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Mariana Fabbiani y el ascensor

Lunes, julio 5th, 2010

El siguiente es un relato ficticio, inspirado en una persona real, lo que de ninguna manera quiere decir que esto haya ocurrido. Es mas, esto no ocurrió jamas, salvo en la imaginación del autor del relato, y debe ser entendido como una situación ficticia.

Jeff Trunkstone estaba aburrido. El negro acababa de terminar una entrevista con Fantino en el canal América y no había entendido ni la mitad de lo que le había preguntado el pelotudo ése. Sabía que era un basquebolista de primer nivel y que podría estar jugando en la NBA sino fuera por aquel incidente ocurrido un año atrás en el vestuario del Thompson-Boling Arena cuando uno de los compañeros del negro se agachó a recoger el jabón y terminó ensartado como una brocheta. Apenas si tuvo tiempo de subirse al primer avión que lo sacara de allá antes de ir en cana y así fué como terminó en la Argentina. Jeff «La Anaconda del Bronx» Trunkstone no podía con su naturaleza salvaje. Sabía que no le era fácil controlarse pero por ahora lo estaba haciendo bien…

Se estaba cerrando la puerta del ascensor cuando entra toda apurada Mariana Fabbiani. Recién salía de grabar RSM y le costó trabajo llegar hasta allí con su tremenda panza de nueve meses. – «Gracias» – le dijo dedicándole una sonrisa al negrazo, que la contemplaba desde sus 2m10 de altura.
Aquel día Mariana estaba vestida mas puta que de costumbre. Para peor, insistía en usar la misma ropa que antes del embarazo con el resultado que todo le quedaba corto y ajustado. Se enorgullecía de usar siempre tacos altos (típico de las ratoncitas menudas como ella) y una panza en punta como la suya no se lo iba a impedir. Siempre había sido un palito vestido pero el embarazo le había puesto un poco mas de carne donde le hacía falta. El culito, que la minifalda no alcanzaba a tapar, era de lo mejor que tenía y estaba redondo y firme. Por primera vez tenía tetitas, bien paraditas y pesadas, quizás porque ya estaban repletas de leche y le costaba bastante trabajo que no se le mojara el vestido ante cámaras porque nunca usaba corpiño.

El ascensor se frenó con un sacudón y antes de que Mariana se diera cuenta de lo que estaba pasando el negro le apoyó las manazas sobre los hombros, la bajó y le mandó treinta centímetros de verga por la garganta. – «¡SUCK IT, you little bitch!» – decía el gigante, con voz cavernosa. -«¡OGGGHHHFFF!» – era lo único que podía decir la flaquita, que sentía los pulgares del negro clavados como hierros a cada lado de su mandíbula impidiéndole cerrar la boca. Y es una suerte que Marianita tenga una boca bastante grande porque la herramienta del negro era enorme y con cada golpe de poronga parecía que le iban a aflojar los dientes. De repente, ella sintió que le habían abierto una canilla en la garganta cuando un torrente de leche caliente estalló por la punta de la garcha que tenía adentro. -«¡OHHHHH YEHAAAAAAA!» – gritaba el negro…

Ella sentía que se ahogaba y por puro reflejo empezó a tragar, a tragar lo más rápido posible antes de que se asfixiara. Cuando ya estaba a punto de desmayarse el hombre la soltó. Tosió y escupió durante lo que le pareció una eternidad. El semen caliente y viscoso le salía por la boca y por la nariz y le llenaba la garganta. Por fin, pudo respirar aunque le parecía imposible cerrar la boca, tanto era el dolor a los lados de su cara… – «Hijo…de…puta…» – dijo Mariana, sin dejar de toser y expectorar leche. El negrazo, sin mediar palabra la levantó y con dos rápidos tirones le arrancó toda la ropa que la verdad sea dicha, esa mañana tampoco era mucha. Todavía mareada, sintió cómo le pasaba un brazo por debajo de los pechos y la levantaba como una pluma mientras que con la otra mano le separaba las piernas. – «¡NO!» – chilló – «¡Por favor NOOOO!» – pero era inevitable. La herramienta del negro ya estaba en posición y podía sentir aquel pedazo de carne palpitante que se abría paso a la fuerza entre sus piernas. Centímetro a centímetro el miembro enorme se deslizaba adentro de su cuerpo, que no estaba sobrado de espacio con un embarazo de nueve meses. – «¡NOOOOOO!» – gritaba desesperada. Le parecía sentir el crujido de los huesos de sus caderas…

El ascensor tenía un espejo de cuerpo entero y lo que veía Mariana era increíble. El negrazo la sostenía a mas de un metro sobre el suelo. Ella estaba pálida y parecía diminuta allí arriba, empalada sobre la verga gigantesca. Cuando el negro se empezó a mover, gritó como una loca hasta que le puso una manaza sobre la boca. La sacudió sin piedad mientras ella solamente atinaba a sujetarse la panza con los brazos para protegerla de las embestidas de aquella bestia. En determinado momento, el hombre se detuvo para tomar aliento y Mariana vió algo que la horrorizó. Mirándose al espejo se dió cuenta de que el negro apenas le había metido la mitad de su verga. La otra mitad todavía estaba afuera y aunque ella no podía creerlo entendió que si se la mandaba toda la iba a destrozar sin remedio.

Ahí fue entonces que prevaleció su instinto de madre. Sacando fuerzas de donde pudo, encaró al negro y le dijo – «¡Pará!» – «Tengo una idea mejor» – y tragando saliva le dijo entre dientes – «Quiero que me hagas la cola…» El negro no sabía mucho español pero algo captó porque enseguida se le iluminaron los ojitos. – «¿You mean your ASS…?» – «¡OK, let´s do it!» – rugió satisfecho mientras la ponía en cuatro patas.

La Fabbiani no era inexperta en lo del sexo anal (en realidad le encantaba) pero por supuesto, nunca había experimentado con un compañero como aquel. Aunque se preparó para lo que se venía, en cuanto el negro le puso una mano a cada lado de la cintura y le mandó los primeros treinta centímetros sintió que se le salían los ojitos para afuera. El dolor era tan impresionante que no le daba ni para gritar. Solamente le salían unos gemidos ahogados – «¡Ah!» — «¡Ah!» — «¡Ah!» – El grueso cipote del negro estaba enterrado a fondo y parecía una ilusión óptica saliendo de aquél culito blanco y delicado. Mariana trataba de relajarse pero era imposible, era imposible distender el esfínter para rodear el tamaño de aquel tronco impresionante. El dolor era increíble y sentía cómo se le desgarraba la argolla. Lo último que pudo sentir antes de desmayarse fué la avalancha de semen caliente que el negro le descargaba adentro, mientras vió como en un sueño los dos chorros de leche que le saltaron de las tetitas cuando el negro se las apretó con sus manazas al llegar al orgasmo e iban a parar al espejo del ascensor dejando dos chorretes blancos…

Se despertó en el cuarto de la limpieza que había en el subsuelo del canal. «El hijo de puta me dejó tirada acá» pensó Mariana. Debía haber pasado bastante tiempo porque la leche que le cubría toda la cara, el pecho, las piernas y hasta la espalda ya estaba seca y pegajosa. Desnuda, solamente tenía puestos los zapatos de taco alto. Como pudo, se lavó y se puso la túnica de una de las empleadas. Llegó a la calle, paró un taxi y se fue.
No hubo mayores consecuencias. Solamente sus compañeros del canal notaron que caminaba renga, se movía despacio y prefería hacer el programa de pie. Se lo atribuyeron a su embarazo, que ya estaba a término. «¿Acaso ésta pensará parir ante las cámaras?» se decían. Pero la sonrisa de Mariana era la de siempre, alegre, fresca y luminosa. «Pronto va a nacer» se decía Mariana.«Voy a estar más ágil, mas liviana…y sin miedo». «Y ahí vamos a ver quién es mejor embocando al aro, negrito» pensaba ella, que tenía el firme propósito de empezar a recorrer las canchas de basketbol para ir a la caza de la anaconda….

La noche de Viviana Canosa

Lunes, julio 5th, 2010

El siguiente es un relato ficticio, inspirado en una persona real, lo que de ninguna manera quiere decir que esto haya ocurrido. Es mas, esto no ocurrió jamas, salvo en la imaginación del autor del relato, y debe ser entendido como una situación ficticia.

Viviana Canosa se miró al espejo y sonrió satisfecha. Ella se consideraba a sí misma una diosa y se cuidaba como tal. Como toda reina, disfrutaba intervenir en la vida de los demás. Le complacía saber que bastaban unos minutos en su programa de chimentos para destruir parejas, hundir carreras y revolcar por el suelo a cuanto famoso se le pusiera a tiro.
Disfrutaba especialmente pegarle a todas esas turritas siliconadas, que se creían estrellas por pintarse el pelo de amarillo y pasearse en bolas por los canales de televisión.

- «Yo sí soy una diosa» – pensaba contemplando su imagen desnuda frente al espejo. Su figura delgada, de piernas largas, sus caderas y sus muslos perfectos, los pechos altos y firmes, coronados por delicados pezones rosados que ya se le estaban poniendo duros, porque hay que decirlo, a la Canosa le excitaba contemplar su propia belleza. Por sobre todas las cosas le encantaba su piel tersa, suave perfecta de un blanco inmaculado.
Con un revoleo de su melena de fuego, se obligó a dejar de acariciarse y terminó de vestirse. Ya iba a tener tiempo para gozar con la salida que había arreglado para aquella noche.

Todo había comenzado cuando miraba el programa de Mariana Fabbiani. Observó que la flaquita caminaba renga e inmediatamente reconoció la causa, principalmente porque ella misma había andado así alguna vez…después de todo, había que romperse el culo para triunfar en televisión y en eso Viviana no era la excepción. Cuando pensaba en las chanchadas que había tenido que hacerle a esos dos viejos degenerados de Rial y Ventura, se le revolvía el estómago.

Su profesión era enterarse de las cosas y no le costó mucho trabajo que la Fabbiani le confesara, llorando, la terrible experiencia que había tenido con Jeff Trunkstone «la anaconda del Bronx»

Jeff Trunkstone era un negro enorme, jugador profesional de básquetbol que había tenido que dejar Estados Unidos en cirscunstancias poco claras.
Marianita le contó con lujo de detalles su violenta experiencia, los desmesurados atributos del negro y la violencia con que los usaba, lo que explicaba porqué había hecho su programa rigurosamente de pie durante la última semana.

La imaginación de la Canosa se disparó. No podía visualizar a una ratoncita como la Fabbiani manejando a ese bestia. Pero en cambio ella, que se consideraba una diosa del sexo se preguntaba si sería cierto que existía un hombre con tanto centimetraje. Cuando Mariana terminó su relato, Viviana descubrió que su entrepierna estaba húmeda. Tenía que conocer a ese tipo y domarlo, ya mismo.

Es que a la colorada le encantaba garchar. Era insaciable y había pocos hombres que pudieran seguirle el tren. Pero mas que nada, a la Canosa le gustaba dominar a los hombres. Hacerlos sumisos, subirse arriba de ellos y hacerlos acabar cómo y cuando ella quería. La posibilidad de encamarse con una bestia como la que describía Fabbiani le seducía y no perdió el tiempo. Le prometió guardar el secreto a la flaquita y esa misma tarde llamó al manager del negro. Le explicó que quería una cita con Jeff esa misma noche. De lo contrario, iba a contar en su programa lo que le había hecho a la dientuda y ahí sí que se pudría todo.

Así que exactamente a las tres de la mañana un taxi dejó al negrazo ante la puerta de un lujoso chalet. El negro no entendía mucho la cosa pero cuando le hicieron comprender que tenía que clavarse a una mina, salió disparado. Estuvo un rato sentado en aquel dormitorio en penumbras, cuando se abrió de golpe una cortina y entró ella.

Viviana Canosa avanzaba por la habitación. Los tacos de sus altas botas de cuero resonaban en el suelo de madera. La mirada del negro se elevó sobre aquellos largos muslos blancos y se detuvo un momento en la diminuta tanguita de cuero negro para seguir hasta el ombligo de su cintura perfecta y llegar hasta el corpiño, también de cuero que tenía dos cortes circulares por donde se desbordaban sus blancas tetitas. El cuello, largo y delicado estaba rodeado por un ajustado collar negro erizado de tachas cromadas. Llevaba la melena colorada atada en una cola de caballo. Le sonreía de manera cruel y sus ojos azulgris lo miraban desafiantes. En la mano derecha llevaba un látigo.

- «¡Desnudate, negro marica!» – le ladró la colorada. El tipo, obedeció esbozando una sonrisa. Cuando Viviana miró lo que el negro tenía colgando entre las piernas, quedó más pálida todavía. Había visto centenares de porongas en su vida pero nunca nada como aquello.

Lentamente, se acercó fascinada y dejando caer el látigo se agachó y rodeó con las manos el miembro enorme, como preguntándose por dónde empezar. El negro la ayudó a decidirse agarrándola por el pelo y metiendole media verga en la boca. La Canosa empezó a chupar despacio, como la experta que era, metiéndosela cada vez mas adentro hasta sentir que le llegaba a la garganta. Ahí se la sacaba, le lamía un poco la cabeza, respiraba y se la tragaba de nuevo. El negro gozaba como loco, sentado al borde de la cama. Nunca le había tocado una mina tan puta como aquella. Sin dejar de chupásela Viviana se había tendido sobre las rodillas del negro. – «¡Pegáme, negro maricón!» – «¡Haceme gozar!» – le ordenó. – «¡SPANK ME, NOW!» -

El negro entendió lo que le pedían y con una sonrisa de degenerado, levantó su manaza y la dejó caer con fuerza sobre aquel precioso culo blanco ¡PLAF! resonó – «¡AYYYYY!» – gritó la Colo ¡PLAF! ¡PLAF!¡PLAF! El negro se había entusisamado y la Canosa chillaba con cada palmada agarrándose con fuerza a la verga del negro como un marinero que se agarra del palo durante un temporal. Con el último golpe el negrazo descargó un rio de leche en la boca de Viviana, que se desbordó y se abrió paso por su nariz de gatita…
- «¡AHHHHHHHHHH!» – roncaba el negro, que parecía que no terminaba nunca de acabar.

Tosiendo y escupiendo leche, con los ojos llenos de lágrimas la Canosa se puso lentamente de pie. Se colocó de espaldas y se miró en uno de los tantos espejos. Fascinada vió que su culo de seda, antes de un blanco perfecto tenía estampadas a fuego las marcas de las manos de aquel bruto como si fueran tatuajes y las nalgas le ardían como si se hubiera sentado en un brasero. De repente, verse a sí misma de espaldas, con las piernas separadas enfundadas en las botas altas, las manos en la cintura y el culo tan colorado como le melena que le caía por sus hombros la puso caliente. Despacito, sin dejar de darle la espalda al negro se bajó la tanguita de cuero que brillaba con la humedad que le mojaba la entrepierna. – «Dale maricón, rompeme el culo…» – le desafió la Canosa, agachándose.

El negro no se hizo rogar. Los ojillos de animal contemplaron un instante el sexo delicado de Viviana y enseguida con sus gruesos pulgares le separó las blancas nalgas hasta descubrir el agujero del culo, apenas rosado. Ahí mismo le apoyó la cabeza de la verga y sin compasion le mandó para adentro una buena porcion de carne – «¡AYYYYYYYYYYY!» – gritó ella, aullando de placer y de dolor. El negro con una sola de sus manazas le sujetaba las muñecas y con la otra la agarraba del pelo mientras aceleraba el ritmo y serruchaba con fuerza.
La Canosa se retorcía, tratando de resistir las embestidas de aquel animal. Sentía todo el culo como una masa de dolor, desde la piel ardiente hasta la dura barra de acero que se sacudía adentro de ella pero nada de esto le impedía gozar como una perra. Cuando sintió el calor de la leche del negro que se derramaba en su interior ella explotó de placer – «¡AYYYY!¡SIIIIIII!¡ASI, HIJO DE PUTA!» – «¡OH, SHIT!» – aullaba a su vez el negro.

Lentamente la colorada se enderezó. Se quedó quieta un buen rato agarrada a la pared, mareada y sintiendo cómo el semen del negro le chorreaba del culo brutalmente dilatado y se le deslizaba por las piernas que no le paraban de temblar…

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Al otro día sus compañeros del piso la notaron feliz. Pensaron que el nuevo brillo que se veía en los ojos de Viviana Canosa se debía a que por primera vez los números decían que le estaba ganando a Rial. Y aunque no se notó tanto por la televisión, los que estaban ahí habrían jurado que hasta había perdido su palidez de siempre.

El guardaespaldas de Emma

Miércoles, febrero 18th, 2009

Hace 3 años que trabajo en el terreno de la seguridad privada. A penas concluí la secundaria me enrolé en la Marina Real, pero me dieron de baja (por motivos que no viene al caso detallar). Después ingresé en una empresa de seguridad, y terminé por mi cuenta como guardaespaldas.

Nunca me faltó trabajo. Un buen porte (mido casi 7 pies), antecedentes militares y un aspecto temible son cartas seguras a la hora de las contrataciones. Sin embargo durante los 2 primeros años no me sentí a gusto. Siempre debía andar cuidándoles el culo a millonarios paranoicos, políticos corruptos o mafiosos. Todo cambió cuando ingresé al mundo del espectáculo, es decir, cuando fui contratado por  los Estudios Warner (en su sede londinense). Allí le tomé gusto a mi profesión. Lujo, alfombras rojas, celebridades, mujeres hermosas, fiestas, todo eso me encanta; tanto como darle una buena patada en los huevos a un fan que se acerca demasiado o romperle la cámara en la cabeza a un paparazzi.

Nunca pensé, sin embargo, que mi trabajo me iba a dar otro tipo de satisfacciones mucho más envidiables. Estoy hablando de sexo. Entendí rápidamente que podía aprovecharme fácilmente de mi cercanía con las estrellas, más aún al comprobar que muchas están realmente trastornadas y son extremadamente vulnerables.

Este relato es sobre mi “aventura” con una chica famosa, más precisamente con Emma Watson, la Hermione de las películas de Harry Potter.

Después de trabajar por unos meses en los estudios se corrió la voz de que Emma estaba siendo acosada por un fan, mejor dicho, por una “anti-fan”. Hacía más de un año había pasado algo parecido, y los tabloides se habían encargado de ventilar la cuestión, pero era una tontera. El tipo era completamente inofensivo. Esta vez era diferente, había amenazas de muerte de por medio, y no querían que el asunto trascendiera. Fue el padre de Emma, un viejo pelado, el que me llamó para que protegiera a su hija. Yo acepté inmediatamente.

Una vez que estuve a cargo de la seguridad pude corroborar que la amenaza parecía ser seria. La supuesta “anti-fan” había enviado un par de videos inquietantes que demostraban un amplio conocimiento sobre la vida de Emma: su domicilio, sus movimientos, sus amistades. Las amenazas estaban cargadas de un odio irracional contra la actriz, y parecían estar hechas por una persona muy determinada a hacerle daño.

Mi trabajo iba a ser full time: acompañar a Emma en todas sus salidas, y además debía mudarme a su departamento de Oxfordshire (donde vive con su madre y su hermano), para brindarle protección en todo momento.

Nunca olvidaré el momento en que me la presentaron. Yo ya la había visto en algunas premieres, pero al contemplarla de cerca quedé impactado por su fresca belleza adolescente, y sentí unas ganas terribles de besarle los labios, de acariciarle las nalgas, en fin…

Ella, sin embargo, me trataba con una frialdad exasperante. Parecía temerme más que a su acosadora, y sólo me dirigía la palabra cuando era necesario.

En sus apariciones públicas Emma tiene una eterna sonrisa dibujada en el rostro y es muy extrovertida, pero en su vida diaria digamos que no derrocha simpatía, y riñe constantemente. Por eso mismo la deseaba cada vez más, me gusta ese tipo de chicas.

La acompañé a un sinnúmero de lugares. Yo conducía el auto y ella se sentaba mi lado sin dirigirme la mirada, muda. Al principio quería sentarse atrás, pero le dije que no era conveniente por motivos de seguridad, ya que en caso de que fuera atacada me iba a costar mucho más protegerla. Aceptó a regañadientes.

Las cartas y videos seguían llegando. No había forma de saber quién las enviaba. Me puse a estudiar los clips, y me di cuenta de que las tomas eran realizadas con teleobjetivo óptico siempre desde aproximadamente los mismos sitios. Decidí empezar a registrar los alrededores de los lugares donde Emma había sido filmada. Uno de ellos era la entrada del colegio.

Los hechos se sucedieron rápidamente. Al día siguiente la acompañé justamente al colegio, el Headington School (una escuela cara, sólo de chicas), e increíblemente,  descubrí a la acosadora. Mientras Emma descendía del auto alcancé a ver algo brillante entre unos arbustos. La joven actriz emprendió camino hacia el antiguo edificio central y yo me quedé esperando dentro del coche, con la vista enfocada en el lugar de donde provino el brillo. Después de unos minutos algo se movió y me acerqué sigilosamente. Efectivamente, detrás de la vegetación había una chica, una morocha de pelo corto bastante apetecible, que portaba una cámara digital con teleobjetivo. Se la arranqué de las manos y la sujeté de los cabellos a la altura de la nuca. La chica, de unos 17-18 años estaba muy asustada. Le di un par de bofetadas y retrocedí la cinta. Me di cuenta al instante de que era la acosadora, ya que las imágenes previas tenían el mismo estilo de enfoque que las que había recibido Emma por correo. No era prueba suficiente, pero a mí me alcanzaba. La obligué a confesar apuntándole a la sien con mi pistola y lo hizo sin titubear. Dijo que en verdad ella no era una anti-fan ni nada parecido, sino que había conocido a Emma en una fiesta de Chanel hacía dos meses, y habían mantenido una relación lésbica. Me aclaró que Emma es bisexual. Después tuvieron otro encuentro amoroso en el propio departamento de la actriz. Laura (así se llamaba la acosadora), creyó que podía ser el comienzo de una relación “seria”, pero Emma no pensaba igual y decidió ignorarla (no quería comprometer su relación con su “novio” Jay, que de todas formas terminó poco después). Al día siguiente del encuentro en el departamento, Emma no contestó ningún llamado suyo. Laura se quedó con bronca y decidió vengarse de alguna forma. Pensó en chantajearla, pero no tenía ninguna prueba de las relaciones lésbicas, así que optó por asustarla. Dijo que no quería que Emma pensase que podía deshacerse de ella fácilmente.

Le propuse un trato. Yo no quería quedarme sin el trabajo, no mientras no lograra culiarme a Emma. Le dije que no la denunciaría si ella me hacía ciertos favores. Laura creyó imaginar qué clase de favores le estaba pidiendo, y comenzó a desprenderse la camisa. Le aclaré que no era eso lo que pretendía, sino que siguiera mandando videos y cartas mientras me ayudaba a chantajear a Emma. Aceptó. Lo pensé mejor: “Y la verdad que una mamadita me vendría bastante bien” le dije mientras me desabrochaba el pantalón. La chica comenzó a chupármela deliciosamente. Aproveché el tiempo para detallarle lo que debía hacer. Ella asentía con los ojos. Cuando estaba cerca de llegar al coito tomé su cabeza por detrás y la penetré hasta la garganta. Casi la ahogo con mi leche. Laura se fue con los ojos llorosos, tosiendo y escupiendo. Se lo merecía por zorra.

Con la acosadora de mi lado, me dediqué exclusivamente a espiar a Emma. La pendeja maldita cada vez me trataba peor, más aún cuando llegaba una nueva amenaza. Ella me odiaba en parte porque creía que sus padres habían contratado un guardaespaldas no para protegerla, sino para vigilarla. Faltaba muy poco para que cumpliera los 18 años y yo estaba seguro que después de esa fecha sería despedido. Ya lo había escuchado de su boca en varias peleas con su madre. Además creo que también sabía perfectamente quién la estaba amenazando y por qué, pero no podía contarlo. Debía apurarme.

El plan se puso en marcha. Laura le mandó un mensaje a Emma por celular que decía:

“Voy a contar lo nuestro. Tengo fotos. 100.000 libras a cambio de silencio”

Emma la llamó inmediatamente, sin saber que la conversación estaba siendo grabada desde el teléfono de Laura.

-Hola? Laura? Te has vuelto loca?

-No te vas a deshacer de mí tan fácilmente, voy a hablar. El lunes posterior a tu cumpleaños quiero que deposites 100.000 libras en la cuenta R- FD-45032-788 del Citybank, o todo el mundo sabrá que eres lesbiana y puta.

-No soy lesbiana, estúpida. Además… no tienes ninguna prueba. Eres una mentirosa. Es tu palabra contra la mía. No se por qué piensas que alguien va a creer tu historia.

-Tengo fotos.

-Mentira!! Es imposible!!

-Bueno, está bien, tu ganas, no tengo ninguna foto, pero lo que sí tengo es la grabación de esta charla. Es suficiente. Adiós Emma.

La actriz se puso pálida. Debía ir al estudio a filmar y dijo sentirse descompuesta. Seguramente se estaba regañando a sí misma por haber caído en un truco tan viejo y estúpido.

Se encerró en su cuarto nuevamente. Por suerte tomé la precaución de colocar un micrófono allí (casi me descubren al instalarlo, mientras Emma se bañaba).

Lo primero que hizo fue llamar a una de sus amigas, Amy Vaver (una morocha de ojos verdes muy bonita). Llorando le contó lo que le había pasado:

“-…es una zorra, cómo pude ser tan tonta. Ahora me tiene agarrada del cuello. No se va a conformar con ese dinero, me va a pedir más. Me odia. No se cómo voy a hacer para explicarle a mi papi esa transferencia.”

“-No se que decirte. Si no le pagas puede que tu carrera se ve a afectada, pero ella va a quedar muy mal.”

“-¿Me estás jodiendo? Me van a dar una patada en el culo. Me van a echar. Voy a perderlo todo. Qué me importa cómo quede ella. Tengo miedo.”

“-No se, quizá si le pagas no te vuelva a molestar. No creo que se arriesgue a tanto. Es demasiado dinero. Deberías regatearle un poco.”

“-Puede ser, pero esto no me gusta, estoy jodida, soy la persona mas tonta del mundo. A partir de ahora no confiaré en nadie más.”

Había llegado la hora de darle a Emma la estocada final. No quería contarle todo en seco, así que comencé a demostrar mi lujuria en forma ostensible.

Esa noche iba a asistir a un evento de moda y no había terminado de arreglarse. Golpeé la puerta de su cuarto.

-¡Ya voy, ya voy!, gritó desde dentro.

Al salir estaba hermosa, aunque demasiado pintarrajeada. Llevaba un vestido corto negro que dejaba su bella espalda descubierta, acompañado de medias también negras y zapatos plateados que hacían juego con su chaqueta y cartera. Mientras la acompañaba al auto le acaricié la cintura y le dije: “tienes un culo hermoso”.

Me miró como si le acabara de dar una puñalada.

-Imbécil, no voy a tolerar otro comentario como ese. Le voy a avisar a mis padres.

-Está bien Emma, no más comentarios sobre tu lindo culito, le dije, y acto seguido le metí la mano debajo de la falda agarrándole una nalga con fuerza. Intentó darme una bofetada, pero la detuve.

-¿Qué mierda te pasa? Yo no voy a ir contigo a ninguna parte. Voy a llamar a la policía. Extrajo su celular y comenzó a mercar, pero se lo quité. Me escupió, miró desesperada a su alrededor y se preparó para gritar, pero en ese momento apareció Laura. Se quedó muda.

-Entremos al auto, que debemos solucionar algunos negocios, dije cínicamente.

Laura se puso a contar sobre el acuerdo al que habíamos llegado. Emma la escuchaba con cara de estar muriéndose.

“-Deberías ver el lado positivo del asunto. No vas a tener que desembolsar tanto dinero. Yo solo quiero 5.000 como indemnización por todo lo que me has hecho pasar. Es lo que vale uno de tus malditos vestidos. Pero ya sabes, deberás hacerle algunos favorcillos a mi amigo aquí presente” (le guiñé un ojo con una sonriendo repugnantemente).

-Eres la peor basura que existe sobre la tierra, una rata, pedazo de mierda, no te vas a salir con la tuya.

-Si lo voy a hacer, y tú harás lo que yo diga. Tendremos sexo la noche misma de tu cumpleaños, es decir, pasado mañana. Quiero que tomes una pastilla anticonceptiva, porque no voy a usar condón. Ha, y más vale que vengas bien vestidita, y con ropa interior transparente, me fascina. Al día siguiente yo renunciaré, olvidaremos todo, y seremos felices ¿No?

Emma bajó del auto hecha una furia, pero a penas se encontró con los flashes desplegó una enorme sonrisa y siguió como si nada. Yo la acompañé durante el festejo. Se puso a beber champagne, varias copas. Al volver estaba destruida. Detuve el auto y la besé furiosamente en los labios, hedía a alcohol. Ella se dejó llevar, ya estaba entregada. Antes de despedirla le dije al oído que la noche del cumpleaños la quería sobria.

Finalmente llegó el momento tan esperado. Estaba hermosísima, nuevamente de negro. Lamentablemente no pude impedir que unos paparazzis la fotografiaran al bajar del auto. La estúpida no cerró las piernas y los tipos son verdaderamente expertos en el arte de fotografiar por debajo de las faldas. Para colmo llevaba la bombachita transparente que le había pedido. Las fotos de su concha peluda se difundieron rápidamente por Internet. La mayoría de los artículos comenzaban con el juego de palabras boludo de “Hairy Potter”. De todas formas el pequeño escándalo me hizo sentir orgulloso, porque todos los imbéciles debían contentarse con mirar, en cambio yo fui el que le rellenó el agujero.

Al terminar la fiesta fuimos a la casa de Amy (la había ofrecido de mala gana al enterarse del oscuro pacto que su amiga debía cumplir). Esa noche la casa iba a estar vacía, exceptuando a la propia Amy, que acompañaría a Emma en su desgracia.

A penas llegamos la acaricié rudamente y le comí la boca. Ella no quería mostrar ningún signo de excitación, sentía que la estaba violando, y en parte era así, pero bueh…

Me desnudé rápidamente, tenía la pija parada a full. Me senté en la cama y le exigí que me la lamiera. Comenzó a hacerlo tímidamente, con cara de asco. Le acaricié sus rubios cabellos, brillantes, suaves.

-Chúpamela bien, puta, vamos, no te hagas la inocente, que lo has hecho muchas veces.

Siguió sin entusiasmo hasta que le di un sopapo y reaccionó. El resto de la mamada fue excelente. Su lengüita recorría mi verga con deleite, la introducía en su boca, succionaba, salía, entraba y volvía a salir toda cubierta de baba, formando hilos que unían el tronco de mi pija con sus delicados labios.

De todas formas yo no tengo mucha paciencia para estas cosas, así que la agarré de la cabeza y le di como un taladro, hasta el nacimiento de la lengua. Terminé ahí nomás. Un verdader río de leche inundó su boca y quiso escupir, pero le advertí levantándole la cabeza desde el mentón: Trágatela toda. Lo hizo, y después vomitó sobre la cama.

-Eres una cochina, mira lo que has hecho, PAF! Otro sopapo en la mejilla. Le quedó colorada, y se puso a llorar.

Tardé poco en excitarme de nuevo. Todavía ella estaba completamente vestida, no se había sacado ni la chaqueta. Me esperaba de pié al lado de la cama, con una sonrisa extraña, casi enfermiza. Pensé que se había vuelto loca, pero era algo peor. Me acerqué y ZAZ, me largó una puñalada al estómago. No se de dónde mierda había sacado el cuchillo, (uno grande, de cocina). Por suerte alcancé a contraer la panza, y solo me provocó una herida superficial. Intentó achurarme de nuevo, pero le quité el cuchillo con facilidad y lo usé para destrozarle el vestido. En pocos segundos quedó en bombacha y corpiño, con algunos cortecitos a la altura del ombligo y en las piernas.

-Ahora vas a ver, puta traicionera!

La tomé del cuello y le arranqué el corpiño. Sumergí mi nariz entre sus tetas, pequeñas pero bien formadas, con pezones oscuros. A pesar de que parecía estar sufriendo como loca, los tenía duros, al igual que el clítoris, que apreté fuerte con las yemas de mis dedos. Chilló como un cerdo. Seguí disfrutando de sus tetas, que desprendían un olor especial, muy excitante. Por fin parecía que ella la estaba pasando bien. Se le escapó un leve gemido de placer cuando le metí la lengua en la concha, bien olorosa y bastante peludita. El fluido vaginal comenzó a aparecer en forma muy abundante y la penetré. Fue algo extremadamente placentero, su carita rebosaba de gozo, ya no reprimía los gemidos. Incluso comenzó a dar unos grititos agudos que me pusieron la piel de gallina.

En eso escuché pasos detrás. Me di vuelta y era Amy, completamente desnuda. Parece que se había mandado unas cuantas líneas de cocaína y se había excitado. Emma la miró extrañada, pero siguió disfrutando.

Sentí los duros pezones de la hermosa amiguita de Emma en mi espalda, y me acarició con sus suaves y finas manos. Seguí dándole, cada vez más duro. Los gemidos de Emma crecían en intensidad, estaba agitadísima, transpiraba. Cuando llegamos al climax me salió un aluvión de esperma que rebalsó su vagina y me alcanzó también para salpicar a Amy al darme vuelta. Un chorro blancuzco cayó sobre su ombligo. La hermosa morocha untó sus manos en el viscoso licor y se las llevó a la boca.

La hermosura de las hembras que tenía rendidas a mis pies hizo que la excitación me volviera muy rápido. Amy desprendía sexo por todos sus poros y se tumbó sobre el lecho con las piernas bien abiertas. Me lancé sobre ella como una fiera y la cama empezó a chirriar tanto que parecía a punto de destartalarse. Mis manos sujetaban las nalgas de Amy al tiempo que mi verga se deshacía de placer dentro de su apretada conchita. Después me puse boca arriba y montó con unos movimientos dignos de una contorsionista electrocutada. Se calmó un poco cuando uno de mis dedos  se introdujo en su ano, y luego de un delicioso “AHHH!” se mojó tanto que algunas gotas llegaron hasta el suelo. A todo esto Emma volvió a la carga aplastando mi boca son su concha y me puse a lamérsela con desesperación. Los tres terminamos casi al mismo tiempo en medio de un coro de gritos y aullidos, y una nueva profusión de fluidos. Emma casi me ahoga.

Estábamos exhaustos. Nos tomamos un tiempo para descansar. Amy trajo varias líneas de coca preparadas sobre un espejo, y una botella de vodka. Los tres nos pusimos al palo. Aparentemente Emma no tenía mucha experiencia con la cocaína, todavía no estaba a la altura de una Lindsay Lohan o una Brithney Spears (tampoco con respecto a la fama y el dinero). Una sola línea bastó para quedar durísima, y al  minuto volvió a la cama de nuevo, completamente sacada.

-Vamos chicos, (dijo en un tono enfermizo), que esta noche quiero perder mi virginidad anal.

Amy la miró sorprendida.

-.¿Pero no me habías dicho que con Tom?…

-Mentí, nunca lo he querido hacer, porque me parece que me va a doler. Pero esta noche es especial, ya no tengo nada que perder.

Esas palabras funcionaron como un trampolín para mi líbido. No podía perderme algo tan hermoso como el desvirgar ese culo.

-Vamos! Dijo Emma al tiempo que se ponía en cuatro apuntando el culo hacia mí.

Nuevamente hecho una fiera, me le acerqué por detrás le di un beso húmedo entre sus nalgas, las separé suavemente con mis dedos y escupí varias veces para lubricarlo bien.

La verdad que lo tenía muy estrecho, y al principio me costó. Lo intenté una primera vez, pero me dijo que parara, que le estaba doliendo mucho. A la segunda, con más lubricación logré meter el glande, pero gritó de nuevo. Entonces le di un beso en la boca, acaricié todo su cuerpo, y le dije: te va a doler pero debes hacerlo, y la penetré bruscamente. Dio un grito fuertísimo, súper agudo, pero yo seguí hasta meterla entera y le di bien fuerte. Chilló, lagrimeó, me insultó, pero al poco tiempo le tomó el gusto a la cuestión, y terminó pidiéndome que le diera más fuerte, y más. Mi excitación fue extrema, era como estar en el paraíso. Desflorar a Emma fue uno de los placeres más grandes de mi vida, incluso me gustó mucho el hecho de que la hice sangrar un poco, pero terminó agradeciéndome envuelta en lágrimas, vaya a saber uno porqué.

Amy a todo esto se había quedado dormida, pero la desperté y me la culié también.

En fin, fue una hermosa noche. Yo renuncié al otro día y es probable que nunca más vuelva a ver a Emma, pero es seguro que no la voy a olvidar, y pos supuesto, ella tampoco me va a olvidar. Aunque sólo sea por la manera en que la hice sufrir, y por cómo le dejé el culo. Mi conclusión es que la chica es un poco masoquista, y la conclusión que habrán sacado los pocos que hayan leído este largo y aburrido relato es que su autor es un sádico pervertido de mierda, que tiene fijación con las adolescentes. Y no estarán equivocados.

Natalie, el Enmascarado y yo

Sábado, diciembre 8th, 2007

Como todos los viernes, yo era un asiduo concurrente a las carreras de perros en el galgódromo del DF. Mis ilusiones eran escasas, puesto que sólo quedaba una carrera y había gastado todo mi dinero en malas apuestas y ceniceros descartables (un vicio desenfrenado).
En el momento en que estaba mirando la pizarra de anuncios, sentí por la espalda una dulce voz con tono inglés, específicamente de la soleada California. Me di vuelta, y la bella NATALIE Portman se asomaba bajo un sombrero de lana negro. La saludé, y ella hizo señas de que no gritara su nombre. Entonces habló: ¿El número ocho es un buen perro?. Entonces yo, como todo mejicano de ley, rápido y vivaz le contesté: “Aquí la única perra eres tú, y además estás muy chévere.”
La inocente Natalie se sonrojó, pero atendiendo a sus instintos de ninfómana agarró fuertemente mi bulto y me invitó al hotel Ritz, donde dijo que un “enmascarado” nos acompañaría en nuestra violenta y sexualmente despiadada velada.
Ya en la habitación, Natalie ingresó al ÑOBA. Salió hecha una princesa, vestida de encaje negro y perfumada con un Cristian Lacroix de ORO PURO. En ese instante me ofreció un “Breeder´s Choice” al tiempo que me desvestía.
“Este es un excelente scotch”. El emascarado había entrado en la habitación misteriosamente. Estaba totalmente en pelotas. Es así, que enseguida puede adivinar su identidad. Esa terrible VERGA no dejaba dudas de quien se trataba: Darío Grandinetti

había ingresado a la habitación, y sonreí al pensar que nos íbamos a enfiestar a Natalie de una manera increíble.
El sexo ANAL fue el predominante en la velada. La GARCHA de Grandinetti eran de magnitudes bíblicas, con decir que el excelente actor debía ponerse peso en la espalda para contrarrestar a su peso natural que lo inclinaba hacia adelante.
La PENETRÓ de manera sorprendente. Me daba la impresión que con esa PORONGA podia atravesar las paredes de la Reserva Federal de un golpazo.
La pobre Natalie sufría pero a la vez gozaba. Con Darío nos entendíamos muy bien. Parecíamos como dos pilotos que se conocían de toda la vida.
A las 4 de la MATINA en punto, Darío me miró fijamente a los ojos y dijo una frase que cambiaría el sentido de mi vida para siempre: “Las cosas son como son, yo si quiero cambio las reglas del juego”.
Y ahí, los dos liberamos una sonrisa cargada de escepticismo e ironía, dejando entender un final abierto, pero a la vez librado a la suerte.

Avril y Yo

Viernes, enero 12th, 2007

Cuando Avril Lavigne vino a Mexico, tuve la oportunidad de ir a uno de sus conciertos, y como en muchos otros shows, suelen escojer algunas pocas personas para que convivan en camerinos con el artista (en este caso Avril).

Por fortuna, me escogierona mi, entonces fui conducido detras del escenario, con otras 2 chicas. Nuestra felicidad era enorme, imagina estar enfrente de tu actris o cantante favorito (a), simplemente MARAVILLOSO.

Por fortuna, otravez, yo fui el ultimo en entrar a su camerino, traia puestos sus clasicos péscadores negros, top negro tambien, y unos tennis “converse” rojos. Cuando entre me sente y ella me dijo:
HOLA CHICO!!!; me quede congelado, la mire a los ojos y le dije:
HOLA AVRIL, ES UN HONOR PARA MI EL ESTAR AQUI; finalmente salio algo de
mi boca, y ella dijo: AL CONTRARIO, TE GUSTO EL CONCIERTO??
le dije: MUCHO, ME GUSTO MUCHISIMO, AUNUQE ME GUSTA MUCHO EL
HEAVY METAL, ME ENCANTA TU MUSICA, TU ESTILO, Y SOBRE TODO TU!!!.
y pense: DIOS MIO!!!, COMO PUDE DECIR ALGO ASI!!!, y cuando pense que
iba a sentirse ofendida o que me iba a reclamar… Sucedio!!!.

Entonces me dijo: SABES, CUANDO ESTAS DE GIRA, ES DIFICIL DEJAR DE HACER LAS
COSAS QUE ACOSTUMBRAS, HAY COSAS QUE EXTRAÑAS, COMO DORMIR PROFUNDAMENTE
(esto lo dijo riendo), COMER TU COMIDA FAVORITA, ESTAR CON TUS SERES QUERIDOS,
y despues, con su mirada de “niña inocente” dojo: Y SENTIR EL CARIÑO Y EL
AMOR DE UN CHICO.

Y cuando termino de decir esto, se acerco a mi Y ME BESO!!!.

Nunca senti algo similar, no sabia que hacer, pense: QUE TAL SI LLEGAN
LOS DE SEGURIDAD Y NOS ENCUENTRAN… ASI!?!?.

Pero antes de que pudiera decir nada, bajo su mano y me toco la verga!!!,y pense: TOTAL, QUE PUEDE PASAR!, y entonces, estire mis manos, y agarrando su culito de princesa, la acerque a mi y la segui besando de una forma, que no pude
evitar que mi verga empezara a despertar, seguiamos fajando y ella sintio el bulto, volvio a dirigir su mano hacia aya, y busco la forma de sacarlo, entonces, cuando lo tuvo en su mano empezo a agitarlo con un delicioso ritmo.

Ya sin pensar, busque el broche de su pantalon y empese a bajarlo lentamente, mientrastanto, ella se quitaba el top, mostrandome su hermoso par de tetas, muy blancas y redonditas, empeze a chuparselas, lo cual le encantaba, pues
respiraba de forma interrumpida, lo que mostraba su excitacion; en eso, se separo de mi y termino bajandose los pantalones, quedando asi solo en pantaletas, entonces me quite mi playera y abri completamente mis jeans, le dije: VEN PARA ACA CHIKITA; enseguida se poso encima de mi, yo la separe un poquito e hice de lado sus pantaletas y le meti mi verga,
entonces dijo: YEAH COME ON, otravez no pude evitar besarla, y otravez la agarre de las nalgas y la empese a mover encima de mi cadenciosamente.

Ella se movia como pez en el agua, y con su cara de niña buena exitada me calentaba cadavez mas, era una experta, disfrutaba cogermela y besar sus tetas, en eso abri sus nalgas y empece a acariciar su hoyito, no quizo que lo metiera,
pero le gustaba que jugara con el, no decia nada, solo restregaba su cuerpo contra el mio. Ya tenia sus pesones bien rosados de estarlos chupando, y luego me besaba freneticamente, parecia volverse loca, pero en eso, hizo una pausa,
se quito de encima de mi, se puso de rodillas, y me dijo: PUEDO??.

Me puse un poco nervioso, pero senti mas exitacion que nada, cuando la vi que agarro mi verga y la empezo a chupar!!, se nota que tenia experiencia, pues ademas que le gustaba mucho, lo hacia muy bien; mientras con una mano me la agarraba, con la otra se masturbaba metiendola en su deliciosa vagina, la cual ya estaba bastabte humeda, mientras que yo acariciaba su cabello y ambos gozabamos de una manera realmente extraordinaria.

En eso creo que recordo que tenia que seguir de gira, y entonces me dijo:
MIERDA, EL TIEMPO SE CABA. BUENO, ME AYUDAS A TENER “MY HAPPY ENDING”(mi final feliz)?.

Entonces me la chupo de tal manera, que no lo pude evitar y solo pude decir,:
AQUI VOY CHIKITA!! y ella solo movio su cabeza diciendo y gimiendo YEAH!,
entonces solte un chorro de esperma como nunca en mi vida, senti que estaba en otra dimension, y a ella parecio encantarle, lo saboreaba y dejaba escurrir un poco por sus labios, buscando mis ultimas reservas de exitacion, pero yo ya no podia mas, me vine todo lo que tenia, un poco cayo en sus tetas, y el resto se lo trago.

Siguio de rodillas un momento pequeño, dejando mi verga totalmente seca y feliz, despues, se levanto, limpio sus labios, se sento un momentito en mis piernas y me dijo:

ME GUSTO MUCHO, NUNCA OLVIDARE ESTE MOMENTO, PERO POR FAVOR, TEN CUIDADO
A QUIEN LE DICES LO QUE HICIMOS, OK?.

Y le dije: CLARO, NO TE PREOCUPES POR ESO, Y DEVERAS, !MUCHAS GRACIAS AVRIL!.

Me beso, se vistio, y cuando pense que era el final, me dijo,: OYE, ESPERA UN MINUTO,
NO QUIERES TOMAR UN BAÑO???.

Finalmente, y por peticion de ella, solo de ella(jejeje), nos bañamos, y pues… total, nos despedimos, y solo espero ancioso su regreso a Mexico. espero sea pronto.

La hipnosis de Marta Sánchez

Viernes, enero 12th, 2007

El siguiente es un relato ficticio, inspirado en una persona real, lo que de ninguna manera quiere decir que esto haya ocurrido. Es mas, esto no ocurrió jamas, salvo en la imaginación del autor del relato, y debe ser entendido como una situación ficticia.

Marta Sánchez paseaba tranquilamente por su camerino esperando que la llamaran para entrar. Iba a participar en el programa “Crónicas marcianas” promocionando su nuevo álbum. Estaba acostumbrada a esto: cantaría su canción, contestaría a algunas preguntas de Xavier y después vuelta al hotel. Le encantaban estos momentos, el rugir de la multitud, la adulación y el sentirse el objeto de deseo de la gente. Estas eran una de las mejores cosas de ser una estrella de la canción.

Marta estaba sentada cuando la puerta se abrió y un joven entró. Tendría veintitantos, el pelo oscuro, ojos azules y una complexión normal. Vestía simplemente con una camiseta y unos tejanos.

- ¿Señorita Sánchez? -dijo- Dentro de diez minutos Xavier terminará con Galindo, unos anuncios y luego entra usted. Por cierto, mi nombre es Ricardo.

- Gracias Ricardo -dijo Marta sonriendo. Sus ojos se fijaron en un colgante alrededor del cuello de Ricardo. Eran una doble cadena unida a un cristal- Vaya, esto no es lo que esperaba que llevara un ayudante de plato.

- ¿Esto? -dijo Ricardo- Oh, es un regalo de mi novia. Insiste en que lo lleve puesto en todas partes. Creo que me queda muy bien. ¿Tú que piensas?
Se quitó el colgante y sostuvo el cristal a pocos centímetros de los ojos de Marta.

- Creo que es preciosa la manera en que brilla a la luz, la manera en que destella. Quiero decir, míralo. Tan solo míralo. Mantén tu mirada fija en él y podrás ver todo tipo de pequeñas luces. Sin moverse, sin balancearse, sin girar. Solamente sentarse y dejar a la luz tranquilamente rebotar dentro y fuera de tus ojos.

La mirada de Marta estaba totalmente fija en el cristal, su boca desairadamente abierta. Sabiendo que tenía su atención, Ricardo continuó hablando con voz baja y monótona.

- Mantén tu mirada en el cristal, Marta. Sigue mirándolo fijamente, cada vez más y más dentro de él, justo al centro. El centro del cristal, el secreto de su belleza. Sigue mirándolo. Mientras miras profundamente dentro del cristal, comienzas a sentirte cansada. Muy cansada. Sientes todas las presiones de tu gira, tan agotadoras. Te sientes muy cansada y somnolienta. Mantén tu mirada fija en el cristal, mirando el centro y te sientes muy cansada. Todo lo que quieres hacer es descansar. Solo descansar. Te sientes tan cansada que quieres cerrar los ojos. Cuanto más miras el cristal, más cansada te sientes. Solo mantén tu mirada cansada más y más tiempo mirando el cristal y siéntete mas y más somnolienta. Te sentirás muy bien si cierras los ojos. Cerrar los ojos, descansar y entregarse. Confía en mí y cierra tus ojos. Cierra tus ojos y relájate.

Los ojos de Marta se cerraron pestañeando y cayó pesadamente sobre el asiento. Después de colocarse el colgante en el cuello Ricardo puso una mano en la pierna de Marta. Vestía un ajustado vestido de una pieza con un buen escote. Movió su mano sobre su muslo y ella suspiro en respuesta. Sabía que solo tenia unos momentos antes que Marta fuera llamada al plato, así que tenia que actuar deprisa.

- Marta, escúchame muy cuidadosamente. Solamente me has conocido pero te sientes muy atraída hacia mí. Crees que estoy bueno, ¿verdad?

- Sí… -susurró Marta.

- Piensas que soy sexy, ¿no es verdad, Marta?

- Sí…

- Cuando estés en el plato, pensarás en mí. Cuando se acabe la entrevista, pensarás en mí y en cómo sería hacerme el amor, tener mi polla dentro de ti, tenerme besando tus senos. Pensaras en mí y soñaras conmigo, ¿no?

- Sí…

- Ahora, en un momento, voy a chasquear mis dedos y despertarás. No recordarás haber estado dormida o de qué hemos hablado. Sin embargo, si me ves sosteniendo este maravilloso cristal, volverás a caer en este maravilloso sueño. Y cuando estés dormida soñarás que te estoy dominando, soñarás que quieres que te haga el amor siempre que yo quiera. Lo quieres, lo necesitas y te encanta. ¿Entendido?

Marta asintió. Poniéndose de pie, Ricardo chasqueó sus dedos y vio cómo los ojos de Marta se abrían. Ella lo miró, su fascinante cara enmarcada por el ondulado pelo rubio.

- Es la hora, Señorita Sánchez -dijo Ricardo en su tono de voz normal.

- Será mejor que vayamos, es la hora del show -dijo Marta mientras salía.

Ricardo sonrió. Iba a divertirse con un show privado mas tarde, esa misma noche.

Era poco más tarde de las dos de la madrugada cuando Marta llegó a su habitación en el hotel. Había estado ocupada firmando autógrafos y concediendo una entrevista a una revista, después de una cena rápida. Había dado instrucciones para que nadie la molestara, así que se sorprendió cuando oyó un golpe en la puerta. Abrió la puerta y vio a Ricardo allí de pie, todavía vestido con su camiseta y sus tejanos. Antes de que pudiera pedirle explicaciones sobre qué estaba haciendo allí, Ricardo, levantó el colgante. En el instante en el que sus ojos se posaron en el cristal, se cerraron y Marta se balanceó en el porche.

- Déjame entrar, Marta -ordenó Ricardo.

Ella obedeció echándose a un lado para que él pudiera entrar, cerrando la puerta tras él. Ricardo miró a la hipnotizada cantante y sonrío, complaciéndose de que la cosa hubieran salido tan bien.

- Marta, esto es lo que habías soñado todo el día. Estás dormida y teniendo un sueño maravilloso donde yo te domino. Quieres divertirte con este sueño hasta su plenitud. Ahora, quítate la ropa.

Marta lentamente abrió la cremallera de su vestido y lo dejó caer al suelo. Sus grandes senos salieron al aire, dándole a Ricardo el deseo de asaltarla. Ella se inclinó para desprenderse de sus bragas negras y de sus medias mientras Ricardo también se desnudaba.

- Marta, creo que tú y yo vamos a tomar una ducha. Relax después de un largo día.

Tomando a su hipnotizada esclava de la mano, Ricardo la introdujo en el baño y abrió el grifo de la ducha. Luego se introdujo en ella y ayudó a Marta a meterse. La abrazó mientras el agua caía sobre ellos, enviando un hormigueo por toda su piel. Podía sentir sus senos presionar sobre su pecho y la besó. Ella respondió lentamente, lamiendo sus labios. Le echó la cabeza hacia atrás para que el agua le cayera sobre el pelo y comenzó a besarle los pechos. Ella arqueó su cuerpo hacia atrás y suspiro al sentir la boca de Ricardo sobre sus pezones, enviando descargas de placer a través de todo su cuerpo.

Ricardo tomó una pastilla de jabón y lentamente la frotó contra el pecho de Marta, masajeando sus senos mientras la enjabonaba. Le dio la vuelta y deslizo la pastilla por su espalda. Enjabonó su culo, moviendo la pastilla en una nalga mientras palmeaba la otra, introduciendo sus dedos en el agujero y obteniendo un gemido de Marta. Le dio la barra a ella.

- Marta, arrodíllate y enjabona mi polla.

Marta obedeció, frotando la pastilla y sus bien cuidadas manos a lo largo de la polla de Ricardo. Le costó unos segundos ponerse erecta, el jabón y el agua mezclados con el esperma que comenzaba a gotear.

- Chúpala, Marta -ordenó Ricardo- Métetela en la boca.

Marta acató la orden sin rechistar, poniendo su boca sobre la punta de la dura flecha. Pronto comenzó a chuparla, su lengua lamiendo la punta mientras ponía la polla dentro y fuera de su boca, chupándola de ida y vuelta. Agarrándose en el cristal de la puerta de la ducha, Ricardo gemía de placer mientras su hipnotizada esclava continuaba chupándosela. Dio un salto y comenzó a salir, su paquete expulso el semen a la famosa garganta de Marta.

Los dos salieron de la ducha y se dirigieron a la cama de matrimonio. Ricardo se puso sobre la cama y puso a Marta sobre él. Se besaron de nuevo, y esta vez Marta puso más pasión. Bajó por el cuerpo de Ricardo hasta que se encontró con su polla, se sentó sobre ella y la introdujo en su coño. Lentamente comenzó a balancearse sobre su amo, moviéndose de arriba abajo, meciéndose dulcemente para que la polla de Ricardo pudiera penetrarla cada vez más profundamente. Las manos de Ricardo se movieron al pecho de Marta, aferrándose a sus grandes tetas, apretándolas y empujándolas hacia Marta. Esta gemía lentamente sintiendo el placer que le llegaba de sus tetas y de su coño. El pellizco que Ricardo le dio, pareció empujarla a balancearse más y más rápido sobre la polla de su amo hasta que este eyaculó, emitiendo un sonoro grito. La cantante cayó sobre Ricardo con la respiración entrecortada. Ricardo pasó su mano a través del rubio pelo mojado mientras pensaba en las noches de placer que iba a pasar. Parecía fácil persuadir a Marta para que él se uniera al equipo de la gira. Esto le daría a Ricardo un “pase V.I.P.” soñado por muchos hombres.

Yo lleve a Flavia Miller al orgasmo

Viernes, enero 12th, 2007

Aún no lo podía creer, tenía el teléfono de Flavia Miller en mi agenda… y aún no me animaba a llamarla. Tenía miedo de que fuera mentira, de que tanta ilusión que yo me hacía terminara desvaneciéndose en la nada. Tantas fantasías, tanta lujuria dispuesta a estallar junto a su cuerpo, y aún existía la posibilidad de que todo fuera un engaño.

Es difícil creerlo cuando te aseguran que una famosa ejerce la prostitución. ¿No se tratará de alguna mujer que, aprovechando un parecido físico, se hace pasar por ella? Eso era lo que mas me temía. Y sin embargo, no podía dejar pasar la oportunidad de estar con ella. Ese martes me tomé la tarde libre en el trabajo, y la llamé.

— Hola. —debo decir que cuando escuché su voz el corazón comenzó a galopar desesperadamente, realmente era la voz de Flavia, mi ilusión iba en franco aumento.
—Hola… ¿Flavia?
—Siii…
— ¿Flavia Miller?
— Así es… ¿quién habla?

Me presenté, explicando que un amigo me había dado su teléfono. Recelosa, me preguntó el nombre y apellido de quien había facilitado ese contacto, hasta que al fin dijo conocerlo muy bien. Hasta ese momento yo, pesimista por naturaleza, había tenido la sensación de que, a pesar de tratarse efectivamente de Flavia Miller, simplemente estaba teniendo un contacto telefónico y que sería imposible avanzar mas que eso, imposible acostarse con una famosa como ella.

— Bueno Flavia, yo te llamaba para saber si es posible tener un… contacto… con vos…
— Claro, pero tiene que ser acá, en mi departamento.
— Si, si, perfecto, ¿puede ser hoy mismo?
— Mirá… tenés suerte, hoy te puedo hacer un espacio, pero otra vez me tenes que avisar con más tiempo.
— Y… ¿cuánto me va a salir? — Hubiera preferido no hacer nunca esa pregunta… sufría imaginando una cifra prohibitiva que me impediría aprovechar la oportunidad de estra con ella… estaba dispuesto a pagar lo que sea por un momento de lujuria junto a Flava, pero debía tener al menos un parámetro de cuanto me iba a salir echarme el polvo mas esperado de mi vida.
— Cien pesos
— Voy para allá, Flavia… ¿me decís la dirección?

en menos de cinco minutos ya estaba en mi auto, demasiado pronto para la cita. Me dirigí al barrio de Flavia y pasé por el edificio, corroborando la dirección, y acto seguido fui hasta un bar que quedaba en la esquina a tomar un café y hacer un poco de tiempo. Casualmente sobre el mostrador estaba un ejemplar de una conocida revista de la farándula. Me lo llevé a la mesa y me dediqué a ojearlo. No tardé en encontrar unas fotos de Flavia relatando algunos episodios que habían tenido lugar en la pantalla de televisión.

Cerré la revista… ya no podía mas del suspenso, pensar que la iba a tener frente a mi… y desnuda… eso era demasiado, eso era demasiado para mí… Extasiado como estaba en mis pensamientos, no advertí que ya era casi la hora en que había quedado encontrarme con ella, apuré el café y fui hasta el edificio de Flavia. Toqué el portero y su inconfundible voz fue la que atendió. Me hizo subir.

Tras la eternidad —o al menos eso fue lo que me pareció a mí— que tardó el ascensor en recorrer los cinco pisos hasta el departamento, por fin estaba frente a la puerta esperada. Toque dos timbres cortos, y esperé. Unos pasos de tacones altos se escuchaban del otro lado, acercándose a mí. La puerta se abrió y efectivamente, para mi indescriptible alegría, la mujer que estaba del otro lado era la misma que aparecía en las revistas y en la televisión.
— Hola, ¿cómo estás? —me dijo dándome un beso en la mejilla e invitándome, con un gesto, a pasar a su departamento.
— Fantástico— respondí con plena sinceridad.
— Bueno, primero arreglemos lo de la plata— me dijo sin titubeos y profesionalmente.
— Claro —respondí, buscando la billetera en mi bolsillo y buscando el dinero… y de pronto…

¡HORROR! Lo mas inesperado, lo que nunca debería haber sucedido, estaba ocurriendo. Como en esas pesadillas, como si en ese momento yo comenzara a caer en un abismo sin fin, observé que en mi billetera había 20 pesos, y unos 130 patacones (*). La miré suplicante, avergonzado, aterrado por mi propia pregunta… —¿Aceptas patacones?

— Si, claro.

Respiré aliviado. Le entregué el dinero, que ella enseguida guardó en un cajón, y me dejé guiar de su mano hasta un cuarto con cama matrimonial.

— Entonces… ¿Qué querés hacer? — me dijo.

La obesrvé de arriba a abajo. Tenía un escotado vestido blanco que le marcaba las enormes tetas, y un tajo que recorría sus piernas, desde las propias caderas hasta los tobillos. Aún con tacos altos, era un poco mas bajita de lo que la había imaginado, pero lo que realmente me interesaba eran sus pechos.

— Quiero que te desnudes — le dije, recostándome sobre la cama.

Su vestido cayó rápidamente al piso, dejando a una Flavia Miller completamente desnuda, sin ropa interior. Sus grandes y firmes pechos se movían de un lado a otro mientras ella se sacaba los zapatos y se subía a la cama. lo que mas me llamaba su atención, de todas formas, era su entrepierna, completamente depilada. Apoyó su mano sobre mi bulto y me dijo

— ¿Y ahora?

No esperó respuesta. Me desabrochó el cinturón y en un abrir y cerrar de ojos me despojó de mis pantalones y de mi slip. Tomó mi pene, erecto hasta la desesperación, y de un bocado se lo metió en la boca. Pronto me di cuenta de que intentar reprimir la eyaculación sería una tarea imposible para mi en esas circunstancias, e inmediatamente descargué mi esperma dentro de su boca. A pesar de haber acumulado litros de leche durante los cuatro días que esperé hasta llamarla, ella no derramó ni una gota de mi semen, y se lo tragó gustosa y relamiéndose.

De todas formas mi pene estaba muy lejos de encontrar la paz… aún estaba erecto, y no necesitaba de un descanso. Le pedí que se pusiera encima mío como si fuéramos a hacer un 69, y que me lamiera las pelotas, mientras yo, dándome todos los gustos, le separaba las generosas nalgas y llegando a su preciado agujerito, le introducía un dedo dentro su ano, completamente depilado.

Sentía como ella se retorcía de placer, apoyando sus grandes pechos sobre mi pelvis, haciéndome gozar hasta lo indecible. Entonces le pedí que se pusiera boca abajo, y separándole las piernas, apoyé mi pene en su dilatada y húmeda vagina, y lentamente la penetré. Me recosté sobre ella, y me dediqué a la tan soñada y esperada tarea de lamerle los pezones.

Sé que llegó al orgasmo. Años de frecuentar burdeles y tener cientas de amantes hacen que engañarme en eso sea imposible. Flavia llegó conmigo a tener un orgasmo increíble, que me arrastró junto con ella a esa cumbre del placer, volviendo a depositar mi semen en el interior de su cuerpo.

Nos quedamos un largo rato en esa posición, abrazados. Sentir sus manos recorriendo mi espalda y mis nalgas era estar en la gloria. Al fin, me levanté para ir al baño, y cuando volví la encontré vestida. Nos despedimos dándonos un piquito en los labios y deseándonos lo mejor hasta un próximo encuentro.

Pero ese encuentro nunca llegó. Esa semana un programa de televisión pasó al aire unas cámaras ocultas con las que denunciaban la actividad de Flavia, y la semana siguiente, cuando la llamé para concretar un nuevo encuentro, me encontré con que nadie respondía a mis llamados. Pero aunque sea una vez, una vez en la vida, yo me di el gusto de hacerle el amor a Flavia Miller.

(*): Letra de tesorería de curso legal en la Argentina, de idéntico valor al peso pero de menor aceptación.

La hipnosis de Natalia Estrada

Viernes, enero 12th, 2007

El siguiente es un relato ficticio, inspirado en una persona real, lo que de ninguna manera quiere decir que esto haya ocurrido. Es mas, esto no ocurrió jamas, salvo en la imaginación del autor del relato, y debe ser entendido como una situación ficticia.

- ¡Mario, Mario! Vamos Mario, no seas tímido, ven aquí, que vea todo el mundo que el regidor del programa es guapísimo.

Natalia Estrada intentaba que el regidor de su programa, después de equivocarse colocándole los carteles de lo que tenia que decir en pantalla, saliera a escena. Él rehusaba, como la mayoría de los miembros de un equipo de televisión cuando el presentador del programa requería su presencia delante de las cámaras.

- Vamos Mario, si lo estás deseando -insistía Natalia.

Al final Mario salió al plato, era un hombre joven, de unos veinticinco años, pelo rubio oscuro y ojos oscuros.

- Ves como no pasa nada -dijo Natalia- Vamos, di algo.

- Saludo a mi papá y a mi mamá, que me estarán viendo -dijo Mario en un tono bastante azorado.

- Muchas gracias, ¡guapo! -bromeó Natalia.

- Espérame luego, que tengo una sorpresa para ti -susurró Mario en el oído de Natalia al marcharse.

Natalia Estrada adoraba a ese chico, había coincidido con él en varios programas desde que emigró a Italia por motivo del trabajo de su marido y se convirtió en una estrella de la televisión, como presentadora, aunque eso no le ha impedido cantar, bailar y hacer sus pinitos en el cine. Una autentica show-woman. Tener un físico apabullante le ha ayudado mucho.

- ¡Corten! Felicidades, un directo magnífico chicos -gritó el director al finalizar- Nos vemos la semana que viene.

Natalia buscó a Mario por el plató.

- Hey bambino, ¿cuál es la sorpresa?

- Ven luego a mi despacho y te la mostraré. Ahora tengo que revisar unas cosas con el director para el programa de la semana que viene.

Natalia aprovechó para darse un baño en su camerino y ponerse algo más cómodo que el vestido de noche con el que presentó el programa. Optó por un top negro y unos tejanos, la negra melena lisa le caía por los hombros, era preciosa.

Toc, toc.

- Pasa, Natalia, pasa. Sergio acaba de irse -dijo Mario.

- Ya lo sé, me lo he cruzado. Espero que tu sorpresa merezca la tardanza, somos la ultimas personas que quedan en el edificio -le reprochó Natalia frunciendo el ceño como para parecer enfadada.

- Verás -comenzó Mario- He aceptado una oferta de la RAI para ser el ayudante de dirección en la versión española de “Carramba, che sorpresa!

- Eso es magnifico, me alegro mucho por ti -dijo Natalia exultante de alegría.

- Eso no es todo, tengo un regalito para ti por haberme ayudado durante todos estos años -buscó en el cajón de su escritorio y sacó algo- Esto es para ti.

Le mostró un colgante de esmeralda con una cadenita de oro.

- Oh, Mario, no tenías por qué, te habrá costado una fortuna -exclamó Natalia.

- No te preocupes, lo pagué con un adelanto del contrato. En cuanto lo vi me dije: Esto es para Natalia, por todos estos años.

Colocó el colgante en la línea de visión de Natalia y le dio un pequeño golpecito. El colgante inicio una oscilación.

- Es precioso, mira cómo brilla, cómo centellea, cómo manda destellos al moverse de lado a lado, de lado a lado. Mira el colgante moviéndose de lado a lado. Solo mira la manera en que captura la luz y la envía a tus ojos, destello tras destello -dijo Mario.

Los oscuros ojos de Natalia estaban pegados a la esmeralda, siguiendo todos sus movimientos de lado a lado.

- Mira sus movimientos, izquierda, destello, derecha, destello, izquierda, destello. Es muy relajante mirar la esmeralda, muy, muy relajante. Mirar la esmeralda y escuchar mi voz es muy relajante. Cuanto más escuchas mi voz, cuanto más centellea la esmeralda, más relajada te sientes. Te sientes tan relajada y tan bien que quieres cerrar los ojos. Confía en mi, cierra los ojos. Los párpados comienzan a pesarte, cuanto más miras la esmeralda, más te pesan los ojos.

Natalia pestañeó, sus músculos estaban totalmente relajados.

- Ya casi no puedes mantenerlos abiertos, tienes mucho sueño Natalia, mucho sueño. Duerme Natalia, duerme profundamente.

Después de parpadear dos veces, los ojos de Natalia se cerraron y ella cayó sobre el sillón que había detrás, la barbilla apoyada sobre su pecho y los brazos caídos a ambos lados del asiento.

Había funcionado, llevaba varios meses planeando esto. Eran muchos años viendo a Natalia y deseándola en secreto. Leyó unos cuantos libros, le pidió consejo a Guicas Casella el día que vino al programa e incluso lo había probado, y con éxito, con su vecina, una rubia estupenda a la que hipnotizó con la excusa de ayudarla a concentrarse en el estudio.

- Natalia, ¿puedes oírme?- preguntó Mario.

- Sí – contesto Natalia en un tono apenas audible.

- ¿Cómo te encuentras?

- Bien, relajada.

- Escúchame, cada palabra que digo te relaja más y más, te hacer sentir mejor. Debes confiar en mí. ¿Harás todo lo que yo te diga?

- Sí.

- Bien Natalia, escucha atentamente. Cuando dé una palmada, en tu cabeza va a sonar una música y vas hacer un strip-tease, un strip-tease muy erótico para tu amo. Con cada pieza de ropa que te quites comenzaras a sentirte muy caliente, cuanta más ropa te quites más caliente y cachonda te sentirás. Querrás sexo, mucho sexo cuando estés completamente desnuda. Adelante.

Poniéndose cómodo en su sillón, Mario dio una palmada. Natalia se levantó lentamente, y comenzó a bailar, primero de forma vacilante y después con más resolución. Primero se quitó el top, dejando al descubierto un sujetador negro muy insinuante, después los zapatos. Dándose la vuelta comenzó a quitarse los vaqueros, y al inclinarse le dio a Mario una vista inigualable de su culo. Desabrochó el sujetador y se lo quitó poco a poco, ocultando deliberadamente sus grandes tetas durante unos segundos para terminar el strip-tease quitándose las bragas muy lentamente. Después de terminarlo, permaneció de pie. Mario contemplo a la hipnotizada morena, su piel bronceada, su larga melena, sus tetas de considerable tamaño y su coñito.

- Ven aquí Natalia.

Mario la besó apasionadamente, beso que fue correspondido por la hipnotizada show-woman con una pasión todavía mayor que la que puso Mario. Parecía que el estado hipnótico había derribado todas sus inhibiciones. Las manos de Mario recorrieron toda su espalda, desde su nuca hasta su culo. Comenzó a besarle los pechos, la polla comenzaba a apretarle en los pantalones.

- Arrodíllate y chúpame la polla.

Natalia se arrodilló y comenzó a desabrocharle el cinturón mientras Mario se quitaba la camiseta. Cogió la polla y se la metió en la boca. Se lanzó a lamerla para después utilizar el resto de la boca, arriba y abajo, arriba y abajo. Mario emitía gemidos de placer al sentir el roce de los labios de Natalia en su miembro viril. Estuvo a punto de correrse pero se contuvo en el momento justo.

- Levántate Natalia. ¿Por delante o por detrás? -preguntó Mario.

- Fóllame en el culo -dijo Natalia dándole la espalda.

Mario le agarró por detrás las tetas, estrujándoselas y manoseándoselas, enviando ondas de placer por todo su cuerpo. Besándola, inició el ataque por detrás moviendo su polla dentro y fuera de su ano mientras metía sus índices en el coño de la presentadora. La hipnotizada Natalia gruñía de placer. Mario la apoyó en la mesa y eyaculó, mezclando su esperma con el fluido de Natalia, que llegó al orgasmo en ese mismo momento emitiendo un gran gemido. Natalia se desplomó encima de la mesa, gimiendo y suspirando. Mario empezó a acariciar su espalda y su culo. Había sido fantástico, menudo polvazo.

Cuando ambos estuvieron de nuevo vestidos, Mario le dio las ultima instrucciones a su esclava.

- Natalia, dentro de un momento voy a chasquear los dedos. Cuando lo haga, despertarás sin recordar nada de lo que ha sucedido, solo recordaras que me voy del programa. No obstante, cuando oigas la frase “Dormi ragazza” volverás a caer en trance hipnótico. Recuerda esto y nada más.
Dicho esto, chasqueó los dedos y los ojos de Natalia se abrieron.

- Me alegro mucho por ti, te encantara España. Es un país maravilloso. Vaya, que tarde es. ¿Te llevo a casa? -dijo Natalia.

- No, muchas gracias, tengo el coche en el garaje -respondió Mario.

- Entonces, ciao bambino -dijo Natalia saliendo del despacho y con una sonrisa pícara.

- Ciao Natalia.

Y pensar que su padre quería que fuera abogado…

La hipnosis de Valeria Mazza

Viernes, enero 12th, 2007

El siguiente es un relato ficticio, inspirado en una persona real, lo que de ninguna manera quiere decir que esto haya ocurrido. Es mas, esto no ocurrió jamas, salvo en la imaginación del autor del relato, y debe ser entendido como una situación ficticia.

- Son 1300 ptas, señorita -dijo el taxista.

- Tome 1500 y quédese con el cambio de propina -contesto una mujer desde el asiento de atrás y bajó del coche.

Valeria Mazza se encontraba frente a un gran edificio acristalado, la sede de la empresa de publicidad donde iba a realizar el anuncio. Su agencia de modelos había arreglado un contrato con una gran empresa relojera para realizar la campaña de una serie especial de relojes conmemorativos del fin del milenio y ella sería la cara de esa campaña.

Vestía una gabardina, gafas oscuras y sombrero, no quería que nadie la reconociera. Si le hacían una foto a ella sola, sin su marido, los avispados reporteros de la prensa rosa empezarían a hablar de distanciamiento, de separación, de divorcio y quién sabe lo que harían si la fotografiaban con otro hombre. Entró a toda prisa en el edificio y se dirigió a recepción.

- Señora Mazza -dijo un hombre trajeado levantándose de un sillón- La estábamos esperando. Soy Ernesto Pérez, director general. Si quiere acompañarme a mi despacho, resolveremos el tema del contrato y luego pasaremos a la sesión fotográfica.

Una vez resuelto el papeleo y la pertinente sesión de maquillaje, entró en el estudio fotográfico. Se había quitado todo el disfraz anterior. Llevaba un vestido amarillo con un escote recto y sin tirantes que dejaba desnudos sus hombros, el largo pelo rubio le caía sobre la línea del escote. El estudio estaba pintado de blanco, con un diván a un lado y un sofá al otro. En el centro había un taburete alto y al lado una mesa con los relojes. Los había de todo tipo, de pulsera, despertadores, de bolsillo, de oro, de plata, de acero… Un hombre estaba colocando una cámara en su trípode. Era guapo, de unos treinta años, con el pelo largo recogido en coleta y profundos ojos azules.

- Buenos días, señora Mazza. Me llamo Miguel. Cuando usted quiera podemos empezar -a Valeria le gustó, parecía muy profesional.

- Por mí podemos empezar ahora mismo, y por favor, llámeme Valeria.

- Muy bien Valeria, podría sentarse en el taburete y ponerse uno de los relojes de pulsera. Ahora, como siempre, ¿una sonrisa?

Valeria se aburría con estas sesiones, siempre con posturitas, con sonrisitas, siempre igual. Pero según pasaba el tiempo se iba sintiendo muy a gusto. Miguel tenía un gran sentido del humor, era muy divertido y según avanzaba la sesión se iba sintiendo más cómoda y más relajada. Muy relajada. Miguel se acercó a la mesa.

- Ahora vamos a hacer las fotos con los relojes de bolsillo -dijo y cogiendo uno por la cadena lo puso a la altura de los ojos de Valeria- Para mí son los más bonitos de la colección. Mira el dibujo, es muy interesante -Miguel hizo al reloj balancearse y girar- ¿Puedes ver el dibujo Val?

- Sí, es muy bonito.

- Mira cómo brilla el reloj, se balancea y brilla, se balancea y brilla. Es tan atractivo su diseño, tan maravilloso. Solo quieres mirar el reloj mientras se balancea. Es tan tranquilizante, tan relajante -el reloj recogía la luz de los focos y la enviaba a los verdes ojos de Valeria.

Antes de dedicarse profesionalmente a la fotografía, Miguel había estudiado psicología, descubriendo que tenia un inusitado talento para el hipnotismo. Además, había instalado un pequeño mecanismo que enviaba señales subliminales a los ojos cada vez que disparaba el flash consumiendo la resistencia y relajando al sujeto que se disponía a hipnotizar. Sabía que casi era suya y prosiguió con la inducción.

- Escucha el tictac del reloj, Valeria. Es perfecto, tan repetitivo, tan ordenado. Está casi sincronizado con el balanceo del reloj. Solo escuchar y mirar, escuchar y mirar. Tic, brillo, tac, brillo, tic, brillo. De izquierda a derecha, de izquierda a derecha.

Valeria no podía apartar los ojos del reloj. Su mente consciente trataba de seguir los movimientos del reloj, pero su mente inconsciente se dejaba llevar por el maravilloso estado de relajación. Se encontraba en un ligero estado de trance y la tarea de Miguel era hacerlo más profundo.

- Te pesan los párpados, Valeria. Mirar el reloj, seguirlo, el brillo en tus ojos es muy agotador. Muy agotador. Tienes sueño. Es tan relajante ver los destellos, seguir su balanceo y escuchar el monótono tictac. Tus párpados te pesan mucho, cierra los ojos Valeria. Déjate llevar, es un sueño muy dulce, muy agradable. Ciérralos y déjate llevar por el profundo sueño -los ojos de la bella modelo se cerraron y su cabeza cayó sobre su pecho- Y ahora vamos a pasar a cosa más interesantes que los relojes.

Miguel cogió la cámara de fotos del trípode y le quitó el flash.

- Valeria, abre los ojos, pero permanece profundamente dormida -los ojos de ella se abrieron, tenía la mirada perdida en el infinito. Miguel comenzó a lanzar haces de luz de su modificado flash- Valeria, estás profundamente dormida, yo soy el fotógrafo y tú eres la modelo. Pero la sesión ha cambiado un poco, ahora es una sesión de fotos de desnudo, Valeria, debes desnudarte para que yo pueda fotografiarte. No tendrás ninguna vergüenza. Estás muy a gusto con tu cuerpo, con tu hermoso cuerpo. Quieres mostrarlo. No hay ningún tabú en esto, Valeria. El desnudo es arte.

- Sí, el desnudo es arte. Amo.

Miguel sintió una descarga eléctrica a través de su polla cuando la oyó llamarle amo. Cambió el flash de la cámara por otro que hacía aumentar la líbido.

- Cuanto más tiempo estemos haciendo fotos, más cachonda te pondrás; cuantas más fotos haga, te sentirás más y más caliente, y querrás sexo, querrás sexo con cualquiera.

Miguel cogió a la hipnotizada modelo de la mano y la condujo hasta el diván. Cogiendo la cámara comenzó a disparar.

- Bien, Val, seduce a la cámara, mírala con picardía. Muy bien, una sonrisa. Eso es.

Miguel disparaba desde todos los ángulos, dándole ordenes. Valeria se movía bien, comenzó a desnudarse lentamente, de espaldas a la cámara. El vestido cayó al suelo poco a poco, estaba en top-less pero ella tapaba sus hermosos pechos con su abundante melena. De rodillas, en el diván, se lanzó a acariciarse, a pasear sus manos por su tremendo cuerpazo, cruzando los brazos sobre el pecho, tapándose con los cojines.

- Así, muy bien, muy bien, insinúa, seduce a la cámara, seduce a tu amo.

Valeria se arqueó, y echó la cabeza hacia atrás, apartando el pelo con las manos y dándole a Miguel una vista maravillosa de su pecho. Eran unas tetas para morirse. Se quitó los zapatos y los lanzó a la cámara, después cayeron las medias, enseñando y tapando. Valeria jugaba muy bien el juego de la seducción. Miguel casi no podía contenerse y cuando se quitó las bragas y dejó al descubierto un precioso coño dorado no aguantó mas. Hizo cinco o seis fotos, dejó la cámara e inició su desnudo. Valeria mientras tanto había empezado a masturbarse. Su dedo entraba y salía de su goteante coñito. Se pellizcaba los erectos pezones con la otra mano mientras gemía de placer. Estaba a punto de explotar. Miguel la agarró por el talle con ambas manos y hundió su lengua en la boca de la hipnotizada modelo.

- Túmbate en el diván.

Miguel le masajeaba los grandes pechos mientras ella ahora se masturbaba a con las dos manos y lamía sus dedos probando el sabor de su flujo. La penetró, ella se acariciaba la larga melena sintiendo las ondas de placer por todo su cuerpo. Miguel gruñía mientras se movía adelante y atrás, introduciendo su polla rítmicamente. Valeria estaba loca. El placer que sentía era increíble. Estaba más excitada en este momento que en toda su vida, su flujo estalló al mismo tiempo que Miguel se corría dentro de ella. Valeria daba grititos mientras llegaba al orgasmo.

Miguel condujo a Valeria al orgasmo unas cuantas veces mas durante la siguiente hora y media. Después se dirigió al sofá y se sentó.

- Valeria, ven aquí y chúpamela.

Sin vacilar, ella se arrodilló y colocó el erecto miembro en su boca, masturbándolo con las manos, lamiéndola con la lengua, desde la punta hasta la base. Miguel estaba a punto de correrse otra vez. Valeria se introdujo todo el miembro en su boca, moviéndose de arriba abajo. Miguel no aguantó más y su polla disparó el semen como una pistola, esparciéndolo por toda la cara de Valeria y por su dorada melena. Valeria permaneció a sus pies, acariciándole los muslos mientras recogía con la lengua el semen que todavía caía de la goteante polla. Sus ojos verdes lo miraban como los de una gatita sumisa cuando mira a su amo.

- Muy bien, Val. Lo has hecho muy bien. Ahora, mira este lindo reloj mientras se balancea…

UNA SEMANA DESPUÉS…

El teléfono sonó en casa de Miguel. Estaba acostado en la cama, con una morena estupenda a su lado.

- Diga -contesto con voz soñolienta.

- Miguel, soy Teo -Teo era un pez gordo de la revista “Playboy” en España- No sé cómo lo has hecho. Eres un maldito cabrón. Le ofrecimos el oro y el moro y no aceptó. Y llega un novato y la convence. El contrato en regla y las fotos perfectas. Cuando quieras puedes pasar a recoger tu “kilo”. Pero contesta, ¿Cómo coño lo has hecho?

- Teo, ¿sigues teniendo a esa preciosa rubia 120-60-90 de secretaria?

El concierto de Britney / Segunda parte

Viernes, enero 12th, 2007

El siguiente es un relato ficticio, inspirado en una persona real, lo que de ninguna manera quiere decir que esto haya ocurrido. Es mas, esto no ocurrió jamas, salvo en la imaginación del autor del relato, y debe ser entendido como una situación ficticia.

Britney jadeaba de placer. Mientras mi polla dejaba regueros de semen en su boca, sus orgasmos eran cada vez más intensos. Mi boca chorreaba su flujo, denso, suave y caliente… Cuando tuve el último orgasmo, me levanté súbitamente, aún con la polla erguida.

Britney se asombró de mi reacción, y la vi ahí, completamente desnuda, tumbada sobre el diván, con las piernas abiertas, sus preciosas y redondas tetas cubiertas de semen, sus labios inundados en él.. su coñito con mediana pelambrera absolutamente regado en sus flujos y mi propia saliva. Sus hermosos muslos completamente mojados; su cuerpo lleno de chupetones y lametones, inclusive el tatuaje chino hallado poco más arriba de su triángulo púbico… Brit aún gemía de placer, y quería ma·s de mi pene, nuevamente renovado y completamente enhiesto. Se sentó sobre el diván, con los pies apoyados en el suelo y sus manos sobre sus muslos. Me dejaba a la vista sus erguidos pechos, sus duros pezones y su prominente chochito, que rozaba la mojadísima sábana que cubría el lecho.

Se acercó restregando su rajita por la sábana… me tomó la polla desde la base y la guió de nuevo a la cueva que hasta hace unos segundos había estado. Mi glande estaba en su espléndida garganta, aquella que habÌa sido nominada por tres veces a los grammys, mientras su culito latía de ganas de pene.

Una vez me hubiera provocado el éxtasis de nuevo, se giró cual leona amaestrada, y mostró sus imponentes nalgas, en forma de pompa, y sus lustrosos muslos para que mi falo se levantara de nuevo en explosión súbita.

Totalmente excitado me acerquéa ella, agarré las tetas má·s codiciadas del mundo, notando sus impresionantes pezones, y guié mi miembro hasta su ano, aún virgen y de estrechas dimensiones. Afortunadamente, mi polla estaba bien cubierta de semen, saliva y flujo de la vagina de la princesa del pop. Y su culito estaba dilatado, exaltante ante la llegada inminente de dolor y placer. Primero, le metí el glande, poco a poco, mientras notaba sus jadeos y suspiros suplicantes.

- Métela, métela sin piedad – decÌa ella

Le tomé de la palabra. Introduje mi miembro poco a poco en cada estrecha pero dulce gruta, notando como los flujos que cubrÌan mi polla hacían de vaselina para que mi Britney sufriera lo menos posible… Se le oían susurros estertóreos de placer y dolor, pero no se quejaba… llegué a introducirsela hasta que mis testículos tocaron plenamente sus nalgas, sus hermosas, grandes, duras y tiernas nalgas. Yo seguía capturando sus tetas, y ella habÌa comenzado a masturbarse, a pasar el dedo por su increíble y maravilloso chochito, de labios prominentes y siempre erecto clítoris.

Comencé a moverme rítmicamente, al son de la melodía de Baby One More Time, llegando a las embestidas más virtuosas cuando la canción (ubicada en mi mente) afirmaba a través de la garganta más virtuosa del planeta: “hit me one more time”…

Mientras embestía su trasero, masajeaba sus senos con una mano, acariciaba su musculada barriga, y le ayudaba en su faena de llegar al orgasmo a través del toque de su rajita. Así llegó al éxtasis en poco tiempo, pero yo aún no había explotado en su ano… y decidí seguir a mis anchas… Ella no sólo no protestó, sino q comenzó a cantar como pudo “Oops… I Did It Again”… eso no hizo sino ponerme más cachondo todavía y comencé a notar como mi miembro empezada a disparar semen a espuertas. Tanto disparó, que a pesar de haber tenido ya incontables orgasmos con la verdadera princesa de la música, su recto se llenó y rebosó el cremoso líquido hasta inundar de nuevo mi miembro, aún ubicado entre sus nalgas.

Britney debía irse ya. Cuando me lo dijo, fue una pena increíble. Debía regresar al aeropuerto, para tomar un avión a Las Vegas, donde actuaría mañana mismo en la noche. Pero, antes, le supliqué si podía acompañarla a ducharse, y bañarnos juntitos…

Continuará…

britneysex5@hotmail.com