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Madre: primera vez

Miércoles, diciembre 21st, 2011

Hola mi nombre es, no mejor no se los digo, es que uno debe cuidar las “apariencias”, ya que soy de Ecuador para ser mas preciso de Cuenca y si se los digo se arma la grande!
Para empezar a relatarles mi historia empezaré por describirme: tengo 19 años, mido 1.75m, soy de piel canela, ojos cafés oscuros, corpulento (nada del otro mundo pero soy ancho), y mi pene, pues me considero dentro de lo normal, mide 19cm de largo por 5cm de ancho.
Lo que les voy a contar me sucedió el pasado mes de marzo, yo no se como sucedió pero esto es 100% real.
Todo comenzó cuando estaba buscando videos porno sobre mujeres que tenían sexo con sus mascotas, eso realmente me fascina y estaba navegando y navegando pero nada, hasta que vine a parar a esta pagina donde encontré muchos relatos sobre la zoofilia, pero fui mas allá y me halle con amor filial, y eso me excitó mucho más. Jamás había pensado en mi madre como una mujer sino solo como madre, pero luego de algún tiempo de leer relatos me empecé a idear sexo con mi madre y me empezó a excitar la idea. Entonces idee un plan para ver si mi madre se interesaba en mí como un hombre.
Y entonces comencé, cuando me bañaba, procuraba que al salir mi madre me viera desnudo totalmente, varias veces logré mi objetivo, ella miraba disimuladamente mi pene pero no decía nada, entonces supe que debía ser más atrevido.
Un día que estaba por cambiarme de ropa empecé a masturbarme, pero solo hasta que mi pene tomara un tamaño mas grueso y un poco grande, entonces salí de mi cuarto y me dirigí al cuarto donde se encontraba la ropa, y mi madre, entonces me senté le salude y me saque el pantalón, mi madre me quedo mirando y luego bajo la vista a mi pene que estaba gordo y crecido, al verlo mi madre me dijo en tono directo:
que grande lo tienes
Yo sonreí (estaba muy nervioso),
por que me lo dices?
Porque es la verdad, ya has crecido bastante, hacia tiempo que no te veía desnudo
Entonces yo me levante ya decidido (estaba sentado)
En realidad te parece grande?
Pues si, y es bastante grueso también
Te gustaría tocarlo? Le dije yo muy atrevido
Pero que te pasa estas loco!!!! Tenle respeto a tu madre!
Pero mama……
Mejor ándate!
Mi plan había fallado, talvez fui muy directo, pero lo que no sabia era que mi madre estaba muy excitada pero tenia miedo de lo que pudiera pasar (me lo dijo varias semanas después). Entonces yo muy avergonzado salí del cuarto y me dirigí a mi habitación rojo como un tomate, ya en la noche mama me llama a su cuarto y me platica que yo era su hijo y que me quería mucho y que la disculpara por haberme gritado así en la mañana, yo le dije que no se preocupara que yo la ofendí diciéndole eso así que entendía su reacción, pero lo que me dijo me dejo helado:
No hijo yo tuve la culpa porque al ver esa belleza me excite mucho
Ma…ma…mama????
Si hijo es que tu sabes que yo no tengo relaciones desde hace mucho tiempo y no veía un pene así desde tu padre
………………….
Pero vamos hijo no te asustes, es normal que a una mujer de mi edad que no ha tenido sexo al ver ese pene se excite
Si pero…., es que
Hay hijo y no me lo niegues porque a ti te gusto que te lo viera y te lo elogiara
Bueno si pero…
Pero que? a poco no quisieras que te lo toque
Lo harías???
Pues si tu me dejaras!!
Para ese entonces mi pene estaba totalmente erecto y ya me dolía en los pantalones y entonces supe que por fin mi madre tocaría mi pene
Pues si tu quieres aquí lo tienes
Ven acá y ábrete el pantalón
Aquí esta mama
Mmmm… es una belleza, wow que grueso esta y que duro…
Haa te gusta?
Me encanta hijo
Fue en ese momento cuando mi madre sin decirme nada se lo llevo a la boca y me lo recorrió con su lengua de arriba abajo, me lo lamió y chupo con toda su experiencia, hasta tal punto que casi me corro en su boca, pero mama se dio cuenta y me dijo:
espera no te vengas aun que tengo una cosa mas para hacer
Se levanto de la cama y empezó a desvestirse lentamente, yo me quede perplejo ante lo que estaba viendo, mi excitación aumento y sentí mi pene hervir.
te gustan mis tetas hijo?
Pues si mama
Entonces tómalas entre tus labios y chupalas como cuanco eras un bebe
Hmmmm que ricas mama, están deliciosas
Haaa si hijo así, sigue, te gustan??, mmm… ah… entonces te va a fascinar lo que te voy a ofrecer
Si, dámelo que ya lo quiero
Se separo de mi y se saco su pantalón, pude ver su mata abundante de pelo, y sus panties totalmente mojados, enese momento me tumbe sobre ella
vaya hijo si que te gusto verdad?
Si mama me encanta
Pues entonces lámelo y hazme correr en tu boca
Hmmm que delicia mama
Haa, haaa, siii, dale hijo dale , hay que rico, mmm si así
Te gusta??
Si mi amor, te amo hijo mío, ha que me corro dale dale, mas rápido
Apego sus caderas contra mi boca y se corrió de una manera espectacular, yo me tragaba todos sus jugos deliciosos y con mi mano me masturbaba
haaa sii siii ha que delicia mmmm ohhh ohhh grrrr!!……….
Luego de eso mi madre se incorporo y me dijo ahora te toca a ti, pero eso se los contare después si lo desean.

Un niño dotado

Jueves, diciembre 15th, 2011

Hacía ya más de cinco años que mis padres se habían separado. Yo vivía entonces con mi madre solo, ya que mi padre se había largado y no quería saber nada de custodias ni de nada de eso. A mí me había herido un poco al principio, pero al poco tiempo todas las heridas se curan, y ésta no fue una excepción.
La vida no era nada mala de todas formas con mi madre. Ella tenía por entonces 42 años y tan sólo se dedicaba a ir a trabajar a la oficina por la mañana y a ocuparse de la casa por las tardes. No había querido rehacer su vida con ningún hombre, ya que decía que bastante había tenido ya con mi padre, así que vivía sólo para su ocio y para mi comodidad.
Los dos nos llevábamos muy bien, tal vez porque nos parecíamos mucho en carácter y nos entreteníamos y divertíamos juntos no pocas veces. Solíamos ir al cine una vez por semana y a veces pedíamos unas pizzas a casa y nos la comíamos viendo una peli alquilada, generalmente elegida por mí. Otras veces, nos íbamos a un local de fuera y nos la tomábamos por ahí.
Mi madre era realmente buena y comprensiva conmigo y yo la quería mucho. Los dos nos comprendíamos mutuamente y sabíamos lo que nos gustaba. Estábamos realmente muy unidos y lo pasábamos bien juntos, mejor de lo que lo pasaba con mis , mucho mejor. Teníamos plena confianza el uno en el otro y pasábamos gran parte del día juntos.
Estábamos tan unidos que la mayoría de las noche dormíamos juntos. Ella me decía que le daba miedo dormir sola, y que desde que era una niña le había pasado, de modo que la gran mayoría de las noches los dos compartíamos cama. A mí desde luego no me importaba, ya que no era tampoco un ejemplo vivo de valentía en la oscuridad.
Pero todavía nos os he descrito a mi madre. Como he dicho era entonces una mujer de 42 años, de pelo oscuro, ojos marrones y piel bastante blanca. Medía 1’64 y estaba bastante rellenita, pero sin llegar a ser gorda. Sus pechos necesitaban la talla 100 de sujetador y sus caderas eran anchas, pero no en demasía, dando forma a un culo ancho, pero muy bien hecho y bastante firme. Sus piernas estaban muy bien hechas y sus muslos eran gordos y bien proporcionados. En cuanto a sus pies, estaban muy bien hechos y eran bastante pequeños, de la talla 35. Solía llevar las uñas pintadas de rojo o morado, ya que le gustaba lucir sus pies y, a veces, que se los acariciara yo cuando estábamos en el sofá viendo la tele.
En cuanto a mí, yo era entonces un adolescente normal. Medía 1’59, tenía el pelo negro y era algo flaco, todavía sin desarrollar. No había tenido novias ni nada de eso, pero cada vez me interesaban más y tenía más necesidad de algo que no sabía cómo definir.
Una noche, después de cenar, mi madre y yo veíamos un programa en la tele como de costumbre. Ella estaba tumbada en el sofá y yo estaba en el otro extremo con sus pies sobre mí, acariciándoselos. Ella llevaba puesto un camisón blanco que se transparentaba bastante y no le llegaba ni a la rodilla, cubriendo sólo tres cuartas partes de sus muslos. Como he dicho, yo tenía las hormonas por aquella época algo alteradas y al más mínimo estímulo me ponía erecto. Yo no sabía qué era aquello ( sí, ya sé, era un poco retrasadillo en eso ) y algunas veces me llegaba a asustar.
Aquella noche, como iba diciendo, mi madre tenía sus pies sobre mi regazo y yo se los acariciaba, ya que esa era una de sus mayores debilidades. Tenía las uñas pintadas en negro aquel día y sin darse cuenta de vez en cuando rozaba con sus pies mi entrepierna. Yo llevaba puestos sólo unos calzoncillos pequeños y ajustados, ya que era verano y mi madre había puesto sus pies varias veces sobre mi bulto. Alguna vez incluso lo apretó y lo acarició intencionadamente con sus cinco dedos, tal vez sin ser muy consciente de ello, ya que estaba ensimismada viendo la tele.
Yo me puse totalmente erecto y mi bulto se hizo obscenamente grande bajo la tela de mis calzoncillos. Afortunadamente a mi madre no le dio por tocarme en ese momento. Yo aproveché, algo preocupado, para ir al baño a ver qué me pasaba. Cuando volví, me dirigí muy tenso por los nervios de no saber qué tenía hacia mi madre. Antes de llegar al sofá ( que me daba la espalda al estar la puerta del pasillo justo opuesta a él ) paré un momento para reunir el valor suficiente. Respiré hondo y me dirigí hacia el sofá. Me quedé justo detrás de éste y le dije en un tono nervioso:
-Mamá…me pasa algo en mi…en mi colita…No sé qué tengo…
-¿Qué…? ¿Qué te pasa, cariño…? -me preguntó mi madre muy alarmada sentándose sobre el sofá de un respingo.
-No lo sé…Es algo raro que me viene pasando mucho últimamente…No sé qué es… -le respondí aún más nervioso y tenso.
-Tranquilo, cariño…Ven, acércate y déjame ver…
Yo le di la vuelta al sofá y me dirigí con sólo los calzoncillos puestos hacia mi madre. Ésta estaba mirándome todo el rato algo asustada y yo me coloqué a unos treinta centímetros de ella.
-Bájate los calzoncillos para que te pueda ver la colita, cariño… -me dijo dulcemente.
Yo deslicé despacio la exigua prenda hacia abajo, primero por detrás y luego poco a poco por delante. Al principio se me quedaron los calzoncillos “enganchados” en mi erecto pene, pero finalmente salieron y mi pene surgió violentamente de detrás de la prenda. Era un pene enorme. Yo no lo sabía, pero 20 cm era mucho. Además, me medía 5 cm de diámetro y tenía el glande completamente fuera, de color violáceo y húmedo.
La cara de mi madre expresó claramente la sorpresa que se había llevado al ver lo bien dotado que estaba. Al principio no dijo nada, completamente alucinada, pero luego reaccionó y me preguntó:
-Bu……¿Qué es lo que te pasa en la colita…?
-Que…que se me ha puesto dura y grande…y no sé por qué…Cr…creo que fue cuando pusiste tus pies sobre mí… -dije todavía tenso-. ¿Qué será lo que me pasa…?
Mi madre se quedó de piedra, tal vez porque había supuesto que yo me enteraría de las cosas referentes al sexo por medio de los o en el colegio. Luego dijo:
-No pasa nada por eso, cariño…Es normal que te pase eso algunas veces…Les pasa a todos los chicos y hombres…
-Pero…¿por qué…? ¿Por qué se pone tan dura y larga? -pregunté inocentemente.
-Pero, ¿es que no te han enseñado eso en el cole…? -me preguntó mi madre extrañada.
-No…Por lo menos yo no me he enterado…
-Ah…Bueno, pues verás…. Se… se pone así cuando ves a una mujer o a una chica que te gusta o que te toca o algo así…¿Tú sabes ya bien cómo se hacen los niños? – me preguntó.
-No…Creo que es cuando un hombre y una mujer se dan besos o algo así…
-Bueno, no exactamente…Verás…La colita se les pone así a los chicos para poder meterla dentro de una mujer y dejarla embarazada…¿entiendes? -me dijo mi madre-. Y no se puede meter si no está larga y dura.
-Y…¿por dónde se les mete…? -pregunté yo inocentemente, aunque ya tenía cierta idea sobre esto.
-Pues…por…el chocho…
-¿Por la raja que tienen las chicas ahí…?
-Sí…Hay un agujerito y por ahí se mete… -me explicó mi madre.
-Ah…Ya…Bueno, ¿y qué pasa cuando se mete…?
-Pues…hay que…hay que…. meterla y sacarla rápidamente hasta que sale un chorro de líquido blanco de la colita que se llama semen…Todo el proceso de meterla y sacarla y de echar semen da mucho gustirrinín a los dos y por eso es por lo que se hace…
-Ah…Ya lo entiendo…
-Me alegro…Tú no te asustes porque se te ponga dura, es normal y no pasa nada… -me tranquilizó.
Yo me senté todavía desnudo en el sofá al lado de mi madre y ella me dio un cariñoso y tranquilizador abrazo para luego separarse y echarse hacia atrás en el sofá. Yo me quedé sentado donde estaba y también me eché hacia atrás.
-Mamá… -dije
-¿Qué, cariño…?
-¿Me puedo quedar sin calzoncillos…?
-Claro que sí, cariño… -me respondió dulcemente mi madre.
-Gracias…
Los dos nos quedamos allí viendo la tele otro rato. Mi madre me miraba de vez en cuando a mi pene, que ahora estaba semierecto haciendo una especie de arco en el aire. Más o menos tenía el mismo diámetro, pero estaba más flácido. Entonces se me ocurrió otra cosa. Estaba claro que mi mente preadolescente no pensaba parar.
-Mamá… -dije
-¿Sí, cariño. . ?
-¿Me enseñas tu…tu…chocho…para que pueda ver por dónde se mete la colita…?
-Pero Luis…es que…es que eso no está bien… -dijo mi madre tensa.
-Es que quiero vértelo y verte también las tetas para saber cómo es una mujer…
Un largo silencio se apoderó de la situación hasta que mi madre dijo:
-Bueno, vale…Pero no se lo puedes decir a nadie…¿vale?
-No, claro que no…¡Gracias, mamá…!
Mi madre se puso de pie descalza sobre la alfombra y llevó sus manos a la parte inferior de su camisón. Lo fue levantando hacia arriba y se lo sacó por la cabeza. Entonces quedó allí delante de mí en sólo ropa interior. Llevaba puestas unas pequeñas bragas blancas y un exiguo sujetador que apenas podía contener sus enormes tetas.
Entonces, mi madre se acercó a mí y se dio la vuelta delante mía.
-Desabróchame el sujetador, cariño… -me dijo dulcemente.
-Vale, mamá…
Yo me puse de pie y empecé a tocar la prenda por detrás. Mi pene estaba de nuevo completamente erecto y mi glande relucía a causa de los fluidos preeyaculatorios. Me costó un poco desbabrochar el sostén, pero por fin pude y mi madre lo sostuvo un momento por delante. Luego lo dejó caer y sus tetas quedaron libres, balanceándose un poco. Seguidamente, mi madre llevó sus manos a sus braguitas pequeñas y se las fue bajando poco a poco hasta que, al pasar por sus rodillas, cayeron al suelo súbitamente.
-Ahora me voy a dar la vuelta, Luis…¿Estás preparado para ver a mamá…? -me preguntó.
-¡Sí! -dije entusiasmado.
En ese momento se fue dando la vuelta. Al principio vi solo el perfil de sus tetas, con sus gordos y rojizos pezones coronándolas y luego fui viendo las dos. Finalmente mi madre me enseñó todo su cuerpo desnudo y mi vista bajó rápidamente hacia su entrepierna. La tenía completamente cubierta por su espeso vello púbico, pero no de forma desordenada, sino bien cuidado y con los pelos bien ordenados.
-¿Qué te perece…? -me preguntó mi madre sonriendo pícaramente.
-Eh…yo…Me…me encanta… -le dije sintiéndome extraño.
-Ven, cariño…Siéntate aquí en el sofá con mamá…
Los dos nos sentamos el uno junto al otro en el cómodo sofá de tres plazas. Mi enorme pene erecto apuntaba hacia arriba con mucha fuerza y realmente quedaba un tanto extraño en un cuerpo aún sin desarrollar como el mío. Mi madre me lo miraba visiblemente sorprendida y yo la miraba a ella. Sus enormes tetas se balanceaban y movían con cada movimiento, pero aún así daban la sensación de ser bastante firmes.
-Bueno, ahora te voy a explicar un poco cómo funciona lo de hacer los niños -empezó a decirme mi madre-. Mira…ponte de rodillas delante de mí para ver mejor.
Yo me levanté y me puse enfrente de ella. Mi madres separó sus piernas y las levantó con las rodillas flexionadas. Yo alucinaba al ver su oscuro sexo tan cerca y con su raja semiabierta debido a una excitación que yo no sabía que existía en ella. Me encantaba su forma y el suave aroma que emanaba de él. Su piel rosa interna también me llamó la atención.
Debido a esta vista que estaba teniendo mi pene se puso aún más erecto si cabe y mi glande más morado y húmedo. Mi madre empezó a explicarme un poco lo que estaba viendo.
-Bueno, cariño, mira… -dijo llevando una de sus manos a su vulva-. Esta es la raja por donde el chico debe meter su colita. Exactamente es por aquí… -dijo llevando dos dedos a la entrada de su vagina-. Ahí hay un agujerito por donde se mete y donde se deja el semen para hacer un niño. Y aquí, entre los labios por aquí por la parte de arriba hay una especie de órgano que se llama clítoris. Ese órgano pequeño es el que hace que a las chicas les dé gustito cuando lo hacen con los chicos.
-Ah… -fue lo único que pude decir.
-Entonces, ¿lo has entendido mejor ahora? -me preguntó mi madre.
-Sí, pero…Si ese órgano, el clítoris, es el que da gusto, ¿por qué no se lo tocan las chicas solas…? -pregunté.
-Ah……Pero es que lo hacen en realidad…
-¿De verdad…? -dije yo mientras me volvía a sentar al lado de mi madre y ésta volvía a poner sus piernas juntas abajo.
-Claro…Casi todas o prácticamente todas lo hacen, sobre todo cuando no tienen a un hombre cerca… -me explicó.
-Qué suerte tenéis las chicas…Los chicos nos tenemos que aguantar… -dice decepcionado.
-Oh, no…cariño…Los chicos también podéis hacerlo solos…
-¿De verdad…? -dice entusiasmado
-Claro…Mira, pon tu mano alrededor de tu colita.
Y así lo hice.
-¿Y ahora…? -pregunté.
-Pues ahora mueve la mano de arriba abajo y verás cómo te gusta… -me dijo.
Yo lo hice así y empecé a sentir algo que jamás había sentido antes. La sensación de frustración que tenía al tener el pene erecto y no poder hacer nada desapareció, siendo sustituida por una sensación de placer que iba en aumento. Yo seguí masturbándome por primera vez mientras mi madre me miraba y eso me daba más morbo casi si lo hubiera hecho solo. Entonces, le dije:
-Mamá…¿Puedes hacérmelo tú…?
Mi madre se quedó un poco sorprendida al principio, pero luego dijo:
-¿Quieres que mamá te dé gustito en la colita…?
-Sí…
Entonces mi madre llevó su mano derecha a mi enorme pene y empezó a masturbarme. Ella lo hacía de otra forma, de una forma mucho mejor. Lo hacía suavemente y de vez en cuando paraba para acariciar mis testículos o para hacer círculos con un dedo sobre mi glande.
-Ahhh…Qué gusto da, mamá… -dije yo.
Ella entonces empezó a deslizar su mano con más rapidez por mi pene, hasta que yo empecé a sentir el clímax acercarse. Entonces, sin que mi madre retirara su mano, un enorme chorro de semen salió disparado de mi pene, llegó a más de medio metro de altura ( sin exagerar ) y cayó en su mayoría sobre la barriga de mi madre. Al estar mi miembro orientado hacia mi madre, la segunda descarga de semen cayó sobre una de sus tetas y la siguiente ya cayó sobre mi cuerpo. El resto se lo llevó la mano de mi madre, que se puso toda llena del líquido blanco transparente.
-¿Ves, cariño…? Este es el líquido blanco que te dije… -me dijo mi madre con una voz algo ronca que me extraño un poco.
-Sí, ya veo…Pero te he manchado…Perdona, mamá… -me disculpé.
-Oh, no importa, cariño…Ahora me limpio…
Mi madre se acercó y me dio un suave beso en la mejilla y me dijo:
-¿Te ha gustado…?
-¡Sí!, mucho, muchísimo… -le respondí sin ocultar mis sentimientos.
-Me alegro…¿Sabes…? A mí también me ha gustado…
-¿De verdad…?
-Sí… -respondió mi madre.
-¿Y qué les pasa a las mujeres cuando les gusta un chico o quieren que les metan una colita…? -pregunté
-Bueno…pues…Los pezones se ponen empinados y duros y el chocho húmedo…
-¿Y te ha pasado…?
-Sí…
-¿Quieres que yo te toque el…clítoris para que te dé gusto a ti también…? -le sugerí.
-Me encantaría, sí…Pero no le puedes decir a nadie que nos hemos tocado, eh…
-No, no…
Inmediatamente, puse mi mano sobre el sexo de mi madre y lo empecé a tocar por todas partes. Primero simplemente acaricié el vello, pero luego toqué la raja con un dedo y fui recorriéndola en toda su longitud con él. Mi madre empezaba a suspirar. Echó la cabeza hacia atrás y empezó a tocarse los pezones y a estrujarse las tetas. Entonces yo llegué a donde me había dicho que estaba su clítoris. Empecé a describir círculos alrededor de él y mi madre empezó a gemir.
-Ahhhh…. ahhhhh…. así, cariño…. así…. -decía gimiendo.
Yo seguí haciéndolo, suavemente todo el tiempo. Ella se retorcía de placer en el sofá, y yo no la dejaba ni un solo instante. Dejé su clítoris y recorrí su raja de nuevo, esta vez con dos dedos. Estaba mucho más húmeda que antes, y mis dedos se deslizaban con suma facilidad por entre sus labios. Paré un poco y acaricié sus pelos pasando la palma de mi mano con ellos. Era como un sueño estar haciendo aquello, pero yo no perdí los nervios demasiado, simplemente seguí curioseando su vulva, algo que yo jamás había visto antes.
De nuevo toqué su clítoris y describí círculos alrededor de él. Mi madre seguía gimiendo y soltando gritos ahogados mientras se estrujaba las tetas y los pezones, aún humedos por mi semen. Unos minutos después de empezar mis caricias, mi madre se retorció violentamente y gimió atropelladamente. Había llegado al orgasmo. Llevó una de sus manos a donde estaba la mía y la puso encima acariciándomela.
-Gracias, cariño…le has dado mucho gusto a mamá… -me dijo dándome otro beso en la mejilla.
-¿Te ha gustado de verdad…? -le pregunté algo incrédulo.
-Sí, mi amor…lo has hecho muy bien…
Los dos nos quedamos el uno junto al otro un rato. Era ya casi medianoche, así que nos estaba entrando sueño.
-Bueno, nene…Vámonos a la cama… -dijo mi madre levantándose.
-¿Puedo dormir contigo esta noche, mamá…? -le pregunté
-Claro que sí…Además, sabes que me gusta dormir contigo…
-No, pero yo me refiero a si podemos…si podemos dormir sin ropa… -le dije habiendo reunido todo el valor necesario.
-¿Por qué…?
-Pues…porque quiero…quiero poder acurrucarme a ti sin ropa y darte besos y eso como hacen los mayores en la cama…
-Pero, Luis… -dijo mi madre con mirada pícara
-Bueno, si no quieres, no… -le dije
-Que sí, nene…Que lo podemos hacer…Podemos jugar un rato en la cama si quieres…
-¡Gracias, mamá…! -grité lleno de júbilo
Los dos nos fuimos a su habitación. Ella se detuvo un rato en el cuarto de baño para lavarse los dientes y todo eso, cosa que yo ya había hecho antes. Luego, vino sin ropa y con el pelo ( que normalmente le llegaba a la base del cuello ) en una coleta detrás. Yo estaba sentado en la cama de matrimonio con la espalda sobre el cabecero y el pene semiflácido haciendo el arco que antes he descrito.
-Bueno, ¿ya estás preparado para jugar con mami, cariño…? -me preguntó amorosamente mi madre.
-Sí, mamá…
Me madre se sentó a mi lado en la cama y se acercó a mi cara. Con sus labios me dio un beso breve en los míos. Luego llevó su mano a mi pene y comenzó a acariciármelo y sobármelo hasta que de nuevo lo puso erecto. Entonces paró y me dijo:
-¿Qué te parece si los dos nos acariciamos ahí…? Yo juego con tu colita y tú con mi chocho, ¿vale?
-Vale, mamá… -le dije.
Los dos empezamos a tocarnos nuestros genitales. Yo deslizaba mis dedos por entre su raja, la cual estaba de nuevo húmeda y ella me masturbaba lentamente. Mis dedos se centraron de nuevo en su clítoris y ella empezó a gemir más fuerte ahora. Con la otra mano yo empecé a acariciar sus tetas y a pellizcar sus duros pezones, jugueteando con ellos. Ella seguía mientras tanto tocando cada rincón de mi sexo, acariciando mis testículos o simplemente deslizando su mano de arriba abajo. Estuvimos así un rato, hasta que mi madre llegó a un segundo orgasmo, retorciéndose y casi chillando de placer. Yo aún no había eyaculado, y ella me soltó. Pensé que todo había acabado ahí y que iba a pasar de mí, pero me equivocaba.
Mi madre se levantó un momento y fue al cuarto de baño. Yo miré hacia donde había estado sentada y descubrí una mancha amarillenta, provocada por sus fluidos vaginales. Al poco, mi madre volvía del baño con un bote de algo en la mano. La sustancia que había dentro parecía ser amarillenta, pero no lo vi bien. Lo dejó encima de la mesilla de noche y me dijo que volvería enseguida. Yo miré el bote y vi que era vaselina. Mi madre volvió después de cinco minutos y se sentó donde había estado antes. Me empezó a acariciar el pene de nuevo, el cual pasó otra vez de un estado de semierección a erección completa.
-Luis… -me dijo
-¿Qué mamá…? -le pregunté yo
-¿Quieres que mamá te chupe la colita en vez de tocártela…?
Yo me quedé pasmado. Jamás había oído que eso se hiciera, pero respondí:
-Sí, mamá… Pero, ¿no estará sucia o algo…?
-No, cariño…
-Es que como antes eché semen y después hice pis también, pues… -expliqué
-No importa, cariño…A mamá le gustará el sabor de la colita de su nene…
-Vale…
Mi madre se puso de rodillas a mis pies y separó mis piernas metiéndose entre ellas. Poco a poco se fue agachando hasta que su cara quedó a unos diez centímetros de mi glande. Mi madre pasó su nariz olfateándolo y luego también todo el pene.
-Mmm, me encanta cómo te huele, nene… -dijo-. Ahora te la voy a chupar un ratito y verás cómo te gusta.
Entonces empezó a lamer con la punta de su lengua mi glande y luego recorrió el pene en toda su extensión, lamiendo aquí y allá…Luego metió todo el glande en su boca y finalmente la mitad de mi pene. Entonces empezó a subir y a bajar con sus labios apretados contra mi miembro, prestando especial atención a la base de mi glande.
Mi madre gemía y decía muchos “mmm” mientras me chupaba, y yo sentía cómo la punta de su lengua rodeaba mi glande por todo su contorno. Daba un placer indescriptible y yo me sentía al borde del clímax ya. Mi madre no paraba y yo temía que fuera malo lanzar el semen en su boca así que le dije:
-Mam…mamá…. creo que voy a…que voy a…
En ese mismo momento exploté. No había podido remediarlo y me había corrido en su boca. Lo que me extrañó fue que mi madre no se detuvo, es más, gimió con más fuerza y yo la sentí lamer mi glande y tragar mi semen. Cayeron dos chorros de mi esperma por los lados de mi pene, pero mi madre los lamió y se los tragó saboreándolos un rato en su boca.
Había sido algo increíble y los dos nos quedamos el uno junto al otro en la cama tocándonos y acariciándonos. Ella me tocaba el pecho y yo a ella las tetas y los pezones. Los dos nos fuimos quedando más y más quietos hasta que el sueño nos venció y los dos nos quedamos dormidos. Había sido un día que no olvidaría fácilmente, en el que había aprendido cosas que casi no sabía que existían.
A la mañana siguiente, los dos nos despertamos a la misma hora. Estábamos aún medio dormidos, pero mi madre me acariciaba un brazo dulcemente con su mano. Yo a ella le hice lo mismo lentamente y me sonrió cariñosamente con sus rojos labios. Luego me acarició el pecho con su mano vuelta del revés pasando sus uñas por mi piel. Eso me hacía un poco de cosquillas, pero aguanté y le sonreí cariñosamente también. Mi madre se acercó a mí con su cara y me dio un pequeño beso en los labios.
-Te quiero, cariño… -me dijo con la voz más dulce que jamás he oído.
-Yo también a ti, mamá… -le dije yo.
Entonces los dos nos levantamos, desayunamos y nos fuimos de compras a un hipermercado cercano. Mi madre me llevó gran parte del tiempo cogido de la mano, apretándomela fuerte y acariciándomela con el dedo gordo. Todo el tiempo me estuvo llamando “cariño mío” y cosas por el estilo de una forma muy llena de amor. Me dijo que me llevara todo lo que quisiera, que comprara chucherías, galletas, refrescos, y todo lo que se me antojase. Me dijo que es que no quería salir mucho en los próximos días, ya que el calor empezaba a ser insoportable y que por eso quería llevarse de todo. Yo no era muy caprichoso, pero me llevé algunas cosas que vi.
Cuando pagamos la cuenta, mi madre dijo que se lo enviaran todo a casa, así que los dos nos fuimos al coche de nuevo y nos dirigimos a casa. Por el camino, mi madre paró un momento en la farmacia. Me dijo que me quedara en el coche, así que allí me quedé esperando. Cuando volvió traía una bolsita con algo dentro. Me la dio y vi que eran unas pastillas extrañas y aspirinas. Visto esto, los dos seguimos nuestro camino hasta llegar a casa.
Entramos en casa y nos relajamos un poco con el aire acondicionado puesto al máximo. Mi madre fue a su habitación a cambiarse y yo me fui a la mía. Me puse sólo un bañador y me fui a ver la tele al salón. Una vez allí, me senté en uno de los sillones individuales y lo recliné un poco para estar más cómodo. Pensaba mucho en lo que había pasado la noche anterior. Había aprendido en una hora lo que no había aprendido en años y sentía unas ganas terribles de volver a hacer esas cosas con mi madre.
Ésta apareció pronto con una bata de estar por casa puesta. Estaba descalza como de costumbre y caminaba sobre la moqueta hacia mí. Pero en el último momento se desvió y se sentó en el sofá. No estaban poniendo nada interesante en la tele, así que pronto estábamos los dos s. Mi madre me miró sonriendo y me dijo:
-¿Por qué no te vienes aquí con mamá, cariño…?
-Voy, mamá -le respondí.
Me senté a su lado y ella me rodeó los hombros y empezó a acariciarme el pecho de nuevo con sus uñas y el brazo con su mano. Yo me sentía en el paraíso sintiendo la suavidad y el amor de mi madre en mi cuerpo y no quería que acabara ese momento. Ella siguió acariciándome mientras veíamos la tele y yo le respondí cogiéndole su mano libre y acariciándosela.
-Mamá…te quiero…Te quiero mucho… -le dije
Ella me sonrió cariñosamente y me dijo que también me quería. Luego siguió tocándome, esta vez pasando la palma de su mano por mis brazos, por mi pecho y por mi barriga plana y algo musculosa.
-Nene… -me dijo mi madre
-¿Qué, mamá…?
-¿Te gustó de verdad lo que hicimos ayer…? -me preguntó algo seria.
-Pues claro que sí, mamá…Me encantó…Nunca me había sentido tan bien… -le aseguré yo.
-¿No lo hiciste obligado…?
-Claro que no, mamá… Tú me dijiste lo que le pasaba a mi colita y por qué y me ayudaste a quitarme la sensación tan rara que tenía…Lo que pasa es que ahora siento algo distinto…algo un poco extraño… -le expliqué.
-¿Qué, amor mío…? -me preguntó
-Pues…es como si te quisiera mucho más de lo que te quería antes…o de una forma diferente, no sé…Quiero estar contigo todo el tiempo y acariciarte y darte besos…
-Oh, cariño…a mí también me pasa eso…Necesito tenerte a mi lado todo el tiempo y tenerte cogido de la mano y acariciarte…
-¿Y por qué nos pasa…?
-Pues…verás…Es porque hemos empezado a querernos como hombre y mujer, y no como madre e hijo…Son dos formas de amor distintas… -me explicó mi madre.
-¿Y cómo puede aliviarse esa sensación…? -le pregunté
-Sólo como lo estamos haciendo…Tocándonos y besándonos…
-Pero eso no llega a ser suficiente me parece…
-No lo es…es verdad…Hay que llegar hasta el final… -me dijo.
-¿Haciendo el amor…?
-Sí…Sólo así se cura…pero en realidad sólo se alivia…La verdad es que el amor no tiene cura…es como una necesidad continua de la persona a quien amas y de la que no puedes escapar…
-¿Y vamos a hacerlo nosotros, mamá…? -le pregunté preocupado por su respuesta.
-Sólo si tú quieres cariño…Yo no te puedo forzar a hacerlo…
-¿Tú quieres hacerlo conmigo…?
-Cariño…Yo te amo…te amo y te necesito como nunca he necesitado a nadie y quiero hacer el amor contigo…No hay otra cosa en el mundo que yo quiera más que sentir tu piel y tu cuerpo junto al mío y que nos demos gusto los dos… Pero lo que no sé es si tú me querrás tanto como para llegar a eso…-me dijo con tono triste.
-Mamá…yo te quiero más que a nada en el mundo… -dije, y de pronto rompí a llorar no sé por qué y dije lo siguiente entre sollozos-. Quiero que estés conmigo todo el tiempo y quiero tocarte y amarte todo el tiempo…No quiero que te vayas nunca…
-Ven aquí, amor mío… -me dijo cariñosa y maternalmente
Mi madre apoyó mi cabeza sobre su pecho y acarició mi nuca mientras yo lloraba sobre ella. Me acarició el pelo delicadamente y yo me fui calmando poco a poco hasta dejar de llorar. Entonces levanté la mirada y vi que mi madre tenía también dos lágrimas cayendo por sus mejillas.
-No llores, mamá…por favor…No quiero verte triste… -le dije.
-Cariño, es sólo que soy feliz porque me quieres tanto…Yo no te voy a dejar nunca, porque quiero estar contigo todo el tiempo, para siempre…
Creo que fue en este momento cuando más me di cuenta de lo guapa que era mi madre. Su rostro me miraba con una expresión enamorada que lo realzaba. Su flequillo castaño oscuro, sus brillantes ojos marrones, sus mejillas sonrojadas sobre un cutis muy blanco, sus rellenos y rojos labios, la curva que hacían éstos…Todo daba como resultado un rostro de una belleza como jamás he visto y creo que fue por el amor tan increíblemente profundo que sentía por ella, que me hacía verla como la persona más atractiva del mundo.
Yo acerqué mis labios a los suyos y la besé suave y lentamente en ellos. Mi madre suspiró y empezó a mordisquear mis labios con los suyos. Después, metió la lengua en mi boca y yo me sentí extraño ante la nueva sensación. Mi madre movió su lengua dentro de mí y lamió la mía. Entonces yo empecé a mover la mía también y las dos se entrelazaron y se lamieron mutuamente. Yo experimenté una sensación de auténtica satisfacción al poder dar salida a mi amor de esta forma y, poco a poco, la delicadeza y lentitud iniciales dieron paso a un beso más rápido y apasionado durante el cual los dos estuvimos abrazados y tocándonos nuestros cuerpos.
Estuvimos dándonos el beso más de diez minutos. Sí, parecerá un poco increíble, pero así fue, y habríamos seguido de no ser por el timbre, que sonó en ese momento. Era el repartidor que traía la compra. La pusimos en la cocina y mi madre y yo nos besamos otro poco. Me dijo que comiéramos en ese momento y que así disfrutaríamos más al tener que esperar, de modo que nos sentamos en la mesa de la cocina uno enfrente del otro. Mientras comíamos estuvimos acariciándonos los pies y rozando nuestras piernas. Hablamos de lo mucho que nos queríamos y los dos nos mirábamos como dos adolescentes que han descubierto el amor, admirándonos mutuamente.
Cuando acabamos, mi madre se levantó y me cogió de la mano y me dijo:
-Vámonos al sofá a hacer la digestión un poco, ¿vale?
-Sí, mamá -le dije yo.
Los dos nos fuimos al sofá y nos sentamos muy juntos, con nuestros cuerpos pegados el uno al otro bajo el frío del aire acondicionado. Mi madre me abrazó por encima del hombro como antes y me acercó más a ella. Hizo que apoyara mi cabeza sobre su hombro y me acarició el pelo durante un largo rato. También mi brazo derecho y mi pecho como lo había hecho antes.
Vimos una película durante más de una hora y, cuando empezamos a cansarnos de ésta, las caricias de mi madre empezaron a llegar cada vez más abajo hasta que llegaron al bulto de mi bañador. Era uno de esos bañadores largos tipo bermuda, es decir, los más normales. Mi madre abarcó todo mi bulto con su mano y me lo estrujó un poco. Inmediatamente, mi pene comenzó a crecer. Había estado en semierección casi todo el día cuando nos besábamos y tocábamos, pero ahora la estimulación era directamente sobre él y reaccionó. Mi madre se dio cuenta de ello e introdujo su mano por debajo del bañador para agarrarlo mejor. Cuando lo tuvo en su mano lo apretó y luego acarició mis testículos.
-¿Por qué no te bajas el bañador y me dejas ver tu colita otra vez, cariño…? -me pidió mi madre.
Yo agarré ambos lados del bañador con mis manos y me resarcí de él haciendo un poco de contorsionismo sobre el sofá. Mi pene enorme quedó libre y mi madre se volvió a asombrar de su tamaño.
-La tienes muy grande, nene… -me dijo mirándomela fijamente.
-Gracias, mamá…
-¿Quieres que nos vayamos a la cama…? -me preguntó mi madre
-Sí…¿Vamos a jugar un rato…?
-Sí, cariño…
Mi madre me cogió la mano y me la acarició un poco. Luego se lavantó y se puso frente a mí. Muy despacio fue abriendo su bata de estar por casa hasta dejarla con una raja en medio. Entonces, muy despacio fue abriéndola hasta que la dejó caer al suelo. Sus enormes y balanceantes tetas quedaron libres. Llevaba puestas unas braguitas muy pequeñas que no se transparentaban. Eran blancas y llevaban un lazo rosa pequeño cosido en la parte de arriba. Entonces, mi madre llevó sus manos a ambos lados de éstas y las fue deslizando hacia abajo dejándome ver su poblado y negro sexo. Sus braguitas cayeron sobre sus pies y ella hizo un sexy movimiento de tobillos para sacárselas.
Mi madre me miraba sonriendo y me tendió un brazo diciendo:
-Vamos, cariño…
Yo me levanté del sofá con mi pene a punto de explotar y ella me cogió de la mano. Nos encaminamos lentamente hacia su dormitorio, ella con sus tetas balanceándose al aire y yo con mi pene moviéndose de aquí para allá completamente erecto y con todo el glande fuera. Mi madre me detuvo en el pasillo y me echó contra una de sus paredes. Yo me extrañé de su forma de actuar, pero ella se acercó inmediatamente a mí y empezó a acariciarme el pecho con sus dos manos. Luego acercó sus labios a los míos y los besó suave y lentamente mordisqueándolos de vez en cuando con los suyos. Pegó su cuerpo contra el mío y sus tetas rozaron y se apoyaron contra mi pecho. Mi pene hizo de pronto contacto con su vello púbico y un escalofrío recorrió mi cuerpo debido al cosquilleó que me produjo. Luego el roce se repitió y finalmente mi miembro quedó entre sus pelos.
Mi madre introdujo su lengua dentro de mi boca y nuestras lenguas se encontraron y empezaron a entrelazarse y lamerse. Los dos nos exploramos las bocas muy despacio. Mi madre puso sus manos alrededor de mi cuello y yo alrededor de su espalda, acariciándola cariñosamente. Luego, mi madre y yo paramos de besarnos y ella me dio un beso en la mejilla y dio andó unos pasos ligeramente invitándome a seguirla hacia su dormitorio. Era preciosa hasta vista desde atrás. Su firme culo tenía una forma perfecta, aunque ella creía que era demasiado ancho y sus blancas y esbeltas piernas eran preciosas.
Yo la seguí de inmediato hacia su habitación y ella se dirigió hacia su lado habitual de la cama. Miré a mi alrededor mientras ella se sentaba sobre el filo de la cama y vi que había varias cajas de colores distintos cada una. Mi madre cogió una y la abrió. Luego sacó una tira de plástico blanca dividida en tres y arrancó una.
-¿Qué son esas cosas, mamá…? -le pregunté mientras me acercaba a ella de rodillas por encima de la cama desde el otro lado de ésta.
-Son preservativos, cariño… -me respondió dulcemente.
-¿Preservativos…?
-Sí, también se les llama condones…
-¿Para qué son…? -pregunté
-Pues verás, son unos trozos de un material que se parece al plástico que se llama látex. Son como globos desinflados y se mete la colita dentro de ellos antes de meterla en el chocho de una chica…Así, el semen se queda en ellos y la chica no se queda embarazada… -me explicó
-Ah…Y… ¿me vas a dejar que meta mi colita en tu chocho…?
-Sí, nene…quiero que me la metas en mi agujerito -me dijo mi madre cogiéndome de la mano de nuevo y acariciándomela nuevamente.
Mi madre dejó el preservativo y la caja sobre la mesilla de noche junto a las otras cajas sin estrenar y me empujó sobre la cama. Yo caí de espaldas sobre ésta con mi pene aún erecto y con el glande violáceo y húmedo. Mi madre rió como una niña y se sentó a horcajadas sobre mis muslos. Entonces recorrió mi abdomen y mi pecho con sus manos para luego echarse hacia delante y besarme de nuevo en la boca. Sus tetas se echaron hacia delante también y presionaron contra mi pecho. Mi pene quedó bajo su barriga, horizontalmente sobre mi abdomen.
Nos estuvimos besando durante unos cinco minutos. Mi madre se puso de rodillas y me dijo que colocara la cabeza sobre la almohada. Yo lo hice así y ella se acercó a mi desde un lado y me empezó a masturbar lentamente. Luego bajó su cabeza y lamió muy despacio u minuciosamente mi glande. Luego recorrió todo mi pene hasta abajo y finalmente se retiró y se tumbó a mi lado. Entonces los dos comenzamos a magrearnos. Yo estrujaba sus tetas y ella mi pene y mis bolas, pero sin masturbarme. Luego yo bajé mi mano hasta su vulva y descubrí lo húmeda que estaba. Ella gimió ahogadamente cuando recorrí su raja con uno de mis dedos y luego toqué ligeramente su clítoris. Entonces se me ocurrió la idea de probar a qué sabía mi dedo y me lo llevé a la boca, descubriendo un sabor nuevo y estimulante que me hizo perder todo control de mi mismo.
-Mamá… -dije
-¿Qué, cariño…?
-¿Puedo chuparte el chocho como tú me has chupado la colita…?
-S…sí, cariño…Si tú quieres…
Yo no lo dudé ni un segundo y fui de rodillas entre sus piernas. Ella separó sus piernas todo lo que pudo y yo me fui acercando a su raja. Su aroma de mujer me llegó inmediatemente y me impulso a dar el siguiente paso. Saqué la lengua de mi boca y la pasé por el interior de sus muslos. Poco a poco fui llegando a su zona más femenina. Mi lengua pasaba por los alrededores de su vulva, por el exterior de sus labios. Luego la fui acercando cada vez más a su raja y finalmente la coloqué en la entrada de su vagina, en la parte más baja de su raja. Estaba segregando sus fluidos vaginales y yo los lamí y los saboreé en mi boca antes de tragarlos. Luego recorrí despacio su raja hacia arriba, apretando fuerte entre sus labios.
Mi madre gemía cada vez más mientras yo deslizaba mi boca por su vulva. Por fin, llegué a su clítoris y empecé a mover la lengua en forma circular alrededor de él. Mi madre jadeaba y gemía cada vez más fuerte y puso sus piernas sobre mi espalda, apretándome más contra ella. Yo lamía su clítoris más y más fuerte y ella jadeaba casi chillando. De pronto, se retorció agarrando las sábanas con sus manos fuertemente y gritando “ahhhhhhhhhhhhhhh”. Había llegado al orgasmo, pero yo no me detuve, me encantaba el sabor de su sexo y no iba a parar. Bajé mi lengua por su raja de nuevo y descubrí lo mojada que estaba de nuevo. Sus jugos vaginales no paraban de rezumar y yo los tragué sin más dilación. Describí círculos alrededor de la entrada a su agujero del amor y chupé la parte interior con golpes de lengua, sacándola de mi boca como si tratara de beber en un sitio al que no se alcanzase con los labios.
-Sigue, cariño…sigue así…Por favor… no pares… -me suplicaba mi madre jadeando enloquecida.
Yo continué golpeteando esa zona un rato y luego lamí rápido y de una vez toda la longitud de su raja, degustando su maravilloso sabor a mujer. Después continué describiéndo círculos alrededor de su clítoris, jugueteando con él de todas las formas posibles, incluyendo los golpes de lengua. Las piernas de mi madre me apretaron más fuerte contra ella mientras alcanzaba un segundo clímax. Volvió a gritar jadeando y a retorcerse como loca sobre la cama, agarrando la parte posterior de mi cuello con sus manos y levantando sus piernas en el aire. Entonces yo paré y me tumbé de nuevo junto a ella.
Mi madre aún trataba de recuperar el aliento, pero volvió a besarme suavemente en los labios y acarició mi cuerpo una vez más. Acarició mi pelo y mis mejillas y rozó mis piernas y pies con los suyos. Era tan suave y dulce…Luego se subió encima de mí a horcajadas sobre mis muslos con mi pene haciendo contacto con la parte inferior de su barriga. Estaba de nuevo erecto y a mi madre parecía entusiasmarle. Me sonreía mientras pasaba sus manos por mi pecho y abdomen apretando un poco. Se movía de detrás hacia delante y sus tetas se balanceaban de la misma forma enfrente mía.
-¿Quieres que lo hagamos ya, cariño…? -me preguntó.
-Sí, mamá…
Mi madre alcanzó con su brazo el condón que había dejado sobre la mesilla de noche y se lo llevó a la boca para sacarlo del plástico. Cuando hizo un pequeño corte en éste, desgarró totalmente el plástico con sus manos y sacó un trozo de goma o algo así amarillo. Yo nunca había visto uno, pero confiaba en mi madre y sabía que no me haría daño con aquello. Muy despacio lo colocó sobre mi glande y fue deslizándolo hacia abajo por mi pene. Cuando llegó casi abajo, mi madre me dijo que ya estaba y yo vi una especie de apéndice que sobresalía del preservativo por la parte de arriba. Mi madre me dijo que era el depósito y yo no pregunté más, simplemente me dejé llevar por ella.
Mi madre se puso de rodillas con sus piernas a los lados de mis muslos por fuera. Se acercó más a mí hasta que su vello púbico estaba justo encima de mi glande cubierto de látex. Poco a poco se fue bajando hasta que mi pene tocó la entrada a su vagina. Entonces se dejó caer poco a poco y mi pene comenzó a entrar dentro de mi madre. Era una sensación nueva y extraña, sentirse dentro de otra persona. Su agujero daba la impresión de estar húmedo y muy resbaladizo, ya que mi pene entró con suma facilidad hasta que llegó al fondo. Había tocado su cérvix y eso me dijo que dolía un poco. En ese momento comenzó a subir y a bajar sobre mi miembro despacio.
Yo no podía aguantar durante mucho tiempo aquel placer intenso y mi madre se veía completamente satisfecha al tener su agujero tan lleno como lo tenía. Le costaba cierto trabajo poder “saltar” encima de mí, porque la longitud de mi pene era tal que al menos seis o siete centímetros debían permanecer fuera. Yo veía la base del condón desde donde estaba, y veía mi pene hundirse y volver a surgir de su vulva. Mi madre gemía y jadeaba cada vez más fuerte, llena de placer al tener un pene que tocaba cada una de sus terminaciones nerviosas.
Cada vez saltaba con más fuerza y sus tetas subían y bajaban botando sobre su pecho delante de mí. Ella se inclinó hacia mí y apoyó sus manos sobre mi pecho mientras sus caderas subían y bajaban introduciéndose mi enorme falo. Yo agarré sus tetas, que se balanceaban delante de mí muy cerca. Las estrujé y pellizqué sus pezones erectos. Ella casi chilló ante mi estimulación y llevó una de sus manos a su clítoris, empezando a acariciárselo. Luego se irguió de nuevo y yo solté sus tetas. Ella siguio acariciándose la vulva mientras su vagina era penetrada cada vez más rápido.
La escena tenía que haber parecido rocambolesca. Yo, un chico con cuerpo flaco, con una mujer madura y rellenita saltando sobre mi pene con sus grandes tetas balanceándose de aquí para allá y su cabeza hacia atrás mientras gemía de placer. Habría sido verdaderamente excitante poder vernos desde todos los ángulos mientras lo hacíamos, pero por desgracia no contábamos con tantos adelantos y tuvimos bastante con nuestras propias sensaciones.
Mi madre llegó al orgasmo y echó la cabeza aún más hacia atrás mientras gemía enloquecida y se estrujaba las tetas aún saltando sobre mí. Entonces, yo reaccioné y empecé a mover mi pelvis hacia arriba hundiéndome más deprisa en ella mientras le duraba el clímax. Mi orgasmo no tardó en aparecer y sin más contemplaciones se apoderó de todo mi cuerpo llenando de esperma el preservativo. Mi madre seguía saltando, incluso con más fuerza y empezó a hacerme daño cuando yo acabé de correrme. Estaba más flácido, pero ella seguía botando sobre mí. Entonces ella se dio cuenta y se levantó rápidamente.
Mi pene había llenado el condón de arriba abajo de esperma y éste llegaba casi hasta abajo. Entonces mi madre me lo quitó cuidadosamente y lo echó al suelo. Luego se acercó a mí y se tumbó a mi lado. Me cogió por detrás del cuello y me acercó a sus labios. Los dos nos besamos apasionadamente durante un largo rato. Ella me acarició el pelo y la cara y me dijo que había sido maravilloso y que me quería. Yo le pregunté si lo haríamos alguna vez más y ella me dijo que para qué había comprado todos esos preservativos si no…

La mama que no resistio a su hijo

Miércoles, diciembre 14th, 2011

Esta historia esta contada en primera por una mujer casada con su hijo.
Al gunas noches entre semana solia estar en el salon de casa con una camiseta que me llega un poco por encima de las rodillas, al sentarme se me subia y dejaba gran cantidad de muslos a la vista, yo no lo hacia con intencion alguna, solo por estar mas comoda y no daba ninguna importancia al hecho de que tambien estuviera mi hijo sentado a mi lado. Pero me parecio que me miraba demasiado como de pasada, yo lo vine observando unos dias y notaba como despues de mirarame furtivamente se levantaba y se iba al cuarto de baño.
Algunos dias despuesde soñar que mi hijo se iba al cuarto de baño para pajearse pensando en mi, eso me ponia tan caliente que me tenia que masturbar pensando en el. Estando las cosas asi, y yo con mi excitacion cada vez mas palpable, decidi ponerle a pruebas para descubrir si de verdad mi hijo me deseaba como yo deseaba. De esta forma, poco a poco, me fui disimuladamente volviendo mas atrevida. El juego, al menos el mio me provocaba un morbo increible, asi que, me arreglaba un poco mas cada noche antes de que llegara para que me encontrara atractiva, pero mi hijo no se comportaba de manera diferente, solo esas miradas furtivas, o al menos a mi me parecian que lo eran. yo que queria soñar que el me dedicaba sus masturbaciones, me sentia cada dia una hembra mas deseosa, y me ponia cada vez ropas de estar por casa mas corta.
Estuve pensando unos dias y me decidi una noche por no ponerme bragas. Me diò mucho pudor el dia que decidi de enseñar mas alla de lo de todos los dias, es decir, no me atrevi a ser mas explicita, la falta de seguridad mia me producia frustacion y calentura, asi que me marche a la cama y me masturbe, tuve un orgasmo que casi no pude contener, los suspiros, sin querer, fueron las altos de los deseados. Mi hijo no tomaba nada de iniciativa, yo era incapaz, me parecia que lo que yo intuia de que me deseaba era una quimera de una cuarentona calentorra y aburrida, asi que decidi olvidar mis provocaciones a mi propio hijo. La vergüenza que sentìa nunca antes la habìa experimentado. Los dias posteriores dejè de provocar, como lo habia hecho los dias inmediatos y quise olvidarme del asunto. Sin embargo, un dia de una tormenta grande de truenos, le dije a mi hijo que no me acostaria hasta que pasara, de verdad que me da panico y allì fue cuando mi hijo me contestò : -vamos mami, ¿como vas a estar aqui hasta que termine la tormenta?, si quieres yo me quedo contigo en la cama. Al escuchar eso me estremeci, tenia tanto miedo que no me pare a pensar y le dije que si. Yo en ese momento, lo juro, no pensaba en sexo, vuelvo a decir que solo tenia panico, en mi casa cuando habia tormentas, como no estuviese mi esposo
Yo me quedaba en el sofa, me sentìa mas protegida. Luego nos dirigimos a mi habitacion, fui al cuarto de baño y me puse un pijama. Cuando llegue mi hijo ya estaba acostado, me meti en la cama y allì el me preguntò- ¿estas ya nas tranquila? – Sii hijito mio contestè
-No te preocupes que estando conmigo no te pasara nada, me dijo. Yo estaba vuleta de espalda a el y me tomo por la cintura. Asi estuvimos un rato, yo no me atrevia ni a respirar y menos a moverme, sentia sus asperas manos en mi cintura y me reconfortaba Pasadas unas dos horas la tormmenta amaino, le di las y le dije que si queria que podia volver a su habiatacion.
no mami. me respondio, aqui estoy muy bien. ¿TE MOLESTA? -no, le respondi. mi hijo subio las manos, y se arrimo a mi, me dijo: -no te pasara nada. Sus manos rozaban mis pechos, y empeze a sentir la calor de una hembra en celo, pero no me queria ni mover su cuerpo. El se apreto mas a mi y senti la dureza de su miembro en mi trasero. Estaba que no podia mas. En ese momento sus manos estaban debajo de la camisola del pijama y me tocaba suavemente los pechos y luego a tocarme los pezones con dos dedos. Yo no podia mas, estaba caliente como una perra !Y CON MI PROPIO HIJO! las caricias en mis pechos me tenian al borde del extasis, y empeze suavemente a empujar mi pompis hacia atras, no me podia contener. Mi hijo me dijo suavemente al oido:
-mami que buena estas. Yo queria decirle que aquello no estaba bien, pero era incapaz, mi calentura tantos dias controlada me lo impedian. Y no dije nada, simplemente me dejaba hacer. me tomo la mano izquierda y me la llevo a su sexo, al principio queria soltarla, pero no podia, asi que se la aprete con fuerza, era una verga enorme, dura y caliente de alrededor de 18 a 20 centimetros. La tenia tomada con mi mano extendida hacia atras, no podia soltarla. Espera mami, me dijo, y volviendome hacia el, me levanto y me bajo la parte baja del pijama, le ayude y me desvesti por completo, quedè totalmente desnuda y excitada para el. Ahora los dos estabamos como dios nos trajo al mundo.
Alli èl no dudo un instante y empezo a empujar sobre mi vulva caliente, y le dije que parara que todavia podia quedarme preñada Yo no tomo nada para evitar el embarazo asi que le pedì precaucion. -Espera. le dije mientras me dirigi a un cajon del ropero, alli debajo de la ropa camuflado, tenia una caja de condones de su padre, tome uno y se lo puse muy despacio.
Ahora puedes tomarme le dije. _ no mami tomarte no. Dime que te folle. me daba verguenza utilizar con el esas palabras, insistia una vez y otra y tuve que decirle: SI FOLLAME. Me empezò a bombear salvajemnte con esa pija tan dura que no tarde en correrme a las dos o tres embestidas. Pero, deseaba mas y yo tambien. Me puse a cuatro patas y le dije:FOLLAME. Se puso detras y me la metio con unas ganas que asombraba.
Nunca lo habia visto a mi hijo asi. Gritaba desaforadamente. me llamaba -puta calentona ¿te gusta que te diga esto mami? – si cariño soy tu putita calentona y te dera todo el placer que quieras. No me queria perder su lechita por lo que le dije que no se corriera – Mama te la va chupar todita hijito. Me incorpore y le chupe su enorme verga -no te corras, le dije, dejandole de mamar, correte en mi boca, me puse tumbada en la cama se lo toque dos o tres veces y un chorro caliente como una fuente salio llenandome la boca y rebosando hasta mi cuello. Aquella noche y las sigueintes dormimos como dos amantes.

Mamá, los chicos se quedan a dormir

Lunes, diciembre 12th, 2011

“Por Dios, Gabriel…, ver así a tu mamá hizo que me parara!!!!”.
Recostada sobre la alfombra del piso superior, con el oído pegado a la rejilla de la ventilación para poder escuchar la conversación que el grupo de adolescentes mantenía en la sala de la planta baja, el corazón de Jimena Rossi experimentó un sobresalto cuando oyó las palabras de Lucas.
“Estará hablando de mí?…”, se preguntaba.
Ella esperaba oír a uno o más de los chicos hablar “sucio”, pero realmente no se imaginaba una charla tan franca y que encima la tuviera a ella de protagonista.
Entonces, su mano se movió bajo su pequeño camisón hasta encontrar su bombacha, y comenzó a acariciar su entrepierna mientras continuaba oyendo…
“Si…, apostaría que no estaba usando corpiño…”, exclamó Diego.
“Ese camisón era tan corto…, estaría usando bombacha debajo…?”, preguntó Lucas, buscando una rápida respuesta…
“Sí…, pude ver las marcas de la bombacha bajo el camisón…”, aseguró Pablo.
“Ella siempre usa eso cuando se va a acostar”, dijo Gabriel. “Es simplemente una camiseta más larga que lo habitual, pero me encanta ver como se mueven sus tetas tras ella. La otra noche lo estaba usando mientras me ayudaba con la tarea del colegio, y en varias ocasiones me rozó el hombro con sus tetas…”
Cuando Jimena Rossi comenzó a experimentar lo que ella consideró “inocentes fantasías” respecto de su hijo Gabriel y sus del colegio secundario, sintió un leve sentimiento de culpa que sucedía a sus repetidos orgasmos.
Pero con el tiempo, esos sentimientos de culpabilidad fueron desapareciendo, a medida que las fantasías se hacían más frecuentes y las escenas que ella imaginaba en su mente se volvían más interesantes.
Últimamente, el pensar en los chicos prácticamente le ocupaba todo el tiempo que le dejara libre su trabajo, su matrimonio, las tareas del hogar, y cualquier otra ocupación.
Quizás, si sus compañeros de trabajo fuesen más atractivos, si su esposo pasara más tiempo en casa, si tuviera algún hobbie interesante para matar el tiempo, jamás sus pensamientos se hubieran detenido en un grupo de colegiales…
Pero así fue, y ahora la fantasía de verse involucrada con su hijo, e incluso con sus , se transformó en la esperada vía de escape de una vida aburrida…
Jimena había estado muy ansiosa esperando lo que los chicos dieron en llamar “el viernes de pizza y videos”. Lógicamente, no esperaba que nada extraño sucediera, pero tenía la pequeña esperanza de que el más mínimo detalle le sirviese para echar más leña a esas fantasías: un leve flirteo de su parte, quizás el que alguno de los chicos le dedique alguna mirada más allá de lo normal a su cuerpo, la lógica curiosidad sexual de ellos a esa edad, el poder llegar a ver a alguno de ellos en su ropa de dormir o incluso en ropa interior…
Pequeñas pruebas, inocentes juegos…, como los que Jimena venía desarrollando con Gabriel.
Cuando ella comenzó a sentirse sexualmente interesada en su hijo, se dedicó a darle unos maternales abrazos, que duraban más de la cuenta. Esto, de a poco, fue avanzando hacia besitos en la mejilla y, muy recientemente, en un pequeño piquito en los labios.
Al mismo tiempo, la habitualmente tímida y conservadora mamá empezó a mostrarle más de ella a su hijo. Dejarlo ver más de lo normal, poniéndose un corto camisón, por ejemplo.
Cuando la alta y morena Jimena logró captar la atención de Gabriel, que no dejaba de admirar los pechos de su madre moviéndose libremente bajo el camisón, entonces llevó las cosas un poco más lejos, permitiendo que él entrara en su cuarto cuando ella estaba en ropa interior, o elogiando el cuerpo de su hijo que estaba en pleno desarrollo, y también, por que no, presionando sus pechos contra la espalda de él cuando lo abrazaba.
Nada grave, en un principio, pero la tensión sexual entre ellos había llegado a un punto muy álgido…
Y las cosas parecían ir por buen carril con los de Gabriel, también. Jimena notó a un par de ellos dedicándole algunas miradas más largas que lo habitual a sus pechos en éste último tiempo, tanto como admiraban sus largas y torneadas piernas cada vez que usaba shorts.
Ella siempre recordaba la ocasión en la que Pablo llamó a su casa mientras Gabriel no se encontraba, y se quedaron hablando un buen rato sobre la vida personal de Pablo.
O aquella otra en su casa, en la que llegó a comentarle a Rafa que se había convertido en un chico muy atractivo, lo que provocó un suspiro mezcla de halago y vergüenza en él…
En realidad, ninguno de los chicos podría ser considerado como muy atractivo. Eran más bien del tipo normal, más cercano al tipo “estudioso” que al galán del colegio.
Y más allá de todo lo que se dice hoy en día sobre el prematuro despertar sexual de la juventud, Jimena estaba prácticamente segura que ninguno de ellos había estado íntimamente con alguna chica.
Pero aún a sus 37 años, Jimena no se cortaría un pelo en poder acostarse con cualquiera de ellos…
Además de su hijo Gabriel, estaba el rubio Pablo, quien era el mejor amigo de su hijo y el más extrovertido del grupo. Jimena lo conoce casi desde bebé…
Diego, con ese rostro tan perfecto, casi femenino, que vivía a dos casas de la suya desde hacía un par de años…
Lucas, el moreno de ojos claros, que había sido alumno de Jimena cuando ella daba clases de inglés en la Parroquia los sábados por la mañana.
Y Rafa era más bien gordito, con gafas, aunque muy educado…
El “viernes de pizza y videos” estaba siendo un éxito en varios aspectos. Su marido estaba fuera de la ciudad por negocios hasta dentro de un par de días, y su hijo más pequeño se había marchado de campamento con su compañía de boy scouts…
Estaba comenzando a llover de manera casi torrencial, lo que hacía prácticamente improbable que cualquier visita indeseada llegara hasta allí…
Todo esto le quitó de la cabeza a Jimena cualquier preocupación, por lo cual procedió a ducharse y a vestirse con su pequeño camisón negro a un horario más temprano que el usual.
Ella ya había pensado de antemano en que debía quedarse un rato en la cocina con esa vestimenta, para que cuando alguno de los chicos fuera en busca de refrescos, pudiera verla así, lo cual salió como había planeado, ya que todos ellos le dedicaron unas miradas muy fuertes. Y también ella pudo darse un pequeño regalo, viendo a Pablo y a Diego en shorts, y con camisetas ajustadas.
Y ahora esos comentarios sobre sus pechos…
“Sus piernas son interminables…”, dijo Diego. Escuchando por el ducto de ventilación, Jimena introdujo su mano bajo su bombacha…
“Diego…, trajiste el video porno de tu hermano?”, preguntó Gabriel…
“Sí…, quieren verlo ahora?”.
“Esperemos un rato, hasta asegurarnos que mi mamá esté dormida. También podemos navegar por Internet y buscar algunos sitios porno más tarde”.
“Qué chicos tan calientes…”, pensó Jimena, cuando su costado maternal le insinuaba que le pusiera un punto final al espectáculo porno que pensaban montar. Pero prefirió no meterse…
Tras esto, se levantó del piso y se dejó caer sobre su cama.
Se dio cuenta que no tenía ninguna otra excusa para bajar nuevamente, por lo cual se dio por vencida…, y se puso a imaginar una nueva fantasía, que pudiese llevarla hasta ese ansiado orgasmo.
Bajo las sábanas, Jimena se bajó la bombachita casi hasta sus tobillos, y comenzó a dibujar círculos con uno de sus dedos alrededor de su clítoris. “Veamos…, con cuál de los chicos quiero fantasear hoy…?”
De repente, la luz de la pequeña lámpara de su habitación se apagó, y sólo se percibía un silencio alarmante. Los voces de desconcierto de los chicos dieron la pauta a Jimena de que se había cortado el suministro de corriente.
Jimena encontró como pudo su bombacha, y volvió a calzársela en la oscuridad. Con pasos temerosos, se las ingenió para llegar al corredor, y bajar las escaleras hasta la cocina, donde guardaba la linterna. Una vez que la encontró, fue hacia donde estaban los chicos, que miraban por la ventana el maravilloso espectáculo de la lluvia sobre el jardín.
“Miren que belleza”, dijo Lucas, a lo que Jimena se acercó por detrás para observar, quedando rápidamente sus rostros muy cerca, tanto que ella podía sentir la respiración del chico.
Se sintió bien, tanto que no dudó en presionar disimuladamente uno de sus pechos sobre el hombro de Lucas, que no hizo movimiento alguno por separarse…
De otro sector de la casa, alguien gritó que la luz se había cortado en todo el vecindario, cosa que Jimena comprobó de inmediato.
Pero lo que comprobó mejor, fue que Lucas parecía estar rozando intencionadamente su pecho con la espalda, lo que hizo que la adrenalina fluyera a mares en el cuerpo de la atractiva y madura madre…
Cuando notó que el resto de los chicos entraban a la sala, Jimena se separó de Lucas y fue a buscar otra linterna y una lámpara a batería, de esas que se usan en los campamentos.
Afortunadamente, su marido era muy previsor, y la batería funcionaba perfectamente, lo que les permitiría tener suficiente luz como para pasar el rato.
Los chicos estaban nuevamente en la sala de estar, y Jimena no dejaba de preguntarse cuanto podrían verle a través de su camisón, con una luz tan tenue…
De lo que sí estaba segura, era que podía ver perfectamente a Pablo y Diego enfundados en sus shorts deportivos.
“Chicos…, creo que ya es muy tarde como para que se vayan, y la calle además está completamente a oscuras, lo que no hace para nada aconsejable que intenten manejar de regreso. Por qué no nos sentamos y esperamos a que vuelva la electricidad…?”, explicó Jimena, asumiendo nuevamente el rol maternal y protector.
Más tarde, encontró una vieja y desusada radio a batería que apenas si funcionaba…, pero al menos a ella pudieron enterarse que el corte duraría toda la noche.
Estaba empezando a sentirse el frío, y Jimena supuso acertadamente que sus pezones se estarían poniendo como un iceberg…, frente a los chicos. Y las miradas que ella recibía de ellos los ponía todavía más duros…
“Vamos a poner algo de leña en la salamandra…” dijo…, y Gabriel comenzó a ayudarla a hacerlo. Mientras Jimena se movía buscando leña y periódicos viejos, se dio cuenta que sus tetas, al estar sin sujetador, bailaban juguetonamente, y no tenía dudas de que los adolescentes estarían mirando desprejuiciadamente.
Tan pronto se agachó para acomodar la leña, notó como su corto camisón se levantó, lo suficiente como para que tomase noción de que su blanca bombacha estaba quedando a la vista de los chicos. Excitada de solo pensarlo, se agachó aún más, provocando que se viera una buena parte de su bombacha clavada en su culito…
Pronto el fuego estaba encendido, y quedaban aún dos problemitas: uno era que, sin electricidad, no había TV, ni radio, ni PC…, los chicos se aburrirían pronto. Y la segunda, era que hacía bastante frío como para que ella volviera a su habitación…
“Chicos…, adivinen qué?. Esta es la única habitación con calefacción en toda la casa, por lo cual tendrán que aguantarme esta noche con ustedes…”
Jimena estaba de pie en medio de los chicos, y rogaba porque la silueta de sus tetas pudiera verse a través del fino camisón.
Los chicos no le quitaban la vista de encima…
A pesar de que no lo dijeran, ella esta segura, después de haber oído aquella conversación, de que a ellos no les importaba en lo más mínimo tenerla cerca, y menos vestida con ese camisón…
Mientras los chicos discutían sobre que hacer, Jimena se sentó a un costado del fuego, disfrutando de su buena suerte por tener a “sus” chicos esa noche…
Todo se estaba dando en forma perfecta para ella…
La lujuria de Jimena se incrementaba cada vez más, hasta llegar al punto en que decidió tirar al viento sus miedos, y disfrutar de la situación…
Mientras los chicos se quedaban sin ideas, Jimena intentaba recordar algún juego de los de su época.
“Alguna vez jugaron a Pasar la Fruta…?”…
La mayoría de los chicos miró con cara de no entender, pero Pablo asintió: “Sí…, es ese juego en el que tenés que ponerte una fruta entre la quijada, y tenés que pasársela a otro sin usar las manos…, cierto?”….
“Exacto”, dijo Jimena. “Se supone que es un juego de Chico/Chica, cada uno de ustedes jugará conmigo”.
Jimena se puso de pie, se colocó la pelota de tenis en su quijada y se acercó a Pablo, quedando a unos centímetros de él. Pablo se inclinó, y presionó su cuerpo contra el de la madre de su amigo. Mientras Pablo y Jimena intentaban pasarse la pelota, sus cuerpos se rozaban completamente…, lo que daba al resto de los chicos una idea clara de los beneficios extras de este juego.
Observaban encantados como Jimena rozaba sus pechos contra el torso de Pablo, como sus mejillas se tocaban…
Cuando Pablo logró finalmente colocarse la pelota en su quijada, repitió al proceso, sólo que a la inversa…
Jimena se dirigió entonces a Lucas, quien ansiosamente esperaba ser el próximo. Como la mayoría de los chicos a su edad, Lucas era más bajo que Jimena, por lo cual ella debió inclinarse para encontrarlo.
Los chicos miraban mientras los torsos de Jimena y Lucas se tocaban…
Jimena sentía sus pechos hundirse en el de Lucas…, y no dejó pasar la oportunidad de rozar uno de sus muslos en la entrepierna del chico.
Cuando lograron su propósito, Jimena no pudo dejar de sorprenderse por la forma en que Lucas pasó su erecto pene disimuladamente sobre los muslos de ella, y como “grande finale”, abrazó al chico fuertemente…
Tras Lucas, cada uno de los chicos que faltaban tuvieron su oportunidad de apoyar sus miembros sobre la madre de su amigo, tanto como ella de rozar sus pechos sobre los de los chicos…
De pronto, el juego casi había perdido su esencia, transformándose en una excusa para abrazarse y rozarse abiertamente…
Gabriel fue el último de los chicos en tener su turno. Jimena no quería parecer excesivamente ansiosa por tener un contacto directo con su propio hijo, especialmente delante de sus amiguitos. Ella percibió su erección, y lo atrajo hacia ella, quedando su miembro casi a la altura del monte de venus de su madre. Gabriel era el más alto de los chicos…
Jimena no pude evitar soltar un casi inaudible suspiro, y recorrió con sus manos la espalda de su hijo…, que respondió repitiendo la acción…
Cuando cada uno de los chicos había tenido dos turnos, una Jimena entusiasmada cortó el juego contra su voluntad, sentándose nuevamente al costado del fuego, sobre un almohadón gigante. Los chicos se sentaron en el sofá y en algunas sillas…
“Qué hacemos ahora…?”, preguntó Jimena…
Continuará…

Rescatado por mamá

Domingo, diciembre 11th, 2011

- Venga, más deprisa- espoleó Beatriz a sus jadeantes alumnos de cuarto de la ESO mientras estos trataban de mantener el ritmo que su profesora de gimnasia les imponía.
Beatriz a diferencia de la mayoría de los profesores de aquella materia se tomaba muy en serio la asignatura, y desde luego no vendía baratos sus aprobados.
La mujer era consciente de que para exigir aquel nivel a sus alumnos no podía ser como otros maestros de gimnasia del centro, los cuales sufrían un importante sobrepeso, por aquel motivo pese a estar camino de los 44 años Beatriz mantenía un cuerpo esbelto y a la vez fuerte que le permitía realizar cualquiera de los ejercicios que exigía a sus pupilo.
– Es suficiente por hoy- dijo a voz en grito después de tocar su silbato- ¡A las duchas!- los agotados estudiantes recibieron aquellas palabras con júbilo y comenzaron a desfilar hacia los vestuarios mientras que Beatriz se dirigía al pequeño despacho que tenía en el gimnasio para apuntar las notas correspondientes al trabajo que había hecho cada uno de ellos.
Después de unos minutos de rápida evaluación, la mujer entró primero al vestuario de las chicas y a continuación al de los chicos para asegurarse de que no quedaba nadie. La profesora siempre llamaba antes de entrar, aunque alguna vez por accidente se había encontrado con algún alumno ligero de ropa, que había tardado algo más de lo habitual en ducharse.
En aquella ocasión no hubo ningún rezagado y por aquel motivo la maestra comenzó a cerrar las puertas del gimnasio, salvo la de emergencia, había organizado sus clases de tal forma que todos los días los acababa bajo techo, pudiendo así tomar una ducha antes de regresar a casa.
Beatriz dejó su ropa sudada sobre el suelo, para pisar sobre ella para no resbalar al salir de la ducha. La profesora recibió con alivio el chorro de agua tibia sobre su cabeza comenzando esta a recorrer su espalda y sus pechos. La mujer, que aquella mañana no había llevado esponja al instituto comenzó a enjabonarse todo su cuerpo con sus manos, comenzando por sus piernas y subiendo poco a poco hasta llegar a su largo cabello rojizo. A Beatriz la costó un poco de esfuerzo el no entretenerse en su sexo depilado o en sus duros y firmes pechos de pequeños pezones rosados, pero finalmente decidió que aquel no era el mejor lugar para darse un poco de autosatisfacción.
Tal y como la pasaba cada vez que se estimulaba en las duchas del instituto salió muy excitada, con unos deseos locos de llegar a casa cuanto antes. El no haber tenido sexo satisfactorio con ningún hombre desde que se divorció de su marido, hacía más de un año, provocaba que aquella situación se volviese cada día más común e insoportable.
La mujer abandonó el instituto rápidamente por la puerta principal montada en su coche, sin duda quedarse unos minutos en la ducha era una gran idea, ya que la primera oleada de alumnos acostumbraba a salir despavorida dejando en un espacio de 10 minutos la entrada totalmente libre para que los profesores, y los alumnos que tenían carnet de conducir, pudiesen salir sin riego de atropellar a nadie.
La casa de Beatriz estaba a las afueras de la ciudad, con lo que tardó tan solo unos minutos en llegar a su domicilio, un piso de tamaño medio en el que vivía con su hijo Marcos, un chico de 19 años que había comenzado a trabajar muy joven y que en aquel momento se encontraba en paro, sin más ocupación que la de estar en casa todo el día y salir con sus .
A Beatriz ninguna de estas dos actividades le gustaba, aunque prefería que se quedase en casa ya que los de Marcos eran una pandilla de chicos demasiado conflictivos.
La mujer se encontró con la sorpresa de que Marcos no estaba en el domicilio familiar, aquello era muy raro, lo normal era que le pillase comiendo o que la estuviese esperando para comer con ella, pero en aquella ocasión no encontró absolutamente nada, ni siquiera una nota que explicase el motivo de su ausencia.
Beatriz, un poco preocupada, comenzó a comer viendo las noticias que daban en la televisión, aunque aquello no hizo que sus preocupaciones desaparecieran, no era normal que Marcos no la llamase o la dejase alguna nota cuando se salía de su rutina habitual.
La profesora se tumbo en el sofá para descansar un rato mientras trataba de auto convencerse de que todo estaba bien. La mujer logró dormir por espacio de una hora, levantándose algo más tranquila, pero justo en aquel momento sonó su teléfono móvil. Era su hijo.
– Por fin llamas, Marcos- le dijo su madre como respuesta.
– Mamá que suerte, por fin acierto con tu número- dijo el chico que sonaba un poco fatigado.
– ¿Qué sucede? ¿estás bien?- preguntó un poco inquieta ante la extraña respuesta.
– Me han gastado una broma y necesito que vengas a recogerme, me han atado en una habitación de hotel, por favor ven a buscarme.
– Dime donde estás- dijo la mujer al ver que no era el momento más indicado para hacer preguntas.
Marcos dio rápidamente la dirección del hotel y el número de la habitación en la que se encontraba para que su madre no tuviese problemas a la hora de hallarlo.
Beatriz bajó rápidamente a por su coche y se puso en camino lo antes que pudo. El trayecto se la hizo muy angustioso, normalmente se tomaba con calma los atascos de la ciudad, pero el no tener detalles sobre que clase de broma habían gastado a su hijo o si este se encontraba bien, hacía que su normal actitud tranquila se viese alterada por la situación.
La mujer entró en el hotel un tanto sudorosa, no por el ejercicio físico que había hecho, sino por la preocupación que en aquel momento sentía por Marcos.
– Necesito la llave de la habitación 612- dijo la mujer nada más llegó a la recepción- han gastado a mi hijo una broma y lo tienen hay atado.
El recepcionista dudoso ante lo que la mujer le decía descolgó el teléfono que había en el mostrador para comunicarse con la habitación a la que la recién llegada le hacía referencia. Después de dos llamadas infructuosas el recepcionista llamó a otro compañero que apenas tardó un minuto en llegar, para que acompañase a Beatriz al lugar al que esta quería ir.
La mujer no se relajó en todo el trayecto y animaba al hombre vestido de rojo que la guiaba a que caminase más rápido para poder llegar cuanto antes.
El corazón parecía que se la quería salir del pecho cuando el botones del hotel comenzó a abrir la puerta, adelantándose la mujer a este para ser la primera en entrar. Entonces pudo comprobar que la llamada de su hijo era 100% real.
Allí estaba Marcos, totalmente desnudo, con las manos esposadas a los barrotes que conformaban en cabecero de la cama, con su teléfono móvil en la mano izquierda. Era un chico, de piel clara, pelo castaño bastante largo y en aquel momento con una mirada suplicante que pedía la ayuda de su madre.
– ¡Es mi madre, ahora lárgate!- le dijo al botones tan pronto como lo vio entrar en la habitación.
– ¿Pero que te han hecho?- preguntó la mujer una vez se marchó el hombre que la había guiado.
Beatriz no pudo evitar reparar en que su hijo no solo tenía inutilizadas las manos, sino también las piernas, las cuales estaban abiertas y unidas mediante cuerdas a las patas de la cama. Tampoco pudo dejar de echar un vistazo al gran y amoratado pene que estaba atado por la base con una cuerda fina, al igual que sus hinchados genitales que habían sido aprisionados por una goma del pelo de color rosa.
– ¿Se puede saber quien te ha hecho esto?- le preguntó Beatriz antes de comenzar a liberar a su hijo.
– Ha sido un broma de los idiotas de mis y de una chica que me ha hecho creer que le gustaba pero que solo quería reírse de mí- dijo el chico visiblemente avergonzando, la mujer se dispuso a apiadarse de él, pero no pudo reprimirse y le dijo.
– ¡Ya te dije que esos no eran buena compañía!- recriminó.
– Ya lo sé mamá- dijo el chico elevando la voz- ahora desátame y vámonos.
– ¿Te parece forma de hablar a tu madre que ha venido corriendo a ayudarte?- preguntó la mujer algo enfadada- Quizás debiese dejarte así para que venga a recogerte alguno de tus .
– Lo siento mamá, es que esto es muy humillante. Te agradezco que hayas venido a buscarme- dijo Marcos aún sin mirar a su madre.
– ¿Qué clase de treta usó para lograr dejarte así?
– Era una chica que está muy buena.
– ¿Puedes definir muy buena?- preguntó la mujer comenzando a desatar la polla de su hijo.
– Mamá, por favor no hagas eso- pidió el chico avergonzando por que su madre tocase su pene.
– Dime que clase de chica era- exigió la mujer.
– Una chica alta, morena, de tetas grandes – dijo el muchacho- por favor mamá, no hagas eso…- dijo el chico para acabar soltando un gemido de placer.
– Parece que tu polla no tiene reparos en que sea tu madre- dijo acariciando la verga del muchacho de arriba abajo para acabar quitando la goma del pelo de sus huevo- ¿sabes? Estás más dotado que tu padre, más que tu padre y que todos los hombres con los que he estado en los últimos meses- dijo sonriendo y haciendo que Marcos se sonrojase aún más.
– Deja de decir esas cosas, mama, por favor- pidió el chico al que se le veía incómodo, pero aún en aquella situación el pene del muchacho perdía tamaño.
– Lo siento mucho cariño- le dijo la madre sonriendo sin dejar de tocarle el miembro- pero mamá está demasiado necesitada como para dejar escapar una ocasión así.
– Pero que…
Pero Marcos no pudo terminar de decir nada ya que el ver a su madre comenzar a quitarse la ropa con la que se había presentado en aquel hotel le hizo enmudecer. Sin ningún pudor, Beatriz se deshizo de su falda y su blusa, para liberar a continuación sus firmes pechos del sujetador que tiró fuera de su vista, y exponer también su sexo totalmente depilado dejando su tanga, un poco húmedo debido a la excitación de ver así a su hijo, en el suelo.
– Ocasiones así no se presentan todos los días- dijo la mujer acariciando el pecho de su hijo y colocándose de tal modo que el pene de Marcos chocaba contra el estómago de la mujer- y puedes estar seguro de que no la voy a dejar escapar.
– Por favor mamá, para con esto- dijo el chico rojo de vergüenza ante la actitud de su madre. Beatriz sonrió.
– Puedes acabarla tú si quieres, tan solo tienes que bajar esta erección y mi atención por ti desaparecerá- le dijo bajando para acariciar el sobresaliente glande del chico para acabar dando un beso sobre el mismo, haciendo que la erección se volviese aún más firme.
Las quejas del muchacho comenzaron a desaparecer cuando Beatriz empezó a dar una sesión de sexo oral a su hijo, el chico en un principio se resistió, pero dejó de protestar cuando notó la húmeda y ágil lengua de su madre acariciar sus doloridos testículos, comenzando a emitir gemidos de placer.
La mujer, viendo que Marcos comenzaba a aceptar aquella situación no tardó en meter el hinchado miembro del muchacho en su boca para iniciar un rápido mete-saca que entusiasmo al chico en exceso, tanto que acabó por eyacular sin previo aviso.
La madre trató de disimular su disgusto mientras tragaba el semen de Marcos, no era en ella habitual tragar el esperma de sus amantes, pero en el caso de su hijo haría una excepción, seguramente en aquel momento no se sentiría muy bien después de no haber aguantado ni dos minuto con su polla en la boca de su madre.
– Has sido un niño muy malo Marquitos- le dijo Beatriz levantándose sobre la cama para en un solo paso colocar su sexo ante los ojos del muchacho- te has venido en la boca de mamá sin avisar, así que ahora vas a lamerme hasta que ese pollón que tienes se vuelva a hinchar.
El chico dudó durante unos momentos, haciendo que Beatriz comenzase a pensar una estrategia para conseguir su objetivo, pero antes de tener nada ideado, Marcos, por iniciativa propia comenzó a lamer con deseo la raja de su madre.
La mujer gimió de gusto al notar la torpe lengua de su hijo esforzándose en darla placer, lamiendo sus labios de arriba abajo para poco a poco tratar de intentar penetrar el sexo de su madre con ella.
Beatriz, aparte de los innumerables gemidos también acariciaba el cabello de su hijo, para comunicarle que lo estaba haciendo muy bien y que no se detuviese por nada del mundo.
Marcos trató de seguir el sexo de su madre cuando esta comenzó a alegarlo, pero las férreas esposas que lo mantenían retenido le obligaron a observar impotente como aquella dulce vagina se escapaba de su alcance.
– No te pongas triste, mi niño- le dijo mientras acariciaba el pecho de Marcos mientras los sonreía pícaramente- mamá no te dejará solo ni un momento.
Después de decir aquello Beatriz comenzó a morder los pezones de Marcos, primero con delicadeza y una vez comprobó que su amante se excitaba con eso con mayor voracidad.
Las constantes caricias de la mujer sobre el excitado cuerpo del muchacho hicieron que este comenzase a desear con más fuerza el cuerpo de su madre, llegando al punto de tratar de acariciarla con la única parte de su cuerpo que tenía libre: su boca.
– ¿Qué quieres, cariño?- le preguntó dejando sus tetas a escasos centímetros de la cara del muchacho, pero aún así inalcanzables para él.
– Acércate- pidió lleno de deseo.
– Si no me dices lo que quieres hacerme no me acercaré- le dijo la mujer juguetona acariciando los testículos del muchacho al tiempo que hacía votar sus tetas ante el rostro de Marcos.
– Quiero comerme tus tetas- dijo el muchacho haciendo sonreír a su madre.
– Ves, así no entendemos bien- comentó la mujer acercándose.
Marcos mordió los pechos de Beatriz cuando se colocó a su alcance, haciendo que esta gimiese un poco de dolor y pidiese a su amante que fuese más delicado. Marcos al oír las críticas de la mujer obedeció al momento y pese a las ganas que tenía de morder las duras tetas de su madre tan solo se dedicó a lamerlas de arriba abajo, al tiempo que las daba algún suave mordisco en sus duros y dulces pezones.
Beatriz permaneció inmóvil durante las primeras lamidas, hasta que finalmente se acostumbró a aquel nivel de placer y pudo comenzar a trabajar en las esposas que mantenían a su hijo retenido, ya no habría problema en que la dejase a medias, ya que el muchacho estaba como mínimo tan caliente como su progenitora.
La fue más sencillo de lo esperado forzar las cerraduras de las esposas con una de las horquillas que acostumbraba a llevar en el pelo, en menos de cinco minutos los dos brazos del chico ya estaba totalmente libre.
Beatriz se sobresaltó un poco cuando el muchacho se la quitó de encima y comenzó a aflojar las cuerdas que le mantenían las piernas abiertas. La mujer al ver lo rápido que se estaba desasiendo de sus ataduras estuvo segura de que se marcharía de aquella habitación tan pronto como estuviese libre. Pero se equivocaba.
Marcos miró a su madre fijamente durante un instante antes de lanzarse sobre ella, agarrarla por los brazos y tirarla de espaldas sobre la cama para caer encima de ella. La mujer por un instante valoró y se asustó ante la posibilidad de que su hijo pudiese volverse violento en venganza por cómo ella se había aprovechado de la situación, pero respiró aliviada cuando se dio cuenta de que lo único que deseaba era besar, chupar y tocar hasta la última parte de su anatomía.
El muchacho estaba sediento de sexo y Beatriz estaba dispuesta a aplacar aquellos deseos.
Después de tanto tiempo llevando la iniciativa, a la mujer no la importó en absoluto que Marcos se hiciese con las riendas, al menos hasta que este se desfogase por todo el tiempo que había estado obligado a observar el exuberante cuerpo de su madre sin poder tocar nada, más que lo que esta le ofrecía.
Beatriz se sorprendió ante la fuerza de su hijo, que manejaba a la mujer a su antojo pese a que esta trataba de poner algo de resistencia cuando Marcos mordía con fuerza excesiva sus pechos o sus nalgas, o cuando el muchacho trataba de meter en el sexo de su madre más dedos de los que admitía.
Beatriz que sabía que si se ponía en serio podría zafarse de su hijo decidió no hacerlo, en cierto modo estaba gozando de aquella situación, y la pequeña porción de dolor que Marcos le producía no hacía más que excitarla.
La mujer se sobresaltó cuando, teniendo ella los ojos cerrados por el último mordisco sobre su clítoris, notó las manos de su hijo agarrándola las rodillas, para un instante después separar bien las piernas de su madre. Beatriz sonrió orgullosa de su elasticidad, si aquel violento movimiento se lo hubiese hecho a cualquier otra chica, el muchacho seguramente habría recibido una bofetada y su pareja lo habría dejado con las ganas, pero desde luego a una profesora de gimnasia en forma no podía pasarla aquello.
– Es esto lo que buscas ¿verdad?- le preguntó la mujer separando sus grandes labios vaginales y mostrando un sexo rosado y brillante al que Marcos no quitó el ojo.
El chico no contestó a la pregunta de su madre con palabras sino con hechos, agarrando su polla con la mano derecha para apuntar su hinchado y rosado glande sobre el sexo de Beatriz. La mujer gimió de placer en cuanto Marcos comenzó a empujar su pene con cuidado, pero aquella forma precavida de penetrar desapareció cuando la cabeza de la polla fue tragada por completo, a raíz de eso el chico comenzó a embestir con violencia el sexo de su madre.
Los muelles de la cama comenzaron a escucharse por toda la habitación, acompañados de los agudos gemidos de Beatriz y los graves gruñidos de Marcos, que desde que había sido desatado estaba dando rienda suelta a sus instintos más básicos.
Beatriz, para que la unión con su hijo no se deshiciese con facilidad tomó la decisión de rodear por la cintura a Marcos con sus piernas, siendo así muy difícil que el chico pudiese sacar su miembro una vez se hubiese corrido, dejándola a medias.
La mujer besó con pasión a su hijo cuando este se calmó un poco, aún no se había corrido, pero como era normal después de unos minutos en los que el muchacho hizo todo el trabajo físico sus fuerzas comenzaban a mermar y su ímpetu decrecía por momentos.
Aquel largo beso hizo que Marcos volviese a la carga con sus últimas fuerzas, jadeando sobre el rostro de su madre, que lo lamía con deseo al tiempo que agarraba con fuerza sus nalgas.
– ¡Me voy a correr mamá!- dijo el chico en cuyos ojos se podía ver lo cerca que estaba del éxtasis.
– ¡Yo también estoy a punto!- manifestó la mujer.
Aquella última frase Beatriz la acabó con un largo gemido cuando notó como el caliente y espeso esperma de su hijo comenzaba a bañar su interior, siendo el detonante de que ella misma también se corriese y soltase una importante cantidad de fluidos que de no haber sido por que la gruesa polla de su hijo tapaba casi por completo su vagina, habría empapado el edredón sobre el que se encontraban.
Beatriz abrazó con fuerza a su hijo para que este no se separase de ella y así no sacase de su interior aquel gran falo que tanto la llenaba. Ambos se estuvieron besando, lamiendo y dando dulces mordisquitos hasta que la mujer sintió que la polla de Marcos perdía volumen y dureza.
La mujer observó como el chico sacaba su pene empapado de su cálido interior, saliendo con él unos pocos fluidos que aún no habían logrado abandonar su cuerpo por el tapón que aquella verga suponía.
– Cuando me han atado pensé que iba a ser el día más vergonzoso de mi vida, nunca pensé que pudiese convertirse en el mejor- dijo el chico tumbándose junto a su madre.
– ¿Te ha gustado hacerlo con tu madre?- le preguntó la mujer sonriente al ver lo satisfecho que había dejado a su hijo.
– Sí, ha sido la mejor experiencia que he tenido.
– Eso está bien- dijo la mujer incorporándose un poco para coger la flácida polla de Marcos- ahora te la limpiaré un poco y nos vamos a casa.
– Yo también te limpiaré a ti, mamá- dijo el chico tratando de levantarse, pero cayendo de nuevo al sentir la mano de su madre sobre el pecho.
– Tú te has esforzado mucho- le dijo sonriendo mientras bajaba la piel que cubría el glande de Marcos, mostrándolo por completo.
El muchacho no puso ninguna queja más en cuanto comenzó a notar la rápida y hábil lengua de su madre chupando, primero el glande con ternura hasta eliminar hasta el último resto de semen, y después todo el tronco de arriba abajo y acabando por sus grandes testículos que tenían un color mucho más saludable que el que se había encontrado cuando Marcos aún permanecía atado.
– Una cosa Marcos- dijo la mujer cuando terminó de limpiar la polla por completo- quiero que no vuelvas a ver a esos supuestos con los que te sueles juntar.
– Dalo por hecho mamá, no tenía idea de volver a verlos- dijo el chico, que seguramente estaría dolido por aquella broma pesada que podría no haber tenido un final tan feliz.
– Y también quiero que comiences a buscar trabajo, si encuentras un empleo sabré recompensarte- le dijo sonriendo pícaramente mientras se tumbaba apoyando sus tetas sobre el pecho del chico.
– Mañana mismo comenzaré a buscar, mamá- dijo el chico sonriendo tan solo de imaginar la recompensa que su madre le daría si consiguiese un trabajo.

Con mamá en su cama

Sábado, diciembre 10th, 2011

Mi mamá quedó complacida cuando le di la noticia. Esa tarde vendría mi novia a casa para formalizar nuestra boda. Después de un año de noviazgo, Martha y yo habíamos decidido que era hora de vivir juntos.

La comida transcurrió de buena manera y al anochecer dije a mi madre que acompañaría a Martha a su casa. Regresé y encontré a mi mamá mirando televisión en su cuarto. Me senté en su cama y como había hecho tantas otras veces, me quedé en su habitación platicando con ella antes de irme a dormir.

Me dijo que estaba feliz por lo de mi boda y yo sabía que así era, pero notaba algo raro en ella, algo que no quería decirme.

Desde que mi papá nos abandonó, cuando yo tenía ocho años, en casa quedamos sólo ella y yo y ambos eramos confidentes el uno del otro. Mamá me platicaba de sus parejas y yo de las mías, pero esa noche ella estaba muy callada y triste.

Yo había estado atareado con mi novia y además el trabajo, por lo que me sentía muy cansado. Durante un rato guardamos silencio con mi madre para ver televisión y el sueño me venció. Desperté de madrugada, quizá serían como las tres. Me di cuenta que yo estaba en su cuarto y podía escuchar que ella sollozaba. Eso me preocupó así que le pregunté qué tenía y por fin me lo dijo. Un día antes ella había terminado con su pareja y eso la tenía muy mal. Además sentía algo de tristeza porque yo me iría pronto de la casa.

-Estoy feliz de que vayas a casarte –me dijo-, pero no puedo dejar de sentir cierta tristeza porque ya no estarás acá. Pero no te preocupes por mí, es algo natural que piense en que te voy a extrañar.

La televisión y las luces estaban apagadas, pero yo podía ver como brillaba un poco su cara, a causa de algunas lágrimas que mojaban su rostro. Ambos estábamos acostados y hablábamos de frente, casi cara con cara. Yo sentía su aliento tibio cada vez que me decía algo. Comencé a acariciar su rostro con mi mano derecha y no pude evitar acercarme y besarla en las mejillas. Entonces nos abrazamos y mi cara estaba pegada a la suya.

-No te preocupes por lo de tu pareja –le comenté-, tú eres alguien muy especial y ya encontrarás a otra persona.

Seguíamos abrazados y entonces nuestros labios se tocaron. Eso no hubiera tenido mucho de especial, porque cuando yo era niño, mi madre me besaba no sólo en las mejillas, sino también en los labios, claro, sin otro sentido que el de su afecto de madre, sin embargo, ahora nuestros labios se unían de otra manera, en un beso húmedo y largo y un calor invadió todo mi cuerpo. Sentí como un relámpago recorriéndome y ella seguramente también lo estaba notando. De repente sentí una erección tremenda y por eso separé mis labios de los de mi madre, quien después del beso dijo:

-No está bien que una madre de 38 años bese a su hijo de veinte. Bueno, -continuó diciendo- tú siempre vas a ser mi bebé.

Ella me acariciaba el cabello y yo miraba una sonrisa de felicidad en su cara.

-Hace frío para que te levantes y vayas a tu cuarto, podrías resfriarte. Lo mejor es que pases la noche aquí.

Le contesté que sí, que dormiría en su cama. Estábamos cubiertos y el calor y el cansancio me vencieron y dormí otro rato, hasta que al moverme un poco hacia adelante, noté que tenía una erección tremenda y que mi verga estaba rozando las nalgas de mi madre. Abrí los ojos en la oscuridad y a pesar de que sabía que debería retroceder un poco, para evitar el contacto con mamá, no lo hice. Ahí estaba yo, detrás de ella apretando disimuladamente mi verga contra sus nalgas.

¿Pero qué me pasaba? Yo nunca la había visto más que como lo que era: mi madre. Pensaba esto entre la oscuridad, pero no hacía nada por alejarme de ella. Era tan rico sentir la dureza de su culo contra mi verga hinchada, que yo deseaba prolongar ese contacto.

Estuve un rato así y entonces ella retrocedió un poco más y ésta vez mi pito casi se incrustaba entre sus nalgas. Ella se había cambiado de ropa y dormía con una bata de tela muy delgada, y yo estaba casi seguro que ahora sentía mi fierro rozándola.

Haciéndome el dormido, pasé mi brazo derecho sobre el costado de mi madre, a modo de abrazo y dejé caer mi mano sobre uno de sus senos. Jamás había vuelto a sentir ese pecho. Sus tetas eran grandes y si bien habían perdido un poco de su firmeza, no dejaban de ser muy hermosas. Yo ya no podía ni quería controlarme. El deseo por ese cuerpo caliente de mi madre me tenía a mil. Moví un poco mi mano y sentí su pezón, que rápidamente se puso duro al contacto de mi piel. Ya no iba a parar. Comencé a pasar la palma de mi mano despacito por la teta de mi madre y casi estaba seguro de que ella empezaba a jadear. Metí mi mano por completo en su sostén y ahora apretaba ese pecho hermoso y caliente, mientras estrechaba cada vez más mi verga contra su rico culo.

Se oían sus gemidos mientras le apretaba las tetas, pero no decíamos nada. Entonces bajé mi mano por sus pechos, hasta tocar los vellos de su concha. No podía creer que mi mano estuviera ahora en la pucha de mi madre. Era tan lujurioso todo. Apenas toqué sus pantis, me di cuenta que estaba totalmente mojada y sin pensarlo mucho, saqué mi pene del pantalón y haciendo a un lado sus bragas, coloqué la punta de mi verga en su concha. Mi madre se estremeció al sentir la punta de mi verga entre sus labios y despacio hice que toda mi verga entrara en ella. Mamá chorreaba y fue fácil entrar en su pucha. Yo me movía despacio, entrando y saliendo. Era mucha la excitación. Su baba me tenía toda la verga lubricada. Me estaba cogiendo a mi madre. Su concha caliente se estaba comiendo mi pito. Ya no eramos sólo madre e hijo, sino hombre y mujer. No sabíamos si estaba bien o mal lo que hacíamos. Lo único que sabíamos era que el deseo era mutuo y que no queríamos dejar pasar este momento.

Ahora, mientras me la cogía, yo le mordía los hombros y le lamía y le besaba el cuello. Fue entonces que me atreví a hablar y le dije:

-Eres una mujer muy hermosa mamá.

-¿Te gusto mi vida?

-Claro mamá, eres una hembra bellísima.

-Huy, mi amor, me haces sentir muy deseada.

-¿Te… te gusta lo que estamos haciendo? –dije, y ella contestó:

-Ay mi amor, me gusta como le das verga a tu mami. Métemela así mi amor. Huy, has puesto muy caliente a tu madre mientras me rozabas con tu verga.

-Ufff mamá, vas a hacer que me corra.

-No todavía bebé, porque te deseo mucho tiempo dentro de mí.

Entonces ella se alejó un poco para sacarse mi verga y se colocó de frente a mí. Comenzamos a besarnos. Nuestras lenguas se enredaban y yo mordía sus labios carnosos.

-Ay mi niño. Qué caliente me tienes.

Comencé a bajar hasta que mi boca quedo frente a sus tetas. Le lamí los pezones llenándoselos de saliva, hum qué rico morder y chupar sus pezones duritos.

-Ay mi niño, tú vas a hacer que tu mami se chorree. Así lindo, sácale la leche de las tetas a tu mamá. Ah, mi vida, me has puesto como una callejera.

Seguí lamiendo hasta que mi boca llegó a su pucha. Le quité sus pantis y lamí la baba de sus bellos. Hum, ahora mis dedos le abrían la pucha y mi lengua húmeda tocaba las paredes de sus labios. Los apretaba entre mi boca y chupaba. Tenía la cabeza entre las piernas de mi madre y ella me tenía sujetado del cabello y me apretaba la cara contra su pucha.

-Ay bebé ay ah.

Sentí cómo me invadía toda la humedad de mi madre. Acaba de correrse y yo seguía chupando su concha, metiéndole la lengua hasta el fondo. El aroma de esa panocha era para extasiar a cualquiera y yo no quería alejarme. Terminó en mi boca pero seguíamos muy calientes y yo no dejaba de beber su humedad que escurría hasta sus muslos. Parece mentira que no me había dado cuenta de lo hermosas y ricas que eran las piernas de mi madre y ahora yo las tenía para lamerlas y morderlas.

-Ufff hijo, así, chupa cariño, tómatelo todo mi amor.

-Sí mamá; huy, me excita tu aroma y me excita que estés tan caliente.

-Me tienes como una perra en celo mi vida y soy sólo tuya.

La levanté para acercarla a mí, quería darle por la pucha desde atrás y me acomodé tras de ella. Metí y mi verga con fuerza y ella lo resintió con un gemido. La arremetía con mucha violencia y ella igual que yo estaba ardiendo.

-Mamá, me voy a correr.

-Sí mi amor, hazlo dentro de mí, anda cielo. Lléname toda con tu leche… ay cariño ufff.

Seguí cogiendo a mi madre con todas mis fuerzas, mi verga rozaba las paredes de su concha y no pude contenerme más. Me aferré a sus tetas mientras le llenaba la pucha con mi leche. Ambos gemíamos de placer.

-ufff mamá.

-¿Te gustó mi cielo?-preguntó ella.

-Sí, me encantó tenerte como mujer, aunque…

-¿Aunque?… sientes algo de culpa ¿no?

-Sí mamá, así es.

-Pues pensemos que sólo es algo lindo ¿sí?

Le di un beso en la mejilla y nos quedamos mirando. Después acerqué mi boca a la suya y nos besamos. Yo sabía que ya no dormiría esa noche, cuando sentí que mi verga se volvía a poner muy dura entre la mano de mi mamá.

Penetrada por el diablillo de mi hijo…4ra parte

Martes, diciembre 6th, 2011

A PEDIDO DE SU MAMA, LE HABIA PROMETIDO QUE NO LE IVA A CONTAR A NADIE QUE SU MADRE SE DESNUDABA EN SU PRESENCIA,

PARA QUE EL SE MASTURBARA, Y MUCHO MENOS A SU PAPA…

Ni corto ni perezoso dije que sí. Si antes se me hacía difícil disimular mi erección ahora era imposible, a estas alturas ella ya se había dado cuenta de ello.

-Cierra los ojos y los vas a abrir cuando te diga. ¿Okey?

-¿Puedo ver cuando te quedas desnuda?

-Ya, está bien.

Se paró frente a mí y se desabrochó el sostén, despacio se lo quitó, sus tetas eran grandes y redonditas. Sus pezones marroncitos estaban duritos, sospeché de inmediato que estaba excitada.

-Ahora lo de abajo.

-Espera, ya voy.

Seguidamente puso sus dos manos en las caderas y fue bajando su truza hasta llegar a los muslos me sentí en el cielo, mi pene estaba reventando.

Cayó al suelo y lo tomo con la mano izquierda.

-¿Te gusta lo que ves? Siempre se sincero ¿recuerdas?

-Sí me gusta mucho.

No podía dejar de ver su cuerpazo, era un gran regalo para mí, creo que de otra forma me hubiera sido imposible conseguir esto.

-Dime con sinceridad qué es lo que esto te provoca. Puedes confiar en mí completamente, nadie se va a enterar.

-Bueno, esto es lo que siento, el pene se me ha puesto duro, duro como nunca antes.

-¿En serio?

-No sé que pasa, me duele.

-Te dije que fueras sincero. ¿Qué es lo que quieres hacer?

-Te diré la verdad, lo que pasa es que siento unas ganas inmensas de que vengas aquí.

-Te dije que no tocaras así que ya sabes.

Se acercó y se sentó a mi lado.

-Quieres ver mi “problema”- Le dije refiriéndome a mi verga.

-Me dices que la tienes dura, muy dura.

-Así es Ángela, solo a ti te la podría enseñar.

-Mejor hablemos de lo primero que me dijiste.

-Ah, la masturbación, quiero saber qué es y cómo se practica.

-Te puedo decir qué es.

-En el caso de los hombres, primero.

-Bueno mira, veras, esteeee…

-Quiero saber…

-La masturbación es… es…

-No sabes.

-Claro que sí, lo que pasa es que me he dado cuenta que no lo se explicar muy bien.

Fue entonces que en un momento de atrevimiento me puse de rodillas sobre la cama y saqué mi duro pene, estaba casia a reventar, sentí un gran alivio.

-Pero que haces.

-Estás tan bonita que se me ha puesto así, quiero saber qué tengo que hacer para que se solucione.

-hijo que miembro mas grande tienes, es mayor al tamaño de tu papa… y no hay solución, siempre va a pasar, es normal- me dijo sobreponiéndose a la impresión.

-¿Entonces no puedo hacer nada para bajarlo?

-Para bajarlo sí pero siempre va a pasar, siempre que tu cuerpo funcione bien.

-¿Entonces que puedo hacer para bajarlo?

-Le das unos masajes.

-Puedes hacerlo tú, por favor es que no sé.

-No, para empezar no pensé que la tenías tan desarrollada, es como la de un adulto, ahora comprendo por qué estas tan desesperado y perdon en tu caso es mas grande que la de algunos adultos…

-Por favor hazlo, enséñame.

-Pero ya sabes que…

-Nadie se va a enterar.

Comenzó con algo de timidez, creo que antes de entrar a mi casa con su vestidito rojo jamás se hubiera imaginado lo que iba a hacer y menos desnuda. Me dijo que me echara, hice caso de inmediato, “no, mejor siéntate al borde de la cama”, me dijo. Obedecí otra vez.

Era muy excitante ver su cuerpo, se puso en cuclillas en el piso al borde de la cama, me senté y me dijo:

Ahora vas a ver que sale un líquido blanco, eso se llama esperma.

-Es a lo que le dicen leche.

-Bueno, eso si lo has escuchado.

-¿Podrías hacerlo ya?

-Eso trato, espera.

Terminó de acomodarse y con las yemas de sus dedos tocó suavemente mi pene, como en mis mejores fantasías.

Comenzó y jalaba el pellejo que cubría mi pija de arriba hacia abajo, sentir su mano ahí era una experiencia nueva, lo disfrutaba mucho.

-Ohhh…

-¿Te gusta?

-Sí, muchísimo.

-Si me hubieras dicho que no, por mentiroso dejaba de hacerlo.

-Que bien.

Dejó de hacerlo por un momento. Creí que era el momento conveniente para insinuarle qué era la penetración.

-Mama, sabes qué es una fantasía

-Claro que sí- Me dijo mientras me corría la paja.

Quiero que me expliques algo, he tenido sueños y hasta me he imaginado cosas, quiero saber si son fantasías.

-Esta bien, mira debería estar ahora con la familia, con mi nuevo vestido rojo, tomando champaña, pero estoy aquí, desnuda agarrándote el pene, mi tanga está encima de la cama. Mira todo lo que hago por ti. Eres mi preferido, nunca te negaría nada. Se supone que una mujer no debería hacer esto, a no ser que esté grabando una película porno.

Se me ocurrió la brillante idea de grabar lo que estaba pasando, saqué mi celular pero no me atreví a usarlo.

-Entonces dime de una vez, que sucede con las fantasías.

-Me he imaginado muchas veces que te arrodillas, saco mi pene y lo chupas. Dicen que se siente rico.

-Se puso roja, me miró, bajó la mirada.

-¿En serio eso piensas conmigo?

-Sí, y quiero que se haga realidad.

Por un momento creí que había dicho algo que malogró todo, ella calló por unos segundos, me miró, se quedó pensando.

-¿Me juras que nunca en tu vida le cuentas a nadie?

-Claro que sí, lo juro.

-ni a papa, ni a los abuelos…

-lo juras?…

-lo juro…

-Entonces tu fantasía se puede cumplir, quizá algún día si demuestras ser discreto.

-¿Entonces no lo vas a hacer ahora?

-No, ¿como crees que voy a hacerte eso?, eso se llama sexo oral, estaríamos teniendo sexo.

-¿No te gustaría?

-No depende de si me gusta o no, no puedo.

-Pero yo quiero saber qué es, qué se siente.

-Créeme que cuando lo pruebes te va a gustar.

-Lo puedo probar ahora- Mi pene estaba bien parado.

-Deja de decir eso, no me lo voy a meter a la boca.

-¿Entonces cómo voy a saber cómo es?

-Si quieres puedo seguir masturbándote. ¿Te gusta?

-Sí me gusta.

Así, desnuda como estaba me hacía la paja. Yo lo disfrutaba mucho y ella me miraba.

-“Bueno, ahora ya sabes qué es la masturbación, tú mismo lo puedes hacer”- Me dijo.

-Quiero saber qué es el sexo de verdad. Quiero que tú me enseñes todo, quiero aprender todo contigo.-Le dije mientras la grababa con el celular.

-¿Qué cosa me pides? ¿Ay, no me hagas ruborizar?

-Quiero que sea contigo, la persona que más quiero, tú eres la única mujer que hace que se me ponga tan dura. De verdad quiero hacerlo ahora, es muy importante para mí, sé que tú no me lo negarás, por eso te lo pido, seré la persona más feliz del mundo desde esta noche y para siempre. Sé que comprenderás, tú siempre lo has hecho, serás mía, me entregarás todo y esto quedará entre nosotros, jamás nadie se enterará.

-¿De verdad es tan importante para ti?- Me dijo con una mirada atenta a cada palabra que salía de mi boca y a la expresión de mi rostro al decirlo.

Se quedó viéndome, como siempre que pasaba algo y me ayudaba, como en mis peores momentos. Al parecer mis palabras habían calado profundo en su corazón.

-Después de esta noche serás la mujer más importante en mi vida, no sabes cuanto deseo estar a tu lado esta noche, “quiero que sea inolvidable para ti y para mí, quiero que seas la primera”.

-No sabes, es mucho lo que me pides, que lindas palabras dices…

-Eres la mujer más bella que he visto, todo tu cuerpo, tu rostro, eres la mejor mujer en todos los aspectos, y esto significa mucho para mí.

-Deja de decir eso, por favor…

-No me expliques nada, solo di que sí, solo ven conmigo y será nuestro secreto. Solo tienes que decir que sí, nada más.

Dejé de hablar y ella me miró, abrió la boca y demoró un poco para que al fin yo pudiera oír:

-Sí.

No hubo demora en juntar nuestros cuerpos, ella se paró y sentado a la cama la abracé con fuerza. Primera vez que sentía la tibieza de ese cuerpo desnudo pegado al mío, era tanto el calor que tenía que en unos segundos me despojé de todo. Quedé completamente desnudo a su lado.

-Esta bien, te voy a enseñar todo, sexo oral, besos, caricias, y ¿Qué más quieres?

-sexo vaginal.

-No…

-Por favor…

-Esta bien, pero debes hacer lo que yo te diga ¿Ok?

-Okey.

Estaba otra vez abrazado a ella, esta vez me paré. Ella se paró también y me dijo que la esperara en la cama, yo solo hacía caso. Cuando salió del cuarto movía su culo como siempre, pero esta vez sin ropa me hacía explotar la verga. No desaproveché la oportunidad de hacerme una paja, saboreando por anticipado el sexo que me esperaba con ella.

Entró de nuevo al cuarto, yo miraba su tanguita que estaba a un lado de la cama. Ahora su cuerpo estaría pegado al mío.

-Hay que ver una película, mientras te explico como va a ser todo.

-Ya, está bien.

-Se puso su tanguita, se vistió y me dijo que iríamos mejor a mi cuarto después de la película.

Vestidos, escogí la película más corta que había, nos sentamos en el sillón a verla. Se veía tan bonita que quería cogerla en el mismo sillón, pero no me atrevía a decirle por no echar a perder lo que de todas maneras me había prometido.

-vengo en unos minutos.

-La miré caminando a la cocina y observé su culo, también le quería dar por ahí, pero solo debía esperar.

Aproveché para hacerme otra paja mientras la esperaba. Cuando regresó y estuvimos viendo la película, la comencé a acariciar, me gustan sus piernas así que las acaricié sin que ella opusiera resistencia. Luego de un rato se seguía haciendo la que veía la película. Subí más mi mano, un poco temblorosa.

La besé y ella volteó hacia mí, correspondió a mí con sus labios. La abracé y apreté hacia mí. Ella me dijo: ¿Quieres aprender a besar?

A continuación me besó, eso me daba más ganas de hacérselo ya, aproveché para poner mis manos sobre sus tetas, ella lo permitió. Todo lo demás fue mío, la cintura sus nalgas, las piernas.

Sin medirme y con la verga casi reventando me abrí el cierre y la saqué, ella la miró.

Salió a la luz mi palo, grueso como era, tieso como nunca antes lo había llegado a estar

-Vamos hazlo.

-¿Quieres que te haga sexo oral?

-Quiero que me la chupes, como en mi sueño.

-Por favor, júrame que no dirás nada.

-No diré nada, lo juro.

Me miró con un poco de vergüenza a los ojos, bajó lentamente la mirada hacia mi pene.

Comenzó a agarrar mi falo, que rico se sentía que ella lo toque, empezó a pajearme. La película fue cosa olvidada y ella pasaba su lengua por mi pija de arriba abajo, parecía que le gustaba hacerlo y lo hacía con naturalidad.

-¿Lo vas a chupar?

-No digas eso, espera- Me dijo levantado la cabeza.

Se acomodó bien y besó la cabecita, subiendo de arriba abajo los pliegos con su mano derecha.

-“Debería estar en el baile con tu papa y no chupándote la pija”, ¿Ves que eres importante para mí?

-Sí, lo veo- Le dije mientras suspiraba aliviado al saber que lo haría.

En muchas ocasiones había soñado con esa escena, ella con mi verga en la boca, ella arrodillada chupándome la verga. Por fin se hacía realidad.

-Párate, así no puedo.

Enseguida me paré, mi pija en dirección a su cara mostraba mis intenciones. Ella la cogió con más comodidad y después de lamerla comenzó a meterse la cabeza en la boca. Fueron momentos extraordinarios, por fin se la estaba metiendo en la boca.

Prosiguió chupándola delicadamente, primero la mitad, luego se la sacaba de la boca y

Volvía a jugar con la cabezota lamiéndola con todo mi palo, después se la metía a la boca y la chupaba, mi cuerpo estaba paralizado.

-Ohhh…ohhh…

Comenzó a meterse más de la mitad a la boca. Terminó por un momento.

-¿Te gusta?

-Sí, sigue…

-Continuó hasta que me hizo vaciar, que placer me hizo sentir su boca, su lengua y su mano. Me quité completamente la ropa de abajo, ¿Y ahora qué quieres?-Me dijo.

-Quiero todo, ahora.

-Dime ¿Quieres metérmela?

-Sí.

-¿Y quieres que sea aquí?

-Sí.

Su vestido quedó en su sitio, lo único que hizo fue sentarse y levantárselo hasta el ombligo, su tanga quedó en evidencia, se lo hizo a un lado y me dijo: “Ven”.

Su concha estaba esperándome, mi primera vez sería en mi sillón, abrió las piernas, la miré dirigiéndome a ella. Mi verga estaba dura otra vez, temblé al acercarme pero lo hice.

-Ya, atrévete a hacer lo que deseas- Me dijo.

Tan bonita, con esa carita de modelo, abriendo las piernas para mí, se veían sus muslos separados mostrando las bondades de toda una mujer, su tanguita jalado a un lado, para dejar pasar mi miembro que estaba a punto de explotar por lo duro y caliente.

En seguida me acomodé e hice el primer contacto con su vagina, chocando la cabezota con los pelos de su concha, me sentí en el cielo de por fin estar haciéndolo.

-Mas abajo.

-¿Ahí?

-Un poquito más abajo.

-¿Aquí?

-Sí, ahí es- Me dijo cuando encontré la entrada de su tan deseado agujero.

Nuestros cuerpos se unieron por primera vez, yo no dejaba de sudar y ella se notaba nerviosa también, se veía que no solo yo estaba caliente.

-Ay, así, así, así…-Me comenzó a decir.

-Lo voy a meter- Le dije mientras miraba cómo mi verga empujaba por entrar en su hueco.

-Hazlo.

“El resto es historia, una vez que entró la cabezota me di un festín con su concha, no paraba de ver hacia abajo cómo mi pija entraba y salía de su concha.” Ella al ser cogida dejaba escapar unos grititos que me excitaban aún más.

Así fue como él me contó lo de su primera vez, sin chantajes, por supuesto que luego me contó más cosas, pero ya he escrito suficiente de eso y procedo con lo mío.

-Debo llegar a mi casa, hoy no salí con carro por eso debo apurarme.

-¿Y hasta cuando?

-No se si te volveré a ver, la verdad que sí me gustaría. Dame tu teléfono.

Terminamos de hablar, no puse su número en mi directorio para que nadie se enterara de su existencia, solo lo escribí en un papel que guardé en mi bolso, pero de una forma que solo yo podía entender. Todo quedó bien y en el regreso a casa no paraba de pensar en lo que había pasado, y su historia me hizo sentir excitación.

Me dirigí a casa, había sido un día del que nunca me iba a olvidar ¡carajo lo hice en la piscina! Y con un desconocido… felizmente no me cabía duda alguna de haberlo disfrutado, que rico día, que placer aquel y no quería que sea el único día así que decidí llamarlo a los pocos días para reencontrarnos.

Si les gusto dejen su voto y comentarios para que haya una quinta parte…

Penetrada por el diablillo de mi hijo…3ra parte

Martes, diciembre 6th, 2011

Salí de mi casa muy temprano al día siguiente, necesitaba encontrarme conmigo misma y el ambiente en mi casa no me ayudaba, había evitado a toda costa que el mocoso me penetrara por atrás el día anterior porque no me sentía segura. Había preparado todo esa mañana para ir a nadar en un club como a las 9 de la mañana.

Pero primero debía quitarme el gran peso que estaba cargando, estaba en la iglesia, rezando, a mi costado estaba una anciana con su nieto.

Me paré y fui al confesionario, esperé unos cinco minutos y quedó libre para mí. Una vez que estaba al frente del cura no tuve el valor suficiente para decirle lo que me había pasado.

Era terrible estar así, salí de nuevo, estaba muy deprimida por lo que estaba viviendo, ya casi de salida me topé otra vez con la anciana, intercambiamos unas palabras, antes de irse me dijo:

-Parece mentira que un ito como usted tenga pecados que confesar, parece usted una santa, me hace recordar a mi nieta.

El niño que iba con ella me miraba y sonrió un poco al escuchar las palabras de su abuela.

Ya cuando estaba afuera saqué de mi bolso un pañuelo para secarme las lágrimas que de un momento a otro se me escaparon.

-¡Señora…!

Volteé y a unos pasos estaba aquel chico con quien estaba la anciana.

-Señora, su llave se le cayó dentro.

Intenté disimular mi estado de ánimo.

-Oh, …

Me despedí y tomé un taxi hasta el club, no quería manejar ese día así que no había sacado el coche, llevaba una falda muy delgada por el calor, color azul, por arriba solo me cubría una tela también delgada.

Demoré un poco en acercarme a la puerta, en eso veo un auto estacionarse y de ahí bajar a una familia de 5 personas. Entre ellos el niño de la iglesia.

Que coincidencia me dije a mí misma, con lo bien que me había caído y ahora me lo encontraba aquí.

Una vez que llegué a la piscina me quedé viendo el agua, solo había llegado yo, algo raro, pasaron apenas unos minutos y empezó a llegar gente. Yo me senté en una de las sillas que estaban acondicionadas para las personas.

Me quedé pensando en mi esposo, en Sebastián, en “Gabrielito”, en mi juramento frente al altar de siempre ser fiel a mi esposo, me dio una pena terrible saber que había hecho algo muy malo.

Me dispuse a quitarme el jean que cubría la parte inferior de mi bikini.

-Hola, ¿Qué haces por acá?

-Vine con mi familia.

-¿Y tu abuela?

-Ella era mi bisabuela.

-Oh… pensé que era tu abuela

Nos miramos y era obvio que me caía muy bien, había algo en él que hacía que le tomara aprecio.

-¿Y tu mamá?

-hummm… hummm…

La expresión de su cara era de tristeza, le cambió tan rápido que me dio miedo haber dicho algo imprudente, era obvio que lo había dicho.

-Mi madre falleció.

Que pena sentí en ese momento, había tocado una llaga que aún estaba abierta seguramente, me sentí culpable. Me acomodé bien en la silla reclinable para tomar el sol, en unos minutos estaría en la piscina. Le pedí que no se fuera. Traté de alegrarlo pero era inútil, no pensé que le pudiera chocar tanto, debía hacer que vuelva a exhibir esa sonrisa tan linda.

No me imaginé que una pregunta le iba a cambiar así el ánimo, pero como ya a esa hora hacía bastante calor me quité la faldita de una vez, no saben cómo se puso, me vio de pies a cabeza, él pensó que yo no me daba cuenta.

Al parecer tenía la misma debilidad que todos los hombres, recordé a Gabrielito en ese momento, me parecía que quizá esa podría ser una forma de reanimarlo. Aunque no me parecía muy bien, esa, era la única salida que veía.

-¿Alguna vez has puesto bronceador?

-Sí. A mi mamá.

Ahora si que la acerte me dije.

-A mi mama le gustaba broncearse, me llamaba a mí o a mi papá porque decía que los otros hombres son babosos.

-O sea que tú no eres baboso, que lindo.

Pero bien que me había visto y hasta me atrevería a asegurar que se le estaba parando, mi bikini era muy pequeño porque así nomás los uso pequeños, este se veía muy bien, la gente estaba en lo suyo, quité lo que cubría la parte superior del bikini y de nuevo se quedó viendo.

Respiré un poco, como que me estaba liberando de su tristeza, me caía tan bien que tenía ganas de abrazarlo. Ya estaba echada boca abajo y comenzó a echarme el protector, sus manos suaves pasaban por mi cuerpo acariciándolo, como se lo hacía a su mamá me explicó.

No sé cómo explicarlo pero al estar en tan poquita ropa me vino una excitación que no podía explicar, algo desconocido, recordé lo vivido con Sebastián y Gabriel, era extraño sentir eso en ese momento.

me imagine que estaria mirandome el culo, porque los bordes de mi tanga se perdian en los cachetes de mi culo.

-Más despacio, vas bien, así.

-me alegra señora que le guste como lo hago, a mi mama tambien le gustaba…

Que raro me sentía, pensaba en ir a casa para jugar con Gabriel pero lo pensaba y era un riesgo porque se iva a calentar y me queria coger, luego veía que estaba muy lejos de casa para llegar rápido, no sé por qué se me daba por abrir las piernas.

-¿Señora y es usted casada?

-si, hace 16 años…

-y su esposo trabaja?

-Sí, mi esposo trabaja todo el día por eso no me acompaña.

-¿Qué edad tiene usted?

-38 años…

-esta muy bien, sra, parece mucho mas joven…

-, eres muy galante para tu edad…

Pensaba por momentos que podía controlar mi excitación.

El nene continuaba con el bronceador, ya estaba en mi culo, y ahora parecia que me lo masajeaba, le daba con fuerza a mis nalgas…

-, ya basta me estas dando masajes…

-disculpeme señora, no fue mi intencion, no quiero que se enoje…

-esta bien, no estoy enojada…

.-y tu papá?

-Está del otro lado de la piscina.

La horas pasaron rápidamente y ya eran como las 3 de la tarde cuando llegó una parejita dándose besos, de lo más calientes, la chica tendría como 16, él 18 o más, se notaba que tenían muchas ganar de estar solos.

Recuerdo que estuvieron así por más de una hora.

El momento cumbre de todo fue cuando yo estaba por salir de la piscina, los vi del otro lado besándose, en una de esas apretadas, me di cuenta que la chica se inclinaba poco a poco formando un ángulo de 40 grados entre su nuca y el final de la piscina, el chico estaba frente a ella, se besaban y hubiera jurado que la estaba comenzando a penetrar.

Lentamente el chico subía y bajaba, ella lo abrazaba y el agua cubría lo que parecía ser un coito.

En ese momento el calor de mi cuerpo comenzó a aumentar, mis pezones se pusieron duros, duros de verdad, sentí mis piernas acalorarse a pesar de estar en la piscina.

Debía hacer algo, urgente, aunque sea debía satisfacerme yo sola, debía ir al baño y es que nunca había visto algo así, tirando en la piscina, qué calor me daba.

Salí de la piscina, no sin antes darles la última mirada a ese par de calentones. Eran como las 4 y 50 de la tarde y ya se había retirado la gran mayoría de las personas, solo quedaba la parejita, unas señoras que se estaban vistiendo para irse y la familia del chico que también se iba.

Caminé despacio, llegué a la puerta del baño y me dirigí a los inodoros, el baño estaba completamente vacío, entré a uno de ellos y me senté sobre uno, sin quitarme el bikini, toqué mis muslos, pensaba en lo que estaban haciendo ese par.

De pronto sentí unos pasos lentos acercarse a mi sitio, pensé que era cualquier persona, llega a mi sitio y abre la puerta, era el niño que me acompañaba, me sorprendió su presencia y no tuve tiempo para reaccionar, sin perder tiempo se metió donde yo estaba y juntó la puerta.

Me llevé un gran susto cuando lo vi entrar, él me miró y puso seguro a la puerta.

-Oye no puedes estar aquí, vete.

-este es el baño de damas, que haces aqui, te retiras de inmediato o llamo a la guardia…

Mi cara era de asombro y él lo notó, estaba completamente sorprendida por lo que estaba ocurriendo.

Me paré, pero me tomó de la cintura y me sujetó.

-Me gustas, por favor déjame estar contigo.

-Oye, no seas atrevido, vete…

-Eres muy hermosa, te quiero…

-Por favor sal… puede venir alguien…y eso esta muy mal…

Me sostenía de forma que su cara quedó viendo a mis pechos y el resto de su cuerpo pegado al mío, yo no sabía qué hacer, podía sentir su pene bien parado debajo de su ropa.En ese momento solo me dejé llevar por lo que sentía y me había provocado él.

-Que quieres, dime.

-Quítate todo.

Al escuchar eso mi respiración se detuvo, de solo pensarlo me excitaba mucho, me imaginé haciéndolo en el baño por un segundo.

-vos estas loco, sos un mocoso…

-No sé…

No terminé de hablar y el bandido se bajó el short, quedó su miembro colgando enfrente de mí, me puse nerviosa, estaba bien parado y tieso, se bamboleaba para un lado y para otro, se me acaloró la cara.

-estas loco nene, por quien me tomaste, soy una señora casada y respetable, y ademas podrias ser mi hijo…

-por favor, quitate todo, me gustas mucho, desde el primer momento que te vi, me haces parar la pija, no puedo mirarte que me caliento…

-como me hablas asi, sos un mocoso impertinente y mal educado…

En actitud, débil, de rechazo volteé la cara para no mirar su grueso y largo pene, pero lentamente fui cediendo hasta verlo completo.

tenia una verga muy grande.

-por favor, aunque sea mostrame las tetas…

-estas loquito nene…

Si quería verme desnuda no se iba a poder porque nunca me atrevería a hacerlo, pero como me caía tan bien y por querer hacer una travesura hice algo incorrecto.

-Está bien, solo te dejaré ver esto.

Dicho esto levanté la parte superior del bikini, mis pechos quedaron al aire y él los vio.

-solo mirar sin tocar…

Acercó sus manos y los toco suavemente.

-no me las toques te dije, si no me haces caso me visto y me voy…

-no señora por favor no lo haga, me gustas mucho, me vuelves loco…

-me haces acordar a mi mama, sos muy parecida a ella…

Me sorprendio con lo que me dijo, quede dubitativa.

– te dejo que las mires, pero sin tocar…

-esta bien señora, la quiero mirar, ud me deja hacer cosas que hacia con mi mama…

-pero ella me dejaba que se las toque…

lo mire a los ojos, baje mi vista a ese enorme monstruo que le colgaba de las piernas, sentia como me estaba mojando, era un momento por demas morboso, era una mujer casada y con un hijo, nunca me imagine que me ivan a suceder estas cosas, y de verdad eran muy excitantes, no sabia si parar con todo esto e irme. Volvi a mirar su verga que ya estaba terriblemente parada, el mocoso estaba como loco, y me deje llevar. Al sentir sus manos donde nunca me hubiera imaginado que llegarían a estar mi excitación era evidente y el estar en un sitio tan reducido y con ese peligro me hacía vibrar. Llegó a besar mis pechos, no sabía qué estaba haciendo ahí, debí haberme ido.

El aire que sentía por mis pechos me hacía sentir más duros los pezones.

-Quítate todo.

-No, te dije que te mostraba mis senos y sin tocar, y no me hisiste caso, ademas puede venir alguien.

Pero otra vez me interrumpió, bajó sus manos a mi trasero, se mandó completamente y empezó a querer quitarme el bikini, me sentí tan bien que al momento de querer evitarlo no tuve fuerzas. El aire esta vez rozaba mis nalgas, nunca me había sentido así.

-que te pasa niño te estas volviendo loco…

-deja que me suba el bikini, le voy a contar a tu abuela…

-¿Cómo hiciste para entrar aquí?

-Ya todos se fueron, el portero viene a cerrar en una hora.- Me decía mientras tocaba mis nalgas.

-Saca tus manos de ahí…-Le dije mientras sostenía mi bikini que el atrevido se empeñaba en tirar abajo.

-¿Cómo te atreves?

-Hago lo que quieras pero déjame verte…

-Ay, como te comportas, le voy a decir a tu familia.

-le voy a contar a tu abuela y tambien a tu papa…

-Mi familia ya se fue, yo siempre me quedo a seguir nadando, hasta la pareja que estaba besándose en la piscina se fue.

-¿Estas seguro?-Le dije al momento que bajaba la guardia y él llevó mi truza un poco más abajo.

-Claro que sí, yo vi cuando se iban.

El calor de mi cuerpo era insoportable, es muy sucio decirlo pero en verdad quería quedarme medio desnuda y que me metan el miembro hasta el fondo, como extrañaba a Esteban, Gabriel y a mi esposo. Me quedé muy quieta al saber que sí estaba dispuesta a hacer una locura en ese momento, mi cuerpo lo reclamaba.

-Ay no, debo irme ya…

De un impulso lo hice a un lado, subí mi bikini superior e inferior, abrí la puerta y salí rápidamente con la idea que si hubiera permanecido unos segundos más ahí ya estaría siendo penetrada por este casi desconocido niño.

De hecho cuando caminaba hacia mi silla no pensaba en otra cosa, mi bolso estaba en su lugar, solo debía cambiarme e irme.

Me senté y deseé en verdad estar en casa.

Caminé hacia otro baño más alejado que recuerdo usaba, pero estaba cerrado, debía regresar al primer baño. Cuando regresaba a la silla él estaba esperándome. No quería admitirlo pero en verdad quería tener sexo esa tarde, mi cuerpo ya no resistía y él estaba dispuesto.

Ya sentada otra vez empezamos a conversar.

-¿Siempre haces lo mismo?

-No, solo cuando te vi entrar al baño me dejé llevar.

-Te ibas a ganar unas cachetadas bien fuertes.

-con tal de verte desnuda y si me dejas, poder enterrarte mi verga, me aguanto todas las cachetadas que quieras darme…

-ja ja

-Te digo la verdad: Me muero por ver tu cuerpo desnudo, te he estado viendo todo el día y tienes un cuerpo maravilloso…un cu…

-Anda dilo, las cosas como son, qué palabra ibas a pronunciar… no me molesto te lo prometo – La verdad es que quería escuchar que me tratara así.

-Tienes un culo riquísimo- Me miraba a los ojos y yo a él.

-¿Sí, y qué más?

-Tienes s pechos, tu culo está para romperlo…

-Así que eso piensas… ¿Dime, tú quieres romperme el culo?-Ya estaba excitada por estar hablando estas cosas, sentía cómo se endurecía el clítoris.

No podía creer que yo acababa de decir esas cosas: “quieres romperme el culo”, me sentía mareada.

Me miró a la cara de nuevo, pensó dos veces para decirlo…

-Sí…

-Pues es una pena porque ya me voy, piensa en mí, quizá nos volvamos a ver algún día.

-Pero yo quiero hacerlo ya.

-¿Me quieres romper el culo ahora?-Me excitaba escucharlo y decirlo.

-Si, atrás hay un cuarto yo tengo las llaves. Es la casita del portero, ahora esta abierta.

Que atrevido pensé, es decir que si yo le decía que si, ya este chiquito se me tiraba encima. Dude un instante, no sabia que hacer pero me habiapuesto muy caliente, todo me estaba pasando muy rapido, de una vida rutinaria y monotona a recibir todas las emociones de golpe, no sabia que hacer, era un chico, pero mi calentura pudo mas…

Sin decir nada me fui a los servicios, entré y me imagine que era la casita que me decia el niño, hace un rato y ni cerré la puerta. Ya me imaginaba que el muy pillo vendría detrás de mí y así lo hizo. Al sentirlo abrí despacio la puerta, él se dio cuenta y entró de inmediato. Se me pegó como chicle y otra vez tenía mis manos sosteniendo mi bikini para que no se deslizara por mis piernas y luego al suelo. Sentí su bulto pegado a mi entrepierna, no me quedaban fuerzas para seguir resistiendo, mi bikini ya estaba dejando ver el inicio de mis bellos, estaba caliente y de pronto me vino a la mente esta frase:

-¿Y por qué no?

La frase retumbaba en mi cabeza mientras sentía cómo mi bikini de baño bajaba por mis muslos y llegaba a mis rodillas… Me había quedado casi desnuda enfrente de ese simpático adolescente, mostrando mis intimidades, parecía como si estuviera soñando o estuviera inconsciente.

-¿Qué quieres hacer?

-Anda, aunque sea la cabecita…

En mi cabeza no dejaba de sonar la misma frase: ¿Por qué no?… ¿Por qué no?… ¿Por qué no?… ¿Por qué no?… ¿Por qué no?…

Subí mi bikini y a él lo separé un poco de mí, sentía cómo el pecho me latía, qué nervios.

-basta nene, ya basta, es un juego que no quiero jugar…

-es que estas muy fuerte, tienes una concha hermosa, con pelos como me gusta a mi…

-Quizá te pueda dar otra cosa… siéntate.

Obedeció y ahora pude ver su grueso y largo miembro muy bien, estaba bien duro, nada mal, alrededor de los 20 centímetros.

-Cierra los ojos y no me veas-Así lo hizo.

le mirela verga era muy grande para su edad, tenia el glande afuera, bien mojado por los jugos preseminales, le tome la verga y comence a masturbarlo, el gozaba y me decia que era muy suave para hacerle la paja y que lo iva a hacer acabar rapido.

-mostrame las tetas…

-no niño travieso, conformate que te la estoy tocando, ya es como mucho, todavia no entiendo como llegue a esto…

-mostrame las tetas…

-y quiero que me la chupes…

– estas loco nene travieso, por quien me has tomado, no te olvides que soy una mujer casada…

Lo decia de la boca para afuera, pero mi calentura me vencia.

-Me agaché y lo observé, ya no resistía y acerqué mi boca hacia la cabezota, lo toqué con mi mano derecha, estaba bien caliente y parecía una piedra.

Todas las cosas que me pasaban por la cabeza, he debido volverme loca, solo así puedo explicar que en pocos segundos mis labios recorrían el glande de esa estaca, recordaba cómo se cogian a la niña de la piscina, cómo lo disfrutaba ella, cómo hubiese querido estar en su lugar.

-¡Vamos, chúpalo…!

Al momento que me imaginaba siendo clavada en la piscina la cabeza de su pene entraba entre mis dos labios, sentía su sabor, ese líquido pre-seminal manchaba mi boca y me hacía sentir un olor a sexo que me calentaba más.

Se me humedecía la intimidad y mis labios ya llegaban a la mitad de su pene, luego subía para luego bajar.

-¡Que rico, tan bonita y tan señora y me la estas chupando!

Sentí su cuerpo vibrar por el contacto con mi boca, se estremecía con cada chupada que le hacía.

-Ohhhh….. ahhhh…. Así….

Yo no podía hablar con la boca llena, solo escuchaba que su respiración se agitaba mucho, igual que la mía.

¿Cómo puedo estar haciendo esto?- Qué me estaba pasando me preguntaba yo misma.

Me acomodé mejor y esta vez me la metí completa a la boca, suavemente, como si estuviera acariciando su miembro con toda mi boca, lo sentía tan tieso que mi vagina moría por tenerla dentro ya mismo. Sentí la cabeza llegar a mi garganta. Atravesada por la boca era una excitación tremenda la que sentía.

De hecho que estaba caliente y con ganas de que me cogieran, lo deseaba como nunca.

¿Y ahora cómo se lo pido?… ¿Qué debo hacer?

Estuve así un rato (cinco minutos), al ver que ya no aguantaba más y se vaciaba me la saqué de la boca y lo masturbé con la mano (¿Qué estoy haciendo? Yo misma me preguntaba). Sentí toda esa leche en la mano, ay… dije, lo besé en la boca y aprovechó para apretarme a su cuerpo, agarrarme el culo e insinuarme que me le entregue de una vez.

-No – Dije

-Solo la cabecita- Me decía al oído.

-¿Lo prometes? – Le dije

-Ya.

-No, mejor no. Tú sabes que soy casada.

Me levanté y me abrazó, ese beso me ponía caliente, me arrimó a un lado y con su miembro apretaba fuerte contra mi cosita, felizmente que tenía el bikini puesto, lo acomodó mientras yo me hacía la desentendida al no poner ninguna resistencia.

Una vez que estuvo en dirección a mi concha lo comenzó a mover como si me fuera a penetrar, en ese momento me quedé sin aire y solo sentía cómo su cabeza presionaba una y otra vez mi vagina por encima de la tela.

-Ahhhhh… ¿qué haces? … huy…ahhhh

Los suspiros se me escapaban, no podía contenerlos.

Solo miré al techo, lo sentía tan duro, solo la tela impedía que me penetrara aunque yo ya me sentía penetrada, rogaba para que el bikini desaparezca pero no me atrevía a sacarlo.

Fueron momentos de un orgasmo indescriptible, abrí más las piernas y él lo hacía más fuerte.

-Ya para…paaaaaarrrraaaaa…

Ya casi sin aire (aguantando la respiración), lo separé de mí un poco usando las palmas de mis manos.En esos instantes no sabía si bajarme el calzón o empujarlo lejos de mí y opté por lo segundo.

Salí a la puerta y en efecto no había nadie, me arrepentí de no haber seguido pero seguía con las mismas ganas. Él estaba detrás de mí y nos miramos a los ojos. Me puse los jean como para estar mas segura.

-Te dije que no había nadie, ven…

-no ya basta por hoy…

-no seas mala, mira como estoy…

-lo mire y se agarraba la verga, que parecia que se le iva a reventar, las venas estaban inyectadas en sangre, tenia una pija enorme para su edad.

-no!!!, no me pidas mas, soy una mujer casada, y ademas recien te conozco…

-eres un niño, con un pene grande…

No entendia lo que acababa de decir, me estaba dejando llevar por la calentura, no podia controlarme, me superaba, el mocoso aprovecho mi momento de duda y llevo mi mano a su verga, que estaba muy caliente, ese contacto con su pija me dio como corriente.

-vamos al cuarto, por favor siente como tengo la pija, es por vos mi amor…

-, pero entro un ratito, cinco minutos, porque ya es tarde y me tengo que encontrar con mi marido…

-siii…solo un ratito, y te dejo ir, solo un ratitoooo…

y me llevo para adentro empujandome y tomandome de mis nalgas.

-No le cuentes a nadie –Le dije.

Sin decir nada volví a donde estábamos, me senté en el sillon y abrí las piernas, sin darme tiempo de pensar nada se metió entre mis piernas, yo sentía un calor insoportable y me quite el sujetador, mis pechos quedaron libres y él los tocaba. Comenzamos el mismo juego, metidita sin ponerla hasta que me separó la tela a un costado, cogió la cabeza de su enorme verga y la introdujo dentro de mí.

-Ay… ay… ay…

-Yo soy una mujer casada…saca eso… ahhh… ahhh…

-Hummm… ahhh…

-Por favor sácalo no seas malo…

-sacamela, es muy grande me haces doler, soy una mujer casada, por favor, no seas malito…

-me haces doler, tienes una verga enorme, me dueleeeeeee…

-bastaaa, neeeneeeee, me haces ver las estrellas, sacaaaaalaaaaa…

-no la metas mas adentroooo, sacameeeelaaaa…

Ni modo, mi cuerpo no me obedecía y en vez de empujarlo mis piernas se abrieron más y más, mis brazos lo apretaron fuerte.

-¿Ya?, sácalo, anda- Le decía mientras comenzaba a meterme la mitad, aumentaba la velocidad, entraba con facilidad por lo lubricada que estaba, qué delicia, les juro que lo disfrutaba muchísimo. Me acomodé y lo empujó todo, mi columna se enderezó por un segundo al sentir ese fierro invadirme hasta lo más profundo, y todo por estar de regalona, mi valla caía vencida una vez más y parecía que iba a ser por goleada.

Me la metía con ritmo, parecía que ya lo sabía hacer, mi cuerpo temblada y ni sabía donde estaba, el bikini estorbaba, así que cuando esa carne salió de casualidad de mi agujero me paré y él me lo bajó con rapidez, cayó al piso y me lo terminé de sacar, me senté y seguimos con lo mismo.

-Ay ya no por favor, vete…

-basta, te dije que soy una mujer casada, y no esta bien lo que estamos haciendo…

-mira si se entera tu abuela o tu papa, que dirian de mi y si se entera mi esposo me mata…

-ademas puede venir alguien y nos puede ver…

-no va a venir nadie quedate tranquila…

-con mi mama, veniamos siempre a este cuartito…

-Déjame seguir…

Esta vez entraba todo entero y con mis manos me apoye en la pared, mientras él disfrutaba de mi concha y yo de su terrible verga.

Era gruesa, me dolía, no sé si por la timidez o por lo gruesa que estaba

-¿Ya?, déjame…uy… ay… como duele… auuu… ay…

Sentía el máximo placer recorrer por todo mi cuerpo.

Cerré los ojos y me concentré en sentir su grueso pene entrar y salir de mi concha, era muy rico. Sus suspiros se convirtieron en jadeos como los míos

-Ayyyyy… auuu… -Sus embestidas eran ya completas, lo metía todo, sus pelos chocaban con mi clítoris y su piel lo presionaba….

-Ahhhh… ahhhh… ahhhh…-Que rico… me cogeeesssss… ahhhh…- Mientras brotaban mis líquidos casi a chorros, terminando este primer round.

Perdí el sentido del tiempo y del lugar, me puse a gritar como loca.

-como me pones, te tenia unas ganas tremendas, estas muy buena, me gustan mucho tus tetas y tambien tu culo…

y te tengo para mi…

-te gusta como te cojo…

-no me hables asi, soy una señora…

-me haces calentar mas, te voy a llenar la concha de leche, senti como acabo…

-Ahhh…senti mi lechitaaaa, ahhh te gusta amor…

Extenuada, sentía cómo paraba de meterla y su miembro latía dentro de mí, mientras dejaba toda esa rica leche en mi útero.

Me hizo gozar, tenia ganas de gritar del placer, pero me aguante, me deje llevar por la calentura, lo acababa de hacer con un mocoso que recien conocia, que podia ser mi hijo, en el club que fui toda mi vida, donde me conocia todo el mundo, y no queria demostrarle que me sentia muy puta, en cuestion de dias mi vida habia cambiado radicalmente en cuanto al sexo.

-¿Terminaste?

-Sí – Me dijo

-¡Pues no lo vuelvas a hacer!

-te acabas de coger a una señora de 38 años y que esta casada, eres un diablillo, mocoso…

Me limpié, me puse el bikini, mientras él me veía extasiado, contemplaba a la mujer desnuda que se acababa de tirar, salí de ahí, mi cuerpo estaba caliente, mis pezones erectos, quería seguir, pero no quería perder la decencia. Cuando vi que se acercaba a mi asiento me dieron ganas de abrir las piernas de nuevo, ahora estábamos afuera.

-¿Nadas? – Le dije.

-Sí. – Vi cómo su miembro estaba tieso otra vez, no habían pasado ni diez minutos.

Nadamos y nos quedamos en una esquina de la piscina, me calenté al recordar cómo le daban a la niña hace menos de una hora.

-¿Te gustó?

-No sé, ¿tú que crees?- La cosa se me hacía agua otra vez.

-Mucho, claro que sí.- Me dijo

-¿Lo harías en una piscina? – Le dije

Puse mi trasero en su entrepierna y comprendió todo.

Nadé hasta llegar al lugar donde minutos antes la niña recibía su “regalo”. Como ya suponen él estaba detrás de mí, lo miré de frente y le di un beso, luego me puse de espaldas a él con el rostro en el final de la piscina, como si fuera a salir de ahí. Fue ahí cuando me punteó, sentí que estaba como hace un rato, dejé que lo hiciera, dejé que me tocara mientras temblaba en el agua, no sé que va a ser de mí, pensaba.

Me sentía insegura por unos momentos al recordar que no debía hacerlo, pero quería, ¿Yo haciendo esto?, me preguntaba.

-¿Quieres cogerme aquí? –Le dije con voz entrecortada que mostraba mi nerviosismo

Su cara se tornó roja y luego de un par de segundos escuché: Sí.

Di media vuelta, ahora mi trasero y mi espalda chocaban con el final de la piscina, de frente lo tenía a él.

Le di un beso que correspondió de inmediato, se juntó mucho a mí y Le dije: Espera un momento, abrí las piernas todo lo que pude y yo misma separé la parte del calzón que cubría mi vagina a un lado para que su pene pudiera entrar.

Me incliné para recibirlo y ahí estaba él, con su miembro otra vez al ataque.

-¿Nadie esta viendo de lejos?

-No nadie –Me dijo.

-¿Entonces qué esperas?

-Nada, ahí voy- Me dijo.

Mis piernas enroscaban sus caderas, él puso sus manos en el concreto como abrazándome, de ahí tomó impulso, mis manos también estaban en el concreto del final de la piscina. La cabeza de su pene fue acomodada por mi mano en la entrada y….

-Ohhhh… que rico….así… así – Le decía

Estuvimos así un pequeño ratito, disfrutando de un rico polvo en la piscina, en verdad lo deseaba mucho.

-Espera- Le dije.

Baje mis manos al agua y llevando mis rodillas los más arriba que pude me saqué el bikini inferior que incomodaba nuestras pretensiones. Me lo saqué por debajo del agua, nadie se hubiera dado cuenta si hubiera habido gente. Lo puse en el bolsillo de su short y mirándolo a la cara le dije:

-Ahora sí, qué esperas… apúrate antes que venga alguien.

De inmediato comenzó a taladrar en mi concha, primero la cabecita, y de un empujón todo.

-Ahhhh… ahhhh…. Fíjate que no venga nadie…ahhhh… ahhhh…

-De vez en cuando subía la cabeza para asegurarse, cada vez que le preguntaba si veía algo, pero más era lo que se dedicaba a dármelo, que rico.

-Si no hay nadie que vea, cogeme más fuerte…- le dije al oído.

Comenzó a darme como en el baño, era estupendo sentir su pija tan gruesa y dura friccionar mis paredes, era lo máximo.

-Vamos, todo, todo, no dejes nada fuera…ahhh…. ahhh… así, así mi amor…ahhh…!!!

-Ahhh… ahhh…

Su pija entraba sin compasión en mi concha, levanté más las piernas. Cerré los ojos para dedicarme a sentirla toda enterita, entraba y salía rápidamente, no quería que pare nunca, me comencé a mover para que la penetración sea más profunda.

-mira si no hay nadie, el portero puede estar escondido y puede estar espiandonos…

-no quedate tranquila que mientras te cojo miro y no hay nadie en el club…

-No pares por favor… así… métemela así ayyy…

-Que bonita eres, ufff… que cosas dices…

-Ayyy… sigue… sigue…

-Que rica eres, sácate el sostén, quiero verte las tetas… ahhh…

-¿Qué?, no me pidas eeeeso, así sí nos podrían veeeer… ay… ¡que rico!, daaaame así…¡Dámelo así…!… uyyy…ahhh… ahhh… ayyyy… duele… que bien papito…ahhhh… uyyyy… así… no pares…

-Si quieres que no pare, quítate el sostén…

-nooo, si nos ven no quiero que me vean las tetassss…

-dejate de joder, sacate el corpiño sino te lo arranco yooo…

-Esta bien, todo lo que quieras pero no pares, no pares… ahhh… que rico…

Es obvio que accedí a quedarme completamente desnuda en la piscina, apenas vio mis pechos me lo empujó con más fuerza, fue sensacional. Me parecio que verme toyalmente desnuda y entregada por completo a el no se que cosa le produjo que me empezo a bombear muy fuerte y rapido.

-ahhh, me vuelves loco, me gustas mucho y quiero seguirte cogiendo, espero que no se corte aqui,me vuelves loco, estas fuerte y te tengo toda para miii…

-senti que te descargo toda mi leche de nuevooo…

-ahhh, toma mi lechita, señora casada y muy puta…

-sos mi puta, amor…

-ahhh, me mataste, sos una maquina de coger…

-soy una señora y casada, y entre nosotros soy tu putita…

No podia creer lo que le decia al mocoso. Al terminar, dejó su leche dentro de mí, yo feliz, de inmediato me cubrí los pechos, de su bolsillo saqué mi prenda inferior y otra vez nadé al otro lado de la piscina. Las nuevas sensaciones que estaba experimentando no las cambiaba por nada, a pesar de ser de buena educación confieso que me gustaba demasiado para dejar de hacerlo.

-Ya era tarde y era mejor salir de aquel lugar. Me acompañó hasta la puerta, creo que en esos minutos lo que habíamos hecho se reflejaba en mi cara, pasé sonriente por la salida, me vieron contenta.

“Había descubierto algo nuevo en mí, y estaba dispuesta a experimentarlo y a disfrutarlo, atrás quedaron los remordimientos”, ese era mi razonamiento.

Al cruzar la salida él cargaba mi bolso, empezamos a conversar.

-¿A donde piensas ir?

-A casa.

Caminando llegamos a un parque, encontramos una banqueta y sin gente a nuestro alrededor le pregunté aquello que me había dejado desconcertada.

-¿Tu ya habías tenido relaciones sexuales?

-¿Y por qué quieres saberlo?

-Sé que ya las tuviste.

-Te cuento pero si tú me cuentas también.

-¿Es un trato?

-Es un trato.

Había llegado al punto que quería, sin más miramientos comencé la serie de preguntas que me había costado tiempo formular.

-¿Cuántas chicas has tenido?

-Dos, solamente dos.

-¿Y como se llaman?

-La primera se llama Katy…

-y la segunda?

-Loren…

-¿Y con cual lo hiciste por primera vez?

-Con ninguna, ninguna fue la primera.

-¿Y entonces cómo lo hiciste?

-Debes prometerme que jamás saldrá de tu boca lo que te cuente.

-Sí, por supuesto que lo prometo, eso ni lo dudes.

-Está bien.

-Ahora dime con quien fue.

Lo que van a leer a continuación es lo que él me contó y significa la ruptura de mi promesa de no contar nada. “Fue con mi mama Angela, ella me pedia que le pasara el bronceador yo me aprovechaba nos calentabamos y terminabamos cogiendo en el cuarto, fue muy rico casi como lo de hoy contigo”, me dijo.

Lo que me dijo me dejó helada, era como hablar con Gabriel, y qué coincidencias tiene la vida que justo me lo cuenta a mí, hice lo posible por no mostrar mi cara de asombro.

-Cuéntame cómo fue.
Si hay algo que he aprendido en la vida es que hay que tener paciencia, con eso se consiguen muchas cosas, me lo enseñó mi abuelo, sin imaginar para qué lo iba a utilizar en la vida. Un día mi mama llegó de compras, traía un lindo vestido color rojo, me parecía que iba a un baile, antes pasó por casa para dejar unos paquetes.

No sabía que yo le iba a dar el mejor “paquete”. Me encantó cómo le quedó el vestido, resaltaba su figura fina, sus curvas, sus tetas y su trasero, se le veía tan rica, y su cara tan hermosa. Tú no tienes nada que envidiarle, pero mejor te sigo contando sobre esto.

Resulta estaba solo en casa, por lo que me pidió que le deje entrar al cuarto. No dije nada en contra. Dejó dos bolsas en la mesa de la sala y entró al cuarto con las demás.

-A tu papa le va a encantar lo que le traje – Me dijo.

Cuando fui a curiosear qué había en las bolsas había una caja de vinos. Me gustó la idea y decidí que quería probar un poco. Como se demoraba mucho fui a decirle que iba a abrir una botella, sin imaginarme nada abrí la puerta y entré sin pedir permiso.

Frente al espejo estaba ella, tan bonita y rica, solo en tanga y sostén. Su cuerpo me volvió loco, al punto de no avergonzarme y quedarme a seguir observando.

Como excusa le iba a decir lo que ella siempre me decía: Uno nunca debe avergonzarse de su cuerpo, es lo más normal del mundo.

-Oh, pero me estoy probando los vestidos.

Nos vimos cara a cara, ella quiso hacer la escena lo más natural del mundo, yo quería que así fuera, avancé unos pasos, estaba tan caliente que se me empezó a endurecer en segundos, no lo podía disimular.

-Mama, quiero hablar contigo, es muy importante para mí.

-Pues hablamos, mañana es un buen día.

-No mama, yo ya no puedo esperar, tiene que ser ahora.

-Pero llámame Ángela, ya te lo he dicho.

-Noté que sí le incomodaba hablarme en ropa interior, esa tanguita se le veía tan bien, y esos pechos, huy… quería tirarme encima de ella.

-Espérame un rato, salgo en unos minutos.

-Mama ya no puedo esperar más, digo Ángela.

-¿Tan urgente es? ¿En serio no puedes esperar?

Había en su rostro una expresión de preocupación. Creo que por eso fue que accedió a hablar conmigo en esas circunstancias.

-¿Quieres que hablemos ahora mismo?

-Sí, tú me dijiste que no importaba el momento ni el lugar, que si yo quería hablarte, pedirte algo, algún consejo no te ibas a negar.

-Claro que sí pero no me asustes.

-Entonces hablemos ya mismo.

-¿No te incomoda que hablemos así?-Me lo dijo porque no estaba vestida.

-No, para nada, tú siempre me has dicho que el cuerpo es lo más natural del mundo y que nunca uno debe avergonzarse del suyo.

-Por supuesto, tienes toda la razón- Noté que empezó a ponerse nerviosa, me gustaba.

-Entonces sentémonos, de una vez.

Solo había una silla en la recámara y yo sugerí sentarnos en la cama, ella aceptó.

-Bueno comienza.

-Bueno, mira me siento muy mal, veras, hay cosas de las que no puedo hablar con mis padres.

-¿Cómo cuales?

-Me siento muy mal porque no tengo con quien hablar de sexualidad, no se nada de sexo y en la escuela se n de mí. Eso es lo primero que quería hablar contigo.

“Quiero cogerte Ángela”, pensaba, mientras la veía en calzón sentada en la cama, no pude elegir mejor momento para hablar de eso con ella. Era el lugar y el momento preciso, no podía haber otra ocasión así. Ella trató de tomar el tema con la mayor naturalidad del mundo.

-No sé lo que está pasando conmigo, veras, cuando me levanto por la mañana encuentro mi ropa húmeda y no sé por qué es eso.

-¿Y en la escuela no te han enseñado nada de eso?

-La verdad que no, y siempre he querido hablar de eso con alguien de mi entera confianza como tú.

-Pero no voy a resolver todas tus dudas hoy, tengo que salir y además ya viene tu mamá y si me encuentra así contigo se va a molestar, ella tiene otra forma de ver las cosas, una mente muy cerrada diría yo.

-Pero quiero que tú seas quien me enseñe hoy todo, no confío en nadie más que en ti. En la escuela se seguirían ndo de mí mis si saben que no se nada. Los profesores no enseñan eso.

-Debe ser una muy mala escuela

-Sí es por eso quería hablar contigo.

-Sigue contándome, expláyate todo lo que quieras conmigo.

-Veras, aquí en mis genitales, el pene se me pone duro muchas veces y no sé qué hacer, no sé que puedo hacer. ¿Qué es la masturbación?

El tono de su voz cambió notablemente. Siempre había resuelto mis preguntas y ahora, por fin la veía flaquear.

-Entonces te lo explico.

-Espera, primero quería pedirte un gran favor, yo sé que tú no me lo negaras, porque eres la persona en quien más confío, tú me pediste que así fuera, que nunca dudara en pedirte nada.

-Por supuesto que no te lo negaré solo pídelo…

Si quería verla desnuda, como siempre había soñado, debía actuar ahora pensé.

Justo en ese momento sonó mi celular, era mi padre que me decía que iba a llegar muy tarde, como a las 5 de la mañana porque se iba a quedar con la familia de visita en casa de mi bisabuela.

-Bueno, el problema de tiempo queda resuelto de mi parte, podemos hablar aquí, solo quedas tú, ¿Te vas a ir y me vas a dejar solo en este momento tan importante para mí?

-Pero es con la familia de tu papa que debo reunirme, en una hora, debo salir a más tardar en 5 minutos.

-No es suficiente, en muy importante para mí y te quieres ir.

Se levantó de la cama para ponerse de pie, busco entre su bolso su celular y llamó a la abuela, lo que siguió a continuación fue una discusión que duró unos minutos, ella le pedía que la comprendiera, que no podía ir, que la disculpara con la familia. Al levantarse de la cama sentí miedo que fuera a buscar su ropa y vestirse, pero lo que me gustó fue que me enseñó su trasero, que bien formado, como siempre lo soñé. Si no me la tiraba ya no me la tiraba nunca.

Colgó el teléfono, se acercó a mí, me tomó de la mano y me dijo: Gracias por hacerme recordar que soy tan importante para ti, me haces sentir también muy importante en tu vida.

-Me quedo, tenemos tiempo para conversar, para que aprendas todo acerca del sexo.

-Nos quedamos en la masturbación, ¿No es así?

-Sí, escuché que es buena, pero no sé nada más quisiera aprender.

-¿Aprender?, conmigo, ay que cosas dices, esta bien te explicaré.

Espera, antes que nada el gran favor que te iba a pedir era el siguiente:

Nunca he visto una mujer desnuda, es obvio que debo saber cómo es, lo que te pido Ángela es que me dejes ver tu cuerpo, quiero verte desnuda.

No puso disimular su expresión de asombro era inevitable darse cuenta que le afectaba en cierto grado lo que le pedía.

-Te recuerdo que ya has aceptado, y tú siempre cumples con tu palabra, pase lo que pase, siempre has demostrado tener palabra, te admiro Ángela.

Ahora sí que lo pensó, se notaba que lo dudó.

-Es muy importante para un chico saber cómo es el cuerpo de una chica.

-Ay, que cosa me estas pidiendo, no pued…

Antes que termine de negarse añadí algo más: “Tu palabra siempre ha sido para ti más valiosa que cualquier cosa, por eso confío en ti”.

-Bueno, me voy a dejar de mojigaterías, me verás desnuda pero quiero que sepas que no debes tocar, además no debes contar a nadie de esto, no quiero que nadie se entere.

-y mucho menos a tu padre…

Penetrada por el diablillo de mi hijo 2da parte…

Lunes, diciembre 5th, 2011

Continuacion de la 1ra. parte: La madre despues de tanto acoso de su hijo, ademas del chantaje que ejerce sobre ella, resignada habia mandado a Gabriel a ver si su padre seguia durmiendo asi ellos podian tener ese encuentro intimo, que tanto buscaba su hijo Gabriel…

Desde hace tiempo me miraba el trasero y yo ni le daba importancia, debí haber recordado con anterioridad que mis hombres me contaban que desde niños habían deseado a las mujeres de su familia, de repente así me hubiera dado cuenta que mi hijo me había echado el ojo desde hacia un tiempo.
-¿Ya mama?
-Espera.
Se metió por debajo de la sábana y me comenzó a tocar la intimidad por encima del camisón.
-Bájate la tanga-Nunca me voy a olvidar de esas palabras.
-Espera, no te apures.
-De una vez.
-sabes mama, hace mucho que te observo, estas muy buena, que suerte que tiene papi, de tener un mujer como vos…
-no me hables asi, soy tu madre…
-es que estas muy fuerte y con esa lenceria, me haces poner duro, mira como estoy…

Hasta ese momento no había notado que en su familia los hombres la tienen grande desde pequeños, así me lo había contado mi esposo, claro que mi esposo no la tenía tan grande como Gabrielito. No podia creer lo que veian mis ojos, mi hijo tenia una verga enorme, mucho mas grande que la de su padre y que la de Sebastian…

-Espera, primero unos besitos.
-Ya, siempre he querido besarte en la boca.
-No te la creas que solo es para que no me sienta tan mal.
-De todas maneras siempre me has gustado mami.
Me decía cosas así y se acercó a mi boca, juntamos las nuestras y nos dimos piquitos, como estaba encima de mí noté que su bulto estaba bien hinchado y que se sentía su dureza en mi vientre. Nos seguíamos besando y le dije que lo que íbamos a hacer era cosa de mayores y que solo porque se trataba de él yo iba a dejar que pase lo que iba a pasar.
-Mami estoy enamorado de ti.
-¿En serio?
-Sí, desde hace años, solo que no sabía cómo decírtelo.
-Pero me lo hubieras dicho, de repente lo hacíamos-Le dije un poco en para relajarme.
-Ya mami, quítate la ropa.
-Primero sal un ratito-Le dije apartándolo suavemente.

Me llevé las manos a los bordes de mi ropa interior y me la bajé hasta los muslos, se quedó viéndome como si estuviera soñando, en un segundo pudo ver toda mi zona púbica llena de pelos y no dejaba de ver. Se bajó el pantalón y me confirmo lo que hasta ese momento sospechaba; la tenía bien grande, era una verga muy grande, demasiado para un chico de su edad, tendria unos 23 cm y muy hinchada y venosa, su cabezota estaba afuera y brillosa por los jugos preseminales.

-Ay, sí que me has dado una sorpresa…
-tienes el pene muy grande, Gabrielito…
-Te ves bien bonita.
-Gracias. Tú no te quedas atrás, la tienes muy grande, hijo-Dije en volumen bajo. Te gusta mi verga,mami?
No me preguntes esas cosas Gabrielito…Soy tu madre…
-es que me calientas muchisimo, mami, te veo asi casi desnuda, estas refuerte, siento que la pija y los huevos se me van a reventar…
-si pero no me hagas sentir mal, yo no hago las cosas para que a vos te suceda esto…

Me tapé con la sábana y le dije que si quería hacérmelo de una vez viniera encima de mí, no me dijo nada, solo se acercó, por debajo de las sábanas.
Estaba casi consumado el acto sexual.No era tiempo para hablar mucho, así que él mismo se me subió encima y se acomodó como si supiera todo lo que hay que hacer.

La verdad era que se sentía extraño estar con la tanga abajo y teniendo a mi hijo encima de mí, con la verga al aire. Estaba sintiéndome muy abusada y a la vez cómplice de lo que estaba pasando e iba a pasar. La señora de 39 años buena esposa y buena madre se iba a dejar penetrar por un mocoso bastante diablillo que era mi hijo.

Yo ya no me asusté y abrí un poco más las piernas para que pueda acomodarse bien. Se subió hasta mi cara y nos besamos de nuevo.
-Oye, solo porque se trata de ti me voy a dejar.
-Entonces me quieres.
-Si pero solo como a mi hijo, no le debes decir a nadie que le metiste la polla a tu madre ¿me entiendes?
-Sí mama.
-Okey, solo porque eres tú voy a dejar que me metas tu verga.
-Que bien, ¿sientes? Esta dura, así se pone de dura e hinchada siempre que pienso en ti.
-cuando pasabas delante mio con esas minifaldas que usas, y te veia las piernas y ese hermoso culo que tienes, se me paraba la pija, mami…
Esas palabras me derritieron, porque yo he sentido lo que es estar queriendo con una persona en secreto. Ahora sí le iba a dejar que me la metiera sin ponerme con quejas.
-En serio?
-Sí, desde hace años, pero no te lo podía decir.
-Entonces no te preocupes ya estamos solos.
Me acerqué a su oído y le dije con voz suave y agitada: “Cogeme”. Desde luego que sentí como se le puso más dura y tomé su verga y lo puse en la entrada de mi vagina. Pasó un rato y me estuve acomodando su enorme cabeza en la entrada de mi concha, era tan excitante estar haciéndolo en la cama de mi esposo y con él durmiendo en la sala.

-Ya está. Ahí es… empuja…le dije con voz suave al oído.
-Ya… ahh….que apretado se siente…
-Así así…que bien…
-Mami te amo…
-hijo porque no paramos, tengo miedo que se despierte tu padre y nos vea, nos mata a los dos…
-no mami quedate tranquila, esta durmiendo profundamente…
-goza mami…
-Despacito hijo que la tienes muy grande y me duele…
-mas despacito hijo, es enorme tu pene…
-despacito y mas suave, por favor, hijo…
-por favor Gabriel, mas despacito, es enorme tu polla, despacio hijo…
-asi bien, despacito, asi, otro poquito mas, cuidado, detente, espera que me acostumbre…
-asiiiiii, siiiii, dueleee…
-Así que bien…ya me estas cogiendo, que rico…
-Uf…humm….siempre he querido cogerte mami.
-Sí, sigue que vas bien….
-Que rico se siente, que caliente…
-Así es humm…
Se sentía el calor de su pene entrando en mi vagina, era increíble que la ama de casa perfecta ya estuviera teniendo tres maridos en menos de una semana, y peor aún que fuera con mi hijo con quien estaba teniendo relaciones. Pero sentí muy rico para parar y dejé que me la siguiera metiendo, se sentía todo el calor de su pene y el de mi cuerpo.
Me dolia, porque este chico realmente la tiene muy grande, pero ya me estaba gustando, a pesar del dolor.

Por fin tomó ritmo y empezó entrar toda entera. Que bien se sentía, estaba transpirando y jadeando del placer y jamás se me había ocurrido que un pequeño me la pudiera meter tan rico. Era excelente y no estaba dispuesta a parar por nada.

La cama se movía por el coito que estaba ocurriendo en ella y empezaba a sonar con más fuerza.
-Toda Gabriel toda…
-Sí…
-Métemela toda…

Lo que estaba ocurriendo era que la supuesta víctima estaba gozando tanto o más que el chantajista, nos habíamos vuelto cómplices de una pendejada tremenda, estábamos cogiendo en la cama donde dormía con mi esposo. Pero eso no me importó mucho y seguía recibiendo en mi vagina ese pene grueso que me estaba haciendo delirar por el miedo a que se de cuenta mi esposo.
-Ay Gabriel, que rico lo haces… humm….
-Te gusta la pija mami.
-Si Gabriel, me gusta…hummm…no pares…

El acto era increíble y jamás en mi vida hubiera imaginado que alguna vez me podría encontrar en tremenda situación, con mi tanga abajo y siendo penetrada por Gabrielito, que la tenía bien y tan grande, con el peligro de ser descubierta por mi esposo que estaba en el primer piso de la casa.

Pero , estas cosas no se planean y como era una emergencia tuve que ceder ante los requerimientos de mi pequeño hijo, que se estaba gozando bien a su mami, su pene entraba y salía de mi concha y subía el ritmo, cada vez me la metía con más fuerza y eso me hacía disfrutar más de su pija dentro de mi concha. La fricción era exquisita y estaba a punto de mojarme todita.
Gabrielito se levanto un poco y me miro las tetas, es como que tomo conciencia que se estaba cogiendo a su mama y senti como que se le agrando aun mas la verga, y me empezo a bombear con mas fuerza, jadeaba y me chupaba las tetas yo lo tome de los huevos y senti como se descargo en mis entrañas, tremenda acabada, me inundo la concha con su leche, fue hermoso…
-toma mami toda esta leche es para vos, es toda la calentura junta que tenia por vos…
-ahhh, toma te gusta como te lleno la concha con mi leche mami?…
-siiii, Gabrielitooo, ahhh, me llenaste hijoo, que placer…

Siempre me voy a acordar de esa noche, fue muy excitante, hasta ahora me da que pensar el hecho de fui yo quien disfrutó al extremo.

Al día siguiente salimos mi esposo, Gabrielito y yo al Parque Recreacional, pero recuerdo muy bien que mi esposo recibió una llamada de su trabajo y disculpandose con nosotros, se despidió para ir a atender una emergencia a su trabajo, cosas que pasan, Gabriel y yo nos quedamos solos en el auto, mientras mi esposo tomaba un taxi.
Ya estábamos llegando a la cuadra del parque, entonces Gabrielito me dijo que se me veía muy bien la minifalda que tenía puesta esa mañana, con las medias de liga y los tacones, que me hacian muy femenina.
-que bien que estas vestida hoy, mami, me encanta cuando te pones portaligas…
– Gabrielito, de veras te gusta tanto?…
Los recuerdos de nuestro encuentro anterior se hicieron presentes y ahora que estábamos solos se me insinuó acariciándome las piernas, muy despacio y excitándome por el hecho de estar en la vía pública.
-Y ahora que quieres.
-No sé, una repetición…
Giré mi rostro hacia él, con las manos puestas en el volante, y le dije que dejara de hacer eso, pero fue en vano, me tenía bajo su dominio y era poco lo que yo podía hacer. Tenía el poder de las fotos y era obvio que me iba a usar cuantas veces quisiera.
-¿Quieres ir a la casa?
-No.

-Entonces no me molestes con eso-Le dije un poco asustada.
Él olió mi miedo y ahora era dueño de la situación, me estacioné en unos arbustos que eran parte de un bosque que quedaba muy cerca del Parque. Me acarició las piernas y me dijo que no podía olvidarse de lo que había pasado ayer. Que quería repetirlo ahora.

Por supuesto que le dije que no, pues estábamos en la vía pública y que si quería acariciarme tenía que esperar a llegar a casa. Me dijo que no y me subía la minifalda hasta el punto que estaba muy cerca de verse mi ropa interior. Me puse nerviosa, pero después de un momento pensé en ir al bosque, era un sitio donde los autos no pasaban y desde ahí no se nos podía ver. Aceptó encantado y casi llevando sus manos a la parte de mi ropa interior que cubre mi vagina.

No estaba de acuerdo, pero era un medio para que nadie nos viera, conduje hasta llegar a una parte del bosque donde hay varios árboles y era difícil que nos vieran. Una vez ahí me dijo al oído:
– ¿Mama, sabes hacer la pose del perrito?
-¿Qué?…No me preguntes eso…
-La otra vez la vi en internet y quiero hacerla contigo-Me dijo mientras acercaba sus manos a mi calzón, ahora estaba excitada y enojada con él, pero no podía hacer nada. Ya estaba llegando a la parte de mi ropa interior y casi me mojó con sus deditos. No sabía qué hacer y le contesté rápido:
-No sé, si quieres me enseñas…

Me dejó idiota cuando sacó de su bolsillo una revista porno doblada. Otra vez no supe que hacer mientras veía cómo mi hijito me miraba como a su juguete sexual, al fin y al cabo eso iba a ser para él, su juguete sexual.

-De donde sacaste eso malcriado.
-De las propinas que me das, tengo más.
-¿Qué? ¿Con mi plata?
-Si pero ponte amable conmigo, sino mi papa se puede enterar de lo de las fotos.
Me tapó la boca y con eso recordé que no tenía otra opción mas que callar.
Era excitante pensar que me lo iba a hacer ahí, veía los carros pasar por entre las ramas de los árboles y me excité mucho.
-Mami… ¿Me la chupas?
-Quedé callada y solo bajé la cabeza para dirigirme hacia su pija, mientras él bajaba su cierre y la sacaba a mi vista. Se veía dura y estaba bien caliente, como se notaba que ese mocoso me quería coger.
-Eres bien pendejo, pero te vas a joder porque de aquí vas a salir moribundo-Le dije en tono desafiante.

Me dediqué a pajearlo con la mano mientras volteaba a cada momento al costado para cerciorarme que ningún carro o persona se acerque por donde estábamos nosotros. Sentía en mis manos aquella verga que la noche anterior había invadido mi vagina a costa de un vil chantaje, observaba su cara de placer y me dije a mí misma que le iba a dar sexo, pero que se iba a ir bien satisfecho para que no me molestara en mucho tiempo.
-¿Quieres verme sin ropa?
–Si, quiero que me la chupes en tanguita.
Rápidamente me quité la blusa y me subí la minifalda para darle la vista que él tanto deseaba y hacer lo que él quería.

Se quedó viéndome como si estuviera impresionado de ver por primera vez mi cuerpo sin ropa a la luz del día, me propuse hacerlo bien y pasarla al extremo.
Me arrodillé a su asiento y tomé con mis manos ese pene grueso y duro que exigía ser aliviado de sus urgencias que mi cuerpo mismo había provocado. Se me veía la ropa interior y me puse diligente, como si fuera un examen del que quisiera obtener la nota máxima.

Lo lamí y luego de un rato lo comencé a chupar como si fuera un caramelo, a él le gustaba y era la primera vez que una mujer le hacia tales cosas, la primera vez que una mujer se la mamaba y esa mujer era su madre, era yo, que estaba bien buena, como me lo han dicho siempre los hombres.
-Ahhh…. Ahhh…
-Glup…glup…glup…
-Así mami…así…
-Te encanta pendejo…te encanta…
Una vez que tenía toda su verga en mi boca la acariciaba con mi lengua y la volvía a sacar, una y otra vez, al fin y al cabo, si había estado en lo más profundo de mi ser, ya no me importaba tenerla en mi boca y mamarla desesperadamente.
Pero como todo no era solo eso, una vez que miré que estaba bien dura me levanté y le dije si quería hacer el perrito de una vez, por supuesto que me dijo que sí.

-Ya mami, siempre he soñado hacer el perrito contigo…
-bueni pero si quieres que lo hagamos vamos a casa, asi no disfruto, quiero estar tranquila…
-Ya se te cumplió tu sueño mañoso-Le dije
– mami esta bien, vamos a casa…

Como si fuera una experta en el arte del sexo me recoste en el sofa y lo mire a Gabriel era increible el bulto que tenia en el pantalon, me subi la pollera y deje al descubierto mi tanguita, dije que cuando quisiera podía bajarmela. Basto que me viera recostada en el sofa abierta de piernas que ya lo tenia encima mio, me corrio la tanga acomodo su vergota enorme y la apoyo en mis labios vaginales, yo me levante un poquito lo suficiente para que entrara, empezamos a cogernos. Me estaba taladrando la concha, era una maquinita de coger este diablillo. En eso me dice que queria el perrto. Me levante y me puse en 4. Su verga estaba bien dura y me incliné para que se le hiciera fácil metérmela. Mi culo estaba a su merced y cuando menos lo pensé él estaba viendo su revista porno.
Estaba viendo cómo penetraban a la chica de la revista y miró mi chochito, esperándolo para cumplir su deseo.
– Por fin se me hizo…
-Apúrate que alguien puede venir…

Él me acarició y con la verga al aire, se puso en posición para metérmela, sentí como sus manos nerviosas bajaban por el elástico de mi tanguita y lo bajaban, me tocaba el culo y se notaba que estaba aguantando por mí.
-Que bonita eres, que bonito culo tienes…
Sus manos recorrieron mis nalgas y se acercaron al elástico de mi ropa interior, era la primera vez que dejaba que me ivan a coger en esa posicion, y ese hombre era mi hijo, me daba una sensación de excitación y angustia mientras sus manos llevaban el elástico hacia abajo. Ya podía ver mi vagina húmeda y llena de pelos al aire libre, era la primera vez que la veía así.

Sentí cómo sus manos terminaron por bajarme el calzón a la altura de mis rodillas, que estaban dobladas en el asiento, su pija acercándose por mis dos nalgas y mi concha bien peluda ya sentía otra vez la humedad de su pene rozando mis labios vaginales y haciendo contacto, me incliné más para darle mi concha y él puso sus manos en mis caderas, con mi mano alargada hasta mi entrepierna tomé su verga y la acomodé en la entrada de mi intimidad
-Ya, ahí es…
-Si mami…
-Empuja Gabriel, empuja….
-Que bonita eres…te voy a coger todos los días…
-Apúrate, no desperdicies tiempo…
-cada vez que estemos solos te voy a coger, me tienes caliente todo el tiempo, mami…

Lo sentía, estaba duro y otra vez en la entrada, con esa cabezota roja ya dentro de mí y temblando por la situación.
-Vamos, coge a esta perrita… cogeme…cogeme…
No tardó en introducirme toda su hombría y hacer el esfuerzo de meterla y sacarla, yo ya estaba disfrutando de ello y apretaba bien su miembro para disfrutar más….
Veía en dirección a la ventana que daba a la calle para estar segura que nadie llegara de improvisto y a la vez experimentaba un placer desconocido.
-Hummmmmm…
-Así…así…
-Que rico mama…
-Que pendejo habías salido…
-Sí, que lindo culo tienes….

Me friccionaba la concha y me daba el placer que quería sentir desde hace tiempo, pasaba sus manos por mis nalgas.
“Que pensaría mi esposo si algún día se enterase que estoy aquí, en el living de nuestra casa, con el calzón abajo, en posición perrito, dejándome penetrar por éste tremendo diablito”-Me decía una voz en mi interior.
Pero ya no podía hacer nada y Gabriel estaba con la pija dentro de la concha caliente de su madre, que estaba disfrutando más de la cuenta.
-Ahhh…
-Ahhh…
-me clavo la verga bien al fondo de mi concha y me descargo chorros de leche, mientras todo su cuerpo temblaba, fue hermoso…

Luego de unos pocos minutos se cansó y me pidió un beso en la boca. Me limpié la zona íntima y le di un beso. Me miró, parecía enamorado y me dijo:
-Desde hace tiempo quería hacerlo. Eres la más bonita.
-Sabes, de chica participaba en concursos de belleza.
-¿De verdad?
-Sí, y he ganado varios.

Seguimos conversando y yo no terminaba de asimilar la idea de que lo había hecho en posición perrito con él, estaba un poco confundida, por tapar un pecado estaba cometiendo muchos más y la verdad por momentos me sentía incómoda, aunque muy satisfecha.
Me volví a poner la ropa en su lugar y le dije que íbamos a tomar un cafe, me dijo que ya y que le gustaba la idea, en eso sono el telefono y era mi hermana avisando que estaba con mi esposo y que habian tenido un desperfecto en la carretera y que por lo menos no podian llegar en menos de 2 horas. Le comente a Gabriel y me miro con una cara de lujuria que me decia todo. Le dije que basta por hoy, que estaba cansada, el me dice que me iva a coger todo el tiempo, y que no iva a desaprovechar esta oportunidad, teniendo en cuenta que íbamos a estar solos, y me iba a tener para él solo.
Me resigné a la idea de que me iba a pedir sexo otra vez. Como era de suponer, me acarició el culo y me dijo para ir a mi cuarto. Me negué a ir, entonces subió a su cuarto y bajó con todas las fotos que tenía de aquella vez que había estado con Sebastián, me hizo recordar mi condición.
-Pero si ya te di lo que querías, ya me tuviste..
-desde anoche que me estas cogiendo…

-Yo nunca dije que iba a ser solo una vez.
-Ya no me jodas.
-Acuérdate, no me obligues a dárselas a papa.
-Bueno, y ahora qué quieres.
-Solo quiero que subamos a tu cuarto.
Subimos, yo ya sabía que iba a pasar, aunque nerviosa y un poco molesta lo llevé de la mano. Al parecer se le había puesto dura en el camino y quería cogerme otra vez, no sé si era un martirio o un gusto pero cuando subía sentí que me empezaba a gustar ser usada. Me libraba de culpa y podía gozar de lo lindo.
Como era de suponerse, me quería tener en la cama, era un demonio ese mocoso, y yo debía ceder porque sino me delataba. Me tocaba el culo con la mano derecha, me lo acariciaba y me hacía sentir deseada.
Cerramos la puerta y otra vez estábamos ahí, en menos de 24 horas me encontraba en la misma situación.
-Quiero que te quedes desnuda.
-Pero que me estas pidiendo.
-Anda, quítate toda la ropa.
-Pero es que no puedo.

Luego de un rato me di cuenta que debía acceder, pero primero cerré todas las ventanas y me aseguré que nadie pueda darse cuenta. Entonces le hablé.
-Qué se siente estar tirándote a tu madre…-Le dije con voz temblorosa.
-Se siente bien, porque tú eres mi madre…
-y ademas estas muy fuerte, lo que muchos hombres quisieran, solo yo, sos para mi…

-Bien pendejo eras, ¿como tenías esa revista?
-Si quieres te la enseño…
-Encima me quieres hacer ver esas cosas…
-Vamos a verla, te la enseño
-No.
-Es que quiero que veas cómo te la voy a meter.

Estaba atrapada y sin salida, solo podía mostrarme en contra de lo que me estaba pidiendo pero no negarme. Me preguntaba ya, ahora que quería hacer, acaso una nueva pose o algo así.
Abrió la revista y en la página central me mostró cómo una chica que era penetrada analmente por un hombre bien proporcionado, me asusté al pensar que eso era lo que estaba pensando él, no sé cómo intuí que me lo quería hacer por ahí.
-Mami, quiero cogerte por atrás…
-Estas loco, eso nunca…
-Ya pues, no te hagas la santa, bien que te gusta…quiero penetrar ese culazo.
-No me pidas eso
-No por atrás, eso no….
-Pero si te gusta por adelante, es bien rico, siempre he querido hacértelo por atrás
-Por favor, nunca lo he hecho por atrás-le dije un poco nerviosa, mientras me agarraba el culo el muy pendejo.
-Vas a ver que no pasa nada- Me dijo
-no estas loco, nunca vamos a poder…
-lo has hecho alguna vez mami…
-nunca, tu papi es muy clasico en la cama, para el con su pensamiento eso es indigno…
– voy a ser el primero, entonces…
-no hijo no vamos a poder porque tienes un pene muy grande, es enorme y me vas a hacer doler mucho, apenas te aguanto por la concha…
-mi culito es muy estrecho, va a ser imposible…
-conformate con lo que te estoy dando…

Si quieren que les escriba que siguió pasando, ese y los días siguientes, escríbanme sus comentarios y valoren el relato…

Penetrada por ell diablillo de mi hijo…

Lunes, diciembre 5th, 2011

Mi vida no ha sido muy feliz durante el matrimonio, a excepción de los primeros meses cuando todo era felicidad, pero , yo juré estar en las buenas y en las malas y eso es lo que importa.

Me llamo Nora y tengo 38 años, segun mi marido y algunos hombres que conozco, tengo un buen fisico, mi marido Alberto de 40 años y mi hijo Gabriel…

A mis años me considero una mujer que ha logrado realizar varias cosas que quería alcanzar en la vida. Hoy en día me dedico a realizar las labores del hogar, me siento tranquila haciéndolo, aunque hace tiempo me he dado cuenta que el matrimonio no es la gran cosa, eso no quiere decir que no ame a mi esposo.
Resulta que mi esposo y yo vivimos en una casa de su madre, desde que nos casamos. A mí nunca me ha disgustado que vivamos ahí, porque nunca he tenido problemas con ella, siempre nos hemos llevado bien. Un mañana mi esposo me dijo que iban a llegar a casa mi hermana con nuestro pequeño hijo Gabriel que venian de estar 10 dias de vacaciones. Me llené de alegría al saber que los volvería a ver, y a mi hermana después de tanto tiempo.
El día que llegaron fuimos de compras, me dediqué a hacerle pequeños regalos a mi hijo y a mi hermana, me agradaban tanto que los traté de una manera muy cordial.
Lo que ocurrió ese día fue que me encontré con un ex pretendiente de mis años de universidad, Sebastián, aquel con el que mi esposo había tenido que competir para ganarse mi amor. Pero ahí no acabó todo, ocurrió que cuando lo vi fue en un momento en el que Carla, mi hermana, estaba en el baño y yo estaba con mi hijo Gabriel escogiendo unos zapatos.

Él me miró y me dijo que desde hace tiempo deseaba encontrarse conmigo, y que hoy era su día de la buena suerte. También me dijo que desde hace años había regresado y que nadie le había querido dar mi dirección.

La conversación prosiguió durante unos minutos, lástima que yo ya tenía que irme porque tenía una cita con el doctor, él no perdió la oportunidad de pedirme el teléfono pero yo no se lo di, por lo que él me dio el suyo y me dijo que lo llamara para conversar un poco. Finalmente yo le di el teléfono y cuando Carla Salió del baño yo ya me había despedido de él. Fue un susto cuando veía que Carla iba a regresar de un momento a otro pensar que nos iba a ver juntos.
Al día siguiente lo llamé para quedar en conversar uno de esos días, para recordar tantas cosas que habíamos pasado juntos en la época en la que habíamos sido enamorados. Aunque primero lo pensé muy bien, porque no se vería bien que una mujer casada como yo se estuviera citando con un hombre a escondidas de su esposo, luego pensé que era normal que dos se tomaran un tiempo para conversar, y para despejar cualquier duda lo invité a ir a casa.

Ese día olvidé decirle a mi esposo que él vendría a cenar, y cuando se lo iba a decir me llamó desde su trabajo para decirme que se iba a tardar porque tenia bastante trabajo y que mejor no lo esperara a cenar, porque no podía llegar temprano. Carla salió como a las 5 de la tarde y me dijo que iva a volver tarde. No era tarea difícil, así que decidí no decirle nada a nadie de la visita que tenía esa noche.

Le prepare la cena temprano a mi hijo Gabriel y una vez que Sebastián llegó y tocó la puerta sentí que era incorrecto haberlo invitado y era peor no haberle dicho nada a mi esposo, pero mejor me dediqué a pasar el momento y a disfrutar de la velada con, mi ahora amigo, Sebastián. Lo recibí, y él al verme puso una cara de sensualidad que me hizo recordar muchas cosas, recordé nuestras citas de años atrás, en las que la habíamos pasado tan bien.

Luego de un rato de haber empezado la cena él comenzó a mandarme piropos como que bella estas esta noche, y cosas que me gustaban y poco a poco me fue recordando esas tardes que pasábamos juntos estudiando. Me llené de erotismo al ver que estaba en la casa en la que vivía con mi esposo y mi hijo, que era una mujer casada y que no debería dejar que se acercara tanto a mí, en eso sentí sus labios rozar los míos.

Sin darme cuenta él ya me estaba besando y yo no oponía resistencia, sin darme cuenta su mano estaba en mi pierna derecha, acariciando mis muslos, me sentí excitada y muy avergonzada de la escena que estaba viviendo. Mis manos no respondían a las órdenes de mi cabeza y pronto me dejé llevar por lo que sentía y lo dejé seguir, aunque la culpa me estaba matando, estaba excitada como no lo había estado en mucho tiempo.

Sebastián estaba siendo muy listo al aprovecharse de la situación y subió su mano a la parte superior de mis muslos, casi llegando a la parte de mi prenda íntima, pasaba su mano por todo mi muslo y luego subía y bajaba. Era excitante sentir esa mano, me volvía loca. En una de esas subió su otra mano a mis pechos y los comenzó a acariciar muy suave por encima del vestido. Después de un rato yo ya no hacía ningún esfuerzo por rechazarlo y comencé a sentirme más a gusto.

Siempre con el miedo que implica estar haciendo algo prohibido, sentía que estaba disfrutando al máximo de lo que estaba pasando, recordé a mi esposo, que estaría trabajando a esas horas, pero luego de un rato ya ni me acordaba, estaba recordando s momentos al lado de Sebastián y el miedo me hacía sentir la angustia de estar traicionando a mi esposo, debería haberlo rechazado y darle una bofetada, pero no lo hice y me estaba gustando lo que me hacía.

Me siguió besando y ahora apretaba mis pechos con sus manos, después metió sus manos por debajo de mi blusa para acariciarlos por encima del sostén que traía ese día, fue lo más rico que me habían hecho en los pechos en mucho tiempo, y cuando comenzó a llevar sus manos al broche de mi sostén sentí que ya era demasiado, no podía permitir que se aprovechara tanto y me quitara el sostén.
-No, eso no…
-No tengas miedo ¿no me dijiste tú misma que no hay nadie en casa?
-No te olvides que esta mi hijito Gabriel.
-Pero él está arriba durmiendo, no te preocupes.
-Espera yo soy una mujer casada…
-Solo vivamos el momento….
-Pero nos puede ver.

Luego de ese intercambio de frases no pude seguir resistiendo sus embates y su persistencia, me entregué completamente al diluvio de caricias que en ese momento él me ofrecía. No supe cómo reaccionar y eso terminó entregándome en los brazos de él, ya en ese momento estaba súper excitada y con ganas de más, mi gran debilidad se había puesto de manifiesto, yo me recosté un poco hacia atrás para recibir sus caricias y besos mientras él me comía los pechos y con una mano se las ingeniaba para masturbarme por encima del calzón, con toques sutiles.

Estaba sudando y él comenzó a subirme el vestido, no sé cómo llegamos a tanto, lo que en ese momento importaba era que me sentía tan excitada que era capaz de todo, incluso de tener sexo ahí, pero la idea de ser vista por el pequeño me asustaba tremendamente.

De pronto sentí una de sus manos posarse a escasos centímetros de mi entrepierna y acariciar como nunca nadie me había acariciado antes, la excitación se convirtió en calentura y quería que él siga tocándome, llegó al borde de mi calzón, la parte que cubre mi vagina y yo ya estaba humedeciéndome de tanto placer, me tocó con los dedos por encima del calzón y comenzó a sobarme, en ese momento quería explotar de tanto placer, me estaba masturbando sin siquiera tocarme la piel, se sentía riquísimo tener sus dedos encima de mi intimidad, yo estaba sudando y él me estaba manoseando a sus antojo.

Por suerte, y dejándome con las ganas y una gran excitación, llegó mi hermana, tocó la puerta y de inmediato nos separamos, yo me subí y me volvía a abrochar el sostén, me acomodé la ropa y abrí la puerta. Los presenté y a los pocos minutos él dijo que ya se tenía que ir. Por supuesto que Carla nunca sospechó nada pues siempre me había conocido con una moral intachable de mujer de un solo hombre y de su casa.

El susto me lo llevé unos minutos después, cuando al quedarme sola en la sala se abrió la puerta del closet y vi salir de ahí a Gabriel, la sangre se me heló y pensé rápidamente que él lo sabía y lo había visto todo, pero no me desesperé.
Al pasar los días Gabriel no dijo nada acerca del tema, creí que era probable que no hubiera visto nada, pero la duda me estaba matando, así que decidí esperar a que me dijera él mismo qué es lo que había visto.
Pasaban los días y nada de nada, pero un día de esos tantos, casi a las dos de la mañana escuché que se abría la puerta del cuarto en donde dormía Gabriel pensé que quizá había tenido una pesadilla o algo así. Me desperté y esperé que viniera a mi cuarto, eso era lo que él hacía siempre, hace años cuando me quedaba cuidándolo y él estaba más pequeño siempre venía a mí cuando tenía pesadillas en la noche.
Esta vez él abrió despacio la puerta de mi cuarto y al verme despierta me dijo”: ¿Puedo quedarme a dormir contigo?”. Por supuesto que le dije que sí, pues siempre se había quedado a dormir en mi cuarto cuando tenía pesadillas o no podía dormir. Recuerdo que al despertar al día siguiente me quedé sorprendida al ver que su mano estaba un poco más arriba de mis rodillas, hasta ese entonces él no se había atrevido a poner sus manos ahí en las noches anteriores que había dormido en mi cuarto.
Pero no le di la mayor importancia al asunto, creí que de repente lo había hecho entre sueños y sin darse cuenta de lo que hacía. Ese día por la mañana estábamos viendo televisión y de pronto apareció el anuncio de la nueva película que estrenaban ese día, él se quedó viendo y luego me dijo que lo llevara. Le dije que ese día no iba a poder, pero que si esperaba a mañana lo podía llevar. Quedó todo listo para que sea un día de semana, en el que no iba tanta gente al cine y él estaba de acuerdo.

Llegó el día tan esperado para él y lo llevé al cine, de pronto me di cuenta en la entrada del cine que la película no era tan inocente como parecía, había carteles de escenas de la película que contenían escenas bastante fuertes y por un momento creí que no lo iban a dejar pasar. Al entrar me di cuenta por qué es que los cines bajan los precios de la entrada esos días, la gente no iba al cine esos días y parecía casi vacío, a excepción de algunos señores que estaban ahí.

La oscuridad y la comodidad del ambiente me hicieron sentir en confianza y sentirme como en casa, había atrás de nosotros un grupo de señores de edad avanzada y nada más. Llegamos con gaseosas y pochoclo para comer mientras veíamos la película.

Ese día yo llevaba puesta una minifalda que me hacía lucir las piernas, cosa que no hacía desde hace tiempo. Gabriel se quedó viéndome las piernas cuando llegamos al cine, pero no era cosa de mucha importancia.

-que bien que te queda la minifalda, mami te hace lucir tus hermosas piernas…
– hijo, me halagas…
Y entramos a la sala.

Al correr lo minutos y avanzar la película llegó una escena en la que un hombre le tocaba las piernas a una chica, no supe que pensar cuando sentí la mano Gabriel subiendo por mi rodilla y palpando con la yema de sus dedos mis piernas. Cogí su mano y la llevé a su asiento. Pasó un rato más y volví a sentir su mano sobre mis piernas, esta vez le sentí el gusto a las caricias, pero al mismo tiempo separé su mano de mis piernas pues no era correcto que él me estuviera tocando ahí.

La película duraba más de dos horas y al parecer Gabriel iba a seguir insistiendo, en una de esas yo lo miro de reojo, sin voltear la cara y veo que me esta mirando las piernas. Me sentí contrariada, no supe que decirle y a los pocos minutos volvió a poner su mano sobre mí. Esta vez le dejé que lo haga un rato más, después de sentirme excitada recordé que no estaba bien y de nuevo me saqué su mano de encima.

Gabriel se fue al baño un rato, quien sabrá a hacer qué y después regreso con una sonrisa inocente que hizo que me olvidara de lo anterior.

Pero Gabriel iba a seguir con su manoseo sobre mí, al rato probó y fue más audaz y llevó su mano más arriba que las otras veces, sentí miedo al pensar que nos estaban viendo y volteé con mucho nerviosismo para atrás, felizmente no nos estaban viendo y Gabriel seguía subiendo.
-Gabriel, saca tu mano de ahí. Parece que no me entiendes.
-Pero a ti te gusta.
-No, y no está bien.
-Si papa te ve así se molestaría.
-¿Y cómo el señor de la otra vez te las tocaba y no le dijiste nada?
-Es que… era…
-¿Ya ves?, déjame que te toque.

Me sentí nerviosa y descubierta por él, un chiquito que me tenía en sus manos, no tuve otra opción que quedarme callada por un buen rato, no sabía que decirle para que me entienda que estaba mal lo que estaba haciendo. Volvió a la carga y esta vez llegó a límites insospechados, llevó su mano a mi entrepierna y yo me quería morir, por última vez le dije que sacara sus manos y él me dijo que entonces le iba a decir al padre lo que había visto.

-No, como sé te ocurre-Le dije con voz entrecortada
-Entonces déjame tocarte.
-No, ya para.
-Entonces le digo.
-No…
-es que soy tu madre, Gabriel y eso no esta bien…
El no me escuchaba y me seguia tocando.

Poco a poco la expresión de desaprobación en mi rostro fue desapareciendo, no tenía otra salida y no se me ocurría nada en ese momento, agaché mi cabeza un poco y no supe que decir, un silencio obligado se apoderó de mí.

Sin decirle una sola palabra le dije que sí (el que calla otorga), él me acarició la concha por encima de la tanga, jamás creí que podría recibir tanto placer en un cine, y con ese mi pequeño hijo, estaba mojada, completamente mojada, y ya no me importaba nada, volteé para ver si no nos miraban y luego me incliné en mi asiento, estaba temblando, me daba un miedo inmenso el saber que en cualquier momento nos podían ver.

Ya quería tener esa manito entrando en mi ropa interior, pero la idea me parecía aberrante, ¿qué me estaba pasando?, es mi hijo me debo estar volviendo loca, en ese momento no sabía por qué deseaba tanto esas cosas, pero el hecho es que las estaba deseando. Me avergüenza admitirlo, pero por unos momentos perdí la vergüenza y no opuse ninguna resistencia a sus caricias.

En la parte de atrás del cine no se veía que alguien notara algo, pero me paré y me fui al baño, solo eso me pudo salvar de seguir siendo manoseada al antojo de mi niño. Al llegar al baño no supe que hacer con la calentura que éste me había provocado y di rienda suelta a mi imaginación y me puse a pensar que sería si yo le permitía seguir con esas caricias. No supe que pensar, lo cierto era que cuando volviera me iba a seguir tocando, eso era lo que iba a pasar.

Luego salí a seguir viendo la película y como de costumbre el pequeño siguió con sus metidas de mano a mis piernas. Luego de un rato me volvía a excitar, pero esta vez la película estaba por acabar, terminé súper excitada y con ganas de más, pero claro está que no le iba a decir que me gustaba.

Salimos del cine, yo con la vagina húmeda, y me pidió ir a un restaurante que quedaba cerca, uno donde siempre íbamos con toda la familia. Llegamos y pedimos lo que se nos antojó.
-¿Te gustó la película mami?
-Mas o menos, tengo que decirte algo.
-¿Cuándo venimos otra vez?
-Escúchame: podemos venir las veces que podamos, pero no le debes decir a nadie lo que viste ese día,y mucho menos a tu papa…
-Que bien, ¿y yo que gano con no decir nada?
Era obvio que el chiquillo sabía algo del arte de negociar, me sorprendió con esa frase y no tuve otra salida que decirle que podíamos repetir más jornadas como la de ese día. Puso una sonrisa y se quedó callado un momento. Parecía que todo estaba arreglado y disfrutamos de la comida tranquilamente.

Pasaron unas pocas semanas y la visita se hizo más larga que de costumbre, mi hermana acordó con nosotros quedarse un tiempo más en nuestra casa y yo estaba de acuerdo.
No habíamos vuelto a hablar de lo que había pasado ese día en el cine y el día se acercaba, esa tarde mi hermana y mi esposo habían salido y me volví a quedar a solas con mi hijo. Estábamos viendo televisión y de pronto tuve la necesidad de ir al baño, por coincidencia él también quiso ir al mismo tiempo que yo y salió como una flecha para llegar antes que yo y así lo hizo.

Esperando afuera recordé que ese día en la televisión no había nada interesante que me llamara la atención, pensé que sería ir al cine pero recordé que quizá mi niño iba a querer manosearme otra vez. Luego de un rato llegué a la conclusión de que no era tan mala idea dejar que me explorara un rato, todo en forma de pago por su silencio. Esa tarde la pasé de maravilla, toda esa excitación fue lo máximo, en el cine nadie se dio cuenta de lo que pasaba y al final le di en premio un beso muy cerca de la boca. Se quedó contento.

Para mi mala suerte, al llegar a la casa estaba Sebastián con su carro estacionado afuera. Nos saludamos y me convenció de recibirlo en la casa. Gabriel sabía que esa noche iba a poder ver algo más, pero yo lo olvidé por desgracia. Lo mandé al desvío y le dije que fuera con sus nuevos a divertirse, incluso le di una propina para que se quedara contento.
-Gabriel, anda a jugar, vienes en una hora-Le dije mientras le daba una jugosa propina.
-Gracias mami.
-Ya te dije que si te portas bien te va a ir bien.
-Ahora sí te creo.
Una vez que creí que estábamos solos comencé a conversar con Sebastián, en la conversación salió a relucir lo de la otra noche, cuando me besó por casi todo el cuerpo. Rápidamente se puso caliente la conversación y ya estaba excitada de nuevo. Él, no desaprovechó la oportunidad y me calentó con palabras que más parecían de una pareja con una inmensa actividad sexual, ya no sabía que hacer y en una de esas me comenzó a abrazar.

Sentí su cuerpo apretar el mío y no supe poner un alto, los recuerdos de mi vida antes de casada me volvían a la mente y me dejé llevara por el momento, cuando me di cuenta nos estábamos besando y el ya tenía sus manos en mi cuerpo, acariciándolo y haciéndome sentir cada cosa.

Para terminar de empeorarla nuevamente me dieron ganas de tener sexo, y eso era lo peor que le puede pasar a una mujer casada cuando su marido no está en casa y se encuentra acompañada de un hombre tan atractivo, estaba perdida y ya no había nada que me pueda salvar, salvo mis últimos intentos de resistirme.
-Sebastián, no esta bien lo que estamos haciendo.
-Vamos, déjame seguir, yo sé que te gusta.
-No esta bien, mejor vete-Le dije con una voz que ya reflejaba mi lucha interna entre el si y el no.
-No te preocupes.
-No, para ya, aquí no…
-Entonces vamos a tu cuarto, ahí nadie nos verá.

me convenció de ir a la recámara donde duermo con mi esposo, me llevo dándome una serie de besos que me ponían a un grado de excitación cada vez más elevado, ya no pude resistirme y me dejé llevar por mis deseos.

En unos instantes estuvimos en la recámara y no demoró en quitarme la ropa, aprovechando para ir manoseándome todo lo que quería, era imposible resistirme a sus caricias, las estaba disfrutando al máximo.

En pocos instantes yo estaba solamente en calzón y sostén y sentada en la cama, él se bajó el pantalón, dejando a mi vista y a escasos centímetros una verga de aproximadamente 20 centímetros y bastante gruesa, pasé saliva y me quedé viéndola, me parecía increíble estar ahí, en la cama de mi esposo, en ropa interior y nerviosísima por lo que estaba haciendo.

-Ahora me toca a mí…
-¿Crees que puedas hacer algo?-Me dijo, invitándome a probar su miembro.
-Ay, no sé, nunca lo he hecho…
-Siempre hay una primera vez-Me dijo, haciéndome recordar que esa era la frase que yo siempre repetía.

Era más que obvio que me tocaba usar mi boca para seguir con esa sesión de lujuria, me ponía muy nerviosa estar haciéndolo en el cuarto de mi casa, donde duermo con mi marido, pero a la vez le daba ese toque picante que nunca me hubiera imaginado que tendría. Llevé mi mano hacia la cabeza de su verga, era bastante gruesa y larga, al principio me dio miedo, pero luego le agarré más confianza, acerqué mi boca y comencé a oler lo que tenía enfrente de mí.

Luego de un rato que estuve masturbándolo y viendo cómo se moría de placer pensé seriamente en llevármelo a la boca, momento exacto en el que se oyó el sonido de un carro estacionándose afuera, escuché cómo la puerta del cuarto se movió un poco… ¿Qué habría pasado ahí?, me pregunté, pero ese no era momento para preguntarse nada, con mucha osadía, se la lamí, la probé y la masturbé con la mano.

Luego de escasos segundos de hacer esto me la llevé a la boca y la estuve chupando como una loca, creo que nunca en mi vida había estado con esa calentura. La llevaba de adentro hacia fuera, de afuera hacia adentro de mi boca y con la lengua la lamía dentro de mí. Se sentía su sabor, si mi marido hubiese sabido que se la estaba chupando a otro, yo, que siempre me había negado a hacérselo a él, se hubiera muerto de la envidia.
Seguidamente comencé a masturbarlo al mismo tiempo que se la chupaba, con mi mano derecha se la corría primero despacio, después rápido, cambiando de ritmo según se me antojaba. En esos momentos experimenté por primera vez que se siente cuando una mujer tiene en la boca una verga, lo había visto tantas veces en los videos que trae mi esposo a la casa y recién ahora lo estaba practicando, era una cosa de locos.

Al pasar unos pocos minutos Sebastián un pudo seguir conteniendo la eyaculación que le provocaba mi boca, mi lengua y mis manos.
-Ahhhhhh…Hummm…
-Tiene buen sabor-Dije con una sonrisa al levantar la cabeza y verlo a la cara.
-Que rico lo haces…
-¿Quieres más?-Le dije viéndolo lascivamente al levantar otra vez la cara por un instante.
-Ah… claro…tú sigue…
-Hum… que rica esta tu pija, me gusta, y está bien grande…
-Ya era hora de que la probaras sin miedo.
-Que rico sabe tu vergaa Sebastián- Le dije son una sonrisa cómplice que fue correspondida por él, fueron palabras que se me salieron sin pensar, quizá fue el subconsciente que me traicionó y sacó a relucir mis más bajos instintos.

Bajé a los huevos y también los probé, era una verdadera perra en ese momento, ni yo me reconocía. Como nada es eterno, y menos el placer, se vino en mi boca, nunca había tenido leche en mi boca, pero esa fue la primera vez, como dato anecdótico puedo decir que un pequeño chorrito de semen resbalaba por mi labio inferior. Sebastián se quedó viéndome y yo lo miré también, un mutuo acuerdo se veía en nuestras caras, el deseo de que esto no se acabe ahí.

-Ay, yo quiero mas lechita-Le dije, en un tono muy sensual, como ya dije, no yo misma me reconocía en esos momentos. Sebastián me miró con una cara de deseo y lujuria que jamás había visto en mi marido.
-Yo te puedo dar más lechita, solo tienes que hacer lo que yo te diga…
-Si, si quiero que me des más lechita…-En esos momentos ya había perdido la vergüenza.
-Te voy a dar lechita por todos lados.
-Ay que rico…

Me estaba comportando como una verdadera puta, y eso no era todo sino que quería probar de una vez lo que era el sexo extramatrimonial en todas sus formas.
Me sentía muy cachonda, me saqué el sostén delante de él y me dijo que tenía unos lindos pechos que se veían más bonitos cada vez que los veía, yo ya no aguantaba y me eché en la cama, levantando los pies, al mismo tiempo que me quitaba el calzón con las dos manos delante de él, que se quedó viendo impresionado todo mi cuerpo y en especial mi parte íntima que estaba cubierta de mis pelos pélvicos, era muy erótica la escena que estaba viviendo.

Me quedó viendo y al verlo así le dije:
-¿Qué esperas? ¿A que viniste? ¿Solamente a ver?-Me dijo que no, moviendo la cabeza.
-Ahora vas a sentir lo que es una verga de verdad.
-Huy que miedo-Le dije en un tono algo gracioso.
-Mira que grande es.
-Ay amor…clávamela hasta el fondo antes de que venga mi marido-Le dije poniendo una cara de mujer caliente que nunca en mi vida me imaginé poner.

Ya estaba hecha, no había marcha atrás y ahora me tocaba recibir algo a cambio por tanta chupada, él estaba con el arma durísima otra vez y me estaba mirando con unos fuertes deseos que se reflejaban claramente en su cara.

En su cara se veían unas ganas tremendas de meterme su miembro, eso era muy excitante, se podía ver su verga grandota y dura que acababa de tener en mi boca con unas gotas de semen cayendo, ahora tendría que soportarla en mi interior. Me sentí abrumada por un momento y con muchas ganas de tenerla dentro ya.
-Ahora me vas a decir que quieres.
-Quiero tu pene, de una vez…
-Siempre supe que eras una tigresa…
-Vamos, dame lo que quiero, ¿o tengo que mandarte una carta de invitación?
-Abre las piernas y comienza a rezar-Me dijo medio en broma y yo sonreí con lascivia.

Ahora el se estaba quitando toda la ropa, quedó completamente desnudo en cuestión de segundos, se veía con muchas ganas de hacérmelo. Se echó encima de mí y yo lo recibí en lo que hasta ese entonces había sido un lecho de amor y fidelidad, creí que nunca lo haría, pero ahí estaba yo, dispuesta a todo con tal de satisfacer mis deseos de sexo. Era increíble pero era cierto.

Nos besamos y me separó las piernas que en un acto inconsciente yo mantenía aún cerradas, en mi última muestra de fidelidad a mi marido, que era una extraña manera de seguir siendo fiel. Entonces fue que sentí como acomodaba la cabeza de su cosota en la entrada de mi vagina, con solo hacer contacto hacía que me moje más de lo que ya estaba.

Luego de unos instantes seguimos besándonos y dándonos piquitos, ya para ese entonces estaba empujando su cosota adentro de mí, sentí su cabeza empujando entre mis labios para abrirse paso, a lo que yo reaccionaba abriendo más las piernas para mayor comodidad, mi cuerpo estaba sudando y la cama comenzaba a moverse, finalmente logró meterme la cabeza y ahí fue cuando empezó mi tortura y placer extremo.

Comenzó a meter y sacar la mitad de su miembro con una lentitud que me enloquecía, sentí como se estremecía mi cuerpo cuando mi concha recibía un nuevo inquilino que no era el mismo de siempre, no era el pene de mi marido, y se me humedecía la concha cada vez más.

Sentí la necesidad de abrazarlo y lo hice, llevando mis manos a su espalda y apegándome más a el, sentí el contacto de nuestras pieles completamente desnudas y calientes, con el sudor que se sentía al contacto.
-Papito dame más…
-Ah…ah…ah…
-Si quieres métemela toda, te doy permiso…
-Si…si…
-Anda de una vez, cogeme bien, déjame bien cogida…

Lo dije en broma, no pensaba que eso me iba a caber dentro.
Parecía incansable, seguía taladrando mi concha y me di cuenta que lo que pretendía era metérmela toda, que horror si me la mete toda, pensé. Pero luego de experimentar las primeras sensaciones de placer ocasionadas por esa cosota estuve decidida a soportarlo, ya no importaba si me dejaba la zorra más abierta, el placer que me estaba dando era difícil de explicar con solo palabras, me dolía muchísimo pero a la vez quería más y me gustaba más que cuando me lo hacía mi esposo.

Luego de los primeros dos minutos logró colocar toda su verga en lo más profundo de mi ser, me dolía harto y empecé a gritar y a gemir del dolor y placer, mis gemidos se escuchaban por todo el cuarto y estoy segura que por toda la casa, y es que con ese tamaño cualquiera se pone así, comencé a arañarle la espalda y a besarlo con todo y lengua, nos besamos con la lengua y nos acomodamos apretándonos más.

Todo el olor a sudor y a sexo se sentía en todo el cuarto y yo seguía recibiendo más y más.
-Más…más…más…
-Ah…ah…que apretada eres…-Me decía con una voz jadeante que me ponía más caliente.
Mientras él me la metía y sacaba a su ritmo, yo tuve que seguirle el paso y moverme al compás de él. Era lo máximo en placer que había experimentado hasta ese entonces y era la primera vez que lo hacía sin mi esposo. Sentía su respiración en todo mi cuello y mi cara, era excitante y me estaba cogiendo de una forma increíble, cada vez más fuerte.

Hasta ese entonces yo no sabía qué era tener sexo de verdad, gozar al máximo y ser penetrada tan rico. En esos momentos Sebastián empezó a metérmela con más fuerza y a hacérmelo más rápido. Lo besé, al mismo tiempo que jadeaba inconteniblemente, que placer me estaba dando, que rico se sentía, y que dolor también.
-Ah…ahhh….
-Hasta el fondo…hasta el fondo-Le decía con voz jadeante y entrecortada.

Miré para abajo por un momento y miré como entraba y salía su pene en mi concha, salía y de nuevo empujaba y se abría paso entre mis labios vaginales y volvía a salir y luego a entrar, que rico era todo eso.

Se veía en su cara el esfuerzo que hacía por seguir el ritmo de la penetración fuerte y rápida que me estaba haciendo, yo quería explotar de tanto placer y por momentos no sabía como responder a tanto placer que me estaba dando.
-Ya…
-Hum…
-Así… no pares.
-Uf…ah…ah…

Era cierto que las grandes duelen más y si no me creen pueden comprobarlo algún día. A mí me gustaba bastante esta nueva forma de tener sexo y no iba a dejar que solo fuera una vez. De pronto Sebastián comenzó a dar indicios de una inminente eyaculación, y contrario a lo que haría la mayoría de las mujeres yo quería sentir algo nuevo.
-Vacíate adentro…
-Si…
-Adentro, no la saques…
-Muévete más…
Nuestros cuerpos empezaron a temblar y justo en el momento que sentí humedecerse mi vagina con su semen dejé que se me vinieran los líquidos que estaba aguantando desde hace rato.
-Ahhhhhhhhh…
-Hummmmm…
-Que rico….hum….
Por fin se mojó dentro de mí, nos mojamos los dos y fue increíble, las sábanas estaban húmedas y nos echamos, estábamos muy cansados por el esfuerzo y nos abrazamos, él me besó y yo le correspondí, solo sentíamos que estábamos juntos y descansamos un rato. Pero la cosa no iba a acabar ahí, de un momento experimenté un sentimiento de culpa, pero felizmente se me dio por pensar solo en el presente, la jornada estaba empezando y él y yo queríamos más.
-Por qué no viniste a Madrid cuando me dijiste.
-Hace años te llamaba, pero tu madre me decía que no querías saber de mí.
-Eso es mentira, yo te esperaba.
-Entonces todo fue una farsa.
-Me quedé con el que ahora es mi esposo porque nunca regresaste.
-Ya veo, y siempre lo sospeché, yo tampoco nunca te olvidé.
-¿De verdad?
-Si, lo que pasa es que…

La conversación prosiguió y por supuesto que yo no quería que se volviera aburrida, de un momento pasé mi mano por su entrepierna que estaba cubierta por la sábana y constaté que se le estaba endureciendo de nuevo la verga. Le dije que por ahora los dos ya teníamos vidas diferentes y que ni pensara en la posibilidad de que yo me separe de mi esposo, él estuvo de acuerdo nos besamos de nuevo.
-Ay, la tienes bien grande…
-Si, mira lo que te perdiste.
-Ay, no seas malo.
-Pero el tiempo perdido a veces se puede recuperar.
-Creo que sí…
-Veo que se te está haciendo agua la boca.
-Creo que tienes buena vista…-le dije sonriendo.

A los pocos minutos ya estaba de nuevo con su verga entre mis manos y acariciándosela ya no me daba miedo que iba a pensar de mí, acababa de ser su mujer y por eso ya había tomado más confianza. Acerqué mi cara a su miembro y me percaté de que estaba rojo, seguramente por lo que habíamos estado haciendo con tanta pasión.

-¿Alguna vez lo has hecho por atrás?
-No, nunca…Le dije mientras comenzaba a lamer el glande.
-Pero siempre hay una primera vez.-Al instante sonreí.
-Así que quieres hacérmelo por el culo, eres muy caliente.
-¿Solo yo?-Me dijo mientras le seguía lamiendo la cabeza.
-Ja ja ja…
Mientras me decía cosas así como que es normal el sexo oral y otras cosas me fue calentando de nuevo, y me acariciaba de una forma que me excitaba.
-¿Ya?-Me dijo.
-¿De verdad quieres meterme esa cosota por ahí?
-Si, no te preocupes te va a gustar…
-Ay, si, como no…
La conversación proseguía y se me vino a la mente la idea de cumplir una de las fantasías que muchas tienen, cabalgar, me pareció que era hora de que yo tome la iniciativa y que fuera yo quien manejara y tuviera el control. Pero para eso debería quedar como una mujer que tiene mucha experiencia en eso, y para mí no era fácil hacerlo.

Poco a poco la lujuria se fue apoderando de mí al ver que su sábana se levantaba en la parte de su entrepierna y que cada vez se hacía más grande. Lo miré a la cara y me dijo que no me avergonzara, que si ya la había tenido bien adentro no había por qué avergonzarse. Le di la razón y me dediqué a verlo sin ningún reparo.

Luego de unos pocos minutos la acaricié por encima de la sábana y me decidí a probarla de nuevo, ante su mirada de complacencia. La tomé entre mis manos, todavía no sabía cómo esa cosa tan grande había podido caber dentro de mí, pero la lamí y otra vez se la estuve chupando. Al final no se vino porque paré antes e inicié mi travesura de montarme encima, me descubrí de la sábana que tenía encima y quedé otra vez desnuda delante de él. Me quedó mirando.
-Que bella eres.
-¿Así te parece?
-Así nos parecía a todos los chicos de la universidad.
-Ay, ahora que me lo recuerdas, había muchos chicos que me invitaban a salir.
-Lo que pasa es que eres atractiva, me gustas toda.
-Y imaginaste verme así cuando regresaste a Madrid?
-La verdad es que lo he deseado desde que te conocí. Siempre fuiste la más bonita.
-Imaginaste tirar conmigo en la cama de mi esposo?
-Ja, ja ja ja-Sonrió de una manera extraña, que me hizo recordar lo lejos que habíamos llegado. En uno de los espejos del cuarto se veía la escena que ocurría en ese momento.
Yo estaba completamente desnuda, se veían mis pechos bien redonditos y el comienzo de mi zona púbica, se veían mis bellos vaginales y mis caderas, toda yo, sin nada encima.
-Te voy a dar un regalito.
Dicho esto, me subí sobre sus muslos, abriendo bien las piernas que estaban próximas a recibir de nuevo esa vergota tan dura y gruesa. Me acomodé bien y luego de unos instantes tenía esa cosa tan enorme en mis manos, acomodando su punta en la entrada de mi chocho. Para ese momento mi intimidad ya estaba húmeda otra vez y la calentura se había apoderado de mí por haberme imaginando esa escena tan erótica.
Sin más alargue, comencé a montar como si fuera una experta en esas artes y ya sentía la mitad de ese monstruo entrar y salir de mí como pedro en su casa. La calentura se había apoderado de mí y otra vez no era yo la que hacía eso, sino mis impulsos sexuales.
Miré en el espejo y se vio la escena que tanto me había imaginado por tanto tiempo, cuando veía esas películas a solas después que mi marido se había ido a trabajar, era increíble estar viviéndola, y de ahí en adelante solo me dediqué a disfrutar lo rico que era eso.
-Ahhh…
-Hummm…
-Toda, cómetela toda…
-Eso quiero, pero es muy grande….
-Ahhh….
-Solo baja todo lo que puedas…
Así lo hice y volvía asentir que la concha se me partía en dos cuando me incrusté toda esa chota hasta la base.
-Ahhh….ayyyy…..que rico….
-Hummm….
Mis gemidos y nuestras respiraciones se escuchaban por toda la casa, ya que eran muy fuertes.
Seguía gimiendo y después de unos minutos sentí cómo mi cuerpo comenzaba a experimentar un temblor que se apoderaba de mí y de él, sin más preámbulo nos mojamos juntos, el con mi líquido y yo con su leche, que llegó muy adentro de mis entrañas.

Estuvimos un rato acostados y le dije que ya debía irse, que en cualquier momento llegaba mi esposo, nos metimos a la ducha donde me pedía como loco que se la chupara asi desnuda, que eso lo calentaba mucho y le di el gusto, ya cuando estaba saliendo de la casa me dio un beso antes de cruzar la puerta y me acarició la concha por encima de la ropa.
No podía creer lo que acaba de hacer, me había acostado con otro hombre, y en mi lecho de matrimonio, no sabía cómo iba a poder mirar a los ojos al hombre que me prometió fidelidad para toda la vida.
Ese día me quedé en la cama metiéndome el dedo de tan solo recordar todo lo que había hecho, descubrí un nuevo mundo de recuerdos vividos otra vez con tan solo querer recordar. Estaba segura que desde ese día las cosas ya no serían iguales y que a la larga iba a perder mucho, pero en ese momento no sabía qué.
La mujer que se creía perfecta hasta hace poco, había caído, presa de la lujuria y el deseo de experimentar sensaciones nuevas. Sin duda ya no era la esposa fiel de antes, y no tenía cómo justificar lo que había hecho, pero nadie me iba a quitar lo bailado, todo el placer de esa tarde no se borra así nomás. A veces me sentía sucia, pero con ganas de seguir con esa locura.

Con el pasar de los días Sebastián me fue llamando seguido y yo no le contestaba, pero un día si lo hice y nos citamos para un jueves, todo debía ser ultra secreto y ya estábamos lunes. Me ponía nerviosa cuando tenía que hablar con mi esposo de temas de fidelidad o cosas relacionadas.

Al día siguiente, ya casi cuando iba a amanecer, escuché la puerta de mi cuarto abrirse poco a poco, se veía una imagen algo así como sigilosa, era Gabrielito que estaba entrando. Ese día mi esposo se había quedado dormido en la sala, viendo televisión, como otras noches, y no subía al cuarto hasta que amanecía, yo no lo despertaba porque quizá se podía molestar.
-Mami, para dormir aquí.
Como por mí no había habido problema nunca, años antes dormía con él cuando tenía pesadillas, acepté de lo más normal.
-Lo que pasa es que he tenido una pesadilla.
-No te preocupes, duerme aquí.
Eran como las tres de la mañana y en verdad estaba con un sueño que no me dejaba pensar, ahora recuerdo que si en ese momento hubiera tenido la lucidez de una persona sin sueño le hubiera dicho que no.
Era obvio que él iba a tratar de tocarme las piernas y manosearme todo lo que pudiera, ya no era el niño inocente de tiempo atrás y yo lo recordaba porque ese día había tomado pastillas para el sueño, por lo que no podía pensar en otra cosa que no fuera dormir
.
Es por que es ahora que recién lo pienso bien que no pude evitar mucho de lo que pasó esa madrugada. Pasaron pocos minutos y comenzó a acariciarme las piernas. Recordé ya lo había hecho antes y que seguro que lo iba a hacer de nuevo. No tardó en acariciar con más confianza al ver que yo no ponía ninguna resistencia. Me quedé helada la ver que quizá esa iba a ser la constante de toda la noche.

Mi esposo estaba en el primer piso de la casa y yo estaba siendo manoseada por un pequeño que se estaba aprovechando de mi agradecimiento por su silencio. Procuré hacerme la dormida para que no pensara que yo estaba de acuerdo con sus caricias, pero él seguía subiendo su mano hacia mi entrepierna.

Ese día estaba durmiendo con un camisón muy transparente, ese fue otro de mis errores, tenía puesto una tanga chiquita que se notaba a leguas por la transparencia del camisón y un sostén que resaltaba mis redondos pechos. Mi culo estaba como para toda una noche de sexo sin parar, por algo me había comprado esa ropa interior especialmente para lucirla para mi esposo, que estaba dormido en el primer piso de la casa.
Quiera o no, Gabriel ya me había visto con esa ropa tan sugestiva y era seguro que me estaba deseando, yo no tenía otra escapatoria que seguir dejando que me tocara las piernas, pero ya estaba acercándose demasiado a mi zona íntima y eso me ponía nerviosa y me estaba excitando la situación en la que me encontraba.
-Gabriel, deja de tocarme.
-Es que te ves tan bonita…
-Si, pero deja de tocarme.
-¿Y cómo le dejas a ese señor que te toque?
-Solo fue una vez, así que ya no molestes…
-Yo sé que no fue solo una vez…
-¿Qué?
-Yo los miré hace días en el cuarto.
-Pero, que dices, eso no es verdad.
-Sí es verdad, tengo fotos, les tomé fotos y se las voy a dar a papa.

Me quedé helada en ese momento, había sido descubierta, y todo por confiarme demasiado, me había visto y ahora sí que estaba perdida. Mi matrimonio estaba condenado al rompimiento y no había nada que yo pudiera hacer.

-Pero si me dejas tocarte puede que no le de las fotos.
-¿Cómo sé que existen tales fotos?
-Si quieres te enseño una.

Fue a su cuarto muy rápidamente y me trajo un sobre, rápidamente se acostó a mi lado y se tapó con la sábana, lo que traía eran fotos que había escaneado por la computadora y ahora me las enseñaba sin ningún pudor. La luz que yo acababa de prender de la meza de noche iluminaba las fotos que me delataban. En ellas aparecía mi cuerpo desnudo y con otro hombre que no era mi esposo. Y se veia claramente que era en nuestra cama matrimonial.

Pensé que quizá se apiadaría de mí si le decía que le iba a dar una buena propina, pero luego me di cuenta que quizá querría algo más.

Ya no había nada que hacer, estaba en sus manos y en ese momento tomé la decisión de convencerlo de cualquier forma de que no le diera esas fotos a mi esposo. Estaba en las manos de un mocoso.
-Tú sabes que eso esta mal…
-Gabriel, no le enseñes esas fotos, por favor.
-Por favor te pedí cosas que tú no me quieres dejar hacer.
-¿Qué cosas? Pídeme lo que quieras, no te voy a negar nada.

Su cara expresó una satisfacción que se me hizo extraña, como que había ganado algo que yo no me imaginaba. Después me miró a los ojos y me dijo:

-Quiero cogerte.
-¡¿Quéeeee…?¡¡¡
-Quiero meterte mi pene…
-Pero estas loco, soy tu madre.
-Mira que le doy las fotos a papa.
-Yo soy tu madre, como vas a querer hacerme eso.
-Pero si no lo haces le digo a papa, y de verdad lo voy a hacer.
-por favor Gabriel, hijo mio, no hagas eso, papa se puede enojar y mucho conmigo, se y ni se las muestres…
No tenía otra escapatoria que ofrecerle un regalo que le gustara un montón, la bicicleta que tanto quería se la podía dar yo. Me dijo que mi hermana se la había comprado esa tarde.
-Por favor Gabriel, mi vida se destruye si papa se entera.
-Solo te estoy pidiendo una cosa muy fácil para ti-Me dijo mientras acariciaba mis muslos, muy cerca de mi entrepierna.
-Anda, dime que sí. Muchos hombres afuera quieren estar contigo, pero yo voy a ser el único.
-Pero Gabriel, no esta bien que me pidas eso.
-Entonces le voy a decir ahora mismo a papa que vea esto-Me dijo mientras se levantaba.
-¡Nooo…¡
-Sueltame, mi papa va a saber.
-Espera.
En un momento de desesperación lo tomé de la mano y le dije:
-Primero anda a ver si tu papa sigue dormido…
Esas fueron las palabras que cerraron mi entrega total a cambio de un silencio del que dependía mi vida. Me dijo que venía enseguida, como cuando se iba a comprar algo a la tienda. Sentí un gran alivio cuando se fue a ver si mi marido estaba bien dormido. No sé como explicarlo pero al mismo tiempo sentí que se me cargaba otra cruz que tenía que padecer.
En esos escasos momentos mientras esperaba que regresara no sabía cómo era que había aceptado dejar que se acueste conmigo. Escuché sus pasos de regreso, sigilosos y casi imperceptibles, se abrió la puerta de nuevo y yo estaba en la cama esperando.
-Ya lo ví, esta durmiendo, no se va a dar cuenta…
-Gabriel no sé…
Ya estaba embarcada en eso y no había marcha atrás, me sentí muy angustiada por lo que iba a hacer y lo cierto es que quería que pase rápido. Llegó y se echó en cama como si nada hubiera pasado, como si no me estuviera chantajeando.
Si quieren que les escriba que siguió pasando, ese y los días siguientes, escríbanme sus comentarios y valoren el relato…