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Embarazada de su hermano

Domingo, octubre 23rd, 2011

Julia despertaba agotada, la ultima noche de sexo la agotó completamente, Sandro habia descargado todo el hambre de sexo acumulado que tuvo.

Sentía todavía la leche de su hermano por todo su cuerpo, se había sometido a todas sus fantasías sin dudar.

Lentamente se desperezaba y se fue a duchar, odiaba deshacerse del olor de su hermano, pero no podía ir al instituto así.

Notó que le habían crecido los pechos, ¿será que el sexo hace que los aumenten? Se frotó sus pechos con admiración y orgullo, unos pechos que ya no cabían en sus sujetadores, debía comprarse una copa más.

En el instituto, sus amigas no paraban de preguntarle que crema se ponía, Julia había oído que enamorarse y practicar sexo rejuvenecía la piel y hacia los ojos más brillantes, pero en medio de una clase le entraron nauseas y vomitó.

La llevaron a casa, sus padres estaban fuera y Sandro fue a atenderle, cuando le dijeron que vomitó, ambos lo supieron, la extraordinaria sensibilidad en sus pezones, sus mareos, su retraso menstrual y que confundiera el olor de un pavo con un biscocho.

Estaba embarazada.

El miedo entró en los corazones de la pareja ¿Qué pensarían sus padres? ¿Qué pensarían todos? ¿Cómo serán sus vidas en cuanto el niño nazca? Pidieron hora a una clínica abortiva, ella solo estaría una hora y todo pasaría.

Julia entró sola en la clínica, mientras esperaba su turno, empezaba a pensar.

Pensaba en su vida, lo triste y sola que estuvo, pero los últimos acontecimientos fueron los más felices de su vida, todo debido a una confusión que a muchos ojos seria pecaminosa.

Pero ella lo vio como una bendición divina.

Se puso la mano en su vientre, su madre no paraba de decir que el aborto era un asesinato, pero últimamente no hizo mucho caso a su madre.

Pero esta vez.

¿Quién era ese bebé? ¿un producto de su descuido? ¿o simplemente una bendición? ¿Qué culpa tenia ese bebé de formarse cuando la culpa fue de ella por no tomar anticonceptivos? ¿Qué podría llegar a ser ese bebé? ¿Qué vida tendría?

Atormentada por ese debate, se fue de la clínica, su hermano fue comprensivo cuando ella le explicó que no pudo hacerlo.

En la cena familiar, ella estaba intranquila, ¿Cómo podría comunicarles a sus padres que ella esperaba un bebé y menos de su hermano.

No se sentía con fuerzas, no podía decirle eso a sus padres.

Llamaron al timbre y entró la persona que le incitó a hacerlo con su hermano.

La prometida de Sandro.

-¡Sandro! ¡he venido desde Nueva York para que me expliques personalmente…! ¡esa puta está aquí! – dijo la prometida señalando a Julia.

El padre se levantó enfurecido diciendo.

-¡¿Cómo se atreve a insultar a mi hija?! ¡salga de nuestra casa inmediatamente!.

-¡su hija fornicó con mi prometido como la vil ramera que es! ¡tu! ¡vuelve conmigo! ¡y tu no vuelvas a acercarte a nosotros en la vida! ¡¡PUTA!! – dijo la prometida fuera de si.

La prometida si iba a ir pero se detuvo al ver que Sandro no se movía.

-¡¿Qué te he dicho?! ¡ven conmigo!

Sandro se levantó y le dijo.

-¿para que? ¿para que me ningunees? ¿Para interrumpir mis conversaciones? ¿para prohibirme salir con mis compañeros? ¿para no poderte tocar en la vida? ¿para que me tengas? ¿Cómo se dice? ¿domado?.

La prometida se sorprendió al ver aquella rebeldía.

-¡eres mi prometido! ¡nos juramos amor eterno!

-el amor se alimenta, pero tu lo mataste de hambre – dijo Sandro con determinación.

-¡no eres más que un degenerado asqueroso! – dijo la prometida furiosa.

Julia, no podía más y se levantó diciendo.

-no se lo que eres, pero si se lo que serás, una vieja loca que colecciona gatos porque no triunfó en las relaciones humanas, mientras que yo y Sandro estaremos cuidando del bebé que crece en mis entrañas.

Todos perdieron el color, en especial los padres de Julia.

-si, estoy embarazada, de mi propio hermano, yo lo deseé y no me arrepiento, el, de mi carne y mi sangre, es el amor de mi vida – dijo Julia envalentonada.

-n-no puede ser verdad – dijo la madre.

Julia miraba a su madre desafiante y luego miró a Sandro y le besó en los labios, Sandro respondió al beso.

La prometida retrocedió sorprendida y se fue al grito de que estaban enfermos.

Cuando terminaron el beso, miraron a sus padres y al servicio que miraban sorprendidos.

-nos queremos papis, no es ninguna fantasía adolescente, Sandro y yo nos amamos.

-p-podemos ir a una clínica abortiva, pod… – decía la madre, pero Julia le interrumpió diciéndole.

-no, no voy a matar a nuestro hijo, es en lo único que estoy de acuerdo con tus ideas madre, tendré a mi bebe, lo cuidaré y lo convertiré en una persona de provecho.

Sus padres empezaron a discutir acaloradamente con Julia, está hizo lo mismo, pero lejos de enfadarse, Julia sentía.

Jubilo.

Y extrañeza, tenia que estar embarazada de su propio hermano para que sus padres supieran que existía.

Julia no dejó de ir al instituto en los meses siguientes, todos se sorprendieron del embarazo de Julia, la cual, pensó que su barriga maternal era una lente.

Una lente que veía como era la gente.

La mayoría de sus compañeras de colegio y profesoras se alejaban de ella, pensaban que era una fresca.

Pero sus amigas de verdad, Carolina, Fátima, su primer amante y su hija, y otras muchas personas la arroparon, ella supo quienes no le darían la espalda, da igual lo raras que fueran las cosas.

-¿todavía lo haces con el? – preguntó Carolina.

-no, mi bebe podría lastimarse – decía Julia agarrando su barriga de embarazada con temor.

-¡que va! ¡he oído que es sanísimo! Y que influye positivamente en el embarazo – decía Carolina con seguridad.

Esa noche, comprobó por internet lo que dijo y pensó que aquel acto de amor había que alimentarlo con más amor, llevaba tres meses sin hacerlo con Sandro, pero antes tenia que hacer una cosa.

Julia fue al prostíbulo, tocó el timbre, dejó una nota y se fue, una nota que ponía.

“gracias por enriquecer mi vida”

Al volver a casa, cogió una botella de bourbon y se fue desnuda a la habitación de Sandro, sus padres no estaban, tenían toda la casa para ellos.

-querido, tomate una copa – dijo Julia mientras llenaba el vaso.

-gracias, ¿Cómo llevas el embarazo? – preguntó Sandro.

-bien – decía Julia acaramelándose al lado de Sandro – ¿no te gustaría que nuestro bebé supiera que sus padres se aman?.

-si, mucho – dijo Sandro con una sonrisa.

Julia agarró la mano de Sandro y la dirigió a sus pechos, eso asustó a Sandro que la retiró diciendo.

-¿no sabes que podemos hacer daño a nuestro hijo? – dijo Sandro con temor.

Julia besó los labios de su hermano y acarició sus cabellos mientras apoyaba sus pechos en el torso de Sandro.

-tranquilo, todo irá bien – dijo Julia sonriendo.

Las manos de Julia recorrieron el torso y el abdomen de Sandro hasta llegar a sus pantalones, los cuales los desabrochó con habilidad, descubriendo el instrumento que daba placer y vida.

Los labios de Julia empezaron a recorrer la virilidad de Sandro.

Unos labios que recorrían suaves la dura y cálida carne de su hombre, rozando, besando, daba pequeñas pasadas en el glande con la punta de su lengua.

Ella sabia que a Sandro le gustaba, porque le estaba acariciando sus cabellos, miró a los ojos de su amado con inocencia y sus labios engulleron la cálida verga de su hermano, una verga que llenaba su boca hasta llegar al principio del esófago.

Julia se esforzaba, hasta ahora sus felaciones no llegaban a tragarla del todo, luchaba contra sus arcadas, pero sentía que podía hacerlo, por el.

-¿estas bien? – preguntó Sandro preocupado por que su hermana no se ahogase.

Ella lo miró con ojos llorosos por el esfuerzo, pero había hecho una mueca como de una sonrisa.

Lo que agradeció Julia es que Sandro se hubiera afeitado el pelo de su virilidad, la ultima vez que le hizo una felación le rozaron los pelos en su nariz con resultados surrealistas.

Sentía como su amado temblaba, se sacó la suficiente verga como para que su lengua acariciase el glande dentro de su boca, no tardó en sentir el semen chocando contra su lengua.

En ese momento, engulló el pene de Sandro hasta tocar los testículos de su barbilla y apretando sus labios se separó lentamente de el, sacándole toda la leche de macho que había quedado sin salir, un hilillo viscoso era lo único que unía el vigor de Sandro con la boca de Julia, alzó la barbilla para que Sandro viera como su cuello hacia el movimiento de tragar.

Tres veces.

Julia se incorporó a la altura de su amado y le miró con dulzura a sus ojos, el sonrió y acarició su cara, su cuello, sus pechos que al manipularlos salía un liquido amarillo y ceroso, eso preocupó a Julia.

-tranquila mamita, es calostro – dijo Sandro.

Antes de que pudiera preguntarle, Sandro empezó a chupar se sus senos, ella era especialmente sensible, pero ahora se mordía los labios solo con un roce, acariciaba la cabeza de su amado mientras intentaba no llegar al orgasmo demasiado pronto, pero era muy difícil, Sandro succionaba el calostro con ganas, succionando, moviendo su lengua, el placer era tal que apretaba la cabeza de su hermano en sus pechos, no tardó en llegar al climax de su placer.

Sandro la veía agotada, la tumbó sobre la cama y la contempló, era distinta con su barriga de embarazada, no la favorecía, ni tampoco la hacia fea.

Digamos que veía, una belleza distinta.

-S-Sandro, por favor no me mires así – decía Julia tapándose, ella podía chupársela y beber su semen, podía dejarse sodomizar, podía ser masturbada con una cadena, pero todavia le daba vergüenza que la mirasen fijamente, parecía una tontería, pero las miradas eran más sexuales que la misma penetración.

Sandro, sonriendo, le arrancó la sabana que protegía a Julia de su mirada, ella se cubrió con sus manos muerta de vergüenza, pero el se puso encima de ella y le separó las manos y la miró con más atención.

-no soy bonita.

-¿Por qué dices eso? Hermana.

-mírame, estoy gorda, no tengo ese vientre plano con el que mojabas con champagne.

-hay vida en tu vientre, la prueba de que nos amamos, de que nos deseamos.

Julia miró a los ojos de Sandro, unos ojos llenos de sinceridad y deseo, separó despacio sus piernas y le dijo.

-tómame hermano, quiero que estés cerca de mi, quiero que estés tan cerca que prácticamente estemos unidos físicamente, que nuestro bebé sepa que sus padres se aman con fuerza, que sepa que nunca lo dejaremos solo por nuestras peleas, estamos los tres juntos, como una familia feliz.

Esas palabras hicieron reaccionar a Sandro, que besó con pasión los labios de Julia, apuntó con su vigor la concha de la joven y entró despacio en su puerta de la vida.

A medida que bombeaba, veía los pechos de Julia moverse como flanes de gelatina, esa visión excitaba a Sandro que aumentó las envestidas, Julia, temerosa, puso sus manos en su vientre de madre.

Eso calmó a Sandro, que la penetró con más cuidado, mirando amorosamente a los ojos de Julia, la cual, acariciaba las manos de Sandro que agarraban sus caderas.

-te quiero – decía Julia con una sonrisa.

-y yo te quiero a ti, Julia – decía Sandro.

Las envestidas lentamente se aceleraban, Julia sintió mucho placer, pero cambiaron de postura.

Sandro se tumbó boca arriba y ella se puso de rodillas encima de el, sintió como la penetraba profundamente.

Los senos de Julia se movían al ritmo de la penetración, cada vez más rápido, Sandro estaba llegando al orgasmo y en vez de tocar los pechos de su hermana, acarició su vientre de madre.

Ella también llegaba al climax y puso sus manos en su vientre, no tardaron en llegar ambos al orgasmo al mismo tiempo.

Julia, agotada, se tumbó al lado de Sandro, ambos acariciaban el vientre de embarazada.

-¿crees que será feliz? – preguntó Julia.

-crecerá con unos padres que se aman y le aman, si, será muy feliz – dijo Sandro acariciando el vientre de su hermana.

Julia tuvo al niño y prosiguió con sus estudios, llegó a ser la dueña de una empresa de publicidad de gran éxito, en una entrevista que le hicieron, le preguntaron por el secreto de su éxito.

-yo, como muchos vivía en la seguridad, en la comodidad de donde estaba, pero para tener éxito de verdad, hay que ampliar los horizontes y arriesgarse para poder ganar – respondió Julia con naturalidad.

Mi prima embarazada

Viernes, octubre 14th, 2011

Ese día llegue de la escuela y me tope con la sorpresa de mi prima Leticia en casa había pedido asilo a mis padres ya que los de ella la habían corrido de su casa pues ya no pudo ocultar mas sus ya casi 6 meses de embarazo a sus 18 años se le había entregado a su novio dejándola este sola con el paquetote sentada estaba en el sillón llorando desconsolada mis padres me comentaron su problema y me pidieron que los dejara solos un momento así lo hice pero me escondí cerca para poder oír lo que le decían que le ayudarían hasta que naciera la criatura mientras hablarían con mi tío que en realidad era el del problema pues también oí decir a Leti que su mama si la había apoyado.

Después de un rato mi madre la instalo en un cuarto que estaba junto al mío durante unos días todo trascurrió normal pero fue hasta que un sábado que habían salido mis padres Leti me hablo me dijo Mario ven ayúdame por favor si que pasa me dijo sabes es que me duele un poco la espalda podrías darme un masajito, se sentó en la orilla de la cama yo me hinque atrás de ella y empecé a sobar sus hombros ella me dijo sobame en la espalda baja por favor así lo hice pero me quedaba incomodo al notar esto ella se puso de pie y me dijo que yo me sentara en la cama sin ningún pudor se quito su playera que traía y comencé a masajear su espalda así estuve un rato hasta que en un impulso le baje un poco el pans y el calzón que traía dejando ala vista un poco de su raya de sus nalgas ella no dijo nada ya no nomás masajeaba su espalda si no también parte de su trasero me atreví a mas y metí un dedo en su hendidura ella respingo y me dijo que haces volteo y me empujo avergonzado le pedí disculpas y salí de su cuarto.

En la cena solo pensaba en que les diría a mis padres además de cómo puede ser que una chica en su estado me excitara, nada mas se me quedaba viendo y comenzó sabes tía que me paso en la tarde yo decía trágame tierra que hija me pare y pedí permiso para retirarme espera dijo ella quiero platicarles lo que hiciste en la tarde yo ya estaba mas que asustado mi madre se me quedo viendo y dijo que hiciste hijo nada conteste si claro dijo Leti, mi primo muy lindo me dio un masaje ya que tenia un dolor en la espalda que no aguantaba así que lindo mi hijo yo respire aliviado ya cuando estaba recogiendo la mesa ella se me acerco por atrás me dijo sabes antes de te vayas a dormir vas a mi cuarto a darme otro masajito que me sigue doliendo la espalda si primo.

Como a las 11 toque a su puerta pasa oí entre muy bien me dijo sabes lo que hiciste hoy no estuvo bien pero no quise darle un disgusto a tus padres por lo buenos que han sido me disculpe y le prometí que no volvería a hacerlo a no ella replico una cosa es no decirle a mis tíos y otra muy diferente es lo que vas a hacer de ahora en adelante para que ellos no se enteren el que no entiende soy yo le dije pues mira por que crees que me paso esto señalando a su panza ya algo crecidita pues no se, por caliente y la verdades que desde la tarde que paso eso me quede súper caliente y como fuiste tu el que lo hizo quiero que me lo quites le dije yo pensé que a mujeres en tu estado no les agradaba el sexo para que veas que siempre se aprende algo nuevo me contesto sabes solo quiero que me chupes mi conchita y si lo haces bien puedo pagarte con el mismo favor claro además de seguir callando nuestro secreto.

Se sentó en la cama hasta ese momento note que solo traía la bata de dormir puesta abrió sus piernas lo mas que pudo se veía increíble acostada sobresaliendo su pancita me dijo ven chupame aquí me acerque pase mi lengua par probar su sabor fue amargo pero seguí después de unos cuantos lengüetazos le agarre sabor le sobaba la panza mientras le pasaba la lengua por su rajita rasurada que rico sabia ella gemía una y otra vez si sigue así metí mi lengua dentro de ella haciéndola venirse a lo grande sus piernas temblaban su respiración se entrecortaba le toque con mi dedo y un aún mas fuerte orgasmo le vino haciendo que se meara ahí en el piso yo no quise desaprovechar me saque mi miembro que ya estaba paradísimo lo coloque en su entrada y sin dejarla descansar se lo metí todo haciéndola gemir mas fuerte tres envestidas bastaron para provocarle otra venida si me decía después de un rato me dijo espera me pido que me saliera y que me acostara así lo hice ella chupo mi verga un rato a que sensación lo metía todo en su boca y cuando lo sacaba jugaba con su lengua en mi cabeza a que rico sus ojos clavados en los míos se detuvo se sentó en mi tranca y fue bajando poco a poco hasta tener toda adentro empezó a moverse en círculos y además con su vagina como que apretaba mi verga que rico se sentía su estado en verdad no era ningún impedimento para coger le agarraba sus tetotas apreté sus pezones grandes como tapas de nescafe así estuvo hasta que una vez mas le vino un orgasmo descomunal las contracciones de su vagina hicieron que yo me viniera llenando todo su interior ahora si descansamos los dos yo recargue mi cabeza en su panza en verdad me tenia extasiado me dijo gracias ya me hacia falta una buena cesión de sexo haber hasta cuando puedo quieres seguir haciéndolo le dije Leti eso ni se pregunta esta bien mañana te espero a la misma hora le dije oye no crees que sospechen mis padres mira lo haremos no muy seguido para no levantar sospechas ok esta bien nos besamos y salí de su cuarto.

Pensando que podría seguir comiéndome a mi prima aun después del nacimiento eso era lo que siempre sueña un chico de mi edad y yo lo tenía hecho realidad que suerte

Silvana y su pancita

Martes, mayo 6th, 2008

Esta historia comenzó cuando Silvana, mi vecina, quedó embarazada.

Ella era de estatura algo baja, delgada, de pelo castaño muy abundante cortado algo más debajo de los hombros. No era fea pero tampoco algo que deslumbrara y éramos buenos amigos, pero cuando quedó embarazada y su pancita comenzó a crecer, Silvana cambió por completo, no sé si por efecto de las hormonas o qué, pero se puso más linda que nunca, no sé, no puedo explicarlo, era ella misma pero a su vez estaba distinta, hermosa y radiante como un sol.

A medida que las semanas transcurrían y su panza crecía, Silvana se ponía cada vez más linda, se ponía esos vestiditos o unos enteritos para embarazadas que le quedaban divinos, estaba para comérsela.

Yo tenía un conflicto mental tremendo, Silvana cada día me gustaba más, cada vez que la veía el corazón me palpitaba a mil por minuto y todo mi cuerpo se estremecía de deseo hacia ella, pero entonces, si bien yo ya estaba separado y en trámites de divorcio, pensaba: “No, no puede ser que me pase esto, es una señora casada, es mi amiga y va a tener un bebé, tengo que reprimir estos sentimientos, no puedo ser tan hijo de p…”

Así, el tiempo fue transcurriendo y yo luchaba para reprimir mis sentimientos, pero un día cuando Silvana estaba de unos 5 ó 6 meses de embarazo, me llama a casa (vivíamos en el mismo piso de edificio) y me dice si no podía ir a su casa que no se sentía bien. Toco timbre en su apartamento y me abre la puerta, con claros signos en su cara de que había estado llorando.

“Pero Silvita, que te pasa, te sentís mal? querés que llame a G. (su esposo) o al médico? – le pregunto.

“No – me dice – No llames a nadie, solo quiero estar contigo, quiero me acompañes, G. se fue a Buenos Aires y no viene hasta mañana”

“Si – le digo – esta bien, acá estoy, ¿querés hablar de algo en especial” ¿hay algo que molestó? – de decía mientras nos sentábamos en le sofá.

Verla así me cruzó por la mente miles de pensamientos, estaba hermosísima, con una calza bordeaux y un vestido por encima de la rodillas estampado también en tonos de bordeaux y con esa carita triste que tenía me daba ganas de abrazarla y comérmela a besos y caricias, pero me contenía, como debería ser.

Pero entonces, ella me mira a los ojos y me dice: “Quiero que me abraces”

“¿Como?” – le pregunto sorprendido.

“Estoy triste y quiero que me abraces, necesito cariño” – me dijo.

Entonces yo me acerque a ella y le pasé el brazo por sus hombros, ella recostó su cabeza sobre mi pecho y le acariciaba su cabeza y su pelo muy cariñosamente, pero mis hormonas se ponían a full, estaba que me moría quería comérmela a besos.

Después de un momento así, sin decirnos nada, Silvana levanta su cabeza y me pregunta:

“¿Estoy muy fea con la panza?”

“¿Estás loca?” – le contesto – “estás más linda que nunca”.

“¿En serio?” – pregunta.

“¡Claro! no te voy a decir una cosa por otra, estas hermosísima desde tenés pancita” – le digo.

“No sé – me dice – G. no piensa igual, ¿sabes que hace como tres meses que no me toca? Creo que tiene otra ¿Tan fea estoy?

“No pienses eso – le digo – para mi estás mas linda que nunca” y entonces me animé a decirle todo lo que sentía por ella: “No sé lo que es, pero desde estás embarazada te pusiste más linda que nunca, no sé si serán las hormonas o que, pero la verdad es que desde tenés pancita he sentido cosas muy fuertes por vos”

Ella se me quedó mirando y entonces en una fracción de segundo pensé: “A la m…, que embarrada que me mandé, ahora me va a sacar picando de su casa, arruiné todo por estúpido, por no saber callarme”

Pero la cosa no fue así, para mi sorpresa, Silvana se sonrió con la sonrisa más linda que le había visto, se le borró la tristeza de su cara y me pregunta agarrándome la mano:

“¿En serio?, ¿ Que cosas sentís por mí?.

Yo medio balbuceando le contesto: “No sé, cosas que se me pasan por la mente, me gustas, me siento atraído por vos, se que está mal pero no lo puedo evitar, ¿que querés que haga?.

Entonces ella sin decir nada, acercó sus labios a los míos y nos besamos de la forma como nunca había besado a ninguna mujer, mientras le acariciaba todo su cuerpo hasta su cola y su entrepierna, estaba calientita y húmeda. Ya no hablamos más, sólo fueron suspiros y gemidos mientras  le dábamos rienda suelta al amor y a nuestros deseos.

“Vamos a la cama” – me dice – “quiero ser toda tuya, quiero que me hagas el amor” me dice.

En menos de que se dice “hola” estábamos en la cama, me desnudé  en un segundo y ella ya se había sacado el vestido y la calza, quedando solo en soutien y bombacha, un conjunto blanco, de algodón y Lycra, su bombacha era grande pero sólo a cubrir una parte de su hermosa cola, nos tendimos en la cama ella boca arriba, y entonces la besé en su labios para ir bajando hasta sus tetas, le saqué soutien y chupé sus tetas turgentes, bajé por su pancita redonda hasta llegar a su entrepierna, chupé su monte de Venus con abundantes vellos púbicos y bajé hasta su concha. Sus labios vaginales estaban turgentes y húmedos luego se colocó arriba mío y la penetré por la concha hasta fondo hasta descargarle toda mi leche en su vagina.

Me tiré en la cama con los ojos cerrados, descansando y ella se levantó y fue al baño, al ratito vuelve y se acuesta al lado mío con su brazo encima de mi pecho y su cabeza recostada a mí, y nos quedamos así un rato sin hablar.

Entonces, yo le digo: “Mi amor, ¿no te parece que tenemos que hablar de esto que pasó?

“No ahora no quiero hablar” – me dice – “Quiero quedarme un rato así contigo, me siento bien, feliz y completa, no quiero arruinar el momento”

“¿No te parece que me tendría que ir? puede venir alguien” – le digo – “no sé, tu mamá o alguien”

“No, no quiero que te vayas, quiero que te quedes conmigo, me hacés sentir bien, además Mamá no viene hasta las 7 y pico” – me dice. “¿Ya no querés estar conmigo?”

“Si, ¡cómo no voy a querer estar contigo!, ojalá pudiera estar contigo las 24 horas del día. Te amo con locura, Silvita, estoy enamorado de vos hasta la médula” – le digo.

Nos empezamos a besar nuevamente y bajo su cabeza hasta mi miembro y empezó a chuparlo y ha lamerlo con una dulzura increíble. Después de un rato me levanto y le pido que se ponga en 4 patas en posición de perrito o en “21” como se le dice, le besé y mordisqueé sus nalgas, le lamí su concha y su ano, introduciéndole la lengua en ambos agujeros todo lo que pude, su sabor era exquisito. Le penetré la concha muy suavemente hasta fondo, la cogía con todo mi amor y lujuria, disfrutando del momento como nunca mientras ella también disfrutaba como loca también. Mientras la cogía por la concha de humedecía el ano con saliva y le introduje primero un dedo y luego dos, luego le saqué la pija de concha y muy suavemente de penetré el ano. Ella disfrutaba como nunca, cuando mi verga la penetró, sólo se quejó un poquito y me dijo casi como un susurro: “Despacito por mi cola, mi amor, que sino me duele”

“Si mi amor, decime si te duele que la saco” – le digo cariñosamente.

“No, no me la saques, pero hacemelo despacito con cariño” – me dice.

La cogí por el ano un rato muy suavemente, con suaves movimientos para no lastimarla, ya que me había entregado su cola no quería arruinarlo siendo muy bruto, entonces lentamente fui aumentando mis arremetidas mientras veía que ella disfrutaba cada vez más y cuando vi que Silvana estalló en un orgasmo brutal yo estallé con todo mi semen en su recto, pero mientras yo me relajaba aún sin sacar mi verga de su ano, ella tuvo por lo menos otros dos orgasmos más, fue algo espectacular, ambos disfrutamos como nunca.

Después de ese segundo y hermoso polvazo anal, me fui al baño a lavarme y cuando vuelvo ella ya se había puesto su bombacha y su soutien y se estaba vistiendo, vengo de atrás y la abrazo y le beso su nuca y ella da vuelta su cabeza y me besa los labios y me dice:

“No, no, basta por hoy” – me dice corriéndose para un costado – “creo que ahora si tenés que irte, puede venir mi madre en cualquier momento, mañana nos vemos de nuevo”

“¿Estás segura? – le digo – pero te amo, no quiero dejarte más, quiero estar contigo todos los días”.

“Si, yo también te amo, pero estoy confundida, quiero estar sola para pensar en lo que nos pasó” – me dice.

“Bueno -le digo – fuiste vos la me llamaste, porque estabas sola y mal” – le contesto.

“Si, ya sé” – me dice – “pero no pensé que nos iba a pasar todo esto, ahora andáte que me ponés nerviosa, mañana hablamos”.

Y al otro día hablamos sobre lo que nos pasaba y nos dimos cuenta que los dos nos amamos y que éramos el uno para el otro, y desde entonces estamos juntos.

Silvana se divorció de su esposo y ahora estamos casados y tenemos dos hijas nuestras, que sumados a su hijo e hija su matrimonio anterior, formamos una enorme familia que se agranda aún más cuando vienen mis dos hijas de mi matrimonio anterior y somos extremadamente felices.

mariom1959@hotmail.com

Un Hogar Completo (X).. Rosa y el Cura

Lunes, abril 30th, 2007

Para el fin de semana siguiente a la salida de Adelia de nuestra casa, aún no habíamos conseguido una segunda empleada, y el viernes el trabajo se acumulaba y mi criada mayor, Rosa, estaba que botaba el tapón.  A pesar de nuestras entrevistas, ninguna de las candidatas parecía llenar las condiciones necesarias para ayudar a Rosa con los quehaceres de la casa.  Así, ese sábado, cuando regresé de mis habituales 18 hoyos de vagabundería (porque soy tan malo para el golf, que ni siquiera puedo decir que juego), me encontré a Rosa y a toda la caballería haciendo limpieza de emergencia.

Estaban en ropa de trabajo, Rosa con un short holgado y remera de tirantitos, Mayra con un short de jean y camiseta de mangas; además de ellas, habían dos jovencitas subidas de pie y de espaldas en los muebles de la cocina, ambas vestidas idénticas, ambas rubias, una de cabello corto rizado y la otra igualmente rizado, pero de cabello por los hombros; ambas vestían cacheteros (shorts muy cortos que dejan ver el inicio de la nalga), ambas evidentemente adolescentes, y ambas poseedoras de piernas torneadas que culminaban en un apetitoso culo.

Al entrar y ver semejante desorden de gente pregunté que hacían, a lo cual Rosa respondió sencillamente que “como usted es un desgraciado que no le da la gana contratarme una asistente me tuve que traer a toda la familia”; para carcajada general, baste decir.  Así, las gemelas bajaron de los muebles de cocina y me las presentaron; ahí caí en cuenta de mi error, no eran gemelas, eran gemelos; digo, la de cabello largo si era una chica, que respondía al nombre de Raquel (cuando le daba la gana!!), el otro era Denis, que ya viéndolo de cara era parecido a su hermana, pero no mucho, de ademanes y gestos tanto o más femeninos que los de su hermana; obviamente gay el chico.  Ella estaba apenas a medio desarrollar, con sus catorce años recién cumplidos, pero con una expresión y dominio de la sensualidad de su cuerpo que solo una adulta muestra; y él igual, parecían esos chicos que no saben, pero que quieren que su vida sexual empiece ayer!!.

Los dejé trabajando y me fui al estudio a trabajar un poco y alejarme del escándalo que hacían esas mujeres; al rato llegaron las gemelas a hacer la limpieza, dejándome asombrado el parecido de gestos y cuerpo de ambos, aún tomando en cuenta la diferencia de género; el impacto subconsciente fue tal, que nunca volví ni siquiera a pensar que Denis no fuera una mujer, para mi siempre serían, a partir de ese día, las gemelas.

Ya tarde en el día, parecía que el huracán de limpieza había pasado, a las seis de la tarde decidí que el esfuerzo hecho por ellas había sido suficiente, así que salí de mi estudio, las mandé a ducharse y les propuse que, mientras ellas se arreglaban, yo iba cocinarles algo para la cena.  Recordé mis artes culinarias y les preparé una paella valenciana, la cual comimos con fruición, irrigándola con un buen vino; después de la cena y en la sobremesa pasamos a la sala de estar, donde decidimos tomarnos unos tragos, para los mayores, y unas cervezas ligeras para las gemelas, bajo la atenta mirada de Mayra.  Entre broma y broma, muchas de ellas subidas de tono, me di cuenta que las gemelas estaban al tanto o sospechaban fuertemente de las relaciones sexuales esporádicas que mantenía con su madre y con su abuela, lo cual hacía más mordaces las frases de doble sentido de las chicas, para risa de los demás.  En una que va y otra que viene, Rosa me dice, “Mario, yo le debo a usted el resto de mi anécdota en el convento, no?”.  “Si señora, me la debe, ¿por qué?, ¿me la va a contar ya mismo?”, “Pues si, la verdad es que si”, en eso Mayra dice… “Mamáaaa, respete que están los gemelos!!!” preocupada por las chicas…  “Nooo, si a usted se la conté cuando tenía trece años, además ellos saben que su abuela no es una santa, ¿verdad muchachos?” dice Rosy volviéndose a sus nietas.  “Ni santa ni mucho menos, si ya he visto el juguete que tiene en la mesa de noche, abuela…” dijo Raquel muerta de risa.  “Bueno, está bien, pero no se pase Ma” dijo la grandota de pechos imponentes, recostando la cabeza en mis regazos, como lo hiciera cuando su madre nos relató la primer parte de la anécdota; las gemelas se sentaron juntas en un sillón, a mi izquierda, fuera del campo de visión de su madre, y Rosa se sentó a mi derecha; así, y cruzando sus piernas empezó la segunda parte de su historia.

“Bueno….. en dónde me quedé…  ahh si, cuando Mariana y la hermana Soledad me iniciaron en el sexo lésbico…”

“Abuela!!!, que zorra!!!” dijo Raquel con sorna, “callate, que ya deseara yo que todas fuéramos así de zorras en la familia; déjala contar” dijo Denis con determinación.

“Si, eso, déjeme contar y no juzgue sin saber, mocosa atrevida…”

Bueno, el asunto es que conforme iban pasando las semanas yo iba cada vez más a chequeo médico por mi embarazo, con la hermana Soledad, que una vez si y otra también terminaba en sesiones de sexo deliciosas.  Igualmente fui haciendo migas con las otras novicias, así como con las monjas y con los dos curas, principalmente el padre Sebastián.

Una tarde de domingo, después de las misas que se ofrecían en el convento para los vecinos, me sentí un poco indispuesta, y decidí ir a la habitación de la hermana Soledad, con quien tenía más de dos semanas de no coger, y con la esperanza de pasar una tarde de sexo, más que Mariana, la pareja oficial de Soledad estaba en casa de su familia ese fin de semana.  Pues feliz de la vida me dirigí a la habitación, pero cuando estaba por entrar (las puertas no tenían seguro) escuche dos voces discutiendo, no acaloradamente, pero si discutiendo, en ellas reconocí a Soledad y al Padre Sebastián.

“….  además Padre, usted es el que se ha alejado de todas, parece que le dio otra vez la santulona…”  “pero Hermana, usted sabe bien que es pecado, que la iglesia no lo permite…”  dijo compungido el cura.  A lo que la novicia le respondió cortante “no me joda, nosotros nos debemos al señor, no a la iglesia, además las demás muchachas están muy enojadas, porque tienen necesidades y usted es el único por acá que les saciaba la sed de hombre”.

A estas alturas ya yo había abierto la puerta levemente y los podía observar conversar uno a la par del otro, sin mirarse, más bien viendo por la ventana  a lontananza.   Divertida, también vi la mano del Padre Sebastián tocarle descaradamente el culo a la novicia, mientras estaban en un silencio de su conversación.

“y además, Mariana no vería con buenos ojos si se da cuenta que cogimos, ella es muy celosa, y apenas me deja tener sexo con las otras, principalmente con Rosy, por lo que no creo que le guste saber que estoy teniendo sexo de nuevo con usted…”  “si, bueno, tiene razón, pero Soledad, me muero de ganas de cogérmela a usted!!”  suplicaba el cura, apretando más duro la nalga de la Gran Diosa del Sexo…

“Por cierto, ¿qué tal coge esa chica Rosy, la que está embarazada, que tiene como quince años no?”  preguntó Sebastián con morbo en el tono de voz, yo al sentirme aludida agudicé el oído, pues me interesaba mucho la opinión de ese ángel con cuerpo de tentación…  “Delicioso, en la cama es una fiera, se apunta a todo y lo hace muy bien todo…y si, es apenas mayor que yo, ¿porqué mejor no se la coge a ella?, de veras padre, ando con muchas ganas de sexo, y si sigue insistiendo voy a hacer una barbaridad que no quiero”.   Luego de otros treinta segundos de silencio, en el que Sebastián había cambiado de nalga, acercándose más a soledad, yo ya había tomado una decisión, y entré lo más silenciosamente posible a la habitación.

“Tengo una idea” dije yo alegremente, dándole tremendo susto a la pareja de religiosos…  “¿Por qué no cogen ustedes, mientras yo estoy en el cuarto?, y después yo le digo a Mariana que era yo la que cogía con el padre Sebastián, mientras usted nos miraba; así no va a haber problema si alguna de las chismosas de ahí afuera escucha el escándalo…”

La risa de ambos se hizo inmediata… “Rosy, es que cuando dicen coger, a usted el cerebro le funciona a mil, ¿verdad? Jaja” dijo mi amiga…  “Tiene razón, a mi me dá mucho morbo el asunto” dijo el Padre Sebastián, mientras se paraba de espaldas a Soledad, abrazándola mientras le tocaba lascivamente las tetas por encima del hábito.

Esto despertó el deseo de la novicia, quien arqueándose y levantando sus brazos, dejó sus senos a disposición del deseoso cura.  Al ver esto yo me acerqué y le di un delicioso beso a la joven, empezando a desabotonarle el hábito, poco a poco, con toda la lujuria que pude.

Una vez desnuda Soledad, tomó al cura de la mano y lo llevó a su cama, procediendo a desnudarlo, con igual lascivia que la que yo le aplicara a ella.  Yo por mi lado, me quité la bata que siempre usaba, y quedando en pelotas me senté en la esquina de la cama que daba a la pared, tratando de no estorbar, pero observando atentamente el asunto; mientras empezaba a tocarme mis pezones, que estaban enormes debido a mi avanzado estado de embarazo.

El padre Sebastián estaba de espaldas a Soledad, quien en posición de perrito le ofrecía su trasero  al hombre que, sin pensarlo dos veces procedió a pasar la lengua por las nalgas, el culo y la vagina de esa novicia, que movía su trasero como si la estuvieran penetrando, mientras daba gemidos ahogados de placer.  “mhmhmh   siii… hágamelo padrecito, chúpeme toda soy suya…  hoy soy suya…  hágame lo que quiera padre”,  mientras el cura sacaba su lengua y la pasaba por todas las partes de la retaguardia de la chica.

“Venga, dése vuelta”, le dijo Sebastián al momento que tomaba a la novicia por la cintura y la acostaba de espaldas, abriendo sus piernas de una forma inverosímil, dejándome ver esa vagina que tantas veces yo misma había disfrutado, y que no me cansaría de disfrutar.  Sin mucho miramiento, el sacerdote empezó a chupar el clítoris de la chica, con un deseo que solo lo dan los meses de abstinencia (rodeado de mujeres dispuestas, peor aún), como queriendo comerse el botoncito de la vagina de la novicia, que no paraba de gritar: “chupe padre, chupe, que hace tiempo me faltaba un hombre, deme sin compasión padrecito deme lengua…” mientras ella misma se estrujaba sus hermosos pechitos y pellizcaba sus pezones con dulzura.  Mientras observaba esto, yo también me di cuenta de que tenía meses de no disfrutar de una buena verga…

La interrupción al relato vino de la voz más obvia: Denis!!  “¿Qué tán grande abuela, que tan grande tenía la pinga el cura ese?”…  “Callate maricón, déjala que cuente..!!” le respondió su hermana gemela.

“pues si, era grandecita, unos 18 centímetros, y gruesa, eso si, gruesa como un desodorante”  contestó la narradora.

El caso es que yo estaba templadísisma observando la mamada de campeonato que le daban a la Diosa del Sexo, y sin poder detenerme, me acerqué y metí mi mano debajo del cuerpo del cura, sintiendo semejante pinga entre mis manos, que estaba dura como poste de luz y con líquido cubriéndole la cabeza…  de veras este hombre necesitaba una hembra, y con urgencia!!!…  “Ay, Rosita, si, sóbemela rico” dijo Sebastián levantando la cabeza de la entrepierna de Soledad.

Tal vez por urgencia sexual, o por cansancio de la posición, pero el caso es que Sebastián aceleró la mamada y con dos dedos penetró la vagina de la monja, la cual empezó a bufar como toro enojado, sintiendo el orgasmo que le llenaba el cuerpo, levantándose sobre sus talones como queriendo meterle la vagina en la cara a este pobre hombre destinado a satisfacer a la mujer más sexual del planeta.  “siiii…  cabrón, maricón de mierda, me vengoooo..  acaaaabo…  deme mássss  mássss siiiiii  auhghghghgh….” gritó la novicia en el paroxismo de su placer, cayendo pesadamente de espaldas cuando su orgasmo acabó.

“uy padre, usted mama como hembra, que rico…!!!!” dijo Soledad.  En ese instante el cura se levanto sobre sus rodillas dejando su miembro de frente a la monja, la cual tenía intenciones de proceder a chuparle la verga al cura; sin embargo Sebastián no le permitió tal placer, porque se lanzó sobre ella, y poniendo la verga en su estrecha cueva procedió a empujársela de un golpe…  “venga puta, venga que ahora va a sentir lo que es rico, no esas mamaditas de mierda que se dan entre ustedes, tortilleras de mierda; pinga es lo que necesitas…  siéntala hermana sienta la pinga de su sacerdote” dijo el cura en el colmo del éxtasis al lograr penetrar esa vagina que hace meses lo tenía en penitencia.

La penetración se hizó más rápida, y más fuerte…   Soledad no podía ni gemir del placer y la sensación de sentir esa gorda verga en su chochito…  “mhmhmmh  sdiii mhmhm  sdiiii”  era lo poco que podía decir.  Máxime que yo decidí darles una mano y en ese momento me recosté paralela al cura para mamarle las tetitas tan deliciosas que portaba la novicia puta.

Cinco minutos duraron en semejante mete y saca, cuando decidieron darse la vuelta, para que ella cabalgara la verga de su confesor.  Colocándose sobre el miembro, Soledad simplemente cerró los ojos y se dejo caer de golpe, para luego empezar a saltar como desaforada por un par de minutos, luego de cansarse se recostó sobre el pecho de él dejando que fuera la verga la que hiciera el trabajo, mientras ella estaba de rodillas recostada sobre el velludo y joven sacerdote.   Ante esta posición, mi participación era mínima, pero yo quería jugar, quería ser parte del orgasmo maravilloso que estos iban a tener…  Así que posicionandome detrás de ellos procedí a mojarme dos dedos con saliva y a penetrar a Sole por el culo, siguiendo los mismos movimientos de alberga del cura.

“Ayyyy puta cabrona…  me matas…  siii  a métame los dedos en el culo métamelos… puta de mierda…”  gritó la bellísima mujer.

Otra interupción al relato… “Es que a dos puyas no hay toro bravo, mi mama” dijo con voz cortada Mayra, recostada en mis regazos, pero visiblemente excitada por el relato de su madre…

“Si tienes razón, si sabremos nosotras.. jajaja”  respondió Rosy, mirando a sus nietos que con cara de deseo y templazón no perdían detalle del relato; que inmediatamente continuó…

El asunto es que Sebastián sintió la inminencia de la eyaculación y nos la hizo saber… “me vengo muchachas… me vengooo….”, ante ello Soledad saltó inmediatamente, pues ya con una embarazada bastaba, y amablemente me permitió que fuera yo la que le sacara la leche al cura con una masturbada final…  fueron tales los chorros de semen, que me cayó en la boca y en el pelo, y ni que decir de la espalda de Soledad, toda churreteada de semen, que ya empezaba a bajar por su espalda, amenazando con caer a las sábanas por la rajita del culo de la monja.  Yo, como la encargada de labores de limpieza, decidí que lo mejor era evitar que eso sucediera y procedí a chuparle el semen de la espalda de mi amiga, aprovechando para estirar el brazo y agarrarle las tetas.

Soledad se agachó y besó tiernamente a su cura, y volviéndose hacia mi, me dijo con toda la ternura del mundo “Gracias Rosy, me regalaste una regada deliciosa…” y me estampó un beso lleno de ternura y lascivia, que no ayudaba en nada a que se me bajara la calentura.  Luego nos separamos y cada uno quedó en silencio por un momento.  Yo, creyendo que había cumplido con el deber prometido, me levanté de la cama y empecé a despedirme… “bueno, yo los dejo enton…” “Noooo, para donde vas mi reina, si tu sigues barrigona!!!” me gritó Soledad agarrándome de la mano y trayéndome de vuelta al lecho del placer.

“¿Me ayuda padre, a darle las gracias a esta zorra alcahueta?” dijo Soledad, acostándome ente ellos dos, mientras yo feliz del giro de la situación abrí las piernas lo más que pude, para que alguno de ellos se apiadara de mí y me diera una buena comida de coño.

Esta vez fue Soledad, quien retomó a sus raíces lesbianas y procedió a mamarme con desespero…  “si hermanita chupeme el chunche, venga dele lengua mamita, que es suyo, cuando quiera es suyo…  métame los deditos que ya estoy super mojada”.  Ella, ni lerda ni tonta, empezó con dos dedos, luego con tres, en un metesaca fabuloso que me tenía al borde de un orgasmo tan ansiado como fuerte…

El padre Sebastián, excitado por la situación, se puso de rodillas, y poniendo una mano en la pared para que me quedara más cómodo el asunto (recuerden que estaba por dar a luz), posó su pene flácido en mis labios, que lo atraparon inmediatamente haciéndome recordar inmediatamente el placer de mamar pinga, tal y como lo había hecho múltiples veces con mi hermano Gerardo, y con el negro Eusebio, amén de otros muchos más en mi pueblo.

El semen que aún salía por su pene era como miel del cielo para mi, que estaba tan necesitada de hombre que no me acordaba ya de esos placeres.  Así, mientras ese pene monstruoso crecía en mi boca, Soledad arreciaba sus ataques a mi vagina, sacando su mano y mojando mi culito con mis propios jugos…  ya yo sabía lo que pretendía, y sacándome el tesoro que tenía en mi boca solo dije “dele sin miedo hermanita, que hasta el culo tengo dilatado ya, de las ganas que me ando…”.  ella, simplemente procedió a hacerme lo que entre nosotras llamábamos “la Tijera”, que consistía en meter verticalmente el dedo chiquito y el anular en el culo, el índice y el corazón en la vagina, y con el pulgar tratar de masajear el clítoris; es la muerte lenta… les cuento.  Bueno, el asunto es que al sentir semejante movida de dedos por todos mis agujeros, me di cuenta que si estaba llena, tenía la boca llena, el culo y la vagina ocupados, era la mujer más feliz del mundo.  Con esto en mente aceleré el ritmo de mamada, y sintiendo la mano de la monja en mis agujeros, me asaltó un orgasmo deliciosamente aterrador…   Sentí que se me venía el chiquito, que el mundo me daba vueltas, me maree y solo escuchaba mi propia vos como a la distancia clamando por clemencia…  “ahhh  siiiii… yaaaaaaaaaaa,  siiiiiiiiiiii  aughghghgh”.

No se a ciencia cierta si me desmayé o nó, sin embargo, cuando volví a tomar conciencia de los eventos los clérigos habían cambiado de lugar, Soledad me daba tiernos besos a mis tetas inmensas y a mis pezones hinchados, mientras que el cura se hincaba entre mis piernas, con su verga en la mano, blandiéndola como violador y listo para penetrarme con ese regalo divino que me hipnotizaba con su único ojo.

“Métala padre, ustedes me van a matar hoy, métala sin piedad, que necesito picha como nunca en mi vida, deme padrecito…” rogaba yo en el límite de mi excitación.

“ya que me la pides putita, aquí la tienes….!!!”  dijo Sebastián en el momento de insertarme semejante monstruo en mi vagina, que por demás estaba seriamente estrecha por falta de verga.  No se me había ocurrido, lo que podía hacerme semejante pinga, estaba muy templada para pensar, pero al sentirla adentro, sentí como si me metieran un hierro caliente, me quemaba, y no había forma de acomodarme, porque ya tocaba todas las paredes de mi vagina, así que resignada al tremendo dolor, esperé que el movimiento me ayudara a empezar a disfrutar.  Se los digo, nunca me han gustado las pingas muy grandes, la maltratan a una y se siente igual de rico; pero ese día lo que yo necesitaba era esa pingota, y la necesitaba ya.

Los gemidos de ambos no se hicieron esperar, el metesaca del padre Sebastián no dejaban oír mis propios gritos…  me estaban matando de placer, y para colmo soledad estaba dándome una mamada de tetas como nunca en mi vida.  No pensaba solo sentía, estaba atontada de los golpes de semejante bruto, que para colmos, no se contentaba con tenerla adentro, sino que la sacaba completamente, y la volvía a meter igualmente de golpe.

“¿Me das el culo? Puta de mierda!!”  preguntó el sacerdote; sacando la pinga y poniendo el cíclope en la entrada de mi culito.  Se los juro, no lo pensé, de haberlo pensado me hubiera levantado y me hubiera largado.  Era virgen del culo, y estaba por ponérselo a la pinga más grande que había visto en mi vida.  Soledad, sabiendo por experiencia lo que se me venía me dio la almohada y me dijo, “tome para que muerda y se la aguante amor… porque esto es en serio”.  En ese momento Sebastián empezó a empujara, rítmicamente, como si ya me estuviera cogiendo, pero poco a poco, cada vez que empujaba, la lograba meter un milímetro más que la anterior, y así poco a poco hasta que cuando ya logró meter el glande yo estaba por perder la conciencia, pero nada más me dijo, “ya entró la parte gruesa, el resto es más simple”, y empezó el típico movimiento de cogida…  Lo admito, me dolió en puta, no soportaba un segundo más, pero igualmente me encantó, y desde ese día siempre me ha gustado que me den por el culo; pero en ese momento no era yo, sino mi cuerpo el que reaccionaba solo, al placer que estaba recibiendo. Ocho minutos duró el suplicio del placer, hasta que Soledad decidió ayudar, y poniendo su mano sobre mi vagina, me penetró con no se cuántos dedos, mientras la palma de su mano frotaba mi ya hinchadísimo clítoris.

“Siii  puta, me pagas con la misma moneda babosaaaa…” le gritaba yo en el momento en que sabía se acercaba mi orgasmo.  “Me vengooo me riego, puta panzona, venga para llenarle el culo de leche   tomeee”  dijo el padre Sebastián acelerando sus movimientos en el momento previo a la eyaculación, los cuales apresuraron mi propio orgasmo; así, cuando sentí el chorro de leche caliente llenándome los intestinos, me vine en un desesperado orgasmo.  Solo recuerdo que grite, grité como si me estuvieran matando, grité de dicha, grité de placer, grité de dolor; luego todo fue oscuridad, me había desmayado.

“Me desperté el día siguiente en la cama de Soledad, molida y con crema antiséptica en el culo, porque el playo de Sebastián me lo había roto”.

Con esa frase terminó el relato de Rosa, quien se quedó mirándonos en silencio, mientras todos la veíamos igualmente callados, hasta que Denis soltó la pregunta que le atormentaba y le iba a atormentar por varios meses más  “Abuela, y… duele mucho que le partan el culo a uno?”.  Todos nos reimos a más no poder, a excepción de Mayra que le costaba aceptar que su hijo Denis fuera realmente su hija Denise.  Luego de las bromas gay que le llovieron al chico, Rosa lo miró con la ternura que toda abuela tiene en su corazón, y le dijo:  “Si mijo, te va a doler mucho, pero el dolor pasará y lo disfrutarás mucho, porque ese día te sentirás mujer para el resto de tu existencia”, y le dio un beso en la frente a su amanerado nieto.  “Pero vámonos que es tarde…  Mario, ni sueñe en que nos quedemos porque mañana hay que ir a un bautizo en el culo del mundo de Sarapiquí, y son como tres horas en bus; así que aligere, que tiene que irnos a dejar a casa”.

De camino iba pensando en lo extrañamente deliciosa que era esa familia que la vida había puesto en mi puerta, y me preguntaba si cabía la posibilidad de añadir a la nieta a las actividades sexuales que ya compartía con su madre y su abuela.  Al despedirse Rosa espera a que todos bajen del carro y se dirijan a la entrada de su humilde vivienda,  se vuelve y me dice: “Dos cosas Mario: Una, llamó una muchacha en la tarde, que quiere el trabajo, parece buena, le dije que esté en la casa el lunes a las 6 am, para que usted la entreviste”, “Rosa, yo no me levanto hasta las siete” dije mirándola con seriedad.  “Si ya se, gran vago, pero si la tonta esa llega a las seis en punto, tal vez si sea la que ocupamos….  Y dos, ya para que se vaya a casa y se masturbe en paz… Ya vi los ojos que te hizo mi nieta, solo quiero que sepas que prefiero cien veces que sea usted el que se coma ese virgo antes que un patinetero vagabundo y drogadicto o peor, un empleado publico de la ANEP; así que llegado el momento se la voy a servir en bandeja, para que me la cuide y le enseñe, recuerde que apenas tiene catorce, y que hace un año apenas jugaba con muñecas.  Ahora jálese, que tengo que irme a dormir”.

Ni qué decir, que esa noche me masturbé como adolescente varias veces, sin saber si pensaba en Rosa, su hija, sus nietas o la historia deliciosa de su vida de puta.  Ahhh… y seguro que esa misma noche las cuatro estarían masturbándose igual.

La historia la seguiré en el siguiente capítulo, les parece?

Saludos, si quieren me pueden escribir a Cotico: tico6013@yahoo.com

La humillación / Quinta parte (Final)

Miércoles, febrero 14th, 2007

Mi vida seguía transcurriendo igual, con constantes humillaciones y vejaciones, siguieron las temporadas de caza y sufrí la violación de todos los hijoputas que me traía Paco, el tiempo pasaba muy deprisa, tanto que cuando quise darme cuenta mi hijo era casi un hombre con quince años, casi no lo conocí cuando lo vi entrar, se parecía mucho a su padre aunque tenia mis ojos, le quise dar un beso pero apartó su cara, no le culpo para él casi era una desconocida.

Viene a pasar las vacaciones conmigo. Berreó y sentenció Paco. Pero a mi de daba igual por fin iba a tener a mi hijo aunque fuese el verano, tenia ganas de llorar y saltar de alegría, pero preferí aguantarme.

Pero desgraciadamente, para mi hijo yo era una desconocida, no era culpa suya, sino del hijoputa de su padre, Paquito se iba transformando poco a poco, tanto, que a los quince días ya me daba ordenes tenía casi la misma voz que su padre cuando berreaba.

Hasta ahora Paco no me había tocado, supongo que por la presencia del chico, pero un día me voceó: ¡Mariiiiiiiiaaaa!, acudí corriendo, estaban sentados al lado de la chimenea.

Paco se volvió a nuestro hijo y muy serio le dijo: Muchacho, eres todo un hombre, ya va siendo hora que conozcas como es una mujer. ¡Trabajate al chico puta!. Abrí los ojos como platos, no dába crédito a lo que oía.
Pero Paco se trata de nuestro hijo, le supliqué.

Entonces oí la voz de ¡MI PROPIO HIJO!, diciendo ¡Cálla zorra y haz lo que te ordena mi padre!.

Paco le felicitaba orgulloso por su orden, pero a mi. . se me rompió el alma al oírle, mi propio hijo …y su padre me obligaba a… sentí nauseas y una arcada seca me vino a la boca, me quedé clavada en el suelo incapaz de moverme, mi cuerpo se negaba.

¿Me has oído zorra?, volvió a berrear Paco.

Entonces mi hijo se levantó y vi la misma expresión de crueldad en sus ojos, la misma que tantas veces he visto en Paco. Me cogió de los pelos haciéndome daño y me obligó a arrodillarme ante él, con su otra mano se abrió la bragueta de golpe y se sacó la poya, restregándola contra mi boca, se la cogí y me la metí en la boca, por su tamaño comprendí que iba a ser tan grande como la de su padre, mientras se la mamaba mis ojos se llenaron de lagrimas y lloré en silencio mientras le miraba a los ojos, tenia la esperanza de que me reconociera, pero los tenía cerrados y por su boca abierta se le escurría la baba por el gusto que recibía.

Rendida y sin dignidad le trabajé la polla a mi propio hijo como a cualquier hombre a los que Paco me ofrecía. Su padre orgulloso le felicitaba y le animaba, cuando la tuvo tiesa me empujó contra el suelo con tanta fuerza que me golpeé la cabeza y casi me mareé, se me nubló la vista pero sentí como me habrían las piernas al máximo haciéndome daño en las ingles y me penetró el chocho salvajemente, como lo tenía seco grité de dolor y mis gritos le pusieron más frenético todavía y me pegaba unos poyazos muy fuertes.

Estuvo un buen rato y cuando se cansó me puso a cuatro patas, me abrió el culo con las manos y me la clavó, desgarrándome por dentro, me embestía con fiereza era más bruto que su padre.

Eso está muy bien chico, pero la próxima vez procura escupir antes en los agujeros y los restregas untándolos de saliva, por que si la ramera que te follas está seca te puedes lastimar el rabo de tanto trajinarla, decía riéndose.

Al poco me la sacó y me la metió en la boca inundándola de semen mientras se corría aullando, tenía menos aguante que el padre –pensé un poco aliviada cuando se retiró y se sentó.

Me iba a levantar pero Paco me puso la bota en la espalda y no me dejó. Ahora hijo fíjate bien, aprende como tiene que follar un hombre.
Me horroricé al oírle, me dio dos palmadas en las nalgas, dejando marcados sus dedazos, me escupió un salivazo en el culo y me lo untó metiéndome dos dedos, luego me clavó su duro cipote en el culo dolorido, embistiéndome como un salvaje, me follaba sin parar diciéndome guarrerías provocando la excitación en nuestro hijo. Paquito se puso frente a mí y me obligó a chuparle el nabo otra vez, me violaron entre los dos, me rompieron el vestido a tirones y mi hijo me manoseó los pechos, me hizo un daño horrible al pellizcarme los pezones.

Me violaron durante cuatro horas, se corrieron por todo mi cuerpo dejándolo pringoso, hasta me mearon encima, me dejaron tumbada en el suelo, hecha una ruina humana, mientras se iban a dormir oía sus carcajadas y sus chistes sobre la hazaña que habían cometido.

Quise llorar pero mis ojos se negaron, estaban secos, deseé morirme pero tampoco se cumplió el deseo, en mi cabeza se agolpaban los recuerdos de niña mezclados con el horror de mi vida junto a Paco. Noté como mi odio crecía y crecía y decidida me puse lo primero que encontré, y arrojé leña con resina al la chimenea, con fuerza. Los troncos saltaron y prendieron fuego la alfombra, poco a poco el salon se fue convirtiendo en un infierno y yo en medio, clavada al suelo.

Me ahogaba con el humo y tosí, abrí los ojos al máximo en busca de aire y me entró pánico, salí corriendo de la casa gritando ¡FUEGO!, ¡FUEGO!, ¡FUEGO!.

Se encendieron las luces en casa de Rosita y Rafael acudió corriendo.

Al ver el infierno en que se había convertido la casa, se asustó y se fue a la suya a llamar a los bomberos del pueblo, sabia a ciencia cierta que llegarían tarde y así fue.

Paco y su hijo murieron carbonizados en el incendio, lo declararon fortuito.

Cobré el seguro, por lo menos el cerdo de mi marido había echo algo bien, cuando tuve arreglado los papeles de viuda, hablé con el notario, quería vender la hacienda.

Lo entendió y se puso en contacto con unas personas que conocía, yo me busqué un abogado para que me arreglara los papeles, la vendí y me olvidé de todo, tenia muchísimo dinero y mi abogado lo administraba, era un despacho muy serio, me aseguré de ello.

Y un día por casualidad conocí al hombre con el que vivo y os escribe esto, han pasado seis años de todo aquello y todavía me despierto con pesadillas, oyendo los berridos de Paco, pero sólo son eso…

… PESADILLAS.

ahmed

La humillación / Cuarta parte: El señor cura

Miércoles, febrero 14th, 2007

Mis pechos habían crecido mucho y había engordado al igual que Ryo, nuestro embarazo iba ya por el octavo mes, eso si que lo recordaba con ilusión quería al hijo que llevaba en mis entrañas, tenia la esperanza de poder criarlo, que fuera distinto al hijo puta de su padre. . pero esos es otro capitulo. En mi octavo mes me empezó a subir la leche a mis tetas, mi cuerpo se estaba preparando para amamantar a mi hijo cuando lo pariera. Paco no respetó mi preñez en ningún momento y a Ryo tampoco, nos jodían cuando les venía en gana o nos ofrecían a sus amistades, que nos follaban sin reparos, Paco se enteró de que tenia leche en mis pechos y me los mamaba, decía que quería probarla antes que sus hijo, además una partera campesina le dijo que así mis tetas fabricarían más leche para la criatura. Ryo fue distinto por más que la mamaban de sus pechos no salía leche y los pezones los tenia doloridos de tanto que la mamaban Paco y su marido al follarla. Tuvo la subida de leche cuando parió, no antes como yo.
Paco y Rafa se sentaron a comer y cuando terminaron se fueron al salón a tomar su copita de anís.
Paco quieres café. Le pregunté.
Yo sí, dijo rápidamente Rafael.
¡¡¡No!!!, espera, ordenó Paco, en vez de café danos leche dijo el muy cabrón clavando sus ojos viciosos en mis pechos. ¿Haz probado la leche materna compadre?.
No, ya sabes que Ryo no tiene. Contestó Rafa.
Joder, María tiene para los dos de sobra, anda María siéntate encima de él y deja que te mame las tetas, me ordenó.
¿Os podéis imaginar lo que pasó por mi mente?. Sumisa y totalmente humillada, me desnudé quitándome el vestido, seguía sin ropa interior y mis grandes tetas me dolían a veces de no llevarlas sujetas, mi tripa inflamada por el embarazo quedó al aire, me acerqué a Rafa, abrí mis piernas y me senté encima de las suyas. Quedándome quieta esperé a ver que hacia.

Vamos zorra, cógele por la nuca y dale de mamar, vociferó Paco.
Le abracé la cabeza y la llevé sobre mi regazo, me cogí un pecho y le arrimé mi gordo pezón a sus labios, me apreté el pecho con la mano y salió un chorrito de leche contra su boca, el hijo puta se relamía de gusto, se metió el pezón en la boca y me mamó sacándome la leche. De vez en cuando paraba para coger aire y reconocer que estaba riquísima.
Cuando me secó la teta, le cambié de postura y le ofrecí mi otro pecho, mamándolo y lamiéndome el pezón, jugaba con él y yo empecé a notar que me picaba el chochete, el hijo puta me estaba excitando y él se empalmaba, notaba la presión de su nabo contra mi vulva.
Mi calentura iba en aumento no lo podía controlar. Con una mano le desabroché el pantalón y le cogí la polla manoseándola, me sentía muy caliente.

Mira Paco la puta está salida y quiere joder.
Ya te dije yo que eran unas rameras, fóllatela compadre.
Se bajó los pantalones hasta los tobillos y alzándome me penetró de un golpe mientras seguía bebiéndose la leche de mi teta. Sentía su cipote dentro de mi chocho y mi calentura se disparó y me corrí mientras se seguía jodiendo.
Había aprendido a robar mi propio placer mientras era follada, si no nunca hubiera sabido lo que es el placer, tenia que actuar como los animales y buscarme mi propio orgasmo. Se me escapó un gemido sin querer, provocado por las mamadas de Rafa.
Paco se percató de ello, dejó la copa en la mesa, se bajó los pantalones y con su poyon totalmente tieso se acercó por detrás de mi, me hurgó el ojete con su manaza y me penetró por detrás hasta que sus pelotas hicieron tope. Me daba por el culo de una forma bestial aplastando mi barriga contra Rafa, notaba mi culo lleno con su cipote y el placer volvió a mi de nuevo mientras soportaba las embestidas de los dos y las mamadas de Rafa, tuve dos orgasmos hasta que se corrieron, me tuve que tragar el semen de los dos, decían que así me reponían la leche en medio de risas.
Volví junto a Ryo frotandeme las tetas. Rafa me las ha dejado secas la dije.
Ryo y su marido se retiraron a su casa.
Paco me advirtió que iba a venir a cenar D. Joaquín el cura, que le preparara una cama, iba a hacer noche en la casa, luego le acercaría él al pueblo con el Land Rover. Si quieres puedes aprovechar y te confiesas los pecados de ramera me dijo.
Llegó la noche y vino D. Joaquín, el cura del pueblo que nos había casado.
Hola María hija, me saludó con cariño. Luego saludó a Paco.
Charlamos un poco en la cocina, antes de cenar. Le pedí que me confesara, necesitaba descargar mi sufrida alma, ¿y quien mejor que un cura para ello?.

Ordenó a Paco que nos dejara sólos durante la confesión, él se mantuvo de pies y yo me arrodillé frente a él, después de las palabras convenidas, me desahogué y le conté la vida que me daba Paco, las humillaciones que me hacia, le relaté todo, las orgías que celebraron los días de caza incluso le conté lo de las mamadas de pecho que habían ocurrido esta tarde.
Le conté mi historia rápidamente, omitiendo algunas cosas, pero las principales se las dije todas.
Cuando terminé D. Joaquín me dio la absolución, luego me dijo que la carne era débil y que había que luchar contra ese deseo, que lo que yo estaba sufriendo en este mundo me seria recompensado con creces en el cielo.
El cura hablaba muy bien, pero el cabrón disimulaba fatal, mientras me levantaba le vi el bulto de su miembro asomando por la sotana. El hijo puta se había excitado con mi confesión.
Entró Paco y también se dio cuenta del empalme de D. Joaquín.
Joooooder Padre se ve que ha disfrutado confesando a la ramera –sabían lo del incidente de Ryo y mío en todo el pueblo-. Hijo mío la carne es débil.

Padre lo que usted necesita es una puta de verdad, le dijo a lo bestia.
Paco por favor respeta mi sotana.
Pero que dice Padre, eso se lo dice usted a otro, a mi no venga con gaitas o es que se cree que no sé lo de sus líos con la viuda?. Paco yo. . dijo D. Joaquín.
Basta de gaitas Padre, lo que le pasa es que todavía no sabe lo que es una buena hembra, decía el animal.
Para eso tengo el cilício, hijo mío, dijo tímidamente el cura.
No lo mejor que tiene es eso y señaló el bulto de su sotana. Mire Padre, sabemos que la carne es débil, por eso nos confesamos y se nos da la absolución, ¿o No?. Si hijo así es.
¡¡¡María!!! me vociferó trabájatelo y usted padre se absuelve y en paz.
Le empecé a desabotonar la sotana, obedeciendo la orden de Paco, luego los pantalones y se los bajé junto con los calzoncillos hasta los tobillos, su poya saltó disparada, Joder con el cura, tenia un buen cipote, alcé mi cabeza y le miré a los ojos implorando.
La carne es débil, ya telo he dicho hija mía, que Dios me perdone y me cogió por la cabeza frotándome la cara por sus cojones. La hostia con el cura.

Se recogió la sotana por detrás así le pude ver mejor los genitales. No estaba mal, su polla no era muy larga de unos 15 centímetros pero era gordísima, más que la de Paco. La cogí con mi mano sintiendo su calor, estaba muy dura, se la meneé un poco, le bajé la piel del capullo, tenia el glande amoratado por al excitación, lo que más me gustó es que estaba limpio y olía muy bien, me lo metí en la boca y lo chupé con gusto, sobándole los cojones, me encantó era la primera polla que no sabia a meaos y decidí regalarle una mamada celestial.
Le mamé el glande mientras se la meneaba, luego le recorrí el tronco pasando mi lengua por sus grandes venas hinchadas, bajando hasta sus huevos y me los metí en la boca jugando con mi lengua, estaba tan excitada lamiendo los genitales limpios del cura que me animé más, me agaché un poco y le chupé el ojete, tampoco le olía como a Paco o a Rafa, olía a sudor pero estaba muy rico, le pasé la lengua varias veces por el ano, mientras D. Joaquín no para de decir que DIOS NOS PERDONE ¡¡¡¡, y jugué con mi lengua metiéndola en su agujerito, me sentía muy susy no me tiró ningún pedo como hacia Paco cuando me obligaba a chuparle el culo.
Paco contemplaba la escena desde la puerta, estaba muy excitado se había sacado el rabo y se lo manoseaba viendo como le trabajaba los “bajos” al cura, me dolían las rodillas. Me puse en pié con dificultad, la barriga me pesaba mucho, eché de espaldas sobre la mesa a D. Joaquín y metiéndome entre sus piernas reanudé mi mamada. Paco sin poder aguantar más me levantó el vestido hasta la cintura y me clavó su estaca en le culo, la partera le había dicho que en mi estado avanzado no debía penetrarme el chocho, podía dañar a la criatura, así que me daba por el culo. Sus poyazos eran tremendos, lanzándome contra el cura, provocándome mucho placer sin darse cuenta, tuve un orgasmo, mis gemidos se ahogaban contra la poya de D. Joaquín, Paco no paraba de darme por el culo, tiene mucho aguante el bestia y tarda mucho en correrse pero el cura no y comenzó a escupir su leche en mi boca, le bebí el nabo con placer limpiándolo de nuevo mientras tenia otro orgasmo con la follada ! de Paco, cuando se quiso correr me ordenó a tragármelo, me llenó la boca con su semen espeso y pegajoso, le ordeñé las últimas gotas empecé a preparar la mesa para cenar. El pobre cura no hacia más que decir que la carne es débil y que Dios perdonase nuestros pecados con cara afligida, pero el cabrón había disfrutado como nunca y yo estaba agradecida por lo limpio que era, daba gusto mamarle.
Cuando terminamos de cenar, recogí la mesa y fregué los platos, Paco y el cura comentaban lo bien que trabajaba los “bajos”, en el fondo el cura era un hombre y como tal un cerdo, como todos. Hasta el punto de que sólo se había quedado con la sotana puesta, no llevaba nada más debajo, estaba segura que deseaba repetir, no me equivoqué.
Paco le animó a probar de mi leche materna. el cabrón de D. Joaquín decía que ya no se acordaba de su sabor. Paco, se iba a dormir mañana tenia que salir de madrugada con Rafa a las tierras del Norte, para echar un vistazo al ganado y hacer recuento, volveré pasado mañana, le dijo. Ya sabía lo que tenia que hacer, me saqué el vestido por la cabeza y me quedé completamente desnuda, estabamos al lado de la gran chimenea encendida y notaba su calor me senté a horcajadas en las piernas del cura. Como me clavaba los botones de la sotana se la quitó, quedándose desnudo también, tenia una buena tripa, no te preocupes por mi hijo mío te esperaré en buenas manos decía el cerdo. Nos quedamos solos alumbrados por la luz de la chimenea – Paco había apagado las luces-. Reanudé mi trabajo, le pasé mi brazo sobre su hombro, apoyándose en él y contra mi pecho –como si fuera un niño-, con la otra mano me cogí la teta con el pezón entre mis dedos y se lo arrimé a la boca me apreté e! l pecho y salió un chorrito de leche mojándole los labios, se los lamió encantado y me atrapó el pezón mamándome la teta.
De vez en cuando paraba para decirme: Que dios me perdone María, pero que ricas esta tu leche, me encanta mamarte los pezones y seguió mamando como un niño, notaba como su cipote se empalmaba y me rozaba el coño dándome placer a mi también. Mamaba y lamía el pezón al mismo tiempo mientras su polla se ponía durísima, moví un poco el culo, buscando su nabo y dejé que me penetrara, gemimos los dos a la vez , mientras me mamaba el pecho me hincaba el cipote lentamente, con dulzura y sensibilidad y me corrí mordiéndome los labios para que Paco no me oyera disfrutar. El Padre Joaquin también se corrió y me inundó el chocho con su leche al tiempo que mi teta se secaba.
Paramos para descansar, necesitábamos aire que respirar, sobre todo D. Joaquín. Noté como su miembro se quedaba flojo y se me salía, me agaché y le chupé el nabo de nuevo, estaba agradecida porque me trataba con cariño, no me sentí humillada en ningún momento con él.
No hija espera, echó su sotana en el suelo y me tumbó de espaldas, me espatarré como si fuera a parir, el Padre se metió entre ellas, y me chupó la almeja con una dulzura celestial, mamó mi vulva bebiéndose mis jugos junto con su semen, era tanto el gusto que me daba que me volví a correr en su boca. Le chupé la polla de nuevo y le hice una paja hasta que se le puso tiesa, se volvió a sentar y me pidió el otro pecho para mamarlo, se lo di con todo cariño, pero esta vez me senté hincándome su cipote desde un principio, para que mientras mamaba mi teta dulcemente me pudiera joder también. Tuve otro orgasmo y a medida que se me secaba la teta se corrió dentro de mí. Nos fuimos a dormir para descansar pero yo estaba en la gloria, D. Joaquín me había echado dos polvos con tanto cariño que me costó dormir.
Paco me despertó a las cuatro de la mañana, moviéndome con el pié, quería café y me levanté a preparárselo, estaba muerta de sueño, viendo como el cerdo se tomaba el café y me miraba.
De pronto echó la silla para atrás y se espatarró, sabia lo que quería. Chúpame la tranca ramera, me ordenó con la delicadeza que le caracteriza. Me agaché entre sus piernas y le saqué el poyon fuera, mientras se la mamaba le hice una paja, quería que se corriera rápido y marcharme a dormir otro poco. Pero mis planes fallaron, el cabrón con un pie me subió el camisón contemplándome.
Que puta eres me dijo con desprecio al verme el chocho –dormía sin bragas porque me molestaban en la tripa-. Me tiró boca abajo contra la mesa, y se echó encima de mí penetrando mi culo me hacia un daño terrible, entre su peso y los poyazos que me daba en el culo temí que me aplastara la tripa y puse mis manos debajo para amortiguar los golpes contra la mesa. Me dio por el culo salvajemente, nunca le había sentido tan cabreado y no lo entendía, más que joderme me estaba violando con una fiereza inusual. Lloré a causa del dolor al rato me dio la vuelta y me soltó todo el semen encima, pringándome la tripa, se calmó un poco después de correrse, se guardó su trasto y me arreó un pellizco bestial en el culo –me dejaría señal, pensé-.
Adiós puta, me dijo y se fue. En ese momento me sentí tan humillada que deseé su muerte. Subí llorando a mi habitación y me quedé dormida.
Me desperté –sin sobresaltos-, abrí los ojos y vi a D. Joaquín, sonriéndome dulcemente. Buenos días criatura, son las diez de la mañana. Joder entonces si que me asusté, boté en la cama, pero el Padre de detuvo. Tranquila María, descansa hoy no está el bestia de tu marido, recuerdas?, si me acordé que hasta mañana no vuelve, me tranquilicé y me ayudó a recostarme en la cama, olía a café y vi en la mesilla una taza humeante, le miré y me sonrió con dulzura. Te he preparado un cafecito muy rico, para que te lo tomes en la cama tranquilamente.
Su voz era tan dulce. . .. y su trato tan cariñoso que mis ojos se llenaron de lagrimas a punto estuve de llorar.
Tranquila mi niña, serénate, te comprendo perfectamente, pero ante todo he de decirte que desgraciadamente no puedo hacer nada por mejorar tu situación, Paco es muy poderoso y es muy amigo de la autoridad, solo puedo consolarte, como lo hiciste tú con mi carne, me dijo sin dejar de mirar por el escote del camisón, me miré y vi que uno de mis gordos pechos se me había salido, se me salía un poco de leche por el gordo pezón.
Me tomo el café y bajamos, le dije tapándomelo.
Tu tranquila María, he encendido la chimenea y la casa ya está caliente.
Es verdad pensé, noté un calor muy agradable. Terminé mi café y bajamos, D. Joaquín me ayudó.
Ahora le preparo café, Padre, le dije.
No hija mía no me apetece.
¿Entonces que va a desayunar?, pregunté inocentemente.
No dijo nada, sólo me miró lo pechos y se relamió. Le entendí perfectamente.
La carne es débil, ¿no?. Ande Padre, siéntese que está usted más salido que una bestia en celo. El guarro ya estaba preparado, se quitó la sotana quedándose desnudo y se sentó en el sillón, al lado de la chimenea, tenia la pija fláccida. Me apoyé en sus hombros y levanté una pierna para pasarla sobre las suyas el Padre se aprovechó metiendo la mano entre mis piernas para frotarme el chocho con la palma de su mano, me daba mucho gusto y le dejé manosearme todo lo que quiso, noté sus dedos hurgándome el ojete y me metió dos, los movía como si me follara con ellos, me corrí gimiendo en sus manos -D. Joaquín sabia de estas cosas, pensé-, cuando se cansó me dejó sentarme en sus piernas, sentía mis agujeros chorreando.

Le cogí como a un niño pequeño, Ahora mamaita te va a dar su leche le dije arrimando el pezón a su boca, se lo restregué por los labios y se los lamió, abrió su boca y empezó a mamarme la teta, jugando con el pezón, me ponía muy caliente, noté su  cipote contra mi chocho y moví el culo para que me penetrara.
Por el culo hija mía, déjame saborearte el culo, me dijo. Soltando un momento mi pecho me levanté, le cogí el cipote y lo guié a la entrada del culo, cuan me senté noté su grosor según me penetraba, sentí un gusto enorme. Me cogí el pecho le metí el pezón en la boca para que me siguiera mamando al tiempo que yo subía y bajaba hincándome su nabo. Al tiempo que me secaba la teta noté como su poya se hinchaba estaba a punto de correrse y explotó dentro de mi culo dando gemidos ahogados por mi teta, esperé a que terminara de correrse y se la retiré. Todavía estaba muy susy, así que empecé a reanimarlo, le lamí sus tetitas, mordiéndole los pezones mientras acariciaba su pecho. Me levanté y me arrodillé sobre un cojín. Me metí su polla cubierta de semen en la boca, como la tenia encogida me la metí entera, jugando con ella, se la limpié de semen con la lengua y le lamí los huevos, el Padre era un vicioso y se escurrió en el borde del sillón para que le chupara el culo. Al poco ya tenia su gordo cipote dispuesto, me senté penetrándome el chocho y le di de mamar la otra teta, me dolía de lo llena que estaba. Me volvió a mamar mientras me follaba, tardó un poco más en correrse, dándome ocasión a correrme dos veces. Luego le limpié la polla de semen y me puse a preparar la comida.
Cuando se marchó con Paco al día siguiente muy temprano, iba con los cojones secos el pobre, por la tarde me echó tres polvos más y luego al acostarme otros dos antes de dormirme, incluso me chupé el chocho y todo. El pobre D. Joaquín estaba hambriento de carne. Y yo procuro saciarle dos veces al mes cuando nos visita, aunque Paco cree que me obliga a follármelo lo que no sabe en realidad es que el Padre me hace disfrutar como nunca él lo haría.

Una mañana me puse de parto y avisó corriendo a Ryo y a una partera, yo quería ir al médico pero el muy hijo puta se negó, diciendo que costaba muchos cuartos. Tuve problemas al parir ya os lo conté antes, la criatura venia de culo y tuve unas hemorragias tremendas desangrándome como un cerdo en la matanza. Al final tuvo que llevarme al médico que me operó, estuve cuatro semanas en cama en la consulta del médico, no quiso que me levantara hasta que no estuve totalmente recuperada, casi me muero, Paco se cabreó muchísimo, decía que le iba a costar una fortuna –me alegro, que se joda por tacaño-.
Al chico lo crió un ama de cría, me robó la ilusión que tenia de darle mi propia leche, y me dejaba verle muy poco, se que lo hacia por venganza, porque le había pagado un buen saco de perras al medico, llamó a la partera y me fajó los pechos y me hinchó a perejil, durante un mes. Cuando me quitó las vendas de mis tetas vi que se me habían encogido, la vieja me las apretó comprobando que no me dolían y me mamó los pezones para saber si todavía salía leche, pero no, yo sabia que me los había secado y lloré desconsoladamente porque nunca más tendría oportunidad de dar de mamar a mi hijo. Le miré a los ojos, parecía que sonreía el hijo puta, le odié con todas mis fuerzas desde ése día, todo el día rezaba para que se muriera, pero nadie oía ni mis rezos ni mi desesperación.
Fue pasando el tiempo, veía muy poco a mi hijo Paquito, casi no tenia tiempo de abrazarle y besarle, el se ocupó de meterlo en un colegio interno en la capital y me dejaba verlo DOS VECES AL AÑO. ¿Se puede ser más cruel?.
La crueldad de Paco no tenia limites.

ahmed

La humillación / Tercera parte: Los días de caza

Miércoles, febrero 14th, 2007

Desde aquel maldito día en que conocimos al cacharrero, nuestra vida cambió a peor, sobre todo los malditos días de caza.
Primero se iban Paco y Rafa con algún trabajador a ojear piezas, para saber si tendrían que reforestar o no, la finca es tan grande que Paco tiene caza mayor (jabalies, venados) y menor (conejos, liebres, perdices),esta operación duraba una semana y cuando regresaban a casa venían bebidos y con ganas de juerga.Un día volvieron muy satisfechos, Ryo y yo les preparamos la comida.

Por el ruido que hacían al comer parecían cerdos, sobre todo Paco, se bebieron una botella de vino tinto.

Cuando terminaron de comer, eructaron de manera bestial, Paco puso sus enormes brazos detrás de la cabeza, en su nuca se estiró y soltó un pedo, dando risotadas por su hazaña, se sentía satisfecho con el estómago lleno.

Dios compadre, he comido como una bestia.

Si el guiso estaba muy rico, estas rameras saben cocinar, además de joder. (soltaron más risotadas con el chiste).

Podíamos oír lo que decían, mientras trajinábamos en la cocina, todavía no habíamos comido.

¿Qué te parece compadre una buena mamada y luego una siesta?, dijo Rafa.

Coño, pues tienes razón, dijo Paco, me duelen los cojones y tengo ganas de vaciarlos. JA, JA, JA, JA. ¡¡¡Rameras!!! vociferó
Fuimos corriendo. Nos miraron como el que mira una mercancía. Tú María que eres la más viciosa, chúpanos la polla para que nos baje la comida, ordenó Paco.

Ryo se retiró, yo me arrodillé entre las piernas de Paco, -siempre tenía que ser él el primero-, le abrí la bragueta y liberé su enorme polla, la tenía flácida, se la cogí con la mano y me metí su glande en la boca dándole una profunda mamada como sé que le gusta, al tiempo que le hacia una paja, había aprendido con el tiempo a soportar los olores desagradables de su cipote.

Se la lamí hasta que se le puso tiesa, luego con las dos manos, le masajeé su enorme nabo, al tiempo que le mamaba la cabezota del capullo, de vez en cuando también le lamía los cojones, porque así le gusta más.

Debía de tener muchas ganas porque al poco tiempo ya quería correrse.

Bébete la leche, le vendrá bien al hijo que estás engendrando, me ordenó, abrí mi boca preparada y su cipote empezó a escupir cañonazos de semen que me tragué sin más, -ya me había acostumbrado-. Me la bebí toda y luego le ordeñé la verga para sacarle las últimas gotas.

Me limpié la boca con la mano tragando los restos de semen y me volví a Rafa, me miraba con los ojos brillantes de deseo. Se la saqué y comencé a chupársela, -primero le aparté unos cuantos pelos pegados en su capullo-, haciéndole una paja de muerte para que se corriera deprisa, no falla, al quinto meneo se corrió en mi boca, gruñendo como un cerdo. Me levanté y me fui a la cocina a comer con Ryo, ellos se quedaron dormidos con sus miembros colgando fuera de sus pantalones.

Mientras comíamos charlábamos sobre nuestros embarazos, las dos estabamos preñadas de tres meses. Terminamos de comer, recogimos y fregamos.
A las dos horas más ó menos, Paco se asomó en la cocina y nos miró, su cipote estaba tieso como un palo, todavía estaba excitado y alguna de las dos lo pagaría, seguro. Le tocó a Ryo.

Todavía tengo hambre de hembra berreó. Cogió a Ryo de los pelos y la puso contra la mesa de la cocina, con sus manazas le subió el vestido y le arrancó las bragas, miró su culo y la soltó dos azotazos en los carrillos dejando sus dedos marcados.

Todavia no te ha engordado el culo puta, estás muy delgada la dijo, tienes que comer más para que te engorde el culo y las tetas, pero aún así la escupió el ojete y restregó su saliva por su ano.

Se cogió la tranca y se la hundió entera de dos empujones y arremetió contra su culo, la manoseó los pechos con fuerza a través del vestido. Casi no tienes tetas puta y tu culo no me roza las ingles gritó. Se la sacó y la apartó de un empujón. Tú me ordenó ven aquí, totalmente asustada ocupé el lugar de Ryo, me arrancó las bragas y me golpeó las nalgas hasta ponérmelas coloradas.

Mira zorra, dijo mirando a Ryo, esto es una grupa como Dios manda, ¿te enteras?. Ryo asintió.

Y mira que tetas dijo tirando de mi vestido de golpe, me lo rompió y mis pechos, sin sujetador saltaron fuera, eran más grandes que los de Ryo y con la preñez los pezones también me habían crecido mucho.

Me estrujó los pechos sin ningún miramiento, y estiró de mis pezones haciéndome daño. Tienes que comer más, sentenció.

Su mano buscaba mi ojete entre mis piernas y me hincó su poya sin lubricarme antes, comenzó a embestirme salvajemente, mientras se relamía. Esto es un buena grupa, si señor, me hace cosquillas en las ingles como a mi me gusta.

Al poco rato noté su saliva caliente goteando en mi nuca –comenzaba a babear, era síntoma de que el hijo puta disfrutaba dándome por culo- manoseaba todo mi cuerpo metiendo sus dedazos en mi vagina, aunque no quería comencé a sentir un placer enorme, me frotaba el clítoris mientras arremetía salvajemente contra mi ojete.

Me jodió durante una hora por lo menos y cuando se corrió lo hizo fuera, pringándome las nalgas y la espalda. Cuando terminó me dio una palmada en la nalga dejándome los dedos marcadas, con su gesto sabia que le había gustado y me sentí satisfecha, me había corrido tres veces , en silencio para que no me oyera.

Cuando comenzó la temporada de caza, Ryo y yo preparamos comida para diez personas por lo menos, matamos tres cochinillos y los asamos.
Estuvieron todo el día fuera, cazando, regresaron sobre las cuatro de la tarde. Se les veía satisfechos, la caza había sido muy buena, estaban el Sr. Notario y el Sr. Juez con sus hijos mayores, dos muchachotes de 17 años más el sargento de la guardia civil, además de Paco y Rafael, siete en total.
Comieron y bebieron como cerdos, comentando sobra la caza. Terminaron y bebieron coñac y fumaron puros dejando la casa llena de humo apestoso.
Paco dio una palmada fuerte sobre la chimenea, todos callaron y le escucharon con atención.

Señores: vamos a brindar por la buena caza que hemos tenido, brindaron entre risas. Paco se frotó las manos y les dijo: Y ahora ¿que tal un polvo con dos putas?. Gritaron como una jauría de perros ansiosos.

¡¡¡Maríaaaaaaa!!! ¡¡¡Ryoaaaaaa!!!, berreó Paco. Acudimos corriendo.

¿Qué os parecen las rameras?, dijo orgulloso, están preñadas de seis meses las dos, pero joden de maravilla os lo aseguro.

Se pasearon entre nosotras, como si fuéramos objetos de compra, nos manosearon por todo el cuerpo para comprobarlo, nos pellizcaron las tetas y el culo, haciéndonos daño, incluso el Juez me levantó las faldas para verme el culo me lo manoseó con sus gordas manos sintiendo asco–no llevábamos ropa interior, Paco nos lo había prohibido hacia unos días-. Esta me gusta Paco, dijo.

El Notario fue más atrevido con Ryo, no sólo la levantó la falda para verla mejor, además la abrió las nalgas con fuerza para ver sus agujeros. Esta para mi, dijo al final.

Pues hala ¡¡¡ustedes primero!!! ordenó. Los demás después.

¿Aquí mismo?. Coño Juez, no me diga que le da vergüenza, yo no le voy a quitar nada. Se descojonaron con el chiste y se empezaron a desnudar, nosotras también.

Nos jodieron los siete, uno tras otro, sin dejarnos descansar, algunos repitieron varias veces, el primero Paco y sobre todo los muchachos jóvenes, esos eran los peores por que se recuperaban enseguida, sus padres les tuvieron que obligar a dejarnos, no había manera de quitárnoslos de encima. Se marcharon riendo a las cuatro de la madrugada después de jodernos durante doce horas.

Me toqué la nuca, la tenia llena de babas del Juez (me entró un escalofrío al recordar como me babeaba mientras me daba por el culo, animado por los gritos de los otros, más que follarme me habían violado uno tras otro), estábamos tendidas en el suelo en medio de un charco de semen y orines, porque al Juez, que era el más mayor se le escapó la prostata y como le hizo gracia nos mearon todos. Sentía mi chocho dolorido, miré a Ryo y ví que su vulva estaba muy abultada por la inflamación.

Paco regresó de la calle y casi sin mirarnos berreó: lavaros putas que dais asco y se fue a dormir.

ahmed

La humillación / Segunda parte: mi cumpleaños

Miércoles, febrero 14th, 2007

Recuerdo que cuando cumplí los 19 años estaba hecha toda una moza, mi cuerpo era fuerte y tenia mucha energía, un cacharrero pasó por la hacienda y llegó a la casa vendiendo sus cacharros, era muy amable y picarón, no estabamos interesadas en los cacharros que nos ofrecía.

Entonces nos susurró bajito que tenia la última moda de París en ropa interior y nos guiñó un ojo. Ryo y yo nos echamos a reír pícaramente y el señor nos enseñó unos sujetadores y unas braguitas muy pequeñas, nos gustó y se las compramos.

Que lo disfrutéis con vuestros marido nos gritó mientras se
alejaba. Ryo y yo excitadas como dos colegialas nos fuimos a casa a probarnos
las ropitas, ella color rojo y yo color negro, nos sentaban de maravilla y
hacíamos bromas riéndonos. De pronto se abrió la puerta
y Paco apareció bajo la puerta, nos cubrimos rápidamente con
los vestidos, tenia los ojos inyectados en sangre y me entró pánico.
¿Con que os gusta sentiros rameras Eeeehhhh?.
¡¡¡Paco por favor. . . . Cállate puuutaaaaaa!!! chilló sin
dejarme explicar.
Os quiero ver a las dos ahora mismo en el salón, ordenó saliendo
de la habitación.
Ryo me miró completamente acojonada y yo tiritaba de pánico.
Nos vestimos rápidamente y corriendo bajamos al salón, Rafael
estaba a su lado, los dos de pies, nos miraban como si hubiéramos echo
algo malo. Sólo habló Paco “EL AMO”, como le llamaban
los campesinos.
Sabes Rafa que tu mujer Ryo y María les gusta ser unas putas?.
Intervine-. Paco por favor deja qu. . . . . .
¡Calla ramera! ¿me vas a negar lo que he visto con mis propios
ojos?
Nos arrancó el vestido a las dos dejándonos con la ropa interior
que acabábamos de comprarnos.
Nos cubrimos nuestras vergüenzas como pudimos. ¿Qué te
parece Rafa?. ¿Son o no son unas rameras?
Rafael no dijo nada, se limitó a decir que si con la cabeza, como los
burros.
Ya que tenéis mucho tiempo libre y os gusta hacer de rameras, he decidido
que lo mejor que podemos hacer es preñaros, así estaréis
más ocupadas y no tendréis tiempo de putear tanto.
( el gran juez había hablado, se creía el juez de sus tierras
y nadie le discutía, la sentencia estaba dictada y no había apelación
posible).
¿Qué te parece compadre?, le dijo a Rafael dándole un
codazo en un costado.
Cojonudo compadre, lo que tú digas.
Pues empecemos y dicho y echo nos arrancaron la ropa y nos dejaron desnudas
y allí mismo humilladas y avergonzadas completamente fuimos jodidas
Ryo y yo. Cuando acabaron de correrse nos dejaron tendidas en el frío
suelo y ellos se sentaron en el sillón, mirándonos y bebiendo
una copa de anís.

Miré a Ryo y vi que lloraba avergonzada en silencio igual que yo.
Nos sentamos en el suelo y nos quedamos quietas, tapando nuestros pechos con
los brazos cruzados. Ellos seguían bebiendo sin parar y hacían
bromas sobre nosotras.
Míralas compadre parecen dos rameras que no han roto un plato en su
vida. Rafa como los burros, nunca le he visto discutir una orden ó comentario
del AMO.
Se me ocurre una idea, dijo Paco. Abrí los ojos como platos esperando
lo peor.
Si se compran ropitas de ramera es porque les gusta ser rameras, No?
Pues a partir de ahora mismo serán nuestras rameras, ¿vale compadre?.
Cuando queramos mujeres de verdad iremos al pueblo de los campesinos.

Rafa estuvo de acuerdo en todo. Se acabaron la botella de anís pero
no estaban borrachos, tenían mucho aguante, nunca he visto borracho
a Paco y eso que bebe como una bestia.
Volvía a tener los ojos rojos y empezó a babear – eso
era malo para nosotras, pensé-. Mira compadre, ¿te gusta esa
puta de negro?.
Si, claro que me gusta.
Quieres follártela?.
¡¡¡Ssiiiiii!!! exclamó Rafa babeando también.
Pues hala ¡¡¡follatela, yo me quedo con la de rojo!!!
Ryo me miró y empezó a temblar, me suplicaba con los ojos,
pero desgraciadamente no podía hacer nada, el Amo nos había marcado
y nada le iba a hacer cambiar de idea.
Rafa me cogió y tiró hacia arriba, me puso de rodillas ante
su sucia y pringada polla que olía mal. Chúpamela puta, vamos
quiero que me la chupes, me ordenó. Hice de tripas corazón, no
tenía más remedio y le agarré el cipote y me lo metí en
la boca chupándolo, ya nos sentía asco si no indiferencia, aprendí a
ser insensible ante estas guarrerias, le mamé el cipote hasta que se
le puso tieso, Paco y él hacían bromas sobre lo bien que la chupaba.
Paco le dijo que me había costado trabajo pero que al final había
aprendido bien.
Pues si quieres disfrutar dile a la puta de rojo que te la chupe, decía
el cerdo de Rafa riendo, esa si que sabe mamar pollas, ya verás.
Mientras Rafa me tumbó en el suelo y me penetraba salvajemente la pobre
Ryo le mamaba el poyon a Paco al tiempo que le hacia una paja con sus manitas.
El cabrón gritaba como un cerdo, no paraba de chillar lo bien que le
mamaban.
Rafa me hincaba su nabo de una manera salvaje al tiempo que un hilillo de saliva se le caía por la boca y me goteaba los pechos, su cipote no tenia el tamaño que el de Paco y eso que era grande también pero no tanto, procuré concentarme en el placer de la follada imaginando a otro hombre, apuesto y que me trataba con dulzura, era la mejor forma de correrme y no sufrir.
Los gritos de Ryo me devolvieron a la realidad, Paco la estaba dando por culo y le costaba aguantar sus embestidas.
Estuvieron jodiéndonos dos horas o más, no lo sé con certeza es como si el tiempo no contara para nosotras, luego ellos eyacularon en nuestra cara y en nuestras tetas. Ryo se llevó la peor parte porque cuando Paco se corre parece un río, la puso perdida.
Quedamos rotas y nuestros cuerpos pringados de semen.
La pobre Ryo tenia la vulva muy hinchada, sus labios estaban inflamados y tiesos además de escozores en el culito. El hijo puta de Paco se dio cuenta y la dijo ponte como los perros que te voy a calmar y el cabrón la meó en el culo descojonándose de risa mientras la pobre Ryo aullaba de dolor.
Rafa riéndose también de la gracia me meó el chocho.
Cuando terminaron se vistieron y se fueron.

Así­ fue como concebí­ a nuestro único hijo, tuve problemas durante el parto y me operaron, me dijeron que ya no podría concebir más, y di gracias al cielo. Siempre me queda la duda de quien es el padre, pero por nada del mundo me atrevería a decí­rselo a Paco.

ahmed

La humillación / Primera parte

Miércoles, febrero 14th, 2007

La historia que relato a continuación es real como la vida misma, creo que al contarla una parte de mi se desahogará y podré liberarme de la humillación constante en la que vivo, sometida por mi marido desde hace mucho tiempo. Bueno y mi amiga tambien, por motivos personales prefiero cambiar los nombres,
aunque no creo que mi marido lea esto nunca, no sé manejar este y esto
me lo escribe un amigo, para mí muy especial, me ha prometido que me enseñará.
Me casé muy joven, a los 18 años, era prácticamente una
niña, pero en el pueblo en que vivo mi marido era entonces el mejor
partido que podía aspirar.

Paco –le llamaré así aunque no es su verdadero nombre-,
era un hombre bastante bruto, criado desde pequeño en la rudeza del
campo, ocupado en mantener la enorme finca que heredó de su padre. Tenemos
cabezas de ganado –prefiero no especificar- y tierras de cultivo.
Dinero, afortunadamente no nos preocupa, Paco es tan tacaño que lo
raciona todo, menos la comida de casa.
Paco tenia 23 años y yo 18 cuando nos casamos, desde un principio sabía
que no era tierno ni tenia delicadeza alguna, pero en un pueblo como el que
vivimos, tampoco tiene mucha importancia, la ternura y la delicadeza quedan
un poco para las madres o son cosas de maricones de la capital, como dice él.
El único contacto que tengo con gente es con el capataz de la finca
y con su mujer. – la llamaré Rosa, y yo María -. Rosa es
más joven que yo, como era huérfana el juez le dio permiso para
casarse con 17 años con Rafael, nuestro capataz. Él tenia 24
años.
Para haceros una idea de la vida en nuestra comarca, os diré que en
las tierras de mi marido vive la gente que nos la trabaja y hasta no hace mucho
existía el derecho de pernada, es decir el dueño de las tierras
era el primero que yacía con la novia cuando se celebraba una boda.
Aunque cueste de creer en las tierras de mi marido todavía sucede,
yo no lo he visto pero he oído comentarios sobre ello a la gente del
campo. Ryo me dijo que a ella nunca la había montado, suponía
que como su marido era el capataz la respetaba.
Rosa es morena como yo, tenemos el pelo muy negro. Y de nuestros cuerpos que
queréis que os diga, yo creo que sin ser modelos si estamos apetecibles
(buenas zorras para joder y preñar como dice mi marido).
En los primeros meses de matrimonio me fui dando cuenta de cómo era
Paco. Un bestia en todos los sentidos, pero era bueno conmigo todavía,
no es que sea malo ahora.
Una cosa que quiero aclarar es que NUNCA JAMÁS, me ha pegado. Ni que
se le ocurra porque cojo el azadón y le corto en dos.
Al principio todo iba bien –relativamente-, me ocupaba de la casa que
es muy grande aunque Rosa me ayuda en las tareas, lo malo era por la noche
cuando nos íbamos a la cama. Poco a poco Paco se convirtió en
la bestia que lleva dentro y su despotismo y su tiranía la utiliza con
todo el mundo, sin control, le da igual.
La noche que me desvirgó fue una pesadilla para mí. Yo era una
inexperta en el sexo, ni siquiera había tenido relaciones de novios,
Paco me respetó hasta que nos casamos, nunca intentó propasarse
conmigo y mucho menos tocarme. Me desnudé en el baño y me puse
el camisón que me compré con todo cariño, para esa noche.
Era rojo y transparente, en la capital me dijeron que era lo que se llevaba
y que a mi marido le encantaría.
Joder, no conocen a Paco, cuando salí del servicio, estaba en la cama
fumando sólo con los calzoncillos. Me miró con ojos de lobo,
se lamía los labios y me entró un poco de miedo, sobre todo cuando
me fijé en el enorme bulto que tenia en sus calzones.
Ven aquí niña, me ordenó –Paco no pide, ordena
y se cumple-, con ojos de deseo pero que a mi me asustaban. Ahora vas a conocer
a un hombre de verdad.
Temblando me aproximé a él, me agarró de los brazos y
me tumbó sobre su pecho, clavando el enorme bulto en mi vientre.
Has visto alguna vez un cipote de verdad, niña?.
¡¡¡No!!!, te lo juro, dije asustada.
Pues mira y se arrancó los calzones. Dios bendito lo que apareció ante
mis ojos, tenia un miembro enorme y muy gordo, parecía más la
tranca de un burro que la pija de un hombre. Por lo menos le media 30 centimetros
de largo y 7 o 8 de ancho, su miembro era descomunal.
Empecé a sentir pánico pensé que me iba a destrozar con
su cosa y se me saltaron las lagrimas.
No llores mujer que todavía no he empezado, déjalo para luego.
Me dio unos ánimos. . ..
Vamos no tengas miedo, tócamelo niña, me ordenó con voz
ronca.
Acerqué mis manos temblorosas, me daba miedo tocarlo, pero al fin se
la agarré, la sentí durisima como si hubiera cogido el palo de
un pico, igual. Me quedé agarrada a su estaca sin saber que hacer.
Joder, niña es que no sabes que hacer?. No te han enseñado a
dar gusto a un hombre?.
No, dije asustada.
Yo te enseñaré, gritó. –tiene un vozarrón
tan fuerte que cuando habla, parece que grita-.
Me sujetó la otra mano y la puso en su estaca también, luego
me sujetó las manos y me obligó a subirlas y bajarlas por su
cipote mientras se reía diciendo que parecía un mamporrero de
bestias (burros). Estuvo un rato así hasta que me soltó y lo
hice yo sola, me daba asco sobre todo cuando le veía la punta al bajarle
la piel, la tenia de color morado y le olía a meaos.
Noté como se le hinchaba de gusto. Así niña sigue.¡¡¡ Ahora
chúpamela!!!.
Me sobresalté, acerqué mi cara pero no pude tenia algunos pelos
pegados en la punta y el olor a meaos era repugnante, me dieron arcadas.
¿Qué pasa no me la vas a chupar?.
Es que me dan arcadas, huele mal.
No dijo nada pero puso cara de mala leche. A tirones me arrancó mi
precioso camisón y las bragas, me dejó como mi madre me trajo
al mundo, me cogió las piernas y me las abrió tanto que me empezaron
a doler las ingles, me olió el chumino. Aahhhh, dijo, huele a hembra
caliente.

No entendía lo que quería decir, pero sentí como me mordía
los labios de la vulva haciéndome daño, me la escupió restregándome
su saliva y frotó mi clítoris con sus dedazos sucios, metiendo
dos en mi vagina. Jugó con ella metiéndolos y sacándolos.

Sentía repulsión, hice un esfuerzo por controlar mis nauseas.
Pero lo que no sabía era que lo peor estaba por llegar. Cuando se cansó de
jugar con mi chochito, me alzó las patas, y empezó a meterme
esa monstruosidad que tenia tiesa. Ahora vas a saber lo que es un hombre, no
hacia más que repetírmelo. Noté como empujaba y a cada
empujón su enorme polla me destrozaba por dentro, pero de pronto el
dolor se hizo más intenso, insoportable, sentí que me rompía
por dentro, intenté mirarme y vi que su pollaza manchada de sangre,
me asusté mucho y chillé con todas mis fuerzas rompiendo a llorar.

¡¡¡
Calla zorra!!! que no es para tanto, sólo te he roto el virgo verás
como a partir de ahora te gusta mucho, me decía el muy bestia.

Seguía penetrándome con mucha fuerza pero el dolor no se me pasaba,
me quedé quieta respirando hondo y llorando, deseaba que aquel martirio
terminara cuanto antes.
Se paró cuando noté sus huevos muy apretados contra mi culito.
me sentí extraña con toda esa cosa clavada dentro de mí,
notaba sus latidos, como si fuera un animal con vida propia que se hinchaba
más y más. La sacaba y la metía otra vez, así estuvo
bastante tiempo. Ya no sentía dolor. Era una sensación nueva
para mí, contra más fuertes eran sus pollazos más gusto
sentía dentro de mi chochito, me negaba a reconocerlo pero mi cuerpo
no me obedecía seguía notando gusto. Me estuvo jodiendo mucho
rato y empecé a comprender que lo que sentía ahora era muchísimo
placer, más del que yo quería hasta que sentí un gusto
enorme, era como si se me fuera a parar el corazón, tenia temblores
y me abandoné a esa sensación desconocida chillando y jadeando.
¡¡¡Lo ves, zorra!!! todas sois iguales, primero os quejáis
y luego os corréis de gusto.
Me relajé pensando que todo había terminado, si siempre iba
a ser a sí no lo entendía. Me volví a equivocar por completo,
me dio la vuelta manejando mi cuerpo como el de una muñeca y me puso
como los perros, el miedo volvió a mi cuerpo no entendía que
pasaba ahora.
El muy cerdo me chupaba el culo como si fuese un helado, volví a sentir
asco, era repugnante lo que hacia sus babas me escurrían por los muslos,
noté su rabo en mi culo y grité.
No, no, no, por favor más daño no, de nada sirvió que
le suplicase estaba decidido y lo hizo, me dio por culo como el decía,
el dolor fue tan insoportable que me mareaba y apunto estuve de desmayarme,
me entraron nauseas, pero seguía jodiéndome el culo, no pude
soportarlo más y vomité. Eso le hizo pararse y me la sacó manchada
de sangre.
Con el tiempo también te gustará, ya lo verás, me dijo
como advertencia.
Por lo menos hazme una paja mamporrera, ya que todavía sirves para
joder.
Le agarré su gran nabo con las dos manos y se lo moví arriba
y abajo hasta que de su punta empezó a manarle la leche a chorros salpicándome
en la cara.

Parecía una fuente arrojando leche no paraba, el cerdo me babeó en
la tripa mientras se corría.
Cuando dejó de salirle leche se levantó, me miró y me
dijo con ese vozarrón que tiene: vete a lavar chiquilla das asco. Contemplé mi
cuerpo dolorido, escocido, ensangrentado y pringoso de semen y me eché a
llorar camino del servicio.
Cuando se lo conté a Rosa al día siguiente me consoló.
Por suerte para ella su marido no tenia un miembro tan grande, pero de todas
formas ya verás como con el tiempo te acostumbras y no sentirás
dolor. Le agradecí sus palabras pero no me consolaron.
Como podéis leer mi noche de bodas más que consumar el matrimonio
casi fue una violación, pero Ryo tenia razón a los seis meses
mis agujeros estaban tan dilatados que no me dolía cuando me penetraba,
poco a poco me fui acostumbrando a su tamaño y con picardía me
las ingenié para obtener placer, la verdad es que me daba mucho.

ahmed

Mi cuñada embarazada

Miércoles, febrero 14th, 2007

Mi nombre es Eva, tengo veinticinco años. Todo sucedió hace unos meses. Era abril. Mi hermano me llamó por teléfono para ver si podía hablar con mi cuñada, que estaba muy deprimida. Mi cuñada estaba embarazada, de cinco meses.

Hacía quince días que la había visto y entonces no la había visto muy triste. La verdad es que siempre me he llevado bien con mi cuñada, aunque hacía mucho tiempo que no hablábamos íntimamente. Mi cuñada se llama Adela. Es una chica morena, muy sensual. No os voy a decir si tenía buen tipo o no. Podéis imaginarla cuando me abrió la puerta. Con sus veintiséis años, el pelo más ondulado que de costumbre.

Tenía una barriga que le sobresalía del traje. Estaba muy guapa, con la cara algo hinchada, los labios le aparecían más gordos, los ojos más brillantes. Era alta, algo más que yo y a pesar del embarazo, no había perdido la graciosa forma de las caderas. Se le veía un culito respingón al darse la vuelta. Sus pechos me parecían muy crecidos. En fín, las cosas del embarazo.

Yo soy rubia, de pelo lacio con manchas castañas. Tengo la piel clara y con pecas por todo el cuerpo. Tengo un cuerpo bastante bonito, de caderas anchas y cintura estrecha, piernas largas, en fin. Pero la verdad es que siempre he tenido un poco de complejo con Adela.

Nos sentamos en la mesita del salón y me trajo un café. Pobrecita, lo que debía costarle moverse con aquella barriga. Nos pusimos a hablar de las cosas de la familia de los amigos en común hasta que tras un leve silencio le solté el consiguiente -¿Y tú? ¿Qué tal?.-

-Pues ya me ves, con esta barrigota. Le estoy temiendo al verano. ¡AY que ver que me va a pillar en Julio o Agosto!.-

– Hija es que me ha dicho Jorge que estabas un poco depre.-

Mi cuñada Adela se cayó, no quería hablar, pero al fin me dijo .- Ya, pero es por otra cosa.-

.¡A ver! ¡Cuéntame!.-

– Es que tu hermano, en fin, ¡Hay que ver como es!.-

Me quedé mirándola sonriendo, invitándole a hablar. Al final se decidió.

-Fijate que en este estado necesitamos muchos mimos y tu hermano ¡Nada de nada!.-

-¡Ay, Adela! Mi hermano siempre ha sido muy cariñoso.-

-No, si cariñoso si que es, lo que pasa es que es eso sólo, cariñoso.-

-¿Qué quieres decir?.-

-Pues que de lo otro, desde que se enteró de que estoy embarazada, nada de nada.-

-Pero ¿Por qué?-

-Por que dice que le vayamos a hacer daño al niño.-

– ¡Pero eso es una tontería!.-

-¡Ya! Díselo tu a Jorge.-

Comencé a mover la mano como diciendo -¡Jorge Jorge!..Bueno, no te preocupes. – Quise cambiar de tema por que la verdad es que el tema se me escapaba de las manos.

Seguimos hablando y en un momento dado le dije.- ¡Ay! ¡Enséñame la barriga.-

Adela se levantó la falda y pude ver la faja que contenía su barrigota. Adela debió de ver mi cara de decepción por que en seguida me dijo- ¡Espera!.- y rápidamente vi que se quitaba la faja. Ahora, con la falda levantada veía su barrigota y las bragas enormes. Se sentó y puse mi mano en su vientre. Nunca lo hubiera hecho si ella no hubiera estado preñada.

AL poner la mano me sorprendió la tersura de aquella piel, la acaricié durante un rato. Me agradaba. Sin darme cuenta, la mano a veces bajaba mucho más de lo que debía, pues las bragas habían retrocedido y bajaban hasta la altura de su pubis. Yo sin darme cuenta toqué pelo alguna vez. Rectificaba en seguida, pero volvía a tocarlo inconscientemente.

Me hacía gracia el ombligo que le salía, lo acaricié varias veces. Miré entonces a Adela. Me quedé boquiabierta, pues Adela parecía perderse con la mirada entornada. Ya no me atrevía a quitar la mano, aunque me daba cosa seguir acariciándola.

Adela abrió los ojos y me respondió con la voz entre cortada.- Ay… es que me sientan muy bien los masajes.-

-Estás muy cambiada.- Le dije refiriéndome a su físico.

-¡Ah! ¡Y eso no es todo! ¡Mira!.-

Adela se desabrochó los botones del traje. De verdad que yo me llevaba bien con Adela, pero nunca había tenido esta confianza. Se quitó el vestido y luego se desabrochó un sujetador enorme y se descubrió dos tetas enormes, comparadas con las que tenía usualmente. Encima, los pezones me parecieron grandes. No puedo decir como los tendría antes, pero a mí me parecieron preciosos, como si además, una cera especial les dieran un brillo delicioso.

Al ver a mi cuñada así, no puedo explicar o que me pasó. El caso es que le pregunté.- ¿Me dejas?.-

-¡Ay! ¡Pues claro! ¡No seas tonta!.-

Puse mi mano sobre uno de los pechos de Adela, Era suave, delicioso. Me sentía agradablemente turbada. Tuve una tentación que no pude vencer. No lo entiendo, no me había pasado nunca. Rocé el pezón con los dedos. Vi como se endurecía. Adela no me decía nada, así que me acerqué más y más hasta tener sus pezones entre sus dedos. Era de un tacto suave, terso y fuerte pero suave. Hubiera deseado comérmelos, pero vencí la tentación y también, poco a poco aparté mis dedos y la mano de los pechos de Adela.

Puse mi cara sobre la barriga de Adela.- ¡Ay! ¡Ay! ¿Qué bonita!.- No se si dije bonita por que me parecía bonita la barriga, el caso es que le di cuatro o cinco besos. Sentí o presentí a Adela sonreír.

-¡Bueno, Te voy a enseñar otros cambios, cuñadita! –

Adela me llamaba cuñadita pro que soy un par de años más joven que ella. Adela se puso de pié, se cogió las bragas por los bordes superiores y se deshizo de ellas. Entonces e puso enfrente de mí. Vi su sexo. Aparecía al final de su barrigota. EL caso es que el pubis se le había estirado y el bello aparecía extendido y poco tupido.

-¡Vamos! ¡Toca, toca!.-

Estiré mi mano y acaricié su pubis, de textura tersa, parecido a un coco, pero infinitamente más suave. Adela me cogió la mano para que la tocara sin miedo. Mi mano casi rozó su sexo. Fueron unos segundos larguísimos hasta que Adela se sentó. Yo pensaba que se pondría las bragas, pero no, se quedó desnuda, sentada en el sillón, con las piernas abiertas y esa barrigota y los dos melones dulces como la miel.

Me fijé en su entrepierna. Tal vez no quería vestirse para que apreciara aquel detalle. Al igual que sus pezones, la piel que rodeaba el sexo estaba más oscura e hinchada. Los labios eran dos colchones. Tuve de nuevo un impulso irrefrenable y extendí mi mano hacia su sexo.-

-¡Ay que ver como se te ha puesto esto.-

-¿Has visto?.- Me dijo abriendo sus piernas para que pudiera tocar mejor.

Aquello era, no sé como decirlo, era mejor que tocarle los testículos a los hombres. Era la suavidad, la dulzura. Mi mano ya no se podía separar del sexo de mi cuñada. Ella, por otra parte permanecía con las piernas abiertas y comencé a sentirla respirar fuerte. La miré. Su cara no era precisamente de estar sufriendo. No pude apartar mi mano, y no sólo eso, sino que me puse a acariciarla a conciencia.

Eva echó la cadera hacia delante y quiso meter la barrigota, pero sin éxito. Yo entonces me puse a besar de nuevo la barrigota, pero mis besos acabaron en unos lametones largos que recorrían todo su vientre. Mi lengua pasó un par de veces por encima de su ombligo. Entonces me acordé del tacto exquisito de su pecho en la palma de mi mano y me dirigí hacia ellos, deslizando poco a poco mis labios por su vientre, hasta encontrar los límites inferiores de su pecho, que transgredí y luego, me dirigí hacia sus sobre abultados pezones.

Tomé sus pezones entre mis labios y entre mis dedos, apreté ambos. Los sentí crecer exageradamente, al igual que el clítoris, caliente, entre los dedos de mi otra mano. Me parecía un clítoris enorme y profundo. Adela se iba reclinando sobre el sofá y terminó totalmente tumbada. No pude por menos que quitarme la camiseta y el sujetador y mostrarle mis pechos pequeños y pecosos, pero que se volvían de un blanco lechoso en el centro y se remataba con unos diminutos pezones marrones oscuros.

Me puse entre sus piernas. Su sexo estaba delante de mí. Decidí obsequiarla con lo más dulce que tenía y me puse a restregar mis pechos en su barriga. Mis tetas le caían en medio y sentía el botón saliente del ombligo en la piel de mis senos y luchar con mis pezones. Luego decidí jugar con mis pechos en su clítoris y en su raja. Deslizaba mis senos entre sus piernas restregándolos por toda la extensión de su sexo hinchado y alargado.

EL sexo de mi cuñada apenas se lubricaba. Era debido al embarazo. Yo estaba empapada. Por eso me quité los pantalones y las bragas, quedándome también desnuda.

Intenté alcanzar sus senos para acariciarlos con los míos, pero su barriga me lo impedía. Desistí, pero entonces busqué su raja con mi boca, no sin antes pasar mi mejilla por su monte de venus, que me pinchaba como la barba de un hombre.

Le abrí las piernas. Su sexo hinchado se me ofrecía. En medio, un clítoris especialmente respingón. Lo cogí con mis labios, lo apreté como si con ello fuera a sacar de él un rico jugo. Entonces comencé a lamerlo con la punta de la lengua. Los lametones se intercalaban con apretones ligeros y suaves tironcitos que mi cuñada me agradecía moviendo sus caderas y gimiendo de placer. Entonces, separé sus labios con mis dedos y me puse a lamer toda su raja, de un lado a otro, de arriba abajo.

Adela me acarició la espalda y los pelos y yo por mi parte, comencé a acariciarme los pechos, para terminar introduciendo mi dedo en mi coño húmedo. Ella mientras, alternaba sus caricias sobre mí con manoseos a sus pechos. Finalmente, Adela abrió sus piernas todo lo que pudo, puso los pies sobre el sofá y comenzó a impulsar su coño contra mi cara y yo, intuyendo la proximidad de su orgasmo, le separé los labios del sexo lo que pude e introduje mi lengua dentro de ella, todo lo que pude, moviendo mi cabeza al ritmo que ella misma deseaba, hasta conseguir arrancarle un orgasmo.

– Lo siento. Esto no me ha pasado nunca.- Me dijo un poco avergonzada.

Me incorporé y mientras ella se sentaba en el sofá le respondí, tras besarla en su cara enrojecida.- Ni a mí, cariño, ni a mí.-

Estaba muy caliente, así que antes de que se sentara, la cogí del brazo y tiré de ella hacia el suelo.- ¡Ven para acá, tonta.-

-¡Ay!¡Cuidado!.- Adela, con cuidado, se sentó en el suelo, y yo, besándola en la boca, la eché contra el suelo, tendiéndonos sobre la alfombra. Nos abrazamos tendidas y por fin sentí el calor de sus senos sobre los míos, aunque su vientre se me clavaba en mi ombligo. Comencé a rozarme con ella y conseguí finalmente meter una pierna entre las suyas. Mi rodilla se clavó en su sexo lo mismo que la suya en el mío. Comenzamos a acariciarnos y a movernos, agarrándonos ambas de las nalgas.

Sentía sus manos en mi trasero y yo, las mías en su culo. Nuestros pechos se rozaban y nuestros pezones, de distinto tamaño, jugaban a encontrarse, mientras la sensación de su rodilla se me hacía ya casi insoportable. Hice un hábil movimiento y me senté en el suelo, con una pierna suya debajo, y la otra, entre mis dos piernas. Así nuestros dos sexos se podían encontrar directamente.

Sentí entonces el calor de sus muslos entre mis muslos y el calor y la humedad de su raja en mi raja. Su pierna más levantada pasaba por delante de mi pecho mientras yo, tenía mi pierna sobre su otra pierna. Yo estaba algo levantada, mientras ella estaba entre tumbada y puesta de medio lado, así que me correspondía a mí aproximar nuestros coños todo lo que podíamos, sintiendo el calor de nuestras crestas, la humedad de nuestras rajas mezclarse. Apoyé los dos brazos en el suelo y me puse a moverme contra ella, a restregarme. Movía mis caderas en sentido circular. Sentía su raja pegada a la mía.

Me sentía follada y follando a la vez. Las dos nos proporcionábamos placer mutuo. Yo estaba excitadísima. Para colmo, en un momento dado, Adela pasó su pié por delante de mi cara. Pensarán que soy una cochina, pero me atrajo poderosamente su pié y lo intenté atrapar. Caí sobre su muslo y lo agarré, pasando mi lengua por la planta de su pié y lamiendo los espacios entre cada dedito.

La excitación de Adela debía ir en aumento, pues la oía respirar más aceleradamente. Yo estaba a punto de correrme, Solté su pié y coloqué mi mano entre las dos, Me acariciaba mi sexo y el suyo a la vez. Me comencé acariciando yo. No me hizo falda gran cosa para empezar a correrme. Me metí el dedo corazón mientras me corría y sentía sus labios hinchados en mi mano. Me moví casi violentamente contra ella.

Al mirarla, vi como se movía entera, con su barrigota y sobre todo, sus tetazas. Entonces, cuando vi que mi orgasmo había finalizado, me atreví a introducir el mismo dedo corazón en su raja. Lo hice suavemente, pero no paré hasta que el dedo estuvo introducido totalmente, con el dedo índice y anular presionaba sus labios. Comencé a mover el dedo, no de arriba abajo, sino como un abanico que se cierra y abre. Mi cuerpo, mi coño empujaba mi mano que se clavaba en el sexo de Adela, que hacía que el dedo se hundiera en la raja de mi cuñada.

Finalmente, Adela comenzó a correrse de nuevo. Lanzaba unos gemidos casi lastimeros. Mi dedo permaneció hundido hasta que me aseguré que su deseo se hubiera apaciguado. Me tumbé junto a ella. Nos abrazamos. Estábamos sudorosas. Ella más que yo. Nos besamos durante un rato.

Me puse de rodillas. Ella se intentó incorporar. Estaba torpe. Cuando la ví, la cogí del brazo. La obligué a ponerse a cuatro patas. Su barriga y sus ubres colgaban. Me puse detrás de ella de rodillas. No buscaba ya saciar mi deseo ni el suyo. La cogí por detrás. La tomé de la cintura y comencé a darle “puntazos”. Daba un impulso brusco a mis caderas y mi pubis tropezaba con su trasero.

Adela cedió y se puso en posición fetal, sentada sobre sus rodillas, postrada en el suelo. Yo seguía dándole “puntazos”, un poco más tumbada sobre su espalda, extendí mis brazos y le cogí de nuevo sus pechos, apretándolos. Estuve así un rato largo.
-¿Por qué me haces esto?.-

– Me gustaría tener un pene ahora mismo.- Y le daba otro puntazo.- Eres tan tierna que me gustaría follarte.-

– ¿De verdad no lo has hecho nunca con otra?-

– ¡Nunca! Tú eres la primera y la última.-

-¿Es que no te ha gustado?.-

-Me ha encantado- Y le di otro puntazo.-

Bueno. Al final nos levantamos y nos vestimos e intentamos volver a una normalidad turbada para siempre.

Cuando nos despedimos en la puerta, Adela se me acercó y me dijo en voz baja.– Por favor, no le digas nada a Jorge.- Me metí de nuevo en el recibidor y la volví a besar tras abrazarla tierna, pero apasionadamente.

He visto a mi cuñada muchas veces desde entonces, pero siempre acompañada. Intenté ir a verla nuevamente pero no pudo ser. Llegué a sentirme un poco culpable de lo ocurrido. Hace dos meses mi cuñada dio a luz una niña preciosa. La bautizamos la semana pasada y fíjate que mi hermano me ha pedido que vaya a verla más a menudo, aunque él no esté, pro que dice que Adela está un poco deprimida. Sí, dice que tiene la depresión post-parto. Seguro que soy capaz de reanimarla.

egarasal1@mixmail.com