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Les cuento mi vida… otra tarde lésbica

No me voy a cansar de decir, que me gusta contar las cosas que me pasan por acá, porque es por donde lo puedo hacer y me gusta contarlas, lo mas pronto que sea, porque es una manera de revivir lo que sentí y de la manera que lo senti

Esto que hice hoy, no es nada nuevo, a muchos les puede resultar una boludez, pero a mi mi gusto, me excitó, me calento, me dio adrenalina, por eso lo cuento.

Para que lo entiendan es como una continuación de lo que conte en
http://www.poringa.net/posts/relatos/2796581/Les-cuento-mi-vida-noche-sorpresiva.html

Bueno les cuento. Anoche fui con mi novio a un cumpleaños en un country, como siempre, había mucha gente, era una casa muy grande, pero saben quien estaba????? Valen!!!!!!, siiiiii, yo ni sabía que iba a ir, hacía unos días que no hablaba con ella.

Bue cuando la veo chauuuuuu, que sorpresa, las dos nos quedamos como media heladas, más que yo estaba con mi novio, nos saludamos, como si nada y fue pasando la noche, pero no dejábamos de vernos y fijarnos en los movimientos que hacía cada una.

En una de esas, yo voy a la cocina (xq quería tomar nada más que un vaso de agua y no encontraba por ningún lado) y se aparece valen, en la cocina, no había nadie, pero en cualquier momento podía venir cualquiera, y hablamos mas o menos así

Yo: guacha, me estás persiguiendo

Valen; no, nena nada que ver

Yo: mentis, pero no importa quería verte

Valen: yo también

La agarro de la mano, me fijo alguna puerta en la cocina que diera a un lavadero, habitación de servicio o algo asi,, veo una y la llevo, era un lavadero, cerramos la puerta, nos partimos la boca, pero con esos besos que nos damos nosotras, re suaves acariciándonos solo con la lengua, pero tanto nos calentamos que terminamos tocándonos las conchitas, con las piernas ya arqueadas, aparte las dos estábamos con polleritas, con lo cual era mas fácil

Estábamos las dos re calientes, y mojadas, yo note su conchita llena de jugos, y la mía estaba igual, ella intenta meterme un dedo y la freno, le digo que no, que aca no!!!!! (quería dejarla bien calentita jeje), que mañana, por hoy, yo iba a estar sola en casa (mis viejos se fueron a la quinta de mis tíos), obvio que enseguida me dijo que si, pero temprano, tipo 13 hs, porque a las 17 hs tenía que estar en una reunión de un bautismo de un sobrino

Abro despacio la puerta, veo que en la cocina no hay nadie, y salimos las dos, y vuelvo con mi novio y el grupo de amigos con los que estaba. No se como explicarles la sensación que tenía!!!, todavía estaba mojada hiper caliente, las piernas casi que me seguían temblando!!!!! Y tenía que disimular todo, mi novio de algo se dio cuenta, porque me pregunta si estaba bien, obvio que le dije que si!!!!

Pero me había quedado muy caliente jeje, pasa un rato, y le empiezo a decir a mi novio de irnos pero “de irnos solos” a ver, como puedo explicarlo, a pesar que en la cama cuando estoy caliente hacemos de todo, con él siempre me porto como digamos “una señorita educada”, pero hacía ya unos días que no hacíamos nada, me acerco y le digo al oido “ quiero que me cogas amor”, jeje, se re quedo, nunca se le había dicho eso!!!!! (yo con él soy distinta, no se como explicarlos, mas legal????, asi se podría decir???)

Obvio que nos fuimos enseguida, llegamos al telo, y con la calentura que yo tenía, ni bien llegamos, nos quedamos en bolas y cogimos a fulll, (no me voy a detener en contar esto, porque cogimos como cualquier pareja que coje bien), pero fue de las noches hasta que me hizo la cola y un par de veces!!!!

La cosa es que habré llegado a casa tipo 7 de la mañana, y muerta, me acoste, y pensando en que me iba a costar dormir pensando en que hoy venía valen , por suerte me dormí enseguida. Me puse el despertador a las 11 hs, mis viejos ya se habían ido, me ducho, y como digo siempre aunque para uds la ropa sea una boludez para nosotras no jeje, aunque sea para estar con un hombre o una mujer, siempre me fijo bien que me voy a poner y eso lleva su buen rato!!!!!.

Como estaba en casa, tampoco me iba a vestir como para salir, me pongo unas zapas, de esas que se usan con suela alta, una pollerita corta pero bien amplia (me explico) y una blusa, sin corpiño, ya eran las 12, 30 hs, y estaba re ansiosa, nerviosa, con esa adrenalina que me da esperando que venga Valen y con las dudas si se iba a arrepentir o no!!!!

La cosa es que la las 13 hs. en punto llega, le abro y estaba re linda, también con una pollerita de jean, botitas cortas y bue el resto…. Parecíamos dos boludas al principio, vamos a la cocina tomamos un café, comimos algo, hablamos boludeces, parecíamos dos pendejas que por primera vez íbamos hacer algo, no se porque, pero ninguna daba el primer paso (como digo siempre hasta que estoy caliente soy vergonzosa, aunque no me lo crean) y me di cuenta que a ella le pasaba lo mismo.

Llegó un momento en el que le digo, “veni que te muestro mi cuarto”, y bueno entramos a mi cuarto, nos miramos, porque fue asi!!!!, nos agarramos de las manos y nos damos un pico, dos tres, un beso suave, otro beso suave, uno mas fuerte, hasta que nos terminamos, otra vez partiendo la boca como ayer (pero esta vez nada ni nadie nos iba a detener)

Nos seguimos besando e igual que ayer, nos empezamos a poner las manos por debajo de las polleritas a tocarnos las conchitas sobre las bombachas, las dos hacíamos lo mismo, hasta que estábamos re mojadas y ya las manos de las dos estaban debajo de las bombachitas tocándonos las conchitas

Nos empezamos a meter los dedos, ya muy calientes las dos, cada vez con mas fuerza nos besábamos, nos metíamos los dedos, y esta vez si, así de paradas, vestidas terminamos las dos acabando!!!!!!, ya calientes, fue mas fácil, nos sacamos la ropa, nos quedamos las dos en bolas, nos tiramos en la cama, Valen me empieza a comer mi tetitas y con su mano me tocaba la conchita y que bien que lo hacía, yo con mis piernas totalmente abiertas para darle lugar a ella para que se ponga entre mis piernas, (me explico?) , y así estuvimos un rato, hasta que mi hizo acabar de nuevo

Después, nos empezamos a acariciar, y como la otra vez, nos empezamos a frotar las conchitas, y a besarnos, a tocarnos, que hermosa sensación esa de rozarnos las conchitas, no se cuanto tiempo habremos estado así, pero acabamos las dos juntas (yo ya ni sabía cuantas veces había acabado)

Ella se acuesta, y me agarra la cabeza para que se la chupe, despacito, acariciándole las piernas, besándoselas, se la empiezo a chupar, muy despacio (como hago con las pijitas para dejar bien caliente al otro/a jeje), hasta que veo que empezaba a volar de la calentura que tenía!!!, le empiezo a meter un dedo, dos, mientras se la seguía chupando, comiendo, hasta que la haga acabar yo a ella

Después Valen me dice “ puta te voy hacer acabar como nunca, dame algún juguetito, que seguro tenés”, me descolocó, me daba cosa decirle que tenía, pero estaba muy caliente, ni lo pense, saco mi consolador y se lo doy, me dice “ponete en cuatro” le hago caso, y me lo empieza a poner en la conchita, despacio, mientras me besa la cola, me seguía besando la cola pero ya con su lengua en mi ano y me empieza a meter un dedo en la cola (ya me imaginaba lo que quería hacer, pero no me importaba, me gustaba lo que me hacía sentir y me entregué a ella)

Me escupe enla cola y me mete dos dedos, y después siento que me empieza a meter el consolador le digo “ no forra, no”, pero con esa voz temblando que en el fondo le estoy diciendo COGEME POR EL CULO, obvio que no me hace caso y me empieza a poner el consolador en la cola, una vez, me lo saca, me lo mete en la concha, en la cola, en la concha en la cola, y siguió metiéndomelo en la cola, me lo metía me lo sacaba, mi gritos y gemidos decían que me gustaba eso, hasta que me hizo acabar a los gritos y temblando!!!!!!

Estaba ya llegando la hora en la que se tenía que ir, le digo, Ok, pero tomemos un café antes, nos vestimos, siempre dándonos algún beso, y vamos a la cocina a tomar un café.

Mi objetivo del café era proponerle en algún momento hacer un trió con pau!!!!. Bue la cosa es que empezamos a tomar el café, beso por medio y me juego

Yo: Valen, te quiero proponer algo, pero si, no queres no me contestes ahora

Valen: que? Decime, me matas con la intriga jeje

Yo: bue, te digo la verdad, yo tengo una amiga con la que me acuesto

Valen: Guacha, tenés conchita y pija siempre?????

Yo: y la verdad que si, con mi amiga desde hace unos meses al menos dos veces por semana estamos juntas, y lo pasamos re bien!!!!, pero ella, no es como nosostras, digo, nosotras somos mas vale, bi, porque yo estoy de novia y vos alguna pija de vez en cuando te comes, no??

Valen: jajua, ahí se cagaba de risa y me dijo que si

Yo: bue, mi amiga, es re femenina, no es un macho, ero es lesbi, casi nunca se acuesta con tipos, pero no parece esas lesbianas que las ves y te das cuenta enseguida porque parecen tipos, esta nada que ver

Valen; ahh bueno y???

Valen no estaba entendiendo lo que le quería decir

Yo: que me gustaría que algún día nos acostemos las tres juntas, nos vamos a matar!!!

Valen: estas re loca nena, nunca hice un trío con mujeres

Yo: bue, no seas boluda, animate, es re copada mi amiga, aparte vive sola, así que no hay drama con eso

Valen: que se yo, me sorprendes, sos re trola nena (risas entre las dos)

Yo. No es que sea re trola, vivo la vida, igual esto queda entre nosotras, porque a ninguna de las dos les conviene que “el grupo de amigos” se entere

Valen: obvio nena, pero que se yo…….., la idea no esta mal, pero nunca pense en hacer algo asi, dejame pensarlo

Bueno, hablamos algunas otras boludeces y se fue

Pero que tarde que tuvimos!!!!!!!, lo peor es que me quede calentita, lo pase re bien acabe mil veces, pero igual, muchas veces después de estar con una amiga me quedo con ganas de una linda pijita (es una de las razones por la que estoy de novia jaja), por suerte después de cenar me pasa a buscar mi nocio, salimos solos así que seguro a seguir cogiendo , pero con una pija en serio, que me hace falta después de una tarde como la que tuve

La apuesta: fantasia cumplida

Este relato, es una historia real, me sucedió en el primer año en la universidad tecnológica de mi ciudad.

Mi nombre es Martín, actualmente tengo 30 años, estoy casado y tengo dos hijos. Lo que les voy a relatar, es lo que me ocurrió a los 18 años de edad y fue la experiencia sexual más grande vivida, hasta el día de hoy.

Había empezado el primer año en la universidad y la verdad, estaba nervioso por los nuevos compañeros que me iban a tocar, ya que ninguno de la secundaria, seguiría la misma carrera que yo y no me cruzaría con nadie conocido.

La cuestión es que éramos en total 37 personas, 29 varones y 8 mujeres. Estaba todo bien, con el correr de los días, ya había mas confianza entre nosotros y empezaban a notarse los grupitos de personas que siempre se forman o por afinidad o por conveniencia.

El grupo al que yo pertenecía, lo formaban 4 personas, dos mujeres, un compañero y yo. Debo reconocer que éramos los más tranquilos del curso.

Seguían pasando los días, las semanas y nos hacíamos cada vez más amigos, a tal punto de pasarnos los trabajos y tareas que nos encomendaban los profesores.

Al segundo mes del curso, nuestro compañero de grupo, decidió abandonar la carrera, argumentando que no era lo que él quería, entonces quedamos solo tres personas y así fue durante todo ese primer año en la cursada.

El tiempo pasaba y cada vez era más la confianza y la amistad, pero en realidad estaba todo más que bien hasta que escuche la confesión de una de mis compañeras.

Tenían mi misma edad, las dos 18 añitos, muy bonitas de cuerpo (que luego describiré con detalles), muy simpáticas y dulces, lo cual hacia que yo tuviera ganas de ir todos los días a cursar. Una se llama Roxana, le decíamos Roxy y la otra se llama Carolina, Caro cuando entras en confianza.
Roxy una tarde en plena clase, le dio un beso en los labios a Caro, lo cual a mi me dejo con la boca abierta y con tal asombro le dije.

“Que haces loca?”

A lo que ella me respondió,

“Que, no sabias que somos novias?

“Se que viven juntas, porque son del mismo pueblo y se vinieron a estudiar acá, pero no me jodas, no sabia que son pareja”

“Si somos parejas y nos queremos de verdad o no Caro”?

“Si obvio” respondió la otra con un poco de vergüenza.

En ese momento recuerdo que nos llamo la atención el profesor por estar dialogando en horas de clase, entonces tuvimos que callar, pero murmurando les dije a mis dos compañeras lesbianas que esa conversación, no terminaría así.
No paso mucho tiempo para que con alguna excusa, tratara de sacar el tema para así enterarme como era este asunto de que eran pareja, la verdad fue que me lo confirmaron al otro día cuando las seguí después de la clase y vi, como se iban juntitas caminando para su departamento.

Pensando en toda esta situación y sabiendo lo lindas que eran como mujeres, me dio de repente una excitación terrible, el solo hecho de pensar que dos mujeres se besaran y el imaginar como es, que harían el amor entre ellas, hacían que me pusiera como loco y me producía una erección terrible
Ya se había convertido en una obsesión y en una fantasía que quería cumplir el verlas hacer el amor entre ellas, así que siempre que podía les decía que algún día las quería ver, nada más que mirarlas y no tocarlas, a lo que Roxy siempre me respondía que no había lugar para hombres en sus vidas.

El tiempo pasaba y ya estábamos a mitad del año, era tal la amistad que nos unía y la confianza, que hablábamos de nuestras intimidades, nuestras experiencias de vida e incluso hasta discusiones sexuales muy fuertes, pero bueno, ellas siempre me ganaban en esa cuestión, yo no era virgen pero tampoco un experto, y cuando les contaba que lo hacia con alguna chica y les decía como lo hacia o les pedía algún consejo de cómo tratar a una dama, siempre ellas riéndose de mi me decían que era un pobrecito y no sabia nada de lo que era la verdadera vida. Ahí siempre yo, ya enojado y sonrojado como un tomate, les decía que me enseñen de lo que se trataba y otra vez Roxy me paraba en seco y me decía que los hombres no entraban en sus vidas.

Así pasaron los días, entre risas, discusiones, estudios, trabajos prácticos y cuantas otras cosas pedían en la universidad, iba todo perfecto, aprobábamos todos los exámenes hasta ese momento del curso.

Una tarde charlando de fútbol me di cuenta quien era la que mandaba en la pareja, era Roxy la que parecía tener los pantalones puestos en esa relación, ya que hablaba de fútbol como si fuera un verdadero varón y cuando Caro opinaba algo, ella la hacia callar dando a entender que sabia mas del tema. En esa misma charla me di cuenta de la devoción que tenía Roxy por el equipo de la ciudad, Gimnasia y Esgrima de La Plata y era tal el fanatismo, que estaba seguro que si apostaba algo, cualquier cosa que quisiera ella aceptaría. Así que me puse en campaña para ver si podía lograr lo que yo tanto soñaba.

Entre apuesta y apuesta iban pasando los domingos y así los partidos de fútbol, debes en cuando ganaba una cena, a veces también las perdía. Hasta que un domingo llego el Gran Partido, por fin se enfrentarían mi equipo contra el de ella y yo, soy fanático de Boca Juniors, así que tenia desde el lunes hasta el domingo para planificar toda la apuesta, y mas que a estudiar, me dedique a ir a la universidad solo para molestar a Roxy y a Caro que ese domingo perderían con el gran Boca Juniors.

Los gestos de Roxy no eran los mejores, ya que realmente era fanática de Gimnasia, pero bueno, tenía que lograr que ella me apueste a mí y no yo a ella, ya que si no, no aceptaría mi petición.

Como para el miércoles la cosa ya estaba súper pesada, para colmo, ese mismo día por la mañana las hinchadas de ambos equipos se habían encontrado en donde vendían las entradas y resulto ser que los barra bravas de Boca, castigaron a algunos de Gimnasia. Más a mi favor para lograr enfadar a Roxy y no tanto a Caro, ya que ella era más reservada.

Terminamos ese día la clase y me fui diciéndole que se cuide, que la hinchada de Boca la estaba buscando, lo que hizo que se diera media vuelta y se fuera sin decir adiós y solo Caro se despidió de mí esa tarde.

Al otro día, y sin saludarme me dijo, con cara muy enojada, te apuesto lo que quieras que Boca pierde contra Gimnasia, y ahí solté una risa tentadora.

“Nooooooooooo, le dije, no aceptarías porque sabes que vas a perder.”

“Dale, maricón, me respondió, o tenes miedo?”

“Yo, miedo de que, de Vos? pero no me hagas reír”

“Si tenes miedo de perder, jajaja”. Y ahí quedo la conversación.

Me hice rogar un momento y le dije que en el descanso le contestaría, paso la hora y no termino de sonar el timbre, que ya me estaba encarando para saber mi repuesta.
Haciéndome el enojado le dije, bueno dale, que queres perder y ella me dijo.

“Se que estas caliente con nosotras, así que te apuesto que si Boca gana, que no creo, te dejamos mirarnos mientras lo hacemos, pero, si Boca pierde, jajaja, nos dejas a nosotras que hagamos lo que queramos con vos”.

“Y que seria eso?” Respondí con asombro.

“En el departamento tenemos algunos juguetitos sexuales y queremos divertirnos con ellos”.

“QUEEEE?????”

“Si, si Boca gana, cumplís tu fantasía y si Gimnasia gana, te rompemos el culo con un consolador, jajaja, te agarro miedo papito?”

Así de directa fue la charla, me tome un tiempo para responder, pero estaba indeciso, ahora si, el que tenia miedo de verdad era yo, quedamos en que el viernes antes de terminar la clase le respondería por si o por no, imagínense Uds., me tenia que aguantar los acosos de Roxy y las caritas de picara de Caro. Fue una tortura pero tome la decisión de aceptar la apuesta, total, que podría pasarme, de las dos formas la pasaría bien igual, o no?.

Les comunico a las dos cual es mi decisión y en eso Caro me pone condiciones, la cosa seria que si yo ganaba, ellas me atarían a una silla y solo me dejarían mirarlas y no tocarlas, lo cual me pareció justo, tratándose de que eran lesbianas y no heterosexuales, pero ahí no termina, yo también les puse una condición, les pedí que fueran suaves y que usaran mucho lubricante si me tocaba perder.

Ese viernes por las noche no pude salir, me quede en mi casa pensando en lo que pasaría si perdía y no me preocupaba tanto, en lo que haría si ganaba, era tan rara la sensación que tenia, que no me dieron ganas de salir a bailar esa noche.

Ya en sábado, si me propuse salir, el encierro me estaba matando, así que llame a una amiga con derecho y me propuse pasarla bien para despejarme un poco. El detalle de lo que hice esa noche de sábado, no tiene nada que ver con este relato, pero basta decir que hicimos el amor y la pase muy bien.

Llego el domingo y estaba muy nervioso por el partido, empezó a las 16:00 hs., parecía que el destino me estaba jugando una broma macabra, a los 4 minutos del primer tiempo, Gimnasia le ganaba a Boca 1 a 0, ahí si, se me lleno el culo de preguntas, pero no perdía las esperanzas, yo con los nervios de punta rezaba para que boca por lo menos empatase, y así llego el 1 a 1 a los 20 minutos del primer tiempo y desde ahí, Boca no paro de hacer goles. Esa tarde, mi equipo gano 6 a 1 al equipo de las lesbis, yo tenia tanta alegría que esperaba el lunes con ansiedad, para ir a la universidad y hacerla encabronar a Roxy, pero para mi sorpresa ese lunes falto a la clase y solo fue Caro, así que tenia oportunidad para hablar con ella que era muy sencilla y muy dulce, además de las dos era la mas linda.

Me contó de algunas intimidades, de que no estaba muy a gusto con Roxy y que en realidad quería tener una experiencia con un hombre, ya que la que tuvo fue producto de un abuso por parte de su padrastro, pero no hubo penetración, y desde ahí, se inclino sexualmente hacia las mujeres.

Paso el lunes rapidísimo, un poco aburrido porque no estaba Roxy, pero en realidad me di cuenta también de lo mucho que me gustaba Caro como mujer y la había empezado a mirar de otra forma más que como un amigo.

Al otro día, volví a la universidad y esta vez si estaba Roxy, no tarde mucho en preguntarle cuando me pagarían mi apuesta, a lo que respondió que seria el próximo sábado.

Los días fueron pasando, martes sin novedades, miércoles con examen, jueves un par de horas libres y viernes aburrido. Pero en ninguno de esos días había dejado de pensar en Caro y en su hermoso cuerpo, lo dulce que era conmigo y hasta me animo a decir que ella también se fijaba en mí más que como un amigo.

Llego el famoso sábado en que mis sueños se harían realidad, ver como dos mujeres hacen el amor, era tan excitante la situación que no podía hacer mas nada que pensar en la hora y ver cuando llegaría el momento de ir para el departamento de las chicas.

La cita era a las 19 horas, yo ya estaba media hora antes en la entrada, listo para tocar timbre y entrar a disfrutar del show lesbico. Me parecía interminable la espera, así que 15 minutos antes, decidí tocar el timbre porque no aguantaba más de la desesperación y nervios que tenía.

Toque el portero eléctrico y por la voz me di cuenta que era Caro la que me atendió, esa voz dulce que pregunto, “quien es?” Martín, respondí temeroso, “huy que temprano que llegaste, bueno pasa” y subí hasta el segundo piso, golpee la puerta del departamento.

Hola como estas? y me quede mudo al ver a Caro con una bata de baño, con el pelo mojado, con un escote que prometía el paraíso. Me quería morir, Caro estaba tan sexy que me olvide de la otra mujer, solo quería estar con ella. Una vez que entre se dirigió a una habitación a vestirse, la seguí con la mirada y dos pasos antes de cruzar la puerta, dejo caer su bata y pude ver su hermosa cola, su delgada cintura y su perfecta espalda.

Ya estaba como loco, con todo este panorama, estaba mas que excitado y parecía que se iba a poner mucho mejor. Caro tenía un cuerpo hermoso, perfecto para mis ojos, una cinturita deliciosa, una cola paradita, unos pechos torneados y de tamaño ideal, pelo castaño y ojos color miel que eran una delicia.

En eso aparece Roxy, cubierta con una toalla, me saluda a lo lejos y entra a la misma habitación, tardaron unos minutos, una eternidad para mi, tenia las manos congeladas y calor al mismo tiempo y ni hablar de mi miembro, estaba pidiendo a gritos salir de su jaula a mirar lo que sucedía.

Roxy, también era muy linda, era mas bien tirando a gordita, unos pechos como para dormir una siesta, una cola terriblemente hermosa y grande, la cintura bastante bien, era más de tez oscura, pelo y ojos negros, no era una modelo de revista como Caro, pero tampoco era para despreciar.

Bueno, al fin salieron las dos de la habitación, Caro estaba con una mini falda muy cortita y una remera blanca, sus pechos parecían estar asfixiados por la presión de la prenda, se notaba que no llevaba sostén porque se le marcaban mucho los pezones, lo cual me hacían desviar la vista a cada instante. Roxy en cambio, estaba vestida con un Jean azul y una remera oscura con algunos dibujos en colores.

Nos sentamos en el living y nos pusimos a conversar de la universidad, me ofrecieron café y algunas galletitas, acepte con gusto ya que los nervios habían hecho que me agarrase un poco de hambre. Paso como 40 minutos de charla, risas, hasta que Roxy me pregunto “bueno, a que venís?”. Yo con dudas respondí, “a cobrarme La Apuesta”.

En eso Caro se levanta y toma una silla, la lleva para la habitación y con esa voz dulce me invita a seguirla. Los siguientes 10 minutos fueron de discusión entre ellas, como ubicarían la silla, que si estaba muy cerca de la cama, que si estaba muy lejos, que no vería nada, o que iba a ver mucho, que así no que así si, en fin (mujeres). La silla al final quedo ubicada a los pies de la cama matrimonial que ellas ocupaban todas las noches. Otros 5 minutos para discutir el tema de la luz, si seria encendida, apagada o como estaría el tema de la iluminación. Los tres acordamos que seria a luz apagada, con la puerta abierta de la habitación y con la iluminación que nos daba el living del departamento. Esto hacia que la luz en la habitación sea tenue y me permitiera ver todos los detalles del show que vendría.
El siguiente paso era atarme a mi, a lo cual me resistí, pero bueno, tenia que cumplir mi palabra y acepte sentarme, poner mis manos por detrás y Caro con unas prendas de vestir me ato las manos a la silla. Ahí pensé listo, no me podrán romper el culo sentado, y me dispuse a disfrutar lo que me tenían que pagar.

Ya atado y sin poder zafar mis manos, Roxy se acostó en la cama y llamo a Caro que todavía estaba detrás de mí, que para mi sorpresa, mientras se alejaba, toco mi hombro y me dijo suavemente acercando su boca a la mía, pero sin tocar mis labios “disfruta del show”.
Esas palabras provocaron en mí un escalofrío incesante, e hizo que cada minuto deseara mas estar solo con ella.
Se ubicaron en la cama, con los pies apuntando hacia la almohada, es decir, para mi lado, estaban sus dos cabecitas. Roxy me pregunto si estaba listo que el show estaba por comenzar.

Confieso que para ese momento yo ya tenia mi pene totalmente parado, y cuando vi como empezaban a acariciarse la cabeza una a la otra ya quería saltar arriba de la cama y ponerme entre medio de las dos mujeres.

El show fue mejorando poco a poco, empezaron los besos en la boca y después ya metían la lengua como si yo no existiera. Roxy tomo la iniciativa de la relación y con sus manos acariciaba los pechos de Caro que se notaba como estaban de duros y parados los pezones por la excitación, esto se estaba poniendo caliente, las dos respiraban como si les hubiera agarrado un infarto, Caro, se soltó y también empezó a tocar los grandes pechos de su pareja, aunque no se le notaban los pezones como a ella, si se notaba que estaban bien firmes y paradas, Roxy parecía estar drogada, en un momento me dio la sensación de que se le darían vuelta los ojos por el placer que estaba sintiendo.
Se frenaron y sin mirarme Roxy dijo, Caro, vamos a ponernos cómodas, esta última asintió con la vista y automáticamente, se sacaron la ropa, quedando las dos mujeres solo en tanga. La gordita, tenía una bombachita negra muy delgadita para su tremendo culo, en cambio la que a mi más me gustaba, tenia una tanga blanca, perfecta como su cola. No sabia a quien mirar, si a la de las pechos grandes, o a la de las pechos perfectos. A este punto imagínense como me sentía yo atado, queriendo meterme en ese cuadrilátero llamado cama y dar pelea a las dos juntas.

Ya volviendo a sus posiciones y besándose como dos verdaderamente lesbianas de película porno, Roxy empezó a chupar los pechos de Caro, que gemía profundamente, el show se puso mejor cuando se arrodillaron las dos en la cama, y desde mi posición podía ver como se frotaban los pechos entre si, mientras las lenguas parecían estar en guerra para ganar terreno en la boca de la otra. Iba todo perfecto, se me estaba cumpliendo mi deseo, mi sueño, mi fantasía, hasta que un inmenso dolor hizo que desatendiera la situación, era mi pene, que pedía a por favor salir a respirar y el dolor me lo causaba mis pantalones, y ante la imposibilidad de acomodármelo, estaba haciendo una fuerza terrible contra mi cremallera.

Perdón interrumpí, necesito ayuda, necesito que me acomoden mi pene, me esta matando, sentí como Roxy mufaba y se acerco hasta mi, se agacho delante de mi, no podía creer que estaba mirando esos pechos enormes tan cerca mío, me bajo el cierre del jean y casi con un gesto de asco, tomo de mi pene y lo saco afuera de un tirón, sentí como un pinchazo y un gran alivio al ver que no tenia mas la presión del pantalón.

Se volvió a la cama y yo encontré que la mirada de Caro, estaba fija en mi pene, lo cual me dio gusto sentir como lo devoraba con la vista. Podemos seguir dijo, a lo que yo respondí, “si claro, continúen por favor”.

Volviendo al show, Roxy pasó las manos por la cintura de Caro y las reposó en su culo, lo mismo hizo esta última, y otra vez empezaron los besos y lengüetazos. Después de un rato en esta situación, Caro se puso de espaldas a mi, así que yo lo único que podía ver era su dibujada espalda, sus hombros derechos y su gloriosa cola con las manos de Roxy en el medio. La gordita, no tardo mucho en pasar sus dedos por debajo de la tanga blanca, y de un solo movimiento se la bajo de golpe. Creo que por lo que alcance a ver, Caro hizo lo mismo con la tanga de su pareja. Ahora si estaba en la gloria.

Me volvía loco esa cola, quería tocar ese perfecto culo, pero no podía ni moverme, cada vez estaba mas caliente, trataba de moverme para masturbarme con mi propia cremallera, pero no podía, yo ya estaba por explotar y no podía hacer nada al respecto.

Roxy se acostó boca arriba y la otra en un movimiento lento, como si estuviera montando una bicicleta, puso su vagina a disposición de la lengua de su amante, ese movimiento, me dejo observar el tajo que tenia Caro, era la gloria, simplemente perfecto, estaba hecho con un bisturí, los labios finos, pero un clítoris que parecía un botón. Con ese panorama, ya tenia a las dos haciendo un excelente 69 y quedaba a la merced de mis ojos atónitos, la cola bien abierta de Caro, con el ano bien rosadito apuntándome directamente a la frente y con esa concha que entre los dos hacían un perfecto signo de exclamación.

Esa imagen me duro poco, ya que lo siguiente que apareció en escena, fue la lengua gruesa de Roxy dentro de la vagina de mi favorita. Todos los movimientos que hacían las dos, me daban a pensar que Caro también estaba con su lengua revisando el útero de la gordita, solo que no podía verlo desde mi lugar.

Habrán estado en esa posición, como unos 20 minutos, hasta que del tajo de Caro, empezó a salir abundante flujo y de golpe, se escucho un grito, el cuerpo inmaculado que estaba con su culo apuntándome, empezó a temblar como si le habían dado un electroshock, era obvio, había tenido un terrible orgasmo, a los dos minutos de eso, los gritos eran de Roxy que también había sufrido de lo mismo.

Se relajaron un instante y se pusieron una al lado de la otra, en la misma posición que estaban, pero de costado. Alcance a divisar el reloj despertador que estaba en una mesita, ya eran las diez y media de la noche, se me estaba pasando volando la hora y todavía no pasaba lo mejor.

No recuerdo quien de las dos, se levanto y de debajo de la cama, saco una caja, cuando la abrieron, sacaron de ahí todo tipo de juguetes, incluso el que mas me llamo la atención, fue un consolador con dos penes, nunca me había imaginado que ellas, mis amigas, usarían eso para satisfacerse.

Caro tomo un consolador muy grande, como el doble de grueso de mi pene, y unos veinte centímetros de largo o tal vez más. Ahí pensé en un segundo, menos mal que gane la apuesta.

Volvieron a la posición del 69 pero estaban de costado, Caro levanto una de sus piernas y Roxy con consolador en mano, empezó otra vez con su lengua dentro de la humanidad de su compañera, me di cuenta que la otra hizo lo mismo con la gordita por el suspiro, hasta creo que le mando el juguete de una, hasta el fondo.
Roxy, comenzó su lucha con el consolador en la puerta de la mojada vagina de su amante, y por el tamaño de su tajo, me daba cuenta de que no seria fácil penetrarla con semejante cosa. Enseguida comprendí por que Caro no estaba cómoda con su pareja, la vi demasiado bruta y no suave como se notaba que era ella. En fin, eso en ese momento no me importaba para nada, ahora solo quería masturbarme de cualquier forma, ya me dolían los huevos de ver esa situación y aguantarme las ganas de pajearme y lanzar semen por todos lados.

Miraba y miraba, ya era enfermizo el show, no daba mas, para colmo Roxy estaba jugando con el culito rosadito de Caro, y ya tenía un dedo completamente adentro del ano, pero seguía insistiendo con el consolador que no quería entrar. A todo esto se volvió a escuchar el grito y vi como se sacudía la cabeza de la gordita, otro orgasmo, la que no sentí ni vi sacudirse, es a la dulce Caro, hasta creo que estaba sufriendo en vez de disfrutar.

“Chicas” interrumpí, “necesito otro favor”.

“Y ahora que queres? Dijo de mala gana Roxy.

“Necesito acabar, si o si, me están matando mis huevos, quiero masturbarme para acabar”

“No, respeta tu palabra”

“Por favor, me masturbo yo y a Uds. ni las toco”

En eso se escucha Caro que levanta su cabecita y dice con vos temblorosa, “dale negra, dejémoslo, que nos va a pasar, somos dos contra uno, déjalo que se haga una paja que esta sufriendo como un condenado”.
Genial, mi dulce Caro se levanto y me desato, no tarde ni un minuto en sacarme las zapatillas y los pantalones, quedándome solamente con el calzón a media pierna y mi pene ya en mis manos.

“Ojo con lo que haces” dijo Roxy, a lo que respondí, “solo las voy a mirar y me voy a hacer una paja para no sufrir mas el dolor de huevos que tengo”. “Bueno, pero tampoco podes acabar acá, tenes que irte al baño” me dijo. “No” insistí, “si me pongo un condón me puedo quedar acá”, “bueno si”, dijo Caro. Saque rápidamente un preservativo de mi pantalón, me lo puse y ya estaba listo para la gran paja.

Caro volvió a su posición y yo me acerque disimuladamente a la cama, hasta quedar en el borde. Estuve así unos minutos, con mi pene en la mano, simulando pajearme, no lo quería hacer porque acabaría en menos de un minuto y en realidad quería que el show durara toda la noche.

Cuando Roxy se canso de insistir con el gran consolador, que seguía sin entrar en la concha de Caro, se acostó boca arriba y con las piernas abiertas y recogidas invito a Caro a que se la lamiera toda. En esa posición agarraron el consolador con doble pene, y Caro se arrodillo en frente del cráter que tenía la gordita, cuando mi dulce niña se inclino para comerse la concha de Roxy, quedo con el culito hacia arriba, apuntado hacia mí y yo podía ver ahora, esa hermosa imagen a apenas 30 o 40 centímetros de mí vista. Me fui acercando mas, hacia el borde de la cama, hasta apoyar mis rodillas sobre el colchón, a unos pocos milímetros de la piel hermosa de Caro, que ya tenia toda su lengua en la vagina de Roxy, era cuestión de un solo movimiento, respirar fuerte, para que mi pene rozara ese culito, por un instante casi la penetro de una, pero pensé en lo brava que se pondría la marimacho de la gordita.

Así que con el culito casi en mis manos, la estrategia era solamente hacerle sentir que yo estaba detrás y para eso, no tenía otra cosa más que solo tocarla. Me fui acercando lentamente más y más, hasta tocar una de sus nalgas con mí pene envuelto en llamas en mi mano y con el condón puesto. Ella se dio cuenta, primero se alejo un poquito y luego se acerco mas y ahora no solo mi pene la rozaba si no que mi mano también la estaba tocando.

En esa situación ya no podía hacer mas nada, así que comencé con mi tarea de hacerme la paja mas maravillosa del mundo, en cosa de cinco minutos ya estaba apunto de acabar así que, decidí poner mi pene entre medio de los labios finitos de su conchita y acabar ahí. Sentí que Caro lo disfrutaba por el ritmo de la respiración que tenia en ese momento, así que no pude contener lo que empezaba a salir de adentro mió, en medio de su conchita y con el preservativo puesto, era totalmente una paja de lujo.

Cuando estaba eyaculando Caro se estiro más hacia mí y creo que fue el calor de mi semen que la hizo tener un terrible orgasmo y de su conchita deliciosa chorreaba una buena cantidad de flujo.

Termine de acabar y me senté en la silla y Caro no dejaba de mirarme mordiéndose los labios como diciéndome “que bien que me sintió”, la cuestión es que luego de eso, no deje de pensar en ella y otra vez se me endureció el pene.

Cambie el preservativo y otra vez me hice una buena paja de lujo.

La cuestión termino en que Roxy tenía cara de pocos amigos, muy enojada al darse cuenta que su novia, amante, pareja o como quieran decirle, disfruto más moviéndose para mí que para ella.

La cosa no termina ahí, esa noche me quede a dormir con ellas, estaba muy cansado, terminamos como a las 4 de la mañana, en realidad ellas, yo había terminado mucho antes, pero me quede mirando.
Al otro DIA, cuando me desperté, me sentía raro, no sabia lo que era, pero me sentía raro, lo primero que hice fue tocarme el ano, quería saber si estaba todo en orden y si, estaba todo bien por suerte, no había signo de violentación de agujero, y mientras me tocaba abriendo los ojos me di cuenta que era lo que me había pasado.

Había caído en un sueño tan profundo que no me di cuenta que mientras dormía las muy putas, turras, lesbianas o como se les pueda decir, me habían depilado completamente, si, me dejaron sin un pelito, desde las piernas hasta las nalgas y pecho.

Que les puedo decir, después de insultarlas de arriba abajo, comencé a reírme como loco y ellas también.

Desayunamos y me fui para mi casa a terminar el domingo en familia.
Al otro día en la universidad todo fue normal, con mucha más confianza con Caro, había abrazos, caricias, caritas lindas incluso hasta besos. Lo que no estaba todo bien era con Roxy, que creo que estaba muy celosa y sentía que la estaba perdiendo a Caro.
Termino el año, de Roxy lo ultimo que supe es que se volvió a su pueblo natal y hasta lo que se, estaba sola sin pareja.
Yo seguí estudiando hasta convertirme en ingeniero en electrónica y de Carolina que les puedo decir, la seguí viendo. A los dos años ella abandono la carrera, y la seguí viendo, consiguió un buen trabajo, alquilo su propio departamento y yo la seguí viendo.

Hoy Caro, es el amor de mi vida y la madre de mis dos grandes aventuras y fantasías, mis hermosos hijos

Sofia y Lurdes

Siempre he sido muy tímida e insegura, por lo que aceptar mi propia sexualidad en un pueblo pequeño donde todo el mundo se conoce no me resultó nada fácil. En mi casa, me sentía continuamente observada por mis padres, chapados a la antigua y con los que no podía comentar mis problemas; en el círculo de mis amistades, nadie me había dado nunca pie para hacer eso que hoy se conoce como “salir del armario”, y el miedo a un posible rechazo era tal que bloqueaba por completo mis ansias de desahogarme.

Por eso, cuando recién cumplidos los 20 años llegué a Madrid para estudiar en la universidad, un mundo nuevo de posibilidades infinitas se abrió para mí. De repente, me sentía libre, sin ataduras, sin padres o vecinos que me espiasen y se llevasen las manos a la cabeza si me descubrían en brazos de otra mujer. Y además, claro, estaba Sofía. Tan alta, tan rubia, tan sofisticada, con esas gafitas de pasta que le daban un aire tan intelectual y tan sexy. Sofía era todo lo contrario que yo: decidida, experimentada en el amor, desinhibida… Me enseñó cosas de las que yo sólo había oído hablar y que junto a ella me parecieron delicias propias de dioses; a su lado conocí la gran ciudad, con todas sus posibilidades y su increíble capacidad para que todo quedase en el anonimato.

También físicamente éramos muy diferentes. Ella era delgada, esbelta, con unos pechos menudos pero increíblemente tentadores, y unas piernas larguísimas que escondían un pubis que mi amiga llevaba siempre cuidadosamente depilado. Recuerdo que se rió mucho al ver mi desconcierto ante su sexo rasurado “Ay Lourdes, eres tremenda”. Yo me avergoncé un poco de mi provincianismo, de mi falta de mundo, sintiéndome como el patito feo del cuento, hasta mi nombre sonaba a santa, a inocente. Pero Sofía siempre fue muy cariñosa conmigo, y decía encontrar mi redondeado cuerpo sumamente voluptuoso. Junto a ella las vergüenzas desaparecían, mis inseguridades quedaban muy lejanas, y estar bajo su tutela y protección me parecía el más encantador de los destinos.

Así pues, Sofía se hizo cargo de mí con una sonrisa y me ayudó a descubrir el mundo y a disfrutar de una sexualidad libre y maravillosamente transgresora. A su lado conocí también la amistad, el amor y… lo que podríamos llamar el “lado travieso” de la vida. Es precisamente ese “lado travieso” el que quería contaros, aunque no sé muy bien por dónde empezar.

Recuerdo que acababan de cumplirse tres meses desde que Sofía y yo habíamos empezado nuestras relaciones. Habían sido sin duda los tres meses más intensos y maravillosos de mi vida y, aunque yo nunca había estado antes con otra mujer, estaba completamente convencida de que era imposible encontrar a nadie más especial y más enloquecedor que ella.

Aunque Sofía era sumamente delicada conmigo, llevaba siempre la voz cantante en nuestras relaciones sexuales. Ella era la que sugería, la que investigaba caminos nuevos, sabiendo de antemano que todo lo que me proponía me apetecería también a mí. Pero a las dos nos satisfacía ese estado de cosas: yo descubría un mundo nuevo y voluptuoso que nunca había esperado encontrar, y ella una joven inocente deseosa de aprender y experimentar cualquier cosa que saliera de su mente sensual e innovadora. Creo que no me equivoco si digo que las dos fuimos muy felices durante esos tres meses.

Uno de los rasgos que más me gustaban del carácter de Sofía era su natural alegre y espontáneo. Le encantaba tomarme el pelo, gastarme bromas, reírse cariñosamente del desconcierto que me producían cosas que para ella eran totalmente habituales. Frente a su experiencia de la vida, yo era un soplo virginal y puro, un copo de nieve todavía sin mancillar. Estoy segura de que eso le volvía a ella tan loca como a mí su sabiduría a la hora de recorrer cada centímetro de mi cuerpo.

En esas circunstancias, no fue de extrañar mi alegría cuando Sofía me propuso conocer a su grupo de amigas. Entrar en su círculo íntimo significaba ser una parte cada vez más importante de su vida, y por tanto estrechar aún más nuestras relaciones. Además, yo no había tenido muchas posibilidades de hablar con otras mujeres lesbianas en el pueblo, y poder hacerlo ahora bajo la tutela de mi amiga me pareció una idea genial.

La primera vez que las vi me pareció que sus amigas eran muy divertidas. Rondaban todas más o menos de la edad de Sofía, eran alrededor de siete u ocho años mayores que yo y gozaban del mismo espíritu desenfadado y extrovertido de mi amiga. Constantemente hacían bromas a mi costa, pero sin maldad y sin que ello me molestase en absoluto. Le preguntaban a Sofía dónde había encontrado una monada como yo, un diamante en bruto tan encantador y sin pulir. Hacían comentarios obscenos con los que yo me ponía colorada, provocando así un redoble de risas y chistes verdes. Aunque un poco cohibida ante ellas, la verdad es que estaba radiante de haberlas conocido y deseosa de encajar en su grupo, por lo que acepté de buen grado todas sus pullas y sus frases con doble sentido. Por su parte, Sofía parecía feliz y eso era motivo más que suficiente para que yo también me sintiese así. Pero había otra razón por la que yo deseaba participar en las bromas de sus amigas: cada vez que ellas me miraban y me piropeaban con aprecio, en los ojos de mi amante leía con claridad el orgullo y el deseo. Eso era más que suficiente para mí.

Por eso no dudé en aceptar cuando Paula, la más charlatana y fanfarrona, comentó un día que ya iba siendo hora de que me invitasen a una fiesta de pijamas en su casa.

-¿Una fiesta de pijamas? –pregunté divertida- pensé que eso era cosa de las películas americanas.

-Nada de eso guapa –respondió Olga, sonriendo como siempre- nosotras nos reunimos una vez al mes en casa de Paula y lo pasamos genial.

-Suena genial –comenté- ¿cómo es que nunca me habías dicho nada Sofía?

-Bueno –respondió ella haciéndose la interesante- la verdad, pensé que eras… demasiado convencional para ese tipo de fiestas.

No pude evitar ponerme colorada. Deseaba con toda mi alma ser una más del grupo, y el hecho de que Sofía me considerase demasiado chapada a la antigua, demasiado poco liberal para participar en algo que ellas encontraban tan divertido me hacía enloquecer de celos y de rabia.

-¡Nada de eso! –protesté indignada- yo quiero asistir a vuestra próxima reunión, si Paula me invita, claro.

-Por supuesto –me contestó ella- una preciosidad como tú está siempre invitada.

-Bien –dijo Raquel, la más guapa de las amigas de Sofía- pero si vienes tiene que ser con todas las consecuencias. Hay una serie de ritos que debes cumplir si quieres ser una de las nuestras…

-¿Ritos, qué clase de ritos?

-No la hagas caso, está bromeando –pero Sofía tenía la sonrisa de las grandes ocasiones que yo ya conocía también.

-¿Prometes cumplir con todas las normas del C.L.I.?

-¿C.L.I.?

-Club de las lesbianas inmorales –me informó Sofía.

-Parece divertido –reí sin poderlo evitar.

-No te rías –dijo Sofía- el C.L.I. es una cosa muy seria.

-Y absolutamente salvaje –apostilló Paula.

Por nada del mundo me habría perdido aquella extraña reunión, que a mis ojos aparecía ya revestida de la aureola mágica de los cuentos de hadas.

***

Cuando llegó el día de la fiesta desperté increíblemente nerviosa y excitada. Parecía una chiquilla que salía al mundo por primera vez, y es que en el fondo era eso lo que sucedía: tenía unos deseos inmensos de encajar bien con las amigas de Sofía, de que mi amante se sintiese orgullosa y satisfecha de mí, de divertirme y pasarlo bien. Durante demasiado tiempo había reprimido mi sexualidad y mis instintos, era hora de sacar todo lo que llevaba dentro, y por fin había encontrado un grupo de gente con el que podía ser yo misma, sin ocultar nada de mi interior con tantas veces había tenido que hacer en el pasado.

Estaba tan alterada que pasé horas ante el espejo intentando decidir qué ponerme. Quería estar perfecta, encantadora, e incluso llamé a Sofía para pedirle su opinión. “Es una fiesta de pijamas, no un pase de modelos” me contestó ella, y su risa me desconcertó muchísimo. Supuse que le hacían gracia mis nervios, mis dudas de muchacha del pueblo que hace una montaña de un grano de arena.

Sin tener nada claro lo que debía ponerme, opté por una minifalda que me hacía un culete muy redondo y que a Sofía siempre le había gustado mucho, y la combiné con una camiseta ceñida quizá demasiado provocativa, pero ya he dicho que quería gustar a todas las amigas de mi amante y que ésta pudiese decir con orgullo que yo era su chica. Ya estaba en la calle cuando tuve que volver sobre mis pasos; con las prisas, había olvidado el pijama. No sabía si en una fiesta de pijamas se usaba realmente el pijama, pero preferí no quedar como una estúpida y llevar uno en mi bolsa de dormir por si acaso. Como estábamos en verano, escogí uno muy ligero que me había regalado mi madre para que lo usase en Madrid y que todavía no había estrenado.

Por el camino, iba pensando en las amigas de Sofía. Primero estaba Paula, la anfitriona. Era una mujer alta y delgada, con el pelo corto muy negro cortado a lo chico, lo que le daba un aspecto bastante masculino. Era tal vez la que mejor me caía, pues tenía un sentido del humor agudo y sorprendente. Luego estaba Sonia, su pareja, una dulce y regordeta mujercita con un rostro siempre sonriente y encantador. Llevaban juntas más de cinco años y el grupo entero celebraba que al menos hubiese una pareja estable entre ellas. En secreto, yo tenía la esperanza de que pronto dijeran lo mismo de Sofía y de mí.

Raquel era la tercera amiga de Sofía, la más guapa. Tenía unos hermosos ojos verdes que me turbaban cada vez que me miraban. Además, había sido novia de Sofía, y eso me hacía sentir incómoda con ella. De algún modo, no podía evitar compararme con ella y, al menos desde el punto de vista físico, me temía que no era yo la que salía victoriosa. Realmente, Raquel era una mujer muy hermosa, y el pensar que sus labios habían recorrido el cuerpo de mi amada Sofía no me hacía especial ilusión.

Y luego quedaba Marga, la más joven quitándome a mí. Contaba apenas 25 años y era una chiquilla tímida y de pocas palabras con la que yo prácticamente no había tenido contacto alguno. Que yo supiera, ni Raquel ni ella salían con nadie en aquel momento, por lo que en la fiesta habría dos parejas, Paula y Sonia por un lado y Sofía y yo por otro, y otras dos mujeres solas. Pero era una fiesta para charlar y divertirse todas juntas, por lo que supuse que no se notaría quién iba acompañada y quién no.

Mientras caminaba buscando la dirección de la casa de Paula y me perdía como es habitual en mí, iba pensando en lo extraña que me había resultado la conversación telefónica que había tenido con Sofía aquella misma tarde. La había notado diferente, como si me estuviese ocultando algo. Pero al mismo tiempo parecía feliz, alegre como pocas veces, y en varias ocasiones tuve la sensación de que hacía esfuerzos para no echarse a reír. Conociendo su afición a tomarme el pelo y recordando cómo eran sus amigas, estaba segura de que alguna encerrona me tenían preparada, y cada vez me parecía más claro que esa reunión iba a ser una especie de rito de iniciación para mí, que ellas pensaban divertirse de lo lindo conmigo y que de algún modo yo iba a ser el centro de la fiesta.

Por si esto fuera poco, Sofía, que siempre me acompañaba a todas partes, me había puesto una excusa absurda y había quedado ya conmigo en el lugar de la fiesta, lo que me reafirmada en la idea de que alguna sorpresa me aguardaba. Aún así, como sabía que no había mala intención yo estaba dispuesta a colaborar con ellas. Si para ser una más de su grupo tenía que soportar que se hiciesen chistes verdes a mi costa y se riesen un poco de la recién llegada, yo sabría encararlo con elegancia y fair play, y estaba segura de que al final de la velada todas seríamos buenas amigas.

Pero, a pesar de todos estos razonamientos, tenía un extraño desasosiego cuando finalmente encontré la casa de Paula y toqué el timbre.

***

Paula me recibió sonriente y me dio dos húmedos besos antes de hacerme pasar. Tenía un apartamento pequeño pero muy coqueto, con un bonito salón donde mis nuevas amigas habían preparado una sangría fresquita ideal para combatir los rigores del verano. Cuando entré, todas me recibieron calurosamente. Un enorme cartel colgado de lado a lado del salón decía “Bienvenida Lourdes” y globos y serpentinas de colores daban alegría y ambiente festivo al apartamento. Sofía se acercó a mí la primera y me besó largamente en los labios mientras las demás la jaleaban divertidas.

No pude evitar ponerme colorada y a punto estuve de echar una lagrimita, tanta era la ilusión que me hacía ser aceptada por ellas. Así pues, habían preparado aquella fiesta en mi honor.

-Vas a ser la reina de la fiesta –me dijo Sonia dándome un abrazo- estamos muy contentas de tenerte aquí.

Más contenta y agradecida estaba yo, a pesar de que, según pude comprobar, era de largo la que más me había arreglado para la reunión. Las demás llevaban la ropa de todos los días, vaqueros y camisetas frescas, yo era la única emperifollada y colocada como para un evento especial. Aunque tuve que soportar varias bromas al respecto, me sentía de un humor excelente y me uní al grupo con muchas ganas de pasarlo bien.

Durante una hora bailamos al son de la música que Paula y Sonia nos iban poniendo en su viejo equipo de música y bebíamos una sangría dulce y fresquita que entraba con una facilidad pasmosa. Sofía me sacaba a bailar una y otra vez pero, como yo era la invitada especial, las demás se quejaban de que me monopolizaba, por lo que tuve que turnarme para bailar con todas.

Paula, Sonia, Marga, fueron pasando por mis brazos entre risas y vasos de sangría. Cuando llegó el turno de Raquel, no pude evitar un estremecimiento nervioso. Sus manos eran cálidas y suaves, y pensar que habían estado en aquellos sitios del cuerpo de Sofía que tanto me gustaban me producía una agitación extraña.

-Ten cuidado, estás bebiendo mucho –me dijo Raquel con una mirada enigmática.

-Sí, hace tanto calor…

Como siempre me pasa en estos casos, tuve pronto que ir al cuarto de baño. Paula me indicó el camino y por unos instantes abandoné la reunión. Pensaba que las amigas de Sofía eran las mejores del mundo y que había tenido una suerte inmensa de encontrarlas. No podía imaginar cómo había podido resistir hasta entonces en el aburrido y vacío pueblo donde me había criado; definitivamente, venir a Madrid había sido el mayor acierto de mi vida.

Ansiosa por reunirme de nuevo con ellas, volví al salón. Ya antes de entrar noté que algo raro estaba sucediendo, alguien había apagado la música y un extraño silencio reinaba en la casa. Estaba segura de que me tenían preparada alguna sorpresa, y si se creían que yo era tan inocente como para no imaginarlo estaban muy confundidas. Decidida a seguirles el juego y divertirme tanto como ellas, entré sonriendo y segura de mí.

-¿Qué es lo que…

No pude terminar la frase. Tuve que mirar dos veces antes de cerciorarme de que lo que veía era cierto, y aún así seguía sin poderlo creer: en mi ausencia, Sofía y sus amigas se habían quitado la ropa, y ahora cinco sonrientes mujeres completamente desnudas me miraban entre risas y gritos.

-¡SORPRESA! –gritaron todas a la vez.

-Pe… pero… -yo apenas podía articular palabra.

-Bienvenida a tu primera fiesta de pijamas… sin pijama –dijo Paula muerta de risa.

-Seguro que no te esperabas esto –dijo Sofía acercándose a mí y dándome un abrazo.

Era increíble tenerla desnuda entre mis brazos… mientras el resto de chicas nos observaban. Casi no me atrevía a mirar sus cuerpos desnudos. Fugazmente me fijé en que Paula estaba incluso más delgada de lo que parecía, mientras que su pareja, Sonia, resultaba mucho más apetecible sin ropa que vestida. En cuanto a Marga, era la menos agraciada de todas, tenía un cuerpecito menudo, casi de adolescente, y pensé que probablemente se sintiese un poco cohibida con aquella broma.

-¿Sorprendida?

Raquel se acercó majestuosamente a mí. Desnuda era incluso más hermosa, su cuerpo parecía el de una diosa, con curvas armoniosas y terriblemente provocativas. Aún así, yo creía que Sofía era sin duda la más atractiva de la reunión, y por un momento tuve celos de que las otras mujeres pudieran ver su sexo rasurado, sus pequeños y deliciosos senos, su culete duro que sólo a mí me pertenecía.

-Bueno… la verdad es que sí –tuve que admitir- si queríais algo impactante, lo habéis logrado.

-Bueno, basta de charla –dijo Paula mientras volvía a poner algo de música- aquí estamos para divertirnos, ¡todas a bailar!

-¿Vais… vais a bailar… en cueros?

No podía creer que la broma se prolongase tanto, suponía que querían hacerme pasar un mal rato, reírse a mi costa, y que luego todas se vestirían una vez logrado el efecto. Pero parecían decididas a seguir tal cual su madre las había traído al mundo.

-Por supuesto –dijo Sonia- es mucho más divertido.

-¿Cuándo habías soñado tú bailar junto a cinco mujeres desnudas? –me dijo Sofía tomándome de la mano y llevándome a la improvisada pista de baile.

Incapaz de reaccionar, me dejé conducir por ella no sin antes servirme otro poquito de sangría, ¡lo estaba necesitando! Todas volvían a bailar, sus pechos moviéndose enloquecidos y sus desnudas nalgas golpeando unas contra otras. Me debatía entre el deseo de cubrir el cuerpo de Sofía de las miradas de las demás, especialmente de las de Raquel, y el impulso imperioso de besar el sexo de mi amante. Al ser la única que iba depilada, Sofía me parecía incluso más desnuda que sus compañeras, y una parte de mí sentía celos, pues no podía imaginar cómo era posible que las demás no cayesen enamoradas a sus pies.

-¡Esto no es justo! –protestó Marga a mis espaldas- dijisteis que nos desnudaríamos todas.

Un repentino estremecimiento hizo que me flaqueasen las piernas. Ni siquiera lo había pensado, tan anonadada estaba por los acontecimientos, pero si yo iba a ser admitida en aquel pequeño y especial círculo… lo lógico sería hacer lo mismo que ellas. Un súbito sentimiento de vergüenza me invadió. Sofía era la única persona en el mundo que me había visto desnuda aparte de mis padres, y la idea de tener que quitarme la ropa y bailar en cueros como hacían todas hizo que me temblase la voz al responder.

-¿Có… cómo?

-Es verdad cariño –me sonrió Sofía de un modo encantador- ¿no querrás ser la única vestida, verdad?

-Bueno, yo… pensé que ahora os vestiríais todas… ya me habéis gastado la broma. Ha sido genial y…

-Nada de eso –dijo Paula- en pelotas estamos todas más a gusto… y todo se ve de otro modo –apuntilló mientras acariciaba uno de los grandes senos de Sonia, que rió feliz.

Yo estaba muy turbada, esas demostraciones de afecto en público no se me hubieran pasado nunca por la cabeza, y ver que el resto de las chicas apenas las prestaban atención provocó que por un momento me invadiese una indescriptible sensación de pánico.

-Es que yo –traté de protestar- nunca he…

-Vamos tonta –dijo Sofía cogiéndome de la mano- hazlo por mí.

Puso una cara tan encantadora, fingiendo que estaba a punto de echarse a llorar, que no pude por menos que besarla y dejarme llevar por ella.

Todas al unísono, las desnudas mujeres empezaron a jalearme y animarme para que me quitase la ropa. Yo estaba roja como un tomate, incapaz de tomar una decisión. Por un lado, me moría de vergüenza y hubiera dado cualquier cosa para que todas se vistieran y la fiesta siguiera por caminos más convencionales. Pero por otro, empezaba a darme cuenta de que no era ésa precisamente su intención, y el hecho de ser yo la única que permanecía vestida me hacía sentir especialmente ridícula. En efecto, en aquellas circunstancias era yo la que más llamaba la atención. Además, Sofía me miraba de aquel modo que me hacía imposible negarle nada, y yo estaba decidida a que mi amiga se sintiese plenamente orgullosa de mí.

Aún así, estaba tan aterrada y bloqueada que no me decidía a unirme a ellas.

-Vale, vale –me defendió Sofía- no la agobiéis, que sois unas brujas. Iremos las dos juntas a la habitación y os aseguro que Lourdes volverá con el uniforme especial del club de las lesbianas inmorales.

-Pero yo quiero ver cómo se desnuda –protestó Raquel.

-No seas tan radical –contestó Sofía seria- no está acostumbrada a tanto bullicio, dejadla en mis manos y os prometo que todo irá sobre ruedas.

Aunque yo ya casi estaba decidida a desnudarme allí mismo, agradecí la intervención de mi amante. La idea de ir desnudándome poco a poco mientras las cinco me observaban se me hacía muy cuesta arriba, desde luego prefería quitarme la ropa en privado y aparecer ya ante ellas tal cual vine al mundo.

Cuando Sofía y yo estuvimos al fin solas en el dormitorio de Paula y Sonia, el corazón me latía a mil por hora.

-Buena me la has jugado, ¡vaya fiestecitas montáis!

-Vamos, sólo se es joven una vez, ya verás cómo te diviertes.

Casi sin darme tiempo a pensar en lo que hacía, la propia Sofía me ayudaba a quitarme los zapatos y la blusa.

-Además –dijo- quiero que todo el mundo vea lo bonita que es mi novia.

Sus palabras me enternecieron de un modo que ni yo misma había imaginado. Era la primera vez que me llamaba así, y de repente sentí que haría por ella cualquier cosa que me pidiera. Anonadada por lo que acababa de oír, dejé que Sofía me desnudase sin prisa pero de un modo eficiente. La pequeña minifalda, mi top ajustado y las mínimas braguitas quedaron pronto en su poder. Cuando al fin quedé totalmente desnuda ante ella, Sofía acarició suavemente mis pezones, que de inmediato doblaron su tamaño.

-¿Asustada?

-Un poco.

-No tienes motivo, eres preciosa.

Sofía me besó con pasión y por un momento abrigué la esperanza de que todo fuese un mal sueño y que las dos pudiésemos entregarnos a satisfacer nuestros más ardientes deseos en aquella habitación pequeña pero acogedora. Pero rápidamente mi amiga me devolvió a la dura realidad.

-Yo me encargo de tu ropa –dijo mientras metía todo en una bolsa- no sea que luego no encuentres algo.

Estaba tan nerviosa que apenas prestaba atención a lo que me decía. Las piernas parecían negarse a sostenerme mientras intentaba armarme de valor para volver al salón junto a Sofía.

-Espera aquí un momento –me dijo ella acariciándome la barbilla- voy a apaciguar un poco a esas lobas, no quiero que se ensañen contigo.

-¿Qué… qué vas a decirles? Yo prefiero salir contigo y…

-No te preocupes, confía en mí, simplemente quiero preparar un poco el terreno, que sepan que esto es difícil para ti y que no sean malas. Ya verás cómo a los cinco minutos te olvidas de que estás desnuda.

Dándome un último beso, Sofía me dejó sola y regresó junto a las demás. Con el oído en la puerta, pude oír voces que cuchicheaban y risitas ahogadas en el salón. Supuse que mi aparición iba a ser jaleada con gritos y piropos, y deseé terminar cuanto antes con aquello. Estaba segura de que, como había dicho Sofía, una vez pasado el apuro inicial todo resultaría sencillo y natural.

-¡Lourdes! ¡Cuando quieras!

La voz de Sofía me sacó de mis ensoñaciones. Sin pararme a indagar por qué no venía a buscarme para salir las dos juntas, apelé a toda mi fuerza de voluntad y salí de la habitación. Notaba un sudor frío recorrer todo mi cuerpo y tenía que resistir la tentación de cubrir mis partes pudendas con las manos. Jamás en mi vida había estado tan nerviosa y asustada pero, al mismo tiempo, por debajo del pudor notaba una excitación que tenía un toque innegable de voluptuosidad. Iba a estar desnuda junto a Sofía, las dos íbamos a bailar juntas en cueros, ¡jamás habría podido imaginar que viviría algo tan excitante!

Cuando llegué al umbral de la puerta del salón, el silencio era absolutamente sobrecogedor.

-¡Vamos! –rió una voz- estamos impacientes.

-¡Me da vergüenza! –grité con una risa nerviosa.

-Si no sales tú, voy yo a buscarte –dijo Raquel con una voz que me asustó.

Haciendo un esfuerzo supremo y conteniendo la respiración, me dispuse a hacer mi entrada triunfal, cerrando los ojos como cuando era niña y tenía miedo y usando mis brazos para caminar a tientas, incapaz de mirar lo que había a mi alrededor.

-¡Guau! –oí la voz de Paula- tienes buen gusto Sofía.

-¡Vaya que sí! –se unió Raquel- ¿dónde has encontrado esta maravilla?

Yo seguía con los ojos cerrados, contando los segundos que pasaban y deseando que su inspección terminase pronto y poder así unirme a ellas para continuar la fiesta del modo que fuese pero como una más.

-Pero abre los ojos –dijo Sonia, y de algún modo me sorprendió que se echase a reír antes de terminar la frase.

Entonces, instintivamente abrí los ojos, miré a mi alrededor y… quedé totalmente aterrada: ¡yo era la única que estaba totalmente desnuda! En efecto, las amigas de Sofía habían aprovechado nuestra ausencia para volver a ponerse las ropas que tenían al principio de la fiesta, y la propia Sofía se había vestido rápidamente después de dejarme sola.

Apenas daba crédito a lo que veía, las cinco se reían alborozadas mientras yo intentaba cubrir mis voluminosos pechos con una mano y mi espeso vello púbico con la otra. Poco a poco la luz se hacía en mi aturdido cerebro y comprendía la broma que aquellas juguetonas mujeres me habían reservado. Sofía me conocía bien, y sabía que la única manera de conseguir que me quitase la ropa era ponerme el cebo de que lo harían todas.

De repente, la tortilla se había dado la vuelta y ahora era yo la única en cueros. Otra vez destacaba y me sentía ridícula, pero ahora me parecía que mi situación anterior era muchísimo más halagüeña.

A punto de echarme a llorar, colorada como un tomate, miré furiosa a Sofía.

-¡Eres…! ¡me has engañado!

-Vamos cariño, no te enfades –dijo viniendo hacia mí- estás preciosa, y reconoce que ha sido divertido, tenías que ver la cara que has puesto.

-Pero nada de taparse, así no vale –Marga parecía una mosquita muerta, pero ya estaba empezando a fastidiarme.

-Marga tiene razón –dijo Raquel- queremos verte bien, tú antes nos has visto a nosotras, es lo justo.

-Pero –traté de retroceder- es… trampa…

-Jiji –rió Sonia- lo siento encanto, pero si quieres entrar en el club, hay que pasar algunas pequeñas pruebas, ya te avisamos.

-Venga Lourdes –me animó Sofía- no seas tonta. Deja que vean lo hermosa que eres y que se mueran de envida por la novia que tengo.

Otra vez Sofía usaba la palabra novia, y ahora delante de todas sus amigas. Era algo que me daba un increíble calor interior, que me hacía desear ser “suya” a todos los efectos. Además, yo estaba dispuesta a ser aceptada, y supuse que aquel era el extraño modo que tenían de hacerme entrar en su círculo. Por otro lado, no sabía dónde estaba mi ropa, y conociendo a Sofía no tenía muchas esperanzas de que me la devolviera antes de tiempo. Supuse pues que sólo tenía una opción: dejar que me viesen a sus anchas y recuperar así mi ropa cuanto antes.

Dejando escapar un suspiro de resignación, dejé caer de nuevo los brazos a mis costados y permití que las cinco mujeres recorrieran con sus miradas cada centímetro de mi cuerpo. Al instante, los silbidos de aprobación y los piropos resonaron en el pequeño saloncito, mientras yo intentaba sonreír colorada como un tomate pero un poquito halagada ante sus inequívocos gestos de aprobación.

-Vaya vaya, ¡qué pechos! –decía Paula- justo como a mí me gustan, grandes pero firmes como rocas.

-Y va sin depilar –apuntó Sonia- pensé que la harías rasurarse igual que tú.

-Ni pensarlo –respondió Sofía- en la variedad está el gusto, y a ella le queda genial ese pelo negro tan rizado.

-Date la vuelta que te veamos por detrás –pidió Raquel- a ver si la vista es tan agradable como de frente.

Increíblemente nerviosa, me di la vuelta y dejé que mis nalgas fuesen entonces las protagonistas del espectáculo.

-Fiiiiiiiu –silbó alguien.

-Tienes un culo precioso –dijo Paula- redondito y respingón. Sofía, te felicito.

-Gracias –respondió complacida mi… novia- ¿os gusta entonces?

-¿Que si nos gusta? –dijo Raquel con ese tono suyo que siempre me ponía tan nerviosa- si te cansas de ella no te importará que me la quede.

-¿Cansarme?, no creo que eso vaya a pasar.

Las palabras de Sofía me volvían loca de excitación, hasta el punto de que había conseguido que la perdonase la penosa prueba por la que me había obligado a pasar.

Pero todavía tuve que soportar durante unos minutos más su pormenorizado análisis de mi desnudo cuerpo mientras los piropos y los requiebros acompañaban a las expresiones de alegría. Por fin, mi tortura parecía llegar a término.

-¿Qué tal un baile para celebrar la llegada de un nuevo miembro? –gritó Paula mientras volvía a conectar el equipo de música.

-¡Estupendo! –dijo Sofía- yo quiero el primer turno.

Y viniendo hacia mí me cogió de la mano y me arrastró de nuevo al centro de la pista. Yo estaba sumamente desconcertada, mi prueba había terminado, ¿pretendía Sofía que yo bailase en el traje de Eva?

-Pero… -traté de protestar- ¿cuándo vas a devolverme mi ropa?

-¿Tu ropa? –la expresión burlona de mi amante no me gustó nada- pero, cariño, hoy no creo que vayas a necesitarla.

-¿Acaso no estás más cómoda así? –me preguntó Sonia sonriente- aquí hace un calor de muerte.

-Sí… pero… -no podía creer lo que estaba oyendo- ya me habéis visto, he hecho lo que me pedíais, ¿no vais a dejar que me vista?

-NOOOO –gritaron todas al unísono.

-Ya te dijimos que hoy eras la invitada especial, la protagonista. Y la protagonista debe brillar como una reina con toda su belleza.

El pulso me latía acelerado y notaba que me costaba respirar. Empezaba a darme cuenta de lo que pretendían. No se trataba tan sólo de una pequeña prueba, algo rápido y sencillo. Para bien o para mal yo iba a ser el centro de la fiesta… y ésta acababa de empezar.

-Al menos –gasté mi último cartucho- podríais desnudaros todas. Así lo pasaríamos…

-Ni pensarlo –rió Sofía mientras ponía sus manos en mis caderas y empezaba a bailar a mi lado- ésta es tu noche. Vamos, olvídate de todo y trata de disfrutarla. Dentro de muchos años la recordarás como algo muy especial, te lo aseguro.

Sin poder creer lo que hacía, como en un sueño en el que fuese simplemente una espectadora, me dejé llevar por mi amante y empecé a bailar a su lado… totalmente desnuda entre cinco lesbianas vestidas. Afortunadamente, todo el mundo parecía haberse olvidado un poco de mí, como si la fiesta recobrase su pulso normal y nada extraño estuviese sucediendo.

Animada por un nuevo vasito de sangría que Sofía me ofrecía, intenté aceptar la situación y disfrutar de ella. Al fin y al cabo, bailar desnuda junto a ella vestida me parecía algo realmente sexy. Como ella era bastante más alta y yo iba descalza, mi cabeza quedaba casi a la altura de su hombro y de vez en cuando ella se inclinaba y me besaba en los labios con dulzura y deseo.

Tras un par de improvisados bailes, un pequeño pero innegable sentimiento de voluptuosidad se abría paso por mi cuerpo. Aunque seguía muerta de vergüenza, no podía negar que había un toque perverso y sofisticado en lo que estaba sucediendo. Sin duda, estaba siendo la noche más erótica y sensual de mi vida, y de algún modo Sofía tenía razón al decirme que la recordaría durante muchos años.

Pero no era Sofía la única que quería bailar conmigo. Una por una, tuve que bailar con todas ellas, y el movimiento oscilante de mis senos desnudos fue elogiado una y otra vez por cada una de mis compañeras de baile. Por todas menos por Raquel, cuyos ojos despedían un fulgor extraño que no supe interpretar. Era como si… se sorprendiera de mí, tal vez nunca habría creído que yo fuese capaz de seguir adelante con aquello. Por mi parte, yo estaba agitada y sobrepasada, incapaz de decidir si deseaba salir corriendo de allí o prefería que aquella noche increíble no terminase nunca.

Anochecía ya cuando Sonia propuso hacer un descanso para cenar algo.

-Me muero de hambre, ¿qué tal si encargamos unas pizzas?

-Genial, yo me encargo de llamar –dijo Raquel.

Todas se sentaron a descansar en los viejos pero cómodos sillones de Paula. De repente, no sabía qué hacer, me sentí nuevamente ridícula, allí en medio en cueros delante de todas.

-Ven –me dijo Sofía- siéntate a mi lado.

Mi chica me hizo un hueco junto a ella y yo me senté dócil y todavía incrédula.

-Supongo que me dejaréis vestirme para cenar.

-De ningún modo ricura –contestó Paula- yo no contaría con ello.

Todas se rieron y yo me resigné a seguir en tan delicada posición. No podía dar crédito al desarrollo de los acontecimientos ¿cómo podía Sofía exhibirme de aquel modo ante sus amigas? Antes, cuando todas se habían desnudado a la vez, la cosa era graciosa, simpática. Pero luego, el tenerme a mí sola en pelota picada… me parecía una situación sumamente morbosa. Desde luego yo no hubiera permitido que ella se mostrase como su madre la trajo al mundo delante de esas lobas en celo. Sin embargo Sofía parecía encontrarse a sus anchas poniendo los encantos de su novia a la vista de todo el mundo, e incluso se permitía acariciarme las rodillas con sus manos cálidas y suaves, provocando de paso en mí un leve desasosiego. Al fin y al cabo, ya he dicho que, por debajo del pudor que me producía mi humillante situación, una innegable excitación empezaba a hacer presa en mí.

-Ya están encargadas las pizzas –dijo Raquel mientras colgaba el teléfono.

Nos habíamos sentado todas juntas en un par de sillones que Paula y Sonia habían colocado en un ángulo del salón para dejar espacio libre para el baile. En el más grande, Paula, Marga y Raquel se habían acomodado justo frente al nuestro, donde Sofía seguía acariciando mis rodillas sin importarle que las demás la vieran. En cuanto a Sonia, había acercado una silla y la había situado en medio de los dos sillones.

-¿De verdad no vamos a dejar que se vista esta ricura? –preguntó Sonia mirándome casi con ternura- creo que lo está pasando fatal.

-No seas tonta –me animó Paula- estás encantadora, deberías ir siempre desnuda.

-Yo creo que tendría que hacer algo especial, algo más difícil para ser admitida en el grupo.

Las palabras de Raquel me sobrecogieron ¿algo más difícil? ¿Le parecía poco la prueba a la que estaba siendo sometida? Dejar que me viesen desnuda había sido duro, pero continuar la fiesta de aquella manera era algo inconcebible para mí. De repente, noté que las manos de Sofía subían por la cara interna de mis muslos. Poniéndome colorada, apreté las piernas y traté de reprenderla con la mirada sin que las demás se diesen cuenta. Pero su mano quedó aprisionada entre mis muslos y Sofía no tenía ninguna intención de retirarla de allí.

-¿Algo más difícil? –preguntó Marga- ¿qué se te ocurre?

-Vamos chicas, sed buenas –me defendió Sonia compasiva- ya nos hemos divertido, tal vez podíamos dejar que se vistiera, mirad qué carita pone.

-De eso nada, dijimos toda la noche –Raquel me miraba de un modo que no me gustaba nada, como si de repente aquella hermosa mujer… sintiese celos de mí- ¿qué os parece si recibe ella al chico de las pizzas?

-¿Yo? –pregunté alarmada- no por favor…

-Vamos Raquel –contestó Sofía mientras seguía acariciándome los muslos- te creía mucho más imaginativa. Alegrarle la noche a un pobre pizzero no me parece una cosa muy audaz.

-Tal vez tú tengas una idea mejor para sorprendernos –contestó Raquel con unos ojos que despedían veneno.

-¿No es suficiente lo que Lourdes está haciendo? –preguntó Sofía con voz melosa y aterciopelada sin interrumpir sus caricias.

-No sé –fingió indiferencia Raquel- como siempre te las das de audaz y transgresora, pensé que te las arreglarías para hacer que esta noche fuera inolvidable.

-Creo que ya es una noche inolvidable. Os presento a mi novia en cueros para deleite de todas vosotras, ¿te parece poco? Además, como os dije es una muchacha encantadora y ardiente. De hecho… en este mismo momento está excitadísima.

El corazón me dio un vuelco al oír las palabras de Sofía e inconscientemente apreté más los muslos uno contra otro, aunque siempre su mano derecha quedaba situada entre ellos abrumándome con su suavidad. De repente el ambiente había dejado de ser festivo y amistoso para tornarse… sensual. Sí, ésa era la palabra. Al fin y al cabo, todas aquellas mujeres eran lesbianas, y todas llevaban un buen rato moviéndose a mi alrededor mientras yo exhibía mis encantos sin recato ¿era sólo por el calor que las mejillas de Marga hubiesen adquirido esa tonalidad rosada?

-Vamos Sofía, no nos tomes el pelo –trató de cortar la tensión Sonia- ¿de verdad estás… excitada? –se dirigió a mí.

-¿Yo?… claro que no… ¿no podría vestirme?

-Os digo que está excitada, y mucho –Sofía me daba ahora pequeños pellizquitos en los muslos, sin hacer caso a mis mudas protestas.

-No te creo –la desafió Raquel- simplemente está cortadísima y deseando salir de aquí.

-Vamos chicas… -esta vez fue Paula la que intentó zanjar la cuestión.

-¿Puedes ponerte un momento de pie cariño? –la voz de Sofía era suave y seductora, me embrujaba como el domador a la serpiente.

Sin ser muy consciente de lo que hacía, me puse en pie en medio de la habitación mientras todas permanecía sentadas. De nuevo, me sentí increíblemente vulnerable, y deseé que Sofía me sacase de allí, que decidiese por fin que todo había terminado.

Acababa de levantarme del sillón cuando, con manos expertas y rápidas, mi amante hizo que me colocase de frente al resto de las chicas. Luego, sin darme tiempo a reaccionar, se situó junto a mí y, con un movimiento hábil y suave pero rápido y sorprendente, colocó la palma de su mano abierta sobre mi sexo desnudo. Di un respingo tremendo tratando de liberarme, pero Sofía me había cogido por sorpresa y me sujetaba con el brazo libre con decisión.

-Os digo que está muy húmeda –dijo a sus amigas mientras cubría mi sexo por completo con su mano.

Las caras eran de sorpresa… y satisfacción. Sin dudarlo un instante supe que ninguna de aquellas mujeres pensaba que la situación fuese desagradable o excesivamente procaz. Yo esta increíblemente azorada, Sofía no me soltaba e insistía en demostrar a todas que su novia era ardiente y que disfrutaba con aquello. Hasta Raquel parecía haber enmudecido, a la espera de acontecimientos.

-Demuéstranoslo –dijo Marga con voz ronca.

Entonces, como en un sueño, noté que Sofía introducía dos dedos en mi vagina. Di un respingo tremendo intentado liberarme, pero la mano de mi amiga se movía ágilmente y con el otro brazo me envolvía impidiéndome huir. Además, había una cosa innegable: sus dedos se habían adentrado en mi interior sin encontrar la más mínima resistencia.

-¡Vaya! –exclamó Marga.

Por unos segundos, estuve de pie y desnuda mientras Sofía dejaba que sus dedos se empapasen de mis fluidos. Experimentaba una confusa sensación de irrealidad, como si no fuese yo la protagonista de la historia o si todo estuviese sucediendo en mi imaginación. Por un lado me parecía estar sufriendo una humillación, casi una violación. Pero por otro…

-¡Mirad! –dijo Sofía triunfante sacando los dedos de mi interior- ¿qué os había dicho?

Nunca en mi vida había sentido tal vergüenza. Sofía exhibía orgullosa sus dedos índice y corazón brillantes y empapados. Ahora era evidente para todas que sus juegos me habían excitado de un modo inconcebible ¿qué estarían pensando de mí? Casi tuve que contener un suspiro de decepción cuando mi vagina quedó libre de la dulce presencia de Sofía, y cuando ésta volvió a sentarse y me hizo señas para que yo hiciese lo propio sobre su regazo, obedecí sin rechistar. Ya no tenía fuerzas para tomar decisiones propias, simplemente era una muñeca que se dejaba arrastrar por la corriente.

-Bueno –dijo Paula- esto sí que ha sido fuerte…

-Eres un encanto Lourdes –me animó Sonia- es una delicia ver una chiquilla como tú tan excitada.

-Desde luego –comentó Raquel en tono enigmático- tienes un cañón de chica Sofía.

-Lo sé, soy muy afortunada de tenerla a mi lado, además es tan guapa que apenas puedo resistir la tentación de tocarla a todas horas… ¿os importa?

Apenas daba crédito a lo que estaba sucediendo. Sentada sobre Sofía, noté de repente que su mano izquierda asía uno de mis pechos, acariciándolo suavemente y dando ligeros golpecitos en mi pezón. Inquieta, traté de detenerla.

-Tranquila cariño –rió feliz Sofía- aquí nadie va a escandalizarse.

-Pero… yo… vamos a…

-No te preocupes por nada –siguió Sofía- quiero que todas vean lo mucho que te gustan mis caricias. Tú simplemente relájate y disfruta. ¿No creéis que se merece un buen orgasmo?

-Desde luego, no puedes dejarla así –se apresuró a contestar Marga.

-¿Os importa? –preguntó Sofía a las anfitrionas.

-Estás en tu casa –dijo Paula.

Entonces, Sofía me hizo recostarme sobre ella y empezó a darme pequeños mordisquitos en el cuello y el lóbulo de la oreja. Su mano izquierda seguía prendida de mis senos, mientras la derecha intentaba separar mis muslos contra mi voluntad.

-Vamos chiquilla, déjate llevar.

-Pero… aquí no… aquí no…

Sin embargo, algo dentro de mí sabía que sí, que era precisamente allí y delante de todas donde yo quería ser acariciada por Sofía. Quería que todas supiesen que yo era suya, que le pertenecía, que mi existencia empezaba y acababa en aquella mujer. Especialmente, quería que Raquel fuese testigo de cómo su antigua amante era capaz de templar mi cuerpo como si fuera el más fino instrumento musical, que viese cómo la unión entre nosotras era total y absoluta.

-Vamos, abre bien las piernas, no seas boba.

Su voz susurrándome al oído era lo único que se oía en el apartamento, e incapaz de resistirme por más tiempo dejé que sus manos separasen mis muslos, dejándome así totalmente abierta y expuesta a las miradas ardientes de nuestro público. Luego, sus dedos empezaron a juguetear con los labios de mi sexo palpitante, arrancándome pequeños gemidos que yo intentaba sofocar sin éxito.

Tenía que reconocérmelo a mí misma, estaba increíblemente excitada. Bailar desnuda junto a Sofía y sus amigas me había parecido aterrador pero tremendamente sensual. Jamás había pensado que yo fuese capaz de algo semejante, y ahora, gozar ante ellas, tener un orgasmo para ellas, me parecía un acto salvaje y transgresor al que no podía renunciar.

Con los ojos cerrados, dejé que Sofía me llevase al cielo con sus sabias y hábiles manos. Sus dedos entraban y salían de mi cuerpo con una lentitud deliberada que me acercaba poco a poco al éxtasis. Yo notaba cómo mi interior recibía agradecido aquella carne caliente que me llenaba de gozo y felicidad.

Pronto fui incapaz de controlar los gemidos. Sentada debajo de mí, Sofía me envolvía con sus brazos y parecía tener más de dos manos. Mi clítoris dobló su tamaño y los labios de mi sexo se inflamaron de pasión al compás de sus caricias, y cuando el momento cumbre se acercaba, tuve el valor de abrir los ojos y mirar las caras de mis nuevas amigas.

Quería gozar ante ellas, con ellas y para ellas, y si aquella noche mi función era exhibirme, lo haría hasta las últimas consecuencias. En la cúspide del placer, vi a Marga morderse el labio inferior con expresión de lujuria, a Paula y a Sonia cogidas de la mano y como anticipando el momento en que ellas mismas emulasen nuestros juegos. Y vi también a Raquel, la hermosa Raquel, mirarme con unos ojos que expresaban a la vez una miríada de sensaciones contradictorias: celos, envidia, admiración, deseo…

Por fin, arqueé los riñones encima de Sofía, tensé las piernas y puse mis manos sobre las suyas. Con un gemido inacabable, me estremecí de placer y gocé de un orgasmo largo y denso que se negaba a terminar. Nuevas oleadas sacudían mi cuerpo y nuevos hipidos me acometían mientras mi amante insistía incansable para arrancarme el máximo placer posible. Nuevamente tuve que cerrar los ojos y por unos instantes mi cuerpo entero pareció temblar como si el fin del mundo se acercase.

Cuando todo pasó, poco a poco recuperé la calma y mi cuerpo desmadejado se dejó caer con todo su peso encima de la persona más importante de mi vida. Todavía jadeante y casi sin saber dónde me encontraba, la sonreí con gratitud.

-Gracias… gracias…, gracias a todas.

Por unos instantes eternos nadie fue capaz de decir nada.

-Bueno –dijo al fin Sonia- desde luego tienes una novia muy ardiente Sofía.

***

Era inútil negar la evidencia. Acababa de tener mi primer orgasmo en público, y una sola idea rondaba por mi mente: de ninguna manera podía ser el último en esas circunstancias. Había sido intenso, brutal, eterno y, si eso era posible, me sentía incluso más unida a Sofía que antes, como si sus deseos fuesen ya los míos y mi misión en el mundo no fuera otra que la de obedecerla y plegarme a sus caprichos. De un modo confuso, intuía que mi amiga acababa de abrirme una puerta que daba acceso a un mundo del que ni siquiera había sospechado su existencia.

Aún así, una nueva oleada de pudor me invadió cuando los últimos coletazos del éxtasis se alejaron. De hecho, continuaba totalmente desnuda en medio de las amigas de Sofía, que me habían visto gemir y retorcerme de placer como una loca. Sin esperanzas, hice un último y tímido intento de recuperar mi ropa, que fue rechazado de modo unánime.

Afortunadamente, fue Paula la que recibió al chico que traía las pizzas, y Raquel no volvió a proponer nada que me afectase a mí. La ex de Sofía parecía seria y cabizbaja, y yo estaba segura de que los celos jugaban un papel importante en eso. Tal vez el espectáculo que las dos juntas les habíamos brindado a todas la había convencido de que nuestra relación tenía más futuro de lo que ella sospechaba.

Curiosamente, descubrí que pese a los nervios yo tenía buen apetito, y aunque no conseguía acostumbrarme al hecho de tener que cenar en cueros, di buena cuenta de una generosa porción de pizza. Me sentía extraña, mi situación me parecía a ratos ridícula y humillante y al momento tremendamente erótica. Leía el deseo en los rostros de mis compañeras, sabía que mi cuerpo les gustaba, que tenerme desnuda no era ya un juego inocente con el que todas pasasen un buen rato a mi costa. De repente, el aire festivo e infantil del inicio había dado paso a un ambiente tenso y cargado de erotismo. Las risas y los gritos habían dejado su sitio a las miradas furtivas y las sonrisas contenidas, y yo sabía que el recuerdo de mi reciente orgasmo flotaba aún en la mente de mis compañeras. Sin poderlo remediar, me sentía especial, y a pesar de mi talante tímido y retraído… estaba disfrutando de continuar exhibiéndome junto a mi amada Sofía.

Cuando terminamos de cenar, nadie propuso retornar a los bailes del principio. Más bien apetecía tumbarse en los sillones a escuchar música suave y tomar unas copas en un ambiente íntimo y agradable. Mientras Paula, Marga y Raquel ocupaban el sillón grande, Sofía y Sonia se acomodaron en el pequeño frente a ellas. Me sentí deliciosamente vulnerable durante los segundos que permanecí de pie y desnuda sin saber dónde ponerme yo.

Con un gesto encantador, Sofía me hizo señas de que me sentase a su lado en el brazo del sillón, donde me acomodé de tal modo que mis pechos quedaron a la altura de su bello rostro. Cuando ocupé el lugar que me indicaba, mi amante pasó su brazo izquierdo rodeando mi cintura y me atrajo hacia sí de modo que yo quedase parcialmente apoyada sobre ella. Poniendo mi brazo derecho sobre su hombro, me acomodé como un gatito hasta coger la postura que me pareció más cómoda.

La charla discurría tranquila y reposada, lejos de las estridencias del inicio de la fiesta. Literalmente, Marga me devoraba con la mirada. La joven apenas podía apartar sus ojos de mis generosos pechos y cuando, con gesto distraído Sofía comenzó a acariciar indolente mi vello púbico, su rostro adquirió un gesto entre excitado y atormentado.

Al notar los sedosos dedos de mi amante tan cerca de mi sexo, traté de detenerla con un gesto, pero ella me regañó divertida y prosiguió con su labor. Sentada enfrente de nosotras, Marga se mordía nerviosa el labio inferior mientras miraba las evoluciones de la mano de Sofía. Por mi parte, empezaba a notar de nuevo un agradable calor ahí abajo, pero un último vestigio de cordura me impedía abandonarme a sus caricias ¿qué pensarían de mí si otra vez…?

Durante unos minutos, las chicas continuaron hablando como si tal cosa, pero nadie perdía detalle de cómo la mano de Sofía jugaba con mi rizado vello púbico. Amorosa, hundía en él sus dedos, enredándolos para formar tirabuzones y luego soltarlos. A veces, me daba pequeños tironcitos que me producían agradables punzadas de dolor voluptuoso.

-Me encanta acariciar el pelo de Lourdes, ¡lo tiene tan rizado y espeso! Es como tocar un osito de peluche. Podría estarme horas así.

-Me parece que ella también podría estar así mucho rato –comentó Paula divertida.

Creo que Paula y Sonia eran las menos afectadas por la situación. Ellas eran pareja, y el comportamiento de Sofía conmigo venía a ser algo así como asistir a un show erótico gratuito a domicilio. Estaba segura de que aquella noche las dos estarían muy a tono para sus propios juegos. En cuanto a Raquel y a Marga, la primera estaba cada vez más seria. Pensé que tal vez la chiquilla de pueblo había resultado mucho más peligrosa y letal de lo que ella pensaba, y que en aquel momento lamentaba profundamente no ser ella la protagonista de las atenciones de Sofía. Por último, Marga… era evidente que estaba increíblemente excitada.

No sé cuánto tiempo llevábamos allí, sentadas en los sillones oyendo música y bebiendo, yo apoyada sobre Sofía y exhibiéndome cada vez con menos pudor y más satisfacción. Me gustaba ser la chica de Sofía, su juguete, y el hecho de que ella me obligase a permanecer desnuda delante de sus amigas me producía una indescriptible sensación, a medio camino entre el pavor y el más delicioso y perverso éxtasis.

Mientras charlábamos, la mano de Sofía seguía tocándome ahí abajo. En ocasiones, abandonaba mi vello púbico para pasar a ocuparse de mis ingles, pero no iba más allá de caricias amistosas. Aquello me enardecía y desconcertaba al tiempo. De nuevo estaba nerviosa y excitada, pero cuando esperaba que ella se ocupase de mí más profundamente, mi amiga parecía no decidirse, limitándose sólo a recorrer los alrededores de mi sexo. Cada vez me sentía más y más alterada, y hubiera dado cualquier cosa para que Sofía decidiese darme placer por segunda vez ante nuestro público. Sin embargo, mi amiga parecía ajena a mis necesidades, como si juguetear alrededor de mi entrepierna fuese algo tan inocente como acariciar mis manos o mis mejillas. Por otro lado, ¿cómo pedírselo yo? Por increíble que pueda parecer, me hubiera muerto de vergüenza antes de hacerlo.

Sé que era muy tarde ya cuando Sonia me preguntó sonriente:

-¿Qué te ha parecido tu primera reunión?

-Bueno… ha sido… la verdad, no me lo esperaba, jiji.

-Para todas ha sido muy estimulante –dijo Paula- creo que no lo olvidaremos fácilmente. Sofía siempre nos sorprende con algo, pero lo de hoy…

-¿Estás húmeda otra vez? –la pregunta de Marga me dejó petrificada.

La joven no podía retirar su mirada de las manos de Sofía. Hubiera apostado a que poco le faltaba para gozar de un orgasmo ella misma sin necesidad de que nadie la tocase. Si su pregunta me había sobresaltado, la respuesta de Sofía hizo que mi corazón diese un vuelco.

-¿Quieres comprobarlo tú misma?

De repente tomé consciencia de lo que llevaba buscando mi amante desde hacía rato. Ella sabía que sus caricias me estaban enardeciendo de nuevo, y sabía también que había más de una persona alterada en la habitación. Un súbito temor me invadió, ¿iba Sofía a entregarme, a ofrecerme a sus amigas como un trofeo? Yo quería ser suya, pertenecerla, pero el mero hecho que otra persona me tocase… Notando el estremecimiento que recorría mi cuerpo, Sofía me besó en la mejilla y me susurró cariñosa.

-Confía en mí cariño. Eres mi novia, ¿recuerdas?

Sus tiernas palabras me desarmaban, me convertían en un juguete incapaz de tomar decisiones propias. Como en un sueño, vi que Marga se levantaba de su sitio y se acercaba a mí, los ojos despidiendo chispas y la boca levemente entreabierta.

-¿De veras puedo…?

-Claro –respondió con toda naturalidad Sofía- Pero sólo un momento, Lourdes me pertenece.

Las palabras de Sofía me inundaron de felicidad, aunque ni yo misma me explicaba cómo podía ser posible lo que estaba experimentando. Marga estaba ya a mi altura, y mi cuerpo entero palpitaba excitado y nervioso. Con una expresión indefinible de gozo y ansiedad, la poco agraciada joven acercó su mano a mi vagina, rozando apenas mi sexo hinchado y tembloroso. Luego, con una suavidad infinita, introdujo poco a poco dos dedos en mi interior mientras yo reprimía un suspiro satisfecho.

-¡Vaya! –exclamó Marga mientras permanecía dentro de mí- ¡está empapadísima!

Un revuelo inquieto recorrió toda la estancia. Raquel cambió de postura, Paula carraspeó. A mi lado, Sofía me susurraba palabras tiernas mientras Marga continuaba extasiada con sus dedos dentro de mí. Al principio no se atrevía a moverlos, pero poco a poco fue ganando en confianza y pude notar cómo los movía en pequeños círculos, adentrándose cada vez más en los rosados pliegues de mi carne. Era la primera vez que una mujer que no fuese Sofía me tocaba, pero como mi amante me mantenía abrazada por la cintura y mis pechos rozaban a veces sus mejillas, yo me sentía todavía bajo su influencia y protección. Pronto me fue difícil mantener la compostura y no empezar de nuevo a retorcerme bajo las cálidas caricias de Marga.

-Basta –interrumpió de pronto Sofía con dulzura- no quiero que tenga un orgasmo ahora.

Por unos segundos, Marga pareció lamentar la decisión de Sofía. Luego, como dándose por satisfecha con lo que había obtenido, extrajo sus dedos de mí con el mismo cuidado que había tenido al adentrarse entre mis cálidas paredes.

-Ummmm –suspiré si poderlo remediar.

Ahora que de nuevo estaba libre, supe que cada poro de mi piel ansiaba ser llenado otra vez. Melosa y agonizante de excitación, tendí mi boca hacia Sofía, buscando sus labios jugosos y frescos.

-Creo que tu amiguita necesita de nuevo tus atenciones –intervino Raquel, que llevaba callada mucho tiempo.

-Esta chiquilla es una fiera –rió a mi derecha Sonia- está consiguiendo que yo también me ponga caliente.

-¿Verdad que es un amor? –preguntó feliz Sofía mientras acariciaba mis senos hasta conseguir que mis pezones se endurecieran de nuevo.

-No la dejes a sí –comentó Marga esperanzada- si a ti no te apetece, yo podría…

-No –respondió tajante Sofía- creo que por hoy ya es suficiente. Incluso yo estoy a tono, esta monada y yo vamos a irnos a casa.

Nuevamente, las palabras de Sofía me producían sentimientos contrapuestos. Una parte de mí anhelaba estar a solas con ella, abrazarme a su cuerpo desnudo, gozar con ella hasta el amanecer. La otra, menos convencional, sabía que había experimentado aquella noche cosas peligrosas que me habían producido un placer irracional… y adictivo.

-¿Cómo? –preguntó Raquel nerviosa- ¿os marcháis ya? Pero si esto no ha hecho más que empezar.

-Yo creo que no –dijo Sofía poniéndose en pie- ya os he presentado a Lourdes, ahora ella y yo…

-Ya hemos visto que Lourdes es una chica ardiente, eso ha quedado claro –interrumpió Raquel- ahora falta por saber si…

-¿Si qué? –el rostro de Sofía expresaba que no se detendría ante nada.

-Falta saber si es tan hábil como a ti te gusta –respondió de un modo enigmático Raquel.

Como descubri que mi Cuñada era Lesbiana

Me llamo Sonia. Os voy a contar una historia que me ha ocurrido hace unas semanas con mi cuñada. Tengo veintisiete años y estoy casado con el hermano de Eva, mi cuñada. Hace tres años que nos casamos y aún no tenemos hijos. Yo estoy muy enamorada de Juan, mi marido y siempre me he llevado muy bien con Eva, Una chica de treinta años, muy independiente y la verdad, muy mona.

El caso es que un día quedamos las dos para comprarle el regalo de cumpleaños a Juan. Juan es el pequeño de la casa y Eva siempre se ha sentido muy unida a él. Se parecen mucho. Eva es rubia y pecosa como él. Muy pecosos. Mi marido tiene pecas por los brazos, la cara, el cuello…En cuanto le da el sol le aparecen. Eva es igual. Tiene el pelo rizado en tirabuzones. Es delgada, muy delgada, y tiene poco pecho. Tiene unas tetitas juveniles. Es más bien estrecha de caderas y de brazos y piernas esqueléticas. Cada parte del culito le cabe en una mano. Suele usar ropa muy ancha o quizás es que todo le queda así por lo delgada que está. Tiene unos labios delgados y cortos y la nariz recta. Su mandíbula es triangular y sus ojos, grandes, almendrados y marrones.

Yo la he tenido siempre por una persona muy agradable. Es muy distinta a mí, pues yo soy morena de pelo. Me oscurezco fácilmente a sol. Soy algo más alta que Eva, y más ancha de caderas, y tengo más pecho. Tengo unos labios anchos, sensuales. No estoy gorda, pero al lado de Eva parezco rellenita, por que mis caderas son una vez y media las suyas y mis muslos, como el doble que los suyos. Cuando vamos las dos juntas yo siempre me llevo los piropos. Ella se enfada. Recrimina a los hombres su falta de respeto. Yo finjo ofenderme por lo que le pueda decir a mi marido, pero en el fondo me pongo muy ufana.

Como os he dicho, ibamos a comprarle un regalo a mi marido y a la salida de la tienda, nos tropezamos con una chica de nuestra edad, que sé que es lesbiana por que me lo han dicho muchas veces. Yo nunca había hecho esas cosas, ni siquiera en mi pubertad. El caso es que se tropezó con Eva y se saludaron con un beso. Fue un beso muy formal al principio, pero sus caras se tardaron demasiado en separar. Empezaron a hablar de algunos chicas que no conocía. Hablaban en una jerga extraña. Que si Pepita está, que si *** ya no está. Hablaron de quedar en un bar “El Armario”. Yo no me atreví a preguntar a Eva, cuando se despidieron pero me dio la sensación de que mi cuñada conocía esos ambientes.

Aquella cita me impactó y desde esa tarde me intrigó mucho la manera de pasar el tiempo de Eva. Yo no sabía nada de lesbianas. Nada de nada. No sabía con quién consultar el tema, con quien desahogarme. Naturalmente, para mí era una cosa “muy gorda”, pero por otro lado, me llamaba la atención, como si se tratara de una jovencita curiosa.

Una noche tuve un sueño. Estaba en la cama en camisón. Eva estaba a mi lado y de repente me besó en la boca. No rechacé sus besos sino que dejé que metiera su lengua. Sentí en sueños la sensación electrizante de sus labios sobre los míos. Luego sentí su mano sobre mi pecho y después, como se deslizaba hacia mi sexo… Me desperté sobresaltada. Había tenido un sueño erótico. La escena lésbica me produjo un poco de repugnancia. Mi marido se despertó y tuve que decirle que había tenido una pesadilla. Pero al pasar las horas, a la mañana siguiente, el sueño lo único que hizo es despertar aún más mi curiosidad.

Tenía un incomprensible deseo de averiguar si Eva era realmente lesbiana. Tenía un inconfesable deseo de saber en qué consistía eso de ser lesbiana, cómo se sentía el placer y el amor con una mujer, la sensación de lo prohibido… No sé. No puedo explicarlo.

Lo primero que hice fue averiguar si el bar ese, “El Armario”. Un bar situado en una céntrica calle de la ciudad, era un bar de lesbianas…Un bar de ambiente. Una tarde me dirigí hacia allí. Era un bar cafetería que había visto abierto por las tardes. Yo nunca había visto nada raro. Incluso he de decir que las personas que había visto entrar me parecían de lo más normal.

Intenté vestir de la manera más convencional posible. Mi instinto me dijo que debía buscar ropa ceñida pero no provocativa. Una ropa elegante que dejara ver mi figura y mi exhuberante figura sin caer en lo ordinario, en lo hortero. Entré en el bar que estaba adornado de una forma muy cálida y acogedora. En seguida me atendió una camarera joven, delgada, vestida con un pantalón ceñido y un corpiño que dejaba desnudos los hombros. Me atendió correctamente. No veía nada raro. Un par de chicos bebían en la barra un café.

Al rato entró una mujer de unos cuarenta años, rubia, muy pintada, vestida con unos vaqueros y una cazadora de cuero negra. Tenía unos botos camperos . Se sentó en la barra y desde ese momento no me quitó los ojos de encima. Yo no me atrevía a mirarla descaradamente. Hablaba con voz aguardientosa y más alto de lo necessario. Se quería hacer la graciosa. Pretendía llamar la atención. Al poco rato comenzó a decir cosas que intuía se referían a mí.

– ¡Vaya! ¡Hoy no se si decir si el armario está medio lleno o medio vacío.- Decía esto y llamaba a la chica de la barra. -¡Preciosa!.-

La camarera le puso un whisky con hielo y pro primera vez pude ver sus ojos rasgados, que se clavaban en mí mientras me saludaba.- Buenas Tardes.- A lo que yo devolví el saludo con cortesía. Su personalidad me vencía. Tenía miedo. No me salía la voz del cuerpo.

Los dos muchachos sonreían cada vez que aquella mujer soltaba una ocurrencia. Al final, uno de aquellos chicos de cara y ojos brillantes habló con una voz demasiado melodiosa.- Hoy la Rubia está dispuesta a todo.-

-Es que Hay veces que el armario está lleno, pero es como si estuviera vacío…Pero hoy, con la poca gente que estamos, está en su punto.-

el otro chico habló, con una voz que ya no dejaba sospecha sobre sus tendencias.- ¿No me dirás ahora que vas a sacar a alguien del armario? Jijiji.- Evidentemente, era yo ese alguien.

-La tarde es larga.- Dijo la mujer mientras se acercaba a mi mesa con su wisky y apartando la silla que había frente a mí me dijo simplemente un -¿Puedo?.-

-Si, si…- Le dije temblando.

– ¿Esperas a alguien?.-

– Bueno…he quedado aquí con una amiga… Eva, no se si la conoces.-

– Aquí suelen venir varias “Evas”, aunque la mayoría de las que vienen no se llaman en realidad así…¿Tu como te llamas?.-

Un segundo en silencio me delataba, pero a la chica, que decía llamarse Tania, no le importó demasiado.- Me llamo Juana.- Comenzamos a hablar del tiempo. Una chica entró en el bar y me miró fijamente. Miré al par de chicos que estaban en la barra. Una mano de uno de ellos se deslizaba por el trasero del otro. Sus labios entraron en contacto y se separaron lentamente. Un cosquilleo recorrió mi nuca y de repente sentí una necesidad de escabullirme.

– Tengo que irme.-

-¿Ya te vas?.-

-Se me hace tarde…-

Me levanté y me fui pidiendo rápidamente la cuenta. La mujer me seguía. La sentí detrás de mí. Sentí su vientre en mi trasero y su pelo en mi mejilla. Sentí su aliento,

.-¿Vas a volver otro día?:-

– No creo.- Le dije apartándola de mí ligeramente pero con determinación.

– ¡Otra que sale del “Armario” por la puerta de atrás!.-

Salí andando rápido y con miedo a que me vieran salir. Salí por que no sabía si sería capaz de decir que no. Sabéis. Yo nunca le digo que no al sexo. No le soy infiel a mi marido. Pero incluso cuando algún hombre me ha hecho propuestas, he sentido la necesidad de hacerlo enseguida con mi parido, pues me he puesto muy cachonda. Me fui a casa con el rabo entre las piernas, pero al menos había comprobado que el famoso armario, era un bar frecuentado por chicas y chicos de ambiente “raro”.

Por la noche no podía dormir. Estaba muy cachonda. Me había sucedido, como ya os he dicho, con chicos, pero nunca me había tirado los tejos una mujer. Me lo intenté curar con una ducha de agua fría, pero no tuvo efecto. Luego lo intenté con una tila. ¡Yo que sé! Mi mente estaba ocupada en averiguar cómo hacen el amor las mujeres y empecé a acariciarme con toda la maldad que podía, los pechos, los muslos, el vientre, el sexo…Imaginaba que era una mujer, aquella del bar, o tal vez mi cuñada, o mi amiga Rosa, la que tan guapa me parecía. Ya no era curiosidad lo que sentía, sino la excitación, el fuego en mi interior. Mi marido dormía. Puse una mano sobre su hombro. Se despertó. Comencé a comerme su boca y metí la mano en su pijama. Estaba dormida pero no tardó en despertar.

Mi marido se imaginó que no quería contemplaciones. Se bajó el pijama y los calzoncillos y yo me deshice del camisón. Se puso el preservativo. El odiado y necesario preservativo. Lo esperé desnuda con las piernas abiertas y dejé que me embistiera. Sentía la improrrogable necesidad de ser penetrada. Necesitaba ser follada. La picha se abrió paso dentro de mí. Coloqué mis manos en sus nalgas. ¿Cómo serían las nalgas de una mujer? ¿Cómo sustituiría una mujer el placer de la penetración en su amante?.-

Juan comenzó a agitarse, después de penetrarme lenta pero inexorablemente. Sentía alguna molestia pero la aguantaba gustosa, deseando que se moviera dentro de mí. Juan me miraba fijamente. Yo le apartaba la mirada y al rato me volvía a encontrar con él. Pensé en cómo se parecían ambos hermanos, Juan y Eva. Miré sus pecho y por un momento imaginé las tetitas blancas de Eva ¿Cómo le colgarían? ¿Tendría pecas hasta los mismos peones? ¿Tendría los pezones pequeños y definidos…O grandes y difusos?. Agarré los cachetes de mi marido y los apreté contra mí.

Mi parido, al sentir en sus nalgas mis dedos, comenzó a moverse más rápido. Es una señal involuntaria que él ya conoce. Mi orgasmo se aproximaba. Sentí una presión en mi estómago, en la nuca en la superficie y el interior de mi sexo. Sentí aflojarse mis rodillas, mis hombros, la lucidez de mi mente…Y de repente, comencé a correrme con la respiración entrecortada, aprovechando la salida de aire para emitir un placentero lamento de amor detrás de otro, mientras mi marido se vaciaba en mi interior, respondiendo a mis gemidos con los suyos propios.

Siempre que he tenido alguna fantasía y he hecho el amor con mi marido, se me pasa. Pero esta vez, no. Hacer el amor con Juan, aunque de una forma muy satisfactoria, había enardecido mi curiosidad por saber si Eva era lesbiana. No comprendía que Eva buscara placer distinto al que un hombro pudiera proporcionar, especialmente, al que amas. Me sentía atraída por saber las formas de amar de las lesbianas. No quería exponerme, así que se me ocurrió utilizar el medio más anónimo que conozco: Internet.

Puse la palabra lesbiana y el buscador me devolvió decenas de miles de direcciones. Me costó un poco encontrar algunas direcciones gratuitas de fotos. Las mujeres no somos tan sensibles como los hombres a las fotos y a mí la mayoría de las fotos porno me parecen ginecológicas. Las chicas eran divinas, algunas…pero otras eran “vacas viejas”. “pencas”. Empecé a visionar galerías de fotos de lesbianas y a ver algunas fotos de una sensualidad que yo no conocía. Me gustaba ver fotos de chicas besándose. Al verlas se me venía a la cabeza el sueño con Eva. Aquel muerdo en los labios.

Me pareció realmente horrible lo que veía después. Lametones en el sexo, dedos que se introducían en ambos agujeros, miré dos o tres galerías y salí de internet con rapidez y angustia, pero eso sólo duró unos minutos. La segunda vez estaba más preparada. Me acordaba de cuando siendo una chiquilla aún me dijeron en qué consistían las relaciones entre un hombre y una mujer. La repugnancia que aquello me produjo y eso me dio ánimos. No es lo mismo verlo que sentirlo.

Unas galerías más y mi campo de conocimiento se habría por completo. Vibradores, consoladores, sesenta y nueves… ¿Usaría Eva consoladores? ¿Haría sesenta y nueves? ¿Amaría o se dejaría amar? ¿Haría el papel activo o el pasivo? Una página daba la opción de ejecutar unos “movies”. Abrí uno. Se tardó algunos segundo en cargar. Vi diez segundos de amor entre los mujeres. Una estaba de rodillas sobre una mesa, la otra, detrás, le lamía todo. Sentí repugnancia y una extraña excitación, una morbosa necesidad de seguir viendo. Cerré la página y salí de internet. Estaba sóla en casa y no pensaba esperar a mi marido. Me metí en la ducha y me masturbé mientras el agua caía sobre mi cabeza.

Decidido. Por el bien de mi cuñada tenía que conseguir adivinar si era realmente lesbiana y apartarla de tan depravadas costumbres. Hablaría con ella y le buscaría un novio. Lo importante era, sobre todo, que me explicara qué sentía, por qué lo hacía, cómo lo hacía, dónde lo hacía,…Me propuse un plan para dejarla en evidencia y forzarla a declarar sus tendencias licenciosas y degeneradas. Después la abrazaría, le pediría que me lo contara todo, que se apoyara en mí. Sentiría su mejilla sobre mi cara, sus pelos, el olor de su perfume, de su piel. Tal vez sus pechos sobre los míos, sus manos en mi cintura…

Mi plan era sencillo. La provocaría y ella no podría contenerse. Yo no podría contenerme si me provocaban. Entonces, Eva tendrá que contárselo todo. Pero ¿Cómo ligan las lesbianas?. Sólo tenía la corta experiencia con aquella impetuosa dama del “Armario”. También me metí en un chat de lesbianas pero llegué a la conclusión de que allí habría dos o tres chicas, todo lo demás eran tíos. Bueno, pues seduciría a Eva con las mismas mañas con que seduciría a un hombre. La provocaría.

Mi plan era sencillo. Aprovecharía uno de esos viajes que hacía mi marido para pedir que Eva viniera a casa. Normalmente, yo iba a casa de mis padres, pero en verano, ellos están en la playa y es más difícil que les acompañe. Primero le enseñaría mi cuerpo, se lo pasaría por los morros, luego le daría confianzas, le dejaría que me tocara, que ella decidiera por las dos, y esas cosas. Luego vendría la fase de calentamiento a tope, buscaría su roce, su contacto… Y al final seguro que no se aguantaría. Entonces la descubriría y me tendría que contar todo y prometer que se iba a reformar.

Antes de que mi marido iniciara uno de esos viajes de negocios a Italia, yo ya comencé a poner en marcha mi plan. Un día la invité a que viniera de compras conmigo. Empecé por comprarme una pulserita de plata. Le pedí su opinión. No me la quería dar por que decía que yo hago siempre lo contrario de lo que ella me dice.

Hice que ella me pusiera la cadenita. Sentí las yemas de sus dedos en mi muñeca y luego, extendí el brazo para que la viera, pero colocándome delante de ella, de manera que sentí su vientre en mi trasera y sus pechos en mi espalda. Son quizás memeces, pero no cuando la finalidad era poner caliente a Eva, y la verdad es que me sentía terriblemente seductora. Como estas le empecé a hacer varias y a diario. Compré la pulsera que ella eligió sin rechistar.

Mejor fue cuando decidí comprarme el conjuntito de ropa interior. Le pedí opinión. Era un conjunto muy picarón. Era el conjunto más atrevido. Eva se decía extrañada por mi elección, aunque le parecía fabulosamente sensual. Me lo llevé. Antes de volver a casa tomamos un café. Lo mismo. Le rozaba los muslos con mi rodilla y me hacía rozar de la misma manera. Ella no apartó la silla, pero tampoco descubrí ningún tipo de intencionalidad en su cara. Al llegar a casa, comprobé que Juan no estaba y le pedí que subiera. Quería que me lo viera puesto. Mientras ella esperaba en el salón, con un wisky con hielo “Como el de la mujer del Armario” yo me desnudaba y me probaba el conjuntito. Realmente estaba provocadora. Mis nalgas asomaban redondas, exhuberantes, mis pechos aparecían deliciosos. Yo, por mi parte, no había descuidado detalle. Ni las uñas de los pies, ni el vello de mi pubis…. La llamé

Mi cuñada apareció con el baso en la mano. Estudié cada expresión de su rostro. Me pareció gratamente sorprendida. Me miró de arriba abajo. Pensé que e Eva le gustaba “mi mercancía”, para luego esbozar una frase hecha “Lo verás pero no lo catarás”. Era la misma frase que me repetía cuando a veces me tenía que desnudar ante el médico.

Le pedí a Eva que me diera su opinión. Me acerqué a ella decididamente, casi asaltándola. Eva sonrió benévolamente y me dijo que estaba espléndida. Di un paso más en mi plan y sin decir nada me quité el sujetador. Mis pechos salieron libres y comprobé en la cara de Eva la sensación de sorpresa, no se si grato o más bien de no explicarse lo que hacía. La verdad es que siempre he tenido mucho cuidado con que las chicas ni los chicos me vieran los pechos, pero por otro lado, hay mujeres que no le dan tanta importancia. Lo bueno era que Eva tendría en que pensar esta noche. Cuando fui a bajarme las bragas, Eva se dio la vuelta con disimulo. Era una tontería, por que me veía por un espejo, aunque ella bajó la cabeza y salió de la habitación.

“Hoy te vas a masturbar pensando en mí” pensé mientras me ponía unas braguitas más discretas y un albornoz. Seguí “enseñándole mi mercancía”. Me senté en el sillón delante de ella mientras me tomaba una lata de refresco. Hice lo posible por que se me viera todo y mo cuerpo no le pasó desadvertido a mi cuñada. Lo presentía y aquello me hacía ser aún más provocativa en mis posturas.

Pero la verdad es que esperaba que Eva se tirara sobre mí y eso no se produjo. Yo, que había hecho un plan a semanas vistas estaba furiosa por que a la primera, mi cuñada no se me había declarado. Me enfurecí y hasta lloré, aunque luego me consolé pensando en lo bien que había empleado el dinero en comprar aquel conjuntito con el que no pretendía seducir a mi marido en absoluto, sino a mi cuñada.

Un día quedamos mi marido, yo y su hermana. Me puse muy mona, un poco provocativa. Mi marido me echó unas indirectas. -¡No me gusta que te pongas esa minifalda ni ese suéter! ¡te miran mucho los tíos!.- Él ignoraba que yo buscaba la atención de Eva. Fuímos a un bar y se me ocurrió una idea. Pedí que Eva me acompañara al servicio. Me recreé mientras me bajaba las bragas y me subía la falda. Que me mirara con detenimiento., que comprobara mi cuerpo, mis muslos suaves.

Empecé a percibir el efecto de mi plan en que Eva, que siempre ha sido muy independiente y nunca se ha podido contar con ella empeó a quedar más con nosotros. Un día fuímos a la playa los tres. Mi marido se fue a dar una vuelta por la playa. Era una playa larga, llena de extranjeras despechugadas. A mi no me dejaba hacer top-less. Yo, que ya tenía premeditado mi plan, me puse apartada de la gente y cuando mi marido se fue le pedí a Eva que vigilara por si regresaba y me puse a hacer top-less. Eva me dijo que era una barbaridad tomar el sol en top-less sin protección. Yo esperaba ese consejo y me puse a echarme la crema protectora con detenimiento, con toda la malicia y sensualidad. Luego, como había partes de la espalda a la que no llegaba, le pedí a ella que me la untara. Y así sentía la yema deminuta y suave de sus dedos acarciar mi espalda. Al cabo de un rato me di la vuelta y me puse de espaldas al sol. Me sentía observada.. Pienso que eran tonterías, y que me sentía así para animarme a seguir. Metí el bañador entre las nalgas para que me diera el sol en el culo.

Eva no se atrevía pero yo se lo pedí.- ¡Anda! ¡Dame crema en las nalgas!.- Mi cuñada extendió la crema discretamente. Nada en su actitud la delataba, pero yo intuía que ella me deseaba cuando me tocaba. No puedo explicar por que yo avanaba en mi plan. Me sentía tentada por mi cuñada, pro ser codiciada por ella, aún sin considerarme no entonces ni ahora lesbiana. Me engañaba diciendo que hacía aquello, que soportaba los roces de Eva para desenmascar sus tendencias y ayudarla. La realidad es que deseaba sentirme deseada por ella y me encantaba que em tocara.

La siguiente parte de mi plan era el otorgarle ciertas confianzas. Ya le daba algunas, como permitir que me tocara en determinadas situaciones, como cuando me untó la crema. Más bien la obligaba a hacerlo, pues pienso que de ella nunca saldría. Era más bién yo la que se tomaba la confianza y la que hacía cosas cada ve más atrevidas. Un día comencé a hablar de sexo con ella.

Eva esquivaba responderme a las preguntas que le hacía, sobre si se excitaba si le tocaban el pecho. – Yo me pongo a cién cuando Juan me come el pecho… comienzo a ponerme mojadita mojadita.-

No tenía mucho éxito, pero a fuerza de cabezonería conseguí que Eva me comentara diversas experiencias masturbatorias. Le pregunté por los consoladores, por los vibradores, pero cuando me acercaba al prácticas sexuales hombre-mujer me decía que sin duda yo tenía más experiencia. Y si hablába de sesenta y nueves o cosas que pudieran hacer pensar en prácticas lésbicas, se hacía la loca. Luego hablamos de nuestrso novios. Me dijo, naturalmente que no tenía novio. Me contó lo de un novio que tuvo que le partió el corazón. Aproveché para besarle la mejilla. Caminamos largo rato cogidas de la mano por la playa solitaria.

Después de este día, Eva dejó de llamar. Al repentino acercamiento le sucedió un alejamiento radical. Yo la entendía. No podía explicarle a Juan que su hermana no era tan caprichosa commo pensaba, ni estaba enfadada por nada. Lo que le sucedía es que huía de mi por que estaba a punto de sucumbir. No estaba dispuesta a quitarle la mujer a su hermano, ni siquiera por una noche.

Bueno, se acercaba la tercera aprte de mi plan. La oportunidad del viaje apareció. Mi marido se iba a Italia unos días, a culminar las firma de importantes contratos de suministro y mis padres estaban lejos, en la playa. La ciudad, con la gente de vacaciones, estaba medio vacía. Me hice la miedica y le pedí que llamara a Eva para que viniera a dormir a casa. Eva respondió si no era mejor que yo fuera a su casa esos días. Acepté. De esta forma yo metería en la maleta la ropa que me hiciera irresistible, y ella no podría olvidarse toda la suerte de juguetes: vibradores, consoladores… de los que me había hablado.

Eva se había esmerado en cuidarse y cuidar la casa. Me dio un beso en la cara al entrar en su casa y noté que me miraba de reojo. No deseaba perder el tiempo. Un par de días se pasan corriendo. Así que lo primero que hice fue “ponerme cómoda y fresquita”. Así que me dirijí al dormitorio, el único que había. Eva tenia un sofá-cama que seguramente pensaba que usaría. Yo de ninguna manera iba a dormir sola. Dejé el bolso en el dormitorio y me quité la camisa y el sujetador para ponerme una camiseta vieja, ancha y pasada. Mis pechos se adivinaban mejor, más sujerentes. Me quité la falda y me coloqué unos pantaloncitos cortos ajuntados, de una tela fina, que me llegaban un dedo por debajo de las ingles y se abrían por la parte exterior de los muslos.

Me quité los zapatos y me puse unas chanclas. Había observado que Eva miiraba mucho a los pies de las chicas , y también los míos.

Me dejé las pulseritas de las muñecas, y la del tobillo, esa de plata que Eva me ayudó a elegir. Me hice una coleta con el pelo. Todo estaba estudiado para causarle a mi cuñada el mayor impacto posible. Cuando salí del cuarto por poco se le cae la taza que tenía en la mano. – ¿Tu no te pones fresquita?.- Le dije sonriendo.

Le pedí a Eva que me enseñara de nuevo, las fotos de su niñez, con Juan y mis suegros. Estuvimos las dos sentadas. Yo sentía rozar mis muslos con los suyos. Yo sugerí a Eva que me sirviera un cubalibre de ginebra. Luego otro. Ella me acompañaba. Yo necesitaba reunir valor para hacerle una proposición que significaba un paso adelante en mi plan .- ¿Por qué no me enseñas los juguetitos que tienes por ahí? ¡Si! ¡Los vibradores y los consoladores!.-

Tuve que pedirselo varias veces.-¡Anda! ¡Por fa!.- Al final aceptó. Comenzó por los vibradores. Me los hizo sentir en la palma de la mano, y en la parte interior del codo. Me enseñó dos vibradores y lugo dos consoladores, más largos, más ortopédicos,- más adecuados para…- Eva acabó la frase con un silencio que en mi interior sabía lo que contenía “Más adecuado para meterselo a las amantes…” Estuve viéndolos un rato y Eva, como si se tratara de un tesoro o un arma o algo entre peligroso y apreciado, tenía prisa por guardarlo. Me los cogió de la mano con suavidad y los guardó en uno de los cajones de la cómoda de su dormitorio.

Después de comer me fui a dormir la siesta. Yo esperaba que Eva me siguiera. Ella. Como una buena anfitriona se quedó durmiendo en el sofá. Yo esperaba que se portara como una buena anfitriona de verdad y me hiciera gozar como yo presumía que ella sabía. Cuando desperté, Eva dormía. Estuve un rato aburrida y se me ocurrió probar de verdad los juguetes de Eva. Cogí un vibrador del cajón y me quité los pantalones y lass bragas. Lo encendí y me lo acerqué. Era un placer distinto, artificial pero muy efectivo. Lo posé sobre mi sexo e hice que buscara mi clítoris.. Era electriante. Lo separé y lo puse sobre los pezones.Los sentí erizarse, levantarse.

Miré intuyendo actividad. Eva me miraba. No sabía si estaba enfadada. -¿Qué haces? .- Me dijo

-Perdón, quería ver que se sentía.-

-No, no importa…prueba.- Y diciendo esto se dio la media vuelta. Eva era una roca de hielo contra la que me estrellaba.

– ¡Es que… Es que no sé…No me atrevo….¿No me puedes ayudar?.-

– ¿Ayudar? ¡Pero si es muy fácil!.-

-¡Ya! …pero yo soy mmuy inútil…¡Anda! ¡cógelo tú!.-

Eva titubeó, pero al final, su carácter complaciente la venció y se acercó. –Túmbate en la cama con las piernas abiertas.- La obedecí y Eva encendió el aparato y lo colocó en la parte interior de mi muslo, encima de la rodilla.

-Tienes que hacer que vaya avanzando lentamente hacia tu coñito.- Al decri esto, Eva se aclaró la garganta. Estaba nerviosa, excitada. Conocía el oficio y pronto, lo que para mí era un cosquilleo insoportable, se convirtió en el más placentero estímulo. Metí la mano dentro de la camiseta y mis dedos pellizcaron miis pezones. Mi otras mano separaba los labios de mi sexo y dejaba al descubierto mi crestita que pronto comencé a estimular por mi cuenta. El cosquilleo me subía por el muslo y pronto lo sentí en la parte baja de mis nalgas y luego, sobre uno de los labios, dirigirse al clítoris.

Recibí las vibraciones con expectación. Sentí los pechos robustecidos, exultantes por el roce del vibrador. Mi sexo estaba húmedo. Yo confiaba en Eva y no me decepcioonó. Pronto el vibrador esstaba entre ambos labios. El instrumento se hundía en mi vagina como tres dedos. Las vibraciones se hundían en mi vientre y no tardé en comenzar a correrme. En un moomento de lucide, busqué algún tipo de contacto con ella que sabía sería incapaz de negasrme en esos momentos. Coloqué mi mano sobre su muslo, mal tapado por la falda que había quedado desordenada al sentarse sobre la cama. Eva movía el vibrador con suma delicadeza, a pesar de lo que el cosquilleo consiguió hacer que me corriera.

Fue un orgasmo increíble. Deseé que Eva me hundiera el vibrador hasta el fondo, pero ella seguro que reservaba eso para sus amantes. Se agachó sobre mí. Le ofrecñi mi boca, pero se contentó con darme un fraternal beso en la frente y la mejilla. Me decepcioné de nuevo.

Miraba a Eva de reojo, pensando en cuál sería la causa de que me rechazara. Estaba seguro de que le gustaba. ¿Sería por respeto hacia mi marido, su hermano? De cualquier forma yo ya me había propuesto llegar hasta el final, sobre todo al compbrobar el placer que me podía proporcionar mi cuñada y el no sentir tantos remordimientos como yo pensaba por haberlo hecho con una mujer. Al revés, he de confesar que me resultó excitante.

El caso es que Eva no me hacía todo el caso que yo quería. Llegó la hora de dormir y apenas si me miró cuando aparecí en el dormitorio procedente del cuarto de baño vestida con aquel conjuntito de ropa interior que ella me había ayudado a comprar. Me acosté en la cama, a su lado. Un hombre hubiera entendido la indirecta, pero Eva se dio media vuelta. Destapé un poco la sábana para ver como iba vestida y me dí cuenta de que sólo llevaba las bragas, sin pijama ni camisón, así que yo también me deshice del sujetador, que me estorba un montón para dormir y ya de paso, me quité delante de ella el camisón, para quedarme como ella, sólo con las bragas.

Esperé inútilmente su seducción. Esstaba muy caliente y desengañada, pero de repente me acordé que a mi marido bastaba con ponerle la mano en el hombro para que entendiera lo que deseaba. Eva parecía dormir. Me ofrecía unna espalda desnuda en la que se marcaba la columna y los músculos en su delgada silueta. Pasé mi mano por su espalda y luego se la puse en el hombro. Pareció despertar.

– ¿Eva?-

– ¿Si?-

-No me puedo dormir.-

-¿Por qué?-

– Estoy muy caliente…. lo de los “mete-saca” esos me ha puesto muy cachonda… No se cómo bajarme el calentón. ¿Tú Podrías…?

– ¿Podría qué?.-

– Pues hacermelo.-

Eva se dio la vuelta, me miró extrañadísima y entonces comenzó con una retaila, hablando bajo pero visiblemente enfadada.- ¡Mira! ¡Yo no sé que te has creído! ¡Llevas semanas provocándome! ¡Que si la cremita en la espalda, que si la manita por la playa…! ¿Se puede saber que coño quieres?.-

Eva me miraba con los ojos brillantes, enfurecida. Yo no sabía que deecirle. No era momento de contradecirle. Se enfadaría y perdería mi oportunidad de saber si era lesbiana. Yo ni me pensé lo que le decía.- Es que…es que creo…que me he enamoorado de ti.-

Eva se cayó y se me quedó mirando. Luego hizo un gesto despectivo. -¡Venga hombre!¡No me vengas con pamplinas!.- Se levantó de la cama pero no fue lejos. Se puso de pié junto a la cama y me miró de arriba abajo. Parecía pensarselo, quizás sucumbir a la tentación hasta que finalmente susurró.-¡Esta bien!¡Tú lo has querido!.-

Eva se tumbó sobre uno de mis lados. Sentí su pecho caer suave sobre el mío. Tenía uno pecho diminuto, juvenil, Las pequtas de las que os hablé casi le llegaban a los pezones. Unos peones pequeños, bien definidos y puntiagudos. Los sentí ardeersobre mi propio pecho, y luego su boca, que se posó sobre la mía y se fundieron sus labios con los míos. Me entregué a un beso como no me lo daban desde que era una jovencita del instituto. Sus labios eran deliciosos, dulces. La miré a los ojos mientras nos besábamos. Fue una mirada en la que ambas abrimos y cerramos los párpados al mismo tiempo, lentamente. La imagen de su cara se me retuvo en la retina mientras empecé a sentir sus dedos suaves sobre mi pecho, apretarlo lentamente, suavemente, moviendo su palma de la mano y arrastrándo mi seno con ella.

-Eres una mujer muy bonita. Mi hermano tiene mucha suerte.- Aquellas palabras me llenaron de satisfacción. Ya no pensaba en reprenderla por sus inclinaciones sexuales, sino en ser iniciada pro ella esa misma noche.

-¡Hazme tuya!.- Le respondí.

Eva colocó su muslo entre mis piernas y comenzó a besarme sensualmente el cuello y los lóbulos de la oreja, hasta que de repente, sentí cómo su lengua se hundía en el agujero de las orejas. Un cosquilleo recorrió mi nuca. Se agachó un poco y sentí sus labios en mis clavículas mientras su mano bajaba lentamente por mi vientre. Su pequeña mano me daba seguridad. Nunca había valorado la longitud y estrechez de sus dedos. Me parecían unas manos hermonas.

Pegué un pequeño brinco al notar que las manos sobrepasaban la línea de mis bragas. Noté que ponía sus dedos sobre mi sexo, encima de mi prenda íntima y sentí el esstímulo de sus dedos sobre mi clítoris a través de la delgada tela, mientras me mordía el cuello.

Eva tomó mis bragas desde delante y tiró de ellas hacia arriba. Sentí cómo la tela se me clavaba en la raja. Me miraba fijamente y yo no podía ocultar mi excitación. No la oculté. Chillé en voz baja y moví mis caderas. No tardó en soltar las bragas, pero me quedaron descolocadas, pues Eva comenzó a estimular de nuevo mi sexo con sus dedos, pero esta vez sin el estorbo de las bragas. Sentí la yema de sus dedos, suave, delicada, rozarme casi sin apretar, mientras su boca se separaba de mi cuello y se dirigía hacia mi pecho.

Estuve a punto de rogarle que me soltara, que no lo hiciera, pero pudo más el morboso deseo que la decencia inculcada durante decenas de años. Su lengua apretaba la piél de mi pecho, hasta alcanzar mis pezones, empeñándose en contrarrestar hundiendo, lo que el deseo se empeñaba en hacer repuntar. De repente sentí cómo abriendo su boca se emgullía todo mi pezón y lo apretaba entre los labios. Me retorcía de placer y musitaba.

Parecía que aquella era la señal conveenida y cuando mayor sensación sentía en el pecho, Eva comenó a hundir sus dedos dentro de mí. Sentí la palma de su mano apretar mi crestita y las yemitas de sus dedos introducirse, y luego, girar a un lado y otro mientras los metía y los sacaba. Cada vez los hundia más hasta que yo no pude más y el placer que comenzó en el interior de mi vientre como un vacío qque había que llenar, se transformó en un volcán de deseo ardiente.

Comencé a moverme contra su mano. Me hincaba ssus dedos y yo deseaba que me penetraran más. Eva no soltó mi pecho a pesar de mi movimiento. Al revés. Se echó sobre mí para evitar que me moviera mucho y apretó mi peón entre los labios. A la excitación del bocado se unía la sensación de estirazón de mi pecho. Me sentía tan mojada que me parecía sentir mis nalgas mojadas por mis flujos.

Cuando Eva notó que me corrí, se puso sobre mí y tomó unas de mis piernas. Me pareció indicar quie la mantuviera ligeramente doblada. Eva me tomó las manos y las puso sobre mis hombros y sin soltarme comenzó a moverse encima mío, como una loca, frotándo su cuerpo contra el mío y buscando que mi muslo le rozara su sexo. Yo apreté el muslo corta ella y sentí su mata de pelos pincharme y luego cómo se me humedecía la piel por sus fluídos. Sus tetitas me rozaban y sentí su rodilla entre mis muslos. Busqué su contacto hasdta sentir que se me clavaba ligeramente en el sexo. Al cabo de un rato, Eva se corrió, terminando de humedecer mi muslo y de mezclar en nuestros cuerpos, nuestro sudor.

Quedamos tumbadas.. Ya me podía dormir. No tardé en cerrar los ojos y no me desperté hasta el día siguiente. Me pareció que oía llover en la calle. Recuperé la conciencia. No mecreía lo que había hecho. Anoche me había acostado con mi cuñada. La lluvia que oía era la de la ducha. Posiblemente Eva se estaba duchando.

A las mujeres nos gusta más el sexo de noche. Eso dicen. Yo, por mi parte, esta mañana me debatía entre salri de casa de mi cuñada sin desedirme a entrar en el baño. De cualquier manera, mis bragas estaban sucias por los restos de los flujos de la noche. Me las quité. Después, fue mucho más fácil decidir. Entré en el baño comoo despistada, preguntando por mi maleta. Eva me miró incrédula. Se preguntaría, detrás de la manpara de la ducha cuál era ahora mi opinión sobre el sexo entre mujeres. Abrí la mampara y me metí en la ducha con ella mientras ella me miraba sonriendo pícaramente.

Bajo la ducha, Eva me parecía aún más delgada y menuda. El pelo mojado achataba su figura. Su piel brillaba. Su vientre era plano y los hombros y los huesos de las caderas se le notaban mucho, pero sus pechos me atrían y me acerqué a ella para acariciarlos.

Me las quise dar de seductora y me metí sin contemplaciones. Me puse al lado de ella, recibiendo el agua templada en mi cuerpo. Estaba excitada por la proximidaad de su cuerpo menudo. Cogí el bote de gel y lo eché sobre mi mano y me atreví a hacerle una proposición- ¿Te froto la espalda?.-

No esperé que me contestara. El hecho de volverse y ofrecerme la espalda era suficiente. Eva apartó su peo del cuello. En su nuca despuntaba alguna vértebra. Comencé a acariciar su espalda por la ona de los pulmones, pero pronto estaba recorriendo sus riñones y no pude evitar, al ver sus nalgas redondas, diminutas, respingonas, frotarlas, acariciarlas, estrujarlas mientras posaba mi boca sobre su cuello.

Le cogi de los pechos y me la traje contra mí. Eran suaves, pequeños, deliciosos y dulces. Sus nalgas se me clavaron en mii vientre y le mordí la oreja, como ella había hecho la nohe anterior. Respondió a mi estímulo dándose la vuelta y abrazándome a mí. Nos besamos mientras el agua resbalaba por nuestro cuerpos. Nuestros pechos se pegaban para poder recibir ambas el chorrito agradable de la ducha.

Eva puso mi manos sobre mis hombros y me invitó a agacharme. Yo acepté su sugerencia, doblando ligeramente las piernas y posando mia labios sobre sus pezones. Nunca había probado el pecho de una mujer. Su calor, la textura y suavidad. Me sentía enormemente excitada de saber que aquello pondría a Eva aún más excitada que lo que yo estaba, y cuanto más me excitaba yo más me empeñaba en excitarla a ella. Eva continuó empujándome hacia abajo. Comprendí lo que deseaba. Nunca lo había hecho. Me daba un poco de repelús, pero cuando vi asomar su crestita entre los dedos de su mano, que se separaba los labios de su sexo, que se me ofrecía entre sus piernas, que se esforzaba en abrir colocándo una de ellas sobre el borde de la bañera, me pareció un pastel exquisito, y una justa recompensa al placer que me había proporcionado la noce anterior.

No se me ocurría otra manera de hacer que pasar mi lengua despacio, una y otra vez por su rajita, sintiendo en mi punta las depresiones y la cresta de su coñito, que sin estar totalmente depilado, sí estaba muy afeitado y cuidado. Empecé a notar un olor penetrante, a pesar del agua, y un saborcito agrio. Luego sentí la melosa sensación de sus flujos, mientras ella comenzaba un suave balanceo. Abrí los ojos y miré hacia arriba. Me miraba fijamente mientras se magreaba el pecho. Estuve unos instantes mirándola mientras apretaba con mi lengua su clítoris. Luego me volví a concentrar en mis lamidas cuando seme ocurrió meter ligeramente uno de mis dedos índices en su rajita mojada.

Eva comenzó a agitarse. Sentí su mano sobre mi cabeza, apretarme contra su sexo, mientras ella cada vez se corría más violentamente y comenzaba a respirar aceleradamente, corriéndose silenciosamente, sin escándalo.

Estaba muy orgullosa de mi mismo y me dejé sacar de la ducha por mi cuñada, que me llevaba de la mano hacia su cama. Puso una toalla sobre el colchón y me tendió en la cama, de manera que mis piernas quedaban colgando. Sacó de la mesilla de la cómoda uno de sus juguetes, un consolador de color rosa intenso que puso a su lada, mientras se ponía de rodillas frente a mi sexo.

– ¿Qué vas a hacer con eso?.- La pregunté

-Ya lo verás.-

Eva puso mis piernas sobre sus hombros estrechos. Mis muslos ocupaban bien su espalda y veía asomar su cara por encima de mi vientre .-Te vot a enseñar como hay que comer los coños.- Me dijo, y dicho esto, comenzó a lamer mi sexo con fuera, como empeñada en arrancarme el clítoris a lametones. Eva me separaba los labios con sus dedos y yo comprendía por qué se empeñaba en frotarse los pechos en la ducha. Es como si existiera un nervio que conecta el clítoris con el pezón. Sentí la necesidad de tocarla y enredé mis dedos entre sus pelos mojados.

Eva hundía su lengua dentro de mí. La sentía en la parte interior de mis labios, de una forma excitante. No se concentraba sólo en mi clítoris. La parte de detrás de mi sexo parecía que era uno de sus lugares favoritos. Sentí hincar sus dientes en la parte baja de mis nalgas y en el interior de mis muslos, al lado de mi vientre, y de nuevo, sus labios en mi clítoris. Lo atrapó con decisión y estiró de él con los labios apretados. Gemí de placer.

No deseaba correrme hasta no sentirme ensartada por el consolador que me aguardaba al lado de las rodillas de mi cuñada, pero Eva parecía decidida a hacer que me corriera. Estaba ya más que caliente, aguantando cuando de repente puso su cara entre mis muslos y me separó todo lo que pudo los labios. Sentí como no había sentido hasta ahora mi humedad. Entonces sacó la lengua todo cuanto pudo y comenzó a mover la cara a un lado y otro con velocidad. Aquello fue paraa mí irresistible y me corría mientras ella continueba con su movimiento alocado.

De sobra hacía minutos que comprendía que eva me follaría con el consolador después de correrme. Yo le pedí que me dejara. Le confesé mis temores de novata, pero Eva ni me contestó. Colocó el consolador entre mis piernas que me esforzaba en separar, hasta ayudándome con las manos, y presionó contra m i sexo abierto por sus dedos y los míos.

Sentí la cabecita penetrarme. Abrirse paso dentro de mí sin dificultad, por la lubricación de mi sexo durante mi orgasmo. Eva comenzó a mover el consolador dentro de mí. Sentía toda mi vagina rozarse y recibir ese placer mientras yo misma me relajaba y me abandonaba a Eva. Eché la cabea hacia detrás y me dediqué a acariciar la cabeza de Eva, entrelazando su pelo con mis dedos mientras yo misma me pellizcaba los pezones. De repente, empecé a notar que el cuello de Eva y su cabeza se movían a la misma velocidad y a la vez que sentía meterse y sacarse el consolador de mi sexo. Miré hacia mi sexo y me dí cuenta de que Eva me estaba follando con la boca. Tenía el consolador entre los dientes y con ellos me metía y sacaba el aparato.

Puse mis manos en mis piernas pero Eva me las cogió y tiraba de ellas, de mis brazos y de todo mi cuerpo hacia ella, hacia su boca y la estaca que sostenía entre sus labios y yo me sentía totalmente ensartada, penetrada. Sentía la dureza del consolador recorrer mi sexo y la dulzura de lsus labios estrellarse entre mis muslos. Sentí un nuevo orgasmo, esta vez profundo, intenso, fuerte y duradero. Volví a sentir derramarse mis flujos por la parte baja de mis nalgas. Una gota se deslizaba viscosa hacia la sábana mientras jadeaba y apretaba las manos de eva entre las mías. Comencé a dar chilliditos mientras hacía lo posible por sumergir el consodalor en mi sexo, buscando el momento en que Eva apretaba el aparato contra mí para estrellar mi sexo contre su boca y mis nalgas contra su barbilla mientras arqueaba la espalda y sentía fuego en mi vientre, en mi vagina y en todo mi cuerpo, que comenzó a sudar copiosamente.

Cuando Eva soltó el consolador, yo me había corrido. Le pedí que lo sacara de mi sexo, pero se negó. Seguíamos agarradas de las manos y yo pretendía sacarme el instrumento de mi interior, pero no me dejaba. Me besuqueaba los pechos y me lamía todo el cuerpo, provocándome un cosquilleo profundo, insoportable, que conseguía hacerme retorcer de placer. Finalmente, ella misma, volvió a poner su boca frente a mi sexo y tiró del consolador fuera de mí. Sentí un gran alivio y me concentré en el momento, en la sensación de estar totalmente saciada, de descanso después de la tormenta, de corredor que se ha corrido media maratón y ahora descansa en la meta.

No sabía como justificarme por lo que acababa de ocurrir. Aquella mujer que estaba tumbada detrás mía y que me acariciaba la espalda era mi cuñada. Me había acostado con ella. ¿Cómo íbamos a cenar juntos en Navidad?.

-De manera que realmente eres lesbiana.- Le dije haciéndome de nuevas, y en unn tono de reproche.

-Hombre, no sé. ¿Tú que dirías?.-

Me quedé pensando.-Pues que deberías buscarte un hombre.-

-¿Ah si? ¿Un hombre?.- Eva cayó y luego me respondió .-¿Cariño? ¿Eres tonta o qué? ¡Me has estado calentando durante meses, me has pedido que te masturbe, te he follado como a una gata en celo…Y me reprochas que sea lesbiana!.-

-¡Es que me da pena!-

-¡Pues yo me lo paso muy bien…Y a mí me parece que tú no te lo has pasado nada mal.-

Me quedé callada. Eva comenzó a cogerme del pelo y a atusármelo. Entonces se levantó de pronto. Yo estaba un poco ensimismada y no me dí cuenta de lo que sacaba de un cajón de la cómoda. No tardó ni medio minuto, cuando la miré, Eva se había puesto una faja en la que le colgaba un consolador comoel que me acababa de meter. Eva empezó a hablar melosamente, suavemente.-¿Sabes? No eres la única que se ha dedicado a hacer aveiguaciones…Yo también he preguntado sobre ti. Juan me cuenta muchas cosas… como que te gusta hacerlo como los perros.-

Al verla así, armada, venir hacia mí con su figua tan menuda, femenina, diciéndo aquello, sentí mi cuerpo estremecerse. Me cogió de la coleta que cuidadosamente había estado haciéndome y tiró de mí hacia ella. Me puse sobre la cama a cuatro patas. Eva avanzó de rodillos sobre el colchón hasta hacerme sentir entre mis muslos la punta del nuevo instrumento

Pasé un par de días junto a mi cuñada en los que me sentí saciada totalmente. Probé todas las prácticas sexuales que Eva quiso hacerme probar y poco a poco aprendí a proporcionarle yo a ella placer. Eva me proporcionó una vivencia exquisita, aplicando con sensualidad la información que le había sonsacado a mi marido. Cuando Juan volvió, hicimos el amor de una manera desbocada, pero la verdad es que eché en falta esa dulzura y valentía con la que Eva me hace el amor y he pensado que lo ideal sería sentirme como un emparedado entre los dos, ser suya a la ve. Bueno, esa es una fantasía a la que no renuncio. Por otra parte, espero ansiosa el próximo viajes de negocios de mi marido.

A la fuerza

Siempre he sostenido que no se puede odiar lo que no se conoce. No encuentro la lógica en sentir desprecio por algo de lo que no tienes suficiente conocimiento. La chica de la que voy a hablar a continuación aprendió esto de un modo un tanto cruel, pero seamos sinceros, ¿cómo más podía yo hacerla recapacitar? ; )

Esto sucedió a principio de mi último año en el bachillerato. Al haberme mudado a los Estados Unidos y no tener mucho conocimiento de la cultura americana ni hablar fluidamente el idioma, el consejero de mi clase pensó que sería una buena idea tomar una hora tres veces por semana para charlar con otra estudiante de mi misma edad en lugar de tomar notas o algo así. A mí me pareció muy tentadora la idea de pasar una hora hablando de trivialidades en lugar de estar sentada en un aula aburrida y haciendo tareas, y por lo que sé, Emily (así se llama la chica) pensó exactamente lo mismo que yo, además de que le darían créditos extra por “ayudar” a una nueva estudiante.

El día que conocí a Emily, se notaba muy simpática y divertida, y aunque no sentí ninguna atracción física o sexual hacia ella, estaría mintiendo si dijese que no era una hermosura. Pero en vez de desearla por sus ojos verdes, su melena ondulada y negra, su rostro angelical y travieso a la vez, o su atlético cuerpo, me pareció que en realidad podíamos llegar a ser amigas o por lo menos disfrutar el tiempo que pasaríamos juntas; pero mis teorías estaban muy lejos de la realidad… Ese primer día, Emily y yo nos presentamos. Teníamos casi la misma edad, estábamos en el mismo grado, ambas teníamos la misma hora de almuerzo, en fin, todo era perfecto como para poder formar una amistad.

Emily y yo nos estábamos llevando de maravilla, ya había pasado la primera semana y no habíamos tenido dificultad en encontrar temas de conversación. Para ese entonces, Emily tenía novio y me hablaba muy frecuentemente de él. Ella no era la típica chica romántica que siempre quería más y más detalles por parte de su chico, lo que hacía que él se sintiera cómodo con ella por no ser “como las demás”. Aunque Emily se llevaba muy bien con él, ella me contaba que él era más como un amigo para ella, y en un momento de sinceridad (y debido a la conversación que estábamos sosteniendo) me confesó que no era bueno en la cama.

Hasta ese entonces todo era muy entretenido con ella, hasta me hacía olvidar que había dejado a mis amigos más viejos en la República Dominicana. El consejero que en un principio nos presentó, notó la amistad que crecía entre nosotras. Como siempre estábamos sentadas en una antesala de su oficina, decidió darnos un permiso para salir a comprar unas hamburguesas o unas batidas fuera de la escuela. Emily y yo no desaprovechamos su oferta, y enseguida tomamos el pequeño papelito que nos permitiría salir sin ser detenidas o castigadas.

Ya que Emily tenía carro, fuimos al parqueo y allí localizó su vehículo, que para ser ella tan joven, su auto era muy moderno. Inmediatamente presionó el botoncito para quitar el seguro, abrí la puerta y procedí a montarme… ¡No lo podía creer, que desastre tenía ahí dentro! Y muchas colillas de cigarrillo. Era como si hubiese pasado un huracán o algo parecido (reí para mis adentros al pensar esto).

-Disculpa el desorden- decía Emily un poco divertida al notar mi cara de asombro- No he tenido tiempo de lavar el auto esta semana.

Al cabo de unos minutos pude evitar que mi rostro volviera a esa expresión de antipatía y repugnancia, en fin, quien era yo para juzgarla porque con apenas 18 años era tan adicta al cigarrillo; como ya dije al principio, no se puede juzgar lo que no se conoce, y yo nunca he experimentado adicción al tabaco.

Estuve entretenida mirando los autos que nos rebasaban y respirando el aire “puro” de la ciudad—digo “puro” porque aunque en la ciudad no es posible apreciar un aroma fresco, era ciertamente imposible respirar propiamente en el auto de Emily.

-Oye, -me sacó Emily de mi trance.

-Sí, dime?- le contesté con una sonrisa

-Sé que en tu país esto tal vez no sea tan común pero, ¿Te molesta que fume?- tomó un segundo para mirarme

-No, para nada.-Le sonreí- Lo que pasa es que no sabía que fumabas, eso es todo. Además, mi mamá fuma igual o más que tu- ambas reímos. Ella sacó un cigarrillo de su cartera y luego lo encendió. Sostenía en cigarrillo entre su dedos índice y mayor (corazón) de su mano izquierda. ¡Se veía tan sensual que no pude evitar quedarme observándola mientras abrazaba el cigarrillo con sus finos labios y luego precedía a expulsar el humo suavemente con sus ojos entreabiertos. Si bien yo no fumaba, me encantaba ese estilo suyo de hacerlo.

Cuando llegamos al sitio, ordenamos nuestras batidas, hablamos un poco más mientras las bebíamos, y nos fuimos directamente a la escuela. Había sido agradable salir, pero no podíamos excedernos del tiempo acordado.

Al volver a la oficina y volver a sentarnos en las mismas sillas en las que habíamos estado sentadas las últimas cuatro semanas, ambas sentimos un cansancio y un aburrimiento extraño en nosotras. Tomábamos lo que quedaba de nuestras batidas cuando a Emily le dio un calambre en su pierna izquierda por estar sentada tanto tiempo en la misma posición. Yo le recomendé que la agitara, así se le pasaría más rápido y no sentiría tanto la molestia del calambre en sí. Emily procedió a agitar la pierna y se veía tan graciosa de ese modo que no aguante echar una carcajada, ella me decía que no era gracioso, pero también se reía a carcajadas mientras me regañaba. Entre las risas y el movimiento de pierna, Emily tropezó con el estante provocando que unos libros se cayesen. Reímos un poco más y tomé dos de los libros para volver a colocarlos en su lugar, al parecer uno de los libros le había llamado la atención a Emily, ya que mientras yo organizaba los libros que había tomado, ella observaba la portada de uno de los libros que había recogido del suelo.

-Ewwww!- Expresó Emily con repugnancia al darse cuenta de que se trataba el libro.

-¿Qué pasa, tan malo es el libro?- dije divertida

-No solo es malo, es asqueroso!

-No puedes juzgar un libro solo por su portada

-Lo que digas, pero para que veas que no me equivoco, escucha la descripción de detrás. – tomó el libro y procedió a leer.

Sería imposible describir mi decepción y expresión facial al saber de qué se trataba el dichoso libro. Cada palabra que Emily leía de la parte trasera del libro añadía a su rostro otra expresión de repulsión, y en mí provocaba decepción y algo de tristeza saber que una historia romántica de lesbianas le provocaba (a la chica que yo pensaba podía ser mi amiga) semejante reacción. Lo único que pude pensar, o más bien preguntarme, fue ¿Qué diría, o pensaría ella si supiese que todas estas semanas ha estado lidiando con una lesbiana?

-Es asqueroso como dos mujeres pueden estar juntas.- opinaba Emily- Estar con una mujer es como estar con un hombre sin pene, son inservibles para el sexo- Añadía con aun más rudeza que al principio.- Se visten como hombres, se cortan el pelo como ellos- continuaba- Su problema es tan severo que hasta la iglesia está en contra de todos los maricas y esas putas lesbianas que siempre andan mirándonos las tetas a nosotras las normales.- Se expresaba con repugnancia, indiferencia, ignorancia, y podría decirse que hasta odio mientras apartaba el libro de su vista.

Después de escuchar esto, ya no me sentía decepcionada, sorprendida, ni nada parecido, más bien me sentía fastidiada e indignada. Se notaba que Emily no sabía de lo que hablaba, que no había tenido una amiga o un amigo homosexual. Era obvio que si sabía de lesbianas y chicos gay, era porque los veía de lejos en lugar de haber tenido real interacción con ellos. El simple hecho de tener en su mente ese estereotipo tan simplificado y en muchas ocasiones desacertado de las lesbianas me molestaba de sobremanera.

Ese día llegué a mi casa y me encontraba un tanto hastiada, enfurecida y ansiosa debido a lo que Emily había dicho. Sentía que tenía que “darle una lección” por tener esa visión tan errada de las lesbianas y por referirse a nosotras como putas que solo andamos mirándoles los pechos a las “normales”. Pero que podía decirle, “soy lesbiana y no tengo pelo corto”? o algo como “Soy lesbiana y no ando mirándote las tetas”? Tenía que ser algo que realmente la hiciera cambiar su punto de vista o por lo menos pensar un poco más al respecto para que no ande por ahí ofendiendo gente con sus comentarios sin fundamento.

En la noche, cuando me iba a dormir algo pasó;

-¡Lo tengo!- dije de la nada y en voz alta- Claro, como no se me había pasado por la mente- seguía conversando conmigo misma- ¡La mejor manera de hacer que piense más las cosas es seduciéndola!-(Juro que en el momento no reconocía lo descabellada que era esta idea)- Si la seduzco y le gusto, se estará comportando y sintiendo como lo que con tanto odio erróneamente describió y denigró!- Me decía a mí misma con determinación- ¡Que brillante soy!

Al día siguiente en la escuela, estaba planeando cada detalle de lo que haría: cuándo, cómo, qué, y dónde. Siempre he sido muy determinada y buena para hacer planes así que estaba segura de que esto iba a salir perfecto. No recordaba haber implementado mis “habilidades” para un acto tan macabro, pero esto no solo me emocionaba sino que también me hacía sentir que iba a hacer algo bueno dándole una lección a Emily usando ese procedimiento. El día pasó volando, y en lo que a mí me pareció poco tiempo, ya estaba en mi casa cuadrando los últimos detalles de mi excelso plan ya que al día siguiente me tocaba comenzar a ponerlo en práctica.

Ese día que decidí poner mi plan en marcha, las tres primeras clases fueron tan entretenidas que pareciera que el tiempo fluyó más rápido, y que llegara la hora de ir a “conversar” con Emily en poco tiempo.

-¡Hola, chica!- dije alegre mientras le daba un beso en la mejilla. He notado que este gesto no es común en este país, pero lo hice de todos modos

-Hola, te ves muy alegre hoy.- dijo mientras respondía a mi beso amistoso- ¿Y esa rareza, tu saludándome con un beso?- preguntó un tanto desubicada

-Disculpa, fue involuntario. En mi país así nos saludamos. Todavía no me acostumbro.- dije con una sonrisa despreocupada

-No hay problema, hasta me gusta el gestito ese- ambas reímos (yo con mi segunda intención, claro)

El día transcurrió como cualquier otro en la oficina, y así pasaron muchos más. No fue fácil hacer que Emily fuese más cercana a mí, pero eventualmente mi plan estaba dando resultados positivos, Emily parecía tener mucha más confianza conmigo y en muchas ocasiones demostraba afecto a través de gestos —esos tipos de gestos los cuales amigas comúnmente manifiestan, pero estos me servirían para culminar mi plan como me lo proponía, y si no, yo tenía otra opción aunque un tanto arriesgada, pero igual de determinada; un plan B…

Un día estábamos Emily, el consejero y yo conversando acerca de lo bien me estaba yendo en tan solo esos cuatro meses. Emily me felicito por mi progreso y el consejero me dijo que se sentía orgulloso de mis logros, yo solo respondí con un amistoso “Gracias por hacerlo posible”. De repente, el aire acondicionado dejó de hacer ese ruido característico y se apagó, pocos segundos después las luces se apagaron en todo el edificio.

-¿Qué estará pasando ahora?- cuestionó Emily

-Lo más seguro es que sea otro de esos tornados que han estado atormentándonos a todos últimamente.- supuso el consejero

-Ya van dos esta semana.-añadí entre la oscuridad de la oficina

*Suena el teléfono de la oficina*

-¿Si?…. ¡¿Qué?! … ¿están seguros? …Ok… Claro, ya voy para allá.- concluyó un tanto exaltado

-¿Algo anda mal?- pregunté

-Si, al parecer este apagón no se debe a ningún desastre natural. Uno de los chicos de cuarto año quiso hacer una broma de mal gusto y está en la oficina del director por haber alterado el cableado de la escuela, y como yo soy el psicólogo aquí, tengo que hablarle.- explicó con un tono de tedio en su voz

-¿Cree que van a despacharnos temprano hoy, mejor dicho, debemos irnos a casa?- Preguntó Emily

-No creo que sea buena idea, al no haber energía eléctrica el sistema de listados no funciona así que no podría dejarlas ir a casa faltando mas de una hora para el despacho, además el director no me informó nada relacionado con eso… Lo siento chicas.

-No hay problema. Ahora vaya antes de lo vuelvan a llamar.-dije ansiosa, “esta podría ser mi oportunidad para dar fin a mi plan. Aunque no hay ningún indicio que me sugiriese que he seducido a Emily, quien quita que se desinhiba hoy” pensé… Aunque lo más probable es que termine poniendo el plan B en práctica y no mi idea inicial…

-Tienes razón- musitó el consejero, luego tomó sus llaves y cerró la puerta que dividía su oficina de la pequeña habitación en la que Emily y yo siempre estamos, esto provocó que todo fuese aún más oscuro ya que la única ventana estaba detrás de esa puerta que él había cerrado.-Siento no poder dejar la puerta abierta en lugar de dejarlas en esta oscuridad, pero son las reglas, chicas.

-No hay cuidado-Expresó Emily despreocupada

Al salir, también cerró la puerta que separaba la habitación donde estaba yo del pasillo común, de tal manera que no se pudiese entrar, solo salir. Todo parecía ponerse de mi lado y sabía que una oportunidad como esta no se presentaba todos los días; en mi mente solo agradecía al chico que había provocado esa oscuridad y la situación en general.

-¿Qué hacemos ahora?- preguntaba Emily ingenua sin tener la menor idea de lo que yo tenía planeado para las dos.

-No sé…- Me levante de la silla y a oscuras me dirigí hacia ella. “Es ahora o nunca” me dije a mi misma… La tomé por el brazo delicadamente para que se pusiese de pie al igual que yo.

-¿Qué haces?- me sonreía con una cara de confusión. Una pequeña risita traviesa salió se mí.

-Abrazándote- Le respondí para luego la rodearla con mis brazos tiernamente. Ella correspondió mi abrazo por unos segundos.

-Demasiada cursilería- Rió- no me dirás que ahora eres—

-¿Lesbiana?- Dije antes de que pudiese terminar de hablar mientras la miraba me penetraba con esos ojos verdes. Luego acerqué mi rostro a su cuello.

-Si…- se le notaba un poco confundida con la situación- No me dirás que ahora eres como esas putas- Rió nuevamente, pero esta vez denotando nerviosismo ante las circunstancias

-¿Qué tal si lo fuese?-susurré a su oído- ¿No serías mi amiga?-volví a susurrar en su oído y apreté un poquito más el abrazo

-Ya me estas asustando- con sutileza, trató de zafarse, pero yo no la dejé. Sabía que Emily iba a tomar esa actitud, por eso me decidí con el plan B.

-¿Qué tal si te digo que no me gusta para nada que digas que las lesbianas somos unas putas?-besé su cuello

-Ya basta, esta broma es de muy mal gusto. Es enserio.- denotaba preocupación y nerviosismo

-No es broma, y no es de mal gusto.- Seguía hablándole al odio- ¿Sabes que es de mal gusto? Que nos veas a los homosexuales como personas anormales; eso es de mal gusto- le di un pequeño mordisco en el lóbulo de su oreja

-Si esto es enserio, te exijo que me sueltes- La preocupación casi no la dejaba alterar palabra

-Dices eso de nosotras porque no nos conoces. Pensé que podíamos ser amigas pero veo que eres muy ignorante- sujeté sus manos contra la pared con firmeza, y besé su cálido cuello con pasión

-Suéltame! Te vas a meter en problemas, ¡no pienso quedarme callada!-Casi se zafaba debido a la fuerza de sus movimientos.

-Estate tranquila Emily, no te voy a hacer daño-Con mis largas piernas, aprisioné las suyas contra la pared y apreté aún más mi cuerpo contra el suyo para que sintiese el roce de un cuerpo femenino- ¿Qué tal se sienten otros senos con los tuyos, Emily?- hablaba en su oído

-¡Basta!, ¡¿Qué haces, puta loca?!- seguía moviéndose bruscamente, pero esta vez sin ningún resultado

-Si sigues llamándome puta no respondo…- Esta vez rocé mi pelvis contra la suya

-¡Ayuda!, ¡Alguien, por favor, ayúdenme!- Gritaba Emily desesperada

-Sabes que nadie te escuchará, ¿por qué desperdiciar energía?- Besé su cuello más apasionadamente- No hay aulas es este piso y no creo que haya nadie en los laboratorios o en los centros informáticos ya que no hay electricidad- le explicaba con calma en el otro oído

-¿Por qué me haces esto?-musitó

-¿Qué te estoy haciendo?- Me hacia la desentendida mientras seguía besando, lamiendo y chupeteando el área del cuello cerca de su oreja izquierda

-Hacerme tuya contra mi voluntad!- gritó fastidiada y atentó a zafarse, pero igual que antes, no obtuvo ningún resultado

Por unos minutos, rozaba su pubis y sus senos con los míos lentamente en un movimiento de arriba abajo. Mientras, con mi boca, besaba, lamía y acariciaba su cuello, orejas y mejillas con sutileza.

-Jmmm… Según lo que siento no es tan en contra de tu voluntad como dices… -Un olor familiar invadía mis fosas nasales al tiempo que una sustancia cálida disminuía la fricción entre mis piernas y las de Emily

-Tú no sabes ni de lo que hablas! Suéltame ya y déjame ir!- Seguía tratando de zafarse

-Que ricura…- Rocé por un instante mi rodilla con el sexo de Emily. Dejé su cuello y me acerque a su oído-Emily, estas súper mojada!- mordí el lóbulo de su oreja derecha sin poder evitar mi excitación.

Emily no dijo nada y su cuerpo se tensó—imagino que esto sucedió por que no se había dado cuenta de que su sexo si estaba disfrutando el momento.

Unos 2 o 3 minutos más pasaron en los que ni ella ni yo alternábamos palabra, pero en la habitación, el exquisito eco de nuestras respiraciones agitadas invadía cada rincón. Unas gotitas de sudor bajaron por su frente, y con la poca luz que entraba pude darme cuenta de que sus ojos estaban cerrados y su expresión facial era una mezcla entre pánico, nerviosismo y sobretodo, placer.

-¿Te gusta que te bese, cierto?- le di un pequeño mordisco en el cuello-¿Te gusta que te haga esto, verdad?- Al tiempo que le preguntaba esto, rocé mi rodilla izquierda con su sexo, ya que la muy “santa” no llevaba ropa interior y para colmo vestía una falda.

-¡Déjame… en paz…, puta!-Volvió a hablar entre suspiros ahogados y evadió mis preguntas tratando de sonar imponente, pero su cuerpo no estaba del lado de su cerebro esta vez.

-Te dije que si me llamabas puta una vez mas no respondía, ¿Quieres que no responda?-La sujete más fuerte aún contra la pared- Claro que eso es lo que quieres! -Eché una carcajada –Lo que pasa es que no lo quieres admitir…- Tome con mis manos sus pequeñas muñecas y las sujete lo más juntas que pude sobre su cabeza entrelazando mis dedos con los suyos. Ella no se opuso.

Aparté mi boca de ella para intentar mirarla al rostro y esta aprovechó para tratar de zafarse nuevamente. Debido a que soy significativamente más alta y fuerte que ella, sus intentos de soltarse fueron fallidos, yo solo la observaba frustrarse al no poder soltarse con una sonrisa en mi rostro. Luego de unos segundos de forcejeo, Emily se notaba cansada y a su cuerpo no parecía quedarle fuerzas para intentar soltarse, no hacia el menor intento por zafarse lo que me permitiría hacerle más y más cosas.

Sujeté sus muñecas solo con mi mano derecha—Tenia suerte de que fuesen tan pequeñas. Con mi mano izquierda libre, acaricié su rostro, después su oreja, luego pasé mis dedos por sus labios a lo que esta reaccionó y agitó la cabeza diciéndome “¡ni loca me besarás!”, yo aparté mis dedos de su boca y dirigí mi mano hacia su pelo para darle un pequeño tironcito e informarle que “no sé si te has dado cuenta, pero en esta situación, la me manda soy yo, cariño”. Aún con su pelo entre mis dedos, acerque mis labios a su cara, besé sus pómulos, lamí sus orejas, recorrí con mi labio inferior su barbilla, y aproxime mi boca a la suya, dejando solo unas pocas pulgadas entre ellas.

-Por favor, para esto ya, por favor, por favor…- rogaba entre suspiros

-Sabes que no quieres que te suelte- la besé a un centímetro de su boca- Sabes que quieres que te bese completa,-Besé la comisura de sus labios- que quieres sentir verdadero placer y sabes que lo lograras conmigo.- Un suspiro intenso salió de los labios de Emily, lo que me llevó a besarla. El roce de sus suaves labios era exquisito. En principio el beso no fue correspondido ya que sus labios no hacían el menor movimiento, pero pocos fueron los segundos necesarios para que se entregara a besarme. Sus labios eran extremadamente suaves y blandos, y a pesar de que fumaba como murciélago, en su boca no tenía ni el menor rastro de nicotina. En un momento dado, rocé desde mi rodilla hasta mi muslo con su húmedo sexo repetidas veces, Emily no tuvo más opción que separar sus labios de los míos para soltar un gemido que parecía haber estado ahogando desde que comencé a besarle.

Aún sujeta contra la pared y con mi mano izquierda en su pelo, Emily intento tomar el control del beso introduciendo cada vez más su lengua en mi boca, por lo que volví a tirar de su pelo y aparté nuestros labios.

-Que no se te olvide que la que manda soy yo- le advertí

Volví a colocar mi mano izquierda en sus diminutas muñecas, para así poder tener más destreza al utilizar la derecha. Bajé con mi mano por su nuca y sus hombros hasta su pecho, y decidida, estrujé toda mi mano contra su seno izquierdo mientras apretaba mi pelvis contra la suya nuevamente. Introduje mi mano por la parte interior de su blusa para soltarle el sostén ya que quería tener mayor intensidad en el roce de sus senos. Cuando el sostén ya no los aprisionaba, volví a rozar sus senos por encima de su blusa y noté lo endurecidos que estaban sus pezones. Seguí acariciando delicadamente sus senos y pezones por encima de su ropa y besándola unos pocos minutos más, cuando decidí desabotonar la blusa para así poder probar sus senos. Con cada botón que quitaba sentía como el cuerpo de Emily (quien no había dicho más nada) se estremecía.

Aunque su camisa seguía colgando de sus hombros, sus senos estaban libres y a mi completa disposición. Tomé uno de mis dedos y recorrí la perfecta circunferencia que formaban sus pechos, luego sus pezones, los cuales ligeramente pellizqué. Emily se retorcía de placer contra la pared, pero seguía sin emitir más sonido que el de sus respiraciones agitadas. Enredé mis dedos en su pelo y le exigí que me dijera lo que sentía al estar una mujer causándole placer.

-¡Estás loca!- quiso soltarse (¿esta chica de verdad no entendía que no se podía zafar de mí?)- Eres una enferma, suéltame te digo!

-¿Por qué te cuesta tanto admitirlo?-Tome con firmeza de su pelo y apreté entre mis dientes uno de sus pezones.

-Me haces daño! Para esto, puta lesbiana!- Había vuelto a llamarme puta esta imbécil.

-Ya estuvo bueno de llamarme puta, te lo advertí, y ahora te vas a arrepentir-Dije con un tono vengativo

Tomé con fuerza de sus brazos e hice que cayera al suelo con una de mis piernas (sin lastimarla claro está). Estando ahí, Emily forcejeaba bastante tratando de ponerse a mis espaldas para así impedirme tocar más sus senos, fue tanta la fuerza que hizo que no pude ponerla frente a mí, así que me conforme con manosear y mordisquear su trasero, espalda y nuca. Le levanté la falda hasta para dejar su redondas nalgas a la vista. Lamí y sutilmente azoté sus firmes glúteos. Emily seguía retorciéndose bajo mi cuerpo.

-Dilo- le exigí-Di que soy mejor que tu inservible novio y que te hago gozar de verdad, dilo

-Te vas a meter en problemas, voy a decir todo apenas salga de aquí!-Su cuerpo contradecía su mente ya que elevaba más las nalgas para que siguiese con mis caricias

-Que lo digas!- Volví a azotar sus nalgas

-¡No!- Gemía – Es… estas… Estas locahhh!- Gemía mientras yo sobaba y azotaba sus nalgas

-¿Si no te gusta, por qué gimes, ah?- le dije al oído mientras por fin había logrado volver a apretar sus senos.

-Ahhhhhh!- Al sentir mis manos en su pecho nueva vez, un grito fuerte de placer por parte de Emily invadió la habitación y seguramente los pasillos también

-Grita todo lo que quieras, preciosa. Vamos, disfruta, nadie puede escucharte más que yo…- Dije en su oído y besé su nuca. Al escuchar y sentir esto, Emily gimió más fuerte.

Como ya Emily no estaba haciendo fuerzas para quedarse de espaldas a mí, procedí a voltear su cuerpo de modo que yo siguiese sobre ella, pero esta vez cara a cara. Con mi mano izquierda y piernas aprisionándola contra el suelo y estando bocarriba Emily estaba aún más vulnerable a mis juegos. Al estar en la alfombra, podía ver su cuerpo con más claridad debido a la luz que se colaba por debajo de la puerta. Que belleza de mujer era! Sus pechos firmes y sus pezones rozados levemente iluminados se veían preciosos y tentadores, su sexo totalmente depilado brillaba un poco debido a la luz que daba a los fluidos que con mi rodilla había esparcido, y esa mirada de niña buena y mala a la vez me retaba.

Al verla a los ojos, pude divisar el deseo y la lujuria en sus ojos verdes. Ella quería que me la cogiese a pesar de que yo era una mujer, al parecer esas semanas tratando de que fuésemos más cercanas no habían sido del todo un fracaso… Tras mantener sus ojos fijos en los míos por unos segundos intensos, los cerró con la misma sensualidad que cuando la vi fumar, arqueó su curvilíneo cuerpo invitándome a apoderarme de sus senos y con una sonrisa picara en los labios, echó hacia atrás su cabeza para entregarse al placer. Obviamente la percepción de Emily acerca de las lesbianas ya no era la misma…

Observé otro segundo ese destello de luz proveniente de su sexo; podía escucharlo llamar mi boca… Liberé las manos de Emily, pero esta no pareció notarlo y las dejó en la misma posición. Acerqué mis labios a su pelvis y comencé mi trayecto hacia sus senos. Besaba y mordisqueaba tiernamente el área debajo de su ombligo mientras acariciaba sus senos con mis manos. Subía con mi boca por los costados de su cadera y cintura en el mismo juego de besos y mordiscos. La escuchaba gemir y suspirar profundamente fruto de mis caricias. Sus manos aun se mantenían juntas sobre su cabeza pese a que ya no estaban siendo sujetadas por mí. Estando en sus preciosos senos, me dediqué a darles pequeños besos en los costados acercándome cada vez más al pezón. Me encantaba crear tensión; ese tipo de tensión placentera que no te hace más que desear placer urgentemente—me excitaba verla ansiosa.

Tomé su pezón entré mis labios, tal y como ella había tomado el cigarrillo entre sus labios aquella mañana cuanto todo esto empezó. Ya había acomodado su sexo contra mi muslo y mi sexo contra el muslo de ella, pero solo ahora comenzaba a frotarla lentamente (quería que estuviese al máximo). Sus fluidos resbalaban por mi pierna y los míos por la de ella. Mientras sostenía en mi mano su seno derecho, le hacia pequeños círculos con la punta de mi lengua alrededor de su aureola y pellizcaba suavemente su pezón izquierdo con mi mano libre. Luego le hacia al izquierdo lo que le hacia al derecho y viceversa. Ella gritaba de placer y mi sexo seguía humedeciendo una de sus piernas. Sin dejar de masajear sus senos ya mojados por mi saliva, me acerqué a su oreja

-¿Cierto que te gusta, Emily?…- lamí su oreja

-hmmm.. s.. sii…mmmm- atinó a decir entre gemidos; me fascinaba la situación! Era muy excitante estar en una oficina de la escuela a oscuras teniendo sexo con una chica que hace poco se expresaba como una homofóbica.

-Vez que no te haría daño…- una sonrisa se dibujó en mis labios al pensar en que ya casi culminaba mi plan

Cuando me decidí a volver a sus senos, me tomó por sorpresa y me plantó un beso súper sensual en los labios; de esos que solo mujeres saben dar. Jugaba con mis labios dejándose llevar por el placer que estaba sintiendo, su ya no tan tímida lengua inspeccionaba mis labios y el interior de mi boca, adueñándose ella del beso y tomando el control del mismo. Por momentos Emily separaba su boca para gemir a mi oído, o para tomar bocanadas de aire y recuperar el aliento. Sentía las leves palpitaciones de su clítoris en mi muslo. Emily se movía tímidamente en un lento vaivén frotando nuestros sexos cada vez más fuerte con nuestros muslos.

Aunque no quería parar ese beso tan pasional, debía terminar con mi plan ya que solo faltaban algunos 20 minutos para que sonara la campana. Me separé de sus labios y vi como una sonrisa de dibujó en el rostro de Emily al ver que me dirigía hacia su sexo.

-Ahora descubrirás lo que es verdadero placer…- murmuré mientras apretaba una de sus nalgas. Ella soltó una risita picara y dijo “… ¿ah si?…” Jaja! La que le esperaba. Iba a arrepentirse de lo que había dicho hace unas semanas…

Con solo pasar la yema de mis dedos por los labios mayores de Emily, se retorció sobre la alfombra. Aunque se veía estupenda de ese modo, no quería que terminase… Tomé sus duras nalgas en mis manos y las apreté—seguramente las tenia enrojecidas de tantos apretones y palmadas.

Con mis labios acariciaba el contorno de su vulva y di pequeños mordiscos a la cara interna de sus muslos, Emily no hacia más que suspirar, mover sus caderas de arriba hacia abajo, rogándome con su cuerpo ese orgasmo que tanto esperaba.

Tomé la punta de mi lengua y con ella separé sus labios vaginales. Lamí y bese toda la parte exterior de su vagina, de arriba hacia abajo, una y otra vez.

-Ahhh! Siii!!! Asiii!!!- gritaba Emily, luego tomo sus manos y comenzó a acariciarse los senos.

Yo tome mis manos y le separé las piernas. Posé mis labios sobre su clítoris y comencé a besarlo, lamerlo y a juguetear con el. Su clítoris estaba endurecido, tal vez mas que sus pezones y sus gemidos no cesaban. Apartó sus manos de sus senos para entrelazar sus dedos en mi pelo y ejercer presión contra su sexo. Acaricié sus labios con mis dedos y lentamente fui introduciendo mi dedo mayor dentro de su excitado sexo, luego otro y debido a lo húmeda que estaba, entraban y salían con suavidad. Con los movimientos de mi lengua en su clítoris y el rápido mete-y-saca de mis dedos dentro de ella dure unos minutos en los que Emily no paraba de gritar. Estaba descontrolada debido al placer, gritaba como loca mientras yo chupaba su pequeño, pero rígido clítoris. Seguí lamiéndole toda esa área y tome sus senos con mis manos, los apreté con fuerza y ella poso sus manos sobre las mías para que yo los aparece con aun más fuerza. A pesar de que todo esto inicio siendo “contra su voluntad”, no quería lastimarla físicamente, pero no solo la excitaba a ella sino que a mi también me ponía aun más caliente de lo que ya estaba.

En un momento sentí que ya no tenía el control, así que volví a tomar sus manos con aun más fuerza que antes y las aprisioné contra el suelo, del mismo modo aprisioné sus piernas y luego la besé en los labios. Aún no había terminado con ella, y tenia que aprovechar los minutos restantes que iba a tener con Emily.

Besé sus labios con furia, deseo y lujuria. Succionaba su labio inferior, luego el superior, mordisqueaba sus labios con suavidad y le hice unos cuantos chupones en el cuello, glúteos y espalda baja. Emily estaba gozando con todo esto, y yo ni se diga.

Volví a acomodarme de forma que nuestros clítoris rozaran nuestros mulos para así volver a ese vaivén que teníamos antes y poder llegar al orgasmo. “Sentadas” en la alfombra, Emily y yo comenzamos a movernos con tenacidad sobre el muslo de la otra. Para este punto ya ambas estábamos muy excitadas y nuestras ropas estaban por todas partes dentro de esa oficina oscura. En mi misión de recuperar el mando, sujeté sus manos con fuerza contra su espalda mientras nos movíamos. Los gritos ensordecedores de Emily inundaban la oficina y me imagino que hasta los pasillos, así que con la mano que minutos antes la masturbaba tape su boca con decisión, ella la lamió y chupo mis dedos esta vez entre suspiros.

Yo casi llegaba al orgasmo y aunque había retrasado lo mas posible que Emily llegase, le faltaba poco para alcanzar ese máximo placer. “Llegó el momento”… me dije a mi misma.

-¡¿Te gusta?!- le preguntaba mientras me movía con mas velocidad y fuerza que antes

-Si ¡! Siii!! Ahhhhh ¡!! Me encantaa!!- Gritaba tratando de seguirme el ritmo

-Mejor que tu noviecito verdad?!- le gritaba mientras seguía meneándome sobre su muslo

-Sii ! Mejor que el!! Mejor que otros! Ahhh! Me encantas!- confesó finalmente Emily.

-Quien es la puta ahora eh?? Dime quien es la puta ahora??!- le pregunta mientras la besaba con frenesí

-Aahhhhh!!…… Ahhhhhh!!! Yo! ……. Yo soy la puta!! Ahhhhhhh ¡!!!!!!-

-Perfecto, eso es lo que quería escuchar…-

Al instante, llegué a un excitante orgasmo y esta vez fueron mis gemidos los que inundaron e lugar, Emily por igual llegó al orgasmo dejando sus fluidos sobre mis caderas, muslo y rodilla. Fue espectacular, Emily cayó exhausta en la alfombra y yo solo me quedé allí sentada, observando por pocos segundos. Esperando a reponer mis energías.

-¿Qué… Qué haces?- Pregunto Emily al verme de pie buscando mis ropas entre la oscuridad

-Me estoy vistiendo para irme, tu deberías hacer lo mismo- dije secamente

-Y… nosotras… ¿Qué pasará luego de esto?- dijo mientras se sentaba

-No hay nosotras Emily, tu eres una chiquilla ignorante y malhablada, al parecer también muy indecisa ya que hace unos meses dijiste que las lesbianas éramos unas putas y también inservibles en la cama, sin embargo mírate, llena de marcas de mis manos y dientes que no hicieron más que darte placer durante casi una hora. Hasta admitiste que nadie te lo había hecho como yo, nunca habías recibido tanto placer. ¿Quién es la puta ahora Emily? Oh! Cierto, ya lo dijiste anteriormente, TU ERES LA PUTA.

En ese mismo instante volvió la luz al lugar, mis ojos se achinaron y me pues mi camiseta. Mientras Emily aún yacía en la alfombra, yo aproveché la luz y saque un pequeño espejo de mi mochila para arreglar mi cabello.

-¿Es enserio? ¿Crees que me follas y luego te vas así y madamas??- me cuestionó indignada

-No lo creo, Lo sé. Y como ya te dije, mejor será que te vayas vistiendo, yo ya me voy.

-Eres una sínica.- dijo resignada perdiendo la mirada en el suelo

-Jajaja! Seré sínica cariño, pero te encantaba hace unos minutos.- le dije tomándola del rostro muy cerca de su cara — Se acercó un poco más a para besarme los labios, pero con una sonrisa leve me aparte— Oh! Se me olvidaba,-dije mientras tomaba mi mochila para irme-Ahora que sabes lo que es sexo de verdad, puedes decirle a tu noviecito como te gusta que te lo hagan

Abrí la puerta y me marché con una sonrisa en el rostro y una extraña sensación de maldad, pero de logro a la vez dentro de mí. Mientras me dirigía a la salida sonó la campana. A los pocos minutos vi el carro de Emily salir rápidamente del estacionamiento.

Como era de esperarse, no vi a Emily en la siguiente clase, ni en la siguiente, y en la siguiente. El consejero me dijo que había conseguido otra clase para rellenar ese espacio libre que tenia. Yo sabia que ese no era el motivo y me intrigaba saber que le había dicho al consejero, pero estaba segura de que no le había contado lo que sucedió.

Yo no volví a cruzar palabra con Emily, no la veía en la hora de almuerzo ni por los pasillos que normalmente nos encontrábamos. Pero un día en la biblioteca la vi a lo lejos, leyendo a que libro que había provocado todo esto en primer lugar. No pude evitar sonreír, al ver semejante escena. Emily estaba toda cubierta, hasta tenia una bufanda! aun tapando las marcas que le había hecho una semana atrás.

Ocasionalmente la veía desayunando el la cafetería, pero nunca más volvimos a tener un acercamiento como aquel…

Vacaciones lesbicas con mi esposa

Somos un matrimonio español y hace ya como 11 meses para irnos de vacaciones estábamos buscando algún sitio en donde pasar unos días de vacaciones, lo comente con mi esposa y ella me propuso ir a las islas canarias y acepte, ya que es un lugar fabuloso por sus playas, sus hoteles y su clima, así que decidimos irnos, contrate un paquete de 6 días y 5 noches en régimen de todo incluido, llegamos a nuestro destino un lunes por la tarde.

Un hotel fabuloso, con unas instalaciones impresionantes cogimos nuestra habitación y como siempre cuando estamos fuera de casa hicimos el amor de muy variadas maneras para pasárnoslo bien y disfrutar de cada momento de vacaciones, así transcurrieron tres días mi mujer estaba fascinada igual que yo ya que lo estábamos pasando muy bien, esa noche, la tercera, decidimos ir a la sala de baile del hotel para disfrutar de la música, como a las 12 de la noche, vimos a una chica joven muy bonita que parecía extranjera, mi esposa la miraba cada poco y por curiosidad le pregunta que porque la miraba tanto, me quede sorprendido cuando me dijo que le gustaba mucho.

En esto me dijo que me acercase a ella para invitarla a la mesa a hacernos compañía, eso hice, fui hacia ella y le pregunte si estaba sola, a lo que ella me contesto que si, con un acento portugués, la invite a la mesa a que nos acompañara y ella accedió, al llegar le presente a mi mujer y se sentó, le preguntamos que de donde era y nos respondió que brasileña, le preguntamos que hacia tan lejos de su tierra y nos dijo que estaba de viaje con varios familiares, pero que mientras viajaban a la península ella había decidido quedar en la isla, mi mujer le pregunto qué edad tenía y nos dijo que 29, pero no los aparentaba tenía un cutis muy cuidado y una figura muy esbelta.

En un momento comenzó a sonar música disco y salimos los tres a bailar a la pista, vi que mi esposa se le acerca al oído a María la chica que así se llamaba y se reían las dos, luego nos fuimos a tomar unas copas y mientras hablábamos, de repente mi esposa se acerco a María y se empezaron a besar, yo me quede atónico, María sin casi conocerla estaba jugando con la lengua de mis esposa, me quede asombrado y mi esposa me dice, cariño no me creo que no te hallas dado cuenta que María es lesbiana, lo descubrí por la forma de vestirse y como me miraba mis pechos, yo le dije que lo había sospechado, pero tampoco lo tenía muy claro.

De repente mi esposa me dice que le gustaría practicar sexo con ella, me puse súper caliente al escuchar a mi mujer decir eso y pensar en poder verlo, le dije que no estaba acostumbrado a dejar que disfrutara sola, en eso María habla y me dice, nadie te va dejar solo, ya que quiero que disfrutemos los 3 juntos, eso me puso aun mas cachondo, mi esposa me dijo que quería comprar unos juguetes que había visto en una mini tienda sexshop del hotel, para que disfrutáramos al máximo.

Yo mientras subí a la habitación y como a la media hora llegaron las dos juntas, yo me había duchado mientras esperaba en nuestra habitación, mi esposa nos dijo que iba a ducharse y que mientras fuéramos adelantando trabajo con una voz muy picara, ya era bastante tarde las 2 de la mañana, en eso María se acerca a mí, me baja el bóxer coge mi dura polla y empezó comerme la polla, que gusto, movía su lengua de forma magistral, incluso mejor que mi propia esposa, al rato, demasiado excitado ya, le dije que se desnudara traía un vestido algo ligero sin sujetador, se lo quito y pude contemplar sus preciosos y grandes pechos, se quito el minúsculo tanga y vi su vagina súper depilada y sonrosada y empiece a disfrutar de sus pechos y chupar sus duros pezones.

Al poco rato salió mi esposa y se incorporo con nosotros totalmente desnuda con sus hermosos pechos que siempre disfruto y empezó a jugar con mi polla, mientras yo seguía disfrutando de María, en eso mi esposa deja mi polla y dirigiéndose a por la bolsa que había comprado saco un lubricante y algo que no había visto antes, una bolitas de diferentes tamaños que estaban sujetadas por un hilo fuerte y fino, le pregunte que era contestándome, que era algo con lo que María y ella iban a disfrutar, me pidió que me acostara en la cama y ella se subió encima mío y empezó a cabalgarme con mucho ritmo estaba que no aguantaba más de la tremenda excitación.

En eso veo que María se acerca por detrás de ella y empieza a besarle la espalda mientras le acariciaba sus pechos, para luego ir bajando justo hasta su ano, lo comenzó a besar y mi mujer gemía y jadeaba de placer por mi polla dentro de su coño y aquella mamada que le estaba dando María a su culo, en eso coge el lubricante untándolo en el culo de mi esposa y empezó a meterle las bolas que había comprado mi esposa, mi mujer pegaba gritos de dolor y placer cada vez que María le iba metiendo aquellas bolitas en su culo, mientras sentía que mi mujer se retorcía de placer en un largo orgasmo.
Luego veo que María se pone a cuatro patas y me pide que la penetre, no lo pensé ni un segundo y empecé a darle duro mientras mi mujer se ponía por debajo de ella y empezaba a disfrutar de los pechos de María, le di tan fuerte y rápido que no aguante mas y me corrí llenando su coño de mi esperma, nada más terminar María se acostó y mi mujer se arrodillo delante de ella y comenzó a disfrutar del coño de María, hasta que escuche como María se corría en un largo orgasmo, entonces mi esposa me dijo que quería más de mi polla.

Empezó a besar y chupar mi flácida polla y a jugar con mis huevos hasta que se puso de nuevo dura, se puso a cuatro patas y empecé a follarle su húmedo coño, cuando sentí que ella estaba ya muy excitada, llamo a María diciéndole que le sacara lo que le había metido por su culo, mientras yo seguía fallándomela vi como María se acercaba y comenzaba a sacar una a una las bolas, mi mujer pegaba unos grandes gemidos de placer, cuando saco la última bola, que era la más grande, vi que el agujero del culo de mi esposa quedo grande, no lo pensé ni dos veces, saque mi polla y se la metí por su culo, ella nada más que sintió mi polla dentro me pidio que le diera fuerte, que le gustaba mucho sentir mi polla dentro de su culo.

En ese momento, María que venía de lavar las bolas se acostaba junto a nosotros y se las metía en su coño, María se estremecía de placer y mi esposa me pedía que le diera cada vez más fuerte y mas rápido, María me pidió que colocara a mi esposa en el borde de la cama, para ella poder comerle el coño mientras yo le daba por el culo, al rato mi esposa se corrió en un larguísimo orgasmo dando grandes gemidos de placer, mientras yo seguía dándole pos su culo, María se volvió a acostar y mi esposa comenzó a sacarle las bolas de su coño con su boca mientras jugaba con su clítoris, esto me excito tanto que me volví a correr esta vez dentro del culo de mi mujer, mientras María temblaba de placer al sentir salir las bolas de su coño, hasta que vi cuando salía la última bola como salía liquido de dentro su coño del enorme orgasmo que había tenido.

Los tres terminamos acostados sobre la cama rendidos, hasta el otro día que me levante y María ya se había ido, mi esposa estaba tomando un café que había pedido, disfrutamos aquellas vacaciones recordando todo lo que habíamos echo esa noche, mi esposa me pregunto cómo lo había pasado y le dije que estupendamente y mas al descubrir su gusto lésbico, desde ese día sé que a mi esposa le gusta disfrutar con mujeres, pero lo mejor de todo es que me deja que también yo las disfrute

Un jueves poco santo

Se desperezó poco a poco y giró su cabeza hacia la ventana, en la que podía ver un precioso día soleado, perfecto para el plan que había hecho con Mireia. En camisón, Mónica se dirigió a la cocina y empezó a preparar los sándwiches para ese Jueves Santo, en el que la ciudad estaría abarrotada de fieles y de bullicio. Lo mejor era, sin duda, quitarse de en medio.
Cuando terminó de ultimar todos los detalles, se fue a la ducha. Se quitó el camisón frente al espejo y se bajó las braguitas. Tenía los pezones erectos; se humedeció el dedo índice con la lengua y lo pasó por ellos con toques circulares. De repente, sintió cómo su clítoris se hinchaba y ardió en deseos de tocarse. Situó su mano en el botón del placer y se acarició lentamente hasta que su vista fue a parar al reloj. ¡Era tardísimo! Habría que dejarlo para luego. Se metió en la ducha y se pasó la cuchilla rápidamente por las piernas. En 15 minutos la recogería Mireia.
Resultaba raro ver vacío ese lugar tan frecuentado por los domingueros. El campo estaba radiante, casi tanto como lo estaba Mireia, pensó Mónica. Llevaba una blusa fina de color azul pastel, con un lazo en el escote, y unos shorts vaqueros. Se había recogido el pelo en una trenza que le caía con mucha gracia por su hombro izquierdo.
Tendieron la manta en el césped y se tumbaron sobre ella. Aún era muy temprano para comer. Hacía mucho calor y Mireia decidió quitarse la blusa y quedarse en sujetador. Mónica observó cómo los pechos de su amiga se erguían hacia el cielo. Comenzó a hacerle cosquillas en su tripa desnuda, primero centrándose sólo en ésta y, posteriormente, subiendo lentamente por su canalillo. Le besó el cuello, sintiendo su respiración, cada vez más alterada, en su oído. Descubrió que el cierre del sostén estaba delante y lo desabrochó sin dudarlo. Tiró de sus pezones con los dientes hasta que los hizo enormes. Cogió sus pechos con las manos, disfrutando de ellos, mientras Mireia jadeaba.
Mónica se quitó también la camiseta y se volvió a tumbar junto a ella. Aproximaron sus cuerpos y se fundieron en un cálido beso, tanto como el sol que brillaba sobre ambas. Sus senos se rozaban con el vaivén de sus movimientos, lo que incrementaba su excitación. Mónica, entonces, tiró de los pantalones de Mireia y se colocó frente a su entrepierna. Se agachó y empezó a besar el interior de sus muslos y a lamer su sexo sobre sus braguitas, que notó mojadas. Su lengua se posó con delicadeza sobre su clítoris y lo chupó tiernamente. Mireia abrió todo lo que pudo las piernas para recibir el sexo oral de Mónica y se frotó, ansiosa, sus propios pezones para saborear más el incipiente orgasmo.
Sin parar de comérselo, Mónica se deshizo igualmente de sus shorts y de su ropa interior y, en un ágil movimiento, situó su sexo en la boca de Mireia. Sentir la lengua de su amiga deslizarse por su zona más íntima hizo que Mónica se corriese enseguida, un orgasmo ya buscado desde primera hora de la mañana. Sus gemidos de placer provocaron el mismo efecto en Mireia, cuyo clítoris se hinchó hasta llegar al clímax.
Se echaron en la manta, una al lado de la otra, desnudas y en silencio. A lo lejos podían escuchar el repiqueteo de los tambores en ese jueves que, para ellas, había tenido poco de santo.

Clarita y Sofia, primera vez juntas

Me presento, mi nombre es Clara, tengo 26 años y soy de Acassuso, un barrio del norte del Gran Bs As, Argentina.
El verano pasado, a fines de Enero, me llego un E-Mail con una invitación a un encuentro de ex alumnos del colegio, (egrese en 2005), para pasar 4 días en un country en Nordelta (jueves a domingo), un ex compañero, Martin Luro, ponía su casa a disposición.

No era la primera vez que recibía este tipo de invitaciones, las cuales había dejado pasar ya sea por estar ocupada, de vacaciones, o simplemente no tener ganas, pero esta vez me llamo la atención el remitente, Sofía.
Sofi, quien me había reenviado el mail, era mi mejor compañera y amiga por aquellos años de colegio, incluso después de terminada la escuela nos habíamos seguido viendo con cierta frecuencia, pero después lo de siempre, la vida va llevando a las personas por diferentes caminos, al punto que no solo que no me vi mas con ella, sino con nadie más del resto de mi curso. Esto también puede atribuírsele a que nunca fui particularmente amistosa ni sociable.

Conteste que contaran conmigo, le pase mi celular y al otro día me llamó. Años sin hablar, nos pusimos un poco al día, ella se había recibido de Licenciada en Relacionales Laborales y hacia poco había entrado a trabajar a una importante empresa. Lo mío era un poco menos ostentoso, recepcionista en la misma empresa desde hacía 4 años y a veces promotora, le agregue que eso me dejaba buena plata en una intención de dignificarme en contraste con su prometedor presente.

No pudimos encontrar una respuesta a porque viviendo a no más de 30 cuadras dejamos de vernos y quedamos en que me pasaba a buscar el jueves siguiente a las 8:30.

Llego el jueves, la verdad yo estaba medio arrepentida, el día anterior me había salido una promo y tenía las piernas entumecidas.

Sofía llego en un auto reluciente, tal como lo había imaginado. A poco de haber subido me aclaro que no era de ella, sino de la madre. Su familia era de una posición bastante acomodada, a decir verdad como la mayoría de la zona.

Ella estaba tan rubia y divina como siempre. Yo que soy morocha siempre le odie ese rubio de tonalidad tan escandinava.
Notó que yo estaba con cara de haber dormido poco, le conté que la noche anterior había ido a una promo en un hotel

-Contame como es boluda eso que haces promociones?

-Cuando sale lo hago, la empresa donde soy recepcionista organiza eventos, así que cuando sale algo y me ofrecen lo agarro porque la plata que hago en un día es la misma que hago como recepcionista en una semana

-Que bueno, y pará, estás en las carreras y eso? Un ex mío me obligaba a ver las carreras, nunca entendí como las promotoras pueden estar “vestidas” así (puso énfasis en vestidas) y sonreír sin vergüenza

-Jajá y vos eras mas boluda que te dejabas obligar! No, carreras no hago, no me lo ofrecieron pero tampoco lo haría, es cierto, me daría vergüenza

-Ay, ella es gato fino jajaja

-Callate, que decís conchuda!

-Jajá igual no esperaba menos de vos mami, con esa cola!

Las dos reímos y había una falsa modestia de parte de ella. Sofía tranquilamente podría ser promotora, de las más cotizadas, y su alusión a mi cola me transporto a una anécdota que tuvo lugar cuando cursábamos juntas la escuela, jugando al hockey una chica de otro colegio se le cayó encima y le fracturo el brazo.
Ese día la acompañe a la clínica y más tarde a la casa. Estábamos mucho tiempo juntas pero no era muy frecuente que nos quedáramos a dormir una en casa de la otra, aquella noche fue una excepción.
Le dolía mucho el brazo y me pidió que la acompañara al baño porque le dolía tanto el brazo que no podía ni bajarse la bombacha.
Dentro de lo que fue una situación un tanto ridícula en la cual yo la ayudaba con su bombacha, cuando al fin se la bajó y en un momento que giró, le vi ese culo redondo, firme y empinado. La imagen me sacudió y me produjo una sana envidia. La segunda sacudida fue cuando la vi de frente, su concha enteramente depilada. Nunca había visto otra concha tan de cerca y me encantaba como quedaba así toda depilada. De hecho desde ese día empecé yo también a depilarme toda, ya que hasta ese momento no lo hacía.

Me abstraje unos segundos con todo ese recuerdo. Cuando volví en mi no pude aguantar a bajar del auto para mirarle la cola.

Siguió el viaje una media hora más, íbamos hablando de cualquier cosa, ella tampoco había ido a las otras reuniones que se habían hecho, pero como este año ya estaba recibida y no tenía problemas de tiempo, se prendió.

Llegamos. La casa era de Luro, uno de los chicos, no de él exactamente, sino de su familia, que evidentemente también era acaudalada, pero a juzgar por el tamaño y cantidad de habitaciones que tenía esa cuasi mansión, mucho más que el resto. Las casas lindantes también eran una oda a la ostentación. Me llamo la atención que Luro era hijo único, para que querrían todas esas habitaciones una familia de 3 personas que ni siquiera vivía ahí y utilizaba la casa solo los fines de semana?

En fin, de nuevo el culo de Sofía me trajo a la tierra, bajamos del auto y se lo pude mirar bien, tenía una pollera blanca por encima de las rodillas y hasta se le adivinaba cuando caminaba una diminuta tanga blanca. Me pregunte a mi misma porque motivo estaba mirándole el culo a mi amiga con tanto detalle, lo cierto es que el día estaba radiante, había una pileta enorme y no aguantaba a verla en bikini. Estaba incomodándome un poco conmigo misma con esa fijación, soy heterosexual y siempre me gustaron los hombres, solo una vez y jodiendo me había dado un beso corto con una amiga, en una situación etílica.

Luro nos recibió, había otros autos, más de la mayoría de los que vi en la cadena de mail que habían confirmado su asistencia ya habían llegado. No había pasado tanto tiempo como para que no reconociera a los presentes, pero algunos estaban francamente muy cambiados, a los pocos minutos llegaron 2 autos más, en total terminamos siendo 15 personas, 8 chicos y 7 chicas, casi la mitad de los que éramos en aquel curso.
Algunos no habían podido, otros no habían querido, de los presentes algunos estaban casados, otros solteros y por lo visto y según lo conversado luego, Sofía y yo éramos las únicas de las chicas que no teníamos novio.
Honestamente y haciendo la humildad a un lado creo que de todas las mujeres que estábamos en la reunión, las mejores conservadas éramos Sofía y yo. Los chicos se mantenían bien en su mayoría.

Se armo una ronda de mate y facturas y más o menos nos fuimos poniendo al día. Veía las miradas de los chicos fijas en Sofía, o tal vez era yo que me estaba obsesionando.
Uno de los chicos pregunto si la pileta estaba de adorno, Luro se disculpo y dijo que nos podíamos meter cuando gustáramos.

-Martin, donde me puedo cambiar? — Pregunto Sofía.
-Ah sí, perdona. Veni que te muestro la habitación que pueden usar con Clara si quieren.

Sofía me agarro del brazo y lo seguimos por ese parque enorme. Me quise sacar la curiosidad y le pregunte

-Che Martin, para que tienen esta casa tan grande? Si son 3 solos en tu familia.
-Es que mi viejo hace reuniones de ejecutivos acá, viene con más gente del trabajo que vienen muchas veces con sus familias – Replico.

Por dentro pensé que seguro harían terribles orgias con intercambio swinger y me sonreí.
Seguimos caminando por una galería y entramos a la parte principal de la casa, todo estaba decorado de modo muy minimalista, se me ocurrió que si esa casa enorme fuese mía la decoraría muy diferente, aunque debía ser difícil llenar espacios tan grandes.

Luro interrumpió mi divague arquitectónico

-Suban por esa escalera, la segunda puerta a la derecha, esa habitación es para ustedes.

Dio media vuelta y se fue, mire hacia arriba, todavía me dolían las piernas y me hubiera gustado que la escalera fuese mecánica.
Igualmente me dispuse a subir. Al cuarto o quinto escalón Sofía que venía de atrás me pego un chirlo en culo, bastante fuerte

-Move ese orto, dale!

Me di vuelta y la mire

-Perdón, tenía que hacerlo, es que estas más fuerte que televisor de geriátrico!

Me arranco una carcajada con la comparación, le pregunte de donde había sacado tal “piropo”, me dijo que se lo habían dicho una vez por la calle y le había causado mucha gracia y le quedo grabado

La habitación era mediana, lo suficientemente cómoda para 2 personas, y contaba con un baño pequeño, una cama matrimonial, un guardarropas, 2 mesas de luz, además había aire acondicionado, un TV LED de respetables pulgadas, un DVD y sobre una cómoda reposaban una notebook y los controles remotos de los artefactos electrónicos

-En donde trabaja el padre de éste? Pregunte a Sofía
-I have no idea (lo dijo así, en inglés), pero evidentemente es muy grosso y la levanta en pala. – Agrego.
-Ya lo creo

Me había distraído unos segundos intentando encender el LED, cuando me di vuelta Sofía ya estaba en corpiño y bombacha. Me hipnotizo. Se agacho sobre la cama para revolver el bolso donde tenía la bikini, ofreciéndome todo su culo. Inexplicablemente sentí un cosquilleo en mi concha, como si fuera algo eléctrico.

-Esta bikini la tengo del verano pasado y nunca la use – Me dijo mientras se sacaba el corpiño.

Sus tetas tenían el tamaño perfecto, tenia los pezones duros, y agrego mientras se sacaba la tanga algo sobre como que tenía que tomar sol urgente porque estaba blanquísima y que esa fue la razón principal por la que había venido a la reunión. Las palabras me llegaban como un eco, como dichas de lejos, el espectáculo de verla sacándose la ropa interior, su concha depilada tal como la recordaba de aquella vez, su culo y tetas firmes que luego cubrió con esa bikini que le quedaba tallada, era impagable. Definitivamente a ese punto sentí que me había humedecido y cuando fui consciente de eso me invadió una extraña sensación de culpa y desorientación. No entendía porque me estaba pasando eso. Miles de veces haciendo promociones había visto a otras chicas cambiarse y siempre me había resultado indiferente.

-Vos no te vas a poner la malla ahora? – Me preguntó.
– Si, ya quiero ir a la pileta, con el calor que hace! – Mentí, en lo único que podía pensar era en Sofía en concha. Agarre la bikini y me fui al baño, me dio vergüenza que Sofía pudiera notar que me había mojado la bombacha.

-Ay te da vergüenza tonta que te vas al baño? Mira que no me voy de acá sin verte las tetas, tenemos que tomar sol en gomas, los dejamos a los pibes al palo jajá – Dijo riéndose en broma, sabiendo lo provocativa que estaba

-Ni en pedo, además voy al baño así hago pis – Volví a mentir.
– Ok, te espero abajo

Entre al baño y me saque rapido la bombacha, la habia mojado de veras. Me toque la concha, la sentia toda viscosa, y me sente en el inodoro. Me abri los labios y pase un dedo rapido desde la cola por toda mi concha hasta el clitoris, cerre los ojos imaginandome a Sofia desnuda. Me recoste hacia atras y me golpee la cabeza contra la pared, el golpe me saco de clima, pense que estaba loca, que no podia pajearme pensando en mi amiga y que mejor bajar rapido. Me saque el corpiño que todavia tenia puesto y sali a la habitacion desnuda. Estaba en la diyuntiva de si ponerme la bikini que tenia en la mano u otra que era menos entangada y en eso entra Sofia

-Me olvide el broncead…epa que figura! Jaja
-Bueno mira quien habla — le retruque, tapandome instintivamente las lolas
-Si, igual creo que tenes las mejores tetas, siempre te las envidie — Dijo convencida, y agrego que me apurara.

Me decidi por la bikini que era un poco mas chiquita, sino Sofia se iba a adueñar de todas las miradas masculinas. Enseguida me dije que no podia mentirme a mi misma, no me importaba mucho la mirada de mis ex compañeros, tuve que admitir que queria impresionar a Sofi.

Ese jueves era un dia tipico del mes de Enero de esta parte del hemisferio sur, caluroso, pegajoso y soleado al extremo. Baje las escaleras, cuando salía al parque desde la casa se me unio Sofia que todavia no habia salido porque estaba calentando agua para mate. Cuando asomamos, se hizo por un segundo un silencio, los chicos nos miraron, Sofia me miro y nos sonreimos de modo complice, nos sentiamos dos supermodelos, la rubia y la morocha (admito que a este punto habia aflorado nuestra faceta mas hedonista, ya que ambas sabiamos que luciamos bien en esas bikinis)

-Ahhh bueno, mira lo que se tenian guardado Clarita y Sofia! — Exclamos uno de los chicos
-Si, de lo que nos privaron todas estas reuniones a las que no vinieron! — Se acoplo otro
-Callate minusvalido peneano! — Le dijo Sofia mientras le pasaba por al lado.

Esas frases de Sofia me causaban mucha gracia. Una le veia su cara refinada, su naricita levemente respingada que combinada con su mirada celeste le deba ese aire mitad adolescente mitad femme fatale, y no la imaginaba hablando con esos terminos guarangos

-Pero no se las puede ni elogiar, che! — Esgrimió Luro con cierta razón
-Está bien Luro, gracias por los halagos — Le contesto sofia jocosamente

Yo me habia centrado en mirar a las otras chicas, no decian palabra, quien sabe estaban un poco celosas, había dos que no estaban, tal vez todavia se estaban cambiando.

-Yo no entiendo como ustedes dos no tienen novio — Dijo Cruz, otro de los chicos
-Es que los hombres están muy pelotudos últimamente… — Se apuro a responderle Sofia de modo tan convincente que no dio lugar a replica alguna.

Algunos chicos se pusieron a patear una pelota, otros se metieron a la pileta, de las chicas 3 comentaban cosas sobre una revista de diseno, otras tomaban mate. Con Sofia estabamos a un costado de la pileta, sentadas en el borde con los pies en el agua

-No se si meterme primero y despues tomar sol, o al reves. — Dijo mirando el cielo, haciendo una mueca producto del sol que le daba de lleno en la cara
-Metamonos primero que hace calor y después tomamos sol — Le conteste
-Si dale, tenes razon.

Se paro y se zambullo de una, me salpico y me tiré detrás de ella. La temperatura del agua era más que agradable. Tenia logica, habia recibido la luz del sol desde hacia horas. Habia un pato flotante enorme y Sofia me lo revoleo por la cabeza, dandome de lleno. Yo le devolvi con una pelota que flotaba cerca mio y empezamos a jugar salpicandonos agua, tirandonos del pelo e intentando sumergir una a la otra como dos adolescentes, seguramente estabamos dando un espectaculo hermoso para los chicos. En un momento hizo mas fuerza que yo y logro agarrarme de la cabeza, en el intento suyo de sumergirme y mio de no dejarme hundir quede con mi cara incrustada en el medio de sus tetas durante 5 o 6 segundos en los que me abtsraje de todo, 5 segundos en que desaparecio todo lo que nos rodeaba, eramos solo ella y yo sumergida en ese mar de tetas suaves, redondas y con sus pezones rosados y duros. Me senti perturbadoramente caliente. Mi cabeza al fin se hundio.

-Ganeee, te gane zorraaa! — Mientras ella festejaba vi como le asomaban las tetas y se le levantaba el corpino de la bikini, al final no habia salido tan airosa de la reciente batalla
-Se te desato el corpiño Sofía!
-Uh tapame pelotuda
-Jajajaja, date vuelta que te lo ato

Giro y se levanto el pelo a la altura de la nuca. Me imagine, no atándole el corpiño, sino mas bien desatandoselo, sus generosas tetas llenando toda la extension que mis manos pudiesen abarcar y besandole suavemente la nuca. Ya no me daban culpa esos pensamientos lesbicos, pero no dejaban de llamarme la atencion, porque como ya he dicho, al margen de que Sofia fuera una belleza, yo soy heterosexual y siempre senti atraccion por los hombres.

Dos de los chicos se dieron cuenta, aunque no llegaron a ver nada y aullaban como lobos.
Salimos de la pileta y nos dispusimos a tomar sol. A unos metros Luro en compañia de otros estaban preparando el asado y el olor ya llegaba a nuestras narices

-Muero de hambre Clara, solo tome mate.
-Habia facturas, porque no comiste?
-Esta silueta no se mantiene sola, jaja. — Respondio riendose mientras se pasaba bronceador por los brazos y las tetas. Giro sobre la reposera y se puso boca abajo, ofreciendome nuevamente la generosa vista de su culo esculpido.

Poneme bronceador en la espalda — Me pidio

Por un segundo me parecio entender que ella se habia dado cuenta de lo que venia provocando en mi desde la manana y provocaba todo este jugueteo adrede.

-Dale Clarita! — Me apuró

Tome el bronceador, puse un poco en la palma de mi mano y me dispuse a frotarselo por toda la espalda, disfrutando cada movimiento. Me hubiese gustado que estuviera de frente, boca arriba, asi podia pasarselo por sus tetas redondas y duras.

-Listo!
-Listo que? Pasame en el culo boluda, las piernas, o queres que me queden los cachetes blancos? Jaja

Tenía razon. En ese mismo momento creí que definitivamente el histeriqueo era a propósito, no podía ser sino que jugara conmigo de esa manera.
Le esparcí el bronceador por toda su perfecta cola, me sentia privilegiada, sabiendo que estaba haciendo algo que muchos hombres hubieran querido hacer y extasiada a la vez.

-Ahora deja que yo te paso a vos — Dijo mientras me sacaba el bronceador de la mano

-Acostate y tirate el pelo para atras

Empezo a pasarme el bronceador sin ningun reparo en pasar las manos sobre mis tetas, las cuales al primer contacto se habian puesto duras.

-Ahora de atras — Me volvio a ordenar

Voltee y senti con sumo placer como me manoseaba todo el culo. Instintivamente presione la concha contra la reposera, ya me habia mojado.

-A esta hora lo mejor es no tomar mas de una hora de sol porque es la peor — Dijo desentendiendose de la calentura que me acababa de provocar y dejándome paralizada.
Estuvimos largo rato tomando sol. Arriba de la mesa había una revista Cosmopolitan que había traído una de las chicas, Sofía se estiro y la agarro para hojearla.

-Por este tipo de revistas es que los hombres nos toman a todas las mujeres como pelotudas – Dijo convencida, como quien expone una verdad universal.
-Si, jajá, las notas son un cago de risa.
-Mira ésta, “Auto placer, qué hacer cuando estás sola”…”Auto placer” – Repitió indignada
-Y que van a poner en la tapa de una revista tarada, “pajearse”?
-Y si jajá yo no me doy “auto placer”, yo me pajeo jeja, y cómo!

Otra vez ese cosquilleo que me recorría desde la espina dorsal hasta mi concha

-Si? Te pajeas mucho? – Pregunte sinceramente intrigada
-Obvio, que me vas a decir que vos no? Quien no lo hace?
-Si…que se yo…mejor es coger jajaja
-Ah sos una científica, quien te enseño eso? En serio? Jajá, obvio tarada que es mejor, pero cuando los chongos están muy en pelotudos…mejor tocarme sola

Es cierto que últimamente los flacos que venía conociendo, salvo algunas excepciones eran uno más pelotudo que otro. Dicho esto se levanto a buscar algo para tomar y se ofreció a traerme algo, le pedí una Coca Light. A los 5 minutos apareció con los vasos, mientras dejaba el mío sobre la mesa repreguntó

-Me interesa lo de las pajas, cuál es tu manera preferida?

La pregunta me descoloco

-No sé, me gusta tocarme, que se yo…
-Ay Clari, que poca imaginación!
-No lo discuto…
-A mi me encanta empezar boca abajo con la bombacha puesta, me froto sobre la cama. Cuando ya me moje me gusta primero estirarla y metérmela un poco en la concha y despues corrérmela y tocarme la concha suavecito, recorrer los labios, separarlos despacito y darme golpecitos despacito en el clítoris. Seguro ahí ya la bombacha me la saco para moverme mejor. Puedo acabar en 5 minutos así, es increíble…lo que no soy quien sabe tanto de hacer es meterme dedos o cosas, solo frotármela.

Describió todo con tanta precisión que me hizo mojar literalmente hasta el culo, quería pajearme ya delante de ella y que me viera, no daba más. Semejante relato no me dejo más alternativa que sincerarme:

-Yo también me pajeo boca abajo y empiezo tocándome por encima de la tanga, pero me encanta bajármela un poco y estar medio incomoda, sentir que me aprieta la circulación de las piernas.
-Ah hija de puta, a vos te debe gustar que te cojan atada, lo hiciste alguna vez?
-Si, es lo más!
-Víste? Una de las últimas veces garché con un pibe medio tonto, pero una amiga me había pasado el dato que tenía una pija divina. Sabes que tan tonto no era, el chabón me puso boca abajo y me ato las muñecas al respaldo de la cama con un cordón de zapatilla! Grasa mal, pero en ese momento no me importaba nada. Me cogió tan fuerte que cada vez que los huevos me golpeaban en la concha pensé que se me iba a salir algo por la boca…encima me tiraba del pelo, me cago a chirlos en el orto…ahí me di cuenta que me encanta la onda así hardcore, lástima que después no pinto mas… — Sentenció sinceramente afligida, con un dejo de nostalgia.

Yo estaba extasiada, era muy sencillo imaginar todo aquello que conto, sentía que la bombacha de mi malla estaba inundada.

-Hace mucho cogiste por última vez? Preguntó
-No, no tanto, un flaco que conocí en un evento hará 10 o 12 días
-Y, estuvo bueno? No me hagas arrancarte las palabras Clara!
-Sí, estuvo bueno!!
-Le chupaste la pija?
-Obvio
-Una buena chupada, o le pusiste las ganas que le estas poniendo al relato ahora?
-Si conchuda, sisis!! Si, toda, desde los huevos hasta la cabeza, me frote bien la pija por la cara, se la escupí, le pedí que me pegue pijazos, lo pajee con las tetas…así te gusta??
-Por fin, tenía sangre Clarita, mira vos! Jajaja, Lindo detalle ese de pajearlo con las tetas (dijo esto mientras se las agarraba) Y decime, te la tragaste toda?
-Todaaa, siii (mirándola fijo), no deje ni una gota y después se la limpie con la lengua…feliz??

Estaba hablando como una ninfómana desquiciada, ni yo me reconocía. Sofía pego una carcajada

-Jajaja si, feliz, aunque parece que vos más todavía, asquerosa! Jajá!

Esa charla me había dejado recontra caliente. A diferencia de ella yo si era de meterme los dedos y eso mismo hubiera querido hacer en ese momento.
Agarre la revista para leer algún artículo idiota que me bajara la calentura que tenía en ese momento.
El día transcurrió normalmente, con la ayuda del clima que se estaba comportando maravillosamente conforme a lo que exigía un día de verano. Asado, pileta, mate, mas pileta, vóley, risas y charlas intrascendentes. Relax puro, a eso habíamos ido después de todo. Avanzaba el atardecer y lenta pero paulatinamente iba oscureciendo. Las miradas entre Sofía y yo cada vez ganaban mayor complicidad, o tal vez era mi imaginación. La noche estaba al caer. Todo ese día no había sido ni más ni menos que el prologo de una velada que ni Sofía ni yo imaginábamos que iba a ser tan maravillosamente increíble como resulto serla apenas unas horas mas tarde…

Se acercaba la hora de cenar y Sofia me pidio ayuda para hacer una ensalada, fuimos hasta la cocina, era enorme, como todo en esa casa en la cual, y sin animos de exagerar, si no estabas atenta te perdias.

-Haría falta un bowl, vas a preguntarle a Martín donde hay? Hasta que encuentre entre todos estos armarios se puede hacer la medianoche. De paso traeme las ojotas – Me pidio Sofia

Accedi de mala gana. Cuando asome al living me encontre con Luro, algunos de los chicos y a dos tipos que estaban cargando un Televisor Sony enorme mientras un tercero daba indicaciones. Nunca había visto nada parecido, era del triple de tamaño de cualquier televisor que hubiera visto. Los chicos estaban exaltadísimos, uno de los tipos, el que daba ordenes a los otros dos, estaba estrepitosamente bueno, tenia unas casi imperceptibles canas, vestia una chomba que le cubria su torso, el cual se notaba visiblemente trabajado, una bermuda de jean y unas ojotas. No se quien sera este tipo – pense – pero esta muy cogible. Venia de un dia en el cual habia estado caliente mas de la mitad del tiempo e inmediatamente me lo imagine poniéndome su pija en la boca. Resulto ser el padre de Martín. El hijo claramente no habia heredado ni un cuarto del porte del padre, pobre. Quien sabe era adoptado.

-Imaginate hijo el mundial el año que viene en esta pantalla gigante – Dijo el padre de Luro
Todos acotaron que esperaban ser invitados llegada la fecha. Ahí entendi quien era. De pronto Martín interrumpió

-Ah viejo, ella es Clara, una de las chicas que todavía no conociste.

El tipo me clavo la mirada de un modo en el cual me desnudo con la vista. Habia algo intimidante en ese hombre. Un tipo que ostentaba porte y prestancia vestido con bermudas y ojotas no podia hacer otra cosa que emanar poder.

-Que tal Clara, Soy Alex, el padre de Martín, encantado – Saludó intencionalmente seductor.
– Hola, yo soy Clara, un gusto. – Me acerque y me puse en puntas de pie para llegar hasta su mejilla. Si el tipo hubiese olido a transpiración hubiese tenido asidero, la temperatura del dia lo hubiese justificado, a cambio olia exquisitamente bien.

Martín fiel a su costumbre volvio a interrumpirr, esta vez ese microclima que se habia generado entre su padre y yo

-Y esa que viene ahí es Sofia

Alex y yo volteamos la mirada hacia el pasillo. Sofia venia caminando con ese andar frágil y liviano propio de una modelo en una pasarela.

-El famoso Alex! – Dijo Sofia en tono desfachatado. El padre de Martín puso cara de sorprendido
-Si soy famoso no me entere, igual con que solo me conociera la señorita (refiriéndose a Sofia) estaria contento – Respondio.

“Wuoeeeehh!”” — exclamaron todos en el living en broma. A mi en cambio me parecia que esos dos estaban hablando bien en serio. Sofia se rió simpatica.

-Sofia, encantada de conocerlo
-El que esta encantado soy yo, ademas no sabia que mi hijo tenia amigas tan bellas – Dijo Alex mientras me incluia con la mirada
-Lo felicitamos por la casa que tiene, es hermosa – Agregue yo, haciendola participe a Sofia del “felicitamos”.
-Si, lo unico que le faltaba a una casa como esta era un televisor como ese, es como tener un cine propio! – Exclamo Sofia.
-Jajaja, es verdad, pero te cuento que como trabajo en Sony al televisor lo consegui un poco mas barato

Eso explicaba porque casi todos los artefactos electrónicos de la casa eran Sony

-Usted trabaja en Sony o es el dueño de Sony? Porque para tener esta casa… – Interpelo Sofia atrevidamente mientras abarcaba todo el living con la mirada
-Jajaja, no Sofia, ojala, nos llevo unos buenos años construir esta casa – Dijo Alex en tono divertido
-Genial, a mi me llevaria toda la vida comprar solo esa TV – Respondio Sofia riendo

Todos se rieron. Alex dijo que habia ido a dejar el televisor porque sabia que el hijo estaba con sus amigos y queria que lo probaramos, pero que ya se iba. Un amor. Le dio la orden a los 2 peones que estaban con el que lo esperaran afuera y se despidio de todos uno por uno.
Cuando me saludo a mi no se si adrede o inintencionalmente, pero me dio un beso casi en la comisura de los labios, me dejo dura. Por ultimo se despidio de Sofia. Antes de salir volteo, saco la billetera del bolsillo y le dio una tarjeta a Sofia

-Ah! Si alguna vez queres comprar una TV como esta, llamame, puedo rebajartela 100 o 200 pesos- Le dijo riéndose
-Lo tendre en cuenta — Dijo Sofia, burlona.

Preguntamos a Luro la ubicación de algunos utensilios y volvimos a la cocina a continuar con las ensaladas. Las otras chicas habian ido a comprar alcohol y el resto se quedo toqueteando el televisor enorme
De regreso en la cocina el comentario de Sofia no se hizo esperar

-Vos viste lo que era eso? – Me pregunto exaltada.
-Si, enorme esa televisión, no pensé que existiera una de ese tamaño.
-Quien habla de la tele, enferma? Del padre de Martin te hablo, esta buenísimo el viejo!
-Ahh jaja, si, en esta tengo que darte la razón. Igual lo de viejo…dudo que tenga mas de 45 años..
-Si. No se, como sea, la verdad que esta re para cogérselo, le meterá los cuernos a la mujer?
– No se Sofi, pero dejemos el tema aca porque yo ya te conozco…
-Jajaja! — Sofia se rio picara, sabia que yo tenia razón. Si un tipo le gustaba podía tomarle como mucho 2 dias en tenerlo encima (o debajo).
De pronto vino desde lejos un sonido ensordecedor, música, parecía electrónica a un volumen extremadamente alto, venia desde el living, fuimos hasta ahí. Habian conectado unos woofers. Las chicas venían entrando con cajas de alcohol que habian ido a comprar y las dejaron sobre la mesa, se adivinaban todo tipo de botellas. Estaba todo medio a oscuras porque estaban cambiando las lamparitas por otras de colores. De fondo estaba puesto el canal Fox Sports en el televisor gigante y un primer plano de una mina que siempre me pareció muy linda, Alina Moine.
Cruz estaba subido a una escalera cambiando lamparitas blancas por otras rojas, en eso Martina, una chica, lo llamo para que la ayude a a abrir una botella de vino.

-Sofia, podes terminar con esas lamparitas? Pregunto Cruz a Sofia
-Si dale!

Se le notaba en la cara a Sofia que le encantaba toda esa parafernalia que estaban armando

-Veni, teneme la escalera, Clari – Me pidió Sofia
-Ok.

Se subió la escalera, era totalmente innecesario que se la sostuviese de abajo, pero creo que ella disfrutaba poniéndome el culo en la cara. Arriba tenia puesta una remera, pero abajo seguía solo con la bikini, por lo cual su cola redonda en todo su esplendor se adueño de mi mirada. Senti mis tetas endurecerse. El ambiente estaba semi a oscuras y aun asi podía ver desde abajo como esa diminuta tanga de la malla se le incrustaba en el culo. Senti impulsos de bajarle la bombacha como aquella vez que me pidió ayuda para ir al baño y lamerla toda, asi, en esa posición. Sin darme cuenta me estaba tocando la concha por encima del short. Un destello de luz roja me dio en la cara.

-Listo, esta roja ya esta, ahora alla la azul.
-Sofia la escalera no se va a caer, subite tranquila que yo voy a hacer pis.

No daba mas, solo quería tocarme. Subi al baño de la habitación. Cerre la puerta y me saque el short lo mas rápido que pude. Baje la taba del inodoro, me sente y abri las piernas. Empece a tocarme la concha despacito por encima de la bombacha. La sentía toda humeda, definitivamente después de eso me la iba a tener que cambiar. Recorde lo que Sofia me había contado, que le gustaba metérsela en medio de los labios. Probe, la estire hasta que quedo toda incrustada en mi rayita, metiéndola y sacándola, el extasis era indescriptible. Tenia de veras muchas ganas de hacer pis y el aguantarme me daba mas placer aun. El aire empezaba a ser invadido por mi propio olor a mujer y eso me calentó mas. Me corri la bombacha y me acaricie la concha separándome los labios, estaba mojadisima, me chupe la mano y me sentía super chancha. Con la mano izquierda me levante el corpiño y empece a apretarme despacito los pezones, esos pellizquitos autoinflingidos eran una delicia. En mi cabeza desfilaban todas las imágenes excitantes del dia, como fotos, una detrás de la otra, Sofia caminando y su tanga trasparentandose, Sofia desnudándose para ponerse la Bikini, Sofia manoseándome el culo y las tetas para ponerme bronceador y yo manoseándoselo a ella, el chirlo que me dio subiendo la escalera, Sofia contándome como se pajeaba. Estaba ya recostada sobre el inodoro apoyada contra la pared, me faltaba el aire, era la paja mas intensa que me había hecho en años sin duda. Me saque la bombacha de una sola pierna de lo apurada que estaba y deje que mis dedos se deslizaran en mi interior, al principio despacio, después fue meterlos y sacarlos furiosamente. Me lleve los dedos a la boca degustando mi propio sabor a concha, ya no me importaba nada porque estaba a punto de tener uno de los orgasmos mas espectaculares de mi vida. Volvi a manosearme y aprovechando la lubricación de mis dedos me meti uno en la cola. El cosquilleo se avecinaba cada vez mas poderoso, sentía mi vagina latir hinchada, me recosté mas aun quedando casi en el suelo para dar lugar a la descarga eléctrica final que era inminente, y de pronto siento la puerta de la habitación que se abre. Pegue un salto y me subi la bombacha lo mas rápido que pude, incluso me la puse al revés. Mientras me ponía el short la escuche a Sofia

-Eu, hace mas de 20 minutos que estas en el baño, tanto vas a mear?
-No, no, me puse a mandar unos mensajes de texto y me distraje. – Menti mientras abria la puerta
-Seguro que a ese que pajeaste con las tetas. – Contesto, y mientras lo decía se iba sacando la remera que traia puesta, y agrego

-Abajo ya están sentados para comer, compraron sushi, están las ensaladas que hicimos y asado que quedo del mediodía, porque no nos bañamos juntas asi tardamos menos?
Yo me quede en silencio pensando en la paja que me acababa de hacer y que no había podido terminar. Evidentemente tarde demasiado en responder. Sofia agrego:

-Bueno si te jode no, pero salite asi me baño primero.

Obviamente no iba a dejar pasar esa oportunidad de ver el agua recorrer todo el cuerpo desnudo de Sofia, su culo redondo, sus tetas duras y lo que mas me gustaba, su concha toda depilada

-No tarada, como voy a tener problema
-Ok,voy a buscar dos toallones

En el momento en que se fue aproveche a desnudarme rapido, enrolle con cuidado la bombacha dentro del short, no quería que ella viera del modo en que la había mojado. Abri la ducha y me quede desnuda viendo caer el agua. Sofia entro con 2 toallones y me dio uno. Nos metimos en la ducha. Sofia se saco la tanga de la malla y la colgo en la canilla, ahora estábamos las dos desnudas, tal vez para ella era una situación normal, pero para mi era sumamente erotico

Nos bañamos rápido. Me excitaba observarla de un modo inimaginable. Cuando ella subia sus brazos para lavarse la cabeza las tetas se le subían mas todavía. Todo era sensual, o al menos asi lo veía yo en ese momento. La manera en que se enjabonaba las tetas, se restregaba la concha y el culo, luego cuando se vistió verla ponerse el corpiño, la tanga, como se le iba metiendo en su cola a medida que se la terminaba de subir, yo sentía que no podía mas con esa situación, quería decirle de modo serio que hacia rato nadie me excitaba del modo en que ella lo hacia. Si tan solo hubiese tenido 1 gramo de certeza de que ella me histeriqueaba adrede lo hubiese hecho, pero Sofia era una de esas mujeres que emanaba sensualidad desde que se levantaba hasta que se acostaba, inclusive sin pretenderlo, asi que con ella nunca se sabia.
Bajamos y me sorprendió ver que si bien algunos ya estaban comiendo, faltaba mas de la mitad de la gente. Me pregunte si Sofia no me habría apurado a proposito para bañarse conmigo pero desestime la idea pronto, era difícil que ella me viese del modo en que yo la veía a ella.
Nos sentamos a la mesa, luego fue cayendo el resto, todos bañados. La cena transcurrió divertida, mucha comida, mucha bebida, salieron temas interesantes como futbol, política y religión, a medida que la ingesta de alcohol progresaba, disminuía proporcionalmente la calidad argumentativa en cada uno de los tópicos que se propusiera. Todo era risas, al final pedimos helado.
Sentí que reventaba y me recosté sobre el respaldo de un sillón, pero no hubo tiempo para digestión, la mayoría se levanto y se fue al living, donde se había armado ese pseudo boliche con luces de colores, globos, música ensordecedora, alcohol, y esa pantalla hibrida Sony entre TV y cine que seguía sintonizada en mute en el canal Fox Sports.
La noche iba avanzando, ya eran como las dos y media de la mañana o tal vez mas. La música mezclada con los diferentes tragos que se iban preparando eran una invitación a dejarse volar. Me hubiera encantado vivir en esa casa. Un par que estaban tirados en un puff armaban porro. Al rato Tobías, otro de los chicos paso por al lado mío y me ofreció extasis o algo similar. Tengo que admitir que otras veces había probado ese tipo de drogas, no así porro que no me gusta en absoluto. Esa noche con el alcohol que tenia encima ya no me hacía falta, Sofía era suficiente estimulo y no quería perderme de nada, aunque con lo que había tomado ya me estaba costando. Mi blonda amiga no era la excepción, ella también estaba hiper alegre. . No me gusta demasiado la música electrónica pero ese ritmo empujaba a moverse de forma medio autómata incluso de modo involuntario. En un momento que fui a buscar un trago perdí de vista a Sofía. Con el vaso en la mano haciendo equilibrio para que no se me volcara nada la busque con la mirada, estaba subida a un sillón que estaba medio escondido porque estaba detrás de una columna, bailando a su propio ritmo, como en una especie de trance moviéndose del modo mas sensual posible, seguramente sin siquiera saberlo. Me acerque hasta donde estaba y le acerque el vaso. Con una sonrisa desecho mi ofrecimiento y me invito a subir extendiéndome la mano. Deje el vaso en el suelo y subí junto a ella. Me sonrio sin decir palabra, solo se reia y me miraba. Sus tetas se movían al compas de un modo hipnotico. Me abrazo y me dijo al oído que bailaramos. La abrace yo también y me acople a su ritmo.

-A vos te da vueltas todo como a mi? – Me preguntó
-Si jaja, la verdad que si
-Si jaja, creo que si, tome mucho… – Dijo en tono picaro.

Abrazada a Sofia y desde el angulo en que yo estaba podía ver esa pantalla enorme. Otra vez Alina Moine, de hecho debía ser la repiticion del programa que había visto horas antes. En eso Luro se acerco a la TV y empezó a tocarlo de costado y de atras, crei ver que quería cambiar de canal y lo lamente. Gire y me concentre en Sofia, ella me volvió a mirar fijo y sonreir. En la posicion en que estábamos su concha había quedado directamente sobre mi pierna. Ella hacia un movimiento de subir y bajar constante y aunque en un principio no quise creerlo, de pronto me di cuenta que ella estaba frotando su vagina contra mi pierna de modo intencional. Me agarro una especie de escalofrio. Busque su mirada con la mia, Sofia tenia una mueca de sonrisa dibujada en la cara. De pronto, de la nada se despacho con una exigencia que me dejo dura

-Dame un beso Clara

Quise creer que había dicho cualquier otra cosa, aunque sabia que había oido bien.

-Que decis Sofia?
-Que quiero que me des un beso – respondio
-Estas loca? Te sentís bien?

Se acerco a mi oído y con mucha convicción exclamó

-Si no me lo das vos te lo doy yo

La mire fijo. No me dio tiempo a pensar y de pronto Sofia me estaba comiendo la boca. Toda la situación me había tomado por sorpresa, pero es lo que había querido desde la mañana. Me relaje y me entregue, estábamos en nuestro mundo y no nos importaba que cualquiera pudiera estar viéndonos. Su lengua jugaba con la mia, eran besos húmedos, me mordía la lengua, los labios, yo le lamia los dientes, la situación se había tornado salvaje. Senti mi bombacha nuevamente mojada al extremo, me hervía la concha. Sofia metió una mano debajo, no solo de mi remera, sino de mi corpiño, levantándomelo y me amaso una teta, con una violencia que me hizo delirar. Súbitamente despego su boca de la mia

-Estoy mareada, vamos arriba please – Me dijo mirándome a los ojos.

Me quede absorta, sabía que alla arriba podía pasar cualquier cosa…
Sofia me agarro de la mano. Yo estaba plenamente conciente a pesar de todo lo que habia tomado, pero se sentia todo muy extraño, como si no estuviera ahí. La situacion era surreal.
Pasamos por al lado de la television enorme y ya no estaba Alina Moine, habian puesto una porno. Bizarro.
Habia una mina acostada y otra que se le sentaba en la cara, me encanto. Nuevamente el choque electrico en mi concha, en otro momento me hubiera quedado mirando la pelicula.
Sofia me apretaba la mano con firmeza y caminaba dando algunos tumbos, abriendose paso entre el humo espeso que viciaba el ambiente. Llegamos al pie de la escalera, Sofia se volteo, me miro y me sonrio, tenia el rimmel todo corrido, igual le quedaba sexy. Me solto la mano para agarrarse con las dos suyas de la baranda, yo estaba mareada y me sentia pesada, pero podia subir bien. Mientras ella subia desde abajo podia verle su fabuloso culo, por debajo de la pollera asomaban esos gluteos duros y contorneados, de una redondez absoluta, daban ganas de morderselo. Abrimos la puerta de la habitacion. Yo no podia terminar de creerme todo eso. Sabia que en ese momento era la envidia de todos los hombres del mundo. No podia existir un solo macho en el universo que no hubiese querido poseerla.
Cerre la puerta, Sofia se apoyo contra la pared y empezo a reir a carcajadas. Una risa contagiosa, nunca la habia escuchado reir asi.
Empezo a decir algunas incongruencias mezcladas con la risa, estuvimos asi unos minutos, yo reia contagiada por sus carcajadas. En un momento se hizo un silencio, Sofia suspiro profundo

-Claraaaaa, estoy loca…estamos locas jajajajaj. — Otra vez empezo a reir sin parar.

Sofia estaba algo borracha. Tenia que hacerla reaccionar porque estaba abombadisima, pero me entro la duda, tal vez plenamente conciente el clima se diluyera. Decidi que no importaba, mucho indicios durante el dia me indicaban que el histeriqueo era mutuo, ahora estaba convencida.

-Vamos a pegarnos una ducha Sofi, que te parece
-Siiiiii, quiero quiero quiero! — Empezo a festejar, diciendolo ritmicamente
-Si, yo tambien quiero, quedate asi como estas que yo te desvisto, vos no te muevas, quedate apoyada asi como estas.

Fuimos al baño, ella quedo sosteniendose con ayuda de la pared mientras yo abria la ducha. Pense que el agua fria la iba a despertar mejor, pero por la temperatura salia tibia.
Me volvi hacia Sofia, le levante los brazos y le saque la musculosa, ella seguia balbuceando idioteces, mezcladas con algunas otras cosas escapadas de su inconciente relajado, como que yo le encantaba y otras similares que a mi me fascinaban
Tenia ese corpiño sumamente delicado que le apresaba sus tetas suaves y abultadas. Le pase los brazos por detras de su espalda para desabrocharselo y mi cara quedo pegada a la de ella.
Sofia evidentemente recordo para que habiamos subido porque me volvio a besar, su lengua buscaba desesperadamente la mia. Termine de sacarle el corpiño y sus tetas quedaron libres al fin. Me separe de su cuerpo para poder contemplarselas mejor, ya no habia marcha atras. Sus pezones estaban duros como los mios. Se sentia hermoso estrujarselos, manosearle toda la superficie de sus tetas al tiempo que escuchaba sus gemidos ahogados. Me saque la remera y el corpiño yo tambien, queria apretar mis tetas contra las de ella. El roce de sus pezones con los mios se sintio maravilloso, cerre los ojos y la volvi a besar.
Baje por su cuello, ella estaba entregada. Al fin iba a poder tener esas tetas en la boca. Me corri el pelo y me incline, me dedique a su teta izquierda mientras le sobaba la derecha, se sentia tan bien al hacerlo como cuando me lo hacian a mi. Luego me dedique a la derecha. Chupe con devocion esas tetas, las mordi, las babee, las lami. Sofia no paraba de gemir. Segui bajando por su abdomen hasta su ombligo. Le saque la pollera. Sofia se veia sumamente excitante semidesnuda en tetas, solo vistiendo su bombachita minuscula celeste. Pense que por segunda vez en un baño me tocaba bajarsela. Abri bien los ojos, no queria perderme nada de ese espectaculo. Tome su tanga de las tiritas de los costados y se la baje despacito, saboreando el momento. Su concha enteramente depilada asomo, con sus labios bien cerrados. Su bombacha estaba empapada, se la baje un poco mas, un hilo espeso de flujo lubricante entre su concha y la tela de su prenda intima era el vestigio del grado de excitacion que habia alcanzado al frotarse minutos antes contra mi pierna. Se la termine de bajar, dio una patada al aire para terminar de sacarsela. Me quede unos segundos embobada mirandole la vagina, era hermosa y delicada, como toda ella.
Me saque el short yo tambien y la tanga, al igual que ella la tenia empapada. Nos metimos en la ducha. Sofia empezo a acariciarme las tetas. Ninguna de las dos emitia palabra, solo gemidos. Se sentia hermoso el que me amasara las tetas, volvimos a besarnos durante la ducha mientras nos masajeabamos el culo mutuamente, yo sentia fuego en la concha.
Nos mirabamos y nos sonreiamos. De pronto Sofia hablo en tono algo mas claro, evidentemente el agua y la calentura la habian despabilado un poco

-Estamos locas Clara, pero me encanta esto, me encantas vos..
-Si, puede ser que lo estemos, pero nunca nadie me calento como vos
-Igual es una locura.

Empezamos a reir las dos a carcajadas de nuevo. Nos sentiamos felices de placer.

-Nunca estuve con otra mina, se siente increible esto. — Dijo Sofia
-Yo tampoco, pero me encanta que esto este pasando con vos

Sofia me empujo suavemente contra la pared y me beso el cuello. Tal como habia sucedido hacia un rato, empezo a refregarme nuevamente su vagina. Sentir el roce directo de su concha caliente contra la piel de mi pierna era extasis puro. Me beso las tetas delicadamente, nunca tuve los pezones tan duros, le pedi que me los mordiera y ella accedio de inmediato a mi pedido, sus mordiscos tenian la presion justa, me provocaban un dolor que automáticamente mutaba en placer

-Te gusta, no pendeja? – Pregunto desafiante
-Me encanta, me encanta todo lo que me haces

Me la saque de encima y la apoye yo contra la pared, con un dejo de violencia, involuntaria, pero probablemente producida por la calentura del momento

-Ahora me voy a ocupar de tu conchita – Le dije con una sonrisa
-Haceme lo que quieras.

Mientras le manoseaba y pellizcaba las lolas al tiempo que la besaba lleve mi mano hacia su vagina, se le acaricie suave, muy suave, sentia al tacto de la yema de mis dedos los labios de su concha carnosa que latia de placer como la mia. Con mis dedos abarcaba desde el agujerito estrecho de su cola hasta su clítoris, todo a lo largo, frotando y haciendo presion. Sofia sacaba su pubis hacia fuera, buscando que en ese sube y baja de mis dedos, algunos la penetraran directamente, su respiración se escuchaba entrecortada, emitia gemidos ahogados, mientras me agarraba de los pelos a la altura de la nuca y me acercaba hacia a su boca para fundirnos en esos besos humedos interminables.
Bajando por un camino de besos desde su boca, pasando por sus tetas y su abdomen llegue hasta su pubis.
Me hundi en su entrepierna y lo primero que hice fue olerle la concha. Nunca habia tenido una tan cerca de mi boca. Ella subio sola una pierna al borde de la pared de la ducha y con los dedos se abrio los labios de la vagina. Al principio fue una sensación extraña, como todo lo que estaba sucediendo en ese momento, que sucedia por primera vez, eran las sensaciones propias de lo desconocido que generaban esa adrenalina unica.
Cuando al fin le lami la concha pense que era tan hermoso como chupar una pija. El sabor de la suya era sublime, salada y yo tragaba con devoción todos sus jugos lubricante como si fuera semen. Se la la chupe de todas las maneras que pude, le di besitos, le lami desde los labios hasta la cola, le meti la lengua en la concha y succione hasta que se me adormecio la mandibula.
Luego me pare y la bese en la boca, queria que ella sintiera de mi boca el gusto de su propia chocha.Me pidio que la coja

-Cogeme Clara
-Queres que te coja con los dedos? Pedimelo por favor
-Por favor Clara, cogeme con los dedos

Me apiade de ella y le meti dos dedos en la concha, fue una sensación unica, palparle su interior humedo, resbaloso y caliente.
Sofia pego un grito de placer

-Cogeme Clara. Cogeme con los dedos – Pedia desesperada
-Si, toda pendeja viciosa, quiero sentir como acabas en mi mano, y después me vas a coger vos a mi – Le respondi. Tambien yo estaba poseída por la lujuria

Sofia subia y bajaba sola sobre mis dedos, cada vez mas fuerte, gritaba, insultaba, me insultaba a mi, eso me ponia a mil, yo le devolvia los insultos

-Hija de puta, nunca me cogieron asi, me vas a matar
-Vos mas hija de puta, me encanta hacerte esto, quiero estar toda la noche asi

En un momento Sofia bajo apenas la intensidad de ese ritmo frenetico de asceso y descenso sobre mis dedos

-Espera Clara, no me aguanto, voy a acabar — Dijo agitada.

A mi no me importaba nada, solo queria seguir pajeandola hasta sentir su orgasmo en mi mano, era lo mas excitante que jamas hubiese hecho. Segui cogiendola mas intensamente aun con los dedos, le meti un tercero

-Basta hija de puta, no me cojas mas asi – Me imploraba casi sollozando de placer
-No me importa, quiero que acabes primero, putita, quiero sentir tu orgasmo en mi mano
-No aguanto Clara!! – dijo en tono de suplica

En un movimiento brusco arqueo la espalda y empezo a contorsionarse.

-Clara ahora si voy a acabar!! –Dijo con la voz ahogada
-Si hacelo porque no voy a dejar de pajearte
-Acabo Clara, acaboooo!

La muy zorra estaba acabando sobre mi mano. Yo volaba en ese universo de lujuria, de olor a sexo.
Sofia se estremecio, tenia un gesto de asombro en la cara, me miraba con la boca abierta mientras gemia largamente, crei por un segundo que iba a llorar.
Se dejo caer contra la pared de la ducha mientras respiraba agitadísima y me miraba al tiempo que se iba delizando hacia el suelo de la bañera. No me sacaba la mirada de encima, el gesto de asombro de su cara no se iba. Yo estaba fascinada, con la concha a punto de explotar. Ella habia quedado completamente en el suelo y yo la miraba parada desde arriba.
Pasaron uno o dos minutos en que nos quedamos en silencio
Nos miramos y reimos nuevamente. Clara rompio el silencio

-Ahora te voy a coger yo a vos

Se arrodillo y me dio vuelta, yo quede mirando a la pared de la ducha. Me empezo a chupar el culo de una manera deliciosa, su lengua jugaba en mi colita y con la punta hacia presion sobre mi ano

-Pajeate — Dijo en tono de orden

No hizo falta que lo dijera dos veces, empece a pajearme furiosamente al tiempo que ella me chupaba el culo de modo frenetico, me lo lamia, me separaba las nalgas y me lo escupia. Yo tenia las tetas apoyadas contra el mármol de la pared que estaba frio y me habia puesto los pezones mas duros todavía

-Que rico ojete tenes, me vas a dejar que te coma la conchita ahora?
-Si, cómemela ahora – Le respondi desquiciada
-Saca la cola mas para afuera — Me pidio

Me incline hacia atrás todo lo que pude. Cuando senti su lengua contra mi concha crei que me iba a desmayar. Jugaba con mis labios, me los abria y con mucha maestria me empezo a coger con la lengua, la metia y la sacaba. Me metio un dedo en la cola mientras no dejaba de chupar. Me estaba cogiendo el culo con el dedo y yo deliraba. De pronto senti una molestia, la hija de puta estaba intentado meter otro dedo en mi cola. Como la estrechez de mi agujerito virgen no se lo permitia Sofia mojo un dedo en mi vagina embadurnándolo con mi propio lubricante. Esta vez el dedo entro casi sin dificultad. Me cogio un rato asi por el culo mientras seguia chupando mi vagina, me hacia delirar cuando me metia la lengua y la sentia moverse dentro mio.

-Ahora quiero que acabes como me hiciste acabar a mi – Me dijo

Se paro y me agarro del pelo. Me mordia los lóbulos de las orejas y el cuello. Me hizo que sacara la cola hacia fuera y empezo a pajearme de atrás, me metia y sacaba los dedos con una rapidez asombrosa. Yo habia llegado a un nivel de climax impensado.
Sofia empezo a intercalar el pajeo con unos chirlos muy fuertes en el culo
Me pajeaba y me pegaba en el culo, volvia a pajearme y me pegaba de nuevo en la cola.
Eso fue lo que definitivamente me empujo al delirio definitivo. Los chirlos dolian pero automáticamente derivaban en una oleada de placer

-No puedo mas Sofi, pajeame mas rapido, cogeme mas!!
-Te voy a coger siempre, voy a ser tu puta y vos la mia!

Me dio otro chirlo sonoro y cuando volvio a meterme los dedos acabe. Acabe como nunca jamas lo habia hecho antes. Grite del desahogo, fue un grito estridente, de alivio, de extasis.
En ese orgasmo estaban contenidas todas las emociones del dia, la paja trunca que me habia hecho a la tarde y toda la calentura que habia acumulado desde el mismo momento en que me habia visto con Sofia después de años.
Quede agobiada apoyada contra la pared, respirando con dificultad.
Sofia me abrazo de atrás mientras me decia cosas hermosas como que nunca habia sentido tanto placer y que no habia imaginado que coger con otra mina pudiera estar tan bueno.
Las dos estabamos exhaustas y embriagadas de lujuria.
Salimos del agua y nos acostamos asi mojadas como estabamos, abrazadas una a la otra mientras nos besábamos y acariciábamos.
No podia precisar cual de las dos se quedo dormida primero. Lo que si puedo precisar es que al otro dia cuando abri los ojos eran las 12 y media del mediodia y Sofia ya estaba despierta, con el celular en la mano. Cuando vio que me desperte se inclino y me dio el beso mas dulce del mundo en la boca.

-Son las doce y media Sofia, ya habran comido?
-No creo, sino nos hubieran avisado – Respondio
-Todo bien? Seguro estas con el jueguito ese de mierda en el celular…no paras…
-Jajaja, nada que ver tonta, sabes con quien hablo?
-No
-Con el padre de Martín, Alex!

La mire sorprendida mientras me restregaba los ojos

-Sofia, para que carajo queres una televisión tan grande? Debe costar un huevo ademas!
-Jajaja, cuando decis esas cosas Clarita haces que te quiera mas todavia

-Mira – Dijo mientras me extendia el telefono

Cuando mire la pantalla y lei senti que me desmayaba: “HOLA ALEX, SOMOS SOFIA Y CLARA Y TE INFORMAMOS QUE ESTA MISMA NOCHE TE VAMOS A COGER LAS 2 JUNTAS. LLAMAME, BESOS”

En la cama con mi hija

Mi nombre es Daniela y tengo 32 años, mido 1,68 tengo el pelo castaño y mi cuerpo algo blanquita, mis pechos son muy lindos al igual de mi culito, pero lo que mas me encanta es la parte de mi entrepierna que al dejar junatas las piernas queda un huequito mostrando la parte de abajo de mi vagina. Mi hija mide lo mismo que yo, su colita es muy bonita su cintura y sus pechos los saco de mi ya que son un pocko pequeños solamente, es muy bella.
Bueno mi relato comiensa cuando yo esperaba a mi hija que benia del colegio pra almorzar con ella en la casa, luego de almorzar ella me dijo que se iria a tomar su siesta, yo la mire de forma tan exraña porque la forma como vestia se veia muy sexy y al momento de pararse se le levanto su faldita y se le noto un poquito sus braguitas, yo me comence a calentar al ver esa imagen ya que a los 25 me separe de mi marido y no he estado teniendo sexo hace mucho tiempo, aunque me lo han pedido algunos hombres pero ya perdi la confianza con ellos. Despues de que mi hija se acostara fui a espiarla ella dormia profundamente, yo me acerque muy despacio sin meter ruido para no despertarla, ella dormia boca a bajo y lentamente fui subiendo su falda para ver su tanguita cuando logre verla era muy pequeña que tenia al descubierto sus nalguitas, su braguita era tan apretadita que sus labios se marcaban notoriamente, yo estaba muy excitada, era la primera vez que me excitaba con una mujer y menos mi hijita, comence a pasar mi mano por sus piernas hasta llegar a su entrepierna cuando siento que despierta y logro sacar rapidamente la mano sin que llegue a darse cuenta. Luego paso el dia hasta que llego la noche y llego el momento de acoatarse y le propuse que vieramos una peli en su pieza lo cual ella dijo que si, mientras nos acostabamos yo acostada a su lado con unas tanguitas rozadas que se notaba muy perfectamente mi chochito y una polera que por debajo no llebaba nada y my hija vestía igual con su pequeña tanguita, cuando cambiaba de canal pase por una porno y la deje en ese y sin decir nada mi hija las dos las pusimo a ver la pelicula, note que mi hija trataba de rozar su abdomen y su vagina con mi muslo, yo comence a mojarme y ella lo noto y eso la puso muy cachonda que comenzo a rozar su mano por mi pierna y yo sin aguantar mas la bese, estabamos tan caliente que ella se sento en mis muslos y comenzo a besarme mi cuello y luego bajando a mis pechos, ella me decia que le hiciera el amor que la hiciera suya, lo cual acepte, ella comenzo a moverse encima mio como si tubiera yo un pene, gemiamos las dos de placer, que rico mami me decia, nuestas tetas se juntaron y era tan rico el placer que se sentia al tocar la suya, luego la acoste y la abri de piernas y la bese por ensima de su tanguita brillosa por sus jugos de excitación, estaba apunto correrse pero le dije que espere, le saqe su tanguita y saque la mia y me puse encima de ella como si estubiera penetrandola, era muy rico la sensacion, dale mami siiii hmmm estoy muy mojadita dame mas que riiicoooo mmmh mhhh , comence a besarla y en ese momento tubo un orgasmo en mi boca diciendo mmmmmh nuestras vaginas hacian un sonido que los ponia mas cachonda pero llego el momento de corrernos cuando me separe de ella e hicimos las tijereta, su conchita se junto con la mia y comenzamos a movernos y a gemir tan rico mmh siii mjjj mjj hasta que nos corrimos las dos juntas hasta no dar mas aahh mami mmmmh mhh aaaah ahh hijita mi amor, luego de unos minutos nos pusimos a dormir las dos y de ese momento follamos todo el tiempo posible de nosotras como madre e hija

Mi amiga Gabriela

Hola, me llamo Julia y tengo 16 años. Hace unos meses que me pregunto en mi mente la misma pregunta una y otra vez: ¿Soy lesbiana? Todo empezó desde que mi mejor amiga, que se llama Gabriela, me invitó a su casa hace un tiempo para quedarme a dormir.
Cabe aclarar que Gabriela y yo siempre fuimos muy amigas, desde los seis años nos teníamos mucha confianza y siempre estabamos juntas. Ese día, todo parecía normal, toqué timbre en su casa y me atendió, le pregunté que dónde estaban sus padres y me dijo que estaban trabajando y por eso no estaban, que estábamos solas. Vimos la televisión, estuvimos en internet y luego dijo “¿vamos a charlar a mi cuarto?” a lo que yo respondí, “si claro”.
Entramos a su cuarto y ella cerró la puerta, y luego ambas nos sentamos en la cama. Ella me preguntó “¿Julia alguna vez te has besado con una chica?” a lo que yo respondi con la verdad, algo sorprendida con la pregunta “no, nunca me besé con otra chica” y ella contestó: “Yo tampoco, pero me da curiosidad que se siente con una chica” luego nos quedamos calladas y ella me dijo: “¿quieres probar que se siente?” yo la quedé mirando y no le respondí, luego ella me dijo “cierra los ojos” y yo dejándome llevar, lo hice. Sentía su respiración cerca, y luego sentí como sus labios tocaban a los míos, yo correspondí algo brutamente y ella me besaba cada vez más intensamente, pero yo no la aparte, porque en cierta manera me gustaba como se sentía que me bese. Luego ella se separó un segundo para tomar aire y volvió a saborear mis labios, pero con la diferencia de que había introducido su lengua. Cuando lo hizo, sentí en mi intimidad que unos líquidos se escapaban de mi y mojaban mi ropa interior, Gabriela seguía explorando toda mi boca con su lengua, luego, yo hice lo mismo. Introdujé mi lengua, y la mía se encontró con la de ella, y comenzamos a jugar. Gabriela estaba muy excitada y quería avanzar más, se notaba en su agitación y en la forma en que me miraba.
“¿y? ¿Qué te pareció, Juli?”, yo honestamente le dije “creo que me gustó”, a lo que ella respondió “¿Quieres seguir?” y yo asentí, sin saber a qué se refería con “seguir”… ¿seguir besándonos, o hacer algo más que eso?, pensaba.
Entonces se sentó en frente mío, observándome y volvió a besarme, jalándome los labios, pero luego me sorprendió cuando dejó mis labios y lentamente bajo por mi cara hasta mi cuello, con sus húmedos labios, y comenzó a besarlo y lamerlo, como si fuera mi boca. Yo acariciaba su cabello y cerraba los ojos. Luego Gabriela dejó mi cuello y me miró, y me dijo “Quítate la blusa, va a ser divertido”, yo (que ya estaba muy mojada y mi clítoris estaba palpitando) obedecí y sin más, fui deslizando mi blusa, hasta que mi sostén rosa quedo completamente expuesto. Ella dijo “vaya, que lindos senos tienes, son más grandes que los míos” y yo sonreí. Comenzó a besarme de nuevo y mientras lo hacia, me sacó mi sostén. Yo le correspondía muy excitada, estaba muy mojadita y quería que no parara con los besos, pero ella se detuvo para inclinarse sobre mis pechos y dijo: “quiero probar”, yo muy sorprendida contesté: “Que quieres probar qué?” y ella, con una sonrisa libidinosa, me dijo: “Juli va a ser muy divertido y rico para ambas lo prometo, quítate toda tu ropa, yo también lo haré” dijo y se levantó de la cama y comenzó a desvestirse quedando completamente desnuda. Luego me ayudo a levantarme de la cama y me empezó a quitar los pantalones que yo llevaba puestos y no me opuse. Después, deslizó mis pantis por mis piernas y la observó por un momento, mirando lo empapada que estaba… “Recuéstate en la cama Juli” dijo y yo, completamente desnuda, accedí, con un poco de temor de lo que llegara a pasar. Cuando me acosté, Gaby se subió arriba mío y comenzó con sus manos a tocar mis pechos mientras decía “esto lo vi en un video que me hizo masturbarme, vas a ver que te va a encantar Juli”. Gabriela masajeó con sus dedos mis pezones y yo no podía evitar laargar unos suspiros, luego gemí sorpresivamente cuando se inclinó sobre mi pecho izquierdo y atrapó mi pezón con sus labios y lo jalaba para arriba, luego, largé un gemido fuerte cuando empezó a morderlo muy fuerte, era muy rico… Comenzé a gemir cuando mientras se comía mi pezón izquierdo me masajeaba el otro seno con su mano derecha. Luego se deslizó hasta el otro pezón y comenzó a darle lenguetazos y a morderlo “¿Te gusta?” preguntaba mientras chupaba mi pezón desesperadamente “sí, mucho” contesté yo, ya muy excitada sentí otra vez que los líquidos bajaban en mi vulva y, mientras Gaby me mordisqueaba los pezones, bajé una mano hacia mi intimidad y busqué mi clítoris, como ya lo había hecho en muchas otras ocasiones, comenzé a tocarlo y a rozarlo cada vez más rápido, empezé a gemir agitadamente y Gaby lo notó, entonces siguió con la mirada mi mano y vió como me masturbaba y me susurró “quieres que te ayude?” y yo asentí gimiendo. Ella le dio la última chupada a mis pezones y bajó y me miró la vulva y me dijo “sube las piernas y ábrelas” yo lo hice mientras me masturbaba y cuando lo hice estaba llegando ya al clímax y sentí como tooodos mis jugitos se deslizaban en mi. Cuando Gaby vió eso, lentamente se acercó a mi intimidad, y me hizo dar un gemido tremendo cuando empezó a lamer con la lengua todos mis jugitos, lamía como si fuera un gatito bebiendo su lechita, cada vez más y más rápido. Yo gemía sin parar “aaay sí, Gaby, no pares” decía yo y ella seguía chupando, luego le dio una lamida a mi clítoris y cuando lo hizo preguntó: “¿te gusta? ¿quieres que lo haga?” y yo respondí: “sí, házlo por favor quiero que me sigas lamiendo así”. Entonces ella dirigió su lengua de nuevo a mi clítoris y comenzó a moverlo con su lengua hacia arriba y hacia abajo repetidamente y yo gemia e inclinaba mi espalda de placer mientras le decía “aaah ahhh, si, si, Gaby, más, máas, máas”, de pronto llegué al clímax y me vine, Gaby comenzó a chupar todos los jugitos una vez más. Luego se volvió a poner arriba mío y me besó con su boca exquisitamente mojada con mis jugos, buscaba con su lengua a la mía y yo se la ofrecí, y comenzó a juguetear con ella. Yo volví a bajar mi mano y seguía tocándome, estaba muy excitada, quería más.
Gaby vió que yo seguía masturbándome y volvió a meterse en mi intimidad y mientras yo movía mi clítoris con mis dedos, ella lamía todos los jugitos que estaban saliendo, porque yo ya me había venido, y luego dijo: “tengo una idea”. En eso, Gaby hizo que chupe su dedo y empezó a tocar toda mi vulva, desde arriba hasta abajo y yo entre gemidos le pregunté: “¿Qué vas a hacer Gabriela?” y me senté, aún con las piernas abiertas y vi entre ellas a Gaby en frente, fregándome la vagina con su dedo, en eso, escuchó lo que dije y me hizo largar un grito de dolor cuando metió su dedo en mi vagina, empezó a hacerlo cada vez un poco más rápido, al principio me molestaba, pero luego empecé a gemir de placer, ella lo hacía cada vez más rápido y yo gemía cada vez más fuerte y para acallar mis gemidos ella me besaba, mientras ella me besaba, yo comenzé a pelliscarme con los dedos los pezones, para sentir el triple de placer, Gaby notó eso y mientras introducía un segundo dedo, bajó a mi pecho y comenzó a mordisquear mi pezón, que estaba muy arrugadito y durito. Yo gritaba “Ayy Gaby no paress, no pareeessss, muerde más fuerte, maaas raapido, mass rapidoo”, y Gaby hacía todo lo que le pedía, después metió un tercer dedo, y fue ahí cuando me vine y mojé toda su mano con mis jugos, ella me ofreció su mano con mis jugos y yo se la lamí con gusto. Gaby se sentó frente a mi y puso sus manos en mi cintura, y comenzó a besarme apasionadamente, yo traté de complacerla y bajé a su cuello y de su cuello a sus pechos. Sus pezones eran un poco más chicos que los míos y estaban arrugándose en ese momento, yo elegí su pezón derecho y lo atrapé entre mis labios, primero lo tironeé con mis labios, y luego le di unos mordiscos suaves, los incrementé cuando ella dijo “más fuertee, más fuerte Juli”, luego pasé al izquierdo y mientras tanto le pelliscaba el otro, ella muy excitada puso la mano en mi trasero y comenzó a acariciarlo, luego cuando le mordí su botón más fuerte, comenzó a darme nalgadas, a mí me gustaba, así que la mordía más fuerte para que siguiera haciéndolo. Después paré y volví a besarla, nos separamos por un instante y me dijo: “Juli, vamos a la habitación de mis padres” y yo me levanté y asentí con una sonrisa, ella me guío y allí nos acostamos en la cama, y empezamos a besarnos otra vez y esta vez, yo me subí encima de ella. Besé sus dos pechos y luego le ordené que abriera sus piernas, ella lo hizo y me dejo ver una vulva a la que le caían los jugitos, yo no dudé y me deje llevar, me incliné y comencé a chupar los jugos y pensé que sabían bien. Luego hice lo mismo que ella y le lamí su clítoris que estaba muy rosado y levantado, ella gimió de placer y lo hice más rápido hasta que se vino, en eso aproveché que su rajita estuviera llena de jugos, e introdujé un dedo en ella y gritó de placer, ella decía “ay si Juli, más rápido más rápido, no sabés cuanto me gustaa estoo, me encantaaa que me lo hagas”. Luego introduje un segundo dedo y empezó a gritar más fuerte, me decía “aahh, ahhhh, Juliaa estás buenísima, no sabés como deseo comerme de nuevo esas tetas”, yo empecé a lamer los jugitos que le salían y luego me subí a ella para besarla y largarle todos sus jugitos en su boca, para que se los tragara. Cuando nos separamos, ambas nos quedamos recostadas en la cama. Gaby se dio vuelta para verme y me miró de arriba abajo mi cuerpo desnudo, y me dijo: “Estás buenísima Julia, me dejas tocarte por última vez?” y yo asentí y ella me dijo “Tú no hagas nada, quédate quieta, como si estuvieras dormida”. Gaby empezó a lamer mis labios con la lengua y luego me lamió el cuello, después me tocó los senos con las manos, y los masajeaba, luego empezó a pelliscarme los pezones y yo cerré los ojos de placer, después los besó a los dos y empezó a meter mano en mi vagina, la tocaba y la recorría con los dedos, luego se chupó la mano y empezó a acariciarme las piernas “¿te puedes poner boca abajo?” preguntó y yo me di vuelta. Sentí que puso las dos manos en mis nalgas, y luego comenzó a acariciarlas “Siempre me gusto tu trasero y siempre te lo miro”, me dijo y comenzó a besarme las nalgas, luego paso la lengua y comenzó a darme nalgadas “aahh, me encanta” dije yo mientras me pegaba. Luego me di vuelta de nuevo y nos besamos otra vez, con mucha lengua. “¿te gustó?” preguntó ella, y yo respondí: “sí, me gustó mucho”. Luego nos metimos en la ducha las dos juntas y nos enjabonabamos mientras nos tocábamos todo, fue muy divertido.
Ese día sus padres llegaron a las once de la noche, y nosotras nos comportamos como si no hubiera pasado nada, por la noche, cuando terminamos de comer, Gabriela espero a que sus padres se durmieran, y me llevó a su cuarto, apagó la luz y cerró la puerta con llave. Luego me dijo “Vamos a dormir juntas” y yo sonreí. Yo busqué mi pijama en mi bolsa, pero ella me detuvo y me dijo “quiero que durmamos desnudas” y yo le conteste (excitada pensando en como se iba a sentir eso), “¿me ayudas a quitarme la ropa?” y ella comenzó a quitarme la blusa y luego el pantalón, después me desabrochó el sostén y luego me bajó las pantis. Después ella se quito todo, y abrió la cama. Yo me metí primero y luego se metió ella. “¿Qué pasa si alguien viene y quiere abrir la puerta?”, dije yo y ella contestó “sólo yo tengo la llave, les diré que quedó con llave porque me olvidé de quitarla cuando nos estábamos cambiando” dijo con una sonrisa libidinosa y me abrazó por la cintura y yo la abracé por la nuca y pude sentir que mis pezones arrugaditos se rozaban con los de ella. Ella pasó una de sus piernas por entre medio de las mías, y acariciaba con su pierna mi intimidad, yo hice lo mismo, y nos empezamos a besar. Recuerdo que estuvimos así toda la noche, hasta que el sueño nos venció y nos dormimos abrazadas.
Me sigo viendo con Gabriela, y siempre que nos quedamos solas me besa y hace poco me confesó que ella gusta de mí desde hace tiempo, que le gusto físicamente y también emocionalmente. La verdad es que disfruto mucho que me bese y me toque, es muy placentero… pero no sé si podría sentir por otra chica amor profundo y verdadero, y no sólo físico. Porque en realidad, lo que me gusta de Gaby, es que me toque y sienta deseo por mi cuerpo.

Les dejo mi mail: jules_santini@hotmail.com