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De fresa o vainilla

Martes, Enero 12th, 2010

Quizá este historia intima nos pertenece solo a mí y a ella, tal vez no la debería compartir con nadie, pero de alguna manera siempre me ha inquietado platicarlo con alguien, pero no puedo por obvios motivos, sería desastroso. He estado a punto de contárselo a mis amigas e incluso a mi prima mi prima, pero gracias a dios aun no me he atrevido. Supongo que eres la persona correcta, que aunque algún día me veas por ahí, en alguna plaza del df por ejemplo, ni siquiera te imaginaras que sabes mi más intimo secreto.  Originalmente lo escribí para mi, para poner en orden algunas cosas en mi cabeza, y tal vez lo debí conservar así, en un archivo oculto en mi compu,  pero en fin aquí lo tienes, para que puedes asomarte por una ventana a lo mas secreto que tengo, y observarme una dia a solas con mi mejor amiga, desnudas haciéndolo, o por que no, sentir  Alejandra y seducir a una chava o  ponerte en piel de Sandra y hacer cosas locas solo por dejarte llevar por tus emociones
Pude haberlo resumido a la parte en que tuve relaciones con ella, pero esa no es la verdad, no me acosté con Alejandra, no solo eso. Si solo narrara eso, no tendrías idea, mi historia solo una niña la puede entender, no es como los demás relatos donde lo padre es lo vulgar y exagerado, que algunos se imaginan, es una relación entre chavas, ¿y creen eso excitante?. Te voy a contar como una niña hetero termino en el cuarto de su amiga cerrado con seguro y a oscuras

Así  comenzó todo

En la vida todo es consecuencia de decisiones que no siempre tomas consiente de hecho gran parte de tu realidad la escogen otras personas y tu voluntad poco o nada importa

Soy de la Ciudad de México allí nací y viví mis primeros 16 años,  tuve una infancia se puede decir “normal”, educación tradicional de clase media,  siempre hice lo que las niñas hacen, tenia muchas amigas y amigos también.

Mi mejor amiga era sin duda Jenny, mi vecina, éramos como macarrones y queso, siempre juntas y felices, teníamos nuestras altas y bajas, nos enojábamos y nos dejábamos de hablar, pero no podíamos vivir una sin la otra, nos conocíamos desde el kínder, entre nosotras no había secretos, ella era muy bonita y por esa razón muchos chicos del colegio la asediaban y le gustaba cambiar de novio como a sus calzones (como dice mi mama), por eso a veces no tenia tiempo para mi.

Pero cuando le conté  que mi papa había decidido tomar la plaza que le habían ofrecido en otra ciudad, empezamos a pasar todo los días juntas,  saber que eran nuestros últimos días juntas nos ponía algo nostálgicas, pero hacia que disfrutáramos al máximo cada día. Pensaba que no encontraría en Guadalajara alguien tan padre como ella, por esa razón  se me dificulto cambiar de ciudad, también tenía novio, que no era tan enserio pero sabia que lo extrañaría.

Además extrañaría a mis primas, que a pesar de que eran menores que yo, siempre las he querido mucho y me caían súper. Sin otra opción en verano de 2003, una vez hubieron terminaron las clases nos mudamos y dejé atrás aquella época de mi vida.
De cómo nos conocimos
Al principio en Guadalajara me sentía bien sola y deprimida, melancólica, extrañando México; mis padres cada día se llevaban peor, y ya no nos soportábamos mi odiosa hermana mayor y yo. A la familia le cayo mal el cambio y así trascurrieron los peores días de mi adolescencia. Pronto comenzaron los cursos de final de semestre de mi nueva escuela, a los que la directora tuvo a bien convencer a mis padres a inscribirme para que me familiarizara con mi nueva escuela, y con el método que llevaban ahi, como si mis broncas no fueran suficientes, ahora también tendría trabajos y  tares. Por mas que hice berrinche, mis papas me obligo a ir al pinche curso.

 

En la escuela era aun peor que en casa, me sentía como bicho raro, en especial por que había un grupo de 3 chicas que se aconsejaban al oído mientras me miraban,  a veces sentía que solo se reían de mi, ya me caían de la patada, me hacían sentirme insegura. Dos semanas después de haber comenzado el curso, Alejandra la que parecía la líder del grupo se acerco en un descanso y me hizo plática; cosas x, tu sabes:

como te llamas?, cuantos años tienes?,  De que colegio vienes?, y cosas así. 

Me dijo que ella tenia 18,  ya debería haber salido de prepa pero perdió un año por floja y burra, me platico que la directora tenia algo en su contra a pesar de que sus padres se llevaban bien con ella, me presento a las otras dos chavas, Fabiana y Andrea, y me invitó a salir con ellas el próximo fin.

El siguiente Sábado, salimos a plaza galerías y estuvo bastante chido, no eran unas perras como había pensado, me jalaron a su grupo y en menos de un mes ya éramos súper friends, con ellas el tiempo se pasaba volando, me sentía incluso más a gusto que con mis amigas del df.

Eran muy lindas conmigo, hacíamos de todo juntas, tu sabes; íbamos al cine,  pasábamos las tardes de los jueves en un centro comercial, íbamos al club deportivo, nos reuníamos en la casa de alguna para ver películas o jugábamos con el Xbox de ale, también salíamos de vez en cuando a fiestas en las noches, a Faby y Ale como eran ya mayores les encantaba y como conocían a medio mundo nos pasaban a Andrea y a mi
El verano  termino, Andrea y yo entramos a segundo de preparatoria, Ale y Fabiana a tercero, pero en los recesos y al final de clases siempre estábamos las 4.

Al comenzar el curso conocí a Julio que era un niño muy lindo, todos pensaban que quería conmigo, pero a mis nuevas amigas no les caía “por que lo conocían” decían que era un loser y un naco, le hacían muchas groserías, por ejemplo; si estaba con el, Alejandra lo interrumpía y me invitaba a la café con ellas, y a el ni le hacia caso, o cundo  Julio me invitaba a salir el fin, les encantaba ponerme entre la espada y la pared, a que escogiera entre ellas o el, esas payasadas no me agradaban, se me figuraban inmaduras pero aun así, siempre les seguí el juego y me iba con ellas, no me quejo por que era bien padre. De echo me terminaron de convencer que Julio no me convenía por teto

Ellas eran extrañas, y medio lo notaba pero no estaba segura, pe. Fabiana y Andrea eran muy confianzudas entre ellas, además nunca hablábamos de niños como es normal, cuando yo comentaba de alguien que se me hacia atractivo, nadie se interesaba en seguir la conversación,  a pesar de que donde fuéramos  siempre nos volteaban a mirar niños bastante bien, especialmente a Ale y Faby que eran muy populares y realmente muy bonitas, delgaditas y como de 1.65 cm mas o menos, Fabiana güerita y muy finas facciones, Ale de pelo lacio y negro , de ojos verdes y una personalidad que hacia notarse siempre, de lo demás te diré que estaban también bien, estaban mejor desarrolladas que Andrea y yo, ellas eran mayores y su desarrollo había alcanzado su plenitud.

Parecían no hacerle caso a ningún niño, ni de la escuela ni en las plazas que visitábamos, primero creí que no lo notaban, pero después observe que no hacían mas que ignorarles, tal vez por hacerse las interesantes.

Eran buenos tiempos y Así  llegaron las vacaciones, casi no había día que no nos viéramos, no las pasmos súper, por las fiestas de navidad, mi cumple que me lo celebraron en grande y todo ese mes sin clases
Nos hicimos muy amigas
Después del las vacaciones de invierno. Algunas cosas cambiaron desde que me confiaron el secreto de que Fabiana y Andrea eran “girlfrieds”, Ale ya lo sabia pero no me lo habían dicho para no  frikearme, realmente no tuve objeción alguna, no me afectaba, era cosa de ellas, seguimos saliendo juntas pero ahora, preferían andar ellas por su lado de la mano, abrazándose y cosas así

Empezó a haber más química con Ale, todo el tiempo estábamos pegadas como chicle, la confianza era “total”, pasábamos toda la tarde juntas y a veces dormíamos juntas en la casa de cualquiera de las dos, sabíamos “casi” todos nuestros secretos.

Su color favorito era el anaranjado,  le gustaban las películas de terror, le fascinaba los helados de vainilla y las galletas finas, odiaba la carne de puerco, se ponía el mismo pantalón sin lavarlo hasta tres veces, dormía sin ropa interior,  y ya había tenido su first time, a los 16, y se depilaba allí por que odiaba sus bellitos

Ella sabia de mi que me gustaba el azul, que nunca comía atún, mi debilidad era el helado de fresa, y además de jenny era la única persona que sabia lo de un incidente con un primo medio lejano, nos besamos en una fiesta cuando teníamos 13 disque para saber que se sentía, a, y también sabia que aun era virgen.

Platicábamos de todo, no había pena para tocar ningún tema, yo le preguntaba mucho de su experiencia, de cuando había estado con un chavo, yo sentía mucha curiosidad, aun que ella le era indiferente, decía que me emocionaba de más, “que no era la gran cosa”

Nos entendíamos padre, juntas comprábamos ropa y nos la pastábamos, comíamos helado en el centro de la ciudad mientras nos burlábamos de los frikies que pasaban, en fin con cualquier cosa la pasábamos bien.

Hasta nos llevábamos medio pesado a veces nos empujábamos, nos ofendíamos en juego, tu sabes cosas como “bitch, estúpida o perra”, nos aventábamos agua en la cara cuando su mama nos hacia lavar los trastes y hasta a veces cuando me agarraba distraída me daba una nalgada, y yo se las devolvía mas fuerte,

también hacíamos travesuras ñoñas como leer los mails cachondos de mi hermana cuando descubrí  su contraseña, o nos escapábamos de la escuela y nos íbamos a su casa a desayunar y  a ver tv o a echarnos una siesta, a veces también tomamos dinero de su mama para ir a gastárnoslo.

Le encantaba la aventura, se robaba pequeñas cosas de los almacenes, cosas pequeñas, como esas pastillas que venden en las cajas de las tiendas departamentales, incluso una vez se saco una playera sin pagarla de un Liverpool, no por que lo necesitara, sino por diversión, de hecho me la regalo al otro día por que me había gustado mucho, para ella todo era un juego
—te cuento esto por que creía ser heterosexual y es importante que entiendas como a pesar de esto, logro seducirme al grado de un día jugar desnudas en su cama—
Mi madre pensaba que era una mala influencia y que cada vez era más como ella, siempre en la calle,  incluso afirmaba que ya era fachosa e irreverente como ella. A lo mejor si éramos algo distintas pero por eso hicimos buena química, los polos diferentes se atraen. 
De cómo nos hicimos más que amigas

Una tarde a principios de febrero después del colegio pasó algo que no me esperaba, Ale me acompañó a casa y antes de despedirse saco una pequeña flor de papel de su mochila y me hecho un largo e ininteligible rollo, que nunca logré recordar claramente, que en esencia dijo:
-“Eres una chava súper, me agradas desde que entraste al colegio”. Dame chance de conocerte más

claro que no le entendí  a que se refería
Entonces me explico que no le agradaba que más bien le gustaba mucho pero no como amiga, como chava

me dio risa por que creí  que bromeaba y le dije en broma – no somos lesbianas

Ella río también y me contesto, en serio, Sandra, que tal que lo intentamos, tu y yo somos como almas gemelas, no deberíamos ser solo amigas “es un desperdicio”, (esa última frase es creo lo único que recuerdo de manera textual),

vamos que tiene de malo?

 

Entonces tuve una reacción parecido a: ¡¿Qué?!  ¿Había entendido bien?, ¿mi mejor amiga me estaba llegando? ¿Como que, que desperdicio?
- no te entiendo Ale. Le conteste con nervios y con esperanza de haberla malinterpretado
-Quiero que seamos mas que amigas, ¿me entiendes? Dijo sonriendo
Me quede callada, apreté  los labios sin saber que responder, agache la mirada,

no la entendía, o  tal vez no quería, no sabia en donde esconderme, si cuando un chavo me llegaba me ponía bien nerviosa, imagínate ahora que se trataba de mi mejor amiga. Una vez que me di cuenta que si iba en serio, cuidando mis palabras para no herir sus sentimientos le conteste con otro choro, solo que yo al contrario de ella estaba nerviosísima

- yo creo estas confundiendo, también te quiero mucho ale, pero no así, no por que Andy y Faby salgan, nosotros debemos hacer lo mismo, es más yo nunca he salido con otra chava, es que yo no soy así,

- estoy segura de lo que siento por ti Sandra, es normal a veces a las mujeres nos
me despedí con el común beso en la mejilla y no la invite a pasar como era lo común
Una vez que puse un pie, en casa, deje caer mi mochila me senté en la sala sin dar crédito a lo que había escuchado.

La verdad me espantó, sin querer a la mente me vino aquellos días en la regadera juntas, las noches que dormíamos en la misma cama o las nalgadas que nos pegábamos de “broma”  y le maquile un rencor tal vez injusto, por no haberme contado que era les antes,  todo lo que habíamos compartido. La cabeza me daba vueltas; óseas que ¿me dirigió la palabra en los cursos para ligarme como cuando un niño quiere conocer una niña?

Ahora muchas cosas las pude entender

Me preguntaba tratando de darle sentido a la situación que parecía no ser real, me pare y me fui a cambiar la playera que era de Alejandra, ahora me daba asco, y todo la tarde y los siguientes días fueron extraños. Me descontrolé por completo, deje de estar en contacto con las tres “lesbianas” como yo ya les llamaba para mi misma, de las tres no hacia una y me empecé a juntar con otras niñas
Ale parecía ser la misma conmigo, no evitaba mi mirada, aun que yo si, me invitaba a salir por teléfono y yo buscaba mil pretextos, me buscaba en los recesos pero yo me refugiaba con mis “nuevas  amigas”, me sentía otra vez de la patada, sola como perro, las tardes solo hacia tareas y me la pasaba encerrada con Karlita mi hermana que ya no sabia como molestarme. 

Me preguntaba burlonamente  ¿tronaste con tus novias?. Me incomodaba tanto ese comentario, por los tintes de verdad que eso tenían, y  me alegraba de que no supiera lo que había pasado.

Andrea me aconsejaba que le diera una chance, que lo intentara, pero dejo de hacerlo cuando noto que no me gustaba hablar del tema y también la evitaba a ella, en clase ya no me sentaba junto a ella.
-ya se que es un relato erótico, y no novela pero aquí viene lo emocionante-
Ale no se dio por vencida y evito que mi actitud ante ella nos distanciara

Un día trataba de evadirla después de la clase de educación física que tomábamos juntas,  pero ella me tomo con suavidad de un brazo y me dijo

-tenemos que hablar  Sandra

–Si, dime – le dije haciéndome la desentendida

-Sabes algo, no podemos terminar nuestra amistad, en las tardes echo de menos tu compañía, te volviste una hermana y…. bueno…  si tu no quieres, bueno…. tal vez solo como amigas, yo lo entiendo, pero no me trates como si no me conocieras, la verdad me duele mucho que seas así conmigo
Que quería decir exactamente?  “Tal vez solo como amigas”  a tu hermana no le dices que sea tu novia

Me desarmo por completo, hoy si parecía nerviosa, y hasta parecía que lloraría.

Yo pensé que ya nunca le dirigiría la palabra, y lo que le respondí ni siquiera lo pensé solo se lo dije, con el otro extremo de la mezcla de sentimiento que me estaba matando, como si mi corazón en vez de mi cerebro, pusiera las palabras en mi boca
-si yo también, ni siquiera me caen las otras niñas, no son tan divertidas como tú
Ella sonrió y pregunto -¿amigas? con una voz tierna que era imposible decir no
Así que acepte y pasamos el resto del receso juntas, me di cuenta que era una persona bien padre, con la que no quería dejar de llevarme, era muy interesante, nunca me aburría con ella y otra cosa me podía mucho
Yo me mostraba rara con ella, sin en cambio ella parecía poner todo de su parte para restaurar la amistad y como me caía súper bien, lo logro pronto, y seguimos la amistad como había sido hasta antes del día que se le ocurrió llegarme
Un mes después comenzó  a insinuárseme de nuevo, y ya no sabia que hacer, ya pensaba darle chance, para no pasarla mal de nuevo

Necesitaba hablarlo con alguien pero no sabia con quien, ¡necesitaba ver a una niña hetero! ya me daba miedo estarme pasando al otro bando

Mama tenia la solución por puro instinto maternal, desde hace algunas semanas me insistía que invitara a Jenny a pasar unos días con nosotros, no se cansaba de decirme: “Jenny que si es una niña decente ya ni te acuerdas”.

Ese mismo fin por el Messenger la invite y a ella le encanto la idea
Como tenia un rato que no nos veíamos, la pasamos padre, fuimos al cine a la gran plaza para no encontrarme a Ale en galerías, donde siempre estaba
Con mucho tacto, antes de dormir, y con el pretexto de las chavas que se estaban besando en el cine delante de nosotras, le comente que aquí las relaciones entre chavas era más común que en la capital, y le pregunte su opinión y que si probaría alguna vez andar con una chava,
-  Con aires de sabiduría se tomo unos momentos para contestar- mira, es normal que algunas chavas les gustaran las chavas, también hay chavos así, yo no  tengo nada en contra de eso, en cuanto a lo otro, no creo que se malo probar un poquito, de chile y de dulce-

y me confeso que apenas se había besado con Elena, una chava que conocimos en la secu, me dejo bien claro que no era les, pero que se dieron las cosas en una fiesta y que le había dado curiosidad, de que se sentía a una chava

  • Y, ¿como es le pregunte? con curiosidad y morbo reprimido
  • Sabes no es muy distinto a besar a un chavo pero sentí mucha cosquillitas en la pansa fue divertido
  • Antes de voltearse para pegar la pestaña, me dijo jugando – a ti no te voy besar por que eres re persinada y somos amigas

Nos reímos de su tontería un rato y después dormimos.
Al otro día, después del desayuno Jenny se fue y yo me quede pensando en la curiosidad y la aventura que me hablo

Por otro lado estaba todo lo que me habían inculcado acerca de que “a las niñas le gustan los niños” y por otro las ganas que sentía de vivir algo distinto, que pasaría si lo probara?. Cuando veía lo bien que se entendían las otras dos, como se llevaban. se veía algo padre y la verdad hasta me daba un poquito de morbo de lo que seria besar a alguien de mi sexo. Ahora que lo pensaba, tener una relación con una chava no era algo del otro mundo, total si no funcionaba no pasaría nada.

 

Un día de marzo cedí  ante su perseverancia  y le propuse intentar ser su novia unos días, con la condición de que me considerara y que diéramos tiempo a que las cosas pasaran poco a poco, a y que solo quedara entre ella y yo, ni siquiera lo platicaríamos con Fabiana y Andrea. Ale acepto gustosa sin ninguna objeción
Y Empezamos, al principio parecía ser una relación de juego y pasajera, seguíamos siendo amigas y tal vez ya no como antes, ya no dormíamos juntas, no nos bañábamos juntas en el club y hacia lo posible por que ya no me viera ni en calzones cuando nos cambiábamos para la clase de deporte, yo ingenuamente quería que continuara así pero ella no parecía opinar igual, se mostraba muy interesada y clavada conmigo.

Pasábamos más tiempo juntas que antes y era muy divertido, era mas linda de lo que ya era, si teníamos un peso lo compartíamos y si había mas lo compartíamos igual, el cine, los frapes, los helados, a comer, y luego me llevaba a casa en autobús o en el auto de su mama cuando se lo prestaba.

Pero sobre todo, me escuchaba, me apoyaba en todo y siempre tenía tiempo para mí. Tenia muchos detalles para conmigo casi todos los días me llevaba a la escuela una paleta o un snickers y también me hacia cartitas, aunque casi eran de amigas, a veces tenían cositas que me sacaban de onda así como: “eres mi vida” “me encantas desde que te vi por primera vez”, no me caía bien el veinte de lo que ya éramos, eso era algo medio tonto de mi parte, por que si asíamos cosas como de novias por ejemplo:

En las tardes después de ir a la escuela caminábamos unas calles hasta un parque, nos tirábamos en el pasto, me recostaba en mi mochila y ella se acostaba en mi abdomen, pasábamos horas platicando, mirando las nubes, observando lo que hacían las pocas personas que pasaban por ahí, riéndonos de cualquier cosa, a veces ni llegábamos a comer a nuestras casas, prefería mil veces estar en el parque con ale, que en mi casa peleando y discutiendo por todo
Así nos empezamos a involucrar sentimentalmente y a encariñarnos “de otra manera” la una con la otra.
Una tarde después de haber visto “The secret window”  me fue a dejar en el auto de su mama a mi casa,  en el camino fue normal nos reíamos por que “nos hacíamos enojar” yo le decía que me había gustado Johnny Depp y ella decía que le gustaba la chava de el poster de la película de Harry Potter

Pero al despedirnos esa tarde nos dimos nuestro primer beso de novias, aunque solo duro unos 3 o 5 segundos, sentí una emoción que nunca antes había sentido, me puse nerviosa.  Le dije adiós, me salí del auto, deprisa abrí la puerta, le hice una seña de adiós y cerré la puerta.

Cuando entre Mama estaba en el comedor, me saludo y me pregunto:

-¿que tal la pasaste con tu verry  bestfriend, hija? (Mama no aceptaba del todo a Alejandra se le hacia una mala influencia y por eso se burlaba)

Yo que lo que menos quería era sentarme a platicar con mama, estaba muy nerviosa la cara la tenia caliente de nervios, solo me apresure a contestar:

-Bien ma,-. y subí de prisa a mi cuarto, tenia ganas de estar a solas y pensar en lo que había pasado, estaba bien? o el juego se salía de control?

Esa noche no pude conciliar el sueño, solo pensé, en nosotras, me sentía algo parecido a “enamorada”. Como a las 12 am, recibí un mensaje de ale que me termino de alegrarme la noche

                                          “te quiero mucho niña, see you tomorrow”

El segundo fue en una fiesta de su primo, las dos terminamos medio mareadas, cuando Alan  se dio cuenta, nos ofreció su cuarto para que nadie se pasara con nosotras, esa noche fue Ale quien se aprovecho de nuestra situación
El destino sigue su curso
A partir de eso los besos se hicieron más frecuentes en las siguientes semanas, buscábamos estar a solas para besarnos cada vez con más pasión, en ocasiones entrabamos juntas en los sanitarios del colegio, cuando veíamos que estábamos solas nos dábamos besos largos y húmedos. Recargadas en la puerta, para que ninguna niña entrara

Siempre que estábamos en una situación así sentía unas cosquillitas en la pansa que nunca supe identificar si eran de nervios o si sentía alguna atracción hacia ella, pero creo que esa sensación de estar haciendo una travesura les daba un toque mágico a nuestros besitos

La relación parecía haber llegado a su madurez pero aun nos faltaba, por hacer algo, y a ti saber algo

A finales de mayo estábamos por terminar cursos de la escuela y la directora ya nos traía entre ojos para los cursos, de regularización para mi y unos cursos para ayudar a que ale entrara a la uní, pero a Ale su desarrollo académico le tenía sin ningún cuidado y tubo una brillante idea para quedar bien con la vieja y librarnos de sus clases de verano

Las tres chicas y yo apoyamos a la directora para los preparativos de la graduación de la generación de Ale, nuestra labor consistía en conseguir los arreglos necesarios para la ceremonia en el auditorio. Aunque todos sabían que Ale era puro desmadre, sus padres tenían una buena relación con la directora por su posición social, y por este motivo le confió las llaves de la bodega del auditorio. En el solo había algunos arreglos de ceremonias pasadas, sillas rotas y un montón de trebejos olvidados y polvosos.

Desde el primer día nos encargamos de darle un uso a nuestro favor a ese olvidado cuarto. Al no tener un lugar lo suficiente privado para hacer de las nuestras, era el lugar ideal para que nadie nos viera de lesbianas, así que con el pretexto de hacer inventarios nos encerrábamos a solas en la bodega, nuestra energía sexual de adolecentes  reprimida y la privacidad que había nos hacia ir cada vez más lejos.

En uno de estos “inventarios” nos besamos y me calenté hasta el punto de dejar que me quitara la playera y tocara mis senos cosa que no creí que alguna vez permitiría, esos besos tienen una sutil línea que los divide del escarceo sexual, que no es mas distante cuando estas con una chava he, una vez que te dejas llevar, la calentura no te permite parar.

Me beso en mi abdomen desnudo me recargo en la pared y beso todo mi torso, se puso bien loca y se daba gusto con mi cuerpo, después se puso de pie y trato de desabrocharme el pantalón pero yo no le permití y le aparte la mano del botón, así que volvió a ocuparse de mis bubis, realmente tampoco deseaba que hiciera eso, pero algo no me dejo frenarla, por el contrario empecé a acariciar las suyas, eso no me excitaba ni nada, lo hacia por reflejo a lo que ella me hacia y por que mis manos en esos momentos deseaban tocar algo y sus nenas era lo mas cercano a mí, además de tener una textura agradable; no sabia ni que onda, de hecho su cuerpo en si no me provocaba la menor atracción en esos días, pero ahí algo que si es cierto; estar en esa situación era emocionante, tal vez por que a mi edad nunca antes había hecho eso con nadie.

 Después de estar así un rato masajeando los senos la una a la otra la temperatura subió en el almacén y empecé a hacer ruiditos, se aprovecho de eso y volvió a intentar tocarme abajo, solo que esta vez no encontró ningún impedimento por mi parte, de hecho cuando me comenzó a tocar sobre el pantalón le ayude separando un poco mis piernas para que pudiera desplazar con facilidad la mano, les diré que me llevó a tal extremo que al ver que le costaba trabajo desabrocharme el pantalón lo desabroche yo misma y bajé el cierra,  afortunadamente para mi y desafortunadamente para ella escuchamos pasos aproximarse, me puse mi playera rápidamente y acomode mis pantalones, los pasos se siguieron de largo, eso me puso un susto de los de a deveras

Ale me tomo para regresar a lo que estábamos, pero el susto hizo que se me apagara el fuego y reflexionar de lo que estuve apunto de permitir. La verdad no estaba preparada para esa situación con ella, agradecía a dios que no hubiera pasado a mayores, me intento besar pero yo le pedí que nos fuéramos, en el camino a casa me la pase callada, lloviznaba, y las dos caminamos cabizbajas, al llegar me despedí de un beso en la mejilla y entre a casa

En cierto modo estaba arrepentida y enojada conmigo misma, por haber permitido aquello, eso no era correcto ni con un chavo, a lo mejor nos podíamos besar, hacia mucho tiempo que no lo hacia, necesitaba una válvula de escape para mis hormonas y hacerlo con una chava era divertido de alguna manera, era como una travesura, a la que tenia derecho a experimentar por mi edad, pero tener un faje era demasiado!. Cómo iba a permitir que una amiga me tocara en mi parte, que yo le tenia tanto respeto? mi amiga no debería quitar mi virginidad con su dedo solo por estar caliente un rato,  por supuesto que no!

Al otro día hable con ella para explique, cómo me sentía por lo que había pasado, ella me pidió  una disculpa y me dijo que no había sido su intención hacerme sentir mal y me prometió que nunca haría algo que no deseara.

 

Una semana paso, y yo ya no estaba cómoda con ella. Una tarde después de clases tuvimos que asistir en la tarde al colegio por que resulto que el intendente de la escuela accidentalmente había tirado a la basura parte de los listones y las mantas que habíamos cortado, Así que la directora ordeno que “el grupito Ale”, (como nos conocían en la escuela) se reportara en el almacén en la tarde; después de hacer una lista de lo que faltaba, Andrea y Faby se fueron y nos dejaron encerradas “accidentalmente” en el almacén, en el momento en que ale me dijo que las llaves las había dejado en su casa, el corazón comenzó a latirme a prisa y las manos me sudaron en frio, estaba otra vez a solas con una chava que no sabia desaprovechar esas oportunidades.

le sugerí que marcara a su mama para que le trajera la llave y nos sacara de ahí, los siguientes 45min en lo que las laves llegaron, ale se comporto como una dama, no sentamos en el suelo y me ofreció su sudadera, a fuera se oía que caía un diluvio y el almacén estaba helado, acepte por que titilaba de frio  y nos abrazamos para retener calor.

Me platico muchas cosas que no sabía de ella, su padre se había ido con otra mujer cuando ella tenia 13, había tenido un novio hace tres años con el que se había clavado mucho y  después la dejo sin más ni menos, la paso mal en los siguientes meses, hasta que una chica se porto muy bien y la ayudo a salir de su depre, después de un tiempo “se volvieron más que amigas” y con ella descubrió que las niñas le gustaban mas que los hombres, tuvo una relación con ella de año y medio, que por cierto yo conocía era llamaba Fabiana precisamente. Después tuvo un par de novias más, pero nada serio, además me confeso que nunca había sentido algo como lo que sentía por mi, con nadie más.

Eso me dejo muy sorprendida, sentí que me tenia confianza y por otro lado no intento ni siquiera besarme, ella me entendió totalmente, cuando llegue a casa me sentí mas unida a ella

Las vacaciones llegaron,  Ale era un oasis en mi vida, todo era diversión y tomar todo con calma. Pronto los besos en la boca regresaron no así los contactos que yo consideraba inapropiados y ale lo aceptaba bien.
Con motivo de su cumple y de su graduación, la mama de Alejandra y yo le organizamos una fiesta sorpresa en su casa, invitamos a unos cuantos compañeros de la escuela y estuvo padre, hubo alchol y mucho relajo, pero termino pronto como a eso de las 11. mientras le ayudaba a levantar el tiradero que se había quedado, nos dimos cuenta que estábamos desperdiciando valioso tiempo, y nos fuimos a la cocina a besarnos bien rico, al poco tiempo, oímos la puerta, me dio un ultimo besito y me hizo una preguntitas,

-Sandra me quieres mucho?

-Llegarías a más conmigo?

Eso me impacto, pero Karen (su mama)  entro a saludarnos y nos hicimos las disimuladas,  no tuve que contestar su pregunta, pero estuvo rezumbando en mi cabeza los siguientes días
Como  era su pareja, por así decirlo, fui su invitada a su cena de graduación, al principio yo no quise y le puse mil escusas;

-mis papas no me dejaran     -mi mama los convence,

-no tengo para el boleto       -yo te lo invito,

no tengo vestido                   -te presto uno bonito

total que cuando las escusas se me acabaron, no me quedo de otra y acepté. 

Estuvo a todo lujo,  me prestó un vestido color lila precioso, y ese día, la vi como nunca, en un elegante vestido negro que contrastaba con su tono de piel pero hacia juego con su pelo, tacones altos que presumían sus largas piernas, peinado de salón y maquillada, se veía muy bien, era la chava más guapa de toda la fiesta, aún que cundo se lo comente a Andrea no estuvo de acuerdo y dio su voto a Faby, pero la verdad es que Alejandra atrajo todas las miradas esa noche y aun que ella  lo sabia, no hizo caso a nadie

Cenamos, bebimos un poco y bailamos para echar relajo con nuestras amigas y unos compañeros, cuando pusieron las baladas, tres chavos le pidieron a Ale que bailara con ellos, y a todos rechazó, Fabiana y Andrea, se pararon a bailar como pareja, y no disimularon nada, que era lo que yo no quería y por eso le dije a ale que prefería no bailar,

Julio se acerco y me pidió  que lo acompañara en dos canciones, la primera lo rechacé pero la segunda  me anime a bailar con el, sabes si fue algo extraño, las copas que traía encima, me hicieron confundirme y sentirme bien con el, creí que era ahí donde pertenecía, mientras danzamos me di cuenta que Julio disfrutaba  tener la mirada fija de Ale en nosotros y se esforzaba en no perderla, me hacia comentarios en el oído y debo admitir que eran graciosos por eso me reía con el, a la siguiente canción las luces cambiaron y todos en la pista se abrazaron pera bailar, incluso Faby y Andrea, las que tampoco nos perdían de vista, bailaron muy acarameladas

yo también abrase a julio, cuando volteé a donde Ale, me pareció enojada, pero yo creí que no tenía motivo para enojarse conmigo, y no hice caso. Además la loción de Julio y la firmeza con la que dirigía nuestros pasos me hacían pasar un rato bien, así que cerré los ojos y me deje llevar, alguien toco mi espalda por atrás e interrumpió lo que pensaba, al voltear a ver quien era el inoportuno, se trataba de Faby que señalaba hacia donde se supone estaba sentada Ale,  no estaba ahí ni su bolso ni su abrigo, la busque y la pude ver aproximarse con paso decidido a la salida, sin pensarlo solté mi pareja y corrí por mis cosas a la mesa y después a ella, la tome por un brazo para detenerla, ella se soltó y dijo

  • Que, poca tienes Sandra – sin mirarme a los ojos-

Pero me di cuenta que lloraba

Por un momento no supe lo que debería hacer, pero después fue claro no podía dejarla irse así, pegue otra carrera para ir por ella, ya estaba en la calle

Siguiendo su paso apresurado, le pregunte

  • Donde vas Alejandra?
  • No te importa o si?
  • Es muy noche para caminar por aquí
    Ella volteo y me dijo enojada como nunca la había visto – regrésate a bailar con el pendejo ese y déjame en paz
    No supe que responderle y solo la seguí esperando a saber que decirle
  • Ale no me hagas esto déjame explicarte
  • Que? Que te gusta?
  • No, ya detente vamos al salón y tranquilízate
  • No quiero saber nada
  • La tome de nuevo y le dije, tu eres la que me gustas
    Se detuvo  y me dijo, -no es cierto
  • Te lo juro- la abraze con mucho cariño, primero puso resistencia, después no solo se dejo sino que también me abraso sin dejar de llorar, la sentí tan frágil, sus delgada espalda que no dejaba de brincar por el llanto y sus tiernos sollozos de niña me partieron el corazón, yo lo había provocado., me llevo un rato tranquilizarla, pero lo logre, con cariños y besos, y expresándolo mi cariño que le tenia, se convenció de regresar a la fiesta.

Nos metimos al baño y se enjuago la cara, cuando salió la única niña que había dentro, puse el pasador del baño y la bese, para demostrarle lo que le había dicho, me beso con mucho amor, ambas no sobresaltamos un poco, ella me tomo por la cintura y yo puse mis manos sobre sus hombros, me sentí muy confortada de verla contenta de nuevo, con la humedad de sus labios en los míos, que se chupaban con tanta familiaridad , el contacto de nuestras bocas y la mezcla de nuestras salivas era algo ya natural , besaba muy rico , abríamos nuestras bocas y lo hicimos mas profundo, cuando escuchamos que alguien quería abrir la puerta por fuera nos separamos y limpiamanos nuestras bocas para que no se dieran cuenta de lo que estábamos haciendo, salimos riendo y fuimos a platicar a la terraza posterior del salón, donde apenas había dos parejas más, estuvimos mirando la bonita vista que proporcionaba el lugar, platicamos de muchas cosas, especialmente de lo que sentíamos la una por la otra y me dijo por primera vez que me amaba y que nunca había sentido algo así por nadie, yo le conteste algo parecido aun que no estaba muy segura de ello, la fiesta seguía, el conjunto paro de tocar y llegaron los mariachis, pero nosotros la estábamos pasando bien a solas, cuando su mama le aviso por teléfono que nos esperaba afuera para llevarme a casa, nos dimos un beso en la boca más, con el riesgo que alguno de los pocos que quedaban dentro, nos mirara, pero nada nos importaba
Fuimos por las otras dos que estaban sentadas cansadas de divertirse y Andrea hasta dormitaba en el hombro de Faby, su mama nos repartió en nuestras casas, a ellas las dejamos en casa de Andrea, donde según Faby le había confiado a Ale, no había nadie y aprovecharían para tener su primera vez 
De cómo jugamos en su cama
Cuando llegue a casa me acosté  muy cansada e inquieta, solo pensaba en lo de esa noche, solo con Ale, me di cuenta que nadie me quería como ella, cuando pude dormir  tuve un revelador sueño

Ale y yo, nos besamos en un parque mientras bailábamos, con una especie de vestido transparente, acariciaba mi cuerpo y yo el suyo, solo había una tenue luz, que no me dejaba ver todo su cuerpo apenas cubierto por una delgada tela traslucida, nuestros movimientos eran suaves y eróticos, ambas lo disfrutábamos mucho, pero de repente mi madre nos veía  de un balcón que nosotros no vimos, y me gritaba  “zorrita, traidora, lesbiana”. Y entonces las dos corríamos tomadas de la mano despavoridas, para alejarnos de ese balcón.
Cuando desperté el corazón me latía rápido, eran como las siete, no pode dormir en un rato, el sueño me inquieto bastante. Que significaba eso?, ¿como seria bailar con ella a oscuras? después no seria muy distinto de un sueño, si no me gustaba podía olvidarlo y nadie lo sabría solo ella y yo?,  ¿me haría daño vivir eso con alguien a la que quería y me quería tanto y le tenia tanta confianza? Esos pensamientos me pusieron nerviosa, realmente me dio curiosidad de darnos una chance de jugar, de hacer la peor travesura, disfrutar juntas de nuestra sexualidad por una noche como las otras dos.
Cuando la besaba en el carro, ya no era solo la travesura, comenzaba a sentir un deseo fuerte  por ella, pero no me atreví a decírselo.
una húmeda mañana de ese verano, ya hacia una semana que había sido el baile. Me decidía a pararme, mi cama estaba muy calientita y tenia la sensación de haber tenido una noche maravillosa  y que había soñado bonito. Mi celular sonó, medio dormida leí en la pantalla

“1 mensaje de ale”… el mensaje decía textual:

               “buenos días nna! En 30 min paso por ti, te invito a desayunar, te quiero mucho”.

Así que me pare y me metí a bañar, había soñado otra vez algo con ella, pero nunca recordé que había vivido en ese sueño.
Como era habitual, llego con 20 min de retraso, todo el camino escuchamos “accidentaly in love” que nos encantaba desde que vimos shrek 2, fuimos a desayunar a  un Starbucks que queda por el centro, desde que llego por mi, se veía muy linda, no se maquillo ni nada, así era nuestro estilo, de hecho ni siquiera usaba alguna ropa especial,  llevaba puesta una playera polo blanca, una hoodie x,  unos pants adidas y unos tenis, iba muy contenta, sus mejillas chapeadas, su cabello suelto, y sus manos adornadas por el anillo  en el pulgar  y sus uñas sin pintar se me antojaban lindas, además olía al perfume que le había regalado en su  el mes pasado. Esa mañana me gusto mucho y me sentía muy bien a su lado, varios volteaban a mirarla, esa chava que les gustaba, era mi novia.

Pasamos toda la mañana junta caminando por el centro, simulando ser amigas. A medio día fuimos a su casa a comer, su mama ordeno pizzas para nosotros por que ella sadria, tomaría un café con sus amigas y volvería entrada la madrugada, tan pronto como llegaron las pizzas nos la subimos al cuarto de tv aprovechando que no estaba Karen (su mama) y podíamos hacer lo que nos placiera, tirar migajas, subir los pies a los muebles, no comer sopa y cosas así. Nos quitamos los tenis y nos acomodamos en el sillón frente a la tv, encendimos el televisor pero como no encontramos nada,  ale encendió su Xbox y comimos mientras jugábamos voleibol,  después de darme una paliza y habernos hartado de pizza vegetariana, puso la peli Unfaithful, según ella para aprovechar que su mama no estaba por que la semana pasada no le había permitido verla con ella,

(tenia escenas bastante explicitas e incitadoras) que hizo termináramos juntas abrazadas y tomadas de la mano de vez en cundo ella me acariciaba la espalda y el cuello, si no mal recuerdo yo le di el primer beso ese día, con el pretexto de que tenia cátsup en los labios, ella me tenia abrazada casi por atrás, de vez en cuando yo volteaba para darnos un besito tierno, su aliento con olor a pizza que soplaba en mi nuca me erizaba la piel.

Recuerdo que de repente me tomo un pie, me saco los calcetines olio mi pie y  bromeó  que me olían mal, y se puso hacerme cosquillas en la planta y entre los dedos.

Todo era un juego me acariciaba las piernas como lo hacían en la movie y nos reíamos y nos burlábamos de lo cursi que eran los diálogos y los repetíamos algo así como desde el “solo es por pasión, los errores no existen”, además hacíamos comentarios como ¡hay nena¡ cuando la protagonista salía en poca ropa, ese tipo de jugueteos y bromas pusieron una atmosfera que me hacia sentir unos escalofrío, sudar las manos y se me entrecortara la respiración, dentro de mí latía un peligroso profundo deseo por mi “amiga” que tenia muy cerquita

Mientras una escena para adultos se desarrollaba, nos miramos y empezamos a basarnos, y nos tiramos al sillón.

Parecía un juego, quede abajo de ella con una pierna en el sillón y la otra abajo para que ella quedara bien encima de mi y nos besamos así un rato, primero como siempre, pero después subió de tono, como aquel día en el almacén, era realmente excitante, la calentura se me subió a la cabeza y comenzamos hasta  a hacer ruiditos de prendidas, me toco arriba y me puso peor

En ningún momento supe que hacer,  la situación se me fue de las manos desde hacia algún tiempo, ella lo sentía, y lo disfrutaba ,  se veía decidida a hacerme todo y toda suya, le gustaba tener en su control, a mi, mi destino, y mi feminidad.

Me desabrocho el top por debajo de la playera y tentó mis senos muy suavemente, levanto mi playera hasta mis clavículas. Con su lengua dibujo el contorno de mis aureolas y con su boca coloreo rojizos mi pezón, con su saliva a besos delineo mi abdomen, desabrocho mi pantalón y bajó el cierra con una mano, e hizo aparecer para si, mi  pubis velado por una delgada tela azul cielo de el calzón que llevaba puesto, que no parecía ofrecer obstáculo a su excitación que reflejaban sus delicadas facciones; y algunas otras cosas como sus dilatados pezones y su cuero tan erizado como el mío, la habilidad que demostraba, me asustaba pero a la vez me encendía y me hacia querer  llegar a mi limite y el suyo, aun que quizá los habíamos dejado ya muy atrás, probablemente ni existían.
-ven vamos!-  Me dijo tomándome la meno y acomodándose el cabello que tenia en la cara. Se agacho por mi top y mis calcetas y nos fuimos a su habitación, y cerro la puerta, Cuando me tiro a la cama y vi la puerta, pensé que; nada existía fuera en ese momento, pero cuando regresara, el mundo se reconstruirá de manera diferente, ya no lo vería igual, al no salir de ese cuarto en ese momento, elegí de alguna manera cambiar mi vida para siempre

Pensamientos así de mal viajados me llegaron a la cabeza toda la noche creo producto de los nervios y la incertidumbre que sentí, mi corazón estaba muy confundido no estaba seguro de querer estar ahí pero quería sentirse querido y por eso latía durísimo,

y yo no sabia exactamente que pasaría, no sabia que hacer, me daban ataques de risa, las manos me sudaban, la cara la sentía caliente

Las ideas locas  me ayudaban a hacer a un lado los prejuicios y a soportar de alguna manera  el intenso miedo que estar parada ahí a solas y con el pasador de la puerta, me hacia sentir
Antes de esto; aunque decíamos que éramos “novias”, y nos  besábamos  y aun lo del almacén, y todo, siempre la ubique como una muy buena amiga, que simplemente había mucha confianza que nos permitía hacer algunas cosas locas, después nunca supe que fue lo que fuimos
Su recamara estaba helada por que llovía, el piso lo sentí muy frio en mis pies descalzos pero el calorcito que irradiaba su cuerpo junto al mío, pronto me quito el frio, me abrazaba y con la otra mano me tomaba de la nuca para besarme, Me dejo sin playera, me besaba de vez en vez y me acariciaba los senos, me quito el bra, los pezones se me pusieron duritos y ella aprovecho eso para chuparlos, lo hizo por un rato hasta que me dio un ataque de nervios y reí como loca, a Ale también le empezó a dar risa y me preguntaba fingiendo demencia,

- ¿por que te ríes mensa? Esto no es chistoso

me beso la boca de nuevo y ahora se deleitaba con mi el trasero, después deslizo su mano sobre mi pantalón en ya saben donde, se detuvo un rato y la apoyo suavemente contra mi,  luego la metió entre mi piel y mi ropa interior acaricio mis bellos, me acaricio mi parte prohibida y hasta  las piernas me temblaron, luego metió un dedo entre los pliegues que hace la vagina cuando una tiene las piernas casi cerradas, se torció un poco y sin permiso con uno de sus largos dedos se quedo con mi virginidad que me había pertenecido hasta ese momento

No se si me empezó a besar bien padre o era su dedito que entraba y salía, lo que me hizo sentir tan amada, no hacia más que cerrar los ojos y apretar los dientes por ese ligero dolorcito que sentía mientras mi orifico se amoldaba al tamaño de su dedo que tenia dentro, ¡ahy! Que rico es eso. Se separo de mis labios y con una sonrisita me pregunto

- ¿se siente bien rico verdad?

- apenas asentí con la cabeza, por que estaba perdida con esa sensación,  gemía por la excitación que mi cuerpo experimentaba.

Deshizo el nudo del listón de sus pants,  y luego puso mí mano por entre sus bóxers y su pubis, que se sentía ligeramente áspero, y no me quedo otra opción; deslice mi mano por entre sus pliegues pero apenas si la tocaba, me tomo por la muñeca, se paro con las piernas un poco más abiertas, contrajo su abdomen como aguantando la respiración  y puso mi mano mas abajo, cuando sentí su área calientita y húmeda, por instinto la saque rápidamente de su pantalón,

Ale separo su boca de la mía y con una risita me dijo:

- vamos! no pasa nada, como te diga tu corazón, tu sabes como, sin pena.

También me salió una risita y volví a meter la mano dentro de sus bóxers, para buscarle su agujerito,  la deslice muy suave, como ella me hacia, le introduje mi dedo medio muy despacio para no lastimarla, era la primera vez que sentía otra vagina, se sentía muy mojada y tibia, se me figuraba mas profunda, quizá por la posición de mi mano,
Me di cuenta que no era sencillo, por eso, baje mis jeans a donde termina mi cadera y puse un pie de puntitas, mis pantalones se terminaron por  caer al piso.
Ella también bajo sus pantalones y sus bóxers a media cadera tomo mi mano de nuevo y la dirigió a su cosita

–Juntas pelase, es más rico- me dijo besándome al oído

me estremecía, sentía una intensa atracción asía ella, la abrazaba con el brazo libre y acariciaba su cabello, apoyaba mi cabeza en su hombro, era la cosa más deliciosa que me habían hecho,  elle jugaba con su dedo dentro de mi, me sentí como poseída y dominada. Si me preguntas por que le hacia lo mismo, supongo que para ponernos a mano y hacer un desquite, ella salía y entraba yo solo estaba dentro de ella y fue delicioso
Por mucho que pensé si eso era correcto o no, no quedaba opción.

De pronto saco su dedito travieso, me abrazo fuerte, como emocionada y me beso con dulzura. asi que yo también aparte mi mano de su cosa, mi dedo se sentía chistoso tan humedecido por ella, discretamente lo limpie en mi calzón que era lo único que me quedaba puesto

Me puso las manos sobre las mejilla y me dijo: -No me la creo, nena que padre!, te das cuenta estamos juntas

-Ni le conteste, sacada de onda por su expresión- se sentía bien pero no me emocionaba como a ella
Ella seguía vestida así  que le quite su playera, ella me ayudo levantando sus delgados brazos adornados por unos  dorados bellitos que se veían a contra luz por la tenue iluminación que entraba por entre sus persianas. A continuación ella sola se quito el bra

Nos besamos de nuevo y frotamos nuestros torsos desnudos con ese ritmo que solo da una intensa calentura

Se hinco y mirándome a los ojos, tomo mi ropa interior de los lados y con cara de picara pregunto:

-¿puedo señorita?

Sin esperar una respuesta los deslizó hacia abajo a lo largo de mis pierna y los dejo en los tobillos, le ayude levantando una pierna y luego la otra, primero solo saco los jeans y luego hizo lo mismo con mis calzones, los aventó  por atrás de ella a la cama junto con nuestras playeras.

se incorporo despacio muy cerca de mi, tan cerca que cuando se encontraba de regreso a la altura de mi cadera, sentí escalofrió y me doble por reflejo hacia atrás, quedo parada de nuevo frente a mi, me dio un beso tronado en los labios y me dijo:
-Tranquila nena, te quiero mucho!

Yo me sentía muy desnuda, algo bien extraño que me acuerdo es que por instinto tapaba mis senos con los brazos como si tuviera mucho frio, y miraba descontrolada lo que ella hacia  se encorvo para bajarse los pantalones y los dejo en el piso, luego aparto su ropa interior hasta sus rodillas y apoyándose en mi hombro, se los termino de quitar con sus piernas y quedo parada encima de ellos y me susurro al oído

  • o las dos coludas o las dos rabonas

Me puse en cuclillas y le quite sus calcetas, convencida de lo que me acababa de decir

Aun que ya la había visto sin ropa, esa vez, la ví distinto, su pelo negro en sus hombros, su mirada intensa en mi,  el agradable tono blanco de su piel,  su delgada silueta, sus bonitas piernas largas, esa tarde-noche me mostro los senos más hermosos y el pubis afeitado mas tierno de este mundo.  Algo curioso es que ella también empezó a cubrir su pecho como yo, y fue posiblemente el único indicio de pena que vi en ella

Un cuerpo parecido al mío superando por mucho las diferencias por las similitudes, era un cuerpo de mujer  desnudo que había aparecido por mi,  la olla de hormonas que hervía dentro de mi, me provocaba a acercarme, averiguar  sus diferentes texturas, a que olía y quizá también que sabores tenia, me incitaba a descubrirlas sorpresas que podía guardar aún este encuentro, la contemple enfrente de mi por un momento, y  me pareció; que ese instante quedo suspendido en el tiempo inmune al irrefrenable curso de los minutos y permanecer estático por una pequeña eternidad.  Recuerdo ese instante tan nítido, y creo que estará así, por siempre.
Después de explorarnos mutuamente con la mirada, nos dirigimos una mirada de complicidad y sonreímos, yo temblaba en parte de nervios y parte por frio.

Di un pequeño paso al frente y la abrasé, trate de ocultar mi desnudez a sus ojos que se me figuraban muy atentos a cualquier detalle en mi, aun que el desnudo emocional lo sentía aun más,  sentir; sus pies descalzos en el suelo cerca a los míos y el calor de su cuerpo pegado al mío también desnudo, me hizo sentir tranquila, con esto no quiero decir que esa vergüenza de la que te hablo  fuera mala, de hecho eran nervios que excitaban.

Estar desnudas se torno en algo muy pero muy  erótico, creo que no supimos que era lo que se suponía debía hacer, por eso nos besáramos por un rato, fue un beso apasionado, nunca me había sentido tan seducida como en esos momentos, en su saliva había un sabor cautivante, hasta me atreví a poner mi lengua en su boca y ella a meter la suya en la mía, me puso la piel de gallina y recuerdo que sentí como se humedecía ligeramente mi área genital, y algo había en el ambiente que me hacia intuir que ella también se estaba mojando.

Creí que lo correcto sería tocare la cola de nuevo, y casi lo hice pero me distrajo   susurrándome al oído:

- Voy a cuidarte, te quiero mucho, eres todo para mí– me siguió besando solo que esta vez acariciaba mis senos

Besándome y empujándome despacio me hizo retroceder hasta tropezar y quedar sentada en su cama, nos recostamos y nos besamos, ella me tocaba casi todo, acariciaba mis piernas con las suyas y deslizaba sus pies en mis tobillos y pantorrillas
Después, poco a poco con su boca recorrió mi cuerpo. En cada parte se tomaba su tiempo, partió de mi boca, beso mi esternón, en mis bubis se entretuvo jugando con su lengua, en mi abdomen se detuvo un rato y en mi ombligo lo lamio alrededor, llego a mi pubis y jugo con mis bellitos, quería probar hasta donde le permitiría llegar.

El abdomen se me contraía en cada escala que hacia, después bajo un poco mas, y delicadamente me trataba de persuadir, de abrir mis piernas, al verla tan cerca de ahí, me imagine lo que pretendía, sentí miedo y no le permití  me hiciera nada más,

Pacientemente se deslizo por mis piernas y beso mis muslos, luego se puso a besar y chuparme los pies descalzos, subió nuevamente, dándome besitos en intervalos hasta llegar a mis nenas, mientras metía uno de mis pezones a su boca y jugaba a su gusto,  con una mano me tocaba el abdomen y el pubis, me toco de una manera tan deliciosa, sin penetrarme, con un dedo recorrió todo, haciendo que cada vez fuera más sensible, contorneaba por fuera de mi orificio, se sentía muy bien, y se atrevió a tocar mi parte más débil,

Luego comprendería que Alejandra nunca se daba por vencida y sabia conseguir lo que quería

Ese acto tan personal entre ale y yo, rozando nuestros cuerpos, nuestros vientres, caras y pechos sin ninguna prenda y tocándome ahí. Solo haber imaginado una escena así entre chavas, una semana antes, me hubiera dado asco, pero en ese ahora, era bien chévere. En momentos de “lucidez”, la razón me dictaba que había sido demasiado por hoy, que estaba traicionaba a mis padres y a mi misma, incluso que me  podía arrepentir para toda mi vida, pero mi corazón quería seguir. La sensatez no era algo que experimentaba cuando estaba con ella,  me entregue  al momento a mi excitación y a Ale
No aguante más ese paliativo necesitaba ya un dedito dentro, pero no se lo pude decir: “ale penétrame ya ” así que trate de disimularlo, le dije algo parecido a:,

-Ale soy tuya hazme lo que quieras

Esta vez ella fue la que no quiso, solo rio maliciosamente, me dio un beso en la boca y se sentó  en el borde de la cama con las piernas entrecruzadas y luego bajo una pierna al suelo, se recogió el cabello que le había quedado en la cara y se hizo una coleta con una liga que tomo del buro, luego me levanto de un brazo,

  • siéntate aquí junto – dijo indicándome el lugar con unas palmaditas

Quede sentada frente a ella como en flor de loto, Cerramos los ojos y nos inclinamos la una a la otra, para besarnos, la posición no era tan cómoda pero me aguante

Una mano la apoyo en mi hombro y  me acerco una mano a mi colita, movía la mano en círculos, de arriba abajo, hacia poquito precio, a veces mas leve, me penetraba de repente muy poquito pero todo lo hizo delicioso, sus manos me convencieron poco a poco de aceptar cualquier caricia

Coloque mi mano  en su ahí yo también y dudándolo comencé a hacer movimientos torpes pero cariñosos, digo torpes por que su mano se desplazaba sin vacilar, lo hacia con soltura.  Aunque lo intente no podía imitarle, por momentos era para mi imposible continuar con el masaje para ella, cuando esto ocurrió, con su otra mano presionaba la mía en su vagina y me dijo otra vez con una muy sensual –al mismo tiempo nena, no te detengas-

me di cuenta que entre mas movía mi mano en su parte, mas rico me hacia a mi y mas ruidos extraños emitíamos,  tuve que hacer un gran esfuerzo por no parar

-“aha! Oho! Mmmmm! thssshhh!”

Sus movimientos delicados y sin pausas eran deliciosos,  casi llegaba al limite, se sentía riquísimo, me inhabilito totalmente y deje de tocarla, apoye mis manos en sus hombros y luego puse una encima de la suya y le ayude a presionar y a agitarla, de verdad que me puso muy caliente eso, los pies se me comenzaban a dormir, pero ella paro de repente, y hasta me enoje, 

¡Me había dejado a medias y no se había dado cuenta!

pero a continuación demostró  todo lo contrario me recostó en la cama

-levanta la cadera un poco porfa

Obedecí y puso una de sus almohadas abajo,
su cuarto era el mismo, en el desorden habitual, en el que  habíamos estado tantas veces juntas a solas, el sillón donde platicábamos, su lap donde habíamos hecho tareas juntas, incluso la cama en la que ya había dormido.  Solo que  ahora estábamos ambas totalmente desnudas, haciéndonos el amor -
sin decir mas se recostó  bocabajo, me beso el abdomen, se metió entre mis piernas.

 

Todo era delicado, se tomaba su tiempo, al principio solo beso mis muslos, luego los rededores de mi colita y con una mano apenas acariciaba mis pliegues, me hacia suspirar y entre cortar la respiración, nos miramos a los ojos y nos sonreímos, ella abrió mi pussy  con dos deditos, disponiendo totalmente de mi parte prohibida, luego sentí la humedad de su lengua tocar mi punto débil, me miro a los ojos, y se mordió los labios, y yo asentí con la cabeza, así no me podía negar a nada, aun que te diré que fue la experiencia más extraña que había sentido

en primer lugar el sexo oral, se me hacia una practica para gente muy experimentada y nunca había tenido un juicio claro si era bueno o no, pero se me figuraba sucio y pervertido.

En segundo tener alguien con ese de contacto en esa parte mía, ya de por si era algo que me daba pena, y que ella en vez de encontrarlo desagradable, por todo lo que implica, poner la boca en una vagina excitada; la textura, el liquidito, su olor, lo hacia como si eso fuera una delicia
Y no menos importante; la boca que sentía, era de una chava, mi amiga, la que me procuraba esa sensación
Ya nada importaba Cerré  los ojos y trate de no pensar más, si crees que te puedes echar atrás cuando tienes a alguien ahí no tienes ni idea, es mas hay un momento en el que ya ni piensas

No recuerdo que hizo ahí, ni siquiera en el momento supe que estaba haciendo, solo recuerdo tener su cabeza entre mis piernas apenas moviéndose y sentir como me cogía con un dedo, yo literalmente me retorcía del placer

no sabia que hacer, solo me mordía los labios y tapaba mi boca con una mano, para callar mis suspiros y con la otra acaricie su cabello ahhhhh! No manches! se sentía la cosa más deliciosa y no quise que acabara nunca,

Comencé a respirar muy aprisa, la espalda me arqueo,  tuve unas contracciones en el abdomen y  mis músculos de esa área se tensaron, me sentí en las nubes,  fue muy intenso, los movimientos de su lengua fueron cesaron poco a poco y siguió lamiendo despacio toda mi vagina, su dedo entraba y salía de mi, muy despacito y me dio unos besitos más ahí abajo

y ahora digo que asco, pero me dieron muchas ganas de besarla, sentí que la quería demasiado y también amada por ella, después tuve ganas de recostarme y relajarme un poco, pero por otro lado quería más.

Yo no mandaba ahí, y ella en especial su cosa, también necesitaba algo, verme excitada, creo causo cierta envidia en ella y ahora ya no la podía calmar solo con caricias y besos, se hinco en la cama intercalando nuestras piernas se deslizo hasta que su pubis choco con el mío y movió mi pierna para que la separara y quedáramos cómodas. Hacia que nuestras colas se rozaran la de una con la de la otra, ahí abajo se sentía calientito y con el aire que hacían sus movimientos podía sentir nuestra humedad

Si me hubiera acostado con un chavo siquiera hubiera habido un condón para separar nuestros genitales, pero ahí no había nada, no era muy higiénico ese contacto. Solo que en ese momento nada de lo que pensara importaba quería sentir todo, frotar mi sexo con el suyo se sentía como aterciopelado, y provocaban unas cosquillitas deliciosa para mi y a juzgar por su  rostro, lo disfrutaba cañón, aun que rico no suficiente para repetir la experiencia, pro no me podía quejar.

sus movimientos y  su cuerpo o al menos la parte que veía de ella eran muy eróticos, viendo  sus piernas entrelazadas con las mías, sus senos que brincaban con sus movimientos y su cara que demostraba esfuerzo y mucho placer, comprendí que cualquier chavo o mujer que guste de las chavas, le hubiera encantado estar en mi lugar, duramos así un rato hasta que los movimientos de ale se entorpecieron por que se canso, las dos sudábamos bastante sobretodo de nuestras entrepiernas de donde emanaba todo ese calor y ese extraño olorcito que se sentía en su habitación, ale paro y respiro unos momentos y una vez que recobro el aliento, me tomo de la mano y nos aproximamos a su escritorio aparto lo que había en la silla, se sentó subiendo piernas al sillón en esa, y así conocí yo todos su secreto.

Se acomodo nuevamente el pelo y nos besamos en la boca como novias

me dijo:

-te va quererme, con su voz casi agotada

Asentí con la cabeza y me puse de rodillas frente a su cola

-vamos yo se que es tu primera vez, yo te digo como, no pasa nada nena-

 

me acerque como con temor, me daba cosa, nunca me había imaginado en esa situación, me daba pena, por que aun que ella no había demostrado tenerle respeto a mi cuerpo, a mi si me daba cosa jugar con algo tan de ella
que me hicieran cositas en la mía era uno cosa y de por si vergonzosa,  pero yo lamer otra vagina, era otra muy diferente, hubiera preferido no hacerlo, cuando ella me lo hice me imagine que también lo tendría que hacer yo y hasta se me antojo, pero ahora ya no quería, no le podía decir, “no es que me da asco hacerte un favorcito”, por que ella ya me había echo a mi, además verla ofreciéndome todo su ser; hizo que no me pudiera negar otra vez,  y tuve que hacer un lado mis prejuicios.  Reí de nervios, me acerque otro poco despacio dudando entre si hacerlo, o decirle que no estaba preparada, me hinque, ya casi no entraba luz por la ventana, primero en lo que tomaba valor solo se la acaricie, la masajeaba a lo largo desde su pubis hasta su agujerito, su humedad me hacia fácil el trabajo
Cuando estuve como a diez cm la verdad no me atreví a poner la boca allí, sentía su mirada en la nunca, que me presionaba a hacerlo, quería saber si lo hacia bien, no me atrevía a mirarla ni mucho menos preguntarle. Tomaba como un si, como me acariciaba el cabella y a veces hacia un esfuerzo para agachar  la cabeza y darme un beso, lo trataba de hacer como ella lo hizo, primero acaricie y bese su abdomen, sus muslos, incluso su pubis donde se podían ver unos diminutos bellitos que comenzaban a salir por los bordes. Y me gustaría decir que no lo hice, pero si, hice lo mas lésbico que se puede hacer en este mundo cerré los ojos detuve la respiración un momento,  ella me ayudo a separar con dos dedos su pussy, , no sabia ni que hacerle, solo lamí sin saber como, trataba de poner en practica las lecciones que me dio, estaba bien mojada, y aun que digan que no, si tenia un saborcito como acidito, y primero no percibí su olor, y que bueno por eso lo hubiera hecho más difícil, , su textura que al tacto no era desagradable, no me gustaba en la boca
Aún así jugué un rato sus labios con mi lengua, después con mis manos abrí su cosita yo misma un poco más  y le lamí todo de arriba a bajo, poco a poco le agarre el modo. Ale no se controlaba  y gemía mucho, no se por que eso si me agradaba
-te amo Sandra! Te juro que soñaba con hacerlo contigo niña- dijo descontrolada por lo rico que se siente cuando tienes a alguien allí “que rico! amor! ” decía con la voz más cachonda que jamás escuché
La Sandra que hacia eso no era yo, estaba muy excitada que reaccionaba de manera distinta, en vez de avergonzarme de estar de rodillas lamiéndole la cola a mi amiga, ya como que lo disfrutaba, y le preguntaba con voz calenturienta también

- te gusta? lo que te hago!-  y la mire para ver su expresión, cielos! que sucio es el amor 
Comenzó a desprender un delicado pero inolvidable olorcito,  creo que lo hacia bien por que Ale ya olía a mujer, ese aroma nunca se me ha hecho agradable ni en mí, pero en ese momento no importaba, solo quería devolverle el favor, y la seguí lamiendo como a un helado de fresa, cada vez era mas agradable y trataba de pasar mi lengua por su hoyito que era la parte mas húmeda donde se sentía ese especial saborcito, que olía tan raro, un rato después  la lengua se me canso pero trate de no perder el ritmo que había conseguido para no aminorar el placer que me indicaba tener por sus gemiditos y su pie que arqueaba.

Increíblemente nunca había hecho un favor oral a un chavo y ya se lo había hecho a una chava

Contrario a lo que hubiera pensado no era lo desconocido de un cuerpo diferente lo que provocaba deseo y atracción, dos chavas desnudas y calientes éramos capaces de excitarnos a ese grado, solo la una con la otra

No estaba satisfecha y ella lo noto, me recostara y se hinco en mi cara, que me pareció de mal gusto, pero comprendí que era la única forma para hacernos cariño oral al mismo tiempo,  me costaba trabajo llegar a su hoyito, parte por mi inexperiencia y en parte por que lo que ella me hacia  no me lo permitía, y por eso le sugerí que  cambiáramos, su postura se me figurar mas cómoda, sin pensarlo se levanto y se recostó, esta vez yo me hinque en su cara, primero me quede sobre ella con la espalda erguida mientras ella me hacia un delicioso cunnilingus, y yo frotaba mi sexo contra su lengua, una extraña sensación me comenzó a subir desde allí hasta la cabeza, me dieron ganas de devolverle el favor, vi abajo la desatendida vagina de mi novia, arque mi cuerpo y le hice lo mismo que ella a mi,  por su parte hurgaba mi sexo sin ningún remordimiento, con ayuda de sus manos separaba mis pompas y abría mi vagina a más no poder, y además  me violaba con dos dedos

La  puse tan mal que hasta intento violarme también por donde no es correcto, y hasta eso era excitante  yo también estaba en otro mundo y casi lo permito pero cuando sentí la yema de su dedo intentando penetrarme el ano, me detuve y aparte su mano de ahí sutilmente, eso fue lo único que no le permití esa noche,

volví a su ahí  y continuamos por un rato más, hasta que las dos nos agotamos por completo quede satisfecha y me tire en la cama abatida. Ale subió por mi cuerpo, con besitos tiernos rodeo mis senos y los acaricio con sus manos con ternura, se acostó junto a  mí, apoyando su cabeza en uno de sus brazos que a su vez apoyaba en la cama

Sonrió, mirándome dulcemente a los ojos me dijo:

- daría mi vida por ti, sabias?-

Nos dimos un beso en los labios

Casi le pregunte si yo había sido la primera en su vida, como ella en la mía pero

Desde el día que me insinuó  que quería tener intimidad conmigo, me daba curiosidad si alguna vez  había hecho algo con Faby, e incluso se lo pregunte,

Pero ella no me dio una respuesta clara y cambió el tema las dos veces que se lo pregunte, Después de ese día no lo volví a preguntar
Eran ya como las 10, acordamos bañarnos, levantamos la ropa y medio nos vestimos, por si su mama llegaba, cuando me iba poner los bóxers, Ale me sugirió un cambio, mis chones por los suyos de la suerte, que me confeso que  se los puso en las dos ocasiones que me pidió que fuéramos más que buenas amigas, obvio no acepte, ale solo sonrió y agacho la mirada, nos metimos a bañar juntas, su cuerpo ahora no escondía ningún secreto para mi, ni viceversa, pensaba en lo que acababa de suceder, en la Sandra que ahora era, casi no hablamos nada, pero cuando nos mirábamos, nos daba un ataque de risa, ale salió a vestirse primero, yo me quede en la regadera relajándome un poco, cuando salí a secarme, no hallé mis bóxers, volví a buscar y mire sobre la caja del escusado, unos bonitos calzones naranjados  con  Charlie Brown 

Llevada por el nuevo deseo

Lunes, Enero 11th, 2010

Hace tiempo que quería contar este secreto que empezó como una simple aventura y hoy es algo con lo que no puedo vivir.

Soy de estura promedio, pero un poco desarrollada de busto y unas nalgas de  regular tamaño, como describirlo soy la clásica latina

Todo empezó cuando tenía 17 años, soy de México y en esta parte del mundo la gente todavía ve a mal una relación entre dos mujeres.

El hecho de escuchar a casi todos decir que esto era malo me daba cierto interés en querer sentir lo que era sentir el calor de una mujer, sentir la delicada piel que solo una mujer puede tener, la manera tan distinta en que logramos encontrar  un orgasmo tan explosivo.

Bueno el momento llego cuando menos lo esperaba, en la preparatoria en la que estudiaba, había una chava de 5 semestre que un buen día en la biblioteca se acercó a hacerme una entrevista para su trabajo de investigación de sexología, la verdad es nunca le había hablado pero ese día me dejo impactada con la cantidad de preguntas que me hizo, tanto que logro sonrojarme, ella noto mi excitación ya que lo único hizo todo el tiempo fue tocarme de manera muy perspicaz la rodilla y invitarme a su exposición en el salón de conferencias.

Esa noche no pude dormir a causa de las sensaciones que dejo en mi, en fin algo me llevó su exposición, en la cual tal parecía que se había arreglado para mi ya que llevaba una minifalda que dejaba ver sus delgadas piernas y una blusa que  hacia resaltar su vientre plano, no hacia mas que mirarme, no sabia que hacer en ese momento.

Al fin terminada su exposición se acerco a mi y me dio un abraso, beso mi mejilla y en voz muy baja me digo que me quería ver en otro lugar, yo solo pude decir que después de clases nos encontraríamos en la cafetería de la escuela.

Esas cuatro horas se me hicieron eternas solo pensaban lo que quería hacer con ella, y yo todavía no sabia lo que quería ella conmigo.

Una ves llegada la hora fui al baño con mis amigas para ponerme mas apetecible para ella, baje rápidamente a la cafetería y ella ya estaba esperándome allí, al verme ella sonrió solo me tomo de la mano y me llevo caminado hasta su auto, en el estacionamiento no había nadie solo sujeto mis hombros y medio un gran beso en la boca, sentí como un gran escalofrió llego a mi parte mas sensible y empecé a tener una especie de gemido orgásmico, solo quería que me tomara en ese momento , pero ella solo me dio la vuelta tomo un pañuelo negro y me tapo los ojos y me digo que llamara a mi casa para decir que no  llegaría a dormir.

En el camino telefonee a casa y le dije a mi mama que una amiga necesitaba ayuda con un problema, al terminar solo escuchaba la respiración de Isabela, de repente detuvo el auto, y me volvió a besar con mas pasión que antes no sabia que decir ni que hacer, bajo del auto y me condujo hasta que me sentó en una cama, me digo que me pusiera cómoda pero sin quitarme la venda, yo obedecí mientras escuche Isabela en otro cuarto cambiarse de ropa, en ese momento sabia que lo único que quería era su cuerpo acariciando el mió.

Al salir ella del otro cuarto me digo que me quitara la venda y la vi a ella en un hermoso coordinado de lencería roja  que nunca olvidare en mi vida, sin ninguna duda me levante y la empecé a besar con una pasión que nunca había  sentido, la mano de Isabela poco a poco fue levantando la falda que tenia puesta para poder tener mis nalgas en sus manos delicadas  y apretarlas con un poco de dureza, mientras su lengua bajaba por mi cuello hasta mis pechos cubiertos por mi blusa de puntitos rojos.

Isabela lo hacia muy bien se notaba que tenia experiencia con otras mujeres ya que logro que llegara a mi primer orgasmo con la ropa todavía puesta, claro que me escucho y solo me pregunto que si me gustaba su habitación, yo conteste que me encantaba el color rosa de las paredes, ella solo sonrió y me volvió a besar mientras levantaba mi blusa para quitarla y ella pudiera observar mis hermosos pechos, ya que no traía sostén, al verlos solo los tomo con sus manos y llevo su lengua a uno de mis pezones, era la sensación mas calida que había sentido en mucho tiempo.

Así lo hizo un rato hasta que decidió bajar su mano hasta mi vientre y empezar a juguetear con el cierre de mi falda, la cual fue bajando mientras me besaba en la boca, de repente solo dejo mi tanga negra adherida mi piel la cual estaba súper sensible, no podía sentir mas que la lengua de Isabela recorriendo mis piernas paso a paso hasta que llego a mi vagina húmeda de tanta excitación, entonces fue que yo tenia que tomar el control, la acosté le quite el sujetador y comencé a besar sus pechos que aun que un poco pequeños pero eran hermosos, y de repente sus manos me llevaron a su sexo el cual acariciaba por debajo de la tanguita roja, Isabela con palabras muy dulces me digo que pusiera mis nalgas en su cara a tal manera que quedamos en un 69 tan excitante y tan lleno de nuevas sensaciones que no había vivido jamás, no podía dejar de comer su dulce sexo que sabia a maravilla, ella volvió a tomar el control, solo me sentó mientras ella quitaba la mojada tanga que tenia puesta y después respondí yo haciendo lo mismo,

Y al ver que ella cruzaba  sus piernas con las mías intuí que el gran momento llegaría, ya que mientras nos movíamos las dos te tal manera que nuestros clítoris erectos se tocaran llego el orgasmo con el que había soñado con la noche anterior.

El grito de placer estoy segura que se escucho en las casas continuas a la de ella ya que fue mutuo y de grandes proporciones, al terminar solo Isabela se recostó en mi pecho y dormimos hasta el amanecer.

Al despertar solo nos metimos a bañar mientras las dos jugamos con el jabón  y lavábamos cada parte de nuestro cuerpo, al salir Isabela me presto ropa limpia la cual ella misma me puso

Al bajar a desayunar Isabela me confeso que yo le gustaba desde hace meses y que el día anterior en la biblioteca al verme se le ocurrió hacer lo que hizo ya que sus papas no estrían ese fin de semana. Gracias a eso tuvimos mas de un año de grandes aventuras que le contare en otra ocasión.

A todas las mujeres que hablar con migo mis correo es josefin25@hotmail.es, No contestare a hombres.

La violación de Vicky

Sábado, Octubre 25th, 2008

Hola de nuevo, mi nombre es Roberto, tengo 26 años y vivo en el pequeño país de El Salvador, en Centroamérica. Esta no es la primera vez que escribo para sexy cuentos, y agradezco mucho los comentarios a mis anteriores historias.

Hay tres cosas en este mundo que a me excitan tremendamente: las lesbianas jóvenes, el sexo anal y las violaciones, así que lo más excitante para mí sería contemplar a una nena violando por el culo a otra nena… ¡wow! Solo de pensarlo ya me excité… Bueno, un día se me ocurrió que yo mismo podía hacer una historia sobre eso, así que les he traído esta historia ficticia, espero que disfruten al leerla tanto como yo al escribirla.

Vicky era a muchacha más bonita de primero de preparatoria, a sus 16 años medía 1.60 m de estatura, tenía la piel clara y su pelo lacio y castaño le llegaba hasta los hombros, en marcando una carita preciosa de ojos claros. Era delgada y sus senos redondos y su culito parado y firme hacían babear a todos los muchachos que la veían… y también a una chica.

Teresa era una chica normal de 17 años, tenía el pelo negro. Lacio y bastante largo, sus ojos eran café y sus piel blanca, era ligeramente más alta que Vicky y un poquito más robusta, no tenía un culo tan espectacular como ella, pero sus senos eran más grandes.

Era la nueva del instituto, hasta los 16 había estudiado en una escuela católica para señoritas, pero la expulsaron cuando la encontraros besándose y tocandose con una amiga en los vestidores, eso la hizo perder un año. Sus padres decidieron que la falta de compañía masculina la había inclinado al lesbianismo, y creyeron que enviándola a una escuela mixta la “curarían”; pero ella sabía que no estaba enferma, que simplemente le gustaban las mujeres en lugar de los hombres.

Como Vicky era muy sociable se hicieron amigas muy rápido, a Tere le encantaba verle el culo, y casi se desmaya la primera vez que le vio las bragas en los vestidores, a menudo se masturbaba pensando en estar con ella… Definitivamente quería follársela, pero no sabía como; charlando con Vicky, Teresa se convenció de que era heterosexual, incluso había perdido su virginidad con un ex novio un año atrás y no le atraía para nada una aventura lésbica. No había posibilidades de convencerla de tener sexo, así que una noche, recostada en su cama luego de masturbarse pensando en aquel hermoso culo, Tere tomó una decisión: Iba a follarse a Vicky, de cualquier forma, ¡por la fuerza si era necesario!

Durante una semana pasó convenciendo a sus padres de que salieran a celebrar su aniversario todo el fin de semana en la playa; luego convenció a Vicky de que se quedara a dormir en su casa. “Nos vamos a divertir” le insistió hasta que aceptó.

Vicky llegó pasadas las seis de la tarde, vistiendo una blusa de botones, una falda corta de paletones y unas botas, al verla Tere quiso caerle encima en la misma entrada de la casa, pero se contuvo como pudo.

“¿Y tus papás?” preguntó la visitante al no ver a nadie.

“Ya vendrán salieron a un compromiso” contestó la otra tratando de fingir indiferencia “Iba a ver una peli, ¿te parece?”

“Sí, claro”

Ambas se desparramaron por el sofá a ver la película, cuando habían pasado varios minutos y Vicky parecía sentirse más en confianza, Teresa le ofreció una soda: la chica se tomó su tiempo para ir a la cocina y regresar con las dos bebidas.

“Que raro” dijo Vicky unos minutos después de haber vaciado su vaso, “de pronto me ha dado mucho sueño…” y se tumbó sobre el sillón.

La hermosa chica despertó una hora después y se encontró acostada sobre una cama con las manos atadas a la cabecera y los pies, sin botas, atados a las patas de la cama para que sus piernas quedaran abiertas.

“¿Qué pasa?” dijo asustada “¡Tere! ¡Tere, sueltame! ¡Esto no es gracioso!”

“Tranquila, mi amor” contestó la aludida haciéndose una cola en el pelo “Es mejor que estés relajada”

Vicky se asustó más cuando vió a Teresa parada junto a la cama en ropa interior

“¿Qué vas a hacer Tere? ¿Qué vas a hacer?”

“Me voy a divertir contigo” Contestó ella tumbándose junto a su victima “No te imaginas lo mucho que me he aguantado esperando a que despertaras.”

Vicky entonces comprendió de que se trataba todo eso y comenzó a sollozar

“¡No, Tere, por favor! ¡No me hagas nada! ¡Suéltame, no seas mala!”

Pelo su captora la cayó con un beso, con una mano le apretó las mejillas para que no cerrara la boca y poder meterle la lengua; para Tere fue el mejor beso de su vida, para Vicky fue el peor. Entonces Tere se sentó sobre las caderas de su amiga mientras esta lloraba consciente de que la iba a violar.

“¡Por favor, Tere, te juro que no se lo le diré a nadie!” suplicaba

“Llora todo lo que quieras, Vicky” contestó la otra “Mis papás vendrán hasta mañana y estando en este cuarto los vecinos no te van a escuchar.”

Entonces le abrió la blusa y se la subió hasta las manos, tan rápido que más de un botón salió volando, y casi de inmediato le desabrochó el sostén que convenientemente tenía el broche adelante. Teresa se quedó unos instantes viendo los senos de Vicky, le parecieron deliciosos, blancos, redondos y firmes como eran; sin decir palabra comenzó a acariciarlos con ambas manos.

Vicky soltó un simple “¡NO!” que pareció casi instintivo y se arqueó ligeramente como tratando de escapar, aunque sin éxito. Ese mismo reflejo se hizo más fuerte al sentir una boca de violadora sobre sus rosados pezones; la chica se quedo un buen rato chupando y lamiéndole los senos, hasta dejarles marcas de rojas, a lo que Vicky solo podía responder sollozando más profundamente.

Luego Tere bajó por su delicioso vientre adolescente y le levantó la falda descubriendo unas bragas blancas. “Si supieras lo mucho que me he masturbado imaginando este momento” Le dijo a su amiga y comenzó a comerle el coño por encima de las bragas; Vicky arqueó la espalda, soltó un gemido y comenzó a llorar en serio:

“¡Waaaaaaa!”

Lo que verdaderamente estaba haciendo mella en su psique era el hecho de que era otra chica quien la estaba violando.

Entonces Tere se levantó, cogió unas tijeras de la mesa de noche y le cortó las bragas a Vicky; cegada por las lágrimas la pobre chica no pudo ver los juguetes sexuales que su captora tenía en la mesa, preparados para la ocasión… y quizá fue mejor así.

Tere estaba muy excitada viendo el coño desnudo en el que tanto había pensado, se quitó el sostén si se acarició los senos con una mano mientras con la otra tocada el sexo se su amiga. Finalmente se inclinó y comenzó a lamerlo y chuparlo, haciendo que Vicky se arqueara de nuevo.

“¡No, Tere! ¡Nooo!”

Pero Tere chupaba y lamía con ganas, con ansia; le abrió los labios con los dedos y le metió la lengua lo que hizo respinga a su victima con fuerza. De pronto, en la excitación, la chica le metió un dedo en el coño a Vicky y ella gritó:

“¡AAAHH! ¡Nooo, por favooor!”

Pero la violadora siguió metiendo y sacando el dedo, y al poco rato le metió un segundo dedo, mientras seguía lamiendo y chupando y se metía ella misma dos dedos de la otra mano en su propio coño. Vicky no paraba de llorar, no quería esos dedos invasores en su cuerpo.

Tere entonces se levantó, fue a la mesa de noche y cogió un arnés con un pene de plástico que lubricó debidamente, Vicky se asustó al verla quitarse las bragas y ponérselo.

“¡No, Tere, te lo suplico! ¡No lo hagas! ¡NO!”

Pero las súplicas solo excitaron más a la chica del arnés. Se colocó sobre ella, la besó de nuevo en la boca y le dijo: “Ahora vas a ser mi mujer, Vicky” y comenzó a meterle el pene de plástico, Vicky gritó:

“¡AHHH! ¡AHHH!” El plástico invasor penetró por completo, Tere lo sacó y volvió a meterlo una y otra vez, cada vez que lo hacía el arnés presionaba deliciosamente su clítoris.

“¡AHHH! ¡AHHH! ¡AHHH! ¡AHHH!” gritaba Vicky y su amiga le besaba el cuello y le frotaba los senos contra los suyos. La pobre Vicky estaba roja de tanto llorar, tenía la voz ronca y casi no le quedaba aire, cuando de pronto Tere se arqueó y lanzó un profundo gemido de placer:

“¡GUUUU MMM AHHH!!!”

Se había corrido… y Vicky sintió algo que le pareció horrible, el arnés tenía un conducto especial para fluidos y cuando la chica se corrió todos los fluidos de su orgasmo salieron disparados por la punta del pene de plástico, para Vicky era como si su amiga hubiese eyaculado como un hombre dentro de ella.

La chica violada creyó que todo había terminado, pero se olvidó que era una mujer, no un hombre quien la tenía ahí. Tere le sacó el pene de plástico y, aprovechando que estaba débil, le desató las piernas, le quitó la falda y la volteó poniéndola boca abajo, además metió un par de almohadas bajo su cadera para levantarla.

Vicky no estaba muy consciente y solo reaccionó al sentir una lengua pasando por entre sus nalgas; Tere se las estaba separando con las manos y lamía con pasión su ano.

“¡AH! ¡No! ¡Basta, Tere! ¡Por Dios, basta!” gimió casi sin voz

“Dime, Vicky” preguntó la chica “¿Y tu culo si es virgen?” Vicky se asustó más que antes.

“¡NO! ¡ESO NO! ¡POR EL CULO NO!!!” gritó, pero su amiga le metió un dedo en su agujerito haciéndola casi brincar, lo metió y lo sacó varias veces tratando de abrirlo “Relájate, mi amor” le dijo “O esto te va a doler más de la cuenta”.

Entonces comenzó a meterle unas bolitas anales que cogió de la mesa de noche, Vicky se arqueaba cada vez que una entraba “no…” lloraba, sentía horrible. Cuando la última entró Tere se dirigió a la mesa de noche y tomó un vibrador, era delgado y lizo, especial para culos. Regresó y le sacó despacio las bolas a Vicky, ella respingaba con cada una que salía, sentía como si se estuviera cagando

“mmm… mmm…. mmm”

Cuando la última salió Tere le lamió de nuevo el culo un par de veces, encendió el vibrador he hizo círculos con la punta sobre el ano de su amiga, al sentir la vibración ella lloró; entonces Tere se lo metió y Vicky gritó con una voz ya ronca:

“¡waaaaa! ¡Nooo! ¡Sácamelo! ¡Sácaloooo!”

Las vibraciones dentro de su ano la estremecían, nunca había tenido nada ahí adentro y menos algo que se moviera. Tere entretanto se masturbaba aún con el arnés puesto viendo a Vicky temblar.

Luego de unos momentos, pensando que ya era suficiente, le sacó el vibrador y se puso tras ella con el pene de plástico que aún tenía puesto apuntando hacia el culo de Vicky. Sin decir se puso sobre ella, la cogió de la cintura y le metió el pene.

“¡AAHHH!” lloró la chica con sus últimas fuerza “¡Ya no, por favooor! ¡Mi culo nooo! ¡Por lo que más quiera, Tere! ¡Por el culo ya noooo!”

Pero ya era tarde, Tere sacaba y metía el pene de plástico en su ano como lo había hecho en su coño. Pronto la chica del arnés comenzó a gemir con más fuerza… y se volvió a correr

“¡GUUUU MMMM AAAHHH!”

Y Vicky sintió como se le inyectaban dentro del ano los fluidos de su violadora… Tere le sacó el pene y se tumbó a su lado, ambas se quedaron dormidas, exhaustas.

A la mañana siguiente Vicky estaba todavía atada y claramente afectada por lo de la noche anterior, antes de soltarla Tere le advirtió que no dijera nada a nadie porque de todos modos nadie le creería que la había violado otra chica.

El resto del año Vicky se mostró distante con todos y al año siguiente se cambió de escuela, pero nadie supo nunca porque.

Bien, pues esta fue la historia… espero que les haya gustado debo confesar que me masturbé mucho mientras la escribía… jejeje… y espero que también ustedes mientras la leían. Aceptaré gustoso sus comentarios en mi correo:

sir.mhytos@gmail.com

En especial si son chicas quienes me escriben XD

Mi primera ves con una mujer

Miércoles, Mayo 7th, 2008

Bueno paso a mis 14 años, muy pequeña no?, en fin esto m paso con una d mis mejores amigas, q no quiere q ponga su nombre, pero es bonita, bueno a mi sigue m gusta, ese día fue un sábado acabábamos d pasar clases y yo ya tenia mi mentalidad d ya no tener pareja, si no simplemente divertirme con quien sea, ese día fuimos a caminar como 2 amigas haciendo cosas d nuestra edad,  pero yo siempre fui curiosa y siempre quise saber como le hacían entre mujeres alguna ves la vi. a mi prima con su novia pero quería experimentarlo yo misma, así q m aventure un poco con mi amiga, le pregunte si alguna ves se había besado con una mujer ella dijo q nunca y q tampoco pensaba hacerlo, yo haciéndolo parecer un juego le robe un beso como m gusto lo hice un beso muy largo, estaba segura d q le había gustado pero lo hice parecer un juego d niñas así fuimos a su casa saludamos a sus padres y fuimos a su cuarto (quien sospecharía d 2 niñas d 14 años) en su cuarto con la completa seguridad d q le gusto mi beso m atreví a darle otro esta ves mas amoroso q un solo juego, entonces se m ocurrió una idea, le comente lo q le vi. hacer a mi prima con su novia, ella puso su expresión d miedo y desprecio pero a la ves curiosidad, calentándola un poco con otras cosas ( éramos muy despiertas para nuestra edad) llegue a hacerla exitar, como todas saben q cuando se esta excitada se pueden hacer muchas cosas, la convencí d q hagamos esas cosas q le comente y así fue nos desvestimos nos metimos a la cama y nos cobijamos ni una quería empezar tal vez el miedo d la edad y la primera ves, así q yo le dije  – Te parece si comienzo yo.  Ella algo sonrojada m dijo q porq no hace q m metí bajo las cobijas busque su vagina, cuando la encontré no sabia q hacer, así q m acorde q m encantaba masturbarme, así q eso hice comencé a masturbarla como a mi m gustaba hacérmelo, al mover mis dedos dentro su vagina m di cuenta q le gustaba x los pequeños gemidos y sus movimientos q hacia, eso la verdad m éxito mucho, m di cuenta q m gustaban las mujeres, llegue a un orgasmo con solo ver su excitación fue increíble, cuando d repente entra su padre. No se si se dio cuenta xq estábamos bajo las cobijas pero pensándolo bien ver a la amiga d tu hija en medio d las piernas d tu hija desnuda, era para asustarse, así q su padre se fue ese mismo instante, muy asustadas y avergonzadas nos vestimos y nos fuimos ( un secreto mió es q lo mas m exita es tener la sensación d q m descubrieron o d q m ven hacerlo, así q se imaginan como estaba ) insatisfecha quise continuar, fuimos a continuar con el paseo m atreví a tomarla d la mano y a robarle besos contra su voluntad pero a ella no le molestaba, fuimos a ver una película en el cine quise hacerlo nuevamente pero ella dijo q haría mucho ruido mejor no, así pase toda la película con unas ganas increíbles, no aguante y m masturbe a lado d ella  se dio cuenta estoy segura al salir fuimos a comer algo ( x cierto no duermo, si m conocen ya verán xq soy así y mis amigas =, pero odio dormir en la noche) ya era muy tarde seguía deseosa d poner mi boca en su vagina, la lleve a un parq como era muy tarde no había nadie, literalmente la viole ese momento, contra su voluntad la acariciaba, ella ya algo molesta m comenzó a gritar, para hacer q le guste, le metí mis dedos en su vagina d repente, ella soltó un gemido muy fuerte, coloco su mirada d deseosa, y comencé a masturbarla ella no se quedo atrás y lo hizo también, fue increíble 2 niñas d 14 años masturbándose una a la otra, ese momento no se cuantos orgasmos tuve, ella creo q tuvo 4, los conté, recordé lo q hacia mi prima la hice sentar con la piernas abiertas y acerque mi boca a su vagina, ella se dejo muy deseosa, al tenerla en mi boca comencé besarla y a hacer lo q venia a mi mente era muy inexperta en eso, solía meterle mi lengua para probar sus fluidos q no dejaban d salir (por cierto m encanta chuparme mis dedos después d masturbarme es rico probarme a mi misma) pero eso era único tenían otro sabor q m encanto, tomaba todo lo q podía sin descuidarme d hacerla sentir el mejor placer d su corta vida, hasta q m detuvo muy agitada, m dijo q ya no podía mas ya le dolía un poco, estaba muy agitada y sudorosa, x lo visto lo disfruto como nunca ( tal vez grito o algo así yo no pude ver ni escuchar nada en mi mente solo estaba la idea d probarla ) ya casi estaba amaneciendo x la hora creo q lo hicimos mínimo 2 horas q para mi fueron 2 segundos, estaba satisfecha pero con las ganas d q ella m devuelva el favor pero esa es otra historia. Actualmente ella es mi segunda mejor amiga, a veces lo hacemos pero lo hago mas con mi mejor amiga q fue mi novia x gran tiempo, aunq ella no perdió el encanto, las 3 seguimos siendo muy unidas no solo en lo q deben estar pensando si no en la relación q tenemos como amigas, para mi son lo mas importante d mi vida, ah si x cierto si tienen la curiosidad  d conocerme, xq no m describí, pueden visitar mi hi5 – ynaffets.hi.com – ahí están fotos y muchas cosas mas d mi, o tb mi MSN steffany_76246@hotmail.com pero por favor si m agregan al MSN nada d intentos d sexo x cam, ni cosas así, tampoco sean amoros@s odio eso en la gente soy algo diferente a los demás, el MSN es solo para amistad no para q haga sus fantasías, bueno ya m deben conocer much@s q escribí otros 2 relatos, m llamo Steffany (esta muy obvio x el MSN) bueno m despido, haber si luego escribo otra cosa.

Adolecente precoz

Miércoles, Mayo 7th, 2008

Hola a todos soy una chava mexicana, un amigo me enseño este sitio, claro ademas de otras cosas muy chidas, y despues de ver todo lo que ponen aquí me atrevi a contarles algo de mi. A ver si me hacen favor de subirlo

Tengo 15 años, estudio la secu, soy algo revelde y desmadrosa, pero sobretodo muy precoz, desde los 9 años ando de noviera y desde los 12 me encantan los fajes que me metian dos de mis primos, a mi edad he hecho de todo bueno casi de todo, y si me animo y encuentro amigas que sean como yo tal vez les cuente todos mis desmadres. Lo que les quiero contar ahorita sucedió, en septiembre,  despues del desfile del 16, mis compañeras y yo, nos fuimos a casa de una de ellas a cotorrear y nos tomamos unas chelas, ya mareadas empezamos a hablar de cositas chidas como los novios y el sexo, cuando vi que ya era algo tarde, sofia y yo nos salimos pues mi mama me regañaria, sofia vive a 2 cuadras de mi casa y su mama trabaja en la noche entonces le dije que se quedara en mi casa, hablo con su jefa y nos fuimos para alla, cuando llegamos, mi mama aparte de regañarme, me dijo que se iria con mi papa al hospital pues mi abuelita se habia caido y la iban a operar, mi hermano de inmediato se encerro en su cuarto a oir su musica a todo volumen y se olvido de que existiamos, como aun nos sentiamos mareadas nos tomamos una de tequila que mi papa tiene, y nos encerramos en mi cuarto, nos medio desvestimos para estar mas comodas y empezamos a ver la tele bucando en los canales del cable vimos una pelicula de adultos, y nos pusimos a verla, era de esas donde ves que hacen el amor pero sin los detalles, yo la verdad me puse chinita de las ganas, le comente a sofia y empezamos a cotorrear con eso, no se como pero nos sacamos los brasieres y cuando me di cuenta le estaba acariando las tetas, era una sensacion chidisima, se sentia su piel rica y suavecita, nunca habia tocado a una mujer  les juro que es algo muy padre, sus pezones se pusieron bien duros, y cuando menos lo espere ella me estaba manoseando las mias, y aunque me las apretaba y apachurraba era delicioso, eran caricias muy tiernas, no se, tienen algo que cuando te toca un chavo no sientes,  nos dejamos llevar nos empezamos a besar, fue el beso mas tierno y delicado de toda mi vida, nos dimos lenguita bien rico, y nos chupamos nuestras chichis como locas, nos encueramos todas, y luego nos empezamos a tocar nuestras cositas, nuestras rajitas, como explorandonos como admirandonos una a la otra y me atrevi a darle besitos besitos asi con la boca cerrada y luego le empeze a pasar mi lengua muy rico y delicioso, primero senti algo acidito, pero despues sentia un sabor unico, muy sabroso, no se cuando le estuve chupando pero de pronto se empeso a convulsionar y a gritar lo bueno es que mi hermano seguia con su escandalo y no la oyo, ella dice que se vino muy rico, luego fue mi turno y les cuento que cuando me empezo a chupar solo de la emocion me vine muy rico, buena parte de la noche nos estuvimos tocando fue mi primera vez con una chava, y fue lindísimo yo quisiera encontrar amigas de mi edad que hayan pasado algo parecido o que sean desmadrosas como yo, quiero hacer muchas amigas y contarnos cosas ricas que dicen me escriben??? Soy: alejandrapasten1992@hotmail.com. Chavos no, pues ya tengo muchos amigos, solo chicas como yo sale???

Violé analmente a Alejandra

Miércoles, Febrero 6th, 2008

Para aquellos lectores que no me conozcan, les sugiero que lean mi relato anterior “Me estoy transformando en lesbiana” que fuera publicado en www.gemidos.com.ar  hace ya varios meses. Creo que leyendo primero ese relato, entenderán mejor el por qué de éste. Allí cuento cómo tuve mi primera experiencia lésbica con dos amigas, Mariana y Alejandra y la manera en que esta última (Ale) me iniciara analmente, con un consolador negro atado a su cintura, no sin hacerme sufrir humillaciones y mucho dolor esa primera vez. Todo ello sin perjuicio que igual disfruté horrores de esa experiencia y la repetí, después,  varias veces. Siempre yo en el rol pasivo y siendo Alejandra muy experimentada, adoptaba ella un rol sumamente activo y posesivo conmigo. No me gastaré en describirme físicamente, ya lo hice en ese primer relato, al igual que describí detalladamente a ambas amigas mías (preciosas las dos y ellas dicen que soy bonita, por mis ojos claros, lindas piernas y una muy buena cola, que fue iniciada por Alejandra). Soy docente, tengo 29 años y vivo en Buenos Aires.

De todos modos, tampoco acepté fácilmente toda esa experiencia casi “forzada”(al menos la primera vez) a la que me había sometido Alejandra y por ello, durante meses, fue rondando en mi cabeza la idea de vengarme de alguna manera y poder recuperar mi autoestima, ya que, por algún tiempo, me transformé en una especie de “juguete sexual de Ale”

Así es como me fui metiendo en este mundo fascinante de la bisexualidad femenina y, tras derribar muchas barreras sicológicas, propias de una educación muy represiva, con el tiempo me  fui comprando todos los juguetes sexuales que se puedan imaginar, los cuales fui probando en persona.

Incluso me compré un consolador gigante, realmente enorme y brutal y creo que lo compré más como todo un símbolo fálico que por otra cosa. El sólo hecho de observarlo me daba escalofríos; me excitaba mirarlo con sus venas perfectamente dibujadas y su enorme cabezota, su cuerpo de goma flexible y el peso que significaba tenerlo entre las manos hacían que me mojara toda. Un pene más de un burro que de un hombre pero absolutamente fascinante. Desde luego que, más allá que me encantan las mujeres, un hombre apuesto y la idea de un buen pene, hoy me vuelven loca…..y pronto volveré, a lo mejor, a tener experiencias con hombres (si bien nunca tuve una experiencia anal con ningún hombre, sólo con mujeres). Tal es el cambio profundo que se operó en mí, tras haber sido una mojigata durante años. Creo que soy una típica bisexual, con cierta preferencia a las mujeres.

Les contaba que probé todos mis juguetes conmigo misma, muy pequeños algunos, otros medianos y un par casi grandes y siempre termino penetrándome la cola. Es una fijación que me ha aparecido, desde que Alejandra me iniciara analmente.  Incluso, en un arranque de coraje y fuertemente excitada, una siesta en mi departamento,  mientras miraba una película porno con mucho sexo anal (unos negros con unas vergas increíbles!!!!) tomé el “monstruo” (mi consolador gigante) y logré, con mucha dificultad, meter la cabeza y un poco más en mi ano…….. y por lo cual estuve caminando con las piernas abiertas y dolor en mi cola por dos días seguidos. El sólo recordarlo me hace sentir un cosquilleo en el vientre. No lo volví a intentar….tal vez algún día lo haga, si me transformo en una experta anal. Lo que sí no puedo negar es mi tremenda atracción por este descubrimiento, que ha sido ser penetrada analmente y los profundos y largos orgasmos que alcanzo (hasta ahora, sólo por consoladores, con mujeres o masturbándome yo misma, nunca con un hombre…pero estoy cerca de ello, ya les contaré)

Del mismo modo, a raíz de mi primer relato, muchos lectores comenzaron a escribirme (hombres y mujeres) y así fue como me puse en contacto con Francisco. Este último me invitó a leer un relato de él sobre sexo anal, que me puso como loca (“Daniela, Diosa Anal”….en esta misma página web ). A mí que tanto me gusta ahora  el sexo anal, honestamente me hizo estallar la cabeza, realmente recomiendo su lectura e incluso consultarlo a Francisco, él es muy cordial y dispuesto a enseñar……cada cual sabrá hasta dónde llegar con él.

De allí saqué varias ideas y técnicas de dilatación, de higiene previa, diferentes posiciones y juegos preliminares, lubricantes, cuales juguetes utilizar para excitar, cuales para dilatar y cuales juguetes y cómo usarlos para provocar orgasmos maravillosos.

Obviamente, este Francisco es un obsesivo divino por el sexo anal, es todo un experto y mediante correos, primero, y Chat después, me fue enseñando muchas cosas que no sabía o que simplemente intuía.

Hemos tenido con Francisco un encuentro formal, no fuimos a la cama todavía….casi; tal vez sí la semana que viene y prometo contarlo en ese caso. Incluso fue él quien me propuso  tomar esta revancha con Ale, que paso ya a contarles y quien después me alentó a volcarlo en un relato, aprovechando mi inclinación y facilidad de redacción.

Muchas de las cosas que le hice a Ale ese sábado por la noche, me inspiré en ese relato y en las sugerencias de Francisco, quien es realmente una persona atrapante, culto, simpático, muy buen mozo y, por las fotos que me ha enviado por mail…..con una dotación maravillosa…pero todo eso lo contaré otro día, si es que termino en la cama con él.

Planeada mi venganza hasta en los más mínimos detalles, llamé a Alejandra un jueves, para que viniese a mi departamento (donde vivo sola) para el sábado siguiente. Desde luego ella se mostró encantada de mi invitación y las propuestas que me sugería por teléfono casi me hacían temblar las piernas…

La cuestión es que Ale se apareció en mi departamento como a las 9 de la noche de ese sábado, muy puntual. La muy yegua se vino con un abrigo largo, negro y debajo le veía las medias negras y tacos aguja altísimos (tras que ella es bien alta). Se había puesto un perfume que me excita mucho (First, riquísimo) y se había maquillado como una verdadera puta. Verla parada en el vano de mi puerta, me cortó la respiración, en ese momento mil cosas se me cruzaron por la cabeza y hasta dudé si había sido una buena idea invitarla…pero el desafío estaba lanzado y ya no podía dar marcha atrás.

Me sonrió con ese gesto entre burlón y lascivo y directamente me tomó la cara con ambas manos besándome como el más fogoso novio.

Yo me había puesto una falda cortita, aprovechando que a ella le gustan mucho mis piernas y mi cola, ex profeso no me había puesto medias y la tanga se me metía toda en la cola y al sentirla así, sobre mi esfínter, ya me excitaba. Una camisa blanca, bastante abierta dejaba ver mis pechos, y más que no me puse corpiño. La calefacción del departamento la había puesto yo bastante alta, bien podría haber estado desnuda en ese momento (era pleno invierno).

Cuando Ale me besó, me metió la lengua en la boca y me tomó la cola con ambas manos, por debajo de la falda; me apretó y estrujó las nalgas, clavándome sus uñas de gata hasta casi hacerme doler, mientras me las abría hacia los costados. Yo en ese momento, me dejé hacer y me entregué mansamente, no debía ella sospechar de mis planes. La dejaba hacer, dejaba que ella tomara la iniciativa y respondí a sus caricias pegándome a su cuerpo y mordisqueándole los labios.

Enseguida Ale se separo de mí y se quitó el abrigo………¡¡¡¡Debajo estaba desnuda!!!! o casi; se había puesto corset  con portaligas que le dejaba los pechos al aire y una tanga minúscula, negra con vivos rojos le daba ese toque de perversión que a ella tanto le gusta. Debe haber visto mi cara de admiración, porque se sonrió malévolamente y se dió la vuelta, mostrándome esa hermosa cola, alta, parada y dura  que tiene, de tanto gimnasio, con la tanga negra (un hilo a decir verdad) totalmente metida entre sus nalgas. Estiré una mano y la acaricié, primero la espalda, luego bajé por sus nalgas y después le metí las manos entre ambas piernas (por detrás) y acaricié su vulva…ya estaba mojada.

Después de esos mimos preliminares, descorché una botella de champagne (de las dos que tenía preparadas) y serví sendas copas; ya había puesto un CD con música muy suave y nos acomodamos en un sofá . Ale tomó casi de un trago la primera copa y me pidió le sirva otra. Aproveché y bajé las luces de las lámparas, quedando casi en penumbras, apenas un par de velas perfumadas, puestas sobre la mesa del living, nos iluminaban.

Así estuvimos tiradas ambas en el sofá, tomando champagne y comiendo bocaditos dulces, mientras ella me iba desvistiendo, hasta dejarme solamente con la tanga mientras ella seguía con su atuendo de prostituta fina que tanto me excita. Muchos besos, caricias en zonas íntimas y promesas de erotismo que me hacía en mi oreja, mientras me mordisqueaba el lóbulo, me lamía el cuello o me mordía la nuca (que me vuelve loca).

Yo seguía sirviéndole champagne y luego abrí la segunda botella…. por mi parte, yo no había terminado aún mi segunda copa.

Viendo que ya Ale estaba bien “alegre” por el champagne y yo me sentía bastante desinhibida, me arrodillé delante de ella (Ale estaba casi tirada sobre el sofá) y le quité la tanga. Como siempre, estaba cuidadosamente depilada ( al igual que yo, costumbre que ya se me hizo constante). Besé su boca, sus pechos y bajé por el vientre plano y gimnástico que tiene. Comencé a besarle el pubis y fui bajando hasta su entrepierna….Ale estaba fascinada, nunca se lo había hecho yo a ella (sí a Mariana) y me tomaba de los cabellos y me acercaba a su vagina.

Comencé a pasarle la lengua muy despacio, primero por sus labios vaginales y luego por toda su vulva, que tiene la particularidad de tener labios pequeños y perfectos, parece casi una nena. Me entretuve en su clítoris, que enseguida se hinchó tremendamente, mientras le metía dos dedos en su canal vaginal, acariciando hacia arriba su punto G.

Ale se mojaba toda y su flujo se mezclaba con mi saliva, me tironeaba de los pelos, me refregaba la cara contra su vagina y me incitaba a que siguiera lamiendo, chupando y mordisqueando, mientras me decía obscenidades terribles. Su perfume de hembra me erotizaba muco, una de sus cualidades distintivas…se moja enseguida y le chorrea flujo de su concha.

No quería que tuviera un orgasmo, buscaba enloquecerla, hacerla desear, hacerla implorar…esta vez me tocaba a mí llevar el control de la situación.

Me aparté de ella y la hice dar vuelta, quedando Alejandra de rodillas en el suelo, con el torso apoyado en el sofá y yo arrodillada detrás suyo. No tuvo necesidad de pedirme que le lamiera la cola, porque ya estaba yo metida de cabeza entre sus nalgas, y le hacía lo que habitualmente me hace ella a mí, las abría con ambas manos mientras le pasaba la lengua por el ano….un ano bellísimo, nunca había reparado en él. Rosado, delicado, más bien abierto, ni un solo pelito, sin pliegues…exquisito.

Ale comenzó a gemir y a decirme barbaridades como “puta, así me querías chupar el culo, No?” y se abría ella misma las nalgas, mientras se inclinaba más hacia adelante y levantaba su cola. Le metí la lengua en su ano, jugué con ella en su interior y luego le metí suavemente el dedo mayor, cuidando de no lastimarla con mis uñas largas. Simplemente lo mojé previamente en su vagina y el dedo entró limpiamente en su recto. Era la primera vez en mi vida que uno de mis dedos, entraba en un orifico anal que no fuera el mío y me resultaba una novedad hermosa. Su recto tibio se abría y cuando mi dedo entraba me lo apretaba y soltaba, realmente Alejandra demostraba tener un control de su esfínter admirable.

Alejandra gimió y comenzó a moverse; ella hacía fuerzas y se metía más profundamente mi dedo hasta el final, así que directamente comencé con dos dedos y ella se volvió loca. Los metía y sacaba, rotándolos lentamente, tal como me enseñó Francisco en sus mail. Me había cuidado de limar las uñas para que no tuvieran aristas y nunca uso anillos en mis manos, así que jugaba alegremente en su recto, entrando y saliendo y yo misma me los metía en la boca para ensalivarlos más aún y saborear ese culo maravilloso.

A su vez, sentía como mi vagina se humedecía y mi propio ano latía ansioso por la excitación del momento, dado lo novedoso de la experiencia que estaba teniendo.

Alejandra me decía,  “putita, te hacías la mosquita muerta, la que tenía vergüenza y flor de turra eras” , después agregó, entre gemidos “yo venía con la idea de romperte el culito y veo que me lo quieres romper Vos a mí” …….me aparté de su cola, toda llena de mi saliva y mientras miraba su esfínter rosado y dilatado ya, le contesté con toda dulzura  “Para nada…no te lo quiero romper..pero sí me gustaría poseerte analmente”. Mentiras…por dentro ardía de deseos de desfondarle el culo con mi juguete gigante y hasta el momento, todo iba de maravillas.

Le quité toda la ropa (medias, zapatos, corset y la dejé totalmente desnuda, jadeante y excitada. Yo me quité la tanga, me paré frente a ella y le pedí que me pase la lengua por mi concha un poco. Su lengua experta enseguida me puso a mil, pero no quería perder el control de la situación. Así que pronto le dije “acompañame al baño” ¿Al baño? preguntó Ale extrañada….sí, le repliqué…te quiero dejar bien limpia por dentro, como Vos me decías que debía hacer conmigo misma…se rió a carcajadas, tomó otro sorbo de champagne y me dió un beso. La ayudé a incorporarse, estaba ya bastante borracha.

Entramos al baño, con ella trastabillando y la hice sentar sobre el borde de la bañera, con las piernas hacia fuera y con su cola hacia adentro. ¿Qué me vas a hacer? Me preguntó…”una enema”, le contesté con total naturalidad  (había tomado la idea de la enema del relato de Francisco y después él me insistió con eso)…”.te quiero bien limpia…profundamente limpia”, le agregué.

Me dijo que ella siempre acostumbraba a hacerse una enema cuando salía con hombres y que si bien esa noche no se la había hecho, estaba muy limpia. No le hice caso y desenrosqué el duchador de mano del flexible (así me las hago yo), enjaboné bien la punta del flexible y abrí suavemente el agua caliente, mezclándola con la fría para que no queme. Me mojé dos dedos, los enjaboné mucho y se los metí en la cola, ella se deleitaba y sacaba más su cola hacia atrás. Le quité los dedos del ano y le metí el flexible….entró fácil, no menos de 15 cm…..le di un poco más de fuerza al agua….¡¡¡Despacio!!!! gritaba Ale y le salían borbotones de agua por los costados del flexible……bajé la presión del agua y se quedó tranquila….sentía cómo le entraba el agua en su vientre y ella se fue relajando.

Así la tuve un rato hasta que no aguantó más y le quité el flexible del recto….de inmediato despidió un largo chorro de agua hacia atrás mientras se reía a carcajadas y, efectivamente, se había lavado internamente muy bien previo a venir, porque el agua salió impecable y se escurrió por el desagote de la bañera. Igual, ese acto de hacerle la enema, además de relajarle y dilatarle más el ano (yo lo había probado conmigo misma) también me dio cierto control sobre ella y era ya la primera perversidad que le hacía, como para comenzar con mi venganza.

Se secó (la ayudé, de la borrachera que tenía no se podía tener en pié) y nos encaminamos a mi cuarto.

Allí vino la segunda sorpresa para Ale….de mi cajonera, saqué varias cintas de raso negro que había comprado…..¿Qué es eso? preguntó entre risas…te voy a vendar los ojos y te voy a atar en la cama, le contesté (otra idea robada a Francisco, mi ídolo total).

Se echó a reir, se sentó al borde de mi cama y me dejó hacer, mientras decía “mirá Vos, la mosquita muerta”

Primero le vendé los ojos….me dijo Francisco que eso genera una gran fantasía y quien está vendado se siente más a merced del otro. Luego la recosté y le até ambas manos a los barrotes del respaldo de mi cama (que es de bronce, al igual que el de los pies, mucho más bajo).

Ale estaba totalmente laxa y entregada, me dejaba hacer a mi antojo, mientras me decía, medio borracha ¿Me vas a romper el culito? Sí mi amor le contestaba yo…y por suerte no podía ver mi expresión de gozo anticipado.

Cuando le hube atado las manos al respaldo, la giré y la dejé boca abajo…..un cuerpo que es una escultura, la muy puta se mata en el gimnasio. Entonces le separé las piernas y comencé a atarla de los tobillos a los pies de la cama, a ambos extremos de los barrotes de bronce…¿También me vas a atar las piernas,? preguntó….quedate tranquila le dije…esto es un juego. Se dejó hacer.

Así la tuve, tendida boca abajo, abierta completamente y, para finalizar, le puse una almohada debajo de su vientre…con lo cual su espectacular cola quedó totalmente abierta y expuesta a mis más perversas intenciones.

“Ya regreso” le dije y salí para el baño (no demores, me decía Ale). Allí había dejado abierta la canilla del agua caliente, salía casi hirviendo. Junté agua en un recipiente grande de plástico y lo llevé al dormitorio. Saqué de la misma cajonera mis juguetes (incluyendo la gran verga de goma), que son macizos, no con vibro y los metí en el agua para que tomen buena temperatura (así lo hago conmigo misma, de lo contrario me resultan un tanto fríos) y dejé todo al lado de la cama, muy a mano.

Me coloqué el arnés de cintura que sujeta a los consoladores y abrí un pote de gel que se llama “´Caricias Íntimas” y tiene la particularidad que aplicado sobre la piel se siente bien caliente…todo esto lo fui descubriendo en el catálogo que me dieran en el sex shop la primera vez que fui.

Me incliné sobre Alejandra, le besé la nuca, la espalda y fui bajando hasta su cola. Le abrí más las nalgas con las manos y le dejé caer un hilo de mi saliva sobre el orificio anal. Su esfínter se veía más rosado aún y más abierto, me excitó mucho esa visión. De nuevo comencé con mi lengua a jugar en su esfínter y éste, probablemente por la excitación de Ale y por la enema previa, estaba tan relajado que prácticamente entró casi toda mi lengua en su recto.

Ale bramaba de excitación y me pedía que no la haga desear más, que hacía una hora estaba esperando para que la penetre analmente; ella decía…”que le rompa el culo”…y efectivamente..eso era lo que pensaba hacerle…rompérselo en el más preciso sentido del término.

Me incorporé un poco en la cama, estiré una mano y tomé el consolador “normal”, si bien es grande, dentro de los que se pueden llamar “normales” Uno de color carne, macizo, de unos 20 cm x 4,5 cm,  lo sequé con las sábanas (estaba bien caliente el látex), lo fijé en el arnés de cintura, le pasé abundante gel y también le metí mucho gel en la cola a Alejandra. Su ano brillaba, abierto y ya rojo. Le apoyé la cabeza del pene de goma y empujé hacia adentro…cuando hubo entrado la cabeza y un poco más y Alejandra comenzaba a deleitarse con esta penetración, gimiendo como una gata en celos…..me dejé caer con todo el peso de mi cuerpo sobre ella. El consolador entró hasta la base, donde se ensancha y se adhiere en el arnés…sentía las nalgas de Ale y el calor de su ano en mi vientre.

Ale dió un grito y me dijo “despacio, bruta, me lastimas y además eso quema” . En ese momento me acordé cuando Alejandra desfloró mi ano y la manera en que ella se había puesto boca arriba, haciéndome sentar sobre ella, dándole yo la espalda. Y recordé la manera en que me tomó del cabello y me dio un tirón hacia atrás y hacia abajo para hacerme caer sentada y cómo se incrustó en mi recto, hasta la base, ese consolador negro que tenía ella puesto y la forma en que se reía de mis gritos de dolor y mis pedidos de que cesara porque me hacía doler muchísimo, mientras ella empujaba para arriba y me penetraba salvajemente.

Entonces me clavé más contra su cola, tan profundamente como pude, quería que le entrara hasta el fondo ese pene de goma, de apreciable tamaño.

Alejandra gritaba y me insultaba, así que le puse una almohada debajo de su cara y ella comenzó a morderla desesperada, mientras yo entraba y salía de su ano de una manera brutal…en ningún momento quise ser suave y delicada…quería hacerla sufrir y esto recién comenzaba….lo mejor estaba aún por venir. Alejandra aullaba y yo me retiraba un poco y castigaba sus nalgas con tremendos cachetazos…ya tenía la cola toda roja. Le apoyaba otra vez el consolador en su ano y la penetraba con rudeza, bombeando rápido y profundo, quería que gozara, pero también quería que le doliera mucho; deseaba verla sufrir un poco, por todo lo que me había hecho sufrir ella a mí la primera vez y, encima, se reía a carcajadas y se burlaba de mis lamentos.

Me di cuenta que Ale, a pesar de todo, estaba comenzando a gozar y ahora se movía conmigo, mientras sus gritos habían pasado a ser gemidos de gran placer…así que paré con mi sodomización y le saqué el consolador de la cola…..¡¡¡No pares gritaba Ale!!! tranquila, le contesté…esto recién comienza…y una sonrisa se dibujó en mis labios…vaya si lo estaba disfrutando….

Hija de puta, gimoteaba Alejandra, me haces doler, me maltratas y encima me quieres dejar con las ganas………no mi amor, le dije al oído, no te vas a quedar con las ganas, te lo prometo…

Le desaté ambos tobillos (no así las manos) y la hice arrodillar en la cama, quedando en cuatro patas y con la cabeza apoyada en la almohada (siempre sin quitarle la venda de los ojos). Los pies bien abiertos, las rodillas separadas, la cintura arqueada, las tetas casi rozando la cama y su culo muy abierto y expuesto, hacia atrás y hacia arriba…era una visión de una lujuria total. Su esfínter ya estaba muy abierto y rojo, todo brillante por la cantidad de gel que le había puesto y su vulva chorreaba un líquido viscoso.

Entonces volví a atarle los tobillos (así arrodillada) y los amarré a ambos costados de la cama…necesitaba inmovilizarla completamente y a su vez dejarla muy abierta para lo que venía. Ale me dejaba hacer y estaba absolutamente entregada, clamando por más verga de goma en su ano.

Cuando la tuve así, en cuatro patas y bien atada a mi cama, cambié rápidamente el consolador mediano por “El Monstruo” como yo le digo, que estaba también muy caliente por haber estado en el agua casi hirviendo largo rato. Lo sopesé con las manos y miré su tamaño atemorizante…..35 cm de látex flexible pero macizo, sus venas bien marcadas, la cabeza ancha y claramente diferenciada del tronco y muy grueso cuerpo, de 7cm de ancho en la parte de adelante y 8 atrás (lo he medido cuidadosamente) Lo fijé en el mismo arnés y debí tensar las correas, porque el peso lo hacía colgar hacia abajo….un monstruo enorme, cabezón, con las venas totalmente dibujadas, una réplica más digna de un burro que de un hombre. Color rosado claro y con la cabeza hermosa; dan ganas de metértelo en la boca y tenerlo horas; , es como un monumento al pene. Lo tomé con ambas manos (mis dedos no lo abarcan con una sola mano) y se lo arrimé al ano, ya muy abierto de Ale. Todavía estaba bien caliente el látex, por haber estado casi una hora en el agua y no iba a esperar que se enfríe. Cuando Alejandra sintió eso, se puso como loca e intuyó que algo muy fuerte venía..pero la había atado muy bien. ¿Qué me vas hacer, hija de puta? gritaba Ale y se revolvía en la cama, tratando de zafar de sus ataduras.

Así que no tuve más remedio que darle una soberana paliza, con muchas cachetadas en su cola, que se enrojeció más aún y, como seguía gritando, la amordazé con una remera mía….A través de la venda de los ojos, comenzaron a salirle las primeras lágrimas y yo, lejos de conmoverme, me ensañaba más aún.

Le pasé gel al monstruo que colgaba entre mis piernas; mucho gel, no porque temiera hacerle doler (esa era mi idea), sino porque quería asegurarme que entrase lo máximo posible en su ano. Después casi le metí el pomo de gel en el recto a Alejandra y lo apreté como si fuera una enema. El gel le salía por el esfinter y corría por la piernas, y ella seguía allí, en cuatro patas, con sus nalgas abiertas, atada, vendada y amordazada, vociferando a través de su mordaza no sé qué cosas inentendibles.

Le apoyé el consolador en el ano y comencé a hacer fuerzas…no entraba toda la cabeza y Ale se revolvía de dolor…en ese momento se iluminó mi mente con un idea. Me paré al lado de ella y le quité la venda de los ojos para que vea qué era lo que le iba a meter en su cola (quería asustarla). Alejandra abrió los ojos enormemente y casi como suplicando (imagino, porque no entendía lo que me decía, al estar amordazada), con los ojos llenos de lágrimas movía la cabeza como diciendo NO.

No le hice caso, me ubiqué detrás de ella y sin el menor miramiento, le apoyé la cabeza del monstruo en su cola y empujé con fuerzas para adentro. Entró raudamente la parte de el glande  y Ale gritó como loca, aún amordazada se la podía escuchar, si bien bastante apagada.

Comencé a moverme despacio tratando de hacer entrar un poco más de ese tremendo consolador en su recto. Metía un centímetro y lo sacaba, lo metía de nuevo y empujaba un poco más. A cada empujón mío, Alejandra me correspondía con un aullido; yo estaba muy excitada y había entrado en un frenesí de erotismo, lujuria y perversión. No me importaba nada en ese momento….estaba violándola analmente….lo había deseado eso desde la primera vez que ella me desflorara el ano, había soñado con, literalmente, romperle el culo a Alejandra y verla llorar, sufrir e implorar, como le había implorado yo a ella, vanamente, mi primera vez.

Finalmente decidí completar mi faena y llevar mi esperada venganza hasta el extremo. Comencé a hacer más fuerza y ya no me importaba el evidente dolor de Alejandra, debía hacerle sentir “mi juguete” muy adentro suyo. Poco a poco fui metiéndome más, ya tenía casi la mitad adentro. Su esfínter estaba estirado, casi blanco y yo me regocijaba mirando hacia abajo, mientras la sostenía firmemente de las caderas y bombeaba despacio pero implacable. Finalmente y viendo ya que su ano parecía de goma y se adaptaba también a este monstruo, me retiré un poco, casi hasta dejar solamente la cabeza dentro de su cola y empujé con todo mi cuerpo; esa tremenda verga de goma entró hasta el fondo. Los 35 cm x 8 cm se deslizaron dentro del recto de Alejandra, haciendo un ruido sordo, por el lubricante que desbordaba de su esfínter mientras Alejandra profería gritos desesperados, aún amordazada.

Ya no eran gritos apagados, eran aullidos y eso me excitaba más aún. Comencé a bombear suave, lento pero profundamente. Sacaba casi todo el consolador de su cola y lo metía nuevamente de un solo movimiento, ya esta vez sintiendo que llegaba a sus entrañas y que hacía tope contra mi bajo vientre.  Así estuve un largo rato, disfrutando, deleitándome, ensañándome con la cola de Alejandra, hasta que me di cuenta que esta puta malvada estaba gozando de semejante sodomización!!!!

Ella comenzó a tener espasmos tan fuertes, que casi parecían convulsiones. Su vientre se contraía y movía espasmódicamente, su esfínter apretaba al consolador y yo estaba pegada a sus nalgas, no me retiraba de ellas, al contrario, seguía empujando como si pudiera enterrarle más aún mi monstruo de goma.

No sé cómo, pero Ale se quitó de la boca la remera que la amordazaba y en lugar de gritar, gemía como una loca, mientras apretaba con sus manos los barrotes de la cama y mordía la almohada; parecía que la había poseído un demonio…y me di cuenta que estaba acabando como una tremenda puta…le chorreaba de su vagina un líquido viscoso y con fuerte olor. Su esfínter se movía hacia fuera y hacia adentro y con él  tenía el consolador atrapado como una garra, yo no podía moverlo. Sus espasmos se sucedieron durante más de dos minutos, incluso despidió de su concha un chorro que parecía orín o algo por el estilo, hasta que por fin se fue calmando.

Giró su cabeza con la cara empapada en lágrimas y sollozando me pidió que se la saque….así lo hice…..se la saqué de un tirón y volvió a gritar y llorar…tal vez esa era la última perrada que le hacía.

Alejandra se dejó caer, como estaba, en cuatro patas, con la cabeza sobre la almohada y yo me tiré para atrás. El consolador colgaba de mis piernas, todo manchado en gel y algo de sangre. El esfínter de Alejandra estaba abierto de tal manera que parecía un oscuro orifico, un túnel herido, que se seguía abriendo y cerrando en espasmos.

De su orificio anal le caía gel mezclado con sangre…..efectivamente, le había dado con el gusto..le había roto el culo, para usar sus mismas palabras..o, como una amiga lectora me insinuara…le había partido el orto.

Me quité el arnés con el consolador gigante, me recosté de costado en la cama, flexioné una pierna, me lubriqué la cola con gel y me metí en mi propio ano el otro consolador más normal, el que usara primero, hasta el fondo del recto y casi de un golpe, mientras gritaba y gemía como loca, estaba con un nivel de excitación extremo. También yo quería hacerme doler un poco, estaba descontrolada. Me masturbé frenéticamente, casi me arañaba el clítoris con una mano, me metía tres dedos en la concha y con la otra metía y sacaba el consolador de mi propio culo, con tal fuerza como no había hecho nunca antes, hasta que tuve mi propio y violentísimo orgasmo. Mordí fuertemente el colchón para que mis gritos no se escucharan por todo el edificio y comencé a lamer el Monstruo de Látex que acababa de sacar del culo de Alejandra. Lo chupé, como si chupara la verga de mi amante, mientras mi ano se abría y cerraba en espasmos y sentía en mi vientre fuertes convulsiones.

Esa noche había alcanzado un nivel de terrible excitación y creo que fue más por toda la faena anterior,  con la lujuria, lascivia y perversión manifestada que por mi posterior masturbación.

Así nos quedamos ambas, tendidas en la cama, una a un costado de la otra, jadeando aún, suspirando y gimiendo suavemente. De a poco nos fuimos relajando y volviendo a la normalidad.

La cama quedó hecha un desastre, si hasta debí cambiar el colchón. Se había manchado con gel, con flujo, con sangre, y hasta un poco de agua de la enema que a Alejandra le salió del culo, después de mi brutal cogida, más todo el orín o flujo no lo sé, que largó como un chorro a último momento, esta yegua de Ale.

Me quité el consolador que había quedado en mi recto, apretado contra el colchón y acaricié la espalda a Alejandra…….”puta pervertida” , me dijo y yo me reí largamente

Ambas habíamos quedado a la miseria, con los cabellos revueltos y mojados de la transpiración, igual que nuestros cuerpos húmedos, pegajosos, nuestros culos abiertos y ardiendo, largando gel  y las conchas y piernas todas mojadas de flujo………había sido una verdadera orgía.

En todo el dormitorio flotaba ese olor a sexo tan particular.

La desaté y ella se volcó de costado, como en posición fetal, tenía evidentes signos de dolor, pero creo que le dolía más su ego que el ano. Le alcancé una toalla para que fuera a bañarse, me puse mi bata  y fui a calentarme un café. Estaba paladeando, disfrutando mi dulce y largamente esperada venganza.

A partir de ahora, Alejandra habría de respetarme, de eso ya no me cabían dudas.

Al rato salió Alejandra del baño con el pelo mojado, me dijo “pedime un taxi” y así lo hice. Se vistió y como toda despedida, desde la puerta de mi casa, me dijo “sos una guacha hija de puta, sos más degenerada que yo”

Le tiré un besito mientras le sonreía y le guiñaba un ojo y ví cómo se encaminaba hacia el ascensor, caminando con dificultad, con las piernas abiertas y con visible dolor.

No la volví a ver y tampoco me llamó por mucho tiempo; pero sí le contó a Mariana lo que le hice, porque Mari me llamó a los dos días y me dijo….” Celi, no puedo creer que seas tan perversa, pero me encanta que le hayas dado una lección a Alejandra” y se reía como loca….me preguntaba..¿Gritó mucho? ¿No me lo pensarás hacer a mí? Me decía bromeando. Pero me había ganado el respeto de ambas, ya no seria su conejito de indias.

Al mes nos amigamos con Alejandra y ahora nuestros encuentros entre las tres son más “equilibrados” y ya no soy yo quien solamente recibe un consolador en el ano pidiendo clemencia, sino que todo lo hacemos con mucha delicadeza, cariño y amistad. Por supuesto hay un pacto de no atar a nadie en la cama, de no lastimarnos y ni hablar del “monstruo” con el cual Alejandra no quiso saber nada más.

Sí está interesada Mariana en El Monumento a la Verga (me lo ha contado como una confidencia), pero con mi firme promesa de ser muy suave, delicada y sólo si yo también me presto a ello. Digamos que vamos a intentar rompernos mutuamente nuestras colas. Cuando lo logremos será otro relato más.

La última confesión para mis amigas lectoras…..escribiendo esto me he mojado toda y más sabiendo que lo van a leer y excitarse, como ya me confesaran con el relato anterior. Comencé a escribir en tanga y con una remera y, en medio de la escritura, busqué mi consolador “normal” y hace horas que lo tengo muy metido en mi ano. Cada tanto me muevo en la silla para mantener mi colita “feliz” No veo la hora de completar el relato y quitármelo, ya tuve dos orgasmos tremendos…no aguanto más. Creo que esta noche la llamo a Mariana o a Alejandra…..o a las dos, no sé

Ahora sé que soy una degenerada completa y capaz también de la mayor perversión. Mentiría si no admitiese que en este momento y ahora, no he fantaseado con poseer así, con ese consolador gigante, a otra mujer pero sin hacerle daño y sin violencia….no para verla sufrir sino para verla gozar como la buena puta que seguramente somos todas en el fondo…y para que también me lo hagan a mí, con maestría y paciencia…..realmente, un día quiero saber qué se siente al tener el monstruo empujándote las entrañas y abriéndote el ano salvajemente.

Pero primero debo tener más experiencias anales, de lo contrario no lo lograré.

Lo que le hice a Ale, fue literalmente una violación anal…así me sentí y así quería que fuera. Las siguientes serán distintas……..

La semana que viene iré a tomar un café…y tal vez algo más, con Francisco…..por ahora no lo sé. Me ha convencido, parece todo un caballero y a él le debo gran parte de la consumación de mi venganza y mi autoestima muy mejorada. Tal vez adquiera con él la maestría anal que necesito.

Espero que a mis amigas lectoras les haya gustado. Besitos.

Celina

celina-arismendi@hotmail.com

Mi primera y unica vez

Lunes, Mayo 14th, 2007

Somos una pareja muy enamorada con suficientes años de casados, siempre hemos hecho locuras y nos encanta innovar, el tiene 45 y yo 40 años.

Siempre hemos fantaseado con hacer un trío, pero nos daba miedo….uno no sabe que puede encontrar en ese camino….,pero un día nos resolvimos y entonces nos fuimos para una playa nudista, y al llegar vimos una pareja muy sexy tomando el sol, ella era rubia y hermosa, tenia unos senos grandes con pezones que invitaban a darle besos y mordisquearlos………el era moreno y con un gran cuerpo…fue atracción  a primera vista !!!

Nos quedamos tirados en la playa tomando unos cócteles deliciosos y embriagantes, los observábamos  y estábamos conversando que bonito seria tener algo con ellos pues sus físicos nos llamaban mucho la atención…se veían jóvenes, traviesos, hermosos y con clase, con mucha clase…

Creo que se dieron cuenta de que estábamos hablando de ellos por que nos miraron fijamente y sonrieron. Ella me miró por largo rato a los ojos y sentí un fuerte corrientazo que me hizo sonrojar y humedecer mi vagina….

Le comenté a mi esposo que estaba un poco mareada con el  licor y además estaba muy excitada viendo a esa hermosa mujer…..

Mi esposo me pregunto que si me gustaba y yo le dije que si….pero que yo no era capaz de decirle nada, mi esposo me dijo que el  era capaz de acercarse y ponerles conversación, así lo hizo y comenzamos a conversar, de donde éramos, que hacíamos, que nos gustaba y de nuestras fantasías….

Imagínense hablando a calzón quitao de nuestras fantasías… Nos contamos que era lo mas atrevido que cada una había hecho, nosotros les contamos que lo nuestro era habernos masturbado mutuamente en un avión  durante un hermoso viaje nocturno muy largo pero que nosotros hicimos muy agradable, y ellos nos contaron que haberse masturbado con otra pareja de amigos….

Así mi coño se humedecía cada vez mas y notaba las miradas picaras de ella, que como dicen los hombres estaba muy buena, y yo no me quedaba atrás, porque se que ella me miraba con excitación…..y muchos deseos por tenerme.

ellos nos propusieron que si nos íbamos juntos a su  habitación, a mi me daba miedo y volteé a mirar a mi esposo, el me guiño el ojo  y me dijo……vamos mi amor.

Yo dije que bueno, pero que solo quería estar con ella y que los maridos solo miraran….les juro que nunca pensé que seria capaz  de hacer todo lo que hice, todavía me pongo muy caliente cuando lo recuerdo……

Llegamos al cuarto de ellos, estaba preciosamente decorado, con velas, pétalos de rosas, sabanas de seda, música suave…………..todo incitaba al amor y se veía que nos tenían todo preparado.

Servimos unas copas de vino para cada uno y cuando menos lo pensé ella se abalanzó sobre mi, dándome un beso muy largo, tierno y apasionado. Sentía sus labios suaves y sus manos deslizando mi panties y desabrochando el brasier de mi bikini hasta quedar completamente desnuda…ella me llevo hacia su cama y allí me recostó dándome besos en mi cuello, que es donde mas me gusta………

Quede sorprendida y asustada, pero en el fondo también me gustaba decidí dejarme llevar, ya que estaba tan excitada, que era imposible pensar y parar…

Yo respondía a sus besos, y fueron los mas suaves y tiernos que yo jamás había recibido, y eso que mi esposo y yo alguna vez bromeábamos diciendo que nosotros habíamos inventado los besos…..

Yo le dije que quería que fuera muy especial y suave, ella me dijo que no me preocupara, que me trataría como una princesa y así lo estaba haciendo hasta ahora.

Ya estaba supercaliente, y volteé a mirar donde estaban nuestros esposos y ambos se habían desvestido y estaban todos parolos y extasiados mirándonos.

Ella siguió acariciando mi conchita y yo la de ella, en ese momento se giró quedando de frente su coño en  mi cara, nunca había visto tan de cerca y olido los jugos de otra mujer, inicialmente no supe que hacer, pero ella comenzó a lamer la mía y bueno, creo que yo debía corresponder y comencé a hacer lo mismo, su sabor era distinto al mío, pero era muy excitante tener su clítoris en mi boca…..

Cuantas veces había fantaseado con eso…. Y ahora lo tenia en mi boca !!!!

Nos hicimos un 69 espectacular, creo que subí al cielo y volví….mi pelvis subía y bajaba, mientras ella chupaba y chupaba y yo le correspondía, en un momento de tanta excitación, le metí un dedo en el culito y ella grito de placer, le chupaba ese capullito hermoso y dulce y con mi mano izquierda le metía el dedo corazón al culito, y pude darme cuenta que esto la enloquecía cada vez más…

Ella estaba encima de mi, dimos una voltereta y yo quede encima, cada vez se mojaba mas, no se si eran sus jugos o mi saliva y a mi me gustaba cada vez más esa sensación de producirle tanto placer…

Lentamente comencé a ascender hasta su vientre…besé su ombligo y al llegar a sus hermosos senos mordisqueé sus pezones que se encontraban erectos y duros..ella gritaba de placer y gemía como una gata en celo, se los chupe deliciosamente.

Me acosté sobre ella para sentir sus senos junto a los míos y mi pelvis contra la suya…la abrace por largo rato besando su boca suave y tierna..me encantaba oler su pelo que estaba suelto y emanaba un perfume delicioso…

Me propuso que hiciéramos la tijereta pero como esta era mi primera vez yo no sabia que significaba…ella muy dulcemente me fue llevando y me recostó sobre la cama entrelazando nuestras piernas de tal manera que su clítoris quedó contra el mío y empezó a frotarse contra mi pelvis produciéndome la más grata sensación de placer hasta lograr el más formidable orgasmo que en mi vida había sentido el cual  me arrancaba unos gritos desesperados.

Mientras tanto  ellos continuaban extasiados, muy excitados mirándonos al pie de la cama, ella les propuso que se subieran y se colocaran encima de cada una y se nos masturbaran encima, y así lo hicieron.

Fue muy hermoso ver desde abajo la polla de mi marido totalmente parada gracias a nosotras, fue increíble cuando gimiendo me comenzó a echar encima toda su leche calientita y rica, fue una sensación  increíble para ambas; cada una  de nosotras  lamió su pene recogiendo el semen que brotaba aun de su polla.

Ahora creo que esto es algo que toda mujer debería experimentar por lo menos una vez, estoy contando la historia y me estoy excitando tanto que creo que si mi marido se demora, me voy a masturbar….

Me gustaría recibir sus comentarios y/o sus historias, que me excita mucho leer.

Mi e-mail es: luisaferoz@hotmail.com

Un Hogar Completo (XI).. La asistenta de Rosy, Intento 2: Rosaura. (Primera vez)

Lunes, Mayo 7th, 2007

Continua la historia, con la contratación de la nueva asistente para Rosy.

A las siete de la mañana me levanté ese lunes debía entrevistar a la nueva asistente de Rosa.  Me levanté con una gran erección, y me encaminé a la cocina donde tuve que hacerme yo mismo el café, porque Rosy no llegaba hasta las ocho, y ese era trabajo de la segunda criada, la cual apenas iba a entrevistar.

Me asomé al portón de la entrada, y vi a una muchacha sentada en una de las piedras que “adornaban la entrada a la casa.  “¿Usted venía a la entrevista?. “si señor.  Le abrí el portón y volví adentro, porque amenazaba lluvia.  Decidí que ya que era tan bruta de quedarse afuera hasta que la llamaran talvez quisiera, de veras, tan ingrato trabajo.

El resumen de la entrevista fue que la chica  se llamaba Rosaura, que tenía 15 años, nunca había trabajado en otra cosa, era de campo, pelirroja, pecosa, joven, ni fea ni bonita, buenas piernas, esos si; callada pero no estúpida, parecía trabajadora y honesta, de maneras campesinas.  Al final de la entrevista yo solo le dije: “Mire, esta es su habitación, desde hoy empieza, cuando venga Rosa se pone de acuerdo con ella para todo.

A mediodía, cuando llegué a almorzar y hacer siesta Rosy me informó que todo iba de maravillas con la chica, que era como un tren para trabajar, y que era muy simpática, media campirana, pero simpática.  “No jodas, si vos sos del culo del mundo de un pueblo que nadie conoce ni en Cartago!!!;  “Ah, pero eso fue hace años, Mario.  Total pasaron las semanas, y la chica funcionaba a la perfección, de hecho hasta habíamos hecho migas en mi hora del desayuno, que yo insistía en que me acompañara aunque sea con un café para no quedarme solo a tan aburrida hora mañanera, aunque ella hubiera desayunado desde las 6am.  Un día, se puso seria y me preguntó por los ruidos que se escuchaban en mi habitación varios días a la semana en mi hora de almuerzo (ratos fijos para coger con Rosa), yo simplemente le dije, sin levantar la vista del diario, como quitándole importancia:

“esa es Rosy, que a veces tenemos sexo a mediodía; a veces lo hago también con su hija, y antes que vos vinieras también lo hacía los sábados con la criada anterior.  Ante su mirada de sorpresa, simplemente le dije…  “En esta casa la vida sexual de los que la comparten es bastante abierta, no te preocupes, nadie te molestará si eso es lo que quieres, pero si deseas participar eres bienvenida.  Ella respondió serenamente… “Ay don Mario, gracias pero no, yo soy niña todavía (niña = virgen, en el campo), “ok, tu te lo pierdes, pero recuerda que acá no juzgamos a nadie, así que si sos virgen o puta, da igual, te trataremos igual, no es como en el campo que te echarían de la casa, jaja, si no me crees pregúntale a Rosy

Varios días después me encontré el concilio de brujas (Rosy y su hija Mayra) en casa, un viernes en la tarde seriamente enredadas en un problema, y yo cometí el error de meter mis narices.  Resulta que las gemelas estaban por cumplir quince años, y ellas quería hacerles una fiesta conjunta;  después de todo el enredo, se resolvió que la fiesta después de la misa de quinceaños sería en la casa, un sábado, y que yo correría con gran parte de los gastos…  ya lo dije, nadie me tiene metiendo las narices donde no me llaman; sin embargo, el asunto probaría ser de gran beneficio a finales cuentas.

Después de varias semanas de barullo en los que todos estuvimos involucrados en el asunto, hasta Rosaura terminó en carreras por la fiesta; en todo caso había entablado una estrecha amistad con las gemelas. Asi, llegó el famoso día de la celebración, en la mañana todos los muchachos invitados pasaron a dejas sus mochilas con la ropa de baño (porque iba a ser una fiesta con piscina), luego a la hora de la misa solo estábamos en casa Rosaura y yo, yo porque nadie me hace entrar a una iglesia, y ella porque es de esas religiones protestantes superconservadoras, hablando de todo un poco me dice la muchacha “Don Mario, total, ¿qué son ese montón de películas que tiene usted en la biblioteca de su habitación?,  “Ahh esa es mi colección de películas de adultos, hay de todo lo que se te ocurra; y luego de ver su mirada de curiosidad le añadí… “claro, como vos sos virgen no deberías ver eso, jaja, a lo cual ella se puso muy roja.  Yo me levanté y fui a checar los regalos, entre todos los regalos para las gemelas habían cuatro regalos míos, para Raquel un DVD player y para Denis un pequeño televisor, así podrían compartirlos en su habitación (ellos compartían habitación); además había un regalo para cada uno, sin nombre de procedencia, solo con una nota de “Abrirlo con cuidado y en privado ambos regalos eran sendos paquetes de dvd para adultos.  Para Raquel películas de contenido lesbo y de sexo de jovencitas con hombres mayores; y para Denis, pues simplemente sexo gay y trans, que presumí yo era lo que le gustaba, al obviamente gay, muchacho.  Algunas de las películas tenían un fuerte contenido incestuoso; para que se fueran acostumbrando al tema.

Al rato llegó todo mundo, el catering y los invitados, y ya ni siquiera me metí en el evento, solo esperé a que los jóvenes se tiraran a la piscina, para subir yo mismo y ponerme ropa más adecuada al entorno (Slip speedo como todo mundo, y camiseta de mangas, aunque con el short a mano.  Jalé una tumbona de la piscina y me recosté a la sombra de un árbol, como a ocho metros del tumulto de 40 muchachos, madres, padres y demás bombetas, a degustar la comida, las cervezas y la vista;  no tardó mucho tiempo para darme cuenta que entre Rosa, Rosaura y Mayra tenían todo bajo control.  Vino el brindis y luego los regalos.  A distancia pude observar la reacción de los gemelos a mis regalos, Denis inmediatamente se puso rojo al ver el regalo secreto, pero no lo abrió, solo lo puso en su mochila; Raquel se quedó mirándolo con curiosidad y se lo dio a Rosaura para que esta lo sostuviera mientras se terminaba el asunto de los regalos.  Luego de el desorden de los regalos, la fiesta tomó su propia vida ante mis ojos;  Mayra decidió que ya no la necesitaban como madre/organizadora y se fue a cambiar, llegando a sentarse junto a mi al árbol.  Venía con un par de cervezas en la mano y un bikini que de seguro iba a provocar las pajas de algunos de los chicos de la fiesta; se dejó caer y empezamos a hablar tonteras, mientras me mostraba algunos de los más cercanos amigos de sus hijos; al rato pude darme cuenta que una de las muchachas, sentada en la mesa de Denis, nos miraba con cierta insistencia y curiosidad, ella tenía la misma edad de los gemelos, unos quince añitos, probablemente era compañera de alguno de ellos, delgada, blanca, de cabello largo y oscuro, 1.55 mts, de senos tal vez pequeños para esa edad, pero con la cintura y caderas bien definidas, usaba un vestido de baño de dos piezas verde fosforecente cuya parte baja era de talle bajo, o sea que dejaba ver el inicio de la división de sus nalgas; no podría decir que era bonita, tampoco fea, una chica agraciada, normal, que nos miraba con insistencia; al consultarle a Mayra, esta se sonrió y me dijo: “esa es amiga de Denis, creo que le gusta… “¿Nooo, no me digas que a Denis le gustan las chicas? “Nooo baboso, a ella le gusta él, pero él ni se da cuenta, míralo… me dijo señalando a su hijo, el cual, como era de esperarse, ni se daba cuenta de la chiquilla que lo miraba con cara de boba; mientras él centraba su mirada en algunos de sus compañeros (o en sus paquetes) que estaban al otro lado de la piscina, el equipo masculino de natación, por lo que supe.

En medio del alboroto, pude ver un gesto de Raquel hacia Rosaura, luego del cual tomaron mi regalo anónimo y se desaparecieron de vista.  Así, luego de un rato, Mayra decidió ir a buscar a su hija; mientras estuvo ausente la chica de mirada insistente paso un momento a saludar, y a agradecerme el haber hecho la fiesta para los gemelos, “cuya condición socioeconómica nunca les hubiera permitido tales lujos, en sus propias palabras; resulta que la chica era una rata de biblioteca definitivamente, en todo caso se presentó a si misma, extendiendo su mano con formalidad “perdone, no me presenté, me llamo Gladys, mi papá es aquel señor, el fue el carpintero que contrataron para hacer los toldos; soy compañera de Denis; me acompañó unos momentos, mientras hablábamos de todo un poco, pero se alejó disculpándose al momento de regresar Mayra. 

Algo extraño había pasado, yo a Mayra la conozco, y venía con la misma mirada perdida y cara de zopenca que pone después de tener un orgasmo; lo que despertó seriamente mi curiosidad, por lo que me levanté y en un gesto gracioso le dí un beso en la mejilla, ayudándola a sentarse.  Muchos años de fumado no han logrado que mi sentido del olfato desaparezca,… y a esta mujer la mejilla le olía a jugos vaginales!!!.  Sabiendo que si no pregunto no me dicen nada, simplemente le dije: “oiga Mayra, vaya lávese la jeta mae, que ese olor a panocho llega desde a metro!!; la otra se ruborizó y dijo… “Ya vengo…, levantándose y entrando a la casa mientras yo le recordara que tenía que venir después.

Cinco minutos después se sentó y me dijo… “Luego le cuento…, “noooo ni mierda, usted me cuenta ya, venga, acérquese y me lo cuenta así cerquita, que con el escándalo que se tienen allá no va a escucharla ni un murciélago.

“Bueno usted vió que hace rato salí a buscar a Raquel, la busqué por todo lado y no la encontré abajo, así que subí arriba, yo se que usted pidió que nadie subiera a la segunda planta, pero esa mujer es una atrevida, usted la conoce…

La cuestión es que subí a tu habitación, y entré a ver si veía a la colocha esa; cuál fue mi sorpresa cuando me encontré a la colorada Rosaura, toda colorada.  Digo, estaba ida, viendo una cinta porno!!!  ¿Haz de creer?, ni siquiera notó que yo estaba ahí parada en la puerta, estaba sentada en el respaldo de la cama, desnuda y masturbándose.  Por cierto, Mario, esa hembra se tiene un cuerpazo, pero no parece.  Yo cerré la puerta por miedo a que alguien entrara y la viera en esas poses; puse el seguro de la puerta y le hablé, a ver si reaccionaba…  Me miró con una cara de susto que no tiene idea usted… miraba para todo lado como buscando ayuda.  Cerró la piernas y puso la cabeza entre las rodillas de la vergüenza.  Pobre chica, se puso a balbucear disculpas y demás cosas, pero sin levantar la cabeza, creo que hasta estaba llorando, no se, me decía… “Ay doña Mayra, que vergüenza!!, que vergüenza!!, va usted a pensar que soy una perdida….  oiga Mario, esta chica de veras que es de esas religiones bravas, porque se puso cada vez peor y peor; que el pecado, que la lujuria, que el lesbianismo, etcétera y demás mierdas que habla esa gente; pero en serio, ya me estaba asustando cuando decidí consolarla, le dije “Tranquila Rosaura, las mujeres hacemos eso y más, y eso no nos hace sucias corrompidas como usted dice, es más yo lo hago todo el tiempo y no soy una de esas que usted dice ¿no? “Nooo señora, jamás usted es una persona preciosa!! me respondió, y levantando la cabeza me dijo “Usted lo hace también?…  no pude contenerme, Mario, créeme que traté, le solté la carcajada y le mentí descaradamente para hacerla sentirse mejor… “Si, claro, de hecho le pedí a don Mario la habitación para venir a hacer lo mismo que usted estaba haciendo, no ve que una tiene necesidades y con tanto muchacho semidesnudo ahí abajo me calenté.  Y sin pensarlo, le juro Mario, sin dobles intenciones, le quité el control remoto le dije “¿seguimos juntas?, ¿no te molesta?, así puedes continuar vos y yo hago lo mío, acá cada una a cada lado de la cama, luego de decirlo me puse de pie nuevamente, me quité la ropa sensualmente, porque de veras ya me estaba calentando y ya desnuda adopté la misma posición de ella, con las piernas abiertas masturbándome.  Así estuvimos viendo a un tipo veterano cogiendose a dos chicas jóvenes, mientras ella continuó, un poco recatada, pero más suelta después; la verdad es que yo estaba muy caliente.  Como a los cinco minutos cambian la escena y aparecen dos mujeres,  una joven y otra mayor, se suponía que eran madre e hija.  Al ver esa escena Mario, me calenté montones, y por lo visto a Rosaura también, porque no paraba de tocarse, Mario, que buenas tetas tiene esa pelirroja, pequeñitas pero bien paradas, y los pezones son como botoncito de rosa, y la panocha, llena de pelitos rojos rojos, viera como me calentó eso, y a los cinco minutos de estarnos viendo de reojo y de ver la escena, ya cuando en la pantalla la chica se dejaba chupar el mico por su madre, se me salió una yeguada, te lo juro que se me salió desde el fondo del alma… “Uyyy que chiquilla más rica, por Dios!!!  Rosaura se detuvo inmediatamente y me miró fijamente a la cara y me preguntó “Mayra, usted también lo hace con mujeres???, “Si, claro, de hecho soy conocida por ser una experta haciendo eso mismo, dije señalando a la mujer que estaba mamando vagina en la pantalla.  “Ahh, que dichosa, dijo ella y siguió en lo suyo, como por dos minutos.

Repentinamente se volvió hacia mí, y me dijo, con una inocencia en la cara y una lujuria en los ojos, que no tienes ni idea de lo que me calentó: “Mayra, ¿me enseña? Quiero aprender, ¿Me enseña, si?.

Mario, no pude aguantar la tentación, la chica esa está deliciosa, y es virgen, para colmo, a mi me matan las chicas vírgenes; así que me acomodé entre sus piernas y sin decirle nada empecé a besarle la parte interna de los muslos, mientras con los brazos le abría aún más las piernas.  “Claro que si, le decía, mientras le daba besos en las piernas, “Vas a ver que el placer es la gloria, no la culpa!!

Mientras Mayra me seguía contando tan asombrosos suceso, yo ya estaba seriamente erecto, tanto que ya se me notaba, y no hallaba cómo colocarme la pinga (a mi se me había olvidado el short en la cocina),  la cabrona se reía, pero a mi me daba pena de que me viera alguno de los de la fiesta; de hecho estaba seguro que Gladys, que seguía mirándonos desde el otro lado de la fiesta, se había dado cuenta de mi estado.

“Viera usted Mario,  es una fiera!!!, y continuó su relato:

Cuando ya estaba super excitada de los besos en la piernas que le estaba dando, me levanté sobre ella y empecé a besarla en la boca, mhmh.  Delicioso besa esa chica, no es tan inexperta no creas, cuando la besaba, ella agarró mis pechos y me decía…  “Uy Mayra, que tetas más ricas, hace rato tengo ganas de agarrarlas… sobarlas…. mhmhm besarlas…  ¿me deja?, “No tan rápido mi chiquita, primero usted para que vaya agarrando volados (aprendiendo), y después me lo hace a mi. Y me agache a darle una buena chupada de tetas…  “Uyy  si, que rico Mayra siga, siiii  uy si suavecito más Dios más Diosito mío más, deme más por dios,  se siente tan deliciosos, uy sii chupe…  decía mientras yo le mordisqueaba suavecito los pezones rosados como manzana, se le notaba lo religiosa, ¿no?.  Así la tuve como cinco minutos, yo sabía que la güila estaba por regarse, pero quería que aguantara más, así que bajé el ritmo y la empecé a besar en el estómago y en el vientre, tratando de bajarle un poco la calentura.  Pero cuando bajé a su vagina, no hubo forma de detenerla…

Empecé a chuparle de arriba abajo los labios vaginales, que estaban super mojados, y a jugar con su clítoris suavemente.  De pronto me levanté y saqué de tu gaveta de juguetes el dildo pequeño (pequeño, realmente, tiene como 1.5 cm de diámetro, como por 13 centímetros, es para principiantes, de hecho parece más un lápiz labial que un dildo), el del culo, yo a esta carajilla le iba a enseñar lo que era regarse, lo encendí y se lo empecé a pasar por fuera de la vagina, mientras le chupaba el clítoris; esa enana se movía como culebra macheteada, parecía que la iban a violar, y gritaba como loca “Si.. por dios que rico, ricoooo mamemela… uyyyy que sabrosera mas rica…..   más Dios más Dios más por amor de dios, deme más hágale por favor no pare, no pare… más más más, deme más, luego de un momento, le levanté aún más las piernas y le di el dildo, le dije “ahora póngaselo usted en el pipirigallo, solita, yo voy a seguir mamándola, y me puse a cuparle el culito, viera Mario, que culito más lindo, uno de los más lindos que he visto, rosadito y sin un solo pelito, una delicia.  Claro, cuando sintió el efecto combinado del vibrador en el clítoris y la lengua en el culo se volvió loca, fue delicioso verla disfrutando tanto.  Cuando me cansé, porque esa posición es incomodísima, le quité el vibrador, lo chupé y seguí lamiéndole la vagina, mientras lo ponía en la puerta del culito, inmediatamente me dijo…  “Uyyy si, que rico ya he escuchado a su madre decir que eso es riquísimo, métamelo, por favor…  que me tiene loca, métame algo yaaaa….!!!

Yo sabía que la tenía lista, así que nada más se lo empujé un poquito y la lengua hizo lo demás…  Se vino en una regada asombrosa, nunca había visto a alguien chorrear tantos jugos como esa muchacha, solo decía…  “Siiii..  me vieneeeeee… me vieeeeeeeeeeeeene…, y terminó en un temblor.  Yo me levanté, me levanté a sacar los juguetes de verdad, y me recosté junto a ella, a seguir masturbándome, quería ver qué tan agradecida era la chavala.

Ni tiempo me dio, inmediatamente se volvió y empezó a hacerme lo mismo.  Te cuento Mario, esta mae, tiene pasta, porque me pegó una mamada que te juro no parecía novata, y mucho menos cuando me metió los juguetes, primero jugó con el chiquitito, metiéndomelo en el chocho y en el culo después, después agarró el doble y me lo hizo empujado en ambos lados…  Vos sabes que a mi la doble penetración con juguetes me mata…  y me regué como cerda en menos de 5 minutos.  Te digo, fue un polvazo. 

Y Mayra terminó de contar su suceso del día recostándose, mientras se empinaba una cerveza desde la botella y encendía un cigarrillo, en medio de una sonrisa de lujuria y con los ojos cerrados.

La historia la seguiré en el siguiente capítulo, les parece?

Saludos, si quieren me pueden escribir a Cotico: tico6013@yahoo.com

Paraí­so e infierno!, continuacion

Lunes, Abril 16th, 2007

Karina Otilia Mercader se hallaba recogiendo unas hojas secas en el jardín del coqueto chalet de los Roger, cuando arribó la patrona de la casa en su automóvil, procedente de la escuela a la que acababa de llevar a sus hijos. El ama había salido muy temprano en la mañana, antes que aquélla llegara al domicilio a cumplir con sus diarias tareas del servicio doméstico.

––Buen día Karina ––saludó, cortés la dueña de casa––. Hoy espero una jornada muy fatigosa en la puesta en orden de gran cantidad de cosas. Por suerte Rolando no va a estar en todo el día, ya que debe visitar algunas de sus obras que se hallan bastantes retiradas de aquí; lo espero hacia bien entrada la tarde. Los niños tampoco vendrán a almorzar, pues han de pasar derecho a sus clases de gimnasia; de todas formas se han llevado una buena provisión para comer en la hora del descanso; a esta edad comen como peones de campo.

––Tendrá que armarse de paciencia antes de iniciar cualquier puesta en orden ––replicó la empleada, con expresión enigmática y señalando hacia la casa con la cabeza––, pues antes que nada parece que deberá atender visitas. Hay una señora, muy bonita ella, que le está esperando desde hace más de media hora.

––¿Una visita?… ¿Una señora? Realmente no esperaba a nadie… ¿Quién puede ser en la mañana de un día de semana?… ¿Y sin anuncio previo? ¿Cómo es su nombre?

––En realidad no tuve la precaución de retenerlo; creo que lo pronunció demasiado por lo bajo. Pero lo que sí recuerdo es que dijo ser su amiga y que estaba dispuesta a esperar que Ud. regrese. Se puso de inmediato a mirar con especial interés todas las fotografías de la familia; estuvo largo rato tomando los retratos y, olfato femenino de mi parte, me parece que ponía ternura en su rostro.

––Bueno ––prosiguió Salomé––, ¡ahora sí que estoy intrigada! Espero que no se trate de alguna ex novia de mi marido con un pleito en ciernes; a lo mejor alguien que viene a echarle en cara una supuesta o real paternidad.

Karina se echó a reír más de la cuenta.

––¿Una ex novia de don Rolando? ¿Una escondida paternidad? ––dijo, con lágrimas de hilaridad en los ojos–– ¡Sí, tal vez se trate de algún reclamo de extra paternidad de D. Rolando!… Pero mi querida Salomé, ¿cree vd., por ventura, que su marido haya puesto sus ojos o sus manos en otra mujer que no haya sido Ud. misma?… ¡Por favor, no me haga reír más que va a hacer estallar mi diafragma!

––Agradezco la confianza que tienes en los antecedentes de mi marido y, por adición, en su fidelidad. Pero nunca una ha de estar segura en estas cosas. Yo te llevo varios años, Karina, y sé por qué te lo digo. Nunca más cierto es en los hombres aquello de que la ocasión hace al ladrón…

––Lo cual ha de valer también para nosotras, las mujeres.

Salomé se quedó algo pensativa ante la simplicidad y validez del aserto y luego penetró resuelta al interior de la vivienda. Al llegar a la sala del estar se quedó petrificada. Un pequeño paquete con unos repasadores que había adquirido de paso en el supermercado se deslizó de entre sus dedos y fue a parar al piso.

Parada junto al arquitrabe de la chimenea de leña, con un portarretrato entre sus manos en el que aparecía el rostro de la dueña de la morada, retratada unos cuantos años atrás, se hallaba su amiga de la adolescencia: Melisa Wanda Sotomayor. Había en su rostro una sonrisa, mezcla de nostalgia y alegría, y… estaba bellísima.

Salomé abrió desmesuradamente los ojos, la boca… y luego los brazos en toda su envergadura. Ambas corrieron, la una hacia la otra, y se confundieron en un apretadísimo abrazo. De inmediato rompieron a llorar y mucho tiempo pasaron contemplándose, suspirando, riendo, nuevamente lagrimeando, volviéndose a abrazar… y acariciándose sus cabellos, antes de que palabra alguna fuese parida al aire.

Finalmente la dueña de casa abrió el diálogo:

––¡Lisita!… ¡Cuánto tiempo que no nos veíamos! ¡Nunca creí que llegaría el día en que pudiera disfrutar nuevamente de tu presencia! La mucama me dijo al entrar que una hermosa señora me esperaba; pero jamás pasó por mi cabeza el que fueras tú. Estás… ¡bellísima!

––Sí… ¡Cuánto tiempo, Saly!…No falta mucho para que se cumplan tres lustros de nuestra separación. En realidad ésta parece ser la ley inexorable relativa a la conclusión del ciclo de estudios, el cual une y mantiene juntos a los compañeros del colegio secundario por mucho tiempo… Y en una época de la vida en que tanto valoramos la amistad… A ti también se te ve hermosa…

––Pero, cuéntame, ¿qué fue de tu vida cuando terminamos el secundario?… No te vi nunca más… y tampoco has dado señales de tu existencia. Mucho te busqué en los primeros tiempos pero me dijeron que junto a tus padres te habías trasladado a Europa. Quedé esperando por muchos días tus noticias y tu residencia… pero.

––En realidad mis padres fueron los que se mudaron a Europa, a España más precisamente. Yo, querida Salomé, inicié una suerte de vida trashumante. Viví en varios pueblos y ciudades. Luego estuve establecida durante bastante tiempo en Montreal en donde formé la más duradera de mis parejas. Ahora, cuando hubo arribado la hora de desmontarla, he resuelto regresar a estos lares. Como ves, no me fue difícil encontrarte… Yo sabía desde mucho tiempo atrás que habías contraído matrimonio; y, por lo que veo, tienes dos bellos chicos.

––Pues sí, hace varios años ya. Éste es Diego, de diez años y ésta es Carla de siete; aquí ves a mi marido, el ingeniero Rolando Elvio Roger.

––¡Ah, sí!… ¡Rolando Roger!… Lo he sentido nombrar mucho por los medios. No se habla de otra cosa que del discurso que ha pronunciado en la sala de conferencias del Hotel Parque. Creo que se ha ganado el alias de «Señor Transparencia».

Salomé sonrió, no sin cierto amargo orgullo. Melisa prosiguió:

––Tus chicos son muy lindos y al parecer muy vivaces. Creo que debes haber encontrado el gran sentido de la vida en la crianza de tus hijos que, después de todo, por más vueltas que le den, está en los tuétanos de toda mujer. Yo no he tenido la suerte de tener hijos…

––Pero has vivido en pareja ––replicó vivamente Salomé.

Y aproximándose al oído de su amiga y casi como un bisbiseo, agregó:

––¿Siempre… con hombres?…

––Así es, en efecto. Aunque debo reconocer que fueron varios… más de los que hubiera deseado. ¿Y tú, querida Salomé, siempre has pertenecido a tu marido? ¿Has estado con otros… hombres?

––Bueno… en realidad… antes de casarme… Pero dime: ¿por qué razón has tenido varias parejas? ¿Acaso ninguno logró satisfacer tus requerimientos?

Melisa entró en un cono de sugerente silencio en tanto que acompasadamente caminaba de aquí para allá. Simultáneamente efectuaba una serie de gestos y muecas demostrativos de que aquello tocaba una parte nerviosa de la cuestión.

––Para serte sincera, mi querida ex camarada de secundario, esto forma parte del intríngulis de mi vida. Después de aquellas… de aquellas… vivencias que tuvimos en nuestra extrema juventud, nada volvió a ser igual para mí. Por lo que veo, tú conseguiste casarte y presumo que estás haciendo una vida absolutamente normal. Eres señora casada, con el estatus que le corresponde a tal estado, esposa de un buen marido (que figura como político en el florilegio de los escasos reconocidos como honestos) y madre de un par de preciosas criaturas.

––¿Has… has… compartido cariños con otra mujer? ––reiteró, insistente, Salomé.

––No, para nada.

––Pues, yo tampoco ––remarcó rápidamente Salomé––. Por lo que veo sólo hombres han existido en nuestras vidas después de… aquellos momentos tan preciosos de nuestra juventud. Lo cual significa -en sentido estricto- que nuestra común fidelidad permanece indemne.

––Pero el hecho es que yo he tomado bastante gusto por los hombres; muchas veces pienso que me he vuelto excesivamente pasional. No estoy segura si lo que nos ocurrió aquella nefasta noche en Arroyo Manso no ha dejado su impronta sobre mí y en lugar de provocarme repugnancia la presencia de cualquier hombre, pues…

Salomé, al recordar la desgraciada circunstancia, se tomó la cabeza con ambas manos. Ella tampoco olvidaría jamás la noche de la violación y había escondido el secreto bajo bóveda de siete llaves. En realidad, después de largos años, era la primera vez que se hallaba comentando sobre el asunto; y precisamente con su compañera en la desgracia. Ambas estaban convencidas que sólo ellas y los tres malhechores eran los conocedores del hecho.

––Algo se ha desatado dentro de mí ––prosiguió Melisa–– a partir de aquella circunstancia que me ha convertido en una voraz buscadora de hombres. Pero no creas que se trata de ninfomanía; es un algo más profundo; quizá, una suerte de sed de venganza. A veces lo percibo, querida amiga, como algo malévolo, perverso.

Rápidamente cayó en la cuenta Salomé del especial humor que se había apropiado de su antigua amante. Recordó que en los últimos tiempos de su relación con ella hacía frecuentes referencias a la curiosa figura de la medialuna que viera estampada en el miembro del violador, y a la que consideraba como mancha de nacimiento. Restablecidos ya, en todo su esplendor, los lazos que, etéreos, enredan las almas amantes, le vino a quedar en claro que Melisa se hallaba en la inconsciente búsqueda de aquel órgano criminal que mancillara tan brutalmente su fresca carne de primavera.

––Creo, querida Lisa, que se hace necesario echar un saludable manto de olvido acerca de aquella noche. Considera que eres joven y muy buena moza, como lo fuiste siempre.

Y aproximándose a ella púsole sus manos sobre los hombros y con sugestivo y amoroso tono susurró:

––Mucho debe complacernos el que ambas hayamos seguido siéndonos fieles. Ni tú ni yo hemos conocido otras mujeres, con lo que nuestro amor de la juventud sigue siendo prístino. En cuanto a los hombres que pudieron haber pasado por nuestras vidas: ¡eso no tiene la menor importancia! Ni la tiene el que yo haya alumbrado hijos al mundo… Lo nuestro es como un universo paralelo, con sus propias leyes, con sus particulares consignas, con sus paradisíacas sutilezas. ¿Serás capaz de separar las cosas de tal manera, querida Lisa?

Por toda contestación Melisa, arrobada, pasó las palmas de sus manos por detrás de la cabeza de su antigua amante y buscó ansiosamente sus labios. Se besaron largamente como lo solían hacer en las noches de sus tempranos amores… ¡Ah, la mutua frescura de ambos labios de mujer!

Luego se sentaron. Previamente Salomé se asomó al amplio ventanal del estar para localizar a Karina, su mucama; pues de inmediato tomó conciencia de la necesidad de mantener en el más absoluto secreto la relación que la ligaba a su amiga del alma y nada sería más contraproducente que el hecho de que su empleada haya andado atisbando y pudiera haber observado la escena del beso. Se arrepintió rápidamente de no haber logrado dominarse y tomar los recaudos del caso. Por suerte Karina se hallaba trabajando en la esquina más alejada del enorme jardín, regando unas flores y mostrando una actitud de total despreocupación; no era, pues, pensable que escasos segundos antes pudiera haber estado en las proximidades de la escena. Al comprobar tal hecho Salomé suspiró aliviada.

––¿Ya estás establecida aquí? ––preguntó–– ¿Cuándo regresaste de Canadá?

––Hace escasamente una semana y me quedaré a vivir aquí. Tengo en el medio algunas rentas que me han dejado mis padres, los cuales murieron en España en un accidente de automóvil hace casi un año. Así que me he quedado huérfana, por decirlo de una manera llana.

––¡Caramba!… ¿Murieron en un accidente de tráfico?… Como sabes, yo adoraba a tus padres tanto como conocía que ellos me querían a mí… Mas, ¿cómo ocurrió tal hecho?

─Y… bueno, tú sabes. Mi querido padre siempre fue un tanto imprudente como automovilista; digamos que conducía «a lo argentino». Fue en una de las autopistas de acceso a Madrid y quedó involucrado en una muy violenta colisión múltiple en la que murieron varias personas. Él falleció instantáneamente y mi madre, unos días después en el nosocomio.

—¡Caramba!… ¡Qué fatalidad! Y tú, ¿cuándo decidiste regresar?

––Hace un mes atrás ––siguió Melisa–– tomé la decisión de abandonar Montreal y al estúpido que tenía a mi lado; así que sin decirle «agua va» me largué para estos lares no bien conseguí completar algunos trámites. Ahora estoy viviendo en la antigua casa de mis padres, que tú tan bien conoces.

––Te presentaré a mi marido como mi antigua amiga de la secundaria. Muchas veces le hablé de ti; así que haz de cuenta de que Rolo te conoce. En realidad me gustaría que te quedaras unos días en esta casa. ¡Es tan grande y me hallo tanto tiempo sola!…

––Hoy no ha de ser pues tengo varias cosas que hacer durante un par de días. ¿Cómo te llevas con tu marido?

––¡Qué quieres que te diga!… Es un hombre extraordinario, marido respetuoso, padre amante, jefe de familia cuidadoso; en fin, un espécimen no muy alejado de lo tradicional apetecible a cualquier mujer que se precie. Pero… bueno: es posible que el tiempo transcurrido en nuestro matrimonio haya dejado ya secuelas de rutina. Él cumple con sus ritos maritales con cierta parsimonia y no más allá de una tibia ambición pasional. Por ahora estamos conservando las posiciones; ni yo no le he sido infiel, ni creo que él se fije en otra pollera.

––¿Me… recuerdas a mí cuando estás haciendo el amor con él?

Salomé guardó un sugestivo silencio, se levantó del sillón en que se hallaba sentada y se dirigió, con solemne parsimonia, hasta el amplio ventanal.

––Karina tiene verdadera obsesión por las flores y el jardín ––esquivó––; muchas veces pienso que es en detrimento de la prolijidad en la atención del interior de la casa. Pero parece ser leal y buena con los chicos y también es algo susceptible, razón por la cual debo actuar con diplomacia para encargarle los distintos quehaceres.

––No has contestado mi pregunta. Si tu respuesta fuera negativa te diré, querida Salomé, que quedó establecida una asimetría entre nosotras; pues yo no he hecho sino pensar en ti, en tu piel, en tus cabellos, en tus caricias y en los inefables instantes que vivimos en los últimos años de nuestro bachillerato, especialmente las noches de Arroyo Manso.… No puedo escuchar aquel feeling sin que lágrimas de profunda nostalgia se despeguen de mis ojos.

Salomé seguía estática de pie frente al ventanal dando la espalda a su amiga. Los regueros del dulce recuerdo de la juventud corrían por sus mejillas. Luego se volvió a su amiga y con una triste sonrisa murmuró:

––Te he extrañado más de lo que considero lícito manifestar. Ésa es la cruda verdad. El varón que hay a mi lado no ha conseguido arrancar a mi cuerpo sino una débil proporción del placer que tú fuiste capaz de prodigarle. Me alegro mucho de volverte a ver pero… tu inesperada presencia no deja de provocarme una fuerte inquietud.

––¡Oh, Saly!… ¡Espolvoréala!… No tiene sentido tener miedo. En el esquema social en que nos desenvolvemos no hay mayores dudas acerca de la amistad de dos mujeres; verás tú: eso no se considera infidelidad. ¿Quién te dice que no podamos rehacer nuestra maravillosa relación por estos días conservando nuestras respectivas situaciones? Tú no tienes que abjurar de tu familia… ¡para nada! Y yo podré seguir con mis amantes… Todo lo que debemos hacer es adoptar una actitud adulta de no celarnos mutuamente por esas cosas. ¡Somos mujeres jóvenes, Salomé! Y es seguro que podremos aún explotar vetas de exquisito placer en las ricas minas, de que nuestra femineidad es portadora.

Tales palabras cubrieron con el dulce manto de la reminiscencia el espíritu de Salomé y, habiendo caído en terreno sumamente abonado, la convencieron definitivamente.

––Pese a todo, Lisita, será menester guardar muy bien las apariencias y tomar todos los recaudos y cuidados del caso para que no se filtre absolutamente nada. Habrás de comprender que las responsabilidades de la familia que tengo sobre las espaldas así lo exigen.

––Desde luego que sí. Tenemos varios lugares en donde podamos reunirnos a nuestro gusto al abrigo de cualquier indiscreta mirada: mi casa, por ejemplo, ya que vivo sola… A propósito: ¿Qué es del chalet de Arroyo Manso, ese verdadero paraíso de tu familia?

––Aún está allí. Mis padres lo siguen usando con frecuencia. Nosotros, es decir, mi propia familia, de vez en cuando pasamos algunas temporadas. Los chicos gozan sobremanera el paraje. La diferencia que podrás observar allí es que hemos introducido importantes reformas y, en la medida en que intuimos (como todo el mundo) que el grado de delincuencia se está escapando de madre en los últimos años, hemos incrementado de manera notable las condiciones de seguridad del predio.

––¿Y a tu marido le agrada el paraje?

––Parece que lo hubieras olfateado, querida Lisa, porque la verdad es que a los dos o tres días de hallarse allí, disfrutando de vacaciones, comienza a fastidiarse y no ve la hora de volver a la ciudad. Si bien una se siente reverdecer por eso del cambio de aire y por el relajamiento general que experimenta en la quietud de la serranía, a él no parece agradarle. Aunque es muy adicto a la vida campestre, su espíritu sólo goza en el aspecto trashumante. A decir verdad, cuando se halla en las sierras él sólo anhela ir de aquí para allá y dormir en una carpa; ver un paisaje distinto cada día.

––Tu marido está ganando rápidamente gran nombradía por el nivel de sus ideas y por la lucha político-social que está emprendiendo.

––Él es realmente una gran persona ––apuntó Salomé–– pero debo advertirte que lo que aparece como una acción nimbada de santidad en el nivel colectivo es una carga a veces muy difícil de soportar en el ambiente familiar. Muy otra cosa le apasiona, que no es precisamente el sexo. Su encendida preocupación por la corrupción de los dirigentes políticos raya en la obsesión; así por lo menos lo percibo como esposa. Tal pasión se ha aposentado de tal manera en sus cascos que prácticamente no existe actividad de la vida que no acabe por vincularla al latrocinio de los políticos. Es como una manía que le persigue a todos lados y siempre anda pensando en tribunales, jueces, cámaras, comisiones juzgadoras y hasta ejecuciones para poner coto a la corruptela que nos caracteriza… ¡Cómo si todos los encargados de proveer justicia fueran nenes de leche!

––¡Ahá!… ¡No en balde le dicen el «transparente». Tengo entendido que en la conferencia del Hotel Parque de hace unos días ha sentado una serie de bases para atacar la corrupción.

––Así es, está trabajando con un nutrido conjunto de importantes personalidades para el Grupo Transparencia que tendrá por objetivo dar las bases de un sistema simplificado de la función pública y muy controlable. Ellos están persuadidos de que si se puede enfocar la escrutadora mirada en pocos y responsables funcionarios y gobernantes, puede lograrse un gran avance en la honestidad general. Quieren, sobre todo, facilitar los trámites de las revocatorias para hacer valer el compromiso que asume todo funcionario al jurar por la constitución y sus deberes.

»Pero como ya te dije, esta manía le provee de un humor muy especial, bastante ácido y sobre todo perdurable; de tal manera que los restantes miembros de la familia, chicos incluidos, nos debemos cuidar de mencionar ciertas palabras clave que suelen actuar como detonadores… y para las que, luego de cometer la estupidez de pronunciarlas, ya no es posible detener la explosión. Por ejemplo, nunca debemos hacer referencia a una «partida presupuestaria agotada», ni a una «licitación privada», ni «concurso de precios»… ¡Y qué decir si se menciona la palabra «cohecho»! Si a alguien se le resbala algunas de estas expresiones o las que las sugieran, todo el entorno, sin excluir a la sufrida familia, deberá cargar con el fastidioso costo de una filípica de varias horas… quizá, de días.

»Claro que muchos años atrás él vivió su propia experiencia en la materia y hay que decir, en prez de su proverbial honestidad, que en sus manos estuvo el compartir el fruto de un cohecho, a lo que él se negó en redondo. Con ello al parecer incineró el negociado que varios habían preparado y que había menester de su aquiescencia para llevarlo a la práctica; de manera que fácil es imaginar que ha dejado un reguero de vituperios y muchos juanetes pisados. Pienso que por ese costado se ha fabricado muchos enemigos, a la mayoría de los cuales ni siquiera conoce. Incluso no dejó de tener ácidos críticos entre sus propios socios, que lo tildaron de incauto.

––No puede negarse, Salomé, que te ha tocado en suerte un tipo interesante de marido. Pienso que, por ese lado, no has de tener tiempo de aburrirte. Se trata, evidentemente, de un hombre que ha tomado estado público y… ¡con qué causa noble entre sus manos!

Salomé volvió a aproximarse al ventanal y pudo verificar que aún su empleada se hallaba abstraída en la atención del jardín. Luego, sin dirigir la mirada a Melisa, dijo:

––No dudo de lo que dices; la causa es noble, mas no exenta de un matiz utópico. Pero la verdad es que la veta pasional conyugal de mi Rolando se halla siempre presta a agotarse raudamente y es del caso pensar que la causa tenga mucho que ver. Por ello… he procurado una eficaz «complementación» recurriendo a los auxilios del arte y, en verdad, que me he asegurado no escasas satisfacciones.

––¿Complementación?… ¿A… qué te refieres?

––¡Ah, Lisita! Se trata de la utilización de los más sofisticados adelantos de la industriosa artesanía en materia del sexo… del sexo en solitario. Me estoy refiriendo al uso de consoladores y de sus más avanzadas versiones de vibradores íntimos.

Y haciendo un pícaro guiño a su amiga y desplegando y contrayendo alternativamente las tres falanges de su dedo índice, articulando así el consabido gesto para que la siguiese, Salomé la condujo a una suerte de bohardilla, atestada de bultos y trastos, en una de cuyas paredes se destacaba un pequeño placard. En el interior del mismo había un compartimiento personal, un volumen con puerta cerrada con llave (de esos que suelen denominarse «secrétaire») que la dueña de casa abrió luego de accionar su cerradura con una llave que tomó de entre los vericuetos de un escondrijo. Del interior del citado «secrétaire» extrajo una caja de plástico duro cuyas caras presentaban sofisticados matices artesanales, tomada al azar de las varias que contenía. Allí descubrió Melisa varios cuerpos en forma de barra que ostentaban un maravilloso parecido con el órgano viril masculino, ya sea por su conformación, ya por los detalles de sus superficies, ya por las coloraciones y tonalidades. Quedó sorprendida y no pudo sino mirar inquisitivamente a su amiga.

––Sabía de la existencia de estos aditamentos ––dijo–– pero en verdad que hasta la fecha no he hecho uso de ellos y nunca sospeché que a ti te interesarían. Además, algunos presentan dimensiones un tanto exageradas, ¿no te parece?

––Los que aquí ves, tomados al azar, ––aclaró Salomé –– ya no los uso; forman parte de mi algo dilatada colección. Su acción es meramente estática y, si bien queda bajo tu total monitoreo, a la fecha resultan obsoletos.

Y mientras iba diciendo destapó otra caja, esta vez convenientemente escogida.

––Mira ––prosiguió––, éste, en cambio, es un vibrador y ¡rotacional!… Puro jelly dice el prospecto (aunque conozco que su traducción del inglés es «jalea», no me preguntes cómo encaja esto en el material de que está hecho)… Pero mira, ¡es una verdadera maravilla!, Lisita. Actualmente es el encargado de complementar el llenado de la copa que el marido, con sus apuros y estrés, tan avaramente logra escanciar.

Melisa tomó aquel objeto entre sus manos, tentándolo y apretándolo con sus dedos en diferentes zonas. Uno de sus extremos ostentaba un glande perfecto en tanto que el otro se abultaba ostensiblemente en la representación de los testículos y presentaba un receptáculo en el que se alojaba una batería. Hizo un gesto de asombro.

––Realmente ––apuntó––, ¡parece tan natural!… Se diría que ofrece la suavidad, tersura y mansedumbre de superficie como si fuera real, pero se destaca por aparecer como dotado de un poco común grado de erección. Como te dije, yo… yo… nunca he experimentado una vivencia con este tipo de instrumento. Se me ocurre, por otra parte, que con eso de «jalea» han de pretender hacer referencias a su modo de actuar; quiero creer que se trata de una insinuante coartada publicitaria… Dime: ¿conoce tu marido el contenido de este espacio secreto?

––¡Ah, querida Lisa! Él tiene el suyo. Por una suerte de pacto tácito los dos mantenemos al margen toda curiosidad con relación a sus contenidos; ni él se ocupa de mi compartimiento ni yo inquiero por el suyo en su escritorio. Jamás visita este placard; ni siquiera la bohardilla.

––Bueno, al menos supongo que guardará barruntos de tus aficiones a estas prótesis; de todos modos duermes con él y se me hace que has de necesitar mucha intimidad para tu… «complementación».

––Cuando se está tanto tiempo sola, como es mi caso, para nada es difícil encontrarse con prolongados lapsos de intimidad. Por otra parte pienso que aunque lo barruntase o conociese, no habría de molestarse mayormente. Y para extremar mi dialéctica te diré que hasta habría de pensar que se alegrase y agradeciese a la existencia de tales métodos, que son capaces de librarle a él del natural desgaste que impone la diligencia de un buen amante. Ya te lo dije: no es ésta su especialidad.

––¡Eh, Saly!… Me parece que te estás extralimitando con tus consideraciones.

––En fin… yo sé por qué lo digo.

Cambiando la directriz de la conversación, apuntó Melisa:

––Veo, por otra parte, que al hallarte muy ducha como usuaria de estos artificios has de mantener buenos contactos con los proveedores. Aunque conozco que hay ventas en casas especializadas en el ramo, ¡qué quieres que te diga!: a mí me resultaría muy vergonzante presentarme a adquirir algunas de estas cosas. Debo jactarme que aún no he arribado a tal grado de desenvoltura.

––¡Nada más sencillo, mi amor! Hago mis elecciones y mis compras por Internet y me aseguro que la encomienda llegue a mis propias manos por vía directa. No necesito que nadie me esté explicando embarazosamente cómo funciona el artículo; las descripciones y detalles que se brindan en sus instructivos, al menos para mí, son más que suficientes y nunca he visto desbaratadas mis expectativas.

Y después de colocar las piezas en su caja, acomodando los diferentes elementos que constituían al conjunto, puso aquélla en un bolso de plástico con manijas y entregándoselo a Melisa, dijo en tono solemne:

––Toma, llévalo y pruébalo… después, me cuentas. Tiene pila nueva y en el interior de la caja verás un instructivo, el que te recomiendo que leas con detalle.

––Pero… pero… yo no…

––¡Oh, cállate!… ¡No me digas nada! No te lo estoy regalando; tan sólo te pido que lo experimentes. Después conversamos, ¿eh?

––Está bien ––susurró la visitante.

Volvieron al living-room donde prosiguieron recordando el feliz tramo de vida de la adolescencia.

––Quédate durante todo el día de hoy ––dijo Salomé––; te presentaré a Rolando a la hora de la cena, que es cuando recién regresará a casa. Entretanto tendremos todo el día para charlar y luego te presentaré a los chicos cuando vuelvan de la clase de gimnasia. Ahora prepararé una rica torta para el postre… como las de aquellos tiempos de Arroyo Manso, ¿recuerdas?

µ µ µ

Rolando Roger y sus hijos, Diego y Carla, tenían una afición común que los unía más allá de los condicionantes familiares: el anhelo trashumante, el afán de andar y andar: el camping. Prácticamente casi todos los fines de semana hacían sus incursiones por casi cualquier sitio o paraje de las sierras. El padre se había dotado de toda la implementación requerida para tales efectos, sin dejar de apreciar muy especialmente a los elementos más sofisticados que la moderna tecnología brinda en la materia.

Y, claro está, el primerísimo lugar lo ocupaba un flamante y poderoso vehículo 4 x 4, un Gran Cherokee, que era naturalmente considerado por el grupo como la niña bonita de toda la implementación y que les permitía acceder a los lugares más inconcebibles. Tenía incorporado un torno con cable de acero arrollado en su parte delantera, dispositivo con el cual se procuraban tracción adicional cuando la de las ruedas no era suficiente y que habían utilizado en no pocas ocasiones… ¡Nada era tan subyugante como poder acampar en el paraje más inhóspito que fuera dable encontrar!

Después de Su Majestad, el 4 x 4, embargaba la consideración de estos aficionados a huestes tártaras toda la parafernalia típica del hobby: carpas, catres, colchonetas, bolsas de dormir, faroles, herramientas varias, elementos de cocina, cañas de pescar, armas para la caza, y un largo etcétera.

Padre e hijos eran tan entusiastas de esta actividad, que difícilmente desperdiciaran oportunidad de ponerla en práctica. La excepción a tal afición era la propia Salomé que estaba muy lejos de participar de aquellas salidas: ella prefería la comodidad de una buena cama, dentro de un confortable dormitorio, que a su vez formara parte de una bien arquitecturada casa moderna; nada de carpas, catres, sol y viento… y nada de convertir a la Naturaleza toda, en testigo de las funciones biológicas de eliminación.

Empero —como corresponde a seres racionales— tan antitéticas predisposiciones se habían zanjado sabiamente: sencillamente Salomé no participaba de tales excursiones, mas no planteaba objeciones a que el resto de la familia hiciese su gusto. De ordinario, los viajeros se ausentaban al menos durante tres días, en el decurso de los cuales Salomé quedaba sola en su chalet. Hasta el momento, había aprovechado la ocasión para visitar a sus padres o a alguna amiga, pero muy otra cosa habría de ocurrir a partir del momento del reencuentro con su antigua compañera del secundario.

Así, diez días después de aquel reencuentro, ambas amigas realizaron los aprestos necesarios para lograr reunirse en la mayor intimidad, en casa de Melisa. En el ínterin se habían comunicado casi permanentemente por el teléfono, pero omitiendo por ambas partes hacer referencias a la cuestión de la prótesis que Melisa recibiera de su amiga. Y Salomé aprovechó aquel fin de semana largo en que su marido y los chicos realizaran una de sus acostumbradas salidas de camping.

El reencuentro fue patético… apoteósico… tachonado de aureoladas reminiscencias… impregnado de infinita ternura… nimbado de suprema felicidad… turgente de romántica poesía… ¡La inspiradora Safo en su plenitud!

Dedicaron la primera parte de la noche a escuchar música, a leer poesías, a dar rienda suelta a la alegría; todo ello en medio de las más cálidas manifestaciones de afición y de cariño.

La princesa está triste… ¿Qué tendrá la princesa?
Los suspiros se escapan de su boca de fresa,
que ha perdido la risa, que ha perdido el color.
La princesa está pálida en su silla de oro,
está mudo el teclado de su clave sonoro,
y en un vaso, olvidada, se desmaya una flor.
Con relevante unción declamatoria, Melisa recitó los imborrables versos de Rubén Darío. Luego, mirando con ardorosa intensidad a su amante, prosiguió:

Juventud, divino tesoro,
¡ya te vas para no volver!
Cuando quiero llorar, no lloro,
y a veces lloro sin querer.

––¿Y qué ocurrió con la tristeza de la princesa? ––interrogó, en medio del arrobamiento, Salomé.

«Calla, calla, princesa ––dice el hada madrina––;
en caballo con alas hacia acá se encamina,
en el cinto la espada y en la mano el azor,
el feliz caballero que te adora sin verte,
y que llega de lejos, vencedor de la Muerte,
a encenderte los labios con un beso de amor».

Y plasmando el último verso a la acción, ambas amantes se confundieron en un ardiente beso de amor, cuyo fuego suponían ellas mitigar con el fresco elixir del manantial de sus bocas…

Luego se quitaron las vestimentas y entonces, subyugadas, se contemplaron largamente. Sus cuerpos, sutilísimos instrumentos de la rapsodia de su adoración, ya no eran aquellos gráciles retoños primaverales de la época de sus estudios secundarios. Aquilatados, depurados, experimentados, fogueados, acrisolados por las otras prácticas inherentes al sexo y hallándose en la flor de la madurez, amalgamaban ahora esa insuperable consumación de la belleza con la inextricable habilidad adquirida para extraer la máxima cuota de delectación.

Con el salto de sus años de rapazas a los de hembras adultas, sus formas se habían modificado, tornándose infinitamente más dulces. Sus pechos se habían entumecido y redondeado, conservando su atrayente conformación orogénica. Sus muslos habían engrosado un tanto, mas permanecían maravillosamente tersos y torneados. Sus cinturas aparecían afinadas y sus caderas netamente insinuadas. Sus nalgas habían adquirido una voluptuosa proyección, sin atreverse, en lo más mínimo, a posar su mirada al suelo.

En el transcurso de sus juegos y manipulaciones descubrieron un terreno abonado a lujuriantes nuevas experiencias; se adentraron en frescos e insospechados estímulos; se revelaron exóticas sensaciones; paladearon exquisitos sabores; percibieron inefables vivencias; sucumbieron al abandono del éxtasis supremo.

Ambas se hallaban hechizadas en el tráfago de la irresistible pasión que las poseía. Desde largos años atrás ninguna de ellas había podido sentir tan inmensa felicidad como la que saborearon en el transcurso del par de días de aquel exquisito reencuentro.

Durante todos los instantes de esta acción amorosa, la obligada referencia a la experiencia de Melisa con el vibrador rotacional pasó a un segundo plano… ¡Era tanta la concentración que requería el largamente ambicionado reencuentro!

Mas al momento de la relajación final, Salomé, que se salía de madre por el requerimiento de la cuestión, trajo el tema:

––Y… ¿qué tienes para decirme de la prótesis que te presté? ¿La has probado?

––Sin duda ––respondió Melisa––. Su aplicación es… interesante.

––¿Sólo eso? ¿Acaso no te ha satisfecho del todo? No pareces estar muy entusiasmada.

––Sobradamente… Mas tú bien sabes que yo soy de «llegada rápida» y reiterativa. Pero, claro está, a mí me erotiza en grado superlativo las caricias en la piel de todo el cuerpo y por ende no puedo evitar una sensación de carencia con la mera actuación de ese pequeño y placentero monstruo.

––¡Ah… ahí está la cuestión! ––Exclamó, alborozada, Salomé––. Por vías separadas venimos a dar al mismo punto.

Melisa quedó sorprendida ante la expresión de Salomé: se había hallado embarazada por la contestación a dar a su amiga pues no sabía qué palabras utilizar para encomiar aquel instrumento, sin defraudar al notorio entusiasmo de ella y sin traicionar a su verdadero sentir. Con gran curiosidad preguntó:

––¿A qué te refieres?

––¡Pues, está claro como el agua clara!… Nos servirá a ambas como maravilloso complemento… en realidad, el complemento que está ausente entre nosotras.

––¡Ah!… Entiendo.

––Oye, Lisita, no nos privaremos de usar como mejor venga a cuento los modelos que tengo allá en la gaveta sin que hayamos de dejar de lado ninguna de nuestras caricias, pero estoy segura que habremos de conseguir una buena estimulación adicional… Particularmente, estoy pensando en una prótesis vibratoria y rotacional… a dos voluptuosos y «glandiosos» extremos… Veremos.

––¡Ah… ah! ––Melisa lucía una iluminada sonrisa en el rostro.

––Sí, sí… Algo que nos permitirá acariciar a sabor nuestras tersas pieles y tener al mismo tiempo la sensación de estar ligadas por nuestras entrañas. Ya vislumbro que habremos de obtener el súmmum.

––¡Ah… ah! ––volvió a consentir Melisa.

––Ahora, descansemos.

µ µ µ

Aquel maravilloso reencuentro se prolongó por espacio de varias semanas con las características de una verdadera luna de miel: todo volvía a ser énfasis y novedad y las amigas se reunían casi todos los fines de semana y, aun, cualquier otro día, si ello venía a cuento.

Y en una de esas reuniones, realizada ahora en el chalet de los Roger aprovechando las ya consabidas ausencias del padre y de los hijos, Salomé mostró a su amiga una ornamentada caja de plástico, muy alargada, que presentaba aún los vestigios de una flamante recepción.

––He aquí ––dijo–– este portentoso «cetro de dos extremos».

Y puso ante los ojos de Melisa una prótesis fálica de alrededor de cuarenta centímetros de largo provista en sus extremos de dos bien configurados glandes. Ambos se mostraban diferentes: el uno era puntiagudo y asimétrico y de diámetro, en su base, algo superior al del resto de cuerpo adyacente; el otro era romo y casi como una prolongación del resto. El grosor de la pieza era variable y presentaba un ensanchamiento hacia el centro. Abrió Melisa desmesuradamente sus bellos ojos.

––No hay que leer prospecto alguno en relación con este adminículo ––musitó, entusiasmada, Salomé––. Es uno de esos casos en que la función surge prístina de la propia forma. Va una parte para cada una; y como sus dos mitades son de diferente conformación, podremos alternar su utilización para adecuar la que más nos vaya en gusto… Pero su extraordinaria similitud con la realidad no es todo…

––La similitud ––interrumpió Melisa–– aparecería impoluta ante los sorprendidos ojos si este «cetro» se dividiera por la mitad. De la forma en que es dable verle y alejando la vista de cualquier momento pasional, yo diría que su «bicefalismo» más bien tira a monstruosidad, querida Salomé.

Salomé, blandiendo por el centro aquel objeto cual si se tratara de una amazona haciendo tremolar su lanza, manifestó llena de alborozo:

––¡Oh, sí!, mi amor: ¡un maravilloso monstruo para los momentos de pasión! Que no será menester de él para otra cosa… Mas he aquí lo que antes quería decirte: mira.

Y manipulando una muy disimulada palanquilla que en la parte central había bajo la sutil cubierta de látex, dio al conjunto una curvatura que semejaba una U cuyas ramas podían separarse casi a voluntad. A partir de esta conformación lo doblaba en diferentes regiones y, cada vez, la extraña prótesis retornaba, casi de inmediato aunque con viscoso movimiento, a su posición curvada de origen.

––¿Te diste cuenta? ––remató la enfervorizada manipuladora del «cetro»––. Dentro de ciertos límites puede adoptar la forma que se le asigne y a partir de ahí, como dicen, «tiene memoria». El material de que está constituido se deforma ante las presiones exteriores pero, cual si se tratase de cosa viva, retorna a su posición inicial. Además, la curvatura original que desees en un determinado momento puedes obtenerla sobre la marcha, pues el acceso a la palanquilla de comando, aun en los momentos de mayor actividad, es inmediato y simplemente al tacto. Finalmente, puedes anular la acción de la palanca y dejar que el instrumento se adapte como le venga en gana a él y a nosotras. Es cuestión de probar, Lisita, y de acostumbrarse a la ínter-actuación. ¿Te imaginas la cantera inagotable de insospechados estímulos que tal combinación representa?

Melisa permanecía absorta ante tales demostraciones y no escapaba al juicio de su amiga, para gran alegría suya, que demostraba en sus dilatadas pupilas un singular regusto. Engolosinada, Salomé prosiguió, mientras pasaba lánguidamente su mano a lo largo del inefable «cetro»:

––Y observa aun las voluptuosas ondulaciones de su superficie. ¿No te llevan a imaginar lo deleitoso de la caricia que, en gran medida, nos estaremos comunicando entre nosotras, de interior a interior?

––Oye ––recordó Melisa––, dijiste que sería vibratorio y rotacional; a lo que veo éste no es el caso.

––Así es. Hice tal consulta al proveedor, pero me contestaron que aún no habían conseguido su implementación y, fundamentalmente, que para la función que debe cumplir no parecería ser conveniente o práctico dotarlo de tal manera. Y ponte a pensar un poco… y verás que tienen razón. Éste es instrumento que ha de estar estrictamente supeditado a la voluntad de los movimientos del usuario y dado las naturales respuestas que seguramente proporciona, es claro que aquellas funciones extra no constituirían sino inútil recargo.

»Vayamos ahora, primor, a cenar algo…

Poco después, en la propia alcoba matrimonial de Salomé, ambas amantes se refocilaban con sus ternuras y caricias. Habían tenido a buen cuidado de iniciar con los juegos y estimulaciones más sutiles, de tal forma de ir asegurando el incitante crescendo; el cual, demás está decirlo, debía culminar con la utilización del ya lubricado «cetro». Llegado el momento, Salomé dijo:

—Bien, tesoro, hemos arribado a la hora de la verdad, al momento de pasar a la acción más importante que hasta ahora hayamos emprendido. Será menester no desanimarse por los esperables desajustes de todo inicio. Pronto, muy pronto, habremos de tener más que satisfactorias respuestas de esta pieza maravillosa.

Y poniéndose de espaldas en la cama replegó al máximo sus piernas, tomó al resbaladizo «cetro» por su mitad y aproximándolo a los ojos de Melisa lo sacudió amorosamente con delicadas muestras de respeto.

—Comenzaré yo con el extremo «cabezón» —agregó.

Dicho lo cual se insertó la mitad correspondiente, haciendo que emergiera la otra parte como si del esculpido mango de un estoque clavado en la carne se tratara.

Observando el extrañísimo cuadro andrógino que presentaba su amante, Melisa murmuró:

—Querida, parece que has hendido el corazón con una subyugante daga de amor. El conjunto se ve como un maravilloso monumento priápico.

—¡Oh, Lisita!… ¡Déjate de metáforas y ven encima de mí!… Es realmente glamorosa la sensación que me provoca… Ven sobre mí… Haz tu parte.

Y así dieron inicio a la última etapa de su acción amatoria. Dotaron a la prótesis de la curvatura apropiada para contemplar la convergencia de sus canales vaginales, pues ellas no deseaban otra cosa que estar frente a frente. Así, luego de penetrarse ambas con el «cetro», pudieron mantenerse muy aferradas durante un prolongado período de tiempo, entrelazando entre sí piernas y brazos; pudieron contemplarse a los ojos, acariciarse el pelo, besarse en los labios, ora con laxa terneza, ora con fogosa fruición, frotar sus palmas en las espaldas y glúteos de la amada, rastrillar con sus uñas los cascos de sus cabezas por entre los sedosos cabellos…

Y el «cetro» obraba sus maravillas, más allá de las que ellas se habían prefigurado. Profundamente insertado en las entrañas de ambas, no dejaba de procurarles infinito deleite al influjo del voluptuoso y resbaladizo frotamiento de sus pubis. Entonces la potenciación de la caricia interior, con sus multiformes disposiciones relativas y sus sorpresivas e incognoscibles reacciones de cada momento, hacía las delicias de las amantes mujeres. Muy pronto la intuición hizo que acompasaran adecuadamente cada meneo de sus pelvis y cada presión de sus pubis, de modo tal de obtener el máximo rendimiento de los estímulos. Así, cuando la una subía, la otra bajaba; si la una se desplazaba hacia un costado, la otra lo hacía hacia el opuesto y cuando una de ellas insinuaba un giro, la otra emprendía el contrario… Y en todos los casos percibían de qué manera se acomodaba aquella maravillosa pieza a la conformación a que era obligada; y luego recibían grandísimo gusto cuando sentían actuar la «memoria» del material del «cetro», intentando, en cada ocasión, recuperar su posición original. Y en verdad que ambas amantes habían conseguido un verdadero plus en cuestiones de amor sáfico… Aquella sin igual vivencia difícilmente podría ser superada.

Para sus psicologías, el bicefálico «cetro» no era sino una exquisita porción de sus cuerpos, capaz de emitir y receptar una pléyade de sensaciones gozosas.

Después de reiterados tanteos y acomodos consiguieron sincronizar un movimiento que atendía con adecuada frecuencia a rozar sus clítoris. Ello convirtió al movimiento en cuestión, en la fase final del acto amatorio, pues motivó las hercúleas potencias de los estímulos finales… Ya no había lugar a otras opciones.

Así, férreamente abrazadas y unidas sus bocas en un inacabable beso de amor, sólo sus pelvis vibraban con la intensidad y frecuencia adecuadas para asegurar el sin igual crescendo… Se hallaron bajo el dominio de un demoníaco automatismo con sonoras exclamaciones de ayes profundos y miríadas de jadeos… Pronto estalló Melisa en un clímax enloquecedor, que fue correspondido casi de inmediato por el de su amante ex compañera…

Luego, entre cortas y reparadoras relajaciones, se gozaron en una retahíla de gustosos -aunque cada vez menos intensos- orgasmos posteriores.

A la hora de la relajación final se hallaron fuertemente estrechadas en un simbiótico vis a vis.

Y en tanto que acariciaba los revueltos cabellos de su amada, Salomé musitó:

––Esto es lo más próximo a la apoteosis que es posible conocer, querida Lisa. Nunca he sido tan feliz… y presiento que a ti te debe ocurrir algo similar.

––Así es, mi amor ––respondió tenuemente Melisa, que tenía su rostro apoyado en los afectuosos pechos de Salomé––. Ahora descansemos y no desarmemos esta inembargable posición de amor.

Y manteniendo el mentado «cetro» como nexo físico y comunicador interno, ellas le provocaban algún que otro gustoso movimiento a través de un lánguido meneo de caderas, el cual iba resultando cada vez más menguado en la medida en que el manto del sueño iba velando sus ojos. Finalmente acabaron por dormirse profundamente en medio de la mayor felicidad y con la profunda convicción de haber encontrado «el complemento perfecto» a su amor.

Por la mañana, a primera hora, Melisa se dio a la tarea de limpiar el «cetro» y de acomodarlo ordenada y primorosamente en su caja de fantasía; antes de cerrar la tapa contempló unos momentos su contenido y, sin levantar la vista, murmuró:

––Verdaderamente, de haber sido dotada esta inusual pieza de movimientos artificiales nos hubiera privado del enorme placer que, mediante nuestras propias inducciones, nos ha prodigado. Tenían razón los que dijeron que eran inconvenientes tales movimientos; ellos no se constituirían sino en inútil recargo: el excesivo endulzamiento acaba por relajar… Mientras contemplo esta maravillosa adquisición no puedo sino pensar que se ha convertido en parte de nosotras.

Paraíso e infierno

Martes, Abril 3rd, 2007

Melisa, cómodamente repantigada en el asiento del moderno microómnibus en que se desplazaba, contemplaba con su habitual arrobamiento el espectáculo del mundo exterior que, a través de la amplia ventanilla, parecía marchar apresuradamente hacia la retaguardia. Su amiga, Salomé Adelia Linares, en tanto, dormía profundamente a su lado sin parar mientes en el maravilloso paisaje serrano por el que discurrían.

A lo lejos, hacia el oeste, se destacaba nítidamente el azulino y más elevado perfil de las Sierras Grandes, cuyo ondulado borde superior parecía estar engullendo las porciones adyacentes de cielo. Contrariamente a lo que ocurría con el espacio aledaño al vehículo, aquellas majestuosas formaciones se mostraban inmóviles.

––Salomé se está perdiendo la magnífica visión de esta perspectiva de las sierras, reverdecidas por las tempranas lluvias de la temporada ––se decía––, pero al parecer tiene toda la cabeza ocupada por el sueño. Con el calor que hace está aprovechando la placidez que brinda la refrigeración del vehículo; yo no veo las horas de llegar a Arroyo Manso para darme un buen remojón en la piscina de la finca.

Melisa Wanda Sotomayor era una preciosa adolescente de dieciséis años y su amiga tenía unos meses más. Como ya ocurriera en los últimos tiempos, habían convenido en pasar unos días de vacaciones en un retirado y coqueto chalet de campo, que era propiedad de los progenitores de Salomé y que estaba implantado en un maravilloso paraje llamado Arroyo Manso, en lo mejor y más apartado de la serranía este cordobesa.

Ambas se conocían desde un par de años atrás y casi de inmediato surgió entre ellas una sin igual empatía que había dado lugar a una genuina amistad juvenil. Se querían mucho y casi no había empeño, diversión, empresa o encomienda que no realizasen juntas o, al menos, lo intentaran así. Cursaban el mismo año del colegio secundario; estudiaban juntas, tomaban el té juntas, practicaban deportes juntas, etc. Difícilmente se hallara dos hermanas con tal comunión de juicios y sentimientos; difícilmente, en medio de la extensa comunidad en que vivían, existirían dos jovencitas que sostuviesen una amistad de tan acendrada raigambre.

Ahora habían encontrado otra forma de encarar el placer de la mutua compañía, evadiendo el mundo que usualmente les rodea; y era el inmenso gusto que les prodigaba el hecho de hallarse y de permanecer solas por unos días en aquel hermoso chalet. En realidad habían estado allí con anterioridad en tres o cuatro ocasiones en las que habían permanecido, en cada caso, un par de días o hasta tres; entonces, dedicaron placenteramente el tiempo a leer, a ver vídeos, a cocinarse sus comidas, a efectuar largas caminatas por los cerros, a bañarse en el cercano arroyo o en la piscina de que disponía el amplio e impecable parque del chalet. Si bien en la vida cotidiana de la ciudad no desdeñaban asistir a las reuniones y bailes típicos de adolescentes, con sus multifacéticas luces monocromáticas y sus perturbadoras cargas de violentos decibeles, ambas habían llegado a la conclusión de que esta suerte de soledad compartida en aquel maravilloso paraje serrano, constituía realmente una subyugante y placentera disrupción del ajetreado mundo juvenil.

La propiedad en cuestión estaba implantada en un sitio algo alejado del área poblada, por lo que imperaba en ella un aura de intimidad, ostentando las deseadas cualidades de soledad y retiro. Pero, a la hora de proveerse, una simple caminata de varios minutos las podía poner en contacto con sus necesidades; por añadidura contaban con un par de bicicletas a las que usaban con gran frecuencia en estos menesteres y en sus paseos.

Ambas procedían de familias jóvenes e imbuidas de la tónica modernista y librepensadora; por ello hacían un dogma de la libertad de sus hijos y cada decisión de éstos daba pábulos a consideraciones y especulaciones de tipo parlamentario entre los miembros de la familia, pero en donde se buscaba preservar la decisión en sí como un derecho inalienable. De manera, pues, que el solo hecho de conocer los padres de Melisa que las chicas estarían en el chalet de campo de la familia Linares, era motivo suficiente para considerar que todo se hallaba perfectamente controlado. Por supuesto disponían del teléfono para las comunicaciones más elementales; pero ambas amigas habían declarado previamente que preferían gustar de la soledad del momento y del paraje y por ello pusieron serias cortapisas a las comunicaciones frecuentes con las familias. De manera que las llamadas debían resultar, en definitiva, esporádicas; o bien se utilizarían en casos de necesidad.

El ómnibus proseguía su recorrido y era notorio cómo su marcha se complicaba en la misma medida en que, al ingresar en una zona de topografía más abrupta, pululaban las sinuosidades del camino y crecía la pesadez de sus rampas y bajadas. La vegetación autóctona del accidentado terreno circundante se hacía muy tupida por momentos y, asimismo, era dable ver y sentir cómo el vehículo se desplazaba por la estrecha banda de una cornisa, dibujada entre la empinada ladera de la montaña lacerada por los constructores de la obra, de un lado, y las voraces fauces del peligroso barranco, del otro. «Salomé se pierde la maravilla de este paisaje y el regusto de la adrenalina de contemplar hacia el abismo», se dijo Melisa.

Finalmente fue arribada la hora de descender. Llegaron a un escondido paraje que circundaba al camino y en donde existía un viejo apeadero, un refugio con signos de abandono y casi oculto por un añoso árbol en plena banquina: se trataba, sin duda, de una parada escasamente utilizada. Cargando sus bolsos, ambas amigas comenzaron a caminar, eufóricas, por la alabeada senda que las llevaría hasta la propiedad.

––Cuando me hallo en esta circunstancia, al pie del ómnibus, y pienso en el recorrido que debemos realizar ––arrancó Salomé –– siempre me pregunto por qué no tomamos la precaución de disponer de nuestras bicicletas en alguna de estas casas próximas, de manera que las podamos utilizar para llegar al chalet.

––Oye, Saly, no creo que sea buena idea: la senda es muy sinuosa y empinada y para colmo siempre vamos transportando pesados bolsos y mochilas. Creo que en tal caso tendríamos la carga adicional de llevar la bicicleta a nuestro lado con lo que, seguramente, se convertiría en un ‘magnífico’ estorbo.

––Tienes razón, Lisa, resultaría muy pesado. No queda más camino, que hacer el camino a pie. Después de todo venimos aquí a pasear y las caminatas forman parte importante de nuestras diversiones. Pero la próxima vez podríamos descender en el parador que tiene el ómnibus en el poblado y que se halla muy próximo a lo de Teófilo; allí podemos tener en guarda nuestras bicicletas y llegarnos al chalet por el otro camino que es de mejor trazado, aunque bastante mas largo.

––¿Teófilo es el morochito bajito que se hallaba la vez pasada en el chalet, verdad? ––inquirió Melisa.

––¡Teófilo Nieto es un serrano amoroso! Es el encargado de atender todas las ñañas que aparecen en las instalaciones del predio; tú sabes: pequeñas reparaciones, desmalezados, cuidados del parque, limpieza y entretenimiento de la piscina… y esas cuestiones. Creo que tiene cosa de cuarenta y cinco años y vive en los aledaños del pueblo a la vera del camino de tierra del que recién te hablé; el cual pasa muy cerca del paraje Arroyo Manso. En realidad, es encantador utilizar esta senda que conecta directamente el apeadero con el chalet, porque es un verdadero atajo y, además, es muy bella; dice mi papi que sólo se puede transitar por aquí con un vehículo con tracción en las cuatro ruedas.

»¿Sabes?… Estoy tan entusiasmada con esta visita al paraje que tengo la idea de que nos quedemos una semana en lugar de los tres días que habíamos planeado… ¿Qué te parece?… Comida tenemos para rato y estamos en vacaciones.

––¡Regio! ––exclamó Melisa––; claro que tendremos que comunicarlo a casa; espero que mis papis no tengan objeciones, de lo contrario me voy a ver obligada a desplegar mis artes de convicción. Parece que el buen tiempo nos va a acompañar.

––Atención: ya sabes que por estos lugares y en este tiempo de verano una tormenta se arma en contados minutos y que suelen ser muy eléctricas. Mas aunque hubiese de llover, no te olvides del encanto maravilloso que eso tiene en las sierras. Podremos quedarnos contemplando la lluvia en los cerros a través del ventanal del solar, viendo cómo se plantan las líquidas varillas al trasluz.

––¡Ah, Salomé, Salomé!… No puedes evitar tus alusiones a Leopoldo Lugones. No en balde nos hicieron aprender de memoria en Literatura su famoso Salmo Pluvial. Al parecer, tú lo has asimilado a la perfección.

––¡Lo adoro! ––contestó Salomé–– y nada me sería tan grato como ver recrearse las condiciones y circunstancias que dieran lugar a la inspiración de don Leopoldo y poder recitar su hermoso poema, observando el temporal a través del solar de nuestra casa. Incluyo también la «calma» y aquél: en los profundos campos silbaba la perdiz.

—Claro… ¡Cuántas veces hemos oído el silbo de la perdiz, el chistido de la lechuza y el gañido del zorro!

Empero, aunque Salomé era muy afecta a los frutos del Parnaso, no por ello dejaba de ostentar un profundo sentido práctico. Por ser la mayor de ambas, la propietaria de la finca y por resultar de su mayor gusto, había tomado a su cargo la maestría culinaria del paseo; de manera que en los bultos que acarreaba había una buena proporción de alimentos enlatados, polvos de hornear, de tortas, de helados, etc. Claro está que todos eran productos tomados de los anaqueles del supermercado y en donde estaban contenidos, prefabricados, predesecados, precocinados, predigeridos, previtalizados, etc., todos aquellos polvos y conservas que proveen a los estómagos con la virtualidad de la vida moderna, caracterizada por su acelerada versión fast.

––Tengo ––apuntó Salomé, en tanto que ambas proseguían su parsimoniosa caminata–– una buena provisión de cajas de tortas y helados que, por el lado de la repostería, nos permitiría pasar un mes muy tranquilamente. Mamá me notició que hay gran cantidad de huevos en la heladera. Ahora, al llegar, no veo la hora de arrojarme a la pileta y pasar el resto de la jornada allí, pues la tarde está bastante calurosa. Luego cenaremos con las provisiones que traemos y las que encontremos. Mañana haremos nuestro primer paseo en bicicleta con una incursión por el poblado para comprar carne, pan y verduras frescas.

Después de casi media hora de marcha llegaron al chalet que se hallaba en condiciones impecables. Cada tres días aproximadamente, Teófilo Nieto dedicaba varias horas al mantenimiento de la casa, del jardín y de la pileta. El hombre moraba cerca de la ruta pavimentada, en el suburbio del poblado, pero sobre el camino secundario de firme natural.

Las mozas encontraron a Teófilo aquella tarde en plena tarea de limpieza del jardín y del pequeño parque y, para que no resultara perturbada la soledad durante la estadía en la finca, le hicieron saber que no se requerirían sus servicios hasta tanto ellas abandonaran el chalet, de lo que le darían debida cuenta a su turno. Teófilo aceptó a regañadientes la sugerencia de las chicas, pues era persona muy dedicada y no quería perder el control de sus cosas; pero no tuvo más remedio que aceptar calladamente la imposición, guardándose la miríada de pensamientos que pugnaron por salir en palabras de reconvención. Claro está: Teófilo Nieto, ya apartado en dos generaciones de las jovencitas, no era un hombre ni de ciudad ni moderno, y para nada acordaba con esas solitarias aventuras de las mozas, de las que ya tenía conocimiento.

Melisa Wanda Sotomayor y Salomé Adelia Linares depositaron los bultos que portaron casi en cualquier sitio, se vistieron con sus modernos y escuetos trajes de baño y partieron raudamente rumbo a la piscina que se hallaba presta a recibirlas. Se dieron varios chapuzones y gozaron las ingentes caricias del agua en aquella tarde de estío. No dejaba de formar parte de sus diversiones, ya desde tiempo atrás, una serie de juegos juveniles y cabriolas que implicaban normales contactos físicos. Aquel día de la inauguración del descanso, al llegarse a la oración y mientras marchaban por el parque rumbo a la casa, Salomé, que venía por detrás de su amiga, no pudo evitar el aplicar una serie de cariñosas palmadas a los bien formados glúteos de Melisa, lo cual fue recibido por ambas con alborozo y motivó, a su vez, la réplica de ésta mediante una suave caricia en el rostro de la primera.

Al día siguiente, las dos amigas decidieron posponer la compra de provisiones en el pueblo, para dedicar aquel primer día a un paseo de exploración por los cerros y quebradas aledaños.

Salieron, pues, muy temprano en la madrugada y después de varias horas de andar, de trepar cerros y mogotes, de cruzar estrechos desfiladeros, de vadear cristalinos cursos de agua, de descender por empinadas pendientes, se hallaron muy fatigadas y, habiendo divisado un fresco y verde prado, muy pequeño, que se extendía a la vera de un cimbreante arroyo, fueron a sentarse a la orilla de éste, muy dispuestas a tomarse un reparador descanso.

Extrajeron frutas y emparedados de los bolsos que portaban y se dieron de inmediato a la tarea de calmar su hambre.

––Es realmente maravilloso este paisaje ––apuntó Salomé––. Nada me parece tan relajante como el murmullo de las aguas de este arroyito; ¿no te ocurre lo mismo a ti?

––Verdaderamente que prodiga un goce sin igual: es como si oyera la dulce aria del silencio.

»A veces pienso, querida Salomé, en el sortilegio que implica este sino que nos es común a ambas de ir marchando a contracorriente de lo que se supone que deben hacer los jóvenes de nuestra edad. ¿No deberíamos estar en medio del ruido y del claroscuro psicodélico, rodeadas de una multitud de otros adolescentes como nosotros, zarandeando los huesos al compás de algún cavernoso ritmo?… Mi mami siempre reprocha mi escasa afición a la muchedumbre y, en tono festivo, me incrusta el sambenito de «troglodita», cosa que al parecer la divierte, pues termina a las risotadas.

––¿Y tú, qué le contestas?

––Que a mí me es dado escoger con escrúpulos mis amistades: mi consigna es pocas y buenas.

Salomé se sintió muy complacida por esta confesión y por toda respuesta acarició delicadamente la cabellera de su amiga. Ésta le retribuyó colocando su palma sobre el dorso de aquella mano y dándole suaves golpecitos con un dejo de exquisita ternura, al par que el rubor acudía a sus mejillas.

Poco después emprendieron el regreso al chalet, tratando de hablar lo menos posible, pues ya el cansancio de la caminata pedía a gritos el ahorro de energía. Sintieron gran necesidad de apoyarse mutuamente y es así que, al llegar a la casa, se hallaban fuerte y cariñosamente abrazadas.

Por la noche, después de cenar, ambas amigas se dispusieron a escuchar música, leer y conversar en el cómodo estar de la vivienda: una suerte de living-room en forma de L, de dimensiones más que generosas. Como era rutinario para ellas, lucían sus breves trajes de baño por toda prenda de vestir. En realidad mientras permanecían en el chalet o en sus alrededores siempre llevaban ese simple atuendo; de tal manera, en cualquier momento que lo desearan, sea en el día o en la noche, aprovechaban para darse un refrescante chapuzón.

Salomé puso música lenta y romántica; tenían infinidad de discos compactos de ese tipo de música y también de las de características hot. Se aproximó a la gran puerta vidriera del solar y se extasió en contemplar el aspecto etéreo que presentaba la iluminada y bien cuidada área del parque; luego se fue a sentar al lado de su amiga. Entonces apuntó:

––No caben dudas, querida Lisa, que la profunda amistad que hemos establecido y que hemos elogiado hoy a orillas del arroyo, ha determinado que no haya secretos entre nosotras. Casi sin temor a equivocaciones podríamos adivinar nuestros respectivos pensamientos cuando participamos de una vivencia o de una conversación. Sin embargo, corazón, hay algo de lo que todavía no hemos hablado, aunque lo siento larvado en todos nuestros juicios. ¡No sé por qué aún no nos lo hemos preguntado!… Dime: ¿ya has andado con algún hombre?

Melisa miró de hito en hito a su amiga, sonrió tenuemente y, con algo de embarazo, contestó:

––Puede decirse que sí. Hace algo más de un año atrás conocí a Javier, un chico de la escuela comercial. Tenía entonces dieciocho años. La cuestión no resultó feliz del todo… y pronto nos dejamos.

––¿Pero… llegaron a tener relaciones íntimas? ––insistió Salomé.

––Sí, claro. Eso es exactamente lo que quise decirte. Pero precisamente allí radicó el problema, pues nuestras relaciones eran sólo eso. Me pareció un chico muy inmaduro y acabó repugnándome que su única preocupación entre nosotros radicara precisamente en la relación sexual. En realidad adolecía, asimismo, de un vicio que repugna: era en extremo presuntuoso.

––¡Ah, entiendo, entiendo!: no te interesa el hombre sólo en cuanto macho ––retomó Salomé––. Pues, a mí me ocurrió algo parecido. Estuve noviando un tiempo con un amigo que conocí en un boliche bailable. No puede decirse que la experiencia fuera precisamente fascinante. Los hombres me parecen bastantes despreocupados en cuestiones de amor… una vez que se sienten satisfechos; digamos… una vez que han escupido sus humores.

––Tienes razón, pronto echan todo en santo olvido y se dedican a pensar en el partido de fútbol del domingo, a repasar la mejor conformación de su equipo en el próximo lance, a desesperarse por la falta de juicio del director técnico que no atiende a sus racionales conceptos, etc. No llegan a olfatear, siquiera, la fina sensibilidad que nos posee a las mujeres. Dicen que tales condiciones son normales en los adolescentes, los que al parecer tardan más en madurar que nosotras.

––No te lo creas así: yo diría que los hombres jamás maduran en el sentido que nosotras necesitamos… Siempre ocurrirá, Lisita, que nosotras seamos capaces de comprendernos mejor y de transponer con mejores títulos los confines de nuestras exquisiteces y apetencias, ¿no te parece? Después de todo siempre se ha reconocido que para una mujer no hay nada mejor que otra mujer.

Por toda contestación, Melisa, como ya lo había hecho en otras oportunidades, acarició el rubio cabello de su amiga, pero, al influjo de la cálida insinuación de sus palabras, puso esta vez gran ternura en ello. Y luego, bastante cohibida y con el rubor aflorando a su rostro, fingió retomar la lectura de la revista que previamente había dejado a un costado. Pero su pensamiento volaba por otros andariveles… y el juvenil corazón le golpeteaba rudamente el pecho.

Salomé se levantó y se dirigió al equipo de audio, colocó un disco compacto y al oír los primeros sones de la dulce melodía que comenzaba a fluir por los parlantes, entrecerró los ojos con gesto de adorable ensoñación y comenzó a danzar, a solas, muy tenuemente. Presto se oyó el suspirante, vago y cansino lamento de un saxofón que esbozaba el melancólico son de Sentimientos. Se aproximó a Melisa con ambos brazos extendidos hacia ella y, en tanto que con su cuerpo todo marcaba el grácil e insinuado ritmo, la invitó a bailar.

––Ven, querida Lisa ––bisbisó con un sugerente dejo––… Bailemos este maravilloso Feeling que nos brinda Fausto Papetti, desde los estrados mismos del Nirvana. Dejémonos arrastrar por el suave torbellino de esta dulce melodía.

Entonces ambas se tomaron de los hombros y comenzaron a bailar. Sintió Melisa que el corazón se le apuraba aún más. Una exótica y meliflua sensación, al hallarse en brazos de Salomé, le invadía ambiguamente todo el ser. En un principio se movieron con cierta soltura y en medio de risueñas expresiones. Mas, poco a poco, fueron amortiguando sus movimientos. Cada vez, insensiblemente, aproximaban sus cuerpos más y más, hasta que acabaron confundidas en un estrecho abrazo que mostraba, ya descarnadamente, los embriagadores signos del lazo pasional. Luego, cimbreando sus caderas y haciendo ondular sus cuerpos cuan largos eran de consuno, casi sin desplazarse del lugar donde estaban paradas, se dieron a un subyugante juego de contoneo que prestamente devino en una amalgama de caleidoscópica danza y deleitosa frotación. Cada una de ellas se sentía fuertemente aferrada al cuerpo de la otra y la danza no hacía sino insuflar un aura exquisita a la fervorosa escena.

Salomé, por encima del hombro de Melisa, aproximó su rostro a la oreja izquierda de su amiga y al fragor de una respiración cálida, húmeda y entrecortada, aplicó, juguetona y sibilante, su lengua al lóbulo. Melisa percibió como que un chispeante demonio penetraba a su interior, provocándole un voluptuoso escalofrío y, con la piel erizada, levantó sus hombros hundiendo su cabeza entre ellos. Luego, la versátil lengua intentó adentrarse por el embudo de la oreja e hizo que la receptora se soltara en un estrepitoso suspiro:

––¡Uy… Uy!… ¡Ahhh!… Uyyys!…

Y encontrándose sobrepujada por la cosquillosa sensación de su oreja, apoyó enérgicamente ésta contra el rostro de su amiga y comenzó a restregarla con el irresistible impulso de desalojar, por la misma vía, el torbellino de picazones que le había invadido las entrañas.

Luego sintió que Salomé, con palabras cargadas de arrobamiento… en susurros de sílabas proyectadas con caldas brisas, le volcaba al oído:

––¿Te… agradan las cosquillitas?…

Sin responder palabra, Melisa acarició con sus manos la espalda de su amiga y asintió con rítmicos movimientos de su cabeza. Salomé prosiguió susurrando:

––¿Quieres que te diga algo?… ¡Te amo, Lisita!… ¡Te quiero mucho!…

Lisa, ante la exteriorización concreta del mensaje que ya para ambas era más que notorio, se apretó más al cuerpo de Salomé y, haciendo aflorar a sus labios el fresco zumo del amor, aplicó un húmedo beso en su cuello, recogiendo, de paso, el excitante y salobre gusto de la piel.

Un suave y delicioso clamor escapó ahora de la agitada garganta de su amiga.

Se estuvieron largos minutos rastrillándose sus cabezas por entre los rizos de las cabelleras; besándose y acariciándose sienes y mejillas. En un momento dado, de consuno, ambas desplazaron un tanto sus cabezas hacia atrás. Salomé rodeó con ambas manos las mejillas de su amiga y, luego de mirarse intensamente a los ojos, se bebieron mutuamente en un beso apasionado e interminable. Melisa, acariciando las nalgas de Salomé, la atrajo fuertemente hacia sí… Luego, sin separar sus labios, comenzaron a menear nuevamente sus caderas, incrementando el frenesí en el frotamiento de sus jóvenes cuerpos.

Mientras, el saxofón de Feeling, que se hallaba en modo de repetición, seguía sonando quejumbrosamente… Sus cuerpos ondulaban cual si estuviesen recubiertos por una misma piel… Y sus ágiles lenguas luchaban entre sí, transfiriéndose aquel zumo que sólo la potestad del amor tiene el sortilegio de convertir en deleitosa ambrosía.

Acto seguido, Salomé, que como mayor había asumido en cierta medida el liderazgo de aquella subyugante escena, despojó a su amiga del brevísimo corpiño del traje de baño e inmediatamente hizo lo propio con el suyo, con lo cual los dos pares de juveniles pechos quedaron frente a frente. Los apretaron entre sí apasionadamente e, incorporando la flamante vivencia al juego, comenzaron una nueva ronda de contoneo y frotación… ahora sobretodo pectoral.

A continuación, y en tanto que su amiga le besaba con fruición los senos, Melisa, jadeante de placer, musitó:

––¿Es cierto que tanto me quieres?… ¡Oh, Salomé!… ¡Yo también… yo también te amo!… ¡Me haces tan feliz!…

Ambas se recostaron sobre un amplio canapé que formaba parte del mobiliario del estar y luego de quitarse sus tangas, últimas prendas de sus trajes de baño, puso Salomé su rostro a la altura de los pechos de la amiga y, en medio de mil besos y sobas, comenzó a aplicar deliciosas succiones a los erectos pezones. Con intuitiva habilidad, en determinado momento, tomó sutilmente entre sus dientes a uno de ellos… Acarició la porción que se hallaba en el recinto de su boca con delicadas acciones de la punta de la lengua… Luego, con ella, lo empujó dulcemente como para desalojarlo hacia el exterior, al par que mantenía cierta y conveniente presión de sus dientes. Así, el deslizamiento del pezón contra el duro borde de los incisivos, se tradujo en una fricción tan específica, concentrada y sutil, que colmó a Lisa de un placer demencial. En otros momentos, en alternancia con el anterior juego, la amante boca le aplicaba sutilísimos mordiscos que irradiaban desde el juvenil pecho una arborescente y agridulce comezón a todo el ser.

Melisa, entonces en el súmmum de la excitación, tenía asida entre ambas manos la amada cabeza de su amiga y no cesaba de acariciar su pelo y de rastrillar sus sienes y occipucio con las uñas… Jadeaba, pronunciaba incongruencias y, cuando el singular mordisco amoroso superaba el umbral de lo tolerable, retiraba raudamente su pecho, escatimándolo a la por momentos flageladora boca… mas prestamente volvía a introducir su pezón en ella para que se reiniciara el estímulo. Era, pues, caricia tan intensa, que siempre parecía hallarse al filo de la navaja: Melisa experimentaba que la divisoria entre el placer y el dolor era aquí tan estrecha que resultaba crucial que su amiga tomara conciencia de la exacta presión que había de dar a los dientes… Pero descubría que Salomé ostentaba singular maestría en aquellos avatares.

––¡Ah, Salomé, Salomé, mi amor!… Eres una verdadera hechicera, pródiga de tales y tantas delicias.

Trocando papeles, encontró Salomé que Melisa no era tan avisada en lo concerniente a este poco flexible juego al tope de la excitación. Después de retirar, raudamente, su seno de la bisoña boca de su amante que apretaba más de la cuenta, dijo en tono sonriente:

––Está visto que para aprender a caminar el bebé ha de superar algunos porrazos… ¡Por Dios, Lisita, no tienes que arrancarme los pezones!… ¡Pobre, mi niña, parece una tigresa hambrienta!…

––Lo siento, Saly, tendré más cuidado…

Se entretuvieron durante un prolongado lapso en esta especial y excitante manipulación. Luego dedicaron largos y deleitosos minutos a la exploración de otras regiones de sus desnudos cuerpos y a la explotación de las más excitantes sensaciones que, a favor de la belleza y de la edad, esconde la femenina anatomía.

Salomé fue recorriendo con su boca el segmento del cuerpo de su amiga que media entre los pechos y el pubis. Al arribar a éste, notó que un remanente de juvenil pudor de Melisa le hacía mantener sus piernas unidas. Veía su sexo convertido en un punto al que convergían tres subyugantes líneas… Puso sus manos en las rodillas y en tanto que presionaba muy sutilmente hacia el exterior, musitó:

––Abre tus piernitas, corazón. No temas presentar a la voracidad de mis labios el más preciado fruto de tu femineidad.

Este candor iniciático de Melisa colmaba de dicha a Salomé.

––Ni te sueñas, amor, el mundo que se abre ante ti ––siguió.

Melisa apretó con sus manos la cabeza de su amiga y, no sin dejos de timidez, comenzó a obedecer. Salomé la introdujo así en la entrepierna y haciéndola actuar a guisa de cuña fue incentivando la apertura… Percibió que aquellas piernas temblaban un tanto… Finalmente al rozar con sus labios a los congéneres del sexo de su novel amante, sintió Salomé el tibio y húmedo aroma que de él fluía.

Escasos minutos le demandó el encontrarse afiebrada en lo más sublime de la caricia. Con habilísima lengua… ágil, zigzagueante, centelleante, rítmica, percutiente, untuosa, áspera, perezosa, deseada… Por momentos, tibiamente flagelante…

Melisa percibió que los estímulos, en irrespetuosa vorágine, ascendían por su interior como el magma por la chimenea de un volcán… Hasta que estalló en un caleidoscopio de sensaciones. Se desató en ella el aquelarre de diez mil diablillos, aprisionados vaya a saberse dónde. Juguetonamente se dispersaron por todo su cuerpo en una danza de chispeantes y deleitosas cosquillas. Todas sus funciones se hallaban convulsionadas y dedicadas en exclusivo a atender los flujos de semejante batahola… Melisa Wanda Sotomayor nunca había sentido algo igual y, estaba segura, jamás podría olvidar este maravilloso momento de iniciación.

Luego trocaron papeles y también Salomé logró deleitarse al máximo con la pululación de sus propios geniecillos del placer; si bien debió dar oportunas instrucciones a su amiga, que mostraba algo menos de pericia en la materia.

El hecho es que finalmente ambas consiguieron extasiarse en las delicadas caricias que se ofrendan en esos especiales santuarios de la sensibilidad de la mujer y que transportan a la sublimidad.

De pronto Salomé se puso de pie y tomando de la mano a su amiga, susurró:

––Ven, me amor, acabo de tener una maravillosa idea.

Y acto seguido desplegó una colchoneta sobre la alfombra.

––Ahora nos acostaremos en sentido inverso ––prosiguió–– y nos prodigaremos el máximo gozo simultáneo.

Y siguiendo las directrices de Salomé, quedaron ambas acostadas lateralmente en sentido invertido, de tal suerte que sus bocas venían a enfrentar los respectivos sexos. Así, las cabezas muy adentradas en las abiertas y flexionadas piernas de la compañera y firmemente abrazadas con sus abdómenes aferrados el uno al otro, se dieron a la salaz tarea de concentrarse en la línguea caricia de sus juveniles clítoris.

Melisa sintió ahora que al enorme placer que le provocaba la estimulación de su amiga, se acoplaba de manera inescrutable su fortísima afición a prodigarla igual. De tal modo percibió que entró como en una suerte de resonancia o de retroalimentación, con el resultado de un evidente crescendo de los estímulos. Vio, o creyó ver, que el clítoris de Salomé se había proyectado hacia delante en una descomunal erección, en la que se demarcaba significativamente el cono inferior, del cráter de la montaña; se dio en lengüetear la base con firmeza en una trayectoria en forma de U intercalando con gran frecuencia una serie de golpeteos o martilleos en la cima. Todo lo cual era repetición a calco de lo que sentía que efectuaba su más aventajada amiga.

Cuando hubieron arribado a la cúspide de tan voluptuoso proceso, ambas estallaron en un orgasmo casi simultáneo que les deparó largos minutos de inusual placer… Suspiraron… Jadearon… Lloriquearon… Amaron…

Así, la exquisita poesía de Safo se había reencarnado en ellas…

Cuando se hallaron satisfechas, bastante entrada ya la noche, se dirigieron a la piscina, ansiosas de refrescar tanto calor; luego se acostaron de espaldas sobre el verde prado contemplando al renegrido y enjaezado firmamento.

––Nunca creí ––susurró Melisa–– que de tal forma pudiera tocar el cielo con las manos. Me has electrizado toda y has dejado mi alma impregnada de felicidad. Hoy he despertado a la vida en la maravillosa sensación de arrasar el mundo con una hoguera de alegría.

––Es decir: nada que ver con aquella experiencia de tu Javier de antaño ––replicó, sonriente, la amiga––. También tú me has hecho conocer lo que es vivir la máxima delicia. Te has convertido en excelente maestra en este tan sutil arte de la delectación femenina. Te quiero mucho y es mi esperanza que podamos mutuamente disfrutar de tal arte para siempre.

Salomé, se levantó un tanto, giró su cuerpo y se colocó casi sobre su amiga, por un costado. Y tomándole la cara entre sus manos y dando muestras de ternura infinita, comenzó a besarle frente, sienes y mejillas y remató con un especioso beso en los labios. Luego volvió a recostarse de espalda. Contemplando la bóveda del firmamento tachonada de estrellas, Melisa murmuró:

––¡Qué paz y tranquilidad se respira en este maravilloso y apartado paraje de Arroyo Manso, mi querida Salomé! Verdaderamente que me inunda la sensación de haber perdido el tiempo en las varias ocasiones en que estuvimos solas aquí, sin habérsenos ocurrido el realizar tan estimulantes juegos. Esperemos, en efecto, que lo podamos repetir muy a menudo.

––¡Oh, no te preocupes por ello! ––repuso Salomé––; siempre encontraremos en nuestro medio de la ciudad algún rinconcito en donde podamos explayarnos a solas y a nuestras anchas. Recuerda que muchas veces mis padres se van por varios días y yo quedo sola a cargo de la casa; simplemente en tales circunstancias no tienes más que venir a acompañar a tu amiga…

Luego, vencidas por el sueño, se dirigieron al chalet, se acostaron y se durmieron profundamente.

En los siguientes días, tal como si se tratase de una beatífica luna de miel, casi no existía instante en que estas singulares amigas no se prodigaran las más sentidas muestras de cariño y por las noches reiteraban sus pasionales caricias, frotamientos y estimulaciones, recibiendo de ello grandísimo gusto.

µ µ µ

Mas no todo habría de ser rosas en el jardín de las jóvenes amigas. Una noche, casi al final del tiempo que habían asignado a su estancia en el chalet, se hallaban ambas entregadas con gran frenesí a sus amatorios ejercicios, desnudas sobre la preciosa colchoneta que habían tendido en la alfombra del estar, cuando oyeron apagados y misteriosos ruidos que provenían del exterior y que penetraban, desde el parque, por la amplia puerta vidriera del solar. Tuvieron la sensación de una extraña mezcla de murmullos y sonidos de pisadas, notoriamente envueltos en un inquietante manto de sigilo.

La puerta solera que daba al parque se hallaba tan sólo entornada, pues ambas amigas se preocupaban muy especialmente de no coartar su contacto con la naturaleza, por lo que puertas y ventanas permanecían usualmente abiertas. Ambas quedaron muy sorprendidas y de repente pasó por sus mentes la extraña y fea sensación del miedo. Jamás se habían dado la menor fracción de tiempo para efectuar una presunción en tal sentido. Se miraron intensamente y, como respondiendo de consuno a una orden interior, suspendieron toda actividad y se pusieron a contemplar con aprensión hacia la puerta. Por primera vez captaron la fragilidad de su situación, lo que apareció nítidamente ante sus ojos como la contrapartida de la intimidad y soledad que tanto habían buscado.

Luego de unos instantes de expectación, Salomé puso el índice sobre sus labios en gesto de silencio y permanecieron aún, por unos insufribles segundos más, muy atentas.

Ante la evidencia de nuevas y sutiles pisadas, finalmente Salomé se incorporó, se colocó una bata sobre los hombros y se dispuso a salir a otear el exterior. Entretanto Melisa permanecía con la boca abierta con muestras de hallarse muy asustada.

––Existen muchos zorros en el yuyal; permanentemente estás oyendo sus gañidos ––dijo Salomé con el evidente propósito de tranquilizar a su amiga––. Si vemos que algo malo ocurre llamaremos a Teófilo por el teléfono; él con su moto puede hallarse aquí en cosa de quince minutos.

Luego traspuso resueltamente la puerta que daba al parque. Melisa intentó recuperar la calma; se sentó sobre la colchoneta abrazando sus piernas flexionadas arrimadas a su tronco; hizo descansar la barbilla en sus rodillas manteniendo la hipnotizada mirada en la puerta vidriera y, luego de transcurridos varios minutos, comenzó a impacientarse seriamente ante la tardanza de Salomé. Entonces, ya muy nerviosa, no lo pensó más y se dirigió directamente al teléfono. Por suerte el número de Teófilo Nieto se hallaba bien a la vista… Mas al llevar el auricular a su oído hizo la triste y definitoria comprobación de que no tenía tono. «¡Oh, han cortado la línea!», se dijo, ya presa del horror.

Pretendió buscar la bata para cubrir su cuerpo desnudo e ir en la demanda de Salomé. Pensó en blandir el atizador de la chimenea como arma.

Pero todo quedó en el proyecto de un infinitésimo de tiempo pues, de repente, como por arte de birlibirloque, tres individuos se presentaron en la vidriera del solar… ¡Tres fantasmales estampas!… Fue todo tan rápido que Melisa ni siquiera pudo percatarse de la entrada de aquel grupo… Sencillamente, estaban allí, en el interior del living, como proyectados de improviso por una oculta cámara, como una aparición milagrosa… Tres muchachones; uno de ellos se destacaba por su recia contextura. Por toda indumentaria llevaban sendos shorts, calzaban inmaculadas zapatillas blancas y, lo más espantoso, cubrían sus cabezas con una grotesca y terrorífica máscara enteriza, típicas de las comedias antiguas. La del gigantón era la careta de un gorila de expresión sorprendida; otro llevaba la representación de un dragón de fiera catadura con la boca abierta y llameante, y el tercero representaba el rostro de un Charles Chaplin, desencajado por una desaforada y payasesca risa.

Lanzaron al unísono una horrible carcajada de malévolo triunfo con lo que llevaron al paroxismo el espanto en la desvalida niña, a fuer de lo patético del cuadro total.

Con la velocidad del rayo se dirigieron a Melisa que, aún desnuda y aturdida en grado superlativo, lanzó un grito estentóreo. Pero el miedo no la paralizó; por el contrario comenzó a correr con gran vivacidad hacia el pasillo que comunicaba con la parte privada de la casa, previendo que aquél podría convertirse en su vía de escape. Empero, uno de los indeseables visitantes, el más corpulento, le salió al paso y, en un abrir y cerrar de ojos y antes de que pudiera arribar a la puerta que daba al pasillo, la aprisionó entre sus brazos poniéndola de espaldas contra el robusto torso y levantándola del piso cual si se hubiera tratado de una bolsa de plumas.

Melisa se vio así impedida de accionar brazos y manos y quedó suspendida con sus piernas en el aire. Gritando a todo pulmón, comenzó a retorcerse como un ofidio escaldado tomado del cuello y, única posibilidad de agresión en su defensa, empezó en medio de desordenados pataleos a propinar a su captor fuertes talonazos en casi cualquier parte de sus extremidades inferiores. El fornido muchachón, que la había echado al aire con pasmosa facilidad, daba ingentes voces de alborozo ante los estériles esfuerzos de la niña por desasirse de su prisión y saludaba con una fiera carcajada cada golpe de talón que recibía.

Sin embargo, en contados segundos, afloraron a la perturbada mente de ella atisbos de racionalidad; y poniendo entonces la planta de su pie izquierdo sobre el correspondiente muslo del individuo, sobreelevó bastante su pelvis despegándola del cuerpo de aquél. A continuación, proporcionando un fuerte impulso hacia atrás a su pierna derecha y luego de flexionar al máximo la rodilla, fue a aplicar un formidable talonazo sobre la ingle del individuo, dándole, con gran ventura, de lleno en los testículos. De inmediato el gigantón, como fulminado por una descarga, soltó su presa, lanzó un espantoso aullido y se desplomó; cayó de vientre al piso tomándose la sensible región pubiana con ambas manos y, en medio de estentóreos quejidos, comenzó a contorsionarse y a rolar de aquí para allá con su trasero en grotesca proyección hacia el cielo.

––¡Vengan a tener a esta hija de perra!… ¡Ay, ay!… ––clamaba el urso de la máscara del gorila asombrado.

La providencialmente liberada Melisa se abalanzó entonces sobre el pasillo con la intención de ganar el baño y encerrarse en su interior; pero prestamente los restantes compinches del trío cayeron sobre ella cuando se hallaba ya próxima a satisfacer su intención: apenas había conseguido abrir la puerta del local de la esperanza. No sin trabajo la silenciaron colocando una amplia cinta emplástica sobre su boca, ligaron sus muñecas y sus tobillos con varias vueltas de la misma cinta y, tomándola entre sus manos, la transportaron de nuevo al estar, depositándola boca abajo sobre el mullido y extenso canapé.

Entretanto el otro se había recuperado ya y se dirigió donde estaba el grupo. No obstante caminaba aún con las piernas arqueadas y el tronco tirado hacia delante, con lo que su perfil presentaba la risible imagen de mostrar a su trasero como el vértice de un ángulo obtuso.

Arrastraron a Melisa de panza sobre el canapé hasta el borde de uno de sus extremos e hicieron bajar sus rodillas al piso, con lo que vino a quedar así en posición de arrodillada. Maliciando ya cuál sería el fin de aquellas manipulaciones, la moza se obstinaba en mantener erguido su torso, pero la empujaron fuertemente de la espalda y la obligaron a recostar su abdomen y pecho sobre el canapé. Uno de los matones llevó sus aunadas manos por encima de su cabeza y las fijó a las patas del lado opuesto del canapé, utilizando un trozo de venda; Melisa, que no dejaba de quejarse en la medida en que le era posible hacerlo, sintió así que había perdido toda movilidad en brazos y manos; y ya no le cupieron dudas del final que le esperaba. Uno de los vejadores, después de huronear por el cuarto de baño, trajo un pote de crema para manos, de consistencia aceitosa, la cual vertieron especiosamente en la comisura de sus nalgas refregando la zona muy a su sabor.

En el colmo de la desesperación, Melisa Wanda Sotomayor, clamaba con huecas voces internas, movía espasmódicamente su cabeza y, en medio de lacerantes gimoteos, iba diciendo: !no!… ¡no!; como última instancia, parecía implorar alguna consideración a los insensibles malhechores.

Después, percibió que le liberaban los tobillos pero que, inmediatamente, eran tomadas sus pantorrillas con férreas manos por dos de aquellos individuos con lo que no le permitieron movimiento alguno; luego, colocándose los violentos uno a cada lado, le obligaron a abrir las piernas en tanto que las mantenían férreamente atenazadas.

Con todo lo cual la puesta a punto de la inminente violación a Melisa había quedado concluida. El montaje estaba perfeccionado: sus brazos y manos se hallaban firmemente inmovilizados, ella se veía en posición de arrodillada al borde del canapé, sus piernas formando una obligada abertura e imposibilitadas de todo movimiento y sus nalgas, asaz lubricadas, ofrecían la más clara exposición para la consumación del hecho… Y ya tenía certeza absoluta de que sería sodomizada.

En esos momentos el tercer individuo, el que ostentaba la máscara de Charles Chaplin, se colocó frente a su rostro y bajándose el short le mostró su órgano sexual al par que le decía con dificultosa y ronca voz:

––Mira, nena, esto es lo que a ti te hace falta, que no estarte restregando y tortillando con otra muñeca y desperdiciando todo el gusto que esto te puede dar. Esto es lo que te conviene, preciosa.

Lisa vio aquel miembro viril en cuyo extremo se destacaba una suerte de mancha de nacimiento a guisa de medialuna que cubría las dos terceras partes del glande; era de color marrón con tornasolados toques de púrpura. Luego, en un gesto de repugnancia, la niña dio vuelta el rostro hacia el lado del respaldar del canapé para escapar a la mirada de lo que aquel malvado le ofrecía.

Cuando el desnaturalizado individuo se colocó por detrás de ella, ya presto a consumar su acción, Melisa redobló sus esfuerzos llevando toda su agitación y movilidad a la única parte en la que aún le era posible alguna defensa, es decir, su pelvis. Meneando su cadera endemoniadamente para todos lados procuraba, por tal medio, entorpecer la intención del violador. Mas al cabo de unos minutos terminó por fatigarse y entonces, al hacerse sus movimientos lentos y cansinos, el lascivo sujeto apretó firmemente aquella movediza cadera contra el filo del canapé… Colocó su maculado glande en el portal del esfínter y luego, sin mayores miramientos aunque con exceso de lubricación, se introdujo raudamente en el recto de la castigada adolescente.

Melisa sintió la estocada tal como si una barra incandescente le incinerara la tierna y dormida entraña. Sufrió el lacerante fuego de la brutal distensión y en la vicisitud sólo atinó a emitir apagados gemidos… Percibió cómo el repugnante individuo se recostó sobre su espalda cubriéndola con su cuerpo. Oyó luego de unos instantes muy cerca de sus oídos el jadear de su respiración y cómo, al momento del orgasmo, emitía una serie de terroríficos gruñidos de gozo que eran como el acabado exponente de su bestialidad…

Y presto supo la joven lo que venía a significar el infierno de tal vejación.

Contrariamente a lo que supuso desde un principio, fue violada por uno solo de esos malhechores. Luego volvieron a liarle los tobillos, la sacaron del canapé y la dejaron en un costado del amplio room. Pese al seco ardor que le afligía toda la zona por donde la había penetrado el violador, pronto se olvidó de sí misma para traer a su pensamiento la suerte de su amante amiga, a la que no había visto para nada desde el comienzo de todo ese martirio. Mas pronto se hubo de tranquilizar un tanto en este aspecto, pues dos de los individuos salieron a una seña del tercero —que no era otro que el de la careta de Charles Chaplin, el violador de Melisa— y un par de minutos después regresaron trayendo entre sus manos al maniatado cuerpo de su amiga, la cual se revolvía con ímpetu harto feroz.

––Esta fierecilla es peor que la otra ––dijo el grandulón-gorila––. Tiene bastante más fuerza; me parece que es el macho de la parejita. A cuidarse de que no patee las bolas como la pequeña: ¡me ha producido un dolor que me llega hasta las quijadas! Pero no ha de ser tal que me impida lavarle el útero a esta otra.

––Acuéstenla sobre la mesa e inmovilicen sus manos.

Salomé ya traía una cinta en la boca y maniatados sus tobillos y sus manos. La recostaron de espaldas sobre la mesa, llevaron su pelvis a uno de sus bordes, le ataron las manos por encima de su cabeza a las patas del borde opuesto y, luego de liberarle los tobillos, dos de los individuos le sujetaron férreamente cada una de las piernas y se las abrieron dejando su sexo en franca exposición. El tercero —el de la máscara-dragón— se colocó entre ambas piernas y se dedicó a violarla sin mayores problemas. Finalmente cambiaron de roles y ahora le tocó al gigantón el turno de satisfacer su perverso instinto.

Lisa pudo observar, pues, que sólo dos de aquellos individuos violaron a Salomé. El tercero, bien lo sabía, era quien la había vejado a ella.

Después de consumados estos hechos y habiendo al parecer quedado satisfechos todos los malhechores, éstos colocaron a las mujeres juntas aunque bien maniatadas. Luego se fueron a buscar provisiones a la pletórica heladera y poniéndose fuera de la visión de las niñas se despojaron de sus máscaras y se pusieron a comer de todo lo que allí había y a tomar cerveza. Y mientras así reparaban sus energías, uno de ellos, el violador de Melisa, tomando un periódico, manifestó:

––Dicen que este patilludo gobernador de La Rioja le va a ganar la interna al que ostenta el aparato del partido y que se va a transformar en el próximo presidente. Con el desastre a que nos está llevando el actual y con las promesas que este ‘chilludo’ se encarga de hacer, poca es la esperanza de ‘levantar el oso’ que tenemos.

––¡Déjate de política! ––espetó otro––. Mas bien pensemos en repetir la función, ya que me he quedado con ganas. Le hagamos cambiar los papeles a las muñecas.

––Por mí, no hay más que hacer aquí ––terció el grandulón––. Creo que lo mejor será retirarnos. Estas chicas han gritado mucho antes que pudiéramos acallarlas y aunque nos hallamos en un lugar muy retirado… nunca se sabe.

––A vos, porque seguramente aún te duelen las bolas ––replicó el anterior.

––Nos iremos ya ––ordenó el violador de Melisa––. Vayan saliendo que yo ya voy.

Una vez que quedó sólo, este personaje (con su singular capucha nuevamente en su lugar), sin decir otra palabra, se dirigió a las mujeres; quitó la cinta que liaba las muñecas de Melisa y volvió a unir a éstas pero con notoria flojedad, con la evidente intención de que con algo de trabajo se habrían de saber liberar. Para esos momentos ellos ya se hallarían muy lejos del lugar. Habían vertido muy pocas palabras durante todo el tiempo que dedicaron al martirio de las niñas; tan sólo las escasas alusiones mientras comían. Las adolescentes debieron agradecer el que hayan abandonado la propuesta de aquel que deseaba una reiteración del suplicio.

Salieron del chalet y, algo después, oyeron que arrancaban dos motocicletas y que se alejaban raudamente de la zona.

Después de no pocos esfuerzos, Melisa, que era la más recompuesta de ambas, pese a las restringidas maniobras que con sus manos podía realizar a favor de la liberalidad de su victimario sexual, logró quitar las ligaduras de las muñecas de su amiga. Cuando esto fue conseguido, un cuarto de hora después, ambas pudieron finalmente liberarse del todo y abrazándose, en medio del abatimiento que los duros momentos les habían deparado, rompieron a llorar desconsoladamente. Luego fueron a higienizarse y a vestirse. Con renovada repugnancia alejaron de sí los vestigios seminales que los depravados individuos se habían regodeado en verter en sus juveniles cuerpos. Limpiaron, asimismo, los encharcamientos que se observaban en distintos lugares de piso y muebles.

Pasaron casi todo el resto de la noche en vela pues el miedo se había enraizado de ellas.

Salomé comentó que al salir al jardín a investigar el origen del extraño ruido que habían escuchado, de improviso la asieron desde atrás y le taparon la boca y la inmovilizaron. Luego la encerraron con llave en un pequeño cuarto de baño que se halla en el departamento de servicio, externo al chalet. Allí la fueron luego a buscar para traerla al living-room en que se hallaba Lisa. Ésta, por su parte, le refirió todas las vicisitudes que tuvo que pasar y cómo tan brutalmente la sometieron por el ano, no escatimando lamentaciones por el gran ardor que allí sentía.

––Será menester ––dijo en determinado momento Salomé –– no comentar para nada lo ocurrido con la visita de estos perversos encapuchados; mucho menos a nuestros padres pues nunca más transigirían en que nos reunamos solas en el chalet. También será del caso, querida Lisita, tomar precauciones para que esto no vuelva a ocurrir.

––Cortaron el teléfono, mi amor. Yo intenté comunicarme con Teófilo unos segundos antes de que penetraran al living-room… ¿Sabes, Salomé,? es evidente que nos han estado observando, talvez desde nuestra llegada aquí; no en balde hicieron algunas referencias a nuestras… relaciones de amor. Tiemblo ahora de sólo pensar que nosotras nos entregábamos a bellas ternuras con la firme convicción de que nos hallábamos en un edén, al abrigo de cualquier mirada indiscreta… y que realmente no era así. ¿Cómo, pues, habremos de pensar en tener nuevas reuniones en este lugar? ¿No será mejor remitirse ahora a buscar sitios más seguros en nuestra propia ciudad?… Verdaderamente que lo de esta noche ha metido miedo en mi alma acerca de nuestra integridad en este paraje maravilloso. ¿Cómo recuperar la sensación de seguridad? ¿No deberíamos pensar que procedimos con demasiada temeridad al quedarnos solas en el chalet?

––Quizás tengas razón: va a ser muy difícil superar el escollo de la desconfianza que se ha incrustado en nosotras. Es una verdadera lástima, pues aquí todo se presenta tan… hermoso, tan sublime, tan lleno de naturaleza y de soledad. Pero es cuestión de no desesperar. Nos procuraremos un par de buenos perros para que guarden el predio y tomaremos otras precauciones.

––¿Por ejemplo tener armas aquí?

––Sí, por supuesto… Eso es exactamente lo que quise decir. Y también será menester no dejar la casa tan abierta.

––¿Sabes acaso manejar armas?

––Tendremos que aprender a usarlas, pues…

Melisa hizo un gesto indefinido que parecía indicar que no estaba muy de acuerdo. Salomé prosiguió:

––Aunque muy traumática la prueba hay que reconocer que estos desgraciados a mí no me han tratado con gran brutalidad al violarme; pero la verdad es que tal cosa nunca podré olvidar.

––Yo en cambio no he tenido la misma suerte. Mucho dolor me ha dejado el infeliz de la máscara de Charles Chaplin en las asentaderas ––bramó Melisa en un rapto de furor––. Lo que jamás olvidaré es la mancha que vi en el extremo del pene de ese malhechor; una suerte de medialuna muy amarronada y con tintes de púrpura… ¡Juro que si alguna vez en la vida se llega a poner a mi alcance se lo he de arrancar a cuchilladas!… También llevo muy metido en mis oídos el odioso bramido que el placer le arrancó del pecho, que tal parecía una bestia.

Luego ambas se quedaron calladas por largos instantes hasta que Salomé se puso nuevamente a reflexionar:

––¿Sabes una cosa, Lisita? Dentro de todo, estos muchachones no nos han provocado el tipo de daño que es dable esperar de gente de esa calaña; pudo habernos ido peor: no nos han robado nada; no nos han golpeado más allá del trato rudo que ostentaron frente a nuestras naturales resistencias; tu forzador tuvo la gentileza de aflojarte las ataduras… hasta diría que cuidaron un tanto su léxico. Se limitaron a violarnos sexualmente.

––En cierta medida es así ––repuso Melisa–– pero el gorila me trató de hija de perra cuando conseguí aplicarle un flor de talonazo en los testículos. Vieras tú: cayó como un árbol talado y luego comenzó a revolcarse por el piso. Lástima grande que yo no tenía humor para celebrar semejante hazaña. Pero está visto que le sirvió de experiencia para cuando trató de reducirte a ti; parecía tener serias aprensiones al respecto y tan sólo pensaba en cuidar sus testículos.

Melisa se quedó brevemente pensativa y luego agregó:

––Además, Salomé, se me ocurre que no se trata de gente humilde… ¡Qué va!… ¡Estos son hijos de ricos! Llegaron evidentemente en motocicletas y casi sin ser oídos, lo cual significa que en el último trecho de su recorrido hasta este chalet debieron traer sus vehículos con los motores detenidos. Por otra parte, cuando partieron, noté que se trata de ese tipo de máquinas muy silenciosas y presiento que son de las más caras. ¡Oh, sí!… Algo me dice que son niños de familias acomodadas… ¡Juro que si en el resto de los días de mi vida llego a encontrar a esa medialuna del glande de ese maldito, le haré pagar muy cara la usurpación de mi intestino!

––Está bien ––siguió Salomé ––. Creo que llevaste la peor parte. A mí me violaron dos: el dragón y el gorila; pero ambos lo hicieron por la vía vaginal y aunque, ¡maldito el consentimiento que pudiera haberles dado!, no por ello dejó de ser vía más natural… hasta con el peligro de que me sobrevenga un embarazo.

Al día siguiente, en la tarde, ambas amigas llegaron en bicicleta hasta la morada de Teófilo para anunciarle que se retirarían del chalet.

––Nosotras nos vamos, don Teófilo ––dijo Salomé ––, así que mañana puede ir al chalet para proseguir su mantenimiento.

––¿Están Uds. bien niñas? ––dijo el hombre––. Anoche, casi en la madrugada, vi pasar por el camino a tres individuos que se transportaban en dos motocicletas grandes, de esas de motor potente y que hacen poco ruido. Por supuesto no podría reconocerlos porque los vi a bulto. Como venían por el mismo camino que pasa muy cerca del chalet y precisamente desde esa dirección, pensé que a lo mejor Uds. también los habrían visto.

––No, no ––mintió Salomé –– Nosotras no sabemos ni vimos nada; es probable que hayan estado practicando marcha en todo terreno con sus vehículos. Esta vía suele ser usada con cierta frecuencia para tales deportes.

––¿A semejante hora? ––inquirió el ayudante.

––Bueno, tal vez hayan sufrido algún retraso por vaya a saberse cuál motivo. En fin… ¡para qué seguir conjeturando cosas!

Luego, Salomé remató:

––Entonces, don Teófilo, nos vamos a tomar el colectivo de regreso. Así que puede volver a hacerse cargo de la casa. ¡Ah, y muy importante! Consígase alguien que repare la línea telefónica, pues el chalet se halla incomunicado.

Y sin esperar respuesta del servicial serrano que seguramente embrollaría la trama, ambas se alejaron prestamente del lugar.