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El que ríe último, ríe mejor

Mi nombre es Renato y mi esposa se llama Florencia. Llevamos 5 años de casado y nos gusta mucho el sexo. Mi esposa es muy hermosa. Como buena hija de italianos, tiene una tez mate, tipo Claudia Cardinale o Sofía Loren, mide un 1,71, tiene una cara hermosa, nariz respingada, grandes ojos verdes y pelo castaño rizado que cae sobre sus hombros. Tiene un gran trasero que sobresale sobre sus largas y hermosas piernas. Sus tetas son turgentes y de mediano tamaño.

Como ya dije anteriormente, tenemos sexo bastante seguido, pero el trabajo y los hijos han disminuido un tanto nuestros accionar. Con todo, mi esposa es un poco renuente a hacerme sexo oral o que yo le haga sexo anal. Igual notaba que cuando lo hacíamos ella se calentaba mucho más cuando le hablaba que lo estaba haciendo con un negro… así que poco a poco me fue entrando la idea de ver a mi hermosa esposa con un negro, pero no me atrevía a planteárselo, por lo que poco a poco fui fraguando una idea que me satisficiera mis más recónditos deseos.

Mi plan fue el siguiente: Primero que nada me contacté con un ecuatoriano de raza negra, llamado Miguel, para que visitara –pagado por mi- a mi esposa en su consulta de psicóloga, con la historia de que no era correspondido por las mujeres por tener demasiado grande el tamaño de su pene, con la que las asustaba. La idea era que enganchara a mi mujer con sus historias y que la llevara a un motel donde grabaría un encuentro íntimo con ella, tras lo cual yo le pagaría por sus servicios. Tenía dudas si mi esposa caería y me sería infiel de esta manera, pero me calentaba sobremanera si llegaba a hacerse realidad.

Tras las dos primeras sesiones, Miguel me contó que Florencia fue muy frío con él, pero que al final de la segunda sesión le había pedido ver su pene: que se suponía que era el causante de su depresión e infelicidad, y ella se había puesto roja y notó en sus grandes ojos verdes una pequeña turbación.

Pasaron otras dos semanas más sin tener noticias de Miguel, hasta que un día me llamó para decirme que tenía listo el DVD con las imágenes que habíamos planeado. No puedo negar que en el momento que me lo dijo mi corazón saltó de excitación, pero también de pesar porque luego de un mes mi esposa me había sido infiel.

Apenas me entregó el Dvd le pagué a Miguel y me fui derecho a mi computador a ver el anhelado video.

En la primera escena estaban los dos sentados a un costado de la cama conversando. Claramente mi esposa le coqueteaba a Miguel jugando con una mano y peinándose su hermoso cabello. De la nada Miguel se acercó a su boca y la empezó a besar. Se dieron un tremendo beso, en el cual el negro casi se tragó a mi esposa. Lentamente la gran mano de Miguel bajó hasta sus blancas y naturales tetas donde las empezó a sobajear y amasar. Le quitó su roja blusa y después su brassier de encajes y se fue derecho a succionarlas. Las besó, las chupó, las mordió despacito. Florencia ya estaba mil. Posteriormente, vi como sus blancas manos bajaron a la entrepierna de Miguel empezando a masajear su miembro por sobre el pantalón. Este no perdió el tiempo y levantó la minifalda negra que llevaba mi esposa y comenzó a masajear sus hermosos y blancos muslos. Metió sus enormes manos negras entre sus ligas negras y con un dedo se acercó peligrosamente a su vagina y a su rosado clítoris. A estas alturas yo ya me estaba masturbando, cuestión que mi esposa empezó a hacer con el enorme miembro de Miguel que sacó por el cierre de su pantalón. Así estuvieron los dos un buen rato, más bien los tres masturbándonos. Luego de un momento, Miguel se ahincó frente a la vagina de Florencia y le realizó sexo oral. Metió como fuego su lengua, junto a sus largos dedos negros que resaltaban con la piel blanca y los finos pelos castaños de mi esposa. Florencia ya estaba a mil, echaba su cuerpo hacia atrás y comenzaba a tener un verdadero placer de parte de Miguel. Este ni corto ni perezoso empezó a meter un dedo en su culo. Así de esta manera un dedo estaba en el culo de mi mujer, otros tres dedos abriendo su vagina y su lengua tocando y chupando rápidamente y fuertemente su clítoris. De esta manera mi mujer se vino por primera vez. Y yo también eyaculé.

A continuación Florencia no aguantó el máximo placer que le entregaba Miguel, no podía bajar del éxtasis, gritó a más no poder. De un salto se levantó, le dio un enorme beso a Miguel, se puso como energúmena, sus ojos estaban enajenados, había perdido todos sus sentidos, se volvió como loca. De un salto se agachó y comenzó a hacerle un sexo oral a Miguel de antología. Nunca había visto a mi mujer de esa manera. Besó el enorme glande, se lo tragó, a continuación besó y chupó con su lengua el enorme sable de Miguel… Florencia no sabía qué hacer con él. Se desesperaba, se lo trató de tragar entero, pero no podía con él. Hacía el máximo intento de tragárselo entero, pero llegaba sólo a tres cuartos de su miembro. Lo dejó, respiró jadeante, y volvió a metérselo en su hermosa boca, pero la verdad es que no le cabía entero… mientras más intentaba, más se desesperaba. Después, se calmó un tanto y se quedó jugueteando con el glande de Miguel con sus labios y su lengua. En un momento de máximo placer de Miguel, este bajó su negra mano sobre el claro cabello de Florencia y comenzó a empujar su cabeza para que tragara con mayor fruición su pene y a la vez comenzó a meter y sacar su sable de la boquita de mi esposa. En este juego Florencia se ahogó, pero Miguel la obligó a no dejar su tranca por nada del mundo. En un momento Miguel sacó su negro pene y lo empezó a pasar por toda la hermosa cara de Florencia. Le tocó con este sus hermosos pómulos, su nariz respingada, su cuello, mientras mi mujer se volvió loca tratando de cazar ese suculento y grande bocado con su boca. Después Miguel comenzó a mover su pene y lo chocó varias veces contra la boca y la cara de Florencia. Esta ya no se aguantó de un segundo orgasmo. Yo eyaculé por segunda vez.

Miguel ya podía hacer lo que quería con mi hermosa mujer. En ese momento me dio la impresión que ya no le importaba nada. La había perdido completamente. Con su polera Miguel hizo una especie de riendas alrededor del cuello de Florencia, la puso en cuatro patas sobre la cama y le metió de una, repito, de una, su enorme miembro en la vagina de Florencia, como si fuera una yegua que está siendo amaestrada. Florencia sólo atinó a saltar y gritar de placer. Luego Miguel la comenzó a espolonear con tanta fuerza que me dio miedo por la integridad física de mi amada esposa. Mientras la embestía con todas sus fuerzas, Miguel le metía dos dedos en el culo, y le magreaba fuertemente su clítoris con su otra mano. Mi mujer hizo un breve intento de sacar los dedos de Miguel de su culo, pero ya era demasiado tarde, los dedos de Miguel abrieron el hermoso y prieto culo de mi mujer, mientras la espoloneaba con su pene la vagina.

Ya para este instante Miguel estaba a punto de irse. Había gozado a mi mujer más de lo que yo habría deseado, pero así fueron no más las reglas del juego. Pero no saben cuál fue mi expresión y mi sorpresa cuando de repente sacó su pene de la vagina de mi mujer, se dio la vuelta y comenzó a masturbarse en su cara. Nunca Florencia me había dejado irme en su cara, y ahora deseaba completito el semen de ese sable negro. Ella abría su boca, sacaba su lengua, miraba con unos ojos totalmente idos. No era ella. Pero qué más da, así no más era la situación y tenía que aguantármela. En un momento Miguel gritó con una voz ronca característica de los descendientes de raza africana, y comenzó a llenar de semen muy blanco la cara de mi esposa. El mayor chorro llegó a su boca, que se lo tragó, pero otros chorritos llegaron a su respingada nariz, otro a su frente, otro en su pelo y uno último en uno de sus hermosos ojos verdes, que la hicieron cerrarlos, escena que me pareció denigrante. Para terminar la guinda de la torta, Florencia le limpió con su boca todo el pene a Miguel, dejándolo sequito. Casi el negro no tenía que bañarse.

Con esta escena de golfa de mi esposa se acabó la imagen del Dvd grabado. Me quedé pensativo algunos segundos, hasta que volvió a aparecer la imagen. Ahora era Miguel quien tenía una cámara en su mano y comenzó a grabar a mi mujer mientras se bañaba en la ducha. Sin darse cuenta ella, le enfocó su hermoso trasero, hasta que esta se dio cuenta y lo regañó. Miguel dejó la cámara en el borde de la ducha y su gran y oscura figura se acercó lentamente por detrás de mi mujer. Miguel iba empalmado y comenzó a magrear nuevamente el trasero de Florencia. No saben cuánto fue mi sorpresa nuevamente cuando Florencia se agachó y con sus manos abrió su culo, tomó con sus manos el pene de Miguel y comenzó a introducirlo lentamente en su culo. Lo metió lentamente hasta sus bolas. Florencia gritó a más no poder. Mientras el sable negro partía a mi mujer, Miguel le metía sus largos y negros dedos en la rica boca de Florencia. Esta la chupaba como si tuviera una verga riquísima. Después sacó su verga y con sus manos abrió el oyito de mi mujer. Su pene le había hecho un buen orificio, Le metió un dedo, luego otro, y terminó con su pene, metiéndolo y sacándolo. Florencia sólo atinaba a gritar y estremecerse. Finalmente Miguel sacó su pene y eyaculó en todo el gran trasero de Florencia. Toda la escena terminó con un encendido y largo beso y con mi mujer con una cara de satisfecha a más no poder y deseando casi repetir la experiencia. Con esto terminó finalmente el video.

Quedé muy contento con el trabajo de Miguel, lo llamé para felicitarlo, pero me quedé con las ganas de poder participar en otra oportunidad. Le pregunté a Miguel si podía traer a mi casa, la próxima semana, a otra mujer, cuestión de poder intercambiar parejas, todo esto sin que lo supiera Florencia. Miguel se llenó de felicidad porque de verdad había quedado prendado ante mi mujer. Me dijo que tenía a la mujer perfecta: su esposa, que también era ecuatoriana de raza mulata y que sabía lo que había hecho su esposo y las intenciones que tenía yo. Me pareció perfecto, sólo Florencia ignoraría la situación que se le presentaría.

Llegó el día señalado. Le dije a Florencia que vendría un amigo ecuatoriano de un magister que estaba realizando, junto a su esposa, para pasar un buen rato. No saben cuál fue la cara que puso Florencia al hacer pasar al vestíbulo a Miguel junto a su esposa. Se puso un poco roja y se sorprendió, pero logró controlarse y saludar a la pareja como si no los hubiera visto nunca. Por su parte, Patricia, la esposa de Miguel, era una mujer mulata, alta, con un trasero grande, como el de mi mujer, y una tetas descomunales, que resaltaban aún más su escote de su blusa blanca. Era alta, creo que alrededor de un 1,75, delgada, pero lo que más resaltaba eran su nariz fina y respingada y sus labios, gruesos y carnosos, que me hicieron excitarme el solo pensar como lo chuparía aquella mujer.

Comenzamos la reunión tomándonos unos tragos que fueron calentando lentamente el ambiente, Florencia le hacía preguntas a Miguel, como si nunca se hubieran visto, pero vi como mi mujer, al calor del alcohol, lentamente le empezaba a coquetear.

Posteriormente a mi se me ocurrió, luego de estar los ánimos bastante calientes, jugar una partida de streak poker en parejas. A lo que todos los invitados aceptaron gustosos. La idea era que los perdedores primeramente fueran sacándose la ropa, para finalizar haciendo pruebas eróticas, hasta lo que Dios quisiera, o más bien el diablo quisiera.

La persona perdedora tenía la posibilidad de elegir entre sacarse una prenda o realizar un acto erótico o porno (escrito en un papel y que iría en aumento en su audacia) que tendría que hacérselo al ganador de la partida. Sólo se aceptarían actos heterosexuales. Los actos escritos en los papeles que irían subiendo de erotismo eran:

Beso con lengua.
Masaje por el torso y hombros (sin considerar tetas en el caso de las mujeres)
Sentarse en el caso de que la perdedora fuera mujer sobre el hombre por algunos minutos.
Acariciar y besar (chupar) torso desnudo del ganador (se incluyen tetas)
Acariciar y besar la parte de la cintura hacia abajo del ganador, sin llegar a la masturbación ni al sexo oral.
Masturbar por algunos minutos al ganador.
Sexo oral.
Sexo vaginal en la silla (la mujer por sobre el hombre)
Sexo posición a lo perrito
Sexo anal

Por supuesto, que primeramente los participantes comenzaron sacándose las prendas menos comprometedoras. Mi Florencia se quedó con unas portaligas negra y unos brassiers negros con encajes que resaltaban fuertemente con su piel mate y sus cabellos castaños ondulados. Miguel tenía unos bóxers negros que dibujaban un gran levantamiento y que se ligaban directamente con las miradas lascivas que dirigía de vez en cuando a Florencia. Patricia no lo hacía nada de mal. Tenía unos sujetadores rojos que dejaban ver toda su generosa delantera y un colaless también de color rojo que cuando me levantaba de la mesa para ir a buscar algo a la cocina no podía dejar de ver su generoso trasero negro. Yo también me quedé con unos calzoncillos que debajo de su género dejaba ver una protuberancia era mayor.

Miguel fue el que primero perdió. Prefirió quitarse su bóxer y no hacer la penitencia. Claramente lo hizo para calentar más a Florencia. Así de esta manera mostró toda su verga negra que estaba a medio levantarse provocando las miradas calientes de Florencia y Patricia, las de esta última claramente menos complicadas. La siguiente que perdió fue Patricia y el ganador fue Miguel, en vista de que no le complicaba darle un beso a su esposo eligió aquella alternativa. Se paró mostrándome por detrás su gran trasero y le dio un gran beso a Miguel. Este ni corto ni perezoso le amasó con sus grandes manos sus ricas tetas y después las bajó a sus glúteos que los pellizcó mostrando la generosa carne en esa zona del cuerpo de Patricia. Estuvieron unos dos minutos así, hasta que se separaron. Florencia estaba roja, Patricia caliente y yo con una protuberancia aún más grande en mis calzoncillos. Miguel ya tenía completamente erecto su pene. En el siguiente juego, volvió a repetirse a Patricia como perdedora y Miguel como ganador. Esta le hizo un masaje a este que lo dejó aún más caliente y a todos con ganas de que avanzara el juego todavía más.

En el siguiente juego gané yo y perdió Patricia. Debo confesar que me ilusioné por algún instante que su gran trasero sintiera mi carne por algunos minutos, pero ella eligió quitarse su sujetador rojo. Al hacerlo liberó unas tetas espectaculares. Fácil medían unos 100 centímetros… y eran naturales. También me llamó la atención sus aureolas negras muy diferentes a los de mi esposa Florencia, que eran rosadas. No tuve que forzar mucho mi imaginación… porque el siguiente juego lo ganó Miguel y lo perdió Florencia. Esta decidió como una buena y fiel esposa –pensaba ella- quitarse su sujetador negro con encajes. Así quedaron libres unas tetas blancas hechas a manos, más pequeñas que las de Patricia -88 centímetros- pero muy bien formadas. Para dolor mío, el siguiente juego lo volvió a ganar Miguel y a perder Florencia. No saben cuál fue mi sorpresa cuando Florencia, producto de los tragos y de su calentura, eligió sentarse sobre Miguel. A este se le iluminaron sus ojos y su verga se puso más dura. Mi mujer se fue sentando lentamente en el regazo de Miguel, primero medios incómodos, después se fueron soltando. Florencia no paraba de mirarme, y pareciera que al hacerlo más se calentaba. Esta lentamente empezó a hacer un pequeño movimiento a modo de bamboleo. De improviso apareció como un resorte anterior a la ingle de Florencia la enorme verga de Miguel. Esta la tomó y alcanzó a hacer unas cortas masturbaciones, mientras Miguel acariciaba con sus manos las tetas de Florencia. Ante las quejas mías y de Patricia dejaron de hacerlo y Florencia volvió a su silla.

El próximo juego lo gané yo y lo perdió mi esposa. Esta, ya muy caliente, empezó a acariciarme y chuparme como loca mis tetillas, mis hombros, mi estómago…Tuve que pararla para que no siguiera más abajo. Mientras tanto, Miguel y Patricia no pudieron contenerse ante la calentura del momento y esta empezó a masturbarlo, a la vez que Miguel le sobajeaba y les chupaba sus grandes tetas. Pasaron sus largos minutos hasta que todos volvimos a nuestros asientos.

Los dos próximos juegos las dos mujeres fueron las perdedoras y sus no esposos los ganadores respectivamente, con lo que las féminas decidieron desprenderse de su últimas prendas. Florencia mostró una vagina cuidosamente depilada con un fino vello púbico marrón central, mientras Patricia estaba totalmente depilada teniendo un clítoris mucho más grueso y grande que el de mi esposa.

El siguiente juego fue una sorpresa a juzgar cómo se venía dando. Florencia fue la ganadora y yo el perdedor. Estaba caliente, así que decidí acariciar y besar por completo sus piernas y sus muslos… mi lengua traviesa a veces se escapaba y llegaba hasta muy cerca de su vagina y su clítoris… Parecía que Florencia la estuvieran aplicando corriente porque se movía como si estuviera haciéndole sexo oral. Mientras tanto Miguel chupaba las tetas de Patricia y parecía estar muy caliente también. El siguiente juego también fue una sorpresa porque ganó Patricia y perdió Miguel. Así este se agachó en la entrepierna de Patricia y empezó a sobajear su clítoris y meter un dedo, después dos y finalmente tres en la vagina de su esposa. Patricia empezó a gemir y a moverse queriendo que este placer proporcionado por su marido no pasara nunca. Florencia ya estaba tan caliente que tomó mi pene, bajo el calzoncillo y empezó a masturbarme. Sabía que ya estaba lista para cualquier cosa que se le presentara. No había punto de retorno.

Sabíamos que al siguiente juego entrábamos en tierra derecha. Por un lado esto más nos calentaba, pero por otro empezaban a cosquillear algunos celos tanto míos –mucho menos- como de Miguel por lo que había también una cuota de intranquilidad. Por lo tanto el siguiente juego se jugó con más ímpetu y pasión. El ganador fue Miguel…la perdedora Florencia.

Después de los abucheos, aplausos, ruidos, tamborileos a la mesa una vez terminado el juego, Florencia lentamente se fue acercando a la verga de Miguel. Se agachó, la tomó con sus finas, blancas y largas manos y comenzó a masturbarlo. Después lentamente fue acercando su fina boca a esa enorme mole negra. Primeramente lo besó en su tronco hasta llegar al glande metiendo su fina lengua en su orificio, volvió a bajar besándolo ahora hasta los testículos. Miguel llegaba a poner blancos los ojos del placer que estaba sintiendo. Florencia, después lentamente empezó a introducirlo en su boca, con más experiencia que la otra vez, por supuesto que yo ignoraba lo de aquella vez. Llegaba hasta tres cuartos y lo sacaba. No saben la cara de sorpresa que puse cuando Miguel la empujó con sus manos a tragársela cada vez más. Entrando y sacándosela de su boquita.

Yo estaba ya realmente excitado. Me paré y empecé a chupar las grandes tetas de Patricia. Me perdía en ellas. Esta ni corta ni perezosa me bajó los calzoncillos y me empezó a masturbar para luego hacerme un sexo oral, mientras miraba como mi esposa se lo hacía al negro. Patricia se lo tragaba completo, Florencia hacía lo que podía. Saqué mi verga hinchada de la boca de la ecuatoriana y la empecé a frotar por toda su cara y su cuello, mientras ella se calentaba aún más. De reojo vi como Miguel molesto miraba a Patricia. De improviso levantó con fuertes brazos a Florencia, mientras esta se entretenía con su gran juguete negro, la puso de espaldas a él, le abrió sus contorneadas y tostadas piernas y le ensartó su enorme aparato en su vagina. Florencia dio un gran gemido y empezó a cabalgar sobre Miguel, mientras me miraba como Patricia me lo chupaba.

Me calentó tanto ver a mi esposa tan espoleada, que tomé a Patricia en brazos y la deposité en la mesa donde estábamos jugando mientras le ensartaba mi pene en su vagina, metiéndosela y sacándosela con fruición. Ante este espectáculo, Miguel, visiblemente contrariado, empezó a clavarle su aparato con más fuerza a Florencia, expresando esta una cara de mezcla entre placer y dolor. El ecuatoriano no quiso ver a su esposa taladrada por mí, tomó a Florencia y la puso en cuatro patas en el sofá del living y le metió su verga en una sola acción, con lo cual Florencia volvió a gemir y gozar como lo había estado al principio. Entretanto Patricia llegó a un orgasmo con un largo y sentido gemido. Mientras la mulata todavía gozaba la tomé y la puse en cuatro patas en el otro sofá del living, frente a la otra pareja. Así las dos parejas estábamos en la posición llamada “perrito” frente a frente. Miguel le metía su verga a Florencia con mucha fuerza y mientras más me miraba como se lo hacía a Patricia, con más fuerza y rabia se lo introducía a la pobre Florencia. Esta, por su parte, nuevamente tenía en su cara una mezcla de placer y dolor, que iría tornándose cada vez en lo último.

Por segunda vez Patricia llegaba a un orgasmo. A estas alturas mi pene estaba muy grande y caliente. Lo saqué y lentamente le fui abriendo con este su culo, que ella aceptó gustosísima hasta introducirlo entero. Por su parte Miguel ya visiblemente alterado trató de meter su verga en el ano de mi esposa, pero esta no quería. Ya no estaba cómoda y sentía dolor, por lo que tampoco estaba tranquila como para dilatar su ano y recibir una verga tan grande como la de Miguel, a lo que a cambio este trataba de introducirle sus largos dedos negros en el culito de Florencia. El ecuatoriano no halló nada mejor que terminar y comenzó a masturbarse frente a la hermosa cara de Florencia para irse. Finalmente eyaculó en su boca, a la que esta se la tragó enterita, sin dejar nada del semen del negro ni en su boca ni en la verga de Miguel.

Patricia tuvo un orgasmo por tercera vez. Sí que yo había hecho gozar a la mulata. Saqué mi pene de su culo y eyaculé en toda la cara de Patricia… en su boca, pómulos, frente, pelo e incluso alcanzó algo de semen para sus grandes tetas y sus negras aureolas. Le dejé todo mi semen que tenía guardado debido a mi sequía sexual con Florencia. Mientras la regaba con mi semen, alcancé a escuchar un ¡no! de Miguel y después de haber terminado retó duramente a Patricia por haberse dejado tratar de esa manera, lo cierto es que ésta lejos de hacer un intento de resistencia, tenía una cara de gozo y placer que no se la sacaba nadie.

Yo estaba preocupado por Florencia. Mientras me iba, ella se levantó y se fue, visiblemente afectada, ya sea por haber sido infiel o quizás por haber sido tratada con dureza por Miguel. Además, no había logrado ningún orgasmo por parte del ecuatoriano.

Me levanté y me dirigí a la bañera, que es donde estaba Florencia. Me acerqué por detrás y la empecé a consolar. Estábamos en esto, cuando me empecé empalmar, mientras le besaba su cuello y le masajeaba sus tetas. Lentamente ella levantó sus caderas y su trasero con el fin de que mi pene fuera entrando en su ano. Mi pene fue introduciéndose en su prieto culito y lo fui entrando y sacando, hasta que ella logró un enorme orgasmo. Ante esto me dio unas ganas muy grandes de eyacular, el cual lo hice en sus hermosos y grandes glúteos. Nos dimos un gran beso y nos dijimos que mantendríamos en secreto esta experiencia. Seguimos un buen tiempo abrazados y sintiéndonos bajo la ducha.

Una negrita maravillosa

Era un día muy atareado: unos recados de banco, supermercado, gran almacén…..Muchas cosas que no

podría terminar. La primera que hice fue la de ir al súper a comprar vino y algunas otras cosas que había olvidado. Estaba mirando unos platos preparados cuando pasó ante mi, separada por unos congeladores, una negra preciosa. Era negra, negra, como el carbón, pero preciosa. El blanco de los ojos, en contraste con su negritud, le brillaba como dos aguamarinas; sus labios eran gruesos, de esos que te hacen soñar con un beso apasionado; su cara, sin ser guapa, era muy atractiva. A mí me gustaba ¡muchísimo!. Y su cuerpo era una delicia de curvas suaves, sin exageraciones. Y su pecho, pequeño, de adolescente, podía volver loco a cualquiera.

Nos miramos un par de veces, con insistencia, enganchándose nuestras miradas. Yo, pese a mis años y a los pocos de ella, unos diecinueve, la deseaba con todo mi cuerpo y no pude resistir el lanzarla un beso con los labios. Lo percibió, lo sintió, porque me miró largamente y me lo devolvió. Luego me sonrió y continuó  caminando entre los estantes. Yo la seguí. Nuestras miradas volvieron a encontrarse y se repitieron los besos enviados a distancia y las sonrisas.

La escena, deliciosa, apasionante, enamoradora, se repitió varias veces. Me miró intensamente y me hizo un gesto con la cabeza, indicándome que la siguiera. Así lo hice. Pagamos en cajas diferentes y se encaminó hacia la salida. Yo me adelanté rápidamente y me situé junto a la escalera que llevaba al garaje.

Pasó a mi lado y nuestras manos de rozaron despacio, estrechándose durante unos segundos. Una vez en el parking, me cogió del brazo. Nos apartamos hacia un lado, entre coches y nos detuvimos. Nos miramos largamente. Mi brazo izquierdo, libre de bolsa, ciñó su cintura. Se apretó contra mí y sentí, quemante, abrasador, el calor de su bajo vientre al juntarse al mío. Nuestras bocas se unieron ansiosas y nuestras lenguas se buscaron con ansia. La lengua de mi negrita era algo áspera, pero me sabia a gloria. Dejé la bolsa en el suelo y cogiéndola por el culo, apreté su bajo vientre contra el mío. Nuestros cuerpos se arquearon para juntarse más. Tuve una erección. La sintió y restregó su cuerpo contra mi polla. Nos encaminamos hacia mi coche. No dejamos de besarnos sin parar, enloquecidos Abrí las puertas,

tomé las bolsas y las coloqué en el maletero. Entramos, eché el seguro y nos besamos ansiosamente. Mientras paladeábamos el sabor de nuestras lenguas, mis manos intentaron desabrochas su pantalón. Ella me ayudó. Se lo bajé, levantó el culo ayudándome y se lo dejé a la altura de las rodillas. Su cuerpo me enloqueció. Era una maravilla: muslos plenos y, como también le había bajado las bragas, su coño me pareció el más bonito del mundo. Me incliné hacia su rizada selva y la besé largamente. Gimió y acabó de quitarse pantalón y bragas. Mientras nos besábamos otra vez, bajé  el respaldo y se acomodó para recibirme dentro de su cuerpo. Me susurró.

 

Ten cuidado, no me lastimes….Soy virgen.

 

Aquí ……será…muy incómodo…. Es fácil que te duela. ¿Tienes prisa, te esperan en casa?.

 

No, no me espera nadie, no tengo prisa.

 

¿Quieres venir a mi casa?.

 

Si

 

Nos volvimos a besar. Yo sentía hambre de su cuerpo, de su lengua, su saliva, su coño. Olía su coño a algo…..¿cómo diría?—-¿bravío?…..¡Sí, sí, olía a algo……¿montaraz?. Me gustaba, aunque, recién lavado, disfrutaría mucho más de aquella deliciosa selva negra, de pelo abundantísimo, rizado…… Sí, como en casa en ningún sitio.

 

Vuelve a vestirte, cariño.

 

Lo que tú digas, mi amor.

 

Comenzó a ponerse bragas y pantalones. La detuve con un gesto y volví a aproximar mi boca a su rizado coño. ¡Ya lo creo que olía a cosa bravía, campera!. Se conoce que nuestros besos y mi breve lamida en su coño habían activado sus jugos y olía más fuerte. Ella también debía percibirlo y, alzándome la cabeza de su entrepierna y dándome un apasionado beso en la boca, me dijo:

 

Desde que salí de casa esta mañana temprano, no me he lavado. Preferiría que esperásemos a estar en tu casa, mi amor. ¿Te parece bien?.

 

Si, cariño, lo que tu prefieras. Y además tienes razón: estas cosas deben hacerse después de unos buenos lavados. Si te he besado en tu…….tu cosita….

 

Rió levemente y me besó, hundiendo su lengua en mi boca. Fue un beso interminable, lleno de pasión y de ¿cariño?……Yo diría que sí, que había cariño en todo lo que hacíamos. Es más, afirmaría que en nuestras primeras miradas había cariño. Cuando nos separamos, la dije:

 

Te decía que…..si beso tu cosita es porque siento por ti mucha ilusión….Me da un poco de miedo, ¿sabes?.

 

¿Por qué, cariño?, ¿de qué tienes miedo?.

 

De enamorarme de ti.

 

Eso es lo que deseo. Yo…..ya me estoy enamorando de ti, mi amor.

 

Volvimos a besarnos y, mientras terminaba de subirse bragas y pantalón, acaricié su coño con una suavidad infinita. Volvió a besarme con ansia.

 

Te juro que, aunque me ves tan …..apasionada, soy virgen, no conozco varón, te lo juro. Ocurre que,

ya tenía muchas ganas de ser …..poseída por un hombre y…….hoy, nos hemos encontrado. Y he sentido, dentro de mí, que tenía que ser contigo. Te juro que es verdad.

 

Te creo, mi amor.

 

De nuevo nos besamos y mi mano, abriendo su bragueta, acaricié de nuevo su delicioso coño. Respondió de inmediato: separó las piernas y besándome con más fuerza, su mano me acarició la polla por encima del pantalón. Sintió mi erección y sus manos abrieron mi bragueta y sacaron mi polla. Dejó de besarme y me la miró. Se inclinó y me la besó con mucha ternura. Lo hizo repetidamente, diciendo:

 

Me gusta , es muy blanquita. Pero ….me gusta mucho.

 

Volvió a besármela y su lengua lamió ligeramente. Era áspera su lengua, pero me enardecía.

 

Tienes que decirme cómo te lo hago. Nunca lo he hecho.

 

Si, mi vida. ¿Cómo te llamas, cariño mío?.

 

Susi, Susana. ¿Y tú?.

 

Juancho.

 

Me gusta tu nombre, Juancho.

 

Y a mí el tuyo, Susi. Siento que……

 

¿Qué, cielo?, dímelo, no te calles nada. Por favor.

 

Pues….lo que ya te he dicho, Susi: que me voy a enamorar de ti.

 

Los dos nos vamos a enamorar. Lo estamos ya, ¿verdad, mi amor?.

 

Por mi parte, sí.

 

Por la mía, también. ¿Nos vamos a tu casa?.

 

Si, cariño.

 

Arranqué el coche y salimos del parking. Mientras conducía fuimos hablando. Era de raza zulú, criada y educada en la antigua Guinea española, en las islas. Tenía nacionalidad española, había estudiado aquí y ahora, divorciados sus padres y habiendo tirado cada uno por su lado, estaba sola en Madrid, viviendo en una habitación de una casa muy modesta. Pasaba apuros económicos y hasta había fregado por horas en algunas casas.

 

Esta es mi vida. Algo complicada, ¿no?.

 

Lo normal. Yo, y te cuento algo de mí, soy  xxxxx y trabajo en xxxxx. Soy viudo, mis hijos están casados, viven fuera de Madrid y… no tengo compromiso con ninguna mujer, ni novia………Nada. No me quiere ninguna.

 

Yo si, cariño. Y estás comprometido. Yo soy tu novia. ¿Quieres ser tú mi novio, amor mío?.

 

Arrimé el coche a la acera y nos besamos brevemente. Continuamos hacia casa.

 

¿Quieres que comamos juntos?.

 

Me encantaría. Y también cenar, ir al cine…..Estar contigo. ¿Te apetece ir al cine con tu novia?.

 

Claro que sí. Lo malo es que no te voy a dejar ver la película.

 

Si, mi amor. Para nuestras caricias, nuestro cariño, tenemos tu casa, ¿no te parece?.

 

Si, cielo. Veras, nena, podemos comer y cenar sin que tengamos que trabajar. Tengo mucha comida preparada.

 

Te advierto que las que somos mitad zulúes, mitad guineanas isleñas cocinamos muy bien.

 

Bueno, ya lo veremos.

 

Llegamos a mi casa, metimos el coche en el garaje, subimos en el ascensor y comencé a abrir la puerta.

Estuvo alabando la urbanización sin parar, con auténtico entusiasmo, cosa que agradecí. Tras abrir, hice ademán de tomarla en brazos y, dándome un beso, me abrazó por el cuello e intentó hacer que su cuerpo pesase lo menos posible. Entramos, volvimos a besarnos y se encaminó al baño. Casi al momento sólo se oía el ruido de la ducha y su canturreo. Decidí imitarla. Por algo teníamos dos baños completos. Terminé antes que ella y, al poco, tal como esperaba, oí su voz, su deliciosa voz.

 

Cariño, no tengo toalla.

 

Es el baño de invitados. Tengo aquí una toalla. ¿Puedo abrir?.

 

Con voz algo enronquecida por la emoción del momento, me dijo en tono mimoso, muy mimoso:

 

Tu, amor mío, no tienes que pedir permiso para entrar cuando yo me esté bañando, ¿saber, mi amor?.

 

Abrí la puerta. Ante mi vi el cuerpo más maravilloso del mundo. Los dos estábamos desnudos. Tuve un inicio de erección y, a la vez que la entregaba la toalla, me arrodillé ante ella y comencé a lamer su coño.

¡Qué delicia!. Ya no olía ni sabía a algo bravío. Tenía un leve olor, diferente al de las mujeres blancas, pero que me gustó mucho más, me gustó con locura. Sus manos apretaron mi cabeza contra su entrepierna. Me incorporé, me besó en la boca, me lamió brevemente la polla y nos fuimos a la cama.

Yo me puse en postura sesenta y nueve y comencé a lamerla el coño. Susi, excitadísima, temblando de emoción, abierta sus piernas de par en par, gemía, suspiraba y me decía:

 

Dímelo, amor, dímelo. ¿Cómo te lo hago yo?

 

Se lo expliqué y volvimos a chuparnos y lamernos con una pasión como no había sentido nunca. Su coño estaba cada vez más húmedo. Yo estaba encendido de pasión, no resistía más y me puse encima. Abrió las piernas y me dijo, con profunda emoción:

 

¡Entrame, amor de mi vida!. Mi virginidad la he guardado para ti, corazón mío. Te quiero.

 

Y yo a ti, Susi de mi vida. ¡Cómo me estoy enamorando de ti, cariño!.

 

Y yo de ti.

 

Nos corrimos con ansia, con desesperación, dándonos todo el amor que habíamos guardado durante años. Fue un gustazo de locura, como nunca había sentido con mujer alguna. Ella, mi Sussi, me dijo entre jadeos que jamás había pensado que pudiese ser tan maravilloso. Nos levantamos para lavarnos. Luego, tras mirar el contenido de la nevera, mi novia comenzó a preparar el almuerzo. Yo ayudé poniendo la mesa y abriendo una botella de cava que guardaba desde Navidades. A las dos estaba todo listo. Como hacía calor, la propuse bajar a la piscina.

 

¿Tenéis piscina, mi amor?.

 

Si. Y tenis, si te gusta.

 

Vamos a la piscina, aunque sólo sea un rati……¡Qué pena, cielo, no tengo bañador!.

 

Muy cerquita hay una tienda de deportes, así que, si quieres….

 

Claro que sí, vamos.

 

En menos de diez minutos entramos en la piscina. Todos los vecinos nos miraron. Sussi estaba preciosa embutida en su bañador azul claro. ¡Qué tipazo!. Noté las admirativas miradas de mis vecinos. Tras una ligera ducha, nos metimos en el agua. Sussi nadaba como una campeona y se hizo varios largos. Yo, antes de un minuto me salí. Tras ducharme, me senté junto a una vecina.

 

¡Qué chica tan guapa, Juancho!, ¿es una compañera de trabajo?.

 

No, Lucy, es mi novia.

 

Pues es preciosa. Has tenido mucho gusto. ¿Se va a quedar contigo, a vivir contigo?. Soy una preguntona,¿verdad?.

Tenemos confianza,¿no?. Pues….verás…..no lo sé. No he pensado en nada.

 

¿Te sientes a gusto con ella?.

 

Hoy hemos empezado la relación. Ha sido todo como…como un flechazo, el rayo del que tanto hablan y no acaban los sicilianos…….. En fin….No sé que pasará. Ya sabes que estas cosas de hombres y mujeres terminan cuando menos te lo esperas. Bueno, que te voy a contar que  no sepas de primera mano.

 

Sussi salió del agua. Le presenté mi vecina. Sussi hizo una puntualización que me agradó: dijo “soy su novia”. Nos despedimos. Subimos a casa y sin muchas ganas de hacer la comida, nos acercamos a un burger y nos atiborramos de comida “basura”. Cuando regresamos a casa, le di a Sussi  un cepillo de dientes y la pasta. Volvió a sorprenderme: se metió en mi cuarto de baño y, soltando una pícara sonrisa, dijo:

 

No vamos a estar manchando dos baños, ¿no?. Usaremos este si……me dejas que me quede contigo.

 

Me encantaría, Sussi; pero ocurre que…. Mira…yo tengo cincuenta y cinco años, tu eres veinteañera. Tienes una fuerza y una apetencia sexual que yo……..no he perdido, pero se ha atenuado con el paso de los años. ¿Comprendes?. No debes vivir conmigo.

 

Me tendrás que echar, amor mío, porque yo sólo quiero hacer el amor contigo.

 

Bueno….esta noche si, mañana..ya veremos. Se me acaba de ocurrir una cosa. Si hay suerte……..

 

Llamé por teléfono a un amigo. La gestión fue un éxito: me vendería dos entradas para la opera. Así se lo

dije. Dio un salto de alegría, pero enseguida se puso seria, con cara apesadumbrada.

 

Yo no tengo un vestido adecuado para ir al Teatro Real , Juancho.

 

Vamos a tu casa y……..

 

En casa tampoco, cariño.

 

Pues vamos  al Corte Inglés y lo resolvemos rápido. Con tu tipazo te vale cualquier cosa que te pruebes.

 

Es un abuso, Juancho, no puedo aceptar.

 

¡Qué bobada!. Anda, vámonos.

 

Así lo hicimos. Y tras probar varios vestidos, nos gustó uno verde claro. Le sentaba que estaba hecha una modelo. No fue barato, no, pero valió la pena. Regresamos a casa, nos vestimos y salimos en el coche hacia el Real. Cuando llegamos, faltaban treinta minutos para el comienzo. La propuse entrar para que viese el interior de ese teatro-joya. Era una mujer cultivada, con estudios y no dejó de alabarlo con discreción. No tengo que decir que su presencia llamó la atención. Estaba preciosa y el vestido realzaba su belleza. Yo, tampoco iba mal: traje negro, corbata a rayas….En fin, una pareja de lujo. Sussi, no soltaba mi brazo ni un momento. Avisaron el comienzo y entramos. Al poco de sentarnos comenzaron los acordes de la obertura de “El Barbero de Sevilla”. Se cogió a mí con más fuerza y me dijo susurrante:

 

Es el día más feliz de mi vida. Nunca lo olvidaré. Te quiero, amor mío. Para siempre.

 

Regresamos a casa y tuvimos un comienzo de noche asombroso, mejor que al mediodía. Dormimos de un tirón. Tras desayunar, Sussi me dijo que no quería separarse de mi, que fuésemos a su casa a recoger sus

escasas pertenencias, liquidar con la dueña de la casa y volver a la que, desde hoy, iba a ser su nuevo hogar.

Me la quedé mirando sin saber que decir. Ella, dándome un apasionado beso, me dijo:

 

Te quiero mucho. Y no temas a mi juventud. No soy ninguna loca del sexo. Lo he probado, me gusta contigo y me quedo satisfecha hasta…… pues hasta pasado mañana o más tarde. Te lo juro.

 

Nos besamos, fuimos a por sus cosas y  comenzamos a vivir juntos. Al cabo de un mes (¡qué raza tan prolífica!) me enseñó una prueba de embarazo. Era positiva. Fuimos muy felices. Nunca me arrepentí de

que viviésemos juntos. Tuvimos dos niñas. Más claritas que su madre, pero tan bonitas como ella. Calculen vds. lo que presumí en la urbanización por mi doble paternidad. ¡Ah!, era cierto lo que dijo:     No era ninguna mujer salida, ansiosa de sexo, siempre se mostró mas bien tranquila. Como la crianza de las nenas la tenían muy ocupada, comenzó a dar clases de inglés, que dominaba a la perfección, en nuestra propia casa. Se apuntaron un montón de chicos de nuestra urbanización y de las próximas. ¡Qué feliz se sintió Sussi!. Y yo con ella.

 

Gracias por publicarlo y por leerlo vds. Un saludo muy cordial,       JUANCHO.

En la playa con el negro

Pues eso chicos, otra típica fantasía de playa con la mujer por medio.
Mi fantasía es como sigue, después de mucho rato de estar tumbados en la playa llega un negro que se pone a nuestro lado pero no se quita el bañador, y le digo a mi mujer ese tiene vergüenza de que se la vean (estamos en una playa nudista); me pide que le ponga crema por la espalda y yo le digo que me voy a dar una vuelta, que se lo diga a alguien, cojo y me piro.
Aquí paso a contarlo como si fuera ella….Será gilipollas pues no se pira y me deja sin ponerme la crema por la espalda, me fijo en el morenito que estaba a nuestro lado y le digo, por favor me puedes poner crema por la espalda? y el me contesta por supuesto pero con una condición cual? le pregunto yo, pues que cuando acabe con la espalda me dejes ponerte también por delante (estoy desnuda por supuesto) yo le digo de acuerdo pero yo también te pongo una condición, el me pregunta cual? y le contesto que te quites el bañador ya que estamos en una playa nudista, son las 7 de la tarde y apenas queda gente, el me dice vale pero después de darte crema por la espalda, accedo y me tumbo boca abajo encima de la toalla, empezó a ponerme crema por las pantorrillas subiendo poco a poco hacia los muslos, me dijo que abriera un poco las piernas para así darme por el interior de los muslos y cuando faltaba poco para llegar al culo me pidió permiso para ponerse de rodillas encima de mi con una pierna a cada lado, yo aunque me estaba poniendo cachonda le dije que no que mejor si se ponía de rodillas a la altura de mi cabeza mirando hacia mis piernas podría darme por la espalda así lo hizo y cuando empezó a ponerme por los hombros con sus grandes manos de dedos largos suavemente bajando a lo largo de la espalda levanto un poco la cabeza y veo que por el camal del bañador asoma un pedazo de cabeza que parecía una anaconda DIOS MIO….. y mi marido creía que no se quitaba el bañador por vergüenza, y es para no dejar en ridículo a los demás; con esa visión por supuesto me he puesto salida del todo y con la calentura que me está entrando no lo pienso mas y me doy la vuelta diciéndole ahora dame por delante, pero quítate el bañador como prometiste, el tío se lo quita y deja al aire un rabo de unos 25 cm. tieso como el mástil de un barco y me dice, perdona pero es que con el cuerpo que tienes me tienes salido del todo, bueno da lo mismo tu continua poniéndome crema , el con las manos untadas por la crema comienza a masajearme los pechos y cuando al rato baja hacia el ombligo se tuvo que estirarse por encima de mi, pasándome todo el rabo por la cara, sin poder aguantar más se lo cogí y lo lleve a mis labios intentando metérmelo en la boca casi me desencajo las mandíbulas del cipote que tenía, me puse a babear un montón sobre todo cuando llegó con sus manos a mi almejita metiéndome un par de dedos en ella; aunque apenas había gente en la playa le propuse ir detrás de unas dunas que habían cerca para pegar un buen polvo y accedió, y que sorpresa me llevé cuando al llegar a la duna me veo a mi marido cámara en mano haciéndonos fotos y diciéndome que te mola el morenito? que si me mola AHORA MISMO ME LO VOY A FOLLAR y poniendo una toalla en el suelo tumbé al morenito con la estaca apuntando hacia el cielo….me puse a horcajadas encima de su cipote y empecé a pajearme, dejándome caer conforme me llegaba el orgasmo, coincidiendo el primero con la entrada de su cipote en mi coñito el cual estaba dilatado al máximo cojí aire y dejándome caer otro poco me metí casi todo el rabo, empezando a notar como su cipote hacia presión en mi matriz, con mi marido alguna vez hemos llegado a meter el cipote dentro, pero claro es que eso no era un cipote normal, conforme estaba a punto para el segundo orgasmo el cabrón del morenito me cogió por las caderas y apuntando al centro mismo de la matriz empezó a empujar …..Yo notaba como me habría en canal al mismo tiempo que me estaba matando de gusto, de pronto noto una presión en el ano y era el cabron de mi marido que intentaba metérmela por detrás…..sea por el gusto porque las fuerzas me abandonaron o por lo que sea el caso es que lo consiguió llegando los tres al clímax total a la vez.
Bueno espero que mi fantasía sea de vuestro agrado

Yo y mi marido con el negro

Mi nombre es alexa y estoy casada hace 10 años soy una mujer de 27 años delgada blanquita y rubia 1,67 de cola muy paradita y profunda mis labios son muy sexis, mis amigas me cargan diciendo que tengo boquita de chupa pija. Soy una chica que realmente hasta este momento que les contare jamas habia estado conforme con el sexo que tenia. Mi marido es un tipico profesional en arquitectura muy culto y el sexo que teniamos era tradicional y suave y realmente siempre terminaba luego de cojer haciendome pajas con peliculas porno o mirando fotos de internet. Esos hombres bien machos de pija enorme y movimientos grotescos. Las pijas grande me ponen tan exitada que con solo ver una verga en una foto ya me mojo instantaneamente y mi boquita se hace aguita y quiero chuparme una.

Esta historia comienza cuando mi marido compra un galpon de materiales de construccion delante de nuestro hogar. Alli habia varios empleados y esos empleados eran los protagonistas de mis pajas. Mi ventana daba al patio donde ellos trabajaban y me re pajeaba viendolos en cuero sus musculos sus movimientos de macho imaginaba sus musculos. Ellos eran ruben un graandote bestia sin un gramo de grasa en su musculoso cuerpo de aproximadamente 190 morocho. El otro era pedro el tipico albañil de rasgos indigenas y un cuerpo perfecto y por ultimo axel un negro uruguayo que tan solo verlo me ponia re puta y mas imaginando que los negros dicen que la tienen enorme. Un dia estaba frente a esa bendita ventana y veia a mi negro refrescandose el sudor con una mangera, veia como ese jean se pegaba a sus piernas y traslucia su bulto como el agua hacia brilloso sus musculos. me estaba haciendo una pajita disimulada y divina, cuando atras mio de golpe aparece mi marido. yo me paralize y trate de disimular. El me pregunto en tono de chiste

—Que te gustan los obreros? yo lo tome como si fuera chiste y rei diciendole que estaba mirando el galpon y cuanto costo comprarlo. Mi marido extrañamente se acerco y comenzo a besarme muy exitado, no era para nada comun que el me coja en cualquier lado y hora, yo estaba vestida con un short ajustadisimo y una musculosa, Mi marido lo corrio un poco y me dijo.

—Ja mira si te vieran los obreros asi? esa frase me puso re puta y no pude evitar mojarme y el lo comprobo pues comenzo a pajearme y noto que estaba como nunca. Mi chico estaba enajenado y me puso contra la ventana y el detras mio y me dijo quiero cojerte mientras miras alos obreros.

—Estas loco le dije yo quieriendome hacer la seria, pero los gemidos me impedian hacerme la moralista y mi carita de putita me vendio que estaba re caliente. Mi marido me puso la pija en la concha y empeso a cojerme y el hijo de puta me dijo

—Quien te exita mas de los que ves? yo lle respondi que ninguno que eran horribles y mi marido casi sin escucharme me dijo. Te gusta el negro no? cuando dijo eso no lo podia creer estaba re exitada y sorprendida

—Mira el cuerpo que tiene— ¡¡¡ me decia —Debe medir como 2 metros y debe tener una pija enorme¡¡¡ me decia re caliente. Ante estas frase yo estaba re mojada y con e orto re dilatado. Re loquita le dije ami marido meteme algo grande.

Mi marido dejo de cojerme y se fue. Al rato volvio con una berenjena negra enorme de aprox 25 x 6. —Imagina que es la pija del negro dijo re caliente , me puso en cuatro patas mirando hacia la ventana y me clavo esa enormidad en la concha y me decia ¿ Te gusta la pija de axel?. Yo estaba re puta y le decia que si. Gemia re loca como nunca antes mi marido aprovecho mi culo dilatado para con su pija de 17 x 4 cojermelo cosa que nunca antes habia hecho. Y acavamos como locos.

Esta practica la hicimos durante largo tiempo casi 3 meses. Mi marido estaba obsecionado con ese negro y me habia comprado pijas de goma negra y hasta la ropa interior del negro axel para que me pajeara con ellas . Yo tambien estaba re caliente con ese negro. Un dia mi marido me llama del galpon y me dice que le lleve unos documentos yo en ese momento estab haciendo gimnasia y estaba con una calza re metida y una musculosa blanca. Cuando entre al galpon estaba alex en un patio donde habia bolsas de cemento, el estaba muy sucio y transpirado recostado con el torzo desnudo sobre un cajon viejo. Era la primera vez que nos veiamos cara a cara y el guacho me miro la conchita fijamente pues la calza se me re metia. No podia disimularlo me miraba la conchita y la boca. Yo estaba a full re exitada el negro era enorme y lo mas sexy que habia visto en mi vida. Le pregunte sobre mi marido y me explico que tenia que esperar un poco pues estaba en una reunion con unos compradores. Yo trataba de no mirarlo pero mi vista se iva a la entrepierna del negro. Tenia un bulto enorme que elevaba su pantalon. El negro se dio cuenta que me estaba mirando por demas y me dijo_ Disculpe si la miro tanto es que no estoy acostumbrado aver una mujer tan hermosa como usted. Yo sonrei re caliente y acep´tando el piropo. El negro no se quedo atras al ver que yo fui demasiado simpatica y me dijo si podia dar una vuelta por que decia que jamas habia visto piernas tan marcadas y perfectas. Yo me hice la inocente y di una vuelta parando mu puto culo como nunca antes, estaba casi en un orgasmo al mostrarle a ese potro negro mi culo parado.

—Tiene una cola deliciosa señora dijo el negro con el bulto mucho mar grande que antes.

Yo ya le miraba el bulto descaradamente mientras agradecia sus cumpidos, El negro era rapido y me dijo Pero al verla se me paro. Puedo retirarme? me dijo mirandome la boca _ Yo le dije no hay problema es algo natural. Decia cualquier cosa contal de que el negro no se fuera. _ Puedo tutearla? me dijo tomandome de la mano. Yo le dije que si y el negro maldito me pregunto mientras sostenia su enorme mano. _ Alguna vez vistes una pija negra?. Yo re exitada y agitada le respondi que no. El maldito negro llevo su manota a la bragueta y en ese momento trate de enfriarme y le dije _ Axel esto se esta llendo ala mierda y mi marido esta ahi nomas. Lo peor es que eso me exitaba mas. Solo es un minuto dijo el negro, alguien con tu culito merec verla. Yo estaba regalada mojada y super puta. Bajo la bragueta y saco una cosa impresionante una pija negra como el petroleo Brillosa, Tenia el tamaño de mi antebrazo creo que pasaba los 30 cm y era muy ancha pero su propiedad era su largo. Cuando vi eso tuve un orgasmo y me agite mucho tratando de hacer mudos mis gemidos. Tenia mis ojitos azules con mis parpados por la mitad, mojaba continuamente mis lavios con mi larga lengua perforada por un piercing . Mi cabello estaba atado tengo flequillito y pelo largo y rubi tengo carita de adolecente puta y vestida asi parecia una estudiante de secundario de 17 años. Cuando axel vio como estaba me dijo

—Veni tocala te va agustar mucho.

Me acerque casi automaticamente y me arrodille frente al negro quedando hipnotizada frente a la poronga impresionante de ese negro de mierda. Cuando la toque no lo podia creer mi mano derecha no cerraba de lo ancha que era. _ Es enorme y esta re dura le dije embobada con esa estaka negra.

—Hacele una paja. me dijo el negro puto sonriendo re caliente. Lo empeze apajear re puta no solo con una mano pues era enorme sino con las dos pajeaba esa pija inmensa. Lo pajeaba rapidisimo y luego muy lento y dejando al bajar su cavezota negra y perfecta al descubierto. Y estaba en extasis y le pregunte gimiendo como una gatita cojida.

—Puedo Hacerte una chupada?. Si putita chupala contesto el negro re caliente. me chupe esa pija inmenza desesperada. Me la metia hasta la garganta hasta darme arcadas y luego con la saliva que vomitaba se la chupaba como un helado. Era la situacion mas perversa que habia vivido. Mi concha chorreaba. El negro no dijo nada, se paro me dio vuelta me bajo las calzas y me metio dos negros dedos enormes cada dedo parecia la pija de mi esposo.

—Es un culo muy putito y merece una garcha enorme putita de mierda.

Me decia el negro en tono violento. daba miedo semejante bestia cojiendome con esos dedotes y con semejante cuerpo.

Pero ami eso me exitaba mas. El negro se agacho detras de mi culo me lo abrio y escupio mi concha vulgarmente tres veces, se paro nuevamente y me la clavo de una. No podia creer el dolor al principio esa estaca me hahbia partido la concha en un segundo luego del tercer moviemiento todo era placer esa pija me hacia acavar continuamente, era un animal violento cojiendome con fuerza. Semejante negro fuerte con una rubiecita flaquita con carita de nena. Su pija entraba hasta la mitad y ya tocaba fondo. Yo le decia de todo estaba re puta y descontrolada

—Cojeme bien la concha negro de mierda, negro puto y sucio.

El negro mientras me dava me jalaba el pelo y solo decia

—Putita chupa pija jamas te comiste una asi.

Ya habia acavado mas de 10 veces y el negro seguia taladrandome. Cuando cambiamos de posicion no podia creerlo mi esposo estaba alli. Sentado en una bolsa de cemento haciendose una paja. Yo me tape como pude pero axel capto enseguida todo y le dijo_Le calienta como me cojo a su esposa jefe?. No lo podia creer axel tenia su pija en mi aun y mi marido le pidio que le muetre toda la pija. El negro se sonrio y me dijo _ Parece que a tu marido le gustan la vergas. El negro se acrco sonriendo ami marido y le acerco su pijota en la cara. Y alex le dijo

—Quiere chuparla jefe?.

No lo podia creer mi marido empezo atragarse desesperado esa tranca negra mientras el negro reia y me pajeaba ahora el culo con sus dedotes. Mientras no podia parar de besar al negro, me estaba recojiendo con sus dedos mientras mi marido como una putita le re chupaba la pija enajenado….

Continuara

si les gusto y quieren mas
alexxxa28@hotmail.com

Belleza negra (Capí­tulo 2)

Irritado ante la resistencia de su víctima a ser sodomizada, la inmoviliza completamente para disfrutar del placer del sexo anal no consentido.

Terminé de desvestirla para poder contemplar su cuerpo desnudo, el mismo cuerpo que tantas veces había imaginado ver así, y que había sido durante tanto tiempo mi motivante predilecto en el momento de hacerme una paja. La pobre estaba completamente mojada, el agua que yo le había derramado sobre el cuerpo se mezclaba con la transpiración, producto de la gimnasia que ella estaba haciendo en el momento en que yo entré con engaños a su casa. Debía tener el gusto de mi semen en su garganta, pues acababa de tragar toda la leche de mi reciente eyaculación.
La hice inclinarse sobre la mesa, apoyando las tetas contra la tabla, de manera que su culo quedaba bien parado. Le separé las piernas y le puse uno de mis dedos en la boca. La obligué a chuparlo, a dejarlo completamente cubierto de saliva. Luego me arrodillé frente a su culo, y por debajo de las nalgas encontré su conchita húmeda, y le metí el dedo que antes le hiciera chupar hasta el fondo. Me sorprendía lo rosado que era el interior de su vagina, siendo tan morena ella. Cuando le empecé a lamer el culo, y tuvo un ataque de histeria y se largó a llorar. No resistió sentir mi lengua pasando por encima de su orificio anal, al mismo tiempo que yo la masturbaba con mi dedo, y trató de resistirse nuevamente. Como tenía las manos atadas por detrás de la espalda, le costó cierto esfuerzo incorporarse, y cuando lo hizo intentó darme patadas, que yo esquivé saliendo casi invicto. Digo casi porque en un principio traté de demostrarle lo inútil de sus esfuerzos, poniéndome al alcance de sus piernas sin intentar atacarla, y apartándome justo en el momento en que intentaba lanzarme un puntapié, pero llegó un momento en que la confianza me traicionó y ella logró asestarme un golpe en las costillas, y derribarme. Cuando intentó continuar en su ataque, yo ya lograba recuperarme y agarrándola de sus piernas la derribé. Forcejeamos un poco, pero finalmente se rindió, llorando desconsoladamente.
Le metí en la boca un trozo de tela de su propia bombacha, que como el resto de su ropa estaba hecha pedazos, y la amordacé con otro trozo de tela proveniente de lo que había sido su remera. La tiré al piso e inspeccioné un poco la casa. Luego volví por ella. La hice ponerse en cuatro patas y así, caminando como una perra, la guié a empujones por la casa hasta llegar al baño. La puse debajo de la ducha y, sin correr la cortina, abrí la llave del agua fría, que caía sobre la pobre mujer que atada y amordazada no tenía otra opción que aguantarla sin moverse demasiado, a resto de resbalar o perder el equilibrio y darse un buen golpe. Luego de un rato de verla sufrir bajo el agua helada, y cuando supuse que ya tendría los nervios más aplacados, corregí la temperatura del agua para que saliera un poco más tibia. Me quité la remera y las zapatillas, y vestido sólo con mi pantalón de jean, me puse junto a ella, pero sin entrar en la ducha. Las gotas me salpicaban, por lo que yo también estaba un poco mojado. Agarré el jabón y se lo pasé suavemente por el cuerpo, poniendo especial atención en las partes más interesantes del mismo. Le lavé las tetas varias veces, primero dejándoselas bien cubiertas por la espuma, luego masajeándoselas con mis manos. El culo se lo lavé a fondo,  casi metiéndole algún dedo adentro. Cada vez que lo hacía ella pegaba un respingo. Evidentemente, tenía cierta aversión especial a que invadiera su orificio trasero, cosa que me daba más morbo aún. No podía quitarme de la cabeza el que se hubiera resistido tanto cuando intenté lamérselo, y ahora estaba decidido a hacer algo para completar lo que ya había intentado hacer antes. Luego de lavarle hasta el más escondido rincón de su cuerpo, cerré la llave del agua y la sequé enérgicamente con una toalla. La llevé hasta su dormitorio y allí la hice acostarse boca abajo sobre la cama.
Ella ya estaba desnudita y limpita, y estaba maniatada y amordazada. Y yo, estaba más que caliente. Me hubiera tirado encima de ella y de tan solo penetrarla hubiera eyaculado, pero tenía una idea dándome vueltas en la cabeza. Iba a domar a aquella mujer. Busqué en su ropero y encontré lo que buscaba: varios cinturones. Me arrodillé sobre ella y le desaté las muñecas, y luego, la até a la cama. Boca abajo, en cada una de sus muñecas y sus tobillos había un cinto que la sujetaba, bien tirante, anudado a cada una de las cuatro esquinas de la cama. Prácticamente no podía moverse.
Me senté en el borde de la cama, y con mi mano jugueteaba con sus cabellos trenzados. De a poco fui bajando por su cuello y espalda, hasta llegar a su culo. Fue apenas un segundo lo que tardé en llevarme uno de mis dedos a la boca y ensalivarlo, para luego regresar a sus nalgas. Se lo hundí hasta el segundo nudo de mi dedo en el culo. La negra pegó un salto de aquellos, intentó patalear y gritar, temí que alguno de los cintos se zafara pues realmente la furia que desaté con mi acción en esa mujer fue terrible, pero nada ocurrió. La pobre estaba tan bien sujeta, que a pesar de emplear todas sus fuerzas no lograba nada, y mientras tanto yo continuaba hundiéndole aún mas mi dedo en el culo, cada vez con mas fuerza. Era un ojete, sin la menor duda, totalmente virgen. ¿Quién, además, le hubiera dado por el culo a esa mujer con su consentimiento, siendo tan feroz su reacción ante el simple manoseo de esa parte de su cuerpo? Pero ahora, ahora no podía hacer nada. Yo la iba a domar.
Continué hundiendo mi dedo con fuerza en su ojete, para demostrarle que, a pesar de lo que ella intentara, no se lo sacaría hasta que yo quisiera. Yo era quien daba las órdenes allí. Cuando se quedó un poco mas calmada, pues se cansó de forcejear, le saqué el dedo de un golpe, cosa que creo que le habrá dolido más que cuando se lo metí, por el grito reprimido que se alcanzó a oír, aplacado por la mordaza que tenía puesta. Debía estar sintiendo los sabores de su concha, puesto que había puesto sus bragas en su boca antes de amordazarla. Busqué por la pieza algo con que darle las correcciones, algo para usar de fusta, pero no encontré nada lo suficientemente apropiado. Entonces fui hasta la cocina, y allí entre los cajones, mientras buscaba alguna espátula o algo similar, encontré una de las cucharas largas que se usan para el clericó, que son prácticamente mas que una cuchara una simple varilla fina de madera.
Volví a la pieza, y me dirigí sin distracciones nuevamente a su culo. Ahora sí le di un largo lenguetazo a ese ojete negro que tanto me atraía. Volvió a resistirse. Me aparté un poco y le azoté las nalgas con todas mis fuerzas. Fue un terrible golpazo que se marcó en su piel con un tono más oscuro, y la hizo quedarse quieta. Reemprendí mi tarea, luego de aquella lección de comportamiento, y volví a darle un largo lenguetazo, que nació en su concha y se deslizó por sobre su orificio anal hasta el comienzo de su espalda. Se resistió nuevamente, aún más que la vez anterior, por lo que volví a apartarme y repetí la operación. Aquello realmente debía doler, porque la pobre se quedó quieta al instante de recibir el nuevo azote. Por tercera vez, le lamí el culo, y esta vez se aguantó las ganas de resistirse. Solo cuando le hundí la lengua en su orificio, dio muestras de incomodidad, pero no lo juzgué suficiente como para volver a castigar aún. Ahora volví a apoyar la punta de mi dedo en la entrada de su agujero, y antes de empezar a empujar hacia adentro, tomé con la otra mano la vara de madera para castigarla en cuanto se resistiera. Efectivamente, cuando ya había metido el primer muñón de mi dedo en su interior, nuevamente se puso a intentar patalear y resistirse, y aunque como estaba atada no interfería en mis acciones, yo pretendía que ella se relajara un poco y me dejara actuar con mayor tranquilidad, así que reemprendí la terea de domarla. Le apliqué un golpe en las nalgas mas fuerte que cualquier otro, pero ella no cesaba en sus esfuerzos, por lo que le dí otro, y otro… y no pasaba nada. De todas formas yo continuaba metiéndole mi dedo, y se lo introduje hasta el fondo del orto, cosa que evidentemente le molestaba de sobremanera, porque continuaba moviéndose lo más que sus ataduras se lo permitían. Veinte o más golpes fueron necesarios para que se quedara quieta. Sus nalgas estaban mucho más oscuras que el resto de su cuerpo, pues se notaban los golpes correctivos que había recibido. Finalmente se calmó, y yo jugaba con mi dedo en sus intestinos, metiéndolo un poco y sacándolo otro poco, y girándolo. La lubricaba solo con mi saliva, y finalmente se lo saqué muy despacio.
Me recosté sobre ella, y escupiéndome en las manos fui cubriendo mi pija y todo su culo de saliva. Quería penetrarla, sodomizarla al fin. Ella lloraba, estoy seguro de que cuando me la chupó una o dos horas antes nunca pensó que yo llegaría tan lejos con esto. Le apoyé la punta del pene en el culo, y ya empecé a sentir como temblaba la negra. Se lo metí, a medida que el culo de la pobre me lo permitía, hasta el fondo, y ella volvió a resistirse. ¡Qué placer! Era como cabalgarla, ese hembra salvaje se resistía con alma y vida, por lo que yo casi ni siquiera tenía que moverme, sus movimientos me hacían una especie de paja bestial con los músculos del culo, que me apretaban la pija de una forma espectacular. Finalmente eyaculé en su interior, y rápidamente le tuve que sacar la poronga de adentro para poder descansar, pues con tanto movimiento por parte de ella me era imposible. Me recosté junto a ella y prendí un cigarrillo, para fumar en la cama junto a mi exótica amante.

Belleza negra (Capí­tulo 3)

Luego de haberla violado analmente, deja a su víctima sola y atada, como tortura psicológica, para volver horas más tarde y violarla nuevamente.

Un rato después del terrible polvo que le había hechado a la negra, me di una ducha y me volví a vestir. Sabía que la pobre vivía sola, por lo que si la dejaba bien encerrada en su casa, correspondientemente atada, no habría peligro de salir y volver más tarde. Así que sin decirle una palabra, busqué un juego de llaves y me marché, dejándola atada en la cama y con el culo roto. Pasé el resto de la tarde arreglando algunas cosas para mi partida, pues como ya les narré antes debía marcharme al interior del país por cuestiones laborales, y a eso de las nueve de la noche, me decidí a volver a la casa de la negra. Todo ese tiempo me la imaginaba, sola, en su casa, completamente inmovilizada y sin ninguna posibilidad de pedir ayuda. Estaría suplicando internamente que yo volviera, puesto que si yo ya no iba por ella, ¿cuánto tardarían los vecinos en darse cuenta de que había sido secuestrada en su propio hogar? Como me retrasé un poco, llegué de vuelta a eso de las diez, o sea que la pobre mujer había estado unas cinco horas sin comer ni beber, sin ir al baño siquiera. Ya desde el pasillo se escuchaban algunos forcejeos, que la negra debía estar haciendo al escuchar que alguien entraba a su casa después de horas de completo silencio. Cuando me vio entrar a su pieza, se quedó quieta unos instantes, pero en seguida continuó forcejeando. Le saqué la mordaza. Ella intentaba hablar pero no podía, tenía la garganta seca, por lo que le acerqué a la boca un vaso de agua que sorbió con dificultad (estaba atada boca abajo) y luego se desplomó sobre la almohada.
—Necesito ir al baño… por favor…
Contemplé su culo abierto, el mismo que ese mismo día le había desvirgado, y luego la desaté. Tenía los músculos entumecidos y débiles por la posición a la que había estado obligada y por las ataduras y los forcejeos. Quiso levantarse pero cuando lo hizo la empujé contra el colchón y la pobre cayó sin oponer resistencia. Mientras sacaba uno de los cintos con que la había mantenido sujeta a la cama y se lo pasaba alrededor del cuello, a modo de correa de la cual si tiraba se apretaba más, le dije
—Vas a ir caminando en cuatro patas, como una perrita, ¿estamos?
—Por favor… basta…
La agarré de los pelos y le dije
—Responde con ladridos, perrita, o te cago a trompadas
A continuación, ocurrió la escena tal cual yo la había planificado en mi imaginación, algo realmente increíble. Se puso en cuatro patas y así fue caminando hasta el baño, conmigo por detrás tirando de su “correa”, y cuando llegamos al mismo intentó sentarse en el inodoro. Yo negué con la cabeza y le dije que las perritas no meaban en los inodoros, que si quería podía  mear en el piso. Así fue, la pobre meó en cuatro patas, y hasta levantó una como yo se lo indiqué. Luego limpió el piso con un trapo que había en el baño, y la hice meterse en la bañadera, donde le abrí la llave del agua de la ducha para que se limpiara. Se secó con una toalla, y después la llevé, tirando de la correa, hasta la cocina. Allí le puse agua en un platito, en el piso, que sorvió como pudo. Yo me senté en una silla al lado suyo, y cuando ella hubo saciado su sed, tiré de la correa para atraerla hasta mí. Me bajé los pantalones y los calzoncillos hasta los tobillos, y le indiqué que debía lamerme las bolas, cosa que hizo obedientemente. Era fabuloso ver a esa mujer  actuando actuando como una perra, temerosa del castigo que yo podría infligirle si no me obedecía. Unos minutos más tarde me cansé de humillarla de esa manera, y volví a ponerla en la posición que primeramente la hice adoptar cuando la violé por primera vez y tanto se resistió. Ella obedeció y se inclinó frente a la mesa, apoyando sus morenas tetas sobre la tabla y separando las piernas, ofreciéndome su culo completamente abierto. De a poco fui metiéndole la pija dentro de su conchita húmeda y rosada, increíblemente rosada por dentro siendo ella tan negra por fuera, y que a diferencia de su culo no era ni tan estrecha ni había recibido tan poco uso. Con mi mano izquierda tomé el cinturón que estaba usando de correa para mi perrita, y elevándolo por sobre mi cabeza le dije
—Si te llegas a resistir, si no me obedeces, te ahorco ¿estamos?
Asintió con la cabeza. Seguramente ya no sabría si debía responderme con palabras o ladridos. De a poco fui metiéndole el dedo pulgar dentro del culo, y al mínimo movimiento de resistencia que yo notaba, por las dudas tiraba del cinturón, que se ajustaba en su cuello cortándole el paso del aire. Con sus manos intentaba liberarse, y lograba desajustar un poco el cinturón nuevamente para poder respirar como corresponde, mientras yo disfrutaba de cojerla al tiempo que ella estaba ocupada en mantenerse con vida.  Sin dejar de moverme embistiendo sus nalgas, le ordené que se pellizcara los pezones y se moviera a mi ritmo, y ella obedeció sin responderme una palabra. De a poco sentí que su concha me apretaba más y más. Era la primera vez que sentía músculos vaginales tan poderosos alrededor de mi pija, era como si un puño cerrado ejerciera presión sobre mi miembro, pues ella, cada vez más cerca del orgasmo, comenzó a moverse no solo de adelante hacia atrás, chocando maravillosamente con mi pelvis y mi pene que en cada estocada se hundía más y más en su interior, sino que al mismo tiempo, y sin necesidad de ninguna indicación de mi parte, ella misma inició un movimiento de cadera que hacía que mi dedo entrara y saliera de su culo. Verdaderamente, ella había encontrado cierto placer en la masturbación anal que yo le estaba haciendo, y no se molestó en ocultarlo, ni en el momento de moverse, ni en el momento de los gemidos. Pensé que seguramente, ahora que estaba sin mordaza, los vecinos podrían escucharla, aunque… ¿Qué importancia tenía? estos eran, sin lugar a dudas, inconfundibles expresiones de placer y no las que hasta hace tan poco eran de sufrimiento. Unos segundos más tarde que ella hubo llegado al orgasmo, yo le saqué la pija de la concha y me masturbé rápidamente, con la vista puesta en mi dedo que entraba y salía de su dilatado agujero,  y acabándole en las nalgas y encima del oscuro orificio del culo, el mismo que esa tarde yo había desvirgado, mientras ella, ahora, me observaba sonriéndome por encima de su hombro.

Belleza negra (Capítulo 1)

Un joven se arriesga a violar a una mujer negra que es clienta del lugar donde trabaja.
Cuando la conocí quedé impactado por la belleza de esa mujer. Aparentaba tener unos 23 o 24 años, y era hermosa,   realmente hermosa. Llamaba la atención en cualquier lado, por lo exótico de sus encantos. Ella era negra. Una hermosísima negra, alta, muy alta, más de 1,80 de estatura, más alta que yo, y con muy largos cabellos totalmente trenzados, muy prolijos, y sus trenzas estaban adornadas por pequeñas bolitas de cerámica, que hacían ruido cuando ella pasaba haciendo las compras con su changuito entre las góndolas del minimercado. Y yo era el repositor en el minimercado donde ella, día por medio, hacía las compras, y disimuladamente intentaba seguirla, cruzarla, estar cerca de ella constantemente, no privarme en ningún momento de la presencia de su belleza, de la visión de esos escotes en donde lucía el comienzo de sus pechos, hermosos, no demasiado grandes, ni tampoco chicos, sino más bien proporcionados y armoniosos con el cuerpo de esa mujer-monumento. Lo mejor eran sus piernas, largas y perfectas, y los preciosos rasgos propios de su raza, sus labios carnosos y su sonrisa, sus dientes blancos brillando en lo moreno de su cara, sus ojos negros, negrísimos, misteriosos, su nariz chata y pequeña. Toda ella era hermosa. Era la belleza del Africa concentrada en mujer.
Vivía a una cuadra del minimercado. Y me la quitaron. Me la quitaron cuando me despidieron, cuando hicieron reducción de personal y me quedé sin trabajo. Ya no volvería a verla más. Ya nunca disfrutaría de su presencia, nunca más acariciaría sus largas piernas morenas con mi mirada… a menos que aprovechara la circunstancia de que ella me conociera para introducirme a su casa… y someterla a mis deseos sexuales.
A la semana de haber sido despedido conseguí trabajo en el interior del país, gracias a un familiar. En un par de días me iría de Mar del Plata, la ciudad donde vivía cuando ocurrió lo que les narro, y ya no volvería por mucho tiempo. Nadie conocería mi nueva dirección y no podrían encontrarme facilmente. El mismo día que supe que me iría, aparecí en la casa de la mujer de mis sueños a eso del mediodía. Toqué el timbre, como muchas veces lo había hecho ya cuando entregaba los pedidos del minimercado, y ella me atendió por el portero eléctrico.
-¿Quién es?
-Juan, del autoservicio, le traigo unos documentos que ud. perdió en el minimercado.
-Ya te abro
Escuché los pasos apurados que vinieron hasta la puerta, la llave que giraba en la cerradura, y al fin la ví de nuevo, a ella, tan hermosa como siempre, con unas calzas amarillas y una remera rosa. Llevaba zapatillas deportivas y estaba un poco transpirada, sin duda estaría haciendo gimnasia.
-Hola
-Hola, ¿cómo estás…? ¿Qué es lo que se me perdió?
-Sí, estos documentos… Me mandaron a ver si eran tuyos- y busqué en mi bolsillo unos documentos míos de cuando era chico, viejos y arruinados. Se los di.
Ni siquiera los abrió. Los miró por fuera y me dijo
-No. No, esto no es mío.
-Ah… bueno, a mi jefe le había parecido… Disculpa, ¿no tendrás un vaso de agua?
-Sí, claro. Pasa que te doy.
Lo había logrado. Cerré la puerta atrás mío y la seguí a través de la casa. Llegamos a la cocina y sacó de la heladera una botella de agua, y me sirvió en un vaso. Yo lo tomaba de a poco, sin apuro.
-¿Estabas haciendo gimnasia?
-Si… (sonrió) pero ya estoy muerta, estaba terminando. ¿Tomás más?-dijo, con la botella de agua en la mano, haciendo un ademán de guardarlo en la heladera.
-No, gracias.
Cuando se dio vuelta y abrió la heladera, yo dejé el vaso en la mesada y me le acerqué despacio por detrás, apoyándole el bulto en el culo y abrazándola con mis brazos, le apoyé las palmas de mis manos en las tetas. Dio un salto, tirando la botella al piso, que se abrió y empezó a chorrear agua sobre las baldosas.

-¡¡¡¿Qué haces?!!! ¡Pelotudo!- ¡PAF! La cachetada me sonó en la cara. Tenía fuerza la negra. Me le tiré encima y caímos al piso, forcejeando sobre el charco de agua. Al fin logré ponerle una trompada en el estómago y quedó inmobil. Le faltaba el aire. La puse boca arriba y me arrodillé sobre ella, aplastándole los brazos con el peso de mis piernas. Quería atarla pero no tenía con qué. Miré a mi alrededor y no veía forma de inmobilizarla. Ella se recuperó y se libró de mí con un brusco movimiento ayudándose con las piernas, que me tomó por sorpresa y me tiró al suelo. Los dos nos levantamos. Nos miramos el uno al otro en posición de ataque.
-Andáte. Andáte ya mismo.- Estaba temblando. Su voz se quebraba, estaba muy nerviosa. Era fuerte, pero nada podía hacer contra mí. Podría haberla bajado de una trompada, pero no quería hacerle daño. Me le tiré encima y continuamos con el forcejeo, hasta que al fin pude dominarla doblándole un brazo por detrás de la espalda.
-¡Si te movés te rompo el brazo!
Se serenó y se quedó quieta. Yo me saqué el cinturón y lo usé para atarle las muñecas, con fuerza, por detrás. Al fin. Ya era mía. La senté en una silla de la cocina de un sólo empujón, y la observé. No solo estaba toda transpirada, sino que también estaba un poco mojada de cuando forcejeamos sobre el charco de agua. Abrí la heladera y saqué otra botella de agua helada. La destapé, tomé un sorvo (estaba exausto) y muy despacio la derramé sobre mi presa. Mojaba su pelo trenzado, su remera rosa, a través de la cual ahora podía ver un corpiño blanco, le mojaba las calzas y las piernas. Acerqué mi mano hasta su panza, acaricié sus abdominales firmes, y con un dedo estiré la calza, pudiendo ver una bombacha blanca por debajo de esta. Ahí derramé el resto del agua helada.
Sus pezones, por el frío, se habían puesto duros, durísimos. Atravesaban el corpiño y la remera, clavándose duros contra esta, y yo podía pellizcarlos por debajo de la ropa.
-Para… por favor, para… no seas hijo de puta…
Me senté en una silla y la hice sentarse encima mío. Le bajé las calzas hasta las rodillas. Nunca había visto la concha de una negra. Los pelitos se le salían por los costados de la bombacha, y yo acariciaba sus piernas largas, eternas. La pobre estaba a mi merced. Le arremangué la remera hasta las axilas. Le desabroché el corpiño y lo corrí hacia arriba. Sus tetas habían quedado al descubierto. Sus pezones erectos y duros como piedras me invitaban a chuparlos, y yo por supuesto acepté la invitación.
-Por favor, no seas hijo de puta… para… para, por favor…
Le arranqué la bombacha. Una maraña de pelos negros, enrulados, le cubría el tajo, y yo los acariciaba, jugaba con ellos, enredaba mis dedos formando grupos de rulitos… no podía más, tenía que eyacular. La puse de rodillas frente a mí, y le dije
-Ahora me la vas a chupar, porque si no lo haces, o lo haces mal, te voy a cagar a trompadas ¿entendiste?- Y al tiempo que le decía esto me bajaba los pantalones
-Por favor, no, no me hagas esto…- ¡PAF! Le di una cachetada, suave, pero rápida, lo suficiente como para que entendiera que hablaba en serio, pero sin hacerle daño
-¿Entendiste?

Asintió con la cabeza.
-Bueno, si entendiste, antes de chupármela me vas a dar un beso- y me incliné para quedar a su altura. Me dio un beso espectacular, su boca fue lo más delicioso que haya sentido en mi vida.
La agarré de las trenzas y le metí la pija en la boca. Sus labios, enormes, hechos para succionar porongas, me daban un placer enorme. La hice lamerme las bolas y las piernas. Al final le acabé en la boca, y ella lo tragó todo, absolutamente todo. Succionaba mi pija como si fuera una bombilla, y prácticamente le inyecté el semen en la garganta. Supongo que creyó que allí terminaría todo. Que equivocada que estaba. Recién había empezado.