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La amiga de internet

Amigos y amigas amantes de los ENEMAS, os voy a contar un hecho que me ocurrió no hace mucho tiempo.  Yo entraba con frecuencia en los chats con el nick “busco enemas”, y una de las veces entró una persona que al principio no se identificó como mujer pero que mostraba mucho interés por el tema, preguntando como lo hacía, que material usaba, con que frecuencia, hasta que al final me comentó que era una mujer de 45 años, yo tengo 42, y que desde hacía algún tiempo, y a raíz de que una amiga le incitó y la inició en el tema, estaba interesa en los enemas, que casi todas las semanas se ponía uno, pero que al estar sola y ya no tener la compañía de su amiga no era lo mismo y buscaba a alguien, preferiblemente a un hombre, que dominara el tema y fuera de total confianza para realizar sus fantasías y poder unir los enemas al sexo.  Después de mucho dialogar, quedamos para vernos días después y así, aparte de conocernos, podríamos planificar un encuentro con todo lujo de detalles.

Así fue, quedamos tres días después en un lugar tranquilo, ella subió a mi coche y en la intimidad del habitáculo comenzamos a charlar sobre el tema.  Su apariencia era muy agradable, no aparentaba la edad que tenía, cuerpo esbelto, pelo largo, pechos no muy voluminosos pero bien puestos, venía vestida como le rogué en el Chat, con una falda vaporosa algo corta, medias negras, zapatos de tacón alto  también negros, camisa blanca que deja entrever un sujetador también blanco y llevaba un tanga del mismo color,  que se podía vislumbrar al entreabrir las piernas, operación que realizaba sin ningún pudor.

Después de largo rato dialogando, comencé con mucha sutileza a acariciarle por dentro de la corta falda mientras besaba sus pechos por encima de la ropa, notando como sus pezones se endurecían, la vagina se lubrificaba pues el tanga ya se encontraba húmedo al tacto. Llegado a este punto me rogó que fuéramos a su casa para poder ponerle lavativas mientras disfrutábamos del sexo, a lo que acepté encantado dado que mi pene estaba a punto de explotar, y el coche no era el sitio mas cómodo para tener un encuentro sexual.

Durante el trayecto me comentó como se había iniciado en el tema de las lavativas, me dijo que una amiga suya que también era su vecina estaba separada y al intimar le contó que en su casa todos los fines de semana hacía lavativas a toda la familia, tanto a su marido, como a los hijos, e incluso para ella misma, que a cada uno le tenía asignado un utensilio.  Para los niños peras de goma para el marido depósito de 2 litros y para ella también depósito de 2 litros, para vagina y ano a la vez, y también pera vaginal, usando todo tipo de utensilios para añadir a esas sesiones.  A estas sesiones semanales, las llamaba “día de limpieza”. Por eso al separarse de su marido y entablar amistad con ella la fue introduciendo en este agradable y placentero mundo de los enemas, enseñándole trucos, y fantasías y ella había sido la artífice de todo el material que tenía en casa.  Pero para su desdicha, Luisa que así se llamaba mi nueva amiga, después de muchos meses de amistad con su vecina, ésta se trasladó a otra provincia por lo que desde hacía bastantes meses era ella la única que se administraba las lavativas.  Al principio le pareció interesante ir probando todo el material que había atesorado, pero con el tiempo todo resultaba rutinario, por eso, con ciertas reservas y algo de temor y desconfianza, buscaba a alguien con experiencia y de total confianza.  No era lesbiana, aunque recuerda con agrado las sesiones que había mantenido con su amiga, los orgasmos que habían tenido juntas, y las sesiones interminables de lavativas, por lo que se consideraba bisex.

También me contó como se inició su amiga en todo este tema pero no es lo importante ahora.

Ya en su casa, entramos a una pequeña habitación que estaba al fondo de un largo pasillo, cerrada con llave, y que era el lugar donde realizaba sus fantasías, estaba muy bien equipada, contaba con una camilla, varios orinales, una mesa donde se encontraban varias peras de goma, una vaginal grande, otra un poco mas pequeña, 3 peras rectales una con cánula y las otras todas de goma incluida la cánula, tres depósitos de 2 litros, uno de plástico plegable azul, otro de plástico duro transparente y uno antiguo esmaltado con un ribete azul en la parte de arriba, por cierto es el que mas me gustó, me recordó a mi infancia, pues en casa había uno de ese tipo.  También se encontraba sobre la mesa varios plugs de diferente calibre, diversos consoladores y vibradores también de diferentes tamaños, bolitas chinas anales y vaginales, guantes de látex, preservativos, crema dilatadora, correas y un largo etcétera, cuya visión me produjo un escalofrío de placer en todo el cuerpo, y una erección mantenida, originando un bulto en el pantalón difícil de disimular.  Una luz indirecta acompañaba a todo este recinto y una música muy dulce, que automáticamente se ponía en marcha al dar el interruptor de la luz, se dejaba oír envolviendo, sin molestar, el ambiente.

Luisa me indicó que pasáramos al servicio para lavarnos los genitales y prepararnos para los enemas y el sexo. Fue ella la primera en sentarse en el bidé y comenzar a lavarse la vagina y el ano habiéndose bajado previamente el tanga blanco, el cual mostraba evidentes señales de flujo por las caricias antes recibidas y el grado de excitación que ambos teníamos.

Abrió el agua caliente y la fría hasta lograr una temperatura ideal y comenzó a lavarse, momento que yo aproveché para untarme de jabón líquido dos dedos de la mano derecha y comenzar a acariciarle el ano, hasta lograr introducir lentamente uno dentro, con este vaivén logré meterlo hasta el fondo, a lo que Luisa respondió con unos gemidos, pero no hizo ademán de querer que los retirara.  Aparte de lavarse la vagina estaba comenzando a masturbarse pues los movimientos sobre la misma se hicieron más frenéticos. Yo saqué el dedo, puse mas jabón y volví a introducirlo pero esta vez intenté con dos, el índice y el medio, montados uno sobre el otro, hasta que después de varios intentos y de hacerlo con delicadeza y dulzura, entraron ambos, a lo que Luisa respondió con un “siéntate y lávate que ya me tienes caliente, vamos a la habitación que no puedo mas”.

Me senté y fue la propia Luisa la que me enjabonó el pene y la zona anal, y con esa espuma del jabón comenzó a mover su mano por mi pene hasta lograr ponerlo bien gordo y potente, mientras con la izquierda me acariciaba la zona anal, de forma similar a como yo se lo había hecho a ella anteriormente.  La sensación que sentí fue indescriptible, y como observaba que se acercaba una eyaculación, le rogué que parase para así poder disfrutar en la habitación del tamaño y la potencia de mi pene.

Enjuagó y quitó el jabón de mis zonas sexuales y besándonos y abrazados nos dirigimos a la habitación.  En el Chat, y a la vista de nuestro primer encuentro, le indiqué que estuviéramos varios días sin hacer caca pues dado que nos haríamos varias lavativas, tendríamos así materia para sacar y limpiar por dentro y así lo habíamos hecho.

Una vez en “la mansión de las lavativas”, como yo bauticé a la habitación y que por cierto le arrancó una gran sonrisa a Luisa al oír ese nombre, se retiró un momento con un cubo con capacidad para cinco litros, para llenarlo de agua bien caliente usando el calentador de casa, para así mantener el agua a buena temperatura mientras hacíamos los preliminares a las lavativas, así el agua se iría enfriando poco a poco pero conservando algo de calor.  Yo mientras me paseaba mirando todos los utensilios, las sondas, los bardex, que tenía uno doble y otro sencillo, pues era ahora cuando me estaba fijando con mas detalle en el material ahí expuesto, en resumen, un lugar para pasar horas y horas de placer, y yo era el agraciado que iba a disfrutar de todo eso.

Al cabo de unos diez minutos como mucho, apareció Luisa en el dintel de la puerta, radiante, en ropa interior, con el cubo lleno de agua y el nuevo conjunto, esta vez era negro, haciendo juego con el sujetador y el tanga, unas medias negras con liguero y unos zapatos de tacón de aguja del mismo color, se había dado unos toques de maquillaje y unas gotas de un perfume embriagador, que llenó de una agradable fragancia la habitación.

Dejó el cubo en el suelo, se acercó sinuosa hacia mi, una mano fue directamente a mi abultado pantalón, y con la otra me abrazo y nos fundimos en un largo beso en la boca, intercambiando nuestras lenguas, así estuvimos unos minutos hasta que yo con mucha dulzura y sin dejar de besarla, fui dando la vuelta hasta colocarme detrás de ella mientras le besaba ahora por el cuello, la nuca, las orejas y mis manos se acercaban a sus pechos y con mucha dulzura y delicadeza los saqué por encima del sujetador quedando así su busto mas marcado y firme al llevar  todavía puesto el sostén.  Empecé a apretar y soltar suavemente sus pezones, alternando uno y otro, mientras seguía mordisqueando y besando su cuello y orejas, aprovechando para acercarle mi paquete a su trasero.  Esta situación hizo que empezara a jadear poco a poco.  Le sugerí al oído que cogiera un vibrador de buen calibre y que se lo introdujera suavemente en la vagina que tendría que estar muy lubrificada, y que mientras yo seguiría con este juego.  Se introdujo lentamente el vibrador en la vagina y la pequeña braguita sirvió de tope, quedando dentro de su sexo vibrando sinuosamente, produciendo un leve zumbido y una suave vibración que recorría todo su cuerpo.  Yo comencé a desnudarla, sin dejar de hacerle caricias, hasta que se quedó con la ropa interior y los zapatos, tenía un cuerpo maravilloso, escultural, y la poca luz reinante formaba unos contraluces muy exóticos.

Yo también me desnudé rápidamente, la tenía superexcitada, gemía, se revolvía de placer y me rogó que comenzara con los enemas que ya estaba preparada, a lo que le respondí que faltaba lo mejor, que me dejara hacer.  Por lo pronto que se tumbara boca arriba en la camilla, cosa que hizo con prontitud, tan solo le quité el sujetador y el tanga, levantó las piernas y las ajusté en los estribos de la camilla, quedando entreabiertas como en una revisión ginecológica, y dejando a la vista todo su sexo atravesado todavía por el sinuoso vibrador que seguía ronroneando. Con un pañuelo de seda que había en el lugar, le tapé los ojos para que así las sensaciones que recibiera fueran mucho mas acentuadas, pues al tener los ojos vendados, la apreciación es muy distinta y el resultado muy diferente a si lo está viendo.  Luisa se dejaba hacer y observaba que a cada momento se iba excitando mas y mas, y que el primer orgasmo estaba muy cerca.

A continuación me coloqué unos guantes de latex de una caja que allí se encontraba, me lubrifiqué los dedos índice y medio y comencé a acariciar su ano e introducir lentamente los dedos en ese agujero que tanto iba a ser penetrado en las próximas horas.  Logré nuevamente introducirlos hasta el fondo, entraban y salían con libertad, Luisa gemía de placer y con la otra mano metía y sacaba el vibrador en la vagina, acercándolo también al clítoris y volviendo a introducirlo en la vagina.  Desde el interior del ano, notaba como entraba y salía el vibrador.  Cuando comprendí que el orgasmo se iba a producir, cerré la vibración del aparato y me acerqué a la mesa a por un juego de bolitas anales de un grosor medio y que lubrifiqué con los dedos dado que los tenía impregnados con la crema suavizante.

Fin de la primera parte

o Si alguien desea contactar conmigo para cualquier tema o comentario relativo a los enemas, gustosamente le responderé y podremos mantener un contacto más directo.

Mi correo es:    enemovil_1999@yahoo.com

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Una lavativa para mi prima

Tenía 16 años cuando pasaba unos días de verano en una casa de campo de unos tíos, tenían dos hijas una de 20 Julia y otra de 22 años Ana. En la casa habían dos cuartos de baño uno pequeño en la planta superior y otro grande en la planta baja, en el cual siempre recuerdo ver una pera de goma roja, y una lavativa de porcelana blanca de 2 litros con su larga manguera roja, y acabada con una cánula negra con su pequeño grifo. Era habitual que mis primas, aunque ya mayores, recibieran alguna lavativa de vez en cuando, ya que por las conversaciones que yo escuchaba padecían de estreñimiento, recurriendo a los supositorios de glicerina o lavativa con pera de goma en primer lugar y si esto no hacia efecto entonces ya recibían la lavativa grande, a la cual no había estreñimiento que se resistiera.

Una tarde después de comer, mi prima Ana le dijo a su madre que hacia tres días que no iba al baño, mi tía le sugirió un supo de glicerina, ella le dijo que ya lo había intentado, que no había hecho efecto y que lo mejor seria que le preparara una lavativa de las grandes. Mi tía le contesto “tu hermana no vendrá hasta la noche para ayudarme y es mucho mas cómodo que te la demos entre las dos, siempre dices que te vas a dejar pero al final siempre acabo dándotela a la fuerza”, a mi no me importa que te ayude Juan, es como un hermano y me ha visto desnuda muchas veces.

Ana marcho a su habitación, dejo la puerta entreabierta y la pude observar tumbada en la cama encima de una toalla. Yo estaba muy nervioso y a la vez excitado, sabía que le iban a dar una lavativa a mi prima, y posiblemente ayudaría a mi tía. Mi tía estaba en la cocina cuando me llamo “estoy hirviendo agua para una lavativa que vamos a dar a Ana y me deberías ayudar, a ella no le importa que estés presente, solo tendrás que aguantar el depósito”.

Cuando entramos en la habitación mi tía portaba la lavativa, la dejo encima de la mesilla, y dijo “venga Ana ya ha llegado la hora”, aunque había dicho que no le importaba, mi presencia hizo que se ruborizara, no era lo mismo haberla visto desnuda en algún despiste que presenciar un momento tan íntimo como recibir una lavativa . Mi tía le levanto la camiseta quedando mi prima con el culo al aire.

Abre las piernas que te pueda ver el ojete y ponte floja.

Mi prima seguía apretando las nalgas con toda su fuerza.

Si no dejas de apretar, te voy a hacer daño y no habrá manera de introducirte la cánula, ponte floja y colabora.

Sin previo aviso le propino un par de palmadas en el trasero desnudo, respondiendo mi prima con un quejido.

Dile a Juan que no mire mientras me introduces la cánula.

Me hicieron darme la vuelta sosteniendo el depósito de la lavativa, de reojo pude ver todo, mi prima estaba acostada boca abajo y mi tía ya tenía bastante trabajo en introducir la cánula. Al abrir mi prima las piernas pude observar una gran mata de pelo negro en sus partes íntimas. Lubricó con aceite la cánula y separándole con una mano las nalgas con la otra la insertó en su ojete, mi prima al ser penetrada dio un pequeño suspiro.

Cuando estés preparada podemos empezar.

Estoy lista

Juan levanta la lavativa y abro el grifo

Al llegarle el agua dio como un suspiro e hizo un brusco movimiento de caderas, mi tía aguantaba la cánula con la mano metida en medio de sus piernas.

Baja un poco la lavativa para que vaya despacio.

¿Falta mucho?

Acabamos de empezar, aun no llevas ni la mitad.

Parecía que el nivel del depósito no descendía, mi prima comenzaba a impacientarse, ya no le importaba que yo estuviera allí, lo que le preocupaba era acabar cuanto antes.

Voy a tener que sacar la cánula a ver si se ha taponado, aguanta que no se te escape.

Al sacarla, efectivamente estaba taponada.

Abre las piernas que te la vuelvo a meter.

Al abrir las piernas pude ver sus partes intimas en todo su esplendor, por el ojete se le escapó un chorrito de agua al introducirle la cánula.

Abro el grifo y continuamos, levanta bien alta la lavativa.

Date prisa que no puedo aguantar más.

Si no te la doy entera no te hará efecto y tendremos que repetir.

¡Estoy llena, no puedo más!

No paraba de moverse, ahora me daba cuenta de porque habían recurrido a mi, mi tía la sujetaba con fuerza para que no se le saliera la cánula, estaba siendo interminable para mi prima, se volvía a taponar la cánula y tuvimos que repetir la operación, volví a verla totalmente abierta de piernas, ya no me ocultaba nada, solo le importaba que dejáramos de darle la lavativa.

Ya vale, para por favor, voy a reventar.

Estamos acabando.

Pero no puedo más, por favor no me deis más.

Los dos litros se le habían hecho eternos, llevábamos 20 minutos de lavativa, mi prima estaba completamente sudada, por fin aviamos terminado.

Voy a sacar la cánula aguanta que no se te escape, estas preparada.

¡Si, sácala ya de una vez!

Tendrás que esperar 10 minutos para que te sea efectiva, de lo contrario tendríamos que repetirla.

Se quedo tumbada en la cama cogiéndose las nalgas con las manos, aún no habían transcurrido 5 minutos salio corriendo al cuarto de baño, por el efecto de la lavativa parecía que estuviera embarazada.

Ese verano mi prima recibió dos lavativas más estando yo en la casa de campo, aunque yo no fui quien ayudara a su madre, pero si estuve pendiente mientras se las daban escuchando detrás de la puerta como se quejaba y protestaba, eso si las dos veces la pude ver cuando salía corriendo de su habitación al baño con la prisa de expulsar la lavativa. Han pasado varios años y mi prima sigue recibiendo de vez en cuando alguna lavativa, ya que ahora la tiene colgada en el baño de su casa, supongo que será su marido quien se la dé.

Anónimo

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Mi primer enema

Era yo un joven de unos 14 años cuando un amigo me invitó a su casa para mostrarme algo importante. Se trataba de una bolsa roja con un tubo blanco y una canula larga y blanca. Al ver eso yo esto me excite, tal vez porque habia recordado cuando me tomaron la temperatura rectal en el colsultorio de un medico ya mayor acostumbrado a tratamientos de antigua usansa, o cuando me habian aplicado un supositorio a los 9 años. Mi amigo me pidio que me bajara los pantalones y los calzoncillos para aplicarme una lavativa profunda, pero sin liquido? pregunte yo algo extrañado, porque tenia entendido que se aplicaba un liquido. Entonces el fue a la cocina y trajo mas o menos dos litros de agua hervida y tibia que puso en la bolsa.Despues fue al cuarto de sus padres y trajo un pote de vaselina para lubricar la canula. Mis manos temblaban de miedo y mis piernas flaqueaban un poco. Despues me decidí a entregarme a este extraño placer. Mi verga estaba gigante y no parecia querer bajarse ni un poco.Sentí placer al acostarme boca abajo y mostrar mi culito lampiño a aquel muchacho. Ricardo -le dije- metame eso rapido pero con cuidado. Angel-me respondió- aparta un poco las nalgas para que entre bien suavecito. Eso hice y al entrar la canula sentí como una increible sensación de placer interno.Creo que rozo mi prostata porque un liquido brotó instantaneamente de mi pene que pareció estallar. Al sentir el liquido entrar sentí una presión terrible que me hizo explotar y entonces ocurrió: eyacule por primera vez en mi vida.
Despues de esto Ricardo me pidió que le aplicara uno tambien. El era un joven de unos 16 años, muy fornido y alto, con un culo fabuloso que me hizo excitar aun mas.
Le aplique el enema a el y lo masturbe un poco a peticion suya. Tambien eyaculo subitamente.
Despues de esta experiencia vinieron algunas mias en privado cuando nadie estaba en casa, pues encontré pór casualidad una bolsa similar pero con un tubo negro, y otras con Ricardo que al cabo de unos seis meses se mudó a otra parte de la ciudad.
Pero aun recuerdo el color y el olor del caucho de la bolsa culpable de mi primera eyaculación.
Nandito.

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Mi amiga Marta

Cuando después de examinarme la doctora que me visitó se retiró con la dueña de la pensión donde me alojaba a la habitación contigua, agucé el oído porque temí que fuera a decirle que mi dolencia era importante y pude escuchar perfectamente la conversación. La doctora le dijo a la Sra. Marta que era muy conveniente que me pusiera unos enemas y se extendió en detalles sobre la cantidad y manera de aplicármelos, detalles que no escuché bien porque me quedé confuso y sorprendido.

La Sra. Marta era una viuda de 40 años, alta y con un tipo muy bien puesto, más de una vez me había quedado observándola a hurtadillas, cuando servía la mesa inclinaba su busto y recordaba siempre la tremenda erección que me produjo la contemplación de sus muslos la única vez que pude verla arrodillada hacia delante intentando quitar unas manchas en el suelo, por lo demás nuestras relaciones habían sido cordiales y afectuosas, pero distantes, ya que más bien me consideraba un chiquillo, pues todavía no había cumplido los 20 años.

Evidentemente la Sra. Marta, cuya piel no había tenido ocasión de rozar, ocupaba muchas noches mis sueños y acababa masturbándome como un loco, pero nunca me había atrevido a insinuarme y mucho menos a intentar cualquier acercamiento porque su actitud, aunque amable, me imponía respeto.

Ahora, cuando le decía a la doctora que ella misma me administraría las lavativas, y ante la perspectiva de que sus manos me tocaran mi carne, no sabía que me pasaba, pero mi ansiedad y excitación iban en aumento.

Después de despedir a la doctora, la Sra. Marta entró en mi habitación y su aspecto era más animado que de costumbre y parecía algo nerviosa, fingí que no había oído nada y le pregunté por el diagnóstico de la doctora, me dijo que mi enfermedad no tenía importancia y que ella misma me aplicaría el remedio, sin especificar otra cosa, sino que sería algo molesto pero muy efectivo.

Me dejó solo y la oí trajinar por la cocina, yo sabía muy bien lo que estaba preparando y me sentía algo asustado, si bien mi excitación era de campeonato, pensaba en como podría disimularla y en lo que iba a pasar, no es que me hiciera especial gracia que me manosearan el trasero y no recordaba la última vez que mi madre, de pequeño, me dio alguna lavativa, pero la idea de encontrarme desnudo ante la Sra. Marta y que sus dedos tocaran mi piel me llevaba al borde del orgasmo.

Pasados unos 10 minutos oí las pisadas de la Sra. Marta que se acercaban, abrió la puerta y pude contemplarla con todo su esplendor, su cara se me antojó algo irónica y entre sus brazos sostenía como acariciándolo un depósito irrigador de plástico lleno de líquido, entre sus manos sostenía una toalla y pude ver amenazante la cánula negra con que terminaba la goma del tubo, puse cara de asombro, que no me costó nada fingir, mientras me ruborizaba sin articular palabra, no te asustes, no va a pasarte nada y va a ser cosa de un momento, la doctora ha dicho que es lo que más te conviene, por favor, déme cualquier medicamento, pero una lavativa no, murmuré con voz entrecortada, lo siento pero hay que ponértela, suponía que preferirías que lo hiciera yo misma que tengo edad casi suficiente como para ser tu madre, pero si no quieres llamaré a una enfermera.

Contesté que me daba miedo, pero si no tenía otra opción prefería que fuese ella la que me pusiera la lavativa.

Me hizo colocar boca abajo y, diestramente, me bajó el pantalón del pijama hasta quitármelo completamente, me hizo levantar un poco para colocarme debajo del vientre y piernas la toalla del baño, sin palabras me fue colocando en la posición que quiso, haciéndome abrir un poco las piernas, sus manos suaves parecían acariciar mis muslos y rozaban mis testículos, pero cuando separó mis nalgas para permitir la entrada de la cánula en mi ano, mi excitación tenía que ser perfectamente visible, con la vaselina lubricó mi ano y la cánula y pronto sentí la introducción de un objeto duro en mi ano, intenté rechazarlo, pero sus dedos me lo impidieron, mientras que con la otra mano me daba un par de azotes para que estuviera quieto, desnudo, expuesto así a sus miradas, con el culo al aire, bien abiertas las nalgas y las piernas separadas que sabía dejaban al descubierto mis desarrolladas bolas y el pene duro como un palo, me sentí como si aquella mujer me estuviera poseyendo y, gimoteando como un chiquillo, le pedía que no me pusiera la lavativa.

Pero me encontré gimoteando como un crío mientras notaba perfectamente como el líquido templado iba llenando mis intestinos, un par de veces, sin duda a propósito, retiró la cánula para ver si salía bien el líquido para introducírmela seguidamente, muy despacio pero hasta el final, sujetándola entre los dedos de su mano que descuidadamente rozaban mis testículos.

La otra mano se apoyaba a veces en mis nalgas como si las acariciase y a veces elevaba el depósito con lo que me hacía más daño pero mezclado con un placer infinito.

Aunque me pareció una eternidad, cuando sacó la cánula y me dio una palmada cariñosa en el trasero me pareció que había durado solo un minuto y no pude evitar correrme apenas Marta salía de la habitación, dejándome con el culo al aire y diciéndome que no fuera al W.C. hasta que ella me lo dijera para que la lavativa me hiciera un buen efecto.

A pesar de la gran corrida que tuve, pasé el resto del día con una excitación fenomenal pensando solamente en que me había dicho que antes de acostarse me pondría otra lavativa.

Y llegó la noche y Marta cambió el programa, se sentó en la cama y me hizo poner sobre sus rodillas con mi ya abultado pene en contacto con sus muslos, de los que solo los separaba una fina tela, Marta me desnudó aún más si cabe y mientras lo hacía tocó varias veces mi pene y testículos en leve caricia, creo que involuntariamente, pero me ponía al rojo vivo.

Con sus manos me dominaba totalmente, me abría las nalgas hasta hacerme aparecer por completo el ojete de mi culo por el que pasó varias veces sus finos dedos con vaselina para preparar la entrada.

El castigo fue más delicioso hasta recibir la última gota de la lavativa en mis intestinos, permanecí sobre sus rodillas sin atrever a moverme, mientras Marta me hablaba con voz dulce diciéndome que mi “colita”, tan dura, le hacía daño, le pedí perdón diciéndole que no podía contenerme y ella, sin decir nada, se levantó subiéndose la falda de modo que mi erecto pene entró en contacto directo con la carne de sus muslos, abrió las piernas para aprisionármelo entre ellas, mientras sus manos me acariciaban la raja desde el ano hasta los testículos, no pude evitar el movimiento de masturbación entre sus muslos que ella abría y cerraba para provocar el roce suficiente, mientras metía un dedo en mi culo, eyaculé al poco tiempo muerto de placer, y tuve que salir corriendo al lavabo, más tarde me dijo que la próxima vez me enseñaría más cosas.

Así terminó una aventura imposible para mí gracias a las lavativas que me recetó la doctora.

Francisco

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Mi hermana me inició / Primera parte

Hace ya varios años, cuando solo tenía 17, durante un verano fui invitada a pasar un fin de semana largo con mi hermana mayor, Susana, y su marido Carlos, en la casa que ellos tienen junto a lago de Sanabria, en la provincia de Zamora. Tratándose de una temporada calurosa, no solo es posible sino neceario andar liviano de ropas, por lo que solo puse en el bolso algo de ropa interior, el bikini, y poco mas, y me despedí de mis padres, con quienes vivía en ese tiempo, cuando Su y su esposo me pasaron a buscar en su camioneta.

Viajamos juntos charlando todo el camino, hasta que al fin llegamos llegamos a la casa. Enseguida nos instalamos y nos pusimos nuestros trajes de baño, y como la casa esta construida en las orillas mismas del lago, fuimos a nadar un poco para refrescarnos, mientras Carlos se encargaba de ordenar un poco algunas cosas para el fin de semana.

Susana apereció con su traje de baño, luciendo el hermoso cuerpo que posee, capáz de darle envidia a una modelo. Con sus entonces 27 años, lucía radiante y hermosa con su larga cabellera rubia cayendo sobre sus hombros. No es de extrañar que con semejante cuerpo lograra conquistar a un hombre tan apuesto como Carlos. Alto, bronceado, y de muy buen cuerpo, sólido como una roca. Yo estaba muy encariñada con ellos, y recuerdo como, años antes, cuando era solo una chiquilla, le envidiaba a mi hermana el hombre con quien se casó.

Susana abrió una botella de vino y me sirvió, aunque sabe que no estoy acostumbrada a tomar, y que en mi casa, con lo estrictos que son nuestros padres, jamás me lo hubieran permitido. Pero con ella podía mostrarme de otra manera, puesto que siempre fue rebelde y dispuesta a vivir de una manera mas libre, sin preocuparse por los prejuicios ni el que dirán, y haciendo las cosas a su modo.

Tomamos un poco de sol haciendo topless, si bien yo no me animaba pues de un momento a otro podía pasar Carlos y verme, Susana me animó a hacerlo convenciéndome que no había que preocuparse por aquellas nimiedades.

La mañana siguiente la pasé en el lago, nadando y tomando sol, mientras Susana y Carlos se encargaban de algunas cosas relacionadas con el mantenimiento de su casa de veraneo. Insistieron en que no ayudara en nada y simplemente me dedicara a pasarla bien, y no tuve otra salida que hacerles caso. Al mediodía, subí al living y me senté en el sofá junto a Susana, y nos quedamos allí charlando. Su dirigió nuestra conversación hacia el sexo, cosa que era bastante embarazosa para mi puesto que a los diecisiete años aún continuaba siendo virgen.

Ella me contó como perdió su virginidad cuando era adolescente, y lo doloroso que había sido para ella en aquel momento. Yo recuerodo la noche en que sucedió. Nuestros padres no estaban en la casa y de pronto desperté por los gritos que ella daba, en la misma habitación que compartíamos y a la cual ella había llevado a su novio aún sabiendo que yo dormía en la cama de al lado, para tener relaciones. Inmediatamente vino corriendo la mucama, y en una situación que para mi había sido siempre muy confusa, se llevó a mi hermana que tenía las piernas cubiertas de sangre, en una confusión de gritos y de lágrimas. El muchacho con quien ella había debutado había sido extremadamente brusco, y no le dió a Susana ninguna oportunidad para relajarse y prepararse. Estando ella ansiosa y asustada, su vagina estaba completamente seca, y cuando el empujó fuertemente, rasgó el himen con el primer impulso. Recuerdo que aunque intenté dormir, durante horas escuchaba los gritos y los llantos de Su, y al levantarme por la mañana aún encontré restos de sangre en el piso.

La experiencia fue tan traumática para ella que no volvió a tener relaciones sexuales hasta después de haberse casado con Carlos. Y fue hasta entonces que, según ella, no había podido disfrutar del sexo en toda su vida. Gracias a Carlos, que había sido con ella sumamente paciente, y realmente la había ayudado a relajarse para disfrutar del sexo, había podido alcanzar la plenitud en la cama y a participar activamente cuando hacían el amor. Me contó también que juntos tenían una relación plena de vida y sexo, y la pasaban maravillosamente.

Yo me sentía bastante incómoda con los rumbos que la conversación había tomado, pero Susana continuó. Ella me dijo que no quería que yo sufriera tal experiencia y que sabía que si yo era preparada correctamente no tendria problemas para amar y gozar del sexo. Entonces fue cuando me shockeó al decirme que ella y Carlos habían acordado emprender mi iniciación en el sexo. Se levantó y tomando mi mano me dijo “ven conmigo, hermanita, que no tienes de que temer”.

Tirando de mi muñeca, comenzó a llevarme hacia mi dormitorio. Por supuesto que yo me resistí, gritando le dije que no, pidiéndole una y otra vez que por favor parara, pero en medio de tropezones y caidas logró llevarme hasta mi cuarto.

Asustada como estaba, miré a Susana a los ojos y le pedí que no me hiciera daño, y ella me miró con la expresión mas comprensiva y tranquilizadora del mundo, diciéndome que lo que ibamos a hacer era lo mas maravilloso del mundo y que no tenía que estar asustada. Estando las dos de pié, Susana, en medio de caricas, me desató la parte superior de mi bikini, dejando mis pechos al descubierto. Ella los miró y me dijo que tenía un cuerpo hermoso. Puso sus brazos alrededor mío y me abrazó acercándome a su cuerpo, pidiéndome que no gritara y que todo iba a ser maravilloso. Luego sentí sus dedos dentro del elástico de mis bragas, haciendo que estas se deslicen sobre mis nalgas y haciéndolas caer por debajo de mis tobillos. Tomándome de la mano me hizo caminar por encima de mis ropas, y mirando mi cuerpo desnudo, otra vez me dijo que bonito era. Por fin me llevó hasta el cuarto de baño y me limpió las lagrimas y los rasguños, y me condujo a través del pasillo hasta su dormitorio.

Cuando entramos en el cuarto vi a Carlos recostado sobre la cama, sin duda esperando nuestra llegada. Del gran respaldar de la cama matrimonial colgaba una bolsa para enemas parcialmente llena. Al verla retrocedí, pues recordaba algunos enemas que mi madre me había administrado cuando era mas chica, por prescripción medica. No era un recuerdo felíz. Luego de aquellas veces en que tuve que recibirlo hacía ya algunos años, no había tenido necesidad de volver a recibir un enema, y realmente esperaba nunca mas tener que recibir uno. Igualmente, Susana me llevó hasta al lado de la cama. Ella me dijo que un enema me ayudaría a relajarme. Me explicó que si era administrado correctamente podía ser una una experiencia extremadamente agradable para una mujer, capaz de intensificar el placer del sexo y hasta de provocar un orgasmo por si mismo. Carlos me dijo entonces que me administrarían una serie de enemas. Cada uno contendria progresivamente más líquido y mi posición variaría cada vez. El resultado sería un intestino limpio a fondo y vacío, y ellos me relajarían totalmente para hacerme mas receptiva a los enemas.

Entonces Su se sentó en un costado de la cama y Carlos me hizo recostar sobre el colchón, poniendo mi cabeza sobre el regazo de Su. Luego me hizo poner las piernas para arriba, adoptando una posición fetal, con mi pierna derecha levemente por encima de la izquierda. Esto, me explicó, era la posición clásica usada en hospitales. A pesar de la confianza que ellos me estaban dando, la vergüenza me abrumaba y cerré mis ojos con firmeza. Carlos levantó mi nalga derecha y yo sentía que lentamente frotaba algo suave en mi ano. Su me dijo que no pensara en ninguna otra cosa que no fueran las sensaciones que sentía y me dijo nuevamente que no estuviera asustada.
Cuando la extremidad del inyector me tocó, mi ano estaba firmemente cerrado. Carlos giraba el inyector hacia adelante y hacia atrás mientras presionaba y al fin se delizó lentamente en mi interior. Sentía como entraba en cada milímetro, pero en ningún momento me lastimó. Al poco tiempo pude sentir como el agua entraba barriendo en mi interior, y un temblor me recorrió el cuerpo. Sentía como el inyector resbalaba dentro mío, y para mi sorpresa, se sentía muy bueno y encontré placer en esta situación. Carlos movió ligeramente el inyector adentro y afuera, hacia adelante y hacia atrás. Nunca había sentido algo similar en mi vida. Mientras Carlos movía el inyector en mi ano, un temblor acompañado de sonidos provenientes de mi interior se hizo sentir, acompañado de un calor intenso en mi parte posterior y en mi recto mas bajo. Susana me dijo que me relajara, y el calor se extendió por todo mi cuerpo a medida que Carlos seguía manipulando el inyector. Me relajé aún mas, disfrutando de la primer aplicación apropiada que recibia de un enema.
Tomó solamente unos minutos para que la solución del cuarto de galón que me habían introducido se incorporara a mi cuerpo. Carlos había cerrado el paso de líquido por el tubo, y lentamente había quitado el inyector. Puesto que aún no me sentía preparada para que un hombre vea absolutamente toda mi intimidad, Su me acompañó al cuarto de baño. Me tocaba suavemente la cola con una mano, y con la otra frotaba suavemente mi estómago. Se sentía maravilloso. Ella me explicó que la forma en la que expeliera la solución del enema era tan importante como la forma en que lo había recibido. Debía conservar en mi interior el líquido hasta que la presión realmente se acumulara, y recién después relajarme y dejarla salir, sin forzar jamás la expulsión.
Según ella, mas adelante podría mantener el liquido durante mas tiempo, y luego, según me fuera acostumbrando, podría mantenerlo en mi interior estando completamente relajada. Pronto sentí la necesidad de expulsarlo y me senté en el retrete, dejando que un torrente de agua caliente y heces estallara fuera de mi ano. La sensación era absolutamente exquisita y yo dejé escapar un pequeño gemido de placer, al tiempo que mi cuerpo se estremecia. Su me ayudó a limpiarme, y me acompañó al cuarto donde Carlos nos estaba esperando. Fuimos al living y sentados en el sofá hablamos un rato sobre enemas y como debían ser tomados. Yo sentía una sensación exquisita en todo mi cuerpo, una sensación de calor que me abarcaba por completo. Susana describió varias posiciones que intentaríamos más adelante, y como debían ser administradas. Me sentí completamente relajada, y mis inhibiciones frente a ellos se habían disipado casi por completo. Después de un rato Carlos se fua hacia el cuarto y yo sabía que él iba a preparar mi siguiente enema. Aunque me avergonzaba admitirlo, no podía dejar de mirarlo.

Al poco rato Susana me condujo de nuevo hacia su cuarto, donde Carlos nos esperaba. La bolsa del enema estaba llena esta vez hasta la mitad, la vez pasada había sido solo un cuarto. Otra vez adopté la posición fetal que me habían enseñado, apoyando mi cabeza en el regazo de Su. Cuando carlos me tocó para aplicarme el lubricante me sentí estremecer nuevamente. El había untado sus manos en la jalea lubricante y acariciaba mi ano y mi vagina. Nunca había experimentado antes un estímulo tan placentero, y pronto mi propia lubricación goteaba por mis piernas. Suspiré cuando sentí que el inyector entraba nuevamente en mi cuerpo, y mi mirada se encontró con la sonrisa de Susana, que acariciaba mis cabellos. Oí que Carlos había liberado el líquido de la bolsa, y el calor comenzó otra vez a llenarme. Pocos minutos mas tarde, cuando ya el liquido de la bolsa había pasado hasta la mitad a mi interior, Carlos paró el flujo del líquido y quitó el inyector. Su me indicó que rodara sobre mi estomago, quedando boca abajo, y separando mis piernas levemente. En la nueva posición empujé mis caderas hacia arriba sin que me indicaran nada, dando nuevamente acceso a Carlos a mi culo, pues deseaba nuevamente sentir que el inyector se insertaba en mi ano nuevamente. Cuando Carlos lo hubo introducido nuevamente, comenzó a masajearme el culo, mientras Su me decía suavemente que solo pensara en lo que estaba sintiendo y dejara que el calor se apoderara de mí. era maravilloso. Carlos quitó el inyector cuando la bolsa se hubo vaciado por completo. Pronto sentí la necesidad de expulsar nuevamente el liquido y Su me acompañó nuevamente al tocador. Una vez que estuve sentada en el retrete ella me preguntó si podría controlar el líquido en mi interior y le contesté que podría. Ella me dió un beso cariñoso en la mejilla y salió del baño, y unos minutos mas tarde comencé a expeler mi segundo enema.

Los jugos todavía fluían de mi vagina mientras expelía la solución. Sin pensarlo deslicé mi mano entre mis piernas y comencé a masturbarme. Había hecho esto varias veces antes, pero nunca había tenido el coño tan mojado. Frotaba mi clítoris hinchado mientras el agua caliente salía de mi cuerpo, y sentí como me estremecía de placer mientras esto ocurría. Luego de llegar al orgasmo, tuve que realizarme el doble de limpieza que la vez anterior, pues tuve que limpiarme de mis propios flujos que habian cubierto por completo mis muslos internos. Me quedé allí sentada por unos minutos, reponiendome de las sensaciones tan intensas. Sentía aún una pequeña verguenza por haber quedado tan expuesta ante Carlos, y haber conseguido tanto placer mediante algo que alguna vez había sido para mí tan desagradable.

Cuando volví al living Su y Carlos me esperaban. Sabía que se habían dado cuenta de que me había masturbado, igualmente me acerqué a Su y le dije al oido, aunque sin duda Carlos también escuchaba, que había llegado al orgasmo mientras expelía el enema. Ella me sonrió con conocimiento y me dió un abrazo fuerte. Carlos preguntó cómo me sentía y le dije que me sentia muy bien pero tenía un pequeño dolor de estómago. Él me dijo que ese era un dolor normal después de recibir un enema. Los calambres pronto se fueron y me sentía nuevamente exitada y relajada totalmente. Mientras charlabamos sobre enemas, no podía sino pensar cuánto Su me amaba y cuidada de mí para prepararme para lo que sabía debía llegar alguna vez. Una media hora más tarde Carlos volvió al cuarto a preparar mi enema siguiente. Ahora aguardaba ansiosamente el tratamiento y cuando Carlos llamó a Su y nosotras volvimos al dormitorio, ella no tuvo que conducirme. Pensé que estaba lista para recibir el enema pero cuando entré el cuarto me sorprendi nuevamente.
En el respaldo de la cama colgaban dos bolsas de liquido para el enema, y las mangueras que salían de ellas estaban unidas. Una contenía un cuarto de litro y la otra medio litro. Le dije a Su que sería demasiado y que sabía que no podría recibir tanto. Ella me dijo que mis interiores se habrían ampliado, pero podía ser que no sea capaz de recibir tres cuartos de galón todavía; sin embargo, necesitaba tomar tanto como sea posible para que el enema trabaje profundamente en mis intestinos. Esto era necesario para darme una limpieza cuidadosa. Su me dijo que me colocarían en tres posiciones esta vez.
Me puse nuevamente boca abajo levantando mis caderas y entregándole por completo mi cola a Carlos, que pronto comenzó no solo a lubricarme el ano dandome masajes con la jalea lubricante, sino que también deslizó un dedo en mi interior, introduciéndome la jalea en el culo. Por un momento sentí que la tensión volvía pero Su me acariciaba la espalda y de a poco me fui relajando nuevamente,dejando que el dedo de Carlos se deslizara por mi recto. Realmente sentía placer al notar como su dedo giraba en mi interior introduciéndome la jalea hasta el fondo. Estas sensaciones por anticipado hicieron que mis jugos volvieran a fluir otra vez.

Cuando Carlos volvió a introducirme el inyector note nuevamente el calor del liquido que entraba en mis intestinos. Relajada, gocé sintiendo como la solución del enema pasaba de la bolsa a mi interior. Al llegar a la mitad, Carlos cortó el liquido que fluía, y Su me indicó que girara y me pusiera boca arriba, en posición fetal como la primera vez. El inyector se deslizó suavemente por mi ano, el agua comenzó a fluir nuevamente y sentí de nuevo como mi vagina comenzaba a gotear otra vez, hasta que la bolsa se vació y Carlos quitó el inyector de mi ano.

Entoces Su me hizo levantar las piernas para arriba, separándolas, mientras Carlos me insertó nuevamente el inyector en el ano, dejando que el agua de la segunda bolsa entrara en mí. luego de esto su me hizo apoyal las piernas en la cama, con las rodillas flexionadas hacia arriba, así Carlos podía continuar manipulando el inyector. Podía ver el bolso contraerse lentamente mientras que el agua fluía en mi cuerpo, penetrando en mi recto y limpiando mis intestinos. Pronto la presión se hizo notar y repidamente le grité a Carlos que ya no podría recibir mas y le pedí que parara. El apretó mas fuerte el inyector contra mi ano y me indicó que arqueara mis caderas lo mas posible, y luego doblara mi cuerpo hacia adelante. Con estos dos movimientos que repetí reiteradas veces pude aguantar un poco mas, pero sentía que ya no había lugar en mi cuerp para tanto y le dije que no podría resistir, y entonces él paró el enema y sacó el inyector. La presión era intensa y Susana me acompañó rapidamente al cuarto de baño. Me sentía pesada y notaba como mi vientre se había inchado. Una vez en el baño sentía que esta vez no podría retener el enema como las veces anteriores, y me senté en el retrete y comencé a expulsar el líquido caliente a torrentes, mientras sudaba y mi cuerpo se estremecía en varios espasmos. A pesar de eso me sentía sumamente exitada por el estímulo sexual de este tercer enema, y mis muslos estuvieron cubiertos nuevamente con el liquido que caía a chorros de mi vagina. Su me sonrió y me dejó sola para que expulsara el enema.

Luego de largo rato de estar sentada en el retrete sintiendo como el agua se escurría por mis intestinos, finalmente me volvía a limpiar y volví al living, donde Susana y Carlos me estaban esperando. Les dije que aún sentía líquido en mi interior y ellos me respondieron que era normal y que pronto terminaría de expulsarlo. Su le dijo a Carlos que ella también queria recibir un enema, pero él le respondió que había recibido uno hacía muy pocos días, y como ella insitió al fin él accedió a aplicarle uno. Además, ella observó que yo estaría drenando aún por un rato y que luego ambas podriamos tomar el aceite caliente. No entendí de que hablaba y ella tampoco se explicó. Se levantaron y se dirigieron a su cuarto, los hubiera seguido pero sentí el impulso de expeler y volví a baño. Cuando estaba acabando vino Su, y me preguntó si quería ver como Carlos le aplicaba un enema. Aunque me daba un poco de verguenza, ella me dijo que ya que había visto como me aplicaban a mi tres enemas, no debía tener verguenza en ver como se lo aplicaban a ella.

Continuara…

La loca del sexo anal

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Un paciente interesante / Segunda parte

Mi amiga y yo nos sonreiamos sin que nos viera aquel paciente… el ver como la canula se introducia poco a poco hasta el fondo de su recto nos excitaba a ambas… ay despacio que me duele un poco.
asi es mi amor ..despacito eso es… ya vez ya la tienes adentro y ni cuenta te has dado….ahora si.! soltare el agua y sentiras el liquido entrar en tus intestinos mi amor…no te pongas nervioso ..relajate ..eso..es ..respira por la boca..
Cuando deje pasar el agua tibia en sus entrañas él dejo escapar un gemido, mientras mi amiga sostenia el deposito del enema ,yo sostenia la canula  y la aseguraba para que no escapase de su culo, con una mano la sostuve y con la otra me anime a rozar liugeramente sus testiculos y el gimio otra vez… lo sentia excitado y asustado, pero yo al igual que mi amiga nos gustaba tener a aquel paciente boca abajo sometido a nuestro morbo y “violandolo” con el enema.

Mi amor tranquilito que ya mismo termina de pasar el litro de agua tibia… hasta aqui nomas… ahora relajate y trata de aguantar unos 5 minutos y luego vas al baño… depues regresamos para “comprobar” que tanto te limpio el enema y si no te ponemos otro otra vez, sino tu radiografia no saldra tan clara… entendiste
regresamos al cabo de media hora dispuesta a ponerle otro enema no sin antes hacerle un tacto rectal… era una aventura interesante
No le digimos nada de nuestras intenciones, pero al llegar a la habitacion pude advertir cierta ereccion debajo de la bata de hospital
A ver le dije, colocate boca abajo por favor:
Porque ..?
Porque es el procedimiento normal despues de un enema… “comprobar” si te hizo efecto
se acosto boca abajo… un poco de costado y deje caer un poco de lubricante a base de agua en su ano… que por cierto estaba un poquito irritado. Lo que yo queria era meterle el dedo en el culo a aquel atractivo chico
Señorita que va hacer::!?
Nada del otro mundo mi amor… haber ese potito como esta  umm relajate mi amor que te voy a meter un poquito el dedo… mientras se lo frotaba alrededor de su ano… Y en un momento ya no pude ahuantar mas las ganas y le introduje el dedo indice hasta el fondo firme pero despacio y lo hice gemir ahora un poco mas fuerte

Umm tienes el culo apretadito mi rey… pero no te preocupes… si sientes algo… note reprimas… a la mayoria de los hombres les gusta que le metan el dedo hasta frotar su prostata… eso es cariño sigo o no sigo tu decides y el dijo sigue por favor…..
BINGO lo tenia en mis manos::! estaba recontra arrecho y yo tambien… mi amiga le cogio sus testiculos y aquel muchaco gemia a mas no poder… le retire el dedo y le pedi que se ponga boca arriba y aprete su pene ercto y le dije  ::PENDEJO ¡¡como te a has puesto…
No pude sentarme encima de su pene porque ahi estaba mi otra amiga enfermera… pero ambas decidimos exitarlo un poco mas..!
Que tal la experiencia del enema mi amor… rico verdad….
si es  la primera vez que me ponen uno… la verdad que estuvo excitante
si amor es excitante y  saludable… de  vez en cuando me aplica un enema alguna enfermera compañera de aqui de la clinica
Mas tarde me aplicaran uno, quieres ver mi amor…

y el casi suplicando me pidio que lo dejara ver
Listo regresamos a su habitacion y me desvesti en el baño mientras mi amiga de guardia untaba vaselina en la cánula del enema ya listo… para insertalo en mi ano que minutos antes ya lo habia lubricado yo misma
me acoste boca abajo y le pedi que solamente observara y que para nada dijera algo… haber ponmelo..! le pedi a mi amiga y me introdujo despacito la canula y dejo correr el agua y yo levante mas mi culo, y aquel chico pudo tener una vision mas panoramica de  mi trasero… minutos despues terminanban de aplicarmelo y le pregunte… que tal aprendiste..!!??
fui al baño a evacuar mi vientre… mientras mi amiga salio de la habitacion con el equipò del enema… el se quedo en la habitacion… y yo en el baño y lo llame para que me alcazara el papel higienico… se poso delante mio mientar estaba sentada en el retrete y le baje la cremallera y le chupe la verga como loca hasta que se vino en mi boca… pero sorpresa ::!! el no perdio su ereccion… y regereso a la cama mientras me limpiaba… terminamos tirando en la habitacion y despues volvio a eyacular en mi interior… fue excitante……

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Un paciente interesante

Que tal amigos de sexycuentos. Aqui para narrarles otra experiencia con un paciente que llego a la clinica para una preparacion radiografica de colon,este paciente le iban a practicar un examen de contraste, era de unos 25 o 28 años,alto ,bienparecido de tez clara, estaba en recepcion eran las 8pm y llego, me explico que tenian que prepararlo la noche anterior con un enema evacuante de un litro de agua jabonosa ,a lo que yo sin pensarlo dos veces le pedi que se ponga comodo, que como enfermera tenia experiencia casi todas las semanas colocando enemas.
La verdad estaba guapo era atractivo y tenia un buen trasero, me dijo que regresaria en dos horas, estaba nervioso y un poco avergonzado.
Cuando se fue con la promesa de regresar, le comente a otra enfermera que es mi asistente sobre este paciente:
A llegado un joven para un enema, esta atractivo ,ojala regrese pronto, no sabes las ganas que tengo de verle el culito, de separarales las nalgas, esto va estar interesante..!! le comente, ella se sonrio, y me pidio que la dejara entrar al cuarto para asistirme en la colocacion del enema, espere una eternidad al chico de trasero bien formado…. hasta que sorpresa..! aparecio,balbuceo un poco,me dijo : señorita trate de ser gentil, estoy avergonzado un poco.. no lo deje terminar, ven amor, ponte comodo, esto no es nada del otro mundo veras como despues te vas sentir bien. no sientas verguenza cariño, ponte esta bata, sacate los calzoncillos mi rey… y esperame boca abajo.
Cuando regerese, se incomodo un poco al ver a mi amiga, le dije que iba a ser mi asistente, pues se necesitaba de dos personas para aplicar el enema,
Haber.buen chico, la señorita te a va untar un poco de lubricante en el ano…para facilitar la insercion de canula..
Pero muestreme la canula señorita..! quiero saber que me van a meter por el ano..
No mi amor.. no te sientas mal .. solo quedate acostadito.. que el resto lo hago yo.. aproposito parece que nunca te han colocado un enema,amor.. hoy vas saber lo que es tener una canula en el poto.. no te vas a sentir mal.. la verdad que a mi me agradan los enemas de vez en cuendo le dije.. picaramenete
Permanece acostado.cariño.. mientras le separe las nalgas y pude ver su virginal ano, eran bastante pequeño.. ajustadito diria yo.. hasta estaba pensando cambiar por una sonda rectal en lugar de la canula negra, que estaba un poco grande para ese apretadito culo, pero me dije para mis adentros que iba a ser superexitante meterle la canula, y hacerlo gemir un poco talvez… mientras le untaba lubricante en su ano.. me empece a mojar,mis jugos vaginales los sentia venirseme.. la verdad que estaba disfrutando de este momento y le introduje mi dedo medio.. Ay..!!ay..! tranquilo mi amor.. es para dilaterte un poco el ano..
Llego el momento esperado.. le pedi a mi asistente que le separe las nalgas ella y yo le iba a introducir la canula .. ella lo hizo y dejo expuesto el culo de aquel jovencito.. haber amor . .no te va a doler ..asi a ver ese potito.. haber relajate .. respira por la boca eso.. es y le metia la canula poquito a poco..mi amiga y yo nos mirarbamos y sonreiamos despaciuo por aquella “violacion”
ESTA HISTORIA CONTINUARA…..
UN BESO
CECILIA..

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Mi amiga Ana

Era una tarde lluviosa. Me encontraba a solas en la casa de mi amiga Ana. Platicábamos de muchas cosas. De repente me hizo una extraña pregunta.
– flaco, ¿conoces los enemas? – ella y su hermana Alejandra me llamaban flaco de cariño.
– ¿qué? – pregunté intrigado
– ¿qué si conoces los enemas…las lavativas…pues?
– ah, sí…claro….¿porqué Ana?
– ¿no te gustaría que te aplicara una?
– ¿qué dices Ana?….repite por favor…
– mira flaco, yo sé que tienes bastantes problemas con tu estreñimiento y desde que estudiábamos juntos en la preparatoria buscaba un remedio efectivo para ti.
– sigo teniendo problemas pero la verdad no se me antoja que me pongas una lavativa…
– pero ¿porqué? – inquirió mi amiga.
– Pues porque me da vergüenza….recuerdo que de pequeño mi mamá me puso varias… me acuerdo como me correteaba por toda la casa y me picaba la cola..
– Ja ja, yo sé que es embarazoso…. pero la verdad no tiene nada de malo…. hace poco mi hermana me puso varias lavativas y me dijo que te preguntara que si nos permitieras ponerte algunas para corregir tu problema… la verdad las sentí reconfortantes…
– Pero…pero… – yo balbuceaba – oye Ana…¿no duele?
– Para nada flaco…el bitoque…es decir la cánula entra fácil porque la lubricamos así como tu ano.. con el dedo te froto un poco de crema…..
– Pero me imagino que ha de ser muy incómodo…
– Un poco… tienes que aprender a retener el líquido mientras entra en tus intestinos… dan muchas ganas de ir al baño pero te la pongo despacio para que no te den muchos retortijones…
Yo la verdad deseaba que ella pudiera mirar mi culo. Mi pene estaba erecto sólo de pensar que ella me insertaría aquel tubito en mi ano. No podía creer que esa belleza de mujer se le ocurriera algo semejante. La deseaba con locura y le había declarado mi amor. Me pidió paciencia, que estaba enamorada de mí pero que en esos momentos no podía aceptarme. Pensé que si concedía que me pusiera la lavativa las cosas pudieran cambiar.
– ¿y cuánto dura una lavativa?
– Pues más o menos de 5 a 8 minutos o un poco más si te pongo dos litros….
– Uy, es mucho…
– Ándale, no le saques… déjame ver tu ano, déjame tener el placer de introducirte mis dedos y la cánula en tu culito…
– Está bien… está bien, acepto.
– ¡qué alegría!… ¡qué bueno flaco!… vas a ver que te van a ser de mucho provecho.
De repente me abraza muy contenta y que me besa. Yo sorprendido agradablemente correspondo al beso. Sentí su lengua cachonda excitarme hasta el extremo. Obviamente mi pene estaba muy erecto. Ella comienza a sobar mis partes genitales y comienza a pedirme que le baje la falda.
Yo estaba muy confundido, pues a la vez que quería ese momento pensaba porqué no me había correspondido antes.
Ana empieza a desabrochar mis pantalones y las caricias subían de tono. Al mismo tiempo pensaba que su hermana no nos fuera a sorprender. Sus papás estaban de viaje en la ciudad de México y no volverían dentro de dos semanas. Cae su falda, su blusa y ella queda en sólo ropa interior. También mis pantalones caen y rápidamente me quito mi camisa sin parar de besarla.
Estamos ahí. Casi desnudos en su cuarto. Era increíble que el solo hecho de conceder que me aplicara la lavativa me colocaría en esa situación tan, pero tan excitante.
– hazme tuya, amor…. hazme tuya por favoooooor… – ella gemía –
– sí… chiquita… claro que sí… – le contesté sudando de excitación –
– bájame los calzones y métemelo todo…
Yo casi llegaba al clímax. Le bajé y quité los calzones suavemente. Ella era una diosa esperando ser penetrada. Vi su vagina húmeda casi abierta esperando a mi miembro hacer efectivo su pase de entrada. Yo ya no podía más. La sujeté firme pero gentilmente por sus brazos y la recosté con suavidad en la cama. Ella extendió sus piernas y me indica que no esperara más.
Me parecía lo máximo estar ahí sobre ella a punto de introducirle mi viril órgano en su preciosa vagina… en su puchita. Sin darme realmente cuenta, mi pene entró en su cavidad con cierta facilidad. Estábamos muy excitados.
– ah papi… más, más… – ella imploraba –
– si mi reina… mmmhh….
– flaco, eres sensacional….deseaba esto desde hace mucho tiempo…
– ¿porqué…ah..no me aceptabas?
– Tenía miedo….mmmhhh…ahhh…
– ¿de qué?…..ahhh
– Sé que Lucía te quiere y que no te es indiferente…
– Ella es sólo una muy buena amiga…siempre te he querido…mmmhhh.
– Síguele, no lo saques… no lo saques… más por favor, más…ahhhh
– Oh mi muñequita…. que placerrrrr….. – yo explotaba –
– Déjame tocar tus nalgas flaco…. mmmhhh
– Sí Anita, soy todo tuyo.
Mi orgasmo estaba a punto de consumarse. Ana estaba también en ese grado. Mi semen sale como catapulta y siento cómo es recibido dentro de su cuerpo caliente hasta lo máximo. Llega la carretada de placer y ella al mismo tiempo grita conmigo.
– ahhhh… eso, eso, flaco… ahhhh mi rey… no lo saques….
– ahhh chiquita… ¡qué rico!…

Nunca creí que fuera a hacer el amor con Ana de esa manera. Nuestras fuerzas se agotaron y entonces me separé de ella. Me daba miedo sacar mi miembro de su vagina. Parecía como si siempre estuvieran juntas pene y vagina. Ella me indicaba que ya no podía más. Había dado ella todo y yo también no daba más. Por mi mente pasaba todo este bello momento que se me hizo una brevedad. Saqué mi verga de su vagina y me recosté al lado de ella.
– ah ¡qué placer chiquita!… estuvo fenomenal….
– por supuesto querido… eres un sensacional amante…
– Ana… ¿de veras me quieres? – yo hice la pregunta con cierta vacilación –
– ¿No te parece ésta la mejor prueba…?
– Oh… ¡qué estúpido soy!… perdóname por favor… estoy convencido de tu amor…
– Mira… mejor… ¿qué tal si te pongo una lavativa en este momento?… por ahí tengo un equipo nuevo para ponértela…. ¿quieres?
– Si así lo deseas… pero explícame todo el procedimiento…
– Claro que sí papito… te iré explicando paso a paso.
Estaba cerca el momento de recibir mi primera lavativa de parte de Ana. Estaba muy confuso. Por un lado me aborchonaba que me aplicara un lavado intestinal pero por otro, deseaba que ella pudiera ver mi ansioso ano…. que lo tocara con sus bellos dedos y que insertara la manguera. Recordaba aquellos días en que mi madre solía ponerme algunas lavativas. Eran momentos muy incómodos para mí. Mis recuerdos de repente se esfumaron ya que ella se levantó de la cama y se puso un pequeño “short” donde podía apreciar sus hermosas piernas. Cabe decir que lo que más me gusta de Ana son sus bien torneadas piernas, blancas, suaves y que hacía pocos momentos enlazaron mi cuerpo encima de ella.
– oye – pregunto extasiada – ¿no deseas este momento?
– Claro que sí, hermosa…
– Ya no aguanto las ganas de aplicarte varias lavativas… de picarte el culo…
– Ah… creo que sí… déjame ponerme mi ropa…
– No, no, no… quédate así desnudo… te voy a aplicar dos litros de agua tibia jabonosa para hacerte un muy buen lavado interno pero los deseos de ir al baño van a ser muy intensos y pues hay que prevenir que no mojes tu ropa….¿está bien?
– Está muy bien… tú ordenas y yo obedezco…
– Quiero ver entrar el bitoque por tu culo flaco… sólo te pido tu cooperación y tu relajamiento…
– Tú guíame… llévame por el camino del placer…
– Acompáñame a conseguir el equipo que voy a usar contigo… como te dije lo compré especialmente para ti.
– Ok…
La acompañé al lugar donde guardaba el equipo mientras me colocaba una toalla para cubrirme. Llegamos al cuartito cerca de la sala cuando de repente se abre la puerta. Era su hermana Alejandra con una combinación de sorpresa, enojo y sorpresa. Me quedé como estatua. Sentía la cara caliente de vergüenza. No sabía que hacer. Yo desnudo sólo con una toalla encima. Creí que me tragaba la Tierra.
– ¿qué está pasando aquí? – preguntó Alejandra –
– le voy a poner una lavativa al flaco, Alex… ¿me ayudas?…
Alejandra pasó de su cara de molestia a una cara más agradable y requirió:
– claro… veo que lo convenciste…. ¿estás de acuerdo que le ayude, flaco…?
La verdad no me esperaba esta situación pero recuerdo que en la secundaria Alejandra me había puesto un supositorio. Yo la consideraba como una hermana mayor. Le tengo absoluta confianza. Alejandra es seis años mayor que yo y ocho más que Ana. Aún así me impactaba pero a la vez me causaba un efecto cachondo saber que ambas hermanas me pondrían unas lavativas. Yo le contesté…

– creo que sí… pues… está bien Alejandra…
– muy bien flaco, te felicito – contestó Alejandra –
Ana nos gritó que nos acercáramos para mostrarnos el equipo de lavado comprado especialmente para mí. Ana sacó un irrigador blanco de metal con capacidad de dos litros, una manguera roja con rayas negras, clásica para lavativas y un tremendo bitoque negro como de ocho o nueve centímetros de largo.
– mira papi, aquí tengo el equipo, la cánula, la manguerita y el irrigador.
– Ay… vas a ver lo que te espera – inquirió Alejandra –
Mis ojos se abrieron desconmesuradamente. La cánula se me hacía enorme. Me decía a mi mismo…¿eso me van a introducir por mi ano?. Estaba sumamente emocionado y deseoso de que empezara la función de una vez.
Ana sentenció:
– te vamos a poner dos lavativas de dos litros hoy y mañana otras dos…
– de acuerdo muñeca, pero ¿no se te hace un poco grande ese tubo?…
– ja ja ja… no temas… te lo voy a introducir despacio para no lastimarte… te voy a poner un poco de crema en tu culito para que el bitoque resbale con mucha facilidad… no temas que mi hermana me enseñó a aplicar enemas… o sea a poner lavativas…
Alejandra había estudiado tres años de enfermería pero cambió de carrera. Actualmente es licenciada en leyes. No había nada de qué preocuparse.
– Hay que preparar la solución – comentó Ana –
– Eso es – replicó Alejandra, mientras, yo no dejaba de observar al mismo tiempo las piernas de Ana y el bitoque próximo a conocer mi esfínter –
– Oye, Alex, ¿porqué no le explicas los beneficios de aplicarle lavativas al flaco mientras preparo todo?… esto me llevará unos diez minutos….
– Muy bien Ana, sólo permítanme cambiarme de ropa, de ponerme más cómoda….
Alejandra se dirigió a su habitación y en pocos momentos apareció ante mí, mostrando su hermoso cuerpo. Parecía que habían pasado mucho tiempo desde que ella me aplicó un supositorio hacía más de dieciséis años. Yo en ese entonces tenía nueve y Alejandra quince. Actualmente tengo 25 años. Sus piernas blancas destacaban mucho más con ese “short” rojo que se había puesto y una pequeña camiseta de resaque blanca que dejaba ver su ombligo. Esa ocasión ella me acostó sobre sus piernas y recuerdo que mi cara estaba muy acalorada y roja. Sólo recuerdo que ella abrió mis nalgas para poder observar mi ano y deslizó el supositorio. Ella usó guantes y recuerdo también que me introdujo casi en su totalidad su dedo índice y lo mantuvo por espacio de un minuto dentro de mi recto. En esa vez, no sentí placer sino mucho bochorno e incomodidad. La razón del supositorio fue que estuve sufriendo de fiebre y mi mamá estaba trabajando. La mamá de ellas era quien me iba a poner el supositorio pero por alguna razón del azar tuvo que salir y le delegó la acción a Alejandra. Sería como un adelanto a lo de ahora pero en diferentes situaciones.
Alejandra me condujo a la habitación donde se llevaría a cabo mi “ejecución”. Empezó a platicar y hacerme preguntas acerca de las lavativas.
– flaco, ¿ya te han puesto lavativas?
– Sí, pero cuando yo tenía como seis o siete años de edad, más o menos. Me las ponía mi mamá.
– ¿y qué sentías?
– La verdad no me gustaban, corría por toda la casa para evitar las lavativas… se sentían muy feo… aunque confieso que de repente no me desagradaban mucho…
– Ja, ja, ja, eso es ganancia…ahora vas a ver que esta experiencia no es para nada desagradable si cooperas mucho…. las lavativas son de mucha utilidad y no debemos verlas como algo molestoso sino como algo que nos ayuda a mejorar la salud, a sentirnos limpios por dentro y a sentir mucho confort.
– Pero.. no me gusta que me piquen el ano…
– Ay eso es lo de menos…para empezar…no duele y además, somos de confianza… yo tengo mucha experiencia poniendo lavativas…he visto muchos culitos…. a mi hermana le he estado aplicando varias desde hace meses y ella comenta que se relaja mucho y que le agradan…
– Pues eso creo, pues ya ves que ella me las quiere poner ahora a mí.
– Bueno, pero la verdad yo le insistí mucho. También le he puesto lavativas a muchos amigos y a mi mamá la he puesto como treinta. Mi papá me pide seguido que le aplique algunas cuando se siente incómodo.
– Es que en mi casa nunca me enseñaron o explicaron esto como algo bueno…tampoco malo pero obviamente me daba mucha ansiedad estar esperando el momento que mi madre me abriera mis nalgas para meter la cánula en mi “hoyito”. Sentía que era algo de que si alguien me insertara algo en mi ano perdía algo de mi hombría.
– Para nada debes pensar así… debo admitir que las lavativas no dejan aparte de ayudarte en tu estreñimiento, sentir un especial placer… si tú quieres, algo erótico… pero es válido sentir eso… no debes creer que es algo que te humille… reconozco que deseo ansiosamente ver tu culito con el bitoque adentro… pero también sé que esto te va ayudar a sentir más tranquilidad…
– La verdad estoy ansioso y nervioso.
– Tranquilo.. la verdad también es que Ana sabe ponerlas muy bien. Te vas a sentir maravillosamente durante la aplicación. Ella me puso tres la semana pasada y lo hizo bastante bien…. como una experta.
– Pues ya quiero que me la pongan de una vez…
Alejandra le gritó a Ana:
– ¿ya estás lista?
Ana contestó que ya era hora y se dirigió hacia la habitación donde nos encontrábamos Alejandra y yo. Escuché sus cadenciosos pasos al subir por la escalera. Le indicó desde ahí a su hermana, que preparáramos todo para empezar el lavado y que nos pusiéramos listos.
Alejandra puso una toalla grande sobre la cama y me pidió que me recostara en ella sobre mi lado izquierdo flexionando mi pierna derecha y la izquierda dejándola estirada. Se supone que esta posición relaja mi esfínter y permite descubrir mi zona anal con facilidad. Alejandra retiró la toalla con la que me cubría. Entonces mi pene volvió a erigirse como un coloso. Alejandra me estaba viendo mis nalgas.
– oye flaco…¿estás listo?… ya no necesitas esta toalla encima… anda… tranquilo…

Yo le dije que sí. En eso, Ana entra a la habitación sosteniendo en su mano derecha la grandota cánula negra bailando de lado a lado y en su otra mano, sosteniendo el irrigador blanco. Le pide a Alejandra que sostenga por un momento el equipo de lavado intestinal mientras va a traer la crema para lubricar la cánula y por supuesto mi ano. Para ese momento yo estaba casi ardiendo de ansiedad.
Cuando regresó, traía en su mano un frasco de crema Pond’s. Ana toma algo de crema con su dedo y se acerca a mí.
– ¿ya estás listo papito? – me preguntó muy emocionada –
– ya…ahhh..
– te voy a poner un poquito de cremita en tu culito… ¿sí?
– Anda Ana, empieza…
Cuando siento a Ana cerca de mi trasero, percibo su respiración agitada. Entonces siento su mano fresca levantar mi nalga derecha y coloca su dedo índice derecho en mi ano frotándolo con suavidad en forma circular. Ella me comenta casi gimiendo de placer.
– esto es para que tu ano se relaje y permita el paso de la cánula…
– oohhhh, siento cómodo…
Ana en ese entonces, introduce su dedo por mi recto hasta lo más profundo que ella podía. Sentí como mi esfínter le apretaba su dedo. Ella lo metía y lo sacaba. Yo estaba a punto de ahogarme de reprimir el placer que estaba desarrollando.
– ¿sientes flaco?… ya estamos listos….
Alejandra observaba la acción callada pero extasiada. Su hermana lo estaba haciendo muy bien. Ana le pide a Alejandra que cuando ella me introduzca la cánula, ella levante el irrigador no muy alto para poder resistir el flujo con menos dificultad. Alejandra sabía que hacer. Desde el momento que supe que Alejandra estaría presente en mi lavativa, mi grado de excitación subió más. Deseaba que cualquiera de las dos lo hiciera. Alejandra le da el equipo a Ana y ella se dispone a aplicarme mi lavativa.
– muy bien… es hora de tu lavativa – en un tono gracioso y ciertamente algo burlón comentó Ana –
Alejandra agregó:
– relájate… ponte flojito, flojito… ándale pues… mi chiquito…¡no te va a doler!
– mmmhhh – fue mi exclamación –
– te voy a levantar la nalga y te voy a meter el bitoque despacio… tú me indicas si te molesta… para retirarlo y volverlo a introducir. ¿está bien?
– Por supuesto… nomás que seas gentil por favor…
– Claro que sí, querido… déjame ver tu ano…¿dónde está?, ¿dónde está?…uhhhmmm…¡aquí está…!
Ana levanta mi nalga y observa mi ano lubricado. Siento explotar. La punta de la cánula toca mi ano y de repente la cánula se desliza suavemente hacia dentro de mi recto. Ana lo hacía maravillosamente.
– ahhhh Ana…
– ¿te entró bien? – inquirió Ana…
– síiiiiii… – casi estallando balbuceé –
– ¿de veras no te dolió?
– De veras que no, la verdad entró muy bien… lo haces estupendamente…
Ana le pide a su hermana que levante el irrigador mientras que ella me acaricia mis nalgas. Alex levanta el irrigador y de inmediato siento el fluido penetrar. Se sentía tibio. Alejandra me preguntó:
– ¿sientes entrar el líquido?
– Sí…sí…
– Así vamos a estar un buen rato… sólo relájate y aguanta… trata de retener lo más posible la solución.
Ana me seguía acariciando mi espalda y mis nalgas mientras con su otra mano cuidaba de que no expulsara la manguera. Sentía el flujo y yo experimentaba un extraño placer. Había perdido lo cohibido y de alguna manera deseaba que ese momento no terminara nunca.
Ana cariñosamente platicaba conmigo:
– ¿verdad papito que se siente rico?… ¿a poco no gozas?
– Bueno… pues sí… disfruto este rico paseo pero me encantan tus manos acariciándome.
– Ay mi rey… le estoy picando su culito – en tono de broma gimió Ana –
– Siento como el agua fluye por mi interior…
– Aguanta un poco, no tardas en sentir los retortijones… vamos a tratar de que resistas los dos litros en este lavado…. tienes tus nalguitas frescas…
– Sí pero por dentro me estoy quemando…
– Ja ja ja, bueno la lavativa va a apagar ese incendio interior… ja ja ja
Alejandra también se empezó a reir con la ocurrencia de Ana. Mi amada a menudo me abría las nalgas para ver si la cánula continuaba bien introducida y de paso, para echarle una mirada a mi culo de nuevo. Sentía que ambas hermanas estaban gozando demasiado. Sobretodo Ana. Alejandra era para mi como mi hermana mayor pero sin embargo deseaba que ella pudiera a solas ponerme muchas lavativas. Dentro de mí, reconocía que ella era demasiado bella y además poseía un extraordinario cuerpo. Ella no era muy alta pero estaba tremendamente proporcionada. Muy firme busto, nalgona, sensacionales pantorrillas y unos muslos de otra galaxia. Un rostro de concurso, blanco, sonrojado. Ojos negros y una cabellera frondosa y alegre. Era una singular belleza. Y yo me sentía como la bestia ante ellas dos. La verdad ellas eran imponentes. Me sentía muy afortunado de estar gozando esos momentos.
De repente empecé a sentir los retortijones y exclamé:
– oughh… Ana, ya empecé a sentir ganas de ir al baño…
– tranquilo… déjame hacerte unos masajes en tu panza…
Ana comenzó a darme masajes en mi vientre y panza. Empecé a desarrollar un relajamiento y las sensaciones de deseos de defecar pasaron.
– así, así, papito… relájate… tranquilo…
– ya me siento mejor…¿cuánto me falta?
– Llevas un litro pasadito… tienes que aguantar un poco más…- explicaba Alejandra –
– Está bien…
Ana indicó a su hermana:
– Alex… por favor baja un poco el irrigador y para un poco el flujo… ¿sale?
– Sí Ana… aprendiste muy bien… lo estás haciendo correctamente…. – contestó su hermana –
– Mi flaco, estás comportándote como un valiente. Mereces al rato otra lavativa…
– Ay no…más tarde pero ahora no…
– Permíteme ver tu ano otra vez… espera un poco…
Ana volvió a observar la cánula insertada y la empezó a mover hacia fuera y hacia adentro suavemente haciendo aumentar cierto placer. De repente Alejandra levanta más alto el irrigador y el fluido entra con más fuerza y empiezo a sentir que mis intestinos estallan.
– ya, ya,ya no…párale Ana… ya no por favor….
– espera flaco… sí puedes…corta el flujo Alex… por favor….
Ana empieza otra vez a masajear mi abdomen y Alejandra suspende la irrigación. Yo ahora sí, sentía que mis intestinos explotaban y los deseos de defecar eran demasiado intensos. No creía que pudiera aguantar toda la lavativa. Los deseos cedieron de nuevo y Ana retiró un momento la cánula y me empezó a hacer presión en mi ano con un trapito. Comencé a sentirme mejor y entonces Ana otra vez inserta de manera magistral la cánula en mi húmedo ano y Alejandra continua con la irrigación.
– ¿no te lastimé papito?
– Para nada… lo hiciste muy bien…
– Tranquilo… ya vamos a terminar… te falta un cuarto de litro… lo estás haciendo muy bien…
– Ahhh.. la verdad es una sensación inigualable… me excité bastante…
– ¿ya viste que una lavativa no es nada malo si se sabe para qué sirve?….
– bueno…eso creo… si me hubieras preguntado en otro momento que deseabas picarme el culo quizá te hubiera dicho que no… yo creo que hay maneras de decir las cosas.
– Por supuesto…
– Listo…. hemos terminado… te acabo de aplicar una lavativa… de dos litros papito y la aguantaste toda… sólo te queda retener unos diez minutos la solución adentro. Quédate aquí acostado mientras voy a retirarte la cánula.
Ana sacó la cánula de mi ano y tomó el irrigador y le echó una mirada al interior. Toda la solución me había sido suministrada. Le pidió a su hermana que me acompañara durante los momentos que retenía la solución mientras se disponía a lavar el equipo para el próximo lavado intestinal.
Cuando Ana salió de la habitación, Alejandra comenzó a platicar. Se sentó a un lado y empezó a mirar mi ano para ver si no lo tenía irritado. Cuando vio que todo estaba bien comenzó a acariciar mis nalgas y a darme consejos. Yo suponía que no sabía nada del momento de sexo que tuve con su hermana momentos antes. Aunque ella sabía mi amor por ella. No le platiqué nada de eso pero le dije que había tenido un orgasmo cuando precisamente Ana me tocó con su dedo mi ano. Le conté que no lo pude evitar. Ella me dijo que no me preocupara, que eso era muy normal.
Me dijo que tenía ganas de hacerme muchas lavativas, si no me importaba, hasta corregir mi problema de estreñimiento. Yo pensé que eso no le iba a importar a Ana. A fin de cuentas todavía no éramos novios.
– oye… ¿no quieres que yo te ponga la otra lavativa sola?
– Claro… sí…. si tú lo deseas…
– Quiero que te recuperes de ese problema…. y yo sé que el mejor remedio es una lavativa…
– Gracias Alejandra…. yo sé que tienes muy buena intención…
– ¡Claro que sí!… pero también admitamos que es un placer recibir una lavativa…..
– no lo puedo negar… déjame decirte que hace años creo te hicieron un estudio de rayos X y recuerdo apareciste bajando las escaleras con un irrigador parecido al que usaron conmigo. Preguntaste si yo quería una lavativa… que ahí estabas para ponérmela… lo tomé a broma… eso fue más o menos hace como nueve años…. pero te dije no…. ¿la verdad me la hubieras puesto?
– Por supuesto… no me atrevía a decírtelo de verdad porque pensaba que ibas a decir no.. pero sí me hubiera gustado ponerte esa lavativa….
– ¡qué mala suerte¡… esa noche soñé que me la ponías estando acostado sobre tus piernas… pero soñaba que tú me castigabas y que yo me merecía una lavativa por haberme portado mal.
– Ja ja ja…. esto no es castigo… mmhh… bueno… depende de quien lo diga…
– Aunque no sé si realmente me hubiera animado a recibirla esa vez….déjame decirte que te veías muy bonita….vestías un short muy ajustado y tus piernas se miraban muy torneadas…
– Gracias….¿es un piropo?
– No…es la verdad…creo que no tiene nada de malo reconocer que estás muy bonita y que además tienes un cuerpazo…. me gustaría que me pusieras muchas lavativas…bueno…si es que Ana no se molesta…
– No…para nada…ella está de acuerdo en que te apliquemos varias lavativas…ya sea ella o yo…creo que no importa ¿verdad flaco?
– No… – en ese momento un retortijón llegó – mmmghgh…ahhhgghhh…ay Alejandra…creo que ya no puedo más…
– Aguanta un poco más…déjame hacerte presión en tu ano…
Alejandra tomó un trapito y comienza a hacer ligera presión en mi ano y masajeó también mi abdomen. Yo ya no aguantaba el líquido adentro y sentía que mis intestinos iban a estallar. Me pedía que hiciera respiraciones con la boca. Así el deseo de defecar fue disminuyendo paulatinamente aunque mi panza estaba infladísima.
– listo compañero…¿puedes retenerlo un poco más?
– Creo que sí… mmmghh.. creo que sí…oohhhh
– Ya llevas un buen rato…creo que sí ya lo quieres… te puedes ir al baño…
Ana llegó en ese momento mostrando una cara de satisfacción. Se sienta a mi lado y me levanta mi nalga superior y le echa una mirada a mi culito. Me satisfacía enormemente que mi amiga me observara el ano. Puedo decir que me encantaba que lo hiciera. Tenía una mano muy suave y el sólo hecho de verla en su short mostrándome sus piernas e inclinándose para insertarme la cánula era un gran éxito. Ella comentó:
– no tienes irritado el culito…¿te sientes bien todavía para seguir reteniendo la solución? – me preguntó Ana –
– le acabo de decir a Alejandra que sí…ella me ayudó a retener un poco y a aguantar las ganas de ir al baño….pero creo que hasta aquí…
– sí papito…es suficiente…ya te puedes parar para ir a expulsar la solución….tenemos planeado que te pongamos la otra lavativa como en una hora más…¿estás de acuerdo?
– Sí…pero…¿te puedo hacer una petición?
– Por supuesto…¿qué deseas?
– ¿Alejandra me puede poner la siguiente lavativa y que yo me acueste en tus piernas?
– Bueno…está bien….¿de acuerdo Alejandra?
Alejandra contestó que estaba de acuerdo. De todos modos para mañana estaban programadas otras lavativas y ella podría aplicarme alguna, ella sola.
Yo me levanté como catapulta y corrí al baño sólo cubierto con la toalla bajo la mirada de esas dos bellezas. Seguía pasando por mi mente este maravilloso momento en que Ana me insertó la cánula y que me llevó al clímax. No podía creer que mis dos grandes amigas, a las que consideraba algo conservadoras me habían hecho un lavado intestinal y que lo hacían formidablemente.
Al llegar al interior del baño, me senté en la taza e inmediatamente salió un flujo fuertísimo de agua… era como propulsión a chorro. Sentí como mi panza se iba desinflando. Ahí solo, justamente esperaba terminar de expulsar para estar cerca de mi amada y de mi “próxima” cuñada. Era increíble que me había cogido a Ana y que más tarde ella me había “ejecutado” con una lavativa en presencia de su hermosa hermana. La expulsión ocurrió sin ningún problema hasta que terminé. Traté de no pararme hasta estar seguro que había expulsado la totalidad del líquido que me había administrado mi amada.
Cuando salí del baño, me dirigí a buscar mi ropa y me encontré a mis amigas. Las muchachas estaban afuera escuchando mi expulsión. Ana me comentó que si me importaba si ellas podían observar próximamente mis futuras expulsiones personalmente. Les dije que no me importaba. Ana y Alejandra se pusieron muy contentas. Ana le pidió a su hermana que si me hacía el gran favor de traer mi ropa. Alejandra aceptó y entonces ella me besó. Me dijo que yo me había portado muy valiente y que había cooperado sensacionalmente. Correspondí a su beso y le dije que la amaba. Ella me dijo que también y que siempre recordaría estos momentos.
– ¿quieres pasar la noche entera conmigo, flaco? – me preguntó ansiosa –
– pero….- yo dudaba – pero Ana…¿no le importa a tu hermana?
– Ya le conté lo que hicimos mientras estabas en el baño…
Yo me sorprendí bastante porque entonces Alejandra no parecía estar molesta.
– oh Ana… ¿porqué?
– ay flaco… tú sabes que te amo, ella sabe que nos amamos… ¿cuál es el problema?
– Ninguno… pero… ¿sabes Ana?… quiero vivir contigo siempre…
– Espera un poco, la verdad no quiero que eches a perder estos momentos. Vivamos libremente nuestras vidas sin nada de compromiso y después veremos que pasa.
– Entonces..¿porqué quieres pasar la noche conmigo?
– Bueno… quiero que me hagas tuya otra vez pero también quiero que me apliques unas lavativas durante la noche… pasemos una noche ardiente… ¿quieres?
– Oye Ana… yo nunca he puesto una lavativa… me da miedo lastimarte…
– Yo te guío papito.. .no temas.. .así estaba yo antes de aprender… créeme que no es nada difícil… solo empuja suavemente la cánula por mi ano, despacio… quiero ver y sentir que tal lo haces…
Estaba otra vez sorprendido. Deseaba con gran pasión estar a solas con ella haciendo el amor pero ponerle una lavativa, verle su bello trasero y poderle penetrar mis dedos en su virgen ano era lo más grande que me podía pasar.
– está muy bien… de acuerdo… será maravilloso pasar toda la entera noche contigo.
– Ay amor, me haces muy feliz.. .¿sabes?… tengo un equipo que quiero estrenar. Quiero que tú me introduzcas el bitoque. Es una bolsa grande americana con cánula y manguera blancas… está bonito el equipo… tiene una capacidad de más de 1 litro y medio…
– Oye…entonces la lavativa que me iban a poner… ¿siempre no?
– Claro que sí.. .después de aplicártela y termines de expulsarla nos vamos a mi habitación.
– Vamos a esperar una hora antes de aplicarte la lavativa siguiente. Acompáñame a ver la televisión.
– Muy bien amor…
Alejandra llegó con mi ropa y me la entregó. Me dirigí al baño a vestirme de nuevo mientras llegaba el momento de mi siguiente lavativa. Notaba que Alejandra estaba de acuerdo en nuestra relación y que entonces no iba a haber problemas.
Pasó casi una hora. En la tele estaban pasando un programa muy cómico que por momentos me hizo olvidar lo que ocurriría próximamente. Ana me preguntó si estaba listo porque Alejandra estaba preparando el agua y el equipo para aplicarme mi siguiente lavativa. Yo asentí con la cabeza y ella me indicó que era momento de empezar y que yo necesitaba estar otra vez desnudo. Así que comprendiendo la situación me dirigí a la habitación donde me harían el lavado y me quité la ropa. Tomé de nuevo la toalla y sólo cubrí mis partes genitales. Ana llegó….sus piernas me volvían loco al igual que las de su hermana pero ella era espectacular y muy cachonda. Mi pene se volvió a poner sólido como el granito. Ella estaba muy sensual y por supuesto, me encantaba que ella pudiera ponerme lavativas. Me era difícil suponer que era más atractivo para mí, si que ella me pusiera una lavativa o hacerle el amor, poder meterle toda mi verga en su puchita hasta hacerla gemir de placer. Eso para mí era difícil de detectar.
Ana se me acerca por detrás y me toca el trasero suavemente susurrando a mi oído:
– ¿de quién es este culo?
– Tuyo amor, todo tuyo.. – le respondí –
– Ahhh, ¿no sientes placer?….mmmhhh
– Claro pequeña…sobre todo si eres tú la que me lo va a penetrar con esos deditos blancos y suaves…
– Te amoooo….te adoro…. gracias por permitirme meterte la cánula…era un deseo reprimido por mucho tiempo y al fin pude lograrlo….
– Yo deseaba hacerte el amor y ahora deseo que me pongas muchas lavativas…me ayudaste a encontrar este paraíso de placer…gracias Ana….
Ana se sienta en la cama y le miro las piernas, blancas y tersas. Me pide que me recueste suavemente sobre su regazo mientras ella toma el frasco de crema y empieza a poner algo de crema en sus dedos. El olor de la crema era muy incitante. Mi pene estaba bastante duro. Me recuesto en sus piernas y ella me pide que me relaje mientras me lubrica el ano y llega Alejandra con la lavativa.
Siento como Ana con una mano extiende mis nalgas para observar el ano y pone la punta de su dedo de su otra mano en mi ansioso y ya húmedo culo.
– tranquilo amor….no te muevas y flojito, flojito…
– ahhhh…. – yo sólo gemí de placer al sentir su dedo tocar mi esfínter.
Ana comienza a sobar mi ano de manera circular y de repente introduce su dedo índice poco a poco.
– ahhh Ana…
– tranquilo….¿cómo lo sientes?
– Excitante cariño…sigue….sigue….más….más
– Ahí te voy a introducir todo mi dedo….relájate flaco….
– Síiiii Ana….ahhhhhhh…..
Ana introduce en su totalidad su esbelto dedo por mi ano y de repente lo saca, sólo para introducir su dedo del medio hasta adentro, es decir, en su totalidad. Mi ano lo apretaba y a ella parecía gustarle. Empieza a sacarlo y meterlo varias veces mientras estoy al punto del orgasmo. Ella me acaricia mis nalgas sin retirar su dedo de mi ano. Alejandra llegó con el irrigador listo a ser aplicado. Cuando miro hacia ella siento que estoy en la cúspide del Everest. Alejandra observa a Ana lubricar mi culo y se enciende. Noto como se excita también y se llena de ansiedad por meter la cánula en mi ano. Le indica a Ana que ya está lista y que en el momento que ella lo crea empezamos.
Ana retiró su dedo y me lo volvió a meter totalmente en mi ano y lo saca finalmente. Alejandra se acerca con la lavativa en sus manos y se prepara a introducirme la cánula. Ana me abre lentamente mis nalgas y Alejandra puede observar perfectamente mi ano con mucha facilidad. Está totalmente lubricado, así que no debe haber ningún problema para introducir la cánula negra.
Volteo hacia sus piernas mientras Ana me sigue abriendo las nalgas. Siento un tremendo placer y ansiedad. Los bochornos anteriores se habían desaparecido. Ya ni me acordaba de la vergüenza que me había dado en la primera lavativa.
Alejandra, baja el irrigador al suelo y se inclina dispuesta a aplicarme el enema. La cánula toca mi ano suavemente y de esa manera empieza a penetrar por mi lubricado culo hasta entrar en su totalidad. También Alejandra era una maestra en eso de introducir las cánulas. Lo más curioso, era que a la vez de estar disfrutando ese momento, ya pensaba en la lavativa que Alejandra me iba a poner por su cuenta (a pesar de que amaba a su hermana) el día siguiente.
– flaquito, relájate… flojito, flojito…”añe ñe cue”
– ahhh sí… estoy bien Alejandra
– dime si te lastimé…
– para nada Alex… no me dolió…
– bueno… voy a levantar el irrigador y que Ana te sostenga la manguera con su mano para que no se salga… ¿está bien?
Ana contestó – claro que sí… además le voy a acariciar su trasero… –
Inmediatamente empiezo a sentir el flujo de agua entrar por mis intestinos, tibia, relajante; Ana estaba acariciando mis nalgas y mi espalda. Alejandra levantaba el irrigador no muy alto para que el flujo no fuera muy duro y pudiera resistir toda la administración.
Alejandra me preguntó:

– ¿cómo te sientes flaco?
– Muy bien…
– Aprendes muy rápido….¿verdad? jejeje
– Sí Alex….

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Mi segundo encuentro con Alionka

Hola amigos de sexycuentos, me complace sobremanera relatarles mi segunda experiencia con los enemas, con Alionka, aquella mujer atractiva, que le aplique dos enemas, semanas atrás en la clínica donde trabajo. Resulta que nos encontramos en un centro comercial y tomamos un café, charlamos de muchas cosas, de los hombres, de la ropa, del trabajo y por supuesto de los dos enemas de la otra noche, me conversó que lo que sintió la otra noche, la había dejado un poco aturdida, que nunca antes había sentido una experiencia así y eso la tenia un poco confundida.
Yo también le confesé que su trasero me había atraído, me había erotizado, a vez que ella me escuchaba y me miraba profundamente a los ojos, debo aclarar que Alionka y yo nunca hemos tenido un experiencia lésbica, pero esta vez nos habíamos erotizado, sentíamos ambas algo raro, una atracción sexual. Ella me dijo que sintió una sensación placentera cuando la penetré con la cánula del enema, y después cuando sintió el chorro de agua en su recto, yo por mi parte le confesé que nunca antes me había resultado excitante ver el ano a una mujer, ya que por mi trabajo como enfermera siempre tengo que ponerle enemas a hombres y mujeres, pero esta vez sentí algo diferente. Le confesé también que me agradó mucho su trasero bien formado y fue excitante separar sus nalgas para untarle vaselina en el ano.
Sin perder mas tiempo, le propuse ponerle otro enema en mi departamento,y que deseaba que ella también me ponga un enema a mi.
Fue entonces que nos paramos de la mesa y nos dirigimos a una farmacia para comprar un bolso de enema y dos cánulas, además de lubricante KY. Al llegar a mi apartamento tomamos un refresco, y la invite a que se desnudara y se ponga una toalla, mientras yo calentaba un poco de agua con jabón e iba preparando el enema.
Estando todo listo, me dijo que estaba nerviosa y yo me ofrecí a darle un masaje con VASENOL en crema por su espalda. Ella se acostó desnuda boca abajo en la cama, repartí crema en todo su cuerpo, en su cuello, espalda, nalgas, piernas y la planta de los pies, yo temblaba de ver su cuerpo desnudo mientras le daba un masaje :
— Sabes que me gusta tu trasero, Ali, tienes unas nalgasas y bien formadas… mi reina… eso es, relájate.Mientras le daba masaje a su zona anal, de vez en cuando dejaba deslizar mi dedo en su ano y ella se quejaba un poquito, y también gemía.
— Ahora mi amor…tranquila que voy a introducirte la cánula en tu culito…
eso es… así despacito… no te muevas… rico… verdad…
— Si Cecilia rico se siente… ah… ahora suéltame el agua… por favor Ceci..
En eso solté el agua tibia en sus entrañas y ella jadeó.
— Umm..que rico…! que rico se siente…..!
Después fue al retrete, mientras yo preparaba el segundo enema, esta vez para mi, estaba ansiosa de recibir el mio. Cambié la cánula y esperé que Alionka salga del cuarto de baño.
—Ahora me pondrás un enema a mi Ali, yo te indicaré los pasos a seguir…
Primero me acosté boca abajo desnuda, separé yo misma mis nalgas, y le pedí que untara lubricante en mi ano, me arrechaba saber que Alionka estaba viéndome el ano, y sentía su dedo, dándome masajes circulares alrededor de mi zona anal.
Ella me dijo: ahora te voy a meter el dedo un poquito si… así como tu lo hiciste conmigo…sientes..?
Ahora méteme la cánula… despacito… me vayas a lastimar… gírala un poquito… eso es… empuja… por favor… ah … ahh… que rico… hacía mucho tiempo que no me habían puesto un enema..
Sentí el chorro de agua en mi recto, y era como si me estuvieran follando por el ano !
Debo contarles que Alionka me contó que nunca había tenido sexo anal, pero yo si he tenido el placer de tener la polla de mi enamorado en mi trasero…y es riquisimo.
Cuando regresé del retrete, le dije que estaba toda mojada mi vagina, que estaba arrecha y ella solo se sonrío un poco, y me pidió que le ponga otro enema, a la vez que se volteaba boca abajo, y podia admirar sus bien formadas nalgas.
Separé sus nalgas, mientras lubricaba con KY su poto, le meti un poco el dedo y ella saltó, me dijo que sentía el ano un poco irritado.

La irritación que sientes te la hago pasar en un momentito mi amor….
Fue entonces que separe sus nalgas, le pase mi lengua por su ano, le inroduje la lengua en el culo, como loca, parecía que el mundo se me acababa…! ella se retorcía en la cama.., y se llevó ambas manos a la vagina, y se frotaba con fuerza.
—Umm como me has arrechado Cecilia ..! ahh… umm… ahhh… me estoy corriendo..! que ricooo…!
Al poco rato la volteaba para hacer un 69…me coloqué encima de ella, poniendo mi trasero en su cara, mientras yo separaba sus labios vaginales y pasaba mi lengua como brocha en su coño totalmente mojado, después de un rato me incorporé, me dirigí al cajón de mi cómoda donde guardo un consolador…de esos que muchas chicas usan. Le separé las piernas se lo introduje en la vagina hasta hacerla gritar de placer.
Después le pedí que me penetrara con el consolador y ambas experimentamos orgasmos intensos.

Al poco rato le pedí que se volteara, que la iba a penetrar por el ano, para iniciarla en el sexo anal. Ella abrió los ojasos. y obedeció, no sin antes pedirme que se lo hiciera despacito.
Lubrique el consolador que es un poco grueso y la coloqué sobre sus rodillas y le metí un rato mas la lengua en el ano.
Después empujaba de a poquitos el consolador en su potito…
— Ay..ay..despacito por fa… ay… ahh… ahhh… ya siento que está entrando… sacalo … sacalo… despacito, y lo vuelves a meter.., eso …es… umm..!
Era super excitante penetrarla por el ano, y empecé a mover el consolador en su culo un poco mas seguido, sin lastimarla
— Ahh..Cecilia… siento que me enderezas los intestinos..! —fue lo que me dijo y siempre lo voy a recordar
Al final nos recostamos con toallas cada una y coversamos largamente y descansamos un par de horas.
Alionka y yo somos conscientes que esto fue un caso aislado, a ella tanto como a mi nos gustan los hombres y tenemos enamorado, pero esto que nos paso aveces nos asusta un poco pero lo tomamos con calma, por lo pronto saldremos a bailar y tomar algo el fin de semana con unos chicos interesantes.
Gracias por la atención prestada a mi relato.
De seguro que hay entusiastas eróticos de los enemas..!
un beso y un abrazo… CECILIA

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Una chica llamada Betty

En el último año de la secundaria empecé a salir con una chica llamada Betty. Ella vivía en la misma calle que yo y juntos ibamos caminando a la escuela, yo la pasaba a buscar por la mañana y luego cuando volvíamos nos despediamos en la puerta de su casa. Cada día nos tomabamos nuestro tiempo para volver después de clases, aprovechando para besarnos, y a veces tocarnos un poco si encontrabamos algún rincón protegido de las miradas indiscretas. Luego nos juntabamos muchas veces en las tardes para estudiar, casi siempre en su casa, y entonces la cosa se ponía un poco mejor, ya que sus padres trabajaban hasta tarde y podíamos estar solos. Si bien no follabamos, porque Betty quería llegar virgen al matrimonio, ella me la chupaba casi todos los días, haciéndome eyacular en su boca y tragándolo todo.

Una tarde, durante una de estas sesiones, Betty levantó repentinamente la cabeza al escuchar un ruido en la planta baja (su habitación estaba en el primer piso).

—¡Lo había olvidado! ¡Mi madre volvía a casa temprano hoy!

Mi erección se fue abajo en solo un segundo, tan solo de pensar que su madre estaba abajo y no debía descubrirnos así. Enseguida me puse los pantalones, cuando escuchamos la voz de la madre que venía desde abajo

—¿Beeettyyyy…? ¿Son ustedes?

—Si mamá, ¿qué pasa?

—Venía un momento al baño, por favor.

Betty me miró con ojos de fastidio, y dijo que seguramente querría mostrarle alguna nueva manera de limpiar la bañera o algo así de estúpido. recordé entonces que lalimpieza del baño era una de las tereas de Betty en su casa. Ella bajó la escalera y fue al baño. Como había dejado la puerta del cuarto abierta, yo podía escuchar casi todo lo que decían.

La madre de betty dijo algo sobre que no le discutiera mas, que lo necesitaba y tenía que tomarlo, algo a lo que Betty se dejaba hacer a regañadientes, como tomar un remedio o algo así. la madre le dijo que no tenía opción en ese asunto, y Betty le respondió algo sobre que yo estaba arriba, a lo que su madre le dijo que yo tendría que esperar. Entonces escuché que el agua del fregadero corría, casi un minuto, haciendo un sonido extraño. Luego paró y hubo silencio durante algunos segundos, y luego escuché que la madre de Betty decía “ahora quiero que te aguantes todo esto sin chistar” y escuché que salía del baño y cerraba la puerta.

Se fue hasta el living y prendió la televisión, poniéndola a todo volumen, supongo que para evitar que yo escuchara algo, se sentó a verla. Yo bajé las escaleras sin hacer ruido, pues entendía que estaba excluido de la situación, pero tenía curiosidad. veía a la madre de Betty que estaba mirando la tv, de espaldas a mi, y no quería que me descubriera. Al legar al cuarto de baño, vi a Betty mirándome y agitando su mano para que me acercara. Caminé n pco hacia ella, siempre tratando de no hacer ruido, y ella me susurró energicamente “ven aquí”. Entré al baño, y lo primero que ví fue un bolso rojo, para enemas, colgado de la ducha. Era como los que se usan como bolsa de agua caliente, y estaba bien lleno. De el salía una manguera, que estaba metida ¡en el culo de Betty! Ella tenía sus manos apoyadas en sus rodillas, su falda estaba subida alrrededor de su cintura y sus bragas a la altura de las rodillas. Me quede mudo, sin poder decir palabra, completamente asombrado por lo que veía. Betty me dijo que me sentara en el asiento del retrete para que terminaramos con lo que habíamos comenzado arriba. ¡Que maravilla de chica! Ella si que sabía satisfacer a un hombre. inmediatamente me bajé los pantalones y los calzoncillos y me senté, la imagen de mi novia con esa manguera en el culo me había puesto la polla tiesa nuevamente. Betty me la empezó a chupar, mientras el agua bajaba y se metía en su culo, y eso a mi me exitaba muchísimo. En pocos minutos llené su boca de semen, mucho mas de lo que descargaba habitualmente, pues la exitación era mucho mucho mayor que lo que acostumbraba. Betty lo tragó todo, como de costumbre. Entonces me miró y me preguntó

—¿Como estuvo?

—Maravilloso…

—¿Quieres que te haga otro?

—Eehh… tu madre está aqui al lado… me asusta un poco que nos descubra…

—No te hagas problema, ella no se dará cuenta de nada.

Betty se levantó, se sacó la manguera del culo, descolgó el bolso, y comenzó a llenarlo nuevamente. Su madre debió haber oído el agua y preguntó desde el living

—Betty, ¿estás bien?

—Si, mamá, estoy preparando el otro

—Bueno. Cuanto más, mejor.

Betty me miró a mi y susurró

—Claro. Mas enema, mas polla, mas leche. Cuanto mas, mejor.

Después de llenar el bolso, volvió a poner la manguera y lo colocó nuevamente colgado de la ducha. Me dió la manguera tomándolo desde el inyector y me dijo

—¿Me haces el honor?

Tome rapidamente la manguera mientras Betty volvía a inclinarse. Me puse detrás de ella y separándole las nalgas fui metiendo el inyector adentro. Luego me indicó que abriera una llavecita que había en la manguera, y el agua comenzó a bajar nuevamente.

Me volví a sentar en mi lugar, y Betty tomó nuevamente la polla. Betty sabía tratarla. Me miró y me dijo que esta vez no le acabara en la boca.
—¿Por qué?

—Quiero que me la metas en el culo. Así podré sentir tu polla adentro sin perder la virginidad.

Me la chupó hasta que el agua terminó de bajar, y la bolsa del enema estuvo completamente vacía. Cuando terminó, me dijo que se la metiera. Yo me levanté y me puse detrás de ella, y le pregunté

—¿Estás segura de que aún tienes lugar?

—Siempre tengo lugar para tu polla

Se la metí despacio, resbalaba facilmente, sin duda estaba relajada y bien lubricada. Su interior era caliente, creo que podía sentir el agua en mi polla

—¿Como se siente?— me dijo.

—Fabuloso… es fabuloso.

Betty comenzó a moverse despacio, chocando su culo contra mi polla, era maravilloso. Tocaba su vientre y podía sentirlo hinchado por el enema. Le acabé adentro, Betty estaba encantada con que mi semen estuviera en su culo. Al fin se dió vuelta y me dió un beso

—¿Te gustó?— preguntó Betty.

—Muchísimo

—Podríamos hacerlo mas a menudo… ¿no te parece?

Desde entonces nuestros encuentros “para estudiar” combinaron sexo oral, anal, y enemas.

La loca del sexo anal

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