Los cuentos del Doctor Morbo
El río era ancho pero manso, perfecto para bañarse, en un punto se apartaba de la ruta y hacía una vuelta, por lo que quedaba oculto de la vista de curiosos, allí habían elegido Jesica y Oscar un buen lugar para acampar.
-Acá vamos a estar tranquilos- dijo él
Se habían casado hacía muy poco y era la primera vez que salían de campamento, tanto para ella como para Oscar era una aventura que vivirían por primera vez. Habían tardado demasiado en preparar la carpa, la heladerita, la lámpara para la noche, todo, pero disfrutaron de la soledad solamente unas horas, un par de tipos se pusieron a unos metros, lo suficientemente lejos como para mantener la intimidad, pero lo suficiente cerca como para no dejarlos disfrutar de la soledad. Pensaron en irse, pero el trabajo de juntar todo era demasiado y decidieron pasar la noche ahí, pues a lo mejor los tipos se iban al otro día.
Para la hora de la cena, uno de los tipos se acercó a ellos.
-hola chicos, mi nombre es José, ¿quieren compartir la cena con nosotros?, trajimos comida preparada, es demasiada para dos personas- dijo el tipo inocentemente
-me parece bien- Oscar no consultó con su esposa
-bueno, si quieren en un ratito los llamamos- concluyó el tipo de muy buen talante antes de retirarse.
-mm, me parece que los tortolitos no quieren estar solos- dijo Oscar en tono de broma hacia su esposa.
Ambos rieron de buena gana, y entre chistes dieron por seguro que José y su amigo eran pareja.
Un rato después José los llamó desde su “zona de acampar”
-Chicos, la cena está lista- dijo agitando una de sus manos.
Comieron abundantemente entre risas y presentaciones
-La cena estuvo deliciosa- concluyó Jesica luego de la comida
Marcos, que así se llamaba el otro tipo, sacó de su conservadora una botella de champagne, como hacía mucho calor y la bebida se veía fría, ninguno puso reparos en “alegrar un poco la noche”. Mientras José comenzaba a contar algunas historias de sus vidas, tanto Jesica como Oscar no advirtieron cuando Marcos colocó la blanca sustancia en la copa de Oscar. Quien exactamente 5 minutos después del primer sorbo cayó profundamente dormido.
-¡pobrecito, estaba muy cansado!- se disculpó Jesica creyendo saber el motivo del profundo sueño de Oscar. Trató de despertarlo moviéndolo, pero fue en vano.
-dejalo descansar- dijo José mientras se colocaba al lado de Jesica, dejando al desafortunado Oscar durmiendo en el suelo a un costado
Jesica no se dio cuenta de que estaba un poco afectada por el champagne, por lo que no le pareció mala idea compartir un ratito con lo que ella creía eran dos “amigos especiales” entre sí.
Marcos se colocó en el otro costado junto a Jesy, por lo que ella quedó entre ambos.
-¿hace mucho que son pareja?- dijo Jesy con curiosidad
-¿nosotros?- dijo José lanzando una sonora carcajada
-¡no somos pareja!- dijo Marcos también riendo.
-¿se están conociendo?- dijo ella siguiendo con la risa
-¡no es lo vos crees, a los dos nos gustan las mujeres!- exclamó Marcos
Jesica los miró sorprendida, pero con una sonrisa divertida en su rostro
-yo pensé que ustedes….- dijo riendo ahora de buena gana
De pronto Jesica se dio cuenta de la gravedad de la situación, estaba entre dos desconocidos, en un lugar alejado y con su novio fuera de combate, estaba impedida de pedir ayuda.
-Creo que nos vamos a tener que ir- dijo Jesy preocupada, mientras en vano trataba de despertar a su novio. Se quiso poner de pie para moverlo un poco, y allí sintió los efectos del alcohol en su estabilidad, trastabilló y fue a dar a los brazos de José que rápidamente se puso de pie.
-¿Qué pasa, te agarró el apuro por irte?- dijo él
-chicos, no es lo que ustedes creen, por favor déjenme- dijo Jesica con la voz pastosa por su estado.
-¿de verdad querés irte?- exclamó en voz baja Marcos mientras la tomaba de la cintura y le apoyaba su ya dura pija entre las nalgas a Jesica que acusó el contacto, tratando de zafarse, pero José la tomo de ambos brazos, obligándola a quedarse quieta.
-por favor, déjenme ir- dijo ella
-vos te vas a quedar con nosotros- ordenó José
Lo que Jesica tardó en comprender era que la situación no le desagradaba del todo, En sus fantasías más íntimas, ella esperaba experimentar un trío con dos hombres alguna vez en su vida y empujada por el alcohol, esa fantasía florecía de pronto.
-No me maltraten, por favor- rogó ella
-¿maltratarte?, te vamos a tratar como una reina- dijo Marcos mientras José acercaba su boca hacia ella. Jésica quiso oponerse, pero se sintió prisionera de los dos desconocidos, y el morbo de la situación hizo mella en ella. El beso fue impulsivo, y ella dejó que José le devorara los labios, mientras Marcos la tomaba del vientre y la atraía hacia él. Casi sin pensar ella pasó su mano hacia la nuca de Marcos, llevó su cabeza hacia atrás, dejando el cuello al alcance de Marcos, que comenzó a besarla. El primer suspiro fue suave y se vio potenciado cuando José le desprendió el short, que rápidamente cayó al piso. Aunque todavía llevaba su tanga puesta, ella se sintió desnuda cuando José deslizó su mano por debajo de la ropa interior de Jesica. Cuando sintió esos dedos extraños jugueteando en la parte superior de su vagina, tan cerca de su clítoris, lanzó un nuevo suspiro, esta vez más potente.
-por favor… chicos- dijo ella con voz entrecortada
-¿por favor que?- dijo José mientras comenzaba a tocarle delicadamente el clítoris
Jesica no pudo contestar, en cambio abrió un poco sus piernas, facilitando el trabajo de José, mientras Marcos comenzó a acariciarle el culo, y haciendo a un costado la pequeña tanga comenzó a bajar lentamente con su dedo por entre las nalgas de la ya entregada Jesica, que cuando sintió la leve presión que Marcos hacía contra su ano a la vez que José se adueñaba de su vagina masturbándola, tuvo que sostenerse de éste último, pues sus piernas parecieron abandonarla. José sabía exactamente que hacer, por lo que por momentos aumentaba el ritmo, elevando a Jesica en el placer, y por momentos bajaba el ritmo hasta casi detenerse.
-no parés…por favor- rogó ella.
-¿Cómo, recién querías que te dejáramos y ahora querés que no pare?- dijo José
-no seas hijo de …- no pudo terminar de hablar, pues José aumentó el ritmo nuevamente y las palabras fueron reemplazadas por hondos suspiros.
José continuó manejándola a su placer, por lo que cuando él quiso la llevó hasta las puertas del orgasmo.
-¡esta mina está muy caliente!- dijo Marcos
-si…- respondió Jesica casi sin control sobre su cuerpo
Marcos se separó de ellos en busca de su cámara de fotos, y ella no lo advirtió, pues sus ojos se cerraron con fuerza al igual que sus piernas, como tratando de contener el orgasmo que José le estaba provocando.
-ay…ay…ayyy, siii- la voz de Jesica se elevó expresando el placer que estaba sintiendo.
Todavía estaba temblando por el orgasmo, cuando José la hizo arrodillarse, ella mansamente obedeció, pues realmente estaba deseosa por sentir la verga de su dominador en la boca, casi con desesperación desprendió bajó el pantalón de gimnasia de José, y con igual premura introdujo la dura pija entre sus labios. Sus ojos continuaban cerrados, pues ahora parecía querer disfrutar del sabor de esa verga, pero el destello del flash la hizo abrirlos de repente.
-no…fotos no- dijo débilmente mientras no dejaba de sostener la verga en sus manos.
Un nuevo destello la cegó momentáneamente, pero las manos de José la llevaron a continuar besando y succionando la pija que tenía adelante. El flash continuó destellando, pero ya a Jesica no le importaba, tomó los testículos de José y comenzó a besarlos.
-si putita, chupalos que son tuyos- dijo él
-si…son míos- repitió ella mientras se los colocaba en la boca para “devorarlos”
Ahora José la acomodó en el suelo, en posición de perrito. Marcos no dejaba de fotografiar la escena.
Jesica sintió cuando las manos de José se apoyaron en sus caderas, mientras la pija se colocaba entre sus piernas, rozándole la vagina
-¿querés que te coja?- preguntó José mientras Marcos no dejaba de fotografiar
-si…por…favor- dijo ella en voz muy baja
José acomodó su verga en la entrada de la vagina, y la penetró apenas un poco mientras Jesica lanzaba un gemido muy profundo
-¿ahí la querés?- dijo él
-más…adentro, la quiero…mas adentro- exclamó Jesica mientras ambos hombres reían sonoramente.
La risa de sus dominadores, mas la vista de su esposo completamente abatido, la llevó a gozar mucho más, pues ella descubría que su morbo era mucho más elevado que lo que ella suponía.
José empujó casi salvajemente
-ahh, despacito…me duele- exclamó ella casi angustiosamente
José siguió embistiendo con fuerza, arrancándole quejidos cada vez más condimentados con suaves suspiros.
-tomá perrita, de ahora en adelante sos mi perrita- dijo él
-si…tu perra…si- exclamaba en voz baja ella
Cuando sintió gruñir a José, ella experimentó la extraña sensación del placer mezclado con el dolor que las embestidas le producían, y una vez más se vio empujada hacia el clímax del orgasmo. Sus quejidos fueron prolongados pero no eran de dolor, eran del profundo gozo que la invadía, giró su rostro para ver como José se derretía en su interior.
-si…si…si- dijo ella mientras acababa.
Se abandonó en el suelo, estaba totalmente obnubilada por el tremendo placer que había recibido.
José se sentó a su lado, mientras ella recostada recuperaba fuerzas.
-49 fotos, una enormidad- dijo Marcos
José la tomó de los cabellos con fuerza
-limpiame la verga- ordenó
Jesica, impedida de reaccionar, se limitó a pasar su lengua por el miembro de José, un nuevo flash iluminó la escena.
-50 redondos- dijo Marcos
-¿porqué fotos?- dijo Jesica intentando recomponerse un poco
-es hermoso contemplarlas luego- dijo Marcos sonriendo mientras le pasaba una copa con un resto de champagne a Jesica. Lo que ella no advirtió fue que era la misma copa de la que Oscar, su esposo había tomado. Y en unos breves minutos ella también cayó vencida por el sueño.
Al otro día, el sol estaba en lo alto cuando ambos despertaron en su propia carpa, y Oscar se mostró apesadumbrado por haberse dormido tan temprano.
-Que pasó anoche después de que me dormí- preguntó él
-nada amor, me aburrí un poquito, pero no demasiado- mintió ella mientras en su mente se amontonaban las imágenes de lo sucedido.
Fin de la primera parte


