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Mi hermana me inició / Segunda parte

Friday, January 12th, 2007

Fuimos al cuarto y encontramos las dos bolsas llenas con medio galón cada una, pero el inyector era totalmente diferente. Era mucho mas grueso que la pipa estándar que había usado para mí, y había filas de pequeños topetones en la manguera. Su se quitó su traje de baño y pude verla desnuda, cosa que no ocurría desde que yo era una niña, cuando vivíamos juntas en la casa de nuestros padres. Su cuerpo era magnífico. Sus pechos no eran grandes pero si perfectamente armoniosos con su estatura. Las únicas partes de su cuerpo sin tostar por el sol era un triangulo pequeño en cada uno de sus pechos y un pequeño triángulo en su pubis. Estaba completamente afeitada salvo un pequeño mechón de pelo pubico completamente rubio. Su le dió a Carlos un largo beso en la boca, y pude ver como jugaban con sus lenguas. Luego ella se acomodó en la cama, recostada boca abajo, con las piernas bien abiertas, y Carlos comenzó a ponerle lubricante en el ano, masajeándoselo. De a poco fué introduciéndole un dedo dentro de su culo, mientras lo masajeaba, y noté como Su se iba poniendo cada vez mas cachonda, gimiendo y retorciéndose de placer. Se le notaba que ya no podía mas, que la exitación la superaba, y le pidió a Carlos que por favor comenzara ya con el enema, pero Carlos no respondió y continuó con su juego un largo rato mas, creo que disfrutando también de que yo los estuviera observando. Finalmente insertó en su ano el inyector grande, rotándolo mientras lo introducía. Los gemidos de Su se hacían cada vez mas fuerte y otra vez le pidió que no se demorara más y comenzara con el enema. Pero Carlos deslizó un dedo dentro de la goteante vagina de mi hermana a la vez que seguía jugando con el inyector en su culo. Con eso Su perdió totalmente el control, se agarraba con fuerza de las sabanas de la cama, gemía ruidosamente y se retorcía de placer, hasta que al fin Carlos dió fin a esa tortura cariñosa y abrió la abrazadera, permitiendo que el agua caliente entrara en el recto de Su, a la vez que continuaba masturbándola. Su llegó a un intendo orgasmo y pude ver una sonrisa en sus labios, una expresión de extasis se le dibujó en el rostro. Yo en ese momento sentí que mas agua se había escurrido en mi recto y que el impulso de expeler mi enema era nuevamente intenso, pero retuve como pude, haciendo uso de todos los músculos de mi cuerpo.

A medida que se vaciaban las bolsas, Su se iba arqueando cada vez mas, en su afan de recibir el líquido. Pude ver su vagina completamente mojada por sus jugos, ella realmente estaba en la cumbre del placer. Cuando se hubieron agotado las dos bolsas de agua, ella pidió mas, pero Carlos dijo que era suficiente por el momento. Le quitó el inyector y fuimos juntas al baño, donde ambas evacuamos por turnos.

Luego volvimos al cuarto y nos recostamos desnudas sobre la cama. Hablamos un rato y durante la conversación Su volvió a ir al baño y terminó de expeler el resto de líquido de su enema. Entonces me habló sobre el aceite caliente que recibiríamos. Después de un enema y particularmente después de uno grande, los lubricantes naturales se lavan en los intestinos y el recto. El aceite de oliva es un lubricante maravilloso para sustituir a los lubricantes naturales, y es también un buen lubricante para el sexo. Pronto entró Carlos al cuarto, trayendo una extraña jeringa, de cuello largo y con una especie de bulbo de goma, y un tubo nuevo de jalea lubricante. Su se acomodó en la cama, boca arriba y con las piernas levantadas y abiertas, y luego de que Carlos lubricara la jeringa, lentamente fue introduciendola en el ano de Su, hasta que los 15 cm de la jeringa entraron por completo y el bulbo quedó apoyado contra su ano. Carlos apretó el bulbo cuidadosamente y el aceite de oliva fue entrando lentamente en los intestinos de Su. Ella se relajó mientras Carlos retiraba la jeringa y se iba del cuarto a recargarla para mí. Su me dijo que era necesario inyectar el aceite en lo profundo del recto y tan cerca de la primera curva del intestino como sea posible, para que el aceite sea absorbido correctamente. Luego Carlos volvió al cuarto y me indicó que me pusiera en la misma posición que la que había adoptado mi hermana unos momentos antes, boca arriba y con las piernas levantadas y separadas. La jeringa se deslizó en mi interior sin provocarme ninguna molestia, mientras Carlos la dirigía hacia adentro lentamente. Penetró mi recto totalmente y llegó a la base de mi intestino. Carlos me dió un momento para que me relajara y me acostumbrara a tener ese elemento dentro de mi cuerpo. Cuando le dije que ya estaba lista, él apretó el bulbo. Sentí como el aceite caliente subía por mis intestinos y eso me cortó en seco la respiración y los jadeos. No me lastimó, pero si me asustó un poco al principio.

Cuando Carlos retiró la jeringa, sentí que el aceite se filtraba hacia abajo,cubriendo los nervios mas sensibles de mi recto y sintiendo el intenso calor en mi cuerpo. Su y yo conservamos el aceite por 15 o 20 minutos antes de ir al baño. Yo me sentía bastante fatigada por las experiencias tan intensas del día, y fuí a mi cuarto y me recosté en la cama. Su se acercó a mi y me sugirió que durmiera una siesta por un rato. ella vendría a buscarme mas tarde. Aunque intenté dormir, el pensamiento y la expectativa por tener sexo por primera vez y los miedos naturales que eso conlleva me mantuvieron despierta por un rato. Sabía que Su y Carlos me habían preparado para la experiencia y que no sufriría como ella había sufrido en su primera vez, al igual que tantas otras mujeres que no habían tenido buenas iniciciones sexuales. Dejandome llevar por mis pensamientos, sin darme cuenta me quedé profundamente dormida.

Así estaba cuando Susana me depertó. Me arreglé un poco en el baño y volví a mi dormitorio donde ella me esperaba. Me preguntó si estaba asustada y yo admití que así era. Su me rodeó con sus brazos y me abrazó, diciendome que al perder la virginidad era normal que sintiera cierto dolor, y que sangraría, pero que eso era completamente normal. me dijo que ella estaría conmigo y me ayudaría a atravesar la parte mas difícil. Luego me hizo recortar en la cama, y me dijo que separara bien las piernas, tanto como pudiera. Puso una toalla debajo mío y sacó la misma jeringuilla con la que Carlos nos había inyectado el aceite de oliva. Cuidadosamente la introdujo en mi vagina, muy lentamente, y me inyectó un poco de aceite en mi interior. Luego retiró la jeringa, y el aceite drenó cayendo sobre la toalla. Ella me dijo que eso ayudaría en este acontecimiento que sería doloroso pero natural en la vida de toda mujer.

Su me puso un vestido, sin ropa interior, y ella permaneció desnuda. Me llevó de la mano hasta su cuarto, que como ya estaba atardeciendo estaba iluminado por la luz de unas velas. Allí estaba Carlos, de pié, esperándonos. Estaba vestido con un traje hermoso. Su me volvió a abrazar y me dió un beso en la mejilla. Luego me ayudó a quitarme el vestido y me guió para que me recostara en la cama. Ella se sentó en un borde, e hizo que apoyara mi cabeza sobre sus piernas, y me acariciaba suavemente la cara, siempre sonriéndome. Carlos se desvistió, pero por la posición en que estaba no podía ver su pene, que tanta curiosidad despertaba en mí. Me relajé y descansé con mi vista fija en los ojos de Su. Pronto sentí las manos de Carlos separándome las piernas…

Su me dijo que me relajara todo lo posible, y que tratara de sentirlo todo. Esta era, me decía, una experiencia única e inolvidable para toda mujer y que solo ocurriría una vez en la vida. Unos momentos mas adelante, sentía el pene de Carlos entrando en contacto con mi vagina. Carlos presionaba con él en la entrada de mi vagina, y sentí un malestar a causa de ello, pues tal vez no estaba aún lo suficientemente lista para aceptar la primera penetración. pronto el malestar se transformó en dolor cuando Carlos presionó aún mas, tratando de penetrarme mas profundo. Evidentemente su pene era muy grande, y temí que me resgara por dentro… comencé a retorcerme y a mover las caderas tratando de aliviar el dolor pero nada ayudaba. Su me dijo que tratara de relajarme, y Carlos se quedó completamente inmóbil por un momento. Las caricias de Su me hacían sentirme mejor, y pronto recuperé la calma, y unos instantes mas tarde yo misma buscaba favorecer la penetración moviendo mis caderas. Carlos entonces reanudó su labor y volvió a presionar con su pene suave pero firmemente, y yo podía sentir como su pene se iba incorporando a mi cuerpo. Note que mi respiración era agitada, estaba jadeando, mientras su pene presionaba fuertemente contra mi himen y un intenso dolor brotó hacia arriba entre mis piernas. A pesar de la preparación, que bien sabía que había sido exelente, y de la suavidad con que Carlos me trataba, el dolor era demasiado, y me sentía realmente lastimada. Su se inclinó y acercándose a mi oido me susurró que era el momento de juntar valor y empujar con dureza. Me armé de valentía y juntando todas mis fuerzas empujé para arriba al mismo tiempo que Carlos lo hacía para abajo. Una explosión repentina de intenso dolor cubrió mi cuerpo al sentir que mi himen se rasgaba, era como un cuchillo que me entraba por las piernas y la pelvis. Mis ojos se abrieron de par en par y grité con fuerzas al convertirme en mujer. Agarré a Carlos con mis brazos alrrededor de su cintura y por instinto empujé con mis caderas, y sentí como su pene atravesaba nuevamente mi himen roto.

Su me sostuvo firmemente y susurró palabras tranquilizadoras en mi oído. El dolor se desplomó y sentía el calor en mis piernas, mi anos, y entre mis nalgas. Sabía que sangraba. Carlos me clavó su pene un poco más profundo y volvió atrás levemente. Empujó otro poco y continuó así. Este movimiento de balancín apacible continuó con cada movimiento que iba más profundo en mi vagina. Cada movimiento me causaba dolor, pero el dolor nunca era tan malo como había sido al principio Con cada empuje podía sentir mis interiores el estirandose para aceptar el pene de Carlos. Finalmente, empuje yo y ambos sentimos que su pene tocaba mi matriz. Él paró por un rato y me dejó recuperar la respiración. Ahora otras sensaciones comenzaron a manar para arriba. Toleraba el dolor y comenzaba a mover las caderas un poco. Gradualmente comenzamos a frotarnos juntos. Mi entusiasmo aumentó y me olvidé del dolor, un nuevo placer intenso se apoderaba de mí. Pornto mis gemidos, mis grititos de placer se dejaron oír al llegar al orgasmo. La esperma caliente llenó mi coño joven y roció labios vaginales y sobre mis muslos. Sentía que parte de su líquido fue inyectada directamente en mi útero.

Liberé a Carlos, pues hasta entonces lo tenía firmemente sujeto por la cintura, y él retiró su pene de mi interior. De a poco fui serenandome y volviendo a un ritmo normal de respiración. Todavía sentía un dolor considerable pero eso ocupaba un rincón lejano en mi mente, comparandolo con las otras sensaciones que ahora me abrumaban. Era de hecho una mujer. Después de algunos momentos Su me ayudó a incorporárme, sentándome en la cama. Miré abajo y vi sangre en mis piernas… mi vagina tenía espasmos y con cada contracción sangraba un poquito más. Comencé a gritar pero esa herida era una mezcla del dolor y placer. Su me dio otro abrazo grande y después de un rato me ayudó a levantarme y me llevó a la tina. Cuando terminé de bañarme me puse un vestido y volví al cuarto. Carlos y Susana habían quitado las sabanas y las habían llevado al lavadero. Las velas iluminaban el cuarto, y una copa de vino me esperaba. Agradecí Su y a Carlos lo que habían hecho por mí y di cada uno un beso cariñoso. Sabía que me amaban y que cuidaron de mí. Ahora era cerca de las ocho de la tarde.

Luego estuvimos en el living, charlando y riendo, los tres abrazados, desparramados en el sofá, tomando vino y riendo, en una de las situaciones mas agradables de mi vida, por un par de horas. En un momento dado noté que se miraban, como interrogándose, y Su con un cabeceo le dijo a Carlos “sí”. Ella tomó mi mano y me llevó nuevamente a su dormitorio, seguidas por Carlos. No tenía idea de que era lo que estaban planeando. Carlos volvió a desvestirse al tiempo que Su me quitaba el vestido. Quedamos los dos frente a frente, de pié, mientra Su se quitaba la ropa. Aunque él me había quitado la virginidad, era la primera vez que veía su cuerpo totalmente desnudo, y particularmente su pene. Parecía enorme y no podía creer que el cuerpo de una mujer pudiera soportar algo así en su interior. No sabía si realmente me lo había introducido por completo, pero si estaba segura de que siendo la primera vez semejante instrumento estaba en el limite de lo que yo podría soportar. Su me hizo poner boca abajo en la cama separando las piernas. Luego me masajeó el área rectal completamente, con una loción para el cuerpo, metiendome a menudo un dedo en mi ano para poner parte de la loción en mi interior. Era obvio lo que iba a suceder y me asusté ante la idea de que el pene de Carlos entrara en mi ano y se introdujera en mi recto. Le dije a Su que estaba asustada pero ella me aseguró que sería soportable. Hicieron que me apoyara sobre las rodillas con las piernas separadas y bajo mi vientre pusieron una almohadilla. Su puso sus manos en mis hombros, y sentí que Carlos se subía a la cama y se colocaba entre mis piernas. Su me dijo que me relajara y que tratara de no tensarme, y luego puso sus manos en mi culo y separó las nalgas de par en par. intenté imaginarme que lo que iba a suceder era comparable a recibir un enema con un inyector muy grande. Momentos antes, cuando Su me penetraba con su dedo, me había gustado mucho, pero el pene de Carlos realmente me asustaba.

En el primer contacto con el pene de Carlos mi ano permanecía cerrado firmemente. Carlos aplicó una constante, pero no dolorosa, presión. Pedacito por pedacito mis músculos del esfinter se relajaron y el pene de Carlos, que él había lubricado cuidadosamente, finalmente se deslizó por mi ano y mi recto. La sensación no era como nada que podría imaginarme y sigue siendo imposible describirla muy bien. Comencé a lamentarme mientras que sentía su polla pasar a través de mí. Experimenté repentinamente contracciones fuertes mientras que comencé a tener espasmos. Carlos paró inmediatamente cuando grité y esperamos hasta que las contracciones pararon. Entonces él presionó lentamente más lejos en mi recto con un movimiento de balancín. Con cada movimiento delantero la penetración era más profunda. Comencé a experimentar una sensación de plenitud y una necesidad de evacuar, mientras que mi cuerpo llegó a estar más acostumbrado a su presencia, tanto así que la sensación disminuyó y fue substituida por el mismo estímulo sexual que sentía con los enemas, solamente que esta vez era mucho más intenso. Aunque había un poco de dolor comencé a moverme y a empujar contra Carlos, que me sostenía firmemente por mis caderas. Un momento mas tarde sentí un calor repentino en mi recto y escuché los gemidos de Carlos eyaculando. Él sabía que lo sentía porque yo gemía al mismo tiempo que él. Grité mientras sentía el resto de su eyaculación que era inyectada profundamente en mi intestino más bajo. Cuando Carlos se retiró me caí adelante en la cama incapaz moverme y jadeando agitada. Era mi primer enema seminal y deseé sostenerlo por siempre. Después de una ducha rápida juntamos todo en el cuarto y volvimos al living a charlar y tomar un poco mas de vino. Sentía dolor y fatiga en todo el cuerpo, especialmente en mi ano y en la vagina, pero creo que fue no solo el dia mas intenso de mi vida, sino tambien el mas placentero, donde descubrí un mundo nuevo, un mundo que ya no abandonaré jamás.

La loca del sexo anal

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Los enemas de José

Friday, January 12th, 2007

He recibido enemas desde niño, pues mi madre era adicta a ellas asi que cualquier enfermedad que yo tuviera recibia una. Así para mi también se transformo en una practica placentera primero y luego en algo indispensable.Ya adolescente, aprovechaba cualquier momento en soledad para aplicarme una, teniendo unos orgasmos espectaculares.
Luego la practica la fui distanciando a la par que salía con chicas, pero nunca la perdí. Me casé pero seguía practicando en soledad el uso de la cánula en mi culo entregado a ella.
Pero lo mejor me sucedió cuando leyendo avisos en el periódico encontré uno que ofrecía hacer enemas.Y era lo que yo quería. Entregarme a alguien para que me llenara mis intestinos de agua mientras yo permanecía sumiso. Asi conocí a José, quien vino con un bolso con las cánulas, recipientes, tubos y unos enormes consoladores. Me colocó sobre su regazo con mi culo hacia él y luego de lubricarlo y masajearlo me introdujo la cánula con movimientos tales que estimulaban mi próstata haciéndome sentir en el paraíso. Luego largó el agua y el placer fue total. Me entregué totalmente y fueron tres litros los que acepté. Fui al baño a despedirlos y a la vuelta me estaba esperando con una segunda enema que me excitó aun más. Me coloqué boca abajo y abrí las piernas levantando mi culo para entregárselo solicitamente mientras él lo lubricaba y metía dos dedos adentro. Por fin la tan ansiada cánula y el flujo del agua tibia que me hizo vibrar.
Sosteniendo la jarra con una mano se colocó delante mío para que yo le chupara la verga, cosa que hice con el mayor placer. Cuando la jarra se vació me sacó la cánula y dando una vuelta me penetró sintiendo el enorme placer de estar repleto de verga y agua. En otra ocasión nos desnudamos los dos en el baño y ambos de pie nos acaricianos totalmente, luego él se puso detrás mío mientras me acariciaba el culo colocándome la cánula de un enema que colgaba preparada, y abrió el grifo quedándose pegado a mis espaldas, acariciándome el pecho, las piernas y mi verga. Al sentir el agua y su verga frontándose sobre mi culo, sin dejar de recibir la enema ya que el tubo era largo, me agaché y al placer del agua en mi intestino agruegué el de chuparle su verga en forma sumisa hasta que su leche brotó y me la tragué toda.

Como no somos del mismo lugar lo veo en forma esporádica. El también es casado. Me calienta mucho pensar en los momentos que pasamos y mientras espero repetirlos aprovecho los momentos de soledad para someterme a los enemas que son mi máximo placer.

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La clí­nica del placer

Friday, January 12th, 2007

Mi esposa Julia y yo somos doctores en una clínica de Madrid, desde que nos graduamos, hace ya mas de un año. Es un empleo muy bueno, podemos trabajar juntos en la profesión que ambos elegimos, y nos vemos todo el día. Además nos permite ahorrar dinero en transporte, ya que viajamos juntos al trabajo. Nuestra meta es, algún día, poder conseguir un préstamo que nos permita abrir nuestro propio consultorio.

Los dos trabajamos en el turno diurno, pero hace una semana hubo un cambio pues uno de nuestros compañeros de trabajo debió partir a una convención medica en el extranjero y a Julia le tocó suplirlo, con un cambio de horarios tal que cuando yo llegaba al trabajo mi esposa estaba volviendo a casa. “Va a ser un día largo y aburrido”, pensé yo a las 7:30 hs., cuando entré a trabajar luego de despedirme de Julia en el estacionamiento. La pasamos muy bien trabajando juntos, nos consultamos sobre los casos que cada uno atiende, además de profesionales y esposos, somos amigos y nos llevamos muy bien.

Fue un día de mucho trabajo hasta eso de las 14:30 hs. Habíamos tenido un constante flujo de pacientes, pero al fin, a esa hora, solo quedaban algunos esperando. Salí un momento a ver a Carmen, la recepcionista, a ver que casos estaban esperando. Ella estaba charlando con una joven madre, que llevaba a su pequeño niño con fiebre y moqueos. Exploré la sala de espera, intentando ver algún caso que despertara mi interés, pero solo había madres con sus niñitos moqueando, hasta que mi mirada se encontró con una joven, que ya estaría terminando la adolescencia, o a lo sumo tendría 20 años recién cumplidos. Me llamó la atención porque cuando la miré, ella descruzó y volvió a cruzar sus piernas, permitiéndome ver, por un microsegundo, sus bragas. No lo hizo adrede, estoy seguro de que no alcanzó a percatarse de mi presencia allí, ella solo leía un folleto medico de prevenciones, aguardando ser atendida. Era extremadamente atractiva, con su pelo castaño largo y su cuerpo bronceado. Sus pechos eran pequeños pero atractivos, y usaba un corto vestido de verano con correas finas que cruzaban sus hombros, y claro, no usaba sostén.

“¿Para que estará esta chica aquí?”, me preguntaba, cuando ella volvió a cruzar las piernas, permitiéndome una nueva y mejor visión de sus bragas blancas. Era obvio que lo hacía completamente inconsciente de que yo estaba parado delante suyo, mirándola. “Buena cosa que Julia no esté aquí”, pensé yo.

Volví a entrar en mi consultorio para examinar al próximo paciente, pero no podía quitarme de la cabeza a esa muchacha que tan inocentemente me permitió espiar sus bragas, y fantaseaba con que fuera ella la próxima en atenderse. No fue así, y mi siguiente paciente fue una niñita moqueando, aunque al menos su madre no usaba sostén, y como se inclinó varias veces para juntar la ropa de su hija, me regaló exelentes vistas de su escote en repetidas ocasiones.

Seguí atendiendo otros pacientes, y preguntándome cuando le tocaría el turno a esa chica de corto vestido, pero lamentablemente eso no ocurría y yo ya podía adivinar que seria otro doctor el que la estaba examinando. Cuando volví a asomarme a la sala de espera, me encontré con que ella ya no estaba allí. Había tres doctores mas trabajando esa tarde., probablemente le tocó a la Dr. Fuentes, nuestra lesbiana residente. “Maldita”, pensaba yo.

Miré mi reloj, eran las 16:45 hs. Quince minutos mas y yo estaría fuera de allí, marchándome a mi casa con la esperanza de encontrar un a Julia despierta. Estaba a punto de inventarme un poco de papeleo en el segundo piso para no tener que atender a otro paciente mas, cuando Carmen me alcanza y me dice

— Dr. Reyes, por favor, ¿no podría usted atender a un paciente mas? Tengo una cita importante hoy y no quisiera quedarme horas extras. Solo queda un paciente mas, esperando en el consultorio 2.
—De acuerdo, Carmen. No quiero que te quedes sin novio a causa de tu trabajo.
—Muchas gracias, doctor— me respondió, con una pícara sonrisa.

Me dirigí al consultorio 2, que no es el que uso yo normalmente, y golpee a la puerta. Al no encontrar rápida respuesta, entré. Allí estaba, sentada en un extremo de la camilla, la joven de las bragas blancas. Mi mente luchaba por no mirarle las piernas, no buscar sus bragas blancas, y hablarle mirándola a los ojos

—Hola, soy el doctor Reyes. ¿Qué puedo hacer por usted?
—Bueno, no mucho en realidad. Estoy bien de salud, solo que conseguí un nuevo trabajo y requieren que lleve esta forma probándolo, firmada por un medico. Simplemente necesito su firma y no lo molestaré mas, si le parece bien.
—No es posible— le dije. Que bueno era que Julia no estuviera allí ese día. Esta era la ocasión con la que tanto soñaba en las largas noches de estudiante, cuando preparaba los exámenes y pasaba horas y horas leyendo complejos libros de medicina.— En esta clínica— proseguí — tenemos una reputación que proteger. Déjeme ver esa forma.

Ya tenía sus datos completos, se llamaba Florencia. El resto era una forma muy genérica, no había un examen predeterminado que debería hacerle, tenía espacios en blanco para completar con los resultados de cada parte del cuerpo, por lo que yo podría elegir como examinarla.

—Deberá desvestirse— le dije, tratando de que mi voz sonara lo mas profesional posible — y puede ponerse esto, que cierra por detrás— al tiempo que le entregaba un vestido médico blanco. — Puede quedarse con las bragas puestas.

“Por ahora”, pensaba yo.

Salí un momento del cuarto, para darle privacidad mientras se cambiaba, y fui a buscar un termómetro rectal. Ya no los usamos mas, pero sabía que debía haber uno en alguna parte. Me encontré con Carmen en el pasillo.

—¿Puedo ayudarlo en algo, doctor?
—Si Carmen, consígueme un termómetro rectal y un tubo de jalea KY y llévamelo al consultorio nº 2, por favor.

Me miró entre sorprendida y divertida. “Que diablo es usted” parecía decirme con la mirada. Ella sabía bien quien estaba en el consultorio nº 2 y sabía también que mi esposa había hecho el turno de la noche y que en ese momento estaba en casa durmiendo.

—Se los llevaré enseguida, doctor— dijo ella, tratando también de sonar profesional, pero dejando notar cierta exitación por lo que iba a suceder.

Volví al cuarto, justo a tiempo para alcanzar a ver a Florencia acomodándose el vestido sobre sus bragas blancas. Se dió vuelta, desconcertada por mi regreso antes de que ella hubiera tenido tiempo para terminar de cambiarse. Se quedó allí parada, al lado de la camilla, sin saber que hacer.

Rápidamente le tome los primeros datos, altura, peso, y otras cosas, explicándole que normalmente esas cosas las hacía alguna de las enfermeras pero como ya era tarde no había quedado ninguna. Entonces escuchamos unos golpes en la puerta, supuse que sería Carmen y le dije que pasara. Carmen entró trayendo el termómetro rectal y la jalea de KY, dejándolos sobre mi escritorio, y se retiró. Cuando Florencia vio lo que era ruborizó. Antes de que ella pudiera decir una palabra, yo me adelanté

—Súbase en la camilla y apóyese sobre su costado izquierdo.
—¡Dios mío!_ protestó ¿¿¿No va a tomarme la temperatura rectal, verdad???
—Si, eso es exactamente lo que pide su patrón,— mentí yo — tomará solo 5 minutos, recuéstese sobre la camilla sobre su lado izquierdo.
—Pero doctor… yo no soy una niñita… debería haber otra mujer aquí.
—Bueno, no quedan médicas a esta hora, pero puedo conseguir que nuestra recepcionista esté presente.— Fui hasta la puerta y en voz alta dije — Carmen, por favor, ¿podría venir un minuto?

Carmen estaba cerrando los gabinetes y preparándose para irse, entró al cuarto y vio a Florencia con su bonita cara mirándola expectante.

— Carmen, la señorita Florencia quisiera que hubiera otra mujer aquí mientras yo tomo su temperatura rectal. ¿podría asistirnos unos minutos?
—Claro que si_ dijo ella, no sabiendo exactamente que era lo que iba a hacer.

Florencia se subió a la camilla, apoyándose sobre su lado izquierdo, y dejando ver su espalda y sus bragas blancas, ya que el vestido medico cierra por detrás y permite acceso fácil al paciente.

—Carmen, por favor, bájele las bragas lo suficiente para que yo pueda colocarle el termómetro en el ano.

Carmen estaba nerviosa, puede notarlo en su mirada cuando con las dos manos bajó las bragas de Florencia, dejando su culo desnudo ante nosotros. Me puse un par de guantes de látex y lubriqué mi dedo medio con la jalea de KY. Separé un poco las nalgas de Florencia, descubriendo su rosado ano, y con mi dedo comencé a lubricarlo. Lo hice tan lenta y sensualmente como podía. Noté que Florencia lo estaba disfrutando, algo desconcertada, y Carmen estaba desconcertada también, disfrutando también ella con lo que estaba viendo. Dejé que mi dedo resbalara en el recto de Florencia y podía sentir como ella lo apretaba cada vez que lo hacía. Esto era realmente divertido.

Inserté suavemente el termómetro en su ano, y Florencia se quejó un poco. “Relájate” le dije, “esto tomará solamente algunos minutos”. Sostuve el termómetro con mi mano durante los siguientes 5 minutos completos, con su culo expuesto, y gocé con esta hermosa joven que estaba bajo mi cuidado. Cuando pasaron los cinco minutos, saqué el termómetro y se lo entregué a Carmen. “Registra la temperatura” le ordené.

Una vez que ella había limpiado el termómetro y la temperatura había quedado registrada en la forma, le dije “Carmen, prepara un enema para la señorita Florencia”.

—¡¡¡¿¿¿PARA QUE???!!!— chilló ella inmediatamente.

“Su empresa exije una revisación pélvica y rectal completa. Necesitaremos hacer una limpieza antes de que pueda hacer el examen rectal” le dije, intentando ocultar mi entusiasmo. “Carmen, utilicemos uno de esos enemas disponibles, cualquiera.” Ella me miró desconcertada, mientras yo continuaba “Vamos a utilizar un cuarto de galón de agua caliente con un poco aceite mineral en un bolso regular del enema, ¿ok?”

—Si, doctor.

Carmen me indicó que ella deseara hablar con mí fuera del cuarto del examen. Caminé hacia el pasillo con ella, dejando a Florencia en la camilla.

—¡Doctor,— dijo Carmen —nunca he preparado un enema en mi vida! ¿Qué quiere que haga?
—Déjeme demostrarle,— me ofrecí. —es la cosa más fácil del mundo, y usted debe saberlo hacer para poder asistirme en el futuro.”

La mandé a conseguir el bolso para el enema y nos encontraríamos en la oficina de enfermeras. Cuando llegó, le mostré cómo mezclar la solución, llenar el bolso, y comprobar el flujo del inyector. Hecho esto, le di el bolso del enema para que lo llevara al consultorio nº 2 y lo colgara en el marco del metal que era parte de la tabla de examen. Le dije que estuviera allí en un minuto.

Esperé hasta que ella vuelva a entrar el cuarto del examen y tuviera tiempo para colgar el bolso del enema en su lugar. Intenté oír por casualidad cualquier conversación entre las dos mujeres. “¡no puedo creer que esté sucediendo esto!” Oí a Florencia murmurar. Entré en el cuarto y dije a Florencia, “Florencia, si usted se sentiría más cómoda, Carmen administrará su enema.” Carmen me miraba como diciendo “¿está usted loco?”.

“Bien, sí, yo prefiero que sea así” dijo Florencia balbuceado. Ella parecía totalmente desamparada en ese momento. Carmen me miraba. Parecía a punto de gritarme algo. “Póngase ahora un par de guantes y yo le explicaré cómo administrar un enema. Es parte de su entrenamiento profesional.”

Carmen refunfuñaba mientras que intentaba ponerse los guantes apretados de látex y tuve que esperar un minuto o dos para que ellas consiguiera ponerse ambos guantes correctamente.

“OK, ahora ven de este lado de la camilla” mandé. Cuando se colocó correctamente detrás de Carmen, yo estaba parado discretamente detrás de camilla para dar a Florencia una cierta sensación de aislamiento, pero de hecho, tenía una vista perfecta del procedimiento entero.

—Bien,— le dije —lubrique su dedo con un poco de jalea de KY y después lubrique el inyector del enema—. Carmen siguió nerviosa mis instrucciones.
“Ahora lubrique el ano de la paciente, así le causará ningún malestar cuando le inserte el inyector.” La mano de Carmen tembló mientras le separó suavemente las nalgas a Florencia y aplicó suavemente un poco de jalea de KY al fondo del ya bien lubricado culo de Florencia. Ella todavía estaba bien lubricada de cuando yo tomé su temperatura rectal.

“Inserte ahora lentamente el inyector.” Carmen siguió mis instrucciones. Florencia gemía de dolor cundo el inyector fue introduciéndose siempre suavemente en su longitud completa.

“Déjelo ahora justo allí por un minuto para permitir que su paciente se sienta cómoda con el inyector en su recto antes de que comience el flujo del líquido.” Después de un minuto o así pues, le dije Carmen que abriera la abrazadera para que comenzara a bajar el flujo del agua al culo de Florencia. Ella gimió cuando que el agua comenzó a bajar.

—Florencia— le dije —¿Le han aplicado antes un enema?
—Si,— respondió —cuando era pequeña, mis padres nos lo aplicaron, a mi y a mi hermana. Pero no he recibido ninguno desde que tengo catorce años, y solo era con mis padres presentes.

Carmen sostuvo el inyector en lugar hasta que el bolso del enema vació su contenido en el recto de Florencia. “Ok” dije, “ahora puedes quitar lentamente el inyector, pero aplica una poca presión a las nalgas de la paciente para ayudar a su retención el enema.

“¿Cuánto tiempo tengo que sostener esto?” suplicó Florencia. “Tengo calambres terribles.”Tomé la forma que Florencia había traído y le dije a Carmen que la acompañara al baño de damas.

Cuando Carmen volvió, la mandé a buscar el bolso del enema, cambiar el inyector, y rellenarlo. Ella me miraba, no entendiendo lo que planeaba hacer.

—¿Acaso piensa darle otro enema?— preguntó.

“No, Carmen” respondí. “Voy a darte a ti un enema. Si vas a ser la ayudante de enemas en esta clínica, tendrás que saber lo que está experimentando el paciente. ¿Cuando fue la última vez que recibiste un enema?”

—Eh… es… cuando… cuando era joven… en la secundaria. Una enfermera me aplicó uno…
—No hay problemas. Deseo darle uno hoy antes de que usted se vaya. Vaya a preparar su enema y espéreme en el consultorio nº 4. Mientras tanto acabaré con la señorita Florencia.

Carmen no sabía qué decir. Ella me miraba y podría decir que una parte de ella estaba asustada y desconcertada, pero otra parte de ella estaba expectante a ver que estaba a punto de hacerle.

Cuando Florencia volvió del cuarto de baño, continué con un examen pélvico y anal muy cuidadoso y examiné también sus pechos. Cuando terminé, le dije que podía vestirse. Permanecí en el cuarto y fingí completar las formas mientras que ella sacó el vestido blanco del hospital y puso su vestido sobre las bragas blancas. Cuando terminó, le dije que todo parecía estar bien y que podría volver a atenderse conmigo si tenía cualquier problema médico en el futuro. Nos despedimos, y la acompañé hasta el pasillo, que estaba vacío, y ella salió rumbo al estacionamiento. Miré como sus caderas se movían debajo de su vestido mientras ella caminaba a su coche.

Fui entonces al consultorio nº 4 donde encontré a Carmen sentada sobre la camilla con el bolso del enema en lugar. “Buena chica” pensé yo.

—Bueno, Carmen, ¿quieres ponerte un vestido del hospital?
—La verdad es que no
—Bueno,— le dije —ve quitandote la falda y las bragas, entonces.

Ella lo hizo y repetí el procedimiento del enema con Carmen, lubricándola otra vez como lo hice antes con Florencia. Después de que insertara el inyector del enema en el fondo de su recto y fluía el agua, comencé suavemente a frotar entre sus muslos. Su coño era caliente y estaba mojado. Ella gimió de placer mientras que el enema la llenaba y yo le daba masajes a su clítoris hinchado. Apenas antes de que el enema acabara, ella alcanzó un clímax volcánico y se estremeció de la cabeza al dedo del pie. Quité el inyector rápidamente así ella podría llegar al cuarto de baño a tiempo. Mientras que ella expelía el enema, limpié el equipo y me preparé para cerrar la oficina.

Después de que algunos minutos ella volvió cuarto a recuperar sus bragas y falda. La miré mientras se vestía. “¿Haz gozado con eso?” Pregunté, ya sabiendo la respuesta. Ella me miró y sonrió. “Sí, Doctor. Pero puedo necesitar una demostración del procedimiento otra vez.”

“Encantado” le dije sonriendo. “Ahora sal de aquí o llegarás tarde a tu cita” Ella miró su reloj, viendo con sorpresa la hora. Eran las18:10 hs.

—Nos vemos el lunes— dijo saliendo.
Cuando llegué a mi casa, Julia me saludó en el pórtico en una camisa larga y nada debajo excepto sus bragas.
—Hola— le dije —¿Como estuvo tu día?
—Normal, ¿y el tuyo?
—También… ¿Oye… que te parece si te pones un vestido y vamos a cenar afuera?
—Mmmhhhh… no, prefiero cenar algo liviano en casa… estoy un poco dura de vientre…

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Los placeres del enema

Friday, January 12th, 2007

Desde la edad de nueve años, ahora soy viudo y tengo treinta y siete, soy de la opinión que una lavativa es una experiencia agradable. Cuando era un colegial pasé una semana en un hospital tras sufrir una operación, en el transcurso de aquella semana se me aplicaron varias lavativas, aunque me sentí turbado y humillado gocé de aquellas experiencias de una manera que ahora me resulta imposible recordar.

La impresión fue tan duradera que nunca la he podido olvidar, y desde entonces he intentado volver a vivirla muchas veces. Entre los nueve y los diecinueve años solía recordar todos los detalles que constituían las esencias de mis imaginaciones en el momento que me masturbaba. La simple contemplación de una ” pera ” lavativa en una farmacia bastaba para excitarme.

Me compré un equipo completo cuando iba a la universidad pero la autoaplicación no resultaba demasiado satisfactoria, tenía una amiga enfermera que fue la primera persona a quién confié mi secreto, cuando ella se ofreció para repetirme el tratamiento , yo acepté de buen grado, la experiencia me resultó altamente satisfactoria. Después de varios encuentros, me propuso que cambiáramos el papel y yo me convertí en enfermero, lo encontré tan agradable que empecé a preguntarme que me estaba pasando.

Llegué a pensar que podía ser homosexual, pero nada más lejos de la realidad. Una noche asistí a una fiesta en la que se vivió una intensa actividad sexual. Me encontré en un dormitorio con una compañera que me colocó encima de sus rodillas, me bajó los pantalones y me propinó unas delicadas palmadas en las nalgas que me resultaron muy agradables, después se hizo más osada, me separó las nalgas y me introdujo en el ano un dedo untado con vaselina. No pude ocultar mi intenso placer, y al preguntar ella si me gustaba, yo le confesé que sí, porque me parecía que me estuvieran aplicando una lavativa.

Me acosó a preguntas y consiguió arrancarme mi primera confesión, yo pensaba que era homosexual, para mi alegría se mostró sumamente compresiva al ofrecerse para administrarme el tratamiento completo tal como yo se lo había descrito.

Esperé ansiosamente la llegada de la tarde siguiente en la que iba a visitarle en su apartamento, la espera casi me resultó insoportable. Después de una media hora tendido en sus rodillas, pasamos al dormitorio, donde elle me administró una abundante lavativa cálida y jabonosa, tal como había hecho la enfermera cuando yo era niño, la única diferencia consistió en el hecho de que mientras me administraba la lavativa ella me masturbó, la sensación fue indescriptible, inmediatamente experimenté un orgasmo. Seguidamente nos entregamos a la follada. Antes de marcharme, me administró una segunda lavativa que se me antojó más excitante que la primera.

En la actualidad seguimos viéndonos para seguir disfrutando de nuestras fantasías y terminar disfrutando tanto de las lavativas como de la follada.

Francisco

maciasf [arroba] menta.net

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Aquel extraño

Friday, January 12th, 2007

Convivo desde hace algún tiempo, en el mismo departamento con dos amigos llamados Matías y Román. Queda en la zona de facultades de mi ciudad por lo que nos conviene a los tres ya que compartimos alquiler y comidas. Esa noche, los chicos me habían dicho que no vendrían hasta muy tarde porque tenían una cena y luego irían a bailar.

Mi cuerpo es muy atractivo según me dicen, con senos no muy desarrollados, una fina cintura y un culete muy apetecible que hace suspirar a varios. Soy rubia y mis labios carnosos y muy sensuales son motivo frecuente de piropos y groserías.

Esa noche estaba sentada en la mesa de la cocina estudiando, pero notaba que no podía concentrarme porque estaba muy tensa; por eso decidí dejar para el día siguiente mi tarea. Me di una reconfortante ducha y ya lista, decidí tomar un calmante para poder descansar. Cuando sentí mis párpados pesados por el sueño, me dirigí a mi dormitorio, entrecerré apenas como todas las noches la puerta, me tendí en la cama boca abajo, estirando placenteramente mi cuerpo, aflojando completamente mis piernas y brazos, apenas tapada con la toalla que aún tenía anudada como un vestido en mi pecho… Lentamente mi cuerpo comenzó a relajarse, hasta que el sueño me venció por completo.

No sé cuanto tiempo pasé en ese hermoso estado de inconsciencia y flaccidez, cuando de repente sentí que alguien muy pesado se sentaba sobre mi cuerpo, quitándome la respiración, me sujetaba ambos brazos llevándolos violentamente a mi espalda y con gran rapidez, pasaba una cuerda alrededor de mis muñecas y las dejaba absolutamente inmovilizadas…

Abrí la boca para respirar una bocanada de aire que aliviara mi ahogo, pero lo único que conseguí fue permitir que mi agresor introdujera muy fácilmente un pañuelo dentro de mi boca, impidiéndome así que pudiera gritar pidiendo auxilio…

Comencé a patear la cama utilizando lo único que tenía libre: mis piernas, pero me sujetó los tobillos y los ató con otra cuerda, liberándome de su peso cuando se cercioró que ya no podría escapar…

Intenté ver quien era mi agresor, pero la oscuridad y mi pelo me lo impidieron, hasta que un nuevo pañuelo me tapó los ojos…

Comencé a tirar de mis brazos intentando soltarme de las ligaduras de mis muñecas, pero estaban muy fuertes y me lastimaban, intenté liberar mis tobillos pero también me resultó imposible, al tiempo que perdía fuerzas…

Al rato, sentí que me separaban los glúteos e intentaban introducirme algo fino y blando en el ano. Cerré inmediatamente las nalgas con fuerza, pero entonces, sentí un violento golpe de un cinto sobre mi culo…. y luego otro y otro…..y perdí la cuenta de la cantidad de azotes que me había dado hasta que llorando me aflojé…..

Ahora las manos me abrieron las nalgas y comenzaron a meter lentamente una especie de sonda dentro de mi vientre, y se introdujo tan profundamente que la punta tocó mi plexo y mi cuerpo comenzó a temblar como una hoja…..

Mi mente estaba a mil. No podía creer lo que me estaba pasando y me sentía totalmente a merced de un loco o algo así….

Quien me había atacado e inmovilizado lo tenía todo preparado para meterme una enema. Por mas fuerza que hice para sacarme la sonda, me fue imposible lograrlo, hasta que, desesperada, me quedé esperando que pasara lo que seguramente esa bestia me haría….

Estuve bastante tiempo con esa sonda enterrada en mi culo, hasta que comencé a sentir muy dentro de mis intestinos que un líquido ingresaba lentamente, produciéndome un terrible ardor….

Intenté girar mi cuerpo, pero un latigazo en las nalgas me llamó de nuevo a la reflexión, obligándome a permanecer inmóvil. El ardor aún continuaba, pero parecía ceder en intensidad paulatinamente… hasta que noté que estaba muy mareada y todo me daba vueltas.

Intenté arrodillarme para incorporar mi cuerpo, pero la posición de mis brazos en la espalda y mis tobillos juntos no hizo mas que facilitar que el líquido que tenía dentro se metiera mas profundamente todavía…..y mis sentidos comenzaron a fallarme. Caí pesadamente de costado en la cama totalmente borracha…

Entonces el agresor me destapó la boca permitiendo que las bocanadas de aire ingresaran a mis pulmones y me soltó los tobillos, separándome las piernas…. Aproximó sus labios a mi oído y susurró que me iba a aplicar un enema de cuatro litros… y que sólo faltaban tres, porque ya me había metido un litro de vino puro…

Yo sentía como preparaba la posición de mi cuerpo sin poder hacer nada para impedirlo, aún sabiendo que cuando todo estuviese como él quería, comenzaría a meterme el enema completa.Colocó una almohada bajo mi vientre y manteniendo mis piernas separadas dejó que la enema ingresara lentamente a mis entrañas. En el estado de semi-inconsciencia en que me hallaba, muy poco pude hacer para defenderme, y quedé quieta hasta que me dijo que me relajara porque estaba por vaciarse el recipiente y no quería que desaprovechara ni una gota….

Cuando sentí la puntada en mi espalda, lancé un grito y me puse a llorar, y eso le indicó que mi resistencia había acabado y junto con el sordo ruido de las burbujas que ingresaban en mi culo, grite… grité… grité… mientras quedaba totalmente dilatada…

Lentamente me fue sacando la sonda, y con delicadeza pero sin quitarme la venda ni desatarme, me llevó al baño y me sentó en el inodoro….

Luego de vaciar mis intestinos me llevó alzada a la cama y me dejó con las piernas muy abiertas, lista para sodomizarme…

Cuando desperté a media mañana… ya no estaba atada, pero persistía en mi abdomen un fuerte dolor.

Nota: este relato no es mío, pero he considerado por su extrema perversión que merecía figurar en esta página. Me parece fascinante, aunque quizás falto de una pincelada subjetivista, la descripción de todo el proceso. Es maravilloso el contraste entre la indefensión completa de la protagonista y la frialdad y precisión escénica del sádico asaltante.

aliciaya@hotmail.com

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Una noche al rojo vivo

Friday, January 12th, 2007

Yo me imagino que estamos sentados uno frente al otro hablando amigablemente, envueltos en una leve penumbra, aunque podemos vernos perfectamente, acompañados por una suave música que nos envuelve y acompaña. Tú llevas unos zapatos negros, de tacón alto y fino, medias negras transparentes, una minifalda ajustada del mismo color, que marca toda tu bonita figura, una blusa blanca con botones, con alguno ya desabrochado, dejando entrever unos preciosos senos enfundados en un sujetador también blanco.

Mantienes las piernas cruzadas, como en la película de Sharon Stone “Instinto básico”, dejando al descubierto toda la pierna, pero sin mostrar nada en definitiva. En un momento dado, empiezas a desabrocharte muy lentamente algunos de los botones de la camisa, por lo que el sujetador comienza a verse mas claramente, y poco a poco, con mucho estilo, entreabres tus piernas, dejando entrever las braguitas blancas que destacan mucho frente a las medias y a la minifalda de color negro.

Yo que hasta ese momento realizaba miradas esporádicas a tus piernas, comienzo a no apartar los ojos de la evolución que se está realizando en torno a tu cuerpo, y es en ese momento cuando tu me indicas que vamos a realizar un juego en el que yo solo miraría pasase lo que pasase, que no te podía ni tocar, ni hablar, y ni tan siquiera masturbarme, solamente mirar y estar totalmente quieto, como petrificado, que tu harías el resto, que me calentarías hasta ponerme al rojo vivo, sería como un juego de seducción.

Acepto, y noto como poco a poco mi pene comienza a dar señales de una excitación creciente, pero según el pacto, no puedo ni tocarlo.
Tu terminas de abrir las piernas, dejando al descubierto un pasadizo precioso, terminado en un triángulo blanco que son tus braguitas, la falda está bastante subida, terminas de desabrocharte la camisa y empiezas a tocarte con la mano derecha los pechos por encima del sujetador, en el cual ya están señalados los botones que han marcado los pezones endurecidos, y con la mano izquierda, comienzas a acariciarte tu sexo por encima de las braguitas.
Yo cada vez estoy mas excitado, y solamente se escucha en el ambiente tus jadeos, y esa música dulce e insinuante que envuelve el ambiente enfundado en una semipenumbra.

Con gran habilidad te sacas el pecho izquierdo del sujetador, te humedeces el dedo índice de la mano derecha, y comienzas a pasártelo por el pezón, que como acto reflejo, se te pone erecto. Te lo aprietas ligeramente, lo pellizcas con cara de pícara viciosilla, te pasas la mano entera por tu seno, y mientras con la izquierda, te has apartado un poco hacia un lado las braguitas y vas metiéndote el dedo muy suavemente en la vagina, entrando y saliendo sinuosamente. Acto que acompañas con jadeos acompasados.

Ante ese espectáculo, ya estoy totalmente erecto, el pantalón aprieta mi pene, y mis testículos parece que vayan a estallar, me gustaría tocarme, o acariciarme, pero no puedo, estoy totalmente petrificado, viendo ese agradable espectáculo, pero sin poder participar, solo ver y aguantar, pues una sola acción rompería el acuerdo, el juego, y el espectáculo.

De un cajón próximo extraes dos vibradores, uno con forma de pene, y el otro de plástico blanco y en forma de bala (el tradicional). Coges el segundo, es grueso, y con él empiezas primero a pasártelo muy suavemente por el pecho, bajando poco a poco por tu cuerpo hasta llegar a las braguitas. Te lo pasas una y otra vez por fuera mientras jadeas cada vez mas fuerte.

Terminas por quitarte la camisa y el sujetador, que es de apertura frontal, mientras imprimes a tu rostro una mirada lasciva e insinuante, dejando al descubierto dos preciosos pechos tersos y turgentes, muy bien formados, que invitan a ser acariciados y besados pero cosa que no es posible por lo convenido.

Por fin, con la mano izquierda, retiras hacia un lado la braguita, y con mucha lentitud, comienzas poco a poco a introducirte el vibrador en la vagina, arrancando de tu garganta unos quejidos de placer.
La introducción primero es lenta, aumentando el ritmo, y dándole al regulador de la velocidad para que ésta aumente.

Optas por quitarte al fin, y con movimientos muy estudiados y provocativos, las braguitas quedándote solamente con las medias y los zapatos. Tu imagen es preciosa, tu pelo largo resbala por tus hombros, y todo tu cuerpo adquiere una imagen deslumbrante debido a la luz que entra tenuemente por una ventana. Mientras en mis pantalones aparece un enorme bulto producido por la excitación que tengo.

Sigues jugando con un vibrador en la vagina, coges el otro y te lo aplicas al clítoris, por lo que el placer aumenta ostensiblemente, haciendo que tu cuerpo se vaya convulsionando, y los jadeos sean mas continuos y prolongados. Tienes las piernas totalmente abiertas frente a mí, metiendo y sacando el vibrador de la vagina, pasándotelo por toda la zona y volviéndolo a introducir, está totalmente embadurnado de flujo vaginal fruto de la excitación reinante.
Se acerca el orgasmo, pero no deseas correrte todavía. Por lo que dejas sobre la mesa los dos vibradores totalmente humedecidos, y con mucha lentitud te levantas y te acercas donde estoy yo, totalmente excitado y sin moverme, y comienzas muy suavemente a pasarme la mano por encima del pantalón, y a acercar tu sexo a mi cuerpo. Desprendes un olor atrayente, mezcla de perfume muy femenino y del olor a tu cuerpo totalmente excitado.

Me indicas, susurrante, que no debo de correrme todavía, que te avise cuando esté próximo a ello, para evitar terminar tan rápidamente, pues es ahora cuando me ibas ha hacer disfrutar a mí. Comienzas a desabrocharme el pantalón y la correa, todo ello sin apartar tus ojos de los míos.

Ya con el Slip a la vista, introduces tu mano agarrando mi pene suavemente pero con decisión, y comienzas a besarlo, y acariciarlo. Estoy casi a punto del orgasmo, tú lo detectas y paras. Vas a la mesilla y coges el vibrador, me bajas los pantalones y con suavidad comienzas a pasármelo por el pene totalmente sonrosado y erecto, mientras que con la mano izquierda, comienzas a tocarte el clítoris y a meterte los dedos en tu sexo totalmente húmedo y excitado.

Ya estamos lo dos desnudos y me invitas a ponerme en pie, pero todavía me aguardaba una grata sorpresa, me guías hasta tu habitación, en el dormitorio había una luz producida por varias velas situadas estratégicamente por el dormitorio, y puedo ver allí que había una serie de objetos que me eran muy familiares y que su vista me hizo abrir los ojos de par en par.

Allí se encontraban dos irrigadores de depósito con sus correspondientes gomas, diversas peras unas vaginales y otras rectales, varias sondas, guantes, mas vibradores de diversos tamaños y unas cuerdas, y algún otro objeto que no pude definir en esos instantes.

Al ver ese espectáculo, tus palabras fueron breves pero contundentes: “Vamos a llenarnos y a disfrutar con estas lavativas”. Acto seguido te tumbaste en la cama, y con todo el fuego que tenía yo en mi cuerpo comienzo a besar todo tu cuerpo palmo a palmo, tu sexo, húmedo y resbaladizo, mi lengua se introducía en tu vagina como un ariete, arrancándote unos gemidos de aprobación, pasando a la zona anal y realizando la misma operación.

Con presteza, me enfundo en la mano derecha uno de los guantes de látex que había encima de la mesita, pongo sobre los dedos índice y medio crema suavizante y dilatadora y la aplico a tu ano, introduciendo poco a poco los dedos, uno detrás de otro en tu ano, mientras toco tu sexo, colocándote a cuatro patas para realizar la operación mas cómoda y relajada.

Cuando logro que los dedos entren y salgan con facilidad, cojo una de las gomas del irrigador y te introduzco la cánula con precisión hasta el fondo del ano, acto que te arranca un gemido al notar ese cuerpo largo y grueso penetrar tus entrañas, abriendo el grifito y dejando correr el agua que templada comienza a inundar tus intestinos.

La excitación se hace latente en ti, el agua penetraba y poco a poco tus gemidos aumentan, comienza a notarse el vientre abultado debido al líquido que te inundaba, y sin mediar palabra, te inserto un gran vibrador dentro de la vagina y el ronroneo que produce el motorcito del mismo se confunde con el jadeo que tu produces cada vez más acentuado.

Ya se han terminado los dos litros que contenía el depósito, retiro la cánula de tu ano, acto seguido enfundo mi pene en un preservativo, lo embadurno después con pomada lubricante, y lo acerco a tu ano humedecido y ligeramente goteante, estás deseando expulsar todo el líquido, deseas explotar, pero ahora es cuando viene mi gozo, que también es el tuyo, y consiste en penetrarte teniendo todo el líquido dentro de ti, cosa que hago con presteza acoplándose rápidamente el ano a este nuevo cuerpo extraño que es mi pene.

Poco a poco va entrando y saliendo hasta que penetra en toda su longitud y se pierde dentro de tu ano, se acerca el clímax para los dos, pues al mover mi pene, muevo el líquido que llevas dentro produciendo una sensación de placer incontrolable.

Como estoy detrás de ti, me inclino ligeramente hacia ti, y cojo tus pechos con fuerza, mientras te penetro con pasión, notando que se acerca el orgasmo, la eyaculación , la explosión de mi semen, y tus jadeos y convulsiones llegan al límite, ambos estamos sudorosos, y el momento llega entre convulsiones, y gritos de placer llegamos al orgasmo, llegando incluso a escaparse algunas gotas de agua producidas por la entrada y salida de mi pene en tu cuerpo.

Quedamos los dos extenuados, pero satisfechos, retiro rápidamente mi pene de tu ano, y tu al instantes te diriges al baño para expulsar toda el agua contenida en tu intestino, acto que te produce gran placer al ir expulsándola y vaciándote poco a poco, yo mientras me dejo caer sobre la cama, rodeado de aparatos y utensilios que a buen seguros volveríamos a utilizar junto con otros que ésta vez no se habían usado. El placer junto a Luisa estaba asegurado, pues su fantasía, imaginación y atrevimiento no tenían limites. A lo lejos escuchaba como expulsaba el agua con fuerza, y poco después como utilizaba la ducha para limpiarse y liberarse del sudor producido por la excitación. Me di cuenta que también era el momento de tomar yo un baño. Había sido una reunión muy placentera, difícil de olvidar, y que se repetiría con frecuencia en días venideros.

Enemovil R.J.

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El encuentro

Friday, January 12th, 2007

Iba en el autobús aproximándome a mi destino, era un día soleado, hacía calor, y conforme me transcurría el tiempo, el corazón me palpitaba con mas fuerza, y una sensación extraña y a su vez agradable, me recorría el estómago. Por mi mente empezaron a pasar los acontecimientos transcurridos los últimos días , y su recuerdo, en cierto modo me producía temor, a la vez que anhelo, curiosidad y deseo.

Todo empezó semanas atrás, cuando navegando por internet, como tantas otras veces en busca de alguien con quien comentar mis pensamientos, contacté con Luis, un joven Valenciano, que dijo tener 35 años, y que al igual que yo, era un entusiasta de todo lo referente a los enemas y el placer anal, pasión que yo profeso desde hace muchísimos años.

Me comentó que con su pareja practicaban con asiduidad esta actividad, y poco a poco fuimos entablando amistad, intercambiando pareceres, opiniones y sugerencias, hasta que uno de esos días me invitó a que viajara a su ciudad para así poder conocernos personalmente, pues ya nos habíamos enviado fotos, algunas de ellas muy sugerentes, y desde luego ya sabíamos que aspecto teníamos cada uno.

Yo al principio dudé un poco, pues no sabes como puede reaccionar la gente en un momento determinado, pero aparte de parecerme unas personas legales, mi gran atracción por los enemas, me hizo al fin aceptar, y aquí estaba yo viajando con una bolsa con todos los utensilios que yo poseía para administrar el placer anal, imaginando una serie de situaciones que me gustaría vivir, pensando como sería esa pareja tan agradable en la red, que al igual que yo parecían estar entusiasmadas con mi viaje, y esa sensación me hacía estar francamente nervioso e intranquilo, pues casi nunca las cosas ocurren como uno las imagina.

Por fin el autobús llegó a su destino, bajé y comencé a buscar con la mirada a mi nuevo amigo Luis, pues había quedado con él a la salida de dicha estación. ¿Habrá venido?, pensé, pero efectivamente, allí estaba aguardando en la puerta de la estación fuera de su coche, y acompañado de su amiga y compañera Ana, que por cierto estaba guapísima, mucho mejor que en las fotos recibidas, quedé maravillado de su aspecto externo, vestía un jersey muy ceñido al cuerpo de color negro, un pantalón vaquero muy ajustado y unos zapatos de tazón finísimo, su larga y sedosa cabellera se movía al son que el viento marcaba, una ligera brisa de un día soleado de primavera.

Nos saludamos afectuosamente, y acto seguido subimos al coche con destino a su apartamento, lugar donde tendríamos nuestro encuentro. Yo notaba que en el fondo todos estábamos algo nerviosos, e ilusionados a la vez. Durante el trayecto, no mencionamos nada respecto al tema que me había llevado allí, tan solo comentábamos sobre mi viaje, el cansancio del mismo, recordando nuestros primero encuentros en la red, y haciendo algunos chistes y bromas para ir rompiendo el hielo, e ir conociéndonos un poco mas en profundidad.

Al poco rato, llegamos a la casa, una bonita urbanización con chalecitos individuales, rodeados de un pequeño jardín en una zona muy tranquila. Pasamos al salón y nos sentamos los tres. Ahora sí que comenzamos a dialogar sobre nuestra afición, los enemas, todos sabíamos a lo que habíamos ido, y el propósito era disfrutar lo máximo, sin causar daño ni perjuicio a nadie, solo un grupo de amigos con una idea en común y unas ganas de disfrutar sana y llanamente de algo que les atraía, sin tapujos ni reparos, abiertamente y con total libertad.

Yo saqué el contenido de mi bolsa, en una mesa fui colocando el depósito de plástico de dos litros de capacidad, las peras vaginales, las cánulas para acoplar a las gomas, las bolitas chinas, unos dilatadores anales, guantes de látex, preservativos, crema dilatadora, una sonda, y varias cintas de video con películas de enemas, para su visionado durante alguno de los descansos, pues el día prometía mucho.
Mientras yo colocaba todo este material, Ana se levantó, diciendo que iba a calentar varias ollas de agua, y se iba a cambiar y a preparar, por lo que nos quedamos Luis y yo solos.

Luis, me rogó que le acompañara al dormitorio, lugar donde íbamos a tener el encuentro, y vi que ya estaba todo preparado. En al pared, y colgado de varias alcayatas que anteriormente tenían cuadros colgados, había varios depósitos de dos litros, ahora todavía vacíos, en la cama, un gran plástico y unas toallas de playa encima para evitar mojar el colchón, en las mesitas, diversos vibradores de varios tamaños, preservativos, una caja de guantes de goma, y otros de látex, peras vaginales y anales de gran capacidad, gomas largas y sueltas, diversas cánulas, y me llamó la atención un consolador de cintura.
La habitación estaba en penumbra, fuera lucía un sol espléndido, pero ahí había una luz tenue y sensual, con un ambiente muy acogedor, y un suave olor a algo que me quiso recordar el ambientador perfumado que se coloca en los lugares donde se necesita un olor agradable, aunque no pude identificar que fragancia era.

Después de colocar todo encima de la cómoda, pasé al servicio y me duché, cuando volví, envuelto en una gran toalla, me sorprendió muy gratamente lo que vi. Luis esta totalmente desnudo sentado en una de las sillas, y junto a él se encontraba Ana, tan bella como antes, con su cabello suelto, aunque su atuendo había cambiado, ahora llevaba unos zapato negros con tacón de aguja, medias negras unidas a un liguero, braguitas de las que llevan agujero delante y detrás, y un sujetador escotado del mismo color, muy pintada, y su cara revelaba que estaba ansiosa de comenzar.

Yo me quité la toalla y quedé desnudo ante ambos, mi pene aunque flácido, empezó a dar señales de vida, y la decisión que tomamos fue la de comenzar a ponerle la primera lavativa a Luis.

Los depósitos de las lavativas estaban llenos de agua caliente que humeaban un poco, tanto mejor, pues dado que todavía no se iba a suministrar el agua, importaba que se mantuviera caliente. En el suelo había una gran olla con mas agua, y junto a ella, varias zafas grandes y un cubo.

Luis se levantó de su asiento, y con una sonrisa, se situó a cuatro patas encima de la cama, bajando los codos, quedando por tanto todo el culo en pompa, y la cara reposada sobre la cama. Ana me invitó a que comenzara yo el trabajo mientras ella observaba, y que ya se uniría en el momento en que se encontrara caliente. Por lo tanto, yo me enfundé unos guantes de los de látex suaves, y con un almohadón en el suelo, me arrodillé frente al trasero de Luis que esperaba solícito el tratamiento.

Lo primero que hice fue embadurnarme el dedo corazón de la mano derecha con la crema dilatadora, y con total suavidad, lo apliqué en el sonrosado ano de Luis. Las rugosidades anales se fueron lubrificando poco a poco, y notaba cono él agradecía ese suave masaje, y su pene, hasta ahora flácido aunque grande, comenzaba a tomar consistencia. Ahora ya estaba suficientemente embadurnado el ano por fuera, y con suavidad comencé a introducirlo en el ano, esta acción hizo que éste se contrajera, aprisionándome el dedo dentro. Yo como respuesta, con la mano izquierda que tenía libre, le cogí suavemente el pene, y comencé a menearlo con dulzura hacia delante y hacia atrás, por lo que unido al movimiento rotatorio y de entrada y salida del dedo en el ano, hizo que empezara a jadear muy suavemente.

Mientras tanto, Ana, al presenciar el espectáculo comenzó a reaccionar, cogió un vibrador de los de gran tamaño, y abriendo las piernas, comenzó a introducírselo en su húmeda vagina. Pienso que estaba húmeda, dada la rapidez con la que se introdujo en vibrador. Con la otra mano se acariciaba el clítoris, comenzando un suave jadeo acompasado, mientras sus ojos se entornaban de placer lascivo.

Yo mientras comprobaba que el dedo entraba y salía con mucha facilidad del ano de Luis, por lo que solté su ya desarrollada verga, sacando muy suavemente el dedo de su culo para rápidamente añadir crema también en el dedo índice, e introducirlo poco a poco dentro del ano que ya respondía con facilidad a la introducción.

Llegado a este punto, le pregunté a Luis, si deseaba en algún momento dada la excitación reinante, que lo penetrara, pues yo no tendría ningún inconveniente en ello, y en caso afirmativo, si quería que fuese antes, durante o después de suministrarle la lavativa, y él respondió que mejor cuando ya tuviera el agua en el cuerpo, pues la sensación de plenitud sería mayor. En ese momento noté algo a mis espaldas, era Ana que sigilosamente se había levantado, y como yo estaba arrodillado en el suelo, ella me estaba acariciando también mi trasero, notando como un dedo entraba suave y rápidamente en mi ano, teniendo como rápida respuesta un pene bien desarrollado, entonces me dijo al oído: -Juan , me voy a tumbar también en la cama para comerme esa polla tan enorme que tiene Luis, tu mientras tanto me acaricias también el culo y la vagina.- Eso hizo, y mientras le chupaba fervientemente la polla a Luis, yo metía y sacaba en su culo los dedos medio e índice de la mano izquierda, y con el pulgar entraba y salía de su húmeda y chorreante vagina.

Esta situación se prolongó durante un tiempo, y cuando observé que ya estaba Luis totalmente dilatado, liberé ambas manos, me quité los guantes, y cogí uno de los dilatadores anales que habían allí, y se lo apliqué a Luis para que el ano no se le cerrase, acto seguido cogí una de las gomas que pendían de la pared, metí la mano en el agua, y comprobé que ya tenía la temperatura ideal para serle introducida en el cuerpo. Con mucha suavidad retiré el dilatador anal de su ya lubricado culo y empecé a realizar pequeños círculos y a jugar con la cánula en la puerta del ano, metiéndola, sacándola y girándola, hasta que por fin la dejé quieta y abrí el grifo de la entrada del agua, por lo que un torrente de agua tibia inundó su cuerpo, mientras Ana en posición de “69″ comía y era comida por Luis.

Como Ana estaba también tumbada en la cama, cogí una de las peras y con mucha suavidad se la apliqué a Ana en su culo. Era una pera vaginal, por lo que la cánula al ser gruesa, entró en su cuerpo abriendo un ancho surco, y haciendo que se escapara un pequeño gemido de sus garganta. Vacié muy lentamente en su interior el contenido de esta primera pera, y cuando terminé, en lugar de sacarla, solté la presión y comenzó a llenarse un poco al regresar parte del líquido, por lo que a continuación volví a apretar y le volví a introducir nuevamente el agua en su cuerpo. Esta vez la saqué con cuidado de no derramar agua, y cogí otra de las peras que ya estaban preparadas, repitiendo la misma operación, pero esta vez al soltar, casi logré que se volviera a llenar la pera, pues ya el contenido en su cuerpo rondaba el litro de agua.

Luis ya se estaba terminando el agua del enema, por lo que me apresuré a terminar con Ana, para no dejarla a medias. Por lo que cogí una galga (varias bolitas de goma de varios tamaños unidas por goma y largo, similar a las bolitas chinas, pero todo en un cuerpo rígido y de goma), y en lugar de aplicarle una tercera pera, le introduje estas bolitas suavemente.

Luis ya se había terminado el agua, por lo que le saqué con cuidado la cánula, mientras Ana seguía comiéndose sus genitales, y como yo estaba ya totalmente empalmado desde hacía bastante tiempo, no me ocasionó ningún problema el colocarme un preservativo, y lubrificar muy bien mi erguido pene, que con mucha delicadeza, fui acercando al ano de Luis, del cual goteaban sinuosas gotitas de agua. Lo acerqué, y con leve empuje comenzó la introducción, cosa que Luis acusó con un gemido pues el agua que ya inundaba su cuerpo lógicamente fue empujada por la presión de mi pene.

La lógica excitación por parte de todos, hizo que en breves momentos eyaculáramos ambos, Luis por el trabajo de Ana, y yo por la presión de las paredes del ano en mi pene, llegando al orgasmo, con verdaderos gemidos por parte de todos. Acto seguido y con cuidado retiré mi pene de su culo, procurando no derramar agua, y yendo Luis rápidamente al aseo a evacuar, quedando Ana en la cama sobreexcitada, en su intestino poco mas de un litro de agua y las bolitas, que yo con dulzura y picardía movía, produciéndole un gran placer. Como deseaba correrse y evacuar, bajó de la cama, se puso en acuclillas sobre una de la grandes zafas, y comencé a masturbarla, y cuando llegó el orgasmo, tiré rápidamente de la galga, por lo que el agua salió rápidamente y debido a la sacada rápida de las bolas y el orgasmo el placer fue inmenso, evacuando el resto del agua en la zafa.

Todos nos habíamos corrido de una manera o de otra, y ya nos habíamos duchado todos, ahora solo faltaba recibir yo un enema, pero eso sería un poco mas tarde, después de descansar todos, y reponernos.

Enemovil R.J.

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Cumpliendo nuestras fantasias

Friday, January 12th, 2007

Después de bajar del tren y saludarnos, subimos en tu coche y nos dirigimos a tu apartamento. Llevas unos zapatos de tacón alto color negro, medias casi transparentes también negras, una minifalda preciosa, y una camiseta de manga corta blanca de generoso escote y muy ceñida, marcando todo tu pecho y dejando entrever el color del sujetador que también es blanco y muy sexy.
Nos sentamos en el coche, comienza una fluida conversación y tomamos el camino del piso.

Yo no puedo apartar la vista de tus piernas, aunque deseo no parecer grosero con ello, pero es que al llevar una falda tan corta y estar sentada conduciendo, se aprecian tus braguitas de color blanco, y el final de las medias con unos remates muy bonitos.
Tu te das cuenta, sonríes y me invitas a que te acaricie, era lo que yo deseaba, y deslicé suavemente mi mano izquierda por esos muslos preciosos, hasta llegar a tocar las braguitas. Tu, sin dejar de atender a la carretera, entreabres ligeramente las piernas para que mi mano pueda acariciar algo mejor tu sexo, y que al poco tiempo noté mis dedos húmedos de tus flujos vaginales que marcaban tus braguitas.

Al poco llegamos al destino, yo estaba deseoso de entrar y ver todos los aparatos que tienes, poder tocarlos, sentirlos, e imaginar que unos minutos después, iba a poder introducírtelos a ti, y disfrutar viendo como te retuerces de placer al sentir esas cánulas y todo el liquido dentro de tu cuerpo, y posteriormente en el mío.
Subimos, entramos, y antes que nada nos sentamos en unos sillones a descansar un rato y seguir hablando, dado que nos esperaban unas largas horas muy agitadas, y además de tomar fuerzas, era interesante que nos conociéramos un poco mas.
Tu pícaramente entrecruzas las piernas, dejando entrever un poquito esas braguitas tan insinuantes que había acariciado durante el camino, mientras procedes a desabrocharte unos cuantos botones de la camiseta, poniendo mas al descubierto tus pechos enfundados en un sujetador de encaje blanco muy sexy.

Entreabres las piernas, dejando a la vista un túnel oscuro acabando en una claridad blanca, y es ahí cuando ya acabo de ponerme a 100. Me levanto lentamente, me acerco a ti, me arrodillo delante tuyo, y comienzo a besar tus muslos muy suavemente, y voy penetrando con la cabeza por ese túnel, perfumado de suave fragancia y de placer hasta llegar a tus braguitas que colmo de besos. Como respuesta, levantas ambas piernas y las colocas sobre mis hombros, por lo que queda a la vista todo tu sexo enfundado en lencería, pudiendo así besar apasionadamente tu sexo, y que por cierto, tus braguitas se humedecieron un poco mas motivado por todo este juego previo.

Pasamos un rato así, tu me apretabas la cabeza contra tus sexo, mientras yo con las manos te acariciaba y abrazaba tus pechos, que como respuesta empezaron los pezones a ponerse duros como piedras. También apartaba hacia un lado las braguitas para con la lengua acariciar suavemente el clítoris, el bello y la vagina.

Dado que el ambiente ya estaba lo suficientemente caldeado como para empezar con la sesión, nos levantamos y antes de ir al baño a lavarnos cuidadosamente nuestros sexos, tu quisiste que viera como estaba preparada la habitación que habías destinado para administrarnos las lavativas, y en donde íbamos a disfrutar las próximas horas del día.
Era una habitación bastante grande, en la que se encontraba una cama de matrimonio, un gran plástico la cubría para evitar que cayera agua y manchara la cama, y encima de ella unas sabanas para que el contacto del plástico no molestara.

A su lado una mesita con varias cánulas de todo tipo y tamaño, cánulas que solo he visto en fotos o en alguna película, y que solo su presencia, me hizo dar un vuelco el corazón. ¡el placer que tiene que dar el introducir esto en el ano ! exclamé mientras cogía una para verla con mas detalle.
Al lado habían tres depósitos distintos, con capacidad de dos litros cada uno, varias peras de goma, vaginales con cánula gruesa y larga, una rectal con un catéter acoplado, unos jarros de plástico, para llenarlos de agua templada para los enemas, varios consoladores, dos juegos de bolitas chinas, dos dilatadores anales, uno de ellos muy grueso, por lo que deduje que ese sería vaginal.

También había guantes de goma, celulosa, cleanex, preservativos, etc. En resumen todo un elenco de objetos sexuales que me hicieron enmudecer.
Mientras yo admiraba esa “exposición” de objetos eróticos para producir placer anal, tu habías ido al aseo, te habías lavado, y cambiado de ropa interior.
Un “HOLA” dicho con voz muy suave me hizo volver la cabeza, y el espectáculo que vi fue maravilloso.

Tenía ante mí a una mujer estupenda, con los mismos zapatos de tacón, unas medias negras mas tupidas, unas braguitas tanga negras, un sujetador precioso transparente, y un liguero también negros, que acompañaban a una mujer preciosa que en ropa interior me recibía, y se ponía en mis manos para que le hiciese sentir todas las fantasías que tenia reprimidas en su interior.

Llenamos los jarros de agua templada con manzanilla que se habían calentado, y mientras tu te aposentabas en la cama, yo me enfundaba unos guantes de látex y empezaba a lubrificarlos. Todo estaba dispuesto. Yo también me había quitado la ropa, y tan solo llevaba unos slips en cuyo centro se podía apreciar una protubencia enorme debido a la excitación de la que era objeto.

Me senté a tu lado, tu estabas en la posición llamada a cuatro patas, comencé a besar tus posaderas y a acariciar todo tu trasero y la zona vaginal. Con destreza comencé a bajar tus braguitas, (”Con lo bonitas que son y lo poco que han durado puestas”, pensé). Lo primero que hice fue, con la lengua, humedecer tu ano pasando una y otra vez la lengua por toda esa zona.
El dedo índice lo tenía embadurnado de lubricante, y comencé a pasarlo por la zona anal, describiendo círculos a su alrededor empezando a introducirlo en el ano, y como efecto reflejo, note que me aprisionabas el dedo.

Primero la introducción era lineal, de dentro hacia afuera, luego fui describiendo círculos dentro del ano, y posteriormente círculos y penetración. Cuando ya el dedo entraba cómodamente, probé con el índice y el medio, realizando la misma operación.
Mientras hacía esto, con la otra mano y ayudado de uno de los vibradores, el mas grueso, te empecé a acariciar el clítoris, y a introducirlo en la vagina con suavidad. El motorcito del vibrador susurraba dulcemente, mientras cumplía la función de estimularte. Cada vez que lo sacaba de la vagina, salía chorreando. Síntoma que a medida que crecía la actividad, tu organismo se iba preparando para el primer orgasmo.
Todo estaba dispuesto para el momento cumbre, saque los dedos del ano, pues ya entraban ambos perfectamente, dado que había estado un buen rato dilatándote la zona, Y para que no se cerrara, te apliqué uno de los dilatadores anales.

Me levanté, cogí uno de los enemas, y le aplique la cánula que me habías indicado. Era gruesa e insinuante. La embadurne repetidas veces para que su introducción fuera suave y placentera, evitando cualquier molestia en su penetración. Retiré con sumo cuidado el dilatador anal, y comencé la introducción de la cánula. Tu abriste mas las piernas, dejando así a la vista la zona anal y vaginal. Comenzó la introducción lentamente, tu empujabas para afuera, tu ano se dilataba con facilidad ante la introducción de la cánula, yo no dejaba de acariciarte para que la penetración fuera mas agradable, y por fin entró en su totalidad. Acto seguido le di paso al agua y comenzó muy lentamente a entrar en en tu intestino. Como la altura era muy baja, a duras penas si se notaba la introducción del agua, y mientras tanto te desabroché el sujetador, y comencé a acariciarte los pechos, que ahora libres en su totalidad, daba gusto de verlos y acariciarlos, eran suaves y tersos, y un olor agradable a perfume envolvía el ambiente.
Casi sin darnos cuenta se había vaciado uno de los depósitos de dos litros, y tu deseabas más.

Con otro de los jarros, todavía templada el agua, llené el citado depósito, abrí la cánula y comenzó de nuevo a fluir en agua al interior de tu cuerpo.
Yo movía la cánula hacia adentro y a hacia afuera, y también en sentido circular, apretaba y soltaba la goma presionando en ella, consiguiendo que el agua entrase como a golpes.
Ya iba por la mitad aproximadamente cuando ya empezaste a sentirte hinchada, y llena, con ganas de evacuar, gemías de placer, te retorcías al tener una sensación agradable en tu interior, sudabas y deseabas acabar, pero resistías, y fue entonces cuando me bajé los slips, mi pene erguido apareció en escena. Me puse un preservativo, lo lubrifiqué bien y con mucho cuidado retire la gruesa cánula de tu ano, y en el mismo instante comencé a sodomizarte muy suavemente, pues preferiste la penetración anal, a intentar terminar el agua del depósito, dado que ya tenías uno que te había administrado anteriormente.
Fue el sumun, pues el pene grueso, el agua, y el empuje del miembro hacia adentro hacía que el agua también subiera, y cuando lo retiraba un poco, el agua bajaba, y en ese vaivén, tu empiezas a gemir de gusto. Acto seguido, te introduzco un vibrador en la vagina y comienza una danza frenética, que acabó rápidamente con un orgasmo mutuo.

Rápidamente te levantaste y cogida de mi te acerqué hasta el aseo. En tu barriguita, se podía apreciar una ligera prominencia producida por el agua retenida en tus intestinos.

Por fin habías realizado el deseo de ponerte una lavativa, y de penetrarte analmente con el liquido dentro. Toda una experiencia para ambos.
Luego sería yo el que recibiría el enema, y todo el juego erótico.

Enemovil R.J.

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Mi primer enema

Friday, January 12th, 2007

Era yo un joven de unos 14 años cuando un amigo me invitó a su casa para mostrarme algo importante. Se trataba de una bolsa roja con un tubo blanco y una canula larga y blanca. Al ver eso yo esto me excite, tal vez porque habia recordado cuando me tomaron la temperatura rectal en el colsultorio de un medico ya mayor acostumbrado a tratamientos de antigua usansa, o cuando me habian aplicado un supositorio a los 9 años. Mi amigo me pidio que me bajara los pantalones y los calzoncillos para aplicarme una lavativa profunda, pero sin liquido? pregunte yo algo extrañado, porque tenia entendido que se aplicaba un liquido. Entonces el fue a la cocina y trajo mas o menos dos litros de agua hervida y tibia que puso en la bolsa.Despues fue al cuarto de sus padres y trajo un pote de vaselina para lubricar la canula. Mis manos temblaban de miedo y mis piernas flaqueaban un poco. Despues me decidí a entregarme a este extraño placer. Mi verga estaba gigante y no parecia querer bajarse ni un poco.Sentí placer al acostarme boca abajo y mostrar mi culito lampiño a aquel muchacho. Ricardo -le dije- metame eso rapido pero con cuidado. Angel-me respondió- aparta un poco las nalgas para que entre bien suavecito. Eso hice y al entrar la canula sentí como una increible sensación de placer interno.Creo que rozo mi prostata porque un liquido brotó instantaneamente de mi pene que pareció estallar. Al sentir el liquido entrar sentí una presión terrible que me hizo explotar y entonces ocurrió: eyacule por primera vez en mi vida.
Despues de esto Ricardo me pidió que le aplicara uno tambien. El era un joven de unos 16 años, muy fornido y alto, con un culo fabuloso que me hizo excitar aun mas.
Le aplique el enema a el y lo masturbe un poco a peticion suya. Tambien eyaculo subitamente.
Despues de esta experiencia vinieron algunas mias en privado cuando nadie estaba en casa, pues encontré pór casualidad una bolsa similar pero con un tubo negro, y otras con Ricardo que al cabo de unos seis meses se mudó a otra parte de la ciudad.
Pero aun recuerdo el color y el olor del caucho de la bolsa culpable de mi primera eyaculación.
Nandito.

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