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Mi primer buen verano

Jueves, enero 11th, 2007

Hola. Soy Sandra y tengo 19 años. A veces, o casi siempre me da vergüenza reconocer que me gusta esto. Quiero decir que nadie sabe que me meto en chats eróticos desde hace años, pero en realidad yo no lo veo tan mal. Me gusta mucho el sexo pero tengo que reconocer que no lo practico mucho. Mi experiencia se resume en un par de polvos alguno mejor que otro, masturbaciones diarias, algún que otro resfregón con mi profe particular de literatura que está como un queso y a veces me escribe poemas y el resto al cine X y mi ciberamantes que no veas qué imaginación más placentera. Esto ocurrió hace unos tres años en unas vacaciones. Ya no vamos tan a menudo, pero hace unos años, cada vez que había un puente, en Semana Santa y sobre todo en verano, mis padres, mi hermano Ã?lvaro, mis tíos Luis y Marta y mi primo Diego, nos íbamos de acampada a una playa del sur. Montábamos las tiendas de campaña y pasábamos varios días allí. Cuando éramos niños, mi primo, mi hermano y yo lo pasábamos en grande haciendo de la playa nuestro paraíso, jugábamos a los náufragos, a los socorristas, hacíamos cuevas con piedras y arena o dibujábamos grandes circuitos en la arena para jugar dentro de ellos. Éramos la pandilla de los tres. Pero este año empezaba de un modo diferente. Cuando llegamos a la playa y vi a mi primo me asombré porque había crecido mucho en apenas un año, ya no era Dieguito, ahora era un chaval de catorce años con un bonito cuerpo, no muy alto pero formado, con el pelo ondulado cayéndole por las mejillas y una infantil pero pícara mirada. Cuando llegamos mis tíos ya habían acampado, Diego salió corriendo del mar a recibirnos, con el agua deslizándose por su pecho brillante, el pelo goteándole sobre la cara y el bañador… buff el bañador. Supongo que yo también habría crecido para él ya que le llevaba dos años; las últimas vacaciones con ellos yo ya tenía pecho y unas curvas que el chico miró más de una vez haciéndome sentir importante, ese año yo estaba más desarrollada pero… ahora era diferente porque fue él quien esta vez cautivo mi mirada.

-Hola Sandra- su voz estaba empezando a cambiar
-Hola Diego, cuánto has crecido primo- y lo abracé.

Seguía siendo un niño, porque su abrazo me recordó a los de años pasados, cariñoso, inocente pero desde el cuerpo de un hombrecito. Aflojé el abrazo que intenté disimular como inocente y me acerqué a saludar a mis tíos.
Después de acampar y ponernos los bañadores decidimos dar una vuelta por la playa, pensé que mi hermano Ã?lvaro vendría con nosotros pero prefirió acercarse a un grupo de bañistas muy monas que jugaban al bolley-playa en la arena. Habían cambiado muchas cosas. Diego actuaba como el mismo niño que era años pasados, su cuerpo había cambiado pero a él le quedaba mucho todavía por aprender, Ã?lvaro siempre había sido mi hermano protector, sólo nos llevábamos un año y eso hacía que tuviéramos muchas cosas en común, gustos, curiosidades, música, amigos… descubríamos juntos la vida y nos apoyábamos el uno en el otro para escalar por ella pero ahora Ã?lvaro estaba en esa edad en la que empezaban a interesarle las chicas, como a mí los hombres, pero él lo hacía de un modo que a veces a mí me hacía sentir excluida de su vida; no me contaba lo que hacía y ya no siempre me dejaba salir con él y sus amigos. No me apetecía quedarme en la orilla con Diego a tirar piedras al agua y contar los botes que daba antes de hundirse, ya no era divertido, quería acercarme a jugar con Ã?lvaro y las chicas pero mi hermano no me había invitado y yo como buena pava era muy orgullosa. Miré a primo y le dije.

-¿Nos bañamos?
-Vale- y salió corriendo hasta zambullirse de cabeza a pocos metros de la orilla, sacó la cabeza y empezó a salpicarme con el agua fría para hacer más difícil mi entrada al mar.
-Estáte quieto Diego, no seas niñato- y como no paraba me sumergí de golpe en el agua.

Nade rápido mar adentro para deshacerme del incordio de mi primo y cuando lo hube dejado atrás haciendo absurdas piruetas en la orilla dejé que mi cuerpo se balanceara con las olas. Me gustaba la caricia del mar y en un impulso adolescente miré alrededor, me quité el bañador y después de enrollarlo en mi muñeca para no perderlo empecé a nadar desnuda en paralelo a la orilla. Estaba alejados del campamento y el grupo de chicas que estaban con mi hermano se veían al fondo de la playa como pequeños muñecos de futbolín danzando. Volví la vista para buscar a Diego en la orilla pero no lo vi. Me puse de espalda y haciendo el muerto sobre la superficie del mar dejé que el sol de media tarde espiara mi desnudo. Estaba cálida con los brazos extendidos y las piernas entreabiertas, sentía las olas intentando colarse entre mis piernas, haciéndome cosquillas, me gustaba. En ese momento de relajación casi erótica la cabeza de Diego surgió de las profundidades apareciendo entre mis piernas y agarrándome los tobillos, “¡Tú eres tonto niño!� grité y me sumergí de golpe para evitar que me viera desnuda pero ya era demasiado tarde. Él no se lo esperaba, sólo venía a jugar como un niño, quería hacerme una ahogadilla y no había podido porque al agarrarme los tobillos se encontró de frente con mi desnudo. Lo miré enfadada y cuando iba a gritarle de nuevo diciéndole que era un estúpido idiota vi como dos lágrimas avergonzadas se escapaban de sus ojos.

-Lo siento Sandra, no sabía que…. perdóname…- y se dio la vuelta para regresar a la orilla.
-Espera Diego, no te vayas- me había roto el corazón, pobrecillo- ven, no te vayas.

Nadó lento de nuevo hacia mí y se paró a más de medio metro de donde yo estaba.

-Siento, haberte gritado, es que me asusté, no te esperaba- me miraba sonrojado sin decir nada- ¿me perdonas?
-Yo no tengo nada que perdonarte prima, perdóname tú porque…- miró el agua que envolvía mi cuerpo desnudo y después miró mi bañador en la muñeca…- no sabía que estabas así.
- ¿Así, cómo Diego?- empecé a jugar con él para ver qué le pasaba. Miré la playa, el campamento estaba lejos y �lvaro jugaba olvidado de su pequeña hermana- dime Diego ¿así cómo?
-Así- me señaló con un gesto de cabeza- ya sabes…-era un niño, le avergonzaba decirlo.
-Desnuda, Diego, la palabra es desnuda.
-…ya lo sabía pero me da corte- se sumergió para que no viera como se había puesto colorado, aproveché y me acerqué a él.
-Has crecido mucho Dieguito, seguro que ya tienes novia.
-No todavía no…
-No, con lo guapo que eres seguro que muchas chicas quieren ser tu novia.- me apoyé sobre sus hombros y extendí mi cuerpo hacia atrás dejando que el sol viera mis nalgas- ¿no te lo ha pedido ninguna chica del cole, Diego?
-No,…-titubeó- bueno una vez Carol, la de la segunda fila, me dio un beso en el recreo cuando marqué un gol, a mí me dio vergüenza pero nada más.
-¿Sólo te besó?
-Sí
-¿Dónde? ¿Aquí?- y le besé sensual la mejilla. Tardó en responder
-No- me miró y se llevó los dedos a los labios- aquí
-¿Y fue así?- me acerqué y besé sus labios, deslicé la lengua sobre ellos y se la metí en la boca, apreté y empecé a moverla muy sensual y juguetona, él no sabía que hacer- mueve la lengua, Diego, intenta enredarla con la mía- y seguí pegándole el lote. Él se animó y sin dejar de mover los pies y los brazos para no hundirse, absorbía mi lengua y se dejaba enseñar-

-¿Te habían dado alguna vez un beso así, primo, con lengua?
-No- susurró
-Entonces tampoco habrás visto nunca una mujer desnuda-
-No, bueno a mamá a veces y en las revistas pero de verdad no.
- ¿Quieres mirarme, Dieguito?- y sin que me respondiera volví a hacer el cristo sacando todo mi cuerpo a la superficie del agua para que mi pobre primito viera a la primera mujer desnuda de su vida de verdad.

Me miró de arriba abajo, no sonreía, su expresión era una mueca de sorpresa, agradecimiento y vergüenza, me recorría palmo a palmo con los ojos, vi que se detenía a mirarme los pechos con los pezones tiesos por el contacto del agua y la excitación que me daba mi primo al mirarme. Siguió mirando mi vientre y cuando llegó al vello de mi entrepierna miró de reojo, suspiró y me miró a la cara sin decir nada. Me moví en horizontal hacia él, pasé una pierna por encima de su cabeza y lo dejé entre mis piernas, de frente a mi conejito que ya estaba húmedo y salado, no precisamente por el mar. “¿Lo ves bien ahí Diego?� y se lo acerqué más a la cara “¿esto tampoco lo habías visto nunca verdad?�, negó con la cabeza, sudaba y respiraba tan rápido que su aliento me llegaba al choco, “seguro que te gustaría tocarlo, venga hombre, aprovecha�, e inocentemente, con miedo a que mis labios vaginales excitados y abiertos le succionaran las manos, acercó sus dedos y acarició suavemente, me estremecí a su contacto. En una película de esas pornos yo había visto como un hombre le tocaba a una mujer el chocho y después la hacía gemir dándole gusto con su picha y con los dedos, había visto un par de veces a mis padres en su dormitorio, una vez un chico del colegio un par de cursos mayor que yo que se sentaba conmigo en el autobús del cole, me dijo que si le dejaba tocarme por debajo de la falda el me dejaría tocarle los calzoncillos. Estaba sobre el mar, el sol me caía en los pechos y la barriga y Diego me acariciaba cada vez con menos vergüenza. En el autobús con mi compañero, cuando me tocó un rato noté un calor en las bragas que me subía hasta la barriga y así aprendí que tocándome como él me daba gusto. Ahora no era yo la que me lo daba, era como en las películas que había visto, era Dieguito que me frotaba curioso y agradecido, empecé a gemir y pensé que tenía que aprovecharme de aquel momento de inocentes descubrimientos. Gemí cuando en su exploración encontró ese botoncito que tanto me gusta apretarme y mi cuerpo empezó a temblar, miré hacia la playa y vi que no nos echaban en falta, miré a Diego que seguía embobado en mi sexo y vi la cala que sobresalía a unos cien metros de nosotros.

-¿Me acompañas, primo, quiero enseñarte una cosita?- lo besé con lengua unos segundos y nadé hacia el risco-

Llegó unos minutos después que yo y le costó subir. Me había colocado en un recodo de forma que veíamos la playa pero el perfil de la cala nos ocultaba y no se nos veía desde la arena. Diego salió del agua respirando acelerado, cansado por la nadada inesperada. Se quedó de pie mirando intentando recuperar el aire. Lo miré. Que bonito era. El agua sobre su piel, el sol haciéndolo brillar, el bañador… buff, el bañador se le pegaba al cuerpo por el agua, le marcaba la superficie del calzoncillo de red interior descubriendo una adolescencia curiosa. Estaba sentada de frente a él y abrí las piernas para invitarlo, “acércate mi amorâ€?, se acercó y se quedó mirándome desde arriba, aún no se había empalmado pero me miraba celoso, “¿por qué no te quitas el bañador primo?â€?, y empezó a bajárselo, se desprendió de él y siguió de pie mirándome de arriba abajo. Tenía una pija no muy grande, estaba arrugadita y una pielecilla le colgaba delante, como a mi hermano cuando lo vi saliendo de la ducha hacía poco, era larguita pero finita y no la tenía tiesa como las de la peli pero a veces se le movía un poco.

-Diego, ¿se te pone dura la cuca? Ya eres un hombrecito, seguro que ya te tocas- me pasé las manos por el chumino para relajarlo.- ¿se te pone dura y se te empina, Dieguito?
-Sí, a veces, por las mañanas,… y por la noche si me toco, a veces veo la tele y si salen chicas guapas pues…
-Y cuando se te empina ¿qué haces?
-No sé…-bajó la cabeza avergonzado- me toco solo…
-Diego, tu eres mi primo favorito lo sabes…
-Sí…
-Me encanta verte ahí desnudo, me gusta…-quería hacerme la experta y me seguí tocando el chocho y las tetas- verdad que si te pido que hagas cositas para mí, tú que me quieres me las haces ¿verdad Dieguito?
-Claro dime…- su voz sonaba temerosa pero tan inocente que le sonreí.
-Tócate para mí, quédate ahí de pie y tócate como a ti te gusta y ver cómo se te pone durita…

Tardó en reaccionar, miró alrededor por si nos veían y tímido e inexperto se cogió la pilila y empezó a frotársela. Lo hacía de modo diferente que en las películas. Las mujeres de la tele la agarran con toda la mano y aprietan de arriba abajo muchas veces, las cucas crecen y entonces ellas tocan la punta y las agitan hasta que el hombre gime y se los meten el en la boca o en el chocho. Diego no se la tocaba así, él se pasaba la manita y se apretaba la punta, ya se le estaba empinando y se la cogió con las dos manos, no me miraba, creo que le daba mucha vergüenza.

-Ven primito, siéntate aquí y sigue, estarás más cómodo- le hice sitio a mi lado y me obedeció sin soltarse la pichila. Lo miré y lo besé en la boca, ya sabía como tenía que seguir y su lengua empezó a enrollarse en la mía- ¿seguro que nunca te ha tocado la pollita una chica, vedad mi niño?
-No,- sólo su respuesta en gemido avergonzado fue un ruego.
-Y seguro que te gustaría que tu primita te acariciara ¿verdad?
-Si

Le retiré la mano del tolete y lo agarré. Qué maravilla, estaba sorprendida, estaba dura, muy caliente, temblaba cuando la acaricié, nunca había hecho algo así pero aquel tacto me gustó así que siguiendo lo aprendido en la tele empecé a subir y a bajar mi mano cerrada sobre su pija dura, Dieguito empezó a gimotear y empecé a menear más rápido, la punta la tenía muy roja y le goteaba unas gotita amirillitas, Diego gemía y creí que le hacía daño pero no paré, „¿Te gusta primo?‰, me miró y sonrió sinceramente, no podía hablar y asintió con la cabeza cerrando los ojos y suspirando profundamente cuando llevé la mano hasta abajo del todo y las apreté contra los huevillos duros. Me gustaba mucho hacer aquello, era divertido, mi primo estaba disfrutando como un loco y yo sentía mi chumino goteándose todo. Cada vez su glande estaba más hinchado y cuando lo tocaba Diego se removía y gemía más fuerte; me acordé de las chicas de las pelis y como vi que seguía goteando su agujeruto de la punta, me acerqué y con la lengua empecé a chuparlas, Dieguito se derrumbó sobre las rocas y yo al sentir el sabor de su cuca en mi boca y saber que eso a los machos les gusta, porque en los chats de internet lo dicen mucho, volví a chupar varias veces y después me la metí en la boca. Eso lo había visto. Hay que cerrar los labios y apretar con ellos de arriba abajo, como si fuera un chupete largo, me cabía casi toda en la boca pero cuando subía hasta el capullito y bajaba rápido apretando, la punta me daba en la garganta, me ahogué pero después seguí porque Diego estaba muy empalmado y quería verlo gozar. Yo tenía el chocho muy baboso y empecé a tocarme mientras le chupaba pero de pronto noté una mano intentando sustituir la mía, era Diego, le cogí los dedos y le marqué el ritmo como a mí me gusta hacérmelo sin sacarme su polla de la boca y girando mi culo hacia su cara, dejé que me tocara él solo, volví mis manos a su polla dura a punto de estallar. Me la tragué varias veces y con las manos empujaba su piel hasta abajo, apretándole los huevos hasta que en una de mis succiones noté como los huevos se contraían y algo, como una ola desde ellos, subía por el rabo, lo sentí caliente subir por debajo de mis manos, no sabía qué era pero seguro que a mi primo le estaba gustando porque gemía mucho así que meneé las manos más rápido y sin que pudiera reaccionar se derramó justo cuando me la había metido entera de nuevo en la boca, me llenó la garganta y empecé a tragar para no ahogarme, como vi que cuanto más movía las manos y seguía tragando Dieguito más decía siiii, mmmmm,aahhhh,siiii, continué chupando hasta que dejó de salirle el chorro. Tenía un sabor raro pero me gustó aquello caliente desbordándose dentro de mi boca escuchando el placer del chico sin dejar de tocarme.

-¿Te ha gustado primo?
-Sí mucho- seguía tocándome pero más despacio.

Me senté bocarriba con las piernas abiertas y cogí su mano.

-Sé que te ha gustado Dieguito- meneé sus manos por toda mi raja mojada- pero si quieres que vuelva a hacértelo otra vez vas a tener que hacerme el gusto a mí- me miró inocente incorporándose. Lo besé violentamente con la lengua hasta la garganta y bajé su cabeza a mis tetas- chupa, Diego, como si fuera tu mamá y quisieras comer de mí

Empezó a chupar como un bebé hambriento y cuando le apreté la cara contra mis tersos pezones empezó a juguetear con ellos y su lengua.

-¿Qué más sabes hacer con la lengua, primo?
-¿Cómo?- no me entendía

Bajé su cabeza hasta mi vientre, se dejaba hacer así que seguí empujándolo y lo miré. “Enséñame lo que sabes hacer con esa lengüita, métesela a la primita en el chumino, como en la boca, muévela dentro….â€?

Empezó a chuparme despacio, a girar la lengua en punta sobre mi clítoris y se atrevió a metérmela y moverla dentro, rápido, con fuerza como yo se la había metido en la boca. Me gustaba mucho sentir a primo lamiéndome toda, chupándome los labios, la vulva, el clítoris. Estaba muy salida y le llevé los dedos a la raja del chocho, no sabía si metérselos porque yo no me los meto muy adentro y no sabía qué iba a hacerme él pero su lengua en mi botoncito me tenía muy salida así que aproveché mis flujos y empecé a empujarle el dedo índice en mi vagina, el sólo lo movía cuando yo le movía la mano así que perdí el miedo y dejé que siguiera meneando la lengua dándome escalofrías en el clítoris y moví con más fuerza su dedito en mi coñito. “¡Qué gusto, mmmm!â€?, el gemido fue incontrolado “síí, Diego, sigue así, mmmmm ¡qué gusto me das! sigue Diego, no pares porfavor, sigue, sííí…â€?. Me vine en gemidos y con unos chorros que nunca había echado al tocarme a solas, estaba agotada, pero los espasmos de mi cuerpo continuaron hasta que me vacié. Dieguito seguía lamiéndome como un perrito, recogiéndome toda por las ingles, secándome, me pasaba los dedos y seguía chupando por si salía más, me contorsionaba en sus caricias y él seguía juguetón, inocente, descubriendo los movimientos de mi sexo cada vez que lo tocaba, lo mira absorto, sonriendo como ante un regalo deseado. Chupaba y me miraba para ver qué hacía yo y yo lo acariciaba por la frente, con las piernas abiertas, atrapado por mi olor vaginal, lamiendo goloso. Después de un tierno momento de caricias, se recostó sobre mi barriga y susurró.

-Gracias, prima, nunca lo olvidaré.

Lo retiré de mi vientre, me incliné y lo besé en los labios.

-Enjuágate la boca antes de volver, tienes mis ricitos pegajosos en la lengua y hueles a conejito a gusto.

Volví a besarlo y salté desde la cala al mar. Regresé sin mirar si Diego me seguía. Quería hacerme la experta pero en realidad mi primo me enseñó que me da más gusto que me toquen otros que hacerlo yo solita.

Sandra.

Mi primera vez

Jueves, enero 11th, 2007

Hola me llamo Gilberto tengo 15 y mi primera vez fue hace un año con mi prima de 14 años.
Acababa de acabar segundo de secundaria y vivía con mi prima Karla, éramos buenos amigos nos llevábamos bien.
Siempre me había gustado ya que es una chica hermosa, gûera ojos cafés y unas piernas bien formadas y rosas no le quería decir que me gustaba, pero un día estabamos solos viendo la tele en mi cuarto y ella me dijo ya viste la segunda noche? A lo que conteste que ya, me dijo hay que ponerla y puso el disco.
Cuando estabamos viendo la película ella me dijo al ver una escena donde se besan y tienen sexo-¿que se sentirá?, Ya que nunca habíamos tenido sexo le conteste que no sabia. Transcurrieron unos quince minutos y tarde en explicarme por que me había preguntado eso después de un rato ella me dijo:
- y si lo intentamos
Me puse muy caliente por lo que me había dicho pero mas por su falda que casi no dejaba nada a la imaginación, entonces le dije:
-es en serio
-bueno si tu quieres- me contesto
Para ese momento yo traía ya el pene bien erecto y ella no dejaba de mirarme ni yo a ella. De repente puso mi mano en sus piernas y me pregunto que sentia a lo que respondi que sus piernas eran muy suaves y firmes.
Empecé a besarla primero su maravilloso cuello.
Su mirada era tan tierna que supe que estaba muy excitada.
Se bajo la falda, aparto un oso de peluche de la cama y se abrió de piernas, no lo pense mas y decidí desnudarme, ella me siguió. Ya desnuda la senté en la cama y sin dejar de besarla la jale hacia mi de tal manera que su clítoris tocaba mi pene. Le dije que lo agarrara y lo metiera algo que hizo al instante. Empece a empujar hacia ella y escuchaba su respiración acelerarse, de repente la saque y la volví a meter dentro de su preciosa y lampiña vagina solo para sentir lo caliente que era su vagina.
Ella solo me besaba y decía lo rico que sentía. Le pregunte:
-te gusta
-si mucho
-que sientes
-rico pero no la saques
-no no la voy a sacar
Seguí moviéndome y vi como ella se recostaba hacia atrás y serraba los ojos para tener su primer orgasmo. En ese momento no pude contenerme mas y comencé a venirme dentro de ella. Nos habíamos venido juntos y estabamos muy cansados así que nos quedamos dormidos unas dos horas.
Seguimos teniendo sexo unos 6 meses hasta que se fue a vivir al Ajusco con su papá.
Si te gusto enviame un correo a question2424@hotmail.com

Mi prima del interior

Jueves, enero 11th, 2007

Esta historia que voy a contar sucedio un sabado por la noche, durante el verano pasado…
Resulta que tengo una prima (en realidad es prima de mi viejo, pero como es menor que yo siempre nos tratamos de primos). Ella vive bastante lejos de casa en un pueblo pequeño de una provincia vecina, y como nosotros tenemos todas las comodidades de la ciudad, ella disfruta viniendo de vacaciones a casa durante el verano. Ella es bastante atractiva, 18 años, cabello castaño oscuro, tez blanca, ojos marrones, buena cola, piernas largas pero bien formadas y un par de tetas realmente desproporcionadas para su delgada figura, lo que ha provocado mil y una fantasias, y una gran dificultad para mantener una conversacion con ella si desviar la vista de su rostro…
Como otras tantas veces ese verano mi prima vino a pasar unos dias (bah, semanas!) a casa, y como otras tantas se disponia salir a bailar con mi hermana y unas amigas. Era su ultima noche, ya que el domingo tenia que viajar nuevamente a su pueblo.
Como sus padres no la dejan tatuarse, aprovecha cuando esta con nosotros para que yo le tatue algo con tinta lavable, y esa noche me pidio que le dibuje algo antes de salir. Los tatuajes eran siempre en zonas discretas del cuerpo como los brazos, el tobillo o, lo mas osado: el ombligo.
Esa noche yo estaba en mi habitacion haciendo no recuerdo que cuando entra mi prima y me pide que le haga un sol alrededor del ombligo. Como ya se lo habia dibujado antes ella ya sabia lo que tenia que hacer, se recosto boca arriba en mi cama y yo arrodillado a en el piso a un lado de la cama comence a trabajar. Antes habia notado una ligera intraquilidad de ella cuando nos encontrabamos en esta situacion, pero siempre crei que tal vez er! an ideas mias, producto de la excitacion que me provocaba tener su sexo tan cerca de mi rostro durante esos momentos. Termine el dibujo sin novedades, normal, pero me sorprendi un poco cuando luego de verse el ombligo me dice:
-¿Te animas a dibujarme algo el cuello?
(Dude un instante)
-Si, ¿Porque no?¿Que queres que te dibuje?
(Le dije mientras pensaba en lo cerca que podria estar de sus labios ahora)
-No se, algun bicho… una araña!
-¿Una araña?¿Asi como subiendo por tu cuello?
-Claro!, una de esas culonas y con las patas largas ¿Te sale?
-Por supuesto, sentate y a ver como nos acomodamos…
Se sento en el borde de la cama y yo al lado de ella, se corrio el pelo hacia atras descubriendo su cuello y me lo entrego inclinado la cabeza. En seguida me puse trazar la silueta de la araña mientras, por momentos miraba su escote y besaba sus labios con el pensamiento. Ya comenzaba a exitarme cuando interrumpe mis pensamientos preguntandome:
-¿Y?¿Como va?
-Bien, pero no hables que se me mueve todo sino…
(Yo “hacia tiempo” para poder disfrutar mas del panorama, dibujando con la mayor paciencia que podia)
Comence a notar que la respiracion de ella se habia acelerado ligeramente y que por momentos mantenia los ojos cerrados, la idea de que ella se estubiera exitando tambien me encendia aun mas y ya comenzaba a perder el pulso. Termine de una vez con la araña y luego se fue al espejo del baño para verla. Pense que era todo, pero me sorprendio cuando volvio y me pidio que le dibujara una rosa, esta vez muy cerca de su pecho izquierdo. Cuando me lo pidio no sabia que contestar, ya me habia insinuado antes que queria tatuarse algo en ese lugar pero trate de no pensar mucho en eso.
-¿En serio? (Le dije)
-Si, ¿Te animas?
-Pero mira que tengo que apoyar la mano mantener la piel tirante…
-Ya se… pero no te olvides que soy tu prima, eh?
¡Para que me lo dijo!?, eso hizo que mis fantasias sobre sus pechos me volvieran a exitar.
Nuevamente se sento en la cama, yo me arrodille en el piso frente a ella y me acomode para comenzar a dibujar. Ella tenia puesto una remerita sin mangas con breteles delgados, por lo que no fue incoveniente encontrar la mejor posicion: con mi mano izquierda y solo apoyando mis dedos indice y pulgar, estira ligeramente la piel mientras con la derecha tomaba el marcador. Comence a dibujar y al poco tiempo noto que otra vez su respiracion se aceleraba, ella matenia los ojos cerrados y disimuladamente se mordia el labio inferior. Mi exitacion comenzo a crecer y suave y lentamente apoyaba mas dedos de mi mano izquierda sobre su pecho mientras seguia dibujando. Cuando termine el dibujo, me quede unos intantes con la mano en su pecho y, viendo que ella no abria los ojos, con mi dedo pulgar lentamente comence a buscar el pezon debajo de la remerita. Cuando lo encuentro estaba endurecido, lo que delataba la excitación de mi prima, con mi otra mano le bajo el bretel descubriendo su pecho para poder chuparselo. Al mismo tiempo ella lleva su mano derecha hacia su entrepierna, yo la detengo y espio bajo su falda cuando separa las piernas y deslizo mi mano izquierda bajo la falda hasta tocar su ropa interior con la punta de los dedos. Ella se descubre el pecho derecho y comienza a masajearselo apretandolo y pellizcandose el pezón, mientras yo con una mano le estrujaba el otro pecho, con la boca succionaba y jugaba con mi lengua en el pezon y con la otra mano habia logrado hacer a un lado la tanga y comenzaba jugar su clitoris. Mi mano izquierda urgaba en su sexo intruduciendo mis dedos indice y mayor en su vagina mientras con el pulgar acariciaba su clitoris ya hinchado y exigente de placer. Ahora ella ponia las manos en mi nuca mientras yo me alternaba para saborear sus enormes tetas. A estas alturas mi pene estaba super rigido y presionaba dentro de pantalones, intintivamente apoye mi bulto en la rodilla de mi prima y comenze a frotarlo en ella como si la estuviera cojiendo, a lo que mi prima respondio estirando una mano y acariciandome el pene sobre la tela.
Lo que habia obtenido hasta el momento no era suficiente, por lo que ahora queria comer su sexo, fue asi que con mis dos manos le levante la falda y cuando me disponia a quitarle la tanga, mi prima me detiene y me dice:
-No, no, para, para!… mira si viene alguien!
Me molesto mucho su interrupcion pero despues de todo tenia razon, en casa somos muchos, tengo dos hermanas de 6 y 8 años y no habiamos hechado llave a la puerta…
-Tenes razon, perdoname… (Atine a decir)
-Me tengo que terminar de cambiar para salir con tu hermana…
Me dijo y se fue apurada, algo avergonzada por lo que habia pasado.
Un minuto despues salgo yo y voy hacia el baño, lo encuentro ocupado y trato de oir detras de la puerta antes de golpear. Escucho como, de la forma mas silencionsa posible mi prima jadea… (seguramente se masturbo en el inodoro como consuelo del encuentro inconcluso anterior) …se oye un jadeo algo mas fuerte y luego unos segundos de silencio, me alejo de la puerta y sale ella del baño avidentemente agotada por el orgasmo, cruzamos miradas complices y entra a la habitación de mi hermana.
El resto de la noche y el dia siguiente hicimos como si no hubiese pasado nada. El domingo por la tarde se tomo el micro para volver a su casa, desde entonces no la he vuelto a ver, tal vez el proximo verano terminemos lo que esa noche no pudimos…

Mi prima

Jueves, enero 11th, 2007

No tenia nada mejor que hacer, asi que no me importó ir al aeropuerto a buscar a mi prima Lucía. Me habia dicho que queria buscar un hotel en Madrid, pero yo le dije que no se preocupara porque se podia quedar en mi casa.
Cuando la vi aparecer, me sorprendió, no recordaba que fuera tan atractiva, habian pasado dos años desde la ultima vez que nos habiamos visto, y ella habia pegado un cambio impresionante. Habia adelgazado y tenia el pelo suelto y largo. Al saludarnos no nos abrazamos, nos dimos dos besos, como dos desconocidos, y eso creo que nos resultó un  poco incomodo.
De vuelta a mi casa, hablamos de cosas intrascendentes y la dije que podia quedarse en mi casa. Ella pareció ponerse un  poco nerviosa, verás, he quedado con un chico. No importa, la dije, puedes traerle a casa, ya somos mayorcitos. Gracias, Pablo, eres un sol, me contestó y me dio un beso en la mejilla.
En agradecimiento, me dijo que cenaríamos juntos, yo pensé en preparar algo en casa, no queria salir, y estaba muy a gusto con ella alli.
Asi que cenamos y con las copas de vino fueron borrandose los nervios, empezamos a hablar de más cosas, me dijo que no entendia que siendo tan guapo no tuviera novia. A mi ese cumplido no me avergonzó, más bien me excito. Estaba confundido porque ella me trataba con cariño y yo volvia a pensar solo en sexo. Asi acabo la cena.
Vienen a buscarme en media hora asi que voy a irme arreglando, me dijo, si quieres nos tomamos una copa.
El vino me habia sentado demasiado bien asi que no dude en preparar dos copas.
En el sofa, sentado y con la copa empezada, la vi entrar. Estaba impresionante. Se habia recogido el pelo en una coleta, y llevaba una camiseta de tirantes apretada con una falda negra hasta las rodillas y lo mejor de todo, unas botas altas de cuero en punta con un tacón altísimo.
Me quede embobado mirándola y mientras se acercaba creo que mire sus botas dos o tres veces. Ella sonrio, se sentia halagada, y después de dar el primer sorbo a la copa se me acercó un poco. Te contaré un secreto Pablo, no he visto nunca al tio con el que hoy voy a quedar, sólo he hablado con él por telefono.
Pero estas segura de ver a alguien asi como asi? Sólo quiero conocer gente nueva, me dijo, probar sensaciones nuevas, no sé, hablar, experimentar, el sexo, esas cosas…
Cuando dijo la palabra sexo, me excite mucho más, me separé de ella en lugar de acercarme , y Lucia riéndose apoyó sus dos piernas, con sus largas botas en mis muslos.
Dime Pablo, a ti que te gusta hacer? En la cama, me refiero?
Pegué otro trago, no podia más.
Disfrutar, sí, eso. Bueno, me da morbo que las tias no os quiteis toda la ropa.
Que tonto eres, susurró, entonces ahora te estoy dando morbo, como voy vestida, no? Y empezó a reirse. Luego se puso seria y retiro sus piernas. Yo preferia quedarme contigo Pablo, estoy muy a gusto aquí.
Como?
Somos primos, no tontos, y me doy cuenta de que como me miras, veo como te has fijado en mis botas negras y sé que te gustaria follarme, quiza desnuda, solo con esas botas que te vuelven loco.
Lucia, estás diciendo que…
No me dejó terminar. Su mano empezó a subir por mi pierna hasta tocar mi polla dura y luego la sacó y empezó a chuparla.
La quite la camiseta y el sujetador, y ella se subió al sofa y en cuclillas siguió chupandomela, solo con su falda ajustada, con los tacones manchando el sofa.
Paró, y me dijo que me desnudara, que queria probar cosas conmigo, y se quitó la falda.
Apoyó sus brazos en la mesa y miró hacia atrás, quitame las bragas pero ni se te ocurra rozar mis botas. Asi lo hice, y sin poder evitarlo empece a penetrarla mientras ella gritaba y rascaba la mesa de placer.
Me empujó hasta el sofa y alli, volvio a pisar con un  pie en el sofa, y me dijo: Acaricia mi bota, primero con tu lengua, luego besándola y por ultimo con las manos. Pensaba que iba a correrme. Ella mientras me acariciaba el pelo, satisfecha.
Te voy a follar, le dije, y entre sus piernas, con su espalda contorneándose sobre el sofa, volvi a penetrarla, con mis manos agarrando los tacones, acariciendo el cuero, y luego mordisqueando sus pezones pequeños y negros, que se mantenian duros.
Me corrí justo en el momento en que sonó el timbre.
FDO: HARRY

Las piernas de mi prima

Jueves, enero 11th, 2007

Soy de Chile y tengo 17 años, desde pequeño siempre he tenido debilidad por las piernas y pies bien formados de las mujeres, poseo un pene de 19 cm. erecto. En fin, el cuento es este: hace más o menos 3 años, cuando tenía 14 estaba de visita en la casa de mi prima, ella se parece mucho a Jennifer López para que tengan una noción, con unas tetas más bien grandes, un culo redondito y parado y lo mejor de todo: las mejores piernas del mundo, bien torneadas y sexy. Un día en la mañana entré a su cuarto para buscar algo no recuerdo que.

Ella estaba sentada de piernas cruzadas en la cama con una camisola muy corta que dejaba ver sus piernas por completo, desde los muslos hasta sus exquisitos pies. La erección fue inmediata y mi excitación fue tanta que las miré por un rato hasta que ella me preguntó que miraba, en ese momento fui corriendo al baño para masturbarme. A ella le encanta exhibir su sexy par de piernas, sobretodo a mi, por lo que después de aquella ocasión no paró de mostrármelas.

Un año más tarde, yo con 15 y ella con 14, fui nuevamente a dormir a su casa. Estaba viendo televisión en su pieza mientras ella se duchaba. Luego de un rato ella sale del baño con una toalla en la cabeza y otra tapando sus pechos y culo pero dejando las piernas desnudas por completo, en ese momento pude apreciar lo voluptuosa que ella era, no parecía tener 14 años sino 20. Entró y se sentó en la cama (yo estaba en sentado en una silla a los pies de su cama), no me miró, subió las piernas y comenzó su ritual se depilación el cual duró unos 25 minutos.

Mi miembro estaba nuevamente duro al 100% y el paquete sobresalía demasiado del pantalón, por lo que tenía que moverme constantemente para que ella no lo notara. Hice como que veía TV pero de reojo no sacaba la mirada de sus pantorrillas y muslos muy bien desarrollados, dije que iba a la cocina pero solo para no decirle que me haría la paja de mi vida.

Sus seducciones pararon cuando dejé de ir para su casa durante medio año más o menos. Pero aquí culmina el relato, pues hace 2 meses volví con mi familia a su casa para el cumpleaños de mi tía. Eran las 12 del día, entre a su cuarto para decirle algo pero ella estaba humectándose sus deliciosas piernas con crema, se había acabado de duchar y estaba vestida con una falda muy pero muy corta.

Dije perdón y me estaba retirando avergonzado, pero ella me dijo que pasara y cerrara la puerta con llave. Me senté a sus pies mientras ella masajeaba una de sus piernas en alto y formando un arco con su pie el cual estaba muy cerca de mi rostro, que claro lo hacía a propósito para excitarme y lo consiguió apenas entré a la pieza.

Comenzamos a hablar del colegio y esas cosas, pero a mi solo me interesaban sus sensuales piernas, que todavía masajeaba y su pie estaba tan cerca ahora que podía sentir con facilidad el olor de la crema. Para variar me provocaron una erección inmensa, sentía un cosquilleo muy agradable en mi pene.

De repente puso su pie izquierdo en mi muslo, yo estaba vuelto loco y ella hacía como si no pasara nada, estaba a punto de eyacular, seguimos conversando sobre la vida y la familia pero yo transpiraba de nerviosismo, cuando de pronto subió su pie hasta mis genitales preguntando:- “¿Eres igual de tímido con todas las mujeres?” e hizo un leve masaje, yo le respondí:-”Solo con las que me gustan” y ella irónicamente dijo:- “Ah ¿es por eso entonces que siento algo duro en la planta de mi pie o tienes algo en el bolsillo?”. Me puse muy nervioso, pero más que eso caliente, así que la miré fijamente y tomé aquel pie para comenzar a chuparlo, ella también empezó a excitarse, así que con el otro pie me daba un masaje muy estimulante en el pene. No podía creer que estaba pasando lo que siempre había soñado, mi prima de 16 años a la cual siempre había deseado me estaba haciendo una paja con el pie. Nos llamaron a almorzar, en la mesa no paro de tocarme con sus pies por debajo de la mesa pero lo hacía sin mirarme. En la noche había un asado de unos amigos de la familia, por lo que todos en la casa iban a salir, pero nosotros dos no, nos pusimos de acuerdo para no ir. En la noche, apenas todos se fueron fuimos a su pieza y comenzamos a comernos, le tocaba el culo y ella a mí el abdomen.

Lentamente fui bajando mis manos por sus piernas hasta llegar a sus pies, le saqué los zapatos (eran tacones blancos) y comencé a pasar mi paquete por sus piernas. Ella estaba ya muy caliente, me agarro, nos dimos un beso y me sacó la polera, me pidió me bajara los pantalones y yo le dije que lo hiciera ella.

Me bajo el cierre, toco el miembro y dijo que estaba muy caliente, me bajó los calzoncillos y se agachó. Arrodillada me dijo que era virgen y que no perdería la virginidad con un primo, le pregunté si el sexo oral estaba descartado y dijo que lo pensaría. Comenzó a masturbarme y dijo que ni en Internet había visto uno tan grande, sonrío y pasó su lengua desde la base hasta la punta del glande y luego por la cabeza que estaba muy húmeda, se lo metió en la boca, lo chupó por un minuto y se lo sacó, le pregunté porque había parado tan buena succión y replicó con que iba a terminar lo que había empezado en la mañana, puso un pie a cada lado de mi pija y comenzó a masturbarme. Estaba en el paraíso.

Tomé uno de los pies y lo introduje en mi boca, le chupaba los dedos y tocaba sus piernas mientras ella me masturbaba con el otro pie haciendo presión contra mi vientre. Le dije que estaba apunto de eyacular, le pedí que lo chupara y así poder tragarse mi semen, me dijo que ni loca y me agarró el pene apretándolo con fuerza haciendo que saliera una gota de líquido transparente y que el cabezón brillara, este estaba lleno de un liquido espumoso y se veían pequeñas burbujas a su alrededor, me miró y comenzó a pasar su lengua de una forma muy sensual por el glande limpiándome aquel líquido espeso.

Tomé nuevamente sus pies y los puse entre mis piernas, ella comenzó de nuevo con el “masaje”, acaricié sus piernas de arriba hacia abajo (muslos hasta pies) y no pasaron más de 30 segundos para que tuviera el mejor orgasmo de mi vida, ella gritó “haaayyy” pues sus pies y el cubrecama quedaron bañados por mi semen. Al final me dijo que le gustó y que me lo haría de nuevo, pero al día siguiente solo nos dijimos hola y chao.

el_flojo_@hotmail.com

La prosti de mi prima

Jueves, enero 11th, 2007

Hola soy victor para empezar, soy gúero, de ojos verdes, cabello castaño claro y rizado.

Bueno lo que les voy ha contar paso un dia como hoy en mi casa cuando estaba con mi amigo peter viendo t.v. de pronto llega mi prima sofia, triste porque habia terminado con su novio y queria que alguien la escuchara.

Empesamos hablar los tres, y me di cuenta que luego de estar conversando un rato mi prima le estaba coqueteando a mi amigo , despues ella me pidio un poco de agua y fui ala cocina por el vaso de agua , cuando regreso me doy cuenta que mi prima y peter se estaban besando , de pronto me dice mi prima :

—¡hey victor ! me quiero vengar de mi ex-novio
y yo le contesto
—y como te vas ha vengar
—no se tu como crees
de pronto habla mi amigo :
—que tal si hacemos un trio

Ella no se enojo de lo dicho por peter , ya que se conocian mejor y ella acepto gustosamente.

Luego los tres nos desnudamos y empezamos a tocar a mi prima como pulpos con manos por todas partes con tal no estaban mis padres, de pronto peter fue bajando poco a poco hasta llegar a su ponche y se la empezo a lamer con mucha suavidad y ella nos dijo que le hicieramos despacio por que era su primera vez, y yo le empeze a mamar sus tetas ya que estaban jugosas , luego de un rato ella estaba bien excitada que empezo a gritar ah,ah,ah,ah, mas mas …..

despues nos dijo que queria que la penetraran.

yo le empece a darle por el ponche y peter por el culo mientras tanto ella gemia de placer y tuvo su primer orgasmo.

Paso el tiempo y cada vez conociamos nuevas posiciones eroticas , y ella nos dijo que nunca habia probado el semen, de pronto cambiamos de posicion y ella empezo ha chuparle la verga ha peter, y el su ponche mientras yo le daba por el culo.

Estuvo asi un buen tiempo, y peter y yo cambiamos de lugar y le digo ha mi prima:

—Hey primita no conocia esas mañas tuyas
ella me contesto:
—Ya ves primito que no me conoces bien.

Y me estuvo mamando la verga un rato mientras yo gozaba como nunca,de pronto me dice peter que ya se hiba ha venir, y queria que mi prima le recibiera su semen en su linda boca mamadora, yole dije que tambien me iba a venir y Sofia se puso en posicion para racibir la leche de los dos en la boca.

Y asi fue, tuve una buena eyaculación y saque de amadre semen igual que Peter

Despues quiso mas, y tuvo varios orgasmos mas, y asi estuvimos como media hora y cuando me dijo peter que ya se hiba, ahi se acabo todo Ella paso la noche conmigo ya que habia pedido permiso ha sus padres y los mios no llegarian poe que andavan de viaje. Ya un poco adormitados ella me confeso que no tenia novio, que queria saber que se sentia tener relaciones sexuales con dos hombres a la vez. Despues de esos momentos de placer repetimos el trio cada vez que podemos y esta sola mi casa.

ESPERO Y LES HAYA GUSTADO MI HISTORIA.

arkangel_668@hotmail.com

Con mi prima

Jueves, enero 11th, 2007

Hola, me llamo José luis y esta es mi historia. Tengo 17 años, ahora les voy a contar como me coji a mi prima. Ella se llama michelle, es un año mayor que yo. No tiene un cuerpo de modelo, sus tetas no son tan gandes, pero tiene un culo para morirse. Hasta hace poco yo nada mas la veia como mi prima, pero un dia todo cambio.

Yo siempre voy a donde mi tia Kathia a pasar unas semanas de vacaciones, pues alli vive mi primo Mario con quien nos la pasamos todo el dia en el PS2 o jugando futbol.

A comienzos de año fui a quedarme una semana, todo comenzo normal, como siempre estabamos todo el dia jugando o mirando tele, y en la noche llegaba mi tio Julio y Michelle de la universidad y cenabamos todos. Luego saliamos a la plaza que estaba alli cerca a jugar un rato mas, Michelle salia con nosotros dos a veces, cuando estaban sus amigas.

Los primeros 4 dias pasaron normales, pero el 5to… cenamos como siempre, y Mario se fue a la plaza, yo me quede a ver una pelicula que habia rentado tio Julio, luego iba a la plaza. Mi tia salio afuera a hablar con la vecina, puro chisme de viejas. Mi tio estaba en el estudio viendo sus facturas y pagos. Cuando termino la pelicula me estaba preparando para salir, fui al baño a peinarme un poco y entre sin tocar la puerta. Entre de golpe y alli estaba Michelle, toda mojada y desnuda, supuse que iba a gritar y yo salir corriendo, pero nada mas nos quedamos viendo por unos 10 segundos. Parece que le dio verguenza y agarro una toalla y se fue corriendo a su alcoba. Yo la segui, pero en plan de pedirle disculpas, entre y estaba sentada en su cama cuando iba a abrir mi boca ella se paro y cerro la puerta, me hizo señas de callarme. Me pregunto bien despacio que si me habia gustado lo que vi, y yo solo asenti con la cabeza, entonces solto la toalla que la cubria y se me acerco mas, para este momento yo ya tenia una erección majestuosa y se notaba por mis shorts deportivos. Entonces me agarro la cabeza y me metio un besote que me dejo seco, yo la agarre de su cinturita y la apegue mas a mi, para que sienta mi pene. Me saque la playera que traia y me comenzo a besar el cuello y siguio bajando hasta llegar abajo de mi ombligo, alli le agarre la cabeza y la subi, le aprete vada una de sus hermosas nalgas con mis manos y la alce, ella como la puta que es se engarzo en mi cintura y me comenzo a besar de nuevo. Estuvimos asi unos 5 minutos mientras yo le tocaba hasta el alma, y le metia hasta tres dedos a su culito jugoso.

Luego con un poco de torpeza la tire sobre la cama y me apoye sobre mis rodillas, comence a besarle las piernas, luego sus muslos y finalmente su concha que para mi deleite estaba rasurada, una conchita rosadita y jugosa. Luego de hacerla gemir un rato me quite los shorts y zapatos, quedando solo con calcetines. me subi a la cama y agarre una manta, ella me dijo que apague la luz y encienda la lampara para que parezca que estaba durmiendo. Luego de hacer esto le abri sus piernas y ella adelantada me agarro el pene con fuerza y lo guio a su conchita. Se la meti poco a poco, pero luego comence a hacerlo mas profundo y mas fuerte, pues ya sabia que ella no era virgen. Yo le tapaba la boca con mi mano para que sus gemidos no se escuchen, yo intente hacer el menor ruido posible. Luego ella con un largo gemido llego a su orgasmo, yo ya estaba por terminar, y como no tenia condon saque mi pene rapido, ella se dio cuenta y se bajo de la cama y se agacho y comenzo a meterse mi pene a su boca, era muy tarde, acabe en toda su cara, nunca habia eyaculado asi, fueron 4 chorros inmensos y luego algunos chiquitos, luego me la comenzo a mamar como loca dejandola sequita. Pero yo queria mas, le dije que me la siguiera chupando y se me volvio a endurecer, luego tome un poco de su crema para la cara y me la unte en el pene, la agarre por la cintura y la hice ponerse en cuatro patas en el piso, ella intuyendo lo que yo queria hacer se volco y me hizo señas que no. Que le iba a doler, pero yo no le di importancia y le unte crema en su culito que ya estaba mojado, se resigno y se agarro una almoahada para morder, entonces comence con 2 dedos hasta 4. Mientras le palpaba su conchita que estaba hechando jugos otra vez agarre mi pene y le meti un cuarto, ella se puso tensa y hecho un gemido de dolor mientras mordio la almohada, le dije que se tranquilizara, y segui, pronto ya estab casi toda dentro y sus gemidos de dolor se convirtieron en gemidos de placer, le gusto y comence a meterla y sacarla despacito. Al final me venia de nuevo y la saque, le di la vuelta a mi prima y la traje hacia mi, le puse mi polla entre sus tetas y alli termine, luego me miro y cogio la toalla y se fue al baño de nuevo, cuando estaba por abrir la puerta la cogi por detras y la bese de nuevo, ella me correspondio y me metio su lenguita a la oreja, eso me excito demasiado. Cuando entro al baño yo me vesti rapido y sali volando para la plaza. Desde esa noche lo hemos hecho 3 veces mas, siempre la tomo o me toma desprevenido, y ahora ya me pide que le haga el culo, le gusto a la perra. Asi me cojo a mi prima, como a una perra y siempre que la veo aunque no me la coja hago que me la mame o por lo menos le apreto el culo, pero me excita mucho como para no hacerle nada.

Alicia y su primo

Jueves, enero 11th, 2007

Pocas cosas me gustan tanto como escuchar a las chicas que he tenido (y a las que no he tenido), relatarme sus historias sexuales (por eso soy lector de esta página, donde busco a las autoras). Aquí intentaré reproducir las historias de Alicia, una chica con quien lo hice en unas vacaciones orgiásticas en Acapulquito, y que unos tres meses después se hizo amante mía. Es una chica deliciosa, y contaré su historia. En otro lado he contado aquellas vacaciones, en las que dije algunas cosas de Alicia, y ahora reproduzco un par de párrafos de aquel relato:

Alicia acababa de cumplir los 19 (por poco se los festejamos en Acapulquito), de facciones muy finitas, ojos color castaño claro, lo mismo que el cabello, casi tan bajita de estatura como Tamara (1:55) y, aunque delgada, muy bien proporcionada. En realidad, había sido una sabia elección, porque me encantaba. A pregunta nuestra, nos contó que había perdido la virginidad con un primo suyo, y que Robert y yo seríamos sus varones número 8 y 9.

Le pedí que me contara de los otros, y sonriendo picaramente dijo que sólo los enumeraría: su primo ya dicho; su profe de química en primero de prepa; un novio de 19 años; “dos españoles en Cancún”; Felipe, “aquí presente”; y… “el otro es un secreto”. Ya siendo amantes, empezó a contarme sus historia, y esta es la primera:

Miguel, como llamaremos al primo que gozó mi virginidad, era cuatro años mayor que yo, pero antes de contarte de él tengo que contarte de Juan, su hermano, que era un año mayor que yo, porque aunque no cogí con él, no todo en el sexo consiste en meterlo, y añoro aquellos años en que un roce, cualquier cosa, bastaba para enloquecerme.

De niños, Juan y yo jugábamos y peleábamos como suele ocurrir entre primos que se frecuentan mucho, y desde por ahí de los 10 años empezamos a curiosear con nuestros cuerpos. Solíamos subirnos a la azotea del edificio donde él vivía, y yo le tocaba su pequeño pene, que se ponía duro, como debe ser, y el observaba y tocaba lo mío. Aquello duró un par de meses, hasta que mi madre se enteró de alguna manera, y me dijo que eso no estaba nada bien, y tal, y lo dejé de hacer.

Pero los toqueteos de Juan y los míos habían despertado mi gusto por aquellas partes “prohibidas” de mi cuerpo, y poco a poco fui descubriendo la masturbación. No extrañé a Juan ni tuve deseos de varón, porque mis dedos me daban más placer del que había tenido en aquellos escarceos infantiles con Juanito, pero pasaron algunos años, y la teoría, las lecturas, los cursos de educación sexual, la calentura de las amigas, fueron despertando mi curiosidad.

Como es natural, Juan y yo nos separamos un poco al inicio de nuestra adolescencia (de la suya), pero seguíamos teniendo contacto. El creció y se puso más o menos guapo, y llegó un momento en que no pude menos que preguntarme qué pasaría si aquellos antiguos juegos se reanudaban, y pronto empecé a fantasear con Miguel, mucho más guapo y desarrollado que su hermanito, pero eran, o así lo pensaba yo, meras fantasías que poblaban mi mente cuando me masajeaba el clítoris.

La fantasía dejó de serlo en una tardeada-baile (como se llamaban) de la secundaria. Yo no quería ir sola, pero siendo chaparrita y sintiéndome un poco gordita, y con algunos barros en la cara, parecía que no tendría remedio. Entonces le pedí a Juan que me acompañara, como un gran favor, y que no dijera que era mi primo, y él, que me quería bien, accedió.

Como yo había pensado, Juan fue la sensación y la envidia de mis amigas. Le pedí que me besara y solo de sentir su lengua, y sus manos en mi cuerpo, y de saberme observada, me ponía cachondísima, como pocas veces antes. Mis padres pasaron por nosotros al cole, y ese día ahí terminó todo, pero yo me quedé con ganas de más, y al día siguiente, un sábado, recuerdo, fui a casa de mis primos, con el pretexto de pedirle a Juan ayuda para no se qué tarea, y luego de fingir un poco ante mis tíos, le pedí que subiéramos a la azotea de su edificio, como hacíamos mucho, para ver la ciudad, y así empezamos, como de niños, a tocarnos cada vez que nos veíamos.

Jugábamos a ser novios, a ser adultos, arriba de los cuartos de azotea, según nosotros, fuera de la mirada de las sirvientas que lo poblaban (dos o tres). Miguel, mi otro primo, dormía en el cuarto de azotea que correspondía a su departamento y era generalmente arriba de él donde nos tocábamos, a horas en que Miguel estaba en la escuela. Aquellas sesiones consistían en darnos besos y tocarnos, casi siempre el en trusa y yo con la pura falda y las tetas al aire, y las últimas veces, yo le hacía la paja. Lo malo fue que no supe enseñarle a masturbarme o, mejor, me dio miedo llevarle sus manos a mi clítoris (que yo sabía bien cómo debía tocarse), así que llegaba a casa a encerrarme en mi habitación y masturbarme como loca.

Así pasaron como dos meses, hasta que un viernes saliendo de la escuela fui a casa de Juan sin haberle avisado. Al acercarme, vi en la puerta del edificio a Miguel, que besaba a su novia, Lilí, una morena de la Uni que me parecía de lo más guapa. Alcancé a Miguel subiendo las escaleras, ya cerca de su departamento, y le pregunté por Juan. Miguel, tan guapo, que estudiaba arquitectura, no me hacía ningún caso, según creía yo, pero me equivocaba. Miguel me dijo que Juan había salido y no tardaría en llegar, que lo esperara, y entramos al departamento. Ahí estuve diez minutitos hasta que Miguel me preguntó “¿no quieres un refresco, de mi reserva?” Yo, sorprendida –primera vez que me ofrecía algo-, subí con él a su cuarto, y ahí, admiré el decorado del tugurio, y el frigobar del que extrajo una cerveza para él y una cocacola para mí. me senté en la orillita de la cama, viéndolo, admirándolo, cuando él soltó: “¿no jugarías conmigo a lo que juegas con Juan?” De entrada me asusté y le pregunté, tartamudeando, si nos había visto, y dijo que solía pajearse viendo nuestros fajes y juegos, “porque estás muy buena, primita, y eres muy cachonda”. Yo creí que se burlaba, ¿cómo él, tan guapo y tan alto y con una novia tan linda, me decía eso? Viendo que titubeaba, me ordenó (sí, me ordenó) que me parara y pidió “date una vuelta… así”, y acercó su banco hasta tenerme al alcance de su mano.

Los viernes tenía deportes, así que llevaba el uniforme de voleybol, que era lo que jugaba, debajo de la falda a cuadros de la escuela, y estaba sudada y olorosa, y apenas me había dado la media vuelta cuando él me acercó hacia sí, y hundiendo su nariz entre mis pechos, cubiertos por el jersey de deporte, aspiró profundamente y dijo: “hueles a mujer, a sexo, a ganas”. Yo no sabía si tocarlo también, o quedarme parada, pero sí supe que quería “jugar” con él, y terminar lo que Juan había empezado meses antes.

Tras olerme, se separó de mí y me pidió que me descalzara y me quitara la blusa…y el chort que llevaba bajo la falda. Yo con una voz ronca que no reconocí como mía, le dije: “sólo si me dejas verte desnudo”. Cuando él se desnudó por completo, yo obedecí sus indicaciones, quedando sólo con mi falda y mi ropa interior. Mientras me sacaba la blusa y el chort, él se había sentado otra vez y con la mano izquierda empezó a acariciarse muy despacito el pito, una tranca cuyo tamaño empezaba a asustarme. Cuando me hube quitado esas prendas, el me jaló con la derecha y me desabotonó la falda, dejándome parada frente a él, cuya cabeza estaba a la altura de la mía (él mide algo más de 1.80 y aunque yo tenía la misma estatura que ahora, me sacaba cabeza y media), y luego, su mano volvió a subir, desde mi cintura hasta mi nuca, y jalándome, me dio el primer beso de la tarde, rozando apenas sus labios con los míos, y luego introduciendo despacio su lengua entre mis dientes, tocando la mía, todo sin prisas, muy distinto de los torpes besos de Juan.

Hasta entonces moví mis manos, tocando sus hombros, su cuello, sus bien marcados pectorales. Eso no duró mucho, porque me separó de sí y me ordenó que estuviera quieta, y luego de observarme unos segundos, me ordenó que me quitará el bra, y luego me tomó la mano y empezó a besarme los dedos índice y medio. Me los besaba despacito, luego de haberme ordenado (más órdenes, carajo) que no me moviera, y luego se los metió en la boca, recorriéndolos y succionándolos muy despacio, de abajo hacia arriba, y entonces me preguntó: “¿aprendiste? Ahora haz así con mi pito”, y me llevó la cabeza hasta su miembro.

De entrada me dio asco, pero ya estaba bajo su control, y cerrando los ojos, traté de reproducir las maniobras que él había hecho con mis dedos. Con su mano, me obligó a ir despacio, muy despacio, y pronto empezó a gustarme, no el sabor (sabía a algo que luego identifiqué: a flujos de mujer y a semen: el cabrito se había cogido, un rato antes a Lilí. Por eso, también, tardaba tanto, así que más bien, debo agradecerle a Lilí lo que pasó) ni la sensación de la tranca en la boca, sino saber que ahora yo lo tenía a mi merced, que podía morir ahí mismo, y que lo estaba haciendo gozar, como mostraba la tensa rigidez que iban adquiriendo sus muslos y sus nalgas, y los gemidos que dejaba escapar. Eso y las expectativas, sentirlo, pensar lo que me esperaba, me tenían a mí también, muy caliente, y mi panochita empezaba a segregar sus jugos.

No se cuanto llevaba así cuando él me levantó, metió su mano debajo del calzón y, al sentir mi humedad, dijo: “magnífico, estás lista”, y me bajó la última prenda que cubría mi desnudez. Me acostó, y supe que ya era hora, que dos minutos después perdería aquello que toda mujer bien nacida sueña perder pronto, pero bien. Me hincó en la entrada de mi panochita la dura punta de su verga, y empezó a presionar. Yo sentía cómo se abría paso con una mezcla de emoción intensa, miedo, dolor y placer. Lo tercero fue lo que dominó cuando, luego de varios movimientos de entrada y salida de su punta, sin decir nada, ni advertirlo de manera alguna, me la metió hasta el fondo de un solo golpe.

No pude ahogar un grito, y él me mordió el lóbulo de la oreja y susurró: “aguanta, aguanta”, y se movió suave, muy suavemente, hasta que el dolor fue disminuyendo y el placer regresó. De pronto se quedó quieto, sin haber aumentado el ritmo, y supe que se había venido. Cuando leí, dos meses después, “Arráncame la vida”, supe lo que debí haber dicho: “Estuvo muy bien, pero el final no lo entendí”. No importa que no lo dijera, porque luego me ayudó el mismo Miguel a entenderlo.

Por lo pronto, él se retiró, y me estuvo acariciando los pechos, el estómago, los hombros, hasta que me fui relajando, y entonces me masturbó. Me estaba quedando dormida cuando dijo: “se va a hacer tarde y tus papás van a preguntar por ti”. Me ayudó a vestirme y antes de dejarme ir me jaló del brazo, me dio un largo beso y me ordenó “ven mañana, antes de comer. Sube sin pasar a ver a Juan”. Me fui a mi casa, adolorida y contenta, ruborosa y llena de preguntas, y claramente dispuesta a obedecerle.

por Sandokansandokan973@yahoo.com.mx

Abelardo y su familia. 2: Arcelia y Thelma

Jueves, enero 11th, 2007

(Luego de ser iniciados por su tía, Abelardo y Toño enseñan a sus angelicales primitas).

De haber sabido que Arcelia y Thelma iban a caer con tal facilidad, mucho tiempo atrás las habría desvirgado, pero no estuvo mal hacerlo con cierta, aunque mínima, preparación. Mis primas queridas eran dos ninfas en flor, deliciosas, aunque de todas las primas (nueve en total, contando a mi hermana) eran las menos llamativas. se parecían muchísimo y a mi me encantaban: bajitas de estatura (1.53 o 1.54, y no crecieron más), delgadas, muy morenas, de pelo corto y grandes ojos negros.

Las habíamos elegido porque eran nuestras grandes amigas entre todas las primas y sus jefes, mi tío Matías y su esposa Laura, nos recibían siempre en su casa y eran los menos pacatos de la generación de mi madre (descontando a Mago, “la oveja negra”).

El lunes llegamos a media mañana a casa de las primas. Todavía estaban en pijama y subimos al cuarto de la televisión mientras la fámula limpiaba la planta baja. Fue Toño quien, con habilidad, llevó la plática al tema que nos importaba, empezando a lamentar la ruptura con su noviecita de la secun, logrando que Arcelia le preguntara:

-¿Y por qué terminaron?

Toño, haciendo como que le costaba trabajo contarlo, entrecortando la voz en los momentos justos y haciendo pausas calculadas, contó algo que no era del todo cierto pero tampoco del todo falso:

-Pues… verán. Apenas si se dejaba dar besitos en los labios, sólo en los labios, y apenas si podía tomarle la mano. Novios de manita sudada, tal cual, y yo estaba que me quemaba… aunque me da pena…

-No, por favor cuéntanos -. Suplicó Thelma.

-Pues… es que los hombres, creo, somos distintos… y yo todos los días… pues me dolía… ya saben…

Hizo una pausa, sin que nadie hablara, antes de continuar.

-Un día fuimos a la fiesta de quince años de una compañerita y yo… pues me tomé un par de cubas… o sea, un cuate metió ron de contrabando y enriquecimos la coca-cola a escondidas… y me emborraché un poco… y no es que intentara forzarla, se los juro… sólo le di un beso y le agarré las nalgas sobre el vestido, pero eso bastó para que me diera una bofetada… y se fuera llorando diciendo que le había faltado al respeto… y no me habla desde entonces.

-Es que ustedes los hombres siempre están bien calientes y sólo quieren eso –dijo Arcelia.

-Yo creo que también las chicas –intervine yo-. O a lo mejor no las chicas… no se… a lo mejor no se dejan. Porque las mujeres sí: antes de que falleciera mi papá me daba cuenta que a mi mamá le gustaba, y mucho… y el otro día espié a Mago y a Cutberto, su novio… y vaya que le gustó a Mago, vaya que sí quería.

Eso último me lo inventé: nunca había espiado a Mago, pero el tal Cutbeerto era su novio semiaceptado por la familia y no dañaba a nadie con esa mentirijilla. Tras decirlo estuvimos un rato callados, hasta que Thelma, la más chica, confesó.

-Bueno, la verdad es que a mi si se me antoja, sí fantaseo con eso, pero me da terror… terror al embarazo, terror a que la gente lo sepa… y a que me duela… dicen que duele mucho.

-Si… eso dicen. Pero me gustaría ir aprendiendo sin riesgos –remató Arcelia.

-¿Y de verdad será tan bueno como dicen? –preguntó Thelma.

Tras otra larga pausa cambiamos de tema, jugamos parkasé y nos fuimos Toño y yo, que fuimos inmediatamente al tianguis de fayuca a comprar una peli porno, una que supuestamente traía siete historias de chavitas de 19, y la vimos juntos, nos masturbamos y seleccionamos la parte que les mostraríamos a las primas.

Porque al día siguiente regresamos a su casa. Estuvimos platicando un rato hasta que la fámula avisó que iba al mercado. Entonces les dije:

-¿De veras quieren aprender…?, porque traje una peli que nos puede ayudar… ¿se atreven?

Aceptaron y la puse. Se trataba, supuestamente, de una colegiala que se queda doirmida en una fiesta y cuando los dueños de la casa, dos gañanes de vergas descomunales despiden a los invitados, la descubren dormida en un sofá. La niña tiene mallas blancas a medio muslo y una minifaldita medio levantada y los garañones empiezan a tocarla hasta que la despiertan… bueno, la película hace ver que ya estaba despierta desde antes, aunque fingiendo. La despiertan, pues, y ella les pide que la desvirguen. Entonces proceden a excitarla hasta que uno de los dos fulanos la penetra con suavidad inusual en ese tipo de cintas. Luego…

Mientras ocurría eso, a lo largo de unos seis o siete minutos, mis primas veían hipnotizadas la pantalla. Su respiración se agitaba por momentos y se ponían muy rojas. Cuando inició el empalamiento de la actriz, Thelma dijo:

-Pero eso es monstruoso… ¿cómo podría caber un pito así en mi cosita?

-Es que esos son actores porno: los normales las tenemos más chicas… pero, de todos modos, te cabría, puedes jurarlo- dije yo.

Thelma paró la cinta y dijo:

-A ver, pues, quiero verlas

-¿Cómo crees..? –fingió Toño.

-Ya, pues, no se hagan del rogar –pidió Arcelia.

-Bueno, pero… ¿ustedes nos enseñan sus bubis? –pedí yo.

-Vale… –dijo Thelma.

Toño y yo nos desabrochamos los jeans y nos bajamos al unísono pantalón y calzón y  nuestras erectas vergas, prieta la suya y rosada la mía, brincaron como impulsadas por sendos resortes.

Thelma y Arcelia las miraron cuidadosamente.

-Pues tampoco son tan chiquitas –dijo Thelma, reflexivamente.

-Ahora, sus bubis –les recordé.

Las dos, con sonrisas bastante pícaras, se quitaron sus camisas del pijama. Ambas los tenían chiquitos y de un precioso color moreno claro. Los de Thelma, un poco más grandes, estaban coronados por una morada aureola y unos pezones erguidos y desafiantes. Sus cinturitas y su plano estómago daban al conjunto un aspecto increíble.

-¿Se masturbarían para nosotros…? -preguntó Thelma.

Como no respondiéramos de inmediato, echó a andar la cinta e insistió:

-¿Sí?, ¿lo harían?

Yo me quité los tenis y el pantalón y sentado en el sofá, empecé a tocarme, imitado por Toño. Ellas nos veían a nosotros con un ojo y la tele con otro.

Se sentaron en medio de nosotros, Thelma junto a mi y Arcelia junto a Toño y empezaron a tocarse: era obvio que también conocían sus cuerpos.

-Sería mucho más rico… –dije con voz ahogada –si nos masturbaran ustedes.

-Pero, ¿qué es eso que está pasando? –preguntó Arcelia.

-Sexo oral: muy rico y sin complicaciones. Ni desvirgue ni embarazo posible –contesté. Habíamos llegado a donde queríamos.

-¿Me lo haces? –preguntó Thelma, colgándose de mi cuello. Yo la besé y fue delicioso. La besé y empecé a bajarle sus pantalones del pijama. No tenía bragas. Sentada como estaba le abrí las piernas y bajé a hacer mi primera mamada. Nunca lo había hecho, pero recibir la de Mago me daba algunas ideas, complementadas con lo que vi en la película el día anterior. Sabía que había que buscar el clítoris y tratarlo con cariño y así lo hice. Su sexo, cubierto por una espesa pelambre, dejaba asomar el pequeño botón rosado de su fuente de placer.

Mientras se lo chupaba a placer, podía observar cómo Toño hacía lo mismo con Artcelia. Se lo chupaba y le acariciaba las nalgas y, orgullosamente, debo decir que la hice llegar al orgasmo. Cuando gimió levanté la vista y la vi en éxtasis y, entonces, Arcelia apartó a Toño y, a dedo, terminó por si misma.

-Voy a pagarte –dijo Thelma, ye mpezó a masturbarme. No era muy experta, pero sus manos suaves, su desnudez, mi calentura, me hicieron terminar más aprisa que rápido, igual que Toño, a quien masturbó Arcelia. Limpiaron con la camisa de Arcelia y nos abrazamos.

La cinta había seguido corriendo y empezaba la siguiente historia: una de lesbianas. Apenas empezaban a mamarse una a la otra, en la cinta, cuando oímos gritar a la fámula desde la planta baja:

-¡Ya llegué!
Arcelia se separó de Toño:

-Vístanse rápido. Váyanse ya –pidió.

Mientras nos vestíamos, Thelma dijo:

-Me encantó. Lo debemos volver a hacer, el próximo lunes, porque al rato nos vamos con mi mamá a casa de los Martínez y regresamos hasta el domingo.

Los Martínez, otra rama de la familia, vivían en una ciudad cercana que, para no entrar en averiguatas, llamaré Ciudad Rodríguez, estado de Apapátaro. Nosotros vivíamos en Vieyra, capital del estado del mismo nombre (Nosotros, mi familia, la García García; más la de Toño, la Gómez García; la de mis deliciosas primas, García Jiménez, y Mago y su hija. Otros primos vivían en la capital de Apapátaro y sólo los Martínez García en Ciudad Rodríguez).

-Vale, pero júrenme una cosa – pedí.

-¿Cuál? –preguntó Thelma.

-Que Estela y Felipe no van a saber nada de esto… menos Felipe –nuestros primos de Ciudad Rodríguez.

-Pero yo me quedé con ganas… –dijo Thelma.

-Pues mira lo que están haciendo ahí –señalé la tele -. Practiquen entre ustedes, ¿quieren?

-Ya váyanse – nos cortó Arcelia.

Nos fuimos. Apenas era martes. ¿Cómo esperaría hasta el lunes siguiente? Algo tenía que hacer.

Si les gustó y quieren más, escríbanme abelardo1972@hotmail.com

por Abelardo

Pablito y el sexo

Lunes, enero 8th, 2007

A los 14 años, mi vida era de todo menos normal para un adolescente, los chicos de mi edad se divertían jugando al fútbol en la plaza, comenzaban a tener sus primeras novias y alguno incluso, comenzaba a practicar sexo. Yo, obligado a permanecer en cama debido a una extraña enfermedad pasaba los días leyendo a Tolkien, escuchando música y envidiando a mis amigos y todo lo que ellos podían hacer y yo no.

Los primeros días lo de mi enfermedad había sido una novedad y todos ellos habían venido a verme y a darme ánimos, incluso Laurita, la chica de clase que me gustaba se había acercado a mi casa una tarde para ver cómo estaba. Luego, a medida que avanzaban las semanas y yo no mejoraba las visitas se fueron reduciendo, se fueron espaciando hasta que un par de meses después ya nadie pasaba por casa. Ellos, mis amigos, habían seguido con sus rutinas, con sus juegos, con sus estudios, con sus idas y venidas, y yo, que formaba parte de su grupo hacía tan sólo unos meses, había descubierto que no era una parte indispensable para nadie, que la vida seguía sin necesidad de que yo siguiera allí. Eso me hizo entristecer, y mi estado empeoró. Cada día que pasaba estaba más débil, cada día tenía menos ganas de comer, dormía mucho y casi no hablaba. No respondía bien a los medicamentos y mis padres comenzaban a desesperar.

Una de mis primas hacía poco que había acabado la carrera de medicina y mis padres le habían pedido que viniera a verme. Isabel, mi prima, vivía a más de 200 kms. De nuestra ciudad pero al ver la preocupación de mis padres y que yo no mejoraba decidió venirse a vivir una temporada con nosotros. Hacía varios años que no veía a Isa, y la encontré algo cambiada. Había adelgazado y su cuerpo era mucho más estilizado. Se había teñido el pelo de rubio y llevaba lentillas de color azul cuando todos sabíamos que sus ojos eran marrones.

Se instaló en la habitación que quedaba al lado de la mía, cerca del cuarto de baño. Nada más llegar a casa y después de hablar durante un buen rato con mis padres vino a verme.

Pablitooo, hola cariño

Hola prima

Hola guapo, ¿cómo te encuentras?

No sé, no muy bien.

Bueno, tú no te preocupes, mañana te voy a hacer un reconocimiento y ya verás como te curo.

No sé prima, estoy muy cansado, no tengo ganas de nada.

Sí, ya sé, por eso ahora descansa, y mañana vengo a verte ¿vale?

Vale prima, como quieras.

Mi prima se agachó para darme un beso en la mejilla, y al hacerlo tuve una visión maravillosa de sus pechos, los cuáles asomaban en parte por el escote de la blusa. Me parecieron muy grandes, al menos en comparación con los de Laurita, que apenas se marcaban en sus jerseys anchos. Me sentí turbado y excitado y cuando se disponía a salir de la habitación volví a llamarla.

Prima…

¿sí?

Estás muy guapa.

Gracias Pablo, tú también.

Esa noche dormí bastante mal, aunque desde hacía unos días eso solía ser lo habitual. Soñé que andaba por un camino estrecho y que a los lados había un lago de agua turbia. En un momento dado yo caía al agua y comenzaba a chapotear para intentar mantenerme a flote pero el agua me apretaba hacia dentro con fuerza y poco a poco me estaba hundiendo. Entonces aparecía mi prima, rubia y esbelta, que me agarraba de un brazo cuando ya casi me había hundido y estiraba de mí hacia fuera. Luego ya no recuerdo cómo seguía el sueño, sólo recuerdo a mi madre poniéndome trapos de agua fría en la frente para bajar la fiebre.

Por la mañana la fiebre solía desaparecer pero mi cuerpo quedaba cansado y seguía dormitando hasta prácticamente el medio día.

Debían ser las 11 de la mañana cuando mi prima entró en mi habitación cerrando la puerta al hacerlo.

Pablo, ¿estás despierto?

Sí.

Vengo a reconocerte, esta noche tuviste fiebre.

Sí, ya sé, algunas noches me pasa eso. Luego la fiebre se va sola.

Sí, es muy extraño, en fin, veamos. ¿puedes incorporarte?

Me senté en la cama y mi prima comenzó a oscultarme la espalda y el pecho. No encontró nada extraño. Luego examinó mis ojos, mis oídos, mi boca y mi garganta con similar resultado. Encontró una leve irritación de garganta y dijo que la fiebre podía venir por ahí. Me pinchó para sacarme una muestra de sangre que más tarde llevaría a analizar y volvió a mirarme la fiebre. Estaba normal.

Entonces me pidió algo que no esperaba. Retiró las sábanas que cubrían mis piernas y me pidió que me quitara el pantalón del pijama. Ella misma me ayudó a hacerlo y luego, como si fuese la cosa más normal del mundo me bajó el calzoncillo. Yo enrojecí de inmediato pero ella no dijo nada. Palpó mis testículos buscando algún tipo de anomalía que no encontró y luego hizo lo propio con mi pene. Mi corazón comenzó a latir con fuerza y mi polla en manos de mi prima comenzó a ponerse dura. Me sentía avergonzado viendo como mi berga crecía entre los dedos de mi prima pero la naturalidad con que ella seguía examinando mi miembro hacía que no me sintiera incómodo. Cuando mi prima advirtió que mi pene estaba completamente erecto bajó la piel un par de veces.

Parece que mi primito ya es todo un hombre –dijo ella- tienes un pene muy hermoso.

Mi polla no era muy grande todavía, unos 14 cms. Pero mi prima con ese comentario me había hecho un gran cumplido. Ella era la primera mujer, además de mi madre, que veía mi miembro y el hecho de que le pareciera hermoso me halagaba y me dio mucha confianza en mi mismo.

Mi prima soltó mi pene erecto y me subió de nuevo el calzoncillo.

Necesito una muestra de orina, ten, utiliza este botecito.

¿tiene que ser ahora? –pregunté yo- pues sabía que con la erección que tenía en aquellos momentos no iba a resultar sencillo que saliera ni una gota de allí.

Bueno, cuando puedas o cuando tengas ganas, estoy en mi habitación ¿vale?

Vale.

Fui al baño y después de unos minutos pude orinar. Llené el botecito y se lo entregué a mi prima que me animó con sus palabras.

Fantástico, ya verás como a partir de ahora la cosa va a mejor.

Pasé el resto del día recordando lo que había sucedido con mi prima y cada vez que lo hacía tenía una buena erección. Entonces me di cuenta que hacía muchos días que no me masturbaba. Al principio de encontrarme mal lo hacía un par de veces a la semana pero en las últimas semanas no lo había hecho, me encontraba demasiado cansado y sin ganas. Me toqué la polla bajo el pijama. Me pareció que había crecido en los últimos días. De hecho en los últimos meses mi cuerpo cambiaba velozmente y a veces, hasta yo mismo me sorprendía de los cambios. Pensé en masturbarme pero finalmente no lo hice, me quedé dormido.

Al día siguiente mi prima entró de nuevo en mi habitación con la cara seria.

Hola Pablo, ¿cómo has descansado hoy?

Algo mejor, parece que no tuve fiebre.

Sí, creo que la fiebre era por la irritación de la garganta y con los medicamentos que te di la cosa irá mejor, ya verás.

¿ya sabes qué me pasa, Isa?

Bueno, estoy en ello. Los análisis son normales, todo es aparentemente normal.

Eso era exactamente lo que habían dicho todos los médicos que me habían visitado y tan sólo me habían recetado descanso y reposo, en unos días se encontrará mejor, pero los días pasaban, incluso los meses, y no mejoraba.

¿te importa que te vuelva a reconocer? Quiero asegurarme que no tienes nada.

Como quieras, prima.

Mi prima repitió paso por paso el reconocimiento del día anterior, todo excepto la parte que yo quería que repitiera.

¿me quito los pantalones, prima? –le sugerí yo cuando acabó de oscultarme.

Ella dudó unos instantes, parecía que en principio no tenía intención de examinarme más pero ante el ofrecimiento cambió de opinión.

Esta vez yo ya tenía el pene erecto, incluso antes de que ella lo agarrase entre sus dedos. Mi prima me tocaba la polla y los huevos, pero noté que no lo hacía como el día anterior, no los estaba examinando, sencillamente los estaba acariciando. Era una sensación muy agradable y placentera y mi prima estaba alargando esas caricias voluntariamente. Luego tomó mi polla con una mano y comenzó a moverla arriba y abajo lentamente pero sin pausa. No podía creerlo, mi prima, que me doblaba en edad, me estaba haciendo una paja fantástica. Fue demasiado para mí. El orgasmo me vino sin que yo pudiera hacer nada por evitarlo y ante mi bochorno, chorros de semen caían sobre la mano de mi prima y entre mis piernas empapándolo todo. Yo, que sólo había podido emitir un ruido gutural semejante a un gruñido de placer enrojecí violentamente. Luego intenté disculparme.

Yo, prima, verás, lo siento.

Pero ella, con toda la naturalidad del mundo me dijo que no pasaba nada, que era normal a mi edad, que tenía las hormonas en plena ebullición, y al decir esto quedó callada unos instantes y luego sonrió.

Claro, ¿porqué no se me habrá ocurrido antes?

¿el qué prima?

Nada, creo que sé lo que te pasa.

¿ah sí?

Sí, pero antes será mejor que te asee un poco. Bueno, yo también necesito limpiarme. –dijo ella mostrándome las manchas de semen de la mano.

Regresó del baño con una esponja y un orinal con agua. Me limpió con suma delicadeza los restos de semen de mi cuerpo y mientras lo hacía mi polla volvía a endurecerse.

Vaya, vaya con Pablito. Parece que hace muchos días que no te desahogabas ¿no?

Yo no contesté pero no hizo falta. Mi prima volvió a agarrarme la polla con una mano y comenzó a masturbarme de nuevo, esta vez con mayor energía. Yo comenzaba a sentirme ya algo fatigado. La respiración se me hacía entrecortada y notaba el corazón muy acelerado. Mi prima acompañó el loco frenesí de su mano con caricias en mis testículos y comprendí que pronto volvería a correrme. Así fue, pero esta vez mi prima se anticipó y antes de que mi semen se esparciera por toda la cama, acercó sus labios a mi polla y recibió en su boca mis descargas. Pese a haberme corrido hacía tan sólo unos minutos solté tanta leche que mi prima tuvo que dejar escapar algunas gotas, que se vertían de sus labios por su barbilla. Luego escupió en el orinal la mayor parte de mi corrida.

Creo que por hoy ya has soltado bastante leche, primito. Ahora será mejor que te quites esos calzoncillos y te pongas unos limpios. Las sábanas te las cambio yo ahora mismo y me llevo estas para que tu madre no vea lo que has soltado.

Yo hice lo que me dijo mi prima y 20 minutos más tarde dormía apaciblemente en mi camita recién hecha.

Al día siguiente desperté antes de lo habitual. Tenía unas ganas terribles de orinar así que me levanté y me acerqué al baño. Al pasar por la habitación de mi prima tuve la intención de abrir su puerta y entrar en su habitación. Después de lo que había pasado el día anterior mi prima se había convertido en una de mis fantasías recurrentes y quería verla desnuda. Abrí con muchísimo cuidado la puerta de su dormitorio y busqué a mi prima en la cama. Lamentablemente la cama estaba vacía y sin deshacer, como si nadie hubiese dormido allí esa noche. Entré y comencé a rebuscar en los cajones. La mayoría estaban vacíos, al parecer mi prima no había traído muchas cosas consigo. Encontré algunos pantalones y algunas blusas en el armario y en uno de los cajones de la mesilla de noche encontré varios conjuntos de ropa interior. Cogí unas braguitas de color negro que se veían diminutas e intenté imaginarlas puestas sobre el cuerpo de mi prima. Aquello me provocó de nuevo una erección. Pero escuché una voz lejana, al otro lado del pasillo y decidí salir de allí rápidamente. Dejé todo en su sitio y salí de la habitación y entré en el baño. Me costó lo mío orinar con esa tremenda empalmada que llevaba.

Durante toda la mañana estuve esperando la visita de mi prima a mi habitación pero esta no se produjo. Al medio día, cuando mi madre me trajo la comida a la cama le pregunté por ella.

¿y Isa no viene a verme hoy?

No, se fue ayer por la noche a pasar el fin de semana a su casa, dijo que tenía que hacer algo.

¿hacer algo?

No sé, no me dijo el qué, imagino que querrá ver a su novio.

Eso me sentó como un mazazo. Mi prima se había ido con el novio, y yo, tonto de mí, emocionado pensando en que mi prima estaría deseando volver a tocar mi polla. Se puede decir que en cierta manera me puse algo celoso, estúpidamente celoso. Comí muy poco y por la tarde volví a sentirme cansado.

Mi prima regresó el lunes por la mañana y lo primero que hizo al verme fue darme dos besos. Venía contenta, se le notaba en la cara, y traía unos medicamentos que según ella iban a curarme. Yo en cambio no estaba tan de buen humor y no mostraba ninguna alegría por lo que me decía Isa.

¿sabes? Creo que ya sé lo que te pasa. Tus hormonas andan disparadas y han provocado lo que nosotros los médicos llamamos un síndrome de fatiga crónica…

¿y eso qué significa?

Pues que creo que ya sé porqué te encuentras mal y ya podemos iniciar la medicación para que te mejores.

¿y cómo sabes que es eso? Los otros médicos no dijeron nada, no sabían lo que era.

Creo que los demás no dieron importancia a los niveles hormonales de tus análisis, que como digo son altos pero claro, a tu edad, no tienen porqué ser extraños.

Ya, ¿y si no es lo que tú crees?

¿te pasa algo primo? –me preguntó al fin al verme serio y de mal humor.

¿tienes novio? –le pregunté yo.

Sí, ¿porqué me preguntas eso?

¿te gusta?

Sí, claro, es mi novio, estás muy rarito hoy ¿eh Pablo?

¿entonces porqué lo hiciste?

¿porqué hice el qué?

Lo del otro día, yo pensaba que lo hiciste porque te gustaba yo.

Jajajaja, ¿así que es eso? Vaya, no sé qué decir. Eres mi primo, y te quiero mucho, ya lo sabes, y lo del otro día fue, no sé cómo explicarlo, un accidente.

¿un accidente?

Bueno, quiero decir que no debes darle tanta importancia, yo sólo quería aliviarte un poco, lo estás pasando mal aquí todo el día encerrado y pensé que no te vendría mal un pequeño desahogo. Es algo normal, la gente se masturba ¿sabes? Todo el mundo lo hace de vez en cuando.

¿tú también?

Sí, claro, yo también. Y no pasa nada, es normal.

¿normal? Me hiciste una paja, prima.

Bueno, de acuerdo, quizás me pasé un poco, no creía que te ibas a enamorar de mi por eso. –mi prima me sonrió y me acarició la cara.

¿lo volverías a hacer?

¿el qué? ¿masturbarte?

Sí.

Bueno, no sé, depende.

¿de qué?

Estoy dispuesta a volver a hacerlo siempre y cuando me prometas un par de cosas.

¿cuáles?

La primera que no le dirás nunca a nadie esto, será un secreto de los dos ¿vale?

Vale, prometido. ¿y la otra?

Que vas a tomarte los medicamentos que traje y no volverás a ponerme esa cara de enfado.

Prometido.

¿de verdad?

De verdad.

Entonces déjame ver qué tal anda mi paciente.

Mi prima metió una mano bajo las sábanas y la llevó hasta mi paquete. Nada más notar el contacto de sus dedos con mis genitales mi polla se puso dura de golpe. Introdujo la mano bajo mi pijama y bajo el calzoncillo y me agarró el pene que ya había alcanzado su máximo tamaño.

Veo que mi paciente tiene que seguir con el tratamiento. –dijo Isa que comenzó a retirar las sabanas y a bajarme la ropa.

Mientras lo hacía yo la miraba encantado al canalillo de su escote. Llevaba un sujetador negro, quizás el mismo que yo había visto el otro día en su habitación, quizás incluso llevaría puestas aquellas pequeñas braguitas que tanto me excitaron.

Hoy, Pablito, te voy a enseñar a controlar tu eyaculación.

¿a controlar qué?

A controlar cuando te corres. El otro día me llenaste la mano, ¿recuerdas? Tienes que aprender a dominar tus sensaciones. A las chicas no les gustan los hombres que se corren nada más tocarlos, tienes que aprender a dominarte, a controlar el momento.

Mi prima me decía todo esto mientras seguía acariciando mi polla y mis huevos con la mano.

Verás, voy a hacer algo que estoy segura te va a gustar mucho, y lo que quiero es que aguantes sin correrte todo lo que puedas y cuando ya no puedas más quiero que me avises, pero avísame antes de llenarme entera ¿de acuerdo?

De acuerdo.

Entonces Isa se agachó sobre mi estómago y comenzó a besarme dulcemente alrededor del pubis, también en los muslos, luego en los huevos, los cuáles lamía cuidadosamente metiéndose uno y luego otro en la boca para acabar subiendo por el tronco de mi nabo y lamer sólo la puntita. Aquello era fantástico, nunca había sentido algo así, y me pareció que en cualquier momento me iba a correr así que avisé a mi prima quién con un par de dedos me apretó la base del pene con fuerza.

Cuando creas que ya no tienes ganas de correrte me avisas.

Unos segundos después mi prima aflojó la presión.

2 minutos –dijo ella mostrando su reloj de pulsera.

No es mucho ¿verdad? –dije yo.

No, pero es normal a tu edad.

¿has hecho esto muchas veces?

Bueno, sí, algunas, es algo que le gusta mucho a los chicos.

¿y a ti, te gusta hacerlo?

Si, claro, pero me gustan más otras cosas.

¿qué cosas?

Jejeje, bueno, eso te lo diré otro día primo.

Con el palique mi polla había perdido algo de su dureza y mi prima me dijo que íbamos a repetir la operación y que debía aguantar un poco más.

Piensa en algo aburrido o algo que no te guste –me aconsejó Isa.

Yo le hice caso y comencé a pensar en las clases de historia que siempre me habían aburrido considerablemente, y pensé también en las tareas de casa, no me gustaba nada ordenar mi habitación ni arreglar el jardín. No obstante, esos pensamientos no eran lo suficientemente fuertes para distraerme de lo que mi prima me estaba haciendo. Había vuelto a meterse mi polla en la boca, ahora casi por completo, y en varias ocasiones me pareció que tocaba con la punta del nabo las paredes de su garganta. La visión de mi prima subiendo y bajando su cabeza sobre mi miembro me estaba calentando aún más así que decidí cerrar los ojos para no verla pero entonces eran sus pechos los que venían a mi cabeza, y también Laurita, a la que me imaginaba desnuda y haciéndome una paja. Aquello era demasiado para mí. Avisé de nuevo a mi prima y ésta nuevamente detuvo mi corrida en el último momento. Esta vez tuvo que mantener la presión durante más tiempo e incluso sus dedos apretando mi berga estuvieron a punto de hacerme terminar.

4 minutos. –dijo ella finalmente

¿eso está mejor, no prima?

Sí, pero debes aguantar un poco más aún.

¿más? Creo que eso será complicado.

Sí, eso creo yo también –dijo mi prima riéndose.

Después de dejarme descansar unos minutos me dijo que lo íbamos a intentar por última vez. Me dijo que esta vez yo podría correrme, que ella no iba a hacer nada para evitarlo, pero que debía aguantar como antes todo lo que pudiera. Yo asentí. Mi polla estaba casi totalmente dura, ni siquiera en esos minutos en los que había dejado de estimularme había conseguido destremparme. Una vez más mi prima engulló mi polla y una vez más yo intenté pensar en otras cosas. Y durante unos minutos lo conseguí, conseguí abstraerme de lo que me hacía mi prima, de las sensaciones que me provocaba y pensaba en otras cosas pero en un descuido abrí los ojos y lo que vi me dejó totalmente extasiado. Mi prima, mientras seguía con la mamada, se había desabrochado los vaqueros y había introducido una mano dentro de sus braguitas negras, las mismas que yo había tenido en mis manos unos días antes. Podía ver cómo sus dedos se movían por dentro de la tela y cómo ella se abría de piernas mientras se tocaba y suspiraba y jadeaba de placer.

Entonces, sin que pudiera hacer nada por evitarlo, todo el semen que había ido acumulando salió disparado a chorros dentro de la boquita de mi prima, quien intentaba retenerlos como podía, pero que dada la gran cantidad de esperma tuvo que desistir de ello y dejar que algunos chorros impactasen en su cara y en su cuello. Al mismo tiempo vi como aceleraba también los movimientos de la mano en su entrepierna y cómo poco después se contraía su cuerpo y dejaba escapar una especie de quejido entrecortado.

6 minutos –dijo finalmente Isa cuando se recuperó y mientras se apresuraba a recomponer su ropa-.

Mejor ¿no? –dije yo.

Sí, pero mira cómo me has puesto. Si llego a saber que ibas a soltarme tanta leche me hubiese apartado antes –dijo ella mientras se limpiaba como podía con un pañuelo-.

La verdad es que mi prima mostraba el aspecto de una puta. Tenía restos de semen en la mano, el cuello y la cara.

Lo siento, prima.

Ya, ya, tú siempre lo sientes pero siempre acabas pringándome. El tono de las palabras de Isa no era el de alguien enfadado, si no más bien el de alguien divertido.

Bueno, no volverá a pasar. –dije yo.

No, es cierto, no volverá a pasar.

¿qué quieres decir con eso?

Nada, que no volverá a pasar.

Mi prima me dio un beso en los labios y salió de la habitación. La escuché entrar al lavabo, probablemente para limpiarse bien y quizás para acabar con su paja.

En los siguientes días mi prima y yo no volvimos a tener nada. En parte porque los medicamentos que me dio hicieron su efecto y pronto comencé a sentirme mejor y ya no pasaba tantas horas en la cama. Recuperé de inmediato el apetito y poco a poco fui notando como las fuerzas regresaban a mí.

La noche del miércoles al jueves me desperté sobresaltado. Alguien me estiraba del brazo y me tapaba la boca con la mano. Fue un segundo de terror, un segundo hasta que mi prima encendió la luz de la mesilla de noche y vi su rostro cerca del mío.

Ssssssssssshhhhhhhhhhhhhhhh, no grites o nos escucharán.

Yo estaba todavía medio dormido y no sabía bien lo que estaba viendo. Mi prima estaba sentada en mi cama junto a mí. Llevaba una camiseta blanca y unas braguitas de color rosa. Me miraba cariñosa y sonriente mientras yo acababa por reaccionar.

¿pasa algo, prima? –dije yo.

No, sólo vine a ver cómo estaba mi paciente.

Mi prima me palpó el paquete por encima de las sábanas. No creo que llegara a notar gran cosa pues aún estaba en reposo.

Isa comenzó a retirar las sábanas lentamente mientras su cara se acercaba cada vez más a la mía hasta unirnos en un beso. Su lengua buscó a la mía durante unos instantes maravillosos. Yo podía sentir sus pechos contra el mío, podía percibir la suavidad de su piel y su estimulante aroma a mujer.

La mano de mi prima consiguió alcanzar su objetivo y agarró mi polla con fuerza. Fue entonces cuando me percaté de los dos granitos que marcaba su camiseta, eran sus pezones que me provocaban con su erección. Quise ir un paso más allá con mi prima y empecé a levantarle la camiseta. Quería verle las tetas, quería tocarlas y estrujarlas, lamerlas, morderlas, olerlas y chuparlas.

Ella advirtió mis intenciones, y lejos de oponerse, me ayudó a sacarle la camiseta. Entonces los vi perfectamente, eran dos pechos generosos, no enormes pero sí bastante grandes, culminados en una roja aureola con unos pezoncitos duros y redonditos. Los acaricié. Sentí por primera vez el tacto de unos pechos de mujer y la sensación me encantó. Estaban duritos, tersos pese a su tamaño. Los exploré una y otra vez, apretándolos, sintiendo su dureza y su consistencia, los recorrí de tal manera que sin llegar a verlos podría haberme hecho una imagen mental de sus tetas.

Y mientras tanto, la mano de mi prima se había convertido ya en una prolongación de mi polla. La sentía suave en ocasiones, cuando me acariciaba los testículos, fuerte en otras, cuando la agarraba con toda la mano como si quisiera arrancármela de un tirón, pero nunca daba ese tirón, sólo la agarraba fuerte, y la movía de abajo a arriba, de arriba abajo una y otra vez, y yo, era consciente que pronto acabaría todo, que pronto volvería a llenarle la mano de semen a mi prima, y que luego ella se iría para acabar la faena en la soledad de su habitación.

Eso hizo que me decidiera a dar el siguiente paso, y abandoné uno de sus pechos para buscar el centro del placer de mi prima. No me fue muy difícil introducirme dentro de sus bragas y encontrar su sexo ardiente. Me sorprendió la cantidad de bello que tenía, pero eso no fue un obstáculo para que pudiera encontrar su gruta secreta.

Primo, tienes las manos muy largas.

¿no te gusta?

Sííí, sigueeeee.

Mi prima separó las piernas todo lo que pudo para facilitar mi toqueteo a la vez que detenía el movimiento de su mano en mi pene.

¿porqué paras? –le pregunté yo.

No quiero que te corras aún y sé que estás a punto de hacerlo.

Era cierto, el tacto de su coño me había puesto a mil. Me sorprendió encontrar el interior de su sexo húmedo. Luego Isa me lo explicó, me dijo que cuanto más se excitaba una mujer más mojadito quedaba su sexo. Pues mi prima debía estar bien caliente porque mis dedos podían chapotear en su chochito.

Mi prima me guiaba en mis movimientos, mis dedos eran al principio tentáculos torpes, no tenía ni idea de cuáles eran los lugares que debía estimular. Isa me enseñó, me enseñó a localizar su clítoris, a conocer su delicadeza, su sensibilidad pero al mismo tiempo su gran potencial. Me guió hasta su vagina, y una vez en ella me pidió que le introdujera un dedo, luego otro, y luego otro… De vez en cuando yo me desviaba del objetivo, acariciaba sus labios externos, su delicado bello púbico, y ella ponía de nuevo su mano sobre la mía para reconducirme hacia su orgasmo.

Sólo entonces, cuando supo que su orgasmo llegaría pronto reanudó la paja que me estaba haciendo y esta vez sus movimientos eran más frenéticos, más duros, más fuertes, y yo sentía como el semen subía por mi polla y que de un momento a otro me iba a correr irremediablemente. Y mi prima también lo sabía, sabía que nuestros orgasmos estaban a punto de llegar, que ya estaban ahí y apuntó mi berga hacia mi estómago justo en el momento en que los primeros chorros salían disparados impactando contra mi barriga.

Isa entonces me obligó a estimular su clítoris y poco después alcanzaba también su orgasmo.

Es mejor que me vaya antes de que tus padres se despierten y nos pillen.

No prima, quédate un ratito más.

No, déjame, tengo que irme ya.

A regañadientes tuve que abandonar el cuerpo de mi prima. Ella salió de mi habitación y yo, todavía desnudo sobre la cama pensaba en que quizás esa era la última vez que estaba con mi prima, pues yo ya estaba casi recuperado y ella marcharía pronto a su casa.

Sin embargo, esa semana aprendí que la vida da muchas vueltas y nunca puedes saber hacia qué lado gira la ruleta. El viernes por la mañana mis padres recibieron una llamada telefónica inquietante. Un familiar de mi padre había caído gravemente enfermo, hasta el punto de que era muy probable su muerte. Eso hizo a mis padres plantearse la posibilidad de viajar a la ciudad de ese familiar y le pidieron a mi prima si podía alargar unos días más su estancia en su casa para cuidar de mí durante el fin de semana. Mi prima dijo que no había ningún problema en ello y yo estaba encantado con la idea de quedarme a solas con ella durante todo el fin de semana.

Mis padres marcharon esa misma tarde y yo pensaba que en cuánto salieran por la puerta mi prima y yo íbamos a tener sexo pero no fue así. Dado que me encontraba mucho mejor me obligó a ayudarla con las tareas de casa y con la cena.

Yo de vez en cuando le tocaba el culo o le soltaba alguna indirecta para ver si mi prima se animaba pero nada de nada, ni siquiera un leve roce. Después de cenar estuvimos un rato viendo la tele pero cada uno de nosotros estaba en un rincón del comedor.

Yo ya me había puesto el pijama resignado y decepcionado pensando que esa noche no iba a haber nada cuando mi prima me dijo que se iba a dar una ducha antes de acostarse.

Aquello me parecía raro pues nunca antes la había visto ducharse a esa hora pero no le di más importancia. Me quedé ojeando una revista en el sillón cuando a los pocos minutos mi prima me llamó.

Pablitooo!

Yo acudí de inmediato a su llamada y aunque mi prima había dejado la puerta del baño semiabierta llamé antes de entrar.

Dime Isa.

¿puedes entrar y acercarme la toalla? Me olvidé de cogerla.

Sí claro.

Entré al baño y lo primero que vi fue el magnífico culazo de mi prima, con sus dos blancas nalguitas bien redonditas. Yo abrí el cajón de las toallas y saqué una de las mas grandes. Al girarme para darle la toalla a mi prima me la encontré en una pose que me excitó sobre manera. Se había dado la vuelta, y posaba con una pierna sobre el mármol de la bañera. Tenía algo en la mano, un espejo, comprendí rápidamente y lo que hacía era mirarse el sexo en él. Entonces caí en la cuenta. Mi prima se había pelado el chochito, se lo había afeitado entero, y en el desagüe aún quedaban restos de agua, jabón y bellos.

¿te vas a quedar ahí mirando o piensas acercarme la toalla?

Sí, claro, ten.

Le ofrecí la toalla a mi prima desconcertado aún por haberla visto totalmente desnuda por primera vez y en una pose tan insinuante. Bajo el pantalón de mi pijama mi sexo comenzaba a desperezarse a gran velocidad.

¿me ayudas a secarme?

Estaba claro que mi prima había decidido jugar otra vez y yo no la iba a defraudar. Le ayudé a secar su espalda y su trasero y le ofrecí la toalla para que se secara ella por delante pero mi prima no la cogió.

¿porqué no sigues tú? Me gusta cómo lo has hecho.

Así que le pasé la toalla por los pechos con mucho cuidado. Tenían aquel maravilloso tacto que tanto me había gustado la otra noche. Luego fui bajando por su abdomen hasta llegar a su sexo, en el que me detuve algo más de lo necesario, y continué secando sus piernas y sus pies, para lo cuál tuve que agacharme. Cuando estaba acabando con sus pies sentí que mi prima me tomaba de la cabeza con sus manos y me acercaba a ella. Al alzar la vista me encontré cara a cara con su coño. Esa imagen se me quedó grabada en el cerebro para siempre y aún hoy me excita al evocarla.

Recuerdas lo que hiciste la otra noche con tus deditos ¿verdad? Pues hoy quiero que lo repitas pero con la lengua. Es algo que nos encanta a las mujeres, tendrás ocasión de comprobarlo.

Pero… no sé cómo hacerlo. Dije yo.

Tranquilo, yo te voy a ir guiando.

Y mientras decía eso apretaba mi cabeza contra sus labios depilados. Yo me agarré a su culo y comencé a lamer con la lengua el exterior del sexo de mi prima.

Bien, sí, así esta bien, sigue así, chupa mi rajita, vamos, méteme la lengüita, sí, así, muy bien, ahora más arriba, si, así muy bien, aaaaaah, sí eso es, aaaaaaah, muy bien, eso es, y ahora por aquí, sí, así, muy bien, aaaaaaah.

Mi prima guiaba mis movimientos con sus indicaciones y pronto comprendí cuáles eran las zonas que debía estimular para darle más placer. En realidad acabé lamiendo todo su sexo pero cada vez que rozaba su clítoris con la lengua a mi prima se le escapaba un gemido de placer que a mí me ponía tan cachondo que mi polla estaba ya a punto de reventar.

Aaaaaaah, síiiiiii, aaaaaaaaaah, eso es, asíiiiiii, Pablitoooooooooo, síiiiii,, aaaaaaaaah, aaaaaaaaaaah, aaaaaaaaaaah, aaaaaaaah, aaaaaaaaah.

Finalmente Isa se corrió de gusto expulsando gran cantidad de fluidos que me impregnaron toda la cara. Tuve que sujetarla para que no se cayera al suelo pues al dejarse llevar en su orgasmo los músculos de su cuerpo se relajaron demasiado.

Esta vez has sido tú la que me has manchado –dije a Isa cuando ésta ya se había repuesto de su corrida.

Sí, jejeje, es mi venganza por las veces que tú me llenaste con tu esperma.

Pero a mí no me importa, prima, me encanta hacer esto, podría hacértelo otra vez si quieres.

¿otra vez? Vaya, eso suena tentador, pero no, tengo otra idea, además viendo la erección que llevas será mejor que tú también descargues tu lechita.

¿otra idea? –pregunté yo.

Sí, sígueme.

Mi prima salió totalmente desnuda del baño y entró en su habitación. Yo la seguía justo detrás acariciándome por encima del pantalón del pijama la espectacular erección que tenía. Isa se agachó para coger algo de uno de los cajones del armario. Le pegué el paquete contra su culo para que notase bien fuerte mi empalmada.

Hmmmmm, qué rico lo tienes Pablito. Vas a hacer feliz a muchas mujeres.

Isa se incorporó de nuevo. En una de sus manos llevaba un condón.

¿me dejas ver como está mi paciente? –dijo ella sentándose en la cama y comenzando a bajarme el pantalón del pijama.

Mi polla se escapaba ya por el lateral de los calzoncillos y en cuanto que se sintió libre saludó a mi prima con una reverencia para ponerse luego mirando al cielo. Yo había vuelto a agarrar los pechos de mi prima con los que comenzaba a tener una sensación de familiaridad. Isa tenía los pezones duros, como acostumbraba siempre que andábamos jugando.

Ella repasaba con la mano y con la lengua toda la extensión de mi berga, la cuál palpitaba de excitación y se endurecía aún más.

Creo que ya estás preparado. –dijo mi prima y comenzó a colocarme el preservativo con la boca.

Yo no sabía para qué estaba preparado pero sí, lo estaba, de eso no había duda. Mi prima me recordó lo que me había enseñado durante esos días, me dijo que ahora debía ponerlo en práctica. Luego se tumbó en la cama y separó bien las piernas mostrándome muy claramente qué era lo que quería que yo hiciese.

Yo apunté mi polla a su entrada y me eché sobre ella pero mi puntería no fue tan buena como esperaba y no penetré a mi prima. Fue ella misma quién me agarró la polla y la dirigió hasta la entrada de su vagina. Fue una sensación extraordinaria sentir las paredes del coño de mi prima apretando mi polla con fuerza mientras ésta se deslizaba adentro y afuera una y otra vez. Por fin estaba dentro de ella, por fin estaba follando, follando con mi prima. Entonces me di cuenta que si seguía pensando en eso me iba a correr de inmediato así que comencé a pensar en cosas desagradables. Mi prima se movía conmigo, subía su cadera para que mis penetraciones fueran cada vez más profundas. Se acariciaba el clítoris con una mano, con la misma con que de vez en cuando me agarraba los huevos como si quisiera exprimirlos. Comencé a sudar, mi respiración era ya fatigosa y comenzaba a sentirme cansado. Mi prima lo estaba disfrutando, y yo también, claro está, pero cada vez me resultaba más complicado pensar en otras cosas que no fueran las tetas y el coño de mi prima. Isa alcanzó su orgasmo y lo hizo de una forma muy ruidosa. Yo llevaba ya más de 15 minutos bombeando en su interior y tuve la certeza de que no aguantaría mucho más.

Me corro. –le dije a mi prima avisándole de mi inminente orgasmo.

Córrete primo, córrete, lo has hecho muy bien.

Entonces sentí como los músculos de la vagina de mi prima se contraían aún más y cómo mi sensibilidad aumentaba provocando un placer inaguantable y finalmente me dejé ir. Un tremendo orgasmo hizo que me derrumbara exhausto sobre el cuerpo de mi prima y que durante unos minutos no pudiera casi ni moverme.

Cuando advertí lo que había pasado estaba ya sólo en la cama. Tenía el pene flácido y manchado de semen. Mi prima no estaba allí. Regresó a la habitación tan desnuda como había estado todo el rato. Traía unas porciones de chocolate en la mano y me ofreció a mí la mitad.

Fui a tirar el condón y aproveché para coger un poco de chocolate, ¿quieres?

Gracias, pero ni siquiera noté cuando me lo sacaste.

Jejejejeje, sí, ya me di cuenta.

Comimos el chocolate y permanecimos tumbados sobre la cama.

¿te has acostado con muchos hombres, prima?

Bueno, con algunos, ¿por qué?

¿lo hice bien?

Si, jejejeje, muy bien para ser tu primera vez, jejejeje.

¿podemos repetirlo?

¿cómo? ¿quieres volver a hacerlo? ¿ahora?

Bueno, sí, porqué no.

Mi prima se reía.

¿has visto cómo se te ha quedado la polla? AAsí no podemos hacer nada.

Si me la chupas seguro que se pone dura otra vez, prima.

¡Pero Pablitoooo! ¡qué confianzas son esas!

Vamos prima, si tú también quieres.

Mi prima me miraba sorprendida por que fuera yo quién tomaba la iniciativa pero luego, sin mediar más palabra, llevó su boca a mi pubis y después de tontear un poco se llevó mi pene a la boca. Mientras lo lamía se movía de tal manera que me colocó el culo justo delante de mi cara. Yo podía ver los labios de su coño desde atrás y decidí imitar a mi prima. La agarré de las piernas y la obligué a descender su culito sobre mi cara de tal forma que su sexo quedó justo sobre mi boca. Comencé a lamerlo encantado por la mamada que mi prima me ofrecía y procurando no excitarme demasiado para no correrme. Mi prima en cambio no se cortaba para nada y con cada lengüetazo que le daba en sus bajos ella gemía y se retorcía de placer.

Creo que volvió a correrse con mi mamada. Yo también estuve a punto de hacerlo pero mi prima me lo impidió como ya había hecho en otras ocasiones.

Todavía no, primo, ahora te toca follarme.

Con una facilidad pasmosa mi prima giró su cuerpo sobre el mío y acabó sentada sobre mi polla. Mi pene se introdujo en su chochito sin ninguna dificultad y mi prima daba pequeños saltitos sobre ella introduciéndosela más y más con cada uno de ellos. Cuando la tuvo toda dentro de si, se echó hacia delante ofreciéndome sus tetas y entonces comenzó a moverse como en círculos. Al principio me costó cogerle el truco a esa postura, me sentía más cómodo siendo yo el que estaba arriba pero luego me resultó incluso más cómoda y descansada. Era mi prima quién guiaba mis movimientos acompasándolos con los suyos y era ella quién marcaba el ritmo. Después de un rato en esa postura decidimos cambiar y mi prima se colocó a cuatro patas. Yo me situé tras ella y desde atrás la penetré con fuerza por el coño. Aquella era una posición mucho más excitante para mí y agarrado a sus tetas la penetraba fuertemente.

Mi prima gemía y me animaba a que la follara, a que le siguiera dando fuerte, a que le partiera por la mitad y todas esas cosas hacían que cada vez estuviese más excitado. Además, en esta ocasión no llevaba puesto preservativo y las sensaciones eran aún más fuertes.

Antes de que te corras –dijo mi prima- métemela en el culo.

¿en el culo? –pregunté yo sorprendido-

Sí, en el culo, vamos, métemela ahora.

Yo saqué mi berga de su cálido chochito y lo puse contra su ano. Empujé pero mi pene no entraba.

Debes dilatarlo. –dijo ella- Mójalo con tu saliva y con mis flujos, luego prueba con un dedo y luego con dos.

Yo hice lo que me dijo mi prima. Le lubriqué el ano tanto como pude y después introduje en él un dedo que aceptó sin problemas y luego otro. Por último volví a intentar introducir mi polla. Costó un poco al principio, quizás por mi inexperiencia, pero al fin entró la puntita, y luego poco a poco fue entrando todo.

Aaaah, cuidado, me haces daño. –decía mi prima-

Yo empujaba con cuidado al principio pero costaba entrar dentro del culo de mi prima así que dejé de prestar atención a sus quejas y comencé a bombear con fuerza.

Aaaaah, me matas, animal, aaaah, con cuidado, aaaah.

Mi prima gritaba y gemía, no sé si de dolor o de placer, el caso es que yo andaba ya tan excitado entre unas cosas y otras que no tarde en llenarle el culo de leche.

Mi polla salió de su ano con un sonoro plof y parte de mi semen le chorreó por las piernas. Mi prima, que había comenzado a masturbarse al sacar mi polla seguía a cuatro patas sobre la cama. Era delicioso verla así, manchada de mi leche y alcanzando al fin un nuevo orgasmo.

Por esa noche dimos la fiesta por finalizada. Después de ducharnos y asearnos nos fuimos a dormir.

¿puedo quedarme a dormir contigo? –le pregunté a mi prima-.

Bueno, quédate si quieres.

Mi prima se puso únicamente unas braguitas y se metió en la cama. Yo, totalmente en bolas me acosté a su lado. Dormimos abrazados toda la noche.

Cuando desperté ella ya no estaba conmigo en la cama. Mi pene volvía a tener una hermosa erección y tenía unas enormes ganas de orinar. Me levanté de la cama y me dirigí al baño. Me costó pero finalmente pude orinar. Luego fui hasta la cocina. Tenía un hambre terrible y allí encontré de nuevo a mi prima. Llevaba sólo las braguitas con las que había dormido y sus pechos se le bamboleaban con cada movimiento que hacía. Yo, que seguía totalmente desnudo y con una media erección me acerqué a Isa que ahora estaba de espaldas a mí. Cuando estuve a su lado le bajé las braguitas para ver su hermoso trasero una vez más.

¿qué vas a querer desayunar? –me preguntó ella como si no pasara nada especial-.

Quiero tu culito.

Mis manos bajaron totalmente las braguitas que cayeron al suelo junto a sus pies. Acerqué mi polla a sus nalgas y la restregué contra ellas hasta que la tuve totalmente dura de nuevo. Mientras tanto mis manos se habían perdido ya en el interior de su coño comenzando a masturbarla como había hecho ya anteriormente.

¡Pablitoooooo!

¡Te quiero primaaaa!

Comencé a besar el cuello y la espalda de mi prima que se erizaba con el contacto de mi lengua e intenté abrirme paso entre sus piernas con mi polla. Isa se agachó un poco para facilitar mi maniobra a la vez que separaba las piernas e intentaba alcanzar el tarro de la mantequilla.

Mi polla se fue adentrando poco a poco en su coño y comencé a follarla como había hecho la noche anterior pero esta vez sólo pensaba en lo delicioso que era sentir mi berga dentro de su chochito apretado.

No te vayas a correr –dijo mi prima- no me gustaría que me dejaras preñada

Tranquila prima, que ya controlo.

No, no me fío de ti pequeño granuja, será mejor que me la vuelvas a meter en el culo. Ten, usa esto.

Me acercó la mantequilla y al principio no sabía bien que debía hacer con ella. Luego lo entendí. Saqué una mano de su sexo y con los dedos agarré un poco de mantequilla que la deposité en el ano de mi prima. La esparcí bien por todo su recto y probé a introducirle un dedo para ver si funcionaba. Y funcionó, mi dedo entró en su culito sin problemas resbalando con el aceite de la mantequilla. Entonces dejé la caliente madriguera en que se había convertido el coño de Isa para introducirme una vez más por la puerta de atrás. Esta vez mi polla entró sin grandes problemas y Isa parecía disfrutarlo también. Yo me agarré a sus pechos para coger impulso en mis embestidas y ella continuó el masaje en su sexo que mis dedos habían dejado a medias.

¿tu novio también te folla el culo? –le pregunté mientras penetraba con fuerza su ano una y otra vez-.

No. Mi novio nunca entró por ahí.

La revelación que me hizo mi prima me excitó aún más. Estaba claro que el ano de Isa no era virgen y que seguramente más de un hombre había descargado ya allí su semen, sin embargo, el saber que su novio no había disfrutado aún de ese abujerito me proporcionaba un pequeño coto privado de propiedad sobre mi prima.

Yo acabé por descargar toda mi leche con un par de embestidas rápidas mientras ella aceleraba su orgasmo en una frenética masturbación.

Ese día ya no volvimos a follar, de hecho sólo lo hicimos una vez más antes de que ella regresara a su casa. Fue el mismo día en que se marchó. La vi haciendo la maleta y se me partió el alma. Me puse a llorar desconsoladamente pidiéndole que no se marchara.

Pablitoooo, lo siento, pero yo tengo mi vida en otro lugar, ¿entiendes?

No, no lo entiendo.

Sí, si lo entiendes, y sabes que estoy haciendo lo que debo. Mira, lo de estos días ha sido maravilloso y espero que tú lo hayas disfrutado tanto como yo pero algún día iba a acabar y ese día es hoy.

¿y qué voy a hacer yo a partir de ahora?

¿qué vas a hacer? Pues lo que hacen todos los chicos, salir por ahí, divertirte, encontrar a una chica de tu edad y pasarlo bien.

Pero yo no quiero una chica de mi edad, te quiero a ti.

Jejejeje, sí, ya, lo que pasa es que estás enchochado.

¿el qué?

Enchochado. Es lo que les pasa a algunos hombres con su primer chocho, creen que la mujer que lo tiene es la mujer de su vida, pero no, ya verás que en tu vida van a haber muchos otros chochos, hazme caso, te has convertido en un buen amante y cuando esto se sepa te lloverán las novias.

Te quiero, prima, lo digo en serio.

Anda, ven y dame un beso y cállate de una vez.

Yo besé a mi prima apasionadamente y ella me devolvió el beso.

Pablitooooooo, te voy a echar mucho de menos.

No te vayas, quédate una semana más, puedo fingir una recaída.

Pero qué dices tonto, cómo vas a hacer eso.

Prima, te quieroooooo y no quiero que te vayas.

Anda tontorrón, deja de decir tonterías y déjame ver a mi paciente una última vez.

Entonces comenzamos a desnudarnos con la misma ansiedad con que se desnudan el uno al otro dos novios primerizos y tumbados en su cama volvimos a hacerlo, pero esta vez, a diferencia de las anteriores, Isa me pidió que me corriera dentro de su chochito y ese momento lo conservo aún hoy como el mejor y el más intenso de mi vida. Luego, después de hacerlo me pidió que la dejara sola para terminar de hacer la maleta. Yo me fui a mi habitación y ya ni siquiera volví a verla. Al día siguiente, cuando me levanté mi prima ya no estaba allí y supe que todo había acabado.