Archive for the 'Cuñados, tios, suegras' Category

Compañera de colegio

Thursday, January 11th, 2007

Daniela era mi compañera de secundario. Era linda, gordita, culta. No se daba mucho con los compañeros pues profesaba la religión de los Testigos de Jehová y por eso casi nadie departía con ella. Yo era uno de los pocos con que ella se relacionaba. Pasábamos largas horas conversando. Siempre estuve enamorado de ella en secreto pero nunca me animé a decírselo. Además, la religión nos separaba.
Un día ella cayó enferma y, como no tenía amigos, me llamó para que le llevara las tareas. Fui a su casa y la encontré sola. Su padre y su madre habían salido. Estaba hermosa. Lucía un pulovercito de hilo escotado y un pantalón a rayas bastante ajustado. Nunca la había visto vestida así, ya que era más bien recatada.

Pasamos al comedor y mientras le daba las tareas se arrodilló en la silla marcando bien sus curvas. Me exitó. Me acerqué para indicarle la forma de resolver un algoritmo matemático y su cercanía me hizo descontrolar. La abracé y deslicé mi mano hacia su cola. Lanzó un suspiro y sin protestar se abrazó a mí. Comenzamos a besarnos desesperadamente. Metí mi mano debajo de su pullover y acaricié su espalda. Al llegar a su corpiño lo desprendí cuidadosamente. Se dejó hacer. Se sacó el pullover y terminó de quitarse el corpiño dejando ante mi vista sus dos hermosas tetas. La besé apasionadamente, luego bajé hasta sus senos y comencé a succionar y lamer sus pezones. Jadeaba de exitación. Seguí bajando y desprendí su pantalón, se lo bajé. Tenía puesta una bombacha no muy sensual, pero ajustada.
Le acaricié las nalgas y con mis manos y mi boca se la bajé hasta la rodilla. Instintivamente separó las piernas. Comencé a lamer su ombligo y a bajar despacio hasta llegar a los pelos de su pubis. Al llegar allí, desesperadamente me empujó para que siga bajando. Así lo hice y comencé a lamer su vulva. Sus jadeos se hicieron cada vez más intensos. Estaba totalmente húmeda. Me tomó de los hombros e hizo que me pare. Se sentó, me bajó mis pantalones y mis calzoncillos, tomó mi pene y comenzó a chuparlo. Su boca era inexperta, pero igual hacía maravillas. Por no saber hacerlo se lo tragaba todo y casi se ahoga, pero siguió lamiendo y chupando, hasta que, sin poder soportarlo más descargué toda mi leche en su boca. Rebalsó y cayó sobre sus tetas y se escurrió por sus curvas.
Daniela se puso como loca….comenzó a lamer y chupar desaforadamente… Me empujó hacia un sillón cercano haciéndome sentar. Se me tiró encima y su vulva comenzó a rozar mi pene. De un solo golpe lo introduje en su vagina. Ella comenzó a cabalgar frenéticamente. Deslicé mis manos sobre sus nalgas apretándoselas y abriéndola todo lo que podía a la vez que se la metía una y otra vez. Ensayamos varias poses y luego de algún tiempo acabamos al mismo tiempo y caímos exhaustos sobre la alfombra…Ni bien nos repusimos ella se colocó de lado y comenzó a lamer mi pene a la vez que acercaba su vulva a mi cara. Acepté la invitación y comencé a chuparle su hermosa conchita….el 69 fue de novela ya que seguimos lamiéndonos hasta acabar nuevamente…Estábamos en lo mejor cuando de pronto la puerta se abrió, instintivamente miré y quedé atónito al ver a la madre de Daniela mirándonos con los ojos absortos sin osar emitir palabra.

¡Hija! ¡Qué es todo esto! – Dijo en tono de reproche.

Me incorporé y fue entonces cuando la madre de Daniela vio mi aparato. Se quedó sin habla y no pudo ya apartar su mirada de él. Se acercó, lo tomó entre sus manos, y, ante el asombro de Daniela y mío se arrodilló y comenzó a chupármelo magistralmente. Era tanto el placer que sentía que me olvidé de Daniela y la dejé hacer. Le desprendí la blusa y de un tirón le arranqué el corpiño. Asomaron dos tetas enormes, aunque algo caídas, pero no me importaba. La acosté sobre la alfombra y le metí mi verga entre esas dos hermosas tetas. Ella con una cancha tremenda las apretó para darme más placer.

Entre ires y venires acabé terriblemente y caí ya débil por todo el esfuerzo…La veterana se me abalanzó sobre mí y con su lengua recorrió todo mi cuerpo… fue alucinante… Yo me dejé hacer, parecía estar en el Paraíso… No sé cuanto duró esto porque me quedé dormido, completamente relajado.

Cuando desperté estaba sobre una cama de dos plazas. Quise moverme pero no pude. Mis manos y mis piernas estaban atados a los barrotes… Levanté la vista y mirándome estaban Daniela y su madre, vestidas con ropas eróticas y prontas a abalanzarse sobre mí… pero… esto ya es otra historia.

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Como coge mi suegra / Segunda parte

Thursday, January 11th, 2007

Les voy a contar mi segunda experiencia con mi suegra. Como recordaran ella tiene 54 años y mi primera “cogida” con ella fue en su casa cuando me sorprendió masturbándome con su bombachita.

Habíamos quedado en tener otro encuentro, lo tuvimos el jueves pasado 07-Nov-2002 en mi casa, mi mujer tenia que salir por trabajo y no estaría hasta después del mediodía, por lo cual aproveche para llamar a mi suegra.

— Puedo estar en tu casa en media hora mas o menos.
— OK, pero lo antes posible porque no puedo esperar mas por cogerla otra vez.
— Bueno, además quiero que veas lo que me compré, una ropita interior muy linda.

Realmente ahora que escribo esto me pongo a pensar la muy putita que es la vieja. Llega a casa y apenas cerramos la puerta, baja la mano y comienza a sobarme la pija por arriba de mi joggins, mientras yo la abrazo y le clavo mi lengua dentro de su boca tocándole el culo con las dos manos.
La separo y la miro para apreciar como estaba vestida. Traía una blusa algo ajustada con una pollera como a 5 o 10 cm. por arriba de la rodilla, con unos zapatos tipo chatitas, son unos zapatos que no tienen taco, si una suela muy fina.

— Estás muy linda Betty— ella se llama Beatriz.
— ¿Te Parece ?
— ¡¡¡Claro que si!!!
— ¿Y eso te calienta a vos?
— ¿Si me calienta? Mirá.
Saqué mi pija de su encierro, el slip ya me estaba molestando mucho ya que mi pija peleaba por salir a tomar aire.
— Pero que tenes ahí yernito, ¿eso es para mi?
— Claro, para quien va a ser, ¿te gustaría tenerla entre las manos?
— Mmmm, si, yo quiero.
— Pero primero sacáte la ropa y déjate la interior puesta.
— Bueno.
Al sacarse la blusa pensé que acabaría en ese mismo momento, traía un corpiño blanco con encajes, ajustadito que hacia que sus tetitas resaltaran mas y que sus pezoncitos duritos ya por la calentura, quisieran romper le fina tela del corpiño.
— SUEGRITA, QUE LINDAS TETITAS TENES, fue lo que me salio del alma.
— Te gustan, porque no me las acaricias así se ponen mas lindas todavía.
— Si, pero sacáte la pollera que quiero verte todo el conjuntito completito.
— Bueno.
POR DIOS, cuando se saco la pollera, traía una bombachita de encaje blanco, debo aclarar que la ropa interior blanca me enloquece, con todo encaje en el frente y atrás y unos voladitos de seda hermosos bordeando toda la bombacha desde adelante hasta atrás por ambos lados.
— Te gusta yernito?
— Estoy como loco, te quiero chupar toda la ropa interior ahora mismo.

Sin mas que decir me agaché y empecé a pasar mi lengua por toda la ropa interior, primero por arriba de sus pezoncitos que a cada lamida mía mas duritos se ponían, ella me tomaba de la cabeza y se acariciaba la conchita por arriba de la ropa.
Ella no paraba de gemir y pedirme que la chupara toda, que no dejara nada sin saliva mía, yo, como la primera vez en su casa, estaba totalmente loco de calentura, no podía creer que mi suegra fuera tan puta con su yerno, pero eso hacia que me pusiera mucho mas caliente.
Dejé de chuparle y morderle los pezoncitos y comencé a bajar por su pancita, esta subía y bajaba al ritmo de su respiración, que a esta altura era como que le faltaba el aire, realmente estaba muy caliente. Me tomó de la cabeza y casi me obligaba a bajar a su entrepierna, yo quería alargar todo el tiempo que pudiera ese momento, era algo maravilloso, podía oler su aroma a yegua en celo, de su conchita salía un olor hermoso. Cuando llegué a su bombacha, esta estaba totalmente mojada, sus jugos estaban casi chorreándole por las piernas. Empecé a morder y pasar mi lengua por arriba de su bombachita, esto hacia que ella sacara mucho mas afuera su concha, sentía que quería atravesar la tela con su clítoris, podía sentirlo sobresaliendo contra la fina tela de encaje. Al darme cuenta, comencé a chuparlo y a morderlo.

— Hay que lindo, así chupame la concha así, como siento tu lengua, te voy a dar mis juguitos bien adentro de tu boca.
— Dame tus juguitos putita mía.
— Si soy tu putita, soy tu puta, quiero que me cojas como nunca, quiero que me rompas todo, quiero sentirme bien puta con vos yernito.
— Yo te voy a dar pija todo lo que quieras y quiero que me acabes en la lengua.
— Mmmm, si seguí así que te acabo, move esa lengüita que esta dura y áspera, que lindo se siente, chupame mas que acabo, chupa que acabo, mmmm……… hijo de puta!!! Estoy acabando en tu boca, tomate todos mis juguitos, toma, suegrita Betty te da juguito bien calientito…… mmmmm…… que lindo chupas….. como estoy acabando.
Realmente pensé que se moría, porque dejó de hablar y se derrumbo, sus piernas dejaron de responderle y si no la agarraba se rompía la cabeza contra el piso.
— Se siente bien suegrita — yo algo asustado por como estaba.
— Me siento como una yegua en celo, que lindo que es cuando te chupan la concha y te la chupan bien, así por todos lados y no te da asquito cuando largo mis juguitos.
— ¿Porque me dice eso?
— Porque el boludo de mi marido cada vez que me chupaba y yo le estaba por acabar dejaba de hacerlo y yo me quedaba con unas convulsiones terribles, después si me cogia con todo, pero hasta ese momento me dejaba como la mierda.
— Bueno pero ahora tiene quien se la chupe y se tome sus juguitos.
— SI YERNITO!!!!, pero ahora me toca a mi chuparte esa pijota y tragarme toda tu lechita.
— Si eso quiero que me chupes bien la pija y te tragues toda mi lechita, ¿Eh Suegrita?
— Si yernito, te la voy a chupar mejor que mi hija y mientras te la chupo contame las cositas que se hacen y como le gusta coger a mi nenita
Para que habrá dicho eso, casi me hace acabar en ese mismo momento. Me senté en la mesa y ella en la silla, mi pija le apuntaba directo a su cara, ella me la agarró y empezó a pajearme lentamente, sacaba mi cabecita afuera y le pasaba la lengua sin metérsela adentro de la boca, eso me ponía loco. Le agarré la cabeza y quería atravesarle la nuca, pero ella me empujaba con las manos para hacerme desear.
— Por favor Betty, trágate mi pija y chupamela como nunca me la chuparon.
— Si pero mientras lo hago contame.
— Si, dale, chupámela, así….. mmmmm… que lindo…. tu hija me la chupa igual que vos….. ¿vos le enseñaste a chupar pijas?….. porque se pone tan putita como vos cuando tiene una pija en la boca….. mmmm…. puta de mierda….. mové esa lengua…. así….. lo haces mejor que tu hija…. ella no mueve tan bien la lengüita como vos….. que bien lo haces putita mía… mmmm…. seguí así que tu yernito te va a dar tu ración de lechita caliente y bien blanquita…. sacátela de la boca y chupáme los huevos que a tu hija le encanta chuparme los huevos, se los mete todos en la boca….. mmmmm…. que lindo….. hacés lo mismo que hace tu hija cuando me chupa la pija…. hacéte la paja mientras me la chupas….. así…. mové esos deditos en tu conchita… metete 3 dedos ahora….. te voy a llenar la boquita de lechita y te la vas a tragar toda como hace tu hija…. que linda puta es suegrita.
Esto hizo que ella se pajeara como una loca, sus dedos se movían a una velocidad increíble, parecía que la concha se le salía de la entrepierna. En el momento de acabar ella apretó con su lengua y su paladar mi pija, eso hizo que yo le diera unos potentes chorros de leche bien adentro de su garganta. Tuvo que sacarse un poco mi pija de la boca porque se ahogaba de tanta leche, yo estaba largando leche como si estuviera meando.
— Suegrita que buen guascaso le di.
— Hermoso, salió muchísimo, hijo de puta ¿cuanto hace que no coges?
— Desde el sábado pasado, estuve esperando este día, ya que sabia que su hija hoy se tenia que ir y podría estar con usted toda la mañana y parte de la tarde.
— ¿Que turrito que sos eh? Lo tenias todo preparado.
— Si, yo le dije la otra vez que la próxima seria inolvidable.
— Y hasta ahora lo es, mira como tengo mi conchita, esta toda abierta, caloradita y bien mojada con mis juguitos.
— Y ahora que va a querer mi suegrita preferida?
— Quiero que mi yernito me coja para que tenga y guarde por un mes.
Nos fuimos al dormitorio, estábamos en la cocina, ya los dos totalmente en pelotas y yo con mi pija al palo otra vez, era como que tenia vida propia. Una vez en el dormitorio ella se tira en la cama con las piernas bien abierta mostrándome toda su conchita bien abierta y brillosa.
— Que linda la tenes ahora vas a ver el tratamiento que le doy a ese hoyito.
— Si, cogeme bien, acá, en la misma cama que te coges a mi hija, quiero que me cojas bien cogida.
— Claro suegrita, le voy a dar pija toda la mañana.

La monto y de un solo envión le meto todo hasta los pelos, ella pega un gemido y levanta la concha para provocar una mas profunda penetración mientras no dejaba de apretarse las tetitas. La cabalgo furiosamente mientras ella comienza a acabar a los gritos y moviendo la concha para todos lados. Termina de acabar y nos damos vuelta y la que monta ahora es ella.

— Ahora quédate bien quietito que te quiero coger yo, decime si mi hija se mueve igual que yo y eso que le llevo más de 20 años a mi hija, ¿no?
A lo que la vieja se pone en cuclillas y empieza a subir y bajar de una forma maravillosa, para sus 54 años realmente estaba en buena forma para coger. Mientras subía y bajaba me ponía los pezones en la boca y me pedía que se los chupara y mordiera. No tardó en acabar, parecía epiléptica, tenia unos movimientos intensos y gritaba como una yegua pidiéndome que la cogiera mas, que quería coger toda la vida así, que le gustaba mi pija, que le llenaba toda la concha y un montón de cosas mas.
Como me apretaba la pija con la concha por su acabada, le dije que le estaba por dar mi lechita bien adentro de sus entrañas, a lo que ella respondió apretándome mucho más la pija con su conchita. Los chorros de leche que le di, fueron para un campeonato de acabadas, me salía leche hasta por los ojos, no podía parar de darle más y mas leche, podía sentir como mi propia leche se me escurría por entre mis huevos.
— YERNO, COMO SALE LECHE DE ESA PIJAAAA!!!!
— Si suegrita, y es toda tuya puta de mierda, te gusta mi leche bien adentro de raja, ¿no? Sos tan puta como tu hija, a las dos les gusta mi leche como a ninguna de las putas que me he podido coger.
— Si, hay mas lindo que la lechita bien caliente y blanca como esta.
Dejo de decir esto y me chupo la pija hasta dejarla bien limpia de mis propios jugos y los de ella. Nos fuimos a bañar y cuando salimos nos volvimos a la cama. Nos estábamos acariciando suavemente, ella ya empezaba a dar signos de querer de nuevo coger, pero yo necesitaba un tiempo mas para reponerme, realmente había acabado como para no querer hacerlo por 3 o 4 días por lo menos. Pusimos la TV.
— Déme tiempo para reponerme suegrita, ¿usted sabe lo que me saco ya, no?
— Claro que si, total a que hora viene mi hija?
— No se, me dijo que estaría acá a eso de las 14:00 hs mas o menos, ¿por?
— Porque ya son las 13:35 y no creo que tengamos tiempo de coger de nuevo, por lo menos por hoy, ¿no?
— No, ya no hay tiempo. Otro día lo hacemos de nuevo, ¿quiere?
— Otro día, mirá el domingo se van a la cancha todos, queres venir a casa y escuchamos los “partidos” juntitos?
— Por supuesto.

Estoy esperando el domingo para irme a escuchar los “partidos” con mi suegrita y realmente pienso hacerle varios goles.
En este encuentro con mi suegrita le he podido sacar unas muy lindas fotitos, primero se rehusó pero después que le saqué algunas y las vió, le encantó la experiencia.

La próxima vez que venga a casa le voy a esconder la webcam y voy a tratar de grabar nuestras cogidas.
manden comentarios calientes a facundofreire@hotmail.com
Tengo fotos de mi suegra y de su ropa interior, intercambio con similares de sus suegras, cuñadas, esposas, novias, amigas, madres, lo que sea, no manden fotos de internet, quiero reales y no como los que me contactaron que mandaron cualquier cosa, si son fotos reales contesto con fotos reales, sino con las mismas fotos que manden.

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Como coge mi suegra

Thursday, January 11th, 2007

Hola, les voy a contar lo que me pasó con mi suegra.

Mi suegra tiene 54 años y para su edad esta muy bien. Tiene unas tetitas chiquitas pero firmes y un culo como para cuatro. Siempre fantasie de como seria cogiendo o como seria la ropa interior que usaba.

Un día fui a buscar unas cosas a su casa, ella no estaba, como siempre tuvimos confianza me dejaban entrar a la casa, mi mujer tiene las llaves y me pidió que fuera a buscar algo que necesitaba.

Llegué y no habia nadie, como siempre entré y me puse a buscar eso, sin querer encuentro su corpiño entre la ropa para lavar, fue algo instantaneo, se me puso la pija como nunca, pero tambien me puse nervioso ya que podria volver en cualquier momento.

Sin mas la agarré y me la puse a oler, mmm que buen olorcito tenia esa bombachita, no podia dejar de olerle, me puse mas que loco. Saque la verga y me empecé a refregar la bombachita por la cabeza, de solo pensar que ahi estuvo apoyada la conchita de mi suegra, me ponía mucho mas loco, empecé a mojarme como nunca, no me importaba si la dejaba totalmente mojada, lo unico que pensaba era llenarla de leche, estaba fuera de mi.

Sin darme cuenta —claro yo estaba en otro planeta, gozando de esa ropita interior— había llegado mi suegra y me miraba sin entender nada de lo que estaba pasando.
Pero parece que ver eso la puso a ella tambien muy caliente, de que el nuero se hiciera la paja con su ropa interior fue como un disparador para ella.
Metió su mano por entre la citura de su joggins y empezo a tocarse la concha, yo seguía en lo mio, solo me dia cuenta cuando ella gimio, estaba acabando, me di vuelta y la vi con las piernas totalmente abiertas y con su joggins por las rodillas, no dejaba de mover sus manos por su entrepierna.

Yo no sabia que hacer, solo me quede mirandola como se pajeaba, me miró y me dijo que no parara, que siguiera haciendome la paja con su bombacha.
Primero dudé, pero después al ver que ella se sentaba y abría mucho mas las piernas y ya se metia tres dedos adentro no dudé mas, la pija se me puso redura otra vez, le dije si quería que le llenara de lechita la bombachita, me miró casi con los ojos fuera de la cara y me dijo SI LLENALA BIEN, MOJALA TODA, DONDE APOYO LA CONCHA MOJALA BIEN.

Yo estaba fuera de mi ya a esa altura. Mirarla a mi suegra meterse hasta el codo adentro de la conchita, me ponía como loco, ella empezó a gemir de nuevo y me pidió que le tirara la leche en la cara, yo estaba hecho un animal desenfrenado, le dije si estaba segura y me dijo DALE AHORA, DAME TU LECHE EN LA CARA QUE ACABO. POR FAVOR, COMO ME HIZO ACABARRRRRR.

Era como que nunca iba a dejar de salir leche, salía a borbotones, mi suegra no dejó ni una gota, me agarró la pija y se le refregaba por la cara, nunca dejó de mover sus dedos en la concha y lo mejor fue cuando se la estaba pasando por la cara y se la clavó en la boca de una, mmmmmmm, pense que me moría, como chupa la vieja, es una maestra, se la mete toda, hasta la garganta, me dijo que le gustaba chupar pijas, que al marido se la chupaba pero que no le aguantaba tanto que queria ver si yo aguantaba mas.

Claro que no aguanté lo que ella queria, no se como, pero a los 5 minutos de chupármela le volví a largar una lechada de aquellas, ella estaba como descontrolada, no dejaba de chupar y chupar, se trago todo lo que me salio de la pija. No dejo de chuparmela hasta que estuvo dura otra vez, a mi ya me dolia algo la cabeza, pero no me lo podía perder.

Se sacó toda la ropa y me dijo que yo siguiera asi casi vestido por las dudas, obviamente que le hice caso, cuando dejó afuera sus tetitas, mmmm que lindas, un pezoncitos rozadito, durito, bien puntiagudo, me agarró la pija y se la pasaba por los pezoncitos, yo ya me había olvidado que me dolía un poco, le dije que quería cogerla con todo, que siempre me habia gustado su culo, sin nada que decir, ella se dió vuelta, se abrió su hermoso culo y me dijo AHORA METEMELA, PERO DESPACIO, MIRA QUE LA TUYA ES ALGO MAS GRANDE QUE LA DE MI MARIDO Y HASTA QUE ENTRA ME DUELE.

¿Qué harían ustedes? Apoyé la cabeza en la puerta de ese culito y ella pegó un saltito, le dije TRANQUI, DEJAME A MI, VOY A SER SUAVE, logicamente lo fui, no queria que se asustara y no poder hacerle el culo, le escupí el orto y dejé deslizar la cabeza para adentro, ella habría cada vez más los cantos, hasta que le entró toda, nos quedamos quietos hasta que su culito se acostumbró a mi pija, en un momento me dijo AHORA, MOVETE AHORA DESPACIO, empece un sacar y poner hermoso, pedia que eso durara dias enteros, ella me decia ASI, ASI, MOVE ESA PIJA ASI, COMO ME GUSTA TENERLA EN EL CULO.

Yo seguia con mi vaivén, le entraba cada vez mejor y ella gemía cada vez mas fuertemente, quedé quieto para que ella se moviera, fue lo mejor que pude haber hecho COMO SE MOVIA LA VIEJA PUTA, era como que me queria arrancar la pija con el culo, que fenomeno que es la vieja dandole por el culo.

Le dije que si seguía que me haria acabar de nuevo y ella me dijo QUIERO TODA TU LECHITA CALIENTE BIEN ADENTRO DE MI OJETE, no terminó de decirme eso que le mandé unos hermosos y calientes chorros de leche bien adentro de su culito hermoso mientras ella no paraba de acabar como una yegua en celo.

Después de eso nos fuimos a lavar y ella me pidió que no dijera nada a nadie, ni siquiera a mis amigos, logicamente que eso tendría un costo para ella y me pregunto que era, COGERTE TODAS LAS SEMANAS, a lo que ella me contesto con un SI y un buen beso de lengua.

Esto pasó hace unos dias, cuando me la lleve a un hotel para cogerla mejor y sin miedos, les voy a contar.

Facundo Freire >>> facundofreire@hotmail.com

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La tí­a y la sobrina

Thursday, January 11th, 2007

Esta historia transcurre hace ya bastante tiempo.

Ella era dos años menor que yo (20) y había llegado desde el interior de la provincia para estudiar en la Escuela de Bellas Artes de la capital de mi provincia.

Yo la conocí por que era amigo de su tía, una mujer, en esos momentos, de 44 años, viuda ella, de muy buena estampa.

Ana (así llamaremos a mi novia) era muy reacia a mantener relaciones sexuales, pero era muy calentona. Así es que al principio, solo se animo a agarrarme la pija y a hacerme unas hermosas pajas. Al tiempo ya me permitió que yo también se las hiciera a ella. Por ultimo, y a iniciativa de ella, un día me la empezó a chupar: lo hacia lentamente e iba aumentando la velocidad y la fuerza de succión poco a poco. Cuando me sentía cerca de acabar, suavemente le tocaba la frente, ella sacaba la pija de su boca y me hacia terminar como pocas veces recuerdo.

Cierto día se molestó porque yo le hacia sacar la boca de mi pija antes de acabar. En realidad lo hacia por una cuestión de delicadeza. Pero a partir de esa vez, le acabé en la boca y ella se la tomaba toda.

Para nuestras sesiones de sexo oral, casi siempre íbamos a la terraza del edificio de departamentos en el que ella vivía con su tía. Nos íbamos detrás del tanque de agua, nos sentábamos en el suelo y allí nos dábamos masa.Una noche de luna llena, con el cielo muy despejado ( es decir, con la noche iluminada casi a giorno) estábamos en nuestra acostumbrada sesión de placer, cuando alcanzo a ver que lentamente se entre abre la puerta de la terraza. Yo estaba con mi dedo metido en su concha desde atrás, y ella chupando dedicadamente. Al ver que había alguien en la puerta, me pongo rígido y eso hace que arremeta con fuerza mi dedo en su concha: parece que fue en el momento justo ya que ella también se tensó por la llegada de su orgasmo y comenzó a chupar mas fuerte. No la quise cortar, con la esperanza de que no entrara nadie. Me quede mirando fijamente la puerta y alcance a ver a una mujer que se estaba tocando las tetas mientras nos miraba. Grande fue mi sorpresa al reconocer entre las sombras a la tía viuda.

Con Susana (asi llamaremos a la tía) teníamos gran confianza y muchas veces habíamos hablado de sexo entre los tres y le habíamos dado a entender que algo pasaba. Su actitud era siempre de recomendarnos que nos cuidáramos respecto del embarazo ya que ella era la responsable de Ana ante su familia y no quería problemas.

La cuestión es que decidí que cada uno disfrutara de su paja tranquilamente.

Al tiempo Ana tuvo que viajar a su lugar de origen a visitar a sus padres.

Al sábado siguiente Susana me pide que la acompañe a una fiesta, cosa que ya había hecho en varias oportunidades con anterioridad, así es que, siguiendo con la costumbre, el sábado salimos rumbo a un casamiento.

En la fiesta comimos, bailamos y bebimos bastante. Al regreso a su, casa bien entrada la madrugada, me pidió que nos sentáramos en el living a tomar un café y a charlar un poco. La misma comenzó comentando cosas graciosas de la fiesta. En un momento dado me pregunto como andaba mis relaciones con Ana, que si nos cuidábamos como ella nos pedía, etc.
Le dije que sí, que nos estábamos cuidando.
Me dijo que no me creía, que le diera detalles de lo que hacíamos.
Le dije que estaba loca.

Ella apeló a nuestra confianza y me dijo que con tantas cosas que habíamos hablado con anterioridad a esta relación, que ahora no me hiciera el tímido.
Era un argumento contundente, así es que con mucho recelo y muy metafóricamente, trate de dar a entender lo que hacíamos.
Ella me escuchaba atentamente. Cuando hice una pausa me pregunto si eso me satisfacía. Le dije que sí.
Me propuso que fuera mas especifico en mi relato, y que para que no me avergüence, apagaría la luz y se sentaría de espalda a mí.
Así, en la oscuridad, comencé a relatarle la noche en que ella nos espió.
Mientras hablaba en voz muy baja, notaba por sobre el respaldo del sillón en el que ella se había sentado, que sus hombros se movían; había tirado su cabeza hacia atrás y había cerrado sus ojos.
Me puse de pie y me acerque lentamente a ella sin dejar de hablar. Al llegar a la altura de su cabeza, vi como sus manos se movían entre sus apretadas piernas.
Le apoyé la pija en su cabeza.

Ella levantó una mano y comenzó a acariciármela por sobre el pantalón.
Encontró el cierre y lo bajo lentamente.
Se puso de rodillas en el sillón y empezó a chapármela casi con desesperación. Había metido una de sus manos por la concha y con la otra se acariciaba el culo: un culo muy bien formado.
Mientras tanto yo le había bajado los breteles del vestido y había sacado sus tetas al aire: tenia unos pezones rojos y erectos.
Ella misma llevó mi pija hacia sus pechos y allí los restregó en sus pezones.
Di la vuelta al sillón y quede frente a su culo. Le baje la bombacha y le empecé a chupar el culo tratando que mi lengua fuera lo mas profundo posible. Esto la enloqueció. Se apretaba los pezones y gemía.
Cuando tuve su culo bien lubricado, le apoye la cabeza de la pija y le pedí que se relajara. Eso hizo. No hizo falta mas: la pija se le deslizo poco a poco adentro. Cuando sintió que la cabeza le había entrado, ella empujo con todas sus fuerzas hacia atrás, una y otra vez. (Creo que me dolió más a mí que ella.)

Se enderezo lo más que pudo y me pidió que le metiera una mano en la concha y que con la otra le apretara las tetas.
Acabamos juntos: parecía que mi leche no me terminaba de salir mas y sentía en mi mano que su flujo orgásmico me la bañaba.
No quedamos tendido en el sillón, recuperándonos.
Se ofreció a bañarme, lo obviamente acepté. Llenó la bañera y me llamó cuando estaba todo listo.
Nos metimos al agua y nos bañamos.

Salimos y ahí fue que me dijo que era la primera y ultima vez que esto pasaba entre nosotros, que se debió a la bebida, y que se yo cuantas cosas más.
Antes de despedirme, me besó y me acarició la pija.
Obviamente, no fue la ultima vez…

Miguel Sexman

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Tia Olga / Tiempos de lujuria

Thursday, January 11th, 2007

Tío Horacio siempre me pareció un viejo verde, un egoísta, un malintencionado. Una mala persona, en definitiva. Su aspecto me resultaba abominable, enorme, ceñudo, como si invisibles pinzas colocadas sutilmente en su rostro le dieran esa apariencia de animal relamiéndose ante el dolor que le causaría a su presa.

En varias reuniones familiares lo descubrí mirando con insano interés a mis primas, a sus sobrinas. Eran ellas apenas niñas, de pequeños pechitos y largos cabellos rubios. Yo también las miraba con deseo, pero lo entendía natural, teníamos casi la misma edad y para ese entonces no sabía qué era el incesto.

En otras ocasiones lo observé tratando de manera despectiva a algunas personas, como asimismo hablando mal de gente a la que no conocía y que a mí, por empatía, me resultaba agradable.

Toda esa sumatoria hacía que mi concepto de tío Horacio fuera negativo. Pero lo que más bronca me daba era que tuviera la suerte de tener a Olga por esposa. Tía Olga, en realidad, era la mujer ideal para tío Horacio. Frívola, egocéntrica, altanera, pero mis sentimientos no la calificaban en ese entonces como una versión femenina del hermano de mamá. Es que tía Olga era la protagonista principal de mis fantasías sexuales.

Cincuentona ella, entrada en carnes pero voluptuosa, de enormes pechos, anchas caderas, abundante trasero, cabello teñido de caoba y ondulado en grandes rulos, siempre calzando tacos altísimos, luciendo generosos escotes, cortas y ajustadas faldas de tajo a los costados y los diez dedos de sus manos adornados con llamativos anillos. Y su rostro; no hermoso, pero en cada uno de sus rasgos estaba presente la lujuria, especialmente en su desdeñosa boca de gordos labios y en sus ojos siempre delineados, de mirar inquietante.

La democracia había llegado con muchas novedades, coincidente con el inicio de mi adolescencia. Antes que los represores comenzaran a caer, a mis manos llegó la pornografía en material mentiroso, que me mostraba del sexo una imagen que luego encontraría distinta en el plano real, pero que por un buen tiempo me hizo ver a la mujer como un animal del deseo y no como a una persona.

Y tía Olga era para mí eso, una hembra en celo, y su cuerpo exuberante se me aparecía en sueños, estando dormido o despierto, provocándome revoluciones hormonales y explosiones en mi entrepierna que me anunciaban los secretos de mi virilidad.

Por aquellas fechas entró a trabajar en casa Lidia. Cocinera, mucama, ama de llaves, niñera mía. Sólo tenía dieciséis años, tres más que yo, pero era mi niñera. Delgada, morena, sumisa en apariencia, mas pronto descubriría que estaba de vuelta de muchas cosas.

Una noche la descubrí en el patio trasero con Manuel, el cadete del almacén de la esquina. Primero pensé que luchaban, pero no, se besaban, se tocaban. Las revistas con mujeres desnudas dejaron de ser mis amantes preferidas para darle lugar a mi rol de voyeur. Todas las noches, esperando que la casa se durmiera, salía por mi ventana, trepaba al techo y desde un rincón estratégico pero forzando la vista me dedicaba a espiar a Lidia y a Manuel. Cada día deseaba que fuera más temprana la llegada del sueño de los demás, y sabía que Lidia ansiaba lo mismo.

Con su delantal gris Lidia no parecía sensual, pero en las noches, semidesnuda a instancias de Manuel, se me antojaba una diosa del sexo. El cadete del almacén succionaba goloso sus pequeños pero turgentes pechos mientras que con una mano le frotaba la entrepierna. Ella también le tocaba allí, enloqueciendo a aquel muchacho, que al año siguiente debería hacer el servicio militar.

Una de esas noches, mientras cumplían con su secreto rito, cometí una torpeza y el trozo de un ladrillo suelto cayó al piso. Manuel no se dio cuenta. Obnubilado hacía algo por primera vez, besaba entusiasmado la entrepierna de Lidia, pero ésta elevó sus ojos y estos se encontraron con los míos. Primero se alarmó, lo sé porque casi no vi sus párpados, sino muy redondos los globos blancos donde habitaban sus oscuras pupilas, pero su alarma pronto desapareció. Creo que fue cuando descubrió lo que yo estaba haciendo. Luego sé que le gustó tenerme como espectador, aunque no se lo dijo a Manuel, fue nuestro secreto.

A partir de entonces, todas las noches Lidia miraba hacia el techo, me miraba a mí, mientras retozaba incómodamente con Manuel.
Lo incómodo para mí ocurría durante el día. Me avergonzaba mirar a nuestra fámula a los ojos, temía encontrar burla. Entonces me prometía no volver a espiarlos, pero llegada la noche mi lascivia me llevaba al techo de casa.

No lo había tomado en cuenta, pero esas noches formaron parte de un mes de sequía, hasta que siendo la mitad del verano, una tormenta eléctrica acompañada de torrencial lluvia cayó sobre la ciudad.

Lidia y Manuel no pudieron reunirse en esa oportunidad, y yo tampoco pude participar como observador en ese excitante juego. Estaba inquieto, me había acostumbrado a esas sesiones y a falta de ellas me sentía con un síndrome de abstinencia que ni siquiera las revistas que escondía en mi cajón secreto me satisfacían.

Todos dormían cuando fui al baño para mojarme la cabeza. Al salir me dirigí a la ventana, y mientras miraba los rayos me sobresaltó un movimiento que detecté en la oscuridad, junto a mí.

— Cómo llueve, ¿no?

Era Lidia. Al parecer también estaba insomne.

— Me asustaste.
— ¿No podés dormir?
— No tengo sueño, para colmo se cortó la luz.
— Sí. Yo tampoco puedo dormir.

El silencio ganó el momento y sólo escuchábamos el agua. Al cabo de segundos que se me hicieron eternos, un nuevo sonido se sumó, el suspiro de Lidia. Luego otra vez silencio, hasta que me nació interrumpirlo.

— ¿Hoy no viene Manuel?

No la miré, pero le adiviné una sonrisa.

— Hoy no.
— ¿Se van a casar?

Emitió una risita, que pronto apagó cubriéndose la boca. Susurrábamos, éramos socios para no perturbar el sueño de los demás.

— No. No me gusta Manuel.
— Pero yo… ustedes son novios, ¿no? –dije sorprendido.
— Somos amigos, nada más.
— Pero se besan.
—Eso no quiere decir nada. Me gusta como besa, pero nada más. ¿Vos besas bien?

Nunca había besado a ninguna chica. Una vez, en la escuela, Clara, la gorda Clara, me había besado en la boca, pero aquello no podía considerarse un beso de pasión.

— Dicen que bien –respondí.
— ¿Quiénes dicen? –preguntó, maliciosa.
— Las chicas.
— ¿Tus novias?
— Amigas.
— No te creo, no veo que tengás amigas en el barrio.
— En el barrio no, pero sí en el de mi abuela.
— ¡Uh! Pero eso es muy lejos y vas muy poco. No creo que besés tan seguido.
— No, pero cuando beso les gusta mucho.
— ¿Y no te dan ganas de besar en una noche como ésta?

Me electrizó esa pregunta. La miré pero sus ojos observaban la calle oscura, a través de la ventana. Aproveché para bajar los míos y la descubrí usando solamente una remera larga hasta las rodillas y sandalias. Me excitaron sus piernas desnudas, también la turgencia de sus pequeños pechos.

— ¿Me dejás besarte? –pregunté.

Su respuesta fue una mirada, que pronto fue acompañada por una sonrisa. Acercó su rostro hacia el mío y sentí sus labios buscando mi boca. Ya estaba erecto, pero fue aquella caricia lo que me lo hizo notar.

La abracé fuerte, ciñéndola a mi cuerpo y tomando parte activa en el beso. Sentir su humedad y hallar su lengua con la mía me llenó de deseo.
— ¡No muerdas! –exclamó, susurrando-. ¿Así besás? Tenés que hacerlo de esta manera.

E imponiéndome pasividad me enseñó a besar, abriendo con sus labios los míos e introduciéndome en la boca su lengua. Así aprendí a dejar afuera del ósculo el roce de los dientes. Al cabo de unos minutos ya me sentía un besador veterano y ambos nos chupábamos la boca, mientras sus manos acariciaban mis cabellos y las mías su trasero, su pequeño pero duro y redondo trasero.

La pasión hizo presa en mí. Pronto había alejado a Lidia de la ventana, arrinconándola en la pared, frotando mi cuerpo con el suyo, mientras mi boca iba de su boca a su cuello, y mis manos bajo su remera sorteaban el obstáculo de su bombacha para masajear sus nalgas. No pude evitarlo, aquello era nuevo para mí, y así sentí el orgasmo sacudiéndome en una oleada de indescriptible placer.
Traté de simular ese accidente, mas Lidia lo notó.
— Estás mojado –dijo-. ¡Acabaste!

Me dio vergüenza que lo descubriera, pero antes que atinara a dar alguna explicación me sentó en una silla y sacó por la abertura del calzoncillo mi pene. Estaba mojado, totalmente empapado en semen. También continuaba erecto.

— Mi bebito se ha mojado, pero mami lo va a secar –ronroneó, mirándome con sus negros ojos entornados y una sonrisa maliciosa.

Pronto sus labios gordezuelos formaron una letra “O”, y en su hueco vi desaparecer mi pene, al tiempo que una sensación maravillosa me hacía sentir que caía a un profundo abismo, pero con la seguridad que a su término me aguardaba un mullido lecho.

Lidia comenzó a succionar suavemente, golpeando mi glande con su lengua, su lasciva lengua, y pronto su manera de chupar fue más y más intensa.
Tenía ganas de gritar, de decirle cosas sucias, cosas que avergonzaran a cualquiera, pero debía guardar silencio. En cualquier momento alguien podía aparecerse en la cocina y hacer que esa deliciosa escena fuera un drama. Pero cómo pensar en una posibilidad así cuando el placer que me brindaba aquella boca era tan maravilloso. Un estremecimiento me invadió y aguantando la respiración sentí un shock, mientras un río de esperma brotaba de mi virilidad. Lidia gimió como presa de una especie de trance, sin dejar de chuparme. Incluso al terminar de salir semen de mi pene su boca seguía y seguía, hasta que se lo quitó de los labios.

— ¡Qué rico! ¿Viste? Mami te lo limpió. ¿Te gustó?
— Muchísimo –le dije desfallecido. ¿Le hacés eso a Manuel?
— Poco, le gusta más que se la sacuda con la mano.
— Pero eso es lo mismo que… hacerlo solo.
— Gustos son gustos.
— Y a él le gusta besarte entre las piernas.
— Y a mí me gusta que lo haga.
— ¿Te gusta?
— Me vuelve loca.
— ¿Me dejás probar? –casi rogué.

Sin responder, se quitó la bombacha y me la arrojó a la cara, luego se sentó frente a mí, en otra silla, y levantó una pierna, apoyando su pie en el borde de la mesa.

— Vení –invitó.

Me arrodillé ante ella y mientras sus manos lentamente levantaban su remera, fui descubriendo su vagina. Una selva de ensortijados vellos rodeaba una boca, que se abrió cuando sus dedos se encargaron de descubrirme cómo sonreía.

— Dale, besame –ordenó.Era extraño, pero tuve cierta aprehensión. Era algo peludo y desconocido, pero pronto recordé el entusiasmo con que Manuel besaba aquel sexo, entonces cerré los ojos y la besé. Lidia ahogó un gemido, mientras su diestra me tomó de los cabellos, apretándome contra su entrepierna. El sabor que invadió mi boca fue uno de los más deliciosos que he probado. Lo sentí apenas mi lengua se atrevió a meterse en esa boca vertical y llenarse de su humedad. Me dediqué a disfrutar, pero también a chupar en los sectores que más placer le causaban a Lidia, como esa pequeña pepita ubicada en la parte superior de aquel húmedo y caliente tajo. Me excitaba verla excitada.

Supe que podría estar chupándola hasta que saliera el sol, que nunca me cansaría de saborearla, pero de repente me tomó del cabello y suavemente apartó mi cara.

— Dejame un poco más, me gusta –pedí.

Pero ella me sentó otra vez, juntó mis piernas y se sentó a horcajadas sobre ellas. Su hermoso rostro moreno estaba serio, sus ojos perdidos, gemía sin que la tocara. Sentí una de sus manos apretándome el pene, nuevamente erecto, y enseguida noté que algo me acariciaba la cabeza, era lo que había estado besando.

La vi morderse los labios, al tiempo que una de las sensaciones más imposibles de describir ganó todo mi ser, cuando finalmente se sentó, hundiendo mi miembro en su caverna húmeda y abrazándose fuerte, muy fuerte.

Iba a gritar, aquello era lo más intenso que me había ocurrido, cuando me tapó la boca con la suya, en un beso que aumentó al límite de la locura mi excitación. Así, sin dejar de entrelazar mi lengua con la suya, comenzó a moverse, de arriba hacia abajo y de abajo hacia arriba, incitándome a ayudarla en ese delicioso vaivén vertical, para lo cual la tomé de la cintura y me deleité esforzándome con su peso.

Al dejar de besarme se alejó lo suficiente, pero sin dejar de cabalgarme, y levantó con sus manos la remera, hasta dejar al descubierto sus pechos, los cuales me aplastó en el rostro, permitiéndome oler su fragancia sencilla pero deliciosa. Busqué sus pezones y los chupé ansioso. Noté que le excitaba sentir delicados mordiscos y le obsequié varios. Sentía cercano el orgasmo, pero era tan delicioso tener así a Lidia que quería prolongar el momento. Eso no evitó que ella no hiciera lo mismo, pero tuvo dos o tres, no recuerdo cuántos, pero fueron varios. Eso lo descubriría luego.

— ¿Estás por acabar? –me preguntó al oído, con voz enronquecida y jadeante-. Acabemos juntos –propuso, al contestarle que sí de manera igual.

Entonces Lidia hizo más y más violenta su cabalgata, y yo me esforzaba por entrarle más y más en sus entrañas, hasta que lo sentí venir y la apreté con todas mis ansias a mi cuerpo. Temblando y abrazados como si fuéramos uno solo fuimos socios de nuevo, no únicamente en el silencio, sino también en un orgasmo increíble, tras el cual nos quedamos así, abrazados, bañados en sudor, exhaustos, satisfechos.

Luego de algunos hermosos instantes se levantó suavemente, liberando mi miembro, apenas fláccido, y tras darme un beso suave en los labios dejó caer su remera, cubriéndose, y se marchó, dejándome allí, sentado en esa silla que habíamos corrido casi dos metros con nuestro vaivén.

Esa noche me dormí muy entrada la madrugada, casi cuando se anunciaba el sol. Me había convertido en hombre.

El mirador mirado

Lidia continuó con sus apretadas con Manuel, pero ya no tan seguidas. Hasta entonces se veían casi todas las noches, haciéndose a partir de nuestra aventura casi esporádicas. Manuel era mayor, era más hombre que yo, pero conmigo tenía la comodidad de poder tener sexo en la casa. Luego supe que otro de los placeres de Lidia era ser mi maestra en sexo. Después de todo su boca era la primera que besaba, también su sexo el primero que saboree y toda ella la primera mujer que había poseído.

Mis revistas y fantasías pasaron a segundo plano, ya que por las noches Lidia llegaba sigilosamente a mi dormitorio, cerraba la puerta con llave y se metía en mi cama, desnuda, pues yo desnudo la esperaba, y gozábamos durante varias horas.
A mediados de verano eso ocurría todas las noches, había logrado desplazar a Manuel.

En una de esas inolvidables sesiones, nos quedamos dormidos. Fue hermoso, a pesar que el canto del gallo nos anunció el comienzo de un nuevo día y sólo por escasos minutos mi madre no nos descubrió.

Pronto no nos bastaron las noches y también comenzamos a vernos durante las siestas, encontrándonos a escondidas en “La Casita”. Así llamábamos a dos habitaciones ubicadas en el fondo del enorme patio de casa, que se usaban a modo de desván. En la segunda dependencia, entre muebles rotos, cajas con cosas viejas y demás artículos en desuso, habíamos improvisado una cama con unos almohadones rasgados, una alfombra gastada y varios retazos de tela a modo de sábanas.

Hacía un calor infernal en ese sitio, pero lo soportábamos gustosos pues el placer que nos prodigábamos era mucho y nos bastaba mitigar la temperatura con un bidón de agua fresca que consumíamos en la hora y media que transcurríamos en “La Casita”.

Prácticamente todas las tardes y todas las siestas, salvo algunas excepciones que no lo permitieran, Lidia y yo dábamos rienda suelta a nuestra pasión adolescente. De noche en mi cama o en la suya (una vez lo hicimos en el techo, pero temimos ser vistos), y por las siestas en “La Casita”. Quizá lo que me excitaba tanto de Lidia era su lujuria. Era cariñosa, dulce, pero su actitud hacia mí nunca fue romántica, ello hizo que mi aprecio no se convirtiera en amor. Años más tarde me daría cuenta que el uno para el otro sólo éramos objetos de deseo, aunque con aprecio de por medio.

Aquella siesta dudamos en ir a nuestro escondite. Tío Horacio y tía Olga habían venido a almorzar y, como vivían lejos y como por la noche festejábamos el cumpleaños de papá, se quedaron a pasar el día. Recuerdo que era sábado.

Tía Olga usaba un vestido negro con lunares rojos, demasiado ajustado, ya que marcaba los rollos de su cintura. Sin embargo lo que observé fue lo evidentemente grande que era su trasero, redondo, sus macizas piernas enfundadas en medias de red, tacos aguja en sus sandalias y un escote que mostraba la unión de sus enormes pechos. “Parece una puta”, solían murmurar mis padres cada vez que tía Olga nos visitaba. Era cierto, lo parecía, y la fantasía de que lo fuera me excitaba mucho. Tío Horacio siempre me había caído antipático, y más al imaginarlo montando la yegua que era su mujer. Mientras Lidia servía la comida vi a mi tío mirarla con lascivia. Se me ocurrió cambiársela por la tía esa tarde, pero obviamente que sólo fue una ocurrencia de unos segundos, pero me hubiese encantado.

En dos oportunidades tía Olga me sorprendió mirándole el escote. Sonrió guiñándome un ojo con picardía, a lo que respondí fingiéndome distraído, esperando que no lo hubiese notado, aunque pronto sabría que no era así.

Durante todo el almuerzo sentí una excitación intensa. Me costaba tener sentada a la misma mesa a la tía Olga fingiendo que esa comida era una reunión familiar. Tenía deseos de masturbarme o de ir a la cocina para buscar a Lidia, subirle el delantal, bajarle la bombacha y…

La siesta tardó mucho en llegar. La sobremesa, debido a las visitas, se extendió, y por un momento temí que nadie se acostara, pero finalmente el bostezo de tío Horacio los hizo poner de pie a todos y retirarse a descansar. Esperé media hora en mi cuarto. Siempre aguardaba ese tiempo, el calculado para que todos estuvieran dormidos, y entonces me dirigí a “La Casita”. Al cabo de unos minutos llegó Lidia.

— ¡Uff! Creí que nunca se acostarían.
— Yo también pensé lo mismo, justo hoy que tengo tantas ganas de coger.
— ¡Mmmm! ¿Está calentito mi bebito? –preguntó con esa vocecita de gatita que tanto me calentaba, y de un empujón me hizo caer sobre nuestra improvisada cama.

Hábilmente Lidia me bajó los pantalones y mi miembro saltó duro, como un resorte. Sonrió, mirándome con lascivia, y se lo metió en la boca, chupándolo con deleite, haciéndome delirar de gusto.

Mi pene sentía el calor, la humedad y la fuerza de su boca como si fuera la primera vez. Lidia succionaba cada vez más fuerte, naciendo en ella una excitación que la transformaba, hasta dejarla convertida en una hembra sedienta de sexo.

Fue en ese momento cuando el placer dio lugar al pánico. Al mirar instintivamente hacia la puerta que comunicaba las dos habitaciones de “La Casita”, encontré a tía Olga, mirando la escena estática. Por unos segundos no sentí nada, el terror se apoderó de mí, pensé lo peor, lo que tantas veces había temido, y de pronto tía Olga desapareció.

Muchas cosas pasaron por mi mente en ese momento. No se lo dije a Lidia, pero durante unos instantes me quedé quieto, sin atinar a nada, aguardando que de un momento a otro aparecieran mis padres y ocurriera la tragedia.

No hubo sexo esa siesta. Lidia se fue a dormir excitada y algo molesta, yo lo hice temblando de miedo.

En la soledad de mi cuarto me pregunté si tía Olga había visto la cara de Lidia. Al menos esperaba convencer a todos de que era otra chica y así proteger a mi amante. También traté de recordar el gesto de la cuñada de mamá al encontrarnos, pero no pude convencerme de si había demostrado enojo, una mala impresión o complicidad.

Llegada la tarde no quise salir de mi dormitorio. Todos estarían merendando en el patio, pero no me daba la cara para enfrentarlos. Alrededor de las cinco y media Lidia abrió la puerta.

— Augusto, te llaman –dijo, aún algo molesta.
— ¿Quién? –pregunté sin poder ocultar mi temor.
— Tu mamá –respondió.

En cinco minutos me plantee mi futuro, y las posibilidades más extremistas se me formaron como una larga fila de terribles presagios. Juntando valor y decidido a proteger a Lidia, me dirigí al patio.

Nunca las cosas salen igual a como las imaginamos; a veces salen peor, a veces mejor, pero nunca igual. Y en esa ocasión no podrían haber resultado mejor.

— Augusto, acompañá a la tía a la casa y arreglale el farolito de la entrada mientras nosotros vamos con tu tío a buscarle el regalo a papá, aprovechando que fue a recorrer la clínica por si había alguna emergencia.

La sonrisa de mamá era amplia. Notorio era que en su mente sólo importaba en esos momentos la alegría de papá al ver su sorpresa.

— Tu mami me dijo que sos muy buen electricista, Agus –dijo tía Olga, mirándome con una sonrisa muy amplia y un brillo extraño en sus ojos.
— Eh… sí, bah… me gusta mucho.
— Debe ser una pavada –acotó tío Horacio-, pero si arreglás esos faroles también vas a tener un regalo.

Abordé el auto de los tíos con aprehensión a estar a solas con tía Olga, pero no quedaba otra alternativa. Por primera vez la veía sentada ante el volante, lo que implicaba ver más de sus piernas, ya que su corto vestido se había subido, pero no logró excitarme tanto como hubiera ocurrido bajo otras circunstancias.

Hablando de todo un poco (tía Olga era una máquina de hablar), pero conduciendo veloz y magistralmente, la cuñada de mamá dejó el barrio dirigiéndose hacia las afueras, donde estaba su casa-quinta, haciendo solamente un alto en un kiosco, cuyo propietario quedó encandilado con su enorme trasero y la forma de menear las caderas.

Al llegar a su casa entramos y, antes que nada, colocó un disco de boleros en el combinado, para luego invitarme a sentar en los sillones del living.

— Agus –siempre me llamaba así-. ¿Sabés qué es esto?

Me mostró un sobre plástico. Deduje que era lo que había comprado en el kiosco. Al leer la etiqueta me sorprendí.

— ¡Son con…!
— Condones –terminó la palabra-. ¿Sabés para qué se usan?
— Para no embarazar a las mujeres.
— ¡Exacto! -celebró gozosa-. Esto es lo que usan los hombres para que las chicas no se embaracen a la hora de tener relaciones sexuales. ¿Los usaste alguna vez?
— No –dije más que incómodo.
— ¿Y sabés si esa chica que trabaja en tu casa toma algunas pastillas?
— No.
— ¿No sabés o no toma?
— No sé.
— ¡Mal, muy mal! ¿Pensaste en lo que pasaría si la embarazaras? Tenés trece añitos, mi amor, imaginate cómo se amargarían tus papis si eso pasara.

También pensá en cómo le arruinarías la vida a esa chica. ¿Cuántos años tiene, catorce, quince? ¡Mi vida! Tenés que preguntarle si toma pastillasanticonceptivas, ¿te vas a acordar? Y si te dice que no, cada vez que tengas sexo con ella tenés que usar estos condones. ¿Cuántas veces te acostás con ella?

No respondí. Me ardía la cara por la vergüenza.

— ¡Decime, corazón! No le voy a contar nada a nadie, ya viste que no dije nada de lo que vi hoy. ¿Cuántas veces se acuestan?
— Todos los días.
— ¡¿Todos los días?!
— Sí, a la siesta y a la noche.
— ¡Agus de mi vida, sos un toro! ¡Claro, a tu edad debés tener una fábrica de lechita! Con más razón debés usar los globitos, ¿de acuerdo, bebé?
— Sí, tía Olga.
— ¿Sabés cómo se usan?
— ¿Se ponen en el pito?
— Sí, pero tiene que estar durito. Mostrámelo y te enseño.

Aquello me agitó. Jamás haría semejante cosa, demasiado era mantener una charla tan directa sobre un tema tan tabú con una mujer mayor, y encima de la familia, pero mostrarle mi sexo… ¡ni a mi madre!

— No, tía Olga, me las voy a arreglar, no se preocupe, mejor dígame donde se corta la luz y arreglo los faroles.
— ¡Lo de los faroles es mentira, bebito! Era una excusa para poder hablar de este tema tan importante. Andan perfectamente, pero como tu tío es tan despistado ni cuenta se ha dado. Mostrame el pito.
— ¡No!
— Agus, mostrame el pito o voy a tener que hablar con tu mamá.

Lo dijo con seriedad y un tono amenazante. Me quedé estático durante unos segundos, mirándola a los ojos. Casi sollocé, lo peor que me podía pasar era que mi madre se enterara de que cogía a la empleada. Mil cosas pasaron por mi mente, y casi sin reaccionar ya estaba de pie, frente a tía Olga, con los pantalones y los calzoncillos bajos, y mirando al techo.

— Claro, Agus, ahora el pito está dormidito, así no podés ponerte el condón, hay que despertarlo.
Sentí sus dedos anillados acariciarme el pene. Todo mi cuerpo temblaba, sólo pensaba en que jamás me recuperaría de tal bochorno.
— Estás muy nervioso, bebito, no tenés por qué, ya que soy tu tía y te conozco de chiquito. Vení conmigo.

La seguí hasta el dormitorio y en su cama me hizo sentar. Luego encendió un velador y sobre la pantalla colocó un pañuelo rojo que provocó un efecto lumínico extraño en la alcoba. “Sabor a ti” sonaba en el living.

Tía Olga dejó caer a mis pies unos mullidos almohadones y en ellos se arrodilló, me acarició las piernas y mirándome de igual modo a como lo hacía Lidia, me dijo:

— Ahora te voy a hacer lo mismo que te estaba haciendo la nena esa.

Y sin decir más su boca pintarrajeada se tragó mi miembro, chupándolo de una manera tal que ahora me obliga a corregir algo que dijera antes: jamás me había sentido tan en las nubes como ahora.

Pensé en apartarla y salir corriendo. Deseaba a esa mujer, me había masturbado pensando en ella y he había imaginado penetrándola cuando en realidad estaba con Lidia, pero… ¡Era mi tía! Sin embargo el placer me venció y me dejé caer en la cama, entregado al deleite de sentir esa boca succionándome. Al cabo de unos instantes sentí a tía Olga gemir, sin dejar de chupar mi miembro, y al mirarla la encontré masajeándose entre las piernas de una manera casi obscena, pero que me fascinó.

Pronto me sentí al borde del orgasmo, y tía Olga pareció enterarse como si le hubiera enviado un mensaje telepático, ya que interrumpió su acción y se quedó mirando mi pene, que latía de manera casi dolorosa. Transcurridos unos instantes rompió el sobre plástico con los dientes y sacó un círculo color piel.

— Creí que ibas a largar lechita, Agus –dijo con una vocecita que pretendía ser inocente.

Pronto colocó el círculo sobre la cabeza de mi pene y con sus dedos en forma de “O” comenzó a bajarlo, viendo como el tronco se iba vistiendo de látex.
Seguidamente la tía se puso de pie, se sacó la bombacha sin hacer lo propio con el vestido, y se acostó a mi lado.

— Vení, Agus, subite arriba de la tía, hacele lo mismo que a la nena esa –gimió casi en un ruego. No esperé a que lo repitiera, me trepé a la voluptuosa humanidad de tía Olga e hice algo que venía haciendo todas las noches y todas las siestas, la penetré.
— ¡Ah ah ah… Agus… potrillito… mmmm así… así… coja bien a su tía… mi amor!
Sus gritos me excitaron a full. Siempre había deseado que Lidia no se reprimiera, que aullara así, pero en la casa era imposible, aunque en esa quinta, sin vecinos, a puertas cerradas…
— ¡Así… mmm… qué ricura… cójase a la tía, mi amor… hágala gozar… déle gustito!
— ¡Tía Olga… tía… tía…!

Recuerdo tan real su voz y sus gritos, que me excita sobremanera y me siento aquel adolescente que fui hace tantos años. También recuerdo que no pasó mucho para que descargara mi leche en esa bolsita de látex, pero sin que por ello mis deseos cesaran. Sé además que la tía Olga llegó a varios orgasmos, pero quería más, y más.

— ¡Más… más… más… no parés, Agus… cojela bien a la tía que hace mucho que no le llenan la cuevita… ah… ah… ah…!
Mientras iba en busca de mi segundo orgasmo, me las ingenié para profanarle el escote y liberarle los pechos. Enormes tetas rosadas, algo caídas pero tanto o más sabrosas que las de Lidia. Me llené la boca de su miel y mordí sus pezones con la conocida experiencia obtenida con Lidia, lo que enloqueció a tía Olga, cuyas piernas rodearon mi cintura. Los boleros continuaban en el living, pero no supe qué temas eran, ya que los gritos de mi tía y el crujir de la antigua y enorme cama de bronce inundaban el dormitorio.

Mi tercer orgasmo fue el quinto o el sexto suyo, tras los cuales ambos quedamos en la cama, abrazados. Tía Olga jadeaba, toda sudada, como yo, y su corazón parecía un caballo desbocado.

Al normalizarse su pulso y su respiración, me besó en la frente y me acarició los cabellos.

— Volvamos a tu casa, Agus. Me voy a cambiar de vestido y vos lavate un poco la carita y arreglate la ropa. Esto que hicimos hoy es un secreto entre nosotros, nunca le digás nada a nadie, ¿me lo prometés?
— Sí, tía, más vale que se lo prometo. Tía, ¿a las mujeres les gusta que se la metan por la cola? –pregunté, ya sin ningún resquicio de vergüenza.
— A algunas sí, a otras no. ¿Te gusta mi cola?
— ¡Me encanta!
— ¡Qué divino que sos, bebito! ¿Sabés una cosa? A mí me encanta por la cola. Mañana tu tío se va a pescar con los amigos y te voy a traer así la culeás bien a la tía, ¿querés?

Por mi gusto hubiera hecho aquello en ese momento, pero ella tenía razón, debíamos volver. De todos modos, el domingo, es decir el día siguiente, tía Olga volvió a llevarme a su casa con la excusa de que la acompañara durante la ausencia de tío Horacio, es decir hasta la noche. Fue un domingo lleno de lujuria y pasión que jamás olvidaré, pero esa es otra historia.

Esa noche volví a fornicar divinamente con tía Olga, pero sólo en mente, ya que en realidad el cuerpo que reemplazó al suyo cuando todos dormían era el de Lidia, cuyo malestar había desaparecido y el deseo crecido, gracias a la abstinencia de la siesta. Tuve que enseñarle cómo colocar un profiláctico en un pene y aprendió para qué servía. Ese sábado de verano aprendí no sólo el encanto del incesto (aunque no tuviera lazos sanguíneos con tía Olga), sino también el significado de la infidelidad. Pero Lidia hubiera comprendido tan bien como lo hizo mi querida tía.

Augusto Cardenal

desterrado [arroba] topmail.com.ar

Sexo / Capí­tulo 2

Thursday, January 11th, 2007

Está es la continuación de Marifer, mi novia y Laura, mi cuñada.

Como recordarán, me dicen Wuaco, entreno Americano y artes marciales, comencé a andar con mi novia después de una fiesta, pero antes cogimos de lo lindo. Al final de mi anterior relato, yo regresé por mi cartera y vi el condón que habíamos usado, sin duda, Laura, la hermana de mi novia lo había visto, pero al final no le dí importancia, debido a que Marifer me había dicho que ambas tenían vida sexual activa.

Pasaron dos años, yo me llevaba de lujo con la familia de mi novia y con ella, Marifer era bastante estudiosa, le fascina el ejercicio, salir a bailar y sobre muchas cosas, le fascina coger y sentir el riesgo. En algunas ocasiones cuando salíamos a las discotecas, ella levaba faldas muy cortas y me pedía hacer el amor en un rincón. Pero eso sí, siempre que no hubiera nadie conocido. A veces salíamos en grupo, con sus amigas y con mis amigos, pero ahí nunca pasaba de un toqueteo discreto y ya, pero también salíamos sólo nosotros dos, ahí la cosa se ponía en verdad caliente, - sólo imagínense un poco -, en plena discoteca, o mejor dicho en pleno antro y nosotros jodiendo de lo lindo.

En cierta ocasión ella llevaba una minifalda roja de vuelo y su típico top con camisa – sin duda, le gusta mostrar lo que tiene- nos fuimos al rincón y ahí empezamos a besarnos más apasionadamente, yo comencé a subirle la falda y tocar sus nalguitas – como me fascinan, redondas y bien formadas, de esas nalguitas que parecen formar un corazón, de los de san Valentín, volteado- ella usaba una tanguita de encaje que se clavaba entre sus nalguitas, ella bajo mi cremallera y sacó mi verga, luego sólo moví un poco su tanguita y la comencé a penetrar, la levante un poco y ella me abrazó con sus piernas, y comenzó a brincar al ritmo que me movía – me fascina que se mueva en círculos, ustedes sabrán a que me refiero, ese movimiento que una amante buena hace alrededor de la verga, como exprimiéndola y abrazándola a la vez, dando un masaje- yo la tomaba de las nalgas para ayudarla en su movimiento, estábamos ya recargados contra la pared y con la otra mano le tomaba sus tetas, luego intercambiaba mi mano paro tocar su culo, masajeando su ano, esto a ella, le había llegado a gustar mucho, de pronto comenzó a gemir algo duro, pero no se oía debido a la música del lugar, luego tuvo un increíble orgasmo. Luego se volteo y dejó su culo al aire para que la penetrara, con sus propios jugos lubrique su ano y fui metiéndolo poco a poco hasta que entro toda, empezamos el mete y saca, yo la tomaba por la cintura o por las tetas y embestía contra ella, así estuvimos un buen rato hasta que le llene de leche todo su culo. Ella sonrió y me beso, se acomodó la falda y su tanguita, así como su top, ya que tenía una teta de fuera, yo me limpie la verga y la guarde nuevamente. Así fueron muchas otras ocasiones.

Como dije llevábamos dos años de novios, aunque no sé si se podría llamar amor lo nuestro o sólo una terrible atracción de ambos, si nos queríamos, pero no era amor. Como dije yo me había vuelto muy amigo de la familia, me llevaba muy bien con su hermano, su hermana era algo reservada conmigo, pero también nos llevábamos bien. Su mamá era muy cariñosa conmigo, el único con quien no congeniaba del todo era su papá, ya que era muy reservado y algo enojón. Bueno Marifer tuvo que salir un viernes a Querétaro junto con su mamá y su hermano, ya que un familiar estaba bastante enfermo. Yo no quise ir, ya que tenía cosas que hacer el sábado, sobre todo por un partido que jugaríamos ese día. De hecho Marifer insistió en que me quedara, así que lo hice. El viernes los fui a despedir. Tanto Marifer como Roberto, su hermano, serían los que conducirían, regresarían el lunes, por lo que el fin de semana estaría completamente solo.

El sábado como dije jugamos contra la universidad de Nuevo León, el equipo de ellos era muy bueno, pero nuestro equipo era el mejor, jugamos de corazón y al final ganamos 28 contra 14, yo jugaba de Corredor de Poder, por ello mi cuerpo como dije es fuerte, ese día me lastimaron las costillas, ya que un jugador contrario que era conocido como el Refrigerador Jr., me tacleó con gran fuerza desde mi costado izquierdo, para evitar otro tanto en contra de su equipo, el golpe fue muy duro, de hecho pensaron que no me levantaría, ya que se supone que Andrés, otro de los jugadores me cubriría, pero se había resbalado, afortunadamente pude continuar y ganamos el juego al final, yo metí dos anotaciones, por lo que todos me celebraban. Yo iba a ir a casa después del juego, ya que si me dolía un poco el costado, pero los demás se irían a festejar. Cuando estábamos cambiando, unos de los chavos me dijo que me buscaban afuera, yo sabía que no era Marifer, ya que me había hablado poco después de terminado el partido y seguía allá. Salí a ver quien era y me encontré con Laura, mi cuñada, ella me felicitó y me dio un gran abrazo, pero me dolió un poco debido al golpe.

¿Estas bien?- me preguntó ella
Sí, sólo algo magullado, nada que un buen masaje y un baño no quiten.- le conteste sonriendo, luego dije- ¿Te trajo tu papá?
No, vine sola, quería ver como jugaban, Marifer me pidió que apoyara al equipo.
Bueno, sólo deja y me cambio y te dejo en tu casa, sólo paso a recoger unas cosas a casa y te dejo.

Ella acepto y espero afuera, todos sabían que era mi cuñada y no dejaban de decirme que se estaba poniendo tan buena como la hermana, claro esto sin ofender siempre agregaban, yo no hacia ningún comentario, me había metido a bañar, aunque no dije nada yo desde antes me había dado cuenta, como dije antes, Laura era muy bella, ya había pasado esa etapa de niña transformándose en mujer. Su cadera se había ensanchado, sus pechos eran voluminosos y firmes, pero más pequeños que los de Marifer, ella tenía tez blanca como su madre, también tenía un abdomen plano y su pelo era ondulado y largo, hasta media espalda, era alta, pero no tanto como su hermana, mide 1.72 más o menos. Salí de bañarme, uno de mis amigos me vendó, ya que se estaba formando un feo moretón, pase al médico antes de irnos y me revisó, me dijo que tenía huesos fuertes y que sólo era el golpe.

Luego me despedí de mis amigos, quienes intentaron que los acompañara y les dije que no, que prefería descansar, así nos fuimos Laura y yo. En ese momento me percaté como iba vestida Laura, parecía una colegiala, tenía una falda a la rodilla, de cuadros y de vuelo, tenía una camisa blanca y zapatos negros con calcetín blanco y su pelo amarrado en cola de caballo. Nos subimos y fuimos platicando de cosas sin sentido, la invite a comer, ya que eran como las cuatro de la tarde. Fuimos a un Mc Donal´s, se notaba que aún era niña en algunos aspectos. Ahí platicamos de cosas sin sentido. Luego ella me saco de onda con una pregunta extraña.

¿Y ya has tenido relaciones con mi hermana?
Disculpa.- Conteste yo, ya desarmado. Ya que el tema anterior no era ni siquiera similar a ese.
No te hagas, desde la primera vez que te conocí me dí cuenta que habías tenido relaciones con Marifer. O acaso crees que no vi el condón y como te miraba mi hermana.
Bueno, creo que es normal a nuestra edad, por lo que sé tú también tienes una vida sexual activa.- Le contesté, intentando sonar natural.
Te refieres al DIU (Dispositivo Intrauterino), ¿No?.
Sí, claro- yo ya había acompañado tanto a Marifer como a Laura al Ginecólogo, para la revisión de la T, es decir, el DIU, ya que como sabrán debe revisarse mínimo una vez al año, por lo que así me volví a poner en defensa.
Bueno sí, pero hace tiempo que no he tenido relaciones, ya vez que hace poco más de un año que termine con Alberto.- Alberto era su ex, un tipo simpático, aunque muy delgado, yo me quedé callado, ya que no tenía nada que decir y ella continuó- Y dime, ¿Cómo es mi hermana en la cama?. – otra pregunta que me dejo desconcertado.
Es muy buena.- contesté sonriendo.
¿Y se aman?
Yo digo que sí- aunque no pensaba eso, pero no podía contestar otra cosa debido a que Laura le podría decir a su hermana, pero la conversación cada vez me desarmaba más.
Bueno, si he de ser sincera, Marifer me ha dicho que te quiere mucho y que no te dejaría por nada ni nadie ahorita, pero que de amor todavía no lo sentía, que eso se daba con más tiempo. – me dijo
Bueno respeto su opinión, yo también creo eso, pero como se dan las cosas, creo que llegaré a amarla.
Luego seguimos hablando de cosas sin sentido, pague la cuenta y subimos otra vez a la camioneta, ella sonrió y luego me dijo.
Por lo menos ya limpiaste y recogiste lo que usas.

Yo sólo atine a sonreír, cuando ella dijo esto, volteó hacia atrás mirando dónde esa vez estaba el condón, pero por el movimiento su falda se subió y me dejo ver su calzón negro. Ella me volteó a ver y sonrío nuevamente sentándose sin acomodarse la falda. Llegamos a mi casa, le dije que me esperara en la sala, que no me tomaba mucho tiempo. Yo subí a mi cuarto, la casa ya estaba limpia, la señora había hecho el aseo, yo me estaba cambiando la ropa por un pans, ya que así estaría más cómodo, me quité la venda y me quede viéndome un momento en el espejo, yo sólo traía los bóxers, cuando vi en el espejo a Laura, me volteé y ella entró.

Ya me estaba aburriendo allá abajo, además tu casa me da miedo- me dijo, yo no dije nada, luego ella se acercó y me levantó la mano izquierda para ver el golpe- Te dieron bastante duro, ¿Verdad?.
Sí, no esperaba que me golpearan de esta forma, pero gracias a la pomada que me pusieron ya no me duele mucho.- contesté.

Laura luego se abrazó a mí, y comenzó a acariciarme el pecho. Yo la separe de mí y me dijo.

Vamos, te deseé desde el momento en que te vi y luego cuando vi el condón esa vez, me excité demasiado, deseando ser yo quien hubiese sido cogida por ti esa noche.- yo seguía callado, pero mi actitud era de no, luego ella dijo – Yo podría decirle a mi papá lo de esa noche. – Yo sonreí y mostré un poco de molestia, a mi no me afectaba que le dijera algo a su papá. Luego Laura alzó su falda y tomó mi mano y la llevo a su panocha, sentí al instante su prenda mojada y algo se excitó dentro de mí.

Comencé a flaquear y ella aprovechó esto para acercarse nuevamente a mí, me comenzó a besar el cuello, yo ya la abrazaba, ella se quitó su falda y su camisa, quedándose sólo con su calzón y su sostén. Yo me deje llevar, al fin y al cabo sabía que Marifer no me amaba, de hecho nunca nos lo habíamos dicho. Comencé a acariciar las nalguitas de Laura, y a desabrochar su sujetador, ella comenzaba a gemir y sonreír en son de victoria. Le quite su sujetador y lamí sus tetas, aprisionando una en mi mano y estrujándola, mientras me comía la otra, metí mi mano debajo de su calzón y acaricie sus nalguitas.

Eran duras y tenía un culo grande, luego pasé mi mano para enfrente, sentí su puchita desnuda, es decir, no tenía ni un sólo pelo, además ya estaba empapada, así que baje a la altura de su concha y baje sus calzones, quitándoselos por completo, yo sentía un poco de dolor, pero no me importaba, prefería disfrutar el momento, comencé a comerme su rajita, lamiéndosela de arriba abajo, ella se arqueaba y gemía bastante fuerte, yo metí uno de mis dedos en su cueva y empecé a hurgar en su anito, ella se fruncía un poco, pero yo ya le había agarrado el gusto a follar por el ojete, así que seguí masajeándolo, poco a poco ella cedió y entro uno de mis dedos. Luego los saque y ella bajo a mamarme la polla, no era muy buena, pero no lo hacía mal, paseaba su lengua por todo mi pene y luego lo metía en su boca, jugó con mis testículos dentro de su boca y luego se subió encima de mí. Se colocó mi pene en la entrada de su cueva y se dejó caer de un solo movimiento.

A mi me lastimó un poco por el golpe, pero sólo me queje un poco, ella comenzó a cabalgarme, pero sólo se movía de arriba hacia abajo, yo la tomé por la cintura y la hice que se moviera en círculos y de adelante hacia atrás, cosa que ella captó en seguida y comenzó a hacerlo por sí misma, yo aprovechaba para tocar sus senos o agarrar su culito. Luego sin sacársela, le dí la media vuelta, quedando ahora ella debajo, comencé a moverme fuerte y ella tuvo su primer orgasmo, yo seguí taladrándola con mi verga en su panocha, luego le puse sus piernas en mis hombros y seguí follándomela, ella estaba en el pleno éxtasis y ni que decir de mi. Luego la puse de a “perrito” y se la volví a meter, pero esta vez contemplando su culo. Seguí metiéndosela y con mi dedo gordo comencé a masajear su ano. Ella estaba bastante excitada y su ano se abría poco a poco, yo con mi otra mano le tomaba un seno y ella comenzó a gritar.

CÓGEME, ÁNDALE, FÓLLAME COMO A LA PUTA DE MI HERMANA.

Estas palabras me excitaron mucho y saque mi verga de su pucha y la dirigí a su ano, ella se quedó quieta y le dije.

Sepárate las nalguitas, para que entre más fácil e inclínate sobre tus codos, no sobre las manos
Ella obedeció y yo comencé a perforarla por su culito, el segundo culo virgen que penetraba, al poco rato ya la tenía bien clavada y comencé a moverme con el vaivén del mete y saca y comencé a decirle.
Eres una verdadera puta Laura, tu culito aprieta deliciosamente, te lo voy a reventar.
Si reviéntamelo, ándale, cógeme como la puta que soy, sin duda así te coges a mi hermana, ya me imagino a la zorra, pidiendo más y más AHHH, AHHH.
Si, así de puta eres tú.

A mí me excitaba como se refería a ella y a su hermana, al fin y al cabo, Laura debía de saber mejor como era su hermana, seguimos así un buen rato, diciendo muchas cosas y luego me puse en la esquina de la cama y ella se sentó nuevamente en mí, pense que se lo metería en la puchita, pero me sorprendió tomando mi polla y metiéndolo en su anito, yo la meneaba de arriba abajo y la tomaba de las tetas estrujándoselas fuertemente. Luego termine en su ano llenándoselo de leche, ella se salió y se hincó frente a mi mamándome nuevamente la verga. Sin duda Laura era una puta realizada, me limpió todo el pene y luego se acostó en la cama, yo le bese un rato más los senos y luego me empalme otra vez y se la metí en su vagina, ella se movía lentamente, señal de que estaba muy cansada, pero me dejo meterme hasta que termine nuevamente dentro de ella. Luego nos metimos a bañar, ahí la volví a coger por su anito, ella sólo se inclinó y me dejo meterme cuanto quise, yo le decía:

Eres una puta Laura, me fascina tu culo y tus tetas, iguales a los de tu hermana. Así putita, así Muévete

Ella sólo contestaba moviéndose a mi encuentro y parando más las nalguitas. Termine otra vez en ella y nos vestimos. Cuando se vestía le toqué las nalgas y ella se hincó a mamarme la verga. Yo la tome de la cabeza y me la follé por la boca, luego ella se levantó y se hizo a un lado su calzón y se lo metí en su rajita, que estaba mojada, así estuvimos un rato y luego le inundé la concha de leche. Se acomodó la ropa y me dio un beso, bajo a mamarme la verga y dijo.

Bien ya esta limpia otra vez, ¿me llevas a mi casa?

Así la lleve a su casa, la deje ahí y estuve un rato con ella, Marifer me habló al celular y le dije que estaba con Laura en su casa, que estabamos esperando a que llegará su papá, le comenté lo del golpe y me dijo que cuando regresará me daría un masaje de esos que nos gustan que hasta olvidaría lo sucedido. Su papá llegó pasadas las ocho de la noche. Me saludo y se sentó a comer, luego me despedí y me fui. Laura me trato normal y me dijo que nos veíamos después.

Me sentí algo culpable, pero al final de cuentas las cosas ya habían pasado, sabía que eso traería alguna consecuencia, pero nunca imagine cuál sería, esperaba todo menos eso. Pero esto ya será parte de otra historia.

alarido@yahoo.com

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Sexo / Capí­tulo 1

Thursday, January 11th, 2007

Todo comenzó un viernes, yo ya llevó más de cinco años con mi novia, por cierto me conocen como el Wuaco, pero me llamo Eduardo, soy un muchacho de 24 años, soy alto, de 1.86 metros, tengo espalda ancha, debido a que juego americano, asimismo me dedicó a entrenar Tae-Kwon-Do, conocí a mi novia en la carrera, estudiamos comunicaciones.
Es hermosa, mide 1.76, piernas bien torneadas, al ir subiendo ves un culo firme y bien formado, luego un vientre plano y unos pechos hermosos, su piel es morena clara, casi trigueña, tiene una cara hermosa y unos labios de campeonato, su pelo es liso, de color negro y medio largo, le llega al hombro. Bueno el noviazgo empezó como algo normal, primero nos conocimos en una fiesta que organizó un amigo mutuo. Ya nos habíamos visto varias veces y habíamos intercambiado una que otra palabra, pero no éramos amigos, ni nada por el estilo, de hecho ella es de las mujeres que cuando no las has tratado te parecen algo payasas, pero con muy buen cuerpo.
Yo bailaba con otras amigas y la bebida corría bastante, aunque no soy de mucho tomar, la fiesta empezó a decaer como a las tres de la mañana, quedábamos unos quince en total y ya me retiraba, ahí fue cuando Marifer se acercó y me dijo:
Oye Eduardo me podrías dar un aventón a mi casa.
Claro, sólo que tendremos que pasar a dejar a Gerardo y a Rubén
Ok.
Marifer vive como a diez minutos de mi casa en carro y ella ya tenía unas cuantas copas encima, así que nos subimos a la camioneta, es una Silverado de nueve plazas, dos al frente, un sillón para tres después y al fondo un sillón para cuatro, enfrente iba Gerardo que es mi mejor amigo, Rubén estaba muy ebrio y lo aventamos a atrás de la camioneta y Marifer se fue en medio, pero ya dormida. Así llegamos a la casa de Gerardo se bajo y se fue a su casa, no sin antes decirme que volteara, que llevaba un buen pedazo de carne atrás, yo al principio no le entendí, cuando volteé me di cuenta de a que se refería. Ya los muchachos habíamos hablado de lo bella que se veía, pero ahora estaba dormida y la falda se le había subido un poco. En la fiesta habíamos visto que llevaba un vestido azul de minifalda, de esas de vuelo, con unas zapatillas blancas, sin medias, ya que como dije, tiene muy buenas piernas. Mire un poco más arriba y note su tanguita, de color blanco, que apenas y se asomaba.
De pronto un movimiento de ella me regresó a la realidad y me dirigí a casa de Rubén, que estaba bastante lejos de mi casa, pero es un gran amigo y lo estimo mucho, por lo que fui a dejarlo. Cuando llegamos tuve que despertar a Marifer, ya que tenía que dejarme bajar a Rubén, ella se percató de que tenía ya muy arriba la falda y se la acomodo, mirándome para averiguar si me había dado cuenta, yo no hice ningún comentario, le sonreí solamente y la ayude a bajarse para que se pasara al asiento del copiloto. Luego desperté a Rubén y lo baje, su madre ya me esperaba, ya que en camino le había hablado por teléfono, así que la ayude a llevar a Rubén a su cuarto y lo deje ahí.
Luego me despedí y regresé a mi camioneta. Al subir, Marifer estaba nuevamente dormida, por lo que me dirigí a su casa, a los cinco minutos despertó, ya que paso una ambulancia a nuestro lado con la sirena encendida, nuevamente se acomodo el vestido y me pregunto que qué hora era, le dije que las cuatro y cuarto, me pidió mi teléfono y llamó a su mamá, le dijo que ya iba en camino y cosas por el estilo, pero que antes pasarían a dejar a otros muchachos. Yo me quede algo perplejo, debido a que ya los habíamos dejado y me sonreí para mis adentros pensando que estaba más borracha de lo que imaginaba y que ni siquiera sabía que estaba pasando, pero no fue así. Luego me dijo que podíamos ir más despacio, que no había prisa, así que me fui más tranquilo. Ya que ya no vivo con mis padres.
Comenzamos a platicar de muchas cosas, sobre todo de profesores – típico tema que uno toma cuando no sabe que hablar- luego ella cambió el tema a mis actividades deportivas, ella era parte de las porristas de la universidad y conocía muchos de mis logros. Luego cambiando nuevamente de tema me preguntó si tenía novia, cosa que respondí que no, ya que hace poco había terminado con otra chava. Luego me pregunto que quién me gustaba y yo le dije que ella, como para obligarla a cambiar de tema.
Yo había tomado el camino largo de regresó, así que teníamos todavía un rato, luego ella se acercó y me dio un beso en el cuello, eso me hizo ponerme nervioso, pero me gusto mucho. Luego comenzó a acariciarme el pecho, cosa que me incomodo un poco ya que iba manejando, y me empezó a decir que yo también le gustaba, que siempre me veía cuando jugaba americano y que le gustaba como demostraba mucha fuerza. Baje más la velocidad y ella comenzó a besarme más el cuello, al final me estacione cerca de su casa, pero no a la vista y comenzamos a besarnos.
Mi mano primero recorrió su espalda bajando hacia sus piernas, ella me acariciaba el pecho, y comenzó a sacarme la camisa, yo mientras ya desabrochaba su vestido. Ella me recomendó pasarnos a los asientos de atrás, ya que los de enfrente están separados y es incomodo ahí. Nos pasamos, no sin antes yo cerciorarme que estuviera todo cerrado y que no hubiese nadie cerca en la calle. Cuando me dirigí a la parte de atrás, ella ya se había quitado el vestido y sólo se cubría sus pechos, yo ya había adivinado que no traía sostén, ya que no se veía en el vestido el mismo. Comencé nuevamente a besarla y acariciar más afanosamente su cuerpo, ya subiendo a sus pechos que ella me ofrecía, muy hermosos y desafiando a la ley de gravedad, con mi mano derecha acariciaba uno, mientras que succionaba delicadamente y saboreaba con mi boca el otro pezón que me ofrecía, me detuve un momento a ver sus pechos, muy bien formados, dos círculos perfectos, coronados por unos pezones café obscuro, que empezaban a pararse.
Seguí con mi labor y comencé a bajar besando su vientre, plano y bien formado, sin duda debido a las clases de aeróbicos que tomaba con las porristas, y de pronto me encontré con aquella tanguita que apenas cubría su puchita, no se veía ni un solo pelo de fuera de esa mini prenda, era metódica para arreglar su cuerpo, poco a poco di algunos besos por encima de la prenda y se la fui bajando, dejándome ver un triángulo perfecto de bellos sobre la puchita, pero todo alrededor de los labios bien depilados, comencé a besar poco a poco su puchita, a saborear sus jugos, que ya emanaban desde hacía rato, paseaba mi lengua a mi gusto por toda esa raja y jugaba con su clítoris para excitarla aún más. Luego ella me detuvo y me hizo subir, bajo besándome el pecho, quitándome la camisa primero y luego desabrochó los jeans que traía puestos y los bajo, debajo de mis boxers, se veía mi pene erecto y duro, ella lo tocó por encima y jugo un rato antes de sacarlo de su prisión.
Comenzó poco a poco a masturbarme con la mano y luego comenzó a lamerlo, primero lentamente y luego metiéndolo por completo a su boca como si en ello se le fuera la vida, mamaba el pene de una manera maravillosa, no como otras mujeres que sólo lo babean a lo tonto, sino más bien de esas mamadas que succionan y cuando lo tienen dentro de la boca juegan con la lengua y el pene, lamió mis testículos y comenzó a subir y se sentó encima de mí con las piernas abiertas, pero sin dejar que se lo metiera, yo me estaba volviendo loco y la quería penetrar, pero ella se preocupaba de quedar embarazada. Así que nada tonto saque de la guantera un condón, ella misma me lo puso y luego se sentó de frente a mí, ya poniendo mi verga en la entrada de su cueva y fue bajando lentamente, la penetración fue muy fácil, debido a que ella estaba muy excitada y sus jugos la lubricaban de maravilla, luego ella me dijo:
La tienes bastante grande – cosa que me excitó y yo le contesté
Te mueves de maravilla.
Ella dejó de hablar y comenzó a menearse más, arqueando su cuerpo hacia atrás y haciendo movimientos circulares con su cintura, mientras tanto yo la sujetaba con una mano y con la otra le tocaba los senos, mientras que subía mi cadera para penetrarla más y llevar un movimiento con ritmo. Ella comenzó a moverse más rápido ahora con movimientos de adelante hacia atrás y gimiendo mucho, cosa que anunciaba su orgasmo. Luego se dejo ir hacia a mí y me comenzó a besar de nuevo, viéndome a los ojos y sonriendo.
Había imaginado muchas veces esto- me dijo
Yo también, aunque nunca tan bueno como ahora- conteste.
Ella continuaba el movimiento, luego se paro y se volvió a sentar en mi pene metiéndolo nuevamente en su vagina, pero esta vez me daba la espalda y comenzamos nuevamente la cabalgata, ahora yo tomaba sus senos desde atrás y besaba su nuca y su cuello, ella decía cosas ininteligibles, excepto más, más, cosa que yo hacía poniéndome casi de pie para penetrarla más a fondo, ella masajeaba mis huevos y ambos comenzamos a respirar más agitadamente, y comenzamos a terminar, yo sentí como si me exprimieran los testículos y luego quedamos tendidos, ella aún sentada en mí, pero mi pene ya se encontraba flácido y estaba agotado, pero comencé a besarla de nuevo y ella sonrío, pero cuando vio hacia la radio vio que eran las seis de la mañana. Por lo cual se espantó y comenzó a vestirse rápidamente, por lo cual yo me saqué el condón y le deje en el suelo y también me vestí, aunque un poco desilusionado.
Luego se arregló un poco y nuevamente comencé a conducir, ella no decía nada ya que terminaba de arreglarse, por lo que me sentí algo extraño. Luego llegue a su casa. En ese momento sonó mi celular, a lo cual contesté, era la mamá de Marifer, así que se la pase, ella dijo muy tranquila que ya estaban afuera, su mamá salió y nos recibió en la puerta.
Nos preguntó que por que tardamos tanto, Marifer calmada le dijo que la fiesta había terminado a las cuatro, que fue cuando llamo y le dijo que habíamos ido a dejar a Rubén y a Gerardo, cosa que era cierto, excepto por la hora, cuando le comentó a la mamá de donde veníamos supuestamente, ella se tranquilizo y me invito a pasar. Yo me iba a negar, pero Marifer insistió. Pase un rato, ya en su casa todos estaban despiertos. Tenía un hermano y una hermana más jóvenes que ella. Su papá es funcionario y su mamá trabaja como administradora en una empresa. Su mamá era una mujer de muy buen ver, en ese entonces ella tenía 34 años, había tenido a Marifer a los 16 años, era delgada, con las llantitas normales después de tener tres hijos, su piel era blanca, se le adivinaba unas piernas bellas, sin duda Marifer se las había heredado, su culo era espléndido, y tenía unos pechos grandes, su cara era muy bella, su papá era moreno, de ahí el color de piel de Marifer, su hermano era la copia idéntica del padre y luego estaba su hermana, una niña de 14 años, pero ya muy bella, de por sí la belleza de esa edad, cuando se está entre volverse mujer y aún ser niña, era idéntica a la madre, excepto por el pelo.
Me quedé un rato, Marifer dijo que teníamos que hacer un trabajo de la escuela, cosa que no era cierto, así que sólo se metió a bañar y yo me quede platicando con el padre. Era un tipo serio, aunque agradable, me preguntaba que desde cuando conocía a su hija y cosas por el estilo. Luego de un buen rato, ya eran las siete y media, llegó Marifer. Vestía un top con una camisa arriba y un short que dejaba ver parte de su culo, tenía el pelo amarrado y se veía espectacular. Yo aún no podía creer que hubiéramos cogido hace poco más de una hora. Luego su mamá nos pidió si podíamos llevar a Laura, que así se llamaba su hermana a la Biblioteca, que ella pasaría por ella cuando saliera del trabajo. Sin que yo interviniera Marifer dijo que si y luego nos fuimos. No habíamos comido nada, así que las invite a desayunar, ambas aceptaron y fuimos a un Vips cercano, ahí desayunamos y platicamos un rato, Marifer se sentó a mi lado y cada que podía me acariciaba la pierna, cuando la veía sonreía y comía algo, lamiendo el cubierto sensualmente. Su hermana se había dado cuenta de lo del cubierto, por lo que nos pregunto :
¿Son novios?
En eso estamos, ¿Por?- Contestó Marifer
Es que si no es tu novio o pretendes hacerlo tu novio, pues preséntamelo bien, que es un buen pedazo de carne.
Marifer se enojo un poco, pero dijo que tenían bueno gusto, yo en ese momento me acorde de lo que Gerardo me había dicho y sonreí un poco acordándome de todo lo que había pasado. Al terminar de desayunar pague la cuenta de todos y nos fuimos. Dejamos a Laura en la biblioteca y arranque el auto sin lugar fijo, luego pregunte
Bueno, y ahora
Oye Eduardo, comenzaste algo que no pudimos terminar por la hora, qué, ahora resulta que no me cumplirás- dijo ella
Yo sonreí y me dirigí hacia mi casa. Al llegar estacione la camioneta y abrí la puerta de la casa. Afortunadamente ese día no iba la señora de limpieza, ya que era una persona algo entrometida. La casa en sí es de mis padres, pero como no les gusta mucho el D.F., prefirieron irse a Provincia, a Veracruz y como soy hijo único, me dejaron la casa para que me quedará a estudiar en el D.F., mis padres son acomodados, por lo que el dinero no me falta y he podido dedicarme al estudio y a mi vida, pero como desde antes la señora limpiaba en la casa, mi madre arreglo que se quedará a limpiar, además no era mala persona, pero si algo chismosa.
En fin entró Marifer y comenzamos a besarnos, ella nuevamente sacó mi playera, yo mientras tanto ya le había quitado la camisa y le acariciaba por encima del top los pechos, poco a poco nos fuimos a la sala y ahí la tumbé en el sofá, yo ya me había desabrochado el pantalón y sacado los zapatos, ella se quitó los tenis y comenzó a desabrocharse el short, debajo no llevaba nada, por lo que nuevamente me dedique a besarla, lamerle la panocha, ahora veía más claramente su hermoso cuerpo, ya que había luz, ella tomaba mi cabeza y la aventaba hacia ella, moviendo las caderas hacia mi boca, sin duda la excitaba demasiado que se la comieran, yo mientras tanto metía mi lengua y uno de mis dedos en su cuevita, y con mi otra mano estrujaba su teta.
Poco a poco comencé a meter un dedo en su ano, también estaba rasurada de atrás, ella dio un pequeño brinco, pero no se negó, y comencé a meter y sacar mi dedo de su ano, mientras ella se movía cada vez más excitada y no dejaba de apretar mi cabeza contra ella y pedía más. Luego arqueó su cuerpo y tuvo su orgasmo con grandes gemidos. Luego volteo a verme y fue bajando hasta volver a chupar mi pene, ahora yo estaba sentado en el sofá y ella en el suelo, tendida desnuda, comenzó rápido y exprimiendo toda mi verga, no aguante mucho y termine en su boca, yo pensaba que le daría asco, pero se trago todo cuanto pudo y luego siguió chupándome el pene y masajeándome los testículos, en poco mi verga estuvo en pie de guerra de nuevo, ella me pregunto si tenía más condones, así que subimos desnudos a mi habitación.
Mi pene se había puesto blando un poco, por lo que ella comenzó a mamármelo de nuevo y estuvo listo, luego puso el condón y se acostó en la cama, abriendo sus piernas, yo me puse sobre ella y empuje mi pene dentro de su panocha comenzando el ritmo del mete y saca, ella gemía bastante fuerte y se agarraba de la cabecera para acompañar mi ritmo, luego puso sus piernas en mis hombros dando paso a una mejor penetración, yo acariciaba sus tetas y empujaba más duro, luego me salí y ella me volteó para ponerse encima mío, me cabalgo un buen rato, volviendo a hacer movimientos circulares y echándose para atrás, tuvo unos dos orgasmos más, luego se puso de a “perrito” o en cuatro puntos, dejándome ver su hermoso culo, yo la tomé de la cadera y la embestí metiéndole mi verga nuevamente, ella se alzaba de vez en cuando para besarme en la boca, y yo la tomaba de las tetas jalándola hacia mi, luego volvía a la misma posición de perrito. Yo me concentraba para no terminar, ya que la quería disfrutar al máximo.
Poco a poco comencé a tocar nuevamente su ano y ella se dejaba, por lo que saqué mi pene de su vagina y lo apunté hacia la entrada del ano, ella se inclino más y con sus manos se separó los cachetes de sus nalgas y comencé a meter la cabeza de mi pene, ella se quejaba un poco y me dijo.
Nunca lo he hecho por ahí, ten cuidado.
Yo saqué de uno de los cajones del buró del lado de mi cama un lubricante y se lo unté, poco a poco metí un dedo y luego dos, luego cuando dilaté bien su ano, volví a ponerme detrás de ella y empuje, esta vez cedió más fácil, aunque le dolió un poco, deje que se fuera acostumbrando y lo metía cada vez más aunque despacio para no lastimarla, al final los 20 cmts de mi verga estaban clavados en su culo, ella sola comenzó a moverse, lentamente, luego más y más, luego comencé yo mis movimientos, embistiéndola más y más duro, se quejaba un poco, pero luego sus gemidos eran de placer, ella dejó sus nalgas y se aferró nuevamente a la cabecera, gritando como una loca
CÓGEME, MAS, MÁS AHHH, AHHH, AHHH
SI, VAS A VER LO QUE ES CULEAR- le dije yo
Ella se tapó la boca con la almohada para evitar sus gritos y así terminamos los dos, todavía me moví un poco más disfrutando esa desvirgada de culo, y luego me salí, vi un poco de sangre, por lo que le pregunte si le dolía, ella sólo me volteó a ver y sonrío, me jaló hacia ella y me beso tiernamente, luego me abrazó y así nos quedamos dormidos. Dormimos unas seis horas, cuando desperté, ella aún seguía dormida. Pedí comida china por teléfono, cosa que sabía que le gustaba y luego la admire un buen rato. La naturaleza había sido muy bondadosa con ella, tenía un cuerpo muy hermoso, su piel asemejaba mucho al bronceado, por lo cual siempre se veía muy hermosa, tenía un culo de lujo y unos pechos de competencia, sin mencionar su cara hermosa, como una muñeca de porcelana, un sueño hecho realidad, luego llegó la comida y fui a abrir, cuando regrese al cuarto ella ya estaba despierta.
Le dije que ya traía la comida y me sonrío, me extendió los brazos para abrasarme y me dio un delicioso beso en la boca. Luego prendimos la tele y comimos, ella seguía desnuda, yo ya traía un short, ya que había ido por la comida. Al terminar nos fuimos a bañar los dos juntos, la casa tiene un jacuzzi, así que nos metimos, comenzamos nuevamente a besarnos y luego ella se acomodó mi pene en la entrada de su puchita y se lo enterró, yo me quedé algo sorprendido, ya que no me había puesto condón, le dije a ella y dijo que no importaba, que tenía un DIU (Dispositivo Intrauterino que evita el embarazo), me dijo que no quería hacerlo de inmediato sin protección, pero que confiaba en que estaba sano, por lo que me deje de preocupar, continuamos haciendo el amor un buen rato, pero cuando iba a terminar me salí de ella, no me iba a arriesgar de todos modos, ella me miro con un poco de enojo, pero yo la besé y me correspondió.
Luego al salir me pregunto que por que me salí, le dije que para evitar riesgos, ella me comentó que tanto ella como su hermana se habían puesto el DIU, ya que tenían una vida sexual activa, bueno no sabía de su hermana, pero era mejor prevenir que lamentar. Luego se volvió a vestir y fuimos a la escuela, ya eran las seis de la tarde, ella tenía entrenamiento de porristas a las siete y yo había perdido una práctica. Cuando llegamos a la Universidad todos nos miraron extrañados, pero no dijeron nada. Yo tenía fama de ser muy explosivo y enojón, además de reservado en muchos aspectos. Gerardo y Rubén se molestaron ya que Gerardo es el Capitán del equipo, pero no dijeron nada, Rubén todavía tenía una resaca muy fuerte. El próximo sábado teníamos un partido, el primero de la temporada. El Couch bastante molesto me hizo dar quince vueltas al campo, en realidad fueron un martirio, ya que estaba bastante cansado debido a la actividad sexual, pero tuve que hacerlo.
Cuando termine Marifer ya estaba esperándome con sus amigas, Rubén y Gerardo junto con los otros estaban de lobos como siempre. Cuando llegue me metí a bañar, Rubén me fue a buscar y me preguntó que qué onda con Marifer, le dije que ya éramos novios y me felicitó, dijo que era una pareja que nadie criticaría y que nos habíamos tardado. Cuando salí me veía cansado, cosa rara en mí, pero fuimos aún así a un café cercano y platicamos todos un buen rato, a las nueve nos despedimos y fui a dejar a Marifer. Cuando llegamos a su casa su mamá me volvió a invitar a entrar, pero ya estaba muy cansando, por lo cuál Marifer se despidió de mí con un gran beso y me dijo que nos veríamos el lunes, ya que los domingos eran forzosamente familiares para ella e irían a ver a su abuela. Luego añadió en voz baja.
Además así aprovechas para recuperar fuerza.
Bueno, entonces, ¿Aceptas ser mi novia?- pregunté yo
Claro que sí tonto, sería una mensa si me negara, desperdiciar tan buen pedazo de carne como dijo Laura, ¡Jamás! – Contestó ella
Así me dio un beso nuevamente y se metió a su casa, cuando volteé a ver hacia arriba vi a su hermana Laura viéndonos y me sonrío. Yo no pensé nada más y me subí a la camioneta. De regresó pensé en todo lo que había pasado, era increíble, de una fiesta había terminado teniendo el sexo más delicioso que jamás había tenido y luego al día siguiente hasta con novia. Me dirigí a la gasolinera más cercana y llené el tanque. El señor que me atendió sonrío y me dijo.
Mucha actividad, no es así joven- luego sonrío nuevamente y le pague.
Yo no había entendido nada, deje mi cartera en medio de los asientos delanteros y me dirigí a mi casa. Cuando llegué quise agarrar la cartera, pero no la hallé, así que abrí la puerta trasera y la vi tirada, sin duda se había caído, cuando la tomé me quede inmóvil por unos segundos, a un lado estaba un condón. El primero que había usado cuando cogimos Marifer y yo al regresar de la fiesta. Ahora las cosas tenían sentido, el señor de la gasolinera me dijo que había tenido mucha actividad por que vió el condón, aún por los vidrios polarizados. Entonces pensé ¿No lo vio Laura?, sin duda si lo había visto…
Pero eso ya será parte de otra historia.

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El sexo mas placentero

Thursday, January 11th, 2007

El relato que les envío es cien por cien real. Esto pasó cuando yo tenía 20 años y mi hermana 17, ahora tengo 27. Ella es de pelo castaño, ojos celestes y mide 1.75, tiene unas gomas perfectas y una cola de lujo; es lo que se puede decir una hembra. Yo soy alto de pelo negro, bien dotado y corpulento. Desde mi adolescencia la deseo, ya que de chicos jugábamos al típico doctor y nos desnudábamos y juntos tocábamos nuestras partes íntimas pero nunca cogimos hasta que…

Un día estábamos en la pileta de casa los dos solos, nuestros padres estaban ausentes debido a que estaban en lo de unos amigos. Le propuse que compráramos unas cervezas y ella accedió; las compramos y nos tomamos entre los dos como cinco. Estábamos bastante borrachos, y me vinieron ganas de fumar cannabis; en mi cuarto yo tenía uno. Lo llevé a la pileta y le ofrecí. Ella nunca había probado, al comienzo se negó pero la convencí. Ya borrachos y fumados nos pusimos a nadar y a jugar nadando, y entre los juegos hubo unos roces, lo que me puso al palo. Yo me sentía muy caliente aunque fuera mi hermana y cuando podía tocarla lo hacía. Nos sentamos en el solarium y sin preguntarle a ella la tomé de sus caderas e hice que se sentara en mis piernas. Mi verga se erectó enormemente y mi tronco rozaba su tanguita negra, mientras yo presionaba para que ella sintiera más mi arma. Ella se dio cuenta y me dijo que saldría de