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La Porrista (The Cheerleader)

Jueves, enero 8th, 2009

EE. UU., Los Angeles, 2007.

Mi nombre es Pamela y tengo 18 años. Soy porrista (animadora / cheerleader) en un colegio secundario en la ciudad de Los Angeles, estado de California, Estados Unidos de América. Nunca he sido especialmente buena a ningún deporte, pero desde siempre me ha gustado el espiritú y la camaradería que genera el mismo. Cuando era algo más chica, solía practicar patín y también algo de danza, pero abandoné ambos deportes al comenzar la escuela secundaria (preparatoria / high school). Sin embargo, esas prácticas deportivas dejaron huellas en mi cuerpo. Ya que el mismo es torneado y bien formado. Especialmente mi cola, que es la delicia de mis compañeros de clase. Ellos no pierden oportunidad alguna para mirarme de atrás. A veces se valen de las más tontas excusas. También tengo unos buenos senos. Para ser porrista no alcanza sólo con una buena cola, también hay que tener con que llenar una remera sexy y escotada como por lo general son las de los uniformes de animadoras.

En el colegio al que yo asisto, particularmente el uniforme es de zapatillas azules, medias blancas, pollera azul, tanguita a elección, blusa escotada azul y porras, una amarilla y la otra azul. En total somos unas 15 porristas y no a todas les queda bien el uniforme. A mí me han elegido (por votación escolar) siempre entre las 2 más lindas, no sólo entre las porristas, sino de todo el colegio en general.

A nivel deportes, el Colegio era bueno en varios, pero se destacaba en baloncesto y en fútbol americano. A mí particularmente me habían designado como animadora del equipo de baloncesto junto a otras cuatro chicas. Las otras 10 se encargaban de alentar al equipo de fútbol americano.

Les he contado como es mi uniforme, pero no como soy yo. Ahí va mi descripción para que puedan imaginarme: Soy morocha, flaquita pero con muchas tetas, linda cola, ojos celestes, pelo levemente ondulado, pero sin rulos y de tez blanca.

Un día, luego del primer partido del campeonato de baloncesto, estábamos todas en el vestuario duchándonos. Obviamente estábamos completamente desnudas, cuando entró el Director del Colegio y el Entrenador del equipo de baloncesto.

Director: -“Chicas, quiero felicitarlas profundamente. Hoy han alentando de manera grandiosa al equipo. Creo que no habríamos ganado sin ustedes. Sigan así, con ese entusiasmo y alegría juvenil que tienen”.

Al tiempo que escuchábamos estas felicitaciones, no entendíamos muy bien, si eran sinceras o una treta para aprovechar la situación y vernos desnudas. Me inclino más por lo segundo.

Mientras nos bañábamos el Director y el Entrenador no paraban de mirarnos, y no precisamente a la cara, sino a nuestras partes más íntimas y sexys.

Al lunes siguiente, el Director del Colegio me manda a llamar a través de un preceptor. Yo me dirijo hasta su despacho e ingreso. Ahí estaba él, hablando junto con él entrenador de baloncesto.

Director: -“Hola. Te hemos llamado por lo siguiente: Tú sabés que en este Colegio no nos gusta dejar nada librado al azar, ¿No es cierto?”

Pamela: -“Sí” asintió pasivamente.

Director: -“Así como el entrenador, practica a fondo sus tácticas con sus jugadores, nos gustaría ver ¿Cómo vas a “animar” a nuestros muchachos? Ya que creemos que la coordinadora de porristas no está haciendo un buen trabajo.”

Pamela: – “¿Qué quieren? ¿Qué baile aquí?”

Director y Entrenador: -“Por favor.”

De casualidad estaba vestida de animadora, ya que en media hora comenzaba la práctica. Entonces empecé a bailar y a hacer algunas rutinas de animación que teníamos preparadas para ese año. Bailé un ratito, mostrándoles algunas coreografías que estábamos ensayando. Pero esto parecía no ser lo que querían ver y no conformarlos.

La oficina era bastante pequeña, para ser la de un Director de un colegio de semejante importancia. Tendría unos 3 metros por otros 3 metros. Con lo cuál el Director con unos pocos pasos se pudo acercar rápidamente hacia mí y me dijo: -“Las coreografías están muy bien. Pero lo que nosotros realmente queremos ver es ¿Qué más hay?”

Pamela: – “Qué más hay. No entiendo ¿A que se refiere?”

Director: -“Claro. Por ejemplo. Tú sabes que una de las cosas con las que más fantasean nuestros deportistas es con ¿Qué hay debajo de esas cortas y sexys polleritas de nuestras porristas?”

Pamela: -“Sí, lo sé. ¿Y entonces?”.

Director: -“Tú, como capitana de las animadoras eres una buen representante del resto. Por favor muéstranos entonces, que hay debajo de esa pollerita”.

Yo no creía del todo lo que me decían y mi cerebro no terminaba de asimilar la idea de lo que me estaban pidiendo. Pero como siempre una tiene un momento en que no piensa lo que hace y se deja llevar por el fluir de los acontecimientos. Entonces tomé mi falda y la levanté hacia arriba, dejando bien visible para ellos la tanguita que traía puesta. Era blanca, especialmente minúscula, con puntillas y muy pequeña. Se perdía en mi culo.

Director: – “Permiso” dijo al tiempo que me tocaba el culo con una mano. Luego dijo: -“A ver, toque usted entrenador”.

El entrenador imitó al Director y me tocó la cola.

Entrenador: (con gesto de admiración) –“Ojalá todas fueran así. Tuvieran estos cuerpazos. Los jugadores estarían muy motivados y ganaríamos el campeonato sin problema”.

Luego me hicieron dar una vueltita con la pollera levantada para verme mejor. Yo comenzaba a entrar en conciencia de la situación y a ruborizarme. Una vez que di la vuelta dejé de sostener mi falda que volvió a su posición normal.

Director: -“Sabés que, también nos gustaría ver que hay debajo de esa apretada remerita.”

Al Entrenador lo tenía casi detrás de mí y no tardó en acercárseme por detrás y “ayudarme” a sacarme a la remera. Pronto quedé en corpiño. El mismo me iba muy apretado y mis pulposos pechos, parecían querer librarse del mismo.

Entrenador: -“Pero mira esos pechos”. Le comentó al Director como si yo no estuviera presente o fuera un objeto inanimado.

Director: -“Son muy muy bellos. Aunque los veo algo como “aprisionados”. Por favor Entrenador “libérelos””. El entrenador lo que hizo ahí fue desabrocharme el corpiño y nuevamente “ayudarme” a sacármelo. Yo sólo atiné a taparme los dos pechos con las palmas de mis manos. Y mientras tenía las manos ocupadas, llenas con mis propios senos, el entrenador dijo: “Para visualizar la rutina mejor, esto vamos a quitarlo.” Haciendo referencia a mi faldita que no dudó en quitarme, dejándome prácticamente desnuda en la oficina del Director. Para evitar que nos vieran desde afuera, el Director cerró las persianas americanas de su oficina.

Director: -“Ahora sí, por favor, muéstranos las rutinas que nos mostraste antes”.

Yo empecé a bailar, a hacer las mismas rutinas de animación que había hecho antes, pero esta vez solo vestida con mi bombachita blanca. Los hombres comenzaron a excitarse. Y yo también. Me gustaba sentirme “deseada”, “admirada”. Hice para ellos todas las rutinas que habíamos preparado ese año. Con lo cuál la mini-exhibición duró un buen tiempo. Entre 15 minutos y media hora.

Mientras yo bailaba, una profesora, la de Matemática pasó cerca de la oficina del Director. Y vió u oyó algún movimiento raro dentro. Con lo cual golpeó, pero antes de esperar a que contestaran ingresó. Menuda sorpresa se llevó. Al ver una alumna del colegio desnuda.

Profesora de Matemática: -“¿Pero que está pasando aquí?”

Director: -“Estamos evaluando al equipo de porristas”.

Profesora: -“Ahh. Ya veo, que están muy compenetrados con su trabajo”.

Contrariamente a lo que indica la lógica, la profesora me saludó con un “Hola Pamela” y ni se inmutó con mi desnudez.

Permaneció un rato viendo como bailaba. Luego, se ve que de alguna forma disfrutaba la situación y lo que dijo acto seguido fue: -“Pamela, ya que está así, porque no se saca esa bombachita”.

Yo así lo hice. Y bailé mis rutinas, desnuda para los tres miembros del colegio allí presentes.

La profesora se quedó mirando no sólo la rutina, sino también todo mi cuerpo. Tal vez tuviera alguna inclinacion hacia la bisexualidad. Cuando terminé, comentó: -“Muy lindo baile, a la gente le va a encantar. Especialmente si lo haces con una pollerita del largo adecuado, que deje ver a los hombres lo justo”. Yo no sabía que entendía ella, por “lo justo”, pero en este momento seguramente estaba mostrando mucho más que “lo justo”.

Profesora: -“Ese show que hiciste me gustaría que lo hagas para mí y para mí marido que hoy cumplimos 10 años de casados y quiero regalarle algo verdaderamente especial”.

Pamela: -“No, no sé. No me parece adecuado. Esta vez lo hice porque me lo pidió el Director en su facultad de controlador de las actividades escolares”.

Profesora: -“Te pagaría U$S 500 si lo háces y te aprobaría Matemática por el resto del año”.

La verdad que la oferta era muy tentadora. No por el dinero, pero la verdad que yo no era demasiado buena en Matemática y esta posibilidad no era para desaprovechar. Además en el último año te pasan muchas cosas por las cabeza y aprobar Matemática de esta forma, me quitaría una preocupación de encima.

Terminadas de hacer mis rutinas de baile. La Profe de Matemática se fue de la Oficina del Director. El entrenador me alcanzó mis prendas íntimas y me ayudó a ponérmelas. De hecho el fue quien me puso la tanguita. Me la subió bien hasta arriba. Para que se me perdiera adentro del culo. Y también me abrochó el corpiño. Luego yo me puse la falda y la remera.

Director: -“Señorita, ya puede retirarse”. Y así lo hice.

Toda la tarde estuve pensando sobre que hacer esa noche. Pero el hecho de aprobar Matemática me hizo decidir. Tomé mi bolsito y me fui hacia la casa de la Profesora de Matemática. Ella estaba con su esposo. Se ve que habían tenido una cena romántica. Que ya se habían tomado unos tragos y que estaban por hacer el amor.

Profesora: -“Hola. Que sorpresa. Pensaba que no ibas a venir”.

Pamela: -“Me costó decidirme, pero al final vine”.

Profesora: -“Bueno me alegro”.

Fuimos hacia la habitación de ellos. El marido al que me presentó ya estaba en calzoncillos. Ella con una bata de cama muy sexy y lencería debajo. Ellos se acostaron en la cama. Y me esperaron. Yo fui al baño y me vestí de porrista.

Luego me aparecí en la pieza y comencé a hacer mis rutinas de baile.

El marido comenzó a calentarse demasiado. Me dejó bailar un tiempo hasta que en un momento me dijo: -“Vení, acercáte un poquito”. Cuando me acerqué, muy suavemente, tomó mi tanga por los elásticos y me la sacó por debajo de la falda. También me dijo: -“Sacate la remera. Dejáme ver tus pechos”. Yo lo hice. Muy despacito. Y el me los estrujó. Luego me desabrochó el sostén. Y me dijo ahora seguí bailando.

Yo continué bailando, pero en tetas, con pollera, pero sin tanga. Con lo cuál al hacer algunos movimientos mi culito quedaba expuesto y mi vaginita también. Él miraba y mientras tanto su mujer le practicaba sexo oral. El tipo estaba realmente muy caliente. Su esposa lo mamaba como toda una perra experimentada, y hambrienta de pene. Cuando el tipo se dio cuenta que estaba por acabar, me pidió nuevamente que me acerque y me desabrochó la pollera, con lo cuál esta cayó al piso y yo quedé desnuda delante de ellos.

“Vení a la camita, putita” me dijo. Y yo me subía a la cama.

Mientras su esposa lo seguía fellando el me besaba a mi en la boca, y me tocaba el culo con una mano. Con la otra sostenía a su esposa por la cabeza, para que se metiera su verga bien adentro.

Cuando no me besaba, me chupaba las tetas. Me las dejó todas llenas de saliva. Y mientas me chupaba las tetas, me estimulaba vaginalmente con los dedos de la mano que tenía libre. Yo fui saliendo de mi personaje de porrista, entrando en clima, y tomando mi papel de mujer caliente y sexual.

Finalmente acabó. Dentro de la boca de su mujer. Lo que su mujer no tragó me dijo: -“Tomá un poquito para vos también”. Y me hizo limpiarle con la boca y la lengua el semen de su pene que su mujer no tragó. Como la mayoría de los hombres, una vez que eyaculó no quería saber más nada con nosotras y le ordenó a su esposa que le trajera un whisky inmediatamente. Yo me quedé a un costado. Desnudita. Su esposa también desnuda le trajo el whisky. Y encendió un cigarillo. Yo bajé a la heladera y me serví un vaso de gasesosa, de Coca-Cola. Para sacarme el gusto a semen de la boca.

Todos se tomaron un buen descanso. El segundo polvo que se echó el tipo fue para su esposa. En posición de misionero. A mí no me hicieron participar. Lo único que me dijo él fue: “Vos, tocáte mientras tanto”. Y yo me tocaba de manera muy sexy, pero no me daban mucha atención.

Una vez que el tipo acabó, su mujer se fumó otro cigarrillo. Conversaron un rato y luego su mujer se quedó dormida. Pero el tipo no. Descansó un poco y vio mi cuerpo joven y desnudo y tuvo ganas de más.

“Vení para acá” me dijo. Me hizo poner en cuatro y comenzó a penetrarme violentamente. Me hizo el culito. Me lo rompió todito. Me penetró muy muy fuerte. Y a mí me gustó. Una y otra vez me penetró. Mientras lo hacía me pegaba nalgadas en el culo muy fuertes. Y me hablaba sucio. Y me pedía que le hablara sucio yo también o las nalgadas incrementaban en fuerza y repetición. Yo le decía cosas como “Cogéme”, “Más fuerte”, “Metémela toda”, “Me encanta tu pija”, etc..

Cuando estuvo por acabar sacó su pija de mi culo, me hizo dar vuelta y acostarme boca arriba en la cama y me eyaculó sobre los senos.

A los breves instantes el tipo se durmió yo me vestí y me fui. Eran como las 5 de la mañana. No sabía que iba a decir en casa acerca de mi ausencia. Pero ya me las arreglaría.

Volviendo a la vida escolar, van pasando las semanas y los meses y el equipo va jugando y ganando, y nosotras cumpliendo con nuestra función de animadoras. El equipo jugaba bien y ganaba muchos partidos, con lo cuál tenía muchas chances de pelear por el campeonato.

El equipo primero clasificó para los playoff y luego de pasar 3 rondas eliminatorias llegó a la gran final. Esa semana en el Colegio era todo expectativa. Todos confiaban en que el equipo ganaría. El Director, lo deseaba especialmente. Quería ser recordado como el Director que estaba a cargo del Colegio en el año en que este ganó el campeonato nacional. Sin embargo esa semana que como tantas otras comenzó un lunes, había dos problemas. El capitán del equipo estaba desmotivado, deprimido y por otro lado los contarios jugaban muy bien y tenían mucho mejor condición física que nuestro equipo. Incluso eran más grandotes y más musculosos.

El lunes, de la “Gran Semana”, como se la había denominado, el Director me llamó nuevamente a su despacho y me encomendó dos misiones. Por un lado motivar al capitán y por el otro lograr que los contrincantes llegaran muy cansados al partido. No me dijo exactamente cómo, pero obvio que quería que lo hiciera con sexo. Sino hubiera llamado a otra persona, a alguien que entendiera algo de baloncesto, de preparación física, o incluso algo de psicología.

Concretamente lo que el director me dijo en su despacho fue: -“Mirá, El capitán del equipo no está jugando bien y es nuestro mejor jugador. Está medio deprimido. Confio en vos. Vos tenés que motivarlo. Vos sabrás lo que tenés que hacer”.

Yo lo conocía al capitán del equipo cuyo nombre era Jake, pero no era amiga de él. Tampoco tenía mucho tiempo para hacerme amiga así que fui directamente al grano con algo radical. Me pusé mi mejor tanga y mi mejor corpiño. Me puse un sobretodo encima y me fui hacia su casa. Estábamos a martes y el Gran Juego era el domingo. No me restaba mucho tiempo. Toqué el timbre de una gran y hermosa casa. Me atendió su madre. Le extraño mi vestimenta, pero a mí no me importó. Le dije: -“Hola soy amiga de Jake. ¿Está el en casa?”

Madre de Jake: -“Sí, pasá el está arriba en su cuarto”.

Pasé por la casa de Jake y me dirigí hacia su habitación. Golpeé y entré rápidamente sin esperar a que contestaran de adentro.

Una vez dentro el se sorprendió ya que no teníamos una relación directa.

“Hola” me dijo y yo lo saludé.

Cuando me preguntó que hacia ahí. En lugar de intentar darle alguna explicación, la cuál ciertamente no había, me saqué el sobretodo y quedé en ropa interior delante de él. Era ropa interior blanca. Muy sexy. Me di vuelta mostrándole el culito. Y ahí entendió todo. En las nalgas me había escrito en una “Regalo del Director” y en otra “Jake debes ganar el campeonato”.

El comenzó a reírse primero, pero luego, cerró la puerta de su habitación con llave y se acercó a mí. Empezó a besarme y a tocarme los senos. Se ve que el Director alguna vez ya le había mandado esta clase de incentivos o “regalitos”. Enseguida me sacó el corpiño. Yo quedé en tanguita, con un chico que no conocía y en una casa que no conocía. Él me tocaba toda.

Contra la puerta había un espejo. Yo estaba de espaldas al mismo. Y cada tanto giraba la cabeza para mirarme de atrás. Que lindo culo que tenía. Y que bien que me lo tocaba Jake. No se cansaba de jugar con él. Ni de jugar con mis senos. Poco a poco el me fue llevando y acercando hacia su cama. Me recostó y se me tiró encima. Ahí bajó y me quitó la bombachita.

Yo estaba desnuda y el casi vestido por completo. Se sacó apresuradamente la remera en primer lugar. Luego los pantalones y el calzoncillo. Quedó con su miembro al aire. Me gustó lo que vi. Era grande. Se me hizo agua la boca. Tenía ganas de introducirmelo ya mismo en alguno de mis orificios. Pero dejaría que él eligiera en cuál. Y él eligió mi vagina para comenzar. Me penetró acostada en su cama. Yo boca arriba, en la típica posición del misionero. Me penetraba y me besaba en la boca. Cada tanto paraba y bajaba hacia mis pechos para sobarlos. Los sobaba por largos intervalos de tiempo. Los tocaba, los estrujaba, los disfrutaba. Luego volvía a la penetración vaginal. Era muy linda su forma de moverse. Su forma de penetrarme. Llevaba un lindo ritmo. Lo disfruté mucho. Era un chico muy lindo y se movía muy bien. Estuvimos así por un largo tiempo hasta que finalmente el eyaculó. Lo hizo dentro mío, aunque tenía colocado un condón. Se lo quitó, lo tiró y luego los dos nos echamos en la cama desnudos. Charlamos un poco y nos reímos mucho. La verdad que la estábamos pasando muy bien.

El me contó que no era la primera vez que el Director hacía una cosa así. Hace dos años el equipo había llegado a la final y había perdido. Y antes de la final el Director habría hecho algo similar para “motivarlo”.

Al ratito se siente un golpecito en la puerta. Era la madre de Jake: -“Jake, ¿Todo bien? ¿Necesitás algo hijo?”.

Jake: -“No gracias mamá”.

Y la madre se fue. Se sintieron los pasos bajar por la escalera.

Al rato hubo otros golpes nuevamente. Se escuchó la voz de la madre de Jake: -“Jake es tu novia ¿Qué le digo?”.

Jake: -“Espera 5 minutos y hacela pasar y no le digas que estoy con alguien”.

Madre de Jake: -“Ok. Ya entendí”.

Jake: -“Dale Pamela escondete rápido en ese placard”.

Estaba agarrando mis cosas, y no pude llegar a ponérmelas cuando Jake me fue empujando para que me escondiera en el placard. Me metí. Completamente desnuda y a oscuras. Ví por una minúscula rendija que tenía el placard como entraba la novia de Jake a la habitación. Como se saludaban y conversaban. Al rato pasó prácticamente lo que había pasado conmigo. Comenzaron a besarse, a manosearse y Jake le echó un polvo rápido. El cuál yo tuve que ver completo para no aburrirme como si fuera una película y yo la espectadora de lujo. Confieso que un poquito me excité y me toqué. Que iba a hacer. Estaba desnuda, sola y dentro de un placard viendo como dos personas gozaban.

Cuando terminaron ese polvo rápido, se vistieron, se saludaron y luego Jake despidió y acompañó a su novia a la puerta de calle. Jake enseguida volvió a la habitación.

Jake: -“Pam, ya podés salir. Disculpáme que hayas tenido que pasar por esto, pero no me quedó otra”.

Yo salí. Desnuda. No me vestí. El chico me había gustado. Y de alguna forma verlo con su novia, me encendió más. Lo tomé como un desafío personal. Sacarlo el chico a esa chica. Y por eso me quedé desnuda, para que Jake viera lo atrevido de mi actitud sexual.

Pamela: -“¿Estás para un tercer intento?” le pregunté.

Jake: -“Siempre listo. Sólo dame 5 minutos”.

Pasaron 5 minutos y comenzamos a manosearnos y besuquearnos de nuevo. Yo me tiré en la cama. Estaba esperando que él se viniera sobre mí y me penetrara. Pero me dijo: -“Si querés la lechita, me la vas a tener que sacar con la boca”. El se sentó entonces en la cama y me hizo arrodillar delante de él. Me introdujo y me introduje su pene en la boca. Yo movía mi boca y mi lengua y el empujaba con su miembro. Es decir que yo le chupaba el pene y el me cogía la boca.

Jake: -“Miráme cuando me la chupas. ¿Te gusta?”.

Pamela: -“Me encanta”:

Así estuvimos un largo rato. Yo de rodillas, chupandole el pito. El sentando en la cama y disfrutando, pero haciendo fuerza para que su pene me entrara por la boca hasta el fondo. Casi me dan arcadas.

Jake: -“¿Donde querés la lechita?”.

Pamela: -“Me da lo mismo”. (Esto es algo que nunca hay que decirle a un hombre. Ya que si una les dice eso, lo más probable es que te acaben en la cara o en la boca).

Jake me siguió cogiendo la boca. En un momento me sacó su pene de la boca y me dijo: -“Ahora chupame los huevitos”. Y yo así lo hice. Le pasé bien la lengua por sus testículos. Esto lo puso a mil. Casi a punto. Mientras tanto, para no perder la erección lo pajeaba con mi mano derecha.

Volví a usar mi boca. Abre tragado 3 o 4 bombeadas más y él me acabó, parte en la boca (el primer chorro), parte en la cara, y parte en las tetas.

“Ahhhhhhhhhh” dijo aliviado cuando terminó. “Que linda mamada me diste pendeja. Sos una especialista”.

Enseguida me trajo una toalla como para que me limpiase. Me acompañó hasta la parada del autobús y ahí nos despedimos. En definitiva fue una muy linda tarde para mí, espero que para él también lo haya sido y que le haya servido para salir de su depresión y ganar el campeonato estatal para el Colegio.

A los dos días, de haber tenido sexo con Jake, voy al Colegio y el Director me manda a llamar a su despacho. Yo voy como siempre. Y él me dice que la primer parte de la misión iba muy bien, ahora faltaba la segunda y más importante. Que era ocuparme de que los rivales de nuestro equipo llegarán extremadamente cansados al partido. Cuando salgo de su oficina el Director me da una grosera palmadita en la cola y me dice: -“Buen trabajo”.

La verdad es que no tenía ni idea de cómo arrancar. De cómo empezar, de qué hacer. El Gran Partido era el Domingo. Estuve pensando en mi casa el día que el Director me llamó a su despacho, que fue el jueves. Y si bien no se me ocurrió un plan brillante. Mäs o menos algo se me ocurrió.

Lo que hice fue mi simpre. El sábado salí de mi casa, vestida muy linda, muy provocativa y me fui a tomar el autobús. Destino: el campo de deportes del otro Colegio.

Voy al otro Colegio, más precisamente al gimnasio y espero a que el equipo termine de entrenar. Lógicamente una vez que terminan de entrenar se van todos a bañar. Una vez que ya estaban todos dentro del vestuario bañándose, o por hacerlo, entré y con una sensual voz inocente digo: “No les molesta si me baño aquí, ya que en el baño de chicas el agua no sale muy caliente”.

Todos se miraron sorprendidos, enmudecidos y luego algunos dijeron que no había problema.

Comencé a desvestirme. Una vez que me desnudé por completo rápidamente fui a las duchas con ellos. Comencé enjabonándome y haciéndome la que estaba concentrada en mi baño. Como si fuera algo perfectamente normal lo que estaba haciendo. Pero los 5 chicos que había ahí se quedaron atónitos. No podían creer lo que estaba pasando. Todos se erectaron. Estaban al palo. Tenían las vergas bien bien erectas. Debo confesar que me sentí orgullosa de mi misma. De lo que generaba en los hombres. Ahí estaba yo. Completamente desnudita. Tan frágil e indefensa delante de esos cinco sementales. Se acercaron a mi ducha (ya que las mismas estaban divididas por boxes) y primero me miraron toda. Disfrutaron de lo que veían por un rato. Luego uno se acercó primero y comenzó a acariciarme el culo. Vieron que no me oponía y comenzó a manosearme un poco más. Siguió por las tetas y vió que yo no le decía nada. Los otros se fueron acercando cada vez más. Este primero siguió tocando cada vez más groseramente. Incluso no faltó mucho hasta que me tocó la vagina. Ahí otro dijo sarcásticamente: -“¿Necesitas ayuda?”. Y poco a poco los otros cuatro se fueron acercando y comenzaron a manosearme. Yo me quede quieta. Extendí mis brazos y dejé que ellos se ocuparan de bañarme. Tres me tocaban sólo con sus manos. Recorrían todo mi cuerpo. Y los otros dos uno usaba el jabón además de sus manos y el otro la esponja. Con lo cual puedo decir que cuando terminaron conmigo quedé limpita limpita. Sin embargo, no fue un momento breve. Me encantó. Como tocaban, apretaban, magreaban mis senos. Me gustó como tocaban mi culo como si se trataran de un tesoro y en contraste como tocaban mi sexo con el menor respeto, metían mano ahí sin ningún reparo. Y eso me hacía excitar mucho. Me introdujeron dedos. Varios distintas y en varias ocasiones. Y me excité muchísimo. Cuando terminaron de bañarme, enjabonarme y enjuagarme apagaron las duchas. Uno me dijo: -“No te vas a ir así. No nos vas a dejar con esta calentura”. Fueron haciendo que me arrodillara. Ahí sus vergas comenzaron a pasar por mi boca de una en una. Mientras chupaba una, masturbaba a otros dos. Siempre había dos esperando. Así se fueron turnando. El primero me acabó en la boca. Me la llenó de semen. Empezó el segundo, ya bastante masturbado y otro ocupó su lugar en mi mano. El que seguía esperando se cansó y fue en búsqueda de mi ano. Sin preguntar, sin pedir permiso y lo peor, sin lubricarme adecuadamente comenzó a penetrarme analmente. Sentí dolor en los primeros empujones pero luego seguí concentrado en las mamadas y masturbaciones que estaba haciendo, me relajé y comencé a disfrutar la penetración anal que me estaban dando. El segundo acabó y también dejó sus líquidos masculinos en mi boca. Me quedó una mano vacía. Mi boca seguía ocupada. Ahora con una tercer verga, tenía una mano ocupada y el culo también. Pasaron unos quince minutos más en esa posición hasta que fueron acabando los tres. El de atrás acabó dentro de mi ano. El que tenía su verga en mi boca, me acabó en la cara, y el otro en las tetas.

Nos tomamos un respiro. Ellos no se imaginaban nada, pero hicieron comentarios como “¿De dónde saliste preciosa?”. Yo no contestaba y solo me reía y si insistían demasiado me acercaba los besaba o tocaba en sus partes sensibles y enseguida se olvidaban del tema y dejaban de hacer preguntas.

Luego me hicieron recostar boca arriba, con las piernas bien abiertas en un asiento que había en ese vestuario. Y ahí empezaron a pasar de a uno para penetrarme. En posición misionero. De costado me hacían fellarlos también. A medida que uno iba acabando iba entrando otro. Estuvimos como una hora en esta posición. Mejor dicho, me tuvieron así como una hora. YO sentía como entraban penes por mi vagina una y otra vez. Una y otra vez. Sentía esas vergas y las disfrutaba. Me gustaba tenerlas dentro de mí. Sin parar. Salía uno y entraba otro. Era el sexo total ya que tampoco me dejaban pensar, también me metían pija por boca permanentemente. Después de un largo rato dos eyacularon por coito vaginal y dos por sexo oral.

Ahí no terminó la cosa. Seguimos un rato largo más teniendo sexo grupal. Unas dos horas más aproximadamente. Al final del día o del momento, cada uno se había echado entre tres y cuatro polvos. Los dejé bien cansados. Y así sin más me vestí rapidamente, como hacen las putas dije un Chau general y desaparecí fugazmente de la misma forma de la que entré.

Estaba cansada. Debo decir que sexualmente hablando terminé exhausta como nunca en mi vida. Había sido un día de mucho sexo.

El Domingo fue el día del Gran Partido. La cancha estaba llena. La gente estaba expectante. Era un juego histórico (aunque sé que seguramente esto mucho no les interese), pero el equipo de mi Colegió ganó muy facilmente 105 a 73. Los rivales prácticamente no podían correr, ni saltar. Para evitar sospechas ese día no estuve de porristas, sino que vi el partido medio camuflada-disfrazada desde la platea.

Luego del partido se brindó una gran fiesta de celebración en el mismo salón principal del Colegio. La fiesta empezó bien muy formal. Se cenó y se hicieron las entregas de premios y trofeos correspondientes. Aunque ya para el final de la fiesta todo degeneró en sexo.

En un momento de la noche el Director me hizo subir a la pasarela. Me hizo una mención especial a mí y a los otras porristas y nos fue ofreciendo como trofeo. Director: -“Y este Trofeo es para: ….el gran capitán de este equipo y jugador más valioso de la temporada”. Y así el Director nos fue repartiendo entre los jugadores. A mí me tocó el capitán y otro más. Así que me fui a la casa de uno de ellos con ellos y les di todo el sexo que quisieron hasta que quedaron completamente saciados.

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julieta_s24@hotmail.com

El intercambio estudiantil

Jueves, enero 8th, 2009

Mi nombre es Natalia y cuando estaba en el secundario fui en un viaje de intercambio estudiantil a Francia. Soy una chica común. Linda, es verdad, pero común. Mi familia no tenía el dinero para pagarme un viaje a Europa. Y yo desde siempre quise viajar y conocer el mundo. Con lo cual, cuando me enteré la oportunidad que ofrecía la escuela, me anoté de inmediato.

El mecanismo era el siguiente: una chica de Francia, en este caso particular de nombre Melanie, vendría a vivir a mi casa por un mes y yo iría a Francia a vivir en la casa de ella por un mes. Yo había salido sorteada para el viaje dentro de los que se anotaron y autorizada por los profesores debido a mis buenas calificaciones. Ya que un alumno/a por más que saliera sorteado/a con malas calificaciones no sería autorizado por el Colegio a viajar.

Me describo, para que puedan imaginarme mejor, les cuento que soy rubia, soy tirando a alta. Soy flaca, tengo buen cuerpo, mis amigas me dicen que tengo un aire a Ingrid Grudke (yo no les creo, me parece demasiado, ella es una supermodelo, pero es lo que mis amigas dicen). Tengo buena cola y lindos pechos. Y los chicos del curso cuando pueden me elogian ambos.

Todo ese último año de secundaria estuve muy emocionada con la idea de poder viajar a un país extranjero. Nunca lo había hecho y que más lindo que Francia. Un hermoso país para conocer y disfrutar. La ciudad del amor. Del romanticismo. La ansiedad hizo que el año se me pasara volando, pero finalmente todo en la vida llega.

Junto a mi familia hicimos todos los preparativos del viaje y cuando tenemos todo listo, nos dirigimos al aeropuerto, me subo al avión y me voy rumbo hacia Francia. El viaje se hace largo, pero como iba muy contenta, se hizo largo para los demás pasajeros no para mí. Tuve algún percance con un gordo baboso que me tocó al lado y que me miraba todo el tiempo las piernas pero nada más. La comida excelente, el servicio del avión excelente también y por suerte dieron excelentes películas para ver. Todo iba de maravilla. De diez.

El avión llega al aeropuerto y aterriza. Cuando salgo del avión enseguida me doy cuenta que no estaba en París sino en otro lado. Una ciudad o pueblo mucho más chico, en las afueras, pero cerca de París, la ciudad del mundo que tanto yo quería conocer. Aunque no era París a donde estaba, el optimismo y las ganas por el viaje no me dejaban ver la realidad por completo. Seguía muy emocionada y contenta.

Por suerte, me estaban esperando. En el aeropuerto un empleado de la familia que me iba a alojar, tenía un cartel que decía Natalia y mi apellido. Era muy grandote, parecía un hombre de seguridad de una discoteca. Me saludó muy cordial y educadamente, me dio la bienvenida en ambos idiomas (español y francés) y me comentó brevemente, algo acerca de la ciudad y de la casa a dónde iba. Hablamos de trivialidades e hizo algún que otro chiste, pero se notaba que no era un tipo muy conversador sino que estaba haciendo un esfuerzo grande para ser cordial y amable conmigo. Yo le agradecía el gesto y trataba de facilitarle las cosas. Me miraba un poco el escote, pero yo estaba tan contenta que no me molestaba.

Al llegar, saludo a la familia. Los dos dueños de casa se llamaban Rikjard y Rachel. Aunque a la Sra. Dueña de Casa le decían Madam. Todos la llamaban así. Nos presentamos mutuamente, hacemos las introducciones de cortesía correspondientes y también charlamos acerca de trivialidades para romper el hielo.

La primer semana transcurrió con absoluta normalidad. Me llevaron a conocer toda la casa que era enorme; no era un castillo, pero le faltaba poco. Era una casa hermosa, de una arquitectura antigua de tiempos napoleónicos. En realidad me llevaron a conocer toda la casa, excepto una puerta que no me quisieron decir hacia dónde conducía, ni tampoco me dejaron atravesar. Me llevaron también a recorrer ese pueblo y algo de París.

La familia que me recibió se dedicaba a la industria vitivinícola, me contaron la historia de la familia y de la empresa. Como el tatarabuelo había empezado la industria, como creció y llegó hasta nuestros días. El patriarca de la familia, ahora ya difunto, había sido todo un pionero, un tipo muy importante en la industria del vino, reconocido mundialmente. Pero los nietos del fundador, actuales dueños y directivos, no tenían tan buen instinto empresario como aquel. Y los negocios vitivinícolas no le marchaban a la familia tan bien como para poder sostener el alto nivel de vida que llevaban.

Todo transcurría con aboluta normalidad pero luego de una semana hubo un par de cosas, un par de diálogos que escuché al pasar y que seguramente no debía de haber escuchado que me hicieron sospechar de que el negocio de la familia no era en realidad tan próspero y que debían de tener otra distinta fuente de ingresos para subsistir. No pasaría mucho tiempo hasta que descubriera cuál. Concretamente esa misma noche, en la cena me enteré de cuál era ese “segundo negocio”.

Ese día, que sería un miércoles, sinceramente ya no lo recuerdo, bajé a cenar a las 20 hs. como era costumbre en esa casa. Nos sentamos a la mesa y empezamos a comer. Charlamos un poco de los lugares de París que había recorrido y si me habían gustado o no. Ellos también conocían Argentina así que también charlamos acerca de mi país.

Comimos una ligera entrada. Tomamos un poco de vino. Me sorprendió que el plato principal tardó en venir. En un momento La Dueña de Casa tomó la palabra, su verdadero nombre era Rachel, pero todos le decían “Madam”. Hizo una nueva introducción sobre el negocio y los orígenes de la familia bastante largo que yo no entendía muy bien a que venía. En las partes finales de este “speech” fue al grano y dijo algo así como: -“Acá la comida y el alojamiento hay que ganárselo”. Me explicó también que el negocio de los vinos estaba pasando por un muy mal momento y que la fuente real de ingresos de la familia era una Casa de Burlesque (un Cabaret o Nighclub) que funcionaba de manera aledaña a la casa, que era uno de los de más prestigio y más reconocidos en toda Francia, y cuya puerta de acceso desde la casa era justamente esa que no me habían invitado a trasponer. Luego de todo ese speech todo fue muy rápido y entre el Dueño de Casa y el Guardia de Seguridad me desvistieron, en cuanto me quise acordar estaba en mi bombachita celeste y mi corpiño del mismo color. Tenía los pechos bien apretaditos, juntitos y turgentes por el corpiño chico que tenía puesto. En uno de los ricones del comedor había un espejo de auténtico cristal y me vi ahí reflejada, la verdad que estaba muy linda, en mi conjuntito de ropa interior celeste.

“Como te dije, aquí la comida y el alojamiento hay que ganárselo” me volvió a decir la Sra. Dueña de Casa, que era la madre de la chica que se estaba alojando en mi casa y de seguro, que dado lo hospitalarios y buenos anfitriones que son mis padres, estaría recibiendo todas y las mejores atenciones por parte de ellos. Seguro que no estaría desnuda, sino disfrutando de una ciudad hermosa como es Buenos Aires y disfrutando de todos los paseos y a todos los lugares que mis padres la llevarían a conocer. Yo en cambio estaba en bombacha y corpiño en una casa desconocida y el Sr. Dueño de Casa me estaba “examinando”. Me estrujaba un poco las tetas, me miraba de arriba abajo, el culo, la cara, las tetas, la vagina, me miraba íntegra y también me tocaba. Y con una expresión de lujuria muy fuerte en sus ojos por cierto. Una lujuria salvaje.

“Necesito verte las tetas” me dijo. Yo no me saqué el sostén de inmediato. Entonces de atrás se aproximó un gorila de dos metros y me lo desabrochó sin que me diera cuenta. Si bien tenía un aspecto de gorila, me desabrochó el corpiño sin que me diera cuenta, como un verdadero experto en el amor. Quedé en tetas. Delante de todos, los dos Dueños de Casa y este enorme Guardia de Seguridad. Los tres me miraban. Yo sólo estaba vestida con mi tanga, si se puede llamar a eso estar vestida. Me miraban de arriba abajo, me observaban detenidamente, todo mi cuerpo, mi figura, me recorrían de arriba abajo. La Sra. Madam, se puede decir con una mirada de negocios, como si yo fuera una mercancía, un bien de uso, los otros dos, me miraban como mujer, miraban mis tetas, mi culo y mi vagina. Y creo que se deleitaban y les gustaba lo que veían, porque no podían parar de mirar.

Por suerte no me sacaron la bombacha. Cuando terminaron de mirarme y revisarme les pregunté: -“¿Ya me puedo vestir?”

Los Dueños de Casa dijeron casi al unísono en un tono muy normal y cordial, completamente ajeno y fuera de lugar con la situación que estábamos pasando: -“Preferiríamos que termines la cena así como estás y luego puedes ir a tu habitación”.

Yo me senté en la mesa así como estaba y terminamos de cenar. Era raro estar desnuda ante desconocidos, pero si no tomé mi ropa y me vestí fue porque en parte esta rara situación me excitaba. Algo me gustaba el exhibicionismo y era mi oportunidad de satisfacer esas ganas o fantasía que nunca había podido cumplir. Nunca había ido a una playa nudista, siempre tuve ganas, pero nunca me animé a estar desnuda enfrente de tanta gente. Esta vez, era algo más íntimo, eran tres personas y una era una mujer, así que es como si fueran dos personas. Era preferible eso, a los cientos de personas que puede haber en una playa.

Cuando terminamos de cenar nos saludamos y nos fuimos todos a dormir. Noté como me miraban de atrás (el culo) mientras me retiraba del salón y luego cuando subía la escalera. Instante que se me hizo larguísimo.

Cuando llego a mi habitación, entro y voy al placard para ponerme algo de ropa. La desnudez, ya me estaba incomodando. Grande fue mi sorpresa cuando vi que mi ropa ya no estaba. En su lugar había tangas y sostenes de todos los colores, formas y tamaños. Algunas medias y algunos zapatos de taco alto, y un cartel que decía: “Tu ropa está muy bien guardada en nuestra habitación. Te será devuelta completa cuando vuelvas a Buenos Aires y te daremos lo que necesites para cuando salgas de la casa a pasear por París. Pero cuando andes por la casa deberás andar en tanga y corpiño y se te prohíbe usar más ropa que esa sin autorización”. Me quedé helada. No tuve mucho tiempo de pensar, cuando sentí un Toc Toc en la puerta. Era el Dueño de Casa para explicarme que esto que decía el cartel era durante el día, y que para dormir debía hacerlo completamente desnuda, y que tipo 3 de la madrugada él pasaría a controlar que así lo hiciera. Espero a que me sacara la ropa me miró de arriba abajo con mucha lujuria una vez más y luego se fue.

Me acosté a dormir, en una casa desconocida, con gente desconocida, sin mi ropa y completamente desnuda. Pensaba que en realidad no iba a venir, pero tipo 3, mientras yo dormía entró a mi habitación directamente. Yo no lo sentí entrar, pero me di cuenta que vino cuando me acarició mi culo, desnudito y al aire. No me hizo más que eso. Y luego dormí desnuda toda la noche y todas las noches que le seguirían a esa. Por lo general yo era de dormir boca abajo, y cuando entraba él, mi culo quedaba bien expuesto para él.

Cuando se hizo de día, bajé a desayunar con una tanga y un corpiño blanco que elegí entre los muchos que había ahí. Era un conjuntito de lencería hermoso, muy sexy y delicado y de diseñador. Debía ser realmente muy caro. La bombacha era bien cola-less, como casi todas las que había en el placard.

Luego del desayuno, anduve todo el día de esta forma por la casa. Lo peor es que como eran gente de dinero, por esa casa circulaba mucha gente, jardineros, sirvientas, mayordomos, incluso invitados que venían a ver a la familia y todos me veían así, casi desnuda. Algo me reconfortaba, saber que era gente que en un mes no vería nunca más, pero igualmente el pudor se siente. Sin embargo, no mucho podía hacer, no tenía ropa que ponerme. Solo tangas y corpiños.

Ya era verano, así que ese día la pasamos una buena parte en la pileta. Yo no usé una bikini, sino que me metí al agua así como estaba, total cuál era la diferencia, y además había tantas tangas y corpiños en mi habitación que al subir podía cambiarme esta ropa mojada y ponerme otra. Los que estuvieron en la pileta, ya sea los dueños de casa, algunos invitados que cayeron a la casa, y/o empleados de los primeros, me miraron toda. Y mucho. Creo que hay muchas, muchas personas, en Francia, que me han visto por lo menos en ropa interior.

La verdad que ese día estuvo muy bueno y lo disfruté bastante.

A eso de las 15 hs., me llama Rikjard y me dice: “Mirá, los hombres prefieren los bronceados parejos, así que porque no te sacás la bombachita y el corpiño así te quemás mejor”. Yo bien obediente, hice lo que me pidió y le entregué en la mano tanto la tanga como el corpiño. Quedé como Dios me trajo al mundo.

Rikjard también me dijo: -“Acostáte acá que te voy a pasar el bronceador” y se dedicó unos quince minutos a paserame el bronceador por todo mi cuerpo. Empezó por la espalda, la recorrió toda, muy suavemente y muy despacio también; se fue a las piernas, en dónde hizo lo mismo y luego llegó al culo, me lo toqueteó todo un rato largo largo largo.

Luego me dijo. –“Ahora date vuelta que te voy a poner de adelante”.

Repitió un procedimiento similar, primero me pasó por los hombros, luego por la panza, el ombligo, las piernas y todo para llegar a las tetas, las que me manoseó y magreo por un rato largo largo. También me metió mano en la vagina. Vio que tenía algunos vellos púbicos y me dijo: -“Espera que de pasó vamos a aprovecha parar rasurarte” e hizo llamar a una sirvienta y le pidió que traiga las cosas. La sirvienta trajo una palangana con agua, una crema especial y una hojita de afeitar. Rikjar me colocó la crema por la vagina, y luego con mucha paciencia me la depiló a cero. Al terminar me enjuago muy prolijamente, se ve que había hecho esto muchas veces.

A los 3 o 4 días, me acostumbré a andar en ropa interior por la casa. Dejó de darme vergüenza y se tornó algo “natural” el hecho de que los sirvientes, mayordomos, dueños e invitados me miraran. Y si bien me sentía un poco puta, trola, algo en mi interior se encendía con esta situación. Conciente o inconcientemente cada día buscaba las tangas más chiquitas y sexys, las más provocativas. Incluso al vestirme me fijaba, que la tanga que me ponía se me metiera bien bien dentro del culo. Y también elegía cuidadosamente los corpiños, si bien tengo naturalmente hermosos senos, elegía aquellos que me los realzaran más, que los hicieran más turgentes, aquellos en los que parecieran más grandes. Seguramente esto era ni más ni menos que mi instinto natural de mujer.

El Burlesque estaba separado de la casa solo por una puerta. Yo todavía nunca había entrado. A la semana más o menos de aquella cena en la que empecé a andar semi-desnuda por la casa la La Sra. me invitó a pasar con la frase: -“Conoce el lugar, ambientate. Mira el lugar, fijate bien como es todo. Que mañana vas a empezar a trabajar”. Pasé así como estaba en ropa interior. Recuerdo que ese día tenía puesto un conjuntito rojo muy sexy. El lugar estaba lleno de hombres, y de mujeres también, vestidas más o menos con la misma cantidad de ropa que yo. Yo me quedé a un costado solo observando. Aunque era más observada de lo que yo observaba. La ropa interior roja hacía que me miraran bastante. Tomé una o dos cervezas que me invitaron desde la barra. Y traté de entender y descifrar “los códigos” del lugar.

Al otro día recién empecé como camarera. En bombacha y corpiño por supuesto. Ese era mi uniforme de trabajo y de estar. La Sra. me había dicho que tal vez tuviera que hacer un strip-tease, pero que la idea no era que hiciera “pases” con los clientes. También me dijo que iba a ser como un juego, que me iba a divertir y a vivir una experiencia nueva. No estaba segura hasta ese momento si me iba a resultar divertido o no, pero estaba segura de que era un experiencia completamente nueva.

No estaba en los planes, y yo solo era una camarera más, hasta que un cliente me vió, se ve que le gusté y me solicito especialmente. Yo no quería hacerlo. Cuando lo vi, no era un tipo tan feo, de hecho era algo atractivo. Era alto, era rubio, realmente no me explicaba que hacía un hombre así en un lugar como este. La Dueña de Casa se acercó a mí, me lo señaló con un ademán de cabeza, me dio una palmadita en el culo y me dijo: -“Dale es él, pasa con él”. Y luego nos presentó: -“Hola ella es Natalia, él es Kevin, es irlandés, y ella, el caramelito que te vas a comer, es de Argentina”. “Hola, ¿Que tal?” lo saludé yo y el me contestó algo similar. Hablaba muy poco en español, yo hablo en inglés, pero él hablaba cero español.

Madam continuó la presentación, sólo que la hizo un poco más física: -“¿Estás seguro Kevin o querés ver alguna otra chica?” Le preguntó. Luego tomó la mano de él, la derecha y la llevó hasta uno de mis senos, y le dijo: -“Tocá, mirá lo que es esto, carne de primera”. Ni Madam ni yo estábamos seguros acerca de si Kevin estaba convencido o no, entonces Madam que era una excelente vendedora y mujer de negocios (más adelante me enteraría que fuera de este ámbito era una reconocida empresaria, incluso hacía consultoría en empresas y había escrito dos libros, pero le encantaba la noche más que la vida misma) prosiguió: -“Nati date vuelta”. Yo me di vuelta y quedé de espaldas a Kevin. Madam tomó mi bombachita y me la bajó un poco. Me quedó donde empieza el culo, y luego me dio una nalgadita. “Mirá lo que es esto Kevin” le dijo, “¿Estás seguro de que no estás convencido?”. Y Kevin se convenció. El mismo me subió la tanga y dijo: “Ok. Acepto. En la habitación de siempre”.

Madam me condujó hacia una sala privada en dónde una de sus asistentes, Roxana me arregló un poco el pelo y me dio algunas indicaciones y consejos. Roxana no era ni más ni menos que una ex puta que habia decidido por un tiempo alejarse de la actividad. Lo que me dijo fue: -“Hacé todo lo que te pida. No te niegues a nada. Igual no te asustes este tipo es buenísimo. Si el te pide que te desvistas o bailes, hacélo. Si el te quiere desvestir, dejáte. Dale una buena chupada, eso siempre les gusta y hacéles creer que te están matando con el sexo que están dando. Hacéles creer que estás recibiendo los mejores pijazos de tu vida. Pero siempre tranquila, vos manejá la situación que actitud y condiciones para puta no te faltan”.

Una vez lista, me indicaron el camino hacia los cuartos privados, al 314, una habitación que él conocía perfectamente ya que era habitué del lugar. Entré a la pieza y él me estaba esperando, ya estaba desnudo por completo, con la verga bien erecta. Yo pensé: “Oh esto va demasiado rápido”. Estaba en mis planes conocer algún chico lindo en mi viaje por Francia, pero no de esta forma.

Volviendo a la realidad y saliendo de mis pensamientos, era una pieza de tamaño medio, con no mucho más espacio que para una cama, aunque tenía su bañito privado.

Se paró y se acercó. Y me pegó una cachetada fuertísima en la nalga. Lo miré y sin decir nada, puso su mano en mi corpiño para desabrocharlo. Lo hizo, me lo sacó y enseguida y quedé en tetas. Solo protegida por mi bombachita, que tampoco demoraría mucho tiempo en volar. Y efectivamente me la sacó en un segundo, se ve que la lencería no lo apasionaba demasiado. Me toqueteó toda, como hacia rato no me manoseaban, ni mi novio, ni algún chico que me gustara. Me estrujo el culo y las tetas una y otra vez, mientras me besaba en el cuello, en la boca, o alternaba con chuparme los pezones también. Me apoyaba su miembro en la conchita, me lo hacía sentir, me hacía sentir quién mandaba, que él era el cliente y yo bueno … la flamante puta. Me puso de espaldas a él también y me apoyaba la verga en el culo, aunque sin penetración todavía, esto me calentó muchísimo, me puso a mil. Y mientras tanto me tocaba las tetas y me seguía besando el cuello. Yo no se crean que me quedaba atrás, con mis manos me deleitaba tocando su importante miembro y acariciando sus huevitos. Que luego debería seguramente de probar con la boca. Ya me lo veía venir.

Cuando se aburrió de tocarme y ya estaba listo para más acción, me hizo arrodillar en la cama y que le pusiera el condón con la boca y se me dificultó bastante ya que nunca lo había hecho. No tenía experiencia en hacer eso, tan propio de las prostitutas. Le di una buena fellada, o por lo menos hice lo mejor que pude, estuve un rato bien largo con su largo vergo en la boca.

Se la chupé por un larguísimo tiempo. El se calentaba. Yo metía su miembro hasta el fondo de mi garganta. Y usaba solo mi boca, no las manos. Cada tanto lo sacaba de adentro mío y le lamía los testículos. Ahí sí, mientras le lamía los testículos usaba mis manos para acariciarlo y masturbarlo. El estaba realmente  muy caliente. Tanto que se sacó el forro y me hizo que se la siguiera chupando. Cada tanto me tomaba fuerte del pelo, me sacaba su verga de la boca y me hacía lamerle los huevos nuevamente. Y finalmente pasó lo que están pensando, no me avisó y descargó como les gusta hacer a los hombres casi toda su leche en mi boca. Pero lo último que escupió su pene, me lo tiró en las tetas. Yo con el dedo índice de mi mano derecha, me lo pasé por el semen que tenía en las tetas y me lo introduje en la boca al tiempo que se le sonreía pícaramente. Eso lo calentó mucho mucho mucho.

El descansó un poco. Se pidió un whisky a la habitación y se lo trajeron. Se lo tomó y luego la cosa siguió. Que rara me sentía. Una experiencia nueva, que pasaba por mi vida como un torbellino. Parecía que fue ayer que estaba subiendo al avión y ahora … Tantas cosas nuevas vividas.

Mientras yo pensaba y me pasaban miles de cosas por la cabeza a Kevin sólo le pasaba una: el sexo. Entonces me hizo que volviera hacia él y me empezó a besar en la boca. Esta vez estábamos los dos acostados en la cama. En cierta forma esta vez fue distinta, me trató de manera mucho más dulce. Casi como si fuera su novia. Me dio muchos besos, me chupó un poco los senos y me estimuló el clítoris con sus manos. Lo cuál me encendió realmente. Me calentó mucho y casi me provoca un orgasmo antes de que me penetrara. Kevin sabía donde tocar. Pero también sabía cuando parar y antes de que yo estallara de placer, el hizo una pausa y comenzó con la penetración vaginal. Esta vez fue algo muy lindo, muy suave. Una penetración rítmica y cadenciosa la que me dió. Fue por un intervalo de 45 minutos más o menos que estuvimos de esta forma. Fui muy lindo como me trató, me sentí protegida por él, realmente como si algo nos uniera, aunque en el tercer coito volvería a la realidad de que no. Cuando acabó, descargó su leche dentro mío, con profiláctico obviamente. Y yo acabé con él casi al mismo tiempo. Fui un momento muy lindo. Mi primer orgasmo francés y vaya que había sido de los buenos.

Se tomó otro descanso y otro whisky. Al volver a la acción me puso en cuatro esta vez en la cama y me hizo el sexo anal. Todo lo que había pasado antes desapareció. No le importó nada mío. No me lubricó bien y al principio me dolieron mucho sus penetraciones. Si bien no era virgen del culo, no lo había hecho demasiadas veces. No estaba tan dilatado mi anito. A él poco le importó, me puso en cuatro y me empezó a dar bomba. Encima como ya era el tercer polvo, le costó muchísimo acabar y me dio bombazos muy fuertes por el culo por largo tiempo. Tanto que al otro día, me dolía un poquito. Cuando estaba por acabar, hizo lo mismo que hizo cuando me puso su pene en la boca, se sacó el forro, volvió a penetrarme, bombeó un par de veces más y luego descargó todo su leche dentro de mi ano. Que sensación deliciosa debo confesar. Pero no me gustó que no me preguntara o pidiera permiso. Sin embargo yo seguía los consejos de Roxana, que algo sabía del tema: “Hacé todo lo que te pidan”.

Luego se tomó algunos descansos más, algunos whiskys y me echó algunos polvos más, pero no les voy a contar todos para no aburrirlos, pero puedo decirles que era bien potente, me cogió y re cogió. Tal vez fuera así naturalmente o tal vez habría tomado algo que lo ayudase a tener tanta duración y potencia.

Esto fue el primer día. Y cómo ese cliente era un cliente importante, habitué y pagó una importante suma de dinero, estuvo casi toda la noche conmigo. Cuando volví al bar, luego de ser recontra recogida, eran algo de las 5 de la mañana. Ya estaban casi por cerrar y no quedaban muchos clientes. Ahí me tomé otra cerveza, un poco para sacarme tanto gusto a leche y a condón de la boca. Un cliente más quería pasar conmigo, pero Madam decidió que por esa noche era suficiente, por ser la primera y además el cliente no tenía el dinero suficiente para pagar la elevada suma de dinero que Madam había fijado como tarifa para estar conmigo. Madam le hizo entonces un precio más bajo, pero sólo para que bailara un poco frente a él, me desnudara frente a él de manera sexy, y luego tomara un trago sentada en su falda. Hice todo lo que me pidió e indicó Madam. Cuando ya estaban cerrando y los clientes se debían ir, este cliente me dijo: -“Bueno, ahora quiero vestirte”.

“Ningún problema” dije yo.

Entonces él, tomó de arriba de la mesa mi tanguita y me la puso, de paso obviamente que aprovechó para toquetearme la cola y la vagina e hizo lo mismo con el corpiño y mis senos. Y me gané una buena propina que me pusó en la bombacha. Bien adentro de la tanga, no en las tiras de los elásticos como es la costumbre. El bar cerró y yo me fui a descansar.

Llegué a mi habitación y como era costumbre, me desnudé. Me miré frente al espejo y me vi muy linda. Intenté hacer un balance de todo lo que había pasado en el día, y tenía un torbellino de ideas, así que no pude hacer ninguno, ni sacar nada en claro, lo único que recuerdo, es que cuando me miré frente al espejo, así toda desnuda, sonreí.

Al siguiente día, tuve que ir a trabajar al NighClub. En este día, no hice ningún pase pero bailé con varios clientes. En el lugar cada tanto ponían música para bailar y a algunos clientes les gustaba bailar. Bailábamos ritmos como salsa, merengue, y similares y me hacían girar y cuando me daba vueltas me tocaban o pellizcaban el culo. Yo, y otras chicas, bailabamos así en bombacha y corpiño y eso calentaba a los hombres y los llevaba a beber más o bien a “pasar” a los privados a tener sexo. A mí me encantaba bailar, así que este segundo día de burlesque fue muy lindo y divertido. Sin sexo explícito y con mucho baile, muy sensual y erótico, ya que lo hacía casi desnuda para hombres que no conocía, pero nada pasó de algunas tocadas lógicas de mis nalgas y de fuertes apoyadas de penes en mi culito. Lo cuál esto último no me molestaba, ya que en el colectivo o en el tren siempre me apoyan, especialmente los hombres mayores.

Al tercer día de burlesque ni pasé con algún cliente, ni bailé con ningún cliente. No sé si esto fue casualidad o parte de un muy planeado y proyectado entrenamiento que Madam tenía en su perversa cabeza. En este tercer día trabajé de otra modalidad. Creó que era la peor de todas.

En esta los clientes pagaban, íbamos a un privado y se masturbaban solo con mirar. Esto era claro mucho más barato y accesible que “pasar”. Esto lo tuve que hacer un par de veces, y no sé si no era peor que ser garchada. Era por lo menos más desagradable. Muchos viejos pagaban por verme desnuda y masturbarse ahí delante de mío. Creo que sin duda eso era peor. Algunos me decían “Juntate un poco las tetas” o “A ver date vuelta y mostrame el culito”. Yo obedecía y hacía lo que me pedían, pero me daba bastante repulsión esta gente, no así los otros.

La mayoría de los que se acogían a esta modalidad gustaban de “hablar sucio” y me decían las peores barbaridades que hube de escuchar en mi vida. Alguna irreproducibles, pero todo el tiempo me decían cosas como “Putita”, “Que trolita que sos”, “Cómo te gusta la verga”, etc. y muchas frases de este estilo.

Sólo una vez tuve que hacer un domicilio y Ohh casualidad, fue el cuarto día. No se porque pero me acuerdo el Nombre y Nro. de la calle, la calle Rhing 383, era cerca de la Torre Eiffel. Un médico prestigiosísimo. Quiso jugar a la nena y el doctor. Y pidió a Madam una linda puta, pero que no tuviera tanta cara de puta, que no estuviera consumida por la noche, entonces Madam pensó inmediatamente en mí. La única que tenía en su harém de bellezas que no estaba consumida por la noche. En mi rostro todavía se veía inocencia. Que iba perdiendo de a poco.

Me arreglaron como una reina, como una diosa. Estaba vestida muy hermosa muy linda, muy distinguida.

Me llevaron en limusina hasta la puerta del lugar y me indicaron que timbre debía tocar. Me prepararon una cartera con todos los elementos necesarios para la tarea, condones, lubricantes, algunos juguetitos, etc..

Toqué el timbre: “Ring” sonó el timbre de la calle Rhing 383.

Me atendió el médico y me hizo pasar a su residencia. Como ya les mencioné su fetiche era jugar a “la nena y el doctor”. Y jugamos todo un día. El me revisaba, me hacía desnudar, me pasaba sus “instrumentos” médicos por todo mi cuerpo una y otra vez. Y finalmente me cogía también una y otra vez. Pero esto es un episodio que tal vez les cuente más en detalle en otro relato.

A partir del quinto día, los días se fueron repitiendo. Pero en general se parecían al primero y al segundo: hacía “pases” con los clientes, y bailaba un poco con ellos. También alguna que otra vez hice algún que otro strip-tease a pedido de algún cliente. Pero no hice más domicilios ni por suerte Madam me expuso a que se masturbaran conmigo (yo le había comentado que no me gustaba y ella me dijo que no me preocupara que no iba a ocurrir más).

A los 10 días más o menos, llego a mi pieza. Me quiero cambiar y veo que esta vez había solo tangas y había un nuevo cartel relativo a la ropa: “Esta semana hemos cambiado las reglas, ahora solo podrás usar una prenda para cubrir tu cuerpo y será una tanga. No puedes usar nada más a no ser que nosotros te autoricemos. Si te vemos aunque sea una vez con un corpiño puesto, tomaremos severas medidas. Rikjard y Madam”. Nuevas reglas, parecía casi lo mismo, pero de hecho no lo era. A lo otro ya me había acostumbrado, a esto tendría que acostumbrarme. Y no sería fácil. Así como uno se siente seguro con ropa, yo me sentía “vestida” (por efecto del acostumbramiento) en tanga y corpiño. Pero ahora, debería sentirme nuevamente desnuda por un tiempo hasta que me acostumbrara.

Y estas reglas regían para todo. O sea que cuando iba al Cabaret, ya entraba de movida en tetas. Los hombres no paraban de mirarme, de “violarme” con la mirada.

La nueva perversión que conocí de Rikjard fue que cuando a la mañana venía algún cartero o alguien a entregar algo me hacía ir a mí a recibirlo. Y no me daba ropa adicional. Tenía que salir así en tetas. Los empleados postales y/o similares no entendían absolutamente nada, pero se deleitaban con la visión que Rikjard les ofrecía.

Los días en tanga directa en el Cabaret, tuvieron mucha más acción que antes, los hombres se calentaban con más facilidad conmigo y me elegían mucho más que antes, con lo cuál tuve que hacer muchos más “pases” con clientes que antes.

Para si, entre Rikjard y Madam, comentaban y pensaban: “Va muy bien, aprende muy rápido esta chica. Tiene un futuro, si le interesa, extraordinario”. “Hay que ver, hay que esperar, darle su tiempo de maduración, pero condiciones y actitud no le faltan”.

A los 8 días de haber andado en tanga todo el tiempo por la casa, llegó a mi habitación y para mi sorpresa, un nuevo cartel: “Nuevamente hemos cambiado las reglas. Esta semana, solo podrás usar sostén para cubrir tu cuerpo. Te vas a sentir bien putita con tu conchita al aire, seguramente más que antes y tal vez como lo que eres, una putita. Al estar tu culo descubierto por completo, cualquiera lo puede tocar o nalguear en cualquier momento y no te puedes resistir, pues esas son las reglas de la casa. Gracias. Rikjard y Madam”.

Pensé en ir a protestar pero luego me di cuenta que sería inútil. Quería aunque sea usar tangas. Además, los corpiños me incomodaban y me parecía sin sentido usar corpiño y no tanga. Cuando le comenté esto a Rikjard y Madam que prefería usar ropa interior completa, o solo tanga si tenía que elegir o completamente desnuda si no había chance de que me autorizaran a usar tangas. Ellos muy estrictos me dijeron: -“Las reglas son las reglas y debes aceptarlas”. Y no me quedó otra que aceptarlas. Así transcurrieron varios días, casi 11 en los que mi vagina anduvo bien ventilada.

Mientras tanto de noche seguía trabajando en el NightClub de la familia. Ahora entraba directamente en sostén y nada más. Alguna veces me permitían ponerme alguna falda transparente, pero no tangas. Y eso hizo que los clientes me eligieran mucho más que antes e hice muchísimos pases. Había tenido más sexo en par de semanas que en toda mi vida anterior. Incluso muchos clientes, como ya estaba en conchita, me hacían que les suba arriba, me hacían desabrocharles sus braguetas, sacar sus vergas y me cogían ahí en el salón. A la vista de todos. Me hacían quedar como la más puta entre las putas, ya que alguna que otra vez no pude aguantar y me corrí con todo. Y me fui transformando en la más puta entre las putas.

A los 11 días de haberme casi acostumbrado a andar mostrando mi concha y mi culo por todos lados, llego a mi habitación y ahora el placard estaba lleno de ropa, pero era ropa algo anticuada, bastante conservadora, no había una sola minifalda, o una musculosa escotada. El cartel del día decía: “Toma esto como un entrenamiento. Ya puedes vestirte, con lo que quieras que hay aquí. Esta ropa es tuya, te la regalamos toda, incluso cuando vuelvas a tu casa puedes llevarte lo que quieras. No puedes andar más desnuda por la casa, ni siquiera puedes usar biquini y No puedes ingresar más a la Casa de Burlesque. No debes, ni puedes trabajar más allí. Ya te has ganado el alojamiento y comida del que te hemos hablado. Rikjard y Madam”.

Ya no entendía nada. Había pasado el último mes casi desnuda todo el tiempo y ahora no podía. Estuve 5 días usando esta ropa, vestida como Laura Ingalls prácticamente y al 6to. día no aguante más. Estaba desesperada. Necesitaba desnudarme. Necesitaba que alguien viera mi vagina, mi culo, mis tetas. Que alguien me rozara incidentalmente o intencionalmente, necesitaba exhibirme en ropa interior en el Cabaret y que los hombres se babearan conmigo, necesitaba bailar strip tease para los clientes, ponerles un condón con la boca y que luego me cogieron y re-cogieran. Necesitaba todo eso y más. Pero no. No me permitían más trasponer la puerta negra que daba al Cabaret. Estaba vestida casi como una monja, y ya la ropa me molestaba. Y por lo que me había comentado Rikjard esto iba a ser así hasta mi vuelta a Buenos Aires. Es decir que ya no iba a entrar nunca más al NightClub. Ni siquiera para tomar una cerveza o despedirme de las chicas. Con algunas de ellas, había entablado una buena relación y me habían enseñado unas cuantas cosas.

En otro momento, en otro rincón de la casa, Rikjard le comentaba a su mujer: -“Esta funcionando a la perfección el entrenamiento. Está sacando la putita que tiene en su interior. En unos días más te va a suplicar que la dejes volver a desnudarse y al Cabaret”. Y no se equivocaban para nada …

Un día no aguante más y si bien no lo tenía permitido me agarró como un ataque de locura, de pánico y me desnudé en el medio de la casa. Quedé desnuda completamente y comencé a andar así por la misma. A nadie le molestaba realmente, los mayordomos y sirvientes contentos, pero las reglas eran las reglas y yo las había quebrantado flagrantemente.

Rikjard me hizo llamar a su despacho. Me saludo muy cordialmente. Me preguntó que había pasado y yo le conté. Al final de la charla, en la que yo le expliqué y conté todo, él me puso un collar negro en el cuello, para marcar que estaba en peritencia. Aunque no me hizo nada. Me explicó que ese collar lo llevaría todo el tiempo mientras durara mi período de castigo.

Ese día a la noche pude volver al cabaret, pero sería de una manera especial.

Rikjard me mandó a decir por uno de sus asistentes que me estuviera desnuda en el jardín principal a eso de las 19 hs.. Así lo hice.

Fueron dos guardias de seguridad, dos gorilas, me ataron, me llevaron a una habitación oscura de la casa y me dejaron así hasta las 24 hs.. A esa hora, me llevaron al burlesque. Yo seguía teniendo el collár negro que marcaba que estaba en penitencia. Y sí antes fui un objeto sexual, un juguete sexual de varias personas durante varias semanas, en calidad de penitencia me tratarían con algo mucho más bajo y vil que ello.

Con los ojos vendados, amordazada con una de mis tangas en la boca y desnuda. Me ataron en el medio del Cabaret y dejaron una fusta a mano. Cualquier cliente que quisiera y gratis, me podía dar fustazos en el culo, en la vagina o en las tetas. También podían realizar conmigo otras prácticas medio sado como introducirme bolas chinas en el culo y demás. Yo estaba completamente expuesta e indefensa, desnuda y atada por las muñecas al techo.No veía, no podía gritar, solo sentir, lo que fuera que tuviera que sentir. En un momento tuve ganas de orinar y se lo dije a Rikjard cuando pasó cerca de mí. “Aguantate” me dijo él en un tono cortante. También los clientes podían introducirme dedos en la vagina. Muchos lo hicieron y me corrí una y otra vez, como una verdadera zorra delante de todos. No podía parar de gemir, de humedecerme, la sensación era de una lujuria total, aparte llevaba antes de esa noche casi una semana de abstinencia sexual. Más tarde me comentarían que al lado mío había un cartel con un listado de todas las cosas que los clientes podían hacerme gratis ese día y por cuáles tendrían que pagar. Hacerme sexo anal ahí delante de todos costaba unos 70 euros y si no me fallan las cuentas recibí unas 3 o 4 vergas por el ano. Sexo vaginal unos 50 euros y solo 2 quisieron hacermelo así, ya que estando yo parada se complicaba un poco. Otra cosa que me hicieron ese día fue: un cliente pagaba la suma correspondiente, entonces venía un empleado y al collar le ponía una soga que entregaba al cliente, me soltaban las ataduras de las muñecas por un rato, el cliente tiraba de ella y yo debía ir gateando hasta la mesa de ese cliente y practicarle sexo oral, tragandome todo el semen.

Fue una rara sensación, pero también tuvo algo de lindo. Yo estaba ahí, desnuda, atada y expuesta. Era menos que un juguete sexual. Menos que un animal sexual. Cualquiera de los presentes hacía conmigo lo que quería. Me tocaron, me penetraron, me hicieron de todo. Y me gustó. No me pregunten porqué. Sé que no es lo normal, lo lógico, lo convencional, pero me gustó y lo disfruté. Disfruté que me hicieran sexo anal, los fustazos, los petes, el sexo vaginal, en fin confieso que disfruté todo ese día de penitencia muy intensamente.

Al otro día ya había superado mi día de castigo y volví al Cabaret pero normalmente como en los días anteriores. Sin embargo no pude volver a usar ropa y mientras estuve en esa casa anduve o bien desnuda o por momentos en tanga. A partir de ahí saqué bien afuera la PUTA que hay en mí y fui en el Cabaret la más perra de todas. Batí todos los records de ganancias del mismo. No le hice asco a nada, hasta hicieron un Gang Bang conmigo en el medio del salón en el que me habrán cogido unos 20 a 24 clientes.

Así transcurrió más de un mes. Luego, por suerte el mes de intercambio estudiantil terminó. Los padres de Melanie me acompañaron al aeropuerto y me despidieron como si todo el mes hubiera sido un “intercambio estudiantil normal” y no como lo que fue. Que gente rara que eran. Por suerte terminó y volví a mi casa. Realmente no aprendí mucho de lo que venía a aprender a Francia, pero por cierto que aprendí muchas otras cosas y debo confesar que hoy ya devuelta en mi país y en mi vida normal, usar ropa me cuesta, por eso cuando puedo, aprovecho y me hago una escapada a playas nudistas.

Me excitaría recibir tus comentarios a:

julieta_s24@hotmail.com

La violación de Vicky

Sábado, octubre 25th, 2008

Hola de nuevo, mi nombre es Roberto, tengo 26 años y vivo en el pequeño país de El Salvador, en Centroamérica. Esta no es la primera vez que escribo para sexy cuentos, y agradezco mucho los comentarios a mis anteriores historias.

Hay tres cosas en este mundo que a me excitan tremendamente: las lesbianas jóvenes, el sexo anal y las violaciones, así que lo más excitante para mí sería contemplar a una nena violando por el culo a otra nena… ¡wow! Solo de pensarlo ya me excité… Bueno, un día se me ocurrió que yo mismo podía hacer una historia sobre eso, así que les he traído esta historia ficticia, espero que disfruten al leerla tanto como yo al escribirla.

Vicky era a muchacha más bonita de primero de preparatoria, a sus 16 años medía 1.60 m de estatura, tenía la piel clara y su pelo lacio y castaño le llegaba hasta los hombros, en marcando una carita preciosa de ojos claros. Era delgada y sus senos redondos y su culito parado y firme hacían babear a todos los muchachos que la veían… y también a una chica.

Teresa era una chica normal de 17 años, tenía el pelo negro. Lacio y bastante largo, sus ojos eran café y sus piel blanca, era ligeramente más alta que Vicky y un poquito más robusta, no tenía un culo tan espectacular como ella, pero sus senos eran más grandes.

Era la nueva del instituto, hasta los 16 había estudiado en una escuela católica para señoritas, pero la expulsaron cuando la encontraros besándose y tocandose con una amiga en los vestidores, eso la hizo perder un año. Sus padres decidieron que la falta de compañía masculina la había inclinado al lesbianismo, y creyeron que enviándola a una escuela mixta la “curarían”; pero ella sabía que no estaba enferma, que simplemente le gustaban las mujeres en lugar de los hombres.

Como Vicky era muy sociable se hicieron amigas muy rápido, a Tere le encantaba verle el culo, y casi se desmaya la primera vez que le vio las bragas en los vestidores, a menudo se masturbaba pensando en estar con ella… Definitivamente quería follársela, pero no sabía como; charlando con Vicky, Teresa se convenció de que era heterosexual, incluso había perdido su virginidad con un ex novio un año atrás y no le atraía para nada una aventura lésbica. No había posibilidades de convencerla de tener sexo, así que una noche, recostada en su cama luego de masturbarse pensando en aquel hermoso culo, Tere tomó una decisión: Iba a follarse a Vicky, de cualquier forma, ¡por la fuerza si era necesario!

Durante una semana pasó convenciendo a sus padres de que salieran a celebrar su aniversario todo el fin de semana en la playa; luego convenció a Vicky de que se quedara a dormir en su casa. “Nos vamos a divertir” le insistió hasta que aceptó.

Vicky llegó pasadas las seis de la tarde, vistiendo una blusa de botones, una falda corta de paletones y unas botas, al verla Tere quiso caerle encima en la misma entrada de la casa, pero se contuvo como pudo.

“¿Y tus papás?” preguntó la visitante al no ver a nadie.

“Ya vendrán salieron a un compromiso” contestó la otra tratando de fingir indiferencia “Iba a ver una peli, ¿te parece?”

“Sí, claro”

Ambas se desparramaron por el sofá a ver la película, cuando habían pasado varios minutos y Vicky parecía sentirse más en confianza, Teresa le ofreció una soda: la chica se tomó su tiempo para ir a la cocina y regresar con las dos bebidas.

“Que raro” dijo Vicky unos minutos después de haber vaciado su vaso, “de pronto me ha dado mucho sueño…” y se tumbó sobre el sillón.

La hermosa chica despertó una hora después y se encontró acostada sobre una cama con las manos atadas a la cabecera y los pies, sin botas, atados a las patas de la cama para que sus piernas quedaran abiertas.

“¿Qué pasa?” dijo asustada “¡Tere! ¡Tere, sueltame! ¡Esto no es gracioso!”

“Tranquila, mi amor” contestó la aludida haciéndose una cola en el pelo “Es mejor que estés relajada”

Vicky se asustó más cuando vió a Teresa parada junto a la cama en ropa interior

“¿Qué vas a hacer Tere? ¿Qué vas a hacer?”

“Me voy a divertir contigo” Contestó ella tumbándose junto a su victima “No te imaginas lo mucho que me he aguantado esperando a que despertaras.”

Vicky entonces comprendió de que se trataba todo eso y comenzó a sollozar

“¡No, Tere, por favor! ¡No me hagas nada! ¡Suéltame, no seas mala!”

Pelo su captora la cayó con un beso, con una mano le apretó las mejillas para que no cerrara la boca y poder meterle la lengua; para Tere fue el mejor beso de su vida, para Vicky fue el peor. Entonces Tere se sentó sobre las caderas de su amiga mientras esta lloraba consciente de que la iba a violar.

“¡Por favor, Tere, te juro que no se lo le diré a nadie!” suplicaba

“Llora todo lo que quieras, Vicky” contestó la otra “Mis papás vendrán hasta mañana y estando en este cuarto los vecinos no te van a escuchar.”

Entonces le abrió la blusa y se la subió hasta las manos, tan rápido que más de un botón salió volando, y casi de inmediato le desabrochó el sostén que convenientemente tenía el broche adelante. Teresa se quedó unos instantes viendo los senos de Vicky, le parecieron deliciosos, blancos, redondos y firmes como eran; sin decir palabra comenzó a acariciarlos con ambas manos.

Vicky soltó un simple “¡NO!” que pareció casi instintivo y se arqueó ligeramente como tratando de escapar, aunque sin éxito. Ese mismo reflejo se hizo más fuerte al sentir una boca de violadora sobre sus rosados pezones; la chica se quedo un buen rato chupando y lamiéndole los senos, hasta dejarles marcas de rojas, a lo que Vicky solo podía responder sollozando más profundamente.

Luego Tere bajó por su delicioso vientre adolescente y le levantó la falda descubriendo unas bragas blancas. “Si supieras lo mucho que me he masturbado imaginando este momento” Le dijo a su amiga y comenzó a comerle el coño por encima de las bragas; Vicky arqueó la espalda, soltó un gemido y comenzó a llorar en serio:

“¡Waaaaaaa!”

Lo que verdaderamente estaba haciendo mella en su psique era el hecho de que era otra chica quien la estaba violando.

Entonces Tere se levantó, cogió unas tijeras de la mesa de noche y le cortó las bragas a Vicky; cegada por las lágrimas la pobre chica no pudo ver los juguetes sexuales que su captora tenía en la mesa, preparados para la ocasión… y quizá fue mejor así.

Tere estaba muy excitada viendo el coño desnudo en el que tanto había pensado, se quitó el sostén si se acarició los senos con una mano mientras con la otra tocada el sexo se su amiga. Finalmente se inclinó y comenzó a lamerlo y chuparlo, haciendo que Vicky se arqueara de nuevo.

“¡No, Tere! ¡Nooo!”

Pero Tere chupaba y lamía con ganas, con ansia; le abrió los labios con los dedos y le metió la lengua lo que hizo respinga a su victima con fuerza. De pronto, en la excitación, la chica le metió un dedo en el coño a Vicky y ella gritó:

“¡AAAHH! ¡Nooo, por favooor!”

Pero la violadora siguió metiendo y sacando el dedo, y al poco rato le metió un segundo dedo, mientras seguía lamiendo y chupando y se metía ella misma dos dedos de la otra mano en su propio coño. Vicky no paraba de llorar, no quería esos dedos invasores en su cuerpo.

Tere entonces se levantó, fue a la mesa de noche y cogió un arnés con un pene de plástico que lubricó debidamente, Vicky se asustó al verla quitarse las bragas y ponérselo.

“¡No, Tere, te lo suplico! ¡No lo hagas! ¡NO!”

Pero las súplicas solo excitaron más a la chica del arnés. Se colocó sobre ella, la besó de nuevo en la boca y le dijo: “Ahora vas a ser mi mujer, Vicky” y comenzó a meterle el pene de plástico, Vicky gritó:

“¡AHHH! ¡AHHH!” El plástico invasor penetró por completo, Tere lo sacó y volvió a meterlo una y otra vez, cada vez que lo hacía el arnés presionaba deliciosamente su clítoris.

“¡AHHH! ¡AHHH! ¡AHHH! ¡AHHH!” gritaba Vicky y su amiga le besaba el cuello y le frotaba los senos contra los suyos. La pobre Vicky estaba roja de tanto llorar, tenía la voz ronca y casi no le quedaba aire, cuando de pronto Tere se arqueó y lanzó un profundo gemido de placer:

“¡GUUUU MMM AHHH!!!”

Se había corrido… y Vicky sintió algo que le pareció horrible, el arnés tenía un conducto especial para fluidos y cuando la chica se corrió todos los fluidos de su orgasmo salieron disparados por la punta del pene de plástico, para Vicky era como si su amiga hubiese eyaculado como un hombre dentro de ella.

La chica violada creyó que todo había terminado, pero se olvidó que era una mujer, no un hombre quien la tenía ahí. Tere le sacó el pene de plástico y, aprovechando que estaba débil, le desató las piernas, le quitó la falda y la volteó poniéndola boca abajo, además metió un par de almohadas bajo su cadera para levantarla.

Vicky no estaba muy consciente y solo reaccionó al sentir una lengua pasando por entre sus nalgas; Tere se las estaba separando con las manos y lamía con pasión su ano.

“¡AH! ¡No! ¡Basta, Tere! ¡Por Dios, basta!” gimió casi sin voz

“Dime, Vicky” preguntó la chica “¿Y tu culo si es virgen?” Vicky se asustó más que antes.

“¡NO! ¡ESO NO! ¡POR EL CULO NO!!!” gritó, pero su amiga le metió un dedo en su agujerito haciéndola casi brincar, lo metió y lo sacó varias veces tratando de abrirlo “Relájate, mi amor” le dijo “O esto te va a doler más de la cuenta”.

Entonces comenzó a meterle unas bolitas anales que cogió de la mesa de noche, Vicky se arqueaba cada vez que una entraba “no…” lloraba, sentía horrible. Cuando la última entró Tere se dirigió a la mesa de noche y tomó un vibrador, era delgado y lizo, especial para culos. Regresó y le sacó despacio las bolas a Vicky, ella respingaba con cada una que salía, sentía como si se estuviera cagando

“mmm… mmm…. mmm”

Cuando la última salió Tere le lamió de nuevo el culo un par de veces, encendió el vibrador he hizo círculos con la punta sobre el ano de su amiga, al sentir la vibración ella lloró; entonces Tere se lo metió y Vicky gritó con una voz ya ronca:

“¡waaaaa! ¡Nooo! ¡Sácamelo! ¡Sácaloooo!”

Las vibraciones dentro de su ano la estremecían, nunca había tenido nada ahí adentro y menos algo que se moviera. Tere entretanto se masturbaba aún con el arnés puesto viendo a Vicky temblar.

Luego de unos momentos, pensando que ya era suficiente, le sacó el vibrador y se puso tras ella con el pene de plástico que aún tenía puesto apuntando hacia el culo de Vicky. Sin decir se puso sobre ella, la cogió de la cintura y le metió el pene.

“¡AAHHH!” lloró la chica con sus últimas fuerza “¡Ya no, por favooor! ¡Mi culo nooo! ¡Por lo que más quiera, Tere! ¡Por el culo ya noooo!”

Pero ya era tarde, Tere sacaba y metía el pene de plástico en su ano como lo había hecho en su coño. Pronto la chica del arnés comenzó a gemir con más fuerza… y se volvió a correr

“¡GUUUU MMMM AAAHHH!”

Y Vicky sintió como se le inyectaban dentro del ano los fluidos de su violadora… Tere le sacó el pene y se tumbó a su lado, ambas se quedaron dormidas, exhaustas.

A la mañana siguiente Vicky estaba todavía atada y claramente afectada por lo de la noche anterior, antes de soltarla Tere le advirtió que no dijera nada a nadie porque de todos modos nadie le creería que la había violado otra chica.

El resto del año Vicky se mostró distante con todos y al año siguiente se cambió de escuela, pero nadie supo nunca porque.

Bien, pues esta fue la historia… espero que les haya gustado debo confesar que me masturbé mucho mientras la escribía… jejeje… y espero que también ustedes mientras la leían. Aceptaré gustoso sus comentarios en mi correo:

sir.mhytos@gmail.com

En especial si son chicas quienes me escriben XD

El intercambio estudiantil

Miércoles, mayo 7th, 2008

Mi nombre es Natalia y cuando estaba en el secundario fui en un viaje de intercambio estudiantil a Francia. Soy una chica común. Linda, es verdad, pero común. Mi familia no tenía el dinero para pagarme un viaje a Europa. Y yo desde siempre quise viajar y conocer el mundo. Con lo cual, cuando me enteré la oportunidad que ofrecía la escuela, me anoté de inmediato.

El mecanismo era el siguiente: una chica de Francia, en este caso particular de nombre Melanie, vendría a vivir a mi casa por un mes y yo iría a Francia a vivir en la casa de ella por un mes. Yo había salido sorteada para el viaje dentro de los que se anotaron y autorizada por los profesores debido a mis buenas calificaciones. Ya que un alumno/a por más que saliera sorteado/a con malas calificaciones no sería autorizado por el Colegio a viajar.

Me describo, para que puedan imaginarme mejor, les cuento que soy rubia, soy tirando a alta. Soy flaca, tengo buen cuerpo, mis amigas me dicen que tengo un aire a Ingrid Grudke (yo no les creo, me parece demasiado, ella es una supermodelo, pero es lo que mis amigas dicen). Tengo buena cola y lindos pechos. Y los chicos del curso cuando pueden me elogian ambos.

Todo ese último año de secundaria estuve muy emocionada con la idea de poder viajar a un país extranjero. Nunca lo había hecho y que más lindo que Francia. Un hermoso país para conocer y disfrutar. La ciudad del amor. Del romanticismo. La ansiedad hizo que el año se me pasara volando, pero finalmente todo en la vida llega.

Junto a mi familia hicimos todos los preparativos del viaje y cuando tenemos todo listo, nos dirigimos al aeropuerto, me subo al avión y me voy rumbo hacia Francia. El viaje se hace largo, pero como iba muy contenta, se hizo largo para los demás pasajeros no para mí. Tuve algún percance con un gordo baboso que me tocó al lado y que me miraba todo el tiempo las piernas pero nada más. La comida excelente, el servicio del avión excelente también y por suerte dieron excelentes películas para ver. Todo iba de maravilla. De diez.

El avión llega al aeropuerto y aterriza. Cuando salgo del avión enseguida me doy cuenta que no estaba en París sino en otro lado. Una ciudad o pueblo mucho más chico, en las afueras, pero cerca de París, la ciudad del mundo que tanto yo quería conocer. Aunque no era París a donde estaba, el optimismo y las ganas por el viaje no me dejaban ver la realidad por completo. Seguía muy emocionada y contenta.

Por suerte, me estaban esperando. En el aeropuerto un empleado de la familia que me iba a alojar, tenía un cartel que decía Natalia y mi apellido. Era muy grandote, parecía un hombre de seguridad de una discoteca. Me saludó muy cordial y educadamente, me dio la bienvenida en ambos idiomas (español y francés) y me comentó brevemente, algo acerca de la ciudad y de la casa a dónde iba. Hablamos de trivialidades e hizo algún que otro chiste, pero se notaba que no era un tipo muy conversador sino que estaba haciendo un esfuerzo grande para ser cordial y amable conmigo. Yo le agradecía el gesto y trataba de facilitarle las cosas. Me miraba un poco el escote, pero yo estaba tan contenta que no me molestaba.

Al llegar, saludo a la familia. Los dos dueños de casa se llamaban Rikjard y Rachel. Aunque a la Sra. Dueña de Casa le decían Madam. Todos la llamaban así. Nos presentamos mutuamente, hacemos las introducciones de cortesía correspondientes y también charlamos acerca de trivialidades para romper el hielo.

La primer semana transcurrió con absoluta normalidad. Me llevaron a conocer toda la casa que era enorme; no era un castillo, pero le faltaba poco. Era una casa hermosa, de una arquitectura antigua de tiempos napoleónicos. En realidad me llevaron a conocer toda la casa, excepto una puerta que no me quisieron decir hacia dónde conducía, ni tampoco me dejaron atravesar. Me llevaron también a recorrer ese pueblo y algo de París.

La familia que me recibió se dedicaba a la industria vitivinícola, me contaron la historia de la familia y de la empresa. Como el tatarabuelo había empezado la industria, como creció y llegó hasta nuestros días. El patriarca de la familia, ahora ya difunto, había sido todo un pionero, un tipo muy importante en la industria del vino, reconocido mundialmente. Pero los nietos del fundador, actuales dueños y directivos, no tenían tan buen instinto empresario como aquel. Y los negocios vitivinícolas no le marchaban a la familia tan bien como para poder sostener el alto nivel de vida que llevaban.

Todo transcurría con aboluta normalidad pero luego de una semana hubo un par de cosas, un par de diálogos que escuché al pasar y que seguramente no debía de haber escuchado que me hicieron sospechar de que el negocio de la familia no era en realidad tan próspero y que debían de tener otra distinta fuente de ingresos para subsistir. No pasaría mucho tiempo hasta que descubriera cuál. Concretamente esa misma noche, en la cena me enteré de cuál era ese “segundo negocio”.

Ese día, que sería un miércoles, sinceramente ya no lo recuerdo, bajé a cenar a las 20 hs. como era costumbre en esa casa. Nos sentamos a la mesa y empezamos a comer. Charlamos un poco de los lugares de París que había recorrido y si me habían gustado o no. Ellos también conocían Argentina así que también charlamos acerca de mi país.

Comimos una ligera entrada. Tomamos un poco de vino. Me sorprendió que el plato principal tardó en venir. En un momento La Dueña de Casa tomó la palabra, su verdadero nombre era Rachel, pero todos le decían “Madam”. Hizo una nueva introducción sobre el negocio y los orígenes de la familia bastante largo que yo no entendía muy bien a que venía. En las partes finales de este “speech” fue al grano y dijo algo así como: -“Acá la comida y el alojamiento hay que ganárselo”. Me explicó también que el negocio de los vinos estaba pasando por un muy mal momento y que la fuente real de ingresos de la familia era una Casa de Burlesque (un Cabaret o Nighclub) que funcionaba de manera aledaña a la casa, que era uno de los de más prestigio y más reconocidos en toda Francia, y cuya puerta de acceso desde la casa era justamente esa que no me habían invitado a trasponer. Luego de todo ese speech todo fue muy rápido y entre el Dueño de Casa y el Guardia de Seguridad me desvistieron, en cuanto me quise acordar estaba en mi bombachita celeste y mi corpiño del mismo color. Tenía los pechos bien apretaditos, juntitos y turgentes por el corpiño chico que tenía puesto. En uno de los ricones del comedor había un espejo de auténtico cristal y me vi ahí reflejada, la verdad que estaba muy linda, en mi conjuntito de ropa interior celeste.

“Como te dije, aquí la comida y el alojamiento hay que ganárselo” me volvió a decir la Sra. Dueña de Casa, que era la madre de la chica que se estaba alojando en mi casa y de seguro, que dado lo hospitalarios y buenos anfitriones que son mis padres, estaría recibiendo todas y las mejores atenciones por parte de ellos. Seguro que no estaría desnuda, sino disfrutando de una ciudad hermosa como es Buenos Aires y disfrutando de todos los paseos y a todos los lugares que mis padres la llevarían a conocer. Yo en cambio estaba en bombacha y corpiño en una casa desconocida y el Sr. Dueño de Casa me estaba “examinando”. Me estrujaba un poco las tetas, me miraba de arriba abajo, el culo, la cara, las tetas, la vagina, me miraba íntegra y también me tocaba. Y con una expresión de lujuria muy fuerte en sus ojos por cierto. Una lujuria salvaje.

“Necesito verte las tetas” me dijo. Yo no me saqué el sostén de inmediato. Entonces de atrás se aproximó un gorila de dos metros y me lo desabrochó sin que me diera cuenta. Si bien tenía un aspecto de gorila, me desabrochó el corpiño sin que me diera cuenta, como un verdadero experto en el amor. Quedé en tetas. Delante de todos, los dos Dueños de Casa y este enorme Guardia de Seguridad. Los tres me miraban. Yo sólo estaba vestida con mi tanga, si se puede llamar a eso estar vestida. Me miraban de arriba abajo, me observaban detenidamente, todo mi cuerpo, mi figura, me recorrían de arriba abajo. La Sra. Madam, se puede decir con una mirada de negocios, como si yo fuera una mercancía, un bien de uso, los otros dos, me miraban como mujer, miraban mis tetas, mi culo y mi vagina. Y creo que se deleitaban y les gustaba lo que veían, porque no podían parar de mirar.

Por suerte no me sacaron la bombacha. Cuando terminaron de mirarme y revisarme les pregunté: -“¿Ya me puedo vestir?”

Los Dueños de Casa dijeron casi al unísono en un tono muy normal y cordial, completamente ajeno y fuera de lugar con la situación que estábamos pasando: -“Preferiríamos que termines la cena así como estás y luego puedes ir a tu habitación”.

Yo me senté en la mesa así como estaba y terminamos de cenar. Era raro estar desnuda ante desconocidos, pero si no tomé mi ropa y me vestí fue porque en parte esta rara situación me excitaba. Algo me gustaba el exhibicionismo y era mi oportunidad de satisfacer esas ganas o fantasía que nunca había podido cumplir. Nunca había ido a una playa nudista, siempre tuve ganas, pero nunca me animé a estar desnuda enfrente de tanta gente. Esta vez, era algo más íntimo, eran tres personas y una era una mujer, así que es como si fueran dos personas. Era preferible eso, a los cientos de personas que puede haber en una playa.

Cuando terminamos de cenar nos saludamos y nos fuimos todos a dormir. Noté como me miraban de atrás (el culo) mientras me retiraba del salón y luego cuando subía la escalera. Instante que se me hizo larguísimo.

Cuando llego a mi habitación, entro y voy al placard para ponerme algo de ropa. La desnudez, ya me estaba incomodando. Grande fue mi sorpresa cuando vi que mi ropa ya no estaba. En su lugar había tangas y sostenes de todos los colores, formas y tamaños. Algunas medias y algunos zapatos de taco alto, y un cartel que decía: “Tu ropa está muy bien guardada en nuestra habitación. Te será devuelta completa cuando vuelvas a Buenos Aires y te daremos lo que necesites para cuando salgas de la casa a pasear por París. Pero cuando andes por la casa deberás andar en tanga y corpiño y se te prohíbe usar más ropa que esa sin autorización”. Me quedé helada. No tuve mucho tiempo de pensar, cuando sentí un Toc Toc en la puerta. Era el Dueño de Casa para explicarme que esto que decía el cartel era durante el día, y que para dormir debía hacerlo completamente desnuda, y que tipo 3 de la madrugada él pasaría a controlar que así lo hiciera. Espero a que me sacara la ropa me miró de arriba abajo con mucha lujuria una vez más y luego se fue.

Me acosté a dormir, en una casa desconocida, con gente desconocida, sin mi ropa y completamente desnuda. Pensaba que en realidad no iba a venir, pero tipo 3, mientras yo dormía entró a mi habitación directamente. Yo no lo sentí entrar, pero me di cuenta que vino cuando me acarició mi culo, desnudito y al aire. No me hizo más que eso. Y luego dormí desnuda toda la noche y todas las noches que le seguirían a esa. Por lo general yo era de dormir boca abajo, y cuando entraba él, mi culo quedaba bien expuesto para él.

Cuando se hizo de día, bajé a desayunar con una tanga y un corpiño blanco que elegí entre los muchos que había ahí. Era un conjuntito de lencería hermoso, muy sexy y delicado y de diseñador. Debía ser realmente muy caro. La bombacha era bien cola-less, como casi todas las que había en el placard.

Luego del desayuno, anduve todo el día de esta forma por la casa. Lo peor es que como eran gente de dinero, por esa casa circulaba mucha gente, jardineros, sirvientas, mayordomos, incluso invitados que venían a ver a la familia y todos me veían así, casi desnuda. Algo me reconfortaba, saber que era gente que en un mes no vería nunca más, pero igualmente el pudor se siente. Sin embargo, no mucho podía hacer, no tenía ropa que ponerme. Solo tangas y corpiños.

Ya era verano, así que ese día la pasamos una buena parte en la pileta. Yo no usé una bikini, sino que me metí al agua así como estaba, total cuál era la diferencia, y además había tantas tangas y corpiños en mi habitación que al subir podía cambiarme esta ropa mojada y ponerme otra. Los que estuvieron en la pileta, ya sea los dueños de casa, algunos invitados que cayeron a la casa, y/o empleados de los primeros, me miraron toda. Y mucho. Creo que hay muchas, muchas personas, en Francia, que me han visto por lo menos en ropa interior.

La verdad que ese día estuvo muy bueno y lo disfruté bastante.

A eso de las 15 hs., me llama Rikjard y me dice: “Mirá, los hombres prefieren los bronceados parejos, así que porque no te sacás la bombachita y el corpiño así te quemás mejor”. Yo bien obediente, hice lo que me pidió y le entregué en la mano tanto la tanga como el corpiño. Quedé como Dios me trajo al mundo.

Rikjard también me dijo: -“Acostáte acá que te voy a pasar el bronceador” y se dedicó unos quince minutos a paserame el bronceador por todo mi cuerpo. Empezó por la espalda, la recorrió toda, muy suavemente y muy despacio también; se fue a las piernas, en dónde hizo lo mismo y luego llegó al culo, me lo toqueteó todo un rato largo largo largo.

Luego me dijo. –“Ahora date vuelta que te voy a poner de adelante”.

Repitió un procedimiento similar, primero me pasó por los hombros, luego por la panza, el ombligo, las piernas y todo para llegar a las tetas, las que me manoseó y magreo por un rato largo largo. También me metió mano en la vagina. Vio que tenía algunos vellos púbicos y me dijo: -“Espera que de pasó vamos a aprovecha parar rasurarte” e hizo llamar a una sirvienta y le pidió que traiga las cosas. La sirvienta trajo una palangana con agua, una crema especial y una hojita de afeitar. Rikjar me colocó la crema por la vagina, y luego con mucha paciencia me la depiló a cero. Al terminar me enjuago muy prolijamente, se ve que había hecho esto muchas veces.

A los 3 o 4 días, me acostumbré a andar en ropa interior por la casa. Dejó de darme vergüenza y se tornó algo “natural” el hecho de que los sirvientes, mayordomos, dueños e invitados me miraran. Y si bien me sentía un poco puta, trola, algo en mi interior se encendía con esta situación. Conciente o inconcientemente cada día buscaba las tangas más chiquitas y sexys, las más provocativas. Incluso al vestirme me fijaba, que la tanga que me ponía se me metiera bien bien dentro del culo. Y también elegía cuidadosamente los corpiños, si bien tengo naturalmente hermosos senos, elegía aquellos que me los realzaran más, que los hicieran más turgentes, aquellos en los que parecieran más grandes. Seguramente esto era ni más ni menos que mi instinto natural de mujer.

El Burlesque estaba separado de la casa solo por una puerta. Yo todavía nunca había entrado. A la semana más o menos de aquella cena en la que empecé a andar semi-desnuda por la casa la La Sra. me invitó a pasar con la frase: -“Conoce el lugar, ambientate. Mira el lugar, fijate bien como es todo. Que mañana vas a empezar a trabajar”. Pasé así como estaba en ropa interior. Recuerdo que ese día tenía puesto un conjuntito rojo muy sexy. El lugar estaba lleno de hombres, y de mujeres también, vestidas más o menos con la misma cantidad de ropa que yo. Yo me quedé a un costado solo observando. Aunque era más observada de lo que yo observaba. La ropa interior roja hacía que me miraran bastante. Tomé una o dos cervezas que me invitaron desde la barra. Y traté de entender y descifrar “los códigos” del lugar.

Al otro día recién empecé como camarera. En bombacha y corpiño por supuesto. Ese era mi uniforme de trabajo y de estar. La Sra. me había dicho que tal vez tuviera que hacer un strip-tease, pero que la idea no era que hiciera “pases” con los clientes. También me dijo que iba a ser como un juego, que me iba a divertir y a vivir una experiencia nueva. No estaba segura hasta ese momento si me iba a resultar divertido o no, pero estaba segura de que era un experiencia completamente nueva.

No estaba en los planes, y yo solo era una camarera más, hasta que un cliente me vió, se ve que le gusté y me solicito especialmente. Yo no quería hacerlo. Cuando lo vi, no era un tipo tan feo, de hecho era algo atractivo. Era alto, era rubio, realmente no me explicaba que hacía un hombre así en un lugar como este. La Dueña de Casa se acercó a mí, me lo señaló con un ademán de cabeza, me dio una palmadita en el culo y me dijo: -“Dale es él, pasa con él”. Y luego nos presentó: -“Hola ella es Natalia, él es Kevin, es irlandés, y ella, el caramelito que te vas a comer, es de Argentina”. “Hola, ¿Que tal?” lo saludé yo y el me contestó algo similar. Hablaba muy poco en español, yo hablo en inglés, pero él hablaba cero español.

Madam continuó la presentación, sólo que la hizo un poco más física: -“¿Estás seguro Kevin o querés ver alguna otra chica?” Le preguntó. Luego tomó la mano de él, la derecha y la llevó hasta uno de mis senos, y le dijo: -“Tocá, mirá lo que es esto, carne de primera”. Ni Madam ni yo estábamos seguros acerca de si Kevin estaba convencido o no, entonces Madam que era una excelente vendedora y mujer de negocios (más adelante me enteraría que fuera de este ámbito era una reconocida empresaria, incluso hacía consultoría en empresas y había escrito dos libros, pero le encantaba la noche más que la vida misma) prosiguió: -“Nati date vuelta”. Yo me di vuelta y quedé de espaldas a Kevin. Madam tomó mi bombachita y me la bajó un poco. Me quedó donde empieza el culo, y luego me dio una nalgadita. “Mirá lo que es esto Kevin” le dijo, “¿Estás seguro de que no estás convencido?”. Y Kevin se convenció. El mismo me subió la tanga y dijo: “Ok. Acepto. En la habitación de siempre”.

Madam me condujó hacia una sala privada en dónde una de sus asistentes, Roxana me arregló un poco el pelo y me dio algunas indicaciones y consejos. Roxana no era ni más ni menos que una ex puta que habia decidido por un tiempo alejarse de la actividad. Lo que me dijo fue: -“Hacé todo lo que te pida. No te niegues a nada. Igual no te asustes este tipo es buenísimo. Si el te pide que te desvistas o bailes, hacélo. Si el te quiere desvestir, dejáte. Dale una buena chupada, eso siempre les gusta y hacéles creer que te están matando con el sexo que están dando. Hacéles creer que estás recibiendo los mejores pijazos de tu vida. Pero siempre tranquila, vos manejá la situación que actitud y condiciones para puta no te faltan”.

Una vez lista, me indicaron el camino hacia los cuartos privados, al 314, una habitación que él conocía perfectamente ya que era habitué del lugar. Entré a la pieza y él me estaba esperando, ya estaba desnudo por completo, con la verga bien erecta. Yo pensé: “Oh esto va demasiado rápido”. Estaba en mis planes conocer algún chico lindo en mi viaje por Francia, pero no de esta forma.

Volviendo a la realidad y saliendo de mis pensamientos, era una pieza de tamaño medio, con no mucho más espacio que para una cama, aunque tenía su bañito privado.

Se paró y se acercó. Y me pegó una cachetada fuertísima en la nalga. Lo miré y sin decir nada, puso su mano en mi corpiño para desabrocharlo. Lo hizo, me lo sacó y enseguida y quedé en tetas. Solo protegida por mi bombachita, que tampoco demoraría mucho tiempo en volar. Y efectivamente me la sacó en un segundo, se ve que la lencería no lo apasionaba demasiado. Me toqueteó toda, como hacia rato no me manoseaban, ni mi novio, ni algún chico que me gustara. Me estrujo el culo y las tetas una y otra vez, mientras me besaba en el cuello, en la boca, o alternaba con chuparme los pezones también. Me apoyaba su miembro en la conchita, me lo hacía sentir, me hacía sentir quién mandaba, que él era el cliente y yo bueno … la flamante puta. Me puso de espaldas a él también y me apoyaba la verga en el culo, aunque sin penetración todavía, esto me calentó muchísimo, me puso a mil. Y mientras tanto me tocaba las tetas y me seguía besando el cuello. Yo no se crean que me quedaba atrás, con mis manos me deleitaba tocando su importante miembro y acariciando sus huevitos. Que luego debería seguramente de probar con la boca. Ya me lo veía venir.

Cuando se aburrió de tocarme y ya estaba listo para más acción, me hizo arrodillar en la cama y que le pusiera el condón con la boca y se me dificultó bastante ya que nunca lo había hecho. No tenía experiencia en hacer eso, tan propio de las prostitutas. Le di una buena fellada, o por lo menos hice lo mejor que pude, estuve un rato bien largo con su largo vergo en la boca.

Se la chupé por un larguísimo tiempo. El se calentaba. Yo metía su miembro hasta el fondo de mi garganta. Y usaba solo mi boca, no las manos. Cada tanto lo sacaba de adentro mío y le lamía los testículos. Ahí sí, mientras le lamía los testículos usaba mis manos para acariciarlo y masturbarlo. El estaba realmente  muy caliente. Tanto que se sacó el forro y me hizo que se la siguiera chupando. Cada tanto me tomaba fuerte del pelo, me sacaba su verga de la boca y me hacía lamerle los huevos nuevamente. Y finalmente pasó lo que están pensando, no me avisó y descargó como les gusta hacer a los hombres casi toda su leche en mi boca. Pero lo último que escupió su pene, me lo tiró en las tetas. Yo con el dedo índice de mi mano derecha, me lo pasé por el semen que tenía en las tetas y me lo introduje en la boca al tiempo que se le sonreía pícaramente. Eso lo calentó mucho mucho mucho.

El descansó un poco. Se pidió un whisky a la habitación y se lo trajeron. Se lo tomó y luego la cosa siguió. Que rara me sentía. Una experiencia nueva, que pasaba por mi vida como un torbellino. Parecía que fue ayer que estaba subiendo al avión y ahora … Tantas cosas nuevas vividas.

Mientras yo pensaba y me pasaban miles de cosas por la cabeza a Kevin sólo le pasaba una: el sexo. Entonces me hizo que volviera hacia él y me empezó a besar en la boca. Esta vez estábamos los dos acostados en la cama. En cierta forma esta vez fue distinta, me trató de manera mucho más dulce. Casi como si fuera su novia. Me dio muchos besos, me chupó un poco los senos y me estimuló el clítoris con sus manos. Lo cuál me encendió realmente. Me calentó mucho y casi me provoca un orgasmo antes de que me penetrara. Kevin sabía donde tocar. Pero también sabía cuando parar y antes de que yo estallara de placer, el hizo una pausa y comenzó con la penetración vaginal. Esta vez fue algo muy lindo, muy suave. Una penetración rítmica y cadenciosa la que me dió. Fue por un intervalo de 45 minutos más o menos que estuvimos de esta forma. Fui muy lindo como me trató, me sentí protegida por él, realmente como si algo nos uniera, aunque en el tercer coito volvería a la realidad de que no. Cuando acabó, descargó su leche dentro mío, con profiláctico obviamente. Y yo acabé con él casi al mismo tiempo. Fui un momento muy lindo. Mi primer orgasmo francés y vaya que había sido de los buenos.

Se tomó otro descanso y otro whisky. Al volver a la acción me puso en cuatro esta vez en la cama y me hizo el sexo anal. Todo lo que había pasado antes desapareció. No le importó nada mío. No me lubricó bien y al principio me dolieron mucho sus penetraciones. Si bien no era virgen del culo, no lo había hecho demasiadas veces. No estaba tan dilatado mi anito. A él poco le importó, me puso en cuatro y me empezó a dar bomba. Encima como ya era el tercer polvo, le costó muchísimo acabar y me dio bombazos muy fuertes por el culo por largo tiempo. Tanto que al otro día, me dolía un poquito. Cuando estaba por acabar, hizo lo mismo que hizo cuando me puso su pene en la boca, se sacó el forro, volvió a penetrarme, bombeó un par de veces más y luego descargó todo su leche dentro de mi ano. Que sensación deliciosa debo confesar. Pero no me gustó que no me preguntara o pidiera permiso. Sin embargo yo seguía los consejos de Roxana, que algo sabía del tema: “Hacé todo lo que te pidan”.

Luego se tomó algunos descansos más, algunos whiskys y me echó algunos polvos más, pero no les voy a contar todos para no aburrirlos, pero puedo decirles que era bien potente, me cogió y re cogió. Tal vez fuera así naturalmente o tal vez habría tomado algo que lo ayudase a tener tanta duración y potencia.

Esto fue el primer día. Y cómo ese cliente era un cliente importante, habitué y pagó una importante suma de dinero, estuvo casi toda la noche conmigo. Cuando volví al bar, luego de ser recontra recogida, eran algo de las 5 de la mañana. Ya estaban casi por cerrar y no quedaban muchos clientes. Ahí me tomé otra cerveza, un poco para sacarme tanto gusto a leche y a condón de la boca. Un cliente más quería pasar conmigo, pero Madam decidió que por esa noche era suficiente, por ser la primera y además el cliente no tenía el dinero suficiente para pagar la elevada suma de dinero que Madam había fijado como tarifa para estar conmigo. Madam le hizo entonces un precio más bajo, pero sólo para que bailara un poco frente a él, me desnudara frente a él de manera sexy, y luego tomara un trago sentada en su falda. Hice todo lo que me pidió e indicó Madam. Cuando ya estaban cerrando y los clientes se debían ir, este cliente me dijo: -“Bueno, ahora quiero vestirte”.

“Ningún problema” dije yo.

Entonces él, tomó de arriba de la mesa mi tanguita y me la puso, de paso obviamente que aprovechó para toquetearme la cola y la vagina e hizo lo mismo con el corpiño y mis senos. Y me gané una buena propina que me pusó en la bombacha. Bien adentro de la tanga, no en las tiras de los elásticos como es la costumbre. El bar cerró y yo me fui a descansar.

Llegué a mi habitación y como era costumbre, me desnudé. Me miré frente al espejo y me vi muy linda. Intenté hacer un balance de todo lo que había pasado en el día, y tenía un torbellino de ideas, así que no pude hacer ninguno, ni sacar nada en claro, lo único que recuerdo, es que cuando me miré frente al espejo, así toda desnuda, sonreí.

Al siguiente día, tuve que ir a trabajar al NighClub. En este día, no hice ningún pase pero bailé con varios clientes. En el lugar cada tanto ponían música para bailar y a algunos clientes les gustaba bailar. Bailábamos ritmos como salsa, merengue, y similares y me hacían girar y cuando me daba vueltas me tocaban o pellizcaban el culo. Yo, y otras chicas, bailabamos así en bombacha y corpiño y eso calentaba a los hombres y los llevaba a beber más o bien a “pasar” a los privados a tener sexo. A mí me encantaba bailar, así que este segundo día de burlesque fue muy lindo y divertido. Sin sexo explícito y con mucho baile, muy sensual y erótico, ya que lo hacía casi desnuda para hombres que no conocía, pero nada pasó de algunas tocadas lógicas de mis nalgas y de fuertes apoyadas de penes en mi culito. Lo cuál esto último no me molestaba, ya que en el colectivo o en el tren siempre me apoyan, especialmente los hombres mayores.

Al tercer día de burlesque ni pasé con algún cliente, ni bailé con ningún cliente. No sé si esto fue casualidad o parte de un muy planeado y proyectado entrenamiento que Madam tenía en su perversa cabeza. En este tercer día trabajé de otra modalidad. Creó que era la peor de todas.

En esta los clientes pagaban, íbamos a un privado y se masturbaban solo con mirar. Esto era claro mucho más barato y accesible que “pasar”. Esto lo tuve que hacer un par de veces, y no sé si no era peor que ser garchada. Era por lo menos más desagradable. Muchos viejos pagaban por verme desnuda y masturbarse ahí delante de mío. Creo que sin duda eso era peor. Algunos me decían “Juntate un poco las tetas” o “A ver date vuelta y mostrame el culito”. Yo obedecía y hacía lo que me pedían, pero me daba bastante repulsión esta gente, no así los otros.

La mayoría de los que se acogían a esta modalidad gustaban de “hablar sucio” y me decían las peores barbaridades que hube de escuchar en mi vida. Alguna irreproducibles, pero todo el tiempo me decían cosas como “Putita”, “Que trolita que sos”, “Cómo te gusta la verga”, etc. y muchas frases de este estilo.

Sólo una vez tuve que hacer un domicilio y Ohh casualidad, fue el cuarto día. No se porque pero me acuerdo el Nombre y Nro. de la calle, la calle Rhing 383, era cerca de la Torre Eiffel. Un médico prestigiosísimo. Quiso jugar a la nena y el doctor. Y pidió a Madam una linda puta, pero que no tuviera tanta cara de puta, que no estuviera consumida por la noche, entonces Madam pensó inmediatamente en mí. La única que tenía en su harém de bellezas que no estaba consumida por la noche. En mi rostro todavía se veía inocencia. Que iba perdiendo de a poco.

Me arreglaron como una reina, como una diosa. Estaba vestida muy hermosa muy linda, muy distinguida.

Me llevaron en limusina hasta la puerta del lugar y me indicaron que timbre debía tocar. Me prepararon una cartera con todos los elementos necesarios para la tarea, condones, lubricantes, algunos juguetitos, etc..

Toqué el timbre: “Ring” sonó el timbre de la calle Rhing 383.

Me atendió el médico y me hizo pasar a su residencia. Como ya les mencioné su fetiche era jugar a “la nena y el doctor”. Y jugamos todo un día. El me revisaba, me hacía desnudar, me pasaba sus “instrumentos” médicos por todo mi cuerpo una y otra vez. Y finalmente me cogía también una y otra vez. Pero esto es un episodio que tal vez les cuente más en detalle en otro relato.

A partir del quinto día, los días se fueron repitiendo. Pero en general se parecían al primero y al segundo: hacía “pases” con los clientes, y bailaba un poco con ellos. También alguna que otra vez hice algún que otro strip-tease a pedido de algún cliente. Pero no hice más domicilios ni por suerte Madam me expuso a que se masturbaran conmigo (yo le había comentado que no me gustaba y ella me dijo que no me preocupara que no iba a ocurrir más).

A los 10 días más o menos, llego a mi pieza. Me quiero cambiar y veo que esta vez había solo tangas y había un nuevo cartel relativo a la ropa: “Esta semana hemos cambiado las reglas, ahora solo podrás usar una prenda para cubrir tu cuerpo y será una tanga. No puedes usar nada más a no ser que nosotros te autoricemos. Si te vemos aunque sea una vez con un corpiño puesto, tomaremos severas medidas. Rikjard y Madam”. Nuevas reglas, parecía casi lo mismo, pero de hecho no lo era. A lo otro ya me había acostumbrado, a esto tendría que acostumbrarme. Y no sería fácil. Así como uno se siente seguro con ropa, yo me sentía “vestida” (por efecto del acostumbramiento) en tanga y corpiño. Pero ahora, debería sentirme nuevamente desnuda por un tiempo hasta que me acostumbrara.

Y estas reglas regían para todo. O sea que cuando iba al Cabaret, ya entraba de movida en tetas. Los hombres no paraban de mirarme, de “violarme” con la mirada.

La nueva perversión que conocí de Rikjard fue que cuando a la mañana venía algún cartero o alguien a entregar algo me hacía ir a mí a recibirlo. Y no me daba ropa adicional. Tenía que salir así en tetas. Los empleados postales y/o similares no entendían absolutamente nada, pero se deleitaban con la visión que Rikjard les ofrecía.

Los días en tanga directa en el Cabaret, tuvieron mucha más acción que antes, los hombres se calentaban con más facilidad conmigo y me elegían mucho más que antes, con lo cuál tuve que hacer muchos más “pases” con clientes que antes.

Para si, entre Rikjard y Madam, comentaban y pensaban: “Va muy bien, aprende muy rápido esta chica. Tiene un futuro, si le interesa, extraordinario”. “Hay que ver, hay que esperar, darle su tiempo de maduración, pero condiciones y actitud no le faltan”.

A los 8 días de haber andado en tanga todo el tiempo por la casa, llegó a mi habitación y para mi sorpresa, un nuevo cartel: “Nuevamente hemos cambiado las reglas. Esta semana, solo podrás usar sostén para cubrir tu cuerpo. Te vas a sentir bien putita con tu conchita al aire, seguramente más que antes y tal vez como lo que eres, una putita. Al estar tu culo descubierto por completo, cualquiera lo puede tocar o nalguear en cualquier momento y no te puedes resistir, pues esas son las reglas de la casa. Gracias. Rikjard y Madam”.

Pensé en ir a protestar pero luego me di cuenta que sería inútil. Quería aunque sea usar tangas. Además, los corpiños me incomodaban y me parecía sin sentido usar corpiño y no tanga. Cuando le comenté esto a Rikjard y Madam que prefería usar ropa interior completa, o solo tanga si tenía que elegir o completamente desnuda si no había chance de que me autorizaran a usar tangas. Ellos muy estrictos me dijeron: -“Las reglas son las reglas y debes aceptarlas”. Y no me quedó otra que aceptarlas. Así transcurrieron varios días, casi 11 en los que mi vagina anduvo bien ventilada.

Mientras tanto de noche seguía trabajando en el NightClub de la familia. Ahora entraba directamente en sostén y nada más. Alguna veces me permitían ponerme alguna falda transparente, pero no tangas. Y eso hizo que los clientes me eligieran mucho más que antes e hice muchísimos pases. Había tenido más sexo en par de semanas que en toda mi vida anterior. Incluso muchos clientes, como ya estaba en conchita, me hacían que les suba arriba, me hacían desabrocharles sus braguetas, sacar sus vergas y me cogían ahí en el salón. A la vista de todos. Me hacían quedar como la más puta entre las putas, ya que alguna que otra vez no pude aguantar y me corrí con todo. Y me fui transformando en la más puta entre las putas.

A los 11 días de haberme casi acostumbrado a andar mostrando mi concha y mi culo por todos lados, llego a mi habitación y ahora el placard estaba lleno de ropa, pero era ropa algo anticuada, bastante conservadora, no había una sola minifalda, o una musculosa escotada. El cartel del día decía: “Toma esto como un entrenamiento. Ya puedes vestirte, con lo que quieras que hay aquí. Esta ropa es tuya, te la regalamos toda, incluso cuando vuelvas a tu casa puedes llevarte lo que quieras. No puedes andar más desnuda por la casa, ni siquiera puedes usar biquini y No puedes ingresar más a la Casa de Burlesque. No debes, ni puedes trabajar más allí. Ya te has ganado el alojamiento y comida del que te hemos hablado. Rikjard y Madam”.

Ya no entendía nada. Había pasado el último mes casi desnuda todo el tiempo y ahora no podía. Estuve 5 días usando esta ropa, vestida como Laura Ingalls prácticamente y al 6to. día no aguante más. Estaba desesperada. Necesitaba desnudarme. Necesitaba que alguien viera mi vagina, mi culo, mis tetas. Que alguien me rozara incidentalmente o intencionalmente, necesitaba exhibirme en ropa interior en el Cabaret y que los hombres se babearan conmigo, necesitaba bailar strip tease para los clientes, ponerles un condón con la boca y que luego me cogieron y re-cogieran. Necesitaba todo eso y más. Pero no. No me permitían más trasponer la puerta negra que daba al Cabaret. Estaba vestida casi como una monja, y ya la ropa me molestaba. Y por lo que me había comentado Rikjard esto iba a ser así hasta mi vuelta a Buenos Aires. Es decir que ya no iba a entrar nunca más al NightClub. Ni siquiera para tomar una cerveza o despedirme de las chicas. Con algunas de ellas, había entablado una buena relación y me habían enseñado unas cuantas cosas.

En otro momento, en otro rincón de la casa, Rikjard le comentaba a su mujer: -“Esta funcionando a la perfección el entrenamiento. Está sacando la putita que tiene en su interior. En unos días más te va a suplicar que la dejes volver a desnudarse y al Cabaret”. Y no se equivocaban para nada …

Un día no aguante más y si bien no lo tenía permitido me agarró como un ataque de locura, de pánico y me desnudé en el medio de la casa. Quedé desnuda completamente y comencé a andar así por la misma. A nadie le molestaba realmente, los mayordomos y sirvientes contentos, pero las reglas eran las reglas y yo las había quebrantado flagrantemente.

Rikjard me hizo llamar a su despacho. Me saludo muy cordialmente. Me preguntó que había pasado y yo le conté. Al final de la charla, en la que yo le expliqué y conté todo, él me puso un collar negro en el cuello, para marcar que estaba en peritencia. Aunque no me hizo nada. Me explicó que ese collar lo llevaría todo el tiempo mientras durara mi período de castigo.

Ese día a la noche pude volver al cabaret, pero sería de una manera especial.

Rikjard me mandó a decir por uno de sus asistentes que me estuviera desnuda en el jardín principal a eso de las 19 hs.. Así lo hice.

Fueron dos guardias de seguridad, dos gorilas, me ataron, me llevaron a una habitación oscura de la casa y me dejaron así hasta las 24 hs.. A esa hora, me llevaron al burlesque. Yo seguía teniendo el collár negro que marcaba que estaba en penitencia. Y sí antes fui un objeto sexual, un juguete sexual de varias personas durante varias semanas, en calidad de penitencia me tratarían con algo mucho más bajo y vil que ello.

Con los ojos vendados, amordazada con una de mis tangas en la boca y desnuda. Me ataron en el medio del Cabaret y dejaron una fusta a mano. Cualquier cliente que quisiera y gratis, me podía dar fustazos en el culo, en la vagina o en las tetas. También podían realizar conmigo otras prácticas medio sado como introducirme bolas chinas en el culo y demás. Yo estaba completamente expuesta e indefensa, desnuda y atada por las muñecas al techo.No veía, no podía gritar, solo sentir, lo que fuera que tuviera que sentir. En un momento tuve ganas de orinar y se lo dije a Rikjard cuando pasó cerca de mí. “Aguantate” me dijo él en un tono cortante. También los clientes podían introducirme dedos en la vagina. Muchos lo hicieron y me corrí una y otra vez, como una verdadera zorra delante de todos. No podía parar de gemir, de humedecerme, la sensación era de una lujuria total, aparte llevaba antes de esa noche casi una semana de abstinencia sexual. Más tarde me comentarían que al lado mío había un cartel con un listado de todas las cosas que los clientes podían hacerme gratis ese día y por cuáles tendrían que pagar. Hacerme sexo anal ahí delante de todos costaba unos 70 euros y si no me fallan las cuentas recibí unas 3 o 4 vergas por el ano. Sexo vaginal unos 50 euros y solo 2 quisieron hacermelo así, ya que estando yo parada se complicaba un poco. Otra cosa que me hicieron ese día fue: un cliente pagaba la suma correspondiente, entonces venía un empleado y al collar le ponía una soga que entregaba al cliente, me soltaban las ataduras de las muñecas por un rato, el cliente tiraba de ella y yo debía ir gateando hasta la mesa de ese cliente y practicarle sexo oral, tragandome todo el semen.

Fue una rara sensación, pero también tuvo algo de lindo. Yo estaba ahí, desnuda, atada y expuesta. Era menos que un juguete sexual. Menos que un animal sexual. Cualquiera de los presentes hacía conmigo lo que quería. Me tocaron, me penetraron, me hicieron de todo. Y me gustó. No me pregunten porqué. Sé que no es lo normal, lo lógico, lo convencional, pero me gustó y lo disfruté. Disfruté que me hicieran sexo anal, los fustazos, los petes, el sexo vaginal, en fin confieso que disfruté todo ese día de penitencia muy intensamente.

Al otro día ya había superado mi día de castigo y volví al Cabaret pero normalmente como en los días anteriores. Sin embargo no pude volver a usar ropa y mientras estuve en esa casa anduve o bien desnuda o por momentos en tanga. A partir de ahí saqué bien afuera la PUTA que hay en mí y fui en el Cabaret la más perra de todas. Batí todos los records de ganancias del mismo. No le hice asco a nada, hasta hicieron un Gang Bang conmigo en el medio del salón en el que me habrán cogido unos 20 a 24 clientes.

Así transcurrió más de un mes. Luego, por suerte el mes de intercambio estudiantil terminó. Los padres de Melanie me acompañaron al aeropuerto y me despidieron como si todo el mes hubiera sido un “intercambio estudiantil normal” y no como lo que fue. Que gente rara que eran. Por suerte terminó y volví a mi casa. Realmente no aprendí mucho de lo que venía a aprender a Francia, pero por cierto que aprendí muchas otras cosas y debo confesar que hoy ya devuelta en mi país y en mi vida normal, usar ropa me cuesta, por eso cuando puedo, aprovecho y me hago una escapada a playas nudistas.

Me excitaría recibir tus comentarios a:

julieta_s24@hotmail.com

Violada entre cinco

Martes, mayo 6th, 2008

Lo que voy a relatar a continuación es algo muy reciente. Soy Alejandra, vivo en Buenos Aires, tengo 21 años y estudio en la UBA. Tengo un lindo cuerpo, de esos que los hombres se paran a piropear: soy morocha de ojos celestes, mido 1,70cm y la genética me bendijo dándome un hermoso culo y un excelente par de tetas, piernas esbeltas y abdomen chato.
Hace alrededor de un mes, recibí un mensaje de texto de un número desconocido, que decía: “TE ESTOY ESPERANDO. EL PINTOR” Dándome cuenta de que el mensaje no era para mí y como, cuando sonó el celular me despertó, conteste de mal humor: “No necesito un pintor, necesito un hombre que me coja”
Así empezamos a mandarnos mensajes por varios días hasta que decidimos conocernos. La primera vez nos vimos a la tarde, en un bar cerca de la galería pacífico. Elegí ese lugar porque tenía miedo de que el intentara hacerme algo pero, debo decir, fue todo un caballero aparte de ser muy buen mozo, bastante mayor que yo, de ojos claros, esbelto y dulce. Asique continuamos viendonos a lo largo de dos semanas, sin que pasara absolutamente nada: no tuvimos sexo.
Una noche me llama para salir, me dijo que me esperaba en un bar cerca de casa… yo, no tuve mejor idea que ponerme un vestidito corto sin corpiño y sin tanga y unos tacos altos negros que lucían mis bellas piernas. Cuando llegué al bar, me elogio y nos sentamos a tomar algo. Debo decir que bebí un poco demás  y cuando salimos del bar para tomar un taxi estaba mareada. Extrañamente el taxi nos estaba esperando afuera y extrañada le pregunté si él lo había llamado, a lo que me contestó que si. En el taxi empezó a manosearme, metía mi mano por debajo de mi falda, metía sus dedos en mi entrepierna a lo que yo intentaba resistirme.
En un momento dado, Javier (el pintor), habla con el taxista:
Pedro, dobla acá que nos están esperando.
Entonces el auto dobló y  se detuvo a media cuadra. Allí subieron tres hombres: uno muy joven, otro gordo y grasoso y, el tercero,  de la misma edad de Javier.
Yo le dije: que pasa??
y no me contestó. Los tipos empezaron a manosearme mientras el auto arrancaba.  El gordo y el viejo venían sentados conmigo y con javier, me chupaban los pezones, me masturbaban, mientras el joven le daba indicaciones al taxista. Grité y el gordo sacó una navaja y me la pusó en el cuello. Me dijo que me calmaba o me mataba. Después me ataron las manos y me vendaron los ojos, me amordazaron y siguieron tocandome. Luego de un rato de manosearme, que pareció una eternidad, y yo había pasado ya de asustada a excitada y curiosa, el auto se detuvo.
Me bajaron del auto a empujones, tenia la navaja al costado de mi cuerpo, me metieron en una habitación y entraron los cinco detrás mío. Javier me desvendó los ojos y me desato la mordaza. Me empujó sobre la cama y destrozó el vestido con la navaja. Así me desnudo. Ellos no perdieron tiempo y se desnudaron al vuelo. Pude ver sus penes erectos y algunos,como el de javier, enormes. Me miró, en tanto, el taxista y me dijo: “ahora vas a ser nuestra puta, y si tratas de hacernos algo o irte t matamos”
Lo miré y me largué a llorar. Javier puso su pene en mi boca y apenas lo metió, lo mordí…lo cual me valió una cachetada. Volvió a intentarlo y esta vez lo logró, asique me metió su gran pene de una hasta el fondo. El gordo, mientras tanto, me gritó que abriera las manos, que lo iba a pajear a él y al taxista. Asique obedecí y empeecé a masturbarlos con ambas manos.
Como yo estaba acostada, los otros dos empezaron a meterme sus dedos en el coño, de pronto tenía 8 dedos en mi conchita y me dolía pero no me quejaba. Acabé enseguida
El gordo le grito a Javier que se corriera, que iba a acabarme en las tetas. Javier salió de golpe mientras el gordo se meneaba la pija para acabarme y otro de los hombres me mordía el clitoris. Allí volví a acabar. Me excitaba mucho lasituación y tuve otro orgasmo bestial. Mientras unos me lamían las tetas, el taxista empezó a meterme un dedo por el orto. Mi culito era virgen y me dolía muchísimo, y grité de dolor. El taxista, dándose cuenta de esto, dijo que tenía el culo virgen y me agarró del pelo y me pusó en cuatro dispuesto a culearme. Javier entonces dijo: “Yo la traje, yo la desvirgo” Y se pusó atrás mío. El más joven mientras se deslizó por debajo mío y me empezó a lamer nuevamente la concha, mientras el más viejo me ponía la polla en la boca. Los otro me seguían tocando las tetas desesperados.
Javier empeezó metiendome un dedo en el ano, luego dos… grité de dolor con la pija del viejo estallando en ese momento en mi boca. Me obligó a tragarme toda su leche, mientras Javier empezaba a meter la cabeza de su pene en mi culo. Costó bastante que entrara pero, cuando lo hizo, me la metió toda de un solo golpe, haciendome gritar de placer y dolor. Empezó a menearse cada vez más rápido, hasta acabarme en el orto de donde empezó a salir la leche por mi  agujerito abierto.
Tuve otro orgasmo. Entonces el taxista se metió debajo mío y me metió la pija en la concha con todas sus fuerzas y el gordo me metió su polla en la boca, mientras el más joven tomaba el lugar de Javier para culearme.
De pronto tenía una pija en cada agujero y una polla en cada mano. Acabé de esa manera dos veces.
Entonces a Javier se le ocurrió que no había sido lo suficientemente culeada y lo mandó al gordo a acostarse debajo mío, mientras él buscaba algo en el cajón.
Otra vez tuve la pija del viejo en mi boca, mientras Javier me culeaba y el gordo me daba por la concha. De pronto sentí un gran dolor en el ano. Javier me estaba metiendo un consolador aparte de su pija. Tenía dos pijas en el orto. AH… gemía de placer y dolor, me dolía pero estaba demasiado excitada.
Asi siguieron un rato hasta que el gordo empezó me levantó y dejo meterse al más joven debajo mío y sobre él. (Tenía al viejo en la boca, al joven y al gordo abajo mío y Javier con el consolador y su pija en el orto, mientras pajeaba al taxista)
El más joven me empezó a meter su pija por la vagina mientras el gordo se acomodaba y me empezaba a meter su pija también por el orto. Tenía  tres pijas en el culo, estaba sumamente excitada y acabé otras 4 veces más.
Así siguieron hasta que todos me metieron la pija en mi culito virgen y por mi coño.

Si les gustó este relato, manden sus comentarios a: ale_vanucci@hotmail.com

Disfruto viendo a mi esposo con hombres

Sábado, enero 26th, 2008

Hola, soy Ximena, tengo 35 años y disfruto viendo a mi esposo teniendo sexo con hombres.

Mi mejor amigo Raúl es peluquero y siempre me ha parecido tremendamente sexy, siempre que me corta mi cabello me cuenta de sus experiencias sexuales con su novio… Y eso me pone a mil!!! Por eso empecé a fantasear con la idea de que mi esposo tuviera relaciones sexuales con un chico, pero no sabia como planteárselo puesto que el no es gay. Por eso decidí pedirle concejos a Raúl y puse mi plan en marcha!!!!

Era el cumpleaños número 38 de mi esposo Carlos, lo recibí del trabajo con una torta y festejo con nuestros hijos y amigos. Cuando termino la fiesta, acostamos a los niños y nos encerramos en nuestro cuarto. Carlos empezó a besarme pero yo le dije que aún faltaba un regalito. De atrás de la almohada saque una caja de regalo y Carlos emocionado lo abrió. De adentro saco una diminuta tanga roja de hilo dental para hombre.

CARLOS: ¿Y esto?
XIMENA: ¿Te gusta?
CARLOS: Pues… Es raro, no sabia que te gustara esto.
XIMENA: La verdad me encantaría vértela puesta.

Carlos se sonrió y se despojo de su pantalón y dándome la espalda se puso la tanga roja. Sus nalgas se veían divinas!!!  En seguida Carlos no pudo ocultar su erección.

XIMENA: Me encantas mi amor, te ves precioso… ¿Te gusta?
CARLOS: Se siente extraño en medio de las nalgas…
XIMENA: Te gusta? Lo sientes ¿Rico?
CARLOS: ….Si… Me gusta… Me veo bien no?
XIMENA: Divino mi amor!!!

Tome a Carlos y le hice el amor como hacia tiempo no lo hacíamos, pasaron los días y pronto convencí a mi marido de que ya no usara boxers si no solamente tangas de hilo dental. Fue así como comenzó todo!!

El hilo entre las nalgas de mi marido le produjo un deseo sexual constante por la estimulación de su ano, fue así como cuando llego el momento de ir de vacaciones a la playa lo convencí de que compráramos un tanga de hilo dental como vestido de baño. Carlos inicialmente no quería pues decía que una cosa era la privacidad pero otra era hacer público nuestro gusto por la tanga. Yo le dije que si nosotras las chicas lo usamos sin problema en la playa no veía por que ser tan machistas de que un hombre no pudiera usarlo si le gustaba, además le dije que no quería que le quedaran sus nalgas todas blanquitas. Carlos pregunto: ¿y los niños? No te preocupes por ellos, aun son pequeños, los acostumbraremos a ver sus papis en hilo.

Juntos fuimos a un almacén de hombres metrosexuales y compramos una preciosa tanga de baño de colores tipo hawaiano. Recuerdo como al vendedor del almacén se le ilumino el rostro cuando vio a mi marido en hilo dental. Entonces el vendedor comento:
VENDEDOR: Te queda fantástico ese diseño pero creo que deberías hacerte el bikini.
XIMENA: Que idea tan fantástica mi amor!!! Voy a pedirle una cita a Raúl para eso!
CARLOS: Tu crees? ¿El también se tiene que enterar?
XIMENA: Mi amor, que tiene, es solo una moda… ¡Vamos que quiero verte un pubis precioso.

Raúl, mi cómplice gay nos recibió en la peluquería y haciéndose el que no sabía nada, nos pregunto que queríamos. Yo le pellizqué el brazo a mi marido para que hablara.

CARLOS: Vengo… para que me hagas el bikini…
RAÚL: Que? Que emoción, un heterosexual vanidoso, me encanta!!

Eso le dio confianza a Carlos y paso a la camilla con tranquilidad para que Raúl le hiciera la cera.

RAÚL: Carlos!! Esa tanga te queda preciosa, te ves divino. Vas a enloquecer a mas de uno en la playa… Mujeres y hombres mi amor!!!
CARLOS: jajaja, no es para tanto.

Poco a poco Raúl comenzó a tocar el pubis de Carlos y todos vimos como su pene empezó a ponerse de pie. Luego Raúl le dio la vuelta a Carlos para depilarle las nalgas.

RAÚL: Huy que bombón mi amor.
CARLOS: ¿Te parece?

No se de donde salio eso, mi marido me sorprendió, era evidente que estaba exitado. Entonces decidí aprovechar el momento.

XIMENA: Por que no te depilas todo de una ves mi amor.
CARLOS: Tu que opinas Raúl, te gustan más velluditos o lampiños.

No lo podía creer, mi marido se comportaba como un gay… Estaba muy exitada!!

RAÚL: Depiladito mi amor.

Raúl le quito la tanga a Carlos y le untó todo el cuerpo de cera, incluidas sus bolas, sus axilas y su ano. Cuando Raúl le arranco la cera, carlos dijo: “¡Ahhgg, que rico!”. Yo quería que pasara algo más, pero Carlos se limito a ponerse su tanga y mirarse en el espejo.

CARLOS: Me encanta! Gracias Raúl. Vendré a menudo para que me hagas esto.

Decepcionada de que no pasara nada más entre ellos dos, regresamos a la casa para hacer las maletas para el viaje. Cuando nos acostamos a dormir, no pude contenerme las ganas y abrazada a mi esposo me decidí a preguntar:

XIMENA: Mi amor? Como te sentiste hoy con ese vendedor mirandote?
CARLOS: Bien… ¿Por qué?
XIMENA: No se, me pareció que te miraba raro… Como con lujuria.
CARLOS: ¿De veras?… Que divertido.
XIMENA: ¿Te divierte?
CARLOS: Pues… Mira mi amor, no quiero que te asustes con lo que te voy a decir, pero.. Me está agradando la idea de parecerle sexy a otros hombres!

Me quede pasmada de la sorpresa mirando a Carlos, en seguida sentí como se me mojaba mi vagína.

XIMENA: ¿De veras? Por que…
CARLOS: No se… Me estimula. Pero no te preocupes, no pasa nada.

Emocionada, me sonreí, pues mi plan estaba surtiendo efecto.

XIMENA: Nada? Al contrario mi amor… Esto es importante!! Es… Sexy!!!
CARLOS: Sexy? Pensé que te iba a molestar!
XIMENA: Pero por que mi amor, al contrario, me parece super divertido, y es que la verdad tengo que admitirlo… Eres precioso mi amor y todos tenemos derecho a sentirnos sexys!!!
CARLOS: jajaja, ¿tu crees?
XIMENA: Y dime, ¿te gusto que Raúl te tocára?
CARLOS: Me vas a matar!…. Fue… Fantástico!!
XIMENA: Wow!! Mi amor que sexy!!
CARLOS: ¿De veras te parece Sexy?
XIMENA: ¡Me encanta!!!
CARLOS: jajaja, Yo la verdad estoy asustado.
XIMENA: No te preocupes mi amor, todo esto es normal, la piel es piel… Y a todos nos gusta ser deseados… Yo te entiendo mi amor… Es más juguemos con eso!
CARLOS: ¿Cómo? ¿Jugar?
XIMENA: ¡Si! Aprovechemos este paseo a la playa mi amor, miremos hasta donde llega tu sexapíl!!!
CARLOS: ¿Qué quieres decir?
XIMENA: ¡!Veamos si te puedes levantar un chico en la playa mi amor!! No tiene que pasar nada, solo probemos tu potencial!! Será divertido!
CARLOS: ¡No! Ni loco!!!

Rápidamente sin perder el momento le di un apasionado beso a mi marido y metí mi mano entre su tanga. Con ímpetu empecé a frotarle su verga de arriba abajo, Carlos estaba muy caliente, lo que demostraba que no le disgustaba la idea para nada, entonces le hable suave al oido:

XIMENA: ¡Vamos mi amor! Me encantas, no me dejes así de prendida… Dime que vas a jugar conmigo en la playa!…. Dímelo.
CARLOS: Si mi amor… ¡Vamos a jugar en la playa!
XIMENA: Eso mi amor, ¡eso! Dime que te vas a ligar un chico!
CARLOS: Si!! Me lo voy a ligar!!me lo voy a ligar!!
CARLOS: Me vengooooo!!!!

Mi esposo eyaculo como nunca, su exitación era tremenda!!! Y mi emoción de todo lo que viviríamos en nuestro viaje no me dejaría dormir esa noche…

Después de un vuelo de 2 horas finalmente llegamos al mar. Esa tarde como al medio día, sin perder tiempo nos fuimos a la playa como una familia feliz, Carlos mi esposo, Luisa mi hija de 8 años y Pablito de 10 años. La playa estaba a reventar, chicas en bikini por todos lados, muchos machos buscando ligue y familias descansando como siempre.
Nos ubicamos en una zona cerca al mar y colocamos unas esteras y una sombrilla playera para darnos sombra.

Sin mas preámbulo me quite mis shorts y  mi camiseta y deje a la luz mi bikini de tanguita amarilla que tanto me gustaba lucir, por mi piel bronceada mis nalgas se me ven geniales!!

XIMENA: ¡Vamos chicos, quedemos ya en vestido de baño que el sol está espectacular!

Mis dos hijos me hicieron caso en seguida pero Carlos se acercó a hablarme al oído.

CARLOS: ¿Estas segura? Mira que no veo ningún tipo en hilo dental, yo mejor me quedo con el Short.
XIMENA: Hay mi amor, no te pongas con eso ahora, entre gustos no hay disgustos!… Dale, con confianza.

Entonces muy tímido, Carlos se quito la camiseta, debo decir que su cuerpo no esta nada mal y por la depilación que se hizo se veía divino. Luego se quito su Short y dejo ver la preciosa tanga de hilo dental de colores Hawaianos que habíamos comprado el día anterior. Mis dos hijos se quedaron pasmados, nunca habían visto la cola de su padre. Ellos, bien respetuosos a sus padres como los habíamos criado, inicialmente no hicieron ningún comentario. Yo estaba super emocionada, sabía que el cuerpo de mi marido iba a generar muchas reacciones con la gente que estaba a nuestro lado. Saque de mi mochila el bronceador, se lo esparcí por el cuerpo a mis hijos y luego le pedí a mi esposo que se acostara boca abajo en la estera para echarle el bronceador en la espalda. Luisa mi niña, siempre cariñosa con su padre se ofreció a ayudarme, mientras Pablito miraba atónito el cuerpo de papá.

LUISA: ¿Mami, por que su vestido de baño es distinto al nuestro?
XIMENA: Porque ustedes son pequeños aún. Te prometo que cuando cumplas 15 yo te comprare un bikini de tanga.
LUISA: ¡Si! Yo quiero verme igual.

Juntas cubrimos de aceite el cuerpo de Carlos y yo me dedique a frotarle las nalgas, lógicamente mi idea era calentar a mi maridito. De pronto Carlos hizo un comentario que me sorprendió.

CARLOS: ¿Y tu Pablito? También te gustaría usar tanga?

Muy tímido respondió mi precioso hijo.

PABLITO: … No se… Es cómodo?
CARLOS: Muy cómodo. No solo eso… Se siente rico.
XIMENA: ¿Tu también quieres una?
PABLITO: No se… No se.

Decidí no incomodar más a mi hijo con eso y deje el tema quieto… Por ahora. Luego mis dos hijos se pusieron a hacer un castillo en la arena y yo aproveche para acercarme al oído de Carlos.

XIMENA: ¿Ya te diste cuenta de cómo te miran?
CARLOS: Si… Que pensaran.
XIMENA: Que eres divino mi amor, alguien moderno y liberal.
CARLOS: ¿Te gusta esto? ¿Qué me miren?
XIMENA: Me encanta… Me encanta que seas moderno… ¿Has visto algún chico que te guste?
CARLOS: ¿Cómo?.. No! Que cosas dices!!
XIMENA: ¿Ni siquiera un poquito?
CARLOS: ¡No!
XIMENA: ¿De veras? Y aquel?

A unos dos metros había un grupo de tres muchachos, uno de ellos era trigueño, muy buen mozo de cabello largo y Short negro.

CARLOS: Es pinta el tipo.
XIMENA: Muy pinta ¿no te parece?
CARLOS: Si tiene muy buen cuerpo.
XIMENA: A que no eres capas de picarle el ojo.
CARLOS: ¿Quieres que le pique el ojo?
XIMENA: En que quedamos mi amor anoche, antes de venir al paseo…
CARLOS: Esta bien, esta bien… Vamos a jugar!!!

Carlos se levanto de su estera y empezó a caminar en dirección de los muchachos luciendo sus preciosas nalgas y cuerpo depilado, pero el joven no lo miro, sin embargo, otro chico delgado que salía del mar con un slip y buen paquete se quedo pasmado viendo a mi marido. Carlos no se dio cuenta de aquel muchacho. Entonces mi marido regresó.

CARLOS: Si viste? Nada! Ni se dieron por enterados de mi.
XIMENA: No te preocupes mi amor, apenas estas comenzando, a veces ligar chicos no es fásil…. Déjame mostrarte.

Me levante y camine en dirección de los chicos, moviendo mi cadera de lado a lado y deje caer una pulsera frente a ellos. Mi esposo miraba con atenta nota, Me agache dándoles la espalda para que vieran mis nalgas dilatándose frente a ellos. Entonces el muchacho de pelo largo me hablo.

MUCHACHO: ¿Necesitas ayuda?
XIMENA: No, gracias.
MUCHACHO: ¿Con quien bienes?
XIMENA: Con mi peluquero y mis dos hijos.
MUCHACHO: pero estas muy bien para ser mamá.
XIMENA: Gracias!
MUCHACHO: ¿En que hotel te quedas?

Para no demorarme más, le di mis datos de contacto y seguí caminando hacia una fuente de soda pues era evidente que al muchacho no le había interesado mi esposo con la mentirita de que era peluquero. Entonces pedí unas piñas coladas cuando el joven de slip que hacia un rato había observado a mi marido se me acerco.

JOSE: Hola soy José… ¿Con quien bienes?
XIMENA: ¡Hola! Mucho gusto.  Con mi esposo… ¿Por qué?
JOSE: ¿Tu esposo? Wow! ¿Y no te molesta que el se exhiba tanto?
XIMENA: Al contrario… me gusta… Somos muy liberales… Ves?
JOSE: Que bonito, yo quisiera tener una esposa igual.
XIMENA: ¿Por qué lo dices?
JOSE: Yo también quisiera usar hilo, pero ella solo me deja usar este Slip.
XIMENA: Que mal, ¿y bienes con ella?
JOSE: No, es que estoy en viaje de negocios.
XIMENA: Veo. ¿te gustaría conocer a mi marido?
JOSE: Me encantaría, nunca e tenido un amigo con el cual compartir mis gustos.
XIMENA: Ven te lo presento, quizás compartan algo más…

Carlos estaba sorprendido, desde lejos lo había visto todo. Nos acercamos, le di la piña colada a mi esposo y los presente.

XIMENA: Mira carlos, te presento a Jose.
CARLOS: Mucho gusto, ¿quieres sentarte?
JOSE: Si gracias, tienen una bonita familia.
CARLOS: Muchas gracias.
JOSE: Le comentaba a tu esposa que me encanta lo que usas?
CARLOS: jajaja, de veras, te gusta?

Mi esposo se levanto y daba vueltitas para que Jose pudiera apreciarlo. Con mi cara le hice gestos a mi marido, diciéndole que intentara coquetear con el.

CARLOS: Déjame ver tu que traes puesto!
JOSE: No es nada…

Jose se levanto y se dio una vueltita.

CARLOS: Si, esta muy grande por detrás, pero tienes muy buena cola.

Pablito, desde el castillo de arena alcanzo a escuchar eso y volteo a mirar hacia nosotros sorprendido… Yo sabía que no era bueno que mis hijos vieran esto, pero me estaba calentando tanto que no quise parar.

JOSE: Gracias, la tuya tampoco está nada mal.
XIMENA: Y que dice tu esposa, por que no te deja lucirte.
JOSE: Ella dice que son cosas de gays.
XIMENA: Para nada, la moda no incomoda… Y si lo fuera, que tiene de malo ser gay, o bisexual?

Pablito no podía dejar de mirar lo que hablábamos, pero yo ya no podía parar.

JOSE: Ya que dices eso… No quisiera hacer una imprudencia, tu que opinas de eso Carlos.

Rápidamente con la mirada le pedí a mi esposo que no la fuera a embarrar.

CARLOS: Que eres libre de que te guste lo que te plazca… Y pienso que tus seres queridos deben aprender a respetarte, apoyarte y quererte tal y como eres.

En ese momento mi esposo le agarro la mano a Jose… Eso me sorprendió.

JOSE: Que bonito escuchar eso.
CARLOS: Donde te estas quedando Jose.
JOSE: Aquí atrás, en el hotel del sol.
CARLOS: ¡Estamos en el mismo hotel! Por que no vamos, si quieres te puedo prestar una tanga.
JOSE: ¿De veras?
XIMENA: Claro! Que buena idea, con eso puedes tomar el sol con nosotros!
CARLOS: entonces que dices, ¿bienes a nuestro cuarto?
JOSE: Claro que si ¡Vamos!

Emocionada me levante para recoger las cosas, pero no sabia que hacer con los niños. Jose, de forma discreta tomo de la mano a Carlos.

JOSE: No te preocupes, no te lo voy a demorar… Ya venimos.

Carlos se asusto cuando vio que José se despedía de mi.

CARLOS: No espera, podemos ir con los niños.
JOSE: Nooo, pero para que los vas a sacar de la playa. Mejor vamos solitos.

No lo podía creer, al fín había conseguido que Carlos ligara con alguien y me lo iba  a perder por culpa de mis hijos.

Carlos se soltó de la mano de José y se acerco hacia mí para hablar en privado mientras José esperaba.

CARLOS: Que hago mi amor? Este tipo me va a querer follar.
XIMENA: Yo se, yo se…. Pero tu como te sientes.
CARLOS: ¡Mirame!

La verga de mi esposo se quería salir de su tanga, estaba exitadísimo, yo en cambio me sentía frustrada de lo que estaba a punto de perderme… Pero sabía que tenía que aprovechar la calentura de mi esposo. Con todo mi cariño me acerque y le di un beso en los labios.

XIMENA: ¡¡Disfrútalo mi amor, fóllatelo como a nadie!!
CARLOS: ¿Estas segura? Yo no soy gay.
XIMENA: Tu eres muchas cosas mi amor… ¡¡¡Esta es tu oportunidad de probar!! ¡¡¡Disfrútalo mi amor!!!
CARLOS: Gracias mi amor… Te amo!

Carlos se acerco a José y de nuevo se aferro a su mano. Ambos hermosos hombres se alejaron rumbo al hotel tomados de la mano. Entonces Pablito se me acerco.

PABLITO: ¿A donde va papá?
XIMENA: Cosas de hombres mi amor… Cosas de hombres.

De nuevo me recosté en la estera, sentía una frustración terrible al tiempo que se me mojaba mi cuca…. Quería masturbarme… Pero no podía… Que exitación tan terrible, realmente quería dejar botados a mis hijos y reunirme con ellos. En ese momento mi sueño se hacía realidad, mi esposo tendría sexo con un hombre y me lo iba a perder.

Cayo la tarde y mi esposo no regresó a la playa, sin duda aún estaría follando con José. Estaba tan exitada, quería ver el rostro de mi marido gritando de dolor por una fuerte penetrada en su culito.

PABLITO: Nos vamos al hotel mamá?
XIMENA: Si hijo. Vamos Luisa.

Cuando subimos las escaleras, vimos a mi esposo Carlos sentado en una banca, aún con su tanga de hilo dental… Se veía exhausto!!! No permití que los niños lo saludaran, los metí al cuarto y les pedí que se fueran bañando que en un rato sus papis entraban.

XIMENA: Como te fue mi amor!
CARLOS: Me siento terrible.
XIMENA: ¿No te gusto?
CARLOS: Es que… No pude.
XIMENA: ¿Por qué?
CARLOS: Estaba tan exitado que entre en pánico, pensé que sería un juego pero en verdad José me encanta!!
XIMENA: Oh mi amor… eres tan tierno!!
CARLOS: ¿De verdad quieres que haga esto?
XIMENA: Con todo mi corazón… ¡Sí!… No te preocupes mi amor yo te voy a ayudar.
CARLOS: Por favor! Lo deseo tanto! Ayúdame!
XIMENA: Si! Yo te voy a ayudar, te enseñare a ser gay, te lo prometo.
CARLOS: Si mi amor, ¡Quiero ser el más gay de todos! Quiero que me llamen maricón!!
XIMENA: Te amo!! Te amo!!

Esa noche acostamos a los niños temprano y nos fuimos de parranda. Yo tenia un precioso vestido negro de falda corta y escote profundo en la espalda. Carlos lucía de blanco, le pedí que usara una camiseta blanca apretada que me encanta. Nos subimos a un taxi y el chofer nos pregunto para donde íbamos:

XIMENA: Llévanos al mejor bar gay de la ciudad por favor.

Mi esposo aún estaba nervioso, pero yo le dije que se tranquilizara que allí solo estaríamos el tiempo necesario. Ya estando en el bar le pedí a mi esposo que bailara con un chico. Después de unos cuantos tragos mi esposo estaba felíz, se reía con todo hombre que le tocaba la cola o le hacía un piropo. Yo mientras tanto me sentía tan realizada que tampoco paraba de beber.

CARLOS: Mi vida, dime cual te gusta por que esta noche me los comería a todos!! Son tan viriles!! Me encantan!!!
XIMENA: Wow, en serio? Que tal aquel, dime que le harías.
CARLOS: Huy, ese bombón? Me lo comeria a besos, chupándole esa boquita tan deliciosa mientras le acaricio el pecho! Luego le mordería los pezones y bajaría besándolo hasta encontrarme con su verga… ¡¡¡Dios mío como deseo mamar una verga!!!
XIMENA: Y yo deseo tanto ¡que la mames mi amor!

Pero yo sabía que aún faltaba más para que mi esposo diera el gran salto, por eso en seguida tome a mi esposo de la mano y lo saque del bar.

XIMENA: ¡Vamos, te tengo una sorpresa!!! Este viaje no sería placentero para ti si no te acuestas con Jose!!
CARLOS: ¿Jose? Aún quiere hablar conmigo?
XIMENA: Te desea mi amor.

Subimos juntos de la mano y golpeamos a la puerta de Jose. El nos abrió, se veía lindo con su bata roja.

JOSE: Hola, los estaba esperando.

Fue increíble, ante la presencia de Jose, Carlos se ponía super nervioso, yo sabia que tenía que tomar la iniciativa, tras tomar otro par de tragos decidí hacerle una pregunta a mi esposo.

XIMENA: Te importaría si se la chupo a Jose?… O te pones celoso… Es que estoy muy caliente.
CARLOS: Celoso yo?

Sin que me respondiera me pare frente a Jose y comencé a moverme como una puta moviendo mi cadera como una zorra en celo, lo tome de la mano y lo levante, luego le abri la bata y se la deje caer. El llevaba puesta la tanga de hilo dental que le regalo mi esposo. Con mis manos comencé a frotarle sus nalgas mientras le mordía su verga aún cubierta por la tela.

XIMENA: Vamos mi amor libera esa verga que se que debe querer estallar, quiero que te la frotes mientras me ves.

Mi esposo me hizo caso y saco su poderosa verga de 19cm completamente erguida y comenzó a frotársela.

XIMENA: Dime que ves Jose.
JOSE: Veo la verga de tu marido.
XIMENA: ¿Te gusta?
JOSE: ¡Me encanta!

Entonces baje un poquito de su tanga para liberar su miembro. Se trataba de una verga re gorda de unos 17cm.

XIMENA: Huy mira mi amor esta cosa tan rica!!!
CARLOS: La veo mi amor… ¡me enloquece!!
XIMENA: ¿Te enloquece?
CARLOS: ¡Si!!!!!
XIMENA: Venga mi loca, venga y prueba esta chupeta!!!!

Carlos se levanto de su silla y se arrodillo junto a mi.

XIMENA: Mira mi amor, mira lo suave que es… Dame tu mano!

Tome la mano de Carlos y acerqué la yema de sus dedos hasta el cuerpo del pene de Jose.

XIMENA: Eso mi amor, siéntelo!!

Mi esposo estaba super exitado, de su pene salían gotícas de deseo. Mientras yo parecía una regadera, me deleitaba el rostro de deseo de mi marido por un hombre. Mi esposo no aguanto más y comenzó a frotarle la verga a Jose.

XIMENA: Eso mi amor, así se hace!!! Así se hace!!! ¿Te gusta jose?
JOSE: Me derrite!!!
CARLOS: ¿Puedo chuparlo?
XIMENA: Dale mi amor, sin temores, esta polla es todita para ti!!

Carlos estiro su lengua y toco la punta del glande y sintió su humedad.

XIMENA: Trágatelo todo mi amor.

Mi esposo hundió su boca en ese pene y comenzó a chupar como una puta, de arriba abajo, con total sevicia.

XIMENA: Te ves tan lindo mi amor, estoy tan orgullosa de ti. ¡¡Mira como lo chupas!!!
CARLOS: ¡Me encanta! ¡me encanta! ¿Te gusta Jose lo que hago?
JOSE: Si!! Ya eres un experto señor.

Jose no aguanto más y se agacho y beso a mi esposo en la boca, fundían sus lenguas de forma apasionante, fue allí donde supe que ya todo se había consumado!!! Me retire un poco por que quería contemplarlos!!! Por fin mi fantasía se hacía realidad!!.

CARLOS: Chúpamela por Dios!!!

José termino de desnudar a Carlos y le practico una salvaje felación, mientras que con su mano comenzó a masajearle el ano.

CARLOS: Wow ¡Que es eso!

Me levante de la silla y me senté a su lado y mientras le besaba la boquita a mi esposo le dije:

XIMENA: Es tu punto “G” mi amor, ese mismo que has deseado penetrar desde que usas tus tanguitas!!
CARLOS: ¿Me dolerá?
JOSE: Prometo hacerte suavecito.
XIMENA: Vamos mi amor, te encantara.

Mi esposo soltó su cuerpo y se dejo a merced de Jose, él le levanto sus piernas a Carlos y se las puso sobre sus hombros y apunto con su verga.

CARLOS: ¿No es mejor primero con el dedo?
XIMENA: Mejor un solo dolor mi amor.

Jose penetro con violencia el ano de mi esposo, casi me vengo de solo ver eso!!

CARLOS: Oh!! Ohhh!!!
XIMENA: ¡Si mi amor, dime que te encanta!!!
CARLOS: No… No se! Ohh!! Ohhh!!
XIMENA: Relájate mi amor… solo siente!!!

Carlos me hizo caso y soltó sus músculos, entonces comenzó a sollozar como un toro.

CARLOS: Si!!! Me encanta!! Me encanta!!!! Dale jose, ¡Dale!!!
XIMENA: Eso Jose!! Dale bien duro!!! Dale!!

Carlos se retorcía de placer mientras yo con mi mano le frotaba su verga, decidí sentarme sobre la cabeza de mi marido para que el pudiera darme una poderosa mamada.

XIMENA: Oh!!oh!!! siii!!! Este es mi macho!!!! Mi macho GAY!!! ¡¡Aaaaaahhhhh!

Que orgasmo tan impresionante el que tuve, me sentía en el cielo!!! En seguida José se bino también entre las entrañas de mi marido.

JOSE: ¡Ohhhh! Aaahhhhhh!!! Que culo tan rico!!!

Solo faltaba mi marido. Me acerque a su verga y empecé a mamarlo con pasión.

CARLOS: Quiero mamar el culo de Jose!!!! Quiero mamarlo!!!

Esas palabras me prendieron otra ves, Jose se sentó sobre la cabeza de mi marido y Carlos por primera ves probó las entrañas de un hombre.

CARLOS: ¡Huy que delicia!!! No, no , no, no quisiera terminar!!! No quiero!! ¡AAAAHHHH!!!!!!!!
La verga de mi esposo estallo dentro de mi boca en una lluvia de semen sin precedentes!!!!

XIMENA: Te amo mi amor, te amo!!!

Eran las 4:00 de la mañana, teníamos que regresar con los niños, no fuera y se despertaran. Nos despedimos de Jose y nos fuimos hacia nuestro cuarto. Antes de entrar, Carlos me tomo de la mano.

CARLOS: Que piensas de todo esto que nos ocurrió.
XIMENA: Pienso que es lo más fantástico que nos ha ocurrido!!!!
CARLOS: ¿Y que vamos a hacer?
XIMENA: Disfrutar de tus amantes mi amor.
CARLOS: ¿Estas segura?
XIMENA: ¡SI! No sabes como disfruto viéndote tirar con un hombre!!!
CARLOS:  ¿No te preocupa que ahora sea gay?
XIMENA: No te preocupes… Tu siempre serás mi MACHO!! Mi machito gay!!!
CARLOS: Te amo mi amor… me haces feliz.

Ese resto de la madrugada dormimos placidamente abrazados como una pareja feliz.

Mis hijos se despertaron muy temprano y empezaron a molestarnos para ir a la playa, entonces Luisa mi niña de 8 años le pregunto a mi esposo:

LUISA: ¿Papi? Y que te fuiste a hacer ayer por la tarde con ese señor?
CARLOS: Fuimos ha……
XIMENA: Negocios nena! Tu papi se fue a hacer negocios con el y sabes que? Llegaron a un acuerdo, así que lo veremos más a menudo!!!
LUISA: ¡Que bueno papi!!
CARLOS: Si nena, por eso hoy vamos a celebrar por que mami y papi están muy felices!!!
LUISA: Yupiiiiii.

Pablito apenas nos escuchaba hablar, me pregunto que pasaría por su cabeza…. Pasaron los días y regresamos a la ciudad, entonces Carlos y yo fuimos a visitar a Raúl mi peluquero.

RAUL: Hola tortolitos, como les fue?
XIMENA: Bien Raúl, no sabes lo bien que nos fue.
CARLOS: Asi es, pero mira como estoy.
RAÚL: Dios mio, pero si ya te están saliendo los bellitos.
CARLOS: Te das cuenta? Estoy tenaz!! Venimos para que rectifiquemos mi bikini.
RAÚL: Huy pero que vanidoso estás… jajaja ¿Fue que hiciste un ligue por allá?
XIMENA: Si te contara…
RAÚL: ¡No! Cuéntamelo todo!!

Raúl se sorprendió de la efectividad de nuestro plan, y ahora el es quien nos ayuda a hacer nuevos amigos… Sin duda nuestra vida cambio, hasta el futuro de mis dos hijos cambio, pero que puedo hacer… Me llamo XIMENA, tengo 35 años y disfruto la vida viendo a mi esposo tener sexo con hombres!!!!

FIN

Mi nombre es Carmen

Jueves, enero 24th, 2008

Mi nombre es Carmen, tengo 46 años y ayer por la tardecita fui al club a ver a unas amigas para tomar el te como habitualmente hacemos todos los martes.  Aprovechando el tiempo pase por la  administración para iniciar el trámite de admisión a natatorios dado que están empezando los días lindos y seguramente empezaremos a ir en familia  los fines de semana. La secretaria me informa que en cualquier momento previo al uso del natatorio debería  pasar a tramitar la inspección medica y que si quería aprovechar en ese momento estaba atendiendo el Doctor que atiende a los niños, un joven medico que no supera los 25 o 26 años. Yo siempre había concurrido cuando estaba la doctora para las señoras, por pudor y por la comodidad de lo conocido. Pero la practicidad de terminar con el tema me seducía. Yo estaba con un vestidito de algodón blanco bastante sugerente y recordé que llevaba un corpiño de esos que transparentan completamente las areolas y los pezones y una tanga blanca muy chiquita que quedaba bárbara marcadita debajo del vestido, una ropa interior que no era la ideal para una consulta medica. Pero mis amigas alentándome a terminar la cosa me dijeron que ya habían estado ellas mismas con este muchacho y que la revisación no pasaba de la simple rutina de solo unas preguntas y la revisacion de los dedos de los pies en busca de hongos como tantas veces hacen. Me deje convencer y aprovechando que no había nadie fui. Golpee y pase. El Doctor estaba leyendo una revista, por cierto bastante aburrido en esa mínima salita de revisada, que pretendia el titulo de consultorio.

Pase y vi que le impacto mi presencia. “Hola Mami” fue su saludo que en ese momento me sonó cariñoso. Nos presentamos, me senté frente a su escritorio y empezó el cuestionario típico de historial medico, de enfermedades y todas esas cosas propias de la rutina.

Se paro y me indico que me parase para revisarme. Yo me puse de pie me indicó abrir la boca y sacar la lengua. Me miro bien la boca con linterna y cuchara, las manos de ambos lados y detenidamente entre los dedos y luego me indicó levantar los brazos para ver mis axilas. Me observo y palpo las axilas cuidadosamente no sin rozar los costados de mis pechos en su accionar.   Muy cordialmente me pidió que me quitase el vestido para revisarme mejor. Sorprendida porque no lo esperaba dude, pero insistió con mucha autoridad en examinarme bien. Como no había biombo ni nada que ofreciese cierta intimidad tuve que desvestirme delante de él, que no disimulaba demasiado su interés en mirarme. Realmente yo estaba tensa, muy tensa por desvestirme tan cerca de un extraño y porque sabia de mi ropa interior inadecuada. Ya sin el vestido, solo con un corpiño que transparentaba absolutamente mis grandes pechos y con una muy mínima bombachita blanca que potenciada por el calor la tenia mas escondida que nunca entre mis importantes nalgas, sentia el calor propio de la vergüenza de encontrarme tan impúdica. Pensaba para alivianar mi bochorno “soy una señora casada que le debo llevar 20 años o mas a este joven y por mas obscena que me encuentre seguro he de parecerle una vieja” a fin de relajarme.  Pero al Doctor por más que yo quisiera pensar otra cosa le agrado y mucho verme así. Primero me pidió subir a la balanza, No quería porque como a cualquier mujer no me gusta que sepan cuanto peso, pero insistió hasta que accedí. . Me acomodo bien sobre la balanza y anoto en una planilla mientras estaba detrás mió y yo sentía que me miraba de arriba abajo. Me hizo pararme bien firme y me recorrió las vértebras desde el cuello hasta el final, llegando con sus dedos justo al lugar donde la tanguita desaparecía entre la raja de mis nalgas. Presiono fuertemente sobre el huesito final, mientras aumentaba mi vergüenza de encontrarme semidesnuda, con mis maduras nalgas a su vista, frente un un jovencito que morbosamente ponía su dedo donde las nalgas se descubrían exuberantes para su placer.  Me tomo de la mano para bajar de la bascula y me llevo a la camilla donde me hizo sentar. Me miraba y era obvio que lo estaba disfrutando a pesar que era una “vieja” para el. Me tomo la presión atentamente  anotando los valores y luego con el estetoscopio empezó a auscultarme detenidamente. Era evidente que mis abundantes pechos lo aturdían, quizás por su tamaño quizás por las transparencias que poco ocultaban a us vista. Puso el estetoscopio de todas las maneras posible para rozarme las tetas una y otra vez, animándose cada vez a un poquito mas mientras yo no sabia como actuar, aturdida por la sensación de que alguien tan joven me estuviese dominando como a una niña. Me hace un comentario acerca del tamaño de mis pechos y el peso que representaba para mi columna y todas esas cosas que ya escuche mil veces. Me destaca y muestra como los breteles de mi corpiño se clavan en la carne de mis hombros por el peso de mis mamas, mientras corre levemente el bretel. Me corre el otro sin necesidad aparente  y me pregunta si habitualmente me duele la espalda y otro montón de excusas, preparando la justificación de lo que seria su próximo pedido que  textualmente sonó así “Bueno Mami, vamos a soltarnos el corpiño que te quiero revisar las mamas para quedarme tranquilo”. Pensé para mi, es un mentiroso, el corpiño me lo suelto solo yo, y tranquilo estaba lo que quería era verme bien las tetas,  Pero sin oponer resistencia y sentada en la camilla me solté la presilla del soutien y mis blancos y generosos pechos quedaron a su total disposición, ofreciendo a su vista todas las redondeces y  pliegues de mi anatomia de mujer madura que apenas quedaban cubietos por una muy minima bombachita que cubria el vello pubico.  Su cara describió un placer que no les puedo contar. Me volvió a hacer comentarios del tamaño que ya eran bien morbosos. Me hizo poner ambas manos detrás de la nuca para empezar a palparme, obligandome a erguir los pechos y convertirlos en realmente importantes.  Primero hizo una revision bastante profesional, palpando las axilas, los costados de las mamas, presionando sobre las areolas y todas las rutinas que muchas veces me han hecho. Pero después de a poco, sentí que empezó a tocarme por placer.  Ya no me palpaba sino que me tocaba las tetas de todas las formas hasta lograr que mis pezones se pusieran bien duros y tensos. Y la máxima fue cuando haciéndose el buenito me quiso enseñar a hacerme un autoexamen. Me hizo parar frente a un espejo y él se paro justo detrás mió para enseñarme como debía hacerme. Era una situación inimaginable, avergonzante: yo estaba apenas con una bombachita muy chiquita para toda mi abundante carne, en bolas frente a un espejo con un joven que me apoyaba lascivamente por detrás para mostrarme como tocarme las tetas. Insistió muchas veces y yo sentía que cumpliéndole sus pedidos le hacia frente al espejo todas las poses que lo excitaban. Hasta  tuve que revisarme sola frente al espejo mientras el me observaba en algo que era realmente erótico. Volvimos a la camilla. Me dice el muy cochino que para su total tranquilidad me tenia que hacer un tacto rectal. Le digo que esta loco. Me explica que dada mi edad (una señora vieja) a mujeres mayores de cuarenta convenía hacerlo y que el se quedaría mucho mas tranquilo. Me dice que no me va a doler que lo va a hacer suave. . Me hace pones parada de espaldas, con las manos en la camilla y la cola hacia fuera.  Me pide que me baje solo un poquito la bombachita para que no me dé tanta vergüenza la situación. La situación me aturde: tengo 46 años, estoy en un cuarto de 3×3 con un joven medico que me tiene hace rato a su merced, desnuda, parada de espaldas con la cola para afuera y con la bombachita entre las piernas.  Camina con parsimonia a buscar sus guantes y sus lubricantes mientras me conversa sabiendo que me tiene humillada y a su merced. Me habla todo en diminutivos, mientras me pide que me relaje que va a ser muy suave. Se que se va a dar cuenta que mi cola no es virgen y me avergüenzo de estar allí con el.  Acerca su dedo y avanza a explorar la cola de esta señora, mientras yo estaba a punto de perder toda mi dignidad y mi compostura porque empezaba a excitarme. Suavemente roza mi rajita y las humedades lo envuelven, dándole certeza de que me tenia excitada .Yo entre avergonzada y excitada, empiezo a mover la cola sin pudor indicando que sus dedos me agradaban. Insisto en despatarrarme ofreciéndome como una puta cualquiera para que me haga lo que quiera. “Tranquilita Mami que ya terminamos” me dice y tocándome bien mis pliegues como para mostarme que sabia que estaba chorreándome de la calentura, me da una palmadita en la cola y me dice que me vista. Yo quería matarlo, estaba avergonzada como nunca me paso en mi vida. Roja de la vergüenza, aturdida por la situación me subí la bombacha, tome mi ropa y sin otra alternativa me vestí delante de el mientras me miraba con total desparpajo como si fuese mi hombre. Sin  poder mirarlo a los ojos escucho que me dice tengo un honguito en la cola, que me va a recetar una crema para ponerme tres días y que el viernes próximo que el vuelve a estar de guardia vaya a verlo para que  me de el aprobado.

Sigo aturdida y no se que hacer. No se que voy a hacer

La madre soltera

Jueves, septiembre 27th, 2007

Silvana vivía en un edificio de departamentos de alquiler con su hija de 2 años. Trabajaba en un videoclub, pero no siempre su sueldo le alcanzaba para cubrir los gastos del mes. Algunas veces incluso, cuando podía, tomaba un segundo trabajo, pero el mismo era temporal. Tenía unos 23 años y era toda una luchadora. Desde siempre había trabajado, y aunque terminó con muy buenas calificaciones sus estudios secundarios, luego su temprano embarazó le impidió terminar una carrera universitaria. Ella era morocha, divina, se la notaba una mujer fuerte y decidida. Tenía unos ojazos celestes y un físico espectacular. Una cola firme, paradita, durita. Y dos senos hermosos, grandes, interesantes y turgentes. 
Ese mes, el día 5 cayó un jueves, y como era de esperarse, el Gordo González, pasó a cobrarle la renta. Sin embargo ese mes había sido muy difícil, había tenido muchos gastos imprevistos (en los que no vale la pena entrar en detalles) y verdaderamente no tenía para pagar el alquiler.

Por más que tuviera razones, por las que no había podido juntar el dinero, el Gordo González era un ser despreciable y sin corazón. O por lo menos así era como lo veía Silvana. No obstante, el alquiler que le cobraba era menor a otros departamentos de similar nivel de la zona.

Silvana, estaba casi convencida de que el Gordo González le cobraba algo menos de la tarifa promedio que indicaba el mercado porque era bonita. Cada vez que se cruzaban, ya sea en la calle, en el ascensor o cuando el pasaba a cobrarle la renta, este la miraba de una forma muy obscena. Lo mínimo que puede decirse es que la “desnudaba” con la mirada, más bien le arrancaba la ropa con la mirada y luego le hacía “otras cosas”, también con la mirada claro.
Ese mes como ya les comenté antes, Silvana no tenía, no había podido juntar el dinero para pagar el alquiler. “RING!” sonó repentinamente el timbre. “¿Quién es?” preguntó Silvana.

González: – “Soy yo Sil, venía a cobrarte el alquiler”. Ya su voz, pensaba Silvana, sonaba desagradable.

Silvana abrió la puerta. En ese momento estaba vestida de entrecasa con una remera cortita y unos minishorts tipo calza ajustados al cuerpo (al culo, que se le marcaba de una manera hermosa). El Gordo González agradecido, y disfrutando del espectáculo visual que se le ofrecía. Con cualquier excusa, ya sea pidiéndole una bebida o que le mostrara algo, el Gordo intentaba mirarle el culo a Sil por un rato. Esta vez el pretexto era si le podía traer algo fresco para beber.
Tomó su bebida, le dio un largo trago y luego dijo:

González: – “Bueno a ver, pagame los U$S 500, así me voy”.

Silvana vaciló un poco y le dijo casi avergonzada: – “Este mes no tengo para pagar el alquiler, te pido que me aguantes hasta el mes que viene”.

El Gordo González empezó a los gritos y armó un escándalo, cuando se calmó un poco, dijo:

González: – “Bueno, mirá. Si vos no tenés plata, de alguna forma esto lo podemos arreglar. Me podés ayudar con algunas cosas”.

Silvana: – “Seguro, lo que vos digas”.

González: – “Bueno. Vamos a hacer lo siguiente. Veníte el viernes a mi casa. Yo me reúno con unos amigos y tal vez me puedas dar una manito”.
Todos los viernes había Noche de Póker en la casa del Gordo González. Ese día se reunía con sus amigotes. Los mismos ya estaban alrededor de la mesa jugando cartas, cuando Silvana tocó el timbre. Ring, Ring! sonó la campanilla. El Gordo González abrió la puerta. “Hola” saludó Silvana, con su mejor cara. “Hola” le contestó el Gordo ya con aliento a alcohol y la hizo pasar. La entrada de la casa daba directo a la cocina. Era un piso entero en uno de los edificios en los que el Gordo González poseía algunos otros departamentos.

Gordo González:- “Bueno, vos hoy vas a ser la camarera en este viernes de póker con mis amigos. Y si no conseguís dinero para pagarme el alquiler, en unos cuantos más también”. Silvana:- “OK. Lo que vos digas, ¿Querés que les lleve unas cervezas? ¿Qué les cocine algo?”.

A lo que el Gordo González responde: “Sí, traénos una cervezas”. En la heladera había una gran cantidad de cervezas, todas marca Budweiser.

González: – “Traénos un par, somos cinco”.

Silvana se disponía a agarrar los cinco porrones (botellitas chicas) de Budweiser, cuando González le dijo: “¿Qué color de ropa interior tenés puesta?”.

“¿Qué?” re-preguntó Silvana extrañada.

González: -“Te pregunté ¿Qué color de ropa interior traes puesta?”

Silvana: – “¿Y para que quiere saber eso?”

González: – “Sólo contesta la pregunta”.

Silvana no recordaba con seguridad, entonces tomó uno de los elásticos de su tanga, lo sacó fuera de su jean azul y le contestó: -“Negra”.

González: – “Me gusta. Perfecto. Sacate la ropita y te podés quedar en bombacha y corpiño … Por ahora”.

Silvana (pregunta sorprendida): -“¿Cómo?!”.

González: – “Sí, nena. Dale, que no tengo toda la noche para perder. O te pensabas que te voy a perdonar el alquiler sólo por alcanzarnos un par de cervezas de la heladera. Está bien que estoy gordo, pero puedo levantarme de mi sillón y caminar dos metros hasta la cocina”.

Silvana, dudó un instante, dos instantes, tres instantes. Primero miró el suelo mientras pensaba y luego miró al Gordo González, que tipo desagradable y que mirada lasciva. Encima, aún no sabía como eran sus amigos, mas si eran como él que larga noche le esperaba …

Luego de pensar un rato prolongado en silencio, pensó “Que más da. Necesito pagar el alquiler. Por mi hija. No tengo la plata, ni otro lugar adónde ir. Haré de cuenta que estoy en bikini en la playa. Después de todo, no es la primera vez que un hombre me ve en bikini o ropa interior”. Silvana se sacó la remera primero quedando en corpiño. El Gordo quedó maravillado con lo que veía, con esos hermosos pechos. Luego, Silvana junto un poco más de coraje para el paso siguiente y se bajó el jean quedando completamente en ropa interior ante el desagradable Gordo González. “Que empiece el show” dijo este. Y el show habría de empezar …
Silvana tomó las cervezas y así como estaba se acercó a la mesa. Saludó a todos los muchachos con un sensual y fresco: “Hola” al que los amigos de González respondieron tomándose el tiempo necesario para contemplar la belleza de Silvana. La miraron de arriba abajo, como corresponde a una mujer de semejante hermosura.

Julián, el mejor amigo de González sacó un billete de U$S 10,00 y se lo puso en el elástico de la bombacha y luego le dio una palmada fuerte en la nalga. Silvana lo miró sorprendido. “Es por los U$S 10,00” aclaró el Gordo. 
Silvana, se disponía a irse para la cocina. De atrás escucha al Gordo González que le ordena: “Nena, cocinanos algo, que sea rico y que sea rápido, que los muchachos tienen hambre”. Silvana fue para la cocina, con intención de cocinar, tras de sí, la seguían las miradas de los hombres.

Silvana, tardó unos 20 minutos en cocinar unos exquisitos platos, con lo poco que encontró en la desordenada cocina del Gordo González. A los 20 minutos volvió a entrar en escena acercándoles los platos a la mesa. Esta vez no sólo Julián le tocó el culo, sino que a medida que iba sirviendo a cada uno todos le agradecían con una cariñosa “palmadita” en la cola. La fina tanga, la dejaba más que expuesta para este proceder por parte de los amigos del Gordo.
Los muchachos se tomaron un recreo, mientras comían y dejaron de jugar Póker, se pusieron a charlar. Silvana, una vez servida la comida, fue a buscar refugio temporal en la cocina, pero el Gordo González, le dijo que se sentara con ellos a charlar. Así semi-desnuda como estaba se sentó a charlar con los muchachos. Sin embargo, no le trajeron una silla, sino que tenía que irse sentando alternativamente en cada uno de ellos. Con su cola, notó y le hicieron sentir las erecciones de cada uno de ellos.

Hablaron de la vida en general y contaron muchas anécdotas. Muchas de ellas, tal vez motivados por la presencia de una mujer, de índole sexual.

Después de finalizada la comida, los muchachos siguieron jugando en una larga noche de póker. Jugaron durante más de dos horas, después de la comida, y ya el Gordo González que no había tenido una buena noche, estaba casi sin plata. Cuando se quedó en cero, y tenía una buena mano como para seguir jugando, dijo a uno de sus amigos: “Te apuesto el corpiño de Silvana”.

Marcelo, el amigo en cuestión, le contestó enseguida: “Apuesta aceptada”.

Silvana, estaba en la cocina, no había escuchado en que consistía la apuesta. Marcelo que tenía póker de ases ganó la mano. Entonces el Gordo González la llamó con un grito y cuando esta se acercó al living le dijo:

“Sil quítate el corpiño por favor y entregáselo a Marce”. Silvana, demoró un instante ya que era la primera que se exhibía así en público ante varios hombres, pero luego obedeció y mostró sus tetas a los jugadores, entregándole el corpiño a Marcelo.

Otro de los amigos, Damián, dijo: “La verdad que sos hermosa nena”.

Silvana se sonrojo un poco y le dijo un tímido “Gracias”.

Nuevamente todos los amigotes y el Gordo González aprovecharon para contemplar su belleza.
Los 4 amigos, que ya estaban más que excitados y calientes, Julián, Marcelo, Damián y Roberto le pedían al Gordo lo siguiente: “Dale Gordo, por un strip-tease, si lo hace bien de verdad. Perdonále el alquiler de todo el mes a la piba”.

Gordo González: – “Bueno déjenme pensarlo. Aparte hay que ver si Silvana quiere”.

Julián: “Cómo no va a querer, si igual ya está en tetas. Mucho no le costó desnudarse a la putita esta” comentó Julián, con Silvana allí presente.
A Silvana, por un momento se le iluminó la cara. Total ya estaba en el baile, en el medio del río. Con un poco más de audacia y coraje, tal vez se ahorraría el alquiler del mes, y la verdad que ese dinero no le vendría nada mal. Lo necesitaba. Sin que el Gordo, tomara su decisión y sin dejarlo pensar, Silvana empezó a bailar de la manera más sexy y erótica que jamás haya hecho. Y lo hizo bien, casi como una verdadera profesional de cabaret.

El Gordo González, eufórico, excitado, parte por la excitación sexual y parte por la provocada por el alcohol dijo: “Está bien, por esto te perdono el alquiler de este mes completo”.
Silvana continuó con su show, pero más motivada. Tenía un motivo, y estaba dispuesta a llegar hasta el final. Siguió bailando por un largo tiempo de manera sexy. Se acerca a los hombres, se frota con ellos, los excita, se les sienta encima. Sumerge sus caras en sus senos, se agacha delante de ellos, se deja tocar toda, en fin, hace todo lo que se hacen en los nightclubs de cualquier lugar del mundo. Y va repitiendo el circuito una y otra vez, haciendo que todos los muchachos tengan oportunidad de sentir, tocar y jugar con sus partes más sexuales. Es toqueteada, apoyada, lamida y demás.

Luego de un largo tiempo bailando de manera erótica, se acerca al Gordo González, se le para al lado, ya que era a quien le debía el alquiler, para darle el privilegio de sacarle su bombachita. Tomó con sus manos las dos manos del Gordo y las puso sobre los elásticos de su tanguita, dejando muy claro todo. El Gordo, se toma un segundo y luego la deja completamente desnudita. Ahí la excitación es total y los hombres se le abalanzan como salvajes para toquetearla. La manosean un buen rato, por el lapso de 30 minutos, pero sin llegar a penetrarla.
Cuando Silvana termina de hacer su baile erótico y de ser manoseada por los muchachos, intenta agarrar su ropa para vestirse pero estos no la dejan. Le esconden primero la ropa y luego no se la quieran dar. Se la pasan de uno a otro, mientras Silvana intenta agarrarla. Finalmente se aburren de verla moverse y bambolear sus pechos y su cola de un lado para otro y le entregan su ropa. Así la noche casi estaba llegando a su fin. Con lo cuál la mayor parte de los amigos del Gordo González comienzan a irse, pero se queda él con uno para charlar sobre un negocio que tenían pendiente.

Los otros van hacia la puerta junto con González que los acompaña y los despide. Alguno de ellos comenta “Linda la piba”, otro “Que venga más seguido” y no faltaron las expresiones del tipo “Está bárbara”, “Me la cojo toda” y demás.

El Gordo y un amigo se quedan.

Gordo González: “Sil, traénos dos cafés por favor”.

Silvana: “Enseguida”
Silvana va a la cocina, nuevamente vestida, prepara los dos cafés y los alcanza a la mesa. Los dos hombres, conversan y luego de una media hora, terminan de cerrar el negocio en cuestión. El amigo, Julián, le dice en voz baja y con una mirada cómplice: “¿Gordo, no vamos a terminar la noche acá, no?”

Gordo: “Cómo te conozco, yo sabía que me ibas a decir esto”.

Gordo (hablándole a Silvana ahora): “A ver Silvana, vení. ¿Te querés ahorrar el alquiler del mes que viene también?”.

Silvana que ya estaba en el baile preguntó con una mirada excitante que indicaba en parte que ya estaba dispuesta a todo: “¿Y que tendría que hacer?” al tiempo que se ponía un dedo en la boca como haciéndose la inocente y la que no entendía. Pero en realidad entendía perfectamente.

Gordo González: “Y mira, tendrías que usar tus dotes y habilidades de mujer como mejor sabés. Y cuánto más placer nos des, más plata te voy a compensar yo del alquiler”. Por si quedaban dudas, le aclaró: “Placer sexual, se entiende, no”.
Silvana, que por un lado era una chica grande y entendía perfectamente lo que le querían decir y por otro, realmente necesitaba el dinero, se acercó a ellos dos entregándose. Pronto la comenzaron a manosear y a desnudar. Le sacaron su ropita como desesperados. Casi a los tirones y pronto la dejaron nuevamente en bombacha y corpiño como cuando estaba haciendo el baile sensual. El Gordo González, estaba delante de ella y la tocaba por todos lados e incluso la besaba, con su aliento desagradable. El otro iba por atrás, y le hacía sentir bien su miembro, entre sus nalgas. Luego Julián, que estaba detrás, le sacó el corpiño. Ella instintivamente se cubrió los senos, pero luego el Gordo González le apartó las manos y le dijo: “Compartí, dejate ver, que sos linda”. Ella dejó sus manos a los costados del cuerpo pasiva mientras la seguían tocando. Una vez tetas que sus tetas estaban al aire, nuevamente Julián, le bajó la tanguita de  dejándola desnudita, mientras ellos estaban casi vestidos por completo. Simultáneamente el Gordo le chupaba los pezones y le llevaba una de sus manos a su bragueta.

Gordo González: “Dale sacala que te gusta”.

Ahí Silvana, tuvo que bajarle el cierre del pantalón, meter su mano dentro del mismo y sacar el pene del Gordo González, fuera del pantalón. Mientras tanto Julián le chupaba el culo, le colaba los dedos y también le metía mano en la vagina. 
De a poco los dos hombres comenzaron a desvestirse, el Gordo desagradable se sacó la remera, quedando con el torso desnudo. El otro hizo lo mismo. Y acto seguido ambos se bajaron los pantalones para estar listos para la acción. Silvana, terminó recibiendo penes por ambos frentes. El Gordo González por delante al cuál tuvo que hacerle un largo y prolongado “pete” hasta que este acabara en su boca. Tragó el semen como le ordenó el Gordo. El otro la penetró por la cola sin pedirle permiso y sin lubricarla adecuadamente, lo cuál le dolió demasiado. Sin bien no era la primera vez, para ella la cola era algo que no se la “entregaba” a cualquiera, pero aquí no tuvo más remedio. Sentía como en su boca debía entrar una y otra vez el desagradable pene del desagradable Gordo González. Mientras que también recibía el pene de Julián por su colita, casi sin lubricación alguna. A medida que la penetraba Julián le daba palmadas en la nalga, fuerte que le enrojecían un poco las mimas y le decía alternadamente cosas como: “Dale movete”; “Dale que te encanta”; “¿Te gusta que te coja?”. Cada tanto Silvana le contestaba un “Sí, me encanta” y esto así excitar más a un Julián que le daba con todo, a un ritmo frenético. El Gordo González más tranquilo, disfrutaba y dejaba hacer a Silvana. Se relajaba y gozaba de la felación que estaba recibiendo. Sin embargo, cuando Sil dejaba de chupar por instante o intentaba ayudarse con las manos, masturbándolo por un instante, enseguida el Gordo, le quitaba las manos, le agarraba fuertemente la cabeza y le metía su pija hasta el fondo de la boca, tan adentro que casi al punto de provocarle arcadas. Y así Silvana recibía simultáneamente de un lado y de otro una buena cogida. Mejor dicho, dos buenas cogidas. Los dos terminaron como mejor quisieron. El Gordo, no tuvo ningún reparo ni respeto en acabarle primero en la boca, una parte, semen que tuvo que tragarse, y luego en la cara. El otro acabó algo después y no sacó su miembro al eyacular. Descargó todos sus fluidos en el culito tierno y suavecito de Silvana.
Por suerte para ella los muchachos estaban algo cansados, sino la noche hubiera sido aún más larga. Pero cuando se estaba cambiando para irse el Gordo le dijo:

González: -“Dale, uno último rápido para cada uno y no te jodemos más e incluso por el mes que viene y el otro no me debes el alquiler”.

Silvana, no tenía más ganas de ser penetrada, estaba ya bastante cansada. Pero ahorrarse otro alquiler y visto el punto hasta dónde ya había llegado era algo importante para ella.

Lo que hace entonces, es ir delante de ellos, arrodillarse y hacerles un fellatio doble. Por momentos chupaba el pene de uno y masturbaba al otro e iba alternando. Lo hizo con mucha energía, con mucha fuerza, para que ambos acabaran rápido y pudiera irse a su casa. Ya estaba bastante cansada. Succiona los penes muy rápido, como una estrella de película porno, pareciendo sedienta de sexo y en el punto máximo de la lujuria, aunque lo que en realidad le pasaba era que quería que los hombres acabaran rápido para poder irse a su casa.

Ambos terminan casi simultáneamente en su cara. Estaba vez no tuvo que tragar, pero recibió leche en su cara y en las tetas. Se limpió un poco rápidamente y para evitar que los hombres se recompusieran y tuvieran diera ganas de más acción se fue velozmente y a medio vestir.
Cuando llega a su departamento, a las 4 de la mañana aproximadamente, entra y antes de irse a dormir va al cuarto de su hija, le da un gran beso, la mira con una tierna mirada maternal y luego se va a dormir.
 
Por favor envíen sus comentarios a: julieta_s24@hotmail.com

Esclava sexual en Arabia Saudita

Martes, septiembre 25th, 2007

Julieta era Gerente de Marketing en una importantísima compañía de origen norteamericano. Tenía unos 29 años y desde hacía ya 5 años que ocupaba ese cargo. Las presiones eran muchísimas, el trabajo agotador. Y ella estaba bastante cansada de las presiones, del stress.

Por suerte, no tenía familia, ni hijos que mantener. Lo cuál la hacía una mujer verdaderamente independiente.

Su vida, era una vida normal. Aparte de trabajar, iba al gimnasio unas dos veces por semana, salía con sus amigas los viernes y con un chico que había conocido hacía unos 4 meses los sábados.
Julieta tenía un amigo, que nunca supo bien a lo que se dedicaba. El se llamaba Eric y tenía contactos muy importantes alrededor del mundo. Había viajado por todo el mundo y conocía a muchas personalidades importantes. Julieta nunca supo a lo que se dedicaba su amigo, pero si sabía que era él quién podría solucionar su problema. Fue a verlo y le pidió que le solucionara el problema. Él le dijo que lo esperara unas dos semanas para gestionar lo que ella le pedía y que cuando estuviera todo listo él le iba a avisar.
La llamada de Eric nunca llegaba, hasta que por fin un domingo a las 20:45 hs. la llamada de Eric llegó. Él le informó a Julieta que tuviera todo listo y preparado para dentro de dos semanas. Para el domingo, dentro de dos semanas pero a la mañana. Que en ese día, en ese plazo, una camioneta la pasaría a buscar por la puerta de su casa y ahí su vida cambiaría radicalmente y para siempre como ella quería.
Esas dos semanas la tuvieron a Julieta presas de una ansiedad gigantesca, se dedicó a terminar todos sus asuntos y poco le importó su trabajo y la prestigiosa compañía para la que trabajaba a la que dejó de ir sin avisar ni cuando volvería, ni cuál era el motivo de su ausencia. Realmente no le importaba nada. No tenía nada de que preocuparse y estaba muy feliz con eso.
El domingo exacto una camioneta negra a las 8 de la mañana se acercó a su casa. Dado el día y el horario, no había nadie en la calle y todo estaba muy, muy tranquilo. Ella estaba vestida, lista para viajar y con una valija, en el hall de entrada de su casa.
En la camioneta viajaban tres personas. Todos vestidos de negro y encapuchados. El chófer, nunca se bajó. De golpe bajaron dos fornidos hombres de la camioneta. Le taparon los ojos y la boca y la metieron de un empujón dentro de la camioneta. Enseguida le vendaron los ojos y mientras pudo hablar alcanzó a decirles, que estaban olvidando de su valija. A lo que ellos le respondieron que al lugar a dónde ella iba, no iba a necesitar ni su valija, ni su ropa, ni otras pequeñeces del mundo occidental. Le dijeron también que no tenía nada de que preocuparse. Lo primero que hicieron estos hombres luego de vendarle los ojos, con una gruesa venda negra que no la dejaba ver nada, fue arrancarle bruscamente toda su ropa. Con una tijera, cortaron la remera que traía puesta, la falda se la sacaron de un tirón. Una vez en corpiño y bombacha, le cortaron el corpiño con el mismo cuchillo y le sacaron la bombacha. Le pusieron su propia bombacha, dentro de la boca y la amordazaron para que no gritara. Posteriormente, le pusieron otra bombacha, de color dorado, con una S, bordada en oro. Todo esto era un poco innecesario tal vez, ya que ella voluntariamente quería ir a dónde la llevaban, pero las reglas eran las reglas y había que respetarlas.
La camioneta viajó y viajó, Julieta no podría saber cuanto tiempo, pero probablemente hubo viajado unas ocho horas desnuda, atada y amordaza en la parte de atrás de una traffic negra, junto a tres hombres que cada tanto le hablaban. Le decían: “Tranquila nenita, que vos vas camino a un paraíso en La Tierra”.
Luego de estas ocho horas en camioneta, esta llegó a una especie de pequeño puerto. Pero no era un puerto común, oficial. Era un puerto clandestino. Vaya a saber uno propiedad de quién. Así desnuda cómo estaba, Julieta fue bajada de la camioneta y le destaparon la venda de los ojos para que pudiera caminar, pero no le sacaron la mordaza de la boca. Los tres encapuchados, la conducían hacía un barco, uno la agarraba fuertemente de los brazos y otro de ellos cada tanto le daba una fuerte palmada en la nalga y le decía: “Camina perra”.
Al llegar a la puerta del barco, había dos personas que controlaban el ingreso de la gente al barco. Intercambian unas palabras con los tres encapuchados, que la entregan y se van. Ella es puesta en un container grande junto a otras mujeres. Todas estaban desnudas, aunque no completamente, ya que todas tenían delicadísimas y diminutas tangas de distintos colores y con distintas letras, que indicaban el destino de cada una. La mayoría eran muy bellas.
Después de una media hora de espera, el barco zarpa y realiza una travesía por mar que dura aproximadamente unos 25 días. El viaje en barco fue muy muy duro. Como las vergas de los marineros que lo tripulaban. A la mañana muy temprano, a eso de las 7 las levantaban, aunque sin motivo. Las mujeres dormían bajo cubierta. Todas amontonadas. En el piso, o unas sobres otras, se iban acomodando como podían. Al rato de levantadas les daban un magro desayuno, de comida muy mala y en unos platos muy feos. Al respecto de eso, un día una chica, llamada Barbie se quejó e inmediatamente como castigo, fue atada desnuda al palo mayor del barco y dejada ahí casi un día entero. Luego de ese incidente, nunca más ninguna se volvió a quejar acerca del desayuno. A eso de las 10, eran subidas a cubierta, en tandas de a 7 u 8 para que tomaran un poco de aire y para ser “bañadas”. Esto era, colocaban a las mujeres en cubierta, se aprontaban los marineros dispuestos a enjabonarlas y enjuagarlas por todo su cuerpo. Eran manoseadas, hasta que los marineros se cansaban de toquetearlas y decidían pasar a la siguiente tanda (“a ver que era lo próximo que venía”). A Julieta, que era una de las más lindas, la toqueteaban muchísimo. Iban pasando los marineros por turnos y le apretaban fuertemente las tetas, que eran realmente preciosas. Le tocaban el culo, lo acariciaban, lo besaban, lo lamían. Y Julieta no podía decir nada. Los más “sueltos” le apoyaban y hacían sentir sus miembros en la cola, aunque eso no estaba permitido según las reglas tanto de Samoud, como de Vincent, el capitán del barco. Una vez “bañadas”, las mujeres eran regresadas bajo cubierta, y la espera que parecía eterna continuaba para ellas. A eso de las 12 hs. se les daba el plato principal y aquí si la comida era de mejor calidad. Por lo general había pescado fresco, recién pescado, carnes o conservas. A las 18 hs. se las dejaba nuevamente subir a cubierta para tomar el último aire del día y luego eran regresadas al compartimento dónde estaban.
A la noche, luego de que los marinos comieran y bebieran mucho, pero mucho ron. Entraban algunos a dónde estaban las mujeres (cabe aclarar que habría unas cien mujeres) y elegían a algunas de ellas, para el “show”. El primer día entra un marinero de nombre John con otros 6 marineros de menor rango que él. John dice: “A ver todas contra la pared que voy a pasar inspección”. Inmediatamente las mujeres obedecen. Señala a una chica, una hermosa pelirroja de una belleza exótica y de nombre Diana: “Vós vení al centro”. Diana se acerca al centro de la sala y los otros 6 marineros comienzan a “inspeccionarla” mientras John continúa eligiendo. Elección que hacía no para él, sino para el capitán y máxima autoridad del barco, Vincent, y el círculo de marinos de mayor jerarquía. Los otros marinos comienzan a tocar todo el cuerpo de Diana a ver si era “buena mercadería” y estaba “apta” para ser llevada a la sala de oficiales. Ya que el capitán Vincent, era muy severo cuando le traían mujeres que no eran de su personal agrado. El siempre decía: “Es fundamental que para evitar mi enojo, mi ira, inspeccionen bien a las mujeres, tóquenles el culo una y otra vez. Toquen sus pechos, verifiquen que estén bien firmes, métanles un dedo en el ano si tienen dudas, pero no me traigan “mala mercadería””. Además decía: “La belleza no lo es todo. Si creen que una chica no tiene la actitud adecuada para ser traída a la sala de oficiales. Pruébenla antes. Hágansela chupar delante de sus compañeras, a ver que hace, como reacciona”. Por suerte ese día no hubo pruebas que llegaran tan a fondo, pero sí estuvo el manoseo corriente en la inspección. Van eligiendo a algunas chicas más, a Diana le siguieron: Layla (una hermosa mujer de pelo castaño), Aylin (otra rubia para el infarto), Lay Lee (una hermosa oriental, con rasgos occidentalizados y muy buenas tetas), Natali (una morocha con un culo único) y otras más. Hasta ahora, Julieta estaba tranquila y respirando aliviada. Rogando que no la eligieran. En el turno nro. 8 el marinero la ve y queda impactado con su belleza. Y por lo tanto la señala. Julieta da un paso al frente y comienza a ser tocada por Big T (un marinero negro muy grandote) y por Sansilban (un marinero petiso y desagradable). Big T empiezan por tocarle las dos tetas con sus fuertes y grandes manazas. Mientras que Sansilban desde abajo le baja la tanga y empieza a mirarle detalladamente el culo. Le introduce dos dedos en el ano para asegurarse de que estuviera todo bien y de que podía perfectamente ser penetrada por esa zona. Luego pone su cara frente a frente con la vagina de Julieta, como si fuera a darle una fellada, pero solo hecha un vistazo en primer plano de su vulva. Finalmente son elegidas dos chicas más para completar una cantidad estipulada de 10 y el grupo es llevado a la sala de oficiales. John golpea la puerta de ese salón del barco, se anuncia y luego hace ingresar al grupo. Las mujeres son empujadas al medio de la sala. La matemática era perfecta, 10 mujeres, 5 hombres (Vincent y los 4 oficiales de más alto rango) con lo cuál tenían dos para cada uno, que por supuesto iban intercambiando. Además cada “fiesta” era distinta. No siempre las hacían hacer lo mismo. A veces algunos ni tenían sexo, de tan hastiados que estaban del mismo. Era entonces, cuando llamaban a algún marinero de confianza, o que les agradara, o al cuál le debieran un favor y lo invitaban como excepción a participar de las “reuniones de los altos mandos”.
En esta primera reunión de los “altos oficiales” en la que Julieta participó, ella fue el objeto de atención de el capitán, Vincent, y de su segundo, Simón. Los otros 3 se repartieron y entretuvieron con las otras 9 chicas, quedándoles 3 para cada uno. Y se divirtieron de lo lindo. Dándoles “matraca” a más no poder. Lo que hicieron Vincent y Simón con Julieta fue distinto, por lo menos al principio, ya que luego terminó como todos en sexo desenfrenado. La vieron tan bella, y a la vez tan expuesta e indefensa, y por otro lado con un culo tan lindo, tan “puro”, delicado, que no resistieron la tentación de ir por él. Pero no fueron utilizando sus miembros viriles, fueron aún más “duros”. Arriba de la mesa, había un grueso y largo palo de madera que se utilizaba como instrumento de navegación. El capitán señala, la mira, señala ese artefacto y le dice: “Acá con Simón tenemos una duda. El dice que eso no te va a entrar en el culo, pero yo digo que sí, y nunca me gusta quedarme con dudas, así que empezá”. Julieta miró extrañada el enorme palo de madera. A simple vista, jamás pensó que “eso” pudiera entrar en el ano de alguien. Ella misma no tenía mucha experiencia en el sexo anal, pero de a poco se iría sorprendiendo con sus propias capacidades. Simón: “¿Necesitás ayuda? Dale empezá de una vez”. Julieta comprendió que no se trataba de una broma, que iba a tener que introducirse semejante objeto por la cola. Primero tomó su tanga con las dos manos y se lo sacó, dejándolo en una mesa que había a un costado. Luego tomó con sus dos manos el artefacto, lo miró, lo estudió un poco y luego se inclinó levemente hacia delante, se separó las nalgas con la mano izquierda y comenzó a introducirse el palo de madera sosteniéndolo con la mano derecha. Lo primero que hizo fue rozar su cola con el artefacto, sin llegar a introducir nada. Y acto seguido, la mirada de los dos más altos oficiales del barco se hizo cada vez más severa. Sentía un calor en su cola, junto coraje y se introdujo la puntita del artefacto. Comenzó a empujar hacia delante y hacia atrás para agrandar la zona. Estuvo así un largo rato, pero el palo no podía llegar a introducírselo más de unos 3 o 4 cm.. Estaba tan concentrada en la tarea, que no notó que por detrás y de golpe se le acercó Simón, quién la sujetó con la mano derecha del hombro derecho y luego tomó en su mano izquierda el artefacto y lo introdujo hasta el fondo del ano de Julieta, de una, de un solo golpe. Julieta lanzó un grito de dolor, mezclado con un gemido de placer. Julieta sintió su ano explotar, reventar, pero ello no impidió que pasado el dolor inicial, sintiera alguna clase de excitación, un cosquilleo sexual. Vincent: “Viste Simón, te dije que entraría. Sólo había que encontrar la puta adecuada”. Una vez que el artefacto ingresó hasta el fondo, la cosa no finalizó allí. Se ve que esos dos hombres, estaban preparando la zona para algo. Simón saco casi hasta el final el palo, pero sin dejarlo salir totalmente del culo de Julieta y volvió a introducirlo con una fuerza bestial. Nuevamente esto le arrancó a Julieta un grito de dolor/placer. Después de esta segunda vez fue autorizada a sacarse el palo del ano.

No sólo el culo de Julieta había impactado a los oficiales, también sus tetas les llamaron poderosamente la atención. Ya que eran verdaderamente “poderosas”, con hermosos y delicados pezones. Vincent y Simon, debido a su trabajo, tenían el privilegio de tocar un promedio de 50 pares de tetas por travesía en barco. Las habían tocado de todos los tamaños y variedades. Por momentos estaban cansados de ellas, por eso trataban de innovar, de inventar cosas nuevas. Desde el principio les encantaron los pechos de Julieta. Los vieron tan jugosos, para disfrutar, saborear. Entonces tomaron uno cada uno, como si fueran dos nenes recién nacidos y comenzaron a chuparlos, a sacarles el jugo, a exprimirlos con su boca y sus manos. Estuvieron una media hora chupando los pechos de Julieta, jugando con ellos, apretujándolos, amasándolos, mientras Julieta estaba parada, sin decir nada. Cada tanto recibía un manotazo en el culo o en la concha también. Mientras seguían chupando, lamiendo, Simón comenzó por introducirle primero dos y luego tres dedos por la vagina y Vincent hizo lo mismo con dos dedos por el ano. Julieta al poco tiempo no pudo evitar correrse y largo una buena cantidad de sus flujos de mujer. “Mira cómo acabaste zorrita” le dijo Simon. Julieta no contestó, tan sólo miraba hacia abajo. Los marinos tomaron un poco de ron y fumaron unos cigarros para recuperarse, Julieta se iba a sentar, pero Vincent le ordenó quedarse parada al lado de ellos así podían contemplarla desnuda. Una vez que hubieron fumado y bebido, los dos más altos oficiales del barco, le dijeron: “Vení putita que con vos todavía no terminamos”. La recostaron sobre una rústica mesa de madera y Vincent se le echó encima, penetrándola vaginalmente. De costado se ubicó Simon, y de inmediato le colocó su pija en la boca. Era enorme, le llenaba plenamente toda su boca. Encima se la metía por completo, hasta los huevos. A Julieta le provocaba arcadas, pero Simón la sostenía muy fuertemente de sus rubios cabellos y le metía su pija en la boca, bien hasta el fondo. El miembro de Vincent no se quedaba atrás en tamaño, era muy muy grande también, y Vincent si que sabía usarlo. La penetraba rítmicamente, entrando y saliendo, con una suavidad que a Julieta le encantaba, pese a toda la situación, y le arrancaba mucho placer. Uno y otro fueron bombeando, uno por la boca y otro por la vagina. Julieta sentía este doble “ataque” y se iba excitando de a poco. En el fondo, le gustaba sentirse y que la trataran como a una puta, como a una cosa cuyo único objetivo era dar placer a los hombres. Después de mucho chupar, en realidad Simon era quien le “cogía” la boca, y de ser penetrada por Vincent, ambos acabaron. Casi al mismo tiempo, y la llenaron de leche. Para terminar, luego de ser llenada de leche por Vincent y Simon, Vincent dijo a sus marineros: “A ver muchachos vengan aquí. Vos arrodillate” le dijo primero a sus muchachos y luego a Julieta. Entonces, la pusieron en el centro de la habitación y le acabaron todos en la cara. Julieta terminó llena de leche, por toda la cara, en el pelo y mucha leche en las tetas. Una vez que Julieta recibió todos los fluidos masculinos que los hombres quisieron descargar sobre ella, quiso comenzar a limpiarse, pero Vincent no la autorizó, así que no pudo limpiarse hasta que no fue devuelta al cuarto dónde estaban todas las demás mujeres.
En esos 25 días Julieta debe haber sido elegida en 21 oportunidades y cogida por unos 99 de los 100 marineros que tenía el barco. Ya que cuando había una mujer realmente hermosa la bola se iba corriendo y los marineros de una forma u otra se hacían de su oportunidad para “probarla”. El día 24 se armó una discusión un revuelo en cubierta y Julieta era el motivo de la misma, aunque no estaba presente. El tema era que se acercaba en fin del viaje y el rumor de que había una mujer rubia, hermosa de ojos celestes, con unas tetas y un culo preciosos, de película y una vagina depilada con pelitos rubios en el barco, se había hecho tan grande que todos querían cogerla, y muchos sabían que ya no tendrían oportunidad por razones de tiempo. Que no les alcanzaría el tiempo para tener alguna “oportunidad”. El capitán Vincent se acercó a cubierta y tomó una decisión salomónica. Ordenó a dos de sus marineros armar una especie de rectángulo de madera en cubierta, mandó a traer a Julieta. Le sacó el mismo, la tanga, la invitó a recostarse en el rectángulo de madera y los marineros fueron haciendo fila de uno para cogerla. Cada uno tenía derecho a echarle un polvo y por razones de practicidad, no podían cambiarla de posición, todos debían follarla al modo misionero. Los primeros la follaron en esa misma posición. Siempre ante la vista de todos, en plena cubierta del barco. Al nro. 20 el capitán vió que el ritmo era muy lento y ordenó que empezaran a pasar de a tres, con lo cuál Julieta se puso de costado y empezó a recibir triples penetraciones de manera constante hasta que pasaron los 82 marineros. El resto se la cogió, pero en las fiestas de los oficiales.

Julieta terminó exhausta y por el servicio que había prestado a la tripulación y el capitán la llevó al mejor camarote del barco y la dejó dormir allí por esa noche. En una cama a todo lujo, con colchón y almohadas de pluma de ganso. Luego una vez que se repuso, le trajeron un manjar como cena y un muy buen vino por bebida. Verdaderamente hacía largo tiempo que no cenaba tan bien. Ni siquiera cuando vivía en la ciudad. A la noche, cuando se disponía a descansar, luego de una agotadora jornada en esa hermosa y lujosa cama, se abre la puerta del camarote. Era el capitán, Vincent, quien obviamente se la va a coger. Vincent: “Que pensabas que hoy te ibas a salvar de mí”. Julieta: “No, capitán es un placer para mí “atenderlo””. Vincent: “La verdad que la tripulación se quedó muy contenta con vos. Te admiran, te idolatran, lástima que no te puedas quedar. La verdad que hoy todos los marinos han trabajado mejor que nunca. Los dejaste realmente motivados. Y no es para menos, muchos de ellos nunca en su vida han tocado un culo o unas tetas como las tuyas, ni han cogida, ni cogerán una hermosa perrita como vos”. Julieta: “Bueno, gracias” dijo de cortesía aunque no sabía bien que decir para que el capitán no se enfadara, aunque el comentario hubiera sido algo grosero. Julieta duerme entonces con el capitán quien le da sexo durante toda la noche. Le echó unos cuatro largos y fenomenales polvos.
Hubo muchas otras fiestas de “altos oficiales” durante el trayecto del barco, así cómo en varias noches, o incluso en momentos del día, el capitán solicitó le trajeran a Julieta a su cama, pero por razones de espacio no puedo contar todos esos encuentros sexuales.
Luego de 25 días, una vez que el barco llega a destino, junto con las otras mujeres, la hacen descender (a Julieta) del barco. La tripulación la iba a extrañar y sería recordada en ese barco. Una vez en tierra, es subida junto a las otras mujeres en la parte de atrás de un gran camión. Prácticamente no había espacio entre ellas y esto, sumado al calor intenso que hacía en el lugar, hace que empiecen a frotarse y rozarse entre ellas y a transpirar muchísimo. Era un verdadero “mar” de tetas, culos y vaginas ese camión. Dicho camión emprende otro largo viaje, que duró alrededor de unos tres días, en los que nadie les dio de beber, ni comer, ni siquiera el camión se detuvo por alguna razón.
El pensamiento que cruzaba todo el tiempo por la mente de Julieta y que la distendía, era como había cambiado su vida. Antes era una preocupada mujer, que no tenía tiempo para disfrutar la vida. Presa del trabajo, y sus presiones. Reuniones, fechas de terminación de proyectos, sin espacio para que pudiera vivir. Ahora, estaba libre de las preocupaciones, en tanga y en tetas, arriba de un camión junto a muchas otras hermosas mujeres viajando rumbo a uno de los lugares más hermosos del mundo, El Palacio del Jeque Árabe Samoud.

Samoud era y es el jeque árabe más poderoso que hubo y habrá en toda la historia de Arabia Saudita (o al menos eso es lo que dicen los entendidos en materia de política internacional).
Cuando llegan, las que fueron derivadas al palacio, no podían creer la belleza e inmensidad del lugar al que estaban arribando. Era un lugar verdaderamente único en la tierra. Un paraíso terrenal. El Taj Mahal a comparación de ese lugar, era un centro de refugio para gente sin techo. Las mujeres son conducidas a través de todo el jardín central del palacio. En ese jardín había de todo: árboles exóticos, animales, fuentes, cataratas, sirvientes, parques, automóviles. Más que una mansión, más que un castillo, más que un palacio, ese lugar era verdaderamente único en todo el planeta Tierra. El lugar era tan hermoso que por un momento les hizo olvidar a esas mujeres que estaban desnudas.
De acuerdo a los protocolos y reglamentos establecidos, lo primero que ocurre una vez que llega un “contingente” al lugar, es que vienen unas mujeres, de tez morena, muy corpulentas todas ellas y las “revisan”. Verificando que las tangas de todas sean de color dorado y tengan la S de oro grabada. Lo primero identifica a la familia, a la casta del Jeque, y lo segundo a él mismo en persona, a su palacio. Una de las chicas no tenía su tanga, la había “perdido” en una de las fiestas con los marineros. Al respecto la líder de esas mujeres corpulentas de tez morena dice: “Está no la puedo aceptar, llévensela, véndanla en algún Bar del pueblo, en otro lado”. (Tal vez en algún momento les contaré la historia de esta chica de nombre, Britney y que sucedió con ella).

Quedaron entonces unas 22 mujeres. Todas en su correspondiente tanga de color dorado y con la S grabada.

El paso siguiente fue la revisación médica. Fueron llevadas a un recinto, que se asemejaba, aunque a la manera árabe a lo que sería un consultorio médico occidental. Aquí las chicas que quedaron son “revisadas”. Y aunque los que las revisaron, eran médicos con título profesional, sus revisaciones no diferían mucho de lo que podían hacer los “piratas” (marineros) que las habían transportado en el barco. Ya que, estos “médicos” se preocupaban bastante poco por sus condiciones de salud y más por saber como eran al tacto sus tetas, culos y vaginas. Julieta ya estaba algo cansada de ser manoseada y puso mala cara ante el médico que le tocó a ella para ser revisada. Pero en seguida se acercó una de esas fortachonas mujeres negras y la sujetó por detrás tomándola de los brazos mientras los médicos en represalia la tocaban aún más de lo debido. Le ponían el estetoscopio una y otra vez en las tetas. Le tomaban las medidas, y aprovechaban para manosearla y entre otras cosas le tomaban la fiebre introduciéndole un termómetro grande una y otra vez por el ano y la vagina. Y no continuaron más de allí, ya que los médicos tenían expresas órdenes directas del jeque de no tener sexo con las “pacientes”.
Una vez terminada la revisación médica, las chicas son dejadas nuevamente en manos de estas negras corpulentas que las habían recibido para su depilación. Les hacen sacar el tanga a todas y las van depilando una a una a cero. Excepto a Julieta y a tres más ya que por tener pelos rubios en la zona púbica, les dejan una fina capa de vello, ya que así era el gusto del jeque.
Una vez terminados estos procedimientos, finalmente se realiza la gran Ceremonia de Recepción en la que el jeque Samoud, en un amplio salón del palacio dice unas palabras de bienvenida ante las chicas y otras personas de prestigio que son invitadas a participar de la Ceremonia. Una vez cumplida la formalidad de la ceremonia de recepción, las mujeres son dejadas en manos de Joana quien iba a hacer la encargada de ellas. Lo primero que les explica en un tono muy autoritario y cortante es que ellas eran “Perras, animales” y que como tal no estaban autorizadas a usar ninguna clase de ropa. Y que su única función era “satisfacer los deseos sexuales de cualquier persona que se los ordenara o pidiera dentro del palacio siempre que esta fuera ciudadana de Arabia Saudita o que hubiera una orden del jeque”.
Todas las chicas, proceden entonces a sacarse las tangas y a quedar desnudas. Algunas sentían mucha vergüenza por esto. Una ayudante de Joana recoge todas las tangas y las coloca en una caja para llevar a su lavado, y ser utilizadas en un futuro, por un nuevo contingente.

Luego, ya depiladas, completamente desnudadas y hecha la primer charla introductoria acerca de cómo sería su vida en el lugar,  finalmente las llevan al lugar donde iban a dormir y estar, salvo que alguien las llamara, solicitara o les fuera encomendada alguna “tarea”.
El primer año fue muy duro. Cada una de las esclavas de primer año vivía en una jaula. Comían y tomaban agua, de un plato, sin utensillos, como si fueran animales. Y si comían en presencia de algún miembro de la familia real debían hacerlo en el piso y sin usar las manos. Eran bañadas en un gran patio todas juntas, con mangueras que emitían agua a altísima presión. Y siempre andaban desnudas. Su única función era ser cogidas una y otra vez por el jeque, sus familiares, amigos y hombres de negocios con los cuáles el jeque hacía negocios. Más de una vez Julieta y muchas otras mujeres fueron “prestadas” a amigos del jeque para su entretenimiento. Gente que las sometían a las más diversas cosas. Julieta rápidamente adquirió una gran reputación, no sólo por su indescriptible belleza, sino también porque siempre hacía lo que le pedían. Sin quejarse, fuera lo que fuese.
La primera vez que la prestaron fue a la casa (mejor dicho al castillo) de un hombre que hacía negocios con el jeque. Un magnate del petróleo. En casas como esta, la recepción no estaba organizada como en palacio del jeque. Era todo mucho más informal. Al verla el magnate, Mr. Richardson se quejó: “Pero Samoud me prometió que me iba a mandar tres hembras y me manda una sola. ¿Que hago yo con la fiesta que debo dar el sábado ahora? A ver vení pasa” le dice a Julieta. Julieta obedece y se acerca, quedándose parada y mirando hacia abajo al lado de Richardson. Este la hace dar una vuelta para mirarle el culo, y de paso, tocarlo. “Piba, la verdad que si bien sos una sola estas buena. Le vas a gustar a los invitados”. Antes del sábado, Julieta pasa unos tres días en casa del magnate. No hizo mucho, pues el magnate la esposo desnuda a su cama y allí la dejó esos tres días. En una sola de esas tres noches, decidió follarla, pero no fue nada especial, le echó un polvo rápido por la vagina y luego se durmió.
Llegó el sábado, el día en que se daba la fiesta en la casa del magnate. Como Julieta era una sola, el Sr. Richardson debe contratar otras prostitutas para animar la fiesta. Sin embargo Julieta no deja de ser el centro de atención durante la misma. Y siguiendo una costumbre oriental, la comida de la mesa principal es servida encima de Julieta desnuda. Los distintos platos y manjares son cuidadosamente distribuidos por todo su cuerpo que es tocado, y chupado por los comensales de más alto nivel hasta el cansancio. Una vez terminada la cena, el magnate le pide a Julieta que baile sensualmente para ellos, y Julieta así lo hace. Su sexual manera de bailar, moviendo su cola, tocándose sus pechos, acercándose y alejándose de esos hombres, provocándolos con sus movimientos y miradas, hace que la temperatura en el lugar vaya calentándose de a poco. Julieta bailaba arriba de la mesa en la que hasta hace un rato estaban comiendo, se tocaba el culo, se agachaba, se contoneaba. Todo al ritmo de música ideal para estos bailes exóticos. El magnate le pide que baje de la mesa-plataforma, para tenerla más cerca y ella continúa bailando. A medida que baila se incorporan los toqueteos, principalmente de culo, pero también alguno que otro en las tetas. Cuando los hombres, que eran unos 8 no aguantaron más la calentura que Julieta les hubo provocado se abalanzaron como caníbales sobre ella y empezaron a follarla, de a tres a la vez, turnándose, pero todos metiendo mano todo lo que podían y no pararon de cogerla toda la noche, una y otra vez. Pese a que había prostitutas caras y hermosas en el lugar, todos querían con Julieta. La pusieron nuevamente arriba de la mesa y la cogían por vagina, ano y boca. O la hacían bajar, la arrodillaban y le hacían chupar vergas, y masturbar a otros dos a la vez. A veces, alguno se acercaba por detrás mientras estaba chupando, y la penetraba por el ano. Julieta, muy sumisa, obediente, y atenta, abría sus agujeros y hacía lo que le pedían. En algunos casos disfrutaba, gozaba (dependiendo del hombre que se tratase) y en otros casos, solo “cumplía su trabajo”. Finalmente la fiesta terminó con una Julieta multi-penetrada y con las prostitutas aburridas, y habiendo ganado la plata muy fácil esa noche.
Además, el magnate tenía un hijo que estaba en la pubertad, tenía unos 14 años y muy poco éxito con las chicas. Pero eso no iba a ser un problema, después de todo, era rico y el hijo de un magnate del petróleo. Un día a la tarde, mientras su hijo estaba estudiando, el magnate, lleva a Julieta (que la había vestido con una tanga y corpiño negros para la ocasión) a la habitación de su hijo. Y le dice: “Oliver, mirá ella es Julieta, ella va a estar con nosotros unas dos semanas. Yo ya la “usé” para la fiesta que dí el sábado pasado. Quiero que las dos semanas que faltan esté con vos a tu disposición”. Oliver: “Dice, pero papá mirá que yo tengo esta semana que viene y la otra medio ocupadas”. Richardson: “Hijo, no te hagas problema. Vos hacé lo que tengas que hacer, ella está a tu entera disposición. No le debes más respeto que a esa silla o que a esa computadora. Ella es una cosa para que vos disfrutes, goces. Si te tenés que ir, vos elegís, le ordenas que debe hacer, si querés que te acompañe o no, o simplemente la atas a la cama y le ordenas que te espere hasta que vos vuelvas y en que posición tiene que estar cuando vos vuelvas. Oliver: “Ok, que se quede entonces”. El Sr. Richardson se va y Julieta se queda. Ninguno de los dos, tanto Oliver como Julieta saben en un principio bien que hacer. Pues el chico era algo bastante tímido. Oliver la observa un poco, se excita, pero trata de disimularlo. Oliver se para, se le acerca le toca un poco los pechos y un poco la cola, aprovechando la oportunidad, pero no más que eso y le dice: “Debes estar cansada, acostate en mi cama si querés descansar un rato”. Julieta no dice nada, pero obedece y aprovecha el rato de descanso concedido. Al igual que su padre, esa noche Oliver se acuesta en la misma cama que Julieta y no hace gran cosa sexualmente. Ni siquiera la penetra. Tan acostumbrado estaba a la masturbación, que le pide a Julieta que lo haga. Y realmente la sintió deliciosa. Ya tendría más tiempo para estar con Julieta como se merecía y ese día estaba cansado. Julieta, tomó el pene de Oliver con su mano izquierda y lo masturbaba, mientras Oliver admiraba su belleza, sus hermosos pechos, su vagina y acariciaba su cola. Las delicadas y suaves manos de Julieta jalaban hacia abajo y hacia arriba el pene de Oliver y este muy pronto acabó en una explosión de semen, que llegó hasta Julieta quien sonrío en ese momento. Oliver también sonrío, pero luego le dijo: “Limpiame. Con la lengua” y Julieta obedeció tomándose toda su leche desparramada. Luego, durante toda la primer semana, Oliver se va jugar un torneo de fútbol y deja a Julieta esposada a la cama solamente de la mano izaquierda. Sola, allí y desnuda, recibía de tanto en tanto, agua y comida como Oliver había dejado instrucción a sus sirvientes. La había esposado solamente de la mano izquierda al costado derecho de la cabecera del la cama, es decir que Julieta debía permanecer boca abajo, esa fue la posición en que debía estar a su regreso. A la semana, Oliver vuelve de su viaje, del torneo de fútbol, del cuál había jugado y había salido campeón. Llega y Julieta, estaba boca abajo, con su culo hacia arriba, en la posición que él le había ordenada. Como corresponde, él la penetra por su hermoso y blanco culito.

Dada su edad y poca experiencia sexual. Tenía mucha leche para dar. Y se la sacó toda con Julieta. Incluso, invitó algunos amigos suyos. Es más, invitó a 8 amigos, todos miembros de su equipo de fútbol. Iban haciendo distintas cosas y todos se cogían a la pobre Julieta. Siempre bien dispuesta y con tanto empeño que los atendía. Hicieron cosas, como hacerla bailar desnudándose para ellos, también la llevaron a la pileta y disfrutaron su compañía. Pero pasado el período estipulado, Julieta se tuvo que ir, para volver a la mansión del jeque, y el hijo del magnate y todos sus compañeros la extrañaron mucho cuando se fue
Otro “préstamo” que recuerda Julieta fue el siguiente. El jeque tenía también un equipo de fútbol (soccer) que últimamente no estaba obteniendo muy buenos resultados. Y eso le costaba dinero al jeque y sobre todo disgustos, ya que era un gran aficionado del fútbol, siendo su principal ídolo Maradona. Los jugadores no eran malos, pero no estaban jugando para nada bien. El jeque los mandó a llamar a su palacio. Y los jugadores temieron por su vida. Pero en lugar de amenazarlos, lo que hizo el jeque fue prometerles que si ganaban el campeonato, les iba a mandar 10 de sus mejores putas y entre ellas, la preciosa Julieta. Pasaron 8 meses, el equipo comenzó a ganar todos los partidos y finalmente ganó el campeonato. Y allí fue enviada Julieta. Que, como ya supondrán, fue cogida una y otra vez por los fogosos y potentes futbolistas.

El día que salieron campeones, estaban los jugadores, luego de haber dado la “vuelta olímpica”, cantando canciones de festejo en el vestuario. Ahí el jeque les mandó las chicas, cumpliendo su promesa. Todas estaban vestidas con tanguita y sostén con los colores del equipo. Primero las chicas se pusieron a cantar con ellos, a alentarlos. Pero luego pasó lo que tenía que pasar, y los jugadores las fueron desvistiendo. A Julieta, por ejemplo, estaba cantado una canción alentando al equipo de soccer del jeque y de repente dos de los jugadores la pusieron en bolas. Ella no se hizo problema y siguió cantando desnuda, pero cada vez comenzaban a tocarla más. Las manos calientes de hombres se empezaban a sentir por todo su cuerpo. Hasta que tuvo que dejar los cánticos y empezar de lleno con el sexo. La gran orgía se dio en las duchas. Ahí todos los futbolistas jugaron contra todas las chicas. Y por supuesto que estas últimas perdieron, recibieron varios goles en contra. A Julieta la agarraron primero entre dos futbolistas como ya dijimos, luego el capitán se la subió encima y empezó a penetrarla por la vágina, sin que Julieta apoyara los pies en el piso. Le dio duramente. Julieta subía y bajaba, casi en el aire, con la espalda apoyada contra la pared, y en cada bajada recibía una terrible embestida de pijazo. El capitán, tenía mientras tanto su cara, sumergida en los pechos de Julieta, que chupaba sin parar. Julieta sentía el pene del capitán del equipo bien adentro, entrándole hasta el fondo, gracias a la ley de gravedad. El capitán la penetró una y otra vez, hasta que acabó. Cuando lo hizo, la bajó al suelo y enseguida otros dos futbolistas se le vinieron al humo. Se le acercaron tres, que la pusieron de rodillas y le hicieron chuparle la verga al que se puso en el medio y masturbar con sus dos manitos, a los que tenía a los costados. Julieta ahí estaba, exhibiéndose en toda su generosa anatomía. Con su culo bien abierto, y sus tetas hacia delante, chupando una verga y con otras dos pijas en la mano. Los futbolistas eran resistentes ya que tuvo que estar un rato largo en esa posición. Tardó unos 20 minutos, en hacerlos acabar. Cuando lo hicieron, todos se le vinieron encima. Una vez más le llenaron la cara de leche, y le hicieron tomar parte de ella. Aunque a Julieta no le molestaba, ya se había acostumbrado a probar semen de distintos hombres. Tantos distintos había probado, que en su mente había hecho una especie de clasificación de clases y sabores. Luego de este blow job, estos futbolistas la dejaron, pero vinieron otros dos y la hicieron arrodillarse nuevamente. Uno la penetró por la cola y le pegaba fuertes fuertes palmadas en el culo mientras se la ponía y el otro nuevamente le puso su pija en la boca. Muy duro le dieron por el culito esta vez. Un poquito le dolió. Y la pija del delante estaba realmente sabrosa, era una linda pija. Derechita, recta, dura. Como a Julieta le gustaba. Mientras el otro la penetraba duramente por el culo. La pija entraba y salía, entraba y salía y en cada entrada iba una “nalgada” en la nalga derecha por lo general. Pero Julieta no se quejaba. El de adelante le agarraba la cabeza muy fuerte y la atraía hacia sí, haciendo que se tragara su pija hasta el fondo, aunque cada tanto se la sacaba de la boca y le llevaba la cabeza de Julieta, de modo que su boca quedara al lado de sus huevitos, sin otra opción que empezar a chupar. Aquí no terminó todo, sino que Julieta recibió varias cogidas más, pero la mayor parte fueron similares a estas.
Una vez fue prestada, junto con dos chicas más a un tipo que se dedicaba a vender caballos de Polo. Uno de los caballos de esta persona (ALHAZAA), el más importante, el que estaba entrenando y preparando para obsequiar al hijo del jeque en su cumpleaños nro. 18, comenzó a sufrir una especie de “depresión” o el equivalente para los animales. Esta persona, que se llamaba, Dan Maggini estaba ante un terrible problema. En alguna fiesta pasada, ya había prometido tanto al jeque como a su hijo menor que le regalaría su mejor caballo y precisamente Alhazaa era su mejor caballo. De no cumplir su promesa pagaría con la vida. Pero no podía entregar al animal en el estado en que se encontraba, el jeque lo consideraría una ofensa, y tampoco podía entregar otro caballo, pues sería considerado una burla. Con lo cual estaba ante una verdadera encrucijada en la que corría riesgo su vida.

El préstamo fue hecho por Julieta y dos mujeres más una espectacular pelirroja, de nombre Larissa y de belleza comparable a la de Julieta y una morena, también muy hermosa de nombre Naomi. Un día Dan decidió que iba a llevar a las muchachas a cabalgar. Aunque ya había “cabalgado” bastante con ellas desde que habían llegado. Dan estaba preparando los caballos, junto con la ayuda de algunos asistentes, mientras las tres chicas se paseaban completamente desnudas por el establo. Al pasar Julieta por delante de Alhazaa, este pegó un relinchó estruendoso, y pareció recobrar la energía vital que no había mostrado en el último mes. Algo en Julieta atraía al animal. Alguna energía, alguna conexión cósmico habrían realizado. Dan miró asombrado la situación, miró a sus asistentes y aunque sabía que era una estupidez y que no tenía sentido, se le cruzó una fugaz idea por la cabeza.

Fui y le dijo algo al oído a Julieta, que nadie pudo escuchar. Julieta negó haciendo un movimiento con la cabeza y fue abofeteada inmediata y fuertemente por Dan. La abofeteó tan, pero tan fuerte, que esta cayó al suelo. Dan hizo una seña a dos de sus criados, que inmediatamente se acercaron y ayudaron a Julieta a levantarse, pero cuando esta estuvo en pie la ataron con los brazos bien extendidos. Dan tomó una fusta, ya que el látigo dejaría marcas y no quería dañar a tan precioso ejemplar. Y le dio diez fuertes fustazos a Julieta. 3 en las tetas, 3 en la vagina y los 4 más fuertes y dolorosos en el culo, que enrojeció un poco. Luego de esto y a una seña de Dan, Julieta fue desatada y cayó al suelo. Dan nuevamente se acercó y le susurró algo al oído, y esta vez todos los demás vieron sorprendidísimos como Julieta se incorporó rápidamente y fue hacia al caballo. Se paró a un costado, luego se arrodilló, se puso debajó y empezó a chuparle esa DESCOMUNAL VERGA. Tenía un tamaño increíble, GIGANTE. No se parecía a nada que Julieta hubiera mamado en su vida. Julieta chupó y chupó, tratando de meterla la cabeza en su boca, lo cual era bastante difícil, por eso tuvo que lamer mucho con su lengua los costados del miembro del animal. La sostenía con sus dos manos, pero todavía sobraba un tremendo pedazo. Julieta seguía chupando, el acto ya comenzaba a darle asco, ya que el animal parecía tener demasiado aguante. Así estuvo Julieta chupando la verga enorme del caballo por media hora, mientras las otras dos chicas, la miraban y pensaban “Pobre puta”. Igualmente, hasta acá no había pasado lo peor, Dan pensó que el animal necesitaba un estímulo extra y se volvió a acercar a Julieta. Le dijo algo al oído. Esta vez Julieta ya había aprendido la lección y no se negó. Se dio vuelta, se puso en cuatro patas y se “ofreció” bien abierta al animal. Quién sin exagerar “le rompió el culo”. Julieta se sentía morir. Era tremenda la pija que tenía en el culo. Inhumana, sentía que le iba a salir por la boca, que los ojos se le salían de las órbitas, de la terrible presión que ejercía el animal. Bombeaba y bombeaba sin parar, alentando cada tanto por su criador que le daba golpecitos y el animal empujaba aún con más fuerza.

Las otras dos chicas, Larissa y Naomi, miraban asombradas, y en parte aliviadas porque no les había tocado a ellas, pero en parte temerosas porque no sabían si después no seguirían ellas.
Finalmente el animal se vino dentro de Julieta que sintió una catarata, un torrente de leche de un verdadero semental. La sensación de la explosión del semen de su culo le encantó, realmente sería algo que Julieta atesoraría como una de las sensaciones sexuales mejores de toda su vida y que no volvería a repetir.
Ningún veterinario entendería porqué, pero resultó que el animal se repuso bastante y terminó más vital que nunca, y fue un precioso y valorado regalo para el hijo del jeque.
Hubo muchos otros préstamos más, pero no puedo contar todos ellos, ya que sino este relato se haría interminable.
Otra situación típica, de la vida en el palacio, era por ejemplo, que cada 6 meses el jeque, que era un amante de los juegos de azar, especialmente de la ruleta, organizaba para sus familiares más directos hombres, mayores de edad, el “Juego del Casino”. Lo que los participantes gastaban en fichas y en jugar era donado a escuelas, hospitales y otras entidades de bien. Esa fiesta consistía, en armar un casino dentro de la mansión. Con todo lo que esto implica. Cada ficha valía varios miles de dólares y los premios no eran en dinero, sino en mujeres. Aunque lo que se ganaba era un tiempo con ellas, que seguían siendo propiedad del jeque.

Y así iba Julieta, al igual que otras, caminando por toda la sala, mostrándose como le habían indicado, con un cartel con un nro. “7” escrito en el medio de sus dos preciosas tetotas. En el culo, tenía un nro. 7 pintando en cada nalga. Se paseaba por el salón, de un lado a otro, a la espera de que si alguien acertaba un “Pleno” al nro. 7 se la llevara para acostarse un rato con ella, o quién sabe que más cosas le haría. Pero Julieta hoy parecía estar de suerte. Bah, si suerte puede llamarse a tener que estar paseando desnuda en frente de un montón de tipos que ni conocía.

Pasaron una cuantas horas, hasta que uno de los crouppier gritó bien alto: “Siete” e inmediatamente un viejo decrépito que era el que había ganado reclamo su derecho. El viejo se lleva a Julieta a una de las habitaciones de la mansión e intenta tener sexo con ella. Como era un tipo ya mayor, y se ve que no había tomado el viagra a tiempo o este no le había hecho ningún efecto, no pudo mantener una relación sexual con Julieta. La hace tocarse un poco y bailar sensualmente, pero el impotente viejo se sentía frustado y se notaba en su cara. Julieta, que era muy sumisa, esbozó una leve sonrisa, que no pudo evitar. Sonrisas, que le hacen ver al viejo que no la satisface. Que no puede satisfacerla sexualmente. Entonces el viejo se ofusca, se enoja y dice: “¿Acaso, no soy suficiente para ti? Ahora verás lo que es bueno. Perra insaciable”. Y la lleva desnuda a las afueras de la mansión. Ya que como indicaba el reglamento, una vez ganado el premio, los afortunados, podían por 24 hs. hacer lo que quisieran con sus premios. Una vez afuera de la mansión el viejo enojado insultá a Julieta: “Pedazo de puta. Te gusta estar acá desnuda en la calle”. Julieta no responde, permanece paradita. Con su colita paradita. En ese momento pasaba por ahí justamente una cuadrilla de obreros negros. El viejo les pregunta: “¿Quieren cogerse a este pedazo de zorra, a este pedazo de carne?”. Los obreros, que eran 4, contestaron a coro: “Por supuesto”. Y así empezó una nueva orgía, o “gangbang” (todos contra una) de la que Julieta fue parte o protagonista. “Denle muy duro con sus enormes pijas” decía el viejo. ”Que sangre, que le duela, que sienta sus pijas esta putita. Si lo hacen les daré U$S 2.000 a cada uno”. Los obreros obedecieron de inmediato. Y pusieron manos a la obra. Tomaron a Julieta y comenzaron a tocarla. Exploraron primero sus tetas, su culo y su vagina. También, cosa extraña le tocaban la cara, con sus enormes manos negras, e incluso le metían sucios dedos en la boca. Julieta permanecía parada, y no pudo aguantar la tentación y empezó a tocar a los negros, principalmente en sus pectorales, que estaban muy marcados y desarrollados, pero también en sus enormes “paquetes”.

Sin embargo, Julieta no dejaba de ser el centro de la acción. Estaba en el centro y sentía como las manos le entraban por el culo, como le apretaban las tetas y como se introducían en su vagina. Ahí mismo en las afueras de la mansión, le tiraron a un costado, en una zona de pastizales y un enorme negro se le vino arriba y comenzó a penetrarla. Le dio muy duro, durante una media hora y luego acabó. Enseguida vino el segundo, que estuvo unos 25 minutos y no le acabó adentro como el anterior. Sacó su enorme verga, cargadísima de leche y se la tiró en las tetas y por todo el cuerpo a Julieta. Esta se limpió rápidamente, ya que al toque vino el tercer negro a penetrarla. Este fue el de más duración, 40 minutos aproximados y el que tenía la verga más grande. Julieta pensó que iba a morir. Que luego de este negro, la vagina le iba a quedar tan grande que nunca más disfrutaría del sexo. El negro la penetró una y otra vez. Y Julieta se dejó llevar y comenzó a gemir y a mojarse. Siempre había tenido la fantasía de estar con un negro bien dotado y ahora estaba con cuatro negros bien dotados. Y vino el último, quién tenía el pene aún más grande que el anterior. Sin embargo este le hizo una seña de no con la cabeza. La hizo dar vuelta, la dejó acostada, boca abajo, con las piernas cerradas, se le recostó encima y le dio fuerte por el blanco culito de Julieta. La penetró sin piedad, sin importarle nada. Ese negro era un animal, una bestia. No le importaba, el hecho de que su pija fueran enorme, anormal. Y que estaba cogiendo a una persona. Que estaba literalmente, “rompiendo un culito” de una chica. Julieta debió aguantar los pijazos. Boca abajo, contra el pasto, cerraba los ojos y recibía la pija de negro. Mientras tenía que aguantar que el viejo que tenía un pie casi al lado de su cara la insultara y le dijera cosas cómo: ¿Te gusta puta, te gusta esto zorra? ¿Esto era lo que querías?”. Mientras tanto el negro seguía haciendo su trabajo y le daba carne por el ano a Julieta. Su pija, explotó en semen dentro del ano de Julieta, que ya estaba también acostumbrado a ello. Tanta leche descargó el negro, que un largo rato después el culito de Juli, siguió chorreando algo de un líquido blancusco.
De a poco Julieta, tanto por su belleza, como por su buena predisposición en todo sentido, tanto humana como sexual, pasó a ser más conocida e importante. Julieta sabía que al igual que en su trabajo anterior. Aquí había que “hacer las cosas bien”, “trabajar duro”, literalmente “romperse el culo trabajando” y así ella tenía la fe y la confianza que en algún momento las cosas iban a progresar. Por eso siempre hacía lo que le pedía sin chistar, fuera lo que fuese.
Tanta reputación adquirió que el jeque, que tendría un harem de unas 5.000 mujeres, la mandó a llamar para conocerla especialmente. Tan grande era el harem que el jeque obviamente no conocía a todas sus mujeres, e incluso con muchas de ellas nunca había mantenido sexo.
Esa ceremonia de conocimiento debía hacerse un domingo, como lo marcaba el libro sagrado. Cuando el jeque la mandó llamar era lunes, así que debió esperar casi una semana para conocer a Julieta. A quién todavía nunca había “probado”. El jeque pasó toda esa semana preso de una inmensa ansiedad.

El día de la ceremonia, Julieta llega al templo sagrado, vestida como indicaban los protocolos. Con un collar de perlas en el cuello, una bombacha roja y dos brazaletes de oro en sus muñecas. El jeque queda asombrado, impactado con la belleza de Julieta. No puede creer lo que ven sus ojos. Quiere tocarla, quiere cogerla ya, pero debe cumplir con todos los rituales establecidos y además no puede hacerlo delante de otra gente importante (empresarios, políticos, etc.) que había presente en el palacio en ese momento. Así se desarrolla toda la ceremonia, que incluía cosas comunes como un saludo del jeque y del religioso que presidía ese templo a todos los presentes, luego una presentación de Julieta en sociedad, que implicaba que esta subiera al altar principal y todos la contemplaran una vez parada en el altar principal que no era muy alto (unos 40 cm. de altura) el jeque debía romper con sus manos la bombacha roja, atarle una cadena de oro a los brazeletes y una cadena de plata al collar de perlas y hacerla descender del altar, simbolizando así la toma de posesión real de esa hembra para sí. El jeque cumple todo estos pasos, arrancándole primero la tanguita, y luego tira de las cadenas quedando Julieta en cuatro patas, delante de él con la cara a la altura de su verga. Aunque el jeque se moría de ganas de que se la chupara, en ese momento no podía hacer nada. Julieta no podía mirar al jeque, como le habían explicado las matronas, tenía dos opciones mirar para abajo o mirar hacia la pija del jeque. Y Julieta prefirió esta segunda. Una vez en cuatro, la ceremonia terminaba con el jeque caminando hacia una habitación contigua al recinto principal del templo y llevando a su nueva hembra gateando consigo. Julieta va gateando al otro cuarto, arrastrada por las cadenas de las que tiraba el jeque. En el camino el jeque no se contiene y rompiendo todos los protocolos sagrados le da una palmada en el culo, con ruido y todo. Los presentes miraron sorprendidos, pero enseguida apareció el religioso con una oración para salvar la situación.
El jeque debido a lo impactado que quedó con la belleza de Julieta, decidió inmediatamente concederle el privilegio de llevársela a vivir a su círculo más íntimo. Del que formaban parte solamente unas 15 mujeres (ahora con la inclusión de Julieta) exigentemente seleccionadas. Desde ya que estas mujeres disfrutaban de condiciones de vida, mucho mejores de las que estaban en el “escalón” en el que se encontraba Julieta anteriormente. Tenían algunos derechos más, pero su función principal era también darle sexo al jeque.
La vida de Julieta cambió un poco. Para mejor obviamente. Mejor comida, mejor lugar dónde dormir, lujos, empezó a vivir podría decirse que bien. Entre algunas rutinas, que tenían estas mujeres, puedo comentar que antes de dormir, las 15 mujeres debían estar paradas al lado de la cama del jeque, o bien en ropa interior, o bien con alguna lencería sexy, que si era permitida como excepción hecha por el jeque para su propio beneficio en esta ocasión. Julieta siempre era elegida para ir a la cama del jeque. A veces sola, a veces con otras. A veces el jeque les decía tuvieran sexo entre mujeres mientras el miraba. Y poco a poco, Julieta fue aprendiendo como satisfacer y complacer los deseos sexuales más profundos del más poderoso político de toda Arabia. Lo cuál la convirtió en única.
Al estar ahora más cercana al jeque, tuvo la oportunidad de asistir a muchas y lujosas fiestas. Fiestas que eran mucho, pero mucho mejores, a cualquiera que hubiera asistido estando en la ciudad. Mejor comida, mejor bebida, lugares mucho más caros y lujosos, y hombres más bellos y mejor dotados en muchos casos. Aunque aquí ella era en parte una partícipe de la fiesta, pero no dejaba de ser a los ojos de los hombres un “trozo de carne”. Aunque de más de nivel, pero “carne” al fin. Ya que por ejemplo, en todas las fiestas seguía estando la condición de que debía estar siempre desnuda.

En estas fiestas, tuvo sexo con muchísimos hombres. Con tantos, que sería imposible hasta para una computadora llevar la cuenta. Principalmente, hacía compañía al jeque, pero cuando se trataba de hombres o mujeres importantes y el jeque tenía algún negocio con ellos, Julieta era “cedida” para ser disfrutada por otros. Se había convertido en una verdadera máquina de dar placer. No puedo contarles todas las fiestas, ya que fueron muchísimas, pero Julieta siempre recuerda una en la que:

Vinieron unos tipos realmente importantes. Gobernantes de otros países árabes. Luego de comer y beber en la fiesta, como era costumbre, el jeque y estas importantes personas, pasan a los salones más privados y exclusivos del palacio para continuar con la fiesta.

El jeque le da un par de indicaciones a Julieta, pero no son necesarias ya que ella sabe bien cuál es su rol, lo que debe hacer y cómo satisfacer y divertir sexualmente tanto hombres como a mujeres.

Julieta y otras dos chicas especialmente seleccionadas, una peliroja y una morocha, son las elegidas para ir a los salones privados. Julieta es la que toma el liderazgo, y se para en frente de ellos, en un rectángulo de cristal resistente (especialmente diseñado) que había en ese salón y comienza a bailar sensual y eróticamente para ellos. Baila lentamente, de manera muy sexy. Meneándose para ellos, moviendo la cola, la cintura, acariciándose los senos cada tanto y siguiendo el ritmo de la música. Luego de un rato de bailar parada arriba de la mesita y mientras todos ellos se tomaban un caro champagne, Uno de los hombres, el que tendría un nivel de importancia política similar al del jeque en su país, se acerca primero que nadie comienza a toquetear a Juli. Le pega luego alguna que otra palmadita en la cola, y la explora con sus manos en las tetas.

Julieta queda ahí paradita y dejándose tocar por este hombre, que no conforme con eso, pide e insiste en que les haga un show más caliente. “Dale baila como sabes. Sé bien puta, bien perra”. Julieta continúa entreteniéndolos a ellos una vez más, pero subiendo un poco el nivel de provocación sexual en la forma de bailar, como había hecho en ocasiones anteriores en exclusividad para el Jeque. Baila desnuda, un rato largo más. Cada vez que se quería bajar de la mesita de cristal le decían: “Un poco más por favor” y continuaba bailando desnudita y como una putita para ellos. Incluso invitó e hizo que se sumaran al show las otras dos chicas, las tocaba ella misma, las desnudó e hizó que se tocaran entre ellas para aumentar todavía más la temperatura del ambiente.
El Jeque estaba realmente muy tranquilo, disfrutando del momento. Su par del otro país vecino, llama a Julieta y le dice que vaya caminando hacia él. Desnuda, Julieta empieza a caminar hacia él. Cuando llega a su lado, All Sahif hace que July, se le siente encima y lo cabalgue. Su pija era realmente larga, y en esa posición entro muy profundamente. Cabalgó encima de él un rato largo, mientas que él por momentos le apretaba desesperadamente las tetas, por momentos jugaba con su pelo, por momentos le acariciaba y daba alguna que otra palmada en el culo. Y July seguía montándolo, subiendo y bajando. Disfrutando de su hermosa y secuencial forma de combinar su penetración con tocarle las tetas, luego el pelo y por último el culo. July subía y bajaba. Sufría toquetones de tetas, constante y gemía de placer para él. Hasta que lo bueno se terminó y el tipo acabó bien dentro de ella. Sus jugos llenaron por completo su vaginita.
Acto seguido y sin dejarla respirar otros dos, que venían con este otro gobernante árabe (All Sahif), sus dos segundos, que tampoco se querían perder la fiesta, deciden cojerla. Deciden hacerlo los dos al mismo tiempo. Dándole uno por la cola y otro por la boca.

Julieta estaba bastante ocupada ahora “atendiendo” a estos dos tipos. Estos, la pusieron en cuatro patas, en la mesita e inmediatamente uno de ellos, se paró delante de ella y se quedó mirándola con una expresión bien clara y le dio entender en su pobre inglés la siguiente expresión: “Nena, la pija no se va a chupar sola”. Julieta bajó su bragueta y extrajo su interesante miembro hacia afuera y comenzó a chuparlo. Sabía lo que les gusta a los hombres, por eso chupaba mucho sus huevitos y no usaba las manos, solo la boca. Además metía la pija en su boca bien hasta adentro, como a los hombres les gusta, no chupaba solo la cabeza, casi al punto de atragantarse. Por detrás, el otro comenzó metiéndole dos dedos ensalivados por el ano para tantear el terreno, cuando vió que era posible, metió tres y luego vino su fuerte embestida viril. Empujo con una fuerza bestial. Su pene era grande. Le llenó el culo por completo. A cada embate de él, pensaba que no lo iba a resistir, pero la excitación de Juli estaba tocando el cielo. Estaba mojándose todita y gritaba de placer como una puta. “Aaaa, aaaa, aaa!!!” gemía una y otra vez. Que más podía pedir, tenía una hermosa pija en la boca y otra por el culo. Era deseada con líbido y lujuria y vivía en el palacio más lujoso del mundo. Continuó lamiendo las partes del Sr. y recibiendo las embestidas peneanas brutales del otro Sr.. Julieta pensó que su ano se iba a romper, Uno empujaba con la fuerza de un búfalo y el otro se la metía hasta el fondo de la boca y le pedía: “Miráme mientras me la chupas y tocate las tetitas”.. Cuando este acabó, Julieta se corrió hacia atrás, pero enseguida la agarraron de los pelos y le hicieron comer ese pene nuevamente, con lo cuál terminó por tragarse toda esa leche. Un minuto después acabó el otro árabe, un interminable torrente de semen dentro de su colita. Tanto acabó dentro de ella, que un rato después todavía le chorreaba semen por el culo.
Así como Julieta asisitió a muchas fiestas, también muchas veces el jeque la utilizó como compañía en viajes de negocios. Con lo cual Julieta viajó por todo el mundo. Y también fue utilizada por el jeque para “cerrar” negocios, cuando la otra parte estaba algo dudosa. El poder de “negociación” y “persuasión” a través de métodos no ortodoxos (sexuales) de Julieta era increíble.
Finalmente, tanto le gustó al jeque Samoud, Julieta, ya que presentaba una asombrosa combinación de belleza, inteligencia, capacidad para dar placer sexual, fogosidad, lujuria, desinhibición y buena y fina educación, que decidió primero hacerla una de sus esposas, y luego hacerla la principal, es decir, convertirla en Reina de la Arabia Saudita unificada. A los cinco años de haber llegado, en el mes de Agosto, se realizó la boda, la más cara que se haya realizado jamás en el planeta Tierra, y que convirtió a Julieta de esclava a reina en cinco años. De esa boda, Julieta fue el centro de atención. Ya que pese a ser reina, por provenir de un origen esclavo, su vestido blanco de casamiento, la dejaba prácticamente desnuda. Tenía un valiosísimo collar de plata en el cuello, la corona de diamantes en la cabeza, guantes blancos de seda, botas blancas, un aro en la vagina de oro, puesto en ese lugar para la ocasión como regalo del jeque y nada más. La boda y los festejos se realizaron con normalidad y duraron dos días de manjares, bebidas, y orgías.
Una vez terminada la boda y transformada en reina, la ahora Reina Julieta debe acompañar a su esposo en todos sus viajes tanto diplomáticos, políticos, como de negocios. Y así lo hace, pero con una particularidad, que se ajusta a lo que mandaba el libro sagrado, dado su origen, debe hacerlo desnuda. Es así como recorre al mundo desnuda.

Muchas veces el jeque debió entrevistarse con presidentes, reyes y primeros ministros, y en aquellos lugares, dónde debía ir acompañado, allá iba Julieta desnuda. Que luego de tanto tiempo se había acostumbrado. Ir desnuda era ya, algo natural para ella. El problema no era cuando iba a países del África o de Asia. El tema era cuando iba a países europeos o a Norteamérica con el jeque, también lo hacía desnuda. Al ver una mujer de su edad con traje de oficina trabajando, le cruzaba por la cabeza el pensamiento de que era tan natural para ella ir vestida antes, como lo era ir desnuda ahora. Igualmente no dejaba de notar, el revuelo que causaba en estos países, que no estaban acostumbrados, y como los hombres la miraban con mucho líbido, y cómo les costaba concentrarse en su presencia.
Como Reina, ahora tenía muchas más atribuciones. Incluso, su marido, el Jeque, la convirtió en su Consejera. La primera Consejera mujer de la historia de Arabia Saudita. Julieta una de las cosas que primero hizo, al adquirir algunas facultades políticas, fue trabajar por mejorar las condiciones de las esclavas de primer año. Y algunas cosas consiguió. Mejoraron los lugares en dónde dormían. Dejaron de ser celdas, para ser habitaciones. Se les concedió el derecho de comer en una mesa, con silla, cubiertos y vajilla. Se les dieron colchones para dormir. También se les otorgaron dos derechos de los más fundamentales: el derecho a usar tanga 15 días al mes y el derecho a negarse una vez por mes a una relación sexual. Para esto a cada mujer se le daba una tarjeta, que podían utilizar para negarse a tener una relación sexual cuando estuvieran cansadas o fuera alguien que no sea de su agrado. Aunque estas tarjetas, no tenían ninguna validez ante un deseo o llamado del jeque.
En su función de acompañante del jeque, Julieta también va a muchas exposiciones y congresos sobre temas varios. Incluso participando como expositora en algunos temas de los que verdaderamente tenía conocimiento. 
También Julieta, que estaba preocupada por mejorar las condiciones de vida de la gente, negocia con los ministros de educación y salud, para aumentar la cantidad de hospitales y escuelas públicas, y mejorar la calidad de la atención y el profesionalismo de los médicos, y la cantidad de pacientes atendidos y de chicos educados.
Un día le pregunta si podía empezar a vestirse y el jeque contesta que NO que las reglas que durante siglos y siglos de su familia se habían respetado no lo permitían y el no iba a ser el primero y único de todo su clan en quebrantar las sagradas leyes del libro sagrado.
Con posterioridad, tanto tanto sexo, vuelve a Julieta algo perversa, producto de todo lo vivido y comienza a tener sus propias esclavas sexuales. Fundamentalmente tenía una fijación con una morena de nombre Brenda. A quién somete a las más diversas e innumerables bajezas (Podemos nombrar entre estas, sexo con animales, un gang bang con 200 hombres que iban pasando uno detrás de otro, etc.). Pero en realidad era una tutela, para entrenarla con un objetivo. Convertirla en la Reina de Arabia, ya que ella si bien era querida, no era de origen de árabe. Y una reina verdadera, de origen y familia árabe le iba a dar, al poder de su marido la consolidación definitiva que necesitaba.

Julieta se dedica plenamente al entrenamiento de su esclava. 
Finalmente Julieta, una vez que su sucesora está plenamente “formada” y tiene todas las condiciones para sucederla cede su trono a esta verdadera reina de origen árabe y vuelve a su país. Luego de 10 años, de vivir experiencias increíbles, fascinantes, excitantes, y dado su currículum anterior consigue rápidamente trabajo en la empresa que era y es la principal competencia de la compañía para la que trabajaba antes. No solo conocía información clave de la compañía para la que trabajo antes de su viaje, sino que además había hecho un master internacional en “relaciones humanas” en su viaje por el mundo.
 
 
SOY JULI Y ME ENCANTARÍA RECIBIR SUS COMENTARIOS A:
julieta_s24@hotmail.com

Desnuda y manoseada en la clase de inglés

Jueves, junio 14th, 2007

Mi nombre es Julieta, pero me dicen July y les voy a contar lo que me pasó en una clase de inglés, en el mes de septiembre del año pasado.

Antes que nada, voy a describirme para que puedan imaginarme. Tengo 16 años, el pelo largo y marrón oscuro, tengo ojos celestes, soy muy voluptuosa, siendo mis medidas 100-60-90, tengo muy buen culo y mediré 1,70 mts. Soy muy muy linda. No es que yo lo diga, todos me lo dicen. Mis familiares, mis compañeros de colegio, mis profesores, etc..

Era un día jueves de septiembre y voy a mi clase de inglés que comenzaba a las 18:00 hs.. Mi profesora de inglés se llama Adriana, tendrá unos 35 años y es muy moderna en sus métodos de enseñanza. En la clase somos 3 en total: yo y dos chicos. El nombre de uno de ellos es Carlos y el del otro Maxi. Son atractivos aunque nunca ninguno de los dos se me insinuó, ni me invitó a salir. Ellos también tienen 16 años. Tal vez sean un poco tímidos para hablar con chicas. Igualmente yo tampoco nunca le tiré mucha onda a ninguno. Ya que yo inglés me lo tomó muy en serio. Iba a estudiar.

Estaba vestida de la siguiente forma: zapatillas y medias blancas, una falda corta tableada y de color azul, una remera rosa escotada que dejaría ver buena parte de mis senos, si no fuera que arriba de ella tenía un liviano sweater lila, y por dentro ropa interior muy sexy, también de color rosa.

Ese día llego a la clase, como todos los jueves. Nos saludamos todos, nos sentamos, abrimos nuestras carpetas y miramos hacia el frente, a nuestra profesora para comenzar la clase.
Ella dice: “Bueno, la clase de hoy es sobre ROPA Y PARTES DEL CUERPO HUMANO. Vamos a hacer una clase muy práctica y didáctica para que sea divertida y esto no se lo olviden más. Ya que las partes del cuerpo son tantas, y hay tanta variedad de ropa, que con los aburridos métodos tradicionales esto es muy difícil de aprender”.
Ella continúa diciendo: “A ver July, por favor pasa al frente”. Yo me paro y voy hasta el pizarrón. La profesora mirándome primero y luego mirando a mis dos compañeros dice: “Hoy vamos a hacer un juego. De preguntas y respuestas”. Uy Que Bueno!!! Pensé yo, me encantan los programas de televisión sobre preguntas y respuestas. Además soy muy buena contestando, en general cuando veo un programa en la tela, sé muchas de las respuestas.
Carlos, que era un chico muy inteligente; ansioso, pregunta: “¿En qué consiste el juego?”. Y la profesora comienza a explicar: “July va a pasar al frente. Yo voy a señalar una ropa de las que tiene puestas y ustedes van a decir el nombre en inglés. Si aciertan ella se la tiene que sacar”. Me encantan las competencias y además me considero más inteligente que Carlos y Maxi con lo cuál me salió naturalmente preguntar: “¿Y si ellos no aciertan que pasa?”. Quería saber cuál era la prenda para ellos por no acertar. La profesora me dijo: “Si ellos no aciertan, no pasa nada, se van a perder de aprender esta clase y les voy a dar más tarea para el hogar”.
Y así comienza el juego. La profesora señala primero un pañuelo que tenía puesto en el cuello y mis compañeros dicen al unísono: “Kerchief” con lo cuál aciertan y yo me saco el pañuelo y lo dejo en el escritorio.

Luego la profesora señala una cinta para el pelo que me recogía el cabello. Maxi no la sabía, pero Carlos dice: “Girdle”. Yo tomo mi cinta para el pelo y también la dejo sobre el escritorio de la profesora. La verdad que el pelo suelto me hacía mucho más sexy. Me hacía una chica con una actitud más sexy.

En tercer lugar la profesora, mira hacia abajo y señala mis zapatillas. Nuevamente Carlos responde primero y dice: “Shoes”. Me saco las zapatillas y quedo descalza. Por suerte era primavera y el piso de baldosa, sin alfombrar del Instituto no estaba frío como habitualmente lo estaba en otoño e invierno.

Una vez que me saco las zapatillas, la profesora señala mis medias blancas y le da la oportunidad a Maxi de responder esta vez. Maxi dice: “Socks”, con lo cuál acierta. Yo me doblo un poco, casi en una posición de 90 grados y me saco muy despacio las medias. Hasta ahora la verdad que el juego era muy entretenido y didáctico. La profesora tenía razón. Seguramente ya estaba por terminar. La profesora toca con su mano la manga derecha de mi sweater y una vez más Carlos responde primero: “Sweater!!” Yo me lo saco siguiendo las reglas del juego y pienso que el juego había ya terminado y que empezaríamos ahora la clase tradicional con los libros, la carpeta y las tareas. Pensaba que el juego iba a terminar, porque ya sólo me quedaban la remera y la pollera. En eso escucho la voz de la profesora que dice, sorprendiéndome sobremanera: “Ahora viene la pregunta Comodín. Ustedes eligen chicos: Remera o Pollera”. “Primero remera, luego pollera” responden ellos. Yo no entendía, pensé que les iba a preguntar como se decían en inglés y listo. La profesora toca con su dedo pulgar e índice mi remera. Maxi inmediatamente responde: “T-Shirt”. Sin que yo me de cuenta la profesora queda a mis espaldas y me va sacando muy suavemente la remera rosa que tenía puesta. Sin darme cuenta, o en una especie de estado de inconsciencia, yo levanto mis brazos y dejo que ella me saque la remerita, quedando en corpiño rosa y falda azul nada más. Mis pezones estaban muy erectos y mis grandes senos parecía cómo que quisieran liberarse del corpiño. En cierta forma, aunque sin saberlo, comenzaba a excitarme.

Luego, la profesora que estaba parada al igual que yo pero apoyada sobre su escritorio, vuelve a tomar entre sus dos dedos mi pollera, como había hecho antes con la remera. En el intento me levanta la pollera un poco y los chicos alcanzan a ver el inicio de mi bombachita rosa. Maxi, responde: “Miniskirt”. Yo me quedo inmóvil. Realmente no se había pasado por la cabeza que la profesora pretendiera que me sacara la pollera. Pasan dos minutos en los que nos quedamos todos en silencio, hasta que Adriana lo rompe diciendo: “Dale July, sacate la pollera, te estamos esperando”. Ella se da cuenta de mi vacilación y nuevamente en el instante en que yo dudo, ella se me acerca por atrás, me desabrocha la pollera, baja el cierre y luego me la saca, arrojándola a un costado y dejándome en bombacha y corpiño; en tanga y sostén.
Que momento. Si bien iba todos los veranos a la playa y desde los 13 que usaba biquini y los hombres me miraban, esta situación era algo diferente. Ahí estaba yo. En la clase de inglés en bombachita rosa y corpiño rosa, ambos muy sexys con delicadas terminaciones de encaje y puntillas. Mientras dos chicos me miraban lascivamente todo el tiempo. La profesora Adriana se mantenía indiferente, como si la situación fuera lo más normal del mundo.
La clase continúa. La profesora señala con su dedo índice el corpiño, tocándome una teta. Carlos responde: “Soutien”. La profesora me mira y me dice: “Dale no nos hagas perder tiempo como con la pollera” y yo me saco el corpiño e intento taparme los senos con las manos. Cosa imposible, ya que mis tetas son tan grandes, que se me escapaban de las manos. Lograba taparme los pezones, pero la mayor parte del resto permanecía afuera.

Estaba solo con mi tanguita rosa puesta. La profesora tira del elástica de mi bombacha y Maxi dice: “Thong”. Acierta, pero yo me quedo parada en bombachita y tapándome las tetas con las dos manos. No me podía sacar la bombacha ya que tenía las dos manos ocupadas. La profesora dice: “A ver Maxi la podés ayudar”. Y Maxi se acerca al pizarrón se agacha y me baja bruscamente la bombacha con sus dos manos. Yo atino a taparme la concha con la mano derecha, mientras con la izquierda me tapo ahora las dos tetas (o mejor dicho, lo intento sin conseguirlo) e instintivamente apoyo el culo contra la pared, para que no me lo pudieran ver. Me quedo así un rato, mientras los chicos me miraban con mucha líbido y la profesora se tomaba su café.
Cuando la Prof. Adriana termina su cafecito dice: ”Bueno, ahora chicos, vamos a empezar con la parte dos de la clase: Partes del Cuerpo Humano”.

Mientras tanto yo estaba desnuda y muerta de vergüenza ante mi profesora y mis dos compañeros. Nunca había estado desnuda ante alguien que no sea una amiga o mi madre (cuando era más chica), es más era virgen.
Lo primero que pregunto, aunque no por frío, ya que estábamos en primavera fue, al tiempo que voy agarrando mi ropa fue: “¿Me puedo vestir?. A lo que la profesora responde rotundamente y haciendo un gesto negativo con la cabeza: “NO!!!. El juego todavía no termino y a los tres les falta bastante por aprender. Sino no van a pasar la prueba final del año, ya que estos temas los tomo”. 
Mientras tanto, mis compañeros me miraban lascivamente, estaban realmente muy excitados. Era probablemente para ellos, la primera vez que veían a una mujer real desnuda. Ellos tenían mi misma edad, 16 años, y de seguro también eran vírgenes.
Prof. Adriana: “Bueno el juego, ahora es parecido. Yo voy a nombrar partes del cuerpo de Julieta y ustedes tienen que decir el nombre en inglés. Pero cómo ahora, July ya no tiene ropa para sacarse, vamos a hacer lo siguiente: si aciertan pasan al frente y tocan la parte del cuerpo que adivinaron”. Los chicos no lo podían creer. No podían creer lo que estaban escuchando y la cosa buenísima que estaban por vivir. Yo tampoco lo podía creer. Aunque mi situación sin duda era muy diferente a la de ellos.
Así va transcurriendo la segunda parte del juego en la que la profesora comienza nombrando partes de mi cuerpo como oreja, nariz, manos, pies, brazos, piernas, etc.. Carlos y Maxi van respondiendo cada uno lo que sabe. Pero siempre Carlos lleva la delantera como el que más respuestas correctas tuvo.

En un momento mi profesora me señala las tetas y mis compañeros muy excitados y exaltados gritan: “Tits” Ambos aciertan, pero Maxi lo había gritado un poco antes. Con lo cuál la profesora dice: “Maxi, es tu turno”. Maxi pasa al frente con un poco de vergüenza al principio y me agarra una teta con cada mano, las aprieta muy muy fuerte, casi haciéndome doler (se notaba que no tenía mucha experiencia en el tema). Las masajea, las amasa, pareciera como si no quisiera dejar de tocármelas nunca. Recién deja de hacerlo cuando la profesora dice: “Bueno, listo Maxi, ahora vamos con otra”. Se me acerca me levanta los dos brazos, me hace girar y apoyar las manos en lo alto del pizarrón. Me pone su mano en el vientre y me empuja hacia atrás haciéndome sacar cola. Con una regla larga que ella usa me pega en la cola despacio y pregunta: “¿Cómo se llama esta parte del cuerpo?”. Carlos grita: “Ass. That is a really good ass”. “Correcto” dice la profesora y Carlos sin perder un minuto, pasa al frente a recibir su premio. Yo me quedo inmóvil en la posición que estoy, pero Carlos me da vuelta, para que me lo mire de frente se me acerca, quedando cara con cara y me toca el culo con sus dos manos. Lo manosea un rato largo, incluso pasa su dedo mayor por la raya en dos o tres oportunidades. Finalmente antes de irse me hace girar, se agacha y me da un beso en la nalga derecha. Y luego se para y me da una fuerte palmada.
Yo ya veía venir lo que se venía y no me gustaba para nada la idea. Todo tiene un límite. Yo no soy una cualquiera, una putita, una remera. Esto ya había llegado demasiado lejos, yo no iba a permitir que me tocaran la vagina.

Estaban con esos pensamientos por mi cabeza, cuando de repente, se abre la puerta del aula y entra ni más ni menos que el Director del Instituto. El Sr. Ricardo López Cuarstein. Un hombre de unos 55 años de edad. Alto, como de 1,90 mts., fornido, calvo y canoso. Entró con su cara seria y siempre formal. Saludó a todos con un “Hola” general y luego se sonríe me mira de arriba abajo y me dice: “Hola Julieta”. Yo le respondo: “Hola”. Al principio pareció sorprendido y luego le preguntó a Adriana: “Ah, están haciendo la clase de ropa y partes del cuerpo, No?”. A lo que Adriana responde afirmativamente. “Bueno sigan así, me parece muy bien” dijo él sin dejar de mirarme ni un minuto y posando su mirada en mi conchita. Antes de irse del aula dice. “Adriana antes de que se vayan, vení con July a mi despacho”. Adriana responde “OK” y la clase continúa.
La profesora con esa regla que tenía en la mano de 40 cm. me da un golpecito rápido y suave en la vagina y señala a Maxi. Maxi instantáneamente responde: “Pussy” y se apresura a pasar al frente. Es ahí donde yo digo basta. Me pongo firme y digo: “Nadie me va a tocar la vagina”. Adriana con cara de sorprendida dice: “Me imagine que esto podía pasar. No todos los alumnos tienen la misma predisposición para estudiar y colaborar. Mira Maxi y Carlos lo bien que están trabajando y lo mucho que están aprendiendo en esta clase”. Adriana hace una pausa y luego continúa: “Carlos vení ayudame. Agarrala”. Acto seguido, Carlos me agarra desde atrás de los brazos, inmovilizándome. Luego la profesora se agacha y me separa las piernas y por último viene Maxi y pasa su mano derecha un largo rato por mi vaginita.
Una vez terminado esto, pensaba que todo esto había terminado y estaba recogiendo mi ropa para vestirme, cuando Adriana dice: “No, espera que la clase todavía no terminó. Ahora vamos a hacer la segunda parte, todavía nos quedan 30 minutos de clase así que tenemos que apurarnos. Ahora vamos a ver ropa y partes del cuerpo del hombre. Pero como la ropa es bastante similar te pregunto a vos Julieta ¿Cómo se dice pantalón en inglés y cómo se dice calzoncillos?”. Yo que sabía la respuesta contesto: “Trousers and underpants”. La profesora dice: “Correcto. Carlos, Maxi vengan acá al frente y sáquense los pantalones y los calzoncillos”. Con la velocidad del rayo ellos llegan hasta el frente, al lado de dónde estaba yo, se bajan pantalones y calzoncillos de manera conjunta quedando sus enormes pijas al aire. La verdad que estaban los dos muy bien dotados. A simple vista puedo decir que una mediría unos 25 cm. y la otra unos 22 cm. 
La profesora muy entusiasmada dice: “Muy bien chicos. Muy bien. Muy buen trabajo han hecho hoy, pero todavía falta. A ver Julieta ¿Cómo se dice pene en inglés?. Yo sabía la respuesta, pero dudo un instante antes de responder porque no me parecía correcto ni de señorita tocarle el pene a esos chicos. Finalmente respondo: “Penis”. “Muy bien” dice Adriana, “Veo que habían estudiado mucho para esta clase. Bueno July, cuando ellos acertaron, tocaron la parte del cuerpo que acertaron, pero ellos son dos. Así que vení acá”. Voy al lado de la profesora y esta me dice: “Arrodillate”. Me arrodillo y ella dice: “Vengan chicos, acérquense”. Los chicos se acercan y estaban ya sumamente erectos, sus vergas eran enormes y estaban a la altura de mi cara. Adriana: “Bueno, como Carlos fue el que más respuestas correctas tuvo, te vas a meter en la boca el pene de Carlos y lo vas a empezar a chupar. Maxi, que también estuvo muy bien se merece un segundo premio, así que vas a agarrar la verga de él con una de tus delicadas manos y le vas a hacer una buena paja”.

Carlos no me da tiempo a reaccionar y me pone la pija en la cara. No sólo eso, me agarra la cabeza y me la acerca hacia su pene. Abro la boca y empieza a chupársela. Más que una mamada, podría decirse que me estaba cogiendo la boca y no yo chupándosela a él. Mientras tanto con mi mano izquierda le estaba haciendo a Maxi una paja que jamás se va a olvidar en su vida. Seguramente que fue la mejor de su vida. Chupo y masturbo a uno y otro respectivamente durante unos quince minutos. Y fue bastante, pero a la edad que tenían, y siendo para ellos la primera vez, se vinieron con todo. Una catarata de leche en mi cara, en mi boca, en mis tetas y lo que más nos molesta a las mujeres, en el pelo. La leche no paraba de salirles de sus pijas. Y yo no paraba de tragarla mientras los miraba desde abajo arrodillada.
Terminado esto, yo pensé que la clase había terminado y que me podría ir a mi casa, pero no fue así. La profesora me acerca una toalla para que me saque la leche que tenía por todo mi rostro y mis pechos. Una vez hecho esto dice preguntándoles a Carlos y a Maxi: “¿Chicos, ustedes quieren más? Por que la verdad que esta clase han trabajado muy bien y se merecen un premio”. Carlos pregunta: “¿Y cuál sería el premio?”. La profesora responde: “El premio es July. Pegarle una buena cogida a July”. Todo esto sin preguntarme nada, ni tener consideración sobre mi consentimiento o no. Adriana me trataba como si realmente fuera una cosa, un objeto, un premio que ella podía repartir a su antojo para dos alumnos de su clase que habían tenido un buen desempeño.
La profesora nos dio un vaso de agua a cada uno que todos tomamos y repetimos una vez. Ya que era primavera y teníamos sed. Por ser jóvenes, en menos de diez minutos, ya estaban listos para la acción sexual otra vez.
“July a ver vení acá y ponete en cuatro. Como una perrita. Vos Maxi vení de adelante, que July te va a dar una buena mamada como le dio a Carlos. Y vos Carlos, a vos te toca lo mejor. Vos le vas a dar por la colita. La conchita no, porque se la dejamos al Sr. Director” dijo Adriana. Inmediatamente los chicos se acercaron. Yo me estaba poniendo en cuatro, pero ellos estaban tan tan desesperados que pareció como si me obligaran. Maxi se me puso delante con su enorme verga. Yo empecé a masturbarlo y chuparle la cabeza de su miembro. Pero él enseguida me tomó de las dos manos y me hizo que le agarrara el culo. Me agarró fuertemente de la cabeza con su mano derecha y me hizo chuparle su pija cada vez más fuerte. Mientras tanto Carlos se mojaba la mano con saliva y me introducía dos dedos en el ano para ir dilatando la zona. Una vez que mi ano se dilato un poquito, Carlos embistió con toda su fuerza masculina. Bombeó y bombeó. En un principio sentí mucho mucho dolor, pero luego el dolor se transformó en placer. Era un verdadero toro.
Finalmente, Maxi me acabó en la cara, una vez más y Carlos me acabo dentro del culo. Por eso, luego cuando me paré, me chorreaban por el cuerpo los fluidos sementales de Carlos y Maxi.
Una vez más creí que la clase había terminado. Realmente no había entendido eso de “(…) se la reservamos al Sr. Director”. La profesora Adriana dice: “Muy bien chicos, Carlos y Maxi se pueden ir”. Los chicos se visten, agarran sus mochilas y una vez que terminan de armarlas la profesora levanta del piso mi bombacha y mi corpiño y dice: “Para vos Carlos que fuiste el que mejor desempeño tuvo, llevate este recuerdo”. Y le arroja mi tanguita que Carlos agarra en el aire. El la toma con sus dos manos, la estira y dice: “Es bien chiquita” y me mira al mismo tiempo como si fuera la más puta del mundo. Luego la profesora arroja mi corpiño a Maxi y le dice: “Maxi, esto es para vos. Para que te lo lleves de recuerdo”. Maxi toma el corpiño, lo mira y lo guarda en su mochila. Me quedo yo a solas con Adriana en el aula desnuda y encima no tenía ropa interior para ponerme. Adriana toma una campera de jean larga que ella siempre usa y que estaba colgada en el respaldo de su asiento y me dice: “Tomá ponete esto”. “Así sin nada” le pregunto yo. “Sí” me responde y luego de que yo me pongo su campera de jean ella me arropa, cerrándomela y me dice: “Bueno ahora vamos a ir a ver al Director, que te quiere ver”. Es así como descalza y sólo con la campera de Adriana como vestimenta, mientras ella estaba vestida por completo atravesamos el largo patio descubierto que al fondo daba al despacho del Sr. Director. Llegamos y Adriana golpea. Desde adentro se escucha: “Adelante, pasen por favor”. Las dos entramos. Director: “Veo que ha sido una clase muy interesante la de hoy. Adriana me gustaría charlar con la alumna a solas por favor”. Adriana: “OK. Igualmente yo ya me iba. Hasta mañana”. Adriana comienza su camino para irse y me pide la campera. Yo dudo un instante y el Director dice: “July, dale a Adriana su campera, total acá estamos en confianza”. Yo me saco la campera y vuelvo a quedar nuevamente desnudita por completo. Esta vez frente al Sr. Director. Adriana dice: “Chau July, nos vemos el jueves”.
Adriana sale de la habitación y el Director dice con voz suave y calma: “Acercate por favor”. Voy y me paro al lado de él que estaba sentado en su sillón. Me recorre con la vista, me toma de la cintura y luego rápidamente baja sus manos hacia mi culo que acaricia y sujeta con firmeza y me acerca hacia él. Rápidamente se baja y se saca los pantalones y calzoncillos y luego con la mano derecha vuelve a tocarme y sujetarme del culo. Como si no quisiera que me escapase y con la otra, con la mano izquierda me toca delicadamente las tetas. Hace que me siente encima de él, mirándolo y a la par que me sigue tocando las tetas y el culo con sus dos enormes manos comienza a besarme en la boca. Cosa que Carlos y Maxi no habían hecho. Me hace subir y bajar, es decir cabalgarlo. Al ser un hombre mayor, costo mucho más para él acabar. Me cogió de esta forma (yo arriba y el abajo) unos treinta minutos y cuando terminó me acabó adentro una vez más. Por suerte no estaba dentro de mi período fértil y tanto el Director, como Carlos y Maxi eran gente muy sana.
Me salgo de encima y el Director me dice: “Bueno July, te podés ir, has estudiado mucho por hoy, te felicito”. Me doy vuelta para irme y me da una palmada en la nalga. Cuando estoy saliendo por la puerta el Director me dice: “Nos vemos el jueves próximo, en la próxima clase” …

Salgo del despacho del Director, vuelvo desnuda al aula de clases recojo mi ropa, me visto y vuelvo a mi casa sin bombachita y sin corpiño. Y pienso: espero que mi madre no se de cuenta de que me falta el conjunto de ropa interior rosa que ella me regaló para mis quince años.
Y así terminó la mejor clase de inglés que tuve en mi vida. En la que más aprendí y una que nunca, pero nunca voy a olvidar.
 
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