Archivo de la categoría: Hermana mayor – hno. menor

relatos de incesto entre hermanos donde el es el mas jovencito

El Cumpleaños De Jaime

Soy un padre separado a cargo de dos hijos en edad adolescente, Sara, que tiene 19 años y Jaime, de 18. Julia, mi mujer, decidió tras tres años de matrimonio que no servía para la vida en familia y nos abandonó. Desde entonces hemos vivido los tres solos.

Iba a ser el 18 cumpleaños de mi hijo Jaime, así que decidí alquilar una película porno, comprar unas cuantas cervezas y pasar con él una “noche para hombres”. Jaime siempre había sido un poco introvertido, siempre estudiando para sacar buenas notas y muy tímido en su relación con las chicas. Pensé que aquella fiesta le despertaría un poco, le divertiría.

Llevábamos unos diez minutos viendo la película y acabábamos de tomarnos nuestra primera cerveza cuando Sara entró en la habitación. Inmediatamente me puse nervioso porque no sabía cómo iba a reaccionar ella al ver lo que estábamos viendo en la tele. Ella era del tipo de mujeres que considera una película porno machista e inmadura.

– ¿Puedo sentarme a ver la película? -dijo, para mi sorpresa. – Claro -contesté yo y se dejó caer en el sofá al lado de Jaime.

Durante las partes lentas de la película y sin que ellos me vieran, les miraba a los dos de reojo para ver cómo reaccionaban. Jaime estaba pegado a la tele. Estaba seguro de que era virgen y de que aquella era la primera vez que era testigo de un acto sexual. Estudiaba con atención todas y cada una de las escenas. Sin embargo, Sara parecía acostumbrada a aquello. Al contrario que Jaime, yo sabía que Sara era sexualmente activa porque llevaba pidiéndome que le comprase píldoras anticonceptivas desde los 16 años.

Conforme la película llegaba al final, Sara empezó a cambiar las piernas de posición durante las escenas más calientes. Se había tomado una cerveza con nosotros y me imagino que la película había empezado a excitarla. La cara de Jaime seguía cosida a la tele. La película también había tenido un efecto sobre él… El bulto que había en el interior de su pierna izquierda estaba creciendo a marchas forzadas. Sara estaba cada vez más inquieta y finalmente posó su mano sobre la pierna de Jaime. Esto le distrajo de la película durante un instante, dándose cuenta por primera vez de que su hermana estaba sentada a su lado. Inmediatamente su atención volvió a la pantalla, no queriendo perderse ni un momento de la acción.

Resueltamente, Sara deslizó hacia arriba su mano recorriendo la pierna de su hermano y agarró con firmeza el bulto de sus pantalones. Jaime saltó del asiento y se puso completamente recto. Miró a su hermana con la expresión de sobresalto más grande que he visto en mi vida. Ella simplemente le devolvió una mirada que decía “Te necesito” y una sonrisa traviesa, como si estuviese pensando “No tienes ni idea de lo que está a punto de pasarte.”

Jaime me miró con perplejidad, sin decir nada. Estaba esperando que yo hiciese algo para detener a su hermana. Yo sólo me encogí de hombros y le eché una mirada como diciéndole “No puedo hacer nada en esto”. Sorprendentemente, Sara se estaba comportando como si yo no estuviera en la habitación. Yo estaba sentado en una hamaca, separado del sofá en el que ellos dos estaban sentados. Aquello le daba a Sara el espacio suficiente como para sentir que estaban solos y a mí la distancia necesaria como para ver todo lo que hacían.

Jaime volvió a mirar a la cara de Sara. Sin apartar su mirada de la suya, ella tomó la mano derecha de su hermano y la colocó firmemente sobre una de sus tetas. Jaime entendió la indirecta y empezó a acariciarla suavemente, intentando medir su tamaño y firmeza a través del sujetador. Mientras él seguía mimando la teta de su hermana, ella continuaba frotando suavemente su hinchada polla.

– Ponte de pie delante de mí -dijo Sara, asiéndole un brazo a su hermano y ayudándole a levantarse.

Aquellas palabras me sacaron de lo que parecía un sueño. De repente me di cuenta de que estaba viendo a mi hija seduciendo a mi hijo. Por mi cabeza fluyeron sentimientos encontrados… aquello no estaba bien. Pero la película, la cerveza y las acciones de mi hija me habían puesto un poco cachondo, quería ver más. Decidí sentarme y ver qué pasaba.

Jaime estaba de pie y Sara le había colocado justo enfrente de ella. Sentada en el borde del sofá, mi hija le desabrochó los pantalones, deslizó sus dedos bajo la goma de sus calzoncillos y le bajó toda la ropa de un tirón. La polla de Jaime saltó hacia ella, apuntando directamente a su cara. Era blanca y suave, sin experiencia en los placeres del sexo. Sus huevos estaban claramente hinchados, probablemente por la película y por las caricias de Sara.

La película acabó. En la tele sólo había nieve y ruidos. No quise apagarla por miedo a que al hacerlo pudiese romper la cadena de acontecimientos entre mis dos hijos. Sara acarició la parte interna de los muslos de Jaime, con cuidado de no tocar su polla ni sus huevos. Estaba poniéndole cachondo, haciendo que sus pasiones afloraran. Mientras le hacía esto, su mirada no se apartaba de la joven polla que estaba delante de su cara, admirando su longitud y su grosor. Finalmente, su mano subió hasta los huevos y los acogió en ella. Jaime dejó escapar un gemido. Su polla se estremeció. Sara se dio cuenta de que no faltaba mucho para que su hermano se corriese, así que no perdió el tiempo. Agarrando firmemente la polla con su mano, la acarició un par de veces y se la metió en la boca. Jaime soltó otro gemido. Mi propio miembro estaba empezando a hincharse al imaginar lo que Jaime estaría sintiendo en aquel instante en que su polla estaba deslizándose por primera vez en una cálida y húmeda boca.

Sara le comía la polla a Jaime como toda una experta. La lamía de arriba a abajo, para luego metérsela completamente en la boca unas cuantas veces. Miraba hacia arriba, con los ojos clavados en los de su hermano y con una sonrisa en la cara al tiempo que su lengua aleteaba sobre su sensible glande. Cuando vi que los huevos de Jaime se pegaban el uno al otro, supe que estaba cerca del orgasmo. Jaime empezaba a parecer ansioso.

– ¡Cre.. cre… creo que deberías parar! -dijo con una voz rota y temblorosa.

Sara ignoró el ruego de su hermano mientras su cabeza seguía subiendo y bajando sobre su polla.

– Aaaahhhh… -gritó Jaime al tiempo que descargaba su semen en la garganta de su hermana.

Sara mantuvo el palpitante miembro en su boca todo el tiempo que éste estuvo escupiendo su cálida descarga en ella. La polla de Jaime encogió rápidamente y se deslizó fuera de la boca de Sara. Ella le dio un beso en la punta y Jaime cayó rendido en el sofá, con sus brazos y piernas totalmente extendidos.

– ¡Coño! -exclamó él mientras de su cada vez más arrugado miembro salían las últimas gotas de semen. – Ahora me toca a mí -dijo sonriendo Sara, poniéndose en pie.

Empezó a desabrocharse los botones de la blusa y rápidamente se la quitó, así como los pantalones vaqueros, quedándose solo con el sujetador y las bragas. Se quedó de pie unos instantes dándole tiempo a Jaime para que contemplase su cuerpo con todo detalle. Me di cuenta de que era la primera vez que veía a mi hija desnuda desde que era muy pequeña. Sara hacía atletismo en el colegio y estaba en muy buena forma. Su cuerpo estaba bronceado y parecía muy suave. Físicamente, estaba en la época perfecta para una mujer, ya que su cuerpo estaba adoptando las curvas de una mujer adulta, pero manteniendo la firmeza y el brillo de la juventud.

Estaba enfrente de Jaime, con las manos apoyadas en sus caderas. Lentamente, cruzó los brazos y deslizó las manos por todo su vientre. Sus manos recorrieron sus costados, con los brazos aún cruzados, hasta que llegaron a sus hombros. Esto hizo que sus tetas se apretasen la una con la otra, consiguiendo que dos increíbles globos de carne salieran por la parte superior de su sujetador. Descruzó los brazos a medida que deslizaba las manos por su cuello, por encima de sus orejas y a través del pelo. Estiró los brazos por encima de su cabeza, entrelazando los dedos, y luego se puso de puntillas, inclinándose ligeramente hacia adelante y arqueando la espalda. Aquella era una visión maravillosa. Su joven cuerpo estaba completamente estirado, sus piernas eran largas y delgadas, su culo apuntaba afuera y arriba, orgulloso, sus tetas sobresalían de su cuerpo, su vientre estaba hundido y su cabeza echada hacia atrás.

Jaime sólo miraba con la boca abierta. Mi polla empezó a hincharse de nuevo. Sara se quedó en aquella pose durante un instante, pero luego volvió a descansar sobre sus pies planos. Se bajó los tirantes del sujetador y se sujetó las copas de éste a la altura de sus tetas mientras sacaba los brazos por los tirantes. Tras una corta pausa, lentamente dejó caer las copas de su sujetador, dejando a la vista sus enormes tetas. Eran puntiagudas, abundantes y, a juzgar por su forma, duras como piedras. Los pequeños triángulos blancos de su bikini y sus brillantes y rosados pezones resaltaban como rótulos de neón contra su bien bronceado cuerpo. Sus pezones eran unos pequeños garbanzos rosados en la punta de sus tetas, como dos guindas en un helado.

Tras quitarse el sujetador, Sara empezó a frotarse la entrepierna. Se apretó las bragas contra su raja y tiró ligeramente de ellas para que la forma de su coño fuese claramente visible. Dándose la vuelta para quedarse de espaldas a Jaime, Sara se inclinó ligeramente hacia adelante, posó sus manos en sus caderas y luego deslizó sus pulgares bajo la goma de sus bragas. Lentamente, se las bajó dejando a la vista el mejor culo que he visto en mi vida. Cuando sus bragas llegaron al suelo, me di cuenta de que estaban húmedas.

La flácida polla de Jaime comenzó a moverse. Mi corazón latía a mil por hora. Sara se dio la vuelta, se inclinó sobre Jaime y apoyó sus manos en la espalda del sofá. Este movimiento dejó una de sus tetas justo en la cara de su hermano. Jaime no perdió el tiempo. Se metió en la boca aquella deliciosa teta y empezó a chuparla con locura, mientras masajeaba con vigor la otra. Aún de pie, Sara se abrió de piernas, haciendo que formasen una V vuelta del revés. Al ponerse en aquella posición, tuve la vista más asombrosa de su coño. Lo tenía depilado alrededor de la raja, dejando a la vista un suave y ligeramente coloreado monte de Venus. Sus labios, rosados y mojados, sobresalían de la raja.

Sara tomó la mano que estaba masajeando su teta y la guió hacia abajo, en dirección a su coño. Jaime tanteaba torpemente con la mano, sin saber exactamente qué hacer. Sara cogió uno de los dedos de su hermano y separó los labios de su coño con él. Luego lo acompaño hasta su clítoris y lo frotó durante un rato. Mientras hacía esto, sus caderas se balanceaban adelante y atrás, proporcionándome un maravilloso espectáculo. Soltó la mano de Jaime, dejando que fuera él el que siguiese, y cerró los ojos. Un dolor llenó mi polla al ver el dedo de Jaime abriendo la raja de su hermana y exponiendo así todo su agujero a mis ojos. Deseaba con todas mis fuerzas clavar mi larga y dura polla hasta lo más profundo de aquel dulce y joven coño y tuve que hacer uso de toda mi capacidad de autocontrol para poder seguir sentado.

Para entonces, Jaime ya tenía una erección completa de nuevo. Sara se arrodilló delante del sofá y se metió aquella palpitante polla en la boca. Una vez consiguió ponerla bien húmeda se levantó, se dio la vuelta y descendió sobre la verga de su hermano.

– Veamos qué es lo que has aprendido de la película -dijo Sara mientras empezaba a subir y bajar sobre la polla de Jaime.

Sus tetas saltaban juguetonamente y rebotaban arriba y abajo. Las manos de Jaime estaban sobre las caderas de su hermana, pero enseguida empezó a deslizarlas hacia arriba por sus costados hasta que cubrió sus tetas con ellas. Se sujetó a ellas como si fueran asideros. Mientras tanto, yo estaba embobado mirando el coño de Sara. Era hipnótico ver sus suaves y rosados labios deslizarse arriba y abajo por la virgen y blanca polla de Jaime. En seguida aquella polla estuvo brillante por los orgasmos de Sara. Ver aquello me puso realmente cachondo. Mi propio miembro latía aceleradamente y pugnaba por salir de mis pantalones. Estaba seguro de que iba a explotar de un momento a otro.

Por primera vez desde que todo aquello empezase, Sara me miró. Observando el enorme bulto de mis pantalones y la expresión de dolor en mi cara me hizo una seña para que me acercase a ella. Salté de mi silla y atravesé la habitación. En cuanto llegué a su lado, sacó una mano y empezó a acariciarme el bulto. A diferencia de Jaime, a mí no me hacía falta esperar a que nadie me desnudase. Rápidamente dejé caer mis pantalones liberando mi hinchada y palpitante polla. Los ojos de Sara se abrieron de asombro. Mi polla es mucho más grande que la de Jaime y mis huevos estaban hinchados tras ver todo aquel espectáculo.

Jaime me miró brevemente y me dedicó una extraña expresión. No tenía ni idea de lo que estaba pensando. De todas formas, no importó ya que rápidamente volvió a mirar el culo de su hermana rebotando arriba y abajo delante de él. Sara empezó a acariciar mi polla mientras seguía follándose a su hermano. Estaba ya a punto de soltar toda mi leche por encima de ella cuando, de repente, se detuvo. Jadeando por el esfuerzo, soltó mi polla y se echó hacia adelante. Se levantó hasta casi dejar salir la polla de Jaime de su coño, y entonces empezó a deslizarse arriba y abajo con pequeños movimientos sin dejar que le entrase del todo en la raja. Me imaginé qué era lo que estaba haciendo. Quería que Jaime pudiese ver su polla deslizándose dentro y fuera de su coño. Jaime se la estaba metiendo entera. Al ver aquello me convencí de algo que hacía rato que me rondaba por la cabeza. Mi hija era un gran polvo.

Sara se levantó y se puso a cuatro patas en el suelo con el culo hacia nosotros dos. Tras arquear la espalda para que su culo quedase apuntando hacia arriba, se separó los labios del coño dejando a la vista aquel agujero que pedía a gritos ser llenado. Mi frustrada polla se sacudió al ver aquello.

– ¡Acércate y métemela! -dijo Sara a Jaime.

Mi hijo caminó hacia ella con su joven y dura polla oscilando de un lado a otro. Se arrodilló detrás de su culo, se cogió la polla con una mano y la condujo al suave, cálido y húmedo agujero de su hermana. Al ver aquello, noté que mi leche estaba de nuevo a punto de salir disparada. ¡Cómo me gustaría que fuese mi polla la que estuviese metiéndose en aquel coño!

Jaime empezó a bombear con largas pero lentas embestidas al principio, pero eso fue hasta que cogió el ritmo. Sara me buscó con la vista y me hizo señas para que me pusiese delante de ella. Así lo hice y al llegar allí levantó la mirada y dio unas palmaditas al suelo que había justo debajo de ella.

– Túmbate aquí -me dijo.

Me senté delante de ella, pasando mis piernas por entre sus brazos para que quedasen justo debajo de su cuerpo. Me eché hacia atrás y me apoyé en los codos. Mi polla había quedado justo debajo de la cara de Sara. Empezó a chupar mi hinchado miembro mientras yo observaba a Jaime follándosela por detrás. Tenía los ojos cerrados y una expresión de intensidad en la cara. Estaba disfrutando de aquella cabalgada. Sara se sacó mi polla de la boca.

– ¡Fóllame con más fuerza! -le gritó a Jaime.

Jaime aumentó el ritmo de sus movimientos un poco más. Me moví un poco a la izquierda para poder ver más del cuerpo de Sara. Ella por su parte, seguía trabajando con mi polla.

– ¡Clávamela! -gritó Sara de nuevo- ¡Clava tu polla en mi coño!

Jaime se la metía con todas sus fuerzas. El culo de Sara temblaba a causa de los impactos y sus tetas oscilaban salvajemente.

Aquello era más de lo que yo podía aguantar. Los últimos años sin nada de sexo, la película porno, dos adolescentes follando… Mis huevos estaban a punto de soltar la mayor corrida de toda mi vida. No iba a poder soportarlo más. Me senté y cogí la cabeza de Sara entre mis manos al tiempo que sentía una increíble calidez brotando de mi interior.

– Aaahhh -gemí cuando mi polla explotó en su boca. – Mmmmph -fue el único y ahogado sonido que Sara pudo emitir mientras trataba de contener los chorros de semen que estaba lanzando mi polla en su garganta.

Vi cómo mi verga latía mientras seguía enviando su largamente esperado cargamento al interior de la ansiosa boca de mi hija. Me eché hacia atrás y cerré los ojos, saboreando la tranquilidad con que me había quedado tras aquella liberación. Pensé durante un instante en lo que había pasado en aquella habitación. ¿De veras Sara entendía mis necesidades? ¿Dónde había aprendido a hacer todo aquello?

Oí a Jaime soltar un grito mientras llevaba a cabo sus últimos movimientos. Su ritmo decayó rápidamente hasta que por fin se detuvo y cayó rendido sobre la espalda de Sara. Pensé en su caliente semen saliendo disparado en lo más profundo del dulce y joven coño de su hermana. Vaya un chaval con suerte. Aunque yo no me podía quejar, también había quedado satisfecho. Sara levantó la vista mirándome a los ojos y me dedicó una sonrisa traviesa.

– Feliz cumpleaños, hermanito -dijo pero sin dejar de mirarme.

En los meses que siguieron a nuestro pequeño episodio, no dijimos nada sobre él. Fue como si todos nosotros supiésemos interiormente que aquello había sido algo para una sola vez, algo que no íbamos a repetir jamás. Nuestras vidas han seguido prácticamente igual que antes excepto por una cosa… Jaime ya no es tan introvertido.

Le dejo el semen a mi hermana

Nunca he sido de esos que les ponen las bragas de su hermana. O que la espían, o se la cascan pensando en ella. Por eso, lo que a otros puede parecerles una situación súper excitante, como encontrar ropa usada en el suelo y olerla, a mí me repugna.

Cuando aquel día estaba llegando a casa no hacía más que pensar en la comida. Subía las escaleras imaginándome el guiso que nuestra madre nos había dado en un taper. Pero al abrir la puerta, lo primero que vi fueron sus bragas en el suelo. No es que se me cortara el hambre, pero sentí una punzada de rabia en la boca del estómago. Las cogí con resignación, y las eché al cesto. Una vez más, me juré que era la última que hacía ese gesto, sabedor de que incumpliría la promesa. Por el estado de la cocina, ella ya había comido y se había ido rápidamente a trabajar: la mesa a medio recoger y los platos por supuesto sin fregar.

Me tocó a mí limpiar y ordenar todo después de comer. Bueno, la verdad que siempre me toca. Ella es algo mayor que yo (veintinueve, yo veinticuatro), y trabaja, mientras que yo estoy terminando la carrera. Pero que ella trabaje no es motivo para que pase de hacer las cosas de casa; aunque cuando se lo digo es como predicar en el desierto.

Cuando ella empezó a estudiar, nuestros padres le cogieron un piso de alquiler en la ciudad donde estaba la universidad. Al iniciar yo la carrera, fui a vivir con ella, a pesar de algunas quejas por su parte al principio. No entiendo muy bien aquellas protestas; le viene bien que esté allí ya que casi siempre me he ocupado de las labores del hogar.

Por la noche escuché que llegaba y salí de mi cuarto a recibirla. No me gusta discutir, pero le tenía que llamar la atención (sabía que sería en vano).

– Marta, te has dejao otra vez las bragas por ahí –le reñí.

– Joder enano haberlas dejao que ya las recogía yo ahora –sus defensas siempre eran en esa línea-. Además, si te dejas tú los gayumbos los recojo y no te digo nada. ¡Pero nunca los dejas porque eres taaaan ordenado jajajaja! –soltaba una risotada o una chanza y así acababa las discusiones.

Mientras me hablaba colgó el bolso y se despojó de la chaqueta; se dirigía a su habitación evidenciando que le resbalaba lo que le dijera. Pero no estaba dispuesto a rendirme tan fácilmente y la seguí.

– ¿Y los platos qué, eh? –le recriminé.

– Joder tío siempre te lo digo, déjalos y ya los frego yo cuando llegue –replicaba mientras se descalzaba y se bajaba los pantalones. Eso es otra cosa que me toca las narices: se desviste y se pasea medio en pelotas delante de mí como si nada.

– Sí hombre claro, y están los vajillos ahí hasta la semana que viene –repuse, al tiempo que ella seguía quitándose prendas.

– Hala maño no me des más el coñazo que me voy a duchar –dijo ya en ropa interior.

Entonces se desabrochó el sujetador y sus pechos quedaron al descubierto. Me di la vuelta contrariado para no verla, porque no me gusta que haga esas cosas, algo que ella sabe de sobra.

– ¡Hostia Marta…!

– ¡Jajaja toma ya! –se burló lanzándome el sostén a la cabeza-. ¡Como si no me las hubieras visto nunca!  ¡Da gracias que no me quito las bragas y las dejo tiradas otra vez y te enseño el culo! –exclamó alejándose por el pasillo en dirección al cuarto de baño, entre risas.

Era verdad lo que decía, no era la primera vez que le veía las tetas, puesto que se cambiaba sin ningún pudor, sobre todo la parte de arriba. El coño también se lo tenía visto, aunque menos veces. Y no porque le diera vergüenza, sino porque sabía que me hacía sentir incómodo con sus costumbres poco recatadas. Era normal que estuviera por casa sólo con bragas y una camiseta, sin nada debajo; o que meara con la puerta abierta. Y le gustaba hacerme “calvos” a menudo.

Después de cenar me senté en el sofá a ver la tele. Ella estuvo un rato en su habitación, hablando por WhatsApp con sus amigas, y luego vino. Estaba en pijama, que constaba de un pequeño pantalón corto y una camisa abotonada. Se sentó con los pies en el sofá, y empezó a mirarse los dedos descalzos. Llevaba algo en la mano. Era un cortaúñas. Lo comenzó a usar: clic. Clic. Clic.

– ¡Marta no me jodas…! –le espeté.

– ¿Qué? –preguntó sin mirarme mientras seguía con su labor. Clic, clic, clic.

– Coño cómo que “qué”, pues que no te cortes aquí las uñas.

Pero siguió en silencio cortándose las uñas. Clic, clic, clic.

– Sabes que me las tengo que cortar después de ducharme porque están más blandas –dijo al fin con toda la parsimonia y tranquilidad del mundo.

– ¡Coño pero no aquí rediós!

De nada sirvieron mis protestas, porque continuó con lo que estaba haciendo. Sólo podía esperar a que acabara.

– ¡Toma, pal bocata jajajaja! –dijo mientras me lanzaba un trozo de uña del dedo gordo-. ¡Esa era grande, eh!  ¡Jajajaja!

– ¡Qué cerda eres! –le insulté, cogiendo el trozo de uña y tirándoselo a ella, pero acabé riéndome también.

_________________________________________________________________________________

Días después de aquello, llegaba a casa después de estudiar toda la tarde en la biblio. Entré y el piso estaba en silencio, por lo que pensé que mi hermana no estaba. Dejé la mochila y fui al váter a mear. Justo al entrar me la encontré completamente desnuda, sentada en el bidé espatarrada. Llevaba algo blanco en el coño.

– ¡Hostia puta…! –proferí dándome la vuelta rápidamente y saliendo. Lo que hacía era afeitarse el pubis.

– ¡Joder qué susto me has dao enano! Me estoy afeitando el coño –dijo Marta.

– ¡No jodas!  ¿En serio?  ¡No me había dao cuenta!  Pensaba que te estabas haciendo la permanente. No te jode –ironicé.

– ¡Jajajaja!  Idiota. Anda entra. Va que me tapo –me pidió.

– Que no tía que no entro. ¿Qué quieres? Además, podrías cerrarte la puerta.

– Que esta cuchilla no corta y necesito una tuya poooorfiiiii –suplicó desde su frío trono.

– Pffff…  ¡joder! –bufé, pero sabía lo que me tocaba-. Anda tápate un poco que te doy una.

– ¡Gracias enano!

Entré sin mirarla, interponiendo la mano entre mis ojos y ella. Abrí el mueble del lavabo con la mano libre, y cogí un par de cuchillas desechables nuevas. Efectivamente, se estaba tapando, pero sólo con las manos, y únicamente el coño. Pasaba de ocultarse los pechos. Yo seguía con una mano delante cubriendo en la medida de lo posible su visión. Inevitablemente, le veía las tetas, no muy grandes, pero bonitas de verdad. Simétricas, blanquecinas, y con pezón rosado de chica joven. Aparté de ahí la mirada; pero al cogerme las cuchillas que le ofrecía, se destapó parcialmente el sexo y vi pelos mezclados con crema de afeitar. Sin querer, o queriendo, moví imperceptiblemente la palma y le intenté ver más, ver la raja. Pero como ella aún tenía ahí una mano, apenas pude distinguir nada.

– Anda toma, jodida nudista enferma –dije al tiempo que me cogía las cuchillas.

– Que soy tu hermana tío, que no pasa nada porque me veas en pelotas.

– ¡Que te den! –grité saliendo ya del baño.

– ¡Reprimido!  ¡Jajajaja! –escuché su carcajada mientras me alejaba.

___________________________________________________________________________________

Tal y como comentaba al principio, nuestra madre nos deja comida los findes para que tengamos durante la semana. Normalmente, los viernes, volvemos al pueblo a pasar allí el fin de semana. Yo más veces que ella, porque mi hermana se suele quedar y sale por las noches en la ciudad. No es que yo no salga, pero prefiero hacerlo por el pueblo, con los amigos de siempre.

El día siguiente de verla en el bidé, con espuma de afeitar en sus bajos, era viernes. Pero no fui al pueblo; tenía que estudiar y me pasé toda la tarde en la biblioteca. Mi hermana debía de haber salido como siempre, con los compañeros del trabajo al acabar la jornada, o con alguna amiga.

El caso es que después de estudiar, fui a cenar y tomar algo con unos colegas para despejarme. Se me hizo un poco tarde, sería la una o las dos de la noche cuando volví a casa. Al girar la llave, y abrir la puerta, me encontré a Marta a cuatro patas en el sofá; un tío jadeante se la follaba desde atrás.

– Es que no me jodas… -murmuré cabreado, enfilando el camino a mi habitación.

– ¡Hostia! –exclamó Marta; aún llegué a ver que se separaba del tío.

Desde mi cuarto escuché algunas voces en tono bajo; luego pasos, y por último nada. Debían haberse ido a terminar a su dormitorio. Estaba enfadado, y no porque se follara a un tío –podía hacer lo que le diera la real gana, sólo faltaba-, sino porque lo hiciera en el sofá. Y con la poca precaución de que llegara yo y me encontrara el espectáculo porno. Así que me desvestí y me dormí.

Por la mañana, hacia las once, sentí golpes en la puerta. Toc toc. Abrió Marta sin esperar respuesta. Iba en bragas y camiseta.

– Enano…  se puede?

Al igual que cuando golpeó la puerta, se metió en mi cama sin esperar a que contestara. No lo hizo con ánimo libidinoso ni provocativo; desde pequeños hemos dormido muchas veces juntos o nos hemos metido en la cama del otro si está cabreado, triste, preocupado, etc.

– Me perdonas…? –me rogó tumbada a mi lado, bajo las sábanas-. Que pensaba que te habías ido al pueblo con los papas… -mientras hablaba, me rozaba constantemente con los pies en las piernas, desde la rodilla hasta el empeine, y vuelta a empezar.

– Hmmm… -vacilé, girándome hacia el otro lado. El motivo no era “hacerme el duro”, sino que físicamente estaba duro: tenía una erección matutina casi dolorosa, y no quería que la notara.

– Hala, veeengaaa… -imploraba.

– Así que por eso te afeitabas el otro día el chocho, ¿no? ¡Jajaja! –bromeé al fin.

– ¡Jajajaja claro querido Watson!

– Bueno, pero no folles con tíos en el sofá por favor. ¡Que no quiero sentarme encima de la corrida de alguno! –le pedí.

– Vaaaale jajajaja –aceptó al tiempo que me daba un empujón. Al devolvérselo, le di sin querer con la polla dura en la tripa, y se dio cuenta-. Uy.  ¡Uy!  ¡Si estás empalmao!  ¡Jajajaja!  ¡Esto sí que no me lo esperaba!

– ¡Quita imbécil! –dijo algo nervioso.

– Jajajaja vale vaaaale, te dejo tranquilo –y salió de la cama-.  ¡…Para que te la casques a gusto pensando en lo que viste anoche jajajaja! –y me agarró durante un par de segundos el miembro por encima del calzoncillo, simulando hacer una paja-.

Mientras se iba, se bajó la braga un palmo, enseñándome el culo mil veces visto, pálido, redondo y perfecto, y de esa guisa se alejó andando.

– Capulla… -mascullé.

___________________________________________________________________________________

Esa misma noche había quedado con unos amigos de la facultad. Tenía ganas de juerga después de tanto estudio. Le dije a mi hermana que saldría, más que nada para que tuviera cuidado si traía a alguien a casa.

– Vale enano, yo también he quedao con estas –me informó.

– Pues si eso te doy toque por la noche a ver donde estáis, pero vamos que creo que estaremos por el Casco así que no creo que te vea.

– Vale vale, nosotras iremos a la Zona como siempre –apuntó Marta.

Salí con mis amigos, como habíamos previsto, por los bares del Casco. Nos echamos unos cuantos cubatas, y ya íbamos con el puntillo. Estando en un garito no muy grande, pero lleno de tías, vi un grupo de féminas con el que pensé que tendría posibilidades, y me quise acercar. Pero en ese momento me pegaron un tirón de la camisa. Me giré y era Marta.

– ¡¡Eeehhhh  ese  enanoooo!! –yo estaba cascao, pero era evidente que ella iba peor.

– ¡Hombre! ¡Al final no habéis ido a la Zona…! –tenía que hablar a gritos, para que me oyera con la música alta del bar.

– ¡Nooo, al final aquí! –exclamó mi hermana.

Me cogió de las caderas y se puso a bailar sensual. Yo la acompañé, agarrándola por la cintura. Pero ella cada vez se refrotaba más; apretaba su cuerpo con el mío y podía sentir sus tetas que se chafaban contra mi pecho. Le seguí el juego y acaricié sus hombros y brazos, tal y como lo haría con una chica a la que me quiero ligar. Entonces me puso ambas manos en el culo y apretó, y me atrajo contra sí. Ahí ya me pareció que se estaba pasando un poco.

– Marta…  qué haces tía… -le susurré al oído.

– Calla –me ordenó, y continuó con su cadencia.

Dejó el culo y se puso a manosearme el pecho y la espalda. Me parecía mal lo que hacía, pero me estaba excitando bastante. Era como cuando le intenté mirar el coño cuando se afeitaba: no quería y la conciencia me decía que no, pero no lo podía evitar.

– Ven, que te voy a presentar –dijo entonces.

Sentí alivio porque pensé que así acababa esa situación tan públicamente erótica, a la vez que incómoda.

Pero me equivocaba.

Me cogió de la mano y me guió hasta su grupo. Eran cuatro chicas, todas guapas y pretas, de unos veintiocho o treinta años.

– Esta es Susi, Carolina, Elena, y Sandra –dijo, mientras yo iba una a una dándome dos besos-. Y este es…  ¿oye cómo te llamabas?

– Marta pero qué dices… -inquirí extrañado.

– ¡Jajaja que cómo te llamas! –repitió mi hermana.

Estaba flipando, así que me acerqué para hablarle al oído.

– ¿Marta qué coño haces?  ¿No les has dicho que soy tu hermano? –le pregunté de cerca.

– Jajaja noooo…   Así es más divertido, ¿no? –contestó riendo.

Me volvió a coger de las manos y desistió de seguir con las presentaciones a sus amigas, que observaban sonrientes como pensando “esta ya ha ligado”. Bailó mirándome a los ojos, y continuó con su sobeteo por mi cuerpo. Me puso las manos en el culo otra vez, y apretó. Yo, que ya daba por imposible el recriminárselo y que me hiciera caso, opté por hacer lo mismo. Le cogí fuertemente el culo, y se lo sobé bien, desde la pierna hasta la rabadilla, estrujándolo. A ver si así se quedaba pillada y dejaba de calentarme. Pero ante mi sorpresa, no hizo nada; parecía disfrutar.

Recostó su cabeza contra mi pecho, bailando despacio. Me besó por encima de la ropa, subió hacia arriba…  buscaba mi boca. Ella tenía los ojos cerrados, y se acercaba. Volví a hacer algo en contra de mi voluntad; bueno, realmente mi voluntad era besarla. Le correspondí con mis labios, que se juntaron con los suyos y juguetearon, húmedos ambos. Ella estaba ardiente y me besaba con pasión, cogiéndome la cara tiernamente con las manos. Yo atraía su cuerpo contra el mío, mordiéndole el labio inferior. Entonces ella abrió más la boca, ofreciéndome su lengua. Eso no quería hacerlo, creía que ya habíamos tenido bastante; pero nuevamente, sucumbí. La lengua de mi hermana se entrelazó con la mía y perdí la noción del tiempo. Ya no sabía si mis colegas aún estaban allí o se habían ido, ni me importaba.

Fuimos a la barra a por dos cubalibres. Nos los bebimos mientras bailábamos; pero ya sin morrearnos.

– Marta, estás pirada, yo no sé qué coño… -empecé a decir.

– ¡Calla atontao! –me exhortó con su habitual autoritarismo. Bebió lo que quedaba de su ron-cola.

Se puso a bailar otra vez, pero se tropezó y tuve que agarrarla por las axilas para que no diera con sus huesos en el piso.

– Venga Marta, se acabó, te llevo a casa. Vas borracha –esta vez fui yo el del tono imperativo.

– Halaaaa nooooo…   no me quiero ir aún…  -suplicaba, pero no opuso resistencia.

Se despidió de sus amigas, que parecían recelosas de que se viniera conmigo, como si pensaran que me iba a aprovechar de ella o algo así.

– ¿Estás segura, Marta? –escuché que le decía una de ellas.

– Sí sí, no os preocupéis, tranquilas –le respondió mi hermana.

Otra se dirigió a mí, con semblante serio:

– Ten cuidao eh chaval, no te pases –me advirtió.

– Tranquila, conozco a su hermano de sobra –le contesté.

– Bueno, pues cuídala –sentenció.

“No lo sabes bien”, pensé.

Nos fuimos andando, para que con el paseo se le pasara (se nos pasara, que yo también llevaba lo mío) el ciego.

Ya en casa, la acompañé a su cuarto y le llevé agua; no hizo falta que le ayudara a desvestirse porque en el intervalo en el que fui a la cocina a por una botella, ya estaba en bragas y camiseta, y medio dormida.

– Quédate a dormir conmigo, enano… – murmuró con los ojos cerrados.

– Que no coño, mira lo que ha pasao antes en el bar –me negué, con más cabeza que otra cosa.

– Brrbmpf vengaaaa… -balbuceó, pero yo ya me iba a mi habitación.

Me acosté pensando en lo que había pasado, y me costaba creerlo; era como si una cortina de irrealidad se cerniera ante mis ojos. Pero no me costó nada dormirme, por el estado etílico que tenía.

__________________________________________________________________________________

Por la mañana desperté con la boca algo pastosa, y tras unos segundos de desconcierto, me vino el recuerdo como una bofetada de realidad. “Madre mía la que se lió anoche; espero que no nos viera nadie conocido…”. Me incorporé para coger mi vaso de agua de la mesilla, pero topé con algo.

– ¡Coño!  ¡Qué haces aquí! –dije sobresaltado; era Marta con lo que había chocado.

Emitió unos sonidos aún dormida, “ggrrrrmppfff”.

La zarandeé levemente del hombro, para que se despertara. Entonces abrió los ojos y sonrió.

– Buenos días, enano… -dijo con un hilo de voz, aún casi en sueños.

– ¿Has venido a mi cama? –pregunté tontamente.

– Jijiji siii… -respondió risueña.

Unos rayos de luz entraban por la ventana, y pude ver una expresión de felicidad en su bello rostro. No sé si se debía a que el alcohol aún corría por sus venas.

– Bueeeeno vaaaale, pero déjame dormir que aún tengo sueño –dije, girándome hacia el otro lado.

– ¡Jijijiji vale! –accedió mi hermana.

Se apretó a mí y me abrazó, rodeándome por la espalda. La notaba muy cerca; sus pechos se oprimían detrás de mí. Tan próximos los sentía, que me pareció que estaba sin ropa. Lo comprobé, pasando la mano desde sus piernas hasta los hombros, para llevar si llevaba algo puesto aunque fuera abajo. Todo lo que toqué fue su piel; estaba desnuda por completo.

– Marta… -empecé a decir.

– ¿Siii…? –contestó somnolienta.

– Que estás en pelotas.

– Sí… -respondió a media voz.

Me puse nervioso y el sueño se me pasó de golpe. Entrelazó sus piernas con las mías, y se puso a juguetear con los pies. Me empezó a besar la espalda sobre la ropa, y sus manos se metieron dentro de la camiseta. Me acariciaba los pezones mientras seguía con los besos, y no pude controlar la polla, que se me puso dura muy rápido.

– Martaaa… -protesté a modo de reprimenda, pero era inútil.

– Quiero acabar lo que empezamos ayer…   No te creas que no me acuerdo por ir borracha…  -en ese momento su mano pasó a mi paquete, húmedo de lubricación; primero por fuera, y en seguida la metió dentro y me agarró el miembro.

Se puso de rodillas, me quitó la camiseta, y nos besamos apasionadamente. Creía que lo de la noche anterior había sido un error tonto de borrachera, y que no se repetiría, pero ya veía que no.

Me bajó los calzoncillos y quedé desnudo. Me besó en la boca, y fue bajando lamiendo mi cuello, mi pecho, mi ombligo.

– Te voy a hacer la mejor mamada de tu vida –amenazó.

– No…   Eso sí que no…  -dije sin convicción.

Se la metió en la boca, y empezó a chupar con fruición. Disfrutaba tanto o más que yo, y lo hacía a la perfección. Cada vez me excitaba más, y tenía que contenerme para no correrme. La sacaba y la lamía por los lados; le daba besos; succionaba los testículos. Combinaba con movimientos de mano, momentos en que se acercaba y nos besábamos con lengua. Entonces, colocándose arriba, procedió a introducirla en el coño; y yo, aunque una vez más no quería, no podía evitarlo.

– ¡Espera! –le pedí.

– ¿Qué…? –dijo mi hermana con los ojos cerrados, con el pene ya en su interior.

– Un condón…  espera que cojo uno…  de la mesilla… -sugerí entre jadeos.

– No hace falta enano…  tomo píldora…  hmmmm… -dijo mientras resoplaba.

Me incorporé para estar aún más de cerca de ella, y la abracé. Ella me correspondió y nos besamos salvajemente, chupando el cuello y pasando la lengua por la cara, mientras cabalgaba encima de mí.

Estábamos extasiados; mi goce era doble: por una parte, por disfrutar de un sexo fantástico; por otra, que fuera con mi hermana y darle placer a ella. Por sus gestos y gemidos, y la manera de besarme, intuí que ella sentía lo mismo.

– Madre mía…   qué diferencia con el de ayer…  -resollaba mi hermana. Con eso tuve la seguridad de que ella estaba sintiendo lo mismo que yo.

– Sí sí, pero…  yo casi no puedo más Marta…

– A mí me queda muy poco…  uffff…  si te corres tú seguro que me corro contigo… -dijo.

Al decir ella eso, marqué el paso, hasta que comencé a sentir el delicioso cosquilleo previo a los espasmos, y me corrí en su interior con un fuerte grito al que se unió el de mi hermana. Me arañó la espalda con las uñas mientras tenía su orgasmo, lo que aumentó mi placer que todavía palpitaba.

Nos quedamos así, sentados y unidos en un abrazo, no sé cuánto rato. No hablamos, ni siquiera nos besamos. Sólo nos quedamos muy juntos, sintiendo el calor del otro.

Por fin, nos tumbamos; ella me acariciaba el pelo.

– Vaya marrón, ¿no? –reflexioné.

– Hombre marrón marrón…  yo más bien lo veo blanco –bromeó una vez más Marta, señalando el hilillo de semen que le salía de la vagina.

– Jajaja, qué idiota eres…   Te quiero mucho Marta.

– Y yo a ti, enano.

Mi hermana y yo nos calmamos la calentura

Recién había terminado de comer. Quería bañarme pero mi hermana mayor me cagó el baño para depilarse y pintarse. Todavía cree que con lo fea que es con sus 30 años arruinados por la merca y su paso por los puteros puede conseguir novio. No es que sea mala con ella. Es que Lorena nunca respetó nada ni a nadie, y le dio muchos dolores de cabeza a la mami.

No sabía cómo matar el tiempo. No podía poner cumbia porque mi hermana Mayra, la que le sigue a Lorena, renegaba para hacer que su hijo se duerma.

Esa es otra que siempre se rascó la argolla.

Tampoco podía ver tele porque nos cortaron el cable.

En las casas de la villa los cuartos están separados por cortinas. La nuestra tenía 3 piezas y una cocina comedor, además de un baño precario y un pequeño patio.

Yo dormía con mis hermanas y mi sobrinito. La otra pieza era de mis viejos y en la que quedaba dormían Lucas y Joel, que tienen 21 y 20.

Luquitas ese día estaba trabajando en la construcción, y Joel dormía la siesta. El hijo de puta no fue al colegio por no estudiar!

El viejo laburaba, o le metía los cuernos a la mami. No eran chismes de don Pedro nada más. Lorena, Lucas y yo lo vimos con una gorda tetona que, se ve que se la chupa bien y con facilidad, porque no tiene ni dientes la negra.

No sé por qué, pero en medio del embole que tenía me aplasté en un almohadón en el piso y dejé que la mente viaje sola. Encima no tenía ni un churro!

Pensé en el guacho del kiosko que me calienta hace una bocha, en Joel durmiendo en la siesta en calzones, en la gorda garchando con mi viejo, y en un montón de porquerías. Creo que por eso, y sumado a que estaba sola me metí una mano debajo de la bombacha y me colé dos dedos.

Cuando sentí que me empezaba a mojar y que las piernas se me abrían solas, me paré de golpe a levantar la mesa, lavé un par de platos, pensé en los fasos que siempre tiene mi hermano y me convencí de ir a despertarlo para que me fíe uno aunque sea. Pero antes volví a colarme los dedos.

No entendía por qué estaba tan caliente, pero sentía que la concha se me prendía fuego. Pensé que era el calor, o que necesitaba bañarme urgente, ya que no lo hacía desde el lunes, y ya era jueves.

Entré a la pieza de Joel, y verle la pija parada bajo su calzoncillo me puso peor. Lo llamé, le sacudí un brazo, le corrí una pierna y nada.

No lo resistí y le toqué la verga.

Le bajé un poco el calzón y se la olí.

Me alejé de su cama y me toqué la concha.

Acerqué mi boca a su glande colorado y le pasé la lengua, cagada en las patas pero alzada hasta las manos. Envolví su tronco firme con mi mano y subí un poquito para luego bajarlo, oler su pija de nuevo y lamerla, esta vez ya sin importarme si se despertaba.

Me la metí en la boca, gemí cuando la tuve casi toda adentro y, entonces sentí sus manos en mi cabeza.

¡chupala Cami, cómo te gusta mamarla nena, en el cole sos re petera vos no?!, lo oí decirme, cuando mi lengua no lo respetaba.

Lamía sus huevos, lo llenaba de mi saliva, me pegaba con su chota en la cara, se la pajeaba, volvía a tragarla y daba saltitos con mi boca y mis manos sobre esa pija maravillosa que se tensaba cada vez más.

¡mostrame las tetas putita, ahora, y pasate la verga por las tetas!, dijo, y me saqué la remera manchada de detergente que traía.

Pero antes de hacerle caso absoluto le puse las gomas en la cara para que me las chupe y manosee. Me hacía gemir como a una trola, porque además el turro me frotaba la concha sobre el pantalón, el que intentaba bajarme, mientras lograba que mis pezones se endurezcan como dos almendras.

A lo mejor por eso cayó Mayra para cagarnos a pedo.

¡qué mierda hacen boludos, y no grites vos tarada que recién pude hacer que…

Pero no pudo continuar hablando.

Yo misma vi cómo le agarró la pija a Joel para pajearlo mientras él no paraba de comerme las tetas.

¡así que los nenes andan alzados… dale, bajale el pantalón y pajeala!, dijo, antes de chuparle la pija con tanto ruido que, no pude evitar que Joel me dejara en bombacha.

Mayra me agarró de un brazo y empujó mi cabeza sobre la verga de mi hermano para que yo se la chupe, y como ella traía un mini short le dio sus tetas para que se las devorara.

No podía creer que mi hermana me lo hubiese servido en bandeja, y menos que, a la vez que mi boca se nutría de todo el presemen de esa terrible poronga, ella se le sentara en la cara, medio suspendida y agarradita del respaldo de la cama para que él la pajee con suma facilidad, ya que su pantaloncito estaba rajado adelante, y jamás usa bombacha.

No tardó en lamerle la conchita, y yo tampoco en sentarme en su pija. Yo no era virgen, pero costó que me entrara, porque sus 20 centímetros no cabían por completo, por más que me chorreara flujo hasta por el culo. Era muy ancha y su glande se hinchaba más, supongo que por el sabor de la tuna de mi hermana.

Enseguida empecé a subir y bajar con mis piernas cada vez más livianas para sentirla toda, mientras Mayra me pedía que le pegue en el culo, y Joel se llenaba la barba con los jugos de ella, que gemía acalorada diciendo:

¡cogela negro, dale verga chiquito, llenala de leche, y comeme la concha hermanito!

Joel jadeaba como si le faltara el aire, chapoteaba enérgico con su lengua en esa fuente rebalsada de fluidos, su pija me taladraba al punto de que sentía que me iba a partir, y me apretaba el culo con fuerza.

Me rompió la bombacha en el momento en que empezó a dejarme su lechita toda adentro en un orgasmo imposible de callar.

Ahí mismo, Mayra me sacó de encima de mi hermano, le lamió la pija y, justo cuando se estaba por sacar el short entra Lucas, todo sucio, transpirado y con cara de cansado, la que cambió de inmediato por unos ojos libidinosos  que nunca le había visto.

Lorena gritó algo desde el baño, pero ninguno la escuchó.

Lucas se desvistió, y apenas quedó en calzoncillo me agarró como si mi cuerpo fuera de trapo, me re apoyó su paquete en el culo, me chupó las tetas y me tiró encima de Joel.

Como soy la más guacha no tenía derecho a exigirles nada. Pero me hubiese encantado que Lucas me coja así como estaba, mugriento y con olor a pintura en las manos.

Sin embargo, se sentó en el borde de la cama y Mayra se hincó para expandir su garganta necesitada de pija, para ensalivársela, arrancarle el bóxer y lamerle los huevos con unos soniditos que me descontrolaban.

Yo le fregaba el culo en la cara a Joel, y le pedía paja mientras yo se la apretaba sintiendo cómo le crecía en la palma de mi mano.

Cuando no aguanté más volví a subirme a esa verga hermosa, cuando Lucas ya se la enterraba en la concha a Maura, y nos pedía que entre nosotras nos toquemos las tetas y nos comamos a besos. A ella le daba asco, pero a mí me ponía más loquita.

Después Joel me acostó donde antes estaba él, mientras la cama amenazaba con quebrarse por lo vibrante de la cogida de Lucas y Mayra. Se me subió encima después de darme unos fuertes chotazos en la cara, y tomó las riendas al decidir que lo mejor que podía hacer conmigo era cogerme rapidito, lamiendo mis tetas y diciéndome que era una putita mañosa.

En medio del fragor del garche, no sé cómo fue que Lucas me abría la boca para que le lama los dedos. El tema es que luego los reemplazó por su verga impregnada de los jugos de mi hermana, y mi boquita se lo agradecía con creces. Se la mamaba con una furia que me hacía gemir hasta por los codos, mientras me enteraba que Mayra le chupaba el culo diciendo:

¡dale la leche a la guachita, dale la merienda negro sucio, te gusta cómo tu hermanita te lame el orto, y cómo la roñosa esa te come la verga?!

Entretanto Joel no le daba descanso a mi vagina con más ensartes, penetradas cortitas y con algún que otro dedo infiltrado. Me encantaba saborear la intimidad de mi hermana, y que esa cabecita latiendo emocionada se rebalse de juguitos, cada vez más cerca de inyectarme su lechita!

Pero Mayra me lo quitó cuando mi garganta clamaba por su bendición seminal. Lo tiró en el piso después de pedirme que le muerda una teta, y se le sentó para que Lucas se la meta en el culo.

¡cómo gritaba con esa poronga la muy trola! Tanto que motivó a que Joel abandone mi cuerpo tembloroso, colmado de su sudor y mis tetas baboseadas para ponerse de pie delante de la boca de Mayra y pedirle que se la chupe con su mejor carita de nene asustado.

¡haceme un pete pendeja, y vos culeala más fuerte guacho!, dijo el pibe, y yo me levanté para pedirle que me pajee con violencia. Quería acabar mientras el culo de Mayra seguía apretando la pija de Lucas, su boca se embelesaba con el pito de mi ex pareja de garche y me escupía por donde quería, y los dedos de ella junto con los de Joel se hundían en mi cola y en mi vagina.

Ese mismo frenesí, la locura de verlos fundirse en piel y cuerpo, de oír tantos chupones, pijazos, los pedos de Mayra, los escupitajos de Joel a sus tetas, las nalgadas de los tres a mi culo y la calentura desbordando mi clítoris, me hacía pedirles más.

¡dale toda la leche en el orto Lucas, que es una putita, y vos atragantala de leche tarado, pajeame pendeja, y tocate las tetas, abrime el culo con los dedos, pediles la lechona!, les ordenaba mi voz chillona, aguda y agitada.

Pero justo cuando Joel me arrodilló de un solo sopetón para que mi boca entre en contacto directo con su pedazo de verga, entra Lorena, en corpiño y a los gritos.

¡boluda, tu nene está llorando, y vos empartuzada acá… sos una trola, y vos Camila sos una drogada, y una puta!

Por suerte alcancé a tomarle toda la lechita, y Lucas a darle todo su semen en la boca a Mayra.

En eso estábamos cuando, por culpa del despelote que armó la Lore, entró el viejo y, después de trompearse con los varones, nos dejó el culo morado a mí y a Mayra entre chancletazos, cintazos y cachetadas. Casi nos hace mierda el forro!

Claro que mi vieja ni se metió por intentar calmar al bebé. Además no le creyó ni una palabra a su marido.

Apenas los pibes se rajaron a la calle, yo me fui a bañar, y Mayra se quedó mariconeando en la cama. Cuando vuelvo me la encuentro pajeándose tranquilita oliendo mi bombacha rota. ¡Cómo nos pajeamos esa noche en su camita!     fin

El Juguete de mi Hermana 02

Hizo un calor terrible aquel día. El sol brillaba muchísimo desde lo alto del cielo y la gente que iba por la calle se cocía como gambas. Por suerte, dentro de la habitación, había aire acondicionado y se estaba bastante fresquito. Después de comer, no pude resistir la tentación de echarme a dormir una larga siesta. Puse el aire acondicionado al máximo y me tapé con la sábana antes de dormirme.

-Oscar, Oscar, ¡Oscar! ¿Te quieres despertar ya?

Fue lo que oí mientras alguien agitaba mi cuerpo. Abrí los ojos y vi a mi hermana.

-Eres peor que una marmota ¿Lo sabías? Vístete que nos vamos a dar un paseo.

Cerré los ojos de nuevo y recordé los viejos tiempos en los que ella insistía en vestirme con su ropa de niña pequeña. Sin saber por qué, y olvidándome de mi tan preciada autonomía personal, me vestí y la seguí hasta donde quisiera ir.

Salimos del hotel y caminamos por las callejuelas llenas de hoteles hasta salir del pueblecito turístico. A las afueras, estaban los campos de cultivo de los lugareños que se dedicaban al cuidado de almendros e higueras por igual. Saltamos un muro de piedra y seguimos un camino de tierra adentrándonos en aquel sitio. Ya no hacía tanto calor y la suave brisa veraniega del atardecer, junto con el canto de los pájaros, convertían el lugar en un apacible sitio para pasear.

El lugar estaba prácticamente vacío y no conseguía explicarme por qué. Estábamos muy cerca de un pueblo costero lleno de habitantes, con un montón de hoteles de más de diez pisos cada uno cargados de turistas y, allí, a escasos metros de todo eso, no había absolutamente nadie. Incluso, a medida que nos alejábamos, los árboles aparecían cada vez menos cuidados hasta llegar a un punto en que prácticamente estaban abandonados. Era como si toda la civilización se hubiera terminado y mi hermana y yo fuésemos los únicos supervivientes de algún tipo de holocausto. O como si mi hermana y yo fuésemos los primeros humanos del universo.

Seguimos caminando y charlando de cosas intrascendentes hasta que Juana se quiso acercar a una higuera enorme para probar su fruto. Mientras ella elegía cuál comerse, yo quise explorar cómo era el árbol por dentro y, apartando un poco las ramas, me metí dentro. La higuera estaba hueca y formaba una especia de cueva con un follaje tan espeso que casi no se veía lo que había fuera.

– ¡Anda, cómo mola! Seguro que aquí no nos ve nadie.

Fue lo que dijo mi hermana al entrar dentro de la higuera. Me miró un momento, arrancó una de las hojas del árbol y volvió a mirarme.

-Desnúdate, hermanito.

Esas fueron sus palabras. ¡Cómo si yo fuese su muñeco!

-¿Qué? Ni hablar. Yo no me desnudo.

– ¿Por qué no? Si no va a verte nadie.

No sé qué coño me pasaba pero terminé haciéndole caso tras unos cuantos ruegos de ella. Era una sensación extraña estar desnudo dentro de una higuera. Nadie me iba a ver, a excepción de mi hermana, pero era como si una parte de mi tuviese miedo de eso y, al mismo tiempo, se sintiese excitada. Además, el roce de la brisa en mis partes era bastante placentero. Creo que por eso, mi pene estaba un poquito más crecidito de lo normal pero sin llegar a estar erecto.

Mi hermana puso cara de escandalizada cuando me desnudé y se acercó corriendo hacía mi con la hoja de higuera.

-¡Cúbrete pervertido! ¿Cómo te atreves a desnudarte delante de una señorita como yo?

La miré como quién mira a una loca de psiquiátrico mientras ella colocaba la hoja sobre mis partes y se empezaba a reír.

-Estás muy mono, pero me gustas más sin ella.

Y, sin decir nada más, Juana la dejó caer al suelo. Se acercó a mí y besó mis labios. Fue un beso tierno y dulce. La punta de su lengua empujó mi boca y se introdujo dentro, donde yo la acaricie con la mía. Estuvimos besándonos un rato hasta que ella acercó su cara a mi oído y me susurró:

-Te toca pagar lo que me debes.

No le respondí, simplemente la volví a besar. Cogió mis manos y las llevó a su cintura para que le desabrochara el botón del pantalón corto que llevaba. Cuando lo hube abierto, se lo bajé e hice lo mismo con sus bragas. Al mismo tiempo, ella se quitó la camiseta de tirantes para quedar tan desnuda como estaba yo.

Agarró mi mano izquierda y toqueteó delicadamente mis dedos, como si intentase elegir a uno de ellos. Pareció gustarle mi índice por que lo llevó a mi boca y me obligó a chuparlo. Ella misma era la que movía mi mano y yo únicamente lo ensalivaba. Cuando estuvo bien mojado, lo separó de mi boca y llevó mi mano hasta su entrepierna donde introdujo mi dedo en su abertura. Estaba húmeda y caliente.

Mi hermana lanzó un suspiro y comenzó a mover mi mano lentamente, permitiendo que mi dedo se moviera a lo largo de toda su vulva una y otra vez y permitiéndome distinguir por el tacto su forma. Intenté mover yo mismo mi mano pero aceleré el ritmo demasiado pronto y mi hermana volvió a agarrarme la mano.

Cuando supe cómo le gustaba a ella que lo hiciera, me soltó y se puso a jugar con mis tetillas. Daba pequeñas vueltas con el dedo alrededor de mi pezón. Primero uno y luego el otro. Mientras lo hacía, ella suspiraba y yo me regocijaba de verla disfrutar. Su entrepierna cada vez estaba más húmeda y cálida y se empezaba a escuchar un leve chapoteo.

En un momento dado, volvió a agarrar mi mano y volvió a llevarla a mi boca donde volvió a introducir mi dedo índice. Nos miramos a los ojos mientras lo hacía y, después, yo cerré los míos para disfrutar de su sabor ¡Qué delicia! Me encantaba el sabor del coño de mi hermana. Mi hermana me pellizcó un pezón .Abrí los ojos y dejé escapar un leve grito de dolor. Ella se reía de su gracia.

-Agáchate hermanito- Fue lo que me dijo al mismo tiempo que me obligaba a hacerlo.

Quedé de rodillas sobre un montón de hierba seca contemplando a mi hermana como el vasallo contempla a la reina. Ella separó un poco sus piernas y se acercó a mi cara. Su pubis quedó a la altura de mis ojos y el olor de su entrepierna llegó hasta mi nariz. Aspiré un momento y acerqué mi cara hasta su coño para continuar con mi lengua lo que antes hacía con mi dedo.

La introduje dentro de su vagina por segunda vez en dos días. Sabía igual que los fluidos que antes había en mi dedo, sólo que un poco más fuerte. Empecé a dar lametazos por todo su sexo pingándolo de arriba a abajo de saliva. ¡Qué gusto! Me encantaba hacer aquello. Así que, seguí con lo mío y pronto incorporé mis labios al juego, comiéndome el coño a mi hermana con toda la pasión de la que era capaz. Ella suspiraba y lanzaba gemidos cada vez más altos. Al mismo tiempo, apretaba mis hombros rítmicamente cada vez que sufría un espasmo de placer. Estaba claro que se lo estaba pasando bien.

Cuando empecé a notar que mi hermana se acercaba al final, aceleré el ritmo con el que le chupaba el chocho. Cansaba bastante, pero me encantaba hacerlo. Finalmente, con un ligero temblor en sus piernas y con un fuerte apretón en mis hombros, mi hermana llegó al orgasmo. Continué lamiéndola hasta que se hubo recuperado.

– Levántate y date la vuelta hermanito- me dijo

Le hice caso y ella me abrazó por la espalda pasando sus manos por mi pecho y acariciando mi tripa. Besó mi nuca, mi cuello y el lóbulo de mi oreja y me susurró:

– Lo has hecho muy bien, voy a darte tu premio.

Y una de sus manos bajó de mi vientre, rozó mi ingle y agarró muy suavemente mis testículos. Los acarició con mucha delicadeza al mismo tiempo que, con su otra mano, empujaba sobre mi espalda para que me apoyase contra el tronco del árbol y quedase un poco inclinado. La mano que tenía sobre mis testículos se movió sobre el tronco de mi pene, rozando la piel con la palma hasta que las yemas de sus dedos alcanzaron mi glande. Sentí una descarga de placer cuando me tocó ahí y sentí como la otra mano se iba desplazando a lo largo de mi espalda hasta llegar al comienzo de mis nalgas.

Un dedo se introdujo entre mis cachetes y pude notar como buscaba mi ano y lo acariciaba. Mi hermana comenzó a masturbar mi pene deslizando su mano de arriba abajo con mucha parsimonia. Fue tanto el gustito que me dio que ni siquiera me di cuenta de que su dedo se había movido de mi culo. Cuando lo hice, noté como su dedo hacía pequeños círculos en torno a él, sólo que, esta vez, estaba húmedo.

Mi hermana continuó masajeando mi polla con la palma de su mano cerrada sobre ella. De lo excitado que estaba, la había lubricado tanto con mi líquido preseminal que resbalaba a la perfección. Era toda una delicia que cada vez mejoraba más.

Juana aumentaba el ritmo con cada sacudida hasta que, en un determinado momento, sin dejar de agarrar mi pene, bajó su mano rápidamente y con fuerza hasta hacerla chocar contra mi pubis y mi escroto. Al mismo tiempo, el dedo que acariciaba mi ano se introdujo dentro con un fuerte y certero apretón. ¡Qué gusto! Un gemido enorme se me escapó por culpa de la fuerte sacudida de placer que sentí. Nunca antes había experimentado nada igual.

-¿Te gusta?

-Sí. — Respondí entrecortadamente.

Volvió a masturbar mi pene de arriba abajo como antes pero, esta vez, a un ritmo mucho mayor. Al mismo tiempo, metía y sacaba el dedo que tenía detrás haciéndome sentir unos extraños espasmos en mi ano. No daba un gustito como el meneo que le estaba dando a mi polla pero, aun así, era extrañamente placentero.

Empecé a sentir mucho calor y mi respiración se hizo más rápida. Aquello estaba dándome mucho placer. Su dedo entraba y salía de mi ano y volvía a entrar cada vez más rápido. Mi hermana me la agarró más fuerte y movió su mano con mucho más brío. Me hacía algo de daño en el frenillo. ¡Pero qué gusto daba! No iba a aguantar mucho más.

Mi hermana se inclinó sobre mí y me dio un mordisco en el centro de la espalda, justo sobre la columna vertebral. ¡Qué placer! Una enorme descarga de electricidad recorrió todo mi espinazo al mismo tiempo que todo mi cuerpo se tensó. Solté un gemido ahogado y descargué todo mi esperma sobre la mano de mi hermana y el tronco del árbol. ¡Menudo orgasmo! Ojalá tuviese más como aquel en el futuro.

Poco a poco, mi hermana fue reduciendo el ritmo con el que me meneaba la polla hasta parar por completo. Cuando la soltó, todavía con su dedo en mi ano, me dijo:

-Ya estamos en paz, hermanito.

 

elgrancochino

El Juguete de mi Hermana

El día que todo empezó, leía un libro tumbado sobre la cama del hotel. La puerta del balcón estaba abierta y la brisa veraniega que venía de la playa de al lado acariciaba plácidamente mi cuerpo. Era de noche y la temperatura había bajado lo suficiente como para volverse agradable e invitar al sueño. Pero, por desgracia, no podía dormir. Aquellas vacaciones, gracias a que papá había preferido dejar de hacer horas extra, tenía que compartir habitación con mi hermana Juana y no me quedaba otro remedio que esperar a que ella saliese del baño para poder apagar la luz.

Nunca me llevé muy bien con ella, al menos, no todo lo bien que parece que se llevan el resto de hermanos. Juana es la mayor de los, cinco años y tres meses exactamente, y podría decirse que siempre me vio como si fuese uno más de sus juguetes. ¿Quién querría jugar con muñecas si pudiese hacerlo con algo mucho más realista? Ese era su lema porque no dudó nunca en hacer conmigo todo lo que una niña hubiese hecho con una Barbie.

Tuvieron que pasar muchos años para que la situación cambiase. Cuando me di cuenta de lo que me estaba haciendo y me cansé de ser un simple instrumento a su servicio, me rebelé. Ojalá no lo hubiese hecho porque el guantazo que me dio todavía hoy me duele y no me sirvió para evitar ver como mis uñas eran pintadas de color rosa. Pero, a pesar de mi fracaso, aquel fue el germen que dio paso a una guerra fraticida que sólo se suavizó, me avergüenza tener que reconocerlo, cuando ella dejó de interesarse por las muñecas.

En aquellos días en los que teníamos que compartir habitación de hotel, nuestra relación se había vuelto más cordial. Ya éramos mayorcitos los dos y, como cada uno tiraba por su lado, no nos estorbábamos. Ella, que acababa de terminar la carrera, estaba más preocupada por buscarse un novio que sustituyese al que había dejado hacía unos pocos meses y yo, como había acabado el bachillerato bastante justo, tenía como máxima preocupación en mi vida aprobar un módulo de formación profesional ya que, si no lo hacia, mi padre me mataba. Así que, con preocupaciones como ésas, mucho tiempo para pelearnos no teníamos ninguno de los dos.

Al fin se oyó como la puerta del baño se abría. Hice una marca en el libro para no perder el punto y lo dejé sobre la mesa.

-¿Has visto dónde he puesto mis bragas?

Aquella pregunta me pilló desprevenido y, sin saber por qué, me fijé en ella. Tal y como me había imaginado durante una fracción de segundo, Juana había salido completamente desnuda del baño. Tuve que tragar saliva. Hacía años que no la veía de esa manera y, por mucho que me pese, tengo que reconocer que estaba bastante buena. Mi hermana es alta, unos cinco centímetros más que yo, y delgada pero tiene un buen par de tetas y un buen culo. Aquel día, el pelo, húmedo por la reciente ducha, le llegaba hasta los hombros cubriéndole por completo sus pequeñas orejas. Me pareció guapa y, para mi vergüenza, no pude dejar de mirarla.

-Si sigues mirándome así, vas a soñar conmigo. – dijo mi hermana mientras buscaba las bragas en una maleta.

Aquello hizo que me pusiera tan rojo como un tomate.

-No te miraba. – Le contesté intentando aparentar indiferencia ante sus palabras.- No eres tan guapa como para que pierda mi tiempo en eso.

Ella, con las bragas que buscaba en las manos, me miró de una forma rara, con las cejas alzadas y con una expresión que parecía algo escéptica. Le sostuve la mirada tres segundos y, luego, ella se agachó, separó un poco sus piernas y pasó su pie por uno de los agujeros de las bragas dejando que, por unos instantes, pudiese ver la obertura de su vulva. Aquello fue demasiado para mí, en pocos milisegundos mi pene se puso tan duro como un roca y tuve que darme la vuelta para disimular y evitar los pensamientos enfermizos que venían a mi mente. Mi hermana, que estoy seguro de que se dio cuenta de todo lo que pasó, se acostó en su cama también.

– Buenas noches, hermanito. — Me deseó socarronamente cuando apagó la luz.- No sueñes conmigo.

– Buenas noches.- Le contesté con la imagen de ella desnuda todavía en mi cabeza.

Aquella noche me costó dormirme ya que no podía quitarme de la cabeza la imagen de mi hermana desnuda. Nunca antes había tenido ningún tipo de pensamiento lujurioso en el que saliese ella pero, aquella noche, los tuve todos. Cuando logré dormirme, supongo que soñé muchas cosas pero, de esa vez, sólo recuerdo una.

Estaba tumbado en la cama del hotel y podía oír como mi hermana respiraba dormida en la cama de al lado. Me levanté sin saber por que lo hacía y me acerqué hasta ella. Pude ver como el pecho de Juana subía y bajaba lentamente cubierto por una finísima sabana blanca. Estaba preciosa, recuerdo que pensé, y movido por alguna fuerza ajena a mi voluntad, bajé la sábana hasta los pies de la cama. Tuve que coger aire. Aquello era demasiado nuevo para mí. Me arrodillé ante la cama para poder respirar el olor de mi hermana y un ligero aroma a albaricoque fue lo que captaron mis fosas nasales. Acerqué mi cara a uno de sus senos y disfrute de ese olor mucho más intenso. ¿Y si la tocaba? Quería hacerlo pero el sentido común me decía que ni loco lo hiciese.

No tuve tiempo de tomar una decisión porque mi mano cobró vida propia y acerqué un dedo al pezón de Juana. Era pequeñito y suave y, poco a poco, se puso duro. Mi respiración se agitó y, con mucho cuidado, estiré el brazo hasta que pude tocar el otro pezón. También se puso duro y deslicé la misma mano por su pecho, por el esternón, por el estomago, por el ombligo y por el vientre hasta llegar a la suave mata de pelillos de su pubis.

¿Debía seguir? Podía despertarse, pero en aquel sueño no me importó. Dos de mis dedos continuaron el camino deslizándose por la obertura de mi hermana. La recorrí entera, de arriba abajo hasta que llegue a su agujero. Sin pensármelo le metí dos dedos dentro, que se empaparon con su suavidad. Menuda delicia era aquello. Los saqué y me los acerqué a la nariz traspasando los fluidos de mi hermana que habían quedado en ellos a la piel de mi nariz.

Aquello me volvió loco y, en mi locura, me decidí a penetrar a mi hermana. Mis calzoncillos habían desaparecido y, misteriosamente, pude apreciar que mi polla había crecido unos centímetros más de lo habitual. Sin importarme que mi hermana se pudiese despertar, me tumbé sobre ella, agarré mi pene y, con un movimiento certero, se lo metí hasta el fondo. Por desgracia, no pude disfrutar del placer de penetrar a mi hermana porque, sintiéndome muy desgraciado, me desperté en ese momento.

Estaba empapado en sudor y volvía a tener los calzoncillos en su sitio. Tenía mucho calor y mi pene, completamente tieso y un poco más pequeño, se asomaba ligeramente por el borde de la tela.

-Vaya, vaya, vaya, cómo has crecido hermanito.

Tardé unos segundos en reconocer esa voz, y de repente, me di cuenta de que mi hermana estaba allí, mirando fijamente mi paquete. Llevaba puesto el bikini y, sin preocuparse por nada, se sentó en mi cama y apoyó su mano sobre mi bulto. Aquello me sorprendió mucho y mi estómago se encogió. No hice nada para evitarlo. No sabía por qué pero me había quedado sin voluntad. Ella aprovechó para masajear mis partes un poco, intentando descubrir cómo eran.

-Has crecido mucho desde la ultima vez.- dijo ella en un susurro; como si hablase para sí misma.

Tocó unos segundos más, absorta en lo que hacía y se levantó dejando que todo volviese a la normalidad.

-Me voy a la playa, hasta luego.

Cogió la colchoneta que tenía apoyada en la pared y se fue. Yo, en cambio, me quedé allí, quieto y estupefacto. ¡Mi hermana me había tocado la polla! No me lo podía creer. Si no hubiera sido porque estaba seguro de que no dormía, hubiese pensado que aun soñaba. Casi sin pensar, metí mi mano bajo los calzoncillos y empecé a tocarme. Todo lo que me había pasado en las últimas horas era demasiado complejo como para pensarlo y decidí vaciar mi mente resolviendo el problema más terrenal que tenía entre las piernas. Me di dos o tres meneos y, sin falta de nada más, pringué los calzoncillos con mi semen.

Aquella mañana mientras desayunaba no pude dejar de pensar en aquello. Por la noche, había visto a mi hermana desnuda y, por primera vez en toda mi vida, me había quedado embobado mirándola. Por si fuera poco, encima parecía que ella se exhibía y yo había soñado que la magreaba mientras dormía. Pero lo peor de todo fue lo de la mañana. ¡Mi propia hermana me había magreado la polla! Me dolía tener que admitirlo pero, por primera vez en mi vida, mi hermana me ponía. Lo que no sabía era lo que pretendía mi hermana con todo aquello. ¡Tenía novio! ¿Por qué coño iba toquetearme a mí?

Cansado de pensar, me fui a la playa, al fin y al cabo, estaba de vacaciones. Llegué y todo estaba lleno de toallas con tías buenísimas tostándose las tetas. Dejé mi toalla cerca de la orilla y aproveché para sonreír a la chica de la toalla de al lado. Me había propuesto ligar en esas vacaciones y no iba a desaprovechar esa oportunidad.

Por casualidad, me di cuenta de que mi hermana estaba tumbada unos cuantos metros más allá de esa chica, así que me acerqué a saludarla. Tenía el cuerpo embadurnado de crema solar y su piel brillaba por el sol. Estaba preciosa. Un repentino cosquilleo en la entrepierna fue lo que empecé a sentir y, preocupado por que la gente se diese cuenta, dejé de fijarme en el cuerpo de mi hermana.

-Hola.

-Ah, hola hermanito ¿Cómo estás?

-Bien, iba a bañarme ahora.- Me miró de arriba abajo.

-No, no; ni se te ocurra. Tienes que ponerte crema. Ven, siéntate y deja que yo te unte la espalda.

Mientras ella se sentaba sobre la toalla, intenté balbucear alguna excusa pero no sirvió de nada y tuve que hacer lo que ella quería. Me senté delante de ella y me echó un churretazo de leche solar en la mano.

-Úntate tú por delante.

Acto seguido, estrujó el bote sobre mi espalda y se puso a hacer dibujitos con el chorrito de la crema solar. Cuando se cansó de jugar, posó sus manos sobre mi espalda y un escalofrío recorrió mi cuerpo. No es que sus manos fueran especialmente suaves, o especialmente diestras haciendo aquello. No sé qué era pero el roce de sus dedos turbaba mis pensamientos. Me encantaba lo que me estaba haciendo y, sin darme cuenta, dejé de restregarme yo mismo la crema y me quedé quieto disfrutando de aquello. Perdí la noción del tiempo y sólo la recuperé cuando sentí el cálido aliento de mi hermana en mi oreja.

-¿Tienes algún problema hermanito?- me susurró.

La polla se me endureció de golpe y mi cara se puso tan roja como un tomate. Su voz era muy sensual. Se levantó de la toalla y de la manera más normal del mundo, como si ese tipo de cosas raras las hiciese todos los días, me dijo:

-Cuando termines con la crema, te espero en el agua.

No le contesté, me quedé mirando la arena que había entre mis pies y escuchando como se alejaba. Cuando mi cuerpo se relajó, no me atreví a acompañarla. Así que, sin terminar de ponerme crema, me levanté, le hice señas de que me marchaba y me volví al hotel donde, por segunda vez en un día, me corrí en menos de tres meneos.

El resto del día, lo dedicamos a hacer turismo toda la familia junta. Sin hacer nada extraño, paseamos, fotografiamos monumentos y compramos souvenirs baratos. Aquellas vacaciones estaban siendo muy extrañas. No podía entender nada de lo que ocurría. Por primera vez en toda mi vida mi hermana me ponía y, por primera vez también, Juana me metía mano. ¿Qué sería lo próximo? No me lo podía ni imaginar.

Al atardecer, cuando volvimos al hotel, Juana quiso ser la primera en ducharse y yo me quedé tumbado sobre la cama disfrutando de la brisa veraniega. Estaba tan cansado de todo lo que habíamos hecho que empezaba a quedarme dormido.

– Oscar, tráeme una toalla que aquí no hay.

Con algo de desgana y con algo de sueño, me levanté de la cama y busqué una toalla en las maletas. Cogí la primera que pillé y me acerqué hasta el baño. Supongo que por estar dormido, ni me acorde de llamar y entré directamente sin preguntar. Lo que vi allí me dejó atónito. ¡Mi hermana estaba desnuda! ¡En el baño! Estaba claro que el sueño no me dejaba razonar mucho y, sin pararme a pensar lo que estaba haciendo, me quedé embobado mirando el cuerpo de mi hermana. Estaba buenísima. El vapor del agua envolvía su cuerpo y sus firmes pechos, su terso vientre y su, camuflada por el vello, vulva. Desde la ducha, ella me miraba con la mano extendida para recoger la toalla y con media sonrisita dibujada en la boca. Cuando asimilé lo que estaba haciendo, le di la toalla corriendo, balbuceé unas disculpas y salí de allí muerto de vergüenza.

Me tumbé sobre la cama e intenté no pensar en lo que había pasado. Quería quitarme la imagen de mi hermana desnuda de la cabeza. Pero no podía. No podía olvidar el precioso cuerpo de mi hermana desnudo. ¿Qué clase de hermano era? No podía estar pensando en eso ¡Era incesto! Y yo un pervertido. Metí la cabeza debajo de la almohada y mordí la sábana que cubría la cama para aliviar mi frustración. Pero en lugar de arreglar algo, lo empeoré todo. Tumbado boca abajo sobre la cama obligaba a mi pene a frotarse contra el colchón y eso no ayudaba a ahuyentar mis malos pensamientos.

-¿Qué haces hermanito?- preguntó mi hermana desde la puerta.

Me incorporé sobre la cama de nuevo y volví a quedarme boquiabierto delante de ella. Había salido del baño desnuda y estaba ahí, en el marco de la puerta, mirándome con la misma sonrisita extraña con la que llevaba mirándome desde la noche anterior. ¿Qué coño pretendía?

-¿Te pongo nervioso?- dijo mientras se iba acercando a mí

– No — balbuceé- ¿Por qué ibas a hacerlo?

– No sabría decirte ¿Será por que hay algo vivo entre tus piernas?

Inconcientemente, miré entre mis piernas y, en cuanto vi lo que había, me tapé corriendo. Ella se rió, mi gesto le hizo gracia.

– No seas tímido hermanito, es algo normal, les pasa a muchos chicos.

– ya lo sé- le dije algo molesto por que me tratara como a un crío al que le dan una clase sobre sexualidad.

– En ese caso, déjame ver lo que tienes ahí.

Y sin decir nada más, agarró mis manos con las suyas y las separó de mi entrepierna. Yo, completamente hipnotizado por lo que pasaba, me dejé hacer. Un suspiro de placer se me escapó cuando mi hermana posó su mano sobre mi bulto. ¡Qué gustito! Con la otra mano, me empujó en el pecho para que me recostase sobre la cama y, sin ningún recato, desabrochó mis bermudas y me las quitó. Lo mismo hizo con mis calzoncillos dejándome completamente desnudo de cintura para abajo. Mi polla, que apuntaba como una flecha hacia mi cara, babeaba esperma de excitación. Mi hermana agarró mis testículos y los acarició con una mano.

– ¡Qué suaves son!- dijo para sí misma — Me pregunto a qué sabrán.

Y tal y como lo dijo, lo comprobó. Se agachó entre mis piernas y pude notar como una suave y húmeda lengua se deslizaba por mi escroto. ¡Qué delicia! Pronto, se sumaron a la caricia sus labios también y pude notar como toda la boca de mi hermana se afanaba en llenar mis testículos de saliva. En un momento dado, intentó metérselos en la boca, pero la tenía demasiado pequeña como para que entrasen y desistió para no hacerme daño. Aquello me estaba encantando.

Su boca abandonó mis testículos y empezó a subir por el tallo de mi pene, deslizándose lentamente y asegurándose de que cada uno de los milímetros de mi piel recibía su dosis de saliva. Era todo un gustazo que se multiplicó por mil cuando su boca alcanzó mi glande. Con toda la delicadeza de la que fue capaz, mi hermana depositó un dulce beso en la puntita de mi pene y pude ver, cuando se separaba, como se formaba un filo hilo de esperma entre mi miembro y su boca. La visión de eso me puso burro.

Quise levantarme para hacerle algo a ella yo también, pero mi hermana volvió a empujarme para que permaneciese tumbado.

-Quédate quieto.

Le hice caso y pude sentir como mi pene, poco a poco, se deslizaba dentro de su boca. Centímetro a centímetro notaba como su lengua lo rozaba y como se hundía en las profundidades de su garganta. ¡Qué placer! Aquello era mucho mejor que matarse a pajas.

Se la sacó y lamió la saliva que quedaba en mi glande hasta que estuvo más o menos limpio para volver a metérsela de nuevo hasta el fondo. Volví a notar sus labios y volví a notar su lengua. Me encantaba la suavidad con la que lo estaba haciendo y un suspiro de placer se escapó de mi boca.

Volvió a sacársela pero, esta vez, no lo hizo del todo. Mi glande permaneció dentro de su boca donde pude notar como su lengua daba vueltas en torno a él. Pronto empezó a masturbarlo con sus labios, que lo rozaban frenéticamente. Un enorme gemido de placer se me escapó cuando, sin previo aviso, se tragó mi pene hasta el fondo y empezó a sacudir mi capullo con su garganta. ¡Qué gusto! Mi hermana era toda una profesional y yo empezaba a envidiar a su novio.

Pero la diversión no se acabó ahí. Cuando yo estaba a punto de correrme dentro de su boca, mi hermana súbitamente paró.

– Incorpórate- me ordenó agarrándome de la camiseta y obligándome a sentarme sobre la cama.- Ahora te toca a ti.

Ella se puso de pie delante de mí y apretó mi cabeza contra su entrepierna. Hizo tanta fuerza que mi nariz se introdujo entre sus suaves labios de abajo. Me encantó su olor. Era una mezcla entre el olor del champú de albaricoque y el olor de los fluidos típicos de las mujeres. Moví mi cabeza para llegar mejor y estiré mi lengua tímidamente para acariciar su piel. Apenas tenía vello y todo era muy suave. La introduje dentro de su obertura y la deslicé buscando el agujerito de su vagina. Al final lo encontré y empujé todo lo que pude para meter al máximo mi lengua ahí. ¡Qué delicia!

-Ya no aguanto más

Fue la respuesta de mi hermana a lo que había hecho. Volvió a empujarme sobre la cama y se sentó sobre mis caderas.

– Dime hermanito ¿Lo has hecho alguna vez?

– No — respondí algo avergonzado.

– Pues prepárate que hoy es tu día de suerte.

Y sin decir nada más, agarró mi pene de nuevo, lo apuntó hacia su agujero y se empaló ella sola. ¡Qué gusto! Fue una sensación indescriptible que mejoró mucho más cuando ella empezó a cabalgar sobre mí. Se movía como una fiera sobre una cama elástica. Me sentí en el paraíso y no quería que aquello se terminase nunca. Podía sentir como mi pene se deslizaba dentro de ella a una velocidad vertiginosa y eso provocaba en mi bajo vientre descargas continuadas de placer. No me pude contener y yo mismo comencé a menear mis caderas imprimiendo más fuerza a nuestro vaivén. Aquello era bestial, mi cadera chocaba cada vez más fuerte contra su entrepierna y nuestros disimulados suspiros empezaron a convertirse en gemidos peligrosamente audibles. Las descargas de placer aumentaron y, en pocos segundos, se volvieron una sola. Y, sin poder remediarlo, llegué al orgasmo. ¡Menudo placer! Nunca antes me había corrido tanto.

Mi hermana siguió cabalgando sobre mí pero, desgraciadamente, mi pene se puso flácido y no pudo seguir. Rápidamente, mi hermana se levantó un poco y empezó a masturbarse sobre mí. Llevó un ritmo frenético hasta que finalmente, también llegó al orgasmo. Después, se tumbó a mi lado y reposó unos minutos. Lo último que dijo fue:

– Hermanito, me debes una.

 

elgrancochino

Mi Hermana Cariñosa

Estábamos mi hermana Marisa y yo, los dos solos en la casa, viendo una película en la tele. Ella recostada en el sofá con su cabeza sobre una almohada y esta sobre mis piernas. Marisa tiene casi 20 años y es muy bonita, de tetas grandes. Toda ella es linda, pero sus tetas son lo que más atrae mi atención, por ejemplo, cuando se pone su bikini se ve fabulosa, sus pechos lo llenan maravillosamente, que par de melones tan deseables. Muchas veces he tratado de ver sus tetas sin nada encima, no lo he logrado y eso que la he fisgoneado en su recamara, en el baño, tratando de vérselas. El resto de su cuerpo también es muy bonito, cintura pequeña, bonitas caderas, nalgas levantadas, piernas largas y muy bonita de cara, muy fina. Pretendientes no le faltan a la güerita como le dicen sus amigos, y aunque no le gusta tener novio siempre tiene muchos amigos. Marisa estudia actuación, porque quiere ser actriz, hasta la fecha lo único que ha logrado es ser modelo para anunciar productos como ropa y calzado, la buscan para modelar pero a ella no le gusta, ella quiere ser actriz seria. La han invitado a concursos de belleza, se ha negado, piensa que por ahí no es.

“No ha llegado el hombre que me llene”. Dice cuando le preguntan ¿porque no tienes novio?

También todos mis amigos me bromean por la belleza de mi hermana y me llaman cuñado, o cuñadito, así que todos me dicen así.

Marisa siempre ha sido muy cariñosa conmigo, con su hermanito 15 meses menor que ella, me besa por cualquier motivo, me abraza y soba siempre que estoy cerca de ella. Yo disfruto mucho sus caricias sobre todo cuando pega sus tetas a mi cuerpo, se siente rica su suavidad. Ese día no era la excepción, su mano sobre mi muslo lo acariciaba sin cesar, ya con las yemas de sus dedos, ya con sus uñas. La película llena de besos y caricias, de sexo como son todas ahora y también ayudaba a mi exaltación.

Yo tenía una mano sobre su brazo y la otra sobre su cabello, también la acariciaba, sobre todo su nuca y su cuello. Lógico era que las caricias que nos dábamos me habían provocado una erección que la almohada tapaba. Yo estaba muy a gusto disfrutando el momento, cuando Marisa quito la almohada y se recostó de nuevo sobre mis piernas, sobre mi pene, permaneció así unos segundos sin hacer nada, yo sentía como su cabeza oprimía mi pene duro, ella reanudo sus caricias en mi muslo. Yo acaricie su cabello presionando su cabeza hacia mi pene, yo sentía delicioso. Me sentí mal cuando ella se irguió, decepcionado, pensé que las caricias se habían terminado. Mi hermana se acerco sentándose a mi lado y me dio un abrazo.

Yo le correspondí abrazándola también, maravillosa sensaciones recorrían mi cuerpo al sentir sus pechos recargados en mi cuerpo y sus manos acariciándome la espalda. Yo también le acariciaba su espalda sintiendo sus vértebras, su suave piel. Marisa seguía acariciándome, las yemas de sus dedos también acariciaban mi nuca y mi cuello, yo hice lo mismo siguiendo el juego tan placentero. Nuestras mejillas juntas en ese largo abrazo, nuestra respiración se oía suave pero acelerada. No pude resistir y mi mano se movió de su espalda a su axila, al comienzo de su seno, presionándolo suavemente, sin atreverme a tocarlo. Ya lo habíamos estado así en otras ocasiones, cerca del contacto sexual sin atrevernos a hacerlo, solo cerca, muy cerca. Sin decir nada, Marisa separo su mejilla de la mia y me beso en la boca dejando sus labios sobre los míos. Yo asombrado sentía su lengua tratando de entrar en mi boca, abrí mis labios y respondí con gusto al beso, sintiendo el placer del primer beso que nos dábamos por deseo, nuestras lenguas chocando, sintiendo sus dientes, sus labios y su mano en mi nuca agarrando fuertemente mis cabellos acercando mi cabeza a la suya sin intenciones de soltarme. Agarré su pecho estrujándolo, sintiendo su tamaño, su suavidad y nunca voy a olvidar el suspiro de mi hermana cuando lo hice. Tan lleno de placer ese suspiro, como cuando se consigue algo muy deseado, inhalando, llenó sus pulmones de aire, yo sentí como su pecho se resaltó más aún en mi mano. Marisa colocó su mano sobre la mia, por un momento pensé que me la iba a retirar de ahí, pero su mano apretaba la mia para que oprimiera más fuerte, me llevó mi mano a su otro pecho, también lo estrujé con fuerza sintiéndolo en su hermosa consistencia tan bellamente única.

Estuvimos así muchos segundos, acariciándonos, besándonos, conociéndonos, como cuando le pides a una chica que sea tu novia y ella acepta, regalándote besos y permitiéndote tocar sus pechos como prueba de que le gustas.

Metí mi mano bajo su playera tratando de tocar sus pechos sin el impedimento de tanta ropa, sentí su piel en mis dedos, electrizante. Le levanté su sujetador tratando desesperadamente de tocar su pezón, cuando lo tuve entre mis dedos, se lo apreté con todo el deseo que tenía, como loco, con mi sangre como lava hirviente, muy caliente.

En ese momento, Marisa se sacó su playera en menos tiempo del que se los cuento, se desbrochó su sujetador, se lo quitó y lo arrojó a un lado.

Ahí estaban ese par de melones, suculentos, para ser degustados. Yo no lo podía creer, todos mis sueños realizados en unos segundos. Cada una de mis manos tomaron el suyo, fuertemente, suavemente, sintiendo los hermosos pezones rozados, recorrieron mis manos esas hermosas montañas, erguidas majestuosamente con orgullo. Mis labios se acercaron a uno de sus pechos y lo chupé, que suave es la piel del pezón, mi lengua jugaba con él, mis labios, mis dientes. Mi hermana me sujetaba la cabeza con sus manos, me la cambió al otro pecho que también quería sentir lo que sentía su gemelo, repetí la operación con gusto, que placer es mamar el seno de una mujer, tan lleno de amor femenino. Muchas veces me había masturbado deseando lo que ahora estaba haciendo.

Me levantó mi camiseta para poder acariciarme la espalda, yo sentí sus uñas recorrerla, el placer no era creíble, no podía ser que fuese tanto.

Marisa se echo hacia atrás en el sofá, abrió sus piernas, yo aceptando la implícita invitación me coloque entre ellas y regrese a la tarea de besar sus hermosas tetas, rápidamente mis manos y las de ella me sacaron mi camiseta. Los dos desnudos del torso seguimos acariciándonos,

Me sobraba una mano, mi boca en una teta, otra mano en la otra. Así que la coloque en su pubis acariciándolo sobre su pantalón. Miré a mi hermana, estaba radiante, feliz con las caricias que le daba, la sonrisota en su cara expresaba mejor que mil palabras lo que sentía. Me acosté sobre ella, la besé en sus labios mientras restregaba todo mi cuerpo con el de ella, que placer en mi pene frotándose con su pubis. Mis manos tocando sus pechos, sus manos en mi espalda y nuca. Separé mis labios de sus labios y mirándola le sonreí, ella me sonrió. Puso una mano sobre mi pene apretándolo, que rico, sentí como su mano lo recorrió de arriba abajo dándome ríos de placer, instándome a seguir, volví a acariciar su pubis.

Marisa con sus manos me desabrocho el cinturón, el botón del pantalón y bajó la cremallera, me bajó el pantalón y el calzón. Sus ojos miraron mi pene que se levantó al no tener nada que lo detuviera, ella lo agarro con su mano y lo empezó a acariciar de arriba abajo, de abajo a arriba, tomó de la punta de mi pene liquido pre seminal y me lo embarró con su mano en mi pene, siguió acariciándome sin dejar de sonreír, disfrutando de lo que me estaba haciendo. Yo acaricié sus pechos por unos momentos sintiendo como todo mi cuerpo vibraba como lleno por el placer que sentía, deseando con toda mi alma que no dejase de hacer lo que estaba haciendo, aún temeroso de que en cualquier momento todo terminara. Con cierto temor también le desabroche su pantalón y ella levantó su cuerpo para que se lo pudiese bajar con todo y su calzón. Me tuve que levantar para quitárselos completamente y aproveche para quitarme también el mío.

Los dos desnudos, ella en el sofá con sus piernas abiertas mostrándome su hermoso bello púbico en forma de corazón, corona dorada sobre su rajadita. Yo de pie, embelesado por tanta belleza, sin saber a que parte de su cuerpo dirigirme. Ella levantó los brazos llamándome, yo me hinque entre sus piernas, me acosté sobre ella y la volví a besar en la boca, todo mi cuerpo temblaba de placer, sentía toda mi piel muy sensible, cada parte de mi cuerpo que tocaba al de Marisa lanzaba a mi cabeza sensaciones que nunca había sentido, mis manos recorrían su cuerpo desesperadamente, sus nalgas, sus muslos, su espalda, su cintura, sus senos. Mi pene duro como palo mojaba sus vellos con mis líquidos, ella parecía disfrutarlo, se embarraba de ellos y se lo secaba embarrándolo sobre su piel, sus manos acariciaban mi espalda y mis nalgas, olas de placer me recorrían todo mi cuerpo, mi lengua jugaba con la suya queriéndose unir por siempre. Yo apretaba mi pene contra ella, no quería ni podía evitarlo,

Mi hermana volvió a agarrar mi pene, me enderece un poco para que lo pudiese acariciar. Me acomodó de tal manera que la punta de mi pene tocase su clítoris y empezó a frotárselo con el. Le agarre un pecho y me engullí el otro con mi boca, le metí un dedo en su agujerito. Oh Dios, no existe nada más hermoso que tocar, es tan bello el calor, humedad, suavidad de las paredes vaginales, imposible parar de tocarlas, de frotarlas. Marisa suspiraba fuertemente, yo también, ella movía mi pene rápidamente sobre su clítoris, lo que yo sentía era placer y mas placer. Ella llego a su orgasmo entre fuertes y hermosos Ohhh’s, siete u ocho Ohhh’s que fueron bajando de volumen, que hermosa música, yo veía su cara en ese momento, que felicidad poder hacer que tenga tanto placer. Me detuvo mi mano para que no siguiese moviendo mi dedo dentro de ella, ya no frotaba mi pene con su clítoris pero no me lo soltó y siguió acariciándomelo entre fuertes suspiros.

Cuando se recupero un poco, se levantó, acostándome a mí en el sofá, se hinco entre mis piernas y se engullo con su boca mi pene. Con movimientos de su mano a veces fuertes, a veces suaves se tragaba mi pene llevándome al éxtasis. Yo le agarraba un seno y logre introducir mi dedo de nuevo en su agujerito. Placer de placeres, como el cielo, y mi ángel, mi hermosísimo ángel desnudo, con sus hermosas montañas picudas coronadas con sus rosados pezones mamándome la verga, llevándome cada vez mas cerca de un orgasmo, cuando estaba cerca, la detuve de la cabeza, ella no me hizo caso, con mas ahínco siguió mamándome hasta que todo me exploto, fue maravilloso sentir mi semen llenar mi pene expandiéndolo y arrojarle en su boca todo él, olas de placer me llegaron y Marisa atenta las recibió sin soltar mi pene, tragándose todo el liquido que salía de el. Mucho tiempo estuvo Marisa con mi pene en su boca sintiendo mis pulsaciones, moviendo su cabeza despacio, dándome placer sin dejar de mirar mi cara, su mirada traviesa estaba feliz, como si acabara de hacer una travesura. Yo desfallecido seguía con mi dedo dentro de ella. Cuando me recupere un poco, la separe de mi, la acosté de nuevo en el sofá y me acomode para yo comérmela. Para hacerla sentir o que ella me había hecho sentir. Me sentía obligado a devolverle lo que ella me había dado, agradecido y deseoso de seguir complaciéndola.

Marisa estaba feliz, su cara tenía una sonrisa como nunca la había visto, pícara, atrevida, orgullosa, desafiante. Ella con las piernas dobladas, abiertas enseñándome su hermosa rajadita que se acariciaba con una mano, mirándome expectante. Yo también estaba feliz, con una alegría inexplicable que sentía en mi corazón. Puse mis labios sobre sus labios vaginales besándolos suavemente, saque mi lengua y los lamí, ella los separo con sus dedos dejándome ver el rosado más hermoso del mundo, pase mi lengua sobre esa piel húmeda, tibia. Explore tan deseado lugar, sentí su clítoris, durito, lo chupe sabiendo que era muy sensible, lo hice despacio, con mis labios, lo acaricie con mi lengua alternando movimientos rápidos con lentos, baje mi lengua a su vagina, metí mi lengua lo mas que pude, la movía tan rápido como podía tratando de meterla mas y mas. Le introduje mi dedo pulgar, sintiendo la suavidad de su agujerito, de la presión que hacia en mi dedo sus paredes vaginales. Mis otros dedos en sus nalgas me permitían levantarla para comérmela mejor. Pase mi lengua por mis labios sintiendo el sabor de sus líquidos, embriagador sabor, regrese al clítoris con mi boca, con mi otra mano agarre un pecho, lo acerque al otro y sujete los dos estrujándolos con fuerza, mi mano disfrutaba tener sus dos pechos al mismo tiempo, yo disfrutaba todo, mi cabeza congestionada por el deseo, mi pene durísimo de nuevo tenia que esperar a que le tocase su turno. Maravilla de maravillas fue su orgasmo, Fuertes Ohhh’s llenaron la habitación, mis oídos. Apretándome la cabeza contra su pubis ella se vació de nuevo, sus jugos perfumados escurrían de su vagina, yo no deje escapar nada, mi lengua lamió todos con ahínco y yo los trague con placer disfrutando su sabor, tragándome también su amor, su placer, su entrega.

Me acosté sobre ella para besarla, quería compartir sus sabores con ella, yo ahora era el que estaba con la sonrisa de pícaro. La besé en la boca largamente mientras me movía restregando mi pene en su pubis, sintiendo la suavidad de su bello púbico. Lo único que pensaba era en la belleza de Marisa, en su hermoso cuerpo y en el placer que me estaba dando, yo quería llegar al final, quería penetrarla.

Me erguí para acomodar mi pene en ella, con mi mano yo dirigía mi pene a su agujerito tratando de encontrar el lugar correcto para empujarme hasta dentro, por un momento pensé en buscar un condón, pero el deseo era tanto que deseche esa idea inmediatamente. Cuando encontré su entrada y logre introducir mi pene un poco, Marisa dijo las primeras palabras de la tarde.

-Con cuidado Miguelito, soy virgen.-

No esperaba escuchar lo que me dijo, mi hermanita es muy abierta y amiguera, yo creía que varios de sus amigos ya habían disfrutado de sus favores.

-¿Quieres que me detenga?- Le pregunté.

-No, sigue, quiero que tú seas el primero en hacerlo.- Me contestó sonriéndome.

Sus palabras alegraron mi corazón, la bese en la boca y empuje un poco mi pene dentro de ella. Ella gimió quedito, mas por temor que por dolor. Le doblé sus piernas y le pedí que cruzara sus piernas en mi cintura. Alguna vez escuche en la tele que así no dolía tanto la primera penetración. Marisa aún asustada lo hizo. Le sonreí y empuje con más fuerza, y un poco más en el siguiente empujón. La cara de mi hermana cambiaba en cada momento, de asustada a una sonrisa animándome a seguir. Yo estaba ardiendo de tanta emoción, Mi hermana me estaba dando un gran regalo, ser el primero en amarla como hombre. Tenia que ser dulce y amoroso, por otro lado mi pene me urgía a meterme hasta el fondo sin miramientos y cabalgarla con fuerza. Mi hermosa hermana tenía sus manos en mi cintura y ella fue la que me marco el ritmo, me jalaba hacia ella y cuando se asustaba me alejaba un poco, después me volvía a jalar y yo empujaba un poco más fuerte, así lo hicimos en cinco o seis ocasiones, finalmente entré casi hasta el fondo, en la siguiente acometida chocamos nuestros huesos púbicos, yo no pude ya detenerme y seguí bombeando con fuerza, mi pene estaba en control yo ya no. Miraba yo a Marisa embelesado y vi, la más hermosa trasformación en su cara, de asustada y temerosa, a felizmente relajada, su cara expresaba lo que su cuerpo sentía, sin dejar de mirarme volvió la sonrisa a su cara, su respiración se acelero, empezaron los hermosos Ohhh’s , se empezó a mover a mi ritmo para que nuestros choques fuesen más fuertes, Yo cerré los ojos, no podía verla, tanta belleza me haría explotar. Me concentré en darle placer con mis embistes, y pronto llegó su orgasmo, aún con los ojos cerrados y tratando de no pensar, sentí como maravillosamente se transformo en diosa, con un largo gemido mi hermanita llegó al final, su vagina pulsaba rápidamente apretando mi pene, el cielo. No podía yo más, sus gemidos, sus pulsaciones, su abrazo a mi espalda me estaban haciendo estallar, abrí los ojos, no podía dejar de ver. La más hermosa imagen de amor estaba ahí, lo más hermosa mujer se retorcía deliciosamente bajo mi cuerpo, su cara en un rictus de placer expresaba lo que ella sentía. No lo pensé, me salí de ella pegando rápidamente mi pene a su estomago para sentir su contacto y me vine en el orgasmo más hermoso que haya tenido. Mi pene golpeaba en cada pulsación su cuerpo. Marisa tomo mi pene y lo apretó agradecida, yo besaba su cuello, acariciaba su pecho, tratando de regresar con ella y decirle lo mucho que la amaba.

Un minuto más tarde, llenos de semen, de sangre, de amor, nos besábamos en la boca, sintiendo como si el mundo hubiera cambiado, más bello, más hermoso.

Por horas nos seguimos besando y acariciando, volvimos a hacer el amor varias veces, pero con condón. Yo no sé porque dicen que no debo amar a mi hermana, siempre lo he hecho y no dejaré de hacerlo, sé que ella también siente lo mismo, me lo ha dicho. Tendremos que ocultar nuestro amor para los demás, pero yo a ella se lo demostraré todas las noches.

migysusy

Reencuentro con mi hermana I

Mis padres se divorciaron cuando yo tenía once años, y desde en tonces yo he vivido con mi padre. Mi hermana Alicia en cambio se quedó con mamá. Alicia y yo somos mellizos y siempre estuvimos muy unidos. Pero el divorcio nos separó del todo ya que mi padre y yo nos fuimos a vivir a Córdoba, mientras mamá y Alicia se quedaron en Zaragoza. Además el divorcio fue muy duro y mis padres nunca más quisieron volver a verse, lo que supuso que Alicia y yo también nos separaramos definitivamente.

Pero el verano pasado Alicia y yo volvimos a vernos. Fue por casualidad. Yo tenía diecisiete años (por supuesto, ella también, como ya he dicho somos mellizos) y habían pasado seis años desde la última vez que nos habiamos visto. Todo ocurrió el pasado verano. Ese año había terminado mis estudios en el instituto y toda la clase fuimos de vacaciones de fin de curso a Lloret de Mar. Allí nos hospedamos en un hotel donde había un montón de gente joven, de todas partes de España, que había ido a pasarlo bien.

Nada más llegar a Lloret, mis amigos y yo nos pusimos el bañador y fuimos a la playa. Estuve un buen rato tomando el sol, hasta que decidí meterme en al agua. Mientras nadaba me di cuenta que a mi lado había una chica con unas enormes tetas que no paraba de mirarme. Era una tia impresionante. Muy guapa, rubia, de pelo largo, y con un cuerpo asombroso. La verdad es que su cara se me hacía algo familiar, pero no sabía por qué. Ella insistía mirándome. Así que yo, pensando que estaba coqueteándo conmigo me acerqué. No podía desapovechar aquella oportunidad. Cuando llegué hasta ella ocurrió lo que seguro que ya sospecháis.

Efectivamente, era mi hermana Alicia. Ella me había reconocido enseguida, por eso me miraba alucinada. La verdad es que fue un encuentro muy bonito. Nos abrazamos, reímos, lloramos … fue un momento muy especial. Ella también estaba allí con el viaje de fin de curso de su instituto de Zaragoza. No nos podíamos creer la suerte que habíamos tenido al coincidir alli. ¡Hace seis años que no nos veíamos!.

Nos despedimos y quedamos paa después cenar. Teníamos tantas cosas que contarnos … Pero esa tarde mientras me duchaba en el hotel antes de salir a cenar, pensé en el inesperado encuentro de la playa. Pensé en lo bella que me pareció mi hermana, en su pelo mojado sobre los hombros, en sus grandes y perfectas tetas, en sus puntiagudos pezones … y no pude evitar una increíble erección. Mi polla se puso durísima, y acabé haciéndome una maravillosa paja bajo la ducha.

Habíamos quedado a medianoche, en un chiringito de la playa. Yo ya llevaba un buen rato esperando y ella aún no había llegado. La verdad es que estaba bastante nervioso. Por una parte, reencontrarme con Alicia después de seis años había sido algo muy emocionante, pero también me inquietaba lo mucho que me había excitado estar junto a ella. No me parecía nada normal masturbarme pensando en mi hermana. Estaba hecho un lio.

Derepente la ví, y me quedé con la boca abierta. Estaba guapísima. Vestía con un ceñidísimo top blanco y unos tejanos superajustados. Se adivinaban todas las curvas de su cuerpo como si estuviera desnuda. Muy sonriente, me dio dos besos, y cuando sentí el roce de sus pechos volví a tener una erección. Mi hermana parecía una de esas diosas de las que solo ves en el Playboy. Era demasiado para mi.

Alicia propuso dar un paseo por la orilla del mar, y así lo hicimos. Yo estaba confuso. No conseguía ver a Alicia como una hermana, y sólo pensaba en su culo, sus labios, sus tetas, … No podía apartar los ojos de las tetas que se sugerían bajo aquel top mientras ella no paraba de hablar de su vida con mamá en Zaragoza. Mi entrepierna estaba a punto de estallar y no entendía como ella aún no se había dado cuenta.

Derepente se agachó para descalzarse y poder mojar sus pies en el agua. Y al agacharse, como ella llevaba unos tejanos con el tiro muy bajo, pude ver toda la parte superior de su tanga, que apenas era un hilo de tela. La verdad es que aquello me excitó muchísimo, y me quedé como pasmado. Y claro, ella se dio cuenta. Sonrió y me miró complacida. Aquello me desconcertó aún más.

-No has parado de mirarme así desde me viste en la playa.

-Yo … Alicia perdona …

-Y ese paquete lleva así de grande un buen rato. Habrá que hacer algo, sino te van a doler mucho los huevos.

Me puse blanco. Entonces se pudo de rodillas, me desabrochó el pantalón y liberó mi polla que estaba ya a punto de explotar.

-¿Joder hermanito, menuda verga!

Empezó a lamerme la polla despacio, empezando por el capullo y bajando hasta los huevos. Sus lametazos me volvían loco. Después empezó a metérsela en la boca, poco a poco, dándome un inmenso placer, hasta tragárselo del todo.

No me lo podía ni creer. ¡Se la estaba tragando entera! Era una chupapollas de campeonato. Se la metía y sacaba de su boca muy despacito y aquello me volvía loco. Yo ya no podía más, la cadencia con que me la mamaba era genial.

Parecía que supiera exactamente como hacerlo para ponerme a cien. Ya no pude más y me corrí en su boca. Lo más alucinante fue que ella ni se inmutó. No se sacó mi polla de su boca ni un solo momento, y siguió mamando hasta tragarse todo mi semen. Alicia sonrió satisfecha.

-¿Te has quedado a gusto hermanito?

Yo caí rendido en la arena. La chupapollas de mi hermana me había vaciado del todo.

No creas que hemos terminado guapo, ahora me toca a mi.

Como podéis imaginar aquello continuó. Y no solo esa noche, sino el resto de las vacaciones. Pero eso os lo contaré en siguientes ocasiones. No os lo perdáis. Entre alicia y yo ocurrieron cosas que ni podéis imaginar.Jose..Mis padres se divorciaron cuando yo tenía once años, y desde en tonces yo he vivido con mi padre. Mi hermana Alicia en cambio se quedó con mamá. Alicia y yo somos mellizos y siempre estuvimos muy unidos. Pero el divorcio nos separó del todo ya que mi padre y yo nos fuimos a vivir a Córdoba, mientras mamá y Alicia se quedaron en Zaragoza. Además el divorcio fue muy duro y mis padres nunca más quisieron volver a verse, lo que supuso que Alicia y yo también nos separaramos definitivamente.

Pero el verano pasado Alicia y yo volvimos a vernos. Fue por casualidad. Yo tenía diecisiete años (por supuesto, ella también, como ya he dicho somos mellizos) y habían pasado seis años desde la última vez que nos habiamos visto.

Todo ocurrió el pasado verano. Ese año había terminado mis estudios en el instituto y toda la clase fuimos de vacaciones de fin de curso a Lloret de Mar. Allí nos hospedamos en un hotel donde había un montón de gente joven, de todas partes de España, que había ido a pasarlo bien.

Nada más llegar a Lloret, mis amigos y yo nos pusimos el bañador y fuimos a la playa. Estuve un buen rato tomando el sol, hasta que decidí meterme en al agua. Mientras nadaba me di cuenta que a mi lado había una chica con unas enormes tetas que no paraba de mirarme. Era una tia impresionante. Muy guapa, rubia, de pelo largo, y con un cuerpo asombroso. La verdad es que su cara se me hacía algo familiar, pero no sabía por qué. Ella insistía mirándome. Así que yo, pensando que estaba coqueteándo conmigo me acerqué. No podía desapovechar aquella oportunidad. Cuando llegué hasta ella ocurrió lo que seguro que ya sospecháis.

Efectivamente, era mi hermana Alicia. Ella me había reconocido enseguida, por eso me miraba alucinada. La verdad es que fue un encuentro muy bonito. Nos abrazamos, reímos, lloramos … fue un momento muy especial. Ella también estaba allí con el viaje de fin de curso de su instituto de Zaragoza. No nos podíamos creer la suerte que habíamos tenido al coincidir alli. ¡Hace seis años que no nos veíamos!.

Nos despedimos y quedamos paa después cenar. Teníamos tantas cosas que contarnos … Pero esa tarde mientras me duchaba en el hotel antes de salir a cenar, pensé en el inesperado encuentro de la playa. Pensé en lo bella que me pareció mi hermana, en su pelo mojado sobre los hombros, en sus grandes y perfectas tetas, en sus puntiagudos pezones … y no pude evitar una increíble erección. Mi polla se puso durísima, y acabé haciéndome una maravillosa paja bajo la ducha.

Habíamos quedado a medianoche, en un chiringito de la playa. Yo ya llevaba un buen rato esperando y ella aún no había llegado. La verdad es que estaba bastante nervioso. Por una parte, reencontrarme con Alicia después de seis años había sido algo muy emocionante, pero también me inquietaba lo mucho que me había excitado estar junto a ella. No me parecía nada normal masturbarme pensando en mi hermana. Estaba hecho un lio.

Derepente la ví, y me quedé con la boca abierta. Estaba guapísima. Vestía con un ceñidísimo top blanco y unos tejanos superajustados. Se adivinaban todas las curvas de su cuerpo como si estuviera desnuda. Muy sonriente, me dio dos besos, y cuando sentí el roce de sus pechos volví a tener una erección. Mi hermana parecía una de esas diosas de las que solo ves en el Playboy. Era demasiado para mi.

Alicia propuso dar un paseo por la orilla del mar, y así lo hicimos. Yo estaba confuso. No conseguía ver a Alicia como una hermana, y sólo pensaba en su culo, sus labios, sus tetas, … No podía apartar los ojos de las tetas que se sugerían bajo aquel top mientras ella no paraba de hablar de su vida con mamá en Zaragoza. Mi entrepierna estaba a punto de estallar y no entendía como ella aún no se había dado cuenta.

Derepente se agachó para descalzarse y poder mojar sus pies en el agua. Y al agacharse, como ella llevaba unos tejanos con el tiro muy bajo, pude ver toda la parte superior de su tanga, que apenas era un hilo de tela. La verdad es que aquello me excitó muchísimo, y me quedé como pasmado. Y claro, ella se dio cuenta. Sonrió y me miró complacida. Aquello me desconcertó aún más.

-No has parado de mirarme así desde me viste en la playa.

-Yo … Alicia perdona …

-Y ese paquete lleva así de grande un buen rato. Habrá que hacer algo, sino te van a doler mucho los huevos.

Me puse blanco. Entonces se pudo de rodillas, me desabrochó el pantalón y liberó mi polla que estaba ya a punto de explotar.

-¿Joder hermanito, menuda verga!

Empezó a lamerme la polla despacio, empezando por el capullo y bajando hasta los huevos. Sus lametazos me volvían loco. Después empezó a metérsela en la boca, poco a poco, dándome un inmenso placer, hasta tragárselo del todo.

No me lo podía ni creer. ¡Se la estaba tragando entera! Era una chupapollas de campeonato. Se la metía y sacaba de su boca muy despacito y aquello me volvía loco. Yo ya no podía más, la cadencia con que me la mamaba era genial. Parecía que supiera exactamente como hacerlo para ponerme a cien. Ya no pude más y me corrí en su boca. Lo más alucinante fue que ella ni se inmutó. No se sacó mi polla de su boca ni un solo momento, y siguió mamando hasta tragarse todo mi semen. Alicia sonrió satisfecha.

-¿Te has quedado a gusto hermanito?

Yo caí rendido en la arena. La chupapollas de mi hermana me había vaciado del todo.

No creas que hemos terminado guapo, ahora me toca a mi.

Como podéis imaginar aquello continuó. Y no solo esa noche, sino el resto de las vacaciones. Pero eso os lo contaré en siguientes ocasiones. No os lo perdáis. Entre alicia y yo ocurrieron cosas que ni podéis imaginar.Jose.

Estaba yo medio dormido

Estaba yo medio dormido…me acababa de levantar y claro, imagínatelo, tomando el café cargadito, en pijama…viendo la mierda que hechaban por la tv…y joder, el dolor de cabeza. Entonces entra mi hermana, Noemí…bueno, tampoco es para tanto, si está bien si, alta, muy morena, pelo negro y rizado…no esta mal de cuerpo, a lo mejor de cara podría ser un poco mas guapa, y tener mas tetas…pero es alta y delgada…en conjunto está bastante bien que coño…bueno, yo sigo a lo mio, con el café….

Hace calor…lleva uno de esos pijamas de verano tan gastados que se le nota el tanga, y cuando me da la espalda para coger la leche de la nevera…joder, la leche te la daria yo, so guarra, puta….vaya culazo, se le ve todo…un culito duro y rendondo, joder, como me gustaria poner la polla entre los 2 cachetes y frotarme hasta correrme…toma leche puta, putaaaaa….¿pero que coño digo?. Es mi hermana…vuelvo a mi café.

Y la tia se acerca y se sienta, y se pone a beber leche….leche te iba a dar yo, joder, leche por toda esa carita de niña puta. ¿ te crees que no se lo que haces por las noches?. ¿ te crees que no me levanto temprano por las mañanas para entreabrir la puerta de tu cuarto y pajearme mirando tu culo bajo las sabanas?. ¿ te crees que no espio cuando le haces pajas a tu novio el portal?. ¿ porque con el si y con tu hermano no?. Cacho puta, te la voy a meter hasta que….joder,joder, joder….estoy muy mal.

Nada, yo a lo mio, ella a lo suyo, eso, tranquilo, tomate el café.

Joder, no lleva sujetador. Veo sus tetas, morenas, un poquito caidas, no muy granes pero con buenos pezones, negros y gordos…joder, que tetas.

Uffff….yo a lo mio, tranquilo, tranquilo….

Joder Noe, que buena estas, que buena estas, y la tía se levanta…se pone a mi lado…joder que buena esta, tan alta, tan morena…y yo tan virgen. Se lleva la mano al pecho, se desabrocha esa especie de chaquetilla….joder noe, ¿ que vas a hacer?.

Y la tia se lleva esas manos largas, suaves, de uñas bien cuidadas…esas manos que han hecho miles, millones, billones de pajas, que han agitado gordas y sudorosas pollas de viejos y de jóvenes hasta que han escupido leche que las han cubierto por completo…se lleva esas manos, esas manos en suma de mi hermana, hasta las tetas de mi hermana…no, hasta el pijama de mi hermana, y se abre la chaquetilla del pijama….¡ joder, estoy viendo las tetas de mi hermana!.

Joder, tampoco hay que exagerar…ya las habia visto montones de veces: Mirándole el escote, a traves de camisetas casi transparentes…me las habia imaginado de diversas formas, pero que mi propia hermana se quitase la ropa para enseñármelas…joder, eso no, y menos con papa y mama durmiendo un par de habitaciones mas alla…( lo siento por papa, seguro que al tambien le habria gustado el espectáculo.)

– Chupa- Dijo Noemí.

Yo no sabía que hacer, joder, asi que no hice nada ( sere pringao).

– Chupa gilipollas, ¿ O solo sabes hacerte pajas?.-

Joder, eran unas tetas preciosas, un poco caidas, no muy juntas, pero carnosas y con buenos pezones…eran las primeras que veia en mi vida ( y tengo mas de 20 años), y no iba a perder la oportunidad de chuparlas…joder, que bien sabian , duritas pero jugosas, las chupe bien, las mordí algo…eran perfectas, justo la medida de mi boca….mmm…chupa,chupa…cuando la muy puta, se mueve hacia atrás….vuelve a cerrarse la chaquetilla….y se sienta.

Claro, me quedé muy cortado. ¿ Que habríais hecho vosotros?. Supongo que lo que yo, me saqué la polla, y me puse a meneármela a un cm de ella, mirándola tranquilamente, mientras tomaba su café…y mientras me corria le susurraba puta, puta, puta…al oido, pero sin atreverme a tocarla, por que soy un mierdis…joder, que corrida vacuna, que orgulloso me puse mientras me corría en su café…que ella siguió bebiendo tan tranquila.

 

Unos días después

Noemí estaba dormida…joder, tanto mejor,allí dormidita, tan mona, con su pelo negro y rizoso…y con su culo con solo unas braguitas de algodón tapándolo….me acerqué de guay, como quien no quiere la cosa…después de lo del último día no me atrevía a tocarla…pero esto era distinto…asumí que tenía todo el derecho del mudo a mirarla tan de cerca como me diese la gana….asi que me acerqué…joder, que pedazo de culo, que culo…durito, suave, redondito, moreno…y grande, como me gustan…joder, como me abriga gustado clavársela allí, para que me sintiese bien dentro de ella y correrme,joder, correrme en el culo de mi hermana y hacerla cagar blanco un mes entero…no, mucho mas, con aquel culo…dentro de aquel culo me correria tanto que perderia kilos enteros. Pero bien.

Nada, yo miraba y me pajeaba cuando la tia se despertó, y me vió…puso cara de sueño y de mosqueo, asi que se quitó las bragas, la camiseta y quitó las sabanas, se abrió bien de piernas y me dijo:

.- Sin tocar-

Y volvió a cerrar los ojos. Joder, que espectáculo tíos, que espectáculo…joder, joder, joder….empecé a meneármela como un mico, menudo coño tenía la tia…morenito, con poquito pelo…fantastico…joder, la puta bomba…menudo coñito…que no daria yo por metersela…ufff…y las tetas, y el vientre…plano, bien trabajado…las …todo…yo no me aguantaba, y como el mierda que soy:

– ¿noe?.
– ¿ que pasa gilipollas?.-
– Acabame tu la paja-
– No.-
– Por fa.-
– No.-
– Venga, por fa.-
– Que gilipollas eres, trae para aca.-

Ahhh, aquellas manos preciosas, las manos de mi hermana sujetaron mi polla y empezaron a sacudirla, sin mimos ni pijadas, solo con la necesidad de hacer las cosas rapido y de un modo eficiente….joder, le heché tanta leche en las manos que no debe haber vuelto a necesitar crema hidratante.

ptolomeo5c

Con mis dos hermanos

Bueno aquí continuo un fin de semana q estuve sola en casa me encontraba haciendo un trabajo de la uni en la pc , era como las 9 o 10 de la noche y mi papa y mama se habian ido ya a un matrmonio de unos amigos de la familia, yo estaba sola ne casa y en mi cuarto solo llevaba bragas y un sostén, hacia tanto calor q me meti a dar una ducha en eso siento bulla en casa, eran mis hermanos Joel y Luis habian estado tomando licor, y entraban riendose a la casa, Sali rapido de la ducha y me dirigi a mi cuarto en eso q me estoy quitando la toalla para ponerme la ropa entran mis hermanos

luis- hola
Joel – hola

Yo estaba roja pq me encontraron desnuda, solo atine a taparme los senos dejando al aire mi vagina depilada, ello sse acercaron y olian fuerte a licor les pedi q se fueran pq me  queria cambiar pero luis dijo

Pero pq te pones asi mira como me has puesto.. saco su verga del pantalón y ya se le notaba bien parada y palpitante, lo mismo hizo Joel se acercaron mas y me obligarona arrodillarme, me metieron las pollas a la boca los dos, y comence a chuparselas luego de un rato de eso luis se coloco tras mio y comenzo a penetrarme por la vagina..

Luis- q rica estas angelita tan estrecha ahahhhhhh
Joel – dale por el culo q ahorita le vamos a partir los dos….

En ese momento luis saco su verga de mi vagina y me la meti de un solo golpe en el culo, yo gritaba de dolor en eso Joel se hecha en mi cama y me hace q me siente encima suyo dandole la espalda a luis y penetrandome por la vagina , es eso siento q luis me met su verga al culo ahí estaba yo follando con mis dos hermanos, abremos estado como 40 a 45 minutos follando en diferentes posiciones hasta q lusi eyaculo llenandome de leche la vagina…… luego Joel saco su verga del culo y me la dio para acabar en mi boca, se la chupe hasta q eyaculo en mi boca, llenadome de esperma y haciendome tragar toda su leche….dormimos junto esa noche,.

Me acuerdo q cuando me desperte a eso de las 4 am tenia a mis dos hermanos uno a cada lado de la cama, en eso siento q ruido, eran mis padres llegaban del matrimonio, me apresure en levantarlos y mandarlso a su habitación a cada uno.. me sentia un poco culpable pq deje q mis hermano hicieran lo q quiera conmigo pero en realidad me gusto y mucho al dia siguiente mis hermanos me invitaron a pasar el domingo en un club campestre y ahí follamos casi todo el dia hasta 1 ahora antes de regresar a casa, llegamos y lo primero q hice fue darme una ducha y acostarme pq de verdad estaba super cansada me dolia el culo de tanta penetración, pero bastante satisfecha.. mi hermano luis se fue a su casa y todo volvio a la normalidad en mi casa.

Con Joel a veces follamos en las noches cuando el esta en cas apq siempre para con su novia…

Eta es la lo q paso cuando folle con mis dos hermanos juntos, de esta vez ya no he vuelto a tener sexo con los dos juntos…..espero q me escriban ehh a incestuosa23@peru.com y me den sus comentariso e incluso si tienen fotos para intercambiar me encantaria saludos y la proxima ya les cotare como lo hice con mi papa

De compras con mi hermana

¡Baboso!, ¿crees que estoy ciega?, ¡ que estas mal de tu cabeza !, ¡enfermo ! … ah, y no pongas esa cara de mustio por que no te queda, ¡ estas más que enfermo ! … -me lo decía con furia contenida, pero no alzaba la voz- estábamos en la
sala, en la TV pasaban un programa de videos, -yo no sabia donde meterme-, -juro que no me di cuenta, pero ella vio adonde estaba mi mirada clavada, ¿pero cómo no quedarme con la mirada fija?, se veía tan linda, tan atrevida, tan sugerente, de verdad ella era hermosa, antes de que juntara recatadamente sus piernas y empezara a injuriarme, no había excusa que yo le pudiera decir, estaba acorralado, ni siquiera atinaba a decir nada, a intentar dar una explicación…
y de pronto dije aquella burrada: “lo que pasa es que …”, ella me dijo: “¡cállate! enfermo” y empezó a hacer una mueca que presagiaba su llanto, ante la aterradora idea de verme exhibido desesperado insistí: “pues aquí la única enferma eres tu, solo a ti se te ocurre semejante barbaridad, en serio que estas mal de tu cabeza, mira que pensar eso de mi”,
su replica no se hizo esperar y me pregunto: ¿por qué, por qué te haces el tonto?, ¿acaso esperas que crea tus mentiras?, te repito no soy ciega, se perfectamente a donde me mirabas cuando te cache”, yo cada vez que abría la boca lo hacia sin pensar, las palabras salían de mi de una manera arbitraria sin la ilación que pretendía y dije por fin: “mira, de acuerdo tienes razón, pero equivocas la causa, equivocas el por que de las cosas por que tu mente es sucia, por que tu si que estas pensando cosas enfermas, nada anormal en ti, nada anormal en una persona que piensa como tu, -y agregue envalentonado- admito que te estaba viendo, pero no como tu piensas, yo te estaba viendo algo que tu ni siquiera te imaginas, yo estaba
viendo que el color ya esta muy desgastado, no se si son muy corrientes o si es la manera en que lavas tu ropa, pero déjame decirte que para ser franco: ya están muy viejas como tu”, -puso una cara de sorpresa, seguida inmediatamente por una de expresión de furia que de inmediato se volvió en una mueca de risa y sentencio: “pues están así no por lo que tu dices, están así por ya tienen más de un año, nada que ver con tus tonterías y en lugar de estar juzgando lo que deberías hacer es comprarme una docena de nuevas para que ya no tenga que usar estas que están todas desteñidas y además me quedan chicas como ya te habrás dado cuenta – y empezó a reír -, yo también empecé a reírme- ¡aleluya! había desactivado una bomba, entre al fuego y cuando me estaba quemando a punto de una tremenda explosión sin darme cuenta desactive la bomba, estaba eufórico, pero no debía demostrarlo y me hice el ofendido, – déjalo ya, olvídalo por que me hace sentir mal que hallas pensado eso de mi, y todavía te burlas de mi diciéndome “en lugar de estar juzgando lo que deberías hacer es comprarme unas nuevas” (mientras la imitaba de una manera más que exagerada), mira, sí te hacen falta ese no es mi problema, ¿entiendes?, ¿o te lo explico? y añadí: ¡babosa!. Me pare del sillón y me disponía a marcharme cuando me dijo:
“no era burla, es en serio ¿o acaso me estoy riendo? – mientras me miraba divertida -, así que ¿cuando me compras unas nuevas?, ¿o acaso solo fue un invento tuyo para salir del paso?, ¿qué crees que pensarían los demás si se enteraran de tu gran excusa?; aun hoy estoy anonadado de sus palabras, por que el morbo que implicaba para mi lo que acababa de escuchar traspasaba todas las fronteras, ni siquiera en mis fantasías más grandes me había imaginado algo parecido, nunca mi mente voló tan alto, seguramente fue eso lo que me impulso a decirle lacónicamente: “hoy, si quieres vamos ahora”,
ella soltó una carcajada y cuando termino me dijo: ¿y tu que dijiste: esta mensa se sube a mi coche y ya?, pues déjame decirte que eres un cerdo, un enfermo, … “
– nuevamente sentí que caía al abismo, se burlaba de mi -, ella continuo: “pero te voy tomar la palabra, así que saca tu guardadito o ve dispuesto a usar tu mejor tarjeta de crédito por que no te creas que te voy a salir barata, no de balde el puesto que tienes (yo estudiaba y trabajaba a la vez) y lo que ganas es por que el papá de la chiquis, que es mi mejor amiga, que tiene la gracia por ser amigo de ya sabes quien”, eso me dolió, y la reñí diciéndole: “¿no será por otros servicios tuyos?”,
ella me miro y me dijo que no haría caso de ese comentario de niño vengativo, por que aparte de ser un cerdo era un niño vengativo y que ahora seria mejor irnos por que quería escoger sin prisas su ropa y que no se me ocurriera apresurarla por que más se tardaría en escoger. Pasamos a la cocina y le dijo a mamá: no nos tardamos, “mi hermano me va a dar un raid”,
mi mamá dejo de hablar por teléfono y al tiempo que tapaba la bocina nos dijo: “¿a dónde van?, va a llover así que pasa por tu hermana sí se suelta el aguacero, no me gusta que se venga mojando con este clima y tu niña sí tu hermano no puede pasar por ti mejo no vallas a donde tienes que ir para que yo no este con el pendiente; Susana (Sus le digo yo de cariño) me dio un pisotón diciendo – mientras yo me aguantaba un grito tanto por la sorpresa como por el dolor de su pie sobre el mío -: no te preocupes mamá tus hijos llegarán juntos a casa ¿o no hermanito?, dije si y salimos. Sus ordeno: vamos a Liverpool, que el otro día medio vi la ropa que quiero y que tu me vas a comprar. El resto del camino que es aproximadamente de 20 minutos ninguno de los 2 dijo nada, solo se escuchaba en el toca cintas “… siempre hemos sido una cosa normal… has sido tu la que me dio el mordisco, has sido tuuu…”, yo manejaba y ella miraba al frente con una expresión seria, me sentí preocupado pensando que pasaría, Sus era como ya se habrán dado cuenta muy bromista, que pasaría si llegando a la tienda me decía burlonamente que todo era para ver que tan cerdo era yo, empezaba a aterrarme, mis manos sudaban, me la imaginaba burlándose, imaginaba que de repente un gran hoyo en la tierra me tragaba, estuve a punto de pasar un tope sin frenar,
afortunadamente pude apoyar mi pie oportunamente sobre el pedal, por fin llegamos y en el estacionamiento con su vocecita de niña mimada me dijo: “hermanito te has portado muy bien, me he dado cuenta que no miraste donde no debías todo el camino y en premio te voy a dejar que me ayudes a escoger, por que, supongo que no te querrás estar toda la tarde aburriéndote mientras yo escojo lo que me guste, así que andando batracio (tenia mucho tiempo que no me decía “batracio”, apelativo suyo preferido cuando éramos niños)”, me sentí en confianza, me sentí muy bien y le dije: “andando pues pinché susisaurio” (de niños le decía así, por que siendo ella la mayor lo hacia para burlarme de los 3 años que ridículamente nos
separaban en orden cronológico, antes cuando salíamos de compras lo hacíamos siempre con nuestros padres y cuando se trataba de elegir ropa, elegían ellos, hoy mi hermana y yo escogeríamos por primera ves juntos su ropa interior.
Entramos a Liverpool y de inmediato nos dirigimos al departamento de lencería, cualquiera que nos viera caminar de la mano pensaría que éramos novios, cualquiera que no nos conociera como los hermanos que somos.

Continuara…