Archive for the 'Padre e hija' Category

Perversamente tuya / Primera parte

Thursday, January 11th, 2007

Eran las tres de la mañana, y yo salía del baño, y lo vi, estaba en calzoncillos, y su cuerpo, maravilloso, estaba bañado por la luz de la luna, era hermoso, y era mi papi, empezamos a hablar, y nos fuimos desplazando hacia el living, ahí charlamos de la vida, del cole, las amigas, de lo linda que me había puesto, y los novios, en ese instante la charla empezó a subir de tono, me empezó a preguntar sobre mi vida sexual, yo nunca había estado con alguien y se le confesé que era por que el chico que amaba era un amor imposible, el empezó a intentarme sacar el nombre con cosquillas, como cuando era chica, pero ya no lo era, tenia 14 años, y no era la nena de antes.

No se en que momento las cosquillas se volvieron caricias, y las risas se volvieron gemidos, en ese instante me percate de que algo me aprisionaba el vientre, era su erección, eso hizo que corriera un liquido cálido entre mis piernas, y no fuerza sobrenatural, me hizo querer probar eso labios, le di un inocente piquito, a lo que el respondió con un beso apasionado, ya su lengua recorría mi boca y sus manos mi cuerpo, cuando sus manos quisieron tocar mis muslos, el para, y dijo, perdona princesa, estoy enfermos y se fue, dejándome excitada en medio del sofá.

Esa misma noche, sentí mi puerta abrirse, era mi papi, y estaba desnudo, con una erección impresionante, se sentó en mi cama, y me acaricio la cabeza, y me dijo a lo oído, perdón princesa, es mas fuerte que yo, y su lengua se poso en mi oreja, y fue bajando hacia el cuello, eso hizo que mis pezones se endurecieran automáticamente, papi, me saco el camisón, era uno de verano color blanco, con breteles y me quede con mi bombachita nada mas, después de eso, el pozo su boca en mis pechos, poco desarrollados, esa boca abarcaba todos mis pechos, el los mordisqueaba los chupaba, mientras yo le tiraba de los pelos, estuvo un rato largo así, atormentando mis pezones, después bajo con su lengua, y con su boca me saco la bombachita, no sin antes olerla, cuando la tiro, empecé a sentir su respiración entre mis muslos, y su lengua empezó a rozar mi conchita, fue unas de las mejores experiencias de mi vida, vi las estrellas, y en el momento culmine de mi orgasmo el mordió mi clítoris, lo que aumento el placer, cuando me repuse de eso, quise devolverle eso a mi papi, por eso me arrodille, y tome su pija entre mis manos, y mi boca empezó a jugar con su puntita, dilatándola, me encantaba verla agrandarse hasta explotar, después mi boca, abarco su miembro entero, en esa posición pude sentir la sangre corriendo por las venitas de su pija, lo sentía latir en mi boca, lo sentía agrandarse, cuando sentí que iba a derramarse en mi boca, el me agarro de los pelos y me tiro en la cama, abajo sentía el osito blanco que me había regalado cuando era bebe, era incomodo pero no me importaba, el se posiciono arriba mío, y me penetro violentamente, fue doloroso, pero, fue solo un instante, después de eso fue todo placer, envolví mis piernas en su cintura, para acentuar la penetración, quería que llegar al fondo, yo gritaba, mas papi, mas, y el me decía, así putita, así, como coges putita, sos tan puta como tu mama, así, mas, toma puta, eso me producía mas excitación, sentirlo dentro mío, y que me tratara como una puta, hacia mas fuerte mi excitación, en algún momento me posicione encima de el como jugando al caballito, como una nena, Pero yo saltaba para profundizar la penetración, y mientras yo sentía mi orgasmo, el se derramo en mi, toda su leche desbordaba mi conchita y corría por mis muslos.

Nos quedamos un rato mas acostados, hasta que el se fue, en sus ojos yo veía la culpa pero antes de que se fuera apoye mis tetas detrás de su espalda y yo le dije, mi amor imposible, sos vos, y me beso en la boca, después de eso, me cogio por segunda vez, pero mas fuerte, mas apasionadamente, cuando se fue, el me dijo que yo también era su amor imposible.

Yo ya no podía dormir, había sido una noche fuerte, así que me puse a ordenar mi cuarto, ahí vi mi osito, el mismo que me molestaba, estaba manchado de sangre, era mi virginidad, era mi infancia, lo lleve a lavar, pero cada vez que lo miro, veo esa mancha de sangre.
Nunca me arrepentí de nada de lo que paso, fueron muchas cosas y mas las que vendrán.

Para dadas o comentarios escribir a isabellemadux@hotmail.com

Este relato esta dedicado con todo mi afecto al tío ale, al cual adoro.

Perversamente tuya / Segunda parte

Nuestra segunda vez, fue mas fuerte que la primera, estábamos viendo una peli, de disney en el cable, los tres acostados en la cama, mi mama, mi papa, y por supuesto yo, mi mami estaba dormida, ya que por la noche toma somníferos, por que tiene insomnio.

Yo estaba en el medio, como cuando era chica, y tenia pesadillas, mientras veía la peli, le acariciaba la panza a papa, y con un instinto sobrenatural, mi mano bajo hacia sus calzoncillos, papi, me agarro la mano y me dijo, cuidado princesa, no juegues con fuego, y yo le dije , por que?, me puedo quemar, mejor así me cuidas, y me subí encima de el, mi papi, ya no estaba dubitativo, estaba excitado, sentía su erección palpitando en mi cola, lo bese en la boca, con mi lengua, que recorría toda su boca, y su contorno también, no me molestaba que estuviera mi mami ahí, no me daba culpa, si no todo lo contrario, me excitaba mas, verla ahí dormida, mientras yo me cogía a su marido, a mi papá.

Estaba muy excitada, estaba dispuesta a todo, mi papa me quería parar, pero no podía, lo besaba, lo chupaba, lo mordía, estaba desenfrenada, el tampoco se quedaba atrás, ya me había sacado el short del pijama de verano, y la remera estaba subida mientras el me chupaba las tetas, las mordía, como un bebe en busca de su alimento, estábamos como locos, mi mama mientras seguía en su placido sueño, eran nuestros gemidos y gritos, y sus ronquidos, nada mas, yo estaba completamente caliente, estaba empapada, y el también, tome su miembro en mi boca, y para agrandarlo para mi, luego el lo mismo con mi conchita, que ya derramaba liquido, me posicione arriba de el, y yo misma ubique su miembro en mi conchita, mientras saltaba haciendo mas profunda la penetración la veía a mi mama, y al lado a mi papa, que estaba a punto de acabar, cuando acabe, me fui y me despedí de mi papa con un beso en la boca, y de mi mama con un beso en la frente, como si fuera ella mi hija, por que desde esa noche yo pase a ser la mujer de mi papa, su hembra dispuesta a todo.

Como siempre este relato se lo dedico a mi tío ale.

Para dudas y comentarios escribir a isabellemadux@hotmail.com

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Sexo con papá y sus amigos

Thursday, January 11th, 2007

Soy una hermosa rubia,de tetas grandes,culo paradito y piernas largas y bien formadas.Hace dos meses regresé a casa de mi Padre (después de separarme de mi novioy quien a su vez se habia separado de su esposa) y me encontré a mi Padre y sus amigos viendo el futbol y tomando muy divertidos…
Al entrar,yo vestida de corta falda y bustier con tacones altos,todos los amigos de papá no disimularon en desvestirme con sus ojos,incluso Papá no apartaba sus ojos de mis tetas que casi salían de mi bustier…
En seguida me les uní y me acomodé en el sofá en medio de dos de los muchachos.
Como quedabamos bastante apretados ,y luego de varias cervezas decidí abrir un poco mis piernas y treparlas en los muslos de dos de los muchachos para estar mas comoda,ellos a su vez aprovecharon para colocar sus manos sobre ellas y sin mucho disimulo manosearme…
Papá miraba algo extrañado pero a su vez excitado,a juzgar por el bulto en su pantalón.Terminado el partido uno de los chicos sintonizó el canal adulto y en la pantalla aparece una película en donde una chica esta siendo penetrada por tres hombres a la vez ,y todos comentaban lo excitante que resultaria eso,y comienzan las bromas y las preguntas de quienes habia hecho algo asi y si estarian dispuestos a ello…
El primero en decir fue David(45 años,alto,rubio,fisiculturista,seductor por excelencia),y según el ,los grupos sexuales son muy divertidos pues a la vez que la mujer recibe toda la satisfacción sexual posible,los hombres se excitan entre si al verla disfrutando y/o sufriendo tal ataque sexual,es algo muy animal según el.
Luego Javier,(el mas joven de los muchachos,de 35 años,alto.pelo castaño,tambien fisiculturista) dice que no lo habia hecho antes pero que hoy seria una buena oportunidad para hacerlo conmigo…
A lo que para mi sorpresa Papá (46 años,Rubio,fuerte,muy varonil,de brazos y piernas muy fuertes,belludo)comenta que sería interesante verme en tal juerga!Que mi ex le habia comentado en alguna ocasión de mis fantasías de orgías y lesbianismo y que sabia de lo cachonda que yo era …que ademas me habia visto follar varias veces en la casa de campo con mis primos y con mi tio cuando era yo una adolescente..
Todo eso era cierto,lo que desconocia Yo era que Papá lo supiera…
Entonces les dije que si,que siempre habia sido muy sexual y que yo habia hecho y seguiria haciendo ese tipo de actividad sexual…
A esto ya Javier me bajaba el bustier y apretaba mis tetas,yo trato de incorporarme y apartarme pero Papá le dice a David: Vamos ,ayuda a Javi,que quiere brindarle placer a Vannessa…
Y David metió su mano en mi falda y arrancó mi tanga de un sólo tiro y se lo entregó a Papá quien de inmediato se lo llevó a su cara y lo olió y lamió …
Eso me puso muy cachonda y me recordó la vez en que mi Tio ,hermano de papa ,me folló cuando tenía yo 15 años y lo rico que fue,ademas del enorme aparato que tenia…
David entonces pregunto: Bueno esto va en serio o se queda aquí?
Papá se levanta y dice :P or mi seguimos la fiesta pero todo depende de que Vannessa de verdad quiera…
Yo no contesté con palabras,sólo me acerqué a Papá y le acaricié el enorme bulto que presionaba su pantalón…
La fiesta comenzó,ya todos desnudos;en el cuarto de Papá,todos frente a mi,me hicieron mamar sus vergas una por una y a veces de dos …
el primero en penetrarme fue papá,su verga mide alrededor de 25 cms y es muy gruesa,justo como su hermano y sus sobrinos,,mientras el me follaba yo mamaba las vergas de sus amigos…
Al rato me voltea le dice a David que se acueste boca arriba,me pone encima de el para que me penetre por la vagina y papá me penetro en el culo muy fuertemente ,haciendome gritar de dolor ,mientras golpeaba mis nalgas y Javi pellizcaba mis tetas…
Estaba yo siendo violada por estos dos ,cuando se corrieron,Javi tomó su lugar en mi vagina y mientras me jodía me insultaba y me pegaba ,halaba mi cabello y me mordia las tetas…
Papá entonces sacaba la camara de video y filmaba…Entonces David dice que desea penetrarme junto con Javi,ambos en mi vagina y Papá vuelve a penetrar mi culo.
Por horas fui follada por ellos y aún hoy dia sigo vivendo con papá.Sus amigos nos siguen visitando de vez en cuando.
Se que esto no es normal pero soy su puta y me gusta…Me encanta
Vannessa

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Ojitos verdes / parte 4 (volviendo a casa)

Thursday, January 11th, 2007

En el viaje de regreso, Ojitos Verdes se durmió recostada en el asiento trasero del vehículo. La camioneta se tambaleaba hacia sus costados. La ruta de tierra se hizo fatigosa por sus desniveles y lo poceado dejados por las profundas huellas, además del calor y la polvareda por lo seco de sus calles, hacían irrespirable su interior. Los dos hombres iban comentando que los sembradíos clamaban por una buena lluvia. De pronto sonó el celular de Alejandro:- ¿Sí?… ¡Oh, amor… estamos regresando!… ¿cómo? ¡¡Sí, mujer está bien, tengo que pasar por casa del compadre para bajar las cosas y dejarlo a él y la niña!!… Está, Bien, nos encontramos allí… como lo dispongas….Nos vemos…- y cerró el celular -… Es mi esposa… dice que está saliendo ya hacia tu casa para ayudar a tu mujer con los preparativos de la fiesta de mañana…
- ¡Siempre tan guapa y servicial, tu Mariana!…
- Es que al no estar yo en la hacienda, se aburre…seguro que ella llamó a mi comadre para tener una excusa y salir a despejarse…
- Se llevan muy bien ambas mujeres…
- ¡Creo que demasiado bien!…
-¡Epa!… – levanto la voz Rodrigo
- y, claro, hombre, si apenas abro la boca para decir algo de tu esposa, ya esta la mía, diciendo “¡CUIDADO CON LO QUE VAS A DECIR DE AMALITA!”… – y soltaron una carcajada - … yo pagaría por saber de qué hablan cuando no estamos nosotros…
- ¡Cosas de mujeres!… aparte de todo, tienen casi la misma edad, Amalia me lleva 3 años a mí, tiene 35, es mayor que yo y tu Mariana no creo que llegue a los 40…
- ¡Qué sutileza para averiguar la edad de una mujer, Rodrigo…- hizo una pausa- …Ella es demasiado joven para mí… Soy mayor… quince años mayor que ella… Tenía quince años cuando nos casamos… ¡bueno, es un decir… cuando la traje a la estancia, a vivir conmigo… con sus padres no podía estar, no tenían ni para comer… Me la traje desde la Patagonia, le hice terminar los estudios, estaba cursando el secundario… ¡Desde entonces que sus padres reciben todo los meses un giro para vivir decentemente!…
- ¿Por qué me contás éstas cosas Alejandro?… – se preocupó Rodrigo, al notar algo en la voz de compadre:
- ¡Después de lo de hoy, no debemos tener secreto entre los dos!… Marianita, se acostó conmigo recién dos años después. Tenía 17, cuando la desfloré… Sentía terror al sexo… Estuvo traumatizada, mucho tiempo hasta que comprendió que todo era normal… que la vida entre un hombre y una mujer, era eso… gozar uno de otro….
- ¿Y por que esa fobia?…
- ¡Tuvo un intento de violación a los 13 años… nunca me quiso decir quien fue!…
- Pero te lo imaginás, ¿no?…
- ¡Sí, su padre!… ¡ Para que comprenda qué tan natural era el sexo, le prometí que le iba a hacer tener sexo con otro hombre, para que vea que todos los hacían de igual manera… – y se contuvo. Rodrigo lo observó y con la mirada insistió:
- ¿Y?… ¿lo hiciste?… ¿la entregaste?…
- ¡no!… no hizo falta. Además, las mujeres que trabajan en casa, le hicieron entender cómo era la cosa…
- ¿Y?…
-¿Y, qué?…
- ¿Como se las arreglaron las empleadas de la estancia, para demostrarle y convencerla?… – y allí Alejandro, lanzó una carcajada que despertó a Ojitos Verdes, que simuló que seguía durmiendo pero escuchó la historia:
- La muy pilla, les preguntó a las mujeres empleadas – eran tres – que ya que ellas la aconsejaban que era normal “TODO ESO”, si se animarían a demostrárselo…
- ¿a demostrárselo? … – se interesó Rodrigo - … ¿y cómo era eso?…
- ¡Muy sencillo!… las quería ver a ellas, haciendo el amor… – Rodrigo rió con ganas -… quería que primero lo hicieran las empleadas y recién después, lo haría ella. Eran una señora de unos 35 años la cocinara, de mi edad entonces, casada por supuesto, una hija de 18 y una sobrina de 15… – Alejandro se sintió atosigado por las preguntas de su acompañante, lo notó que estaba nervioso, como excitado -… ¡por favor, compadre, no te estarás calentando con mi mujer,¿no?… – rieron los dos:
- Por favor… a las esposas de los parientes el respeto es lo primero… – volvieron a reír:
- Bueno, la señora mayor, le dijo, venga esta noche a mi cuarto y escóndase tras la puerta y verá a mi marido tener sexo conmigo….
- ¿Y?…
- ¡Ah, no! – Les dijo Marianita– yo las quiero ver con Alejandro…- hubo un silencio - … sí, así se despacho mi mujer, para ver y creer, tenía que ser con Alejandro…
- ¡Entonces no pasó nada!… – dijo decepcionado Rodrigo -… y, ¿cómo la convenciste al final?… – ante el silencio capcioso de Alejandro, insistió- … no me vas a decir que las mujeres aceptaron….
- Primero la mayor dijo, poniendo el grito en el cielo… haciéndose la estrecha… “No, ¿cómo voy a hacer eso?”… – pero supuestamente la idea no era tan mala, porque pensó diez segundo y se terminó el disgusto y lanzo con su voz tímida, un desafío: “¡DESPUÉS DE TODO, HABRÍA QUE VER SI EL SEÑOR ESTÁ DE ACUERDO… POR USTED SEÑORA MARIANA, HARÍA UN SACRIFICIO, PERO LAS CHICAS NO”… y fueron entonces las chicas las que pusieron el grito en el cielo…
- ¡Se aterraron, seguramente, temiendo ser obligada y violadas!…
- ¡No!… Se enojaron con la viejita…. ellas también querían… ¡Pasé una noche! ¡¡ Jamás las he podido olvidar!!…
- ¿a las chicas? ¿O jamás pudiste olvidar esa noche?…
- No, ni a las chicas, ni todas las que vinieron después… – rieron - ¡Qué manera de tener sexo al por mayor! Eso sí, una por noche… todas juntas Marianita no quería. Después que vio cómo gritaban y se retorcían de placer, la mamá de las chicas era una fiera… ¡¡una máquina!!…
- ¿Era? o es…
- No, ya no…
- ¿y las chicas?
- Se casaron… y se han ido…- carcajada:
-¿De qué te reís, compadre?…
- Que de vez en cuando vienen… y ya no son tan chicas… tienen la edad de mi mujer…
- Pero… – se miraron y volvió a reírse - … ahora traen a dos bellas cachorritas… a los 15 años me pidieron por favor que les enseñara a sus hijas lo que era el sexo….
- ¿¿QUEEEE??… – gritó Rodrigo -… ¿Eso también?… ¿Cómo has logrado esa atracción irresistible con las adolescentes?…
- ¡No te rías!… Se lo debo a mi desgracia de no poder embarazar a nadie. Las mamá, preocupadas por el sexo creciente de sus hijas y conociendo mi incapacidad, han decidido traérmelas con la anuencia de Mariana, obviamente, y me sentí “obligado” a iniciarlas…
- ¿Y?…
- Y, ¿qué?… – lo miró. Demostró sentirse apenado:
- ¿qué pasó? …¿Fue mal?…
- Y claro… – volvió reír con ganas -… me exigieron más de lo que pude… quedé “grogui”… se quedaron todo un fin de semana en casa… ¿te imaginás? La pobre Marianita se puso tan ardiente que se metió en la cama cuando estaba con una de las virginianas totalmente desnuda y me la sacó de encima - cabalgaba COMO UNA POSEÍDA la niña – que cayó al piso y continuó con masajes íntimos, llamando a su primita la que vino urgente y se revolcaron enloquecidas en la alfombra del dormitorio, mientras mi mujer gozó de tal manera, como nunca lo había hecho antes… y fue allí donde me volvió a recordar la antigua promesa de llevarle otro hombre…
- ¿Eso?… – quedó impávido Rodrigo -… ¡no, no lo puedo creer! ¿Qué le dijiste?…
- No pude responder… porque aceleró su galope… Yo, gritando mis eyaculaciones… y ella, gritando un nombre… creo que no tuvo orgasmos conmigo, sino con el tipo que eligió para tener sexo y que me obliga a llevárselo… y no me pidas que te diga quién es porque eso sí, nunca lo diré…
- ¡Compadre!… – se ofendió Rodrigo -… ¿tu palabra de que a partir de ahora no hay secretos entre nosotros?…
- ¡Sí, tenés razón… pero ésto es demasiado! ¿Cómo decirte a vos, mi pariente, con quien me quiere cornear mi mujer? ¡Debo soportarlo sólo!… lo único que le pedí a Mariana, que cuando lo esté gozando le saque la promesa de que él me entregue a su mujer…
- ¡La pucha, qué problema, compadre!… ¡Flor de triangulo se está armando mi amigo! Qué lío, ¿no?… ¿ y si el hombre se niega a entregar a su mujer?
- ¡No lo creo! ¡En ese momento, a punto de correrte con la furia de la situación, decís cualquier cosa… aceptás hasta que te apoyen a vos con una verga descomunal por el trasero!…
- ¡Epa, amigo! ¿Qué te anda pasando?…
- No sabés Compadre, cómo te excita imaginarte a tu mujer follando con un otro hombre y más mamando una enorme poronga… ¡Es enloquecedor!… Ahhh, ya me estoy poniendo más duro que un fierro… y me parece que usted también compadre…
- ¡¡La pucha!!… con lo que has pintado, estoy para llenar veinte bocas… Apurá Alejandro, a ver si llego a tiempo a casa… ¡Mirá!… – Y Rodrigo se desabraguetó y saltó su miembro como un resorte, totalmente morado y palpitante a punto de regurgitar líquidos a chorros. Inesperadamente Alejandro, frenó la 4 x 4 y se detuvo a la vera del ancho camino de tierra, y haciendo gala de gran porongudo, desató una batalla de vergas con fuerte olor, diciéndole a Rodrigo:
- ¿Probamos quien la tiene más larga?… - y se estiró en el respaldo del asiento mostrando cuan larga era su máquina, abrió la guantera y sacó una cinta para tomar medidas en el campo y estirándola colocó la punta sobre sus pelos, como la cinta es a resorte y no podía hacerlo sólo, le pidió al compadre que la sostuviera sobre su pelvis, mientras medía, pero al sentir el calor de la mano del amigo que rozó su prepucio tuvo una convulsión y él, le manoteó el sexo del joven compadre y con la otra mano apreta la mano de su amigo, sobre su verga y lo obliga a masturbarlo. Una sesión formidable de masturbación entre dos hombres que gustan de las mujeres, que no pudieron soportar tanta excitación. Se olvidaron de Ojitos verdes, que se acodó sobre el respaldo delantero, justo en medio de los dos y se quedó mirando la escena. La calentura era tal que no advirtieron la presencia de la niña viciosa, que comenzó a frotarse su rajita hasta que le vino un orgasmo que no pudo callar un grito de placer, y antes que ellos pudieran reaccionar, dando un salto, pasó a la parte delantera y se metió entre los dos hombres quitando sus manos de ambos miembros a punto de eyacular, comenzando ella con el sube y baja ante la desesperada calentura de Alejandro y su padre. Ojitos Verdes, se arrodilló en el piso, entre las piernas de los dos apuntando con sus manos ambos troncos a su boca. Sacó su lengüita y comenzó una riquísima lección de pajeo lingual sobre ambas cabezotas que vomitaron casi juntas fuertes chorros de leche hirviendo en su cara, en su boca y otra parte logró atraparla con su lengua y tragar todo lo que pudo. Luego beso en la boca al Padrino y al padre. Con éste último lo hizo con mucha fruición… porque él se negaba a separar sus dientes, hasta que accedió y se enroscaron ambas lenguas en una lucha a muerte, al tiempo que Alejandro, comenzó a meter la suya en el ano de la “inocente” muchachita, que se retorcía como una yarará, mientras que con la mano libre buscó la verga del papi y se la metió en la puerta de su cachucha que estaba totalmente lubricada y permitió que su padre la penetrara por primera vez. La niña ninfómana, lo cabalgó a su progenitor entrando ambos en convulsiones desenfrenadas, mientras Alejandro acomodaba su enorme verga en la puerta del recto de la jovencito que al sentir su entrada, lloró cada orgasmos al sentirse penetrada por ambos lados:
- ¡Hija, déjame salir… no puedo acabarte adentro…
- ¡Hazlo papi… es lo mejor que te puedo ofrecer… no te salgas, por favor…
-¡Es que te voy a embarazar….
- ¡No, noooo!… papá…. dale más fuerte… siempre tomo pastillas… por favor, lléname con tu leche… por favor… que tu primera vez sea total… – y se prendió de la boca de Rodrigo, mordiendo la lengua del padre hasta sangrarla, mientras Alejandro le llenaba las tripas con una acabada que lo dejó sin poder moverse, mientras la niña le pedía que no se retire, que le gustaba sentir las dos vergas más hermosas del mundo, dentro suyo… y ahí, el padre, le mordió la lengua a la hija, los labios, mientras eyaculaba junto con ella torrentes de esperma gritándolo enloquecido de placer.

–00–

Nuevamente en marcha, una hora después arribaban al portón de la Estancia de Rodrigo. Se preocuparon por el estado en que se encontraba la niña, casi sin ropas y sucia de semen, al igual que ellos, pero era más soportable. Ojitos Verde, venía en brazos del padrino, reaccionó rápidamente:

- ¡Papi…que Padrino me baje en brazos, diciendo que estoy dormida y me lleva directamente al baño y me deja allí… y vos te vas a llevar sus cosas a casa de él …
- Tiene razón… porque si Amelita te ve así… puede pensar muchas cosas…
- ¡Si pero en tu casa… no hay nadie!… ¿quien me va a atender?…
- Siempre están las empleadas… Ahora yo bajo con la niña y sales urgente, que no te vea nadie… ¡Si tu mujer pregunta le digo que fuiste a casa… ¡ ya lo dijo tu hija… es más inteligente que nosotros dos… – Y Rodrigo detuvo la camioneta a unos cien metros de la casa. Alejandro bajó con Ojitos Verdes envuelta en una frazada, toda cubierta y las jaulas. La madre se asustó y le dijo:
- ¡No es nada, está dormida y nos dio lástima despertarla! Además jugó como una chiva todo el día. Quédese tranquila, Comadre, yo la llevo, usted traiga las jaulas con los bichos esos que le hemos comprado….
- ¿Y Rodrigo?… – se preocupó la mamá de Ojitos verdes.
- ¡Fue a casa a llevar las cosas que compré yo!… – gritó Alejandro al tiempo que se alejaba apresurado con la preciosa carga hasta perderse por la puerta de el enorme Chalet central, de la Hacienda de su compadre. Amelia se quedó mirando cómo se perdía en el camino la 4 x 4, rumbo a la Estancia del Compadre. Cuando reaccionó, ya Alejandro retornaba de dejar a la jovencita.
- ¡Ya se despertó!… La dejé en la puerta del baño Amalita, quería darse una ducha… el cansancio, la tierra y el calor la han dejado un asco…
- ¿Tiene para mucho, Rodrigo?…
- Todo depende…
- ¿De qué?…
- Del tiempo que lo requiera Marianita para acomodar las cosas que he comprado… ¡Ah, mi mujer es muy detallista… y hasta que no ve un cuadro bien colocado, no se deja de jorobar….
- ¿Y trajo muchos cuadros, compadre?… – lo preguntó con cierta ironía:
- Unos diez, más o menos… – mintió Alejandro. Iba a decir algo Amalita, cuando estuchó la voz de Ojitos Verdes que la llamaba - … ¡la llama su hija, comadre!… – trató de sacársela de encima. La mujer de Rodrigo lo miró con picardía en los ojos, y se alejó. Él, se fue a un espejo de la sala y se vio muy mal. Huele su ropa y apestaba a esperma- … ¡Hummm!… Creo que no se tragó nada de lo dicho con respeto a su marido… – tomó su celular y salió al enorme patio, se sentó en un banco de madera- … ¡Hola, mi amor!… ahí va… Ya sabes, cuando lo tengas listo… apreta los tres números que te indiqué, de tu celular y deja que él hable… sabes cuál es el pedido… ¡chau mi amor! ¡¡Portate bien!!… – cerró el celular, pero sin apagarlo y se fue a unos de los baños de la peonada, donde se refrescó y se lavó las manos y la boca. Cuando volvió hacia la casa grande, ojitos verdes lo llamaba a comer algo.

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Llegó la 4 x 4, hasta las puertas de la casa central de la hacienda de Alejandro. Bajó. Se sacudió la ropa. No se preocupó por la facha, sabía que no había nadie. Bajó unos paquetes. No eran cuadros, eran planas de flores y facturas de cerdo. Tomó el picaporte de la puerta. Estaba abierta. Se extrañó. Entró. Fue derecho a la cocina, dejando los comestibles y luego cuando iba a salir hacía el jardín de invierno a dejar las plantas, sintió unos gemidos que provenían del lavadero, se acercó, escuchó. Los suspirados eran de una mujer. Se excitó, no se animó a entrar y decidió dejar las plantas para retirarse a su casa, De pronto sintió ruidos en la planta alta, subió lentamente, sabía que no había nadie en la casa. Temió a que hubiera ladrones. Sabía que Alejandro tenía en su dormitorio su caja fuerte. Se acercó y abrió de golpe la puerta:
- ¿Quién… está?… – quedó estático. Intentó cerrar la puerta y retirarse, pero una voz ardiente le ordenó desde la penumbra de la habitación:
- ¡Pasá, Rodrigo… te estoy esperando!… – increíble. Rodrigo no pudo emitir palabras. Era la voz de Marianita, que tuteándolo, cosa que nunca había hecho, lo invitaba a pasar. Estaba recostada en la cama matrimonial, con la ropa subida hasta la cintura, las piernas abiertas y sus manos entre sus pantaletas acariciándose la vulva. Sus ojos tremendamente abiertos cargados de deseo:
- ¡Comadre… ¿ qué pasa… está … enferma?… – titubeó. Dejó caer al piso lo que traía en sus manos:
- ¡Síiiii!… y sos el único que puede curarme… ¡ Pasá… – le gritó - ¡Pasá, que no aguanto más!…

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Rodrigo, creyó que soñaba. Él era el elegido. Se acercó a Marianita que descaradamente, lo tomó de las manos y lo tiró sobre la cama junto a ella . Desabotonó el pantalón, quedando desbraguetado. Tomó el miembro del hombre deseado, lo sacó afuera y furiosamente se lo llevó a la boca para mamarlo frenéticamente, mientras Rodrigo acariciaba sus senos, pellizcaba sus morados y duros pezones, los que entró a saborearlo, al tiempo que corría su mano hacia atrás, metiéndose en el tanga negro y transparente hasta alcanzar el enervado “pijito” femenino, haciendo una vigorosa masturbación a ese regalo caído del cielo. Marianita gritaba sus orgasmos. Tomo el celular sin que Rodrigo se diera cuenta y apretó los botones que le indicara Alejandro y lo dejó bajo la almohada. Rodrigo también grita su eyaculación:

- ¡Te acabo en la boca, comadre!…
- ¡sí, amor… haz lo que quieras…

–00—

Sonó el celular en el momento en que Alejandro conversaba con Amalita, su comadre, se lo llevó al oído, y escuchó con claridad la voz de su mujer teniendo un profundo orgasmo….

- ¡Aaaagggg… Rodrigo, qué bien lo haces… más por favor… es rico… es ricoooo….
- ¿Si?…. ¿te gusta?…
- Sí…. siiiiii….. Sigue… sigue… – Alejandro, solamente imaginó. El solo hecho de escuchar esas voces, hizo que su enorme verga se levantara y le alcanzó el auricular a Amalita:
- ¿Es para mí?…- fue la inocente pregunta tomando el tubo. Se sorprendió. Alejandro no respondió, pero vio como el rostro de la comadre iba cambiando y clavando sus ojos en los del hombre se acercó a él, para poner el auricular junto a sus oídos y escuchar los dos, en el preciso momento en que Mariana gritaba otro tremendo orgasmo:
- ¡Ahhhhhhh…. queee ricoooo… penetrame Rodrigo…. ´¿si?… – y gemía enloquecida.
- ¡SI, MI VIDA!…. Jamás pensé que me iba a echar un polvo con vos… ¡qué hembra que resultaste ser, comadre!… Dejame que te lleno la boca con mi caliente lechita…. Ahoraaaaa….
- Si… no te detengas mi macho…. ¿sabés lo que quiero?…
-¡Noooo… dímelo…
- Ver hacer el amor a Alejandro con Amalita…. ¿la dejarías?…
- Siiiii… que la reviente… pero nosotros seguimos gozando hasta morirnos…. ahora… yaasaaaa…. yaaaaaa Marianita….-

–00–

Alejandro notó la respiración jadeante de Amalita, le sacó el teléfono de las manos, la alzó con sus fuertes brazos y la sentó cobre la mesa del comedor, mientras sus bocas se enfrentaron a muerte. Se mordían furiosamente y sus lenguas gustaban los líquidos de ambos. Ella no pronunciaba palabra alguna. Abrió bien sus piernas. Alejandro, se arrodilló, quitó la tanga blanca y mojada que ya despedía un fuerte olor a los flujos de la mujer que le demostraba que su calentura con él, venía desde mucho tiempo atrás. Alejandro, dueño de una tremenda lengua, le acarició las gruesas paredes de la peluda vulva que fue mordiéndolas con sus labios y penetrándola lentamente a medida que la mujer perdía toda compostura y poseída por la locura del sexo le gritaba palabras obscenas, que lo calentaban más hombre. Se retorció como una víbora cuando él alcanzó a tomarle el clítoris con sus dientes y comenzó a morderlos. De pronto notó que su verga se estaba humediendo y vio de reojos a la insaciable Ojitos Verdes, queriendo meterse semejante cosa en su pequeña boca, mientras su madre – que no podía verla, le gritaba a Alejandro:

- Penetrame, Alejandro… por favor, penetrame…. ¡¡ no sabes cuantos años hace que espero éste momento!!…

Si te gustó o no, dímelo a analbo@uolsinectis.com.ar

Ojitos verdes / Tres

Thursday, January 11th, 2007

Llegaron a media tarde a la estancia de los Arévalo.

Los Arévalo se dedicaban a la cría de distintas razas de animales pura sangre y venta de pájaros exóticos.

Karina le había pedido para su cumpleaños un papagayo de hermosos colores para el enorme comedor de la casa, y un loro hablador. En la entrada, que era enorme, los invitaban a recorrer los distintos stands donde se exhibían todo lo que ellos vendían. Rodrigo y Alejandro fueron hacía el interior donde había gente conversando para hacer las averiguaciones del caso…

Ojitos Verdes se quedó en la 4×4. De pronto vio a unos doscientos metros del lugar, en medio del campo, una pequeña tropilla de Pony, pequeños caballitos de no más de setenta centímetros de alzada, fuertes, de crin largo y hermosas colas. Ella sabía conducir, de chica su papi le había enseñado; puso la camioneta y fue a detenerse frente a los caballitos. Los vio nerviosos, se tiraban coces entre ellos, se mordían y relinchaban mientras trotaban como jugando a algo desconocido; después se enteraría que era una ceremonia muy especial, donde el macho trata de excitar a la hembra.

Bajó del vehículo y se acercó al grupo de caballitos, apoyándose sobre los alambres que cercaban el campo, justo en el momento en que uno de los animales intentó subir sobre otro, siendo rechazado, hasta que el caballito macho, el semental, desenvainó una larga verga oscura y gruesa, cuya cabezota encajó justamente en la raja de la hembra, que dio un relincho, pero no pudo escapar por más que lo intentó, pues el potro la tenía agarrada de tal forma que ya no podía huir.

Ojitos Verdes observó todo muy atentamente quedando asombrada ante semejante “cosa” del caballito, que comenzó a moverse haciendo entrar y salir de la vaina jugosa de la hembra que comenzó a acompañarlo con su cuerpo y relinchos. Karina se sintió convulsionada, volvió sobre sus pasos, se introdujo en la camioneta y empezó a jugar con sus dedos en su sexo; estaba sin su tanguita y recordó que el padrino se la había sacado.

Alejandro y Rodrigo se acercaron por el lado opuesto a la puerta de la camioneta, extrañados, pues no veían a la jovencita. Desde afuera era imposible, tenían vidrios polarizados. Miraron hacía el lugar donde se oían los relinchos de los Pony, se miraron y sonrieron. Se imaginaron qué podría haber pasado. Fueron hasta el alambrado saltando una zanja, se acercaron cuanto más pudieron a los caballitos, llevando cada uno una jaula con los pájaros adquiridos.

Al volver a la 4 x 4 se encontraron con un cuadro que conmovió a los dos hombres. Ojitos Verdes estaba desvanecida, totalmente desnuda sobre el asiento trasero, sosteniendo en su mano derecha una enorme banana penetrada hasta la mitad en sus genitales. Alejandro y Rodrigo dejaron las Jaulas en el suelo y corrieron a sacar a la pequeña del trance. La cubrieron con unas mantas que había en el vehículo y con el toallón mojado la limpiaron, le mojaron el rostro y le hicieron beber agua. La niña abrió los ojos dulcemente y con una sonrisa encantadora dijo con una enorme carga de placidez:

—¡Papi… tengo sueño. Tenía hambre, tomé dos bananas —mintió—, pero al ver a esos caballitos haciendo cosas… no sé qué me pasó… mientras comía una se me dio por jugar con mi mano… luego sentí necesidad de algo más grande… ¡¡Oh, padrino!!… papito… no fue mi intención… —y se echó a los brazos de los dos hombres llorando zalameramente mientras, con perversidad, sus dos manitas entraron a recorrer sus piernas hacia las pelvis.

Al solo contacto de esas traviesas manos con sus respectivos sexos, Alejandro y Rodrigo reactivaron su lujuria. Ojitos Verdes fue más rápida que los dos, quienes, cuando intentaron reaccionar, ya la niña ninfómana tenía en sus manitas, apretando con fuerza ambas vergas, que crecieron desvergonzadamente en tamaño y grosor. La excitación envolvió la mente de los hombres que volvieron a olvidarse de quien era la ardiente viciosa y no comprendieron más allá de su sicalíptico estado.

Ojitos Verdes estiró la piel que cubría cada glande, el prepucio corrió hacia atrás dejando a su disposición las dos enormes extremidades de esos penes. Los miró con picardía y, desoyendo sus quejas, acercó las dos cabezotas a sus labios pasándoles su caliente y suave lengüita, logrando convulsiones con gemidos que provenían de sus inmoderaciones sexuales. Ojitos Verdes miró de reojo al padre y con picardía y una sonrisa siniestra le dijo:

—¡Papi!… —Rodrigo se estaba retorciendo en el asiento del vehículo por efectos de las caricias de la pequeña, ella lo notó y maliciosamente le comentó—… estuve pensando, ¿sabes?… ¿me escuchas?…
—Sí, ¿qué?… —y se mordía los labios del placer incestuoso que le proporcionaba la hija.
—¡Que sería mejor que yo le cuente a mami todo… todo, todo…
—Todo, ¿qué? … —y sintió las manos de Karina subir y bajar desde la cabeza a su pelvis con rapidez, masturbándolo, igual que al padrino…
—Todo lo que me hicieron tú y el padrino… ah, pero eso sí, le digo que yo tuve la culpa… que yo comencé todo… —Rodrigo, vencido por el enorme goce por el que estaba pasando, le dijo casi sin fuerza:
—¡No, hija!… no puedes decirle eso a mamita… ¡porque nos manda presos a tu padrino y a mí, y a ti te deja encerrada en el convento para no salir nunca más…

Ella rió con ganas mientras fuertes chorros de esperma vomitaban esas oscuras cabezas; veía a los dos hombres cómo se retorcían de placer en sus respectivos asientos. Puso, una vez cada una, las enormes vergas en su boca, llenándosela del viscoso líquido hasta que quedaron laxas en sus manitas.

La reacción del padrino y el padre no se hicieron esperar. Alejandro trató de convencerla para que no contara lo que había sucedido porque les acarrearía muchos problemas a él y a su padre. Rodrigo le imploró, pero ella siguió insistiendo ante la desesperación de los dos hombres:

—Bueno… está bien… yo no digo… —los rostros de ambos responsables cambiaron radicalmente, pero notaron una intención en esos ojitos verdes, entre tristes y crueles—, ¡yo… no hablo!… —los dos sonrieron aflojando sus tensiones—. Pero quiero “eso”… —y con su mano señaló por la ventanilla del vehículo sin mirar. Alejandro giró su cabeza y no vio nada. Rodrigo se atrevió a preguntar:
—¿Qué, hija?…
—¡Pide lo que quieras, Ojito Verdes… que si papi no quiere yo te lo consigo!… ¿qué es lo que quieres, muñeca?…
—Eso… —cerró los ojos nuevamente con fuerza y volvió a señalar sin mirar—, ¡un pony!…
—¿Un pony? ¿Para qué un pony?… ¿ acaso no tenemos tu alazán de montar en la Hacienda?… —comentó el padre e insistió—, ¿ para qué un petiso?
—¡Para montarlo más tranquila!… para jugar… Hay compañeras del Convento que lo tienen… El padrino me lo cuida durante la semana, le hace un establo a su medida… me consiguen las monturas y cuando yo estoy en casa, paseo en él… ¿Les parece mal?…. —y entró a lloriquear—. ¡¡Sí, papito… quiero un pony… y quiero ese blanco de crines largas y la cola hasta el piso… ¡Anda, papito… cómpramelo!…

Puso cara de capricho y volvió a amenazar:

—¡Mira, que si no… ¡hablo!… —Rodrigo bajó la cabeza, descendió de la pick–up y se alejó lentamente hacia la entrada de los Arévalo. Su compadre quiso acompañarlo y ella le dijo que no, que se quedara allí, y le gritó al padre:
—¡Papi, el blanco ese que está allí!… ¡¡ese!! Otro no…

Cerró la puerta del vehículo y tomó de la mano al padrino pidiéndole que se sentara junto a ella. Alejandro estaba aturdido por el proceder de la niña y se dejó arrastrar; le pidió que la ayudara a vestirse y se quitó la frazada que la cubría, dejándola caer al piso del vehículo en el asiento trasero quedando delante del hombre totalmente desnuda preguntándole:

—¿Te gusta, padrino?… ¿qué te pasa, padrinito? ¿Por qué esa mirada?…

El hombre, a pesar de su edad, no pudo desechar la malsana idea de engullir ese apetitoso plato. Nunca había visto a su ahijada así, paradita, con los senos duros que podían entrar en su boca, sus piernas de mujercita, bien torneadas, las caderas como para soportar muchas, pero muchas cosas más, y una incipiente y oscura pelusita sobre su rajita; la acarició, se obnubiló su mente y por fin sus ojos se detuvieron en los bellísimos ojitos verdes, ¿de la ahijada… o los de una hembra? Nunca los había visto como un hombre.

Siempre fue el padrino que veía a la niña ahijada crecer. Pero en este momento fue distinto. En esos ojos vio a una mujer que despertaba al sexo con una carga de erotismo inconmensurable que pedía a gritos que la satisficiera.

Bajó su mirada a la boca de la pequeña, cuyos labios vio por primera vez como los de una hembra, mojados por la saliva de ella que lo desafiaba descaradamente y la atrapó con sus fuertes brazos, la atrajo hacia su cuerpo apretándola con furia y por primera vez acercó sus labios a la boca de Ojitos Verdes y la besó con suavidad, por miedo a despertar de ese sueño imposible de creer, y fue ella la que lo invitó a pasar abriendo su boca y sacando su lengua para penetrarla en la boca del padrino mientras con sus manos traviesas le bajaba los pantalones para tomarle la verga con desesperación.

Alejandro removió su lengua en la boca de la niña que siempre creyó virgen, y ésta, saboreando los jugos del padrino, le mordía los labios hasta sangrarlos. Luego, él besó su cuello pasando su lengua húmeda por toda su ardiente piel al tiempo que la insaciable doncella lo masturbaba y con sus pequeños dientes seguía masticando las carnes del semental que le estaba dando placer. Cuando el hombre mayor lamió los pezones casi morados de Karina, ella se retorció y llevó su mano izquierda a frotarse el clítoris que pugnaba por salirse de la vagina. Los pequeños pechos, pero grandes para tan corta edad, fueron engullidos por la boca de Alejandro ante los gemidos de placer de la pequeña y viciosa ahijada.

La recostó toda a lo largo del asiento, él se arrodilló en el piso de la parte de atrás de la 4 x 4 y metió su cabeza entre las piernas que ella abrió más y más. La lengua gruesa, áspera y larga del padrino recorrió la hendidura vaginal mientras Ojitos Verdes se retorcía de placer y gritaba cada orgasmo. Se encontró con un clítoris demasiado desarrollado, lo saboreó con sus labios ante los gemidos de la púber ninfómana que gritaba insatifecha:

—¡Máaass… másssss, padrino!… ¡oh, mi Dios!… padrinito… muérdeme el pijito, como dice el padre Ramón en el convento… arráncamelo… ayyyyyy… agggggg…

Exacerbado por la lujuria el hombre mayor se sentó, tomó a la niña como si fuera un objeto y la colocó frente a su boca mientras intentaba penetrarla ante los gritos excitados de la jovencita. Alejandro la apretó hacia abajo y la verga penetró hasta sus testículos cayendo desvanecida Ojitos Verdes sin emitir un grito de dolor. Alejandro la comió a besos en su rostro, en sus ojos, en su cuello, succionó su lengüita dormida y así derrumbada siguió un movimiento de saca y pone, la ayudaba, alzándola –era una plumita entre sus brazos– y la volvía a bajar hasta chocar pelvis contra pelvis, hasta que Ojitos Verdes abrió sus ojos y giró su mirada hacía su padrino con una sonrisa de placer que asustaba:

—¡¡Ah, padrinito!!… ¡qué bueno… esto es maravilloso… —y se retorcía hasta que tomó ritmo y entró a cabalgarlo de una forma que Alejandro jamás había sentido, y murmuró en los oídos de la pequeña mientras su lengua los penetraba:
—Chiquita mía… ¿dónde aprendiste a hacer esto?… Muñeca malcriada, jamás una mujer me ha hecho gozar de ésta manera… ¿quién te enseñó a hacerlo así?… —la pequeña viciosa volvió a sonreír ya totalmente desquiciada y le respondió al padrino:
—¡Allá, padrinito!… —y seguía jineteando sobre la verga de ese hombre cincuentón, al que jamás nadie le había sacado más de dos o tres acabadas, pero en su juventud, y ésta diablilla sexual le seguía quitando, absorbiendo su líquidos seminales:
—¿Dónde allá?… ¿tu papi?…
—¡¡Nooo!!… padrinito… ¡máaaassss, por favor… mássss!… por el amor de mi ángel de la guarda… ¡sigue…. sigue… sigueee… padrino!… ¡¡¡siiiii!!!… ¡¡¡Ahggggg!!!… —y volvió a desplomarse sobre su padrino que seguía sus movimientos casi desenfrenadamente. Le estaba costando su cuarta eyaculación en horas.
—¡Mi muñeca traviesa… cuánto haces gozar a tu padrino!… —y apuró el sube y baja; se sintió con algo de fatiga, su corazón estaba demasiado acelerado, pero estaba a punto de acabar en la oscura cavidad de la mujercita libidinosa cuando ella volvió a tener otro orgasmo, desgarrador, como si le hubieran arrancado el útero y le pidió al hombre bestia que la seguía poseyendo, ya fuera de sí:

—¡Alejandro… por favor!…
—¿Qué, Ojitos Verdes, qué?…
—¡¡¡Penétrame… por atrás!!!… por favor, te lo pido… ¡por atrás!… como lo hace el padre Ramón…

De un salto la fierecilla montaraz, con una agilidad casi eléctrica, sacó la verga del padrino de su vagina y, dirigiéndola con su propia manita, se la insertó solita en el ano; a pesar de que estaba lubricada por sus jugos, la dureza del grueso miembro le entró forzándose, pero gustándole como una posesa.

El enorme placer que sintió Alejandro renovó sus bríos y la apretó con fuerza, casi con furiosa lujuria, sin compasión, hasta sentir sus nalgas apretarle los testículos y volvió a arremeter como si fuera la primera vez hasta que inundó las entrañas de la pequeña y ella se retorcía del placer que le daba su padrino lanzando orgasmo tras orgasmo terminando en un llanto incomprensible.

Quedaron así los dos. Ella, la perversa adolescente, sentada sobre el cincuentón padrino que recibía de la ahijada largos y mojados besos como queriéndole succionar su lengua, mientras la verga comenzaba a achicarse entrando en un estado laxo imposible de rehabilitarla. Con la toalla, aún húmeda, limpió a la pequeña cuyo rostro no podía disimular ni esconder su cansancio, al igual que él; se sentía exhausto y fatigado. Arregló lo que más pudo las cosas para que Rodrigo no se diera cuenta.

Se calmaron. Bebieron café caliente de un termo. La chiquilina comió un trozo de torta que le había puesto su mamá y Alejandro terminó una longaniza napolitana producto de su última elaboración a base de carne de cerdo. Luego miró fijamente a la jovencita y le preguntó:

—¿Cómo es eso del padre Ramón, princesa?… —la niña, con cara de picardía extrema, repreguntó:
—¿Qué Ramón?…
—No te hagas la tonta con tu padrino… ¿cómo es eso que todo te lo ha enseñado el padre Ramón?…

Ojitos Verdes lanzó una carcajada, se recostó sobre sus piernas (estaban sentados en el asiento delantero), y mientras terminaba de engullir la torta, sacando sus piernas por la ventanilla derecha, comenzó a relatar una historia:

—El padre Ramón, un cura que se hizo viejo diciendo misa para las alumnas del convento, dentro de la institución, tenía un estilo muy sabio para ganarse la voluntad de las niñas. Él sabía con quienes podía hacerlo luego de una serie de charlas en el confesionario, cuando cada mujercita iba a confesarse los domingos.

—Yo era nueva, mamá me inscribió a los doce años en el Convento, con residencia, me lleva los lunes y me busca los viernes por la tarde, para estar aquí sábado y domingo. Cuando la hermana maestra de alguna de las materias no asiste a dictar su curso, por estar enferma, o por cualquier otra cosa, nos avisan que tenemos las próximas dos horas para hacer lo que nosotras queremos. En una oportunidad, una de mis compañeras me invitó a ir al confesionario a charlar con el padre Ramón y así lo conocí. Ella tenía un problema y quería consultarlo. La acompañé. No quiso hablar a solas con el cura y le pidió que me quedara con ella. El padre Ramón, con cara de bueno, gordito, brazos cortos y fuertes, manos con dedos largos y gruesos, tocaba el órgano en misa. Lo encontramos algo alterado, «¿qué le pasa, Padre?»… le preguntó Alicia, mi amiga, y él, dirigiéndose hacia una alumna que acababa de salir, dejó entrever su estado de ánimo: «¡ésta, chica, la Matilde!… se viene a quejar que siente una comezón, como cosquillas, en su vertical… le doy un remedio ¡y lo rechaza!… ¡bueno, allá ella, que la cure Sor Natalia!». Me miró y me preguntó con voz gruesa, de mal tono: «Y tú, pequeña, ¿qué haces con la vertical cuando pica?».

—Lo miré sin saber qué me estaba diciendo, se rió y dijo: «¡que Alicia te lo explique!». No presté atención a la conversación de Alicia con el cura, sólo recordé las palabras del cura y la sonrisa pícara de Alicia cuando él dijo que ella me lo explicara. A partir de ese día, teniendo doce años, comencé a escuchar muchas historias de las cosas que ocurrían en el convento. Primero no les di importancia, hasta que después de medio año de estar yo allí de pupila, una noche me sentí mal y llamé a mi compañera de celda y le dije que me sentía mal, que me estaba mojando toda… me había bajado por primera vez la menstruación. Mi compañera, mayor que yo, de 16 años, me dijo que no era nada y me ayudó a asearme y cambiarme de ropa, me aclaró que mi organismo estaba transformándose, que las hormonas y qué sé cuantas cosas, pero yo sentía fuertes dolores por lo que le rogué que buscara a una hermana para que me diera algún calmante. Alicia llamó a la celadora, era Sor Natalia; ésta vino urgente, vio el caso, me consoló con masajes, me dio calmantes y todas las explicaciones del caso, hasta que me dormí.

—Muchas palabras… que no responden a mi pregunta… —inquirió Alejandro.

Ojitos verdes estiró su cabeza hacia atrás para mirar con ojos pícaros al padrino que estaba fumando en pipa, dejando un rico olor a tabaco rubio importado, con cuyo aroma había logrado eliminar el exacerbante y penetrante olor al sexo reciente. La pequeña, al mover su cabeza, notó que el miembro del padrino había vuelto a endurecerse, cuyo glande apuntaba a sus labios desde atrás de la tela de pantalón y amagó con un mordisco.

Alejandro le retuvo la cabeza pero ella se forzó, sacó su lengua y se la mostró lasciva, libidinosa, eternamente lúbrica y la dejó hacer… y así, en esa posición, le sacó la enorme verga desabotonando el pantalón. El miembro nuevamente se metió en la boca de la desenfrenada niña, la que solamente giró su cabeza y tomándola con ambas manos se la metió hasta la garganta, degustando ese enorme pedazo como si fuera la primera vez. El padrino se acomodó en el asiento mientras Ojitos Verdes succionaba cada vez con mayor fuerza gozando con los gestos del padrino que se moría de placer.

De pronto, escucharon la voz de Rodrigo que se acercaba, llamando a Alejandro. La niña soltó el “juguete” y siguió devorando el resto de torta; con tranquilidad el padrino guardó lo que no debía verse y continuó fumando echando mucho humo en la cabina.
Rodrigo abrió la puerta y lo invadió una oleada de humo:

—¿Cómo pueden soportar tanto humo?…
—¡Estoy comiendo, papi!… ¿Y?…
—¡Ya está!… Alejandro, necesito un cheque en dólares, y como tú tienes cuenta en dólares, después te los doy para cubrir…
—¡Sí, sí… ¿de cuánto?…
—¡Mil quinientos!… —Alejandro lo miró sorprendido mientras Ojitos Verdes sonreía malignamente.
—¿Tanto cuesta?… —preguntó el compadre.
—¡No, más aún! Anticipé dos mil en pesos…
—¿Lo trajiste, papi?… quiero verlo…
—No, hijita… pero cuando vuelvas del colegio la semana que viene lo tendrás aquí… el que tú pediste, mansito, listo para montarlo…
Alejandro le dio el cheque y Rodrigo salió apresurado hacia la estancia de los Arévalo a terminar la operación.

La insaciable Karina, apenas se alejó el padre, se apretó contra la pelvis de Alejandro desprendiendo nuevamente la botonera y sacando la fláccida polla del nido; así, blandita, y con la boca llena de crema de la torta, comenzó a jugarla en su boca hasta que de pronto el enorme falo, que ahora parecía mas enorme y grueso, se hinchó de tal manera que la ardiente boca de la chiquita no pudo retenerla. Entonces la tomó con ambas manos y empezó a sobarla maravillosamente tirando su prepucio hacia atrás y lo volvía hacia adelante cada vez más rápido.

Alejandro, totalmente excitado, furioso, tomó la cabeza de la pequeña y le metió todo su miembro hasta el fondo, exigiéndole que chupara con fuerza antes que regresara su padre mientras él la masturbaba con sus dedos suavemente sobre su clítoris.

Alejandro, el cincuentón padrino de la incontrolable niña de apenas 14 años, se sintió vencido por la púber y contabilizó con su mente enardecida, en el mismo momento en que por séptima vez eyaculaba en menos de seis horas, que tuvo la sensación de que su secreción, su mucosidad seminal, era extraída, succionada por la habilidad de la precoz y ardiente muchachita que absorbía el esperma con maravillosa lujuria…

Analbo

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Ojitos verdes / Dos

Thursday, January 11th, 2007

Y la camioneta arrancó con fuerza, saltando más que antes. Rodrigo tenía intención de llegar lo antes posible, aunque estaban a mitad de camino, con el propósito de neutralizar las intenciones que había leído en los ojos del Compadre. El padrino se había excitado. Fue testigo de un hecho repudiado por la sociedad, pero era más fuerte que cualquier sentimiento. Él tampoco lo soportaba.

Hombre más robusto que Rodrigo, para evitar que la niña se golpeara contra la consola del vehículo, la tomó con sus fuertes brazos, la tapó con el toallón y la apretó contra su rodilla derecha, la que había dejado liberada de sus pantalones antes de entrar a la cabina. Su botamanga se encontraba arremangada sobre su nalga. Se excitó al máximo cuando sus carnes tocaron la humedad de la pequeña tanguita de Ojitos Verdes.

Su miembro saltó de su bragueta, ya que la había desabotonado, dura como un madero y enorme. Él mismo provocaba el vaivén sobre su falo apretando y llevándola hacia adelante y volviéndola a traer hacia su pelvis. Sentía las carnes calientes de la carnosa nalga de Ojitos Verdes, mordiendo sus labios por la tremenda excitación. La niña se dio cuenta, giró su cabeza y con picardía lo miró regalándole una sonrisa; bajó su mano y le tomó descaradamente la verga, enorme, se sonrió nuevamente, la notó mucho más grande que la del padre. La apretó con fuerza mientras fregaba su vulvita contra la rodilla del padrino…

El vehículo seguía su carrera enloquecida por ese camino sinuoso y poceado. Rodrigo miraba de reojo al compadre y observaba sus gestos de placer que le daba su pequeña hija. No podía, no debía decir nada. Imposible pelear con aquel hombre. Tal vez se matarían. No podía hacerlo. Peor sería que todo se supiera. Observó el lento movimiento del bracito derecho de Karina y comprendió lo que estaba pasando.

Se sintió obnubilado por un golpe de sangre a su cabeza cuando vio al compadre cerrar los ojos y morderse lo labios, conteniendo un grito de placer, en señal de estar eyaculando. El aroma llegó a su olfato mientras Ojitos Verdes se enloquecía, cabalgando la rodilla del padrino, y ya no disimulaba ni sus gestos, ni sus gemidos de goce inmenso, delectación de una chiquilina despertando al sexo.

Rodrigo, no soportó aquello, y comenzó a friccionar su verga por sobre el pantalón mientras trataba de conducir el 4 x 4 que se le escapaba de la ruta internándose en la banquina.

Los movimientos de la camioneta, merced a la velocidad que le había impuesto Rodrigo y las carnes calientes de la piernita izquierda de la niña, totalmente bañada de semen, volvían a jugar con el trozo enorme de Alejandro.

Las miradas de los dos hombres se enfrentaron. Rodrigo, en desesperada embestida con su polla, puso los ojos en blanco al tiempo que volvía a terminar enloquecido de goce, al tiempo que Alejandro, quitándose algunos pensamientos de culpa, le bajaba la tanguita a la nena hasta tenerla en sus manos y guardarla en el bolsillo de su pantalón.

Acomodó a la niña sobre la punta de su miembro y Rodrigo, con gestos desesperados, sin emitir sonidos, moviendo su cabeza, le pedía que no lo hiciera. El padrino le suplicó perdón con sus ojos y apretó con todas su fuerzas a Ojitos Verdes sobre su verga, penetrándola sin compasión, quedando la mocosita semidesvanecida, sin articular una palabra.

Alejandro le acarició el cuello y lentamente comenzó a moverla, subiendo y bajándola, haciendo que su pene, totalmente lubricado con flujos vaginales y sangre de la pequeña, removiera las profundidades de Ojitos Verdes que, abriendo lentamente sus ojos, mirando a su padre, le sonrió con placer y satisfacción, apoyó sus dos manos en la consola de la 4 x 4 y se recostó hacia donde estaba su padre, gimiendo, dando esténtores de lujuria.

La excitación de Ojitos Verdes era tal, que Rodrigo frenó el vehículo sobre la banquina, se corrió hacia donde estaba su compadre, sacó su roja verga y la acomodó en la boquita de la niña, quien la abrió desaforadamente hasta que logró introducir el enorme glande del papi, casi todo, en su ardiente boca.

Rodrigo soportó la situación 20 segundos y acabó, eyaculó de tal forma que la niña casi se ahoga con tanto semen junto al tiempo que Alejandro también acababa llenando la lastimada cavidad vaginal de la jovencita, que mostraba un rostro angelical y lujuriante, por momentos vicioso y depravado. Una mirada profunda y perversa les regaló a los dos, como sellando un siniestro pacto de silencio.

Quedaron los tres enrollados y encharcados de jugos seminales de una jornada de orgía impensada. El padrino fue el primero en reestablecerse. Ojitos Verdes se había dormido, la tomó en sus brazos y la cruzó al asiento trasero mientras limpiaba los restos de semen en todo su cuerpo. Miró por la ventana del vehículo, observó una entrada a un campo y a un centenar de metros una limpia laguna. Despabiló a Rodrigo, y le señaló hacia el lugar donde se veía agua. Este entendió el mensaje; se puso en marcha y allá fueron para refrescarse y asearse. Ojitos Verdes fue introducida en las aguas tibias y transparentes de la laguna, despertándose. Pidió que los dos hombres se volvieran para ella poder lavar su cuerpo y sus partes pudendas.

Los dos hombres subieron al vehículo y conversaron entre ellos, pactando el mayor de los secretos, pero había que hacer algo para evitar el embarazo de la niña, le sugirió Rodrigo. Alejandro, entonces, le reveló:

—Nunca serví como reproductor, por eso no tenemos hijos en mi matrimonio. Tuve un accidente de joven, en una cuadrera, y quedé imposibilitado para procrear… por eso no tomé precauciones con la chiquita.

Desde ese día fueron más unidos, Alejandro, un cincuentón, vecino de su campo, padrino de Ojitos Verdes y Rodrigo, que con treinta y dos años recién cumplidos tiene ahora que convivir con malsano secreto con su hija de 14 años, que está escapándole a la niñez muy aceleradamente…

Analbo

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Ojitos verdes / Uno

Thursday, January 11th, 2007

El padre de Karina accedió a los caprichosos gustos de la niña, que cumplía 14 años. “Ojitos verdes”, la llamaba su padrino, un vecino cincuentón del campo aledaño, al de la familia de la jovencita. Papá Rodrigo, acompañado de Alejandro el vecino y compadre, iban a viajar esa mañana, hasta al lugar donde encontrarían lo que seguramente iba a satisfacer los antojadísimos requerimientos de la chiquilina.

Ojitos Verdes, es una muñeca que camina, habla, canta, grita, llora y para peor siempre obtiene lo que quiere, y ahora pedía un loro parlanchín y un papagayo de hermosos colores.

Ojitos Verdes, es delgadita de cara, su cuerpito bien formado, sendos botoncitos de los senos queriendo llamar la atención ya demasiados pronunciados, caderas dispuesta a soportar muchas cosas, piernas bien formadas con nalgas blancas y gruesas por sus prácticas deportivas en el colegio de monjas donde asiste durante la semana bastante distante de la casa.

Ojitos Verdes, tiene boquita grande y carnosa. De mente ágil, y rápida de pensamientos que nada tienen que ver con su edad. Cabellos negros, lacios y largos hasta la cintura que con sus ojitos verdes, su sempiterna sonrisa y el gran murallón de sus grandes dientes blancos, hacían de la niña hermosa, un bello retrato de lo que es ser una agraciada personita que todo lo logra con sus lagrimitas y cariñosos abrazos y besos.

Era sábado, Insistió en querer ir ella también hasta la Estancia donde iban a comprar el obsequio requerido. Ya estaban los dos hombres en el asiento de la 4 x 4, cuando la mamá le pidió a Rodrigo que la llevaran mientras ella hacía los preparativos de la fiestita, a realizarse al día siguiente, domingo por la tarde. De un salto, Karina se encontró sentada a caballito, sobre las piernas del papá, abrazada a su cuello, con sus faldas que no le cubrían las rodillas, mientras Alejandro, el padrino, se divertía riéndose con muchas ganas, ante los mohines de la única hija del joven matrimonio de Rodrigo y Laura, que no aceptó viajar en los asientos traseros. Quería ir adelante para observar el camino.

Alejandro, puso en marcha el vehículo, se disponía a partir, cuando la mamá le alcanzó una toalla para cubrir las piernas de Ojitos Verdes, para que no tomara la resolana de esa calurosa tarde de la postrimería del verano…

Como todos los caminos de la enorme campaña de la comarca, por el que iban, éste, el tomado, era un desastre por los pozos y profundas huellas de carros a caballos, tractores y demás transportes habitué en la zona. Los pesados camiones lecheros eran los que mas dañaban esas rutas vecinales, así que el movimiento de los pasajeros de la 4 x 4, eran como estar dentro de una mezcladora de materiales para la construcción, cosa que causaba mucha gracia a la niña, que reía y se divertía saltando sobres las piernas del papá, al igual que Alejandro en el volante. No así Rodrigo. Él no reía. Estaba realmente preocupado ya que soportaba estoicamente el peso de la hija sobre sus piernas y que en cada frenada o salto de huella, la niña le apretaba los genitales.

En una frenada, la pequeña vio un gesto del papá y que ahogaba un gemido de dolor y entonces lo miró con cierta picardía y le dijo al oído:

- ¡papi… abrí las piernas, y viajo apoyada sobre tu rodilla derecha y no te aprieto!…

Al decir esto, Ojitos verdes dejó libre la pierna izquierda de Rodrigo que sintió un enorme alivio, quedando su rodilla derecha en la entrepiernas de la nena, que se friccionaba con ella en cada momento en que el vehículo saltaba por efectos del camino. De pronto en una pronunciada bajada, Karina se puso tensa con los pies apoyados en el piso de la camioneta, y las dos manos sobre la consola del vehículo arrastrando en el movimiento los genitales del padre que no podía hacer nada para sacarlo de entre la pierna de ella y su nalga y que con el movimiento y la alocada alegría y saltos de la niña, fue tomando forma y endureciéndose todo lo largo que era. Intentó evitarlo, pero la chiquilina jugaba con el padrino, cuando veía acercarse a un pozo y apretaba sus piernas con más fuerza, para no golpearse:

- ¡Ojitos Verdes…. – gritaba Alejandro…

- ¡Síiii, padrino…. me agarro fuerte!….

- ¡¡ ahí viene!!… ¡Cuidado!… – y la pi-cku saltaba como un canguro,
logrando arrancar fuertes carcajadas de la garganta de la niña que iba feliz en el viaje, mientras Rodrigo, no soportaba ese vaivén que le imponía el juego infantil, sobre su pene, que estaba a punto de explotar:

- Papito… ¿qué te pasa?… – preguntó la niña inocentemente, ante un gemido retenido y un gesto del padre:

- ¡Nada!… - respondió Rodrigo, cerrando los ojos con fuerza para evitar acabar ya, en los pantalones con fuertes chorros de líquido.- … ¡ vos seguís… no te preocupes por mí… ¡¡seguí… por favor….

- ¡Pero papi… si te hago mal, decímelo… – y bajando su manito la niña intentó separar su pierna de la del padre y se encontró con la enorme y dura cosa de papá. Lo miró. Sonrió con picardía. Su mente de chiquilina avispada, le hizo apretar con fuerza aquella barra ardiente, mientras ella apoyaba su rajita en la punta de la rodilla de aquel padre que ya no supo dominar la situación, mientras Alejandro, le preguntaba:

- Rodrigo, ¿se siente mal? ¿Quiere que nos detengamos?

- No, hombre, siga cuanto más rápido mejor… – lo dijo casi gritándole, mientras apoyaba su cabeza en las espalditas de Ojitos Verdes, apretándola casi con desesperación contra él, mientras la niña con suaves caricias de sube y baja por sobre la liviana tela del pantalón beige, fue masturbándolo, como jugando. Rodrigo se retorcía atormentado en el asiento. No aguantaba más. Sabía que iba a acabar en las manitos de su hija, la que alocadamente reía con cada pozo que volvía a tomar el padrino y frotaba casi con desesperación sus entrepiernas sobre la punta mas pronunciada de la rodilla de papá. Alejandro los observó detenidamente y sintió un enorme sacudón al oír un gemido placentero de su compadre, sintió la sangre subir a sus sienes y su pene endurecerse al máximo cuando Ojitos Verdes totalmente excitada, apreció los fuertes golpes del semen de papá contra la tela fina del pantalón. Sintió su mano mojada, pegajosa. La sacó del lugar y se la llevó a la boca
La emanación del clásico aroma de una eyaculación, le hicieron girar nuevamente la cabeza al Padrino y observó el estado de Rodrigo, y la niña que seguía cabalgando sobre la rodilla de este, dando de pronto, enorme alarido por un tremendo orgasmo, la convulsión de la púber enardeció al hombre, sacándolo de sus cabales. La Cabina, con los vidrios bajos, permitía mantenerse dentro de ella el hedor al sexo.

Alejandro, frenó el vehículo, se miró con Rodrigo y éste le suplicó silencio. Que no se comentara nada ni una palabra de lo que allí había ocurrido. El padrino comprendió. Miró su propio falo, casi veinticinco centímetros endurecidos y apretándolo con fuerza, libidinosamente le habló por lo bajo:

- ¡Está bien, Rodrigo… pero ahora el resto del camino hasta la estancia, conducí vos!… – y lo tuteó, por primera vez, lo tuteó, mientras dejaba el volante y daba la vuelta para ocupar el lugar del padre de la niña. Rodrigo, se dio cuenta, entendió el costo del silencio. No podía hacer nada y mordiéndose los labios, la puso de pié a la niña, se cruzó al volante, mientras Alejandro tomaba su lugar. La pequeña y perversa Karina, con mirada de querer saber qué pasa, puso sus ojos en los de papá, angustiada y con lujuria y este le indicó que sí, que se sentara sobre la rodilla del padrino, siempre lo había hecho, y que siguiera divirtiéndose como hasta ahora. Se pusieron nuevamente en marcha, acercó su boca al oído de la niña, le beso la mejilla y le suplicó:

- ¿qué pasa si le cuento a mamá lo que me has hecho?…

- ¡No, papito… por favor, nunca se lo digas…

- Bueno, está bien, vos tampoco… es un secreto entre los tres…

- ¿Los tres?…- inquirió Ojitos Verdes:

- ¡Si! Alejandro vio todo lo que me hiciste…

Analbo

Si quieres darme tu opinión emáilame al: analbo@uolsinictis.com.ar

Leche caliente

Thursday, January 11th, 2007

Me llamo Marcela y tengo 17 años. Desde hace unos meses he conocido las sensaciones más maravillosas que jamás podré sentir. Creo que me he vuelto salvaje. ¡Una chica tan tranquilita e inocente!, según dice mi abuela.
Mis padres, Carlos y Martha, se llevan bien y jamás hubiera pensado que uno pudiera engañar a otro.
Un día, en septiembre del año pasado, mi mamá tuvo que salir de viaje. Normalmente, el que sale de viaje es mi papá por su trabajo. Pero esa vez le tocó a ella. Se fue por una semana y quedamos solos en la casa mi papá y yo.Mi padre tiene 43 años. Es algo calvo pero muy velludo y se mantiene bastante bien. No es fisicoculturista ni deportista profesional pero aún está firme y hace algo de ejercicio.

Durante nuestra primera noche solos, yo estaba preparando unos sándwiches para cenar mientras veíamos una película en la tele, ambos en bata. Yo me senté al lado de mi papi mientras comíamos y al terminar puse mi cabeza en su regazo mientras él me acariciaba el cabello.

En la película, justo en ese momento, estaban pasando a una pareja que estaba muy apasionada. De repente siento bajo mi cabeza un bulto muy grande y duro. Me sentí turbada, y creo que papá también. Pero hubo una fuerza que no sé de dónde salió dentro de mí, que me hizo comenzar a acariciar con mi cara ese enorme bulto. Mi padre no decía ni una palabra.

No puedo decir que no supiera nada de sexo porque siempre se habla entre amigas, y el cine y la tele de hoy dan bastante información. Pero era bastante más desinformada y tonta que la mayoría de las chicas de mi edad en otros ambientes. Eso sí, lo poco que sabía despertaba en mí gran curiosidad. Yo, todavía ni siquiera mi cuerpo me había atrevido a tocar con demasiada liberalidad.

Como estaba contento, no sé qué fuerza me llevó a actuar como actué. Mi madre y mi abuela dirían que se me metió el diablo. Pero qué suerte que así fue.

Seguí acariciando a mi padre y de repente subí una mano y comencé a acariciarlo, subiendo y bajando por esa forma dura y alargada que había bajo su bata de noche. De repente me animé y pregunté. ¿Me lo mostrarías? Nunca he visto a un hombre, me muero de ganas, y prefiero que seas tú.
Mi padre apenas pudo balbucear un —Nnnooo…, ¡cómo crees!—, pero se oía muy inseguro. Yo insistí y comencé a abrir la bata, lentamente. Dejé al aire su bóxer del que salía, por la abertura, parte de su pene durísimo y rojo pues se había excitado algo por la película y mucho por mis caricias.

—¿Puedo tocarlo?
Sin esperar respuesta puse mi mano sobre él. Estaba caliente. Mis labios fueron instintivamente hacia ese duro mástil.

La cabeza era enorme y tenía un color rojo muy fuerte. Mi pequeña lengua comenzó a pasar alrededor de ella. — Nena, espera…, esto está mal.— Decía papá, pero no se quitaba.
Mi lengua seguía recorriendo eso tan grandote, tan rico, que me llenaba la boca.— Papá—, digo, —enséñame, dime qué hacer. Quiero seguir, no sé qué me pasa, estoy quemándome.Papá empezó a mover las caderas de arriba a abajo y dijo:

- Dale nena, chupá. Ahí, justo ahí, pasá la lengua, más rápido. Metétela en la boca, y frotá tus labios por todos lados mientras movés la lengua. Pásame la mano por los huevos, abajo, eso, así.

Ahora te voy a dar yo, leche. Mucha lechita caliente, vas a ver qué rica. Ésta es la “teta” de papito, toda para vos, pero esta leche es más rica, vas a ver. Dale, dale más duro que ya casi sale.

Papá seguía moviendo las caderas cada vez más fuerte, pero yo también cada vez estaba más caliente, sentía como si hormigas me caminaran por el bajo vientre, necesitaba algo pero quería también mamar y mamar, quería esa leche que papá me prometía.
De repente mi papi empezó a gemir muy fuerte. Gritaba: —Acá te va la leche, tómala toda, no dejes ni una gota. Te va, yaaaa, ¡ayyy! ¡ayyy!, que se sale toda.

Sentí unos chorros calientes que entraban con fuerza a mi boca. Exquisitos, me encantaron. Papá gemía fuertísimo, hasta pensé que le dolía y casi paro de chupar, pero me gritó: —¡Noooo, no parés!, dale hasta lo último.

Luego terminó. Me dijo: —Lamé todo, no dejes nada. ¿Te gustó la lechita de papá?—Me encantó, pero quiero más. Papá, por favor, hacé algo, no sé qué necesito, estoy muy caliente.
Me dijo:
— Espera, no te pongas impaciente, papá te va a enseñar todo. Se paró y me dijo: Ahora acostate en el sillón. Te toca a vos.

Me acosté. Me empezó a besar toda y a pasar las manos por el cuerpo. Yo hervía. Su lengua recorrió mi boca, mi cuello y se fue deslizando a mis pechos. Mordisqueó los pezones y su mano empezó a frotarse, primero suavemente, en mis vellos púbicos, donde sobresale el hueso. Un calor me fue inundando. su lengua siguió bajando, recorrió mi ombligo y siguió su camino. Con las dos manos abrió mis labios mayores.Decía:
-Mi bebita, qué rica está.

Su lengua empezó a pasarse por los costados de los labios, lamió mis labios menores y llegó a mi clítoris. Movía la lengua increíblemente bien, rápido, lento, rápido. Yo casi enloquecía . Él también pasaba su lengua por la entrada de la vagina, por mi ano, volvía a la vagina y al clítoris.

— ¿Te gusta lo que hace papito? Y seguía trabajando con la lengua. Se quedó trabajando en mi clítoris y su mano acariciaban el ano y la entrada de la vagina. Pero su lengua se sacudía cada vez más locamente en mi clítoris. De repente exploté. De mí salían y salían jugos, no sé de donde saqué tanto, pero fue fabuloso.Nos abrazamos y empezamos a besarnos. Papá me cargó y subió la escalera conmigo en brazos. Me llevó a su cuarto y me tiró en la cama enorme.Me dijo. “¿Querés que sigamos jugando?” Yo ardía de deseos y creo que ni le contesté, con mi mirada lo supo.

Me pidió que le sacara su lechita otra vez, así que empecé a lamerlo. Su “cosa”, como yo decía, su “pene”, más técnicamente, o su “tetita”, como él me había dicho, estaba otra vez durísima. Me dijo: Nunca me había calentado tanto como con mi nena. Estás riquísima y papá te va a dar de comer mucho, te va a cuidar, pero, esto va a quedar entre nosotros. —Por supuesto que sí papi, pero ya dame lechita otra vez.

— Pero ahora no te la voy a dar en la boca, te la voy a poner allá abajo. Al principio te puede doler un poquito, pero luego te va a gustar mucho, así que aguantá.— Si papi, donde quieras, pero dame, quiero que me des todo. Papá se acostó sobre mí, me abrió bien las piernas. Bajó un poco con su cara hasta mi entrada y me lamió un poquito hasta que yo casi gritaba y con una mano me masajeaba sobre el pubis y me acariciaba el ano y la entrada de la vagina.Yo estaba como loca. Volvió a subir y me dijo: -Ya ahí te va, aguantá un poco. Me metió el pene en la entrada de la vagina y empujó. Yo creo que estaba tan caliente que sólo sentí un ardor al principio pero me encantó. Metió y metió y me dijo: Ya te va hasta el fondo. Dio un empujón y se metió, creo que casi entraron hasta los huevos de tan lubricada que estaba yo y del empujón que dio. Papá empezó a moverse, lento al principio, luego más rápido. Jadeaba y gemía. Me dijo: Nena, ahí te va la leche, ya te va toda, otra vez. Yo sentía hervir mi cuerpo y volví a explotar. Explotamos juntos. Fue un orgasmo brutal. Él me dijo que así se llamaba eso que había sentido.Esa noche me dio su leche caliente otras 3 veces. Dos en la boca y otra en la vagina. Él también me mamó con locura otras dos veces.
Mientras mamá estuvo de viaje creo que no nos levantamos y cogimos y cogimos como 100 veces. De todas formas. Nos mamamos, me penetró, usamos juguetes, hicimos mil cosas, pero eso es para otro cuento.

Desde ese tiempo mi papá y yo, como mi mamá ya no sale casi de viaje, nos vamos papá y yo por lo menos cada dos semanas de fin de semana “padre-hija”, para conocernos bien, y durante las semanas salimos con cualquier excusa un par de horas y nos metemos en cualquier hotel para que me alimente como debe ser. Su leche me ha gustado mucho y pienso seguir tomándola durante mucho tiempo.

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Hija y madre

Thursday, January 11th, 2007

Me llamo Angela y todo el asunto comenzó cuando cumplí los 14 años. Ante todo, debo decir que mi madre murió al nacer yo, y crecí sola con mi padre. Mis padres eran hijos únicos, por lo que nunca he tenido más familia que mi padre. Se casaron muy jovencitos, (de “penalty”), él tenía 17 años y ella 16. Cuando tenía 13 años a mi padre le destinaron a otra ciudad. Allí no nos conocía nadie. En lo físico, me parezco a mi madre. Al poco de llegar allí, me vino mi primera regla y como todavía no había hecho amigas, pues era verano, en plenas vacaciones, no había empezado al colegio. Estaba sola en casa cuando noté que manchaba y estaba muy asustada. Al llegar mi padre a casa, nos sentamos en el sillón, me abrazó fuerte y me explicó todo lo que debía saber. Según me iban creciendo los pechos, notaba que mi padre me miraba más. Al poco de cumplir los 14 años, un día al regresar a casa, me encontré a mi padre saliendo del baño desnudo. Estaba lloviendo y yo regresaba a casa empapada. Llevaba una blusa muy fina y un sujetador bastante transparente, por lo que al estar mojados se me marcaban mucho los pezones. Nos quedamos mirándonos el uno al otro y me preguntó si había conocido algún chico en el barrio. Le dije que no. Seguía mirándole fijamente y a mi padre se le estaba poniendo tiesa. Le pregunté a ver si podía tocárselo y me dijo que sí, pero que antes me diese un baño y me pusiese ropa seca para no coger una pulmonía. Antes de ir al baño, al pasar junto a él le rocé con la mano y le dije:
–¡Qué suave, papá!
Él me retiró la mano y me dijo que lo dejara para luego. Entré en la bañera, y a los pocos minutos entró mi padre preguntándome se quería que me frotara la espalda. De niña me lo había hecho muchas veces, aunque al ir creciendo dejó de hacerlo. Le dije que sí, que me gustaba. Se puso detrás, se echó un poco de gel en la mano y comenzó a frotarme suavemente la espalda, los hombros. Luego me hizo ponerme de pie y siguió frotándome el culo, las piernas, Volví a sentarme en la bañera y siguió sus manos por mis clavículas, llegaron a mis pechos y ahí se quedaron unos momentos, mientras con uno de sus dedos masajeaba suavemente mis pezones. Éstos se iban poniendo cada vez más duros y notaba un ardor en mi sexo. Le dije a mi padre y me contestó que enseguida me lo calmaría.

Seguidamente bajó su mano por mi estómago hasta llegar a mi sexo. Pegué un bote y me dijo que estuviese muy tranquila, que no me iba a hacer daño y que esas caricias me encantarían. Mientras su mano seguía allí, uno de sus curiosos dedos, encontró el botoncito erótico y empezó a masajeármelo. Yo estaba estremecida y empecé a gemir y a jadear de placer. Al poco papá me dijo que me había corrido por primera vez. Que había anhelado hacer esto hacía bastante tiempo. Salí de la bañera y me sequé rápidamente.
Papá me esperaba en su habitación. Me sentí cohibida y me abrazó fuertemente, diciéndome palabras cariñosas. Me tumbó en la cama y me besó. Sentir sus labios pegados a los míos, su lengua suave jugueteando con la mía, me volvió a excitar. Bajé mis manos por su torso y agarré su pene. Era tan suave, y estaba tan grande, y tan dura que al principio me asusté al pensar que al penetrarme me iba a partir en dos.
Papá me tranquilizó diciéndome que mamá también se había asustado la primera vez, pero que luego le pedía continuamente que se lo volviese a meter. Eso me tranquilizó. Se tumbó a mi lado y me preguntó si quería saborearle. Le dije que sí y me metió su hermosa polla en la boca. Le fui lamiendo poco a poco y notaba como se iba hinchado más hasta que explotó dentro de mi boca. Me tragué su semen y me gustó. Luego me volvió a tumbar en la cama boca arriba y se puso encima y empezó a bajar sus labios por mi cuello, hasta llegar a mis pechos. Me los chupó, lamió y saboreó todo lo que quiso y siguió bajando sus labios por mi estómago hasta llegar a mi sexo. Me dijo que si con la mano me había dado placer, con la boca iba a disfrutar más. Estaba muy caliente y según noté su lengua por mi sexo, entrando en mi vagina, exploté. Instintivamente apretaba con las manos la cabeza de papá contra mí cuerpo. Veía mis jugos en su cara, en su boca. Él volvía a estar totalmente empalmado. Se colocó entre mis piernas yse metió de un golpe. Grité de dolor, pero me calmó con suaves caricias y palabras cariñosas. Empezó a moverse lentamente al principio, para ir sacando y metiendo con más fuerza cada vez. Me gritó que se iba a correr y en cuanto sentí su semen fluir por mi cuerpo exploté. Nos quedamos tumbados, sin aliento, durante un rato mientras recuperábamos la respiración, él todavía con su pene dentro de mí, sudorosos, mientras nos besábamos suavemente. Al rato, se volvió a empalmar y entonces me penetró por detrás, mientras que sus dedos jugaban con mi clítoris. Fue fantástico. Posteriormente, me enseñó muchas posturas y maneras de hacer.
De esa primera vez, me quedé embarazada. Como al poco de llegar a la nueva ciudad alquilamos un pequeño apartamento en un barrio que según le dijeron a papá en la empresa, no era muy aconsejable para mí, nos cambiamos de barrio. Allí nadie sabía nada de si éramos padre e hija o éramos pareja, no nos importó que yo estuviese embarazada. En la calle le llamaba por su nombre. Tuvimos tres hijos y una hija a cada cual maravillosos.
Han pasado varios años y en la vecindad ha cambiado bastante gente. Tengo ahora 42 años y papá aunque era joven todavía murió tras una larga enfermedad. Hará cosa de un par de años más o menos, vi a una pareja, él tiene 4 años más que yo y ella, una jovencita, besándose apasionadamente en el portal. No le di importancia pero a los pocos días sin querer, ya que las paredes de las dos casas están pegadas, oí que ella le llamaba papá.
Al poco un conductor borracho la atropelló y la mató. El padre quedó desconsolado y un día según subíamos en el ascensor empezamos a hablar. Le pregunté si quería tomar una copa en mi casa a lo que accedió. Comenzamos a hablar y entre sollozos, me confesó que había mantenido relaciones con su hija durante años y que ahora no sabía qué hacer. Yo le confesé lo mío con mi padre. Después de eso, empezamos a mantener una amistad que ha ido convirtiéndose en amor. Él no había tenido hijos con su hija. Les comenté a mis hijos y me contestaron que adelante, que yo era muy joven para vivir el resto de mi vida sola, y además mi hija me dijo que incluso era joven para tener más hijos.
Los cuatro me confesaron que ya sabían que su padre era a la vez su abuelo, que él les había confesado todo antes de morir. Se lo dije a Ernesto que es el vecino en cuestión y me dijo que estaba encantado, que siempre había querido tener hijos. No nos hemos casado, aunque vivimos juntos. Estamos a punto de tener gemelos, dos chicos. Estamos encantados. Y en la cama… Aunque distinto de mi padre, Ernesto es fantástico. He aprendido algunas cosas con él que nunca había hecho con papá.
Espero que os guste la historia.

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Mi hija está dormida / Capitulo 1

Thursday, January 11th, 2007

Nadie pensaria al verme las atrocidades que soy capaz de imaginar. Yo soy un hombre respetable, de 54 años, casado hace ya 26, incapáz de traicionar a mi mujer con otra. Nuestro felíz matrimonio dió como fruto a una hermosa mujercita, Romina, que ha cumplito ya 17 años. De ella es de quien quiero hablarles.

Se trata de una hermosa jovencita, delgada, que acostumbra a andar descalza por la casa. Tiene muy buenas formas, tal vez un poco flaca (a mi siempre me gustaron rellenitas). Usa el cabello negro muy corto, y su piel es blanca, blanquísima, y contrasta con su pelo y con sus ojos negros. Esta llena de vida y juventud y se le nota. Ha terminado la escuela hace muy poco y por eso la dejamos disfrutar de sus merecidas vacaciones, hasta que comience con la universidad.

Lo que voy a contarles sucedió anoche. Hace ya una semana que mi esposa falta en casa, pues emprendió un viaje de 15 días con unas amigas suyas, de placer, y desde entonces Romina y yo estamos solos en la casa. Debo decir que ella prácticamente no esta nunca aquí, como tada adolescente usa su hogar como lugar de paso, esta siempre con amigas y solo viene a dormir y a cenar.

Desde hace años albergo una fantasia inconfesable. He querido ver a mi hija desnuda desde que sus formas empezaron a delatar a la mujer que ya es, o que ya comienza a ser, y decidí aprovechar la ausencia de mi esposa para concretar mi fantasia, sin recurrir a ninguna accion que llegue a hacerle daño a la familia ni muy especialmente a Romina. He decidido dormirla, sedarla, doparla para poder asi disfrutar de la vista de su cuerpo desnudo.

El mismo día en que mi esposa se marchó a sus vacaciones, fui a lo de un gran amigo medico, y mediante una triquiñuela (inventé un insomnio desmesurado, que me impedia dormir durante varias noches) obtuve suficiente cantidad de somniferos como para dormir a un elefante. Toda una semana estuve juntando valor, luchando contra el remordimiento, y por fin anoche junté el valor para dárselos a mi hija. Preparé una cena fantastica, tarta de verduras, jugo de naranjas, budín, todo cargado de grandes cantidades de somniferos. Cuando ella llegó, al fin, entró en la cocina, embrujada por el delicios aroma de los manjares.

—¡Mmmmhh! Que delicia es este olorcitoooo… ¡¿que cocinaste, papi?
—Ya ves, tu tarta preferida, y un budin para el postre.
—¡Fantastico! ¡Que cena que nos vamos a dar!
—No, Romi, vas a cenar vos sola, yo estoy cansadisimo, y me voy a dormir temprano.
—¿En serio? ¿Te sentís bien?
—Si, si, no te hagas problema, cená vos, yo me voy a dormir
—Hasta mañana
—Chau Romi, hasta mañana

Subí a mi habitación, pero por supuesto, no me acosté. Los nervios me consumían. Apagué la luz y me quedé mirando por la ventana. Afuera, la vida continuaba. Oí el ruido de la tele mientras Romi cenaba. Me senté en la cama y esperé. Una hora mas tarde aún se escuchaba la televisión. ¿Los calmantes no habrían hecho efecto? No sabía que hacer. Al fin, me aventuré a bajar. Encontré a Romina dormida sobre la mesa, y la tele prendida. Habia comido tres porciones de tarta, ni siquiera había probado el budín. Decidí hacer una prueba y tantear la situación.

—Romina… Romina, hija, despertate…
Nada.
— Romina, ¿estás bien?— le preguntaba mientras la sarandeaba un poco. —Romina, despertate, Romina, hija… ¡ROMINA!

Nada. Le tome el pulso. Estaba bien, simplemente dormía profundamente. La cargué en mis brazos y la llevé a su habitación. La deposité sobre la cama y me senté a su lado. La contemplé en silecio. Vestía un top beige y una pollera azul muy corta. Pude espiar una ropa interior de algodón blanca.

Al fin me incliné sobre ella y levanté el top. Un corpiño blanco con florcitas rosas y amarillas ocultaba sus pechos, no muy grandes, pero si muy firmes. Deslicé mis dedos por debajo del corpiño y acariciando sus suaves pechos lo levanté y lo corrí. Allí estaban las tetas de mi hija. Eran hermosas. Las toqué suavemente, eran los pezones mas suaves que pudiera imaginar. Luego le subí la pollera, y rápidamente le bajé la bombacha. Lo que encontré no lo esperaba, ¡Mi hija tenia el conejo depilado! Solo un pequeño mechón negro se asomaba por encima de su raja.

La desvestí por completo. Contemplé su cuerpo completamente desnudo, su bello cuerpo. Y entonces hice algo que no estaba en mis planes originales, pero que en ese momento se me presentó irresistible: separé sus piernas y hundí mi lengua en su coñito ¡Que delicioso es el sabor de un coño joven! ¡Que fabuloso aroma a juventud! Lo lamí desesperado, lami su clítoris, chupé todo lo que había en mi camino. De a ratos alternaba con sus pechos, y luego volvía a lamerle el coño, no podía dejar de tocarla, manosearla, hurgarla. La puse boca abajo y separé sus nalgas, y apoyé mi lengua sobre la pequeña cavidad anal de mi hija, dándole un beso que jamás olvidaré…

En ese momento, como imaginarán, mi polla estaba a punto de reventar. Me desvestí por completo y me recosté sobre ella, previo volver a acomodarla boca arriba. Apoyé la punta de mi polla en su coño, y lentamente, centímetro a centímetro, la penetré. Realmete me dolía la polla de tran prieto que estaba su coñito. Me moví un poco, primero suavemente, y luego cada vez mas fuerte, hasta inundarle la vagina de semen en menos de un minuto. La exitación era tanta, tanta, que no podia contenterme por mas tiempo. Luego retiré mi polla, y me encontré con una sorpresa que jamás hubiera esperado: un pequeño hilo de sangre que pendía entre la punta de mi pene y la raja de mi hija. La había desvirgado. Jamás hubiera pensado que era virgen, una jovencita tan atractiva y que había tenido algunos noviecitos… Me levanté, fui al baño en busca de papel, y me sequé y la sequé también a mi hija. Volví a vestirla y la dejé sobre la cama, pensando que al día siguiente simplemente le diria que la encontré dormida y la dejé en su habitación.

Volví a mi cuarto y me masturbé, exitado simplemente de recordar lo sucedido, pero sin atreverme a repetirlo por miedo a que los somniferos cesaran en su efecto. Luego dormí hasta esta mañana, en que aún no junto valor para salir de mi cuarto. Afuera, la casa está en silencio, y solo espero que Romina no se halla dado cuenta de nada.
El pervertido señor XXX

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En la tina con papá

Thursday, January 11th, 2007

Esa tarde era una tarde nublada y lluviosa como a mi me gustan, pero esa en especial me puso bastante nostálgica ya que mi madre cumplía dos años de haber fallecido lo cual me pego pero para esa hora ya estaba mejor, como a las cinco y media llegó mi padre el cual también estaba un poco deprimido y ya estando los dos en la casa comenzamos a platicar de lo primero que se nos ocurrió ya que el ambiente estaba bastante tenso y no queríamos tener una discusión más respecto a ese tema, eso pasó después de regresar de visitar a mis abuelos en Michoacán como a los tres meses, todo pasó muy rápido y no supe que hacer, luego de que mi madre murió mi padre conoció a varias chavas las cuales llevaba a cenar a la casa y yo me portaba muy mala onda con ellas pero sentía que no podía olvidar así nada mas a mama y trataba de hacer todo lo imposible para que ellas no regresaran, ese día poco después de comer como a las seis de la tarde mi papa fue a tomar un baño en la tina, un rato después de que se metió a la tina entre al baño y le dije que me sentía muy triste y sola que si me podía meter con el para no estar así y con una cara de asombro me dijo que si que me metiera con el a bañarme, pero lo que más me gustó de ese momento fue cuando no se porque me comencé a desnudar pero muy cachondamente y por supuesto que mi padre se quedo con la boca abierta al ver como me desnudaba ante el y no solo eso me vio con una cara de lujuria que nunca había visto en el y eso hizo que me calentara mucho más de lo que ya estaba, no sabía lo que estaba haciendo pero sabía que lo que pasara nos iba a gustar a los dos , luego de ver por primera vez a su hija de 19 años desnuda ante el solo me dijo que me metiera enseguida y enseguida me metí con el en la tina, al principio dude un poco en seguir con eso que me estaba calentando la cabeza que era el deseo de hacer el amor con mi papá, pero no lo pude reprimir y luego luego me recargue en su pecho y le dije que me tallara la espalda y con mucha suavidad el comenzó a enjabonar mi espalda y luego deslizó su mano hasta donde la posición lo dejó, luego de acariciar mis piernas recorrió con su mano rápidamente mi cuerpo por delante deteniéndose en mis tetas las cuales estaban con los pezones erectos de lo caliente que me estaba poniendo, poco después de eso me empujo y me dijo que eso no estaba bien, que me saliera del baño pero yo lo abrace y le dije que se tranquilizara que estaba bien que solo se relajara y que dejara que pasara lo que tenía que pasar y con esas palabras se tranquilizó y luego me abrazó diciéndome que extrañaba mucho a mamá y que se sentía solo y ahí fue cuando aproveché para acariciarlo de arriba a abajo tocando con lujuria y deseo su enorme verga la cual ya estaba muy dura de cómo la acariciaba y en cuanto se rindió a mis caricias le dije que se dejara llevar para regalarle lo más preciado que tenía yo que era mi cuerpo y que en ese momento se lo daría para que el lo disfrutara sin ningún remordimiento, y luego de eso me sumergí dentro de la tina y le comencé a dar unas buenas mamadas de verga las cuales disfruto plenamente hasta que no aguanto más y eyaculó en mi cara regando todo su rico esperma en mi boca, luego de diez minutos de silencio salió de la tina y me dijo que fuéramos a su cuarto que esa noche quería que durmiera con el y le dije que estaba bien y me dirigí a su habitación detrás de el, en cuanto entramos me abrazo y me dio el beso más rico y cachondo que jamás me han dado el cual hizo que en ese momento me mojara como si fuera mi primera vez, luego me cargo y me recostó en la cama acostándose el a mi lado besándome y acariciando mi panocha la cual estaba bastante mojada y pedía a gritos le metieran una verga en ese momento lo cual sucedió casi enseguida ya que sin decir nada me abrió las piernas y se puso encima de mi metiendo de un certero golpe su gran verga la cual llenaba en su totalidad mi vagina más aún que la del padre de la iglesia de Michoacán, luego comenzó con unos movimientos muy rítmicos los cuales poco a poco se fueron haciendo más fuertes y rápidos, por un momento pensé que se vendría en esa posición y para mi sorpresa me saco la verga de improviso y me dijo que me recostara de lado, lo hice y me quede pensando en como me iba a coger ya que esa posición no la conocía, enseguida el se puso atrás de mi y me levanto la pierna que tenía encima, luego con su mano metió su verga en mi pequeño hoyo del cual salía un liquido que nunca había salido y así me comenzó a coger con más fuerza aún, yo trataba de moverme lo más posible para que el sintiera el placer que me estaba haciendo sentir a mi pero cuando más disfrutaba de esa posición me saco de nuevo la verga y aho