Archive for the ‘Lésbicos’ Category

Mi primera experiencia

Lunes, diciembre 6th, 2010

Mi primer encuentro sexual a pura conciencia fue a los 12 años. Luego de un año de noviazgo, mi novio de 15 años quería conocerme interiormente y hacerme mujer… Sólo que yo era una niña todavía.

Siempre creí tener muy en claro mi orientación sexual, sabía conseguir las miradas de ellos y despertar sus más profundos deseos. No sabía si ellas me miraban porque yo no las miraba pero el 31 de julio del 2002, a un día de cumplir 18 años, por primera vez miré a una mujer y deseé tocarla…

Para mis 18 años yo ya había estado con muchos hombres, grandes, chicos y algunos me propusiero armar un trío, aunque la gran mayoría estaban muy satisfechos con mi peformance en la cama, a algunos les excitaba pensar a una mujer besándome lentamente los pezones y todo mi cuerpo. Para mi no era necesario, tengo todo lo que un hombre busca en una mujer: buenos pechos, cintura y una cola paradita, puedo ser muy rápida en la cama para satisfacer le penes desesperados de mis novios, tengo ojos verdes y cabello rubio largo donde una vez se entrelazaron los más femeninos dedos. Pero pronto descubrí que para atraer a una mujer se necesita mucho más y eso comenzó a excitarme.

La primera vez que la ví estaba parada entremedio de dos hermanos muy atractivos. Ella destellaba alegría y audacia, pero por sobretodas las cosas su altura y sensualidad despertaron en mi un fuego que nunca había probado. Estabamos en una convención y cuando repartieron los asientos deseé con todas mis fuerzas que se sentara al lado mío; para mi desgracia estuvo muy lejos de mis temblorosas manos…

Entrada la tarde del segundo día de convención me animé a hablarle y resultó ser una chica muy divertida y alocada, con sus ojos marrones penetraba en mi como buscando mi alma peor sin incurcionar con seriedad. Pasada una semana no dejabamos de hablarnos y llegué a conocerla muy bien. Era, es, modelo, estudiando para ser actriz, esbelta y agraciada, con unos pechos fuertes y bien definidos, no muy grandes. La cola con la más bella forma de pera como una Venus. Peor lo que más me gustaban, a parte de su personalidad, eran sus manos.

Ya para septiembre, el mes de la primavera empezaba a surgir efecto: mostrar la carne nos abrió puertas para temas más calientes y descubrí que ella solo había tenido relaciones con un hombre y que lo dejó penetrarla a los 6 meses de estar de novios pero que ya habían tenido jueguitos con la lengua. Me contó que la penetración la asustaba peor que en realidad le daba asco, para ese momento mi condición de amiga me avergonzó porque lo que yo quería era tocarla y todas estas sensaciones eran muy nuevas.

Aunque mi cerebro decía “no lo hagas”, “a vos no te gustan las chicas” mi corazón se debatía como nunca!! Rápidamente me retiré del living y me dirigía la cocina para evitar que viera el rubor de mis mejillas que yo sentía debían estar moradas de la vergüenza. Tomé un vaso de agua y me acerqué hasta la puerta para preguntarle si quería un vaso de agua o un té, la vi recostada en el piso, boca abajo, jugueteando con sus pies y buscando un CD; sin mucho interés me contestó que no.
Pensando como hacer para controlarme escucho como la suave voz de Celine Dione y Barbara Straisen comienzan a arrullar la hermosa canción de Titanic. Tomé el vaso, di un gran sorbo y me dirigí al sillón, cuando estaba llegando la vi arrodillada en un cojín con e invitándome a sentarme en el suelo; tomé uno del sillón y sin vacilar como una niña de 13 años nuevamente me arrodillé.

A ambas nos gustaba cantar y estábamos practicando en una banda así que pensé debe ser una excusa para cantar más cómodas, esta chica no debe desearme, no creo que tenga otras intenciones. Dejé fluir mis dudas y me dejé seducir por su mirada que me incitaba a cantar. Hacía mucho calor y corría a penas una brisa por el ventanal del balcón. Cerré mis ojos y con la pasión que me caracteriza canté, luego me acerqué como inclinada por la canción y sentí como en el climax de la canción ella se acercaba hacia mí. Ah! Mi deseo de tocarla fue incontenible, pero aguanté y al instante siento sus manos en mis mejillas abrí los ojos y vi como su frente se inclinaba sobre la mía; cerré mis ojos nuevamente y sin proponérnoslo nuestras bocas se fueron acercando muy lentamente desde la frente, el roce de su tierna nariz, sentí su respiración muy cerca de mi boca y finalmente la besé. Fue el beso más tierno, más excitante, largo y mojado que jamás una persona me hubiera dado. El solo recordarlo hace mi corazón palpitar.

Tierna como una flor, sensual como una gacela y ardiente como el fuego me acarició lentamente un hombro y se inclinó para besarme el cuello, el placer hizo que un suspiro la frenaran y me mirara a los ojos; estaba llorando. Le sequé sus lágrimas de placer con mis labios y besé los ojos, luego su frente, la tomé gentilmente y de la mano la llevé a la habitación.

Sin parar de besar cada destello de su piel le saqué su musculosa y la rodeé con mis brazos, me puse detrás de ella y dejé al descubierto su bombachita blanca. La di vuelta y ella con su más tierna cara me dijo “seguí, no pares”. La invité a recostarse en la cama que estaba en el medio de la habitación y mi inexperta mano la acarició, le saqué su mojada bombacha y el olor de ésta me excitó tanto que de un arrebato me saqué mi top y me recosté junto ella para besarla. Muchas noches había deseado verla así entregada, vulnerable, llena de goce…

Junto a la mesa habían velas, unos jazmines y un pedacito de chocolate, lo tomé y lo introduje en mi boca, luego comencé a deslizarme por su cuerpo besándola con el chocolate y al llegar a su vientre me incorporé y se lo di en la boca, si más volví chupando el sendero del chocolate y tragué todo ese dulce sabor. Me puse entre sus piernas y las abrí suavemente, mi lengua recorrió sus piernas y el deseo me incitaba a tocar ese pubis expuesto todo para mi pero sabía que este juego le estaba gustando. Al llegar a sus pies lamí cada uno de sus dedos y esto la estremeció profundamente hasta un primer orgasmo. Volví por sus piernas y me encantó el olor que emanaba su vagina mojada y toda hinchadita. Con un poco de miedo de no hacerlo bien le levanté un poco su pelvis y me dediqué a lamer cada parte de so dulce pero saladita vagina. El primer contacto de mi lengua la hizo suspirar de placer y tomó mi cabellera como ordenándome a más placer. Me paseé por su clítoris y escuché que un murmullo agotado de éxtasis me decía “no me metas el dedo, hacéme llegar así”, accedía complacida y dejé sin descanso mi lengua en su clítoris y la chupé durante largo rato; mientras mi mano jugaba con mi clítoris. Sin un solo roce de mis dedos la hice acabar y vi la maravilla de ver acabar a una mujer. Su flujo estalló por su vagina y me mojó mis ya exhaustos labios. Me divirtió esa inspección que realicé por solo unos segundos, como tratando de no perderme ni un momento.

Luego la besé y probó su salado gusto a mar de mi propia boca.

Estabamos exhaustas por completo todo el espectáculo me hizo llegar 3 veces e infinidades de veces tuve picos de desesperación por su lengua invadiendo mi sexo; pero me di cuenta que esa tarde de primavera era de ella.

La tomé en mis brazos y nos abrazamos, nos besamos y en ese último instante se quedó dormida. No puedo expresar la sensación de paz, placer y felicidad que emanaba su rostro, así dormida y en mis brazos me entregué al sueño más profundo de mi vida. Nuestras piernas entrecruzadas, nuestros cuerpos llenos de sudor y nuestras respiraciones que se cruzaban como si fuéramos parte de una cadena indestructible.

Dormimos hasta la madrugada y para mi sorpresa ella se despertó antes que yo, me miraba y con una sonrisa tentadora me dijo “vamos a darnos un ducha, ahora te toca a vos”

Esos momentos siguen excitándome y recordar sus pezones descansar toda la noche en los míos me estremece. Ahora comparto mucho con ella, de vez en cuando vamos a su casa para acariciarnos. Estuve con otras mujeres y con chicos también, pero nadie me hizo sentir tan feliz como verla a ella feliz en mis brazos.

Gracias por escucharme y les deseo estos momentos a todas ustedes, porque el amor no tiene ni sexo ni edad ni descripción posible

Paz, amor y felicidad en el mundo,

Sakmeth

Sakmeth@hotmail.com

Mi compañera de trabajo

Lunes, diciembre 6th, 2010

Ana es mi compañera de trabajo, desde hace solo un mes. Ella es rubia, ojos verdes y físicamente muy atractiva, desde el primer día que la vi entrar por aquella puerta, vestida con un traje de chaqueta super ceñido me gusto.

Os tengo que decir que yo no soy lesbiana, o por lo menos eso pensaba hasta que conocí a Ana, antes me atraían mucho los chicos, y nunca antes me había gustado ninguna chica. Pero no sé, Ana era especial.

Una noche, cuando todos se habían ido mi jefa llamo a Ana y le comento que se tenia que quedar mas tarde porque le urgía unas facturas, y yo para que Ana no se quedara sola le comente a mi jefa que tenia que hacer unos cuantos presupuestos que sino le importaba que me quedara un par de horas y mi jefa ascedió.

Pues mi jefa se despido de nosotras y le dio las llaves a Ana para que cerrara la oficina.

Ana se sentó justo al lado de mi mesa y me comento que estaba un poco agobiada porque era su primera semana y ya le estaban obligando a hacer horas extras, y yo para consolarla le dije que era normal que de vez en cuando alguien se quedara a terminar cosas pendientes. Y le comenté que a mi también me había dicho la jefa que me tenía que quedar a terminar los presupuestos. Ella me sonrió y me dijo que se sentía aliviada, porque pensaba que por ser su primera semana la jefa la estaba poniendo a prueba.

Ana se sentó en su mesa y empezó a terminar sus facturas pendientes, yo desde la mía solo podía mirar esas largas piernas que se veían debajo de su falda. La verdad es que me estaba sorprendiendo a mi misma, ya que pensaba como seria Ana sin toda aquella ropa, Ana acalorada se quito la chaqueta y se le vio un busto precioso por el escote tan pronunciado que llevaba, cada vez me notaba mas excitada, pero intentaba disimular lo que estaba sintiendo, Ana se quito los zapatos y dejo al desnudo sus preciosos pies.

Entonces me acerque y le pregunte que si tenia calor, ella me contesto que si y yo le dije que iría a poner el aire acondicionado y ya me contesto que no, que estaba acalorada por otro motivo.

En ese momento un pellizco recorrió mi estomago, parecía que Ana se estaba insinuando. Pues yo no aguantaba mas y me acerqué a ella, y la besé, Ana me respondió metiéndome hasta el fondo su jugosa lengua muy juguetona. Le fui quitando uno a uno los botones de su blusa, y para mi sorpresa Ana no llevaba sujetador, la blusa cayo al suelo y quedaron totalmente al descubierto sus pechos enormes, le toqué suavemente los pezones y Ana gremio, estaba mas excitada de lo que yo pensaba, lentamente le fui lamiendo su dulce cuello y bajando hasta llegar a esas montañas tan lindas que ansiaban ser lamidas.
Le chupé todo su pecho y fui bajando lentamente hacia el volcán caliente , a punto de entrar en erupción, le baje la falda, lentamente le quité sus medias, y que rico que lo tenia, bien depilado, y que jugoso que estaba… Le lamí todo su coño y Ana me decía loca mas, mas, chúpamelo mas, que rico, como me gusta tu lengua, Ana se corrió varias veces y empezó a besarme ansiosamente, me besó, me acarició y succionó todos mis jugos y me metió la lengua hasta llegar a hacerme correr varias veces, me metió un dedo, luego dos, y a continuación me volvió a meter la lengua en el coño, haciéndome correr otra vez.

Escuchamos un ruido nos vestimos rápidamente y cada una volvió a su mesa, para nuestra sorpresa era la jefa, que se le habían olvidado unos papeles para una reunión que tenía, nos comento que se había tenido que volver justo antes de entrar en la reunión y nosotras con risa picarona nos miramos y pensamos que hubiera pasado si hubiera entrado antes.

Actualmente Ana y yo hacemos el amor, casi cada día.

Mas, en otra ocasión.

La maestra de biología

Lunes, diciembre 6th, 2010

Esto es algo que me sucedió hace unos meses, mi nombre es Astrid, tengo 18 años, estoy en el ultimo año de escuela, me considero una persona muy abierta en lo que a lo sexual se refiere, he tenido experiencias con chicos y chicas por igual, no me encasillo en heterosexual o lesbiana, me gusta disfrutar del sexo, para que se hagan una idea de mi me describiré, soy de piel morena-clara, mi pelo es negro, me gusta mucho hacer ejercicio, mi medidas son 91, 62, 92, no son las medidas perfectas, pero me considero bastante bien.

Estudio en un colegio privado, exclusivo para “señoritas”, dirigido por religiosas, es bastante estricto, pero muy bueno, soy una estudiante de regular a buena, no me gusta estudiar en vacaciones, por eso siempre he tratado de ganar todos los cursos en el ciclo regular, pero el año pasado, tuve mucho problemas en el curso de biología, la verdad es que no me podía concentrar en clase, pues la maestra es una mujer de 28 años, un poquito mas alta que yo, mi estatura es de 1.68 m aproximadamente, su nombre es Elena, su cabello es castaño claro, largo, tiene un cuerpo hermoso, unos senos no muy grandes, pero si muy hermosos, redondos, con unos pezones rozados bastante grandes, unas piernas largas, muy bien torneadas, un abdomen espectacular, ojos color miel, una carita preciosa, pero lo mejor es su hermoso trasero, firme, redondo y paradito, a la clase siempre llegaba muy elegante, por lo general en falda, un poquito arriba de la rodilla, pero muy pegada, con lo que su hermoso trasero se resaltaba perfectamente, siempre en clase me quedaba viéndola sin prestar atención a lo que decía, y cuando estudiaba en casa, siempre me recordad de ella, y mi cabeza empezaba a divagar, a imaginarme a mi con mi maestra, en todas las cosas que le haría, y en lo rica que debería de ser en la cama, en fin perdí el curso, nos habíamos hecho buenas amigas, por lo que le preocupo en especial, el que yo hubiera perdido, mis padres esta divorciados, mi papa trabaja fuera de mi ciudad, y mi mama, también maestra, aprovecha el descanso de clases para irse con mis abuelos a su casa, cerca del mar, a donde yo también siempre voy.

Mi mama fue a platicar con mi maestra, porque debido a que perdí, yo me tenia que quedar, y como mi abuela estaba enferma, ella tenía que ir a cuidarla, Elena, a pesar de ser una mujer sumamente hermosa, aun estaba soltera, vive en un apartamento en una zona residencial, mi madre no me quería dejar sola, entre Elena y yo existía confianza y una amistad, siempre con la distancia alumna maestra, discutiendo al respecto, Elena le dijo mi mama que si yo quería, me podía quedar con ella, en su apartamento, y que ella se encargaría de mi, y de que estudiara, yo me emocione demasiado, no habían terminado de discutirlo cuando yo ya había aceptado.

Mi mama se tenía que ira a los pocos días, así que me mude a casa de Elena, su apartamento no era muy grande, dos habitaciones, cocina, sala, comedor, baño, pero si muy bonito y bien decorado.

Elena era muy amable, nos hicimos verdaderas amigas, por la noches hablamos de todo, pero nunca tocamos el tema del sexo, en fin, el curso duraba tres semanas, las cuales se pasaron volando, y con mi maestra particular, no tuve problemas en ganar, pero no tenia ganas de irme, mi madre me llamo para decirme que me esperaba, Elena tampoco tenía muchas ganas de que me fuera, pues la pasábamos bien juntas, y le pidió a mi madre que si me podía quedar con ella el resto de las vacaciones, a lo que mi mama accedió. Yo no sabia cuanto más iba a aguantar, me masturbaba casi todas las noches pensando en Elena, pero ella no daba pie a proponerle algo, yo me sentía muy frustrada.

Una noche de viernes, después de suplicarle salimos a bailar, ella no quería porque decía que yo era menor, que era su responsabilidad, pero al final accedió.

En el lugar, conocí a otra Elena, al llegar, todos la saludaban, era muy popular en aquel lugar, era muy amiga del dueño del lugar, nos sentamos en una mesa, y pedimos dos gaseosa, pero al llegar, le llevaban gratis una botella de ron, Elena pidió que la devolvieran inmediatamente, pero el mesero le dijo que era cortesía de la casa.

— No podemos beber, estas bajo mi responsabilidad— me dijo

— Por favor, por favor— le suplique,

— Claro que no, no y no, además eres menor de edad (en ese entonces tenía 17 años). Ya es ilegal que estés aquí

— Pero si quiero beber, lo voy a hacer, y es mejor que lo haga con alguien responsable como tu

— Bueno, pero solo uno

— Pero no quiero tomar sola, vamos, acompáñame— yo sabía que tal vez con licor podía seducirla

Seguimos bebiendo, platicando, bailando, hasta que se hizo tarde, llegamos a casa medio borrachas, riéndonos por todo, entramos a su cuarto y nos caímos a la cama, yo encima de ella, estuvimos así un instante, pero no se si por el alcohol, pero me decidí ha hacerlo, y la besé en la boca, ella se quedo quieta, luego me empujo hacia un lado.
— ¿Qué crees que haces? ¿por que clase de persona me tomas? — se paró y se puso viendo hacia fuera por la ventana de su habitación.

— Perdona, pero es que no podía aguantar mas, desde que te vi en clase me gustas demasiado,

— Estás loca

— Si estoy loca por ti— me paré, me acerqué a ella, y la abracé por la cintura

— Estás borracha,

— No es el alcohol, eres tu— y le metí las manos por debajo de la blusa

— Suéltame, es una locura— me quitó las manos y se sentó en la cama, viendo para otro lado

— ¿Qué? ¿acaso no te gusto? ¿acaso soy fea? — dije mientras ponía una cara de niña triste

— No eres parada nada fea, pero eres solo una niña, y además mi alumna

— Pero soy una niña que te gusta, si me dejas te puedo demostrar que no soy tan niña, que me puedo comportar como una verdadera mujer— le dije esto mientras me quitaba la blusa

— ¿Qué haces? vístete y vete a dormir— se paro de nuevo y volvió a irse junto a la ventana, pude notar que estaba bastante nerviosa, y que si realmente hubiera querido que me fuera, ella misma me tomaría del brazo y me sacaría

Me quité el pantalón, y el brassiere, quedando únicamente con una pequeña tanguita, me acerqué a ella, le desabotoné la falda, y esta callo al suelo, me agache y empecé a besarle los pies, las piernas, hasta llegar su trasero, donde me detuve, ella llevaba un calzoncito rozado muy lindo, se lo corrí un poquito a lado, y le besaba las nalgas, con una mano me tocaba mi chochita, y con la otra trataba de llegar a la de Elena, al ver para arriba, vi como ella se apoyaba en el balcón.

Se volteo, yo me quite la tanga, luego hice lo mismo con su calzoncito, puede ver esa hermosa chochita que por tanto tiempo solo pude imaginar, estaba perfectamente depiladita, con solo una línea de bello sobre ella, empecé a lamerla, comerla besarla, jugueteaba su clítoris con mi lengua, y le daba leves mordisco a sus labios, ella se quito la blusa y el brassiere, y empezó a juguetear con su senos, emitía pequeños gemidos que a mi me ponían a mil, con mi otra mano me masturba, estaba por correrme, ella me paró, quedamos frente a frente.

— Estas loca mi niña— me dijo, luego de esto nos dimos un largo y apasionado beso, su lengua recorría toda mi boca, yo trataba de hacer lo mismo, luego me tomo de la mano y me llevo a la cama, me empujo, yo abrí las piernas, ella se hincó en el suelo y comenzó a hacerme uno de las mejores chupadas de mi vida, en verdad sabia como hacerlo, no pude resistir mas y exploté en un orgasmo, ella trato de no desperdiciar nada, se acercó a mi y me dió a beber de mis propios jugos.

— Compórtate como mujer, como lo prometiste y hazme acabar

Estaba totalmente sorprendida, esta era otra Elena, era una verdadera leona en la cama, ni en mis fantasías era tan delicioso, puse mi cabeza entre sus muslos, y empecé mi trabajo, ella tampoco tardó mucho en acabar, sus fluidos salían a montones, empapando toda mi cara, luego ella lamió toda mi cara, nos besamos y nos quedamos dormidas.

Al siguiente día, me desperté antes que Elena, y me fui a duchar, tenia poco tiempo en la ducha, cuando sentí entrar a Elena, se metió ala ducha, y me abrazo por la espalda, no cruzamos palabra, me beso el cuello, la espalda, hasta llegar a mi trasero, separo mis nalgas y empezó a lamerme el ano, su lengua recorría todo mi orificio trasero, se paró y se alejó.

Yo voltee y vi como se metía dos dedos en su vagina, luego se me pegó, me volvió a separar las nalgas, y comenzó a meterme primero un dedo, luego dos entre el ano, esto realmente me gustaba mucho, yo no era virgen del ano, pero al ver a Elena cogerme por detrás, realmente me excitaba. Pasamos así un ratito, luego saco los dedos y los lamió, me los dio a lamer a mí.

Salimos de la ducha, fuimos al cuarto, ella saco un par de consoladores, yo me acosté boca arriba y ella encima de mi, en posición de 69, ella me comenzó a lamer, y luego me metió el consolador en mi chochita, era riquísimo, mientras me cogía me lamía, yo por mi parte hacía lo mismo, le empecé a hacer sexo oral, y a meterle el consolador, pero mi excitación era mucha y terminé mucho mas rápido que ella.

Ella se levantó, yo me paré, se puso en cuatro, me puse detrás de ella, le comencé a lamer la vagina, llegando hasta el ano, y le metí el consolador en la vagina, Elena gemía y se retorcía de placer, luego lo saque y lo puse en la entrada de su culo, me pidió que le pusiera un poco de crema, porque no era tan experimentada en el sexo anal, le puse un poco de crema en el ano, y al consolador, luego lo introduje, ella grito, lo saque despacio, y lo volví a meter, cada vez aumentando un poco la velocidad, hasta que la estaba penetrando con todo, ella apretaba y mordía las sabana, emitía gemidos súper excitantes, yo estaba mil, al ver ese hermosos trasero, siendo penetrado, y totalmente a mi disposición, Elena callo en la cama, aún gimiendo, estaba teniendo un gran orgasmo.

Se dio vuelta, me acosté sobre ella. Y nos besamos por un largo rato

Aun nos quedaban un par de semanas, las cuales aprovechamos al máximo, teníamos sexo día y noche, fueron de los mejores días de mi vida, los que compartí con mi maestra de biología.

Ella aún da clases en el colegio, pero no me da a mí, todavía tenemos encuentros, ya quedamos que para estas vacaciones nos iremos de viaje juntas.

Descubrí que era lesbiana, una noche…

Lunes, diciembre 6th, 2010

Hola, me llamo Alyssa, tengo 20 años y voy a contar la relación esporádica que tuve con una chica que no conocía de nada.
Un día del mes pasado (julio), estaba con unos amigos, en Benidorm, en una de las discotecas bailando y bebiendo.

Les dije que me esperaran que iba a ir al aseo un momento, que no se moviesen de allí.
Fui al aseo, para mi sorpresa estaba vacío (jamas lo había visto con menos de 3 o 4 metros de cola), y entré.

Me puse a mirar para ver cual estaba limpio para entrar, y al asomarme a uno, vi a una chica preciosa, morena de ojos claros, y morenita de piel, de unos 22 o 23 años haciéndose un dedo.

Me quede de piedra, y me subí con mis amigos otra vez a seguir bebiendo y bailando.
Pero pasada como media hora, decido bajar otra vez, no sabia muy bien por qué, porque hasta ese momento no creía ser lesbiana, pero el caso es que bajé al aseo y entré.

La chica estaba allí, y me dijo:

— Hola, te estaba esperando…
— ¿A mi? — Dije yo
— Si, sabia que volverías a bajar.

Le dije la verdad, que no sabia ni porque había bajado, que supongo que sería curiosidad.
Me dijo si la acompañaba un momento a su casa, que vivía cerca, en unos apartamentos a 5 minutos de allí, dije que si, y salimos hacia allá.
Por el camino no dijimos palabra.

Cuando llegamos a su casa, me dijo que si yo era lesbiana, le contesté que creía que no, pero que desde que la vi en el aseo, no estaba segura.
Nada mas decir esto, me besó, y fue un beso dulce y apasionado, el mas apasionado que jamas me habían dado.

Me besó el cuello, la cara, los labios, me quitó la camisa, y me besó los pechos, los chupó, los lamió, los rozó, los acarició, me dijo que eran los pechos mas bonitos que había visto nunca.Cuando termino con mi tetas, me tumbó en el sofá, me quito el pantalón, me bajó las braguitas y empezó a acariciarme el coño, tan suavemente q me estremecía aun mas.

Después empezó a lamérmelo, a chuparlo, yo estaba que me retorcía de gusto, me encantaba aquello, ningún chico me había comido tan bien como aquella chica preciosa.

Me siguió chupando el coño, y me dijo:

— Cuando te falte poquito para correrte me avisas.
— Vale

Cuando note q me llegaba el orgasmo, la avisé y ella paro en seco de chuparme.

Le dije: ¿que pasa?

Me contesto que no era nada, que me tumbase.

Cogió un consolador y empezó a pasarme la punta por mi coño, y a la vez volvió a lamerme las tetas, al final no puede mas, y le dije:

— Por favor cielo, no me hagas esperar mas, ¡métemelo yaaaaa!

No se hizo esperar mas, me besó en los labios, y me metió el consolador lentamente, muy, muy despacito, muy suave.

Poco a poco empezó a moverlo mas rápido, cada vez mas y mas rápido a la vez que besaba mis pezones de punta.

Al cabo de un ratito, le dije “que llega”, y ella aparto el consolador y empezó a lamerme el coño, quería q me corriese en su boca y así paso, me corrí en su boca y eso me encantó.

Me quede alucinada, no sabía que hacer ni que decir, hasta hacia a penas una hora no tenia ni idea de que me atrayeran las mujeres, y ya acababa de tener un orgasmo maravilloso.

Cuando por fin pude reaccionar, me levanté y la besé, estuvimos besándonos mucho tiempo, jamas nadie me había besado así, tan dulcemente, estaba increíblemente enganchada por esa mujer… y ella de mi.

Me levanté cuando quede saciada de su boca y le acaricié el coño, estaba muy húmedo, estaba muy excitada, y por la curiosidad y porque me gustaba esa chica, empece a lamérselo, despacito, pues no lo había hecho nunca, era la 1 vez que lo hacia con una mujer.

Estuve largo rato así chupándole, metiéndole la lengua todo lo que podía.

Pare y le dije:

— Dame el consolador.
— No. Te voy a dar uno mejor que este.

Me dio un consolador que iba atado a la cintura, me até las correas, y muy despacito, empecé a metérselo, pero ella gritó:

— ¡¡¡Métemelo hasta el fondo!!!.

Y eso hice, empujé el consolador atado a mi cintura y se lo hinqué hasta el fondo, y empecé a moverme como una loca, metiéndoselo y sacándoselo, muy rápido, y cuando vi en su cara que iba a correrse hice lo mismo que ella hizo conmigo, puse la boca para que se corriese con mi legua, y así lo hizo.
Nos quedamos las 2 tumbadas en el sofá, llamé a mis amigos diciendo que estaba bien y que se fuesen sin mi, y nos quedamos toda la noche abrazadas y besándonos, acariciándonos el pelo, y le dije:

— Creo que me has aclarado que si soy lesbiana. Por cierto… ¿como te llamas?
— Olga ¿y tu?
— Alyssa.
— Que nombre tan bonito, me gusta igual que me gustas tu.

Al día siguiente me levanté, la besé, y me fui a mi casa.
Ella vive en Benidorm y de vez en cuando quedamos para vernos y disfrutar mas veces de la experiencia sexual mas maravillosa e inesperada de mi vida.

Un beso amigos

Juegos secretos

Lunes, diciembre 6th, 2010

-¡Dios mío que sol tan intenso! Mi piel amenazaba con llenarse de ampollas de seguir un minuto más bajo el ardiente sol de Agosto. El mar reflejaba sus rayos y el blanco de la cubierta cegaba nuestros ojos.

-Si no me doy una ducha, se me cuarteará la piel como a un lagarto – Suspiré.

-Exagerada…! – dijo Lucia… Ella podía pasarse horas y horas bajo el sol sin apenas cambiar de posición. Yo me desesperaba…procuraba tener un cubo de agua cerca de mi para irme mojando, pero el agua se había calentado y ni refrescaba ni calmaba ya mi piel.

Me incorporé con cierta prudencia, puesto que estábamos atracados en el puerto, y aunque tomábamos el sol en la cubierta superior, a resguardo de miradas indiscretas, íbamos completamente desnudas. Me puse el bikini, intentando no levantar demasiado el cuerpo. Al bajar las escalerillas vi de refilón una cabeza de pelo oscuro que merodeaba por el barco. Me extrañó. Los maridos y el patrón se habían ido a Khama, un pueblo de al lado a buscar unos equipos de inmersión. Ella y yo preferimos quedarnos en el barco tomando tranquilamente el sol.

-Lucia….no estamos solas!

-Que dices?, no puede ser. Nos han dicho que volverían a mediodía para comer!

-Te juro que he visto una cabeza rondando por abajo- Insistí.

Lucia se incorporó, más descuidada que yo, agarró un vestido de punto que tenia allí, y se lo puso precipitadamente.

Bajamos las dos por la estrecha escalera. Lucia iba delante, yo la seguía pegada a sus talones. Allí vimos al intruso, mirando por una de las ventanas de espaldas a nosotras.

- Oiga!!!! – dijo Lucia muy decidida  en un tono brusco e imperativo.

El fisgón se dio la vuelta sobresaltado, poco faltó para que se le cayera la caja que llevaba. Al darse la vuelta pudimos leer en la parte izquierda del polo blanco que llevaba, “BAR GOLOSO”. De la caja asomaban unas botellas de vino. El marido de mi amiga lo había encargado en el bar del pequeño puerto y mandó que lo trajeran al barco, es lo que nos contó más tarde. El chico, un guapo italiano de no mas de 25 años, se excusó en su idioma o eso es lo que supusimos al ver su cara. Ella y yo nos miramos divertidas por el incidente.

Se quedó con la caja en las manos, mirándonos sin saber que hacer, Lucia, se acercó a el, y cogiéndole por el brazo lo llevó hacia el interior para que dejara la caja al lado del frigorífico. El chico obedeció mansamente. Yo les seguía y le observé con el detalle que mi mente juguetona me permitía!… Tenia unas piernas bien formadas, apenas con vello, el culito respingón y unos buenos hombros. El peso de la caja tensaba los músculos de sus brazos, y bajo el pelo moreno, negro tizón, unas gotas de sudor perlaban su nuca…

- Lucia- le dije en voz alta, amparada en la imposibilidad de que el chico  me comprendiera -¿Sabes que este tío está muy bueno?

- Pero que dices! Si es un crío!… – Me contestó volviéndose para echarle una ojeada sin cortarse demasiado.

- Si, si, un crío , pero está buenísimo! –Repliqué.

Llegamos al frigorífico, y Lucia le indicó por señas que dejara la caja al lado. El muchacho levantó la mirada hacia ella sin saber que decir. Era obvio que no hablaba más que italiano, puesto que en nuestro pobre ingles intentamos hacernos entender y no lo conseguimos.

-Pobrecillo, menudo susto se ha llevado! ¿Has visto como suda?…- Le dije sin dejar de mirar al moreno muchacho -Ofrécele algo para beber, se lo ha ganado.

- Estas pensando lo mismo que yo?- Me dijo abriendo la puerta del refrigerador…

Con un gesto de ofrecimiento le mostró al chico las bebidas para que tomara libremente lo que le apeteciera. Para que no se sintiera solo sacó un par de latas de coca cola, para ella y para mi. El, tímidamente cogió un botellin de Malvasia, era la cerveza que se bebía en la zona. Nos obsequió con una amplia sonrisa mientras abría la botella con el abridor que le tendí. Engullía el liquido dorado con evidente placer, su nuez subía y bajaba con cada trago mientras las dos le observábamos, ajeno por completo a nuestras retorcidas intenciones…

- Oye Joana, tienes razón es un bollicao monísimo…te lo imaginas sin camiseta? Tendrá buenos pectorales?…- Me dijo en un tono muy juguetón.

- A que no te atreves a coquetear con el?- Le contesté provocándola.

- Estas loca?, para que luego vaya corriendo a contarlo al bar del puerto.

- Y quien le iba a creer?, dos mujeres casadas respetables y serias, seduciendo a un jovencito? Pensaran, o que esta borracho, o que le ha afectado el sol.

Vi esbozar a Lucia una sonrisa llena de muy picaras intenciones. Su rostro se iluminó, y entornó sus grandes ojos mientras me decía mirándole a él…

-Y yo con estas pintas!. ¿No me podría haber puesto un pareo o algo más sexy en vez de este horrible vestido?

- Si, si…- Le contesté yo- Como que se esta fijando mucho en el vestido. No pierde detalle de la evolución de tus pezones. Se te han erizado después de tomar el trago de coca cola!.

El chico se había quedado como atrapado mirando las protuberancias que se marcaban bajo el fino tejido del vestido.

La muy descarada de Lucia, aprovechando esta apreciación, pasó disimuladamente la lata fría y mojada por encima de ellos. Miré, divertida, la reacción del muchacho…Se reía tímidamente, hablaba nervioso aun sabiendo que no le comprendíamos nada. No sé si nos desafiaba, o simplemente nos llamaba descaradas, por decirlo suave. Pero nosotras lo estábamos pasando pipa. Lucia no se cortaba. Desde hacia años sabía que podía ponernos en situaciones impensables, y aquella mañana prometía ser una de esas.

El chico parecía un poco incomodo y no podíamos permitir que se fuera.

- Creo que lo estas asustando- Le dije cautelosamente.  Entonces me dirigí yo a él y en el poquísimo italiano que conocía e improvisando incluso palabras le dije que “Buenísimo jorno”, “molto calore” restregando mi mano por mi cuello y escote, escenificando una sensación exagerada de calor. El entendió y asintió tocándose también su cuello sudoroso. ¡La oportunidad! Le hice un gesto como para que se quitara el polo, miró a Lucia, que aprovechó la ocasión para animarle también. El chico dejó la cerveza en el mostrador del bar y cogiendo el polo por la parte trasera del cuello, lo estiró sobre la cabeza  descubriendo un torso joven, moreno y bien formado…

Mientras la camiseta le tapaba la visión Lucia y yo nos miramos, y con un simple gesto nos pusimos de acuerdo de que íbamos a divertirnos con él.

Eso me excitó muchísimo, hacía tanto tiempo que no tonteábamos con hombres!. Era una travesura  que alguna vez habíamos practicado en la facultad, pero nunca más, desde entonces, volvimos a actuar juntas. Eran momentos excitantes, la verdad es que nunca conseguimos gran cosa. Los chicos se asustaban, o pensaban que éramos unas crías…Esta vez y después de muchos años las ganas de divertirnos como entonces nos dieron esa chispa y la aprovechamos. Giaco, tomó de nuevo la cerveza. Directamente en castellano, e importándome muy poco que no me entendiera, le fui hablando tiernamente mientras rozaba su pecho con mi lata fría. El muy bobo se rió.

- Mira el niño, este….parecía tonto…y se está dejando seducir….- Dije melosamente sin dejar de mirarle a los ojos.

Lucia me abrazó por detrás, mirándole sin duda. Me mordisqueaba el hombro y  me movía en un ligero vaivén…Giaco nos miraba…un tanto atónito,  pero seguía firme en su posición, permitiendo que la lata descendiera por el ombligo y reposara en la cinturilla de su  pantalón.

Lucia deslizó su lata goteante sobre mi pecho, mojándome la piel, erizando los pezones…Giaco, se reía nervioso, su mano se fue a la entrepierna y las dos miramos lo que nos quería mostrar.

- Este chico se esta poniendo bueno! Uhmmm, y yo también…Noto como me estoy mojando…- Le dije a mi amiga .

- Como te llamas? Name? – Eso si lo entendió.

- Giaco…Giacomo! – Dijo escuetamente.

- Hola Giaco! – dijimos las dos al mismo tiempo como si fuéramos miembros de un coro.

Lucia tenia una actitud muy mimosa y cariñosa conmigo, no es que fuera bisexual, solo era una interpretación que sabíamos tenia mucho efecto en los hombres. Alguna vez nos habíamos extralimitado, e incluso nos llegamos a besar en los labios y a magrearnos cual lesbianas, pero de eso hacia siglos y esa afición se quedó suspendida en el  tiempo.

Nunca más volvimos a las andadas, el fin de los estudios y la aparición de los novios formales, nos hicieron vivir de una forma mucho mas adulta y madura (eso se suponía). Nos llamábamos de vez en cuando, pero yo me trasladé de ciudad y la amistad se fue enfriando, hasta no hacía mucho que un reencuentro inesperado nos volvió a unir, esta vez  con una vida a nuestras espaldas, con hijos adolescentes en ambos casos, con penas y glorias, pero con muchas ganas de volvernos a sentir tan amigas como lo fuéramos entonces. Prometimos no volver a perdernos el rastro, y organizamos una cena con los respectivos, y de allí a unas vacaciones juntos los cuatro, costeando Italia. Desde hacía dos días estábamos atracados en Pantelaria, un puerto muy pequeño al lado de Silcilia.

El juego había empezado, la tenia detrás de mi, abrazada a mi cintura, provocando el temple de un pobre chico.

Sus dedos soltaron, el cierre del bikini, y con la mano lo arrastró por encima de mi cabeza acariciando a su paso mis pechos. Giaco trago saliva,  pero no se cortó, sus toqueteos a la entrepierna aumentaron y no hacia más que mostrar el abultamiento de su pene…

- La madre que lo parió! ¿Has visto la erección que tiene? Dijo Lucia, alborotada.

- Le voy a quitar el pantalón….¿Crees que se dejará? Le dije, sin apartar la vista de aquella mano juguetona.

Alargué el brazo hacia el botón del pantalón, menuda cara de tonto se le quedó, pero no me lo impidió, le desabroché el botón, atrevida y envalentonada por las palabras de Lucia que me animaban y divertían. Luego la cremallera…Él mismo, hizo un movimiento de cadera y el pantalón  cayó al suelo. Debajo llevaba un simple slip azul marino, sin aberturas, con el elástico superior en blanco. Apenas podía contener la erección. Su pene se escapaba por los laterales, por arriba… según él tocaba y tocaba.

Su mano derecha se dirigió dudosa a mis pechos, los tocó torpemente, como con prisa, como temiendo que ese divertimento acabara con un bofetón o algo así. Yo miraba su cara, sus ojos brillaban y sus dientes mordían el labio inferior mostrando unos bonitos dientes blanco intenso que contrastaban con su piel tan morena.

- Menudo bombón estás hecho guapo. Dijo Lucia separándose de mi y colocándose tras él.

Vi como se bajaba los tirantes del vestido y como sus pechos, sus grandes pechos, redondos y duros, apetecibles hasta para mi, se posaban en la espalda de Giaco. Yo le veía la cara y de verdad era un autentico poema! No se atrevía a moverse.

-Si le vieras la cara…! -Verdad Giaco, corazón…! -Le apunté melosamente a ella.

Al escuchar su nombre sonrió, sin entender lo que le decía.

Las manos de Lucia le rodearon el pecho, y se deslizaron por su cintura, rozando el slip.

-Bájaselo…- La animé.

-Ostras, es que no me atrevo…..¿Lo hago?…- titubeaba indecisa…

- Venga Lucia, a por todas!  ¿Quien se va a enterar? …

Ni yo misma pensé que lo hiciera, y tampoco sé lo que pensó Giaco, pero cuando Lucia metió los dedos en el elástico para deslizarlo por la cadera, Giaco se llevó automáticamente las dos manos a su abultadísima entrepierna. Lanzó un gemido, y nos miró con ojos de cordero degollado. En su slip apareció una mancha pegajosa, mientras sus abdominales se contraían y distendían, y su respiración agitada se entrecortaba.

-Pero si se ha corrido!….- Dijo Lucia estupefacta – Si apenas le he tocado!

Nos dio un ataque de risa, nos partíamos las dos, mientras el se subía a toda prisa el pantalón, cogía el polo y salía zumbando por la pasarela.

Nos reímos con ganas, como hacía tiempo que no lo hacíamos…recordando la cara del pobre Giaco y lo gamberras que habíamos sido.

La dos nos quedamos alborotadas como unas crías, sentadas en el sofá medio desnudas, nos empezamos a mirar los pechos, los de Lucia eran para admirarlos.

- Sigues teniendo los pechos  preciosos – Le dije a mi amiga mirándolos con una envidia tremenda

- Si? Tu crees? – Contestó asiéndolos con sus dos manos y elevándolos.

- Se te notan tan duros!

Mi mano se fue hacia ellos. No pude detenerla. Quería apretarlos, me apetecía succionarlos. Estaba excitada, muy excitada. Lucia me miró entre sorprendida y complacida. Me detuve avergonzada. ¡Es que me salió del alma!. Los toqué, no para ver la dureza, creo que el roce era un impulso de deseo, y ella así lo entendió.

Nos miramos incrédulas….nos separamos. Y nos quedamos mudas sin saber que decir ni a donde mirar. Me voy a duchar, dije por fin buscando una escapada a esa situación.

-Voy contigo – me dijo Lucia cogiendome de la mano y llevándome al baño de su camarote. No dije nada más, me deje llevar, y me metí con ella en la ducha.

De repente la Joana, valiente y decidida, la juguetona y provocadora se había quedado como un gatita asustada, obediente y sumisa. Sin pronunciar palabra me quité la braguita del bikini, ella se había quitado ya el vestido antes de entrar.

La ducha no era muy grande,  lo suficiente para caber las dos. Cerró la mampara y allí nos quedamos juntas, muy juntas separadas solo por una fina cortina de agua tibia. Me di la vuelta, no sabia que hacer…me apetecía mucho esa intimidad, pero era torpe con los gestos. Ella más decidida cogió gel, lo puso en su mano y me frotó la espalda, lenta y suavemente. Para no impedirle el acceso levante los brazos y los apoyé en la pared. Le dejaba el campo libre para que tocara y jabonara todo mi cuerpo. Me estaba excitando de nuevo, la calidez del agua cayendo entre las dos, y sus manos cuidadosas, temblorosas, pero decididas, acariciando mi cuerpo con la suavidad de la espuma…Uhmmm.

Noté un beso en la nuca, noté un jadeo en mi oído, y noté sus esculturales pechos pegados a mi espalda. Luego su pelvis en mis nalgas, y sus manos cerrándose sobre la cintura subiendo hacia mis pechos. Juro que me excité mucho, pero mucho, mucho….las manos de una mujer, de Lucia, mi querida amiga se disponían a hacerme el amor, así lo sabíamos las dos, así lo deseábamos en ese momento….Mi postura de sumisión encendía a Lucia que se sentía la experta, siendo tan novata como yo en esos menesteres, pero el instinto la guiaba, y yo colaboraba como la mejor. La pasión fue ganando terreno y mis manos deseaban tocar y acariciar, y mi boca clamaba por mordisquear sus labios y por lamer y besar aquellas tetas que me excitaron tanto.

Me di la vuelta, nos miramos desde muy cerca, las dos queríamos saborearnos. Nos besamos, primero tímidamente, luego nuestras lenguas se afanaban ávidas por conocer, y nuestras manos se aferraban deseosas de tocar piel de mujer. La ducha era muy reducida, era evidente que allí no podíamos echar rienda suelta a todos los deseos. Así que cerró el grifo a tientas, sin despegar los labios, sin separarnos un centímetro…Cuando el agua cesó de caer, agarró una toalla y me dijo, vamos! La echó sobre su cama y las dos nos tendimos en ella.

-No entiendo lo que nos ocurre- Le dije tan cerca de su boca que respiraba su mismo aire.

-Yo tampoco- Empezó su frase entrecortada por los besos que nos dábamos- Pero – te – deseo -  como – hace – tiempo – no he – deseado – a – nadie..!

Rodamos sobre la cama, con la piel mojada . Me puse sobre ella, y cogí sus pechos, lamí sus pezones oscuros que se endurecían al contacto de mis labios….ufffff..que divino placer! Entendí en ese instante porque los hombres desean tocar los pechos de una mujer. Que sensación tan delirante! Mis manos no acaparaban todo el volumen…me apetecía tanto apretarlos!

- Que hacemos Lucia, sabremos masturbarnos?, lo hacemos a dúo? O  lo hacemos la una a la otra?…-Por suerte la confianza que nos teníamos nos dio el valor para hablarlo e intentar hacerlo bien.

- Me dejas que lo pruebe? Me dijo apoyando su mano en mi sexo, apretándolo suavemente, notando como mi clítoris reaccionaba.

- Si, hazlo! Le dije absolutamente excitada.

Estábamos tumbadas de lado, pecho con pecho, su mano entre mis piernas, las mías agarradas a su cabeza, a su pelo, a su espalda, a su cadera……Mi clítoris se encendió, ella sabia como hacerlo, más o menos como una mujer sabe como le gusta, es fácil….

Estalló un orgasmo, estalló pegada a ella….Dejó que lo disfrutara y me soltó después de besarme mil veces. Yo estaba tumbada disfrutado de las ultimas contracciones…cuando se levantó abrió un cajón y saco un vibrador…volvió a la cama con una sonrisa tremendamente picara!

- Has visto Joana…ya tenemos pene!

Soltamos las dos una carcajada… Esta vez, fui yo quien lo usó con ella. Lo puse en marcha y dejé que las vibraciones activaran su clítoris. Dios! Como me excitaba verla jadeando, esperando su orgasmo!. Nos mirábamos y eso nos ponía a las dos locas de deseo. De repente sus piernas se tensaron, y su pelvis se contrajo, el orgasmo había llegado y el vibrador quedó atrapado entre sus agarrotadas piernas.

- Metemelo ahora, me suplicó entre gritos de placer. Eso hice, estaba tan mojado que se deslizó con mucha suavidad.

Me puse en su piel, intente simular una penetración a mi gusto, por suerte coincidía con la suya…lento primero, sin profundizar demasiado, luego mas rápido, a medida de sus jadeos de sus envites, luego lo deje casi estático, ella era la que lo buscaba, ella lo adaptaba a su necesidad. La vi retorcerse de placer, de lujuria …Dejé el consolador en sus manos y yo subí a sus pechos a su boca deleitándome con ellos….

Soltó la maquina diabólica, (digo diabólica, porqué el placer que nos dio fue de escándalo) cuando el éxtasis se desvaneció en su interior ….Yo misma, aun con sus jugos, mojada de su elixir, lo penetre en mi, le ofrecí el espectáculo tan maravillosamente excitante que había disfrutado yo misma hacia unos minutos. Lo sujeté entre los muslos de Lucia, y me senté sobre el, mientras mi amiga jadeaba aun.

Otra vez ese diablo engullido por mi vagina, rozaba y generaba placer sin pedir nada a cambio. Lucia acariciaba su sexo aun mojado y yo creí morir de excitación, al sentir como crecía en mí el orgasmo más intenso de mi vida.

Alguna vez había usado un aparato así, o muy parecido. Pero nunca me había dado tanto placer como entonces…Después de analizarlo, ya con tranquilidad, hablándolo incluso con Lucia, tumbadas bajo el sol…en los últimos días de nuestras vacaciones. Llegamos a la conclusión de que fue nuestra galopante excitación la que nos hizo gozar de forma tan salvaje.

No tuvimos ocasión de repetirlo durante esas vacaciones, creo que tampoco hubiera sido lo mismo…En ese momento Giaco, y nuestras ganas de jugar lo hicieron posible.

Al llegar a casa, relajada de tanto mar, de tanto descanso y diversión, sentí de repente un vacío inmenso. Añoré, sin que hubiera tiempo suficiente para ello, la complicidad y la compañía de mi amiga… En los días sucesivos  a nuestros juegos secretos…o tal vez no fueran tan simplemente juegos…intentamos mostrarnos como si nada hubiera ocurrido..Tan solo se nos escapó alguna caricia descuidada que las dos encajamos de forma especial.

Sumida en mis  recuerdos fui deshaciendo el equipaje. En el bolsillo de una maleta lo encontré, Lucia lo había camuflado allí con la intención de sorprenderme. Al verlo sonreí y  suspiré recordando aquella mañana soleada en Pantelaria, nuestros besos secretos y lo mucho que gozamos las dos con el vibrador que ahora tenia en mis manos. Era el regalo mas intimo que me podía hacer…

Tanto para ella como para mi, esas vacaciones representaron algo muy importante en nuestras vidas, y las dos sabíamos que nos había unido algo realmente personal.  Lucia quiso que nunca olvidara nuestro juego secreto ¡Como lo iba a olvidar! y para recordármelo me lo regaló. Lo encontré cuidadosamente envuelto en una servilleta de papel amarillo, en la que escribió …

“Cuando lo uses acuérdate siempre de mi, de nuestros juegos secretos… y de que te quiero. Lucia”

Lía

Mi pequeña / Primera parte

Lunes, diciembre 6th, 2010

Se llama Fabiola, tiene 15 años y es la menor de mis hijos. Siempre fue la mas inocente de mis 5 hijos, víctima de la burla permanente de sus 4 hermanos mayores ( todos varones ) pero también la mas protegida, la mas mimada, la mas cuidada.

Cursaba su tercer año de secundario y nunca había tenido novio, rodeada siempre por mi esposa, sus hermanos y por mi, tenia una apariencia callada, sumisa, introvertida.
Sus amigas eran algo mas despiertas que ella pero se llevaban de maravilla, eran un grupo de 5 o 6 muy divertidas, estudiaban juntas y hacían deportes todas dos o tres veces por semana.

Vivíamos en una casa espaciosa, en las afueras de la ciudad, con piscina y cancha de tenis, teníamos todas las comodidades y un pasar económico realmente holgado.

Mis hijos mayores estudiaban y los dos mas grandes ya habían comenzado a hacer las pasantías correspondientes en las empresas que luego les darían un trabajo fijo.
La vida de mi familia estaba encaminada hacia tiempo, no teníamos grandes preocupaciones asi que nos dedicábamos a disfrutar de todos los placeres que podíamos y de tanto en tanto, viajábamos.

No nos preocupaba demasiado el dejar con mi esposa a los chicos solos en la casa porque ya eran adultos y porque teníamos un grupo de empleados que se encargaban de ellos ante cualquier inconveniente.

El ama de llaves de la casa nos conocía desde hacia 35 años, la cocinera era su hija, el jardinero había trabajado con mi padre y las mucamas eran relativamente nuevas en la casa pero no por eso ineficientes.

Quizás, de tanto en tanto, me inquietaba algo la mas joven de ellas, de origen filipino que había llegado al país hacia 6 años y tenia una curiosa forma de expresarse. Digo que me inquietaba porque su belleza era impresionante y mis hijos mayores a veces planeaban ciertas cosas (típicas de hombres que aprecian a las mujeres hermosas ) que podían llegar a traernos algún que otro inconveniente pero en líneas generales, no pasaba de meras fantasías entre hermanos.

Kelina ( así se llamaba esta hermosa asiatica ) era muy expeditiva, reservada y poco afecta a las bromas de mis hijos. Sabia conservar su lugar así que no me preocupaba por lo que ella pudiera hacer y cada vez que el tema se tocaba con mi esposa, coincidíamos en que mas allá de cualquier bromas, los chicos sabrían comportarse como caballeros y dejarían de lado todas sus extrañas ideas.

Fabiola había aprendido alguna que otra palabra en filipino y parecía llevarse bien con aquella muchacha que la conocía desde los 9 años y apenas le llevaba 5.

Dada la cercanía de edades entre ellas, Kelina se encargaba casi exclusivamente del cuidado de Fabiola, de su ropa, de su cuarto y de tomarle sus mensajes cuando ella no estaba ( sabido era que sus hermanos, con tal de fastidiarla, a veces ni le avisaban si alguien había preguntado por ella o se divertían escondiéndole sus pertenencias en el altillo de la casa ).

Kelina tenia dos días libres a la semana y sabíamos, por pequeños detalles que eran simples a la vista, que estaba saliendo con alguien pero nunca supimos mas porque, como dije antes, era muy callada y ubicada.

Fabiola no tenia novio aunque si la llamaban muchisimos chicos. Quizás este mal que lo diga pero mi pequeña era hermosa. Tenia una altura considerable, unos bellos ojos color miel, su cabello era largo, lacio y color chocolate, su piel blanquisima y su cuerpo de deportista perfecto.

Era el fiel reflejo de su madre cuando la conocí, casi una muñeca. Imposible no verla o verla y que pasara desapercibida. Era dulce, tierna, mimosa, toda una muñeca. Tenia a los chicos de su clase bobos tras ella pero siempre parecía tomarse su tiempo para todo, aun para las cuestiones adolescentes del corazón.

Desde ya que descarto que era virgen. El tema del sexo en mi casa siempre se había hablado en forma muy abierta y tanto mi esposa como yo habíamos sido confidentes de cada uno de nuestros hijos cuando habían tenido su iniciación sexual.

Sabíamos que, en cuanto Fabiola tuviera alguna oportunidad de iniciarse en el sexo, también seriamos los primeros en saberlo.

Con Isabel ( mi esposa ) teníamos planeado irnos a España unas semanas así que armamos todo y salimos hacia allí a fines de Marzo. En la casa quedo todo el plantel de empleados y mis 5 hijos, felices de verse librados de nosotros unos días.

Estabamos al tanto de las fiestas que se organizaban en casa aun estando nosotros ausentes por lo tanto nada de lo que sucedía en nuestra ausencia nos tomaba por sorpresa.

Al regresar de nuestro viaje intercambiamos cuentos de lo que vivimos y escuchamos las historias de los chicos mientras nosotros no estabamos.

Todo parecía normal excepto por una cierta inquietud desmedida en el animo de Fabiola.

Nunca la habíamos visto así, pero a diferencia de días anteriores, entraba y salía de la casa permanentemente, se cambiaba de ropa dos o tres veces por día y hablaba por teléfono mucho mas que de costumbre.

Siendo Kelina la persona mas allegada a ella, mi esposa un día la llamo a la habitación para preguntarle si había existido alguna novedad en la vida de Fabiola mientras no estabamos.

- Kelina, podrías decirnos si notaste algún cambio en Fabiola ultimamente ¿

- No Señora, ninguno – respondió mirando hacia el suelo, como siempre.

- No vino nadie extraño a buscarla o a traerla de algún lado  ¿?

- No Señora, nadie desconocido.

- Bueno Kelina, podés retirarte, muchas gracias.

Aun habiendo hablado con la muchacha, a mi esposa y a mi nos quedaban muchas dudas sobre lo que pudiera haberle sucedido a Fabiola. Dado el hermetismo en el que las dos parecían hacerse sumido, solo nos restaba esperar a que pasara el tiempo y se desarrollaran los acontecimientos, si es que había algo que debía suceder.

A los tres días de este interrogatorio y pasando por el cuarto de Fabiola, alcanzo a escuchar un fragmento de conversación que ella parecía tener con alguna amiga.

- ” Si, es así como te digo … a veces no se donde meterme pero la cosa cada vez es mas evidente. No, creo que nadie sabe nada, al menos eso espero. Bueno, si hay novedades te llamo. Un beso “.

Esa fue una parte de la conversación de Fabiola con alguien que desconozco pero que me dio la pauta de que a mi nena le sucedía algo. Al verla cada vez mas inquieta, cada vez mas arreglada, cada vez mas “mujer”  no dudamos con mi esposa en creer que había algún muchacho en su vida pero mantenido en el mas absoluto secreto.

La mirábamos permanentemente y, mas allá de cualquier cambio de look que pudiera haberse hecho, se le notaba un brillo extrañisimo en la mirada, hasta diría que estaba teniendo rasgos mucho mas sensuales que de costumbre, hablaba mas pausado, su voz sonaba mas aterciopelada ( hasta cuando hablaba por teléfono ) y la imagen que me devolvía cada vez que la miraba era la de una joven y deseable mujer.

Llegada la ultima semana de Mayo, habíamos decidido con la familia irnos al campo durante tres días, en parte para descansar y en parte para arreglar asuntos laborales allí.
La idea era que nos fueramos todos pero Fabiola nos sorprendió avisándonos que no iría, argumentando que tenia que rendir varios exámenes de materias en las que no estaba demasiado bien con sus calificaciones.

Sabiendo que se quedaba mas que custodiada por todo el personal de la casa, no pusimos objeción para ello así que partimos con mi esposa, mis hijos y dos de sus novias a pasar tres días en el campo familiar.

Al día siguiente de amanecer en el campo, nos dimos cuenta de que nos tomaría mas de tres días solucionar los temas económicos que en parte nos habían hecho viajar así que optamos por quedarnos casi toda la semana, con la condición de que el sábado por la noche yo me hiciera una escapada hasta nuestra casa, supervisara todo y volviera, de ser posible, con Fabiola.

Así las cosas, el sábado alrededor de las 4 de la tarde subí al coche y partí rumbo a la Capital.
Después de casi 4 horas de viaje llegue a la casa y ya de entrada note que algo raro sucedía.
No veía movimiento en el jardín, las luces de entrada de la casa no estaban encendidas, no se veía la luz del garage ni la de las dependencias de servicio en funcionamiento y tampoco movimiento alguno en la cocina.

El único haz de luz que se vislumbraba desde afuera era el del cuarto de Fabiola, cosa que me intranquilizo aun mas porque no podía creer que en la casa se hubiera quedado ella sola, sabiendo que no era su costumbre y menos ahora, que las cosas estaban tan raras.

Después de dejar el coche en la cochera, abrí la puerta de servicio y caminé sigilosamente por la cocina hacia el comedor. No había rastros de la cocinera ni del ama de llaves, las dependencias de servicio estaban vacías, ni siquiera Kelina rondaba por allí (no era su día libre, así que tendría que estar al menos en su cuarto ).

Cuando comencé a subir las escaleras hacia las habitaciones principales, el corazón comenzó a latirme a un ritmo desenfrenado porque escuchaba dos voces muy suaves saliendo del cuarto de Fabiola. Algo me decía que allí estaba sucediendo algo extraño porque no parecía ser una conversación entre amigas, ni tampoco me daba la pauta de que Fabiola estuviera con un amigo.

Decidí permanecer quieto al lado de la habitación de mi hijo mayor, que estaba a la izquierda de la de Fabiola, para tratar de escuchar algo mas, algo que me ayudara a comprender lo que estaba pasando.

A medida que comencé a escuchar, mis oídos no daban crédito, seguramente me estaba confundiendo, no podía ser la voz de mi hija la que gimiera de esa forma, esos gemidos de gozo no podían ser de ella, máxime si tenia en cuenta que la otra voz que escuchaba también era femenina y estaba hablándole en un tono tan intimo, tan arrullador, tan suave, tan excitante.

En segundos me debatí entre el estupor y una creciente excitación que trataba de controlar por todos los medios. Fabiola estaba en su cuarto, con otra mujer ( cuya voz no alcanzaba a reconocer hasta ese momento ), gozando, pidiendo cosas, demostrando un placer que solo se vive a través del sexo.

No podía ser, estaba confundido, seguramente no era real. Trate de controlar mi respiración agitada y escuche claramente :

- Es verdad que esta es tu primera vez ¿?
- Si, es cierto ¡  ( la voz de mi hija sonó clara, firme y ansiosa )
- Nunca has estado ni siquiera con un hombre ¿??
- No, Kelina, te juro que nunca ¡!
- Seguro que querés seguir adelante ¿?
- Si, por favor Kelina, no me dejes ahora ¡!!!!!!!

No podía ser cierto ¡!!! Fabiola y Kelina ¡!! Las dos juntas ¡!! Como había sido posible ¿? Como no me di cuenta antes ¿? Como no reconocí en aquella filipina bellísima una actitud extraña, íntimamente provocadora con Fabiola ¿??

Me daba la sensación de que era demasiado tarde pero en lugar de interrumpir lo que vendría (como hubiera hecho cualquier padre que se preciara de tal), el morbo hizo que solo avanzara un poco mas y me colocara casi frente a la puerta del cuarto de mi pequeña, amparado en la oscuridad de la casa y del pasillo de la planta alta.

Este relato continúa en: Mi pequeña / Segunda parte

Esencia de mujer

Lunes, diciembre 6th, 2010

Nunca más se repitió, nunca más volvió aquella situación, no porque no me gustara….no porque pensara que había sido demasiado osada… Simplemente creo que  mi tendencia no es esa, aun así, la vez que la viví, la goce, la disfruté y fue una bendita experiencia.

Tenia hora en la esteticiene  a las 3, tenia una reunión esa misma tarde y eso hizo que cambiara mi hora habitual. Llegue y la chica que siempre me atendía no estaba.

—Está comiendo— me dijo la de recepción —Te cojera María, pasa a la cabina nº 6.

Fui  allí y como siempre colgué el bolso en la percha de la pared, y me empecé a desnudar, me quité los pantalones, la camisa, colgándolo todo en la percha,  y me quedé en ropa interior. Me subí a la camilla esperando. Rogaba que no durara mucho la espera, pues tenia prisa.

Al momento apareció. Era una chica bastante jovencita.

–Hola, me llamo Maria, y soy nueva, hace una semana que trabajo aquí— me dijo al entrar.

–Siempre me coge Celia, pero me han dicho que está comiendo- le dije para que se diera por enterada de que era clienta fija, para que además supiera que me gustaba como trabajaba la otra, y para que así se esmerara en su labor.

—Muy bien, no te preocupes— me contestó pillando la indirecta, por lo menos eso me pareció.

—¿Qué te vas a hacer?

—Medias piernas, ingles y axilas— le respondí.

—Perfecto, acabaremos prontito— contestó.

El aparato de la cera estaba ya caliente, la cera casi a punto

—Túmbate— ordenó.

Yo obediente lo hice, y Maria se puso a remover la cera con tranquilidad, con dulzura diría yo, como si estuviera removiendo una delicada crema inglesa, cuidando para que no se le cortase en el ultimo momento.

—¿Empezamos por las axilas?— me preguntó.

Levanté el brazo derecho, y ella con un clinex secó el posible sudor. Con una mano repasaba la axila extendiéndose hacia el pecho cubierto por el sujetador…

—¿Porqué no te quitas el sostén?, no me gustaría mancharlo de cera, es un sujetador muy bonito…y te queda  precioso…

—¿Si?— Dije inocente aún de sus intenciones — ¿Te gusta?-  Ella lo acarició entonces, con mano decidida, y me bajó el tirante esperando a que yo lo desabrochara. Lo cogió, y lo dejó a un lado. Me  sentí desnuda y turbada ante la mirada de María que sonrió.

Con la espátula en la mano aplico la cera caliente en la axila, con cuidado, soplando por encima para aliviar el  dolor. Dejó la espátula en el recipiente, y con mano decidida despegó un poco el pegote de cera tirando de la piel con la otra mano, y ZAS, tirón!…Rápidamente  puso su mano en mi axila irritada y la levantó para soplar la piel resentida, soplaba acercándose mucho y acariciando todo el rededor, deslizando la mano repetidamente  por el lateral del pecho desnudo. Yo estaba viendo que aquella actitud no era demasiado usual, tanto mimo, tanta caricia, pero a ella se la veía tan dulce, que ni me atreví, ni ose disuadirla de sus métodos, al fin y  al cabo me gustaba mucho esa suavidad.

A pesar de ello me sentía turbada, pero admití que sabia como calmar el dolor de esa tortura y su forma de trabajar me empezaba incluso a parecer placentera, me olvidé del dolor para desear que  volviera a tirar de esa maldita cera y recoger las caricias  y mimos que me iba a proporcionar. Así procedió con la otra axila…usando el mismo método. Los pezones se erguían al contacto de sus dedos, que toqueteaban como distraídamente, como si aquello fuera parte de su trabajo y  no hubiera intención alguna en sus magreos.

—¡Qué pechos tan magníficos tienes!, Unos pezones duros y muy sexys!— dijo prestándoles un ultimo toqueteo.

—¡Venga cariño, las ingles!— Yo transportada por esa forma tan dulce de manosearme, entregada y obediente  a sus palabras, abrí las piernas, primero la derecha como de costumbre claro! Pero tremendamente ansiosa en ver que caricias  aplicarían a la zona que se proponía depilar. Esta vez no me sugirió que me quitara las bragas, pero si las retiró como nunca ninguna esteticiene había hecho hasta entonces. Curiosamente no me sentí turbada, ya no. Dejé que manoseara, decidiera e hiciera lo que ella quisiera, me abandoné en sus manos.

Preparaba la zona, pasando y repasando la mano por encima de mi sexo…noté como me excitaba, e incluso como una gotitas que salieron al reclamo mojaron mis bragas. Pero María seguía en su labor sin dejar de charlar y de explícame cosas  a las que yo apenas prestaba atención, ciegamente obsesionada por el movimiento de sus manos…Me aplicó la cera con tanto mimo como venia haciéndolo, apenas noté la temperatura porque yo esta ya  caliente…y con decisión y mucha habilidad tiró de nuevo. Aplicó rápidamente la mano, golpeando con suavidad la piel.

Ahora soplará pensé yo, más bien ansié esa bocanada de aire. Y si, entonces sopló, acercando sus labios a mi sexo. Con la mano acarició la piel, y su boca la besó.

Miraba su linda carita,  unas mechitas rubias le caían al rededor de su rostro, unas facciones redondeadas,  apenas maquilladas, daban luz a unos ojos verdes e intensos. Un rostro infantil  con mirada perversa. Una Lolita donde las hubiera.

Abandoné la incomodidad que suponía ese nuevo desafió, para dejarme llevar por la dulzura o perversidad de sus intenciones. Para a aquel entonces ya estaba demasiado caliente, y  sobre aquella camilla dejé sin reproches que manoseara todo mi cuerpo…Sus manos, como plumas se movían por mi piel erizándola a su paso, luego sus labios reseguían el camino que los dedos le abrían. Besaba con labios húmedos y lamía con  lengua hábil,  el camino que trazaba, llevaba a los puntos más sensibles de mi cuerpo. Sabia donde y como tocar para proporcionar un placer que jamás un hombre me había conseguido arrancar…

Cerré los ojos y noté como me iba envolviendo de sensualidad, mi sexo ya no goteaba…creo que chorreaba. Los dedos de María hurgaron en el, y se metían en mi vagina abierta, receptora de placer. Como descargas eléctricas mi cuerpo se agitaba mas y más, la camilla se hacia pequeña, sus manos arrancaban sensaciones morbosas, y su lengua tras besos lujuriosos, tras mordiscos apasionados consiguieron que fuera de control le desabrochara la bata, y como ella me había enseñado intentara que mis dedos y mi boca la poseyeran.

Salió, a pesar de todo, la mujer más mujer que había en mi. La más femenina de mis versiones. Su dulzura envolvía el aire y el descaro encendía pasiones nunca descubiertas.

Fueron torbellinos de sensaciones en mi cuerpo y en mi mente. Fueron olores y sabores conocidos, muy íntimos en si. Fue, sin duda, la experiencia más femenina de mi vida, y me  la hizo vivir  María, en esa cabina acolchada de Esencia de Mujer.

Lía

Francisca

Lunes, diciembre 6th, 2010

Hola me recuerdan soy María Esther y estoy aquí nuevamente para narrarles mi aventura, esta ocurrió durante el mes de febrero recién pasado, resulta que mi hermano Patricio se iba de vacaciones al norte y me pidió si le podía cuidar la casa durante unos quince días, hecho que yo respondí afirmativamente, dado que, creo que era mejor eso que estar en mi casa con mis padres, bueno ellos me entregaron la llave de su casa y llegué a ella un día viernes en la tarde, llevé mis cosas en la camioneta y me instalé en aquella casa, ese día vi un rato televisión y me acosté como la una de la mañana a dormir, no sin antes haber hablado por teléfono con mis amigas, una cosa me dejó muy preocupada esa fue el hecho de haber hablado con mi amiga Katty quien dentro de otras cosas me contó que habían robado en casa de su hermano el día anterior, ese acontecimiento no me dejo dormir tranquila esa noche ya que como sentía los ruidos que venían del exterior , yo pensaba quizás alguien habrá entrado a la casa para robar, la cosa fue que esa noche no dormí practicamente nada de nada, amanecí muy cansada ese día sábado, me levanté más o menos a las 13 horas, almorcé y posteriormente me estiré en el patio trasero donde había un pequeño jardín a tomar el sol, me estiré en una toalla yo estaba casi desnuda sólo tenía puesto mis calzones blancos estaba sin sostén por lo que recibía los rayos solares en mis senos, quienes se agrandaban y los pezones se paraban al sentir las caricias del sol en ellos, estuve tomando sol hasta las 18 horas, después me fui a bañar y más tarde salí a casa de una amiga donde estuve hasta las 23 horas. Cuando regresé , prendí el televisor y vi esa noche una película de James Bond, de pronto siento que mis ojos se me empiezan a cerrar solos, creo que era de sueño, dado que la noche anterior no había dormido casi nada por el temor a algún ladrón. Llegó el día domingo yo como de costumbre me levanté a las 8 horas e hice mis ejercicios matinales, posteriormente me bañé y salí a misa, después fui a un mall a comprar algo para mi y aproveché de almorzar ahí mismo, llegué de regreso como las 15 horas, hacía mucho calor ese día. La cosa que me probé  la ropa que me había comprado, lo que más me gustó como me quedaba fue el traje de baño, me miré en el espejo del dormitorio y en realidad me veía muy primorosa en él, eso sí que noté que mis pezones eran como traslúcidos en el traje de baño, luego observé mi vagina  y noté que mis vellos púbicos se notaban bastante a travez de el bañador, este hecho trajo en forma inmediata el recuerdo de aquella ida a la playa y creía estar viendo nuevamente a Cecilia en traje de baño, en eso recapacité y fui al baño donde me eché agua en la parte inferior del traje de baño y luego corro al dormitorio a mirarme si se veían más mis vellos , hecho que quedó demostrado muy rápidamente, después me dije a mi misma, creo que es mejor hacer el aseo y eso hice una vez finalizado este me fui al patio a regar las plantas, en eso estaba cuando de pronto escucho unos gritos y risas provenientes de la casa vecina, trato de mirar que ocurría pero no puedo dado que el muro medía como dos metros el que separaba de la casa vecina, que hago pensaba en esos momentos, cuando de pronto veo una escalera chiquita junto a la ventana del dormitorio mío, voy y la llevo conmigo hasta el muro vecino y en eso mis ojos observan una figura femenina que va corriendo a la piscina ,va completamente desnuda , era una mujer de unos treinta a treinta y cinco años, más o menos delgada a quién. le veía una colita muy paradita y redondita , en eso veo que se tira un  piquero a la piscina y veo también a su marido totalmente desnudo junto a ella, cuando ella sale a la superficie su marido la toma de los hombros y le da un feroz beso en sus labios, después algo le dice él que yo no alcanzo a escuchar, la cosa que ambos salen de la piscina y veo que su marido trae su miembro completamente erecto, ella se veía bastante bien, con sus dos senos muy parados , no muy grandes, diría incluso que eran muy semejantes a los míos, lo que más me llama la atención en ella es la diferencia de color entre su pelo rubio y sus vellos vaginales que eran muy obscuros, su rostro por lo menos no era de mi agrado, cuando pensaba en ella mis ojos ven como ella coge el pene de su marido con su mano y lo comienza a tirar de él llevándolo justo bajo mi lugar de donde yo observaba la escena, él cuando llegaron bajo mi vista la toma nuevamente de sus hombros y la besa muy apasionadamente, ella posteriormente baja su cabeza hasta llegar al miembro de su pareja e inicia una succión de el pene, lo besa y besa los testículos de su compañero, de pronto ella se gira quedando con su colita mirando hacia el lado opuesto de su marido, quien en un movimiento bastante rápido le introduce su miembro en la vagina, colocando ellas los ojos casi blancos  al sentir como se le introducía aquél miembro en su vagina, e inicia un movimiento semi circular sobre su mismo cuerpo, logrando con eso que su pareja exclamara ¡Me Voy!, creo que voy a acabar y en eso mis ojos ven como ella se da media vuelta y con su boca recoge el miembro palpitante de su marido, y lo succiona como loca pasándole sus manos por los testículos e introduciendo uno de sus dedos en el ano de su marido quién rápidamente acaba en la boca de ella, dándole posteriormente un beso y en eso observo como el semen que ella aún tenía en su boca lo recoge y traga su marido, después de haber visto eso creo que mis fluidos comenzaron a operar muy rápido y sentía en mis extrañas un calor de los demonios aumentado ese calor con el roce que producían mis manos sobre mis muslos y mi vagina, la cosa que ellos se retiraron y entraron a su casa, yo estaba muy exitada y no hallé nada mejor que irme al dormitorio a masturbarme como colegiala, me estiro sobre la cama e inicio un contacto con mis senos y mis manos acarician mis pezones, siento unas cosquillas en mi interior, posteriormente ellas bajan a mis muslos y continúan con sus caricias, subiendo posteriormente hacia mi zona vaginal donde mis dedos juegan con mis vellos dorados y empiezan a introducirse de a uno en uno al interior de mi vagina, sintiendo como mi clítoris está a punto de estallar, estuve en eso como una media hora, una vez relajada fui a la ducha y me bañé   sintiéndome totalmente relajada de la situación. Posteriormente me vestí y fui a mirar el closet de Francisca mi cuñada, en eso abro un cajón y encuentro su ropa interior, al lado de ellas había un camisón semi transparente, camisón que saqué del closet y lo dejé al costado de la cama, cuando volví nuevamente a revisar sus cosas en la parte superior de este había un album de fotografías las que me puse a mirar en ellas salía Francisca en diferentes poses y situaciones, creo que no se veía muy bien no es muy fotogénica me parece dado que, en persona es muchísimo mejor que en fotografías, en eso veo una foto de ella completamente desnuda salía muy bien de cuerpo y tenía su vagina cubierta de vellos negros y sus senos eran muy lindos, sus piernas se veían bien bonitas a pesar  que  ella  siempre comenta “me gustaría tener las piernas de María Esther”, pero creo que viéndola en esa foto ese comentario está de más, les cuento ella no es muy alta a mi gusto mide como 1, 65 mts. tiene su pelo castaño obscuro pero unos ojazos color celeste preciosos al igual que su rostro, creo que en sí que tiene una bonita figura y por los comentarios que he escuchado de sus amigos creo que es bastante buenamoza, ella además es médico pediatra se especializó en niños por que le encantan a pesar de no tener hijos aún, bueno mientras me encontraba intrusiando entre sus cosas veo una carta la que abro  y la leo en ella decía que la amaba y que ya no podía vivir sin ella y venía firmada por una mujer llamada  Constanza, esa carta les juro que me dejó totalmente intrigada, bueno llegó ya la noche y me preparé para acostarme a dormir, me puse la camisa de dormir de Francisca , me quedó bastante bien a pesar que era muy cortita para mi estatura me llegaba a la mitad de mis muslos, me acuesto y entre sueños escucho unos ruidos muy cerca de donde yo dormía, prendí la luz rápidamente y en eso veo a Francisca semi desvestida quien se preparaba para acostarse en  la cama, Hola le dije, saludo al que ella me respondió muy efusivamente, le pregunté que hacía acá si recién habían salido de vacaciones y ella me respondió , lo que pasa María Esther, es que peleé con tú hermano y nos vamos a separar de pronto se puso a llorar como una niña chica, echo que yo aproveché para sentarla al borde de la cama y acariciarle su pelo , tratando de consolarla, ella apoyó su cabeza en mi hombro mientras yo acariciaba su espalda y le daba ánimos, en eso ella me dice, sabes tú hermano se quiere separar de mi, y el motivo no lo sé,  pero yo acepté sus condiciones y se supone que quedaremos como amigos me dice ella, sabes agregó él se quedó disfrutando de las vacaciones y yo me regresé a trabajar, mañana tendré que ver unos pacientes en la clínica, ahora bien si tú quieres me acompañas agregó..

Bueno le dije yo respondiendo a su pregunta mañana te acompaño a la clínica, sabes le dije inmediatamente me puse tú camisón por que como hace tanto calor y como éste es corto y muy abierto me lo puse, no te importa Panchi le pregunté, y ella me respondió, duerme con el si tú lo deseas por que yo esta noche voy a dormir desnuda acotó, dejándome helada con su respuesta y acto seguido se sacó los jeans quedando sólo con una tanguita muy chica, córrete un poco más allá acotó ella , así podemos dormir bien y sin problemas, me corrí un poco y ella se metió a la cama, apagué la luz que había encendido anteriormente y nos pusimos a charlar en penumbras, le conté lo que había visto en la casa de al lado y ella sólo sonrió, me parece estar viéndote María Esther , te exitaste mucho me preguntó, cosa que yo le respondí afirmativamente, que hiciste acotó ella, nada le respondí mintiéndole en forma descarada, lo que es yo me hubiera masturbado inmediatamente agregó Francisca, corriendo sus pies a mi lado, están helados tus pies Panchi le respondí a fin de que no inquiriera más sobre la casa del vecino, ya lo sé , me agregó siempre he tenido los pies muy helados y además yo no vi hoy lo que tú vistes, por que creo que si yo veo lo que tú vistes hoy día estaría muy caliente acotó ella, acto seguido se dio vuelta hacia mi lado y yo ya podía sentir la proximidad de sus senos, de pronto siento que mueve su pierna y la cruza sobre mis muslos, que calorcito más agradable pienso yo para mi en esos momentos, después la escucho decir se te subió el camisón María Esther y sus manos las siento a la altura de mis caderas y sus dedos rozaban ya mis nalgas, yo rápidamente corrí mi torso hacia el de ella y en eso siento sus senos  en mis senos, mis manos bajan hacia su vagina y ahí siento el calor que salía de su vagina , éste calor se sentía a travez de su calzoncito, ella mueve sus piernas quedando mis manos bajo sus muslos practicamente atrapadas por ellos. Ella extiende su cabeza  llegando a la mía  y a su vez sus manos cambian de posición esta vez llegan a mi vagina y siento como juega con mis vellos púbicos, que rica la tienes dice ella en esos momentos, yo en un arrebato de valentía y exitación toco sus calzones y trato de bajárselos, al hacer esto noto como están completamente húmedos, ella muy pronto entendió mi jugada dado que ella misma se los sacó y posteriormente sentí sus labios en los míos, su lengua en mi lengua, sus senos sobre los míos y sus manos acariciándome completamente mis labios vaginales, y los mismos fluidos que ella tenía los tenía yo, cosa que ella aprovechó para llevarlos hacia mi ano, sentía como sus manos acariciaban mi botoncito posterior, sus dedos tratando de ingresar a el, yo en esos momentos me dejé hacer lo que ella quisiera, me doy vuelta hacia ella y mis piernas ingresan a su coñito rozándolo muy suavemente y con una gran dulzura mis piernas inician una masturbación de su vagina , ella se mueve subiendo y bajando con su vagina por mis muslos, tenía yo mis muslos empapados de sus jugos vaginales , mientras tanto mis manos acariciaban sus senos y nuestras bocas se juntaban una vez más, mi lengua jugaba con la suya y sus manos las sentía que perforaban mi ano y mi vagina, te quiero me decía entre palabras cortadas por la emoción, yo también respondía, sacando fuerzas de flaquezas.

Nos acariciábamos y besábamos como verdaderas locas, en eso ella se da vueltas y abandona la cama, dice tengo una sorpresa va y regresa con un consolador doble, esto te va a encantar me dice, llevándose el consolador a su boca y chupándolo con su lengua, ven aquí me dice posteriormente e inicia una penetración doble de mi ano y vagina, era una sensación realmente increíble el sentirme penetrada doblemente mi ano ya no resistía más y para que decir mi vagina ella si que no daba más, mientras tanto yo iniciaba una lamida increíble en su vagina besando con mi lengua sus labios vaginales y posteriormente penetrándola con ella , yo sentía como mi boca recibía sus fluidos, por mientras mis manos acariciaban su ano y sus muslos, una vez que ella me retiró el consolador de mis partes intimas, lo cogí yo e inicié yo la penetración de sus partes más íntimas, sentía como se quejaba de gusto y placer, estuvimos haciéndonos el amor hasta  altas horas de la madrugada, después cuando nos levantamos fui yo primero al baño abro la llave de la ducha en eso ella aparece tras mío y se mete bajo el agua muy junto a mi , nos besamos y acariciamos nuevamente, ella coge el jabón y me jabona primero mis senos los que anteriormente habían sido succionado por sus labios, después baja y me jabona mi colita , también hace lo mismo con mi vagina, yo cojo otro jabón que había allí e inicio la misma tarea con ella , pero si no antes de besarle su coñito  y recibir sus líquidos con mi lengua, en eso estaba cuando de pronto siento unos pelitos en mi garganta, resulta que me había tragado unos vellos vaginales de ella , con tanta emoción no me había dado cuenta de ese detalle hasta que sentí los vellos en mi garganta, después desayunamos y partimos a la clínica a ver sus pacientes, una vez que regresamos a casa fuimos las dos en busca de la escalera para mirar a los vecinos quienes una vez más se hacían el amor bajo nuestros ojos.

Posteriormente volvimos a hacer el amor y así estuvimos hasta que regresó mi hermano en ese momento se despidió ella de mi y me fue a dejar a mi casa, en el camino me confesó que hacía mucho tiempo que quería hacer el amor conmigo, ella sentía mi erotismo muy a flor de piel, bueno el colorario de todo esto es que Francisca se separó definitivamente de mi hermano, pero no de mi, ya que nos seguimos viendo bastante a menudo y hacemos el amor en su casa cada dos o tres días, pero eso es materia de otro cuento, así que les pido que no me olviden ya que pronto estaré con otra de mis aventuras para ustedes, les mando un besito a todas ellas y si desean escribirme aquí está mi mail

santi092001@yahoo.com

La profesora de piano

Lunes, diciembre 6th, 2010

Una alumna de piano se inicia en el mundo de las relaciones homosexuales de la mano de su profesora de piano, que ademas de enseñarle música le muestra como disfrutar de otra piel femenina.

Soy Lorena, tengo 19 años, vivo en Montevideo, (Uruguay), y quiero compartir con ustedes los relatos de mi vida sexual, que como veran a continuación, ha empezado maravillosamente bien a diferencia de otras chicas que no tuvieron tanta suerte.

Producto de tal situación hoy puedo decirles a ustedes aquí en privado que soy lesbiana y que lo seré por el resto de mis días. Fui criada por mis padres bajo estrictas normas de educación, dado que ambos son un tanto antiguos. Siempre fui bien parecida porque soy rubia, alta, tengo ojos verdes, mis medidas son 92 – 62 – 92, y aunque suene feo que lo diga yo, soy una mujer atractiva.

Me he dado cuenta de ello porque soy permanentemente hostigada por ambos sexos. Ademas cuido muy especialmente mi femineidad vistiéndome con ropa de marca, arreglándome permanentemente el cabello, así como cuidando mi maquillaje y demas.

Soy cien por ciento mujer, aunque me gusten con locura las mujeres. De chica fui “obligada” a estudiar muchas cosas, por ejemplo: inglés, la secundaria hasta Facultad, y Piano.
Estudiando piano descubrí mi sexualidad. Estudiaba piano y me preparaba para el examen de sexto año en la casa de mi profesora, a quien llamabamos la Srta. Elsa. Elsa en aquel entonces tenía 32 aqos, era morocha de ojos marrones, con un cuerpo espectacular dado que era soltera, (con novio), y aún no tenía hijos, lo que le permitma conservarse muy bien físicamente.

Ademas, era una persona que se preocupaba mucho de broncearse y de tener una actividad de gimnasia a diario. Como Elsa vivía frente a mi casa, en un barrio muy tranquilo, sólo debía cruzar la calle para ir hasta su casa. Mi madre se quedaba parada en la puerta hasta que me veía entrar a estudiar. Las clases eran de las 3 a las 5 de la tarde, los días lunes, miércoles y viernes.

Elsa casi siempre a esa hora estaba tomando sol en el fondo de su casa cuando yo llegaba, y me recibía con su traje de baño de dos piezas, y mientras se cambiaba de ropa, yo empezaba a practicar las lecciones. Yo era la mimada de todas sus alumnas; siempre me recibía muy bien y me decía que yo era la reina porque era la mas bonita de todas. Una tarde que hacía un calor tremendo, crucé a clase con una mini de tela fina, una remera (camiseta) corta y sandalias.

Elsa me recibió quejandose del inmenso calor que hacía ese día, (cerca de los cuarenta grados), y vi que la parte de arriba de su traje de baño estaba desatada. Solamente se había tapado los pechos, (que hoy puedo decir que eran hermosos), para abrirme la puerta. Me sorprendió cuando me preguntó si no me moría de calor con el sostén puesto, a lo que le respondí que no. Me aconsejó no usar sostén a ese edad porque era malo, y mas con mis pechos que estaban crecidos un poco mas de la cuenta, (según mi madre y algunas de mis amigas). La verdad es que me apretaban un poco, mi madre no concebía que siendo yo tan chica tuviera el cuerpo de una señorita mas grande, pero me obligaba a usar sostén y no dejaba que usara remeras (camisetas) escotadas. Incluso, hasta el día de hoy algo me dice si me ve mostrando mucho de arriba, (o mucho de abajo). No le di importancia al comentario de Elsa, y como en todas las clases me senté en la butaca del piano a practicar las partituras que luego de memoria debía tocar en el examen.

Esa tarde Elsa no se cambió y no puso su silla al lado de la butaca del piano para corregirme posibles errores como lo hacía siempre. Tampoco se sentó al lado mío, sino que se tiró a escuchar mi practica en un sofa que tenía en el living. Como me equivoqué un par de veces porque tenía las manos sudadas por el inmenso calor, me rezongó, y me pidió que me concentrara mas en la lectura de la partitura. Como me volví a equivocar, vino hasta el piano y me pidió que me sentara mas delante de la butaca, (casi en el borde), y ella se sentó atras mío separando bien sus piernas. Evidentemente que no había lugar para las dos, así que Elsa quedó con su sexo pegado a mis nalgas, incluso me dijo que me sentara mas atras que iba a caerme. Lógicamente yo no quería tocarla, pero terminé practicamente sentandome en su pubis. Recuerdo que mis nalgas encajaban perfectamente en su entrepierna. Pasando sus brazos por debajo de los míos, se puso a tocar la partitura y me dijo que estuviera atenta y que lo hiciera luego igual que ella. Yo la miraba atentamente porque quería seguir el ritmo de la música que ella me enseñaba a tocar. Practicamente me tenía abrazada.

En cuanto terminó de tocar unos acordes, rozó mis pechos con sus antebrazos, y sin yo darme cuenta, estaba mirandome los senos y los pezones se me habían puesto duros y se notaba. Allí me dijo: “Lorena, cómo has crecido, ¡mira qué senos que tienes! ¿qué te ocurre que tienes los pezones tan duros?. Yo me quedé muda, estaba concentrada en la partitura y ademas no sabma qué decirle. La verdad es que no sabía por qué se me habían puesto los pezones así, hoy supongo que fue porque me los roces. Es una de las partes de mi cuerpo mas débil.

Yo a lo único que atiné fue a taparmelos con ambas manos, con un poco de vergüenza, lo confieso. A todo esto tomé conciencia de que estaba sentada en su pubis, practicamente mi sexo estaba casi incrustado en su hueso pélvico. Con voz de estar dandome una orden me dijo que el sostén me quedaba chico, y que así no podía estar tocando el piano, por lo cual me levantó la remera (camiseta) por detrás, me lo desabrochó y me lo quitó. Me llamó la atención cómo había empezado a respirar agitadamente, me estaba respirando fuerte en la nuca y yo sentía el viento de su aliento que me producía una cosa extraña en el cuello.

Me levantó la remera (camiseta) y me quitó el sostén e inmediatamente puso sus manos entre mis pezones que estaban verdaderamente duros. Me preguntó si me dolían y le dije que sí. Era verdad, parecía que algo iba a salir por ellos. Me dijo que no me asustara, que era porque estaba creciendo y ya era toda una mujer.

Apoyó sus manos en mis senos, y empezó a acariciarme los pezones. Respiraba cada vez en forma mas agitada. Su aliento en mi cuello me hizo erizar, mi piel era la piel de una gallina. Yo no sabía entonces qué me ocurría, (hoy lo sé), pero me sentí estremecer cuando corrió mi pelo largo hacia un costado y empezó a pasar la punta de su lengua en mi nuca y en el cuello. Se sentía fresca, yo estaba traspirada y empezó a gustarme esa frescura que no sabía de que se trataba, pero al fin y al cabo, era mi profesora de piano y la conocía no solo toda la gente del barrio, sino practicamente toda mi familia que iba a verme a los examenes.

No conforme con pasar su lengua, empezó a darme pequeños mordiscos en el cuello, y me pedía por favor que siguiera tocando. Yo a esa altura entre la confusión, el calor, y la partitura no sabía si estaba tocando el piano o el violín.

Empezó a masajearme los pechos mas fuerte, y empecé a sentir como refregaba su sexo entre mis nalgas. Yo ya no podía tocar porque me estaba moviendo ella y le estaba errando a las notas que tenía que tocar. Dejó mis pechos y llevó sus dos manos a mis muslos, y su mano derecha la empezó a meter entre mis piernas. Yo apoyé mis dos manos en el teclado porque estaba sintiendo cosas muy parecidas a las que sentía cuando me masturbaba en casa.

Entonces sentí como toda su mano se apoderaba de mi entrepierna y casi naturalmente y sin darme cuenta, apoyó con firmeza mis piernas en el suelo hasta quedar casi parada. Se sorprendió al sentirme tan mojada.

Es cierto, estaba empapada, pero me daba un poco de vergüenza porque mi madre siempre me decía que una mujer cuando se moja debe lavarse enseguida con jabón igual que cuando se va a hacer pis. Luego de pasar unas cuantas veces su mano por entre mis piernas y empezar a lamerme la espalda haciendo que se me pusiera la piel mas erizada todavía, metió el dedo por debajo del elastico de mi bombacha y empezó suavemente a recorrer mi sexo.

Llegó a ese lugar que yo había descubierto que si me lo tocaba sentía muchas cosas lindas hasta llegar un momento de placer indescriptible, y ya no pude seguir sentada sino que me pari delante de ella de cara al piano sintiendo lo mismo que sentía cuando me acariciaba. Yo no sabía lo que me estaba pasando, pero la realidad era que estaba teniendo un orgasmo impresionante.

Con su mano izquierda me levantó la mini y empezó a besarme en las nalgas, mientras su dedo de la mano derecha seguía jugando en ése lugar que ella había descubierto que me desmoronaba en una catarata de placer. Elsa se paró, me dió vuelta en forma brusca y me metió la lengua en la boca mientras me tomaba las nalgas con ambas manos acariciandolas, a veces con las dos, y a veces una se desviaba y se me metía entre las piernas como si quisiera levantarme por el aire, cosa que casi logra. No tuve mas remedio que abrazarla por el cuello, sino corría el riesgo de caerme.

Recuerdo que se me salió una sandalia. Me llevó a su cuarto, siempre abrazada a mí mientras me tocaba todo lo que me pudiese tocar y ya no me besaba sino que me lamía la cara, el cuello, los pechos, todo lo que pudiera lamer en el camino. Me tiró en la cama, recuerdo que caí de espaldas y vi cómo se quitaba la parte de arriba de su traje de baño, que estaba suelta, y cómo se bajaba el bikini, hasta quedar totalmente desnuda frente a mí. Me tomó de la remera (camiseta), me la quitó fuertemente haciendo que mi pelo quedara enredado en la misma, pero no llegó a sacarmela porque empezó a lamerme desde el cuello hasta los pechos.

Terminé sacandome yo misma la remera porque estaba tirandome del pelo, y Elsa con ambas manos apretó mis pechos como si quisiera juntarlos y empezó a lamer mis pezones en forma frenética. Los lamía en círculos recorriendo la aureola y dándome pequeños mordiscos en los pezones que parecían que iban a salirse de su sitio.

Yo sentía pequeñas convulsiones entre mis piernas, estaba tremendamente mojada y estaba bañada en sudor por el calor que hacía, y por el calor que me transmitma el cuerpo de Elsa arriba mío. Dejé de chuparme los pechos, y fue con su lengua lamiéndome la barriga, el ombligo y me tiró de la mini hacia abajo, la que pudo sacarme sin problemas porque sólo tenía un elástico.

Empezó a darme besos sobre la bombacha, que para variar y por consejo de mi madre era blanca para que no se trasluciera, y corriendo el elástico de la misma a la altura de mi entrepierna, empezs a jugar con su lengua recorriéndome el sexo como podía. Me dijo que ya era hora de depilarme, (mi madre nunca me lo habma dicho), y me bajó la bombacha y la tiró al piso.

Yo seguía en la cama boca arriba y tenía mis manos apretando las sabanas en una posición defensiva, de miedo. Debo confesar que lo que me hacía Elsa me gustaba pero me daba mucho miedo. Mi corazón latma a mil por hora, y sentía como me golpeaba el pecho. Pero mi sexo estaba empapado, ya había tenido dos orgasmos sin saber exactamente que era lo que me estaba ocurriendo.

A esa edad no sabía lo que era un orgasmo, pero sabía que era una sensación de placer hermosa que cuando se me producía quería sentirla mas y mas veces. Siempre fui de masturbarme mucho y de hecho a esa edad lo hacía con frecuencia. Cada oportunidad que tenía, intentaba tener de esas sensaciones mas de una vez. Por cierto, las oportunidades nunca eran muchas.

Elsa se puso de rodillas al borde de la cama, levants mis piernas arqueando las rodillas, y empezó a lamerme los muslos. Los mismos golpes que sentía en el pecho, los sentía en la parte superior de mi sexo. Yo entonces no lo sabía, pero era mi clítoris que estaba hinchado y pronto para recibir su merecido tratamiento.

Elsa fue bajando con su lengua por mis piernas, hasta que llegó nuevamente a mi sexo. A esta altura mis jugos vaginales corrman por mi vagina hacia abajo, se paraban en mi ano y empapaban la sabana. Realmente estaba dejando un verdadero charco en la cama. Elsa separó con mucho cuidado mis labios vaginales.

Con su mano izquierda separó los labios que recubren el clítoris y empezó a darme pequeños toques con la punta de su lengua. Recuerdo que yo saltaba de placer. Tanto que Elsa me pidió que me quedara quieta. Que no me moviera tanto. Es que yo no sabía qué era lo que tenía que hacer.

Tomó mi clítoris con el labio inferior de su boca mientras que con la lengua lo levantaba y lo acariciaba. Lo tenía aprisionado. Tres veces seguidas sentí esos espasmos tan lindos, espasmos a los que después les llamaría orgasmos. Luego tomó mi clítoris entre ambos labios y los apretó, como si quisiera mordérmelo, y en forma frenética empezó a mover su lengua de izquierda a derecha a una velocidad alucinante.

Empecé a retorcerme en la cama, sentía mi vientre como si estuviera hinchado, y lo que tenía en la vagina eran verdaderas convulsiones. Sentía además dolor en los ovarios, que luego Elsa me explicaría que eran normales porque me había excitado mucho. Cada vez que sentía los espasmos, Elsa seguía jugando con su lengua y me hacía pegar saltos en la cama, y luego violentamente ella me acomodaba a su gusto y antojo para seguir chupandome.

>El calor era insoportable, la sabana estaba empapada con mi sudor y mi jugo, así que Elsa decidis que me pusiera de rodillas, mirando hacia la pared. Esta vez fue Elsa la que se acostó en la cama boca arriba, y metió nuevamente su cabeza entre mis piernas. Me tomó de la cintura y me dijo que bajara mi sexo hasta su boca. Nuevamente me tomó el clítoris entre los labios y empezó a jugar con su lengua. Esta vez me tenía agarrada de las nalgas y tiraba hacia los costados abriéndomelas, lo que me producía un fuerte dolor, pero gustoso. Sentí como con su dedo mayor de la mano derecha acariciaba en círculos mi ano como si quisiera meterme el dedo pero sin hacerlo, hasta allí había llegado mi jugo, y esa zona era una rara mezcla de sudor y jugo. Me tenía aprisionada, cada orgasmo que me dejaba dando saltitos promovía que Elsa me sujetara con mas fuerza como para no dejar de lamer mi sexo en forma ensañada.

Me pidió que me cambiara de lugar, y a su vez me pidió que empezara a hacerle las mismas cosas que ella me hacía a mí. Me incorporé, me di vuelta, apoyé mi sexo nuevamente en la cara de Elsa, y ella con sus manos empujó mi cabeza hasta su sexo.

Con su mano izquierda pude ver como se separaba la carne para que su clítoris quedara al descubierto. Con su mano derecha empezó a acariciarse y me dijo que así debía hacerle yo con mi lengua. Pude ver que su jugo era blanco y espeso. Estaba tanto o mas mojada que yo. Torpemente puse mi cabeza tratando de tomarle el clítoris con mi boca, y recuerdo que hundí mi nariz en su sexo lo que me aterró porque con sus jugos se me tapó la nariz y no podía respirar.

Si que Elsa tuvo un orgasmo, y lógicamente yo tuve otro. Sorprendentemente sonó el teléfono. Ambas saltamos espantadas. Eran las 5:10 de la tarde, y era mi madre que llamaba para ver por qué no llegaba a casa. Elsa le dijo que hoy me quedaría una hora mas a practicar, porque había estado fallando.

Yo aproveché a ir al baño a hacer pis y Elsa vino conmigo y ambas nos higienizamos. Me pidió encarecidamente que no le contara a nadie nada de todo eso. Me explicó que cumpliría en un mes los 17 años y que ya era toda una mujer, y que entre mujeres siempre habma secretos que no se les contaban a nadie. Ni siquiera a nuestras propias madres.

Elsa me dijo que estaba fascinada con mi cuerpo. Aún en el baño, empezó a masajearme las nalgas. Luego se puso de rodillas en el suelo, y con su lengua recorría la raya que separa las nalgas, mientras me las mordisqueaba por momentos. Me llevó nuevamente para el cuarto, y luego de hacer a un costado la sabana húmeda, me dijo que me acostara boca abajo.

Me preguntó si ya había empezado a masturbarme, y yo recuerdo que tímidamente le dije que no. Entonces tomó una almohada y la puso a la altura de mi pelvis. Me dijo que metiera mi mano entre mis piernas y que me tocara, hasta sentir lo que ella me había hecho sentir.

Yo sabía bien lo que tenía que hacer, sólo que me dio verg|enza de que ella se diera cuenta de que le había mentido. Metí mi mano entre la almohada y mi vientre y empecé a masturbarme, mientras sentía como Elsa me separaba las nalgas y empezaba a jugar en círculos con al agujero de mi culo.

Elsa dobló la almohada a la mitad para que mi culo quedara aún mas arriba, y cada vez hacía mas presión, por un lado separando mis nalgas y por el otro con su lengua, la que totalmente recorría mi parte trasera mas íntima y de a poco se metía dentro de mí. Lo cierto es que me gustaba mucho, y estaba por venirme ese espasmo que yo quería que me viniera cuando sentía como perfectamente Elsa metía y sacaba su lengua de adentro mío. Me estaba penetrando con la lengua, y yo a esa edad no tenía idea de lo que me estaba haciendo.

A todo esto, la hora se nos pasó. Elsa espantada mi dijo que fuera al baño a higienizarme rápido y juntó mi ropa, luego en el baño me ayudó a vestirme y me peinó. Volvió a decirme que lo que había ocurrido era un secreto que debía guardar bien, y que ni siquiera mi madre debía saberlo.

Esa misma noche Elsa le habló a mi madre y le dijo que debía empezar a ir todos los dmas a practicar, y que no nos cobraría mas por eso, dado que yo era su mejor alumna pero estaba un tanto floja. Pese a que mis padres se enojaron mucho con eso, nos vino bien porque era nuestra oportunidad de estar juntas.

Elsa me ha marcado para toda mi vida, y como ésta es una historia real, quiero compartirla con todos ustedes. La he separado en capítulos, porque hemos tenido encuentros realmente increíbles, como por ejemplo la noche de mi cumpleaños, en plena fiesta. O el día que dí el examen… Pero eso se los contaré luego. Espero que hayan disfrutado parte de ista historia que, insisto, es real, y por sobre todas las cosas sucedió aquí en Montevideo, Uruguay. Hasta luego…

Lorena

Figuras Recortadas contra el alba

Lunes, diciembre 6th, 2010

Ah, mi amiga, que tú no quieras creer
las preguntas de esa estrella recién cortada,
que va mojando sus puntas en otra estrella enemiga.

Lezama

1
Abrí los ojos y por unos breves instantes no tuve conciencia del sitio dónde me encontraba. Todo eran imágenes ambiguas e incompletas. La confusa luminosidad parecía señalarme que afuera, entre la lluvia y agosto, amanecía. Dentro, en una habitación desconocida yo estaba despertando abrazada a un cuerpo, y mi mano sostenía la ajena placidez de un seno tibio. Una piel húmeda me deslizaba con suavidad a la vigilia.

Tenía mis muslos enlazados a los de la mujer que respiraba pausadamente, desnuda contra el sueño y en paz consigo. Carmen. Era Carmen. Aquel era su aroma y ese su cuarto, al que llegué ayer por la tarde después de un vuelo de varias horas. Le avisé que estaría en su ciudad, en una convención que prometía ser mortalmente aburrida, como todas, que me gustaría volver a verla, y quedarme en su departamento una semana.

En el aeropuerto ella se distinguía entre la multitud que aguardaba con impaciencia la llegada de los viajeros. Vestida impecable con un pantalón de piel color agapanto y una blusa blanca también ajustada, y con el cabello a la altura de las perlas del cuello, su figura era resplandeciente. Después de tantos años continuaba siendo un primor. Sus ojos brillaban, y como siempre, las lágrimas de su alegría los ensalzaban.

En el auto nos besamos mientras nuestras manos buscaban ansiosas la suavidad más allá de las hebillas, las cremalleras y el encaje. Yo tenía un par de kilos extra, pero ella se mantenía en su mismo peso. Carmen aún era magnética al hablar, y seductora. El timbre de su voz había adquirido una sensualidad distinta; sus palabras y ademanes, ahora más mesurados aunque inquietos y vivaces, evocaban el afecto que en nosotras perduraba.

Cenamos e hicimos el amor en la terraza, bajo las burbujas de la tina de baño y en la cama entre corolas, con nueva pasión y desenfreno. Por los viejos tiempos, nos dijimos, como si nada en realidad hubiese cambiado y todavía fuéramos las mismas que gustaban de escandalizar a los amigos y a los íntimos desconocidos, metiéndose mano bajo las blusas y las faldas en cualquier borrachera de la facultad. Teníamos el color de las manzanas y un lazo de walkirias en el sexo. Los dorados ochenta, pese a todo, llevarán en su piel nuestra mordida, era nuestro vital y pretencioso lema de batalla.

Quién iba a pensar entonces que iríamos a volvernos tan formales y sobre todo, tan distantes; quien nos hubiera profetizado que la vida se encargaría de encauzarnos por senderos divergentes, y que al paso evaporado de los años nos reencontraríamos para moldearnos en nombre de aquellos hermosos sobrecogimientos que, para nuestro recíproco deleite, las dos nos inventamos en otra ciudad, en otra edad y en otro tiempo.
Quién diría, cuál de nosotras hubiese dicho o vislumbrado que cuando volviésemos a estar juntas nuestros cuerpos iban a abrir, como si nada, sus cálidas esclusas para dar rienda suelta a sus deseos en la vorágine de las lenguas y los labios, de los brazos y los dedos, y que ambas responderíamos de aquella misma forma al tacto y al embate.
Entre los suaves pliegues de la frazada y varios pétalos, podía distinguir su nuca y la parte posterior de un hombro, y en el hombro el tatuaje de una estrella. Años atrás, cuando no estaban de moda los tatuajes en los cuerpos femeninos, la había acompañado a que se lo hiciera. Fue un día antes de que se fuese a Londres a terminar su doctorado y, con él, su primera juventud. Aquella marca puso punto final a nuestra convivencia, y brillaba espejeante después de más de una década, como un rastro difuso de memoria.
En doce años cruzamos algunas cartas, nos enviamos mensajes más bien fríos, y salvo algunos encuentros fortuitos prácticamente no volvimos a vernos, ni lo intentamos. Hace algunas navidades coincidimos en Guadalajara, en casa de unos amigos comunes; yo entonces tenía como pareja a la intransigente María José, quien en el nombre llevaba su doble penitencia. Las dos se aborrecieron en cuanto cada cual se enteró de quién era la otra.
De Carmen supe entonces que había concluido sus estudios post doctorales con las máximas calificaciones y con honores, que tenía un muy buen trabajo, que estaba llena de ambiciones y proyectos. Que había vivido con varias chicas, que se había enamorado y que incluso llegó a casarse con Pedro, a quien yo le había presentado en una fiesta, muy al principio de nuestra relación, cuando ambas vivíamos en el piso de Reforma.
Antes de Carmen, él había sido mi amante y algunas veces, no tantas como lo hubiéramos querido, los tres juntos nos corrimos unas juergas memorables. Pedro tenía el don de aparecer en nuestras vidas de forma imprevista; Pedro, nuestro grato confidente y fotógrafo, nuestro objeto sexual, el que reforzaba la agitada pasión entre nosotras. Con certeza era él quien me había sacado del sueño; si no, a quién tenía abrazándome tan dulce y cariñoso por la espalda, hurgando entre mis muslos el calor de la nostalgia.
Semi despierta doblé y subí mi pierna a la dulce cadera de mi amiga, y oprimí con delicadeza la punta de sus pechos; la dura verga entró deliciosa y por completo, y empecé a menearme, rezumante y jadeando a la primera como antaño, como hacía pocas horas me moví sobre y debajo de mi querida Carmen en la hamaca, en el jacuzzi, entre acuarelas de pétalos y lino. Lenta, la claridad se pobló de sólidos fantasmas, y mordí aquel hombro del alba entre temblores. Al derramarme, también lo humedecieron mis lágrimas de júbilo.
Estábamos ahí ciñéndonos la nueva madrugada sin paisaje. El deseo o el tiempo quizá, tal vez el destino que jamás para nosotras fue importante, nos fundió en el abrazo, abriéndonos la piel del corazón desde el pasado, con la misma calidez que yo me abría contra el cuerpo de ella y del que me empujaba de atrás hacia el delirio. Carmen –le susurré pegándome a su cuello– seguimos siendo las hermosas walkirias. Ella buscó mi sonrisa con su lengua y apretó a sus nalgas el hueco fulgente de mi pelvis. Ondulamos los tres como solíamos hacerlo, despacio y rápido, poco a poco, en lentos intervalos, saboreando cada pausa, volumen y cadencia, variando de postura y dejándonos tan sólo el trecho necesario para que cada cuerpo pudiera expandir con espontánea libertad su regocijo.
Los tres intentamos regresar al sueño con la albada, trenzados brazos y piernas, tenue vellosidad a su abandono. Mientras la lluvia persistía sobre los cristales de agosto, en mis labios la estrella en duerme vela iba borrándose, abriéndose hacia adentro, remojada.

2
Se ha soltado la lluvia con más fuerza. Es frágil y silenciosa, como el amanecer que asciende sobre el valle y que desde mi cama se contempla. La brisa agita las cortinas y palpa mi piel con su blandura. A pesar de la fatiga, casi no he dormido. He permanecido toda la noche despierta, escuchando a Rowena describirme las grandes pasiones de su vida, evocando nuestro pasado en común, reconociendo su sabor a cerezas y nuez de la India, encendiéndonos en la hamaca de la terraza, luego en la tina y finalmente en la habitación.
Por los incontables orgasmos que nos hemos prodigado a manos llenas, por la sensación de estar otra vez juntas, aún estoy excitada. Debería sucederme lo contrario, pero no he conseguido conciliar el sueño como ella, que dormita abrazada a mi. Cuando me telefoneó para decirme que iba a venir y que si podía pasar una semana conmigo no dudé en decirle que sí. También yo tenía muchas ganas de verla. A fin de cuentas, éramos amigas y nos unen los mismos sentimientos, si bien en todos estos años, por un tácito acuerdo entre nosotras, no hubiésemos procurado volver a reunirnos.
Desde que recibí su llamada arreglé pendientes en la agenda para dedicarle cada minuto de esta semana. Además, me hice un nuevo corte de pelo y me he comprado algunas prendas. También recorté el vello del pubis, dándole forma de plumita de paloma. Y me afeité los labios, que lucen sedosos como a ella le gustaba. Para nuestra primera cena le preparé ensalada de berros con albahaca y piñones, filetes de huachinango en salsa de arándanos y cacahuate, postre de higos y un par de botellas de Barolo. También tapicé el lecho de agua con docenas de pétalos de rosas amarillas, sus preferidas.
Rowena sigue igual, mejor que cuando la vi la última vez. Los años la han embellecido más y su cuerpo mantiene su elástica flexibilidad. Su energía sigue siendo expansiva y contagiosa, le sale por los poros, la irradia por la mirada. En la superficie, su apariencia apenas ha cambiado. Los espejuelos de carey, su atuendo de exitosa ejecutiva y las pequeñas arrugas en los ojos le han conferido un aire de coqueta y fresca madurez.
Me emociona su presencia y se lo dije entre beso y beso al salir del aeropuerto. No sabe cuánto la he echado de menos. Cuando nos separamos puse un mar de distancia entre las dos, pero no dejé de buscarla en las mujeres con las que viví, ni conseguí olvidarla.
La fotografía en la que estamos en la playa de Puerto Angel ha permanecido en mi mesa de noche desde entonces, y quienes la han visto se han admirado de su espléndida desnudez apiñonada. Ahí aparecemos llevando tan sólo bronceador y gafas oscuras, sobre una toalla turquesa, tomadas de la mano. Con cierta frecuencia ojeo el álbum de nuestras fotos (muchas de las cuales nos tomó Pedro, por quien no me ha preguntado), y el abultado cuaderno lúdico al que denominábamos “Que el karma sufra por las walkirias”. En él anotamos y describimos al detalle las mejores posiciones en que hacíamos el amor, y a las que dimos título y calificación según la intensidad de placer que nos producían.
Cuando nos despedimos, hace doce años, quiso que me quedara con el álbum y el cuaderno, y los metió en mi maleta. En la tapa de éste último trazó con su fina caligrafía las líneas un poema que escuchamos en el primer recital al que acudimos juntas: “Ah, que tú te escapes en el instante/ en el que ya habías alcanzado tu definición mejor”. No deja de conmoverme cada vez que lo leo. Ella debe saber que los conservo como un tesoro.
Sabe también que conservo, y no podría ser de otro modo, el tatuaje de la estrellita, mi citlali del alba. Me lo hice no únicamente para marcar el fin de una etapa, sino para recordarla siempre, para llevarla bajo la epidermis como su huella en tinta vegetal. Fue lo último que al irme vio de mí, y lo primero que anoche contempló cuando nos desvestíamos. Lo mordisqueó, y por un momento ambas tuvimos sensaciones fugaces y encontradas, pero no hicimos al respecto ningún comentario.
Nos dedicamos a besarnos, abrazarnos y acariciarnos, recreando la liviandad y la temperatura de los cuerpos, frotándonos los montes anhelados, absorbiéndonos dedos, vulvas, labios, aureolas y pezones, cambiando de postura continuamente, procurando prolongar la excitación y el goce como sólo nosotras sabíamos y sabemos hacerlo.
Nos acostamos a dormir como antes, como cucharitas acopladas, y ella cayó rendida. Hacia las cinco llegó Pedro y me dio un beso. Él también estaba muy excitado. Me preguntó cómo la habíamos pasado y charlamos en voz baja, para no despertarla. Comentó que yo lucía radiante, que mi rostro denotaba una felicidad que hacía mucho no me veía. Lo invité a acostarse con nosotras, con Rowena, le dije y deslizándose en la cama, sin apenas hacer ruido, se acomodó a su espalda. Desde ahí acarició por largo tiempo mi clítoris inflamado y luego penetró lentamente a nuestra amiga. Sin despertar del todo ella se apretó más a mi cuerpo, pellizcándome un pezón y admitiendo su dureza con un hondo gemido, al tiempo que pasaba una pierna sobre mí, envolviéndome, llamándome walkiria.
Más cerca del orgasmo, me puse boca arriba y subí las piernas para que Rowena clavara entre mis muslos empapados sus caderas mientras él nos dejaba ir su peso encima. Recordé, no se por qué, que a esa posición la llamábamos “Los tulipanes”. Se salía de ella sólo para metérmela y regresar después al fondo de los pliegues jugosos de Rowena, quien al igual que yo gemía y junto a Pedro me aplastaba contra los almohadones revestidos de flores, me mordía el cuello, los lóbulos y los ardorosos labios. Con los párpados apenas entreabiertos, yo admiraba y besaba con pasión a los seres a quienes más he querido y deseado, sintiéndolos sobre mí, cogiéndome y cogiéndose, y mi alegría era inmensa. Bajo el rítmico vaivén de Pedro, nos venimos las dos, dando de gritos, explosivas, varias veces.
Pedro se derramó resollando, a borbotones, en mi boca, cuando ella le acariciaba el culo con la exquisita punta de su lengua. Tengo el sabor espeso de ambos mezclado con el mío. Él ya casi se ha dormido. A la vez que rodeo sus huevos con la mano, su verga sigue dentro de mis labios. Mi amiga continúa aún semi despierta, besándome el hombro donde tengo la estrella, como si quisiera hacerla desaparecer o abrillantar con su saliva.

3
Carmen y Rowena. Rowena y Carmen. Las dos dormidas, estrechadas de nuevo las walkirias. La imagen es conmovedora y me retrotrae a una época gloriosa. Rowena abierta a la deriva de un verano sobre la colcha tamarindo, en cuatro patas. Rowena hablándome de la Sontang o de Visconti, de Camus, de Kundera o de Kandisnky. Rowena acariciándose, caliente, sentada olorosa bahía sobre mi boca. Rowena mamándome hasta ahogarse de pelos y suspiros. Su culo y su pubis depilado eran una fiesta, y ella lo sabía muy bien. Yo le decía que era mujer de sonrisa franca y se reía, dándome la vulva para que se la afeitara o le lubricara su clítoris pulposo con las gotas que resbalaban por la cabeza de mi verga.
Duramos poco y no atinamos a mantener aquella relación en armonía. En buena medida, a causa de la pelirroja (Amarilis se llamaba, creo y era guapísima) con la que tuvo un largo romance y por cuya compañía terminó por decidirse y definirse, dejándome en el puro mármol de los adioses. Si mal no recuerdo, esas fueron sus palabras finales que sacó de un poema y que sin embargo fueron preámbulo de otro tipo de proximidad.
Esporádicamente seguimos frecuentándonos para ir al cine o al teatro, o a alguna celebración. Fue en una de aquellas bacanales tumultuosas donde me presentó a Carmen, su pareja de esa época, mi esposa, la mujer con la que ella vivió mas tiempo. Estaban en la universidad y se amaron por años, hasta que tuvieron que seguir direcciones opuestas. Carmen continuó sus estudios fuera del país y Rowena comenzó a trabajar en un despacho.
Los tres salimos juntos en varias oportunidades y casi siempre terminábamos en la cama. Ahí gracias a ellas y a sus juegos, aprendí una enciclopedia práctica acerca del placer, acompañándolas y sumándome a la manera espectacular con la que se hacían el amor y en la que me incluían, para mi deleite y fortuna. Llegamos a vacionar juntos, y en esos años además les hice muchas fotos, vestidas y desnudas. Las mejores eran cuando estaban acariciándose una encima de otra en un 69 prodigioso. Había un close up de una lengua y un clítoris en la que nunca pudimos descifrar a cual pertenecía cada parte.
Llegué a enamorarme de las dos, y mi afecto era tan enorme como profundo mi deseo de estar con ambas. Una de las razones por las cuales no seguí con ellas, la más poderosa, fue que no quise perturbar el equilibrio que entre las dos establecieron, aunque me abrieron sin reparos la puerta de su amistad, de su compañía y de sus cuerpos. La otra causa era que Carmen y Rowena me gustaban por igual intensamente.
Eran tan distintas y tan parecidas a la vez: Rowena, de senos breves de aureolas ovaladas, morena cimbreante y cáustica, desinhibida hasta la exasperación. Carmen, blanca y trigueña, pragmática de hablar atropellado, erectos pechos amplios y nalgas respingadas. Juntas o por separado, desprendían una sensualidad felina; hacían gala de un ingenio demoledor y una sensibilidad sin paralelos. En singular o plural ambas eran adorables.
Volví a encontrarme con la bella Carmen hace algunos años. Se mudó a vivir conmigo y al poco tiempo decidimos casarnos. Hemos sido felices. A veces rememoramos las ocasiones en que yo, como invitado, hice el amor con ella y con Rowena, a la que ninguno de los dos ha pretendido olvidar. Cuando incluimos a alguna otra amiga en nuestra intimidad, siempre al final ambos hacemos la inevitable comparación con la walkiria.
Al llegar las dos a casa las vi desde mi estudio de trabajo y apagué la lámpara. Rowena está hermosa. Mi primer impulso fue correr a abrazarlas, levantarlas en vilo. Pero tal y como acordamos Carmen y yo, no interrumpiría su primer encuentro, y me contuve.
Las estuve oyendo charlar animadamente cuando cenaban, poniéndose al día de sus respectivas existencias, y luego pude oírlas gemir durante horas. Oí cada uno de sus gritos y sus risas, sentí en carne propia cada uno de sus orgasmos, tan distintos a los que Carmen ha gozado conmigo o con alguna mujer que no fuese Rowena, tan llenos de electricidad y de ternura. Las walkirias, años después, con la misma entrega total, me hicieron eyacular sin siquiera tocarme, tan sólo de escucharlas vaciarse una en la otra entre gemidos.
Entré al cuarto cuando se hicieron el silencio y la lluvia. La imagen de las dos, acurrucadas contra el alba, era las más plena que yo hubiera contemplado. Más plena que las que de ellas guardaba con celo mi memoria. El aire olía a rumor de flores y a hembra satisfecha. Ya tenía el miembro erecto cuando me aproximé a Carmen. Su hermoso rostro amado destilaba alegría y euforia. Hablamos quedamente por unos minutos. Al besar su boca paladeé también el delicado sabor de nuestra Rowena, y me acosté atrás de la amiga tan querida. Metí una mano entre sus nalgas y di masaje a su culo con mis yemas, sosteniendo la punta de la verga entre sus labios; con la otra acaricié suavemente el terso y pegajoso pubis de Carmen. Sin voltear a mirarme Rowena alzó una pierna. Mi verga entró con un fuerte chasquido, y empezó a latir al límite de su calor apretado y jugoso.
Más tarde Carmen se puso boca arriba y Rowena se subió entre sus piernas, acariciando las desnudas aberturas. Hincado, me coloqué encima y tras de Rowena. Los pies de Carmen flotaban oscilando sobre sus finos hombros, y en esa postura pude penetrar a una y a otra, escurrir en la profundidad atrayente de sus sexos y acariciarlas, besarlas y lamerlas. Los tres ardíamos como flamas de un mismo candelabro. Las dos se vinieron temblando repetidas veces, restregándose ansiosas clítoris y senos. Luego me dedicaron la enroscada sapiencia de sus lenguas, hasta hacerme derramar hasta la última gota. Carmen sigue chúpándome, amorosa, tratando de dormirse.
En la terraza, la lluvia inventa sonoras estrellas contra el mármol. Y se extienden y definen encima del agua suntuosa, discursivas.

Rowena Citali >>> excalibur132@hotmail.com