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Embarazada

Tuesday, October 28th, 2008

Me llamo José. Soy un hombre casado de 38 años, con una hija de 18. Como ven, casé muy joven, y qué bueno, porque ahora tengo una fantástica relación con mi hija. La experiencia se inició apenas una semana atrás.
Iniciaré diciéndoles que siempre he sido fiel en mi matrimonio; nunca imaginé cómo iba a empezar mi infidelidad. No tiene caso que me describa físicamente, solo les diré que soy un hombre racionalmente normal en todos sentidos.
Hasta ahora, solo he tenido un hijo, mejor dicho, hija. Mi niña linda, como me gusta decirle, creció sana; hasta la fecha continúa sin problemas de ningún tipo. Es alta, tan alta como yo y su madre, esbelta, hermosa, y lo digo como hombre, no como padre; además, así la ven mis amigos que la conocen, y los familiares cercanos; creo que sus compañeros coinciden con nosotros, porque la acosan con constancia. Más adelante la describiré corporalmente.
Se inició sexualmente hace dos años, es lo que ella dice, y le creo. Hace siete meses se embarazó. Parece que lo hizo intencionalmente; seleccionó al galán, individuo del que no quiere saber nada en estos momentos. Desde su inicio en las maravillas del sexo, se protegía correctamente con anticonceptivos, pero tomó la decisión de tener un hijo, y lo hizo. Hasta ahora ni ella, y menos yo, tenemos una explicación racional que esclarezca la decisión de ser madre a tan temprana edad.
Está por terminar la preparatoria, y quien estudiar filosofía; no lo puedo creer, pero eso es lo que ella quiere. Debo reconocer que es una devoradora de libros de todo tipo y que, durante todos sus estudios, siempre ha tenido la máxima calificación, figurando siempre en el primer lugar de su clase y escuela. Un verdadero cerebro esta tan especial hija de mi vida, ¡a quien amo entrañablemente por tantas razones!
Como es de suponer, en cuanto su abdomen creció, dejó de ir a la escuela y se enclaustró en casa. Debo señalar que, cuando ella comprobó su embarazo, vino y nos lo dijo muy formal, y muy seria. Nosotros, mi esposa y yo, nunca hemos sido mojigatos, ni muy observadores de la norma. Así que, aclarado su deseo de tener el hijo, la rodeamos de afecto y atenciones. Durante este lapso, se ha dedicado a devorar libros, escuchar música la clásica, que es su favorita, y a escribirno sé qué cosas. Siempre ha estado alegre, se puede decir que feliz en forma por demás manifiesta, felicidad que se demuestra en el relato que sigue.
Como les decía, en casa nunca hemos sido conservadores. Por eso no tenemos muchas reservas para las cuestiones sexuales. Por ejemplo, no es raro que cualquiera de nosotros caminemos completamente desnudos por la casa, sin que esto nos altere en lo más mínimo. Mi hija, la llamaré como mi querida Linda, por supuesto, también tiene esa liberalidad. A pesar de lo que dije, cuando yo veía a mi niña semidesnuda, o por completo desnuda, no dejaba de admirar su cuerpazo adolescente. No obstante, les aseguro que nunca tuve ninguna idea sexual al verla, o al abrazarla y besarla en la boca como es nuestra costumbre. Insisto, nunca fantaseé con el cuerpo de Linda, menos con la idea de seducirla.
Durante los primeras semanas del embarazo, sintió los desagradables síntomas de la preñez. Cuando se sentía mal, prefería venir a mis brazos para consolarse, que ir a los de su madre, incluso, ésta me llegó a decir que se sentía un tanto desplazada en el papel que tradicionalmente corresponde a las madres. En esos momentos de mal estar, le gustaba acostarse sobre mis muslos estando yo sentado, decía que así me era más fácil acariciarla. En efecto, acariciaba su rostro, alisaba su largo y hermoso pelo, le daba masaje en el cuerpo por todas partes, algunas veces directamente en la piel conforme ella lo solicitaba. Me enternecía chiquiarla, darle el afecto que necesitaba, estoy seguro. Cuando su panza creció, me pedía casi todas las mañanas que le pusiera crema, solicitud un tanto insólita puesto que ella misma podía untársela en el vientre. Yo le daba gusto; me pasaba muchos minutos untando crema en su gran panza. Ella cerraba los ojos, sonreía como si disfrutara mucho sentir la mano que untada, en realidad una caricia desacostumbrada. Ocasionalmente, la percibí respirar agitada; cuando menos dos veces, jadear como si estuviera excitada. Pero yo ni siquiera prestaba atención a esas manifestaciones físicas. Me concretaba a ver la panza para guiar la mano adecuadamente. Claro que varias veces sus senos rebosantes estuvieron al aire, completamente desnudos; los veía un tanto embelesado, pero, les juro, sin excitarme sexualmente. Es que son unos senos portentosos, demasiado bellos con la plétora preparatoria de la lactancia. Los pezones se le empezaban a poner prietos, y las areolas ya tenían considerables dimensiones. Claro que yo ya había admirado esos senos de virgen adolescente, muchas veces llegué quedarme extasiado durante todo el tiempo que tenía a la vista sus fantásticos senos, soberbios en su belleza.
Una tarde me quedé en casa a trabajar en un ensayo; mi mujer se fue a trabajar. Linda estaba en su recámara leyendo no sé qué libro. Momentos antes de concentrarme en mi trabajo, fui a verla para ver si no se le ofrecía algo. Ella me vio, sonrió apartando el libro, y dijo: “de momento nada, papá. Tal vez al rato. No te preocupes, estoy bien… un tanto confusa… pero nada de cuidado. Trabaja, si algo se me ofrece, te echo un grito, ¿sale?”, atribuí su confusión al libro que leía, por eso no le di importancia a la palabra.
Estaba ensimismado en la redacción del documento, cuando escuché que se abría la puerta de mi estudio. Sabía que era ella, por eso ni siquiera levanté la vista cuando entró. La escuché caminar en mi dirección, y entonces sí dejé de mirar el papel para verla a ella… ¡la vi venir desnuda, completamente desnuda!, muy bella, con la gran panza reluciente, brillante por la tensión y la crema. De las formas corporales, pasé a verla a los ojos. Vi su mirada muy extraña, un tanto desacostumbrada. Pelé los ojos cuando la vi contonearse y sacar la lengua lamiéndose los labios en una actitud francamente lasciva, lujuriosa. El corazón me latió más fuerte; no pude apartar la vista de los labios sensuales - hasta ese momento me percaté de la extrema sensualidad de todo su cuerpo, de su hermoso rostro, en fin, de toda ella, que desde siempre le conocía ese tipo de actitudes a las que nunca identifiqué, o no quise hacerlo - Más alarma, cuando sus manos empezaron a pasear por su cuerpo, deteniéndose eternidades en sus chichis hinchadas, duras, para luego llevar sus divinas manos hasta las caderas, pasearlas por sus nalgas y, para mi asombro, ponerlas sobre su sexo lleno de pelos castaños, adorables, realmente bellos, y todo dando pasitos cortos, haciendo movimientos de lascivia exacerbada. Se detuvo a unos centímetros del escritorio. Ninguno de los dos habíamos dicho una sola palabra, solo nuestros ojos hablaron. Al estar allí, vi que se lamió con mayor intensidad los labios, acomodó sus dos manos por debajo de las tetas pesadas, y dijo:
- Papacito lindo… estoy muy caliente, tengo enormes deseos de coger, de coger mucho, mucho… pero no con cualquiera, ¡quiero coger contigo! - Casi me caí del sillón. Mientras habló, la miraba directamente a los ojos; el rostro tenía la lánguida expresión de las enamoradas, o de las que están, como ella dijo, enormemente calientes, deseosas de coger. Tragué saliva, mis manos sudaron, mi intelecto derrapó; sin embargo, veía sus chichis increíblemente hermosas, sin poder apartar mis ojos de esa belleza. Con pena, sentí frustración por no ver su vientre completo, y menos sus pelos que se escondían tras el escritorio. No sabía que decir o hacer, solo continuaba tragando saliva; sudaba copiosamente. Fueron segundos interminables, de tremenda confusión, y más por los términos vulgares que empleó para expresar su deseo, - como ella había dicho - de no saber cómo actuar en tan inesperada y terrible situación. Vio mi asombro y mi desconcierto, y continuó:
- Entiendo, te entiendo, papá, sé que estás tan confuso como yo estaba hace unos minutos, pensando en coger contigo. Razoné, reflexioné, y encontré que una verga es una verga, independientemente de quien sea el propietario de la verga. Para tomar la decisión, imaginé que tenía un encuentro a ciegas, es decir, teniendo los ojos vendados, lo mismo el hombre con quien me encontraba. Por supuesto que la idea de ese encuentro, era fornicar con un desconocido; claro, lo mismo para los dos. Bien, lo besé y me besó con la pasión propia de quienes están dispuestos a coger rico, sin trabas, sin límites. Luego acarició mis chichis, y yo sus nalgas potentes y redondas. - Mientras hablaba, yo imaginaba la escena, por supuesto, me estaba excitando aún contra mi voluntad - luego acarició mis nalgas, y yo tomé su verga; luego me agaché, y la acaricié con mi boca, aunque, en la reflexión, no se la mamé, pero ahora pienso que hubiera sido rico, además de adecuado. Bueno, para no hacer más larga esta explicación, caímos al piso, abrí los muslos, puso la cabeza de la verga en la entrada de mi vagina, y yo, al mismo tiempo que él, empujé las nalgas para ir al encuentro de la verga divina que de golpe se metió hasta el fondo de mi anegada vagina. Luego, el fabuloso mete y saca que me hizo llegar a un feliz, portentoso y placentero orgasmo. Recibí su leche en mi vagina, y lo besé con agradecimiento y gozo. En ese momento nos quitamos la venda de los ojos y descubrimos que éramos padre e hija… ¡y no pasó nada!, solo otro beso, esta vez lleno de amor y ternura. ¿Ves que no importa que cojamos tu y yo?, la prohibición es estúpida. Y lo es, porque parte de premisas falsas, es decir, quita la calidad de hombre al padre, y de mujer a la hija, y ¿por qué?, pues nada más porque a alguien se le ocurrió que así debía ser. Se ha dicho hasta la nausea y el vómito, que se prohíbe la cogida entre padres e hijos, porque darían productos deformes, inviables inclusive. Claro que se ha demostrado que es falso de toda falsedad. Pero supongamos que es cierto; el riesgo entre nosotros, para ya particularizar, o mejor, personalizar, ese riesgo no está presente, ¡ya estoy embarazada!, y ni modo que me vayas a embarazar de nuevo - Se reía feliz por este final de su racionalización. Pero imagina otra posibilidad. Supón que vengo y te digo: ¿sabes qué, papá?, Mi amiga Josefina está arriba conmigo, es una chica muy linda, de mi edad, y compañera de escuela. Nos tenemos el chorro de confianza, nos contamos todas nuestras cosas. Pues… - aquí dramatizaría un poco - fíjate que, me da pena, pero pues tengo que decírtelo porque la quiero mucho, y me ha hecho muchos favores… además, yo sé que entiendes muy bien las necesidades de las adolescentes, ¿no es así? Bueno, pues ella dice que le gustas mucho, ¡fíjate!, claro, tu pelas los ojos y sigues atento. Pero, bueno con todo y pena ya me comprometí; fíjate que ella quiere pues… bueno, la neta, quiere hacer el amor contigo - como ese era un primer acercamiento en el tema de tu hija querida, no me atrevía a decirte palabras claras aunque se consideren altisonantes; a mi son las que me gustan, ya me escuchaste, ¿no? - yo estaba lelo escuchándola sin poder ni atreverme a decir nada, además, su ejemplo anterior me tenía loco… de contento, bueno, como que daba salida a mis trabas mentales, me permitía admirar a mi gusto la belleza desnuda de a mí amada hija que ahora se transformaba en mi muy deseada hija, la hermosa jovencita que, sonriente, dramatizaba muy coqueta e ingeniosa - No pongas objeciones, yo le dije que aceptarías sin duda, incluso, con mucho deseo por aquello de que a quién le dan pan tierno que llore, ¿no es así?. Pero ella, vergonzosa como es natural, te pide que todo se realice teniendo tú, los ojos vendados, bien vendados como para que no la puedas ver, porque ella teme que la identifiques y luego, pues… que te pongas a perseguirla. Yo le digo que no sería así, pero no la convencí, porque para mí sería fantástico que tú pudieras admirar la belleza rutilante de mi amiguita. Entonces qué, ¿aceptas? No creo que te negaras ante esta solicitud verdaderamente colosal de cogerte a una casi niña; creo que para cualquier papá sería un platillo de gourmet, ¿no crees? Entonces, me iría, regresaría en unos minutos, te vendaría los ojos, te diría: espera, en un minuto mi amiguita estará contigo. Y sí, pasados unos minutos sentirías un beso largo en tu boca, además de un sutil perfume que no identificarías como mío. Pero sería yo la que te besaba, y te acariciaba, y pondría tus manos en mis colosales chichis que tú creerías eran de mi amiguita, luego te pediría que mamaras mis chichis, que metieras tus manos a mi pucha, que acariciaras mis pezones. Todas mis palabras con voz deformada para que no la reconocieras. Luego tomaría tu verga, la besaría, pero no la mamaría, porque no corresponde a una chamaquita que se inicia esa práctica que ya es de… bueno, podría ser. Finalmente, pondría la cabezota de tu verga en la puerta de mi vagina, empujaría mis nalgas, jalaría las tuyas con mis manos, y me meterías esa rica vergota que tienes, yo lo sé. ¿Cogimos, no? Yo me iría sin que tú me hubieras visto. ¿Pondrías objeción?, no para nada. ¿Tendrías trabas por haberte cogido a una casi niñita?, para nada, al contrario, te sentirías el más chingón de los galanes. Tal vez nunca sabrías que te habías cogido a tu hija… ¡y todos contentos!, ¿no? ¿Pasaría algo?, claro que no. ¿Te irías al infierno, suponiendo que creyeras en él? por supuesto que no. ¿Entonces?, dime, ¿dónde quedaron las limitantes y las prevenciones?, aún suponiendo que en esa cogida suplantando yo a una amiga no existente me hubieras embarazado, ¿pasaría algo?, claro que no. Solo tendrías un niño que, de acuerdo a los convencionalismos para designar a los parientes, sería a la vez tu hijo y tu nieto, ¿no sería verdaderamente colosal? Entonces, papacito lindo, ¿te vas a coger a tu niñita? Si todavía tienes trabas, te vendo los ojos y piensa, supón que es esa compañerita de escuela a quien acaricias, besas, chupas, mamas y coges. Dime, ¿me permites… darte un chingo de besos? Digo palabrotas porque sé que estas te aceleran, de calientan pues… seguido escucho que le pides a mamá…
La interrumpí, me daba un formidable pretexto para eludirla… aunque no estaba muy convencido de que ella se retractara de la propuesta, propuesta y visión de la divina embarazada que ya me tenían súper caliente, muy, pero muy excitado; de todas formas, argumenté:
- Eso, eso… ¿no te sientes mal por… ¡traicionar a tu madre!, haciendo que yo le sea infiel?
- No es mi pretensión, digo, si vamos a romper las reglas, esta que mencionas es una menor que, además, estoy segura la has roto en varias ocasiones, lástima que no fuera conmigo. Por otro lado, si nuestras cogidas - porque no creas que será solo por esta ocasión, para nada, quiero continuar cogiendo contigo hasta que los dos ya no podamos hacerlo por estar ¡demasiado viejos… o muertos! - van a continuar, pues… ya veremos las formas de comunicárselo a mamá y, si logramos convencerla, bueno, pues cogemos los tres. Te juro que también deseo besar a mamá, y no como hija cariñosa, sino como mujer hecha y derecha. Sí, no te escandalices, esto de que las mujeres, y los hombres claro, no pueden coger entre ellas y ellos, es otra de las vaciladas que se han inventado contradiciendo la naturaleza y lo que sucede todos los días miles, millones de veces, aunque esté tan terriblemente prohibido, ¿no es cierto lo que digo?
La verdad, mi hija, lectora incansable, estudiosa de todo, y presunta filósofa, me tenía anonadado, terriblemente perplejo por los alcances de sus propuestas, ideas, deseos y apetencias. Además, cuando argumentaba, imaginé escenas de amor, bueno, de cogidas, como que ya no tengo razón para ser tan cauto y tan “educado” cuando mi hija es una desbozalada, de cogidas tremendas entre los tres, y… , ¡carajo!, imaginar a mi mujer y mi hija cogiendo entre ellas, me puso tan febril, que quemaba. Pero ya mi hija, sonriendo lujuriosa, coqueta y decidida, daba la vuelta al escritorio; yo estaba sentado, toma mi cabeza, la atraía hacia su cuerpo sin fuerza, como dándome oportunidad a negarme o a levantarme, o correr a la puerta huyendo. Pero mi resistencia, aún sin haber digerido los planteamientos de mi retoño, estaba definitivamente derrotada. Así que, sin pensar ya en nada, viendo la hermosa teta hinchada y prieta en areolas y pezones, tensa por la leche que ya se formaba en su interior, abrí la boca y… la chichita fabulosa de mi hija entró a mi boca. Fue el principio de la tremenda cogida que ese día dimos… ¡padre e hija!. Claro, con la teta en mi boca, mis manos se fueron a las nalgas que tantas veces imaginé duras, tersas, y las apreté, acariciándolas con fuerza. Sentía que mi hija gozaba, que se estremecía, además decía, “así papá, así, mamas divinamente, muerde mis pezones, saca la lechita de mis chichis, papacito, mama, mama” Enseguida, jadeando, gimiendo su placer, me levantó, y comenzó a desvestirme con calma, gozando cada uno de sus movimientos, besando cada centímetro de piel que iba apareciendo, mordió mi remedo de pezones, lamió como perra mi tórax, y sus manos siguieron con el cinturón, luego bajó los pantalones sin dejar de lamer la piel. Yo tenía ya, bueno, desde que la vi entrar encuerada, con la panza reluciente, tenía la verga como riel de ferrocarril, y la erección continuaba incólume. Cuando la verga saltó porque le faltó el sustento de los estúpidos calzones que las reglas nos han obligado a vestir, ella la tomó en sus manos, la acarició con ternura recorriendo la piel para descubrir la cabezota; tengo una tremenda verga cabezona, la verdad; se embelesó contemplándola, viendo como se pelaba la cabeza, admirada de las gotas de lubricante que el ojos tuerto dejaba salir, después, se agachó echando para atrás su culo fabuloso, con lo que mis dedos que estaban por allí, se metieron entre las nalgas, en esa fabulosa barranca que va desde el culo hasta la pucha, y mi dedo índice se solazó acariciando el culito de la bella hija que Dios me dio, bueno , pues ella besó la verga; yo esperaba que se la metiera a la boca, pero ella era, es, una caprichosa inteligente que desde ese día - no sé antes, ella me dijo que no correspondía a una casi niña, en un primer momento, meterse cínicamente la verga a la boca. En realidad lo hizo así, para aumentar mi calentura, el deseo hirviente de tener todas las caricias posibles con esa formidable hembra que es mi hija. Pero meneó las nalgas de tal forma que mis dedos extasiados en la barranca de los agujeros de las mujeres, tuvieron que caminar hasta adentrarse en la tremenda humedadque era ya la pucha de mi bello retoño. Mis dedos acariciaron las ninfas gruesas de mi hija, llegaron al clítoris y lo sobaron con cuidado, con ternura, caricia que detonó el primer estallido de mi seductora. Jadeó, gritó su orgasmo, suspiró anhelante y me levantó para llevarme hasta una silla sin brazos, me obligó a sentarme luego de besarme con largueza a lengua penetrante y lujuriosamente danzante. Mi verga palpitaba como la de una caballo garañón. Ella se separó un poco para solazarse con la visión de mi fusil presto a dispararse, cosa que ella adivinó por mi mirada anhelante, presa de gran agitación. “Aguanta, papacito, aguanta”, me dijo la muy cabrona. Enseguida me puso las chichis en mi boca para continuar mamándolas, hasta las mordí, incluso algunas gotas de leche pude extraer, así de fuerte las estaba mamando y chupando. Sentí que sus piernas tocaban las mías y las obligaban a cerrarse, percibí, de reojo, que ella avanzaba tanto como la panza y mis mamadas se lo permitían, para lograr sentarse sobre la gran verga que apuntaba al cielo y que, por eso, apuntaba también a la raja de mi hija embarazada; sentí la humedad, antes de ser perfectamente sensible a los labios primero, y después a las paredes de la vagina, mientras mi verga iba metiéndose y metiéndose en la caverna del placer. Sin parar, sin permitir que sus tetas salieran de mi boca, mi adorada empezó a moverse con un vaivén increíble dada la gran panza que chocaba a cada movimiento con mi tórax, pero mi verga era la beneficiaria de tan ricos y lascivos movimientos. Las nalgas iban y venían, mi verga quería vomitar, y por eso mis manos se fueron a las nalgas sin igual de mi hijita, para moverlas acelerando el compás que ella había implantado. Cuando ella estalló, mi eyaculación venía presurosa, pero de nuevo mi malvada, alucinante y sabia sexual, se levantó rápido, bruscamente. Emitió gritos orgásmicos junto con gritos de dolor porque el ponerse de pie mi boca lastimó sus tetas plenas, soberbias, terriblemente tensas preparándose para la lactancia. Emitiendo grititos, suspiros, jadeos, gemidos de perra en celo, sin tener en cuenta mi estado de febril agitación, de casi fúrico deseo de obtener el placer de esta tremenda e inesperada cogida, se sentó en el escritorio, y dijo: “Ven papacito lindo, ven cogedor incansable, ven a mamarme la pucha, mama mucho, mama hasta que me hagas morir de placer” No podía dejar de obedecer. Me agaché, ella abrió los muslos lujuriosos; percibí el olor extraordinario de sus genitales que estilaban jugos, seguramente incrementados con los míos. Puse la boca en su pucha, suspiré, sonreí feliz, luego besé repetidamente esa sagrada pucha de mi hija, para enseguida meter la lengua hasta recorrer todos los recovecos de esa gruta monumental por su belleza, sabor y olor, mismos que absorbí como sibarita del placer, de la mamada misma, bebí sus jugos, saboreé sus ricos líquidos, y me dediqué a besar, lamer, chupar y morder su clítoris crecido por tanta excitación. Puedo afirmar: desde que mi lengua se metió a la raja, los orgasmos de mi hermosísima cogedora, se hicieron casi permanentes. Los movimientos de sus nalgas siguiendo el ritmo de mis mamadas me hacían desear como loco estímulos sobre mi verga de burro. Y otra vez ella, tal vez comprendiendo mi desatino, dijo: “Ven papacito, ve… pon tu verga en mi boca… pero no dejes mi pucha, hagamos un 69 de fábula por favooooorrrrrrrrr”, había tenido un nuevo orgasmo cuando hice lo pertinente para cumplimentar los deseos de mi ama. Ni tarda ni perezosa, en cuanto tuvo a mano la gran verga, la acarició con sus dos manos, y luego la besó como preámbulo a la gran mamada que inició de inmediato, al tiempo que hacía más violentos, casi feroces los movimientos de sus nalgas para lograr que mi lengua la llevara de nuevo al Nirvana del placer sexual. Los estremecimientos de esas nalgas, los gemidos que emitía y los movimientos de su boca en mi verga, hicieron que mi eyaculación se precipitara, grité como loco, como alguien al que se está torturando sin misericordia, grité y grité mientras aventaba chorros y chorros de leche a la boca de mi retoño que la tragaba mientras emitía grititos velados por el grosor de la verga que en ningún momento intentó sacarse de la boca. Como la emoción del placer me paralizó, mi lengua dejó de moverse, pero no las nalgas que continuaron los movimientos aún más veloces; así fue que, mientras yo terminaba de eyacular, ella mantenía el orgasmo inmenso, intensísimo que se prolongaba con los movimientos febriles de sus hermosas nalgas. Por primera vez, los grititos, los gemidos, los sollozos y los movimientos de las nalgas de mi hija cogedora, amainaron, se fueron haciendo más y más lentos, hasta detenerse. Pero un minuto después, ella sacó la verga de su boca e inició una risa inacabable, diciendo que los orgasmos fueron maravillosos, mientras descendía dejando mi cuerpo tirado en el piso, vino a besarme con ternura, para luego meter en mi boca restos de semen que degusté con placer increíble, tanto que mi verga inició el nuevo despertar. Sus labios continuaron besando y su lengua lamiendo los jugos que había recogido de su pucha estrecha y muy, muy anegada. Lamía y lamía mi rostro, sonreía llena de felicidad, y me susurraba: “Te amo viejito, te amo… y sigo deseándote. Ven, métete otra vez… ¡por favor, métete!”, y se colocó sobre el escritorio poniendo a mi alcance sus preciosas nalgas, el surco fabuloso el culito sonrosado, y la pucha llena de pelos. Mi verga ya estaba de nuevo como brazo de santo… la apunté directo en el culo, pero ella protestó moviendo las nalgas para que la verga fuera al lugar que ella quería, a su portentosa, caliente, tersa y estrecha vagina. Se la metí de un golpe, ella suspiró y se reía diciendo, “¡métela, métela, viejo cabrón!”, claro, los movimientos de mete y saca se iniciaron para el gran placer de los dos. En esta ocasión ella gemía a cada embestida, movía las nalgas de una deliciosa manera, de una forma que yo nunca había visto que unas nalgas se movieran cuando una verga está metida en la vagina. El mete y saca se prolongaba, ella tomó mis manos que jalaban de sus ingles y las llevó hasta sus tetas duras, tersas, ella misma hizo que mis dedos aprisionaran los pezones y luego los pellizcaran con fuerza; gritó de dolor, pero también como presagio de su nuevo y potente orgasmo; después hizo que mis manos tomaran la gran panza y de allí la jalara a cada metida de verga. Las manos de ella fueron hasta atrás tratando de alcanzar mis nalgas pero solo una logró asirse de mi muslo para jalarlo, para que las metidas fueran más intensas, más profundas, a mayor velocidad. Sentí que el orgasmo de mi adorada hijita se prolongaba y yo disfrutaba al máximo deteniendo mi eyaculación con el pensamiento de prolongar las metidas, el orgasmo de mi hija, la visión extraordinaria de esas nalgas moviéndose y viniendo a golpear repetidamente mis muslos, mi vientre y mis huevos y sentir de una excitante manera la panza con el producto moviéndose como si también estuviera cogiendo. Estaba por eyacular, cuando ella gritó: “¡para, para…!”, se desprendió, me jaló con brusquedad y me llevó a la silla, para montarse sobre la verga que sentí se fue hasta el fondo de la vagina, y luego los febriles movimientos de sus nalgas, sus suspiros, sus gemidos, sus jadeos increíbles y ella jaló mi cabeza para que mi boca mamara sus preciosas chichis de embarazada, las mamé como loco sintiendo cómo mi verga era estrujada por la pucha, por la vagina de mi adorada, la panza chocando con mi tórax, panza que veía arrobado y más caliente me ponía. El orgasmo apenas suspendido, siguió y siguió aun después que mi verga vomitó todo el semen dentro de tan maravillosa gruta del placer, y tanto que ella continuó moviéndose evitando con esos lujuriosos movimientos que mi verga se doblegara. Siguió gimiendo, gritando como loca a cada intensificación de su permanente orgasmo por un tiempo increíblemente prolongado, sin que mi verga se doblegara, para mi asombro, y siguiera erecta, llena de sensaciones placenteras, pero donde las primicias de la eyaculación duraron eternidades para presentarse, y esto cuando el cansancio, la intensidad y prolongación del placer de mi adorada cogedora, iniciaron el retroceso. Cuando eyaculé, ella gritó tan fuerte por el orgasmo que esa hermosa sensación de sentir el choque de los chorros de leche en su vagina le produjo. Dejó caer su cabeza en mi hombro jadeando y jadeando, como si hubiera corrido kilómetros y kilómetros.
Cuando nos serenamos, los besos tiernos suplieron la febril agitación, los movimientos lúbricos que los dos habíamos sido pródigos en dar y recibir. Acaricié su espalda, sus nalgas, su rostro, sus tetas separando un poco su bello torso. Mi verga estaba aún en la vagina, lánguida, flácida, pero conservando algo de las dimensiones de la erección. Se levantó, y me levantó. Me acostó sobre el diván y luego ella se montó sobre mi cuerpo diciendo: “Quiero que goces mi pucha llena de mecos, de tu semen encantador, pero… sin lubricidades agregadas, ¿sale?”, y se reía feliz. Así lo hizo, Talló su pucha contra la piel de mi cuerpo, todo mi cuerpo. Yo sentía que era una expresión de agradecimiento y de confirmación del deseo de continuar en las cogidas maravillosas que ese día iniciamos mi hermosa hija y yo.
La llevé a su cama. Me acosté junto a ella besándola suave y tiernamente, acariciando todo lo que mis manos alcanzaban hasta que se durmió con una gran sonrisa en los labios.
Esta es la historia, historia que se continúa hasta la fecha. Pronto vendrá mi nieto. Ojalá que después… mi hija siga amándome como mujer.
Anónimo

embarazada embarazada

La correción de una hija

Tuesday, October 28th, 2008

Los padres de chicas adolescentes no tienen más remedio que ser estrictos. Una férrea disciplina es el mejor regalo que puede dárseles. Ellas lo interiorizarán y en el futuro se conducirán por la vida con seguridad, con aplomo. Serán constantes, aplicadas, tendrán éxito en todo aquello que se propongan.

Por eso cuando me enteré, por una comunicación privada del director del instituto, de que mi hija, contraviniendo mis órdenes, había empezado a fumar, no lo dudé, tenía que castigarla. Dejarla continuar, eso si que habría sido un veneno para ella. Habría sido el primer peldaño en una escalera hacia el fracaso, la salida hacia su infelicidad.

Que nadie piense esta actitud es la de un padre desnaturalizado, que no quiere a sus hijos. Todo lo contrario. Hacer la vista gorda habría sido lo más fácil para mí. Continuar con mis ocupaciones y no prestarle atención, no molestarme, eso habría sido realmente cómodo. Pero no, yo no soy así. Fue mi alto sentido del deber y de responsabilidad hacia la educación de mi hija lo que me movió a llamarla a mi despacho. Discretamente, eso sí, no quería humillarla en público, al menos no en tanto su falta no pasase a mayores.

Así que allí la tenía, aquella tarde, tras la salida del colegio. Vestía el uniforme del instituto, falda escocesa por encima de las rodillas, calcetines blancos y blusa de manga corta también blanca. Entró temerosa, sabía que algo pasaba. Notó mi seriedad. Sin levantarme del sillón me dirigí a ella.

-No, no hace falta que me beses, deja la cartera en esa silla y quédate ahí, en medio de la habitación, de pie

-Sí papá

-Ponte en posición de firmes, junta los pies

-Dime Sara, ¿has hecho algo en el instituto que me ocultes?

Agachó la cabeza y comenzó a lloriquear.

-¿Ahora me vienes con lloros Sara? Sabes a lo que me refiero, ¿verdad?… Sí, claro que lo sabes. Al menos te que no hayas intentado negarlo.

Continuaba con la cabeza agachada, mirando hacia el suelo

-Lo que me enerva, Sara, es que ahora te vayas a iniciar en el más estúpido de los vicios. El tabaco, mi niña, cuesta dinero, daña la salud, amarillea los dientes y las yemas de los dedos, y acaba por no dar ni placer. Tienes dieciséis años ya, debes ser responsable de tus actos, ¿me entiendes Sara?

-Sí papá

-Entonces te será más fácil comprender que esto lo hago por ti. ¿Crees que me gusta castigarte? Pues si lo crees te equivocas. Tengo mucho que hacer, como ves tengo la mesa llena de papeles. Todo esto me roba tiempo, ¿sabes? Pero no me importa, la educación de mi nena es más importante que cualquier otra cosa para mí, ¿comprendes verdad?

-Sí papá

-Como puedes ver no estoy nervioso, no me he salido de mis casillas, todo esto lo hago responsablemente Sara, y lo hago por ti, solo por ti. Acércate a la mesa e inclínate sobre ella.

Así lo hizo. Dobló su cuerpo noventa grados y se apoyó en la mesa. Me acerqué a ella por detrás y levanté su falda. Ante mi vista quedaron las delicadas braguitas, de algodón, blancas estampadas con florecillas, preciosas. Se las bajé hasta medio muslo y ante mi quedó el culo de mi hija, perfecto, redondo como si hubiese sido trazado con un compás, de un blanco sin defectos, tan liso como lo tenía cuando era un bebé.

Pero no estaba allí para admirar el bello cuerpo de mi hija sino para cuidar de su educación. Abrí mi mano, la alcé y con fuerza la dejé caer sobre el culo de Sara. El golpe resonó en la habitación y su glúteo retumbó. Ella contuvo la respiración un momento, arqueó ligeramente la espalda y gimió.

Pero un golpe no iba a ser suficiente. Tras ese vino otro, y después otro, con fuerza. Ella lloriqueaba. Cuando llevaba cinco o seis comenzó a suplicar.

-No papá, por favor, no sigas-decía mientras se sorbía los mocos-seré buena papá, te lo aseguro, por favor.

-Ya te he dicho que no hago esto por gusto, pero debo hacerlo, tienes que aprender.

Continué golpeando ese lindo culo así, con la mano abierta, sin usar ningún instrumento.

Su llanto aumentaba de volumen, continuaban sus súplicas. Para cuando llevaba catorce o quince azotes su culo había tomado un color rojo intenso. Pensé que quizá ya hubiese tenido suficiente.

-Incorpórate Sara-ordené.

La orden se cumplió de inmediato. Secaba sus lágrimas con las manos y sorbía los mocos mientras dejaba de lloriquear. La giré hasta ponerla frente a mí.

-¿Ves mi niña? El tabaco no te trae más que malas consecuencias. Sé que eres joven, que deseas probar cosas nuevas, y no te culpo por ello. Pero el mundo está lleno de peligros que acechan a jovencitas incautas como tú. Afortunadamente aquí estoy yo, para corregirte y guiarte por el buen camino. Serás una chica obediente, no fumarás más y en todo cumplirás mis normas, ¿verdad?

-Si papá-dijo mientras secaba sus últimas lágrimas.

-Anda ven, dame un abrazo.

Agarré fuertemente su cintura y apreté su cuerpo de adolescente virginal, bella como una diosa, contra mí. Apoyó su cabeza en mi hombro y comenzó a llorar de nuevo. Entre sollozos se sinceró conmigo.

-Sí papá, reconozco que he faltado, pero te prometo que no volverá a ocurrir. Procuraré corregirme. Oh, te quiero tanto papá. Comprendo perfectamente que esto lo has hecho por mí. No te odio papi mío. Al contrario, mi amor por ti es más fuerte que nunca. Tú sabes guiarme, sin ti estaría perdida. Qué suerte tengo de tenerte papá. Te amo.

-Gracias mi vida-repliqué yo-eres una buena hija. Sé que necesitas corrección, pero no te preocupes, yo estaré aquí, atento, vigilante, para conducirte por el buen camino.

Así, abrazados, permanecimos largo, largo rato, sintiendo el calor de nuestros cuerpos.

Sin embargo Sara siguió cometiendo errores. Hubo que corregirla más veces. Pero eso ya lo contaré en otra ocasión.

(Por Max de Max; max8706@tempinbox.com)

Las manos de mi padre

Tuesday, October 28th, 2008

Estaba una noche en mi cuarto, ya había cumplido 11 años y me masturbaba regularmente, se me mojaba la conchita no bien me tocaba y necesitaba meterme los dedos casi todas las noches.
Tenía entonces unas tetas re chiquitas, puntiagudas, que me daban mucha satisfacción.
Bueno, esa noche estaba en mi cuarto, hacía bastante calor, y decidí ir a mirar tele con mi papá que estaba en la sala. Mi mamá había salido, y en casa estábamos los dos solos. Cuando voy llegando a la sala, veo de costado que papá tenía la pija afuera de su pantaloncito y se la estaba acariciando………….no sabía qué hacer, si volverme a mi cuarto o quedarme ahí mirando.
Decidí lo segundo, y mi chocha empezóa humedecerse de inmediato………..en un momento dado mi papi se dio cuenta de que estaba allí mirando y la guardó de inmediato, yo entonces, como si nada hubiera pasado, me fui a sentar a su lado.
Veíamos la tele, pero yo no pensaba sino en lo que había visto y en que estaba tan caliente, que me chorreaba la conchita. Me senté como indio y al ratito me acosté sobre las piernas de papá. El estaba duro. Yo ya no aguantaba más, las tetas las tenía bien paradas y se veían en mi camiseta, papá las empezó a acariciar. Y me metió la mano en la bombacha, ahí notó cómo estaba mojada, corrió la bombacha y me empezó a tocar en vivo y en directo, me metió un dedo y me lo hizo chupar luego. Ahí me dijo, querés chupar algo más, bebé? Y sacó esa verga hermosa, que a partir de ese día fue mi felicidad………..se la chupé como él me enseñó, pasando la lengua por los huevos, por los costados, hasta que se acabó en mi boca y me hizo tragar su lechita. Pero yo seguía muy caliente, así que me hizo parar encima de su boca y me empezó a mamar a mí, me metió la lengua, me mordía los labios de la vagina, me metía su dedo, me chupaba el clítoris, de tal manera que acabé como nunca.
Desde ese día, me encanta ver televisión con él. A veces lo hacemos ahí si mamá no está, otras veces cuando mamá se duerme viene a mi cama. También me pide que los espíe para que vea como se la coje a ella: a mi me encanta. Gozan mucho los dos, él se la da por delante y por detrás y le mama las tetas que es un placer.
Un día me pidió que me sentara encima de él, y así comenzó a meterme la pija adentro. Me dolió bastante, pero como me chupaba las tetas en tanto, lo disfruté mucho. Cuando me lleva al colegio en la camioneta, a veces paramos por ahí y me masturba antes de dejarme en clase, a veces también me la da para que se la mame. Me voy bien relajada al colegio.
Un día me dijo que iba a traer un amigo, para que vaya aprendiendo a estar con otras vergas, y no sea tímida……….Lo trajo, un amígo al que ahora llamo tío, el tío Alberto. El empezó a jugar con mi culito: me dijo, acá te la quiero meter preciosa, me hizo poner de perrito y me lo chupó de tal modo que me calenté tanto……………. entonces me metió una vela chiquita y me lo fue trabajando, quería cojerme por atrás duro, así me decía él, yo tenía miedo pero mi papi lo ayudó y mientras el tío Alberto me iba entrando en el culo con su pija que es bastante más fina que la de papá, él me chupaba por adelante, las tetas y la concha. Fui muy feliz ese día. Así seguimos por mucho tiempo, me parece que el tío Alberto también está con mi papá y mi mamá, pero nunca los ví. Ahora yo estoy de novia, y cojo muy bien con mi novio, pero sigo estando con papi casi todas las noches, nunca lo voy a dejar, él fue el primero y me gusta todo lo que me hace. El tío alberto se fue a vivir al extranjero pero cada vez que viene nos vamos los tres a su casa y la pasamos genial cojiendo todo el día. Bueno, me encantó compartir esto con ustedes, un beso pampita

Mi tio me estrenó

Wednesday, May 7th, 2008

Hola, como estan, mi nombre es Maria, tengo 20 años. les describire como soy: mido 1.70, muchos dicen que tengo una cara angelical, tengo muy buen cuerpo, tengo buenas tetas, buen culo, me cuido ya que siempre que paso con una falda o una blusita muchos hombres me voltean a ver, mis medidas son 92-60-91.
les contare como fue mi primera experiencia sexual.
Tenia 13 años, a esa edad ya tenia muy buen cuerpo, un poco desarrollado para ser de mi edad. era el 24 de diciebre, estaba en casa de uno de mis tios ya que mis papas habian decidido celebrar las fiestas ahi. A mi me encantaba estar en esa casa, ya que era muy grande, muy bonita y simpre que iba mi tio me daba dinero para comprarme lo que yo quisiera. Ese dia decidi usar una blusita rosa un poco escotada que me acababa de comprar y una faldita azul que hacian relucir mis torneadas piernas.
Pues en fin, llegamos a la casa de mi tio, nos recibio como siempre, pero me di cuenta que me estaba mirando como si no me conociera, ya que se me quedaba viendo a la cara y a mis pechos. No se porque, pero senti una emocion que nunca habia sentido, como si deseara que me tocara mis pechos, que los besara, que los lamiera…
Bueno, decidi borrar esos sentimientos que me habian brotado por un momento y pense en continuar con la celebracion.
Ya como a la 1 de la madrugada mi papa me dijo que ya nos ibamos, pero yo no queria irme porque estaba viendo una peli muy buena con mi tio y mis primos, asi que se lo dije, pero me dijo que mañana me tendria que levantar temprano para ir a Pachuca.
En eso mi tio le dijo a mi papa que me dejara quedar a dormir en su casa, que el me llevaria mañana temprano. Mi papa accedio, pero me dio un poco de miedo quedarme sola con mi tio.
Cuando ya todos se habian ido a dormir, mi tio me dijo que me fuera a acostar en su recamara, que el dormiria en la sala. Le dije que si y me fui a dormir. Un rato despues, cuando ya estaba apunto de dormirme me di cuenta que alguien intentaba entrar en el cuarto. Pensaba en gritar pero me fije que era mi tio y me hice la dormida. El se paro junto a mi cama, me empezo a acariciar mis piernas hasta llegar a mi culo. Como no me quite mi faldita lo pudo hacer sin algun percance. En eso me volteo y me dijo:
-Que bien estas maria
-Gracias tio
-Nunca has tenido sexo(me dijo mientras tocaba mi conchita)
-no, pero…
-pero que? Acaso no estas sintiendo rico?
-si tio… sigue
en eso vi su ereccion y pense que su pene era grande, pero ¡era enorme! Entonces saque su pene del pantalon, lo empece a lamer, como no tenia experiencia lo hice como si fuera una paleta, entonces me dijo:
-deja quitarte tu blusita
me la quito
-Ahora tu brassier
Entonces toco mis pechos, despues mis pezones que ya estaban duros, me los lamio, despues me dijo:
-Ahora vas a saber lo qe se siente ser una perra y una puta
entonces me metio su gan verga en mi conchita. Yo primero senti mucho dolor, despues empece a sentir un placer increible, por fin alguen me habia penetrado. Siguio bombeando como unos 5 o 10 minutos hasta que ya se iba a venir y me dijo:
-Abre la boca para que te tragues toda mi lechita…
Entonces se salio de mi, me puso su pene en mi cara, pero su semen fue a dar a mis pechos y me dijo:
-Lamete los senos para que te limpies.
Ya cuando me limpie, los dos nos pusimos nuestra ropa y le dije:
-Gracias tio
-gracias??
-Si, me encanto ser tu putita o como tu dices, tu perra
-jeje, andale, pero no le vayas a decir a alguien de esto
-Si tio, solo si prometes follarme cada vez que venga a quedarme
-Esta bien
Desde entonces espero cada fin de semana para ir a la casa de mi tio para que me haga mas putita de lo que soy

si quieren escribirme mi correo es mariacosita_13@hotmail.com

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La espía

Wednesday, May 7th, 2008

Hola a todos los perversos lectores, los saluda una perversa mamá lectora de los tan afamados sexy cuentos. Mi nombre, Adelina.

Desde hace varios meses estoy leyendo cuentos eróticos para entretenerme y obtener ideas que poner en practica con mi marido, aunque claro, el no sabe que los leo. Pero bueno, jamás se me ocurrió narrar alguna experiencia que me haya pasado, pero me he involucrado tanto en estas paginas, que decidí contarles algo. No solo lo hago por el morbo de escribir, si no también porque hace unas semanas me paso algo muuuy curioso que talvez les haya pasado a ustedes. Cambiare todos los nombres que aquí aparecen por respeto.

No hablare de una cogida con mi esposo, eso ya esta muy visto y choteado, les contare sobre mi hija; pero para empezar bien, me describiré, tengo 41 años, mido 1.67 cm, soy de tez morena clara, no soy muy flaca pero tampoco gordísima, mas bien llenita, mis senos son medianos, mis nalgas aun están como hace 20 años. Estoy casada desde hace 17 años, tengo dos hijas, una de 15 años y otra de 10, la mayor se llama Andrea y la menor Ángela.

Se que es algo tonto y perturbado que hable así de mi propia hija pero, la excitación es la excitación.

Andrea mide 1.58, es de tez clara, pelo castaño, una cara preciosa, y un juvenil cuerpazo que hace babear a los hombres y ser envidiada por las mujeres, unos senos firmes, redondos, grandes, unas piernas largas bien torneadas, y claro un trasero de primer nivel, sus pompas son grandes, paraditas, cuando se agacha hasta se ve exagerado.

Bueno, como dije antes, hace como un mes en un día común y corriente me encontraba haciendo limpieza a mi hogar, mi marido se encontraba trabajando y mis hijas en la escuela, faltaban como dos horas para que ellas llegaran, cuando termine de limpiar subí a los cuartos de mis hijas a buscar ropa sucia, en el cuarto de Andrea encontré algo mas, mientras descombraba me senté un minuto en su cama y mágicamente encontré una película porno.

Como si mi corazón se detuviera unos segundos, no pude respirar al ver aquellas imágenes, Andrea había visto o vería una película porno, en la portada un tipo con un pene enorme se follaba a una adolescente que irónicamente se parecía a Andrea, no podía creerlo, no sabia que sentir, coloque la caja donde la encontré y salí de ahí aun desconcertada.

Decidí no decirle nada, quería primero comentárselo a mi marido, para que ambos hablemos con ella, ese día no pude verla a los ojos con normalidad, me sentía tan rara. Luego pensé que no era nada malo, que esta en edad de conocer su cuerpo y curiosear, y creí que mi marido no lo entendería y la regañaría entonces tampoco le dije lo que vi.

Una noche después entre a leer cuentos eróticos, y encontré uno que hablaba de un hijo que se masturbaba con los calzones de su madre, eso me hizo imaginar a Andrea masturbándose, una imagen que pocas madres pueden imaginar, pero debo confesar que por un instante me sentí excitada, yo se que ustedes también se calientan con solo imaginar a mi hija como la describí tocándose su puchita y acariciándose sus perfectos senos mientras lanza gemiditos de placer, a mi me paso.

Después de varios días aun tenia en la mente esas imágenes de mi hija masturbándose y no podía evitar calentarme por ello. Cada vez que la veía, o hablaba con ella eran momentos que mi corazón latía fuertemente, me excitaba pensar en mi hija.

Mi marido es vendedor y sale de la ciudad por días eventualmente, y hubo una vez que salió todo un fin de semana, para nosotros eso era normal pero ese fin, no lo seria.

Me sentí tan enferma y perversa que me moría de ganas por espiar a mi propia hija mientras se daba placer, y sin planearlo una noche de sábado como a las 2 AM, me levante a tomar un vaso de agua, pase en frente de los cuartos de mis hijas, y baje a la cocina, me quede unos instantes ahí sentada con la luz apagada y la puerta cerrada, mientras terminaba de beber agua, escuche un ruido, como pisadas, pensé que alguna había bajado también por agua, iba a encender la luz para no espantarlas cuando escuche que la televisión se había encendido, no prendí la luz y me asome hacia la sala, y vi a Andrea enfrente de la tele colocando un disco en el dvd, mi respiración se acelero al igual que mi corazón, estaba a pocos metros de distancia, cerré la puerta pensé un momento lo que pasaba, sabia que estaba mal espiar a mi propia hija, también que estaba mal que una menor de edad viera pornografía, pero mientras pensaba en eso mas se humedecía mi calzón, la lujuria nublo mi juicio maternal y ético.

Y decidí espiar a mi hija. Desde donde me encontraba tenia una excelente visión de lo que ocurría, mientras Andrea se sentaba en un sillón pequeño, llevando puesto solo un top, y una diminuta tanga, esperando a que cargara la peli, cuando inicio ella solo miraba el monitor normalmente, cada vez que salía un tipo con un pitote ella habría los ojos como de asombro, y después de unos minutos, aparecía aquélla chica que salía en la portada, esa que se parecía a Andrea, la chava empezaba tocándose sus senos y sonriendo, en eso, Andrea hizo lo mismo, con su manita izquierda tocaba sus chichis sobre su top, mientras no perdía de vista el siguiente paso, la chava metía su mano en su calzón, y Andrea correspondió haciendo lo mismo, para entonces mi corazón latía a mil, e inconscientemente mi mano ya estaba jugando con mi clítoris, me di cuenta porque note que mi calzón ya estaba muuy mojado, Andrea dejo hacer lo mismo que la chava cuando a escena salió un tipo con otro pitote y empezó a follarsela, Andrea por su parte se levanto el top, y note que Andrea tenia el mismo tono de pezones que yo, rozaditos, ver sus grandes tetas me calentó aun mas y me hizo bajar mi calzones y abrirme el camisón, ella se masajeaba las tetas de una forma lenta y sensual pellizcando sus pezones y haciendo gestos de placer, yo con una mano tocaba mis tetas y con la otra acariciaba mi panocha, trataba de no gemir para que no notara mi presencia, pero ella soltaba leves gemidos acompañados de sonrisas, luego se puso de pie, yo retrocedí un poco, pero ella se paro para acariciar sus enormes y bien puestas nalgas, y empezó a bajarse la tanga hasta sus rodillas, luego cayo al suelo sola, tal como lo dije sus nalgas paraditas atraían miles de miradas, al vérselas mi vagina empezó a soltar mas jugos, mientras mis dedos jugaban con mi clítoris, ella volvió a sentarse y empezó a acariciar suavemente su conchita, llena de pelitos, seguía acariciándose una teta mientras sus movimientos iba cada vez mas rápido, ella arqueaba la espalda, se lamía los dedos saboreando sus propios fluidos, yo estaba mas que excitada, mis piernas temblaban pero seguí viendo el desenlace de esto, mientras la chava de la película gritaba, Andrea seguía moviendo su manita y gimiendo un poco mas fuerte, hasta que pequeños espasmos llegaron a su entrepierna, y una gran sonrisa pareció en su cara, mi niña tuvo un orgasmo frente a mí, el ritmo de sus manos bajo, respiraba mas tranquila, y sin descansar quito la película, se puso su poca ropa, y subió al cuarto.

Yo aun no había acabado, pero las imágenes que tenia eran suficientes para llegar a mi cuarto, recostarme, quitarme la ropa y dedearme como loca, sin hacer ruido cerré los ojos e imaginaba a Andrea dedeandose, y enseguida tuve un hermoso orgasmo.

Así termino el fin de semana, si quieren hacer comentarios mándenme un correo a secretlovet@hotmail.com

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Penetrando a mamá

Tuesday, May 6th, 2008

Autor: “Negracho”

Mis testículos golpeaban contra las nalgas de Silvi. Mi verga estaba hundida hasta el fondo en su culo, La mujer que, hasta hace un momento, pedía clemencia en la penetración, mi madre,  ya se movía furiosamente con veinte centímetros de pija llenándole el ano. –“Así, bebé, ¡Qué culeada me estás pegando! La tengo toda adentro. ¡Como me llena”-, deliraba.

Soy Alejandro Fadini, tengo 18 años y acabo de ingresar en Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires. La literatura, desde muy temprana edad, se presentó como mi vocación inequívoca, y traté de poner en mis escritos más belleza que contenido.
Era aún muy pequeño cuando garabateaba todo papel que llegaba a mis manos. “Ema me ama…Mamá me mima…mamá me mima”. Desde allí, y como elemento recurrente, la calidez de mi madre se posó en mi vida como nudo central y, paulatinamente, fue tiñendo con su color particular todos mis actos.
Silvia se llama mi madre y es aún una mujer muy atractiva. Sus 42 años la muestran como una dama que combina perfectamente la formalidad con una muy especial sensualidad. Es profesora de Biología en varias escuelas de educación media y polimodal, lo que le brinda la posibilidad de tener un manejo solvente del vocabulario juvenil y, más aún, una correcta comprensión de las características propias de una etapa tan compleja como la adolescencia.
Silvia enviudó muy joven. Mi padre, un visitador médico de muy buen pasar y excelentes perspectivas de vida, pereció en un accidente de tránsito cuando sólo tenía 29 años. Mamá, su viuda tenía 26 años y yo, el retoño de ambos, nada más que 2 añitos. Por eso es que no guardo recuerdo alguno de mi padre.
A pesa que no le faltaron pretendientes, Silvia no volvió a formar pareja. Muchos hombres, la mayoría de ellos muy apuestos y de ventajosa posición económica, llegaron a proponerle convivencia y aun matrimonio, pese a lo cual mamá siguió con mi única compañía.  Con esto, no quiero decir que mi madre no gozó de los placeres del sexo durante todo ese tiempo. Una mujer bella y fogosa como ella difícilmente pueda mantenerse alejada de las mieles del amor carnal y –aunque no me consta- estoy seguro que algunos hombres la poseyeron intensamente luego de la desaparición física de papá. Su discreción y sensatez me mantuvieron siempre ajeno a su relación con el sexo e ignorante de cualquier romance suyo, ya sea ocasional o duradero.
A sus 42 años, Silvia es todavía una mujer bellísima. Yo diría, sin temor a equivocarme, que es una de esas mujeres que excitan a los hombres a primera vista. Mamá no provoca…solo insinúa. Mamá no se regala…hace que el hombre ofrezca sus mejores recursos en pos de lo que desea. Su cabello, ni muy largo ni muy corto, es castaño claro y sus ojos marrones. Mide 1.68 mts. y sus turgentes senos hacen que los señores se vuelvan a mirarla a su paso. Su cola, sin ser muy grande, es aun firme y sabe moverla con toda la gracia propia de una dama elegante y sensual. Pese a todos sus atributos físicos, el rasgo de Silvia que más seduce al sexo opuesto es su mirada cargada de inteligencia. Uno, con solo verla, advierte  que a su lado no se aburrirá y que pasará momentos maravillosos aún en situaciones en que el morbo no esté presente.
Cualquier lector avezado que sabe leer entre líneas, pensará por los conceptos aquí vertidos, que amo a mi madre. Claro que la amo, ella me dio la vida. Otro lector, más perspicaz aún, dirá que eso es cierto pero que él cree que no la amo con amor de hijo sino con un sentimiento no exento de cierta carga pasional que lo acerca a lo edipico. No puedo negar que hay verdad en ello y que allí empieza a desatarse el nudo de esta historia incestuosa que mezcla la ternura de afectos primarios con la calentura propia de una hembra en celo y un macho posesivo y potente.
El que piense que esta relación madre hijo terminará mal y que los sagrados vínculos familiares serán ofendidos por relaciones carnales espurias e indebidas mucho se equivocan. Mi madre Silvia y yo, gentiles lectores, ya somos amantes, ya nos hemos disfrutado de todas las formas. Cómo comenzó y los detalles de este amor prohibido es lo que motiva este humilde relato.
Todo comenzó un sábado por la noche del pasado mes de Septiembre. Un clima más veraniego que primaveral invitaba al paseo y, ocasionalmente, a disfrutar de una bebida fresca. Mis amigos Javi y Andrés, integrantes de un equipo juvenil de rugby habían viajado al interior del país para enfrentar un compromiso del calendario anual.
-“Mami”- grité, mientras salía del baño envuelto en un toallón, -“¿Qué hago esta noche? Los chicos fueron a Salta a jugar un partido y la noche está demasiado linda como para encerrarse en casa. Ella, que preparaba sus clases semanales, no alzó la vista de los papeles y replicó: -“Yo tampoco tengo con quien salir. ¿Qué te parece si vamos a tomar algo juntos? Hace mucho que no lo hacemos”-
Su propuesta me sorprendió y no encuentro una explicación para ello. No sería nuestra primera salida juntos, pero…no sé…noté algo especial en su voz o quizás, inconscientemente, hacía mucho tiempo que esperaba que esta situación se diera así, naturalmente.
-“Cómo no, mami”-, respondí…-“¿tenés alguna idea de dónde podemos ir?”-
-“No lo sé, Ale. Lili me habló, el otro día, de un sitio muy piola, accesible, con muy buena atención y cerca de casa. Podemos probar”-, respondió.
Así fue. A la hora convenida salimos en su coche. Estaba hermosa, quizás era la más deliciosa versión de mamá que haya visto hasta ese momento. Tenía puesto un conjunto celeste de casaquilla y pollera. Lucía un importante escote que dejaba ver el nacimiento de unos pechos maravillosos. Su falda, que no llegaba a ser mini, sugería más que lo que mostraba, y lo que sugería prometía ser inolvidable.
El lugar elegido, como lo había prometido Lili, se mostraba como acogedor y discreto. Mostraba una intimidad que, combinada con un sobrio buen gusto, hacía que uno se sintiera identificado con el ambiente y dispuesto a brindarse por entero a la persona que lo acompañaba. Una música suave, magistralmente interpretada por piano, saxo y batería, servía de delicado fondo auditivo para conversar en un tono intimista apto para la confidencia.
Comenzamos bebiendo cerveza a mi elección. Mami me dijo que yo, esa noche, era el mimado y podía elegir. Estaba realmente deliciosa, muy suave y helada. Conversábamos amablemente sobre nimiedades cuando le pregunté sobre algunos señores que –en distintos momentos- supuse sus amantes. Ella, con su habitual velocidad mental, salió fácilmente del paso quitándole toda trascendencia a las relaciones mencionadas.
Nuestras rodillas, de vez en cuando, chocaban bajo la mesa y yo –en principio- solo atinaba a retirar las mías. En una oportunidad, no las alejé e hice presión sobre sus muslos para intentar profundizar el contacto, a lo cual accedió momentáneamente, para replegarse. Miré fijamente su rostro y noté una sonrisa pícara bailando en sus labios.
De pronto, el volumen de la música subió y dos o tres parejas encararon decididamente hacia una pista del baile que, hasta el momento, nos había pasado inadvertida quizás por su oscuridad. –“Lili no me había comentado que aquí se baila”-, dijo. –seguro que se le ha olvidado. A propósito, Ale…¿cómo te llevas vos con el baile?
La miré a los ojos y le contesté: -“Más o menos, soy bastante tronco, pero con esta música lenta seguro me las arreglo. Con Mariana –mi ex novia- salíamos seguido a bailar, y tenía que cumplir”-.
Se paró, me tomó de la mano y llevándome hacia la pista, me dijo: -“Vení, vamos a probar. Tal vez sea una buena maestra para vos…”-.
Nos paramos frente a frente. Comenzamos a movernos a un ritmo superior al que proponía la música, bastante separados. Mi brazo derecho ceñía tímidamente su talle y su mano izquierda se posaba en mi hombro como para mantenerme a distancia. Esto me hizo sentir molesto. Ella pareció notarlo, sonrió y recostó su cabeza sobre mi pecho, oprimió mi mano y me acarició suavemente la nuca al tiempo que decía: -“Esto se baila así…más apretaditos, Dejémonos llevar”-.
Sentí en mi pecho el contacto con sus pechos y no pude evitar que mi miembro despierte del letargo. Apoyé mi mano en su espalda y la apreté más contra mi cuerpo para sentirla plena y vibrando. Ella amagó a detenerme con su mano en mi pecho, pero se detuvo y comenzó a moverse muy insinuante, pegadita a mi cuerpo. La sensación de sus tetas palpitando sobre mí era fascinante y mi mano –quizás en una actitud refleja- principió a acariciar suavemente su espalda desnuda.
-“Ale, Ale”-, susurró-, -“Ale, portate bien, bebé”-, dijo, pero no se separo de mí ni un palmo. Solté su mano, y llevé la mía hacia su cintura para, junto con la otra, incrementar la presión y arrimarla contra mí. Su mano, ya libre, fue hacia mi cuello y se enlazó con la que tenía en mi hombro. Su rostro estaba muy junto al mío y sentía que su aliento me quemaba.
Mis manos oprimieron su talle pegando su sexo al mío. Mi pierna derecha forzó a sus muslos a franquear el paso y sintió, por primera vez, el miembro erecto de su hijo establecer contacto con su sexo ardiente. No dijo nada, solo sentí que sus dedos ejercieron mayor presión sobre mi cuello y que sus lolas comenzaron a refregarse contra mi pecho.
Mi calentura comenzó a tornarse inconmensurable. Mi pija crecía incesantemente y ella la sentía, sobre la ropa, moverse en su entrepierna.
-“Ale…Ale”-, musitó.-“¿Qué me estás haciendo?”-, y su cintura empezó a cimbrear, impulsando a su vagina a ir al encuentro de mi bulto que la estaba subyugando. –“Ale, soy tu mami…Ale, por favor…”- No pudo terminar la frase, mi boca buscó la suya. Al sentir el calor de mis labios quiso retirarse. La apreté contra mí sin violencia pero con decisión. Tomé su mentón, la besé largamente, la obligué a abrir su boca para recibir mi lengua contra la suya. –“Yo mando esta noche, mami, no lo olvides, dame esa lengua que te la como toda”-.
Levantó la vista y me miró como insinuando una queja. No la dejé hablar. –“Ya es suficiente, Silvia, no te resistas más. La realidad dicta que esta noche será mi hembra y ya no hay retorno. Dejate llevar, hermosa mía…mi yegüita adorada”-.
-“Ale…Ale”-, susurró. Sus labios abrieron y su lengua se disparó al encuentro de la mía. Más abajo, nuestras pelvis se buscaban con desesperación, iniciando un movimiento casi propio del coito.
-Ale…Ale, mi bebé, ¿qué le hacés a mami? Me estás haciendo mojar toda, mi machito lindo”-.
-“Hace tiempo que te deseo, Silvia. Esta noche vas a ser mía. Quiero cogerte hasta que amanezca. Quiero que te sientas mía, que me desees, que me reconozcas, que esperes anhelante mis penetraciones y que gimas como una potranca cuando la tengas toda adentro. Me vas a dar tu concha cuando yo quiera. Voy a coger tu culo cuando yo disponga. Vas a ser mía…mami, enteramente mía. Quiero llenarte de leche…Silvia”-.
“-Mi amor, mi Ale..yo también quiero ser tuya esta noche. Deseo ser tu hembra, entregarme totalmente a tus caprichos. Siento que me dominás, que podés hacer conmigo lo que quieras. Ámame, Ale. Ámame como un hombre quiere a su puta. Soy toda tuya…guachito mío…”-
Nuestros cuerpos estaban como fundidos en medio de la pista, nuestros labios se devoraban y la humedad de su concha era perceptible a través de la ropa. Los primeros jugos preseminales tendían a escapar de mi verga enhiesta y Silvia gemía…!como gemía mi madre!”-
-“Vamos a casa, por favor vamos casa”-, rogó. –“No puedo más, quiero ya tenerte adentro y siento que la gente nos mira. Vamos a casa, Alejandro”-.
¿Cómo negarse ante semejante pedido? ¿Qué hombre con sangre en las venas puede ignorar tal llamado a la lujuria más anhelada?
Abrazados como novios salimos del boliche. Mi abrazo amarrado a su cintura y su mano derecha  acariciando mi pecho a través de la camisa. Ninguno de los presentes podía siquiera sospechar que esa pareja amante que se retiraba estaba integrada por madre e hijo.
El viaje en el coche se hizo interminable. Ni bien partimos levanté su falda y acaricié sus muslos, mientras mis labios buscaban su cuello y bajaban traviesos hasta el nacimiento de sus senos.
-“Alejandro, mi amor, esperá que lleguemos”-, gemía, -“Ay, bebé, cuidado que podemos tener un accidente”-. Mi mano ya arribaba a su bombacha y jugueteaba en su raja sobre la tanga. Luego, metí mi dedo por debajo del elástico inferior y con él recorrí los labios inflamados de su conchita, pudiendo comprobar la humedad que emanaba de ella. Silvia, mi madre, no hacía más que gemir, abriendo más sus piernas como invitándome a avanzar en mi exploración por sus fantásticos montes.
-“Ale…Ale, no puedo más, no seas malito. Estoy muy caliente amorcito. Mami ha estado mucho tiempo sin tener un hombre en su cama y no ve la hora de sentirte muy adentro. Quiero tenerte, hijito, que me cojas como lo hacía tu padre, que me des y des durante todo el tiempo que quieras. Quiero recibir esa pija enorme que tenés, que me abra toda. Haceme tuya…no puedo más.”-
Consideré, entonces, que mi expedición de reconocimiento había finalizado y que era hora de internarse en la espesura.  Lentamente…muy lentamente, fui hundiendo mi índice en su concha, arrancándole un gemido estremecedor: -“Bebé….mi bebé, me estás matando. ¿Ves como pusiste la cachucha de mamita?”-. No era para menos, su sexo estaba tan rebozante de jugos como si un hombre se hubiera derramado en su interior. No cabían dudas que Silvia, mi mami, me había regalado su primer orgasmo.
-“Ale, mi vida, quisiera tener tu pija en mis manos y no puedo. Mamá quiere darte mucho placer, hermoso, pero ahora debe atender al volante”-
Afortunadamente, llegamos a casa. Mamá detuvo el motor y me abrazó y besó  con suma pasión. Buscó mi lengua con desesperación  mientras su mano se posó apresuradamente en mi bragueta. –“Qué hermosa verga, mi hombre, me moría por agarrarla. No puedo creer que ese pitito que entalcaba hace no mucho tiempo sea la misma pija que me va a coger hasta el hartazgo esta noche. La quiero. ¡Cómo la quiero!
Bajamos del auto, abrimos la puerta de entrada y subimos casi corriendo las escaleras que nos conducían a su dormitorio. Una vez allí, Silvia empezó a desabotonar mi camisa muy despacito. La abrió y su lengua, muy suavemente, recorrió mi pecho desde arriba hacia abajo, deteniéndose en mis tetillas y bajando luego hacia mi abdomen. Su mano ya se había adueñado de mi poronga y procedía a pajearla con mucho amor. Apretaba el glande como queriendo reconocer la pija que se iba a comer, lo acariciaba y su boca iba hacia la mía y mordía mis labios y se apropiaba de mi lengua y gemía…mi mamita gemía.
“-Tranquila, Silvi…mi amor. Bajame el pantalón y quitame el slip. Podés tragarte mi pija ahora”:- le decía, mientras mis manos magreaban sus tetas, metiéndose por encima de su generoso escote. –“Chupala, mami, hace años que lo espero. Dame lengua hasta que vuelque en tu boca toda la leche que guardo para vos. Tragate mi semen, mi hembrita caliente, que después voy a clavarte hasta que digas, basta por favor. Vas a obedecerme, turrita mía. Te voy a montar en todas las posiciones. Mi verga va a entrar y salir de tus agujeros cuando quiera,  y no se te ocurra detenerla porque tus nalgas van a conocer mis manos. Te voy a dar mucha pija…mami…toda la que te ha faltado en este tiempo.
Silvia, mi mamá, mí querida Silvia. ¡Como chupaba mi garrote! ¡Con qué deleite rodeaba con su lengua mi rosado glande! ¡Con qué alborozo iniciaba un furioso mete y saca! Empapaba la verga con su saliva, para secarla luego. –“Silvia, yegüita,…!Cómo te la comés, mami. Así…cometela así, preciosura. No pares, por favor,  que estoy llegando. Más…dame más que me vengo. Ya llego, mami. Así…Así. Ay…hummmmmmmmm, ¡qué hermoso! Tragá puta, tomatela, no dejes que se escape nada”-
Mi pija eyaculó todo el líquido guardado para mamá durante tantos años. La boca de Silvia no bastaba para contener tanta leche acumulada y chorros del líquido blanco y viscoso caían por la comisura de sus labios. –“Así, mi potranquita. Toda la leche de tu bebé es para vos. Ahora limpiá bien mi pija, no quiero que quede una sola gota”-
Mami se dedicó con devoción a la tarea de limpieza. –“Qué rico, bebé. Bebí toda la leche de mi potrito y ahora te quiero llenándome toda. Quiero que me hagas tuya, que me sometas, que me poseas, que me uses como si fuera la puta más grande del mundo. Cogeme Ale, por favor, haceme sentir bien mujer. Mi concha te pide a gritos. Cogeme, vidita…no me hagas esperar más. Estoy muy caliente…muy caliente”-
Los veinte centímetros de mi verga ya daban muestras de recuperación. Mami, como cuando era niño, procedió a quitar mi pantalón. Estaba, él también, muy mojado por mi lechita. Mami me quitó hasta la última prenda y dijo: “Ahora si, bonito, estás como cuando viniste al mundo. En bolas para mami, mi vida. Te quiero…te quiero.”-
La besé tiernamente en la boca, la tomé de la mano, la conduje amablemente hacia la cama y, con firmeza, la obligué a tenderse boca arriba. Bebí sus labios con vehemencia y, sin dejar de besar su piel, fui bajando hasta sus maravillosas tetas. Lamí, en forma circular, la aureola de sus pezones mientas sus manos apretaban mi cabeza contra su cuerpo. –“Chupá, mi amor, como cuando eras chiquito. Comete nuevamente las tetas de mamá. Tragate esos pezones que te alimentaron, dame tu lengua…”- No dejé que Silvia rogara demasiado y sus erectos capullos fueron, alternativamente, desapareciendo en mi boca. Los mordisquee delicadamente, los apreté entre mis labios y los agasajé hasta el cansancio.
“¿Te gusta, mi putita? Mirá como tu nene te come las tetas. Sentí mi dedo, hermosa, ahí va…abrí ese culo…abrilo te digo que lo estoy preparando para después”- Y Silvia, obedeció…ya estaba aprendiendo a obedecer y, mientras disfrutaba de una esplendida chupada de tetas, gozaba de un dedo moviéndose en forma de tirabuzón en su cola, dilatándola para la culeada que, indefectiblemente, iba a tener luego.
-“Cogeme ahora, Ale, por favor. Damela ya. La quiero así, sin forro, Quiero sentir su calor. Quiero gozarte vaciándote dentro de mí. Dasela a mami, vida. ¡Te deseo tanto!
Mami tenía razón, ya estaba lista para ser poseída. Me acosté encima de ella y la besé largamente en la boca, enredando mi lengua en la suya que la esperaba ansiosa. Mi pija, que de tan parada tenía vida propia, buscaba afanosamente su entrepierna. Separaba sus rodillas movía su talle, gemía como loca. Tomé sus piernas y las coloqué sobre mis hombros, dejando su concha indefensa, a entera disposición de mi monstruito sediento. Mamá, mi Silvia, incrementaba el volumen de sus gemidos. –“Ahora si, hembrita mía, vas a ser cogida como nunca, Recibime”-
De un solo empellón le clavé mi pija hasta que mis huevos hicieron tope. Dio un alarido desgarrador -¡Ayyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyy!, despacio, mi alma, que me partís!”-, se quejó.
-No, mami, putita. Aguantá la pija así, metida hasta el fondo. Mové esa concha. Así…así…así. ¡Eso, mami…eso! Ahí está, toda adentro…cometela, es tuya, sentila moverse. Apretá las piernas, yegüita, que acaricien mis bolas. Si…dame esa lengua en mi boca…, te estoy cogiendo, mami, te estoy cogiendo”-
-“Sí, mi ángel, ya no me duele. Me estás volviendo loca. Movete así…no parés…sentí como mi concha quiere retenerte. Mi amor…escuchá el ruido de mis liquidos…estoy empapada. Quiero esa pija, dame más…no te parés, guachito…besame, mordeme, apretame las tetas. Soy tuya…tuya…
Mami gemía, deliraba. Me pija no paraba de moverse dentro suyo y su concha acompañaba cada una de sus embestidas. Sus espléndidas tetas se balanceaban al ritmo de la cogida y mi dedo índice volvía a sodomizarla, lo cual la hacía gritar de calentura.
¡”Ay bebé, mi bebé, mi hermosa criatura! ¡Qué polvo me estás echando! Mami es tuya…toda tuya. Haceme la concha, hermoso…así. Seguite moviendo, potrito mío que estoy llegando. Quiero que acabemos juntos, vida. Dame tu lechita, la quiero. Llename. Dale…así…movete turrito que ya estoy. Damela..quiero pija. Más…más…más.”-
¡Ay mami, es la concha más hermosa que he cogido! ¡Cómo te la comés, putita! Sentí como mis huevos te golpean. Si, mi amor, vamos a acabar. Movete, puta, movete. Sentí cómo mi pija entra y sale. Mové esa concha que te la lleno de leche. Tomá, hermosa…para vos. Ay mami…me vengo..me vengo…te quiero mami….maaaaaaaaami”-.
-“Aleeee, Aleeee, siiiiii, siiiiii, bebé, bebé, bebé, si…si…si. Siiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii, ¡Cuánta leche, amorcito, cómo me entra! Dale esa lengua a mami. ¡Ay Ale, cómo acabo, amor! ¡Ay, mi vida, no parás de llenarme de leche! ¡Qué calentita, guachito! NO…no me las saque todavía. Así…así…quiero sentir tus últimas sacudidas.
Mi semen corría por las piernas de mamá que no pudo retenerlo todo. Yo mojaba mis dedos en él y lo untaba en sus labios. Ella, lo recogía con su lengua y lo saboreaba como al manjar mas deseado.
¡Qué hermoso cogida, Alejandro! Creo que nunca he gozado tanto. Tu padre tenía una hermosa verga pero le faltaban pasión e imaginación. Por lo que estoy vendo, creo que de eso a vos te sobra, cielo.
La besé en la boca, manchandome con mis propios jugos y le dije: -Todavía falta lo mejor mami. Vas a ver cuánta creatividad tengo en la cama. Tu culito, que me parece muy estrecho, va a ser penetrado sin piedad. Vas a tener que bancarme adentro, mami. Te guste o no, voy a hacerte el culo y creo que lo vas a disfrutar. Me has demostrado que sos una putita divina y como tal te la vas a tragar por detrás”-
-“Ay amor, no puedo decirte que mi cola es virgen. En verdad, tu padre era bastante formal y nunca me cogió por allí. Pero, un amante ocasional, me sedujo hasta tal punto que me la dio por el culo. No lo gocé demasiado porque creo que no lo hizo bien. La metió de golpe y comenzó a moverse rápidamente. Cuando me estaba acostumbrando a su tamaño, acabó adentro de mi. En verdad, fue una gran decepción ya que había fantaseado mucho con una buena culeada”-
-“Qué hermosa mina sos, Silvi  Si no fueras mi madre podría enamorarme de vos. Si, divina, me encanta que me acaricies la pija así. Me parece, putita, que la estás excitando para que te haga la cola. ¿Querés que te coja por el culo, no? Te veo apuradita. Te encanta la verga, mami. Podría cogerte durante horas…muchas horas…”-
-“Si, mi bebé, quiero sentirte en mi culo, ahora. Esta noche sos mi dueño, soy totalmente tuya. Mi culo te desea…te quiere adentro. Pero querelo, cariño, haceme gozar no sufrir, quiero volverme loquita y que me lo llenes de lechita. Sos mi amor,,,Ale…mío”-
-“Hoy te dije que iba a cogerte como se me antojara y que no podías resistirte. Pero te amo, Silvi, y quiero que disfrutes. Sí, mami, voy a llenarte el culo de leche…pero no voy a rompértelo…voy a amarlo”-.
Mi verga ya estaba nuevamente al palo por sus continuas caricias. Me tendí con mi palo apuntando al cielorraso y la tomé amorosamente de la mano. –“Vení, Silvi, sentate arriba de mi pija y manejá la penetración con la cintura. Andate enterrandola a medida que la soportes. Tu culito te irá pidiendo verga según la desees”-
Me miró y sonrió con expresión de novia enamorada. Lubriqué la puerta de su ano con mi saliva y esperé impaciente. Tomó mi vara con amor, pasó su lengua por la cabeza rosada, abrió sus piernas y comenzó a sentarse, a autosodomizarse con la verga enhiesta de su amado retoño.
Su mirada no se separaba de la mía. Su mordía el labio inferior en una  mezcla de lascivia y sufrimiento. Mi glande ya era agradecido huésped de ese deseado anfitrión. Silvi gemía suavemente: -¡Ay Ale!…me duele pero me gusta…la siento entrar muy suavecito.muy lubricada, ¡Ay Ale! Me está abriendo toda, mi amor, como me culeás. ¡Ay, vida! Enterramela un poquito vos, movete despacito, yo te freno si no aguanto. ¡Ay, guachito hermoso” Así, hasta ahí. ¡Cómo la siento! ¡Me quema el orto, vida, pero me encanta! Así, acariciame el clítoris. Sos hermoso, es bárbaro como me lo hacés..así vale la pena. ¡Ay Ale…Ay Ale…Ay Ale…! Enterramela amor…la quiero toda…damela…llename el culo. Ayyyyyy asi, asi, asi”.
Mis testículos golpeaban contra las nalgas de Silvi. Mi verga estaba hundida hasta el fondo en su culo, La mujer que, hasta hace un momento, pedía clemencia en la penetración, mi madre, ya se movía furiosamente con veinte centímetros de pija llenándole el ano. –“Así, turrito, ¡Qué culeada me estás pegando! La tengo toda adentro. ¡Como me llena! Movete guachito, rompeme el culo, hacé que acuerde de tu pija por varios días. Dame fuerte…muy fuerte..culeame bien culeada. Así…así, ¡Cómo me gusta!
Empecé a darle mi pija como ella solicitaba. Su culo pedía y pedía y mi verga no podía negarse. La puse como un perrito, con su culo en pompa, y la ensarté sin lastima. Dio un fuerte grito pero ni amagó retirarse. Comenzó a moverse en dirección a mi verga buscando hacer cada vez más profunda la penetración. Gritaba como una loca…!Cómo gemía mami! Yo, loco de morbo, se la enterraba hasta lo huevos, la dejaba un rato allí –bien clavada- y luego comenzaba a moverme como un poseso. Por momentos la sacaba fuera de su orto, dejando que solo la cabeza quedará en contacto con su orificio. Luego, casi con violencia, la hundía hasta que casi se comiera las bolas, y me mecía a su mismo ritmo. Ella, en ese instante, parecía lista a tragarse todo lo que se le ofreciera.
-“Silvi, putita, ya casi no doy más. Nunca te imaginé capaz de comerte semejante cogida. Silvi voy a acabar, vida. ¡Cómo te hago el culo, mami! Siento como te lo abro Silvi. Mové ese orto, yegua, damelo todo”-
“- Si, mi amor, mi culo es solo tuyo. Me lo rompiste, bebé, pero nunca he gozado tanto. Soy tu esclavo, llename el culo de leche, damela…damela…la quiero…”
Fui, una vez más un niño desobediente con mi madre. Saqué mi poronga de su culo, admirando como su orificio quedaba abierto y redondo, la di vuelta y la dejé mirando hacia mí. Mi verga no necesitó más que dos sacudidas para comenzar a vaciarse en la cara de mami. Ella, gimiendo, comenzó a recibir un torrente de líquidos a la vez que convulsionaba llegando a su enésimo orgasmo. La leche chorreaba por la cara de madre, bordeaba sus tetas hinchadas y parecía querer llegar a su sexo.
“-Ay mi amor…mi amor…mi amor, cuánta leche para mami-“ ¡Ay Ale, nunca me han cogido como ahora, vida”- decía mientas limpiaba le leche que quedaba en mi garrote con su boca. –“Ale, mi vida, soy tu esclava. Culeame cuando quieras, bebé. Estaré todas las noches esperándote…siempre dispuesta, siempre lista. Soy tuya, vidita, para siempre tuya”-
Cogimos toda la noche. Mi mami y yo lo hicimos en todas las posiciones y en todas las formas.
En una próxima entrega relataré otros polvos con mami y cómo fuimos incorporando otros elementos a esta hermosa relación incestuosa.

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Me Nalguee a mi Hermana

Tuesday, May 6th, 2008

Desde hace tiempo leo los relatos del sitio y me anime a contar lo siguiente.

Esto ocurrio hace un tiempo yo tenia 16 y mi hermana 14.

Para que se den una idea de como somos les dire lo siguiente. Los dos somos muy altos, yo mido 1.93 y peso como 85 kilos, soy un tanto atletico ya que frecuento el gimnasio y practico varias artes marciales, tengo cabello y ojos negros y uso lentes. Mi hermana por el otro lado mide 1.80 (si es bastante alta), tiene ojos y cabello negros al igual que yo y tambien usa lentes usa el cabello largo, abajo del hombro y su cuerpo esta para morirse, tiene unas tetotas (creo que es copa c, no estoy seguro) las cuales te dan unas ganas de sentirlas de solo verlas (siempre en la calle se le queda viendo la gente) y un unas nalgas de primera categoria son grandes pero bien paradas y muy firmes aparte de unas piernas que parecen no tener fin con unos chamorros igual de firmes que su culo. Pero bueno terminando con esto lo que ocurrio fue lo siguiente.

Los dos vivimos con nuestros padres en Laredo en la frontera con E.U y un dia nuestros padres me dijeron que tenian que irse por cuestion de negocios a Europa por un tiempo y yo la verdad en ese momento no pense nada incorrecto pero unos dias despues de que ellos se habian ido y nosotros estabamos solos estabamos jugando un videojuego de final fantasy que a mi hermana le gusta ver como los paso pero nunca pasarlos ella, bueno despues de un rato de jugar me di cuenta que traia su pijama con todo y que todavia no era de noche, era un conjunto que tenia desde hace siglos pero ella nunca se fijaba en que esa ropa ya no le quedaba lo cual resaltaba su anatomia y en ciertas ocasiones hasta se transparentaba su ropa interior, este fue uno de esos casos, ella traia puesta unas pantaletas de esas grandes medio infantiles pero con un dragon chino en ellas en la parte del trasero, me le quede viendo de una forma muy obvia (que pendejo no?) y cuando ella se dio cuenta me volteo a ver con una cara de “que te trase” y me dijo -que diablos crees que estas mirando- y yo muy a las bravas le dije - pues que ya no eres una chiquilla y que ya no deberias usar esa pijama- ella me respondio -pues que diantres importa como se me vea se supone que estoy en mi casa, no? o es que te sientes atraido por mi pinche pervertido?- en ese momento yo no podia pensar en otra cosa que no fuera su cuerpo y tenia una ereccion olimpica y como no le respondi a lo ultimo ella me dijo - no puedo creerlo mi propio hermano con ese tipo de pensamientos- y al percatarse de mi ereccion dijo - me cae que eres patetico eres un pervertido inutil- ante eso yo senti una furia indescriptible por lo que sin pensar la tome por el cabello y la jale a mis piernas (yo estaba sentado)y la coloque sobre mi, despues le jale la pijama con todo ya calzones para dejar al descubierto su perfecto y palido trasero, no me podia controlar y lo que hice fue darle una nalgada con todas mis fuerzas, fue tan duro el golpe que incluso me dolio la mano y ella reacciono de la misma manera gritando de forma descontrolada, despues de la primera logro soltarse pero la sujete del brazo y la amarre con un cable que habia cerca de la tele, le amarre brasos y piernas para que no tratara de escapar y me dedique a seguir nalgueandola, golpe tras golpe ella gritaba y lloraba, la verdad no la amordaze porque sus gritos me exitaban, sus enormes nalgas ya estaban perfectamente rojas por lo que la sujete y la tendi boca arriba en mi cama, en ese momento me di cuenta que su vagina estaba secretando jugos, no me lo podia creer, acaso era por el dolor o esto le gustaba?, no supe solo pensaba en seguir con esto por lo que le quite la parte de arriba de la pijama y el bra que traia, era blanco con corazones, pero bueno al ver sus enormes y perfectos pechos no me contube y comenze a golpearlos como si fuera su trasero esto solo ocasiono que se mojara mas abajo pero no me detuve y los segui golpeando hasta que quedaron del color de sus nalgas, en ese momento vi como un liquido transparente salio a chooro de entre sus piernas por lo que pense que se habia orinado, entonces la sente y la abraze llorando pidiendole disculpas pero para mi asombro en lugar de reclamar me dijo -luego le seguimos no?, esto fue tan exitante nunca me habia venido de esa manera- para mi asombro no se habia orinado sino que se habia venido, no lo podia creer pero bueno en otra ocasion les contare como despues me la culee.

hermana Nalguee orinando hermana Nalguee orinando

Estrene a mi Tierna prima Karla

Tuesday, May 6th, 2008

Les voy a platicar quien soy:

Me llamo Jesús Amadeus y soy del norte del país, fornido, alto, varonil, 38 años, serio y agradable; soy Psicólogo. Desde adolescente viaje a la ciudad de México para realizar mis estudios y desde entonces he recorrido todos los estados de la Republica, conozco también algunos países y me considero hombre de mundo. Creía saber todo, conocer de todo hasta en el sexo me calificaba como un plus. Mi historia… Mi sueño comienza así:

Cuando llegue a la ciudad de México a los 16 años, me aloje en casa de un tío el cual vivía con su esposa y mis primos, ellos eran cinco, entre los que se encontraba Karla, una encantadora niña de 13 años, jovial, alegre y llena de vitalidad, propia de una belleza angelical. Me había electrizado con su candor pues la última vez que la vi, había sido 3 años atrás. Allí estaba, ella tierna e ingenua y yo en similitud ingenuo y aturdido por esa muñeca ahora desconocida para mi; me había enamorado, esa era la realidad, enamorado yo desde el primer encuentro con Karla.

Fue fácil el proceso de adaptación a mi nueva vida en la ciudad de México, y para Karla se había tornado diferente pues su madre le daba un trato inadecuado a una chica de su edad, la insultaba como si no fuese hija suya; ese fue el ingrediente principal que daría sentido a nuestras vidas, pues ahora  nos teníamos el uno al otro. Así pasaron 4 años de amor en silencio, con pequeños roces sin intenciones aparentes y después intencionadas, luego caricias sutiles e insinuaciones muy ocultas, de allí pasamos a las caricias con intención plena y sin insinuaciones.  Pero siempre conteniéndonos, sin ir mas allá, sin nunca mencionarlo eran roces y caricias mudas.

Hasta que el inminente día llegó; esa vez yo arribe a casa del tío, la cual en un principio aparentaba silencio, pase a una recamara y la tía estaba mas que dormida, casi “muerta”, seguí para llegar hasta la recamara que yo ocupaba y en el baño que estaba intermedio a todos los cuartos, se escuchaba la regadera, pensé: “lo mas seguro es que la perezosa de la tía dejo la llave de la ducha abierta”; entre con intención de cerrarla y mi sorpresa fue enorme, realmente inmensa, tanto que aun me agobia el recuerdo.

Era el mismo cielo, era un baño grande y blanco, lleno de vapor que asemejaba nubes y tras ellas una figura Celestial que mas que bañarse parecía acariciarse, pues la piel suya era una piel tersa, limpia y embriagante; las calientes gotas de agua caían y se deslizaban lujuriosas por toda su piel y ardientes hilos de agua le arrancaban la mezquina espuma que aun la vestía y ya sin ella me mostraba un paisaje digno de ángeles y dioses.

Allí frente a mis pupilas, una mano jabonosa rozaba los botones de sus senos y la otra  mano, con más fortuna, alisaba los escasos y sedosos hilos que en su monte de venus  florecían. Luego la mano afortunada subía por el vientre, pasaba entre su pecho, acariciaba el largo cuello y se introducía en la boca, tocando la lengua con un dedo y así daba tregua a la otra mano,  permitiéndole hurgar en los pétalos de su capullo, allí unos dedos artesanos daban forma a una efímera obra de arte, que al asomar era su ruborizado clítoris y este desaparecía después de un ahogado gemido de placer. Mi sorpresa fue mayor cuando Karla entre espasmos y gemidos tomo un “duché” vaginal que allí tenia (era de su madre) y lo comenzó a pasear tras de sus tersas nalgas, lo unto de shampoo y lo deslizo por su  hermoso canal y hasta que encontró el lugar preciso, detuvo el vaivén por un instante, para luego comenzar su lenta invasión al interior de ese pequeño orificio; el avance del esbelto utensilio de plástico fue lento, cauteloso y candente pero arranco un suspiro y luego un gemido diciendo Amadeuuuus el cual me dejo atónito, quise entrar a tomarla y sustituir a ese artefacto, pero quizás lo fuerte de su gemido despertó al oso que roncaba en la recamara de al lado y ahora golpeaba la puerta increpando “Ya chamaca **++·## te vas a acabar el agua”.

Yo estaba a centímetros de esa patética mujer, tras la puerta y tras la cortina de baño estaba mi amada Karla, flotando en una nube de vapor con un orgasmo frustrado.

Yo era un témpano de hielo, con mi mano bajo el pantalón apretando el pene hinchado de excitación y,  tras puerta y cortina dos mujeres que me derretirían; una descargando su ira si me veía  pene en mano y en el baño con su hija desnuda (no iba a reflexionar los motivos), y la otra de lujuria y excitación por su orgasmo frustrado.

Pasaron 4 ó 5 segundos cuando Karla  atino a responder “ya mami, solo enjuago mi cabello, me seco y salgo”. Tras la puerta y ya lejos solo se escucho que su madre concluía “Date prisa” y sonaba un portazo en su recamara.

Cuando pensé que era la oportunidad de salir y estaba a punto de hacerlo, Karla atravesó la cortina, allí estábamos frente a frente de nuevo, pero ahora ella desnuda y yo vergonzosamente con mi mano sujetando mi ahora flácido pene, con una cara de estúpido asustado y atinando solo a decir “Perdón, creí que no estaba ocupado”. Ella, tierna y valiente me obsequio un beso en la mejilla y se despego de mi rozándonos los labios y asintió “Cuando mas excitada estaba te invoque, no se si es magia pero apareciste, ahora sal antes que mamá regrese”, me empujo hacia fuera tomando suavemente mi pene y cerro la puerta.

Todo ese día fue de intentos fallidos por estar cerca de ella, ya en la cena que por cierto fue como casi todas (aburrida y nada calida) mi tío pidió pan y no había, Karla se ofreció a ir por algunos a la tienda y yo a acompañarla; salimos corriendo, compramos pan de bolsa y regresamos corriendo, ya en el garaje,  la sujete por los hombros y baje mis manos por su espalda hasta llegar a sus prominentes nalgas, aferrándolas como temiendo que escaparan y le dije -“Cariño, ya no soporto esta angustia, siento que te deseo”. Y ella respondió -“No eres tu, somos los dos, mira: hoy nos quedamos a ver T V hasta que a todos les de sueño y después veremos que pasa”. Entramos a la casa y terminamos la cena. Apuramos el quehacer de la cocina y nos tiramos en la alfombra de la sala para ver la T V, el tío fue directo a dormir junto con los primos pequeños, mi primo el mayor a jugar con un video a su recamara y la tía se quedo dormida en el sofá. Media hora después, la cercanía de Karla me excito y ella lo noto bajo la delgada frazada que nos cubría; así comenzamos un dialogo en susurros diciendo ella:
-    Nunca he visto uno… bueno solo el tuyo en la tarde,  pero no lo vi bien.
-    No te creo.
-    No se trata de creer o de dudar, no conozco uno, en verdad.
-    Y tu novio.
-    El solo ha llegado a caricias tontas y desde un día que le confesé que me gustabas terminamos.
-    Y mi primo.
-    No seas tonto, desde que le salio vello en su pubis mi mama nos separo de cuarto y comenzó con sus pudores escandalosos y trabas mentales.
-    ¿quieres verlo bien?
-    Quiero verlo y tomarlo, quiero acariciarlo y que tu me acaricies y tengo miedo a la vez, pues no se si llegue a controlarme.
-    Yo iba a preguntarte eso, pues en el baño parecías una experta y te diste gusto como una Venus con aires de amazona.
-    En verdad solo aprendí a masturbar mi clítoris cuando tu hermana me enseño la vez que te vinieron a visitar, me dijo que si era aun virgen lo podía hacer por mi ano…   Esa vez me dio miedo y solo frotamos cada una nuestro clip, pero ahora que te vi espiando tras la cortina del baño, justo cuando sacaba fuego de mi botoncito, te imagine dentro de mi pero me dio miedo y solo atine a introducir en mi hoyito el “duche” de mamá.
-    ¿duele, lastima? ¿Qué se siente?
-    ¿quieres saber? –pregunto con una picardía excitante.
-    Quiero que me cuentes tus sensaciones.
-    Te puedo decir que fue fantástico y  eso no te haría saber la real sensación de tener algo dentro ¿Quiere saber lo que se siente? -Insistió.
-    Si. –Respondí. –Quiero saber.
Karla se puso rápidamente en pie y dijo a su madre:
-    Mami, vamos, anda vamos a la cama. –quien con tumbos y paso torpe alcanzo a llegar a su recamara, guiada por Karla. Cuando ella regreso a la sala, llevaba en sus manos el “duche” y la crema de afeitar de mi tío. No dijo nada y los coloco tras el sofá. Yo la tome a mi lado y guié su mano bajo la frazada. Ella temblorosa acaricio mi tranca que ya escurria pequeñas lagrimas de excitación, solo alcanzo a ddecir
-    Es grande, mucho… es tibio y muy suave.
-    ¿Lo quieres probar?
-    ¿es normal? ¿no es sucio? No se que me da. –Dijo ella.
-    ¿quieres que acaricie tu hoyito? –Pregunte.
-    Besame. Solo has eso.
Yo la abrace con gran fuerza y me aloje en sus senos tibios y tersos, acariciando su espalda, su nuca, tirando con breve fuerza sus cabellos para despegar su rostro del mio y después introducir dos de mis dedos a su boca. Luego baje mi mano y buscando bajo su falda encontré un par de nalgas firmes y trémulas, sin obstáculo alguno pues había dejado su bikini en el baño, las separe y comencé a acariciar la misma puerta que dio placer a mi amada Karla en el baño.
-    ¿qué sientes? –Pregunte.
-    Ya te lo dije hace un rato, es indescriptible. –Ella jadeaba de excitación y de un momento a otro dio vuelta sobre mi quedando arriba y yo tirado en la alfombra. Alzó mi camisa y paso su lengua hirviente por toda mi espalda, monto mis hombros y sin dejar de lamer, bajó su rostro hasta mis nalgas, llevó el short a mis rodillas y siguió su juego de lengua, chupaba y lamía una y otra mis nalgas y por fin las separo, aun recuerdo la sensación de su aliento en mi hendidura, con sus labios muy cerca de mis pliegues y su lengua comenzando un suave estoque en mi orificio, un excitante escalofrió me recorrió y por instinto contraje mis dos prominencias, apretando su nariz, por lo que ella ataco con mas fuerza, ahora acariciando con sus dedos e impregnando con su calida saliva la entrada de mi ano, agregando:
-    ¿quieres sentir lo mismo que yo?
-    S sii, atine a decir,
-    Dame tu pene, lo quiero probar.
Yo me gire hacia un costado y mi pene quedo al aire, ella lo tomo con gran delicadeza y lo comenzó a oler, su gesto fue de gozo, dijo que era un aroma salvaje. Yo solo dije:
-    Pruébalo, besalo, acarícialo pero ya no pares. –Ella lo tomo en sus dos manos lo tiro con suavidad y engullo el glande, lo hacia con paciencia y como si lo disfrutara, luego dijo
-    Huele y es rico además.

Inició un sube y baja de sus manos, masturbándome vigorosamente, yo sentía el orgasmo en puerta y apreté mis piernas.  Ella frotaba con vehemencia su clítoris contra mi pie y para prolongar el momento tan excitante hizo una pausa. Alargo su brazo tras el sofá y tomo el “duche” junto con la crema de afeitar, unto un poco en su colita, me dio el tubo de plástico y me pidió:
-    Házmelo por mi hoyito, házmelo ya Amadeus, estoy muy caliente, pero por favor cuida mi tesoro es para ti pero ahora no, me da miedo.

Nos colocamos en un 69 y comencé a deslizar suave y lento el pequeño tubo plástico, cuando ya por fin entro todo inicie el mete y saca, lento y pausado, luego lo acompañe con un dedo y ella tuvo un espasmo, paramos un instante y me pidió seguir, su excitación la hizo morder con fuerza mi pene, me queje y gemí por el dolor con placer que ese castigo me ocasiono, yo estaba enfrascado estimulando a mi amada prima, cuando percibí una sensación extraña, era frió, fresco y lubricante, ya rodeaba mi hoyito y en unos segundos note el aroma característico de mas crema de afeitar. Karlita comenzaba la tarea de estimular mi ano, sin descuidar su tarea sobre la tranca, instantes después metía y sacaba un dedo y luego dos, hizo una pausa y pregunto:

-    ¿Querías conocer la sensación? Esa es ¿satisfecho?
-    Si mamita, es rico.
-    Es fabuloso. –Dijo.
-    Quiero darte mi pene, Quiero que el arito de mi reina pruebe este falo.
-    Espera, sigue haciéndomelo.
Saque el pedazo plástico y lo releve por otro de mis dedos y después uno mas de mi otra mano. Ya tenía tres y se lo hice saber:
-    Hay tres dedos míos dentro de ti. -Eso la puso a mil, se súper excitó  y me dijo:
-    Espera. – Saco su dedo y repentinamente sentí algo mas voluminoso y frió.
-    ¿qué es? –Pregunte.
-    Calma corazón. –Ella metia en mi ano un delfín de porcelana que habia en la mesa de centro, tenia unos 3 cm. De diámetro en su parte mas ancha y unos 10 de largo hasta donde llegaba la aleta. Lo froto, metio y saco, convirtiendo eso en un algo estupendo.  Era riquisimo, la dilatación de mi esfínter a causa del delfín y la frescura de la crema de afeitar me llevaron a un orgasmo muy explosivo y prolongado. Ella atrapo todo mi jugo en su boca y se calento demasiado pidiendo:
-  Metelo, metelo en mi culo, desgarra mis entrañas que ya no resisto. voy a tener un orgasmo. Porfavor amor, metemelo en mi culo y desmadrame todita.
Tratando de apagar sus gemidos la bese y ella me mordio los labios. diciendo:
-  Anda por favor te lo imploro, meteme tu cosa en el culo.

La coloque en cuatro, entre con suavidad y puse mi mano en su boca temiendo un grito o gemidos fuertes. Ella mordio y me sangro la mano un poco. Lo que me puso euforico y arremeti con fuerza en su estrecho orificio que palpitaba de placer y excitacion. Comenzo un frenetico movimiento desde su posicion baja y yo tome su ritmo, haciendo un bombeo que no duro mas de un minuto. cuando estalle en mi segundo orgasmo. mordi mis labios para no gritar  pero fue inutil ella se dio cuenta y la excitacion la hizo estallar en una serie de mini orgasmos que acabaron en un estallido final con un alarido de placer, cosa que hizo despertar a casi todos.

El tio entre sueño y vigilia grito ¿que ocurre? pero la tia si salio de su recamara a la sala. Esos segundos permitieron acomodarnos mi camisa y la blusa de Karla pero mi short quedo lejos de nuestro alcance, por lo que me cubri con la frazada.

El ambiente u los aromas de la sala eran obios, si la tia queria explicacion de lo que sucedia, creo que estaba de mas.

Se concreto a echar a mi amada prima de la sala y la mando a su cuarto y en breves palabras a mi me amenazo con hacerlo saber a mis padres y a mi tio.

Por lo furica que estaba tomo una esquina de la frazada y dio un tiron, quedando descubierto mi tranca, que si no la habia visto en el baño cuando estuvo a punto de descubrirla, ahora la tenia ante sus desorbitados y escandalosos ojos, solo alcanzo a balbucear:

-  Que es eeestoo. ¿Que pasa aqui? y se tambaleo.

Yo muy nervioso logre incorporarme de la alfombra y la tome de un hombro, caí sentado en el sofá y ella en mi torso. La recoste y quedo atonita con la mirada fija entre mi camisa abierta, mi pubis, mi pene y las piermas. La habia tomado de la nuca para dejar reposar su cabeza en el cojin del sofa, pero en lugar de hacer eso, jale su rostro hacia mi y lo acerque a mi pene ya debil y lleno de semen y saliva de Karla. Ella se resistio pero lo termino por introducir en su boca. Comenzo a temblar como si tuviera mucho miedo y se incorporo de un salto. Solo dijo:

-   Esto no esta bien, tienes la noche para areglar tus cosas y te me largas. no quiero que amanezcas en mi casa mañana.

Realmente me enamore de mi prima Karla y no la queria dañar, asi que para no hacer de la pasion un drama, solo me vesti, tome mis libros en una caja y sali con un cambio de ropa y lo que llevaba puesto. Fui a parar a Campeche y desde alla me comence a comunicar solamente con Karla. nadie supo de mi hasta que logre mi titulacion.  Anduve por todo el pais, en EU, Cuba, Belice, Guatemala, Chile y parte de Argentina. Ahora radico en el D. F.

Con KARLA tuve algunos encuentros al llegar a radicar a la cd. de México. fueron fenomenales, ella y yo nos iniciamos con su novio ya se los contare. Tambien contare la lección que di a mi tia y la forma en que reclame a mi hermana Noelle.  Karla me enseño a explorar la sexualidad desde todos los angulos que posee la estrella del erotismo y se que aun ay cosas que no conozco.

Les invito a que juntos descubramos cosas nuevas.

Busco y ofrezco amistad con respeto, sinceridad y alto erotismo.

Deseo contactar parejas presentables de 20 a 40 años, con las  preferencias que tengan, asi los acepto.

Damas sin prejuicios de 20 a 50, lindas y proporcionadas, se dar placer y soy complaciente contigo a quien tu pareja te rechaza por estar embarazada.

Chicos de 20 a 30 que sean lampiños, esbeltos y de aspecto delicado.

Yo les repito mis datos, soy fornido, alto, varonil, 38 años, serio y agradable, uso tangas y me encanta usar mi pene y mi hoyito depilados.
No soy totalmente etero, tampoco me considero bi, ni homo, me defino como alguien muy sexual y altamente erotico, que busca perfeccionar el atre de dar placer y en ello lo recibo a manos llenas. Mi correo para contacto soyjesusamadeus@yahoo.com.mx

karla prima karla prima

Remembranza de un amor transgresor

Saturday, December 8th, 2007

Era aquélla una de las tantas noches de inquietudes, posteriores al incidente de la piscina, que habían ganado el alma de Alejandro. Por primera vez sentía que se hallaba en una verdadera encrucijada de vida, pues el recuerdo del beso de Melisa Wanda Sotomayor en la noche del parque de don Julián, se había incrustado, con caracteres indelebles, en los tuétanos de su ser … ¡Y no sólo el beso!; su risa clara, su palabra chispeante, su titubeante y glamoroso andar por el borde de la pileta, su caída en ella, el irrefrenable donaire del tirón con que le había arrojado al agua… ¡Ah, cuán gratos momentos aquellos!… ¡Para qué evocar la húmeda tibieza de su tersa piel!… ¡La sutil y fresca ambrosía de sus rezumantes labios!… «¡Ah!… ¡Qué mujer, qué mujer… mi Pequeña Flor!», incesantemente se repetía.

Se hallaba recostado en el diván del estar de la señorial mansión en que vivía, mientras sus ojos depositaban su extraviada mirada en la ornamentada superficie del cielorraso. Se había apoderado de él una inefable sensación de desasosiego que punzaba sus mientes y que provocaba una molesta dispersión de sus pensamientos: resultábale empresa ardua tratar de sostener, no más allá de unos pocos segundos, una idea distinta a la que recurrentemente le embargaba…

En medio del ampuloso ambiente, una sutil música del barroco italiano surgía de los parlantes de su equipo de audio… un Corelli asaz vívido, por momentos, chispeante. Para amedrentar aquellas inquietudes, había transportado junto a él a un pequeño porta-bar de ruedas conteniendo una variedad de bebidas, hielo y soda. Se había preparado un vaso de vermú enriquecido con un buen chorro de fernet, poción avaramente diluida con soda. Así, pues, a cada punzada del acibarado humor de la hora, le acompañaba el pertinente trago momentáneo que, de consuno con la ensortijada música, creía que le devendría en supremo disipador de tribulaciones.

De complexión más bien robusta, proporciones equilibradas y mostrando una gallarda postura, con la inclusión de un rostro de facciones agradables, Alejandro Cirilo Belafonte había rebasado ya la barrera de los treinta años de edad y sentía una cierta insatisfacción de la etapa de vida que había visto transcurrir; y la experimentaba en mayor grado cuando intentaba auscultar su futuro… por el cual nunca hasta el momento se había preguntado seriamente. Siendo miembro de una familia acomodada de muy buenas rentas agropecuarias, no debía poner mayores cuidados en los asuntos atinentes al ingreso y, de hecho, no tenía otro trabajo que el de ocuparse de las finanzas particulares de la familia. Era, eso sí, persona muy cultivada y uno de sus mayores placeres consistía en procurarse siempre un incremento de erudición. Gustaba mucho de las artes, especialmente de la poesía y era consumado melómano, con una sin igual pasión por la música lírica italiana. Tampoco las musas le eran esquivas y, de vez en vez, solía componer algún que otro trashumante poema.

Pero en aquella circunstancia, ¡para qué preguntarse, por enésima vez, cuál era el motivo de su desapacible estado de ánimo!… La mente de Alejando se hallaba enclaustrada en el sino que, parecía, los astros le habían decretado desde su más tierna edad: ¡Lucrecia!… ¡Siempre la bendita Lucrecia!… ¡Aquella mujer ineludible!… ¡Plantada y arraigada en su vida como un sol y convertida en su propia sombra!… Casi permanentemente su imagen le aguijoneaba el cerebro… porque no podía pasar por alto el hecho de que Lucrecia era… ¡su madre biológica!… su juvenil y hermosa madre… y que, desde mucho tiempo atrás, en su adolescencia, se había convertido, asimismo, en su apasionada y apasionante amante.

¿Cómo era posible que ella se haya introducido de tal forma en su vida? Siempre le había considerado a él como un producto de su propiedad exclusiva… Y a partir de aquel iniciático día de la ducha… ¡Ah… el día de la ducha!… ¡Día de la dramática y contradictoria eclosión!… ¡Bautismo de fuego de una retahíla de largos prolegómenos y preparaciones y de una siempre creciente pasión posterior!…

Y Alejando procuraba, en estos momentos, acordar consigo mismo si debía apartar de sus recuerdos aquel día de la ducha… Aquel mismo día que se había convertido en el inicio de una perturbación que no dejaría de abrumarle con frecuencia: la imagen imborrable de aquel primer amor, con el provocador estigma de lo vedado; la gran transgresión de su vida… pero en la que tampoco podía desconocer el singular regodeo que su práctica y reiteración le provocaba… ¡He ahí la incongruencia del hado!… ¡El agridulce e insinuante sabor del fruto prohibido!

Después de fallecido su marido, ocasional y fatalmente pillado en medio de una balacera entre asaltantes y policías, Lucrecia vino a encontrarse de sopetón madre y viuda cuando aún no había cumplido los quince años. Como no guardaba buenos recuerdos del breve lapso de su convivencia con aquel marido, mucho mayor que ella, tomó seria renuencia por contraer nuevo matrimonio, pese a los numerosos pretendientes que inmediatamente se desplegaron a su alrededor; pues ni que decir tiene que Lucrecia era en extremo hermosa.

Se dedicó, pues, con frenesí inusual a la crianza de Alejandro sin que nadie pudiera explicarse su obcecada repugnancia a formar nueva pareja, ni mucho menos la rigurosa diligencia que puso en la formación de su hijo, a la que prácticamente sacralizó como el objetivo más importante de su vida.

Para desgracia postrera de Alejandro, Lucrecia, aparte de atender escrupulosamente a la formación de su cuerpo, de su intelecto y de su cultura, intervenía intensamente en sus gustos y preferencias y, cosa de la mayor importancia, no podía resistir la idea de que se entregara en brazos de otra mujer. Por ello no escatimaba medios ni procedimientos para desarmar cualquier aventura de su hijo, convirtiéndose, de tal forma, en la génesis de los mayores conflictos de éste. No por eso dejó Alejandro de arrojarse en los torbellinos de ocasionales amores, pero en todos los casos debía cuidar de mantenerlos al resguardo de los recelos de su temperamental madre… Mas ahora, con Melisa, la cuestión parecía discurrir por otros andariveles.

Era Lucrecia mujer de acerado temple, de formas sutiles y dulces, muy apegada a las artes y de una extensa preparación. Todo parecía indicar que era el compendio de la sensatez y del equilibrio en la persona; pero no pudo evitar que se desarrollaran en ella, como obcecadas manías, un profundo apego y el más reconcentrado celo en lo referente a los cuidados de su niño. Así, atendía a todos los requerimientos de su formación cuando Alejandro transitaba la edad rapaz; y luego, con el correr de los años, tales afectos iban a adquirir matices más profundos y exóticos.

Él recordaba en aquella hora cómo su abnegada y juvenil madre le prodigaba, desde siempre, muestras de indecible afición, la que él, en el inicio de su adolescencia, consideró como normal fruto del maternal afecto. Desde muy niño, cada vez que se hallaba sumido en alguna vicisitud o angustia, Lucrecia parecía comprender a la perfección lo que embargaba su alma, y entonces le procuraba el consuelo de oprimir su cabeza contra sus pechos… ¡Y a fe que funcionaba!… Tales desahogos se habían mantenido como un continuum, más allá de lo que la práctica usual aconseja… Se habían prolongado, sin solución de continuidad, desde la lactancia hasta la adolescencia… He ahí un importante viso del sino de esta particular situación: ¡el destete nunca producido!…

Su pensamiento se aposentó entonces en aquella noche en que usufructuó, con singular deleite, el tierno cobijo en el pulposo pecho desnudo. Con ello se produjo un salto cualitativo de particular significado. No había cumplido aún los trece años y se hallaba, pues, en plena transición hacia la adolescencia, razón por la cual no era inmune a reaccionar como niño en algunas ocasiones. El caso es que estando Lucrecia sentada en un sofá, entregada a la lectura de un libro y vistiendo una muy escotada bata de noche, vino él -torpezas de la transición- a llevarse por delante un pequeño banco y, al caer al piso, recibió un buen golpe. Hizo entonces su aparición el niño del que tardaba en desposeerse y, sollozando, fue a sentarse al regazo de su madre.