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Asi fue / Parte 1

Asi fue. En este momento aun me tiemblan los dedos al pulsar estas teclas pues aun recuerdo todo como si apenas hubiese sucedido. Un secreto sepultado dentro de mi por muchos años y que jamas se habia revelado. ¿Para que? Posiblemente nadie lo entienda. ¿En donde sucedió? En una pequeña localidad de provincia como tantas otras. ¿Cuándo? Hace ya tiempo.

Como sucede en muchos casos, mi padre fallecio siendo yo muy niño por lo cual mi madre tuvo que ingeniarselas para sacar el sustento de cada dia. Alrededor de mis 13 años tuvo la suerte de que le dieran un trabajo en la capital del estado, el unico gran problema fue que se lo darian a ella sola. Es decir, tuvo que renunciar a mi y con la promesa de mejorar me deposito en casa de mi padrino sin saber al gran peligro que me estaba exponiendo.
Ese dia, el mas triste de mi vida, la fuimos a despedir a la central de autobuses. Aun recuerdo como sus ultimas palabras fueron de aliento y de advertencia al decirme que me portara bien y que obedeciera en todo para no contrariar a nadie pues no queria que causara problemas.

Nos quedamos hasta que el camion desaparecio y aunque trate de hacerme el fuerte no puede evitar el llanto. Aun las lagrimas corrian por mis mejillas cuando mi padrino con una voz seca me ordeno que nos fueramos pues mi madre ya se habia ido. Dandome un empujon, me impulso a caminar y con largos pasos se adelanto a la camioneta quedandome yo rezagado. De repente senti un manazo en la espalda.

-¡Deja de chillar!-escuche-¡Pareces mariquita!

Ese era Daniel el hijo mayor de mi padrino que andaba entre los 16 casi 17 según recuerdo. Ese manazo fue nuestro primer contacto.

Como se podran imaginar por ese primer “saludo”, mi vida se convirtió poco a poco en un infierno. De las tantas cosas prometidas por mi padrino a mi madre muy pocas se cumplieron. Desde un principio se mostro seco y distante conmigo, como si mi presencia le molestara. Ni siquiera me dio un cuarto sino me hizo dormir en una pequeña salita de un corredor de esas casas antiguas de pueblo y mi ropa la puse en unas cajas cerca del sofa que se convirtio en mi cama. Mi madrina era un poco mas amigable pero en aquel tiempo su madre se encontraba enferma y ella se iba a cuidarla al pueblo mas cercano asi que pasaban dias sin que la viera y a veces cuando regresaba solo regresaba por una horas y se volvia a ir. De esta manera la casa casi siempre se encontraba sola y de igual manera estaba yo solo con mi padrino y sus hijos.

Un dia me llevo a trabajar a su tienda. Todo fue mas o menos bien hasta que empezamos a cargar mercancia a una camioneta. Yo no estaba acostumbrado al trabajo fisico tan fuerte ademas de que mi complexión rechoncha me dificultaba aun mas las cosas y me costo mucho trabajo hacerlo. Mi padrino me gritaba que lo hiciera mas rapido y Daniel me hostigaba con diversas frases hirientes: “Apurale gorda.” y cosas por el estilo. De repente iba yo caminando cuando mis endebles brazos no pudieron mas y se me cayo lo que llevaba desparramandose todo por el piso. Enseguida mi padrino se acerco gritandome y ya cuando estuvo cerca de mi me agarro por el pelo y me avento a un lado.

-¡Mira nomas pendejo!- recuerdo-¡Ni para eso sirves!

Yo apenas si pude reaccionar y me quede paralizado a un lado. Ya para ese momento los otros trabajadores se habian acercado asi como tambien Daniel. “Pareces niña” me dijo cuando llego cerca de mi. Mi padrino estaba muy encabronado y les ordeno a todos que se pusieran a recoger y acercandose a mi me volvio a jalar del pelo y empujandome hacia la calle me dio una patada en las nalgas y me grito:

-¡Largese a la casa, chingado, a ver si alla sirve de algo!-

Como te podras imaginar alcance a escuchar las risitas y las miradas burlonas de los otros empleados y sin mas ni mas eche a correr y asi llorando me fui a la casa. Ahí me quede todo el dia y me aterraba el momento en que ellos fueran a llegar. Cuando finalmente lo hicieron mi padrino me volvio a regañar ante la mirada burlona de Daniel y de Lalo su hermano y nuevamente diciendome que no servia para nada me ordeno que me quedara en la casa y como la señora que les ayudaba alli ya no iba a poder ir entonces que me quedara en la casa y yo era el encargado de limpiarla y todo. Por un lado me senti aliviado pues pense que me iba a ir peor y la verdad estaba mas o menos acostumbrado pues siempre le habia ayudado a mi madre hacer labores de casa y a partir de ese dia me converti en su chacha pues yo me quedaba en la casa y hacia mas o menos toda la limpieza y tenia que estar al pendiente de ir por la comida que una señora del pueblo les hacia y demas. De alguna manera me gusto porque me quedaba solo en la casa y nadie me molestaba. Cuando ellos llegaban a comer, les servia y terminando me ponia a lavar los trastes y se volvian a desaparecer hasta la noche cuando nuevamente nada mas comiamos y yo limpiaba la cocina y nos acostabamos a dormir. De esa manera, casi no tenia yo contacto con ellos y vivia mas o menos feliz.

Todo esto fue mas o menos bien hasta que un dia que estaba yo solo en la casa llego Daniel. Como siempre con su actitud destemplada. Seria muy largo de detallar su comportamiento pero como se podran imaginar me empezo a ordenar cosas y a criticarme y a decirme muchas cosas insultantes e hirientes que aunque trate de ignorar poco a poco me hicieron enojar. En una de esas, no recuerdo muy bien que me dijo y ante mi coraje le dije que se callara. El me contesto que a el nadie lo callaba y no supe ni como pero se me salio decirle: “Pinche puto”.

Cuando escucho eso se super encabrono y me dijo que a el nadie lo llamaba puto. Se acerco a mi tratando de golpearme pero me le pude escabullir como pude.

-¡Me las vas a pagar cabron!- me grito y salio casi corriendo de la casa.

Pasaron unos minutos y yo me quede agazapado cuando ya no escuche ruido sali y me quede aun al acecho y como no escuche nada pues segui haciendo lo que estaba haciendo y en un rato se me olvido el suceso. Estaba asi de lo mas entretenido, cuando de repente senti un dolor agudo en mi cabeza. Era Daniel que me tenia agarrado del pelo.

-¡Vamos a ver quien es el puto!-me grito en el oido dejandome casi sordo.

Aventandome al suelo y ante la sorpresa del ataque me empezo a golpear y a patear yo trataba de protegerme lo mas que podia y solo sentia los golpes de sus puños y las patadas de sus botas de cargador. Todavía estaba yo medio aturdirdo por la chinga que me estaba poniendo que no supe ni como pero empeze a sentir como me jaloneaba los pantalones y al tratar de defenderme solo consegui un par de golpes mas. Me saco los zapatos y a jalones me quito el pantalón dejandome solo la camisa. Los avento al saguan y me golpeo con un trapo en la cara.

-¡Ponte esto!- me ordeno con voz destemplada.

Yo no entendi muy bien lo que me decia por lo aturdido que estaba asi que nuevamente me grito mas fuerte que la vez anterior.

-¡Que te pongas esto!-

Como pude me medio levante y tome entre mis manos el trapo que me habia aventado solo para descubrir que era una de esas faldas del uniforme de niña de secundaria. Yo me quede de una pieza pues estaba completamente sorprendido por todo pero Daniel sabia lo que queria y acercandose nuevamente me tomo de los pelos y dandome una sacudida me volvio a gritar que me estaba ordenando que me la pusiera. Como pude le obedeci mas por miedo y por dolor que por otra cosa. Aun tomandome del pelo me puso de pie y me ordeno que me acomodara la falda y que la cerrara. Total que no me solto hasta que no estuve vestido con la falda que el me habia traido. Esta por demas decir que la falda no me quedaba muy bien pues no era de mi talla me apretaba mucho y ademas en aquel tiempo era yo algo gordito pero el me obligo a abotonarmela. Yo no se de quien la consiguió pero recuerdo la vergüenza de estar ahí vestido con es falda y de sentirme casi desnudo. Después me llevo a medio cuarto y me avento al centro. Yo me quede como estatua parado ahí en medio y el solo daba vueltas y se reia y se carcajeaba y se burlaba de mi.

-¿Quién es el puto ahora?-me dijo entre otras cosas.

No paraba de dar vueltas alrededor mio y de reirse de mi. Yo estaba muy escamado y asustado y no atinaba a hacer nada. Solo sollozaba y el se reia mas y me decia mas cosas; que si era un mariquita chillona, que solo servia para limpiar la casa, que no podia cargar unas cajas y asi mas y mas cosas. Diciendo esto se fue acercando mas y mas y ya cuando estuvo muy cerca de mi me metio la mano rapidamente por debajo de la falda y me dio un pellizco.

-¡Estas MUY buena!-me dijo y yo apenas si pude reaccionar medio brincando a un lado de el. Al ver mi reaccion mas se carcajeo y me ordeno que me quedara asi. Me dijo que si me cambiaba me iba a ir peor y que asi tenia que quedarme hasta que el viniera y que si no lo hacia me iba a poner una verdadera chinga no como la de hace rato sino una verdadera.

-¿Me entendiste?- me dijo y yo solamente moviendo la cabeza apenas si le pude contestar. El camino para atrás no sin desaprovechar mi desconcierto haciendome movimientos amenazadores y cizcandome como queriendo pegarme o faulearme sin darme la espalda y todavía en la puerta me volvio a repetir que no se me olvidara y que asi me tenia que quedar vestido. No se por cuanto tiempo me quede ahí parado cuando por fin empeze a caminar me dolia todo el cuerpo de los chingadazos que me habia puesto. Como pude fui al baño y me lave. Después la verdad no sabia que hacer. Me sentia ridiculo vestido con esa falda pero por otro lado no se me olvidaba lo que el me habia dicho y amenazado. Total que me quede con la falda puesta pues aunque en ese momento no lo pense nadie llegaba a la casa y yo me la pasaba solo casi todo el dia.

Estaba lavando unos trastes en el fregadero cuando escuche una fuerte voz detrás de mi que casi hizo que se me cayera el vaso de las manos.

-¡¿¡ Y ahora que chingados!?!-

Para mi mala suerte era mi padrino que por no se que maldita razon habia ido ese dia a la casa.

Se me quedo viendo con cara de sorprendido y yo me sentia muy humillado pero no se de donde saque fuerzas y le grite que Daniel me habia obligado a vestirme asi. Por un momento pense que el tambien me iba a agarrar a chingadazos pero para mi mayor sorpresa me volvio a preguntar y le volvi a decir que Daniel me habia obligado a vestirme asi. Cuando escucho eso solo se carcajeo y me mando a vestir. Cuando regrese ya no le encontre por ningun lado. Después de eso ya no se hablo mas del tema y yo supongo que el hablo con Daniel porque en la noche que llegaron Daniel no me dijo nada ni se volvio a mencionar el tema al menos por ese momento fue erróneamente lo que pense.

asifuegdl@yahoo.com.mx

4 Osos en la naturaleza

Hola no se porque pero desde adolecente senti fascinacion por los osos , no se porque me llaman tanto la atencion las panzas peludas y esa barba , a la cual me derrito solo verla , sera porque en ellos se encuentra una especie de seguridad , y hombria . Mi historia es muy loca … siempre iba a ver al equipo de rugby de mi ciudad , y me deleitaba viendo esos hermosos hombres , robustos y machotes en la cancha dejando toda su fuerza por el equipo . Un dia en la salida del boliche me encontre a un chico , que lo veia siempre en el club y nos pusimos a conversar sobre todo , nada en especial , gran
actitud para , al rato decirme que me llevaba a mi casa. Subi al auto y me invito si queria tomar algo , yo con unas bastantes copas de mas decidi seguirlo , y nos fuimos a tomar a una ruta , muy tranquila y paradisiaca. Entre charla y charla , comenzo a preguntarme cosas cada vez mas privadas , hasta llegar a lo que queria saber , sobre mi sexualidad yo le dije que si
que era gay , y el no se sorprendio pero no me dijo nada . luego de un rato se saco la remera y si chicos era como me lo imaginaba un oso , de cuerpo peludo y muy simpatico . Me invito a caminar un rato y de pronto encontramos una pequeña laguna donde me propuso que nos bañaramos. yo al principio no queria porque me parecia tarde pero cuando lo vi que se estaba sacando la ropa cambie inmediatamente de opinion . Despacio comenzo a sacarse el pantalon , y se saco el slip verde agua que le marcaba una polla muy jugosa y gruesa que le caia entre las entrepierna. Se zambullo al agua y me invito a hacerlo , cuando me meti nadamos un rato y comenzo a franelearme la espalda y me dijo que queria hacer el amor conmigo
desde hace mucho tiempo , me di vuelta y comenzamos a besarnos apasionadamente , ya casi de manera prohibida y comenzamos ha hacerlo me cogio toda la mañana. estabamos desnudos en la hierba besandonos luegio de dos hermosos polvos que hicieron esa mañana magica. De pronto le sono su celular y yo escuchaba que le cntaba a alguien donde
estaba y que viniera. Yo al principio no pensaba que podria pasar algo como lo que paso. Luego de una hora llego un auto con dos personas que llegaban al lugar donde estabamos , eran dos amigos de el que eran rugbistas tambien. Nos pusimos a conversar y ellos ni muy lentos sabian lo que habia pasado con el amigo .Entre copas y copas el calor mataba y ellos comenzaron a sacarse la ropa . Estaban los tres solo es slip , cumpli mi fantasia de estar con tres osos a la vez .Nos bañamos los tres y comenzamos a hacerlo dentro del agua y fuera con los tres , pero todos con todos , esos cuerpos desnudos peludos garchones y muy fuertes tocandonos , besandonos y follando hasta no poder mas pasamos toda la mañana juntos , con solo contarles que volvimos a las 5 de la tarde a casa luego de una tarde muy peluda y caliente en la
laguna Desde ese momento nos cruzamos en el club casi todos los domingos , y nos queda de recuerdo esa mañana tan sallvaje que pasamos los 4 osos en la naturaleza.

Profesor violado

El alumno tenía al maestro a su antojo. Contempló a su obra maestra, desnudo y atado de pies y manos. La obra dormía profundamente, como un niño, aunque de niño tenía poco, y las circunstancias en que se aparecía no eran para nada infantiles. El cuerpo del maduro maestro se hallaba en un potro de madera, boca arriba, las piernas abiertas colgaban del techo, como una siniestra marioneta. Los brazos estaban atados detrás de la nuca, tras un poste, dejando ver las axilas y la mata de pelo que escondían éstas normalmente. El joven acarició con la punta de sus dedos el cuerpo masculino, aún dormido, cada uno de sus vellos dorados. La piel del profesor era morena, hirsuta de vello negro y rizado, sedoso en su pecho, mas encrespado en su pubis, como las olas del cantábrico. Sumergió las manos en aquel pubis negro, hasta tantear el peso de los testículos, túrgidos y pesados, como un jugoso y dulce racimo de uvas negras. Y coronando la macedonia, la banana experimentada. Frotando el grueso pene, el alumno suspiró al recordar tantos polvos corridos con su maestro.

Cuando Simón ingresó en la escuela de arquitectura de la Universidad Politécnica de Madrid jamás se imaginó que conocería a un hombre tan bello como el profesor Imanol Iza. Sabio del urbanismo, Imanol pronto percibió que aquel alumno abúlico se implicaba sobremanera en su asignatura por algo más que un puro interés académico. Simón se convirtió en una de sus manos derechas. Simón no lo sabía, pero también Imanol se había fijado en él. Veinteañero, velludo y barbudo, el cuerpo musculoso del joven era devorado por los ojos del profesor, sobre todo su culito apretado, que a través de los vaqueros caídos dejaba asomar un tesoro de masculinidad que Imanol ansiaba en comprobar con su verga. Imanol sabía que Simón caería dentro de poco. El zorro viejo sabía que aquel joven era un vicioso de los maduros barbudos como lo era él, y que cuando menos lo esperara caería en sus brazos para chuparle su polla. Todo se aceleró una vez que el equipo del Profesor Iza trabajaba sobre las mejoras del barrio de Chueca (muy apropiado) y, conforme a los deseos de pupilo y maestro, solos permanecieron trabajando hasta tarde.

-Mira esa rampa- dijo Imanol.

-Sí- asintió Simón.

-Esta calle lleva a la calle Prim, donde está la ONCE… ¿crees que se puede consentir ese bordillo? ¿Cómo coños va a pasar por allí un parapléjico? ¿Y esas vallas?

Y Simón le miraba y le admiraba.

-De ninguna manera. ¿Y por qué no se quita?- Imanol miró con atención a Simón; le brillaban los ojos.

-Simón, te miro… eres tan joven… Eres un joven, hermoso, inteligente, pero inocente. ¿Por qué no se quitan? Porque en Madrid hay que construir aceras con bordillos para que los coches aparquen en los parkings de los amiguetes del alcalde.

-¿Lo ha dicho de verdad?

-¿El qué?

-Lo de hermoso, inteligente- la muchedumbre chuequera en busca de diversión les arropaba.

-Eres un chico muy guapo, Simón.

-Ya quisiera llegar a su edad con su aspecto.

-¿Me estás llamando viejo?

Simón no supo qué decir; confesar sus gustos y las ganas que tenía de chuparle la polla a Imanol probablemente le supondrían el decir adiós a su carrera.

-Es una broma. Y trátame de tú, por favor- Imanol interrumpió el desagradable silencio.

Imanol rio y Simón sólo sonrió, aunque su corazón se calentó y la cabeza de su polla se humedeció. ¡Si tan sólo pudiera hablarle a su profesor en los términos que él quería!

-Es ya tarde. ¿Me dejas que te invite a cenar?- dejó caer Imanol.

-Bueno, eh, sí. Pero- Simón suspiró-. Me avergüenza que me invite, digo, que me invites.

-No seas tonto y aprovéchate- Imanol le dio un codazo-. Yo estoy muy solo esta noche y no me vendría mal un poco de compañía.

-Ni de coña- Simón sorprendió al profesor con un puñetazo en su hombro-. Pareceríamos un chulo y su puto.

-Oye, Simón, que yo no sea hetero no significa…- Imanol rebosaba falsa inocencia.

-No, eh, si yo tampoco soy hetero- Imanol sonrió para sus adentros-, es que no me gusta que me inviten- “Bueno, mejor, abandonaré el rollo del sugar-daddy”, reflexionó el guapo papaoso.

-En ese caso vamos a La gata Flora. Así, si te hace ilusión, te podrás pagar tu parte y cenaremos bien. A menos que te dé vergüenza también estar con un viejo como yo.

-¡No eres ningún viejo! O al menos no me importa tu edad- Simón había caído en la red de Imanol.

Más tarde, daban cuenta de una matambre y una pizza:

-¿Quieres saber mi edad?

-…

-Cuarenta y ocho.

-No es demasiado para mí.

-¿Ah, no?

-Perdí mi virginidad con un tío de 43 cuando tenía 14 años.

-No me lo creo.

-Me da igual que te lo creas o no- Simón tomó unos tragos más de Lambrusco-. ¿Y tú?

-¿Qué?

-¿Que cuándo lo hiciste por primera vez?- Simón estaba marcado por el alcohol del refrescante vino italiano.

-A los 14 también, con un chico de 25.

-Te dejaría con el culo bien fino.

-Pues no. He sido siempre yo quien ha puesto la polla. A mí nadie me ha tocado el culo, como mucho me lo han comido.

-Mala costumbre.

-Quien folla conmigo conoce mis reglas- Simón sintió un espasmo familiar en el vientre que le avisaba de la plenitud de su vejiga.

-¿Dónde está el servicio?

-Te acompaño- Simón deseaba aquella sonrisa de Imanol, pero no sabía hasta qué punto Imanol había deseado ese momento.

Acompañó a Simón a los baños de La gata Flora, limpios y bien iluminados.

-¿Te podrás apañar solo?

-Sí, Imanol. Me lo estoy pasando muy bien contigo.

-Afloja entonces la bragueta. ¿Y siempre te han ido los tíos mayores?- Imanol espió los ojos de color miel del muchacho. El joven varonil, velludo, comenzaba a abrir su bragueta. Extrajo un pene fláccido, normal pero cabezón, moreno como él.

-Sólo los que están tan buenos como tú. ¿Qué pasa, me la quieres ver?

-Ya te la estoy viendo. Bonita polla.

-Seamos recíprocos- casi le moja con el chorro.

-De acuerdo- el maduro profesor, barbudo y varonil como un poseidón abrió también su bragueta y sacó una polla algo más excitada, de grosor considerable, que comenzó a evacuar su chorro ambarino-. ¿Me estás tirando los tejos, niñato? Pues a ver si te atreves a algo más…

Algo atrevido, Imanol extendió la mano y tomó la polla de Simón que al instante se puso tiesa, dejando ver una polla húmeda, morena, con la cabeza roja, muy cabezona, que sustituía la orina por gotas de precum. Simón suspiró de placer. El tocar aquella polla extraña le excitó tanto a Imanol que su cipote también engordó hasta dejar aquel pollón a la vista que tanto había entusiasmado a extraños. Una buena polla, gruesa, como un cilindro de músculos y sangre, chorreando aún orina.

Simón no pudo más. Allí mismo rechazó la mano de Imanol y se arrodilló, recogiendo con su boca las últimas gotas de pis y lamiendo la ardiente cabeza. Imanol suspiró y de un envión le metió la polla en la boca, tal y como los dos deseaban desde hacía mucho tiempo.

-Chupa, chupa, cabrón- murmuró Imanol.

Los labios de Simón se afanaban en apretar el sabroso falo de Imanol y su lengua saboreaba las gotas de presemen que aquel tronco del Brasil destilaba. Eran amargas, pero mayor fue el amargueo que sintió cuando Imanol sacó su falo de su boca.

-Aquí no, chaval. Vamos a mi casa, que vamos a follarte bien follado.

Se dieron un morreo (el primero) y huyeron a la casa de Imanol. Desnudos en la cueva del maestro se contemplaron. El cachorro ya estaba crecido, sus vellos se habían expandido incluso en la raja donde el papito metió sus dedos, buscando su ojete en aquellas nalgas apretadas. El papito era todo un oso; aunque calvo, todo el resto de su cuerpo estaba marcado con pelos tupidos, sobre todo su barba poblada, su pecho y su pubis, pero no unos vellos despeinados, sino séricos, como el pelaje de un tigre, un macho activo y mortal. Los ojos color miel del cachorro se encontraron con los negros del padre y maestro mágico. Fue entonces cuando se besaron de nuevo, se mordieron, se frotaron como dos hombres, violentos pero tiernos, arañándose la piel y repasando los poros con las lenguas hambrientas. Imanol siguió investigando la piel de Simón, el cuerpo firme y fuerte, pero sin aquellas estrecheces de las musculosas, los pezones erectados, los labios carnosos y la barba castaña, el culo redondo y respingón, la polla rozando el ombligo del maduro. Simón también quiso contemplar a su pasión: el cuerpo broncíneo, tesoro vascón peludo, que a cada reflejo de la luz de la lámpara desprendía fulgores ígneos (más tarde, ambos tumbados en el lecho, Simón descubriría la eritroplasia de Imanol), el rostro aguileño, hermoso desde un punto de vista masculino, los ojos de obsidiana le espiaban salaces, los labios finos curvados en enigmática sonrisa, la pequeña barriguita que suavizaba los duros contornos varoniles y el grueso falo, cabezón, imponente que le amenazaba en dura señal de admiración. Quiso descubrir Simón también las nalgas de Imanol, pero cuando asió las caderas, éste le rechazó:

-Tranquilo, putito… ahora chúpamela.

Simón reaccionó lentamente.

-Venga, vamos, ¿qué te pasa?- la voz de Imanol se suavizó-. Cómemela.

Simón se arrodilló y admiró el pene que golpeaba sus mejillas, humedeciéndolas con precum. Gozó de su calor contra sus quijadas; lo besó, alabándolo. Imanol respiró impaciente, quería violar la garganta del joven. El aire era pesado y a Simón le costaba respirar. Abrió las fauces, raudo Imanol introdujo el resto del miembro de un empellón que asifixió al joven. Simón no podía respirar y poco a poco su rostro asumió el color de la cianosis, que le impulsaba a abandonar el cuerpo de Imanol, recién introducido, y poder respirar al fin, mas el soberbio maduro no cejaba en su empeño de asfixiarle mediante su enorme polla, hasta que ésta misma desprendió sus cachondos efluvios que dilataron la faringe de Simón permitiéndole respirar y acompasar su deglución del santo miembro a la respiración, mientras de sus labios rezumaba la saliva que regaba el suelo. Imanol se percató y con ella frotó sus testículos. Buen cachorro, cachorro obediente. Sólo debía ser leal a la polla que le estaba dando la vida, la que le daría de mamar la leche más caliente, la de los hombres. Simón pudo retirar la polla y lamió los testículos, sorbiéndolos, lo que provocó que Imanol respirara sobrecogido. Alzó al muchachó y lo besó de nuevo, pero esta vez acariciando con su lengua la boca de Simón, mimándole, demostrándole que en su bello rostro de maduro también había sitio para la dulzura. Llevó al sobrecogido Simón hasta su lecho. Lo depositó como a una virgen, boca arriba, pero antes recogió los morenos tobillos hacia sus hombros.

-¿Te han follado alguna vez?

-La semana pasada fue la última.

-¿Tienes problemas para dilatarte?

-No los tengo desde que me follaron bien follado a los catorce- respondió ufano, sin comprender el significado real de su respuesta. No obstante, a Imanol le encantaba chupar culos, normalmente era lo único que chupaba de los hombres.

Se abalanzó sobre el dulce ano, un delicado aro rosado con pequeñas estrías alrededor. La lengua lo besó, se metió dentro de él, lo besó por dentro, mientras Simón suspiraba de placer. Besaba y chupaba la cara interna de las nalgas redondeadas, llenando de saliva el agujero negro del cachorro, con los ojos cerrados, disfrutando del lameteo que le estaba propinando, saboreando el culito apretado, sintiéndose cada vez más cachondo y con más ganas de follar ese orificio. Se separó y apoyó el enorme miembro contra el ojete una vez enfundado el condón. No lo dudó y oprimió el fuste contra el culo, rajó por la mitad a Simón, que gritó de dolor. La entrada no fue paciente, sino rápida e implacable; la acogida no fue placentera, sino ruinosa, algunos pelos del ojal fueron arrancados. Ya sentía Simón las gordas pelotas del profesor chocar contra sus nalgas, ya sentía el peso de sus rodillas hundiéndose en la cama mientras sus tobillos indefensos eran asidos. Y su culo, bien follado. Se movía Imanol pesadamente, llegando con la punta de su ariete a horadar las profundidades de los intestinos de Simón, mientras éste, de un modo paulatino se recuperaba del dolor y comenzaba a sentir el gozo que sólo los grandes folladores como Imanol pueden hacer sentir. La próstata de Simón era arrebatada por la polla de Imanol en cada uno de sus vaivenes, mientras que su polla era exprimida por una de las manazas del profesor, tan diestras para dibujar planos como curtidas por el aire frío cuando cuidaba de su caserío vizcaíno. El ritmo de la follada cada vez era más demoledor, las pelotas del maduro golpeaban con saña, la mano inclemente ordeñaba a Simón y finalmente la leche saltó a borbotones, bañando el torso y la tripa del profesor, incluso algunas de sus gotas se colaron en los pelos de la sedeña barba. Rugiendo como un oso, el profesor sacó su polla del culo del chico, se liberó del condón y le dobló sobre sí mismo para descargar su corrida inmensa en su barba y su boca. Simón se afanaba en beber todo el semen posible, la roja lengua lamía su propia barba para no desperdiciar tan preciado elemento. En vano su cerebro le recordaba que aquello no era seguro. Sólo existía para él el sabor amargo y un tanto picante de la leche de Imanol, y el recuerdo de su rostro convulsionado por el orgasmo. Creyó que había terminado. Apenas repuesto del orgasmo, Imanol le ordenó:

-Límpiame tu leche.

Simón fue a buscar un papel, pero Imanol le detuvo.

-Con tu lengua.

Obediente como un cachorrito, Simón obedeció, aunque le dolió que Imanol no mostrara el mismo interés por su semen que el que él había mostrado por el suyo.

-Recuerda que no quiero más corridas en mi cuerpo. A partir de ahora te correrás en un condón o en tu mano. No quiero saber nada de tu semen. Lámeme el rabo.

Le mostró el rabo, aún tumescente. Apenas guardaba ya leche, pero Imanol lo quería como los chorros del oro. Simón lo lamió delectuoso, comenzando por el frenillo, el agujerito de la uretra, la corona del glande (para ello tuvo que retirar el prepucio con su boca), la cabezota roja y el resto del miembro. Reconoció que todavía sabía bien y conservaba rescoldos de la leche. Le miró acusador, compungido.

-No me mires así. Quiero hacer un hombre de ti.

-Eres un egoísta.

Imanol se había retirado para tirar el condón usado cuando oyó estas palabras. Cuando pronunció aquellas palabras, Simón estaba contemplando por vez primera las espaldas y las nalgas de Imanol, a consecuencia de lo cual, su voz se quebró progresivamente hasta un quejido grotesco. Las anchas espaldas, pobladas por un poco de vello… y el culo. Un par de nalgas majestuosas, Simón las encontró más bellas que las suyas, tal y como encontraba que todas las bellezas que había en su cuerpo se magnificaban en el cuerpo de Imanol, todo, desde el vello que era más suave y fuerte, hasta las facciones más agrestes, el pene más grueso, el cuerpo más ancho, y las nalgas, menos apretadas y más voluptuosas, también muy respingonas e igualmente velludas. Imanol se agachó lentamente para tirar el condón a la papelera y al hacerlo intencionado, retorcido, abrió sus nalgas para mostrar el tesoro del pliegue interglúteo, las nalgas limpias, perfectas, bellas, y el ojete moreno entre ellas, virgen y velludo. Virgen a sus 48 años. Un bosque jamás explorado por ninguna polla. Un bosque maduro, sensual y delicioso como la más prohibida fruta del paraíso. A Simón se le hizo la boca agua. Igual de silencioso se dio la vuelta Imanol, pero con su cara consumida de ira.

-Tú eres el egoísta, niñato. Ya has conseguido lo que querías, dame las gracias. Ya has conseguido que te dé lo más que otro hombre puede dar, su sexo. ¿No has disfrutado acaso? Con el tiempo lo valorarás y entonces tú serás el daddy para otros.

-No estoy de acuerdo. Yo te la he chupado, te he dado mi culo, y tú no me das nada…

-Mira, esto es lo que hay. Soy así de sincero. Si quieres, lo tomas y duermes conmigo, y si no, te vas y olvidamos esto.

¿Qué hacer? La tentación de dormir con Imanol era demasiado fuerte, compartir las sábanas, el colchón, restregarse los vellos, darse algún zarpazo para abrazarse… ver su rostro a la mañana siguiente, sentir los labios en su piel, verse contemplado en las lagunas negras de su faz, mucho más oscuras que la de Soria. O irse a las tantas a coger un taxi y masturbarse pensando en él. Puede que algún día cambiara. Todos cambiamos, ¿no? Vivía solo en Madrid. Podría dedicarse 24h/día a esta misión. Y a la de atender a la terrible polla de Imanol.

-Lo acepto.

Durmieron abrazados el resto de la noche, sin más asomos de peleas. Imanol abrazaba desde la espalda a Simón. Ambos sonreían, detalle pueril, en sueños, pero los dos eran felices. Uno tenía a quien guiar, el otro, un guía. La severidad del Profesor Iza había dado paso a una ternura muy profunda, que guardaba muy escondida dentro de sí para que nadie pudiera robársela. Pero las faces sencillas de los chicos jóvenes esconden muchas trampas.

Simón espió el rostro apaciblemente dormido de Imanol. Acarició el cuerpo del maestro dormido, todavía preso del efecto somnífero del cloroformo. Hincapié en sus amadas tetillas. Sonrió, ojalá las cosas no hubieran salido así, pero a veces no tienes otra elección. Ya que había perdido las oportunidades para ser bueno, no iba a desaprovechar las bazas para ser malo.

Pronto en la UPM se supo. No tuvo muchas consecuencias, al fin y al cabo Simón era un alumno aventajado que estaba terminando sus estudios y la conducta de ambos fue ejemplar a los ojos del profesorado. Qué decir del cuerpo estudiantil, que jamás supo que aquel muchacho varonil era follado todas las noches por el director del Departamento de Urbanística, pero que jamás supo lo que era el culo del profesor.

Hubo unos días, después de los exámenes del primer parcial, en que Simón no pudo acudir a las clases. Tuvo que quedarse en casa, un polvo en seco le había producido un desgarro anal del cual se recuperó por completo, pero cuyo dolor aún recordaba.

Simón dejó de sobar el cuerpo de su profesor más querido. No pudo evitarlo y besó el pene del profesor. Qué rico sabía aquel intruso que le había destrozado por dentro. Bajó la mirada hasta los testículos, gordos y cubiertos de pelos negros. También los besó, dejando en ellos un rastro de saliva. Repasó con sus dedos el rafe del perineo, último baluarte hasta la fecha en la lucha por la virginidad anal de su amado. Detuvo el dedo. Y estando las nalgas abiertas por las cuerdas que sujetaban las piernas se recreó en la visión del ano maduro. El pliegue interglúteo era marcado, más pigmentado que el resto de la piel, pero el ojete del maduro profesor era un prodigio de belleza. Los labios anales eran igual de finos que los orales del profesor y de ellos partían finas estrías musculosas cuya integridad eran la prueba de su virginidad. Virgen del culo a los 48 años cuando los llevaba partiendo desde los catorce. El ano moreno era además peludo. Los pelos eran tan negros como los del resto del cuerpo y tan rizados como los del resto del pubis. Las canas que ya invadían a su profesor en la barba, el pecho y el pubis también eran notorias aquí, y Simón contempló complacido como algunas canas daban un aire de irresistible madurez al culo de su querido profesor.

Los amigos de Simón se alegraron. El profesor era un hombre culto y muy atractivo, aunque ninguna de las amigas creyó considerarle ”hermoso”. Simón se enamoraba cada día más de su madurito bello, el cual a su vez mimaba a su joven discípulo. Sin embargo había siempre un último tabú. Imanol no aceptaba las dudas sobre su masculinidad, sobre su hombría, que era herida de muerte cada vez que Simón le daba un cachete en sus nalgas. Una noche Simón aterrizó sobre el suelo estampado por un puñetazo de Imanol. Simón no supo qué le dolió más, si el golpe, el acto en sí o la mirada de desprecio que Imanol le dedicó. Tuvo que ir al dentista. Aquel mismo día Imanol le pidió perdón y en sus ojos había un atisbo de arrepentimiento. Ninguno de lágrimas, que Simón hubiera agradecido en pago de todas las derramadas por él. Simón aceptó las disculpas y las promesas de que no volvería a suceder. Es bien conocido que siempre hay una primera vez, pero que nunca se sabe cuándo será la última. Así es. Fue entonces cuando Simón supo que las personas no cambian, sino que se les cambia.

Un frasco de cloroformo robado por una amiga estudiante de medicina. Un potro de madera realizado por él mismo. Unas cuerdas compradas en Leroy Merlin. Su coche aparcado a la puerta de la casa de Imanol. Y cualquier excusa estúpida para dormirle con el pañuelo impregnado, bajarle al sótano, traer el potro y secuestrarlo en su propio chalé.

Simón le dio unos cachetes al profesor en su rostro varonil, tan bello, y tan inocente de lo que le iba a suceder ahora.

-Despierta, Imanol.

Imanol no despertaba. Cogió un cubo lleno de agua fría y se lo echó encima. Imanol despertó entre hipidos.

-¿¡Qué coños está pasando!?- gruñó amenazador antes de darse cuenta de su precaria situación-. ¿Eres tú, Simón?- la luz de la lámpara apenas le dejaba ver.

-Sí, soy yo- respondió Simón divertido.

-¿Qué me ha pasado? ¿Por qué estoy así?- preguntó, aunque para su horror intuía la verdad.

-Porque le voy a enseñar una lección profesor Iza. Una lección que nunca olvidará.

-¿Qué coños estás diciendo, Simón? ¡Desátame ahora mismo! ¡Es una orden!

-Creo que no la cumpliré. Recuerda: es por tu bien. Siempre he tenido vocación de médico. De hacer el bien aunque tuviera que hacer daño.

-¡¡¡Socorro!!! ¡¡¡Auxilio!!!

-Deja de chillar, por favor. Me dejaste a mí el diseño de tu sótano-bodega, ¿no lo recuerdas? ¿Por qué crees, si no, que lo iba a insonorizar?

La mirada de Imanol se pobló de miedo y de odio.

-Juro que cuando salga de esta te mataré, desgarraré tu culo hasta romper tu espalda y me mearé en tu cadáver para luego comérmelo- intentaba romper las cuerdas, pero aunque sus bíceps eran fuertes y su cuerpo era el de un hombre fornido, Simón no había dejado ningún cabo suelto.

Siguió gritando más amenazas acerca del culo de Simón y su funesto fin mientras que el interesado se acercaba chistándole- odiaba los gritos. Al percatarse de que no le hacía ni puñetero caso abofeteó con todas sus fuerzas a Imanol, que se calló al instante. Todo el lado derecho de su rostro se había enrojecido dejando la marca perfecta de la mano de Simón.

-¡Por Dios, cuántas veces he soportado eso! ¡Y qué ganas tenía de hacer esto!- la mirada de Imanol chispeaba, pero de momento no se atrevió a hacer nada-.Yo te amo, Imanol, pero te aconsejo que no me sigas amenazando. En tu situación lo único que consigues es estimular mi imaginación.

Imanol miró por primera vez completamente aterrorizado a Simón; era su bella indiferencia lo que más le horrorizaba.

-Si supieras lo guapo que estás callado… y atado.

Le dio unos cachetes en el culo que se fueron convirtiendo progresivamente en sordos azotes cuyo sonido restalló en toda la enstancia. Imanol aullaba de dolor, pues Simón era un hombre fuerte. Las nalgas de Imanol fueron adquiriendo un color rojo.

-Esto es por todos los azotes que me has dado mientras jodíamos. Que unos cuantos no están mal, pero cuando no te puedes sentar después de follar, llegan a ser un problema. Sigue gritando, mi amor. No sabes lo que me relaja oírte gritar de rabia.

Algunos de los azotes escapaban hacia los testículos, que pasó a torturar, tirando de ellos y dándoles fuertes puñetazos.

-Y esto por todas las veces que has estado a punto de arrancarme los huevos, todo para no chupármela. ¿Te gusta, mi amor?

-¡¡¡Hijo de puta, te voy a matar!!!

-Pero si acabamos de empezar, querido- e impactó con todas sus fuerzas un buco en el estómago de Imanol-. Además, no te voy a golpear la polla, porque yo te quiero. ¿Tú me quieres, amor?

-Te odio mariconazo- el puñetazo de Simón le había dejado sin resuello.

-¿Cómo? ¿No me quieres?- le arreó una bofetada en la boca, a resultas de la cual, el labio inferior de Imanol comenzó a sangrar.

-Hijo de puta… sácame de aquí- la respuesta fue seguida esta vez de un puñetazo en la cara, que estuvo a punto de romperle la cigoma.

-¿Cómo se dice, mi amor? Dime lo que quiero oír- amedrentado por los golpes, Imanol sólo alcanzó a susurrar:

-Te… te… quiero, mi amor…

Simón alargó la mano hasta el rostro amado, pero para acariciarlo. Cuando mimaba las mejillas heridas por su propia mano, Imanol intentó morderle salvaje, pero las ataduras lo impidieron. Una chispa de furia se encendió en el rostro de Simón, que sacó una de las sorpresas del día: el revólver y apuntó con él a Imanol:

-¡Perro malo, perro malo!- gritaba mientras le golpeaba con el revólver-. Si vuelves a desobedecerme te volaré la tapa de los sesos.

Cuando acabó, el rostro de Imanol tenía varias heridas y tanto la nariz como la boca sangraban profusamente.

-¿Te ha quedado claro?

-Sí…- balbuceó.

-Ahora te voy a besar, y si me intentas morder o no me besas, te mataré. ¿Lo has comprendido, mi amor?

-Sí…

-¿Cómo se dice?

-Sí, mi amor.

Simón se abalanzó sobre Imanol y le besó tierno al principio, luego apasionado, siendo su lengua y su sed correspondidas por Imanol.

-Te amo tanto- susurró dulce Simón a sus oídos. Imanol estaba horrorizado.

-He creado a un monstruo.

-Pobrecito- se despegó de él-. Yo ya era así, pero te he amado en silencio. Ahora quiero amarte a gritos. Los gritos de tu amor, que quiero oír.

Simón dejó el revólver en una mesita adyacente, junto a un recipiente forrado de paño verde y se desvistió. Aunque Imanol intentara no mirarle, Simón era aún el hombre más apuesto que había conocido y se empalmó nada más verle en bolas.

-Vaya, vaya, para que digan que con la edad se pierde vigor- el miembro de Imanol era paralelo a la vertical.

Simón cogió el miembro, pero para sorpresa de Imanol no lo retorció, ni lo decapitó, sino que lo masturbó.

-¿Te gusta, mi amor? ¿Gozas?

-Síii… mi amor.

Pero entonces al ritmo de la paja abofeteó sus testículos hasta que Imanol chilló de dolor. Luego tironeó de ellos, pero la erección siguió allí. Fue hasta la mesita, tiró el paño verde al suelo y sacó un anillo, que ajustó al pene de Imanol.

-Qué gordo es, y qué hermoso- suspiraba Simón. Le dio algunos suaves pellizcos.

-Siempre has tenido envidia de él, ¿verdad?- Imanol se relamía en su sangre.

-No, porque me gustaba para ti, era la guinda de la tarta. Pero ten cuidado, no te pases de listo, amor, porque he traído un cuchillo. Y si sigues así, pienso cortártelo- Imanol le miró aterrorizado.

Simón le acercó el recipiente. Contenía una gran variedad de consoladores de diferentes tamaños y colores, e incluso una botella de la bodega de Imanol.

-Estos son mis instrumentos, ¿cuál te gusta más? También está aquí tu preferido, ya sabes que a mí nunca me ha ido la enología, pero creo que este Vega Sicilia de 1982, le va a ir muy bien a tu culo. No, no hay lubricante. Como mucho usaré un poco de salivilla. ¿No preferías follarme en seco? Pues ahora vas a saber lo que es.

-Ni se te ocurra- rechinaban sus dientes, las mandíbulas crujían.

-Dime antes por qué nunca me has dejado tocar tu culo, amor mío.

-Qué te jodan.

Simón se encogió de hombros; se encaminó con sus consoladores hasta el maduro culo. Lo volvió a tocar y sobar una vez más, ante la cólera de Imanol. Repasó con la punta de sus dedos el rafe perineal y circunrodeó los límites de su ano con delicadeza; involuntariamente Imanol sintió un espasmo en su pene, que se elevó un poco y expulsó unas gotas de presemen. Simón las recogió y se las dio: Imanol chupó el dedo con evidente repugnancia, pero no dijo nada.

-Nos vamos entendiendo, mi amor.

Simón se agacho para al fin acometer el beso negro, el lameteo que tanto ansiaba. Comenzó besando el ano duro, que tembló ante el roce de su barba, pero Imanol no podía parar, los pelos de Simón en esa zona tan sensible le hacían cosquillas. Después la lengua. Imanol jamás había sentido algo así. Suspiró cuando la lengua acariciaba su entrada trasera, su intimidad más protegida, la única virginidad que le quedaba. Suspiró cuando Simón chupó su entrada, la besó, escupió en ella para que su lengua se acomodara mejor entre los vellos salpimentados. Pero a pesar del placer, era la única virginidad que le quedaba. Con gesto de evidente placer y risa, Imanol se tiró un sonoro y pestilente pedo en la boca de Simón. Éste se retiró en silencio de la zona, ante el jolgorio de Imanol.

-Le puede pasar a cualquiera, mi amor…

-¡Jódete, amor mío!

-Pero todo tiene remedio, mi amor- Imanol le miró intrigado.

Simón se alejó en la oscuridad del sótano.

-Mi última sorpresa, mi amor.

Venía con la manguera que usaba Imanol para regar el jardín.

-Comprendo que hay que limpiarte, y eso es lo que voy a hacer.

Acercó un barreño gigantesco y los situó por debajo del potro. Cogió la boquilla de la manguera. Había escogido la más estrecha.

-Tú lo has querido, te desvirgará la manguera.

-¡Ni se te ocurra! Ya hemos muchas gilipolleces. Desátame y olvidaré todo.

-De aquí no va a salir el profesor Iza sin aprender bien la lección. Te aconsejo por tu bien que te relajes, como si fueras a cagar, porque de hecho es lo que vas a hacer.

Enfiló la boquilla y sin piedad empujó en el ojete de Imanol. El maduro chilló de dolor pero se resistía. Simón apretó los dientes y empujó más y más mientras que el otro cerraba su esfínter, siguió empujando hasta que de pronto notó que cedió el ojete de Imanol. El vasco chilló de indignación y de dolor. Simón introdujo un poco más de manguera mientras admiraba como el esfínter del profesor se elongaba para acoger a la manguera dentro de su recto. Simón sonrió mientras que Imanol se desgañitaba.

-¿Ves como no era tan difícil? ¿Ves que bien ha entrado, mi amor?- le dio unos tiernos cachetes en sus nalgas y jugaba con la manguera moviéndola, simulando una penetración.

Imanol chillaba y un par de lágrimas cayeron por sus mejillas. Simón se apresuró a beberlas.

-Qué bien saben. Vamos a hacerte un enema, por niño malo.

Abrió la llave. El agua tibia inundó los intestinos de Imanol y pronto el masculino vientre se hinchó.

-¿Te has visto? Tan macho como te creías y ahora parece que estás embarazada, ja, ja, ja, ja.

Imanol había dejado de llorar y miraba con odio a Simón.

-Todavía estás muy altivo, mi amor. Pero no te preocupes, con la mierda todo se irá.

Cuando estuvo a punto, Simón cerró la manguera. Esperó aún media hora hasta sacarla. Tal y como planeaba, un torrente de agua sucia y de mierda salió disparado desde el ojete de Imanol hasta el barreño. Simón odiaba la mierda y se disponía a limpiarlo con la manguera cuando de pronto Imanol se meó. El chorro ambarino salía e Imanol hacía todo lo posible para mojar con su pis a Simón.

-¡Muy mal hecho!- Simón controló la polla rebelde y la enfiló mediante hábil parábola reservada sólo a aquellos que son arquitectos hacia el rostro de Imanol, al cual pronto se le acabó la chanza-. Pero abre la boca y bébetela. ¿No te gusta jugar con meadas, perro?

El rostro de Imanol daba una idea del asco que sentía, pero su boca pronto se abrió y el chorro dorado mojó su barba negra con algunas canas.

-¿Tienes sed?

Imanol no respondió.

-Porque yo tengo ganas de mear.

Imanol le miró con terror.

-Ese es el rostro que busco.

Simón dejó la manguera y enfiló su polla morcillona a la boca de Imanol, que la cerró.

-Ábrela.

Imanol negó con la cabeza. Simón cogió el revólver y, sonriendo, le apuntó.

-Abre la boca, mi amor, y bebe todo lo que te doy. ¿Recuerdas todas las veces que me measte y yo no podía corresponderte? Te va a gustar.

Imanol abrió la boca. El pis salió del pene de Simón para caer en la boca de Imanol. Al principio cerró los ojos, pero luego, al captar el sabor, los abrió, y miró con ojos lascivos a Simón, sólo unas gotas mojaron la barba.

-Muy bien, amor mío. Ahora te voy a bañar y yo también- utilizó la manguera para bañar a los dos. El cuerpo mojado de Simón sólo cachondeó más a Imanol, y el cuerpo húmedo del maestro se contorsionaba ante el frescor del agua, lo que enardeció a Simón.

Simón cogió de nuevo el revólver. Lo acercó a la cara de Imanol y rozó con su punta los finos labios. Simón ronroneó de placer e Imanol se resistía a abrir su boca.

-No te resistas amor mío a la polla de la muerte. Abre la boca.

Imanol negó con el rostro, ya callaba, sus ojos desorbitados por el terror.

-Abre la boca- presionó el labio inferior hasta mostrar los blancos dientes-. Abre la puta boca o te rompo los dientes a hostias.

Asintiendo, con el alma en vilo y la dignidad destrozada, Imanol abrió la boca. El revólver entró.

-Chúpalo- pronunció Simón lleno de amor.

Imanol sentía el sabor acerado, metálico, mientras sus labios se afanaban en chupar el cañón y su cuello se flexionaba mientras dedicaba miradas grotescas, mezcla de terror y placer a su pupilo reconvertido en torturador.

-Ya es suficiente- retiró el revólver de la cavidad oral.

Simón se encaramó sobre el potro con la pistola en una mano y el rabo duro como una piedra entre las piernas, hasta que se arrodilló sobre el cuello de Imanol. Su polla se erectaba a escasos centímetros de los labios de éste.

-Ahora vas a aprender a dilatar tu garganta. No me vas a dar ningún mordisquito, así que guárdate de usar los dientes. Y vas a abrir bien tu boca para que entre toda. Pero, sobre todo, lo vas a aprender rápido, en menos de un segundo, porque me la vas a chupar, y te va a gustar, putito madurito.

Imanol abrió las fauces. Al instante el cipote de Simón inundó su boca, hasta las amígdalas, se esforzaba en violar su garganta mientras que apuntaba a la sien de Imanol con el revólver y con la otra mano se sostenía, agarrándose a las cuerdas. La polla rebosaba la boca de Imanol, pero a medida que fue entrando y saliendo, el maduro sintió un placer muy especial, un sabor único, el del precum de Simón, profecía cumplida. Se resistía a que la polla abandonara su hogar, seguía con su boca los movimientos, el vello púbico de Simón se hundía hasta la sima de la boca de Imanol para confundirse con la barba del sexy maduro. Afianzó sus rodillas y liberó la mano de la cuerda; sostuvo a Imanol de las quijadas y le obligó a comer más y más polla, aunque lo hacía de buen grado, la lengua masajeaba el cipote y cuando la sacaba del todo, Imanol lamía su verga, admirándose de lo rica que estaba la polla.

-Ahora los cojones.

Adelantó los huevos e Imanol los lamió con ansia, los chupaba y los sorbía.

-Mmmmh, papaoso, veo que aprendes con rapidez- los pelos de la tupida barba le hacían cosquillas en su periné-. Qué ricoooo, amor mío.

Desmontó del potro raudo, tan rápido que no se dio cuenta de que Imanol miraba con nostalgia el chorizo que colgaba entre sus piernas.

-Y ahora vamos a follarte- la última palabra le recordó la pesadilla en que se hallaba sumergido.

-No, por favor, haré lo que quieras, Simón, pero por favor no me lo hagas.

-Vale- los ojos de Imanol le miraron llenos de esperanza.

-Está bien, tendremos una vida normal… esto me ha hecho pensar.

-Pero antes, vas a cumplir lo que has dicho: ”haré lo que tú quieras”, y lo que quiero es, obviamente, follarte.

-¡¡¡Noooo!!!

-Sí. Ya lo creo que sí. No te voy a meter tantos consoladores, no tengo tanta paciencia. De hecho sólo te voy a meter el que es más pequeño que mi polla, porque quiero que esta sea el plato principal. Así, cuando te la meta, te retorcerás más.

Dicho y hecho, mientras Imanol le suplicaba Simón escogió un consolador anal, de punta afilada y color rosa.

-¿Te gusta?

-¡No!

-Era una pregunta retórica. Voy a hacer de ti un hombre, mi hombre. Chúpalo.

El Imanol que hacía unos minutos había chupado feliz una polla mucho mayor se cohibió y contempló al consolador con repugnancia.

-Va a entrar en tu culo y no hay lubricante, tú eliges.

Apesadumbrado, humillado, Imanol abrió la boca obediente y Simón metió el consolador en la boca, el cual fue movido unos pocos segundos.

-Basta, no sea que goces.

Ahora Simón se agachó y volvió a chupar el ojete del profesor. Qué rico sabía el culo peludo, con vello negro y canoso, limpio tras el enema, siguió trabajando su culito un poco más con la lengua cuando chupó uno de sus dedos y se lo metió. El dedo pugnó hasta vencer la resistencia de Imanol, que tras unos segundos de lucha se derrumbó con un rugido de dolor.

-Primer nivel: el dedo.

El dedo serpenteaba por el interior de Imanol, hasta que alcanzó la próstata. Si bien se había derrumbado, Imanol pegó un respingo al hallar esa fuente de placer y aulló. Simón sonrió, sacó el dedo antes de que gozara demasiado y para cuando se quiso dar cuenta le metió el consolador (después de chuparse el dedo, qué rico sabía).

-Segundo nivel: el consolador.

Lo metía y lo sacaba, se asombraba del impacto cromático del consolador rosa hundiéndose entre las morenas nalgas con pelos negros. Imanol movía el culo como podía, gimiendo de placer involuntario. Repetía entrecortado ”No quiero, no quiero”, pero su culo le pedía más y más. Sacó el consolador y tomó la botella. Se la enseñó al, hipnotizado por el placer, Imanol.

-Tercer nivel: la botella. Te voy a meter tu vino preferido, tu Vega Sicilia del 82 por el culo. Es del año en que nací, aunque dudo de que te hayas dado cuenta de ese detalle.

-No, por favor, es muy grande.

-Vaya, ha aprendido educación y respeto. Bravo. Tranquilo, no te la voy a meter por el culo (de la botella). Je, je. Prepárate para gozar.

-Por favor, es un tesoro enológico, no lo entiendes- Simón sonrió-. O quizás, sí.

El culo de Imanol ofreció aún resistencia. Gritaba de dolor, no podía aguantarlo más, los cantos de la botella le hacían daño en su ano virginal, pero Simón se la metió hasta que hizo tope con el cuerpo de la botella. Reanudó el mete saca, y paulatinamente Imanol reconoció que le gustaba sentirse sometido a Simón, que le encantaba sentirse su perro y que suspiraba por que le rompiera de una vez el culito maduro, virgen hasta ese día.

-Oh, qué rico, ¿eh, amor mío?

-No, te odio- pero la voz del violado sonaba demasiado dulce-. Hijo de puta, me estás rompiendo todo.

-No, aún no.

Sacó la botella. Entonces la rompió. Rompió el cuello e Imanol chilló de cólera:

-¿¡Pero qué haces, cabrón!? ¡Hijoputa! Esa botella vale una fortuna.

-Ya, por eso lo hago.

Simón cogió un vaso y bebió. Imanol le insultaba en euzkera.

-Tienes razón, está muy bueno, lástima que no vayas a probarlo.

Regó el contenido de la botella por el cuerpo de Imanol, incluido sus nalgas y su agujerito ya no tan secreto.

-Espera, seré bueno.

Dejó las últimas gotas en los labios de Imanol. Este le miró con resentimiento, pero le agradeció el detalle.

-Tu cuerpo parece que ha sangrado, ¡ni que hubieses tenido la regla! Pero ahora vas a saber lo que es bueno. Cuarto y último nivel: mi polla.

Se situó como el maestro de ceremonias que era y agarró las piernas, asiendo fuerte los muslos.

-No lo hagas, por favor. Olvidemos todo.

-Calla y goza, zorra.

Ajustó su polla hacia el ojete maduro. Virgen hasta ahora de pollas humanas, calientes y gordas. La polla del profesor cayó. Imanol chilló y sintió como la gorda polla le penetraba y rajaba de paso toda su dignidad, rota en pedazos por el avance de aquella polla intrusa. Simón cerró los ojos pero los abrió para averiguar el rostro de su amante. Imanol apretaba los dientes en silencio, no quería darle el placer de chillar, pero no pudo contener las lágrimas. Por primera vez Simón vio llorar a raudales a Imanol y sintió tal alegría que todo lo que quedaba de polla se empotró contra el recto de Imanol, su pubis se estrelló contra las amplias nalgas y el muchacho se maravilló de la calidez del culo maduro, de su estrechez. También sintió un líquido caliente que le bañaba los testículos, pegados a las nalgas maduras: era sangre que goteaba desde el ojal salpimentado, violado.

-Mira, mi amor. Como todas las vírgenes, derramas sangre por tu coño de hombre.

Proseguía la enculada. Simón follaba a Imanol con gran habilidad, el cuerpo joven se catapultaba hacia el maduro, los dos machos gruñían y poco a poco Imanol se abrió a otra existencia, sintió cómo las paredes de su recto se abrían para no volverse a cerrar más y como sus intestinos exhalaban dulces humores que le hicieron disfrutar. La experimentada polla, que había languidecido por la enculada, volvióse enhiesta, más dura que nunca, segregando más presemen que jamás hubiera recordado, Imanol contemplaba embelesado al hombre que le supo follar, Simón, si más joven en edad humana, un igual en virilidad, y que le estaba sacando todo el placer que se le puede sacar a un hombre por su culo. Los ojos de Imanol languidecían en ondas por el placer y habló sereno a Simón:

-Qué bien follas, mi amor, Qué rico me rompes el culo, mi cabrón. Fóllame así, fóllame más, haz que me corra con tu polla en mi culo.

Simón se disparó, abrió más las piernas de Imanol y follándole aún derramó su cuerpo sobre el vientre peludo y mojado de vino hasta que su rostro, limpio y hermoso se encontró con el rostro hermoso y magullado de Imanol.

-¿Te gusta?

-Sigue, cabrón, sigue.

Se besaban mientras la polla del joven seguía dándole caña al culo del maduro. El masaje en la próstata fue demasiado para Imanol, que separando su boca de la de Simón emitió un grito y se corrió. La polla expulsó chorros y chorros de leche, después de tanto tiempo de excitación. Simón, que sintió la leche de su amado torturado mojándole, se encabritó y sacó su polla del recto de Imanol para abalanzarse hacia la boca de este, donde se corrió abundantemente. Imanol abría la boca y peleaba por meterse la polla rebosante de leche en su boca, bebía cuanto podía, lamía el capullo rojo y manchado hasta dejarlo limpio, se sacudía las gotas que quedaban en su barba para que llegaran a sus fauces. Reposado, Simón acariciaba la calva, perlada de sudor. La polla ya estaba limpia, y había disminuido su calibre, pero Imanol la seguía alabando con sus labios.

Y pensar que se había privado de esos placeres durante tantos años…

Simón descabalgó. Ahora volvía a ser el chico que amaba a su amante maduro. Le quitó el anillo de goma. Imanol le miraba expectante en silencio. Cogió el cuchillo y rasgó las cuerdas. Imanol logró ponerse en pie. Se frotó los miembros doloridos y examinó las múltiples heridas en su rostro. Su cuerpo estaba pegajoso y una mezcolanza mezcla de vino y su propio semen le bañaba. Lo probó. Era asquerosa, pero sabía bien.

-Y, ¿ahora qué?

-Eso digo yo, ¿y ahora qué, amor mío?- los ojos de Imanol brillaban serenos, como la calma tras la tormenta. Simón se abalanzó sobre el revólver, pero Imanol fue más rápido. Tiró el revólver.

Simón preparó los puños. Era más joven, pero ambos poseían constituciones parecidas y sabía hasta qué punto era fuerte. Los osos golpean duro, tanto si están crecidos, como si son cachorros.

-Descansa, mi amor- susurró Imanol-. Acabo, no sé si de aprender una lección, pero acabo de encajar un puzzle en mi cabeza. Un puzzle que empezó el primer día que mi padre me pegó una paliza y me colgó de uno de los árboles del caserío. Tú eres la última pieza. Hay tantas cosas que tengo que contarte.

-No te acerques. La gente no cambia.

-Las cosas nunca volverán a ser iguales entre tú y yo. Ya no podremos disfrutar de ese vino, nunca volveré a verte con ojos inocentes, pero… me acabas de hacer un hombre.

Imanol se acercó y abrazó al asustado Simón.

-No temas, mi amor. En mi caserío te aclararé todo. Hoy te quiero más que a nadie. Hoy te comprendo más que nunca. Hoy, y para siempre, yo soy tú.

El cachorro y el papaoso se besaron.

AUTOR: MAJSINGLE82

MAIL: mabarakin@yahoo.es

La primera vez que mame una verga

La historia se remonta a la epoca de mi adolescencia en Caracas, yo recibia clases de matematica y fisica en un instituto en Chacaito y vivia en Altamira, zonas relativamente cercanas. Normalmente la gente iba de una a la otra en carro o en autobus, lo ultimo era mi caso ya que no tenia edad para coducir.

La cosa es que, un dia los buses tardaban mucho y decidi irme caminando. Luego de como media hora de caminata, se me acerco un tipo de mediana edad, blanco de cabello negro y comenzamos a hablar sobre cualquier cosa, seguimos caminando y me dijo “vamos por aqui que es mas corto” lo cual me parecio raro porque nos desviabamos de la via principal, pero como el me habia caido bien le dije que si.

Nos fuimos por una subida la cual mientras mas caminabamos, mas obscura se hacia. De pronto el me dice …esperate que tengo ganas de orinar…yo le dije que ok y que me alejaria para que orinara tranquilo, a lo que me contesto no te preocupes, no hay problema quedate aqui conmigo…eso me gusto y acepte, sentia curiosidad en ver como seria su pinga…

El se bajo el cierre del pantalon y saco una pinga bella y divina, blanca, estaba flacida por lo que se apreciaba su bello y delicioso prepucio. No pude evitar que mis ojos se clavaran en tan bello animal. Por supuesto el se dio cuenta inmediatamente y comenzo a masturbarse lentamente…veia como su rosada y gruesa cabeza entraba y salia del capuyo que formaba su prepucio y yo observaba como esa verga comenzaba a ponerse dura…el me dijo, “ven acercate”…en ese momento, casi me da algo, mi corazon empezo a palpitar muy rapidamente y mi pinga se endurecio como nunca antes lo habia hecho…

Le hice caso y me acerque, el me agarro la mano y la puso sobre su bello pene…”tocalo’, me dijo…”juega con el, te gusta?” Le dije que si y acto seguido estaba arrodillado en frente de el chupandole esa dura y rica pinga con un placer indescriptible, su sabor era una mezcla de salado con un punto de dulce, se notaba que habia orinado varias veces a lo largo del dia, imagino que esto era lo que le daba ese sabor saladito tan divino…se lo mame, se lo mame y se lo mame, le echaba para atras y para adelante ese rico prepucio con mi boca, mientras lo hacia me sentia en la gloria, era el manjar mas rico que mis labios habian probado hasta ese dia…de pronto me dijo que el queria chuparmelo a mi, me dio mucho morbo que me lo chupara en la calle y como me tenia tan exitado accedi inmediatamente, me abri el cierre del pantalon y saque mi pinga, estaba tan dura que me costo sacarla del pantalon, pense que se iba a partir. Luego de eso senti el calor y la humedad de una boca maestra chupandome la verga, que clase de mamada me dio…afortunadamente siempre he sido un poco tardio para acabar, pero cuando comence a sentir las cosquillas en el tronco de mi verga le dije que por favor parara y me dejara a mi seguir lo que habia empezado, que necesitaba que el me llenara la boca de leche…el me miro un momento y me dijo que si, que me lo habia ganado.

Agarre nuevamente su mienbro el cual estaba otra vez flacido y comence a chuparlo, de nuevo senti como se endurecia en mi boca, eso me exito mas aun y comence a mamar su pinga con un loco frenesi a la vez que a masturbarme, empece a saborear su liquido lubricante, salado vizcoso, salia bastante, al punto que mis labios se sentian mas resbalosos cada minuto que pasaba. Despues de un rato, me dijo que iba a acabar, que me iba a llenar la boca de leche tal como se lo habia pedido…senti como su leche salia a borbotones y me llenaba la boca al punto que o respiraba solo por la nariz o me ahogaba, con aquel liquido tan divino, caliente, amargo y salado al mismo tiempo, lo cual me hizo acabar a mi tambien, senti que bote toda la leche que tenia en mi cuerpo. Era la primera vez que probaba la leche de un hombre. Han pasado mas de 20 anios y todavia recuerdo su rico sabor como si hubiera sido ayer…

Luego de que ambos nos guardamos nuestros agotados penes, el me pidio mi nuemro de telefono, pero como en aquella epoca no exitian los telefonos celulares, tendria que darle el de mi casa, lo cual me hizo pensar en que mis padres atendieran la llamada y comenzaran a sospechar algo, se preguntarian porque me llamaba un hombre maduro a casa diciendo que era mi amigo…por lo que le dije que no se lo podia dar, pero, que nos podiamos ver cada ciertos dias en ese mismo sitio. El me djio que si. Pero que se iba de viaje por motivos de trabajo durante varias semanas, pero le encantaria que cuando regresara nos vieramos, pero que esta vez fuera en su casa, que tenia ganas de cojerme por ese rico culito rico que yo tenia (que de hecho tengo todavia) y llenarmelo de leche. Le dije que si por favor!!

Quedamos en que nos veriamos en tres semanas en ese mismo sitio, espere contando los minutos a que llegara el dia y acudi a la cita, pero ese dia el no llego. Volvi de nuevo al dia siguiente pero tampoco aparecio, luego otro dia mas pero nada y asi varios dias, hasta que entendi que el dia de darle mi culito era el dia en que nos conocimos y que quiza mas nunca tendria la oportunidad de que me llenar el culo de leche… Hasta el dia de hoy sigo recordando ese encuentro y pensando en como hubiera sido el proximo…como hubiera sido sentir esa pinga caliente dentro de mi culo…

Creo que nunca lo sabre, pero al menos se que disfrute de un buen chorro de leche la primera vez que mame una verga…

Espero que les hay gustado mi relato y que se masturben pensando en que yo les estoy chupando la verga y que me la estan metiendo hasta el fondo de mi culo…

Si quieren enviarme algun comentario, mi email es goso169@gmail.com

Fascinación por la gente peluda

Hola me llamo Jorge y tengo 16 años les platicare como me inicie en el mundo de los osos, yo soy un joven de cabello Rubio un poco gordito y con una fascinación por la gente peluda.

Bueno todo comenzó en la escuela un día de verano, particularmente ese día era uno de los más calurosos en verano, entre mi lista de profesores estaba mi profesor de Historia, desde el primer día en que lo vi mi verga se paró de forma estrepitosa, el era un hombre muy diferente a todos los que yo e conocido en mi corta vida era de carácter fuerte y duro un hombre de pocos amigos eso creía yo, su nombre es Alejandro, el tenía un cuerpo casi hecho por los dioses, a mi gusto, su cabello era castaño, media 1.85 cm, tenía una barba perfecta con mucho vello de macho, unos ojos entre cafés y verdes, tapados por unos lente con bastante aumento debido creo yo a su edad, aunque no se veía muy grande yo cálculo que entré los 45 y 50 años no pasaba, siempre usaba camisas de vestir de manga corta por lo que dejaba ver unos brazos muy peludos, muy varoniles, su camisa nunca estaba completamente cerrada por lo que dejaba ver un triángulo negro debajo de su cuello de una jungla de vellos muy ricos, una panza no muy grande, de un señor normal pero muy bonita, unas piernas muy fuertes y bien torneadas, unas nalgas redondas muy bien torneadas, y lo mejor de todo es que usaba siempre pantalón de vestir por lo que su bulto bastante grande eso si se dejaba ver con solo mirarlo.

Mi inspiración por ir a la escuela siempre era estar en su clase mirando su bello cuerpo, me traía vuelto loco, toda la clase me la pasaba viéndolo tratando de imaginármelo completamente desnudo, por lo que siempre estaba en mis pensamientos, sueños y en todo no dejaba de pensar en el.
Yo creía que el era un hombre varonil ya que siempre habla de sus experiencias amorosas con mujeres que el tenía por lo que siempre que el hablaba de ella me imaginaba ser ellas ya que yo lo deseaba con locura, pero siempre me mantenía al margen de que el jamás en mi vida me miraría, ya que era malo con los alumnos no era una persona muy agradable pero a un así el me prendía a más no poder mi cuerpo se estremecía con solo verlo.

Al cabo de los meses llego el verano, ya casi por terminar mi curso, por lo que estaba triste al saber que ya no estaría tomando su clase, ese día era el día en que el entregaba calificaciones, a mi en lo personal me fue terrible todo el curso debido a que no ponía atención en clase sino en su hermoso cuerpo, me llamo y me dijo estas reprobado yo me sentí decepcionado y sentí q le fallé, por lo que me fui triste a mi lugar, al final de la clase dijo que nos veríamos dos semanas después, para presentar un examen final para poder acreditar la materia, fue cuando tuve una batalla en mi mente entre sí estudiar para pasar la asignatura o hacer lo contrario para estar con el otro año, al cabo de algunos días decidí estudiar resignando me a que de todos modos no pasaría nada entre el y yo, por lo que decidí estudiar y poder acreditar la materia, fue cuando tuve una duda sobre el la guía que conseguí por lo que arme de valor y fui a verlo al cúbiculo de profesores de historia, toque la puerta tres veces y nadie me abría, pero yo escuchaba ruido de que alguien estaba allí, persistí, cuando de pronto se abrió la puerta solo un poco por lo que dejaba ver a un hombre a lo lejos viendo su monitor, yo creí que era el o alguien que me podría ayudar a encontrarlo para resolver mi duda,por lo fui a ver quien era pero de manera silenciosa para no molestar, cuando para mi sorpresa era él quien estaba sentado, y no precisamente trabajando sino viendo porno, el video era de unos hombres maduros disfrutando sus cuerpos por lo que me prendí pero el no me notaba que estaba ya que sobaba su miembro de forma vigorosa pero sobre el pantalón sin sacarlo, por lo que seguí mirando un rato más para ver que más hacia, esperando ver su miembro carnoso

De pronto se oyó que alguien abrió la puerta yo me hice como que estaba buscando a alguien, en eso mi profesor cerro rápidamente la página y disimuló, el otro profesor que entro me pregunto que que hacia allí, a lo que conteste que estaba buscado a alguien que me ayudara con una duda de mi guía, salió mi profesor a ver que pasaba se le notaba un poco nervioso, pero se veía como su miembro no dejaba de marcarsele en su pantalón de forma ya no tan dura, los dos profesores me regañaron por entrar sin permiso, pero bueno valió el regaño al ver a mi profesor sobándole su pollon.
Llego el día de el examen en el salón éramos como 25 personas, y mi profesor yo casi no estudie al imaginar q tenía una leve esperanza con mi profesor, todo el examen se me nubló el cerebro y cuando menos vi solo quedamos 5 personas, y yo solo había contestado menos de medio examen por lo que comencé a concentrarme un poco más y contestar lo que sabía, vi que dos personas más se levantaron, solo quedábamos tres personas en el salón y el profesor.

Pasaron 20 minutos y otro más se levantó, yo había contestado más de la mitad pero no todo bien, entonces no padrón ni 5 minutos cuando a última persona se levantó y que sólo con el profesor, yo estaba presionado por que no a acaba el examen, de repente vi a mi profesor enfrente muy cerca de mi.
El me pregunto que si había estudiado para el examen pero de forma muy indiferente, a lo que conteste que si, el se río con un risa chusca y burlona, yo me presione más el seguía enfrente de mi y no dejaba de mirarme.
Pasaron 10 minutos y me dijo ya entrégame tu examen y dije no profesor no lo he terminado y reprobare y tendré que repetir el año, por favor no profesor.
A lo que el contestó deja de suplicar te hubieras puesto a estudiar en vez de estarme espiando.cuando dijo eso me paralice y dije no yo no lo estaba espiando profesor usted esta confundido, contesto no te hagas pendejo yo te vi, y dije bueno y que me va a hacer, respuesta que fue contestada con una agarre de mi cabeza y la coloco entre su entrepierna y comenzó a restregarme su verga en toda mi cara, lo cubría su pantalón, yo sentía como mi verga y la suya comenzaban a tomar forma, al ser restregado sentí un olor a macho oloroso muy rico ese olor hasta el día de hoy lo recuerdo, muy bien.
Pasando el tiempo tomo mi cabeza y me jalo a manera de que mis ojos lo miraban fijamente y me dijo ya se como vas a pasar, con una mirada lujuriosa, me quito la camisa y bajo mi pantalón de forma brusca, quede sólo en bóxer.
Comenzó a quitarse su camisa y dejo al descubierto un pecho y una panza poblada de vello castaño y un poco negro, con unas axilas tan pobladas q me lance hacia ellas y comencé a lamberlas y olerlas era una sensación q me ponía muy caliente, luego baje un poco a sus tetas, eran las mejores tetas que había visto en mi vida mejor que las de actores porno, eran Rosadas y redónditas muy peludas las mame en círculos largos, el gemía de placer y se veía una carpa en su pantalón por lo que me prendí más.
Me tomo de la cabeza otra vez y la llevo a la suya, su lengua penetro mi boca y comenzó a explorarla yo comencé a acariciar su peluda espalda, mientras su barba me hacia cosquillas en mi cara.
No aguante más y baje mi bóxer dejando al aire mi miembro, a lo que correspondió y bajo su pantalón y dejo solo un bóxer guando que dejaba ver un huevo muy peludo y grandote, bajo poco a poco su bóxer y dejo al descubierto un una verga peluda a mas no poder media unos 21 cm fácilmente apreciable muy grueso, me lance como loco a deborarlo y solo me entro la mitad a mi boca inexperta, comencé a hacer lo que veo en las películas porno y lo que imaginaba en mis sueños, lambí su cabezota roja y gorda, y el se estremeció y gimió de placer, y dijo no mames que rico la chupas, a lo que yo continúe mamandosela, de pronto agarro mi cuerpo y me puso en su escritorio, yo estaba boca arriba, y omenzo lambiendo mi culo como todo un maestro de maestro le dije si profesor siga así, quiero sentirlo dentro de mi, metió un dedo bien cubierto de saliva, y comenzó a masajearme mi ano, luego metió dos y continuo, los retiro y me dio un beso negro con mucha saliva sentí mucho placer al sentir cosquillas con su barba y un escalofrío q casi me hacer correrme,luego agarro su guebo y dijo aquí va lo bueno prepárate y sin más ni más lo metió hasta el fondo y grite de dolor, continuo con un ritmo rápido cada vez más y más rápido comencé a sentir un placer tan extremo q sin tocarme la verga se me salió toda mi leche que quedo en mi estómago, y me dijo ahora voy yo, y comenzó a darle más y mas rápido a mi culo, comenzó a parar y me dio tres envestidas llenas de placer para ambos y en la tercera sentí como algo calientito se sentía en mi recto y lo saco me paro, tomo mi cabeza y la dirigió a su polla y la mame, la limpie y me trage toda su le he que se quedo en su polla.
Al final me agarro de la nuca y me dijo tienes un 6 puedes irte, tienes un culo de diez y cojiste como una gran puta que rico.
Salí del salón muy exitado. Y me fui.
Regresando de vacaciones lo vi en repetidas ocasiones pero nunca paso algo más.

Dudas por favor a este correo jorgeantoniodf_sex@hotmail.com

La primera mamada a mi padre el oso

Debo empezar por decir que Tenía unos 14 años cuando empecé a sentir por mi padre una atracción sexual, sin embargo lo que les contare a continuación sucedió cuando tenía 17 años, mi padre siempre ha sido un hombre cariñoso y de buen corazón y conmigo nunca fue la exección, el es de cuerpo fornido algo rechoncho, de pelo negro corte militar, no tan alto piel morena unos brazos muy anchos y acogedores donde evidencia la actividad musculosa de su juventud, es en todo su esplendor lo que llamamos un “gran oso” en fin por motivos de la separación entre mis padres yo vivía con mi mama, mientras los fines de semana y vacaciones estaba con papa, aunque mi papa había encontrado una nueva pareja él vivía solo. Cuando veíamos televisión el por costumbre se sentaba en el suelo a orillas del sofá. Ese día en especial Papá llegó a casa del trabajo esa noche y tenía un par de cervezas ya que siempre ha bebido con amigos en fines de semana, subió a su habitación se quito su ropa y luego bajo en bóxer haber tv. Pronto se relajado y recostó aparentemente dormido. Solo de verlo así como nunca antes lo había visto me éxito de tal manera que mi mente se nublo, el ambiente se fue tornando muy caliente y veía fijamente el bulto de mi padre que se le marcaba en su bóxer, aquella escena no la hubiese cambiado por nada en el mundo, su piel se veía tan suave y rozagante, no podía creer como un hombre de su tamaño podía causar tanta ternura y calentura junta, Sus gruesas piernas estaban abiertas. Me levanté y fui a la cocina para tomar algo y tratar de enfriarme y cuando volví, me acerqué y me senté entre las piernas de papá. Tomé un sorbo de mi bebida y luego volteé para ver si tenía alguna reacción papá aún tenía los ojos cerrados. Miré hacia abajo y vi su polla que se veía como un tronquito, toda rasurada en estado flácido. Yo no podía dejar de acercarme a ella, así que me incline de forma muy calmada tome su miembro entre mis manos “guaoo aquello fue el éxtasis” suave me incline y percibí su aroma, su carne, mi excitación estaba al máximo, mire a mi padre nuevamente haber si hacia algún gesto, sus ojos aun cerrados así q me desplace sigilosamente y esta vez mi boca se fue a la cabeza. Aquello fue la gloria, la noche era fría, solo se oía el ruido de la brisa, el ambiente se torno erótico, con mi lengua toque la cabeza suave. En ese momento papa respiro y se movió un poco. Me aparté muy nervioso y espere a ver si le molestado. Todavía parecía dormido. Ahora sentí que podía hacerlo de nuevo después de haber tomado un trago de mi bebida. Poco a poco volví de nuevo y esta vez conseguí introducir su miembro en mi boca y deje que reposara en mi boca. Ya en la boca sentía su miembro como una pulpa de carne, debo decir era algo grueso, Papá se quejó un poco, pero no se movió. Como papá no se movía y yo tenía su polla engullida me decidí a lamer su miembro y dio una pequeña aspiración. Papá seguía sin moverse pero su pene empezó a endurecer en mi boca, su miembro tomo repentinamente todo su esplendor, no es un pene enorme pues aunque no lo medí le calcule unos 17cm, pero si era bastante grueso en comparación a otros que había visto en revista e internet, Pase la lengua por la rendija de mear y vi a mi papá. Se puso una pequeña sonrisa en cara y una expresión de placer que me hizo tomar confianza y querer más de él. Yo estaba con una erección tremenda, A medida que continuaba a chupar la cabeza, una mano de papá se movió y cayó sobre la parte de atrás de mi cabeza. Aquello me dejo petrificado por un momento, pensé que sería mi final, poco a poco note que dejó permanecer allí por lo que empecé a mamar suavemente esta vez seguro. Pasaron unos largos minutos y papa empieza a soltar liquido cristalino el cual trage sin pensar yo estaba poseído, no era yo, nunca antes había sentido tanto deseo placer y sensaciones nuevas como ese momento, No estaba seguro aun de que mi padre estuviera consiente hasta que volteé mi cabeza para verlo y note q sus ojos estaban abiertos y él me mirando fijamente. Su mano me detuvo allí, él abrió mi boca con suavidad y me dijo: “espero q lo disfrutes como yo lo hare”. Yo nunca había probado antes un pene tan delicioso, sus palabras me hicieron querer más, me dijo “mientras más fuerte lo chupes mayor será la leche que te tragaras” uufff fui al cielo y vine, Hice lo que me dijo, y empecé una mamada frenética como si de un biberón se tratase. “Quiero correrme en tu garganta” me dijo a lo que asentí con mi cabeza ya que mi boca estaba ocupada, papa coloco sus dos grandes manos sobre mi cabeza y obligó a tragarme semejante animal, tieso como un palo, mi respiración se cortaba de pronto sentí como papa disparaba chorros de semen inundando mi boca con su seme, Bebí hasta la última gota pensé que todo terminaría y cuando me fui a levantar me tomo de brazo y dijo “apenas comienza” su polla empezó a endurecerse y esa noche se hicieron realidad mis mas grandes deseos eróticos, a manos de mi gran oso, padre y a hora amante….. si te gusto mi experiencia y quieres que publique lo que paso esa noche escríbeme a mi correo Ramosblackberry@gmail.com

Su primer macho

Hacía tiempo que no viajaba a la capital Caracas a hacer diligencias así que una noche planifique levantarme a eso de las tres de la madrugada para dirigirme al ya muy conocido terminal de pasajeros  en esos días estaba de  vagabundo buscando a quien cogerme ya que tenia la necesidad pero ese madrugada por cosa del destino ocurrió lo siguiente: El colector del autobús que me toco ese día era más o menos de  un metro setenta y bien gordito, calculando  yo con mi vista experta unos 110 Kg bien distribuidos en el rechoncho cuerpo de quien se convertiría en mi amante ese día.

Yo solo lo mire como si nada ya que obviamente no debía levantar sospechas quedaría como el propio maricon,  luego note que una  mirada se dirigía hacia mí y ¡wow! que sorpresa era el colector que me miraba como con ganas de decir algo(…que chico más lindo desearía darle mi culo virgen a él se ve tan macho…).

Luego hizo un acto algo extraño que levanto mas mis sospechas les cobro a  todo el mundo menos a mi yo aproveche y en un billete de veinte escribí mi numero de celular, el se acerca a mí y le doy el billete de veinte señalándole  mi numero escrito en dicho billete el capta la señal e inmediatamente guarda mi numero en su móvil. Llegando a caracas el me mira  nuevamente y como diciendo chao macho bello espero el momento para llamarte y decirte lo mucho que te deseo.

A eso de las tres de  la tarde veo un número desconocido en la pantalla de mi móvil atiendo y sorpresa era el hermoso colector que dijo llamarse Mario  hablamos un rato y me propuso que lo esperara en la parada donde me había dejado, así fue lo espere, no menos de media hora, cuando lo veo llegar bien vestidito con su camisita de leñador unos pantalones bien ajustados  y mirándome con una carita de victoria que solo él la podía expresar.

Mario es un chico de 19 años de buen porte como a mí me gustan es  todo un cachorro al que no vacile en invitar al sitio que transcurría hace años con mi ex pareja. Realice todos los procesos para poder entrar en dicho sitio.

Dentro de la habitación y con mas intimidad procedí a desnudarme por completo y luego a ayudarle a él a quitarse toda la ropa primero su camisa luego el cinturón después el pantalón bien apretado y por ultimo ese rico bóxer de color azul. Dejando al descubierto ese hermoso y voluptuoso y velludo cuerpo.  Al cual procedí a tocar con mis manos a llevarlo a estados de éxtasis, de tanta calentura sin decir ni una palabra solo con nuestros lenguajes corporales lo tire sutilmente a la cama mientras él me miraba con inocencia. note la hermosa erección llena del más brillante liquido pre seminal jamás visto en mi vida, su pene no  era tan grande más o menos como de 16 cm bien grueso y cual chupe con fervor hasta más no poder  después que le chupe su delicioso miembro le saque toda la leche tragándome ese dulce néctar de niño deseoso saboreando cada c/c de semen en mi boca confieso que jamás lo había hecho  pero ese niño virgen me lo pedía a gritos así que procedí con tanta calentura y mi pene a reventar  le metí los dedos en el culo hasta lubricarlo y dilatarlo con un buen gel de aloe luego lo puse a mamar Guevo hasta que mi pene largara liquido pre seminal lo saque de su boca y  lo dirigí a su virgen y nuevo culo y le empecé a meter solamente la  cabecita.

Se erizaba! se estremecía! de placer me decía (PAPI QUE RICO) jadeando mientras  le hacía cariño y le rosaba las tetillas todo al rito de mi clavaba luego lo saque me eche mas del liquido gel de aloe lo metí de nuevo y sentí como ese culo virgen y gordito se tragaba mi Guevo en su totalidad hasta el tronquito ese bebe suspiraba como el solo puede hacerlo  “¡ahhhhh!” escuchaba sus  jadeos de placer, ese placer que sentía de ser cogido por su primer macho un macho que lo haría sentir amado, transcurrió el tiempo y cogiéndomelo como por 30 minutos no soportar más ese apretadito, suavecito y nuevo culo. Y le solté 5 disparos de rica espesa, caliente y morbosa leche. Cada vez que soltaba  un disparo de semen el gemía y así con cada uno de las descargas, jadeaba de placer al saber que su macho lo preño como debía ser.

Este fue nuestro primer encuentro si deseas leer  más de mi historia con Mario envíen comentarios  a vearhunter@gmail.com

Un Osito que vende leche

Vivo en un piso diez, en un edificio de apartamentos. Tengo 35 años y me considero un hombre, hecho y derecho, de pelo en pecho y voz masculina. Sin embargo, mi hombría ha sufrido serias sacudidas desde que paso lo qules contare.

A unos  pocos pisos arriba del mío, vive una familia cuyo jefe se dedica a la distribución y venda de jugos y leche en cartón. El es un señor de unos  55 años, gordo y muy serio, mas bien tímido. Sus hijos suelen ayudarlo en su trabajo que requiere gran fuerza física y amabilidad con la gente. De ellos, Manuel* es especial por varias razones.  Lo recuerdo cuando apenas iba a la secuela primaria, siempre fie gordito y con una sonrisa muy simpática, de hoyuelos en la mejillas y todo. Aun que sus hermanos es el mas extrovertido, no deja de ser un muchacho tímido y de pocas palabras, muy respetuoso, tratando a todo mundo de “usted”, y con frecuencia prefiriendo sonreír pícaramente en ves de dar algún comentario en una conversación. En verdad es muy agradable el chico. Aunque debo decir que ya no es un muchachito. Tiene unos 22 años. Y es cierto que muchos a esa edad siguen teniendo apariencia y contextura juvenil, pero Manuel es diferente. Fiel a su herencia genética, es un muchacho corpulento, si, con signos de gordura, pero no demasiados. Una barriga grande pero en su lugar, no colgante, un pecho amplio y definido, igual que sus brazos y antebrazos, de tanto trabajar cargando peso con su padre. La verdad que no fue sino hasta hace un par de mese que me fije que ¡Vaya!  El chico había crecido, y ahora parecía todo un hombre, con abundante barba y voz gruesa, y un interesante mecho de vello que afloraba siempre por el cuello de su camisa, no importa que tan alto fuera este. Me preguntaba ¿Cómo seria por dentro, si por fuera lucia tan bien? Pronto quedaría satisfecha mi curiosidad.

En cuanto a la vida social del muchachote este, era muy atento con las muchachas del edificio, pero nunca lo había visto con actitudes románticas con alguna en particular. También había observado que desde hace tiempo había aprendido a codearse y atener amistad con los hombres maduros del bloque que solían estar siempre en estacionamiento atendiendo sus automóviles, jugando domino o haciendo nada. Especialmente era admirable el trato tan amistoso y de respeto que estos caballeros dispensaban a Manuel, que yo atribuía a la buena reputación de su papa y lo solidario que era con todos ellos.

Un día los visite porque tenían un problema con la computadora y la conexión a internet y me llamaron, sabiendo que yo soy bueno en esa área. Por fin les visito y quien abrió la puerta fue Manuel. Fue algo que nunca olvidare, una foto instantánea que mis ojos tomaron, pues el chico esta sin camisa, solo en bermudas, y ¡Era un toro impresionante! Sus pectorales estaban llenos de una selva de pelos lisos y largos, y estos pectorales, con forma un poco cónica en la parte de abajo terminaban en dos enormes tetillas oscuras, redondeadas pero sobresalientes del resto de la masa. Sus pectorales eran como dos enormes trozos de carne, de solomo, listos para ser devorados. Luego estaba su prominente abdomen: nada de panzas colgantes, sino una barrida de oso muy peluda y un grande y profundo agujero en su parte baja central, a lo que llamamos ombligo.

Al verme, el completo esa visón con una sonrisa muy picara y diciendo “hola, pasa” se dio la vuelta y entonces vi el espectáculo completo: una enorme espalda, que se hacia mas aguda en la cintura, llena de pelos; tanto que parecía, con el reflejo de la luz, una mancha de algo oscuro. Era verdaderamente velludo el gran miguel: vello en los hombros los bíceps, los antebrazos, y donde ya dije. Y para terminar la visión, aquella vista de su espaldota terminaba en lo que empezaban a ser sus nalgas, que estaban en buena forma, y que por lo que se podía ver, también estaban llenas de pelos. ¡Wow! ¿Cómo seria lo que no puedo ver? Me decía una y otra vez mientras revisaba la computadora.

El estuvo todo ese rato, mientras yo trabaja, sentado junto a mi, callado, observado. De vez en cuando hacia alguna pregunta. Y yo con gusto aprovechaba para hablar algo con el. En un momento se fue y volvió con una vaso de jugo que parecía que se iba a quebrase en esa enorme mano de el. Yo lo acepte y el me devolvió mi agradecimiento con una sonrisa. De pronto hizo un gesto con su cara y dijo “ ¡Huy que pena, yo estoy sin camisa y no me había dado cuenta!” así que se fue a su cuarto a buscar una, mientras yo decía en mi mente “¡noooooooo!”.

Me fui. Ese día la pase pensado en lo grandote y machote que estaba Manuel. Y no tardo en presentarse otra oportunidad volver a su casa para hacer ajustes a la computadora relacionado con Internet. Cuando llege etsa segunda vez, Manuel estaba igual que antes, sin camisa, y con un pantalón jean que, al estar sin cinturón, también dejaban ver el comienzo de su trasero. Solo que en una de esas el fue al baño y volvió, y dejo su cremallera medio abierta sin darse cuenta, de modo que en una de esas y sin proponérmelo mucho, mis ojos tropezaron con aquel hueco en su pantalón que al el esta sentado, dejaban ver… no un interior, sino ¡Una maraña de pelos! El muchacho no tenía ropa interior, y es que claro, estaba en su casa, pero ¿aquello serian cosas de alguien que parece ser tan tímido y pudoroso? Esta vez no se preocupo por ponerse camisa, y mientras yo estaba sentado el se recostó, encorvándose un poco, por la parte de atrás de mi silla. Sinceramente yo estaba muy nervioso. De pronto llamaron por teléfono y el fue a una de las habitaciones de la casa a contestar. Mientras el se tardaba, aproveche para dar una ojeada (pues la curiosidad me venció) a su bandeja de entrada de correo electrónico, que había dejado abierto mientras yo usaba la computadora. Y me llamo la atención en particular un par de emails provenientes de un vecino del edificio, de unos 60 años muy bien conservado y que yo ya había visto que lo trataba con mucho cariño de amigos. No me puse a leerlo ahí, solo los descargue a mi pendrive y me los lleve a casa.

Estaba ansioso por leerlos, y ¡que sorpresota! No los copiare aquí por que quiero mantener la identidad e los implicados confidenciales, pero en uno de los emails, el hombre le decía a Manuel: “Nunca la había pasado tan bien desde que estuvimos juntos. Aun recuerdo que te portaste como un buen chico complaciéndome en todo lo que te pedí que hicieras. Ser cogido por ti ha sido una experiencia maravillosa. Quiero que vuelvas a visitarme este fin de semana que mi mujer no va a estar”. Aquello, lo demás, me causo tanta excitación… imaginarme a ese tipo de 60 mamándole el pene y luego siendo penetrado por Manuel… palabra que tuve que parame al baño porque estuve apunto de ensuciar mis pantalones con senda eyaculada.

Al rato Manuel me llamo de nuevo para decirme que quería que le enseñara algo sobre la computadora, y yo subí de inmediato, pero ahora me sentía diferente con el. Estábamos solos. Y yo sabia ya que a aquel mastodonte no le daba ningún problema hacerlo con otros osos como el. Entonces, como soy un tipo rudo y poco romántico y experto en esas mariqueras, de una le pregunte: “Manuel, ¿tu tienes novia, o has tenido antes?”. El me dijo que no. “O sea que eres 0 Km?”. A lo que el contesto como yo me imagine que lo haría: “¿Cómo es eso?”.  El dialogo siguió algo así:

-Es decir, que nunca has tenido relaciones sexuales

-Bueno, este… no.

-¿Seguro? Porque ya me imagino que con lo bien que te ves, mas de una estará por ahí regalándosete

El no contesto, pero si se sonrió y se puso rojo. Entonces yo, como en tono de broma y lanzando el anzuelo le dije: “A menos que lo que te gusten sean los tipos… ¿o tu les gustas a ellos? Porque te digo, hoy se ve de todo.” Entonces, estando el atrás, me puso la mano en mi hombro y me dijo: “A usted le digo porque le tengo confianza y para que me de su opinión. Si un hombre se lo mete a otro hombre y deja que el le haga a uno sexo oral, eso no quiere decir que uno es gay ¿verdad?”. Yo me quede frio. Aquello no era normal en Manuel. Me di cuenta de que aquella experiencia con el tipo mayor lo tenia preocupado.

Yo, en vez de darle mi opinión le pregunte “¿Tu como te consideras?”. Dando a entender que de alguna manera yo sabia porque me estaba preguntado eso. El contesto: “Coño… yo no me considero gay, pero la verdad es que me gusto. Gocé una bola. Y el mas.”. “Sera por que lo haces bien. Además a algunos tipos machos nos  gusta ver como se siente. Es por curiosidad, no es que seamos  gay”. Al incluirme en la paquete, el se quedo perplejo, viéndome. Y Antes de que se pusiera complicada la cosa le dije: “Me pregunto como la habrá pasado de verdad aquel viejo contigo. Además depende que como lo hagas es que se puede decir si eres gay o no.” El se sonrió, pero con mas esmero esta vez y se quedo callado. Hubo un silencio y yo seguí tecleando la computadora. Y de pronto lo que tanto esperaba. Su voz y una pregunta muy clara que me hace:

-¿Quiere probar?

-Claro que si. Gracias por preguntar, galán –le conteste.

>>>Continuara…

Escríbeme a osoviril@yahoo.com para que me digas que te parece esta experiencia real y para mas datos.

*Se ha cambiado el nombre para proteger la identidad del muchacho

Un albañil muy fornido

Esta historia empezó cuando me dedicaba a repartir publicidad por los buzones de mi ciudad, me recorría todas las calles dejando en todos los buzones todo tipo de panfletos y cuartillas en las que se vendían milagros a precios súper rebajados. Cada día pasaba por una calle donde había un edificio en obras y aunque nunca me han llamado la atención los hombres trabajando semidesnudos;  allí vi a un hombre al cual le tuve que dedicar mas de una paja cuando llegaba a casa. Lo vi trabajar sin camisa y esa imagen se me grabaría en la mente por mucho tiempo. Era un hombre alto, fornido, tenia cuerpo de atleta. Se notaba en su cuerpo el trabajo de esfuerzo que vendría realizando desde hacia años, tenia una abdominal totalmente plana y un pecho muy musculado el cual estaba totalmente cubierto por una gran mata de pelos castaño, como su cabello que aunque ya empezaba a escasear estaba prácticamente rapado de una forma muy masculina. No se si fue porque yo era muy descarado o porque él sabia de que iba, pero rápidamente se dio de mis miradas y cada vez que pasaba por allí era él el que me miraba en vez de yo a él, pero no como yo querría que me mirase, se ponía serio y parecía que quisiese ahuyentarme con su mirada. Parecía enfadado por que yo le mirase y se notaba molesto por lo que yo dejé de mirarlo para no tener que pasar por una situación desagradable. Pasó un tiempo y un  buen día mientras pasaba cerca de la obra mientras  introducía publicidad en un buzón  alguien se acerco por mi espalda, me puse algo nervioso ya que de algún modo temía que pudiese ser él, me revolví y estaba allí mirándome a la cara con gesto serio y sin decirme nada, dada la situación tan violenta tuve que tomar la iniciativa yo y le dije;

¿Si?

¿Quería algo?

A lo que él me respondió;

No, nada solo quería hacerte una pregunta, me he dado cuenta que todos los días cuando pasas me miras ¿Nos conocemos o algo?

Yo me quedé sin palabras y en mi mente solo había una frase “tierra trágame”, pero tímidamente respondí; No lo se, yo a usted no lo miro, igual le ha parecido a usted, ¿Cree que me conoce de algo o mi cara le parece familiar?

De una forma seca me dijo: no, no creo que te conozca de nada, pensé que me mirabas porque te gustaba.

En ese momento mis nervios estaban a punto de estallar, no sabia como salir de esa encerrona y por su mirada temía lo peor ya que su cara seria me daba  mala espina.

Entonces respondí:

No, no es el caso.

Poco convencido insistió y me dijo que si estaba seguro de lo que le estaba diciendo y me dijo:

Pues yo creo que tu estas muy bien y que tienes un buen culo. Cuando escuché esas palabras vi una luz de esperanza y ya mas seguro de mi mismo pude contestarle de la forma que tal vez él hubiese querido desde el primer momento. Pues si te gusta, igual te lo dejo probar…

Rápidamente miró a ambos lados y me dijo:

Apunta este teléfono y luego a partir de las 8 llámame, me dio su numero, se disculpo por no tener tiempo y  se fue corriendo a continuar con su trabajo.

Pasé todo el día pensando en lo ocurrido, con dudas de si esa propuesta sería en serio o tal vez seria una trampa para vengarse de mi por haberle mirado, pues era muy serio, tenia una barba de dos días que le realzaba un mentón provinente y ocultaba un lunar en la mejilla. Su voz era muy grave, muy masculina, era todo un hombre de unos treinta y tantos. En su cara resaltaban sus ojos azules que para nada mostraban inocencia.

Pasaron las horas y se acercaba la hora de tener que llamar, mis dudas eran cada vez mas fuertes pero tenia que probar así que sin darle mas vueltas a la cabeza lo llamé. Respondió al teléfono y yo solo pude decir hola, entonces él enseguida me pregunto: ¿Eres el chico de la publicidad? A lo que le respondí que si, enseguida su siguiente pregunta fue ¿Tienes sitio? Sorprendido pero decidido le respondí que si y él directamente me empezó a preguntar por la dirección y como vernos. En menos de un minuto de conversación ya tenia mi dirección y ya habíamos quedado, fue todo muy rápido, apenas me dejó hablar fue como un interrogatorio. Estaba a punto de despedirse cuando le corté y dije: Perdona pero… ¿Cómo te llamas? Entonces se disculpó y me dijo que se llamaba Javi.

Un cuarto de hora mas tarde como habíamos quedado sonó el timbre de mi puerta, abrí y era él, con timidez me dijo hola y entro. Cerré la puerta y la timidez se quedó fuera pues nada mas cerrar la puerta empezó a desabrocharse la camisa y mostrando su pecho cubierto de esa mata de pelos que tan atractivo lo hacía. Sin poder ni indicarle donde estaba el dormitorio me cogió por detrás y empezó a sobarme el culo de una forma bastante bruta, era un hombre fuerte y me controlaba como quería así que me forzó para ponerme de rodillas justo a la altura de su polla. Se bajó los pantalones y los calzoncillos y me dijo chupamela. La tenia durísima y muy gorda, tanto que dudé en que me cabiera entera. Empecé a comérsela como si de un caramelo se tratase, era enorme, dejaba deslizar mis labios por su glande mientras con mi lengua acariciaba la punta. Él hacía fuerza para intentar metérmela hasta el fondo pero yo que no estaba preparado para poder meterme ese rabo tan grande en la boca retiraba la cabeza hacia atrás, ahí fue cuando el me cogió de la cabeza e impulsando su miembro me la metió hasta el fondo. Poco mas y me ahogo, aun recuerdo la sensación que sentí al tocar su pene  mi campanilla, en un acto reflejo me saqué su polla de la boca y le propuse ir a la cama. Con un gesto serio solo me contestó ¿Dónde? Le pedí que me siguiera y lo conduje hacia la cama, comencé a desnudarme y lo invité a que él lo hiciera también. Una vez desnudos, se acercó a mi y puso su aparato en mi boca y sin decir nada entendí que lo que quería era que continuase. Seguí con lo que había dejado a medias tomando mis precauciones para que no me pasase tan desagradable situación como loa que me había pasado momentos antes. Pasaba mi lengua por todo su tranca e intentaba mirarlo a la cara para ver su reacción, su gesto era bastante violento, podría decir que me miraba hasta con desprecio pero al mismo tiempo mordía su labio inferior haciéndome saber que estaba disfrutando. De nuevo empezó a coger mi cabeza intentando meter todo su nardo en mi boca y a pesar de mis intentos por evitarlo al final se salía con la suya y me metía su rabo hasta el fondo sin poder metérmelo entero como intentaba. De vez en cuando conseguía librarme de sus brazos y podía sacármela de la boca y pasaba mi lengua por todo su instrumento, lamiéndole también esas dos bolas cubiertas de pelo que le colgaban  mientras mis manos se perdían por su pecho lobo.

No decía nada y su gesto era serio y brusco como el empujón que me dio para separarme de él y tenderme sobre la cama. Me cogió con sus brazos y me dio la vuelta, me fue incorporando para ponerme a cuatro patas, se impregno la mano con su saliva y me untó el culo. Con sus manos separó mis nalgas y me metió su instrumento. Fue tanto el dolor que sentí que no pude evitar pegar un grito y  retirar mi culo para evitar que continuase, inmediatamente puso sus manos en mis caderas y con fuerza no dejaba separarme. En ese momento estaba sintiendo un dolor impresionante pero parecía que poco le importaba a él que me sujetaba con fuerza mientras iba dando sacudidas sin parar, me estaba metiendo casi toda su polla dentro de mi culo. Notaba su tronco gordo dentro de mi, notaba como se iba llenando de sangre y cada vez era mas gordo, era evidente la excitación de mi compañero a pesar del silencio con el que me estaba follando. Poco a poco fui relajándome y disfrutando de la follada que me estaba metiendo ese hombre tan macho y tan rudo. Logré separarme de él y quise llevar las riendas yo, cosa que me resultó muy difícil, pero si conseguí poder tumbarlo boca arriba para poder montarme encima de él y cabalgar encima suya como si de un caballo se tratase. Introduje su nardo en mi culo sin dificultad alguna y empecé a mover mi culo, su gesto no cambiaba pero de buena tinta sabia yo esto le iba a gustar. Empecé a moverme rápido y bruscamente como veía que le gustaba a él, que con sus manos en mi cintura iba marcando el ritmo al que me iba penetrando. Con mi mano derecha empecé a masturbarme y con la izquierda acariciaba su peludo cuerpo que tanto me gustaba. Pasaba mi mano de arriba abajo deteniéndome en su torso de macho, aceleraba el ritmo pero su gesto continuaba siendo el mismo, solo de vez en cuando me propinaba una sacudida mas fuerte llegándome a introducir toda su polla en mi culo. Esta era mi oportunidad, podía magrearlo mientras me follaba y aunque por algún pequeño momento me sentía utilizado, sus pollazos hacían olvidarme de cualquier pensamiento que no me hiciera disfrutar. Yo seguía moviéndome mientras miraba sus ojos azules y su gesto inexpresivo, cuando vi que le cambió la cara, entonces me levanto y sacó su tranca de mi, me tumbó hacia arriba y me levantó las piernas, de nuevo se escupió en la mano para ponerme su saliva en mi ano, introdujo su falo y mientras sujetaba mis piernas continuó con la faena.

Yo estaba disfrutando como un loco, miraba su pecho y su cara tan masculinas y eso solo me hacían ponerme cachondo, iba masturbándome mientras él me iba follando era tanto el placer que estaba sintiendo que no pude aguantar casi, segundos mas tarde mi leche salió de mi polla impregnando mi ombligo. Creo que eso a él le tubo que excitar ya que aceleró el ritmo y sus sacudidas eran cada vez mas fuertes, hasta que sacó su nabo y con un ligero movimiento de muñeca empezó a escupir leche de su polla. Expulsó con tal fuerza que llegó a untarme la cara en el primer lechazo caliente y húmedo, eso le debió de inspirar, dado que  continuó meneándosela y siguió escupiendo mientras iba acercando su gran polla a mi cara y con su voz grave y masculina me dijo: Cométela que es toda para ti, me introdujo su pene en mi boca y fue llenándola de su semen. Una vez había expulsado todo su contenido se tendió en la cama a mi lado sin mediar palabra, estuvimos así un par de minutos sin decirnos nada, entonces me levanté y fui al baño a por papel higiénico para limpiar nuestros cuerpos. Cuando volví con el papel él ya estaba medio vestido y con su peculiar forma de hablar me dijo que tenia que marcharse y así lo hizo.

No volví a saber nada mas de él nunca, le llamé varias veces pero jamás me cogió el teléfono. Por sus gestos y sus pocas palabras entendí que habria sido una escapadita de un hetero pero me dió igual; ya que hombres tan masculinos como Javi y con ese cuerpo que me follen cuando quieran  y  aunque se vayan después , me dará igual.

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Mi nuevo amigo William

Hola, soy Carmelo, tengo 53 años y soy de Puerto Rico. No acostumbro salir desde que comencé mis estudios postgraduados y, ahora que me gradué pensé que salir a compartir con mi concuñado y algunos de sus amigos no sería mala idea.  Eran, aproximadamente, las siete de la noche y la barra donde estos comparten los viernes la cierran a las ocho (8:00pm).  Nos tomamos unas cuantas cervezas y sin darme cuenta dieron las 8:00 y noté que el dueño de la barra cerraba las ventanas, fue entonces que decidí ir a una barra cercana, pero me fui sólo.  De momento no pensé en detenerme allí, pero vi algo que me llamó la atención y no quería perder la oportunidad de verlo de cerca.  Era un joven bastante robusto, un poco pasado de peso y bien parecido que hablaba con un amigo en la puerta de la barra.  Entré y pedí una cerveza, mis ojos no dejaban de mirar aquel monumento, pero de repente se despidió de sus amigos y se fue.  No era de este pueblo y lo acompañaba otro joven, menos apuesto que mi gordito.  Me quedé con los deseos de conocerle, pero, esto no termina aquí.  
En el grupo que compartía con aquel joven había un hombre mayor, algunos 50 años, gordito bien distribuido y con un bulto que al verlo me impresionó.   No era muy alto, pero se notaba que tenía algo bueno debajo de la ropa.  Después de varias horas allí el hombre se acercó y me preguntó si podía usar la silla que yo tenía al frente, le dije que no había inconveniente y se sentó cerca de mí.  
Wao, pensé tantas cosas para poder entablar una conversación, pero no fue necesario, ya que entre sus amigos había un señor mucho mayor que él y cantaba a capela canciones del ayer.  Todos le aplaudimos y comentábamos lo bien que lo hacía.  En eso mi hombre me comentó que cuando ese señor era joven cantaba con un trío de voces y guitarras y que aún conservaba su bonita voz.  Fue entonces que aquel viejecito decidió marcharse por que su hijo le apresuraba.  Me estaba quedando cada vez más a solas con mi gordito.  Cada vez que le miraba a los ojos me detenía para que notara que me gustaba.  Él también me miraba de la misma manera.  Entre las charlas que tuvimos me torné un poco suelto de manos y cada vez que podía le tocaba en los hombros.  Hubo un momento en que el levantó su brazo para tomar un sorbo de su cerveza y mi mano quedó pegada del mismo, aproveché para con mis dedos juguetear con los vellos de su brazo.  Mi hombre no se inmutó y seguimos hablando de distintos temas, especialmente de sexo con mujeres, que yo no avalaba, pero le seguí su juego.  Hablaba de que necesitaba que alguien le regalara una pareja de gallo y gallina para comenzar una crianza en su nueva casa.  Su casa estaba a medio terminar y se la entregarían dentro de dos semanas.  Yo le comenté que yo tenía una crianza de gallinas y que si las buscaba yo se las regalaba.  De inmediato me dijo que cuándo podía pasar a buscarlas y yo le dije que cuando quisiera.  Me sugirió que las buscáramos en ese momento, pero yo le dije que no podía porque mi esposa estaba durmiendo y no quería llegar con personas a esa hora.  
Dentro de la conversación, que no era entre nosotros únicamente, porque se unió otro señor que se había quedado sólo en su mesa y decidió acercarse, surgió el tema de la impotencia sexual, y el dueño de la barra ofreció un remedio.  La cáscara de Almácigo Rojo hervida servía como una Viagra.  Mi gordito dijo, “a mi me hace falta porque no se me para” yo le interrumpí y le dije, “cómo es posible que un hombre tan joven como usted tenga ese problema” me dijo que la diabetes y la presión arterial alta le afectaron su funcionamiento y ya no podía sostener relaciones.  En un momento pensé que había estado perdiendo mi tiempo, pero la atracción era tan grande que en mis adentros me decía que no importaba, que aunque fuera flácido tenía que tener aquel bulto que tanto me había llamado la atención.  En eso le interrumpí y le dije, “hace mucho rato que estamos hablando y no nos hemos presentado, yo soy Carmelo”, él me respondió, yo soy William y nos dimos las manos.  Continuamos la conversación y él me dice, “¿me acompañas a buscar cáscara de Almácigo Rojo?”.  De inmediato le dije que sí, y él seguía insistiendo en que fuera con él a buscar el dichoso árbol, y yo seguía diciéndole que sí.  Ya iba viendo que su intención era salir a solas conmigo.  Estuvimos allí hasta que dieron las 11:30pm y el dueño de la barra comenzó a cerrar ventanas y puertas.  Mi amigo, o sea, mi gordito, mi hombre, William, me invitó a seguir a la próxima barra que cerraba muy tarde en la madrugada. Nos acompaño aquel otro señor que se había unido en nuestra conversación.  
Una vez allí nos tomamos una cerveza y nuestro auto-invitado se retiró a hablar con otras personas que se reunían fuera de la barra.  Ahora nos quedamos completamente solos.  William me preguntó que cómo le parecía su amistad y sin pensarlo le dije que le consideraba un ser especial porque tenía un ángel muy agradable.  Volvió a insistir, ¿pero, te agrado?, sí, le respondí, ¿Te gusto?, claro que sí, le dije.  Volvió a preguntarme “¿te gusto como hombre?, síííííííí’, le dije sin pensarlo.  Me dijo, ¿que hacemos?, pues vamos a tu casa, le dije, pues ya sabía que no estaba habitada.  Me dijo, sígueme. Y le seguí hasta su casa.  No entramos porque el sitio es tan solitario que nos quedamos frente a ésta.  No dudé en abrazarme a él y comérmelo en un beso que comenzó nuestro momento de pasión.  Mi mano se me fue hacia su paquete que era enorme, y estaba parado.  Le dije “me mentiste al decirme que no se te paraba”, y me dijo que no quería ilusionarme hasta que se diera el momento.  Yo le pregunté que si yo le había gustado y me dijo que durante toda la noche se daba cuenta de mis miradas, y que él también sentía lo mismo.  
Ya dejamos de hablar y empecé a vivir aquel cuerpo que tanto me gustó y que se desnudaba para dejarme disfrutar de aquel pecho velludo, su panza bastante pronunciada y aquel descomunal animal que colgaba en su entrepierna.  Es muy grueso y largo, su tronco es mucho más grueso que los que yo había visto en toda mi vida.  Me arrodillé y me metí aquel hermoso glande en mi boca, casi no me cabía, lo fui tragando poco a poco hasta que lo pude meter completo en mi boca, que delicia, me moría por hacerlo y se me dio.  Sus huevos son redonditos y muy duros.  Besé toda su extensión y traté de meterme sus huevos a mi boca, pero no me lo permitió.  Seguí mamando aquel manjar que me sabía a la gloria.  Ya me desesperaba por tener su leche en mi boca, pero me dijo, creo que no me voy a venir porque hemos bebido mucho y se me está bajando.  Entonces me incorporé y volví a besarlo, esta vez más apasionado y con mi mano le masturbaba, se le puso muy dura y gemía de placer, en eso descargó en mi mano y bajé a buscar el néctar que tanto había deseado.  Logré tragarme bastante de su sabrosa leche y luego le besé y me masturbé para completar aquel momento  de placer que no sé si volveré a vivir.  Lo que les cuento pasó anoche. Le di mi número de celular, pero no sé si me llamará.  Estaré esperando porque me prometió que en nuestro próximo encuentro quería metérmela toda.  Eso espero y que sea pronto, les contaré si sucede.