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relatos de incesto entre hermanos donde ella es la mas jovencita

Rubén & Alba. En el baño

Me despierta una extraña sensación en el pene. Entreabro los ojos y veo que sigue siendo de noche, pues todo está oscuro y la única luz que hay proviene del reloj digital que tengo sobre la mesa, al lado de la cama.

Me doy cuenta entonces de que mi hermana me está masturbando, lentamente y con suavidad. Su mano tiene envuelto mi miembro y lo va masajeando. Como cada noche, está tumbada y abrazada a mí en ropa interior y con una coleta en el pelo.

– Alba… – le susurro – ¿Qué haces?

– Aliviándote, ¿no lo ves?

– Pero… Alba…

– Sshht – me hace callar y levanta la cabeza de mi pecho para colocarla al lado de mi oreja, donde empieza a susurrarme cositas -. Tú solo disfruta, hermanito. Quiero ayudarte a descargar la excitación por todas esas veces que te he calentado.

– Gracias, Alba, pero… No creo que esta sea la forma más adecuada.

– ¿Ah, no? ¿Y cómo lo hago, si no? ¿Quieres tocarme? Tócame. – Dice poniendo mi mano sobre su trasero. – Desahógate conmigo. Déjate llevar. Deja que tu encantadora hermana pequeña, que te adora, se encargue de todo.

Me mordisquea el lóbulo con dulzura y me da besitos por el cuello y detrás de la oreja. Me está poniendo a mil.

– Estaba soñando contigo, Rubén. Estaba soñando que me hacías el amor. Estaba disfrutando tanto de tus caricias, del cuidado con el que ibas para no hacerme daño… Entonces me he despertado y he visto que estabas empalmado, así que he decidido darte placer. ¿Te gusta?

Su voz es ronca y sensual a la vez, y me está poniendo enfermo.

– Sí que me gusta, sí.

– Jijiji pues disfruta, campeón. Disfruta, que me haces muy feliz…

Siento que el orgasmo está cerca. Ella también debe de notarlo por la dureza de mi polla, así que acerca sus labios a los míos hasta que casi se están rozando.

– Alba…

– Lo sé… Relájate…

Mi hermana va a besarme por fin en los labios a la vez que llego al ansiado y delicioso orgasmo cuando todo se vuelve negro…

… y oigo a nuestro padre, que nos despierta a gritos a las 6:30 de la mañana, media hora antes de que nos suene el despertador.

– ¡Rubén, Alba, despertaos, que llegáis tarde a clase!

Pegamos un brinco en la cama, sobresaltados, y miro la hora.

– Papá… – empiezo a decir, medio dormido – El instituto empieza a las 8, no a las 7. Baja la voz…

Viéndose atrapado, nos suelta:

– ¡Bueno, pues aprovecháis para estudiar! Me voy al trabajo. Adiós.

Y cierra de un portazo. Suspiro y miro a mi hermana, que está a mi lado con los ojos entreabiertos. Va en ropa interior y con la cabellera rubia recogida en una cola de caballo.

Me mira con sus ojos azules y niega con la cabeza, como queriendo decir “Será imbécil…”

– Buenos días, hermanita… – la beso en la frente con dulzura.

– Buenos días, Rubén – y me abraza.

Nos quedamos así unos minutos, disfrutando del contacto, del tacto de la piel.

– Oye… Aún queda un rato para que suene el despertador. ¿Nos volvemos a dormir?

– No, mejor aprovechamos para ducharnos. ¿Te parece?

– Vale, vamos.

Nos levantamos de la cama y vamos al baño. Estoy poniendo el agua caliente cuando veo que Alba no solo sigue con ropa sino que me está mirando pícara.

– ¿A qué esperas?

– ¿Me ayudas a desnudarme, porfi? – pone su encantadora voz infantil.

– Claro.

Se pone de caras al espejo y yo detrás suyo. Primero le bajo las bragas y sale a relucir su espléndido trasero, redondito y erguido. Lo hago despacito y disfruto del tacto de su piel blanca, de sus muslos, de sus piernas. Me percato entonces de que tiene una mancha en las bragas. Sonrío y no le doy importancia.

– ¿Qué tal por ahí atrás?

– Bien, bien, tengo unas vistas espectaculares jeje.

– Jijiji lo sé.

Continúo con el sujetador. Lo desabrocho por detrás y cae al suelo. El busto de mi hermana es exquisito para su edad: unos pechos muy bien formados y nada caídos. Por último, deshago la coleta y libero su larga melena dorada, que ella misma se recoge y se pone delante, a un lado.

La abrazo por la cintura y beso su espalda. Ella sonríe, cierra los ojos y solo disfruta. Voy subiendo, pasando por su nuca, hasta llegar a la oreja. Beso la parte trasera de esta y llego al lóbulo, que directamente chupo con suavidad.

– Mmm… – ronronea ella.

– Ssshhh…

Voy subiendo las manos y acaricio su vientre. Entonces abre los ojos y se separa de mí rápidamente:

– Venga, que al final no nos vamos a duchar.

Dicho esto, vuelve a sonreirme juguetona y se mete en la ducha. No quiero perder tiempo, así que me quito los calzoncillos con prisa y me meto con ella.

Alba ya está mojada cuando entro. Se ha echado el pelo hacia atrás y el agua le cae por el cuerpo. Está preciosa. Me pongo de caras a ella, bajo el chorro de agua caliente, y le digo:

– Enjabónate tú primera y así después te pones bajo el agua.

Asiente y empieza por el pelo.

– Oye, ¿quieres que te limpie yo el cuerpo mientras? – le pregunto.

– Me encantaría – me contesta mirándome a los ojos, con una sonrisa que derretiría una piedra.

La enjabono entera menos el culo, la vagina y las tetas. Ella cierra los ojos mientras se deja hacer. Después se limpia donde yo no la he tocado y finalmente se pone bajo el agua.

– Yo ya estoy – anuncia -. Te toca.

Coge el champú y el resto de cosas (ella controla mucho más de esto que yo; mis métodos de limpieza son simples: busco la palabra «pelo» en los botes y me echo el que la contenga, y lo mismo con el cuerpo) y me lo extiende por todas partes menos en la entrepierna mientras yo hago lo propio con mi pelo corto negro.

– ¿Te está saliendo músculo, eh? – me comenta, tocándome los brazos.

– Más les vale, ahora que he vuelto a hacer ejercicio.

– Pues sí jiji.

Bajo la mirada para limpiarme el pene y entonces veo que tengo un empalme de tres pares de cojones. No es raro que me dé cuenta ahora: paso tantas horas palote que ya es como mi estado normal. Mi soldado apunta directamente al coñito de Alba, quien por cierto se lo mira divertida.

– ¿Cuánto hace que está así?

– Casi desde que has entrado jijiji. Creía que te habías dado cuenta.

– Pues no.

– Bueno, no pasa nada… Es una reacción natural.

Termino de limpiarme y me quito el jabón. Ya estando ambos, mi hermana se me pega, juguetona, y me acaricia los pectorales con las manos. La abrazo y sus pechos se aplastan en mí. Levanta la cabeza con la boca entreabierta y yo agacho la mía. Se tocan nuestras frentes y narices y nuestros labios casi se están rozando. Me doy cuenta de que tiene las mejillas rojas.

– Alba…

– ¿Si…?

– Te quiero.

– Y yo a ti – traga saliva, nerviosa.

Tenemos las bocas tan cerca que cuando uno habla el otro puede llegar a notar el movimiento de los labios del primero. Por este motivo noto que le tiembla la voz, por no hablar de lo rápido que le late el corazón.

– ¿Estás bien? – le pregunto.

– Sí – asiente con la voz ronca.

Entonces cierra los ojos y nos quedamos un ratito así. Finalmente suspira y se aparta de mí.

– Deberíamos salir – me dice.

Me da un beso en la mejilla y para el agua. Se dispone a mover la cortina cuando la cojo de la mano.

– Alba.

– ¿Sí?

– ¿Seguro que estás bien?

– Sí, no te preocupes – agarra mi mano con sus manos y la besa en la palma. Después sale.

Salgo yo también y nos secamos con las toallas. De pronto se me queda mirando.

– Oye, ¿quieres que te afeite?

– ¿Tan mal estoy? – tenía pensado dejarme crecer un poco las patillas, ni que fuera.

– No, pero estás más guapo sin pelos en la cara – me sonríe dulcemente poniéndome la mano en la mejilla.

– Eh… Vale, como quieras – acepto.

– Siéntate en la taza del váter, que si no no llego.

Le hago caso y se sienta en mi regazo, de caras a mí. Debo recordar que seguimos desnudos.

Me llena la cara de espuma y empieza a afeitarme con la cuchilla. Sus ojitos azules no apartan la vista ni un momento. Es su primera vez y no quiere cortarme. Alba está de espaldas al espejo, así que puedo ir viendo más o menos cómo se está dejando… Y no lo hace mal, precisamente.

– Esto se te da bien, hermanita. Podrías hacer barbería, o peluquería, o algo de eso…

– Sí, la verdad es que mal no se me da. Aunque prefería dedicarme a hacer fotos y mandarlas a revistas.

– Tú lo que quieres es fardar en Instagram jaja – me río.

– Jijiji cómo me conoces – me besa en la frente con ternura.

– ¿Y no te gustaría ser modelo? Con el cuerpazo que tienes das la talla de sobras…

– ¿Te refieres a esto? – refiriéndose a sus tetas, haciéndose la inocente que no sabe de lo que le hablan.

– Sí. Alba, soy tu hermano y te quiero mucho, pero no soy ciego. Eres muy sexy.

– Gracias.

– Te lo digo en serio. Valdrías para esas revistas en las que posan con la ropa que está de moda puesta.

– No sé… No me veo posando.

– Pero si ya posas en las fotos que te haces por la calle…

– En eso llevas razón.

Mientras hablamos, ya ha terminado de afeitarme. Para comprobar cómo de suave me ha dejado la cara, pone su mejilla en la mía y así va de una a otra. Cuando pasa por los labios, levanta un momento la cabeza y me toca con los dedos.

– Pues te queda bien – concluye, satisfecha.

– Me lo alegro. Gracias.

– De nada, hermanito.

Entonces se me queda mirando fijamente los labios. Con los dedos índice, corazón y pulgar me los vuelve a tocar y a reseguir. Se muerde el labio mientras lo hace. Abro un poco la boca y el índice se me mete dentro. Esto dura solo unos segundos, pero suficiente como para que el dedo quede húmedo de saliva.

Me rodea el cuello con los brazos y nos abrazamos. No puedo asegurarlo, pero juraría que mientras estamos así Alba se mete el índice en la boca.

Rubén & Alba. Un amor especial

Me despierta la alarma del móvil a las 7:30 con el tono «Oh fortuna» de Carmina Burana. Estamos a mitad de abril y anoche dejé la persiana subida, así que tengo todo el cuarto iluminado con la luz del amanecer.

Me levanto y abro la puerta del dormitorio para ir al baño a mear. Allí está mi hermana, en ropa interior, lavándose la cara.

– Buenos días, Alba – le doy una cachetada cariñosa en el culo, gesto al que ella sonríe mientras se pasa la toalla por los ojos.

– Estás empalmado jiji – observa a través del espejo.

– El típico empalme mañanero, ya sabes…

– Sí, sí…

Sonríe y sale al pasillo para ir a vestirse. Me fijo en cómo el sol afecta a su físico: su larga y lisa cabellera rubia brilla y parece un río de oro, su piel blanca se vuelve aún más clara y sus ojos azules parecen contener un mar de agua cristalina dentro. Esto último lo sé porque gira la cabeza y me mira de reojo mientras anda.

Bajo a la cocina a desayunar y vuelvo a subir a lavarme los dientes. Alba ya está vestida y va muy guapa, muy fresquita: shorts, camiseta sin mangas y chaqueta tejana fina. Lleva la melena suelta.

– Qué guapa vas, ¿no? – la piropeo, cogiéndola por la cintura y atrayéndola a mí.

– Tú que me miras con buenos ojos… – pone las manos sobre mi pecho desnudo y juguetea con los pelos. Soy más alto que ella, así que tiene que alzar la vista para clavar su mirada en la mía.

Agacho la cabeza y nuestras frentes y narices se tocan. Mi hermana abre la boca y veo cómo esta tiembla levemente, como si le costara respirar y tratase de coger aire. A nuestros labios apenas los separan un par de centímetros. Está nerviosa y cierra los ojos.

Exhalo y Alba se estremece. Nuestras bocas prácticamente se están tocando…

… cuando suena el timbre. Mi hermana cierra la boca, sonríe y me mira de nuevo, dulcemente.

– Me voy a clase.

Rápidamente rodea mi cuello con sus brazos, me da un beso en la mejilla y otro en la punta de la nariz y baja las escaleras con prisa mientras me lanza una última mirada divertida e inocente.

En cuanto oigo que se cierra la puerta de casa, cojo el móvil y me siento en el váter a hacerme una paja. Mi hermana me ha dejado cachondísimo.

Busco una foto suya en la Galería y me la imagino completamente desnuda y entre mis piernas, mirando curiosa mi falo.

– Mmm… Qué bonito es. ¿Con esto nos dais placer a las mujeres?

– Sí, vosotras nos lo tocáis y os lo metéis dentro y os da una sensación muy agradable.

Se queda callada un momento, como procesando mis palabras.

– ¿Puedo tocarlo? – me pregunta de forma inocente, con una voz de niña muy mona.

– Claro, adelante – le doy el visto bueno.

No muy segura de sí misma pero sin duda con ganas, me toca el glande con dedos dedos. Mi pene da un saltito que la hace reír.

– Jijiji se mueve.

– Claro, eso es que me ha gustado el roce. Por eso ha reaccionado.

– ¿En serio? Pero si no he hecho nada…

– Pues entonces imagínate si haces.

Con un poco más de decisión, envuelve el cuerpo con una mano y la otra la lleva a los testículos.

– ¡Está calentito! – exclama, sorprendida.

– Es que me pones muy caliente, hermanita.

– Ya veo, ya jiji.

Aún con un poco de respeto (como si la fuera a morder…), empieza a mover la mano y a masturbarme.

– Aah… – suspiro.

– ¿Así te gusta? ¿Lo hago bien?

– Sí, sí, perfecto. Sigue…

Me pajea lentamente, con cuidado, como si tuviera miedo de romperme la polla. Se nota que es su primera vez. Ver su hermoso cuerpo desnudo delante me está poniendo cada vez más. Esos pechos redondos y erguidos, grandes para su edad; esos pezoncitos de punta que parecen pedir a gritos que alguien los devore, esa cintura esbelta…

Empiezo a sentir que voy a correrme, así que aumento la velocidad a la que me la machaco. Ya estoy a punto de llegar al orgasmo…

… y de repente me suena el móvil. Doy un bote en la taza a la vez que abro los ojos. Me está llamando mi abuela. Me cago en todo por no haberlo puesto en silencio y se lo cojo (es de esas que hasta que no contestas no paran de llamar).

– Qué hay, abuela.

No me llama para otra cosa que para saber si estoy bien, si he comido y si tengo algo para comer después. Es una obsesa, y me ha fastidiado por completo la paja.

Cuando cuelgo, ya se me ha bajado. Me levanto y me voy al ordenador.

 

Por la tarde estoy en casa con los amigos, jugando a cartas en el sofá que hay en el garaje, cuando se abre la puerta y entra Alba.

– Ah, hola… No sabía si había alguien en casa.

– Hola, Alba – la saludan.

– ¿Qué hay, chicos? ¿A qué jugáis? – aunque finge mostrar interés, en el fondo sé que le es indiferente.

– Nada, a una tontería… – dice uno.

– Entiendo… Bueno, me voy. Estaré arriba – esto me lo dice mirándome a mí directamente.

– Oye, Alba, espera – uno de mis amigos se arma de valor y la coge de la mano -. ¿Q-Quieres jugar con nosotros?

Mi hermana se gira con un aparente gesto despreocupado, aunque yo alcanzo a ver también la sorpresa en su rostro. Ninguno de los dos nos esperábamos que mi amigo David fuera a echarle huevos.

Alba decide jugar un poquito con él:

– Creía que habías dicho que era una tontería de juego…

– Bueno, ya… pero… – está atrapado y no sabe por dónde salir, cosa que me hace gracia.

Mi hermana le pone la mano en el hombro, tranquilizándole:

– Bueno, no me apetece mucho jugar, pero si queréis me quedo un ratito con vosotros…

– ¡Oh, sí, perfecto! – exclaman.

– Muy buen – sonríe pícara -. Dejadme un hueco al lado de mi hermana, porfi.

Se pega a mí y deja la cabeza sobre mi hombro. Le paso el brazo por la cintura y termina de acurrucarse. Le acaricio las piernas y al rato se queda dormida. Nos tardamos en darnos cuenta.

– Qué guapa está dormida.

– Sí, es preciosa.

– Rubén, tío, ya me gustaría tener una hermana así.

La alaban pero sin pasarse, porque saben que al que haga un comentario vulgar de ella lo echo a patadas.

– Sí que es guapa, sí – corroboro mientras la beso en el pelo y detrás de la oreja, que sé que le gusta.

 

Después de cenar nuestro padre se va a dormir y nosotros también nos acostamos. Nos quedamos en ropa interior y nos metemos en mi cama. Esto tiene su explicación: a Alba le dan miedo las tormentas y el verano pasado hubo muchas. Se refugió en mi cama desde el primer día y al final se acostumbró, de modo que ahora es incapaz de dormir sin mí. Me abraza y no me suelta.

Estoy boca arriba y ella tiene la cabeza sobre mi hombro, las manos sobre mi pecho y una pierna encima de la barriga. Bastante cómodo. Me va besando en el cuello, en la oreja y en la mejilla mientras hablamos en voz baja.

– No veas cómo de nervioso se ha puesto David esta tarde, ¿eh? Jijiji.

– Ya ves. Aunque ha tenido un par de huevos.

– Sí, eso también. Me he quedado sorprendidísima cuando me ha cogido de la mano.

– Ya te he visto, ya jeje. Cualquier día se te insinúa.

– Pues sí, pero no siento nada por él…

– ¿Y por quién lo sientes?

Al oír esto levanta la cabeza y la acerca a la mía hasta que nuestras narices se tocan y nuestros labios quedan a escasos centímetros.

– ¿A ti qué te parece? – me pregunta con voz ronca, sonriendo – ¿Mm?

Mi mano se posa en su espalda y la acaricia y hace cosquillas, gesto al que ella responde ronroneando. Nuestras bocas están tan cerca que noto su respiración en mis dientes. Paso mi otra mano por detrás de su pelo y la dejo en la nuca. Alba se ha colocado boca abajo y está completamente estirada sobre mí.

– Quizás algún día sientas algo por otro chico. Solo tienes 14 años, Alba. Es lo único que digo.

Oír esto no le ha gustado. Separa su cara de la mía y su expresión se vuelve seria.

– Y tú 18 y tampoco pareces sentir nada por ninguna otra chica. Soy tu hermana pequeña y te quiero muchísimo. Quiero pasarme toda la vida a tu lado porque te aprecio hasta un punto que no puedes ni imaginar. Que dudes de esto me ofende.

– No dudo de tus palabras, Alba. Yo también te quiero. Es más: a veces creo que hasta te necesito.

– Pues ya está – su rostro volvió a animarse -. Nos tenemos el uno al otro. Dos hermanos juntos contra el mundo. No necesitamos nada más.

Me quedo un momento sin saber muy bien qué responder.

– Pues llevas razón.

– ¿Lo ves? Te quiero, Rubén.

– Y yo a ti, Alba.

Me da un beso en la mejilla y nos quedamos ahí dormidos, semidesnudos y abrazados en nuestra cama.

Rubén & Alba. ¿Pesadilla o sueño erótico?

Alba está en el baño con el secador mientras yo desayuno en la cocina. Divagando en mi mente, rememoro el inicio de esta relación que mantengo con ella. Ya conté en “Un amor especial” que lo de dormir juntos viene del verano pasado, a causa de su miedo a las tormentas; pero si nos ponemos tiquismiquis, lo cierto es que la cosa se remonta a más atrás. Hoy vengo a hablar de eso. Hoy vengo a hablar de cómo me empezó a gustar mi hermana.

Decir de entrada que ella y yo siempre nos hemos llevado bien. De pequeños yo era su protector, su guardaespaldas personal frente a los macacos salvajes de su clase que se metían con ella por vete tú a saber qué. Más de una vez acabé en el despacho del director por romperles el diente a uno, la mano a otro o abrirle la cabeza a un tercero con una piedra.

-Si molestan a mi hermana, que no esperen que me quede quieto -esa era mi respuesta para quien me preguntara qué había ocurrido.

Me llamaron de todo -que si conflictivo, que si problemático, que si violento…- y acabé repitiendo sexto, pero lo cierto es que me importó más bien poco: en mi cabeza, eso significaba única y exclusivamente que iba a poder proteger a Alba un año más.

Pero, al terminar por fin la primaria, ocurrió lo que temí desde el primer momento: estando yo en otro centro, los abusones volvieron a cargar contra ella, y tal era el miedo de mi hermana que no fue capaz de centrarse lo suficiente en clase y repitió cuarto.

Mandaron a esos niñatos a otro colegio al darse cuenta de lo que había ocurrido, pero el mal ya estaba hecho: Alba había sufrido bullying, era incapaz de confiar en ningún chico de su edad y solo se sentía segura a mi lado -porque fui la única persona que la creyó y ayudó-.

Ni con nuestros padres se sentía -ni se siente- cómoda, que ya ellos también dudaron de sus palabras hasta el final.

Sin esos imbéciles con ella, pudo acabar la primaria sin problemas, pero el trauma seguía -y sigue- ahí, latente…

Y con esto llegamos al verano pasado, cuando ocurrió eso de la tormenta. Hay que tener en cuenta que, sumando nuestra buena relación y lo guapa que se había puesto, ya por entonces había inspirado muchas de mis pajas -se sumaba también el morbo de ser mi hermana-. Aún así, todavía no me gustaba.

Una noche de tormenta, a principios del verano, estaba durmiendo cuando Alba me despertó susurrándome al oído con su voz de niña:

-Rubén… Rubén…

-Mmm… ¿Qué pasa?

-¿Puedo dormir contigo esta noche? Es que… me da miedo la tormenta -confesó.

La verdad es que la tormenta parecía de apocalipsis: los rayos iluminaban la habitación hasta el punto que parecía ser de día, la lluvia golpeaba con fuerza los cristales, el viento movía las persianas, los truenos resonaban como terremotos… Muy digno de una película de esas de fin del mundo.

-Claro, métete.

-Gracias.

Se me abrazó como un koala y así dormimos, notando cómo temblaba cada vez que se oía un trueno y abrazándola con fuerza para que se sintiera segura.

Aquellas tormentas nocturnas duraron como tres o cuatro noches seguidas, así que al final ya no hacía falta ni preguntar: cada noche me metía en la cama y le dejaba un hueco a ella.

La cosa está en que se acostumbró a dormir conmigo y ya no quiso volver a meterse nunca más en su cama. Al principio nuestros padres querían obligarla a pasar la noche donde según ellos le tocaba, pero desistieron al ver que su hija no daba su brazo a torcer y a mí no me importaba.

Con el tiempo el roce hizo el cariño, y fue entonces cuando sentí que aquella jovencita que solo se sentía bien a mi lado me estaba comenzando a gustar.

Traté de negármelo a mí mismo, pero fue imposible. Lo único que podía hacer era no sucumbir ante la carne…

… Y eso hago, tanto como mi excitación me lo permite, hasta el día de hoy. Por gracia o por desgracia, a Alba le pasa lo mismo conmigo. No soy imbécil y sé que siente algo por mí, ya que a la primera de cambio coquetea conmigo. Trato de pararle los pies y evito que me dé ese primer beso en los labios que sé que ansía y que, no voy a negarlo, yo también deseo, porque estoy convencido de que cuando eso ocurra ya no habrá marcha atrás.

Nunca hemos hablado de este tema seriamente, solo de pasada, pero sé bien lo que piensa ella.

Mi hermana Alba está enamorada de mí.

Algunos nos llamaréis depravados, enfermos, incestuosos. Me da igual. Lo que siento por mi hermana no lo he sentido jamás por ninguna otra chica. Esa proximidad, esa calidez, esa confianza y complicidad… Si tenéis hermanos y os lleváis lo suficientemente bien con ellos (no me refiero al incesto), sabréis a lo que me estoy refiriendo.

No sé cómo acabará nuestra historia: quizás en un tiempo se lo expliquemos a nuestros padres y formalicemos nuestra relación; o quizás no. Puede que acabemos encontrando a alguien con quien envejecer y esto no sea más que un bonito recuerdo.

-¿Qué tal estoy? -me pregunta, nada más bajar las escaleras y aparecer en el salón.

La miro de arriba a abajo. Se ha alisado la melena rubia, pintado ligeramente las pestañas y los labios y puesto una camiseta clara y una chaqueta y pantalones tejanos azules.

-Guapísima, como siempre -sonríe ante mi respuesta, le pongo la mano en el hombro y la beso en la frente. Puedo sentirla suspirar al notar mi piel sobre la suya.- ¿Vamos?

-Sí.

Salimos de casa cogidos de la mano, nos montamos en mi coche y vamos a clase. Cualquiera que no nos conozca pensará que somos pareja.

Y supongo que eso es justamente lo que los dos, en el fondo, queremos.

Alba

Entro a clase justo cuando la profesora va a cerrar la puerta. Me mira con cara de “A la próxima no entras”, pero no me pone problemas. Voy a mi sitio y empieza a explicar.

-Buenos días -me saluda mi amiga Raquel, que se sienta a mi lado.

-Buenos días.

Abro la mochila y saco las cosas: el libro, la libreta, el estuche, la agenda… Me quedo mirando una foto que hay en la portada de esta última. Una foto de Rubén y yo. Está tan guapo sin camiseta, moreno y fibrado…

Salgo de mi ensimismamiento y tomo apuntes para que la maestra no me diga nada. Ya soy un año mayor que los de esta clase y no quiero serlo dos.

Pero no me quito a mi hermano de la cabeza. Estoy pillada por él, yo lo sé. Como también sé que no puedo contárselo a absolutamente nadie. Tengo que aguantar tanto a mis amigas de tercero como de segundo con sus fantasías y sueños sobre mi Rubén para que no sospechen nada. Les gusta porque está bueno y es el único estudiante que va a clase en coche, y como son unas interesadas se lo quieren ligar solo para fardar. Soy rubia, pero no soy tonta. Cuando, harta de sus estupideces y de su pavo -del que yo no carezco, debo decir-, les recrimino sus intenciones, se llevan las manos a la cabeza, diciéndome que no es cierto y que cómo puedo pensar eso de ellas…  Pero yo sé lo que me digo.

Aburrida, miro de reojo a la mesa de Raquel, quien está dibujando en la mesa con el lápiz. A la cabrona se le da bien, por lo que no me cuesta averiguar de quién se trata.

Vuelvo a prestar atención a la pizarra… o al menos a intentarlo, porque estudiar el present simple y present continuous una y otra vez cansa.

Me mojo los labios con saliva e imagino que son los de Rubén. Cómo me gustaría que me besase, o que me permitiera hacerlo yo. Pero huye cada vez que lo intento, o aprovecha cualquier excusa para separarse. Como esta mañana mientras nos duchábamos, por ejemplo. He tratado de calentarle para que se dejara llevar, pero no ha servido. Pensaría que no le gusto si no fuera porque él disfruta tanto como yo de los momentos que pasamos juntos, a solas. Cómo me abraza, cómo me masajea, cómo me ha besado en la espalda y acariciado el culo cuando me estaba desnudando… Sé que él también siente algo por mí.

A veces pienso que tendría que plantarme delante de él y exigirle explicaciones, pero lo cierto es que no encuentro el momento -o no quiero encontrarlo, más bien-. Cuando le veo quiero abalanzarme sobre él, no avasallarle a preguntas por un cabreo.

La profesora pasa por mi lado, devolviéndome una vez más a la realidad. Entonces lo noto.

Humedad.

Tengo el chochito mojado.

Rubén

El profesor nos da la brasa con el temario mientras yo avanzo en los ejercicios que tenemos que entregar en la hora siguiente. Tengo que ponerme el estuche delante para que no vea lo que estoy haciendo.

Levanto un momento la cabeza y entonces me doy cuenta de que alguien me está mirando. Se trata de Nuria, una compañera de clase que lleva dos años intentando ligar conmigo sin éxito. Ella y yo tenemos cierta “historia” juntos, pero no creo que este sea el momento de hablar del tema -quizás otro día-.

Cuando ve que al fin la miro, me sonríe, coqueta. Suspiro de puro cansancio -os prometo que no he conocido jamás a alguien tan pesada e insistente como ella- y vuelvo a fijar la vista en la libreta. A ver qué día se da por vencida de una jodida vez y me deja en paz la plasta esta…

Muchos de nuestros compañeros la miran, tratando de ganarse su confianza y cariño. Nuria tiene tantos pretendientes que podría fácilmente salir un mes con cada uno y aún le sobrarían.

Pero no. La criaja esta se ha emperrado en mí y no hay manera de que deje de dar por culo. Pues mira, que se meta los dedos y se masturbe pensando en mi polla, yo que sé. No pienso caer en sus redes.

Ese mismo día, ya por la noche, estamos abrazados en la cama. Le hago cosquillitas en la espalda a Alba mientras hablamos y me besa en el cuello y la mejilla con suavidad. Le cuento lo que me ha pasado hoy en clase con Nuria -mi hermana ya está al tanto de esto desde hace tiempo-.

-Jo, qué tía más pesada -opina, haciendo una mueca de desagrado-. Rubén, por favor, déjale las cosas claras.

-Ya lo hice una vez, ¿recuerdas? La abordé por el pasillo y se lo dije tal cual: que es una pesada, que no me cae bien y que no quiero nada con ella. Pero no lo entiende… Debe ser porque es rubia.

-¡Oye! -me golpea en el pecho, cariñosamente.

-No te enfades jaja, que ya sabes que lo digo de broma. -Miro al techo, como si allí se hallara la respuesta a todos mis problemas.- Pero es que es verdad, en su caso se cumple el estereotipo de rubia tonta que no pilla las cosas.

-Escucha… -empieza, mirándome fijamente a los ojos con una expresión como de preocupación y duda al mismo tiempo.- ¿Quieres que le diga?

-¿Y eso de qué serviría, Alba? -Desecho la idea.- No puedes plantarte delante de ella como una novia celosa y exigirle que me deje tranquilo. Sería demasiado raro, demasiado sospechoso.

-Ah, ¿conque me consideras tu novia, eh? Jijiji -me pregunta, poniéndose juguetona. Acerca su cara a la mía y me da un beso de esquimal.

-Ya me has entendido… Tengo que hacerle ver que no tiene ninguna posibilidad de seducirme, pero no sé cómo hacerlo. Es lo que te digo: le dije que es una pesada y que me dejase en paz, pero la muy cabezota no se rinde…

Pasamos un rato más hablando hasta que finalmente apagamos la luz y nos dormimos. Alba apoya la cabeza en mi pecho, sintiendo los latidos de mi corazón, y pasa una pierna por encima de mi barriga; por mi parte, la abrazo por la espalda y la cojo de la mano.

-Buenas noches.

-Que descanses. Hasta mañana.

Me encuentro en clase, pero enseguida me doy cuenta de que hay algo extraño. Todos, profesor incluído, me están mirando. Giro la cabeza hacia la derecha y veo que Nuria me mira con deseo, pasándose la lengua por los labios. Me guiña el ojo y se levanta.

-¿Qué coño haces? -le exijo saber cuando mi compañera trata de besarme.

-Cogedle -ordena ella, sin que desaparezca la sonrisa de victoria de su rostro.

Antes de que pueda moverme siquiera, cuatro chavales se me echan encima y me inmovilizan: me cogen de las extremidades y esperan órdenes.

-¡¿Qué coño pasa aquí?! -Mi cabreo va en aumento.- ¡Soltadme, joder!

-No hasta que me aceptes -me explica Nuria, serena.

-¡Nuria, me cago en tu puta calavera! -Me hierve la sangre de la rabia.- ¡Diles que me suelten!

-De eso nada, guapo. -Ahora mira a sus siervos.- Sujetadle bien -les ordena.

Dicho esto, se desnuda de cintura para abajo, me baja los pantalones y los calzoncillos, me arrodilla entre mis piernas y me la chupa.

-¡Para, Nuria, para! -Ya no sé qué hacer, estoy desesperado; no veo forma posible de salir de esta.

-Pararé cuando aceptes que te gusto y me pidas estar conmigo.

Trato de librarme de sus esbirros, pero no hay manera. Me tienen bien cogido.

Aún con todo, lo cierto es que la chupa de maravilla y yo no soy de piedra. Acabo, muy a mi pesar, empalmándome.

-Muy bien, ya estás listo -anuncia Nuria, triunfante.

Se pone sobre mí y me folla.

-¡Ah…! ¡Ah…! ¡Aaah…! -gime.

-Nuria, para, por Dios -trato de mantener la cordura, pese a que el placer que estoy sintiendo me está ganando la batalla.

-Mmm… Ooohh…

-Nuria… Por… Por favor…

-¡Mmm…! Qué bueno… Sí…

-Por lo que más quieras… Nuria… Déjame… -doy los últimos coletazos porque ya veo que voy a terminar sucumbiendo al placer.

-Ufff… No hasta que me aceptes, cariño… ¿Te gusta? ¿Te gusta como te follo?

-Nuria, no…

-Ssshhh… -Me corta.- No hables, cariño… ¡Hhhmmm…! ¿A qué se está bien…?

Ahora sí que me doy por vencido y me uno a ella. Muevo la pelvis para acelerar el ritmo al que la penetro, y ella me lo agradece:

-Umm… Siii… Por fin lo entiendes… Estoy destinados a estar juntos Rubén… Aahhh… Siempre lo hemos estado… Te quiero, mi amor. ¡Aaahhh!

Se agacha y nos besamos con lengua.  Me coge de las manos y sus siervos me sueltan completamente. La agarro por el culo mientras nos seguimos comiendo las bocas y se la magreo ante su satisfacción.

-¡Aahhh! ¡Siii! ¡Siiigue…! ¡Oohh, Dios, qué bien! ¡Aaauumm…!

Cada vez vamos más rápido, más follados -nunca mejor dicho-. Su cabellera rubia se mueve y se mezcla con mi pelo, y sus brazos rodean mi cuello con fuerza.

-¡Ah! ¡Ah! ¡Ah! ¡Siii!

-Oooff… Nuria… Me has ganado… ¡Uuufff…!

-Ummm… Te lo he dicho, mi amor… Hhhmm… Estamos destinados a estar juntos.

Siento que voy a correrme al fin cuando de pronto…

-¿Rubén? ¿Estás bien? -Alba me despierta y me levanto de un bote de la cama. Todo ha sido una pesadilla. O… ¿debería decir, más bien, un sueño erótico?- Rubén, ¿qué te pasa?
-Nada. Ha sido… Ha sido solo una pesadilla. -Me doy cuenta entonces de que estoy sudando.- Dame un segundo. Voy al baño.

-Está bien. Quieres… ¿Quieres que vaya contigo? -Se preocupa.

-No, tranquila. Estoy bien, pero… gracias.

-De nada -me sonríe, compresiva. Es un sol. Un encanto.

Me echo agua fría en la cara y recuerdo lo que acabo de soñar. Era tan… real. Me miro en el espejo y no paro de repetirme la misma pregunta.

¿Ha sido una simple pesadilla que ha terminado en sueño húmedo?, o… ¿hay algo más?

Rubén & Alba. Desnudando a mi hermana

Mi padre, Alba y yo vamos en coche camino del aeropuerto de Barcelona. Sonia, nuestra madre, regresa hoy a España tras pasar un mes en el extranjero por motivos laborales.

      Papá conduce con prisas por la autopista, deseoso de volver a ver a su amada. No sé si por miedo a la velocidad a la que vamos o como un simple gesto de cariño -seguramente ambas cosas- mi hermana me tiene cogida la mano, entrelazando sus dedos con los míos, mientras apoya la cabeza en el asiento y me observa con dulzura.

Aparcamos donde podemos, entramos y la esperamos. No tarda en aparecer. Una flamante rubia de ojos azules como Alba, vestida con camisa y tejanos. Siempre tan elegante… Le falta tiempo para echarse encima de su marido y darle un pedazo de beso de tornillo, de esos de película. Se besan apasionadamente hasta el punto que más de uno se los queda mirando. Mi hermana se pone roja de la vergüenza y yo agacho la cabeza, tratando con todas mis fuerzas de no reírme por la situación.

      Por fin se sueltan los tortolitos y nos abraza a Alba y a mí, llenándonos la cara de besos.

      -¿Cómo estáis, hijos? ¿Me habéis echado de menos?

      Mi hermana sonríe y dice que sí con la cabeza, cogiéndola de la mano, y yo la beso en la mejilla como respuesta. Nos montamos en el coche y vamos a cenar a un restaurante, donde ya tenemos mesa reservada.

      Aquí me gustaría hacer un inciso para aclarar algo, y es que Alba perdonó a mamá hace algún tiempo. Tal y como conté en “¿Pesadilla o sueño erótico?”, nuestros padres no la creyeron hasta el final. La diferencia reside en que papá es demasiado orgulloso y nunca se ha disculpado, mientras que nuestra progenitora, sí. Aún con esto, mi hermana ha pasado años estando como ausente con ella, fría y seria. No fue hasta unos pocos meses atrás, después de empezar a dormir juntos, que hablé con ella y la convencí de que volviera a ser la hija que, afectuosamente hablando, Sonia perdió.

      Hicieron las paces y vuelven a estar bien, pero eso no quita el hecho innegable de que mi hermana sigue sintiéndose cómoda y segura únicamente conmigo. Supongo que el tiempo curará estas heridas… al igual que curará el orgullo nuestro padre, que no parece tener intención alguna de pedirle perdón a su pequeña.

Me levanto y voy al baño. De pronto, se abre la puerta y entra Alba con una sonrisa pícara. Me la quedo mirando a través del espejo que hay al lado del urinario donde estoy.

      -Alba, te has equivocado de baño.

      -Jiji no. Mejor quedémonos aquí un ratito -me propone con voz melosa.

      -¿Por? Se nos va a enfriar la comida…

      -Hazme caso. Papá y mamá quieren estar un rato a solas. Me he ido al darme cuenta de que se estaban comiendo con los ojos.

      -Entiendo… -Termino de mear y me lavo las manos.- ¿Qué hacemos mientras?

      -Tú ayúdame con la camisa. Necesito quitármela un momentito, que tengo calor.

      La ayudo a desabrocharse los botones y la deja colgada en el pomo de la puerta. Se queda en sujetador.

      -Cada día tienes los pechos más grandes -le comento, viendo la incipiencia de estos.

      -Jiji gracias. He salido a mamá.

      -Sin duda.

      Se echa el pelo hacia delante.

      -¿Podrías tirarme un poquito de agua en la nuca, porfi? Estoy acalorada.

      -Sin problemas.

      Me remojo bien las manos y le hago un masaje en la espalda, esparciendo el líquido por su cuello y sus hombros. Alba cierra los ojos, disfrutando del roce y dejándose hacer.

      -¿Te gusta?

      -Mmm… -ronronea levemente como respuesta.

      Vuelvo a mojarme las manos para esta vez refrescarle los brazos, y la voy besando en la nuca con suavidad. De pronto, me coge por las muñecas y me hace abrazarla por detrás. Nos quedamos así unos minutos. Pienso en decirle algo, pero me doy cuenta de lo a gusto y cómoda que está y prefiero, sencillamente, quedarme en silencio y disfrutar con ella del momento.

      Así estamos cuando de repente oímos música. Mi hermana abre los ojos y sonríe.

      -Qué te apuestas a que papá saca a mamá a bailar jiji.

      -Nada porque yo también lo creo.

      Se separa de mí y abre la puerta del baño.

      -¡Alba, que no llevas camisa! -le recuerdo, preocupado de que alguien la vea.

      -Jijiji no te preocupes, que solo saco la cabeza. -Y eso hace.- Correcto: están bailando. Rubén, somos adivinos.

      -Más bien tú, pitonisa.

      Se me acerca y me coge de la mano.

      -¿Bailamos? -me propone.

      -No sé bailar… -siempre he sido algo patoso.

      -Ni yo -me sonríe.

      Viendo el deseo y la ilusión en sus ojos, suspiro y acepto. Empieza entonces una serie de movimientos acompasados que no logro encasillar dentro de ningún estilo existente -por lo que deduzco se los está inventando-. Aún así tiene cierta gracia, cierto estilo. Me muevo con ella y trato de seguir su ritmo, pero me cuesta bastante.

      Observo cómo su melena se va moviendo, cómo se le ponen los pelos en la cara y ella se los aparta con encanto. También sus pechos se bambolean, dándole en general un aire sensual.

      La música coge un tono más pausado, y nuestro baile se ralentiza con esta. Rodeo la cintura de mi hermana con los brazos y ella hace lo propio con mi cuello. Nos movemos en círculos, dando vueltas sobre nosotros mismos, en un movimiento de rotación y translación.

      -¿Te has planteado enseñarme astronomía, hermanita? -El chiste es malo de cojones y lo sé, pero consigo que se ría entre dientes.

      -¡Anda, calla!

      Y nos callamos. Seguimos bailando al son de la música y, aunque nuestros pasos son más bien torpes, hemos logrado una cierta estabilidad dentro de su simpleza y del caos.

      Alba levanta la cabeza y se topa con mis ojos, que la observan detenidamente. Me sonríe y pasa a acariciarme la mejilla con los dedos.

      -Te quiero mucho, Rubén. Lo sabes, ¿verdad?

      -Lo sé.

      Sus dedos se acercan a mis labios, a tocármelos, y yo abro un poco la boca para mojar un par de ellos con la saliva. Los saca y los vuelve a posar sobre mi cuello. Veo que se pone de puntillas para alcanzarme, de modo que la agarro por el culo y la levanto, quedando a mi altura. Se aparta los mechones rubios de la cara y me observa con la boca entreabierta. Se acerca más a mi cara y cierra los ojos. Nuestras narices ya se están tocando y siento su respiración entrecortada. Va a besarme en los labios…

      … pero se abre la puerta y entra un camarero.

      -¡Eh! ¡¿Qué hacen, aquí?! ¡Este no es lugar para besarse, pareja! ¡Y póngase algo, señorita!

      La ayudo a vestirse apresuradamente y salimos de allí. Nuestros padres no nos ven salir juntos del baño de milagro. Acaba de ponerse bien la coleta y la camisa y volvemos a la mesa. Ambos están colorados y mamá tiene el pelo ligeramente revuelto -supongo que del baile-.

      -¿Dónde estábais, que habéis tardado tanto? -Nos pregunta nuestro padre, algo inquieto por un motivo que se me escapa.

      -Hemos ido a mirar unos cuadros que había por ahí detrás -se inventa mi hermana con una facilidad que me sorprende.

      No hay más preguntas después de esto. Seguimos hablando los cuatro tranquilamente. Me fijo entonces en que Alba se está lamiendo, chupando discretamente los dedos que han quedado impregnados con mi saliva. Ahora no solo estoy seguro, sino que además ella no me lo oculta, pues me mira con una sonrisa picarona mientras lo hace.

      Pero no es la única que está haciendo algo sospechoso.

      A mi lado, me fijo en que mamá tiene algo en la comisura del labio. Un líquido semitransparente que parece brillar.

La vuelta a casa es de lo más tranquila. Mi madre le va explicando a mi padre cosas del viaje mientras yo escucho música por los cascos y mi hermana está dormida con la cabeza apoyada sobre mi hombro.

      La llevo en brazos hasta nuestro cuarto cuando llegamos y la dejo en ropa interior, como a ella le gusta dormir cuando hace calor.

      -Veo que sigue durmiendo contigo… -Observa mamá, entrando en nuestro dormitorio.

      -Así es.

      -¿No te molesta? Tiene que ser un poco incómodo…

      -No, ya estamos bien. Se me abraza y duerme prácticamente encima mío. Se está bien.

      -Si tú lo dices… -Me acaricia la mejilla con la mano y me besa en la otra.- Buenas noches, Rubén.

      -Buenas noches, mamá.

      Cierro la puerta de la habitación y me meto en la cama. Instintivamente, Alba se me echa encima. Y así me duermo…

      … o al menos lo intento, pues debo pasar más de una hora dando vueltas en la cama, incapaz de que Morfeo me coja el teléfono. Noto como mi hermana se va moviendo, durmiendo plácidamente. Qué suerte tiene…

      No sé cuánto rato pasa hasta que lo oigo. Voces. Mis padres están hablando alto. Al principio pienso que están discutiendo, así que poco a poco me levanto de la cama -para no despertar a mi Bella Durmiente- y voy a su cuarto, a ver si me entero de lo que ocurre.

      Pero cuál es mi sorpresa al darme cuenta de que no están discutiendo sino follando. Follando como animales. A través de la puerta entreabierta puedo verles revolcándose sobre la cama, tan juntos que parecen una sola persona.

      Se están comiendo la boca con lengua mientras papá la magrea y mamá gime. Ella le agarra por la nuca, imposibilitando que su marido se separe, y por la espalda, sintiendo la musculatura que se marca en su piel morena. Él le soba el culo a placer.

      -No sabes cuánto te he echado de menos…

      -Hhmmm… Créeme, me hago una idea… Ahh… Yo estaba igual…

      Yo aún estoy que no me lo crea. ¡Mis padres se están enrollando! Ya sabía que no hacían, pero verlo con mis propios ojos es diferente… Se me está levantando la tienda de campaña, pero debo resistir. A saber cuándo volveré a tener una visión, una oportunidad como esta -si es que alguna vez vuelvo a tenerla-.

      Papá baja por el cuello de mi madre y le deja todo un rastro de saliva. Llega hasta los pechos y se los come: los chupa, los manosea, los estruja, los succiona… Y ella responde a todas las caricias de su amado con gemidos y gritos.

      -Aahh… Aaahhh…. Ah… ¡Aaahhh…!

      Sigue bajando y llega hasta el coño, que frota con rapidez con la mano. Mamá se retuerce de placer, con la mirada perdida en el techo y tocándose los senos con sus manos. De su vagina no tardan en sacar líquidos viscosos, líquidos que papá chupa y se traga sin ningún tipo de pudor ni contemplación. Le mete la lengua por el chochete y se lo come, provocando a mi progenitora todavía más gemidos.

      -¡Aahhh…! ¡Aaahh…! ¡Siii…!

      Estoy cada vez más palote, pero sé que debo aguantarme lo máximo posible. “Cuando ya no pueda más”, pienso, “me voy al baño y me la casco.”

      Algo le habrá dicho mi madre, porque mi progenitor se levanta y vuelve a besarla… para esta vez metérsela. Le da unas señoras embestidas, hasta el punto que las patas de la cama se mueven ligeramente. Llego incluso a preocuparme de que no le haga daño, pero cuando veo la cara de satisfacción que se les ha quedado a ambos, me tranquilizo.

      Mamá está en el cielo, sin duda alguna. Tiene los ojos perdidos en algún punto que no logro localizar y se muerde el labio para no despertar a todo el vecindario con sus escandalosos gemidos.

      Y todo esto mientras papá la revienta a pollazos.

      -Aaaaaahhh… -Gime.- Qué falta me hacía esto, cariño….

      No sé si es por la forma en la que lo dice o por la situación en general, pero el caso es que aquello acaba de calentar y me veo obligado a ir al baño a desahogarme. Aún teniendo en la cabeza y los oídos aquella majestuosa visión, apenas necesito cuatro o cinco sacudidas para que un río de semen desemboque en la taza del váter. Me quedo relajadísimo.

      Sigo oyendo a mis padres, pero la sangre me va volviendo poco a poco al cerebro y me doy cuenta de que lo más inteligente es volver a la cama, no sea que me descubran…

      Y eso hago. Me meto en la habitación y cierro la puerta tras de mí para que Alba no oiga nada y continúe durmiendo. Me echo a su lado y vuelve a abrazárseme.

      Esta vez sí que logro conciliar el sueño rápidamente. Sin embargo, antes de que mi mente vuelva a sumergirse una noche más en el mundo de los sueños y la oscuridad, oigo, como un leve susurro, como una voz que arrastra el viento, la voz de mi hermana en mi oído:

      -¿Ya te has desahogado después de oír a nuestros padres?

Rubén & Alba. Las caricias de mi hermana

Tenemos Educación Física a última hora del día, y la profesora nos hace correr los primeros diez minutos para dejarnos a nuestra bola -nunca mejor dicho, ya que siempre jugamos a fútbol- los cincuenta restantes.

   Salgo del vestuario con el chándal puesto -la camiseta del instituto, azul de manga corta, y unos pantalones oscuros- y me dirijo a la pista, pasando por al lado del vestuario femenino, cuya puerta está abierta. Es entonces cuando veo a Nuria frente al espejo, haciéndose la coleta de caballo -la misma que se hace mi hermana-.

   Pese a que no me cae bien, mentiría si dijera que no está buena: tiene un culazo de esos grandes y erguidos, unas piernas preciosas -montar a caballo es lo que tiene- y unos senos que, aunque desde luego no son los más grandes, sí se adivinan redondos y bien puestos. Todo ello acompañado por una piel blanca y un hermoso rostro de ojos castaños.

   Me debe de haber visto por el reflejo, porque hace ver que se le cae la goma para el pelo -de una forma ridículamente falsa, por cierto- y se agacha para recogerla, ofreciéndome un espectacular primer plano de su trasero. Me la quedo mirando unos segundos, embobado, hasta que, no sé ni cómo, logro salir de mi atontamiento y me voy corriendo con los demás.

   -¿Rubén Sanz? -La profesora está pasando lista.

   -¡Sí! -Vengo al galope.

   Termina y nos manda hacer los diez minutos reglamentarios de footing. Justo voy a calentar cuando alguien me pone la mano en el hombro y me susurra en el oído:

   -¿Te ha gustado mi regalito de los vestuarios? -Me provoca Nuria con voz sensual.- Si quisieras, podrías ver cositas como esa cada día jiji.

   Me giro hacia ella e inmediatamente después me arrepiento de hacerlo, ya que mi cara queda a apenas unos centímetros de la suya. Nuria me sonríe con una mezcla de malicia y picardía y expira, notando yo impactar el aire en mi boca.

   -Rubén, Nuria, ¿qué hacéis? -Nos pide explicaciones la maestra, mientras se acerca a nosotros.

   -Na-Nada -respondo, y ahora sí empiezo a correr.

   “Todo sería tan fácil si sucumbiera a sus encantos…”, pienso mientras voy adelantando a mis compañeros. “Pero no es solo el físico lo que importa, y Nuria está podrida por dentro. Menos pensar con la polla y más con la cebolla.”

En el fútbol no soy el mejor, precisamente, pero he aprendido a molestar al otro equipo hasta hacerles perder la pelota y entonces pasarla a los del mío. Me rendí con este deporte hace años, más que nada porque soy incapaz de apuntar bien y, por lo tanto, de marcar gol.

   A Nuria, en cambio, se le da de maravilla. Oh, sí, Nuria juega los partidos con nosotros, adivinad por qué. La suelen elegir de los primeros, de hecho; a mí, en cambio, me dejan para el final.

   Su pelazo rubio se vuelve aún más dorado bajo el sol, casi brillante, y el viento se lo mueve como si de un pañuelo de oro se tratase. Esto, sumado a la agradable fragancia del champú que usa, hace que muchos del equipo rival sean incapaces de pararla. Porque ese es justamente otro de los motivos que la hacen ser elegida: los tíos se quedan embobados mirándola, tanto por su melena como por su cuerpo.

   -¡Gol de Nuria! -Chillan los de nuestro equipo.

   Se me queda mirando mientras me sonríe y se pone el pelo tras la oreja. Me guiña el ojo y hace el gesto de mandarme un beso con los labios. Aparto mi mirada de la suya y niego con la cabeza. “Está buena y lo sabe, y usará todos sus encantos para hipnotizarme. Pero no debo ceder… No puedo”.

   -Rubén. -Me llama el portero de mi equipo.- Has visto cómo te mira Nuria, ¿no? Supongo que sabes que se muere por ti…

   -Sí, lo sé…. – Suspiro con desagrado, sin mirar a mi compañero.

   -Tío, ¿y esa cara? Ojalá una tía como ella se interesara por mí. No seas tonto: aprovecha, tú que puedes.

   Estoy tentado de decirle cómo es ella en realidad, pero me doy cuenta de que hará caso omiso a mis advertencias. Al final y al cabo, es otro más del rebaño de aduladores de Nuria que le lamerían la suela de los zapatos si así lo quisiera.

Acaba la clase y vamos a la fuente a refrescarnos. Nuria se echa agua en la nuca mientras me mira fijamente, tratando de provocarme, y luego deja que se le moje “accidentalmente” la camiseta, dando como resultado que se le vean las tetas a través de la tela. Mientras nuestros compañeros babean por ella, le hago una mueca de asco y me largo.

   Odio la Educación Física porque es en la clase que Nuria más me pone.

Por la tarde estoy estudiando en mi cuarto cuando miro por la ventana y me fijo en que mi madre y mi hermana están tomando el sol en la terraza, descansando sobre las tumbonas y vestidas con bikinis rojos.

   Tienen una estampa digna de foto de postal veraniega. Como dije en “Desnudando a mi hermana”, Alba es una copia de mamá físicamente hablando. Ambas son de pecho generoso -proporcional a su edad, claro-, culo erguido y bonitas piernas. Y por si esto fuera poco, la melena les brilla, dándoles un toque de lo más sexy.

   Decido dejar aparcado el libro un rato para disfrutar de estas maravillosas vistas. Es la primera vez que las veo así desde el verano pasado, y no pienso dejar pasar la oportunidad.

   De pronto, mi madre se levanta y se sienta en la tumbona de caras a su hija, a su derecha. Enorme es mi sorpresa al ver que le baja los sujetadores, dejando al aire el precioso busto de Alba, y se pone a masajearlo, despacito y con cuidado. Mamá siempre dice que los masajes son buenos en cualquier parte del cuerpo, porque ayudan a que corra la sangre y a mejorar la circulación. Yo no sé si será verdad, pero el caso es que ella lo hace.

   Mi hermana sonríe mientras su progenitora la toca, haciéndola sentirse bien. Yo nunca le he tocado los pechos -y no será porque ella no lo haya intentado veces provocándome, precisamente-, porque es otra de esas cosas que pueden derivar en beso. Sin embargo, me alegra saber que alguien de total confianza lo hace. Me siento un poco menos culpable.

   Tras un ratito de caricias, vuelve a ponerle bien los sujetadores, coge un bote de crema del suelo y la esparce con su cuerpo: cara, cuello, vientre, extremidades…

   Entonces Alba se levanta y se sienta sobre nuestra madre mientras esta le acaricia las piernas. Al igual que ha hecho ella, mi hermana le baja los sujetadores y le hace un lento masaje en las tetas.

   Mi erección ya es tremenda y estoy deseando encerrarme en el baño para cascármela a gusto, pero debo resistir. Saco el móvil y las grabo para tener un buen recuerdo de esto.

   A continuación le pone crema por todo el cuerpo, con especial atención a las piernas. Cuando termina, le coloca bien los sujetadores y vuelve a tumbarse.

   Llegados a este punto, no aguanto más y me meto en el baño para calmar el calentón que llevo encima. Busco el vídeo que he grabado en la Galería y lo reproduzco.

   Apenas me la he empezado a machacar cuando oigo que se abre la puerta principal de casa. Mi padre ha vuelto de hacer la compra. Podría seguir a lo mío, pero sé que como no baje me va a llamar a gritos desde el piso de abajo, y no me apetece mucho oírle. Resignado, me subo los pantalones y voy a echarle un cable.

   Mientras sacamos las cosas de las bolsas y las vamos guardando en la nevera, se abre la puerta de la cocina que da a la terraza y entrar mamá y Alba, sudorosas y aún con los bikinis puestos.

   -Jo, ¿de dónde salís vosotras? -Papá se queda mirando a sus dos mujeres.

   -De tomar el sol, cielo.- Mi madre se acerca a él, contoneándose, y le da un corto beso húmedo con lengua cargado de sensualidad.- ¿Cómo me queda el bikini? -Pregunta, dando una vuelta sobre sí misma.

   -Para comerte -acierta a decir su marido.

   -Divino, mamá -me sale del alma-. Te queda genial. Y a ti, Alba, también.

   -Jiji gracias.

   Se van para ducharse y nosotros seguimos metiendo comida en los armarios. En esas estamos cuando mi padre me comenta:

   -Hay que ver lo guapas que se ponen en verano, ¿eh?

   -Y que lo digas. Y aún estamos en mayo…

   -Oye, en confianza, Rubén. Hablemos de hombre a hombre: ¿esta noche te puedes llevar a tu hermana por ahí unas horas? Quiero estar con tu madre tranquilamente…

   -Claro, sin problemas. -Entonces hato cabos.- Ahora entiendo por qué has comprado más vino que de costumbre.

   -Chico listo. -Hace una pausa, como pensándose lo que decir.- Escucha, ya que estamos con el tema: ¿cómo vas con el tema chicas? ¿Hay alguna que te interese?

   -Pues no, la verdad… Tengo algunas amigas, pero nada más.

   -Y con Nuria qué tal -me suelta de pronto.

   -¿Enserio, papá? -Este tema me cabrea.- ¿Aún piensas en ella?

   -Hijo, los dos sabemos que ella se muere por ti, y a ti hasta no hace mucho te gustaba…

   -Sí, correcto: hasta no hace muchos AÑOS -remarco el “años”-. La gente cambia. Nuria y yo somos muy diferentes.

   Y con esto finaliza la conversación. Ninguno decimos nada, pero los dos sabemos lo que está pensando el otro.

Esa noche me llevo a Alba a cenar al König y acabamos mirando las estrellas en un descampado, estirados sobre el capó de mi coche con unas mantas. Abrazada a mí para entrar en calor, me pregunta:

   -¿Puedo saber a qué se debe el estar aquí?

   -Sí. Aparte de porque me apetecía volver a salir contigo por ahí, ha sido porque papá quería estar a solas con mamá y me ha pedido si podíamos irnos de casa un rato -le hago cosquillitas en la espalda mientras hablamos.

   -¡Oh! Entiendo jiji. ¿Conque nuestros padres querían hacer manitas, eh?

   -Eso parece, sí. No le digas que te lo he dicho, ¿vale? Como aún eres pequeña igual no le hace gracia que lo sepas…

   -¡Oye, que no soy tan pequeña! Cumplo 15 en agosto.

   -Pues eso: pequeña jaja.

   -¿Así que esas tenemos, eh? -Me dice, poniéndose mimosa y juguetona.- Pues mira, te voy a demostrar que ya no soy una niña.

   Me pone su pierna en la barriga, me acaricia el cuello con la mano y me besa en la barbilla, en las orejas, en el cuello, en la mejilla…

   -¿Te gusta, hermanito? -Me pregunta, con voz ligeramente ronca.- ¿Te gusta lo que tu hermanita pequeña te está haciendo?

   -Umm… Sí, sigue…

   -Jijiji me alegro.

   Se pone sobre mí y me deleito con su físico: lleva una camiseta blanca de manga corta apretada que no deja nada a la imaginación, unos pantalones negros también apretados que le realzan el trasero y su coleta de siempre.

   Mientras me da besitos por el cuello y la mejilla, me va desabrochando los botones de la camisa. Trato de pararla, pero rápidamente me pone el índice en la boca, indicándome, con una sonrisa picarona, que guarde silencio. Dejo las manos quietas en señal de rendición y ella aprovecha para llenarse el dedo de mi saliva, cosa que yo facilito tocándoselo por dentro con la lengua.

   -¿Era esto lo que querías, no? -Le pregunto.

   -Ajá… -Asiente con la boca entreabierta.

   Saca el dedo y lo chupa, relamiéndose. A continuación, vuelve a besarme en la barbilla y va bajando en vertical con mi cuello hasta llegar al pecho. Mientras lo hace, le voy quitando los mechones rubios que se le van poniendo por la cara a la vez que acaricio su bonito rostro.

   -Qué guapa eres, Alba -la alabo.

   Me mira con sus preciosos ojitos azules claros y me sonríe dulcemente.

   -Gracias.

   Se tumba sobre mí y me hace cosquillitas con la nariz en la barbilla. Me da un beso cerca de la comisura de los labios y va subiendo.

   -Alba…

   -Ssshh… No digas nada… Solo disfruta…

   Nuestros labios están a punto de tocarse cuando pasa un coche de los Mossos y se para.

   -¡Eh! -Salen del vehículo un hombre y una mujer.- ¿Qué están haciendo?

   Nos levantamos del capó en apenas unos segundos y me abrocho la camisa tan rápido como puedo.

   -Perdonen. Nos… Nos hemos dejado llevar -acierto a decir.

   -Ya nos vamos -añade mi hermana, muerta de vergüenza.

   Nos acaban registrando, pidiendo los DNIs y a mí la documentación del coche. Me hacen hasta un control de alcoholemia -debían estar aburridos, yo qué sé-.

Y pasa lo que había imaginado que pasaría, y es que se dan cuenta de que tenemos los mismos apellidos: Sanz Zapatero. Nos miran raro y nos preguntan:

   -¿Son hermanos?

   -No, lo de los apellidos es casualidad -miento-. No es la primera vez que nos los dicen -invento, para darle un poco más de credibilidad.

   -Muy bien: váyanse, que es tarde y Alba mañana debe tener clase -nos dice la mujer, que es quien ha registrado y pedido el DNI a mi hermana -. Buenas noches.

   Nada más meternos en el coche, le pregunto:

   -Alba, ¿estás bien? -La cojo de la mano.

   -Sí, es solo que no me esperaba lo de los Mossos. -Me da un beso en la mejilla y otro en la mano, sonriéndome.- Gracias por preocuparte.

   -Tranquila. Te quiero.

   -Y yo a ti.

El Diario de Mi Hermana

El diario de Cari

Antes de nada: Cari es mi hermana. Es dos años menor que yo (tiene ahora 18 recién cumplidos). Vivimos con nuestra madre en una casa amplia, que paga el pardillo de mi padre como parte del acuerdo de divorcio.

¿Se nota que no tengo demasiada simpatía por mi padre?. Es que nos dejó cuando yo sólo tenía 12 años. Prefirió antes que la elegancia y el cuerpo cuidado de su esposa, los para mí, dudosos encantos de su secretaria, rubia teñida, culona y con unas tetazas que debían sin duda caérsele hasta la cintura cuando se despojara de las dos tiendas de campaña que no eran capaces de contenerlas. Y encima, dos años mayor que él. No tiene perdón de Dios.

Mi madre trabaja como “creativa” de una empresa de publicidad. Creo que es buena en su trabajo, y está muy bien considerada por sus jefes. La única parte mala, es que viaja continuamente. Yo la comprendo. Sé que no quiere volver a depender nunca más de un hombre, y por eso -y quizá por otras razones- se esfuerza mucho en su profesión.

Se me “fue la olla”. Estaba hablando de Cari. Cari era ya una monada desde los 14, cuando el odontólogo la permitió prescindir de su horrible corrector, que le hacía hablar como si tuviera la boca llena de gachas.

En los dos años siguientes, pude asistir a un cambio espectacular. Los pequeños medios limoncitos que ella se empeñaba en cubrir con un sujetador que no le hacía ninguna falta (seguramente porque eso la hacía sentirse más mayor) crecieron y se hincharon hasta convertirse en dos hermosos senos, altos y bien formados, que tampoco necesitaban de ayuda, por cierto (es que dentro de casa usa camisetas holgadas, sin nada debajo, y se aprecia perfectamente que se mantienen erguidos por sí mismos).

Sus escurridas caderas, se fueron llenando poco a poco, y su trasero sufrió la misma evolución, al igual que sus muslos. Puede parecer que estoy intentando decir que está llenita, pero no lo creáis: es una mujer de bandera, así de claro.

Ahora estáis pensando: “el salido este andaba persiguiendo a su hermana desde que se encontró con una mujer en lugar de una niña”. Pues no, queridas y queridos míos.

Bueno, maticemos. Hay un momento, cuando pasas de niño a hombre (a las chicas creo que les sucede lo mismo, aunque antes) en que se te alborotan las hormonas. Las funciones del cerebro y las del pene tienden a mezclarse, quiero decir que piensas con la polla. Es cuando normalmente escondes tus primeras revistas eróticas en un lugar absolutamente secreto (que tu madre descubre en la primera limpieza) y te encierras con ellas en el baño, y luego tienes que lavarte las manos, y mirar a ver si queda algún resto por algún lado…

En ese período difícil de todo adolescente, en el que andas la mayor parte del tiempo salido como un mono, no te puede para nada pasar desapercibido un cuerpo femenino, aunque sea el de tu hermana. Ellas no lo hacen conscientemente (al menos la inmensa mayoría, supongo). Pero es que la convivencia diaria genera situaciones…

Por ejemplo. Estás con tu madre y tu hermana, sentados los tres en el tresillo, viendo televisión. Tu hermana está absolutamente despreocupada: está en familia, no tiene que cuidarse de no parecer una descocada, así que se relaja, se olvida de que la falda está subida un poco más de lo conveniente, cruza las piernas enfrente de ti, y lo hace cuando por casualidad estás mirando hacia ella, sin intención, pero no puedes evitar contemplar la totalidad de sus muslos, y la entrepierna ligeramente abultada de sus braguitas. Tú miras rápidamente hacia otro lado, pero el mal (en forma de protuberancia entre tus piernas) ya está hecho.

O, ella se olvida algo en el baño. SABE que tú estás en tu habitación, estudiando, y no tiene ningún reparo en ir desde su dormitorio, vestida sólo con braguitas y sujetador. Y en ese mismo instante, a ti te ha apetecido un refresco o algo, abres la puerta, y te la encuentras medio desnuda por el pasillo.

Y ya el colmo: ella acaba de darse un baño. Olvidó la ropa en su dormitorio, y está sola en casa, así que se envuelve en una toalla grande. Total, solo son cinco pasos. Tú acabas de llegar (ella no te ha oído) y al pasar del salón al pasillo, la ves de espaldas. Lleva la toalla sujeta sobre los pechos, pero se ha abierto por detrás, y tienes una maravillosa visión de su parte posterior sin ropa alguna. Te das la vuelta de puntillas para no avergonzarla, y luego haces ruido, como si entraras desde la calle, y te encierras en el baño, donde etcétera, etcétera.

Además, tengo que hacer una precisión: yo la quiero y la trato como mi hermana, pero en realidad no lo es. Es mi prima carnal. Mis padres la adoptaron cuando solo tenía 18 meses, y el hermano de mi madre y su esposa, sus verdaderos progenitores, fallecieron en un desgraciado accidente de automóvil. ¿Es incesto tener relaciones con tu prima?. Muchos diréis que sí, pero hasta la Iglesia Católica acepta incluso el matrimonio entre primos, de modo que…

De nuevo me he desviado del tema, aunque bien pensado, explicar mi relación con Cari viene muy al caso.

La historia comienza un día en que yo estaba preparando un trabajo para clase en el ordenador. Me había salido “de cine”. Solo faltaba imprimirlo, y ¡zas! me quedo sin papel en la impresora a la segunda hoja. «¿Dónde c… está el paquete que compré hace dos meses?». Caigo en la cuenta de que esas dos hojas eran las últimas del susodicho paquete. Necesito imprimirlo sin falta, así que me dirijo al dormitorio de Cari, que dispone también de su propio ordenador.

Toco con los nudillos en la puerta antes de entrar, aunque está prácticamente abierta. Cari está escribiendo en un pequeño cuaderno con tapas duras, que oculta rápidamente en un cajón al advertir mi presencia.

A los dos días, se repite la misma historia. Esta vez no iba a su habitación, pero al pasar por delante, de nuevo la sorprendo escribiendo afanosamente en el cuadernito aquel. Llevo los zapatos de calle, y mis tacones suenan sobre el parquet. Y cuando llego ante la puerta, otra vez abierta, veo por el rabillo del ojo que Cari de nuevo esconde rápida el librito bajo una pila de apuntes.

Y claro, me picó la curiosidad: ¿por qué mi hermana escondía tan aprisa aquello cada vez que me veía?.

Al día siguiente cuando llegué, no había nadie en la casa. Y el demonio ese que todos tenemos detrás de la oreja me sopló: “ahora es la ocasión”, Y yo, “que no, que eso es una violación de su intimidad”. Y él “¡vamos, gilipollas!, que nadie se va a enterar”. Total, que abro el cajón, y allí estaba: “Mi diario”, cerrado con un pequeño candado de esos de combinación.

Lo devuelvo a su lugar, y doy media vuelta. Y el demonio otra vez “pero si no es nada. Así, de paso te enteras de si tu hermana tiene alguna dificultad, para poder protegerla”. Y lo vuelvo a tomar, y dudo durante mucho tiempo. Y al final me decido a abrirlo. Pero hay un problema: el candado. Pienso durante unos instantes, y luego compongo una cifra: “2”, “9”, “0”, “5” (día y mes de su cumpleaños). ¡Clic!, el candado se abre, mientras pienso en lo ingenua que es la gente con esto de las claves y contraseñas. De nuevo dudo. Finalmente, la curiosidad me puede, y lo abro. Sólo dos páginas escritas con su elegante letra inclinada:

2 de septiembre:

Hoy he tenido un sueño de esos que no se recuerdan, pero me he despertado tremendamente excitada. El sueño ha debido ser muy sensual, porque tenía las braguitas mojadas.

(¡Joder!. Parece que esto de las hormonas revueltas no es solo cosa de los varones).

Más tarde, en la ducha, el roce de mis manos sobre mi propio cuerpo, me ha producido sensaciones… cerrando los ojos, podía por un momento imaginar que eran sus grandes manos cubiertas de un vello muy fino las que acariciaban mi cuello, bajaban por mi pecho, se detenían en mis senos, y los masajeaban circularmente.

Mis pezones se han endurecido inmediatamente por el contacto de sus dedos, fuertes y suaves al mismo tiempo.

(¡Mierda!. Y a mí se me había endurecido otra cosa, sin poder evitarlo).

Ahora mis manos -sus manos- acarician suavemente mi vientre, en el que siento un cosquilleo de anticipación. Descienden por mis ingles, ¡van a tocar mi sexo!… pero pasan de largo, y es la cara interior de mis muslos la que recibe su caricia.

Estoy temblando. Noto en mi vulva la ansiedad de recibir el roce de esas manos… ¿qué digo?, daría algo porque fuera su boca la que se posara en mi intimidad, que besara y lamiera todo el interior de mi sexo caliente, que probara el sabor de mi excitación…

No puedo seguir leyendo. Me encierro en el baño, etcétera, etcétera.

Luego, recuerdo que el diario ha quedado abierto sobre la mesa. Temiendo que llegara de un momento a otro, hago ademán de cerrar el candado. Pero aquello es superior a mí.

Mi mano -su mano- se posa al fin sobre mi vulva, la acaricia… ¡Dios, que placer!. Nunca había experimentado algo así. Y el orgasmo llega. Primero como suaves contracciones, que poco a poco van convirtiéndose en olas que me arrollan, que me estremecen hasta lo más íntimo para luego retirarse y volver, aún más fuertes.

Grito su nombre, sin poder contenerme, completamente loca de placer. Y al fin me relajo, satisfecha, pero no saciada. Porque anhelo en lo más profundo que sean sus manos, su boca, y después su pene, los que me lleven a un éxtasis que intuyo infinitamente superior al que acabo de vivir.

(Pero, ¿quién es el tío que provoca estos sentimientos en mi hermana?).

Oigo la llave en la cerradura. En menos de tres segundos, el candado está cerrado, y el diario de nuevo en el cajón. Salgo rápidamente, pero sin hacer ruido, me siento ante mi escritorio, y simulo estar estudiando. Entra en mi habitación sin llamar, como suele:

– ¡Hola, Alex! -exclama alegremente-. ¿Qué tal tu día?.

Me besa suavemente en los labios, un beso inocente, costumbre entre toda mi familia desde siempre, pero hoy ese beso me produce un sentimiento distinto: me vuelvo a empalmar, sin poder evitarlo.

Cari sale de mi dormitorio. Y advierto que el libro en el que simulaba leer está puesto del revés. ¿Se habrá dado cuenta?.

¿Habéis oído aquello de que “el asesino vuelve siempre al lugar del crimen”?. Yo también lo hice al día siguiente, pero decidido a cometer otro. Ibamos a salir al cine con mi madre, y Cari se estaba bañando y acicalando, y en eso tarda horaaaaas. Mi madre había salido un momento a comprar no sé qué. Tenía unos minutos y… esta vez no dudé demasiado.

3 de septiembre.

Después de lo de ayer, hoy me he estremecido solo al verle. Mi vista se ha posado, como si fuera independiente de mi voluntad, en el bulto de su entrepierna, y no he podido por menos de tratar de imaginar como será sin ropa. No imagino un pene gigantesco, como el de los modelos de “esa” página de Internet…

(¡Coño, coño y recoño!. ¡Joder con la niña!. Tan recatadita y pudorosa, y ahí la tienes: accediendo a páginas “porno”. Bueno, no es tan niña, ya es mayor de edad. Lo que pasa es que para mí sigue siendo la cría de doce años que jugaba conmigo a hacerme cosquillas, de forma totalmente inocente. Por más que, evidentemente, hace años ya que no se permite tantas confianzas).

… más bien lo imagino suave, hermoso, sin desmesuras, como todo lo demás en su cuerpo.

Apenas puedo contener mis ansias de acariciar sus fuertes piernas por encima del pantalón. ¿Qué digo?. Mi verdadera ansia es tenerle desnudo entre mis brazos, piel contra piel, recorrer con mis manos su cuerpo apenas velludo, y que luego mis labios acaricien su pecho. Mmmmmm. Y luego entregarme completamente a él, ser suya por fin.

Después de salir de clase, cuando me ha besado en la boca, he sentido que todo mi vello se erizaba con sólo el dulce contacto de sus labios suaves, y he sentido por un momento su aliento quemándome. Pero él sigue indiferente, y yo ya no puedo contenerme ni un instante más. Le necesito. Más que el comer y el respirar. No puedo soportar ni un momento el ansia de llenarme con su olor, sentir el contacto de su piel en mi cara o mis manos, aunque sea apenas un segundo. Tenerle tan cerca y tan lejos al mismo tiempo es…

(¿Qué hago?. ¿Hablo con ella?. Porque alguien tendría que decirle que no puede ponerse tan en evidencia como intuyo que lo está haciendo. Que es posible que él no esté tan enamorado como ella parece estarlo, y que podría utilizarla, para después de saciados sus deseos, echarla a un lado. Pero no puedo reconocer que he leído sus pensamientos más íntimos. Y, ¡joder!, ha conseguido excitarme de nuevo, y ya tengo una erección del demonio).

Poco a poco, se fue formando mi decisión. ¡Tenía que conocer al varón perfecto, al “príncipe azul” que parecía destinado a terminar con la virginidad de mi hermana!. «Si es que todavía es virgen -pensé con una irracional punzada de celos-».

Esa tarde, salí de la Facultad nada más terminar la penúltima clase. Tenía tiempo más que de sobra para esconderme en los alrededores de su Centro de estudios, y ver con mis propios ojos… Temblaba al pensar en que pudiera descubrirme. ¿Qué le diría?. ¿Cómo se lo tomaría ella?. Pero era arrastrado por una fuerza irresistible. Y otra vez tuve que apartar de mi mente la insidiosa serpiente de unos celos absurdos. ¡Es mi hermana!. Y alguna vez tiene que encontrar un hombre que la haga mujer, con el que conocer por primera vez el éxtasis del amor y del sexo.

Pero el “adorado tormento” de Cari no apareció: volvió sola a casa, y no se detuvo a hablar con nadie en todo el camino. Y sentí un alivio inmenso por ello, y me recriminé mi estúpida actitud. No, nunca más. No volvería a espiar su diario, ni a seguirla. Si acaso, una conversación con ella acerca de estos temas, nada personal, hablando en general, en el momento adecuado.

Pero algo había cambiado en mí. Y aquella misma tarde, cuando me besó al llegar yo a casa, fue mi vello el que se erizó por su contacto. Y huí de allí, recriminándome una y mil veces por aquella reacción impropia, porque no se trataba de cualquier mujer, sino de mi hermana Cari. Y el diablillo soplándome en el oído: “no es tu hermana, es tu prima”. ¿Y qué demonios de diferencia había?.

Bueno, todo esto sucedió hace semanas, en las que el deseo me mataba por las noches. Días y días de atesorar pequeños detalles, como por ejemplo la caricia de sus manos en mi cara, cuando le dije no recuerdo qué. O aquel beso al encontrarnos en la tarde, que duró mucho más de lo acostumbrado.

Luché contra ello, palabra que lo hice. Nunca más me permití tocar su diario, resistí mis tentaciones de seguirla para saber por fin quién era el hombre que conocería lo que me estaba vedado, que me robaría el cariño de mi hermana. Tenía momentos en que pensaba que lo había vencido, para luego caer de nuevo en la profunda sima de mi amor inconfesable.

Durante todo el lunes, me concentré en las clases, y cuando al final me dirigía hacia casa, pensé con satisfacción en que había conseguido apartar de mi mente todo el día lo que llegué a temer que se convirtiera en una obsesión. Porque hasta el domingo, ya no era temor de que algún malnacido se aprovechara de ella, ¡eran celos!, al fin tuve que reconocerlo. Y con ello, había llegado otro sentimiento aún más peligroso: no podía apartar mis ojos de su cuerpo cuando estábamos juntos. Ni podía dejar de imaginar sus manos recorriendo mi piel desnuda, sus labios posados en mi pecho… Aquel fin de semana, lo pasé prácticamente encerrado en mi habitación, sin querer ni verla. Y ella, que asomaba de vez en cuando la cabeza por la puerta, solícita: “De veras, Alex, ¿te encuentras bien?. Casi no has comido, y me preocupas”.

Pero toda mi tranquilidad se derrumbó en un momento. Llamé en alta voz, pero nadie me respondió, con lo que asumí que aún no había llegado (mi madre no regresa hasta las 8 p.m., las 9, la mayor parte de los días). Me dirigí al aseo y abrí la puerta, y al hacerlo, sentí el agua de la ducha correr, y advertí el ligero vapor que llenaba el recinto. Y, tras las cortinas, el cuerpo desnudo de Cari, como una sombra rosada en la que no se distinguían apenas sus formas.

¿Cómo es que había olvidado bloquear el pestillo, ella, tan celosa normalmente de su intimidad?. Cerré la puerta, y me recosté sobre la madera. Porque la falsa confianza acumulada durante todo el día se había ido al garete. Y otra vez me asaltó el deseo irresistible por mi hermana. Algo que no podía, que no debía ser de ninguna forma.

Y volví a abrir la puerta lentamente, sin ruido alguno, y estuve durante largo rato… ¡sí, espiando a mi hermana!. Y los movimientos de sus brazos alzados de vez en cuando me hacían imaginar más que ver sus pechos erguidos por la postura. Y, cuando se puso frente a la cortina unos instantes, percibí la sombra un poco más oscura de su vello púbico. Cerré la puerta, con el corazón batiendo como un tambor.

Sin poder evitarlo, di un paso más en mi camino hacia no sabía donde: me senté en un sillón, en una posición tal que dominaba todo el pasillo donde estaba el aseo, fingiendo leer un diario. No tuve que esperar mucho. Cari salió al pasillo vestida solo con sus braguitas, y una toalla sobre los hombros, que se mantuvo abierta solo el tiempo preciso para ofrecerme una visión fugaz de sus senos desnudos. Se detuvo un momento, con cara de sorpresa, y luego avanzó hacia donde yo estaba, sonriente, sujetando con una mano los dos extremos de la felpa que cubría ahora su pecho. Se inclinó sobre mí y me besó en los labios, como siempre, en un beso que era no de pasión, sino de familiaridad, no de deseo, sino de cariño fraternal. Al menos por su parte.

A duras penas pude contener mis ansias de atraerla contra mí, de depositar en sus labios llenos otro beso, distinto del que me había regalado. De abrazarla contra mi cuerpo, de acariciar su piel desnuda…

Ya no puedo resistirme más a la evidencia: amo a mi hermana, con amor de hombre por una mujer, la deseo casi dolorosamente. Y la conciencia de la imposibilidad de este amor, máxime cuando ella está enamorada de otro, se clava como un puñal en mi corazón.

– Chicos, tengo que salir de viaje esta tarde, y estaré fuera cuatro días -dijo mi madre, mientras estábamos de sobremesa, tras la cena -.

– ¿A dónde esta vez? -pregunté-.

– A París.

– Mmmmmm, ¡París! -dijo Cari-. Me encantaría tener una vida tan interesante como la tuya, siempre viajando, conociendo lugares y gente nueva.

– Más bien es una lata. Apenas me deja tiempo el trabajo, vuelvo al hotel deseando quitarme los zapatos de tacón que me están matando, darme un baño caliente, y dormir. Además, ya te llegará la ocasión, cuando termines los estudios. O antes. Quizá podríamos hacer una escapada los tres juntos, en las vacaciones del próximo año.

Cari palmoteó como una chiquilla excitada.

– ¿Lo prometes, mami?.

– Bueno, habrá que ver… Pero sí, considéralo como una promesa.

Yo no podía dejar de pensar en las cuatro cenas con Cary, los dos solos en la pequeña mesa de la cocina, en las cuatro noches con Cari durmiendo muy cerca de mí, en la otra habitación, como una tentación permanente, para la que no sería barrera la presencia de mi madre en el dormitorio principal… Pero no, tenía que arrojar lejos de mí tales pensamientos, porque no se trataba de cualquier mujer, sino de mi hermana.

Esta mañana, mi madre ya no estaba cuando me levanté. Había un acuerdo tácito, según el cual yo utilizaba el aseo antes que mi hermana, porque ella tardaba un tiempo infinito en ducharse y vestirse, y yo tenía una clase que empezaba media hora antes que la primera de las suyas. Luego protestaba: “que si lo dejaba todo encharcado, que si no me molestaba en colgar las toallas húmedas”…

Y entonces, ocurrió.

Tres minutos para el cepillado de dientes, cinco para la rasuradora eléctrica, otros cinco para una ducha rápida. Como todos los días. Y su irrupción en el baño me sorprendió completamente desnudo, de frente a la puerta, mientras aplicaba la loción en mi cara. Ella terminaba de levantarse. Llevaba puesto un corto camisón semitransparente, que permitía distinguir sus hermosos senos, y sobre el que resaltaban los bultitos de sus pezones erectos. Una mínima braguita, y nada más. Se quedó inmóvil durante muchos segundos, con los ojos muy abiertos, y luego salió apresuradamente. Pero, si miró hacia abajo, TUVO que advertir que mi pene estaba creciendo a marchas forzadas.

Luego, durante la cena, ninguno hizo la menor intención de referirse al incidente. Uno más, provocado por la convivencia. Nada extraño, entre hermanos que comparten el mismo techo. Pero después, mientras charlábamos ante el televisor encendido, al que ninguno hacia el menor caso, mi vista no cesaba de dirigirse hacia el escote de Cari, por el que de vez en cuando podía vislumbrar algo más de la mitad de sus pechos, en algún movimiento fortuito. O a sus muslos, descubiertos hasta la mitad por la postura. O a su entrepierna, fugazmente mostrada en dos ocasiones. Pretexté sueño, y me fui a mi habitación, tremendamente excitado.

Son las 2 a.m. y el sueño se resiste a aliviar mis enfebrecidos pensamientos. Se ha levantado viento, y huele a humedad. Me levanto, y cierro la persiana, no del todo, lo suficiente para que el viento no haga ondear la cortina casi horizontalmente.

Suena un trueno lejano, seguido de otro. La luz de un relámpago pasa a través de las ranuras de la persiana entreabierta, llenando la habitación de fugaces líneas luminosas. Escucho las primeras gotas de lluvia golpear contra el alféizar.

El siguiente trueno es como la explosión de una bomba sobre el tejado. Recuerdo que hay que evitar las corrientes de aire en una tormenta, de modo que me levanto, con intención de comprobar si todas las ventanas están cerradas. Abro la puerta, y me sobresalta la figura blanca parada en el pasillo:

– ¡Por Dios Cari, vaya susto me has dado!.

– No soporto los truenos. Ya sé que es una chiquillada, pero no puedo evitarlo, me asustan. Y hoy no está mamá para acostarme con ella…

Me estoy poniendo enfermo. Imagino a mi hermana en la cama junto a mí, y el deseo vuelve, insidioso, casi irresistible. No puedo ni moverme, estoy paralizado. Siento el ansia de estrecharla entre mis brazos, de acariciar su pelo, de besar sus labios…

El cielo se desagarra de nuevo encima de nuestras cabezas. Cari grita mi nombre, y se me abraza fuertemente. Y ya no pienso en nada. La acompaño a mi cama, y abro el embozo. Ella se introduce entre las sábanas.

– Por favor, Alex, acuéstate a mi lado y abrázame, como antes, cuando éramos niños.

Pero ya no lo somos. Cari se abraza a mi cintura, estrechando su hermoso cuerpo contra el mío. Tengo conciencia de sus senos en contacto con mi pecho desnudo, a través de la liviana tela de su prenda de dormir, de su vientre oprimiendo mi erección, que no puedo evitar de modo alguno, de la piel de sus muslos como una caricia en los míos. Paso una mano bajo su cuello, y la dejo abierta, acariciando levemente su espalda. Mi otra mano, como dotada de voluntad propia, se desliza más abajo de su camisón, subido hasta la cintura, y se posa sobre la parte superior de sus nalgas. Advierto que el camisón es su única prenda, y mi excitación alcanza cotas insoportables.

La indistinta claridad del alumbrado exterior tamizado por la persiana entreabierta, basta para distinguir que Cari me mira muy fijamente, con su rostro casi en contacto con el mío. Percibo su dulce aliento, entrecortado, sobre mi boca. Y algo explota dentro de mí. No pienso, no mido las consecuencias, estoy más allá de todo ello. Ahora solo la beso, intensamente, con la boca entreabierta. Y Cari se aprieta aún más fuertemente contra mi pecho, y responde al beso, permitiendo a mi lengua probar la suavidad del interior de su boca. Y su pierna desnuda pasa sobre las mías, completando un doble abrazo del que no quisiera desprenderme nunca.

Poco a poco, la cordura se impone a mi instinto. La conciencia de la enormidad de lo que acabo de hacer, me abruma como un peso insoportable.

– Cari, yo… lo siento.

Ella pone uno de sus dedos sobre mis labios.

– ¡Sssssssss!, no hables, cariño. Limítate a abrazarme.

Y entonces, como un mazazo, la revelación se abre paso en mi mente afiebrada: ¡no hay “príncipe azul”, nunca lo hubo!. ¡Soy yo quién llena por las noches los pensamientos de mi hermana!. ¡Es mi cuerpo el que ella ansía tener entre sus brazos, mi pecho, el objeto de deseo para sus labios!.

Y con ella, la última barrera de mi control desaparece pulverizada. Y mis manos acarician sus hermosos pechos, sintiendo en las palmas la suave rugosidad de sus pezones erectos, y su boca se posa en mis tetillas, y las besa, suave como una pluma.

Mis manos ahora la ayudan a desprenderse de la única prenda que impide a mi piel conocer la dicha de estar en contacto con la suya. Y ella, con suaves tirones, hace descender mi pantalón corto hasta las rodillas, y yo la ayudo, deseoso como estoy de percibir la maravillosa sensación de nuestros cuerpos desnudos enlazados.

Ahora son sus manos las que recorren mi espalda, y uno de sus dedos resigue mi espina dorsal, para retirarse cuando se introduce en el canal entre mis nalgas. Mi mano ya ha descendido hasta posarse en la suavidad de la cara interior de sus muslos, sin atreverse aún a hollar su intimidad. Pero son las suyas las que apresan la mía, y la obligan a posarse sobre su vulva ya humedecida de deseo.

Luego se retiran, y tímidamente rozan mi erección, leves, solo con las yemas de sus dedos. Y yo empujo ligeramente con las caderas, para conseguir que la totalidad de mi pene tome contacto con las palmas de sus manos.

Nos besamos intensamente, durante muchos segundos, con besos que poco a poco van transformándose en ansiosos. Mis manos han comenzado a recorrer lentamente la hendidura de su sexo. Las suyas acarician mi hombría, suaves como plumas, y me desbordan las sensaciones.

Me tiendo lentamente boca arriba, arrastrando el cuerpo de Cari en mi movimiento, hasta que su leve peso descansa sobre mí. Se ha deslizado ligeramente hacia arriba, con lo que ahora mi glande está en contacto con su feminidad. Siento que mi cuerpo es recorrido por leves temblores, y una pequeña contracción involuntaria de mis nalgas, causa un gesto de dolor en su precioso rostro, rápidamente reprimido.

– Espera, cariño, despacio -susurra en mi oído-.

Un último resto de cordura me detiene por un instante.

– Cari, no debo…

– No hables, mi amor. Soy feliz de entregarme a ti por vez primera, de que seas quien me haga mujer. Nadie, nunca, podría hacerme más dichosa que tú en este momento.

Ella introduce la mano entre nuestros cuerpos, y toma mi pene excitado, marcando el ritmo de la penetración. Siento que su flor se abre ligeramente, y mi glande queda atrapado en el mismo inicio de su vagina. Yo estoy inmóvil, con mis manos acariciando sus nalgas muy abajo, casi tocando su sexo. Controlo mi instinto, que me impulsa a introducirme dentro de ella, y permito que Cari, con mucha lentitud, vaya descendiendo milímetro a milímetro sobre mi cuerpo. Ahora ya puedo sentir que su estrecho conducto ha recibido la totalidad de mi glande, y en su rostro hay una pequeña mueca de dolor.

Sus senos resbalan un poco más sobre mi pecho, y noto perfectamente la pequeña resistencia al avance. Cari se queda muy quieta, con los ojos llenos de lágrimas. No puedo hacer otra cosa que besarla, tratando de aliviar su pequeño dolor, con mis manos en torno a sus mejillas. Ella me mira dulcemente, después sonríe y desciende un poco más, y la resistencia cede.

Tiembla como una hoja. La acuno entre mis brazos.

– Cari, mi amor, no quiero causarte el más leve daño.

– Soy feliz, Alex. Nunca he sido más feliz que en este momento.

Ahora su deslizamiento es mayor, y siento como mi dureza se abre camino en su interior unos centímetros. Ella contrae ligeramente el gesto, y después empuja fuertemente. Y la totalidad de mi carne ardiente queda abrazada por la suya, mientras ella me mira intensamente, y sus labios componen una sonrisa amorosa.

Me quedo muy quieto, sin osar mover mi cuerpo durante mucho tiempo. Pero mis manos acarician su espalda, y mi boca deposita pequeños besos sobre su rostro. Ella susurra de nuevo.

– Alex, mi amor…

– ¿Estás segura? -pregunto-.

– Nunca estuve más segura de algo, ni fui más feliz ni más dichosa.

Y entonces, muy despacio, hago oscilar mis caderas. Mi pene se desliza hacia el exterior, muy lento, sólo hasta la mitad. Una nueva contracción lo vuelve a introducir profundamente, pero muy poco a poco. Seguimos así unos segundos.

Nuestras bocas han vuelto a encontrarse, y Cari ahora atrapa mis labios entre los suyos, para luego soltarlos, y permitir que mi lengua juegue con la suya. Poco a poco nos va invadiendo la pasión. Ella pasa los brazos tras mi espalda, y se aprieta convulsivamente contra mi cuerpo. Su respiración es cada vez más acelerada, y pequeños gemidos empiezan a escapar de sus labios.

No sé si es mi deseo o el suyo el que ha impreso un ritmo mayor a mis penetraciones, que ahora son más rápidas. Cari abre aún más las piernas, apretando mis costados entre sus rodillas. Siento, imparable, mi eyaculación, y me detengo, pero ella también está ya más allá de cualquier posibilidad de controlarse. Comienza a moverse sobre mí, empujando y relajando su pelvis, y ahora ya no puedo evitar que mi semen fluya a borbotones, y cada una de las contracciones de mi pene es acompañada como por una corriente eléctrica que recorre todo mi cuerpo. Cari no se detiene, y yo reinicio mis movimientos.

Su pelvis ahora se mueve espasmódicamente sobre mi cuerpo.

– Alex, ¡¡por favor!!. ¡Cariño, no te detengas!.

Me muerde los labios, en el paroxismo de su excitación, y su voz se torna gutural, casi un chillido:

– ¡¡¡Aleeeeeeex!!!. ¡¡Me viene, siento que me viene!!. ¡¡Sí, síiiiiiii!!.

Mis movimientos ahora son más lentos, pero cada vez la introducción es más profunda. Cari incrementa aún más la oscilación de sus caderas.

– ¡¡¡¡Mi amor!!!. ¡¡Mmmmmm!!. ¡¡¡Yaaaaaa!!!. ¡¡Ah!!, ¡¡Ah!!, ¡¡¡Ahhhhhhhhhhh!!!.

Con un último gemido, se desploma sobre mí, con los ojos anegados en lágrimas. Apoya la cara en mi pecho, y se queda muy quieta, mientras sus temblores van desapareciendo lentamente.

Estamos así, inmóviles, durante muchos minutos. Por fin, ella levanta la cabeza, me mira con dulzura, y besa suavemente mis labios. Luego se desliza por mi costado, y yo no tengo más remedio que girar, para poder quedar de nuevo abrazados, frente a frente.

No dejo de pensar en qué vamos a hacer a partir de ahora. ¿Cómo enfrentar a nuestra madre, y hacerla partícipe de aquello?. O, por el contrario, ¿cómo poder vivir ocultándolo, comportándonos únicamente como hermanos ante los ojos de los demás?. Pienso en las noches solitarias, sabiendo que el objeto de nuestro amor está al otro lado de la pared, pero sin poder satisfacer nuestro anhelo. La tensa espera por las mañanas, hasta que mi madre cierre la puerta tras de sí, para lanzarnos uno en brazos del otro…

Pero aún quedan tres noches más, noches en que de nuevo dormiremos abrazados. Tres tardes en las que la sentaré sobre mis rodillas, y le diré al oído todo el amor que siento por ella… Tres días y tres noches que serán una eternidad, y al mismo tiempo demasiado cortos para satisfacer por completo nuestra ansia.

Le estoy acariciando las sienes con la yema de los dedos. No puedo apartar mi vista ni por un segundo de su precioso rostro, que me sonríe con amor. Soy el primero en romper el silencio:

– ¡Si supieras, cariño!. Los días interminables en que te he deseado. Las noches en blanco suspirando por tu cuerpo, tan cercano y al mismo tiempo tan inalcanzable…

Ella me muerde ligeramente la barbilla.

– Pues has tardado demasiado en decidirte. No sabía ya que hacer para que me miraras como mujer…

– ¡Qué estúpidos podemos ser!. Ambos soñando con el otro, y ninguno daba el primer paso.

– Yo sí.

Me mira con cara de malicia.

– ¿O crees que dejé el diario a tu alcance por casualidad, y con una clave que sabía que no tardarías ni dos segundos en descubrir?…

Decididamente, los hombres somos más simples que el asa de un cubo, pero me da igual. Nada importa su argucia, ni mi ingenuidad. Nos queremos, y eso basta. Al menos hasta dentro de cuatro días, en que habremos de volver a la dura realidad.

F I N

alexf2198

Desvirgo a mi hermana a los 19

Mi hermana es bonita, blanca pelo largo castaño ojos café claro pestañas largas, ni gorda ni flaca, ella es delgada: cintura pequeña caderas anchas culo redondo muslos llenitos y una voz muy agradable de mujer bonita.

 

Mi hermana menor se llama Sofía y siendo sincero debo decir que me sentía cómodo siendo hijo único durante mi infancia pero a los 12 años mi madre me dio una hermana y yo estaba sin saber cómo reaccionar, no sabía qué hacer ni que sentir al respecto.

Ella ya llevaba 2 meses de haber cumplido sus 19 años y ese día en particular yo estaba cabreado por que no aprobé el examen de ingreso a la universidad estaba encerrado en mi cuarto escuchando música triste pensando en mi futuro ¿Qué sería de mí? Sin estudios sería un don nadie y para colmo lo había dejado con mi novia ella nunca paso de los besos y caricias pero a la hora de la verdad ponía mil pretextos para no tener sexo y yo estaba que explotaba mi pene lleno de leche y ninguna hembra disponible para saciar mis deseos.

 

Con 19 años se interesó por la gimnasia rítmica un poco tarde pero empezó a hacer sus clases sobre eso en el gimnasio de nuestra ciudad y ella nos molestaba todo el tiempo con que la viéramos y la ayudáramos en casa con sus prácticas, pero yo estaba más interesado y preocupado por entrar a la universidad.

 

 

 

Ante la insistencia de mi hermana abrí la puerta, después de todo ella no tenía la culpa de mi mala suerte.

 

Grande fue mi sorpresa al verla de pies a cabeza era una tremenda hembra un bombón, que guapa y que deliciosa es mi hermana.

 

Inmediatamente me di cuenta de porque la veía así: ella tenía puesto el leotardo de una de sus amigas uno que era un poco transparente muy ceñido al cuerpo y también demasiado pequeño para ella.

 

Ella dijo: mira lo que aprendí.

 

Inmediatamente se abrió toda de piernas, yo siendo más grande tan cerca de ella pude mirar su entrepierna que a pesar de tener puesto el leotardo se podía ver claramente su la raja que la dividía claramente visible ante mis ojos.

mierda me estaba dando un banquete visual con mi hermanita.

 

Fue en ese momento que empecé a mirar a mi hermana con otros ojos.

 

Quería follar con ella en ese momento pero no quería que se sintiese agredida así tuve una idea para hacerla mía a modo de juego.

 

Ella quería que la mirara y que la ayudara con sus prácticas mmm y eso era de lunes a viernes en casa por las tardes esta era mi oportunidad de estar con ella: mi padre ya había fallecido y mi madre cobraba todos los meses un dinero como viuda, este dinero alcanzaba perfectamente para todos los gastos incluido mis propios gastos y mi madre a veces salía a hacer sus cosas entonces esa sería mi oportunidad para estar con mi hermanita.

 

Hasta este punto debo aclarar que mi hermanita nunca me había visto desnudo y yo no la veía sin ropa desde hacia mucho, así me acorde que ella varias veces intento entrar a la ducha conmigo y yo no se lo había permitido, pero esta vez sería diferente.

 

Le dije:

Yo: “Sofía si te ayudo a entrenar debes hacerme caso en todo”

Sofía: “si, mira quiero que me agarres de las piernas para no caerme porque puedo perder el equilibrio, me alegra que por fin me quieras ayudar.

Yo: “mira esto es como un juego y el juego consiste en que va a ser un secreto, no le cuentes nada a mama.

Sofía: “pero ella mismo dijo que tú me ayudes con mis ejercicios”

Yo: “no Sofía, ese no es el secreto, el secreto es lo que vamos a hacer dentro de las prácticas”

Sofía:” ¿Por qué?

Yo: “Vamos a hacer unos juegos que a las mamas no les gusta que hagan sus hijas “

Sofía: “y, que tienen de malo?”

Yo: “no tienen nada de malo, es solo que los grandes piensan que las chicas de tu edad no deben hacerlo, pero vas a ver que es muy divertido y te va a gustar mucho”

Sofía: “bueno, si tú lo dices hagámoslo, que tenemos que hacer de que se trata.

Yo: “ya vas a ver, tu solo ponte a entrenar como siempre lo haces y yo te voy agarrando para que no te caigas así empezamos, venga ponte otra vez de boca abajo”

Mi hermana obedeció al instante solo que esta vez yo la agarre poniendo mis manos por donde más podía para tocar su suave piel, que sentía calientita y mejor de lo que me imaginada, mirarla era excitante pero tocarla esto ya era otro nivel.

 

Ella reía sin parar y yo le pregunte.

 

Yo: “Sofía, ¿Qué sentiste?

Sofía: “fue divertido, nunca me habías tocado así sentí muchas cosquillas, hagámoslo otra vez”

Yo: “Si, mi amor y eso que recién empezamos y tenemos toda la tarde”

Sofía: “ja, ja, ja me dijiste mi amor, pero tú ya tienes novia, tonto”

Yo: “no, ya no tengo novia lo hemos dejado, hagamos un trato quiero que tú seas mi novia porque eres más bonita que ella”

Sofía:” ¿de verdad, soy bonita?

Yo: “Si, mi princesa eres bonita y quiero que seas mi novia, pero es un secreto mama no tiene que saber nada”

Sofía: “Si, si quiero me encanta este juego nunca me habías dicho princesa y me gusta que me lo digas”

Seguiamos con las prácticas y ella hacia todo lo que sabía de gimnasia mientras yo aprovechaba para tocarla todo el tiempo, ya directamente y sin tapujos acariciaba sus muslos de arriba hacia abajo y todo su cuerpo mientras la besaba en la cara y labios y después hasta en el cuello muslos y por donde más podía.

 

Note una mancha de humedad en su entrepierna: una señal muy clara de que mi hermanita estaba excitada.

 

Quería desnudarla pero no sabía cómo convencerla así se me ocurrió algo que ella no rechazaría: invitarla a ducharse conmigo.

 

Cuando se lo dije a ella le brillaron sus ojos y su mirada se dirigió a mi entrepierna, había escuchado que las chicas a esta edad son muy curiosas, pero hasta ese momento no lo había experimentado.

 

Fuimos a la ducha y cuando la vi sacarse el leotardo y quedarse total y completamente desnuda sentí que el corazón me latía muy deprisa incluso mis manos me temblaban y yo me desnude lo más rápido que pude y me metí a la ducha con ella enjabone todo su cuerpo mientras ella me enjabonaba a mi .

 

Nos enjuagamos y fuimos a la cama yo ya no aguantaba las ganas y le comi el coño y el culo y no pare hasta se que termin en un gran orgasmo.

 

La puse a cuatro patas y con mis manos abrí los cachetes de su lindo y apetecible culo y le puse la cabeza de mi polla en la entrada del culo , no la penetre porque no quería que a ella le doliera además yo me sentía más que satisfecho con ponérsela en un sitio donde mi novia no me dejo hacérselo , estaba tan excitado que bombee mi polla a escasos 4 minutos y eyacule como nunca lo había hecho, fue el mejor orgasmo de mi vida nunca ni siquiera con alguna puta había sentido un placer tan maravilloso como lo que sentí en ese momento.

 

Luego le enseñe como tenía que lamer y besar mi polla estuvo 30 minutos lamiendo besando y chupando mis testiculos, mi pene y mi glande finalmente eyacule en su boca.

 

Ella se trago todo mi semen.

 

Yo: “Sofía, verdad que está riquísimo el semen.

Sofía:”mmm no sé, nunca había probado algo que tenga ese sabor, no es desagradable, pero no sé si me gusta, es como salado y espeso”

Yo: “todos los días te voy a dar a beber mi semen calentito directamente en tu boca ya vas a ver que bueno esta cuando le cojas el gusto, la cabeza del pene también tiene un sabor muy bueno que te van a dar ganas de chuparmela todos los días.

Sofía: “el sabor de la cabeza de tu pene me ha gustado mucho y , no me molestaría chupártela todos los días”.

 

Me dijo Sofía con una gran sonrisa con su voz de chica de 19 años mientras un hilo de semen rodaba por su barbilla.

 

Con un dedo coji el semen que se resbalaba por su barbilla y le dije “lame “mientras se lo acerque a su boca, ella miro y saco la lengua lamiéndolo todo,

 

 

De noche llego mi madre no podía mirarla a los ojos sentía que había hecho algo prohibido y mi hermanita tenía una sonrisa de oreja a oreja era demasiado obvio que estaba feliz y le dijo a mama:

Sofía: mami hoy estoy feliz porque hice algo con Carlos”.

 

“mierda” pensé, “Sofía va a hablar”.

 

Mama:” ¿Qué hicieron?

Sofía: “Carlos me ayudo con la gimnasia.

Mama dirigiéndose a mí:” ya era hora de que ayudaras a tu hermana y quiero que no la dejes salir a a la calle según que horas una nunca sabe dónde puede haber un pervertido, ella es mas pequeña que tu y la tienes que vigilar aun siendo ya adulta.

Yo:” si mama, tranquila yo la cuido”

En ese momento mi alma regreso a mi cuerpo un sudor frio había recorrido mi cuerpo, tremendo susto que pase.

 

Fui a la cocina y llame a mi hermana haciendo un gesto con la mano, ella vino y le dije al oído

Yo:” oye, por un momento pensé que le ibas a decir a mama.

Sofía: “No, tranquilo, nunca le voy a decir porque yo te quiero y me encanta tener secretos contigo, además me gusto el juego y mañana quiero que se repita¨

Yo:” tampoco le tienes que contar a tus amigas nada”

Sofía: “está bien como tú digas”

Al día siguiente cuando llego mi hermana del gimnasio.

 

Se veía hermosa con su blusa blanca y su falda a cuadros.

 

Una vez adentro de la casa le di un beso con lengua y ella se reía nerviosamente mientras me decía:

Sofía: “espérate Carlos me baño y me pongo la ropa de entrenar”

Yo: “tengo una mejor idea mira: te bañas y me esperas desnuda en tu cuarto, yo ya mismo voy”

Sofía: “que tienes en mente”

Yo:” algo que te va a encantar”

Mientras estaba en mi cuarto cogiendo las cosas que necesitaba escuchaba la ducha mientras mi hermana se bañaba y a los pocos minutos escuche su voz:

Sofía: “ya, Carlos estoy lista ven.

Cuando entre a su cuarto ella estaba sentada desnuda al borde de su cama .

 

Ella me miro un poco sorprendida y extrañada.

 

Yo acomode un trípode con una cámara y le dije:

Yo: “Sofía quiero que hagas gimnasia rítmica desnuda”

Sofía: “y para qué es la cámara”

Yo: “Quiero tomarte unas fotitos y hacerte unos videos para tenerlos de recuerdo”

Sofía: “y quien va a ver esas fotos y videos, no hay peligro que las vea mama? si ella las ve me mata”

Yo: “tranquila solo son para mi”

Y así mi hermana desnuda hizo toda su rutina mientras yo la filmaba y tomaba fotos y obviamente también tocándola en todos su cuerpo.

 

Luego de eso le comi su culo y su coño hasta que ella quiso.

 

Después le tocó el turno a ella ,me comió la polla con muchas mas ganas que el día anterior y seguiría progresando en su “técnica”, el tiempo había pasado tan rápido que ya se estaba haciendo de noche y tuvimos que bañarnos y dejar para el día siguiente nuestro juego.

 

Al otro día jugamos a que ella era una modelo y posaba para mí: caminando, acostada sentada y todo lo que se me ocurría y ella obediente hacia todo lo que le decía.

 

El sexo anal mejoro con el paso de los días: ya le metía todo el glande y ella decía que le encantaba.

 

Se hizo costumbre primero comerle el coño y culo a ella para que lubricara bien y tubviese el coño bien empapado, luego el segundo orgasmo vendría mientras yo le penetraba analmente y aquello me sorprendió mucho, yo no sabía que una mujer podía tener orgasmos haciéndole sexo anal.

 

Desde el primer día que estuve con ella su culo me atraía como un poderoso imán ya que era redondo, blanco y grande lo cual me ponía cachondo tan solo con mirárselo.

 

La línea negra que dividía la blancura de sus nalgas era el cielo mismo, me encantaba lamerle el culo hasta que se corria en mi cara.

 

Por eso el siguiente paso natural era penetrar ese rico agujero, esas nalgas me han dado tanto placer y he eyaculado tantas veces en esas nalgas .

 

Mientras bombeaba mi polla dentro de sus nalgas le preguntaba:

Yo: “te gusta así Sofía o quieres más rápido”

Sofía: “así estábien pero si quieres puedes dar más rápido”

Yo: “y de profundo como esta, quieres que te la meta más adentro?”

Sofía: “siento que me llega hasta el estómago, no me digas que todavía la puedes meter más?”

Yo: “si, ¿La quieres más dentro?

Sofía: “si”

Yo: “si te la meto más vas a sentir mis huevos chocando con tu culo cada vez que te empujo”

Sofía: “si, metemela quiero sentir tus huevos chocando con mi culo cada vez que me la metes bien hacia adentro”

Tap tap tap paf paf paf sonaba mi ingle mojada golpeando su culo y le pregunte:

yo: “Sofía ¿te gusta cómo suena cuando te la meto?”

Sofía: “ji ji ji sí, me encanta”

Yo:”¿Qué te gusta más cuando te la meto o cuando te la saco?

Ella se puso seria y miro hacia el techo a un punto en el infinito, fruncía el rostro mientras pensaba y me dijo:

Sofía: “cuando me la metes”

Yo:” ¿por qué?

Sofía:”mmm cuando me la metes por el culo me encanta”

Y me miro la polla y me dijo:

Sofía:” ttu polla me encanta, me encanta sentirla en el culo, sentir el culo bien abierto creo que es la cabeza de tu polla lo que mas me gusta.

Después de 10 minutos me corrí dentro de su culo.

 

Ella me miro con una gran sonrisa y me dijo:

Sofía: “eso fue genial me gusto mucho, quiero pagártelo haciéndote disfrutar, yo sé que a ti te gusta que te la chupe, esta vez te lo voy a comer como nunca.

Diciendo esto cogió mi polla flácida y la chupó con todas sus ganas y en 5 minutos me hizo volver a correrme, ella abrió la boca enseñándome la leche e inmediatamente se lo tragó y me dijo:

Sofía:” si quieres te la chupo más “

Yo :” si mi princesa chupámela hasta dejarme seco”

Después de pocos minutos nuevamente me volví a correr.

 

Había pasado un mes de haber empezado nuestros juegos.

 

Mi hermanita totalmente desinhibida se dejaba explorar todo el cuerpo incluso me lleve su virginidad,

Fuimos a una exhibición de gimnasia local y pude darme cuenta como los instructores tocaban a las chicas, si eso lo hacían delante de todos ¿Qué no harían en privado?

También vi muchas chicas con buen cuerpo, deliciosas.

 

Vi padres tocando a sus hijas golosamente y también tíos con miradas cómplices a sus sobrinas y toqueteos más que subidos de tono.

 

Y yo había sido ignorante de este submundo hasta ese momento…

Fue entonces cuando vi como otros hombres miraban a mi hermana, pero no podía culparlos era deliciosa.

 

Mi hermana me dijo al oído que una amiga de ella había hecho cosas con el entrenador para que le diera prioridad a la hora de ir a las competiciones, eso me intrigo quise saber detalles.

 

También me contó de una amiga que le dijo que el tío jugaba con ella desnuda así como nosotros lo hacíamos.

 

Esas revelaciones eran demasiado eróticas, pero también me confeso que el entrenador de gimnasia la había estado tocando , pero que solo había sido toqueteos nada más y por eso ella me buscaba para que yo la toque también ya que después de los entrenamientos se quedaba con ganas de que la toquen más.

 

Tuve ganas de hablar con el entrenador pero pensé: gracias a esos toqueteos mi hermana despertó su deseo sexual y por eso me buscaba para que yo la toque y gracias a este entrenador yo puedo gozar de mi hermana.

 

También pensé: si yo no la satisfago en sus deseos alguien más lo hará.

 

Miraba a todas esas chicas y pensaba como serian desnudas y ensartadas por su entrenador, por sus padres por sus tíos y en el caso de mi herma pues ensartada por su propio hermano.

Follando a mi hermana una independentista catalana e incestuosa

Os adelanto un poco de la historia del incesto con mi hermana catalana, que me la he follado varias veces ya….

Tengo un culo de goma.

Aunque en realidad no es un culo, sino un coño y no es de goma si no de silicona, me costo casi 150 euros.

Lo he utilizado pocas veces y es que tengo que estar muy caliente para satisfacerme con él porque tengo todo un ritual para utilizarlo, aparte está el hecho de que como tengo una polla más gruesa de lo normal me cuesta un poco meterla y algunas veces me hago daño.

El culo de goma es básicamente el trasero de una mujer visto desde atrás, sin el orificio del ano y con una vagina con los labios muy marcados.

Me hubiese encantado comprarme una muñeca de silicona, las hay preciosas y no son tan caras como uno piensa, sin embargo el miedo  a que la mujer de la limpieza (61 años) que visita mi casa cada dos semanas la viese me echa bastante para atrás.

El culo de goma lo tengo escondido en un baúl con candado, en un pequeño cuarto que utilizar como trastero.

Vivo en en pueblo cerca de Badajoz en un piso de 100 metros cuadrados, estoy divorciado desde hace un año, mi afición a la silicona con forma de mujer empezó justo dos meses después de divorciarme.

Y es que en la empresa en la que trabajo, hay 25 mujeres y solo tres hombres en plantilla.

El que no ha tenido una mujer como Jefa, no puede darse una idea del morbazo que puede llegar a darte este hecho.

Mientras estaba casado, mi apetito sexual estaba totalmente cubierto, cada dos días como máximo cumplia con Sonia mi Ex-mujer.

Desde novios le encantaba follar conmigo, y es que la mayoría de los hombres pensamos que el tamaño importa, algo que no voy discutir, sin embargo lo que hace gozar de verdad  a una hembra es el grosor de tu polla.

Si la tienes pequeña independientemente de su grueso, se saldrá más veces en según que posiciones y eso es una molestia cuando estás en plena faena, para ellas y para nosotros.

Aunque me gustaba que Sonia me chupase la polla, no lo hacía casi nunca, la excusa que ponía era que se podía hacer daño en la boca, porque tenía que abrirla más de lo normal.

Nuestro divorcio fue por culpa de la directora de mi empresa, con la cual tuve que ir en dos ocasiones a la central en Madrid y quedarme durante dos semanas en un hotel.

No seais mal pensados, nunca me folle a Nuria, una atractiva divorciada de 49 años con dos hijas y no fue por falta de ganas por mi parte, si no porque en ningún momento se dio una ocasión que fuese favorable.

Y es que Sonia era muy celosa, y se pensaba que me la follaba en Madrid, así que sus celos me devolvieron a la soltería.

En mis primeras semanas como divorciado me fui de discotecas para darme cuenta de que en muy pocos años había cambiado ostensiblemente la forma de buscar pareja y que en estos ambientes un tipo con 35 años equivale prácticamente a un hombre de la tercera edad.

Me apunté a varias web de citas online, pero las tres mujeres con las que quede estaban enamoradas del amor, por lo tanto buscaban un príncipe azul, y yo no he sido nunca especialmente romántico.

También pensé en recurrir a la prostitución, pero cuando uno ha ido a un prostíbulo de Madrid o de Barcelona, se espera algo mucho más serio que lo que se ve en una casa de citas de carretera en Extremadura.

Ahora que he mencionado Barcelona, os diré que nací allí y me vine a vivir aquí a Extremadura cuando me case con Sonia.

Allí dejé a mis Padres y a mi hermana, mis padres son de Córdoba y mi hermana al igual que yo nació en Barcelona.

Mi hermana acaba de cumplir 25 años hace muy poco, por cierto, me parece que no os he dicho que me llamo Carles, si igual que Carlos pero con una  “E” en vez de una “O”, que es la versión catalana del nombre.

Laia no ha tenido demasiados trabajos, y los pocos que ha tenido no le han durado mucho más de una semana.

Es antisistema y también en independentista, en casa de mis padres estaba prohibido hablar de política, porque Laia siempre acababa insultando y llamando “Fachas” a los que no eran independentistas como ella, caso de mis padres y de mi mismo.

Mi padre estuvo siempre muy bien relacionado con la Policía Autonómica y gracias a ello fue avisado de que mi hermana estaba empezando a ser muy vista en las quemas de banderas francesas y españolas.

Su amigo de la policía le comento que solo era cuestion de tiempo que su hija fuese detenida, de hecho tenían fotografías de mi hermana quemando libros de la Constitución Española y banderas a cara descubierta.

Así que le aconsejaron a mi padre que mi hermana desapareciera por un tiempo de los ambientes secesionistas, mejor aún si abandonaba durante un tiempo por prudencia la comunidad autónoma en la que vivía.

Mis padres lo primero que hicieron fue pensar en mi como es lógico,me hubiera podido negar si estuviese casado, pero no era el caso.

Cuando llegó mi hermana a Extremadura, hacía tiempo que me había masturbado ya pensando en todas y cada una de  mis compañeras de trabajo, ese era mi nivel de fogosidad.

Pero cuando estaba especialmente excitado, situaba el culo de goma encima de la mesa, me llenaba la polla de lubricante con base de agua y la metia pensando en Anna, mi compañera de trabajo.

Anna, me recordaba a Bridget Jones en sus tiempos más redondos, en los que había acumulado más peso, su cara y su trasero eran lo que más me atraía de ella.

Su cara era una mezcla de inocencia y picardía, o por lo menos era lo que me hacía sentir a mi.

Y era de esas personas que cada dos por tres tienen un problema con el ordenador, por lo que siendo yo  el informático de la empresa, hizo que acabáramos conociéndonos muy bien.

Cuando estaba con ella en su despacho  me calentaba sobremanera  y cuando llegaba a casa tenía que recurrir al culo de goma, el cual dejaba desbordado de leche.

Cerraba los ojos y pensaba en el culo de Anna, y así empezaba mi mete y saca en la mesa.

No me atrevía a quedar con ella, aunque la notaba receptiva, primero por miedo a una posible negativa y segundo por el famoso refrán:

-“donde tengas la olla, no metas la polla” .

Así que yo vivía feliz en mi conformista e imaginario mundo de sexo hecho de silicona, hasta que apareció mi hermana.

Mi abuelo tenía la teoría, que yo siempre he considerado una verdad absoluta, de que una mujer con muchas tetas, tendrá poco culo y viceversa.

Para ser claros, en una mujer no podías disfrutar nunca a la vez de un poderoso culo y unas pechos generosos, o era una cosa o la otra, por ello el hombre debía renunciar a una cosa o a la otra.

Mi hermana era del grupo en el que la naturaleza le había hecho crecer mas las tetas y con lo delgada que estaba parecía estar operada.

Cuando llego a casa me hice a la idea de que mis sesiones de pajas se habían acabado hasta que no se fuese, y que me tendría que masturbar en mi triste lavabo.

La habitación en la que iba a estar mi hermana, tenía su propio cuarto de baño por lo que no necesitaria salir de su habitación para hacer sus necesidades o ducharse.

Mis padres prácticamente la habían obligado a quitarse las rastas y a vestir un poco mejor, acostumbrado a las pintas que tenía cuando visitaba a mis padres en Navidad, su look ahora era algo más moderado.

Para “celebrar” que había venido esa primera noche fuimos a cenar a uno de los dos únicos restaurantes del pueblo.

En esa toma de contacto, me di cuenta de lo radicalizada que estaba en prácticamente todos los aspectos de sus vida.

Para comer mi hermana pidió una ensalada y yo una tabla de embutidos.

Cuando trajeron los platos, miro el mio indignada y dijo:

 

  • Carles, has pensado en lo mucho que sufren los animales para que tu tengas ese plato encima de la mesa.
  • Laia, soy un hombre y los hombres no podemos hacer más de una cosa a la vez, no tengo posibilidades de pensar y comer a la vez -. Le conteste yo jocosamente.
  • Parece que consideras gracioso el sufrimiento ajeno, Carles.
  • Laia, recuerdo que hace dos años te encantaban los Doner Kebab.
  • Carles, eso es el pasado, ahora soy vegana.
  • Laia, disfruta de tu comida y respeta que yo no sea vegetariano.

 

La conversación me puso de muy mala leche, no volvimos a hablar hasta que llegamos a casa.

Le pedí por favor a mi hermana que fuese más comprensiva con los que no piensan como ella, que deseaba mucho que disfrutara de su estancia aquí conmigo, y que la echaba de menos más de lo que ella pensaba.

Me miró con una sincera sonrisa para darme un beso en la mejilla y me deseó buenas noches.

Al otro dia en el trabajo mientras desayunaba con Anna en el comedor de la empresa, salió en la conversación que había venido mi hermana a vivir un tiempo conmigo y que era vegana.

A Anna se alegró y me propuso que fuésemos a su casa a que nos cocinará en plan vegano, ya que durante un tiempo tuvo que hacer una dieta estrictamente vegetariana y había aprendido mucho sobre el tema.

Al final quedamos en que traería la comida a mi casa y cenariamos el viernes por la noche con mi hermana.

Y llegó el viernes, la casa de Anna está a unos 300 metros de la mia, asi que a las 8 de la noche me llamó para que pasase por su casa a recoger la comida.

Cuando abrió la puerta, me lleve una grata sorpresa viendo lo mucho que se había arreglado para una simple comida casera, ni siquiera en las comidas de empresa la había visto tan atractiva, aunque lo que mas me gusto fue cuando la seguí por el pasillo hasta la cocina.

Se había puesto unos pantalones de licra que le marcaban mucho el trasero, ese culo con el que me habia pajeado imaginandolo más de 100 veces,

Pero la guinda del pastel fue cuando se agacho sin doblar las rodillas par recoger unas bolsas con botellas del suelo de la cocina, tuve una panorámica de sus deseados glúteos que casi me hacen perder los estribos.

Por unos segundos pasó por mi cabeza, abalanzarme sobre ella, romperle los pantalones y follarmela en el suelo de la cocina.

Sin embargo, lo único que tenía era una erección que me tape con una de las bolsas que debíamos llevarnos.

De camino a mi casa, me puse a andar a su lado, ya que si me hubiese puesto detrás, mi polla no hubiese dejado de estar dura, y la verdad es que me dolía bastante porque los pantalones no eran demasiado holgados.

Cuando llegue a casa hice las presentaciones, mi hermana se había puesto una andrajosa camiseta en la que se veía una estelada y en la que se leía en inglés: Nuevo estado en Europa, o algo parecido.

Anna que durante el trayecto entre su casa y la mía se veía muy animada y alegre, había cambiado al ver a mi hermana, y ahora la percibia algo menos risueña.

A pesar de lo muy carnívoro que siempre he sido, debo admitir que la comida estaba muy buena, Anna es una cocinera excelente.

Fue una cena en la que hablamos sobre todo de trabajo, creo que Laia se vio algo desplazada, aunque Anna intentaba que no quedará excluida de la conversación preguntándole sobre su vida.

El conflicto llegó cuando después de los postres, empezamos a beber, Anna había comprado una bebida alcohólica africana llamada Amarula, que entraba muy bien con unos hielos, ya que era como un Baileys muy suave, y era esa suavidad dulzona la que te daba la engañosa sensación de que no se te subía a la cabeza.

Cuando ya llevábamos 2 botellas de Amarula e íbamos para la tercera, se me ocurrio la estupida idea de poner la televisión para buscar algún programa en el cual hiciesen música, tipo MTV.

En eso que Anna me comento que nos habíamos quedado sin hielo, y nos fuimos los dos a buscar hielo a la cocina.

Cuando volvimos, mi hermana había cambiado el canal y estaba viendo el canal internacional de Cataluña.

En el estaba hablando el actual presidente de la comunidad autónoma donde nací, el mismo que tiene un peinado de fregona.

Pusimos el hielo encima de la mesa y le pedí por favor a Laia, que cambiase el canal ya que Anna no entendía el catalán.

 

  • Pues debería aprenderlo, es cultura-. soltó mi hermana sin cortarse un pelo.

 

Anna se lo pensó un poco y nos dijo que estaba cansada, que se volvía a casa, que había sido un placer estar con nosotros.

Anna es una persona que huye siempre que puede de las situaciones conflictivas.

 

  • No te preocupes, Anna, ya me voy yo a dormir, parece que los catalanes y su lengua ,te molestamos.

 

Anna cogió su chaqueta y se preparó para salir de mi casa y contesto a Laia:

 

  • Laia, creo que fue vuestro “Muy Honorable” Pujol, el que decía que hasta la tercera generación nacida en Cataluña, no eras catalana, y si mal no recuerdo tus padres son Andaluces, eso ¿En que te convierte?.

 

Antes de que Laia pudiese contestar, salió por la puerta.

Ahora ya sabía que las dos eran como perros y gatos, nunca se llevarian bien.

Yo le dije que a mi hermana muy enfadado que ya hablariamos, y salí disparado detrás de Anna.

Cuando la encontré 50 metros más adelante, me pidió disculpas y me dijo que no pudo reprimir contestar a mi hermana.

Y pidiéndole que me guardase el secreto, le explique el porque mi hermana estaba aquí conmigo.

Anna me preguntó cuál era mi posición en estos tema.

  • Anna, creo que a falta de uno, se tendrían que hacer dos referendums, uno para preguntarles a todos los españoles, sobre si deseaban cambiar la constitución para permitir la independencia de las comunidades autónomas y si salía un Si, modificarla y preguntarle a todas las comunidades si se quieren separar o No, eso sería lo más democrático, todo lo demás son ilegalidades y estupideces.
  • Carles, tienes toda la razón, pero dejemos el tema, no nos lleva a ningún lugar, por cierto ¿Quieres tomar un café o alguna copa más de Amarula?.

De alguna manera, me sentía obligadoa estar con ella, mi hermana se había comportado groseramente con ella, así que asentí y entré en su casa,

Nos sentamos en el sofá y Anna puso la radio, una emisora en la que ponian musica de los 80.

  • Anna, nunca hubiese dicho que cocinaras tan bien la comida vegana, hoy he disfrutado, pese a ser carnívoro.
  • Carles, cuando deje de salir con mi novio, tambien deje de fumar, la pequeña depresión o grande según se vea que tuve y el no fumar, me hicieron coger bastante peso y la nutricionista que visite me aconsejo, que cuando estuviese deprimida o estresada optara por comida vegetariana.
  • Anna, no te imagino deprimida.
  • Pues lo he estado, Carles.

Estuvimos unos minutos mirándonos y esperando a que el otro hablara o hiciese algo.

Opte por romper el silencio.

  • Estoy muy bien, aquí en Extremadura, pero para ser sincero, me siento muy solo, no he conectado con nadie aquí.

La pregunta que me hizo Anna, me dejó descolocado, es más tuve que asimilar, porque no creía que me la estuviese haciendo.

  • Carles, ¿cuánto hace que no follas?.

Me quedé planchado, porque no sabía si era una invitación o una pregunta.

    • Desde que me divorcie, Anna.

 

  • Nunca hubiese pensado que llevases tanto tiempo, Carles.
  • Y tu cuanto llevas sin hacerlo, Anna.
  • Más o menos, el mismo tiempo que tú, Carles.

 

Mientras me miraba a los ojos, sentí su mano en mi entrepierna y enseguida note como me bajaba la cremallera y liberaba mi polla.

Mi polla empezó a crecer, pero debido a lo mucho que habíamos bebido no terminaba de estar a plena potencia.

Anna lo noto y me bajó los pantalones, me miro a los ojos y me pregunto.

 

  • Carles, ¿Crees que has conectado conmigo?.

 

No conteste, y ella bajó la cabeza y comenzó a hacerme la mamada de mi vida y yo me deje hacer.

En cuanto, note la humedad de su boca en mi glande, mi polla empezó a aumentar su tamaño, no dejó ni un solo milímetro de mi pene sin ser lamido y mientras me acariciaba los testículos, cuando terminaba de comerse el tronco de la polla, volvía a la cabeza de mi polla y la chupaba con fuerza.

Se puso cómoda, yo empeze a pensar que dejaría de chuparmela porque ya estaba a tope y le molestaria metersela en la boca, y se sentaria encima de mi o me diría que me pusiese encima de ella y me la follase,

Pero, no, después de 5 minutos estaba a punto de correrme y con la mano hice el ademán de que se quitara que me iba a correr.

Cual fue mi sorpresa cuando ignoró la señal y cuando notó que empezaba a salir semen, empezó a tragarlo sin ningún tipo de problema, cuando pensé que no me quedaba nada dentro pegó un último chupetón, que me hizo salir un poco más, la sensación era como si yo fuese una piscina y me estuviera vaciando y cada gota que se perdía te produjese un placer más fuerte que el anterior.

Se levantó y me miró a los ojos.

 

  • ¿Crees que todavia estas solo, Carles?.

 

No me atrevía a contestar después de lo que había pasado, y menos aún no estando sobrio y con los pantalones bajados.

 

  • Será mejor que te vayas a casa, esto es un pueblo y si te viesen salir de mi casa sin haberte visto entrar mañana por la mañana , lo minimo que me llamarian las cotorras del barrio es Puta y mis padres viven a 500 metros, Carles.
  • Me gustaría mucho que te quedaras, pero es lo que hay, mandame un Whatsapp en cuanto te despiertes.

 

Anonadado por todo lo que había sucedido y cuando me di cuenta estaba en la puerta del pasillo a la calle de la casa de Anna dándonos un buen beso con lengua.

Cuando me acosté en mi cama eran alrededor de las tres de la mañana, me costaba mucho dormirme, no acababa de olvidarme de la extraordinaria mamada de Anna, pero seguía pensando en su culo.

Acabe llegando a la conclusión de que con una paja no tendría suficiente para calmarme y poder dormirme, asi que decidi ir a buscar mi culo de goma.

Salí en calzoncillos por el pasillo, estaba muy empalmado pensando en Anna y en lo que iba a hacer ahora.

Pase por delante de la habitación de mi hermana, que está al lado del cuarto trastero, la puerta de mi hermana estaba abierta de par en par, pero debido a la oscuridad no pude verla.

Entre en el trastero y abrí la caja con la llave del candado, haciendo el menor ruido posible, tuve la precaución de meter el culo de goma en una bolsa del Carrefour, no fuese a ser que mi hermana me pillase en el pasillo con semejante cosa en las manos.

Llegue a mi habitación sin problemas, embadurne de lubricante a mi polla y en la mesa del escritorio puse el culo de Goma, me folle en mi imaginación a Anna y su apetecible culo.

Aunque no tenía mucha leche, debido a que Anna me había ordeñado la la polla antes y se había bebido casi todo mi semen, tenia que limpiar el culo de goma antes de guardarlo.

Con Laia por la casa no me atrevía a dejarlo en algun cajon y correr el riesgo de que lo viese, de pequeña a Laia le gustaba mucho registrar las habitaciones.

Fui al lavabo del pasillo, encendí la luz y  haciendo el mínimo ruido limpie el culo de goma, cuando acabe lo metí en la bolsa del Carrefour.

Antes de apagar la luz del lavabo, eche una mirada a la habitación de mi hermana, que con la luz que salía del lavabo se veía en penumbra.

Me pareció ver que se había destapado y que dormía desnuda, pero no lo podría asegurar.

Fui al trastero y guarde en el cajón el culo de goma.

No tarde mucho en dormirme, me levanté a las 3 de la tarde con mucha sed y un principio de dolor de cabeza, que afortunadamente no se parecía en nada a una resaca, asi que comi algo y me tomé un par de aspirinas, por si acaso.

Estaba cansado, aunque no tenia mas sueño, asi que decidi tomarme un Red Bull y ducharme.

No había visto a Laia, me preguntaba qué habría comido este mediodía, mire en su habitación, la puerta de su lavabo estaba cerrada, seguramente se estaba duchando, así que aproveché para ir al del pasillo.

Cerré la puerta con el pestillo y me quite la ropa, aproveche para echar una meada, no me gusta soltar la meadilla mientras me ducho, lo veo anti-higienico.

Mientras me la sacudía, se me empezo a poner morcillona, recordando la boca de Anna y lo bien que me había comido la polla.

Aprovecharía la ducha para masturbarme, asi que con mis alrededor de 16 centímetros me dispuse a entrar en la bañera para ducharme.

La sorpresa fue de campeonato, tanto para mi hermana como para mi, cuando abrí la mampara de la ducha, mientras estaba dándose un baño se había quedado dormida escuchando música en la bañera.

Para imaginarse la situación, mi hermana tan relajada que se había quedado dormida y se despierta con una gruesa polla en plena erección a menos  de 15 centímetros de su cara.

Nunca había visto a mi hermana con los ojos tan abiertos, tampoco la había visto nunca mirandome el pene con tanto detenimiento.

Cuando me recupere del susto, intente taparme la polla con las manos, gesto más bien estúpido, ya que no conseguí tapar nada.

 

  • Menuda trempera tienes, Carles-. exclamó mi hermana entre sorprendida y sarcástica.
  • Laia, que haces en este lavabo, tienes uno en tu habitación.
  • Es que me apetecía un buen baño relajante y mi lavabo solo tiene ducha,Carles.

 

Pensé en una toalla para taparme la polla, así que cogí la que tenía preparada mi hermana para secarse.

 

  • Sabes, hermano mío, que necesitare la toalla para secarme.

 

Y diciendo esto se levantó de la bañera, fue inevitable que le mirara los pechos a mi hermana, parecía extraño que una chica delgada como ella tuviese tanto pecho y aun mas extraño es que fuese sin operación, los pezones no eran excesivamente grandes y se adivinaban firmes, mojados como estaban se veían muy  deseables, tanto como para que cualquier hombre hundiese su cara entre ellos.

Me di cuenta de que llevaba demasiado tiempo mirándole las tetas a mi hermana, en el momento que soltó sin ningún atisbo de vergüenza:

  • Son de tu agrado, hermanito.

Y se empezo a reir.

Saco una pierna de la bañera y me aparte, en el mismo momento que me alejaba de ella para que pudiese salir, me quito la toalla.

 

  • Carles, parece que la trempera no baja, ¿Crees que con agua fría conseguirás algo?.

 

Comenzó a secarse el pelo con la toalla y a mi se me fueron los ojos al matojo de pelo que tenía entre las piernas, Laia no tenía depilado el coño, aunque tenía un atractivo triángulo, eso sí se percibía muy espeso y revuelto.

Para que no me pillara mirando como hizo, cuando le mire las tetas sin querer, deje de observar, recogí mi ropa y me fui a mi habitación, no sin antes decir que me iba, a lo que contestó mi hermana con un escueto:

  • Como quieras, hermano.

Ya en mi habitación, cuando iba a vestirme con la puerta cerrada, note como me pulsaba la polla, es como si tuvieses el corazón en ella, me daba la sensación de que con cada pulsación mi pene se movia, asi que lo mire para cerciorarme de que era más una imaginación mía que una realidad.

Aunque puestos a ser sinceros, la erección no había bajado ni un ápice, seguía mi polla dura como una piedra y no estaba pensando en Anna.

Sin llamar a la puerta entra mi hermana en mi habitación, su única vestimenta son unas zapatillas de ir por casa.

Se queda al lado de la puerta y dice con todo el descaro del mundo:

 

  • Carles, parece que la españolita es una calienta-pollas, me gustaria saber que no te dejo hacer ayer, eso sigue sin bajar.- me dijo señalando mi pene, con una sonrisa de triunfo, como las de nuestra infancia cuando sabía que me iba a ganar a algún juego.
  • Laia, por favor sal de mi habitación, no es correcto que los dos estemos desnudos, somos hermanos.
  • Sabes, Carles, en el piso en el que estábamos de Okupas,mis amigas y yolos sábados y los domingos eran días nudistas, solo nos vestiamos para salir a la calle.
  • Pero esta es mi casa.- Le conteste.
  • En una familia sana, ir desnudo no debería ser problema, Hermanito ¿Tienes algo que esconder?.
  • Vete de mi habitación, Laia, Por favor.- le conteste muy enfadado, lo peor de todo es que mientras lo decía notaba la pulsión cada vez más fuerte  en mi polla.
  • Hermanito, te vas a echar a perder con estos cabrones españoles. – Espetó indignada dándose la vuelta.
  • Deja de insultar y mira tu Dni, en ese momento sabrás a qué país perteneces, Laia.

 

Mi hermana cerró de un portazo, me la había quitado de encima, pero mi polla no dejaba de estar empalmada, estaba empezando a preocuparme.

De forma repentina, escuche un fuerte golpe en la habitación de mi hermana y un chillido de mi hermana, al momento escuche a Laia pidiendo ayuda.

La puerta estaba cerrada, yo seguía desnudo, pensaba que le habría pegado un golpe a la estantería de los libros y se le habría caído encima.

La sorpresa fue mayúscula cuando vi la estantería y los libros por los suelos, sin embargo, mi hermana no estaba debajo de la estantería, si no encima de la cama.

Y encima de la cama estaba también mi culo de goma y el lubricante, Laia estaba en la misma posición que el culo de goma, la diferencia entre el real y el de mi hermana, es que mi hermana tenia un poco de vello cerca de los labios de la vagina, que tenia el culo un poco más cerrado, y sobre todo que tenía un ano.

Me di cuenta de que cuando cerré el baúl por la noche no le puse el candado y mi hermana descubrió mi secreto.

 

  • Venga, hermanito, elige uno de los dos.
  • Laia, estas loca somos hermanos.
  • Carles, no diré nada, es más ni siquiera te voy a mirar, piensa que soy tu españolita.

 

Sabía que me arrepentiría después, pero tenía la polla tan dura y desde hacia tanto rato, que me daba igual.

Así que me acerque a la cama, agarre a mi hermana de las caderas y se la introduje toda dentro de una sola vez.

 

  • Ahhhhhh, hermanito, me estas haciendo mucho daño, sacamela, Ahhhhhhh.- exclamó mi hermana quejandose.

 

Yo iba a empezar a bombear y me asuste, me quede parado, cuando noto en mi polla que mi hermana empieza a reírse y a mover sus caderas hacia delante y atrás.

Era imposible que con el coño tan mojado, le hiciese daño, se estaba cachondeando de mi, asi que la cogi con mas fuerza, y empecé a dar embestidas brutales.

 

  • Asi me gusta hermanito, ahora ya no tengo tantas ganas de irme a Barcelona, creo que aquí nos lo pasaremos bien, AHHHHHHHHHHHHHHH.

 

Cada vez que mi pelvis chocaba con su culo, se escuchaba una palmada, me entró tanto ímpetu que la cogí del pelo de forma algo violenta.

Ella en vez de quejarse, arqueo la espalda para ofrecerme mejor su culo y dejarse coger el pelo y dijo con voz profunda.

 

  • Ohhhhhh, si, dejate llevar, hermanito, revienta a tu hermana por dentro con ese trabuco.

 

Sabía que en dos golpes de cadera más me correria, pero para ser sinceros no quería terminar tan pronto, estaba disfrutando con este polvo como nunca había disfrutado con una mujer, nunca había pensado en el incesto y ahora no quería dejar de cometerlo.

Antes de correrme, saqué mi polla y le di la vuelta a mi hermana, quería ver su cara cuando me corriese dentro de ella.

 

  • Hermanito, ahora no podrás pensar en otra mientras me follas, venga dale a tu hermana lo que se merece, Ahhhhhhhhhhh.

 

La bese en los labios y en el cuello, ella abrió sus piernas, me metí entre ellas, y Laia las levanto y me cogió del culo.

La introduje de golpe como en la vez anterior.

 

  • Carles, me gusta tu polla, me siento llena, me siento estrecha, Ayyyyyyyyy.

 

Le gustaba el sexo duro, cuanto más fuerte bombeaba, mas gemía ella.

Me fije en sus pechos y en cómo se movían cada vez que la embestía era casi hipnótico.

Baje mi cara y bese sus pechos.

Laia empezó a bufar y a cerrar los ojos, quitó las manos de mi espalda y las bajó hasta mi trasero, después se empezó a acariciar los pezones y me miró a los ojos.

 

  • No te asustes, me voy.

 

A continuación se puso blanca como la leche y cerró los ojos, pensando que era una broma, le di 6 embestidas más y solté toda la leche que mi cuerpo le pudo dar.

Me tumbe a su lado y le pellizque un pezón con fuerza, me comenze a preocupar cuando vi que no reaccionaba, aunque respiraba, tenía el cuerpo laxo, flojo.

Unos 15 segundos más tarde, abrió los ojos, se incorporó como si no hubiese pasado nada, me dio un beso con lengua y me cogió la polla con fuerza.

 

  • Hermanito, ¿estás preparado para otro polvo con la hermana que mas quieres?.
  • Laia, ¿qué coño te ha pasado?.
  • Carles, cuando tengo un orgasmo lo suficientemente intenso, me produce lo que los franceses llaman “La Petite Mort” (La pequeña Muerte), al principio me asustaba, pero ahora me dejo llevar, porque hasta que te desvaneces es tan potente el placer que no deseas que finalice y ya has visto cómo acaba.

 

Reconozco que estaba tan agotado que no pude follarme a mi hermana en todo lo que resto de tarde.

Esa misma tarde serían las 6 de la tarde cuando Anna me mandó un Whatsapp par quedar en unas horas y salir de copas al pueblo de al lado.

La llame a escondidas en el lavabo, para decirle que mejor que quedasemos el Domingo, ya que estaba agotado (Esto era verdad) y que debido a lo mucho que había bebido tenía una buena resaca.

Quedamos para salir el domingo por la mañana, para dar una vuelta por los alrededores, sin mi hermana claro está.

Pero esa noche, la noche del sábado la dedicaría a conocer más en “profundidad” a mi hermana.

A las nueve de la noche pedimos unas pizzas, y aunque nos las podíamos haber comido en el mismo cartón de la pizza, le dije a mi hermana que utilizaramos platos y cubiertos.

Esa noche llevaba puesta ropa que había dejado mi Ex-mujer olvidada, un vestido azul a media pierna con los hombros descubiertos, y a petición mía llevaba braguitas, algo que como buena antisistema que se precie no le gustaba demasiado.

Cuando terminamos de comer, le dije que como buena mujer debía lavar los platos y ella se negó.

La cogí del cuello y la lleve a la cocina, y a regañadientes empezó a lavar los platos.

 

  • Carles, eres un machista de mierda, tambien los puedes lavar tu, que has comido con ellos.
  • Calla, guarra independentista y haz algo útil.

 

Se dio la vuelta para darme una bofetada, pero le pare la mano a tiempo, le cogí el vestido por los hombros y se lo rompi.

No llevaba sujetador, sus dos grandes pechos esperaban ser manoseados con salvajismo.

Le agarre la teta izquierda con las dos manos y empeze a besarla, aunque me apetecía morderla.

Baje mi mano a sus bragas y se las rompí con tanta fuerza que le deje marcas en la piel.

Tenía la polla palpitando otra vez de lo dura que estaba, le meti dos dedos en el coño a mi hermana, me encantaba el tacto casi áspero de  su vello púbico, Mi Ex-Mujer siempre estaba bien depiladita.

Tenía el coño muy mojado, la muy viciosa se estaba poniendo muy cachonda con la actuación que habíamos montado.

Yo tenía otros planes, que no había acordado previamente con ella, así que la puse de espaldas y me quite toda la ropa.

La hice agacharse encima del pollete de la cocina, y volví a meter mis dedos en su vagina, aunque esta vez tres.

Mis manos chorreaban de sus flujos, Mi hermana pensaba que me le meteria toda mi polla de golpe cuando noto que apretaba su espalda con una mano contra el pollete de la cocina para que no se moviera.

Con la otra mano, cogí la aceitera y le eche una buena cantidad de aceite en el esfínter de Laia y despues le eche a  mi polla.

Y meti un dedo en su culo.

 

  • Carles, eso no, soy virgen de ahi y me vas a hacer daño- dijo casi llorando.

 

Le metí un segundo dedo, y esta vez se estaba intentando liberar, le asustaba que le follase el culo y eso me ponía aun mas cachondo.

 

  • Carles, eres un cabron-. esta vez las lágrimas eran reales, estaba aterrada por el hecho de que le iba a reventar el culo.

 

Moví los tres dedos y los saque, puse mi gruesa polla delante del orificio de su culo, preparado para entrar por donde hasta ahora nadie había entrado antes.

 

  • Carles, nooooooooooooooooooo.

 

Un segundo más tarde, tenía toda mi polla dentro de su coño y la había liberado.

No quería forzar a mi hermana, aunque se lo mereciese, esperaría a que me permitiese encularla alguna vez.

Empujo hacia atrás y se sacó la polla del coño, se sentó en el pollete de la cocina y me beso con lengua con una rabia, que me pareció que me iba a morder.

Notaba las lágrimas que habían corrido por sus mejillas y su sabor salado, me cogio del culo, y se metio la polla en su mojado coño.

Notaba el frío mármol de la cocina cuando pegaba la embestida hacia delante, seguí bombeando durante casi 5 minutos hasta que note que se desvanecía.

Todo su cuerpo se aflojaba, no tardé ni tres segundos en correrme, deje dentro de mi hermana mi polla, hasta que se recuperó.

Esa noche tuvo dos desvanecimientos más, pero esta vez en la cama, y en diferentes posiciones.

Esa misma semana mi hermana me regaló una paja a la cubana, me encanto llenarle su cara y su cuello de lefa calentita.

Después de dos meses he conseguido desvirgar el culo de mi independentista hermana, con su permiso, claro está.

También he conseguido follarme a Anna, por todos sus agujeros, de hecho estoy saliendo a escondidas de mi hermana con ella.

Pero todo eso son otras historias.

Mi hermana hace lo que quiere con mi verga

-Laura, cambia de canal, va-

-!Nooo! Yo estaba primero-

-!Quita tonta! Que hacen fútbol hoy-

-!!Noo!! !Te aguantas! Además, ya no tienes derechos en esta casa. !Eres un desertor!-

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Fran dejó la casa hace ya más de un año, pero aún va de vez en cuando a cenar con la familia. Hoy ha venido sin avisar, pero sus padres ya tenían planes: han salido con unos amigos. Solo ha encontrado a sus hermanas pequeñas mirando la tele. Tendrá que picar algo luego, cuando llegue a su piso, en el centro. Cristina está muerta de sueño y medio dormida en el sofá. Es muy pequeñita. Laura sigue dando guerra, aferrada al mando, sin querer salir de MTV, pero Fran no está dispuesto a renunciar a las semifinales de su equipo con tanta facilidad.

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-!Laura vaaa! Vete a tu cuarto a mirar esa tontería- con tono exigente.

-!Tú no me mandas a mi cuarto idiota! !Hago lo que quiero! !!Estoy en mi casa!!-

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Cristina abre los ojos con cada exclamación pero no logra sostener sus párpado ni la dirección de su mirada más de un instante. Ese acolchado sofá blanco parece absorberle la conciencia.

La sala es de lo más elegante. Todo combina bien: los muebles de madera, las cortinas color marfil, el parquet… Un verdadero hogar bien-estante y civilizado.

Fran ha cesado en su empeño y busca otro camino; recuerda que, hace no tantos años, conseguía todo lo que quería de su hermana solo con darle un masaje: era su debilidad. Al fin y al cabo, a ella no le importa mucho lo que está viendo, solo ocurre que es competitiva y quiere vengarse porque él la abandonó y se fue. Le tiene rabia.

Su hermano mayor era su héroe, quien la defendía a capa y espada contra cualquiera que la molestara, el que lo sabía todo sobre todo, el confidente y socio frente a la tiranía paternal.

Pero Laura, en plena adolescencia, se vio desprovista de algo que consideraba fundamental en su vida cuando Fran se fue a vivir con esa zorra mañosa con cara de caballo.

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-Venga, no te pongas así. Si cambias de canal luego te doy un masaje ¿Te parece?-

-Sí claro, y yo me lo creo. Luego dirás que estás cansado y que te vas-

-Que nooo, te daré un masaje en la espalda bien largo-

-¿Como de largo? Eso es muy relativo ¿Tanto como el partido?-

-!El partido son noventa minutos guapa!-

-Pues entonces hacemos esto: mientras me das el masaje ponemos el partido, en cuanto pares cambio- creyéndose una gran negociadora.

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Fran levanta una ceja y piensa:

“Eso es un decir, en cuando haya puesto el fútbol ya no costará mantener la retransmisión de un modo u otro”.

Se presta a las condiciones de la chica asintiendo con la cabeza. Ella sonríe y abandona el sofá jovialmente para tumbarse boca abajo sobre la tupida alfombra blanca, frente a la tele. Se quita ese jersey de asimétrico cuello gigante y agarra el mando para garantizarse su custodia. Pone tv4 donde dan el encuentro. Fran suspira sintiéndose un calzonazos. ”

“¿Cómo puedo dejarme mandar así por la cría de mi hermana? !Nada! Ya logrará arrebatarle el mando.”

El balón hace ya un rato que rueda sobre el césped pero el marcador aún es de empate a cero. Intenta distinguir los titulares cuando:

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-!Tronco! Como te despistes cambio de canal ¿eh?- llena de impaciencia.

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Fran empieza a ejercer su magia sobre su hermana. Sus dedos empiezan a presionar puntos clave en la musculatura del cuello y hombros. Laura lleva una camiseta de tirantes que no representa un impedimento para la tarea que se está llevando a cabo.

El partido no acaba de cobrar mucho interés porque los dos equipos están nerviosos y especulan con el resultado.

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-Más fuerte- susurra Laura con un tono notablemente adormecido.

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Fran está sentado de rodillas sobre el culo de Laura. Intensifica sus movimientos haciendo uso de sus grandes manos; poderosas gracias al trabajo duro que desempeña cada día en la fábrica. Su mirada hipnotizada sigue el valón como si la de un gato hacia una mosca se tratara, pero algo deshace esa conexión. Los sutiles gemidos de su hermana le transmiten cierto erotismo. Piensa en alguna broma punzante a propósito de ello para humillarla un poco, pero no le viene nada lo suficientemente ocurrente.

“!Una ocasión! Qué lástima, esa era buena.”

Su atención no tarda en caer otra vez presa de los infantiles gemidos de su hermana, ahora más notorios. Fran se siente abochornado por la sensualidad que desprenden, pero no tarda en superar ese estatus. Empujado por una curiosidad morbosa, empieza a imprimir más fuerza a sus movimientos para comprobar si el gozo de Laura se expresa con jadeos aún más irreverentes. No tarda en comprobar que sí, quizás no tanto en su volumen pero sí en esa sinuosa respiración.

El chico nota como su miembro empieza a adquirir virilidad. Ese pedazo de carne tiene la fea costumbre de aparecer de repente en las situaciones en las que nadie le ha invitado.

Fran empieza a sentirse descolocado justo cuando la razón llama a la puerta de su conciencia y le hace un pase rápido de diapositivas mentales que ilustran un puñado de recuerdos de alto contenido fraternal entre ambos.

Cuando cree que está recobrando su sitio en ese contexto, algo rompe su trayectoria otra vez. Laura, tras un “Espera” cortante, libera a sus hombros de los tirantes y ágilmente rebaja la altura de su camiseta hasta el final de la espalda, dejándola al descubierto. Recobra su posición acomodada afianzándola con un “Ahora” suspirado.

Ella sabe bien lo que está haciendo y quiere demostrarse a sí misma que puede mandar en este juego. De todos modos aún se siente arropada por la decencia, escudándose en esa confianza familiar.

Fran está en blanco, no sabe que tono usar ni cómo abordar la situación. Permanece unos instantes paralizado hasta que un “!!Vaaah!!” lleno de impaciencia le hace retomar el masaje.

El tacto despejado de toda esa espalda desvela la desnudez de un torso muy femenino. Esos masajes, desgobernados por una mente abstraída, han empezado a adquirir una sutileza más propia de caricias.

Laura está delgada pero, en la zona baja de la cintura, aparece cierta carnosidad, preámbulo de un culo generoso. Esas nalgas redondas está enfundadas en unos jeans muy ajustados. Sus genes la han premiado con una hermosa piel canela. Su precioso pelo castaño se excusa a un lado para no estorbar.

El partido se ha ido desvaneciendo mientras sigue suviendo la temperatura. Fran hace oídos sordos a la narración deportiva.

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-¿Qué te pasa? ¿Te has quedado sin fuerza tan pronto?- susurra con tono de burla.

-Laura, el partido es muy largo…- protestando.

-Da igual, así también me gusta, mmmmmmh- cerrando los ojos.

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Se siente reconciliada con él porque, de algún modo, más allá de su propia conciencia o de sus razonamientos, ese contacto cálido, suave y amoroso cura las heridas que su hermano le hizo cuando la abandonó. Fran duda:

“¿Es posible que todo esté solo en mi cabeza? ¿Es posible que ella no haya reparado en lo erótico de sus gemidos? ¿En lo confuso que resulta la semidesnudez de una chica tan bella frente a su propio hermano? Laura nunca intentaría seducirme y menos aún con Cristina durmiendo justo al lado. Quizás no hay nada extraño sobre esta alfombra.”

Rompiendo de nuevo los esquemas de su hermano, ella mira al sofá lateral e inclina el cuerpo como si estuviera vestida.

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-Pásame el móvil, está ahí- y lo señala dejando ver gran parte de una de sus tetas.

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Él, sintiéndose fuera del ángulo de visión de Laura, observa esa redondez, solo un instante, para luego obedecerla con urgencia gateando. Nada más emprender el camino, nota la indiscreción que albergan sus pantalones. No son tejanos; son de una tela fina y no dan la cobertura que requeriría la situación. Además: usa bóxers anchos y eso no ayuda en modo alguno a tan requerido disimulo. Recupera su posición y, tras un “Toma”, le entrega el móvil, rezando para que ella no se haya dado cuenta.

Ella sonríe mientras enciende la pantalla. Los motivos de esa sonrisa escapan a su conocimiento pero Fran se teme lo peor. Efectivamente, ella se ha percatado del bulto. De hecho, no le interesaba para nada el móvil; solo es una maniobra que ha urdido para seguir jugando con ventaja.

Él prosigue su cometido manual mientras ella se apoya con los codos en la alfombra, tecleando un mensaje que no enviará. Parece que el recato de su pose es razonable, pero en la vitrina, bajo el televisor, Fran ve reflejados los pechos su hermana; no con la claridad de un espejo, pero sí con cierta nitidez.

Preso de su propia lujuria, empieza a masajearla con fuerza solo para ver como se menean sus turbadores pechos adolescentes. Ella deja caer el móvil entre sus dedos mientras vuelve a gemir con un tono que no parece propio de ella: habiéndola escuchado cuando grita, parece imposible que esa voz de pito pueda resultar tan sexy en el contexto adecuado.

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-!Ooh Fran! Qué manos tienes… es increíble- risueña.

-Sí, vale niña, pero ahora a la media parte descanso ¿Vale?-

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Se siente contrariado al pronunciar esas palabras pero, ciertamente, ese asunto no puede ir a más.

Laura se ha puesto realmente cachonda al sentir su desnudez vapuleada por esas fuertes manos que casi le desmontan la espalda. Empieza a dudar sobre cuáles son los límites de ese duelo dado que su calentura empieza a nublar su buen juicio. Si una cosa tiene clara es que, para sentirse vencedora, necesita profundizar en su descaro y desarmar a su rival. Empieza a tramar su próximo movimiento:

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-A la segunda parte te hago yo uno ¿Vale?- dice animosa -Tengo un aceite corporal-

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A Fran se le pone mirada perdida. Decide no oponerse mientras sigue usando las manos con la chica, ya tumbada completamente de nuevo con los ojos cerrados.

Finalmente, el árbitro señala el final de la primera parte. Ese silbido ajeno parece la señal para que Laura reaccione saliendo abruptamente de su adormilamiento. Se quita de encima a su hermano como si de una mosca cojonera se tratara con un “!Quita!”. Una vez en pié, se sube la camiseta sin ningún cuidado por esconder sus preciosas tetas desnudas en el proceso.

Fran, atónito durante unos momentos por esa visión, vuelve en sí y aprovecha el receso para coger en brazos a Cristina y llevarla a su habitación. Ella ni si quiera se despierta y sigue emitiendo esos pequeños ronquidos enternecedores. Una vez en su cama la mira con amor y le dice en voz baja: “No estés buena”

La inflamación localizada que nublaba sus pensamientos ha desaparecido y ahora siente que todo ha vuelto a la normalidad. Nota sus pensamientos más templados y razonables. Se tumba boca abajo, delante de la tele, sorprendiéndose del tacto fantasioso de esa alfombra:

“Ya podrían haberla comprado años atrás para que yo la hubiera disfrutado. Es como estar en una nube. Me hubiera pasado la niñez aquí tumbado, con lo vago que era…”

Laura está tardando. El director técnico de su equipo valora muy positivamente el resultado provisional en campo contrario, pero no lanza campanas al vuelo. Los anuncios desactivan su interés televisivo.

El rostro enfadado de su novia aparece súbitamente en su pensamiento. El intenta tranquilizar su propia conciencia:

“No ha sido nada, solo un momento de confusión.”

No le puede comentar nada a Olga. Aunque no tienen secretos el uno para el otro: que tu hermana pequeña te ponga la polla dura no es algo que tu chica pueda encajar fácilmente.

Sus pensamientos se mezclan y se vuelven absurdos:

Es tarde. Abre la puerta de su piso sigilosamente. Las luces están apagadas. Olga está durmiendo, sin nada puesto, en la habitación. Se despierta en cuando Fran se mete en la cama. Él siente su propia desnudez, aunque no recuerda haberse quitado la ropa. Está palote y sin mediar palabra empieza a follársela por detrás. Todo es confuso. Ella le está dando la espalda cuando de pronto le interrumpe con un “Espera” cortante. Le señala a un lado y le dice: “Pásame el móvil, está ahí”. Fran reconoce sobresaltado la voz de su hermana y se da cuenta que es con ella con quien está follando. Cuando ella gira la cabeza, siente su mirada seductora a través de su pelo despeinado…

Todo ocurre muy deprisa y el sobresalto del sueño se ve multiplicado por el despertar repentino que le provoca Laura al sentarse encima de él sin ningún cuidado. Su voz, confusa y mística, se vuelve clara y terrenal. La oscuridad se vuelve luz y el silbido arbitral da comienzo a la segunda parte del encuentro.

La chica se ha quitado los jeans y viste ahora una camiseta de tirantes muy grande. Es de suponer que lleva bragas por debajo.

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-No me lo puedo creer… !!Te habías dormido!!- chillona.

-¿Qué? No. ¿Qué dices?- aún desorientado.

-Ahora mismo pongo la MTV- con tono bajo pero vengativo.

-!No Laura! Que ya ha empezado- con repentino interés en la pantalla.

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Los dos buscan el mando al mismo tiempo pero está vez Fran es más rápido. Las tornas han cambiado. Él continua boca abajo mientras ella se prepara para darle el masaje prometido. Al sentir sus manos debajo de la ropa Fran se sobresalta.

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-!¿Qué haces Laura?!- con sorpresa.

-!Tío! ¿Tú qué crees? ¿Quieres que te ponga el aceite encima de la tela?- atónita.

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Se da cuenta de lo absurdo de su propia reacción y calla sumisamente mientras colabora para deshacerse de esa prenda.

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-¿Esa camiseta que te has puesto… es mía?- pregunta él.

-Aha, te has dado cuenta. Me la pongo para dormir- con un tono muy suave.

-Te va enorme- dice con desprecio mientras se acomoda.

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Fran intenta conservar un tono enfurruñado de hermano mayor pero, dentro de su mente, aún revolotean las tetas de su hermana vagamente contenidas dentro de un atuendo tan inadecuado; una camiseta de tirantes muy vieja y dada de sí.

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-Me va genial para dormir en verano- dice ella esparciendo el aceite por su espalda.

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Fran va muy a menudo al gimnasio, desde antes de dejar el hogar paterno, y es muy deportista. Tiene una espalda ancha y musculosa. Las manitas de Laura parecen empequeñecerse más aún sobre tal contexto cárnico.

Él intenta fingir que no le importa lo que le hace su hermana mostrándose indiferente, pero lo cierto es que si hace unos minutos se sentía en una nube llamada alfombra, ahora que tiene las caricias de un ángel montado sobre él, siente que está en el paraíso.

Los minutos se dilatan sostenidos por un cómodo silencio levemente mancillado por la narración del partido. Ella no se cansa de recorrer cada milímetro de la piel de su hermano y, en determinados instantes, siente que sus dedos andan por el borde del abismo de lo inapropiado.

Fran está tumbado como si se le hubieran acabado las fuerzas haciendo flexiones. Laura ha terminado la trayectoria paralela de sus manos bajando por esos musculosos brazos. Entrelaza sus dedos con los de él; solo por un momento; solo a modo de rebote, para volver sobre sus propios pasos a los hombros de Fran y untarse las manos de nuevo con más aceite. Todo el ciclo empieza a repetirse. En un momento dado ella rompe la calma con una pregunta inesperada:

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-¿Como van?- con curiosidad.

-0 – 0- responde él sin mucha convicción.

-Y… ¿Porqué en el marcador pone 2-1?- extrañada.

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Fran se mantiene inmóvil pero su mente se agita buscando una respuesta creíble.

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-Porque eso es el resultado del partido de ida- con un suspiro lleno de calma.

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Laura mantiene un breve silencio mientras sigue con el masaje hasta que le dispara un “Mentiroso” susurrado.

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-Tú que sabrás tonta- molesto.

-¿Soy tonta?- con musicalidad exagerada.

-Sií, tonta, bajita, fea y molestona- con cierta impaciencia por terminar esa conversación y seguir disfrutando de el masaje.

-Fran- dice ella después de otra pausa meditativa.

-¿Qué?- precedido por un suspiro que busca paciencia.

-¿Tú me ves fea?- pregunta tímida y apenada.

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Fran no responde hasta que una sacudida exigente le sonsaca unas palabras.

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-… Claro que no tonta, eres preciosa, ya lo sabes- cediendo ante la obviedad.

-¿Soy más guapa que tu novia?- le susurra al oído en tono juguetón.

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Fran vuelve a guardar silencio, pero esta vez, ni las repetidas sacudidas de su hermana le obligan a pronunciar una sola palabra. Ella no renuncia a su técnica y apoya un pie en el suelo para poder agitar con más fuerza el cuerpo suelto y relajado de su hermano, quien ni siquiera pestañea. Aún sin frustrarse le hace una especie de llave de judo consiguiendo ponerlo boca arriba y se sienta otra vez en su cadera entre risas unilaterales. El choque de sus miradas les otorga una repentina inmovilidad solo empañada por las respiraciones aceleradas de la chica. Por un segundo Fran reconoce esa mirada despeinada que lo había derretido en su breve sueño anterior. La magia del momento se rompe en cuando ella dice:

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-Ippon seoi- victoriosa.

-!Eso no es un ippon! ¿Ves como eres tonta?- molesto.

-!No soy tonta! Lo que yo no me peleo en el gimnasio como tú- desafiante.

-Yo no me peleo. Yo hago combates- vocalizando exageradamente.

-“Yo no me peleo, yo hago combates”- repite ella en tono tonto de burla.

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Fran replica con unas intensas cosquillas que le arrancan una carcajada a su hermana. Ella le golpea con fuerza para defenderse. Agitados por tanto juego, los pechos de Laura se contonean asomándose por todos los espacios que esa decaída camiseta les concede.

La chica tiene su pelo en la cara y él siente su propia mirada libre de supervisión. Aprovechando la ocasión, intensificar su lucha para poder ver algo más, pero un duro golpe en la cara detiene el duelo.

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-!Hay! Perdona Fran, ha sido sin querer- argumenta ella tapándose la boca.

-Ufff- replica él cogiéndose la nariz con el ceño fruncido.

-Déjame ver-

-No, quita, no me toques- contesta molesto.

-Vamos Fran, ha sido sin querer- suplicando perdón.

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Él se mira las manos para comprobar si hay sangre, pero no la hay. Ella sonríe y dice:

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-¿También eres tan quejica en tus combates?- y se muerde la lengua.

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Él no responde pero la observa con una sonrisa a medio camino entre la alegría y el desprecio.

Laura mira al techo y levanta los brazos, para apartarse el pelo de la cara. La camiseta le va tan grande que el cuello no alcanza a cubrir sus tetas. Tal cometido es relegado a unos incapaces tirantes negros. Sus curiosos pezones se asoman de nuevo.

El dolor del golpe remite y eso permite a Fran percatarse del desbordante flujo sanguíneo que conspira en su bajo-vientre para hacerse notar.

Laura finge no darse cuenta, pero ya ha notado esa indecente tensión fálica que se proclama intrusivamente debajo de sus nalgas. Agarra el tubo de nuevo y, untándose las manos de aceite, se prepara para proseguir anunciándose con un “Ahora por delante” muy decidido. Al sentir las manos viscosas de su hermana en sus potentes pectorales, Fran se da cuenta que ha llegado al punto de no retorno.

Aunque se niega rotundamente a tomar la iniciativa, el creciente entusiasmo de su miembro pronto será demasiado notorio. Una voz en su interior le implora que detenga aquello y se vaya antes de que sea demasiado tarde, pero este mensaje no tarda en desintegrarse absorbido por una violenta lujuria incestuosa.

Laura recorre todo su torso amasando sus músculos como si estuviera haciendo pan y sigue moviendo todo su cuerpo para alcanzar todas las zonas. Está tan caliente que ya no logra pensar con claridad. Se siente arrastrada por un torrente lascivo hacia el indecente abismo de la cascada.

Un silencio cargado de sentido reina sobre esos momentos. Instintivamente, Fran levanta su culo y hace varios gestos para bajarse los pantalones. Laura, viéndose empujada hacia delante, se inclina y, mientras intenta mantener el equilibrio, dice riendo:

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-¿Qué haces?- en voz baja.

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Él tarda un poco en contestar y disimula con un “Nada”, pero en breve, la chica nota como la polla dura de su hermano se restriega contra ella con la única frontera de una fina camiseta vieja. Un solo gesto, aparentemente aleatorio, le basta a Laura para subirla por la cintura y evidenciar que no lleva ninguna otra prenda.

No para de balancear todo su cuerpo con la escusa de seguir realizando el masaje y, de ese modo, hace rodar sus nalgas encima del pene enrojecido de Fran. Él resta aún con cierta parálisis y, atónito por las circunstancias, no es capaz de ejercer más que unas leves caricias en los muslos de su hermana. Laura cada vez respira más ansiosa y sus movimientos se intensifican. Por un instante se detiene y le pregunta:

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-¿Te gusta por delante?- de modo insinuante.

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Fran no sabe a qué se refiere: si al masaje o al sexo, pero se percata que la respuesta es igual en los dos casos:

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-Me gusta por delante y por detrás- aún con cara de póker.

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Laura sonríe y tras un placentero suspiro dice:

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-A mí también me gusta por delante- mientras se saca la camiseta.

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Le mira juguetonamente y susurra:

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-Yo también quiero- haciendo morritos.

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La imagen de su propia hermana, completamente desnuda encima de él, detona sus emociones más intensas y primarias. Ella se está untando con el aceite corporal, alumbrada tenuemente por una lámpara a contra-luz. Fran no puede esperar y le manosea los pechos con fuerza. La chica expresa su gozo sintiendo que domina completamente a su hermano mayor por primera vez en su vida. Lo posee a todos los niveles.

La polla de Fran está en un estado crítico, parece estar a punto de estallar. Laura casi no puede asimilar el tamaño de ese trabuco cuando por fin lo sujeta. Siente la imperiosa necesidad de metérselo dentro. Narra el proceso con un infantil gemido de dolor.

Él nota su pene arropado por la cálida humedad de su hermana. Poco a poco, ella abandona su quietud inicial para darle un lento y largo recorrido a sus bajas pasiones. A cada repetición, Laura está a punto de desprenderse de la larga poya de Fran para volver a entrarla entera hasta el fondo. La siente muy a dentro. Se muerde el labio mientras le mira a los ojos. Él parece concentrado y, sin dejar de recorrerla con sus manos, imprime empuje en cada embestida.

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-Fóllame Fran… fóllame- con un tono suave pero enérgico.

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Él no dice nada y siente esa plegaria descontextualizada en los labios de su hermana pequeña. Eso aún eleva más, si cabe, su desenfrenada calentura.

Cualquier razonamiento ha sido desterrado. Fran no recuerda haber disfrutado tanto en su vida. Sin querer, rompe su silencio con un gemido quebradizo que expresa su gozo sorprendiéndose a sí mismo. Laura aún se siente más poderosa al notar que ha logrado derretir la infranqueable armadura de frialdad que llevaba su hermano y se desinhibe todavía más.

Follan cada vez más enérgicamente y chocan entre sí. La suma de esos sonidos con sus propios jadeos rompe la calma hogareña de la noche.

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-Síi… Síií… Mmmm.. Así Fran… Así- con una buena bocanada de oxigeno entre silabas.

-Oh… Ooooh… Ooh- más simplón.

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Laura ondula su cuerpo como una serpiente pronunciando aún más sus curvas. Su exuberante pelo ondea como si de una bandera se tratara. Los dos se funden emitiendo leves destellos con sus cuerpos aún aceitosos. La plástica de sus movimientos roza una coreografía artística que se alimenta con la tensión sexual acumulada durante esos largos masajes.

Laura se estremece aún sin haber llegado al orgasmo. El tiempo se ha convertido en una dimensión huidiza: segundos, minutos… En medio del ajetreo, ella mira por la ventana y ve las luces de la ciudad colina abajo: se siente tan aventajada al resto de la humanidad que se sabe afortunada de encontrarse en un estadio sensorial superior.

Se miran fijamente a los ojos durante unos instantes sin dejar de gemir profundamente. Fran traga saliva; ya no tiene ninguna duda sobre lo que está haciendo. Siente que se aproxima lo inevitable, la cuenta atrás ha empezado y no tardará en eyacular.

Laura está coronando la cumbre de sus sentidos y explota por dentro con la mirada perdida. Unas convulsiones pélvicas arrítmicas rompen la continuidad de su ardiente cabalgada. Tras una breve pausa, ella desenfunda y Fran se queda colgado. Su orgasmo se debate entre estallar triunfalmente o mantener el anonimato.

Laura, viendo la expresión desencajada de su hermano, se da prisa en coger la vieja camiseta y dejarla encima de su poya húmeda y colapsada. Sin mediar palabra le mete la lengua en la boca mientras le besa y sin despegarse de él empieza a morderle los labios.

Él estaba en un plano existencial casi comatoso, atrapado entre el sí y el no, pero ese beso cálido y baboso acaba de empujarle hacia la luz. El grifo revienta y su torrente lácteo emerge a gran presión. Le acompaña un estallido eufórico del público en el estadio que celebran un gol decisivo.

El placer del chico parece potenciado aun más por esa intriga final. Intenta contener todo el flujo en la camiseta con sus dos manos sin dejar de besar a su hermana, cada vez con más suavidad. Ella le coge la cabeza con las dos manos y le agarra del pelo. Le sigue besando sin escatimar en saliva y aliento de modo totalmente despreocupado. Su melena provoca cosquillas en el rostro y el pecho de Fran.

Ella de pronto se ríe y dice:

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-Perdóname pero es que me da mucho asco- con el habla casi incomprensible.

-¿Que te da asco el qué?- aún volviendo en sí.

-Ya sabes, las salpicaduras- con tono pícaro.

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Se quedan mirando con ternura sin mediar palabra durante un minuto entero hasta que él dice:

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-No se lo digas a papá- bajando la mirada.

-No se lo digas tú a tu novia- dice ella previa sonrisa.

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Fran conduce hacia su piso, en el centro, con su Ford Tipex de segunda mano. No presta demasiada atención al tráfico. Debería sentirse avergonzado de lo que ha hecho pero, a pesar de su búsqueda, no encuentra un ápice de culpabilidad en su mente.

Su largo noviazgo, lo incestuoso de lo acontecido, la diferencia de edad… son cosas que, lejos de ensuciarle el corazón, dotan a esta noche de un punto prohibido y secreto que la hace todavía más especial.

No tiene ni idea de cómo será la próxima reunión familiar, pero sabe que nada estropeará este momento, que se alojará como una perla en su recuerdo para siempre.

Mi otro hermano

Bueno aquí como les comente ese dia q folle con mi hermano luego me dirigí a ver tv con mi cuñada y hermano ala sala, estuvimos viendo tv hasta q llego mi mama del gimnasio se metio a bañar luego llego mi papa del trabajo, estuvimos conversando todos en la sala hasta q me calente de nuevo al ver q mi hermano esta con un short y podia ver por un lado del short su pene ya q el no se puso calsoncillos bueno esto me dio una calentura tremenda no saben cuan caliente estaba queria ir donde estabe mi hermano y sacarle la polla y chuparla ahí, lo unico q atine a hacer fue arme una duña para quitarme todo, me fui a mi cuarto me duche luego estaba mas relajada. Me quede en bragas tirada sobre mi cama hasta q entro mi hermano a despedirse pq ya se iba solo agarre una toalla y me tape los pechos..

Yo- no sabes tocar la puerta..?

El – disculpa pense q estabas cambiada ya , es q ya me voy y pase a despedirme.

Yo- bueno nos vemos

De pronto el me tomo de la espalda y me jalo hacia el ahí nos dimos un gran beso, se bajo el short y ya tenia la verga bien parada, me coloco como perrito sobre mi cama y ,e la metio de un solo golpe yo intentaba no gritar mucho mordia mi almohada para no hacer mucho ruido ..

El- te gusta hermanita, te gusta q te folle duro eres toda una putita ehhh..

Yo – si dame mas q ya estoy llegando….ohhhhh

El- antes de q me vaya te queria dar un regalito, te la voy a meter por el culito ..

Yo- no no te atrevas pq no lo he hehco por ahí y me ahn dicho q duele.. no lo hagas ah

De pronto me saco la verga de la vagina y me comenzo a chupar el ano, metia su dedo ensalivado, yo ya estaba super mojada asi q lo deje q haga ocmenso a meter 2 dedos y ensalibo bien mi recto….

El- estas lista esto duele al comienzo pero después lo disfrtutas.

Puso su cabeza sobre la entrada del mi ano y empezo a empujar suavemente hasta q entro la cabeza.

Yo- espera me duele…ahiiiii, poco a poco porfa duele..

El.- no te preocupes. empezo a meter toda su verga pero muy lentamente hasta meterla toda y se quedo ahí un rato.

Me dolia mucho pero ya cuando empeso a bonbear el dolor se cambio a placer..

El- tienes el culo muy estrecho, ahhhhh q rico culo tienes hermanita bien apretadito me haras correr rapido ahhhh

Yo- sigue no pares mas rapido ahhh siii ahhh

Mi hermano comenzo a bobear cada ves mas rapido y se corrio en mi culo dejándome su leche caliente dentro ..cuando la saco todo el esperma salio y se escurria por mi pierna.

El- bueno hermanita me podrias limpiar la verga..

Yo- claro con gusto y gracias por la nueva experiencia. Se la chupe y limpia el semen q quedaba en su verga ya un poco flacida…

El- nos vemos hemanita cuidate ehh .. Yo- ye saludos a mi sobrinito.

Esa noche me desperte sudando habia soñado lo q paso antes con mi hermano y comence a masturbarme ahí en mi cama, creo q hice mucha bulla pq mi hermnao joel se desperto y vino ami cuarto a ver si me pasaba algo, les juro q cuando abri los ojos el estaba parado en mi puerta y mirándome fijamente, se hacerco muy lentamente se agacho y me comenzo a comer el chocho yo lo deje hacer eso pq me sentia muy caliente, le pedi q hiciéramos una 69, se hecho n mi cama y comense a chuparle la verga y el me comia el chocho…..

Mi hermano tiene novio y ya tiene experiencia en esto del sexo..

Yo – joel porfa ya metemela no aguanto mas.

Joel- estas bien cachonda hermanita, aqui la tienes ahhh. Me la metio de un solo golpe hasta q sus huevos chocaron con mi culo, bonbeo mucho y rapido, hasta q le pedi q me lo meta por el culo..

Yo- joel metemelo por el culo q no aguanto el ardor. Ahhh

Joel- asi q te gusta q te den por el culo, ahh toma .

saco de la vagina y de un solo empujon lo metio en mi culo q para ese rato estaba muy caliente. Ahí descubri q el sexo anal es uno de los mejores y me encantaba mucho ademas si se corrian en mi culo no habria peligro para quedar embarazada no???

Bueno joel sigui con las embestidas cada vez mas dura yo gemia de placer pero no gritaba pq como era de madrugada no queria despertar a nadie de mi familia.

Joel me dijo q iba a terminar asi q le pedi q o haga en mi boca,

Joel- ahhhh toma .. la saco de mi culo y me lo dio, yo me lo meti a la boca todo

Yo- ahhh si dame tu leche, um m q rica ahh . me lleno la boca de esperma caliente q me lo trague toda, se la chupe un rato y luego el se fue a su cuarto..,

Bueno es lo q paso ya con mis dos hermanos asi q uego les contare como me los cogi a los dos juntos pero eso ya es otra historia y de verdad espero q me escriban ahh a incestuosa23@peru.com me faltan aun varias q tengo con otros de mi familia bye besitos