron a la vez pero Arturo un poco antes y lanzó un directo de izquierda a la boca de la muchacha, lanzándola contra la pared. Allí la persiguió con un gancho de derecha al hígado y otro al estómago. Ajit falló un directo a la barbilla y tuvo que encajar un golpe que le amorato un ojo. Arturo ya se creía vencedor cuando sintió como le aplastaban la nariz con un golpe que parecía salido de la nada. Ajit lanzaba golpes como una posesa mientras intentaba escapar del rincón donde estaba acorralada. Al sentir su sangre, Arturo empezó a castigar las pequeñas tetas de su diminuta rival. El primer golpe hizo que Ajit mascullara de dolor, pero los demás no parecieron tener efecto.

Poco a poco Ajit hizo retroceder a Arturo. Este tenía su favor su posición, su peso y su tamaño, pero no logro evitar que Ajit se liberara y lo empujara hasta el centro del salón donde Arturo decidió plantarse. Su honor lo exigía. No podía seguir retrocediendo frente a aquella zorrita canija. Se la imagino vencida y desnuda en el suelo con las piernas abiertas, gimiendo mientras la poseía. Ese pensamiento multiplico sus fuerzas y durante cuatro o cinco minutos el centro del salón presencio una tormenta de puñetazos y patadas de incomparable bestialidad hasta que una patada en la barbilla envío volando a Arturo a la alfombra y al reino de los sueños.

Cuando Arturo despertó habían pasado más de quince minutos y Ajit estaba sentada junto a el, mirándole con expresión divertida.

“Tu perder! Ahora nosotros prometidos. ¡Nosotros casarnos! Yo, tu esposa. Tu, mi marido.”

“¡Eh, espera un momento! No podemos casarnos así como así”

“Tu prometer”

“Era broma”

“Nuestra pelea no broma. Tus puños no broma. Mis puños tampoco broma. ¿Tu recordar?” dijo, sentándose en su cuello y aplastándole la cara con su sexo húmedo y caliente. “Ahora tu cumplirás tu promesa. Yo, buena esposa, buena en la cocina, buena en la casa, buena en pelea, muy buena en la cama.” añadió con expresión lasciva, sosteniéndose un pecho con una mano y abriendo los botones de su pantalón con la otra.

“Bueno, eso es otra cosa. Vamos a celebrarlo”

“No hasta la boda”

“Pero eso tardara semanas mientras lo organizamos como es debido. ¿Por que esperar?

“Porque hombres mienten mucho, y porque mis puños son los mejores”

“Eso vamos a verlo”

Cuando Ajit quiso reaccionar Arturo la había agarrado por la espalda y le había desgarrado el sujetador. Sus pequeños pechos morenos y prietos oscilaron libres mientras Arturo atacaba el cierre de los pantalones. El primer botón cedió pero antes de poder abrir los demás Ajit le clavó el codo en las costillas. Arturo estuvo a punto de soltarla pero logro mantenerla sujeta y la estampo contra la pared. Ajit gimió. Arturo repitió el golpe. Ajit se derrumbo. Arturo la dejo caer y la arranco los pantalones. Debajo llevaba unas braguitas grises de lo más corrientes, pero prácticas. Arturo tendió la mano para apoderarse de ellas cuando de pronto Ajit enlazo sus piernas con las suyas y le hizo caer. Cuando Ajit intentaba ponerse de pie, Arturo la agarró por el pelo y la arrojó al suelo de nuevo. Luego tiró de su cabeza hacia arriba y sosteniéndola por el cabello, comenzó a golpearla como si fuera una “pera” de boxeo. Ajit estaba inconsciente cuando Arturo agarro sus bragas y le arranco la última cobertura de su femineidad.

Ajit tenía una resistencia asombrosa. Al cabo de un minuto ya estaba recuperando el conocimiento. Arturo estaba de rodillas a su lado. Lo único que vestía eran los restos desgarrados de las bragas de Ajit, colgando de su miembro viril como un adorno excéntrico.

“Vamos dormilona. Aun nos falta el desempate y no tenemos todo el día”. Ella lo miro con asombro.

“¿No me has violado?”

“No, yo peleo limpio. Solo estamos empatados. ¿Tienes agallas para continuar?”

“Blanco de mierda, el día en que me falten agallas para zurrarte no mereceré mi nombre.”

“¿Y que significa tu nombre?”

“¡Invencible!” y diciendo esto se lanzo contra Arturo como una loba hambrienta. Usando los pies y los puños le hizo retroceder sin cesar hasta expulsarlo del salón y acorralarlo al final del pasillo. Arturo logró colocarle un golpe en la base del estomago que la dejó sin aliento.

“¿Tu, invencible? Acabo de hacerte puré, zorra de ojos rasgados, y lo hare de nuevo!”

Los ojos de Ajit llamearon de furia. Antes de que Arturo pudiera comprender su error cayo sobre el tal diluvio de golpes que solo la pared a su espalda le impidió caer. Arturo intento defenderse desesperadamente y logro castigar con dureza los pechos de su diminuta atacante cuando esta se descuido creyéndolo acabado, pero aunque logro escapar del pasillo y regresar al salón. Ajit lo persiguió allí y lo remato con una patada lateral a la cabeza que acabo definitivamente con el.

Arturo despertó sintiendo algo suave, cálido y húmedo que le hacia cosquillas en la cara. ¡Era el pubis de la criada, la criada luchadora que ahora era su prometida! Ajit refroto su cara con su vello púbico hasta que se derrumbó entre gemidos de placer. Cuando Arturo intento tumbarse sobre ella para poseerla ella le rechazó.

“Esperar boda”

“Pero si ya estamos comprometidos!”

“Da igual, tu esperar boda. Antes no.”

“Tu ya te has divertido! ¿Por que yo no?”

“Porque mis puños son los mejores!!!”

Arturo dio la única respuesta posible en esta circunstancia. Lanzó un gancho ascendente contra las tetas de Ajit que la hizo aullar de dolor cuando su pecho izquierdo fue lanzado hacia arriba hasta casi tocar su mandíbula, y luego le clavó un directo en las tripas que la dobló en dos. Arturo le lanzó una patada mientras yacía en el suelo pero la tailandesa rodó por el suelo y se agarro a sus piernas haciéndolo caer. Rodaron en una confusión de puñetazo, patadas y maldiciones en tres idiomas hasta que Ajit quedo encima de el y procedió a machacarle la cara con una lluvia de golpes que le hicieron perder el conocimiento. Cuando despertó, Ajit le conminó sin rodeos a luchar de nuevo. Arturo comprendió que estaba atrapado en su propia trampa. Alzó los puños y se dispuso a ser machacado una vez más por su exótica y casta prometida.

Matrimonio de conveniencia 2

La prometida de Arturo defiende a puñetazos su castidad

Por Sexfight

Arturo tiene problemas para pagar a Ajit, su criada tailandesa, a la que intenta seducir. Ajit rechaza su seducción y le propone un matrimonio de conveniencia. Arturo pretende meramente convertir a la criada en concubina y se lo juegan a una pelea. Tras su derrota Arturo intenta hacer el amor con su flamante prometida oriental pero ella le rechaza de nuevo.

Durante los tres meses que siguieron, Ajit se negó en redondo a mantener relaciones sexuales con su flamante y vapuleado prometido. Como quiera que la pervertida asiática gustaba de pasearse por la casa en ropa interior de fantasía o vestida solo con una camisa masculina sin abrochar, o en topless con pantalones vaqueros muy ceñidos, Arturo encontraba difícil aquella forzosa castidad. Además, Ajit era aficionada a los videos pornográficos, especialmente los de lesbianismo sadomasoquista. Le gustaba masturbarse viéndolos sin reparar en que Arturo estuviera delante o no. En doce ocasiones los avances de Arturo habían terminado en violentos enfrentamientos. Al principio Arturo intentaba acercarse cariñosamente a su viciosa y provocativa prometida solo para ser recibido a golpes e insultado como cobarde cuando retrocedía. Después Arturo comprendió que iba el juego y cuando estaba más excitado saltaba sin previo aviso sobre la tailandesa. La pelea subsiguiente era épica pero aquella diminuta virago oriental siempre se alzaba con la victoria, aunque generalmente por muy poco margen, lo que animaba a Arturo a intentarlo de nuevo. Tras cada nueva victoria Ajit cabalgaba al pobre Arturo usando su lengua y su nariz para proporcionarse a si misma satisfactorios orgasmos de victoria. Después, según la pelea hubiera resultado más o menos dura, la impúdica criada dejaba a Arturo en ayunas o le masturbaba. En un par de ocasiones en las que Arturo había logrado dar con su adversaria en el suelo a puñetazo limpio, ¡Ajit le homenajeaba con una mamada electrizante! No obstante, el coito siempre quedaba fuera de los límites hasta la noche de bodas. Arturo y Ajit llevaban más de tres meses revolcándose desnudos entre peleas y orgasmos y todavía no habían copulado. Al final Arturo comenzó a desanimarse y cuando Ajit estaba caliente, lo que sucedía a menudo, tenia que ser ella la agresora.

Un día, Arturo comenzó a meditar y tuvo que aceptar la dolorosa evidencia de que aquella ramera exótica era superior a el en la lucha a puño desnudo. La idea de casarse con la tailandesa no le desagradaba excepto por el detalle de que quería ser el quien llevara los pantalones. Tenia que cambiar de táctica, y de pronto supo que debía hacer. ¡La jodida oriental iba a saber lo que era bueno! Inmediatamente comenzó a realizar diversos preparativos.

Al día siguiente Arturo entro como un ciclón en el salón donde Ajit estaba masturbándose mientras veía unas escenas lésbicas en un vídeo pornográfico. Antes de que la muy furcia pudiera darse cuenta, Arturo la agarro de los pelos y tirando de ellos violentamente derribo al suelo a su camorrista novia, la saco a rastras del salón, la arrastro por el pasillo enganchada por los cabellos y la dejo en el vacío cuarto de los trastos, que solo media dos metros de ancho por tres de Ajit. Arturo había situado en las paredes varios colchones viejos colgándolos de tiras de tela fuertemente cosidas, enganchadas a tirafondos sólidamente anclados en la pared. Era un campo de batalla ideal.

“Ahora te voy a follar como la puerca en celo que eres realmente, sucia puta!” grito Arturo.

“¡Guauu! ¡Me encantada verte así!” respondió Ajit relamiéndose y abriendo ostentosamente las piernas. “Cuando más bruto eres, más cachonda ponerme zurrarte! Venir aquí semental mío. Mi chichi necesita otra lamida”

Chocaron con ímpetu y tras un breve forcejeo comenzaron a rebotar de una pared a otra. Arturo permanecía fuertemente abrazado a su adversaria y esta no tenia ángulo para usar sus puños como acostumbraba a hacer. La diablesa de ojos rasgados intento clavarle las rodillas en el estomago y lanzar una serie de ganchos al hígado, pero sin resultado. Arturo había aprendido la lección y la tenia bien cogida. Ajit intento golpearlo contra un tramo de pared que no estaba acolchado pero no lo consiguió. Arturo tenia ventaja dada su corpulencia y estatura pero Ajit no se rindió. Clavo un feroz mordisco en el brazo de su agresor y logro liberarse. Inmediatamente desencadeno una lluvia de golpes sobre Arturo. Este ignoro el terrible castigo que estaba recibiendo y se lanzo contra su rival. Su ataque fue interceptado por una certera patada en el estomago que le hizo caer al suelo. Ajit comenzó a patearle mientras gritaba

“Vamos maricón de mierda. Nosotros apenas empezar! Levante y pelea, pelea, ¡¡PELEA!!”

Arturo rodó por el suelo y derribo a Ajit como si fuera un bolo. Ajit se levantó como un rayo y quedaron ambos de rodillas frente a frente, agarrados de las manos haciendo fuerza. Durante unos momentos ambos luchadores se empujaron con todas sus fuerzas sin lograr ventaja. Luego, la pequeña asiática flexiono sus músculos bronceados hasta hacer retroceder poco a poco a su adversario masculino mientras sonreía malévolamente. Arturo sintió un sudor frío mientras se veía inclinado hacia atrás por los brazos de hierro de la thailandesa. ¡Aquello no podía terminar así! La desesperación le dio fuerza y poco a poco recupero el terreno perdido hasta quedar de nuevo en vertical. Durante un par de minutos permanecieron en equilibro, inmóviles pero temblando por le esfuerzo mientras el sudor empapaba sus ropas. Finalmente, milímetro a milímetro, Ajit se vio obligada a inclinarse hacia atrás. El sudor goteaba cada vez más rápido de su frente. Con un esfuerzo sobrehumano contraatacó y por un momento recuperó parte del terreno perdido, pero ahora Arturo tenia la ventaja de la posición superior, reforzada por su mayor peso y estatura. Ajit escupió en la cara de Arturo. Este le devolvió el escupitajo y finalmente Ajit cayo de espaldas al suelo intercambiando escupitajos con Arturo, desafiante hasta el fin.

“Ahora vamos a follar” proclamo Arturo mientras inmovilizaba sólidamente a su presa contra el suelo.

“Y una mierda, puto maricón de los cojones. Mi no querer”

“Pues te jodes” grito Arturo, y antes de que Ajit pudiera hacer nada por impedirlo, la penetro brutalmente, por primera vez en todos los meses que había durado su relación. Ajit respondió martilleando con sus puños la cara de Arturo pero este estaba tan excitado que casi ni sintió los golpes. Ajit se arqueó y retorció como una yegua salvaje intentando desmontar a su jinete pero Arturo mantuvo su posición y empezó a domar a su montura con poderosas oscilaciones de su cadera, embistiendo la intimidad de la criada respondona. Pese a sus esfuerzos Ajit sentía revolverse en su interior aquel miembro viril duro, grueso, caliente, y a su pesar empezó a responder oscilando sus propias caderas casi por instinto sin dejar por ello de clavar sus puños en los costados de Arturo mientras este la estrujaba entre sus brazos haciéndola gritar. Finalmente Ajit sucumbió a la masculinidad triunfante de su prometido en medio de un orgasmo simultáneo colosal.

Ajit quedo en el suelo gimiendo suavemente. Ya no era la ama dominante y castigadora que empezó el combate segura de vencer una vez más, sino que de nuevo parecía la criada sumisa y obediente que Arturo buscaba… hasta que se lanzó a la carga clavando la cabeza en su estomago!

Arturo quedó sin aire tras esta brutal embestida y cayó al suelo mientras la furcia amarilla le pateaba los costados con verdadero frenesí. Luego se sentó sobre el y comenzó a castigarle la cara con los puños. Pero esta vez Arturo ya tenía bien aprendida la lección y agarrando de los pelos a aquella diablesa rebelde, se agarro a ella todo lo que pudo. Rodaron por el suelo y Ajit logró quedar encima, pero su sádico patrón la tenía enlazada por la cintura con las piernas y la estrujaba en un abrazo de oso. Comenzó a cerrar la tenaza sobre su rebelde prometida. Esta se debatió frenéticamente para liberarse, cerro sus propios brazos sobre el torso de su antiguo esclavo sexual, rivalizando con el en estrujar sus costillas, clavo los dientes en su hombro, tiro de sus cabellos, le araño, le pateo, le dio cabezazos. Arturo hacia caso omiso a todo y seguía cerrando la tenaza. Al cabo de unos minutos la asiática dejó de atacar y comenzó a gemir.

“Basta, por favor, yo rendirme” sollozo. Arturo no la hizo caso y siguió apretando

“Yo rendirme ¿Tu no oír? YO RENDIRME!!” Arturo la ignoro.

“NOOO, POR FAVOR! VAS A MATARME. BASTA!!!! YO HACER LO QUE SEA, LO QUE SEAAAA! AAARRRRGGHHHH!!!!!!! ME RINDO. ME RINDO!!!!! SOY TU ESCLAVA. Por favoooor.”

Cuando Arturo la soltó, Ajit quedo hecha un ovillo en el suelo. Arturo le dio un pellizco en el trasero para espabilarla y sumisamente, la cachonda asiática se puso a cuatro patas y ofreció su grupa al macho conquistador. Este la tomo por detrás a estilo perro y pese a que ella intento quedar pasiva, la hizo gemir y gritar de placer, igual que antes la había hecho gemir y gritar de dolor. Pese a sus firmes propósitos de mantenerse fría como una estatua de hielo, la masculinidad triunfante e invasora de su viril contrincante la hizo vibrar y temblar hasta que se corrió en un espasmo de placer, mucho antes de que lo hiciera Arturo, de modo que tuvo tiempo de rendirse por segunda vez al placer cuando Arturo alcanzo el climax.

“Tu humillación no esta completa aun” dijo el restaurado amo y señor de la casa. “Alza tus puños y boxea conmigo si te atreves, furcia. Hoy me vas a chupar la polla”

Ajit se levantó como un rayo, los puños prestos, y se lanzó como una exhalación contra el sucio puerco que acababa de violarla. Lanzaba golpes como una posesa, con la sola idea de triturar a su amo y prometido. Su técnica era tan buena como siempre pero sus reflejos eran más lentos, y los golpes de Arturo la dañaban más que de costumbre. Esta vez el duelo boxístico era muy igualado y Arturo iba a matar. Ajit colocó un par de buenos ganchos de derecha al hígado y vio a su rival acusar el impacto. Por un momento pareció que iba a dar la vuelta al combate, pero Arturo contraataco y aunque durante diez minutos la gladiadora oriental aguanto en su cuerpo desnudo los puños desnudos del boxeador europeo, y este tuvo que encajar duros ataques, al final Ajit quedó en el suelo inerme mientras Arturo la remataba con sadismo mucho después de que quedara KO.

Arturo agarró a su vencida pretendienta por los pelos y la arrastró como un fardo por toda la casa. Luego la dejó sobre las baldosas de la cocina y se sentó en su cara, restregándole su polla por la cara. Ajit comenzó a chupársela y lamérsela. Poco a poco Arturo comenzó a respirar más deprisa y luego a jadear con fuerza a medida que su criada le hacia una mamada colosal. Cuando la gloriosa explosión de placer recorrió como un relámpago el cuerpo de Arturo, su generoso pene estaba profundamente insertado en la boca de Ajit, y el esperma salió proyectado a borbotones por su garganta, tragando hasta la ultima gota. Luego la musculosa hembra tuvo que lamer con la lengua lo que quedaba. La “invencible” había sido vencida y yacía en el suelo hecha un ovillo, sollozando y con los ojos llenos de lagrimas, incapaz de hablar, llena de marcas y moretones por todo su cuerpo, con la ceja partida, el ojo morado y sangrando por el labio y la nariz. Arturo se sentó en su estomago y la miro.

“Pensaba enviarte a paseo tras este combate, ramera tailandesa, pero me lo he pasado tan bien ultrajándote, es tan excitante esto, que he decidido mantener mi promesa de casarme contigo. Tienes una buena vagina, y unas buenas tetas, y limpias bien la casa. Me gusta tu estilo de hacer mamadas, putita. Decidido. Me quedo contigo.”

“La noche de bodas nosotros hacer gran desempate, cerdo. La noche de bodas te enseñare quien llevar pantalones aquí, hijoputa asqueroso. La noche de bodas tu morir.”

Arturo escupió en la cara de Ajit, esta le respondió con una bofetada y en unos segundos estaban de nuevo rodando por el suelo. Arturo estaba en la gloria ¡Era tan increíblemente excitante el pelear contra una adversaria que no se rendía! Pese a la debilidad de su adversaria Arturo necesito casi diez minutos para sacarle del cuerpo las ganas de lucha que le quedaban antes de follarla por cuarta vez.

Próximo: La noche de bodas, Ajit y Arturo libran el desempate de su enfrentamiento sexual. Solo uno quedara en pie!

Matrimonio de conveniencia 3.

Batalla decisiva por los pantalones durante la noche de bodas

Por Sexfight.

Arturo intenta fornicar con Ajit, su criada tailandesa, que le responde afirmativamente a cambio de un matrimonio de conveniencia. Ajit derrota a Arturo en una pelea de Thai boxing y se niega a hacer el amor con Arturo hasta la boda para fastidiarle y humillarle. Tras varias derrotas Arturo viola a Ajit tras demolerla en una lucha cuerpo a cuerpo pero Ajit jura vengarse. Ahora ha llegado el combate definitivo durante la noche de bodas.

Durante los meses que siguieron al combate cuerpo a cuerpo en el que Arturo domó a su sádica prometida, quedó claro que la ramera asiática no se daba por vencida y no pasaba una semana sin que aquella furcia de ojos rasgados saltara sobre Arturo e intentara dominarle en su propio juego. El canalla de Arturo disfrutaba esos enfrentamientos y en cada combate le demostró de nuevo a su criada el poderío de un verdadero macho español penetrándola contra su voluntad tras darle una paliza. Sin embargo, a medida que se acercaba la fecha de la boda los combates se iban alargando y el bastardo europeo tenía más y más dificultades en dominar a la bruja asiática. Finalmente, se estableció una tregua un mes antes de la boda. Aquel era un matrimonio sin amor. Lo único que deseaba el español era masturbarse con el coño de la tailandesa, y esta lo único que deseaba era el pasaporte que le permitiría permanecer en el país. Ambos sabían que en la noche de bodas se decidiría quien llevaría los pantalones en la familia.

Tras la boda los flamantes recién casados regresaron a su casa en el campo. Tras cruzar el umbral Arturo y Ajit se miraron frente a frente.

“He acondicionado el salón, despejándolo al máximo” dijo Arturo. Ajit miró y vio que era verdad. Casi todos los muebles habían desaparecido, y el suelo estaba cubierto por varios colchones.

“Me parece bien. No nos conviene destrozar la casa. Cuando entremos en el salón se desencadenara el infierno.” respondió Ajit “Pero antes mira” y diciendo esto, le enseñó la matricula de un gimnasio y los recibos de los últimos seis meses. La muy zorra había estado aprendiendo lucha cuerpo a cuerpo a escondidas para tomar su revancha. Arturo sacó de su cartera los recibos de otro gimnasio, este de Thai-boxing. Ajit sonrió y dijo “¡Bien! más pelea!”

Entraron en el salón y se desencadeno el infierno.

La patada de Ajit se clavo en los testículos de Arturo casi al mismo tiempo que el puño de Arturo aplastaba el pubis de Ajit. Ambos cayeron al suelo gimiendo de dolor. Arturo se recupero el primero pues Ajit no había logrado un blanco perfecto. Agarró a Ajit por el pelo y lanzó su cabeza contra la pared. La musculosa oriental chocó con un sonido sordo contra el tabique y cayó al suelo. Arturo se subió a su espalda y comenzó a pisarla como si quisiera apisonarla. Eso fue un error pues cuando Ajit se levantó Arturo cayó al suelo y Ajit se le echo encima. El semental hispano la rechazo a patadas y logró conectarle una en la cara. Se separaron y se levantaron de nuevo. Empezaron a girar frente a frente, con las ropas nupciales desarregladas y en desorden. Macho contra hembra, blanco contra asiática, amo contra criada, una lucha entre razas; una lucha entre clases; una lucha entre sexos; una lucha hasta el fin por la supremacía. El primer asalto había sido para la hembra, cuando forzó al macho a reconocer la superioridad de sus puños y consentir en aquel matrimonio de conveniencia. La raza blanca había tomado su revancha en el segundo asalto, doblegando a la exótica oriental en la lucha cuerpo a cuerpo. Ahora iba a ser la definitiva.

Cargaron el uno contra el otro, rabiosos por luchar y chocaron de frente como dos trenes sin frenos golpeando con pies y puños, martilleándose sin piedad hasta que Arturo demostró sus progresos boxisticos derribando a la ramera guerrera con una patada circular en la sien. Arturo acosó en el suelo a su rival pulverizando sus tetas con sadismo hasta que Ajit se agarro a el para esquivar el tremendo castigo. Arturo intento retorcerle el brazo a Ajit, pero la diablesa de ojos rasgados había aprendido bien las técnicas de lucha cuerpo a cuerpo y ambos contrincantes rodaron por el suelo y se retorcieron como serpientes intentando lograr una ventaja. En un par de minutos habían quedado trabados en una doble llave de tijera a la cintura. Arturo poseía una fuerza superior a la de su diminuta adversaria, pero esta había demostrado ya que su resistencia al daño era muy superior. Durante varios segundos se torturaron mutuamente hasta el borde del desvanecimiento a medida que las cotillas de ambos crujían bajo la presión. Ajit cedió la primera y quedo inerte en el suelo del salón. Arturo la agarró de los pelo y le incrusto la rodilla en la cara. La viciosa luchadora rodó por el suelo intentando derribar a su torturador, pero este la vio venir y la esquivo de un salto. Arturo intentó montarse sobre ella pero ella se incorporó y lo hizo caer a sus espaldas.

Quedaron de rodillas frente a frente y Arturo bajó los brazos, mostrando su mejilla a su rival. Esta aceptó encantada la invitación y lanzo un derechazo demoledor al macho al que pretendía domar. Arturo se tambaleó por el golpe pero no cayó, y lanzó un directo a la mandíbula de Ajit. El puño de la ramera oriental hizo impacto en el ojo izquierdo del bastardo occidental dejándoselo tan morado como la mejilla derecha de la asiática cuando recibió el siguiente golpe del europeo. El intercambio se hizo más rápido hasta que los golpes llovieron a tal ritmo que casi no se veían. Arturo demostró lo mucho que había mejorado con sus puños y dio un gran combate pero al cabo de un par de docenas de golpes quedo claro que aun le quedaba mucho que aprender mientras cedía poco a poco y Ajit lo iba empujando hacia el suelo sin misericordia. Antes de darse por vencido Arturo cambio de blanco y sus nudillos se hundieron cruelmente en el abdomen de Ajit, que no esperaba este golpe y se dobló en dos. Arturo repitió el ataque una y otra vez, y en cada ocasión un bufido escapaba de los sensuales labios de aquella gladiadora calientapollas. Ajit empezó a devolver los golpes al estomago del cerdo de su patrono, pero era como pegar en cemento. La marimacho tailandesa quedo tendida en el suelo mientras su nuevo amo frotaba su miembro viril contra sus pechos.

“Es hora de que te abras de piernas, negrita” se burlo Arturo.

“¿Que me has llamado, puto blanco de mierda?” pregunto Ajit. “Aquí lo único negro es tu futuro, mamarracho” y diciendo esto se encabrito como una yegua salvaje y Arturo tuvo que usas toda su fuerza para permanecer montado sobre ella. Ahora le tocó a la virago asiática demostrar lo que había aprendido en la lucha cuerpo a cuerpo, y lo demostró retorciendo la muñeca de Arturo, obligándole a desmontar para así evitar que aquella lasciva luchadora le reventara la mano.

Arturo a duras penas lograba mantener el control de la lucha cuerpo a cuerpo. El semental español sudaba a mares mientras Ajit se retorcía como una anguila esquivando las presas y llaves de su esposo y rival. Finalmente el grandullón europeo logró atrapar a la pequeña asiática en un abrazo de oso y comenzó a presionar cerrando la tenaza poco a poco. Ajit aceptó el reto y cerro sus propios brazos en torno a las costillas de Arturo. Mientras tanto sus entrepiernas habían quedado presionadas la una contra la otra y el miembro viril del macho blanco buscó su camino hasta la vulva hambrienta de la hembra amarilla y ambos sexos comenzaron su propio duelo hasta el fin. Arturo oscilaba sus caderas con poderosas embestidas clavando cada vez más profundamente su zanahoria en el conejo de su rival. Mientras cerraba los brazos como si quisiera partir a la hembra en dos, el macho la empujaba contra la pared para penetrar más profundamente. Esta oscilaba sus propias caderas al encuentro de las de Arturo y su conejo se cerraba hambriento sobre la zanahoria que lo invadía. Sus dientes se clavaban en el cuello del semental salvaje que pretendía violarla mientras lo domaba, y sus uñas marcaban su espalda mientras los músculos de sus brazos oprimían las costillas del macho que se atrevía a desafiarla. Polla invasora, coño succionador, el duelo elemental entre los sexos les condujo a ambos a un estado primitivo y casi animal.

Finalmente el viejo duelo de los sexos terminó como siempre ha terminado durante miles y miles de años. La vagina constrictora se merendó a la polla asaltante. El semental español sintió de pronto que perdía el control y eyaculó salvajemente en la vulva invencible de la ramera guerrera. Fue un orgasmo colosal y prolongado mientras aquella femineidad triunfante succionaba la verga del macho vencido como una ordeñadora mecánica. El colapso sexual de Arturo fue la señal para su colapso físico total. Mientras el sexo de Ajit establecía firmemente su supremacía, sus músculos demostraban su superioridad sobre la musculación masculina de su domado esposo. Con un gemido, Arturo perdió el conocimiento.

Cuando Arturo despertó lo primero que oyó fue a su antigua criada, ahora su ama y cónyuge, haciendo el amor. Arturo se incorporó para llevarse la sorpresa de ver a su belicosa esposa fornicando desenfrenadamente con una rubia sensacional de aspecto nórdico o anglosajón.

“Esta es Susan. Es inglesa” dijo Ajit al verle, “Es mi nueva amante y va a ser mi esposa de verdad. Tu no eres más que un figurón que voy a usar para conseguir quedarme en este país. No peleas mal del todo pero eres un amante de mierda y adem….”

Ajit comprendió que había hablado demasiado cuando Arturo la agarro por los pelos del coño y la arrastro fuera de la cama, donde comenzó a patearla frenéticamente. Ajit se defendió mordiendo a Arturo en el tobillo mientras la inglesa la jaleaba y la animaba, pero sin intervenir. Arturo perdió pie por el mordisco de Ajit y rodaron por el suelo en confuso embrollo de pies, brazos, puños, maldiciones y mordiscos. Arturo estaba loco de rabia y Ajit tuvo que sudar de verdad para hacerle frente, pero tras quince minutos de frenéticos forcejeos la tailandesa demostró quien era la campeona del dormitorio.

Tras aplastar a su esposo y esclavo, la diablesa oriental lo agarró por los pelos, lo arrastro hasta la cama, lo ató a la cama y durante el resto de la noche ella y su amante usaron su cuerpo desnudo y vapuleado como colchoneta mientras hacían el amor.

Cuerpo a cuerpo

Me llamo Gemma. Conozco vuestra revista por uno de mis hijos que la lee todos los meses. A mi me la esconde pero a su hermana se la enseña para escandalizarla y hacerla rabiar. Ella acabo diciéndomelo y un día que el no estaba ojee sus revistas para intentar averiguar que podía gustarle de ellas. Leí la editorial del principio y el correo con las historias de los lectores. Algunas de las cosas de vuestra revista me dieron risa y otras me dieron asco. Sobre todo me impacto la violencia que lo empapaba todo. No la violencia física sino mental, el odio, la agresividad, el hacer daño a otro por placer. ¿No hay manera de irse a la cama con alguien sin chincharle? En una de vuestras revistas encontré una historia de un chico que había tenido una experiencia erótica peleándose con su profesora particular. Me llamo la atención porque mi primera experiencia fue parecida, una lucha divertida, sin odio ni rabia.

Estaba colada por aquel pedazo de tío bueno de Dani pero no me atrevía ni a abrir la boca cuando el estaba cerca. Yo era el típico patito feo, gafas, atlética, alta y muy marimandona. Solía imaginarme que saltaba sobre el y le arrancaba la ropa antes de hacerle el amor. Aquella fantasía me hacia arder. Luego pensaba: “¡Despierta atontada! ¿Como vas a violarlo si no te atreves ni a darle los buenos días?”.

Un día decidí ir a por todas, pero cuando llego el momento de la verdad me quede helada de nuevo. El me miraba mientras yo me moría de vergüenza. “¿Que, tu también estas puteada con la química, verdad?” me dijo. ¿La química? Oh. Claro, el examen del lunes. Le respondí: “No, que va. Lo malo es tener que estudiar el fin de semana” El sonrió y fue como un sol que me derritiera “Pues yo no tengo ni unos apuntes decentes.” Aquí fue donde vi el cielo abierto de par en par. “No te preocupes, te prestare los míos. Ven esta tarde a mi casa y te los daré”

Así encontré la excusa para traer la mosca a mi telaraña. Cuando Dani llego, le recibí vestida con unos pantalones cortos playeros y una blusa roja anudada. El abrió mucho los ojos pero no dijo nada y se comporto con formalidad. Charlamos un rato y yo hervía por dentro viendo que se marchaba y no sabia como abordarle. Entonces dijo: “¿que es esa chaqueta blanca?” “¿Eso?, naah! Es solo el kimono de mi judo de mi hermano” “Bah, el judo, valiente mariconada” “Oye, listo. El judo no es ninguna mariconada. A mi me zurraban mis hermanos hasta que me harte y aprendí para defenderme. Les empezó a dar tales palizas que se apuntaron los dos al mismo gimnasio para no estar todo el rato debajo mío en las peleas.” “¿Y por que peleabas con tus hermanos?” “Soy la mayor pero como soy chica dicen que mandan ellos. Siempre queremos ver programas distintos en la tele, cosas así, y tengo que recordarles a esos enanos quien es la jefa.”

“Bah, tus hermanos jugaban contigo. Si alguien te ataca más te vale correr”. Le agarre por el cuello y puse mi cara rozando la suya. “¿Tu me harías correr, nene?” El desafío le galvanizo y me beso. “¡Al fin!” pensé. Le di un sopapo y grite “¡Cerdo!” y le di un besazo monumental. El me devolvió el beso. Yo le abofetee otra vez. “Si me besas otra vez te araño”. “¡Pero si tu me has besado a mi!”. “Porque me da la gana. Aquí mando yo”. Y para subrayar mi autoridad le bese de nuevo. El intento besarme. Forcejeamos. Le pase el brazo por su sobaco y lo proyecte por encima de mi hombro. Cayo de espaldas al suelo y me tire en plancha sobre el. Me abrazo con fuerza y rodamos comiéndonos a besos. Le arranque de cuajo la camisa. Los botones salieron volando al ceder los hilos y la tela se desgarro y rompió. Hice lo mismo con su camiseta. Entonces el chico dulce y bien educado que conocía se esfumo y en su lugar surgió la fiera hambrienta que estaba buscando. Me destrozo la blusa y dejo mis pechos al descubierto. El botón que cerraba mis pantalones salió despedido hasta el techo. Intento hacer lo mismo con mis braguitas pero le luxe la muñeca y me senté encima de el. Apreté su cabeza contra mis braguitas hasta sentirme inundada de placer. ¡Por poco le asfixio!

Le quite el pantalón y el me dejo desnuda. Entonces desgarre sus calzoncillos. Nos abrazamos y sentí el calor de su cuerpo cuando sus brazos me rodearon. Nuestros labios se buscaban, nuestras lenguas se paladeaban, nuestras respiraciones se unieron en un solo aliento y nuestras manos exploraron territorios sin cartografiar. “Gemma, Gemma, eres única, eres increíble, eres una leona. Te adoro, te necesito, quiero fundirme en ti” Agarre su sexo duro y poderoso con las dos manos, acariciándolo para ponerle un preservativo. Entonces lo monté y yo misma me ensarte su virilidad hasta lo más hondo sentándome sobre el. Luego comencé a levantarme y a sentarme de nuevo mientras mis muslos se cerraban capturando su masculinidad en mi más íntimo interior, sintiendo su tacto duro y cálido avanzar centímetro a centímetro. Dani oprimió mis nalgas con sus vigorosas manos como si quisiera exprimirlas mientras las meneaba lentamente. Disfrute un orgasmo que me derritió de placer. Dani, que todavía no había eyaculado, se aprovecho de mi debilidad y me descabalgo.

Forcejeamos y el se puso encima. Yo no deseaba otra cosa que ser vencida y conquistada por aquel Apolo de mis sueños, pero era más divertido resistirme y verle sudar para conseguir sus propósitos. Luche con todas mis fuerzas y usando cada truco que sabia, limpio o sucio. Mis labios acariciaban su pecho mientras mis uñas le marcaban la espalda. Las yemas de mis dedos le cosquilleaban la ingle mientras mis dientes se hundían en su culo. Le tiraba salvajemente del pelo mientras le susurraba al oído frases abrasadoras de inaudita indecencia. Saboree su pene mientras le luxaba la muñeca. Dani me ataco haciéndome sentir el empuje de su hombría. Su musculatura masculina me doblego contra el suelo. Entonces avanzo entre mis piernas. Con los brazos abiertos nos agarrábamos de las manos tensando nuestros músculos en un duelo de fuerza. Gotas de sudor caían sobre mí. Mientras tanto martilleaba su culo con mis talones para clavarme más hondo su estaca deliciosa. Fue entonces cuando sucedió el milagro. Tal vez el esfuerzo y la tensión a la que estaba sometido cada musculo de mi cuerpo en aquel lujurioso combate actuó como un amplificador pero de repente explote en un orgasmo de magnitud cósmica que duraba sin apagarse. La sensación fue tan fuerte como si me electrocutaran con millones de voltios de placer; como si todo mi cuerpo fuera un clítoris gigantesco. Estuve a punto de desvanecerme.

Tras una tarde de placer tuve que esconder las ropas destrozadas y darle a Dani algo que le valiera. Lo difícil fue jugar al escondite con mi madre: “Gemma, ¿donde tienes la blusa roja, que voy a lavarla?” Cualquiera le decía que me la destrozo mi amante para sobarme las tetas mientras yo usaba mis puños para violarlo. ¿Os lo imagináis? El belorcio de mi hijo, que se cree muy listo, muy mayor, y me trata como si tuviera cuatrocientos años, no tiene ni idea de lo que es una verdadera juerga y se quedaría bizco si imaginara como se lo montan la cachonda de su madre y el sátiro de su padre cuando el y su hermana se van de excursión el fin de semana. Mi hija suele alabar mi forma física. ¡Cualquiera le dice cual es nuestra tabla de ejercicios! Y es que acaba siendo irritante que todo el mundo piense que los matrimonios veteranos no tiene vida sexual ¿Acaso no saben que el diablo sabe más por viejo que por diablo? Publica esta carta para que todos esos jovencitos presuntuosos se enteren de que aquí hay un par de cuarentones que saben jugar entre las sabanas.

Gemma. Burgos

Como me aficione a las peleas de tías

Por sexfight

Yo tenía 13 años y mis padres me habían enviado a estudiar música con una profesora particular. Yo odiaba todo eso del solfeo y el piano y lo demás pero mi madre tenía la manía de la cultura y me enviaron lo quisiera o no. Mi profesora era una señora mayor llamada doña Enriqueta y vivía en casa de su hija. Allí daba las clases y tenía varios alumnos. También tenía una nieta de 17 años llamada Begoña. No era fea del todo y tenía buenas tetas pero no era nada guapa y además estaba algo gorda. Ella odiaba la música y la tenía todo el día con las lecciones de su abuela. A ella no podía decirle nada así que la pagaba con nosotros. Como era mayor que la mayoría de los alumnos se divertía dándonos la lata. Doña Enriqueta recibía a los alumnos de uno en uno y mientras uno daba la clase el siguiente esperaba su turno.

Yo tenía mi turno justo a tiempo de terminar la clase, salir a todo correr a mi casa, que estaba cerca, y ver mi serie de televisión favorita que eran unos dibujos animados llamados ‘Vikie el vikingo’. Begoña lo sabía y jugaba a hacerme perder el tiempo a la salida. Su madre con frecuencia llegaba tarde de modo que con su abuela encerrada con el siguiente alumno, estábamos solos ella y yo, y ella era mayor, más alta y más pesada. Me mareaba un poco, teníamos algunos forcejeos y palabrotas hasta que me zafaba de ella o se aburría y me dejaba ir. Un día que iba retrasado y ella estaba más pelma que de costumbre me enfade de verdad y le dije que era una foca. Ella se picó, me dio un sopapo y me dijo que si volvía a decirle eso me daría una paliza. Bien. A mi, mis siempre me habían dicho que los hombres son los más fuertes y así se lo dije. En menos de un segundo estábamos por el suelo como perro y gata. Ella peleaba sucio, me mordía, me tiraba del pelo, pero yo también la tiraba del pelo y le daba con los pies y con los puños y ella hacia lo mismo y además me escupía y trataba de darme en la entrepierna. Al final se puso encima mío y como tenía mucho más peso me sujeto y me obligo a rendirme porque no pude sacármela de encima por mucho que lo intenté. Ella se rió de mi y me repetía en son de burla lo que yo le había dicho antes acerca de que los chicos son siempre más fuertes.

Al día siguiente al salir de mi lección de solfeo ella estaba allí esperándome de nuevo, plantada frente a la puerta y riéndose. Yo estaba hirviendo de vergüenza y sin pensármelo me tire sobre ella y luchamos en el recibidor, luchamos en el pasillo y terminamos luchando en su cuarto. Ella intentaba ponerse de nuevo encima mío y dominarme con toda su grasa pero yo sabia que si lo lograba estaba perdido y me movía rápido hasta que la note que jadeaba. Entonces logre ponerme encima suyo pero ella me derribo y volvimos a rodar por el suelo hasta que esta vez la agarre bien agarrada y ella ya no pudo liberarse. Entonces me senté en triunfo sobre ella e intente besuquearla pero ella me escupió en los ojos y eso me distrajo de manera que pudo soltarse y empezamos otra vez. Entonces llegó su madre y tuvimos que dejarlo. Regrese a casa caliente como una moto y con una erección descomunal.

Desde aquel día no había vez que fuera a dar clase que no nos agarráramos el uno al otro. Ella me vencía con frecuencia pues era más grande pero yo era más rápido y a veces lograba cogerla bien cogida. Ni que decir tiene que me pasaba la pelea metiéndole mano y ella me llamaba cerdo y no se dejaba pero ella también me metía mano a mi y notaba que siempre terminaba con las bragas empapadas. Un día su madre llego de improviso y estábamos tan enzarzados que no la oímos llegar. Ella oyó el ruido de la lucha y nos pilló hechos un ovillo rodando sobre la alfombra. Nos quedamos helados pero ella creyó que solo estábamos jugando y se limito a decirle a Begoña que no armara tanto ruido y que tuviéramos cuidado de no romper nada. Entonces volvió a salir para hacer alguna compra y en cuanto cerró la puerta volvimos a la lucha.

Un día que estábamos solos en su casa la tenía casi vencida pero estaba tan excitado que eyacule. Ella se dió cuenta y me dió un rodillazo en la entrepierna. No me dió de lleno pero eso me enfureció y la arranqué las bragas de cuajo. Ella me dió un puñetazo y aquella vez nos peleamos realmente en serio hasta que ella me aplastó y se sentó sobre mi cara. Entonces me ordenó que fuera su novio. Yo me negué porque era gorda y fea pero ella me puso los puños en la cara y me dijo que ahora éramos novios. Begoña no había tenido novio nunca y yo iba a cubrir ese hueco. Así sus amigas no se burlarían más de ella. Desde entonces íbamos juntos por la calle y al cine y a todos lados. Yo intente acostarme con ella pero me rechazaba. Para ella ser novios era una cosa y el sexo algo completamente distinto y no tenían nada que ver. Hacer peleas guarras medio desnuda conmigo y meternos mano y sobarnos para ella eran solo juegos más emocionantes en cuanto que los mayores con toda certeza nos los prohibirían si llegaban a enterarse, pero para ella eso no era sexo aunque se corría a menudo y yo también. Un día me harté y la bese por la buenas y empece a soltarla el pantalón y ella se dio cuenta de que iba el asunto y se defendió como una posesa pero la tumbé y entonces ella me dijo que si y me saco una caja que yo no sabia que era ni entendí a cuento de que me daba esto y ella sacó las gomas y me puso una. Entonces lo hicimos. Ella no era virgen, aunque no se si eso debería sorprenderme. Luego lo hicimos de nuevo dos veces más y ella todavía quería otro pero reconozco que yo ya no daba más de mí.

Mientras tanto había convencido a mi madre para que se olvidara del solfeo y Begoña y yo nos veíamos cuando queríamos, lo hacíamos como conejos y podíamos pasar horas rodando por el suelo. Para mi eso fue el paraíso hasta que un día su madre llegó de improviso y nos pilló en plena faena. Ya podéis imaginar el escándalo que se armó. Me prohibieron volver por allí ni salir con ella, a ella la castigaron sin salir, etc…. pero nos vimos de nuevo pese a todo hasta que su abuela se puso enferma y murió. Entonces se mudaron. Ya no volví a verla, pero nunca la olvidaré.

La asiática y la escandinava

Decir que Hiroko era promiscua era decir las cosas muy suavemente. Hiroko era la más impúdica calentorra de la universidad. Una compatriota suya que se había matriculado en otro curso pero que había sido compañera suya en el instituto nos aseguró que se había pasado por la piedra a casi todos los chicos de varios cursos y que no le hacia ascos a las muchachas. Una de sus diversiones favoritas era seducir a los compañeros que tenían novia y cuando esta tomaba cartas en el asunto le arreaba una paliza y la violaba. Si el chico intentaba defender o vengar a su novia tenía mucha suerte si no recibía otra paliza. Hiroko era alta para la media japonesa, 1,75, y desde joven había practicado el jiujitsu con aplicación. Desde los 15 años era capaz de derrotar a las chicas de los cursos más altos y también a muchos chicos, centrándose en su entrepierna con ensañamiento. Todos juraban que se excitaba sexualmente cuando peleaba, y también decían que era lisa y llanamente la mejor folladora del instituto, capaz de resucitar a un muerto con una de sus mamadas. Era el terror del instituto, pero aunque los profesores sabían lo que pasaba sus víctimas jamás se atrevieron a denunciarla de manera que no la pudieron expulsar. Por otra parte cuando no estaba peleando o buscando pelea su comportamiento era impecable y además se rumoreaba que sobornaba sexualmente a varios profesores para evitar esa eventualidad aunque eso jamás se supo con certeza. De lo que no había dudas es que era la zorra sáfica más malévola y sádica que jamás hubiéramos visto. Su rostro era más bien infantil pero sus ojos rasgados le daban un aspecto diabólico y su cuerpo espléndido parecía el de una pin-up de revista. En toda la universidad solo había una hembra que le hiciera sombra: Ulrica.

Ulrica era una vikinga rubia que había formado parte de una pandilla de motoristas hasta que su padre la forzó a matricularse en nuestra universidad porque estaba en el quinto pino y así hacer que su hija se alejase de aquel ambiente. Vano esfuerzo. El padre de la rubia había confundido la causa con el efecto y Ulrica no había cambiado en absoluto. Es cierto que ya no iba con motoristas pues no los había por aquellos contornos, pero seguía siendo la misma. Vestía siempre de cuero negro, con botas altas, pantalones ceñidos o recortados y chaquetillas cortas que dejaban al descubierto y también un generoso escote que dejaba muy poco a la imaginación. Su padre la tenía muy corta de dinero para impedir que se desmandara pero ella había encontrado la forma de reunir fondos. Cuando un chico mostraba interés por ella lo incitaba hasta que estuviera muy caliente y luego lo desafiaba a luchar. Si el ganaba, echaban un revolcón o dos o los que el semental aguantase. En caso contrario Ulrica se embolsaba una fuerte suma de dinero, dependiendo de lo que el pretendiente pudiera desembolsar. A la mañana siguiente el derrotado sabía además que toda la universidad estaría al corriente de su derrota, aunque si las cosas le salían bien Ulrica no le regateaba elogios ante las demás alumnas de la facultad.

Ambas eran mujerzuelas de cuidado pero había un par de diferencias entre las dos. Su aspecto físico era muy distinto. Ambas tenían unas tetas grandes y prietas como nueces de coco, unas nalgas que parecían sandias en sazón y en general unas curvas alucinantes. Ambas llevaban el pelo largo hasta casi la cintura y vestían de forma provocativa, pero Hiroko era morena de piel bronceada y Ulrica rubia platino blanca como la leche. Hiroko solía vestir de blanco o de colores vivos mientras que Ulrica prefería el negro. Y sobre todo, Hiroko, siendo alta como era, parecía una enana al lado de Ulrica, que era una verdadera giganta con su 1’94 de estatura. La principal diferencia no era externa sino interna. Hiroko era una completa bisexual e incluso a veces alardeaba de preferir a las chicas. Ulrica en cambio era enteramente heterosexual e incluso mostraba abiertamente desprecio por las lesbianas. Dos chicas que habían tenido el coraje de ‘salir del armario’ como suele decirse, habían cometido el error de hacerle insinuaciones y ella, tras fingir aceptarlas, se fue con las dos a un lugar apartado. Nadie sabe en detalle lo que paso pero Ulrica salió de allí casi sin despeinarse y las dos magulladas bolleras estuvieron una semana sin aparecer por clase.

Lo que Ulrica ignoraba era que ambas eran amiguitas de Hiroko y esta, que ya sentía una cierta antipatía hacia la vikinga, se tomó el asunto como algo personal. Tras salir del hospital fue directamente al campus y localizó a la rubia tumbada al sol sobre el césped, en un rincón apartado de los jardines. Era horario lectivo y la zona estaba casi vacía. Ulrica vestía solo una tanga negra que dejaba muy poco a la imaginación. Sus soberbios pechos estaban al descubierto para que se bronceasen. Entonces apareció Hiroko, ataviada con botas militares, falda vaquera corta y un top también de tela vaquera. Sin mediar palabra se sentó sobre la sorprendida Ulrica y antes de que esta pudiera decir nada la escupió en los ojos, cegándola, y a continuación la agarro de las tetas y apretó como si quisiera arrancárselas.

Ulrica gritó y a ciegas lanzó un directo al estomago de la japonesa que la dejó sin aliento y la hizo salir despedida de encima suyo. Ulrica tardo unos segundos en despejarse la vista y entonces se lanzó a por Hiroko, que luchaba por recuperar el aliento, y agarrándola del pelo comenzó a arrastrarla por todo el parque durante varios metros mientras ella chillaba y chillaba hasta que la estrelló de cabeza contra un árbol. Hiroko parecia acabada pero cuando Ulrica se acercó, logró conectar la suela de sus botas con la entrepierna de la vikinga, que se derrumbo de rodillas con un alarido. Hiroko entonces le arreó tal puñetazo en la cara que la tumbó de espaldas. A continuación Hiroko intento ponerse encima suyo para rematarla pero Ulrica, que parecía fuera de combate, estaba todavía consciente y enlazó a Hiroko por las piernas y cerró los muslos con rabia asesina mientras Hiroko sentía como gemían sus costillas.

Hiroko, desesperada, mordió con furia el muslo de la rubia y ella, gritando de dolor pero sin soltar su presa, se lanzó contra los ojos de rendija de la asiática. Esta tuvo que ceder en su mordisco para esquivar los pulgares de su adversaria y agarrándole el brazo empezó a girarle la articulación de la muñeca en un ángulo antinatural. Ulrica gritó con tanta fuerza como una sirena de alarma pero no liberó la cintura de su adversaria y logró zafarse de la luxación. Hiroko, asombrada de la tenacidad de la vikinga y sintiendo que se hallaba próxima a desvanecerse a medida que la rubia apretaba más y más, comenzó a estrangularla mientras ella le respondía con salvajes puñetazos y cuando Hiroko estuvo lo bastante cerca, con un cabezazo demoledor que hizo que la diablesa amarilla quedase momentáneamente aturdida y sangrase por la nariz.

Ulrica había estado a punto de perder el conocimiento y había perdido su presa sobre la asiática pero Hiroko veía literalmente las estrellas del cabezazo de la escandinava. Ambas se incorporaron lentamente y quedaron medio agachadas frente a frente, mirándose con un odio indescriptible durante unos segundos. Luego se lanzaron una contra la otra atacando con una lluvia de patadas y puñetazos. Ulrica sintió como su cuerpo recibía tales impactos que parecían martillos de picapedrero más que los golpes de un ser humano mientras que su adversaria parecía tan dura y fibrosa como si estuviera hecha de cemento. Hiroko por su parte estaba al borde del pánico bajo los terribles golpes de la vikinga, que eran como enormes peñascos cayendo sobre ella desde gran altura. Hiroko golpeaba con todas sus fuerzas pero la vikinga parecía de piedra viva y la gladiadora amarilla sentía sus nudillos doloridos de golpearlos contra la piel sonrosada de la rubia. De forma casi simultánea ambas se agarraron de las manos y comenzaron una prueba de fuerza. Ulrica estaba segura de que su mayor envergadura le daría una rápida victoria pero quedo asombrada al sentir la resistencia que le oponía su rival. Por su parte Hiroko ya imaginaba que la escandinava seria excepcionalmente fuerte pero lo cierto es que sentía como si luchase con una prensa hidráulica. Finalmente ambas se abrazaron y cada una de ellas comenzó a apretar con fuerza en un abrazo de oso.

Mientras se estrujaban entre sus brazos las dos fieras comenzaron a morderse, a intentar darse cabezazos y a darse patadas y pisotones hasta que cayeron al suelo y rodaron una y otra vez hasta que chocaron con un árbol. Hiroko estaba debajo y su minifalda se había levantado dejando al descubierto que no llevaba bragas, según su costumbre. Ulrica por su parte había perdido las braguitas del tanga, que se habían roto durante la pelea, de manera que sus sexos estaban en intimo contacto. Entonces Hiroko comenzó a restregar su sexo oriental contra el felpudo rubio miel de la escandinava, como si imitase el movimiento y el ritmo del acto sexual, al mismo tiempo que en vez de seguir mordiéndola la besuqueaba ávidamente en el cuello, en la oreja, en los pezones. Ulrica, asqueada, tuvo que forzarse a si misma a mantener su posición mientras lentamente intentaba dejar sin aliento a la morena, estrujándola con todo su peso. La japonesa por su parte sonreía malévolamente mientras sus expertas caricias deshacían las defensas y el autocontrol de la giganta europea. Su agarre era firme todavía pero el sudor perlaba su piel y su respiración estaba entrecortada por gemidos de placer hasta que de repente la vikinga sintió como todo su cuerpo explotaba de placer en un orgasmo colosal. Ni siquiera sintió a Hiroko escapando de su agarre bajo ella, ni vio venir el tremendo patadón que aplastó su cara y la envió al suelo para no levantarse.

Todo aquel increíble despliegue de salvajismo había durado poco más de 4 minutos y había sido la pelea más larga que cualquiera de ellas hubiera tenido en años. Hiroko tenía fracturadas dos costillas y estaba cubierta de marcas de golpes, pero se sentaba triunfante sobre la cara de su derrotada adversaria y procedió a darle tal sistemática paliza antes de follarsela que Ulrica no regresó a la universidad en tres meses.

La Pantera

Su nombre era Pamela pero todo el mundo la llamaba ‘La Pantera’. Cabellos azabache, agresivamente cortos, ojos oscuros como un pozo sin fondo, piel bronceada, cuerpo recio, pero sumamente femenino; espalda ancha, alta para ser una chica. Bajo su minifalda unas piernas de corredora; esbeltas, pero fuertes. Brazos delgados, pero de marcada musculatura. Nalgas poderosas, cintura esbelta, y pechos no demasiado grandes, pero firmes y erguidos, que resultaban difíciles de olvidar. Realmente semejaba una pantera, esbelta, flexible, poderosa.

Criada entre cinco hermanos, había aprendido a lidiar con ellos de igual a igual, y a disfrutar haciéndolo. Con sus increíbles piernas podía dejar atrás a cualquier chico que la persiguiese… cuando no eran ella su perseguidora! Hábil con sus puños gracias a los brutos de sus hermanos, en la lucha cuerpo a cuerpo era también experta gracias a primos y vecinos de largas manos. Aunque las envidiosas murmuraban que sus propias manos eran más largas aun y en realidad siempre estaba dispuesta a probar manjares nuevos, aunque además de golosa era una groumet, y para aceptar repetir el menú este debía ser excepcional. Pero todo esto lo ignoraba yo al empezar mis vacaciones, cuando aposté con imprudencia una abultada suma a que yo podía ‘cazar’ a Pantera. Daba igual que fuera mayor, más alta, y mas pesada. Era solo una chica, ¿no?

Cuando aceptó salir conmigo y me invito a nadar con ella en las ruinas del viejo molino, debí sospechar que fuera tan fácil. Apenas me había cambiado cuando sin ceremonias se apoderó de mi ropa y arrojándola por encima de la tapia, me empujó violentamente contra la misma, riéndose de un perrito de ciudad que se creía león y pretendía cazar a la Pantera. Intenté empujarla; ella empujó mas fuerte y nuestros cuerpos se tensaron el uno contra el otro. Rodamos por el suelo, estrechamente abrazados y su combinación quedó cubierta de manchas y desgarrones mientras forcejeábamos.

Caímos a la represa y luchamos en el agua hasta terminar en el fango de la orilla. Ahora su ropa interior mojada ocultaba tan poco de su espléndido cuerpo como si no la llevase puesta. Arrogante como una amazona legendaria, me sonreía con insolencia mientras me desafiaba con su mirada, esperando mi ataque Ya había sentido la fuerza que ocultaban aquellas curvas voluptuosas y aquel rostro pecaminoso, y ya no sabia quien era el cazador, y quien el cazado, pero lo único que cabía en mi mente enfebrecida era el deseo de estrechar entre mis brazos aquella forma deliciosa y tomarla por asalto como a una fortaleza que custodiase un dulce tesoro en las más oscura de sus grutas.

No recuerdo cuanto tiempo nos enfrentamos en el barro de la orilla, en las frías aguas, o sobre la hierba de la ladera, mientras nuestras prendas quedaban reducidas a jirones, sus puños aturdían mi cuerpo, y sus encantos aturdían mi espíritu. Solo recuerdo el roce de su cuerpo desnudo tensándose contra el mío mientras nos acometíamos. Varias veces logre doblegarla contra el suelo, cubriendo su desnudez con la mía, sintiendo la suavidad de su piel, la fuerza de sus brazos y los latidos atropellados de su corazón mientras me desafiaba en la batalla de los cuerpos, exhibiendo con alegre desvergüenza su invitadora desnudez, nublando mi mente con lujuria para dominarme en el combate.

Muy pronto la ardiente Pantera me puso a la defensiva pero, enardecido por el oscilar de sus pechos, la sensualidad de sus ojos y el jadeo de su respiración, volvía con renovados bríos al asalto de su atlética desnudez, hasta que la agresiva beldad logró doblegarme por puro agotamiento. La Pantera había cazado a su cazador. Solo entonces, con ella al mando, mi agraciada agresora me concedió sus favores mientras forzaba los míos, cabalgándome como una vaquera domando a un garañón salvaje.

Y pareció agradarle su nueva montura, pues me invitó a reclamar la revancha cuando quisiese; de hecho me la exigió. ¿Quien sabe? Había perdido mi apuesta, y luego supe que ella era cómplice y llevaba parte en el ‘negocio’, pero a veces no importa perder.

Elvira y Don Julián

Hola amigos de Sexycuentos. Aquí os adjunto un tercer relato de peleas salvajes como juego erótico. Este es un poco mas largo y se divide en tres partes. Espero que os guste.

1)

Elvira era la criada de Don Julián desde hacia tres meses y también era su amante. Era una andaluza de piel morena, de un metro ochenta y cuatro de estatura, cabellos muy negros y fascinantes ojazos oscuros. Sus brazos eran fuertes como los de una campesina y sus pechos eran gordezuelos y generosos como su soberbio trasero. Elvira era también la cocinera, y lo cierto es que tenia un ligero sobrepeso, pero era una verdadera maquina en la alcoba, especialmente en los juegos que al señor le gustaban, que solían consistir en luchas duras y sucias donde la robusta criada y su atlético patrón rodaban por los suelos arrancándose la ropa y forcejeando con todas sus fuerzas, empleando tanto tiempo en meterse mano como en pegarse hasta la extenuación física y sexual. Al principio las luchas eran fingidas y juguetonas, pero amo y sirvienta estaban muy igualados físicamente, eran duros y muy competitivos, de manera que pronto estaban peleando con todas sus fuerzas y cuanto mas competitivas eran sus impúdicas peleas, rodando por los suelos furiosamente, totalmente desnudos, mas intenso era el orgasmo posterior. Las reglas eran pocas, solo las indispensables para no hacerse verdadero daño. Los uniformes de servicio no le duraban mucho a Elvira, que siempre había sido muy pegona y solía iniciar las peleas para excitar todavía mas a su patrón, pero que luego se cerraba en banda como una tímida doncella, de manera que don Julián tenia que tomarla como se tomaría un castillo, suponiendo que no fuese la criada la que domase al señor, ganando así un día de sueldo según el pacto convenido, mas la satisfacción de cabalgar la cara del señor y obtener de él un maravilloso orgasmo de la victoria.

El día de su cumpleaños, Julián decidió celebrarlo con una buena pelea con Elvira, y sin previo aviso le saltó encima. La morena estaba sacando un montón de periódicos viejos para tirarlos y cayó encima de ellos, con el señor encima, tirándola del pelo para darle la vuelta y besarla.

¡Estupendo! Pensó Elvira. ¡Otro uniforme a la porra! Menos mal que los paga el jefe.

El amo y la sirvienta forcejearon frenéticamente, desgarrándose la ropa mientras rodaban por los suelos entre una nube de hojas de periódico. Julián le metía mano por el escote para sobarle los pechos mientras que Elvira le tiraba de los pelos y le daba rodillazos en el estómago. Al cabo de un par de minutos Elvira, que era una moza fortachona y descarada, estaba montada encima de su patrón, inmovilizándole y aplastándole la cara con los pechos mientras rozaba rítmicamente sus braguitas contra el ‘paquete’ de su jefe para masturbarse. Julián se encabritaba bajo el robusto cuerpo de su tetuda doncella como un caballo salvaje, intentando desmontarla mientras le tiraba de los pelos y le arreaba en las costillas. Todo eso solo sirvió para que Elvira se excitase todavía mas hasta correrse como una yegua en celo, uniendo el éxtasis de su cuerpo al éxtasis de su victoria física sobre su jefe macho. Comenzó a frotarse mas deprisa todavía contra la virilidad de su vencido adversario hasta correrse de nuevo un par de minutos después. Insaciable, se quitó los jirones que todavía conservaba de sus ropas, hasta quedar gloriosamente desnuda sobre el tendido cuerpo de Julián, al que desvistió también y acto seguido se montó de nuevo sobre el rozando sus cuerpos desnudos todo lo que podía, sintiendo el delicioso roce de la piel contra la piel hasta que al cabo de unos pocos minutos se corrió de nuevo, entre suspiros de placer.

Sudorosa y magullada, pero satisfecha, Elvira se alzó triunfante sobre su patrón, alzó los brazos en señal de victoria y le puso un pie sobre el miembro viril. Luego se encamino hacia su cuarto para buscar algo que ponerse. Entonces Julián, viendo que se marchaba, le dijo: ¡Eh, morena,! ¿Y yo que?

¿A mi que me cuentas? Respondió la criada. Yo ya voy servida.

¡Pero yo no me he corrido todavía!

Ese es tu problema, nene. Has perdido, ¿recuerdas? Ah, por cierto, me debes un día de sueldo.

La respuesta de Julián fue embestirla y tirarla al suelo. Al cabo de cinco minutos, Elvira había vuelto a correrse y Julián le debía a la criada otro día de sueldo. Julián se fue a la cama aquella noche en ayunas y de muy mal humor. Para su sorpresa, Elvira estaba allí, en su dormitorio, medio desnuda. Julián, sonriendo picaramente, quiso meterse en la cama con ella, pero Elvira le rechazó a patadas.

¡Búscate otro sitio, mariconazo! ¡Esta noche duermo yo aquí!

¡Pero esta es mi cama!

Te fastidias

¡Oye mona, que yo soy el patrón y tu la empleada! Respondió Julián, tirando de las sabanas.

Bueno, pues si de verdad soy tu empleada, empléame para algo… si es que todavía eres lo bastante hombre para emplearme! Dijo la criada, abriendo mucho las piernas, como si le invitase a proceder. Su jefe no se hizo de rogar pero ella le recibió de nuevo a patadas, impidiéndole entrar en la cama. Julián le saltó encima y lucharon en el colchón y muy pronto en el suelo, donde el limitado espacio les estorbaba para maniobrar. La lucha se convirtió en un duelo de pura fuerza donde el amo de la casa intentó establecer de nuevo la tradicional supremacía masculina en este terreno, pero Elvira era una verdadera tigresa, tan alta y robusta como su patrón. Ambos estaban desnudos, empapados en sudor, sus cuerpos estrechamente entrelazados en el limitado espacio entre la cama y la pared. Al cabo de un rato y tras considerable esfuerzo, Julián comenzó a tomar el control de la pelea en el plano físico, pero Elvira se impuso en el plano erótico, logrando mediante hábiles frotamientos y palabras sucias susurradas al oído que Julián se corriese antes de poder penetrarla. Entonces ella le agarró de los pelos, le arrojó sobre la cama y se tumbo encima, inmovilizándole y estrujándole hasta que se rindió.

Me debes TRES días de sueldo, nene. Y ahora, ¡A cumplir! Y dicho esto, la salvaje morena se arrimó a su patrón para que este le hiciera el amor con dulces besos y tiernas caricias hasta que reunió Julián energías suficientes para copular de nuevo, con ella encima, por supuesto.

Al día siguiente, Julián se despertó sintiendo los dedos de su sirvienta jugueteando con sus genitales, mientras le besaba en el cuello y se rascaba contra el como una gatita mimosa.

Zorra, musitó el, entre un beso y otro.

Y a mucha honra, pedazo de capullo, respondió ella. Querías una autentica zorra para follar y pelear, para ponerte cachando, pero soy demasiado zorra para ti porque te puedo. Querías una zorra, no una zurra. Te creías que eras un lobo salvaje y que podías zurrar a la zorra, pero no eres mas que un perro sarnoso.

Y dicho esto, se lo folló otra vez.

– – – – – – – – –

2)

Elvira disfrutaba peleando a lo bestia y su patrón era justo lo que necesitaba: un cerdo machista que la había contratado como criada y a la vez como juguete sexual. Elvira le había dado ya unas cuantas duras lecciones de poderío femenino pero Julián no aceptaba que su criada pudiera ser la campeona de lucha en el dormitorio, de manera que siempre buscaba la revancha y a veces la conseguía. Elvira por su parte no deseaba otra cosa que una oportunidad para patearle el culo a su patrón y el fútbol era una excelente oportunidad.

Aquella tarde Don Julián llegó a casa pronto para ver el partido relajadamente y se encontró con que la TV había desaparecido! Elvira estaba reclinada en el sofá, sonriendo lascivamente con las piernas abiertas. Los muebles habían sido desplazados para dejar mas espacio en el salón.

¿Dónde esta la tele? Exclamó asombrado Julián. ¿Se ha roto?

Tu cara es lo único que va a estar roto aquí, capullo. Respondió Elvira sonriendo.

¿Olvidas quien manda aquí, puta machorra?

Mando yo, porque soy la más fuerte, machito mariquita. Y como soy una puta te voy a hacer unas cuantas putadas. ¡nenaza! Te voy a…. Ugghhh!

Julián, sin esperar mas, le había pegado una patada en el coño a su criada respondona. Elvira cayó al suelo hecha un ovillo y Julián comenzó a darle de patadas hasta que Elvira pudo agarrarle por los tobillos y hacerle caer. Entonces lo tuvo al alcance de sus puños y comenzó a golpearle sin compasión. Julián le devolvía los golpes y ambos rodaron por el suelo machacándose con todo lo que tenían. En un cierto momento, quedaron enredados de tal manera contra un rincón de la habitación que apenas podían moverse pero ninguno quería soltarse por miedo a darle ventaja a su rival. De manera que se quedaron allí, estrujándose con todas su fuerzas. Cada uno de ellos tenia al otro enlazado por las piernas y se agarraban con los brazos por donde podían. Elvira le tiraba de los pelos al señor y le mordía en el hombro. Julián por su parte intentaba desgarrarle la ropa y alcanzarle los pechos para estrujárselos. Cuando Elvira sintió que su patrón le aferraba sus espléndidas tetas, le dio un cabezazo a su adversario.

Ay! Cabronaza, te voy a matar! Y comenzó a apretarle las tetas como si fueran naranjas para exprimir. Elvira le dio otro cabezazo mas fuerte y Julián, aturdido, soltó a su tetuda adversaria. Ella, rápida como el rayo, se le echó encima. Pero Julián le planto cara y quedaron frente a frente, de rodillas.

Te vas a arrepentir de haberme dado esa patada, maricon medio nena!

Me vas a chupar el rabo, golfa!

Con tu cara me voy a hacer pajas, puto desgraciado!!

¡Culo de vaca!

¡Pollafloja!!!

Sin aguantarse mas, amo y criada se lanzaron el uno a por el otro a puñetazo limpio. Chocaron y después de unos pocos golpes quedaron abrazados de rodillas, estrujándose mutuamente en un abrazo del oso. Aprovechando un descuido, Julián le metió la lengua en la boca a su criada respondona. Ella sintió un subidón al recibir el beso francés y se lo devolvió apasionadamente mientras ambos seguían estrujándose con todas sus fuerzas. Astutamente, Julián tenia metido su pierna derecha entre las piernas de ella, de manera que podía rozar con su muslo la entrepierna de Elvira, cubierta tan solo por unas braguitas de algodón. Antes de poder reaccionar, la viciosa criada machorra estaba sintiendo los preliminares de un salvaje orgasmo. Elvira interrumpió el beso e intentó zafarse del abrazo del oso pero era demasiado tarde. Se corrió en pleno combate y se cayó de espaldas con su amo y señor encima.

Julián se bajo los pantalones y le arrancó las bragas a su adversaria para rozase con ella y excitarla todavía mas hasta que se corrió de nuevo. Entonces se montó a caballo sobre ella y comenzó a machacarla con sus puños hasta tenerla a su merced. Una vez sometida por completo, le metió la polla hasta el fondo y se la folló sobre la alfombra del salón. Elvira, dominada y domada por su robusto patrón, no pudo evitar correrse de nuevo. Entonces Julián la agarró por los pelos y se la llevó a rastras al dormitorio. Allí había una TV pequeña. La conectó justo a tiempo para ver el inicio del partido.

Al cabo de un cuarto de hora Elvira comenzó a moverse. Entonces Julián la sacó de la cama de una patada en el culo y le dijo: ¡Tráeme algo de beber, zorra!

Un par de minutos después Elvira, todavía desnuda, regresó al dormitorio con un vaso de cerveza. Sin mediar palabra, le volcó la cerveza en la cabeza a su jefe, cegándole. Entonces aprovechó para lanzarle un gancho a la barbilla que lo tumbó de espaldas. Entonces la criada respondona se montó sobre su vapuleado jefe. La pelea parecía decidida pero Julián estaba furioso y luchaba como un loco.

Suéltame puta barata. ¡Quiero ver el partido!

¡Te jodes! El fútbol es una mierda y tu eres una mierda y peleas como una nena de cinco años. ¡Ríndete!

¡Tu madre!

¡Que te rindas!

¡Que te jodan!

Jodeme tu si puedes, ¡mariconazo!

Elvira esta montada sobre el estomago de su patrón, quitándole el aliento. Julián estaba al borde de la derrota total pero, forcejeando desesperadamente, logró alcanzar el pubis de Elvira y apretó con fuerza. Elvira gritó como una histérica y quiso escapar, pero Julián la persiguió a puñetazo limpio y la cazó con un directo a la barbilla que la dejó grogui.

Julián agarró a su vencida agresora, la puso a cuatro patas y comenzó a penetrarla vaginalmente al estilo perro, pero entonces Elvira comenzó a recuperarse y se resistió todo lo que pudo. Sin embargo esta todavía algo aturdida y bastante fatigada, de manera que poco a poco Julián fue imponiéndose y clavándose hasta la empuñadura, masturbándose con el coño de su agresora mientras no se perdía detalle del partido.

Mira al número siete, le dijo a su criada mientras arremetía rítmicamente contra el culo moreno de Elvira. Ese tío si que sabe jugar al fútbol y no esos pringaos que cobran millones y millones.

¡Odio el fútbol! Preferiría verte con una pelandusca barata que con el fútbol!

Pues eso no te impide tener un par de balones, respondió Julián, sobándole las tetas gordezuelas, y una buena portería, añadió, reanudando sus arremetidas contra la vulva encharcada de su criada respondona.

Mientras tanto el equipo de Julián marcó gol. Entonces, mientras el locutor cantaba el ¡GOOOOOOOOL!!! a voz en cuello, Julián se corrió como no se había corrido en meses. Muy a su pesar, ella también se corrió. La pobre Elvira se quedó tan agotada y humillada por su derrota física y sexual que no le volvió a darle problemas al patrón durante el resto del partido.

¿Te ha gustado? Le preguntó Julián muy contento, porque había ganado su equipo por dos a cero y porque su duelo físico y sexual contra su criada respondona también iba de momento dos a cero.

Te voy a patear las pelotas cabrón.

Inténtalo si te atreves zorra barata.

Te voy a dar una paliza de muerte y me voy a correr mientras me pides piedad.

Te voy a violar puta calientapollas, dijo Julián, poniéndose de pie. Su miembro viril estaba irguiéndose. Retarse con Elvira le ponia caliente.

Besame el coño payaso. A ostias te puedo, así que aquí mando yo.

¿Ah, si? ¿Quién lo dice?

Estos dos lo dicen, pollafloja de mierda. Respondió Elvira, alzando los puños. Julian alzo también los puños y cuando Elvira no se lo esperaba, le lanzó una patada al estomago.

¡Tramposo de mierda! ¡TE VOY A MATAR!!!

Pero Julián estaba ya sobre ella machacándola con pies, rodillas y puños, de manera que Elvira tuvo que defenderse como pudo y agarrarse a su adversario para dejar de recibir tantos golpes. Ambos rodaron sobre la cama estrujándose, tirándose de los pelos y mordiéndose hasta que poco a poco fue bajando la intensidad del combate por puro agotamiento. Ambos terminaron en los brazos del otro, haciéndose el amor apasionadamente. No se follaron ni echaron un polvo, se hicieron el amor hasta correrse una vez mas. Luego durmieron de un tirón el resto de la noche.

Al día siguiente, que era sábado, Julián parecía un poco incomodo y dijo: Oye, Elvira, lo que pasó anoche…

¡Corta el rollo! Le interrumpió ella. Yo empecé, ¿lo recuerdas? Buscaba pelea y la encontré. Si te hubiera vencido como proyectaba hacer, te ibas a enterar de lo que es bueno. Me contrataste para esto: sexo y pelea ¿No es así? Pero yo acepté el empleo por los mismos motivos. ME GUSTA zurrarles a los tios y el que tu puedas vencerme de vez en cuando no modifica el hecho de que yo soy superior. Es un poco más emocionante no ganar siempre, pero el hecho escueto es que aquí soy yo la que lleva los pantalones. ¿Te enteras?

Ayer no estabas tan chula, puta vaca machorra. Y no te olvides de que yo soy el jefe porque soy el que paga. Dijo Julian, acercándose a su criada respondona y peleona

Bueeeeeno! Tu eres el que paga pero yo soy la que pega ¡y tu el que ‘cobra’! replicó ella, plantándole cara a su jefe.

Y en un segundo, estaban a tortas de nuevo

– – – – – – – – –

3)

De vez en cuando el señor se traía alguna pelandusca a casa pero ninguna duraba demasiado porque muy pocas se la podían comparar en la cama, y casi ninguna se amoldaba a los gustos del señor como se amoldaba ella. Inevitablemente se llegaba a la pelea entre ambas hembras, y de forma casi invariable las uñas de la gata andaluza demostraban ser las mas afiladas. (En sentido figurado, porque Elvira llevaba las uñas cortas para poder usar mejor los puños) Cada victoria en una de estas sucias peleas femeninas le reportaba un mes de sueldo, pero si perdía se arriesgaba a perderlo todo, pues ella misma había logrado aquel trabajo derrotando a la criada anterior, una rubita de medio pelo con un buen par de tetas que no le había durado ni cinco minutos. Tras la primera pelea, la perdedora tenia derecho a una revancha pero la mayoría de sus adversarias, incluida su antecesora, no tenían ovarios para repetir.

Una que si que tenia ovarios de sobra era la señora, o mejor dicho, la ex – señora, porque el señor y ella estaban separados, tramitando el divorcio. Un día apareció de repente por la casa una pelirroja pecosa y de piel muy pálida, bastante alta aunque no tanto como Elvira, de largas piernas, culo espléndido y con buenos pechos, evidentes al ir vestida como una puta de 300 euros. Elvira por su parte tenia el pelo despeinado y muy poco más, pues el señor y ella habían estado pegándose en el recibidor, perdiendo en el proceso la ropa y la vergüenza, aunque no echaban de menos ninguna de ambas cosas. De repente se escucho el ruido de una llave en la puerta y alguien abrió. Era la señora, que se quedo mirándoles estupefacta.

Hola Julián. ¿Es esta tu nueva putita?

¿Quién es esta bruja? Dijo Elvira.

Chicas, chicas… cariño, esta es Elvira, la doncella. Elvira, esta es Bárbara, mi ex mujer.

Todavía no, nene, y me parece que tu nueva putita de ‘doncella’ no tiene nada. ¿Te gustan ahora las gitanillas, Julián?

No soy gitana, y no me llames putita, putona.

Mejor una putona rica y elegante como yo que una putita barata y desvergonzada como tu.

Puede que tengas mas dinero que yo, pero yo tengo algo que tu no tienes.

¿Ah, si? Y que es?

¡Esto! Respondió Elvira, recogiendo del suelo un preservativo usado y arrojándoselo a la cara.

¡¡ZORRA!! Gritó la pelirroja, arreándola un sopapo monumental

¡¡BRUJA!! Respondió Elvira, devolviéndole la bofetada

¡¡PUTA!! Replico Bárbara, arreándole un tremendo guantazo

¡¡PUERCA!! Dijo la criada, arreándole una trompada

¡¡FURCIA!! Otro sopapo para la morena.

¡¡FOCA!! Lo mismo para la señora.

¡¡PERRA!! Un buen revés en la cara de la criada

¡¡GUARRA!! Replicó Elvira, sacudiéndole a su adversaria un tremendo tortazo.

Normalmente, tras un par de bofetadas, las dos gatas de pelea se habrían lanzado la una a por la otra. Pero esta vez parecían sostener una especie de duelo personal, subiendo de tono los insultos mientras sus mejillas iban volviéndose coloradas y aparecían en ellas marcas de uñas. Julián estaba alucinado ante aquel enfrentamiento, que se prolongó todavía un par de minutos hasta que Elvira, con un tremendo revés, derribó a Bárbara y acto seguido se lanzó sobre ella con un alarido de triunfo. Bárbara la recibió con uñas y dientes, agarrándole una teta con las dos manos y retorciéndosela. Elvira aulló de dolor pero en un segundo le estaba devolviendo el favor. Esto duro tan solo unos segundos, pues ninguna de ellas pudo aguantar ni un instante más.

Las dos fieras quedaron en el suelo, jadeando y recuperando fuerzas. Esta vez fue Bárbara la que atacó primero, agarrando el cabello de su adversaria y tirando con fuerza. Elvira hizo lo mismo y agarrándose de los pelos con ambas manos se pusieron de pie de nuevo intercambiando patadas y rodillazos.

¡Ríndete putita, o te dejaré calva! Gritó la pelirroja. No era bravuconada, pues esta vez fue la morena la que se vio en desventaja, arrastrada por su rival. Entonces Elvira soltó el cabello de la señora y comenzó a usar los puños. La elegante zorra aceptó el reto, y durante un par de minutos ambas bestias tetudas se machacaron mutuamente.

Julián estaba asombrado de la pelea. Normalmente Elvira no usaba los puños en las peleas salvo que el combate se le volviese difícil o estuviese muy enfada, pero cuando los ponía en acción, la batalla terminaba casi siempre en cuestión de segundos. Esta vez, tras un prolongado intercambio de puñetazos, las dos fieras quedaron frente a frente, en guardia, jadeando. Bárbara había perdido sus elegantes pero impúdicas ropas, revelando que no llevaba ropa interior alguna debajo. Vale que estábamos en pleno verano y hacia un calor de caerse las moscas, pero aun así la tal Bárbara era un verdadero putón, paseándose sin bragas y con aquella minifalda de tubo por la ciudad.

Durante un segundo las dos gladiadoras se miraron con odio la una a la otra. Luego atacaron. Cayeron al suelo, Bárbara encima, pero Elvira cerró sus piernas morenas sobre la cintura de avispa de la pelirroja y cerró con fuerza. Bárbara pegó un alarido al sentir la presión sobre sus costillas, y quiso atacar el pubis de la criada, pero Elvira estaba muy pegada a la señora, abrazándola con fuerza. Bárbara estrujó un pecho de Elvira, la golpeó, la mordió, la tiro del pelo, pero de nada le valió y unos segundos después tuvo que pedir piedad.

La señora no ha podido con la criada. Dijo Elvira en son de burla. ¿Quiere un poco más la señora? Preguntó, cerrando de nuevo las piernas.

¡¡ARGHHHH!!! Gritó Bárbara. ¡Basta, BASTA! ME RINDO!!!!

Elvira se monto sobre Bárbara, y comenzó a comérsela a besos, rozándose con ella, y frotando rítmicamente su sexo contra el de su vencida adversaria, que al principio se resistió pero luego comenzó a gemir y retorcerse mientras la sirviente la jodia con entusiasmo. La señora se corrió entre gemidos y luego la criada siguió cabalgándola hasta masturbarse con el caliente coño de la señora. Julián, caliente a tope ante esta increíble escena, se excitó tanto que entró de nuevo en erección y embistió por detrás a la caliente pareja, insertando su miembro viril entre los conejitos calientes de ambas hembras, que comenzaron a refrotarse la una con la otra sintiendo el tacto duro de la polla de Julián en medio de sus coños, como una salchicha en el bocadillo. Las dos cachondas se corrieron en unos segundos, y al cabo de un par de minutos de salvajes jadeos se corrieron los tres casi a la vez. Luego la morena se levantó, se sentó sobre la cara de la señora, embadurnándole la cara con el semen del macho que acababan de disputarse.

Julián se sentó a su lado y comenzó a besarla y acariciarles los pechos.

Tu ex mujer pelea muy bien, pero folla mucho mejor. Dijo Elvira.

Tiene mucha practica, en realidad demasiada, ya me entiendes, respondió Julián. Por eso voy a divorciarme de ella.

Me la voy a follar el resto de la noche, dijo Elvira, con una sonrisa picara. ¿Vienes?

Chica, no, gracias, me gustaría pero estoy muerto. Me has dejado agotado antes de que Bárbara llegase, y este ultimo ya ha sido demasiado.

Tu te lo pierdes, guapo. ¡Hasta mañana! Y diciendo eso, agarró a Bárbara por sus cabellos y se la llevó a rastras al dormitorio.

– – – – – – – – – –

4)

Al día siguiente Elvira se despertó sola en la cama, y al espabilarse del todo escuchó ruidos de impactos y jadeos en la entrada. Se levantó y moviéndose con sigilo vió en la entrada a Julián y a Bárbara desnudos, vestidos tan solo con una par de manoplas de boxeo de esas que dejan libres los dedos para agarrar. Ambos giraban y giraban mientras se lanzaban puñetazos y patadas hasta que la pelirroja le arreó tal gancho de derecha a su marido que lo tumbo en el suelo. Entonces la señora le saltó encima al señor y rodaron por el suelo. Entre tanto Elvira observaba la pelea matrimonial poniéndose cada vez más cachonda mientras veía a Julián ir poco a poco doblegando a su esposa y montándose encima de ella para echarle un buen polvo. La pelirroja le besaba pero a la vez intentaba quitárselo de encima a torta limpia, incluso cuando su marido ya la había penetrado y la cabalgaba rítmicamente. Elvira se puso tan cachonda viéndoles pelear y follar a la vez que empezó a masturbarse mientras les espiaba. Mientras tanto Bárbara había logrado tumbar al señor y lo montaba como una amazona en celo. Viendo moverse el estupendo trasero de la pelirroja, Elvira no pudo aguantarse mas y se abalanzó sobre ella, montándose sobre su espalda, besándola en el cuello, acariciándole los pechos y rozando su pubis contra sus nalgas. Al cabo de un par de minutos deliciosos se corrieron los tres, Bárbara primero, luego Julián y por ultimo Elvira.

Durante un minuto o mas, quedaron los tres en el suelo, recuperándose. Luego, Bárbara comenzó a asaltar con su ágiles dedos el pubis de Elvira, que le respondió en el acto de la misma forma, comenzando así una batalla sexual entre ambas hembras. La pelirroja atacaba con las yemas de sus dedos las partes intimas de la morena mientras le mordisqueaba la oreja. Elvira por su parte no permanecía ociosa, y la punta de su lengua masajeaba los pezones de Bárbara mientras sus propios dedos acariciaban la entrepierna de su adversaria. Tuvieron que pasar varios minutos para que la señora, con un gemido, se derrumbase entre los brazos de la criada que había vuelto a derrotarla. Entonces y solamente entonces, Elvira se dejó llevar y se corrió también. Distraída como estaba, no se dio cuenta de que Bárbara se levantaba y la agarraba en una llave de lucha libre, montándose encima de ella para cabalgarla coño contra coño. El revolcón era de tal calibre en su rudeza que parecía mas un combate de lucha libre americana que un acto de amor. Claro que no era amor, era sexo de combate, pues combate era, mientras cada una de ellas intentaba ponerse encima de la otra para marcar el ritmo del orgasmo. Ninguna lo logró, pero de nuevo fue la morena la que tras un buen rato de combate lésbico domino sexualmente, haciendo que la pelirroja se corriese primero. Entonces pudo montarla y correrse también.

Mientras Bárbara se recuperaba, Elvira hizo un esfuerzo por levantarse y no dejarse sorprender. Se acerco a Julián, que en el tiempo transcurrido había vuelto a empalmarse contemplando las acrobacias sexuales de su esposa y su sirvienta, y agarrándole por el pelo le dio un tirón que le hizo gritar y se lo llevo a los labios, besándole lascivamente mientras se enroscaba en su cuerpo como una boa constrictor apareándose. Cayeron al suelo, Elvira encima, y rodaron por el suelo besándose y acariciándose mientras copulaban. Entonces Bárbara se tumbó sobre la espalda de Elvira, rozándose con ella mientras la besaba en el cuello. Tras varios deliciosos minutos Elvira se corrió, seguida por Bárbara y luego Julián, que ya no pudo aguantarse mas escuchando los gemidos de placer de aquellas dos calientes hembras.

Tras los referidos excesos carnales, todos quedaron en el suelo, exhaustos y sudorosos durante un bien rato. Entonces Elvira, que parecía inagotable, se levantó y saco de un armario un consolador doble y tras meterse un extremo en su vulva, se lo sacó y se lo pasó por la cara a Bárbara, retándola a un nuevo combate sexual. La pelirroja agarró el consolador y lo chupó con ademán lascivo. Luego se lo metió en su propio coño, y agitó el otro extremo de forma obscena, como diciendo, ‘ven aquí’. Entonces Elvira agarró el otro extremo y se lo metió en el conejo mientras sobaba los pechos de Bárbara, que le devolvía el favor con lascivo entusiasmo. Sentadas frente a frente, con las piernas cruzadas para un contacto mas intimo, sus labios acariciándose en un lascivo beso, con sus lenguas masajeándose sin cesar y sus caderas moviéndose rítmicamente. Esta vez Bárbara, decidida a no dejarse vencer, aguanto largo rato, pero al final sintió que sus sentidos se sobrecargaban y sucumbía a una oleada de placer que la dejó en el suelo medio desvanecida.

Cuando Bárbara recuperó el sentido, Elvira le tiró unas ropas viejas.

La señora no puede irse desnuda, dijo Elvira. Pero Bárbara se acercó a cuatro patas a la morena y comenzó a darle lenguetazos en el conejo.

Nadie puede conmigo en el sexo oral, zorra andaluza, dijo Bárbara.

Es cierto, dijo Julián. Es la mayor mamona que conozco.

Exceptuándome a mi, respondió la criada, agachándose para entablar nuevo combate. La lengua de Elvira atacó sin piedad el clítoris de Bárbara mientras sus labios bucales mordisqueaban los labios vaginales de la señora, que le devolvía el favor con tal habilidad y furia que en breves instantes Elvira ardía por dentro sin poderse contener. Por un segundo Elvira se creyó vencida, pero entonces escucho los gemidos de placer y desesperación de la pelirroja, corriéndose como una yegua salvaje en celo.

Aquello fue el final del combate. La criada había aplastado sexualmente a la señora, derrotándola una y otra vez hasta el agotamiento total. Bárbara quedó en el suelo, inconsciente, y allí se quedo durante un par de horas. Pero Elvira todavía tenia ganas de marcha, y viendo el cipote de nuevo erecto de Julián, salto sobre el como una tigresa hambrienta sobre un cervatillo para darle un ultimo y glorioso revolcón.

Caperucita Roja lucha contra el Lobo Feroz

Érase una vez, una familia de leñadores que vivían en una cabaña aislada en el bosque. El matrimonio tenia cinco hijos y una hija, a la que todos llamaban caperucita porque para protegerse de la lluvia y del viento, llevaba siempre una media capa con capucha de un vistoso color rojo. Caperucita era la hija mayor y entre la dureza de la vida en el bosque y las continuas peleas con los guarros de sus hermanos, era tan hermosa como un ángel y tan fuerte como cualquier chico de su edad, o incluso mas todavía.

Un día, su madre fue a buscarla y la encontró en el granero, rodando desnuda con su hermano mas joven, de 14 años. El chico la tenia sujeta con una llave de tijera a la cintura y con una mano le tiraba del pelo salvajemente mientras que con la otra le estrujaba un pecho. Ella chillaba de dolor pero al mismo tiempo mantenía aferrado con firmeza su miembro viril, estirándolo rítmicamente como si lo ordeñase, hasta que el chico eyaculó. Entonces ella se libró fácilmente de la tijera y se montó sobre él, frotándose el pubis con su cara hasta correrse entre gemidos.

La madre: ¿Hija, que estas haciendo?

Caperucita Roja: Nada, mama. Tan solo estoy desvirgando al pequeñajo, que se me ponía chulo por haber cumplido los 14.

LM: Desde que tu padre murió, estas cada vez más salvaje y más guarra. En fin, mientras no te quedes embaraza, tus hermanos y tu podéis jugar sucio todo lo que os apetezca. Pero de momento coge tu ropa y llévale este paquete a tu tío, el cazador.

CR: ¡Jo, mama! La cabaña del tío esta lejos y hay que atravesar el bosque.

LM: ¿Quieres que les prohíba a tus hermanos jugar sucio contigo?

Ante este ultimátum, la viciosa jovencita agarró el paquete, lo metió en una cesta de mimbre que le resultaba cómoda de llevar y partió a través del bosque. Al llegar al vado del arroyo encontró al príncipe heredero del ducado, un adolescente problemático, grande y alto para su edad, que ya había vapuleado a más de un campesino y desvirgado a más de una campesina. Desgreñado y mal vestido pese a su condición de noble, todos le llamaban el lobo feroz por el emblema heráldico familiar, su aspecto delgado, sus orejas peludas, su escasa higiene personal, su lujuria insaciable y su demostrado salvajismo.

Lobo Feroz: ¡Eh, campesina, ven aquí!

CR: No soy campesina. Soy leñadora.

LF: ¿Y que más da? Campesinas, burguesas, pastoras, leñadoras.. Todas sois iguales. ¿Es comida eso que llevas dentro de la cesta? Dame un poco, tengo hambre.

CR: Tendrás menos hambre cuando te parta los dientes, mamarracho.

El lobo feroz, al oír esto, con ademán soberbio le dio una bofetada a Caperucita. Era la conducta normal de un noble acostumbrado a una completa sumisión de sus vasallos feudales, pero su soberbia se volvió sorpresa cuando caperucita le devolvió el bofetón. El Lobo la abofeteó otra vez y Caperucita, sin amilanarse, le estampó otro sopapo monumental. El Lobo le lanzó otro tortazo pero Caperucita detuvo el golpe y ambos jóvenes se enzarzaron en un duro forcejeo. Caperucita era fuerte pero el lobo no era ningún alfeñique y ninguno de los dos consiguió ventaja en la lucha. Más todavía, tras la sorpresa inicial, el Lobo comenzó a disfrutar de la experiencia de luchar cuerpo a cuerpo con una chica atractiva de turgentes pechos, largos y sedosos cabellos negros, piel bronceada y cuerpo esbelto.

Caperucita se dio cuenta de que la entrepierna del Lobo comenzaba a hincharse desmesuradamente y que su adversario estaba aprovechando el combate para meterle mano bajo la ropa. Cuando comenzó a sobarle entre las piernas, Caperucita dejó de forcejear para liarse a mordiscos, patadas, puñetazos, cabezazos, rodillazos y codazos.

LF: ¡ESTUPENDO! No me había divertido tanto desde que violé a la hija del herrero, que es la mujer más fuerte de toda la aldea. Si hubiera sabido que tú también sabes pelear, te hubiera buscado hace mucho.

CR: Me he peleado seis veces con la hija del herrero porque a las dos nos gustaba el mismo chico, pero ella aceptó olvidarse de él después de la sexta paliza. Me corrí seis veces en su cara y voy a hacer lo mismo con la tuya, pichafloja!

Caperucita y el lobo rodaron por el suelo luchando con todas su fuerzas. A sus 19 años caperucita era una chica atlética y en forma, mucho más fuerte de lo que aparentaba, pese a su baja estatura. El Lobo, a sus 17 años, era ya un granuja redomado y aprovechaba la pelea para meterle mano a caperucita todo lo posible. La morena fingía dejarse hacer mientras usaba sus conocimientos de lucha para inmovilizar a su agresor. Cuando el Lobo se dio cuenta de que estaba atrapado, intentó liberarse haciéndole cosquillas a su adversaria, pero sin éxito.

CR: Es inútil lo que intentas, no tengo cosquillas. ¡Pero tu si!

Y comenzó a hacerle cosquillas. El Lobo intentó liberarse mientras Caperucita le apretaba cada vez más fuerte. Cuando vio que su adversario estaba inmovilizado, decidió tomarle el pelo y acercándose a sus peludas orejas, que eran las que le habían valido el apodo de ‘Lobo’, comenzó a susurrarle procacidades.

CR: Tengo los pezones tiesos…

Era verdad. Los pezones de la chica estaban enhiestos y duros, marcándose con claridad en su ropa. Caperucita siguió hablando, usando un lenguaje que le habría ganado una bofetada a cualquiera que lo usase con ella en una situación normal, escogiendo con cuidado las palabras para maximizar el efecto sobre la libido masculina.

CR: Tengo unas ganas locas de que me folles, lobo sarnoso. Quiero FIESTA! Me voy a hacer un par de pajas con ese pedazo de cipote que te noto bajo esos birriosos pantalones que deberías haber tirado hace años. Tengo la almeja tan mojada que voy a empapar las bragas, cacho cabrón!

LF: ¡Calientapollas!, en cuanto me suelte, te voy a echar un polvo que te vas a enterar, ¡cabrona!

CR: (ondulando lascivamente su cuerpo, rozándose suavemente la entrepierna contra la abultada bragueta de su inmovilizado adversario) ¡Vaya Mierda de lobo, que se pelea con la cabrona y ella le puede! Si tus músculos fueran como tu rabo, a lo mejor me ganabas, nene. Ohhh, macizo, tio bueno, calientapollas me llamas, pero tu si que tienes un buen calientacoños. OHHH!!! ¡Que grande! SII!! Ojala pudiera desmontarlo y llevármelo a casa. ¡SI! Te voy a joder vivo. Quiero polla. Quiero tu puta polla. Ah, ahhhh, ahhhhhh!! ¡Que gorda la tienes! aaahhhh!! SIII AAAHHHHH!!!!! AAAAAHHHHHHHH!! AAAAAAAAAAAAHHHHHHHHHHHHHHHHHH!!! AAAaahhhh………..

El lobo, aprovechando que caperucita estaba distraída por aquel colosal orgasmo, intentó liberarse y casi lo consiguió, pero Caperucita reaccionó con presteza para asegurar su presa. El Lobo inmovilizó la cabeza de caperucita sujetándola por la barbilla y la besó por la fuerza, pese a los desesperados esfuerzos que ella hizo para zafarse. Fue un beso largo y húmedo, que la jovencita comenzó a devolver con entusiasmo voraz. Lucharon estrujándose con rabia, mordiéndose, pellizcándose, tirándose de los pelos y dándose patadas y codazos, mientras que el top y la falda de caperucita salían volando, quedando la musculosa morenita vestida tan solo con unas bragas negras de cuero y la capucha con media capa que le había valido su apodo. El Lobo también había perdido la camisa y los zapatos, conservando tan solo unos calzones viejos y feos que estaban pidiendo a gritos un buen lavado desde antes de que la pelea comenzase.

LF: Calientapollas, te voy a arrancar las bragas

CR: Pollafloja, te vas a quedar con las ganas

Era verdad. Las bragas de Caperucita eran de lino fuerte, muy resistentes, difíciles de arrancar si su propietaria no se dejaba. Mientras el Lobo intentaba sacárselas, Caperucita pudo atraparle la cabeza con las piernas en una llave de tijera y sentarse sobre su cara, mirando hacia sus pies. Quedó el Lobo de espaldas sobre el suelo, con las espléndidas nalgas de caperucita aplastándole la cara, ondulando ella sus caderas para restregarle las bragas en la cara, los ojos cerrados con expresión de arrobamiento. El Lobo no tuvo escrúpulos en intentar morderla para quitársela de encima, pero el cuero la protegía muy bien. Lo único que consiguió el lobo con todos sus esfuerzos fue acelerar la excitación de la vencedora. El lino estaba empapado de sudor y fluidos genitales, y de repente sintió el Lobo que aumentaba la temperatura mientras los gemidos de su conquistadora indicaban que se derretía de placer.

Quedó Caperucita tendida junto al lobo, abrazándole, deshecha de placer. No pudo sacar provecho el Lobo de tal situación, pues estaba demasiado ocupado recuperando el aliento tras quedar casi ahogado bajo los poderosos genitales de su lujuriosa adversaria.

LF: ¡Zorra!

CR: Venga ya… Como si no te pusiera cachondo a tope que sea un poco zorra cuando te arreo una buena zurra. (le agarra de los pelos y lo besa apasionadamente.) Ha sido un verdadero placer, mamarracho, pero tengo prisa.

LF: (señalando el enorme bulto de sus pantalones) ¡Eh, oye! ¿Y yo, que? ¡Mirame!

CR: (Poniéndose la falda y el top) Tu desmontable es tu problema, nene. Yo ya voy bien servida.

Y dicho esto, se puso en marcha de nuevo. El Lobo, furioso, de buen gana se hubiera lanzado a por ella, pero estaba agotado a mas no poder, aparte de que tuvo que perder tiempo recuperando su propia ropa. Cuando estuvo en situación de perseguir a Caperucita, la moza había ya desaparecido por el bosque. Quedó el Lobo de pie allí, en medio del claro, con aire estúpido y sin saber que hacer. Luego, sonriendo, echo a correr a toda velocidad. Corriendo a toda potencia, el Lobo llego a casa del tio de Caperucita antes que esta, y la encontró cerrada, con un cartelito que decía:

“Querida sobrina: he tenido que marcharme por un imprevisto. Regresaré esta noche. Déjame la cesta en casa y recoge la bolsa que te he dejado en el salón.”

El Lobo se puso a pensar. Por el cuerpo a cuerpo, sabia a ciencia cierta que Caperucita no llevaba llaves encima. Por lo tanto era seguro que las llaves de la casa estaban en algún escondite. Tras probar cuatro o cinco sitios posibles, las encontró debajo de una losa de piedra. Arrancó el cartel, abrió la puerta y entró en la casa. Localizó el dormitorio y tras inspeccionar los armarios, se apodero de un pijama, un gorro de dormir de lana, unas gruesas gafas y una bufanda. Justo a tiempo, porque escuchó que ya llegaba Caperucita. Se metió en la cama, bendiciendo el hecho de que caperucita fuese a ver a su tio y no a su tia. Con una mujer, las probabilidades de éxito de su plan hubieran descendido drásticamente, pues hubiera sido más difícil mantener el disfraz.

CR: (Entrando en la casa) Tío, ¿dónde estás?

LF: (Poniendo una voz de falsete y tosiendo mucho) Estoy aquí, resfriado.

CR: Pues debe ser un buen resfriado, porque vaya voz cambiada tienes. ¿No habrás cogido la gripe? Ah, no, no es la gripe.

LF: ¿Y como lo sabes?

CR: Por que la tienes tiesa tiesa, tanto que la sabana parece una tienda de campaña. ¿He interrumpido algo?

LF: No, cariño, llegas justo a tiempo. Y diciendo esto, saltó sobre su sorprendida victima, derribándola sobre la cama.

CR: ¡TU! ¡Maldito cerdo! Me voy a hacer una paja con tu cara, puto maricón.

Lucharon por toda la habitación, chocando con las paredes y arrojándose el mobiliario y los objetos domésticos. Caperucita le dio una tremenda paliza al Lobo pero este apenas parecía notar los golpes. La lujuria parecía centuplicar sus fuerzas y tras más de un cuarto de hora de pelea interrumpida, Caperucita acabó sucumbiendo ante los asaltos sexuales de su violador. Como el ariete en la puerta de una plaza tomada por asalto, así penetró el cipote del Lobo Feroz en la entrepierna de la vapuleada Caperucita.

CR: ¡Cabronazo! OHHH, ¡Que gorda la tienes! AHH, AAAHHH, AAAAAHHHHH!!!

¡No pares cerdo! ¡Si! ¡Siiiiiiiiiiii! Me corro, me corro! OHHH! Cerdo, te mataré. AHH!

Sabes como usar una polla. ¡Me corro otra vez! ¡Dios mio! AAAAAAHHHHHH!!!!

Me las pagaras, cerdo. ¡Toma ostia! Te voy a sacar los ojos capullo. ¡No pares! Oh, Dios mío, otro mas. AH, AAHH, AAAHHH, AAAAAAAAAAAHHHHHHHHH!

Mientras gozaba a su pesar, Caperucita no dejaba de resistirse con todos los medios a su alcance, dientes, uñas, rodillazos, tirones de pelo y puñetazos en las costillas, pero todos estos golpes solo parecían servir para enardecer todavía mas al Lobo. Caperucita volvió a correrse cuatro veces mas antes de que el Lobo consumase su brutal violación eyaculando dentro de su victima mientras la devoraba a besos, ignorando sus golpes.

Tras más de seis horas de brutales forcejeos y salvaje fornicación, el Lobo había gozado cuatro veces por la fuerza de su musculosa victima, que yacía a su lado llena de moratones pero con expresión de gatita saciada.

Al anochecer, Caperucita despertó, para ver que su aristocrático violador empezaba a vestirse.

CR: Ha sido soberbio, ¡glorioso! El mejor revolcón de mi vida.

LF: ¿Serás marrana? Tanto alardear de machorra y te corres cuando te violan.

CR: ¿Qué pasa? ¿Es que una mujer de verdad no puede disfrutar de una buena polla? Los cipotes de primera como el tuyo son difíciles de encontrar. Además, siempre me ha puesto cachonda una buena pelea. Ganar siempre estaba comenzando a resultar aburrido. Tú en cambio eres perfecto. Estas tan bueno que me pongo húmeda solo de mirarte, pero eres tan asqueroso que disfruto el doble zurrándote. Pero lo mejor de todo es la emoción del riesgo. Pelear contigo a toda maquina, sabiendo que puedo vencerte y obligarme a lamerme el conejo, pero que de verdad puedo perder y quedar a tu merced, me pone a más de mil por hora. ¡Dios! Vas a ser un esposo perfecto.

LF: (muy alarmado) ¿Esposo? ¿Te crees que me voy a casar contigo por muy maciza que estés y por muy bien que folles, sucia plebeya? ¡Soy un noble!

CR: El difunto duque era un verdadero noble, sabio, apuesto, valiente y generoso. Todas las mujeres del feudo se hubieran abierto de piernas para él. Tú no eres más que basura y aunque seas el heredero, ni siquiera creo que seas su hijo. Seguro que la zorra de tu madre, la duquesa regente, se largaba al bosque las noches de luna llena y se acostaba con algún licántropo para parirte a ti.

LF: Licántropos no hay por estos bosques que yo sepa, pero leñadores si. ¿Y que crees que estaba haciendo la honesta y robusta esposa del fornido leñador, mientras su marido derramaba su simiente en el vientre de mi madre? Pues gozar como una puerca del cipote de mi supuesto padre.

CR: ¿No te atreverás a insinuar que….?

LF: Tú misma lo has dicho: todas las mujeres del feudo se hubieran abierto de piernas para él. Así se vengó mi madre de los adulterios sin fin de vuestro idolatrado duque. Cada vez que su esposo salía a cazar ‘conejos’, ella se iba a recolectar ‘nabos’. El duque es tu verdadero padre mientras que yo soy hijo del leñador. Yo, un bastardo hijo de un plebeyo, heredaré el ducado. La venganza de mi madre esta completa. No solo le ha puesto abundante cornamenta al viejo lobo, sino que su linaje se ha extinguido.

CR: Hablas por hablar. Si tu madre se acostaba con cualquiera, tú puedes ser el hijo de cualquiera.

LF: No, por una razón muy sencilla: Mi madre buscaba venganza además de lujuria. Acostándose con el esposo de tu madre, se vengaba a la vez de su marido y de tu madre también. Solo queda un cabo por atar: ¡tu!

CR: ¿YO?

LF: Si, ¡TU! Eres la última descendiente viva del linaje ducal. Aunque seas mujer y bastarda, eres la única amenaza a mi ascensión al poder. ¿Crees que fue casualidad que me cruzase contigo y que te buscase pelea? Pensaba matarte después de violarte, pero creo que te dejaré vivir. Cuando me case con alguna marquesa feucha por motivos dinásticos, necesitaré una concubina de melones generosos, que sepa mover las caderas y pegar con el puño cerrado como tu. Va a ser un placer el poder follarte siempre que me apetezca, mientras disfruto de mi feliz reinado, sentado en un trono que debería haber sido tuyo.

CR: ¿Has olvidado que ya te he vencido antes? Voy a reconquistar el trono de mi padre a ostia limpia y de propina, me voy a hacer unas cuantas pajas con tu enorme rabo, chaval.

Y diciendo esto, se lanzó con los puños cerrados sobre su violador. Este la recibió de igual forma y tras un rápido y brutal intercambio de puñetazos, la lujuria tomo el lugar de la estrategia y se lanzaron a un vicioso cuerpo a cuerpo, enroscándose el uno en el otro como serpientes trenzadas en un combate de apareamiento.

Un par de horas después, se abrió la puerta y entraron la duquesa viuda y el cazador, tio de caperucita. Él le metía mano por el amplio escote para manosearle los generosos pechos y ella le deslizaba la mano por los pantalones para aferrarle el paquete mientras se lo comía a besos. Estaban tan concentrados en sus lujuriosos escarceos que al principio ni siquiera percibieron que la cabaña ya estaba ocupada.

DUQUESA: ¡Hijo! Que haces aquí!

CAZADOR: ¡caperucita!

Los dos estaban desnudos y cubiertos de moratones. Caperucita tenía un ojo morado y el semen le goteaba por los muslos, el pelo y otras partes del cuerpo, pero estaba claro quién de los dos era el indiscutido ganador del combate.

CR: Hola, amante de mi padre. El imbécil de tu hijo me lo ha largado todo mientras le violaba.

DUQUESA: ¡Ahhhhh! Tu eres la bastarda que mi esposo tuvo con esa golfa de tetas regordetas y culo de vaca. ¿Y que piensas hacer ahora que conoces la verdad?

CR: Voy a casarme con tu hijo y seré la duquesa, por supuesto.

DUQUESA: ¡Mnnnnnn! ¡Pues no es mala idea!

LR: ¡Madre, no puedes hablar en serio!!!!!

DUQUESA: En realidad es perfecto. Os casáis y cerramos el círculo. De esta forma, nadie podrá disputarles el trono a tus descendientes. Además hijo, te quiero mucho y eres muy bueno en la cama, mejor que tu padre sin duda y él era un verdadero maestro entre las sabanas, pero eres bastante tarambana y aquí te hace falta una mujer con mano fuerte. ¿La has desvirgado?

LR: Varias veces, aunque ella no se dejaba.

DUQUESA: Entonces, puedes vencerla en una pelea aunque ella también puede vencerte a ti. ¡Magnifico! Vais a ser una pareja perfecta.

LR: También voy a ser una duquesa perfecta cuando no esté demasiado ocupada pajeaádome con el cipote de tu lobito.

La duquesa, sin decir nada, se quitó sus lujosos ropajes y quedó desnuda ante los atónitos ojos de Caperucita. La duquesa era mujer hercúlea, musculosa como un hombre atlético y flexible como un junco.

DUQUESA: Tu madre y yo ya hemos tenido esta conversación, varias veces de hecho a lo largo de los años. Las dos disfrutábamos mucho de esas charlas; bueno, tu madre un poco menos, sobre todo al final, cuando tenía que lamerme el…

Caperucita se lanzó a por la duquesa, atacándola con una patada en el coño pero ella esquivó el ataque y rebotaron de un lado a otro de la habitación mordiéndose, pateándose y tirándose de los pelos. Caperucita luchó con todas sus fuerzas pero estaba cansada y la duquesa era mucho más fuerte que su hijo. Caperucita terminó derrotada, abierta de piernas, mientras la perversa duquesa se masturbaba frotando su coño contra la entrepierna de Caperucita hasta correrse.

DUQUESA: No ha estado mal. ¿Otro asalto, zorra?

Caperucita se lanzó al ataque sin dudarlo cuatro veces más, pero cuatro veces acabo domada y violada lésbicamente. Cuando al sexto envite ya no tuvo fuerzas, la duquesa se sentó sobre su cara hasta correrse. Después, insaciable, se refocilo con el cazador hasta agotarlo.

DUQUESA: Bueno hijo ¿Has visto como se doma a una zorrona machorra? ¿Has tomado nota para tu noche de bodas? Pues ven aquí y dale un beso a tu madre.

CR: ¿Seréis guarros?

Madre e hijo no se molestaron en contestarle porque estaban demasiado ocupados en el frenesí de la pasión. Cuando acabaron, Lobo Feroz estaba tan cansado que se quedó profundamente dormido.

DUQUESA: Os casareis la semana que viene.

CR: Ningún problema por mi parte, pero la noche de bodas, antes de zurrar de nuevo a tu lobito sarnoso, cuando no esté tan cansada como ahora, vamos a dejar claro cuál de las dos va a ser la duquesa reinante.

DUQUESA: ¡Ohhhhhhh! Creo que voy a páralo mejor contigo que con tu madre.

CR: Ya veremos.

Paula y el Taekwondo

Hacía un año que vivía con Paula. Trabajábamos en una oficina, cerca de casa. Ella mediría 1.68, pesaría unos 63 kg, blanquita, pelo castaño, linda boca, lindas curvas. En ese momento ella tendría unos 25 años, yo un par menos. Ella tenía mucho carácter. Se había anotado en un gym cerca de casa y la verdad es que al poco tiempo se le notaba bastante. Se le estaba poniendo bien definido el cuerpo, sin inflarse se iba marcando. Un lujo. Hacía un par de meses que estaba tomando clases de taekwondo, respecto a lo cual yo solía burlarme. Que mal que hacía. Ése sábado ella se despertó temprano y partió hacia su clase de tkd, vestida con un joggin ajustado celestito que le quedaba muy hot, y una remera blanca bien ceñida, que marcaba su pecho turgente. Me dijo que a media mañana volvería con un compañero para practicar unas patadas. No le dí mucha importancia, cuando se fué dejé puesta una porno en el DVD… y me quedé dormido. Gran error. Para cuando ella volvió con Tomás, su compañero, yo estaba tirado en la cama, en remera y boxers pero al palo, y la porno continuaba. Pelotudo! me dijo, despertandome. Te parece manera de hacerme pasar verguenza! Ahora vas a ver lo que aprendo en las clases. Y recibí aún medio dormido mi primer patada en los huevos. El otro chabón miraba medio embobado, sin saber que hacer, pero con cierto placer. Paula se despacho con una lluvia de golpes en el estómago, en la cara, muchos rodillazos en los huevos, patadas al estilo 540. Me daba golpes secos que me iban atontando. Piñas cortitas a la cara, también a los huevos. De momentos me hacía alguna llave y me humillaba pasandome las tetas por la cara, para encenderme, que se me parara.. y luego patadas y piñas a los testículos. En un momento me ató con el cinturón a la cama, y le pidió a Tomás que se acercara. Comenzaron a besarse delante mío, yo estaba medio desmayado pero entendiendo lo que venía pasando. Luego el la apoyaba, se fueron sacando de a poco la ropa.. hasta que ella le empezó a chupar su pija, y mientras yo estaba noqueado… ellos cojieron encima mío. Pero yo también llegué a acabar, a eyacular, tal era mi sadismo y mi calentura.

Si sos de Buenos Aires y querés dominarme con artes marciales (aunque sólo seas cinta amarilla), contactame a young19821@gmail.com

Ana. Parte 1. Perras callejeras.

Ana. Parte 1. Perras callejeras.

Por: Anónimo.

Advertencia: este relato narra situaciones de extrema violencia que pueden herir su sensibilidad. Si cree que eso puede ser así por favor no lo lea.

Todos los personajes y lugares que aparecen aquí son ficticios. Cualquier parecido con la realidad es mera coincidencia

 

Ana

Había peleado más veces, pensó Ana mientras conducía su coche en dirección a León. Su pensamiento se dirigió hacia la pelea que había tenido lugar hace más o menos un año en Mieres con una tal Olga. Había acudido allí para darle a esa zorra una paliza por encargo y había sido ella quien había acabado apaleada. Un poco más y ahora se estaría pudriendo en un cochino hoyo lleno de gusanos. Había estado además a punto de quedar mutilada para toda la vida y de que manera.

Hace un año….

Ana conducía su moto por la autopista a la altura de León. Su destino se encontraba aun a unos setenta kilómetros pero a la velocidad que iba no tardaría en llegar más que unos veinte minutos. La temperatura era muy baja , del orden de menos dos grados y a esa velocidad la sensación térmica era aun mayor pero la chica iba bien provista con unas ajustadas botas por encima de la rodilla y un ceñidísimo leotardo negro con tirantes que protegía sus piernas del viento.

El destino final de Ana era un taller de metalurgia ubicado en uno de los polígonos industriales de Mieres. Allí debía cumplir un encargo por el cual ya le habían pagado tres mil euros. Era muy raro ver a una mujer dedicarse a dar palizas por encargo pero Ana se dedicaba a ello hacía más de diez años y se consideraba una buena profesional. Aceleró un poco más para acortar el tiempo pues tenía prisa por volver a casa……aquello no le llevaría más de dos minutos.

Olga se encontraba apoyada sobre una de las bancadas de trabajo de su taller. Era un edificio de unos mil metros cuadrados lleno de maquinaria y completamente aislado. El negocio se había ido a la mierda y había acumulado un montón de deudas algunas de ellas impagables. Mañana mismo se iría del país para evitarse problemas. El frío en el interior de la nave era tremendo pues desde hacía días no funcionaba la calefacción y el vaho acompañaba cada una de las exhalaciones de la chica mientras andaba por el edificio. Las pesadas botas de Olga hasta la rodilla hacían un ruido característico y el leotardo negro marcaba unas fuertes y poderosas piernas fruto de muchos años de trabajo. Llevaba puesto únicamente un ceñido jersey marrón grueso y corto bastante sucio tras haber estado revolviendo en la montaña de archivos.

Ana entró con la moto en la calle 3 del polígono industrial sur. La mayor parte de las naves estaban abandonadas y en evidente estado de ruina. Le habían dicho que no había ninguna posibilidad de que la tal Olga estuviese allí pero que había que comprobarlo y en caso de estar ella ya sabía lo que tenía que hacer. Había dejado una deuda de trescientos mil euros a una empresa de suministros de Madrid y  aunque la deuda era incobrable querían asegurarse de que por lo menos se llevara un buen recuerdo. Aparcó la moto en un lugar discreto y se dirigió andando por la acera. Tres naves más allá y habría llegado.

 

Todo el suelo de la nave estaba lleno de restos de todo tipo y de herramienta….Olga se agachó para recoger unas tijeras cuando escuchó un ruido que provenía de una de las puertas traseras que no estaban cerradas con llave. El negocio se había terminado pero aquello era suyo y no le gustaba que nadie anduviese merodeando por allí. Los fuertes taconazos de sus botas se sumaron a otros que se oían en la sala contigua. De inmediato supo por el ruido que se trataba de otra mujer.

Ana entró en la nave y tras atravesar un paso de vehículos vio a una chica de unos treinta y cinco años morena y con un ligero exceso de peso.

Eres Olga…..preguntó Ana. La chica se acercó a ella mientras la observaba. Si…respondió. Soy yo….¿y tu quien coño eres? Le preguntó mientras miraba el pelo de Ana teñido de rojo .Esta se quitó la cazadora de cuero dejando a la vista un jersey negro y una cortísima falda sobre sus medias mientras contestaba. Trescientos mil…..Trescientos mil pavos debes y como no los vas a pagar te vamos a dar una lección para que aprendas lo que es bueno. Ante la atónita mirada de Olga Ana sacó de su chupa tirada en el suelo una cadena de un metro y medio de larga y con ella apoyada en el hombro se acercó a la morena.

El polígono industrial estaba completamente vacío de modo que nadie escuchó el alarido de dolor de Ana……….la cadena había caído al suelo y Ana de rodillas intentando sofocar con su mano derecha el dolor y la inflamación en los genitales. La brutal patada de Olga en el coño de Ana había levantado a ésta diez centímetros del suelo y había reventado la braga del leotardo. Los alaridos de dolor eran atroces y su coño expuesto quedó completamente negro a causa del derrame interno.

Olga asestó entonces una salvaje patada en la cara de Ana aún de rodillas que la hizo caer hacia atrás entre una nube de polvo. Ana aún bajo el shock no podía creer aquello cuando recibió una nueva patada en el hígado que le provocó una salvaje arcada y una vomitona entre las risas de Olga. Ana tirada en el suelo vio las pesadas botas y las piernas de la morena envueltas en medias avanzar hacia ella con decisión. Olga pisó la cabeza de Ana y a continuación la agarró del  pelo y de un tirón bestial y hacia atrás la levantó

poniéndola nuevamente de rodillas. Los dos puñetazos atizados por la morena fueron de una violencia tal que dos dientes de Ana salieron despedidos a tres metros entre una hemorragia brutal en la boca. Olga se encontraba con las piernas abiertas y Ana sacando fuerzas de flaqueza asestó un furioso puñetazo en el coño de la morena que fue recompensado por un alarido de dolor espantoso. Olga caminaba agachada entre gritos y con su mano agarrándose la vulva dolorida mientras Ana se levantaba del suelo y cogía la cadena. Sin embargo aun estaba debilitada por el salvaje ataque inicial de Olga y no pudo aprovechar la ocasión debidamente…. . Olga aun estaba agachada cuando Ana atizó un fuerte golpe con la cadena en la espalda de la morena pero esta la agarró de ambas piernas y la tiró de nuevo al suelo dejándola sentada. En esta posición Ana recibió otra feroz patada en la cara que la dejó esta vez tendida panza arriba….la chica sangraba por la nariz y por la boca profusamente pero la pelea o mejor dicho la paliza continuaba y Olga sin perder tiempo se lanzó sobre Ana. Olga cabalgaba sobre la chica que se debatía entre un ataque de histeria y pateaba como una loca. Los puñetazos comenzaron a llover sobre la cara de Ana… uno y otro y otro….cada golpe era recompensado por nuevos gritos histéricos pero desde allí nadie la oía. Olga se levantó sobre Ana y amarrándola del pelo la dejó de nuevo en posición sentada. El aspecto del rostro de la chica era atroz. Olga reía como una loca mientras agarró a Ana de un brazo y la lanzó de un modo salvaje contra uno de los pilares metálicos del edificio. El trallazo fue espantoso y Ana quedó con la cara y el cuerpo pegados a la viga y con una pierna por cada lado de la misma. Estaba en estado de shock por lo que no pudo advertir que de nuevo su enemiga se acercaba por detrás para machacarla viva. Olga de un violento tirón arrancó el jersey de Ana dejando e ésta solo con el leotardo y tras esto la agarró del pelo arrastrándola panza arriba unos veinte metros por el cochino suelo de la nave entre espantosos gritos. La morena supo que la Olga la iba a matar si podía de modo que haciendo un esfuerzo se levantó y se encaró con ella.

Pelea entre Ana y Olga

Olga avanzaba hacia Ana y esta al verlo le atizó una violenta patada al coño pero la punta de la bota quedó a cinco centímetros de la braga del leotardo de la morena. Esta con un rápido movimiento le sacó la bota y la tiró. Ana asestó entonces otra patada a la vulva de su enemiga con la otra pierna aun calzada pero Olga la detuvo con las dos manos y tras sacarle también la bota le atizó un salvaje golpe con ella en toda la cara que de nuevo la dejó sentada y con las piernas abiertas. Olga vio el coño de su enemiga a través de agujero en los leotardos con un piercing que colgaba escandalosamente del inflamado clítoris….En la soledad del abandonado polígono nadie oía los alaridos de Ana. Olga agarró el piercing y tiró de el hasta subírselo a la altura del ombligo……Ana, presa de un ataque de pánico y sobreponiéndose al dolor logró coger la mano de la morena. Olga reía y tiraba del apéndice y Ana intentaba entre atroces alaridos evitar la amputación mientras se movía frenéticamente sobre su culo con las piernas abiertas.

 

Finalmente Olga soltó la presa y atizó una nueva patada en la cara de Ana que la dejó panza arriba entre gemidos de dolor. Pero aún quedaba una cosa más. Llena de rabia. Olga agarró a Ana del pelo y la puso de rodillas mientras cogía las tijeras del bolsillo……

Sólo un minuto después y aún en el suelo se dio cuenta de que le habían pelado la cabeza. Olga junto a ella reía. A continuación abandonó el edificio…..tenía que coger un avión en dos horas.

 

Ana intentó olvidar aquella pesadilla. Esta vez la pelea no era por una afrenta o por un ajuste de cuentas sino por dinero. 100.000 euros para la que quedara en pié y otros 30.000 si la pelea duraba más de 15 minutos. El asunto era arriesgado pero merecía la pena y además en ese momento ella no tenía nada que perder.

Hace una semana, una chica oriental-concretamente de China-la propuso el trato y ella lo había tomado con mucha desconfianza más aún cuando la china le dijo quién sería su adversaria en la pelea. Eso parecía más bien una encerrona pero tras pensarlo media hora descolgó el teléfono y llamó para confirmar la cita.

León.

Nave 6.

Sótano 2

10.45 PM.

Cris subía y bajaba, subía y bajaba entre atroces alaridos provocando la risa de las dos guardianas que custodiaban la puerta de acceso. No era cosa de que a la chica le diera por arrepentirse. En aquel edificio se salía tras haber ganado la pelea o muerta.

Sin embargo no era el caso de Cris y los gritos que se escuchaban tras la puerta del almacén lo atestiguaban .Dentro de la vagina de la chica, un pene de 18cm luchaba por tocar el útero. Las piernas de Cris embutidas en unas medias gruesas y unas botas de espanto se flexionaban una y otra vez marcando su feroz musculatura. David se encontraba bajo ella con la polla completamente loca. Cris seguía jadeando a un ritmo acompasado con su movimiento ascendente y descendente mientras David pensando en lo que se avecinaba y que el presenciaría logró su segunda eyaculación dentro del coño de la rubia.

La chica se levantó del mugriento y asqueroso colchón sobre sus botazas, se ajustó las medias sobre la cintura y se colocó un suspensorio de cuero en los genitales. Mientras David aún estaba en estado casi de shock, Cris se colocó un ceñido vestido negro y tras ajustarse las botas con dos fuertes taconazos abrió la puerta y ante la mirada de las dos guardianas comenzó a descender las escaleras hacia las profundidades del sótano 3.

Su profesión le había llevado a conocer a Leí Ming, una china cuya actividad era organizar peleas clandestinas de mujeres. Esa relación duraba ya más de dos años y era ya la segunda vez que bajaba a pelear al sótano 3…..

Mientras tanto Ana estaba entrando en los suburbios de León y sólo eran las 10.30 de modo que tendría tiempo de sobra para visitar y recoger a Rubén….sería uno de los privilegiados que asistirían a la pelea.

Tras aparcar el coche se dirigió andando a través de una de las viejas calles del Barrio Húmedo hasta localizar el Número 25. Ana caminaba sobre la acera y sus botas hacían un ruido característico. Los leotardos marcaban sus fuertes piernas y las protegían de los -18º……aún faltaban tres horas para la pelea.

La china le había ofrecido esta segunda pelea tras el horrible resultado de la primera. Cris no tenía más remedio que aceptar pero lo hizo de buen gusto al saber quien era su contrincante. Una zorra analfabeta a la cual le sacaba una cabeza y media no sería ningún problema….

 

Barrio Húmedo.

León.

11.30 PM.  

Rubén eyaculaba dentro del coño de Ana. Era su segunda corrida entre las piernas de la morena cuyas medias parecían a punto de reventar. Sin embargo aún podría eyacular otra vez posiblemente y posiblemente otra. Lo que iba a ocurrir en menos de dos horas volvía loco a su cerebro y a su polla. Cuando Ana entró en el apartamento y le confirmó la noticia casi no podía creerlo….una pelea con Cris sería una experiencia terrible para Ana, pero Rubén la conocía bien y sabía que tenía muchas posibilidades contra esa puta yegua

Bajo la sorpresa de Ana, el chico sacó su polla de entre sus piernas diciendo que prefería reservarse para dentro de un rato. Ana sonrió….conociéndole se correría seis o siete veces durante la pelea.

 

Nave 6.

Sótano 3

11.50 PM.

Leí Ming sabía escoger peleadoras.  Llevaba más de diez años haciéndolo y esa experiencia garantizaba que la pelea de hoy sería excepcional y sangrienta. Ana había tardado media hora más que Cris en aceptar el reto pero los 30.000 euros adicionales si la pelea duraba más de 15 minutos la acabaron de convencer. Ana había sido escogida por su sadismo y amoralidad  y era una chica físicamente fuerte y en buena forma a pesar de su forma de vida.

Cris sin embargo había aceptado en el acto-no tenía más remedio que hacerlo-pero no le había extrañado nada. Sus dos metros y 89kg garantizaban una media hora de tortura para la morena y la derrota. La rubia no dudaba de que la pelea sería terrible para Ana y que ésta no tenía ninguna posibilidad. Por eso las apuestas entre los asistentes estaban como estaban…

 

Leí Ming había conocido a Cris hace años y ésta rápidamente comenzó a trabajar con ella escogiendo chicas para organizar peleas. Había bajado una sola vez a pelear con otra mujer y a pesar de su tamaño y fuerza había perdido. Había faltado muy poco para que ahora mismo estuviera muerta.

. Cris avanzaba junto a una de las guardianas por el pasillo de servicio del sótano dos de la antigua fábrica de productos químicos de León. Sus botas hasta la rodilla elevaban aún más su estatura y las medias junto con el ajustado vestido contrastaban con su cabellera rubia y marcaban un cuerpo trabajado por años de ejercicio.

Mientras avanzaban por el pestilente pasillo hacia el vestuario donde esperaba la doctora para administrarla una dosis de anfetaminas oía lejanamente unos gritos debajo de ella. Cinco niveles más abajo dos chicas rusas enfundadas en trajes de neopreno peleaban en un tanque de agua.

 

Calle 23

Polígono de torneros (León)

El coche avanzaba por la calle 23. Ana conducía y Rubén la acompañaba.

Tres vías de ferrocarril recorrían la calle y había numerosos desvíos hacia antiguas zonas de almacenamiento ahora en ruinas. La nave 6 era un edificio de unos seis mil m2 con diez sótanos y dos accesos ferroviarios que antiguamente era una fábrica de lejía.

Ana detuvo el coche, cogió su bolso y junto a Rubén se dirigió hacia el monstruoso edificio…eran las 12.10.

 

Nave 6

La chica llamó a la puerta y una mujer oriental vestida con unos vaqueros y unas botas la recibió y la condujo a través del laberíntico edificio hacia el sótano tres a dieciocho metros de profundidad. La pelea se llevaría a cabo dentro de uno de los viejos tanques de lejía convenientemente habilitado.

Ana y Rubén entraron en los vestuarios del sótano 3 que consistían en una sala de unos veinte metros de longitud llena de lavabos y retretes destrozados. A uno de los lados había una taquilla completamente nueva que desentonaba con el resto y en el techo cinco fluorescentes parpadeaban frenéticamente entre zumbidos dando a la estancia una atmosfera muy irreal.

-La pelea comenzará en media hora… tienes la ropa en la taquilla- informó la chica oriental a Ana.

 

Vestuario 6

Cris se encontraba en el vestuario 6 cuando fue informada por David de la llegada de su adversaria.

La rubia abrió la taquilla y sacó la ropa para la pelea y tras desvestirse comenzó a calzarse no sin dificultad unas mallas de leotardo desde los pies hasta el cuello. No era fácil encontrar esas mallas para una chica de su tamaño pero eran muy elásticas, ajustaban al máximo y además ya se irían dilatando durante la pelea. Los gritos aún se escuchaban en el piso inferior. La pelea de las rusas duraba ya más de media hora……sonrió mientras

se calzaba unas ajustadas botas hasta la rodilla, un cinturón, un correaje para sujetar los pechos y unos guantes. La malla también cubría los brazos de la chica de modo que el aspecto de Cris era espectacular. No quería correr riesgos de modo que se ajustó en la cabeza un casco metálico ceñidísimo que dejaba al descubierto una coleta rubia por la parte posterior.

 

Sótano 3 vestuarios

Mallas de leotardo, botas, guantes y correas….muy adecuado para la pelea, pensó Ana .mientras se ajustaba las botas con un par de fuertes taconazos. Las botas eran bastante viejas y estaban usadas pero tenían un puntazo de acero de espanto. La chica sonrió al verlo. Esas botas podían causar una auténtica carnicería en el vientre y en el coño de Cris…

No obstante el piercing genital podría causarle a ella muchos problemas si Cris conseguía agarrar o patear su entrepierna. De todos modos no se preocupó por ello pues ya había peleado con el y lo había logrado conservar.

Escuchó unos gritos que provenían de una de las esquinas del vestuario….ya vestida se aproximó a una rejilla de unos dos por dos metros. Se colocó sobre la rejilla en cuclillas mientras veía a unos diez metros de profundidad a dos chicas vestidas con una sudadera gris, botas y un panty negro. Ana miraba sonriendo la terrible pelea entre las dos chicas…..Se trataba de una morena bastante grande y de otra chica menuda con el pelo castaño. La pequeña le estaba dando lo suyo a la morena que parecía a punto de volverse loca.

Silvia tenía bien agarrada a Susana y no pensaba soltar las tenazas de entre los muslos de esa zorra. De repente vio a una chica sobre la rejilla del techo viendo el espectáculo.

Ambas mujeres intercambiaban una mirada cuando la puerta del vestuario se abrió.

 

12.50.

10 minutos para la pelea.

La chica que la había acompañado al vestuario entró de nuevo en el mismo, pero Ana vio que iba vestida igual que ella y que además llevaba un fusil AK-47 de asalto.

La chica acompañó a Ana y a Rubén por un pasillo de unos cien metros mal iluminado y con un hedor insoportable. Al acabar éste descendieron por una trampilla que desembocaba a una sala donde confluían dos tuberías de ciento ochenta cm. Llenas de calcita. En el suelo había una trampilla con una escalera y tras descender se encontraron en una estancia de unos 3×3 metros construida íntegramente de hierro. En ese momento entró otra chica vestida también como ellas pero con un maletín médico y un estetoscopio. Le ordenó a Ana que se quitara el guante.

¿Qué coño es esto? Preguntó Ana. Anfetaminas y estimulantes…. Queremos que bailéis bien allí abajo, dijo la chica mientras inyectaba una dosis considerable entre los dedos de la morena.

Mientras a unos cincuenta metros de allí Cris recibía una segunda dosis de anfetaminas la doctora hizo entrar a Ana a través de una trampilla hacia el foso de lejía.

Cris, acompañada por una de las guardianas avanzaba hacia el foso por el pasillo de servicio 4. La rubia caminaba por el pasillo con sus pesadas botas y con las mallas marcando sus poderosas piernas. Los gritos del nivel inferior ya habían cesado. Por lo visto la pelea había terminado.

Ana ya se encontraba en el foso cuando la trampilla del lado opuesto se abrió y pudo ver a Cris descender los quince peldaños hasta el suelo del foso entre aullidos y silbidos.

En la parte superior del tanque seis chicas y dos chicos presenciaban el espectáculo. Habían pagado más de 100.000 euros por estar allí.

El tamaño de Cris era descomunal y Ana no pudo evitar reírse al ver las botazas y las mallas de la rubia a punto de reventar. Dos videocámaras estaban enfocando hacia abajo para grabar todo el combate y otras tres guardianas vestidas igual que las duelistas armadas con fusiles de asalto se colocaron en un nivel aún superior al de los espectadores.

Cris acabó de bajar y se enfrentó a Ana…. Los silbidos y alaridos subieron inmediatamente de tono por parte de los espectadores. Acometía la pelea con mucha confianza y estaba segura de ganar. El 1.74 de Ana le provocó una sonrisa divertida.

Ana observó de nuevo con sus ojos rasgados las botas y las medias de Cris que dejaban entrever una fuerte musculatura hecha a base de mucho ejercicio y esteroides. La mirada de Ana se clavó en la entrepierna de la rubia. Esta al darse cuenta se quitó el suspensorio y tras arrojarlo al suelo se ajustó las medias a la cintura con un tirón. Tras éstas se transparentaba levemente una vulva con dos gruesos labios totalmente depilada y un clítoris de unos cuatro cm.

Acciones preliminares.

Ley Ming apareció en la parte superior del tanque vestida con un conjunto de falda corto, un panty negro y unas botas hasta la rodilla para dirigirse a las duelistas. Ming cogió el micro.

Pero los asistentes no perdían detalle del interior del foso pues las dos chicas habían iniciado las escaramuzas previas a la pelea.

Ana también se había quitado el suspensorio y se lo había arrojado a la cara a Cris mientras miraba la entrepierna de ésta.

Cris comenzó a estimularse el clítoris con su mano derecha delante de Ana. La malla era tan ceñida que tanto la vulva como el enorme apéndice eran claramente visibles a través de ella. En diez segundos y ante la mirada atónita de Ana el clítoris alcanzó un tamaño dos veces mayor y Cris oprimiéndoselo con los dedos por ambos lados lo mostró a la morena con un gesto asqueroso y obsceno riéndose sádicamente.

Las chicas que presenciaban el espectáculo rompieron en gritos histéricos al ver el gesto de la rubia.

Mientras Cris mantenía pinzado el clítoris entre los dedos a través de la malla incitando a Ana, ésta presa de una indignación inaguantable dio un paso para atacar a su enorme enemiga pero ésta se retiró rápidamente con una sonrisa en la boca.

Los gritos de las asistentes eran atroces….¡ATACA ANA ATACA¡¡¡¡….¡¡USA LAS BOTAS¡¡¡….ARRANCASELO…¡¡¡ARRANCASELO HIJA DE PUTA¡¡¡¡      Cris pinzó otra vez el clítoris en un nuevo gesto obsceno…..Pero ésta vez Ana lanzó una brutal patada al coño de la rubia que ésta pudo esquivar por muy poco entre los aullidos de las asistentes.

El fallido ataque al coño de Cris había desatado entre las espectadoras una locura feroz. Ambas mujeres comenzaron a girar en el foso. Ana pateó el suelo dos veces para ajustarse las botas y se enderezó las medias mientras intercambiaba con su enemiga unos insultos salvajes. Las anfetaminas estaban haciendo efecto en las chicas y eso se notaba.

Ming por fin pudo hacer su alocución……Quiero una buena pelea. Para eso se os paga….dicho esto las guardianas montaron sus AK-47 perfectamente engrasados. Entre una barahúnda de silbidos y aullidos Ana y Cris cogieron las armas.

Una maza de un metro de punta de acero, una bola de hierro con metro y medio de cadena y dos aerosoles de ácido corrosivo. Los guantes de las chicas dejaban los dedos al descubierto pero sólo Ana tenía las uñas preparadas para la pelea. Las mallas eran tan ceñidas que tanto los pechos como las vulvas de ambas paleadoras se transparentaban a través de ellas pero ello no amedrentaba a las chicas sino todo lo contrario.

 

La pelea.

Ming se puso en pié……comenzad.

Las luces cambiaron de blanco a rojo dando a la estancia una atmosfera de irrealidad total y marcando las caras de ferocidad de las chicas. En ese momento esgrimieron las mazas con ambas manos manteniendo la cadena con la bola colgada al cinto. Cris con una sonrisa

sádica en la boca y Ana con una mirada felina tras la que se ocultaba algo siniestro. Las chicas de la parte superior jaleaban excitadas por la escaramuza previa.

De repente Cris con un salvaje alarido lanzó un golpe de mazo contra el cráneo de Ana pero ésta lo esquivó con facilidad y girando sobre sí misma asestó un mazazo bestial y desde abajo en la mandíbula de la rubia que sonó como un trallazo espantoso y levantó una exclamación de las asistentes. Cris soltó la maza y se llevó las manos a la cara momento que fue aprovechado por Ana para sacudir otro mazazo bestial en el coño de Cris…..ésta cayó de rodillas con la cara ensangrentada y el mazo de la morena aun castigando su coño. Los alaridos de dolor eran atroces. Ana con su rostro felino pegado al de Cris soltó la maza de entre los muslos de su enemiga y girándose de nuevo sobre sí misma atizó un nuevo y despiadado golpe en el cráneo de la rubia, justo en el casco metálico y que hizo un ruido como al golpear una cacerola.

Ana arrojó la maza y rápidamente descolgó la cadena con la bola. Las asistentes estaban ya fuera de sí y Cris aun de rodillas intentando sobreponerse al dolor pero Ana ya bailaba alrededor de ella volteando la bola sobre su cabeza. La pelea comenzaba ahora y habida cuenta de lo sucedido en el foso había pelea. Ana asestó un salvaje golpe con la bola de nuevo en la cabeza de Cris, luego otro y otro abollando el casco de acero. Cris caminaba a gatas cuando dos nuevos golpes cayeron esta vez sobre sus riñones. Los gritos de sufrimiento y rabia de la rubia eran atroces. Ana le pateó la boca poniendo fin a estos momentáneamente. Cris escupía los dientes tras la cruel patada y desde el suelo vio las piernas da Ana con sus botas y sus medias avanzar hacia ella. Un nuevo mazazo en el cráneo y nuevos alaridos de dolor volvieron a exacerbar a las asistentes.

Ana se separó unos metros de su enemiga y ésta entre salvajes insultos logró levantarse y descolgar su bola del cinturón. Cris comenzó a voltearla sobre su cabeza para atacar pero Ana con unos reflejos felinos clavó una brutal patada en el coño de la rubia….una patada tan bestial que provocó en Cris una violenta arcada y a continuación una vomitona brutal…..la chica cayó de rodillas y luego de costado…el suelo del tanque ya estaba lleno de sangre y fluidos de Cris pero no había tregua.

Ana arrojó la bola y se lanzó sobre Cris logrando no sin dificultades colocarse sobre ella pues la rubia ya sufría  un ataque de histeria y rabia debatiéndose en el suelo entre espasmos de dolor.

Los gritos provenientes de la parte superior del tanque se elevaron cuando Ana acomodó su cuerpo sobre el de Cris. Su posición era sólida y la morena comenzó a sacudir animada por los gritos una serie de furiosos puñetazos en el machacado rostro de la rubia. Esta bajo ella intentó en vano protegerse la cara con ambas manos pero Ana aprovechó el movimiento para atizar seis feroces puñetazos en el pecho izquierdo de Cris que provocaron en el una inflamación atroz.

Por su posición, Ming podía ver a Ana de espaldas montada sobre la rubia. Cada puñetazo de la morena era correspondido con frenéticos movimientos de las piernas de Cris embutidas en mallas y botas pero el ataque seguía….y la inflamación en el pecho era tal que reventó la malla

del leotardo y salió hacia fuera….Obedeciendo a un instinto feroz, Ana asestó un salvaje mordisco en el pezón, arrancándoselo y a continuación escupiéndoselo en la cara….la bestialidad de la pelea entre estas dos mujeres no tenía limites. Por fin Ana se levantó rápidamente y cogiendo la coleta de Cris la levantó dejándola en posición sentada…..el aspecto de la rubia era atroz. El rostro estaba destrozado, tenía una hemorragia brutal en la nariz y ambos ojos amoratados e inyectados en sangre y rabia. Parte de la dentadura yacía por el suelo junto a su pezón masticado. Los dos ataques al coño habían sido de un salvajismo tal que habían reventado la malla del leotardo……la vulva y el enorme clítoris aún erecto tras la estimulación previa a la pelea se exhibían con toda su crueldad y con un aspecto atroz.

Nuevamente Cris cayó hacia atrás y entre salvajes alaridos comenzó a sufrir un nuevo ataque de histeria y nervios. Ana se lanzó de nuevo sobre ella….el increíble desarrollo de la pelea había provocado en las asistentes un morbo feroz. Las chicas estaban histéricas y animaban a Ana en su cruel ataque pero de nuevo la atención se centró en lo que ocurría dentro del tanque.

Enardecida por los gritos de las asistentes que antes de la pelea animaban a Cris, Ana montada a horcajadas sobre la enorme chica comenzó de nuevo su ataque. Los puñetazos caían sobre el rostro de Cris pero de repente Ana atacó con su dentadura hasta ahora intacta la cara de la rubia….los resultados fueron terroríficos. El primer mordisco seccionó el labio inferior con una violencia tal que uno de los trozos salió disparado y con el segundo la morena consiguió dejar entre sus dientes un trozo de la oreja derecha de la rubia. En medio de la hemorragia Cris pateaba como una loca con sus inflamadas piernas.

Ana escupió la oreja en la cara de Cris pero el ataque continuaba. La mano derecha de la morena ya descendía como un reptil hacia el coño de la rubia. A pesar del mazazo y la patada el clítoris de

Cris aún estaba erecto y colgaba escandalosamente sobre el chocho. Diestramente Ana mordió la nariz de la rubia mientras pinzó el clítoris con la mano, lo enrolló en el dedo y de un salvaje tirón lo amputó……los alaridos de Cris eran inhumanos y la acción fue acompañada desde las butacas superiores con exclamaciones y aullidos de lobo. Sin perder tiempo se levantó y se alejó de la rubia. Con el apéndice aún en la mano comenzó a dar vueltas riéndose alrededor de Cris que se debatía y pateaba en el suelo. Al ver a Ana bailando a su alrededor con su clítoris en la mano soltó un cruel grito de rabia que fue correspondido con risas desde la parte superior. Ante los ojos horrorizados de la rubia Ana arrojó el apéndice al suelo y lo aplastó de un pisotón…Cris cayó de nuevo hacia atrás entre gritos de horror

Creyendo ya en una victoria segura, Ana se acercó desde delante a la enorme chica para rematarla con el mazo pero de repente y desde el suelo Cris lanzó una feroz patada al coño de Ana. Una patada tan salvaje y ajustada que levantó a Ana diez centímetros del suelo y aunque pudo mantenerse en pié el dolor le provocó una arcada seguida de un violento vómito. Ana caminaba con la mano en el coño y agachada entre alaridos de dolor y por eso no pudo ver a Cris que se había levantado. La rubia golpeó la parte posterior de las rodillas de Ana y esta cayó al suelo de bruces .Sin esperar nada Cris tiró hacia atrás del pelo de la morena y le golpeó el rostro dos veces contra el suelo destrozándole la nariz y provocándole una fuerte hemorragia. Seguidamente y de un modo brutal tiró de ella hacia  atrás poniéndola en cuclillas. Las asistentes estaban fuera de sí y proferían gritos atroces…..

……la patada en el coño había también reventado la malla del leotardo de Ana…..rápidamente Cris metió la mano entre las piernas de la morena por la parte de atrás y le agarró con una fuerza brutal el clítoris con el piercing….Ana se encontraba en cuclillas con Cris agarrando su piercing entre atroces gritos de dolor. Los gritos de las asistentes eran feroces. ¡¡¡PELEA….PELEA ANA¡¡¡….¡¡CIZALLALE EL CLITORIS HIJA DE PUTA…HIJA DE PUTA¡¡¡¡¡

Cris tiró salvajemente hacia atrás alongando el órgano diez o doce centímetros. Los alaridos de Ana eran brutales y Cris tiraba mientras se acercaba a su oreja diciéndola……o pierdes la pepitilla o la pelea…..Ana no pensó en la alternativa. Entre alaridos Ana salió corriendo en cuclillas hacia delante y su clítoris quedó amputado en la mano de Cris…….ojo por ojo.

Ana cayó boca abajo y Cris sobreponiéndose al dolor saltó a horcajadas sobre su espalda rápidamente. Una bolsa de plástico arrojada desde arriba cayó a su lado y Cris con velocidad felina la colocó en la cabeza de Ana. La rubia tiró hacia atrás de la cabeza de la morena embutida ya en la bolsa…la asfixia comenzaba a ser insoportable y Ana pateaba con sus piernas embutidas como una hiena. No obstante conservaba cierta movilidad en uno de sus brazos y no sin dificultad logró deslizar una mano y clavar una de sus uñas de seis centímetros en el juego posterior de la rodilla de Cris…….un salvaje alarido fue la recompensa. Cris aflojó la presión de la bolsa momento que fue aprovechado por Ana para quitársela de la cara, deslizarse por debajo de su enemiga y tras darse la vuelta en el suelo asestar una salvaje patada en la cara de la rubia que aún se hallaba de rodillas. El trallazo fue brutal, salpicando de sangre y mocos el lateral del tanque……rápidamente Ana se descolgó el aerosol de ácido y roció la cara de Cris con el.

Las asistentes estaban histéricas y Ming animaba a Ana. La bestialidad de la pelea no tenía límites.

Cris corría por el foso completamente loca con las manos en la cara entre una nube de humo que olía a carne asada…….el ácido corroía la carne y el casco metálico de la rubia que ya se encontraba fuera de si. Ana recogió la cadena con la bola y con cautela se acercó a Cris.

Un salvaje golpe de bola en el casco machacado de la rubia inició el ataque…….y otro….y otro…el cráneo de Cris se inflamaba a lo bestia tras la pieza de acero y la chica intentaba quitárselo entre espantosos gritos de dolor y rabia mientras sufría el salvaje ataque de Ana. Los golpes llovían sobre su cráneo y el último de ellos de una violencia inusitada arrancó por fin el casco que fue a parar rodando al otro extremo del tanque. Los gritos de Cris se sumaban al alboroto que provenía de las butacas superiores. Ana soltó la maza y se acercó a Cris. El efecto de ácido había ya pasado y  el rostro de la rubia tenía un aspecto atroz, totalmente abrasado y sin un solo pelo en el cráneo. Sin embargo aún conservaba la visión de un ojo y pudo ver a Ana acercarse mientras se levantaba.

Ambas mujeres comenzaron a girar en el foso esgrimiendo los puños y bailando. Las anfetaminas mantenían a las peleadoras en un estado de gran excitación y con los ánimos enardecidos a pesar de los atroces daños físicos sufridos durante la pelea

Ana sacudió un puñetazo a Cris en toda la cara y la rubia le devolvió dos que le saltaron un diente pero la morena reaccionó atacando el vientre de Cris con dos lacerantes puñetazos……Cris atizó un gancho en las narices de Ana y un puñetazo en la nuca pero Ana se retiró un paso y clavó una patada en el coño de la rubia, un puñetazo en toda la nariz y otra patada en el pecho al descubierto. Cris quedó agachada y ana sacudió un rodillazo brutal en la cara abrasada de la chica, la cogió por lo poco que quedaba de la coleta y empujándola esta vez hacia abajo le propinó otros dos rodillazos más pero Cris metió su mano entre los leotardos de Ana introduciendo su dedo en la vagina sacándoselo después con un tirón brutal y hacia arriba. El salvaje ataque produjo un grito desgarrador de Ana y ésta cayo al suelo con las manos en el coño dando dos vueltas sobre sí misma. Cris no desaprovechó la ocasión y lanzándose sobre ella comenzó a molerle la cara a puñetazos. Cris cabalgaba sobre Ana.

Ming desde su posición veía esta vez la espalda de Cris y Ana debajo pateando como una loca con las piernas embutidas en los leotardos. Ana escupía los dientes entre atroces gritos de rabia y dolor pero Cris no paraba en su castigo. De repente la rubia se adelantó un poco y colocó su coño sobre la cara de Ana…..la asfixia comenzó a ser insoportable así como la humillación…solo había una salida. Las risas de Cris se transformaron en salvajes gritos acompañados de movimientos frenéticos cuando Ana mordió su coño……la rubia se pudo despegar entre los silbidos de las asistentes cayendo de costado y comenzando a dar vueltas en el suelo como una loca mientras Ana se levantó y comenzó a dar vueltas alrededor de Cris riéndose con su rostro mutilado. El aspecto de Cris era horripilante. La pelea había tomado un rumbo totalmente inesperado y dramático para la rubia. Cris en el suelo pateaba histéricamente y sus poderosas piernas con leotardos y botas se convulsionaban ante la risa de Ana satisfecha con su hazaña. La morena con dos movimientos felinos se lanzó contra la rubia y le sacó las botas una detrás de otra arrojándolas al otro extremo del tanque. Esta última acción fue acompañado por silbidos de lobo procedentes de las asistentes……¡¡¡LAS BOTAS NO……¡¡¡LAS BOTAS NO HIJA DE PUTA¡¡¡ gritó Cris mientras se ponía en pié sobre sus pies sólo cubiertos por las medias.

Ana ya había agarrado la maza y asestó un salvaje golpe en cada uno de los pies de Cris…..girando sobre si atizó un brutal golpe en la cara de la rubia que se encontraba agachada y que la lanzó hacia atrás y de lado quedando tendida en el suelo del foso. Ming a través de la megafonía ordenó a Ana… ¡ACABA CON ELLA.

Las guardianas apuntaron sus fusiles hacia el foso mientras Ana desnucó a Cris con un certero golpe. La pelea había terminado y Ana había ganado.

 

Sótano 8

Mientras dos cirujanos chinos cosían a Ana en uno de los botiquines el cadáver de Cris era arrojado a uno de los fosos de residuos del nivel inferior. Allí quedaría junto a otras seis mujeres que la habían precedido.

Ming hablaba con Silvia tras su pelea. Le había ofrecido cien mil Euros por pelear con Ana y había aceptado en el acto. La china descolgó el teléfono y marcó el móvil de la morena.

 

Dos meses después.

Ana conducía de nuevo su coche en dirección hacia León. Habían podido recomponerle más o menos la boca y coserle el clítoris. Lo demás no tenía importancia. Los 130.000 euros ya estaban en su cuenta y Cris se pudría en un cochino tanque de residuos. Ana sonrió al imaginar que aspecto tendría ahora después de dos meses con esas cochinas mallas puestas. En casa tenía las botas de Cris tomadas como trofeo y hoy se traería las de Silvia…..

FIN

Angeles caídos

I

La casa estaba a oscuras, con el jardín lleno de malezas y señales de abandono. Era un enorme chalet ubicado en la calle Olleros, en Belgrano. Para llegar a la puerta de entrada había que subir por una corta escalera de piedra.

Las chicas bajaron del taxi y se dirigieron a la casa. Era una fría medianoche de invierno y ellas se abrigaban con largos tapados. Romina, la rubia, tenía las llaves. Después de todo, era una de las casas de su familia. Verónica, la pelirroja, la seguía a dos pasos.

Las dos estaban muy serias para sus quince años.

Romina abrió la puerta, agarró un candelabro del suelo, encendió la vela y le hizo seña a la otra para que pasara. Luego cerró la puerta y se dirigió a la cocina, dejando a su compañera en la oscuridad del pasillo. En la cocina estaba la llave principal de la luz. Cuando la pulsó, la habitación se iluminó, pero el pasillo siguió igual.

Romina salió de la cocina y le hizo un gesto a Verónica para que la siguiera. Llegaron a una habitación vacía e iluminada, que olía a encierro y humedad. Además de una gruesa alfombra, un montón de frazadas tapizaba el piso. La habitación no tenía ventanas y quedaba en el medio de la casa.

Las chicas se quedaron frente a frente un instante.

Romina tenía ojos celestes, nariz pequeña y hoyuelos en las mejillas que le daban un aire de nena. De nena terriblemente seria.

Verónica deslumbraba con sus ojos verde esmeralda. También parecía una bebita enojada.

Se midieron con miradas de odio.

Después Romina se quitó el tapado y lo tiró a un costado. Verónica hizo lo mismo. Ambas llevaban vestidos de noche, muy escotados y cortos. Tenían cuerpos soberbios. Las tetas de ambas parecían de mujeres de veintitantos.

Se desnudaron rápidamente, a los tirones.

Esa carne joven, fresca, perfecta, ahora se mostraba en todo su formidable esplendor. Sin una palabra, fueron en busca de la otra y se abrazaron por el cuello con una mano y forcejearon en silencio y atacaron las tetas contrarias con la otra mano y así terminaron cayendo al piso.

Se revolcaron como animales, gimiendo y sacándose la furia acumulada por meses. Se golpearon los rostros tan salvajemente que terminaron soltándose y rodando cada una para el lado contrario. A las dos les habían saltado las lagrimas y lloraban en silencio, con las caritas enrojecidas y contraidas por el dolor.

No pasó mucho para que, a cuatro patas, como perras furiosas, se buscaran. Se agarraron de los pelos y ahora, llorando a los gritos, rodaron por el cuarto, brutalmente enzarzadas.

¿Qué feroz locura hacía que estas bellísimas bebitas de piel suave se estuvieran atacando sin piedad? ¿Qué asunto había entre ellas, que cuestión debían dirimir, para tener que golpearse, arañarse y morderse de esa manera?
II

Lo cierto es que se odiaron desde el primer día.

Romina venía de otro colegio y, cuando la vio, Verónica supo que era su rival.

Hasta ese momento, Verónica había sido la mejor en esa escuela: la más inteligente, la más estudiosa y, sobretodo, la más hermosa. Era la nena mimada de papá y mamá y de todos los que la conocían. Los pibes del secundario se babeaban por ella y eso la hacía sentirse muy bien. Todavía no había debutado, pero ella sentía que, con las miradas afiebradas, ya se la voltearon mil veces.

Cuidaba su virginidad de un modo perverso: Fantaseaba con coger pero no quería perder su virgo. Era algo suyo y el día que lo perdiera, ella sentía que iba a convertirse en una más del montón.

Cuando Romina apareció, todas las miradas fueron para ella. Inmediatamente las compararon.

Romina tampoco había entregado su sexo y consideraba que eso la hacía superior a las otras que, por una momentánea calentura, perdían su “marca”. Gozaba enloqueciendo a los chicos. Se los imaginaba pajeándose por ella, mientras Ella se paseaba por entre la fila de masturbadores, como si fuera una Reina Virgen.

Las dos tenían carácter fuerte. Eran nenas caprichosas, de familias con muchísimo dinero y estaban acostumbradas a ser consentidas por sus padres y por todo el mundo. No soportaban compartir ningún privilegio. Nunca habían perdido a nada y no estaban dispuestas a empezar ahora.

Un día se cruzaron insultos en el baño de la escuela, solo porque las dos quisieron usar la misma canilla. Estuvieron a punto de golpearse, pero otras chicas las separaron. Fue la primera de una larga serie de mutuas provocaciones.

Por teléfono solían amenazarse y prometerse palizas y terribles humillaciones.
Al final, una noche de furia se desafiaron telefónicamente para encontrarse en una esquina, en pleno Barrio Norte. Ahí acordaron arreglar sus asuntos esa misma noche, a solas. Lo harían en una casa desocupada de la familia de Romina.
III

Luego de un violento intercambio de cachetazos, las dos gatas se abrazaron y libraron un feroz duelo a tetazos. Aferradas a más no poder, terminaron cayendo otra vez al piso. Allí comenzó una silenciosa batalla plena de forcejeos y llaves, donde las jóvenes hembras tensaban al máximo sus músculos para tratar de dominarse. En un momento, una lograba ponerse encima de la otra y al instante las posiciones se invertían. A veces quedaban de costado y parecía que ninguna podría prevalecer.

En un supremo esfuerzo, y aprovechando un momentáneo aflojamiento de su adversaria, Romina agarró fieramente del pelo a Verónica y la puso de espaldas. Sorprendida por el intenso dolor, Verónica soltó a su rival. Romina no perdió la oportunidad y se le sentó encima. Luego le pegó un par de cachetazos y le tiró del pelo hasta que la otra pidió que parara.

Romina la soltó y fue gateando hasta un rincón de la habitación y se quedó allí, sentada en el piso y apoyada contra la pared. Estaba cansada y dolorida.

Verónica se repuso bastante rápidamente y también se arrastró hasta un rincón opuesto.

Durante unos minutos, solo se escuchó el jadeo entrecortado de las dos niñas. Estaban bañadas en sudor, a pesar del frío, con el maquillaje todo chorreado por las lagrimas y el pelo revuelto.

De pronto se encontraron mirándose fijamente. Instintivamente adoptaron una pose cada vez más desafiante.

Querían más. No estaba dicha la última palabra. No se habían dado todo lo que se tenían que dar.

Gateando, se buscaron y la lucha se retomó a zarpazos hasta terminar nuevamente abrazadas y rodar en un lento y excitante combate, lleno de fricción. Gemían de dolor y frustración por las llaves que se aplicaban. Pugnaban por vencer y demostrar quien era la mejor hembra. El sudor fluía de esos hermosos cuerpos que se refregaban furiosos. Cada hembra era inundada por el fuerte e inquietante olor de la otra. Por momentos, las piernas se destrababan y entonces pataleaban en el aire hasta volver a enredarse. Mejilla a mejilla se soltaban sucios insultos.

Romina había confiado demasiado en su superioridad. Creía que la primera vez había demostrado que era más que Verónica. Pensaba que la otra estaba más cansada que ella. Sin embargo, Verónica logró zafar un brazo y poner a su enemiga de espaldas. Salvajemente disputaron a manotazos por el control de la situación, hasta que finalmente Verónica logró imponerse y le retorció las tetas a su oponente hasta que está reconoció la derrota.

La nueva ganadora abandonó a su víctima y se fue a un rincón a descansar.

Verónica tenía una sorpresa preparada y cuando perdió, la primera vez, creyó que no la iba a poder a hacer. Vio que su rival se recuperaba. Romina se acariciaba las doloridas tetas y la miraba con rencor.

Verónica se arrastró hasta donde había quedado tirada su cartera y sacó un par de robustos y hermosos consoladores de metal, uno dorado y el otro plateado. Los había comprado por teléfono y estaban sin estrenar. Era el momento de un duelo de pijas.

Romina agarró al vuelo el falo plateado que le tiró su rival. No era necesaria ninguna aclaración.

Las dos se levantaron, blandiendo los metálicos penes como si fueran cuchillos y se encontraron en el medio de la habitación. Con la mano libre se buscaban las piernas. Sin embargo, las dos se agarraron al mismo tiempo de los cabellos y quedaron pegadas una contra otra. Forcejeaban a pleno insulto e intentaban empalarse recíprocamente. Se defendian cerrando las piernas hasta que fueron al piso y atacaron la concha enemiga con tal pasión que descuidaron la propia.

Las dos vírgenes se enterraron los fierros al mismo tiempo y, salvajemente, compitieron por ver quien serruchaba más rápido, más fuerte y más adentro.

Ahora, ya entregados sus tesoros, abrieron bien las piernas, para mostrar que aguantaban cualquier cosa. Se arrancaron desgarradores alaridos de dolor, pero ninguna trató de salirse del palo agresor.

La sangre de la virginidad destruida empezó a chorrearles los muslos y eso solo hizo que se clavaran más duro. Los gritos enloquecidos atronaron el lugar, hasta que, poco a poco, fueron transformándose en jadeos de placer.

Cuando volvió el silencio, las hembras entendieron que ya toda pureza era imposible. Se la habían sacado a puro fierro y nunca más volvería. Estaban manchadas con sangre de mujeres nuevas. Sangre impura que ahora las llamaba.

Una ola de insana pasión las inundó.

Excitadas manosearon ansiosas la sangre rival y se la refregaron por las propias tetas. Se untaron sus calientes mejillas con el liquido de la enemiga y se cruzaron feroces insultos, tratándose de putas, de perras reventadas, de guachas sucias y otra vez de putas.

Pegoteadas en sangre mezclada con flujo y arrodilladas frente a frente, siguieron gritándose insultos en un crescendo impresionante. Se decían todas las cosas asquerosas e inmundas que alguna vez habían querido decir. Se aullaban groserías con las caras casi pegadas. Las alzadas y abundantes tetas bailaban temblorosas por la agitación de sus dueñas. De los insultos pasaron a escupirse en pleno rostro y de ahí se inició un violentisimo intercambio de golpes. Ninguna se defendía. Las lagrimas saltaron junto con la sangre de narices y labios lastimados.

Enceguecidas por el dolor, terminaron abrazándose y rodando por el suelo ensangrentado.

Primero se mordieron los labios pero enseguida eso se transformó en un beso apasionado en el que las lenguas entraron y probaron todo.

Calientes como el Infierno, siguieron chupándose y acariciándose. Después las bocas probaron conchas y sangre y se dieron salvajes orgasmos y gritaron enfebrecidas, pero de placer.

Se gozaron durante horas. Como gatas se limpiaron la sangre y se curaron las heridas a pura lengua.

Después, bien limpitas, se acostaron boca arriba una al lado de la otra, los pies de una a la altura de la cabeza de su amante, y se dieron placer a puro consolador.

Terminaron exhaustas y bañadas en flujo.

Amanecía cuando decidieron vestirse.

Luego de haber estrenado las conchas, ahora apenas podían caminar.

Lastimadas y doloridas, pero felices, probaron sus lenguas por última vez y se despidieron, prometiéndose repugnantes y deliciosos goces futuros.

(c) Tauro, 2000

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