Amigos y amigas amantes de los ENEMAS, os voy a contar un hecho que me ocurrió no hace mucho tiempo. Yo entraba con frecuencia en los chats con el nick “busco enemas”, y una de las veces entró una persona que al principio no se identificó como mujer pero que mostraba mucho interés por el tema, preguntando como lo hacía, que material usaba, con que frecuencia, hasta que al final me comentó que era una mujer de 45 años, yo tengo 42, y que desde hacía algún tiempo, y a raíz de que una amiga le incitó y la inició en el tema, estaba interesa en los enemas, que casi todas las semanas se ponía uno, pero que al estar sola y ya no tener la compañía de su amiga no era lo mismo y buscaba a alguien, preferiblemente a un hombre, que dominara el tema y fuera de total confianza para realizar sus fantasías y poder unir los enemas al sexo. Después de mucho dialogar, quedamos para vernos días después y así, aparte de conocernos, podríamos planificar un encuentro con todo lujo de detalles.
Así fue, quedamos tres días después en un lugar tranquilo, ella subió a mi coche y en la intimidad del habitáculo comenzamos a charlar sobre el tema. Su apariencia era muy agradable, no aparentaba la edad que tenía, cuerpo esbelto, pelo largo, pechos no muy voluminosos pero bien puestos, venía vestida como le rogué en el Chat, con una falda vaporosa algo corta, medias negras, zapatos de tacón alto también negros, camisa blanca que deja entrever un sujetador también blanco y llevaba un tanga del mismo color, que se podía vislumbrar al entreabrir las piernas, operación que realizaba sin ningún pudor.
Después de largo rato dialogando, comencé con mucha sutileza a acariciarle por dentro de la corta falda mientras besaba sus pechos por encima de la ropa, notando como sus pezones se endurecían, la vagina se lubrificaba pues el tanga ya se encontraba húmedo al tacto. Llegado a este punto me rogó que fuéramos a su casa para poder ponerle lavativas mientras disfrutábamos del sexo, a lo que acepté encantado dado que mi pene estaba a punto de explotar, y el coche no era el sitio mas cómodo para tener un encuentro sexual.
Durante el trayecto me comentó como se había iniciado en el tema de las lavativas, me dijo que una amiga suya que también era su vecina estaba separada y al intimar le contó que en su casa todos los fines de semana hacía lavativas a toda la familia, tanto a su marido, como a los hijos, e incluso para ella misma, que a cada uno le tenía asignado un utensilio. Para los niños peras de goma para el marido depósito de 2 litros y para ella también depósito de 2 litros, para vagina y ano a la vez, y también pera vaginal, usando todo tipo de utensilios para añadir a esas sesiones. A estas sesiones semanales, las llamaba “día de limpieza”. Por eso al separarse de su marido y entablar amistad con ella la fue introduciendo en este agradable y placentero mundo de los enemas, enseñándole trucos, y fantasías y ella había sido la artífice de todo el material que tenía en casa. Pero para su desdicha, Luisa que así se llamaba mi nueva amiga, después de muchos meses de amistad con su vecina, ésta se trasladó a otra provincia por lo que desde hacía bastantes meses era ella la única que se administraba las lavativas. Al principio le pareció interesante ir probando todo el material que había atesorado, pero con el tiempo todo resultaba rutinario, por eso, con ciertas reservas y algo de temor y desconfianza, buscaba a alguien con experiencia y de total confianza. No era lesbiana, aunque recuerda con agrado las sesiones que había mantenido con su amiga, los orgasmos que habían tenido juntas, y las sesiones interminables de lavativas, por lo que se consideraba bisex.
También me contó como se inició su amiga en todo este tema pero no es lo importante ahora.
Ya en su casa, entramos a una pequeña habitación que estaba al fondo de un largo pasillo, cerrada con llave, y que era el lugar donde realizaba sus fantasías, estaba muy bien equipada, contaba con una camilla, varios orinales, una mesa donde se encontraban varias peras de goma, una vaginal grande, otra un poco mas pequeña, 3 peras rectales una con cánula y las otras todas de goma incluida la cánula, tres depósitos de 2 litros, uno de plástico plegable azul, otro de plástico duro transparente y uno antiguo esmaltado con un ribete azul en la parte de arriba, por cierto es el que mas me gustó, me recordó a mi infancia, pues en casa había uno de ese tipo. También se encontraba sobre la mesa varios plugs de diferente calibre, diversos consoladores y vibradores también de diferentes tamaños, bolitas chinas anales y vaginales, guantes de látex, preservativos, crema dilatadora, correas y un largo etcétera, cuya visión me produjo un escalofrío de placer en todo el cuerpo, y una erección mantenida, originando un bulto en el pantalón difícil de disimular. Una luz indirecta acompañaba a todo este recinto y una música muy dulce, que automáticamente se ponía en marcha al dar el interruptor de la luz, se dejaba oír envolviendo, sin molestar, el ambiente.
Luisa me indicó que pasáramos al servicio para lavarnos los genitales y prepararnos para los enemas y el sexo. Fue ella la primera en sentarse en el bidé y comenzar a lavarse la vagina y el ano habiéndose bajado previamente el tanga blanco, el cual mostraba evidentes señales de flujo por las caricias antes recibidas y el grado de excitación que ambos teníamos.
Abrió el agua caliente y la fría hasta lograr una temperatura ideal y comenzó a lavarse, momento que yo aproveché para untarme de jabón líquido dos dedos de la mano derecha y comenzar a acariciarle el ano, hasta lograr introducir lentamente uno dentro, con este vaivén logré meterlo hasta el fondo, a lo que Luisa respondió con unos gemidos, pero no hizo ademán de querer que los retirara. Aparte de lavarse la vagina estaba comenzando a masturbarse pues los movimientos sobre la misma se hicieron más frenéticos. Yo saqué el dedo, puse mas jabón y volví a introducirlo pero esta vez intenté con dos, el índice y el medio, montados uno sobre el otro, hasta que después de varios intentos y de hacerlo con delicadeza y dulzura, entraron ambos, a lo que Luisa respondió con un “siéntate y lávate que ya me tienes caliente, vamos a la habitación que no puedo mas”.
Me senté y fue la propia Luisa la que me enjabonó el pene y la zona anal, y con esa espuma del jabón comenzó a mover su mano por mi pene hasta lograr ponerlo bien gordo y potente, mientras con la izquierda me acariciaba la zona anal, de forma similar a como yo se lo había hecho a ella anteriormente. La sensación que sentí fue indescriptible, y como observaba que se acercaba una eyaculación, le rogué que parase para así poder disfrutar en la habitación del tamaño y la potencia de mi pene.
Enjuagó y quitó el jabón de mis zonas sexuales y besándonos y abrazados nos dirigimos a la habitación. En el Chat, y a la vista de nuestro primer encuentro, le indiqué que estuviéramos varios días sin hacer caca pues dado que nos haríamos varias lavativas, tendríamos así materia para sacar y limpiar por dentro y así lo habíamos hecho.
Una vez en “la mansión de las lavativas”, como yo bauticé a la habitación y que por cierto le arrancó una gran sonrisa a Luisa al oír ese nombre, se retiró un momento con un cubo con capacidad para cinco litros, para llenarlo de agua bien caliente usando el calentador de casa, para así mantener el agua a buena temperatura mientras hacíamos los preliminares a las lavativas, así el agua se iría enfriando poco a poco pero conservando algo de calor. Yo mientras me paseaba mirando todos los utensilios, las sondas, los bardex, que tenía uno doble y otro sencillo, pues era ahora cuando me estaba fijando con mas detalle en el material ahí expuesto, en resumen, un lugar para pasar horas y horas de placer, y yo era el agraciado que iba a disfrutar de todo eso.
Al cabo de unos diez minutos como mucho, apareció Luisa en el dintel de la puerta, radiante, en ropa interior, con el cubo lleno de agua y el nuevo conjunto, esta vez era negro, haciendo juego con el sujetador y el tanga, unas medias negras con liguero y unos zapatos de tacón de aguja del mismo color, se había dado unos toques de maquillaje y unas gotas de un perfume embriagador, que llenó de una agradable fragancia la habitación.
Dejó el cubo en el suelo, se acercó sinuosa hacia mi, una mano fue directamente a mi abultado pantalón, y con la otra me abrazo y nos fundimos en un largo beso en la boca, intercambiando nuestras lenguas, así estuvimos unos minutos hasta que yo con mucha dulzura y sin dejar de besarla, fui dando la vuelta hasta colocarme detrás de ella mientras le besaba ahora por el cuello, la nuca, las orejas y mis manos se acercaban a sus pechos y con mucha dulzura y delicadeza los saqué por encima del sujetador quedando así su busto mas marcado y firme al llevar todavía puesto el sostén. Empecé a apretar y soltar suavemente sus pezones, alternando uno y otro, mientras seguía mordisqueando y besando su cuello y orejas, aprovechando para acercarle mi paquete a su trasero. Esta situación hizo que empezara a jadear poco a poco. Le sugerí al oído que cogiera un vibrador de buen calibre y que se lo introdujera suavemente en la vagina que tendría que estar muy lubrificada, y que mientras yo seguiría con este juego. Se introdujo lentamente el vibrador en la vagina y la pequeña braguita sirvió de tope, quedando dentro de su sexo vibrando sinuosamente, produciendo un leve zumbido y una suave vibración que recorría todo su cuerpo. Yo comencé a desnudarla, sin dejar de hacerle caricias, hasta que se quedó con la ropa interior y los zapatos, tenía un cuerpo maravilloso, escultural, y la poca luz reinante formaba unos contraluces muy exóticos.
Yo también me desnudé rápidamente, la tenía superexcitada, gemía, se revolvía de placer y me rogó que comenzara con los enemas que ya estaba preparada, a lo que le respondí que faltaba lo mejor, que me dejara hacer. Por lo pronto que se tumbara boca arriba en la camilla, cosa que hizo con prontitud, tan solo le quité el sujetador y el tanga, levantó las piernas y las ajusté en los estribos de la camilla, quedando entreabiertas como en una revisión ginecológica, y dejando a la vista todo su sexo atravesado todavía por el sinuoso vibrador que seguía ronroneando. Con un pañuelo de seda que había en el lugar, le tapé los ojos para que así las sensaciones que recibiera fueran mucho mas acentuadas, pues al tener los ojos vendados, la apreciación es muy distinta y el resultado muy diferente a si lo está viendo. Luisa se dejaba hacer y observaba que a cada momento se iba excitando mas y mas, y que el primer orgasmo estaba muy cerca.
A continuación me coloqué unos guantes de latex de una caja que allí se encontraba, me lubrifiqué los dedos índice y medio y comencé a acariciar su ano e introducir lentamente los dedos en ese agujero que tanto iba a ser penetrado en las próximas horas. Logré nuevamente introducirlos hasta el fondo, entraban y salían con libertad, Luisa gemía de placer y con la otra mano metía y sacaba el vibrador en la vagina, acercándolo también al clítoris y volviendo a introducirlo en la vagina. Desde el interior del ano, notaba como entraba y salía el vibrador. Cuando comprendí que el orgasmo se iba a producir, cerré la vibración del aparato y me acerqué a la mesa a por un juego de bolitas anales de un grosor medio y que lubrifiqué con los dedos dado que los tenía impregnados con la crema suavizante.
Fin de la primera parte
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