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Los amantes (I)

Viernes, febrero 2nd, 2007

Desde que se vieron, los dos hombres supieron que caerían en los brazos (y la polla) del otro. El muchacho deambulaba por Chueca una noche más, una noche en la que de nuevo acusaría el paso del tiempo por sus inmaculados 21 años, 21 años de carne blanca y tersa buscando un espejo para gozarse, ya que cuanto más arrastraba la Parca el velo de la noche más sentía él su cuerpo consumirse sin macho que le holgara. La puerta del Ricks  se abrió estrepitosamente bajo el ímpetu del joven. Leyó los carteles que le avisaban de que no podía consumir drogas y sonrió por la candidez de la policía que pensaba que de esta manera podía concienciar a los sanos ciudadanos… ¿habría alguien tan estúpido como para jincharse allí mismo, delante de todos? Algunas veces, en sus fantasías más pajilleras, había anhelado que aquellos machos maduros del Ricks, aquellos cincuentones de cabellos albos y barbas recortadas, de experimentadas pollas y vellos canosos le levantaran en alzas hasta la barra y le desnudaran, le desgarraran la ropa, le escupieran para penetrarle con más ganas, con ansias agarraría sus pollas y se metería hasta tres en la boca (proeza lograda en el Querelle con dos senegaleses y un moro) mientras Braulio, el osazo cuarentón que le fiaba los cubatas le lubricaba con Jack Daniels y se la metía de un empellón hasta que incluso sus orejas le dolieran. Bueno, también soñaba con José, el abuelito que le folló cuando tenía 15 años (si todos los abuelos tuvieran el cipote de éste, Heidi no se habría liado con Pedro) o con Omar  (el muchacho profesaba debilidad hacia esos sementales árabes de pechos velludos en los que puedes perder las manos mientras enroscas tus dedos entre sus rizos) o incluso Juan, un sensual cincuentón, de barriguita sexy y de contornos redondeados que no se privaba jamás de ningún placer que sus caderas pudieran darle. Nunca se cansaba de recibir o dar por culo.

Pero hoy el muchacho sabía, intuía que no acabaría follando con ellos, o lo que es peor, con ninguno de ellos. ¿Pero quién es el chico? El joven es un estudiante de buena familia, ninguno de sus parientes de Santiago de Compostela podría sospechar que la chupa mejor que cualquiera de las mujeres de la familia. Su cuerpo es admirado por el resto de sus compañeros, ya que es de perfil griego, los músculos eran muy perfilados, la complexión es robusta pero al mismo tiempo muy elegante, el cuerpo pálido como el mármol, pero sin vetas vellosas; de natural lampiño, la depilación hacía el resto, de manera que sólo hay vellos en su sexo, describiendo un delicioso e íntimo triángulo hacia su ombligo, ¡qué delicia habría sido verlo luchando desnudo contra otros jóvenes! Así destacaría, esplendente por el aceite, su piel tersa y deliciosa, sus nalgas, bien paradas, un culo para alzar en vilo al mundo, respingón y amplio, fuerte, musculazo, un culo que dice: “cómeme”, unos marcados pectorales culminados en unos puntiagudos pezones ambarinos, muslos fuertes y amplios, carnales, de éstos que aprietas cuando follas con ganas y responden tersándose y cachondeándote, unos brazos hercúleos, fruto de su pasión por la gimnasia artística, y, por supuesto, una gran polla que colgaba (cuando no estaba levantada, lo cual era raro) encima de rebosantes huevos, que recordaban con el vello que les rodeaba el fruto del pecado original. Pero la joya sin duda alguna, era el rostro. Ojival, como un ópalo blanco, de labios carnosos mas no excesivos, de ojos almendrados y tentadores que más de uno había confundido con topacio, por lo dorado de su color, y el pelo crespo negro que le confirmaba como una efigie griega, como un nuevo Hermes, un muchacho juguetón que compartía la misma afición a meterse en líos… y a meterse pollas.

Pues bien, el joven supo que no iba a acabar en manos de ninguno de los maduritos ya mencionados, cuando nada más saludar a Braulio y pedir el usual cubata alcanzó a divisar la figura hermosa de un hombre que no había visto antes en el Ricks, que él recordara. Como si algún caprichoso hado le hubiera leído el pensamiento, sonó en aquel momento la canción Creep, del mítico grupo Radiohead:

“When you were here before,

couldn’t look you in the eye.

You’re just like an angel,

Your skin makes me cry”

-Joder, ¿y ése quién es?- preguntó a Braulio.

-Es un antiguo amigo mío. Venía por aquí antes de que te conociéramos.

-¿Cómo se llama? ¿Quién es? Está buenísimo.

-Pregúntaselo. Es un tío cojonudo, si no ha cambiado. No creo que sea uno de esos gilipollas sabelotodo que se ríe de los chicos guapos.

-Pero tío, joder, dime cómo le entro…- Braulio quedó pensativo y respondió:

-Ofrécete ante él como un filete y luego le preguntas que si te ha imaginado desnudo. Ya verás como es un tío que te cagas.

El muchacho se dirigió como un leopardo hasta su presa. Cuando lo vio mejor, casi se echó a llorar de admiración. ¿Cómo podría haber un hombre tan hermoso y tan… follable? Sí, sentía esa emoción que todos sentimos cuando vemos a un gachó que está tan bueno que te gustaría violarlo, abrirlo en canal con tu polla…

El sexy maduro también bebía. Para él era una noche más desde que había vuelto a Madrid. Había estado trabajando 5 años como un prestigioso intensivista en el Michigan General’s Hospital y ahora había vuelto a la Clínica Puerta de Hierro… La morriña le había llevado de nuevo a la tierra que amó y donde fue amado por tantos hombres, pero ahora se aburría. Después de retozar con la phenciclidina,la soledad y sordidez de los aledaños de Hortaleza * le resultaban tediosas. El hombre, a pesar de los extraños horarios de trabajo que le imponía su profesión, estaba bien cuidado. Sus más de cuarenta años de sangre se traducían en unas carnes prietísimas y bien velludas, repletas de músculos (sin llegar a parecer una muñequita de gimnasio) y vello negro, rizado y sérico. Sus carnosos muslos, sus deliciosas pantorrillas eran también más ágiles que las de muchos jóvenes que le miraban con envidia, pero deseosos también de ser follados por ese daddy, un daddy rubio, si el joven era una estatua griega, el hombre, con toda su sabiduría parecía más bien uno de aquellos tótems que realizaban los salvajes europeos, un figura noruega, alto, de anchas espaldas y sorprendentes bíceps, de nervudas y amplias manos, que tanto curaban como hacían llegar al orgasmo, de un pecho amplio y velludo, con morenos pezones que se erectaban como pequeñas vergas, y por supuesto con ese hermoso rostro, surcado de arrugas, pero no arrugado, como una madera preciada que sin sus vetas no sería tan valiosa, rubio (natural, o sea, en un español, un rubio oscuro, y con su edad, con canas) y unos acerados ojos azules, pero no ese azul celeste que sólo queda bien a las mujeres sino un azul profundo, como la sima de un océano. Esos ojos miraron ahora a un recién llegado… ¿quién sería aquel joven? Seguramente sería un criajo cuando se marchó a los Estados Podridos de América, pero ahora era un hombre joven, que también le miraba. Cuántas cosas había cambiado desde que se fue de España. Algunas, para mejor, por lo que parecía.

Desde que se vieron, los dos hombres supieron que caerían en los brazos (y la polla) del otro. El joven sintió su boca seca y bebió un sorbo de su ron. Poco a poco se fue adelantando hasta el hombre, esquivando a los ositos que miraban a tan atractivo chaser. El corazón le palpitaba (como no), y se preguntaba si sería tan estúpido como para hacer caso a Braulio. El calor es sofocante y empieza a sudar ante el enorme calor desprendido por las lámparas. Comienza a preguntarse qué pensará de él el atractivo hombre que también le mira, que se levanta y se dirige hacia él, ¡horror!, o bien, porque el joven le mira aliviado porque su sonrisa es franca y deja ver una mata de claveles blancos entre la rubia y canosa barba cuando por fin se ha dado cuenta de que el muchacho dubita demasiado y en cambio a él la voluntad le falla poco.

“You float like a feather,

in a beautiful world.

I wish I was special,

You’re so fucking special”

-¿Has encontrado algo especial?- pregunta con voz grave el hombre.

-No, de momento…- responde confuso el joven; ya está bajo su dominio.

-Pues es una pena, porque yo te he encontrado a ti- el joven sonríe, por fin.

-Genial, porque desde que he entrado y te he visto, no he pensado más que en follart… digo, en hablarte- se sonroja a pesar de que es un chico acostumbrado a situaciones mucho más sórdidas que ésta.

-Yo no he pensado en follarte- la madeja del maduro se hace más densa.

-¿Ah, no? Pues no está de más, porque estudios científicos demuestran que practicar sexo es bueno para la salud, pero, sabes, yo respeto a todo el mundo- sonríe; la sonrisa de los jóvenes es la perdición de los hombres hechos y derechos.

-…Yo no quiero follarte, yo quiero hacer el amor contigo.

-Pero si es lo mismo.

-No. ¿Sabes cuál era una de las formas más elevadas de amor en la antigua Grecia?

-No me jodas que la efebofilia.

-Pues no. Tú ya no eres ningún efebo (gracias a dios), sino el amor entre dos guerreros, entre dos “amigos”, entre dos iguales, la iniciación entre dos amantes a sus cuerpos.

-Ah, ya sé, eso es lo que se dio en la guerra de Troya cuando Héctor mató…

-Al “amigo” de Aquiles. ¿No querías follarme?

-Pues ahora lo que quiero es hacerte el amor, ¿no es lo mismo?

-Ahora verás que no.

Los dos se besaron. Hay muchos (demasiados) hombres que no saben besar. O te dan un besito de buenas noches, o creyendo darte un morreo casi te provocan el vómito, por no hablar de esos que han visto muchas películas y se creen que besar consiste en deslizar su lengua por toda tu cara, como si fueran tu perro. Pero, obviamente, ellos no eran así. Sostienen entre alta tensión ambos rostros y los estrellan furiosamente, pero con dulzura, los labios se besan, se muerden, las lenguas se aparean húmedamente, todo es húmedo ante el entrechocar de dientes, los cuellos giran levemente, las lenguas excitan los alvéolos dentarios, las bocas pasan a recorren el cuello del joven, saborean entre mordiscos la barba del hombre hasta llegar a su oído, donde muerde con ternura el excitado lóbulo, las bocas tienen un leve deje a alcohol, pero sobre todo a hombre, las dos carnes, la joven y la vieja se juntan creando el peculiar collage que se forma siempre que un joven y un maduro se follan, las manos no se quedan atrás y más de uno piensa que no llegarán a tiempo al cuarto oscuro, las del joven investigan las caderas del maduro, el maduro tantea con dureza las nalgas del muchacho… por fin se separan y la tensión entre ambas miradas es tal que no hay nada más entre ambos, como si la pasión de la que hablaban, la pasión que en apenas un segundo te puede llevar a abandonar todo cuanto tienes para enfrentarte a la muerte, les embargara ahora. Ahora más que nunca, nada existe para ellos además de ellos. Con férrea voluntad, el hombre le dice:

-Ven- y el muchacho responde:

-Adonde tú quieras.

Ambos sonrientes salen del local, y ante la estupefacta mirada de Braulio y los demás salen abrazados camino de la casa del hombre. Acaban de besarse por vez primera, pero cualquiera diría que se conocen desde hace años. O quizás así es…

Los magreos se hicieron más evidentes a medida que llegaban a la casa del hombre. Las manos ansiaban conquistar lo que las ropas sólo cubren, y pronto ambas entrepiernas estaban endurecidas por las manos que las cubrían intensamente. El hombre contemplaba admirado en los breves instantes en que no se besaban la enorme porra del joven, asombrado de su dureza y su rectitud. Pero el más asombrado era el muchacho. Sabía que su polla era grande como pocas, nunca se la había medido, porque creía que aquello era de poco hombre, pero nunca se había imaginado que pudiera existir un cipote como el del hombre. Si el sexo del joven era una lanza rosada, enhiesta y vigorosa, el hombre poseía un misil entre sus piernas. Por fin llegaron. Abrió el hombre a duras penas. Entraron.

Las manos del chico empezaron a desnudar al hombre. Primero, el abrigo, ¡fuera! La ropa sólo sirve para molestar. Más tarde, arrancó el chaleco y destrozó la rica camisa, estrechando los pezones morenos, que sobresalían entre el negro vello, que a bandadas crecía hasta el abdomen, donde culminaba en la pirámide del ombligo. El chico besó aquellos pezones y lamió el ombligo obscuro. ¡Aquello ya era demasiado! El hombre envaró al muchacho, le arrancó también la cazadora, y de un tirón le bajó los jeans, desprendióse el muchacho de sus zapatos, y con otro tirón se desembarazó el hombre del tanga negro, molesta prenda, para contemplar extasiado las nalgas redondas, el culo sin pelos del chico. Agradecido, le mordió el culo, y pasó una mano entre sus testículos, por fin, descubriéndolos. El muchacho aprovechó su debilidad y desató el cinturón de los pantalones del maduro. Con el cinturón en mano exigió a voces:

-Quítate las botas y bájate los pantalones.

El hombre jugueteó con las botas mientras se las quitaba, y lentamente se quitó los pantalones. El muchacho prosiguió el juego:

-Con eso no me basta. Necesito ver algo más.

Obedeciendo al chico que le miraba con su miembro erecto y húmedo, el hombre empezó a liberarse de los boxers negros. El bulto de su polla era evidente y una gran cabeza roja sobresalía. El muchacho admiró cómo el vello abdominal confluía en el pubis formando una nubecilla negra. El hombre no siguió bajando los boxers:

-Quítate la camisa- ordenó al joven.

-¿Quién manda aquí?- bromeó el chico restallando el cinturón.

-Nosotros.

Ante esta respuesta, el muchacho se quitó la camisa y el hombre pudo gozar con la visión de la polla rosada, hinchada, que seguía la vertical, como el cuerno de un fauno y los huevos que caían como un racimo de uvas. Satisfecho, el hombre dejó caer el boxer, y el chico dejó caer el cinturón. No sólo era la picha más grande. Era la más hermosa. Una pura porra, dura, bien tiesa, morena, casi negra, como los huevos, del tamaño casi de unas mandarinas. La polla, casi negra, terminaba en una enorme cabeza, roja como un rubí, la joya de la corona, que destilaba gotas de dulce precum.

-¿Todo eso te cabe en los boxers?

-Y más- el macho se dio la vuelta y dejó ver un culo apretado, pequeño y deliciosamente pellizcable, redondito, duro, un típico culo de hombre bien puesto y exquisitamente servido. También el culo participaba del vello del resto del cuerpo, pero aquí era más fino e insinuante hacia su entrada. El hombre comenzó a bailar, meneando su culo y el joven se acercó por detrás, pegándole una cachetada mientras su polla a punto de estallar se refregaba contra las apretadas nalgas.

-¡Qué culito tienes!

-El tuyo es mejor- el hombre se dio la vuelta, así que las pollas se frotaron intensamente, conociéndose por fin. Apretó con sus manos las esplendorosas nalgas del joven, blancas, y la carne blanca de uno creó un poderoso contraste con la carne morena del otro.

-Papito, qué pedazo de polla tienes, quiero tragarme toda tu lechecita, mi hombre- el hombre le acalló con un morreo. Cuando las lenguas dejaron de estar ocupadas, contestó:

-A ver, mi muchacho guarro, veamos que me enseñas ahora- fueron a su cama.

Allí, el joven comenzó a hacerle una paja mientras le mordía los pezones. El hombre suspiraba y gemía, mientras con sus manos acariciaba la cabeza del joven y repasaba la silueta de las nalgas. Empujó al joven más abajo y entonces éste besó su ombligo, lo lamió, y por fin llegó al pubis, a la enorme polla que lo esperaba. El hombre suspiró cuando los purpúreos labios del muchacho chuparon su glande, jaspeándolo de saliva. La boca del joven descendió a lo largo del cipote del maduro, su boca no llegaba hasta los pelos de los huevos debido al enorme tamaño de la polla, pero él se empeñaba en seguir, más y más, dilató los músculos de la garganta, se ahogaba, pero no le importaba, era el sabor de aquella polla tan rico, tan gustoso era el escozor que le provocaba el precum al resbalar por su garganta, que se  afanaba en engullir la mayor cantidad de miembro posible. Mientras le chupaba la picha, intentó mirar al hombre, que reposaba con los ojos en blanco, fruto de la sabia mamada que le estaban arreando. El muchacho se sonrió por el placer líquido que le estaba dando a su compañero, y por el placer que sentía él al chupar tan digna polla. Así, con una de sus manos siguió pellizcando los pezones y surcando los mares de vello del tenso abdomen, mientras que con la otra le acariciaba y le apretaba los cojones, paró la chupada y pasó a éstos, los lamía, chupaba uno y luego el otro, los besaba, mientras se esforzaba en masturbar la enorme picha con las dos manos. Lamió todo, se comió todo, no dejó nada en el pubis que no hubiera lamido, tal era su gusto por la enorme polla morena que se estaba chupando, ¡qué bien olía!, ¡qué bien sabía! Alzó los testículos y allí le esperaba el periné, apenas empezó a lamer tan delicada zona y a mordisquear la línea que seguía hasta el culo del hombre, cuando éste le paró:

-Ahora te toca a ti.

Se besaron una vez más y el hombre comenzó a besar el cuello del joven, lo chupaba, le mordía, descendió  a los pezones y los mordió, los torturaba, el joven se deshacía en gozo, sobre todo cuando el hombre comenzó a hacerle una paja y le sobaba los huevos. El chico bajó la cabeza del hombre hasta su sexo y allí comenzó el festín del madurito: la barba le hacía cosquillas al muchacho mientras se frotaba contra la rosada polla y los depilados huevos, hasta que el hombre se sintió ebrio del perfume de su polla y se la comió de un bocado hasta la base, donde sintió el cosquilleo de los pelos del pubis. Chupaba con gran intensidad, como una máquina, el chico no había sentido nada igual, el hombre pasó a chuparle sólo el capullo mientras le acariciaba con maestría los testículos. Después los succionó alternativamente, provocando oleadas de placer  y cierto dolor en el joven. Cuando de nuevo volvió a la joven polla, instó al muchacho, que deliraba en abscesos de placer, a tumbarse encima de él, en la posición del 69. Así, el hombre separó las piernas del joven, y alto como era, no le costó llegar al ano rosado, sin vello alrededor que se ofrecía abierto y húmedo a la lengua delectuosa del hombre. Penetró el delicioso agujerito con su lengua y saboreó el interior, mmmh, qué bien sabe este muchacho. Por su parte, el joven siguió mamando el rico cipote del hombre hasta que sintió aquella caricia en su centro más íntimo, ante la cual no le quedó más remedio que separar también las atléticas velludas piernas del hombre y, apartando con trabajo las enormes pelotas, comenzó a lamer la línea vertical que le llevaría hasta el ano maduro. Así fue. Se abrió paso a través de la maleza velluda hasta que llegó a un bello agujero oscuro rodeado de rico vello negro y comenzó a beber de él a través de su ávida lengua. Ambos se retorcían de gusto; sudor manaba desde los cuerpos ardientes y enardecía aún más el gusto que se estaban dando. Fuera de sí, el hombre enjuagó uno de sus dedos y se lo metió por el rosado ojete al joven mientras le chupaba con gran fuerza la picha; éste procedió igual: chupó su índice derecho, y mientras abría el ojal del madurito con la zurda le endiñó el dedazo mientras se la mamaba con todas las ganas, siguieron mamándose, mamándose, hasta que el joven chilló y de su polla comenzó a manar la lechecita tibia hacia la boca del hombre, que bebía cuanto podía, pero la leche era un verdadero torrente ardiente y se escapaba por las comisuras de la boca, manchando la barba, desparramándose por toda la cara, llegando a cubrir toda la faz del hombre. Ñam, ñam. El hombre, al beber la leche, sintió el placer que todos conocemos, ese placer al saborear algo tan rico que el hombre jamás ha podido inventar, y así se afanaba en conseguir la mayor cantidad del blanco néctar que el joven le pudiera dar; exprimía sus huevos, estrujaba sus cojones, dedeaba su culo, le chupaba la polla hasta que quedó limpia, y entonces, lamió la leche seca que aún quedaba en su rostro, y que se apelmazaba en su barba. Con la lengua dolorida quedó en éxtasis por tal rica bebida, que en su garganta escocía, y se estiró, quedando rígido como una tabla ante los esfuerzos renovados del joven, que tras el orgasmo había vuelto a chuparle, con más ganas, le taladraba el culo con más ahínco, y le retorcía los huevos, cada vez más fuerte, la polla ya cabía por completo en su garganta, nunca el hombre estuvo metido en un paraje más acogedor, nunca el muchacho se había corrido tanto, chupaba, chupaba, mmmh, qué bien sabes papito, piensa y diría si pudiera hablar, chupa, chupa, musita el hombre, y ¡splash!, el hombre explota, siente que su polla estalla dentro del joven, su maduro ano aprisiona tenazmente el dedo del chico y la leche comienza a manar como una de esas fuentes milagrosas que se desbordan, se desbordan sus cauces, se corre a lo grande, el muchacho intenta tragar toda la leche, mas es imposible tragar corrida como ésta, la retira para no ahogarse con la corrida y así probar el semen, jamás probó manjar parecido, tan caliente, tan viscoso, tan vicioso, sigue chupando y la polla sigue manando, qué caudal, qué milagro, el hombre gime y besa la polla del chico, al chico se le mancha todo el rostro y exprime al maduro, éste oprime la cara del muchacho contra la enorme polla y el chico se la limpia, agradecido por el extraordinario zumo de macho que le ha proporcionado, saca el dedo del culo del maduro y se tiende junto a él, mientras se limpia la faz de leche con los dedos llevándosela a la boca. Ambos se miran, sudorosos, calientes, tiernos, los miembros ya tumescentes, se besan, más tiernos que antes, se refugian bajo las sábanas, bajo las mantas. Queda mucho por hablar ahora, mientras se acarician los rostros pegajosos, aunque más limpios que antes con la receta de leche.

-Oye, ¿cómo te llamas?- preguntó el chico-. Todavía no me lo has dicho.

-Dicen los árabes que sólo se tiene un nombre, y ése es el que el amor nos impone. ¿Cómo me llamo?

-Te dejo a ti que me lo digas tú.

-Soy Fernando.

-¿Y yo quién soy?

-Eres libre: te dejo ser quien el amor haya decidido que seas en su absoluta libertad.

-Me llamo Gabriel.

El chico dejó reposar su cabeza sobre el masculino pecho mientras el hombre acarició los bucles negros del pelo. El joven oía el latir del maduro y se preguntaba cómo podía ser tanto milagro. El hombre reposó su brazo sobre los cabellos y se cuestionaba cómo podía existir tanta belleza…

Continuará…

*Si Chueca es el barrio de ambiente homosexual de Madrid, y su hipocentro se halla en la plaza homónima, una de las calles que pertenecen a dicho barrio, Hortaleza, es bien conocida porque alrededor suyo se alinean una serie de calles en las que se puede encontrar la zona más guarra de Madrid y locales de ambiente leather, Chubby, daddys, y por supuesto, los guapos osos.

Autor: Absalón. Paz, amor+sexo. mabarakin@yahoo.es

Esperando vuestros comentarios, sugerencias y guarradas varias, sobre todo si sois maduros.

El vendedor de queso

Jueves, febrero 1st, 2007

Este relato no es cuento, es verdad… Data de 1997 y a mediados de la primera quincena del mes de Agosto. Era un domingo cualquiera y yo me encontraba en la intimidad de mi hogar, que es algo que me gusta mucho, por lo general cuando estoy en casa visto el traje de Adán, y créanme: Es una sensación que se disfruta cuando vives solo y eres dueño de tu espacio. Lo que a continuación les voy a contar es una de las experiencias mas intensas y llenas de morbo y olor a sexo que jamás ustedes escucharan de ser humano alguno. En esa tarde del domingo, un poco antes de las 6:00 PM; escucho el tocar de la puerta y automáticamente me pregunto ¿Quién será, y a esta hora?. El hecho es que me levanto de mi letargo y recurro rápidamente a buscar una toalla para cubrirme y saber quien osaba perturbar mi cálido descanso lleno de pensamientos y fantasías poco aptas para menores de edad… Cuando abro la puerta dando cabida a una hendija de poco menos de 20 centímetros, tengo en frente a un vendedor de Queso de esos que pregonan en los pasillos de los edificios algo así como “Queso de mano y Telita”.

La figura en frente de mi puerta era casi un atentado a la lujuria y las buenas costumbres, algo así como el colirio perfecto para cualquier irritación visual de la que pudiera sufrir cualquiera de nosotros después de ver videos porno y programación regular desde el Viernes hasta el atardecer de un Domingo, un hombre de 1.85 de cabello cobrizo, con barba al descuido de mas o menos unos tres días, pantalones vaqueros tan desahogados que mostraban una especie de tienda de dormir y que a la vez describían unas piernas anchas y muy gruesas en perfecta armonía con lo voluptuoso de su cuerpo, camisa abierta hasta el centro de su pecho, que es tan ancho como el de un luchador mostrando una perfecta vista de un vello rebelde y estrepitosamente abundante; que se asoma con todo el ímpetu y la arrogancia de un pura sangre que acaba de aparearse con la mejor de las yeguas. Sus bigotes, si los podemos llamar así; de alguna forma son como una especie de brocha de pelo ancho y grueso que estaba cortada sin patrón alguno, en su frente se asoman gotas de sudor que la recorren como muestra de agotamiento y arduo pregonar. Las manos son un detalle que jamás olvidare: Cada uno de sus dedos son del ancho de lo que asemejaría un espárrago de perfecta formación, con una textura casi palpable de lo que son unas manos de macho trabajador de la tierra, en el esplendor de toda esta visión el paquete que mostraba en el centro de toda su casi perfecta formación era algo que dejaba mucho para la maquiavélica imaginación de este alarmado narrador, que todavía no salía de su asombro ante semejante semental que por casualidad había interrumpido su cálido estado de relax de ese dichoso Domingo.

Tremenda arrechera… Esa imagen, aunque duró lo suficiente para contarles y describirles lo anterior y más, se desvanecía ante mis ojos y seguido a mi repuesta de que no quería comprar queso en ese momento cerré la puerta y tras unos segundos de recuperación recordé que tenia una fiesta llanera en el sauna a donde casi siempre suelo ir, a reunirme con viejos amigos a quienes les encanta los encuentros de poca ropa y de mucha relajación (aunque esto sea motivo de relajo en los oscuros cuartos de este formidable local, cuyo nombre me reservo para no enjuiciar cualquier comportamiento de quien lo frecuente…), tras salir de forma casi olímpica en busca del vendedor lo logro capturar en el piso de abajo y de forma muy acelerada le explico que sí necesitaba de su mercancía… aunque la expresión no abarcara lo que en realidad quería adquirir de él pero bueno; realicé mi compra de pasillo y él se despidió de forma muy cortes con la promesa de que pasaría el mes entrante para saber si necesitaba mas queso, promesa que me hizo maquinar y elucubrar terribles ideas, todas estas con el firme propósito de seducirle e involucrarlo en uno de esos miles de sexuales pensamientos de los cuales él fuera el único protagonista.

Pasaron mas de 6 meses hasta que a mediados del mes de Febrero del 98 escuchara de nuevo su pregonar y el toque a mi puerta; que resultó como el despertar después de muchos fines de semana y momentos de alta ansiedad, esperando que apareciera de nuevo ese motivo causante de una lujuria que casi no podía controlar… Pues si, ese día como un domingo idéntico a los demás y tras una resaca terriblemente intensa resultado de la celebración del cumpleaños de mi hermano, que también resulta ser participante del homo-sex, pero con gustos y rasgos totalmente distinto a los míos, me dispongo una vez mas a abrir las puertas de mi imperio y saber quien estaba detrás de estas; sin jamás imaginarme que resultaría siendo mi tan anhelado quesero, pero esta vez con mas presencia e ímpetu de macho buscando guerra en plena temporada de apareamiento; para su desgracia y mi suerte en esta oportunidad yo fui mas aguerrido y con mas agallas de las que él demostraba le compré varias porciones de su producto aunque la adquisición que en realidad mi hambrienta boca quería degustar no se encontraba en aquella gris gavera; por el contrario: Estaba debajo de su imponente y majestuosa panza que se mostraba en frente de mi como la mejor de las visiones corporales que mis ojos jamás hayan degustado, en esta oportunidad mi morbo y mi lujuria calculadora de todo lo que tenia en mente para devorarme aquel majestuoso varón que seria objeto de mi apetito sexual.

Como primer paso abrí las puertas y le di entrada en mis predios ya de antemano tenia puesto en mi televisor un canal porno de esos que hay en la TV por cable con un volumen acorde sin que causara mayor espanto en sus oídos pero que si abriera el anhelo curioso del saber de donde provenía aquellos sonidos carnales producto del debatir de una escena de estrepitoso sexo, como de costumbre yo estaba en mi atuendo habitual: Un pequeño paño que a duras penas cubría las dimensiones de mi cuerpo que sin llegar a la semejanza son mas o menos el 50% de las de el; acto seguido mi impetuoso Sansón mostró cara de asombro ante lo que escuchaba y veía fijando sus ojos en mi cara y percibiendo de mi la mas absoluta serenidad, sin sospechar en ningún momento lo turbio y húmedo de mis pensamientos. Fue en ese entonces cuando yo comencé a descargar lo pesado y ardiente de mi artillería que por nada resultó ser lo mas ajeno a sus pensamientos. Noté en ese momento un olor extraño a lo inmenso de nuestra cercanía y es cuando le pregunto a que razón se debía… él, con cara de bonachón muy amigable; me responde “no se preocupe, es que se derramó un poco del suero que vendo mostrándoselo a un cliente…”

Los sonidos del televisor eran cada vez mas concisos en medio de nuestra conversación y de forma natural y espontánea deslizó su mano en lo que era mi ansiada mercancía, momento oportuno para yo humedecer mis labios y esbozarle una sonrisa en afirmación de su gesto; sin mas titubeo procedí a ofrecerle un vaso de agua o un trago de ron seco que era lo que yo tomaba en ese momento… Mi anhelada víctima decidió por la segunda opción y aprovechó para explicarme lo que era el proceso de la obtención de su producto en venta… La curiosidad mató al gato; e hizo de este aunque no una presa muy fácil si era digna de una muy buena caza y exclamó con voz ronca y muy determinante que coño es lo que se escucha allá dentro. Yo le respondí con voz serena: “Es una película que estoy grabando y que tengo que entregar en unas cuantas horas”, -¿Pero que película es? -Y dije yo “una porno… la quieres ver?”. Caminamos hasta la habitación y clavando su mirada hasta el ultimo vertical de la televisión exclamó asombro y agrado en cada una de sus toscas y varoniles facciones, posterior a su embeleso me retiré y di unos minutos de absoluta intimidad entre lo que representaba las imágenes y los pensamientos de mi consternado macho.

Fue en ese entonces cuando supe que lo tenia en mi terreno, no desaproveché ni un minuto: Le ofrecí un trago de nuevo pero esta vez a pico de botella, a lo que el accedió casi de forma sonámbula por lo embelesado de su visión, enseguida le dije que si quería que se hiciera una paja que yo haría lo mismo en el otro cuarto, casi de forma automática cuando mi emperador abrió el botón de su pantalón y desenfundó aquella pieza de carne, que solo se pudiera comparar con el brazo de un recién nacido. Afiló sus manos en busca de sus enormes bolas y al mismo tiempo regalándose una caricia en su pecho; yo estaba a reventar y le daba menos de 30 segundos a que me invitara o si no lo haría por mi cuenta… No pasaron ni 5 segundos, con la mano derecha sujetaba aquella bestia y con la otra se acarició el cabello; yo aproveché para lanzarme en un plonyon casi olímpico, del cual mi macho solo respondió con un profundo “coñoooooo que vaina tan rica!”; acto seguido me incorporó y arrodilló nuevamente para tenerme en absoluta simetría con las enfundadas que le estaba dando; yo muy hábil en el arte del sexo oral o mejor dicho de la mamadera de güevo hice lo que él menos esperaba, y con lo poco que me dejaba respirar procedí a propinarle movimientos musculares en lo profundo de mi garganta, uniendo a estos mis amígdalas y hasta mi epiglotis. A él le resultaba como si cogiera la mejor vulva de su vida. Sin perder tiempo y escuchando sus profundos jadeos y ayudándome con sus enormes y fuertes brazos me desprendí de mi acoplamiento con un profundo dolor, pero sabia que si lo succionaba tres veces mas este acabaría en menos de un chasquear de dedos… y eso, mis amigos; es lo menos que yo deseaba. No perdí ni un instante y comencé a meter los manos en su camisa de la cual despedía un olor que creo jamás olvidaré porque era el de un macho trabajador y a la vez el de una bestia en celo emanando lo mas viril de sus hormonas. El, por su parte; acariciaba mi cabeza y rasgaba con sus enormes manotas cada milímetro de mi espalda haciendo una especie de juego de pares y nones de las montañas de pelo que posee mi espalda. Una vez que extraje su camisa le propicié una exquisita lengüetada en una de sus enormes tetillas las cuales parecían una fruta verde de lo erecta que se encontraban; no dejaba de acariciarle su hermoso pecho que parecía un muro infracturable adornado con la mas espesa selva de pelos castaños oscuros… Fue en ese instante que deslice mis manos por su espalda casi de forma nula ya que las dimensiones de mis brazos no abarcaban aquella nevera fiesta de 22 pies que solo tenia de esta sus dimensiones porque corporalmente lo que despedía era un calor febril que casi quemaba a su contacto…. El me acercó a su regazo casi de forma violenta ycomenzamos un intercambio de caricias acompañadas de manotazos, lamidas y muchos jugos bucales emanados de forma espontánea. Yo le terminé de bajar los pantalones y el hizo lo propio con mi diminuto paño, así como sus zapatos. Me retiró un poco de su cuerpo para observarme y a la vez obsequiarme las dimensiones de una verdadera imagen de lo que es un luchador de sumo con pelos y acompañado de la verga mas gruesa aunque no tan larga que mis ojos viesen, mis manos acariciaran, mi sedienta boca mamara y mi culo se comiera….

Como pude le di la vuelta mientras palpaba sus enormes cojones al mismo tiempo que los lamía e intentaba mamárselos juntado su enorme verga como un solo bocado, una vez de espalda y casi en contra de su voluntad logre darle un lenguetazo a menos de unos centímetros de lo que es la curvatura de unas duras nalgas que esconden un tímido agujero. Su reacción fue casi de escalofrío y espasmo; a lo que respondió con el acto mas desesperado que he visto cuando alguien quiere que le mamen el culo, con su mano derecha la puso en la base de mi nuca y casi de un sopetón me hundió en una de las mejores exploraciones de cavidades anales que yo haya dado; la lamía y a la vez la chupaba y mordía, mi víctima no daba pie con bola no sabia si acababa o moría del placer. Aproveché para acariciar sus sacos que me quedaban en la mano izquierda; él deslizaba mi cabeza como el que ralla queso entre su culo y la base de sus bolas, yo mientras tanto me masturbaba sin ningún apuro ya que sabia que el mejor plato estaba por dármelo y eso era la cogida de mi vida… aún sabiendo que si me metía todo ese monstruo en mi culo lo mas posible era que quedara lisiado por el resto de mi vida; pero nunca pensé lo que el quesero tenia en mente. De nuevo otra pausa pero esta vez para lo mejor: Me levantó en brazos y me colocó en la esquina de mi cama empujándome de espaldas contra ella, tomando cada uno de mis tobillos y formando un ángulo de mas de 180° en el cual se hundiría para darme una vasta y señora mamada de culo en la cual corría la baba como la de un perro en celo. Yo como pude me medio-incorporé apoyando los almohadones de mi cama detrás de mi espalda y con mis manos acaricié por unos instantes su inmensa cara y sintiendo esa barba bruta y salvaje en las palmas de mi mano. Para mi sorpresa y deleite mi alazán lamía la base de mis bolas sin mostrar mayor rechazo con lo cual en muy poco tiempo y casi sin darme cuenta devoro mi verga en aquella gigante cavidad bucal. No es que mi verga sea muy pequeña si no que las dimensiones de su cara y todos sus elementos son gigantescos. El hecho es que aún con mi verga en su boca su cara demostraba asco y a la vez placer con gestos de quien devuelve pero traga del gusto de algo que por primera vez prueba pero no desaprueba del todo… Así que lo ayudé un poco, pero si continuaba creo que acabaría casi de forma inmediata y ahí si era verdad que la cagaba. Lo maniobré de tal forma que logramos hacer un perfecto 69 por unos momentos, pero eran los sonidos de la TV, la lujuria y el placer lo que nos tenia tan posesos que brincó de forma inmediata y se incorporo por completo en la cama, me puso en cuatro patas y luego de unos lengüetazos me calzó como un toro que no midió la distancia ni las medidas de su verga. Mi grito fue de placer y dolor, como si me arrancaran el alma de un solo coñazo; pero el imaginar lo que era esa mole de hombre quien me estaba matando mostré toda mi hombrura y aguanté el castigo como el mejor de los obsequios, y aunque suene enfermizo y despiadado me lo emburró como nadie lo ha hecho hasta el momento. Sus embestidas eran sensaciones que hoy todavía siento y de las cuales me gustaría sufrir hasta mis próximas vidas… Pasaron unos momentos de este maldito placer cuando sentía sus manos que casi me arrancaban la piel y los pelos de la espalda y para el momento de su orgasmo este sujeto mi garganta y me atrajo hacia el, pensando yo que me desnucaría del corrientazo y la acabada que me estaba echando. Su leche inundó todo mi ano y creo que dejo medio litro en mi estomago de lo recia de la presión con la que corría su semen en mis entrañas, suspiró y se desplomó encima de mi como el guerrero en su ultima batalla. Se incorporó y se dirigió hacia mi verga tomándola con ambas manos como quien se va a comer un helado por primera vez en su puta vida; la lamió y comenzó a engullirla con una furia casi descomunal. Fue tanta mi sorpresa que me sentía super-distante de acabar y por el contrario a mis ideas, este coño la chupó de forma profesional y recogiendo todos sus fluidos uniéndolos con las gotas de semen y preparando una especie de lubricante el cual untó su culo. Sin yo decir una palabra me acoplé a él tal cual lo hizo él conmigo… No perdí ni un ápice de tiempo y aún casi sin reaccionar lo penetré de casi un solo sopetón; a lo cual él dijo “coñodetumadre me vas a romper el culo, o mejor dicho lo rompiste… dale de nuevo, más duro…!”. Continué haciendo tal cual como lo pidió y, observando que comenzaba a tener una nueva erección en la cual se pajeaba como un adolescente; seguí bombeando y abriendo sus nalgones de forma que no olvidara la cogida que le estaba pegando. Así que fue el momento en que la naturaleza nos vence y como dice un gran amigo mío: “Las hormonas hicieron lo suyo” y si, estaba yo acabando dentro de aquel varón al mismo tiempo que él. Esta vez los aullidos y los gritos eran al unísono y formaban un dúo perfecto de gritos y gemidos de los cuales pienso que tuvo que enterarse todo el edificio, la urbanización y creo que hasta el país entero….. Ah, y como regalo extra después de todo este acto de lujuria humana entre dos machos me dio un beso bien masculino; de esos donde su lengua exploro toda mi boca para luego retirarla y luego acarició mis labios con sus enormes manos.

Han pasado mas de dos años y cada tres semanas mi quesero, que por cierto se llama Julio Cesar; pasa por mi apartamento para vender lo que nadie imagina es el mejor producto de su cuerpo y de su naturaleza. Por cierto nunca he probado ni el queso ni la nata que vende, imagino debe ser tan buena como el suero que produce su próstata, pero para eso ya habrá mas tiempo…

Un tío especial

Jueves, febrero 1st, 2007

Desde pequeño siempre me había caído simpático mi tío Franklin por su buen humor. Pero sin duda no estaba enamorado de él.

A decir verdad el sexo era lo último que asociaba con mi tío. No, ni me lo imaginaba siquiera cogiéndose a mi tía marta (hermana mayor de mamá) para procrear a mis primos: Carlos y Verónica. Carlos se había casado el año pasado y pensé que su ausencia había motivado a tío a invitarme a pasar un fin de semana en Caracas. Yo encantado de la vida ya que tenía tiempo que no visitaba la capital. En fin mi tío, quien se encontraba en Maracaibo en viaje de negocios me acompañó en el viaje en Buscama.

Como a medianoche el bus hizo la parada obligatoria en una estación de carretera y yo bajé para ir al baño. Al rato de estar meando, Tío Franklin se apersonó a mi lado para aliviarse.

No intercambiamos palabras y yo ni le presté mucha atención. Pero rato después mientras yo caminaba por la tienda de la estación buscando que me circulara la sangre a las piernas, mi tío se me acercó. Sonriendo me exclamo: “No pude dejar de notar que te cuelga tremenda tranca. Debes mantener felices a las noviecitas.”

Como soy bastante reservado, me chocó un poco su observación, pero en el fondo, a quién no le gusta que le admiren el guevo? En verdad sólo mi más cercano amigo del colegio, Omar, había elogiado mi miembro. Por cierto el total de mis experiencias sexuales habían sido con Omar, con quién me había pajeado numerosas veces y últimamente habíamos llegado a turnarnos frotando el guevo contra el culo del otro. Presuntamente no eramos gay, ya que ambos nos contábamos nuestras conquistas sexuales con las compañeras del colegio; en mi caso, todas mis conquistas eran puro cuento. Invariablemente lo que me hacían las muchachas eran lo que yo quería hacer con él. Pero en el colegio lo peor que se podía ser era maricón, así que cualquier impulso a tratar de tener algo con él era inmediatamente suprimido.

Volviendo a mi tío, su elogio a mi guevo me confundió bastante. Parecía lo que diría un marico, pero mi tío, casado por más tiempo que mi padre y con dos hijos no podía ser gay.

“No tío, la verdad es que no tengo novia. Parece que no tengo mucha suerte levantándome a las chamas.”

“Bencho, no me vas a decir que aun eres virgen!”

“Tío, por favor!”

“Disculpa Bencho pero a tu edad, coño! Con esa tranca puedes conquistar a las mujeres que quieras y hasta algunos machos…”, se cortó todo, como que había hablado de más. Me hice el inocentón.

“Machos?, cómo es eso tío?”

El se río, “No Bencho, yo lo decía exagerando. No me hagas caso.”

“Tío, te lo pregunto porque hay un compañero del salón que creo que está enamorado mío. Y a veces me pregunto si debería.. no sé… alentarlo un poco a ver que pasa.”

A mi tío le llegó de sorpresa ese comentario y yo podía ver que no sabía con que contestarme. Pero se puso serio y me dijo: “Mira, Bencho, lo mejor es que no te enrolles en esa clase de cosas. En este país ser así trae muchos problemas, y no quisiera que pases malos ratos si puedes evitarlo.” Con esa me puso una mano en el hombro y con un apretón me dijo que subiéramos al bus.

De vuelta en el bus, reclinamos nuestras sillas, y no volvimos a hablar. Yo me arrope con la cobija que había traído y el bus siguió viaje en total oscuridad. Cerré los ojos y traté de analizar lo que había dicho mi tío. Sin duda si hubiese sido cualquier compañero de clase el que había admirado mi verga y que hubiese insinuado que hay hombres que gustarían gozar conmigo, yo le hubiese tildado de maricón enseguida. Y sus últimas palabras habían salido de su corazón y no me cabía duda que lo decía por experiencia propia. Que vaina! A pesar de haber formado familia, era evidente que mi tío compartía conmigo una fascinación por los machos. Más diferentes no podíamos ser: yo contaba entonces con 18 años y él ya pasaba de los 40. Yo soy un flaco enclenque y él portaba una panzota que San Nicolás envidiaría. Yo tenía un cabello abundante, y el se peinaba las últimas que le adornaban la calva. Yo de lo mas retraído y serio, Tío Franklin super-sociable y siempre bromeando.

Pero por lo visto ambos eramos gay.

En lo último que me había dicho me dijo que era no meterse a marico si uno lo podía evitar. Admiraba en mi tío que quisiera evitarme malos ratos en la vida, pero honestamente no entendía cómo podía yo evitar sentirme atraído por los hombres.

Ahora me preguntaba: Estaba resignado mi tío a no seguirme seduciendo? Yo ya estaba demasiado cachudo como para echarme para atrás, así que dejé deslizar mi mano sobre el muslo de tío. No hubo respuesta, quizás dormía ya, o sentía remordimiento de tratar de seducir un carajito como yo. Decidí no atormentarlo y aparté mi mano. Sin embargo, pocos segundos después la manota de mi tío se posaba sobre mi muslo. Le respondí frotando mi rodilla contra la suya. El deslizó su mano debajo de mi cobija y me agarró el muslo con más firmeza. Yo abrí más las piernas, apretando la izquierda contra su derecha. Tío no perdió tiempo y me agarró el bojote, donde encontró mi palo enojado y buscando salir de su

confinamiento.

Mi tío empezó a desabrocharme torpemente el cinturón, así que decidí ayudarlo abriéndome el pantalón. Entonces los carnosos de dedos de mi tío se deslizaron bajo el elástico de mi interior y empezaron a acariciarme el guevo con toda delicadeza. Luego empuñó la cabeza de mi miembro y empezó a deslizar el prepucio sobre él. Me estaba pajeando lento y de lo más rico, pero estábamos incómodos y entre tanta tela sabia que mi tío no podía aumentar el ritmo. Así que le toqué la mano para detenerlo. Intercambiamos un rápido y susurrado “Qué pasa?”, “Dame un segundo tío”. El sacó la mano, y yo maniobré por unos minutos bajándome los pantalones e interiores hasta las rodillas, posando mi desnudo culo sobre el asiento del bus. Era muy riesgoso, pero para empezar yo estaba en la ventana y la masa corporal de mi tío bloqueaba cualquier movimiento sospechoso de los ojos de los vecinos. De todos modos, después del trailer erótico que me había mostrado mi tío yo no me iba a perder la función estelar.

Ahora mi tío tenía más espacio para masturbarme como debe ser, y me dio una paja alimentada con toda la experiencia de sus años. Noté en la penumbra de la cabina como se lamía discretamente la palma de la mano para lubricarme la verga y hacer que se deslizara mejor. Me desabrochó la camisa para acariciarme el estomago y el pecho, jugueteando con mis tetillas. No perdió tampoco la oportunidad de explorarme las bolas y llevarse la mano a la nariz disimuladamente para inhalar mi aroma. Se sobaba ocasionalmente por encima del pantalón y sin duda se acomodaba su guevo bien parado que tenia. Pese a que me moría por jugar con su paquete, ninguno de los dos se atrevió a liberar su verga, ya que él estaba más expuesto que yo. Así que me resigné a recibir y no dar placer. Por un momento me imaginé que yo era un cliente y mi tío fuese una puta pagada para darme placer.

En una de esas vimos como se paraba una señora enfrente para ir al baño. Mi tío dejo de masturbarme pero no me soltó la verga. La sujetó como si fuera su posesión mas atesorada mientras nos congelábamos en fingido sueño. Incluso cuando de reojo vimos que la señora estaba pasando a nuestro lado, el desgraciado de mi tío utilizó su pulgar para frotar lenta y deliciosamente la cabeza de mi pene. Era la parte perversa de su sentido de humor darme ese placer inesperado y yo tener recibirlo sin mover un solo músculo. En lo que la señora se devolvió a su asiento, mi tío reanudo la paja con más ritmo, pero yo no aguantaba más. Le agarré el muslo firmemente, y él, reconociendo que yo estaba a punto, aumentó el ritmo.

Yo me puse todo rígido con el cosquilleo inicial del orgasmo, y traté de contener todo ruido cuando empecé a eyacular. Con el primer chorro, mi tío dejó de sobarme el palo, pero me lo mantuvo firmemente empuñado, absorbiendo cada uno de los agonizantes espasmos de mi verga.  Sentí como un chorro de leche cayó sobre mi pecho y empezó a deslizarse sobre mi jadeante estomago. Tío Franklin me acarició la moribunda erección, y luego la exprimió como para sacarle la última gota. Finalmente soltó mi flácido miembro y, para mi gran sorpresa, vi que se llevaba la embadurnada mano a la boca. Se le escapó un chasquido mientras se chupaba los dedos. Luego se metió la mano al pantalón para acomodarse la erección, y se levantó para ir al baño. Sin duda no iba a mear.

Yo aproveché el espacio dejado por mi tío para limpiarme lo mejor que podía y subirme los pantalones. Cuando tío Franklin regresó rato más tarde, nos sonreímos y nos echamos a dormir.

En Caracas tomamos un taxi hasta el apartamento de tío Franklin.  Fue medio extraño verlo acariciar la cabellera de mi primita con la misma mano que había ordeñado mi verga, y besar a mi tía en el cachete con labios que habían probado mi semen. Pero me sacudí rápidamente esos bizarros pensamientos. Mi tía me llevó al antiguo cuarto de mi primo para dejarme descansar un rato. Me tomé un baño pero aproveché para masturbarme ya que tenía la imaginación inundada con imágenes de mi tío y yo teniendo ese episodio sexual.  Cuando me vestí, tío ya se había ido a la oficina. Tía Marta me dio la cola a Sabana Grande y después de un rato agarré un taxi al CCCT. Regresé al apartamento a tiempo para la cena. Conversé un rato con mis tíos y jugué Nintendo con mi primita hasta tarde, cuando tío la mando a la cama. Mi tía se disculpo para irse a dormir y le dijo a mi tío que también era bueno que los dos descansáramos bien después del viaje en autobús… “Esta bien Marta, yo veré que Bencho tenga todo lo que necesita y ya me acuesto yo también.”

Acto seguido mi tío me acompañó al cuarto.

“Entonces, Bencho, disfrutaste el viaje en buscama” me dijo muy sonriente, sobándose la barriga. Yo me reí: “Coño tío, qué quieres que te diga?”, en eso bajo la mirada para verme el bulto: “Dime que te gustó mucho la paja que te di, y que quieres que te de otra”, yo solo respondí sobándome el pantalón. Tío se acerco y me desabrochó los jeans. Yo me agarré de sus hombros para sacudírmelos. Pero al parecer mi tío no tenía en mente pajearme, porque se arrodilló frente a mi y me bajó los interiores de un trancazo. Me agarró la verga con una expresión de anhelo tal, que parece que había ansiado todo el día poder jugar con ella. No perdió tiempo en meterse la verga dentro de la boca y empezar a chupar con desespero. Yo exhalé extasiado con el chupeteo de sus labios y lo agarré por la cabeza. Cerré los ojos por unos momentos. En lo que los abrí, vi que mi tío se había abierto el pantalón y sacudía su madurada verga con un entusiasmo de lo mas jovial.

Oscurecido quizás con los años, el guevo de mi tío no era muy largo, pero se veía bastante más grueso que el mío y, si las sacudidas que le daba mi tío no me engañaban, la cabeza era enorme.

Tío Franklin levantó la vista como para comprobar que me estaba dando placer. Que vaina tan arrecha ver mi guevo penetrando los redondos cachetes de mi tío. Él respiro hondo y empezó a pasarme la lengua alrededor de la cabeza.

Yo gemí del gusto.

Luego, mi tío le dio un descanso a su lengua pero prosiguió masturbándome, al tiempo que frotaba su gordo miembro. Susurraba: “Te gusta, verdad, sobrino? Estas gozando un puyero con tu tío!”. “Quiero probar el tuyo” me oi decir…

Mi tío se se sentó sobre la cama y yo me le arrodillé en frente. Le agarré el guevo: lo tenía calentísimo. Lo pelaba lentamente mientras detallaba la cabezota. Realmente era grande, lo cual compensaba perfectamente su escasa longitud. Se lo besé y lo lamí, pero apenas me lo coloqué en la boca, escuchamos la voz de Tía Marta a lo lejos… “Franklin!”

“Mierda!” susurró mi tío disgustado. “Ya voy, mujer!” gritó.  Me levanté. “Será en otra ocasión sobrino”. Me abrazó y se aferró a mi culo con las dos manos apretándome contra su voluminoso cuerpo. “Coñito si estáis bueno”. Y con esa, se abrochó y salió del cuarto.

Yo, vulgarmente “con los crespos hechos”, me tuve que conformar con otra paja en el baño, eso si; esta vez cuando acabé, me acordé de mi tío en el buscama y aproveché de lamerme el semen de entre los dedos. Con lo que me gusta hoy en día que se corran en mi boca, es cómico pensar que me repugnó inicialmente.

Al día siguiente me despertó la voz de mi tío.

Debían ser las 8 de la mañana. Tío Franklin estaba parado al lado de la cama con una toalla alrededor de su amplia cintura.“Bencho, Bencho!. Vine a ver si querías terminar lo que empezamos anoche”

“Y tía Marta y Vero?”

“Se fueron a la Iglesia y luego acostumbran visitar una amiga de Marta. Ella me dejó encargado de entretenerte” Me dijo, guiñando un ojo.

Yo me saqué la sabana de encima, separe las piernas y me agarré el bojote: “Vente pues”.

Tío Franklin se despojo de la toalla quedando en pelotas. Su flácido miembro encapuchado parecía un champiñón creciendo entre la maleza negra de su vello púbico. Se me acercó, agarró mis shorts por la cintura con ambas manos y de un jalón me los quitó. Mientras yo me sacaba la franela, oí como los resortes del colchón protestaron el abordaje de tío Franklin, quien se acostó encima mío entre mis piernas abiertas, y empezó a besarme en la boca y a restregar su pene contra mi entrepierna. Mi verga empezó a endurecer ante el movimiento erótico. Y el gordo sabía besar. Con su boca me recorrió el cuerpo, bajando por el pecho en lento descenso buscando su manjar favorito: Mi guevo adolescente.

Empezó a chuparme, pero le pedí que me diera a probar su verga, así que nos pusimos en 69. No vacilé un momento en besar esa cabezota, pasarle la lengua por la punta y los lados y luego abrir la bocota al máximo para introducírmela en la boca. Empecé a chupar con fervor aquel guevo grueso mientras sentía como él me comía expertamente. Con algo de esfuerzo pude introducirme el guevo de mi tío en la boca hasta que lo único que podía ver eran dos peludas pelotas. El muy desgraciado empezó a cogerme la boca con la fuerza de sus cien kilos plus. Pensé en devolverle la acción pero fue ahí donde me di cuenta que ya había dejado de mamarme.

“Ay sobrino, que rico mamáis guevo. Tu como que ya has mamado guevo antes…”

“No tío , esta es mi primera vez”.

Con esa, cambiamos de posición y mi tío se acostó de espaldas mientras yo le seguía chupando. Tío empezó a darme direcciones. Donde lamerle, como dedicarle tiempo a sus testículos olorosos a macho maduro. Pero yo siempre volvía a jugar con la fascinante cabezota del guevo. La besaba amorosamente, la recorría completamente con mi lengua y me la metía toda a la boca. Mi tío gemía de gusto y sentí que era ahora yo la puta pagada para darle placer y mi tío era el cliente que solo requería ser complacido. Sin embargo también era cierto que el estaba a mi merced. Si yo quería mi tío no gozaba, y yo tenía el poder de darle placer. Esa ilusión me duró poco porque tío empezó a gemir mas pronunciadamente, me agarró la cabeza entre las manotas y se quedó inmóvil al tiempo que vociferaba y me inundaba la garganta de leche. Mucha de ella se me derramó y le cayó en la panza a mi tío.

“Sobrino, no te creo que sea yo el primero. Mamáis guevo sabroso!”

Yo sólo seguía restregando con la mano el baboso y flácido miembro. Él comentó: “Me imagino entonces que tampoco has culeado. Quieres ver lo que se siente tu guevo metido en un culote caliente?”, “Si tío , vamos a culear”

Tío Franklin se levantó y empezó a salir del cuarto. “Pa’ donde vas?”

“A buscar la vaselina mi’jo! Si me claváis ese monstruo así como así, me podéis a partir en dos.”

En nada mi tío regreso con el tarro de vaselina, con la que me embadurnó la verga. “Quien me manda a abrir la geta!, tamaña verga que me vais a meter. Mucho más grande que el vibrador de Marta!” Nos reímos y él se acostó boca abajo en la cama. Yo lo monté y atravesé mi verga entre sus nalgas cual salchicha en el pan. Empecé a deslizar mi engrasado miembro entre las masivas paredes de carne sin penetrarlo. Poco a poco sus nalgas se fueron lubricando y el acolchonado culo me producía un placer indescriptible. Pude haberme contentado fácilmente con acabarle así a mi tío, pero el no estaba conforme:

“Esta sabroso eso Bencho, pero ahora métemelo por el ojo del culo”.

Me detuve y el con sus manos separó los cachetes. Yo metí los dedos en la vaselina se los restregué en el peludo ojo del culo. Acto seguido me posicioné para colocar la cabeza del guevo en la entrada y empuje para dentro de un sólo trancazo. Tío gruñó ante la invasión repentina y total. “Estas bien tío?”

“Si vale… hmfff.. sigue”.

Con el guevo metido en ese culote caliente y sabroso, no me quedó mas que empezar a bombear. Antes de ese momento, mi tío había sido un ejemplo de comportamiento masculino, pero en cuanto empecé a deslizar mi verga entre sus nalgas perforando su ser con mi hombría, mi tío se partió completico. Nuevamente se voltearon los papeles y tío empezó a suplicar como una puta barata: “Ay que rico, Beni, dale así, que rico culeas papi…”. Yo decidí seguirle el juego:

“Te gusta tío? Te gusta que te den por el culo?”

“Ay si, métemelo duro Beni, que verga tan sabrosa!” respondió él a la vez que meneaba su culo y lo empujaba para atrás tratando de clavarse aun mas mi enrabiada verga.

Siendo mi primer pedazo de culo, no tardé mucho en sentir que el climax estaba cercano. Apuré el ritmo y empecé a jadear. Con un último empujón le inyecté sendas dosis de leche en lo profundo de su culo. Colapsé encima de él agotado. Lo abracé un rato mientras mi pene perdía fuerza dentro de sus chorreadas entrañas. Lo desmonté y me acosté a su lado.

Nos besamos un rato y luego nos metimos los dos a la ducha. Ahí, enjabonándonos el uno al otro, empezamos a hablar sobre las intimidades que hasta entonces no habíamos podido compartir con nadie. Seguimos hablando hasta el mediodía cuando regresaron mi tía y sobrina. Aunque parezca mentira el intercambio de palabras con mi tío resultó tan relajante como los orgasmos que nos habíamos proporcionado. Desafortunadamente no encontramos otra oportunidad para hacer el amor de nuevo ese fin de semana, aunque una semana mas tarde, de vuelta en Maracaibo, mi Tío me invitó a subir al cuarto del hotel donde se quedaba en otro supuesto viaje de negocios. Pudimos hacer el amor a nuestras anchas.

Dudo mucho que olvide la iniciación que me dio mi tío en los placeres del amor entre machos. Por cierto, en ese cuarto de hotel fue mi tío el primero en empujarme los pelitos pa’dentro. Quizás en otra ocasión pueda relatarles lo mucho que lo disfruté…

Fin.

La trampa

Jueves, febrero 1st, 2007

Trabajo como Diseñador Gráfico, siempre me han llamado la atención las formas de los objetos y las imágenes en general. Combinar líneas, colores y texturas en un contexto es de verdad mi mundo. Una tarde que venia saliendo algo exhausto de la oficina, veo como al final de la calle un hombre esta parado, como esperando a alguien. El taxi que yo había llamado para que me recogiese estaría por llegar, pero era tal mi impaciencia por llegar a casa que los minutos pasaban muy lentamente… coño el taxi no llega!. Mi mirada iba y venia de ambos lados de la calle, y nada que se ve un condenado taxi con una banderota en las puertas, que eran la identificación de la línea de taxis que siempre utilizo. Lo que si pude notar era que el tipo que estaba al final de la calle ya no estaba, tomando en cuenta que durante varios minutos estaba allí, y creo que hasta me estaba mirando, pero que coño… con tanto cansancio y tantas ganas de irme de allí no creo que despierte interés en nadie.

Al regresar la mirada veo que el taxi al fin llega.

-Qué pasó que se tardó mas de lo esperado?, pregunté al chofer.

-Disculpe amigo, es que me dieron la dirección equivocada, como unas dos esquinas más

allá, donde termina la calle…

-¡O sea que tu eras el que estaba parado allá!, le dije con asombro y rabia…

-Si, yo estaba esperando que llegara quien había pedido el servicio, pero nada… entonces

opté por llamar de nuevo a la central y me corrigieron la dirección, resultando ser usted el

pasajero a quien tengo que llevar…

-Mira (le dije), vamonos de una vez que estoy loco por llegar a mi casa.

Este personaje me resultaba, en cierta forma, conocido. Vaya uno a saber de donde… era de aspecto sencillo, por su cara diría que estaría rondando los 40 años de edad. En el rostro se dejaba ver una sombra de barba bastante oscura, supongo que es de los que se tienen que afeitar dos veces al día. Como estaba sentado se notaba bastante su contextura mas o menos gruesa, con un pecho abultado y una barriga que no se notaba nada mal. Al ver una de sus manos al volante (la derecha) esta se notaba rellenita, con bastantes pelos entre los nudillos de los dedos. Sin mediar mas palabra me subí al taxi, el cual era mas o menos nuevo. Por dentro se respiraba un suave olor a tapicería recién hecha.

Vivo en un pequeño apartamento a unos 3 kilómetros de mi trabajo. De vez en vez me voy en buseta, ya que hay una que pasa justo enfrente de la oficina y me deja a unas dos cuadras del edificio donde vivo, pero hoy es un día en donde no estoy dispuesto a lidiar con gente de pie, y menos con paradas cada 2 minutos para poder llegar con suerte en una hora… En mi hogar cuento con las comodidades necesarias para un hombre soltero, y también tengo un pequeño mueble con varias botellas de licor. Mi impaciencia por llegar y servirme un trago de brandy era demasiada, pero el aire acondicionado del taxi y su mullida tapiceria me tranquilizaron un poco…. ya había oscurecido. En eso…

-Amigo, que olor es ese como a quemado?

-No sé, déjeme estacionarme un momento…

El chofer paró el carro, ya faltaban solo unas cuadras para llegar. El olor era como a plástico quemado, e incluso pude notar como un leve humo blanco se colaba por las ventanillas del aire acondicionado. Nos bajamos y el chofer subió el capó del carro.

-Creo que se quemó el cable de corriente del radio… comentó amargamente el tipo.

Coño, tan cansado que iba yo, y este pendejo viene a amargarse porque el radio se le jodió… De inmediato tomé la decisión de pagarle, y de largarme de ahí para caminar hasta mi casa.

-Mira, aquí tienes el monto que me ibas a cobrar. Lamento lo del radio, pero espero no

tener que volver a montarme con un chofer que se angustia porque su radio se le jode…

El tipo me miró como regañado, y aunque esperaba una mala respuesta de él solo me dijo que lo que se le había dañado era el radio de comunicación con la central de la compañía de Taxis….

-Ahhh, coño, esté bueno… disculpa (le dije bastante apenado)…

-No se preocupe, mire usted sabe si por aquí habrá algún teléfono público?

-Realmente el último que conozco lo dejamos atrás hace rato. Ahora, es muy urgente que llames o que???

-Lo que pasa es que cuando hay estas emergencias uno debe reportarlas de inmediato, además creo que no voy a poder circular ya que debe haber un corto circuito. Si sigo andando así con las luces prendidas puede pasar algo peor…

Lo que faltaba pues, yo loco por llegar a mi casa, el taxi que contraté se jodió faltando unos metros para llegar y este tipo sin poder hacer nada. Para completar, mi celular había consumido por completo su batería…

-Mira amigo, vamos a hacer algo. Falta poco para llegar a mi casa, creo que lo mejor será que prendas el carro y me lleves hasta allá, le das poco a poco sin encender las luces y al llegar yo puedo prestarte mi teléfono, te parece???

-Si, se lo agradezco…

Acto seguido comenzamos de nuevo la marcha. Justo cuando estábamos frente al edificio, el carro comenzó a hacer un ruido extraño ya  despedir un fuerte olor a quemado otra vez…

-Bueno, ya llegamos. Si el mal es mayor, de todas formas llama para que te vengan a auxiliar, le dije…

En eso el tipo cerró el carro con intenciones de subir conmigo al apartamento. Tuve que hacerlo desistir de la idea, y el mejor argumento era que no lo conocía. Yo iría a buscar el teléfono; que era inalámbrico y debido a que vivo en un primer piso no habría problema para él comunicarse… Entendió la situación y de inmediato fui por el teléfono.

Lo noté bastante nervioso cuando hablaba, y cuando dejó de hacerlo me miró como con cierta angustia.

-Me dijeron que me quedara aquí, y que vendría una grúa en unas 3 horas ya que otro de los Taxis se había dañado fuera de la ciudad…

-Verga!, le dije. ¿Y es que solo tienen una?

-Pues si, es una compañía pequeña…

No sé si era lástima o ganas, pero se me ocurrió que este carajo podía meter el carro en el puesto que yo tengo en el estacionamiento. Y luego la mete comenzó a imaginarse otros escenarios…

-Vamos a empujar el carro hasta el puesto que yo tengo… le dije.

Comenzamos a mover el carro, el con las manos sobre el volante y la otra empujando desde la puerta y yo atrás. Rápidamente lo estacionamos.

El tipo, vale decirlo; no estaba mal. Pude notar como sus piernas eran gruesas, con un culo mas o menos grandecito. De pantalón este tipo debía meter fácilmente talla 40. El uniforme no le iba mal, y de paso los pantalones eran de una tela como gabardina, lo que dejaba notar un redondo bulto que quizás escondería algo bien ansiado por mi desde hacia tiempo.

Yo soy especialista en mamarme una buena tranca. Nadie que haya pasado por mi boca se puede quejar, eso si: Exijo lo mismo. Ojo por ojo, diente por diente… o debería decir lengua por güevo…

-Mira amigo, sube hasta mi apartamento, en la sala hay una tremenda ventana que da hacia la calle. Estamos pendientes para cuando la grúa llegue y así no tienes que esperar abajo, te parece?

-Bueno, coño me disculpa entonces la molestia…

Subimos y en eso noté como el cansancio había desaparecido por completo de mi organismo. Deben ser las ganas de tirarme a este tipo, o no sé que coño pueda ser…

Entramos, le dije al chofer que se sentara en la sala mientras yo iba al cuarto a cambiarme de ropa. Este tipo me inspiraba confianza, pero había algo extraño en él. De todas formas, si algo llegara a pasarme sé que el vigilante del edificio algo tendría que decirle a la policía…

Cuando salgo del cuarto veo, para mi mayor sorpresa; que el chofer se había quitado la corbata y desabotonado la camisa.

-Coño, menos mal que no eres confianzúo, le dije…

-Ah, disculpe… es que esta haciendo calor y como estamos entre hombres…

-No no, tranquilo… es más, te ofrezco un trago de brandy, para que se te terminé de ir la arrechera y la angustia por lo del carro…

-Ah bueno, échele pichón!

Comenzamos a tomar poco a poco, empezamos a hablar de trivialidades. Resulta que este tipo siempre iba a recoger a alguien que trabaja en otra oficina cercana a la mía, esa era la razón por la que me parecía conocido; ya que al yo bajar a la parada él siempre me veía. Yo si noté como en dos o tres ocasiones que había un chofer de taxi frente a la oficina esperando a alguien. La conversación se extendió por una hora, y el brandy empezaba a dar una extraña y agradable sensación. Raúl, que así se llamaba el taxista; lucía tremendamente bien. Su camisa abierta dejaba ver un pecho parecido a una alfombra, era tetón y podría asegurar que era peludo en todo el cuerpo a juzgar por el pecho… Tenía las cejas algo gruesas, y los ojos eran muy negros. Noté que la boca era mas o menos gruesa, parecía un portugués…

-Raúl, si quieres quítate toda la camisa. Yo voy a hacer lo mismo, esta franela me da calor….

Yo soy gordo, desde que era un niño mi afición principal fueron los placeres de la buena mesa. A mis 40 años de edad luzco unos buenos 105 kilos enfundados dentro de un metro con setenta y cuatro centímetros. A los trece años comenzaron a salirme vellos en todo el cuerpo, pero fueron aumentando en el pecho, la barriga, las piernas y las nalgas. Sin embargo, aún con todo y mis kilos, siempre he sido bastante dinámico. Y a la hora del sexo, me vuelvo una fiera. He tenido muchos encuentros furtivos, y solo 3 parejas estables. Lo que mas me hace gozar es, definitivamente, mamar y ser mamado. Me han penetrado muy poco, y aunque yo disfruto cuando me cojo a alguien por lo general prefiero hacer lo que los americanos llaman el “mouth fucking”, es decir: Cojerse a alguien por la boca.

Coño, Raul semidesnudo era todo un espectáculo. No me equivocaba, este tipo tiene una de las espaldas mas generosamente peludas que yo haya visto antes… Los brazos eran fuertes, y las tetas eran grandes pero firmes. Las tetillas lucían un color carne oscuro, y si… eran cubiertas por pelos.

En ese momento Raúl me miró con algo de pena, se le notaba… pero en su mirada podía notarse interés. Yo también estaba sin nada encima, a excepción de los boxers que cargaba puestos.

Nos acercamos a la ventana a ver si llegaba la grúa, claro faltarían unas dos horas para que eso ocurriese. Seguíamos conversando, cada uno con una copa de brandy en la mano. Ambos estábamos mirando hacia fuera, con nuestras cinturas pegadas a la pared. Cuando decido retirarme a preparar algo ya que el hambre apremiaba, le dije a Raúl que me acompañase a la cocina. Me dijo que no podía…

-Coño Raúl, deja la angustia que la condenada grúa no viene todavía…

-Es que no es por la grúa, es que este brandy aparte de marearme…

En eso, al darme el frente veo como una erección asomaba indiscretamente por sus pantalones. Le noté apenado, pero al mismo tiempo como esperando algo. Le dije que era normal, que el brandy tiene esos efectos… en eso veo que el carajo se acerca caminando toscamente hacia la cocina, y sin decir nada me abrazó.

Comenzamos a besarnos, yo cerré los ojos pero de inmediato los abrí. Vi que los suyos se mantenían cerrados y demostraban, aún cerrados, bastante placer.

Raúl besaba bien, realmente bien. Yo me preguntaba en ese momento si este carajo era gay, o bisex, o el brandy estaba envenenado… qué coño!. Nuestras lenguas se iban entrelazando, y el sabor a brandy comenzaba a dar paso a un sabor de hombre, de machos unidos por la boca; ambos mezclando sus fluidos para gozarse el uno al otro… Sentía sus manotas acariciar mi espalda, y las mías cruzaban su espalda para acariciar su cabeza. De una vez se separó de mi boca y comenzó a chuparme suavemente las orejas. Su respiración era profunda y cálida. Con voz entrecortada me decía que yo le gustaba que jode, que desde que me vió por primera vez le había llamado mucho la atención… Me separé de él en forma un tanto brusca…

-Como es la vaina?, acaso me conoces o algo?

-No te conozco, es que las veces que me tocaba ir a buscar al tipo del edificio te vi varias veces, y de verdad no hallaba como caerte. Fue hoy que para mi sorpresa me dijeron que fuera a buscar no al mismo tonto de siempre, sino a otra persona que resultó siendo tu…

-Y porque carajo no estabas enfrente del edificio sino al final de la calle?, le dije.

-Porque estaba un poco asustado de no saber como manejar la situación, así que fui a preparar el carro un poco más allá… Coño yo iba pensando cuando carajo empezaría el olor a quemado del cable que dejé suelto…

-O sea, que esa vaina fue una trampa????, y la llamada telefónica???, y la grúa???

-Ninguna de esas vainas es verdad. Lo que si es verdad que tendré que meterle mano al carro mas tarde, ya que si no me voy para la central de la compañía con el carro en buen estado me botan en el acto.

-Mmmm, fíjate la vaina, pensé…

-Todo esto era para poder inventar algo para estar mas tiempo contigo, pero no pensé que la cosa iba a llegar a estar aquí como ahora estamos, ves?

En ese momento pensé lo peor, que este tipo me quiere atracar, que a lo mejor es uno de esos locos sueltos con ganas de matarme. Pero algo me decía que el carajo no era de esos, algo extraño me lo sugería… así que me dije: Total, si me va a joder que primero me dé placer…

-Mira Raúl, y hablando de meter mano…

Continuamos besándonos, yo haciéndome un poco el pendejo y él agradeciendo el que no le hubiera metido su coñazo por embustero, o por no haber intentado esa trampa antes…

El tipo me bajó los boxers mientras continuaba besándome, cuando me dí cuenta tenía mi güevo dentro de su boca. Coño!, que vaina mas sabrosa nojoda… debo confesar que este tipo sabía como mamar, era todo un campeón. Me costaba contenerme para no acabar. Mis 15 centímetros cabían completamente dentro de aquella suave cueva, húmeda y caliente, con una lengua que lo cubrían todo y que succionaba mi verga como queriéndome ordeñar… No más pasaron unos 5 minutos cuando, de un solo golpe; saqué mi güevo y le acabé encima de la cara…

Raúl cerró los ojos, y ví en su rostro empapado en leche como una sensación de bienestar.

Luego me miró como agradecido, y me pidió el baño para lavarse la cara. Al regresar yo estaba tendido en el sofá, esperándolo para darle lo suyo. Venía completamente desnudo, ya que aprovechó para terminar de desvestirse en el bañó según deduje.

El cuerpo completamente desnudo de Raúl era supremo, las piernas totalmente peludas, y encima de la verga una tremenda mata de pelos negros, negrísimos… su güevo era bonito, aunque no venía parado se veía atractivo, y se gastaba unas tremendas bolas.

Se me abalanzó encima y comenzó a besarme de nuevo, totalmente encima de mi cubriéndome por completo. Rápidamente se incorporó sobre sus rodillas y me metió su güevo dentro de la boca, estaba fláccido y tenía buen sabor aunque estaba húmedo ya que el muy cabrón se lo había lavado en el baño, estaría lleno de babita, pensé; y olía a limpio.

Mientras él me miraba desde arriba como yo se lo mamaba y confundía mis bigotes con su pelambre al tragármelo completico, sentí como se iba poniendo erecto poco a poco… Cuando lo estuvo por completo era todo un señor güevo, mediría unos 16 centimetros y era bastante gruesecito. Justo como a mi me gustan…

Lo chupaba con fuerza, me lo sacaba con la mano derecha para apreciarlo y de paso lamerle las bolas, mientras con la mano izquierda le acariciaba las tetillas paradas y suaves… En eso Raúl agachó un poco el cuerpo y se apoyó en sus dos manos sobre el sofá. Comenzó así un vaivén lento al principio, para luego convertirse en una agradable tortura…

El ritmo era simétrico, y el güevo entraba y salía de mi boca hasta que decidí apretarlo para evitar que saliera, logrando que lo moviera para que el roce con mi lengua y el cielo de la boca le diera aún más placer….. de repente los movimientos se hicieron más rápidos, más, más…………

-Coño!, vergaaaaaaa!!!!!!!!!!

Torrentes de leche se disparaban desde la verga de Raúl dentro de mi boca, sentía la sensación de sabor amargo y dulzón inundando mi garganta. Me tragué aquel güevo embadurnado en semen, mientras succionaba sentía como las últimas gotas iban a parar a mi traquea para luego bajar completamente… Raúl no dejaba de gruñir del placer y seguía moviéndose frenéticamente…

Me lo sacó, y vi a ese güevo que segundos antes estaba en plena acción ahora como descansado y reposado luego de semejante paliza…

Pero la batalla apenas comenzaba. De inmediato Raúl me besó, sin importarle que aún mi lengua contenía restos de su leche. Nos fundimos en un beso largo, con nuestras lenguas saboreándose una a otra… dejó de besarme y fue bajando poco a poco, yo tenía de nuevo mi verga a reventar… pero no era ese su objetivo. Aunque si me la lameteó, vi que con malicia y sin dejar de mirarme a los ojos me fue subiendo la cintura y comenzó a mamarme el culo…. coño que vaina tan buena, me decía yo. Era una de las mejores mamadas de culo que yo había recibido en mi vida. Su boca cubría por completo mi ano, y su lengua trataba de penetrarme suavemente. No sé si era que estaba lo suficientemente relajado, o que su saliva tenía poderes mágicos, pero sentí como unos 3 centímetros de lengua penetraban mi culo con un mete-saca frenético. Era de verdad sabroso y sin comparación a nada que hubiese experimentado antes…..

Comenzó a hacerme la paja sin apartar sus ojos de los míos…. yo estaba a punto de reventarme, y cuando asomó a mi cara el rictus propio del orgasmo, muy sabiamente Raúl comenzó a mamarme el güevo…. no pasaron 3 segundos cuando comencé a gritar del placer, llenando su boca de mi leche……. el ritmo de las mamadas era intenso, casi creí que me quería arrancar el güevo con semejantes chupadas….. mientras acababa le agarré la cabeza con ambas manos y la pegaba aún más a mi cuerpo, al final el comenzó a lamerme las bolas mientras el güevo seguía bien adentro… fue una especie de cierre de oro.

Ambos nos fuimos al baño, y mientras nos duchábamos me dijo que era divorciado; que desde hacia unos 3 años sentía que no podía disfrazar más sus verdaderos gustos y que desde entonces frecuentaba a un amigo que lo “inició”, al que él llamaba su “segundo frente”. Este amigo se había marchado de la ciudad hacia unos 2 meses, y desde entonces no había tenido sexo con más nadie.

-Raúl, cuando quieras puedes venir.

-Ok, sería posible venir los sábados en la mañana?, es que los tengo libres…

-Coño, le dije… Mañana es sábado!, o sea, que mejor te saldría quedarte esta noche

conmigo…

-Y el carro?

-Tranquilo, yo te ayudo… a seguir la trampa….

Comenzamos a reírnos, y al ver como su cuerpo con el agua lucía aún mas atractivo, me agaché y empecé a mamarle las bolas….

FIN

Mi vecino del noveno / Primera parte

Jueves, febrero 1st, 2007

Soy de Montevideo – Uruguay, tengo 53 años y soy casado, los que les voy a contar es sobre todo para aquellas personas que ya se creen que están devuelta en la vida, que como pasaron los 50 ya no hay más nada, la verdad que hay y mucho y muy bueno.

Desde hace unos días, al llamar el ascensor (vivo en un cuarto piso) a las 7 de la mañana, para salir a la calle e ir a trabajar, el mismo me hace una mala jugada, sigue hacia arriba y tengo que esperar que baje, pero desde que esto sucede, no viene solo, dentro hay un señor como de mi misma edad, hace poco que se mudó al noveno piso, mi conocimiento de él es solamente de estos encuentros matutinos. Pero como en todo edificio, las novedades corren, ¡Que es viudo! ¡Que es divorciado! ¡Que tiene dos hijas! ¡Que es profesor! ¡Que es esto o aquello!, la verdad ahora la sé, tiene 55 años, es divorciado y vive con sus dos hijas, una de 20 años y otra de 22, profesor de filosofía en un colegio cercano a nuestro edificio.

Debo confesar que desde el primer día que lo vi, hubo algo que me llamó la atención, el voluminoso bulto que traía entre las piernas, luego de varios días en que las palabras que nos cruzábamos eran solamente ¡Buenos días! ¡Hasta luego! al entrar yo al ascensor él venia leyendo unas hojas sueltas, al darme vuelta para quedar de frente y poder contemplarle el bulto, sin querer golpeé con mi brazo su mano y le hice desparramar las hojas por el piso, los dos  nos bajamos al mismo tiempo a recogerlas y nuestras frentes se chocaron,  nuestras caras quedaron frente a frente, nos miramos unos instantes y sin más el acercó su boca a la mía, sorprendido como estaba mi boca permanecía cerrada, pero su lengua comenzó a trabajar y cuando quise acordar se la estaba chupando frenéticamente.

Nuestras lenguas chocaban y se saboreaban, lentamente nos fuimos parando y la mano de él apretó el botón de detención del ascensor el cual quedó en un entrepiso, entre beso y beso sentí su voz que me decía –No sabes como deseaba esto, yo llegué a decirle que no dejaba ningún día de mirarle la entrepierna, mientras su lengua taladraba mi boca, una de mis manos buscó la cremallera de su pantalón y la fue bajando, al deslizarse entre su pantalón y el slip, sentí el tibio y agradable calor que desprendían su pene y sus huevos, como pude metí la mano dentro del slip y comencé a acariciarle su falo, éste pronto comenzó a endurecerse llegando a tener unas dimensiones tremendas, dejé su boca, me arrodillé y comencé a besar, lamer y chupar la verga más hermosa vista, al tener su capullo en mi boca mi lengua comenzó a introducirse en el agujerito de su glande, mientras lo hacia como un murmullo sentía la voz de él entre gemido y gemido que me decía.

Así mi putito méteme la lengua en el agujero más adentro, más, más. Luego comencé a recorrer con mi lengua todo a lo largo de su pija hasta encontrar sus huevos que me introduje de uno en uno dentro de mi boca, mi lengua se los aplastaba contra mi paladar y él volvía a gemir de placer, él me sostuvo con sus dos manos mi cabeza mientras comenzó a poner y sacar su verga de mi boca, en cada arremetida más adentro me la metía, por instantes me dejaba sin respiración, me dio la cogida del siglo en la boca, cuando bien dentro la tenía sentí un – Ahhhhhhhhhhhhh  y junto a esa exclamación mi boca se fue llenando de leche que a borbotones su verga largaba, no terminaba de tragarme un chorro, cuado otro ya me estaba llenando la boca, cuando dejó de vomitar se la lamí toda para con mi lengua no dejar ni rastros de tan exquisito manjar sin saborear.

Así fue como yo un “viejo” de 53 años conoció a Carlos otro “viejo” de 55, desde ese momento todos los días desayuno la más dulce y exquisita leche recién ordeñada, esperemos que ningún vecino se les de por despertarse temprano y moleste llamando al ascensor que todos los días a las 7 está parado en un entrepiso.

Para finalizar les cuento que ya hace unos meses que somos amantes y que nuestros encuentros en la cama, son la gloria pero eso son otros cuentos.

Veteranos no desesperéis la vida comienza a los 50 años.

Y como dice Rodrigo: “También a nuestra edad sentimos deseos, sentimientos, emociones, etc., pues ello no es patrimonio exclusivo de alguna generación o género; lo importante es agradar y sentirse agradado, hacer feliz a los demás siendo feliz consigo mismo y con su pareja habitual u ocasional”

cayetano85@hotmail.com – Cayetano

Encuentro inesperado

Jueves, febrero 1st, 2007

Voy a comenzar este relato haciendo una reflexión.  En mi caso en particular y supongo que este será el caso de muchos otros, se siente una gran frustración cuando encontramos o vemos a alguien que realmente nos gusta;  que en ese momento nos mueve el tapete, con quien quisiéramos estar en la intimidad y talvez la vida entera, pero esta persona se nos va, por el estigma que conlleva, el enamorarse o desear a alguien del mismo sexo, es decir el ser diferente;  no podemos expresarnos libremente y decirle lo mucho que lo deseamos y nos gusta.  La atadura social que esto significa, conlleva a que, aunque la persona objeto de nuestro deseo, a veces por intuición nuestra o por algunas actitudes que toma, sabemos que no le somos indiferentes, pero por lo mismo anteriormente expuesto pone un muro infranqueable que hace imposible el poder intentar el llegar a algo.  Que diferente seria el que se viera normal el que un hombre conquistara a otro hombre.

En fin, muchos ejemplares masculinos, que se dicen muy machos, y que aseguran jamás estarían con un hombre en la intimidad, se muy bien que en lo mas profundo de su ser, ansiaron mas de una vez, cogerse a otro hombre que les atraía, y triste es pensar que morirán sin haber disfrutado alguna vez, de ese hombre al que desearon con todas las fibras de su ser, pero que por perjuicios no se dieron el gusto y el placer.

Terminada la reflexión, debo decir que en lo que ha mi concierne, yo soy adicto a los hombres gordos;  no se porque razón pero no me atrae otro tipo de hombre;  pueden ser súper hermosos, de acuerdo a lo que la mayoría entiende por belleza, puesto que la concepción de belleza no la compartimos de igual manera todos los seres humanos, pero en la actualidad debe entenderse con cuerpos esbeltos o musculosos, o delgados como hueso;  este tipo de personas a mi no me dicen nada;  no hay como un gordito simpático y sabroso.

En fin, estaba yo un viernes, regresando de un viaje que había hecho a un municipio cercano a la ciudad donde vivo.  Venia yo en el bus sentado en un asiento para tres completamente solo, ya que el bus estaba medio vacío;  yo iba contemplando el grandioso paisaje, de la vegetación de la costa de mi país, y cuando el bus hacia sus paradas para subir o bajar pasajeros, echaba siempre una mirada para ver si de repente miraba “algo” que valiera la pena (es decir una persona gorda de sexo masculino).

No había tenido suerte, y el viaje seguía, cuando en uno de los pueblitos que hay en la carretera, un hombre le hace la parada al bus.  Este comienza a frenar y el que hizo la parada empieza a correr para abordarlo.  Este individuo era el tipo perfecto para mi gusto;  lucía muy bien, era un hombre regordete, con su gordura bastante voluminosa y bien proporcionada;  todo un atentado a la lujuria, sus piernas, culo y paquete, se marcaban en el pantalón de lona que llevaba, dejando ver su exquisita figura, y sus brazos que estaban desnudos puesto que llevaba una camisa de manga corta, eran también dos gruesos pedazos de carne que provocaba besárselos y contemplarlos embelesadamente;  su piel morena clara, se miraba húmeda y fresca;  su pelo color negro y liso;  su cara rellenita, simpática, era un verdadero manjar para la mirada.

El subió al bus, mientras decidía donde se sentaba, yo disimuladamente seguía contemplándolo.  Finalmente el se sentó, y yo solitario como siempre, volví la vista al impresionante paisaje natural, procurando calmar mi ardiente y excitada imaginación.

Pasados unos minutos, note que el hermoso ejemplar de osito que se había subido, cambiaba de lugar;  a los quince minutos cambio otra vez de lugar, pero al levantarse me vio y me sonrió.  Eso fue algo que me dejo muy desconcertado;  a mi nunca, un hombre me había sonreído así y tuve un leve presentimiento, de que ese iba a ser un día inolvidable para mi;  además en mi país eso de los gays, o cosas por el estilo, es algo que hace pegar a mis paisanos gritos en el cielo y condenar al culpable hasta de lo que no esta escrito.

Pero bueno, no habían pasado cinco minutos, cuando el se paro y se fue a sentar junto a mi;  el solo hecho de tenerlo cerca hizo que mi tranca se llenara de sangre y deseo, pero yo hice como si nada y sentía que el me miraba.

Siguió el viaje y el poco a poco se fue encorvando en el sillón, quedándose dormido.

Pero…  ¿¡¡¡QUE PASA!!!?- dije para misa adentros cuando sentí que me rozaban la verga.  Y entonces fue cuando vi que mi “compañero de viaje”, con el codo de su brazo era el que me la rozaba con un rítmico movimiento.

Yo no podía creer lo que estaba pasando, mi corazón retumbaba dentro de mi pecho con violencia, estaba excitado y daba infinitas gracias puesto que pensé que algo así como lo que estaba pasando e iba a suceder posteriormente, le podía pasar a cualquiera menos a mi.

Yo sin pensarlo dos veces abrí mis piernas y entonces el ni lento ni perezoso me agarro fuertemente la verga;  yo inmediatamente deslicé mi mano también entre sus piernas y comencé a palpar una verga dura como piedra y de respetables dimensiones.

En lo que restaba del trayecto, fuimos tocándonos cuanto podíamos, haciéndolo por supuesto muy discretamente y sin dirigirnos la palabra.  Solo nos mirábamos y sonreíamos.

Llegamos a la ciudad y el me pregunto:

-¿En que lugar va a bajar? (sentí algo extraño que me tratara de usted), a lo que yo respondí:

-En la ultima parada antes de llegar a la terminal.

-Allí bajo con usted yo también.  –me dijo.

Bajamos, y me comento que se llamaba Carlos, y que venia a la ciudad en plan de negocios;  yo le dije mi nombre y lo que hacía.

Siguió manifestándome que era un hombre solo y que había salido dispuesto a encontrar a alguien con quien tener una bonita relación, y que se había tenido que arriesgar a que le partieran la cara, usando la treta que utilizo conmigo;  me pregunto además si yo era casado o si tenia novia a lo que le respondí que no.

Cuando lo vi – me dijo- pensé que podía ser como sacarse un premio si podía estar con usted, yo solo acerté a sonreírle.

Yo no sabia que decir o hacer, ya que nunca me había pasado una experiencia similar, estaba como atontado, me comportaba como un idiota y eso que me considero un hombre templado, muy centrado y analítico.

El me dijo que lo siguiera y nos fuimos a un Centro Comercial, directamente al baño (no me gusto mucho la idea debo decir);  entramos los dos a uno de los sanitarios, y al solo cerrar la puerta, el me abrazo con locura y desesperación, haciéndolo yo del mismo modo;  nos besamos como nunca jamás me he besado con alguien, fue un beso largo y profundo, durante el cual nos tocamos y metimos mano en todo el cuerpo, el uno al otro, yo sentía que estaba en el cielo, en una dimensión desconocida en la que el placer furioso y carnal, se entremezclaba con la gran satisfacción de estar con alguien que te agrada sobremanera y que te desea tanto como tu lo deseas.

El se quito la camisa y me quito la mia;  yo le desabroche el cinturón, el pantalón y se lo baje con todo y ropa interior e hice lo mismo conmigo;  al verlo así desnudo,  maravilloso con su gordo y exuberante cuerpo, no me pude contener y lo abrace con todas las fuerzas de que era capaz, besándolo desesperadamente, siendo el reciproco conmigo, y de repente me dijo:  -mi amor, lo quiero-, eso fue algo que me llego al corazón, ya que fue la primera persona en mi vida que me ha dicho algo semejante, yo no acertaba a decir nada.

En eso, oímos que entraban al baño otras personas.  Yo me quede petrificado, ya que como lo comente antes, en mi país son extremadamente prejuiciosos con respecto al tema, y pensé que si nos miraban en lo que estábamos, la íbamos a pasar muy mal, pero Carlos, no podía contenerse, y así me lo decía;  el me seguía besando y acariciando sin cesar, y al hacerlo gemía;  yo estaba quieto y tenia agarrada su gran y dura verga en mi mano, sintiendo la mas profunda ansiedad.

Gracias a Dios, las personas salieron y no paso nada;  yo sin embargo, aunque deseaba seguir con toda mi alma en lo que estábamos, pudo mas mi miedo, de saber que estábamos en un lugar publico y que alguien conocido me podía ver, puesto que debo aclarar que nadie sabe mi gusto por los hombres, ni mis conocidos ni familiares, y talvez es un error pero no puedo decírselos.

Yo le dije a Carlos que paráramos, que ya no podía seguir, y el muy comprensivamente acepto.  Después me dijo:

-Quiero acompañarlo hasta su casa, porque quiero saber donde poder encontrarlo.

Yo un poco molesto y sin poder pensar coherentemente le dije, que no y que si convenía nos íbamos a encontrar otra vez;  diciendo esto di la vuelta y apresuradamente me marche, sin darle un ultimo beso, ni siquiera un adiós.

Fui un cobarde, y ahora me arrepiento de veras de no haber hablado mas con el, o de quedar encontrarnos en algún lugar;  son mis impulsos arrebatados, los que hacen que casi siempre me arrepienta de mis actitudes.  Yo me porte totalmente cortante y frío, ahora lo reconozco, y recuerdo por su semblante que esto a el de veras le afecto.

Hasta el día de hoy no lo he vuelto a ver y sigo solitario como siempre.  Recuerdo casi todos los días, este encuentro, y aunque no llegamos a culminar nuestro intimo encuentro, rememoro con gran intensidad el inmenso placer que experimente en esos fugaces momentos.  Quisiera encontrarlo nuevamente y hacer con el él amor, cogermelo, mamarle la verga, besarlo, gozármelo, dándole satisfacción, placer y amor.

Quisiera encontrar a ese gordo, a ese oso que se que es para mi.  Además quisiera compartir sus opiniones, y entablar amistad con los que se dignen a leer este relato o el otro que he escrito, mi e-mail es oram_74@yahoo.com.mx les prometo que la respuesta a sus mensajes es segura y quisiera despedirme de ustedes con una frase que me gusta mucho EL HOMBRE QUE PIENSA QUE ES FELIZ, ES PORQUE HA DEJADO DE SERLO.

Osos universitarios

Jueves, febrero 1st, 2007

Era el comienzo de un nuevo año en la universidad nocturna, el cuarto de mi carrera, todo apuntaba a que sería un año como los anteriores; la misma gente, profesores nuevos pero la mayoría ya conocidos debido al transcurrir diario de 3 años de carrera.

Sin embargo, algo era distinto, en esta oportunidad dividieron mi sección en dos grupos y otras personas provenientes de otras secciones ingresaron al grupo, entre ellos un hombre (o mejor dicho un sueño de oso) de unos 30 años, de aproximadamente 1.75 de altura, ojos color miel, de pelo negro, tan velludo que podía verse vello saliendo por encima de la parte trasera del cuello de su camisa, y para mi deleite, usaba camisa manga corta con tan solo 3 de los botones en uso, lo que permitía que su hermoso pecho de macizas y duras proporciones quedará muy sensualmente al descubierto, debía pesar alrededor de 100 kilos y poseía una barriguita típica de quienes son algo asiduos a las birras y su hermoso y grueso cabello negro caía de manera desordenada sobre sus sienes y le llegaba, casi, a la altura de los hombros. Al verlo quedé estupefacto y me dije a mi mismo, “por lo menos tendrás buena vista este año”.

Ese día me dediqué a verlo detenidamente y me percaté que era un hombre muy callado y reservado que se dedicaba a escuchar la clase, tomar apuntes y a más nada, al final de la clase el profesor solicitó un asistente para la cátedra y Ernesto (el oso), se ofreció para el puesto, lo que demostraba un genuino interés por los estudios. Al verlo en esas actividades y al escucharlo y ver su forma de expresarse, me hizo pensar que era un hombre completamente heterosexual (seguramente comprometido) así que de alguna forma me olvidé de él, desde ese punto de vista, y decidí que sería simplemente el colirio de todas las noches en mis días de clases y sólo eso. Yo acostumbraba llegar a mis clases una hora antes de lo usual con la intención de leer un poco lo que se debería ver durante las clases, cuando me dedicaba a estudiar unos apuntes, sentí que alguien tocaba mi espalda y me decía ¿Que haces Andrés?, ¿Qué lees?. Yo me sobresalté, ya que el salón estaba vacío, pero al voltearme vi que era Ernesto quien me miraba sonriendo levemente. No puede evitar detener mi mirada en su velludo pecho, y pude percibir el grato aroma de su cuerpo, que se notaba algo sudado por el trajín del día. No era un olor desagradable, más bien era muy sexy y atrayente, mezcla de olor de macho con colonia suave, era un olor muy masculino.

Me quedé algo absorto y sin querer deje caer mi lápiz, y al inclinarme para recogerlo, miré el bulto de su entrepierna, el cual se notaba en descanso por lo que no pude apreciar nada, Ernesto se disculpó por haberme sorprendido y me dijo que él solía llegar temprano a preparar apuntes y que si quería los compartía conmigo y, para ahorrarnos trabajo, y me propuso hacer equipo para los diferentes trabajos de cátedra. Yo no soy muy amigo de los grupos de estudio, y creo que eso se notó en mi rostro, entonces el se apresuró a decir que él no era como el resto de los estudiantes y que no me arrepentiría de nuestro convenio, además dijo que yo le caía bien por mis modos tranquilos y afables, y que presentía que podíamos ser buenos amigos ya que; por conversaciones casuales, nos dimos cuenta que a ambos nos gustaba la playa, ir a la montaña y disfrutar de tardes tranquilas viendo películas alquiladas.

Me dije a mi mismo, por qué no? Además es alguien muy aplicado, tenía excelentes notas, y sería agradable tenerlo de amigo, además se presentaba la oportunidad futura de verlo en traje de baño. Ernesto se sentó a mi lado y platicamos un poco de lo que leía, fue cuando me dijo, que le extrañaba encontrarme allí, ya que no había clases ese día, el profesor de la cátedra de la cual Ernesto era asistente, había notificado que no asistiría un día antes, día en que no pude asistir por cuestiones de trabajo, por lo cual no me enteré y así se lo dije a Ernesto. Él me explicó que como preparador de la cátedra debía dejar listos unos materiales para la clase del día lunes, por lo cual se encontraba en el salón de fotocopias, ubicado al lado del de clases, me vio llegar y decidió acercarse a saludar.

De pronto pensé que si no había clases… pronto cerrarían esa área del módulo de aulas ya que era viernes y no había ninguna clase, le dije que debíamos irnos ya que podíamos quedarnos encerrados. Fue cuando él dijo que no me preocupara, que él tenía llaves de ese módulo, de hecho ya había cerrado para que estuviera aislado mientras el se dedicaba a lo de las fotocopias y no fuera molestado por alumnos de otras aulas. La sola idea de estar encerrado sin salida con ese osote me hacía parar el güevo de tal manera que tuve que ponerme un libro encima para que no se notara. Ernesto me pidió que lo esperase, que debía terminar de fotocopiar un par de guías y terminaba y que de paso me dejaría unas copias de las mismas. Además me dijo que podríamos salir a tomarnos unas cervezas, que como ya suponía, le gustaban mucho. Le dije que sí, él sonrió y dijo que debía chequear que todos lo salones del módulo estuvieran con las luces apagadas para que al salir estuviera todo listo.

Yo me dirigí al cuarto de fotocopias, ya la maquina estaba funcionando; dejando salir las copias de la guía en cuestión. El cuarto tenía además una cafetera, con café recién hecho, una pequeña nevera, y además un diván que se ubicaba en la parte más alejada del cuarto, el cuarto además tenía un pequeño baño con ducha, ya que el mismo en ocasiones era usado para pernoctar, en los días en que debían multigrafiarse los exámenes y demás materiales de la universidad. Me decidí a servirme una taza de café cuando sentí que una puerta se cerraba, me asusté pero luego me calmé al ver a Ernesto entrando y diciendo que no había problema que tomara el café que deseaba y que de paso le diera una taza. Se acercó a una de las máquinas de copias y colocó una resma de papel mientras tocaba unos controles y de la bandeja de salida de la maquina empezaron a salir nuevas copias. Le di el café y tomé un sorbo, Ernesto hizo un breve comentario sobre lo bien que lo pasaríamos tomando las cervezas mientras reía un poco y sorbía el café. En ese momento Ernesto me pidió que lo disculpara, que hacía algo de calor por las máquinas fotocopiadoras y que por lo cual se quitaría la camisa… ¡Dios!, acaso se podía pedir más… dicho y hecho, casi sin que pudiera articular palabra; ese hombre magnifico comenzó a desabotonar su camisa hasta que de pronto dejo su torso al descubierto, ¡que visión carajo!,

Ese hombre era una mata de pelos negros, toda su espalda estaba cubierta de pelos largos y lisos, su vello era muy tupido y casi no se veía el hermoso tono blanco rosa de su piel, se volteó hacía mi y pude ver su pecho totalmente velludo y con unos pezones grandes y completamente erectos… no sé como no me le lancé encima a mamarle esas tetillas allí mismo mientras aspiraba con desesperación el aroma de macho que despedían sus axilas velludas.

Ernesto colocó su camisa en la cama, diciéndome que de paso hiciera lo mismo, quitarme la camisa, porque el sabía que el calor podía ser muy desagradable. Yo lo hice con algo de pena, ya que siempre he pensado que soy un tipo normal, más bien algo delgado y con poco vello. Él me dijo que no me apenara, que éramos amigos y diciendo eso me dio un abrazo y pude sentir el vello de sus brazos y pecho y de inmediato se me paró el guevo, claro… lo disimule lo mejor que pude, aunque creo que él se dio cuenta.

El me soltó para dirigirse a la máquina de copias, creí ver algo de bulto en su pantalón, pero lo atribuí a lo caliente que yo estaba y que veía cosas donde no habían, Ernesto programó unos comandos en la maquina y dijo: -ya está lista, lo que resta es esperar que saque las copias para poner las otras en funcionamiento. En eso se sentó en la cama y me tomo del brazo, me sentó a su lado, dijo algo sobre que debía tomar un baño antes de que saliéramos a lo de las cervezas, idea que no le abandonaba la cabeza, me dijo que si quería hiciera lo mismo, él tenía una camisa más pequeña que podría prestarme, de cuando pesaba como 75 kilos, la cargaba en un lote de franelas, camisas y otros que regalaría a un sobrino al que le servían. A él evidentemente ya no le quedaban, ante ese pecho inmenso y esa barriga de cervecero pero maciza no le quedaba una camisa como la que me prestaría.

Bueno… nos sentamos en la cama y empezamos a hablar sobre ir a la playa y de las cervezas que nos tomaríamos. En ese momento me dijo que la máquina tardaría alrededor de media hora en terminar y que luego colocaría otra remesa y listo… media hora más y podíamos irnos. Le dije que no se preocupara que de cualquier forma yo creí que había clases, por lo cual no tenía planes. Ernesto soltó una carcajada, por aquello de haber ido a la universidad sin necesidad, pero me agradeció que estuviera allí con él haciéndole compañía y dicho esto me dio otro abrazo pero esta vez fue más fuerte, y con mucho cariño. De nuevo se me paró el güevo… no pude evitarlo, y el me apretó un poco más contra él y yo traté de soltarme ya que mi bulto podía sentirse y el había colocado su cuerpo contra mi bulto, temía su reacción al sentir que estaba excitado por su causa y no quería dañar la amistad que pensaba era lo único que me ofrecía.

Él me preguntó que si era que me molestaba que me abrazase, yo le dije que no, que lo que pasaba es que me daba pena ya que sentía que yo no estaba limpio. Él rió aún más y sin dejar que diera más explicaciones dijo: -Yo sé lo que te pasa carajito (diciendo esto frotó su bulto contra el mío).

Mientras frotaba su pene contra el mío, me dio un beso que me dejó en el sitio. Al terminar de besarme me dijo que desde hace tiempo le gustaban los hombres, y que tenía una predilección por los hombres delgados, que fueran blancos y contemporáneos con él; me dijo que desde el inicio de clases siempre me había visto y que le gusté desde ese momento, me dijo que mi rostro agradable y simpático, como de niño, le despertaba las ganas de besarme, y que ahora que lo había hecho sabía que quería tenerme sólo para él. Yo no dejaba de verlo y tocar su pecho, estaba demasiado extasiado, el me tomó las dos manos y las puso contra la cama, y dijo: -Andrés… así no quieras te voy a hacer mío, me lo vas a mamar y te voy a coger… así tenga que obligarte para que lo hagas… Entiende algo, eres mío y creo que los dos estaremos muy bien juntos… No creas que no me daba cuenta cuando tu me buceabas… ¡Ay carajito!, te voy a hacer pagar todas esas veces que me buceaste… para que luego no te quede otra opción que ser mío… diciendo esto me soltó y violentamente me quitó los pantalones e interiores, mi güevo saltó cuan parado estaba, eso pareció calentarlo más… lo tomó con una mano y lo apretó y me dijo: -Te gustó carajito.. ¿Quieres que te coja… me quieres coger.. no es así…?, al decir esto se desnudó plenamente y la sola visión de sus piernas velludas como las de un oso y ese güevo hermoso de cabezota rosada y brillante, de no menos de 18 cm y grueso como un pepino, que dejaba caer algunas gotas de líquido preseminal y sudor, casi me hace acabar… pero qué va…

Ernesto se iba a ocupar muy bien de que este día marcara el inicio de nuestra relación y que fuera duradera; por lo cual se iba a lucir… se fue al baño y volvió con un vaso lleno de agua, pensé que era para beber cuando de pronto la echó sobre mi güevo el cual, ante la sorpresa del baño; empezó a calmarse hasta quedar normal, yo no entendía nada.. Ernesto explicó: -Tu crees que vas a estar acá solo media hora?… no señor, acá estaremos un buen rato… así que se me calma que ahora es que te toca vivir la mejor sesión de sexo que has tenido en tu vida… luego no te preocupes, iremos a lo de las cervezas, y luego a mi casa por el fin de semana para que terminemos de consolidar nuestra unión… Al decir esto se montó rápidamente en la cama e introdujo su pene en mi boca de manera inesperada y salvaje, de un solo golpe su cabezota tocó mis amígdalas y el lo metía y lo sacaba con un ritmo que enloquecía… ¡Ese güevo sabía a gloria!, olía a todos los machos juntos, y yo me desvivía por darle lo mejor de mi boca…

Ernesto jadeaba como loco y decía: -Que rico lo mamas coño, nunca me lo han mamado así… sigue… sigue… Y yo seguía, no podía parar; ese hombre debía ser mío plenamente… luego lo saque de mi boca y vi su hermosa cabeza rosada y metí la punta de mi lengua en su meato hasta abrírselo lo más que se podía mientras hacía esto tocaba su culo, el cual era muy peludo, yo estaba como loco, mamaba el bello güevo de Ernesto mientras le metía descaradamente mano en el culo y a él le gustaba, el mismo separaba sus nalgas… en una de esas mamadas me lo sacó de la boca… me hizo levantarme hasta que pude besarlo, nos dimos una lata bien rica, su boca era un manantial de placer… su lengua jugaba con la mía, llegaba hasta mi garganta y mordía mis labios y me besaba por todo el rostro… a ratos metía su lengua en mis oídos… sus labios lucían brillantes y rojos de tanto besar. Ernesto me pasó la lengua por toda la cara y todo mi cuello, mientras hacía esto me decía: -te quiero… estemos juntos como pareja… veo que te gustó mi culo… ya veremos.

Yo estaba como loco, creo que ni escuchaba lo que me decía, sólo tenía sentidos para sentir su peso sobre mi cuerpo, sentir el roce de sus vellos contra mi cuerpo y sentir su pene tan duro contra el mío me hacía desvariar. Incluso no podía controlar las ganas de acabar y cuando iba a hacerlo Ernesto tomó mi pene con fuerza y  me hizo aullar de dolor, al hacerme esto me calmé de golpe… Ernesto dijo nuevamente: -No… no vas a acabar aún… ya te lo dije… y al decir esto me levanto las piernas hasta sólo dejar mi cabeza apoyada en la almohada y en esa posición empezó a introducir suavemente su lengua en mi ano… primero jugueteo con ella alrededor de mi hueco, aún sin dilatar, Ernesto decía: -¡Que rico tienes el culo!, sabe como yo esperaba, podría estar acá por horas solo mamándote el culo; yo sólo podía jadear y gemir de placer, él humedeció con saliva mi ano y empezó a pasar su lengua con suavidad, cada lamida y cada roce de su barba y bigote me hacían estremecer y dar gemidos de placer.

Con sus poderosas manos separó mi ano, se chupó un dedo y lo introdujo completo, era hurgado con tanta sensualidad y lujuria que llegué a creer que no se podía sentir más placer. Su lengua se introdujo en mi ano y podía sentir su saliva lubricandolo y sentir como éste se dilataba a más no poder, como preparándose para lo que venía. Ernesto era un maestro, sabía como hacer disfrutar a un hombre y no me dejaba descansar ni por un segundo. De pronto separó mi ano como nunca lo habían hecho, mi culo palpitaba y se veía rosado y lubricado, Ernesto no aguantó más y metió su güevo completamente –que rico- pude sentir como su grueso pene se introducía de un golpe en mi ano hasta que en mis nalgas pude sentir su vello púbico. Ernesto me miró y me dijo que me quería, que era único poder tenerme, yo le dije que lo amaba y que no podría, desde este momento; dejar de estar con él. El se movía suavemente, lo dejaba a medio sacar y luego lo metía de nuevo, después comenzó a sacarlo completamente y a meterlo: -No sabes lo que te espera, aún no has visto nada… y tengo que estar plenamente seguro de que serás sólo para mí. Yo ni escuchaba lo que decía, sólo sentía el grueso güevo de Ernesto perforando mi culo mientras lo abrazaba y sentía su olor, el cual era como para enloquecer a cualquiera. El lo metía y lo movía de lado a lado como queriendo abrir más mi culo, yo sentía un dolor y un placer que no podría describir.

Yo me deleitaba con sus tetillas las mordía suavemente y a cada mordisco. Ernesto empujaba con más fuerza su güevo, lo que me hacía morderlo cada vez más… que sabroso era estar con Ernesto… En un momento lo metió completamente y me daba un beso que llegaba hasta mi garganta, estuvimos así no sé por cuanto tiempo, sólo sé que sentir su güevo dentro de mí era magnifico. Ernesto, sin sacarlo de mi culo, me dio media vuelta y empezó a embestirme estando en 4, que dolor, de esa forma mi culo se cerraba más y me dolía un poco, pero Ernesto se sentía en el cielo, me decía: -¡Que apretado lo tienes!… se ve que has sido de pocos, y así seguirá siendo ya que de ahora en adelante sólo podrás ser mío.

Que fuerza la de este macho, sólo podía sentir que me movía como si yo no pesara nada. Luego de esa embestida brutal, hice que Ernesto se acostara boca arriba y pude ver su hermoso güevo parado y todo mojado con su sudor y el olor de mi culo. La visión era como para enloquecer y Ernesto solo recostó su cabeza en la almohada, puso sus brazos bajo su cuello y pude ver su hermoso pecho todo peludo y sentir el aroma fuerte y masculino de esas axilas de hombre todas cubiertas de vello.

No podía creer que ese hombre estuviera allí para mí, ver esa barriga cubierta de pelos, ese güevo tan erecto y todas sus piernas cubiertas de pelo… no me pude resistir y empecé a mamar como loco sus pezones, el comenzó a jadear cada vez con más lujuria, cada mordisco que le daba a sus pezones hacía que Ernesto gimiera muy fuerte, casi pensé que nos oirían, pero el ruido de las máquinas fotocopiadoras era demasiado fuerte para dejar oír sus hermosos gemidos. Con fuerza pellizcaba uno de sus pezones mientras con cariño chupaba el otro… y luego lo mejor… coloqué sus brazos completamente hacía atrás y le dije: -Esas axilas serán completamente mías. Él sólo se limitó a decir: -Haz de mi lo que quieras.

Fue así como comencé a sentir el rico aroma de ese hombre, coño era demasiado rico… sentía que ese macho era mío… yo me frotaba contra su cuerpo y sus axilas sólo para que su olor fuera completamente mío y poder sentir su cuerpo impregnado de su olor… era para enloquecer… Lamí las axilas de Ernesto y este se estremecía y vibraba, me apretaba tan fuerte que a veces sentía que el aire me faltaba…. Desde esa posición pude ver su güevo, tan lindo y brillante, así que lo tomé con mi mano y pude ver lo duro que estaba al sentirlo; no me pude resistir y me senté sobre ese güevo tan hermoso. Como Ernesto estaba con los ojos cerrados y parecía como noqueado no se dio cuenta de lo que iba a hacer, fue cuando sintió que me introduje su güevo de un solo golpe y abrió los ojos desorbitadamente, incorporándose de pronto. Yo lo abracé con fuerza y le dije que me disculpara si lo había lastimado, me dijo que no lo había lastimado; sino que había sido muy rico y que de vaina acaba.

Yo solo dije: -Esa es la idea… Y comencé a moverme como loco, no se de donde saqué fuerzas y lo abracé tan duro que el no podía moverse mucho, Ernesto me decía que me calmara que lo iba hacer acabar que no fuera tan ansioso… Yo le dije: -Vas a acabar y vas a acabar cuando yo quiera…, así que movía mi culo con suavidad y lujuria a la vez, Ernesto sólo jadeaba, ya no hablaba…yo podía sentir que su güevo iba a comenzar a palpitar, con fuerza lo abracé con mis piernas y con mis brazos, él me abrazo con fuerza y moví mi culo al ritmo de su güevo… este comenzó a palpitar y su leche empezó a salir a borbotones, yo sentía cada golpe de su leche dentro de mí y cada embestida…

Ernesto me decía que me amaba, yo solo podía sentir su leche como golpeaba, lo caliente que era y sentía que esa leche salía con lentitud de mi culo. Ernesto me miró a los ojos tomo mi rostro y lo besó con amor, diciéndome que de ahora en adelante solo sería de él y de nadie más… sacó su güevo y pude ver lo hermoso que se veía y sentí el olor que solo el culo de un hombre puede ocasionar… Eso me llenó de una lujuria que me hizo poner el guevo como a mil. Ernesto lo vio,  lo apretó con fuerza y lo metió en su boca… ¡Coño que rico mama güevo este hombre!, era un maestro, nunca lo hubiera creído, mamaba mis bolas y metía mi cabezota en su boca y lo succionaba con fuerza mientras me pajeaba, yo no cabía de placer. Me mamó la parte inferior de mis bolas y con maestría recogía los restos de leche que aún salían de mi culo. Mi güevo estaba a punto y Ernesto lo sabía, así que se recostó de espaldas, levantó sus piernas y con sus propias manos abrió su culo, que divino era verlo, él se chupaba un dedo y lo metía en su culo, mi güevo no daba más. Comprendí las intenciones de Ernesto y coloque la punta de mi güevo en la entrada de su ano y lo moví con suavidad, Ernesto estaba ya de nuevo muy caliente y me dijo: -¿Que haces que no me lo metes coño?… Y diciendo esto tomó mi güevo y se lo introdujo de un solo golpe. Que rico, no puedo describir lo sabroso que era sentir el calor de su ano en mi güevo, su culo se movía solo, era algo indescriptible. Así que comencé a embestirlo, el mismo me impulsaba con sus manos apoyadas en mis nalgas, en la posición en la que me encontraba podía alcanzar su hermosa boca así que se lo metía mientras le daba latas a ese macho tan rico que ahora era tan mío como yo de él. Su culo era una fuente de placer, sentía como sus músculos me llevaban poco a poco al éxtasis. Le pedí que parara, pero él dijo que no que ahora él decidía cuando iba a acabar yo. ¿Qué podía hacer?, y lo comencé a embestir con más fuerza que antes, movía mi güevo adentro y afuera y hacía los lados. Y entre mis movimientos y los movimientos de su culo no me di cuenta que Ernesto, ese semental estaba a punto de acabar de nuevo. En ese momento acabamos los dos a la vez, no saben lo que es sentir como tu güevo acaba mientras el que es penetrado acaba también. Que rico mi leche llenaba el culo de Ernesto mientras el me besaba con cariño. Al terminar sólo me recosté encima de ese pecho de hombre y sentí el rico aroma de los hombres que acaban de tener sexo y casi me dormí. Ernesto me tomo en sus brazos y me besó, diciéndome: -De ahora en adelante eres mío y de nadie más. Diciendo esto me llevó hasta el baño y nos dimos una ducha, al fondo se escuchaba como la máquina fotocopiadora anunciaba que su trabajo había terminado y que era hora de irnos. Ernesto me besaba mientras me vestía con ropa que antes era de su propiedad y que supuestamente sería para su sobrino.

-Que bien se ve mi ropa en ti, siempre quise que la tuvieras como un regalo de mi para ti, como un recuerdo de mi olor y de mi cariño. Ahora debemos irnos para que podamos tomarnos esas cervezas, que creo que nos hemos ganado en buena lid. Luego nos iremos a mi casa a descansar para que pasemos el fin de semana en mi casa de playa, te gustará. Esta noche solo espero algo con ansiedad: Y es poder tenerte en mis brazos nuevamente y volver a hacerte mío, y luego poder descansar con el hombre que quiero y amo…

Desde ese día hemos estado juntos, con sus buenos tiempos y los malos, pero con la seguridad de que ambos nos queremos. Claro que quedaría por contar como nos fue el fin de semana en su casa de playa con piscina, pero eso será motivo de otra historia.

Fin.

Mi vecino del noveno / Segunda parte

Jueves, febrero 1st, 2007

Si leíste MI VECINO DEL NOVENO (1) está de más que te cuente que soy casado y tengo 53 años y mi vecino Carlos 55, divorciado, profesor de filosofía, si no lo hiciste léelo a si sabrás como fue nuestra primera vez.

Quiero aclararles algo, aquí en Uruguay enero y febrero son los meses de más calor, estamos en pleno verano y Montevideo la capital del país que es donde vivo es una ciudad situada sobre el mal llamado Río de la Plata, por lo tanto estamos rodeados de hermosas playas por todos lados, es común que la vestimenta de los hombres en esos meses sean los shorts.

Sabiendo que las hijas de Carlos en la tarde no están, un día subí a su apartamento, pero me llevé una sorpresa, ese día Carlos le estaba dando clase particular a un alumno que tenía que dar un examen, según mis cálculos no podía pasar de los 18 años, pedí disculpas por la interrupción he intenté marcharme, pero Carlos me dijo

-Por favor quédate, ya pronto terminamos.

Me senté con ellos a la mesa donde estaban, la parte superior de la misma era de vidrio templado y grueso eso me permitía ver a través de ella, mis ojos iban de un lado al otro contemplando el hermoso panorama que formaban las piernas apenas cubiertas por diminutos shorts que en ese momento vestían los dos, a su vez me permitían apreciar los bultos que trataban de ocultar entre ellas.

De Carlos ya sabía lo que esa protuberancia ocultaba, la del muchacho no se quedaba atrás, era también enorme, comencé a pensar en como sería ese miembro que se ocultaba detrás de ese shorts, la verdad que me fui calentando de solo pensar en ella, me levanté y me coloqué detrás de Carlos, pasé mi mano por sobre su hombro aprovechando que el muchacho estaba en ese momento leyendo, fui bajando mi mano hasta llegar a una de sus tetillas las que comencé a acariciar, pronto sentí la dureza de su pezón y un respirar profundo de Carlos, por lo que pasó el muchacho no estaba leyendo, de alguna manera vio o imaginó lo que sucedía, a través del vidrio de la mesa noté como se iba agrandando su bulto, no pude con mi curiosidad, di vuelta a la mesa y sin querer queriendo dejé caer un libro que sobre ella había, me agaché a recogerlo, en esa posición mi cara estaba casi sobre las piernas del muchacho.

Lo que vi es para no creer, algo terriblemente grande trataba de salir en libertad del apretado shorts, como soy un buen samaritano, no pude permitir que ese miembro sufriera de esa manera, estiré la mano y de un tirón le bajé el shorts, una verga hermosa, dura y caliente recobró su independencia de la cárcel en la que estaba, rápidamente me la llevé a la boca y se la comencé a mamar, Carlos se paró se quitó el shorts y se paró junto al muchacho, su verga era un sable candente y se lo comenzó a refregar por los labios del chico, tímidamente éste comenzó a darle unos lengüetazos en el glande, mientras yo le lamía todo a lo largo de su joven verga y le chupaba los huevos.

Me desvestí y me puse de rodillas sobre un sillón, Carlos enseguida entendió lo que yo quería, llevó al muchacho hasta mi lado y le dijo que me metiera la lengua en el culo, con reticencia me lo comenzó a lamer, pero se ve que le gustó porque pronto tuve su lengua dentro de mi agujero, cuando la sacaba, Carlos me metía los dedos, así con la saliva del muchacho y los dedos de Carlos mi culo estaba ya pronto para recibir una buena verga dentro, hizo parar al muchacho detrás de mi y con su propia mano guiándole la verga me la comenzó a meter, sentí como el caliente glande trataba de traspasar la puerta, el muchacho no sabía bien que hacer, no se podía dudar que era totalmente virgen y no tenía experiencia ninguna.

Carlos comenzó a sobarle el culo al muchacho, se salivó los dedos y se los metió dentro, éste al sentirlos empujó hacia delante y ahí sentí como su pene me lo enterraba, luego de tenerle el virgen culo del joven listo, Carlos sin miramientos le enterró su sable, se oyó un -Ayyy, pero junto a su grito me la enterró toda, sentí como sus huevos chocaron con mis nalgas, Carlos le comenzó a darle una tremenda cogida al muchacho que luego del primer dolor comenzó a jadear como loco, con cada arremetida de Carlos el muchacho hacía lo mismo conmigo.

Los tres estábamos como locos nuestras exclamaciones se confundían unos –Ahhhhhhh, – Ayyyy, se mezclaban al unísono.

Pronto el inexperimentado muchacho estaba llegando a acabar, Carlos al darse cuenta comenzó a trabajarlo más y juntos acabaron.

El joven estaba loco de contento, no paraba de decir que por fin había aprendido algo de filosofía, que la vida era coger y ser cogido, mamar y ser mamado.

Llenos de sudor nos metimos los tres en la ducha, allí comenzó otra vez todo nuestro juego de a tres, al chico le vinieron ganas de orinar, le tomé la palomota con mis manos y dirigí su lluvia dorada sobre mi cuerpo, quedó enloquecido y ya sintiéndose en maestro me metió la verga en la boca y me hizo tragarle el último chorro de su acre y caliente líquido.

En los días siguientes, todas las tardes subía al apartamento de Carlos, éste estaba siempre con su alumno, los dos en bolas, por sus caras no creo que estudiasen mucho, pero que cogiesen y cogiesen no había duda.

El muchacho salvó el examen no solo el que dio en el colegio, sino que también salvó y pasó con sobresaliente el examen del éxtasis amatorio entre hombres.

Y como dice Rodrigo: “También a nuestra edad sentimos deseos, sentimientos, emociones, etc., pues ello no es patrimonio exclusivo de alguna generación o género; lo importante es agradar y sentirse agradado, hacer feliz a los demás siendo feliz consigo mismo y con su pareja habitual u ocasional”

Veteranos no desesperéis la vida comienza a los 50 años, si queréis escribirme aquí va mi e-mail, cayetano85@hotmail.com – Cayetano

El obrero de la construcción

Jueves, febrero 1st, 2007

Las fantasías eróticas homosexuales suelen estar pobladas de encuentros con machotes libidinosos, permisivos, generalmente bisexuales, siempre dispuestos a satisfacer todas las sensibilidades físicas y emocionales de quien las crea.

Bueno, lo que voy a contarles, primero, no es una fantasía sino que fue mi cuarto encuentro sexual real cuando tenía 17 años, y segundo, fue con un hombre heterosexual que supo sin inhibiciones disfrutar de mi cuerpo para su desahogo físico.

Yo solía pasar frente a un edificio en construcción, cerca de casa, para comprar, cada tarde, el pan. En uno de estos viajes, por la barda de la construcción, un hombre joven, desnudo de cintura hacia arriba, al verme con la bolsa colgando, me llamó y me pidió como favor que le comprara enfrente unos panes.

Se disculpó diciendo que él no podía abandonar la obra y me lo pidió con gestos y palabras tan amables que no pude decirle que no, además ¿por qué no hacer un favor que no me costaba nada?.

Se quedó en la barda esperando y cuando le pasé el paquete de pan me dió las gracias con una linda sonrisa de su boca grande, dientes perfectos y ojillos vivaces y alegres.

En mis diarios viajes lo veía trabajar al sol, en la misma traza, torso desnudo dorado al sol, sudoroso y unos vaqueros recortados a la altura del muslo y gruesas botas protegiendo sus pies. En más del alguna oportunidad nos saludamos y con un gesto le preguntaba si necesitaba algo y él con otro gesto no menos sonriente me indicaba que no.

Un sábado por la tarde, al volver de mi compra, lo vi sentado sobre un montón de arena, con expresión de aburrimiento, cogiendo y lanzando frente a él, piedrecillas.

Le hablé preguntándole si necesitaba algo y cortésmente me respondió que aparte de alguna entretención, en realidad no necesitaba nada. Un poco nervioso, pero arriesgado, le dije que si no le importaba podía volver más tarde a hablar un poco con él. Sonrió y aceptó, diciéndome que le tocaba el fin de semana de guardia cuidando la obra y que aun cuando eso era aburrido, aumentaba su sueldo y por eso estaba en la lista de los que hacían ese trabajo adicional. Prometí volver a eso de las 8.00 y quedamos, como quien dice.

Por supuesto antes de ir a visitarlo me duché, cambié, perfumé y partí.

Me esperaba cerca de la entrada y me condujo a uno de los pasillos en construcción donde tenían los trabajadores unas bancas para su descanso y una mesa para su colación. Encima había unos platos sucios, una botella de cerveza a medio consumir y un vaso, restos de pan en un papel y algo de queso.

Tuteándolo de entrada le dije: veo que ya merendaste.

—¿Le sirvo cerveza?, preguntó, respetuosamente.

—Puedes tutearme, somos jóvenes los dos, aunque tú algo más viejo, dije en plan bromista. Sonrió diciendo: —20 no más…

Empezamos a hablar chorraditas y me invitó a visitar el edificio. Lo recorrimos en sus diversas plantas y al pasar por el entresuelo vi el cuarto que se habían acomodado como dormitorio. Había una cama desordenada pero con sábanas blancas y ropas colgadas de unos clavos en la pared. La sola vista de ese rincón íntimo me produjo un estremecimiento de deseo. En realidad el hombre llamaba profundamente mi atención como tal, es decir, como hombre, como macho. Siempre me han gustado los hombres, desde que tengo uso de razón, y no solo como amigos o compañeros de juegos sino como machos, porque desde siempre estuve consciente de mi condición gay. Y como no me va el cuento con otros gay, ni mucho menos con los afeminados, sino con los hetero, es a estos a los que busco como compañía.

No estaba muy seguro de si pasaría algo con él o no pasaría nada, pero la sola compañía y buena disposición de un hombre joven y bien plantado para mi solo me satisfacía.

El apuró totalmente la cerveza cuando estuvimos de regreso del tour y como no sabíamos de qué hablar ni qué hacer, no se le ocurrió nada más adecuado (para mis deseos) que invitarme al cuarto del entresuelo para ver un poco de tele. Sobre un cajón tenía un pequeño televisor de escasas pulgadas y blanco y negro además, de modo que apenas servía para esos fines de semana tan aburridos en que debían vigilar la obra.

Me invitó a sentarme en la cama, tal como él mismo hizo, casi disculpándose por no tener mejor acomodo para recibir visitantes.

Yo golpeé con una mano la cama y le dije maliciosamente: —si esta cama hablara…

Se rió, me miró maliciosamente y me contestó: —en realidad no tendría mucho que contar, aparte de los ronquidos porque aquí no pasa nada…

—¿Hace mucho que no pasa nada?, inquirí, llevándolo no sólo al terreno sexual sino que al íntimo a la vez.

—Bueno, a veces cae algo…, respondió algo azorado.

Me di cuenta que era tímido y entonces, sacando una confianza y una asertividad que no eran sino movimientos de mis hormonas revolucionadas con su proximidad, le dije que a mí me gustaba la compañía de hombres guapos y simpáticos como él, más que la compañía femenina.

—Sí, algo se nota… —me dijo—, cuando mueves las manos al hablar.

Me había tuteado y eso era ya una pequeña victoria de mi parte.

—¿No te molesta?

—¿Por qué? … Mientras no de te por pedirme el culo… y rió fuertemente, con una risa no muy agradable, quizás porque estimaba que su respuesta era algo fuera de lugar.

Yo no lo creía así porque esa misma respuesta me daba pie a continuar con el hilo de la conversación por donde yo quería llevarla.

-A mí no me molestaría si un chico como tú, que estás bastante bien, me lo pidiera.

Estaba todo dicho. No había sido necesario recurrir al tema de las mujeres, de la masturbación, de la necesidad de follaje y todas esas tonterías a las que recurrimos los gay cuando queremos llevar las aguas a nuestro molino. Como que tragó saliva y no dijo nada. Se quedó pensativo. Yo no sabía como reanudar el diálogo ni por donde volver a pescar la hebra.

El fin, él volvió a hablar, diciéndome: —Bueno, nunca me he acostado con hombres, no se si me gustaría que me uno me hiciera lo que hace una tía…

—Cuestión de probar, respondí. No sería el primero ni el último en probar nuevas experiencias. Además que sólo un hombre sabe lo que a otro lo exita más y le da más gusto.

Yo mismo me sorprendía de mis respuestas y sobre todo de mi valentía y de verme así tan lanzado, casi invitando a un macho a tomarme como a su hembra sustituta.

El se rió y ya más confiado preguntó: —¿y qué me harías?

—Bueno, no sé, algo que te gustara y que nos hiciera a los dos pasarla rico…

—¿Cómo qué, por ejemplo…?

—No se que te gustaría a ti… tal vez acostarnos desnudos, acariciarte el cuerpo, por las partes más sensibles, masturbarte, en fin, intentar que la pasaras ricamente y dejar que tú mismo me hicieras cosas que te dieran a ti placer.

El plan estaba expuesto. Ahora todas mis cartas estaban sobre su mesa. Le tocaba a él hacer la jugada y yo me moría, en verdad, por ser el ganador de la partida. El premio sería él mismo, todo para mí.

Y perdió.

Mientras yo hablaba noté que se miraba la entrepierna que crecía a ojos vistas, quizás imaginando placeres y orgasmos que tal vez en días no había experimentado.

Me reí, señalando con un gesto de mi cabeza su paquete y él también rió.

—Es tu culpa, dijo, y cogiendo mi mano se la llevó sobre su paquete apretándola contra él, mientras de sus ojos, vueltos hacia mí, se escapó una mirada libidinosa y caliente a la par que tierna.

Mi mano empezó a delinear la curva de su falo que se endurecía y se alargaba en diagonal desde su entrepierna al borde de su vaquero recortado. Buena dotación. Y mis dedos golosamente acariciaban sus enormes huevos apretados por el pantalón, pero por su expresión, muy muy sensibles a mi caricia.

—¿Te gusta chuparla?

—¿Por qué no?, ¿Estás limpio?

—Obvio, dijo, me baño dos veces al día.

Y bajándose la cremallera, volvió a cogerme la mano y con ella se acariciaba el endurecido pollón por encima de la fina tela de su calzoncillo. No té que rápidamente una mancha de humedad se extendía casi en el borde. La pellizqué y me di cuenta que rezumaba un líquido pegajoso.

—¿Te gusta?, cómetelo, dijo.

Bajé mi cabeza su paquete y mi lengua recorrió la mancha de humedad y luego todo el contorno del falo y el borde del glande que se marcaba notablemente en la tela del calzoncilo, mientras él acariciaba mi espalda, de arriba abajo. Su pelvis se elevaba, en un esfuerzo por apretar su pene contra mi boca. Lo estaba gozando más de lo que él y yo mismo habíamos supuesto.

—Quítate la ropa, le dije, levantándome… sacando autoridad no se de donde, pero el deseo en mí era cada vez más y más arriesgado.

Lentamente con la punta de una bota tiró la otra lejos, con una mano se sacó la otra, e incorporándose, se quitó pantalón y calzoncillo a la vez.
Su cuerpo visto por detrás era hermoso, cintura estrecha, culo levantado y firme, muy blanco porque no gozaba como el resto de su cuerpo del sol y el aire de todo el día, unos muslos firmes y velludos y una raya entre las nalgas de profusos vellos oscuros que al agacharse para dejar salir sus prendas se abrieron dejándome ver más debajo de los pelos, unos huevos gordos y también cubiertos de largos y enrulados pelos y un grueso mástil que se elevaba hacia delante.

Se me plantó por delante acariciándose los huevos y cogiéndose el pene estiró al prepucio hasta su cumbre y luego lo retiró totalmente hacia atrás, mostrándome un glande rosado, hinchado, brillante y humedecido que me ofreció en la boca.

Cogió mi nuca y acercándome la cabeza me lo fue introduciendo lentamente hasta que no pudo caber más y retirándose inició un mete y saca follándome la boca, cuyos labios yo cerraba y entreabría, a la par que gustaba su sabor salado y algo amargoso y olía sus aromas de macho y sudores.

—Déjame hacer, dije y agachándome delante de él, inicié con mi lengua un masaje desde su entrepierna velluda, pasando por sus ingles, pasando y repasando sus huevazos, besando sus muslos y cogiendo nuevamente su enorme y ya muy dura polla y alojándomela hasta la garganta.

Por la boquilla le rezumaba profusamente el líquido transparente y pegajoso que me dejaba un sabor y una textura acre en la lengua.

Entonces fue cuando le dije: —Me gusta que me la metan… ¿me pongo…?

—¿Cómo quieres que te la mande guardar…, acostado, a lo perrito o patas arriba…?

—Como te de más gusto.

—Ponte al borde de la cama.

Me quité rápidamente toda mis ropas y me coloqué en posición.

Como el camastro en que estábamos era más bien alto, quedé recostado allí con medio cuerpo, quedando mi culo a su altura y mis pies afirmados en el suelo, abriendo lo más que podía mis piernas. Mi ojete era una flor que se le ofrecía y que yo, estirando mis brazos hacia atrás, me ayudaba a abrir con ambas manos.

El apoyó con delicadeza su glande en mi entrada, apretó su pene para que me mojara el ojete y lo lubricara y mojándose los dedos con un escupitajo me lubricó aún más la entrada y fue empujando lentamente, metiendo y sacando la punta jugosa y haciéndola entrar casi diría yo que con ternura.

Cuando notó que me relajaba y mi esfínter cedía a su glande, sus movimientos se hicieron más intensos de modo que la polla empezó a entrar y salir y en cada entrada me iba llegando más y más al interior del recto.

Al sentir que me la tenía toda incrustada, apoyando sus manos en la cama y juntando sus muslos a los míos inició sus frenéticos movimientos de hombre con deseos guardados por días y con resoplidos de una calentura sin igual.

No decía nada, no hablaba. Yo lo imaginaba con los ojos cerrados, imaginando a quizás qué putilla a la que se follaba mientras era mi culo el que recibía sus embates por el cual sentía que me llegaba al ombligo con la punta de su glande mientras sus peludos huevos cosquilleaban mi entrepierna.

Hasta que , cayendo sobre mí, solo su pelvis se movía en estertores provocándole el orgasmo y una eyaculación que hizo crecer aun más su falo en mi estrecho cilindro y engordando su glande sentí los chorros calientes de su eyaculación.

El semen empezó a salir y correr por mi escroto primero y luego incluso por mis muslos, mientras él jadeaba apoyando todo el peso de su cuerpo sobre el mío, con su cabeza entre la mía y mi hombro.

—Quedaste KO, dije…

Por toda respuesta, sentí que su boca imprimía un tierno beso en mi mejilla.

Si hubiera tardado un poco más en terminar su extraordinaria faena, los puntazos de su falo en el fondo de mi recto y el roce de sus huevos me habrían provocado un orgasmo por el culo, tales fueron las sensaciones que sentí mientras él me penetraba tan ricamente.

*Si merecemos un comentario, hacédmelo llegar a j.suber@caramail.com

Mi padre

Jueves, febrero 1st, 2007

Cuando era un bebé mis padres se habían separado, pase a vivir con mis abuelas en una pequeña villa de pesca en la costa de Rio de Janeiro y sostenido por mí padre. Hasta mi adolescencia mis contactos con papa estaba limitado a algunos días juntos en las vacaciones de la escuela y a las llamadas telefónicas semanales. La medida que crecí, comencé a pasar finales de la semana en la casa suya y donde descubrí que era uno nudista por naturaleza. A la hora de la competencia para la universidad pasé a vivir con el porque en mi región no tenía universidad o bueno cursos.

Yo que todavía tuve gusto de ser apreciado por mis amigos en la adolescencia, sin nadie sospechar que fuera iniciado con el vigilante de una granja pequeña vecina a la nuestra, me quede asustado cuando descubrí que esperaba ansioso mi padre llegar del trabajo para admirar al cuerpo de él. El tiempo pasaba sin ése o mi familia sospechase de mi homosexualidad porque yo era siempre discreto, totalmente masculino y por otra parte, daba a entender que flirteaba con una colega del grupo con quién salia para hacer compras o a bailar. Así continuaba la vida a lado de mi padre que para la epoca, a los 45 años tenía el cuerpo perfecto, era un guapote, cada día más mi amigo y sin percibir, con su manía de la desnudez provocó en mí persona una atraccion. La atraccion para con el.

Nuestra casa era uno verdadero club de nudistas y en muchos fines de la semana algunos amigos de él también estaban con sus cuerpos en plena exhibición al sol. En una ocasión pude ver a mi padrino, un caballero de más de 60 años que es el mejor amigo de papa, estaba con la verga dura dentro de la piscina. Aunque nunca he hecho ningún comentario comencé a evitarlos por quedarme siempre excitado. Pero, en la sala de TV, de donde tenía visión total del área externa, simulaba que estudiaba. Bajo la mesa con una toalla, aun con los libros abiertos, me masturbaba a voluntad mirandolos, pero mas gozaba mirandole el pene a mi padre que siempre me atrajo como un imán.

Intentando sacar a mi padre del centro de mis deseos, comencé a frecuentar una playa que durante los días de la semana era prácticamente desierta y que por la ocasión descubrí unas rocas donde muchos “daddies” después del ejercicio o caminata matinal, se quedaban en pleno disfrute con unos muchachos. En esas rocas muchas chupadas recibio de mi boca un viejo vendedor de cocos; yo fui mamado por otros, participe de buenas cogidas, incluso me quedé acostumbrado a un negro que tenía la mayor verga que me he tragado en el culo hasta hoy, sin embargo fuera de alli todavia ocultaba mi preferencia sexual y principalmente mi pasión secreta.

A los 20 años conoci a Andres, mi colega de la universidad que hasta tenia una novia. Por 2 años venia a la casa con la excusa de estudiar juntos pero, en verdad, él venia por el placer que ambos sentíamos al tener sexo. Para no levantar sospechas, durante el horario de la empleada de limpieza estábamos en la sala y realmente estudiabamos, pero una vez que la empleada se marchaba, nos pasabamos para mi habitacion donde nos comiamos vivos hasta las 8 pues como no tenía carro la novia, que trabajaba como aprendiz en un laboratorio cerca de mi casa, venia por él. Despues que los dos se iban yo volvia a ser el joven educado, lo mejor estudiante de la universidad, que es el orgullo de la familia.

En un sábado del verano, hacia el típico calor de Rio de Janeiro. Mi padre salio y solamente volvería a la noche. De pronto invité mi amigo pues teníamos la casa entera a nuestra disposición. Después de muchos besos y caricias, llenos de deseos decidimos pasar para la piscina. Dentro del agua  y enganchados en un beso de lengua muy caliente, y mientras Andres me hacia lograr una buena empuñadura de mi verga y teniendo mi culo casi encajonado en su verga gruesa, escuché pasos. Abri mis ojos y encontré mi padre inmóvil casi en nuestra frente.

Quedamos paralizados. Casi me desmayé. De inmediato nos separamos. Papa fue para dentro de la casa y mi amigo deseó vestirse para desaparecer. Papa volvió, como es habitual en el tiró su ropa al suelo  se metió en la piscina. Sin decir una palabra por la escena que él vio, gentil como siempre, mi padre si quedó hablando con nosotros, nadó, trajo luego unas cervezas y otras cosas para comer.

Después que mi amigo se marchó, decidi hacer frente a la situación con mi padre. Entre en la sala y me senté delante de él. Después de un largo silencio, se acercó a mí, me abrazo y habló:

– ” hace tiempo tenia sospechas de que tenías un romance con Andres. No te voy a recriminar ni prohibir nada, tu sabe cuánto deseo que tengas toda la felicidad del mundo, hijo.” Como agradecimiento y por la comprensión, le di algunos besos en la cara y nos quedamos en pie abrazados. Toda la “atraccion” que sentía por mi padre me tomó, lo presioné más en mis brazos y le di un tímido beso en la boca. Senti que correspondió y me puso en la búsqueda de su lengua que se entregó a mis besos. Nuestras vergas comenzaron a rozarse y me apreté más a su cuerpo, luego se desató de mis brazos y nos fuimos cada uno por separado a otras partes de la casa.

Por dias nos evitamos al mismo tiempo que estabamos como si jamas hubiese ocurrido algo tan especial en nuestra vidas.

Hasta que un viernes por la noche, despues de cenar, mi padre se metio en la piscina. Yo, que me mataba de ganas de tener de vuelta la atencion que siempre tuve de él, unido ahora con la certeza de que me deseaba como yo lo deseaba a él, me desnude y me metí en la piscina tambien.

Despues de un largo silencio, me le acerque y apoyé mis brazos en sus hombros, lo coloque entre la pared de la piscina y mi cuerpo. Sintiendo la excitación que yo tenia, sin pudor pasó a rozar su verga con la mia mientras hablaba que se sentia culpable por lo sucedido entre nosotros. El roce constante de nuestras vergas me ponia cada vez mas loco… tenia mi verga apuntando a nuestros ombigos, y llevé su mano para que sintiese la hinchazón de mi miembro, con la cabeza pulsando entre sus dedos. Asomó una cómplice sonrisa, y comenzamos a besarnos, absorbiendo cada uno la lengua del otro. De alli nos salimos directamente para su habitación. Alli estuvimos besandonos salvajemente, luego estuvimos mamandonos todo el cuerpo: Vergas, tetas, culos…. Luego de todo eso, no sé si por instinto, mi padre se colocó en cuatro encima de la cama y se abrió todo. Ayudandome con su mano agarró mi verga a localizar el ojo de su culo. Yo lentamente comence a meterselo hasta que encajó como se fuera un corcho en una carnosa botella y el por placer comenzó con algunos gemidos. Agarrado de su cintura, lo acercaba más hacia mí, mientras yo iba aumentando la fuerza de mis empujadas hasta que acabé en borbotones de tibia leche gocé bien adentro de él, dejandolo profundamente inundado. Despues nos quedamos besandonos, haciendonos cariño, como a el le gustaba… después de eso seguimos otros eventos de sexo caliente hasta quedar exhaustos.

Después de un buen baño en la ducha, nos tomamos un café en el patio y yo, que a mís 22 años era insaciable sexualmente, en ese momento deseaba más y mas… Él me dijo que no. Jugando como dos niños, hice de todo. Hablé como bebé, hice intentos y más intentos de pasar la mano en su pene y nalgas. Casi me salia ya de la habitacion cuándo se alejo de mí, se tiró en la piscina. Me tiré yo tambien y de nuevo lo atrapé con mis brazos. Sentado en el borde de la piscina se abrió de piernas y mi boca comenzó a mamar su rolo palpitante hasta que estaba ya a punto de estallar. Me salí de la piscina, apoyé la barriga en la alfombras que utilizamos para las sillas y me abrí de piernas dispuesto a recibir la maravillosa verga gorda que mi padré tiene. Comenzó a golpearme pulsadamente dentro del ojo de mi culo mientras yo continuaba moviendome a la misma velocidad con la que el se movia montadonme, asi estuvimos un rato… hasta recibir el chorro de leche caliente y abundante que hacia anõs yo deseaba en secreto de mi padre.

Essa madrugada dormimos en la cama de él y a la tarde desperté con las voces que venian de la piscina. Pasé a mi habitacion, y mirando por la ventana observé a mi papá actuando con su naturalidad de siempre. Poco despues escuché cuando explicó que yo dormía aun porqué habia llegado la noche anterior muy tarde a casa…

¡Buen mentiroso que es mi padre!