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Yo y mi marido con el negro

Saturday, March 10th, 2007

Mi nombre es alexa y estoy casada hace 10 años soy una mujer de 27 años delgada blanquita y rubia 1,67 de cola muy paradita y profunda mis labios son muy sexis, mis amigas me cargan diciendo que tengo boquita de chupa pija. Soy una chica que realmente hasta este momento que les contare jamas habia estado conforme con el sexo que tenia. Mi marido es un tipico profesional en arquitectura muy culto y el sexo que teniamos era tradicional y suave y realmente siempre terminaba luego de cojer haciendome pajas con peliculas porno o mirando fotos de internet. Esos hombres bien machos de pija enorme y movimientos grotescos. Las pijas grande me ponen tan exitada que con solo ver una verga en una foto ya me mojo instantaneamente y mi boquita se hace aguita y quiero chuparme una.

Esta historia comienza cuando mi marido compra un galpon de materiales de construccion delante de nuestro hogar. Alli habia varios empleados y esos empleados eran los protagonistas de mis pajas. Mi ventana daba al patio donde ellos trabajaban y me re pajeaba viendolos en cuero sus musculos sus movimientos de macho imaginaba sus musculos. Ellos eran ruben un graandote bestia sin un gramo de grasa en su musculoso cuerpo de aproximadamente 190 morocho. El otro era pedro el tipico albañil de rasgos indigenas y un cuerpo perfecto y por ultimo axel un negro uruguayo que tan solo verlo me ponia re puta y mas imaginando que los negros dicen que la tienen enorme. Un dia estaba frente a esa bendita ventana y veia a mi negro refrescandose el sudor con una mangera, veia como ese jean se pegaba a sus piernas y traslucia su bulto como el agua hacia brilloso sus musculos. me estaba haciendo una pajita disimulada y divina, cuando atras mio de golpe aparece mi marido. yo me paralize y trate de disimular. El me pregunto en tono de chiste

—Que te gustan los obreros? yo lo tome como si fuera chiste y rei diciendole que estaba mirando el galpon y cuanto costo comprarlo. Mi marido extrañamente se acerco y comenzo a besarme muy exitado, no era para nada comun que el me coja en cualquier lado y hora, yo estaba vestida con un short ajustadisimo y una musculosa, Mi marido lo corrio un poco y me dijo.

—Ja mira si te vieran los obreros asi? esa frase me puso re puta y no pude evitar mojarme y el lo comprobo pues comenzo a pajearme y noto que estaba como nunca. Mi chico estaba enajenado y me puso contra la ventana y el detras mio y me dijo quiero cojerte mientras miras alos obreros.

—Estas loco le dije yo quieriendome hacer la seria, pero los gemidos me impedian hacerme la moralista y mi carita de putita me vendio que estaba re caliente. Mi marido me puso la pija en la concha y empeso a cojerme y el hijo de puta me dijo

—Quien te exita mas de los que ves? yo lle respondi que ninguno que eran horribles y mi marido casi sin escucharme me dijo. Te gusta el negro no? cuando dijo eso no lo podia creer estaba re exitada y sorprendida

—Mira el cuerpo que tiene— ¡¡¡ me decia —Debe medir como 2 metros y debe tener una pija enorme¡¡¡ me decia re caliente. Ante estas frase yo estaba re mojada y con e orto re dilatado. Re loquita le dije ami marido meteme algo grande.

Mi marido dejo de cojerme y se fue. Al rato volvio con una berenjena negra enorme de aprox 25 x 6. —Imagina que es la pija del negro dijo re caliente , me puso en cuatro patas mirando hacia la ventana y me clavo esa enormidad en la concha y me decia ¿ Te gusta la pija de axel?. Yo estaba re puta y le decia que si. Gemia re loca como nunca antes mi marido aprovecho mi culo dilatado para con su pija de 17 x 4 cojermelo cosa que nunca antes habia hecho. Y acavamos como locos.

Esta practica la hicimos durante largo tiempo casi 3 meses. Mi marido estaba obsecionado con ese negro y me habia comprado pijas de goma negra y hasta la ropa interior del negro axel para que me pajeara con ellas . Yo tambien estaba re caliente con ese negro. Un dia mi marido me llama del galpon y me dice que le lleve unos documentos yo en ese momento estab haciendo gimnasia y estaba con una calza re metida y una musculosa blanca. Cuando entre al galpon estaba alex en un patio donde habia bolsas de cemento, el estaba muy sucio y transpirado recostado con el torzo desnudo sobre un cajon viejo. Era la primera vez que nos veiamos cara a cara y el guacho me miro la conchita fijamente pues la calza se me re metia. No podia disimularlo me miraba la conchita y la boca. Yo estaba a full re exitada el negro era enorme y lo mas sexy que habia visto en mi vida. Le pregunte sobre mi marido y me explico que tenia que esperar un poco pues estaba en una reunion con unos compradores. Yo trataba de no mirarlo pero mi vista se iva a la entrepierna del negro. Tenia un bulto enorme que elevaba su pantalon. El negro se dio cuenta que me estaba mirando por demas y me dijo_ Disculpe si la miro tanto es que no estoy acostumbrado aver una mujer tan hermosa como usted. Yo sonrei re caliente y acep´tando el piropo. El negro no se quedo atras al ver que yo fui demasiado simpatica y me dijo si podia dar una vuelta por que decia que jamas habia visto piernas tan marcadas y perfectas. Yo me hice la inocente y di una vuelta parando mu puto culo como nunca antes, estaba casi en un orgasmo al mostrarle a ese potro negro mi culo parado.

—Tiene una cola deliciosa señora dijo el negro con el bulto mucho mar grande que antes.

Yo ya le miraba el bulto descaradamente mientras agradecia sus cumpidos, El negro era rapido y me dijo Pero al verla se me paro. Puedo retirarme? me dijo mirandome la boca _ Yo le dije no hay problema es algo natural. Decia cualquier cosa contal de que el negro no se fuera. _ Puedo tutearla? me dijo tomandome de la mano. Yo le dije que si y el negro maldito me pregunto mientras sostenia su enorme mano. _ Alguna vez vistes una pija negra?. Yo re exitada y agitada le respondi que no. El maldito negro llevo su manota a la bragueta y en ese momento trate de enfriarme y le dije _ Axel esto se esta llendo ala mierda y mi marido esta ahi nomas. Lo peor es que eso me exitaba mas. Solo es un minuto dijo el negro, alguien con tu culito merec verla. Yo estaba regalada mojada y super puta. Bajo la bragueta y saco una cosa impresionante una pija negra como el petroleo Brillosa, Tenia el tamaño de mi antebrazo creo que pasaba los 30 cm y era muy ancha pero su propiedad era su largo. Cuando vi eso tuve un orgasmo y me agite mucho tratando de hacer mudos mis gemidos. Tenia mis ojitos azules con mis parpados por la mitad, mojaba continuamente mis lavios con mi larga lengua perforada por un piercing . Mi cabello estaba atado tengo flequillito y pelo largo y rubi tengo carita de adolecente puta y vestida asi parecia una estudiante de secundario de 17 años. Cuando axel vio como estaba me dijo

—Veni tocala te va agustar mucho.

Me acerque casi automaticamente y me arrodille frente al negro quedando hipnotizada frente a la poronga impresionante de ese negro de mierda. Cuando la toque no lo podia creer mi mano derecha no cerraba de lo ancha que era. _ Es enorme y esta re dura le dije embobada con esa estaka negra.

—Hacele una paja. me dijo el negro puto sonriendo re caliente. Lo empeze apajear re puta no solo con una mano pues era enorme sino con las dos pajeaba esa pija inmensa. Lo pajeaba rapidisimo y luego muy lento y dejando al bajar su cavezota negra y perfecta al descubierto. Y estaba en extasis y le pregunte gimiendo como una gatita cojida.

—Puedo Hacerte una chupada?. Si putita chupala contesto el negro re caliente. me chupe esa pija inmenza desesperada. Me la metia hasta la garganta hasta darme arcadas y luego con la saliva que vomitaba se la chupaba como un helado. Era la situacion mas perversa que habia vivido. Mi concha chorreaba. El negro no dijo nada, se paro me dio vuelta me bajo las calzas y me metio dos negros dedos enormes cada dedo parecia la pija de mi esposo.

—Es un culo muy putito y merece una garcha enorme putita de mierda.

Me decia el negro en tono violento. daba miedo semejante bestia cojiendome con esos dedotes y con semejante cuerpo.

Pero ami eso me exitaba mas. El negro se agacho detras de mi culo me lo abrio y escupio mi concha vulgarmente tres veces, se paro nuevamente y me la clavo de una. No podia creer el dolor al principio esa estaca me hahbia partido la concha en un segundo luego del tercer moviemiento todo era placer esa pija me hacia acavar continuamente, era un animal violento cojiendome con fuerza. Semejante negro fuerte con una rubiecita flaquita con carita de nena. Su pija entraba hasta la mitad y ya tocaba fondo. Yo le decia de todo estaba re puta y descontrolada

—Cojeme bien la concha negro de mierda, negro puto y sucio.

El negro mientras me dava me jalaba el pelo y solo decia

—Putita chupa pija jamas te comiste una asi.

Ya habia acavado mas de 10 veces y el negro seguia taladrandome. Cuando cambiamos de posicion no podia creerlo mi esposo estaba alli. Sentado en una bolsa de cemento haciendose una paja. Yo me tape como pude pero axel capto enseguida todo y le dijo_Le calienta como me cojo a su esposa jefe?. No lo podia creer axel tenia su pija en mi aun y mi marido le pidio que le muetre toda la pija. El negro se sonrio y me dijo _ Parece que a tu marido le gustan la vergas. El negro se acrco sonriendo ami marido y le acerco su pijota en la cara. Y alex le dijo

—Quiere chuparla jefe?.

No lo podia creer mi marido empezo atragarse desesperado esa tranca negra mientras el negro reia y me pajeaba ahora el culo con sus dedotes. Mientras no podia parar de besar al negro, me estaba recojiendo con sus dedos mientras mi marido como una putita le re chupaba la pija enajenado….

Continuara

si les gusto y quieren mas
alexxxa28@hotmail.com

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Belleza negra (Capítulo 2)

Wednesday, January 10th, 2007

Irritado ante la resistencia de su víctima a ser sodomizada, la inmoviliza completamente para disfrutar del placer del sexo anal no consentido.

Terminé de desvestirla para poder contemplar su cuerpo desnudo, el mismo cuerpo que tantas veces había imaginado ver así, y que había sido durante tanto tiempo mi motivante predilecto en el momento de hacerme una paja. La pobre estaba completamente mojada, el agua que yo le había derramado sobre el cuerpo se mezclaba con la transpiración, producto de la gimnasia que ella estaba haciendo en el momento en que yo entré con engaños a su casa. Debía tener el gusto de mi semen en su garganta, pues acababa de tragar toda la leche de mi reciente eyaculación.
La hice inclinarse sobre la mesa, apoyando las tetas contra la tabla, de manera que su culo quedaba bien parado. Le separé las piernas y le puse uno de mis dedos en la boca. La obligué a chuparlo, a dejarlo completamente cubierto de saliva. Luego me arrodillé frente a su culo, y por debajo de las nalgas encontré su conchita húmeda, y le metí el dedo que antes le hiciera chupar hasta el fondo. Me sorprendía lo rosado que era el interior de su vagina, siendo tan morena ella. Cuando le empecé a lamer el culo, y tuvo un ataque de histeria y se largó a llorar. No resistió sentir mi lengua pasando por encima de su orificio anal, al mismo tiempo que yo la masturbaba con mi dedo, y trató de resistirse nuevamente. Como tenía las manos atadas por detrás de la espalda, le costó cierto esfuerzo incorporarse, y cuando lo hizo intentó darme patadas, que yo esquivé saliendo casi invicto. Digo casi porque en un principio traté de demostrarle lo inútil de sus esfuerzos, poniéndome al alcance de sus piernas sin intentar atacarla, y apartándome justo en el momento en que intentaba lanzarme un puntapié, pero llegó un momento en que la confianza me traicionó y ella logró asestarme un golpe en las costillas, y derribarme. Cuando intentó continuar en su ataque, yo ya lograba recuperarme y agarrándola de sus piernas la derribé. Forcejeamos un poco, pero finalmente se rindió, llorando desconsoladamente.
Le metí en la boca un trozo de tela de su propia bombacha, que como el resto de su ropa estaba hecha pedazos, y la amordacé con otro trozo de tela proveniente de lo que había sido su remera. La tiré al piso e inspeccioné un poco la casa. Luego volví por ella. La hice ponerse en cuatro patas y así, caminando como una perra, la guié a empujones por la casa hasta llegar al baño. La puse debajo de la ducha y, sin correr la cortina, abrí la llave del agua fría, que caía sobre la pobre mujer que atada y amordazada no tenía otra opción que aguantarla sin moverse demasiado, a resto de resbalar o perder el equilibrio y darse un buen golpe. Luego de un rato de verla sufrir bajo el agua helada, y cuando supuse que ya tendría los nervios más aplacados, corregí la temperatura del agua para que saliera un poco más tibia. Me quité la remera y las zapatillas, y vestido sólo con mi pantalón de jean, me puse junto a ella, pero sin entrar en la ducha. Las gotas me salpicaban, por lo que yo también estaba un poco mojado. Agarré el jabón y se lo pasé suavemente por el cuerpo, poniendo especial atención en las partes más interesantes del mismo. Le lavé las tetas varias veces, primero dejándoselas bien cubiertas por la espuma, luego masajeándoselas con mis manos. El culo se lo lavé a fondo,  casi metiéndole algún dedo adentro. Cada vez que lo hacía ella pegaba un respingo. Evidentemente, tenía cierta aversión especial a que invadiera su orificio trasero, cosa que me daba más morbo aún. No podía quitarme de la cabeza el que se hubiera resistido tanto cuando intenté lamérselo, y ahora estaba decidido a hacer algo para completar lo que ya había intentado hacer antes. Luego de lavarle hasta el más escondido rincón de su cuerpo, cerré la llave del agua y la sequé enérgicamente con una toalla. La llevé hasta su dormitorio y allí la hice acostarse boca abajo sobre la cama.
Ella ya estaba desnudita y limpita, y estaba maniatada y amordazada. Y yo, estaba más que caliente. Me hubiera tirado encima de ella y de tan solo penetrarla hubiera eyaculado, pero tenía una idea dándome vueltas en la cabeza. Iba a domar a aquella mujer. Busqué en su ropero y encontré lo que buscaba: varios cinturones. Me arrodillé sobre ella y le desaté las muñecas, y luego, la até a la cama. Boca abajo, en cada una de sus muñecas y sus tobillos había un cinto que la sujetaba, bien tirante, anudado a cada una de las cuatro esquinas de la cama. Prácticamente no podía moverse.
Me senté en el borde de la cama, y con mi mano jugueteaba con sus cabellos trenzados. De a poco fui bajando por su cuello y espalda, hasta llegar a su culo. Fue apenas un segundo lo que tardé en llevarme uno de mis dedos a la boca y ensalivarlo, para luego regresar a sus nalgas. Se lo hundí hasta el segundo nudo de mi dedo en el culo. La negra pegó un salto de aquellos, intentó patalear y gritar, temí que alguno de los cintos se zafara pues realmente la furia que desaté con mi acción en esa mujer fue terrible, pero nada ocurrió. La pobre estaba tan bien sujeta, que a pesar de emplear todas sus fuerzas no lograba nada, y mientras tanto yo continuaba hundiéndole aún mas mi dedo en el culo, cada vez con mas fuerza. Era un ojete, sin la menor duda, totalmente virgen. ¿Quién, además, le hubiera dado por el culo a esa mujer con su consentimiento, siendo tan feroz su reacción ante el simple manoseo de esa parte de su cuerpo? Pero ahora, ahora no podía hacer nada. Yo la iba a domar.
Continué hundiendo mi dedo con fuerza en su ojete, para demostrarle que, a pesar de lo que ella intentara, no se lo sacaría hasta que yo quisiera. Yo era quien daba las órdenes allí. Cuando se quedó un poco mas calmada, pues se cansó de forcejear, le saqué el dedo de un golpe, cosa que creo que le habrá dolido más que cuando se lo metí, por el grito reprimido que se alcanzó a oír, aplacado por la mordaza que tenía puesta. Debía estar sintiendo los sabores de su concha, puesto que había puesto sus bragas en su boca antes de amordazarla. Busqué por la pieza algo con que darle las correcciones, algo para usar de fusta, pero no encontré nada lo suficientemente apropiado. Entonces fui hasta la cocina, y allí entre los cajones, mientras buscaba alguna espátula o algo similar, encontré una de las cucharas largas que se usan para el clericó, que son prácticamente mas que una cuchara una simple varilla fina de madera.
Volví a la pieza, y me dirigí sin distracciones nuevamente a su culo. Ahora sí le di un largo lenguetazo a ese ojete negro que tanto me atraía. Volvió a resistirse. Me aparté un poco y le azoté las nalgas con todas mis fuerzas. Fue un terrible golpazo que se marcó en su piel con un tono más oscuro, y la hizo quedarse quieta. Reemprendí mi tarea, luego de aquella lección de comportamiento, y volví a darle un largo lenguetazo, que nació en su concha y se deslizó por sobre su orificio anal hasta el comienzo de su espalda. Se resistió nuevamente, aún más que la vez anterior, por lo que volví a apartarme y repetí la operación. Aquello realmente debía doler, porque la pobre se quedó quieta al instante de recibir el nuevo azote. Por tercera vez, le lamí el culo, y esta vez se aguantó las ganas de resistirse. Solo cuando le hundí la lengua en su orificio, dio muestras de incomodidad, pero no lo juzgué suficiente como para volver a castigar aún. Ahora volví a apoyar la punta de mi dedo en la entrada de su agujero, y antes de empezar a empujar hacia adentro, tomé con la otra mano la vara de madera para castigarla en cuanto se resistiera. Efectivamente, cuando ya había metido el primer muñón de mi dedo en su interior, nuevamente se puso a intentar patalear y resistirse, y aunque como estaba atada no interfería en mis acciones, yo pretendía que ella se relajara un poco y me dejara actuar con mayor tranquilidad, así que reemprendí la terea de domarla. Le apliqué un golpe en las nalgas mas fuerte que cualquier otro, pero ella no cesaba en sus esfuerzos, por lo que le dí otro, y otro… y no pasaba nada. De todas formas yo continuaba metiéndole mi dedo, y se lo introduje hasta el fondo del orto, cosa que evidentemente le molestaba de sobremanera, porque continuaba moviéndose lo más que sus ataduras se lo permitían. Veinte o más golpes fueron necesarios para que se quedara quieta. Sus nalgas estaban mucho más oscuras que el resto de su cuerpo, pues se notaban los golpes correctivos que había recibido. Finalmente se calmó, y yo jugaba con mi dedo en sus intestinos, metiéndolo un poco y sacándolo otro poco, y girándolo. La lubricaba solo con mi saliva, y finalmente se lo saqué muy despacio.
Me recosté sobre ella, y escupiéndome en las manos fui cubriendo mi pija y todo su culo de saliva. Quería penetrarla, sodomizarla al fin. Ella lloraba, estoy seguro de que cuando me la chupó una o dos horas antes nunca pensó que yo llegaría tan lejos con esto. Le apoyé la punta del pene en el culo, y ya empecé a sentir como temblaba la negra. Se lo metí, a medida que el culo de la pobre me lo permitía, hasta el fondo, y ella volvió a resistirse. ¡Qué placer! Era como cabalgarla, ese hembra salvaje se resistía con alma y vida, por lo que yo casi ni siquiera tenía que moverme, sus movimientos me hacían una especie de paja bestial con los músculos del culo, que me apretaban la pija de una forma espectacular. Finalmente eyaculé en su interior, y rápidamente le tuve que sacar la poronga de adentro para poder descansar, pues con tanto movimiento por parte de ella me era imposible. Me recosté junto a ella y prendí un cigarrillo, para fumar en la cama junto a mi exótica amante.

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Belleza negra (Capítulo 3)

Wednesday, January 10th, 2007

Luego de haberla violado analmente, deja a su víctima sola y atada, como tortura psicológica, para volver horas más tarde y violarla nuevamente.

Un rato después del terrible polvo que le había hechado a la negra, me di una ducha y me volví a vestir. Sabía que la pobre vivía sola, por lo que si la dejaba bien encerrada en su casa, correspondientemente atada, no habría peligro de salir y volver más tarde. Así que sin decirle una palabra, busqué un juego de llaves y me marché, dejándola atada en la cama y con el culo roto. Pasé el resto de la tarde arreglando algunas cosas para mi partida, pues como ya les narré antes debía marcharme al interior del país por cuestiones laborales, y a eso de las nueve de la noche, me decidí a volver a la casa de la negra. Todo ese tiempo me la imaginaba, sola, en su casa, completamente inmovilizada y sin ninguna posibilidad de pedir ayuda. Estaría suplicando internamente que yo volviera, puesto que si yo ya no iba por ella, ¿cuánto tardarían los vecinos en darse cuenta de que había sido secuestrada en su propio hogar? Como me retrasé un poco, llegué de vuelta a eso de las diez, o sea que la pobre mujer había estado unas cinco horas sin comer ni beber, sin ir al baño siquiera. Ya desde el pasillo se escuchaban algunos forcejeos, que la negra debía estar haciendo al escuchar que alguien entraba a su casa después de horas de completo silencio. Cuando me vio entrar a su pieza, se quedó quieta unos instantes, pero en seguida continuó forcejeando. Le saqué la mordaza. Ella intentaba hablar pero no podía, tenía la garganta seca, por lo que le acerqué a la boca un vaso de agua que sorbió con dificultad (estaba atada boca abajo) y luego se desplomó sobre la almohada.
—Necesito ir al baño… por favor…
Contemplé su culo abierto, el mismo que ese mismo día le había desvirgado, y luego la desaté. Tenía los músculos entumecidos y débiles por la posición a la que había estado obligada y por las ataduras y los forcejeos. Quiso levantarse pero cuando lo hizo la empujé contra el colchón y la pobre cayó sin oponer resistencia. Mientras sacaba uno de los cintos con que la había mantenido sujeta a la cama y se lo pasaba alrededor del cuello, a modo de correa de la cual si tiraba se apretaba más, le dije
—Vas a ir caminando en cuatro patas, como una perrita, ¿estamos?
—Por favor… basta…
La agarré de los pelos y le dije
—Responde con ladridos, perrita, o te cago a trompadas
A continuación, ocurrió la escena tal cual yo la había planificado en mi imaginación, algo realmente increíble. Se puso en cuatro patas y así fue caminando hasta el baño, conmigo por detrás tirando de su “correa”, y cuando llegamos al mismo intentó sentarse en el inodoro. Yo negué con la cabeza y le dije que las perritas no meaban en los inodoros, que si quería podía  mear en el piso. Así fue, la pobre meó en cuatro patas, y hasta levantó una como yo se lo indiqué. Luego limpió el piso con un trapo que había en el baño, y la hice meterse en la bañadera, donde le abrí la llave del agua de la ducha para que se limpiara. Se secó con una toalla, y después la llevé, tirando de la correa, hasta la cocina. Allí le puse agua en un platito, en el piso, que sorvió como pudo. Yo me senté en una silla al lado suyo, y cuando ella hubo saciado su sed, tiré de la correa para atraerla hasta mí. Me bajé los pantalones y los calzoncillos hasta los tobillos, y le indiqué que debía lamerme las bolas, cosa que hizo obedientemente. Era fabuloso ver a esa mujer  actuando actuando como una perra, temerosa del castigo que yo podría infligirle si no me obedecía. Unos minutos más tarde me cansé de humillarla de esa manera, y volví a ponerla en la posición que primeramente la hice adoptar cuando la violé por primera vez y tanto se resistió. Ella obedeció y se inclinó frente a la mesa, apoyando sus morenas tetas sobre la tabla y separando las piernas, ofreciéndome su culo completamente abierto. De a poco fui metiéndole la pija dentro de su conchita húmeda y rosada, increíblemente rosada por dentro siendo ella tan negra por fuera, y que a diferencia de su culo no era ni tan estrecha ni había recibido tan poco uso. Con mi mano izquierda tomé el cinturón que estaba usando de correa para mi perrita, y elevándolo por sobre mi cabeza le dije
—Si te llegas a resistir, si no me obedeces, te ahorco ¿estamos?
Asintió con la cabeza. Seguramente ya no sabría si debía responderme con palabras o ladridos. De a poco fui metiéndole el dedo pulgar dentro del culo, y al mínimo movimiento de resistencia que yo notaba, por las dudas tiraba del cinturón, que se ajustaba en su cuello cortándole el paso del aire. Con sus manos intentaba liberarse, y lograba desajustar un poco el cinturón nuevamente para poder respirar como corresponde, mientras yo disfrutaba de cojerla al tiempo que ella estaba ocupada en mantenerse con vida.  Sin dejar de moverme embistiendo sus nalgas, le ordené que se pellizcara los pezones y se moviera a mi ritmo, y ella obedeció sin responderme una palabra. De a poco sentí que su concha me apretaba más y más. Era la primera vez que sentía músculos vaginales tan poderosos alrededor de mi pija, era como si un puño cerrado ejerciera presión sobre mi miembro, pues ella, cada vez más cerca del orgasmo, comenzó a moverse no solo de adelante hacia atrás, chocando maravillosamente con mi pelvis y mi pene que en cada estocada se hundía más y más en su interior, sino que al mismo tiempo, y sin necesidad de ninguna indicación de mi parte, ella misma inició un movimiento de cadera que hacía que mi dedo entrara y saliera de su culo. Verdaderamente, ella había encontrado cierto placer en la masturbación anal que yo le estaba haciendo, y no se molestó en ocultarlo, ni en el momento de moverse, ni en el momento de los gemidos. Pensé que seguramente, ahora que estaba sin mordaza, los vecinos podrían escucharla, aunque… ¿Qué importancia tenía? estos eran, sin lugar a dudas, inconfundibles expresiones de placer y no las que hasta hace tan poco eran de sufrimiento. Unos segundos más tarde que ella hubo llegado al orgasmo, yo le saqué la pija de la concha y me masturbé rápidamente, con la vista puesta en mi dedo que entraba y salía de su dilatado agujero,  y acabándole en las nalgas y encima del oscuro orificio del culo, el mismo que esa tarde yo había desvirgado, mientras ella, ahora, me observaba sonriéndome por encima de su hombro.

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Belleza negra (Capítulo 1)

Wednesday, January 10th, 2007

Un joven se arriesga a violar a una mujer negra que es clienta del lugar donde trabaja.
Cuando la conocí quedé impactado por la belleza de esa mujer. Aparentaba tener unos 23 o 24 años, y era hermosa,   realmente hermosa. Llamaba la atención en cualquier lado, por lo exótico de sus encantos. Ella era negra. Una hermosísima negra, alta, muy alta, más de 1,80 de estatura, más alta que yo, y con muy largos cabellos totalmente trenzados, muy prolijos, y sus trenzas estaban adornadas por pequeñas bolitas de cerámica, que hacían ruido cuando ella pasaba haciendo las compras con su changuito entre las góndolas del minimercado. Y yo era el repositor en el minimercado donde ella, día por medio, hacía las compras, y disimuladamente intentaba seguirla, cruzarla, estar cerca de ella constantemente, no privarme en ningún momento de la presencia de su belleza, de la visión de esos escotes en donde lucía el comienzo de sus pechos, hermosos, no demasiado grandes, ni tampoco chicos, sino más bien proporcionados y armoniosos con el cuerpo de esa mujer-monumento. Lo mejor eran sus piernas, largas y perfectas, y los preciosos rasgos propios de su raza, sus labios carnosos y su sonrisa, sus dientes blancos brillando en lo moreno de su cara, sus ojos negros, negrísimos, misteriosos, su nariz chata y pequeña. Toda ella era hermosa. Era la belleza del Africa concentrada en mujer.
Vivía a una cuadra del minimercado. Y me la quitaron. Me la quitaron cuando me despidieron, cuando hicieron reducción de personal y me quedé sin trabajo. Ya no volvería a verla más. Ya nunca disfrutaría de su presencia, nunca más acariciaría sus largas piernas morenas con mi mirada… a menos que aprovechara la circunstancia de que ella me conociera para introducirme a su casa… y someterla a mis deseos sexuales.
A la semana de haber sido despedido conseguí trabajo en el interior del país, gracias a un familiar. En un par de días me iría de Mar del Plata, la ciudad donde vivía cuando ocurrió lo que les narro, y ya no volvería por mucho tiempo. Nadie conocería mi nueva dirección y no podrían encontrarme facilmente. El mismo día que supe que me iría, aparecí en la casa de la mujer de mis sueños a eso del mediodía. Toqué el timbre, como muchas veces lo había hecho ya cuando entregaba los pedidos del minimercado, y ella me atendió por el portero eléctrico.
-¿Quién es?
-Juan, del autoservicio, le traigo unos documentos que ud. perdió en el minimercado.
-Ya te abro
Escuché los pasos apurados que vinieron hasta la puerta, la llave que giraba en la cerradura, y al fin la ví de nuevo, a ella, tan hermosa como siempre, con unas calzas amarillas y una remera rosa. Llevaba zapatillas deportivas y estaba un poco transpirada, sin duda estaría haciendo gimnasia.
-Hola
-Hola, ¿cómo estás…? ¿Qué es lo que se me perdió?
-Sí, estos documentos… Me mandaron a ver si eran tuyos- y busqué en mi bolsillo unos documentos míos de cuando era chico, viejos y arruinados. Se los di.
Ni siquiera los abrió. Los miró por fuera y me dijo
-No. No, esto no es mío.
-Ah… bueno, a mi jefe le había parecido… Disculpa, ¿no tendrás un vaso de agua?
-Sí, claro. Pasa que te doy.
Lo había logrado. Cerré la puerta atrás mío y la seguí a través de la casa. Llegamos a la cocina y sacó de la heladera una botella de agua, y me sirvió en un vaso. Yo lo tomaba de a poco, sin apuro.
-¿Estabas haciendo gimnasia?
-Si… (sonrió) pero ya estoy muerta, estaba terminando. ¿Tomás más?-dijo, con la botella de agua en la mano, haciendo un ademán de guardarlo en la heladera.
-No, gracias.
Cuando se dio vuelta y abrió la heladera, yo dejé el vaso en la mesada y me le acerqué despacio por detrás, apoyándole el bulto en el culo y abrazándola con mis brazos, le apoyé las palmas de mis manos en las tetas. Dio un salto, tirando la botella al piso, que se abrió y empezó a chorrear agua sobre las baldosas.

-¡¡¡¿Qué haces?!!! ¡Pelotudo!- ¡PAF! La cachetada me sonó en la cara. Tenía fuerza la negra. Me le tiré encima y caímos al piso, forcejeando sobre el charco de agua. Al fin logré ponerle una trompada en el estómago y quedó inmobil. Le faltaba el aire. La puse boca arriba y me arrodillé sobre ella, aplastándole los brazos con el peso de mis piernas. Quería atarla pero no tenía con qué. Miré a mi alrededor y no veía forma de inmobilizarla. Ella se recuperó y se libró de mí con un brusco movimiento ayudándose con las piernas, que me tomó por sorpresa y me tiró al suelo. Los dos nos levantamos. Nos miramos el uno al otro en posición de ataque.
-Andáte. Andáte ya mismo.- Estaba temblando. Su voz se quebraba, estaba muy nerviosa. Era fuerte, pero nada podía hacer contra mí. Podría haberla bajado de una trompada, pero no quería hacerle daño. Me le tiré encima y continuamos con el forcejeo, hasta que al fin pude dominarla doblándole un brazo por detrás de la espalda.
-¡Si te movés te rompo el brazo!
Se serenó y se quedó quieta. Yo me saqué el cinturón y lo usé para atarle las muñecas, con fuerza, por detrás. Al fin. Ya era mía. La senté en una silla de la cocina de un sólo empujón, y la observé. No solo estaba toda transpirada, sino que también estaba un poco mojada de cuando forcejeamos sobre el charco de agua. Abrí la heladera y saqué otra botella de agua helada. La destapé, tomé un sorvo (estaba exausto) y muy despacio la derramé sobre mi presa. Mojaba su pelo trenzado, su remera rosa, a través de la cual ahora podía ver un corpiño blanco, le mojaba las calzas y las piernas. Acerqué mi mano hasta su panza, acaricié sus abdominales firmes, y con un dedo estiré la calza, pudiendo ver una bombacha blanca por debajo de esta. Ahí derramé el resto del agua helada.
Sus pezones, por el frío, se habían puesto duros, durísimos. Atravesaban el corpiño y la remera, clavándose duros contra esta, y yo podía pellizcarlos por debajo de la ropa.
-Para… por favor, para… no seas hijo de puta…
Me senté en una silla y la hice sentarse encima mío. Le bajé las calzas hasta las rodillas. Nunca había visto la concha de una negra. Los pelitos se le salían por los costados de la bombacha, y yo acariciaba sus piernas largas, eternas. La pobre estaba a mi merced. Le arremangué la remera hasta las axilas. Le desabroché el corpiño y lo corrí hacia arriba. Sus tetas habían quedado al descubierto. Sus pezones erectos y duros como piedras me invitaban a chuparlos, y yo por supuesto acepté la invitación.
-Por favor, no seas hijo de puta… para… para, por favor…
Le arranqué la bombacha. Una maraña de pelos negros, enrulados, le cubría el tajo, y yo los acariciaba, jugaba con ellos, enredaba mis dedos formando grupos de rulitos… no podía más, tenía que eyacular. La puse de rodillas frente a mí, y le dije
-Ahora me la vas a chupar, porque si no lo haces, o lo haces mal, te voy a cagar a trompadas ¿entendiste?- Y al tiempo que le decía esto me bajaba los pantalones
-Por favor, no, no me hagas esto…- ¡PAF! Le di una cachetada, suave, pero rápida, lo suficiente como para que entendiera que hablaba en serio, pero sin hacerle daño
-¿Entendiste?

Asintió con la cabeza.
-Bueno, si entendiste, antes de chupármela me vas a dar un beso- y me incliné para quedar a su altura. Me dio un beso espectacular, su boca fue lo más delicioso que haya sentido en mi vida.
La agarré de las trenzas y le metí la pija en la boca. Sus labios, enormes, hechos para succionar porongas, me daban un placer enorme. La hice lamerme las bolas y las piernas. Al final le acabé en la boca, y ella lo tragó todo, absolutamente todo. Succionaba mi pija como si fuera una bombilla, y prácticamente le inyecté el semen en la garganta. Supongo que creyó que allí terminaría todo. Que equivocada que estaba. Recién había empezado.