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Amantes prohibidos

Miércoles, marzo 6th, 2013

Convivi, y luche por reprimir, durante años de mi vida un deseo profundo, prohibido, secreto. Que quemaba mis entrañas de deseos culposos que tornaron mi vida en un verdadero calvario e infierno. A medida que me alejaba y lo reprimia ese deseo prohibido crecía, se me hacía incontenible y volvia a rruinar mi vida.

Tenía apenas once años cuando desperte sexualmente y comencé a masturbarme. Criado en una familia trabajadora, con altisimos valores y fuertes mandatos me eduque en un severo y estricto colegio religioso.

La culpa inculcada en ambos ambitos me invadía pero no lograba aplacar el placer prohibido que durante toda mi adolescencia ejercite masturbandome. Se hacía un circulo vicioso don del placer y la culpa crecían exponencialmente y libraban una batalla en donde el unico perdedor era yo.

Me converti en un ser solitario, casi sin amigos ni relaciones. Vivia castigandome por la culpa de mi placer secreto y me condenaba al mas ardiente de los infiernos en vida obligandome a estudiar y trabajar hasta el desmayo.

A pesar de los castigos a los que me sometia y la soledad en la que vivia, el obeto de deseo me perseguia incansable y unico.

Así llegue a los 20 años de infernal vida. Incapaz de mantener relación con ninguna mujer y alejandome de cualquier amistad temiendo siempre ser descubierto de tan aberrante deseo.

La relación con mi padre siempre fue lejana, fria, carente de afecto. Autoritaria casi sin palabras.Y asi me gustaba que fuera. Me sentia seguro y distante de no ser descubierto y su exigencia era satisfecha por mi entrega completa y exclusiva a los deberes y a las obligaciones., Mi vida no tenia ni relaciones, ni distracciones ni divertimento. No solo estaba bien visto por mi poadre sino que yo mismo me condenaba a ello- Mi unico y exclusivo placer era el que me atormentaba.

Mi madre era una mujer sumisa, temerosa de mi padre y entregada exclusivamente a sus ordenes, deseos y mandatos. No tenia ni vida ni deseos propios. Ante de emitir o luego de decir palabra alguna se sometia temerosa a la aprobación de el. Muchas veces veía como la humillaba y ella aceptaba absolutamente todo sin decir absolutamente nada. Su rostro reflejaba permanentemente un gesto de miedo y amargura de infelicidad total. Era hermosa. Rubia de ojos verde con un cuerpo perfecto pero no lucia nada. Opacada totalmente, descuidada, mal vestida con ropas antiguas que la ocultaban. Simulaba una vejez inexistente pero al mismo tiempo se sentia a salvo y protegida de no generar ningun enojo a mi padre. Todo ese camuflaje se tornaba radiante de amor en los momentos de soledad en que a veces nos encontrabamos y que ella aprovechaba para demostrarme cariño y amor infinito. Su rostro se transformaba en radiante, joven y hermoso al mirarme. Nesecitaba de alguna manera demostrarme su amor pero yo se lo impedia instantaneamente convirtiendome en un ser peor que mi padre despreciándola y jamas retribuyendole nada de el cariño que me profesaba. Al contrario. No podía dejar de sentirme mas seguro que despreciandola permanentemente. Realmente hacíamos que su vida fuera miserable.

Cuando cumpli los veinte años senti que me era imposible seguir asi y decidi buscar trabajo en el interior, lo mas lejos posible y manteniendo apenas contacto con mis padres.
Mi padre aprobó y apoyo mi desición. Mi madre ya no podía ocultar su dolor a pesar de mi desprecio. El unico sentido que le encontraba a su vida era mínimo, solamente observarme diariamente, se esfumaba, lo perdia y sin ninguna certeza de cuando recuperarlo.

Asi fue que me entregue a la dura y disciplinada vida de campo en una estancia perdida en el medio de la pampa mas desolada. Comencé como peón rural, trabajando duramente y aprendiendo todas las diferentes actividades totalmente alejado de la civilización, a varios kilometros del pueblito mas cercano y varios cientos de mi familia.

Esa vida buscada fue mi mejor guarida. Me dedicaba nada más al duro trabajo y a perderme en mi oscuro secreto en la soledad del intimo descanso. Semanalmente recibia correspondencia de mi madre. Hermosas cartas llenas de hermosas palabras de amor. Imaginaba que en esas cartas habia descubierto el sentido de su vida. Jamás una carta de mi padre. En una sola carta mensual mi madre me contaba escuetamente algo sobre el que nunca sobrepasaba la formalidad y la obligacion de decirme que estaba bien y me queria en apenas dos lineas. Esa dos lineas que yo automaticamente cortaba, para guardar y atesorar junto a las otras unicamente el contenido exclusivo para mí. Mi escueta fría y obligada respuesta se producia bimestralmente en apenas tres o cuatro lineas formales y carentes de sentimiento. Apenas la certeza de estar bien de salud y trabajando a pleno.

Cinco largos años pase alli aislado sin retornar que me convirtieron en el mejor y de mas confianza empleado. Mi sacrificio y entrega me convirtieron en Capataz logrando algunos privilegios no deseados pero bien ganados y merecidos.

Pasé a vivir a una enorme casa perfectamente aislada pero preparada para alguien que viviera con numerosa familia. También si era mi deseo contab con más días libres pudiendome ausentar si lo deseara. Disponía también para mi uso de una vieja pero muy bien mantenida Camioneta que me servia para el trabajo y para ir a comprar las provisiones al pueblo, tarea que tambien era una de mis obligaciones.

En los periódicos y habituales viajes al pueblo entable relación con una mujer diez años mayor, viuda sin hijos y empleada del almacén de ramos generales donde me proveía del 90 por ciento de los suministros necesarios. Indudablmente habia ganado la atraccion y la simpatia de la mujer que la hacia inocultable. Siempre me atendia con esmerada calidez, celeridad y eficacia teniendo todo siempre listo exactamente a mi punyual y precisa llegada, lo que generaba ganar algunos minutos par entablar conversación más intima y personal. Al comienzo me resulto dificil acceder a un minimo de relación. Pero poco a poco su amabilidad y dedicación fuero derribando esa barrera inexpugnable que yo generaba.

Casi dos años despues de comenzada esa particular relación se animó a invitarme a concurrir juntos a la fiesta trdicional gaucha que celebraba el pueblo anualmente. Venciendo mi natural resistencia accedi con esfuerzo. La primera salida al pueblo por diversion en siete años se iba a producir.

Mi casa contaba con cuatro habitaciones pequeñas con cama individual, un dormitorio matrimonial mas amplio con un pequeño baño, otro baño mas grande para las otras habitaciones, un generoso comedor y una gran cocina. Yo solo ocupaba una de las habitaciones chicas, el dormitorio listo y preparado pero sin uso, utilizaba el baño grande y mantenía clausurados y cerrados los demas cuartos. No usaba el comedor haciendo que mi mundo fuera exclusivamente la cocina, mi cuarto y el dormitorio que escondía mis oscuros deseos.

Durante la muy linda fiesta gaucha la señora me dipenso un trato tan amable, cariñoso y total que fueron desnudando poco a poco mi contenida comodidad y gusto. Tambien desperto un deseo que fue pergeñando minuciosamente un enfermizo plan. Sabiendo a la señora totalmente entregada a mis deseos finalize la jornada invitamdola a pasar la noche a mi casa.

La sometí a mi oscuro plan asegurandole que era la unica manera posible de profundizar la relación y haciendola jurar bajo amenaza a mantener absoluto secreto. Accedio y le enseñe y aprendio el guionado papel que debia representar y las palabras que debia decir. Sorpresivamente tomo con agrado la idea y la ejecutamos a la perfeccion. Pude gozar por primera vez en mi vida el tener sexo co una mujer que el que ella lo hubiera gozado tanto potencio mucho mas el placer. Mi deseo prohibido era parcialmente gozado fisicamente y tan placenteramente compartido que se convirtio en necesario habito que la señora termino conviviendo conmigo, adoptando su perverso papel. Ella viviendo en el dormitorio y yo en mi habitación encontrandonos secretamente en la profundidad de las noches.

Unos pocos meses despues de cumplidos mis 28 años , un año de convivencia con la señora y larguisimos ocho años de mi separación familiar, una carta de mi madre transformo totalmente mi vida. En ella me anunciaba la muerte de mi padre en un accidente laboral y rogaba mi urgente y necesaria presencia. Anoticié a mis patrones y pedi una semana de licencia a la que generosamente accedieron. Envié a la señora a su casa en el pueblo y tan pronto pude armar un pequeño bolso emprendi el retorno.

Llegue cuando todo ya habia terminado. Fui directamente a mi casa y me fundi en un abrazo jamas realizado con mi madre que con dolor y tristeza me dio los detalles de la perdida. Las muestras de dolor no ocultaron que se percibia otra mujer distinta a la conocida. La muerte de mi padre era el nacimiento de una nueva mujer en mi madre. Y el paso del tiempo acentuaría y confirmaría esa incipiente sensación.

La mañana siguiente a mi arribo me encontró frente a una mujer segura y decidida. Temprano en el desayuno compartido y sin demostrar sentimientos comenzó, para mi sorpresa, a dictarme mientras me anoticiaba mis nuevas responsabilidades y obligaciones como nuevo jefe de la familia. No pude llegar a expresarle mi deseo de invitarla a una nueva vida acompañandome en el campo. Enseguida iba a comprender tambien que era totalmente innecesario.

Durante los años de mi ostracismo una serie de hechos fortuitos sumados a la sacrificada y dedicada vida de mi padre consagradas a su trabajo lo habían convertido en el único dueño de la fabrica en la que comezó a trabajar apenas había cumplido los quince años y a la que consagró su vida casi religiosamente.

Su trágico fallecimiento dejaba en mis manos una comercialmente exitosa planta productiva con mas de un centenar de empleados a cargo y millones en ganancias, además de varias propiedades inmuebles y una lujosa casona a estrenar en un exclusivo barrio de las afueras, al que solo accedían los empresarios más poderosos.

Mediante telegrama comunique mi renuncia a mis patrones manifestandoles tambien mi eterno agradecimiento por esos años sin mas detalles. No sentí comunicarle nada a la señora.

Con la colaboración inestimable del gerente financiero y hombre de confianza de mi padre asumí responsablemente el mando de la fabrica. En poco tiempo me converti en el lider y hábil conductor con nueva y creativa visión y lograba un vital y positivo crecimiento aún mayor del negocio.

Instalado ya en la nueva residencia junto a mi madre y el personal doméstico necesario para tan imponente espacio comencé a disfrutar esta nueva vida a la que habia nacido un hombre nuevo. Pleno, feliz los oscuros fantasmas me habían abandonado y me permitía desarrollarme como una nueva persona.

Durante muchos meses mi vida transcurria normalmente, disfrutando a pleno mi trabajo y los logros que generaba y el poco pero valioso tiempo en mi nuevo hogar en donde disfrtutaba el nacimiento de una nueva mujer en mi madre que se transformo en una mujer hermosa que lucía y exhibia sin pudores y con excelentes prendas de calidad y diseño exclusivo, su perfectamente cuidado cuerpo. La personalidad que libremente ahora aflorada y el look adoptado devolvían la imagen de una deseada mujer que aparentaba apenas superar las cuatro decadas cuando ya había superado los 50.

La cercanía del fin de año y la llegada del verano trajeron un cambio de actitud apenas perceptible en mi madre cuando día tras día comenzó a sorprenderme con distintas propuestas veraniegas. Todos los días me mostraba hermosos destinos de mar y playas para disfrutar merecidas vacaciones y dejando la elección final a mi criterio. Lo que en principio fue una ligera incomodidad que no descubría el origen fue dejando más rapido que lentamente lugar a sensaciones no deseadas. los viejos fantasmas olvidados comenzaban a surgir derribando las concientes barreras que en vano intentaban impedir su arribo. El deseo prohibido tornaba en obsesión galopante que inhibia cualquier distracción. Por las noches me dejaba invadir por el deseo que se paseaba en busqueda y gozo de todo tipo de material porno que la web ofrecía infinito, dando rienda suelta al placer oscuro y secreto que aceleraba los pensamientos más prohibidos que me dominaban y se hacían incontenibles. El último mes del año y su calor me hicieron abandonar y programaar sin descuido y calculadamente dejar por completo las horas de trabajo para entregarme por completo y exclusivamente al placer que mi hogar me brindaba secretamente. Mi madre inocente celebraba mi descanso de tanto trabajo y crecía e intensificaba sus propuesta de placenteros días juntos en paradisiacos paisajes sin sospechar ni imaginar el monstruo perverso que que originaba y que avanzaba irremediablemente descontrolado hacia su oscuro, perverso y prohibido objetivo.

El día nos encontraba en el disfrute del sol y la piscina. Su cuerpo bronceado y provocativamente sexual apenas cubierto con minimas y adolescentes bikinis jamas imaginadas aceleraban el accionar del deseo. Las noches infinitas de consumos prohibidos ideaban planes minuciosos y perversos decididos a realizarse La mente ya no producia reparos ni culpas para reprimirse.

Las revistas prohibidas de historias perversas dedicadas unicamente a relatar mi deseo secreto deliberadamente abandonaban su escondite para descuidadamente ser descubiertas como señales. El silencio y la nada disimuladas eran la respuesta que conseguia y despejaba el camino del proximo y provocativo paso.

Había soñado y fantaseado cientos de miles de veces con lo que ya estaba ejecutando.La excitación y el deseo apenas contenidos me desbordaban entrando a la habitación de mi madre aprovechando la soledad de su ausencia. Revisaba tembloroso sus cajones que atesoraban sus prendas mas deseadas e intimas. Las acariciaba y olfateaba enfermizamente una por una en busqueda del aroma que me inmovilizara. Hurgaba todo y gozaba el frotamiento con mi cuerpo desnudo de las finas prendas de lencería fina. Me revolcaba en su cama sintiendo su olor abrazandome sexualmente a sus prendas mas provocativas. En esa ceremonia placenteramente enfermiza una de mis manos descubrio entre las sabanas la prenda mas deseada. Una minima tanga transparente y aun mojada me entrgaba su sexo animal en aroma que se apoderaba de mi pija erecta abrazandola en una paja soñada. Mis liquidos de placer varonil desbordaron e inudaron completamente la tela mezclandose en una danza perfecta y perversa con los restos de sus jugos intimos impregnandola toda de inconfudible y prohibia combinación de aromas. fundidos en un unica y prohibida union de macho y hembra.

Temblando de placer cuidadosamente acomodé todas las prendas en su lugar correspondiente ahciendo lucir insospechado el oscuro acontecimiento. Solo quedaba mi aroma inconfundible en las sabanas y su bombacha violada bajo la almohada como final y unívoca manifestación de deseo ya imposible de ser ocultado y su necesario descubrimiento.

Cuando llego mi madre de su paseo de compras yo la esperaba impecable y perversamente distraído simulando una distraccion perfecta que no presagiaba nada. Feliz me mostraba sus novedosas adquisiciones que mi mente apenas dejaba ingresar dominada por un unico y vicioso pensamiento. Al subir a su habitación a ducharse y cambiarse mi corazón palpitaba placer pervertido esperando ansioso la mutua promesa de pronto encuentro ala hora de la cena señalada.

Veinte minutos de atraso me impacientaban. Un largo, que se hacia eterno, rato llevaba ocupando mi lugar en la mesa con la mirada fija y deseosa en el espacio que se tornaria en su cuerpo deslizandose como nunca jamas antes deseado a mi encuentro definitivo. Naturalmente desnuda de colores artificiales, sonriente y descuidada, luciendo bella, infinitamente deseable y que casual pareciera esa prenda final que simulaba vestir transparentando su cuerpo desnudo debajo que me sorprendia y paralizaba. Intentaba descubrir alguna señal que me indicara algun efecto o deseo provocados pero su naturalidad cotidiana todo lo ocultaba. Nada indicaba lo que el indefectible descubrimiento provocaba.Esa actitud normal e indescifrable conjugaba junto a ese sexy camison único en el disparador perfecto para descontrolar aun mas mi deseo.

El indisimulable nerviosismo de mi deseo dejo disimularse con su cordial y tranquila charla. Comimos normalmente mientras insistia en que acelere una definición urgente de alguna de sus propuestas vacacionales. Apenas el personal retiraba el final de nuestra cena me indico su cansancio y me invito a acompañar su retirada. En el pasillo que separaba por las noches nuestras vidas y unia nuestras moradas me pidio con un gesto lo que su dolorido cuello necesitaba. Silenciosa, energica y sensualmente comence con mis manos a masajer su cuello. El masaje nos fue internando lentamente dentro de su habitacion y directamente a su hacia su cama.

Mis manos desde el cuello fueron adueñandose de su espalda incrementando y liberando deseo que provocaban un leve susurro de placer que disimulaba asintiendo el placer inocente que el masaje solo provocaba. mi cuerpo fue trepando sutilmente el suyo con mi pierna como primera avanzada acariciando la suya. Instantaneo contacto hacía mi sexo indisimulablemente erecto entre sus nalgas y mi boca y lengua dulcemente salvajes en su cuello mientras mis manos abrazadoras se deslizaban buscando esos erectos pezones que coronaban sus tetas deseadas. Su cuerpo contorsionaba movimientos de placer que gimientes palabras negaban reflejando lo prohibido aullando que finalizara.

Jadeantes de deseo nuestras voces luchaban una perdida e infructuosa batalla. Ella pronuciando el vínculo que prohibia y yo señalando el amor y el secreto eterno que nos unía. Darla vuelta firmemente debajo mio inmovilizandola acalle en un beso apasionado la tibia y forzada resistencia dejando todo expuesto y liberdo al deseo que surgiría pleno, salvaje e inmediato e irresitiblemente a su máxima potencia animal y única.

Totalmente entrgada la obligue a que rogara en un grito que la cogiera y fuera el macho que la hiciera por fin su hembra despues de tragarme con mi boca los jugos de un inolvidable y unico primer orgasmo que su concha explotaba a mjerced de mi lengua. La monstruosa cogida generada provoco miles de polvos eternos. Mi leche infinita desbordaba los aullidos que llenarla por completo solicitaban.

El placer unico e infinto detuvo el tiempo. Madre e hijo convertidos en perfectos y eternos amantes de placeres secretos y prohibidos unidos para siempre en pareja completa como Hombre y Mujer fundidos en el placer mas poderoso y unico de un amor tan total como prohibido.

Como fue que me entregué a mi hijo…

Miércoles, marzo 6th, 2013

Una amiga me contó en una oportunidad que había tenido sexo con su hijo y me horroricé…

– ¿Pero como pudiste hacer eso…? Recuerdo le pregunté en el colmo de la incredulidad…

Hoy me encuentro en una situación similar y me hago la misma pregunta… ¿Cómo pudo ocurrirme? ¿Por qué extraña razón me conmoví al ver a mi hijo desnudo? ¿Fue su enorme y hermoso falo el que me movió a tal hecho? ¿La falta de sexo? Tantas cosas…

Todo ocurrió en el verano… Fuimos con Gabriel, mi hijo, al Uruguay de vacaciones. Soy madre joven, apenas le llevo a mi niño 16 años… eso lleva casi siempre a la confusión porque yo aparento tener menos edad de la que tengo y el más de la que tiene; ergo parecemos novios. Nos llevamos a las mil maravillas y nos comprendemos solo con mirarnos, eso nos da mayor alegría y diversión cuando salimos de parranda juntos… Tenemos una forma de ser que hace que congeniemos. A raíz de esa compenetración sucedió lo que paso a relatar…

Regresábamos de un bailable alrededor de las cuatro o cinco de la mañana, tras pasar una magnifica y divertida velada, cuando sin proponérnoslo nos cruzamos en el mismo lugar… el baño… El con una toalla en la cintura y yo con una bata de toalla… los dos con intenciones de bañarnos antes de acostarnos y porque no decirlo de hacer alguna necesidad fisiológica.

– Pasa vos, ma… yo espero…

– No Gaby, entra vos y yo voy a calentarme un café…

– -No mami… primero vos…

– No seas tonto…

– Dale… yo hago pis y te dejo el baño…

– Bueno… Está bien…

El giro sobre sus talones y quitándose el toallón encaró su pene hacia el inodoro, sin darse cuenta que desde donde me hallaba podía ver perfectamente lo que hacía…

“No puede ser…” pensé al ver las dimensiones de la “manguera” de mi hijo… “es enorme” “Que pedazo de verga que tiene el wachito”

Ensimismada en mis pensamientos y “tildada” mi vista en esa impresionante pija no me di cuenta que ya no orinaba, y tampoco de que el muchacho me estaba mirando… Absorta contemplaba ese enorme y grueso falo… Nunca había visto algo semejante… Y sin desearlo mi conchita empezó a mojarse… Una extraña picazón se apoderó de mi sexo… necesitaba masturbarme con urgencia… quitarme esa calentura que me estaba invadiendo…

Sin meditar lo que hacía me dirigí a la ducha en tanto me quitaba la bata toalla. El muchacho quedó tan tildado como yo… primero me miró las tetas al pasar a su lado y luego su vista se perdió en mi culo… Pero caliente como estaba en lo único que pensé era en echarme agua… y así lo hice…

Al ver mi cuerpo desnudo él tuvo la misma reacción, su verga se puso rígida, dura como un fierro y adquirió una dimensión impresionante… Su calentura le voló los sesos y sin pensar se metió en la bañera a remojarse…

Dos personas en un espacio tan reducido a la corta o a la larga tienen contacto físico. Y eso llegó.

– ¿Queres que te jabone la espalda? – su voz sonó entrecortada falta de resolución, dudosa… anhelante…

– ¡Dale! – ahora fue mi voz la que sonaba quebrada… Los dos tratábamos de disimular la calentura que nos habíamos agarrado al ver nuestras partes al desnudo…

El fue a tomar el jabón y sin desearlo su miembro, erguido a full, hizo contacto con una de mis nalgas…

– Ahhh… exclamé entre sorprendida y deseosa cuando ese roce me produjo como una chispa en el glúteo.

– ¡¡Ohhh!! – exclamó él ante ese contacto…

Su mano no había llegado a tomar el jabón por lo que reiteró el movimiento…

– Hummm… ahhh… exclamé cuando su verga resbalando por la nalga me ingresó en la raya del culo…

El sorprendido por el hecho soltó el jabón el cual cayó a mis pies. Sin medir las consecuencias en forma automática incliné mi cuerpo estirando mi brazo y mi mano para recogerlo del piso de la bañera. Su verga no abandonó la raya del orto…

Al inclinarme mi chochita fue en busca de la cabeza de su pija… Todo ocurrió en centésimas de segundo… El enorme glande se apoyó en la entrada de mi vagina, y el impulso que mi cuerpo llevaba para inclinarse hizo el resto… Como una bala atravesó la puerta de la concha y se fue para dentro…

– Ahhh… ahhh… ahhh… bramé al sentir la entrada…

– ¡¡Uyyy!! – Dijo él e involuntariamente empujó su pelvis hacia delante…

– Ahhh… me… entró… ahhh… uuuhhh… que… grande… que es… – más de la mitad de la pija se fue para adentro…- uhhh… siii… ponémela toda… – exclamé sin poderme contener…

Y el lo hizo. Un empujón y todo ese enorme pedazo de carne se enterró en mi cuerpo sacudiéndome y provocándome un shock… Tembló todo mi cuerpo, mi concha se abrió desmesuradamente y absorbió ese falo gigantesco en su totalidad… mis rodillas se aflojaron y me tuve que sostener de la pared… El pendejo caliente como pava de lata comenzó a mover todo ese instrumento en mi interior, lo hacía girar, lo sacaba hasta el glande y lo enterraba de nuevo… Ante ese terrible ir y venir de su grueso glande frotando el interior de mi argolla no pude sustraerme ni por un minuto del placer que me estaba brindando… y eso se reflejó prontamente en los orgasmos que me sacudieron ininterrumpidamente…

– Ahhh…me voooyyy… uhhh… siii…

El redoblaba el esfuerzo y minutos más tarde…

– Uhhhyyy acabooo de nuevo…ahhh…

Nuevamente su pija tomaba ritmo, su glande entraba y salía, mi concha se abría y cerraba a su paso… y yo temblando, totalmente entregada, empecé a decirle que si a todo lo que me preguntaba…

– ¿Te gusta como te estoy cogiendo? ¿Viste que hermosa pija te estás comiendo? ¿Me vas a dejar que te chupe la concha? ¿Estas hermosas tetas son para mí? – y yo decía Si… Si… Gozando como estaba ni escuchaba lo que preguntaba… Por eso no preste atención cuando dijo…

– Me dejas que te rompa el culo…

– Si… Si… rompémelo todo… contesté. Estaba agotada… respiraba agitadamente… apenas podía sostenerme parada…

El sacó la pija de mi concha y la dirigió a la entrada de mi trasero… Cuando lo sentí apretarse contra mi virgen agujerito un sudor frío recorrió mi espina dorsal… y una explosión de estrellas multicolores estallo en mi cerebro cuando el glande me lo partió sin ninguna misericordia… Las piernas se me aflojaron. El me sostuvo durante unos instantes y al notar que mi peso era mucho giró medio cuerpo y se sentó al borde de la bañera… Mi culo, abotonado a su verga, lo siguió en el movimiento. Pero cuando el terminó de sentarse mi cuerpo aún estaba en el aire. Motivo por el cual siguió su camino hasta lograr el apoyo. Resultado… la verga se enterró hasta los huevos en mi orto. Freno su entrada cuando mis nalgas hicieron contacto con sus muslos.

Ya no sabía ni como me llamaba. El terrible pedazo me había destrozado el culo y hundido profundamente en mis entrañas. Estaba empalada a esa pija y no podía moverme de tan adentro que la sentía.

Entonces me comenzó a mover hacia arriba y me dejaba caer a lo largo del mástil el cual se enterraba resbalando por todo el interior de mi pobre culo…

Tanto va el cántaro a la fuente… Por fin eyaculó. Recibí la ola de semen caliente en el orto como si fuera el maná en el desierto… Me desabotoné 15 o 20 minutos después… aún me temblaba el cuerpo…

Me ayudó a llegar a la cama e hizo que me recostara… caí cuan larga soy. El tomó mis piernas, las abrió y las puso al hombro… Yo estúpidamente lo dejaba hacer… mi mente no funcionaba a la velocidad requerida… y él se aprovechó de esa circunstancia. Con mis piernas en sus hombros mi concha quedó entregada a su merced. No dudó ni un instante.

Me enterró la pija hasta el fondo. A partir de ese momento solo el gozó del sexo…Me hizo lo que quiso y cuanto quiso… Me lleno de leche la concha y el culo… y el tercer polvo me lo hizo tragar…

Tras tomarme todo su semen se recostó a mi lado y ambos nos quedamos profundamente dormidos…

Cuando me desperté el aun permanecía dormido…Tropezando y arrastrando los pies llegue al baño y me di una profunda remojada para espabilarme…Tras la ducha, aún temblando, me dirigí a la cocina donde calenté café. Estaba física y mentalmente destruida. Me había cogido a mi hijo… y lo que era peor… ¡¡lo gocé y deseaba más!! El solo pensar en las dimensiones de ese pene ya me ponía cachonda… En medio de ese instante él apareció en la puerta de la cocina… Miré su entrepierna y gemí, rogué…

– Gaby… dejame chupar ese hermoso pedazo…

No se hizo rogar más… se acercó y me dejó que lo chupara a mi antojo…

Desde entonces mi hijo es mi amante… Se que esta mal… pero es hermoso sentir todo ese miembro en mi cuerpo… y cuando me llena de leche… más hermoso aún…

Mi madre Por Puta se hizo follar

Domingo, diciembre 25th, 2011

Hola como estan esta es una historia real cuando cogi a mi madre folllando con mis de colegio por razones de seguridad no dare el nombre del colegio ok .

A mi me gustaba llevar a mis de cole a hacer los deberes a mi casa pero nunca pense que pasaria lo que les contare.

Mi madre es una mujer hermosa ya que siempre anda cuidándose las medidas de mi madre no se pero mas o menos son 94 61 94 es peliteñida a rubia (se hiso pintar el cabello color rubio) todo empezo cuando lleve a mi amigo de colegio se podria decir al mas cerebro de mi curso tambien al mas pillo para que me enseñace matemáticas pero cuando llegamos a casa y después de la merienda mi madre me dijo que tenia que ir a la casa de mi tia que no me llevo bien asi que me sali de casa pero no fui mi madre dijo que le atenderia a mi amigo que no me preocupara y que no me apurara por que me convenia que el haga los ejercicios de la tarea eso me gusto que haga los ejercicios asi que fui pero no llegue a la casa de mi tia y me di media vuelta con rumbo a mi habitación para esconderme y que mi amigo terminara la tarea pero grande fue mi sorpresa y el morbo que tuve cuando vi a mi madre bailando para mi amigo una danza erótica casi desnuda mi amigo como no era santo se acerco a mi madre y le saco de un estiron las bragas de hilo que llevaba mi madre estaba ahí frente a mi amigo totalmente desnuda y mi amigo sacanse el pantalón una ves que mi amigo se saco el pantalón y sus calzoncillos mi amigo le agarro la cabeza a mi madre y la llevo directo a su polla y mi madre complacida le dio una mamada a la que mi amigo le agradaba ya que mi amigo se estaba aguantando las ganas de gemir una ves que mi madre termino de hacerle la mamada a mi amigo lo hiso sentar en el sofa mi amigo apoyado en el espaldar con su polla parada mi madre se acerco a el y se sento de un golpe sobre la polla de mi amigo mi madre se lo monto a mi amigo asi estuvieron casi media hora ya que supuestamente tenia que regrasar mi amigo agarro la tanga de mi madre y la puso a su mochila y le dijo que era para recuerdo suyo y que pronto recibiria mas visitas suyas por que estaba dispuesto a todo y que era problema de mi madre como se arreglaba para que yo su hijo saliese de la casa mi madre se puso la falda y su blusa y se fue a su habitación yo llegue a los 20 minutos de lo que ocurrio yo me quede tarumado por lo que vi no pense que mi madre lo hiciese con uno de mis de colegio asi que esa noche no pude dormir bien pensando en lo que habia pasado.

Al dia siguiente fui al colegio (les contare como novela para que entiendan Daniel soy yo mi madre se llama Estefanía y mis estaran como amigo1 ,2,3,4 etc) asi que llegue al colegio y mi amigo1 que habia ido a casa dia anterior me llamo y me dice que hoy esta libre todo el dia que si queria podria ir a enseñarme matemáticas y química.

A lo que yo acepte en el recreo mi amigo hablaba con casi todos los hombre s de mi salon y todos mis otros empezaron a mirarme raro. En la tarde ya en mi casa:

Estefanía: hijo sabes nesecito que vayas donde tu tio y tarigas unas cosas que te dara y me los traes y al llegar los dejas en la cochera.

Yo: Esta bien mama te las traere saldre de una ves bye mama

Mi madre salio a despedirme a la puerta junto con mi amigo mientras mi madre me decia y me levantava la mano para despedirme mi amigo le frotaba las nalgas me di cuenta por la reaccion de mi madre doble la esquina y mi madre cerro la puerta y rapidamente me fui por la puerta del jardín y entre y mi amigo estaba hablando con mi madre y le dijo que uno de estops dias tendremos una fiesta que si estaba de acuerdo.

Amigo 1: oye Estefanía el sabado tendremos una fiesta queres ir

Estefanía: claro pero quienes estaran.

Amigo1: todos los hombres de mi curso

Estefanía: pero como les dijiste a tus otros compañeros que van a pensar de mi.

Amigo1:lo que yo pienso de vos que eres una puta muy buena y ahora quiero follarte salvajemente.

Entonces mi amigo se acerco a mi madre y le rompio la blusa de un tiron y lugo la tumbo y le quito el pantalón y las bragas y la hiso caminar por toda la casa a mi madre desnuda fueron a la cosina y sacaron una berenjena del refrigerador y se la dio a mi madre y le dijo que se masturbara y mi madre lo hiso con gusto mientras mi amigo le sacaba fotos con su movil una ves que mi madre se corrio mi amigo se acerco a ella le dio la vuelta y le trato de follar por el culo mi madre se resistio pero mi amigo le gano.

Estefanía; oye que te pasa soy virgen del culo.
Amigo1: y eso ami que me importa yo lo hare por donde yo quiera entonces la tiro al suelo y se la metio mi madrte se aguantaba el dolor para que no le escuchase ningun vecino mi amigo termino en el culo de mi madre se cambio agarro las tanguita de mi madre y le ordeno que se vistiese y le dijo que el sabado queria verle en la fiesta en la casa de mi amigo2 y le dio la dirección y se fue y antes de cerrar la puerta le dijo.

Amigo 1: y decile a tu hijito que no llegaras a dormir, y si te faltas todo el colegio lo sabra y ya te imaginaras donde quedara la reputación de tu hijo.

Llego el sabado me aliste y le dije a mi madre que saldria con mi novia pero no era asi.

Estefanía: ahh hijo esta noche no vendre a dormir por que mis amigas me invitarona una pijamada en la casa de una de ellas.

Yo: esta bien mama pero no tomes mucho ok me despedi y me fui a la casa de mi amigo a esconderme para que nadie me vea.

A eso de las 10 de la noche mi madre llego con una bolsa en la que llevaba ropa y vestida de una forma sexi llevaba una minifalda megra de cuerina y un top que apenas le cubrian los pecho en la casa estaban mas o menos 15 hombres de mi curso.

Mi madre se asusto y dijo que eran muchos.

Amigo1: tu estaras dispuesta a todo esta noche si no te ira mal y al acabar de decir eso mi otro amigo aseguro la puerta con llave.

Entonces todos mis se abalanzaron sobre mi madre destrozándole la ropa que llevaba puesta hasata dejarla en bragas por que no llevaba sujetador a lo que se para uno de mis y dice

Amigo 3: esta es una puta de verdad por que miren la tanguita que se lleva puesta y era un hilo dental por adelante y por atrás

Amigo4: esta noche sabras lo que es tener sexo (le dice mientras se acercaba a mi madre) ya bastante cerca le agarra la tanga a mi madre y se las rompe de un jalon provocándole dolor a mi madre.

Entonces mi amigo 4 la agarra de la cabeza y la lleva directamente a su pene para que se la mamase mientras mis se desnudaban después de que se la chupo a mi amigo la tendieron a mi madre en el piso y empezaron a follarsela sin compasión habian penes de todo tamaño pero el mas grande era el de mi amigo 5 que le hiso gritar a mi madre por que seguramente le hacia daño luego de qu terminaron todos dentro de ella el coño de mi madre era una pila de semen y estaba super dilatado mi amigo6 se dio cuenta y dijo

Amigo6: miren el coño de esta mujer “miren entra mi mano entera y se la metio a lo que mi madre reacciono encorvando su cuerpo y no se que digan ustedes pero yo no pienso dormir teniendo una mujer asi a mi disposición.

Mi madre sin fuerzas tirada en el piso y sin hablar solo queriar retirarse pero mis no la dejaban asi que empezaron otra ves a follarse la por el coño mi madre tenia orgasmos a montones hasta que uno de mis sugirió darle por el culo.

Amigo1: si es buena idea yo se la estrene la anterior ves y esta estrecho traigan vaselina le dieron la vuelta a mi madre mi madre no tenia fuerzas para resistirse asi que aguanto todo ivan pasando uno por uno por el culo de mi madre el ano de mi madre estaba roja se podia ver desde donde yo estaba todos terminaron de follarsela en el ano de mi madre mi madre parecia que no estaba en si asi que la sacaron al jardín y la botaron a la piscina mi madre se estaba aogando pero la sacaron toda mojada dejémosla que descanse la dejaron tirada en el jardín y se sentaron alrededor de ella y se pusieron hablar de sus fanatsias sexuales que tenian cada uno y empezaron:

Amigo1 : mi fantasia es tener a una mujer a mi disposición las 24 horas agrego ya la tengo

Todos se rieron.

Amigo2: a mi solo me gusta hacerlo por el culo y ver que una mujer se masturba.

Amigo3 :a mi me gusta que lo hagan delante de la gente.

Y asi fueron contando sus fantasias hasta mi s ultimos .

Amigo12: a mi me gusta zodomizar a las mujeres.

Amigo14: a mi me gusta hacerle porquerias a las mujeres
Amigo15: a mi me gustaria ver que lo hagan con animales

A lo que mi amigo respondio.

Amigo 1: eso le vamos a hacer ahora y de los labios de mama salieron estas palabras.

Estefanía: no por favor ya basata no quiero hacerlo con animales ni bien acababa de decir eso mi amigo el dueño de casa trajo a su perro la hicieron poner de 4 a mi madre sujetándola de pies y de manos y el perro empezo a hacer lo suyo la penetro y la embistio la follada con el perro me éxito muchísimo me saque el pene al ver a mi madre hacerlo con el perro en uno de esos momentos el perro paro y se dio la vuelta y mia dijeron miren es una perra de verdad vamos agamos porquerias sobre esta mujer todos se agarraron la pija y la mearon en la boca y en todo el cuerpo mientras seguia pegada al perro mi madre sufrio arto pero yo disfrutaba de eso no me di cuenta cuando se solto el perro de mi madre solo vi al perro delante mio ladrándome yo con la pija afuera mis viniero y me vieron en esa forma y dijero miren que tenemos aquí.

Amigo 1: para finalizar esdta noche madre e hijo follaran la metieron otra ves a la piscina la sacron mojada yo estaba con la polla dura asi que fue facil de un golpe me mandaron al piso y me acomodaron la polla en el coño de mi madre y me folle a mi madre a la fuerza termine dentro el coño de mi madre y como ya estaba amaneciendo no dejaron a los dos tirados en el césped de la casa mi madre no podia tomarse en pie y me la tuve que llevar en taxi asi desnuda a la casa para que descanse.

Después les contare otra aventura que tuvo mi madre no escarmento lo que le hicieron mis

Que les parecio lo que le hicieron a mi madre después de eso vendimos la casa y nos fuimos a vivir a valencia pero esa ya es otra historia.

Hijo sonámbulo, mamá aprovechada

Sábado, diciembre 24th, 2011

La mujer, de todos modos se acercó para intentar abrirla, pero desistió cuando escuchó el viento silbar con fuerza, no había sucedido nada, sencillamente que la puerta había dado un portazo debido a la fuerte corriente que recorría la casa.
Ligeramente aliviada Marta se dio la vuelta para volver al lugar donde debía dormir aquella noche, se tumbó sobre el sofá y se arropó un poco para no coger frío por el viento que se acababa de levantar, pero otra cosa alteró a Marta de nuevo, unos pasos por el pasillo que conectaba el salón con su dormitorio.
Marta agudizó el oído, ya que los pasos eras muy sigilosos, como si el que los diese estuviese descalzo, pero de lo que no cabía duda era que se estaban acercando, la mujer intuyó que era su hijo, que acostumbraba a salir todas las noches para ir al baño o a la cocina a por algo para comer, pero prefirió permanecer despierta para asegurarse de que era él.
Marta pudo ver desde su posición la silueta de su hijo, era un muchacho bastante más alto que la media, de complexión delgada y piel bastante clara ya que Juan, que así era como se llamaba, no acostumbraba a salir demasiado. Pese a que la oscuridad era bastante intensa Marta logró vislumbrar que la única prenda de ropa que tenía su hijo eran unos slips, lo que le llamó la atención ya que Juan era un chico de lo más tímido.
– La próxima vez que vayas al baño procura dejar las puertas cerradas- dijo la mujer a media voz, pero después de unos segundos no recibió ninguna respuesta.
Marta disgustada de que su hijo lo ignorase se levantó para encender la luz y allí se encontró a Juan, vestido tan solo con sus slips y caminando con los ojos cerrados, su hijo era sonámbulo. Marta no sabía demasiado sobre el tema pero de lo que estaba convencida era de que no debía despertarlo.
La mujer, temerosa de poder alterarlo se quedó quieta en la zona de la habitación donde estaba, observando interesada las reacción de su hijo, ya que nunca había visto a nadie en aquel estado. El chico se movió lentamente por la sala dirigiéndose a la puerta que daba a su dormitorio, pero cuando llegó a la altura a la que se encontraba su madre se detuvo.
Marta trató de apartarse del camino de su hijo lo más lentamente posible para así no llamar su atención y que este siguiese su camino hasta su cama, pero el sonámbulo no pasó por alto la presencia de su madre y estiró sus brazos para poner una mano sobre cada hombro de la mujer, lo que hizo que la se pusiese nerviosa, no sabía lo que una persona podía hacer y eso provocó que su corazón comenzase a latir con fuerza.
Tras unos segundo con las manos cerca del cuello de Marta, Juan comenzó a bajarlas lenta y suavemente, haciendo que la mujer se relajase un poco y comenzase a dar lentos pasos hacia atrás tratando de alejarse de las manos de su hijo, pero la mujer no pudo ya que cuando los dedos del muchacho llegaron a sus pechos no dudaron en darla un apretón bastante fuerte que la obligó a detenerse de nuevo y llevarse las manos a la boca para no gritar.
El chico siguió presionando los grandes, blandos y cálidos pechos de su madre con fuerza durante unos instantes, hasta que finalmente se volvió un poco más delicado, aprovechando la mujer para dar un par de pasos hacia atrás con la esperanza de que su hijo parase.
Juan trató de reencontrarse con las tetas de su madre, pero su intento fue inútil ya que Marta una vez se libró de su hijo se había alejado de él otros cuantos pasos quedando en una posición desde la que podía ver el rostro de deseo de su descendiente y la imponente erección que había crecido entre sus piernas, dejando asomar sobre su slip un grueso pene coronado con un glande amoratado deseoso de sexo.
Marta observó un poco angustiada la reacción de su hijo, que seguía buscando las tetas que había tenido entre sus manos, sabía que si su marido se despertaba y encontraba a su hijo en aquel estado no sería tan precavida como ella, por fortuna Juan tomó el camino de su dormitorio al poco rato.
La mujer se tumbó en el sofá de nuevo unos cuantos minutos más tarde de que su hijo abandonase en salón, pero la costó conciliar el sueño por muchos motivos, primero porque temía que su hijo pudiese regresar sonámbulo, segundo porque se puso a recordar la gran cantidad de veces que ella había oído a su hijo levantarse por la noche, seguramente el sonambulismo era un problema que llevaba arrastrando mucho tiempo y por último no podía dormir porque el sentir las manos de su hijo examinando sus pechos y ver el imponente pene del que estaba dotado le había excitado sobremanera.
A la mañana siguiente a Marta le costó levantarse, ya estaba acostumbrada a perder sueño por los ronquidos de su marido, pero sumarle a aquello el encontronazo nocturno con su hijo había hecho que su cabeza no dejase de funcionar hasta que había caído rendida después de darse un poco de autosatisfacción.
La mujer tan solo despertó a su marido, ya que desde hacía una par de años su hijo le había prohibido terminantemente que fuese a despertarlo, después de que una mañana lo despertase para ir al instituto y se lo encontrase en su habitación desnudo y masturbándose, cosa que le había hecho sentir una gran vergüenza pese a que su madre hubiese insistido en quitarle importancia.
Marta no pudo evitar comparar el pequeño pene que había visto a su hijo hacía dos años y lo mucho que había incrementando su tamaño hasta la noche anterior, pensamiento que la provocó que se volviese a excitar antes de salir de casa y tuviese que pasar por el baño para masturbarse con total intimidad antes de salir al trabajo.
Marta, pese a que trató mantener fuera de su cabeza la cantidad de pensamientos eróticos con hijo como protagonista, no logró centrarse en su ocupación como contable, lo que la hizo tener que soportar una reprimenda de su jefe antes de que se marchase de nuevo para su casa.
Aquel día, tratando de no quedarse sola en casa pensando en lo sucedido la noche pasada, Marta invitó a una compañera de trabajo a comer con ella. Sin duda aquella era su mejor amiga, pese a tener unos 10 años menos que ella se llevaban muy bien y se hacían toda clase de confidencias, pero en aquella ocasión Marta no tenía intención de confesarla los pecaminosos pensamientos que tenía con respecto a su hijo.
– Es algo agotador- le dijo Marta a su compañera Susana mientras la servía un café- no puedo dormir con los ronquidos de mi marido y no sé que hacer.
– ¿Habéis ido al médico?- preguntó la mujer mientras se acariciaba su larga melena de pelo rubio.
– No, él no lo da importancia- respondió Marta.
– Pues debería dársela, no creo el jefe tenga muchos miramientos a la hora de echarte si no te ve más activa- le dijo Susana en tono de advertencia suave.
– He pensado que podría tomar alguna clase de pastilla para dormir- dijo Marta mirando a su amiga, sabiendo que ella solía tomar.
– A mí me van bien, pero no deberías tomar pastillas teniendo otras alternativas- le avisó.
Tal y como Marta sabía, Susana cedió a su petición y le dio un par de pastillas para que las probase, después de que esta la presionase lo suficiente.

Durante la cena Marta trató de mirar a su hijo lo menos posible, sin retirarle la mirada con demasiada rapidez para que no pensase que algo iba mal, la mujer no quería que en plena cena los deseos que se habían despertado en ella la noche pasada se manifestasen ante Juan y su marido.
Como era normal después de meter los platos en el lavavajillas Juan se fue a su habitación dejando a sus padres en el salón viendo la aburrida programación del jueves por la noche, programación que hizo que Joaquín, el marido de Marta se fuese a dormir antes de las 11 de la noche.
Marta aguantó un poco más, pero cuando decidió que era la hora de irse a la cama se dio cuenta de que aquella noche tampoco iba a poder dormir en su cama junto a su marido ya que los ronquidos se escuchaban con nitidez por el pasillo.
Resignada a su suerte Marta se tumbó en el sofá del salón y se tapó con una de las mantas que solía dejar por allí para casos como aquel. Tan solo tardó unos minutos en quedar dormida. Pero el sueño no duró demasiado.
Antes de quedar profundamente dormida escuchó la puerta del pasillo abrirse y tras ella salir Juan, al igual que la noche anterior cubriendo su desnudez tan solo por unas pequeños slips blancos que tapaban su masculinidad. Marta se incorporó sigilosa y comenzó a seguir a su hijo por la casa.
El muchacho no fue a ninguna lado en concreto, sencillamente se dedicaba a dar vueltas por la casa, Marta que pensaba que seguiría un ritmo más o menos fijo le siguió de cerca, pero tomó una distancia un poco más amplia cuando este se giró de golpe y estuvo a punto de chocar con ella.
La mujer no podía parar de admirar el cuerpo de su hijo, era un chico de lo más atractivo, alto, músculos bastante definidos al gimnasio al que acudía desde hacía cerca de un año, y un magnífico pene, en el que su madre no había dejado de pensar desde que lo viese el día anterior.
Verlo y tenerlo tan cerca sin que este fuese consciente de lo que le rodeaba hizo que la excitación de Marta creciese, hasta llegar al punto de no aguantar más y dirigirse al salón para quitarse la ropa sin tener problemas de chocar con su hijo.
Tardó escasos segundos en despojarse de su pijama, quedando completamente desnuda, el cuerpo de la mujer no estaba mal para sus 46 años, tenía la piel clara, el pelo largo y castaño, unos pechos bastante grandes coronados por unos pezones rosados que hasta hacía unos meses habían sido una delicia para su marido, y un sexo grande y rosado que tenía la costumbre de rasurarse desde muy joven.
Marta esperó a su hijo en el salón, no quería abordarle excesivamente cerca de la habitación de su marido, ya que aunque la mujer se hubiese ocupado de darle diluida una de las pastillas para dormir que le había dado Susana no estaba segura del ruido que haría si todo su plan salía como ella tenía planeado.
Juan no se hizo esperar, y en unos pocos minutos inició el regreso hacia su habitación, volviendo a cruzarse con su madre cuando estaba a punto de llegar a la puerta del pasillo que conectaba con su dormitorio, pero había dos diferencias importantes con la noche anterior: no tenía intención de quitarse e iba totalmente desnuda.
El muchacho al detectar el obstáculo extendió los brazos que se colocaron exactamente sobre los pechos de su madre, la mujer encantada con que acertase a la primera con sus senos le agarró las muñecas con cuidado para que no las retirase de allí, según había leído en internet aquella tarde su hijo no debería despertarse si ninguna brusca perturbación alteraba su sueño y Marta no tenía intención alguna de perturbarlo.
– Deja que te baje un poquito esto- le dijo Marta mientras colocaba una de sus manos a cada lado de la cintura del muchacho para comenzar a deslizar con cuidado los slips de su hijo hasta dejárselos a la altura de las rodillas.
La mujer se quedó impresionada con el pene del chico que era notablemente más grande que el de su marido. Marta lentamente estiró sus brazos para acariciar el gran falo de carne caliente y palpitante que tenía ante ella, haciendo que se hinchase aún más, la mujer sabía que aquello estaba enloqueciendo a su hijo porque cuanto más sobaba su pene con más fuerza Juan apretaba sus senos.
La madre, que no quería separase de su hijo ni por un instante le agarró los antebrazos y poco a poco le fue subiendo las manos hasta que estas alcanzaron su cara, la mujer sonrió cuando esto sucedió porque comenzó a agacharse lentamente estando cada segundo más cerca de la gran polla de su hijo, la cual estaba deseando tener entre sus labios.
Cuando su cara quedó a la altura del miembro de Juan, Marta dio un par de lamidas largas, comenzando por las dos grandes bolas que colgaban entre las piernas de su hijo hasta terminar en el gran y húmedo glande del muchacho que soltó un leve murmullo de placer. La mujer al oírlo alzó un poco la cabeza por si lo había despertado, pero seguía con los ojos cerrados.
Pese a que la gran excitación que sentía en aquel momento Marta tuvo el sentido común de hacer descender las manos de su hijo hasta sus hombros antes de meterse su polla en la boca, ya que si su hijo la obligaba a seguir un ritmo demasiado intenso durante la mamada tendría el riesgo de ahogarse y para nada quería acabar así aquella excitante experiencia.
Juan aceptó sin demasiados problemas bajar un poco las manos para dejar a su madre trabajar, metiéndose esta la polla de su hijo en la boca a la primera ocasión, provocando nuevos murmullos de placer por parte del muchacho.
La mujer cabeceó motivaba una y otra vez mientras escuchaba la sinfonía de gemidos que emitía su hijo ante sus habilidades, Marta hacía muchos meses que no hacía ninguna mamada, ni a su marido ni a nadie, pero no tardó en recordar sus mejores técnicas de sedición, provocando que su primogénito no aguantase más de tres minutos antes de soltar todo su caliente esperma en la boca de su madre.
La madre sacó la polla del muchacho de su boca con lentitud para no perder ni una gota de esperma, normalmente no tragaba pero por ser su hijo hizo una excepción y tomó hasta la última gota de semen mientras se acariciaba su húmedo sexo y observaba como el pene de Juan comenzaba a perder volumen rápidamente.
– Esto aún no termina cariño- le dijo a su hijo en un susurro mientras se levantaba después de limpiar con mimo los restos de semen del pene del muchacho- todavía queda mucho que explorar- le dijo mientras sentía la polla del muchacho sobre su ombligo y se dedicaba a lamer el musculado y depilado torso de Juan.
El chico no necesitó demasiadas instrucciones por parte de su madre para comenzar a explorar el cuerpo de la mujer que tenía ante él, iniciando la exploración por la espalda para acabar agarrando con mucha firmeza las blandas y un poco grandes nalgas de Marta que gimió sorprendida cuando notó como el muchacho trataba de introducir un dedo en su ano.
Marta soltó un ligero gemido de gusto cuando notó el dedo índice de su hijo dentro de su culo, su marido siempre había sido excesivamente convencional a la hora de tener sexo y había tenido que ser ella la que se estimulase aquella zona, que en aquel momento lo hiciese su hijo hizo que su excitación siguiese creciendo.
La madre fue notando sobre su estómago como la polla de su hijo se iba poniendo dura a medida que Marta le besaba, mordía y chupaba sus duros pectorales.
– Estupendo- dijo Marta en un susurro mientras agarraba el miembro de su hijo, notando como las manos de este soltaban su trasero al momento, seguramente esperanzado de volver a correrse- creo que es hora de que vuelvas a la cama, pero como soy una mamá muy buena te voy a acompañar.
El chico se dejó guiar con total confianza en su madre, que le tiraba del pene con cuidado, subiéndole y bajándole la piel que cubría su generoso glande, Marta no pudo evitar salivar un poco más de los normal imaginando el orgasmo que estaba a punto de recibir.
La habitación de Juan estaba un poco desordenada, pero aquello no importó a la mujer que agarró la cabeza de su hijo estirando mucho los brazos, ya que este era unos 30 centímetros más alto que ella. La madre no sabía si aquella iba a ser la única ocasión que tendría de tener sexo con su hijo así que tan pronto colocó la cara de su Juan a su altura lo beso.
Se sintió terriblemente desilusionada los primeros segundos ya que su amante sonámbulo no hizo ni un solo amago de devolverla el beso, hasta que finalmente trató de introducir su lengua en la boca de su madre, tarea para la que Marta le dio todas las facilidades del mundo.
Tras un largo beso Marta siguió presionando los hombros de Juan hacia abajo para que este siguiese descendiendo y pudiese explorar el maduro cuerpo de la mujer con su lengua.
Juan se entretuvo un buen rato chupando y succionando los grandes y erectos pezones de su madre que no podía contenerse y gemía bastante más alto de lo que deseaba. La mujer, después de sentir la rápida lengua de su hijo en sus pechos siguió ejerciendo fuerza sobre los hombros del muchacho para que la cara de este quedarse a la altura de su sexo y lamiese aquella zona que tanto placer le daría.
El morbo de tener a su hijo arrodillado lamiéndola su húmeda vagina hizo que Marta tuviese que ponerse las manos en la boca para no gemir como una loca, y con total seguridad despertar a su marido.
El muchacho se portó como un amante de primera, atendiendo todas las necesidades de su madre sin mostrarse ni un poco impaciente para penetrar a la mujer que tanto estaba lamiendo.
– Buen trabajo mi niño- dijo la mujer inclinándose para volver a agarrar la polla de Juan, que estaba más dura que nunca, y comenzó a levantarlo lentamente mientras le acariciaba.
A la madre le habría encantado poder tumbar a su hijo en la cama y cabalgarlo hasta que ambos se corriesen, pero no tenía todas consigo de lograr hacerlo sin que este se despertase, así que decidió colocarse a cuatro patas dejando su culo al borde de la cama con las piernas bien separadas.
– Ahora vas a penetrar a una mujer, hijo- le dijo con una sonrisa mientras se pasaba el glande el muchacho por su sexo una y otra vez- no sé si lo has hecho antes, pero mamá está aquí para ayudarte.
Tan solo necesitó meter la cabeza de la polla de Juan en su sexo para que ese pudiese continuar solo, metiendo y sacando su hinchado y palpitante miembro en el sexo de su madre.
Marta se sorprendió de que el pene del muchacho creciese aún más dentro de ella, provocando que esta tuviese que estirarse para alcanzar la almohada de la cama en la que estaban y ponérsela en la cara mientras sentía las furiosas envestidas de Juan, pero el muchacho no la permitió estar en aquella postura ya que con las manos trató de encontrar los senos de su madre para agarrarlos con fuerza, cosa que hizo que Marta se excitase todavía más.
Con cada penetración del muchacho, a Marta le costaba menos aguantar con la boca cerrada, pese a que el placer seguía siendo muy intenso la mujer había conseguido reducir los sonidos que hacía al mínimo.
La mujer aguantó perfectamente hasta que su hijo comenzó cansarse y para recuperar fuerzas dejó caer su torso sobre la espalda de su madre, haciendo que tuviese que aguatar aquel peso con sus brazos mientras seguía sintiendo la polla de Juan embistiéndola cada vez con menos intensidad.
– Ahora mamá hará todo el trabajo, mi niño- dijo la mujer sonriendo cuando logró tumbar cuidadosamente al muchacho boca arriba en la cama, apuntando con su erecto pene al techo.
La madre separó los labios de su sexo lo más que pudo para que la polla de Juan entrase con los menos obstáculos posibles, logrando sentirla en los más profundo de su ser después de un par de hábiles movimientos.
Marta comenzó a cabalgar lentamente mientras agarraba las manos de su hijo para no perder el equilibrio, la mujer estaba en la gloria, en contadas ocasiones había tenido un miembro de esas dimensionas taladrándola, pero sin duda en ninguna de esas ocasiones había sentido el morbo y deseo que invadía su cuerpo en aquellos instantes.
– Buscas mi tetas, ¿eh bribón?- le preguntó la mujer sonriendo a sabiendas que el chico no era consciente de lo que hacía- como eres un buen chico con mamá te voy a dejar- sentenció la madre agarrando las muñecas de su hijo para llevar las grandes manos de Juan a los voluminosos pechos de Marta.
La mujer brincaba cada vez con más energía sobre el miembro de su hijo, que cada vez la penetraba más profundamente haciéndola soltar algún gemido más alto de lo que había estado dispuesta a expresar en un principio.
Marta notaba el como Juan le apretaba los senos con más fuerza a medida que su excitación crecía, lo que a la mujer le venía muy bien para poder controlar el orgasmo de su hijo, reduciendo el ritmo cuando veía que estaba cerca de correrse y aumentándolo cuando sentía que la erección del muchacho la llenaba menos de lo que ella deseaba. Lo que estaba claro era que no iba a permitir que el muchacho se corriese de nuevo hasta que ella no alcanzase el clímax.
– ¡Más, más, dame más!- exigió la mujer a media voz cabalgando con tal intensidad que los muelles de la cama del muchacho comenzaron a crujir bajo su peso.
Marta no se detuvo hasta que llegó al orgasmo y soltó todos sus fluidos sobre el hinchado miembro de su hijo, pero aún habiendo quedado satisfecha no dejó de saltar sobre la polla del muchacho, hacía mucho que no sentía tanto placer y no le parecía justo no dejar al chico acabar dentro de ella.
En el rostro de Juan se vio perfectamente el placer cuando este acabó por eyacular dentro de su madre haciendo que la mujer sintiese un buen chorro de semen invadiéndola.
– Buen trabajo mi niño- dijo Marta en un susurro aplastando con sus sudorosos senos el torso del muchacho y abrazándolo.
Después de unos minutos abrazando a su hijo y sintiendo sus manos recorrer todo su cuerpo la mujer comenzó a levantarse para ir al miembro del muchacho, que estaba empapado por los fluidos vaginales de Marta y con el capullo cubierto de restos de semen, que la mujer no dudó en comenzar a limpiar.
El pene de Juan desde luego había perdido su vitalidad inicial después de dos orgasmos, pero aún se mantenía en un tamaño considerable y no estaba del todo blanda, lo que hizo que el trabajo oral de Marta se desarrollase con mayor facilidad de la esperada.
– Estoy segura de que no será la última vez que nos veamos- dijo la mujer en un susurro después de dar una buena lamida a los testículos del muchacho.
Una vez consideró que había eliminado la mayor parte de pruebas de que en aquella cama había habido sexo, la mujer salió del lecho sigilosa para arropar al chico y darle un beso en la frente antes de marcharse al sofá y dormir como hacía mucho que no lo hacía.

Madre: primera vez

Miércoles, diciembre 21st, 2011

Hola mi nombre es, no mejor no se los digo, es que uno debe cuidar las “apariencias”, ya que soy de Ecuador para ser mas preciso de Cuenca y si se los digo se arma la grande!
Para empezar a relatarles mi historia empezaré por describirme: tengo 19 años, mido 1.75m, soy de piel canela, ojos cafés oscuros, corpulento (nada del otro mundo pero soy ancho), y mi pene, pues me considero dentro de lo normal, mide 19cm de largo por 5cm de ancho.
Lo que les voy a contar me sucedió el pasado mes de marzo, yo no se como sucedió pero esto es 100% real.
Todo comenzó cuando estaba buscando videos porno sobre mujeres que tenían sexo con sus mascotas, eso realmente me fascina y estaba navegando y navegando pero nada, hasta que vine a parar a esta pagina donde encontré muchos relatos sobre la zoofilia, pero fui mas allá y me halle con amor filial, y eso me excitó mucho más. Jamás había pensado en mi madre como una mujer sino solo como madre, pero luego de algún tiempo de leer relatos me empecé a idear sexo con mi madre y me empezó a excitar la idea. Entonces idee un plan para ver si mi madre se interesaba en mí como un hombre.
Y entonces comencé, cuando me bañaba, procuraba que al salir mi madre me viera desnudo totalmente, varias veces logré mi objetivo, ella miraba disimuladamente mi pene pero no decía nada, entonces supe que debía ser más atrevido.
Un día que estaba por cambiarme de ropa empecé a masturbarme, pero solo hasta que mi pene tomara un tamaño mas grueso y un poco grande, entonces salí de mi cuarto y me dirigí al cuarto donde se encontraba la ropa, y mi madre, entonces me senté le salude y me saque el pantalón, mi madre me quedo mirando y luego bajo la vista a mi pene que estaba gordo y crecido, al verlo mi madre me dijo en tono directo:
que grande lo tienes
Yo sonreí (estaba muy nervioso),
por que me lo dices?
Porque es la verdad, ya has crecido bastante, hacia tiempo que no te veía desnudo
Entonces yo me levante ya decidido (estaba sentado)
En realidad te parece grande?
Pues si, y es bastante grueso también
Te gustaría tocarlo? Le dije yo muy atrevido
Pero que te pasa estas loco!!!! Tenle respeto a tu madre!
Pero mama……
Mejor ándate!
Mi plan había fallado, talvez fui muy directo, pero lo que no sabia era que mi madre estaba muy excitada pero tenia miedo de lo que pudiera pasar (me lo dijo varias semanas después). Entonces yo muy avergonzado salí del cuarto y me dirigí a mi habitación rojo como un tomate, ya en la noche mama me llama a su cuarto y me platica que yo era su hijo y que me quería mucho y que la disculpara por haberme gritado así en la mañana, yo le dije que no se preocupara que yo la ofendí diciéndole eso así que entendía su reacción, pero lo que me dijo me dejo helado:
No hijo yo tuve la culpa porque al ver esa belleza me excite mucho
Ma…ma…mama????
Si hijo es que tu sabes que yo no tengo relaciones desde hace mucho tiempo y no veía un pene así desde tu padre
………………….
Pero vamos hijo no te asustes, es normal que a una mujer de mi edad que no ha tenido sexo al ver ese pene se excite
Si pero…., es que
Hay hijo y no me lo niegues porque a ti te gusto que te lo viera y te lo elogiara
Bueno si pero…
Pero que? a poco no quisieras que te lo toque
Lo harías???
Pues si tu me dejaras!!
Para ese entonces mi pene estaba totalmente erecto y ya me dolía en los pantalones y entonces supe que por fin mi madre tocaría mi pene
Pues si tu quieres aquí lo tienes
Ven acá y ábrete el pantalón
Aquí esta mama
Mmmm… es una belleza, wow que grueso esta y que duro…
Haa te gusta?
Me encanta hijo
Fue en ese momento cuando mi madre sin decirme nada se lo llevo a la boca y me lo recorrió con su lengua de arriba abajo, me lo lamió y chupo con toda su experiencia, hasta tal punto que casi me corro en su boca, pero mama se dio cuenta y me dijo:
espera no te vengas aun que tengo una cosa mas para hacer
Se levanto de la cama y empezó a desvestirse lentamente, yo me quede perplejo ante lo que estaba viendo, mi excitación aumento y sentí mi pene hervir.
te gustan mis tetas hijo?
Pues si mama
Entonces tómalas entre tus labios y chupalas como cuanco eras un bebe
Hmmmm que ricas mama, están deliciosas
Haaa si hijo así, sigue, te gustan??, mmm… ah… entonces te va a fascinar lo que te voy a ofrecer
Si, dámelo que ya lo quiero
Se separo de mi y se saco su pantalón, pude ver su mata abundante de pelo, y sus panties totalmente mojados, enese momento me tumbe sobre ella
vaya hijo si que te gusto verdad?
Si mama me encanta
Pues entonces lámelo y hazme correr en tu boca
Hmmm que delicia mama
Haa, haaa, siii, dale hijo dale , hay que rico, mmm si así
Te gusta??
Si mi amor, te amo hijo mío, ha que me corro dale dale, mas rápido
Apego sus caderas contra mi boca y se corrió de una manera espectacular, yo me tragaba todos sus jugos deliciosos y con mi mano me masturbaba
haaa sii siii ha que delicia mmmm ohhh ohhh grrrr!!……….
Luego de eso mi madre se incorporo y me dijo ahora te toca a ti, pero eso se los contare después si lo desean.

Un niño dotado

Jueves, diciembre 15th, 2011

Hacía ya más de cinco años que mis padres se habían separado. Yo vivía entonces con mi madre solo, ya que mi padre se había largado y no quería saber nada de custodias ni de nada de eso. A mí me había herido un poco al principio, pero al poco tiempo todas las heridas se curan, y ésta no fue una excepción.
La vida no era nada mala de todas formas con mi madre. Ella tenía por entonces 42 años y tan sólo se dedicaba a ir a trabajar a la oficina por la mañana y a ocuparse de la casa por las tardes. No había querido rehacer su vida con ningún hombre, ya que decía que bastante había tenido ya con mi padre, así que vivía sólo para su ocio y para mi comodidad.
Los dos nos llevábamos muy bien, tal vez porque nos parecíamos mucho en carácter y nos entreteníamos y divertíamos juntos no pocas veces. Solíamos ir al cine una vez por semana y a veces pedíamos unas pizzas a casa y nos la comíamos viendo una peli alquilada, generalmente elegida por mí. Otras veces, nos íbamos a un local de fuera y nos la tomábamos por ahí.
Mi madre era realmente buena y comprensiva conmigo y yo la quería mucho. Los dos nos comprendíamos mutuamente y sabíamos lo que nos gustaba. Estábamos realmente muy unidos y lo pasábamos bien juntos, mejor de lo que lo pasaba con mis , mucho mejor. Teníamos plena confianza el uno en el otro y pasábamos gran parte del día juntos.
Estábamos tan unidos que la mayoría de las noche dormíamos juntos. Ella me decía que le daba miedo dormir sola, y que desde que era una niña le había pasado, de modo que la gran mayoría de las noches los dos compartíamos cama. A mí desde luego no me importaba, ya que no era tampoco un ejemplo vivo de valentía en la oscuridad.
Pero todavía nos os he descrito a mi madre. Como he dicho era entonces una mujer de 42 años, de pelo oscuro, ojos marrones y piel bastante blanca. Medía 1’64 y estaba bastante rellenita, pero sin llegar a ser gorda. Sus pechos necesitaban la talla 100 de sujetador y sus caderas eran anchas, pero no en demasía, dando forma a un culo ancho, pero muy bien hecho y bastante firme. Sus piernas estaban muy bien hechas y sus muslos eran gordos y bien proporcionados. En cuanto a sus pies, estaban muy bien hechos y eran bastante pequeños, de la talla 35. Solía llevar las uñas pintadas de rojo o morado, ya que le gustaba lucir sus pies y, a veces, que se los acariciara yo cuando estábamos en el sofá viendo la tele.
En cuanto a mí, yo era entonces un adolescente normal. Medía 1’59, tenía el pelo negro y era algo flaco, todavía sin desarrollar. No había tenido novias ni nada de eso, pero cada vez me interesaban más y tenía más necesidad de algo que no sabía cómo definir.
Una noche, después de cenar, mi madre y yo veíamos un programa en la tele como de costumbre. Ella estaba tumbada en el sofá y yo estaba en el otro extremo con sus pies sobre mí, acariciándoselos. Ella llevaba puesto un camisón blanco que se transparentaba bastante y no le llegaba ni a la rodilla, cubriendo sólo tres cuartas partes de sus muslos. Como he dicho, yo tenía las hormonas por aquella época algo alteradas y al más mínimo estímulo me ponía erecto. Yo no sabía qué era aquello ( sí, ya sé, era un poco retrasadillo en eso ) y algunas veces me llegaba a asustar.
Aquella noche, como iba diciendo, mi madre tenía sus pies sobre mi regazo y yo se los acariciaba, ya que esa era una de sus mayores debilidades. Tenía las uñas pintadas en negro aquel día y sin darse cuenta de vez en cuando rozaba con sus pies mi entrepierna. Yo llevaba puestos sólo unos calzoncillos pequeños y ajustados, ya que era verano y mi madre había puesto sus pies varias veces sobre mi bulto. Alguna vez incluso lo apretó y lo acarició intencionadamente con sus cinco dedos, tal vez sin ser muy consciente de ello, ya que estaba ensimismada viendo la tele.
Yo me puse totalmente erecto y mi bulto se hizo obscenamente grande bajo la tela de mis calzoncillos. Afortunadamente a mi madre no le dio por tocarme en ese momento. Yo aproveché, algo preocupado, para ir al baño a ver qué me pasaba. Cuando volví, me dirigí muy tenso por los nervios de no saber qué tenía hacia mi madre. Antes de llegar al sofá ( que me daba la espalda al estar la puerta del pasillo justo opuesta a él ) paré un momento para reunir el valor suficiente. Respiré hondo y me dirigí hacia el sofá. Me quedé justo detrás de éste y le dije en un tono nervioso:
-Mamá…me pasa algo en mi…en mi colita…No sé qué tengo…
-¿Qué…? ¿Qué te pasa, cariño…? -me preguntó mi madre muy alarmada sentándose sobre el sofá de un respingo.
-No lo sé…Es algo raro que me viene pasando mucho últimamente…No sé qué es… -le respondí aún más nervioso y tenso.
-Tranquilo, cariño…Ven, acércate y déjame ver…
Yo le di la vuelta al sofá y me dirigí con sólo los calzoncillos puestos hacia mi madre. Ésta estaba mirándome todo el rato algo asustada y yo me coloqué a unos treinta centímetros de ella.
-Bájate los calzoncillos para que te pueda ver la colita, cariño… -me dijo dulcemente.
Yo deslicé despacio la exigua prenda hacia abajo, primero por detrás y luego poco a poco por delante. Al principio se me quedaron los calzoncillos “enganchados” en mi erecto pene, pero finalmente salieron y mi pene surgió violentamente de detrás de la prenda. Era un pene enorme. Yo no lo sabía, pero 20 cm era mucho. Además, me medía 5 cm de diámetro y tenía el glande completamente fuera, de color violáceo y húmedo.
La cara de mi madre expresó claramente la sorpresa que se había llevado al ver lo bien dotado que estaba. Al principio no dijo nada, completamente alucinada, pero luego reaccionó y me preguntó:
-Bu……¿Qué es lo que te pasa en la colita…?
-Que…que se me ha puesto dura y grande…y no sé por qué…Cr…creo que fue cuando pusiste tus pies sobre mí… -dije todavía tenso-. ¿Qué será lo que me pasa…?
Mi madre se quedó de piedra, tal vez porque había supuesto que yo me enteraría de las cosas referentes al sexo por medio de los o en el colegio. Luego dijo:
-No pasa nada por eso, cariño…Es normal que te pase eso algunas veces…Les pasa a todos los chicos y hombres…
-Pero…¿por qué…? ¿Por qué se pone tan dura y larga? -pregunté inocentemente.
-Pero, ¿es que no te han enseñado eso en el cole…? -me preguntó mi madre extrañada.
-No…Por lo menos yo no me he enterado…
-Ah…Bueno, pues verás…. Se… se pone así cuando ves a una mujer o a una chica que te gusta o que te toca o algo así…¿Tú sabes ya bien cómo se hacen los niños? – me preguntó.
-No…Creo que es cuando un hombre y una mujer se dan besos o algo así…
-Bueno, no exactamente…Verás…La colita se les pone así a los chicos para poder meterla dentro de una mujer y dejarla embarazada…¿entiendes? -me dijo mi madre-. Y no se puede meter si no está larga y dura.
-Y…¿por dónde se les mete…? -pregunté yo inocentemente, aunque ya tenía cierta idea sobre esto.
-Pues…por…el chocho…
-¿Por la raja que tienen las chicas ahí…?
-Sí…Hay un agujerito y por ahí se mete… -me explicó mi madre.
-Ah…Ya…Bueno, ¿y qué pasa cuando se mete…?
-Pues…hay que…hay que…. meterla y sacarla rápidamente hasta que sale un chorro de líquido blanco de la colita que se llama semen…Todo el proceso de meterla y sacarla y de echar semen da mucho gustirrinín a los dos y por eso es por lo que se hace…
-Ah…Ya lo entiendo…
-Me alegro…Tú no te asustes porque se te ponga dura, es normal y no pasa nada… -me tranquilizó.
Yo me senté todavía desnudo en el sofá al lado de mi madre y ella me dio un cariñoso y tranquilizador abrazo para luego separarse y echarse hacia atrás en el sofá. Yo me quedé sentado donde estaba y también me eché hacia atrás.
-Mamá… -dije
-¿Qué, cariño…?
-¿Me puedo quedar sin calzoncillos…?
-Claro que sí, cariño… -me respondió dulcemente mi madre.
-Gracias…
Los dos nos quedamos allí viendo la tele otro rato. Mi madre me miraba de vez en cuando a mi pene, que ahora estaba semierecto haciendo una especie de arco en el aire. Más o menos tenía el mismo diámetro, pero estaba más flácido. Entonces se me ocurrió otra cosa. Estaba claro que mi mente preadolescente no pensaba parar.
-Mamá… -dije
-¿Sí, cariño. . ?
-¿Me enseñas tu…tu…chocho…para que pueda ver por dónde se mete la colita…?
-Pero Luis…es que…es que eso no está bien… -dijo mi madre tensa.
-Es que quiero vértelo y verte también las tetas para saber cómo es una mujer…
Un largo silencio se apoderó de la situación hasta que mi madre dijo:
-Bueno, vale…Pero no se lo puedes decir a nadie…¿vale?
-No, claro que no…¡Gracias, mamá…!
Mi madre se puso de pie descalza sobre la alfombra y llevó sus manos a la parte inferior de su camisón. Lo fue levantando hacia arriba y se lo sacó por la cabeza. Entonces quedó allí delante de mí en sólo ropa interior. Llevaba puestas unas pequeñas bragas blancas y un exiguo sujetador que apenas podía contener sus enormes tetas.
Entonces, mi madre se acercó a mí y se dio la vuelta delante mía.
-Desabróchame el sujetador, cariño… -me dijo dulcemente.
-Vale, mamá…
Yo me puse de pie y empecé a tocar la prenda por detrás. Mi pene estaba de nuevo completamente erecto y mi glande relucía a causa de los fluidos preeyaculatorios. Me costó un poco desbabrochar el sostén, pero por fin pude y mi madre lo sostuvo un momento por delante. Luego lo dejó caer y sus tetas quedaron libres, balanceándose un poco. Seguidamente, mi madre llevó sus manos a sus braguitas pequeñas y se las fue bajando poco a poco hasta que, al pasar por sus rodillas, cayeron al suelo súbitamente.
-Ahora me voy a dar la vuelta, Luis…¿Estás preparado para ver a mamá…? -me preguntó.
-¡Sí! -dije entusiasmado.
En ese momento se fue dando la vuelta. Al principio vi solo el perfil de sus tetas, con sus gordos y rojizos pezones coronándolas y luego fui viendo las dos. Finalmente mi madre me enseñó todo su cuerpo desnudo y mi vista bajó rápidamente hacia su entrepierna. La tenía completamente cubierta por su espeso vello púbico, pero no de forma desordenada, sino bien cuidado y con los pelos bien ordenados.
-¿Qué te perece…? -me preguntó mi madre sonriendo pícaramente.
-Eh…yo…Me…me encanta… -le dije sintiéndome extraño.
-Ven, cariño…Siéntate aquí en el sofá con mamá…
Los dos nos sentamos el uno junto al otro en el cómodo sofá de tres plazas. Mi enorme pene erecto apuntaba hacia arriba con mucha fuerza y realmente quedaba un tanto extraño en un cuerpo aún sin desarrollar como el mío. Mi madre me lo miraba visiblemente sorprendida y yo la miraba a ella. Sus enormes tetas se balanceaban y movían con cada movimiento, pero aún así daban la sensación de ser bastante firmes.
-Bueno, ahora te voy a explicar un poco cómo funciona lo de hacer los niños -empezó a decirme mi madre-. Mira…ponte de rodillas delante de mí para ver mejor.
Yo me levanté y me puse enfrente de ella. Mi madres separó sus piernas y las levantó con las rodillas flexionadas. Yo alucinaba al ver su oscuro sexo tan cerca y con su raja semiabierta debido a una excitación que yo no sabía que existía en ella. Me encantaba su forma y el suave aroma que emanaba de él. Su piel rosa interna también me llamó la atención.
Debido a esta vista que estaba teniendo mi pene se puso aún más erecto si cabe y mi glande más morado y húmedo. Mi madre empezó a explicarme un poco lo que estaba viendo.
-Bueno, cariño, mira… -dijo llevando una de sus manos a su vulva-. Esta es la raja por donde el chico debe meter su colita. Exactamente es por aquí… -dijo llevando dos dedos a la entrada de su vagina-. Ahí hay un agujerito por donde se mete y donde se deja el semen para hacer un niño. Y aquí, entre los labios por aquí por la parte de arriba hay una especie de órgano que se llama clítoris. Ese órgano pequeño es el que hace que a las chicas les dé gustito cuando lo hacen con los chicos.
-Ah… -fue lo único que pude decir.
-Entonces, ¿lo has entendido mejor ahora? -me preguntó mi madre.
-Sí, pero…Si ese órgano, el clítoris, es el que da gusto, ¿por qué no se lo tocan las chicas solas…? -pregunté.
-Ah……Pero es que lo hacen en realidad…
-¿De verdad…? -dije yo mientras me volvía a sentar al lado de mi madre y ésta volvía a poner sus piernas juntas abajo.
-Claro…Casi todas o prácticamente todas lo hacen, sobre todo cuando no tienen a un hombre cerca… -me explicó.
-Qué suerte tenéis las chicas…Los chicos nos tenemos que aguantar… -dice decepcionado.
-Oh, no…cariño…Los chicos también podéis hacerlo solos…
-¿De verdad…? -dice entusiasmado
-Claro…Mira, pon tu mano alrededor de tu colita.
Y así lo hice.
-¿Y ahora…? -pregunté.
-Pues ahora mueve la mano de arriba abajo y verás cómo te gusta… -me dijo.
Yo lo hice así y empecé a sentir algo que jamás había sentido antes. La sensación de frustración que tenía al tener el pene erecto y no poder hacer nada desapareció, siendo sustituida por una sensación de placer que iba en aumento. Yo seguí masturbándome por primera vez mientras mi madre me miraba y eso me daba más morbo casi si lo hubiera hecho solo. Entonces, le dije:
-Mamá…¿Puedes hacérmelo tú…?
Mi madre se quedó un poco sorprendida al principio, pero luego dijo:
-¿Quieres que mamá te dé gustito en la colita…?
-Sí…
Entonces mi madre llevó su mano derecha a mi enorme pene y empezó a masturbarme. Ella lo hacía de otra forma, de una forma mucho mejor. Lo hacía suavemente y de vez en cuando paraba para acariciar mis testículos o para hacer círculos con un dedo sobre mi glande.
-Ahhh…Qué gusto da, mamá… -dije yo.
Ella entonces empezó a deslizar su mano con más rapidez por mi pene, hasta que yo empecé a sentir el clímax acercarse. Entonces, sin que mi madre retirara su mano, un enorme chorro de semen salió disparado de mi pene, llegó a más de medio metro de altura ( sin exagerar ) y cayó en su mayoría sobre la barriga de mi madre. Al estar mi miembro orientado hacia mi madre, la segunda descarga de semen cayó sobre una de sus tetas y la siguiente ya cayó sobre mi cuerpo. El resto se lo llevó la mano de mi madre, que se puso toda llena del líquido blanco transparente.
-¿Ves, cariño…? Este es el líquido blanco que te dije… -me dijo mi madre con una voz algo ronca que me extraño un poco.
-Sí, ya veo…Pero te he manchado…Perdona, mamá… -me disculpé.
-Oh, no importa, cariño…Ahora me limpio…
Mi madre se acercó y me dio un suave beso en la mejilla y me dijo:
-¿Te ha gustado…?
-¡Sí!, mucho, muchísimo… -le respondí sin ocultar mis sentimientos.
-Me alegro…¿Sabes…? A mí también me ha gustado…
-¿De verdad…?
-Sí… -respondió mi madre.
-¿Y qué les pasa a las mujeres cuando les gusta un chico o quieren que les metan una colita…? -pregunté
-Bueno…pues…Los pezones se ponen empinados y duros y el chocho húmedo…
-¿Y te ha pasado…?
-Sí…
-¿Quieres que yo te toque el…clítoris para que te dé gusto a ti también…? -le sugerí.
-Me encantaría, sí…Pero no le puedes decir a nadie que nos hemos tocado, eh…
-No, no…
Inmediatamente, puse mi mano sobre el sexo de mi madre y lo empecé a tocar por todas partes. Primero simplemente acaricié el vello, pero luego toqué la raja con un dedo y fui recorriéndola en toda su longitud con él. Mi madre empezaba a suspirar. Echó la cabeza hacia atrás y empezó a tocarse los pezones y a estrujarse las tetas. Entonces yo llegué a donde me había dicho que estaba su clítoris. Empecé a describir círculos alrededor de él y mi madre empezó a gemir.
-Ahhhh…. ahhhhh…. así, cariño…. así…. -decía gimiendo.
Yo seguí haciéndolo, suavemente todo el tiempo. Ella se retorcía de placer en el sofá, y yo no la dejaba ni un solo instante. Dejé su clítoris y recorrí su raja de nuevo, esta vez con dos dedos. Estaba mucho más húmeda que antes, y mis dedos se deslizaban con suma facilidad por entre sus labios. Paré un poco y acaricié sus pelos pasando la palma de mi mano con ellos. Era como un sueño estar haciendo aquello, pero yo no perdí los nervios demasiado, simplemente seguí curioseando su vulva, algo que yo jamás había visto antes.
De nuevo toqué su clítoris y describí círculos alrededor de él. Mi madre seguía gimiendo y soltando gritos ahogados mientras se estrujaba las tetas y los pezones, aún humedos por mi semen. Unos minutos después de empezar mis caricias, mi madre se retorció violentamente y gimió atropelladamente. Había llegado al orgasmo. Llevó una de sus manos a donde estaba la mía y la puso encima acariciándomela.
-Gracias, cariño…le has dado mucho gusto a mamá… -me dijo dándome otro beso en la mejilla.
-¿Te ha gustado de verdad…? -le pregunté algo incrédulo.
-Sí, mi amor…lo has hecho muy bien…
Los dos nos quedamos el uno junto al otro un rato. Era ya casi medianoche, así que nos estaba entrando sueño.
-Bueno, nene…Vámonos a la cama… -dijo mi madre levantándose.
-¿Puedo dormir contigo esta noche, mamá…? -le pregunté
-Claro que sí…Además, sabes que me gusta dormir contigo…
-No, pero yo me refiero a si podemos…si podemos dormir sin ropa… -le dije habiendo reunido todo el valor necesario.
-¿Por qué…?
-Pues…porque quiero…quiero poder acurrucarme a ti sin ropa y darte besos y eso como hacen los mayores en la cama…
-Pero, Luis… -dijo mi madre con mirada pícara
-Bueno, si no quieres, no… -le dije
-Que sí, nene…Que lo podemos hacer…Podemos jugar un rato en la cama si quieres…
-¡Gracias, mamá…! -grité lleno de júbilo
Los dos nos fuimos a su habitación. Ella se detuvo un rato en el cuarto de baño para lavarse los dientes y todo eso, cosa que yo ya había hecho antes. Luego, vino sin ropa y con el pelo ( que normalmente le llegaba a la base del cuello ) en una coleta detrás. Yo estaba sentado en la cama de matrimonio con la espalda sobre el cabecero y el pene semiflácido haciendo el arco que antes he descrito.
-Bueno, ¿ya estás preparado para jugar con mami, cariño…? -me preguntó amorosamente mi madre.
-Sí, mamá…
Me madre se sentó a mi lado en la cama y se acercó a mi cara. Con sus labios me dio un beso breve en los míos. Luego llevó su mano a mi pene y comenzó a acariciármelo y sobármelo hasta que de nuevo lo puso erecto. Entonces paró y me dijo:
-¿Qué te parece si los dos nos acariciamos ahí…? Yo juego con tu colita y tú con mi chocho, ¿vale?
-Vale, mamá… -le dije.
Los dos empezamos a tocarnos nuestros genitales. Yo deslizaba mis dedos por entre su raja, la cual estaba de nuevo húmeda y ella me masturbaba lentamente. Mis dedos se centraron de nuevo en su clítoris y ella empezó a gemir más fuerte ahora. Con la otra mano yo empecé a acariciar sus tetas y a pellizcar sus duros pezones, jugueteando con ellos. Ella seguía mientras tanto tocando cada rincón de mi sexo, acariciando mis testículos o simplemente deslizando su mano de arriba abajo. Estuvimos así un rato, hasta que mi madre llegó a un segundo orgasmo, retorciéndose y casi chillando de placer. Yo aún no había eyaculado, y ella me soltó. Pensé que todo había acabado ahí y que iba a pasar de mí, pero me equivocaba.
Mi madre se levantó un momento y fue al cuarto de baño. Yo miré hacia donde había estado sentada y descubrí una mancha amarillenta, provocada por sus fluidos vaginales. Al poco, mi madre volvía del baño con un bote de algo en la mano. La sustancia que había dentro parecía ser amarillenta, pero no lo vi bien. Lo dejó encima de la mesilla de noche y me dijo que volvería enseguida. Yo miré el bote y vi que era vaselina. Mi madre volvió después de cinco minutos y se sentó donde había estado antes. Me empezó a acariciar el pene de nuevo, el cual pasó otra vez de un estado de semierección a erección completa.
-Luis… -me dijo
-¿Qué mamá…? -le pregunté yo
-¿Quieres que mamá te chupe la colita en vez de tocártela…?
Yo me quedé pasmado. Jamás había oído que eso se hiciera, pero respondí:
-Sí, mamá… Pero, ¿no estará sucia o algo…?
-No, cariño…
-Es que como antes eché semen y después hice pis también, pues… -expliqué
-No importa, cariño…A mamá le gustará el sabor de la colita de su nene…
-Vale…
Mi madre se puso de rodillas a mis pies y separó mis piernas metiéndose entre ellas. Poco a poco se fue agachando hasta que su cara quedó a unos diez centímetros de mi glande. Mi madre pasó su nariz olfateándolo y luego también todo el pene.
-Mmm, me encanta cómo te huele, nene… -dijo-. Ahora te la voy a chupar un ratito y verás cómo te gusta.
Entonces empezó a lamer con la punta de su lengua mi glande y luego recorrió el pene en toda su extensión, lamiendo aquí y allá…Luego metió todo el glande en su boca y finalmente la mitad de mi pene. Entonces empezó a subir y a bajar con sus labios apretados contra mi miembro, prestando especial atención a la base de mi glande.
Mi madre gemía y decía muchos “mmm” mientras me chupaba, y yo sentía cómo la punta de su lengua rodeaba mi glande por todo su contorno. Daba un placer indescriptible y yo me sentía al borde del clímax ya. Mi madre no paraba y yo temía que fuera malo lanzar el semen en su boca así que le dije:
-Mam…mamá…. creo que voy a…que voy a…
En ese mismo momento exploté. No había podido remediarlo y me había corrido en su boca. Lo que me extrañó fue que mi madre no se detuvo, es más, gimió con más fuerza y yo la sentí lamer mi glande y tragar mi semen. Cayeron dos chorros de mi esperma por los lados de mi pene, pero mi madre los lamió y se los tragó saboreándolos un rato en su boca.
Había sido algo increíble y los dos nos quedamos el uno junto al otro en la cama tocándonos y acariciándonos. Ella me tocaba el pecho y yo a ella las tetas y los pezones. Los dos nos fuimos quedando más y más quietos hasta que el sueño nos venció y los dos nos quedamos dormidos. Había sido un día que no olvidaría fácilmente, en el que había aprendido cosas que casi no sabía que existían.
A la mañana siguiente, los dos nos despertamos a la misma hora. Estábamos aún medio dormidos, pero mi madre me acariciaba un brazo dulcemente con su mano. Yo a ella le hice lo mismo lentamente y me sonrió cariñosamente con sus rojos labios. Luego me acarició el pecho con su mano vuelta del revés pasando sus uñas por mi piel. Eso me hacía un poco de cosquillas, pero aguanté y le sonreí cariñosamente también. Mi madre se acercó a mí con su cara y me dio un pequeño beso en los labios.
-Te quiero, cariño… -me dijo con la voz más dulce que jamás he oído.
-Yo también a ti, mamá… -le dije yo.
Entonces los dos nos levantamos, desayunamos y nos fuimos de compras a un hipermercado cercano. Mi madre me llevó gran parte del tiempo cogido de la mano, apretándomela fuerte y acariciándomela con el dedo gordo. Todo el tiempo me estuvo llamando “cariño mío” y cosas por el estilo de una forma muy llena de amor. Me dijo que me llevara todo lo que quisiera, que comprara chucherías, galletas, refrescos, y todo lo que se me antojase. Me dijo que es que no quería salir mucho en los próximos días, ya que el calor empezaba a ser insoportable y que por eso quería llevarse de todo. Yo no era muy caprichoso, pero me llevé algunas cosas que vi.
Cuando pagamos la cuenta, mi madre dijo que se lo enviaran todo a casa, así que los dos nos fuimos al coche de nuevo y nos dirigimos a casa. Por el camino, mi madre paró un momento en la farmacia. Me dijo que me quedara en el coche, así que allí me quedé esperando. Cuando volvió traía una bolsita con algo dentro. Me la dio y vi que eran unas pastillas extrañas y aspirinas. Visto esto, los dos seguimos nuestro camino hasta llegar a casa.
Entramos en casa y nos relajamos un poco con el aire acondicionado puesto al máximo. Mi madre fue a su habitación a cambiarse y yo me fui a la mía. Me puse sólo un bañador y me fui a ver la tele al salón. Una vez allí, me senté en uno de los sillones individuales y lo recliné un poco para estar más cómodo. Pensaba mucho en lo que había pasado la noche anterior. Había aprendido en una hora lo que no había aprendido en años y sentía unas ganas terribles de volver a hacer esas cosas con mi madre.
Ésta apareció pronto con una bata de estar por casa puesta. Estaba descalza como de costumbre y caminaba sobre la moqueta hacia mí. Pero en el último momento se desvió y se sentó en el sofá. No estaban poniendo nada interesante en la tele, así que pronto estábamos los dos s. Mi madre me miró sonriendo y me dijo:
-¿Por qué no te vienes aquí con mamá, cariño…?
-Voy, mamá -le respondí.
Me senté a su lado y ella me rodeó los hombros y empezó a acariciarme el pecho de nuevo con sus uñas y el brazo con su mano. Yo me sentía en el paraíso sintiendo la suavidad y el amor de mi madre en mi cuerpo y no quería que acabara ese momento. Ella siguió acariciándome mientras veíamos la tele y yo le respondí cogiéndole su mano libre y acariciándosela.
-Mamá…te quiero…Te quiero mucho… -le dije
Ella me sonrió cariñosamente y me dijo que también me quería. Luego siguió tocándome, esta vez pasando la palma de su mano por mis brazos, por mi pecho y por mi barriga plana y algo musculosa.
-Nene… -me dijo mi madre
-¿Qué, mamá…?
-¿Te gustó de verdad lo que hicimos ayer…? -me preguntó algo seria.
-Pues claro que sí, mamá…Me encantó…Nunca me había sentido tan bien… -le aseguré yo.
-¿No lo hiciste obligado…?
-Claro que no, mamá… Tú me dijiste lo que le pasaba a mi colita y por qué y me ayudaste a quitarme la sensación tan rara que tenía…Lo que pasa es que ahora siento algo distinto…algo un poco extraño… -le expliqué.
-¿Qué, amor mío…? -me preguntó
-Pues…es como si te quisiera mucho más de lo que te quería antes…o de una forma diferente, no sé…Quiero estar contigo todo el tiempo y acariciarte y darte besos…
-Oh, cariño…a mí también me pasa eso…Necesito tenerte a mi lado todo el tiempo y tenerte cogido de la mano y acariciarte…
-¿Y por qué nos pasa…?
-Pues…verás…Es porque hemos empezado a querernos como hombre y mujer, y no como madre e hijo…Son dos formas de amor distintas… -me explicó mi madre.
-¿Y cómo puede aliviarse esa sensación…? -le pregunté
-Sólo como lo estamos haciendo…Tocándonos y besándonos…
-Pero eso no llega a ser suficiente me parece…
-No lo es…es verdad…Hay que llegar hasta el final… -me dijo.
-¿Haciendo el amor…?
-Sí…Sólo así se cura…pero en realidad sólo se alivia…La verdad es que el amor no tiene cura…es como una necesidad continua de la persona a quien amas y de la que no puedes escapar…
-¿Y vamos a hacerlo nosotros, mamá…? -le pregunté preocupado por su respuesta.
-Sólo si tú quieres cariño…Yo no te puedo forzar a hacerlo…
-¿Tú quieres hacerlo conmigo…?
-Cariño…Yo te amo…te amo y te necesito como nunca he necesitado a nadie y quiero hacer el amor contigo…No hay otra cosa en el mundo que yo quiera más que sentir tu piel y tu cuerpo junto al mío y que nos demos gusto los dos… Pero lo que no sé es si tú me querrás tanto como para llegar a eso…-me dijo con tono triste.
-Mamá…yo te quiero más que a nada en el mundo… -dije, y de pronto rompí a llorar no sé por qué y dije lo siguiente entre sollozos-. Quiero que estés conmigo todo el tiempo y quiero tocarte y amarte todo el tiempo…No quiero que te vayas nunca…
-Ven aquí, amor mío… -me dijo cariñosa y maternalmente
Mi madre apoyó mi cabeza sobre su pecho y acarició mi nuca mientras yo lloraba sobre ella. Me acarició el pelo delicadamente y yo me fui calmando poco a poco hasta dejar de llorar. Entonces levanté la mirada y vi que mi madre tenía también dos lágrimas cayendo por sus mejillas.
-No llores, mamá…por favor…No quiero verte triste… -le dije.
-Cariño, es sólo que soy feliz porque me quieres tanto…Yo no te voy a dejar nunca, porque quiero estar contigo todo el tiempo, para siempre…
Creo que fue en este momento cuando más me di cuenta de lo guapa que era mi madre. Su rostro me miraba con una expresión enamorada que lo realzaba. Su flequillo castaño oscuro, sus brillantes ojos marrones, sus mejillas sonrojadas sobre un cutis muy blanco, sus rellenos y rojos labios, la curva que hacían éstos…Todo daba como resultado un rostro de una belleza como jamás he visto y creo que fue por el amor tan increíblemente profundo que sentía por ella, que me hacía verla como la persona más atractiva del mundo.
Yo acerqué mis labios a los suyos y la besé suave y lentamente en ellos. Mi madre suspiró y empezó a mordisquear mis labios con los suyos. Después, metió la lengua en mi boca y yo me sentí extraño ante la nueva sensación. Mi madre movió su lengua dentro de mí y lamió la mía. Entonces yo empecé a mover la mía también y las dos se entrelazaron y se lamieron mutuamente. Yo experimenté una sensación de auténtica satisfacción al poder dar salida a mi amor de esta forma y, poco a poco, la delicadeza y lentitud iniciales dieron paso a un beso más rápido y apasionado durante el cual los dos estuvimos abrazados y tocándonos nuestros cuerpos.
Estuvimos dándonos el beso más de diez minutos. Sí, parecerá un poco increíble, pero así fue, y habríamos seguido de no ser por el timbre, que sonó en ese momento. Era el repartidor que traía la compra. La pusimos en la cocina y mi madre y yo nos besamos otro poco. Me dijo que comiéramos en ese momento y que así disfrutaríamos más al tener que esperar, de modo que nos sentamos en la mesa de la cocina uno enfrente del otro. Mientras comíamos estuvimos acariciándonos los pies y rozando nuestras piernas. Hablamos de lo mucho que nos queríamos y los dos nos mirábamos como dos adolescentes que han descubierto el amor, admirándonos mutuamente.
Cuando acabamos, mi madre se levantó y me cogió de la mano y me dijo:
-Vámonos al sofá a hacer la digestión un poco, ¿vale?
-Sí, mamá -le dije yo.
Los dos nos fuimos al sofá y nos sentamos muy juntos, con nuestros cuerpos pegados el uno al otro bajo el frío del aire acondicionado. Mi madre me abrazó por encima del hombro como antes y me acercó más a ella. Hizo que apoyara mi cabeza sobre su hombro y me acarició el pelo durante un largo rato. También mi brazo derecho y mi pecho como lo había hecho antes.
Vimos una película durante más de una hora y, cuando empezamos a cansarnos de ésta, las caricias de mi madre empezaron a llegar cada vez más abajo hasta que llegaron al bulto de mi bañador. Era uno de esos bañadores largos tipo bermuda, es decir, los más normales. Mi madre abarcó todo mi bulto con su mano y me lo estrujó un poco. Inmediatamente, mi pene comenzó a crecer. Había estado en semierección casi todo el día cuando nos besábamos y tocábamos, pero ahora la estimulación era directamente sobre él y reaccionó. Mi madre se dio cuenta de ello e introdujo su mano por debajo del bañador para agarrarlo mejor. Cuando lo tuvo en su mano lo apretó y luego acarició mis testículos.
-¿Por qué no te bajas el bañador y me dejas ver tu colita otra vez, cariño…? -me pidió mi madre.
Yo agarré ambos lados del bañador con mis manos y me resarcí de él haciendo un poco de contorsionismo sobre el sofá. Mi pene enorme quedó libre y mi madre se volvió a asombrar de su tamaño.
-La tienes muy grande, nene… -me dijo mirándomela fijamente.
-Gracias, mamá…
-¿Quieres que nos vayamos a la cama…? -me preguntó mi madre
-Sí…¿Vamos a jugar un rato…?
-Sí, cariño…
Mi madre me cogió la mano y me la acarició un poco. Luego se lavantó y se puso frente a mí. Muy despacio fue abriendo su bata de estar por casa hasta dejarla con una raja en medio. Entonces, muy despacio fue abriéndola hasta que la dejó caer al suelo. Sus enormes y balanceantes tetas quedaron libres. Llevaba puestas unas braguitas muy pequeñas que no se transparentaban. Eran blancas y llevaban un lazo rosa pequeño cosido en la parte de arriba. Entonces, mi madre llevó sus manos a ambos lados de éstas y las fue deslizando hacia abajo dejándome ver su poblado y negro sexo. Sus braguitas cayeron sobre sus pies y ella hizo un sexy movimiento de tobillos para sacárselas.
Mi madre me miraba sonriendo y me tendió un brazo diciendo:
-Vamos, cariño…
Yo me levanté del sofá con mi pene a punto de explotar y ella me cogió de la mano. Nos encaminamos lentamente hacia su dormitorio, ella con sus tetas balanceándose al aire y yo con mi pene moviéndose de aquí para allá completamente erecto y con todo el glande fuera. Mi madre me detuvo en el pasillo y me echó contra una de sus paredes. Yo me extrañé de su forma de actuar, pero ella se acercó inmediatamente a mí y empezó a acariciarme el pecho con sus dos manos. Luego acercó sus labios a los míos y los besó suave y lentamente mordisqueándolos de vez en cuando con los suyos. Pegó su cuerpo contra el mío y sus tetas rozaron y se apoyaron contra mi pecho. Mi pene hizo de pronto contacto con su vello púbico y un escalofrío recorrió mi cuerpo debido al cosquilleó que me produjo. Luego el roce se repitió y finalmente mi miembro quedó entre sus pelos.
Mi madre introdujo su lengua dentro de mi boca y nuestras lenguas se encontraron y empezaron a entrelazarse y lamerse. Los dos nos exploramos las bocas muy despacio. Mi madre puso sus manos alrededor de mi cuello y yo alrededor de su espalda, acariciándola cariñosamente. Luego, mi madre y yo paramos de besarnos y ella me dio un beso en la mejilla y dio andó unos pasos ligeramente invitándome a seguirla hacia su dormitorio. Era preciosa hasta vista desde atrás. Su firme culo tenía una forma perfecta, aunque ella creía que era demasiado ancho y sus blancas y esbeltas piernas eran preciosas.
Yo la seguí de inmediato hacia su habitación y ella se dirigió hacia su lado habitual de la cama. Miré a mi alrededor mientras ella se sentaba sobre el filo de la cama y vi que había varias cajas de colores distintos cada una. Mi madre cogió una y la abrió. Luego sacó una tira de plástico blanca dividida en tres y arrancó una.
-¿Qué son esas cosas, mamá…? -le pregunté mientras me acercaba a ella de rodillas por encima de la cama desde el otro lado de ésta.
-Son preservativos, cariño… -me respondió dulcemente.
-¿Preservativos…?
-Sí, también se les llama condones…
-¿Para qué son…? -pregunté
-Pues verás, son unos trozos de un material que se parece al plástico que se llama látex. Son como globos desinflados y se mete la colita dentro de ellos antes de meterla en el chocho de una chica…Así, el semen se queda en ellos y la chica no se queda embarazada… -me explicó
-Ah…Y… ¿me vas a dejar que meta mi colita en tu chocho…?
-Sí, nene…quiero que me la metas en mi agujerito -me dijo mi madre cogiéndome de la mano de nuevo y acariciándomela nuevamente.
Mi madre dejó el preservativo y la caja sobre la mesilla de noche junto a las otras cajas sin estrenar y me empujó sobre la cama. Yo caí de espaldas sobre ésta con mi pene aún erecto y con el glande violáceo y húmedo. Mi madre rió como una niña y se sentó a horcajadas sobre mis muslos. Entonces recorrió mi abdomen y mi pecho con sus manos para luego echarse hacia delante y besarme de nuevo en la boca. Sus tetas se echaron hacia delante también y presionaron contra mi pecho. Mi pene quedó bajo su barriga, horizontalmente sobre mi abdomen.
Nos estuvimos besando durante unos cinco minutos. Mi madre se puso de rodillas y me dijo que colocara la cabeza sobre la almohada. Yo lo hice así y ella se acercó a mi desde un lado y me empezó a masturbar lentamente. Luego bajó su cabeza y lamió muy despacio u minuciosamente mi glande. Luego recorrió todo mi pene hasta abajo y finalmente se retiró y se tumbó a mi lado. Entonces los dos comenzamos a magrearnos. Yo estrujaba sus tetas y ella mi pene y mis bolas, pero sin masturbarme. Luego yo bajé mi mano hasta su vulva y descubrí lo húmeda que estaba. Ella gimió ahogadamente cuando recorrí su raja con uno de mis dedos y luego toqué ligeramente su clítoris. Entonces se me ocurrió la idea de probar a qué sabía mi dedo y me lo llevé a la boca, descubriendo un sabor nuevo y estimulante que me hizo perder todo control de mi mismo.
-Mamá… -dije
-¿Qué, cariño…?
-¿Puedo chuparte el chocho como tú me has chupado la colita…?
-S…sí, cariño…Si tú quieres…
Yo no lo dudé ni un segundo y fui de rodillas entre sus piernas. Ella separó sus piernas todo lo que pudo y yo me fui acercando a su raja. Su aroma de mujer me llegó inmediatemente y me impulso a dar el siguiente paso. Saqué la lengua de mi boca y la pasé por el interior de sus muslos. Poco a poco fui llegando a su zona más femenina. Mi lengua pasaba por los alrededores de su vulva, por el exterior de sus labios. Luego la fui acercando cada vez más a su raja y finalmente la coloqué en la entrada de su vagina, en la parte más baja de su raja. Estaba segregando sus fluidos vaginales y yo los lamí y los saboreé en mi boca antes de tragarlos. Luego recorrí despacio su raja hacia arriba, apretando fuerte entre sus labios.
Mi madre gemía cada vez más mientras yo deslizaba mi boca por su vulva. Por fin, llegué a su clítoris y empecé a mover la lengua en forma circular alrededor de él. Mi madre jadeaba y gemía cada vez más fuerte y puso sus piernas sobre mi espalda, apretándome más contra ella. Yo lamía su clítoris más y más fuerte y ella jadeaba casi chillando. De pronto, se retorció agarrando las sábanas con sus manos fuertemente y gritando “ahhhhhhhhhhhhhhh”. Había llegado al orgasmo, pero yo no me detuve, me encantaba el sabor de su sexo y no iba a parar. Bajé mi lengua por su raja de nuevo y descubrí lo mojada que estaba de nuevo. Sus jugos vaginales no paraban de rezumar y yo los tragué sin más dilación. Describí círculos alrededor de la entrada a su agujero del amor y chupé la parte interior con golpes de lengua, sacándola de mi boca como si tratara de beber en un sitio al que no se alcanzase con los labios.
-Sigue, cariño…sigue así…Por favor… no pares… -me suplicaba mi madre jadeando enloquecida.
Yo continué golpeteando esa zona un rato y luego lamí rápido y de una vez toda la longitud de su raja, degustando su maravilloso sabor a mujer. Después continué describiéndo círculos alrededor de su clítoris, jugueteando con él de todas las formas posibles, incluyendo los golpes de lengua. Las piernas de mi madre me apretaron más fuerte contra ella mientras alcanzaba un segundo clímax. Volvió a gritar jadeando y a retorcerse como loca sobre la cama, agarrando la parte posterior de mi cuello con sus manos y levantando sus piernas en el aire. Entonces yo paré y me tumbé de nuevo junto a ella.
Mi madre aún trataba de recuperar el aliento, pero volvió a besarme suavemente en los labios y acarició mi cuerpo una vez más. Acarició mi pelo y mis mejillas y rozó mis piernas y pies con los suyos. Era tan suave y dulce…Luego se subió encima de mí a horcajadas sobre mis muslos con mi pene haciendo contacto con la parte inferior de su barriga. Estaba de nuevo erecto y a mi madre parecía entusiasmarle. Me sonreía mientras pasaba sus manos por mi pecho y abdomen apretando un poco. Se movía de detrás hacia delante y sus tetas se balanceaban de la misma forma enfrente mía.
-¿Quieres que lo hagamos ya, cariño…? -me preguntó.
-Sí, mamá…
Mi madre alcanzó con su brazo el condón que había dejado sobre la mesilla de noche y se lo llevó a la boca para sacarlo del plástico. Cuando hizo un pequeño corte en éste, desgarró totalmente el plástico con sus manos y sacó un trozo de goma o algo así amarillo. Yo nunca había visto uno, pero confiaba en mi madre y sabía que no me haría daño con aquello. Muy despacio lo colocó sobre mi glande y fue deslizándolo hacia abajo por mi pene. Cuando llegó casi abajo, mi madre me dijo que ya estaba y yo vi una especie de apéndice que sobresalía del preservativo por la parte de arriba. Mi madre me dijo que era el depósito y yo no pregunté más, simplemente me dejé llevar por ella.
Mi madre se puso de rodillas con sus piernas a los lados de mis muslos por fuera. Se acercó más a mí hasta que su vello púbico estaba justo encima de mi glande cubierto de látex. Poco a poco se fue bajando hasta que mi pene tocó la entrada a su vagina. Entonces se dejó caer poco a poco y mi pene comenzó a entrar dentro de mi madre. Era una sensación nueva y extraña, sentirse dentro de otra persona. Su agujero daba la impresión de estar húmedo y muy resbaladizo, ya que mi pene entró con suma facilidad hasta que llegó al fondo. Había tocado su cérvix y eso me dijo que dolía un poco. En ese momento comenzó a subir y a bajar sobre mi miembro despacio.
Yo no podía aguantar durante mucho tiempo aquel placer intenso y mi madre se veía completamente satisfecha al tener su agujero tan lleno como lo tenía. Le costaba cierto trabajo poder “saltar” encima de mí, porque la longitud de mi pene era tal que al menos seis o siete centímetros debían permanecer fuera. Yo veía la base del condón desde donde estaba, y veía mi pene hundirse y volver a surgir de su vulva. Mi madre gemía y jadeaba cada vez más fuerte, llena de placer al tener un pene que tocaba cada una de sus terminaciones nerviosas.
Cada vez saltaba con más fuerza y sus tetas subían y bajaban botando sobre su pecho delante de mí. Ella se inclinó hacia mí y apoyó sus manos sobre mi pecho mientras sus caderas subían y bajaban introduciéndose mi enorme falo. Yo agarré sus tetas, que se balanceaban delante de mí muy cerca. Las estrujé y pellizqué sus pezones erectos. Ella casi chilló ante mi estimulación y llevó una de sus manos a su clítoris, empezando a acariciárselo. Luego se irguió de nuevo y yo solté sus tetas. Ella siguio acariciándose la vulva mientras su vagina era penetrada cada vez más rápido.
La escena tenía que haber parecido rocambolesca. Yo, un chico con cuerpo flaco, con una mujer madura y rellenita saltando sobre mi pene con sus grandes tetas balanceándose de aquí para allá y su cabeza hacia atrás mientras gemía de placer. Habría sido verdaderamente excitante poder vernos desde todos los ángulos mientras lo hacíamos, pero por desgracia no contábamos con tantos adelantos y tuvimos bastante con nuestras propias sensaciones.
Mi madre llegó al orgasmo y echó la cabeza aún más hacia atrás mientras gemía enloquecida y se estrujaba las tetas aún saltando sobre mí. Entonces, yo reaccioné y empecé a mover mi pelvis hacia arriba hundiéndome más deprisa en ella mientras le duraba el clímax. Mi orgasmo no tardó en aparecer y sin más contemplaciones se apoderó de todo mi cuerpo llenando de esperma el preservativo. Mi madre seguía saltando, incluso con más fuerza y empezó a hacerme daño cuando yo acabé de correrme. Estaba más flácido, pero ella seguía botando sobre mí. Entonces ella se dio cuenta y se levantó rápidamente.
Mi pene había llenado el condón de arriba abajo de esperma y éste llegaba casi hasta abajo. Entonces mi madre me lo quitó cuidadosamente y lo echó al suelo. Luego se acercó a mí y se tumbó a mi lado. Me cogió por detrás del cuello y me acercó a sus labios. Los dos nos besamos apasionadamente durante un largo rato. Ella me acarició el pelo y la cara y me dijo que había sido maravilloso y que me quería. Yo le pregunté si lo haríamos alguna vez más y ella me dijo que para qué había comprado todos esos preservativos si no…

La mama que no resistio a su hijo

Miércoles, diciembre 14th, 2011

Esta historia esta contada en primera por una mujer casada con su hijo.
Al gunas noches entre semana solia estar en el salon de casa con una camiseta que me llega un poco por encima de las rodillas, al sentarme se me subia y dejaba gran cantidad de muslos a la vista, yo no lo hacia con intencion alguna, solo por estar mas comoda y no daba ninguna importancia al hecho de que tambien estuviera mi hijo sentado a mi lado. Pero me parecio que me miraba demasiado como de pasada, yo lo vine observando unos dias y notaba como despues de mirarame furtivamente se levantaba y se iba al cuarto de baño.
Algunos dias despuesde soñar que mi hijo se iba al cuarto de baño para pajearse pensando en mi, eso me ponia tan caliente que me tenia que masturbar pensando en el. Estando las cosas asi, y yo con mi excitacion cada vez mas palpable, decidi ponerle a pruebas para descubrir si de verdad mi hijo me deseaba como yo deseaba. De esta forma, poco a poco, me fui disimuladamente volviendo mas atrevida. El juego, al menos el mio me provocaba un morbo increible, asi que, me arreglaba un poco mas cada noche antes de que llegara para que me encontrara atractiva, pero mi hijo no se comportaba de manera diferente, solo esas miradas furtivas, o al menos a mi me parecian que lo eran. yo que queria soñar que el me dedicaba sus masturbaciones, me sentia cada dia una hembra mas deseosa, y me ponia cada vez ropas de estar por casa mas corta.
Estuve pensando unos dias y me decidi una noche por no ponerme bragas. Me diò mucho pudor el dia que decidi de enseñar mas alla de lo de todos los dias, es decir, no me atrevi a ser mas explicita, la falta de seguridad mia me producia frustacion y calentura, asi que me marche a la cama y me masturbe, tuve un orgasmo que casi no pude contener, los suspiros, sin querer, fueron las altos de los deseados. Mi hijo no tomaba nada de iniciativa, yo era incapaz, me parecia que lo que yo intuia de que me deseaba era una quimera de una cuarentona calentorra y aburrida, asi que decidi olvidar mis provocaciones a mi propio hijo. La vergüenza que sentìa nunca antes la habìa experimentado. Los dias posteriores dejè de provocar, como lo habia hecho los dias inmediatos y quise olvidarme del asunto. Sin embargo, un dia de una tormenta grande de truenos, le dije a mi hijo que no me acostaria hasta que pasara, de verdad que me da panico y allì fue cuando mi hijo me contestò : -vamos mami, ¿como vas a estar aqui hasta que termine la tormenta?, si quieres yo me quedo contigo en la cama. Al escuchar eso me estremeci, tenia tanto miedo que no me pare a pensar y le dije que si. Yo en ese momento, lo juro, no pensaba en sexo, vuelvo a decir que solo tenia panico, en mi casa cuando habia tormentas, como no estuviese mi esposo
Yo me quedaba en el sofa, me sentìa mas protegida. Luego nos dirigimos a mi habitacion, fui al cuarto de baño y me puse un pijama. Cuando llegue mi hijo ya estaba acostado, me meti en la cama y allì el me preguntò- ¿estas ya nas tranquila? – Sii hijito mio contestè
-No te preocupes que estando conmigo no te pasara nada, me dijo. Yo estaba vuleta de espalda a el y me tomo por la cintura. Asi estuvimos un rato, yo no me atrevia ni a respirar y menos a moverme, sentia sus asperas manos en mi cintura y me reconfortaba Pasadas unas dos horas la tormmenta amaino, le di las y le dije que si queria que podia volver a su habiatacion.
no mami. me respondio, aqui estoy muy bien. ¿TE MOLESTA? -no, le respondi. mi hijo subio las manos, y se arrimo a mi, me dijo: -no te pasara nada. Sus manos rozaban mis pechos, y empeze a sentir la calor de una hembra en celo, pero no me queria ni mover su cuerpo. El se apreto mas a mi y senti la dureza de su miembro en mi trasero. Estaba que no podia mas. En ese momento sus manos estaban debajo de la camisola del pijama y me tocaba suavemente los pechos y luego a tocarme los pezones con dos dedos. Yo no podia mas, estaba caliente como una perra !Y CON MI PROPIO HIJO! las caricias en mis pechos me tenian al borde del extasis, y empeze suavemente a empujar mi pompis hacia atras, no me podia contener. Mi hijo me dijo suavemente al oido:
-mami que buena estas. Yo queria decirle que aquello no estaba bien, pero era incapaz, mi calentura tantos dias controlada me lo impedian. Y no dije nada, simplemente me dejaba hacer. me tomo la mano izquierda y me la llevo a su sexo, al principio queria soltarla, pero no podia, asi que se la aprete con fuerza, era una verga enorme, dura y caliente de alrededor de 18 a 20 centimetros. La tenia tomada con mi mano extendida hacia atras, no podia soltarla. Espera mami, me dijo, y volviendome hacia el, me levanto y me bajo la parte baja del pijama, le ayude y me desvesti por completo, quedè totalmente desnuda y excitada para el. Ahora los dos estabamos como dios nos trajo al mundo.
Alli èl no dudo un instante y empezo a empujar sobre mi vulva caliente, y le dije que parara que todavia podia quedarme preñada Yo no tomo nada para evitar el embarazo asi que le pedì precaucion. -Espera. le dije mientras me dirigi a un cajon del ropero, alli debajo de la ropa camuflado, tenia una caja de condones de su padre, tome uno y se lo puse muy despacio.
Ahora puedes tomarme le dije. _ no mami tomarte no. Dime que te folle. me daba verguenza utilizar con el esas palabras, insistia una vez y otra y tuve que decirle: SI FOLLAME. Me empezò a bombear salvajemnte con esa pija tan dura que no tarde en correrme a las dos o tres embestidas. Pero, deseaba mas y yo tambien. Me puse a cuatro patas y le dije:FOLLAME. Se puso detras y me la metio con unas ganas que asombraba.
Nunca lo habia visto a mi hijo asi. Gritaba desaforadamente. me llamaba -puta calentona ¿te gusta que te diga esto mami? – si cariño soy tu putita calentona y te dera todo el placer que quieras. No me queria perder su lechita por lo que le dije que no se corriera – Mama te la va chupar todita hijito. Me incorpore y le chupe su enorme verga -no te corras, le dije, dejandole de mamar, correte en mi boca, me puse tumbada en la cama se lo toque dos o tres veces y un chorro caliente como una fuente salio llenandome la boca y rebosando hasta mi cuello. Aquella noche y las sigueintes dormimos como dos amantes.

Mamá, los chicos se quedan a dormir

Lunes, diciembre 12th, 2011

“Por Dios, Gabriel…, ver así a tu mamá hizo que me parara!!!!”.
Recostada sobre la alfombra del piso superior, con el oído pegado a la rejilla de la ventilación para poder escuchar la conversación que el grupo de adolescentes mantenía en la sala de la planta baja, el corazón de Jimena Rossi experimentó un sobresalto cuando oyó las palabras de Lucas.
“Estará hablando de mí?…”, se preguntaba.
Ella esperaba oír a uno o más de los chicos hablar “sucio”, pero realmente no se imaginaba una charla tan franca y que encima la tuviera a ella de protagonista.
Entonces, su mano se movió bajo su pequeño camisón hasta encontrar su bombacha, y comenzó a acariciar su entrepierna mientras continuaba oyendo…
“Si…, apostaría que no estaba usando corpiño…”, exclamó Diego.
“Ese camisón era tan corto…, estaría usando bombacha debajo…?”, preguntó Lucas, buscando una rápida respuesta…
“Sí…, pude ver las marcas de la bombacha bajo el camisón…”, aseguró Pablo.
“Ella siempre usa eso cuando se va a acostar”, dijo Gabriel. “Es simplemente una camiseta más larga que lo habitual, pero me encanta ver como se mueven sus tetas tras ella. La otra noche lo estaba usando mientras me ayudaba con la tarea del colegio, y en varias ocasiones me rozó el hombro con sus tetas…”
Cuando Jimena Rossi comenzó a experimentar lo que ella consideró “inocentes fantasías” respecto de su hijo Gabriel y sus del colegio secundario, sintió un leve sentimiento de culpa que sucedía a sus repetidos orgasmos.
Pero con el tiempo, esos sentimientos de culpabilidad fueron desapareciendo, a medida que las fantasías se hacían más frecuentes y las escenas que ella imaginaba en su mente se volvían más interesantes.
Últimamente, el pensar en los chicos prácticamente le ocupaba todo el tiempo que le dejara libre su trabajo, su matrimonio, las tareas del hogar, y cualquier otra ocupación.
Quizás, si sus compañeros de trabajo fuesen más atractivos, si su esposo pasara más tiempo en casa, si tuviera algún hobbie interesante para matar el tiempo, jamás sus pensamientos se hubieran detenido en un grupo de colegiales…
Pero así fue, y ahora la fantasía de verse involucrada con su hijo, e incluso con sus , se transformó en la esperada vía de escape de una vida aburrida…
Jimena había estado muy ansiosa esperando lo que los chicos dieron en llamar “el viernes de pizza y videos”. Lógicamente, no esperaba que nada extraño sucediera, pero tenía la pequeña esperanza de que el más mínimo detalle le sirviese para echar más leña a esas fantasías: un leve flirteo de su parte, quizás el que alguno de los chicos le dedique alguna mirada más allá de lo normal a su cuerpo, la lógica curiosidad sexual de ellos a esa edad, el poder llegar a ver a alguno de ellos en su ropa de dormir o incluso en ropa interior…
Pequeñas pruebas, inocentes juegos…, como los que Jimena venía desarrollando con Gabriel.
Cuando ella comenzó a sentirse sexualmente interesada en su hijo, se dedicó a darle unos maternales abrazos, que duraban más de la cuenta. Esto, de a poco, fue avanzando hacia besitos en la mejilla y, muy recientemente, en un pequeño piquito en los labios.
Al mismo tiempo, la habitualmente tímida y conservadora mamá empezó a mostrarle más de ella a su hijo. Dejarlo ver más de lo normal, poniéndose un corto camisón, por ejemplo.
Cuando la alta y morena Jimena logró captar la atención de Gabriel, que no dejaba de admirar los pechos de su madre moviéndose libremente bajo el camisón, entonces llevó las cosas un poco más lejos, permitiendo que él entrara en su cuarto cuando ella estaba en ropa interior, o elogiando el cuerpo de su hijo que estaba en pleno desarrollo, y también, por que no, presionando sus pechos contra la espalda de él cuando lo abrazaba.
Nada grave, en un principio, pero la tensión sexual entre ellos había llegado a un punto muy álgido…
Y las cosas parecían ir por buen carril con los de Gabriel, también. Jimena notó a un par de ellos dedicándole algunas miradas más largas que lo habitual a sus pechos en éste último tiempo, tanto como admiraban sus largas y torneadas piernas cada vez que usaba shorts.
Ella siempre recordaba la ocasión en la que Pablo llamó a su casa mientras Gabriel no se encontraba, y se quedaron hablando un buen rato sobre la vida personal de Pablo.
O aquella otra en su casa, en la que llegó a comentarle a Rafa que se había convertido en un chico muy atractivo, lo que provocó un suspiro mezcla de halago y vergüenza en él…
En realidad, ninguno de los chicos podría ser considerado como muy atractivo. Eran más bien del tipo normal, más cercano al tipo “estudioso” que al galán del colegio.
Y más allá de todo lo que se dice hoy en día sobre el prematuro despertar sexual de la juventud, Jimena estaba prácticamente segura que ninguno de ellos había estado íntimamente con alguna chica.
Pero aún a sus 37 años, Jimena no se cortaría un pelo en poder acostarse con cualquiera de ellos…
Además de su hijo Gabriel, estaba el rubio Pablo, quien era el mejor amigo de su hijo y el más extrovertido del grupo. Jimena lo conoce casi desde bebé…
Diego, con ese rostro tan perfecto, casi femenino, que vivía a dos casas de la suya desde hacía un par de años…
Lucas, el moreno de ojos claros, que había sido alumno de Jimena cuando ella daba clases de inglés en la Parroquia los sábados por la mañana.
Y Rafa era más bien gordito, con gafas, aunque muy educado…
El “viernes de pizza y videos” estaba siendo un éxito en varios aspectos. Su marido estaba fuera de la ciudad por negocios hasta dentro de un par de días, y su hijo más pequeño se había marchado de campamento con su compañía de boy scouts…
Estaba comenzando a llover de manera casi torrencial, lo que hacía prácticamente improbable que cualquier visita indeseada llegara hasta allí…
Todo esto le quitó de la cabeza a Jimena cualquier preocupación, por lo cual procedió a ducharse y a vestirse con su pequeño camisón negro a un horario más temprano que el usual.
Ella ya había pensado de antemano en que debía quedarse un rato en la cocina con esa vestimenta, para que cuando alguno de los chicos fuera en busca de refrescos, pudiera verla así, lo cual salió como había planeado, ya que todos ellos le dedicaron unas miradas muy fuertes. Y también ella pudo darse un pequeño regalo, viendo a Pablo y a Diego en shorts, y con camisetas ajustadas.
Y ahora esos comentarios sobre sus pechos…
“Sus piernas son interminables…”, dijo Diego. Escuchando por el ducto de ventilación, Jimena introdujo su mano bajo su bombacha…
“Diego…, trajiste el video porno de tu hermano?”, preguntó Gabriel…
“Sí…, quieren verlo ahora?”.
“Esperemos un rato, hasta asegurarnos que mi mamá esté dormida. También podemos navegar por Internet y buscar algunos sitios porno más tarde”.
“Qué chicos tan calientes…”, pensó Jimena, cuando su costado maternal le insinuaba que le pusiera un punto final al espectáculo porno que pensaban montar. Pero prefirió no meterse…
Tras esto, se levantó del piso y se dejó caer sobre su cama.
Se dio cuenta que no tenía ninguna otra excusa para bajar nuevamente, por lo cual se dio por vencida…, y se puso a imaginar una nueva fantasía, que pudiese llevarla hasta ese ansiado orgasmo.
Bajo las sábanas, Jimena se bajó la bombachita casi hasta sus tobillos, y comenzó a dibujar círculos con uno de sus dedos alrededor de su clítoris. “Veamos…, con cuál de los chicos quiero fantasear hoy…?”
De repente, la luz de la pequeña lámpara de su habitación se apagó, y sólo se percibía un silencio alarmante. Los voces de desconcierto de los chicos dieron la pauta a Jimena de que se había cortado el suministro de corriente.
Jimena encontró como pudo su bombacha, y volvió a calzársela en la oscuridad. Con pasos temerosos, se las ingenió para llegar al corredor, y bajar las escaleras hasta la cocina, donde guardaba la linterna. Una vez que la encontró, fue hacia donde estaban los chicos, que miraban por la ventana el maravilloso espectáculo de la lluvia sobre el jardín.
“Miren que belleza”, dijo Lucas, a lo que Jimena se acercó por detrás para observar, quedando rápidamente sus rostros muy cerca, tanto que ella podía sentir la respiración del chico.
Se sintió bien, tanto que no dudó en presionar disimuladamente uno de sus pechos sobre el hombro de Lucas, que no hizo movimiento alguno por separarse…
De otro sector de la casa, alguien gritó que la luz se había cortado en todo el vecindario, cosa que Jimena comprobó de inmediato.
Pero lo que comprobó mejor, fue que Lucas parecía estar rozando intencionadamente su pecho con la espalda, lo que hizo que la adrenalina fluyera a mares en el cuerpo de la atractiva y madura madre…
Cuando notó que el resto de los chicos entraban a la sala, Jimena se separó de Lucas y fue a buscar otra linterna y una lámpara a batería, de esas que se usan en los campamentos.
Afortunadamente, su marido era muy previsor, y la batería funcionaba perfectamente, lo que les permitiría tener suficiente luz como para pasar el rato.
Los chicos estaban nuevamente en la sala de estar, y Jimena no dejaba de preguntarse cuanto podrían verle a través de su camisón, con una luz tan tenue…
De lo que sí estaba segura, era que podía ver perfectamente a Pablo y Diego enfundados en sus shorts deportivos.
“Chicos…, creo que ya es muy tarde como para que se vayan, y la calle además está completamente a oscuras, lo que no hace para nada aconsejable que intenten manejar de regreso. Por qué no nos sentamos y esperamos a que vuelva la electricidad…?”, explicó Jimena, asumiendo nuevamente el rol maternal y protector.
Más tarde, encontró una vieja y desusada radio a batería que apenas si funcionaba…, pero al menos a ella pudieron enterarse que el corte duraría toda la noche.
Estaba empezando a sentirse el frío, y Jimena supuso acertadamente que sus pezones se estarían poniendo como un iceberg…, frente a los chicos. Y las miradas que ella recibía de ellos los ponía todavía más duros…
“Vamos a poner algo de leña en la salamandra…” dijo…, y Gabriel comenzó a ayudarla a hacerlo. Mientras Jimena se movía buscando leña y periódicos viejos, se dio cuenta que sus tetas, al estar sin sujetador, bailaban juguetonamente, y no tenía dudas de que los adolescentes estarían mirando desprejuiciadamente.
Tan pronto se agachó para acomodar la leña, notó como su corto camisón se levantó, lo suficiente como para que tomase noción de que su blanca bombacha estaba quedando a la vista de los chicos. Excitada de solo pensarlo, se agachó aún más, provocando que se viera una buena parte de su bombacha clavada en su culito…
Pronto el fuego estaba encendido, y quedaban aún dos problemitas: uno era que, sin electricidad, no había TV, ni radio, ni PC…, los chicos se aburrirían pronto. Y la segunda, era que hacía bastante frío como para que ella volviera a su habitación…
“Chicos…, adivinen qué?. Esta es la única habitación con calefacción en toda la casa, por lo cual tendrán que aguantarme esta noche con ustedes…”
Jimena estaba de pie en medio de los chicos, y rogaba porque la silueta de sus tetas pudiera verse a través del fino camisón.
Los chicos no le quitaban la vista de encima…
A pesar de que no lo dijeran, ella esta segura, después de haber oído aquella conversación, de que a ellos no les importaba en lo más mínimo tenerla cerca, y menos vestida con ese camisón…
Mientras los chicos discutían sobre que hacer, Jimena se sentó a un costado del fuego, disfrutando de su buena suerte por tener a “sus” chicos esa noche…
Todo se estaba dando en forma perfecta para ella…
La lujuria de Jimena se incrementaba cada vez más, hasta llegar al punto en que decidió tirar al viento sus miedos, y disfrutar de la situación…
Mientras los chicos se quedaban sin ideas, Jimena intentaba recordar algún juego de los de su época.
“Alguna vez jugaron a Pasar la Fruta…?”…
La mayoría de los chicos miró con cara de no entender, pero Pablo asintió: “Sí…, es ese juego en el que tenés que ponerte una fruta entre la quijada, y tenés que pasársela a otro sin usar las manos…, cierto?”….
“Exacto”, dijo Jimena. “Se supone que es un juego de Chico/Chica, cada uno de ustedes jugará conmigo”.
Jimena se puso de pie, se colocó la pelota de tenis en su quijada y se acercó a Pablo, quedando a unos centímetros de él. Pablo se inclinó, y presionó su cuerpo contra el de la madre de su amigo. Mientras Pablo y Jimena intentaban pasarse la pelota, sus cuerpos se rozaban completamente…, lo que daba al resto de los chicos una idea clara de los beneficios extras de este juego.
Observaban encantados como Jimena rozaba sus pechos contra el torso de Pablo, como sus mejillas se tocaban…
Cuando Pablo logró finalmente colocarse la pelota en su quijada, repitió al proceso, sólo que a la inversa…
Jimena se dirigió entonces a Lucas, quien ansiosamente esperaba ser el próximo. Como la mayoría de los chicos a su edad, Lucas era más bajo que Jimena, por lo cual ella debió inclinarse para encontrarlo.
Los chicos miraban mientras los torsos de Jimena y Lucas se tocaban…
Jimena sentía sus pechos hundirse en el de Lucas…, y no dejó pasar la oportunidad de rozar uno de sus muslos en la entrepierna del chico.
Cuando lograron su propósito, Jimena no pudo dejar de sorprenderse por la forma en que Lucas pasó su erecto pene disimuladamente sobre los muslos de ella, y como “grande finale”, abrazó al chico fuertemente…
Tras Lucas, cada uno de los chicos que faltaban tuvieron su oportunidad de apoyar sus miembros sobre la madre de su amigo, tanto como ella de rozar sus pechos sobre los de los chicos…
De pronto, el juego casi había perdido su esencia, transformándose en una excusa para abrazarse y rozarse abiertamente…
Gabriel fue el último de los chicos en tener su turno. Jimena no quería parecer excesivamente ansiosa por tener un contacto directo con su propio hijo, especialmente delante de sus amiguitos. Ella percibió su erección, y lo atrajo hacia ella, quedando su miembro casi a la altura del monte de venus de su madre. Gabriel era el más alto de los chicos…
Jimena no pude evitar soltar un casi inaudible suspiro, y recorrió con sus manos la espalda de su hijo…, que respondió repitiendo la acción…
Cuando cada uno de los chicos había tenido dos turnos, una Jimena entusiasmada cortó el juego contra su voluntad, sentándose nuevamente al costado del fuego, sobre un almohadón gigante. Los chicos se sentaron en el sofá y en algunas sillas…
“Qué hacemos ahora…?”, preguntó Jimena…
Continuará…

Rescatado por mamá

Domingo, diciembre 11th, 2011

- Venga, más deprisa- espoleó Beatriz a sus jadeantes alumnos de cuarto de la ESO mientras estos trataban de mantener el ritmo que su profesora de gimnasia les imponía.
Beatriz a diferencia de la mayoría de los profesores de aquella materia se tomaba muy en serio la asignatura, y desde luego no vendía baratos sus aprobados.
La mujer era consciente de que para exigir aquel nivel a sus alumnos no podía ser como otros maestros de gimnasia del centro, los cuales sufrían un importante sobrepeso, por aquel motivo pese a estar camino de los 44 años Beatriz mantenía un cuerpo esbelto y a la vez fuerte que le permitía realizar cualquiera de los ejercicios que exigía a sus pupilo.
– Es suficiente por hoy- dijo a voz en grito después de tocar su silbato- ¡A las duchas!- los agotados estudiantes recibieron aquellas palabras con júbilo y comenzaron a desfilar hacia los vestuarios mientras que Beatriz se dirigía al pequeño despacho que tenía en el gimnasio para apuntar las notas correspondientes al trabajo que había hecho cada uno de ellos.
Después de unos minutos de rápida evaluación, la mujer entró primero al vestuario de las chicas y a continuación al de los chicos para asegurarse de que no quedaba nadie. La profesora siempre llamaba antes de entrar, aunque alguna vez por accidente se había encontrado con algún alumno ligero de ropa, que había tardado algo más de lo habitual en ducharse.
En aquella ocasión no hubo ningún rezagado y por aquel motivo la maestra comenzó a cerrar las puertas del gimnasio, salvo la de emergencia, había organizado sus clases de tal forma que todos los días los acababa bajo techo, pudiendo así tomar una ducha antes de regresar a casa.
Beatriz dejó su ropa sudada sobre el suelo, para pisar sobre ella para no resbalar al salir de la ducha. La profesora recibió con alivio el chorro de agua tibia sobre su cabeza comenzando esta a recorrer su espalda y sus pechos. La mujer, que aquella mañana no había llevado esponja al instituto comenzó a enjabonarse todo su cuerpo con sus manos, comenzando por sus piernas y subiendo poco a poco hasta llegar a su largo cabello rojizo. A Beatriz la costó un poco de esfuerzo el no entretenerse en su sexo depilado o en sus duros y firmes pechos de pequeños pezones rosados, pero finalmente decidió que aquel no era el mejor lugar para darse un poco de autosatisfacción.
Tal y como la pasaba cada vez que se estimulaba en las duchas del instituto salió muy excitada, con unos deseos locos de llegar a casa cuanto antes. El no haber tenido sexo satisfactorio con ningún hombre desde que se divorció de su marido, hacía más de un año, provocaba que aquella situación se volviese cada día más común e insoportable.
La mujer abandonó el instituto rápidamente por la puerta principal montada en su coche, sin duda quedarse unos minutos en la ducha era una gran idea, ya que la primera oleada de alumnos acostumbraba a salir despavorida dejando en un espacio de 10 minutos la entrada totalmente libre para que los profesores, y los alumnos que tenían carnet de conducir, pudiesen salir sin riego de atropellar a nadie.
La casa de Beatriz estaba a las afueras de la ciudad, con lo que tardó tan solo unos minutos en llegar a su domicilio, un piso de tamaño medio en el que vivía con su hijo Marcos, un chico de 19 años que había comenzado a trabajar muy joven y que en aquel momento se encontraba en paro, sin más ocupación que la de estar en casa todo el día y salir con sus .
A Beatriz ninguna de estas dos actividades le gustaba, aunque prefería que se quedase en casa ya que los de Marcos eran una pandilla de chicos demasiado conflictivos.
La mujer se encontró con la sorpresa de que Marcos no estaba en el domicilio familiar, aquello era muy raro, lo normal era que le pillase comiendo o que la estuviese esperando para comer con ella, pero en aquella ocasión no encontró absolutamente nada, ni siquiera una nota que explicase el motivo de su ausencia.
Beatriz, un poco preocupada, comenzó a comer viendo las noticias que daban en la televisión, aunque aquello no hizo que sus preocupaciones desaparecieran, no era normal que Marcos no la llamase o la dejase alguna nota cuando se salía de su rutina habitual.
La profesora se tumbo en el sofá para descansar un rato mientras trataba de auto convencerse de que todo estaba bien. La mujer logró dormir por espacio de una hora, levantándose algo más tranquila, pero justo en aquel momento sonó su teléfono móvil. Era su hijo.
– Por fin llamas, Marcos- le dijo su madre como respuesta.
– Mamá que suerte, por fin acierto con tu número- dijo el chico que sonaba un poco fatigado.
– ¿Qué sucede? ¿estás bien?- preguntó un poco inquieta ante la extraña respuesta.
– Me han gastado una broma y necesito que vengas a recogerme, me han atado en una habitación de hotel, por favor ven a buscarme.
– Dime donde estás- dijo la mujer al ver que no era el momento más indicado para hacer preguntas.
Marcos dio rápidamente la dirección del hotel y el número de la habitación en la que se encontraba para que su madre no tuviese problemas a la hora de hallarlo.
Beatriz bajó rápidamente a por su coche y se puso en camino lo antes que pudo. El trayecto se la hizo muy angustioso, normalmente se tomaba con calma los atascos de la ciudad, pero el no tener detalles sobre que clase de broma habían gastado a su hijo o si este se encontraba bien, hacía que su normal actitud tranquila se viese alterada por la situación.
La mujer entró en el hotel un tanto sudorosa, no por el ejercicio físico que había hecho, sino por la preocupación que en aquel momento sentía por Marcos.
– Necesito la llave de la habitación 612- dijo la mujer nada más llegó a la recepción- han gastado a mi hijo una broma y lo tienen hay atado.
El recepcionista dudoso ante lo que la mujer le decía descolgó el teléfono que había en el mostrador para comunicarse con la habitación a la que la recién llegada le hacía referencia. Después de dos llamadas infructuosas el recepcionista llamó a otro compañero que apenas tardó un minuto en llegar, para que acompañase a Beatriz al lugar al que esta quería ir.
La mujer no se relajó en todo el trayecto y animaba al hombre vestido de rojo que la guiaba a que caminase más rápido para poder llegar cuanto antes.
El corazón parecía que se la quería salir del pecho cuando el botones del hotel comenzó a abrir la puerta, adelantándose la mujer a este para ser la primera en entrar. Entonces pudo comprobar que la llamada de su hijo era 100% real.
Allí estaba Marcos, totalmente desnudo, con las manos esposadas a los barrotes que conformaban en cabecero de la cama, con su teléfono móvil en la mano izquierda. Era un chico, de piel clara, pelo castaño bastante largo y en aquel momento con una mirada suplicante que pedía la ayuda de su madre.
– ¡Es mi madre, ahora lárgate!- le dijo al botones tan pronto como lo vio entrar en la habitación.
– ¿Pero que te han hecho?- preguntó la mujer una vez se marchó el hombre que la había guiado.
Beatriz no pudo evitar reparar en que su hijo no solo tenía inutilizadas las manos, sino también las piernas, las cuales estaban abiertas y unidas mediante cuerdas a las patas de la cama. Tampoco pudo dejar de echar un vistazo al gran y amoratado pene que estaba atado por la base con una cuerda fina, al igual que sus hinchados genitales que habían sido aprisionados por una goma del pelo de color rosa.
– ¿Se puede saber quien te ha hecho esto?- le preguntó Beatriz antes de comenzar a liberar a su hijo.
– Ha sido un broma de los idiotas de mis y de una chica que me ha hecho creer que le gustaba pero que solo quería reírse de mí- dijo el chico visiblemente avergonzando, la mujer se dispuso a apiadarse de él, pero no pudo reprimirse y le dijo.
– ¡Ya te dije que esos no eran buena compañía!- recriminó.
– Ya lo sé mamá- dijo el chico elevando la voz- ahora desátame y vámonos.
– ¿Te parece forma de hablar a tu madre que ha venido corriendo a ayudarte?- preguntó la mujer algo enfadada- Quizás debiese dejarte así para que venga a recogerte alguno de tus .
– Lo siento mamá, es que esto es muy humillante. Te agradezco que hayas venido a buscarme- dijo Marcos aún sin mirar a su madre.
– ¿Qué clase de treta usó para lograr dejarte así?
– Era una chica que está muy buena.
– ¿Puedes definir muy buena?- preguntó la mujer comenzando a desatar la polla de su hijo.
– Mamá, por favor no hagas eso- pidió el chico avergonzando por que su madre tocase su pene.
– Dime que clase de chica era- exigió la mujer.
– Una chica alta, morena, de tetas grandes – dijo el muchacho- por favor mamá, no hagas eso…- dijo el chico para acabar soltando un gemido de placer.
– Parece que tu polla no tiene reparos en que sea tu madre- dijo acariciando la verga del muchacho de arriba abajo para acabar quitando la goma del pelo de sus huevo- ¿sabes? Estás más dotado que tu padre, más que tu padre y que todos los hombres con los que he estado en los últimos meses- dijo sonriendo y haciendo que Marcos se sonrojase aún más.
– Deja de decir esas cosas, mama, por favor- pidió el chico al que se le veía incómodo, pero aún en aquella situación el pene del muchacho perdía tamaño.
– Lo siento mucho cariño- le dijo la madre sonriendo sin dejar de tocarle el miembro- pero mamá está demasiado necesitada como para dejar escapar una ocasión así.
– Pero que…
Pero Marcos no pudo terminar de decir nada ya que el ver a su madre comenzar a quitarse la ropa con la que se había presentado en aquel hotel le hizo enmudecer. Sin ningún pudor, Beatriz se deshizo de su falda y su blusa, para liberar a continuación sus firmes pechos del sujetador que tiró fuera de su vista, y exponer también su sexo totalmente depilado dejando su tanga, un poco húmedo debido a la excitación de ver así a su hijo, en el suelo.
– Ocasiones así no se presentan todos los días- dijo la mujer acariciando el pecho de su hijo y colocándose de tal modo que el pene de Marcos chocaba contra el estómago de la mujer- y puedes estar seguro de que no la voy a dejar escapar.
– Por favor mamá, para con esto- dijo el chico rojo de vergüenza ante la actitud de su madre. Beatriz sonrió.
– Puedes acabarla tú si quieres, tan solo tienes que bajar esta erección y mi atención por ti desaparecerá- le dijo bajando para acariciar el sobresaliente glande del chico para acabar dando un beso sobre el mismo, haciendo que la erección se volviese aún más firme.
Las quejas del muchacho comenzaron a desaparecer cuando Beatriz empezó a dar una sesión de sexo oral a su hijo, el chico en un principio se resistió, pero dejó de protestar cuando notó la húmeda y ágil lengua de su madre acariciar sus doloridos testículos, comenzando a emitir gemidos de placer.
La mujer, viendo que Marcos comenzaba a aceptar aquella situación no tardó en meter el hinchado miembro del muchacho en su boca para iniciar un rápido mete-saca que entusiasmo al chico en exceso, tanto que acabó por eyacular sin previo aviso.
La madre trató de disimular su disgusto mientras tragaba el semen de Marcos, no era en ella habitual tragar el esperma de sus amantes, pero en el caso de su hijo haría una excepción, seguramente en aquel momento no se sentiría muy bien después de no haber aguantado ni dos minuto con su polla en la boca de su madre.
– Has sido un niño muy malo Marquitos- le dijo Beatriz levantándose sobre la cama para en un solo paso colocar su sexo ante los ojos del muchacho- te has venido en la boca de mamá sin avisar, así que ahora vas a lamerme hasta que ese pollón que tienes se vuelva a hinchar.
El chico dudó durante unos momentos, haciendo que Beatriz comenzase a pensar una estrategia para conseguir su objetivo, pero antes de tener nada ideado, Marcos, por iniciativa propia comenzó a lamer con deseo la raja de su madre.
La mujer gimió de gusto al notar la torpe lengua de su hijo esforzándose en darla placer, lamiendo sus labios de arriba abajo para poco a poco tratar de intentar penetrar el sexo de su madre con ella.
Beatriz, aparte de los innumerables gemidos también acariciaba el cabello de su hijo, para comunicarle que lo estaba haciendo muy bien y que no se detuviese por nada del mundo.
Marcos trató de seguir el sexo de su madre cuando esta comenzó a alegarlo, pero las férreas esposas que lo mantenían retenido le obligaron a observar impotente como aquella dulce vagina se escapaba de su alcance.
– No te pongas triste, mi niño- le dijo mientras acariciaba el pecho de Marcos mientras los sonreía pícaramente- mamá no te dejará solo ni un momento.
Después de decir aquello Beatriz comenzó a morder los pezones de Marcos, primero con delicadeza y una vez comprobó que su amante se excitaba con eso con mayor voracidad.
Las constantes caricias de la mujer sobre el excitado cuerpo del muchacho hicieron que este comenzase a desear con más fuerza el cuerpo de su madre, llegando al punto de tratar de acariciarla con la única parte de su cuerpo que tenía libre: su boca.
– ¿Qué quieres, cariño?- le preguntó dejando sus tetas a escasos centímetros de la cara del muchacho, pero aún así inalcanzables para él.
– Acércate- pidió lleno de deseo.
– Si no me dices lo que quieres hacerme no me acercaré- le dijo la mujer juguetona acariciando los testículos del muchacho al tiempo que hacía votar sus tetas ante el rostro de Marcos.
– Quiero comerme tus tetas- dijo el muchacho haciendo sonreír a su madre.
– Ves, así no entendemos bien- comentó la mujer acercándose.
Marcos mordió los pechos de Beatriz cuando se colocó a su alcance, haciendo que esta gimiese un poco de dolor y pidiese a su amante que fuese más delicado. Marcos al oír las críticas de la mujer obedeció al momento y pese a las ganas que tenía de morder las duras tetas de su madre tan solo se dedicó a lamerlas de arriba abajo, al tiempo que las daba algún suave mordisco en sus duros y dulces pezones.
Beatriz permaneció inmóvil durante las primeras lamidas, hasta que finalmente se acostumbró a aquel nivel de placer y pudo comenzar a trabajar en las esposas que mantenían a su hijo retenido, ya no habría problema en que la dejase a medias, ya que el muchacho estaba como mínimo tan caliente como su progenitora.
La fue más sencillo de lo esperado forzar las cerraduras de las esposas con una de las horquillas que acostumbraba a llevar en el pelo, en menos de cinco minutos los dos brazos del chico ya estaba totalmente libre.
Beatriz se sobresaltó un poco cuando el muchacho se la quitó de encima y comenzó a aflojar las cuerdas que le mantenían las piernas abiertas. La mujer al ver lo rápido que se estaba desasiendo de sus ataduras estuvo segura de que se marcharía de aquella habitación tan pronto como estuviese libre. Pero se equivocaba.
Marcos miró a su madre fijamente durante un instante antes de lanzarse sobre ella, agarrarla por los brazos y tirarla de espaldas sobre la cama para caer encima de ella. La mujer por un instante valoró y se asustó ante la posibilidad de que su hijo pudiese volverse violento en venganza por cómo ella se había aprovechado de la situación, pero respiró aliviada cuando se dio cuenta de que lo único que deseaba era besar, chupar y tocar hasta la última parte de su anatomía.
El muchacho estaba sediento de sexo y Beatriz estaba dispuesta a aplacar aquellos deseos.
Después de tanto tiempo llevando la iniciativa, a la mujer no la importó en absoluto que Marcos se hiciese con las riendas, al menos hasta que este se desfogase por todo el tiempo que había estado obligado a observar el exuberante cuerpo de su madre sin poder tocar nada, más que lo que esta le ofrecía.
Beatriz se sorprendió ante la fuerza de su hijo, que manejaba a la mujer a su antojo pese a que esta trataba de poner algo de resistencia cuando Marcos mordía con fuerza excesiva sus pechos o sus nalgas, o cuando el muchacho trataba de meter en el sexo de su madre más dedos de los que admitía.
Beatriz que sabía que si se ponía en serio podría zafarse de su hijo decidió no hacerlo, en cierto modo estaba gozando de aquella situación, y la pequeña porción de dolor que Marcos le producía no hacía más que excitarla.
La mujer se sobresaltó cuando, teniendo ella los ojos cerrados por el último mordisco sobre su clítoris, notó las manos de su hijo agarrándola las rodillas, para un instante después separar bien las piernas de su madre. Beatriz sonrió orgullosa de su elasticidad, si aquel violento movimiento se lo hubiese hecho a cualquier otra chica, el muchacho seguramente habría recibido una bofetada y su pareja lo habría dejado con las ganas, pero desde luego a una profesora de gimnasia en forma no podía pasarla aquello.
– Es esto lo que buscas ¿verdad?- le preguntó la mujer separando sus grandes labios vaginales y mostrando un sexo rosado y brillante al que Marcos no quitó el ojo.
El chico no contestó a la pregunta de su madre con palabras sino con hechos, agarrando su polla con la mano derecha para apuntar su hinchado y rosado glande sobre el sexo de Beatriz. La mujer gimió de placer en cuanto Marcos comenzó a empujar su pene con cuidado, pero aquella forma precavida de penetrar desapareció cuando la cabeza de la polla fue tragada por completo, a raíz de eso el chico comenzó a embestir con violencia el sexo de su madre.
Los muelles de la cama comenzaron a escucharse por toda la habitación, acompañados de los agudos gemidos de Beatriz y los graves gruñidos de Marcos, que desde que había sido desatado estaba dando rienda suelta a sus instintos más básicos.
Beatriz, para que la unión con su hijo no se deshiciese con facilidad tomó la decisión de rodear por la cintura a Marcos con sus piernas, siendo así muy difícil que el chico pudiese sacar su miembro una vez se hubiese corrido, dejándola a medias.
La mujer besó con pasión a su hijo cuando este se calmó un poco, aún no se había corrido, pero como era normal después de unos minutos en los que el muchacho hizo todo el trabajo físico sus fuerzas comenzaban a mermar y su ímpetu decrecía por momentos.
Aquel largo beso hizo que Marcos volviese a la carga con sus últimas fuerzas, jadeando sobre el rostro de su madre, que lo lamía con deseo al tiempo que agarraba con fuerza sus nalgas.
– ¡Me voy a correr mamá!- dijo el chico en cuyos ojos se podía ver lo cerca que estaba del éxtasis.
– ¡Yo también estoy a punto!- manifestó la mujer.
Aquella última frase Beatriz la acabó con un largo gemido cuando notó como el caliente y espeso esperma de su hijo comenzaba a bañar su interior, siendo el detonante de que ella misma también se corriese y soltase una importante cantidad de fluidos que de no haber sido por que la gruesa polla de su hijo tapaba casi por completo su vagina, habría empapado el edredón sobre el que se encontraban.
Beatriz abrazó con fuerza a su hijo para que este no se separase de ella y así no sacase de su interior aquel gran falo que tanto la llenaba. Ambos se estuvieron besando, lamiendo y dando dulces mordisquitos hasta que la mujer sintió que la polla de Marcos perdía volumen y dureza.
La mujer observó como el chico sacaba su pene empapado de su cálido interior, saliendo con él unos pocos fluidos que aún no habían logrado abandonar su cuerpo por el tapón que aquella verga suponía.
– Cuando me han atado pensé que iba a ser el día más vergonzoso de mi vida, nunca pensé que pudiese convertirse en el mejor- dijo el chico tumbándose junto a su madre.
– ¿Te ha gustado hacerlo con tu madre?- le preguntó la mujer sonriente al ver lo satisfecho que había dejado a su hijo.
– Sí, ha sido la mejor experiencia que he tenido.
– Eso está bien- dijo la mujer incorporándose un poco para coger la flácida polla de Marcos- ahora te la limpiaré un poco y nos vamos a casa.
– Yo también te limpiaré a ti, mamá- dijo el chico tratando de levantarse, pero cayendo de nuevo al sentir la mano de su madre sobre el pecho.
– Tú te has esforzado mucho- le dijo sonriendo mientras bajaba la piel que cubría el glande de Marcos, mostrándolo por completo.
El muchacho no puso ninguna queja más en cuanto comenzó a notar la rápida y hábil lengua de su madre chupando, primero el glande con ternura hasta eliminar hasta el último resto de semen, y después todo el tronco de arriba abajo y acabando por sus grandes testículos que tenían un color mucho más saludable que el que se había encontrado cuando Marcos aún permanecía atado.
– Una cosa Marcos- dijo la mujer cuando terminó de limpiar la polla por completo- quiero que no vuelvas a ver a esos supuestos con los que te sueles juntar.
– Dalo por hecho mamá, no tenía idea de volver a verlos- dijo el chico, que seguramente estaría dolido por aquella broma pesada que podría no haber tenido un final tan feliz.
– Y también quiero que comiences a buscar trabajo, si encuentras un empleo sabré recompensarte- le dijo sonriendo pícaramente mientras se tumbaba apoyando sus tetas sobre el pecho del chico.
– Mañana mismo comenzaré a buscar, mamá- dijo el chico sonriendo tan solo de imaginar la recompensa que su madre le daría si consiguiese un trabajo.

Con mamá en su cama

Sábado, diciembre 10th, 2011

Mi mamá quedó complacida cuando le di la noticia. Esa tarde vendría mi novia a casa para formalizar nuestra boda. Después de un año de noviazgo, Martha y yo habíamos decidido que era hora de vivir juntos.

La comida transcurrió de buena manera y al anochecer dije a mi madre que acompañaría a Martha a su casa. Regresé y encontré a mi mamá mirando televisión en su cuarto. Me senté en su cama y como había hecho tantas otras veces, me quedé en su habitación platicando con ella antes de irme a dormir.

Me dijo que estaba feliz por lo de mi boda y yo sabía que así era, pero notaba algo raro en ella, algo que no quería decirme.

Desde que mi papá nos abandonó, cuando yo tenía ocho años, en casa quedamos sólo ella y yo y ambos eramos confidentes el uno del otro. Mamá me platicaba de sus parejas y yo de las mías, pero esa noche ella estaba muy callada y triste.

Yo había estado atareado con mi novia y además el trabajo, por lo que me sentía muy cansado. Durante un rato guardamos silencio con mi madre para ver televisión y el sueño me venció. Desperté de madrugada, quizá serían como las tres. Me di cuenta que yo estaba en su cuarto y podía escuchar que ella sollozaba. Eso me preocupó así que le pregunté qué tenía y por fin me lo dijo. Un día antes ella había terminado con su pareja y eso la tenía muy mal. Además sentía algo de tristeza porque yo me iría pronto de la casa.

-Estoy feliz de que vayas a casarte –me dijo-, pero no puedo dejar de sentir cierta tristeza porque ya no estarás acá. Pero no te preocupes por mí, es algo natural que piense en que te voy a extrañar.

La televisión y las luces estaban apagadas, pero yo podía ver como brillaba un poco su cara, a causa de algunas lágrimas que mojaban su rostro. Ambos estábamos acostados y hablábamos de frente, casi cara con cara. Yo sentía su aliento tibio cada vez que me decía algo. Comencé a acariciar su rostro con mi mano derecha y no pude evitar acercarme y besarla en las mejillas. Entonces nos abrazamos y mi cara estaba pegada a la suya.

-No te preocupes por lo de tu pareja –le comenté-, tú eres alguien muy especial y ya encontrarás a otra persona.

Seguíamos abrazados y entonces nuestros labios se tocaron. Eso no hubiera tenido mucho de especial, porque cuando yo era niño, mi madre me besaba no sólo en las mejillas, sino también en los labios, claro, sin otro sentido que el de su afecto de madre, sin embargo, ahora nuestros labios se unían de otra manera, en un beso húmedo y largo y un calor invadió todo mi cuerpo. Sentí como un relámpago recorriéndome y ella seguramente también lo estaba notando. De repente sentí una erección tremenda y por eso separé mis labios de los de mi madre, quien después del beso dijo:

-No está bien que una madre de 38 años bese a su hijo de veinte. Bueno, -continuó diciendo- tú siempre vas a ser mi bebé.

Ella me acariciaba el cabello y yo miraba una sonrisa de felicidad en su cara.

-Hace frío para que te levantes y vayas a tu cuarto, podrías resfriarte. Lo mejor es que pases la noche aquí.

Le contesté que sí, que dormiría en su cama. Estábamos cubiertos y el calor y el cansancio me vencieron y dormí otro rato, hasta que al moverme un poco hacia adelante, noté que tenía una erección tremenda y que mi verga estaba rozando las nalgas de mi madre. Abrí los ojos en la oscuridad y a pesar de que sabía que debería retroceder un poco, para evitar el contacto con mamá, no lo hice. Ahí estaba yo, detrás de ella apretando disimuladamente mi verga contra sus nalgas.

¿Pero qué me pasaba? Yo nunca la había visto más que como lo que era: mi madre. Pensaba esto entre la oscuridad, pero no hacía nada por alejarme de ella. Era tan rico sentir la dureza de su culo contra mi verga hinchada, que yo deseaba prolongar ese contacto.

Estuve un rato así y entonces ella retrocedió un poco más y ésta vez mi pito casi se incrustaba entre sus nalgas. Ella se había cambiado de ropa y dormía con una bata de tela muy delgada, y yo estaba casi seguro que ahora sentía mi fierro rozándola.

Haciéndome el dormido, pasé mi brazo derecho sobre el costado de mi madre, a modo de abrazo y dejé caer mi mano sobre uno de sus senos. Jamás había vuelto a sentir ese pecho. Sus tetas eran grandes y si bien habían perdido un poco de su firmeza, no dejaban de ser muy hermosas. Yo ya no podía ni quería controlarme. El deseo por ese cuerpo caliente de mi madre me tenía a mil. Moví un poco mi mano y sentí su pezón, que rápidamente se puso duro al contacto de mi piel. Ya no iba a parar. Comencé a pasar la palma de mi mano despacito por la teta de mi madre y casi estaba seguro de que ella empezaba a jadear. Metí mi mano por completo en su sostén y ahora apretaba ese pecho hermoso y caliente, mientras estrechaba cada vez más mi verga contra su rico culo.

Se oían sus gemidos mientras le apretaba las tetas, pero no decíamos nada. Entonces bajé mi mano por sus pechos, hasta tocar los vellos de su concha. No podía creer que mi mano estuviera ahora en la pucha de mi madre. Era tan lujurioso todo. Apenas toqué sus pantis, me di cuenta que estaba totalmente mojada y sin pensarlo mucho, saqué mi pene del pantalón y haciendo a un lado sus bragas, coloqué la punta de mi verga en su concha. Mi madre se estremeció al sentir la punta de mi verga entre sus labios y despacio hice que toda mi verga entrara en ella. Mamá chorreaba y fue fácil entrar en su pucha. Yo me movía despacio, entrando y saliendo. Era mucha la excitación. Su baba me tenía toda la verga lubricada. Me estaba cogiendo a mi madre. Su concha caliente se estaba comiendo mi pito. Ya no eramos sólo madre e hijo, sino hombre y mujer. No sabíamos si estaba bien o mal lo que hacíamos. Lo único que sabíamos era que el deseo era mutuo y que no queríamos dejar pasar este momento.

Ahora, mientras me la cogía, yo le mordía los hombros y le lamía y le besaba el cuello. Fue entonces que me atreví a hablar y le dije:

-Eres una mujer muy hermosa mamá.

-¿Te gusto mi vida?

-Claro mamá, eres una hembra bellísima.

-Huy, mi amor, me haces sentir muy deseada.

-¿Te… te gusta lo que estamos haciendo? –dije, y ella contestó:

-Ay mi amor, me gusta como le das verga a tu mami. Métemela así mi amor. Huy, has puesto muy caliente a tu madre mientras me rozabas con tu verga.

-Ufff mamá, vas a hacer que me corra.

-No todavía bebé, porque te deseo mucho tiempo dentro de mí.

Entonces ella se alejó un poco para sacarse mi verga y se colocó de frente a mí. Comenzamos a besarnos. Nuestras lenguas se enredaban y yo mordía sus labios carnosos.

-Ay mi niño. Qué caliente me tienes.

Comencé a bajar hasta que mi boca quedo frente a sus tetas. Le lamí los pezones llenándoselos de saliva, hum qué rico morder y chupar sus pezones duritos.

-Ay mi niño, tú vas a hacer que tu mami se chorree. Así lindo, sácale la leche de las tetas a tu mamá. Ah, mi vida, me has puesto como una callejera.

Seguí lamiendo hasta que mi boca llegó a su pucha. Le quité sus pantis y lamí la baba de sus bellos. Hum, ahora mis dedos le abrían la pucha y mi lengua húmeda tocaba las paredes de sus labios. Los apretaba entre mi boca y chupaba. Tenía la cabeza entre las piernas de mi madre y ella me tenía sujetado del cabello y me apretaba la cara contra su pucha.

-Ay bebé ay ah.

Sentí cómo me invadía toda la humedad de mi madre. Acaba de correrse y yo seguía chupando su concha, metiéndole la lengua hasta el fondo. El aroma de esa panocha era para extasiar a cualquiera y yo no quería alejarme. Terminó en mi boca pero seguíamos muy calientes y yo no dejaba de beber su humedad que escurría hasta sus muslos. Parece mentira que no me había dado cuenta de lo hermosas y ricas que eran las piernas de mi madre y ahora yo las tenía para lamerlas y morderlas.

-Ufff hijo, así, chupa cariño, tómatelo todo mi amor.

-Sí mamá; huy, me excita tu aroma y me excita que estés tan caliente.

-Me tienes como una perra en celo mi vida y soy sólo tuya.

La levanté para acercarla a mí, quería darle por la pucha desde atrás y me acomodé tras de ella. Metí y mi verga con fuerza y ella lo resintió con un gemido. La arremetía con mucha violencia y ella igual que yo estaba ardiendo.

-Mamá, me voy a correr.

-Sí mi amor, hazlo dentro de mí, anda cielo. Lléname toda con tu leche… ay cariño ufff.

Seguí cogiendo a mi madre con todas mis fuerzas, mi verga rozaba las paredes de su concha y no pude contenerme más. Me aferré a sus tetas mientras le llenaba la pucha con mi leche. Ambos gemíamos de placer.

-ufff mamá.

-¿Te gustó mi cielo?-preguntó ella.

-Sí, me encantó tenerte como mujer, aunque…

-¿Aunque?… sientes algo de culpa ¿no?

-Sí mamá, así es.

-Pues pensemos que sólo es algo lindo ¿sí?

Le di un beso en la mejilla y nos quedamos mirando. Después acerqué mi boca a la suya y nos besamos. Yo sabía que ya no dormiría esa noche, cuando sentí que mi verga se volvía a poner muy dura entre la mano de mi mamá.