Mi tía Lola, con la que había tenido amores sabrosísimos durante años, me dio una gran alegría al decirme por teléfono:
¿A que no sabes quien ha vuelto a su casa de siempre y me ha llamado por teléfono?
¿Quién?.
Maruja.
¿Con la que estuvo acostándose el tío, tu hermano?.
La misma que viste y calza.
¡No me digas!. Pero…..¿No se casó y se fue a vivir a provincias?.
Claro, a Salamanca, pero enviudó hace dos años y tuvo que volver a ponerse de doncella, pero la señora con la que estaba, una ganadera, se murió. Y como no le salía un buen trabajo, pues habló con su antigua señora, la de María de Molina, y para Madrid que se ha venido. Lleva ya un año largo aquí.
Nunca tuvo suerte esta mujer. Primero el tío, que, dicho sea con todo el respeto que merece su memoria, no aportó nada en su vida y, cuando parece que se le arreglan las cosas, se queda viuda. En fin, mala suerte. Tendrás que darme el teléfono, me gustaría saludarla cualquier día de estos. Si me acuerdo de llamar.
Si, ya te veo yo a ti. ¿Con que el teléfono, no?. ¿Qué pasa,
que te la quieres beneficiar, no?. Eres un cara dura. ¡Mira que atreverte a decírmelo a mí, ¡a mí!….Hace falta ser cara dura!.
Oye, tía, sin reproches, que ya sabes que no tienes derecho a reprocharme nada, que si dejamos de jodernos es porque tu quisiste romper, que bien felices hemos sido y bien que lo disfrutábamos jodiéndonos en carne viva como nos jodíamos tu yo . No me enfadé contigo y no será porque la cosa no tuviese narices: cortar de la noche a la mañana y con unas explicaciones tontísimas.
Sabes de sobra por qué fue: me daba mucha vergüenza saludar a tu mujer, mientras me estaba acostando con su marido, que para colmo es mi sobrino, el hijo de mi her- mana (q.e.p.d) y al que he criado desde los diez años.
Si, claro. Y con el que llevabas más de cinco años jodiendo en carne viva y dándonos un gustazo como no he vuelto a sentir con ninguna mujer.
Yo no he vuelto a acostarme con ningún hombre, ya lo sabes.
Bueno, eso es lo que tú me dices. A saber si es verdad.
¿Cómo?. ¿Es que no me crees?. Tú sabes de sobra que yo….
Yo lo único que sé es que no hay derecho a lo que hiciste.
Bueno, dejémoslo, que no es cosa de revolver cosas pasa-das.
Serán pasadas para ti.
¿Para ti ….no?
No, lo sabes de sobra. Tu, puede que lo hayas olvidado, pero yo lo tengo bien metido en mi sangre y en mis hue –sos.
Yo tampoco he olvidado. No me digas estas cosas que…
¿Qué?, se sincera. ¿Deseas que volvamos a querernos.
Porque yo te sigo queriendo.
¡Cállate, te lo suplico!. No me hagas recordar lo que no consigo olvidar.
Entonces…..
Mira, ya te lo he dicho en todos los idiomas: no tengo estómago para dar un beso a tu mujer, mientras su marido y yo nos comemos enteros. Y no digas nada más, te lo ruego. Anda, apunta el teléfono de Maruja y……Bueno, tú ya sabes de sobra cómo se conquista a una mujer.
¡Qué no es por eso, tía, que no es por eso!. Sólo quiero sa-ludarla. Siempre la he tenido mucha simpatía. Además es muy mayor.
Yo también y bien que …..
¿Me gustabas?.
Si, eso es.
Y me sigues gustando. Mucho, que lo sepas. Bueno, ya lo sabes de sobra.
No remuevas, por favor.
Está bien.
Anda, apunta el número.
Después de colgar, evoqué mis amores con mi tía: ¡qué años tan buenos, tan llenos de amor, de pasión, de entrega total!. Tenía mi tía un coño precioso, con muchísimo pelo rizado, ensortijado como el de una africana. ¡Cuántas veces me lo he comido, lo he devorado con auténtica ansia!. Nunca me ha gustado tanto el coño de una mujer como el de mi adorada tía.
Tenía yo…veinte años, sí. Fuimos a la boda de una vecina del barrio. Después de cenar, vino el baile. Casi todas las chicas iban con sus novios y yo, me puse a bailar con las señoras del barrio, las que eran viudas y sin compromiso, claro. Después de varias piezas, saqué a bailar a mi tía, que me recibió algo molesta:
¡Vaya!, menos mal que al señorito le ha dado por acor- darse de bailar conmigo.
Pero si a ti no te gusta bailar, tía.
Hoy, sí, mira tú por donde. En el salón hace calor y en el jardín se debe estar más fresquito. Vamos para abajo, anda.
Es otra boda.
¿Qué importa?, allí se mezclan todas las bodas.
Bajamos y empezamos a bailar. Mi tía se apretó contra mí. Como era verano y la ropa ligera, sentí el calor de su entrepierna y……¡lo que faltaba!, pensé, que se me ponga tiesa y mi tía se moleste conmigo. Y pensado y hecho: me mantuve a distancia. No por mucho tiempo, porque mi tía volvió a apretarse más que antes y, al evitar yo el contacto, me soltó, algo enfadada:
¡Mira qué bien!, con las señoras del barrio, las viudas , claro, bien que te has arrimado y ahora, conmigo, no. Pues yo también soy viuda, ¿sabes?.
Si, ya.
Pues no sigas rehuyéndome Y si sientes algo….pues sién-telo, ¿estamos?. Si no, me voy a enfadar mucho contigo.
Me ciñó más el cuello, juntó su cara con la mía y apretó mucho la entrepierna. La tenía caliente, muy caliente. Co-mo había tomado bastante sangría, que no era tan inofensiva como parecía, me excité muchísimo y mi polla empezó a engordar. Mi tía, al notarlo, se apretó aún más y se desplazó hacia la derecha, buscando un contacto más pleno. Yo, perdiendo el natural comedimiento, la imité y nuestros sexos se encontraron frente a frente, con ansía de
fundirse, de entrar hasta dentro. Sentí los ardientes labios de mi tía buscando la comisura de los míos. Había que di-simular. A pesar de ello, sentí la humedad de su lengua y la imité. Sentí que su entrepierna rotaba, se retorcía con discreción y di varios empujoncitos, lentos, prolongando mi calenturiento deseo, que se estaba desbocando, per – diendo la discreción y deseando sólo besarla con ansia, comerme su boca y su lengua. Ella debía sentir lo mismo que yo, porque me besó de lleno, metiendo su lengua en mi boca y apretando con fuerza su coño contra mi polla. Acaricié su pecho sin disimulo alguno y, tras volverme a besar en la comisura de los labios, haciéndome sentir la humedad de su deseable lengua, me susurró, ronca la voz por la pasión:
No puedo más, mi amor. No sé lo que ha pasado, pero me alegro de que nos esté sucediendo esto. Lo llevo deseando hace años. ¿Tú sientes lo mismo?.
Más. Estoy que me muero por ti, tía. Desde hace muchos años.
Vamos a ser muy felices, ¿sabes, mi amor?, quiero hacerte muy feliz.
Y yo a ti, mi vida. Estoy deseando que estemos en casa.
Vámonos. Sin despedirnos de nadie. Y métete la mano en el bolsillo para sujetar esa cosa tan bonita que va a ser para mí. Se te ha puesto tremenda, vida mía.
Tú me las has puesto así.
Y más que te la voy a poner, amor mío, cariño de mi vida.
¡Ay, tía, cuánto te quiero!.
Y yo a ti, amor mío. Vámonos y conduce tú, porque yo estoy sin vista, cielo mío.
Salimos casi tropezando y nos acercamos al coche de mi tía. Estaba en una especie de descampado y no había na-die por los alrededores. Abrí las puertas traseras y entramos. Mi tía, tan caliente como yo o más, no perdió el tiempo y se quitó el traje de chaqueta y las bragas. Ante mí, asombrándome, apareció el coño más bonito que he visto nunca: pelo abundantísimo, una selva ensortijada y maravillosa. Separó las piernas y me dijo con voz ronca:
¡Entrame, amor de mi vida, que llevo soñándolo muchos años!.
Tras bajarme pantalones y calzoncillos, empecé a colocarme sobre ella. Interrumpió mi maniobra y me dijo que me sentase, que ella se pondría encima. Así lo hizo y se metió toda mi polla de golpe, con fuerza, con la misma fuerza y apasionado entusiasmo con que inició el sube y baja que la condujo rápidamente a su primera carrera.
¡Ay, Juancho, mi vida, que gustazo!………¡Me corro!…….
¡Me corro!…. ¡Ay, mi amor, que gusto tan grande!…………
¡No te resisto, me voy, me voy!. ¡Te quiero, mi vida!.
Menos mal que me había bajado hasta los tobillos pantalón y calzoncillos, porque si no me los habría empa-pado. ¡Cómo se corrió!, ¡qué de jugos me escurrieron por la polla. Pusimos la tapicería perdida. Mi tía se quedó quieta, saboreando el momento y, casi sin voz, casi falta de aliento, me dijo:
¡Cómo te voy a querer, amor de mi vida!. Hace ocho años
que me quedé viuda y no he estado con ningún hombre. Tenía tanta leche guardada que he debido ponerte perdido. El coche también. Tu no te has corrido mi vida, pero ahora te voy a volver loco de gusto.
Dicho y hecho. Comenzó el sube y baja, esta vez con más suavidad, retorciendo el cuerpo, lamiéndome la boca, la cara toda, chupándome la lengua y acariciándome la polla cada vez que elevaba el cuerpo. Tardaba en correrme y mi tía, que estaba caliente a más no poder, que echaba fuego por su adorable y precioso coño, volvió a jadear con fuer-za y a decirme frases que me encendían.
¡Ay, vida mía, que me vuelvo a correr, me vuelvo a morir de gusto!……¡Te quiero!…….¡Como te quiero, amor de mi vida!……¡Otra vez, me corro otra vez!…… ¡Córrete conmi-go!…..¡Ahora, córrete ahora conmigo, mi vida, córrete!.
¿No hay peligro?
Ninguno. Dame tu leche, dámela que es sólo mía, mi amor. Te quiero. ¡Ya, me voy, me voy, córrete conmigo,
córrete, mi amor!.
Nos corrimos juntos: entre gritos y jadeos me vacié dentro de su coño, la eché toda mi leche, ¡qué gustazo me dio mi tía!, ¡cuántas veces me había desahogado en solitario pen-sando que jodía con ella, que me vaciaba en su coño!. Nos quedamos quietos, en esa deliciosa quietud que sigue a los polvazos en los que gritas y sientes lo que nunca has sentido. Nos lamíamos la lengua y los labios, mientras yo acariciaba sus duros pechos, que eran una gloria de suavi-dad y calor.
¡Qué coño tan rico tienes, tía de mi vida!, ¡qué caliente, ¡qué gustazo tan grande me has dado, mi vida!.
¿De verdad, amor mío?. Es lo que quiero, darte más gusto que ninguna mujer, que sólo lo quieras hacer conmigo.
¿Sabes?: muchísimas veces, siempre que me desahogaba en solitario, imaginaba que estaba contigo, sintiendo tu calor y disfrutando de tus besos.
Me besó con toda su alma, lamiéndome la lengua con un ansia indescriptible.
Ya nunca más tendrás que desahogarte solo, ahora tienes mi coño y mi boca para comerte entero, ¿sabes?, porque estoy deseandito que lleguemos a casa para ducharnos juntos y comerme tu polla, que es mía, solo mía.¡Ay, Juancho, amor mío, qué enamorada estoy de ti, sobrino de mi vida ¿Te molesta que te llame así?.
No, no, no, es más….. no sé, más emocionante, más pecaminoso, más excitante.
Vamos a vestirnos y nos vamos,¿quieres, amor?.
Así lo hicimos y, cuando arranqué el coche, antes de ponernos en movimiento, me dio otro beso apasionado, me lamió la oreja y me dijo:
Como te he criado, también puedo llamarte, hijo de mi vida, de mi amor, de mi locura.
Sí, mamá de mi vida, qué feliz me hace tu coño, el que más me gusta del mundo.
Y a mí tu polla, hijo de mis amor, de mis deseos de mujer, que tú has despertado como nadie lo había hechos hasta ahora. Te quiero, hijo mío, amor de mi vida.
Después de hablarnos así, sin poder resistirlo, la abracé con fuerza, subí sus faldas y me puse sobre ella. Se abrió de piernas, acarició mi polla, dura como un palo, y la guió hacia su coño, hacia la raja que tenía para mí, para mi polla, para mi desahogo y mi pasión de hombre.
¡Hijo mío, hijo de mi corazón, métele la polla a tu madre, que está loca por ti, que te quiere como no ha querido a hombre alguno!. ¡Méteme tu polla, hijo de mi alma1.
¡Sí, mamaíta mía!. ¡Cómo me gusta que nos llamemos así!.
Y a mí también, hijo de mi alma, amor de mi vida, polla mía, mi locura.¡Me haces sentirme más mujer!. ¡Nunca me he sentido tan mujer como contigo, hijo de mi corazón,
mí amor!
Callamos porque el meti-saca que había iniciado iba a dar sus frutos: nuestros jugos, a punto de salir, de inundarnos, de corrernos. Nos dijimos locuras:
Te voy a dejar embarazada, mamaíta, amor mío.
Sí, hijo mío, pasión mía, déjame embarazada que quiero tener un hijo tuyo, así serás mi marido ¿Quieres ser mi marido, hijo de mi alma?
¡Sí, mamá, amor mío, te quiero y deseo casarme contigo, mamaíta de mi corazón!. ¡Me voy a correr, mamá, no puedo más!.
Si, hijo, córrete en mi coño, en el coño de tu mamá, que la das un gusto de locura. ¡Ay, me corro, hijo, dame toda tu leche, que es sólo mía!. ¡Me voy, dame tu leche, es sólo mía, de tu madre, échamela en el coño.
¡Toma, toma mi leche, mamá!.
Sí, hijo mío, tu leche, tu leche…..en el coño de tu madre.
¡Me voy, hijo, me voy, qué gusto, más que antes!.
Yo también, mucho más, mucho más, me corro, mamá, me corro en tu coño, mamá, en tu coño. Te hago un hijo, amor mío. ¡Me corro en tu coño, mamá!.
Nuestros jadeos, nuestras lenguas, nuestra saliva y nuestra leche se mezclaron entre gritos de gusto. ¡Qué carrera, nunca había sentido algo así!. Lo mismo que ella, según me gritó entre jadeos, mientras retorcía su cuerpo para sentir más y mejor mi polla.
Hijo de mi vida, ¡qué enamorada me tienes, que gustazo tan grande!. Te quiero, te quiero.
Y yo a ti, mamá, mamá de mi amor, cachonda mía.
¡Ay, cariño de mi vida, hijo mío, qué locuras nos decimos,¿verdad?.
A mí me gustaría mucho casarme contigo, mamaíta mía.
Y a mí, también , hijito mío. Y lo haríamos…si tuviésemos un hijo, te lo juro; pero ya sabes que desde hace dos años….se me fue el período.
Anda, hijo mío, vamos a arreglarnos otra vez y a casita, que allí, solos tu yo, nos podemos hacer todas las locuras que se nos ocurran como madre e hijo. ¿Te gusta que nos llamemos así?. A mí me excita más.
A mí me pasa igual, cachonda mía, mi mamá cachonda.
Si, mi amor, soy la mamá cachonda de mi hijo, sólo de mi hijo, que mete su polla en el coño de su madre y la vuelve loca de gusto.
No sigamos llamándonos así porque…¡mira lo que pasa!.
Tomé su mano y la llevé a mi entrepierna. Notó la dureza de mi polla y dijo, dándome un lametón en los labios:
Vamos a casa, hijo de mi amor, que vamos a terminar haciéndolo otra vez. Y en casa estamos mejor, hijo mío.
Allí, estoy deseándolo, te voy a comer la polla.¡Tenemos que hacernos muchas guarrerías!, ¿quieres, hijo mío, mi amor?
Si, mamá, mi amor,me voy a comer, a lamer el coño de mi madre,¿quieres, mamá?.
Si, mi amor, estoy deseando que mi hijo y yo, su madre, nos hagamos un sesenta y nueve de locura.
Y así lo hicimos y siempre como madre e hijo, que le daba más morbo, más excitación a nuestros inenarrables polvazos. ¡Qué años!.
Dejé la evocación y me centré en el hoy, en Maruja, la ex –novia o ex – querida de mi tío. El recuerdo de mi vida se-xual con mi tía, me había excitado y decidí que era buena hora para llamar a Maruja. Si mi tía seguía empeñada en no volver a acostarse conmigo, la viuda Maruja, que estaba muy buena, podría ocupara un lugar de privilegio en mi cama, en la que llevaba durmiendo solo demasiado tiempo. Al segundo timbrazo descolgó.
Reconocí su voz, algo ronca y con timbre de contralto.
Diga, ¿quién llama?.
No te vas a acordar de mí, Maruja. ¿A que no sabes quién soy?.
Pues….la verdad, no. ¿Quién eres?.
Soy Juancho, mi tía me ha…..
Me interrumpió con verdadera alegría. Nos saludamos y nos contamos nuestras vidas durante los años transcurridos. Cuando llegó al capítulo de la viudedad, en tono más bajo, como cohibido, me dijo:
Acabo de hablar con tu tía y ya me ha dicho que me ibas a llamar hoy mismo. Yo no la había creído pero….en fin, ya veo que tenía razón, que estás siempre intentando con –quistas.
No la hagas caso, por favor.
Si no importa, Juancho, al contrario, es agradable volver a sentir esas sensaciones. A mí, como a todas las viudas de mi edad, los hombres ni nos miráis.
Eso no es así, Maruja. A mí, por ejemplo, siempre me han gustado las mujeres mayores que yo. Tú, cuando era un muchacho…….
Corté astutamente la explicación, para ver por donde salía.
No te cortes, que quiero oírtelo decir.
¿Te interesa?
Muchísimo, Juancho, no sabes cuánto me interesa. Estoy muy sola, sin ningún afecto. Es muy triste, no te lo puedes ni imaginar, muy triste. Dímelo. No te quedes a medio camino.
Pues que…bueno, allá va: yo estaba muy enamorado de ti.
¡Uff!, creí que no me iba a atrever. Y no quería decírtelo porque supongo que ahora no querrás que nos veamos.
Su voz, ligeramente más ronca de lo habitual, susurró una frase que me llenó de alegría:
Al contrario, Juancho, ahora es cuando tengo más interés. Mucho más.
¿No te ha parecido una cosa de chiquillos?.
¿Por qué no me lo dijiste entonces?
Porque lo habrías tomado como una chiquillada.
No, porque yo sentía lo mismo que tú o muy parecido, pero, como eras menor de edad, pues…..me dió miedo. Ya ves lo que nos perdimos por no sincerarnos. Siento que, con el paso de los años, esos sentimientos se pasen y no quede nada de ellos.
Nunca se sabe,¿no?. Dicen que donde hubo fuego…….
Bueno, Maruja, demos tiempo al tiempo. Siento tener que terminar la conversación, pero tengo mucho lío hoy en la revista. Estoy de guardia.
Ya sé que eres todo un periodista. Tu tía me lo dijo.
El oír hablar de mi tía, por la que estaba loco y no cambiaba por ninguna otra mujer, me hizo frenar en seco.
Olvidar o aplazar mi propósito inicial era lo adecuado.
Con Maruja, viendo por dónde iban las cosas, podría tener una aventura cuando quisiera; pero mi tía se enteraría. Y yo no renunciaba a que volviésemos a querernos. Si tenía que renunciar definitivamente, sería cosa de llamarla otra vez.
Bueno, Maruja, me he alegrado mucho de charlar contigo y de que …..nos hayamos sincerado. Te tengo que dejar, me están llamando para corregir una página. Hoy me ha tocado ser el redactor de cierre y…¡esto es no parar!. Ya hablaremos otro día y nos veremos. Adios.
Adios, Juancho. Y no te olvides de mí, que espero tu lla –mada.
Descuida. Adios.
Acabé en veinte minutos, cuando apareció el jefe y me dijo que el se quedaría hasta terminar la tirada. Tras informarle de algunas cosas, me fui. Lo primero que hice, fue buscar una cabina y llamar a mi tía. Lo cierto es que, desde que Maruja se me puso a tiro y citó a mi tía Lola, ya sólo tuve un objetivo: intentar verla. Llamé por teléfono a mi adorada tía.
Diga.
Hola, tía Lola. Mamaíta.
Juancho, no digas eso. Habíamos quedado en que nada de recuerdos ¿Por qué llamas a las doce de la noche?….¿Te encuentras bien?.
Estupendamente. Verás: hoy me había tocado estar de cierre, pero apareció el jefe y se quedó. Al salir, no he encontrado ninguna cafetería con la cocina abierta. Y eso que he mirado en dos o tres. Total, que se me ha ocurrido…..
Mi tía se echó a reír y terminó la frase:
…Que bien podía yo, si no estaba durmiendo ya, prepa – rarte una tortilla de cebolla, que tanto te gusta, ¿a que no me equivoco?.
….No, aciertas de lleno. Perdona si soy tan abusón.
¡Qué le vamos a hacer!.
El timbre de voz de mi tía Lola, la mujer a la que más he querido, era menos adusto que en los últimos tiempos, en los que no quería ni que apareciese por casa. Eso…..me dió que pensar, la verdad. Y su respuesta, que no me espe-raba, aportó el dato definitivo: quería que nos viésemos. Y eso, en una pareja como nosotros, que tan enamorados se –guíamos estando, sólo podía tener un significado. Mi ale – gría se tradujo en un fuerte suspiro. Se dio cuenta. Era muy lista y me conocía muy bien, tan bien como yo a ella.
No suspires, porque todo va a seguir igual. No te equivo-ques, porque si te dejo venir a casa es porque no quiero que te quedes sin cenar. ¿Cuánto tardas?.
Pues….como estoy en Narváez….. Media hora.
Vale.
Colgamos y sin prisa me dirigí al encuentro de la mujer de mi vida. Estaba seguro de lo que iba a pasar, era inevita –ble: volveríamos a querernos con locura. Habían transcu –rrido dos años sin darnos el uno al otro y ya no podíamos seguir así.
Me entretuve a propósito, buscando su inquietud y que su deseo aumentase. Yo me sentía incapaz de vivir sin que mi tía Lola fuese de nuevo mía.
Abrió la puerta y no pudo reprimir su ansiedad:
Me tenías preocupadísima, creí que ya no ibas a venir, que te había pasado algo con el coche.
Sabes que eso no es posible……..Mamaíta mía.
Se aceleró su respiración, evitó mi mirada y, tras cerrar la
puerta, me dijo:
No me digas esas cosas, que te echo de casa, ¿estamos?. Te he preparado una tortilla riquísima. Cómetela antes de que se enfríe.
No me importa, yo quiero comerme otra cosa mucho más dulce y rica, mamá de mi vida.
Con voz desfallecida, ronca, con la respiración entrecorta-da, suplicó:
Te lo ruego, hijo mío……….¿Ves ¿…Me has hecho decir lo que no quería. No sigas diciéndome….
¿Qué?, ¿Qué te quiero como nunca podré querer a ninguna mujer?, ¿Qué eres el amor de mi vida y no voy a consentir que sigamos como estamos ahora?. Pues que sepas que esta situación, absurda y ridícula, se ha termi- nado. Te quiero. Y tú me quieres a mí.
La abracé y su cuerpo se abandonó al mío: devolvió mi abrazo con fuerza, apretó su entrepierna contra la mía y nos devoramos la boca.
¡Cuánto he echado de menos esta lengua, vida mía!.
¡Yo también, Juancho mío, mi amor, querido de mi vida, amante mío…..marido de mi alma.
Se quitó el vestido y su cuerpo se me mostró desnudo.
Creí que me desmayaba de placer. Tenía el mismo vello que recordaba, quizás más ensortijado todavía, más africano. Mi boca buscó su pecho y chupé hambriento de su adorado cuerpo.
Se movió hacia el dormitorio. Me besaba con ansia, me acariciaba con gran pasión, mientras me decía:
Vamos a la cama, maridito, a nuestra cama matrimonial. No sé cómo he podido vivir sin tu amor, hijo de mi vida.
Yo tampoco podía más, esposa mía. ¿Sabes?, ahora me gusta más llamarte esposa que mamá.
Y a mí decirte marido mío de mi amor. Sé que me sigues queriendo más que a tu mujer, que sólo yo soy tu esposa.
No lo dudes, esposa mía.
Caímos en la cama y nos hicimos el más maravilloso sesenta y nueva que nunca se haya hechos pareja alguna. Sentí sus jugos cuando se corrió en mi boca. Yo también la eché mi leche, me derramé plenamente en su adorable boca, que me comía como nunca me comió mujer alguna.
Nos deseábamos con locura, no nos sentíamos satisfechos y nos giramos. Me cabalgó enardecida y comenzó a subir y a bajar incansable, jadeante, diciéndome las frases más hermosas del mundo. Gritó, se estremeció epilépticamente y se derramó otra vez. Sentí su leche bajar por mi polla y empaparme el bajo vientre. Yo, a la vez que ella, eché toda mi leche en su coño, que me enamoraba. Nos quedamos quietos, disfrutando esa calma. Me descabalgó y abrazán-dome, arrimando su jugoso coño a mi muslo, me dijo con todo su cariño:
Eres muy bicho, maridito mío, muy bicho. Lo que me has dicho hoy por teléfono, me ha tenido pensativa toda la tarde. Te he llamado a casa y no estabas, claro. Me quedé triste, porque deseaba verte.
Yo también, amor mío.
Vamos a lavarnos, maridito.
Mientras nos duchábamos, demostró su alegría hablando sin parar.
¿Es verdad que soy la mujer a la que más quieres?.
Si, amor mío, más que a ninguna. Y cuando digo ninguna, es que meto a todas las mujeres que conozco.
Siempre dices que sólo a mí echas tu leche. No te creo, me lo dices para halagarme
Te juro que no, que es así: sólo me corro en tu coño. Mira, hablemos de ello de una vez. A Luisa no le gusta el sexo, no le llama la atención. Te aseguro que es así. Y como no queremos más hijos, las poquísimas veces que lo hacemos, es con preservativo. Te estoy diciendo la verdad, amor mío.
Te creo y me das una alegría muy grande. Anda, vamos a la cama. A dormir,¿eh?, que mañana hay que ir a trabajar.
Durante años fuimos, como siempre, la pareja más feliz y más enamorada del mundo. Como mi trabajo era un poco descontrolado y yo procuraba hacerlo más incontrolable,
además de cuando era Rodríguez de verano, una o dos veces al mes pasaba la noche con mi tía, mi mamá ca – chonda, mi esposa auténtica.
En cierta ocasión, en la que la revista me envío a Roma a hacer una entrevista a un famoso director de cine, mi tía, mi mamá cachonda se vino conmigo. Su presencia, que no interfirió en absoluto mi trabajo, fue algo maravilloso. Conseguí de mi jefe dos días de asueto y, pagándolo nosotros, estuvimos en Veneº cia. Y con la suerte de cara, pudimos asistir, en la Fenice, a una representación de La Forza del Destino. A mí, gran admirador del Duque de Rivas, me pareció mejor el D. Alvaro o la fuerza del sino, que la versión verdiana. Que está bien, pero que muy bien, pero es que……yo siento una gran predilección por la obra teatral, las escasas veces que se representa. De cualquier modo, debo aclarar que el marco, antes del incendio que lo destruyó, era maravilloso y los dos disfrutamos muchísimo de la ópera. Y luego, en el hotel, nos hicimos las mayores locuras y guarrerías del mundo. ¡Qué viaje!. Fue una luna de miel increíblemente hermosa.
Cuando regresamos nos fuimos derechos a casa de mi tía. Y allí, a solas, sin testigos, volvimos a querernos con locura.
JUANCHO.