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Leche

Miércoles, febrero 14th, 2007

Desde que no era más que un bebé he sentido una tremenda atracción por un buen par de firmes y bien formadas tetas llenas de leche materna. Esta atracción debio empezar el primer dí­a de mi vida y aún hoy dí­a sigo sintiéndola.

Mi mujer es una preciosa pelirroja con unas medidas de ensueño (92-61-82) y una espléndida forma fí­sica. El año pasado tuvimos nuestro primer hijo, Rafa. Tres días después de su nacimiento, Estefania volvia a casa junto con el niño. Esa noche, cuando acabo de dar de mamar al pequeño, decidi­ preguntarle algo que siempre habi­a deseado saber.

- Estefani­a -le dije- ¿Que sientes cuando das de mamar al niño?

- No te lo vas a creer, pero… -empezo a decir- La verdad es que es algo muy excitante. Hay incluso veces que, cuando acabo, tengo el coño empapado por la excitacion.

- ¿En serio? -le pregunte asombrado.

- Si­, completamente en serio -dijo- De hecho, ahora mismo estoy excitadi­sima. ¿Te gustari­a chuparme las tetas un poco? Estoy a punto de reventar.

El que estaba a punto de reventar despues de escuchar aquella proposicion era yo. No podi­a creerlo. Casi se me sale la polla de los pantalones con solo pensarlo. Rapidamente, me puse a su lado y ella descubrio sus tetas ante mi hambrienta lengua. Me quede alli­ quieto, fascinado, durante un momento y luego empece a lamer suavemente su areola. Senti­ que la piel de sus tetas estaba mas tirante de lo que nunca antes habi­a estado… Ajuste mis labios a ella y, al empezar a chupar, la leche comenzo a fluir de sus enormes pezones. ¡Estaba en la gloria! Estefani­a se metio dos dedos en el coño y recogio con ellos un poco de su dulce nectar que, a continuacion, llevo a mis labios. Vaya combinacion… la mejor leche del mundo y la miel mas dulce.

Extraje mi polla de los pantalones y la puse delante de la experta boca de Estefani­a… Lentamente, se metio el capullo en la boca y sacudio la lengua por toda su extension para extender el transparente liquido que sali­a sin cesar de mi polla de 18 cms. Lentamente, bajo la cabeza hasta que tuvo mi miembro enterrado en lo mas profundo de su garganta… Luego, con la misma suavidad con que se la habi­a tragado y tras un nuevo giro de su lengua, empezo a bombear mi polla dentro y fuera de su boca. Mordisqueaba la base de mi verga y luego la deslizaba fuera hasta dejar el capullo entre sus labios, el cual chupaba con toda el ansia que yo era capaz de soportar. Justo cuando iba a dar rienda suelta a una tremenda descarga de semen en su hambrienta boca, la aparto de mi­.

- Tumbate de espaldas -le pedi, casi sin aliento.

Colocando mi latiente polla entre sus tetas, empece a moverla de atras a adelante. Mi mujer apreto sus dos repletos pechos contra mi miembro, proporcionandome una magni­fica cubana. La punta de mi polla entraba en su boca lo justo para que me diese uno o dos rapidos lametones, y luego retrocedia de nuevo quedando fuera de su alcance. Estefani­a comenzo a masajear sus tetas y note esa sensacion familiar en los huevos.

La leche empezo a fluir de sus tetas lo que hizo que mi polla se deslizase cada vez mas rapido por entre sus magnificos globos, cubiertos ya, asi­ como tambien mi miembro, del precioso y blanco liquido.

- Correte ahora, cariño -me suplico al tiempo que mis movimientos se hacian cada vez mas rapidos.

El espectaculo que habi­a ante mis ojos unido a las palabras de mi mujer fueron demasiado para mi­.

- Me corro, me corro -comence a gritar- Chupamela mas rapido, Fani… Chupa, chupa… Ahora, cariño… ¡¡¡Ahora!!!

Se bebio hasta la ultima gota y luego lamio la leche que colgaba de mi ya debil polla. Para sorpresa mi­a, continuo chupándomela suavemente, lo que hizo que volviese a excitarme rapidamente, listo para una nueva sesion de sexo. Cuando acabo aquel dia, Estefani­a y yo estabamos mas sexualmente satisfechos de lo que nunca antes habi­amos estado.

Desde entonces, hemos tenido muchas noches (y dias) salvajes, centrados exclusivamente en experimentar nuevos usos para su leche materna… Espero que tenga siempre suficiente para suplir mis necesidades…

Me he corrido otra vez mientras escribi­a este relato y sé con certeza que algunos de vosotros también lo habeis hecho… Me voy a la cocina a por un buen vaso de leche caliente… Mmmmm…

tororojo12000@yahoo.es

La leche de Susana

Miércoles, febrero 14th, 2007

Cuando yo tenia 18 años tenia como novia a Susana ella tenia 23, en aquel entonces con ella solo experimenté besos apasionados y leves caricias en las piernas y en las nalgas, era un noviazgo de adolescentes, después de unos cuantos meses tuve que viajar fuera de la ciudad y regresé cuando ella tenía 27 años, casada y con dos hijos.

Cuando yo tenia 18 años tenia como novia a Susana ella tenia 23, en aquel entonces con ella solo experimenté besos apasionados y leves caricias en las piernas y en las nalgas, era un noviazgo de adolescentes, después de unos cuantos meses tuve que viajar fuera de la ciudad y regresé cuando ella tenía 27 años, casada y con dos hijos.

De pronto una amiga mía (y de ella también) se casó, así que hubo una gran fiesta. El día de la fiesta me llevé una gran sorpresa, Susana la mujer de grandes senos, piel morena, labios gruesos, trasero grande y largas piernas estaba en la misma fiesta con su esposo.

Yo me acerqué y la saludé, ella me presentó a su esposo, y en ese momento me alejé de ellos. Yo estaba con (en ese entonces) mi nueva novia Alexandra; una chica delgada de 18 años alta y muy ardiente. Alexandra llevaba puesto un vestido negro muy pegado al cuerpo, por el estilo del vestido no llevaba brasier, lo que dejaba notar sus ya crecidos pezones y el nacimiento de esos blancos senos.

Como cualquier noviazgo de jóvenes buscamos el lugar más oscuro, mientras los invitados bailaban yo me besaba apasionadamente con Alexandra, mi mano se deslizo por su pierna hasta llegar a su chucha que estaba mojada y con pocos bellos lo que me dejaba meter mi dedo en su rajita. Ella no se rehusó porque antes ya habíamos tenido relaciones sexuales, soltó un gemido y me acarició la verga por encima del pantalón.

Pasó la noche y bebimos unos cuantos tragos… -quiero ir al baño me acompañas- Claro! (le dije excitado por la situación). Cuando llegamos al baño de mujeres ella de un solo empujón me metió al baño, estaba tan arrecha que no se pudo aguantar, me senté en el inodoro y disfruté cuando ella, bailando como una puta, se bajó el vestido hasta dejar sus tetas al aire. La senté en mis piernas y mamé sus blancas y gordas tetas por un buen rato. -No sigas! Me duelen los pezones… no sigas ¡papi!… noo. Así que preferí mamar todo alrededor de sus tetas, mientras mi boca hacía su trabajo mis manos masajeaban su rico culo, mi dedo índice entraba y salía de entre sus nalgas.

Mi arrechera era tan fuerte que le dije que se saque la tanga… ella aceptó -Está bien … pe…pero déjame de chupar los senos aaahh!. Para por favor! Bajé la cremallera de mi pantalón y salió mi verga tan dura como un fierro y le pedí que se sentara en ella. -No estoy menstruando… pero mi arrechera era más fuerte e insistí -entonces te doy por el culo- no!. Eso me duele mucho y no tengo lubricante… además tu pinga está muy gruesa, ven mejor te la mamo un rato ¡vamos! Ven déjame chuparte ese tronco… o acaso no te gusta cuando me tomo tu leche? -Si! Me gusta que me chupes la verga, pero quiero verte desnuda. Así que se quitó la ropa y se puso en cuatro para mamarme la pinga. -Que cosa más rica… tienes unos huevos hermosos… que lástima que ahora no puedas meterme tu grande verga. -Vamos chúpala.. ah.. ah.. sigue…Y comenzó a pasar su lengua por todo mi pene hasta que se lo metió todo en su boca.

Cada vez que succionaba mi verga yo gemía de placer, y lo único que podía hacer es tocar sus tetas y su culo; de pronto vi que de su vagina salía un poco de sangre y eso me excitó tanto que solté un chorro inmenso de semen en la boca de Alexandra (en comparación a las mamadas anteriores que ella me había hecho), -perdona pero estoy en el segundo día de menstruación- no te preocupes… mejor sigue mamando mi verga- no seas ansioso… por hoy hemos terminado- pero quiero que me sigas chupando la pinga- ya eyaculaste bastante semen… mejor déjalo para mañana. Nos vestimos y salimos del baño.

En la fiesta aún estaba Susana, después de unos momento Alexandra me pidió que la llevara a su casa, para mi suerte su casa estaba muy cerca así que regresé a la fiesta, al subir al segundo piso me encontré con Susana en las escaleras. -¿Estas acompañado?- No estoy solo… -Vamos a la terraza a platicar un poco… Pero al llegar al 5to piso nos detuvimos en las escaleras, platicamos por un buen rato, hasta llegar al momento del romanticismo, me porté como todo un galán, y la besé.

Nuestro beso, tan apasionado, llegó al punto de tocarnos desesperadamente, mi mano acariciaba sus piernas por debajo de la falda y ella me tocaba la verga por encima del pantalón; como era cerca de las 2:00am y el volumen de la música era demasiado alto y nadie podía escucharnos, decidí sacarle la tanga y la falda y cuando me estaba preparando para meterle mi gruesa verga me dijo:- estoy menstruando…- vamos date la vuelta y se puso en cuatro sin poner ningún pretexto, tomé mi verga me puse un poco de saliva y se la metí en el culo.- despacio, me duele! Mi esposo nunca me culea así… el no me dá por el culo… despacio! Pero su culo era tan estrecho que me dolía la verga al bombear.

Para colmo me había lastimado la verga y me estaba saliendo sangre así que decidí masturbarme..- date la vuelta quiero ver tus tetas… quítate la blusa…- te gustan mis senos… si no te hubieras marchado hace mucho tiempo estas tetas serían tuyas… y tu hubieras sido quién me cogía por primera vez…- pero aun estamos a tiempo… y ese culo me lo voy a comer ahora mismo. -Primero mis tetas, chupa mis tetas chupa mis pezones, a pesar de todo me gusta mas la manera como tu me las chupas, mi marido no lo hace también como tu…

Cuando succioné por primera vez un liquido un tanto dulce en mi boca… la muy puta estaba en estado de lactancia. -Mierda porque hiciste que me tome tu leche. -Porque yo quiero tomarme la leche de tu verga… Pero sin decir nada la tumbé en el suelo y le metí la verga con todas mi fuerzas, su coño estaba todo mojadito, y era estrecho, sentir como un anillo apretado alrededor de mi verga me hacía gritar de placer, me gustó ver como mi verga llena de sangre mía y de ella entraba y salía de su chucha mientras tanto disfrutaba mamándole las tetas y tomándome su leche, cuando me cansé de tomar la leche de esa puta, masajeaba sus senos con mis manos tanto que su leche salía a chorros, bombeaba con todas mis fuerzas hasta que sentí correrme en su vagina por completo.- siempre quise tu pinga dentro de mí… sentir tu leche que llena todo mi coño….

Les cuento que me gusta tanto su leche de madre que ahora nos vemos todas las semanas en un hotel para culear hasta cansarnos y gritar de placer, ahora no utilizo lubricante, solo aplasto sus tetas y pongo su leche en su culo y culeamos sin ningún problema. Las mujeres cuando están en estado de lactancia tienen los senos grandes, duros; con los pezones grandes y bien oscuros en conclusión tienen las tetas más ricas para mamar… si lo dudas… inténtalo.

ahmed

Ordeñada por Don Fulgencio / Parte dos

Miércoles, febrero 14th, 2007

Además de las diversas ocasiones en que fui sometida por el Sr. Fulgencio y el médico, y que prometo contaré en otras entregas, el episodio que ahora narraré es otro de los que marcaron mi adolescencia y mi sexualidad futura.Mi hermano Juan, que era dos años menor que yo, estaba loco por andar con la panda del Sebastián, unos ocho chavales mayores que él y con edades de dieciséis a dieciocho años. Había hecho todo lo posible por andar con ellos pero ellos le rechazaban por su edad y se reían de él. Yo ya había notado sus miradas más de una vez en mis tetazas cuando me los cruzaba por la plaza. Yo quería muchisimo a mi hermano y habría hecho cualquier cosa por él aunque cuando me pidió que le ayudará no sabía hasta que punto llegaría. Según él si le enseñaba las tetas al “Sebas” le dejarían entrar en la panda. Después de pensármelo un rato y ante las súplicas de mi hermano acepté, a fin de cuentas estaba harta de enseñárselas y dejarme sobar por el cura y el médico y mi hermano me estaba pidiendo ayuda .

Esa misma tarde me fui con Juan hacia el árbol de detrás de la iglesia donde había quedado con la banda del Sebas. Yo llevaba una blusa blanca (para los que no hayan leido mi anterior relato les diré que tenia prohibido por mi madre llevar camisetas y que generalmente usaba blusas para intentar así disimular mi delantera) y mi falda preferida. Llegamos al árbol y allí estaba el Sebas, con una sonrisa nerviosa y rodeado por el resto de la panda. Nada mas verme empezaron a bromear entre ellos sin que yo entendiese que es lo que se decían al oido aunque estaba claro que se refería a mi tetal por sus descaradas miradas. Mi hermano le dijo al Sebas:

— “Bueno Sebas, aquí la tienes, he cumplido mi promesa no ?”
— “Estará cumplida cuando ella haya enseñado lo que tu sabes…”

Mi hermano me dijo: “anda enséñaselas…” Yo me fui desabotonando la blusa mientras los chicos se iban poniendo cada vez más nerviosos.

Cuando me quede con mis sostenes al aire se quedaron mudos y con los ojos como platos. El Sebas no contento le dijo a mi hermano: “que se quite el sostén y me deje tocar, sino no hay trato”. Viendo a mi hermano apurado me di la vuelta y me desabroche el sostén, me lo saque por las mangas de la camisa y me di la vuelta. Los chicos empezaron a resoplar y a emitir gritos nerviosos al ver mis tetazas con mis enormes aureolas al aire. El Sebas se acerco y empezó a acariciar casi con miedo de hacerme daño mi teta izda. Sin tocar el pezón ni la aureola. Yo con la mirada baja empece a ver como un bulto de tamaño considerable se le marcaba en su pantalón de tergal, poco apoco empezó a sobarme con mas fuerza hasta llegar a cogérmelas con las dos manos e incluso estirarme los pezones. Lo que yo empezaba a notar se parecia a lo que sentía cuando me sobaban el cura y el medico pero no se porque esa sensación de estar sometida e indefensa ante todos aquellos bravucones aun me excitaba mas. El Sebas se saco el pene, un pene aunque no demasiado largo mucho mas gordo que el de mi hermano. El resto de la banda se empezó a acercar y todos por turno empezaron a sobarme las tetazas, a apretármelas y estirármelas llegando a hacerme gemir por la intensidad de sus sobeteos. Para entonces yo ya tenia las bragas empapadas y podrían haberme follado todos sin que yo hubiese puesto resistencia, hasta mi hermano se estaba masturbando viendo como abusaban de mi. El Sebas trato de tocarme entre las piernas pero yo le suplicaba: “eso no por favor, solo las tetas…” mas por la vergüenza de que viesen mis bragas mojadas que por el temor a lo que me podía hacer pues el cura y el medico ya se habian hartado de observarme y tocarme hasta hacerme correr varias veces. Ante mi negativa el Sebas propuso algo que todos aprobaron con gritos de alegría: “Que la ordeñe Anton….” Yo grite “no, por favor….no mas, por favor…” “Si no es por las buenas te ordeñaremos a la fuerza,tu eliges…” Mi hermano trato de convencerles pero sin mucho esfuerzo, yo creo que fruto de la excitación que también tenia. Viendo que no tenia elección me coloque apoyada en el árbol lo bastante agachada como para que mi tetal quedase colgando a merced de aquel bruto. Anton era el hijo del lechero y si alguien sabia ordeñar era el, todos se pusieron frente a mi, el se coloco detrás de mi y tras palparme las tetas empezó a sobármelas describiendo círculos como para estimulármelas, después hizo lo mismo con mis aureolas que empezaron a hincharse y a enrojecerse. Mis pezones para entonces estaban ya muy gordos y congestionados ante tanto sobeteo. Tras esto empezó a cogerme con una mano mi tetaza mientras con la otra me ordeñaba la aureola y el pezón como si fuese un autentica vaca mientras el resto de chicos, incluido mi hermano con el pene en la mano se masturbaban mientras le decían: “Asi ordeña a esa vacona Anton, sacale la leche de esas ubres…” Anton me decia mientras: “que buenas ubres tienes golfa, que pezones… vacona, como te pesan las tetonas, asi…, asi…. Veras que a gusto te quedas…” Yo estaba a punto de llegar al orgasmo, apenas podía abrir los ojos y notaba mis nalgas mojadas de la lubricación de mi vagina. Anton apretaba su pene contra mi culo y mi vagina por encima de la falda. Uno a uno se fueron corriendo llegando incluso a salpicarme el tetas y los brazos. Anton a fuerza de rozarse contra mi fue poco a poco suspirando junto con sus ordeños hasta que con unas de sus manos por detrás y metiéndola por el costado de mis bragas me cogió toda la vagina mientras me decia:”Uff a ver como tiene el chocho esta vacona….” Hasta que no pude mas y me corrí en su mano mientras el se corría sobre mis bragas.

No se cuanto tiempo paso después, cuando abrí los ojos estaba sola, con mis tetazas al aire , mis aureolas y pezones hinchados y una maravillosa sensación de calma. Me limpie ,me fui a casa y nunca ha vuelto a comentar este episodio con mi hermano.alanaluis@hotmail.com

Ordeñada por Don Fulgencio

Miércoles, febrero 14th, 2007

Esta historia es real, los nombres han sido cambiados para que no sean reconocidas las personas que aparecen en él aunque estoy segura de que si alguna de ellas leen esto, rápidamente sabrán quién soy y en que pueblo sucedió.

Para empezar diré que mi nombre es Alana, nací hace 43 Años en un pueblecito cerca de Zaragoza y allí es donde ocurrieron los hechos que marcaron mi vida y que aún hoy me hacen calentarme al recordarlos. Actualmente uso una 130 de pecho y me hago los sostenes a medida ya que no encuentro sostenes de mi talla y los que encuentro no me sujetan lo suficiente y acabo con unos dolores tremendos del bamboleo de estas tetas que Dios me ha dado. Soy morena aunque de piel bastante clara , peso unos 78 kilos y mido 1,80 y además de estos pechos tengo unas caderas bastante anchas y un “culazo” según mis amigos que ,la verdad, hacen que no pase desapercibida y que desde muy joven me haya metido en problemas.

A la edad de 16 años ya tenia una 100 de pecho y no había manera de disimular por mucho que mi madre se empeñara ni mis tetas ni los pezones que, a tenor del tamaño de las tetazas, se me marcaban en todas las camisetas e incluso a través de los jerseys de punto. Mi madre en su intento por parar el crecimiento de mis tetas, de las cuales se avergonzaba sobre todo cuando por la calle me miraban los mozos, decidió poner manos a la obra y consultar el problema con D. Fulgencio, el cura del pueblo. Para ese entonces yo ya tenía 17 años y gastaba una 110 y tenia las tetas dos tallas más grandes que mi madre.

El Sr. Fulgencio vino a casa y en presencia de mi madre y para ver el mal que me aquejaba me sentó sobre la mesa de la cocina y empezó a observarme de cerca las tetas para después sobármelas por encima de la blusa que llevaba ese día y en vista de que mi madre no sólo consentía sino que le rogaba ayuda para solucionar el tema, poco a poco empezó a animarse en sus tocamientos hasta llegar a magrearme los pechos primero uno por uno y posteriormente con las dos manos. Después le pidió a mi madre que me los sacara al aire según él “para ver si había alguna malformación ó bultos extraños”. Mi madre me desabrocho la blusa y me quito el sostén dejándome con los pechos al aire. El Sr. Fulgencio al ver el tamaño de mis tetas y de mis aureolas exclamo: ¡ Santo dios, hija mía ! y primero una y luego la otra las sopeso, apretó y magreo sin llegar a tocarme esa primera vez los pezones, marchándose ese día al poco rato, yo creo que fruto de la excitación y tras acordar con mi madre visitarme a menudo para ver “como evolucionaba”.

Al cabo de tres días volvió el Sr. Cura y de nuevo delante de mi madre y tras dejarme con los pechos al aire le comentó a mi madre si había observado algo anormal sobre mis pezones, mi madre se limito a levantarme los pechos y a decirle al cura que no pero que claro “ella tampoco sabía mucho de esas cosas”. El cura tras tranquilizarla le explico que había que tener especial atención a si salía leche ó algún tipo de liquido de mis pechos y que no se preocupase que él había estado estudiando el tema y se encargaría de todo. Me cogió uno de mis pechos con una mano y con el dedo pulgar e índice de la otra empezó a estirarme la aureola y el pezón y a ordeñarme, mi aureola empezó a hincharse y el pezón se me empezó a poner mas gordo y rosado a cada ordeñada. Después paso al otro pecho bajo la atenta mirada de mi madre. Al cabo de media hora de ordeño yo tenía las aureolas hinchadas, los pezones muy gordos y sonrosados y una extraña sensación de inquietud y humedad en la vagina. El Sr. Fulgencio sugirió a mi madre que era necesario comprobar como era mi desarrollo en general y empezó a preguntarle si había tenido el periodo, si tenía las nalgas y las caderas demasiado anchas para mi edad y cosas por el estilo… Para ese momento yo estaba un poco avergonzada ya que notaba mis bragas mojadas y temía que tuviera que quitármelas o que me tocase el Sr. Cura entre las piernas. Mi madre me mando levantar las nalgas reclinándome hacia atrás y apoyando mis codos en la mesa, yo muy sonrojada supe que cualquier cosa que hiciese era inútil y me abandone al Sr. Fulgencio. Las manos del cura fueron subiendo hasta llegara mis muslos por debajo de la falda de cuadros que llegaba unos cuatro dedos por encima de mis rodillas, siguió hasta mis ingles y comenzó a magrearme los muslos y las caderas mientras me decía: “Tu tranquilita que no te voya hacer ningun daño…” me paso la mano por el pubis y creo yo que notando ya la humedad de mis bragas me las aparto y suavemente me rozo con los nudillos la entrada de la vagina. De pronto el Sr. Fulgencio me froto la vagina y tras sentir toda la humedad de las bragas y diciendo: “hay, hay, hay…” me bajo las bragas y se las dio a la ignorante de mi madre que diciendo: “hija mía, tanto calor tienes que están empapadas …” se quedo con ellas en la mano. Empezó a meterme su dedo por entre los labios hasta llegar a la parte superior de mi vulva donde note como sus caricias me producían una sensación que nunca antes había sentido y que mezcla de vergüenza y gusto me hacían jadear. El cabrón del cura me cogió el clítoris entre sus dedos pulgar e índice mientras con la otra mano me cogía uno de mis pezones y comenzó a ordeñarme el pezón y a frotarme el clítoris. Cerré los ojos y no se cuanto tiempo pasó hasta que de repente tuve el primer y mas bestial orgasmo de mi vida. El Sr. Fulgencio me dio una palmaditas en la vulva y tras decirle a mi madre: “Seña Angela esto esta bien de momento, habrá que seguir controlándolo para que no se nos vaya de las manos pero puede estar tranquila…” y se fue acompañado hasta la puerta por mi madre dejándome sentada sobre la mesa con los pezones y las aureolas hinchados, sin bragas, con toda la vulva mojada y casi sin sentido.

El Sr. Cura volvería mas veces, sus tocamientos seguirian y esa sería mi primera experiencia con estas tetazas que tanto placer y a veces dolor me producirían pero esas son otras historias….alanaluis@hotmail.com

Barriga / Capítulo 2

Miércoles, febrero 14th, 2007

Siempre llega un momento en las fiestas en las que me comienzo a comportar de una manera un poco extraña.
Es el punto en que todo el mundo va un poco pedo, incluida tú. Comienzas a pasar de todo. Cuando te das cuenta de que ya no te apetece bailar, te quedas en un rincón, con expresión profunda, y comienzas a meditar sobre Dios sabe qué cosas.
Ese era el punto en el que estaba en la fiesta de la facultad. La gente bailaba en el aparcamiento música un poco hortera para mí, así que me quedé reposando la merluza, apartada de todo el mundo, sentada sobre el césped.
En eso volvió Maika, mi invitada a la fiesta, ya que ella era de otra facultad.

- Los aseos están hechos un asco… -me dijo- Oye… ¿me oyes? ¿Estás en el planeta Tierra?
- Claro, cariño. Perdona. ¿Qué vas a hacer entonces?
- Irme al colegio, supongo, y mear allí. ¡Dios, ya no puedo más!
- Pues, ¿entonces nos vamos?
- Esta fiesta está como un poco aburrida ya, ¿no?
- Sí. ¡Vámonos!

Caminando hacia la parada del autobús, me reía al ver su forma de caminar: cruzando las piernas para contenerse.

- Es que no puedo aguantarme más, tía, de verdad, que se me escapa… -gimoteaba.

Se sujetó a mí, cruzando las piernas con fuerza. Yo eché un vistazo a mi alrededor.

- Oye, es de noche, y… ¿Porqué no lo haces por ahí?
- ¡Calla, yo no hago eso nunca!
- ¿Por qué no, boba? Si ya van todos como cubas, no van a saber si eres una tía agachada detrás de un árbol o un guardia civil. Está oscuro.

Mi pobre Maika se mordió nerviosa el labio. Sopesó las posibilidades…

- Venga.

Fuimos entre unos árboles, bastante lejos, en la oscuridad de la noche recién llegada.
Maika miró alrededor, me miró a mí, se bajó las bragas y se agachó. Tenía que sujetar su enorme barriga y su vestido. De entre sus muslos manó por fin un abundante chorro, chapoteando sobre la tierra.

- ¿Quieres saber cuál es mi fantasía oculta? -le pregunté, con una mirada entre borracha perdida y seductora.
- ¿Qué?
- Recuerdas lo que dijiste sobre intercambiar fantasías, ¿no? Ahora me tocaría a mí -comencé a andar en torno al charco que crecía pendiente abajo-. ¿Quieres saber cuál es mi más inconfesable fantasía en estos momentos?
- ¿Tiene que ser ahora? ¡No me mires, que me da vergüenza! ¡Estoy meando!

Me agaché y le susurré al oído mi sucia fantasía.
Ella me miró muy seria.

- Serás guarra…

Pero algo en su mirada era bueno para mí.

—–

Maika me puso una jarra y un vaso sobre la mesa. Levanté la mirada de los apuntes.

- ¿Y esto?
- Para mi chica estudiosa.
- ¿Limonada? ¿Se supone que es buena para el cerebro, para la concentración o algo así?
- Digamos que es buena para ciertas cosas… -dijo con un tono de niña traviesa, y se fue de nuevo a la cocina, revoloteando su minifalda tras ella.

Llevaba dos temas estudiados cuando me acabé la jarra. Iba a llamar a Maika cuando otra jarra aterrizó en la mesa.

- ¿Más?
- Si me quieres te la tienes que tomar.
- ¡Pero… dos jarras!
- ¡Sin rechistar! ¿O es que no me quieres?

Puso sus famosos morritos. Definitivamente estaba haciendo otra vez su papel de niña, y sabía que aquello podía conmigo.
Al sexto tema, me acabé la segunda jarra de limonada. Jarras grandes. Veamos, ¿cuántos litros son eso? ¿Dos? ¿Tres y medio? ¿Cuatro? Mi barriga hacía ruidos de chapoteo al levantarme de la silla.
Maika apareció de nuevo en el cuarto.

- ¿Estaba buena?
- Claro que sí, cariño, pero voy a reventar.
- A lo mejor estaba muy ácida…
- No, no…
- Necesitas un vaso de agua, espera… -y se fue a la cocina a llenarme un vaso con agua mineral.
- ¡Pero tú estás loca, me quieres matar!
- Toma, tonta, bebe y calla. ¡Hazlo por mí!

O lo hacía o, en su empecinamiento, me lo derramaba por toda la cara, así que tragué el agua. Me obligó a acabarme el vaso, tras lo cual gruñí.

- Oooh, Dios, ahora sí que no puedo más. ¡Me voy al water! ¡Que me voy!

Aun oía sus risas cuando cerré detrás mía la puerta del lavabo. Me bajé los pantalones y las bragas hasta los tobillos y me senté en la taza. Al poco de estar liberando espacio en mi vegija, y para mi sorpresa, se abrió la puerta del lavabo y apareció Maika.
Me miraba fijamente. El chorro se me cortó.

- Hazme un favor -dijo muy flojito-, no la sueltes toda de golpe. Deja un poco…

Y a partir de aquellas palabras suyas no necesitamos hablar más, tan sólo mirarnos a los ojos.

Separé un poco mis muslos. Ella contempló como mi orina caía desde mi interior, ahora en fino e intermitente hilo, no el torrente ansioso de antes.
No hizo caso de mi implorante mirada. Ella ya había decidido que no necesitaba salir más. Cogió el rollo de papel y envolvió una de sus manos con toda parsimonia. Me obligó a separar un poco más las piernas, todo lo que permitía la elasticidad de las bragas en mis tobillos, y a elevar un poco las caderas.
Compartiendo una mirada, Maika me limpió el coño dulcemente. Con suaves golpecitos que me hacían estremecer, empapaba mi pis en el papel. Lo hizo con calma, asegurándose de no dejar la más minúscula gota.
Cuando acabó, se miró la mano, envuelta en papel, empapada en pis. Por un instante creí que haría una locura, una deliciosa cochinada… Pero no. Arrojó el papel al retrete y tiró de la cadena.
Yo caí sobre la taza, agotada por la excitación. Aun me sentía llena de líquido, y todavía más estaba por venir, pero aquella mirada me imponía que no, que hasta que ella no lo dijese no se meaba.
Me cogió de la mano y me llevó al cuarto, hasta la cama, dando los pasos que me permitían los pantalones y las bragas a mis pies.
Se sentó en la cama y me quitó los pantalones, luego las bragas. Desde allí abajo, al nivel de mi cintura, me dedicó la mirada más dulce que nunca nadie me ha dedicado…
Y luego me lamió el coño.
Le facilité la tarea apoyando un pie sobre la cama. Yo temblaba. La sujeté por las coletas.
Su pequeña lengua se dedicó a limpiarme, como si quisiera asegurarse de que había hecho bien su tarea. Lamía mis pelitos, mis labios, se relamía y volvía a limpiar, produciendo ruiditos que me volvían loca sólo de escucharlos, ruiditos de chupeteo, de humedad, de glotonería.
De vez en cuando la punta de su lengua pasaba cerca de mi clítoris, y yo temblaba. Me meneaba, pero la maldita sólo atendía su tarea de dejarme bien limpia, y mi clítoris no era la zona más salpicada por mis líquidos dorados. Por muy húmedo que estuviera, parecía que sólo buscaba el sabor amargo de mi interior.
Mis caderas comenzaron a sacudirse, cada vez más fuerte, con vida propia. Por un lado por la íntima limpieza que mi amiga me estaba prodigando, y por otro, todo un torrente incontenible luchaba por salir.
Mientras me lamía el coño, alzó la vista. Nuestras miradas se encontraron. Ella notaba mis espasmos inquietos.

- No sueltes, ni gota, cariño -dijo sin soltar mi coño de sus labios-, lo quiero todo dentro de tí, guárdalo todo, hazlo por tu fantasía…

No podría aguantar mucho tiempo. Su lengua por fin nadó hacia arriba entre mis labios vaginales, ya abiertos de par en par, ascendió hasta la capuchita y acarició mi clítoris. Le dio una estocada que hizo sacudirme toda. Lamía mi clítoris cada vez con más empeño, como si lo acabara de descubrir y le gustara. Los músculos de mi interior hacían todo lo posible por retener el flujo, pero no pude más.
Con un gruñido animal salpiqué su boca.

- ¡No, cariño, aun no, quiero cumplir tu fantasía! -exclamó, apresando mis labios vaginales entre sus dedos con fuerza.
- ¡Pero no puedo más! -gemí- ¡Voy a estallar!

Soltó mis labios y se situó frente a mí. Sus jugosos labios, su barbilla puntiaguda, estaban bañados por mi orina, brillaban como el oro. Me besó. Sentí mi propio sabor.
¿Quién me iba a decir que algún día de mi vida iba a ver realizada mi fantasía más sucia? Y allí estaba: la chica más preciosa y dulce de este mundo haciéndola realidad hasta el límite.

- Está bien… -dijo- Hazlo ya.

Se tiró sobre la cama y se subió la camiseta, descubriendo su gran barriga.
Me situé sobre ella con las piernas abiertas.
Nos mirarmos a los ojos.
Iba a reventar, pero aun así aguanté un poco más, mientras durara aquella mirada.
Aguanté y aguanté, hasta que empezó a doler.
Maika alzó una mano y comenzó a acariciar mi clítoris dulcemente, en círculos.
No pude más.
La cascada estalló.
Mi vagina se abrió complacida y dejó caer la orina.
Meé sobre mi amiga un largo, precioso chorro dorado que fluía de mi interior, surcaba el aire y se estrellaba sobre su enorme y redonda barriga preñada. El líquido manó, y manó y manó, mientras yo gruñía de satisfacción, el líquido manó por toda la esférica piel, chorreando por los cuatro costados, mojando las sábanas, dejándola toda dorada, brillante. Salpicó con fuerza hasta su boca, que se relamió entre risas. Salpicó mojando su camiseta, humedeciendo sus pechos hasta que se transparentaron sus pezones.

“Esta es mi novia”, pensé aquella noche, por primera vez en mi vida. Y aun hoy lo pienso de vez en cuando: “Esta es mi novia”. Porque Maika ha sido la primera y la única chica.
La única que podía haber hecho realidad mi fantasía más obscena y guarra.
Aquella noche me meé en el enorme vientre de una chica embarazada.

FIN

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Barriga / Capí­tulo 1

Miércoles, febrero 14th, 2007

ESCENARIO: Tarde-noche. Dormitorio de chicas en un colegio mayor. Dos camas bien hechas. Luz tenue de la mesa de estudio. Una ventana al jardín. Una habitación ordenada y agradable.

PERSONAJES: Maika, 18 años, rubia, pelo corto, dos coletas. Ojos claros. Pequeños pendientes dorados. Rostro inocente, voz dulce. Camiseta blanca con cuello de pico y minifalda. Calcetines blancos y zapatillas deportivas. Cuerpo estilizado y delicado, piel clara. Barriga de seis meses.

Lorena, 19 años. Salvaje cabellera rojizo-castaña. Mirada intensa, labios gruesos y prominentes. Camiseta blanca muy ajustada, hasta el ombligo. Pantalón corto azul de deporte que cubre unas piernas largas y suaves.

El relato que sigue a continuación es absoluta ficción. Oh, venga, todos sabemos que cuando un relato erótico comienza diciendo “esto está basado en experiencias reales”, sólo está utilizando un recurso para ponernos aun más cachond@s. Esas cosas no les pasan a nadie.

Así que seamos sinceros, este relato es absoluta fantasía, algo para que vosotr@s y yo lo pasemos muy bien durante un rato. Y con un poco de suerte, espero que este relato se convierta en uno de vuestros favoritos, de esos que no borras de tu disco duro. Es sólo fantasía y nada de malo tiene, por muy pervertido que pueda ser su contenido… Y advierto que creo que lo es bastante;-)
En fin, que disfrutéis.

———

Estaba estudiando las frecuencias de vibración de los distintos tipos de materia cuando Maika entró en el cuarto. “Nuestro” cuarto, ya que lo compartimos en el colegio mayor.

Conocía ya a Maika cómo si fuera mi hija. Sólo con oír su manera de dar el portazo tras de sí supe que algo no le iba bien. Me di la vuelta y, efectivamente, la vi llorando. Ese rostro que tanto adoro me asustaba ahora, satinado de lágrimas. Su nariz sorbía mocos. Sus ojos estaban enrojecidos.
Dejé el libro y fui hacia ella. No me quería mirar. No importaba, tarde o temprano me acabaría contando lo que había pasado, y tarde o temprano yo la intentaría consolar. Eso debíamos saberlo las dos.

Para algo están las amigas, ¿no?

- Ay, Maika, cariño, ¿qué te pasa?… -pregunté apenada.

Ella se limitó a tirar la mochila sobre la cama y a apretarse contra una esquina de la habitación, como si quisiera desaparecer a través de ella. Entre sus brazos aferraba su pobre barriga, ahora ocupada por un proyecto de futuro ser humano.
Su boca estaba retorcida en el llanto. Posé mi mano en su hombro. Un hombro delgado, redondo, que adivinaba suave incluso cubierto por la camiseta.
Ella no me dedicaba ni una mirada, llorando. Como si no fuera digna de mí, cuando yo sentía a veces que más bien era a la inversa, yo no era una digna amiga para un ser tan bondadoso y adorable como ella, por una lista de motivos y defectos inacabables.

- Venga, cuéntamelo. ¿Te ha pasado algo malo?
Mi más dulce tono no lograba sacarle una palabra. Miraba al vacío.
- ¿Es algo sobre el bebé? Es, eso, claro… ¿Alguien te ha dicho algo? ¡Mira que si algún cabrón de mala madre te ha insultado, te juro que le parto ahora mismo la boca! ¡Vamos, es que como me digas que es alguien de aquí del colegio mayor, le saco a rastras de su cuarto y le inflo…!
- ¡No es eso! -exclamó ella por fin, llorando.
- ¿Entonces? Pero sí es por la barriga, ¿verdad? No hace falta que lo digas, lo sé. Bueno, ¿entonces?
- Es que…
- ¿Sí?
- ¡Es que…!
- ¿Sí, mi amor? ¿Qué te ha pasado? Quiero ayudarte, joder, dilo ya… -de pronto caí en la cuenta, y ella se dio cuenta-. Ah, ya. Ha sido él. ¿Te ha dicho algo ese cabrón?
- No es un cabrón, es que…
- ¡Sí es un cabrón, Maika, y tú lo sabes! Una buena persona no hace eso que te ha hecho, un novio de verdad no te deja así como te ha dejado, sólo por no querer ponerse un condón, sólo porque “es que así no me da gusto”… Bueno, ¿y qué te ha dicho?, venga…
- Hemos hablado, y… Él ya estaba raro, lo veía toda la tarde, y… Al final me ha dicho que se iba a Madrid. Que lo sentía mucho, pero que se iba a ir para no sé qué trabajo, que me dejaba, que era demasiada responsabilidad, que él no tenía porqué soportar tantas cosas malas en la vida, y… ¡Que me ha dicho que me dejaaaa…!

Aquel cabrón estaba haciendo llorar a mi pequeña Maika. Si lo hubiera tenido delante le habría arrancado la polla y se la habría metido por la nariz.
No obstante, intenté contener mi furia. Mientras Maika lloraba y lloraba yo me di unas cuantas vueltas por el cuarto para concentrarme en retener todos los insultos que salían a mi boca. Y me costó, vaya si me costó.

- Venga, ven… -le dije por fin, llevándola a la cama.
- Estoy otra vez sola, Lore… -se lamentaba, mientras maniobraba con su barriga para poder sentarse-. Como siempre en toda mi puta vida, no le importo una mierda a nadie, y me dejan sola otra vez. Nadie me ayuda nunca a nada… Estoy siempre sola… sola…
Aquello me dolió de verdad en el corazón. Pero era una tristeza serena, solemne, no sé si me explico. Podría hacerme entender si pudiera explicar lo que sentía por aquella chica. Lo que siempre había sentido.

La tenía allí, llorosa, cansada de la vida, con una barriga redonda y hermosa, fruto de un amor no correspondido, premio por ser demasiado inocente para este cochino mundo.

- No digas eso -dije-. No estás sola. Parece mentira…

Maika me miró y sonrió. Mi corazón se iluminó entonces. Todo él.

- Perdona -dijo-. Tú estás aquí, claro.
- Y siempre lo estaré, ¿entiendes?
- Claro. No digas cosas que algún día no puedas cumplir…
- ¡Tú a callar! Ahora mismo te voy a hacer un vaso de leche para que te relajes y te olvides de ese cabrón… Porque es un cabrón, ¿vale? Y Santas Pascuas.
- Vale.
- ¡Ah! ¿Que vale? ¿Entonces es un cabrón?
- Sí tú lo dices… Tú siempre tienes razón -bromeó ella.

Aquello ya estaba mejor.

Mientras le preparaba el vaso de leche con cola-cao, me fumé un cigarro. Maika dijo que no le molestaba, que la habitación era de las dos y yo tenía derecho a fumar allí. No obstante, no lo hacía demasiado a menudo desde que su embarazo estaba tan avanzado.

Cuando le traje el vaso a la cama, todo parecía distinto. Ya se había secado las lágrimas con un pañuelo de papel. Estaba sonriente. Su rostro estaba sonrojado por el llanto y eso la ponía más bonita, de alguna manera.

Mientras se tomaba la leche, seguimos hablando. Mi misión era evitar cualquier pensamiento negativo sobre el futuro.

- Al fin y al cabo, ¿quién necesita a un padre? Muchos niños viven sin padre, y de mayores, míralos, no son asesinos en serie ni peluqueros. ¿Sabes? Una mujer sola puede darle una educación perfecta a un niño… ¡Oye, y dos mujeres ya no digamos!
- ¡Tú, madre! ¿Estás de coña? -rió Maika- Fíjate, nunca te había imaginado como madre…
- Pues por tu niño, lo que hiciera falta.

El momento de silencio y miradas que siguieron entonces me pusieron los pelos de punta. Fue como si un augurio hubiera pasado haciendo un vuelo rasante sobre nuestras cabezas.

- Oye… ¿Tú harías eso por mí?
- Ya te lo he dicho. Por ti y tu niño, pienso hacer lo que haga falta.
- Vaya. Qué decidido lo tenías.

Me puse colorada.

- ¿Tú querrías también hacer de madre para mi niño?
- Claro… -dije- ¿Por qué no?
- No sé -dijo ella, desviando la mirada-, hoy en día la sociedad aun da muchos problemas. Mira los matrimonios de lesbianas, por ejemplo, todo son pegas, las pobres… Oye, qué pasa -dijo ella, con una sonrisa, no sabía qué profunda se me estaba clavando aquella dichosa sonrisa- Al decir lo de las lesbianas te has puesto como un tomate, ¿eh?

Y comenzó a darme codazos de broma. Yo sólo sonreí. ¿Qué otra cosa podía haber hecho?

- Lo siento, tía, es que estoy muy… No sé -volvió a perder su mirada en el vacío. Qué guapa estaba cuando se quedaba así, colgada de ninguna parte-.

Todo lo que he recibido en mi vida han sido patadas, ya lo sabes. No parezco importarle a nadie. En cambio tú, aquí estás, tan buena… Hasta cuando creo que he encontrado a un chico que es diferente, que puede amarme, entonces mi vida se… se…
Comenzó a llorar de nuevo en silencio. La abracé. Le di un beso en la mejilla. Ella se dejaba estrechar entre mis brazos, supongo que se sentía bien así.

Acaricié su cabecita loca, su nuca.
Seguí dándole besos suaves para consolarla.
Ella se abrazaba a mí.

Su respiración se calmaba, se hacía más pausada y profunda. Su pecho se inflaba y desinflaba contra el mío.

Creí morir de vergüenza y miedo. Mis pechos se estaban endureciendo. Ella lo notaría.
No se si lo notó o no, pero el caso es que mi chiquilla se separó de mí y me miró a los ojos.

Nos besamos.

Durante una décima de segundo perdí la visión, el sentido del tiempo y de la identidad.
Nos volvimos a separar y a mirarnos.

- ¿Qué ha pasado? -susurró ella.
- No sé… ¿Quieres que nos paremos un momento para debatir la cuestión?
- No… -sonrió ella, nerviosa- Claro… Claro que no.

Y me volvió a besar.

La primera vez es importante. La segunda es la buena. Suele pasar con muchas cosas de la vida.

Esta vez pude ser consciente de lo que hacía… y dar gracias a Dios por ello.

Nuestros labios estaban juntos. Apenas se movían, eran carne atrapada en carne. Sentía un hilillo de su aliento en el mío. Los solté para volver a atraparlos con un poco más de fuerza. Así debía ser el primer beso, pensé, suave, tímido, sin prisas. No bestial, apasionado, húmedo, sino miedoso, dulce, lento.
En cierto modo aquel era mi primer beso. Mi primer beso con otra chica.

Pronto el beso dejó de ser tímido y comenzó a disfrutarse a sí mismo. Yo quería succionar sus labios, el superior, el inferior, los quería para mí, los quería dentro de mi boca. Descubrí una Maika algo atrevida. Su boca se abrió un poco, mordió mis labios. Yo me dejaba con gusto. Sus dientes me arañaban la carne. En fin, el beso ya era un señor beso.

Después llegó el momento glorioso de todo beso. Un par de lenguas se fueron abriendo paso a través de la carne y se encontraron. Se tocaron una primera vez, tímidamente, como serpientes curiosas, tanteando un poco el terreno, examinando un poco al enemigo. Poco a poco se fueron conociendo y acabaron una encima de otra. Nuestras bocas quedaron inmóviles sólo para que mi lengua entrara y saliera, se deslizara lentamente sobre la suya.

Cambiamos los papeles y fue su lengua la que se posó sobre la mía. Alzó la punta y palpó mis labios.

Nos separamos un instante para mirarnos. Nuestras sonrisas nos hacían cómplices.

Aquello fue todo por aquella noche. Nos separamos, coloradas de vergüenza, y no dijimos nada. Ella se duchó y se durmió. Yo seguí estudiando hasta la madrugada. Al menos lo intenté.

No podía dejar de mirarla mientras dormía.

Por fin la vida empezaba a sonreírme.

Odio estar sudada, apestar, que la ropa se te pegue al cuerpo, que el pelo se te apegotone por la roña, tener la cara colorada… Sé que todo esto puede poner cachondos a muchos, pero a mí me da un asco tremendo, joder.

Volvía al colegio después de darme la paliza en la pista de balonmano así que estaba deseando darme una ducha.

Apenas perdí tiempo tirando mis bártulos en un rincón del cuarto y me metí en el baño.

Al rato de estar bajo el chorro de la ducha oí el característico sonido de Maika entrando en el cuarto y cerrando con llave.

Salí en albornoz, rodeada de vapor de agua y olor a melocotón, kiwi, almendras, extracto de leche y todas esas chorradas que en realidad supongo que las cosas del baño no llevan. Maika estaba preparando unos espagueti para cenar. Otra vez. En fin, es la maldición del estudiante emancipado.

- ¿Cómo está mi preñadita? -le pregunté mientras buscaba mi ropa interior.
- No me llames así, tía -contestó desde la pequeña cocina-. Sólo se preñan los animales. Las mujeres…
- Bueno… Pues, ¿cómo ha pasado el día mi querida embarazada?
- Bien gracias.
- ¿Nada raro? ¿Vómitos o algo así?
- ¡Calla, toca madera!

Trajo dos humeantes platos de espagueti y un par de tenedores. Yo le di la espalda

- Oye, ¿te importa no mirar durante un momento? Es que voy a ponerme las bragas y el… el sujetador.
Hubo un delicioso momento de silencio. Delicioso, pero maldito el temblor que sentí en mi estómago.
- Claro, confianza -respondió.

Me puse las bragas, metí primero una pierna y luego la otra, y casi me caigo, intentando mientras tanto que el albornoz no se me abriera, a pesar de que de espaldas a ella poco iba a ver.

Luego el sujetador. Durante unos segundos, así, con el sujetador en mis manos, el albornoz abierto, mis pechos que se fueron deslizando poco a poco, hasta quedar al aire, en esa situación comencé a elucubrar, a imaginar. ¿Qué pasaría si ella me viese así, si por un descuido o confusión me diese ahora la vuelta y me viese, mis finas bragas recién puestas, mis pechos al aire, medio asomados por la abertura del albornoz, mis pezones medio adivinados, mi piel recién limpia, frotada y seca, estos senos que Dios me ha dado, ¡estas tetas!, porque estas cosas tan grandes y bien formadas bien merecen llamarse ya tetas, si me mirase luego a la cara, con esta cara lujuriosa e interrogante, esta cara de perra que seguro que se me está poniendo ahora…?
En fin, que me puse el sujetador y lo dejé todo bien agarrado.

Me até el albornoz. Cada una se tumbó en su cama y cenamos.

Hablamos como de costumbre, sin cortes ni aclaraciones, como habíamos hecho desde que nos conocimos en el patio del instituto, comentando lo mal que estaba el mundo, lo difícil que era estar viva y, aun más, encontrar personas que aliviaran esa dificultad.

Espagueti va y espagueti viene, acabamos en su cama, abrazadas, mirando al vacío, sin decir nada. Yo acariciaba su abultada barriga sobre la camiseta. Me encantan las camas contra la pared, me hacen sentir segura, y eso que esta estaba bajo la ventana que da al jardín. ¡La seguridad que da que cualquier violador pueda romper la ventana y entrar! Pero en fin, yo soy así.

Cuando nuestras miradas coincidieron, ella no tardó en hablar:

- Tengo una cosa para ti.
- ¿Qué?
- Verás…

Se levantó de la cama todo lo rápido que podía una chica embarazada, clavándome la rodilla en el muslo, dándome un tremendo pellizco.
Al poco volvió del armario de la entrada con un paquete envuelto en papel de regalo y me lo dio. Era ropa, seguro.

- ¿Y esto? -dije, sin poder ocultar mi ilusión por los regalos.
- Para la única persona en el mundo que cuida de mi… -dijo, y me dio un beso.

Maika era de las que no dejan caer un detalle en saco roto. Era una camiseta que vimos una vez en una tienda de música, y que entonces dije que me gustaría comprar. Era azul oscuro y tenía escrita en el pecho la palabra “ZERO” en letras plateadas. Me encanta esa camiseta, y desde aquella noche aun más. Le di las gracias a Maika, y mil besos.

- Pruébatela -dijo.
- ¿Ahora?

Maika asintió con su cabeza.

- ¡Venga! -accedí.

Y sin pensármelo mucho, me desaté el nudo del cinturón y dejé caer el albornoz. No niego que quizá lo hice con cierta teatralidad, dejando que resbalara por mis brazos y luego por mis caderas, hasta quedarme en ropa interior.

Cogí la camiseta de sus manos, y me la puse.

- ¿Qué tal?
- Te sienta genial, en serio… Y la palabra, como está tan bien situada, ahí…
- ¿Sí..? Que miedo te tengo…
- ¡Te hace las tetas más grandes! ¡En serio, estás para comerte! ¡Mmmmh!
- ¡Pero serás guarra! ¡Ven aquí!

Sí. En algunos momentos tonteamos como niños y no caemos en la cuenta. Me lancé a la cama, sobre Maika, por supuesto con el debido cuidado a una embarazada. Comencé a pellizcarla y a hacerle cosquillas. Nos hartamos de forcejear y reír, acabamos resoplando.

Una vez más acabamos abrazadas. Maika hundió su cara en mi pelo y aspiró.

- Mmmh, me encanta cuando hueles a limpio…

Yo volví a acariciar su pancita. La camiseta había quedado arrugada y mis dedos dibujaban círculos lentamente sobre su tensa piel. Quería hacerlo con delicadeza, con cariño. Las yemas de mis dedos rondaron suavemente en torno a su ombligo.

Sentí un mordisco en el lóbulo de mi oreja. Sumergida entre mi cabellera, ella mordía mi oreja, respiraba en mi oído, resonando como un huracán cada vez. Aquella era una de las cosas que más caliente me han puesto en toda mi vida. No pude resistirme.

Acaricié su enorme barriga con toda mi mano. Redonda, tersa, suave, perfecta. Un planeta de carne, una esfera perfecta, una cama elástica para mis dedos. Los círculos fueron haciéndose más amplios y sus mordiscos más intensos, ya no se sabía cuál era la causa y cuál el efecto.

Su lengua humedeció mi oído. Pensé que debía darle asco, y allí estaba, chupándomelo… Y poniéndome a cien. Cómo la adoraba. Su mano se hundió y me agarró del pelo.

Mientras mi mano se iba haciendo más y más atrevida en su exploración, mi boca entró en acción. Besé su cuello, un cuello fino, inmaculado, dorado, blandito, como siempre había imaginado que sería. Ella se contraía con cada beso. Mordí su garganta. Me tiró suavemente del pelo. Nos miramos… y nos besamos apasionadamente, a boca abierta, luchando con nuestras lenguas.

Mi mano abandonó su barriga y subió a su pecho. Los amasé amablemente, probándolos, midiéndolos. Los apreté entre mis dedos, haciéndola retorcerse. Abandoné el abrazo y me situé encima de ella. Mi mano libre enganchó su otra teta. Interrumpí el beso, mi boca bajó a su ombligo. Mi lengua intentaba penetrarlo como si fuera un orificio más para el placer. Le encantaba, lo veía cada vez que miraba hacia arriba y veía su carita. Mis manos bucearon por debajo de su camiseta, descubrieron sus pechos de la tela del sujetador. Tanteé hasta encontrar el lugar donde debían estar sus pezones. Acaricié y acaricié hasta que hice salir a los malditos. Los atrapé entre mis dedos, los estrujé, incluso les di un tremendo pellizco, haciéndola botar en la cama.

- ¡Ay! Mmmh, qué bruta eres, me quieres… me quieres matar…

Lamí toda su barriga, sin dejar ni un milímetro, puedo dar fe. La cubrí totalmente con mi saliva. Estaba descubriendo que la barriga de una chica embarazada era la cosa más sensual y voluptuosa del mundo, me encantaba acariciarla, abrazarme a ella, pegar mi cara contra ella, lamerla como si fuese un helado gigante de chocolate, surcarla sólo con la puntita dura de mi lengua. Una barriga redonda, de piel totalmente tersa y tirante.

- ¿Te gusta mi pancita?
- Mmh, Maika… Estaría toda la vida… mmmh… lamiéndotela… Es tan bonita.

Ella rió. Se incorporó y se quitó la camiseta. Sus tetas cayeron dando un bote que me excitó aun más. Se quitó el sujetador y lo lanzó lejos.

- Ven aquí. Pruébalas…

Se arqueó, apuntando con sus pezones hacia mi cara y yo no me hice de rogar. Me lancé voraz a comerle las tetas, delicioso plato doble de un manjar aromático, suave, que se deshacía en la boca, mientras ella tiraba de mis pelos como si fueran las riendas de una yegua.

Levanté aquellas hermosuras y las lamí por abajo, por el pliegue, saboreando bien. En mi frenesí casi llegué a creer que sería posible comérmelas literalmente, introducírmelas en la boca por completo, masticarlas, saborearlas y tragármelas, garganta abajo. La realidad me imponía tener que contentarme con lamerlas, mordisquearlas, apretarlas y estirarlas en una y otra dirección, succionar bestialmente sus duros pezones para ver las expresiones de placer en la cara de mi amiga. Casi podía confundirlas con expresiones de dolor, pero también en mí la pasión era casi un dolor.

- ¿Te duele, cariño?
- No, tonta, mmmh… ah, sigue, por favor, me encanta… me encanta… me… Ahhh…

Se liberó de mis manos y me besó. Nos besamos de rodillas en su cama. Mientras nuestras lenguas eran respectivamente chupeteadas, sus manos fueron serpenteando por mi espalda, bajo mi camiseta. Me desabrochó el broche del sujetador. En un alarde de habilidad, me lo fue extrayendo por una manga de la camiseta, hasta sacarlo totalmente y arrojarlo lejos también.

- Así -dijo con una carita pícara-, sólo con la camiseta me gustas más… ¿no?

Comenzó a magrearme sobre la ropa, parece que eso la excitaba más que el contacto directo con la carne. Cubrió mis tetas con sus manos, las apretó como dos bocinas, las estrujó. Apreté los dientes: sentía ya que cierta parte de mi cuerpo estaba demasiado hinchada y reclamaba atenciones.

- Quiero hacerte el amor, cariño mío -le susurré al oído, produciéndole cosquillas-, llevo mucho, mucho tiempo queriendo hacerlo contigo, y esta noche voy a hacerlo si tú me dejas…

Me miró a la cara, y me respondió con un ardiente beso, su lengua intentó llegar a una profundidad a la que nunca antes había llegado.

- Fóllame…

Se tendió toda en la cama, como una gatita tranquila. Su barriga sobresalía como una pequeña montaña. La despojé de la falda. Para quitarle las bragas me tomé mi tiempo. Descubrí que me encantaba quitarlas poco a poco, verlas hacerse un rollito, hasta llegar a sus pies, cubiertos con un par de calcetines.
Su pubis quedó descubierto. Un pequeño triángulo rubio que debía mantener regularmente depilado para ser tan perfecto. Ciertos aromas embriagadores llegaron a mí. Lentamente, provocativa, separó sus piernas. Sus labios vaginales estaban ya más que abiertos y su raja rosadita segregaba grumos transparentes.

En lo mejor del momento, caí en la cuenta. ¿Cómo lo iba a hacer? Nunca lo había llegado a hacer con una chica, y me da algo de vergüenza reconocer que a los 19 años aun no tenía ni idea de sexo lésbico. Sólo podía confiar en que mi imaginación acertara entre todas las posibilidades que se me ocurrían. De todas las imágenes que se me venían a la mente, una parecía la más lógica para que dos chicas hicieran el amor.

Me levanté y comencé a quitarme las braguitas lentamente, igual que había hecho con las suyas. Maika me contemplaba desde la cama, acariciándose frenéticamente con un dedo.

Hoy en día sé que aquel hubiera sido el momento para hacer mil locuras con aquel coñito de 18 años que tenía delante. Mil posturas, mil lametones y mordiscos, mil juegos enloquecedores, tiras y aflojas. Pero nerviosa como estaba en mi pérdida de la virginidad -¡Dios, por fin!- no se me ocurrió más que lo que hice entonces.

- Ven… -gimió Maika mientras se acariciaba algo llamado clítoris- Vamos tonta, ven ya aquí…
Mi cuerpo estallaba pidiendo un orgasmo a gritos, que acabara ya con aquella provocación. Me situé sobre ella. Acaricié mi coño hasta sentirlo tan resbaladizo y suave como el de ella. Durante un rato estuvimos las dos sólo así, masturbándonos con el dedo corazón y mirándonos a los ojos con hambre.

- Mmmmh… Date prisa, Lore… Rápido… ¡Mh!… Que me… ¡Que me…!

Situé mi coño sobre el suyo. Mi intención era follármela de verdad: genitales contra genitales, coño contra coño, clítoris contra clítoris, jugos contra jugos…

Como pude me froté contra ella. Sentí sus pelos, sus labios, sus jugos mezclándose con los míos, pegándose entre mis muslos y dejando hilillos entre ambas. Pero aquel cimbreo no me satisfacía. Acabé tirándome a la cama, desesperada, gruñendo. En horizontal, nuestras piernas enredadas, nuestros coños se acercaron por fin, se pudieron restregar a placer uno contra otro. Nos sujetamos bien la una a la otra por los muslos para no separarnos nunca.

- ¡Sí-sí-sigue! ¡Aaaah-Maika-cariño!
- ¡Sí-Lore-sigue! ¡Mmmmh! ¡Qué bien!
- ¡Te gusta! ¡Mh! ¡Ah! ¡Ah! ¡Aaaaaah!
- ¡Sí-Dios-no-pares-ahora-ah-ah-ah-aaaaaaaaaaammmmmh!
- ¡Oooooounnnnngh!

Cuando oí nuestras vaginas hacer ventosa, creí morir de placer. Una sacudida me azotó y me quedé rígida contra el coño de mi amiga, que acabó chillando y sacudiéndose aun contra mí, hasta que acabó rendida.

Aquella noche dormimos juntas en su cama, agotadas, quietecitas como dos niñas buenas. No volvimos a hablar, hasta que, a las tantas, me despertó el susurró de Maika junto a mi oreja.

- Lorena… Quiero proponerte una cosa.
- Dime, Maika -gemí, muerta de sueño.
- Te propongo… Que intercambiemos fantasías. Tú haces realidad las mías y yo hago realidad las tuyas… ¿Te parece?
- ¿En todas las relaciones eres tan rápida? No pierdes el tiempo ¿eh?…

Hice como que me lo pensaba un rato y accedí. Al oído, ella me susurró su sucia fantasía sexual. No puse pegas. Me sonreí. Mi fantasía sería aun más sucia.

Maika fue escurriéndose bajo las sábanas y enterró su cara entre mis nalgas. Estuve toda la noche sintiendo mi impoluto ano siendo lamido y acariciado por su lengua… Hasta que comencé a roncar.

(continúa en el capítulo II)

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Carola, mi cuñada

Miércoles, febrero 14th, 2007

Me llamo Carlos, estoy casado desde hace 8 años con Marta, tenemos 3 chicos, llevamos una buena vida de casados, todo bien sin problemas mas alla de los cotidianos, tengo 29 años Marta 28.
Un viernes en la tarde mis padres que viven solos en el campo, nos invitaron a pasar el fin de semana con ellos, a mi me era imposible ir, asi que Marta decidio ir con los chicos, yo iria recien el domingo para pasar la tarde y regresar con ellos.
Se fueron como a las 16, yo segui con mis obligaciones, cuando salia de mi oficina me sono el celular, ya llegaron pense, no era mi cuñada, una hermana de Marta de nombre Carola, habia venido al medico, tenia turno el sabado a las 12,oo por lo que vino a visitarnos, le pregunte donde estaba dijo:estoy en la puerta de tu casa, me canse de tocar el timbre, le explique que Marta y los chicos se havian ido de viaje, pero que en 20 minutos yo estaba llegando que esperase, espero dijo.
Sin perdida de tiempo, llegue, Carola estaba como dijo en la puerta, es la menor de las hermanas 22 años casada hace menos de un año, nos saludamos le toque su panza, le pregunte como estaba, mientras pasabamos, pidiendole que se pusiese comoda el calor era insoportable, puse el A.A. le pregunte si desaba comer o tomar algo, me dijo tomar algo fresco por que se moria de sed.
Le lleve su bolso al dormitorio de mi hija, le dije que se de un baño para que se le pasase el calor, eso hare dijo y se metio al baño.Yo me diriji a mi dormitorio a sacarme la ropa de calle, ponerme algo liviano y fresco, regrese a la cocina a ver lo que habia de comida, yo no tenia pensado comer en casa por eso no me dejaron casi nada, en esos menesteres estaba cuando regreso Carola ya mas comoda, preguntando en que podia ayudarme. En nada conteste, y le pregunte si deseaba salir a comer conmigo o que pidiesemos comida a algun lugar, sin dudar me dijo que ya se habia puesto la ropa de entrecasa y no deseaba cambiarse, asi encargamos la comida para estar mas comodos, nos sentamos en el living, y comenzaron las consabidas preguntas sobre la familia de ambos sobre nuestras situaciones.Llego la comida y nos aprestamos a ese menester, nuestra charla casi intrandescente continuo, ella no acepto que lavase yo nada lo haria ella, me quede en la mesa fumando mientras Carola acomodaba y lavaba, la tenia de espaldas, notando su transformacion de adolecente a mujer en ese casi año, habia rellenado su trasero sus senos estaban mucho mas grandes producto de su embarazo proximo, me habia dicho que estaba de 71/2 meses, y que todo marchaba 10 puntos.Como, hacia tanto calor yo le pregunte si no le molestaba si me sacaba mi remera, no para nada contesto. Le pregunte como marchaba su relacion con su esposo, luego de un largo tiempo contesto que no como ella deseaba, por que pregunte, es que Mario es tan considerado que desde los 6meses de embarazo no deseaba hacerle el amor, alo que a continuacion hizo una broma diciendome que si yo me hubiese demorado mas en regresar hubiese buscado quien desease estar con una panzona,jejejejejeje de los dos.
Por su estado no cerraba sus piernas al sentarse, cosa que me permitia ver mas de lo que hubiese querido, me dijo que si me molestaba que se pusiese el camison que era mas fresco y comodo para seguir charlando, no para nada dije y pensando que seria mas largo y amplio, su regreso de camison fue una doble sorpresa para mi era mas corto y mas ajustado lo que debido a su embarazo casi no llegaba a su entrepierna y al ser mas ajustado marcaba mas sus tetas (sin nada) pegandosele a su relleno trasero, hundiendosele en su divisoria posterior.No termino de sentarse y pregunto si podia hacerme una pregunta intima, le dije que la hiciese y yo veria si la contestaba, hasta que tiempo del embarazo hicieron el amor con Marta, pregunto.
Yo conteste que hasta 15 dias antes del parto (cosa que es cierto) que lo haciamos con sumo cuidado, se puso su mano en los ojos y comenzo a llorar, me acerque a consolarla, Carola sostenia que su marido habia perdido interes en ella, le explicaba que no era asi que ahora estaba mas linda que cuando se caso, me abrazo presionandome sus tetas en mi pecho, yo acariciaba su cabeza, hasta que se separo un poco lo suficiente como para quedar cara a cara nos dimos un beso en la boca.Eso fue abrir un dique de deseo mutuo, nos fundimos nuestras bocas mientras nuestras manos exploraban territorios enemigos (enemigos?) mi mano hacia sus tetas, y la suya a mi miembro que ya estaba en condiciones de comenzar un ataque, cuando meti mi mano por dentro de su tanga, y solo toque su concha, note lo humeda, pero eso fue solo un instante por que fue un gemido ahogado y mi mano quedo mojada con su orgasmo, con solo tacto, segui jugando con mis dedos en su vagina, cuando me dijo que deseaba que la cojiese, con “sumo cuidado” como tu sabes.Le dije que vayamos al dormitorio a la cama me dijo que deseaba que sea yaaaaaaaa ahoraaaaaa y aquiiiiiiiiii, la acomode en el sillon le baje su tanga, mi miembro estaba listo, para tan importante mision solidaria, se la puse en sus labios vaginales, cuando Carola realizo un arqueamiento de pelvis hacia arriba metiendose sola media verga, acompañando ese movimiento con un casi haullido de placer, la otra mitad me correspondia meterla a mi, cosa que hice, cuando estaba toda mi pija alojada en su concha comence al mete y saca mientras pedia mas y mas mordiendose sus labios me demostraba su gozo a compañados de casi estertores orgasmicos, hasta que me comence a vaciar dentro suyo, cosa que no desaprovecho para regalarme un orgasmo final, conjunto, asi quedamos uno al lado del otro por un rato, cuando nos separamos, salio corriendo metiendose al baño. Quede con una angustia tremenda, pensando que me habia aprovechado de mi cuñada embarazada, bastante mal me encontraba, cuando Carola salio del baño completamente desnuda, con una sonrisa me extendio una mano y me dijo; creo haber escuchado una invitacion a estar en la cama mas comoda, decidi aceptar esa comodidad. Te espero, tenemos toda una noche para estar mas comodos.
Cosa que ocurrio.Queda una noche para contar si te gusto lo que hasta aqui sucedio escribanme:

armadoestoy@hotmail.com

penetracion23@latinmail.com

Una mamá para cuatro / Capí­tulo 3

Miércoles, febrero 14th, 2007

Mi polla quedó colgando humedecida de saliva de mi pareja y leche de ambos. Y por pocos segundos pudimos descansar pues la cogieron en volandas, y la apartaron un poco más de mí, en medio de suplicas de ella diciendo “que ya estaba bien”. Pero de nada sirvió. Uno de los dos que aun no la habían fornicado, le dijo “que aun quedaba lo mejor”. Tanto mi mujer como yo comprendimos el mensaje.

Querían su ano, el estrecho y casi virgen ano de mi esposa.

Mi mujer, en un nuevo intento desesperado, intentó razonar con ellos. El dramatismo de la conversación que ella inició con ellos, mientras estos últimos se iban preparando las pollas delante de ella, me producía tanto morbo como escalofríos.

— Por favor — Decía ella entre sollozos, dándose cuenta de lo que iba a sucederle — tened un poco consideración. Pensad en mi hija. Ella me necesita ahora más que nunca.

— Y nosotros — Exclamó el que se iba acercando más a ella con la polla bien dura.

— Puedo haceros otra cosa, puedo masturbaros con los pechos, como le he hecho a mi marido. ¿No os ha gustado?.

— ¡Sí!. ya lo creemos, pero tu culito es tu culito y por lo que hemos podido ver… vaya culito…

Otro de ellos, se acercó a mi esposa y llevando en su mano una petaca. Se la ofreció a mi esposa, la cual estaba a cuatro patas obligada por los demás.
— Está vacía. — Le dijo poniendo la petaca delante de su rostro – Llenamela.

Mi esposa comprendió y los que la estaban sujetando no pusieron muy buena cara ante la novedad que había añadido el que, por lo que puede intuir, era el líder de la banda: El pelirrojo.

Mi esposa, lo miró con el rostro arrasado en lágrimas y se incorporó a medida que la iban dejando un poco libre. Se sentó en unas cajas de madera y cogió la petaca que le ofrecía el hombre.

Dirigió por unos instantes su mirada a mí y su rostro era todo humillación y sumisión. Despeinada, llena de marcas en todo su cuerpo y arañazos. Luego observó sus senos con atención y destapó la petaca y comenzó a manipularse ambos pechos como comprobando cual de los dos estaba más lleno. Y al cabo de unos segundos de ese manoseo de comprobación, miró de nuevo al pelirrojo el cual dijo “Llénamela por que quiero tener un recuerdo que saborear dentro de un rato”. Mi esposa asintió con claro gesto de atormentada y colocó el pezón rosado de aureola y empapada de leche, en el interior del cuello de la petaca. Encajaba perfectamente y no se iba a desperdiciar ni una gota de lo que allí saliera. Acto seguido, mi mujer, comenzó a ordeñarse el pecho y la petaca comenzó a llenarse ante la sonrisa de los presentes. Los cuales, sobre todo los que no la habían catado aun, estaban casi incontrolados, pajeándose brutalmente ante aquella escena de auto ordeño de una lactante y sobre todo hembra sometida. Habían momentos en que mi esposa no podía disimular su rostro de dolor, incluso quejido.

— ¿Qué pasa?. —Preguntó inquieto el pelirrojo ante esas reacciones de mi pareja.

Ella movió la cabeza negativamente

— Más vale que me lo digas, zorra.

— Es… Es solo que a penas me queda leche y… — Sus ojos se estrellaron en actitud de clemencia ante el observador, añadiendo – Me duelen.
— Usa la otra teta, puta pero lléname la petaca o te sacaran los intestinos por la boca cuando te enculen. Mi esposa, no se alteró más de lo que ya estaba. Sabía que su culo no se iba a librar de la violación. Por otro lado, siendo cuatro violadores, lo lógico era que la penetraran también analmente. Lo había leído en informes sobre violaciones que, por su profesión, había tenido que examinar. Ella estaba siendo violada, por tanto, nada iba a ser diferente, excepto en que a demás de que esclavizaran su cuerpo, estaba alimentando a cuatro hombres.

Se sacó el pecho del cuello de la petaca e introdujo el pezón del otro pecho en el interior, en un intento desesperado de exprimirse hasta la ultima gota para llenar la maldita petaca. Así estuvimos unos minutos, viendo los intermitentes exprimidas que con la mano hacía mi esposa sobre su pecho para ir llenando a chorritos la petaca. Al final, sacándose el pezón, salió un poco de leche del cuello de la petaca en señal de que había sido llenada hasta los topes. El pelirrojo, cogió la petaca y dio un trago, dándole la espalda a mi esposa.

— Buena y obediente ama de cría… — Exclamó susurrantemente — El culo es vuestro.

Aquella frase hizo que el resto de violadores se lanzaran como hienas sobre su presa, es decir, mi esposa la cual desapareció entre cuerpos y penes, chillando con desespero. Sin embargo, el pelirrojo, aun quería algo más. Por ello, concluyó.

— ¡Así no!. ¡Parad!. La quiero de cara a su marido a cuatro patas como una perra y ella no hará nada.

— ¡Que te crees tú eso!. le increpó uno. Mi polla mide casi 30 cm. y pocos culos lo han aguantado sino las he inmovilizado antes. ¿Es que no te acuerdas de aquella vez a la salida del instituto con aquella adolescente?.

El pelirrojo, miró al que le había increpado y le respondió:

— Esta puta no hará nada. Se dejará hacer porque querrá ver de nuevo a su hija del alma… ¿no? — Y con la pregunta miró a mi esposa, la cual, volvió a cerrar los ojos y a llorar en silencio.

La cogieron de nuevo y la situaron de cara a mí pero a distancia de uno dos pasos. La pusieron a cuatro patas y ella permaneció inmóvil mientras el primero en culearla se iba posicionando detrás de ella. Mi esposa, volvió a mirarme intentando mostrar unos inexistentes restos de serenidad. Pero aquella mirada sumisa no era de serenidad, sino de deseo de que acabaran de una vez y pudiéramos volver a casa.

El primero en culearla, la cogió de las caderas y la pegó por unos instantes a su bajo vientre. Eran los movimientos previos a la colocación para la enculada. Acto seguido, se escupió ambas manos y se las frotó unos segundos. Miré de nuevo a mi esposa, la cual, emitiendo un patético intento de sonrisa con el rostro desencajado, me susurró:

— Te quiero.

En aquél justo instante, fue taladrada de un violentísmo y continuada empujón que hizo emitir a mi esposa el más escalofriante grito que un ser humano puede dar. Aquello tenía que haber sido como si la reventaran literalmente. Grito que contrastó con el largo gemido de placer del agresor.

Casi no logró mantener el equilibrio pero la sujetó por la caderas y comenzó el brutal vaivén follador.

Mi esposa era agitada continuamente hacia delante y hacia atrás, de acuerdo con los impactos de polla en su ano destrozado. Uno de los que observaba detrás de ella, comenzó a exclamar.

— ¡La ha reventado, la ha reventado. ¡Sangra como una perra!

— ¡Dale duro, dale.! —- Gritaba otro.

Y los “Dale” fueron el grito de guerra de aquellos interminables minutos.

— Joder… Lo tiene tan cerrado — Exclamaba entre jadeos y con voz entre cortada el que la estaba probando por el culo — que hasta parece que me corta la circulación de la polla.

Las carcajadas se hicieron protagonistas a partir de aquél momento.

Al cabo de unos segundos, el primero que la había estado culeando, se corrió como si fuera un tocino y cuando salió y se puso en pie, la polla apareció llena de sangre.

— Me la ha dejado perdida — Dijo mirándosela y mirando a mi esposa, la cual se mantenía a cuatro patas por puro milagro — pero ha valido la pena.
El que quedaba, ocupó el lugar del primero y la empaló de nuevo pero dándole aun con más fuerza. Mi esposa me miraba cuando podía hacerlo, controlando el no perder el equilibrio y la consciencia, algo realmente difícil a tenor de lo que estaba aguantando. El que la estaba enculando, llevó sus manos a los pechos de mi mujer y los usó de agarraderas, hasta el punto que tirando de ellos hacia arriba, la hizo reincorporarse un poco sobre sus rodillas y vi como recibía la polla por el culo y su torso danzaba hacia arriba de acuerdo con el ritmo de las embestidas. Sus pechos estaban siendo magreados a consciencia y ella intentaba aguantarlo todo. El que la culeaba comenzó a morderle el cuello desde atrás mientras le hincaba duro y el pelirrojo, quiso rematar lo que casi ya no podía imaginarse. Le pidió a mi esposa que comenzara a decirme cochinadas porque quería ver mi polla de nuevo dura y echando la leche por segunda vez.

Mi esposa, me conocía bien y atacó directamente mi fibra sensible. Estaba decidida a terminar con esta pesadilla y no le importaba ya el precio.

— Mira, — Decía ella entre gritos de dolor — me están dando. Mira como me dan, Me están dando duro. ah!. ah!. Siempre te habías imaginado algo así. Me lo dijiste muchas veces pues ahora me están jodiendo por la fuerza y yo no puedo hacer nada.

¡¡¡Mira, mira, ah, aaaahh!!!. Mira como me botan las tetas. Mi cuerpo esta siendo poseído por otros mira… ¡Dejadme cabrones!, ¡No, no!, ah, ah, ah, ah, aaaaaahhh!!!

Ni siquiera me toqué pero mi pene comenzó a escupir leche y el del ultimo violador también y dejándose caer sobre mi esposa, la aplastó literalmente contra el suelo con el peso de su propio cuerpo. Después, solo sentí un fuerte impacto en la cabeza y perdí el conocimiento. Cuando desperté. Me encontré a mi esposa, vestida con los restos de la ropa. Estaba recostado sobre su torso y me secaba una herida en la frente. Parecía más serena.

— Ya ha pasado todo, cariño…

— Me dijo — Ya pasó. Ya han terminado…ahmetito@latinmail.com

Una mamá para cuatro / Capí­tulo 2

Miércoles, febrero 14th, 2007

Ver a mi chica, ahí, con ese tipo sobre ella, siendo sobada por todas partes mientras los otros dos la sujetaban de piernas y muñecas me comenzó a excitar. No digo que me gustara ver todo aquello pero también era un hombre, un macho y ver a mi esposa sometida por varios machos, era algo que en más de una ocasión me había imaginado en mis pajas.

El pelirrojo comenzó a desabrocharse el pantalón mientras que con su propio peso mantenía plana a mi esposa, la cual no para de resistirse. El que hasta aquél momento me había estado apoyando en el cuello la navaja, se puso delante mío y la bajo diciéndome que era un buen chico y que siguiera así. Al mismo tiempo que, con una sonrisa burlona, se iba acercando al grupo mientras también se iba desabrochando el pantalón. En cuanto al pelirrojo, vi que había metido su cabeza entre las piernas de mi mujer y le comía el coño con salvajismo. El que le estaba sujetando las manos, pudo seguir haciéndolo con una sola mientras su otra mano magreaba y exprimía un pecho y expulsaba la leche que salía a chorritos hacia arriba cayendo en el vientre danceante por la respiración angustiante de mi mujer, la cual gimoteaba y lloraba.

— ¡Qué rico! — Exclamó el que le sobaba la mama y le expulsaba la leche, mientras acercaba su boca para recoger con ella algún chorrito que salía con fuerza hacia arriba.

En un monento, todos estaban desnudos de cintura para abajo y sobre mi esposa, como unos animales que se echan sobre su presa. Vi que sus miembros estaban muy tensos y alguno de ellos parecía llegar a los 28 o 30 cm. Tengo que decirles que mi polla solo hace 13 cm por lo que aquello me heló la sangre por lo que podía significar de desgarro sobre mi mujer.

Inmediatamente, el pelirrojo, se elevó poniendo su bajo vientre a la altura de la vagina de mi esposa y se apuntaló para penetrarla. Así lo hizo dejándose caer como un peso muerto. A pesar de tener la boca tapada, el gemido de dolor fue desgarrador por parte de mi mujer, mientras que el pelirrojo soltaba un escandaloso gemido de placer.

— uhhhh — Exclamó y mientras comenzaba la danza del mete y saca me miró — ¿Pero esta tía ha soltado un crío o no?… Está estrechita como una puta virgen,

Verla danzar, abierta de piernas mientras la sujetaban, mi polla comenzó a reaccionar muy a mi pesar. Los empujones que le daba eran tan fuertes que mi esposa parecía una muñeca inchable. Sus pechos botaban y salpicaban de vez en cuando asomando leche por sus gordos pezones rosados, eso cuando el pelirrojo los dejaba en paz porque mientras la empitonaba, no paraba de sobarle y llevarse las tetas a la boca.

— ¡Toma, zorra, toma!.

A cada impacto de polla en la vagina de mi esposa, sus piernas se arqueaban violentamente. Miré que apretaba los puños mientras intentaba liberarse de la opresión de las manos del otro violador. Agitaba la cabeza de un lado a otro hasta que el que me había estado amenazando con la navaja se arrodilló a la altura de su boca. Solo pude ver unos movimientos a la altura de la cabeza de mi mujer, ya que el solo veía el culo del que se había arrodillado ante ella.

Estaba claro que querían darle por la boca mientras el pelirrojo terminaba su faena. En un momento, vi las manos del que estaba de rodillas comosujetaban la cabeza de mi mujer, a la cual la habían obligado a girar hacia él y por los movimientos rítmicos, supe que se la había metido ya en la boca.
Aun tenían tiempo y concentración suficiente incluso para coordinar los movimientos de la jodienda vaginal y bucal a mi mujer pues cuando el pelirrojo le hincaba el rabo en el coño, el de la boca le introducía su verga hasta la campanilla a juzgar por los insufribles gemidos y arcadas que emitía ella.

Así estuvieron por lo menos 3 minutos más hasta que los muy bestias consiguieron correrse al mismo tiempo llenando a mi mujer por los dos lados violados. Aun pude ver la resistencia de mi mujer en un intento desesperado por escapar de la corrida en su boca, intentando apartar su cabeza pero el qu e le estaba dando su leche, aun sujetó la cabeza con más fuerza adelantando su bajo vientre hincándole más la polla.

— Trágatela toda, puta, ni una gota sueltes. — Exclamó mientras le sujetaba la barbilla y la parte posterior de la cabeza con ambas manos — Así, así… eso es…
Mi mujer estaba cerrando los ojos y tragando lo que le echaba aquél individuo y cuando ambos acabaron y se apartaron de ella, mi mujer dejó de moverse. Se quedó así. Como si no le importara nada.
Tal vez había olvidado que quedaban dos pero yo vi que esos no estaban dispuestos a dejar pasar la ocasión a juzgar por la violenta erección de sus pollas. Los que se habían despachado a gusto con mi mujer, comenzaron a ponerse los pantalones mientras la miraban a ella como seguía inmóvil y luego me miraron a mi diciéndome cosas como “que se había portado muy bien” o que “era una buena hembra”

Hasta que el pelirrojo se me acercó al oído y me dijo:

— Sácate la polla y mastúrbate delante de ella, o será peor.

Lo miré indignado y para mí era una humillación más pues mi pene estaba semierecto. No podía evitarlo y me sentía culpable pero si intentaba algo, sabía que la primera cuchillada se la llevaría ella y eso me atenazaba. “Los que ya habían sido atendidos por mi esposa” se dispusieron a ocupar el lugar de los otros dos que aun quedaban. Cogieron a mi esposa y la pusieron frente a mí a cuatro patas mirando hacia mí.

— Sácate tu pequeña polla, cabrón. — Dijo el pelirrojo — quiero ver qué tal te la chupa la zorra de tu mujer.

Yo miré a mi esposa, la cual me miró tratando de tranquilizarme de nuevo con su tierna pero torturada mirada. Su boca en esa posición de cuatro patas, quedaba muy cerca de mi bragueta y cuando me bajé los pantalones y los slips, mi polla apareció bastante erecta, cosa que hizo burlarse a los demás.
— Mirad al hijo de puta… Se ha puesto cachondo viendo como nos tirabamos a su nena.

Y rompieron a carcajadas. Miré a mi esposa y ella emitió una dulce sonrisa casi imperceptible, de esas que ella solo sabe hacer transmitiendo el mensaje “no te preocupes, es normal”. Y acto seguido se la llevó a la boca comenzando a succionarla entera, cerrando los ojos a veces o mirándome fijamente. Los otros que se habían corrido aprovechando que mi esposa estaba a cuatro patas y sus pechos colgaban como los de vaca, se situaron cada uno de ellos dos, en cada pecho de mi mujer y comenzaron a ordeñarle literalmente la leche de sus colgantes tetas, cayendo literalmente de sus pezones a sus bocas abiertas. Aquello era demasiado. Mi mujer a cuatro patas, mamando y siendo mamada de ambas tetas.

Mi polla se puso terriblemente tiesa pero aun peor se fueron poniendo las pollas de los que aun no la habían probado.

Entonces uno de ellos le dijo algo al oído de mi esposa que pude oír con claridad:

— Dos minutos para que tu marido se corra o sino, no verá ya como te doy por el culo.

Mi mujer, abrió mucho los ojos y demostró su pánico ante lo que le habían dicho pero aun más cuando vio qué otra navaja se apoyaba en mi yugular. Entonces comenzó a mamarme mucho más rápido, buscando mi corrida. Apartó los pechos de los que le habían estado mamando hasta aquél instante y comenzó a mover su torso de un lado a otro para que sus tetas bailaran ante mi. Sabía que desde siempre, eso me excitaba y ella lo hacía muy bien, Aun quedaba un minuto, como se lo dijo el tercer hombre y no me había podido correr. La angustia de mi mujer era total hasta qué acercó sus pechos a mi pene y los puso atrapándomelo en el canal mamario, ofreciéndome la mayor cubana que jamás me había hecho. Podía ver por la presión que ejercía con sus pechos como de sus pezones asomaban numerosas y gruesas gotas de leche que poco a poco se deslizaban por el canal alcanzándome el tronco del pene. Así estuvo con tanta intensidad masturbándome que disparé una terrible descarga que impacto en el rostro y barbilla de mi esposa, la cual respiró aliviada al mismo tiempo que iba cesando su batir constante de tetas en mi polla.

Solo faltaban tres segundos para que mi yugular hubiese sido atravesada…

CONTINUARA

ahmetito@latinmail.com

Una mamá para cuatro / Capí­tulo 1

Miércoles, febrero 14th, 2007

Lo que a continuación les voy a contar, sucedió no hace muchos meses. Estoy casado desde hace 3 años y mi esposa y yo ya tenemos una niña de 5 meses. Yo me casé con 30 años recién cumplidos y mi mujer, a penas había acabado de cumplir los 22. Como pueden imaginarse, una chica bastante joven y apetecible.

Llegó a mis “partes” siendo virgen por lo que pude disfrutar de lo que es “estrenarlo” todo de una hembra.

Mi esposa es de cabello moreno, rizado y corto. Ojos verdes, delgada. y de estatura normal. Muy tímida y vergonzosa en publico pero en cuestiones de follar, poco a poco la fui enviciando yo.

Eso sí: solo yo disfrutaba de los atributos de hembra que me ofrecía, al menos, hasta que sucedió lo que más a delante les contaré.

Sobre sus medidas, les puedo decir que estaba muy bien equilibrada. Tal vez un poquito escasa de senos pero no era un problema porque los usaba de muerte. Aun así, esa “escasez” se solucionó al menos durante un tiempo, así que dio a luz a nuestra hija. Sus pechos se pusieron como globos a causa de su producción lechera y no era extraño que en más de una ocasión, por la noche, me vieran mamando sus tetas porque, como ella decía “había tenido una subida de leche y le dolian mucho”. Ella no utilizaba ningún artilugio como un “sacaleches” o algo así. No lo usaba porque sabía que tenía a un “mamoncito” de marido. Por otro lado, nuestra hija era muy glotona. Sin embargo, los pechos de mi esposa eran de mucha producción. Yo, encantado de la vida con esa particularidad de madre ya que desde siempre había tenido muchas fantasías sobre esa época deliciosa de toda mujer, cuando esta en período de lactancia.

Como es lógico cuando tu mujer da a luz, tuvimos que pasar la cuarentena a base de mamadas en mi polla, pajas y comidas de su coñito y meneos de mis deditos en su clítoris. Fue unas semanas difíciles porque a mi mujer, no le gustaba darme el culo. Las pocas veces que le había empitonado por ahí, casi podía decirse que la había forzado pero a ella “ese tipo de forzamiento” le ponía cachonda, Así me lo confesó y por eso al final, después de un rato de lucha en la cama, aflojaba y se ponía en plan sumisa a aguantar mi enculada. Tendrían que verla aplanada boca abajo y cerrando los ojos como diciendo “venga, hazme lo que quieras pero acaba”. Me ponía a mil.

Pero fue una noche, precisamente la primera en que se cumplían dos meses de tener el bebe aprovechamos para salir por la noche. La pequeña se quedó con mi suegra y nosotros nos fuimos a cenar y luego a bailar. Poco nos imaginábamos lo que iba a suceder…

Cenamos en un restaurante italiano y luego salimos a una discoteca cercana. Al llegar a la misma, comenzamos a bailar. Mi esposa se había puesto un vestido negro de tirantes de generoso escote y falda corta. Por supuesto, llevaba sostenes de encaje blancos, (como sus braguitas) porque sus pechos aun estaban criando. Unos bailoteos en donde nos rozábamos bastante, comenzó a calentarnos un poco a juzgar por las miradas insinuantes de mi esposa. En un momento dado, cuando sonaban unas notas de balada, atine que en la barra cercana habían un grupo de hombres bebiendo y mirando con descaro las piernas de mi mujer. Confieso que aquello me alteró un poco pero no le di más importancia, incluso me daba cierto morbo. Veía que eran unos cuatro y hablaban de entre ellos sin dejar de echar miradas descaradas hacia nosotros. Yo no le dije nada a mi esposa para no inquietarla.

En un momento dado, mi esposa aprovechando que tenía su boca cerca de mi oído me susurró:

— Me duelen.

Al principio no atiné. Estaba demasiado pendiente de aquellos tipos y por sus rostros y sonrisas, estaba seguro que decían bestialidades de mi mujer.

— ¿El qué? – Pregunté

— ¿Qué va a ser?.

Entonces me di cuenta.

— ¿Vamos a casa?.

Ella salió de pista de baile sin soltar mi mano y se situó momentáneamente en una esquina de la discoteca que quedaba bastante a cubierto y desde ahí se acarició levemente por encima del vestido un pecho. Me miró y dijo.

— Una nueva subida. Creo que he empapado la gasita.

Mi polla dio un pequeño brinco en el pantalón. Pero no supe que decir.

— Será mejor volver. — Dijo — Estoy incomoda.

Asentí un poco decepcionado pero entendiendo a mi mujer y comenzamos a salir. No se por qué me dio por mirar de nuevo hacia el sector de la barra y para mi alivio, vi que aquellos cuatro tipos con aspecto de camioneros en día festivo, ya no estaban. Conforme caminábamos, no me hizo mucha gracia el haber dejado el coche al final de un callejón en donde no se podía aparcar por supuesto, pero como estaba bastante alejado de las zonas gentío, pensé que no iba a ser visto por ninguna grúa. Sin embargo, no me gustaba el hecho de andar por esa zona a esas horas, cuando ya eran cerca de las 3 de la madrugada. Cuando ya nos habíamos metido a mitad del callejón, mi mujer tomo mi mano me acercó a uno de los muros. Me sonrió pero con cara de circunstancias y me dijo.

— Oye, chupa un poco porque me duelen mucho. Estoy muy dolorida.

— ¿Aquí?

— No hay nadie

— Si pero…

Antes que pudiera decir nada, se había bajado primero uno de los tirantes del vestido y el del sostén. Acto seguido, deslizó la cazoleta asomando al instante el durísmo e hinchado pecho izquierdo de mi esposa. Su pezón estaba tenso, como su aureola y de dicho pezón asomaba el principio de una gotita blanca de su leche.

Aquello me trempó del todo y comencé a mamar.

La escena era de lo más morbosa. Mi mujer apoyando su espalda al muro, con su mano izquierda sosteniéndose levemente el pecho y yo semi inclinado mamando aquella leche tan rica. Los gemidos, aquellos gemidos que solo mi mujer sabe emitir, parecidos a una queja al mismo de sumo placer, me estaban haciendo sufrir con el constante choque de mi polla en la bragueta.

— Sigue… sigue…

Me decía ella llevándose su otra mano a los cabellos y adelantando el pecho como queriendo aplastarlo más contra mi cara y meterlo más dentro de mi succionante boca.

Aquello me puso muy mal y mis manos, que hasta aquél momento habían estado en su cintura, se fueron directamente debajo de la falda y desplacé su braga hacia un lado para alcanzarle una rajita totalmente mojada. Sus labios estaban salidos, y los líquidos eran más que evidentes.

De pronto, cuando yo ya había comenzado a masturbarla, sin dejar de amamantar sus tetas, oímos unas carcajadas cercanas. Incorporarme, ver a mi esposa cubriéndose de cualquier manera y dando un pequeño grito ahogado, fue todo uno. Muy cerca de nosotros, vi a aquellos hombres de la barra, que por lo visto habían estado observando la escena. A mí se me heló la sangre porque sabía que intenciones traían y más habiendo visto aquello por poco tiempo que hubiese sido.

Los cuatro eran de complexión fuerte, cabellos cortos, tres morenos y uno pelirrojo. Todos iban con camiseta ajustadas y pantalones del mismo estilo, ajustados, de esos de “marcar paquete”. Dos de ellos aun llevaban un pack de cervezas y bebían sin parar mientras los otros dos parecían, tan solo parecían, un poco más serenos.

— Vaya,vaya, vaya… qué tenemos aquí… — Exclamó uno

— La parejita de tortolitos de antes

Yo, en un acto reflejo, inmediatamente, me llevé la mano a la chaqueta de la americana en busca del billetero.

Estaba dispuesto a dárselo todo incluso hasta mi ropa pero sabía que esos tipos no buscaban nada mío, sino de mi mujer. Uno se fue acercando a ella que seguía de espaldas a ellos y ya había conseguido ocultar el pecho, y cuando intenté interponerme, una navaja automática de otro se puso con la punta tocándome la garganta. Una voz ronca acompañada de un aliento a alcohol me llegó desde atrás “no te hagas el héroe. Sabes que no puedes ganar. Relájate y disfruta del espectáculo que te va a regalar tu mujer con nosotros”.

Fue suficiente para que la impotencia se apoderara de mí en lo más profundo. Vi como los otros dos, junto al primero se habían puesto alrededor de mi esposa y mantenían una cochina conversación previa a lo inevitable con ella. Mi mujer, con voz firme, como intentando no perder la calma, trataba de entrar a razones con ellos.

— ¿Vas cachonda, cariño? — Mira — Respondió ella con un tono entre seguro y débil. intentando utilizar su profesionalismo como profesional sanitario acostumbrada a tratar con colectivos conflictivos. — No se que queréis pero lo mejor que podéis hacer es coger el dinero que os ofrece mi marido y divertiros por ahí. No merece la pena…

— ¿Follarte?. —Interrumpió otro que estaba a su derecha al mismo tiempo que le acariciaba el pelo suavemente — Divertirnos incluye follarte, nena, ¿lo sabías?.

— … No merece la pena complicaros la vida — Concluyó mi esposa con una sangre fría impresionante. — No estoy en condiciones de…

— Solo somos cuatro y apuesto que sabrás cumplir con todos. — Intervino el tercero, el pelirrojo y que hasta el momento solo había estado contemplando la escena y mascando chicle.

— Estoy criando. — Exclamó ella con claro tono ya de suplica — Al menos respetad a mi hija. Aun estoy en cuarentena post parto.

— Y por lo visto ya muy necesitada de rabo por lo que hemos podido observar.

El estallido a carcajadas escandaloso. Recé para que ello fuera suficiente para llamar la atención y que acudiera alguien pero no. Me maldije de nuevo por haber dejado el coche ahí o por tener la mala suerte de haber dado con esa gentuza.

— ¿Tienes leche en las tetas? – Preguntó el pelirrojo entusiasmado. — Nunca he chupado la leche de una mujer siendo adulto.

Mi mujer no respondió solo pudo sentir como le desquebrajaban los tirantes del vestido y este se deslizaba hacia abajo quedando en sostenes y bragas. Ella no se movió. Mantuvo la compostura aunque pude ver como me miraba con una mirada tranquilizadora, como diciendo “no te preocupes. No hagas tonterias”. A continuación, el pelirrojo, empezó a sobarle las tetas con avidez por encima del sostén.

— Dime aun no me has contestado ¿están tus cantimploras llenas de leche?

— Son unos senos — Respondió ella con dignidad — que están alimentando a un bebé y vosotros tenéis que tener un poco de sentido común.

— ¿Al bebé de tu marido, ¡cabrona!? — Gritó enfurecido el pelirrojo al mismo tiempo que de un tirón le arrancaba el sostén, dejando ambos pechos al descubierto.

A consecuencia del tirón, mi esposa, de complexión frágil y delgada, lo cual hacia que sus pechos aun resaltaran más, casi perdiera el equilibrio pero lo recupero.

— Venga, putita — Dijo otro — no nos vengas con sermones de asistenta social y déjate hacer como te dejabas hacer con el cornudo de tu marido.
El pelirrojo ya se había abalanzado a ambos pechos de mi esposa, haciendo chocar con la espalda al mismo muro que antes había estado apoyando en otras circunstancias más benignas. Las mamas de mi mujer, comenzaron a ser sobadas y mamadas por aquél joven pelirrojo y yo sentí algo muy extraño. Fue como una rabia mezclada con el morbo. Como si fuese un mecanismo de autodefensa psicológica,, recordé las conversaciones que había tenido en alguna ocasión, en donde mi mujer me decía que le daba un cierto morbo o como si le recorriera un gusanillo interior el sentirse forzada por un hombre. Decía muchas veces que no lo entendía. Sin embargo, aquello era una realidad. Mi mujer estaba a punto de ser violada por cuatro animales en celo.

Sin dejarla casi moverse, sus bragas saltaron por los aires y poco a poco la fueron tumbando en el sucio suelo, boca arriba mientras la sujetaban de los brazos y las piernas. Mi esposa, comenzó a chillar con todas sus fuerzas pero uno de ellos le introdujo las bragas destrozadas en la boca y las ató alrededor de su cara con su propio cinturón.. Así, sujetada en posición de X de las muñecas y los tobillos, el pelirrojo sobre ella y entre sus piernas pudo deleitarse mejor con aquellos pechos que no cesaban de escupir leche de sus pezones.. El que seguía con la navaja en mi cuello, me dijo que me estuviera quietecito porque si intentaba algo, ella, sería la primer en lamentarlo. Una sudor fría, me envolvió el cuerpo y me dispuse a contemplar…

CONTINUARAahmetito@latinmail.com