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Una negrita maravillosa

Martes, septiembre 13th, 2011

Era un día muy atareado: unos recados de banco, supermercado, gran almacén…..Muchas cosas que no

podría terminar. La primera que hice fue la de ir al súper a comprar vino y algunas otras cosas que había olvidado. Estaba mirando unos platos preparados cuando pasó ante mi, separada por unos congeladores, una negra preciosa. Era negra, negra, como el carbón, pero preciosa. El blanco de los ojos, en contraste con su negritud, le brillaba como dos aguamarinas; sus labios eran gruesos, de esos que te hacen soñar con un beso apasionado; su cara, sin ser guapa, era muy atractiva. A mí me gustaba ¡muchísimo!. Y su cuerpo era una delicia de curvas suaves, sin exageraciones. Y su pecho, pequeño, de adolescente, podía volver loco a cualquiera.

Nos miramos un par de veces, con insistencia, enganchándose nuestras miradas. Yo, pese a mis años y a los pocos de ella, unos diecinueve, la deseaba con todo mi cuerpo y no pude resistir el lanzarla un beso con los labios. Lo percibió, lo sintió, porque me miró largamente y me lo devolvió. Luego me sonrió y continuó  caminando entre los estantes. Yo la seguí. Nuestras miradas volvieron a encontrarse y se repitieron los besos enviados a distancia y las sonrisas.

La escena, deliciosa, apasionante, enamoradora, se repitió varias veces. Me miró intensamente y me hizo un gesto con la cabeza, indicándome que la siguiera. Así lo hice. Pagamos en cajas diferentes y se encaminó hacia la salida. Yo me adelanté rápidamente y me situé junto a la escalera que llevaba al garaje.

Pasó a mi lado y nuestras manos de rozaron despacio, estrechándose durante unos segundos. Una vez en el parking, me cogió del brazo. Nos apartamos hacia un lado, entre coches y nos detuvimos. Nos miramos largamente. Mi brazo izquierdo, libre de bolsa, ciñó su cintura. Se apretó contra mí y sentí, quemante, abrasador, el calor de su bajo vientre al juntarse al mío. Nuestras bocas se unieron ansiosas y nuestras lenguas se buscaron con ansia. La lengua de mi negrita era algo áspera, pero me sabia a gloria. Dejé la bolsa en el suelo y cogiéndola por el culo, apreté su bajo vientre contra el mío. Nuestros cuerpos se arquearon para juntarse más. Tuve una erección. La sintió y restregó su cuerpo contra mi polla. Nos encaminamos hacia mi coche. No dejamos de besarnos sin parar, enloquecidos Abrí las puertas,

tomé las bolsas y las coloqué en el maletero. Entramos, eché el seguro y nos besamos ansiosamente. Mientras paladeábamos el sabor de nuestras lenguas, mis manos intentaron desabrochas su pantalón. Ella me ayudó. Se lo bajé, levantó el culo ayudándome y se lo dejé a la altura de las rodillas. Su cuerpo me enloqueció. Era una maravilla: muslos plenos y, como también le había bajado las bragas, su coño me pareció el más bonito del mundo. Me incliné hacia su rizada selva y la besé largamente. Gimió y acabó de quitarse pantalón y bragas. Mientras nos besábamos otra vez, bajé  el respaldo y se acomodó para recibirme dentro de su cuerpo. Me susurró.

 

Ten cuidado, no me lastimes….Soy virgen.

 

Aquí ……será…muy incómodo…. Es fácil que te duela. ¿Tienes prisa, te esperan en casa?.

 

No, no me espera nadie, no tengo prisa.

 

¿Quieres venir a mi casa?.

 

Si

 

Nos volvimos a besar. Yo sentía hambre de su cuerpo, de su lengua, su saliva, su coño. Olía su coño a algo…..¿cómo diría?—-¿bravío?…..¡Sí, sí, olía a algo……¿montaraz?. Me gustaba, aunque, recién lavado, disfrutaría mucho más de aquella deliciosa selva negra, de pelo abundantísimo, rizado…… Sí, como en casa en ningún sitio.

 

Vuelve a vestirte, cariño.

 

Lo que tú digas, mi amor.

 

Comenzó a ponerse bragas y pantalones. La detuve con un gesto y volví a aproximar mi boca a su rizado coño. ¡Ya lo creo que olía a cosa bravía, campera!. Se conoce que nuestros besos y mi breve lamida en su coño habían activado sus jugos y olía más fuerte. Ella también debía percibirlo y, alzándome la cabeza de su entrepierna y dándome un apasionado beso en la boca, me dijo:

 

Desde que salí de casa esta mañana temprano, no me he lavado. Preferiría que esperásemos a estar en tu casa, mi amor. ¿Te parece bien?.

 

Si, cariño, lo que tu prefieras. Y además tienes razón: estas cosas deben hacerse después de unos buenos lavados. Si te he besado en tu…….tu cosita….

 

Rió levemente y me besó, hundiendo su lengua en mi boca. Fue un beso interminable, lleno de pasión y de ¿cariño?……Yo diría que sí, que había cariño en todo lo que hacíamos. Es más, afirmaría que en nuestras primeras miradas había cariño. Cuando nos separamos, la dije:

 

Te decía que…..si beso tu cosita es porque siento por ti mucha ilusión….Me da un poco de miedo, ¿sabes?.

 

¿Por qué, cariño?, ¿de qué tienes miedo?.

 

De enamorarme de ti.

 

Eso es lo que deseo. Yo…..ya me estoy enamorando de ti, mi amor.

 

Volvimos a besarnos y, mientras terminaba de subirse bragas y pantalón, acaricié su coño con una suavidad infinita. Volvió a besarme con ansia.

 

Te juro que, aunque me ves tan …..apasionada, soy virgen, no conozco varón, te lo juro. Ocurre que,

ya tenía muchas ganas de ser …..poseída por un hombre y…….hoy, nos hemos encontrado. Y he sentido, dentro de mí, que tenía que ser contigo. Te juro que es verdad.

 

Te creo, mi amor.

 

De nuevo nos besamos y mi mano, abriendo su bragueta, acaricié de nuevo su delicioso coño. Respondió de inmediato: separó las piernas y besándome con más fuerza, su mano me acarició la polla por encima del pantalón. Sintió mi erección y sus manos abrieron mi bragueta y sacaron mi polla. Dejó de besarme y me la miró. Se inclinó y me la besó con mucha ternura. Lo hizo repetidamente, diciendo:

 

Me gusta , es muy blanquita. Pero ….me gusta mucho.

 

Volvió a besármela y su lengua lamió ligeramente. Era áspera su lengua, pero me enardecía.

 

Tienes que decirme cómo te lo hago. Nunca lo he hecho.

 

Si, mi vida. ¿Cómo te llamas, cariño mío?.

 

Susi, Susana. ¿Y tú?.

 

Juancho.

 

Me gusta tu nombre, Juancho.

 

Y a mí el tuyo, Susi. Siento que……

 

¿Qué, cielo?, dímelo, no te calles nada. Por favor.

 

Pues….lo que ya te he dicho, Susi: que me voy a enamorar de ti.

 

Los dos nos vamos a enamorar. Lo estamos ya, ¿verdad, mi amor?.

 

Por mi parte, sí.

 

Por la mía, también. ¿Nos vamos a tu casa?.

 

Si, cariño.

 

Arranqué el coche y salimos del parking. Mientras conducía fuimos hablando. Era de raza zulú, criada y educada en la antigua Guinea española, en las islas. Tenía nacionalidad española, había estudiado aquí y ahora, divorciados sus padres y habiendo tirado cada uno por su lado, estaba sola en Madrid, viviendo en una habitación de una casa muy modesta. Pasaba apuros económicos y hasta había fregado por horas en algunas casas.

 

Esta es mi vida. Algo complicada, ¿no?.

 

Lo normal. Yo, y te cuento algo de mí, soy  xxxxx y trabajo en xxxxx. Soy viudo, mis hijos están casados, viven fuera de Madrid y… no tengo compromiso con ninguna mujer, ni novia………Nada. No me quiere ninguna.

 

Yo si, cariño. Y estás comprometido. Yo soy tu novia. ¿Quieres ser tú mi novio, amor mío?.

 

Arrimé el coche a la acera y nos besamos brevemente. Continuamos hacia casa.

 

¿Quieres que comamos juntos?.

 

Me encantaría. Y también cenar, ir al cine…..Estar contigo. ¿Te apetece ir al cine con tu novia?.

 

Claro que sí. Lo malo es que no te voy a dejar ver la película.

 

Si, mi amor. Para nuestras caricias, nuestro cariño, tenemos tu casa, ¿no te parece?.

 

Si, cielo. Veras, nena, podemos comer y cenar sin que tengamos que trabajar. Tengo mucha comida preparada.

 

Te advierto que las que somos mitad zulúes, mitad guineanas isleñas cocinamos muy bien.

 

Bueno, ya lo veremos.

 

Llegamos a mi casa, metimos el coche en el garaje, subimos en el ascensor y comencé a abrir la puerta.

Estuvo alabando la urbanización sin parar, con auténtico entusiasmo, cosa que agradecí. Tras abrir, hice ademán de tomarla en brazos y, dándome un beso, me abrazó por el cuello e intentó hacer que su cuerpo pesase lo menos posible. Entramos, volvimos a besarnos y se encaminó al baño. Casi al momento sólo se oía el ruido de la ducha y su canturreo. Decidí imitarla. Por algo teníamos dos baños completos. Terminé antes que ella y, al poco, tal como esperaba, oí su voz, su deliciosa voz.

 

Cariño, no tengo toalla.

 

Es el baño de invitados. Tengo aquí una toalla. ¿Puedo abrir?.

 

Con voz algo enronquecida por la emoción del momento, me dijo en tono mimoso, muy mimoso:

 

Tu, amor mío, no tienes que pedir permiso para entrar cuando yo me esté bañando, ¿saber, mi amor?.

 

Abrí la puerta. Ante mi vi el cuerpo más maravilloso del mundo. Los dos estábamos desnudos. Tuve un inicio de erección y, a la vez que la entregaba la toalla, me arrodillé ante ella y comencé a lamer su coño.

¡Qué delicia!. Ya no olía ni sabía a algo bravío. Tenía un leve olor, diferente al de las mujeres blancas, pero que me gustó mucho más, me gustó con locura. Sus manos apretaron mi cabeza contra su entrepierna. Me incorporé, me besó en la boca, me lamió brevemente la polla y nos fuimos a la cama.

Yo me puse en postura sesenta y nueve y comencé a lamerla el coño. Susi, excitadísima, temblando de emoción, abierta sus piernas de par en par, gemía, suspiraba y me decía:

 

Dímelo, amor, dímelo. ¿Cómo te lo hago yo?

 

Se lo expliqué y volvimos a chuparnos y lamernos con una pasión como no había sentido nunca. Su coño estaba cada vez más húmedo. Yo estaba encendido de pasión, no resistía más y me puse encima. Abrió las piernas y me dijo, con profunda emoción:

 

¡Entrame, amor de mi vida!. Mi virginidad la he guardado para ti, corazón mío. Te quiero.

 

Y yo a ti, Susi de mi vida. ¡Cómo me estoy enamorando de ti, cariño!.

 

Y yo de ti.

 

Nos corrimos con ansia, con desesperación, dándonos todo el amor que habíamos guardado durante años. Fue un gustazo de locura, como nunca había sentido con mujer alguna. Ella, mi Sussi, me dijo entre jadeos que jamás había pensado que pudiese ser tan maravilloso. Nos levantamos para lavarnos. Luego, tras mirar el contenido de la nevera, mi novia comenzó a preparar el almuerzo. Yo ayudé poniendo la mesa y abriendo una botella de cava que guardaba desde Navidades. A las dos estaba todo listo. Como hacía calor, la propuse bajar a la piscina.

 

¿Tenéis piscina, mi amor?.

 

Si. Y tenis, si te gusta.

 

Vamos a la piscina, aunque sólo sea un rati……¡Qué pena, cielo, no tengo bañador!.

 

Muy cerquita hay una tienda de deportes, así que, si quieres….

 

Claro que sí, vamos.

 

En menos de diez minutos entramos en la piscina. Todos los vecinos nos miraron. Sussi estaba preciosa embutida en su bañador azul claro. ¡Qué tipazo!. Noté las admirativas miradas de mis vecinos. Tras una ligera ducha, nos metimos en el agua. Sussi nadaba como una campeona y se hizo varios largos. Yo, antes de un minuto me salí. Tras ducharme, me senté junto a una vecina.

 

¡Qué chica tan guapa, Juancho!, ¿es una compañera de trabajo?.

 

No, Lucy, es mi novia.

 

Pues es preciosa. Has tenido mucho gusto. ¿Se va a quedar contigo, a vivir contigo?. Soy una preguntona,¿verdad?.

Tenemos confianza,¿no?. Pues….verás…..no lo sé. No he pensado en nada.

 

¿Te sientes a gusto con ella?.

 

Hoy hemos empezado la relación. Ha sido todo como…como un flechazo, el rayo del que tanto hablan y no acaban los sicilianos…….. En fin….No sé que pasará. Ya sabes que estas cosas de hombres y mujeres terminan cuando menos te lo esperas. Bueno, que te voy a contar que  no sepas de primera mano.

 

Sussi salió del agua. Le presenté mi vecina. Sussi hizo una puntualización que me agradó: dijo “soy su novia”. Nos despedimos. Subimos a casa y sin muchas ganas de hacer la comida, nos acercamos a un burger y nos atiborramos de comida “basura”. Cuando regresamos a casa, le di a Sussi  un cepillo de dientes y la pasta. Volvió a sorprenderme: se metió en mi cuarto de baño y, soltando una pícara sonrisa, dijo:

 

No vamos a estar manchando dos baños, ¿no?. Usaremos este si……me dejas que me quede contigo.

 

Me encantaría, Sussi; pero ocurre que…. Mira…yo tengo cincuenta y cinco años, tu eres veinteañera. Tienes una fuerza y una apetencia sexual que yo……..no he perdido, pero se ha atenuado con el paso de los años. ¿Comprendes?. No debes vivir conmigo.

 

Me tendrás que echar, amor mío, porque yo sólo quiero hacer el amor contigo.

 

Bueno….esta noche si, mañana..ya veremos. Se me acaba de ocurrir una cosa. Si hay suerte……..

 

Llamé por teléfono a un amigo. La gestión fue un éxito: me vendería dos entradas para la opera. Así se lo

dije. Dio un salto de alegría, pero enseguida se puso seria, con cara apesadumbrada.

 

Yo no tengo un vestido adecuado para ir al Teatro Real , Juancho.

 

Vamos a tu casa y……..

 

En casa tampoco, cariño.

 

Pues vamos  al Corte Inglés y lo resolvemos rápido. Con tu tipazo te vale cualquier cosa que te pruebes.

 

Es un abuso, Juancho, no puedo aceptar.

 

¡Qué bobada!. Anda, vámonos.

 

Así lo hicimos. Y tras probar varios vestidos, nos gustó uno verde claro. Le sentaba que estaba hecha una modelo. No fue barato, no, pero valió la pena. Regresamos a casa, nos vestimos y salimos en el coche hacia el Real. Cuando llegamos, faltaban treinta minutos para el comienzo. La propuse entrar para que viese el interior de ese teatro-joya. Era una mujer cultivada, con estudios y no dejó de alabarlo con discreción. No tengo que decir que su presencia llamó la atención. Estaba preciosa y el vestido realzaba su belleza. Yo, tampoco iba mal: traje negro, corbata a rayas….En fin, una pareja de lujo. Sussi, no soltaba mi brazo ni un momento. Avisaron el comienzo y entramos. Al poco de sentarnos comenzaron los acordes de la obertura de “El Barbero de Sevilla”. Se cogió a mí con más fuerza y me dijo susurrante:

 

Es el día más feliz de mi vida. Nunca lo olvidaré. Te quiero, amor mío. Para siempre.

 

Regresamos a casa y tuvimos un comienzo de noche asombroso, mejor que al mediodía. Dormimos de un tirón. Tras desayunar, Sussi me dijo que no quería separarse de mi, que fuésemos a su casa a recoger sus

escasas pertenencias, liquidar con la dueña de la casa y volver a la que, desde hoy, iba a ser su nuevo hogar.

Me la quedé mirando sin saber que decir. Ella, dándome un apasionado beso, me dijo:

 

Te quiero mucho. Y no temas a mi juventud. No soy ninguna loca del sexo. Lo he probado, me gusta contigo y me quedo satisfecha hasta…… pues hasta pasado mañana o más tarde. Te lo juro.

 

Nos besamos, fuimos a por sus cosas y  comenzamos a vivir juntos. Al cabo de un mes (¡qué raza tan prolífica!) me enseñó una prueba de embarazo. Era positiva. Fuimos muy felices. Nunca me arrepentí de

que viviésemos juntos. Tuvimos dos niñas. Más claritas que su madre, pero tan bonitas como ella. Calculen vds. lo que presumí en la urbanización por mi doble paternidad. ¡Ah!, era cierto lo que dijo:     No era ninguna mujer salida, ansiosa de sexo, siempre se mostró mas bien tranquila. Como la crianza de las nenas la tenían muy ocupada, comenzó a dar clases de inglés, que dominaba a la perfección, en nuestra propia casa. Se apuntaron un montón de chicos de nuestra urbanización y de las próximas. ¡Qué feliz se sintió Sussi!. Y yo con ella.

 

Gracias por publicarlo y por leerlo vds. Un saludo muy cordial,       JUANCHO.

El profe, mi sobrina y yo

Viernes, abril 1st, 2011

En un verano mi sobrina de 14 me contó que mi hermana mayor no la dejaba ir de campamentos con sus compañeros y me pidió que interceda por ella.

Yo con mis 18 años y siempre siendo la nena de casa con casi nada de experiencia según mis hermanos y mis padres que me habían criado como monja, sin imaginarse que ya conocía los orgasmos por las enemas y masajes “del curandero” y que con “los chicos me besaba con la lengua bien profunda apoyando su pija en mi pelvis y que me mojaba entera”.

La invité a mi hermana a tomar el té y le pedí el permiso para acompañar a Euge al campamento que yo la cuidaría, en eso mamá intervino y dijo “que si yo hiba era una garantía en que todas se comportarían como niñas”, mi hermana dijo un si a medias porque el que tenía la última palabra sería mi cuñado quien debía dar el permiso – un hombre bastante mayor de unos 50 años – yo me encargué de ir personalmente al otro día a su estudio de abogados y pedirle permiso, cuando entré a su despacho me recibió apático y sin mirar accedió al permiso y me dijo amenazando “si le pasa algo a mi hija, te vas arrepentir”, cerre la puerta de un golpazo y salí.

Llegó el gran día mis padres y mi hermana fueron con nosotras dos a despedirnos y por otro lado llegó mi cuñado, que cuando me dio el beso me rozó mis labios estaba simpático y me dio en la mano dinero para gastos extras.

Al llegar al campamento nos dividieron en sector de hombre y mujeres, cada cual con sus profesores y sus actividades, yo enseguida encajé entre el grupo de amigas de Euge y sus coordinadoras, ya que todas me conocían con anterioridad, una noche que me quedé jugando a los naipes con las coordinadoras al regresar al sector de carpas ví “al profe” salir de una de las carpas de las chicas de 16/17, me intrigó y al día siguiente lo enfrente para conocer los motivos y me dijo “jovencita tu solo debes cuidar a tu sobrinita, yo soy mayor y lo que quieran hacer las otras chicas no es asunto tuyo”.

Todo pasó la penúltima noche el día del fogón cuando el grupo de hombres y mujeres compartiríamos el mismo sector, quedando el otro sector con poca luz, entre las hamburguesas, la guitarreada y el baile, yo me divertí un montón olvidando a Euge que se había comportado muy bien durante todos los demás días, comenzó a llover y todos salimos corriendo a buscar refugio en las carpas de más cercanas, era un caos los chicos y chicas compartían las carpas y los coordinadores se dividieron para entrar cada uno en cada carpa para organizar juegos y que eso no se convirtiera en otro tipo de fiestín.

Cuando me di cuenta Euge no estaba y como no quería alarmar, me puse las botas y la capa de agua, caminé en su búsqueda hasta llegar al sector sin luz, en una de las carpas escuche movimientos y desdí entrar, y me tope con una parejita masturbándose el uno al otro, ella gritó no se lo cuentes a nadie y yo salí corriendo, entonces me fui al sector de la cocina y fué cuando ví pasar a Euge de la mano de… al no poder ver me acerque en silencio, subí unas escaleras y al llegar arriba ví una puerta entreabierta, a Euge sentada sobre las piernas de un hombre, con su bombacha y pantalón en el suelo y que aquel hombre le estaba levantando los brazos para sacarle la remera, cuando grite NO, ella se asustó y se tapó con sus manos la cara y el hombre que resultó ser “el profe” me miró fijo, me agarró un brazo, me metió a la habitación y dijo “Euge no tengas miedo solo disfrutabas, no es pecado, vos te entregaste a mis más bajos instintos” yo sin saber que hacer me quedé petrificada al ver por primera vez una pija que se achicaba mientras él hablaba, y firme continúo diciendo “siéntense las dos sobre la cama, se puso su calzoncillo y continúo, hay dos formas de salir de esto o lo disfrutamos los tres juntos o llamo a sus padres y les cuento que la pillé a las dos juntas sobre mi cama, jugando con esto y sacó de su bolso un consolador pequeño de los que usan las Teens” yo grite “decí lo que quieras que de aquí nos vamos las dos, tomé a Euge de la mano, la ayude a ponerse el pantalón y salimos de la habitación”, caminamos a nuestra carpa en silencio, sin palabras nos fuimos a dormir, a la mañana me sorprendí cuando vi llegar a mi cuñado y que hablaba con “el profesor” y una de las coordinadoras quien fue a buscar a Euge, quien levantó su mochila y se fue sin decirme más que “nos vemos otro día”, yo me quedé muda sin saber que pasaba, sin respuesta tantas preguntas y sabiendo que si la buscaron es porque algo había hablado “el profe”, porque si hubiera sido problemas familiares nos hubiéramos ido las dos.

En todo ese día no me crucé con “el profe”, a la noche decidí ir a enfrentarlo, me dijo “solo sé que a tu cuñado le enviaron fotos tuyas portándote mal” y yo reaccioné mal “hdp, sos una mierd…, pervertidor…@#$%&/..”y cuanta puteada me salió en eso me sujetó de la cintura, poniendo sus dedos cerca de mi pecho, me tapó la boca con su boca y luego cuando yo dejé de patear y de moverme, dijo “a las yeguas las domino y monto yo” me asusté y quise zafar, el ya me tenía bien sujeta, me rozó las tetas por su pecho, me hizo sentir su pija parada y me metió la mano por el culo, yo me fruncí toda, me pegó una palmada y dijo “te libero esta vez, pero la próxima te van a culiar”.

Muy asustada, bajé en toda la noche no dormí, al día siguiente regresé a mi casa y nadie hablaba sobre lo que paso en el campamento, a Euge la llamé a su casa y mi hermana solo dijo “fue un mal momento déjala que descase en unos días querrá hablar y seguro te visitará”, mi intriga me superó, al día siguiente me fui al estudio de mi cuñado, esperé que se retirase la secretaria y sus socios, entré a su oficina y antes de saludarnos
dijo “sabía que vendrías a querer darme alguna explicación, te estaba esperando cuñadita”
Yo “si no se nada, que pasó, nadie habla”
y el respondió “y con la vergüenza familiar que has hecho pasar como crees que nos sentiríamos”
Yo grite “de que hablas, no te entiendo”
cuñado “que mi chiquita tenga que haber pasado malos momentos en ese campamento”
YO “que, cual”
cuñado “mira si quieres escucharlo te lo repetiré la otra noche me llamó la coordinadora contándome lo que había pasado con Euge y de inmediato decidí buscarla,
Yo “bueno cuéntame lo que yo no se”
cuñado “que te sorprendió revolcándote con “el profe”
Yo “que, yo que, mira la verdad que tenías de no dejarla ir, yo vi cada cosa con esos pendejos que no me sorprende la historia que te han contado, si me quieres escuchar alguna vez te contaré lo que paso”.
Salí lo más rápido que pude de su oficina, llegue a casa mas confundida, con vergüenza ajena, entré a mi habitación y me dormí.

A la mañana fui a buscar a Euge al club, y le pregunté que sabía y dijo ” el profe te mandó al frente diciendo que lo estuviste seduciendo, que entraste a su habitación, sobre su cama dejaste un consolador y que la noche de la lluvia tuvieron un encuentro y que yo entré y te sorprendí” como verás “no puedo contarle a mis papis lo que pasó aquella noche, me calle y subí al auto de papá, en casa del tema no se habla”. Eres una @$%&….y salí llorando cuando me topé con “el profe” y dijo “hola tiaaa protectora o putita, jeje”. que bronca me dio.

Esperé la salida de Euge y “el profe” los seguí por unas cuadras hasta que los vi tomarse de las manos, besarse y entrar a un motel que hay camino al club, al día siguiente con gafas, una buena peluca y la cámara de foto hice la guardia y los atrapé con una foto entrando y saliendo del motel, corrí a revelar la foto y se las envíe a Egue y “al profe” y les puse “TU TIAAA, por una buena cogida”.

A la tarde volví al estudio de mi cuñado y le puse las fotos sobre el escritorio y dije “cuñado aquí tiene un caso que resolver sobre calumnias e injurias de una menor y un pervertidor bígamo”, no puedo contarles la cara que puso, me pidió disculpas y me preguntó como quedaría todo, entonces dije “lo resolverás con altura y como buen caballero dejando bien paradas a tu cuñada e hija en una cena en casa con todos reunidos, busca como hacer mierda al “profe” que se coge a tu hija”

No se como lo hizo pero en días todo se aclaró “al profe” lo acusaron por bígamo, mi sobrina y yo quedamos como una santas, aunque ella con el culo bien roto y yo…muy agradecida a “MI CUÑADO”

Unos días más tarde, lo visité en su estudio, me quedé hasta tarde pidió unas pizzas y cervezas, celebrando dijo “lo que se hace se paga en esta vida, yo te pedí que cuidaras a mi hija, vení a recibir tu castigo”, indicando su regazo, fui convencida en que me daría un chirlo como los que me daba cuando niña, imagínate ya era novio de mi hermana cuando cumplí mis 2 años. Cuando sentí su mano sobre mis nalgas me mojé, apoyo su nariz sobre mi pezón y me tomó de la cintura fuertemente, diciendo “debes hacerte mujer muy pronto, cierra esos ojos hermosos, que te castigaré”

Obediente cerré los ojos, sentí sus manos sobre mis pechos, desabrochando mi pantalón, dejándome desnuda sobre sus faldas, sentí su pija rozar mi concha…que mojada estaba, cuando me penetró con uno de sus dedos, después con dos, luego me dio vuelta escupió el culo y dijo “este si que está preparado con tantas enamas” yo terminaré con tus estreñimientos, metió sus dedos suavemente, y después su pija que dolor… y placer se movía lentamente y dejaba que con mis movimientos entrara poco a poco mientras me besaba la cabeza, hasta que dije basta, estaba su pija grande dentro de mi culo un poco seco porque llevábamos un buen rato abotonados, lo sacó lentamente, se lo fue a lavar, cuando regresó yo estaba vestida, no se sorprendió, solo que se acercó y me dijo al oído “solo fue una enama en seco, ve a casa y lávate para el próximo”

Un agradecimiento a mi sobrina, a mi cuñado … y al profe

Pdta. esa fué mi primera relación con un hombre mayor, la cual no se repitió porque después comenzó con problemas de corazón hasta que mi hermana enviudó.

Una Tarde con mis compañeros de clase

Lunes, diciembre 13th, 2010

Antes de nada quería comentar que soy una chica normal bastante guapa según me dicen los chicos, mido 1.65 tengo un culo redondito y unas tetas que sin ser grandes tienen el tamaño justo para que cualquiera las pueda abarcar enteras, aunque lo mas llamativo que tengo es que soy morena con unos ojos azules que hacen que mi mirada hipnotice a los hombres.

Lo que voy a relatar me ocurrió cuando tenia unos 18 años, soy de un pueblo del norte de España, y cuando estudiaba tenia el instituto a unos 15 kilómetros de mi casa por lo que cuando tenia clase por la tarde me quedaba a comer en los alrededores del instituto, un día como cualquier otro me fui a comer con cinco compañeros de clase que estaban en la misma situación que yo, uno de ellos vivía solo en un piso por que aun era de mas lejos que yo, antes de ir a comer estuvimos tomando unas cervezas y unos vinos, mientras tanto los chicos se metían conmigo y me decían cosas subidas de tono a lo que yo me reía y les seguía las bromas, diré que soy una mujer bastante ardiente y que por aquel entonces aunque tenia novio este estaba trabajando fuera y solo lo veía una vez al mes, por lo que muchas veces me tenia que masturbar cuando llegaba a casa mojada por los comentarios que me hacían los compañeros de clase y de sus roces cada vez que tenían ocasión, notando mas de una vez como sus pollas empezaban a crecer apretadas contra mi culo.

Ese día después de tomar algo nos fuimos a comer a un restaurante donde íbamos siempre, y durante la comida ya algo colocadillos del alcohol continuaron diciéndome cosas subidas de tono y tocándome el culo y las piernas cada vez que tenían ocasión. Así trascurrió la comida entre risas y excitación, yo les notaba el bulto en los pantalones, sobre todo a Martin uno de los chicos con el que ya había tenido sexo un día que fui a su casa y en la que nos calentamos jugando al stretpoker, y en la que acabe desnuda y follada de lo cachonda que me había puesto.

Después de comer los chicos me convencieron para que no fueramos a clase por la tarde y nos fuéramos a casa de Martín a tomar algo, a lo que accedí debido a la calentura que llevaba encima, estaba deseando follar con alguien.

Ya en el piso nos pusimos a tomar cervezas y chupitos y a charlar de nuestras cosas, como no, ellos acababan siempre hablando de lo mismo, de sexo calentando mas el ambiente, y en una de estas Martín empezó a cogerme de la cintura y a apretarme contra su cuerpo dándome un intenso beso, haciendo que nuestras lenguas empezaran a juguetear mientras el empezaba a amasarme mis tetas y a jugar con mis pezones que estaban duros y tiesos como si quisieran separarse de mi cuerpo. Un escalofrío estaba recorriendo todo mi cuerpo y empecé a acariciar su polla por encima del pantalón, cosa que a el le dio pie a empezar a bajar su mano y a introducirla por

debajo de mi falda hasta que llego a mi coñito, que en ese momento estaba encharcado, separo la goma de las braguitas que llevaba rozándome el clítoris e introduciéndome un dedo en mi vagina, a lo que lance un ligero gemido que hizo que los otros chicos se giraran y miraran para mi con una cara de deseo increíble.

Después de un rato así los demás empezaron a silbar y a pedir que les hiciera un stripties a lo que me resistía en principio, mas para no parecer una puta facilota, que debido a las ganas que tenia que en ese momento eran muchas.

Al poco rato accedí y delante de todos ellos empecé a quitarme la ropa haciéndoles un baile sensual a la vez que me empezaba a quitar la ropa, primero me deshice de un jersey fino que llevaba mientras contorneaba mi cuerpo, después estuve un rato

acariciandome el cuerpo mientras bailaba subiendo ligeramente la falda mientras me daba la vuelta y dejando asomar mi culito delante de todos ellos.

Así continúe un rato después me fui desabrochando la blusa notando que la excitación tanto en mi como en los demás era cada vez era mayor, yo notaba como a ellos se les marcaban las pollas en ese momento ya estaban a reventar y empezaban a acariciárselas por encima del pantalón.

Después me comencé a quitar la falda quedando solo con unas medias por la rodilla y un conjunto de braguita y sujetador blanco casi transparente, que dejaba entrever mis tetas y mi coño, y marcando ya en ese momento una manifiesta humedad en mis bragas, en este momento alguno ya no aguanto y se saco la polla del pantalón comenzado a meneársela delante mía.

Después de esa imagen me apresure a quitarme la ropa interior mientras escuchaba los piropos y silbidos de los chicos, que ya tenían todos las pollas fuera del pantalón y se masturbaban mirando para mí.

Cuando me quite mis braguitas que era la ultima prenda que me quedaba mi excitación era tal que deseaba comerme todos aquellos miembros duros sin importarme que todos los que estaban allí eran compañeros míos de clase y que al día siguiente seguramente lo contarían haciendo que mi fama de putilla fuera aun mayor, pero continúe y después de desnudarme de todo me abalancé sobre la polla que ya conocía la de Martín quedándome de rodillas frente a el y dándole el culo a los demás que en ese momento disponían de una imagen que era digna de una película porno, yo con el culo en pompa y mi coño empapado, mientras me metía de un golpe la polla de Martín en la boca empezando a acariciarle su punta con mi lengua mientras saboreaba el liquido que empezaba a salir de ella.

En ese momento uno de los otros chicos se me acerco por detrás y me empezó a pasar su mano por mi coñito, metiéndome un dedo en el y masturbándome de tal manera que no tarde en lanzar un gemido por el orgasmo que me estaba viniendo.

Ya no aguanta mas y me levante y dándole la espalda a Martín me senté sobre el clavándome su polla hasta los huevos, teniendo delante de mi la imagen de los otros cuatro chicos masturbándose mientra veían como la polla de su amigo entraba y salía de mi coñito y mis tetas se movían rítmicamente.

Después de esto uno de ellos se acerco a mi haciéndome indicaciones de que le cogiera su polla, a lo que rápidamente accedí, comenzando a masturbarlo con tantas

ganas que no tardo en acercarlo a mi boca para que se la chupara cosa que en ese momento hice mientras me venia mi segundo orgasmo mamandola en ese momento con tal ganas que no tarde en notar como unos espasmos recorrían su polla y unos chorros de semen empezaban a entrar en mi boca, apretando fuerte los labios empecé a tragármelo todo cosa que no hacia normalmente pero en ese momento me estaba sabiendo a gloria.

Al momento mi amante me giro y me puso a cuatro patas follándome con fuerza y estremeciéndome a cada embestida. Lo que aprovecharon los demás para acercarse y meterme sus pollas en mi boca, llegando en un momento a tener las pollas de los tres que todavía no se habían corrido delante de mí y alternándolas en mi boca.

Sabia que lo que estaba haciendo era de una puta y que más de uno al día siguiente en clase iba a tratarme como tal intentando follarme en cualquier sitio, pero en ese

momento estaba disfrutando de tal manera que me daba igual.

Durante un rato seguimos así mi amante follándome y yo chupando pollas y tragándome las corridas de mis compañeros, que no hacían mas que cogerme de mis tetas y de mi cabeza empujándola para que no dejara de chupar.

Cuando ya llevábamos un rato así Martín se separo, dándome la vuelta invitándome a tragarme su polla para también correrse dentro, teniendo un orgasmo largísimo que hizo que me costase trabajo tragarme toda su corrida que se escapaba por la comisilla de los labios.

Debido al cansancio quedamos  los seis tumbados ya exhaustos, hasta que después de un rato vi como de nuevo las cinco pollas que tenia delante de mi volvían a crecer y tomar vida, con lo que mi excitación volvió a ser máxima y para que ninguno ese día fuera mas que otros me abrí de piernas y fui invitándoles de uno en uno a que me follaran mientras se la chupaba al siguiente, estaba disfrutando de verdad y me sentía la puta de todos mis compañero, era increíble ser follada por todos notando como me miraban incrédulos ante el espectáculo que le estaba brindando.

Después de unas dos horas follando nos vestimos y nos fuimos cada uno por nuestro lado, aunque tengo que confesar que cuando llegue a casa me tuve que masturbar al pensar en lo sucedido y a partir de aquel día todos los que habían estado conmigo y alguno que se entero de lo sucedido me trataban de otra manera en el instituto, haciéndome proposiciones para que fuera con ellos o aprovechando cualquier ocasión para meterme mano disimuladamente, cosa que en contra de lo que nunca habría pensado me excitaba y les dejaba hacer, aprovechando yo también para tocarles esas pollas duras que hacían que me mojara y me sintiera muy deseada, aunque nunca volví a tener una tarde tan excitante como aquella.

Espero que os haya gustado, espero vuestros comentarios en morenillaguapisima@hotmail.com

Mi despertar al sexo con un hombre casado

Miércoles, noviembre 24th, 2010

Me entregue a un hombre  casado  siendo señorita – este hombre  despertó en mí una pasión sexual difícil de poder controlar. Esta es mi historia.

Mi nombre es Rebeca  tengo 20 años, no soy una belleza ni una súper modelo pero me considero simpática, desde muy chica llame la atención de los hombres, y más de uno me comenzó  a enamorar desde que tenía 15 años.

Nunca fui delgada por lo que siempre represente mayor edad, herede de mi madre sus caderas, sus piernas   y  el color de su piel. Soy de tez blanca mido 1.60 mts

Desde niña mi madre me impuso la disciplina de la danza y el ballet eso me ayudo a moldear mi cuerpo.  Y mis amigas me llaman  güera.

—-Mi novio era un tipo que yo consideraba casi perfecto en todos los sentidos… era de buena familia  joven (tenía 20 años), estudiaba arquitectura, no tenía ningún vicio   aparente, iba a nuestra misma iglesia y lo mejor  de todo… le agradaba a mamá, el venia a casa a estudiar, nos veíamos en el cine  me llevaba a comer, me   compraba regalos tan lindos y carísimos… yo me sentía en la gloria.                                                    Me encantaba  mi novio  y hacía casi de todo por quedarnos solos hasta altas horas de la noche en casa, cuando mamá se tomaba su pastilla que la hacía dormir toda la noche…pero el no tomaba la iniciativa y aún no seguía el juego… Así que nuestra relación era casi  como la de unos chiquillos que solo se basaba en   besos y raramente en caricias.

Siempre me decía que debíamos esperar a estar casados.

Y terminaba  por sentirme  insatisfecha.

—Mi madre siempre mantuvo un férreo control sobre mí – tal vez tratando de evitar de que  me pasara lo mismo que a ella  que mi padre siendo casado la embarazo y la abandono.

–  Por lo que a pesar de que era mayor de edad no me deba permiso suficiente como para tener una vida mas libertina a mis 19 años era virgen tenia nociones sobre el sexo y escuchaba  a mis amigas platicar sobre lo sexual  y contar infinidad de cosas  que hacían con sus novios  casi la mayoría de ellas habían dejado la virginidad a los 15 y 17 años

–Gustavo se llama el  hombre que me hizo  mujer -el hombre que despertó en mi una pasión por el sexo y que me entregue a el sin pensar en las consecuencias.

Gustavo es  un hombre, curtido por el sol, moreno claro -  rudo, feo,  alto.

Es un bruto cogiendo. Mi relación con el fue muy distinta a con mi novio.

Tenía fama en el hotel de ser un mujeriego.

Pero lo más impresionante  era el grosor de su verga, jamás pensé que un hombre     tuviera una  verga  tan gruesa no era enorme pero si de un grosor impresionante

Que me lastimo bastante cuando me ensarto por primera vez.

– la primera vez que salí  con el sabia que estaba jugando con fuego que el no se  conformaría  solo con besos pero no me importo.

Y cuando me hizo suya   fue una sensación de dolor y placer muy difícil de olvidar que en más de una ocasión intente poder platicar con mi madre sobre lo que sentía en mi cuerpo pero no  tenia esa confianza y termine por platicar con  una  compañera del trabajo una mujer hecha y derecha  de 49 años.

A ella le conté   que me había entregado a Gustavo  y que no sabia lo que me pasaba cada vez  que   estaba con el. Que no lo podía olvidar.

—Sus palabras  me hicieron ver la verdad de mis actos –  lo que te hace sentirte entregada a el   – es  la forma como te coge como te hace el amor -estas enamorada  de  su verga – cuando me dijo eso me quede pasmada – y solo atine a decir estas loca. – eso no puede ser cierto –

- tomo una de mis manos y me dijo mira por lo que me has contado  ese hombre te ha hecho sentir lo que jamás otro hombre te hizo –  te puedo decir que es muy difícil que lo olvides –

Por que el te hizo  mujer  – gózalo y disfrútalo no es malo que lo hagas pero no te encariñes-  el es casado y para el fuiste un trofeo.

—Logro lo que ni tu novio hizo llevarte a la cama-

–y perdóname lo que te voy a decir – el  te hizo sentir una puta – una hembra –una mujer – me dices que te lastimo cuando te rompió el virgo  – que le gritaste que le lloraste que no lo hiciera pero en el fondo lo deseabas – eso jamás lo vas a olvidar

-  un leve temblorcillo recorrió  mi cuerpo al escuchar  sus palabra pero creo que en el fondo tenia razón.

-Gustavo  nunca me llamo por mi nombre me decía GUERA  – me invito a salir y acepte pensando que podía manejarlo –ese fue mi error –

– es feo pero tenia un sentido del humor que me hacia reír a cada rato –   en el fondo tenia miedo de sentirme atraída por el y a mi novio comencé  a  darle pretextos  para que no fuera por mi al hotel

– en una  ocasión que  Salí con el   me tomo de la cintura y me beso  – fue un beso apasionado hice un vago esfuerzo por zafarme – fingiendo rechazarlo – pero no cedió sus manos me sujetaron con mas fuerza.

Y me beso con mas pasión  sentía su lengua  hurgar en mi boca.

- sus manos comenzaron a levantar mi vestido – acariciando mis piernas – hice un ultimo intento por zafarme – déjame – esto no debió pasar – tengo novio por favor.

–Hice el intento de irme y me tomo de  la mano  con fuerza pero sin lastimarme  – y me miro a los ojos rebeca    – te deseo no lo voy a negar  déjame hacerte mía  -  me gustas mucho quiero cogerte. Hacerte el amor -

Me Salí y lo deje en los siguientes días  intente no verlo pero me fue imposible.

- yo lo ignoraba o quería pensar que lo podía ignorar – pero su atrevimiento –la confianza y la familiaridad con que me trataba – empezó a calarme hondo y a pesar de que decía que no comenze  a imaginar cosas con el – en el fondo yo misma me recriminaba – y reprobaba mi actitud pues con mi novio jamás imagine nada.

-un día sucedió lo que tenia que suceder – nos besamos nuevamente   –estrechándome con sus brazos – quise oponerme – no lo logre pues en el fondo lo deseaba – me sentía de verdad indefensa.

—-sentí sus manos recorrer mis piernas – me tomo de mis nalgas y me alzo hacia el  – comenzamos a besarnos con pasión – tome su lengua y la enrolle con la mía – tuve un momento de lucidez y me quise alejar de el – me tomo de mi cintura y  sin mas preámbulo me dijo –  quiero que seas mía – entrégate.

–me asuste –  mi corazón latía a  mil por hora –  casi como autónoma  le dije –  no eso no por favor –  – soy señorita – no me presiones por favor –  nunca lo he hecho- nunca se lo debí a ver dicho – comenzó a besarme por todo mi cuello – a morder mis oídos – sus manos acariciaron mis pechos – mientras yo le decía – – no lo hagas por favor– detente – no me hagas esto – me voy a casar – tengo novio.

–Déjame por favor  o grito – grita todo lo que quieras pero dentro de la habitación y al momento me  beso.

–  entramos a la habitación inmediatamente me llevo contra la pared   y sin mas preámbulos me comenzó acariciar  lentamente me despojo de mi vestido – no dejaba de acariciarme y besarme – me recorría el cuello con sus labios – y  sus  manos me acariciaban – comencé  a excitarme – a calentarme –  el comenzó a quitarse su ropa   – yo  apenas traía encima mi ropa intima.

— su caricias y  sus besos  me tenían completamente atontada, cuando se despojo de sus ropas mire su verga con cierto temor –  era de un  grueso impresionante -

Tomo una de mis manos y la coloco en su verga con miedo y  timidez tome su pene  y lo comencé a masajear mientras nuestras bocas se unían.

No sabia en ese momento que me tenia dominada de esa forma tal vez era la brutalidad y lo tosco del trato de Gustavo  en comparación con el suave y tierno trato de mi   novio – de todos modos no me importo en ese momento solo quería sentirme mujer

–sus manos comenzaron a explorar mi cuerpo – sentí como una de sus manos hurgaba  debajo de mi ropa intima  –  sentí su dedo acariciar mi sexo por encima de mis pantaletas –

—En ese momento presentí el mis pantis   peligro – mi virginidad y mi sexo lo mas sagrado que tenia estaban a milímetros de sus dedos — hizo  aun lado y comenzó acariciar mi sexo – no pude contenerme comenze a gemir al sentir su dedo rozar los labios de mi sexo -  quería  irme pero no  podía estaba paralizada

–cuando su dedo comenzó a dedearme – mi cuerpo era un volcán pero reaccione  y me libera de  sus brazos  – y nuevamente le dije – no por favor no lo hagas déjame ir –  tome mi vestido y sin pensarlo me Salí.

-escuche sus palabras vas a regresar nena – se que vendrás a buscarme -

- camino a mi casa me sentí temblar – en el fondo me había excitado – cuando llegue a mi casa me cambie mis  pantaletas las toque estaban empapadas  de mis jugos producto de mi excitación – sentía mi cuerpo caliente que me bañe con agua fría.

–Al otro día no lo quería ver a los ojos por vergüenza –

— pero en el fondo lo deseaba – y del nerviosismos pase a la excitación – el se daba cuenta de mi inquietud y nerviosismo – me decía no tengas miedo no te hare daño – eres una mujer muy linda – quiero ser el primer hombre en tu vida.

–Sus palabras eran para mi como un imán  era todo lo contrario a mi novio no era tierno era mas bien vulgar  y en su mirada había algo que despertaba en mi el deseo por estar con el –  me tienes loco   y tengo que poseerte –tengo que romperte –  te deseo  rebeca y tu sientes lo mismo –

–Nos miramos a los ojos y no  logre evitar que nos besáramos – me colgué de su cuello en un  arranque de excitación – sentí sus labios besarme hurgar dentro de mi boca – su lengua se enlazo con la mía y sus manos comenzaron acariciarme –

-se hinco a mis pies y levanto mi  falda  sentí su lengua olfatear mi sexo –me estremecí de pies a cabeza tuve un leve sentido de conciencia – y trate de negarme pero no me soltó – me tomo de mis manos y nos fuimos a su auto – llegue a su departamento sin control sobre mi cuerpo  – sus dedos comenzaron a trabajar en mi sexo y su lengua a besar mis labios a succionar mis pechos que ya no pude detenerme –

—Me desvistió de prisa con brusquedad  y ala vez suavemente – hasta dejarme desnuda completamente – con mis manos cubrí mi desnudez- pero el comenzó a besarme y a besar mi cuello a enloquecerme de placer - beso mis senos y comenzó a chuparlos con ansiedad – tomo mi mano y la llevo a su verga – a esas alturas me moría de ganas por tocar su verga por palparla – por saber y probar su sabor –

—el tomo mi manos y sin prisa lo coloco en su pene – ya endurecido – era grande –grueso – me acorde de mi novio y de cómo en una ocasión en el cine le palpe su verga pero no había comparación – entre su miembro de el y el de mi novio –

Escuche su voz ¿te gusta? ¡Abre tu boca mámalo!

—-Abrí mi boca y  comenze a mamar su verga – cerré mi ojos y me deje llevar por la sensación de tener  por primera vez en mi vida un pene en mi boca.  –  se que le di placer – lo note a pesar de mi novatez y de que no sabia como mamarle su verga – lo escuche gemir cada vez que mis labios formaban una o en el tronco de su verga –

—en ese momento sentía en mi cuerpo una excitación grande – tenia un insoportable cosquilleo en mi vagina y también sentía algo de miedo por ser mi primera vez –sentía que probablemente me fuera a causar daño al intentar penetrarme – y llego un momento en que ya libre de todo prejuicio comenze a gemir a recorrer con mi lengua todo su pene provocándole placer –me levanto para llevarme a la cama – me llevo entre sus brazos – me coloco en la cama y se dio cuenta de mis nerviosismo – vio mi miedo – de abrir mis  piernas para que me desvirgara –

Me beso con pasión a la vez que me decía  no tengas miedo rebeca   –  hoy te vas a convertir en mujer – te voy  a meter mi verga por todos lados te voy a estrenar  y dar el placer que tu cuerpo pide a gritos – ¿de acuerdo?

Sentí su lengua – lamer mis muslos – mis pantorrillas – una corriente eléctrica paso por mi cuerpo cuando sentí su lengua en los labios de mi sexo  – comenze a gemir – era algo delicioso sentir su lengua hurgar en mi intimidad en lo mas sagrado de mi ser- quería que parara y el no se detenía

– Mi cuerpo comenzó a contorsionarse – me sentí elevar al cielo – sentí una oleada de placer  no sabia si reír o llorar – pero comenze a mover mis caderas a rotar mi sexo contra su lengua áspera – y así me llego creo yo mi primer orgasmo entre gritos y jadeos  me sentí estallar – fue para mi una locura – tenia miedo y deseo.

–Detuvo los embates de su lengua para colocarse cerca de mi cara y nuevamente puso su verga en mi boca – no espere mas la tome con mis dos manos y como una bebe que toma su mamila comenze a mamar – cerrando mis ojos – mientras  el me decía – así güera  – humedécelo bien cariño – se lo mame durante unos minutos y después se situó entre mis piernas –comenzó a frotarlo contra mis labios vaginales – de arriba a bajo – esa forma de acariciarme con su pene me pareció electrizante – me encontraba al borde de la locura comenze  a rotar mis caderas – a moverlas buscando su verga -

–algo paso en mi que me hizo cambiar mi  conducta de niña por el de una mujer salvaje – me olvide de mi madre y de mi novio   - me alce de la cama y me  abrase con fuerza a su  cuello – lo bese –   me encontraba en un momento de excitación que no me importaba nada  – tomo uno de sus dedos y lo metió en mi boca – ensalívalo me dijo y después  – sentí su dedo hurgar en mi  culo – que haces le dije – me vas a lastimar –  el solo me contesto- ¡tienes un culo que me vuelve loco!

–  ya no se detuvo era una bestia excitada al máximo.

Se hinco a mis piernas y me comenzó a mamar mi sexo – me abrió las piernas al máximo  – me agarre de su cabeza de sus cabellos para  no caer de la cama

– entre abrí mis piernas   - comencé a sentir ese placer nuevamente – su lengua recorrió todo mi sexo de arriba abajo – me coloco boca abajo – con sus manos separo mis nalgas y me dio lengua en el culo en ese lugar que jamás imagine – que fuera tan sensible – comencé a mover mis caderas con fuerza cada vez que su lengua me mamaba era una sensación única.     – se levanto de la cama un segundo solo para mirarme – y decirme estas preciosa  – tomo una cámara que tenia sobre su buro  y me tomo una fotografía – que haces le dije eso no por favor no lo hagas – tranquila no pasa nada.  Y siguió mamando mi cola.

—-  llego el momento que no aguante tanto placer  me deje caer sobre la cama el Se tomo su pene con sus manos y comenzó a pasar la  punta de su verga por mi sexo virgen – mientras mamaba y mordisqueaba mis pezones.

–Sentí claramente como coloco su verga en la entrada de mi sexo y comenzó a empujar a  penetrarme suavemente – pero con firmeza   -

Decir que no estaba nerviosa es mentirles – sentí una punzada de dolor al sentir mis labios íntimos abrirse – cerré mis piernas evitando el dolor por instinto. –Vamos  abre tu piernas -

Nuevamente me abrió mis piernas  y  comenzó a presionar y yo comencé a quejarme –  me duele – me lastimas  – siento que me  partes.

–Me lastimas  – me duele –  sentí como la cabeza de su verga entro  en mi sexo – sentí mis carnes intimas desgarrarse  –intente  moverme –  pero no lo logre –  sentí como su verga  siguió avanzando dentro de mi cuerpo hasta que llego a mi   himen con mi  mas apreciado  tesoro lo que mi madre siempre me pidió guardar hasta casarme  mi sello de garantía – hizo presión por empujar  – por  romperlo  y ser el primer hombre en mi vida.

-       – tenia miedo y deseo  volví a   decirle  por favor me duele  no lo hagas – Gustavo  no me penetres –  pienso casarme con mi novio – por favor no lo hagas –

–No se desespero me  beso en la boca – me mamo mis pechos hasta que yo misma comencé a mover mis caderas buscando su verga. – comenzó a empujar y yo a quejarme – hasta que no me dio tiempo de pensar ni de reaccionar – sentí como su verga entro en mi me penetro  con fuerza – sentí su verga rasgar lo mas intimo que una mujer tiene su virginidad – di un grito fuerte al sentirme penetrada – al sentir como su verga me rompía mi virgo –  y me hacia mujer.

–  me duele – el no se movió se mantuvo firme dentro de mi vagina.

– Extendí una de mis manos como buscando apoyo – a mi dolor de sentirme penetrada -

–  tranquila nena  – ya estoy dentro de ti  ya estas rota mi amor – ya te hice mujer – mi mujer – mi putita – estas bien estrecha – rebeca  – jamás imagine tenerte ensartada y desvirgarte pero ya paso ahora vas a gozar – déjate llevar -

— Ah me duele solo comente –   se quedo quieto dentro de mi hasta que yo misma comencé a mover mis caderas a mover mi vientre buscando nuevas sensaciones.

– comencé a gozar a disfrutar de mi primera vez

– comenzó a sacar y a meter su verga un par de ocasiones mas hasta que no hubo siquiera una muestra de molestia en mi cara y en un movimiento rápido me ensarto toda su verga hasta que sentí su huevos chocar con mis nalgas.

Me dio una cogida fenomenal -    comencé a jadear – a gemir – mi cuerpo era un volcán sentía mi vagina con ardor pero me gustaba el martilleo de su verga  – me gustaba sentirlo dentro de mi vagina – me estuvo cogiendo sin descanso sin prisas  hasta que sus  gritos  y sus gemidos me indicaron que estaba a punto de darme su leche –

—-Fue en ese momento que me  horrorice – pero el martilleo de su verga dentro de mi vagina me ponía loca – entre palabras entrecortadas le decía – salte – salte no usaste -condón – salte no te vengas dentro no lo hagas ag. –Por favor Gustavo  no te vengas dentro de mi – lo golpee con mis manos – lo arañe – pero todo fue en vano —Me enterró su verga hasta el fondo  de mi vagina y lo  sentí explotar  dejando su semen  dentro de mi cuerpo  – termine desfallecida agotada-  las piernas me dolían – mi sexo me punzaba sentía mi  intimidad desgarrada  –  pegajosa-

- nos quedamos acostados en la cama – yo no quería moverme – pero tenia la sensación de ir al baño –

–Al orinar me ardió- me vi mi sexo abierto – desflorado – en mis piernas tenia  sangre  que escurrió de mi sexo.

–En la cama sobre la sabana  estaba  una pequeña gota de sangre como testigo de mi desvirgue.

-tuve un leve  remordimiento y  comencé   a llorar – el me tomo entre sus brazos – me beso en los ojos – por que lloras güera  tu cuerpo lo pedía – entre sollozos le dije – y si  salgo embarazada que voy a decir en mi casa a mi novio – tranquila me dijo te vas a tomar unas pastillas que te voy a dar y con eso vas a evitar quedar preñada –

– ven vamos a bañarnos – nos metimos a  una tina como jacuzzi y me bañe con el – comenzó a lavar mi sexo –  nos estuvimos bañando juntos – beso cada parte de mi cuerpo lentamente — que culo tienes rebeca  – sabes nunca me cansaría de estarte cogiendo –

Esa primera vez aun la tengo en mi mente como si fuera ayer – fui en sus manos una muñeca – me hizo lo que quiso – cuando nos estábamos bañando me dio su verga a mamar – se la chupe de nuevo –  casi vomite cuando sentí su leche  – vamos abre tu boca – cométela –  así suave –despacio – chupa – chupa –abre tu boca – sentí asco no lo niego pero recibí su semen mi boca -

–Agotada, nos acostamos en la cama  nos quedamos semi dormidos – yo completamente desnuda – cerca  de la media hora sentí  sus  dedos   hurgar en mi sexo.

Mis caderas comenzaron rotar en un vaivén loco sobre sus dedos como buscando que  la fricción de sus dedos fuera mas fuerte sobre mi clítoris.

Mientras el me seguía acariciando y diciendo al oído estas caliente, verdad, te voy a placar esa calentura con mi verga  te voy a coger como nunca. Vez que te gusto la verga – ya estas abierta te arrepientes – voy a ser tu macho te voy a enseñar todos los secretos del sexo.

—No le conteste y comenze gemir al sentir que comenzó a  comerse mis senos  como loco, mordía mis pezones, así fue  bajando hasta llegar a mi vagina que comenzó también a comerse con su lengua me recorría todo el contorno de mis labios íntimos, hasta mi clítoris, con mis manos le tome su cabeza y se la talle con fuerza sobre mi sexo al momento que explotaba en un orgasmo colosal producto de la mamada que me estaba dando.

—Quede desfallecida agitada sudorosa, no me dejo reponerme al instante sentí como su verga se abría paso en mi vagina – esta vez me penetro con furia – grite al sentirme  ensartada – y le dije despacio me duele a un – despacio por favor – separando mis piernas me comenzó a penetrar  sentía que  su verga me   llegaba al fondo de mi matriz, lo rodee con mis piernas por su espalda evitando que se saliera  de mi sexo, y comenzó a penetrarme lentamente. Como disfrutando el momento.

Que ricas estas  – como me aprietas – estas demasiado estrecha –

–Comencé a mover mi cabeza con fuerza, le enterré las uñas en la espalda.

Y comencé gemir a pedirle que me ensartara hasta el fondo, comenzó a mover sus caderas más rápido, hundiendo cada vez más fuerte su verga en mi concha.

No pude más y estalle gritando como loca  sentir  el roce de  su verga me producía tanto placer.

Me lastimas y me matas pero me gusta me llenas toda ah.

—Me saco toda su verga y me puso bocabajo y me ensarto por detrás hasta los huevos, que grite al sentir como mis carnes se abrían para dar paso a su verga

Me enloqueces, tienes una panocha que me tritura la verga me la succionas.

Sentí como su verga le crecía y comenzó a explotar llenándome de su semen todo el interior de mi vagina.

Quede desfallecida, tendida sobre la cama con la vista perdida, jadeando llena de su semen.

–No sentí el tiempo cuando mire  el reloj eran las 3.45 de la mañana en ese momento me acorde de mi mama que estaría preocupada por mi – ice el intento de tomar mi cel. Y llamarle para decirle que llegaría mas tarde pero no me dejo – que vas hacer me dijo – déjeme avisarle a mi mama –

Toma  me dio su teléfono llámale del mío dile que llegas mas tarde –

-Le llame y  solo le dije mama estoy bien no te preocupes llego mas tarde tengo trabajo y colgué por que tenia miedo que mis gemidos me delataran cuando le llame  a mi madre el me comenzó a mamar de mi sexo nuevamente y me hizo estallar – me puse salvaje su lengua áspera y rasposa me volvía loca – sabia como mamar y donde chupar tome su cabeza con fuerza y grite ahogando un gemido de placer cuando me sentí estallar -

–el solo me decía estas deliciosa – muñeca -

Nos quedamos dormidos – cerca  del amanecer – reaccione  al sentir su lengua en mi trasero  con sus manos  me separo los cachetes de mi culo y su lengua comenzó a darme de piquetes en mi ano.

Era una sensación única – muchas veces escuche los piropos de los hombres en  la calle cuando salía en short o en pantalón – nunca supe si mis caderas eran una bendición o un mal con el que debía cargar –

–Quise moverme y no me dejo así quédate me fascina tu culo lo quiero saborear.

Lo quiero oler – sentir -

–Me estuvo dando lengua en mi trasero sin asco sin repulsión – sentía su saliva correr por mis nalgas – estuvo mas  de una hora mamando mi cola.

sentí algo frio en mi trasero en mi abertura anal que haces le dije – y voltee para ver como uno de sus dedos comenzó  a penetrar mi cola – ah me duele despacio después sentí otro dedo en mi culo – y comenzó a moverlos dentro del  ano.

– parecerá mentira pero es la verdad no tenia idea en ese momento si el culo era para cogerse, me gustaba la sensación de sentir su lengua y sus dedos en mi cola   pero era muy distinto a que me ensartara su verga por mi recto.

Tuve miedo y  se lo hice saber – Gustavo  -  no  por favor me da miedo.

Gustavo  me vas a lastimar por favor no lo hagas.

Eso no olvídalo. Mi culo no.

Por favor no – Te la mamo vente en mi boca hazme tuya por mi vagina pero  no  lo hagas me vas a lastimar –

–Quise levantarme – pero me tomo de mis caderas  -  se coloco detrás de ellas

- y sentí otra vez su lengua hurgar mi abertura anal – sentía la punta de su lengua desde mi vagina hasta mi cola – sentí algo cremoso en mi abertura anal, era aceite menen y al instante sentí su dedo ejerciendo presión en mi ano.

Gustavo que haces no lo hagas me vas a lastimar – me beso en la espalda y me coloco boca abajo – me tomo de mis caderas con fuerza y sentí como coloco su verga sobre mi agujero anal  y comenzó a empujar a  ejercer presión.

Ag. – Ay – no – ay ag. – Me lastimas no – ay.

— Lo intento una y otra vez sin lograr vencer la resistencia de mi  esfínter.

Lo regrese a ver y lo  note desesperado, ansioso por estar dentro de mi culo.

Tenia miedo al dolor  y  sentirlo en mi portón anal empujando con fuerza me causo escalofríos – cerré mis ojos y espere el ataque decisivo.

–Separo mis nalgas con sus manos – y comenzó a presionar -  para que mentirles – fue un dolor atroz – enorme se me nublo la vista – grite – llore – implore – suplique –

Cuando la cabeza de su verga  logro vencer la resistencia del esfínter de mi culo

Quise zafarme – pero me tenía bien agarrada de la cintura.

Ay ya no ya no – ay ag. – sentía mi ano violado –

-Tranquila – tranquila  – sentí que empujo y claramente sentí como comenzaba a entrar en mi recto. Por mis nervios cerraba involuntariamente mi culo- y sentía como el presionaba para alojar su verga  – Tense mis nalgas en un vano intento por ofrecer resistencia a su verga – pero lo único que logre fue aumentar su placer al apretar mis glúteos la unión se hizo mas estrecha.

No pude evitar  llorar -  mis ojos se llenaron de lagrimas – jalaba aire con la boca,

Me lastimas Gustavo  - Me duele -

- tranquila   – pronto vas a gozar  – se que duele pero ya esta pasando.

Abrí mis ojos – llorosos – jale aire con la boca  nuevamente –

Sentí como mi culo se abría  – Gustavo  se puso de pie y apoyo sus dos pies sobre el piso – empujo con fuerza – Y me ensarto su verga.

–grite –llore –patalee- me sentí morir –  le suplique que me la sacara que me estaba lastimando –   Del esfuerzo que hice me quebré dos uñas al apretar las almohadas- buscando mitigar el dolor –ya no por favor ya no ah uh me duele ya salte por favor –

Mis manos arañaron las almohadas. Hubo un momento de calma unos segundos

–Pensé que se saldría – pero solo fue para darme tiempo a que me acostumbrara a su verga.

Quede como muerta – no quería moverme – tenia miedo de hacerlo pero algo cambio en mi lentamente comencé a mover mis caderas  –

–Gustavo   no espero más y  comenzó a cogerme del culo con fuerza se dejo ir al fondo ensartándome por completo.

—Apreté las manos  y  un grito ahogado escapo de mi garganta al sentirme completamente rota del culo.

Ay – ya – me lastimas – ya.

Escuche su  voz – decirme  ya estoy dentro no te muevas -déjame a mi hacerlo.

Y comenzó a ensartarme del culo  lentamente metiendo y sacando su verga  con mayor rapidez.

Tienes que acostumbrarte no te muevas no te muevas -

—Yo solo me quejaba – me dolía el culo me ardía – Ah me matas, despacio – ay despacio- así – despacio – y comenzó un   ir y venir entre ambos en donde  yo  reculaba en busca de su  verga y el  se dejaba ir con fuerza al fondo de mi culo.

–Me estuvo cogiendo sin parar – como loco – poseído – con fuerza me proyectaba sobre la cama cada vez que me ensartaba – sentí ganas de ir al baño – de cagar – tuve vergüenza pena de que le cagara su verga –pero no  aguante mas – es una sensación enorme de ir al baño- el se sentía  feliz y lo reflejaba en su rostro mi cuerpo se curvo permitiendo que su verga profundizara aun mas mi recto – era una cogida salvaje animal en donde yo lo único que tenia que hacer era soportar sus arremetidas, que golpeaban con fuerza mis nalgas.

– me costaba aceptar que su verga se pudiera enterrar en toda su extensión en mi agujero trasero – pero la realidad era que estaba enterrado hasta lo mas hondo de mis intestinos.

Sentí las contracciones de su verga y el comenzó a empujar toda su verga en mi culo -    y fue cuando sentí como su verga bañaba  con su semen mis entrañas.

—Cuando la última gota de su semen se vació en mi culo – solo entonces dejo de moverse dentro de mi cola -

Me levante con dificultad y me fui al  baño –  cerré la puerta  y comencé a  llorar me dolía el culo. Me ardía,  sentía enorme mi hoyo – desflorado – lacerado -

– Me levante de la taza –con dificultad – analice el costo beneficio de ser cogida del culo y le di un 50 % por que aun que digan que no es doloroso.

–Me limpie con unas toallas – observe rastros de sangre en la toalla – y Salí del baño.

Regrese a la  recamara, Gustavo  tenia una toalla entre las manos y se limpiaba su verga.

– me acerque a el  con dolor en mi cara al caminar- me hizo sentar sobre sus piernas – me coloco bocabajo nuevamente – tuve miedo le dije que no que ya era mucho pero me calmo – tranquila te voy a limpiar.  Y comenzó a pasarme la toalla con crema por el borde de mi ano –

–De esa forma fue como fui estrenada de ambos lados vaginal y anal.

–Esa fue mi primera vez y a un no lo puedo olvidar – ¿Cómo olvidar al hombre que le di mi virginidad?

Han pasado cerca de 4 meses  en que me entregue a Gustavo.

Después de esa primera vez me convertí en su amante en su mujer en su puta

Me enamore de su verga de su forma como me cogía.

–Llegue a mi casa  a las 9.30 de la mañana – Esa noche y parte de la madrugada me cogió dos veces por el culo y tres veces por mi vagina.

Las piernas me dolían y apenas podía caminar en una farmacia  compre unas toallas intimas y una crema vaginal  por que sentía los labios de mi sexo hinchados – inflamos por la fricción de su verga al estarme ensartando —  y el culo me dolía horrible.

- al otro día de mi desvirgue – no fui a trabajar me dolían mis piernas a mi madre le dije que llamara al trabajo y me reportara enferma tenia pena de salir no baje ni a comer mi novio me estuvo llamando todo el día y me mando un mensaje que pasaría a verme a la casa –le conteste de prisa que no estaría que iría al doctor la verdad no lo quería   mirar a los ojos tenia miedo que se  diera cuenta que me había entregado a otro hombre.

Mi madre como que intuyo algo pero tampoco me dijo nada

–Una vez que la calentura sexual termina  entra la cruda  moral.

Anduve una semana sin poder sentarme y  cuando iba  al baño mordía  una toalla para que mi mama no escuchara mis gritos por que me dolía mi cola cuando hacia  popo.

Gustavo  pase grandes momentos a tu lado  -  debo reconocer que me  hice adicta  a tu  verga a como me cogías  –

–No  puedo explicar con palabras lo que siento – mi amiga tenia razón al decirme que tuviera cuidado después de todo tu me hiciste mujer  tu fuiste   – el primer  hombre que me estreno   vagina – culo y boca.

Y eso no es fácil de olvidar – marcaste mi inicio sexual –

-       Si un día lees mi relato sabrás que  cumplí   y lo escribí.

- mi cuerpo pide  un hombre a mi lado – con mi novio no tengo esa confianza de decirle lo que siento –el aun cree que soy  señorita – no le quiero hacer daño y muchas veces he pensado dejarlo pero  no lo quiero lastimar.

legalmenterubia1979@hotmail.com

Sexo con un amigo

Miércoles, octubre 6th, 2010

Es la primera vez que escribo un relato como este pero siempre los he leído y creo que después de lo que pase con este chico debía escribirlo.

Tengo 18 años y un novio al que quiero mucho pero el sexo para mi es insuficiente. Hace poco conocí a gente nueva y el chico de mi relato se follaba a una de mis amigas. No se por qué empecé a tener sueños húmedos con él; noche tras noche me despertaba empapada y con una excitación, que no podía dormirme si no me tocaba. Y claro cuando le veía me ponía bastante solo de pensar en lo que esa noche le había hecho en sueños. Un día yo había tomado unas copas de más y fue el momento perfecto para decírselo. Pensé que me iba a arrepentir al día siguiente porque él conocía a mi novio y como os he dicho se follaba a mi amiga, pero con una negativa a lo mejor conseguía que se me pasara la tontería. Pero para mi sorpresa, cuando le dije que quería fallármelo su contestación fue que yo era más amiga de él que mi novio y que a él también le gustaría. Os podéis imaginar mis noches después de aquello…

Después de una semana llego el momento perfecto, subí a su casa un poco nerviosa pero muuuy excitada. Cuando llegamos a su cuarto el bulto de su pantalón ya no se podía disimular y yo no quería nada más que probarla. Me empezó a morder el cuello y me quitó la camiseta empezó a jugar con mis tetas aun con el sujetador puesto… yo  no podía más! Le lance a la cama y le quite todo. Por fin veía ese pene erecto, y era todo para mí, empecé a jugar con su pecho y poco a poco, procurando no dejar ni un hueco, fui chupándole todo. No podía mas “métetela… “ me decía y me puse a jugar con su puntita, dios como la saboreaba, que rica… me cogió de la cabeza me la metió hasta el fondo… “aggggh” gritó. Empecé a chuparle la polla con ansia como me gustaba ese palo durito en mi boca… no deje ni un rincón si explorar. “me corro! Me corro!” sabía que lo decía para que me apartara pero no me quité, quería que terminara en mi boca. Saboree sus jugos hasta que no le quedo nada.

Pero aun no había terminado, yo quería su pene dentro de mí y creo que él pensó lo mismo porque me quito la mini que tenía y empezó a tocarme el clítoris muy despacito… mmm como me gustaba, no pude evitar soltar un gran gemido cuando noté que su dedo se introducía muy despacio en mi coño… “mmm si que estás mojadita” no aguanté más “fóllame!” le pedí casi a gritos… me metió su polla hasta el fondo y empezó a follarme de la forma más agresiva que me habían follado nunca… como me gustaba! “date la vuelta” me dijo y me puso a cuatro patas. Note como se metía aun más dentro, “como me pones rubia… me encanta tu culo” me decía, “así así… no pares de follarme” le dije y empezó a darme más fuerte, de vez en cuando me daba un azote, me estaba poniendo muchísimo, como me gustaba. De repente note como se ponía más dura “me corro dioos me voy a correr dentro”, “dámela toda” le dije yo y note como descargaba todo su semen en mi coñito más que mojado. Nunca me habían follado así. Ese día lo hicimos 2 veces más.

Espero que os haya gustado, otro día os contare como ese chico me desvirgo el culo.

Tambien a las buenas alumnas

Jueves, septiembre 30th, 2010
Muchas cosas  nos ocurren a nosotras las jovenes que nunca le contamos a nuestros padres,   les cuento cuando estaba en el colegio a los15 años , era buena en matematicas con una amiga que era bien jugadora, aqui le llamamos jugadora a las chicas que le gusta salir con diferentes chicos y algo mas , tu me entiendes, bueno a fin de año nuestras notas eran buenas, y ella me conto que dos profesores la habian invitado a celebrar el termino de clases y que le habian dicho que le pasara la voz a unaa amiga, acepte porque no le debiamos nada a ellos pues las dos teniamos buenas notas,y ademas porque los profes eran churros, tenian carro y eran jovenes como de 30años, les dijimos que para ir a una discoteca, aceptaron , uno nos recogio en su carro pero nos dijo que antes de ir a la disco pasaramos a su departamento a recoger al otro profe y sacar plata, al subir a su departamento nos invitaron un trago para ir entonados, era como una limonada con bastante hielo, me dijeron que era vodka absolut, la verdad yo siempre habia tomado solo cerveza y no me gustaba porlo amarga, en cambio este trago parecia recontra suave y era tan refrescante que le pedi otro quenos tomamos al hilo, sin darnos cuenta estabamos por nuestro tercer trago y mareadas, comenzammos abailar, pusieron todo amedia luz,el trago  el cuerpo del profe y la pieza que sentia debajo de la cintura me exitaron comenzamos a besarnos salvajemente, sus manos pasaron rapidamente debajo de la minifal da y la verdad que la tanguita negra que tenia no le dio mucho trabajo, nos tiramos al sofa y me puso piernas al hombro y comenzo a introducirme su pene centimetro a centimetro , si en mi voluntad queria resistirme, la verdad es que no tenia fuerzas para nada estaba muy mareada y la verdad es que me estaba gustando la cosa, la verdad es que no me acuerdo de mucho, pero creo que paso de todo, incluso creo que estuve con mis dos profes, a eso de las once de lanoche nos despertaron y nos dejaron cerca a nuestras casas, alli aprendi a respetar el vodka y los tragos “suaves”,

esto le puede ocurrir a cualquier mujer, incluso a tus hijas que tienen 15 o 20, uno planea algo sano como ir a unadisco y termina en otra cosa, generalmente por gente madura como tu ,

Duchas Mixtas

Miércoles, septiembre 29th, 2010

El corazón me palpita con fuerza, como siempre que vengo a este lugar. Creo estarme volviendo adicta, aunque la calentura puede más que yo. Es que este sitio es lo más morboso que he presenciado.

Me quito la pollera delante de varios hombres. Soy la única mujer en los vestidores, por lo mismo tengo que aguantarme. Supero mi temor y logro quitarme mi bombachita. Los tipos están sentados, mirándome descaradamente, recorriendo mi cuerpo con los ojos. Esto es lo malo de ser joven; siempre llamas la atención. Pero para esto vine, y estoy feliz. Me agrada que me vean desnuda.

Siempre había soñado con estar en un lugar como este, y hasta ahora puedo hacerlo. Por eso me siento tan nerviosa. Ya he estado aquí dos veces antes, pero el miedo no se me quita. Por fuera, el local es como cualquiera; discreto, limpio y pintado de color azul. Por dentro es otro mundo. No tengo idea a quién se le ocurrió un negocio como este, pero es lo más morboso y caliente del mundo. Dentro de una enorme galera hay colocadas muchas regaderas, sin muros ni cortinas que las dividan. Hombres y mujeres se bañan juntos, con nada de ropa, y esto es lo que hace al espectáculo llamativo.

La primer regla es que no permiten menores de edad, siempre hay gente aquí, a todas horas, es un éxito. El lugar tiene varios pisos y diferentes tipos de baños; turcos, vapores, regaderas, una alberca, no sé, no conozco todo por completo. Cierro mi casillero y salgo rumbo a las regaderas. Esto no es como una playa nudista, nada que ver, no prenden tanto como estos baños. Ver cuerpos mojados, enjabonados, desnudos, sudorosos, es la imagen perfecta del cielo vouyerista. La gente viene aquí a ser observada y a mirar. Nada esconde los cuerpos de las miradas intrusas. Yo vengo porque me gusta que me vean desnuda. Tengo un bonito cuerpo, y eso de que solo lo vea mi novio pues no va conmigo. Me gusta compartirlo, alegrarle el día a algún señor, regalarle un bello panorama.

Camino por el pasillo luciendo orgullosa mi par de tetas que se balancean de un lado a otro, retadoras. De inmediato veo la espalda de dos chicas que caminan cuidadosamente, tomadas de la mano. Son jóvenes, igual que yo, y seguramente es la primera vez que están aquí, por su actitud. Aún no me han visto, pero yo disfruto el espectáculo: dos pares de nalgas bien formadas, temblando de excitación al enfrentarse a lo desconocido. Me encanta esa mezcla de ingenuidad y temor que proyectan. Llego por detrás de una de ellas, que respinga al sentirme.
-No tengan miedo-, les digo. Voltean, y lo primero que hacen es mirar mi cuerpo. De inmediato se sonrojan. Estoy acostumbrada a esto. Siempre he tenido el mejor cuerpo de entre todas mis amigas.

-Ustedes pasen y disfruten del espectáculo. No hagan caso de los patanes. Recuerden que hay mucha seguridad aquí, y que no va a pasar nada que ustedes no quieran que pase. No me responden, tal vez por miedo, tal vez por precaución, y de inmediato se van. Sé que más adelante me las voy a volver a encontrar.

Llego a las regaderas y mi corazón palpita como un tambor, parece que tengo taquicardia, pero solo son los nervios. El vapor lo nubla todo, y de inmediato cubre mi cuerpo con gotitas de agua. Todo el ambiente es fresco, agradable para bañarse. Sigo hasta mi lugar de costumbre, al centro, para que todos tengan oportunidad de verme. Además que el panorama desde ese sitio es el mejor. Al llegar noto que a mi derecha hay dos hombres de color, bastante altos, como de un metro con ochenta centímetros.

Ambos tienen pollas enormes, a pesar de tenerlas flácidas. En medio de ellos hay una jovencita de unos 18 ó 19 años, no más. Tiene un cuerpo bonito. Leva el pubis completamente depilado. Mide cerca de un metro con cincuenta centímetros, así que en verdad se ve pequeña al lado de esos dos negrazos. Es rubia y delgada, con apariencia frágil. También se ve temerosa. Yo lo estaría. Se bañan dirigiéndose miradas indiscretas. Los ojos de ella van de un lado a otro, de una polla a la otra. No puede apartar sus ojos de esos penes morcillosos. Supongo que nunca ha de haber tenido uno de esos dentro, aunque creo que despus de hoy eso va a cambiar. Lo apuesto. Se enjabona con fuerza la vagina, aunque yo sé que está tratando de calmar su lujuria.
Ellos no se quedan atrás, pues al estar lavándose sus respectivas pollas comienzan a ponerse erectas. Mi corazón brinca de nuevo. En verdad me pone estar mirándolos. Tienen dos buenas trancas. La chica comienza a temblar de excitación. Ellos le sonríen y agarran sus penes, mostrándoselos, la invitan a que los toque. Ella no sabe qué hacer. En verdad me gusta su cuerpo, sus piernas carnosas, su breve cintura, ese par de tetas coronadas con unos pezones color rosa. Pero lo más hermoso es su apariencia casi infantil, con el cabello pegado al rostro por la humedad. Sonríe tímidamente. Entonces la veo dar un paso hacía el negro de su izquierda, metiéndose bajo el mismo chorro de agua de su regadera. Lleva ambas manos juntas, sobre el pecho, como si tuviera frío.

El hombre la recibe con amabilidad y decide no tocarla. Después de unos segundos bajo el agua ella pega su cuerpo al de él, muy cerca, entregándose. No logro ver su rostro, pero sé que está luchando por no sentirse apenada. Entonces el hombre la rodea con uno de sus brazos, cariñosamente, pero con firmeza. Es cuando el otro negro, ya con el pene erecto, se acerca por detrás a ella, que solo voltea a mirarlo con ojos de aprobación. Eso es lo que ella estaba buscando, ahora ya lo tiene. Sé que el asunto se va a poner muy bien cuando ambos empiezan a tocarla, uno acariciándole la vagina y el otro las tetas. Mientras ella toma el pene de ambos y empieza a recorrerlos de arriba abajo, poniéndolos duros, dejándose besar por los dos hombres que la rodean.

Esa es la magia de este lugar. Me doy media vuelta, no pienso seguir mirando, no quiero que se ponga incómoda y arruinarle el momento. Así que decido caminar hacia otras partes, ya que no conozco el establecimiento en su totalidad. Mientras camino un viejo gordo y calvo me dice: “¡mamita, estás como quieres!” agarrando con malicia una de mis nalgas. Lo único que hago es voltearme y sacarle la lengua, sin detenerme. Los hombres de ese tipo no me gustan. Al pasar por el dintel de una de las tantas puertas, entro a un cuarto de Baño Turco, de esos que no producen vapor, lleno de hombres, unos diez calculo yo.

Todos, que segundos antes estaban platicando, se quedan callados al verme. Si yo fuera alguno de ellos también lo hubiera hecho al verme. No hay hombre que se resista a mi cintura tan pequeña y a mi vientre plano coronado con un piercing en el ombligo. Me siento orgullosa de causar ese efecto en los hombres. Cuando para mi mala suerte se me cae del dedo un anillo de oro que me había dado mi madre el día que cumplí quince años. Nadie se da cuenta porque el ruido de las regaderas es demasiado fuerte, ahogando el sonido de mi anillo al chocar contra el suelo. Yo me doy cuenta porque lo siento resbalar de mi dedo. Y lo veo rodar debajo de unas bancas que están amontonadas en una orilla de la habitación. Entonces me agacho para intentar recuperarlo. Pongo ambas rodillas en el piso y me inclino hacia delante, recargándome en mis antebrazos, metiendo mi cabeza debajo de las bancas.
Todo está muy oscuro. De pronto me acuerdo que estoy desnuda, y que detrás de mí hay diez hombres igualmente sin ropa, seguramente mirándome las nalgas que, por la posición en que me encuentro, han de estar abiertas de par en par, permitiéndoles ver no solo mi chocho afeitado, sino también mi pequeño recto. Y yo aquí, indefensa, tentando a ciegas en la oscuridad intentando recuperar mi anillo, dándoles un espectáculo a todos ellos que difícilmente olvidarán, ya que me estoy tardando en encontrarlo, y cuando más intento meterme bajo las bancas, más abro mis nalgas, enseñándoles lo mejor de mi intimidad.

Siento sus pares de ojos fijos en mi trasero, clavados, intentando meterse en mí. Y lo único que puedo hacer es enseñarles más. De pronto siento el anillo bajo mi mano, lo agarro rápidamente y me pongo de pie de un brinco. Entonces los hombres, que segundo antes habían estado en silencio, explotan en chiflidos y aplausos. Todos tienen la polla a punto de reventar. Estaba segura que les había gustado lo que les enseñé. Así que solo atino a hacer una reverencia, agradeciendo como lo hacen los artistas sobre el escenario. Luego doy media vuelta y abandono la habitación, regalándoles por última vez el espectáculo de mi redondo y carnoso trasero. Sigo caminando y entro donde, al parecer, hay puras mujeres; todas desnudas igual que yo.

No sé que pasa el día de hoy en este sitio, pero parece que la gente ha decidido separarse por sexos. Así no es nada divertido estar aquí. Algunas llevan el chocho peludo, otras no tanto. La mayoría de ellas son jóvenes, tal vez un poco más grandes que yo, y actúan como si ya se conocieran de antes, igual que compañeras de colegio. Seguramente sí lo son.

-Una vez, por accidente, le vi la polla a José, el capitán del equipo –decía una de ellas, emocionada, mientras las otras la escuchaban atentas.
-¿Y es grande? ¡Cuéntanos! -La verdad no pude ver si era grande, la llevaba flácida. Pero lo que sí noté es que la tiene muy gorda. Parecía una pequeña trompa de elefante.

-¡Que rico! ¡Papacito! –dijeron todas casi al mismo tiempo. Mirándolas detenidamente, las mujeres parecen miembros del equipo de animadoras. Sus cuerpos son delgados y musculosamente femeninos. Algunas, aunque llevan el chocho peludo, lo tienen perfectamente recortado en triangulo. ¡Cuánto darían muchos por estar viendo lo que tengo delante de mis ojos! Pero nadie se anima. Lo único que se necesita es atravesar aquella puerta y ya están dentro, disfrutando del paisaje. Mirando todas esas nalgas de porristas, con sus tetas grandes y firmes, hablando de pollas, con la vagina húmeda, reafirmo que los hombres son unos idiotas ¿Por qué no hay ninguno por aquí, disfrutando de esto?

-Deberíamos invitarlo a venir a las regaderas mixtas, de esa manera saldríamos de dudas. ¿O creen que no le gustaría estar en medio de todas nosotras? Si le enseñamos nuestros culos, seguro se le para. A menos que fuera maricón. Todas echaron a reír. A mí eso de ver mujeres sin ropa me aburre, así que voy a seguir caminando, seguro encuentro algo más interesante.

Ya empiezo a sentir el chocho un poco pegajoso. Esto es normal cuando hay tanto vapor en el ambiente. Lo bueno es que lo llevo depilado, porque si no me sentiría bastante incómoda. Una vez una amiga me dijo que eso de llevarlo sin un solo pelo es para las niñas pequeñas, que yo ya estaba algo grandecita para eso. Yo le respondí que de esta manera no me lleno de malos olores, y que cuando voy a alguna playa nudista puedo presumir con libertad el piercing que llevo en el clítoris. No soy nada egoísta con mi cuerpo. Ella no estuvo de acuerdo, pero eso no me importa. Más adelante me topo con un grupo de cuatro personas, dos hombres y dos mujeres, ¡por fin un poco de normalidad! Antes de avanzar me fijo muy bien en ellos. Las chicas platican con ellos, cómodas a pesar de estar desnudas. No son delgadas, pero tampoco gordas. Más bien se podría decir que están carnosas, como les gustan a ellos. Una es más joven que la otra, por varios años. Igual pasa con los hombres.
La mujer más joven se parece a la mayor, como si tuvieran algún parentesco. Debo reconocer que ambas son atractivas y tienen lo suyo muy bien puesto. Los hombres tampoco se quedan atrás; ambos son bastante guapos y tienen cuerpos bien formados, llevan el cabello corto y entre las piernas les cuelga un buen trozo de polla. Las mujeres los miran con diversión y complicidad, todos parecen estarse divirtiendo. Cualquiera diría que son familia.

-La verdad… la de mi papá es la más grande de todas. He visto la de los señores que también andan por aquí, y ninguna se le parece. La de él es gorda y muy bonita. -Ay hija, en lo que te andas fijando-, la reprendió la señora.

Ambas mujeres, madre e hija, llevan el chocho depilado. Parece que eso está de moda entre la mayoría de las chicas que frecuentan este lugar. Ambas se ven muy lindas. Además, tienen unas piernas carnosas y firmes que las hacen lucir muy apetitosas.

-Pero la de tu hermano tampoco se queda atrás, él también tiene lo suyo-, dijo la mujer.
-Es cierto, pero prefiero la de mi papi- replicó la jovencita, acercándose de inmediato al señor, abrazándolo, rozándole con la piel el pedazo de polla colgante, parándose de puntas para poder rodearlo por el cuello. El señor se limitó a darle una ligera nalgada en el trasero, haciendo que temblara ese impresionante par de nalgas de su hija.

-Yo también te quiero muñequita- dijo el hombre. A mí me gustaría llevarme así de bien con mi familia, tener tanta confianza en el ámbito de lo sexual, poder salir juntos y venir a un lugar como este, compartir nuestra intimidad. Pero creo que no se puede tener todo en la vida. Mientras tanto, la señora se limitaba a mirar cómo el señor, su marido, abrazaba a su hija, disfrutando del potente chorro de agua que escapaba de la regadera para bañarle todo el cuerpo. Por su parte, el jovencito tenía puesta su mirada en mí. Yo lo noté, pero me hacía la tonta, acercándome poco a poco a ellos, intentando escuchar un poco más de sus palabras, disfrutar de su compañía, aunque fuera solo un rato.

-¡Mira mamá, la polla de mi hermano se está poniendo grande!

Yo de inmediato giré el rostro, disimuladamente. ¡Vaya si el chico tenía una buena tranca! De inmediato supe que estaba así por mí. La señora, en un afán de esconder la erección de su hijo, se acercó a él con una esponja de baño en la mano y se la tapó, simulando estar lavándosela. A decir verdad, más parecía que le estaba haciendo una paja que cubriéndolo. Lo cierto es que los dos lo estaban disfrutando.

-¡Ay mamá, no seas aprovechada!- dijo la jovencita sin apartar la vista de la polla de su hermano. -¿Por qué tú sí puedes agarrarle la polla a mi hermano y yo no puedo agarrar la de mi papá? -Si quieres, hazlo- le contestó la señora en forma despreocupada. De inmediato la jovencita se puso de espaldas a su padre, para no apartar la vista de su hermano, y con la mano derecha comenzó a acariciar la carnosa y morcillona polla del señor. A pesar de que ese pene estaba flácido, era bastante impresionante ver cómo se balanceaba de un lado a otro, y mucho más impactante ver cómo casi no le cabía en la mano a esa jovencita tan hermosa.

-¿Te gusta?- le preguntó el señor a su hija. Ella asintió con la cabeza. –Espero que algún día te consigas a un novio que la tenga igual de grande, para que a la princesita de papá la tengan siempre llena de polla. Es lo que se merece una niña tan bonita y con un culo tan redondo como el tuyo.
-Gracias papi, por eso te quiero. Solo que no creo que algo de este tamaño entre en un agujerito tan pequeño como el mío. Mi mamá es una campeona por poder comérselo completo. La jovencita apenas le llega al pecho a su padre. Él es alto, bastante fuerte, y ella de figura delicada, una muñeca. La imagen de ambos juntos, desnudos, es bastante cachonda.
-Mamá es muy afortunada al poder acostarse todas las noches después de haber cenado una tranca como la tuya, papi- dijo ella sin dejar de acariciarle la polla, que poco a poco iba despertando. Yo ya no podía disimular mirarlos, ahora los veía de frente, a los cuatro, con absoluto descaro. Estoy muy interesada en ver toda la extensión que puede alcanzar esa polla anormalmente grande. Ya poco me importa lo que ellos me puedan decir. En unos segundos estuvo totalmente parada, yo no lo podía creer. ¡Era tan grande como el brazo de un bebé! No pude evitar un sonido de admiración. De inmediato el señor se fijó en mí. Primero se asustó ya que no me había notado antes, pero después de verme de arriba abajo, me sonrió con mirada lujuriosa. Yo me sonrojé de inmediato. Con cada segundo que pasaba yo más quería tener en mis manos eso que le estaba creciendo entre las piernas. La jovencita estaba demasiado entretenida jugando con la polla como para darse cuenta de lo caliente que estoy.

-¿Te gusta?- escuché decir a una voz muy cerca de mi oído. Era la esposa del señor que, al darse cuenta de mi interés, se había acercado a mí. –Si quieres, puedes tocarla. Es totalmente real. Yo me encontraba completamente desconcertada con la invitación. Aunque al parecer el señor sabía exactamente lo que la señora me acababa de decir, ya que me sonreía de manera amistosa, invitándome a caminar hacia él. Claro que no por eso dejaba de acariciar el redondo culo de su hija.

Sentí como la mano de la señora me empujaba suavemente hacia delante. No pude evitar avanzar con paso trémulo. Me sentía como una intrusa en medio de esta familia. Lo único que me hacía sentir mejor es que todos andábamos igualmente desnudos, ocultos ligeramente por una delgada capa de vapor.

-No tengas miedo nenita. No te va a pasar nada- me decía el señor. El hombre ha de tener más de cuarenta años, luce bastante maduro. Se conserva en excelente forma. Es alto y tiene el pecho lleno de vellos, igual que los hombres que a mí me gustan. Cuando me encuentro a su alcance me toma de la mano con firmeza y de inmediato me hace sentir segura. Yo no pude evitar pegar mi cuerpo al suyo, abrazarlo con temor.

-¿Quieres tocarlo?- me pregunta el señor sacudiéndose la polla con una mano, delante de mí. Yo digo que sí con la cabeza. Confieso que he visto muchas pollas en mi vida; algunas más grandes que otras. La más grande que había visto hasta ahora era la de mi novio, que es del tamaño de mis dos puños colocados uno encima del otro, y aún así se asoma su cabeza por encima de ellos. Pero esta, la del señor, es en verdad enorme. Son como tres puños y medio, y tan gorda que apenas puedo tocarme la punta de los dedos al rodearla con ellos. Es increíble lo mojada que me he puesto con solo tocarla.

-¡Es monstruosa!- digo entre sollozos.
-…Pero te va a gustar- dice la señora con una sonrisa en la boca.
-¡Papi, yo estaba jugando con ella!- dijo su hija con tono molesto.
-Tú me tienes todos los días, muñeca. Deja que ella también se divierta un poco. Recuerda que no debes ser envidiosa.

A mí ya nada me importaba. Solo quería seguir estrujando aquel enorme pedazo de carne morena; recorrerlo con mis manos, sentir su firmeza, no soltarlo nunca. Casi sin darme cuenta comencé a apretar mis piernas. Sentía mi culito fruncirse ante la incertidumbre y mi chocho mojarse como nunca antes. Me estoy poniendo tan caliente que creo voy a perder el control.

-¿Cuántos años tienes, nenita?- me preguntó el señor.

-Veinticuatro.

-¿Y ya habías visto una así de grande? Supuse que no. Disfrútalo todo lo posible- Me dijo mientras comenzaba a acariciarme las nalgas. Sus manos son tan grandes que con una sola de ellas me puede agarrar una nalga por completo. Sus dedos son tan grandes y gordos que me estremezco al pensar que pudiera introducir alguno en mi culito.
-Hoy es el cumpleaños de mi esposo, nenita- dijo la señora. –Lo hemos traído aquí para tratar de darle un regalo muy especial. Creo que nos estamos acercando a eso que buscábamos. ¿Tú qué crees?

-Yo… ¿Puedo chuparla? -Claro.

-Yo también quiero chuparla mamá- dijo la chica dando unos brinquitos.
-Está bien… las dos pueden hacerlo- dijo la señora. Entonces, como becerros, nos pusimos a mamar esa tremenda polla. Es tan grande, que si la señora hubiera querido unirse a nosotras para chuparla, no nos hubiera estorbado.

-¡Mira mujer, tengo a dos lindas jovencitas chupándome la tranca! ¿No te da celos? -Claro que no. ¡Feliz cumpleaños! Mientras, el jovencito andaba feliz mirándome el culo. Como yo me encontraba inclinada hacia delante, era fácil para él vérmelo todo. Cuando me percaté de esto, hasta abrí un poco más las piernas, para que pudiera disfrutar mejor de la vista que le proporcionaba con mis dos agujeritos.

Después, mientras tenía la tremenda tranca del señor entre mis labios, y me daban ganas de morderla, de comérmela completa, me di cuenta que la muchachita a mi lado estaba sintiendo lo mismo. Mirándola un poco mejor, yo creo que ha de tener apenas unos dieciocho años. La envidio; tan joven y ya tiene entre las manos un espécimen de polla como pocos en el mundo. Aunque para ser sinceros, yo tengo mejor cuerpo. Seguía con el pene entre los labios cuando el señor me rozó el culo con uno de sus dedos. Sabía que no se iba a quedar con las ganas de acariciármelo. Entonces me preguntó:

-¿Quieres sentirla adentro?-, refiriéndose a su polla.
Yo, sinceramente, me sorprendí.

-¿Y su familia? ¿No le importa que nos vean?
-Al contrario. A mi esposa le gusta mirar mientras me follo a jovencitas como tú. En cuanto a mis hijos, es tiempo de que empiecen a conocer sobre los placeres del amor ¿y qué mejor manera que viendo a su padre en acción? La idea de ser atravesada por ese enorme trozo de carne, en presencia de público, me excitaba. Ya les he dicho que soy fanática de exhibirme. Así que solo tomé su tranca entre mis manos y, alzándome sobre la punta de mis pies, me introduje la gorda cabeza de su polla en la vagina.

-¡Mira mamá! ¡Eso no puede ser! ¿Vas a permitir que papá se folle a otra mujer? La señora se limitó a tomar la mano de su hija y decirle que se callara con un gesto. Ella no despegaba sus ojos de mí. En cuanto al hijo; había comenzado a cascársela delante de todos, con descaro. El señor me tomó de la cadera y me levantó, introduciendo un poco más su polla. ¡Vaya si la sentía enorme! -No intentes metértela toda, niña. Es casi imposible la primera vez. A mí me llevó varios meses lograrlo-. Me dijo la señora. Voy a tratar de seguir su consejo.

El señor comenzó a balancearse de atrás hacia delante, entrando y saliendo de mi pequeño chocho, con delicadeza. Rápidamente supe que estaba en presencia de un experto que sabe cómo follarse a una mujer. Yo me sentía en las nubes. Que te la metan es muy lindo; pero que te miren cuando te lo están haciendo es mucho mejor.

-Ya tienes un pedazo así de grande adentro-, me dijo la jovencita bastante sorprendida. Lentamente comencé a tomar confianza y a moverme con más ritmo. Parecía que mi cadera era una batidora y mi chocho un aparato para exprimir polla.
-¡Mira cómo me está haciendo, mujer! -Vaya que esta muchachita se sabe mover.

Aunque no podía verlo, sabía que no me estaba entrando completa su polla; mis nalgas aún no llegaban a chocar contra su estómago, a pesar de que yo ya la tenía hasta el fondo de mí. Claro que, sin importar esto, los dos estábamos disfrutándolo mucho. La hija del señor ya hasta se había sentado en el suelo para mirar mejor cómo me penetraban.

-Enséñale papi. Enséñale cómo se debe follar a una zorra como ella. El jovencito no decía nada, aunque cada vez se la cascaba con más fuerza. Era evidente que él también se la estaba pasando bomba.

Estuvimos así un rato, en medio de las regaderas que soltaban agua caliente, observados por la mirada atenta de nuestro público, hasta que el señor dijo: -Quiero correrme en tu boca. Que te comas toda mi lechita. Yo le dije que sí con la cabeza. Estaba tan caliente, gozando tanto, que ya me había corrido varias veces. Tal vez esta follada no sea nada fuera de lo extraordinario, pero lo morboso de estarlo haciendo delante de la familia de un hombre que apenas conozco me tiene a punto de ebullición. Esta situación es el sueño de todo buen exhibicionista. Después de otros minutos el señor sacó su polla de dentro de mí e hizo que me arrodillara delante de él, acercándome su tranca a la boca. Rápidamente la jovencita se acercó a nosotros y puso su rostro junto al mío.
-Yo también quiero, papá-, dijo sacando la lengua, preparándose a recibirlo.
-Está bien, muñequita. La señora también se acercó a nosotros, solo que ella agarró la polla de su marido y comenzó a meneársela, ayudándole para terminar encima de nosotras. El señor estaba que no cabía dentro de sí por tanto placer. Entonces el jovencito se acercó también a nosotros, con la polla entre sus manos, dispuesto a también descargarse sobre nosotras. No tengo ni que decir que él fue el primero en correrse. Lo hizo soltando un chorro caliente que pegó directo en mi boca, con tanta fuerza que casi me atraganto. Y desde luego que no perdió la oportunidad de echarle un poco al rostro de su hermana. Después se corrió el señor siguiendo la misma rutina.

Cuando ellos terminaron, la jovencita se llevó la polla de su padre a la boca, succionándola, para tratar de sacarle un poco más de su lechita. Yo hice lo mismo con la polla del muchacho que, a decir por su rostro, me lo estaba agradeciendo mucho.

-Feliz cumpleaños, papá-, dijo la señora mientras le daba un tremendo beso en la boca. Yo quiero tener una familia igual cuando me case, se ve que son todos muy felices.

-Muchas gracias mujer. Eres la mejor de todas-, le contestó mientras le apretaba sus nalgas. Después de que nos bañamos todos juntos y nos divertimos un rato bromeando me despedí de ellos. Yo ya tenía lo que vine a buscar así que dirigí mis pasos hacia los vestidores. Ya en ese lugar, mientras me vestía, volví a toparme con las dos chicas miedosas que vi al llegar. Ya bajo la luz de las lámparas y sin tanto vapor en el ambiente me percaté que ambas no debían pasar de los diecinueve.
-¿Cómo les fue?- pregunté de la manera más amable que pude.
-¡Sensacional!

-¡Este sitio es increíble! ¡Hubieras visto cómo nos follaron todos esos hombres! Yo hasta perdí la cuenta de cuantas pollas me metieron en el chocho. Sin pensar mucho, supe que se est

aban refiriendo a los señores del Baño Turco, a los que dejé calientes al enseñarles mi culo. Me sentí orgullosa de mis alcances exhibicionistas.

-Es más… pensamos regresar la próxima semana.
-Que bien. Espero que nos volvamos a ver- les dije.

Me puse mis pantalones blancos apretados, un top color rosa, mis sandalias y me despedí de ellas dándoles dos besos en el cachete. Al salir del establecimiento me doy cuenta de algo: siempre es gratificante venir a pasar una tarde a las Duchas Mixtas.

Me llamo Ana García

Miércoles, septiembre 29th, 2010

Me llamo Ana García, y ya relaté un resumen de algunas de las experiencias sexuales que más me han impactado y que de alguna forma han marcado mi vida. De todas ellas, quizá la que recuerdo con más morbo fue la época en que con 19 añitos me convertí en la secretaria complaciente que se sometía a todos los deseos de mi jefe. Desde aquella mañana en que provoqué la líbido de mi jefe haciendo que me tumbase sobre la mesa y tomara posesión de mi coñito afeitado, para luego recibir sus jugos en mi cálido culito, creció en mí la fantasía de convertirme en su objeto privado de placer. Y a medida que pasaban los días y él disponía más libremente de mi cuerpo, me mostraba más entusiasmada en mi sometimiento a su voluntad, hasta que le confesé que me encantaría ser su perrita particular, su chochito siempre dispuesto y su dieciocho añera obediente y cariñosa. Creo que era una fantasía que siempre había deseado realizar, y que fue creciendo en mi hasta convencerme de que quería experimentarla con mi propio jefe, 10 años mayor que yo. Como que gran parte del día trabajábamos solos en la oficina, nos bastaba con cerrar las persianas para que nos envolviera la más absoluta intimidad. Mi mesa se encontraba junto a su despacho, y sólo una puerta nos separaba. Desde la primera vez en que me tomó, me hacía ponerme vestidos de punto, ceñidos, muy escotados y casi transparentes, tan cortitos que apenas me tapaban el tanga, única prenda que se me permitía vestir debajo, y que debía quitarme al entrar en la oficina. No tuve problema para que me comprara varios de diferentes colores y talles, con la condición de que realzaran la fresca lozanía de as carnes que guardaban debajo. También me hizo comprar varios pares de zapatos de tacón muy altos que realzaban mis largas piernas y me daban la imagen de sofisticación complementaria.
Mi aventura sexual diaria empezaba ya en el taxi que tomaba de viaje a la oficina. No es que viviera muy lejos del trabajo, pero siempre he sido muy perezosa al levantarme, y aunque no andaba sobrada de dinero, el taxi era ese pequeño lujo que debía permitirme. La brevedad de mi vestido difícilmente podía esconder la lozanía de mis muslos, la rotundidad de mis pechos desprovistos de sujetador, perfectamente adivinables bajo la fina tela, y la erección de mis pezones cuando entraba en contacto con el aire acondicionado del taxi. Debía además cruzar perfectamente mis piernas, o poco podría hacer el tanga para ocultar mi feminidad de la mirada lasciva del conductor. Los taxistas prestaban más atención al retrovisor que al tráfico, mirándome descaradamente hasta casi sofocarme, y en varias ocasiones estuve apunto de tener un accidente. Y es que así vestida y tan maquillada, la verdad es que más parecía una golfa de lujo que fuera a la cita con un cliente, que una tierna jovencita dirigiéndose al trabajo diario. Cada mañana, al llegar a la oficina, debía entrar en su despacho, colocarme frente a su mesa y mostrarle mi cuerpo, tras lo cual me quitaba el breve tanga que cubría mi coñito, lo dejaba sobre su mesa, y le ofrecía mi pubis perfectamente afeitado. Si me lo ordenaba, me levantaba el vestido por detrás y le mostraba mi culito respingón, de carnes apretadas al que tanto le gustaba dar palmaditas cariñosas. O debía sacar mis tetitas por el amplio escote y ofrecer mis rosados pezones a sus labios golosos. Una vez cumplido el ritual, podía volver a mi mesa, sentarme, poner en marcha el ordenador, y empezar con mi trabajo diario.
A menudo, me llamaba a su despacho para dictarme cartas. Para ello, ponía el bloc sobre su mesa, justo a su lado, me recostaba en ella doblando mi espalda y empezaba a tomar nota de su dictado mientras él por detrás aventuraba sus manos bajo el vestido y empezaba a recorrer mis nalgas y muslos, adentrándose cada vez más en mi entrepierna, metiendo sus dedos y notando como me iba empapando rápidamente por la excitación. Un par de palmaditas entre los muslos era la indicación de que debía separar un poquito las piernas para facilitar su libre acceso a mis encantos. A medida que me magreaba me costaba más concentrarme en las notas y mi letra se iba deformando hasta casi parecer ilegible. Pero no se me permitía separarme del trabajo para gozar, ya que mis obligaciones eran las de una secretaria y una esclava sexual, y debía compaginarlas. A medida que se animaba, aumentaba el ritmo de penetración y metía dos o tres dedos en mi ofrecido coñito, para luego usar mis propios jugos como lubricante anal, pasando entonces a mi coñito trasero. Desde siempre he gozado tanto por detrás como por delante, quizá por que la estrechez de mi ano me permite sentir con más intensidad que mi ya dilatada vagina.
Me tenía así un buen rato hasta que adivinaba que mi orgasmo se acercaba, para entonces parar de golpe y dejarme completamente encendida y desesperada, sofocada y necesitada de una buena corrida. Esa era la peor de las torturas, ya que me quedaba con un calentón que me corroía por dentro y no podía saciar. De esta forma sabía que me tendría constantemente cachonda y dispuesta durante toda la jornada. Entonces me ordenaba volver a mi mesa a pasar la carta a limpio, con toda la raja chorreando y mi entrepierna húmeda y caliente por el deseo insatisfecho. Al principio, intenté consolarme tocándome el coño, y así lograba correrme como una loca, aunque en silencio para no ser descubierta. Pero creo que pronto lo notó, pues desde entonces no me permitió cerrar la puerta de su despacho al salir, pudiendo controlarme perfectamente desde su mesa.
Otra de sus diversiones era sentarme frente a él sobre su mesa, con el vestido subido hasta la cintura, las piernas abiertas y mi coño perfectamente ofrecido, obligándome a masturbarme pero prohibiéndome terminantemente correrme si no me lo indicaba. Mientras me observaba, aprovechaba para llamar a sus clientes y comentar con ellos los temas de inversiones que manejaba. En alguna ocasión me tenía así horas enteras, indicándome con gestos si debía acelerar el ritmo, meterme los dedos en el culo o en el coño, o si debía dejárselos chupar para catar mis jugos. Pasaba mucho tiempo al borde del orgasmo, pero cuidando de no llegar a él para no ser severamente castigada. Y si, entretanto sonaba el teléfono, debía responder sin dejar de acariciarme, intentando ahogar mis gemidos y mi entrecortada voz. Una vez fue su mujer la que llamó, y casi me corro de gusto al sentir la sensación de estar haciéndomelo delante de ella. En una ocasión, tuve que pedirle que me dejara salir para ir al baño a hacer pis, ya que con los largos tocamientos sentí la imperiosa necesidad de orinar. Cuál fue mi sorpresa cuando me dijo que si tenía que mear lo hiciera sobre su mesa, y que luego me haría limpiarlo. Así que tendida sobre la mesa, abierta completamente de piernas y mi vejiga a punto de estallar, acerqué mi culo al borde de la mesa, me solté y un gran chorro amarillo brotó de mi coño, formando un largo arco que caía sobre el suelo. Sentado a un lado, mi jefe me metía rítmicamente sus dedos en mi culo mientras gozaba al verme orinar. Me sentí tan ofrecida y sometida a su voluntad, tan esclava a sus deseos y tan vejada que no pude reprimir mi orgasmo y exploté salvajemente con un temblor salvaje que recorrió mi cuerpo. Lógicamente, mis temblores hicieron que el chorro se entrecortara, saliendo a trompicones, salpicando toda la oficina, mientras mi jefe los notara en sus dedos clavados en mis esfínter. Me sentí avergonzada por correrme, pero mi jefe fue indulgente por orgasmar sin su permiso, y sólo me castigó a limpiar todo lo que había ensuciado.
Desde aquel día se me prohibió ir al lavabo para nada, y cuando tenía una necesidad debía pedirle permiso, y a menudo me obligaba a esperar un buen rato hasta verme a punto de estallar. Entonces debía poner un orinal de cristal transparente sobre su mesa, subir a ella abierta de piernas y hacérmelo todo ante su atenta mirada. Si le venía en gana, me metía sus dedos en el culo mientras meaba, o me masturbaba el coño si me veía obligada a defecar, poniéndome de nuevo al borde del orgasmo. Estaba segura de que nadie que conociera a mi jefe podría haber pensado en las perversiones que practicaba, ya que parecía una persona de lo más normal, y ese secreto entre ambos aún enardecía más mis deseos de participar, y sentirme totalmente entregada, sometida y objeto total de sus caprichos. Imagino que alguien que no lo haya experimentado difícilmente comprenderá mis pensamientos, pero sentirme la perra complaciente de mi jefe me hacía creerme deseada, sensual y capaz de satisfacer y dar placer como nadie. Ahora me pongo mojada sólo de recordarlo. Yo fumaba poco, pero nunca se me habría ocurrido hacerlo en la oficina ya que a mi jefe le molestaba mucho que alguien lo hiciera en su presencia. Si por la mañana, antes de salir de casa, encendía un cigarrillo, tenía que asegurarme de enjuagar bien mi boca para que no notara el olor. Por eso me extrañó que un día, mientras me tenía recostada sobre su mesa, con el vestido subido y mi culito ofrecido, me ordenó alargar la mano hasta mi bolso y encender un cigarrillo. Lógicamente lo hice sin rechistar y mantuve en mis labios un Nobel mientras me separaba las nalgas, abría mi culo con sus dedos y dirigía su polla a mi agujero trasero para clavármela de un solo golpe sin previo aviso. Instintivamente, al sentirme de repente invadida di una tremenda calada que hizo que le humo llenara por completo mis pulmones a la vez que su pene ocupaba mi recto. Esto pareció satisfacerle sobremanera, de forma que tras unos segundos de mete-saca suave volvió a meterla hasta el fondo, obligándome de nuevo a aspirar profundamente el cigarrillo y llenar mis pulmones. Siguió con estos cambios de ritmo hasta que consumí por completo el cigarrillo, y soltó su semen caliente y pegajoso dentro de mi recto. Mi cara era de vicio total, y nunca he vuelto a disfrutar tanto un cigarrillo como cuando me tenía así. Ahora, con solo notar el gusto de un Nobel en mis labios, me entra un picor en el ojete que daría cualquier cosa por satisfacer. Otra de sus diversiones preferidas era la de obligarme a follarle subiéndome a horcajadas sobre su polla mientras él estaba cómodamente sentado en su butacón, y yo subía y bajaba rítmicamente, tragando completamente su pene con mi vagina a cada movimiento. Entonces, me hacía coger el teléfono y llamar a su mujer para darle cualquier mensaje. Cuando ella descolgaba debía esforzarme para disimular mi acelerada respiración, por lo que instintivamente reducía el ritmo de la follada. Él me obligaba a mantener una conversación lo más larga posible, y para excitarme aún más, trasladaba su pene sacándolo del coño y clavándolo en mi culo, emprendiendo una perforación salvaje para torturarme, pues sabía que debía aguantar sin correrme o sería descubierta al otro lado del teléfono. Si lo hacía bien me recompensaba dejándome llegar al orgasmo con su polla entre mis nalgas, permitiéndome incluso que me tocara el clítoris para aumentar la sensación de placer. En cambio, si creía que no había podido resistir suficiente tiempo, al colgar el teléfono me la sacaba y me obligaba a chupársela hasta correrse en mi garganta, tragando hasta la última gota de su semen. Me dejaba así tan caliente que salía de su despacho sofocada y en ascuas por volverla a sentir en mi coño o en mi culo, y poder dar rienda suelta a mi orgasmo. Con el tiempo conseguí un admirable control de mi cuerpo, pudiendo estar al teléfono un cuarto de hora mientras me hacía lo que le venía en gana, sin que su mujer notara la más leve señal en mi voz, y eso que hacerlo con ella al teléfono me ponía a mil. Cuando mi jefe había disfrutado de una noche de sexo con su mujer y no tenia ganas de penetrarme, se divertía con un juguetito que había comprado en un viaje a Londres, donde iba a menudo por negocios. Se trataba de un grueso consolador de látex transparente, blando y flexible, con el que le encantaba masturbarme. A veces, al pasar revista a mi cuerpo a primera hora, me hacía abrirme sobre su mesa y lo acercaba a mi vulva, restregándolo con fuerza por mis labios y mi clítoris, haciendo que mi coño se inundara de jugos, para inmediatamente penetrarme con él, invadiéndome hasta el fondo. Una vez bien empapado, me hacía darme la vuelta y, recostada sobre la mesa, me abría el esfínter y me lo introducía por detrás, poco a poco, notando cada centímetro en mi interior, como me dilataba el ano e iba tragando semejante instrumento. Como que era demasiado largo y grueso, siempre quedaban unos centímetros que sobresalían del culo. Cuando notaba que era imposible meterlo más adentro, me daba una nalgada, que era indicación de que podía volver a mi mesa con el consolador puesto, hasta que me invitara a sacarlo. Me excitaba la sensación de caminar notando mi recto suavemente invadido, con el consolador moviéndose a cada paso, pero el cenit de mi placer era cuando me sentaba y la presión del consolador en mi culo se hacía insoportable. Eso me tenía cachonda toda la mañana, hasta que me llamaba de nuevo a su despacho para retirarlo con cuidado y disfrutar del agujero redondo y oscuro en que se había convertido mi culito. Esta experiencia me sirvió para dilatar considerablemente mi culo, y permitirme luego tragar miembros realmente monstruosos, como los que gocé durante unas vacaciones en Kenya, en compañía de unos negros grandotes y bien dotados, que disfrutaron de lo lindo con una blanquita tan complaciente como yo. Y es que como decía una amiga mía, ‘no serás una mujer completa hasta que un negro te la meta’. Y si puede ser por el culo, aún mejor… Más adelante, mi jefe ideó otras atrevidas fantasías a las que someterme, que consiguieron enriquecer aún más mi vida sexual. Pero eso ya lo contaré en otra ocasión…

La hermana de mi amigo se hizo prostituta 2

Miércoles, septiembre 29th, 2010

El sonido proveniente de la máquina musical me aturdía con cumbias o temas tropicales, aunque el desfile de señoritas en paños menores, era un deleite visual. Una chica rubia, muy bonita se acercó a saludarme y me invitó a sentarme al mismo tiempo que le pedía una cerveza. En el momento que me acomodaba, observaba el lugar casi con desesperación y poco disimulo, buscando a Marisa, pero ni señales de ella. Tal vez me había equivocado con el lugar, o había sido todo una pesada broma.

Una de las chicas, al contemplar mis gestos, se acercó: – ¿Buscás a alguien bombón? -
Con la mirada perdida en la nada, y de forma bastante antipática le respondí: – Marisa, ¿está acá?
- Acá no hay ninguna Marisa bebé…

Tras un gesto que mostraba algo de alivio, pero al mismo tiempo bronca, decidí terminarme la cerveza y retirarme a mi confortable hogar. El ambiente realmente no era de mi agrado y el olor a vino barato mezclado con el andar de tipos desesperados, me ponía frenético.

Pero la vida, cómo dije al inicio, te brinda momentos y sensaciones indescriptibles. Un frío por la espina dorsal me paralizó al ver a Marisa entrando al cabaret, cubierta por un sobretodo negro y yéndose rápidamente al baño, sin mirar o prestar atención a alguien.

El corazón me latía a diez mil revoluciones por segundo, y una avalancha de imágenes y pensamientos se me vino a la cabeza. ¿Era realmente posible que Marisa, la chica que conocía hace años ejercía el oficio más viejo del mundo? ¿Por qué? ¡Si era linda, podía conseguir cualquier cosa! estaba dolido, decepcionado y demasiado enojado, pero al mismo tiempo, sentía un morbo especial, una sensación animal casi incontrolable que me brotaba de las entrañas. El sólo hecho de fantasear sobre ciertos asuntos sexuales con ella, provocó una inmediata erección.

Volví la vista y ahí estaba, saliendo del baño, pero ya sin el sobretodo. Simplemente, estaba con sus mechones cubriéndoles parte de los ojos, cómo siempre, aunque más maquillada de lo normal, y llevaba puesto un corpiño color blanco que levantaba bastante sus tetas (de por si no muy grandes) y una tanga con doble hilo color rosa. Visto esto, la erección era ya casi brutal, pero no podía animarme a encararla. ¿Qué pasaría con mi amigo? ¿A dónde irían a parar los años de amistad?

Todas mis preguntas quedaron respondidas por automático al momento que la vi acariciando y coqueteando con un cliente, que osadamente tocaba su cola y apretaba sus nalgas de manera poco sutil. Rápidamente, me dirigí hacia ella, pero no cómo un protector, no cómo un amigo, no cómo un hermano mayor. Me dirigí hacia ella cómo un cliente más.

En un movimiento bastante brusco, la apoyé desde atrás bien intensamente, para que sintiera cómo latía mi pene por debajo del pantalón y con una mano sujetándole suavemente el cuello y otra juguando con el piercing que tenía en el ombligo le dije al oído: – Así que realmente te convertiste en putita eh… -
Reconoció la voz al instante, y dándose vuelta en otro movimiento brusco, clavó su mirada en mis ojos, y con la respiración algo entrecortada, se acercó hasta mi oído y me dijo: “No… me convertí en tu putita” al mismo tiempo que apretaba mi bulto y posteriormente, me lamía la oreja.
¿Cuánto me sale? – pregunté bruscamente, cómo si jamás hubiera visto a Marisa.
$ 60 la media hora y $ 140 la hora bebu, ¿te va? -
Sí, quiero cojerte ya… -

Sin vacilar, le entregué el dinero, y luego que se volviera a poner el sobretodo, salimos del antro para apartarnos a unas habitaciones especialmente preparadas que había a la vuelta del cabaret. No hablamos durante todo el trayecto. Yo estaba cegado por la bronca y la calentura, y Marisa, parecía disfrutarlo. Eso me fastidiaba más, pero al mismo tiempo, me aceleraba.

Llegados a la habitación, no le di tiempo alguno a quitarse el sobretodo, puesto que la había vuelto a apoyar por atrás, mientras lamía de manera enfermiza su cuello y tanteaba su vagina por encima de la tanga. Estaba empapada. Lentamente, fui adentrándome hasta rozar sus labios superiores, mientras dos dedos la penetraban lentamente. Sus gemidos suaves y su perfume de hembra me llevaron a conocer una faceta animal que creía no conocer. Cuándo se dió vuelta, con los ojos entrecerrados para darme un beso, le corrí la cara.

¿Qué besos? sos una puta, chupame bien la pija, que tengo los huevos llenos de leche calentita -
En un comienzo, mi actitud parecía haberla sorprendido sobremanera, pero su mirada felina y sus rasgos faciales, terminaron mostrando otra cosa. Empezó a recorrer la comisura de sus labios con la lengua mientras se agachaba para desabrocharme la bragueta, sin hablar.

Bajado el boxer, mi pene asomó cómo un torpedo, con la cabeza roja. Empezó a hacerme caricias con la lengua en la punta del glande, y despacio, muy despacio y suavemente, empezó a meterla dentro de su boca. No usaba sus manos, solamente su boca, acompañando el movimiento con un ida y vuelta que fue intensificándose, puesto que yo empujaba a propósito. Quería cojerle la boca hasta acabar. Recorrió todo el trayecto de mi pene, hasta descender a los testículos, que sobó con una maestría excepcional, sorprendente para una chica de 18 años recién cumplidos.

La rabia y la calentura se habían apoderado completamente de mi, y no tuve la delicadeza de avisarle al menos cuándo iba a acabar. Descaradamente, esbocé un leve gemido mientras sentía cómo mi pene vibraba e iba descargando todo el semen en su rostro. El rostro angelical que alguna vez observé cómo el de una hermana, ahora estaba cubierto con mis jugos, y su boca, dulce y virginal, había sido violada por mi sexo.

Se quedó mirándome a los ojos, y luego de esgrimir una pequeña sonrisa, me mostró cómo se tragaba el semen de un sólo impulso. Eso me volvió a calentar. Puesto que mi miembro estaba determinado a seguir con la acción, agarré fuertemente a Marisa por sus cachetes, y la obligué a levantarse.

- No hables ni te quejés, puta de mierda…
La única respuesta que obtuve, fue una especie de gemido doloroso, pero al mismo tiempo, de goce. Le gustaba que la trataran mal, la excitaba que la traten cómo a una verdadera puta.

La arrastré hasta la cama y la hice poner en cuatro patas, mientras con una mano le bajaba la tanga y con la otra, daba fuertes nalgadas a sus cachetes. Sus pequeños gemidos se sentían cada vez más fuertes, aunque nunca tan fuertes cómo cuándo lentamente, fui insertando mi pene en su ano. Era bastante pequeño y estaba poco dilatado, por lo que tuve que escupir en varias ocasiones para lubricar la zona, pero finalmente, entró.

Sentía sus quejidos por el dolor, e incluso vislumbré alguna lágrima en sus ojos, pero sabía que la perra gozaba y estaba tan caliente cómo yo. De manera gradual, fui intensificando la penetración. Era un espacio muy ajustado, y mi pene se deslizaba fervorosamente. Entretanto, tanteaba con la yema de mis dedos su vagina, que estaba terriblemente caliente y húmeda.

¡Ay si, cojeme, cojeme más!!! – me decía.
¡Callate la boca! – y obedecía, hundiendo su cara en la almohada para que yo no escuchara sus gritos.

Cuando finalmente no soporté más, volví a acabarle encima, pero esta vez, en esa cola que tanto había sabido observar, pero siempre debajo de un pantalón o pollera de jean. La eyaculación reposaba en sus nalgas y caía por sus piernas, mientras yo me hacía para atrás, empapado en sudor y cansancio. Ella permaneció casi estática por unos segundos, tal vez por el dolor provocado por el sexo anal.

Finalmente, se incorporó, mientras se limpiaba con unos trozos de papel higiénico. Ambos seguíamos sin hablar, e inclusive, sin mirarnos. El clima era tenso. Era una situación de disfrute, pero particularmente incómoda dadas las circunstancias. Sin embargo, para mi se había desmoronado el esquema que tenía de ella, una chica dulce con integridad que había llegado a querer cómo a mi propia hermana. Ya no era lo mismo.

Disfrutaba de mi cigarrillo cuándo finalmente se animó a romper el hielo, al mismo tiempo que se vestía.

¿De esto no le vas a contar nada a… – y la interrumpí: – ¿De qué? ¿Qué sos una puta? -
Sí… de esto… – me respondió, agachando la mirada.

Invadido todavía por mi instinto animal, pero sin cargo de conciencia alguno, simplemente le respondí…

Yo no digo nada, pero a vos, te cojo cuándo y cómo yo quiera… -

Apagué el cigarrillo y me fui de la habitación.

Mi amigo jamás supo lo que ocurrió, y Marisa se dedicó al oficio sólo por una semana, aunque hoy por hoy, sigue siendo mi esclava sexual.

Ojos que no ven, corazón que no siente…

La hermana de mi amigo se hizo prostituta

Miércoles, septiembre 29th, 2010

En algunas ocasiones, la vida te brinda momentos y sensaciones indescriptibles. En otras ocasiones, son los que viven los que te llenan de sorpresa y emoción. Una mezcla extraña de emociones y sentimientos se me entrecruzaron cuándo me enteré de algo que cambiaría totalmente mi noción sobre cierta persona.

Marisa es una chica muy dulce. La conozco desde hace poco más de diez años y hemos compartido tardes enteras en la casa de mi amigo jugando, merendando, estudiando y otras cosas que hace cualquier estudiante de colegio secundario. La chica en cuestión, es tres años menor que nosotros, puesto que al momento que finalmente egresamos, ella apenas tenía quince dulces aniversarios cumplidos. Reconocía su belleza, aunque luego de tantos años de mutua convivencia, era extraño observarla con otros ojos.

Los años pasaron, y si bien mantuvimos el contacto con mi amigo de toda la vida, no veía a Marisa tanto cómo antes, excepto por alguna conversación telefónica cuándo lo llamaba o a lo sumo, por algún mensajero vía internet. Lógicamente, la chica ya era una mujer, y los piropos inocentes de mi parte, estaban siempre a la orden del día. Me puse muy contento el día que me comentó que tenía pensado estudiar locución, ya que es la carrera que yo también había elegido y estaba a punto de finalizar. Gentilmente, le ofrecí ayudarla para el examen de ingreso, ya que es bastante complicado entrar.

Una tarde de noviembre, aproveché mi franco del trabajo para invitarla a casa. Me dispuse a preparar un micrófono en la computadora y algunos escritos de relatos, publicidades, cuentos y otros textos de práctica. Alrededor de las dos de la tarde, suena el timbre.

La primera sorpresa llegó al abrir la puerta, puesto que hacía poco más de un año y medio cuándo la había visto por última vez, y las fotos no siempre son fieles. “Claro” – pensé – “ya tiene dieciocho años, ¿qué esperaba?”. Ocultando de mala forma mi sorpresa, nos miramos unos instantes a los ojos, para luego esbozar una sonrisa, abrazarnos y saludarnos muy afectuosamente. Ella vestía una pollera de jean bastante corta, combinada con unas chatitas negras y una remera color blanco bastante ajustada al cuerpo, que dejaba ver la pancita con el piercing en el ombligo. De tez blanca, pero con el pelo negro cómo la noche, algunas mechas caían sobre sus ojos, tratando de esconder sus ojos color castaño oscuro con forma almendrada. Los labios, gruesos y sin maquillaje. De hecho, apenas tenía un poco de rubor en las mejillas, pero era realmente hermosa.

Hablamos un poco de la vida, recordamos viejas anécdotas y, varios vasos de gaseosa de por medio, nos pusimos a trabajar. El segundo impacto llegó al prestar más atención a su voz, una exquisita mezcla de tonos agudos con graves, con un timbre que sin lugar a dudas, podría dejar boquiabierto a cualquiera que lo escuche en algún medio. La felicité por eso, y con una sonrisa cómplice me respondió: “Ay no, pero vos la tenés más linda…”.
“Sí, pero la tuya me calienta más…” – le respondí, casi en un tono grotesco, pero terriblemente espontáneo.
Un breve silencio incómodo invadió la habitación, hasta que ella rompió el hielo: Se supone que los locutores no tenemos que dejar estos silencios, ¿no? -
No son silencios incómodos, son pausas sugerentes… – acoté rápidamente.
Nuevamente, una pequeña sonrisa se dibujó en sus labios, que jugaban perfectamente con el brillo de sus ojos.

Caída la noche, mi amigo pasó a buscarla por casa, charlamos un rato en la puerta y a la hora de despedirnos, nos volvimos a abrazar con Marisa, aunque esta vez, se acercó un poco más al oído para decirme: “Tu voz también calienta…”

La miré a los ojos, intentando hacerme el superado. Le di un cálido beso en su mejilla, y volví a mi departamento. Con un gran sentimiento de culpa, y tratando de entender por qué, me masturbé en dos ocasiones pensando en ella. Me imaginaba su cuerpo desnudo brindándole calor al mío, en un frenesí de besos y caricias.

Transcurrieron unos días, y nunca más volvimos a realizar acotaciones semejantes. Todo, según parece, había vuelto a la normalidad (lo que en realidad, me molestaba) y Marisa me contó en una charla por internet que había conseguido un trabajo que le serviría para pagarse los estudios de la facultad. Puesto que no se había llevado ninguna materia, el emprendimiento me parecía óptimo.

Soy camarera en un pub – me contaba.
Excelente, entonces tengo que ir a visitarte a ver cómo me traés una birra -
Cuándo quieras, yo trabajo de jueves a domingo por la noche -
¡Garrón! ¡te perdés todo el fin de semana! -
Sí, pero necesito laburar, y además hago buena plata -
Bueno, pasame la dirección que este viernes si puedo me hago una escapada después del laburo -

Dicho y hecho, llegó el viernes por la noche, y aún con el cansancio que arrastraba, fusionado con el calor por tener puesto todo el día el saco con la camisa y corbata, junté voluntad y me dirigí hacia el lugar al cuestión.

La sorpresa, llegó, claro, cuándo vislumbré el establecimiento: un local con vidrios totalmente polarizados, algunos afiches de neón (dónde se citaba el nombre) y las palabras clave típicas: “whiskería” y “Pub”. Efectivamente, el lugar era un cabaret.

Fue la tercera sorpresa, pero esta vez no sentí gozo ni placer, sino una súbita bronca. ¿Cómo podía ser que la pendeja se metiera en un antro así? ¿La habrían engatusado? ¿Alguno la estaría obligando? ¿Debería avisarle a mi amigo?

La última posibilidad la descarté, porque no quería alterarlo ni mucho menos. Respiré profundo, y con una curiosidad inmensa, entré en el lugar…