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Por ayudar estando embarazada

Miércoles, marzo 25th, 2015

Me llamo Verónica, tengo 32 años de edad, soy alta con un cuerpo sumamente bien cuidado. Me gustan mis senos, mi cintura, mis nalgas y mis piernas. Ni que decir de mi cara especialmente bella. Soy casada desde hace 3 anos con un bello marido, sexualmente nos sentimos positivamente satisfechos. Me encuentro embarazada de 16 semanas. Me encanta ver mi pancita en el espejo. Mi pubis se encuentra más provocativo y mi vagina se encuentra caliente y mojada todo el tiempo.
Mi vecina me pide que le ayude a bañar a su hijo de 13 anos que llegaba del colegio con unos dos compañeros. Me pareció extraño al comienzo y luego salí para la casa de mi vecina que se llama Lourdes. Tenía puesta una falda ancha y floja, una camisa floja por el calor que por temporada teníamos. No utilizaba ropa interior por cuanto me sentía totalmente libre por mi estado gestacional. Al entrar a la casa los dos compañeros estaban jugando en el patio puestos unos pantalones deportivos y el resto del cuerpo desnudos, tendrían unos 15 a 16 anos. Lourdes me pide que suba al baño, que Galo su hijo se encuentra en la ducha. Entro y el chico se cubre su pene con las manos, avergonzado nos da la espalda. Lourdes me pide que siga con la esponja en todo su cuerpo, que vendría con el otro compañero para que se bañen todos. Cojo una esponja con jabón y paso por su espalda. Al pasar mis manos por sus entrepiernas siento que mi vagina se pone mas caliente y tengo sensaciones raras. Le giro para jabonar su pecho y le miro su pene totalmente erecto. Me gusto verle y procedo a lavarle sus testículos y su pene suavemente, lo hago con dulzura. Me deja que le estimule con mis manos, miro sus ojos que brillan por el deseo. Lo pongo en mi boca estimulando con mi lengua hasta sentir que comienza a meter y saca de mi boca con suaves movimientos, de pone muy dura y sale su leche dentro de mi boca. Me trago su leche dulce y caliente con total agrado de mi parte. Tomo su mano poniendo en mi vulva, comienza a introducir sus dedos suavemente con timidez en mi vagina, abro mis piernas dejando que disfrute de sus movimientos. Miro que su pene se vuelve nuevamente duro, le pido que me suba el vestido a la cintura y me arrimo a una silla dejando que mire mis nalgas, mi vagina y mi culito, agarro su pene y pongo a la entrada de mi cosita que lo mete hasta el fondo con un mete y saca formidable, muevo mi cadera para ayudar hasta que siento un orgasmo profundo que nubla mis sentidos sintiendo como su leche entra dentro de mi vagina. Tomo su pene mojado por nuestros jugos y absorbo toda su lechita en mi boca. Me dice que nunca había realizado este procedimiento y que le gusto mucho hacerlo conmigo. Procede a bañarse y cuando sale le espero con una toalla para secar su cuerpo. Le mimo con cariño y dulzura por ser un hombrecito hermoso.
En ese momento ingresa Lourdes con el otro chico que estaba con su ropa interior para bañarse, diciendo que le molesta tener que atenderles hasta en el baño cuando vienen a casa luego de hacer deporte. Me pide que ponga jabón en su cuerpo y que no tenga recelo por cuanto son colaboradores. Nos reímos de lo indicado. Abrió la llave de la ducha entrando con alegría, con la esponja pase su espalda hasta sus nalgas bajando un poco su interior, abrió sus piernas dejando paso a mi mano para que ponga jabón en su culito y testículos. Me emociono por la colaboración. Mientras mi cuerpo sentía emociones varias calentando mi vagina que saltaba sus músculos vibrar en mi interior, que sensación más hermosa. Mi mano rozaba su pene hasta que giro dejando ver su pene a toda plenitud, se bajo su interior y quedo frente a mi cara, agarre con mis dos manos y procedí a mamarle con angustia, mientras su cuerpo de arqueaba de la excitación, mi lengua pasaba por todo su tronco, mientras mi mano estimulaba mi clítoris y metía mis dedos en mi vagina. Siento que lanza su leche dentro de mi boca tragando todo su viscoso líquido. Sigo mamando hasta ponerle su pene nuevamente duro y firme. Le acuesto en el piso, me subo la falda abriendo mis piernas y meto su pene en mi vagina hasta lo más profundo. Gritamos de emoción con un sube y baja de mi parte hasta sentir que su leche inunda mi vagina, mi cuerpo reacciona con un orgasmo pleno. Le beso y beso sus labios, su cara y le dijo que es maravilloso hombrecito. Luego introduce su dedito en mi culito dejándole que me estimule sintiendo un orgasmo intimo de placer. Le pido que vaya al ducharse mientras aseo mi vagina y mi boca. Al poco rato entra Lourdes con unas toallas y el otro chico para bañarse.
Lourdes me dice que mira que me siento bien y contenta. Que por favor le ayude con el otro chico a bañarle, mientras arregla la ropa de los chicos y prepara la comida para todos nosotros. Le indico al oído que me da vergüenza por cuanto ya no son chicos y están entrando a ser adultos. Se ríe diciendo que tienen una mente infantil y que son sanos en su proceder. Ingresa al baño sacándose su interior dejando ver sus nalgas firmes, me gusto verle y sentí una sensación especial en mi vulva, me acerco con la esponja y me toma de la mano bajando a que agarre su pene que lo tenía erecto y grande, su grosor me llamo la atención. Me pidió que me arrime a la pared abriendo mis piernas, lo hice sintiendo como sus manos acariciaban mi vagina que la tenia totalmente mojada, abrió mis nalgas sintiendo como su verga entraba poco a poco sintiendo un ligero dolor hasta tenerla toda dentro de mí. Movía mis caderas y un mete y saca formidable de placer, mis piernas me temblaban por tanta emoción y orgasmos repetidos que los tenia. Se quedo quieto dejando salir su leche en mi vagina sintiendo una sensación especial que recorría mi cuerpo de alegría y deseo. Comienza a introducir un dedo en mi culito y con nuestros jugos estimula hasta sentir que la cabeza de su verga comienza a entrar en mi culito, me pongo positiva y tranquila a pesar del dolor que sentía el sentir su ingreso hasta que llego a lo mas profundo, continua un mete y saca formidable de placer hasta que no resisto un orgasmo nacido de lo mas interior de mi cuerpo, que doy un grito con su mano cubre mi boca. Nos quedamos quietos dejando salir su flácida verga sintiendo como sale su leche de mi interior hacia mis muslos. No resisto más y me siento en el piso. Continúa bañándose dándome besos muy especiales en mi cara y en mis labios. Mi ropa se encuentra mojada. Ingresa Lourdes corriendo diciendo si me paso algo por el grito que escucho, el chico cubierto con una toalla le dice que casi se cae y se tuvo que sentar en el piso.
Pasado el susto, Lourdes me pide que descanse y me trae ropa seca, me aseo mi vagina y culito sintiendo ardor por la intensidad sexual que pasamos. En el comedor todos comentaban de lo maravilloso que es hacer deporte y quedamos que pasando una semana pasarían por mi casa para que practiquen deporte en el patio y luego se bañen para atenderles con el jabón en la espalda. Todos aprobaron con alegría y Lourdes también se sintió aliviada descansar pasando una semana.
Al llegar a mi casa me sentía completamente dichosa por la experiencia que hubo en casa de Lourdes. Mi esposo llega a casa contento por la noche, nos desnudamos para acostarnos, besa mi pancita pasando a mis labios vaginales y clítoris, me pone excitada a mil, introduce su lengua hasta lo más profundo, me abro de piernas para darle espacio. Me dice que siente otro sabor de mis líquidos vaginales y que le gusta. Me pone en cuatro metiéndome su verga en mi vagina con un mete y saca formidable de placer hasta sentir un orgasmo que aloca mis sentidos, suelta su leche profundamente. Se queda quieto y comienza a introducir su dedo en mi culito. Comienza a dilatar diciéndome que quiere por primera vez hacerlo por allí. Pienso que tengo que agradarle sus deseos y saca su verga aun dura introduciendo poco a poco, me duele y comienzo a sentir el comienzo de un fuerte orgasmo que me hace gritar, diciéndome que si me moletas suspendería para realizar otro día. Le digo que siga metiendo suavemente hasta sentir sus huevos en mis nalgas. Llega sin dificultad iniciando un mete y saca espectacular mientras muevo mis caderas rítmicamente sintiendo un orgasmo que me vuelve loca de emoción al sentir su leche ingresar a mis intestinos, no resisto y me acuesto de lado manteniendo se verga dentro de mi culito. Siento como su verga flácida comienza a salir junto a su leche. Le beso con ternura y nos quedamos dormidos hasta el amanecer.
Le preparo el desayuno y le acompaño hasta la puerta deseándole que tenga un feliz dia de trabajo. Le converse que el hijo de le vecina con dos chicos vendrán a practicar deporte en el patio una vez por semana. Le pareció bueno pidiéndome que no realice actividades bruscas por el embarazo.
Llego el dia que los chicos llegaron a casa. Uno a uno me abrazaba y me besaban por todo lado. Uno de ellos Tomas, me subió el vestido besando mi pancita, como ando sin ropa interior, su mano comenzó acariciar mi vagina. Me encanto por su ternura. Galo y Arturo pidieron que subamos al dormitorio y nos desnudemos todos para amarnos. Desnudos en el dormitorio miraba como sus penes se encontraban erectos y hermosos, me pusieron en cuatro por mi pancita, arrimada a la cama, Arturo puso su verga en mi boca comenzando a mamarle y mamarle, mientras Tomas separa mis nalgas permitiendo el ingreso de su verga en mi vagina, lo sentí como ingresaba hasta que sus huevos calientes se pegaron a mis nalgas, mientras Galo besaba mis senos permitiendo que mi cuerpo se ponga mas excitado, nuestros movimientos se aceleraban en mi boca hasta que sentí la leche entrar en mi garganta y trague todo. Le chupe y chupe su pene flácido. Me vino un orgasmo fuerte al momento de sentir la leche ingresar en mi vagina, que me produjo un grito de alegría y placer. Se separo dejando ver que de mi vagina salía leche. Galo se acerca por detrás y me dice que quiere meter su verga por mi culito por el deseo que tiene. Coloca un dedo y comienza a dilatar poco a poco hasta cuando siento que su pene toma fuerza entrando hasta lo más profundo de mi culito. Que sensación tan especial sentía su mete y saca hasta que los dos dimos un grito fuerte, mis piernas y mi cuerpo convulsionaba mientras sentía toda su leche entrar en mis intestinos. Me sentía alegre por el placer que teníamos. Les mande a que se laven sus penes con bastante agua y jabón. Al regresar sus vergas estaban duras indicándome que quieren los tres tenerme simultáneamente. Les indique que no es posible por mi embarazo. Arturo de acostó en la cama, luego me pusieron de espaldas sobre su pecho, abriendo mis piernas y acariciando mi culito introdujo su verga. Luego Tomas se subió sobre mi sin presionar mi barriga separando mis labios vaginales y metiendo su verga en mi vagina. Tenia dos hombres a la vez dentro mio. Estaba confundida por la idea de los chicos. Galo se subió a mi cara poniendo su verga en mi boca, la abrí recibiendo con mi lengua varios estímulos. Me encontraba presa totalmente por tres chicos “inocentes”, que me estaban culiando por todo lado. Me sentía confundida hasta que una voz dijo “YA”. Y comenzaron con un mete y saca despacio, suave que me permitió colaborar con mis movimientos paulatinamente hasta sentir que mi cuerpo y mi mente cumplían orgasmos multiples que me hacían colaborar sin temores. Hasta que siento que mi boca se llena de leche y me trago mamando la verga de Galo. Luego siento como simultáneamente sueltan sus leches en mi vagina y culito de Tomas y Arturo. Mi cuerpo no resiste tanta emoción y comienzo a llorar por el orgasmo que tengo. Es en este momento que me preocupo por el bebe que tengo y sus consecuencias. Los chicos me cubren con una manta, se visten dándome besos y despidiéndose hasta la otra semana, quedándome profundamente dormida.
Me despierto y llamo al médico que controla mi embarazo, en el consultorio se realiza un ECO, observando que mi bebe se encuentra bien y sin novedades. Al preguntar sobre mi actividad sexual me pide que sea menos activa conforme sigue el embarazo. Al hablar con mi esposo quedamos que tendríamos sexo una vez por semana y cuando tenga más pancita iríamos espaciando. Me siento triste por cuanto al llegar los chicos les indique que no podríamos tener actividad sexual por cuanto puede causar daño al bebe. Aceptaron con gusto y nos despedimos con besos y más besos.

Embarazada necesitada

Viernes, marzo 20th, 2015

Este relato sucedió hace ya bastantes años, cuando vivía en mi piso anterior, tenía una vecina que vivía dos plantas encima de mí, se llamaba Manuela. Un día, me la encontré en el garaje del edificio, yo venía de dar una vuelta, y ella estaba descargando bolsas del supermercado. Manuela era guapa de cara, rubia, muy delgada, con unos pechos pequeñitos, poco culo, estatura media, estaba casada y vivía con su marido. Yo hacía bastante tiempo que no coincidía con ella, y cuando la vi en el garaje nada tenía que ver con la que yo tenía en mente y que os describí antes, estaba embarazada de cinco meses, la cara la tenía rellenita, tenía más culo, sus tetas habían crecido bastante, con los pezones marcándoseles a través del vestido, la barriguita se le notaba claramente, pero aun así estaba tremendamente atractiva.
Al verla con tantas bolsas, le ofrecí mi ayuda, entre los dos cargamos estas y empezamos a subir por el ascensor. Mientras subíamos, hablábamos del calor que hacía, aunque el estar tan cerca de ella, hizo que mi pene se pusiera erecto, fue un acto reflejo. Llegados a su puerta, mi excitación era notoria, mi paquete estaba claramente marcado, así que solté las bolsas y me disponía a irme cuando ella me dijo mientras abría la puerta que si me importaba dejarlas en la cocina, le respondí que no, y se las metí, colocándoselas en la mesa.
Tras esto, durante unos segundos nos miramos a los ojos, mi excitación iba en aumento y Manuela se dio cuenta, así que iba a despedirme, cuando ella me dijo que si me apetecía una cerveza o algo, me quedé callado un rato, pensando que hacer, hasta que acepté la invitación, ella sonrió y me dijo saliendo de la cocina que cogiera lo que quisiera del frigorífico y que a ella le sacara un zumo de piña. Manuela cerró la puerta del piso y seguidamente se fue por el pasillo hasta su cuarto. Preparé las bebidas y me fui al salón, deje su zumo en una mesita junto al sofá y me quedé de pie mirando los objetos y libros que tenía en el salón.
Al rato apareció ella, se había puesto un vestido premamá de estar por casa, bastante corto y con un generoso escote, la miré y no pude evitar fijarme en sus pechos, en que se había quitado el sujetador, en que sus pechos botaban libres, y en que sus pezones atravesaban la tela del vestido. Esa imagen me excitó más aún, incluso me sentí algo incomodo por la situación. Inmediatamente me dijo que me sentara, al mismo tiempo que ella se sentaba en el sofá y cogía su vaso. Me acerqué y de pie le dije que no sabía que estaba embarazada, y después le pregunté que de cuanto estaba, Manuela me respondió que de cuatro meses, y a continuación me preguntó que si ya se le notaba que estaba muy gorda, yo que pensaba que ahora estaba mejor que antes le respondí que se le veía muy bien, que de gorda nada, con la barriga normal de un embarazo, incluso le dije que la encontraba ahora mucho más atractiva. El lanzarme de ese modo hizo que mi excitación no bajase, más aun cuando al estar de pie veía sus pechos moverse cada vez que cogía el vaso.
Tras un breve silencio, me dijo que lo que estaba claro era de que a su marido no le gustaba así, me quedé sorprendido, y cuando reaccioné me tiré al ataque y le dije que yo la veía muy sexy, con un morbo tremendo. Manuela miró directamente mi pene a punto de explotar y después mirándome a los ojos me preguntó que si me follaría a una embarazada, me quedé inmóvil unos segundos, ella me dijo que no pasaba nada, que lo dejara, entonces reaccioné, dejé mi vaso, me situé detrás de ella, e introduje mis manos por delante de sus hombros, hasta que llegaron hasta sus pechos, se los agarré al tiempo que con mi lengua lamía su oreja y le decía que me la follaría por todos lados. Tras decirle eso, ella se estremeció e hizo por levantarse, pero no la dejé, le seguí comiendo la oreja y masajeándole suavemente los pechos, ella se relajó y empezó a suspirar. Después le giré la cara y nos empezamos a besar, a enrollarnos con pasión.
Minutos después, me puse delante de ella, la tumbé en el sofá, me arrodillé delante suya, le quité las bragas y abriéndole las piernas pasé mi lengua a lo largo de la rajita para saborear primeramente su húmedo coño, Manuela suspiraba y se estremecía. Con las piernas bien abiertas, pasé a lamer sus labios, desde el perineo hasta el monte de Venus, mordiendo a veces suavemente esos hermosos gordos labios vaginales. Después pasé a su raja, y fui refregando mi lengua por toda ella, desde arriba hasta abajo, bañando mi rostro de su abundante flujo, ella se retorcía de placer, gemía alocadamente. A continuación, le empecé a morder con delicadeza su clítoris, estiraba de él, lo lamía, lo besaba, lo frotaba. Cuando su coñito empezó a parecer una piscina con agua caliente, le hundí mi lengua dentro de su vagina, follándola con esta, ella me decía que siguiera, que continuara cabrón, todo esto mientras se contorsionaba de placer, su orgasmo estaba cerca, lubriqué muy bien un dedo de mi mano, y se lo introduje en su culo mientras lamía su hinchado clítoris, eso la puso a mil y empezó a temblar, hasta que explotó en un gran orgasmo, se notaba que hacía tiempo que no disfrutaba, quedó tumbada en el borde del sofá con la parte baja del vestido en su cintura, abierta de piernas, totalmente mojada y extasiada. Mientras descansaba, me iba quitando la ropa a la vez que le preguntaba por su marido, Manuela me dijo que llegaba a la tarde, eso me dio tranquilidad, así que cuando me quité la ropa me acerqué a su rostro, y le dije que me la chupara, me miró y sin decir nada se incorporó y se sentó, después me la cogió y empezó una suave lamida del tronco, le dije que se la comiese, mientras le bajé el vestido hasta la cintura, dejando sus excitados y duros pechos a la vista y a merced de mis caricias. A continuación formó una o con los labios, y los puso cuidadosamente en la punta de mi pene y movió la cabeza en círculos diminutos, después recorrió los laterales de mi polla, para a continuación coger la punta de mi pene suavemente entre sus labios, y hacer que mi miembro penetrase en su boca, en cada intento más profundamente, presionándolo y chupándolo, también acariciaba y besaba mis testículos. Con las tetas al aire, acariciándoselas a la vez que me mamaba mi polla como una perra en celo estuvimos un rato disfrutando.
Pasados unos minutos, le dije que ya valía, que se diese la vuelta que me la iba a follar, Manuela me respondió que sí, que la follase, que era un cabrón, que me aprovechase de ella. Se puso de rodillas encima del sofá, para acabar a cuatro patas, yo de pie me puse detrás de ella, le acaricié el clítoris un rato, estaba muy mojada, y sin demora se la hundí suavemente en el coño, entró sin mucho problema, y al momento empecé a follármela sin contemplaciones, Manuela me indicaba que siguiera, que le gustaba así, yo le decía que era una zorra, que su marido era un cornudo, que mira que no querer follar. Mientras me la follaba, sus tetas y barriga se bamboleaban con cada embestida, ella respiraba fuerte mientras gritaba que yo era un cabrón, que no parase, que siguiera, hasta que de nuevo se corrió, notaba sus contracciones y eso hizo que me corriese yo también en su interior, llenándole su coñito de mi semen.
Aun estando enganchados, le pregunté que si le había gustado, ella respondió que sí, que le gustó, que hacia mucho tiempo sin sexo. Tras esto se la saqué y cogiéndola por la nuca le hice que mirase hacia mí, apoyé mi rodilla en el sofá y la hice bajar hasta mi polla chorreante de semen, después le dije que no habíamos acabado, y le ordené que me la limpiase y que me la pusiera dura otra vez. Me miró y sin decir nada se puso de nuevo a mamarla a cuatro patas mientras yo me acomodaba sentándome en el sofá.
Cuando logró ponerme de nuevo mi verga a tono, me levanté y la puse contra el respaldo del sofá, le metí dos dedos en su coño y arrastré flujo hasta su culo, lo repetí varias veces, hasta que en una de ellas le metí un dedo en su estrecho canal. Le pregunté que si la habían follado por el culo, y Manuela respondió que solo una vez un novio que tuvo en el instituto, que su marido no, le dije que estuviera quietecita y diciendo eso empecé a encularla lentamente, su culo y mi polla estaban perfectamente lubricados, y le introduje la cabeza y paré, ella gritó de dolor, pero seguidamente me dijo que siguiera, le metí la mitad y paré, ella tenía cara de dolor pero le gustaba, después se la saqué y se la metí hasta la mitad, y después empecé a follarla, cada vez iba penetrándola un poco más, hasta que toda le entró en su culo, me encantaba sentir la presión de su esfínter, poco a poco le empezó a gustar, se frotaba el clítoris y suspiraba, le pregunté que si le gustaba que la enculasen, y respondió que sí, que lo añoraba, le dije que era una zorra, y ella pedía más y más, yo le decía que era una guarra, le preguntaba por lo que diría su marido si la viese así enculada, y Manuela respondía que él no le había dado nunca por culo, que él se lo perdía. Poco después Manuela, de nuevo empezó a temblar y contraerse por el nuevo orgasmo que estaba teniendo, su culo apretó mi pene.
Yo seguí un poco más y cuando estuve a punto, se la saqué y pajeándome le dije que se acercase, se agachó hasta mi polla, y sus labios entreabiertos recibieron mi leche, cuando dejé de expulsar, se tragó la polla sin importarle que venía de su culo, que dije que era una guarra, una mamona, una pedazo de puta, y ella seguía a lo suyo, limpiando mi polla de semen. Estuvo un largo tiempo jugando con mi verga, la cual bajó de nivel un rato, hasta que nuevamente logró ponerla Manuela a tono.
Nada más lograrlo, me dijo que su culo era mío, que me lo follase de nuevo, esa frase me excitó a tope, estábamos de pie, le di la vuelta, apoyó sus codos en el reposa cabezas, le agarré los pechos, y sin mas se la clavé por el culo, a ella le gustó, y me dijo que la enculase, que no parase, le decía que era una puta, me follaba su culo a tope, la veía reflejada en el espejo del comedor, esto acrecentaba mis embestidas, hasta que ambos a la vez nuevamente llegamos a un nuevo orgasmo, ella gritaba de placer, yo me corrí en su culo y seguidamente nos dejarnos caer en el sofá exhaustos, estuve con mi polla en su interior unos minutos hasta que cesaron las palpitaciones del orgasmo.
A continuación, ella se quedó exhausta de lado en el sofá tumbada, yo me aseé y me vestí. Manuela estaba adormecida, tendida de costado, con su gorda barriga de embarazada, y con su visible culo abierto, enrojecido, del que a veces salía semen, me quedé con esa imagen guardada en mi retina para siempre. Le dije que me iba y apenas tubo fuerzas para despedirme.

Embarazada de su hermano

Domingo, octubre 23rd, 2011

Julia despertaba agotada, la ultima noche de sexo la agotó completamente, Sandro habia descargado todo el hambre de sexo acumulado que tuvo.

Sentía todavía la leche de su hermano por todo su cuerpo, se había sometido a todas sus fantasías sin dudar.

Lentamente se desperezaba y se fue a duchar, odiaba deshacerse del olor de su hermano, pero no podía ir al instituto así.

Notó que le habían crecido los pechos, ¿será que el sexo hace que los aumenten? Se frotó sus pechos con admiración y orgullo, unos pechos que ya no cabían en sus sujetadores, debía comprarse una copa más.

En el instituto, sus amigas no paraban de preguntarle que crema se ponía, Julia había oído que enamorarse y practicar sexo rejuvenecía la piel y hacia los ojos más brillantes, pero en medio de una clase le entraron nauseas y vomitó.

La llevaron a casa, sus padres estaban fuera y Sandro fue a atenderle, cuando le dijeron que vomitó, ambos lo supieron, la extraordinaria sensibilidad en sus pezones, sus mareos, su retraso menstrual y que confundiera el olor de un pavo con un biscocho.

Estaba embarazada.

El miedo entró en los corazones de la pareja ¿Qué pensarían sus padres? ¿Qué pensarían todos? ¿Cómo serán sus vidas en cuanto el niño nazca? Pidieron hora a una clínica abortiva, ella solo estaría una hora y todo pasaría.

Julia entró sola en la clínica, mientras esperaba su turno, empezaba a pensar.

Pensaba en su vida, lo triste y sola que estuvo, pero los últimos acontecimientos fueron los más felices de su vida, todo debido a una confusión que a muchos ojos seria pecaminosa.

Pero ella lo vio como una bendición divina.

Se puso la mano en su vientre, su madre no paraba de decir que el aborto era un asesinato, pero últimamente no hizo mucho caso a su madre.

Pero esta vez.

¿Quién era ese bebé? ¿un producto de su descuido? ¿o simplemente una bendición? ¿Qué culpa tenia ese bebé de formarse cuando la culpa fue de ella por no tomar anticonceptivos? ¿Qué podría llegar a ser ese bebé? ¿Qué vida tendría?

Atormentada por ese debate, se fue de la clínica, su hermano fue comprensivo cuando ella le explicó que no pudo hacerlo.

En la cena familiar, ella estaba intranquila, ¿Cómo podría comunicarles a sus padres que ella esperaba un bebé y menos de su hermano.

No se sentía con fuerzas, no podía decirle eso a sus padres.

Llamaron al timbre y entró la persona que le incitó a hacerlo con su hermano.

La prometida de Sandro.

-¡Sandro! ¡he venido desde Nueva York para que me expliques personalmente…! ¡esa puta está aquí! – dijo la prometida señalando a Julia.

El padre se levantó enfurecido diciendo.

-¡¿Cómo se atreve a insultar a mi hija?! ¡salga de nuestra casa inmediatamente!.

-¡su hija fornicó con mi prometido como la vil ramera que es! ¡tu! ¡vuelve conmigo! ¡y tu no vuelvas a acercarte a nosotros en la vida! ¡¡PUTA!! – dijo la prometida fuera de si.

La prometida si iba a ir pero se detuvo al ver que Sandro no se movía.

-¡¿Qué te he dicho?! ¡ven conmigo!

Sandro se levantó y le dijo.

-¿para que? ¿para que me ningunees? ¿Para interrumpir mis conversaciones? ¿para prohibirme salir con mis compañeros? ¿para no poderte tocar en la vida? ¿para que me tengas? ¿Cómo se dice? ¿domado?.

La prometida se sorprendió al ver aquella rebeldía.

-¡eres mi prometido! ¡nos juramos amor eterno!

-el amor se alimenta, pero tu lo mataste de hambre – dijo Sandro con determinación.

-¡no eres más que un degenerado asqueroso! – dijo la prometida furiosa.

Julia, no podía más y se levantó diciendo.

-no se lo que eres, pero si se lo que serás, una vieja loca que colecciona gatos porque no triunfó en las relaciones humanas, mientras que yo y Sandro estaremos cuidando del bebé que crece en mis entrañas.

Todos perdieron el color, en especial los padres de Julia.

-si, estoy embarazada, de mi propio hermano, yo lo deseé y no me arrepiento, el, de mi carne y mi sangre, es el amor de mi vida – dijo Julia envalentonada.

-n-no puede ser verdad – dijo la madre.

Julia miraba a su madre desafiante y luego miró a Sandro y le besó en los labios, Sandro respondió al beso.

La prometida retrocedió sorprendida y se fue al grito de que estaban enfermos.

Cuando terminaron el beso, miraron a sus padres y al servicio que miraban sorprendidos.

-nos queremos papis, no es ninguna fantasía adolescente, Sandro y yo nos amamos.

-p-podemos ir a una clínica abortiva, pod… – decía la madre, pero Julia le interrumpió diciéndole.

-no, no voy a matar a nuestro hijo, es en lo único que estoy de acuerdo con tus ideas madre, tendré a mi bebe, lo cuidaré y lo convertiré en una persona de provecho.

Sus padres empezaron a discutir acaloradamente con Julia, está hizo lo mismo, pero lejos de enfadarse, Julia sentía.

Jubilo.

Y extrañeza, tenia que estar embarazada de su propio hermano para que sus padres supieran que existía.

Julia no dejó de ir al instituto en los meses siguientes, todos se sorprendieron del embarazo de Julia, la cual, pensó que su barriga maternal era una lente.

Una lente que veía como era la gente.

La mayoría de sus compañeras de colegio y profesoras se alejaban de ella, pensaban que era una fresca.

Pero sus amigas de verdad, Carolina, Fátima, su primer amante y su hija, y otras muchas personas la arroparon, ella supo quienes no le darían la espalda, da igual lo raras que fueran las cosas.

-¿todavía lo haces con el? – preguntó Carolina.

-no, mi bebe podría lastimarse – decía Julia agarrando su barriga de embarazada con temor.

-¡que va! ¡he oído que es sanísimo! Y que influye positivamente en el embarazo – decía Carolina con seguridad.

Esa noche, comprobó por internet lo que dijo y pensó que aquel acto de amor había que alimentarlo con más amor, llevaba tres meses sin hacerlo con Sandro, pero antes tenia que hacer una cosa.

Julia fue al prostíbulo, tocó el timbre, dejó una nota y se fue, una nota que ponía.

“gracias por enriquecer mi vida”

Al volver a casa, cogió una botella de bourbon y se fue desnuda a la habitación de Sandro, sus padres no estaban, tenían toda la casa para ellos.

-querido, tomate una copa – dijo Julia mientras llenaba el vaso.

-gracias, ¿Cómo llevas el embarazo? – preguntó Sandro.

-bien – decía Julia acaramelándose al lado de Sandro – ¿no te gustaría que nuestro bebé supiera que sus padres se aman?.

-si, mucho – dijo Sandro con una sonrisa.

Julia agarró la mano de Sandro y la dirigió a sus pechos, eso asustó a Sandro que la retiró diciendo.

-¿no sabes que podemos hacer daño a nuestro hijo? – dijo Sandro con temor.

Julia besó los labios de su hermano y acarició sus cabellos mientras apoyaba sus pechos en el torso de Sandro.

-tranquilo, todo irá bien – dijo Julia sonriendo.

Las manos de Julia recorrieron el torso y el abdomen de Sandro hasta llegar a sus pantalones, los cuales los desabrochó con habilidad, descubriendo el instrumento que daba placer y vida.

Los labios de Julia empezaron a recorrer la virilidad de Sandro.

Unos labios que recorrían suaves la dura y cálida carne de su hombre, rozando, besando, daba pequeñas pasadas en el glande con la punta de su lengua.

Ella sabia que a Sandro le gustaba, porque le estaba acariciando sus cabellos, miró a los ojos de su amado con inocencia y sus labios engulleron la cálida verga de su hermano, una verga que llenaba su boca hasta llegar al principio del esófago.

Julia se esforzaba, hasta ahora sus felaciones no llegaban a tragarla del todo, luchaba contra sus arcadas, pero sentía que podía hacerlo, por el.

-¿estas bien? – preguntó Sandro preocupado por que su hermana no se ahogase.

Ella lo miró con ojos llorosos por el esfuerzo, pero había hecho una mueca como de una sonrisa.

Lo que agradeció Julia es que Sandro se hubiera afeitado el pelo de su virilidad, la ultima vez que le hizo una felación le rozaron los pelos en su nariz con resultados surrealistas.

Sentía como su amado temblaba, se sacó la suficiente verga como para que su lengua acariciase el glande dentro de su boca, no tardó en sentir el semen chocando contra su lengua.

En ese momento, engulló el pene de Sandro hasta tocar los testículos de su barbilla y apretando sus labios se separó lentamente de el, sacándole toda la leche de macho que había quedado sin salir, un hilillo viscoso era lo único que unía el vigor de Sandro con la boca de Julia, alzó la barbilla para que Sandro viera como su cuello hacia el movimiento de tragar.

Tres veces.

Julia se incorporó a la altura de su amado y le miró con dulzura a sus ojos, el sonrió y acarició su cara, su cuello, sus pechos que al manipularlos salía un liquido amarillo y ceroso, eso preocupó a Julia.

-tranquila mamita, es calostro – dijo Sandro.

Antes de que pudiera preguntarle, Sandro empezó a chupar se sus senos, ella era especialmente sensible, pero ahora se mordía los labios solo con un roce, acariciaba la cabeza de su amado mientras intentaba no llegar al orgasmo demasiado pronto, pero era muy difícil, Sandro succionaba el calostro con ganas, succionando, moviendo su lengua, el placer era tal que apretaba la cabeza de su hermano en sus pechos, no tardó en llegar al climax de su placer.

Sandro la veía agotada, la tumbó sobre la cama y la contempló, era distinta con su barriga de embarazada, no la favorecía, ni tampoco la hacia fea.

Digamos que veía, una belleza distinta.

-S-Sandro, por favor no me mires así – decía Julia tapándose, ella podía chupársela y beber su semen, podía dejarse sodomizar, podía ser masturbada con una cadena, pero todavia le daba vergüenza que la mirasen fijamente, parecía una tontería, pero las miradas eran más sexuales que la misma penetración.

Sandro, sonriendo, le arrancó la sabana que protegía a Julia de su mirada, ella se cubrió con sus manos muerta de vergüenza, pero el se puso encima de ella y le separó las manos y la miró con más atención.

-no soy bonita.

-¿Por qué dices eso? Hermana.

-mírame, estoy gorda, no tengo ese vientre plano con el que mojabas con champagne.

-hay vida en tu vientre, la prueba de que nos amamos, de que nos deseamos.

Julia miró a los ojos de Sandro, unos ojos llenos de sinceridad y deseo, separó despacio sus piernas y le dijo.

-tómame hermano, quiero que estés cerca de mi, quiero que estés tan cerca que prácticamente estemos unidos físicamente, que nuestro bebé sepa que sus padres se aman con fuerza, que sepa que nunca lo dejaremos solo por nuestras peleas, estamos los tres juntos, como una familia feliz.

Esas palabras hicieron reaccionar a Sandro, que besó con pasión los labios de Julia, apuntó con su vigor la concha de la joven y entró despacio en su puerta de la vida.

A medida que bombeaba, veía los pechos de Julia moverse como flanes de gelatina, esa visión excitaba a Sandro que aumentó las envestidas, Julia, temerosa, puso sus manos en su vientre de madre.

Eso calmó a Sandro, que la penetró con más cuidado, mirando amorosamente a los ojos de Julia, la cual, acariciaba las manos de Sandro que agarraban sus caderas.

-te quiero – decía Julia con una sonrisa.

-y yo te quiero a ti, Julia – decía Sandro.

Las envestidas lentamente se aceleraban, Julia sintió mucho placer, pero cambiaron de postura.

Sandro se tumbó boca arriba y ella se puso de rodillas encima de el, sintió como la penetraba profundamente.

Los senos de Julia se movían al ritmo de la penetración, cada vez más rápido, Sandro estaba llegando al orgasmo y en vez de tocar los pechos de su hermana, acarició su vientre de madre.

Ella también llegaba al climax y puso sus manos en su vientre, no tardaron en llegar ambos al orgasmo al mismo tiempo.

Julia, agotada, se tumbó al lado de Sandro, ambos acariciaban el vientre de embarazada.

-¿crees que será feliz? – preguntó Julia.

-crecerá con unos padres que se aman y le aman, si, será muy feliz – dijo Sandro acariciando el vientre de su hermana.

Julia tuvo al niño y prosiguió con sus estudios, llegó a ser la dueña de una empresa de publicidad de gran éxito, en una entrevista que le hicieron, le preguntaron por el secreto de su éxito.

-yo, como muchos vivía en la seguridad, en la comodidad de donde estaba, pero para tener éxito de verdad, hay que ampliar los horizontes y arriesgarse para poder ganar – respondió Julia con naturalidad.

Mi prima embarazada

Viernes, octubre 14th, 2011

Ese día llegue de la escuela y me tope con la sorpresa de mi prima Leticia en casa había pedido asilo a mis padres ya que los de ella la habían corrido de su casa pues ya no pudo ocultar mas sus ya casi 6 meses de embarazo a sus 18 años se le había entregado a su novio dejándola este sola con el paquetote sentada estaba en el sillón llorando desconsolada mis padres me comentaron su problema y me pidieron que los dejara solos un momento así lo hice pero me escondí cerca para poder oír lo que le decían que le ayudarían hasta que naciera la criatura mientras hablarían con mi tío que en realidad era el del problema pues también oí decir a Leti que su mama si la había apoyado.

Después de un rato mi madre la instalo en un cuarto que estaba junto al mío durante unos días todo trascurrió normal pero fue hasta que un sábado que habían salido mis padres Leti me hablo me dijo Mario ven ayúdame por favor si que pasa me dijo sabes es que me duele un poco la espalda podrías darme un masajito, se sentó en la orilla de la cama yo me hinque atrás de ella y empecé a sobar sus hombros ella me dijo sobame en la espalda baja por favor así lo hice pero me quedaba incomodo al notar esto ella se puso de pie y me dijo que yo me sentara en la cama sin ningún pudor se quito su playera que traía y comencé a masajear su espalda así estuve un rato hasta que en un impulso le baje un poco el pans y el calzón que traía dejando ala vista un poco de su raya de sus nalgas ella no dijo nada ya no nomás masajeaba su espalda si no también parte de su trasero me atreví a mas y metí un dedo en su hendidura ella respingo y me dijo que haces volteo y me empujo avergonzado le pedí disculpas y salí de su cuarto.

En la cena solo pensaba en que les diría a mis padres además de cómo puede ser que una chica en su estado me excitara, nada mas se me quedaba viendo y comenzó sabes tía que me paso en la tarde yo decía trágame tierra que hija me pare y pedí permiso para retirarme espera dijo ella quiero platicarles lo que hiciste en la tarde yo ya estaba mas que asustado mi madre se me quedo viendo y dijo que hiciste hijo nada conteste si claro dijo Leti, mi primo muy lindo me dio un masaje ya que tenia un dolor en la espalda que no aguantaba así que lindo mi hijo yo respire aliviado ya cuando estaba recogiendo la mesa ella se me acerco por atrás me dijo sabes antes de te vayas a dormir vas a mi cuarto a darme otro masajito que me sigue doliendo la espalda si primo.

Como a las 11 toque a su puerta pasa oí entre muy bien me dijo sabes lo que hiciste hoy no estuvo bien pero no quise darle un disgusto a tus padres por lo buenos que han sido me disculpe y le prometí que no volvería a hacerlo a no ella replico una cosa es no decirle a mis tíos y otra muy diferente es lo que vas a hacer de ahora en adelante para que ellos no se enteren el que no entiende soy yo le dije pues mira por que crees que me paso esto señalando a su panza ya algo crecidita pues no se, por caliente y la verdades que desde la tarde que paso eso me quede súper caliente y como fuiste tu el que lo hizo quiero que me lo quites le dije yo pensé que a mujeres en tu estado no les agradaba el sexo para que veas que siempre se aprende algo nuevo me contesto sabes solo quiero que me chupes mi conchita y si lo haces bien puedo pagarte con el mismo favor claro además de seguir callando nuestro secreto.

Se sentó en la cama hasta ese momento note que solo traía la bata de dormir puesta abrió sus piernas lo mas que pudo se veía increíble acostada sobresaliendo su pancita me dijo ven chupame aquí me acerque pase mi lengua par probar su sabor fue amargo pero seguí después de unos cuantos lengüetazos le agarre sabor le sobaba la panza mientras le pasaba la lengua por su rajita rasurada que rico sabia ella gemía una y otra vez si sigue así metí mi lengua dentro de ella haciéndola venirse a lo grande sus piernas temblaban su respiración se entrecortaba le toque con mi dedo y un aún mas fuerte orgasmo le vino haciendo que se meara ahí en el piso yo no quise desaprovechar me saque mi miembro que ya estaba paradísimo lo coloque en su entrada y sin dejarla descansar se lo metí todo haciéndola gemir mas fuerte tres envestidas bastaron para provocarle otra venida si me decía después de un rato me dijo espera me pido que me saliera y que me acostara así lo hice ella chupo mi verga un rato a que sensación lo metía todo en su boca y cuando lo sacaba jugaba con su lengua en mi cabeza a que rico sus ojos clavados en los míos se detuvo se sentó en mi tranca y fue bajando poco a poco hasta tener toda adentro empezó a moverse en círculos y además con su vagina como que apretaba mi verga que rico se sentía su estado en verdad no era ningún impedimento para coger le agarraba sus tetotas apreté sus pezones grandes como tapas de nescafe así estuvo hasta que una vez mas le vino un orgasmo descomunal las contracciones de su vagina hicieron que yo me viniera llenando todo su interior ahora si descansamos los dos yo recargue mi cabeza en su panza en verdad me tenia extasiado me dijo gracias ya me hacia falta una buena cesión de sexo haber hasta cuando puedo quieres seguir haciéndolo le dije Leti eso ni se pregunta esta bien mañana te espero a la misma hora le dije oye no crees que sospechen mis padres mira lo haremos no muy seguido para no levantar sospechas ok esta bien nos besamos y salí de su cuarto.

Pensando que podría seguir comiéndome a mi prima aun después del nacimiento eso era lo que siempre sueña un chico de mi edad y yo lo tenía hecho realidad que suerte

Silvana y su pancita

Martes, mayo 6th, 2008

Esta historia comenzó cuando Silvana, mi vecina, quedó embarazada.

Ella era de estatura algo baja, delgada, de pelo castaño muy abundante cortado algo más debajo de los hombros. No era fea pero tampoco algo que deslumbrara y éramos buenos amigos, pero cuando quedó embarazada y su pancita comenzó a crecer, Silvana cambió por completo, no sé si por efecto de las hormonas o qué, pero se puso más linda que nunca, no sé, no puedo explicarlo, era ella misma pero a su vez estaba distinta, hermosa y radiante como un sol.

A medida que las semanas transcurrían y su panza crecía, Silvana se ponía cada vez más linda, se ponía esos vestiditos o unos enteritos para embarazadas que le quedaban divinos, estaba para comérsela.

Yo tenía un conflicto mental tremendo, Silvana cada día me gustaba más, cada vez que la veía el corazón me palpitaba a mil por minuto y todo mi cuerpo se estremecía de deseo hacia ella, pero entonces, si bien yo ya estaba separado y en trámites de divorcio, pensaba: “No, no puede ser que me pase esto, es una señora casada, es mi amiga y va a tener un bebé, tengo que reprimir estos sentimientos, no puedo ser tan hijo de p…”

Así, el tiempo fue transcurriendo y yo luchaba para reprimir mis sentimientos, pero un día cuando Silvana estaba de unos 5 ó 6 meses de embarazo, me llama a casa (vivíamos en el mismo piso de edificio) y me dice si no podía ir a su casa que no se sentía bien. Toco timbre en su apartamento y me abre la puerta, con claros signos en su cara de que había estado llorando.

“Pero Silvita, que te pasa, te sentís mal? querés que llame a G. (su esposo) o al médico? – le pregunto.

“No – me dice – No llames a nadie, solo quiero estar contigo, quiero me acompañes, G. se fue a Buenos Aires y no viene hasta mañana”

“Si – le digo – esta bien, acá estoy, ¿querés hablar de algo en especial” ¿hay algo que molestó? – de decía mientras nos sentábamos en le sofá.

Verla así me cruzó por la mente miles de pensamientos, estaba hermosísima, con una calza bordeaux y un vestido por encima de la rodillas estampado también en tonos de bordeaux y con esa carita triste que tenía me daba ganas de abrazarla y comérmela a besos y caricias, pero me contenía, como debería ser.

Pero entonces, ella me mira a los ojos y me dice: “Quiero que me abraces”

“¿Como?” – le pregunto sorprendido.

“Estoy triste y quiero que me abraces, necesito cariño” – me dijo.

Entonces yo me acerque a ella y le pasé el brazo por sus hombros, ella recostó su cabeza sobre mi pecho y le acariciaba su cabeza y su pelo muy cariñosamente, pero mis hormonas se ponían a full, estaba que me moría quería comérmela a besos.

Después de un momento así, sin decirnos nada, Silvana levanta su cabeza y me pregunta:

“¿Estoy muy fea con la panza?”

“¿Estás loca?” – le contesto – “estás más linda que nunca”.

“¿En serio?” – pregunta.

“¡Claro! no te voy a decir una cosa por otra, estas hermosísima desde tenés pancita” – le digo.

“No sé – me dice – G. no piensa igual, ¿sabes que hace como tres meses que no me toca? Creo que tiene otra ¿Tan fea estoy?

“No pienses eso – le digo – para mi estás mas linda que nunca” y entonces me animé a decirle todo lo que sentía por ella: “No sé lo que es, pero desde estás embarazada te pusiste más linda que nunca, no sé si serán las hormonas o que, pero la verdad es que desde tenés pancita he sentido cosas muy fuertes por vos”

Ella se me quedó mirando y entonces en una fracción de segundo pensé: “A la m…, que embarrada que me mandé, ahora me va a sacar picando de su casa, arruiné todo por estúpido, por no saber callarme”

Pero la cosa no fue así, para mi sorpresa, Silvana se sonrió con la sonrisa más linda que le había visto, se le borró la tristeza de su cara y me pregunta agarrándome la mano:

“¿En serio?, ¿ Que cosas sentís por mí?.

Yo medio balbuceando le contesto: “No sé, cosas que se me pasan por la mente, me gustas, me siento atraído por vos, se que está mal pero no lo puedo evitar, ¿que querés que haga?.

Entonces ella sin decir nada, acercó sus labios a los míos y nos besamos de la forma como nunca había besado a ninguna mujer, mientras le acariciaba todo su cuerpo hasta su cola y su entrepierna, estaba calientita y húmeda. Ya no hablamos más, sólo fueron suspiros y gemidos mientras  le dábamos rienda suelta al amor y a nuestros deseos.

“Vamos a la cama” – me dice – “quiero ser toda tuya, quiero que me hagas el amor” me dice.

En menos de que se dice “hola” estábamos en la cama, me desnudé  en un segundo y ella ya se había sacado el vestido y la calza, quedando solo en soutien y bombacha, un conjunto blanco, de algodón y Lycra, su bombacha era grande pero sólo a cubrir una parte de su hermosa cola, nos tendimos en la cama ella boca arriba, y entonces la besé en su labios para ir bajando hasta sus tetas, le saqué soutien y chupé sus tetas turgentes, bajé por su pancita redonda hasta llegar a su entrepierna, chupé su monte de Venus con abundantes vellos púbicos y bajé hasta su concha. Sus labios vaginales estaban turgentes y húmedos luego se colocó arriba mío y la penetré por la concha hasta fondo hasta descargarle toda mi leche en su vagina.

Me tiré en la cama con los ojos cerrados, descansando y ella se levantó y fue al baño, al ratito vuelve y se acuesta al lado mío con su brazo encima de mi pecho y su cabeza recostada a mí, y nos quedamos así un rato sin hablar.

Entonces, yo le digo: “Mi amor, ¿no te parece que tenemos que hablar de esto que pasó?

“No ahora no quiero hablar” – me dice – “Quiero quedarme un rato así contigo, me siento bien, feliz y completa, no quiero arruinar el momento”

“¿No te parece que me tendría que ir? puede venir alguien” – le digo – “no sé, tu mamá o alguien”

“No, no quiero que te vayas, quiero que te quedes conmigo, me hacés sentir bien, además Mamá no viene hasta las 7 y pico” – me dice. “¿Ya no querés estar conmigo?”

“Si, ¡cómo no voy a querer estar contigo!, ojalá pudiera estar contigo las 24 horas del día. Te amo con locura, Silvita, estoy enamorado de vos hasta la médula” – le digo.

Nos empezamos a besar nuevamente y bajo su cabeza hasta mi miembro y empezó a chuparlo y ha lamerlo con una dulzura increíble. Después de un rato me levanto y le pido que se ponga en 4 patas en posición de perrito o en “21” como se le dice, le besé y mordisqueé sus nalgas, le lamí su concha y su ano, introduciéndole la lengua en ambos agujeros todo lo que pude, su sabor era exquisito. Le penetré la concha muy suavemente hasta fondo, la cogía con todo mi amor y lujuria, disfrutando del momento como nunca mientras ella también disfrutaba como loca también. Mientras la cogía por la concha de humedecía el ano con saliva y le introduje primero un dedo y luego dos, luego le saqué la pija de concha y muy suavemente de penetré el ano. Ella disfrutaba como nunca, cuando mi verga la penetró, sólo se quejó un poquito y me dijo casi como un susurro: “Despacito por mi cola, mi amor, que sino me duele”

“Si mi amor, decime si te duele que la saco” – le digo cariñosamente.

“No, no me la saques, pero hacemelo despacito con cariño” – me dice.

La cogí por el ano un rato muy suavemente, con suaves movimientos para no lastimarla, ya que me había entregado su cola no quería arruinarlo siendo muy bruto, entonces lentamente fui aumentando mis arremetidas mientras veía que ella disfrutaba cada vez más y cuando vi que Silvana estalló en un orgasmo brutal yo estallé con todo mi semen en su recto, pero mientras yo me relajaba aún sin sacar mi verga de su ano, ella tuvo por lo menos otros dos orgasmos más, fue algo espectacular, ambos disfrutamos como nunca.

Después de ese segundo y hermoso polvazo anal, me fui al baño a lavarme y cuando vuelvo ella ya se había puesto su bombacha y su soutien y se estaba vistiendo, vengo de atrás y la abrazo y le beso su nuca y ella da vuelta su cabeza y me besa los labios y me dice:

“No, no, basta por hoy” – me dice corriéndose para un costado – “creo que ahora si tenés que irte, puede venir mi madre en cualquier momento, mañana nos vemos de nuevo”

“¿Estás segura? – le digo – pero te amo, no quiero dejarte más, quiero estar contigo todos los días”.

“Si, yo también te amo, pero estoy confundida, quiero estar sola para pensar en lo que nos pasó” – me dice.

“Bueno -le digo – fuiste vos la me llamaste, porque estabas sola y mal” – le contesto.

“Si, ya sé” – me dice – “pero no pensé que nos iba a pasar todo esto, ahora andáte que me ponés nerviosa, mañana hablamos”.

Y al otro día hablamos sobre lo que nos pasaba y nos dimos cuenta que los dos nos amamos y que éramos el uno para el otro, y desde entonces estamos juntos.

Silvana se divorció de su esposo y ahora estamos casados y tenemos dos hijas nuestras, que sumados a su hijo e hija su matrimonio anterior, formamos una enorme familia que se agranda aún más cuando vienen mis dos hijas de mi matrimonio anterior y somos extremadamente felices.

mariom1959@hotmail.com

Un Hogar Completo (X).. Rosa y el Cura

Lunes, abril 30th, 2007

Para el fin de semana siguiente a la salida de Adelia de nuestra casa, aún no habíamos conseguido una segunda empleada, y el viernes el trabajo se acumulaba y mi criada mayor, Rosa, estaba que botaba el tapón.  A pesar de nuestras entrevistas, ninguna de las candidatas parecía llenar las condiciones necesarias para ayudar a Rosa con los quehaceres de la casa.  Así, ese sábado, cuando regresé de mis habituales 18 hoyos de vagabundería (porque soy tan malo para el golf, que ni siquiera puedo decir que juego), me encontré a Rosa y a toda la caballería haciendo limpieza de emergencia.

Estaban en ropa de trabajo, Rosa con un short holgado y remera de tirantitos, Mayra con un short de jean y camiseta de mangas; además de ellas, habían dos jovencitas subidas de pie y de espaldas en los muebles de la cocina, ambas vestidas idénticas, ambas rubias, una de cabello corto rizado y la otra igualmente rizado, pero de cabello por los hombros; ambas vestían cacheteros (shorts muy cortos que dejan ver el inicio de la nalga), ambas evidentemente adolescentes, y ambas poseedoras de piernas torneadas que culminaban en un apetitoso culo.

Al entrar y ver semejante desorden de gente pregunté que hacían, a lo cual Rosa respondió sencillamente que “como usted es un desgraciado que no le da la gana contratarme una asistente me tuve que traer a toda la familia”; para carcajada general, baste decir.  Así, las gemelas bajaron de los muebles de cocina y me las presentaron; ahí caí en cuenta de mi error, no eran gemelas, eran gemelos; digo, la de cabello largo si era una chica, que respondía al nombre de Raquel (cuando le daba la gana!!), el otro era Denis, que ya viéndolo de cara era parecido a su hermana, pero no mucho, de ademanes y gestos tanto o más femeninos que los de su hermana; obviamente gay el chico.  Ella estaba apenas a medio desarrollar, con sus catorce años recién cumplidos, pero con una expresión y dominio de la sensualidad de su cuerpo que solo una adulta muestra; y él igual, parecían esos chicos que no saben, pero que quieren que su vida sexual empiece ayer!!.

Los dejé trabajando y me fui al estudio a trabajar un poco y alejarme del escándalo que hacían esas mujeres; al rato llegaron las gemelas a hacer la limpieza, dejándome asombrado el parecido de gestos y cuerpo de ambos, aún tomando en cuenta la diferencia de género; el impacto subconsciente fue tal, que nunca volví ni siquiera a pensar que Denis no fuera una mujer, para mi siempre serían, a partir de ese día, las gemelas.

Ya tarde en el día, parecía que el huracán de limpieza había pasado, a las seis de la tarde decidí que el esfuerzo hecho por ellas había sido suficiente, así que salí de mi estudio, las mandé a ducharse y les propuse que, mientras ellas se arreglaban, yo iba cocinarles algo para la cena.  Recordé mis artes culinarias y les preparé una paella valenciana, la cual comimos con fruición, irrigándola con un buen vino; después de la cena y en la sobremesa pasamos a la sala de estar, donde decidimos tomarnos unos tragos, para los mayores, y unas cervezas ligeras para las gemelas, bajo la atenta mirada de Mayra.  Entre broma y broma, muchas de ellas subidas de tono, me di cuenta que las gemelas estaban al tanto o sospechaban fuertemente de las relaciones sexuales esporádicas que mantenía con su madre y con su abuela, lo cual hacía más mordaces las frases de doble sentido de las chicas, para risa de los demás.  En una que va y otra que viene, Rosa me dice, “Mario, yo le debo a usted el resto de mi anécdota en el convento, no?”.  “Si señora, me la debe, ¿por qué?, ¿me la va a contar ya mismo?”, “Pues si, la verdad es que si”, en eso Mayra dice… “Mamáaaa, respete que están los gemelos!!!” preocupada por las chicas…  “Nooo, si a usted se la conté cuando tenía trece años, además ellos saben que su abuela no es una santa, ¿verdad muchachos?” dice Rosy volviéndose a sus nietas.  “Ni santa ni mucho menos, si ya he visto el juguete que tiene en la mesa de noche, abuela…” dijo Raquel muerta de risa.  “Bueno, está bien, pero no se pase Ma” dijo la grandota de pechos imponentes, recostando la cabeza en mis regazos, como lo hiciera cuando su madre nos relató la primer parte de la anécdota; las gemelas se sentaron juntas en un sillón, a mi izquierda, fuera del campo de visión de su madre, y Rosa se sentó a mi derecha; así, y cruzando sus piernas empezó la segunda parte de su historia.

“Bueno….. en dónde me quedé…  ahh si, cuando Mariana y la hermana Soledad me iniciaron en el sexo lésbico…”

“Abuela!!!, que zorra!!!” dijo Raquel con sorna, “callate, que ya deseara yo que todas fuéramos así de zorras en la familia; déjala contar” dijo Denis con determinación.

“Si, eso, déjeme contar y no juzgue sin saber, mocosa atrevida…”

Bueno, el asunto es que conforme iban pasando las semanas yo iba cada vez más a chequeo médico por mi embarazo, con la hermana Soledad, que una vez si y otra también terminaba en sesiones de sexo deliciosas.  Igualmente fui haciendo migas con las otras novicias, así como con las monjas y con los dos curas, principalmente el padre Sebastián.

Una tarde de domingo, después de las misas que se ofrecían en el convento para los vecinos, me sentí un poco indispuesta, y decidí ir a la habitación de la hermana Soledad, con quien tenía más de dos semanas de no coger, y con la esperanza de pasar una tarde de sexo, más que Mariana, la pareja oficial de Soledad estaba en casa de su familia ese fin de semana.  Pues feliz de la vida me dirigí a la habitación, pero cuando estaba por entrar (las puertas no tenían seguro) escuche dos voces discutiendo, no acaloradamente, pero si discutiendo, en ellas reconocí a Soledad y al Padre Sebastián.

“….  además Padre, usted es el que se ha alejado de todas, parece que le dio otra vez la santulona…”  “pero Hermana, usted sabe bien que es pecado, que la iglesia no lo permite…”  dijo compungido el cura.  A lo que la novicia le respondió cortante “no me joda, nosotros nos debemos al señor, no a la iglesia, además las demás muchachas están muy enojadas, porque tienen necesidades y usted es el único por acá que les saciaba la sed de hombre”.

A estas alturas ya yo había abierto la puerta levemente y los podía observar conversar uno a la par del otro, sin mirarse, más bien viendo por la ventana  a lontananza.   Divertida, también vi la mano del Padre Sebastián tocarle descaradamente el culo a la novicia, mientras estaban en un silencio de su conversación.

“y además, Mariana no vería con buenos ojos si se da cuenta que cogimos, ella es muy celosa, y apenas me deja tener sexo con las otras, principalmente con Rosy, por lo que no creo que le guste saber que estoy teniendo sexo de nuevo con usted…”  “si, bueno, tiene razón, pero Soledad, me muero de ganas de cogérmela a usted!!”  suplicaba el cura, apretando más duro la nalga de la Gran Diosa del Sexo…

“Por cierto, ¿qué tal coge esa chica Rosy, la que está embarazada, que tiene como quince años no?”  preguntó Sebastián con morbo en el tono de voz, yo al sentirme aludida agudicé el oído, pues me interesaba mucho la opinión de ese ángel con cuerpo de tentación…  “Delicioso, en la cama es una fiera, se apunta a todo y lo hace muy bien todo…y si, es apenas mayor que yo, ¿porqué mejor no se la coge a ella?, de veras padre, ando con muchas ganas de sexo, y si sigue insistiendo voy a hacer una barbaridad que no quiero”.   Luego de otros treinta segundos de silencio, en el que Sebastián había cambiado de nalga, acercándose más a soledad, yo ya había tomado una decisión, y entré lo más silenciosamente posible a la habitación.

“Tengo una idea” dije yo alegremente, dándole tremendo susto a la pareja de religiosos…  “¿Por qué no cogen ustedes, mientras yo estoy en el cuarto?, y después yo le digo a Mariana que era yo la que cogía con el padre Sebastián, mientras usted nos miraba; así no va a haber problema si alguna de las chismosas de ahí afuera escucha el escándalo…”

La risa de ambos se hizo inmediata… “Rosy, es que cuando dicen coger, a usted el cerebro le funciona a mil, ¿verdad? Jaja” dijo mi amiga…  “Tiene razón, a mi me dá mucho morbo el asunto” dijo el Padre Sebastián, mientras se paraba de espaldas a Soledad, abrazándola mientras le tocaba lascivamente las tetas por encima del hábito.

Esto despertó el deseo de la novicia, quien arqueándose y levantando sus brazos, dejó sus senos a disposición del deseoso cura.  Al ver esto yo me acerqué y le di un delicioso beso a la joven, empezando a desabotonarle el hábito, poco a poco, con toda la lujuria que pude.

Una vez desnuda Soledad, tomó al cura de la mano y lo llevó a su cama, procediendo a desnudarlo, con igual lascivia que la que yo le aplicara a ella.  Yo por mi lado, me quité la bata que siempre usaba, y quedando en pelotas me senté en la esquina de la cama que daba a la pared, tratando de no estorbar, pero observando atentamente el asunto; mientras empezaba a tocarme mis pezones, que estaban enormes debido a mi avanzado estado de embarazo.

El padre Sebastián estaba de espaldas a Soledad, quien en posición de perrito le ofrecía su trasero  al hombre que, sin pensarlo dos veces procedió a pasar la lengua por las nalgas, el culo y la vagina de esa novicia, que movía su trasero como si la estuvieran penetrando, mientras daba gemidos ahogados de placer.  “mhmhmh   siii… hágamelo padrecito, chúpeme toda soy suya…  hoy soy suya…  hágame lo que quiera padre”,  mientras el cura sacaba su lengua y la pasaba por todas las partes de la retaguardia de la chica.

“Venga, dése vuelta”, le dijo Sebastián al momento que tomaba a la novicia por la cintura y la acostaba de espaldas, abriendo sus piernas de una forma inverosímil, dejándome ver esa vagina que tantas veces yo misma había disfrutado, y que no me cansaría de disfrutar.  Sin mucho miramiento, el sacerdote empezó a chupar el clítoris de la chica, con un deseo que solo lo dan los meses de abstinencia (rodeado de mujeres dispuestas, peor aún), como queriendo comerse el botoncito de la vagina de la novicia, que no paraba de gritar: “chupe padre, chupe, que hace tiempo me faltaba un hombre, deme sin compasión padrecito deme lengua…” mientras ella misma se estrujaba sus hermosos pechitos y pellizcaba sus pezones con dulzura.  Mientras observaba esto, yo también me di cuenta de que tenía meses de no disfrutar de una buena verga…

La interrupción al relato vino de la voz más obvia: Denis!!  “¿Qué tán grande abuela, que tan grande tenía la pinga el cura ese?”…  “Callate maricón, déjala que cuente..!!” le respondió su hermana gemela.

“pues si, era grandecita, unos 18 centímetros, y gruesa, eso si, gruesa como un desodorante”  contestó la narradora.

El caso es que yo estaba templadísisma observando la mamada de campeonato que le daban a la Diosa del Sexo, y sin poder detenerme, me acerqué y metí mi mano debajo del cuerpo del cura, sintiendo semejante pinga entre mis manos, que estaba dura como poste de luz y con líquido cubriéndole la cabeza…  de veras este hombre necesitaba una hembra, y con urgencia!!!…  “Ay, Rosita, si, sóbemela rico” dijo Sebastián levantando la cabeza de la entrepierna de Soledad.

Tal vez por urgencia sexual, o por cansancio de la posición, pero el caso es que Sebastián aceleró la mamada y con dos dedos penetró la vagina de la monja, la cual empezó a bufar como toro enojado, sintiendo el orgasmo que le llenaba el cuerpo, levantándose sobre sus talones como queriendo meterle la vagina en la cara a este pobre hombre destinado a satisfacer a la mujer más sexual del planeta.  “siiii…  cabrón, maricón de mierda, me vengoooo..  acaaaabo…  deme mássss  mássss siiiiii  auhghghghgh….” gritó la novicia en el paroxismo de su placer, cayendo pesadamente de espaldas cuando su orgasmo acabó.

“uy padre, usted mama como hembra, que rico…!!!!” dijo Soledad.  En ese instante el cura se levanto sobre sus rodillas dejando su miembro de frente a la monja, la cual tenía intenciones de proceder a chuparle la verga al cura; sin embargo Sebastián no le permitió tal placer, porque se lanzó sobre ella, y poniendo la verga en su estrecha cueva procedió a empujársela de un golpe…  “venga puta, venga que ahora va a sentir lo que es rico, no esas mamaditas de mierda que se dan entre ustedes, tortilleras de mierda; pinga es lo que necesitas…  siéntala hermana sienta la pinga de su sacerdote” dijo el cura en el colmo del éxtasis al lograr penetrar esa vagina que hace meses lo tenía en penitencia.

La penetración se hizó más rápida, y más fuerte…   Soledad no podía ni gemir del placer y la sensación de sentir esa gorda verga en su chochito…  “mhmhmmh  sdiii mhmhm  sdiiii”  era lo poco que podía decir.  Máxime que yo decidí darles una mano y en ese momento me recosté paralela al cura para mamarle las tetitas tan deliciosas que portaba la novicia puta.

Cinco minutos duraron en semejante mete y saca, cuando decidieron darse la vuelta, para que ella cabalgara la verga de su confesor.  Colocándose sobre el miembro, Soledad simplemente cerró los ojos y se dejo caer de golpe, para luego empezar a saltar como desaforada por un par de minutos, luego de cansarse se recostó sobre el pecho de él dejando que fuera la verga la que hiciera el trabajo, mientras ella estaba de rodillas recostada sobre el velludo y joven sacerdote.   Ante esta posición, mi participación era mínima, pero yo quería jugar, quería ser parte del orgasmo maravilloso que estos iban a tener…  Así que posicionandome detrás de ellos procedí a mojarme dos dedos con saliva y a penetrar a Sole por el culo, siguiendo los mismos movimientos de alberga del cura.

“Ayyyy puta cabrona…  me matas…  siii  a métame los dedos en el culo métamelos… puta de mierda…”  gritó la bellísima mujer.

Otra interupción al relato… “Es que a dos puyas no hay toro bravo, mi mama” dijo con voz cortada Mayra, recostada en mis regazos, pero visiblemente excitada por el relato de su madre…

“Si tienes razón, si sabremos nosotras.. jajaja”  respondió Rosy, mirando a sus nietos que con cara de deseo y templazón no perdían detalle del relato; que inmediatamente continuó…

El asunto es que Sebastián sintió la inminencia de la eyaculación y nos la hizo saber… “me vengo muchachas… me vengooo….”, ante ello Soledad saltó inmediatamente, pues ya con una embarazada bastaba, y amablemente me permitió que fuera yo la que le sacara la leche al cura con una masturbada final…  fueron tales los chorros de semen, que me cayó en la boca y en el pelo, y ni que decir de la espalda de Soledad, toda churreteada de semen, que ya empezaba a bajar por su espalda, amenazando con caer a las sábanas por la rajita del culo de la monja.  Yo, como la encargada de labores de limpieza, decidí que lo mejor era evitar que eso sucediera y procedí a chuparle el semen de la espalda de mi amiga, aprovechando para estirar el brazo y agarrarle las tetas.

Soledad se agachó y besó tiernamente a su cura, y volviéndose hacia mi, me dijo con toda la ternura del mundo “Gracias Rosy, me regalaste una regada deliciosa…” y me estampó un beso lleno de ternura y lascivia, que no ayudaba en nada a que se me bajara la calentura.  Luego nos separamos y cada uno quedó en silencio por un momento.  Yo, creyendo que había cumplido con el deber prometido, me levanté de la cama y empecé a despedirme… “bueno, yo los dejo enton…” “Noooo, para donde vas mi reina, si tu sigues barrigona!!!” me gritó Soledad agarrándome de la mano y trayéndome de vuelta al lecho del placer.

“¿Me ayuda padre, a darle las gracias a esta zorra alcahueta?” dijo Soledad, acostándome ente ellos dos, mientras yo feliz del giro de la situación abrí las piernas lo más que pude, para que alguno de ellos se apiadara de mí y me diera una buena comida de coño.

Esta vez fue Soledad, quien retomó a sus raíces lesbianas y procedió a mamarme con desespero…  “si hermanita chupeme el chunche, venga dele lengua mamita, que es suyo, cuando quiera es suyo…  métame los deditos que ya estoy super mojada”.  Ella, ni lerda ni tonta, empezó con dos dedos, luego con tres, en un metesaca fabuloso que me tenía al borde de un orgasmo tan ansiado como fuerte…

El padre Sebastián, excitado por la situación, se puso de rodillas, y poniendo una mano en la pared para que me quedara más cómodo el asunto (recuerden que estaba por dar a luz), posó su pene flácido en mis labios, que lo atraparon inmediatamente haciéndome recordar inmediatamente el placer de mamar pinga, tal y como lo había hecho múltiples veces con mi hermano Gerardo, y con el negro Eusebio, amén de otros muchos más en mi pueblo.

El semen que aún salía por su pene era como miel del cielo para mi, que estaba tan necesitada de hombre que no me acordaba ya de esos placeres.  Así, mientras ese pene monstruoso crecía en mi boca, Soledad arreciaba sus ataques a mi vagina, sacando su mano y mojando mi culito con mis propios jugos…  ya yo sabía lo que pretendía, y sacándome el tesoro que tenía en mi boca solo dije “dele sin miedo hermanita, que hasta el culo tengo dilatado ya, de las ganas que me ando…”.  ella, simplemente procedió a hacerme lo que entre nosotras llamábamos “la Tijera”, que consistía en meter verticalmente el dedo chiquito y el anular en el culo, el índice y el corazón en la vagina, y con el pulgar tratar de masajear el clítoris; es la muerte lenta… les cuento.  Bueno, el asunto es que al sentir semejante movida de dedos por todos mis agujeros, me di cuenta que si estaba llena, tenía la boca llena, el culo y la vagina ocupados, era la mujer más feliz del mundo.  Con esto en mente aceleré el ritmo de mamada, y sintiendo la mano de la monja en mis agujeros, me asaltó un orgasmo deliciosamente aterrador…   Sentí que se me venía el chiquito, que el mundo me daba vueltas, me maree y solo escuchaba mi propia vos como a la distancia clamando por clemencia…  “ahhh  siiiii… yaaaaaaaaaaa,  siiiiiiiiiiii  aughghghgh”.

No se a ciencia cierta si me desmayé o nó, sin embargo, cuando volví a tomar conciencia de los eventos los clérigos habían cambiado de lugar, Soledad me daba tiernos besos a mis tetas inmensas y a mis pezones hinchados, mientras que el cura se hincaba entre mis piernas, con su verga en la mano, blandiéndola como violador y listo para penetrarme con ese regalo divino que me hipnotizaba con su único ojo.

“Métala padre, ustedes me van a matar hoy, métala sin piedad, que necesito picha como nunca en mi vida, deme padrecito…” rogaba yo en el límite de mi excitación.

“ya que me la pides putita, aquí la tienes….!!!”  dijo Sebastián en el momento de insertarme semejante monstruo en mi vagina, que por demás estaba seriamente estrecha por falta de verga.  No se me había ocurrido, lo que podía hacerme semejante pinga, estaba muy templada para pensar, pero al sentirla adentro, sentí como si me metieran un hierro caliente, me quemaba, y no había forma de acomodarme, porque ya tocaba todas las paredes de mi vagina, así que resignada al tremendo dolor, esperé que el movimiento me ayudara a empezar a disfrutar.  Se los digo, nunca me han gustado las pingas muy grandes, la maltratan a una y se siente igual de rico; pero ese día lo que yo necesitaba era esa pingota, y la necesitaba ya.

Los gemidos de ambos no se hicieron esperar, el metesaca del padre Sebastián no dejaban oír mis propios gritos…  me estaban matando de placer, y para colmo soledad estaba dándome una mamada de tetas como nunca en mi vida.  No pensaba solo sentía, estaba atontada de los golpes de semejante bruto, que para colmos, no se contentaba con tenerla adentro, sino que la sacaba completamente, y la volvía a meter igualmente de golpe.

“¿Me das el culo? Puta de mierda!!”  preguntó el sacerdote; sacando la pinga y poniendo el cíclope en la entrada de mi culito.  Se los juro, no lo pensé, de haberlo pensado me hubiera levantado y me hubiera largado.  Era virgen del culo, y estaba por ponérselo a la pinga más grande que había visto en mi vida.  Soledad, sabiendo por experiencia lo que se me venía me dio la almohada y me dijo, “tome para que muerda y se la aguante amor… porque esto es en serio”.  En ese momento Sebastián empezó a empujara, rítmicamente, como si ya me estuviera cogiendo, pero poco a poco, cada vez que empujaba, la lograba meter un milímetro más que la anterior, y así poco a poco hasta que cuando ya logró meter el glande yo estaba por perder la conciencia, pero nada más me dijo, “ya entró la parte gruesa, el resto es más simple”, y empezó el típico movimiento de cogida…  Lo admito, me dolió en puta, no soportaba un segundo más, pero igualmente me encantó, y desde ese día siempre me ha gustado que me den por el culo; pero en ese momento no era yo, sino mi cuerpo el que reaccionaba solo, al placer que estaba recibiendo. Ocho minutos duró el suplicio del placer, hasta que Soledad decidió ayudar, y poniendo su mano sobre mi vagina, me penetró con no se cuántos dedos, mientras la palma de su mano frotaba mi ya hinchadísimo clítoris.

“Siii  puta, me pagas con la misma moneda babosaaaa…” le gritaba yo en el momento en que sabía se acercaba mi orgasmo.  “Me vengooo me riego, puta panzona, venga para llenarle el culo de leche   tomeee”  dijo el padre Sebastián acelerando sus movimientos en el momento previo a la eyaculación, los cuales apresuraron mi propio orgasmo; así, cuando sentí el chorro de leche caliente llenándome los intestinos, me vine en un desesperado orgasmo.  Solo recuerdo que grite, grité como si me estuvieran matando, grité de dicha, grité de placer, grité de dolor; luego todo fue oscuridad, me había desmayado.

“Me desperté el día siguiente en la cama de Soledad, molida y con crema antiséptica en el culo, porque el playo de Sebastián me lo había roto”.

Con esa frase terminó el relato de Rosa, quien se quedó mirándonos en silencio, mientras todos la veíamos igualmente callados, hasta que Denis soltó la pregunta que le atormentaba y le iba a atormentar por varios meses más  “Abuela, y… duele mucho que le partan el culo a uno?”.  Todos nos reimos a más no poder, a excepción de Mayra que le costaba aceptar que su hijo Denis fuera realmente su hija Denise.  Luego de las bromas gay que le llovieron al chico, Rosa lo miró con la ternura que toda abuela tiene en su corazón, y le dijo:  “Si mijo, te va a doler mucho, pero el dolor pasará y lo disfrutarás mucho, porque ese día te sentirás mujer para el resto de tu existencia”, y le dio un beso en la frente a su amanerado nieto.  “Pero vámonos que es tarde…  Mario, ni sueñe en que nos quedemos porque mañana hay que ir a un bautizo en el culo del mundo de Sarapiquí, y son como tres horas en bus; así que aligere, que tiene que irnos a dejar a casa”.

De camino iba pensando en lo extrañamente deliciosa que era esa familia que la vida había puesto en mi puerta, y me preguntaba si cabía la posibilidad de añadir a la nieta a las actividades sexuales que ya compartía con su madre y su abuela.  Al despedirse Rosa espera a que todos bajen del carro y se dirijan a la entrada de su humilde vivienda,  se vuelve y me dice: “Dos cosas Mario: Una, llamó una muchacha en la tarde, que quiere el trabajo, parece buena, le dije que esté en la casa el lunes a las 6 am, para que usted la entreviste”, “Rosa, yo no me levanto hasta las siete” dije mirándola con seriedad.  “Si ya se, gran vago, pero si la tonta esa llega a las seis en punto, tal vez si sea la que ocupamos….  Y dos, ya para que se vaya a casa y se masturbe en paz… Ya vi los ojos que te hizo mi nieta, solo quiero que sepas que prefiero cien veces que sea usted el que se coma ese virgo antes que un patinetero vagabundo y drogadicto o peor, un empleado publico de la ANEP; así que llegado el momento se la voy a servir en bandeja, para que me la cuide y le enseñe, recuerde que apenas tiene catorce, y que hace un año apenas jugaba con muñecas.  Ahora jálese, que tengo que irme a dormir”.

Ni qué decir, que esa noche me masturbé como adolescente varias veces, sin saber si pensaba en Rosa, su hija, sus nietas o la historia deliciosa de su vida de puta.  Ahhh… y seguro que esa misma noche las cuatro estarían masturbándose igual.

La historia la seguiré en el siguiente capítulo, les parece?

Saludos, si quieren me pueden escribir a Cotico: tico6013@yahoo.com

La humillación / Quinta parte (Final)

Miércoles, febrero 14th, 2007

Mi vida seguía transcurriendo igual, con constantes humillaciones y vejaciones, siguieron las temporadas de caza y sufrí la violación de todos los hijoputas que me traía Paco, el tiempo pasaba muy deprisa, tanto que cuando quise darme cuenta mi hijo era casi un hombre con quince años, casi no lo conocí cuando lo vi entrar, se parecía mucho a su padre aunque tenia mis ojos, le quise dar un beso pero apartó su cara, no le culpo para él casi era una desconocida.

Viene a pasar las vacaciones conmigo. Berreó y sentenció Paco. Pero a mi de daba igual por fin iba a tener a mi hijo aunque fuese el verano, tenia ganas de llorar y saltar de alegría, pero preferí aguantarme.

Pero desgraciadamente, para mi hijo yo era una desconocida, no era culpa suya, sino del hijoputa de su padre, Paquito se iba transformando poco a poco, tanto, que a los quince días ya me daba ordenes tenía casi la misma voz que su padre cuando berreaba.

Hasta ahora Paco no me había tocado, supongo que por la presencia del chico, pero un día me voceó: ¡Mariiiiiiiiaaaa!, acudí corriendo, estaban sentados al lado de la chimenea.

Paco se volvió a nuestro hijo y muy serio le dijo: Muchacho, eres todo un hombre, ya va siendo hora que conozcas como es una mujer. ¡Trabajate al chico puta!. Abrí los ojos como platos, no dába crédito a lo que oía.
Pero Paco se trata de nuestro hijo, le supliqué.

Entonces oí la voz de ¡MI PROPIO HIJO!, diciendo ¡Cálla zorra y haz lo que te ordena mi padre!.

Paco le felicitaba orgulloso por su orden, pero a mi. . se me rompió el alma al oírle, mi propio hijo …y su padre me obligaba a… sentí nauseas y una arcada seca me vino a la boca, me quedé clavada en el suelo incapaz de moverme, mi cuerpo se negaba.

¿Me has oído zorra?, volvió a berrear Paco.

Entonces mi hijo se levantó y vi la misma expresión de crueldad en sus ojos, la misma que tantas veces he visto en Paco. Me cogió de los pelos haciéndome daño y me obligó a arrodillarme ante él, con su otra mano se abrió la bragueta de golpe y se sacó la poya, restregándola contra mi boca, se la cogí y me la metí en la boca, por su tamaño comprendí que iba a ser tan grande como la de su padre, mientras se la mamaba mis ojos se llenaron de lagrimas y lloré en silencio mientras le miraba a los ojos, tenia la esperanza de que me reconociera, pero los tenía cerrados y por su boca abierta se le escurría la baba por el gusto que recibía.

Rendida y sin dignidad le trabajé la polla a mi propio hijo como a cualquier hombre a los que Paco me ofrecía. Su padre orgulloso le felicitaba y le animaba, cuando la tuvo tiesa me empujó contra el suelo con tanta fuerza que me golpeé la cabeza y casi me mareé, se me nubló la vista pero sentí como me habrían las piernas al máximo haciéndome daño en las ingles y me penetró el chocho salvajemente, como lo tenía seco grité de dolor y mis gritos le pusieron más frenético todavía y me pegaba unos poyazos muy fuertes.

Estuvo un buen rato y cuando se cansó me puso a cuatro patas, me abrió el culo con las manos y me la clavó, desgarrándome por dentro, me embestía con fiereza era más bruto que su padre.

Eso está muy bien chico, pero la próxima vez procura escupir antes en los agujeros y los restregas untándolos de saliva, por que si la ramera que te follas está seca te puedes lastimar el rabo de tanto trajinarla, decía riéndose.

Al poco me la sacó y me la metió en la boca inundándola de semen mientras se corría aullando, tenía menos aguante que el padre –pensé un poco aliviada cuando se retiró y se sentó.

Me iba a levantar pero Paco me puso la bota en la espalda y no me dejó. Ahora hijo fíjate bien, aprende como tiene que follar un hombre.
Me horroricé al oírle, me dio dos palmadas en las nalgas, dejando marcados sus dedazos, me escupió un salivazo en el culo y me lo untó metiéndome dos dedos, luego me clavó su duro cipote en el culo dolorido, embistiéndome como un salvaje, me follaba sin parar diciéndome guarrerías provocando la excitación en nuestro hijo. Paquito se puso frente a mí y me obligó a chuparle el nabo otra vez, me violaron entre los dos, me rompieron el vestido a tirones y mi hijo me manoseó los pechos, me hizo un daño horrible al pellizcarme los pezones.

Me violaron durante cuatro horas, se corrieron por todo mi cuerpo dejándolo pringoso, hasta me mearon encima, me dejaron tumbada en el suelo, hecha una ruina humana, mientras se iban a dormir oía sus carcajadas y sus chistes sobre la hazaña que habían cometido.

Quise llorar pero mis ojos se negaron, estaban secos, deseé morirme pero tampoco se cumplió el deseo, en mi cabeza se agolpaban los recuerdos de niña mezclados con el horror de mi vida junto a Paco. Noté como mi odio crecía y crecía y decidida me puse lo primero que encontré, y arrojé leña con resina al la chimenea, con fuerza. Los troncos saltaron y prendieron fuego la alfombra, poco a poco el salon se fue convirtiendo en un infierno y yo en medio, clavada al suelo.

Me ahogaba con el humo y tosí, abrí los ojos al máximo en busca de aire y me entró pánico, salí corriendo de la casa gritando ¡FUEGO!, ¡FUEGO!, ¡FUEGO!.

Se encendieron las luces en casa de Rosita y Rafael acudió corriendo.

Al ver el infierno en que se había convertido la casa, se asustó y se fue a la suya a llamar a los bomberos del pueblo, sabia a ciencia cierta que llegarían tarde y así fue.

Paco y su hijo murieron carbonizados en el incendio, lo declararon fortuito.

Cobré el seguro, por lo menos el cerdo de mi marido había echo algo bien, cuando tuve arreglado los papeles de viuda, hablé con el notario, quería vender la hacienda.

Lo entendió y se puso en contacto con unas personas que conocía, yo me busqué un abogado para que me arreglara los papeles, la vendí y me olvidé de todo, tenia muchísimo dinero y mi abogado lo administraba, era un despacho muy serio, me aseguré de ello.

Y un día por casualidad conocí al hombre con el que vivo y os escribe esto, han pasado seis años de todo aquello y todavía me despierto con pesadillas, oyendo los berridos de Paco, pero sólo son eso…

… PESADILLAS.

ahmed

La humillación / Cuarta parte: El señor cura

Miércoles, febrero 14th, 2007

Mis pechos habían crecido mucho y había engordado al igual que Ryo, nuestro embarazo iba ya por el octavo mes, eso si que lo recordaba con ilusión quería al hijo que llevaba en mis entrañas, tenia la esperanza de poder criarlo, que fuera distinto al hijo puta de su padre. . pero esos es otro capitulo. En mi octavo mes me empezó a subir la leche a mis tetas, mi cuerpo se estaba preparando para amamantar a mi hijo cuando lo pariera. Paco no respetó mi preñez en ningún momento y a Ryo tampoco, nos jodían cuando les venía en gana o nos ofrecían a sus amistades, que nos follaban sin reparos, Paco se enteró de que tenia leche en mis pechos y me los mamaba, decía que quería probarla antes que sus hijo, además una partera campesina le dijo que así mis tetas fabricarían más leche para la criatura. Ryo fue distinto por más que la mamaban de sus pechos no salía leche y los pezones los tenia doloridos de tanto que la mamaban Paco y su marido al follarla. Tuvo la subida de leche cuando parió, no antes como yo.
Paco y Rafa se sentaron a comer y cuando terminaron se fueron al salón a tomar su copita de anís.
Paco quieres café. Le pregunté.
Yo sí, dijo rápidamente Rafael.
¡¡¡No!!!, espera, ordenó Paco, en vez de café danos leche dijo el muy cabrón clavando sus ojos viciosos en mis pechos. ¿Haz probado la leche materna compadre?.
No, ya sabes que Ryo no tiene. Contestó Rafa.
Joder, María tiene para los dos de sobra, anda María siéntate encima de él y deja que te mame las tetas, me ordenó.
¿Os podéis imaginar lo que pasó por mi mente?. Sumisa y totalmente humillada, me desnudé quitándome el vestido, seguía sin ropa interior y mis grandes tetas me dolían a veces de no llevarlas sujetas, mi tripa inflamada por el embarazo quedó al aire, me acerqué a Rafa, abrí mis piernas y me senté encima de las suyas. Quedándome quieta esperé a ver que hacia.

Vamos zorra, cógele por la nuca y dale de mamar, vociferó Paco.
Le abracé la cabeza y la llevé sobre mi regazo, me cogí un pecho y le arrimé mi gordo pezón a sus labios, me apreté el pecho con la mano y salió un chorrito de leche contra su boca, el hijo puta se relamía de gusto, se metió el pezón en la boca y me mamó sacándome la leche. De vez en cuando paraba para coger aire y reconocer que estaba riquísima.
Cuando me secó la teta, le cambié de postura y le ofrecí mi otro pecho, mamándolo y lamiéndome el pezón, jugaba con él y yo empecé a notar que me picaba el chochete, el hijo puta me estaba excitando y él se empalmaba, notaba la presión de su nabo contra mi vulva.
Mi calentura iba en aumento no lo podía controlar. Con una mano le desabroché el pantalón y le cogí la polla manoseándola, me sentía muy caliente.

Mira Paco la puta está salida y quiere joder.
Ya te dije yo que eran unas rameras, fóllatela compadre.
Se bajó los pantalones hasta los tobillos y alzándome me penetró de un golpe mientras seguía bebiéndose la leche de mi teta. Sentía su cipote dentro de mi chocho y mi calentura se disparó y me corrí mientras se seguía jodiendo.
Había aprendido a robar mi propio placer mientras era follada, si no nunca hubiera sabido lo que es el placer, tenia que actuar como los animales y buscarme mi propio orgasmo. Se me escapó un gemido sin querer, provocado por las mamadas de Rafa.
Paco se percató de ello, dejó la copa en la mesa, se bajó los pantalones y con su poyon totalmente tieso se acercó por detrás de mi, me hurgó el ojete con su manaza y me penetró por detrás hasta que sus pelotas hicieron tope. Me daba por el culo de una forma bestial aplastando mi barriga contra Rafa, notaba mi culo lleno con su cipote y el placer volvió a mi de nuevo mientras soportaba las embestidas de los dos y las mamadas de Rafa, tuve dos orgasmos hasta que se corrieron, me tuve que tragar el semen de los dos, decían que así me reponían la leche en medio de risas.
Volví junto a Ryo frotandeme las tetas. Rafa me las ha dejado secas la dije.
Ryo y su marido se retiraron a su casa.
Paco me advirtió que iba a venir a cenar D. Joaquín el cura, que le preparara una cama, iba a hacer noche en la casa, luego le acercaría él al pueblo con el Land Rover. Si quieres puedes aprovechar y te confiesas los pecados de ramera me dijo.
Llegó la noche y vino D. Joaquín, el cura del pueblo que nos había casado.
Hola María hija, me saludó con cariño. Luego saludó a Paco.
Charlamos un poco en la cocina, antes de cenar. Le pedí que me confesara, necesitaba descargar mi sufrida alma, ¿y quien mejor que un cura para ello?.

Ordenó a Paco que nos dejara sólos durante la confesión, él se mantuvo de pies y yo me arrodillé frente a él, después de las palabras convenidas, me desahogué y le conté la vida que me daba Paco, las humillaciones que me hacia, le relaté todo, las orgías que celebraron los días de caza incluso le conté lo de las mamadas de pecho que habían ocurrido esta tarde.
Le conté mi historia rápidamente, omitiendo algunas cosas, pero las principales se las dije todas.
Cuando terminé D. Joaquín me dio la absolución, luego me dijo que la carne era débil y que había que luchar contra ese deseo, que lo que yo estaba sufriendo en este mundo me seria recompensado con creces en el cielo.
El cura hablaba muy bien, pero el cabrón disimulaba fatal, mientras me levantaba le vi el bulto de su miembro asomando por la sotana. El hijo puta se había excitado con mi confesión.
Entró Paco y también se dio cuenta del empalme de D. Joaquín.
Joooooder Padre se ve que ha disfrutado confesando a la ramera –sabían lo del incidente de Ryo y mío en todo el pueblo-. Hijo mío la carne es débil.

Padre lo que usted necesita es una puta de verdad, le dijo a lo bestia.
Paco por favor respeta mi sotana.
Pero que dice Padre, eso se lo dice usted a otro, a mi no venga con gaitas o es que se cree que no sé lo de sus líos con la viuda?. Paco yo. . dijo D. Joaquín.
Basta de gaitas Padre, lo que le pasa es que todavía no sabe lo que es una buena hembra, decía el animal.
Para eso tengo el cilício, hijo mío, dijo tímidamente el cura.
No lo mejor que tiene es eso y señaló el bulto de su sotana. Mire Padre, sabemos que la carne es débil, por eso nos confesamos y se nos da la absolución, ¿o No?. Si hijo así es.
¡¡¡María!!! me vociferó trabájatelo y usted padre se absuelve y en paz.
Le empecé a desabotonar la sotana, obedeciendo la orden de Paco, luego los pantalones y se los bajé junto con los calzoncillos hasta los tobillos, su poya saltó disparada, Joder con el cura, tenia un buen cipote, alcé mi cabeza y le miré a los ojos implorando.
La carne es débil, ya telo he dicho hija mía, que Dios me perdone y me cogió por la cabeza frotándome la cara por sus cojones. La hostia con el cura.

Se recogió la sotana por detrás así le pude ver mejor los genitales. No estaba mal, su polla no era muy larga de unos 15 centímetros pero era gordísima, más que la de Paco. La cogí con mi mano sintiendo su calor, estaba muy dura, se la meneé un poco, le bajé la piel del capullo, tenia el glande amoratado por al excitación, lo que más me gustó es que estaba limpio y olía muy bien, me lo metí en la boca y lo chupé con gusto, sobándole los cojones, me encantó era la primera polla que no sabia a meaos y decidí regalarle una mamada celestial.
Le mamé el glande mientras se la meneaba, luego le recorrí el tronco pasando mi lengua por sus grandes venas hinchadas, bajando hasta sus huevos y me los metí en la boca jugando con mi lengua, estaba tan excitada lamiendo los genitales limpios del cura que me animé más, me agaché un poco y le chupé el ojete, tampoco le olía como a Paco o a Rafa, olía a sudor pero estaba muy rico, le pasé la lengua varias veces por el ano, mientras D. Joaquín no para de decir que DIOS NOS PERDONE ¡¡¡¡, y jugué con mi lengua metiéndola en su agujerito, me sentía muy susy no me tiró ningún pedo como hacia Paco cuando me obligaba a chuparle el culo.
Paco contemplaba la escena desde la puerta, estaba muy excitado se había sacado el rabo y se lo manoseaba viendo como le trabajaba los “bajos” al cura, me dolían las rodillas. Me puse en pié con dificultad, la barriga me pesaba mucho, eché de espaldas sobre la mesa a D. Joaquín y metiéndome entre sus piernas reanudé mi mamada. Paco sin poder aguantar más me levantó el vestido hasta la cintura y me clavó su estaca en le culo, la partera le había dicho que en mi estado avanzado no debía penetrarme el chocho, podía dañar a la criatura, así que me daba por el culo. Sus poyazos eran tremendos, lanzándome contra el cura, provocándome mucho placer sin darse cuenta, tuve un orgasmo, mis gemidos se ahogaban contra la poya de D. Joaquín, Paco no paraba de darme por el culo, tiene mucho aguante el bestia y tarda mucho en correrse pero el cura no y comenzó a escupir su leche en mi boca, le bebí el nabo con placer limpiándolo de nuevo mientras tenia otro orgasmo con la follada ! de Paco, cuando se quiso correr me ordenó a tragármelo, me llenó la boca con su semen espeso y pegajoso, le ordeñé las últimas gotas empecé a preparar la mesa para cenar. El pobre cura no hacia más que decir que la carne es débil y que Dios perdonase nuestros pecados con cara afligida, pero el cabrón había disfrutado como nunca y yo estaba agradecida por lo limpio que era, daba gusto mamarle.
Cuando terminamos de cenar, recogí la mesa y fregué los platos, Paco y el cura comentaban lo bien que trabajaba los “bajos”, en el fondo el cura era un hombre y como tal un cerdo, como todos. Hasta el punto de que sólo se había quedado con la sotana puesta, no llevaba nada más debajo, estaba segura que deseaba repetir, no me equivoqué.
Paco le animó a probar de mi leche materna. el cabrón de D. Joaquín decía que ya no se acordaba de su sabor. Paco, se iba a dormir mañana tenia que salir de madrugada con Rafa a las tierras del Norte, para echar un vistazo al ganado y hacer recuento, volveré pasado mañana, le dijo. Ya sabía lo que tenia que hacer, me saqué el vestido por la cabeza y me quedé completamente desnuda, estabamos al lado de la gran chimenea encendida y notaba su calor me senté a horcajadas en las piernas del cura. Como me clavaba los botones de la sotana se la quitó, quedándose desnudo también, tenia una buena tripa, no te preocupes por mi hijo mío te esperaré en buenas manos decía el cerdo. Nos quedamos solos alumbrados por la luz de la chimenea – Paco había apagado las luces-. Reanudé mi trabajo, le pasé mi brazo sobre su hombro, apoyándose en él y contra mi pecho –como si fuera un niño-, con la otra mano me cogí la teta con el pezón entre mis dedos y se lo arrimé a la boca me apreté e! l pecho y salió un chorrito de leche mojándole los labios, se los lamió encantado y me atrapó el pezón mamándome la teta.
De vez en cuando paraba para decirme: Que dios me perdone María, pero que ricas esta tu leche, me encanta mamarte los pezones y seguió mamando como un niño, notaba como su cipote se empalmaba y me rozaba el coño dándome placer a mi también. Mamaba y lamía el pezón al mismo tiempo mientras su polla se ponía durísima, moví un poco el culo, buscando su nabo y dejé que me penetrara, gemimos los dos a la vez , mientras me mamaba el pecho me hincaba el cipote lentamente, con dulzura y sensibilidad y me corrí mordiéndome los labios para que Paco no me oyera disfrutar. El Padre Joaquin también se corrió y me inundó el chocho con su leche al tiempo que mi teta se secaba.
Paramos para descansar, necesitábamos aire que respirar, sobre todo D. Joaquín. Noté como su miembro se quedaba flojo y se me salía, me agaché y le chupé el nabo de nuevo, estaba agradecida porque me trataba con cariño, no me sentí humillada en ningún momento con él.
No hija espera, echó su sotana en el suelo y me tumbó de espaldas, me espatarré como si fuera a parir, el Padre se metió entre ellas, y me chupó la almeja con una dulzura celestial, mamó mi vulva bebiéndose mis jugos junto con su semen, era tanto el gusto que me daba que me volví a correr en su boca. Le chupé la polla de nuevo y le hice una paja hasta que se le puso tiesa, se volvió a sentar y me pidió el otro pecho para mamarlo, se lo di con todo cariño, pero esta vez me senté hincándome su cipote desde un principio, para que mientras mamaba mi teta dulcemente me pudiera joder también. Tuve otro orgasmo y a medida que se me secaba la teta se corrió dentro de mí. Nos fuimos a dormir para descansar pero yo estaba en la gloria, D. Joaquín me había echado dos polvos con tanto cariño que me costó dormir.
Paco me despertó a las cuatro de la mañana, moviéndome con el pié, quería café y me levanté a preparárselo, estaba muerta de sueño, viendo como el cerdo se tomaba el café y me miraba.
De pronto echó la silla para atrás y se espatarró, sabia lo que quería. Chúpame la tranca ramera, me ordenó con la delicadeza que le caracteriza. Me agaché entre sus piernas y le saqué el poyon fuera, mientras se la mamaba le hice una paja, quería que se corriera rápido y marcharme a dormir otro poco. Pero mis planes fallaron, el cabrón con un pie me subió el camisón contemplándome.
Que puta eres me dijo con desprecio al verme el chocho –dormía sin bragas porque me molestaban en la tripa-. Me tiró boca abajo contra la mesa, y se echó encima de mí penetrando mi culo me hacia un daño terrible, entre su peso y los poyazos que me daba en el culo temí que me aplastara la tripa y puse mis manos debajo para amortiguar los golpes contra la mesa. Me dio por el culo salvajemente, nunca le había sentido tan cabreado y no lo entendía, más que joderme me estaba violando con una fiereza inusual. Lloré a causa del dolor al rato me dio la vuelta y me soltó todo el semen encima, pringándome la tripa, se calmó un poco después de correrse, se guardó su trasto y me arreó un pellizco bestial en el culo –me dejaría señal, pensé-.
Adiós puta, me dijo y se fue. En ese momento me sentí tan humillada que deseé su muerte. Subí llorando a mi habitación y me quedé dormida.
Me desperté –sin sobresaltos-, abrí los ojos y vi a D. Joaquín, sonriéndome dulcemente. Buenos días criatura, son las diez de la mañana. Joder entonces si que me asusté, boté en la cama, pero el Padre de detuvo. Tranquila María, descansa hoy no está el bestia de tu marido, recuerdas?, si me acordé que hasta mañana no vuelve, me tranquilicé y me ayudó a recostarme en la cama, olía a café y vi en la mesilla una taza humeante, le miré y me sonrió con dulzura. Te he preparado un cafecito muy rico, para que te lo tomes en la cama tranquilamente.
Su voz era tan dulce. . .. y su trato tan cariñoso que mis ojos se llenaron de lagrimas a punto estuve de llorar.
Tranquila mi niña, serénate, te comprendo perfectamente, pero ante todo he de decirte que desgraciadamente no puedo hacer nada por mejorar tu situación, Paco es muy poderoso y es muy amigo de la autoridad, solo puedo consolarte, como lo hiciste tú con mi carne, me dijo sin dejar de mirar por el escote del camisón, me miré y vi que uno de mis gordos pechos se me había salido, se me salía un poco de leche por el gordo pezón.
Me tomo el café y bajamos, le dije tapándomelo.
Tu tranquila María, he encendido la chimenea y la casa ya está caliente.
Es verdad pensé, noté un calor muy agradable. Terminé mi café y bajamos, D. Joaquín me ayudó.
Ahora le preparo café, Padre, le dije.
No hija mía no me apetece.
¿Entonces que va a desayunar?, pregunté inocentemente.
No dijo nada, sólo me miró lo pechos y se relamió. Le entendí perfectamente.
La carne es débil, ¿no?. Ande Padre, siéntese que está usted más salido que una bestia en celo. El guarro ya estaba preparado, se quitó la sotana quedándose desnudo y se sentó en el sillón, al lado de la chimenea, tenia la pija fláccida. Me apoyé en sus hombros y levanté una pierna para pasarla sobre las suyas el Padre se aprovechó metiendo la mano entre mis piernas para frotarme el chocho con la palma de su mano, me daba mucho gusto y le dejé manosearme todo lo que quiso, noté sus dedos hurgándome el ojete y me metió dos, los movía como si me follara con ellos, me corrí gimiendo en sus manos -D. Joaquín sabia de estas cosas, pensé-, cuando se cansó me dejó sentarme en sus piernas, sentía mis agujeros chorreando.

Le cogí como a un niño pequeño, Ahora mamaita te va a dar su leche le dije arrimando el pezón a su boca, se lo restregué por los labios y se los lamió, abrió su boca y empezó a mamarme la teta, jugando con el pezón, me ponía muy caliente, noté su  cipote contra mi chocho y moví el culo para que me penetrara.
Por el culo hija mía, déjame saborearte el culo, me dijo. Soltando un momento mi pecho me levanté, le cogí el cipote y lo guié a la entrada del culo, cuan me senté noté su grosor según me penetraba, sentí un gusto enorme. Me cogí el pecho le metí el pezón en la boca para que me siguiera mamando al tiempo que yo subía y bajaba hincándome su nabo. Al tiempo que me secaba la teta noté como su poya se hinchaba estaba a punto de correrse y explotó dentro de mi culo dando gemidos ahogados por mi teta, esperé a que terminara de correrse y se la retiré. Todavía estaba muy susy, así que empecé a reanimarlo, le lamí sus tetitas, mordiéndole los pezones mientras acariciaba su pecho. Me levanté y me arrodillé sobre un cojín. Me metí su polla cubierta de semen en la boca, como la tenia encogida me la metí entera, jugando con ella, se la limpié de semen con la lengua y le lamí los huevos, el Padre era un vicioso y se escurrió en el borde del sillón para que le chupara el culo. Al poco ya tenia su gordo cipote dispuesto, me senté penetrándome el chocho y le di de mamar la otra teta, me dolía de lo llena que estaba. Me volvió a mamar mientras me follaba, tardó un poco más en correrse, dándome ocasión a correrme dos veces. Luego le limpié la polla de semen y me puse a preparar la comida.
Cuando se marchó con Paco al día siguiente muy temprano, iba con los cojones secos el pobre, por la tarde me echó tres polvos más y luego al acostarme otros dos antes de dormirme, incluso me chupé el chocho y todo. El pobre D. Joaquín estaba hambriento de carne. Y yo procuro saciarle dos veces al mes cuando nos visita, aunque Paco cree que me obliga a follármelo lo que no sabe en realidad es que el Padre me hace disfrutar como nunca él lo haría.

Una mañana me puse de parto y avisó corriendo a Ryo y a una partera, yo quería ir al médico pero el muy hijo puta se negó, diciendo que costaba muchos cuartos. Tuve problemas al parir ya os lo conté antes, la criatura venia de culo y tuve unas hemorragias tremendas desangrándome como un cerdo en la matanza. Al final tuvo que llevarme al médico que me operó, estuve cuatro semanas en cama en la consulta del médico, no quiso que me levantara hasta que no estuve totalmente recuperada, casi me muero, Paco se cabreó muchísimo, decía que le iba a costar una fortuna –me alegro, que se joda por tacaño-.
Al chico lo crió un ama de cría, me robó la ilusión que tenia de darle mi propia leche, y me dejaba verle muy poco, se que lo hacia por venganza, porque le había pagado un buen saco de perras al medico, llamó a la partera y me fajó los pechos y me hinchó a perejil, durante un mes. Cuando me quitó las vendas de mis tetas vi que se me habían encogido, la vieja me las apretó comprobando que no me dolían y me mamó los pezones para saber si todavía salía leche, pero no, yo sabia que me los había secado y lloré desconsoladamente porque nunca más tendría oportunidad de dar de mamar a mi hijo. Le miré a los ojos, parecía que sonreía el hijo puta, le odié con todas mis fuerzas desde ése día, todo el día rezaba para que se muriera, pero nadie oía ni mis rezos ni mi desesperación.
Fue pasando el tiempo, veía muy poco a mi hijo Paquito, casi no tenia tiempo de abrazarle y besarle, el se ocupó de meterlo en un colegio interno en la capital y me dejaba verlo DOS VECES AL AÑO. ¿Se puede ser más cruel?.
La crueldad de Paco no tenia limites.

ahmed

La humillación / Tercera parte: Los días de caza

Miércoles, febrero 14th, 2007

Desde aquel maldito día en que conocimos al cacharrero, nuestra vida cambió a peor, sobre todo los malditos días de caza.
Primero se iban Paco y Rafa con algún trabajador a ojear piezas, para saber si tendrían que reforestar o no, la finca es tan grande que Paco tiene caza mayor (jabalies, venados) y menor (conejos, liebres, perdices),esta operación duraba una semana y cuando regresaban a casa venían bebidos y con ganas de juerga.Un día volvieron muy satisfechos, Ryo y yo les preparamos la comida.

Por el ruido que hacían al comer parecían cerdos, sobre todo Paco, se bebieron una botella de vino tinto.

Cuando terminaron de comer, eructaron de manera bestial, Paco puso sus enormes brazos detrás de la cabeza, en su nuca se estiró y soltó un pedo, dando risotadas por su hazaña, se sentía satisfecho con el estómago lleno.

Dios compadre, he comido como una bestia.

Si el guiso estaba muy rico, estas rameras saben cocinar, además de joder. (soltaron más risotadas con el chiste).

Podíamos oír lo que decían, mientras trajinábamos en la cocina, todavía no habíamos comido.

¿Qué te parece compadre una buena mamada y luego una siesta?, dijo Rafa.

Coño, pues tienes razón, dijo Paco, me duelen los cojones y tengo ganas de vaciarlos. JA, JA, JA, JA. ¡¡¡Rameras!!! vociferó
Fuimos corriendo. Nos miraron como el que mira una mercancía. Tú María que eres la más viciosa, chúpanos la polla para que nos baje la comida, ordenó Paco.

Ryo se retiró, yo me arrodillé entre las piernas de Paco, -siempre tenía que ser él el primero-, le abrí la bragueta y liberé su enorme polla, la tenía flácida, se la cogí con la mano y me metí su glande en la boca dándole una profunda mamada como sé que le gusta, al tiempo que le hacia una paja, había aprendido con el tiempo a soportar los olores desagradables de su cipote.

Se la lamí hasta que se le puso tiesa, luego con las dos manos, le masajeé su enorme nabo, al tiempo que le mamaba la cabezota del capullo, de vez en cuando también le lamía los cojones, porque así le gusta más.

Debía de tener muchas ganas porque al poco tiempo ya quería correrse.

Bébete la leche, le vendrá bien al hijo que estás engendrando, me ordenó, abrí mi boca preparada y su cipote empezó a escupir cañonazos de semen que me tragué sin más, -ya me había acostumbrado-. Me la bebí toda y luego le ordeñé la verga para sacarle las últimas gotas.

Me limpié la boca con la mano tragando los restos de semen y me volví a Rafa, me miraba con los ojos brillantes de deseo. Se la saqué y comencé a chupársela, -primero le aparté unos cuantos pelos pegados en su capullo-, haciéndole una paja de muerte para que se corriera deprisa, no falla, al quinto meneo se corrió en mi boca, gruñendo como un cerdo. Me levanté y me fui a la cocina a comer con Ryo, ellos se quedaron dormidos con sus miembros colgando fuera de sus pantalones.

Mientras comíamos charlábamos sobre nuestros embarazos, las dos estabamos preñadas de tres meses. Terminamos de comer, recogimos y fregamos.
A las dos horas más ó menos, Paco se asomó en la cocina y nos miró, su cipote estaba tieso como un palo, todavía estaba excitado y alguna de las dos lo pagaría, seguro. Le tocó a Ryo.

Todavía tengo hambre de hembra berreó. Cogió a Ryo de los pelos y la puso contra la mesa de la cocina, con sus manazas le subió el vestido y le arrancó las bragas, miró su culo y la soltó dos azotazos en los carrillos dejando sus dedos marcados.

Todavia no te ha engordado el culo puta, estás muy delgada la dijo, tienes que comer más para que te engorde el culo y las tetas, pero aún así la escupió el ojete y restregó su saliva por su ano.

Se cogió la tranca y se la hundió entera de dos empujones y arremetió contra su culo, la manoseó los pechos con fuerza a través del vestido. Casi no tienes tetas puta y tu culo no me roza las ingles gritó. Se la sacó y la apartó de un empujón. Tú me ordenó ven aquí, totalmente asustada ocupé el lugar de Ryo, me arrancó las bragas y me golpeó las nalgas hasta ponérmelas coloradas.

Mira zorra, dijo mirando a Ryo, esto es una grupa como Dios manda, ¿te enteras?. Ryo asintió.

Y mira que tetas dijo tirando de mi vestido de golpe, me lo rompió y mis pechos, sin sujetador saltaron fuera, eran más grandes que los de Ryo y con la preñez los pezones también me habían crecido mucho.

Me estrujó los pechos sin ningún miramiento, y estiró de mis pezones haciéndome daño. Tienes que comer más, sentenció.

Su mano buscaba mi ojete entre mis piernas y me hincó su poya sin lubricarme antes, comenzó a embestirme salvajemente, mientras se relamía. Esto es un buena grupa, si señor, me hace cosquillas en las ingles como a mi me gusta.

Al poco rato noté su saliva caliente goteando en mi nuca –comenzaba a babear, era síntoma de que el hijo puta disfrutaba dándome por culo- manoseaba todo mi cuerpo metiendo sus dedazos en mi vagina, aunque no quería comencé a sentir un placer enorme, me frotaba el clítoris mientras arremetía salvajemente contra mi ojete.

Me jodió durante una hora por lo menos y cuando se corrió lo hizo fuera, pringándome las nalgas y la espalda. Cuando terminó me dio una palmada en la nalga dejándome los dedos marcadas, con su gesto sabia que le había gustado y me sentí satisfecha, me había corrido tres veces , en silencio para que no me oyera.

Cuando comenzó la temporada de caza, Ryo y yo preparamos comida para diez personas por lo menos, matamos tres cochinillos y los asamos.
Estuvieron todo el día fuera, cazando, regresaron sobre las cuatro de la tarde. Se les veía satisfechos, la caza había sido muy buena, estaban el Sr. Notario y el Sr. Juez con sus hijos mayores, dos muchachotes de 17 años más el sargento de la guardia civil, además de Paco y Rafael, siete en total.
Comieron y bebieron como cerdos, comentando sobra la caza. Terminaron y bebieron coñac y fumaron puros dejando la casa llena de humo apestoso.
Paco dio una palmada fuerte sobre la chimenea, todos callaron y le escucharon con atención.

Señores: vamos a brindar por la buena caza que hemos tenido, brindaron entre risas. Paco se frotó las manos y les dijo: Y ahora ¿que tal un polvo con dos putas?. Gritaron como una jauría de perros ansiosos.

¡¡¡Maríaaaaaaa!!! ¡¡¡Ryoaaaaaa!!!, berreó Paco. Acudimos corriendo.

¿Qué os parecen las rameras?, dijo orgulloso, están preñadas de seis meses las dos, pero joden de maravilla os lo aseguro.

Se pasearon entre nosotras, como si fuéramos objetos de compra, nos manosearon por todo el cuerpo para comprobarlo, nos pellizcaron las tetas y el culo, haciéndonos daño, incluso el Juez me levantó las faldas para verme el culo me lo manoseó con sus gordas manos sintiendo asco–no llevábamos ropa interior, Paco nos lo había prohibido hacia unos días-. Esta me gusta Paco, dijo.

El Notario fue más atrevido con Ryo, no sólo la levantó la falda para verla mejor, además la abrió las nalgas con fuerza para ver sus agujeros. Esta para mi, dijo al final.

Pues hala ¡¡¡ustedes primero!!! ordenó. Los demás después.

¿Aquí mismo?. Coño Juez, no me diga que le da vergüenza, yo no le voy a quitar nada. Se descojonaron con el chiste y se empezaron a desnudar, nosotras también.

Nos jodieron los siete, uno tras otro, sin dejarnos descansar, algunos repitieron varias veces, el primero Paco y sobre todo los muchachos jóvenes, esos eran los peores por que se recuperaban enseguida, sus padres les tuvieron que obligar a dejarnos, no había manera de quitárnoslos de encima. Se marcharon riendo a las cuatro de la madrugada después de jodernos durante doce horas.

Me toqué la nuca, la tenia llena de babas del Juez (me entró un escalofrío al recordar como me babeaba mientras me daba por el culo, animado por los gritos de los otros, más que follarme me habían violado uno tras otro), estábamos tendidas en el suelo en medio de un charco de semen y orines, porque al Juez, que era el más mayor se le escapó la prostata y como le hizo gracia nos mearon todos. Sentía mi chocho dolorido, miré a Ryo y ví que su vulva estaba muy abultada por la inflamación.

Paco regresó de la calle y casi sin mirarnos berreó: lavaros putas que dais asco y se fue a dormir.

ahmed

La humillación / Segunda parte: mi cumpleaños

Miércoles, febrero 14th, 2007

Recuerdo que cuando cumplí los 19 años estaba hecha toda una moza, mi cuerpo era fuerte y tenia mucha energía, un cacharrero pasó por la hacienda y llegó a la casa vendiendo sus cacharros, era muy amable y picarón, no estabamos interesadas en los cacharros que nos ofrecía.

Entonces nos susurró bajito que tenia la última moda de París en ropa interior y nos guiñó un ojo. Ryo y yo nos echamos a reír pícaramente y el señor nos enseñó unos sujetadores y unas braguitas muy pequeñas, nos gustó y se las compramos.

Que lo disfrutéis con vuestros marido nos gritó mientras se
alejaba. Ryo y yo excitadas como dos colegialas nos fuimos a casa a probarnos
las ropitas, ella color rojo y yo color negro, nos sentaban de maravilla y
hacíamos bromas riéndonos. De pronto se abrió la puerta
y Paco apareció bajo la puerta, nos cubrimos rápidamente con
los vestidos, tenia los ojos inyectados en sangre y me entró pánico.
¿Con que os gusta sentiros rameras Eeeehhhh?.
¡¡¡Paco por favor. . . . Cállate puuutaaaaaa!!! chilló sin
dejarme explicar.
Os quiero ver a las dos ahora mismo en el salón, ordenó saliendo
de la habitación.
Ryo me miró completamente acojonada y yo tiritaba de pánico.
Nos vestimos rápidamente y corriendo bajamos al salón, Rafael
estaba a su lado, los dos de pies, nos miraban como si hubiéramos echo
algo malo. Sólo habló Paco “EL AMO”, como le llamaban
los campesinos.
Sabes Rafa que tu mujer Ryo y María les gusta ser unas putas?.
Intervine-. Paco por favor deja qu. . . . . .
¡Calla ramera! ¿me vas a negar lo que he visto con mis propios
ojos?
Nos arrancó el vestido a las dos dejándonos con la ropa interior
que acabábamos de comprarnos.
Nos cubrimos nuestras vergüenzas como pudimos. ¿Qué te
parece Rafa?. ¿Son o no son unas rameras?
Rafael no dijo nada, se limitó a decir que si con la cabeza, como los
burros.
Ya que tenéis mucho tiempo libre y os gusta hacer de rameras, he decidido
que lo mejor que podemos hacer es preñaros, así estaréis
más ocupadas y no tendréis tiempo de putear tanto.
( el gran juez había hablado, se creía el juez de sus tierras
y nadie le discutía, la sentencia estaba dictada y no había apelación
posible).
¿Qué te parece compadre?, le dijo a Rafael dándole un
codazo en un costado.
Cojonudo compadre, lo que tú digas.
Pues empecemos y dicho y echo nos arrancaron la ropa y nos dejaron desnudas
y allí mismo humilladas y avergonzadas completamente fuimos jodidas
Ryo y yo. Cuando acabaron de correrse nos dejaron tendidas en el frío
suelo y ellos se sentaron en el sillón, mirándonos y bebiendo
una copa de anís.

Miré a Ryo y vi que lloraba avergonzada en silencio igual que yo.
Nos sentamos en el suelo y nos quedamos quietas, tapando nuestros pechos con
los brazos cruzados. Ellos seguían bebiendo sin parar y hacían
bromas sobre nosotras.
Míralas compadre parecen dos rameras que no han roto un plato en su
vida. Rafa como los burros, nunca le he visto discutir una orden ó comentario
del AMO.
Se me ocurre una idea, dijo Paco. Abrí los ojos como platos esperando
lo peor.
Si se compran ropitas de ramera es porque les gusta ser rameras, No?
Pues a partir de ahora mismo serán nuestras rameras, ¿vale compadre?.
Cuando queramos mujeres de verdad iremos al pueblo de los campesinos.

Rafa estuvo de acuerdo en todo. Se acabaron la botella de anís pero
no estaban borrachos, tenían mucho aguante, nunca he visto borracho
a Paco y eso que bebe como una bestia.
Volvía a tener los ojos rojos y empezó a babear – eso
era malo para nosotras, pensé-. Mira compadre, ¿te gusta esa
puta de negro?.
Si, claro que me gusta.
Quieres follártela?.
¡¡¡Ssiiiiii!!! exclamó Rafa babeando también.
Pues hala ¡¡¡follatela, yo me quedo con la de rojo!!!
Ryo me miró y empezó a temblar, me suplicaba con los ojos,
pero desgraciadamente no podía hacer nada, el Amo nos había marcado
y nada le iba a hacer cambiar de idea.
Rafa me cogió y tiró hacia arriba, me puso de rodillas ante
su sucia y pringada polla que olía mal. Chúpamela puta, vamos
quiero que me la chupes, me ordenó. Hice de tripas corazón, no
tenía más remedio y le agarré el cipote y me lo metí en
la boca chupándolo, ya nos sentía asco si no indiferencia, aprendí a
ser insensible ante estas guarrerias, le mamé el cipote hasta que se
le puso tieso, Paco y él hacían bromas sobre lo bien que la chupaba.
Paco le dijo que me había costado trabajo pero que al final había
aprendido bien.
Pues si quieres disfrutar dile a la puta de rojo que te la chupe, decía
el cerdo de Rafa riendo, esa si que sabe mamar pollas, ya verás.
Mientras Rafa me tumbó en el suelo y me penetraba salvajemente la pobre
Ryo le mamaba el poyon a Paco al tiempo que le hacia una paja con sus manitas.
El cabrón gritaba como un cerdo, no paraba de chillar lo bien que le
mamaban.
Rafa me hincaba su nabo de una manera salvaje al tiempo que un hilillo de saliva se le caía por la boca y me goteaba los pechos, su cipote no tenia el tamaño que el de Paco y eso que era grande también pero no tanto, procuré concentarme en el placer de la follada imaginando a otro hombre, apuesto y que me trataba con dulzura, era la mejor forma de correrme y no sufrir.
Los gritos de Ryo me devolvieron a la realidad, Paco la estaba dando por culo y le costaba aguantar sus embestidas.
Estuvieron jodiéndonos dos horas o más, no lo sé con certeza es como si el tiempo no contara para nosotras, luego ellos eyacularon en nuestra cara y en nuestras tetas. Ryo se llevó la peor parte porque cuando Paco se corre parece un río, la puso perdida.
Quedamos rotas y nuestros cuerpos pringados de semen.
La pobre Ryo tenia la vulva muy hinchada, sus labios estaban inflamados y tiesos además de escozores en el culito. El hijo puta de Paco se dio cuenta y la dijo ponte como los perros que te voy a calmar y el cabrón la meó en el culo descojonándose de risa mientras la pobre Ryo aullaba de dolor.
Rafa riéndose también de la gracia me meó el chocho.
Cuando terminaron se vistieron y se fueron.

Así­ fue como concebí­ a nuestro único hijo, tuve problemas durante el parto y me operaron, me dijeron que ya no podría concebir más, y di gracias al cielo. Siempre me queda la duda de quien es el padre, pero por nada del mundo me atrevería a decí­rselo a Paco.

ahmed