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Pillado por mi mujer

Domingo, febrero 15th, 2009

Sinopsis: Mi mujer descubre mis fantasias al encontrar mi pc encendido y me convierte en su esclavo cornudo y sumiso.

Autor: miriamypablo@hotmail.com

Relato:

Ese lunes por la mañana, Pablo, un joven ejecutivo de cuentas de una multinacional, se volvía a ir de viaje a Paris de viaje de trabajo. Miriam su joven y bella mujercita se levantó para desayunar con él. Su batita semitransparente dejaba ver la silueta de su esbelto cuerpo, resaltado por las braguitas de encaje blanco y sujetador a juego que se había puesto esa mañana. Después de desayunar acompañó a su marido a la puerta y se despidió de él con un cálido beso.

Esa tarde, después del trabajo y el gimnasio, cansada, Miriam volvió a casa para encontrarse en el salón el ordenador portátil de Pablo. Se lo había olvidado en casa y aun estaba encendido. Que raro, nunca se lo deja, no va a ningún sitio sin él se pensó Miriam. Con gran curiosidad, abrió el explorador de Internet y se dijo “a ver con que pasa tantas horas en la oficina”. Que sorpresa, cuando vio el historial de Internet, webs que no conocía, pero al poco de navegar por ellas, compró que su marido se pasaba las horas navegando en paginas de Dominación Femenina, de fetichismo, de relatos, de tríos y para mayor sorpresa de Miriam de cuernos y de tíos desnudos. Miriam no sabía como reaccionar, el enfado por la falta de confianza de su marido, que jamás le había confesado sus fantasías secretas, por mucho que ella le hubiera preguntado, se juntaba con un cosquilleo en su interior y leyendo esas historias sobre mujeres dominantes (ella siempre había sido una chica muy suya y le gustaba salirse con la suya y controlar la situación), así como esos magníficos cuerpos de machos, con sus enromes pollas (mucho más grandes que la de su marido), y las confesiones sobre cuernos y cuernos consentidos, hicieron que su coño se empapara. Masturbándose frenéticamente y mientras se corría, pensaba para si “te vas a enterar de lo que vale un peine, Pablito”.

Miriam llamó a Miguel, su amigo informático, y quedó con él esa noche. Recordando las fantasías de su marido y los relatos leídos, esa noche se vistió muy sexy para quedar con Miguel. Altísimos tacones, un vestido cortito y de amplio escote y un maquillaje “de guerra”, así como un minúsculo tanga y sujetador a juego la acompañaron a la calle, donde gozó con las miradas de admiración y envidia que daba a los hombres y mujeres que la veían. Coqueteando con Miguel toda la noche, éste le explicó como hacer un apañito con el ordenador de Pablo. Cuando se despidió de Miguel, en vez de los normales dos besos en las mejillas, se dejó besar por él en la boca, y disfrutó del beso, por primera vez era besada por otro hombre desde que estaba con Pablo (eso era lo que deseaba él también, no?)

Cuando Pablo volvió el viernes de viaje, saludó efusivamente a su novia, y después de deshacer las maletas y ducharse, se encerró en su despacho “cariño, tengo que enviar unos correos, que como me he dejado el portátil aquí tengo un montón de correo atrasado”.  Te espero en el salón, mi amor, respondió Miriam. Nada más conectar el portátil, Pablo se metió otra vez en la web de marqueze, para leer uno de esos relatos que tanto le excitaban, pero para su enorme sorpresa, un mensaje de error le saludó nada más acceder a la web “VE AL SALON Y PONTE DE RODILLAS PERRO ASQUEROSO” decía la pantalla, y por mucho que tocara el mensaje no se iba. Estaba claro, Miriam le había descubierto por su descuido. Asustado, por como se tomaría su mujercita su secreto, Pablo fue al salón.

Allí le esperaba Miriam, pero que cambio. Le esperaba sobre unas altísimas sandalias de tacón de aguja que dejaban casi totalmente descubiertos sus preciosos pies, resaltados por con unas uñas rojísimas. Nada, más, pero se había rasurado el coñito, que había quedado sin un solo pelo.  Pablo se quedó atónito de ver así a su mujercita. Miriam da un paso adelante y plassssssss le arrea un bofetón a Pablo mientras le dice, así que quieres ser un esclavo, yo te voy a enseñar lo que es ser esclavo.  Se sienta y le ordena: bájate los pantalones y los calzoncillos y recuéstate sobre mi regazo, Pablo, atónito, pero excitado por el tono autoritario que escuchaba por primera vez en su mujer, obedece. “ he visto todo” dice Miriam mientras azota el culito de Pablo hasta dejarlo rojo “conozco tus secretos, y todas tus fantasías. Se que quieres ser mi zorrita sumisa y que te haga cornudo, y todo lo demás también lo se. Quiero que sepas que yo disfruto de esto y que está en mi naturaleza dominar a los hombres. Así que esta es tu oportunidad. Si quieres que siga, has de ser consciente de que todo va a cambiar aquí para siempre. Así que si no es lo que quieres, puedes levantarte e irte, pero si te quedas, serás mi esclavo para siempre.” Pablo sentía miedo, pero la excitación por ver asi a su mujer eran superiores, por lo que contestó, “lo acepto, Miriam”. “túmbate, dice Miriam” y se pasea con sus tacones sobre Pablo, mientras este no pierde ojo de su sexo depilado, hasta que Miriam llega a su cara y planta su taconazo en la boca de Pablo, que este rápidamente se afana en mamar “si, veo que es cierto, te gusta mamar, no te preocupes mi amor, que desde hoy nunca te va a faltar de mamar en esta casa”. A continuación se sienta con su sexo sobre su cara, asfixiándole, mientras Pablo, ávido hunde su lengua en el sexo de su mujer. A continuación le ata un consolador a su polla enhiesta y le mete otro en el culito. Las sensaciones son demasiado fuertes y Pablo explota en un violento orgasmo, tumbado, violado por su mujer, excitado y asustado por la cadena de sensaciones que está experimentando. Miriam se acerca a la cara de Pablo y le susurra tiernamente al oído “así que deseas que te ponga los cuernos, no? Pablito? Pues que sepas que te voy a complacer, y que vas a asistir en directo como me folla el portero de la discoteca que tanto me mira siempre” . Miriam se levanta, hace una rápida llamada y al minuto aparece Clot, el negro de la discoteca, un hombretón de 190 y 100 kilos de puro músculo. En la entrada del salón Miriam rodea con sus brazos el torso enorme del negrazo y se deja comer la boca por él, delante de Pablo que no puede dejar de mirar, notando como su polla le traiciona y se vuelve a poner dura. Miriam se sienta en la cara de Pablo otra vez, para que le coma el coño mientras ella le mama el rabo al negrazo, es el rabo más grande que jamás ha visto Pablo, hasta en las paginas guarras en las que navega. Cuando la tiene bien dura, Clot pone a Pablo a cuatro patas, le pone vaselina en el culo y le penetra lentamente  mientras Pablo se deja hacer, entregado a su destino, escuchando como Miriam alienta al negrazo a follarse a su marido. Pablo gime de dolor, hasta que una extraña sensación de placer se apodera de su cuerpo, entregado al bombeo del negro. Miriam se ha puesto en el sofá, abierta de piernas, mirando la escena, con las piernas completamente abiertas, y sus taconazos sobre el sofá, masturbándose frenéticamente. Clot se gira, “ven negrazo” dice Miriam, y Pablo puede ver en primera fila, como esa enorme verga se mete en el coñito de su mujer, como por primera vez una polla ajena penetra en su coñito. “ven aquí” dice Miriam y cuando Pablo se acerca, mete un pie en su boca y le dice “lámelos” mientras se entrega con pasión al rabo de su amante negro y gime y solloza de placer, como Palo no la había pido nunca.  Clot aúlla violentamente, saca su rabo del coño de Miriam y de su coñito abierto brota un manantial de leche blanca.  A cuatro patas, Pablo limpia su coño con olor a polla de negrazo mientas Clot, de nuevo con ganas se la vuelve a clavar. Le da la vuelta y sigue fallándole mientras ella se sienta encima de Pablo otra vez, par que le coma el coñito otra vez. Miriam explota en un fuerte orgasmo, gritando a su marido “esto es lo que querías, zorrita? Como me gusta”. Al momento comienza a masturbar a Pablo, que se corre, con la polla de Clot en su culo, pero de su polla a penas salen unas gotitas. AL momento Pablo nota como las embestidas de Clot se aceleran y como un espeso manantial de leche caliente le inunda. Clot se retira y del agujero de Pablo sale un río de semen que chorrea por sus piernas. Pablo limpia su polla con la lengua por última vez y queda en el suelo extasiado.

Unas horas después Pablo despierta desnudo en el suelo y pegajoso se das una ducha y va a la cocina, donde le espera Miriam como si nada.

por: miriamypablo@hotmail.com

El intercambio estudiantil 2

Martes, enero 20th, 2009

Esto transcurrió al año siguiente de mi relato anterior. Mi vida transucurría entre monótona y aburrida. No estaba trabajando y solo cursaba algunas materias del C.B.C. de la Universidad, aunque me lo tomaba muy tranquila. Es decir, no le dedicaba mucho tiempo al estudio, la carrera de abogacía concretamente, y entonces tenía mucho tiempo libre. Ah, por cierto, mi nombre es Natalia, ya que no sé si lo recuerdan.

Hacia mayo seguía esta monotonía y de pronto un mensaje de texto me dio un motivo para sobresaltarme e inquietarme. El mensaje decía: “Hola linda, ¿Qué tal tu vida en Buenos Aires? Espero que esté todo muy bien. Aquí muchos hombres preguntan por vos. Nos gustaría que vinieras a visitarnos como el año pasado. Tenemos planes especiales para vos. Un saludo cordial, Madam”.

Tuve que leer y releer varias veces el mensaje para caer en la cuenta de que era real. Lo que había pasado el año anterior yo lo había dejado en el pasado, atrás. No pensaba que eso volvería a mi vida, y mucho menos que lo haría tan pronto.

En un primer momento no contesté, pero luego comenzaron a presionarme de distintas formas. Muchos mensajes de texto, llamados a mi celular, mails, llamadas a mi casa, se puede decir que Madam fue usando y agotando todos los recursos que su perversa imaginación le iba diciendo.

Un día por ejemplo, Madam me llamó a mi casa y me dijo con su voz misteriosa: -“No vi que llenaras los formularios, ni que fueras preparando los trámites para venir aquí”. Me dejó sin habla. Me hablaba como si yo le perteneciera.

Un día me llegó un paquete cerrado a través de Fedex. Lo abrí y dentro de él había una cámara digital de última generación. Junto a ella una nota, que decía: “Te mando la cámara para que te saques fotos (desnuda y en ropa interior por supuesto). Tenemos que ir armando el “book” para esta temporada. Saludos, Madam”.

Que atrevimiento pensé yo. Cómo esta mujer estaba tan segura de que yo me iba a sacar fotos desnuda y se las iba a enviar. Ya que por la forma que había escrito la nota, lo daba por hecho.

Lo cierto es que no sé que bicho me picó, pero me saqué algunas fotos sexys y se las mandé via internet. Me las saqué yo sola en mi pieza, ya que la cámara tenía un modo automático. Posé para la cámara, como si jugara a que era modelo, como hacía cuando era más niña. Ojó! No me saqué ninguna completamente desnuda, pero sí me saqué algunas solo en tanguita. Y se las mandé por internet a Madam.

Al otro día ella me respondió. El mail era corto y breve y decía fundamentealmente: “Esas fotos no sirven. Sácate otras. Otras de verdad, en las que muestres lo que hay que mostrar y pongas la actitud y poses que corresponden. Madam”. El mail tenía también un comentario por cada foto que le había mandado. En cada comentario había una crítica y un consejo para mejorarla para la próxima.

A los dos días, me llegó otro paquete. Esta vez vía DHL. Lo abrí y dentro de él había un hermoso conjunto de lencería en color plateado. Y por supuesto una nota adjunta que decía: “En las fotos nuevas que te saques quiero que uses esta bombachita y este sostén. Madam. Los mensajes se tornaban cada más imperativos. Ya ni me saludaba y parecía verdaderamente que se tratara de una orden. Madam tenía una personalidad muy fuerte. Yo ya lo había vivido y también tenía la habilidad de expresar y reflejar esa fuerza en su personalidad al escribir en un papel.

Yo seguía dudando que iba a hacer. Pero sacarme fotos sexys me gustaba. Así que lo hice. Y las mandé.

Al otro día, voy a sacar plata del cajero automático (yo tenía una cuenta con tarjeta de débito que me abrió mi papá en la que él me depositaba una mensualidad para que yo me manejara) y cuando veo el saldo, veo que había 20.000 dólares en la cuenta bancaria. Jamás tuve tanto dinero. Mi papá tampoco me habría depositado tanto, ni siquiera por error. Pensé que debería ser un error. Fui a otro cajero y pedí un resumen de saldo y exactamente el papelito decía    U$S 20.485,56. Cuando llegué a mi casa, tomé el teléfono inhalambrico y sin que nadie se diera cuenta llamé a la sucursal del banco para preguntar. La empleada que me atendió, me confirmó que ese era el saldo correcto y que se debía fundamentalmente a que a la mañana temprano habían recibido una transferencia directa desde París, Francia.

Que seguridad de sí misma tenía Madam. Me había transferido 20.000 dólares. Quién le aseguraba que yo iba a ir a trabajar para ella.

Estuve una semana entera o más muy nerviosa. No sabía que hacer. Ir, no ir. De repente se me ocurrió investigar que había pasado con las chicas que habían ido de intercambio en años anteriores. Curiosamente me enteré que en los últimos dos años, anteriores a mi viaje, el viaje de intercambio a Francia lo habían hecho dos chicas. Investigué un poco más y supe que estas dos chicas habían ido a la misma casa que yo. ¿Casualidad? No lo sé. Nunca lo sabré . Para salir de dudas, traté de hablar y lo conseguí, con la chica del primer año anterior a mi viaje y me dijo que este año iba devuelta y que le encantó el viaje todas las veces que había ido. Me comentó también que este era su tercer viaje y que “Cada vez se pone mejor. Vos ya estuviste. Vos me entendés de lo que te hablo” me dijo al tiempo que me guiñaba el ojo pícaramente. Esta chica de nombre Marilina agregó: -“Aparte los franceses son tan lindos”.

Seguí investigando y curioseando y llegué aún más atrás. Con mucho esfuerzo ubiqué a la del año anterior a Marilina. Pero desafortunadamente ella ya no vivía más en la Argentina. Estaba viviendo en Francia, en dónde se había convertido en una actriz y cantante famosa (se ve que sin duda Madam usó sus contactos e influencias para ayudarla, a cambio quien sabe de qué).

Tengo ganas de ir, mi conchita me lo pide, pero algo dentro mío me dice que no está bien. Será tal vez toda la educación que recibí durante mi infancia y mi temprana adolescencia. Pero la verdad que a mí, los hombres me encantan. Me gusta que me deseen y me gusta estar desnuda para ellos. Debía tomar una decisión y debía tomarla pronto. En Francia me estaban esperando. Había muchas cosas que analizar, pensar y poner en la balanza, la plata era una de ellas. Pero yo no lo hacía por la plata, había algo más que me costaba descubrir en mí, o más que descubrir, me costaba admitir. Lo que me costaba admitir para mí misma, era que en mí estaba naciendo una incipiente PUTA, con todas las letras. Que me gustaba el Cabaret, que me gustaba estar con poca ropa, que los hombres me miraran con lujuria, que me llamaran, eligiéndome como cuando van a comprar algo y me gustaba ser una perrita que los atendiera, complaciera y dejara satisfechos.

Para terminar de decidirme, cuando estuve sola en mi casa, me probé el conjunto de ropa interior plateado que me habían obsequiado y enviado desde Francia, cortesía de Madam. Me quedaba divino. Me sentía una diosa con él. Me sentía a gusto con él y me imaginé todas las noches de hombres, copas, diversión y sexo que me estaba perdiendo aquí en Buenos Aires. Esa misma noche tomé la decisión y decidí firme e irrevocablemente que iba a ir. Le escribo un mail a Madam comunicándole de mi decisión. Ella, aunque era muy avanzada la noche cuando le escribí me contestó inmediatamente un escueto mail: “Naty: Gatita. Sabía que ibas a venir. Sé que te estabas aburriendo mucho allí y que te encantó jugar a la putita. Te espero pronto. Madam”.

Al día siguiente, 10.30 hs. de la mañana tocan el timbre en mi casa. Otro paquete, esta vez de UPS. Dentro de él. Un pasaje de avión. Destino: Francia. Una tarjeta VISA a mi nombre. Toda la documentación necesaria para viajar y U$S 5.000 para gastar. El pasaje tenía fecha para ese mismo día dentro de 5 hs.. Con lo cuál debía correr hacia el aeropuerto para llegar a tomar el vuelo. En el paquete había también otra notita: “Naty: Disculpame que te tenga que hacer apurar tanto, pero acá te estamos y está esperando mucha gente. Conozco Argentina y sé que si te tomas un taxi en un rato llegás al aeropuerto. Además no creo que te salga más de               U$S 5.000. Por el bolso y la ropa no te preocupes, sabés que acá no la necesitas. Madam”.

Armé un bolsito de mano, con las cosas indispensables. “Expliqué” la situación lo mejor que pude a mi familia y me fui al aeropuerto. En parte no les mentí, les dije que la familia que me había hospedado el año anterior en Francia, me había invitado a ir por un tiempo ya que nos habíamos llevado muy bien. Y este año querían llevarme a recorrer Francia más a fondo, no sólo París y para mí era una oportunidad única.

Bueno, a las corridas llegó al aeropuerto, me embarcó y voy rumbio hacia Francia. Era la primera vez que viajaba en primera clase.

Hay veces las coincidencias son increíbles. En el avión viajaba una persona que había estado en el Burdel de Madam y me reconoció. “Hola Natalie” me dijo. Y me miró con mucha lujuria en sus ojos. “Hola” respondi yo. Esta persona hablaba español, pero con un marcado acento francés, se le entendía lo que decía pero hasta ahí. Yo no lo recordaba, pero él parece que a mi sí. Seguramente me había hecho suya en alguna de esas noches. Lo siguiente que me dijo en su poco fluido español fue. -“Que hermoso culo y que hermosas tetas tenés”. “Gracias” dije yo sin saber bien que decir. El prosiguió: -“Lo digo porque las vi, las toqué. Son hermosas. Además que bien que la chupas”. Ahí me sonrojé. Justo pasó por mi lado la azafata: -“¿Necesita algo señorita?”. “No Gracias” le respondí yo.

La azafata se fue y el hombre continuó: -“Dale, vení, tomáte un whisky conmigo”. Yo me negué, le agradecí y me fui a sentar a mi asiento. Me puse a pensar en otra cosa, aunque escuché que el hombre levantó el teléfono y se puso a hablar con alguien. Enseguida sonó mi celular. Un mensaje de texto. De Madam. Y decía: “Nenita, tu trabajo ya comenzó desde ahora. Hace todo lo que te pida este señor. Es una orden. Madam”.

Siendo así, me acerqué al señor y le dije “Hola” como para volver a entablar una conversación. Luego continué: -“¿Sabé que? Los viajes en avión no me gustan. Así que le voy a aceptar un whisky”.

Ese día estaba vestida con zapatos de taco, una pollera blanca muy muy cortita, una remera escotada rosa y una vincha que me recogía el cabello. Mi ropa interior de ese día era blanca también. Me iba a sentar en el asiento que estaba al lado de ese señor y que estaba por otro lado vacío. Cuando me estoy por sentar él, me toma de la cintura fuertemente y me hace sentar en su falda. El tipo ya estaba bastante caliente. Lo noté en cuanto su verga hizo el primer contacto con mi colita. Había otras personas en la cabina del avión, pero como era una primera clase de lujo, había bastante distancia entre asientos. La azafata iba y venía con lo cuál había que disimular. Sin embargo, poco le importó a este tipo. Su nombre era Raini. Me levantó la pollera. O sea que mi culo en tanga quedó al desnudo y apoyado sobre su verga (aunque el traía el pantalón puesto). Me masajeo disimuladamente los pechos. Hasta me metió mano en la vagina. Jugueteó un poco con los elásticos de mi bombacha, hasta que terminó su whisky. Cuando pasó la azafata se pidió otro. Cuando tuvo ya servido el segundo y la azafata se alejó un poco, me dijo al oído: -“Quiero que me hagas un pete. Ya!”.

En cierta forma yo sentía una especie de obligación. Era mi “trabajo”. Así que me arrodillé disimuladamente, sin que nadie se diera cuenta, el puso una manta encima de mi cabeza y debajo de la manta yo empecé a trabajar. Desabroché lentamente sus pantalones.y me metí su pene en la boca. No lo podía creer. Este año las cosas habían comenzado más rápido que el año pasado.

Estaba en el avión y ya tenía un buen trozo de verga en la boca. Era increíble la rapidez con que avanzaban los acontecimientos. Me metí su pene en la boca. Tenía un lindo y muy buen trozo. Confieso que me gustó. Me lo metí en la boca una y otra vez. Lo saboreé.Lo disfruté. Le chupé el pene y los huevitos. Le hice delicias con la lengua. El hombre de a poco se iba excitando mucho. Mi boca lo hacía delirar. Lo hacía sentir en el cielo y que yo era un angel. Me sentía una linda y joven puta con él. El era un empresario importante. Yo, un cuerpo sexual para disfrutar y ser disfrutado. Seguí chupando. El siguió gozando. Hasta que se vino. Y se me vino con todo en la cara. Y en la boca. Una vez eyaculado. Muy amablemente me cedió una toalla para que me limpiara la cara. Yo la tomé, me limpié y le agradecí.

Obviamente como era costumbre, no me avisó y me depositó gran cantidad de semen en mi boca. Como no pude tragarlo todo, se me manchó un poco la remera.

Eso no le bastó. Hizo que me sentase encima de él, me levantó la falda nuevamente. Me corrió la bombacha hacia un costado y comenzó a penetrarme

Yo cabalgaba encima de él. Semi-desnuda. Un cuerpo entregado al sexo. Ya me sentía una trola. Y lo disfrutaba mucho. Después de todo había venido a Francia, para jugar a eso. A ser puta. Igualmente debo confesar que me sorprendió tener que empezar a serlo desde el avión. Me gustaba el sexo, pero no me dieron ni un minuto de respiro. El tipo tampoco me daba respiro me penetraba una y otra vez. Yo cabalgando arriba de él. Había perdido el sentido de la situación. Estaba entregada al sexo. Era ya, una máquina sexual. Había alcanzando mi plenitud sexual a una edad muy temprana. Este hombre me dio realmente muy duro. Sentí su miembro muy duro dentro de mí. Me penetró toda. Hasta  lo más profundo de mi ser. Cada tanto se tomaba un sorbo de whisky mientras yo hacía casi todo el trabajo. Hasta que descargó violentamente y con fuerza semental su semen en mi interior. Me corrí hacia el asiento del costado. Me acomodé la bombacha lo mejor que pude.Y fui hasta el baño en dónde me arreglé para estar presentable para descender del avión.

Finalmente el avión llega al aeropuerto y aterriza. Raini se despide con un: -“Adiós Naty. Nos vemos en el Cabaret de Madam. Ahí me voy a cansar de cogerte una y otra vez. Es más, ya reserve dos noches con vos”. “Nos vemos” contesté yo con una voz de gatita muy sexy. Ya me estaba metiendo en el “personaje”. Aunque me planteé que tal vez no fuera un “personaje” sino mi verdadera yo y que el “personaje” lo “fingido” era mi otra vida. El ser una “nena de papá”. Una “nena de su casa”:

Al bajar de la avión recojo mi maleta y me suena el teléfon celular. Era la inconfundible voz de Madam.

Madam: -“Hola. Espero que la ropa interior que traigas puesta sea linda. Ya que no hay tiempo que perder. Afuera del Hall Central te está esperando una limusina. Diez metros antes de subir al auto haya gente o no, te tenés que sacar la ropa que tenés puesta y quedarte en bombacha y corpiño, seguir caminando hacia la limusina y subir. Es una prueba más que tenés que superar para unirte a nuestra gran familia”.

No sé porque pero yo confiaba en Madam. En todo lo que me decía. Cuando salí del Hall Central vi a lo lejos la limusina. Fui caminando y me fui acercando a ella. Cuando estaba a 15 metros comencé a ponerme nerviosa. Había mucha gente alrededor. Sin embargo cuando calculé que faltaban 10 metros fui caminando y desnudándome al mismo tiempo. Primero me saqué la vincha, luego los zapatos, luego la remera y por último la pollera. Quedé solo con mi tanguite. Bien diminuta y mi sostén. Había mucha gente alrededor. Todos me miraban. Sentí un poco de vergüenza y apuré el paso para subir al auto. Cuando trato de abrir, la puerta estaba trataba. Demoró unos instantes, que a mí se me hicieron larguísimos hasta que de adentro me abrieron. Subí a la limusina y este arrancó. Nadié a excepción de mí, Madam y los suyos entendían nada. Dentro del auto estaba Rikjard esperando con un balde con hielo y una botella de caro champagne dentro. “Bienvenida” me recibió. “Veo que estás más linda que nunca. Es un placer que estés de nuevo con nosotros”.

Yo: -“Gracias, gracias”. Luego me atrevo a preguntarle: -“¿A que se debe esto de que me tenga que desnudar?”.

Rikjard: -“Ideas de Madam. A ella la divierten mucho estas cosas. Este tipo de pruebas. Además, así como estás te tengo que entregar en una casa. Recién mañana te pasaremos a buscar por la mañana o a la hora que te despiertes para llevarte a la mansión. Tomate un trago así te relajas”.

Yo: -“Dale servime un trago de ese champagne que debe estar exquisito”.

Charlamos y tomamos un poco de champagne.

A los veinte minutos el auto llegó a una mansión. Se anunció, entró y estacionó en la entrada central. “Bajá” me dijo Rikjard “Y atendé muy bien a estos señores. Han pagado una suma de dinero importantísima”. Bajé así semi-desnuda como estaba. Enseguida un mayordomo de color negro me hizo pasar a la casa. Ni bien entré me recibieron casi como si fuera una celebridad. Había 20 hombres dentro de la mansión. La misma estaba ambientada de fiesta y en dos o tres lados había carteles que decía “Club L’ Natalie” (El club de Natalia). Más tarde Rikjard me explicaría que eran 20 caballeros de mucho dinero. Todos eran clientes del Burdel y todos ya me habían visto, tocado o me habían cogido. Decidieron formar este club para juntar el dinero y poder reservarse para ellos mi primer noche de mi regreso a París. Madam realmente les había sacado una buena suma de dinero. Yo no creía valer tanto. Nunca me lo había imaginado. Por supuesto que no me valoraban como persona, pero debo confesar que era gratificante saber lo que pagaban por mí como máquina sexual. Y aunque gracias a estos viajes pude juntar una buena cantidad de dinero, creo que es sólo una pequeña parte, una punta de iceberg, de la montaña de dinero que Madam junto conmigo. Con mis tetas, con mi vagina y con mi cola.

Una vez dentro de la casa, lo primero que hicieron fue hacerme subir como a una especie de escenario. Comenzó a escucharse de fondo una música sublime de un pianista francés. Era una melodía muy francesa. Yo estaba como saben, ya semi-desnuda. Estando arriba del escenario apareció un hombre alto y buen mozo, vestido de smokin, con un micrónfono en la mano. Era como una especie de presentador que me dio la bienvenida y me presentó ante los asistentes, los miembros del “club”. Aplauso cerrado. Me sonrojé. Me excité. Mis pezones se erectaron y eso se notó por debajo de mi sostén. Luego de una linda presentación en la que el presentador reseño suscintamente mi vida (realmente hay algunos datos que no sé como los averiguaron) cerró su speech con un: -“Caballeros, muchas gracias por haber venido y ¡Que comience la fiesta!”. Y la fiesta no tardaría en comenzar.  De fondo comenzó a sonar una música de strip-tease. Un asistente del lugar se acercó y me indicó que se  esperaba que yo hiciera un strip-tease. No tenía mucha más ropa por sacarme. Pero comencé a bailar sensualmente. Los caballeros comenzaron a encenderse. A aplaudir, a gritar, a vociferar, a alentarme y pensé que era buena señal de que era un buen momento para regalarles mi sostén. Me lo quité muy despacito para hacer durar el momento.  Me lo saqué y lo sostuve con una mano mientras con la otra hacía como que me tapaba los senos. Sé que eso calienta a los hombres. Los pone ansiosos por ver todo, por lo poco que se puede tapar con las manos. Siendo además mis manos muy chiquitas y delicadas. Seguí bailando sensualmente. Pero comenando a dejar de lado el erotismo para pasar a lo sexual. Miré al público, intenté descubrir con un golpe de vista quién era el “líder” del grupo o por lo menos algún miembro “influyente” de este. Elegí al que más apropiado me pareció, bajé del escenario y me acerqué a él. Le susurré al oído que “Me sacara la bombachita”. Me di vuelta y el puso manos a la obra dejandome completamente desnudita  en un segundo.  En el centro del salón había una cama. Redonda y gigante. Especial para orgías grandes. Me tiré en ella y dejé que hicieran conmigo lo que quisieran. Las manos no tardaron en llegar. Tampoco los penes. Tanto manos como penes los sentía por todos lados. Y la sensación me gustaba. Y mucho. Me rozaban la cola, lospechos, la vagina. La cara, la boca, el cuello, los labios, etc.. Aún no me habían penetrado, pero Ah! Ahí sentí la primer pija que me entró por la vagina. Inmediatamente otra en la cola y una en la boca. Luego sentí que mis manos eran conducidas a dos vergas más. Y bueno, creo que ya nada más podía hacer por ellos, los otros 15 caballeros deberían esperar o contentarse con meter alguna mano, al menos hasta que alguno de los 5 primeros produjera y descargara su líquido masculino sobre mi. Cuerpito femenino. Me cogieron tantas veces ese día y estuve tan rodeada de pijas, que obviamente no puedo recordar cada una. Pero sí recuerdo la primera, la última y el momento en general. La primera fue por el culo, la eyaculación digo, y la última en la boca, la cara y las tetas. En esta situación de “máquina sexual de 5 posiciones” estuve varias horas sin descanso. Iban pasando los turnos y pasado un rato, los primeros estaban para una segunda vuelta, algunos para una tercera y solo unos  pocos para una cuarta. No soy buena en matemáticas, pro si cuentan que había 20 caballeros en el club y que casi todos llegaron a la tercera “vuelta” haciendo las multiplicaciones correspondientes podrán tener una idea de cuantas veces me cogieron ese día.

Sé que le hice por lo menos un pete a cada uno. Las probé todas. Tal es así, que me quedó la boca seca. También me hicieron tomar semen en vaso. Me corrí más de una vez. Pese a que era joven y el sexo me encanta con todo lo que había cogido ese día podría haber estado luego semanas sin coger. Pero eso … eso … no era lo que Madam tenía planeado para mí …

A la mañana la misma limusina del día anterior me pasa a buscar. Me había quedado dormida desnuda en un sillón de la mansión. Desnuda entre muchos hombres desnudos que estaban tirados durmendo por ahí. No encontré por ningún lado, ni mi bombachita, ni mi corpiño, con lo cuál tuve que subir a la limusina como Dios me trajo al mundo.

Esta vez, dentro de la limusina no estaba Rikjard, sino que estaba Madam. Me saludó y comenzamos a hablar. Me pregunta como me había ido la noche anterior. Yo le respondí que bien. Me preguntó si me habían penetrado mucho y si había tragado mucha leche y yo le dije que sí. Me preguntó si alguno de los hombres que me habían poseído la noche anterior me había gustado especialmente a lo que yo le respondí la verdad y era que no. Ahí aprovechó para aconsejarme que en este lucrativo negocio era mejor no involucrarse sentimentalmente con los clientes. “Sólo entregate a ellos en cuerpo, pero no en alma” me dijo y siempre recordaré sus sabias palabras. En ningún momento me ofreció ropa, ni nada para cubrirme. Ni siquiera una manta o un sacón. Si me ofreció un café expreso caliente. Yo lo bebí y estaba muy rico. Además era una mañana bastante fría. Seguimos conversando. Una vez que yo terminé mi café y dejé mi vaso a un costado, sin mediar palabra, ella comenzó a manosearme toda. Fue directo a mi vagina por donde pasó su mano un largo rato. Tocando y aún introduciendo sus dedos en ella. Luego subió a mis tetas y las palpó, manoseo y magreo por un largo rato. Luego de un rato de toquetearme la vagina y las tetas me dijo: “Necesito saber que es lo que tanto les gusta a los hombres de vos. Necesito saber cuál es el secreto de tu rotundo éxito ¿A ver porque vales tanto?” Yo me dejé seguir manoseando. “Date vuelta” me pidió. Y empezó a examinar cuidadosamente mi culo. También me lo tocó, acarició e introdujo dedos en mi ano por un largo rato. Luego de todo este manoseo, comenzó a besarme. Con besos bien sentidos y profundos, metiendome su lengua de serpiente hasta el fondo de mi garganta. Estuvo besándome y toqueteandome un rato largo, hasta que volvió a pronunciar palabra y dijo:           -“Ahora lo entiendo. No sé como te probé antes. Sos magnífica. Sos espectacular. Sos joven, hermosa, tenés un cuerpo bello, bien proporcionado y encima besas muy bien. En síntesis, sos perfecta”.

“Gracias” contesté yo tímidamente.

El viaje siguió seguimos charlando, Madam dejó de tocarme, pero yo seguía desnuda. Y creo que ahí no había satisfecho completamente sus ganas de mí.

Cuando llego a la casa me reciben muy muy bien, mucho mejor que el año anterior. Era casi una semi-estrella. Me aplauden y me saludan con muchos elogios. Estaba desnuda. Pero la mayoría, por no decir todos ya conocían mis partes íntimas a la perfección. La desnudez en esa casa era algo natural para mí. Luego de la recepción y de la ubicación en uno de las suites, esta vez, me había tocado una mucho mejor que la del anterior, que también había estado muy linda.

Esa noche como ya conocía el lugar, me entangué, me puse un corpiño llamativo y fui hacia el Burlesque. En la puerta estaba Madam, que antes de dejarme entrar me dijo:

Madam: -“Vos ya estás para otra categoría, para otro tipo de trabajos”.

Con esta frase Madam terminaba de comunicarme que había convertido en una puta 5 estrellas. Durante mi larga ausencia, ella se había encargado de promocionarme y hacerme conocer y muchos ya me habían solicitado y habían reservado turnos para estar conmigo. Madam me mostró la agenda que me esperaba y era interminable. Era como cuando un grupo de música se va de gira. Prácticamente iba a tener sexo todos los días más de una vez por día, durantes unos tres o cuatro meses. La vagina me iba a quedar destruida de tanto poner y sacar.

No conocía, ni conozco demasiado de Francia, pero en la agenda que me mostró Madam había muchas personalidades famosas y no faltaban agendadas citas como “Fiesta en el barco de …”; “Orgía en la mansión de …”; “Cenar con …”; “Exhibirse para …” y demás.

Entonces esa noche no trabajé en el NightClub, sino que una vez me llevaron en limusina hacia otro lugar. El segundo trabajo que tuve que hacer, ese mismo día que llegué. Casi sin descansar fue para un futbolista famoso de Francia. Un verdadero ídolo en su equipo. Me llevan en limusina. Famoso lugar. En reservado, me desnuda delante de todos y yo no puedo hacer nada. Estoy para eso, soy su putita. Me dejó en tanga como si no hubiera nadie alrededor. El ambiente era un descontrol algunos miraban otros no. Otras minas también estaban en bolas y algunos hombres también. Otras putitas como yo.

Ël me dijo: -“Subíte y baila arriba de la barra”. Y yo lo hice. Pero para hacerlo lo hice en tanga. Algunos que estaban debajo de la barra medio alcoholizados me gritaban cosas. Otros trataban de tocarme el culo, pero enseguida el personal de seguridad del boliche lo impidió. Cuando me aburrí de bailar, simplemente bajé y volví con el futbolista que me había contratado esa noche. Tomamos unos tragos de caros alcoholes en el VIP. La pasé muy bien con él. Tenían mucha clase. Estuvimos ahí, como dos o tres horas en el VIP del boliche, tomando alcohol, besuqueandonos y tocándonos.

Luego del boliche, él me subió a su lujoso auto y me llevó a un lujoso hotel. En el hotel pasó lo que tenía que pasar, es decir hice “mi trabajo”. Y él se quedó muy contento, muy satisfecho.

Después de varios día volví a reflexionar sobre lo que había pensado al ver por primera vez el dinero en mi cuenta bancaria. Como Madam estuvo tan segura de que yo iba a venir. Y la respuesta estaba en que en mi viaje anterior ella me había transformado. Me había transformado en una puta. Había dejado una semillita latente en mí. Algo que a la primera oportunidad floreció. Y la verdad era que me sentía muy bien en este ambiente. Me sentía a gusto. Me sentía útil. Sentía que hacía algo muy bien, que por primera vez en mi vida, era realmente buena en algo y que era reconocida por ello.

Una de las curiosidades que descubrí en este segundo e interesante viaje fue que Madam y Rikjard no tenían hijos. Ninguno de los dos. Melanie no era sino una puta que mandaban de viaje de intercambio. A veces iban otras y no ella. Y descansaban. El único requisito era que tenían que ser o parecer muy jóvenes.

Algunas noches dormí en la alcoba de Madam. Desnuda. A los pies de su cama. Solo me invitaba a su cama para cogerme o meterme consoladores en la conchita o el culo. Pero no dejaba ser muy activa. En cuanto yo quería iniciar algo ella me decía “No, no, ese esntusiasmo guardalo para los clientes”. “En mi alcoba domino yo”. Decía ella. Y hacia conmigo lo que quería pero lo que más le gustaba era que me acostara boca abajo y meterme en el culo unos consoladores de unos tamaños incréibles, casi podríamos decir, gigantes. No sé bien como, pero terminaban entrando. Ella era muy hábil también haciendo masajes y no solo eso, una experta en el estímulo clitoriano. Dicho esto solo me resta decirles que en la alcoba de Madam me mojé una y otra vez. A lo largo de mi estadía tuve un montón de orgasmos buenísimos en esta alcoba aún ante la ausencia de penes.

Era parte del plantel VIP de Madam. Tan VIP que en este viaje también conocí al Presidente de Francia. Y cuando lo conocí, quiero decir que lo conocí muy íntimamente. Un día Madam, Rikjard, el chofer-custodio y yo nos dirigimos a la Casa de Gobierno. Nos dejaron pasar sin problemas y tanto Rikjard y Madam eran saludados como si fueran el Presidente y la Primera Dama, la Presidenta y su esposo. El Presidente un hombre de aspecto muy cordial y amable, nos invito a pasar al salón oval (al igual que el que hay en la Casa Blanca) y a tomar un té. Madam con la actitud directa, e incisiva que la caracterizaba abrió la charla, rompiendo el hielo de una sin problemas: -“Sr. Presidente, la putita que pidió”.

Me ofendí un poco, pero sabía que eran gajes del oficio, yo ahí era un cuerpo. Una chica que brindaba un “servicio”. No era ni más ni menos que el placer sexual que mi cuerpo podía proporcionar.

Mr. President: -“Veo Madam que lo haces cada vez mejor. De dónde consigues estas putas. Esta es verdaderamente hermosa”.

Madam: -“Esta pieza de colección particularmente es de Argentina. Un país situado al sur del continente americano donde hay muchas chicas hermosas y que quieren ganar un buen dinero. Y eso es lo que yo les doy: mucho dinero a cambio de entrega y servicio total y sin límites”.

Presidente: -“Y vos me aseguras que ella. ¿Cómo te llamas?”

Natalia: -“Natalia”.

Presidente: -“¿Vos me aseguras que Natalia va a cubrir todas mis expectativas?”.

Madam: -“Absolutamente todas. Eso te lo garantizo. Esta nena no solo es hermosa como podrás apreciar visualmente. Tiene una actitud sexual pocas veces vista. Que solo las grandes y más finas putas tienen. Yo lo único que hago es ayudarla a descubrir su verdadero ser. A sacarlo de su interior y a canalizarlo”.

Presidente: -“¿Vos Natalia estás de acuerdo con lo que dice? ¿Sos realmente una puta o sos una chica de vacaciones con la vagina algo caliente?”.

Natalia: -“Creo que tengo un poco de las dos cosas, pero ¿Cuál es la diferencia para el caso?”.

Presidente: -“Creo que ninguna. Así que podés comenzar a desvestirte”.

Madam: -“Do it”.

Presidente: -“Pero no te desvistas toda. Deja algo para después. Cuando Madam y Rikjard se vayan”.

Me saqué el trajecito sastre formal que tenía puesto tipo de ejecutiva y que fue necesario ponerme para entrar a la casa de gobierno sin despertar sospechas. Madam me ayudó a sacarmelo. Lo tiré a un costado, di una vuelta como hacen las modelos en ropa interior y me volví a sentar en el cómodo sillón en el que estaba sentada.

Madam: -“¿Viste? Es perfecta.

Presidente: -“Ya lo creo. Ese culito me volvió loco. Esas tetitas. Es hermosa. Simplemente hermosa. Bueno gracias por todo y mi secretario los conducirá hacia la salida. Nos vemos en la cena de caridad de fin de mes”.

Madam: -“Ok. Que te diviertas y que la disfrutes”.

Un asistente del presidente acompañó a Madam y a Rikjard hacia fuera y cerró la puerta tras de ellos mientras estos y el Presidente se saludaban efusivamente.

Cerradas las puertas quedamos él y yo solos. Él, el hombre más poderoso de Francia. Y yo una chica de barrio, lejos de mi país. Aunque no es por vanagloriarme, pero con el viaje anterior y con este creo que mi territorio, el lugar en donde soy local, es la cama; y mientras hubiera una cama yo seré tan o más local y me sentiré más a gusto que los demás.

Presidente: -“Voy a dejar que demuestres que sabés hacer. Después de todo soy el Presidente y merezco atención”.

Me tomé un instante y pensé en como arrancar mi labor. Quería que el momento fuera perfecto, pero no sabía como arrancar.

Entonces arranqué con lo mismo de siempre. Él hombre sentado en su silla, desde la cuál gobernaba al mundo y hacía cosas importantes y la putita, cuál secretaria que quiere ascender rápidamente, arrodillada también haciendo cosas importantes jugueteando con el pene presidencial. Primero con las manos con un poco de masturbación y luego con la boca. Siempre mirándolo a los ojos mantuve su pene dentro de mi boca casi todo el tiempo. Chupé duro y constante. Cada tanto, muy cada tanto le daba una lamida a sus huevos, pero el presidencial pene estuvo casi todo el tiempo en mi boca. Era un honor para mí. Después de todo me había cogido a cada pelotudo. Esta era una verga importante y como tal había que hacerlo bien. Y así lo hice. El presi que en definitiva era un hombre, acabó con todo, manchando el fino y caro escritorio y derramando algo de sus líquidos sobre mi persona.

Luego del mínimo descanso lógico, me agarró, me hizo dar vueltas y me puso contra el escritorio. Ahí me la metió en seco por el culo. Y comenzó a penetrarme duramente. Me cogió y me cogió. Yo cara boca abajo y tetas contra el escritorio. Él dándome bomba por atrás. Mi culito también haciendo gala del pene presidencial que tenía introducido. Otro honor, mi culo hecho por un presidente. Y esta vez, no solo el pene, sino también el semen presidencial estuvieron dentro de mí. Ya que el presidente me eyaculó muy potentemente dentro del ano.

El Presidente me dijo que se hubiera quedado conmigo cogiéndome una eternidad, pero que ello no le era posible dado sus ocupaciones y que en breve tendría una reunión de gabinete. Se tomó 5 minutos y descansó. Bebió un sorbo de whisky y también me dijo que por más reunión de gabinete que hubiera si mi culo y mi boca habían sido tan placenteros no se perdería por nada del mundo mi vagina. Me tiró sobre el escritorio, esta vez yo boca arriba, y se vino encima de mí. Ahí nos echámos un polvo rápido. Casi mecánico. Él acabó enseguida, lo cuál era su intención. Se vistió muy a las apuradas, se arregló un poco y me dijo: -“Naty, eres genial, lástima que no puedo quedarme más tiempo. No va a faltar oportunidad si sigues viniendo a Francia. Vístete que algún asistente mío te va a acompañar hasta la salida. Ha sido un verdadero placer conocerte”. Y se fue de la habitación. Quedé realmente halagada.

El Club de Caballeros, el encuentro con el Futbolista, y el encuentro con el Presidente no fueron mis únicas situaciones sexuales de ese viaje, pero no quiero aburrirlos.

Vuelvo con 40.000 dólares y ya me hago a la idea, que sí el año que viene me llaman voy a volver. Me asombró de solo pensar como un viaje escolar de estudios, me transformó de una chica común argentina a una puta de clase alta francesa. Pienso, si cuando vuelva a Argentina no voy a dejar mis estudios de Derecho, en busca de una vida mejor y más fácil. En la que el dinero se gane más rápido. Ustedes me entienden.

Al volver veo la página de Internet. Veo mi foto. Lo que valgo. Todo el mundo. Me recibí de puta high class.

julieta_s24@YAHOO.com.ar

Suegra y nuera

Martes, enero 13th, 2009

Mi nombre es Julieta. Vengo de una familia de clase media. Cuando estaba en la universidad conocí a mi actual marido, proveniente de una acaudalada familia. Nos conocímos en la facultad de leyes, pero yo una vez que me casé nunca ejercí para convertirme en ama de casa. Él en cambio al igual que todos los hombres de su familia era un prominente abogado. Reconocido, respetado y con conexiones en todo el país e incluso en el exterior. La familia de él tenía un buen pasar. Como era la tradición familiar desde tiempos inmemoriales todos vivíamos en la misma casa. Una casa muy muy grande. Gigante se puede decir. En ella tuve que convivir y de hecho convivo con mi peor enemiga, mi Suegra.

Mi Suegra es una típica “Vieja Con Plata” que nunca hizo nada en su vida, salvo casarse con el hombre correcto y no dejarlo escapar. Por eso es que se podía dar la gran vida que se podía dar. Por más suerte para ella su marido había fallecido hacía unos diez años dejandole toda su fortuna. Yo no llegué a conocerlo pero me contaron todos que además de ser uno de los 5 mejores abogados del país, el viejo William era una gran persona. Todos lo querían y lo respetaban. Su mujer era todo lo contrario. Nadie la quería y todos le temían. Su hijo no claro, pero era su madre, él la veía distinto a los demás. El no llegaba a darse cuenta de la clase de bruja que era su madre. No me quería para nada, y siempre que podía le hacía saber a su hijo que le parecía que yo era una vaga, una floja, y una tonta. Lo único a favor que le decía de mí y repetía en varias ocasiones era “Que linda chica te buscaste”. Yo creo que en parte envidiaba mi belleza y mi juventud. A ella ya le habían pasado unos cuantos abriles y las carnes se la habían caído, su piel se le había arrugado para siempre.

“Vos seguí arreglandote y yendo al gimnasio que ese culito y ese cuerpito ya van a servir para algo” me dijo una vez al pasar. Yo no le hice caso, estaba acostumbrada a su no-aceptación hacia mi persona y sus comentarios degradantes y ofensivos.

Yo era de vestirme a veces de manera atractiva. Lo cuál parecía no ser bien visto a los ojos de mi suegra. Ella siempre me miraba de arriba abajo. Muchas veces fijando su vista en mi culito por un largo rato. Incluso a veces pasaba por al lado mío y se las ingeniaba para rozarmelo o tocarmelo de forma accidental. Aunque ella no era lesbiana, era como si quisiera comprobar algo.

Un día cualquiera de noviembre, a los dos meses de haberme ido a vivir a la casa de mi marido y de mi suegra ella me dijo: “¿A ver hija, como va a pagar parte de los gastos? Mire que hoy viene el plomero a cobrar y hay que pagarle”. Yo no entendí a que se refería. Ya que era una familia de dinero, que nunca había pasado necesidades económicas. Sin embargo esta vieja, como mucha gente de su clase o calaña cuanto más riquezas tienen más ávaros son. Y ella que no estaba dispuesta a compartirla con nadie mucho menos lo haría conmigo.

“Ring” sonó el timbre de la puerta. “Anda a atender” me dijo mi suegra. Yo voy y abro la puerta. Era el plomero. Lo hago pasar. El ingresa, se dirige hacia donde estaba mi suegra que le indica el trabajo que debe realizar. El plomero se pone manos a la obra y al cabo de dos horas termina el trabajo solicitado.

Suegra: -“Quiero que andes en bombacha y corpiño, como si salieras de bañarte o algo así. Así el plomero se excita y me cobra menos”.

Yo: -“¿Cómo?”.

Suegra: -“Dale no te hagas la mosquita muerta que sos bastante putita”.

Me quedé consternada. Shockeada por lo que esta vieja hija de puta me estaba pidiendo. El plomero estaba trabajando en la cocina. Yo subí a mi habitación me quité la ropa, me mojé un poco el pelo y me cubrí con un toallón para que parezca que había salido de bañarme. Luego fui a la cocina, a buscar algo, cualquier cosa, como excusa.

Entro a la cocina como si buscara alguna taza o un vaso. Tratando de ser amable le pregunto al plomero acerca de cómo va el trabajo. El me contesta que muy bien, ya casi por terminar. De reojo me mira las piernas. Mi suegra observaba la escena desde la habitación contigua ya que la puerta estaba abierta. Me doy vuelta para agarrar una taza y siento que el plomero me clava la mirada en el culo. Aunque no lo veía mi instinto de mujer me lo confirmaba. Mi suegra viene hacia la cocina. Presiento que algo raro va a pasar y mi suegra se las ingenia para hacer que el toallón que cubría mi cuerpo se enganchara con algo, se me sale y quedó semi-desnuda delante de aquél plomero. Guau! pensó él aunque no dijo nada y muy profesional siguió trabajando. Yo sentí mucha vergüenza y me sentí muy expuesta. Más usando lencería de color blanco. Traté de coger el toallón y volver a cubrirme pero mi suegra lo agarró del suelo antes que yo y dijo: “Uy esté toallón está todo sucio, lo voy a poner para lavar” y lo arrojó a un canasto dispuesto a tal efecto a un costado. Y no tenía con que taparme. Intenté entonces rápidamente salir de la habitación. Y así lo hice.

Plomero: -“Está linda la nena” le comentó a mi suegra.

Suegra: -“¿Te gusta?”.

Plomero: -“Era sólo un comentario. Es una linda chica”.

Suegra: -“Porque puedo hacer que veas más. Si querés claro está. Si querés y si no me cobrás el trabajo”.

Plomero: -“Necesito el dinero, pero déjemelo pensar un segundo”.

Instante de silencio y de reflexión del plomero.

Plomero: -“Que demonios. Págueme en especies”.

Suegra: -“Julieta vení un segundo” gritó

Yo escuché el llamado y fui hacia la cocina. Estaba a medio vestir pero un poco más y mejor tapada que antes.

No hizo falta que mi suegra iniciara todo. El plomero sin darle tiempo tomó la iniciativa.

Plomero: -“A ver putita, desnudáte”. Me dijo mirando fijamente y con una mirada fuerte, penetrante (como lo que vendría después).

Y yo lo hice, me desnudé en un segundo como una verdadera puta. Como una zorra de cabaret. Ya mi suegra se las había ingeniado para que estuviera a medio vestir con ropa fácil de sacar y que confiriera el aspecto de una mujer sumamente vulgar. Quedé desnudita delante de ellos dos. Mi suegra me miraba, me examinaba. Él sin perder tiempo comenzó a tocarme toda. Tetas, culo, vagina. No dejó un centímetro de mi cuerpo sin recorrer.

Luego, lo hicimos ahí sin más problemas, en la cocina de la casa. Cada tanto mi suegra pasaba y miraba. Y/o le preguntaba a su “cliente”: -“¿La está pasando bien mijo?”.

“De maravillas” le respondió él. Al tiempo que le contestaba me seguía amasando las tetas como si tratarade una masa para hacer pan. Me besaba en el cuello y en la boca apasionadamente como si nos uniera algo más que sexo casual. Debo confesar que tenía una linda forma de penetrarme. Dulce, suave, con ritmo. Nada que ver a lo que yo suponía de antemano. Disfrute mucho esta cogida. Luego de que me acabo en mi vagina yo estaba lista para vestirme, cambiarme e irme. Pero él me dijo: -“El trabajo de plomería no está del todo completo sino hasta que revise el otro conducto”. Con esa metáfora me hizo poner en cuatro patas y comenzar una sesión de sexo anal. También estuvo muy buena. Pero aquí la dulzura se acabó y me penetró con mucha fuerza y potencia. Me nalgueó a más no poder, tal es así que me dejó toda la cola roja. Y siguió amasándome las tetas también, yo creía que tenía una obsesión con mis tetas porque no paraba de tocarlas, de “aprovecharlas”, de disfrutarlas. Cuando estuvo por acabar no lo hizo en mi culito. Sacó su verga de mi orto y me hizo arrodillar, ponerme en frente de él, mirarlo a los ojos y me eyaculó en la cara y en los pechos.

Este, el del plomero, fue uno de los primeros servicios que mi suergra me hizo hacer. Ella pronto vió que no sólo podía pagar las cuentas conmigo, sino que también vió que era negocio. Yo por momentos me sentía un poco putita, pero la verdad que si bien marido era un buen hombre con una madre muy hija de puta, el no me atendía sexualmente como corresponde. Y yo disfrutaba del servicio de un montón de hombres, sin siquiera tener que hacer el esfuerzo de buscarlos. Ellos venían hacia mí, y encima tenía la complicidad de mi suegra, que era una señora muy inteligente y manipuladora.

Un día cualquiera por la mañana …

Suegra: -“Vestíte bien trolita y acompañame al almacén”.

En el almacén.

Suegra: -“Juntate un poco las tetas y mostrale el escote al señor. Que parezca casual”.

Lo hice.

Suegra: -“Date vuelta, hace que vas a agarrar algo, agachate y que se te vea TODO”.

Lo hice. El almacenero estaba como loco.

Gracias a esas maniobras que no sería la última vez que mi suegra me las hiciera hacer, el almacenero hizo mal las cuentas, no sé si por confusión matemática o a propósito y nos ahorramos como unos $ 20. ¿Esos $ 20 cambiarían en algo la situación económica de mi suegra? Seguramente no, pero a ella le gustaba hacer todo ese tipo de jueguitos.

Otro tarde cualquiera … Estábamos ella y yo en un parque. Era un día soleado. No sé como había accedido a salir a pasear con mi suegra. Creo que ella me lo pidió, me dijo que tenía ganas de salir a caminar un rato o algo así.  Y yo buena, tonta e ingenua accedí. Todo iba bien. Tomábamos un poco de aire y sol y charlábamos, aunque la charla con una mujer algo mayor que yo se tornaba por momentos bastante aburrida.

En un momento tres adolescentes que estaban paseando o jugando por el parque me miraron un poco. Lo de siempre, el culo, las tetas, etc. La malicia de mi suegra salió a la superficie. No justifico otras ocasiones, pero esta fue de las peores porque en esta ella no obtenía ningún provecho económico.

Suegra: -“Mira esos adolescentes. Que linda edad. Plena pubertad. Seguro que se masturban varias veces por día. Sabés que. Vamos a darles algunas imágenes para que lo hagan en el día de hoy”.

Yo: -“No entiendo”.

Suegra: -“Vas a tomar sol en bikini. Ahora”.

Yo: -“Pero no traje bikini”.

Suegra: -“Entonces la tanga y el sostén que tengas puesto estarán bien”.

Yo: -“Pero estamos en un lugar público”.

Suegra: -“Sí, y hay un montón de chicas tomando sol en bikini por allá”.

Yo: -“Exacto, pero yó no traigo puesta ninguna bikini”.

Suegra: -“¿Y cuál es la diferencia?”.

Yo: -“Hay diferencia”.

Suegra: -“Mirá, si no haces lo que te digo, le voy a tener que hacer llegar a tu marido un video de una chica con un plomero. ¿No sé si soy clara?”.

Yo: -“No lo puedo creer” (dije indignada). “Sos una vieja extorsionadora”.

Suegra: -“Mäs respeto nena, eh! Además esa falda cortita y esa remerita bastante escotada que traes puestas que te cubren bastante poco las compramos el otro día en el shopping con MI tarjeta de crédito y vos todavía no me diste la plata. Así que por lo tanto técnicamente todavía me pertenecen”.

La vieja bruja tenía razón. Mal que me pesara. Así que muy sumisamente me saqué la remerita y se la dí. Me saqué la faldita y se la dí. En el medio del parque. Enseguida para no quedar tan expuesta me tiré de panza en el pasto boca abajo a tomar sol. Pero la tanga apenas cubría mi culo. Era  una tanga hecha y pensanda para momentos íntimos no para un lugar público. Los adolescentes que estaban cercano no me quitaban los ojos de encima. Primero nada, luego comencé a sentirme verdaderamente incómoda. Me acosaban con la mirada. Y lo peor: la maldita vieja disfrutaba. Ella se sentó en el pasto conmigo como si fuéramos dos grandes amigas de toda la vida charlando. Le encantaba las lascivas miradas que los jóvenes tenían para conmigo. Me sentía un pedazo de carne. De repente sacó algo de su cartera. Un bronceador y sin que yo se lo pidiera me lo comenzó a restregar por el cuerpo, sobre todo obviamente por el culo. En un momento fingió que se le quebró una uña e hizo un gesto de dolor, luego llamó a los jóvenes: -“¡Chicos, chicos! Por favor vengan, porque no me ayudan”.

Los jóvenes sin entender que pasaba se acercacaron.

Suegra: -“¿No le pasan el bronceador a ella que a mí se me rompió la uña?”.

“Por supuesto” dijo uno, “Sí claro” dijo otro, “Encantado” dijo el tercero. El primero, ya que siempre hay uno más audaz que los otros tomó el bronceador se puso en la mano y comenzó a pasarmelo por la espalda, por poco tiempo, luego se fue directo al culo y allí me lo amasó la mayor parte del tiempo.

Mi suegra tuvo otra genial idea: -“Desabrochate el corpiño sino te van a quedar las marcas con el sol”. Yo no lo hice, pero sentí que alguien a mi espalda lo hacía.

Luego de que el segundo de ellos tuviera su rato de manosearme la espalda y el culo, ya no había excusa para el tercero. ¿Cuánto bronceador más podía necesitar mi culo con todo el que le habían puesto ya?.

Suegra: -“Ponete boca arriba sí te pasan de la parte de adelante”. Al tercero le quedó la parte de adelante. Me pasó bronceador por el cuello, los hombros, la panza, las piernas. Cuando me pasaba por las piernas se hacía un poco el tonto y se acercaba a mi vagina, pero ni fue lo suficientemente audaz ni había justificativo para que me tocara allí. No pasó lo mismo con mis senos. Del cuello con algo de disímulo fue bajando sus “caricias” y de a poco se fue adueñando de mis senos. Cuando mi suegra vió la situación le dijo a los otros dos que entre los cuatro hicieran como una especie de ronda para que otra gente que andaba por el parque no nos viera y ella con sus manos me terminó de sacar el corpiño que ya estaba desabrochado de atrás.

Suegra: -“Ahora sí, pasale bien el bronceador en los senos”. El joven estuvo maseajeando, frotando y jugando con mis tetas todo el tiempo que quiso.

Los jóvenes estaban “al palo”. Podía notarlo. Podía sentirlo. Se respiraba su calentura masculina en el aire. Pero en lugar como eso la cosa no podía pasar de allí, que igualmente ya era bastante lo que había ocurrido hasta ese momento.

Las manos de esos jóvenes ya habían disfrutado bastante. Y sus penes se habían cargado de leche por la situación. Mi suegra no iba a dejar que todo terminara allí. Me devolvió el corpiño, la pollerita y la remera. “Vestíte” me dijo. “Vengan chicos” les dijo a ellos. “Vamos a tener una fiestita”. Salimos del parque hacia la calle y ella paró un taxi. “Al hotel más cercano” le dijo al chofér. “Y rápido” enfatizó.

El chófer del taxi, gran conocedor de las calles de la ciudad en menos de 5 minutos nos depósito en el albergue transitorio (hotel) más cercano. Entramos los 5 a una habitación suite, muy cara y lujosa.

Suegra: -“Chicos, descarguen toda su leche. Disfruten a la putita“.

Los pibes se abalanzaron sobre mí, desesperados. Salvajes. Me desvistieron casi arrancándome la ropa. Me dejaron completamente desnuda en un segundo. Y me metieron mano como nunca. Exploraron todos mis orificios. Cada uno de los tres se apropió de uno. Uno me besaba en la boca como si fuera su novia, y los otros dos primero con dedos y luego con lo que ya se imaginan se introdujeron en mí. Me tiraron en la cama. Y el dueño de mi boca, me introdujo su pene en ella para completar esta triple penetración.

Mientras me cogían sin parar, yo pensaba, como de tomar sol en un parque con mi suegra terminé en un hotel siendo cogida por tres pendejos que me daban sin parar y cuyas hórmonas y erecciones estaban a pleno. No había respuesta para ello, pero pasada la culpa inicial de engañar a mi marido, la vagina comienza a dominar la cabeza, una se mete en el momento de sexo, se olvida de todo y comienza a disfrutar. Y eso fue precisamente lo que me pasó a mí. Me olvidé de todo y pensé “Vamos a disfrutar a estos tres pendejos, tan jóvenes. Tan potentes”. Además a ellos les dejarían un hermoso recuerdo que les duraría de por vida. Me cogieron, me cogieron y me cogieron. Para un lado, para el otro, en una posición, en otra. Por un lado, por otro hasta que pasaron las tres horas del turno y nos fuimos. Cuando nos estábamos yendo me di cuenta que mi maldita suegra había grabado todo con su célular.

En el mismo almacén del otro día …

Suegra (hablándole a uno de los empleados del dueño del negocio): -“Me trae por favor el pedido a casa. Usted es un muchacho fornido y nosotras dos mujeres”.

Al rato.

“Ring”.

Suegra: -“Atendelo vos. Salí en ropa interior como si recén salieras de bañarte”.

Lo hice. Pero no en ropa interior por supuesto, sino cubierta con una toalla para el cuerpo y otra para el pelo (típico de las mujeres).

“¿Cómo te podría pagar esto?”

Mi suegra había cosido un cordón largo al toallón que yo siempre usaba, entonces pegó un tirón desde dónde estaba y me dejó en bolas. El empleado del almacén se sorprendió y se deleitó al mismo tiempo. No entendía nada, pero no le importaba mucho tampoco. Le gustaba y disfrutaba de lo que veía.

“Perdón” dije yo, me disculpa un segundo y me metí adentro. Cerré la puerta. Pero enseguida apareció mi suegra y la abrió.

Suegra: -“Disculpá a la maleducada de mi nuera. Vos nos trajiste nuestros bultos y ella te cierra la puerta en la cara. Después de todo si ella es bastante ligerita de ropa no es tu culpa. Vos sos hombres y la vas a mirar. Es lógico”.

El empledo del almacén asintió con la cabeza hizo un paso adentro de la casa y dejó las bolsas allí mismo.

Se estaba yendo, cuando mi suegra le dijo: -“Espera que te doy la propina”.

Suegra: -“Pedile disculpas al señor” me dijo.

Yo: -“Disculpame no fue mi intención cerrarte la puerta en la cara”.

Empleado almacén: -“No hay problema”.

Suegra: -“¿Cómo no hay problema? Disculpate bien querés dale una buena chupada de verga a este buen hombre”.

Al lado de la puerta de calle le abrí la bragueta. Saqué su pene afuera. Lo dejé colgando. Primero lo miré, lo examiné y noté que era inmenso. Se me hacía agua la boca. Comenzé a mamarlo. Y le di una buena chupada. Estuve un ratito porque se la chupe a mucha velocidad y lo hice acabar enseguida para que el empleado pudiera volver a su trabajo. Semejante pija, traía una  equivalente cantidad de leche y me llenó la boca de semen. Y la cosa no pasó a más porque el empleado tenía que retornar a sus labores, pero sospeché que no faltaría oportunidad para continuar este encuentro sexual.

Resumiendo un poco. En estos primeros meses que viví en esa casa, no sólo le “pagué” al plomero, sino que también lo hice con el Sodero, el Electricista, el Almacenero, el Carnicero, etc. y la lista sigue y es relativamente larga. No voy a contarles todas las veces que mi suegra me hizo hacer “cosas”. Pero hubo una en que se le fue la mano:

El día que terminó la obra vi que los obreros no se iban. Que se habían bañado y que todos esperaban en el hall de la casa. Me miraban con lujuria, como si fuera un pedazo de carne. De repente mi suegra apareció con una campana en la mano y dijo: -“A ver cuando suene esta campana una vez, mi nuerita pasa a ser toda de ustedes, cuando toque dos campanas, deja de serlo para volver a ser mía otra vez, ustedes dejan de hacer lo que están haciendo y se van”.

Me cogieron como 8 obreros. Todos muy rústicos y de muy malos modales, en cuanto a educación, pero sexuales también. Me rompieron toda. No disfruté nada. Eran como perros. Pero con mucha más fuerza. Me dieron como animales.

Cuando me terminaron de garchar los albañiles pasó mi suegra y me dijo: -“La semana que viene va a venir un sobrino mío del campo. Tiene 18 y es muy tímido.Y lo vas a tener que avivar. Así que si estos te parecieron sexualmente torpes y rústicos no sabes lo que te espera”.

Tal vez esto se los cuente en un próximo relato

Comentarios, sugerencias y otros a:    julieta_s24@YAHOO.com.ar

El viaje de egresados

Domingo, enero 11th, 2009

Corría el año 2007 y un Colegio del cual no puedo dar el nombre se fue de viaje de egresados. Era una división de unos 35 alumnos, entre chicos y chicas más o menos en cantidades similares. El viaje no lo hicieron por ninguna de las 3 empresas más conocidas del país, sino por una empresa nueva. Que si bien no tenía renombre era mucho más barata y les había ofrecido más y mejores cosas que las otras, de las cuáles permanentemente había rumores de que iban a quebrar o iban a desaparecer.

El viaje transcurrió con absoluta normalidad, entendiendo como normalidad para un viaje de egresados el desenfreno, el descontrol y la rebeldía adolescente que lo caracterizan. Las excursiones fueron más o menos las mismas de siempre. Los paseos también, los boliches, los clásicos del lugar, excepto uno, excepto una fiesta especial que sólo en esta empresa se realizaba.

Dicha fiesta se hizo en un boliche exclusivo. Que quedaba en las afueras del lugar turístico. El boliche tenía mucho parque afuera, era una casona muy muy grande reformada y transformada en un boliche bailable fantástico. No sólo el boliche era exclusivo de esta empresa de viajes, sino que esta fiesta también era exclusiva en cuanto a quien podía participar y quién no. Cuando les cuente el nombre de la fiesta ya se van a dar una idea de porqué.

Esta fiesta, la mejor sin duda que daba esta compañía, aunque no era para todos los que viajaban por ella recibía el nombre de “La Fiesta de las Bombachas” (Fiesta de las Tangas). Ahora tal vez se imaginen porque digo que esta fiesta tenía un carácter exclusivo y excluyente. Era exclusiva de esta empresa, por otra parte el lugar era muy lindo, muy selecto y exclusivo y además de esta fiesta estaban excluidos todos los varones que viajaban por esta empresa.

Esa noche, la noche que se dio esa fiesta, las chicas subieron a un micro y los varones a otro. Los varones irían a bailar a un conocido boliche que tiene nombre de operación del corazón.

En el micro Maxi el Coordinador General dijo: “Bueno chicas, hoy cómo bien saben tendremos una fiesta no oficial. Una que no figura en el plan de excursiones pero que sin duda es una de las más divertidas. Y les estoy hablando de “La Fiesta de las Bombachas”. Sí, hoy vamos a ver quién es la más putita, la que tiene la tanguita más linda, la más chiquita, la que está más dispuesta a todo y quién es la mejor en el sexo”. Las chicas se miraron algo sorprendidas por los excesos verbales de Maxi, pero eran grandes y ninguna se asustó por lo que estaba diciendo. Además como es típico en los viajes de egresados y en los grupos adolescentes todas querían mostrarse como la más zarpada y/o la más transgresora.

Llegaron al boliche, bajaron del micro y entraron.

Para dar inicio a la fiesta, Maxi tomó el micrófono y dijo: -“Que comience la fiesta, que comience la diversión” Y la música comenzó a sonar a todo volumen. El clima de fiesta en el lugar era avasallante, todos bailaban, todos se movían, nadie se quedaba quieto, todos estaban eufóricos. Las primer hora fue una hora normal de boliche, mucha gente, mucho alcohol, todos bailando y alguno que otro afortunado/a estaban intercambio besos y demás con otras personas.

A partir de la segunda hora la cosa se empezó a poner realmente caliente.

Cada tanto Maxi tomaba el micrófono principal y anunciaba algunos “Happy Hours”. Para el primero que anunció dijo: “A partir de hora se inicia el “Teta Hour”, que significa esto, que la señorita que vaya hacia la barra y le entregue su remera al barman de turno se lleva una cerveza de litro y la que se acerque a cualquiera de las barras y le entregue al barman que la atienda su remera y su corpiño se lleva un champán de litro para brindar con sus compañeras”. Fue increíble como al poco tiempo varias chicas, muy bien predispuestas, se paseaban en senos y brindaban contentas con champagne con sus amigas.

“Que zorras” le comentaba uno de los coordinadores a otro, “Mirá lo que hacen por un champagne gratis. Que putitas”.

Carla la protagonista de nuestra historia, fue una de las primeras en ir y cambiar su remera y su soutien por un champagne de litro que exhibía como un trofeo al igual que sus senos orgullosa ante sus amigas.

Otra situación común en esta fiesta era la siguiente, pongo como ejemplo una que le pasó a eso de las 3.15 de la mañana también a Carla: “A ver la bombachita” le dijo un ayudante de coordinador. Y la señorita a quién se refería lo miró de arriba abajo y … cómo era costumbre en la fiesta se bajó sus ajustados minishorts y le mostró la tanguita que llevaba puesta. “¿Te gusta?” Le preguntó desafiante, avasallante. El Ayudante de Coordinador por poco no se quedó sin habla hasta que alcanzó a balbucear “Me encanta”. En esta fiesta era clásico y costumbre que cada chica debía mostrar la tanguita ante quien se lo pidiera.

No está de más aclarar que en esta fiesta solo participaban las chicas de todas las divisiones y colegios que realizaban su viaje de egresados por la compañía y los coordinadores. Mientras que los varones esa misma noche iban a boliches normales de la zona. Entre el alcohol y otras cosas primero no se dieron cuenta, pero al transcurrir la noche alguno se hizo la pregunta “¿Y dónde están las chicas, nuestras compañeras?”. Pero nadie se detuvo a reparar demasiado en ello, habiendo otras chicas de otros colegios que participarían de “La Fiesta de las Bombachas” otro día. Algunos igualmente sí lo hicieron, por ejemplo un chico de nombre Pablo no paraba de pensar dónde estaría su novia. Mientras pensaba jamás se imaginaría que su novia estaba bailando casi como una puta, semi-desnuda arriba de un parlante en otro boliche en la mencionada fiesta especial. Su novia se llamaba Carla y mientras Pablo pensaba en ella, Carla ya sólo cubría su cuerpo con un fina tanga blanca de encaje y sus dos manos parar cubrir sus pechos, al tiempo que bailaba sin parar al ritmo de la música. Y ella lo estaba pasando bien, de maravilla, nó como su novio. El cuál estaba tan enamorado que era incapaz de ir a hablarle a otra chica. Que lindas tetas tenía Carla y estaban a la vista de todos, al igual que muchas otras. Carla seguía bailando arriba del parlante junto a otras chicas y cada tanto algunos chicos se subían, bailaban un poco, las agarraban por detrás y las apoyaban bien fuerte. Y luego les metían mano en las tetas y los más osados incluso metían sus manos dentro de las bombachitas. Uno de los Coordinadores que estaba bailando con Carla le tocaba las tetas y la vio tan divertida y eufórica que pensó que no iba a tener problemas. Entonces se agachó por detrás de ella y le bajó su bombachita dejándola completamente desnudita. Mientras tanto su novio, estaba solo, aburrido en un rincón de otro boliche pensando en ella. Algunas chicas se le acercaron pero las descartó sin siquiera prestarles la menor atención.

Carla siguió bailando como si nada junto a sus amigas. Ahora toda desnudita.

Situaciones como esta hubo muchísimas.

Otra cosa que ocurría en esta fiesta era que a medida que las chicas iban quedando desnudas si querían podían pasar por un sector del boliche en el que les aplicaban la técnica del “body painting” para una vez pintadas sacarse fotos con sus amigas.

Carla se movía por el boliche desnuda con mucha naturalidad. Al igual que muchas otras. Algunas semi desnudas, otras completamente. Por todos lados se respiraba aire a fiesta y sexo. Muchos coordinadores o ayudantes de estos estaban transando con alumnas y más también. Manoseandolas al máximo y muchos también estaban teniendo sexo explícito en el lugar.

A Carla la manosearon como a todas una y otra vez. Al bailar con sus amigas, o al caminar la toqueteaban. Ella estaba muy alegre debido al alcohol y sonreía cuando pasaba esto.

Carla transó y estuvo con muchos chicos esa noche. No puedo contarles todas las historias o “encuentros” que tuvo esa noche, pero sí puedo contarles algunos. En un momento de la noche Maxi, el Coordinador General se le acercá a Carla y le dice “Vení”. Carla lo sigue y Maxi la lleva cerca de la barra principal del boliche. Ahí le presenta a un señor de unos 45 años aproximadamente. “Él es ni más ni menos que el dueño del boliche. De este y de dos más de la zona” le dice. Se saludan muy cálidamente. El sujeto estaba tomando un champagne, de los caros, de los muy caros. Les invita una copa tanto a ella como a Maxi.

Dueño del Boliche: – “Sos muy linda sabés”.

Carla: – “Gracias”.

La invitó a pasar al sector VIP del boliche. Maxi también fue y mientras tomaba copas se entretuvo con otra/s señoritas.

Dueño del Boliche: – “Tomá, ponéte esto” le dijo mientras le daba un conjunto de tanga y corpiño negros muy finos y muy minúsculos. Carla se los puso.

Dueño del Boliche: – “A ver. Da una vueltita y desfila para mí”.

Carla dio una vueltita exhibiendo toda su belleza y caminó de un lado a otro como si fuera una modelo en una pasarela.

El Dueño del Boliche le indicó que se sentara con él y comenzaron a besarse. El Dueño comenzó a recorrer con sus manos toda la anatomía de Carla. Le desabrochó el corpiñó y la dejó nuevamente en pechos. La besó un rato largo más y puso la mano de Carla en su verga. “Agarra sin miedo, que seguro te gusta y a mí también” le dijo. Carla era tocada pero también le tocaba el bulto al dueño del boliche. En un momento le sacó el miembro de la bragueta y comenzó a masturbar al hombre. Este ya estaba muy caliente, al palo. Y la tocaba  a más no poder, el culito, las tetas, la conchita por dentro y por fuera de la bombacha.

“Ahora parate que te voy a sacar la tanguita”. Carla se paró y él le bajó la tanguita. La arrojó a un costado e hizó que Carla se le subiera encima dándole la espalda. Ella comenzó a subir y bajar. A “cabalgar”. Él mientras ella subía y bajaba, le sujetaba fuertemente las tetas y le nalgueaba el culo. Carla siguió subiendo, bajando y gimiendo. Una y otra vez. Él con su miembro al palo disfrutaba y la toqueteaba. Cada tanto hacía que Carla girara su cabeza para besarla apasionada y largamente en la boca. También le estimulaba el clítoris. Ambos estaban a mil. Muy excitados y calientes. Carla era una diosa y él tenía mucha experiencia en el sexo y sabía como hacer gozar a una mujer. Carla siguió cabalgando, subiendo y bajando y él bombeando hasta que finalmente acabaron. Ambos. Casi al mismo tiempo. Carla gimió y gritó de placer. Se retiró de encima de él, pero se quedó a un lado tomando unos tragos.

El Dueño le comentó a Maxi en tono de broma: “Con esto ya tienen pago el día en mi boliche”. Maxi sonrió y le dijo: “La verdad que no te podés quejar, carne de primera”.

Al rato se echaron otro buen polvazo.

El cuerpo de Carla esa noche pasó por las manos de muchos hombres. Sus tetas, su culo, su vagina fueron tocados por una cantidad de manos imposible de contar. Aparte del dueño del boliche, Carla estuvo con muchos otros.

Cerca del final de la fiesta, tipo 6 de la mañana se hacía el “Concurso del Mejor Blow Job” de la temporada. Tres chicos sentados en tres sillas. Tres chicas de distintos colegios. El reglamento del concurso es muy simple: la que primero hace acabar a su compañero y se bebe una generosa cantidad de leche gana. Luciana, una turrita divina, morocha de hermoso cuerpo y especialmente lindas tetas, ganó para su Colegio y aunque quedó con semen en la cara y en su boca sus compañeras la adoraron porque se irían de segundo viaje de egresados al Caribe con todo pago.

Para las 7 de la mañana la fiesta ya estaba casi terminando, la más vestida y “rescatada” estaba en tanga, muchas otras estaban completamente desnudas. Algunas mantenían puestas las zapatillas o zapatos, pero andaban en tetas y en concha de un lado para otro sin problemas. La mayoría estaban exhaustas y querían irse a dormir, sin embargo siempre están las que tienen pilas para rato, Maxi anunció con el megáfono: -“Las que quieran continuar la fiesta durante todo el día que vayan por la salida que está marcada con una X y vayan subiendo así como están a los micros de color rojo”. Varias chicas prácticamente o complemente desnudas fueron para esa puerta y fueron subiendo a los micros rojos. Querían que la fiesta continuara y no terminara nunca. Estaban en un estado de éxtasis, “sacadas”, mental y sexualmente. Entre este grupo estaba Carla. Cuando los micros de color rojo estuvieron llenos, los grupos de chicas semi-desnudas fueron llevadas a una orgía generalizada organizada por los Coordinadores.

Carla no paraba ni un minuto, estaba en un estado de éxtasis total. En el micro primero las chicas se sentaron y descansaron un poco. Pero luego el chofer del mismo a pedido de Maxi, comenzó a poner música y poco a poco el clima de fiesta comenzó a reinar en el ambiente. Carla como casi todas estaba desnudita. El asiento continuo al que ella estaba entre sentada y acostada estaba vacío. Un coordinador, de nombre Juan, se le sentó y comenzó a manosearla. Carla se dejaba y disfrutaba de que su cuerpo fuera tocado. Juan comenzó masajeandole suavemente las tetas. Luego al ver como Carla disfrutaba bajó de golpe y metió mano en su coñito. Primero sólo tocando, luego introduciendo dedos, primero uno, luego dos, luego tres. Y así comenzó a estimular a Carla repetidamente. Carla empezó a gemir. Mientras tanto en el resto del micro ocurrían situaciones similares. Carla siguió gimiendo como una perra, mientras dedos le seguían introduciendo. Juan la hizo mojarse bien mojadita y finalmente acabar. Carla pegó un gritó altísimo de placer. Tan alto fue que muchos miraron.

“Ahora date vuelta que te quiero comer el culito” le dijo Juan. Carla se dio vuelta y Juan comenzó a “comerle el culito”. Que lindo culito. Redondito, paradito, durito. Un manjar para la lengua de Juan. Una vez “saciado” Juan y teniendo a esa belleza de espaldas no lo dudó se bajó los pantalones, sacó su miembro erecto y lo introdujo de lleno en el ano de Carla. Comenzó a bombear. Primero despacio. Luego entró en ritmo bombeó con todo. Una y otra vez. Carla disfrutaba. Recibía pija y disfrutaba. Gemía, jadeaba. Juan también le apretujeaba las tetas. Jugueteaba con sus pezones entre sus dedos y no paraba de bombear. Después de un intenso momento Juan le llenó literalmente a Carla el culo de leche.

El pensamiento que se le cruzó a Juan por la cabeza inmediatamente después de quitarse de encima de Carla fue “¡Que buen polvazo me eché!”. Carla era un putita divina. Juan la miraba. Que caramelito acababa de garcharse.

Fuera del boliche ya, en una especie de “estancia” o “casa quinta”, la fiesta, mejor dicho la orgía continuó.

Muchas no volvieron a recuperar su ropa, la perdieron por ahí, trataron de cubrirse lo mejor que pudieron y así fue como fueron subiendo a los micros que las llevarían devuelta al hotel. Por supuesto que esta fiesta, en la que todos la habían pasado muy bien, sería un gran secreto muy bien guardado entre Coordinadores, Ayudantes y las chicas de los distintos colegios. Carla así como pudo, semi-desnuda y re-contra re-cogida llegó a su pieza. Se acostó. Al rato pasó a verla su novio que había ido a desayunar melancólicamente pensando en ella. Como la vio acostada la dejó dormir, “Pobrecita, está cansanda” pensó, sin imaginarse en lo más mínimo todo lo que había ocurrido y cuanto su novia había disfrutado y gozado.

julieta_s24@hotmail.com

Escuela secundaria para jovencitas adolescentes rebeldes

Viernes, enero 9th, 2009

Tatiana era una adolescente muy rebelde. Tendría unos 17 años. Estaba en el último año del colegio secundario y no hacía caso alguno a sus padres, Miriam y Patricio. Quiénes no sabían más que hacer. Como controlar ni criar a su hija.

Tatiana, tenía un lomazo, espectacular. Era toda una hembra. Caliente, sexual y muy deseable. Pasando por una etapa de su vida muy alborotada y desordenada como es la adolescencia. Tenía el pelo castaño claro y levemente enrulado, unos hermosos ojos verdes, mediría 1,76 mts, y tenía un culo grande espectacular y hermoso. Bien lleno, carnoso, jugoso, ideal para tocar o penetrar. Eso no es todo, también tiene un par de hermosas tetas. También muy carnosas, jugosas, bien grandes y sabrosas. Ideales para hacer una buena “turca”.

Entre otras cosas, pese a que era muy inteligente, a Tatiana le iba mal en el colegio. Estaba más preocupada por los chicos que por el estudio. Un día sus padres se enteraron que había un Colegio Secundario (High School) especial para este tipo de casos. Sus padres cuando vieron que la situación se hacía insostenible, decidieron cambiarla de colegio y llevarla a este nuevo colegio.

Hicieron un llamado telefónico y pidieron una entrevista con la Directora. Les dieron un turno para esa semana, el viernes a las 15 hs.. Llegó el día y se dirigieron al futuro Colegio de Tatiana, ella y sus padres. La Directora (La Sra. Irma) los recibe muy amablemente y los hace pasar a todos a su oficina.

Luego de los saludos y presentaciones correspondientes, la Directora la observa bien. La mira de arriba a abajo. Y dice: “Mmm, sí, este es un caso claro de rebeldía adolescente aguda. Nosotros tenemos la solución. Sugiero que empiece ya mismo el tratamiento y quede internada hoy mismo”.

Los Padres (al mismo tiempo): “¿Internada?”.

Directora: “Claro, este es un colegio pupilo. Las alumnas pueden ir a sus casas solo un fin de semana al mes y por supuesto si se portan bien”.

Los Padres: “Y bueno, sí es lo mejor para ella”.

Directora: “Perfecto. Vamos a comenzar la primera etapa de tratamiento ya mismo con ustedes aquí presentes”. Acto seguido, la Directora llama a la Lic. Fernanda Vázquez. Esta última entró en la oficina de la Directora, se presentó y saludó: “Hola, ¿Qué tal? Mucho gusto, yo soy la psicóloga Fernanda Vázquez, quien dirige técnicamente los tratamientos”. Luego del saludo y las presentaciones, hizo una breve reseña de su currículum académico-laboral y les contó un poco cuál era la orientación teórica del tratamiento. Los padres escuchaban atentamente y parecían en todo de acuerdo con lo que la Licenciada les comentaba. De ninguno modo se iban a imaginar, lo que verían en breves momentos acerca de cómo la Licenciada llevaba a la práctica la teoría que estaba desarrollando.

Tatiana seguía siendo el centro de la escena y de las miradas. En un momento, determinado y repentino, La Lic. Vázquez se acercó a Tatiana y comenzó a desnudarla delante de sus padres. Muy bruscamente, tiró de la falda que tenía puesta, rompiéndola y la arrojó a un costado. Dejando a Tatiana en culo delante de sus padres. Ella se sonrojo instintivamente un poco, pero todo fue tan rápido que ni tuvo tiempo de resistirse o hacer movimiento alguno. La clase de tanga (muy chiquitita, fina y blanquita) hizo que su padre al verla pensara que su hija había crecido demasiado. Pero volviendo a Tatiana, ella tenía puesta una remera color lila y bastante atrevida, escotada. La psicóloga tomó un cutter (cuchillo pequeño de oficina) y le cortó la remera de abajo hacia arriba, por adelante y por el medio. Pasando bien la línea del corte, entre las dos bellas tetas de Tatiana. La Lic. Vázquez parecía saber lo que hacía y lo hacía con decisión. No tuvo reparos en dejarla en corpiño y tanga delante de sus padres. Los pechos eran enormes. Se salían del soutien por todos lados. Tatiana no entendía nada, sus padres tampoco y todos se miraban desorientados, shockeados, sin poder reaccionar. Luego Fernanda le preguntó a La Directora, Irma: “¿Ténés alguna tanguita del instituto ahí?”. La Directora contestó: “Sí, acá tengo una tomá” y sacó de un cajón una pequeña y delicada bombachita de color azul con elástico blanco y con el nombre del instituto. La Lic. Vázquez, muy intempestiva nuevamente, se acercó a Tati, y le bajó su blanca bombachita hasta los pies y luego se la sacó. Y le puso la bombachita del instituto. “Ya está, bienvenida al Instituto. Ahora ya sos una más de nuestra comunidad” le dijo al tiempo que le daba una palmadita en la cola (todo delante de sus padres). Lic. Vázquez: -“Ahora luego, iremos a la secretaría y te daremos la ropa del colegio, el jumper (uniforme de colegiala) y demás cosas”.

Tatiana se despide de sus padres y se va así como estaba casi desnuda, junto a la Lic. Vázquez a la secretaría, dónde esta le da el kit de ropa del colegio. Este constaba de:

o 3 pares de medias blancas, que llegaban hasta la rodilla.
o 3 polleras bastantes cortas, que casi le dejaban las nalgas al aire.
o 3 bombachas con la insignia y logo del instituto, muy chiquititas todas. A Tati se le perdían en el culo.
o 3 corpiños con la insignia y logo del instituto. Con forma de triángulo, con lo cuál las tetas se le escapaban por todos lados.
o 3 remeras del instituto, de un color blanco bastante clarito. Con un poco de transpiración o a contra-luz esas remeras se transparentarían de seguro.
o 2 pares de zapatos y 1 par de zapatillas.
o 2 sweaters del instituto.

Tatiana se incorporó a este Colegio en Mayo y los primeros dos meses, mientras tanteaba el terreno todo transcurrió con normalidad. De a poco se fue desatando y rebelando, volviendo a ser la chica terrible que era en el otro Colegio. Al empezar a sentirse a gusto en este Colegio y entendiendo como funcionaban aquí las cosas, comenzó a volver a ser la rebelde que era. Sin embargo, en este Colegio las cosas funcionaban de manera distinta. Es por eso que un día a mediados de Julio, la Directora la llamó a su oficina. La Directora ya venía con la idea de llamarle la atención por distintas cosas, pero comenzó por lo más evidente.

Directora. “Señorita, veo que usted no cuida el uniforme. Esta es la primera advertencia que le hago, si sigue sin respetarlo va a terminar por no usar ninguno. Ya que ese uniforme lleva los colores, escudo e insignia del instituto y debe ser honrado y respetado”.

Luego de esa primera llamada de atención, Tatiana prometió cumplir con las reglas, pero Tatiana que era bastante rebelde, siguió incumpliendo las reglas en cuanto al uniforme y poco tiempo más tarde la Directora la volvió a llamar a su despacho por segunda vez.

Directora: – “Bueno señorita, veo que no ha aprendido la lección”.

Mientras la Directora le hablaba, Tatiana mascaba chicle y un poco se burlaba de ella.

Tatiana: -“Sí, no aprendí la lección ¿Y qué?. ¿Cómo me va a castigar? ¿Me va a dar tarea?”.

De a poco la Directora se iba enfureciendo.

Directora: -“Usted está muy mal acostumbrada señorita. Es una mal educada. Pero a encontrado la horma de su zapato. Este no es un Colegio común, es un Colegio exactamente para señoritas como usted. Entrégueme inmediatamente el uniforme”.

Tatiana, seguía mascando chicle y no se movía.

Directora: -“Señorita, déme el uniforme que tiene puesto, es propiedad del Colegio”.

Tatiana que no se dejaba intimidar, ni le gustaba retroceder se desnudó ahí mismo en el despacho de la Directora, como si la cosa fuese de la menor importancia. Desafiante le contestó: “Así está bien”. Y la verdad que estaba muy bien … su cuerpo.

Directora: “No me desafíe señorita”.

Tatiana accedió un poco fácilmente a desnudarse, no porque desnudarse en público fuera algo común para ella, sino porque pensó que esto iba a provocar un escándalo y esto le traería serios problemas a la Directora, es decir el hecho de que haya una alumna desnuda en su despacho. Pero la realidad es que nadie se inmutó por el hecho. Este era un Colegio realmente especial.

No conforme la Directora con la actitud de Tatiana decidió darle una lección.

Directora: -“Veo Señorita que no ha entendido el castigo, así que si tanto le gusta estar desnuda, justo es la hora de gimnasia y usted va a tomar su clase de gimnasia precisamente desnuda”.

La clase fue una clase normal de gimnasia. Pero mientras el resto de sus compañeras estaban vestidas con ropa de gimnasia, ella debió hacer todo desnuda. Correr por el patio desnuda, hacer abdominales desnuda, hacer flexiones desnuda, jugar al volley desnuda. En fin todo lo que se hace en un clase de gimnasia. (Queda para el lector, imaginarse como se bamboleaban sus pechos al correr y la belleza de su colita torneada y transpirada al aire libre). El patio del colegio no estaba perfectamente cerrado, con lo cuál se juntaron un par de mirones que disfrutaron gratis de ver el hermoso cuerpo de Tatiana.

Una vez finalizada la clase la Directora estuvo satisfecha con el castigo propinado y la dejó tranquila por el momento.

Sin embargo Tatiana, no se curó del todo con el castigo de la clase de gimnasia nudista. Y un día luego de una discusión en el patio del Colegio, le contestó muy mal y le faltó seriamente el respeto a uno de los porteros. Que a la vez era uno de los caseros del Colegio y vivía en la parte de atrás del mismo.

Nuevamente la Directora la llamó a su despacho y luego del regaño general y típico le dice cuál es su castigo esta vez. Y el mismo fue: -“Deberás vivir con él unos 3 días como si fueras su esposa. Harás absolutamente todo lo que te pida o sino serás expulsada del Colegio y tus padres sabrán que fue por tu pésima conducta”.

Tatiana: -“No, por favor no me expulse. Mis padres no tolerarían otra expulsión de un Colegio”.

Directora: -“Mirá si cumplís el castigo de manera obediente, no te voy a expulsar”.

Ese mismo día a la noche, se tuvo que presentar en casa del casero. El Sr. Wilson. El Sr. Wilson, tendría unos 57 años de edad, era viudo y de origen mulato. Era muy bueno en su trabajo y de suma confianza de la Sra. Directora. Era un persona super responsable y honesta. Era siempre el primero en levantarse en el Colegio, lo hacía a eso de las 6 de la mañana y era uno de los últimos en retirarse, ya que su vivienda estaba ubicada en el fondo del Colegio. Hacía unos diez años que había enviudado con lo cuál hacía bastante que no tenía una mujer entre sus brazos. Ni bien entró Tatiana en su casa, luego de que se saludaran, le dijo: -“Necesito un poco de alegría visual, así que sacáte toda la ropita”. Tatiana obedeció a medias y se quedó en bombachita y corpiño. Pero ya la vista de Wilson estaba arreglada.

Wilson: -“Nena, preparáme la cena. Que sea algo rico” le dijo. Era un hombre bueno, pero rústico, con lo cuál sus formas de hablar no eran de las mejores. Tatiana fue a la cocina a prepararle la cena. El se sentó a ver televisión. Al rato, le dijo: -“Traéme una cerveza”.

Tatiana sacó una cerveza fría de la heladera y se la llevó. Cuando se acercó, empezó a acariciarle el culo, siempre por arriba de la bombacha. Justo en la televisión estaban pasando una película erótica o de soft-porn en la que una señorita en un cabaret o nightclub le estaba haciendo a un señor lo que los norteamericanos llaman “baile de la falda”. Y Wilson le dijo: -“Quiero que me hagas algo así” al tiempo que señalaba la televisión.

Tatiana se le sentó encima y empezó a restregarse por encima de su miembro. Wilson, comenzó a elevarse, a erectarse. Tatiana se frotaba por todo el cuerpo de Wilson, tratando de darle placer. Wilson le tocaba el culo y las tetas, una y otra vez. En un momento se aburrió del corpiño en el medio y se lo sacó. Tati quedó en tetas. Luego se excitó y comenzó a estrujarlas, magrearlas y apretarlas con más intensidad. De a poco también empezaba a meterle mano por debajo de la bombacha y cada tanto, estiraba el brazo, tomaba un trago de cerveza, y pasaba la botellita fría por los pechos de Tatiana, para que sus pezones se erectaran. También le convidaba tragos de cerveza a esta. Luego de manosearla un buen rato Wilson, fue por un poco más de acción. Hizo que Tatiana se corriera de encimar y bajara para hacerle una fellatio. Tatiana todavía con su blanca tanguita puesta se arrodilló, delante de Wilson y comenzó a lamer su miembro. El miembro del hombre negro era inmenso. No cabía completo en la boca de Tatiana. Tatiana comenzó su labor, su castigo, su penitencia y Wilson comenzó a disfrutarla. Se relajó, se recostó y dejó que Tatiana chupara su miembro de punta a punta. Era grueso, y erecto como un tronco. A Tatiana, que no tenía una abultada experiencia en el sexo oral le gustó este pene. Tenía algo especial, era como chupar un tronco. Grueso y duro. Necesitaba de toda su boca y de su lengua bien extendida para chuparlo. Wilson, parecía estar en otro mundo. Hacía tiempo que no disfrutaba de una situación así. Llevaba mucho tiempo de viudez. Y la pendejita sabía como proporcionarle placer. Incluso parte de su inexperiencia, hacía aún más excitante la situación. Como su boquita recorría tímidamente su miembro le calentaba. Aparte, el hecho de verla ahí, arrodilladita ante él, como si fuera todo un señor importante y no el portero del Colegio, era una situación muy excitante. El verla con esa chiquita tanguita blanca también era un lindo espectáculo. Que linda bombachita y que bien que le quedaba. Que bien se metía ese hilito en ese precioso culo. Mientras Wilson, pensaba y/o sentía todo esto, Tatiana no dejaba de lamer. Wilson, parecía estar en otra dimensión, de placer y relax y a Tatiana le daba la impresión de que no acabaría jamás. A medida que Tatiana chupaba, el pene de Wilson cobraba más tamaño y vigor y esto a Tatiana inconscientemente le gustaba, la excitaba un poco, el hecho de saber, que lo que estaba haciendo, lo estaba haciendo bien. Wilson volvió un poco a la realidad, dejó ese limbo de relax y placer al que había llegado y de solo ver y concentrarse un poco en el espectacular cuerpo de Tatiana se llenó de líbido y lujuria. Verla en tetas, en tanguita y con su pene en la boca, lo devolvieron al maravilloso y apasionante mundo del sexo y se puso casi por acabar. Pero fue bueno y le avisó: -“Cuidado nena que ahí va”.  Tatiana se sacó la pija de Wilson de la boca, pero enseguida Wilson la agarró por la cabeza y atrayéndola hacia él le puso nuevamente su miembro en la boca y le dijo: -“Te dije que ahí va, no que te ibas a salvar de probar mi semen”. Y acto seguido acabó un impresionante torrente de leche en la garganta profunda de Tatiana. Lo que no lo pudo tragar, Wilson se encargó de que lo recibiera en la cara y las últimas gotas, en los pechos.

Luego de esto, Wilson se acercó a la mesa y se puso a comer la cena que Tatiana había tenido que prepararle. No la dejó vestirse, le hizo quedarse así solo en tanguita e incluso no la dejó sentarse. Wilson pensaba que luego de 30 años de servicio a la comunidad educativa en general era momento de que lo sirvieran un poco a él. Era la hora de aunque sea por un rato, ser protagonista en esta vida que siempre lo había tenido por un segundón. Por eso Tati debió quedarse parada al lado de la mesa, como una camarera/mucama de lujo y servir vino o cerveza para Wilson según él le pidiera y/o servirle la comida. Tatiana comenzó a entrar en conciencia de la situación y a sentirse incómoda con su desnudez, pero Wilson no la dejó vestirse. Una vez que terminó de comer, se tomó un tiempo para descansar, para que le bajara la comida y luego volvió a la acción. Le dijo: -“A ver pendeja, vení por acá. Parate acá”. Tatiana se le acercó y se paró al delante de él, esperando alguna reacción típica de viejo verde como que se le abalanzara encima y le empezará a tocar el culo o las tetas. Sin embargo eso no ocurrió. Wilson le ordenó: -“Sacate la tanguita que el Tío Wilson se la va a quedar de recuerdo”. Tatiana se la quitó delicadamente, y se la entregó (como si de una ceremonia solemne se tratase) a Wilson en las manos. Ahora sí estaba completamente desnudita y eso la hacía estar un poco más expuesta a la lujuria de este señor. “Que lindo ahora tus dos orificios principales están descubiertos. ¿No te sentís como vacía? ¿Cómo si te faltara algo en ellos? No te preocupes que eso que sentís que está faltando es justo lo que yo te voy a dar. Ya probaste el sabor, ahora vas a sentir la potencia y el grosor” dijo Wilson. Y efectivamente, se la hizo sentir. La tomó por la espalda y la puso contra la mesa, en posición de 90 grados con la boca hacia abajo. Sus pechos quedaban aplastados contra la mesa, su cara de costado y su culo … en la posición ideal para ser penetrado. Estaba más durito y paradito que nunca, ideal para romperlo todo. Wilson metió dos de sus dedos en la boca de Tatiana. Los untó con la saliva de Tati y luego se los introdujo bruscamente en el ano. Para lubricar e ir dilatando la zona. Tati sintió un poco de asco y repulsión al sentir los dedos grandes y calientes del portero del Colegio entrar en su boca. Igual se olvidó rápidamente de ese asco, cuando sintió un colosal pene entrando en su orificio anal. Primero Wilson empezó empujando despacio, pero luego fue cobrando velocidad como una locomotora a vapor y empezó a bombear y empujar a toda máquina con todas sus fuerzas. Tatiana pensaba que era verdad todo lo que decían acerca de los negros. Pues si este hombre, a su avanzada edad, podía empujar de esa manera y con esa fuerza y vigor, no quería imaginarse lo que habría sido de joven, la hubiera partido al medio, desgarrándole el ano. Sin embargo era muy tarde para volver atrás, ella había sido castigada, y debía cumplir el castigo para demostrarle a la Directora que no iba a poder con ella y por supuesto, para evitar que la expulsaran del Colegio y que sus padres tomaran medidas mucho más severas con ella. Entonces puso el culito y aguantó una y otra vez los duros embates de Wilson. Wilson ajeno a todo lo que Tatiana pensara, no paraba de darle pija por el culo. La tenía tomada por la cintura y empujaba fuertemente, bombeando su pene dentro de ella. Alguna nalgadita le dio, pero no muchas. Lo que si hacía era pasarle sus grandes y negras manos por la espalda. De manera que Tatiana debiera quedarse si o si contra la mesa y no se pudiera incorporar en lo más mínimo. En esta posición, Tati sentía mucho más el pene de Wilson entrando en ella. Pene contra culo, pene contra culo, chocaban una y otra vez, haciendo mucho ruido por la fuerza que Wilson le imprimía al movimiento. A Tati le gustaba ese brusco choque entre cuerpos, el ruido a carne en movimiento, a sexo salvaje que hacían ambos.

Se estaba por venir, Tati sintió que Wilson comenzó a moverse un poco más despacio, un poco más despacio y PLASH se vino con toda su leche dentro de ella. Wilson cerró los ojos y dio un suspiro de alivio y placer, Tati ya se había corrido dos veces. Era un castigo, es cierto, pero hay reacciones del cuerpo que no se pueden evitar, y si bien disfrutaba de esas sensaciones, se sentía un poco puta por estar teniendo sexo con un hombre mayor y en esa situación. Podría haberse negado y arriesgarse a ser expulsada del Colegio, pero ella veía al sexo como un arma, con la que se podía sacar provecho. Era toda una mujer y lo estaba demostrando. No era la nenita rebelde que sus padres creían y esto era un poco una forma de vengarse ante la educación y formación puritana y católica. Por otro lado era toda una mujer y no arrugaba.

Era un hombre grande, con lo cual no pudo echarse más de dos polvos, polvazos pensó Tatiana. Así que una vez que acabó esta segunda vez se dirigió a su recámara e invitó a Tatiana a que lo siguiera así desnuda y se acostará con él. Ambos durmieron en la misma cama. No hubo más sexo esa noche. Algo de una tosca y limitada charla. Cuando Wilson se cansó de ver todos los programas de TV que veía habitualmente se recostó de costado durmiendo “cucharita” con Tatiana adelante. Aunque como dije, no hubo más sexo esa noche, Tatiana sintió el miembro de Wilson apoyado directamente en su culo toda la noche mientras dormía, incluso llegó a soñar con él y cuando se levantó a la mañana se dio cuenta que estaba algo mojada y que había tenido un sueño erótico con quién la había cogido la noche anterior.

Los dos días que siguieron para cumplir el castigo fueron bastante parecidos a este primero. Wilson no dejó ir a Tatiana a clase, se la pasó teniendo sexo con ella o haciéndola bailar desnuda para él. Hacía mucho que no tenía sexo y quería aprovechar los tres días que la Directora le había concedido con todo.

Como todos los castigos que le fueron dando a Tatiana, este tuvo un efecto pasajero. En un principio, Tatiana comenzó a portarse bien, pero luego su naturaleza rebelde la volvía a llevar por mal camino.

Un día, no estudió para una prueba y tuvo una fuerte discusión con el profesor de geografía. El castigo que le impuso la Directora, fue el mismo de la vez anterior, se tuvo que ir a vivir con el profesor de Geografía. Esta vez por una semana.

Tatiana en la prueba ya había sido aplazada, pero debía estudiar para el recuperatorio. Ahora estaba en la casa del profesor de geografía, que mejor lugar para aprender. Pero, para ello, el Profesor empleó un método muy particular de enseñanza. Antes de irse a dar clases al Colegio dejaba a Tatiana esposada a su cama de dos plazas y media, desnuda y con todos los libros de geografía que Tatiana tenía que leer y estudiar. Le decía que capítulos tenía que estudiar y cuando volvía a la tarde/noche de su trabajo le tomaba lección. Si Tatiana no la sabía a la perfección, aplicaba distintas medidas correctivas dependiendo de la lección de Tatiana.

Al Profesor, que era un tipo muy recto y al que le gustaban las reglas claras, desde un principio le aclaró a Tatiana que los castigos por no estudiar correctamente podían ser cosas como desde practicarle sexo oral, hasta ser cogida por el ano en seco, sin la más mínima lubricación o meterse las bolas chinas en el culo, y también cualquier otra cosa que su imaginación se le ocurriera y que pudieran hacer efecto en Tatiana y lograr que estudiara geografía. Con lo cual, con esta amplia definición, el Profesor podía hacerle casi cualquier cosa, pero respetando sus “reglas claras”.

El primero de los días en que convivieron, por ejemplo, el profesor dio a Tatiana tres capítulos, del libro de Geografía para estudiar. Los capítulos 8, 9 y 10. Cuando volvió de su trabajo, llegó, entró a su departamento y saludo a Tatiana con un “Hola” desde la puerta de entrada. Se dirigió a la cocina, pero sin pasar por el dormitorio donde Tatiana permanecía atada a la cama dando los últimos repasos a la lección. Se hizo un café, bien cargado, cómo a él le gustaba y cómo siempre lo tomaba y se dirigió a la habitación. “¿Cómo andás?” le preguntó a Tatiana en una especie de segundo saludo. “Bien” respondió ella. “Con el cerebro quemado de tanto estudiar” agregó.

Profesor de Geografía: -“Espero que hayas estudiado mucho, porque si no las consecuencias van a ser bastante duras”.

Le tomó una lección muy difícil, demasiado tal vez. Casi como si quisiera que Tatiana, que había estudiado bastante, no tuviera ninguna chance de aprobar. Cuando terminó de formular la última de las 25 preguntas que hizo a Tatiana se tomó unos minutos y luego le dijo: -“Tatiana, debo decirte que tenés un dos”. Tatiana se afligió un poco, pero más que nada, por el hecho de haber desperdiciado todo el día estudiando para un examen tan injusto, en el que tuvo nulas chances de aprobar. Incluso si hubiera ido respondiendo las preguntas bien, el Profesor hubiera ido subiendo el nivel del examen para que desaprobara.

Profesor de Geografía: -“Bueno, en vistas de que has desaprobado me veo obligado a hacer lo que corresponde” dijo y dejó en suspenso la situación.

Profesor de Geografía: -“Venga ese culito para acá”.

Tatiana que estaba esposada a la cama se dio vuelta, medio poniéndose en cuatro y apuntó con el culito hacia el profesor, sabía que no tenía mucha alternativa. Se preguntó para sí misma que le haría este, ya que no se veía como la clase de tipo que la penetraría por el ano directamente.

Tatiana: -“Profesor, le pido un favor. No me haga nada en la colita, ya que hace pocos días he sido castigada yendo a la casa del portero, el Sr. Wilson y me ha dejado la cola destruida con la enorme verga que tiene”.

Profesor de Geografía: -“Así que Wilson Eh. La verdad me importa poco, lo que te haya hecho Wilson. Esto es Geografía. El castigo anterior que te dio la Sra. Directora nada tiene que ver con esto. Ahora venga ese culo para acá. Y tranquila que no lo voy a romper, solo voy a jugar con él”. Tati dejó su culito en punta. El Profesor sacó algún accesorio de su maletín. Las había comprado hoy y eran las bolas chinas. Una a una las fue metiendo por el conducto anal de Tatiana quien se aguantaba los dolores y las sensaciones sin chistar. Cuando metió la tercera, le preguntó: -“¿Qué sentís?”. “Algo de dolor” contestó ella.

Profesor de Geografía: -“Aguanta que hay varias bolas más”.

“¿Por qué me hace esto” le preguntó ella.

“Para que aprendas” le contestó él.

“No creo que esto tenga nada que ver con Geografía” dijo ella.

“Sí, tiene que ver con Geografía. Con la Geografía de tu cuerpo, que es lo que estoy explorando en este preciso instante” contestó él. “Además te recuerdo que luego de este período de “estudio” yo tengo que hacer un informe a la Directora y seguro vas a querer que ponga que te portaste bien y que estudiaste mucho en el” agregó el Profesor.

“Ponga lo que quiera. No me interesa” dijó Tatiana haciéndose la desafiante para tomar algo de control en la situación, pero la realidad era que las bolas chinas le seguían entrando una a una en el culo.

Finalmente el Profesor logró meter la última. “Me duele” le dijo ella. “Que bien” le respondió él. “Y preparáte porque vas a estar un ratito largo así. Acostumbrate porque las vas a tener adentro un ratito”. Y así le dejó las bolas chinas en el culo por intervalo de entre 45 minutos y una hora.

“¿Querés que te saque las bolas chinas del culo?” preguntó él esperando la suplica de ella y para hacerle sentir su estado de sumisión.

“Sí por favor, se lo agradecería” respondió Tatiana, a la vez que por su cabeza pasaba el pensamiento de que nunca pensó que un tipo tan correcto en lo público, como era el Profe de Geografía pudiera ser alguien tan perverso en lo privado.

Profesor de Geografía: -“Para que yo te saque las bolitas del culo, vas a tener que hacer algo por mi”.

Tatiana: -“Haré lo que sea”.

Profesor de Geografía: -“Nunca digas lo que sea, ya que “lo que sea” puede ser aún peor que lo actual”.

Tatiana: -“¿Y que puede ser peor que este dolor insoportable?”.

Profesor de Geografía: -“No sé aún algo se me va ocurrir”. Penso un poco y luego dijo: -“Ya sé, me vas a tener que chupar el culo, masturbarme y hacerme acabar”.

Con esto Tatiana se terminaba de convencer que el Profesor era un tipo raro al 100 %. Lo que le estaba pidiendo, no era algo que a todos los hombres les gustara, ni algo a lo que todos se animen. Tampoco a ella le agradaba la idea. Ya había tenido que soportar varias pijas en su boca como castigo, pero esto era algo nuevo. El Profesor se paró al lado de la cama. Ella en cuatro como estaba se acercó, poniendo su cara al lado del culo del Profesor. “Tiene un lindo culito” pensó. Blanquito y parado. Le gustaba. Sin saber bien que hacer metió su lengua en el ano de su Profesor. Este casi ni se inmutó. La cosa arrancó mal y todavía tenía las bolas chinas en el culo, debía esmerarse, hacer acabar y contentar al Profesor para que se las sacara. Siguió tímidamente metiendo su lengua en el orificio anal del Profesor. Este parecía no sentir mucho. Luego se dio cuenta que debía y podía ayudarse con sus manos. Comenzó a masturbarlo suave y delicadamente con la mano derecha y con la derecha le acariciaba los testículos. También se dio cuenta al poco tiempo que no debía chupar siempre en el mismo lugar. Bajó un pocó y lamió el punto que está entre el ano y los testículos y ahí el Profesor pareció sentir algo. Siguió lamiendo en el mismo lugar, aunque de distintas formas y con distintas intensidades y el Profesor se encendió definitivamente y comenzó a disfrutar el momento. Con su mano derecha por momentos los masturbaba rabiosamente para acelerar el trámite y por momentos bajaba el ritmo y lo hacía con suavidad, para desconcertarlo y excitarlo más de esta forma. Así el Profesor no sabía que iba a pasar. No era del todo agradable para Tatiana el lugar donde tenía que lamer, pero ya estaba metida en eso. Chupó y chupó por un largo rato. Hacía lo mejor que podía con su lengua que pasaba un poco por los huevos del Profesor y un poco por el ano propiamente dicho. Otra cosa que excitaba mucho al Profesor eran las suaves caricias que le proporcionaba con su delicada manito por debajo de los testículos. Tan bien hizo Tatiana su labor que el Profesor, a quién no se lo veía un tipo super-potente sexualmente hablando, acabó un torrente de leche. Esta vez, no sobre Tatiana ya que acabó para adelante y Tatiana estaba ubicada detrás de él.

El Profesor cumplió su promesa y le dijo: -“A ver vení que te voy a sacar las bolas chinas del culo”. La salida también fue algo dolorosa, especialmente cuando salieron las primeras. Pero al final la sensación fue de alivio. Sin duda el ano de Tati se había agrandado, ahora estaría más preparada a futuro para disfrutar del sexo anal.

Tatiana se imaginó como ya estaba acostumbrada, que luego de un descanso, el Profe iba a volver a la carga y se la iba a coger nuevamente esta vez probablemente de una forma más tradicional. Pero eso no ocurrió. La desesposó de la cama y luego comieron juntos, charlaron, miraron televisión y luego se fueron a dormir. El profesor había quedado satisfecho y no volvió a tocarla con intenciones sexuales durante esa noche. Eso sí le dejó instrucciones muy claras para la mañana siguiente.

Era un tipo de levantarse muy temprano a las 06:30 hs. ya estaba arriba. Las instrucciones que había dado a Tatiana eran las siguientes: A esa hora exactamente debía estar paradita al lado de la cama, en bombachita solamente y con el desayuno servido. Ella no iba a desayunar con él, sino que lo haría más tarde, para poder atenderlo bien y que él no se demorase. Tati puso el despertador de su celular algo más temprano, a eso de las 6 de la mañana. Se levantó y fue a la cocina a preparar el desayuno. Con café, tostadas, mermelada, manteca, jugo de naranjas recién exprimidas y todo lo que le gustaba al profesor. A las 6 horas y 28 minutos. Se paró con la bandeja del desayuno al lado de la cama. Se quitó la poca ropa que traía puesta, se quedó solo vestida con una insignificante, casi inexistente tanguita y despertó al Profesor. Este bostezó y tardó un rato en despertarse realmente. Que manera de hacerlo. Que bella forma de despertar. Que hermosa visión al despertar. Una linda joven en tetas, que más se puede pedir, y encima con el desayuno listo. El tipo se tomó muy tranquilo su café, su jugo y comió algunas tostadas con manteca. Mientras tanto, Tati permanecía parada al lado de la cama con la firmeza de un soldado. El Profe una vez que terminó el café cada tanto le tocaba y/o acariciaba un poquito la cola, pero no hacía nada más que eso. Llamaba la atencion de Tatiana el hecho de que ni siquiera hubiera tocado la mermelada. Pero todo tenía un porque, tratándose de alguien tan pulcro y metódico como el Profesor de Geografía.

“Vení acercaté” le dijo. Tatiana se subió a la cama por el otro lado y se quedó como arrodillada.

“Hoy quiero comer mermelada, pero no con tostadas. Quiero comer tetas con mermelada” dijó el perverso profesor. Acto seguido untó en el seno izquierdo de Tatiana mermelada de durazno y en el derecho mermelada de naranja. Tati sintió el frío de dichas sustancias. Era una sensación rara, pero no llegó a sentirlas mucho, ya que enseguida, atrás de la mermelada, se vino la lengua del Profe en cada uno de sus pechos barriendo con toda la mermelada a su paso.

“Que rico” remató el Profe. “Es algo que alguna vez deberías probar. Es maravilloso sentir el dulce sabor de la mermelada combinada con la suave y firme a la vez textura de tus tetas”. Que tipo raro seguía pensando Tatiana mientras se dejaba chupar los senos una y otra vez. El profesor le untaba mermeladas de distintos gustos y las devoraba todas sin dejar rastros. También le untó la típica crema y el dulce de leche. Le hubiera gustado también al Profesor, untarle cosas en la vagina y en el culo, pero hubiera sido más incomodo para “comer” y se le haría tarde. Tenía un día complicado y debía irse. Sin embargo antes de hacerlo, encomendó a Tatiana los capítulos 11, 12 y 13.

Esta vez Tatiana decidió que no se iba a matar estudiando, si después de todo el Profesor sabía de Geografía muchísimo. Era también profesor universitario y de una forma u otra elevaría el nivel del examen para que ella no aprobara y tener que hacerle “cositas”.

Al volver al atardecer, su ingresó fue similar al del día anterior. Cuando llegó a su dormitorio, en dónde Tatiana estaba estudiando, llegó con su café en mano y la saludo. Le tomó un examen, pero esta vez uno mucho más fácil. Tatiana se sintió una boluda, se hubiera leído un poco lo hubiera aprobado, pero no lo hizo.

Profesor de Geografía: -“Ay, Tatiana, Tatiana. Lo tuyo es un caso serio. No sé que voy a hacer con vos”.

Tatiana: -“Eso mismo decían mis padres y acá estoy”.

Profesor de Geografía: -“La verdad no sé como te voy a castigar ahora para que aprendas. Yo pensé que con lo del otro día ibas a escarmentar pero veo que no”.

Tatiana iba a decirle que él le tomó un examen para que desaprobara pero era inútil.

“Ya sé” dijo él. “Vas a tener que ir a tocar el timbre del tipo que vive en el 1ero. “A” medio desnudita y le vas a tener que pedir un poco de azúcar y luego una prenda más y te dejo descansar por hoy”.

Tatiana preguntó: -“¿A que te referís con medio desnudita?”

Profesor de Geografía: -“Sólo con dos prendas”.

Tatiana pensó que le iba a dar una falda y una remera.

Profesor de Geografía: -“Vas a ir con la bombachita y con esa remerita”. La remerita era una remera muy cortita, ombligo afuera y muy escotada por cierto. Además el tipo del 1ero. A era un tipo evangelista muy religioso y vivía con su familia, compuesta por su señora un hijo y una hija. Tatiana salió del departamento, así como el Profesor la había mandado, casi desnuda. Miró que no viniera nadie y se metió en el ascensor. Por suerte era tarde y nadie la vió. Descendió hasta el primero. Nadie tampoco por suerte en el pasillo del primer piso. Se acercó sigilosamente a la puerta del 1ero. “A” y golpeó. Don Carlos, el evangelista, miró por la mirilla de la puerta y vió el rostro de una chica. No la alcanzaba a verla de cuerpo entero a través de dicho dispositivo. Al abrir la puerta casi se infarta. No entendía nada. Igualmente era religioso, evangelista, pero no era de vidrio, inmediatamente se calentó con la joven aunque dado lo moralista que era, temió un escándalo con su mujer y su familia.

Tatiana: -“¿Hola, no me daría un poco de azúcar?” preguntó Tatiana con un tono que mezclaba lo sexy y lo inocente/ingenuo.

Apenas pudo pronunciar palabra y decir “Sí, ya te traigo” apresurándose a cerrar la puerta.

Su señora preguntó: -“¿Quién es cariño?.

“No es nadie” respondió él.

“Cómo nadie. Yo escuché el timbre” le retrucó su señora.

“Te dije que no es nadie” insistió él.

Su señora, también muy religiosa y no conforme con la respuesta se acercó a la puerta y la abrió. Al ver el gesto de extrema de sorpresa de su madre los hijos también se acercaron a la puerta y vieron a la bella joven casi desnuda parada en su puerta y esperando algo.

“Hola” dijo Tatiana quien ya había perdido a través de las distintas experiencias casi toda su timidez.

Enseguida llegó Carlos con una tacita de azúcar y se la entregó y cerró la puerta inmediatamente. Miró por la mirilla una última vez y vió como la chica se iba y subía al ascensor. Mejor dicho, no reparó tanto eso como en el fino hilo de tela que se colaba entre los dos cachetes de sus nalgas. La vista era deliciosa. Su esposa, puertas adentro le hizo un gran escándalo, pero que no hace a la historia principal.

Tatiana subió y volvió con el azúcar. La primer parte de la misión estaba cumplida. ¿Qué le aguardaría ahora? Seguramente esto habría sido un ardid del Profesor para ganar tiempo y pensar algo mucho más sucio.

Cuando volvió al departamento el Profesor estaba esperándola con toda su lujuria y líbido a pleno.

“Ya tengo el castigo de hoy para vos, mi querida. Vamos para el dormitorio”.

En el dormitorio el profesor le ató las muñecas una con otra y se las puso por la espalda. Le vendó los ojos con un grueso paño negro que no dejaba pasar una gota de luz. También le ató los pies. Tomó una tijera, cortó un poco y luego rompió la remera dejándola en tetas nuevamente. Tomó la bombacha por el elástico hizo un corte con la tijera, otro en el otro elástico y luego retiró la bombacha dejando a Tatiana con su conchita al aire nuevamente. Para Tatiana la incertidumbre era total. No sabía que le harían. Y eso la ponía loca. El profesor se desnudó completamente. Y empezó a excitarla de diversas formas. La besaba en la boca. En el cuello, dulcemente. Una y otra vez. Le acariciaba los senos delicadamente. Los lamía, pero todo con una suavidad distinta a la del día anterior. El trato era muy distinto. Le tocaba el culo por el costado. Tatiana se iba excitando de a poquito. Quería evitarlo. Pero no podía. De a poquito se iba humedeciendo y excitando. Incluso de tanto en tanto se le escapaba algún gemido que ella intentaba reprimir. “No lo reprimas” le decía él “Dejáte llevar”.

Entre tanta caricia y tanto beso, empezó a pasar su pene por la concha de Tatiana pero sin penetrarla en lo más mínimo. Le rozaba la vagina. Para un lado, para el otro. Amenazaba con introducirle la puntita, pero enseguida la retiraba del todo y volvía con las “caricias” de su pene sobre la vagina de Tati.

Durante una hora, estuvo repetiendo estos procedimientos. Tatiana ya estaba muy excitada. Muy caliente. Y el hecho de estar vendada, y atada. La colocaba a ella en un sitio mental donde solo había lugar para el placer. No debía hacer nada, solo relajarse y gozar. Al estar vendada no pensaba en quien le estaba haciendo todo ello, solo se dedicaba a sentir las sensaciones.

El Profe le seguía rozando su vagina con el pene, pero no la penetraba y Tatiana se mojaba cada vez más, pero sin llegar a acabar.

El juego del profesor, no era sólo sexual era primordialmente psicológico, lo que le estaba haciendo en este preciso instante y le preguntó: -“¿Que es lo primero que se te viene a la mente? ¿Si me tuvieras que pedir algo ahora ya, pero sólo una cosa, que me pedirías?”.

Tatiana gritó como una loca, como una desesperada: -“¡Metéme tu pija YA! Por favor, no aguanto más. ¡Metémela Ya! Estoy re-caliente. Penetrame”.

“No” respondió seca y simplemente él. “Te vas a quedar con las ganas putita”. Y así fue, la dejó al borde de la explosión, super caliente, pero no le dio lo que ella le pedía. Y ese fue el peor castigo, la peor tortura que le podía hacer. Tatiana estaba tan, pero tan caliente que casi no pudo dormir en toda la noche, y como estaba atada tampoco pudo proporcionarse ella misma placer. Al día siguiente el profesor levantó y desató a Tatiana para que le preparara el desayuno, pero antes de preparar este último para el Profesor, Tatiana fue al baño y se masturbó porque no podía aguantar la excitación.

El resto de la semana transcurrió de manera similar con distintos castigos, pero de manera similar. Incluso Tatiana logró aprobar dos días distintos la lección y esos dos días se salvó de la reprimenda.

Una vez que terminó su período de estudiar Geografía de manera intensiva, Tatiana se portó mejor por un tiempo y todo transcurrió por los cauces normales de un Colegio Secundario. No sé si lo dije en otra parte del relato, pero Tatiana estaba en quinto año. Con lo cuál, luego de finalizado el mismo, era tiempo de realizar el famoso viaje de egresados. Durante el transcurso del año las alumnas de ese colegio realizaba distintas actividades para juntar fondos y dinero para el mismo. En otros colegios, mixtos, en general una de las actividades que se hace para dicho fin, es realizar un desfile de modas, en el que se cobra entrada y se venden bocadillos y bebidas a los asistentes. Sin embargo en el desfile de unos años atrás había habido algunos inconvenientes que no vienen al caso contar y que obligaron a la Directora del colegio a tomar la determinación de no permitirlos en adelante.

Sin embargo la misma, había conseguido una mejor fuente de ingresos y financiación del viaje. A la vuelta había otro Colegio, el Colegio Industrial – Técnico Nro. 17 “Don José de San Martín” que era un Colegio sólo de varones. Ellos también debían juntar fondos, pero al ser todos varones, un desfile de modas no sería demasiado exitoso. Por eso la Directora, que era una mujer brillante en algunas cosas, había negociado con el Director que por cada chica que ella le enviaba (“alquilaba”) en este caso para su desfile este le debía pagar U$S 200.

El Director del otro colegio, cuando se sentaron a negociar le dijo: “Irma, estás perdiendo la cordura. Si yo te pagó U$S 200 por cada chica de tu colegio que venga al mío para el desfile no voy a poder juntar fondos para el viaje de egresados de mis alumnos. La única forma de recuperar la plata, sería cobrar entradas más caras que la gente no va a pagar. Salvo que desfilaran desnudas”. Pero esto el Director lo dijo, como una locura, no como algo que el quisiera hacer, ni que fuera correcto, o que fuera a pasar.

Sin embargo la Directora Irma, una mujer implacable contestó rápidamente: “Veo que vas entendiendo. Yo sabía que sos un tipo inteligente”. Vos pagáme, que las chicas vienen como parte de sus obligaciones extracurrículares y luego lo que pase en este colegio ya no es responsabilidad mía. Aquí estarán bajo tu cargo y si vos querés que desfilen desnudas lo harán”.

Director: -“Bueno, dejámelo pensar”.

El Director se tomó 1 semana para pensarlo y pasado ese plazo llamó telefónicamente a la Sra. Irma diciéndole: “Irma, bueno vamos a hacer el desfile, que sea en agosto”.

Irma: -“Ok. Entonces lo haremos. Te voy a mandar a todas las chicas de 5to. año que son unas 22 y también a una de 4to. año que aunque no va de viaje es un “avión” y le va a encantar al público que vaya al desfile”.

En los primeros días de agosto, se realizan los preparativos previos del desfile. Los organizadores eran los varones del otro colegio, con la mínima coordinación y superior de un profesor. Los varones del otro colegio fueron quienes eligieron la ropa, definieron los distintos estilos y pasadas del evento. Como era de suponerse, los varones organizaron todo para su propio deleite visual y eligieron ropa muy provocativa, para que las chicas del otro colegio se vistieran muy perras.

Finalmente llegó el gran día, luego de un breve discurso de apertura que dio el abanderado del curso, el desfile lo abrió una chica llamada Nati. Rubia, hermosa. Menudita pero hermosa, ojos celestes, hermoso cuerpo. Lindo culo, lindos pechos, lindas formas. Un regalo a los ojos para abrir el desfile y lo abrió desfilando en ropa de noche, que fue la primera de las pasadas.

El desfile estaba organizado en dos partes. En la primer parte había cinco pasadas o estilos diferentes. Primero venía la ropa de noche, de fiesta. Luego, la ropa común, casual, informal. Luego venía una pasada con los uniformes de los distintos colegios. En cuarto lugar venía la pasada en ropa de gimnasia. En quinto lugar, los disfraces. En esta primer etapa en todas las distintas pasadas por la pasarela participaban tanto los chicos del colegio como las chicas del otro colegio.

Los dos primeros estilos pasaron sin mucha repercusión en el público, aunque las chicas se veían verdaderamente muy bien en los vestidos de noche y los chicos se veían muy elegantes. Ya en el tercer estilo, las chicas vestidas de colegialas, con sus polleras a cuadros características y más cortas que lo usual, comenzaron a despertar la líbido de parte de la platea masculina presente.

Cuando llegó la cuarta pasada de Tatiana, en ropa de gimnasia bien ajustada, que le marcaba todo el cuerpo el evento comenzó a tornarse más caliente. Fue una especie de punto de inflexión. Para esa pasada los varones organizadores habías elegido para Tatiana una “calza” de Lycra de color rojo fuerte, Ferrari desde el cuello a los pies. Esta vestimenta que marcaba una por una, todas las curvas de su cuerpo, sumada a la belleza natural de Tatiana y a su altura, impactaron de lleno en la platea masculina que empezó a despertar verdaderamente y a disfrutar y deleitarse con este desfile. En los preparativos previos, Tati, viendo lo ajustado de la indumentaria que le tocaba había decidido que para esa pasada no iba a utilizar ropa interior, ya que sino se le marcaría demasiado la tanga por encima de la ropa y también el sostén y quedaría a la vista del público casi como una verdadera zorra, una ramera. Sin embargo, el remedio fue peor que la enfermedad y al no usar ropa interior, sus pezones se marcaron terriblemente por encima de la calza de Lycra y en la parte de abajo, su culo se encargó de “comer” la tela que se le introdujo de lleno en él y también se le marcó de manera excesiva la vagina. Tatiana no se dio cuenta, hasta que terminó de realizar su caminada por la pasarela. El público mientras tanto fascinado y agradecido. Tati se sintió un poco avergonzada, pero no se hizo problema, ya que sabía que la cosa luego se pondría más caliente.

Luego venía una segunda parte, que era la que realmente estaba esperando el público presente y los mismos alumnos del colegio, en el que sólo participaban las chicas del otro colegio. Y cuyas pasadas les voy a contar a continuación: venía en primer lugar el segmento de las bikinis y ropa de playa, luego ropa erótica variada y/o lencería y por último desnudez total o semi total dependiendo a lo que se animarán cada una de las chicas que desfilaban.

Primero vino como estaba previsto, la pasada en bikinis. No fue lo que más gustó al público de esta segunda etapa, pero aquí ya se comenzaba a ver y a descubrir los cuerpos hermosos y privilegiados que tenían algunas de las chicas. A Tatiana en esta parte le tocó desfilar con un bikini amarillo.

La segunda pasada de Tatiana, en esta segunda parte del desfile, fue con una tanga blanca y una musculosa deportiva, suelta y sin corpiño de manera que los que estaban en las primeras filas pudieron ver perfectamente el nacimiento de sus pechos.

A cada pasada del desfile, la temperatura y la provocación por parte de los organizadores iba subiendo. Hubo varias “pasadas” de distintos estilos, pero cada vez más “hot” y más subidas de tono.

La tercera pasada de Tatiana fue con una microtanga roja dos florcitas de brillantina en sus pezones. Fue la primera en pasar así. Abriendo el segmento de la desnudez o semi-desnudez. Le tocó a ella, por ser la “nueva” del otro colegio. Ya que nadie quería ser la primera en este segmento. Nadie se animaba, pero alguna tenía que abrir el juego. Tatiana llegó a la punta de la pasarela, solamente vestida con su tanguita roja, que prácticamente era inexistente y se perdía en su culo, ya que ella había pedido “semi-desnudez”. Sin embargo, una vez en la punta de la pasarela, viendo al público tan “contento” con su figura y viendo lo animados que estaban tomó su tanguita roja por los elásticos de los costados, se la bajó y la arrojó al público. Exponiendo su sexo ante todos. “Un aplauso para la belleza de Tatiana pedía el conductor de la ceremonia a través de los micrófonos”. Tatiana pego la vuelta y se fue, mientras unas 300 personas miraban su culo y la aplaudían de manera impresionante. Se llevó el aplauso más importante de la jornada. Luego continuaron desfilando las chicas algunas desnudas y otras semi, para deleite de los hombres presentes. Eran todas bellísimas. Y que bien les quedaban las tanguitas o directamente la desnudas. Era un mar de tetas y culos hermoso.

Tatiana hizo otra pasada más en esta sección, pero ya esta vez completamente desnuda, excepto por un lindo collar plateado que se puso y un aro en la vagina.

El cierre definitivo del evento lo hicieron Tatiana, Nati y Brenda (la chica de 4to. año) las tres que fueron consideradas las más lindas, por votación de los varones del otro colegio y lo hicieron “vestidas” solamente con tanguitas blancas y sin corpiño. Se pararon de izquiera a derecha en el siguiente orden: Natalia, Tatiana y Brenda. La tanguita de Nati decía la palabra “DESFILE”, la de Tatiana “DE MODAS” y la de Brenda “2007”.

El Director y la Directora finalmente cerraron el desfile con un discurso muy emotivo que termina con los dos diciendo a coro “El desfile ha sido un éxito” y la gente aplaudiendo de pie emocionada. En la pasarela los chicos del colegio Industrial y las chicas del otro colegio (desnudas o en ropa interior) también aplaudieron a los directores de sus respectivos colegios y agradecieron al público en general.

El año no terminó allí, pasaron algunas cosas más que les contaré seguramente en un próximo relato.

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julieta_s24@hotmail.com

La Porrista (The Cheerleader)

Jueves, enero 8th, 2009

EE. UU., Los Angeles, 2007.

Mi nombre es Pamela y tengo 18 años. Soy porrista (animadora / cheerleader) en un colegio secundario en la ciudad de Los Angeles, estado de California, Estados Unidos de América. Nunca he sido especialmente buena a ningún deporte, pero desde siempre me ha gustado el espiritú y la camaradería que genera el mismo. Cuando era algo más chica, solía practicar patín y también algo de danza, pero abandoné ambos deportes al comenzar la escuela secundaria (preparatoria / high school). Sin embargo, esas prácticas deportivas dejaron huellas en mi cuerpo. Ya que el mismo es torneado y bien formado. Especialmente mi cola, que es la delicia de mis compañeros de clase. Ellos no pierden oportunidad alguna para mirarme de atrás. A veces se valen de las más tontas excusas. También tengo unos buenos senos. Para ser porrista no alcanza sólo con una buena cola, también hay que tener con que llenar una remera sexy y escotada como por lo general son las de los uniformes de animadoras.

En el colegio al que yo asisto, particularmente el uniforme es de zapatillas azules, medias blancas, pollera azul, tanguita a elección, blusa escotada azul y porras, una amarilla y la otra azul. En total somos unas 15 porristas y no a todas les queda bien el uniforme. A mí me han elegido (por votación escolar) siempre entre las 2 más lindas, no sólo entre las porristas, sino de todo el colegio en general.

A nivel deportes, el Colegio era bueno en varios, pero se destacaba en baloncesto y en fútbol americano. A mí particularmente me habían designado como animadora del equipo de baloncesto junto a otras cuatro chicas. Las otras 10 se encargaban de alentar al equipo de fútbol americano.

Les he contado como es mi uniforme, pero no como soy yo. Ahí va mi descripción para que puedan imaginarme: Soy morocha, flaquita pero con muchas tetas, linda cola, ojos celestes, pelo levemente ondulado, pero sin rulos y de tez blanca.

Un día, luego del primer partido del campeonato de baloncesto, estábamos todas en el vestuario duchándonos. Obviamente estábamos completamente desnudas, cuando entró el Director del Colegio y el Entrenador del equipo de baloncesto.

Director: -“Chicas, quiero felicitarlas profundamente. Hoy han alentando de manera grandiosa al equipo. Creo que no habríamos ganado sin ustedes. Sigan así, con ese entusiasmo y alegría juvenil que tienen”.

Al tiempo que escuchábamos estas felicitaciones, no entendíamos muy bien, si eran sinceras o una treta para aprovechar la situación y vernos desnudas. Me inclino más por lo segundo.

Mientras nos bañábamos el Director y el Entrenador no paraban de mirarnos, y no precisamente a la cara, sino a nuestras partes más íntimas y sexys.

Al lunes siguiente, el Director del Colegio me manda a llamar a través de un preceptor. Yo me dirijo hasta su despacho e ingreso. Ahí estaba él, hablando junto con él entrenador de baloncesto.

Director: -“Hola. Te hemos llamado por lo siguiente: Tú sabés que en este Colegio no nos gusta dejar nada librado al azar, ¿No es cierto?”

Pamela: -“Sí” asintió pasivamente.

Director: -“Así como el entrenador, practica a fondo sus tácticas con sus jugadores, nos gustaría ver ¿Cómo vas a “animar” a nuestros muchachos? Ya que creemos que la coordinadora de porristas no está haciendo un buen trabajo.”

Pamela: – “¿Qué quieren? ¿Qué baile aquí?”

Director y Entrenador: -“Por favor.”

De casualidad estaba vestida de animadora, ya que en media hora comenzaba la práctica. Entonces empecé a bailar y a hacer algunas rutinas de animación que teníamos preparadas para ese año. Bailé un ratito, mostrándoles algunas coreografías que estábamos ensayando. Pero esto parecía no ser lo que querían ver y no conformarlos.

La oficina era bastante pequeña, para ser la de un Director de un colegio de semejante importancia. Tendría unos 3 metros por otros 3 metros. Con lo cuál el Director con unos pocos pasos se pudo acercar rápidamente hacia mí y me dijo: -“Las coreografías están muy bien. Pero lo que nosotros realmente queremos ver es ¿Qué más hay?”

Pamela: – “Qué más hay. No entiendo ¿A que se refiere?”

Director: -“Claro. Por ejemplo. Tú sabes que una de las cosas con las que más fantasean nuestros deportistas es con ¿Qué hay debajo de esas cortas y sexys polleritas de nuestras porristas?”

Pamela: -“Sí, lo sé. ¿Y entonces?”.

Director: -“Tú, como capitana de las animadoras eres una buen representante del resto. Por favor muéstranos entonces, que hay debajo de esa pollerita”.

Yo no creía del todo lo que me decían y mi cerebro no terminaba de asimilar la idea de lo que me estaban pidiendo. Pero como siempre una tiene un momento en que no piensa lo que hace y se deja llevar por el fluir de los acontecimientos. Entonces tomé mi falda y la levanté hacia arriba, dejando bien visible para ellos la tanguita que traía puesta. Era blanca, especialmente minúscula, con puntillas y muy pequeña. Se perdía en mi culo.

Director: – “Permiso” dijo al tiempo que me tocaba el culo con una mano. Luego dijo: -“A ver, toque usted entrenador”.

El entrenador imitó al Director y me tocó la cola.

Entrenador: (con gesto de admiración) –“Ojalá todas fueran así. Tuvieran estos cuerpazos. Los jugadores estarían muy motivados y ganaríamos el campeonato sin problema”.

Luego me hicieron dar una vueltita con la pollera levantada para verme mejor. Yo comenzaba a entrar en conciencia de la situación y a ruborizarme. Una vez que di la vuelta dejé de sostener mi falda que volvió a su posición normal.

Director: -“Sabés que, también nos gustaría ver que hay debajo de esa apretada remerita.”

Al Entrenador lo tenía casi detrás de mí y no tardó en acercárseme por detrás y “ayudarme” a sacarme a la remera. Pronto quedé en corpiño. El mismo me iba muy apretado y mis pulposos pechos, parecían querer librarse del mismo.

Entrenador: -“Pero mira esos pechos”. Le comentó al Director como si yo no estuviera presente o fuera un objeto inanimado.

Director: -“Son muy muy bellos. Aunque los veo algo como “aprisionados”. Por favor Entrenador “libérelos””. El entrenador lo que hizo ahí fue desabrocharme el corpiño y nuevamente “ayudarme” a sacármelo. Yo sólo atiné a taparme los dos pechos con las palmas de mis manos. Y mientras tenía las manos ocupadas, llenas con mis propios senos, el entrenador dijo: “Para visualizar la rutina mejor, esto vamos a quitarlo.” Haciendo referencia a mi faldita que no dudó en quitarme, dejándome prácticamente desnuda en la oficina del Director. Para evitar que nos vieran desde afuera, el Director cerró las persianas americanas de su oficina.

Director: -“Ahora sí, por favor, muéstranos las rutinas que nos mostraste antes”.

Yo empecé a bailar, a hacer las mismas rutinas de animación que había hecho antes, pero esta vez solo vestida con mi bombachita blanca. Los hombres comenzaron a excitarse. Y yo también. Me gustaba sentirme “deseada”, “admirada”. Hice para ellos todas las rutinas que habíamos preparado ese año. Con lo cuál la mini-exhibición duró un buen tiempo. Entre 15 minutos y media hora.

Mientras yo bailaba, una profesora, la de Matemática pasó cerca de la oficina del Director. Y vió u oyó algún movimiento raro dentro. Con lo cual golpeó, pero antes de esperar a que contestaran ingresó. Menuda sorpresa se llevó. Al ver una alumna del colegio desnuda.

Profesora de Matemática: -“¿Pero que está pasando aquí?”

Director: -“Estamos evaluando al equipo de porristas”.

Profesora: -“Ahh. Ya veo, que están muy compenetrados con su trabajo”.

Contrariamente a lo que indica la lógica, la profesora me saludó con un “Hola Pamela” y ni se inmutó con mi desnudez.

Permaneció un rato viendo como bailaba. Luego, se ve que de alguna forma disfrutaba la situación y lo que dijo acto seguido fue: -“Pamela, ya que está así, porque no se saca esa bombachita”.

Yo así lo hice. Y bailé mis rutinas, desnuda para los tres miembros del colegio allí presentes.

La profesora se quedó mirando no sólo la rutina, sino también todo mi cuerpo. Tal vez tuviera alguna inclinacion hacia la bisexualidad. Cuando terminé, comentó: -“Muy lindo baile, a la gente le va a encantar. Especialmente si lo haces con una pollerita del largo adecuado, que deje ver a los hombres lo justo”. Yo no sabía que entendía ella, por “lo justo”, pero en este momento seguramente estaba mostrando mucho más que “lo justo”.

Profesora: -“Ese show que hiciste me gustaría que lo hagas para mí y para mí marido que hoy cumplimos 10 años de casados y quiero regalarle algo verdaderamente especial”.

Pamela: -“No, no sé. No me parece adecuado. Esta vez lo hice porque me lo pidió el Director en su facultad de controlador de las actividades escolares”.

Profesora: -“Te pagaría U$S 500 si lo háces y te aprobaría Matemática por el resto del año”.

La verdad que la oferta era muy tentadora. No por el dinero, pero la verdad que yo no era demasiado buena en Matemática y esta posibilidad no era para desaprovechar. Además en el último año te pasan muchas cosas por las cabeza y aprobar Matemática de esta forma, me quitaría una preocupación de encima.

Terminadas de hacer mis rutinas de baile. La Profe de Matemática se fue de la Oficina del Director. El entrenador me alcanzó mis prendas íntimas y me ayudó a ponérmelas. De hecho el fue quien me puso la tanguita. Me la subió bien hasta arriba. Para que se me perdiera adentro del culo. Y también me abrochó el corpiño. Luego yo me puse la falda y la remera.

Director: -“Señorita, ya puede retirarse”. Y así lo hice.

Toda la tarde estuve pensando sobre que hacer esa noche. Pero el hecho de aprobar Matemática me hizo decidir. Tomé mi bolsito y me fui hacia la casa de la Profesora de Matemática. Ella estaba con su esposo. Se ve que habían tenido una cena romántica. Que ya se habían tomado unos tragos y que estaban por hacer el amor.

Profesora: -“Hola. Que sorpresa. Pensaba que no ibas a venir”.

Pamela: -“Me costó decidirme, pero al final vine”.

Profesora: -“Bueno me alegro”.

Fuimos hacia la habitación de ellos. El marido al que me presentó ya estaba en calzoncillos. Ella con una bata de cama muy sexy y lencería debajo. Ellos se acostaron en la cama. Y me esperaron. Yo fui al baño y me vestí de porrista.

Luego me aparecí en la pieza y comencé a hacer mis rutinas de baile.

El marido comenzó a calentarse demasiado. Me dejó bailar un tiempo hasta que en un momento me dijo: -“Vení, acercáte un poquito”. Cuando me acerqué, muy suavemente, tomó mi tanga por los elásticos y me la sacó por debajo de la falda. También me dijo: -“Sacate la remera. Dejáme ver tus pechos”. Yo lo hice. Muy despacito. Y el me los estrujó. Luego me desabrochó el sostén. Y me dijo ahora seguí bailando.

Yo continué bailando, pero en tetas, con pollera, pero sin tanga. Con lo cuál al hacer algunos movimientos mi culito quedaba expuesto y mi vaginita también. Él miraba y mientras tanto su mujer le practicaba sexo oral. El tipo estaba realmente muy caliente. Su esposa lo mamaba como toda una perra experimentada, y hambrienta de pene. Cuando el tipo se dio cuenta que estaba por acabar, me pidió nuevamente que me acerque y me desabrochó la pollera, con lo cuál esta cayó al piso y yo quedé desnuda delante de ellos.

“Vení a la camita, putita” me dijo. Y yo me subía a la cama.

Mientras su esposa lo seguía fellando el me besaba a mi en la boca, y me tocaba el culo con una mano. Con la otra sostenía a su esposa por la cabeza, para que se metiera su verga bien adentro.

Cuando no me besaba, me chupaba las tetas. Me las dejó todas llenas de saliva. Y mientas me chupaba las tetas, me estimulaba vaginalmente con los dedos de la mano que tenía libre. Yo fui saliendo de mi personaje de porrista, entrando en clima, y tomando mi papel de mujer caliente y sexual.

Finalmente acabó. Dentro de la boca de su mujer. Lo que su mujer no tragó me dijo: -“Tomá un poquito para vos también”. Y me hizo limpiarle con la boca y la lengua el semen de su pene que su mujer no tragó. Como la mayoría de los hombres, una vez que eyaculó no quería saber más nada con nosotras y le ordenó a su esposa que le trajera un whisky inmediatamente. Yo me quedé a un costado. Desnudita. Su esposa también desnuda le trajo el whisky. Y encendió un cigarillo. Yo bajé a la heladera y me serví un vaso de gasesosa, de Coca-Cola. Para sacarme el gusto a semen de la boca.

Todos se tomaron un buen descanso. El segundo polvo que se echó el tipo fue para su esposa. En posición de misionero. A mí no me hicieron participar. Lo único que me dijo él fue: “Vos, tocáte mientras tanto”. Y yo me tocaba de manera muy sexy, pero no me daban mucha atención.

Una vez que el tipo acabó, su mujer se fumó otro cigarrillo. Conversaron un rato y luego su mujer se quedó dormida. Pero el tipo no. Descansó un poco y vio mi cuerpo joven y desnudo y tuvo ganas de más.

“Vení para acá” me dijo. Me hizo poner en cuatro y comenzó a penetrarme violentamente. Me hizo el culito. Me lo rompió todito. Me penetró muy muy fuerte. Y a mí me gustó. Una y otra vez me penetró. Mientras lo hacía me pegaba nalgadas en el culo muy fuertes. Y me hablaba sucio. Y me pedía que le hablara sucio yo también o las nalgadas incrementaban en fuerza y repetición. Yo le decía cosas como “Cogéme”, “Más fuerte”, “Metémela toda”, “Me encanta tu pija”, etc..

Cuando estuvo por acabar sacó su pija de mi culo, me hizo dar vuelta y acostarme boca arriba en la cama y me eyaculó sobre los senos.

A los breves instantes el tipo se durmió yo me vestí y me fui. Eran como las 5 de la mañana. No sabía que iba a decir en casa acerca de mi ausencia. Pero ya me las arreglaría.

Volviendo a la vida escolar, van pasando las semanas y los meses y el equipo va jugando y ganando, y nosotras cumpliendo con nuestra función de animadoras. El equipo jugaba bien y ganaba muchos partidos, con lo cuál tenía muchas chances de pelear por el campeonato.

El equipo primero clasificó para los playoff y luego de pasar 3 rondas eliminatorias llegó a la gran final. Esa semana en el Colegio era todo expectativa. Todos confiaban en que el equipo ganaría. El Director, lo deseaba especialmente. Quería ser recordado como el Director que estaba a cargo del Colegio en el año en que este ganó el campeonato nacional. Sin embargo esa semana que como tantas otras comenzó un lunes, había dos problemas. El capitán del equipo estaba desmotivado, deprimido y por otro lado los contarios jugaban muy bien y tenían mucho mejor condición física que nuestro equipo. Incluso eran más grandotes y más musculosos.

El lunes, de la “Gran Semana”, como se la había denominado, el Director me llamó nuevamente a su despacho y me encomendó dos misiones. Por un lado motivar al capitán y por el otro lograr que los contrincantes llegaran muy cansados al partido. No me dijo exactamente cómo, pero obvio que quería que lo hiciera con sexo. Sino hubiera llamado a otra persona, a alguien que entendiera algo de baloncesto, de preparación física, o incluso algo de psicología.

Concretamente lo que el director me dijo en su despacho fue: -“Mirá, El capitán del equipo no está jugando bien y es nuestro mejor jugador. Está medio deprimido. Confio en vos. Vos tenés que motivarlo. Vos sabrás lo que tenés que hacer”.

Yo lo conocía al capitán del equipo cuyo nombre era Jake, pero no era amiga de él. Tampoco tenía mucho tiempo para hacerme amiga así que fui directamente al grano con algo radical. Me pusé mi mejor tanga y mi mejor corpiño. Me puse un sobretodo encima y me fui hacia su casa. Estábamos a martes y el Gran Juego era el domingo. No me restaba mucho tiempo. Toqué el timbre de una gran y hermosa casa. Me atendió su madre. Le extraño mi vestimenta, pero a mí no me importó. Le dije: -“Hola soy amiga de Jake. ¿Está el en casa?”

Madre de Jake: -“Sí, pasá el está arriba en su cuarto”.

Pasé por la casa de Jake y me dirigí hacia su habitación. Golpeé y entré rápidamente sin esperar a que contestaran de adentro.

Una vez dentro el se sorprendió ya que no teníamos una relación directa.

“Hola” me dijo y yo lo saludé.

Cuando me preguntó que hacia ahí. En lugar de intentar darle alguna explicación, la cuál ciertamente no había, me saqué el sobretodo y quedé en ropa interior delante de él. Era ropa interior blanca. Muy sexy. Me di vuelta mostrándole el culito. Y ahí entendió todo. En las nalgas me había escrito en una “Regalo del Director” y en otra “Jake debes ganar el campeonato”.

El comenzó a reírse primero, pero luego, cerró la puerta de su habitación con llave y se acercó a mí. Empezó a besarme y a tocarme los senos. Se ve que el Director alguna vez ya le había mandado esta clase de incentivos o “regalitos”. Enseguida me sacó el corpiño. Yo quedé en tanguita, con un chico que no conocía y en una casa que no conocía. Él me tocaba toda.

Contra la puerta había un espejo. Yo estaba de espaldas al mismo. Y cada tanto giraba la cabeza para mirarme de atrás. Que lindo culo que tenía. Y que bien que me lo tocaba Jake. No se cansaba de jugar con él. Ni de jugar con mis senos. Poco a poco el me fue llevando y acercando hacia su cama. Me recostó y se me tiró encima. Ahí bajó y me quitó la bombachita.

Yo estaba desnuda y el casi vestido por completo. Se sacó apresuradamente la remera en primer lugar. Luego los pantalones y el calzoncillo. Quedó con su miembro al aire. Me gustó lo que vi. Era grande. Se me hizo agua la boca. Tenía ganas de introducirmelo ya mismo en alguno de mis orificios. Pero dejaría que él eligiera en cuál. Y él eligió mi vagina para comenzar. Me penetró acostada en su cama. Yo boca arriba, en la típica posición del misionero. Me penetraba y me besaba en la boca. Cada tanto paraba y bajaba hacia mis pechos para sobarlos. Los sobaba por largos intervalos de tiempo. Los tocaba, los estrujaba, los disfrutaba. Luego volvía a la penetración vaginal. Era muy linda su forma de moverse. Su forma de penetrarme. Llevaba un lindo ritmo. Lo disfruté mucho. Era un chico muy lindo y se movía muy bien. Estuvimos así por un largo tiempo hasta que finalmente el eyaculó. Lo hizo dentro mío, aunque tenía colocado un condón. Se lo quitó, lo tiró y luego los dos nos echamos en la cama desnudos. Charlamos un poco y nos reímos mucho. La verdad que la estábamos pasando muy bien.

El me contó que no era la primera vez que el Director hacía una cosa así. Hace dos años el equipo había llegado a la final y había perdido. Y antes de la final el Director habría hecho algo similar para “motivarlo”.

Al ratito se siente un golpecito en la puerta. Era la madre de Jake: -“Jake, ¿Todo bien? ¿Necesitás algo hijo?”.

Jake: -“No gracias mamá”.

Y la madre se fue. Se sintieron los pasos bajar por la escalera.

Al rato hubo otros golpes nuevamente. Se escuchó la voz de la madre de Jake: -“Jake es tu novia ¿Qué le digo?”.

Jake: -“Espera 5 minutos y hacela pasar y no le digas que estoy con alguien”.

Madre de Jake: -“Ok. Ya entendí”.

Jake: -“Dale Pamela escondete rápido en ese placard”.

Estaba agarrando mis cosas, y no pude llegar a ponérmelas cuando Jake me fue empujando para que me escondiera en el placard. Me metí. Completamente desnuda y a oscuras. Ví por una minúscula rendija que tenía el placard como entraba la novia de Jake a la habitación. Como se saludaban y conversaban. Al rato pasó prácticamente lo que había pasado conmigo. Comenzaron a besarse, a manosearse y Jake le echó un polvo rápido. El cuál yo tuve que ver completo para no aburrirme como si fuera una película y yo la espectadora de lujo. Confieso que un poquito me excité y me toqué. Que iba a hacer. Estaba desnuda, sola y dentro de un placard viendo como dos personas gozaban.

Cuando terminaron ese polvo rápido, se vistieron, se saludaron y luego Jake despidió y acompañó a su novia a la puerta de calle. Jake enseguida volvió a la habitación.

Jake: -“Pam, ya podés salir. Disculpáme que hayas tenido que pasar por esto, pero no me quedó otra”.

Yo salí. Desnuda. No me vestí. El chico me había gustado. Y de alguna forma verlo con su novia, me encendió más. Lo tomé como un desafío personal. Sacarlo el chico a esa chica. Y por eso me quedé desnuda, para que Jake viera lo atrevido de mi actitud sexual.

Pamela: -“¿Estás para un tercer intento?” le pregunté.

Jake: -“Siempre listo. Sólo dame 5 minutos”.

Pasaron 5 minutos y comenzamos a manosearnos y besuquearnos de nuevo. Yo me tiré en la cama. Estaba esperando que él se viniera sobre mí y me penetrara. Pero me dijo: -“Si querés la lechita, me la vas a tener que sacar con la boca”. El se sentó entonces en la cama y me hizo arrodillar delante de él. Me introdujo y me introduje su pene en la boca. Yo movía mi boca y mi lengua y el empujaba con su miembro. Es decir que yo le chupaba el pene y el me cogía la boca.

Jake: -“Miráme cuando me la chupas. ¿Te gusta?”.

Pamela: -“Me encanta”:

Así estuvimos un largo rato. Yo de rodillas, chupandole el pito. El sentando en la cama y disfrutando, pero haciendo fuerza para que su pene me entrara por la boca hasta el fondo. Casi me dan arcadas.

Jake: -“¿Donde querés la lechita?”.

Pamela: -“Me da lo mismo”. (Esto es algo que nunca hay que decirle a un hombre. Ya que si una les dice eso, lo más probable es que te acaben en la cara o en la boca).

Jake me siguió cogiendo la boca. En un momento me sacó su pene de la boca y me dijo: -“Ahora chupame los huevitos”. Y yo así lo hice. Le pasé bien la lengua por sus testículos. Esto lo puso a mil. Casi a punto. Mientras tanto, para no perder la erección lo pajeaba con mi mano derecha.

Volví a usar mi boca. Abre tragado 3 o 4 bombeadas más y él me acabó, parte en la boca (el primer chorro), parte en la cara, y parte en las tetas.

“Ahhhhhhhhhh” dijo aliviado cuando terminó. “Que linda mamada me diste pendeja. Sos una especialista”.

Enseguida me trajo una toalla como para que me limpiase. Me acompañó hasta la parada del autobús y ahí nos despedimos. En definitiva fue una muy linda tarde para mí, espero que para él también lo haya sido y que le haya servido para salir de su depresión y ganar el campeonato estatal para el Colegio.

A los dos días, de haber tenido sexo con Jake, voy al Colegio y el Director me manda a llamar a su despacho. Yo voy como siempre. Y él me dice que la primer parte de la misión iba muy bien, ahora faltaba la segunda y más importante. Que era ocuparme de que los rivales de nuestro equipo llegarán extremadamente cansados al partido. Cuando salgo de su oficina el Director me da una grosera palmadita en la cola y me dice: -“Buen trabajo”.

La verdad es que no tenía ni idea de cómo arrancar. De cómo empezar, de qué hacer. El Gran Partido era el Domingo. Estuve pensando en mi casa el día que el Director me llamó a su despacho, que fue el jueves. Y si bien no se me ocurrió un plan brillante. Mäs o menos algo se me ocurrió.

Lo que hice fue mi simpre. El sábado salí de mi casa, vestida muy linda, muy provocativa y me fui a tomar el autobús. Destino: el campo de deportes del otro Colegio.

Voy al otro Colegio, más precisamente al gimnasio y espero a que el equipo termine de entrenar. Lógicamente una vez que terminan de entrenar se van todos a bañar. Una vez que ya estaban todos dentro del vestuario bañándose, o por hacerlo, entré y con una sensual voz inocente digo: “No les molesta si me baño aquí, ya que en el baño de chicas el agua no sale muy caliente”.

Todos se miraron sorprendidos, enmudecidos y luego algunos dijeron que no había problema.

Comencé a desvestirme. Una vez que me desnudé por completo rápidamente fui a las duchas con ellos. Comencé enjabonándome y haciéndome la que estaba concentrada en mi baño. Como si fuera algo perfectamente normal lo que estaba haciendo. Pero los 5 chicos que había ahí se quedaron atónitos. No podían creer lo que estaba pasando. Todos se erectaron. Estaban al palo. Tenían las vergas bien bien erectas. Debo confesar que me sentí orgullosa de mi misma. De lo que generaba en los hombres. Ahí estaba yo. Completamente desnudita. Tan frágil e indefensa delante de esos cinco sementales. Se acercaron a mi ducha (ya que las mismas estaban divididas por boxes) y primero me miraron toda. Disfrutaron de lo que veían por un rato. Luego uno se acercó primero y comenzó a acariciarme el culo. Vieron que no me oponía y comenzó a manosearme un poco más. Siguió por las tetas y vió que yo no le decía nada. Los otros se fueron acercando cada vez más. Este primero siguió tocando cada vez más groseramente. Incluso no faltó mucho hasta que me tocó la vagina. Ahí otro dijo sarcásticamente: -“¿Necesitas ayuda?”. Y poco a poco los otros cuatro se fueron acercando y comenzaron a manosearme. Yo me quede quieta. Extendí mis brazos y dejé que ellos se ocuparan de bañarme. Tres me tocaban sólo con sus manos. Recorrían todo mi cuerpo. Y los otros dos uno usaba el jabón además de sus manos y el otro la esponja. Con lo cual puedo decir que cuando terminaron conmigo quedé limpita limpita. Sin embargo, no fue un momento breve. Me encantó. Como tocaban, apretaban, magreaban mis senos. Me gustó como tocaban mi culo como si se trataran de un tesoro y en contraste como tocaban mi sexo con el menor respeto, metían mano ahí sin ningún reparo. Y eso me hacía excitar mucho. Me introdujeron dedos. Varios distintas y en varias ocasiones. Y me excité muchísimo. Cuando terminaron de bañarme, enjabonarme y enjuagarme apagaron las duchas. Uno me dijo: -“No te vas a ir así. No nos vas a dejar con esta calentura”. Fueron haciendo que me arrodillara. Ahí sus vergas comenzaron a pasar por mi boca de una en una. Mientras chupaba una, masturbaba a otros dos. Siempre había dos esperando. Así se fueron turnando. El primero me acabó en la boca. Me la llenó de semen. Empezó el segundo, ya bastante masturbado y otro ocupó su lugar en mi mano. El que seguía esperando se cansó y fue en búsqueda de mi ano. Sin preguntar, sin pedir permiso y lo peor, sin lubricarme adecuadamente comenzó a penetrarme analmente. Sentí dolor en los primeros empujones pero luego seguí concentrado en las mamadas y masturbaciones que estaba haciendo, me relajé y comencé a disfrutar la penetración anal que me estaban dando. El segundo acabó y también dejó sus líquidos masculinos en mi boca. Me quedó una mano vacía. Mi boca seguía ocupada. Ahora con una tercer verga, tenía una mano ocupada y el culo también. Pasaron unos quince minutos más en esa posición hasta que fueron acabando los tres. El de atrás acabó dentro de mi ano. El que tenía su verga en mi boca, me acabó en la cara, y el otro en las tetas.

Nos tomamos un respiro. Ellos no se imaginaban nada, pero hicieron comentarios como “¿De dónde saliste preciosa?”. Yo no contestaba y solo me reía y si insistían demasiado me acercaba los besaba o tocaba en sus partes sensibles y enseguida se olvidaban del tema y dejaban de hacer preguntas.

Luego me hicieron recostar boca arriba, con las piernas bien abiertas en un asiento que había en ese vestuario. Y ahí empezaron a pasar de a uno para penetrarme. En posición misionero. De costado me hacían fellarlos también. A medida que uno iba acabando iba entrando otro. Estuvimos como una hora en esta posición. Mejor dicho, me tuvieron así como una hora. YO sentía como entraban penes por mi vagina una y otra vez. Una y otra vez. Sentía esas vergas y las disfrutaba. Me gustaba tenerlas dentro de mí. Sin parar. Salía uno y entraba otro. Era el sexo total ya que tampoco me dejaban pensar, también me metían pija por boca permanentemente. Después de un largo rato dos eyacularon por coito vaginal y dos por sexo oral.

Ahí no terminó la cosa. Seguimos un rato largo más teniendo sexo grupal. Unas dos horas más aproximadamente. Al final del día o del momento, cada uno se había echado entre tres y cuatro polvos. Los dejé bien cansados. Y así sin más me vestí rapidamente, como hacen las putas dije un Chau general y desaparecí fugazmente de la misma forma de la que entré.

Estaba cansada. Debo decir que sexualmente hablando terminé exhausta como nunca en mi vida. Había sido un día de mucho sexo.

El Domingo fue el día del Gran Partido. La cancha estaba llena. La gente estaba expectante. Era un juego histórico (aunque sé que seguramente esto mucho no les interese), pero el equipo de mi Colegió ganó muy facilmente 105 a 73. Los rivales prácticamente no podían correr, ni saltar. Para evitar sospechas ese día no estuve de porristas, sino que vi el partido medio camuflada-disfrazada desde la platea.

Luego del partido se brindó una gran fiesta de celebración en el mismo salón principal del Colegio. La fiesta empezó bien muy formal. Se cenó y se hicieron las entregas de premios y trofeos correspondientes. Aunque ya para el final de la fiesta todo degeneró en sexo.

En un momento de la noche el Director me hizo subir a la pasarela. Me hizo una mención especial a mí y a los otras porristas y nos fue ofreciendo como trofeo. Director: -“Y este Trofeo es para: ….el gran capitán de este equipo y jugador más valioso de la temporada”. Y así el Director nos fue repartiendo entre los jugadores. A mí me tocó el capitán y otro más. Así que me fui a la casa de uno de ellos con ellos y les di todo el sexo que quisieron hasta que quedaron completamente saciados.

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julieta_s24@hotmail.com

El intercambio estudiantil

Jueves, enero 8th, 2009

Mi nombre es Natalia y cuando estaba en el secundario fui en un viaje de intercambio estudiantil a Francia. Soy una chica común. Linda, es verdad, pero común. Mi familia no tenía el dinero para pagarme un viaje a Europa. Y yo desde siempre quise viajar y conocer el mundo. Con lo cual, cuando me enteré la oportunidad que ofrecía la escuela, me anoté de inmediato.

El mecanismo era el siguiente: una chica de Francia, en este caso particular de nombre Melanie, vendría a vivir a mi casa por un mes y yo iría a Francia a vivir en la casa de ella por un mes. Yo había salido sorteada para el viaje dentro de los que se anotaron y autorizada por los profesores debido a mis buenas calificaciones. Ya que un alumno/a por más que saliera sorteado/a con malas calificaciones no sería autorizado por el Colegio a viajar.

Me describo, para que puedan imaginarme mejor, les cuento que soy rubia, soy tirando a alta. Soy flaca, tengo buen cuerpo, mis amigas me dicen que tengo un aire a Ingrid Grudke (yo no les creo, me parece demasiado, ella es una supermodelo, pero es lo que mis amigas dicen). Tengo buena cola y lindos pechos. Y los chicos del curso cuando pueden me elogian ambos.

Todo ese último año de secundaria estuve muy emocionada con la idea de poder viajar a un país extranjero. Nunca lo había hecho y que más lindo que Francia. Un hermoso país para conocer y disfrutar. La ciudad del amor. Del romanticismo. La ansiedad hizo que el año se me pasara volando, pero finalmente todo en la vida llega.

Junto a mi familia hicimos todos los preparativos del viaje y cuando tenemos todo listo, nos dirigimos al aeropuerto, me subo al avión y me voy rumbo hacia Francia. El viaje se hace largo, pero como iba muy contenta, se hizo largo para los demás pasajeros no para mí. Tuve algún percance con un gordo baboso que me tocó al lado y que me miraba todo el tiempo las piernas pero nada más. La comida excelente, el servicio del avión excelente también y por suerte dieron excelentes películas para ver. Todo iba de maravilla. De diez.

El avión llega al aeropuerto y aterriza. Cuando salgo del avión enseguida me doy cuenta que no estaba en París sino en otro lado. Una ciudad o pueblo mucho más chico, en las afueras, pero cerca de París, la ciudad del mundo que tanto yo quería conocer. Aunque no era París a donde estaba, el optimismo y las ganas por el viaje no me dejaban ver la realidad por completo. Seguía muy emocionada y contenta.

Por suerte, me estaban esperando. En el aeropuerto un empleado de la familia que me iba a alojar, tenía un cartel que decía Natalia y mi apellido. Era muy grandote, parecía un hombre de seguridad de una discoteca. Me saludó muy cordial y educadamente, me dio la bienvenida en ambos idiomas (español y francés) y me comentó brevemente, algo acerca de la ciudad y de la casa a dónde iba. Hablamos de trivialidades e hizo algún que otro chiste, pero se notaba que no era un tipo muy conversador sino que estaba haciendo un esfuerzo grande para ser cordial y amable conmigo. Yo le agradecía el gesto y trataba de facilitarle las cosas. Me miraba un poco el escote, pero yo estaba tan contenta que no me molestaba.

Al llegar, saludo a la familia. Los dos dueños de casa se llamaban Rikjard y Rachel. Aunque a la Sra. Dueña de Casa le decían Madam. Todos la llamaban así. Nos presentamos mutuamente, hacemos las introducciones de cortesía correspondientes y también charlamos acerca de trivialidades para romper el hielo.

La primer semana transcurrió con absoluta normalidad. Me llevaron a conocer toda la casa que era enorme; no era un castillo, pero le faltaba poco. Era una casa hermosa, de una arquitectura antigua de tiempos napoleónicos. En realidad me llevaron a conocer toda la casa, excepto una puerta que no me quisieron decir hacia dónde conducía, ni tampoco me dejaron atravesar. Me llevaron también a recorrer ese pueblo y algo de París.

La familia que me recibió se dedicaba a la industria vitivinícola, me contaron la historia de la familia y de la empresa. Como el tatarabuelo había empezado la industria, como creció y llegó hasta nuestros días. El patriarca de la familia, ahora ya difunto, había sido todo un pionero, un tipo muy importante en la industria del vino, reconocido mundialmente. Pero los nietos del fundador, actuales dueños y directivos, no tenían tan buen instinto empresario como aquel. Y los negocios vitivinícolas no le marchaban a la familia tan bien como para poder sostener el alto nivel de vida que llevaban.

Todo transcurría con aboluta normalidad pero luego de una semana hubo un par de cosas, un par de diálogos que escuché al pasar y que seguramente no debía de haber escuchado que me hicieron sospechar de que el negocio de la familia no era en realidad tan próspero y que debían de tener otra distinta fuente de ingresos para subsistir. No pasaría mucho tiempo hasta que descubriera cuál. Concretamente esa misma noche, en la cena me enteré de cuál era ese “segundo negocio”.

Ese día, que sería un miércoles, sinceramente ya no lo recuerdo, bajé a cenar a las 20 hs. como era costumbre en esa casa. Nos sentamos a la mesa y empezamos a comer. Charlamos un poco de los lugares de París que había recorrido y si me habían gustado o no. Ellos también conocían Argentina así que también charlamos acerca de mi país.

Comimos una ligera entrada. Tomamos un poco de vino. Me sorprendió que el plato principal tardó en venir. En un momento La Dueña de Casa tomó la palabra, su verdadero nombre era Rachel, pero todos le decían “Madam”. Hizo una nueva introducción sobre el negocio y los orígenes de la familia bastante largo que yo no entendía muy bien a que venía. En las partes finales de este “speech” fue al grano y dijo algo así como: -“Acá la comida y el alojamiento hay que ganárselo”. Me explicó también que el negocio de los vinos estaba pasando por un muy mal momento y que la fuente real de ingresos de la familia era una Casa de Burlesque (un Cabaret o Nighclub) que funcionaba de manera aledaña a la casa, que era uno de los de más prestigio y más reconocidos en toda Francia, y cuya puerta de acceso desde la casa era justamente esa que no me habían invitado a trasponer. Luego de todo ese speech todo fue muy rápido y entre el Dueño de Casa y el Guardia de Seguridad me desvistieron, en cuanto me quise acordar estaba en mi bombachita celeste y mi corpiño del mismo color. Tenía los pechos bien apretaditos, juntitos y turgentes por el corpiño chico que tenía puesto. En uno de los ricones del comedor había un espejo de auténtico cristal y me vi ahí reflejada, la verdad que estaba muy linda, en mi conjuntito de ropa interior celeste.

“Como te dije, aquí la comida y el alojamiento hay que ganárselo” me volvió a decir la Sra. Dueña de Casa, que era la madre de la chica que se estaba alojando en mi casa y de seguro, que dado lo hospitalarios y buenos anfitriones que son mis padres, estaría recibiendo todas y las mejores atenciones por parte de ellos. Seguro que no estaría desnuda, sino disfrutando de una ciudad hermosa como es Buenos Aires y disfrutando de todos los paseos y a todos los lugares que mis padres la llevarían a conocer. Yo en cambio estaba en bombacha y corpiño en una casa desconocida y el Sr. Dueño de Casa me estaba “examinando”. Me estrujaba un poco las tetas, me miraba de arriba abajo, el culo, la cara, las tetas, la vagina, me miraba íntegra y también me tocaba. Y con una expresión de lujuria muy fuerte en sus ojos por cierto. Una lujuria salvaje.

“Necesito verte las tetas” me dijo. Yo no me saqué el sostén de inmediato. Entonces de atrás se aproximó un gorila de dos metros y me lo desabrochó sin que me diera cuenta. Si bien tenía un aspecto de gorila, me desabrochó el corpiño sin que me diera cuenta, como un verdadero experto en el amor. Quedé en tetas. Delante de todos, los dos Dueños de Casa y este enorme Guardia de Seguridad. Los tres me miraban. Yo sólo estaba vestida con mi tanga, si se puede llamar a eso estar vestida. Me miraban de arriba abajo, me observaban detenidamente, todo mi cuerpo, mi figura, me recorrían de arriba abajo. La Sra. Madam, se puede decir con una mirada de negocios, como si yo fuera una mercancía, un bien de uso, los otros dos, me miraban como mujer, miraban mis tetas, mi culo y mi vagina. Y creo que se deleitaban y les gustaba lo que veían, porque no podían parar de mirar.

Por suerte no me sacaron la bombacha. Cuando terminaron de mirarme y revisarme les pregunté: -“¿Ya me puedo vestir?”

Los Dueños de Casa dijeron casi al unísono en un tono muy normal y cordial, completamente ajeno y fuera de lugar con la situación que estábamos pasando: -“Preferiríamos que termines la cena así como estás y luego puedes ir a tu habitación”.

Yo me senté en la mesa así como estaba y terminamos de cenar. Era raro estar desnuda ante desconocidos, pero si no tomé mi ropa y me vestí fue porque en parte esta rara situación me excitaba. Algo me gustaba el exhibicionismo y era mi oportunidad de satisfacer esas ganas o fantasía que nunca había podido cumplir. Nunca había ido a una playa nudista, siempre tuve ganas, pero nunca me animé a estar desnuda enfrente de tanta gente. Esta vez, era algo más íntimo, eran tres personas y una era una mujer, así que es como si fueran dos personas. Era preferible eso, a los cientos de personas que puede haber en una playa.

Cuando terminamos de cenar nos saludamos y nos fuimos todos a dormir. Noté como me miraban de atrás (el culo) mientras me retiraba del salón y luego cuando subía la escalera. Instante que se me hizo larguísimo.

Cuando llego a mi habitación, entro y voy al placard para ponerme algo de ropa. La desnudez, ya me estaba incomodando. Grande fue mi sorpresa cuando vi que mi ropa ya no estaba. En su lugar había tangas y sostenes de todos los colores, formas y tamaños. Algunas medias y algunos zapatos de taco alto, y un cartel que decía: “Tu ropa está muy bien guardada en nuestra habitación. Te será devuelta completa cuando vuelvas a Buenos Aires y te daremos lo que necesites para cuando salgas de la casa a pasear por París. Pero cuando andes por la casa deberás andar en tanga y corpiño y se te prohíbe usar más ropa que esa sin autorización”. Me quedé helada. No tuve mucho tiempo de pensar, cuando sentí un Toc Toc en la puerta. Era el Dueño de Casa para explicarme que esto que decía el cartel era durante el día, y que para dormir debía hacerlo completamente desnuda, y que tipo 3 de la madrugada él pasaría a controlar que así lo hiciera. Espero a que me sacara la ropa me miró de arriba abajo con mucha lujuria una vez más y luego se fue.

Me acosté a dormir, en una casa desconocida, con gente desconocida, sin mi ropa y completamente desnuda. Pensaba que en realidad no iba a venir, pero tipo 3, mientras yo dormía entró a mi habitación directamente. Yo no lo sentí entrar, pero me di cuenta que vino cuando me acarició mi culo, desnudito y al aire. No me hizo más que eso. Y luego dormí desnuda toda la noche y todas las noches que le seguirían a esa. Por lo general yo era de dormir boca abajo, y cuando entraba él, mi culo quedaba bien expuesto para él.

Cuando se hizo de día, bajé a desayunar con una tanga y un corpiño blanco que elegí entre los muchos que había ahí. Era un conjuntito de lencería hermoso, muy sexy y delicado y de diseñador. Debía ser realmente muy caro. La bombacha era bien cola-less, como casi todas las que había en el placard.

Luego del desayuno, anduve todo el día de esta forma por la casa. Lo peor es que como eran gente de dinero, por esa casa circulaba mucha gente, jardineros, sirvientas, mayordomos, incluso invitados que venían a ver a la familia y todos me veían así, casi desnuda. Algo me reconfortaba, saber que era gente que en un mes no vería nunca más, pero igualmente el pudor se siente. Sin embargo, no mucho podía hacer, no tenía ropa que ponerme. Solo tangas y corpiños.

Ya era verano, así que ese día la pasamos una buena parte en la pileta. Yo no usé una bikini, sino que me metí al agua así como estaba, total cuál era la diferencia, y además había tantas tangas y corpiños en mi habitación que al subir podía cambiarme esta ropa mojada y ponerme otra. Los que estuvieron en la pileta, ya sea los dueños de casa, algunos invitados que cayeron a la casa, y/o empleados de los primeros, me miraron toda. Y mucho. Creo que hay muchas, muchas personas, en Francia, que me han visto por lo menos en ropa interior.

La verdad que ese día estuvo muy bueno y lo disfruté bastante.

A eso de las 15 hs., me llama Rikjard y me dice: “Mirá, los hombres prefieren los bronceados parejos, así que porque no te sacás la bombachita y el corpiño así te quemás mejor”. Yo bien obediente, hice lo que me pidió y le entregué en la mano tanto la tanga como el corpiño. Quedé como Dios me trajo al mundo.

Rikjard también me dijo: -“Acostáte acá que te voy a pasar el bronceador” y se dedicó unos quince minutos a paserame el bronceador por todo mi cuerpo. Empezó por la espalda, la recorrió toda, muy suavemente y muy despacio también; se fue a las piernas, en dónde hizo lo mismo y luego llegó al culo, me lo toqueteó todo un rato largo largo largo.

Luego me dijo. –“Ahora date vuelta que te voy a poner de adelante”.

Repitió un procedimiento similar, primero me pasó por los hombros, luego por la panza, el ombligo, las piernas y todo para llegar a las tetas, las que me manoseó y magreo por un rato largo largo. También me metió mano en la vagina. Vio que tenía algunos vellos púbicos y me dijo: -“Espera que de pasó vamos a aprovecha parar rasurarte” e hizo llamar a una sirvienta y le pidió que traiga las cosas. La sirvienta trajo una palangana con agua, una crema especial y una hojita de afeitar. Rikjar me colocó la crema por la vagina, y luego con mucha paciencia me la depiló a cero. Al terminar me enjuago muy prolijamente, se ve que había hecho esto muchas veces.

A los 3 o 4 días, me acostumbré a andar en ropa interior por la casa. Dejó de darme vergüenza y se tornó algo “natural” el hecho de que los sirvientes, mayordomos, dueños e invitados me miraran. Y si bien me sentía un poco puta, trola, algo en mi interior se encendía con esta situación. Conciente o inconcientemente cada día buscaba las tangas más chiquitas y sexys, las más provocativas. Incluso al vestirme me fijaba, que la tanga que me ponía se me metiera bien bien dentro del culo. Y también elegía cuidadosamente los corpiños, si bien tengo naturalmente hermosos senos, elegía aquellos que me los realzaran más, que los hicieran más turgentes, aquellos en los que parecieran más grandes. Seguramente esto era ni más ni menos que mi instinto natural de mujer.

El Burlesque estaba separado de la casa solo por una puerta. Yo todavía nunca había entrado. A la semana más o menos de aquella cena en la que empecé a andar semi-desnuda por la casa la La Sra. me invitó a pasar con la frase: -“Conoce el lugar, ambientate. Mira el lugar, fijate bien como es todo. Que mañana vas a empezar a trabajar”. Pasé así como estaba en ropa interior. Recuerdo que ese día tenía puesto un conjuntito rojo muy sexy. El lugar estaba lleno de hombres, y de mujeres también, vestidas más o menos con la misma cantidad de ropa que yo. Yo me quedé a un costado solo observando. Aunque era más observada de lo que yo observaba. La ropa interior roja hacía que me miraran bastante. Tomé una o dos cervezas que me invitaron desde la barra. Y traté de entender y descifrar “los códigos” del lugar.

Al otro día recién empecé como camarera. En bombacha y corpiño por supuesto. Ese era mi uniforme de trabajo y de estar. La Sra. me había dicho que tal vez tuviera que hacer un strip-tease, pero que la idea no era que hiciera “pases” con los clientes. También me dijo que iba a ser como un juego, que me iba a divertir y a vivir una experiencia nueva. No estaba segura hasta ese momento si me iba a resultar divertido o no, pero estaba segura de que era un experiencia completamente nueva.

No estaba en los planes, y yo solo era una camarera más, hasta que un cliente me vió, se ve que le gusté y me solicito especialmente. Yo no quería hacerlo. Cuando lo vi, no era un tipo tan feo, de hecho era algo atractivo. Era alto, era rubio, realmente no me explicaba que hacía un hombre así en un lugar como este. La Dueña de Casa se acercó a mí, me lo señaló con un ademán de cabeza, me dio una palmadita en el culo y me dijo: -“Dale es él, pasa con él”. Y luego nos presentó: -“Hola ella es Natalia, él es Kevin, es irlandés, y ella, el caramelito que te vas a comer, es de Argentina”. “Hola, ¿Que tal?” lo saludé yo y el me contestó algo similar. Hablaba muy poco en español, yo hablo en inglés, pero él hablaba cero español.

Madam continuó la presentación, sólo que la hizo un poco más física: -“¿Estás seguro Kevin o querés ver alguna otra chica?” Le preguntó. Luego tomó la mano de él, la derecha y la llevó hasta uno de mis senos, y le dijo: -“Tocá, mirá lo que es esto, carne de primera”. Ni Madam ni yo estábamos seguros acerca de si Kevin estaba convencido o no, entonces Madam que era una excelente vendedora y mujer de negocios (más adelante me enteraría que fuera de este ámbito era una reconocida empresaria, incluso hacía consultoría en empresas y había escrito dos libros, pero le encantaba la noche más que la vida misma) prosiguió: -“Nati date vuelta”. Yo me di vuelta y quedé de espaldas a Kevin. Madam tomó mi bombachita y me la bajó un poco. Me quedó donde empieza el culo, y luego me dio una nalgadita. “Mirá lo que es esto Kevin” le dijo, “¿Estás seguro de que no estás convencido?”. Y Kevin se convenció. El mismo me subió la tanga y dijo: “Ok. Acepto. En la habitación de siempre”.

Madam me condujó hacia una sala privada en dónde una de sus asistentes, Roxana me arregló un poco el pelo y me dio algunas indicaciones y consejos. Roxana no era ni más ni menos que una ex puta que habia decidido por un tiempo alejarse de la actividad. Lo que me dijo fue: -“Hacé todo lo que te pida. No te niegues a nada. Igual no te asustes este tipo es buenísimo. Si el te pide que te desvistas o bailes, hacélo. Si el te quiere desvestir, dejáte. Dale una buena chupada, eso siempre les gusta y hacéles creer que te están matando con el sexo que están dando. Hacéles creer que estás recibiendo los mejores pijazos de tu vida. Pero siempre tranquila, vos manejá la situación que actitud y condiciones para puta no te faltan”.

Una vez lista, me indicaron el camino hacia los cuartos privados, al 314, una habitación que él conocía perfectamente ya que era habitué del lugar. Entré a la pieza y él me estaba esperando, ya estaba desnudo por completo, con la verga bien erecta. Yo pensé: “Oh esto va demasiado rápido”. Estaba en mis planes conocer algún chico lindo en mi viaje por Francia, pero no de esta forma.

Volviendo a la realidad y saliendo de mis pensamientos, era una pieza de tamaño medio, con no mucho más espacio que para una cama, aunque tenía su bañito privado.

Se paró y se acercó. Y me pegó una cachetada fuertísima en la nalga. Lo miré y sin decir nada, puso su mano en mi corpiño para desabrocharlo. Lo hizo, me lo sacó y enseguida y quedé en tetas. Solo protegida por mi bombachita, que tampoco demoraría mucho tiempo en volar. Y efectivamente me la sacó en un segundo, se ve que la lencería no lo apasionaba demasiado. Me toqueteó toda, como hacia rato no me manoseaban, ni mi novio, ni algún chico que me gustara. Me estrujo el culo y las tetas una y otra vez, mientras me besaba en el cuello, en la boca, o alternaba con chuparme los pezones también. Me apoyaba su miembro en la conchita, me lo hacía sentir, me hacía sentir quién mandaba, que él era el cliente y yo bueno … la flamante puta. Me puso de espaldas a él también y me apoyaba la verga en el culo, aunque sin penetración todavía, esto me calentó muchísimo, me puso a mil. Y mientras tanto me tocaba las tetas y me seguía besando el cuello. Yo no se crean que me quedaba atrás, con mis manos me deleitaba tocando su importante miembro y acariciando sus huevitos. Que luego debería seguramente de probar con la boca. Ya me lo veía venir.

Cuando se aburrió de tocarme y ya estaba listo para más acción, me hizo arrodillar en la cama y que le pusiera el condón con la boca y se me dificultó bastante ya que nunca lo había hecho. No tenía experiencia en hacer eso, tan propio de las prostitutas. Le di una buena fellada, o por lo menos hice lo mejor que pude, estuve un rato bien largo con su largo vergo en la boca.

Se la chupé por un larguísimo tiempo. El se calentaba. Yo metía su miembro hasta el fondo de mi garganta. Y usaba solo mi boca, no las manos. Cada tanto lo sacaba de adentro mío y le lamía los testículos. Ahí sí, mientras le lamía los testículos usaba mis manos para acariciarlo y masturbarlo. El estaba realmente  muy caliente. Tanto que se sacó el forro y me hizo que se la siguiera chupando. Cada tanto me tomaba fuerte del pelo, me sacaba su verga de la boca y me hacía lamerle los huevos nuevamente. Y finalmente pasó lo que están pensando, no me avisó y descargó como les gusta hacer a los hombres casi toda su leche en mi boca. Pero lo último que escupió su pene, me lo tiró en las tetas. Yo con el dedo índice de mi mano derecha, me lo pasé por el semen que tenía en las tetas y me lo introduje en la boca al tiempo que se le sonreía pícaramente. Eso lo calentó mucho mucho mucho.

El descansó un poco. Se pidió un whisky a la habitación y se lo trajeron. Se lo tomó y luego la cosa siguió. Que rara me sentía. Una experiencia nueva, que pasaba por mi vida como un torbellino. Parecía que fue ayer que estaba subiendo al avión y ahora … Tantas cosas nuevas vividas.

Mientras yo pensaba y me pasaban miles de cosas por la cabeza a Kevin sólo le pasaba una: el sexo. Entonces me hizo que volviera hacia él y me empezó a besar en la boca. Esta vez estábamos los dos acostados en la cama. En cierta forma esta vez fue distinta, me trató de manera mucho más dulce. Casi como si fuera su novia. Me dio muchos besos, me chupó un poco los senos y me estimuló el clítoris con sus manos. Lo cuál me encendió realmente. Me calentó mucho y casi me provoca un orgasmo antes de que me penetrara. Kevin sabía donde tocar. Pero también sabía cuando parar y antes de que yo estallara de placer, el hizo una pausa y comenzó con la penetración vaginal. Esta vez fue algo muy lindo, muy suave. Una penetración rítmica y cadenciosa la que me dió. Fue por un intervalo de 45 minutos más o menos que estuvimos de esta forma. Fui muy lindo como me trató, me sentí protegida por él, realmente como si algo nos uniera, aunque en el tercer coito volvería a la realidad de que no. Cuando acabó, descargó su leche dentro mío, con profiláctico obviamente. Y yo acabé con él casi al mismo tiempo. Fui un momento muy lindo. Mi primer orgasmo francés y vaya que había sido de los buenos.

Se tomó otro descanso y otro whisky. Al volver a la acción me puso en cuatro esta vez en la cama y me hizo el sexo anal. Todo lo que había pasado antes desapareció. No le importó nada mío. No me lubricó bien y al principio me dolieron mucho sus penetraciones. Si bien no era virgen del culo, no lo había hecho demasiadas veces. No estaba tan dilatado mi anito. A él poco le importó, me puso en cuatro y me empezó a dar bomba. Encima como ya era el tercer polvo, le costó muchísimo acabar y me dio bombazos muy fuertes por el culo por largo tiempo. Tanto que al otro día, me dolía un poquito. Cuando estaba por acabar, hizo lo mismo que hizo cuando me puso su pene en la boca, se sacó el forro, volvió a penetrarme, bombeó un par de veces más y luego descargó todo su leche dentro de mi ano. Que sensación deliciosa debo confesar. Pero no me gustó que no me preguntara o pidiera permiso. Sin embargo yo seguía los consejos de Roxana, que algo sabía del tema: “Hacé todo lo que te pidan”.

Luego se tomó algunos descansos más, algunos whiskys y me echó algunos polvos más, pero no les voy a contar todos para no aburrirlos, pero puedo decirles que era bien potente, me cogió y re cogió. Tal vez fuera así naturalmente o tal vez habría tomado algo que lo ayudase a tener tanta duración y potencia.

Esto fue el primer día. Y cómo ese cliente era un cliente importante, habitué y pagó una importante suma de dinero, estuvo casi toda la noche conmigo. Cuando volví al bar, luego de ser recontra recogida, eran algo de las 5 de la mañana. Ya estaban casi por cerrar y no quedaban muchos clientes. Ahí me tomé otra cerveza, un poco para sacarme tanto gusto a leche y a condón de la boca. Un cliente más quería pasar conmigo, pero Madam decidió que por esa noche era suficiente, por ser la primera y además el cliente no tenía el dinero suficiente para pagar la elevada suma de dinero que Madam había fijado como tarifa para estar conmigo. Madam le hizo entonces un precio más bajo, pero sólo para que bailara un poco frente a él, me desnudara frente a él de manera sexy, y luego tomara un trago sentada en su falda. Hice todo lo que me pidió e indicó Madam. Cuando ya estaban cerrando y los clientes se debían ir, este cliente me dijo: -“Bueno, ahora quiero vestirte”.

“Ningún problema” dije yo.

Entonces él, tomó de arriba de la mesa mi tanguita y me la puso, de paso obviamente que aprovechó para toquetearme la cola y la vagina e hizo lo mismo con el corpiño y mis senos. Y me gané una buena propina que me pusó en la bombacha. Bien adentro de la tanga, no en las tiras de los elásticos como es la costumbre. El bar cerró y yo me fui a descansar.

Llegué a mi habitación y como era costumbre, me desnudé. Me miré frente al espejo y me vi muy linda. Intenté hacer un balance de todo lo que había pasado en el día, y tenía un torbellino de ideas, así que no pude hacer ninguno, ni sacar nada en claro, lo único que recuerdo, es que cuando me miré frente al espejo, así toda desnuda, sonreí.

Al siguiente día, tuve que ir a trabajar al NighClub. En este día, no hice ningún pase pero bailé con varios clientes. En el lugar cada tanto ponían música para bailar y a algunos clientes les gustaba bailar. Bailábamos ritmos como salsa, merengue, y similares y me hacían girar y cuando me daba vueltas me tocaban o pellizcaban el culo. Yo, y otras chicas, bailabamos así en bombacha y corpiño y eso calentaba a los hombres y los llevaba a beber más o bien a “pasar” a los privados a tener sexo. A mí me encantaba bailar, así que este segundo día de burlesque fue muy lindo y divertido. Sin sexo explícito y con mucho baile, muy sensual y erótico, ya que lo hacía casi desnuda para hombres que no conocía, pero nada pasó de algunas tocadas lógicas de mis nalgas y de fuertes apoyadas de penes en mi culito. Lo cuál esto último no me molestaba, ya que en el colectivo o en el tren siempre me apoyan, especialmente los hombres mayores.

Al tercer día de burlesque ni pasé con algún cliente, ni bailé con ningún cliente. No sé si esto fue casualidad o parte de un muy planeado y proyectado entrenamiento que Madam tenía en su perversa cabeza. En este tercer día trabajé de otra modalidad. Creó que era la peor de todas.

En esta los clientes pagaban, íbamos a un privado y se masturbaban solo con mirar. Esto era claro mucho más barato y accesible que “pasar”. Esto lo tuve que hacer un par de veces, y no sé si no era peor que ser garchada. Era por lo menos más desagradable. Muchos viejos pagaban por verme desnuda y masturbarse ahí delante de mío. Creo que sin duda eso era peor. Algunos me decían “Juntate un poco las tetas” o “A ver date vuelta y mostrame el culito”. Yo obedecía y hacía lo que me pedían, pero me daba bastante repulsión esta gente, no así los otros.

La mayoría de los que se acogían a esta modalidad gustaban de “hablar sucio” y me decían las peores barbaridades que hube de escuchar en mi vida. Alguna irreproducibles, pero todo el tiempo me decían cosas como “Putita”, “Que trolita que sos”, “Cómo te gusta la verga”, etc. y muchas frases de este estilo.

Sólo una vez tuve que hacer un domicilio y Ohh casualidad, fue el cuarto día. No se porque pero me acuerdo el Nombre y Nro. de la calle, la calle Rhing 383, era cerca de la Torre Eiffel. Un médico prestigiosísimo. Quiso jugar a la nena y el doctor. Y pidió a Madam una linda puta, pero que no tuviera tanta cara de puta, que no estuviera consumida por la noche, entonces Madam pensó inmediatamente en mí. La única que tenía en su harém de bellezas que no estaba consumida por la noche. En mi rostro todavía se veía inocencia. Que iba perdiendo de a poco.

Me arreglaron como una reina, como una diosa. Estaba vestida muy hermosa muy linda, muy distinguida.

Me llevaron en limusina hasta la puerta del lugar y me indicaron que timbre debía tocar. Me prepararon una cartera con todos los elementos necesarios para la tarea, condones, lubricantes, algunos juguetitos, etc..

Toqué el timbre: “Ring” sonó el timbre de la calle Rhing 383.

Me atendió el médico y me hizo pasar a su residencia. Como ya les mencioné su fetiche era jugar a “la nena y el doctor”. Y jugamos todo un día. El me revisaba, me hacía desnudar, me pasaba sus “instrumentos” médicos por todo mi cuerpo una y otra vez. Y finalmente me cogía también una y otra vez. Pero esto es un episodio que tal vez les cuente más en detalle en otro relato.

A partir del quinto día, los días se fueron repitiendo. Pero en general se parecían al primero y al segundo: hacía “pases” con los clientes, y bailaba un poco con ellos. También alguna que otra vez hice algún que otro strip-tease a pedido de algún cliente. Pero no hice más domicilios ni por suerte Madam me expuso a que se masturbaran conmigo (yo le había comentado que no me gustaba y ella me dijo que no me preocupara que no iba a ocurrir más).

A los 10 días más o menos, llego a mi pieza. Me quiero cambiar y veo que esta vez había solo tangas y había un nuevo cartel relativo a la ropa: “Esta semana hemos cambiado las reglas, ahora solo podrás usar una prenda para cubrir tu cuerpo y será una tanga. No puedes usar nada más a no ser que nosotros te autoricemos. Si te vemos aunque sea una vez con un corpiño puesto, tomaremos severas medidas. Rikjard y Madam”. Nuevas reglas, parecía casi lo mismo, pero de hecho no lo era. A lo otro ya me había acostumbrado, a esto tendría que acostumbrarme. Y no sería fácil. Así como uno se siente seguro con ropa, yo me sentía “vestida” (por efecto del acostumbramiento) en tanga y corpiño. Pero ahora, debería sentirme nuevamente desnuda por un tiempo hasta que me acostumbrara.

Y estas reglas regían para todo. O sea que cuando iba al Cabaret, ya entraba de movida en tetas. Los hombres no paraban de mirarme, de “violarme” con la mirada.

La nueva perversión que conocí de Rikjard fue que cuando a la mañana venía algún cartero o alguien a entregar algo me hacía ir a mí a recibirlo. Y no me daba ropa adicional. Tenía que salir así en tetas. Los empleados postales y/o similares no entendían absolutamente nada, pero se deleitaban con la visión que Rikjard les ofrecía.

Los días en tanga directa en el Cabaret, tuvieron mucha más acción que antes, los hombres se calentaban con más facilidad conmigo y me elegían mucho más que antes, con lo cuál tuve que hacer muchos más “pases” con clientes que antes.

Para si, entre Rikjard y Madam, comentaban y pensaban: “Va muy bien, aprende muy rápido esta chica. Tiene un futuro, si le interesa, extraordinario”. “Hay que ver, hay que esperar, darle su tiempo de maduración, pero condiciones y actitud no le faltan”.

A los 8 días de haber andado en tanga todo el tiempo por la casa, llegó a mi habitación y para mi sorpresa, un nuevo cartel: “Nuevamente hemos cambiado las reglas. Esta semana, solo podrás usar sostén para cubrir tu cuerpo. Te vas a sentir bien putita con tu conchita al aire, seguramente más que antes y tal vez como lo que eres, una putita. Al estar tu culo descubierto por completo, cualquiera lo puede tocar o nalguear en cualquier momento y no te puedes resistir, pues esas son las reglas de la casa. Gracias. Rikjard y Madam”.

Pensé en ir a protestar pero luego me di cuenta que sería inútil. Quería aunque sea usar tangas. Además, los corpiños me incomodaban y me parecía sin sentido usar corpiño y no tanga. Cuando le comenté esto a Rikjard y Madam que prefería usar ropa interior completa, o solo tanga si tenía que elegir o completamente desnuda si no había chance de que me autorizaran a usar tangas. Ellos muy estrictos me dijeron: -“Las reglas son las reglas y debes aceptarlas”. Y no me quedó otra que aceptarlas. Así transcurrieron varios días, casi 11 en los que mi vagina anduvo bien ventilada.

Mientras tanto de noche seguía trabajando en el NightClub de la familia. Ahora entraba directamente en sostén y nada más. Alguna veces me permitían ponerme alguna falda transparente, pero no tangas. Y eso hizo que los clientes me eligieran mucho más que antes e hice muchísimos pases. Había tenido más sexo en par de semanas que en toda mi vida anterior. Incluso muchos clientes, como ya estaba en conchita, me hacían que les suba arriba, me hacían desabrocharles sus braguetas, sacar sus vergas y me cogían ahí en el salón. A la vista de todos. Me hacían quedar como la más puta entre las putas, ya que alguna que otra vez no pude aguantar y me corrí con todo. Y me fui transformando en la más puta entre las putas.

A los 11 días de haberme casi acostumbrado a andar mostrando mi concha y mi culo por todos lados, llego a mi habitación y ahora el placard estaba lleno de ropa, pero era ropa algo anticuada, bastante conservadora, no había una sola minifalda, o una musculosa escotada. El cartel del día decía: “Toma esto como un entrenamiento. Ya puedes vestirte, con lo que quieras que hay aquí. Esta ropa es tuya, te la regalamos toda, incluso cuando vuelvas a tu casa puedes llevarte lo que quieras. No puedes andar más desnuda por la casa, ni siquiera puedes usar biquini y No puedes ingresar más a la Casa de Burlesque. No debes, ni puedes trabajar más allí. Ya te has ganado el alojamiento y comida del que te hemos hablado. Rikjard y Madam”.

Ya no entendía nada. Había pasado el último mes casi desnuda todo el tiempo y ahora no podía. Estuve 5 días usando esta ropa, vestida como Laura Ingalls prácticamente y al 6to. día no aguante más. Estaba desesperada. Necesitaba desnudarme. Necesitaba que alguien viera mi vagina, mi culo, mis tetas. Que alguien me rozara incidentalmente o intencionalmente, necesitaba exhibirme en ropa interior en el Cabaret y que los hombres se babearan conmigo, necesitaba bailar strip tease para los clientes, ponerles un condón con la boca y que luego me cogieron y re-cogieran. Necesitaba todo eso y más. Pero no. No me permitían más trasponer la puerta negra que daba al Cabaret. Estaba vestida casi como una monja, y ya la ropa me molestaba. Y por lo que me había comentado Rikjard esto iba a ser así hasta mi vuelta a Buenos Aires. Es decir que ya no iba a entrar nunca más al NightClub. Ni siquiera para tomar una cerveza o despedirme de las chicas. Con algunas de ellas, había entablado una buena relación y me habían enseñado unas cuantas cosas.

En otro momento, en otro rincón de la casa, Rikjard le comentaba a su mujer: -“Esta funcionando a la perfección el entrenamiento. Está sacando la putita que tiene en su interior. En unos días más te va a suplicar que la dejes volver a desnudarse y al Cabaret”. Y no se equivocaban para nada …

Un día no aguante más y si bien no lo tenía permitido me agarró como un ataque de locura, de pánico y me desnudé en el medio de la casa. Quedé desnuda completamente y comencé a andar así por la misma. A nadie le molestaba realmente, los mayordomos y sirvientes contentos, pero las reglas eran las reglas y yo las había quebrantado flagrantemente.

Rikjard me hizo llamar a su despacho. Me saludo muy cordialmente. Me preguntó que había pasado y yo le conté. Al final de la charla, en la que yo le expliqué y conté todo, él me puso un collar negro en el cuello, para marcar que estaba en peritencia. Aunque no me hizo nada. Me explicó que ese collar lo llevaría todo el tiempo mientras durara mi período de castigo.

Ese día a la noche pude volver al cabaret, pero sería de una manera especial.

Rikjard me mandó a decir por uno de sus asistentes que me estuviera desnuda en el jardín principal a eso de las 19 hs.. Así lo hice.

Fueron dos guardias de seguridad, dos gorilas, me ataron, me llevaron a una habitación oscura de la casa y me dejaron así hasta las 24 hs.. A esa hora, me llevaron al burlesque. Yo seguía teniendo el collár negro que marcaba que estaba en penitencia. Y sí antes fui un objeto sexual, un juguete sexual de varias personas durante varias semanas, en calidad de penitencia me tratarían con algo mucho más bajo y vil que ello.

Con los ojos vendados, amordazada con una de mis tangas en la boca y desnuda. Me ataron en el medio del Cabaret y dejaron una fusta a mano. Cualquier cliente que quisiera y gratis, me podía dar fustazos en el culo, en la vagina o en las tetas. También podían realizar conmigo otras prácticas medio sado como introducirme bolas chinas en el culo y demás. Yo estaba completamente expuesta e indefensa, desnuda y atada por las muñecas al techo.No veía, no podía gritar, solo sentir, lo que fuera que tuviera que sentir. En un momento tuve ganas de orinar y se lo dije a Rikjard cuando pasó cerca de mí. “Aguantate” me dijo él en un tono cortante. También los clientes podían introducirme dedos en la vagina. Muchos lo hicieron y me corrí una y otra vez, como una verdadera zorra delante de todos. No podía parar de gemir, de humedecerme, la sensación era de una lujuria total, aparte llevaba antes de esa noche casi una semana de abstinencia sexual. Más tarde me comentarían que al lado mío había un cartel con un listado de todas las cosas que los clientes podían hacerme gratis ese día y por cuáles tendrían que pagar. Hacerme sexo anal ahí delante de todos costaba unos 70 euros y si no me fallan las cuentas recibí unas 3 o 4 vergas por el ano. Sexo vaginal unos 50 euros y solo 2 quisieron hacermelo así, ya que estando yo parada se complicaba un poco. Otra cosa que me hicieron ese día fue: un cliente pagaba la suma correspondiente, entonces venía un empleado y al collar le ponía una soga que entregaba al cliente, me soltaban las ataduras de las muñecas por un rato, el cliente tiraba de ella y yo debía ir gateando hasta la mesa de ese cliente y practicarle sexo oral, tragandome todo el semen.

Fue una rara sensación, pero también tuvo algo de lindo. Yo estaba ahí, desnuda, atada y expuesta. Era menos que un juguete sexual. Menos que un animal sexual. Cualquiera de los presentes hacía conmigo lo que quería. Me tocaron, me penetraron, me hicieron de todo. Y me gustó. No me pregunten porqué. Sé que no es lo normal, lo lógico, lo convencional, pero me gustó y lo disfruté. Disfruté que me hicieran sexo anal, los fustazos, los petes, el sexo vaginal, en fin confieso que disfruté todo ese día de penitencia muy intensamente.

Al otro día ya había superado mi día de castigo y volví al Cabaret pero normalmente como en los días anteriores. Sin embargo no pude volver a usar ropa y mientras estuve en esa casa anduve o bien desnuda o por momentos en tanga. A partir de ahí saqué bien afuera la PUTA que hay en mí y fui en el Cabaret la más perra de todas. Batí todos los records de ganancias del mismo. No le hice asco a nada, hasta hicieron un Gang Bang conmigo en el medio del salón en el que me habrán cogido unos 20 a 24 clientes.

Así transcurrió más de un mes. Luego, por suerte el mes de intercambio estudiantil terminó. Los padres de Melanie me acompañaron al aeropuerto y me despidieron como si todo el mes hubiera sido un “intercambio estudiantil normal” y no como lo que fue. Que gente rara que eran. Por suerte terminó y volví a mi casa. Realmente no aprendí mucho de lo que venía a aprender a Francia, pero por cierto que aprendí muchas otras cosas y debo confesar que hoy ya devuelta en mi país y en mi vida normal, usar ropa me cuesta, por eso cuando puedo, aprovecho y me hago una escapada a playas nudistas.

Me excitaría recibir tus comentarios a:

julieta_s24@hotmail.com

La violación de Vicky

Sábado, octubre 25th, 2008

Hola de nuevo, mi nombre es Roberto, tengo 26 años y vivo en el pequeño país de El Salvador, en Centroamérica. Esta no es la primera vez que escribo para sexy cuentos, y agradezco mucho los comentarios a mis anteriores historias.

Hay tres cosas en este mundo que a me excitan tremendamente: las lesbianas jóvenes, el sexo anal y las violaciones, así que lo más excitante para mí sería contemplar a una nena violando por el culo a otra nena… ¡wow! Solo de pensarlo ya me excité… Bueno, un día se me ocurrió que yo mismo podía hacer una historia sobre eso, así que les he traído esta historia ficticia, espero que disfruten al leerla tanto como yo al escribirla.

Vicky era a muchacha más bonita de primero de preparatoria, a sus 16 años medía 1.60 m de estatura, tenía la piel clara y su pelo lacio y castaño le llegaba hasta los hombros, en marcando una carita preciosa de ojos claros. Era delgada y sus senos redondos y su culito parado y firme hacían babear a todos los muchachos que la veían… y también a una chica.

Teresa era una chica normal de 17 años, tenía el pelo negro. Lacio y bastante largo, sus ojos eran café y sus piel blanca, era ligeramente más alta que Vicky y un poquito más robusta, no tenía un culo tan espectacular como ella, pero sus senos eran más grandes.

Era la nueva del instituto, hasta los 16 había estudiado en una escuela católica para señoritas, pero la expulsaron cuando la encontraros besándose y tocandose con una amiga en los vestidores, eso la hizo perder un año. Sus padres decidieron que la falta de compañía masculina la había inclinado al lesbianismo, y creyeron que enviándola a una escuela mixta la “curarían”; pero ella sabía que no estaba enferma, que simplemente le gustaban las mujeres en lugar de los hombres.

Como Vicky era muy sociable se hicieron amigas muy rápido, a Tere le encantaba verle el culo, y casi se desmaya la primera vez que le vio las bragas en los vestidores, a menudo se masturbaba pensando en estar con ella… Definitivamente quería follársela, pero no sabía como; charlando con Vicky, Teresa se convenció de que era heterosexual, incluso había perdido su virginidad con un ex novio un año atrás y no le atraía para nada una aventura lésbica. No había posibilidades de convencerla de tener sexo, así que una noche, recostada en su cama luego de masturbarse pensando en aquel hermoso culo, Tere tomó una decisión: Iba a follarse a Vicky, de cualquier forma, ¡por la fuerza si era necesario!

Durante una semana pasó convenciendo a sus padres de que salieran a celebrar su aniversario todo el fin de semana en la playa; luego convenció a Vicky de que se quedara a dormir en su casa. “Nos vamos a divertir” le insistió hasta que aceptó.

Vicky llegó pasadas las seis de la tarde, vistiendo una blusa de botones, una falda corta de paletones y unas botas, al verla Tere quiso caerle encima en la misma entrada de la casa, pero se contuvo como pudo.

“¿Y tus papás?” preguntó la visitante al no ver a nadie.

“Ya vendrán salieron a un compromiso” contestó la otra tratando de fingir indiferencia “Iba a ver una peli, ¿te parece?”

“Sí, claro”

Ambas se desparramaron por el sofá a ver la película, cuando habían pasado varios minutos y Vicky parecía sentirse más en confianza, Teresa le ofreció una soda: la chica se tomó su tiempo para ir a la cocina y regresar con las dos bebidas.

“Que raro” dijo Vicky unos minutos después de haber vaciado su vaso, “de pronto me ha dado mucho sueño…” y se tumbó sobre el sillón.

La hermosa chica despertó una hora después y se encontró acostada sobre una cama con las manos atadas a la cabecera y los pies, sin botas, atados a las patas de la cama para que sus piernas quedaran abiertas.

“¿Qué pasa?” dijo asustada “¡Tere! ¡Tere, sueltame! ¡Esto no es gracioso!”

“Tranquila, mi amor” contestó la aludida haciéndose una cola en el pelo “Es mejor que estés relajada”

Vicky se asustó más cuando vió a Teresa parada junto a la cama en ropa interior

“¿Qué vas a hacer Tere? ¿Qué vas a hacer?”

“Me voy a divertir contigo” Contestó ella tumbándose junto a su victima “No te imaginas lo mucho que me he aguantado esperando a que despertaras.”

Vicky entonces comprendió de que se trataba todo eso y comenzó a sollozar

“¡No, Tere, por favor! ¡No me hagas nada! ¡Suéltame, no seas mala!”

Pelo su captora la cayó con un beso, con una mano le apretó las mejillas para que no cerrara la boca y poder meterle la lengua; para Tere fue el mejor beso de su vida, para Vicky fue el peor. Entonces Tere se sentó sobre las caderas de su amiga mientras esta lloraba consciente de que la iba a violar.

“¡Por favor, Tere, te juro que no se lo le diré a nadie!” suplicaba

“Llora todo lo que quieras, Vicky” contestó la otra “Mis papás vendrán hasta mañana y estando en este cuarto los vecinos no te van a escuchar.”

Entonces le abrió la blusa y se la subió hasta las manos, tan rápido que más de un botón salió volando, y casi de inmediato le desabrochó el sostén que convenientemente tenía el broche adelante. Teresa se quedó unos instantes viendo los senos de Vicky, le parecieron deliciosos, blancos, redondos y firmes como eran; sin decir palabra comenzó a acariciarlos con ambas manos.

Vicky soltó un simple “¡NO!” que pareció casi instintivo y se arqueó ligeramente como tratando de escapar, aunque sin éxito. Ese mismo reflejo se hizo más fuerte al sentir una boca de violadora sobre sus rosados pezones; la chica se quedo un buen rato chupando y lamiéndole los senos, hasta dejarles marcas de rojas, a lo que Vicky solo podía responder sollozando más profundamente.

Luego Tere bajó por su delicioso vientre adolescente y le levantó la falda descubriendo unas bragas blancas. “Si supieras lo mucho que me he masturbado imaginando este momento” Le dijo a su amiga y comenzó a comerle el coño por encima de las bragas; Vicky arqueó la espalda, soltó un gemido y comenzó a llorar en serio:

“¡Waaaaaaa!”

Lo que verdaderamente estaba haciendo mella en su psique era el hecho de que era otra chica quien la estaba violando.

Entonces Tere se levantó, cogió unas tijeras de la mesa de noche y le cortó las bragas a Vicky; cegada por las lágrimas la pobre chica no pudo ver los juguetes sexuales que su captora tenía en la mesa, preparados para la ocasión… y quizá fue mejor así.

Tere estaba muy excitada viendo el coño desnudo en el que tanto había pensado, se quitó el sostén si se acarició los senos con una mano mientras con la otra tocada el sexo se su amiga. Finalmente se inclinó y comenzó a lamerlo y chuparlo, haciendo que Vicky se arqueara de nuevo.

“¡No, Tere! ¡Nooo!”

Pero Tere chupaba y lamía con ganas, con ansia; le abrió los labios con los dedos y le metió la lengua lo que hizo respinga a su victima con fuerza. De pronto, en la excitación, la chica le metió un dedo en el coño a Vicky y ella gritó:

“¡AAAHH! ¡Nooo, por favooor!”

Pero la violadora siguió metiendo y sacando el dedo, y al poco rato le metió un segundo dedo, mientras seguía lamiendo y chupando y se metía ella misma dos dedos de la otra mano en su propio coño. Vicky no paraba de llorar, no quería esos dedos invasores en su cuerpo.

Tere entonces se levantó, fue a la mesa de noche y cogió un arnés con un pene de plástico que lubricó debidamente, Vicky se asustó al verla quitarse las bragas y ponérselo.

“¡No, Tere, te lo suplico! ¡No lo hagas! ¡NO!”

Pero las súplicas solo excitaron más a la chica del arnés. Se colocó sobre ella, la besó de nuevo en la boca y le dijo: “Ahora vas a ser mi mujer, Vicky” y comenzó a meterle el pene de plástico, Vicky gritó:

“¡AHHH! ¡AHHH!” El plástico invasor penetró por completo, Tere lo sacó y volvió a meterlo una y otra vez, cada vez que lo hacía el arnés presionaba deliciosamente su clítoris.

“¡AHHH! ¡AHHH! ¡AHHH! ¡AHHH!” gritaba Vicky y su amiga le besaba el cuello y le frotaba los senos contra los suyos. La pobre Vicky estaba roja de tanto llorar, tenía la voz ronca y casi no le quedaba aire, cuando de pronto Tere se arqueó y lanzó un profundo gemido de placer:

“¡GUUUU MMM AHHH!!!”

Se había corrido… y Vicky sintió algo que le pareció horrible, el arnés tenía un conducto especial para fluidos y cuando la chica se corrió todos los fluidos de su orgasmo salieron disparados por la punta del pene de plástico, para Vicky era como si su amiga hubiese eyaculado como un hombre dentro de ella.

La chica violada creyó que todo había terminado, pero se olvidó que era una mujer, no un hombre quien la tenía ahí. Tere le sacó el pene de plástico y, aprovechando que estaba débil, le desató las piernas, le quitó la falda y la volteó poniéndola boca abajo, además metió un par de almohadas bajo su cadera para levantarla.

Vicky no estaba muy consciente y solo reaccionó al sentir una lengua pasando por entre sus nalgas; Tere se las estaba separando con las manos y lamía con pasión su ano.

“¡AH! ¡No! ¡Basta, Tere! ¡Por Dios, basta!” gimió casi sin voz

“Dime, Vicky” preguntó la chica “¿Y tu culo si es virgen?” Vicky se asustó más que antes.

“¡NO! ¡ESO NO! ¡POR EL CULO NO!!!” gritó, pero su amiga le metió un dedo en su agujerito haciéndola casi brincar, lo metió y lo sacó varias veces tratando de abrirlo “Relájate, mi amor” le dijo “O esto te va a doler más de la cuenta”.

Entonces comenzó a meterle unas bolitas anales que cogió de la mesa de noche, Vicky se arqueaba cada vez que una entraba “no…” lloraba, sentía horrible. Cuando la última entró Tere se dirigió a la mesa de noche y tomó un vibrador, era delgado y lizo, especial para culos. Regresó y le sacó despacio las bolas a Vicky, ella respingaba con cada una que salía, sentía como si se estuviera cagando

“mmm… mmm…. mmm”

Cuando la última salió Tere le lamió de nuevo el culo un par de veces, encendió el vibrador he hizo círculos con la punta sobre el ano de su amiga, al sentir la vibración ella lloró; entonces Tere se lo metió y Vicky gritó con una voz ya ronca:

“¡waaaaa! ¡Nooo! ¡Sácamelo! ¡Sácaloooo!”

Las vibraciones dentro de su ano la estremecían, nunca había tenido nada ahí adentro y menos algo que se moviera. Tere entretanto se masturbaba aún con el arnés puesto viendo a Vicky temblar.

Luego de unos momentos, pensando que ya era suficiente, le sacó el vibrador y se puso tras ella con el pene de plástico que aún tenía puesto apuntando hacia el culo de Vicky. Sin decir se puso sobre ella, la cogió de la cintura y le metió el pene.

“¡AAHHH!” lloró la chica con sus últimas fuerza “¡Ya no, por favooor! ¡Mi culo nooo! ¡Por lo que más quiera, Tere! ¡Por el culo ya noooo!”

Pero ya era tarde, Tere sacaba y metía el pene de plástico en su ano como lo había hecho en su coño. Pronto la chica del arnés comenzó a gemir con más fuerza… y se volvió a correr

“¡GUUUU MMMM AAAHHH!”

Y Vicky sintió como se le inyectaban dentro del ano los fluidos de su violadora… Tere le sacó el pene y se tumbó a su lado, ambas se quedaron dormidas, exhaustas.

A la mañana siguiente Vicky estaba todavía atada y claramente afectada por lo de la noche anterior, antes de soltarla Tere le advirtió que no dijera nada a nadie porque de todos modos nadie le creería que la había violado otra chica.

El resto del año Vicky se mostró distante con todos y al año siguiente se cambió de escuela, pero nadie supo nunca porque.

Bien, pues esta fue la historia… espero que les haya gustado debo confesar que me masturbé mucho mientras la escribía… jejeje… y espero que también ustedes mientras la leían. Aceptaré gustoso sus comentarios en mi correo:

sir.mhytos@gmail.com

En especial si son chicas quienes me escriben XD

El intercambio estudiantil

Miércoles, mayo 7th, 2008

Mi nombre es Natalia y cuando estaba en el secundario fui en un viaje de intercambio estudiantil a Francia. Soy una chica común. Linda, es verdad, pero común. Mi familia no tenía el dinero para pagarme un viaje a Europa. Y yo desde siempre quise viajar y conocer el mundo. Con lo cual, cuando me enteré la oportunidad que ofrecía la escuela, me anoté de inmediato.

El mecanismo era el siguiente: una chica de Francia, en este caso particular de nombre Melanie, vendría a vivir a mi casa por un mes y yo iría a Francia a vivir en la casa de ella por un mes. Yo había salido sorteada para el viaje dentro de los que se anotaron y autorizada por los profesores debido a mis buenas calificaciones. Ya que un alumno/a por más que saliera sorteado/a con malas calificaciones no sería autorizado por el Colegio a viajar.

Me describo, para que puedan imaginarme mejor, les cuento que soy rubia, soy tirando a alta. Soy flaca, tengo buen cuerpo, mis amigas me dicen que tengo un aire a Ingrid Grudke (yo no les creo, me parece demasiado, ella es una supermodelo, pero es lo que mis amigas dicen). Tengo buena cola y lindos pechos. Y los chicos del curso cuando pueden me elogian ambos.

Todo ese último año de secundaria estuve muy emocionada con la idea de poder viajar a un país extranjero. Nunca lo había hecho y que más lindo que Francia. Un hermoso país para conocer y disfrutar. La ciudad del amor. Del romanticismo. La ansiedad hizo que el año se me pasara volando, pero finalmente todo en la vida llega.

Junto a mi familia hicimos todos los preparativos del viaje y cuando tenemos todo listo, nos dirigimos al aeropuerto, me subo al avión y me voy rumbo hacia Francia. El viaje se hace largo, pero como iba muy contenta, se hizo largo para los demás pasajeros no para mí. Tuve algún percance con un gordo baboso que me tocó al lado y que me miraba todo el tiempo las piernas pero nada más. La comida excelente, el servicio del avión excelente también y por suerte dieron excelentes películas para ver. Todo iba de maravilla. De diez.

El avión llega al aeropuerto y aterriza. Cuando salgo del avión enseguida me doy cuenta que no estaba en París sino en otro lado. Una ciudad o pueblo mucho más chico, en las afueras, pero cerca de París, la ciudad del mundo que tanto yo quería conocer. Aunque no era París a donde estaba, el optimismo y las ganas por el viaje no me dejaban ver la realidad por completo. Seguía muy emocionada y contenta.

Por suerte, me estaban esperando. En el aeropuerto un empleado de la familia que me iba a alojar, tenía un cartel que decía Natalia y mi apellido. Era muy grandote, parecía un hombre de seguridad de una discoteca. Me saludó muy cordial y educadamente, me dio la bienvenida en ambos idiomas (español y francés) y me comentó brevemente, algo acerca de la ciudad y de la casa a dónde iba. Hablamos de trivialidades e hizo algún que otro chiste, pero se notaba que no era un tipo muy conversador sino que estaba haciendo un esfuerzo grande para ser cordial y amable conmigo. Yo le agradecía el gesto y trataba de facilitarle las cosas. Me miraba un poco el escote, pero yo estaba tan contenta que no me molestaba.

Al llegar, saludo a la familia. Los dos dueños de casa se llamaban Rikjard y Rachel. Aunque a la Sra. Dueña de Casa le decían Madam. Todos la llamaban así. Nos presentamos mutuamente, hacemos las introducciones de cortesía correspondientes y también charlamos acerca de trivialidades para romper el hielo.

La primer semana transcurrió con absoluta normalidad. Me llevaron a conocer toda la casa que era enorme; no era un castillo, pero le faltaba poco. Era una casa hermosa, de una arquitectura antigua de tiempos napoleónicos. En realidad me llevaron a conocer toda la casa, excepto una puerta que no me quisieron decir hacia dónde conducía, ni tampoco me dejaron atravesar. Me llevaron también a recorrer ese pueblo y algo de París.

La familia que me recibió se dedicaba a la industria vitivinícola, me contaron la historia de la familia y de la empresa. Como el tatarabuelo había empezado la industria, como creció y llegó hasta nuestros días. El patriarca de la familia, ahora ya difunto, había sido todo un pionero, un tipo muy importante en la industria del vino, reconocido mundialmente. Pero los nietos del fundador, actuales dueños y directivos, no tenían tan buen instinto empresario como aquel. Y los negocios vitivinícolas no le marchaban a la familia tan bien como para poder sostener el alto nivel de vida que llevaban.

Todo transcurría con aboluta normalidad pero luego de una semana hubo un par de cosas, un par de diálogos que escuché al pasar y que seguramente no debía de haber escuchado que me hicieron sospechar de que el negocio de la familia no era en realidad tan próspero y que debían de tener otra distinta fuente de ingresos para subsistir. No pasaría mucho tiempo hasta que descubriera cuál. Concretamente esa misma noche, en la cena me enteré de cuál era ese “segundo negocio”.

Ese día, que sería un miércoles, sinceramente ya no lo recuerdo, bajé a cenar a las 20 hs. como era costumbre en esa casa. Nos sentamos a la mesa y empezamos a comer. Charlamos un poco de los lugares de París que había recorrido y si me habían gustado o no. Ellos también conocían Argentina así que también charlamos acerca de mi país.

Comimos una ligera entrada. Tomamos un poco de vino. Me sorprendió que el plato principal tardó en venir. En un momento La Dueña de Casa tomó la palabra, su verdadero nombre era Rachel, pero todos le decían “Madam”. Hizo una nueva introducción sobre el negocio y los orígenes de la familia bastante largo que yo no entendía muy bien a que venía. En las partes finales de este “speech” fue al grano y dijo algo así como: -“Acá la comida y el alojamiento hay que ganárselo”. Me explicó también que el negocio de los vinos estaba pasando por un muy mal momento y que la fuente real de ingresos de la familia era una Casa de Burlesque (un Cabaret o Nighclub) que funcionaba de manera aledaña a la casa, que era uno de los de más prestigio y más reconocidos en toda Francia, y cuya puerta de acceso desde la casa era justamente esa que no me habían invitado a trasponer. Luego de todo ese speech todo fue muy rápido y entre el Dueño de Casa y el Guardia de Seguridad me desvistieron, en cuanto me quise acordar estaba en mi bombachita celeste y mi corpiño del mismo color. Tenía los pechos bien apretaditos, juntitos y turgentes por el corpiño chico que tenía puesto. En uno de los ricones del comedor había un espejo de auténtico cristal y me vi ahí reflejada, la verdad que estaba muy linda, en mi conjuntito de ropa interior celeste.

“Como te dije, aquí la comida y el alojamiento hay que ganárselo” me volvió a decir la Sra. Dueña de Casa, que era la madre de la chica que se estaba alojando en mi casa y de seguro, que dado lo hospitalarios y buenos anfitriones que son mis padres, estaría recibiendo todas y las mejores atenciones por parte de ellos. Seguro que no estaría desnuda, sino disfrutando de una ciudad hermosa como es Buenos Aires y disfrutando de todos los paseos y a todos los lugares que mis padres la llevarían a conocer. Yo en cambio estaba en bombacha y corpiño en una casa desconocida y el Sr. Dueño de Casa me estaba “examinando”. Me estrujaba un poco las tetas, me miraba de arriba abajo, el culo, la cara, las tetas, la vagina, me miraba íntegra y también me tocaba. Y con una expresión de lujuria muy fuerte en sus ojos por cierto. Una lujuria salvaje.

“Necesito verte las tetas” me dijo. Yo no me saqué el sostén de inmediato. Entonces de atrás se aproximó un gorila de dos metros y me lo desabrochó sin que me diera cuenta. Si bien tenía un aspecto de gorila, me desabrochó el corpiño sin que me diera cuenta, como un verdadero experto en el amor. Quedé en tetas. Delante de todos, los dos Dueños de Casa y este enorme Guardia de Seguridad. Los tres me miraban. Yo sólo estaba vestida con mi tanga, si se puede llamar a eso estar vestida. Me miraban de arriba abajo, me observaban detenidamente, todo mi cuerpo, mi figura, me recorrían de arriba abajo. La Sra. Madam, se puede decir con una mirada de negocios, como si yo fuera una mercancía, un bien de uso, los otros dos, me miraban como mujer, miraban mis tetas, mi culo y mi vagina. Y creo que se deleitaban y les gustaba lo que veían, porque no podían parar de mirar.

Por suerte no me sacaron la bombacha. Cuando terminaron de mirarme y revisarme les pregunté: -“¿Ya me puedo vestir?”

Los Dueños de Casa dijeron casi al unísono en un tono muy normal y cordial, completamente ajeno y fuera de lugar con la situación que estábamos pasando: -“Preferiríamos que termines la cena así como estás y luego puedes ir a tu habitación”.

Yo me senté en la mesa así como estaba y terminamos de cenar. Era raro estar desnuda ante desconocidos, pero si no tomé mi ropa y me vestí fue porque en parte esta rara situación me excitaba. Algo me gustaba el exhibicionismo y era mi oportunidad de satisfacer esas ganas o fantasía que nunca había podido cumplir. Nunca había ido a una playa nudista, siempre tuve ganas, pero nunca me animé a estar desnuda enfrente de tanta gente. Esta vez, era algo más íntimo, eran tres personas y una era una mujer, así que es como si fueran dos personas. Era preferible eso, a los cientos de personas que puede haber en una playa.

Cuando terminamos de cenar nos saludamos y nos fuimos todos a dormir. Noté como me miraban de atrás (el culo) mientras me retiraba del salón y luego cuando subía la escalera. Instante que se me hizo larguísimo.

Cuando llego a mi habitación, entro y voy al placard para ponerme algo de ropa. La desnudez, ya me estaba incomodando. Grande fue mi sorpresa cuando vi que mi ropa ya no estaba. En su lugar había tangas y sostenes de todos los colores, formas y tamaños. Algunas medias y algunos zapatos de taco alto, y un cartel que decía: “Tu ropa está muy bien guardada en nuestra habitación. Te será devuelta completa cuando vuelvas a Buenos Aires y te daremos lo que necesites para cuando salgas de la casa a pasear por París. Pero cuando andes por la casa deberás andar en tanga y corpiño y se te prohíbe usar más ropa que esa sin autorización”. Me quedé helada. No tuve mucho tiempo de pensar, cuando sentí un Toc Toc en la puerta. Era el Dueño de Casa para explicarme que esto que decía el cartel era durante el día, y que para dormir debía hacerlo completamente desnuda, y que tipo 3 de la madrugada él pasaría a controlar que así lo hiciera. Espero a que me sacara la ropa me miró de arriba abajo con mucha lujuria una vez más y luego se fue.

Me acosté a dormir, en una casa desconocida, con gente desconocida, sin mi ropa y completamente desnuda. Pensaba que en realidad no iba a venir, pero tipo 3, mientras yo dormía entró a mi habitación directamente. Yo no lo sentí entrar, pero me di cuenta que vino cuando me acarició mi culo, desnudito y al aire. No me hizo más que eso. Y luego dormí desnuda toda la noche y todas las noches que le seguirían a esa. Por lo general yo era de dormir boca abajo, y cuando entraba él, mi culo quedaba bien expuesto para él.

Cuando se hizo de día, bajé a desayunar con una tanga y un corpiño blanco que elegí entre los muchos que había ahí. Era un conjuntito de lencería hermoso, muy sexy y delicado y de diseñador. Debía ser realmente muy caro. La bombacha era bien cola-less, como casi todas las que había en el placard.

Luego del desayuno, anduve todo el día de esta forma por la casa. Lo peor es que como eran gente de dinero, por esa casa circulaba mucha gente, jardineros, sirvientas, mayordomos, incluso invitados que venían a ver a la familia y todos me veían así, casi desnuda. Algo me reconfortaba, saber que era gente que en un mes no vería nunca más, pero igualmente el pudor se siente. Sin embargo, no mucho podía hacer, no tenía ropa que ponerme. Solo tangas y corpiños.

Ya era verano, así que ese día la pasamos una buena parte en la pileta. Yo no usé una bikini, sino que me metí al agua así como estaba, total cuál era la diferencia, y además había tantas tangas y corpiños en mi habitación que al subir podía cambiarme esta ropa mojada y ponerme otra. Los que estuvieron en la pileta, ya sea los dueños de casa, algunos invitados que cayeron a la casa, y/o empleados de los primeros, me miraron toda. Y mucho. Creo que hay muchas, muchas personas, en Francia, que me han visto por lo menos en ropa interior.

La verdad que ese día estuvo muy bueno y lo disfruté bastante.

A eso de las 15 hs., me llama Rikjard y me dice: “Mirá, los hombres prefieren los bronceados parejos, así que porque no te sacás la bombachita y el corpiño así te quemás mejor”. Yo bien obediente, hice lo que me pidió y le entregué en la mano tanto la tanga como el corpiño. Quedé como Dios me trajo al mundo.

Rikjard también me dijo: -“Acostáte acá que te voy a pasar el bronceador” y se dedicó unos quince minutos a paserame el bronceador por todo mi cuerpo. Empezó por la espalda, la recorrió toda, muy suavemente y muy despacio también; se fue a las piernas, en dónde hizo lo mismo y luego llegó al culo, me lo toqueteó todo un rato largo largo largo.

Luego me dijo. –“Ahora date vuelta que te voy a poner de adelante”.

Repitió un procedimiento similar, primero me pasó por los hombros, luego por la panza, el ombligo, las piernas y todo para llegar a las tetas, las que me manoseó y magreo por un rato largo largo. También me metió mano en la vagina. Vio que tenía algunos vellos púbicos y me dijo: -“Espera que de pasó vamos a aprovecha parar rasurarte” e hizo llamar a una sirvienta y le pidió que traiga las cosas. La sirvienta trajo una palangana con agua, una crema especial y una hojita de afeitar. Rikjar me colocó la crema por la vagina, y luego con mucha paciencia me la depiló a cero. Al terminar me enjuago muy prolijamente, se ve que había hecho esto muchas veces.

A los 3 o 4 días, me acostumbré a andar en ropa interior por la casa. Dejó de darme vergüenza y se tornó algo “natural” el hecho de que los sirvientes, mayordomos, dueños e invitados me miraran. Y si bien me sentía un poco puta, trola, algo en mi interior se encendía con esta situación. Conciente o inconcientemente cada día buscaba las tangas más chiquitas y sexys, las más provocativas. Incluso al vestirme me fijaba, que la tanga que me ponía se me metiera bien bien dentro del culo. Y también elegía cuidadosamente los corpiños, si bien tengo naturalmente hermosos senos, elegía aquellos que me los realzaran más, que los hicieran más turgentes, aquellos en los que parecieran más grandes. Seguramente esto era ni más ni menos que mi instinto natural de mujer.

El Burlesque estaba separado de la casa solo por una puerta. Yo todavía nunca había entrado. A la semana más o menos de aquella cena en la que empecé a andar semi-desnuda por la casa la La Sra. me invitó a pasar con la frase: -“Conoce el lugar, ambientate. Mira el lugar, fijate bien como es todo. Que mañana vas a empezar a trabajar”. Pasé así como estaba en ropa interior. Recuerdo que ese día tenía puesto un conjuntito rojo muy sexy. El lugar estaba lleno de hombres, y de mujeres también, vestidas más o menos con la misma cantidad de ropa que yo. Yo me quedé a un costado solo observando. Aunque era más observada de lo que yo observaba. La ropa interior roja hacía que me miraran bastante. Tomé una o dos cervezas que me invitaron desde la barra. Y traté de entender y descifrar “los códigos” del lugar.

Al otro día recién empecé como camarera. En bombacha y corpiño por supuesto. Ese era mi uniforme de trabajo y de estar. La Sra. me había dicho que tal vez tuviera que hacer un strip-tease, pero que la idea no era que hiciera “pases” con los clientes. También me dijo que iba a ser como un juego, que me iba a divertir y a vivir una experiencia nueva. No estaba segura hasta ese momento si me iba a resultar divertido o no, pero estaba segura de que era un experiencia completamente nueva.

No estaba en los planes, y yo solo era una camarera más, hasta que un cliente me vió, se ve que le gusté y me solicito especialmente. Yo no quería hacerlo. Cuando lo vi, no era un tipo tan feo, de hecho era algo atractivo. Era alto, era rubio, realmente no me explicaba que hacía un hombre así en un lugar como este. La Dueña de Casa se acercó a mí, me lo señaló con un ademán de cabeza, me dio una palmadita en el culo y me dijo: -“Dale es él, pasa con él”. Y luego nos presentó: -“Hola ella es Natalia, él es Kevin, es irlandés, y ella, el caramelito que te vas a comer, es de Argentina”. “Hola, ¿Que tal?” lo saludé yo y el me contestó algo similar. Hablaba muy poco en español, yo hablo en inglés, pero él hablaba cero español.

Madam continuó la presentación, sólo que la hizo un poco más física: -“¿Estás seguro Kevin o querés ver alguna otra chica?” Le preguntó. Luego tomó la mano de él, la derecha y la llevó hasta uno de mis senos, y le dijo: -“Tocá, mirá lo que es esto, carne de primera”. Ni Madam ni yo estábamos seguros acerca de si Kevin estaba convencido o no, entonces Madam que era una excelente vendedora y mujer de negocios (más adelante me enteraría que fuera de este ámbito era una reconocida empresaria, incluso hacía consultoría en empresas y había escrito dos libros, pero le encantaba la noche más que la vida misma) prosiguió: -“Nati date vuelta”. Yo me di vuelta y quedé de espaldas a Kevin. Madam tomó mi bombachita y me la bajó un poco. Me quedó donde empieza el culo, y luego me dio una nalgadita. “Mirá lo que es esto Kevin” le dijo, “¿Estás seguro de que no estás convencido?”. Y Kevin se convenció. El mismo me subió la tanga y dijo: “Ok. Acepto. En la habitación de siempre”.

Madam me condujó hacia una sala privada en dónde una de sus asistentes, Roxana me arregló un poco el pelo y me dio algunas indicaciones y consejos. Roxana no era ni más ni menos que una ex puta que habia decidido por un tiempo alejarse de la actividad. Lo que me dijo fue: -“Hacé todo lo que te pida. No te niegues a nada. Igual no te asustes este tipo es buenísimo. Si el te pide que te desvistas o bailes, hacélo. Si el te quiere desvestir, dejáte. Dale una buena chupada, eso siempre les gusta y hacéles creer que te están matando con el sexo que están dando. Hacéles creer que estás recibiendo los mejores pijazos de tu vida. Pero siempre tranquila, vos manejá la situación que actitud y condiciones para puta no te faltan”.

Una vez lista, me indicaron el camino hacia los cuartos privados, al 314, una habitación que él conocía perfectamente ya que era habitué del lugar. Entré a la pieza y él me estaba esperando, ya estaba desnudo por completo, con la verga bien erecta. Yo pensé: “Oh esto va demasiado rápido”. Estaba en mis planes conocer algún chico lindo en mi viaje por Francia, pero no de esta forma.

Volviendo a la realidad y saliendo de mis pensamientos, era una pieza de tamaño medio, con no mucho más espacio que para una cama, aunque tenía su bañito privado.

Se paró y se acercó. Y me pegó una cachetada fuertísima en la nalga. Lo miré y sin decir nada, puso su mano en mi corpiño para desabrocharlo. Lo hizo, me lo sacó y enseguida y quedé en tetas. Solo protegida por mi bombachita, que tampoco demoraría mucho tiempo en volar. Y efectivamente me la sacó en un segundo, se ve que la lencería no lo apasionaba demasiado. Me toqueteó toda, como hacia rato no me manoseaban, ni mi novio, ni algún chico que me gustara. Me estrujo el culo y las tetas una y otra vez, mientras me besaba en el cuello, en la boca, o alternaba con chuparme los pezones también. Me apoyaba su miembro en la conchita, me lo hacía sentir, me hacía sentir quién mandaba, que él era el cliente y yo bueno … la flamante puta. Me puso de espaldas a él también y me apoyaba la verga en el culo, aunque sin penetración todavía, esto me calentó muchísimo, me puso a mil. Y mientras tanto me tocaba las tetas y me seguía besando el cuello. Yo no se crean que me quedaba atrás, con mis manos me deleitaba tocando su importante miembro y acariciando sus huevitos. Que luego debería seguramente de probar con la boca. Ya me lo veía venir.

Cuando se aburrió de tocarme y ya estaba listo para más acción, me hizo arrodillar en la cama y que le pusiera el condón con la boca y se me dificultó bastante ya que nunca lo había hecho. No tenía experiencia en hacer eso, tan propio de las prostitutas. Le di una buena fellada, o por lo menos hice lo mejor que pude, estuve un rato bien largo con su largo vergo en la boca.

Se la chupé por un larguísimo tiempo. El se calentaba. Yo metía su miembro hasta el fondo de mi garganta. Y usaba solo mi boca, no las manos. Cada tanto lo sacaba de adentro mío y le lamía los testículos. Ahí sí, mientras le lamía los testículos usaba mis manos para acariciarlo y masturbarlo. El estaba realmente  muy caliente. Tanto que se sacó el forro y me hizo que se la siguiera chupando. Cada tanto me tomaba fuerte del pelo, me sacaba su verga de la boca y me hacía lamerle los huevos nuevamente. Y finalmente pasó lo que están pensando, no me avisó y descargó como les gusta hacer a los hombres casi toda su leche en mi boca. Pero lo último que escupió su pene, me lo tiró en las tetas. Yo con el dedo índice de mi mano derecha, me lo pasé por el semen que tenía en las tetas y me lo introduje en la boca al tiempo que se le sonreía pícaramente. Eso lo calentó mucho mucho mucho.

El descansó un poco. Se pidió un whisky a la habitación y se lo trajeron. Se lo tomó y luego la cosa siguió. Que rara me sentía. Una experiencia nueva, que pasaba por mi vida como un torbellino. Parecía que fue ayer que estaba subiendo al avión y ahora … Tantas cosas nuevas vividas.

Mientras yo pensaba y me pasaban miles de cosas por la cabeza a Kevin sólo le pasaba una: el sexo. Entonces me hizo que volviera hacia él y me empezó a besar en la boca. Esta vez estábamos los dos acostados en la cama. En cierta forma esta vez fue distinta, me trató de manera mucho más dulce. Casi como si fuera su novia. Me dio muchos besos, me chupó un poco los senos y me estimuló el clítoris con sus manos. Lo cuál me encendió realmente. Me calentó mucho y casi me provoca un orgasmo antes de que me penetrara. Kevin sabía donde tocar. Pero también sabía cuando parar y antes de que yo estallara de placer, el hizo una pausa y comenzó con la penetración vaginal. Esta vez fue algo muy lindo, muy suave. Una penetración rítmica y cadenciosa la que me dió. Fue por un intervalo de 45 minutos más o menos que estuvimos de esta forma. Fui muy lindo como me trató, me sentí protegida por él, realmente como si algo nos uniera, aunque en el tercer coito volvería a la realidad de que no. Cuando acabó, descargó su leche dentro mío, con profiláctico obviamente. Y yo acabé con él casi al mismo tiempo. Fui un momento muy lindo. Mi primer orgasmo francés y vaya que había sido de los buenos.

Se tomó otro descanso y otro whisky. Al volver a la acción me puso en cuatro esta vez en la cama y me hizo el sexo anal. Todo lo que había pasado antes desapareció. No le importó nada mío. No me lubricó bien y al principio me dolieron mucho sus penetraciones. Si bien no era virgen del culo, no lo había hecho demasiadas veces. No estaba tan dilatado mi anito. A él poco le importó, me puso en cuatro y me empezó a dar bomba. Encima como ya era el tercer polvo, le costó muchísimo acabar y me dio bombazos muy fuertes por el culo por largo tiempo. Tanto que al otro día, me dolía un poquito. Cuando estaba por acabar, hizo lo mismo que hizo cuando me puso su pene en la boca, se sacó el forro, volvió a penetrarme, bombeó un par de veces más y luego descargó todo su leche dentro de mi ano. Que sensación deliciosa debo confesar. Pero no me gustó que no me preguntara o pidiera permiso. Sin embargo yo seguía los consejos de Roxana, que algo sabía del tema: “Hacé todo lo que te pidan”.

Luego se tomó algunos descansos más, algunos whiskys y me echó algunos polvos más, pero no les voy a contar todos para no aburrirlos, pero puedo decirles que era bien potente, me cogió y re cogió. Tal vez fuera así naturalmente o tal vez habría tomado algo que lo ayudase a tener tanta duración y potencia.

Esto fue el primer día. Y cómo ese cliente era un cliente importante, habitué y pagó una importante suma de dinero, estuvo casi toda la noche conmigo. Cuando volví al bar, luego de ser recontra recogida, eran algo de las 5 de la mañana. Ya estaban casi por cerrar y no quedaban muchos clientes. Ahí me tomé otra cerveza, un poco para sacarme tanto gusto a leche y a condón de la boca. Un cliente más quería pasar conmigo, pero Madam decidió que por esa noche era suficiente, por ser la primera y además el cliente no tenía el dinero suficiente para pagar la elevada suma de dinero que Madam había fijado como tarifa para estar conmigo. Madam le hizo entonces un precio más bajo, pero sólo para que bailara un poco frente a él, me desnudara frente a él de manera sexy, y luego tomara un trago sentada en su falda. Hice todo lo que me pidió e indicó Madam. Cuando ya estaban cerrando y los clientes se debían ir, este cliente me dijo: -“Bueno, ahora quiero vestirte”.

“Ningún problema” dije yo.

Entonces él, tomó de arriba de la mesa mi tanguita y me la puso, de paso obviamente que aprovechó para toquetearme la cola y la vagina e hizo lo mismo con el corpiño y mis senos. Y me gané una buena propina que me pusó en la bombacha. Bien adentro de la tanga, no en las tiras de los elásticos como es la costumbre. El bar cerró y yo me fui a descansar.

Llegué a mi habitación y como era costumbre, me desnudé. Me miré frente al espejo y me vi muy linda. Intenté hacer un balance de todo lo que había pasado en el día, y tenía un torbellino de ideas, así que no pude hacer ninguno, ni sacar nada en claro, lo único que recuerdo, es que cuando me miré frente al espejo, así toda desnuda, sonreí.

Al siguiente día, tuve que ir a trabajar al NighClub. En este día, no hice ningún pase pero bailé con varios clientes. En el lugar cada tanto ponían música para bailar y a algunos clientes les gustaba bailar. Bailábamos ritmos como salsa, merengue, y similares y me hacían girar y cuando me daba vueltas me tocaban o pellizcaban el culo. Yo, y otras chicas, bailabamos así en bombacha y corpiño y eso calentaba a los hombres y los llevaba a beber más o bien a “pasar” a los privados a tener sexo. A mí me encantaba bailar, así que este segundo día de burlesque fue muy lindo y divertido. Sin sexo explícito y con mucho baile, muy sensual y erótico, ya que lo hacía casi desnuda para hombres que no conocía, pero nada pasó de algunas tocadas lógicas de mis nalgas y de fuertes apoyadas de penes en mi culito. Lo cuál esto último no me molestaba, ya que en el colectivo o en el tren siempre me apoyan, especialmente los hombres mayores.

Al tercer día de burlesque ni pasé con algún cliente, ni bailé con ningún cliente. No sé si esto fue casualidad o parte de un muy planeado y proyectado entrenamiento que Madam tenía en su perversa cabeza. En este tercer día trabajé de otra modalidad. Creó que era la peor de todas.

En esta los clientes pagaban, íbamos a un privado y se masturbaban solo con mirar. Esto era claro mucho más barato y accesible que “pasar”. Esto lo tuve que hacer un par de veces, y no sé si no era peor que ser garchada. Era por lo menos más desagradable. Muchos viejos pagaban por verme desnuda y masturbarse ahí delante de mío. Creo que sin duda eso era peor. Algunos me decían “Juntate un poco las tetas” o “A ver date vuelta y mostrame el culito”. Yo obedecía y hacía lo que me pedían, pero me daba bastante repulsión esta gente, no así los otros.

La mayoría de los que se acogían a esta modalidad gustaban de “hablar sucio” y me decían las peores barbaridades que hube de escuchar en mi vida. Alguna irreproducibles, pero todo el tiempo me decían cosas como “Putita”, “Que trolita que sos”, “Cómo te gusta la verga”, etc. y muchas frases de este estilo.

Sólo una vez tuve que hacer un domicilio y Ohh casualidad, fue el cuarto día. No se porque pero me acuerdo el Nombre y Nro. de la calle, la calle Rhing 383, era cerca de la Torre Eiffel. Un médico prestigiosísimo. Quiso jugar a la nena y el doctor. Y pidió a Madam una linda puta, pero que no tuviera tanta cara de puta, que no estuviera consumida por la noche, entonces Madam pensó inmediatamente en mí. La única que tenía en su harém de bellezas que no estaba consumida por la noche. En mi rostro todavía se veía inocencia. Que iba perdiendo de a poco.

Me arreglaron como una reina, como una diosa. Estaba vestida muy hermosa muy linda, muy distinguida.

Me llevaron en limusina hasta la puerta del lugar y me indicaron que timbre debía tocar. Me prepararon una cartera con todos los elementos necesarios para la tarea, condones, lubricantes, algunos juguetitos, etc..

Toqué el timbre: “Ring” sonó el timbre de la calle Rhing 383.

Me atendió el médico y me hizo pasar a su residencia. Como ya les mencioné su fetiche era jugar a “la nena y el doctor”. Y jugamos todo un día. El me revisaba, me hacía desnudar, me pasaba sus “instrumentos” médicos por todo mi cuerpo una y otra vez. Y finalmente me cogía también una y otra vez. Pero esto es un episodio que tal vez les cuente más en detalle en otro relato.

A partir del quinto día, los días se fueron repitiendo. Pero en general se parecían al primero y al segundo: hacía “pases” con los clientes, y bailaba un poco con ellos. También alguna que otra vez hice algún que otro strip-tease a pedido de algún cliente. Pero no hice más domicilios ni por suerte Madam me expuso a que se masturbaran conmigo (yo le había comentado que no me gustaba y ella me dijo que no me preocupara que no iba a ocurrir más).

A los 10 días más o menos, llego a mi pieza. Me quiero cambiar y veo que esta vez había solo tangas y había un nuevo cartel relativo a la ropa: “Esta semana hemos cambiado las reglas, ahora solo podrás usar una prenda para cubrir tu cuerpo y será una tanga. No puedes usar nada más a no ser que nosotros te autoricemos. Si te vemos aunque sea una vez con un corpiño puesto, tomaremos severas medidas. Rikjard y Madam”. Nuevas reglas, parecía casi lo mismo, pero de hecho no lo era. A lo otro ya me había acostumbrado, a esto tendría que acostumbrarme. Y no sería fácil. Así como uno se siente seguro con ropa, yo me sentía “vestida” (por efecto del acostumbramiento) en tanga y corpiño. Pero ahora, debería sentirme nuevamente desnuda por un tiempo hasta que me acostumbrara.

Y estas reglas regían para todo. O sea que cuando iba al Cabaret, ya entraba de movida en tetas. Los hombres no paraban de mirarme, de “violarme” con la mirada.

La nueva perversión que conocí de Rikjard fue que cuando a la mañana venía algún cartero o alguien a entregar algo me hacía ir a mí a recibirlo. Y no me daba ropa adicional. Tenía que salir así en tetas. Los empleados postales y/o similares no entendían absolutamente nada, pero se deleitaban con la visión que Rikjard les ofrecía.

Los días en tanga directa en el Cabaret, tuvieron mucha más acción que antes, los hombres se calentaban con más facilidad conmigo y me elegían mucho más que antes, con lo cuál tuve que hacer muchos más “pases” con clientes que antes.

Para si, entre Rikjard y Madam, comentaban y pensaban: “Va muy bien, aprende muy rápido esta chica. Tiene un futuro, si le interesa, extraordinario”. “Hay que ver, hay que esperar, darle su tiempo de maduración, pero condiciones y actitud no le faltan”.

A los 8 días de haber andado en tanga todo el tiempo por la casa, llegó a mi habitación y para mi sorpresa, un nuevo cartel: “Nuevamente hemos cambiado las reglas. Esta semana, solo podrás usar sostén para cubrir tu cuerpo. Te vas a sentir bien putita con tu conchita al aire, seguramente más que antes y tal vez como lo que eres, una putita. Al estar tu culo descubierto por completo, cualquiera lo puede tocar o nalguear en cualquier momento y no te puedes resistir, pues esas son las reglas de la casa. Gracias. Rikjard y Madam”.

Pensé en ir a protestar pero luego me di cuenta que sería inútil. Quería aunque sea usar tangas. Además, los corpiños me incomodaban y me parecía sin sentido usar corpiño y no tanga. Cuando le comenté esto a Rikjard y Madam que prefería usar ropa interior completa, o solo tanga si tenía que elegir o completamente desnuda si no había chance de que me autorizaran a usar tangas. Ellos muy estrictos me dijeron: -“Las reglas son las reglas y debes aceptarlas”. Y no me quedó otra que aceptarlas. Así transcurrieron varios días, casi 11 en los que mi vagina anduvo bien ventilada.

Mientras tanto de noche seguía trabajando en el NightClub de la familia. Ahora entraba directamente en sostén y nada más. Alguna veces me permitían ponerme alguna falda transparente, pero no tangas. Y eso hizo que los clientes me eligieran mucho más que antes e hice muchísimos pases. Había tenido más sexo en par de semanas que en toda mi vida anterior. Incluso muchos clientes, como ya estaba en conchita, me hacían que les suba arriba, me hacían desabrocharles sus braguetas, sacar sus vergas y me cogían ahí en el salón. A la vista de todos. Me hacían quedar como la más puta entre las putas, ya que alguna que otra vez no pude aguantar y me corrí con todo. Y me fui transformando en la más puta entre las putas.

A los 11 días de haberme casi acostumbrado a andar mostrando mi concha y mi culo por todos lados, llego a mi habitación y ahora el placard estaba lleno de ropa, pero era ropa algo anticuada, bastante conservadora, no había una sola minifalda, o una musculosa escotada. El cartel del día decía: “Toma esto como un entrenamiento. Ya puedes vestirte, con lo que quieras que hay aquí. Esta ropa es tuya, te la regalamos toda, incluso cuando vuelvas a tu casa puedes llevarte lo que quieras. No puedes andar más desnuda por la casa, ni siquiera puedes usar biquini y No puedes ingresar más a la Casa de Burlesque. No debes, ni puedes trabajar más allí. Ya te has ganado el alojamiento y comida del que te hemos hablado. Rikjard y Madam”.

Ya no entendía nada. Había pasado el último mes casi desnuda todo el tiempo y ahora no podía. Estuve 5 días usando esta ropa, vestida como Laura Ingalls prácticamente y al 6to. día no aguante más. Estaba desesperada. Necesitaba desnudarme. Necesitaba que alguien viera mi vagina, mi culo, mis tetas. Que alguien me rozara incidentalmente o intencionalmente, necesitaba exhibirme en ropa interior en el Cabaret y que los hombres se babearan conmigo, necesitaba bailar strip tease para los clientes, ponerles un condón con la boca y que luego me cogieron y re-cogieran. Necesitaba todo eso y más. Pero no. No me permitían más trasponer la puerta negra que daba al Cabaret. Estaba vestida casi como una monja, y ya la ropa me molestaba. Y por lo que me había comentado Rikjard esto iba a ser así hasta mi vuelta a Buenos Aires. Es decir que ya no iba a entrar nunca más al NightClub. Ni siquiera para tomar una cerveza o despedirme de las chicas. Con algunas de ellas, había entablado una buena relación y me habían enseñado unas cuantas cosas.

En otro momento, en otro rincón de la casa, Rikjard le comentaba a su mujer: -“Esta funcionando a la perfección el entrenamiento. Está sacando la putita que tiene en su interior. En unos días más te va a suplicar que la dejes volver a desnudarse y al Cabaret”. Y no se equivocaban para nada …

Un día no aguante más y si bien no lo tenía permitido me agarró como un ataque de locura, de pánico y me desnudé en el medio de la casa. Quedé desnuda completamente y comencé a andar así por la misma. A nadie le molestaba realmente, los mayordomos y sirvientes contentos, pero las reglas eran las reglas y yo las había quebrantado flagrantemente.

Rikjard me hizo llamar a su despacho. Me saludo muy cordialmente. Me preguntó que había pasado y yo le conté. Al final de la charla, en la que yo le expliqué y conté todo, él me puso un collar negro en el cuello, para marcar que estaba en peritencia. Aunque no me hizo nada. Me explicó que ese collar lo llevaría todo el tiempo mientras durara mi período de castigo.

Ese día a la noche pude volver al cabaret, pero sería de una manera especial.

Rikjard me mandó a decir por uno de sus asistentes que me estuviera desnuda en el jardín principal a eso de las 19 hs.. Así lo hice.

Fueron dos guardias de seguridad, dos gorilas, me ataron, me llevaron a una habitación oscura de la casa y me dejaron así hasta las 24 hs.. A esa hora, me llevaron al burlesque. Yo seguía teniendo el collár negro que marcaba que estaba en penitencia. Y sí antes fui un objeto sexual, un juguete sexual de varias personas durante varias semanas, en calidad de penitencia me tratarían con algo mucho más bajo y vil que ello.

Con los ojos vendados, amordazada con una de mis tangas en la boca y desnuda. Me ataron en el medio del Cabaret y dejaron una fusta a mano. Cualquier cliente que quisiera y gratis, me podía dar fustazos en el culo, en la vagina o en las tetas. También podían realizar conmigo otras prácticas medio sado como introducirme bolas chinas en el culo y demás. Yo estaba completamente expuesta e indefensa, desnuda y atada por las muñecas al techo.No veía, no podía gritar, solo sentir, lo que fuera que tuviera que sentir. En un momento tuve ganas de orinar y se lo dije a Rikjard cuando pasó cerca de mí. “Aguantate” me dijo él en un tono cortante. También los clientes podían introducirme dedos en la vagina. Muchos lo hicieron y me corrí una y otra vez, como una verdadera zorra delante de todos. No podía parar de gemir, de humedecerme, la sensación era de una lujuria total, aparte llevaba antes de esa noche casi una semana de abstinencia sexual. Más tarde me comentarían que al lado mío había un cartel con un listado de todas las cosas que los clientes podían hacerme gratis ese día y por cuáles tendrían que pagar. Hacerme sexo anal ahí delante de todos costaba unos 70 euros y si no me fallan las cuentas recibí unas 3 o 4 vergas por el ano. Sexo vaginal unos 50 euros y solo 2 quisieron hacermelo así, ya que estando yo parada se complicaba un poco. Otra cosa que me hicieron ese día fue: un cliente pagaba la suma correspondiente, entonces venía un empleado y al collar le ponía una soga que entregaba al cliente, me soltaban las ataduras de las muñecas por un rato, el cliente tiraba de ella y yo debía ir gateando hasta la mesa de ese cliente y practicarle sexo oral, tragandome todo el semen.

Fue una rara sensación, pero también tuvo algo de lindo. Yo estaba ahí, desnuda, atada y expuesta. Era menos que un juguete sexual. Menos que un animal sexual. Cualquiera de los presentes hacía conmigo lo que quería. Me tocaron, me penetraron, me hicieron de todo. Y me gustó. No me pregunten porqué. Sé que no es lo normal, lo lógico, lo convencional, pero me gustó y lo disfruté. Disfruté que me hicieran sexo anal, los fustazos, los petes, el sexo vaginal, en fin confieso que disfruté todo ese día de penitencia muy intensamente.

Al otro día ya había superado mi día de castigo y volví al Cabaret pero normalmente como en los días anteriores. Sin embargo no pude volver a usar ropa y mientras estuve en esa casa anduve o bien desnuda o por momentos en tanga. A partir de ahí saqué bien afuera la PUTA que hay en mí y fui en el Cabaret la más perra de todas. Batí todos los records de ganancias del mismo. No le hice asco a nada, hasta hicieron un Gang Bang conmigo en el medio del salón en el que me habrán cogido unos 20 a 24 clientes.

Así transcurrió más de un mes. Luego, por suerte el mes de intercambio estudiantil terminó. Los padres de Melanie me acompañaron al aeropuerto y me despidieron como si todo el mes hubiera sido un “intercambio estudiantil normal” y no como lo que fue. Que gente rara que eran. Por suerte terminó y volví a mi casa. Realmente no aprendí mucho de lo que venía a aprender a Francia, pero por cierto que aprendí muchas otras cosas y debo confesar que hoy ya devuelta en mi país y en mi vida normal, usar ropa me cuesta, por eso cuando puedo, aprovecho y me hago una escapada a playas nudistas.

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Violada entre cinco

Martes, mayo 6th, 2008

Lo que voy a relatar a continuación es algo muy reciente. Soy Alejandra, vivo en Buenos Aires, tengo 21 años y estudio en la UBA. Tengo un lindo cuerpo, de esos que los hombres se paran a piropear: soy morocha de ojos celestes, mido 1,70cm y la genética me bendijo dándome un hermoso culo y un excelente par de tetas, piernas esbeltas y abdomen chato.
Hace alrededor de un mes, recibí un mensaje de texto de un número desconocido, que decía: “TE ESTOY ESPERANDO. EL PINTOR” Dándome cuenta de que el mensaje no era para mí y como, cuando sonó el celular me despertó, conteste de mal humor: “No necesito un pintor, necesito un hombre que me coja”
Así empezamos a mandarnos mensajes por varios días hasta que decidimos conocernos. La primera vez nos vimos a la tarde, en un bar cerca de la galería pacífico. Elegí ese lugar porque tenía miedo de que el intentara hacerme algo pero, debo decir, fue todo un caballero aparte de ser muy buen mozo, bastante mayor que yo, de ojos claros, esbelto y dulce. Asique continuamos viendonos a lo largo de dos semanas, sin que pasara absolutamente nada: no tuvimos sexo.
Una noche me llama para salir, me dijo que me esperaba en un bar cerca de casa… yo, no tuve mejor idea que ponerme un vestidito corto sin corpiño y sin tanga y unos tacos altos negros que lucían mis bellas piernas. Cuando llegué al bar, me elogio y nos sentamos a tomar algo. Debo decir que bebí un poco demás  y cuando salimos del bar para tomar un taxi estaba mareada. Extrañamente el taxi nos estaba esperando afuera y extrañada le pregunté si él lo había llamado, a lo que me contestó que si. En el taxi empezó a manosearme, metía mi mano por debajo de mi falda, metía sus dedos en mi entrepierna a lo que yo intentaba resistirme.
En un momento dado, Javier (el pintor), habla con el taxista:
Pedro, dobla acá que nos están esperando.
Entonces el auto dobló y  se detuvo a media cuadra. Allí subieron tres hombres: uno muy joven, otro gordo y grasoso y, el tercero,  de la misma edad de Javier.
Yo le dije: que pasa??
y no me contestó. Los tipos empezaron a manosearme mientras el auto arrancaba.  El gordo y el viejo venían sentados conmigo y con javier, me chupaban los pezones, me masturbaban, mientras el joven le daba indicaciones al taxista. Grité y el gordo sacó una navaja y me la pusó en el cuello. Me dijo que me calmaba o me mataba. Después me ataron las manos y me vendaron los ojos, me amordazaron y siguieron tocandome. Luego de un rato de manosearme, que pareció una eternidad, y yo había pasado ya de asustada a excitada y curiosa, el auto se detuvo.
Me bajaron del auto a empujones, tenia la navaja al costado de mi cuerpo, me metieron en una habitación y entraron los cinco detrás mío. Javier me desvendó los ojos y me desato la mordaza. Me empujó sobre la cama y destrozó el vestido con la navaja. Así me desnudo. Ellos no perdieron tiempo y se desnudaron al vuelo. Pude ver sus penes erectos y algunos,como el de javier, enormes. Me miró, en tanto, el taxista y me dijo: “ahora vas a ser nuestra puta, y si tratas de hacernos algo o irte t matamos”
Lo miré y me largué a llorar. Javier puso su pene en mi boca y apenas lo metió, lo mordí…lo cual me valió una cachetada. Volvió a intentarlo y esta vez lo logró, asique me metió su gran pene de una hasta el fondo. El gordo, mientras tanto, me gritó que abriera las manos, que lo iba a pajear a él y al taxista. Asique obedecí y empeecé a masturbarlos con ambas manos.
Como yo estaba acostada, los otros dos empezaron a meterme sus dedos en el coño, de pronto tenía 8 dedos en mi conchita y me dolía pero no me quejaba. Acabé enseguida
El gordo le grito a Javier que se corriera, que iba a acabarme en las tetas. Javier salió de golpe mientras el gordo se meneaba la pija para acabarme y otro de los hombres me mordía el clitoris. Allí volví a acabar. Me excitaba mucho lasituación y tuve otro orgasmo bestial. Mientras unos me lamían las tetas, el taxista empezó a meterme un dedo por el orto. Mi culito era virgen y me dolía muchísimo, y grité de dolor. El taxista, dándose cuenta de esto, dijo que tenía el culo virgen y me agarró del pelo y me pusó en cuatro dispuesto a culearme. Javier entonces dijo: “Yo la traje, yo la desvirgo” Y se pusó atrás mío. El más joven mientras se deslizó por debajo mío y me empezó a lamer nuevamente la concha, mientras el más viejo me ponía la polla en la boca. Los otro me seguían tocando las tetas desesperados.
Javier empeezó metiendome un dedo en el ano, luego dos… grité de dolor con la pija del viejo estallando en ese momento en mi boca. Me obligó a tragarme toda su leche, mientras Javier empezaba a meter la cabeza de su pene en mi culo. Costó bastante que entrara pero, cuando lo hizo, me la metió toda de un solo golpe, haciendome gritar de placer y dolor. Empezó a menearse cada vez más rápido, hasta acabarme en el orto de donde empezó a salir la leche por mi  agujerito abierto.
Tuve otro orgasmo. Entonces el taxista se metió debajo mío y me metió la pija en la concha con todas sus fuerzas y el gordo me metió su polla en la boca, mientras el más joven tomaba el lugar de Javier para culearme.
De pronto tenía una pija en cada agujero y una polla en cada mano. Acabé de esa manera dos veces.
Entonces a Javier se le ocurrió que no había sido lo suficientemente culeada y lo mandó al gordo a acostarse debajo mío, mientras él buscaba algo en el cajón.
Otra vez tuve la pija del viejo en mi boca, mientras Javier me culeaba y el gordo me daba por la concha. De pronto sentí un gran dolor en el ano. Javier me estaba metiendo un consolador aparte de su pija. Tenía dos pijas en el orto. AH… gemía de placer y dolor, me dolía pero estaba demasiado excitada.
Asi siguieron un rato hasta que el gordo empezó me levantó y dejo meterse al más joven debajo mío y sobre él. (Tenía al viejo en la boca, al joven y al gordo abajo mío y Javier con el consolador y su pija en el orto, mientras pajeaba al taxista)
El más joven me empezó a meter su pija por la vagina mientras el gordo se acomodaba y me empezaba a meter su pija también por el orto. Tenía  tres pijas en el culo, estaba sumamente excitada y acabé otras 4 veces más.
Así siguieron hasta que todos me metieron la pija en mi culito virgen y por mi coño.

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