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Mi cruel vecina

Toda historia tiene su comienzo, y este fue el día que heredé la casa de mis abuelos. Una vivienda de grandes dimensiones ,situada en un viejo y tranquilo barrio en el centro de la ciudad. Hace muchos años el barrio estaba habitado por personas con cierto status o clase social elevada, ahora el barrio con el paso de los años se ha quedado obsoleto y sus viviendas son bastante antiguas por falta de rehabilitación. Hoy en día el barrio está ocupado en su mayor parte por gente de avanzada edad , lo que hace que sea bastante tranquilo y quizás aburrido.

Me detuve frente al portal que da acceso a mi nueva comunidad de vecinos. Me sorprendió su amplitud y la multitud de cristales que componen la puerta de entrada. En la entrada una alargada alfombra te da la bienvenida y te conduce hasta las escaleras que dan acceso a las cinco plantas que componen el inmueble. El edificio no posee ascensor y valga decir que yo vivo en la quinta planta. Subí despacio y a la vez exhausto las escaleras relucientes de mármol blanco. Un silencio sepulcral reinaba en todo el edificio. A cada paso que daba resonaba el eco de mis zapatos sobre el reluciente suelo. Tenía la sensación de estar en una vieja iglesia o monasterio por el silencio absoluto que predominaba ,y por el frio que inundaba la atmosfera ya que no había ventanas que comunicasen con el exterior. Un fuerte olor a lejía reinaba en el bloque, estaba pulcramente limpio, quizás demasiado, no había el más mínimo resto de suciedad. Agotado llegué hasta la quinta planta, mis pulmones de fumador no aguantaban tantos peldaños. Abrí la puerta y comencé una nueva etapa en mi vida.

En el transcurso de los días siguientes ,tuve la oportunidad de conocer a la mayoría de mis vecinos. En la primera planta vivía una anciana enferma y su amable hija que cuidaba de ella. En la segunda planta una pareja de ancianos encantadores que rápidamente me conquistaron con su simpatía y amabilidad. En la tercera planta una pareja de jubilados que pasaban sus días viajando de aquí para allá. En la cuarta planta ,bajo mi casa, vivía una mujer viuda de un comisario de policía , muy antipática y poco sociable ,que además de ser vecina de la comunidad es la encargada de la limpieza y cuidado del edificio, recogida de basura y cualquier tema relacionado con el orden y mantenimiento. Esta ultima vecina que he mencionado no era para nada de mi agrado, era como el sheriff del edificio. Una mujer autoritaria ,amante del orden y la limpieza .

Tardé tan solo unos pocos días en enemistarme con mi odiosa vecina de la planta de abajo. Comenzamos a discutir a diario por diferentes temas de orden y limpieza . Se quejaba de mis continuas fiestas y juergas en casa hasta altas horas de la madrugada. Se quejaba del ruido y alboroto que provoca , del vaivén de personas que entraban y salían de mi casa y del edificio , la música alta a cualquier hora del día… la suciedad y colillas de tabaco que dejábamos en la escalera y zonas comunes, un sinfín de temas que la molestaban amargamente. Me gane su odio en un tiempo record , este era el principio de una gran enemistad.

Si pensáis que mi vecina es una mujer atractiva de curvas de infarto de cualquier película erótica estáis muy equivocados. Es una mujer de complexión grande ,voluptuosa, gruesa de caderas y un culazo enorme. Supera los cien kilos de peso sobradamente y tiene unos brazos corpulentos y piernas anchas que la dotan de gran tamaño y fuerza. Su edad supera los cincuenta años y su vestimenta siempre es de color negro, “la viuda negra” así la llaman en el edificio los amables vecinos del primero.

Todas las mañanas ,me encuentro a mi detestable vecina limpiando la escalera, enfundada en sus sucios guantes de goma y fregona en mano .Es adicta a la limpieza y el orden, tanto que apesta a lejía y amoniaco el edificio. Podría contaros muchas situaciones de tensión entre mi vecina y yo, pero para no aburriros os contare la ultima discusión de muchas que aconteció días antes del desenlace de esta historia. Salí de mi casa temprano para ir a mi puesto de trabajo y me encontré como cualquier otra mañana a mi vecina con sus guantes de goma limpiando a fondo las escaleras. Al aproximarme al lugar donde se encontraba se plantó en medio de la escalera cortándome el paso y dirigió su tono de voz chirriante hacia mi completamente enfurecida. Me reprochó el escándalo que había armado la noche anterior .La verdad, he de reconocer que organicé una fiesta que se me fue un poco de las manos en ruido y duración. Continuó reprochando mi conducta y malos modales:

– Eres un sinvergüenza y un mal educado. No muestras respeto hacia los demás …. bla bla bla…. eres un … bla bla bla – Me reprochó elevando su tono de voz.

Hice caso omiso a las quejas de mi vecina y alejándome la dediqué unos insultos y burlas muy divertidas sobre su cuerpo y persona que mejor omitiré. Por supuesto mis burlas no la gustaron nada en absoluto. Mi comportamiento fue más de un niño que de un hombre adulto de mi edad pero me sacó de mis casillas . Mis palabras aumentaron enormemente su enfado y rabia hacia mí. Pude observar el humo que desprendía su cabeza y los rayos que salían de sus ojos producido por su ira.

– Te prometo que un día me encargaré de darte tu merecido – Me grito furiosa mientras yo me marchaba riéndome a carcajadas .

No volví a encontrarme más a mi vecina en los siguientes días al suceso acontecido , algo muy extraño ya que siempre estaba tocando mi timbre para quejarse por algo o esperándome enfurecida por las mañanas. No le di mayor importancia y continúe disfrutando de mi libertad y vida de soltero . Iluso de mi ,pensé que se había dado por vencida y comprendido que no podía hacer nada contra mí actitud chulesca y rebelde . Victorioso de mi, había dado por ganada la batalla antes de tiempo ,sin sospechar nada de lo que ocurriría los días posteriores.

Una de muchas noches en las que llegaba a casa borracho me encontré que la luz de la escalera no funcionaba. Pensé que era algo normal debido a la antigüedad del edificio, habrían saltado los fusibles. No tuve más remedio que subir las escaleras a oscuras y a tientas. Exhausto y agotado alcancé la cuarta planta, ya solo me quedaba un piso para llegar a mi casa y dejarme caer en mi cama . La puerta de mi vecina se abrió de forma silenciosa sin darme cuenta, tanto que no la escuche. Me dispuse a subir el último tramo de escaleras cuando algo me sobresalto. Alguien se abalanzó sobre mi por la espalda rodeándome fuertemente con su antebrazo por mi cuello. Su fuerza era descomunal y me presionaba fuertemente con su brazo impidiendo pudiese escapar. Sujeto sin poder moverme y sin tiempo de reacción noté como mi captor acercó su otra mano enguantada a mi rostro. Me tapo la nariz y boca con un trapo impregnado en un desagradable y potente liquido. ¡¡¡ Era cloroformo¡¡¡ . No pude evitar dejar de respirar el contenido de aquel trapo húmedo sin poder escapar de entre aquellos poderosos brazos que me sujetaban. En apenas unos segundos, fui cayendo en un estado de inconsciencia hasta perder el conocimiento.

Desconozco el tiempo que permanecí dormido o inconsciente, no sé si fueran horas o minutos . Desperté en una habitación completamente desconocida para mí. Me encontraba tumbado bocabajo sobre una cama que no era la mía, sin saber donde me encontraba. Giré la cabeza a un lado y quedé completamente sorprendido al encontrar a mi detestable vecina sentada relajadamente en una silla en un lado de la habitación. Me miraba fijamente con una sonrisa perversa y divertida en sus labios ,mientras adoptaba una cómoda posición en la silla con sus grandes piernas cruzadas. Apoyaba tranquilamente sus manos enfundadas en sus inseparables guantes de goma sobre sus rodillas y me miraba fijamente. Aparentaba un aspecto relajado y tranquilo como si nada la preocupase.

Me acordé de todo de inmediato, recordé como alguien me había drogado con cloroformo contra mi voluntad sin poder oponer resistencia. Até cabos y deduje que la increíble fuerza que me sujetó por la espalda era producto de mi vecina y su voluminoso cuerpo. Todo encajaba, los guantes de goma que sujetaban el trapo impregnado en cloroformo eran los de mi vecina. ¡¡¡ Ella me había hecho esto , ella fue quien me drogó ¡¡¡.

Reaccione presa del pánico y fui a incorporarme de la cama para averiguar que estaba ocurriendo, pero no pude levantarme. Traté de apoyar las manos sobre el colchón pero estas se encontraban atadas a mi espalda por algo metálico. Rocé con la punta de mis dedos mi sujeción y comprobé que eran una esposas metálicas. La vieja bruja me había esposado fuertemente mis manos a la espalda. ¡¡ Ahhhh me hacían mucho daño en mis muñecas , estaban muy apretadas ¡¡¡ . Intenté incorporarme con ayuda de mis pies pero estos también se encontraban sujetos por una gruesa y firme cuerda. Mi última opción fue arrastrarme para dejarme caer de la cama, pero un collar de perro rodeaba mi cuello y este a su vez estaba sujeto por un candado a uno de los barrotes del cabecero de la cama. Nervioso, intenté desatarme, patalear, arrastrarme pero todo fue en vano, estaba completamente inmovilizado en la cama de una forma muy eficaz. Mi vecina comenzó a reírse observando mis absurdos intentos por escapar. No era la primera vez que inmovilizada a alguien, demostró tener gran experiencia y pericia.

– Es inútil que intentes escapar, me he asegurado bien que no puedas hacerlo- .Me dijo sonriente observando mis vanos intentos por desatarme.

– ¡¡Suéltame¡¡, ¿ Porque me haces esto ? – Pregunté tartamudeando de forma nerviosa.

– Te Prometí que un día recibirías tu merecido. Bien , ese día ha llegado hoy, te voy a enseñar a respetarme – Me reprochó con un tono muy serio y amenazante.

– Suéltame ahora mismo puta – La grité airado.

Mi corpulenta vecina se levantó de su asiento enfadada y se dirigió hacia mí de forma airada.

– No volverás a insultarme o faltarme al respeto nunca mas . Voy a cerrarte esa bocaza – Me reprimió de forma airada a la vez que su mano enguantada atenazaba mi pelo fuertemente.

La señora introdujo su mano por debajo de su falda y deslizó sus grandes bragas por las rodillas y tobillos hasta quitárselas. Estrujó sus bragas haciéndolas un ovillo, y se acercó a mi sujetándolas en una mano. Me sujeto fuertemente por detrás con su antebrazo aplicando una fuerza sorprendente tal como utilizó en la escalera con el cloroformo y dirigió su tono de voz hacia mi :

– Abre la boca estúpido – Me ordeno a la vez que me sujetaba la cara rodeándome con su antebrazo.

Me negué en rotundo a abrir la boca. Era consciente que quería amordazarme con sus grandes bragas usadas y malolientes. La voz era el único medio del que disponía para pedir ayuda y poder escapar. La solución a mi negativa de no abrir la boca fue contundente por parte de mi vecina . Su mano enguantada atenazo mi nariz fuertemente impidiendo pudiese respirar por ella. No tuve más remedio que abrir la boca transcurridos unos segundos para respirar y fue el momento en que encontré su mano forzando sus bragas al interior de mi boca. Eran grandes y no entraban en mi boca pero insistió con sus dedos una y otra vez hasta que entraron rellenando por completo mi boca. ¡¡¡ Buaaaaggg, era muy humillante, sabían realmente mal ¡¡¡. Tapó mi boca con su mano a la vez que agarraba un rollo de cinta americana de color gris que tenía preparada junto a ella. Pegó el extremo de la cinta a mi boca y comenzó a dar vueltas una y otra vez rodeando mi cabeza con ella. No escatimó en cinta, se aseguró que no pudiese escupir mi mordaza dando muchas vueltas sobre mi cabeza. Escuchaba el inconfundible sonido que producía la cinta al despegarse del rollo y adherirse a mi boca.

– Hhhhhhmmmhhhmmm – Traté de gritar para pedir ayuda pero ya era demasiado tarde. No podía emitir sonido alguno . Nadie podría escucharme. Estaba fuertemente amordazado con sus apestosas bragas que desprendían un sabor rancio sobre mi boca.

Mi cruel vecina comenzó a reírse a carcajadas como una autentica bruja al observar cómo me encontraba inmovilizado sin posibilidad de escapar y ahora amordazado sin poder gritar. Era un muñeco bajo su completo control. La detestable viuda estaba disfrutando plenamente del momento ,ahora mandaba ella y podría hacer lo que quisiera conmigo, era un títere bajo su control.

– Hhhhhhmmmhhmmm – Intentaba gritar pero era absurdo, su mordaza era terriblemente eficaz y no podía articular palabra. La señora no paraba de reírse a carcajadas contemplando mi situación.

– Solo eres un fanfarrón y un chulo, sin tu sucia lengua no eres nada. Te voy a demostrar como trato a los chulos como tú, voy a quitarte las ganas de volver a faltarme al respeto -. Abandonó su sonrisa y adquirió un tono de voz muy serio y amenazante.

Inmovilizado y amordazado contemplé de forma pasiva como la vieja viuda se dirigió hasta un armario situado a un lado de la habitación. Abrió la puerta del armario y quedé completamente atemorizado con lo que presencie. Su interior estaba repleto de instrumentos de castigo y tortura. Había un sin fin de cadenas, cuerdas, sogas, candados… y sobre la barra del armario colgaban varios instrumentos de castigo ;látigos, paletas, varas, correas, fustas, paddle.. y muchos instrumentos que desconocía su utilidad. Ahora estaba claro que su carácter estricto y autoritario iba mas allá de su carácter, era una gran amante de la disciplina y el castigo.

– Utilizare este instrumento o quizás mejor este otro. No, para esta ocasión utilizare uno muy especial … – . Se burló de mi ,mientras elegía el instrumento de castigo que deseaba.

Se dio la vuelta y contemple aterrado como sujetaba en una mano una gruesa correa de cuero de color negro. Asustado intenté de nuevo escapar o gritar pero el resultado fue el mismo, no conseguí nada. Mi vecina quería azotarme con una correa, ¡¡¡aquello sería realmente doloroso¡¡¡. Se aproximó hasta un lado de la cama y con su rostro completamente serio me hablo de forma muy estricta:

– Ahora voy a castigarte como te mereces. Nunca mas volverás a insultarme, faltarme al respeto o desobedecerme. Llora cuanto quieras , será lo único que podrás hacer – . . Tiró del extremo de sus guantes de goma hasta ajustar sus dedos al guante para tener facilidad de movimiento. Contemplé aterrado la situación mientras la señora repetía el proceso en su otra mano.

– Hhhhhhmmm ,hmmmmm,hhhmmhhhmmm – Intenté gritar y patalear producto de mi desesperación .

– Nadie va a escuchar tus lloriqueos. Ahora estamos solos tu y yo – Me reprocho con un tono de voz perverso.

Levanto su mano enguantada con la que sujetaba la correa y la descargo contra mi trasero duramente. ZAAAAAASSSSSS. Su correa de piel se estrelló contra mi culo produciendo un sonoro chasquido.

– Hoy vas a aprender a respetarme. Voy a quitarte las ganas de volver a insultarme o burlarte de mí. Va a ser una noche muy larga para ti – . Mi vecina caminaba lentamente hacia mí y se detuvo a un lado de la cama . Sentí el aguijonazo de una avispa en mi trasero, una quemadura en la piel, un dolor intenso que me hizo ver literalmente las estrellas. Grité por el dolor producido pero la mordaza amortiguo el sonido, solo se escucho un débil “hhhmmmmfffffmmmm” en la habitación. Me sentí completamente impotente , estaba siendo azotado duramente y no podía hacer absolutamente nada, solo aguantar mi dolor

ZAAAAAAAAAASSSSSSSSS .Volvió a azotarme con fuerza en mi culo. Sentí un terrible dolor, un fuerte ardor en mi piel .

ZAAAAAAAAAAAASSSSSSS,ZAAAAAAAAAASSSSSSS,ZAAAAAAAAAAASS .Sus azotes fueron continuos y seguidos sin pausa. Eran terriblemente dolorosos, cada azote dolía mas y mas. Azotaba fuertemente sin aflojar el ritmo y mi culo comenzó a ponerse rojo y terriblemente irritado. Aguantaba el dolor entre mi mordaza pero cada vez era mas difícil. La bruja de mi vecina era realmente estricta y azotaba duramente sin compasión .

ZAAASSSSSS ZAAAAAAAAASSSSSSS Mi cruel vecina continuó azotándome son su correa ,ZAAAAAAAAAASSSSSS levantaba su brazo en lo alto y lo descargaba sobre mi trasero sin ningún tipo de remordimiento o compasión. Comencé a vivir una verdadera pesadilla, el dolor era insoportable y no aflojaba el ritmo ni la intensidad. El tiempo se detuvo, los minutos eran interminables. La azotaina era eterna, parecía que nunca iba a terminar. Mi cruel vecina llevaba azotándome treinta largos minutos, tenía el culo completamente dolorido y marcado por los azotes de su correa. El más leve roce del aire en mi piel me provocaba un fuerte ardor.

Mi corpulenta vecina se detuvo y se dirigió de nuevo a su armario, guardó la correa en su sitio. Pensé que todo había terminado, respire aliviado. Cuál fue mi sorpresa cuando cogió otro instrumento de castigo, solo se dirigió al armario para cambiar de utensilio. Agarró una caña fina de madera y regresó a su posición, a mi lado.

– Esto no ha hecho nada más que empezar, voy a asegurarme que aprendes la lección – . Mi detestable vecina blandió la caña en el aire provocando un pequeño silbido. Demostró con el sonido que aquel instrumento producía un dolor muy intenso. Se ajusto de nuevo sus guantes de goma a sus manos y comenzó de nuevo a azotarme.

ZAAAAAAAAASSSSSSSS, ZAAAAAAAAAAAAAASSSSSS. El dolor fue más intenso. Mi castigo empeoro, comencé a sufrir el verdadero castigo de mi vecina. Mi culo completamente dolorido no aguantaba un solo azote mas y ella no cesaba en su empeño ZAAAASSSSS ZAAAAAASSSSSS.A la vez que me azotaba me reprochaba mi comportamiento:

– Nunca más volverás a faltarme al respeto y mucho menos insultarme ¿ has entendido imbécil ? – Me reprocho severamente.

ZAAAAAAAAAAASSSSSSSSSSSS

Asentí con la cabeza rápidamente. había aprendió la lección, nunca más volvería a faltarla al respeto. Deseaba que todo terminara, deseaba suplicar a mi vecina su perdón pero no podía, continuaba fuertemente amordazado.

– Se acabaron las juegas, ruidos y llegar tarde a casa – . comenzó a darme instrucciones que debería cumplir al pie de la letra.

ZAAAAAAAAAAAAASSSSSSSSSS,ZAAAAAAAAAASSSSSSS

– A partir de hoy cuando necesite algo acudirás de inmediato y acataras mis órdenes sin rechistar sean cuales sean ¿ Has entendido ? – Asentí rápidamente con la cabeza, no volvería nunca a llevarla la contraria.

– si vuelves a faltarme al respeto o desobedecerme cogeré el frasco de cloroformo y volveré a castigarte . El castigo de hoy solo serán caricias comparado con lo que te espera si vuelves a hacerlo. – Sus palabras producían el efecto deseado, estaba completamente asustado. No se me pasaba por mi cabeza volver a desobedecerla en ningún momento. Había aprendido la lección.

Se me escaparon unas lagrimas por los ojos mientras la vieja bruja se reía perversamente de mi situación y mi castigo. Su vara continuo impactando duramente en mi culo una y otra vez. Recibí la mayor azotaina de toda mi vida. A partir de hoy debía de obedecerla y tratarla con mucho respeto, solo pensar que su castigo podría ser peor me atemorizaba.

Terminó de azotarme cuando quiso y quedo satisfecha , perdí la noción del tiempo, desconozco cuantos azotes o tiempo duro mi castigo pero fue una eternidad. Se inclinó sobre mi cara sujeta y tiró fuertemente de mi pelo hacia tras mientras me hablaba con un tono muy severo:

– Muy bien , espero que así sea, te aseguro que no dudaré en volver a castigarte si es necesario- La señora se acercó de nuevo hacia mí con su trapo empapado en cloroformo y lo colocó sobre mi nariz. Quede completamente dormido en cuestión de segundos sin poder hacer nada para evitarlo.

Desperté en mi habitación, tumbado sobre mi cama. Pensé que todo había sido una pesadilla, fui a incorporarme y note un fuerte dolor en mi culo, Ahhhhhhh¡¡¡¡ me dolía mucho, de pronto recordé todo lo sucedido. ¡No había sido un sueño¡¡¡.

Para cualquier comentario: sumisso22@yahoo.es

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Cogiendo con la amiga de mi madre

Era el primer verano que salía fuera de mi casa, y sólo conseguí permiso para pasarlo con una amiga de mi madre en la ciudad. Fue un viaje con muchas expectativas, yo tenía 18 años y había vivido en un pueblo relativamente pequeño, salvo esporádicas visitas a la casa de esta amiga.
Ella era mucho más joven que mi madre y realmente hermosa: bajita, de pelo ensortijado negro, parecía muy delgada pero tenia unas curvas exquisitamente proporcionadas y un par de nalgas redondas y firmes que nunca se preocupaba de esconder vistiendo falditas cortas y pegadas o vaqueros ajustadísimos. Su esposo era un ejecutivo alto y mas bien grueso, también moreno y de buen porte.
Cuando llegué fui muy bien recibido, me asignaron un dormitorio cómodo muy cerca del de ellos. La casa era cómoda y fresca y estaba en las afueras. Durante la cena bebimos vino, conversamos y finalmente me retiré a descansar… Era de noche cuando unos jadeos me despertaron. No tardé en entender algunas palabras… “Asssi… essso tócame ahí… vamos… oohhh… aahhh… más… vamos… métemela… métemela…”
Yo no podía creerlo pero era evidente que ellos estaban haciendo el amor con la puerta abierta. Como los jadeos continuaban, me acerquá silenciosamente al pasillo pude ver la puerta del otro dormitorio abierta y la luz encendida… mi corazón latía aceleradamente, pero seguí acercándome… Y los vi.
Poly estaba arrodillada en la cama con unos deliciosos calzoncitos rosados transparentes y un babydoll que no ocultaba nada sus pechos. Eran pequeños pero erguidos y redondos. Horacio parecía un gigante a su lado… gordo, peludo… la acariciaba con sus manos ávidas y le lamía el cuello. Como estaba totalmente desnudo pude verle el miembro… ¡Era gigantesco!… oscuro, grueso, debía medir unos dieciséis centímetros… y un diámetro como mi muñeca. Poly se restregaba como una puta. De pronto, se separó y se sacó el calzoncito. “El culo… dámela por el culo… Los ojos de Horacio brillaron. Se untó el enorme pene con una vaselina mientras ella se agachaba en la cama y se abría los cachetes. Sus nalgas se veían pequeñas y blancas, tersas, delicadas, en contraste con la enorme verga de su marido.
Atónito vi como él la tomaba por la cintura y empezaba a empujar aquella monstruosidad en su cuerpo. Los gritos de Poly eran un ronquido animal mientras el miembro se iba enterrando en su ano. Pronto estuvo clavada totalmente. Momentos después acababan entre gemidos.
Yo me retiré en silencio. Una vez en mi cuarto, me masturbé furiosamente.
Al día siguiente, desayuné sólo con Poly, ya que su marido trabajaba desde temprano. Hablamos. Tomamos café. Ella estaba con una bata semitransparente y en un momento que se entreabrió pude ver que era lo único que llevaba.
Después de acomodar las cosas, me invitó a su cuarto a que le ayudara a escoger unas prendas. Casi me desmayo cuando vi que sus prendas eran ropa interior de la más exquisita calidad. Braguitas de encaje, medias caladas, portaligas… Ella hablaba desenfadadamente. “Esto es lo que mas le gusta a mi Horacio. Le pone caliente…” decía… “pero este… este creo que es el mejor. “, dijo mostrándome una braguita pequeña, negra, de algo como satén o lycra. ” ¿Cómo se verá puesto?, me gustaría saberlo…” de pronto volvió la vista hacia mi, “¿Sabes…? Creo que tenemos las mismas medidas, tú también eres menudito… no… no me harías un favor?”
Aunque adivinaba la propuesta vacilé un momento…” ¿Por qué no te lo pones par que yo vea como queda? ¡¡Vamos!!, no tengas vergüenza… si yo te cambiaba los pañales cuando eras en bebé… ¡anda!… ve al baño y póntelo” Obedecí como autómata. Me desnudé y me puse el calzón. Caminé hacia el cuarto tapando la erección de mi pene. Ella no se dió por aludida. Me hizo girar como en un desfile de modas, opinando del ajuste, del corte, luego me hizo sentar a su lado en la cama. “Ven cuéntame, si hasta ayer eras un niño, ¿tienes novia? “No – dije” ¿Nunca… nunca lo has hecho?” Yo me sonrojé y no respondí “¿Te gusta el calzón?” preguntó cambiando de tema… “Si…” “Bueno, te lo regalo. A tu edad, bueno… sabes… aún los gustos sexuales… no están del todo definidos…Tal vez puedas usarlo en la intimidad, mirarte al espejo, imaginarte cosas, en fin… “Con sorpresa noté que tenia la mano en la entrepierna y se masturbaba. Luego me tomó por la nuca y ¡¡¡me dio un beso largo y húmedo en la boca!!! Mi cabeza zumbaba ¡¡¡Ella era la amiga de mi madre!!! Pero seguía acariciándome…
Se quitó la bata, era hermosa, menuda, proporcionada…
– No temas… Horacio viene tarde… esto es entre tu y yo… pero quiero que hagas… todo lo que te diga ¿de acuerdo? – dijo.
Yo asentí. Entonces ella saco mas ropa interior y me vistió de mujer ¡¡Medias, portaligas, corpiño. Me hizo caminar y menearme delante de ella mientras se masturbaba.
– ¿Me obedecerás… en todo? – insistió…
Me echó boca abajo en la cama y me empezó a pegar palmazos en los glúteos, luego me sacó el calzón y me enterró un dedo en el culo. Finalmente me hizo girar y me ordenó masturbarme. Cuando acabé entre grititos, ella tenia tres dedos dentro de su vulva y también había tenido un orgasmo.
Bueno, anda a bajarte a tu cuarto, haremos algo especial para ti esta noche… – agregó con una sonrisa.

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Feminizada y convertida en una cross puta y sumisa, parte 2

2-Cristian

El despertar fue dulce. Olía como una perrita con mi culotte manchado de leche y las medias ya secas del pis de mis amos que las había impregnado. El top blanco se me había pegado en parte al cuerpo cuando se secaron los escupitajos. No quería bañarme, pero tenía que ir a a trabajar, último día de la semana, así que a desgano me quité las medias y el top. El culotte me costó más: con el semen seco, estaba duro como una tabla y olía maravillosamente. Cuando por fin me lo quité, me quedé un largo rato acostada desnuda y oliéndolo, acariciándolo, como una quinceñera con un osito perfumado. Una putita besando la lechita seca que pronto esperaba tomar.

Sentía más curiosidad que miedo por lo que fuera a ocurrir con mis nuevos amos. Por un momento temí que se hubiesen contentado con la humillación de la noche anterior, pero entonces, cuando estaba por salir al trabajo, vi otra notita debajo de mi puerta. Debían haberla dejado después de mi salida enchastrada al balcón. Era corta: “Hoy a las 11 de la noche voy a estar ahí. Recibime vestida como lo que sos”.

Pensé en lo raro de que la nota dijera “voy” y no “venimos”, pero estaba tan contenta que no le di más vueltas.

Terminé de prepararme, guardé la notita y, después de ponerme con un poquito de saliva y cuidado mi tampón del día en la cola, salí a la calle.

Mi día corrió en dos dimensiones. Hice todo lo que debía hacer como una maquinita, pero mi cabeza no podía salir de mi encuentro de las 11, preparándome con miedos, ansiedades, fantasías y anhelos. Volví a mi casa lo más rápido que pude, con tiempo a prepararme. Primero dejé el departamento brillante y ordenado, y después terminé de decidir qué ponerme.

“Recibime vestida como lo que sos”, decía la nota. Y fue fácil adivinar la intención: ¡Cómo una puta, claro! Después de deliberar un poco, me decidí por unas medias negras con portaligas, una tanguita del mismo color minúscula, que apenas servía para mantener todo en su lugar, una pollerita escocesa tableada y un corpiño corset muy sexy, también negro y con cierre de broches adelante; una belleza que decidí adoptar como cábala. Mi pelo, negro azabache corto y peinado con un flequillito, completaba el cuadro.

Como me di cuenta de que me veía como una puta sí, pero una bastante refinada, le sumé un poco de ordinariez con un rouge casi fluorescente.

A las 10 y media ya estaba lista y ansiosa. Como no me podía contener decidí tomar un cuaderno nuevo y escribí en la primera hoja: “Todo lo que quiero que me hagan”. Para matar el tiempo, decidí que iba a empezar una lista con mis fantasías.

Ya había anotado unas cuantas cuando sonó el timbre. Dos timbrazos, secos y cortos. Miré el reloj y eran las 11 en punto. Me quedé quieta como una columna y me invadió el pánico. Estaba aterrada. Otros dos timbrazos, más enérgicos.

Entonces salí disparada como un rayo y sin espiar por la mirilla abrí la puerta y me quedé detrás, con el alma en la garganta.

Entró dando pasos firmes. Vestía como un oficinista, sin corbata pero con un pantalón de vestir café y una camisa impecable, con un saco en la mano. Debía medir más de 1,80, robusto, pelo corto y prolijamente afeitado.

Llevaba una bolsita de farmacia en una mano. Estaba haciendo esa radiografía cuando se dio vuelta y me dijo:

-Cerrá ya.

El tono era imperativo, pero también era cálido y me dio algo de seguridad. Yo sentía que toda la sangre se me había agolpado en la cara. Estaba rojísima de vergüenza y de excitación. Estaba ahí vestida como una trola enfrente de un extraño. Cerré y me quedé parada mirando al suelo, aturdida por la vergüenza.

Sentí que durante unos segundos eternos mi amo me recorría con la vista en detalle. Noté un esbozo de sonrisa. Al parecer, se sentía satisfecho con lo que veía.

-Mirame. Eso es. Yo soy Cristian y ahora vamos a hablar un poquito, pero primero vamos al baño. Quiero que te saques el tampón como una señorita. Cuando me vaya te ponés uno nuevo.

-Sí, señor- dije instintivamente, y se escuchó muy bien. Fui caminando coqueta hasta el baño y bajo su mirada atenta corrí un poco la bombacha, tiré con cuidado del hilito del tampón, lo enrollé en un poco de papel higiénico y lo tiré al cesto. Después, más envalentonada, miré a Cristian buscando más indicaciones.

-También bajate la bombacha hasta encima de las rodillas. Va ser donde va a estar todo el tiempo, putita, así que va a ser mejor que te acostumbres a tenerla ahí. Eso, muy bien.

Entonces volvió directo al living y se sentó en una silla. Tamborileó los dedos en la mesa, como impaciente.

-De rodillas, acá- dijo y me señaló a su costado. Como hipnotizada, con la bombacha flotando en los muslos fui y me arrodillé a su lado.

-Saludame como hacen las perritas como vos- dijo mientras me extendió una mano.

Tardé un segundo entenderlo, pero enseguida empecé a lamerle los dedos. Despacio, deteniéndome primero en uno, luego en otro, después un poco la palma de la mano. No me los metía en la boca, sino que los lamía, pero él parecía satisfecho porque habló en un tono más confidente.

– A partir de ahora te llamás Alina. Y vas a comportarte como una puta conmigo y otros, pero quiero que te quede algo bien claro. Bien claro. Vas a portarte como una puta con otros, pero vos sos mi puta. Mía. ¿Entendiste? ¿Qué sos?

-Soy tu puta- le dije mientras seguía lamiendo sus dedos. Creo que incluso me salió una caída de ojos sin pensarla.

-Bien. Me lo vas a recordar cada vez que tengas mi pija en la boca o en la cola. Que no se te olvide. Y cuando te esté cogiendo otro y yo ande por ahí, y va a pasar seguido, quiero que lo digas también, pero mirándome a los ojos a mí.

Asentí todavía con la lengua recorriendo su dedo índice y Cristian me dio una palmadita suave en la cara. Tomó la bolsita de farmacia que había sobre la mesa y tomó de ahí un frasco. Era, obviamente, vaselina. Me lo dio mientras abría las piernas y me hacía señas de que me colocara entre ellas. Mis pulsaciones se aceleraron.

-Alina, estoy seguro de que una putita como vos no puede pasar más de un rato sin pija. ¿Es así?

-Sí, señor, sí, no me aguanto.

-Vení, tocá -dijo y me acercó una mano hasta que palpé su bulto- y contáme: ¿cuánto querés esta pija?

-Esa pija es mi dueña. Como soy tu puta, quiero esta pija todo el tiempo.

Sentí que mi lengua empezaba a soltarse, y no sólo para hablar. Estaba mojando un poco mi pollerita tableada sólo con tocar esa pija por encima del pantalón. Cristian se bajó el cierre, corrió la ropa interior, en la que llegué a ver una manchita tenue de líquido preseminal y sacó, erecta y perfecta, su poronga.

-Te voy a dejar chupármela un rato, pero sólo un rato, para que no te envicies. Y mientras tanto, vas a prepararte la colita.

Tomé el tarro y una buena cantidad de vaselina con la mano izquierda. Empecé a trabajar mi ano con delicadeza y cuando ese flanco estaba cubierto, acerqué la cara casi sin respirar a la pija de Cristian. El olor penetrante me terminó de desinhibir. Primero le fui dando besitos en la cabeza, le cubrí de dulces besitos el glande.

Luego lo miré a los ojos y sin apartar la vista empecé a lamerle la pija como un heladito, de abajo hacia arriba sin parar, con un pequeño gesto de estar saboreando con cada recorrida. Un empujoncito de Cristian me hizo meterme la cabeza en la boca. Primero me mantuve ahí, quieta. Quería disfrutar cómo palpitaba en mi boca, cómo la sentía en contacto con la lengua. Después empecé a subir y bajar, lento primero, más rápido después. En un momento paré y recordé lo que tenía que hacer. Me saqué la pija de la boca, puse cara de pícara y dije con todo convencimiento:

-Soy tu puta.

-Sí, eso sos, Alina, pero quiero que me lo digas con mi pija adentro de tu boca.

Aproveché para tomar otro poco de lubricante para mi colita, me metí con gusto la pija en la boca y como pude dije:

– Nghoy…tu…nghuta.

Cristian se rió a carcajadas y me hizo repetirlo. Yo estaba a mil y al cuarto intento se entendió perfectamente lo que le estaba diciendo sin sacar su poronga de mi boca babeante. Yo era su puta, definitivamente.

Volvió a reírse y se levantó de la silla. Yo lo veía de rodillas y como no me dijo nada, seguí abriendo mi cola. Entonces tomó un preservativo de la bolsita de la mesa y empezó a colocárselo. Otra vez me asaltaron los nervios.

-Ahora te voy a coger, Alina, así que creo que esa bombacha ya no tiene que estar en las rodillas, sino en los tobillos. Y ponete en cuatro patitas. Seguramente es lo que mejor se te da.

Hice lo que me pedía y me coloqué, tensa, en cuatro patas. Levanté mi pollerita para que mi cola quedara completamente a su disposición. Cristian se ubicó detrás mío y probó como estaba mi cola con un dedo, primero, y dos después. Me sobresalté y me ordenó que me tranquilizara.

Como tantas veces había leído o me habían contado, la pija me entró con mucho, mucho dolor. Yo siempre había sido muy estrechita, y a pesar de la lubricación, sentía que el dolor era muy fuerte. “Ay..ay…ay”, gimoteaba a medida que Cristian iba metiendo su pija. Y cuando ya estaba a punto de pedirle que la sacara, que no podía, con la pera casi apoyada en suelo y la cola levantada y llena, todo empezó a aliviar.

Cristian empezó a meter y sacar con mucha suavidad. Se notaba que estaba tanteando para no reventarme. Una vez que el movimiento se hizo fluido, yo ya estaba arqueada, había levantado la cabeza y el culo, y acompañaba excitada sus movimientos como una tremenda puta. Entonces se detuvo.

-Me voy a quedar quieto, Alina, y quiero que vos te cojas -me dijo al oído, susurrando.

Torpemente, yo empecé a balancearme hacia adelante y atrás, cuidando de que la pija no saliera ni que la embestida me doliera. Tomé ritmo y empecé a gemir descontrolada. Mientras yo misma me hacía coger, Cristian ya estaba muy excitado. Empezó a gritarme y entre medio de cada grito, a escupirme en la espalda, en la nuca, en el pelo.

-¡Dale puta, mostrame! ¡Mostrame, trola! Te gusta la pija, te gusta la pija. Violate, trola. A ver cómo te violás. ¿Eso buscás, no? Puta de mierda, querés que te violen, que te cojan duro. Puta de mierda. Trola. Sos una perra en celo.

Entre los insultos, las escupidas y la pija que entraba y salía por mi movimiento, acabé sin necesidad de tocarme. Manché el suelo, mi pollerita tableada y mi corpiño corsé con espesos chorros de leche.

-¡Soy tu puta! ¡Soy tu puta! ¡SOY TU PUTA! -Grité mientras me desplomaba.

Con la pija dura como un garrote todavía adentro de mi cola, Cristian se inclinó para hablarme al oído:

-Sucia, roñosa, todo eso lo vas a tener que limpiar con la lengua. Puta asquerosa, es la última vez que acabás sin mi permiso. Ahora te voy a sacar la pija de una y te va a doler mucho. Que sirva de castigo por esto y por haberme hecho tocar el timbre dos veces. Y ni bien te la saque, te vas a poner de rodillas y vas a recibir mi leche en la boca.

La sacó de una, con aspereza y pegué un grito de dolor bastante alto. Ni quise ver cómo había quedado el forro que Cristian se sacó rápido y tiró a un costado. Aunque sentía que la cola me estallaba, me puse de rodillas a su lado, con la boca bien abierta y la lengua afuera, casi pegada a su pija.

-Ni una gota afuera, sucia, pero no se te ocurra tragar- dijo.

Fueron cinco ramalazos de una leche muy líquida y muy salada. Debí haber dado una imagen muy guarra porque me desesperé para que ni una gota de leche quedara afuera. Cuando terminó, tenía la boca repleta hasta el punto de tener que inflar los cachetes.

Nos quedamos unos segundos así y luego Cristian se acomodó el pelo, metió su pija en el pantalón y se limpió las manos con una servilleta.

-No tragues hasta que te diga putita de mierda. ¿Entendiste? Bien. Ahora escuchá con atención. Ahí en la mesa te dejo unas tampones de regalo. Son medium. Ponete ya uno porque estás sangrando, se ve que te vino -se rió- También te dejo mi teléfono para que lo cargues inmediatamente. Y algo más: ahora sí podés conocer al resto. Me voy.

Justo antes de cruzar la puerta se volvió hacia donde estaba, todavía de rodillas, con la bombacha en los tobillos, la cola abierta y la boca llena de su leche, y me dijo:

-Decime, Alina, ¿conocés la Vía Láctea?

Asentí algo desconcertada. El sonrió y salió de mi departamento.

Dolorida, excitada y sucia, me acerqué a la mesa. Cargué su teléfono en mi celular y miré qué era ese “algo más”: una entrada al cine, para el día siguiente a la noche, en el Abasto. Estaba pensando de qué podía tratarse cuando sonó mi celu. Era él.

-Hacé gárgaras -me dijo cuando atendí.

Cumplí obediente bien cerquita del teléfono para que me escuchara bien.

-Putita de mierda

Tragué. Y me froté la pancita como una nena que acaba de probar algo muy, muy rico.

(Continuará…)

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Feminizada y convertida en una cross puta y sumisa, parte 1

1- Notas y “regalitos”

Se puso interesante, realmente interesante, la tercera vez que mis primeros amos se pusieron en contacto conmigo. Estaba recostada en la cama leyendo una revista cuando escuché los dos timbres cortitos, secos, y a la misma hora de siempre (las 2 de la mañana). Esperé unos segundos y abrí la puerta del departamento con el corazón en la boca y el pulso a mil. Como las veces anteriores, al asomarme al pasillo no encontré a nadie, pero al mirar abajo encontré un paquete grande.

Intrigada, lo levanté y vi la nota que venía pegada: “Desnudate, putita. Ponete todo así como está, y en diez minutos te asomás al balcón. Cuando te damos la señal, te vas a dormir así”.

Volví a entrar y apoyé el paquete, que no era para nada pesado, en la mesa. Lo más rápido que pude, me saqué la remera holgada y el boxer, y me quedé parada un minuto mirando embobada el paquete. Lo único que desentonaba, así como estaba, era la tremenda erección que tenía sólo por el hecho de haber recibido un mensaje de mis flamantes amos, a quienes todavía no conocía (después los conocí, y cómo…). Todo lo demás, era el cuerpito de una nena preciosa.

Mido 1,75 y peso solamente 58 kilos. No sólo soy flaquita, sino que mi cola podría ser la envidia de muchas mujeres. Redonda, paradita, es una manzanita de la que siempre estuve orgullosa. Para ese momento ya me depilaba completamente, algo que había empezado a hacer unos meses antes, cuando con 25 me había ido a vivir sola. ¿Y por qué hablo de mí en femenino? Porque siempre fui cross dresser. Siempre tuve una vida más o menos común puertas afuera, pero cuando me quedaba sola, me vestía de mujer, lo más puta posible, me amaneraba, me ponía toda la ropa interior de mujer que podía conseguir, hacía de cuenta que era simplemente una trola.

Cuando me fui a vivir sola, a un departamento chiquito en un piso 16 de un edificio de Congreso, prácticamente dejé de vestirme como varón puertas adentro y mi vida cotidiana la llevaba con pantys, bodies, tangas minúsculas y media de red, lo que fuera. También empecé a maquillarme, primero con torpeza y con el tiempo bastante mejor, hasta sobrecargarme la cara de rouge y delineador como una puta con mayúsculas.

Al principio tenía mucho cuidado de tener las cortinas bajas, aunque después me relajé desde el único lugar en el que podían verme era del sum del edificio de enfrente, que estaba todo el tiempo vacío. Bueno, por lo que pasó después, debería decir “casi” siempre.

Un día estaba limpiando en unas hermosas calzas animal print y un corpiño negro (me encanta usar corpiños de copa chica, también me quedan muy bien aunque me falten tetas) cuando sentí que me pasaban un papel por debajo de la puerta. Intrigada, lo agarré y con letra muy prolija decía “SABEMOS TU SECRETITO”.

No le di mucha importancia, pero por las dudas los siguientes días me cuidé de mantener las cortinas ocultando mis poses con ropa de putita. Pero a los tres días, al llegar de trabajar, me encontré con otro papelito:

“SABEMOS TU SECRETITO, PUTA. TENEMOS FOTOS Y HASTA VIDEOS, SABEMOS TODO DE VOS. SI NO QUERÉS UNA SORPRESA LLEGANDO A LOS MAILS DE TODOS TUS CONOCIDOS, VAS A HACER TODO LO QUE DIGAMOS. TUS NUEVOS AMOS”.

Me angustié mucho, la verdad. Yo cuidaba muy bien mi intimidad y me sentía expuesta de un modo brutal. Esa noche no dormí, pero no solamente por la preocupación. Tenía a la vez una tremenda excitación. Llegué a la mañana resignada a esperar y ver qué pasaba. Quizás fuera sólo una broma de alguien que no iba a animarse a más, aunque en el fondo esperaba que no fuera así.

Al otro día empezaron a llegar las cosas. Siempre de la misma forma, a las 2, con dos timbres secos y algo esperandome en el pasillo de mi piso.

Primero fue un paquete de tampones small, con un cartelito que decía “Uno por día, todo el día, todos los días”. Desde ese momento, usé un tampón en mi cola las 24 horas, fuera a donde fuese y muy excitada.

Después, una pequeña fusta, con el cartelito “En cuatro patas en la cama. Diez por noche, cinco en cada nalga”. Desde ese momento, a mi rutina nocturna le sumé fustazos en mi cola cada noche. Primero lo hice despacio, temerosa. A medida que pasaron los días, empecé dejarme yo misma la cola roja y ardiente antes de dormir, muy excitada.

Después, una copa, con el cartelito: “Masturbate y todo lo que derrames, putita, va a la copa primero y a tu boca después. Saborealo bien”. No fue problema, porque tragarme mi semen era algo que había hecho con gusto muchas veces.

Después llegó el paquete grande.

Desnuda como estaba, perfectamente depilada y muy excitada, lo abrí.

Lo primero que me encontré fue un top blanco, pero con un agregado: estaba lleno, completamente, de escupitajos. Mis nuevos amos lo habían escupido, incluso con bastantes mocos, por todas partes. No había un solo centímetro del top que no estuviese cubierta de saliva espesa. Lo tomé con la punta de los dedos y me lo puse. Se sentía viscoso y se suponía que tenía que darme asco, pero lo disfruté con mucha calentura, me sentía humillada, asquerosa y puta como nunca antes.

Había más. Después de quitar un papel, me encontré en la caja con una bolsita de freezer. La abrí y un tremendo olor a pis me llegó a la nariz. Eran unas medias de encaje blancas, completamente mojadas. Estaba claro que mis nuevos amos las habían meado de punta a punta, y no hacía mucho tiempo, porque todavía estaban tibias. Así me las puse.

En el fondo de la caja estaba la última prenda, la que tenía el olor más penetrante. Era un culotte less, hermoso y blanco.

Hermoso, blanco y lleno de leche.

Estaba totalmente cubierto de semen, en algunos lugares muy líquido, en otros espeso como crema. Había tanta leche esparcida en ese culotte que me llevó a pensar cuántos “nuevos amos” tenía. Eran más de dos, por la cantidad de leche, que hasta empezó a gotear del culotte cuando lo levanté cuidadosamente de la caja. Estaba maravillada y sentí que iba a acabar sin más en ese momento.

Me puse el culotte con mucho cuidado, tratando de no resbalar por las medias mojadas con el pis de mis amos. La sensación de la tela suave, totalmente pringosa de leche de desconocidos metiendose en mi cola cuando la ajusté y mojando mis nalgas, es indescriptible.

Me sentía sucia, pero tan excitada que tenía ganas de sacarme la ropa interior solamente para besarla y chuparla, pero como no era eso lo que me habían ordenado, y a esa altura estaba dispuesta a cumplir con cualquier cosa que me pidieran, salí al balcón con algo de timidez, y con las medias haciendo un ruido como de chapoteo a cada paso.

La noche estaba tranquila, y parecía todo desierto. En el sum del edificio de enfrente, estaba todo a oscuras, no parecía haber un alma. El viento me pegó en las prendas mojadas y me calentó todavía más. Esperé parada, inmóvil, sucia como estaba, algunos minutos. De algún lado (¿del edificio de enfrente?) me pareció escuchar una carcajada. Me sentía maravillosamente humillada. Y entonces, del sum del edificio de enfrente, de la nada, una linterna se encendió y se apagó, dos veces. Era mi señal.

Volví a entrar con algo de frío y me fui directamente a la cama. Me quedé un largo rato quieta, tratando de procesar la calentura que tenía y disfrutando de todo lo que me mojaba el cuerpo: pis, escupitajos y leche. Mucha leche. Me dormí convencida de que había empezado una vida nueva.

(Continuará…)

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Pame, hija ejemplar, trabajadora tragaleche y puta culo roto

Pamela había conseguido un empleo de medio tiempo por las tardes luego de la escuela, por medio de contactos de su madre. Sorprendentemente Pame estaba feliz con su nuevo trabajo, y su madre también, al saber que su hija estaba aprendiendo y haciendo algo útil con su vida.
Así Pame iba esa tarde a la oficina vestida de mini ejecutiva, con una camisa y un saquito estrujando sus tetas, y una falda bien corta cubriendo apenas un magnífico culo paradito, ansioso y juvenil. Lo cierto es que Pame en el trabajo generalmente, luego de dedicarse a boludear en Facebook, hablando por teléfono con amigas, o preparándole algún café a “los chicos” en las oficinas, casi siempre se iba luego de no haber hecho ni una mierda rescatable, pero ese día era viernes y ella sabía que iba a tener una tarea adicional.
Llegaron así los primeros dos ejecutivos ya despojándose de su ropa formal, yendo hacia una Pame que educadamente se arrodillaba en la alfombra, y dulce y sonrientemente pedía “¿me da pija señ…?” siendo interrumpida por un vergazo que le llenaba la boquita para que ella empiece a mamar y lamer con gran docilidad y presteza, mientras con su mano pajeaba la otra verga esperando su turno de cogérsela por la boca.
Ah, era toda una dulce mascota puta esa jovencita. Llegaron así más ejecutivos desde la sala de reuniones y arrancándole la ropa a Pame fueron turnándose para coger la garganta de la pasante chupapijas, mientras la tomaban del pelo, o le escupían la carita, mientras se reían a viva voz de como mamaba esa dulce belleza puta y tragona.
Pame cuando pudo desocupar brevemente su boca llena, babeando atragantada pidió dulcemente con los ojitos llenos de lágrimas mientras sonreía “¿no me van a romper el culo, chicos?”, pero en ese instante fue vuelta a coger por la boca mientras le explciaban:
— No, puta tragaleche, hoy no te vamos a romper el culo, tenemos que seguir trabajando
Y así siguió la cogida bucal hasta que los dieciséis le dieron su leche de verga en la boquita y la hicieron tragar hasta la última gota, dejando la pija de cada uno bien limpita a lamiditas.
Y así, muy bien alimentada y con los labiecitos cansados aunque con ganas de que la cojan por la cola, la iban dejando a Pame hasta que le dejaron arrodillada sola en la alfombra, saboreando la mezcla de semen en sus labios y lengua y dedeándose el ojete entre tanto.
Pame se levantó y cuando iba a ponerse la bombacha sintió que detrás alguien la tomaba y dulcemente le decía:
— Te voy a romper el orto, puta hermosa…
Y ella sonreía viendo sobre su hombro y veía al gerente escupiendo su orto y puerteándola por la cola para inmediatamente empezar a bombeárla.
— Gracias señor, rómpame el orto papi, mmm… – decía Pame alegre de tener a su principe azul bombeándola por el culo como ella deseaba.

Pame, hija ejemplar, trabajadora tragaleche y puta culo roto
Y así esa gruesa verga se la cogío por el ojete profunda y dilatantemente para deleite de una Pame que gozaba con gemidos y grititos, aunque alguna lagrimita. De pronto, abundantes chorros de esperma le rellenaron el culo a la jovencita y, sin que ella tenga la oportunidad de que limpie y chupetée la verga de su principe azul, este se fue con el resto del grupo a continuar trabajando.
Y así quedó Pamela dedeándose el ojete lleno de semen que con sus deditos en el culo intentó rescatar para comérselo enseguida, mientras se masturbaba la virginal conchita, y con esos ojitos de enamorada pensaba en ese cortés hombre que se la había re culeado y que seguro que la quería por lo que era…
Ah, qué trabajadora adolescente que era Pamela, y qué feliz la hacía todo lo que aprendía, tragaba, le rompían el culo y la querían esos hombres.

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Seducida, engañada, gozada y fotografiada

En esa epoca trabajaba de camarera en un resto hasta la madrugada.

Gracias a ello me toco vivir algo muy especial.
La noche no tuvo respiro, porque la gente se había animado a salir a cenar, y el comedor presentaba un lleno total. A media noche llegaron tres chicos. Uno de ellos estaba como un queso, y no me quitaba los ojos de encima. Me ponía nerviosa cuando me sentía observada. Para colmo me tocó servirles, y no desaprovechaban ocasión para hablar con frases de doble intención, y comentarios un poco verdes. La verdad es que no se pasaban, y no tuve más remedio que reírme con alguna de sus ocurrencias.
En una ocasión que yo pasaba junto a ellos, este chico al que me referí antes, se levantó para ir al baño, y como que no se había dado cuenta que pasaba yo, me chocó de frente poniendo sus manos sobre mis pechos.
– Perdón.- Se excusó. Los otros dos se echaron a reír.
– ¿Te han gustado?- Pregunté sin inmutarme.
– No se a que te refieres.
– No te pases nene.- Le dije remarcando lo de nene.
Pareció que se había mosqueado, pero cuando me di la vuelta para alejarme, me tocó disimuladamente las nalgas, y me dijo en voz baja.
– Me han encantado.
La noche siguió su curso, y estos tres siguieron con sus ocurrencias. La verdad es que aquel pendejo me estaba poniendo bien.
Cuando se marchaban se despidieron amablemente, y el que me había tocado me susurró cerca del oído.
– La cena exquisita, y lo mejor las tocaditas. -Dijo mientras me guiñaba un ojo.
Noté como los colores subían por mis mejillas. Definitivamente aquel bebe -así lo veía por la diferencia de edad- sabía poner toda la carne en el asador. Me había puesto a cien con tanta insinuación y con el toqueteo.
Eran ya las cuatro de la mañana cuando dejé el restaurante. Me dirigí al estacionamiento donde tenía el coche, y cuando pasé junto a una coupe, la ventanilla de este se bajó, y una voz conocida me hizo volver la cabeza.
– Quieres que vayamos a tomar algo por ahí ?.
– ¿Ya te deja tu madre estar a estas horas de joda? -Le dije riéndome.
– No. Por eso quiero que me acompañes. -Respondió con una sonrisa de oreja a oreja.
– Gracias, pero estoy cansada.
– No importa, seguro que logro que te relajes.
– En serio, no me parece buena idea. -Respondí, conteniendo las ganas de subirme con él en el coche.
– Veni, la pasaremos muy bien.
Me quedé mirando, y cuando iba a aceptar la invitación, me entró la cordura y le respondí que no podía ser.
– Como quieras, pero vos te lo perdes. -Contestó con cierta decepción.
¡Genio y figura hasta la sepultura, pensé!
Aún cuando me iba a subir al coche, pensé en darme vuelta y decirle que subiera él en el mío, pero nuevamente me arrepentí.
– ¿Pero en qué rayos estoy pensando? -Pensé en voz alta.
Me subí al coche, y aún tardé unos minutos en arrancar.
– ¡Vaya un calentón más tonto!
Arranqué el coche, y pensé en Abel mi amigovio.
– Si le cuento lo ocurrido se cae de risa.
No fui directa a casa, queria dar una vuelta. La noche traía un aire cálido, y cuando salí a la oscuridad, se podía ver un cielo estrellado a través de la ventanilla.
Pasé unas de mis manos por mis pechos. Los pezones se endurecieron. Sonreí al pensar lo que le gusta a Abel mis tetas. Metí la mano por debajo de la camiseta, y me gustó el contacto de mi piel. Estuve unos minutos deleitándome con las caricias, antes de pasar a tocar mi conchita por encima de los ajustados jens. Llegué incluso a cerrar los ojos, cosa que me asustó por la posibilidad de tener un accidente. Seguí acariciándome, y abrí las piernas todo lo que la postura permitía. Jadeaba ruidosamente, pero no me importaba. Me imaginé en el coche con ese chico, y pensé que era él quien me metía mano mientras yo manejaba. Incluso llegué a pedir más y más, como si pudiese escucharme.
Me desabroché los pantalones, y metí la mano hasta tocar mi inflamado clítoris. Mi conchita segregaba gran cantidad de flujo, que habían empapado la tanga. No podía creer lo que estaba haciendo. Nunca me había masturbado en esa situación, pero esa noche…
Chupaba mis dedos, y sentía el sabor salado de mi cuerpo. Y otra vez procedía a meterlos en mi vagina.
Cuando iba a entrar en la ciudad, tuve un orgasmo descomunal. Comencé a gritar y a agitarme en el asiento. Si alguien me hubiese visto, pensaría que me estaba dando un ataque. Cuando las primeras luces de la ciudad iluminaron el interior del coche, procedí a colocar bien mis ropas.
– ¡Que calentona! ¿Estoy loca? ¡Como me ha puesto ese pendejo!
Eché de menos a Abel. Me hubiese venido bien tenerlo junto a mí esa noche.
Por fin llegué al garaje de casa. Salí del coche, y cuando iba a cerrarlo, las luces se apagaron.
– Pues sí que duran poco. -Pensé.
Metí la llave en la cerradura y…
No sé de donde salió. Todo fue muy rápido. Un hombre me sujetó por detrás, y con una mano me tapó la boca.
– Quieta y no te pasará nada. Susurró.
Mi corazón se aceleró, y un sudor frío recorrió mi cuerpo a través de mi espina dorsal. Recordé lo que muchas veces habíamos hablado Hugo –mi ex marido- y yo. Me comentaba que si algún día sufría una violación, no me resistiese, que es lo que más excita a los violadores. Yo le contestaba en plan jocoso que si estaba bueno, disfrutaría de lo lindo.
– Te voy a hacer disfrutar, así que es mejor que no te resistas, y no te pasará nada.
Me hablaba al oído susurrando. La voz no me sonaba. Deseaba que se encendiesen las luces y alguien apareciese, pero a esas horas ¿quién demonios iba a aparecer? No sabía que hacer. Me tenía bien sujeta, y puede que no me hiciese nada si hacía todo lo que me decía. ¿Pero quien mantiene la calma en una situación asi?
– ¿Te vas a quedar quieta bombon?
Asentí con la cabeza. Con el miedo que sentía, era inútil intentar nada, porque estaba paralizada. Retiró la mano de mi boca despacio con miedo de que pudiese comenzar a gritar, pero no moví ni un músculo. Aunque no me hubiese sujetado, no me hubiera movido ni por casualidad.
– Te repito que no te voy a hacer daño, y espero que puedas disfrutar.
Pensé que podría ser el pendejo de la cena, pero no me sonaba su voz. Este pensamiento me tranquilizó. Pensé que no parecía un tipo violento. Quizás se hubiese puesto tan caliente como yo, y pensaba aliviarse de este modo. Fuese quien fuese, intentaría acatar todo lo que me mandase. Solo esperaba que no fuese un depravado y así mi integridad física no corriese peligro.
– Te voy a tapar los ojos con este pañuelo, para que no puedas verme. Es por tu seguridad, así que no te lo quites.
Asentí de nuevo con la cabeza. ¡Que otra cosa podía hacer! Pensé que por lo menos no pensaba matarme, pues en ese caso le hubiese dado igual que le viese. Me colocó un suave pañuelo en los ojos. La verdad es que la oscuridad del garaje ya le mantenía oculto, tan solo las luces de emergencia emitían una tenue luz.
Me tomo del brazo y me llevó a la parte delantera del coche. Me apoyó las manos en el capó y me hizo abrir un poco las piernas. He de reconocer que a pesar de estar siendo violada, en ningún momento sentí la sensación de peligro.
Al tener eliminado el sentido de la vista, mis otros sentidos se fueron fortaleciendo. En unos instantes en los que permanecimos en silencio, me pareció escuchar el movimiento de otra persona a muestro alrededor. Cuando me giré instintivamente para percibirlo mejor, mi violador volvió a solicitar mi atención colocándose detrás mío, pegando su cuerpo a mi cola.
Pasó las manos por mi cabeza, y procedió a darme un suave masaje en el pelo. Aquel movimiento me relajó en cierta manera. Fue descendiendo las manos por la cara, y tocando cada centímetro de esta dando pequeños círculos. Se diría que en lugar de una violación, se trataba de una sesión de masaje. ¡Una locura ya lo sé!
Sus manos siguieron descendiendo por mi nuca. Los dedos trabajaban cada vértebra, cada tendón. Eran unos dedos que transmitían firmeza. Se recreaba en cada movimiento. Comencé a dejarme llevar y a girar lentamente la cabeza como señal de una silenciosa aprobación. Se debió dar cuenta de mi silenciosa entrega, porque se dedicó más a las caricias sin estar tan pendiente de que yo escapase. ¡Lo que tenga que suceder, sucederá pensé!
Descendió por mi espalda, siguiendo la ruta de la columna. Cuando llegó a la cintura, metió sus manos debajo de la camiseta. Tenía las manos suaves, calientes. Rodeó mi cintura y posó sus palmas en mi vientre, jugueteando con el ombligo.
Volvió a la espalda, y se puso a recorrerla lentamente, dando pequeños pellizcos, que en ningún caso me produjeron dolor. Lancé un suspiro cuando amasó mis agarrotados hombros. ¿Pero que me estaba sucediendo esa noche? No me conocía. Me estaban violando, y no podía dejar de sentir placer. Volví a pensar en Abel. Sin lugar a dudas él había activado el interruptor de mi sexualidad. Me había enseñado el camino para gozar de mi cuerpo, de todo mí ser, de cada una de las terminaciones nerviosas. Y lo que es mejor, a disfrutar de las muchas circunstancias nuevas que se estaban abriendo en mi vida. Esa era una más. ¡Peligrosa! ¡Diferente!, pero tal como se estaba desarrollando, estaba dispuesta a sacar partido de ella.
Pasaba sus manos por mis hombros, por mis brazos, por mis manos, para luego deshacer el camino andado. Volvía a comenzar y entrelazaba sus dedos con los míos, haciendo una ligera presión que desentumecía mis manos.
Estuvo un buen rato trabajándome la zona de la espalda. A esas alturas, ya se me había olvidado que era mi violador, y le había convertido en mi amante.
Cuando se cansó de mi espalda, o quizás cuando lo creyó conveniente, paso a mi estómago. Subía sus manos por el ombligo, el canal de mis pechos, hasta mi garganta. La camiseta y el corpiño dificultaban la maniobra, pero parecía que no le importaba. Hizo el mismo recorrido varios minutos, hasta que una vez que llegó a mi garganta, abrió sus brazos de un tirón partiendo la camiseta por la mitad. Otro brusco movimiento rompió lo que quedaba de esta. Me asusté. Por unos momentos pensé que la situación había cambiado. Mi corazón se aceleró,lo notaba golpear salvaje contra mi pecho.
– Tranquila. No pasa nada. Sigue igual.
Volví a tranquilizarme. Procedió a soltarme el corpiño, y liberar mis tetas de su opresión. Facilité la salida de este, para que no tuviese que dar más tirones.
Con los pechos libres de ataduras, procedió a acariciarlos. Con suavidad, realizaba pequeños círculos con los dedos acabando en mis pezones, que se habían puesto duros como garbanzos. Daba pequeños tirones de estos, para aumentar su dureza si ello era posible. Se notaba que mis tetas le gustaron, porque dedicó buen tiempo a ellas. Mojaba sus dedos en mi boca, para después pasarlos por mis aureolas y pezones.
Mis gemidos de placer ya se convirtieron en algo continuo. A la vez que me trabajaba los pechos, frotaba su pija contra mi culo. Podía notar su abultado paquete a través de la tela de los pantalones.
Procedió a besarme en el cuello, mientras desabrochaba mis jens. Uno a uno fueron cediendo los botones, hasta dejar libre la entrada a sus manos, que juguetearon con la tanga. No pasó por alto que se estaba toda mojada,de calentura.
Por mi parte, tiraba hacia atrás para no perder contacto con su verga. Creí que debía de estar alucinado por mi comportamiento. ¡Lo estaba yo misma!
Oí algo metálico caerse al suelo, y agacharse a recogerlo. Pensé en darle una buena patada y escapar, como había visto hacer en alguna película, pero la postura, y el no ubicarle correctamente me hicieron desistir. Por otra parte, aunque esté mal decirlo, no me estaba disgustando en absoluto la situación.
– Ahora quedate quietita. No te muevas.
Noté algo frío en mi espalda. ¡Se trataba de un cuchillo! Fui a ponerme derecha, pero él me volvió a insistir.
– Quedate tranquila, no te haré daño.
Hizo presión en los jens, y los fue cortando con cierta facilidad. Un corte a cada lado, y estos cayeron al suelo.
Me quedé apoyada en el coche con la tanga como única vestimenta, y unas sandalias de sin taco. Debía parecer la chica de un calendario de esos que se ven en los talleres.
Ahora ya sin ninguna prenda que se lo impidiese, comenzó a pasar su lengua por todos los rincones de mi espalda. Comenzó en la nuca, haciendo que una corriente eléctrica recorriese toda mi columna vertebral. Siguió por los hombros, los brazos, las manos, y volvía por el interior de mis brazos hasta las axilas. Después de varios recorridos, siguió por la espalda hasta el final de ella. En esta zona estuvo más tiempo. Su lengua bajó hasta el cóccix, y se entretuvo en hacer círculos. Rodeó con sus manos mi cintura, y las dirigió hasta mi concha. Se sorprendió de lo mojada que estaba la tanga.
– Parece que esta noche has estado muy caliente.
Solo acerté a decir un suave “siiii”, mientras mi cabeza se iba lentamente hacia atrás. ¡Cielos! Ni yo misma podía creerme lo que estaba sucediendo. Pude imaginar la cara de mi violador, sus gestos de asombro ante lo dócil que estaba resultando su “víctima”.
No metió sus dedos como era de esperar, y se entretuvo en jugar con mis labios mayores, y mis ingles. A todo esto, su lengua no dejaba de trabajarme la espalda, hasta dejármela hipersensible.
Me encanta tu sabor. Eres una mujer muy apetecible.
Mordisqueó mis glúteos, para seguir lamiendo el interior de mis muslos. En esta postura, su nariz rozaba levemente mi ya humedecida chocha. Siguió descendiendo por el interior de mis piernas, hasta los tobillos. Alternaba las dos piernas, y con sus manos me las moldeaba. Mi cuerpo se amoldaba a sus manos como si se tratase de mi creador.
Pasó nuevamente sus manos por mis nalgas, y las amasó con pasion, dándoles algún que otro mordisco. Yo estaba en el séptimo cielo, y movía mis caderas en un claro síntoma de placer.
Apartó ligeramente la tanga, y su lengua se deslizó entre mis glúteos, en busca de los secretos de mi orto. Separó las nalgas para tener mejor acceso, y su lengua comenzó a hacer círculos en los bordes de mi orificio anal. Un escalofrío recorrió mi cuerpo, cuando su lengua se abrió paso a través de mi culo. Sentí su lengua entrando y saliendo, como si de una pequeña pija se tratase. Estoy segura que mi orto se dilató con semejante trabajo. Mi mente voló hacia Martín y sus amigos en las vacaciones. Las sensaciones de quebrantar lo “prohibido” volvieron a mí.
Abandonó tan sensible zona, y se fue incorporando. Me tomo de la cintura y me fue dando vuelta lentamente. Me dio un cálido beso, y sin dejar de besarme me tumbó en el capó del coche. Todavía estaba caliente la chapa, y fue una sensación muy agradable. Las pequeñas gotas de sudor que recorrían mi espalda, se evaporaban al contacto del calor de la chapa.
Se dedicó a besarme el cuello, las orejas, la nariz, los labios a los que daba pequeños mordiscos…
Yo definitivamente me abandoné a mi suerte. Iba a intentar disfrutar de aquello todo lo que pudiese.
Descendió su lengua por el cuello, en busca de mis tetas. Pasaba de una a otra lentamente, chupando mis endurecidos pezones, y tirando de ellos con los labios de vez en cuando. Los fue humedeciendo y absorbiendo como si se tratasen de un postre.
Sus manos se aferraron a los pechos, y fue descendiendo con su lengua, en un movimiento de zig-zag, hasta llegar a mi ombligo, donde se entretuvo poco tiempo, ya que me hacía cosquillas. Su lengua tenía que estar cansada de tanto trabajo, pero no daba muestras de querer descansar. Muy al contrario, siguió descendiendo hasta chupar mi concha por encima de la tanga.
Sus manos abandonaron mis pechos, y descendieron por los costados hasta mis caderas. Allí en un rápido movimiento agarraron las tiras de la tanga, y de un fuerte tirón las rompieron, dejando mi conchita al aire. Aquello me recalentó y en un movimiento involuntario, adelanté mis caderas para buscar las caricias de sus labios.
Su lengua jugueteaba con el depilado pubis, mientras sus revoltosas manos seguían amasando mis glúteos, pasando alguna vez un dedo por mi cola.
Mi palpitante concha, pronto recibió la visita de su dura lengua. Fue pasándola con suavidad, separando los labios para alcanzar por fin el inflamado clítoris. Se entretuvo tintineando con el pearcing colocado en tan estratégico lugar.
Succionó sin prisas, dándose tiempo, jugueteando a la vez con los labios que lo protegían. Levantó mis piernas hasta ponerlas sobre sus hombros. En esta postura, mi concha se ofrecía vencida, claudicando ante aquel desconocido que me tomaba “a la fuerza”. Fue descendiendo la cabeza teniendo las dos piernas como involuntarios ríeles que le conducían hacia mi tesoro. Apenas sentí su aliento sobre mi húmeda conchita, comencé a notar dentro de mí una fuerza que pugnaba por salir al exterior. Era tal el placer que sentía, que el orgasmo se precipitó como una ola sobre el acantilado, inundando de flujos la boca de “mi violador”. Sujeté su cabeza para introducir su lengua más, si ello era posible. Cuando los últimos golpes del orgasmo cesaron, se fue incorporando, sin dejar de pasar su mano por mi concha.
– Realmente sos una hembra caliente. El que te esté cogiendo tiene que disfrutar de lo lindo.
– No te puedes imaginar lo que disfruta.- Dije con voz débil mientras me reponía de mi reciente orgasmo.
– Ahora te toca a vos darme placer, me dijo.
Dicho esto, se apoyó en el capó del coche, y dejó que yo le fuese quitando la ropa con toda la lentitud y provocación del mundo. A esas alturas, ya me había acostumbrado a tener los ojos tapados. Sentidos como el olfato y el tacto, cobraron más protagonismo en esas circunstancias.
Cuando deslicé su slip a través de sus pies, pude comprobar con una mano, que su pija estaba totalmente parada. Era de un tamaño fuera de lo comun, pero palpitaba con toda la fuerza del que lleva tiempo sin ponerla.
Con una mano le fui masajeando los testículos, mientras me inclinaba en busca de su verga. Mis labios encontraron el glande, y se abrazaron a él. Succioné utilizando la lengua para sensibilizarlo. Pronto comenzaron los gemidos. Seguí recorriendo con los labios todo lo largo de la pija, metiéndome los testículos uno a uno en la boca. Jugué con ellos pasándoles la lengua en el interior de mi boca. Los tenía muy hinchados, y el carecía de bello.
Dejé el choto palpitante, y fui subiendo por su pubis, ombligo, hasta detenerme en su pecho. Iba desabrochando los botones uno a uno con parsimonia, deleitándome en cada movimiento. Llegué a sus pezones y comencé a chupárselos, incluso me atreví a mordisqueárselos. Reaccionaron poniéndose erectos y duros. Mientras restregaba mi concha contra su hermosa pija.
Este movimiento le debió gustar, porque su respiración se aceleró, y me agarró fuerte de mis nalgas apretándome contra él. Le besé la boca, metiéndole la lengua y jugueteando con la suya. Estaba totalmente sacada y lanzada. Mis pechos se fundían contra su pecho. Pensé que iba a acabar, así que me volví a agacharme para pajearlo con la mano, pero esos no eran sus planes.
Me levantó y me llevó al interior del coche. Por como le seguía mientras me guiaba de la mano, supe el grado de seguridad que tenia junto a él. Se sentó en el asiento del conductor, y procedió a echarlo atrás todo lo que pudo. Me hizo sentarme encima de él, dándole la espalda.
Comenzó a besarme la nuca, y me echó sobre el volante. Procedió a darme un masaje sensual por toda la espalda, alternando sus manos con sus labios. Gemía y frotaba mi concha contra su verga. Me elevó un poco, para poder introducirme la pija. Después me dejé caer de golpe, metiendomela hasta los testículos. Los dos gemimos, y nos quedamos quietos.
Temblé unos instantes. A pesar de que se estaba portando bien, no pude por menos que sentir unos escalofríos al pensar que un desconocido me estaba garchando asi en el interior de mi coche. Las aventuras sexuales que había vivido ese verano habían sido locuras, pero siempre teniendo la sensación de tener un cierto control sobre la situación. Aquí sin embargo, a pesar de estar disfrutando, el no saber quien era mi amante, y como acabaría la situación, habían hecho que dudase unos segundos de si estaba haciendo lo correcto, si quizás debiese haber ofrecido resistencia, de si…
Un pequeño empujón suyo me dio la señal para empezar a moverme. Como una autómata al que hubieran conectado el interruptor de marcha, comencé a mover mi cuerpo. Hacía grandes círculos a un lado y a otro. Sentía su gorda pija rozar las paredes de mi concha, mientras mis jugos bajaban por mis muslos abundantemente. Agarró mis tetas y me las apreto con firmeza, dando pequeños tirones de mis pezones. Después de tanto toqueteo en mis tetas, la piel estaba casi tan delicada como un papel de fumar. Cuando los primeros síntomas del orgasmo aparecieron, comencé a gritar como una loca. Mi cabeza se movía de un lado a otro sin control. Me agarré al volante tirando de él, buscando el aire que me faltaba. Acabé el orgasmo apoyada en el volante. Parecía que me había quedado atascada, no podía moverme.
Cuando notó que mi respiración se normalizaba, me levantó y me hizo darme vuelta, para poder penetrarme de frente. Metió mis dos pezones en su boca,cosa que me enloquece y apretaba mis glúteos con sus manos. Yo subía y bajaba cada vez más rapido. Quería hacerle acabar. ¡ Ya era una cuestión de orgullo!. Manoseaba mis gomas, lamía mi cuello, los lóbulos de las orejas, y pensé que acabaria otra vez antes que él.
Metió un dedo en mi boca, que yo chupé como si fuese un segundo pene. Lo ensalivé a conciencia. Después lo sacó y fue directo a mi culo. Se entretuvo en los bordes, para acabar metiendomelo.
Me pareció ver resplandores. Estaba siendo una locura, y ya tenía alucinaciones. Introdujo el dedo cada vez más, aprovechando los movimientos que yo hacía. Me eché hacia atrás apoyándome en el volante. El me recorría con su lengua mientras su respiración comenzaba a acelerarse.
– ¡Acabooooo!- Gritó
Noté un torrente de lechita caliente entrar en mi cuevita. Seguía bombeando, y yo le ayudaba moviéndome y refregándome contra el. Terminó de acabar con un grito, agarrándome fuertemente las tetas. Me besó con cierta dulzura, mientras notaba que su aliento disminuía de intensidad pasado un minuto.
– Ha sido fabuloso,que manera de cojerte. Dijo con admiración.
El semen comenzó ha salir de mi vagina, cayendo por mis muslos, parte se depositó en el tapizado del asiento, como comprobé al día siguiente. Estaba calentisima, fuera de todo control y no quería terminar, así que me levanté y me puse de rodillas fuera del coche para meterme la verga de nuevo en la boca. La tortilla había dado la vuelta, y quería acabar con él.
– ¡Oh sí!, sos una mina muy caliente.
Comencé limpiando los restos de líquidos. Lo recorri en toda su longitud, y no tardó mucho en tener una nueva erección. Sonreí para mis adentros pensando que mi violador se iba a ir bien servido. Pensé también en Abel, pero enseguida me lo quité de la cabeza. Los suspiros de mi violador me volvieron a la realidad. Me sujetaba por el pelo, dirigiéndome hacia donde quería que le chupase.
Pronto tomó de nuevo la iniciativa. Salió del coche y me hizo apoyar con las manos en el asiento, teniendo mis glúteos a su disposición. Esta vez no hubo contemplaciones y me la metio sin miramientos. Sentí su pija atravesarme hasta las entrañas.
Con mis manos abrí más mis nalgas para facilitar la entrada a esa pomposa verga, y hacía tope para que la penetración no fuese dolorosa. El movimiento era frenético, nada que ver con la sutileza de unos minutos antes. Me gustaba ese cambio de ritmo. Volví a apoyar mis manos en el asiento, porque las embestidas me desplazaban contra la palanca de cambios. Si antes había deseado que alguien apareciese en el garaje, ahora deseaba que tal cosa no sucediese. No sabría explicarlo, pero me había olvidado por completo de la violación, del pañuelo que tapaba mis ojos, y de que un desconocido me estaba penetrando hasta sentirlo en el paladar. Solo estaba mi deseo, un deseo irrefrenable que esa noche me estaba llevando a la locura sexual.
Se inclinó hacia delante y ne tomo las tetas. Las tocó con desesperación, haciéndome gemir y pidiéndole que me la metiera más y más. Palmeteaba mis nalgas como si estuviese montando una yegua. No me dolía. Más bien al contrario. Un nuevo orgasmo recorrió mi cuerpo.
Paró de bombear mientras me recuperaba. Mi cuerpo no podía más, aquello tenía que terminar, así que le hice sentar en el asiento. Abrí bien sus piernas, y me metí su garcha en la boca. La recorrí de nuevo en toda su longitud. Por su tamaño no me resultaba tan facil, pero a esta altura ya me comia cualquier cosa.Metí sus bolas en mi boca, y jugué con ellas. Mis manos no estaban quietas, y agarraba sus nalgas clavándole mis uñas. Me agarraba la cabeza, apretándome más sobre el. El estaba a punto de acabar, y no quería que lo hiciera en mi boca si podía evitarlo. Cuando su pija comenzó a temblar retiré mis labios, y fueron mis manos las que siguieron moviendo su verga. Me acabo en medio de grandes gemidos. Su cuerpo saltaba en el asiento, como queriendo ayudar a la salida de la leche. Cuando esta comenzó a salir, puse mis pechos para recibirla. Tras unos segundos, todo había terminado. Pasó sus manos por mis pechos, y extendió el semen como si de una crema se tratase.
– ¿Puedo quitarme el pañuelo y verte?
– Mejor que no. ¿Has gozado? ¿Te hice daño?
– Ha sido fantástico bebé. Una violación… “muy especial”.
– Ahora tengo que dejarte. No te quites el pañuelo hasta que no escuches la puerta de salida. ¿De acuerdo?
– Quisiera verte por favor,saber quien me cojio de esa manera.
– Mejor que no.
No volvió a hablar más. Escuché el sonido de sus ropas, y el de una bolsa de plástico. Le oí alejarse, pero antes me dio un suave beso en los labios. Allí me quedé yo, de pié, desnuda y con los ojos tapados. Cuando escuché la puerta de salida, me quité el pañuelo de los ojos. Todo estaba oscuro. Fui a dar las luces y pude ver el pañuelo que me había tapado. Era de color rojo y muy bonito.
– Un recuerdo de esta noche.- Dije en voz baja
Me dirigí al coche para vestirme, ¡Y la ropa no estaba! Tan solo el bolso con las llaves de casa. Tendría que subir desnuda. ¿Y si alguien me veía?
– ¡Si será puto!
Cerré el coche, y subí por las escaleras, no quería arriesgarme a subir el ascensor y que alguien estuviese en el.
Llegué a casa sin ser vista. Preparé la bañera y la llené de agua. Estaba llena de semen por todos lados. Al mirarme al espejo, no pude evitar una sonrisa. Había disfrutado esa noche, tal y como mi ex marido me había dicho. El agua caliente me envolvió, y al pasar mis manos por mi cuerpo para limpiarme noté como una descarga eléctrica. Aún estaba caliente, pero ya era suficiente. Cuando me metí en la cama cerré los ojos y traté de imaginarme el rostro de mi violador. Me dormí en mitad de las cábalas.
Los cinco días de espera a Abel pasaron rápido. Los pasé pensando en si debería contarle lo sucedido o no y decidí que no, porque no sabría como explicárselo. Al menos de momento todo quedaría en mi mente.
Me puse muy provocativa para recibirle. Cuando le vi, me abracé a el y le besé como hacía tiempo no lo hacía.
– Estás preciosa.
– Te he echado de menos.
El camino a casa se nos hizo largo. No paraba de acariciarme, y me estaba poniendo a cien.
Hicimos el amor en todas las posiciones imaginables, nos contamos alguna historia picante, y no paramos hasta quedar los dos rendidos en la cama.
No le dije nada de lo sucedido en el garaje cinco días antes. No sé si lo hubiese entendido, pero comenzaba a sentir que le amaba y no quería estropearlo todo por una noche en la que me comporté como la hembra caliente que había descubierto. Además le hubiese tenido que contar mis otras aventuras del verano, y eso debía formar parte de mi vida íntima. O eso creía yo, aunque el tiempo se encargó de sacarme de mi error.
Tres días después de marcharse Abel, recibí un sobre con un contenido muy especial.
Cuando lo abrí la cabeza comenzó a darme vueltas, y tuve que apoyarme en la puerta de entrada a casa para no caer. En el interior había fotos de la noche del engaño.
Entonces ¿había más de uno?
Sentí miedo en los primeros instantes. Miedo a no saber lo que harían con las seguras copias de esas fotos.

Dentro había una nota que me relajó. En ella decía:
“Recuerdo de una noche maravillosa, en la que el amo era sometido por se esclava, rebelada”

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Ahora que está sola

En ese entonces Vanina era una joven de 23años, había contraído Matrimonio con su marido de 35 años y fueron a vivir a un lugar en la periferia de la pequeña ciudad, donde su esposo estaba terminado de construir la casa donde vivirían. Era un lugar muy bello, rodeado de arboledas, con parques abiertos y calles amplias, muy tranquilo, con pocas casas en los alrededores, como vecinos solo tenían una pareja de ancianos del lado Este de su casa y una obra en construcción pero que hacia un tiempo nadie trabajaba del lado Oeste. La vida en esos primero meses y más entrando al invierno era bastante aburrida, ella pasaba la mayor parte del día en casa de sus padres ya que el esposo se iba a trabajar temprano y no volvía hasta llegado la noche. De común acuerdo con su marido, iniciaron la obra de construir una piscina en el parque de la casa para que estuviera lista en el verano, y no sean tan aburridas las tardes. Vanina, para colaborar con la construcción, consiguió un trabajo de medio tiempo por la mañana. Fue pasando el invierno y al finalizar la primavera la piscina esta lista, se arreglo el parque con plantas, césped y todo lo necesario para que sea un lugar agradable. Mientras tanto la obra en construcción, lindera a la propiedad de Vanina, que estaba casi en estado de abandono, tomo nuevo impulso y se comenzaron las obras. La joven pareja vio con agrado este hecho ya que tendrían vecinos nuevos y no esa obra que estaba a oscuras y parecía una boca de lobo. Pero pasado un tiempo con sorpresa vieron que la obra tenia dos planta y que a medida que se construida la planta superior todos obreros de la construcción tenían posibilidad de espiar el patio y principalmente la zona de la piscina, lo que le quitaba privacidad. De a poco llego el verano, y con el las altas temperaturas; y la piscina estaba lista. Toda la mañana, mientras trabajaba, Vanina solo pensaba en la hora de irse a casa y en el momento de encontrarse con su esposo para inaugurar la piscina, darse un chapuzón los dos solos. Al fin llego la hora Osvaldo, su marido, la paso a buscar y la llevo a casa, estaban planeando la tarde cuando un llamado al teléfono móvil rompió con sus planes, un accidente en la planta donde trabajaba Osvaldo lo requería de urgencia y no podía escapar a sus obligaciones. Vanina de mala ganas entendió, y se quedo sola en casa, mientras su marido regresaba al trabajo. El calor era agobiante, el agua de la piscina brillaba como un espejo que refleja la luz del sol, la brisa en el parque de la casa era suave y fresca y Vanina estaba tentada de darse un chapuzón, pero la detenía la promesa hecha a Osvaldo que lo harían juntos. Entre tanto, busco sus trajes de baño, y eligió los últimos que uso la temporada anterior, tenia algunos realmente diminutos que había comprado en Río de Janeiro cuando fue de luna de miel con su marido. Se los probó y de verdad le quedaban espléndidos, ella tenía una figura soñada, siempre practicó patín y tenía apego por el deporte. Se probo primero el negro y le quedaba como para mostrarlo en un desfile de moda, una tanguita muy chiquita, por detrás desaparecía el hilito entre sus apretadas y firmes nalgas y reaparecía en un minúsculo triangulito con bordados brillantes, se miro por delante y vio que asomaba algo de su bello púbico por arriba del bikini que a duras penas tapaba su vagina. Se acomodo el corpiño, apretó sus buenos pechos (105 de busto y naturalmente redondos y bien firmes eran hermosos) y corrigió la posición del corpiño para que le alcanzara a tapar sus rozados pezones y rosadas y amplias aureolas. Se probó el bikini rosa y era más pequeño y sexy que el negro ya que tenía en la parte posterior un hilito que se unía a los otros dos y parecía que de atrás estaba desnuda. Vanina tenia una figura soñada, es bellísima por donde se la mirara, sus hombros rectos su espalda triangular, su cintura pequeña, un culo bien redondo, Firme y paradito que parecía de mármol y tallado por Miguel Ángel, sus tetas grandes bien redondas firmes, y su piel blanca contrastaba con su cabello negro corto a la altura del cuello con un corte tipo careé. Vanina se volvió a dar cuenta que los bikinis le quedaban soñadas pero debía depilarse y no tenia ganas en ese momento, así que busco un bikini mas grande y se lo probo. Le quedaba espléndido, no era tan llamativo y se desobligaba de depilarse por el momento. Fue pasando la hora, su marido no llegaba, ella desesperaba por zambullirse en la piscina, y no aguanto más, lo llamo por teléfono, él le dijo que estaba muy retrasado, que llegaría al anochecer y le dijo a Vanina que aprovechara para meterte en la piscina. Vanina colgó el teléfono y salió corriendo de la casa pasó por la galería, cruzó el patio y se tiro de cabeza en el agua. Estaba espléndida, la piscina era enorme, ella podía nadar de una punta a la otra, tirarse del pequeño trampolín, el lugar era genial. Pero cuando salió del agua a tomar sol escucho unos cuchicheos, luego unos silbidos, algunos palabra que la elogiaban pero subidas de tonos, y cuando miro vio a los obreros que la miraban como si nunca hubieran vista una mujer en su vida. Primero ella intento hacer caso omiso pero luego de un tiempo enfureció, se levanto y cuando se iba para su casa les grito, ¡¡¡¡que le pasa idiotas, nunca vieron una mujer en traje de baño!!!!!!!!!! Y del otro lado también le gritaron varias cosas pero la que se destaco se la dijo un obrero morocho, enorme casi de dos metros, pinta de árabe o turco, que estaba en el piso superior, -¡¡¡¡¡¡¡si pero nunca una perrita como tú, divina, que tetas, que culo!!! ¡¡¡¡¡¡¡¡¡Perrita si te hace falta un perro bien perro y bien dotado no tienes mas que llamar!!!!!!!! Espero que llegara Osvaldo y le contó, él, entre el cansancio y lo tarde que era no le dio mucha importancia y le dijo que no se preocupara que al otro día hablaría con el encargado. Al día siguiente Vanina, otra vez fue a la pileta, esta vez se puso una malla enteriza, como para no levantar el libido de los tipos, y fue a la pileta. Y otra vez la misma situación, pero esta vez, que era un poco más tarde solo eran tres los tipos que estaban y los improperios recibidos por la joven esposa no eran tan graves, pero si molestos. Llegó la noche, llego Osvaldo y también los reclamos de Vanina, entonces Osvaldo decidió al día siguiente hablar con el encargado de la obra para hacer el reclamo, cuando encontró al encargado le hizo el reclamo correspondiente y este le prometió una solución. El problema continuaba, si bien Vanina iba a la piscina cada vez más tarde para que haya menos obreros siempre estaban estos tres, el gigante árabe, otro de estatura media 1,70, colorado, con barba entre crecida, de ojos celestes, con una barriga bastante prominente, y de unos 40 años de edad, y el tercer sujeto, de uno 25 años, alto bien flaco, medio jorobado, castaño, de ojos negros, nariz aguileña, mirada muy penetrante y el más callado de todos, es el que cuchichea sin elevar la voz y los otros parecen hacer lo que éste dice. Los tres personajes eran de malos hábitos, siempre a escondidas del encargado, buscan la ocasión de tomar alguna cerveza o alguna bebida alcohólica que llevan a escondidas, fumaban mucho, y muy desalineados. En esos días Vanina recibe una llama y una visita que la alegra mucho, es una prima lejana, a la que ella quiere y con la cual tienen una excelente amistad que cultivaron desde muy niñas. Tania, la prima lejana, llego a casa de los padres de Vanina y Vanina paso por ella en las ultimas horas de la mañana, fueron a casa, Tania asombrada, felicito a Vanina por el hermoso hogar que tenían con su marido y quedo maravillada cuando vio el parque y la piscina. Tania le dijo que quería darse un baño y que le prestara un traje de baño, que si no se metería desnuda. Entonces Vanina le contó lo que ocurría con los obreros de la construcción vecina, y Tania le dijo, entonces amiga lo que ahí que hacer es hacerlos calentar a más no poder, se van a terminar masturbando entre ellos esos idiotas; Vanina la miró con asombro y replicó: mientras no se les ocurra cruzar el muro divisorio y violarme, Tania sonrió y le respondió: – perro que ladra no muerde!; amiga hoy mismo empezamos y para mañana, cuando me valla, van a estar como perros en celos, eso si, tu continuas con el trabajo y me tienes informada, comentó Tania. Almorzaron, fueron al guardarropa y eligieron las prendas de baño, Tania busco un micro bikini de su amiga, que le quedaba incrustado en el cuerpo, parecía que tenia que explotar ya que Tania es mas alta y más corpulenta que Vanina, tiene un cuerpo, no solo escultural sin exuberante por donde se la mire. Cuando Vanina salió del baño y la vio no podía creer, lo que veían sus ojos y le dijo azorada:- Por Dios cuando te vean te van a querer violar, esos trapitos no te cubren nada, hasta a mi me calientas de verte. Tania se sonrojo por el comentario y le contesto: – bueno ya basta, te dije que había que calentar esos perros y esos vamos a hacer, ahora te pido que me dejes pasar al baño a depilarme ya que me queda algo de bello sin cubrir, y aprovecha Vanina, ponte otro traje de baño más sexy que con eso no calientas a nadie. Vanina le contesto: -es un bikini! Y no tengo valor para ponerme otro más pequeño; Tania le respondió: – tú tienes la culpa si mi plan fracasa. Esperaron que solo quedaran los tres sujetos de siempre y salieron de la casa para meterse en la piscina; se bañaron, jugaron un poco en el agua, y siempre siendo observadas por los tres obreros. Tania en secreto le dijo al oído de Vanina: – salgamos del agua a tomar sol y ahora empieza la acción; Vanina asintió y siguió a Tania en su plan. Se acostaron en el piso boca abajo con sus piernas apuntando a sus mirones y Tania, la más osada, separó bien las piernas, para que los tipos le pudieran ver las entrepiernas, Vanina, después de la orden de su amiga, comenzó a pasar bronceador por todo el cuerpo de Tania deteniéndose en sus glúteos, le desamarro las tiritas del sostén para dejar la espalda al descubierto, y se detuvo con el bronceador en ese lugar, haciendo masajes en la espalda de Tania, que se relajaba a medida que Vanina la masajeaba y dejaba escapar pequeñas carcajadas cuando a algunos de los tipos se le escapaba algún comentario grotesco. Así, estuvo Vanina en cremando a su amiga hasta que Tania se dio vuelta, dejando caer su corpiño y exponiendo al sol y a todos los que la quisieran ver sus enormes y bellos pechos; Vanina entendió el mensaje y le paso bronceador por las tetas, deteniéndose en la entrepierna, para seguir con la línea que marcaba la Tanguita del bikini y terminar en las piernas. Los tipos deben estar ardiendo, sugirió Tania en vos baja, ya no dicen nada, se han quedado mudos. Era verdad no se los escuchaba, pero lo que también era cierto que Vanina estaba Caliente con los masajes que le estaba dando a Tania y pensando que tal vez esos tipos se están calentando horrores con lo que ellas estaban haciendo. Y Tania, estaba ardiendo con lo que le estaba haciendo Vanina. La situación no daba para más o si pero era necesario que algunas de las dos enfrié el clima o por lo menos eso intentara., y para frenar la situación Vanina le dice a Tania: – por favor, ahora tú dame masajes con el bronceador. Vanina se pone boca abajo y su amiga empieza la sesión de masajes; primero en la espalda, luego los glúteos, el interior de los glúteos hasta casi rozar los labios de la vagina de Vanina, lo que le provoco un temblor, y a lo que Tania se dio cuenta, e intensifico los masajes en la zona, casi instintivamente; Vanina separo las piernas para que los dedos de su masajista alcanzaran la zona y así fue como primero uno dedo corrió el bikini para que otro con mucha crema humectara la vulva; los masajes empezaron de manera más profunda, Tania corrió la tirita de la tanga y dejo al descubierto el orificio anal de Vanina al que se decidió a en cremar con especial atención, luego siguió con la vagina, le introdujo muy suavemente un dedo, y Vanina empezó a mojarse… Se escucho el ruido del portón de ingreso a la casa y la voz de Osvaldo que la llamaba, Vanina, espantada, pego un salto, y a duras pena se prendió el corpiño de su bikini y se acomodo como pudo y lo propio hizo Tania, y se pusieron a conversar de alguna pavada que se les ocurrió hasta que Osvaldo apareció en el patio. Todos se saludaron con afecto, charlaron de tiempos perdidos durante lo que quedaba de la tarde, y se dispusieron las dos mujeres a preparar la cena, mientras Osvaldo continuaba con la parte de su trabajo que llevaba para hacer en casa. Mientras conversaban, Tania le dijo a Vanina que no se ofendiera que quería hacerle una pregunta, a lo que Vanina le dijo:- anda dime. Por lo que he visto hoy, tú nunca has tenido sexo anal? Le pregunto Tania. Vanina hizo un silencio y respondió: – que solo después de casada lo había intentado con Osvaldo pero que no lo había logrado porque le producía un dolor intenso y por ésta razón, no le resultaba gustoso y suspendieron, poco tiempo después de casarse la practica del sexo por el accidente de Osvaldo. Tania abrió los ojos como desencajada, y le dijo: -cuanto hace que no tienes sexo? -Tres meses, respondió Vanina. -Y entonces Osvaldo es impotente? Preguntó Tania. -Noooo!, le dijo Vanina, -solo hasta que acabe de recuperarse del accidente y de la cirugía, es temporal su situación. -Y como fue?, Pregunto Tania; en ese momento en que Vanina se disponía a decirle entro Osvaldo y la conversación quedo inconclusa. Al día siguiente Tania se fue, y en la despedida le dijo a Vanina: -dos temas nos quedaron inconclusos, el del accidente de Osvaldo y el nuestro en la pileta, Tania sonrió, saludo a su amiga y a su marido, subió al taxi y se fue; Vanina quedo sin palabras, y Osvaldo no entendió pero tampoco pregunto, porque como siempre estaba apurado; solo al partir le dijo a Vanina, -tú estás loca si crees que yo voy a solucionar el tema con los albañiles para que te dejen de decir obscenidades si tú y tú amiga lo provocan paseándose casi en pelotas, me entendiste? -Sí, respondió Vanina mientras se subía al auto de su marido para que la llevara a su trabajo. Se hizo la tarde, Vanina ya esta sola en casa, y mientras almorzaba algo ligero, pensaba si era buena idea continuar con el plan que le propuso Tania, lo pensó una y mil veces, y por su memoria pasaban todas esa imágenes y recuerdos del día anterior que un poco la avergonzaba y otro poco la excitaba. Como poseída, casi sin pensar en lo que estaba haciendo, se levanto de la mesa, fue a su cuarto, se desnudó por completo y comenzó a probarse esos pequeños bikinis que antes no se animó a usar, eligió el negro, se lo volvió a colocar, notó que era necesario depilarse la entrepierna, fue al baño, tomo una tijera, cortó su bello púbico lo necesario como para poder utilizar el depilador y comenzó la tarea; primero se depiló solo un poco, luego un poco más y finalizo por depilarse completamente, verificó con su dedo primero y luego con un espejo que no le quedase ni un solo pelito en la zona del ano y mientras se miraba, se dio cuenta que Tania tenia razón, ella era bastante estrecha su vagina y su ano son tan cerradito que apenas se distinguía; tal vez por esa razón le dolía al intentar tener sexo anal. Luego de la inspección minuciosa a su depilada Vagina, buscó una loción lubricante para usar luego de afeitarse y se comenzó a pasar por la zona de la vagina primero y luego del ano. Mientras se acariciaba comenzó a pasar por su cabeza la idea de intentar lubricar bien su pequeño culito e introducirse algo, pero que? y mientras casi en forma inconsciente se pasaba más y más crema por su augerito fue presionando con su dedo mayor hasta que este comenzó a deslizarse en forma lenta pero firme hacia el interior de ese estrecho canal. Fue primero la primera falange, luego respiro profundo y apretó su mano contra el culo y se metió la segunda falange, se dio cuenta que no le dolía, solo era una extraña sensación; y entonces acometió la embestida final y se clavo todo el dedo dentro, se extraño que no le doliera, solo lo sentía; se quedo unos segundos así, era una nueva sensación, y entonces lo empezó a sacar de a poquito el dedo, sintió plenamente como salía de su ajustado culito, y también se dio cuenta que la situación la estaba excitando muchísimo, tenia la vagina muy mojada, estaba tan lubricada que casi chorreaba. Saco por completo el dedo de su culo, se miro la mano, alzó el dedo pulgar de lo refregó por su muy lubricada vagina, tomando de esta los jugos, se lubrico nuevamente el augerito, posó su pulgar a la entrada del culo, presiono con firmeza y logro que de un solo movimiento se metiera hasta el fondo. Cuando entro todo lo comenzó el mete y saca muy suave, hasta que su mirada se fijo en el espejo de la habitación y se miró extasiada, estaba en cuatro patas, con las piernas abiertas a más no poder y con el dedo de su mano clavado en el culo, como si se tratara de la verga de su mejor amante. Se vio y vio a una perra en celo, vio a la puta que llevaba adentro, esa mujer que soportaba la abstinencia y solo quería gozar como una perra en celo, pero que también se contenía esperando a su marido, al cual amaba y del que espera su pronta recuperación para vivir esos momento de lujuria que tanto necesitaba. Se dio cuenta que estaba al borde del orgasmo y se detuvo. Intento enfriar su cabeza pero la idea de salir al patio y mostrase divina, hacer calentar esos hombres casi despreciables la excitaba sobremanera, y eso la asustó, y el susto la trajo en sí. Paseo por la casa un buen rato, cuando se hizo la hora indicada, se puso la pequeña bikini Negra y salió al parque. Sintió la mirada de alguien, disimulo, giro la cabeza de un lado a otro y vio a los tres tipos que la miraban desde distintos lugares de la obra en construcción. La idea de calentarlos la asustaba, pero también la excitaba; se metió a la piscina, estuvo solo un instante en el agua y salió, se acostó en el piso sobre la toalla, mirando el cielo y dando la espalda a los tipejos que no se perdían detalle, se desabrocho el corpiño y comenzó a pasarse el bronceador. Mientras hacia esto intentaba tener movimientos hacia los costado disimulando buscar algo o que miraba algo, así sus grandes y duras tetas podían ser vistas en parte por sus tres espectadores. Después de estar un rato boca arriba, se puso de espalda, apuntando con sus piernas hacia la obra en construcción, las abrió un poco, para solo mostrar algo de su entrepierna, y comenzó con el ritual del bronceador. Cuando llegaba a su culo se lo pasaba entre los glúteos teniendo especial cuidado en separarlos para que la tele platea pudiera apreciar los detalles. Estuvo un rato así y luego se paro; se fue a la casa. Cuando entro se noto mojada, estaba muy excitada; pero se asusto de lo que era capaz, ella no era así, ella era recatada, tranquila, una señora, no podía tener esa actitud Tal vez, pensó, sea fruto de la abstinencia, o tan solo estaba enloqueciendo, tanto tiempo solo en aquel solitario lugar, sin la compañía de su esposo. Reflexiono todo el resto de la tarde, y toda la noche, tomó la decisión de no volver a intentar una locura semejante. A la mañana siguiente, mientras tenia ocupada su cabeza con lo ocurrido la tarde anterior, y se dio cuenta, que los obreros no le habían dicho ni una sola palabra, solo recordaba que cuchichiaban entre ellos pero no le dirigieron ningún improperio libidinoso como acostumbraban; Tania tenia razón!; Pensó para sí, perro que ladra no muerde. Será que se están curando esos babosos asquerosos; tal vez hasta se masturban pensando en mí. La idea la excito mucho. Quizás sea necesario darles un poco más de esta medicina así se dejan de molestarme definitivamente. Al mediodía de nuevo en casa, almorzó algo ligero, fue al cambiador de su habitación, tomo del mueble la bikini rosa, la mas pequeña, esa que parecía que estaba desnuda, se la puso muy bien calzada para que se notaran todas las curvas, acomodo su pelo renegrido y se fue a la piscina a la hora indicada, como acostumbraba desde hacia varias tarde. Se paro en el borde de la pileta, dando la espalda a la obra sin reparar que los tipos estén o no, se quito el corpiño y se zambullo. Estuvo un buen rato dándose un refrescante baño hasta que al momento de salir, se dio cuenta que los tiritas de telas que a duras penas le cubrían su vagina y el bellísimo culo que tenia no las tenia puesta; miro dentro de la pileta y se percató que no solo se le habían salido sino que se habian roto, fruto del chapuzón, y ahora estaba en pelotas. En realidad la situación no la preocupo mucho, salió del agua, se tendió sobre la reposeerá, se paso bronceador; se relajo y casi quedó dormida cuando la sobresaltaron unos sonidos, giro la cabeza buscando de donde venían los sonidos, y a su lado vio a dos personas paradas muy junto a ella, salto de la reposeerá, y se aterrorizó al ver que eran dos hombres los que estaban parados a su lado, eran el gordo colorado y el flaco cara de asesino. Vanina grito, intento ir hacia la casa pero estos dos sujetos le cortaron el paso, ella estaba descalza y en la maniobra abrupta por esquivar el manotón que le quiso dar el flaco, trastabillo en el césped y cayo boca arriba, se intento parar, pero en flaco ya la había sujetado del brazo y el colorado se acercaba para amarrarle las piernas, se defendió como pudo, le propino una patada al colorado que le permitió librarse la pierna, clavo sus uñas en el brazo del flaco, éste la soltó mientras intentaba sujetarla del cabello, pero Vanina logro correr hacia el fondo de la casa, intentando lograr llegar a la tapia de los ancianos que eran vecinos de ella, pero se dio cuenta que la distancia era mucha y la alcanzarían; entonces corrió haciendo un circulo con la intención de dirigirse nuevamente a la casa, pero sintió tropezar con algo; le dolió mucho la cabeza y en la confusión se dio cuenta que la tenia tomada de los cabellos el enorme tipo que faltaba para formar el trío. Cuando el colorado y el gordo vieron que el gigante la había capturado le gritaron -¡bien hecho Mulo! Y mulo sonrió. Y entonces Vanina Grito, -¿qué es lo que ustedes quieren, hijos de puta? y el flaco sonriendo respondió: -tu qué crees Perrita, nos has estado calentado las vergas, tú y tu amiguita, y ahora te queremos enseñar a ti que eso no se le hace a tres hombres desesperado. Vanina les gritaba que ellos no tenían derecho, que invadían su privacidad, que eran unos degenerados, que llamaría a la policía y por sobre toda las cosas que la soltaran. Vanina estaba realmente enojada, era como si no se hubiese dado cuenta de lo delicado de la situación. El gordo colorado, se acercó a ella, que seguía sujetada de los pelos y también de cuello por el Mulo, y sin decir una palabra le tomo con una mano un seno y con la otra le quiso introducir el dedo mayor en la vagina. Vanina se sacudió, se retorció, y le propino una buena patada, que lo dio por tierra, mientras intentaba morder el brazo que estrangulaba su cuello, pero sin éxito. Entonces el flaco dijo:- tráela mulo ponla sobre la mesa de jardín y al colorado le dijo: -sácate el cinturón mientras él hacia lo mismo. Con un par de movimientos de Mulo, Vanina quedo boca a bajo sobre la mesa del jardín, mientras el colorado y el flaco se encargaban de atarle las piernas una a cada pata de la mesa; cuando terminaron de sujetarla, el mulo su puso frente a la cabeza de Vanina que casi no podía verlo, mientras los otros dos sujetos estaban detrás de la mujer observando su entrepierna, que había quedado expuesta al tener las piernas atadas y muy separadas. El colorado le dijo al Mulo: – espérate mulito ya te va a tocar observar este bello paisaje; el mulo rió fuerte. El flaco dirigiéndose a la joven le dijo: -que bien putita, nos estabas esperando con la raja y el culo afeitaditos. Vanina mientras todas estas maniobras para sujetarlas eran hechas, solo intento resistirse e insultarlos con todas las barbaridades que se le venían a la boca, cosa que no pareció afectar a los tipos. El colorado se acerco al culo de Vanina y le dijo al flaco: – vos me das permiso para que la toque un poquito, -Si, colorado, dale, pero ahora solo la tocas. El colorado paso sus manos enormes, con dedos casi desproporcionados, rústicas por el trabajo, ajadas; de arriba hacia abajo por los glúteos de Vanina, los separo más todavía, y puso un dedo a la entrada de la vagina, presiono, lo refregó, y noto que estaba seca y apretadita, se agacho, metió la cabeza entre la entrepierna de la mujer, le dio un par de lengüetazos, y la salivo dos veces, lo que le dejo la concha chorreando baba, Vanina se convulsiono, intento gritar pero Mulo la silenció. El gordo ya parado enarbolo su dedo índice y se lo empezó a refregar por la vulva y luego lo comenzó a introducirlo en el interior de la lubricadísima vagina, hasta que se lo clavo todo. Vanina grito ahogadamente –Oooohhhhhhh Oooohhhhhhhh Aaaahhhhhhhhh Aaaaahhhhhhh Aaaaaahhhhhhh Nooo Bastaaaa Nooo Aaaahhhhhhhhh Aaaaahhhhhhh Aaaaaahhhhhhh, se contorsionaba, pero era inevitable, se lo estaban haciendo con el dedo. El colorado le dio movimientos vertiginosos a su dedo metiendo y sacándolo, así unas cuantas veces, cuando se lo retiro de la concha, ésta le quedo abierta, notándose la cueva de su interior. El colorado cuando vio esto se excito al límite de la locura, con el mismo dedo lubricado, empezó a aplicar masajes al ano de la chica y ésta tembló, Vanina no podía creer lo que estaba pasando, que le metieran un dedo en la vagina era horrible pero no en el culo, no lo soportaría, se quería desmayar para no sentir esa sensación. El colorado le afirmó la punta del dedo en el culo y le dijo: -putita, tanto me lo mostraste, tanto me lo ofreciste, que ahora quiero probarlo. Se agacho nuevamente, le escupió el culo, lubricó con el dedo la zona y se lo empezó a clavar con lentitud y firmeza. Vanina arqueo la espalda, sacudió el culo como para librarse del dedo, intento gritar y inevitablemente le salió unos gemidos ahogados –Aaaaahhhhhhh Aaaahhhhhhhhhhh Aaaaaaahhhhhhhhh, sintió Centímetro a Centímetro como el dedo enorme le barreneaba el ano, mientras las paredes del recto se abrían paso dándole lugar. Era una sensación de sofocación, de impotencia, pero no tanto de dolor y entonces no tenía más opción que soportar y se dejo caer sobre la mesa y poco a poco empezó a sentir placer. El colorado le retiro el dedo del agujerito no sin antes introducirlo y sacarlo unas cuantas veces, mientras la pobre Vanina gritaba ahogadamente y se mordía los labios con una expresión de sufrimiento y goce –Aaaahhhhhhh Aaaaahhhhhh Aaaaahhhhh Diiios Miiiooo Aaaahhhhhh Aaaaahhhhh Aaaahhhhh. Al retirar el dedo por completo, la chica se sintió aliviada, los dos hombres vieron como el culito le queda abierto, como la entrada de una cueva, y se lo escupieron, disfrutando como la saliva se deslizaba hacia el fondo de esa caverna. Se quedaron quietos unos instantes, que le permitieron a Vanina tomar en cuenta unos detalles, por ejemplo que los hombres estaban los tres con el torso desnudo, llevaban pantalones largos, estaban transpirados, y llenos de polvillo de la construcción y los mas importante olían mal muy mal; también se percato que el cabecilla del grupo era el flaco, y que el Mulo no tenia todas las luces, era más bien lento, como así también pensó que todo acabaría pronto o que ya había terminado. Pero estaba muy equivocada. La situación de Vanina tendida boca abajo, la vagina afeitada y muy lubricada con saliva, el ano rozadito y abierto, volvió loco al colorado que en una fracción de segundos se quito los pantalones, he intento introducirle el pene sin importar por donde entonces el flaco lo sujeto y lo detuvo en su acometida diciéndole: -se hace todo de acuerdo al plan! el colorado reflexiono y se detuvo; giro alrededor de la mesa, se paro junto al mulo y él sujeto ahora la cabeza de la joven por sus cabellos, dejando en libertad al mulo para que empezara su parte de la función. El gigante se paro detrás de Vanina, se agachó y empezó a lamer la vagina como si estuviese poseído, iba desde la concha hasta el ano, se detenía ahí y volvía, clavaba la lengua dentro de la vagina de la joven y se la metía dentro, la sacaba y volvía a empezar. Cuando la empezó a lamer el mulo, Vanina empezó a llorar, se dio cuenta que ésto recién empezaba, sabia que faltaba lo peor y parecía que su llanto excitaba más a los hombres, porque cuando se percataron de la situación se reían y le decían: – aflojaste putita, no eras tan mala, y ahora después de esto relájate que te vamos a hacer gozar como una perra en celo. Mulo siguió lamiendo y lamiendo, mientras Vanina pedía por favor que pararan, -Aaaahhhh Aaaahhhh Aaahhhhhh por favor ya basta Aaaahhhh Aaaahhhhh Aaahhhhhh les decía entre gemidos; pero el mulo seguía. Vanina, empezó a sentir que en forma instintiva, su cuerpo respondía a los estímulos y sintió que se mojaba, pese al asco que sentía no podía creer lo que le pasaba, se odió por esto, solo espero que los tipos no se percataran pero su cuerpo estaba respondiendo muy bien a esas lamidas que le propinaba el mulo y comenzó a gemir y pedir más presa de la excitación –Aaaahhhhhhh Aaaaahhhhhh Aaaahhhhhhh Oooohhhhhhh Ooooohhhhhhhh Siiii Ahiii Aaaahhhhhhh Aaaahhhhhhhh Aaaahhhhhhhhh Asiiii Siiii Maaas Siiii Maaas Asiiiiii. El flaco dijo: – mira como Gime la nena tal vez esté necesitando que le den un juguete!. Camino hasta ponerse ante la cara de Vanina y le dijo: -mira putita lo que tengo para voz, y le enseño la enorme verga, muy blanca y venosa, con un glande que no parecía natural, la tenia tan parada que le llegaba la ombligo, y entonces el flaco le dijo: – me la vas a chupar un ratito! Vanina lo miro Impresionada por el tamaño y no le contesto nada quedo inmóvil con la boquita abierta ella sentia que la falta de sexo con su esposo por su accidente le estaba jugando en contra. El flaco la miro, sonrió y le dijo: bueno no sé si queres o no quieres no importa después lo averiguaremos, ya vamos a ver como te la arreglas dentro de un rato. Se volvió detrás de Vanina, lo quito de en medio al mulo con un ademán, y se acercó a Vanina con su miembro en alto. Se lo puso en la entrada a la concha y le dijo: – primero por donde a vos te gusta putita, después por donde me gusta a mí, y le clavo la verga de un solo movimiento hasta el fondo, Vanina dio un grito con los dientes apretados, luego grito de nuevo –Aaaayyyyyyy Aaaaayyyyyy Aaaayyyyyyyy y por último No se contuvo Y grito un –Aaaaaahhhhhhhh Aaaaahhhhhhhh Aaaaahhhhhhhhh Siiiii Asiiii Siiiii Cogemeeee Cogemeeeee Asiiiii Aaaaaahhhhhhh Aaaaaahhhhhhhhhh Aaaaahhhhhhhhh. El flaco la clavaba casi con odio, sus movimientos eran bruscos y veloces, la verga entraba arrastrando la humedad y salía caliente de las entrañas de la joven que pese al asco que le tenía esa cogida brutal le daba un placer que su cuerpo no podía controlar, el flaco veía como la estrecha vagina de la chica se ajustaba a su pene y lo acompañaba en sus movimientos. Le retiraba la verga por completo y miraba con alegría como la caverna quedaba abierta, y la volvía a clavar sin piedad. Vanina sentía que le faltaba el aire cada vez que el trozo de carne se abría camino por su entrepierna pero internamente tenia la necesidad de recibir más de esa verga dentro de su conchita falta de sexo la traiciono y necesitaba coger como una putita estaba realmente encendida y no podía controlar la calentura de cuerpo; cuando le sacaba la verga del todo era casi un alivio y cuando se la ponía con fuerza su vagina se dilataba produciéndole casi dolor. Vanina sentía el vértigo de las embestida, cada golpe del pene al clavársele le hacia solar el aire con fuerza y se escuchaba como un quejido mezclado con jadeo. En la vagina sentía fuego En todo su cuerpo un fuego que se encendía cada vez que la penetraban con tanta intensidad, Fuego que el flaco se encargaba de avivar, y entonces se empezó a mojar, no lo podía creer pero se mojaba Toda y gozaba como nunca y ocurrió lo que nadie pensaría que ocurriera comenzó a mover su culo empujando hacia el Flaco queriendo clavarse más de lo que la estaban clavando. El olor a sexo para el tipo era casi un perfume, y los quejidos y gemidos de placer de la joven era el combustible que avivaba el fuego –Aaaayyyyyyyy Aaaaayyyyyyy Aaaaayyyyyy Diooos Siiii Cogemeeee Dameee Todoooo Papiiii Siiii Looo Quierooo Todoooo Quierooo Pijaaaa Quierooo Cogeeer Quierooo Que meee Cojan Quierooo Muchoooo Sexoooo Quierooo Tu Lecheee Aaayyyyyy Siiii Papiii Cogemeee Aaaaayyyyyy Aaaayyyyyyyyy Aaaaayyyyyyyy. De pronto el flaco se detuvo cuando casi estaba por llegar, lo miro al gordo, y le dijo: – dale que ahora te toca a vos, se paro detrás de Vanina que espera ansiosa otra penetración, puso su pene en el agüero y comenzó a moverse. Vanina de alguna forma sintió cierto alivio, no le dolía tanto; los golpes del pene entrando eran más suave, y pudo de alguna manera relajarse, mientras el tipo dale que te dale surcaba el camino ya hecho. El gordo noto cierta indiferencia por parte de las reacciones de Vanina a sus embestidas y le dijo: – puta, ahora ya no te duele porque la tienes dilatada, ahora te quiero ver con esto en el culo; mientras acomodaba la punta de la verga en el ano de la joven. Vanina al sentir este comentario tembló, cuando sintió que le apoyaba la verga en el culo casi no lo podía creer y cuando empezó a sentir que se le metía y se le metía si ella poder hacer nada, casi se desmaya. Era doloroso, su agujerito parecía que se estiraba hasta romperse, la presión que hacia que el pené se le metiera era la misma que le hacía dar alaridos –Aaaaayyyyyyyyyy Aaaaaayyyyyyyy Aaaaayyyyyyyyy Diiiooos Miiiooo Noooooo Despaciiiooo Cogemeeee Despaciioo Aaaaayyyyyyyyyyyyyy Aaaaaayyyyyyyyyy Aaaaaayyyyyyyyyyy. El culo le ardía, le dolía, a las paredes de su ano las sentía estallar. Y la sodomizaba sin piedad. Con el transcurso de los segundos, ella sentía que de alguna manera se había dilatado el ano y la sensación no era tan dolorosa pero si horrible. Cuando el colorado dijo que estaba a punto de llegar, se quito, dejo a Vanina boca a bajo con la entrepierna transpirada y el ano bien abierto, lo miró al flaco y le dijo: -ahora te lo deje listo para voz, el flaco sonrió sarcásticamente, y le contesto al colorado:- déjalo al Mulo que se saque las ganas. El Mulo pidió que la dieran vuelta a la joven, éstos la giraron y la dejaron de espalda a la mesa, le ataron las manos a las patas de la mesa como crucificada, dejando bien expuestas las generosas tetas de Vanina, el gordo tomo un pierna, el flaco la otra y se las abrieron. El Mulo se quito los pantalones, y dejo al descubierto el engendro que tenia en la entrepierna, cuando Vanina lo vio quedo un lago rato en silencio con la boca abirta de lo sorprendida y grito, -Noooooo por favor no dejen que me meta eso, me va romper toda, no por favor Noooooo. El mulo no atendió a las suplicas, tomo el pene, lo puso en la puerta de entrada de la concha de Vanina, luego hizo unos movimientos y empezó a introducirlo, lento pero sin pausas. Vanina sintió que la desvirgaban, que le quitaban por segunda vez la virginidad, sentía que era un palo lo que le clavaban no un pene, sentía que se desgarraba por dentro y pidió piedad; -Aaaayyyyyyyyy Aaaaaayyyyyyy Aaaaayyyyyyyyy Basta por favor, basta, Sacala que te la chupo pero sacala por lo menos, lubrícame un poco hijo de puta la tenes Enorme sácala y chupame la conchita hasta que me quede chorreando y después si clávame esa verga hermosa y enorme Aaaayyyyyyyyyy Aaaaayyyyyyyy Aaaaayyyyyyy, le decía al Mulo mientras se escuchaba se daba cuenta ya estaba convertida en una putita reventada; mientras este se la seguía metiendo y Vanina gritaba –Aaaaayyyyyyy Aaaaayyyyyyyy Aaaaayyyyyyy Despacitooo Papiiii Cogeme Despacitoooo Dejame disfrutarte Papiiii Aaaaayyyyyyyy Aaaaayyyyyyyyy Aaaaayyyyyyyy. El mulo al ser tan alto alcanzaba con facilidad las tetas de Vanina a las que empezó a chupar mientras movía su cintura de adelante hacia atrás, metiendo y sacando esa tremenda verga. Sin prisa pero sin pausa se movía, y Vanina se acostumbraba a sentirlo dentro suyo, ya no lo veía con odio mientras le chupaba las tetas lo miraba con una calentura tremenda, le repugnaba el olor pero la excitaba de sobremanera la enorme poronga que la estaba cogiendo hasta destrozarla, era tan asquerosa la situación pero ella no quería que tenga fin, ella estaba siendo Cogida como una animal y por un animal que le despertó el morbo y esto hizo que se excitara y comenzara a mojarse, se mojaba mucho. El vaivén del tipo metiendo y sacando su verga, la situación que era espantosa, aunque era también un poco lo que ella había imaginado que ocurriera si su plan fallaba, era la abstinencia, de cuatro meses, era la violación, era sentirse una perra usada por esos sucios y asquerosos tipos que despertaban en ella una sensación de asco y excitación, era ese enorme tipo con esa enorme verga a la que sentía en cada Centímetro por las paredes de su vagina lo que la llevo a seguir mojándose, luego siguieron unos espasmos, luego el orgasmo; tremendo, convulcionante, infinitamente largo, doloroso y excitante, no deseado pero anhelado. -Aaahhhhhhhhh Aaaaahhhhhhhhh Aaaaaahhhhhhhhhhhh Por Dios Siiiii Seguiii Asiiiii Siiii Cogemeeee Asiiii Que estoy acabando Cogeme Maaas Aaahhhhhhhhh Aaaaahhhhhhhhh Aaaaaahhhhhhhhhhhh, Grito Vanina, mientras levantaba las caderas, levantaba la pelvis y se contorsionaba alrededor el tronco que la Cogia como un Taladro hasta sus fondos más escondidos. Vanina Acabo, pero seguía gozando como nunca, seguía sintiendo dolor, seguía sintiendo placer, estaba siendo violada pero la estaban cogiendo como nunca la cogieron en toda su vida. Aflojo las piernas, dejo de oponer resistencia estaba entregada, sintió nuevamente que se mojaba, y se dejo llevar. Los tipos se dieron cuenta y la empezaron solo a sostener y no ya a sujetar con fuerzas, pero nadie dijo nada, solo las cosas iban ocurriendo. Vanina sentía dolor, placer, se mojaba, y casi empezaba a sentir que su cuerpo empezaba a tener pequeñas contracciones como si estuviese por llegar nuevamente; esa verga enorme, le daba dolor, pero la llenaba de forma total y le daba un placer si limites, las paredes de su vagina sentían hasta lo mas profundo cada partecita del miembro, sentía el placer que le producía cuando le sacaba la verga de su interior y la sensación de un enorme y poderoso placer cuando la volvía a meter que la llevaba a la locura, porque quería resistirse pero quería llegar de nuevo, sí de nuevo y se mojaba mucho, y sentía que en la refriega su concha latía con cada embestida, y cerro los ojos, se relajo y llego al orgasmo nuevamente, fue muy intenso, muy intenso, grito, jadeo –Aaaahhhhhh Aaaahhhhhh Aaaahhhhhhhhhh Siiii Asiiii Siiii Comooo Cogeees Papiiii Siiii Asiiii Que Vergaaaa que Teneees Diiiooos Siiii Asiiii Cogemeee Asiiii Siiii Aaaahhhhh Aaaahhhhhh Aaaahhhhh, pero no lo pudo disimular lo mas. Llego como Hacia mucho lo esperaba, tenia miedo de que se dieran cuenta pero no le importo si ya que podía pasar Ademas estaba invadida por un enorme y Rico placer. Pero se equivocaba. Mulo la soltó cuando él estuvo por llegar, tomo su lugar el gordo, le clavo otra vez así boca arriba como estaba, la pija en el culo, mientras le cortaba el gose a Vanina que ya no veia con agrado la situación, el gordo le surcaba el culo con violencia mientras le metia un dedo en la concha a la joven que seguía mojada, pero era por haber acabado no por que le gustara que le hicieran el culo, el gordo, se separó de ella y tomo su lugar el flaco que también se la dio por el culo. Cuando Vanina sintió que la pija del flaco entraba en su ano, ya no le dolía, y es más le gustaba era una de las verga que más les gusto junto con la del mulo, y entonces aprovecho para abrirse bien de piernas y empezar a entregarse y sentir al final algo de placer y cerro los ojos. El flaco le dio lugar a mulo, este se acomodo, y calzo su garrote en el ano ya dilatado de la chica, presiono y empezó a insertarlo. Vanina se convulsiono, abrió los ojos, grito que se detuviera, Uuuuuuuuyyyyyyyyyyy Aaaaaayyyyyyyyy Aaaaayyyyyyyyyyy Aaaaayyyyyyyyyyyy Diiiooos Miiiooo Noooo basta por favor, ya basta, me va a matar Con esaaa Pijaaaa Vos Nooo Por Laaa Colaaa Noooo Aaaaaaaayyyyyyyyyyyy Aaaaaayyyyyyyyyyyyyyyy Aaaaayyyyyyyyyyyyyy, decía Vanina; Mulo no la escucho y siguió empujando, Vanina lloraba, sentía que la estaqueaban, que las paredes de su recto se estivaban hasta casi romperse, que moriría del dolor, que no controlaba los esfínteres, y pedía piedad. Mulo siguió introduciendo su verga, Centímetro a Centímetro, hasta casi su totalidad, mientras Vanina lloraba y gritaba –Aaaaaayyyyyyyyyyyyyy Aaaaaayyyyyyyyyyy Aaaaaayyyyyyyyyyyyy Meee Estaaas Destrozandoooo Laaa Colaaa Nooo Puedoooo Maaas Sacalaaaa Sacalaaa Aaaaayyyyyyyyyyyyyy Aaaaaaayyyyyyyyyyyyy Aaaaaayyyyyyyyyyyyyy, entonces se dio cuenta que se orinaba encima, era patética la escena. La verga la rompía la surcaba con dolor extremo, la sentía en su interior como una mecha que la perforaba si piedad, la llenaba en forma desbordante, sentía desfallecer, intentaba abrir lo más que pudiera para darle lugar al tremendo miembro que tenia adentro pero era en vano, la estaba desollando. En un momento sintió que le sacaba del todo la verga del culo, y que los otros tipos se admiraban como le había quedado abierto el ano, hasta que uno de ellos dijo: -Mira Mulo como le dejaste el culo a la puta Esta, se ve que se la pusiste bien adentro. Mulo se miro y se rió a carcajadas. Vanina ni se inmuto ya no le importaba nada. Solo quería que esto terminara. Los tipos la ayudaron a incorporarse, la pusieron de espalda, hicieron que Vanina se apoye con el torso a la mesa, boca a bajo, dejando bien expuesto el culo, ella no se resistió, y empezó a sentir como nuevamente le penetraban por el culo, pero ahora desde atrás; era el gordo colorado, que le clavo de un solo golpe la verga hasta el fondo, ella intento gritar pero ya casi no podía solo salían gemidos de su boca; el colorado se movió solo un poco, cuando Vanina sintió que se tencionaba el cuerpo del tipo, la sujetaba fuerte de la cintura y le llenaba el culo de leche mientras tenia la verga clavada bien en el fondo de su ojete Y gimió de placer sin poder contenerse Relamiendo los labios como una putita –Aaaaahhhhhhhhhh Aaaaaahhhhhhhh Aaaaahhhhhhhh Siiiii Asiiii Siiii Al Fiiin La Lecheeee Llenameeee Papiiii Llenameeee Aaaaahhhhhhhh Aaaaaahhhhhhhhh Aaaaaaahhhhhhhhhhhhh, luego siguió el flaco, y sucedió lo mismo, un par de movimientos y Acabo dentro de ella, y sin perder tiempo cuando salio el flaco la perforo el Mulo, esta vez si la hizo gritar la penetración –Aaaaayyyyyyyy Aaaayyyyyyyy Aaaaaayyyyyyyyy Diiiooos Siiii Queee Vergaaaa Diiiooos Miiiooo Aaaaayyyyyyyy Aaaayyyyyyyy Aaaaayyyyyy, y también se movió un rato y le acabo dentro largando descargas abundante de leche dentro de la Cola De Vanina y sacando para acabar sobre las nalgas y la espalda de ella que sentia como la llenaba y la bañaba y gemía y gemía –Aaaaaahhhhhhh Aaaaaaahhhhhhhh Aaaaaahhhhhhhh Siiiii Asiiii Siiii Que Lindaaa Lechitaaa Calentitaaaa sos El Mejor Papiiii Soos Eeel mejooor Aaaahhhhhhhhhh Aaaaaahhhhhhhhh Aaaaahhhhhhhhhh. El mulo saca muy despacio el pedazote de carne del ojete de Vanina. Todos incluidos la joven se quedaron quietos y en silencio. Pasaron unos instantes, cuando Vanina sintió unas terribles ganas de evacuar el intestino, se estaba cagando, los tipos la sujetaron ella se tomo del borde de la mesa para intentar aguantar las ganas pero fue en vano y dejo salir lo que tenia que salir. Apreto fuerte sus manos contra el borde de la mesa, tensionó los brazos, levanto el culo casi instintivamente y dejo salir chorrito a chorrito, gota a gota el esperma que dejaron los tipos en su culo. Ellos avivaban la situación y le decían: -hace fuerza nenita, dale queremos ver más, tienes más dale Lárgalo!. Y ella seguía despidiendo leche del ano; sentía como corría por sus piernas, y caiga en gotas al piso. La escena dura unos minutos, ella siguió evacuando, hasta que al final, salía esperma mezclado con un poco de Sangre. El flaco se acercó otra vez por detrás, y le dijo: -eso que estás haciendo ahora no es nuestro, y le metió el pene en el culo nuevamente, y la bombeaba como loco y Ella Gozo y gimió .Aaaahhhhhh Aaaahhhhh Aaaahhhhh Siiii Siiii Cogeme Asiiii Siiii meee gustaaaa Tu Pijaaaa Aaaahhhhhhhh Aaaahhhhhhhh Aaaaahhhhh, estaba loco; en el ambiente el olor a semen era notorio, pero no le importaba a ese tipo, le daba y le daba por el culo, se la culiaba como loco, Hacia que se mezclaran todos los jugos, y le gritaba que apretara el culo que la quería sentir bien estrechita, Vanina solo aguantaba, hasta que el tipo le mordió fuerte, muy fuerte el cuello, Vanina contrajo todos sus músculos del dolor que le producía la mordedura y el tipo le lleno de leche de nuevo en el culo dando un alarido de placer –Aaaaahhhhhhhh Aaaaaahhhhhhh Aaaaahhhhhhh Siiiii Asiiiii Llenameeee de lecheeee Asiiii Siiii Aaaahhhhhhhh Aaaahhhhhhhhh Aaaahhhhhhhh. Le saco la pija del ano, se acerco a sus amigos, le hablo al oído, y se fueron. Vanina quedo tendida en la mesa, despidiendo el semen que el flaco le había dejado. Espero unos minutos, ya estaba oscureciendo, se fue a la casa, lleno la bañera con agua tibia, se metió dentro, se dio un buen baño, Tomo unos analgésicos, y se fue a acostar. Tomó el teléfono, llamo a su amiga Tania y le empezó a relatar lo que había pasado mientras, tomaba una crema humectante y se la pasaba por la vagina tocándose con desesperación, estaba terriblemente excitada, mientras le contaba a Tania y recordaba los detalles de su violación, estaba como loca, entonces, se puso en cuatro patas, y mientras le hablaba la manos libres (hang free) de su teléfono se masturbaba, acariciándose la concha y metiéndose uno y dos dedos en el culo, mientras masajeaba su inflamada vagina. Hasta que acabo, y acabo como una loca, como pocas veces había llegado. Quedo tendida en la cama, corto lo comunicación con Tania y se durmió. Al otro dia se despertó muy tarde casi a las 12 del mediodía con cara que detonaba la gran batalla librada el dia anterior

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Entrevista laboral

Últimamente estoy medio vaga para buscar laburo, si no fuera por mi vieja que me esta encima presionándome para que consiga lo que sea cuánto antes creo que ni me molestaría en salir, pero bueno, algo tengo que hacer, ni siquiera estoy estudiando, así que lo único que me queda es trabajar. El domingo me compré una vez más el Clarín y marque los avisos que me parecían más o menos convenientes, mi mamá como que no estuvo muy de acuerdo porque solo marcaba los trabajos de oficina, que son los que me interesan, y en los que tengo más experiencia, según su opinión debía ampliar un poco más mi criterio de búsqueda… lo que significa que también busque entre los avisos que solicitan mucamas y empleadas de limpieza. Ya una vez habíamos tenido una discusión en ese sentido, me decía que yo era muy cómoda, que solo buscaba estar sentada y cosas así y no un trabajo de verdad. No quise discutir así que le di la razón, aunque igual seguí marcando los avisos que a mí me interesaban.
El lunes bien temprano me levanté, me bañé y me vestí decidida a cambiar, de una vez por todas, el rumbo de mi vida. Empecé a visitar los distintos lugares según el horario que me había prefijado para no llegar tarde a ninguno. En algunos solo recibían el currículum y en otros te hacían esperar para hacerte una entrevista. En todas recibí la misma promesa. “Te llamamos”. No lo decían muy convencidos, así que seguí visitando los distintos avisos que había marcado. Al mediodía me tomé un yogurt en una plaza, lo que me venía bien para bajar algunos kilitos… jajaja. A las dos de la tarde fui al último aviso. Recibían hasta las tres, así que llegué a horario. Era una clínica. Al llegar no había nadie esperando, lo cuál me sorprendió, ya que en los avisos anteriores siempre había encontrado a otras chicas antes que yo. Me presenté a una secretaría, una mujer mayor con terrible cara de ojete. Bue, ya empezamos mal, pensé.
-El director ya no toma entrevistas, si querés dejar el currículum dejalo en esa bandeja- me dijo cuándo le dije que venía por el aviso.
Cuándo vi la bandeja se me cayó el alma al piso, había una pila de curriculums. Por un momento pensé en quedármelo y no dejar una copia al divino botón, pero justo cuándo estaba decidiendo qué hacer, se acerca un hombre también mayor, enfundado en un impecable delantal blanco.
-¿La señorita viene por el aviso?- preguntó dirigiéndose a la secretaría, aunque mirándome a mí.
-Si doctor, ya le dije que…-
-No, está bien, puedo tomar una entrevista más- dijo interrumpiéndola y sacándome prácticamente el currículum de la mano.
-Veni, mi oficina es por acá- me dijo indicándome un pasillo.
La secretaria siguió con lo suyo y yo seguí al doctor hasta su oficina. Entramos, cerró la puerta, se sentó detrás de un imponente escritorio y me pidió que me sentara. Me senté, siempre en silencio, mientras él hojeaba mi currículum que en realidad no es muy amplio, apenas un par de hojas. Ahora, si le hubiera expuesto mi currículum sexual, entonces podía estar un par de días leyéndolo… jajaja.
Carraspeó una par de veces mientras leía y releía esas pocas líneas. Se trataba de un hombre de unos 50 o 60 años, aunque muy bien conservado eso sí, de aspecto impecable y luciendo valiosos anillos y reloj de oro. En eso levanta la cabeza, me mira y me pregunta porque había renunciado a mi último empleo. Le dije que porque necesitaba un cambio y que patatín y patatán, siguió haciéndome otras preguntas, lo usual en una entrevista de trabajo, hasta que me hizo una que me sorprendió.
-¿Estás de novia?-
-Si- asentí aunque no sea del todo cierto, ya que con Quique todavía estamos en el proceso previo de la reconciliación.
Siguió leyendo el currículum, levantaba su mirada y me miraba, volvía a releer un par de líneas más y volvía a mirarme. ¿Qué tanto lee?, me preguntaba yo, ¿me habré equivocado y le habré dado uno de mis relatos en vez del currículum?
-Lo que estamos buscando es alguien para ocupar un puesto en recepción, esto es para recibir a los pacientes ya sea para consultas, estudios o cirugías, realizar toda la atención previa, cobrándoles si son particulares o haciéndolos firmar una planilla si vienen por obra social o prepaga. De la recepción se los deriva al consultorio, también tendrías que encargarte de la confección de la respectiva historia clínica y de la atención del teléfono para dar turnos… claro que en los primeros días vas a tener a alguien al lado tuyo que va a ir instruyéndote en las diferentes etapas del aprendizaje- al escuchar esto último me tranquilicé, ya que dicho así y de un tirón parecía demasiado.
-¿Te interesa?- preguntó mirándome siempre en esa forma que parecía recorrerme de arriba abajo con la mirada.
-Si, claro, por supuesto que me interesa- asentí.
-¡Perfecto!- exclamó haciendo un leve gesto de triunfo – Considerando entonces que te interesa el puesto, me gustaría tomarte otra entrevista, ¿te parece?-
-Si, no tengo problema-
-¿Puede ser esta misma tarde?-
-¿Esta tarde?- me sorprendí.
-Si, ahora son… las dos y media, digamos… ¿dentro de una hora?-
-Si, esta bien, ¿acá mismo?-
-No, acá no- agarró un recetario y escribió una dirección –Te espero en esta dirección en una hora, no podés perderte, es la confitería que está a dos cuadras, por Salguero- me aclaro.
-¿Una confitería?- mi sorpresa iba en aumento.
-Si, ahí vamos a estar más tranquilos y relajados- observó.
-Está bien- asentí, guardando el recetario en mi cartera.
Se levantó, me levanté, le estreché la mano, y al tener la mía en la suya, mi miró fijamente a los ojos y me dijo:
-Tené en cuenta que hay muchas postulantes para ese puesto, es un buen trabajo con un muy buen sueldo, que sea tuyo depende solo de vos-
Más claro, echale agua. El tipo me estaba tirando los galgos. Todavía no había empezado a trabajar y ya estaba siendo víctima de acoso sexual. Tendría que haberlo mandado a la mierda, soltarle la mano e irme de allí dando un portazo, pero no, en vez de eso le dije con una sonrisa, dejando mi mano entre las suyas:
-No se preocupe, voy a hacer todo lo posible para que ese trabajo sea mío-
-Veo que nos entendemos- repuso guiñándome un ojo.
Me acompañó hasta la puerta tomándome de la cintura.
-Andá pidiendo lo que quieras, querida, en un rato estoy por ahí- me dijo al despedirme.
Debo confesar que salí de su oficina sin saber lo que iba a hacer. Me despedí de la secretaria con cara de culo, y al volver a verla me di cuenta de porque el doctor tenía que acosar a una que venía de afuera. Salí de la clínica y caminé lentamente por Salguero, yendo hacia la dirección que había anotado en el recetario. Llegue a la confitería sin saber que hacer todavía. En un rato tenía que encontrarme con Quique, ya habíamos quedado en vernos desde el día anterior, él se mostraba particularmente ansioso por saber como me había ido en mi búsqueda. Estuve rondando por la esquina de la confitería por algunos minutos, hasta que me decidí y entré. Tomé asiento en una mesa cerca de la ventana, para que me viera con facilidad, y antes de pedir nada, saqué el celular y llamé a mi novio. Le dije que tenía otra entrevista justo en el horario en que tenía que encontrarme con él, que me perdonara, pero que me habían llamado y parecían estar bastante interesados en mí. “Demasiado”, pensé.
-No te preocupes gordi- me dijo el amor de mi novio –Nos vemos mañana, ojalá que te tomen, que tengas suerte-
-Bueno, “culo” tengo- le aclaré.
-Jajaja… decímelo a mí- se rió.
Seguimos charlando un rato hasta que tuvimos que despedirnos. Le pedí al mozo un agua sin gas y me dispuse a esperar. En eso miro por la ventana y lo veo al doctor acercándose. Lo saludo con la mano. Al verme se le ilumina la mirada y se le dibuja una sonrisa lasciva en el rostro. Ya no tiene puesto el delantal blanco, sino un traje de primera marca. Entra a la confitería, saluda cordialmente al mozo y se sienta a mi mesa.
-Que bueno verte- me dice.
-¿Pensaba que no iba a venir?- le pregunté, disponiéndome a ser clara ya desde el inicio.
-Tenía mis reservas-
-Bueno, pero acá estoy- le dije con tono de gata, intuyendo que eso era lo que le gustaba.
Era obvio que se trataba de un viejo verde, un jovato al que le atraen las jovencitas con pinta de puta como yo, por lo que si quería una putita, como una putita me iba a portar.
-Me gusta que nos entendamos así de rápido, eso ahorra mucho tiempo- dijo mirándome en esa forma que ahora me resultaba tan incitante.
-Creo que no hay nada que aclarar, ¿o sí?- repliqué, dándole a entender que las cosas ya estaban sobreentendidas.
-No, claro que no… acá a la vuelta hay un lugar muy bonito, si querés…- no lo deje terminar.
-¿Qué estamos esperando, entonces?- lo apuré.
Le pagó al mozo mi botella de agua, nos levantamos y juntos, con él tomándome en todo momento de la cintura, salimos de la confitería. Ir caminando con él así, en una situación tan inequívoca, me producía un morbo terrible. La gente nos miraba y eso me provoca un cosquilleo en el estómago absolutamente irresistible. Tan es así que al entrar al telo, giré levemente para ver si alguien nos miraba y si, algunos curiosos también giraban para ver entrar en un albergue transitorio a un viejo casi sexagenario con una jovencita de 25… eso fue el golpe definitivo, lo que me decidió a entregarme por completo.
Tras abonar la habitación, caminamos por un tenuemente iluminado pasillo y fue ahí que su mano bajó de mi cintura hasta mi cola, acariciándomela en forma dulce y entusiasta. Eso fue solo el comienzo, porque al entrar a la habitación y tras cerrar la puerta, empezó a manosearme toda, parecía un pulpo, no sé de donde salían tantas manos. Quiso darme un beso, pero aunque me gustan los besos, la verdad que me daba algo de cosa recibirlos de alguien como él, tan mayor, por lo que aparté ligeramente la cara, recibiendo sus besos en la mejilla. No le importó, igual siguió besándome toda la cara.
-¡Me encantan las pendejas así tan putas y regaladas como vos… me fascinan!-
-¡Y a mí me gustan los viejitos degenerados como vos… mmm… que caliente que estás… como se te puso la pija, papi…!- le dije tocándosela por sobre el pantalón, notando una erección bastante saludable y portentosa para su edad.
-¡Si… soy tu papi… y vos sos mi bebita…!- me decía el viejo ya completamente cebado.
-¿Y te vas a coger a la bebita, papi?- le preguntaba haciéndome la bebota.
-¡Si… si… te voy a recontracoger… te la voy a meter hasta que me supliques que te la saque… te la voy a dar toda, mamita!-
-¿Por la cola también?-
-¡Si… te voy a coger hasta por los oídos…!-
Así, mientras él seguía diciéndome por donde y de que modo me la metería, yo me fui dejando caer, hasta quedar de rodillas ante él, para desabrocharle el pantalón y pelar esa verga que pese a su edad prometía un poderío acorde a la lujuria de su portador. Cuándo la tuve en la mano, debo admitir que me sorprendió su volumen y consistencia, el cuál ya de por justificaba la lascivia que el doctor exhibía. Aunque se trataba de un viejo, se la chupe con ganas, comiéndome todo lo que pude y más también… saboreando cada pedazo, masticando cada porción, dejando que ese brutal porongazo fluyera por entre mis labios con absoluta comodidad. De a ratos me la sacaba de la boca y se la escupía, esparcía la saliva con la lengua sobre toda su superficie y me la volvía a comer, con más ganas que antes, llenándome el paladar con su tamaño.
Se la hubiera chupado por un buen rato más, pero me puse a pensar que se trataba de un hombre mayor y que si lo hacía acabar por ahí no podría volver a levantarse. Así que me levanté, me relamí frente a él los labios y empecé a desvestirme. El viejo me miraba alucinado, subiendo y bajando con la mirada por todo mi cuerpo, recorriéndome de pies a cabeza. Cuándo ya estuve en bolas, él se desnudó también. Debo decir que el resto de su cuerpo no se comparaba en absoluto a lo que portaba entre las piernas. Arrugas, carnes flojas y caídas, si no hubiera sido por el supremo pijazo que ostentaba, lo hubiera hecho acabar con una sola mamada y me hubiera ido de ahí sin pensarlo, pero… quería sentirla. Quería sentirla toda. Me eché de espalda en la cama, me abrí de piernas y en forma incitante le dije:
-¡Veni… comeme toda, papi!-
La chupada de concha que me pegó no tiene comparación, abrió bien la boca y me la devoró con una gula impresionante, sentía su lengua moviéndose por dentro, lamiendo todo en derredor, punteándome el clítoris, poniéndome en un estado cada vez más desesperante. Si bien su forma de chuparme me provocaba un goce soberbio, yo también me sentía algo urgida, así que lo aparté de un empujón y con un tono por demás exaltado, le dije:
-¡Cogeme papi… quiero que me cojas YA!-
Le puse un forro, hice que se acostara de espalda en la cama y me le subí encima, a caballito. Me acomodé por mí misma la verga enfundada en látex en la entrada de la concha y me la fui metiendo de a poco.
-¡Decime papi, por favor… me encanta que me digas papi…!- me pidió casi con desesperación.
-¡Ayyyy… como la siento, papi… le estás metiendo toda la pija a tu bebota…!- le dije con ese tonito de voz que a él lo enloquecía.
Me la metí bien adentro y empecé a moverme, frotándole las tetas por toda la cara cada vez que bajaba, él me las chupaba, besaba, lamía, y hasta mordía, mientras yo aumentaba de a poco el ímpetu de mi cabalgata, subiendo y bajando, deslizándome en torno a esa bestial poronga que cada vez parecía endurecerse más y más.
-¡Ayyyy… si papi… si… que rico me cogés… mmmm…!- me estremecía yo, sintiendo la punta de su verga golpear en lo más profundo de mi concha, repiqueteando contra las paredes de mi útero.
Estuve un buen rato cabalgándolo, sin parar, sin preocuparme ya porque pudiera acabar antes de llegar a mi propio goce, esa pija estaba para hacerse un festín. Así que me bajé, me eche de costado, con la colita hacia él y con la misma sensualidad que había usado desde el comienzo, le pregunté:
-¿Le vas a hacer la colita a tu bebita, papi?-
Su respuesta fue puertearme el culito con su pija. Me estremecí toda al sentirla, que un viejo de su edad, un viejo verde, un degenerado, un pervertido me culeara me llenaba de morbo y calentura. Yo misma me abría las nalgas para que se metiera más a fondo.
-¡Si papi… así… metela… metela toda… si… más… más… ahhhhh… que rico papi… como me partís el culo…!-
Lo sentía entrando y me temblaba hasta el meñique del pie. Por los espejos veía la cara transfigurada del viejo y eso me excitaba mucho más todavía, me sacaba de quicio, me imaginaba a mí misma, una doncella virgen e ingenua raptada y violada por el anciano decrépito y depravado de la comarca… Jajaja… bueno, tampoco era tan decrépito, aunque depravado si… mientras me la metía y sacaba del culo, paseaba sus manos por todo mi cuerpo, me acariciaba las tetas, me las apretaba y pellizcaba o me tocaba la conchita, poniéndome el clítoris casi a punto de estallar.
-¡Si papi… si… rompeme bien el culo… rompele el culo a tu bebita… mmmm…!- le decía entre susurros, y al escucharme como que se entusiasmaba más todavía y me daba más fuerte.
Me pegaba fuerte en las nalgas sin dejar de embestirme, dándome toda esa complaciente verga que no se correspondía con su edad. Pero por supuesto no me importaba entrar en tales divagues, por lo que disfrutaba de cada pedazo con sumo entusiasmo, gimiendo, retorciéndome, empujando la cola hacia atrás cada vez que se retiraba, buscando el calor y la comodidad de su pelvis. Ya hasta podía sentir en mi nuca sus bufidos que se intensificaban a cada segundo, estaba por llegar al orgasmo, no me propuse detenerlo.
-¡Si papi… seguí… no pares… ahhhhhhh… voy a… ahhhhhh… voy a acabar…!- me estremecía al ritmo de tan precisas enculadas.
Se notaba que se estaba esforzando al máximo para seguirme el ritmo y complacerme tanto como yo lo complacía a él. Mientras entraba y salía de mi culito, una de sus manos se enterró en mi entrepierna, y me frotó bruscamente el clítoris, a la vez que sentía como su verga comenzaba a pulsar en esa forma tan notoria y elemental. Un par de ensartes más y el viejo se quedó bien clavado dentro de mí… mmmmm… podía sentir la leche fluyendo por el látex, llenándolo, inflándolo, mientras mis jugos, igual de caudalosos y efusivos empapaban su mano. Nos quedamos un rato así, tendidos, abrochados, sin despegarnos, mientras la delicia del orgasmo se diversificaba por toda nuestra anatomía.
-Uffff… que polvo me regalaste chiquita, fue… maravilloso- me dijo el viejo entre plácidos suspiros.
Me corrí un cachito, provocando que la verga se saliera de mi culo y me eche a un lado, acariciándome suavemente la entrepierna, como tratando de calmar el ardor que sentía en esa zona.
-Si así atiende a todas sus empleadas me imagino que debe tener bastante personal trabajando para usted- le comenté.
-Jajaja… no te creas- se rió –la que te atendió en la recepción creo que debe ser la más joven- dijo refiriéndose a la vieja cara de culo que me había atendido cuándo me presente para la entrevista.
-No le creo- repuse.
-No son muchas las chicas que aceptan estar con alguien tan grande como yo- se sinceró.
-Puede ser, debe ser que a mí me gustan los viejitos verdes y babosos como usted- le dije con una sonrisa y acercándome a él para agarrarle la pija y frotársela un poquito.
Le saque el forro, le hice un nudito en la punta para que no se volcara el semen, lo tiré en el cesto que estaba al costado de la cama y me entretuve un ratito limpiándole con la lengua los restos pegajosos que todavía impregnaban su flácida superficie.
-Te espero mañana para que ya empieces a trabajar- me dijo antes de salir, ya vestidos y arreglados.
Justo en ese momento recibía un mensaje de mi novio. Le contesté que ya estaba saliendo de la entrevista, que en un rato lo llamaba.
-OK, mañana estoy ahí- le dije.
Salimos juntos del telo y nos despedimos en la puerta con un beso en la mejilla, yéndonos cada uno por su lado. Me fui lo más rápido que pude, ya no me excitaba tanto que me vieran con él, hasta debo decir que me daba vergüenza. Mientras caminaba hacia la parada del colectivo, llamé a mi novio.
-¿Y, como te fue?- me preguntó entusiasmado.
-No sé, quedaron en que me llamaría, pero no creo que lo hagan- le respondí.
-No importa, ya va a aparecer algo- trato de consolarme.
Finalmente no me presente al trabajo y cuándo me llamaron les dije que tenía que viajar urgentemente y que no podía tomar el puesto, que igualmente se los agradecía. Por supuesto lo del viaje era mentira, solo que no quería caer de nuevo en lo de antes, lo del viejo había estado bien, pero solo para una vez, no me interesaba que me acosara permanentemente y estaba segura que de trabajar para él eso era lo que iba a pasar. Además quería conseguir algo por mí misma, por mi capacidad para trabajar y no por ser buena en la cama. Si fuera así me pongo a trabajar de puta, pero no es eso lo que quiero para mi vida, y más ahora que estoy a punto de reconciliarme con mi novio.

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El aprovechador

Mala época la que estamos pasando, muy mala.

Mi esposo, me exhorta de continuo, a permanecer fuerte. Dice, que me necesita para no decaer y seguir luchando. Que pronto llegarán tiempos mejores. Confieso, que cuesta mucho no demostrar lo que siento.

A los 36 años, con dos hermosos hijos, de 6 años la nena y 4 el varón, todo luce muy turbio.

Creerán que peco de vanidad, pero realmente soy muy atractiva. Y simpática, además. Me resulta fácil, caer bien, llegar a la gente, especialmente, a los hombres mayores, aunque nunca supe por qué a ellos.

No me demandó demasiado esfuerzo mantener mi cuerpo. Siempre fui de talla media, busto acorde a mis medidas, marcada cintura y una cola muy llamativa, pues es grandecita.

Tengo cabello negro ondulado y largo. Lo llevo, pasando los hombros, con un rebelde flequillo, que cae sobre mi frente, obligándome a acomodarlo. Este detalle, armoniza con mi tez trigueña y ojos azules, dándome un toque pícaro, como dicen, tiene mi mirada.

Alberto, mi marido, tiene 48 años. No es de extrañar. Todos mis novios, me llevaron 5 años o más. Como dije, siempre atraje a hombres mayores. Tal vez, obedezca a mi propia necesidad de protección. Perdí a mi padre cuando tenía 5 años y con mi madre trabajando, crecí muy sola.

Como dije, la situación económica y todo lo que conlleva, está muy mal. Hace un año, Alberto perdió su empleo y aún no consigue nada.

Vivimos de la indemnización, pero se estaba acabando y …nada.

Por mi parte, contra la voluntad de mi marido, que desea me dedique a los chicos, intenté obtener ocupación, sin éxito alguno, por mi falta de capacitación.

Adeudamos ya, dos meses de alquiler. Pero eso sería lo de menos. Don Braulio, el viejo baboso, dueño de la casa donde vivimos, pregunta diariamente, cuando le vamos a pagar. Siempre, me encara con esa mirada libidinosa, inmunda que lo caracteriza. Tiene 63 años, pelado, con cabello a los costados, gordo, sucio, pero con dinero. Aunque el dinero, suele hacer ver a las personas de otra manera, lo veo tal cual es, una basura que me tiene ganas.

Vive solo, en una casa inmensa, contigua a la nuestra Una vieja, le hace la limpieza, tres veces por semana. La ventana de su comedor, se enfrenta a la de nuestro dormitorio, terreno por medio. Carezco de intimidad. Debo tener bajas las persianas, porque está siempre allí, esperando verme en ropa interior.

A propósito, me llaman Betty y lo que paso a relatar, acaba de ocurrir, en un día como tantos, cuando mi marido salió con los clasificados, previamente marcados como posibles empleos, los chicos fueron al colegio y yo, me disponía a limpiar la casa.

Como de costumbre, sonó el timbre. Ya sabía que era Don Braulio. Maldije por lo bajo, puse mi mejor cara y abrí.

No esperó que lo invitara, se metió y tomó asiento. Dijo que teníamos que hablar seriamente. Me puse cómoda, dispuesta a escuchar un nuevo reclamo de pago.

Para mi sorpresa, pareció rudo pero, a la par, comprensivo. Señaló muy acertadamente, que la situación no parecía dar para más. Que se juntaba una nueva cuota y mi marido continuaba sin trabajo igual que yo y teníamos dos críos que alimentar.

En un intento por sacarlo de encima, le dije que no había querido molestarlos, pero acudiría a mis padres, para saldar la cuenta con él. Como si nada hubiese dicho, continuó parloteando, hasta que por fin, dijo tener un amigo que podía darle trabajo a Alberto. Que se trataba de una comisión en el interior, por tres meses.

Estaríamos separados, pero ganaría buen dinero. La única condición era, que saldara lo adeudado y le adelantara algunos meses. Íntimamente, pensé, el viejo no era tan malo como suponía y experimenté una mezcla de alivio y alegría. Nada sugería, lo que estaba por llegar.

Ocultando mi estado, prometí que esa noche, se lo diría a mi marido. Se fue, mirándome como lobo al corderito, pero estaba demasiado alegre, como para percatarme de ello.

Esa noche, tras acostar a los chicos, comenté a Alberto lo del viejo. Nos costaba separarnos, pero al fin, ambos estuvimos de acuerdo en que, por fin, empezaba a cambiar la suerte.

Llegó el día de la partida. Disimulé mi pena, estimulándolo Quedamos, en que llamaría cada tres días para no gastar mucho y me daría el teléfono de su destino, ante cualquier emergencia.

La noche siguiente, mientras daba de cenar a los niños, sonó el timbre. Era el viejo. Lo atendí enseguida. Después de todo, gracias a él, todo había cambiado.

Estaba como desencajado, sus ralos cabellos despeinados y los ojos enrojecidos. Era evidente que estaba pasado de copas. Como de costumbre, no aguardó a ser invitado. Hasta se sirvió una copa de vino.

Con tono imperativo, me dijo que tenía que hablar a solas conmigo y que acostara cuanto antes a los chicos. Su lasciva mirada y su estado, me congelaron la sangre. De todos modos, hice lo que me pedía para preservar a los niños de cualquier escena violenta o desagradable.

Al regresar del cuarto de mis hijos, lo hallé cómodamente sentado en el sillón de tres cuerpos. Seguía bebiendo. Al verme llegar, se incorporó, dejó el vaso a un lado y antes que pudiera reaccionar, me estaba apretujando contra él.

Viejo hijo de puta pensé, ahora resulta todo claro. Tanta aparente bondad, cuando con seguridad, tenía todo bien planeado desde un principio.

Suavemente, por temor a represalias con mi marido, me retiré un poco y dije:

– Don Braulio, ojala me entienda. Amo a mi marido y vivo para mi familia. Es lindo para una mujer, que la cortejen, pero yo no soy de esa clase. Si el problema es el dinero, puedo acudir a mis padres, para que me den un adelanto.

El viejo se transformó. Me infundió miedo, mucho miedo. Jalándome de nuevo hacia él, con ojos desorbitados, respondió:

– La que parece no entender, sos vos. Me masturbo todas las noches, recordándote en tanguita, o cambiándote, frente a la ventana. Me tenés loco y me decís que no sos “de esas”. De cuáles? Porque también yo puedo ser distinto. Mientras esto decía, me apretaba más por el contorno de la cintura, contra su abominable abdomen. Me empezó a hablar al oído. Susurrando, pero en tono claramente amenazante, me recordó que no tenía más que llamar a su amigo, para que mi esposo regresara, precisamente, cuando se pensaba contratarlo en forma definitiva, para no hablar del desalojo inminente.

Luego, mirándome a los ojos, agregó:

– Me van a tener que pagar, hasta el último centavo de intereses. Todavía querés hablar con tus padres?

Rompí en llanto. Estaba mareada, temblorosa. Como en una película, me vi con mi marido e hijos, en la calle. No soportaríamos tanta desgracia y….todo dependía de mi.

En un intento desesperado por hacer tiempo y pensar, dije:

-Está bien Don Braulio, será como usted diga pero, por favor, hoy no. Estoy quebrada, no podría corresponderle en absoluto. Lloré convulsivamente, para dar mayor peso a mis palabras. No dio resultado. Al contrario, lo exasperé aún más.

Me miró con ironía y replicó:

– Así no querida. No creo en lágrimas de mujer y menos las tuyas. Ahora estoy muy enojado y vas a tener que suplicarme. Pero no de rodillas. Tendrás que calentarme bien y entonces veré que decido. Mientras así me hablaba, acariciaba mis nalgas por debajo de la pollera, metiendo los dedos por el borde de mi bombachita.

La sola idea me provocaba arcadas. Estaba asqueada, no sabía que pretendía ahora. Sólo atiné a decir:

– No entiendo que debo hacer. Por favor, dígamelo.

El viejo asqueroso, con voz babosa contestó:

– Decime que querés que te coja por todos los agujeros. Decilo bien convencida, bien caliente. Y cambiate de ropa ya. Ponete algo bien insinuante, como cuando te vestís para tu marido. Soy muy fetichista.

Me soltó un poco y cuando me dirigía al dormitorio, se acercó a la mesa, donde aún estaban los cubiertos. Tomó un cuchillo y agregó:

– No se te ocurra hacer nada raro. De última, también me excitan los “pichoncitos”, como los que tenés durmiendo ahí. Preparate bien para rogar y mejor será que me sigas excitando, con sólo verte. Puedo cambiar de opinión en cualquier momento y terminar en una carnicería.

Se me erizó la piel. Cundí en pánico. Además de ebrio, era un verdadero degenerado y capaz de hacernos daño a mí y a mis hijos. Estábamos a su merced. Como autómata, fui a mi habitación. Tratando de no pensar, seleccioné un conjunto de lencería, color blanco, que no usaba hacía tiempo, porque me quedaba demasiado estrecho. La tanguita, se metía en el culo quedando dos tiritas a los costados y el corpiño, no me tapaba media teta. En la parte superior, la casaca de un baby-doll negro de encaje, abierto que sólo se cerraba en el cuello con un lazo.

Felizmente, los chicos, dormían plácidamente. Entreabrí la puerta y le dije que estaba lista.

El viejo, abrió los ojos como naranjas, al verme así. Traía un paquete grande en la mano y un vaso de vino, que dejó en la mesa de luz. Sacándose la camisa, me pidió que lo abrazara e hiciera lo que me había pedido. En cuanto le rodee por el cuello, empezó a tocarme por todos lados, mientras me besaba el cuello, con tal avidez, que me marcó. Me decía al oído, que lo enloquecía. Comenzó a tocarme el culo. Corrió un poco la tanguita, que tenía metida dentro de la raya y me metió un dedo, con tanta violencia y profundamente, que me hizo gritar. Me tapó la boca, cuando grité, diciéndome que despertaría a los chicos. Me costaba aguantarlo, hasta el aliento era horrible.

Me soltó y sorbiendo vino, me pidió que me agachara, con el culo apuntándole. Muerta de miedo, me apoyé en la mesa de luz, tal como lo pedía. Su bulto, se apoyó en la entrada de mi culo y empezó a refregarse contra él, mientras, metía sus asquerosas manos, por dentro del estrecho corpiño, estrujándome los pechos. Lenta, muy lenta y metódicamente, fue descendiendo con sus manos, siguiendo mis contornos, mientras lamía toda mi espalda, hasta llegar a la tanguita.

Corrió la bombacha a un costado y me abrió los cachetes. Sentí su lengua, pasar por la raya del agujero, recorrer los lados, introducirse y salir muy rítmicamente.

También una mano que acariciaba los labios de mi vagina, introduciendo y sacando lo que al principio fue un dedo y luego, perdí la cuenta. Sin proponérmelo, me estaba lubricando espontáneamente. Me estaba excitando, probablemente porque no lo veía. No aguanté y lancé un leve gemido. No deseaba sentir, pero, con su maestría, lo estaba logrando.

Casi sin darme cuenta, me incorporé un poco y abrí las piernas, llevando mis nalgas más hacia arriba y afuera. Como respondiendo a mi mudo reclamo, enterró su cara allí. Abrí aún más las piernas. Deseaba sentir enterrada, esa lengua, que conocía muy bien su oficio. No podía controlar mi calentura y arranqué la tanga, ofreciéndome aún más. Siempre detrás mío, se desabrochó el pantalón. Ahora era su pija, la que recorría toda la raya de mi culo. Tuve la sensación de que era de un tamaño muy considerable, tal vez, por lo dura que estaba.

Levé mi mano hacia atrás y la agarré. La cabeza era desproporcionada, en relación al tronco, pero no la veía todavía.

Al viejo no le faltaba experiencia para calentar mujeres, no había dudas. Mi éxtasis superaba todo pudor. Quería, deseaba, entregarme a las sensaciones placenteras que vivía.

Me dio vuelta , me tomó con ambas manos de la cintura y me besó en la boca. Ya ni asco sentía. Fue cuando pude ver la pija. Parecía un hongo. El tronco era normal, pero la cabeza era tremendamente grande. Me dije que, mi falta de experiencia, no me permitía imaginar, que existían algunas con proporciones tan particulares. En comparación, la de mi marido, era chica. Supuse que podía molestar, pero ver esa cabezota colorada y súper hinchada, me enardeció aún más, si es que era posible.

Repentinamente, estiró la mano hacia el paquete que había traído. Contenía, un aparato, negro, inmenso, con la forma de un pene. Socarronamente, me dijo que era el “invitado especial para mí”. Que a mi colita, le iba a encantar y me haría sentir como si estuviera con dos hombres y no uno.

La sola idea, me hizo volver a la realidad, enfriándome repentinamente. Quise protestar, decirle que era demasiado con la suya, pero me miró amenazante y me callé.

– Así me gustan, dóciles y siempre dispuestas a ensayar lo nuevo- dijo-, mientras me quitaba el corpiño y me recostaba en la cama.

Me chupó las tetas como un bebé. Me pedía que le diera leche, apretando y mordiendo mis pezones, succionando con tal fuerza, que me dolían.

Simultáneamente, dos dedos hurgaban mi vagina, provocándome el primer orgasmo de la noche.

Recogió mi bombacha destrozada, la olió y la chupó mirándome a los ojos.

Tomó, un pote de un gel transparente, que también había traído y siempre mirándome a los ojos y pidiéndome que lo mire, untó toda su pija y la entrada de mi vagina.

Se acostó encima mío y delirando de deseo, abrí bien mis piernas. Sabía que iba a ser difícil, dar paso a esa cabezota dentro mío, pero la quería sentir.

Después de besarme y chuparme el cuello con violencia, diciéndome cosas obscenas, apuntó su deforme miembro a la entrada y comenzó a empujar. No entraba y me comenzaba a doler la invasión.

Traté de sacarla, le pedí, pero por toda respuesta, recibí una puteada, diciendo que me iba a romper toda, que nunca olvidaría esa noche.

Creí reventar, cuando la cabeza comenzó a abrirse paso para entrar. Suspiré, grité. Me abofeteó. Aprovechó que me aflojé, para meterla hasta el fondo. Era como un desgarro, me dolía, ardía Mi expresión de dolor, pareció excitarlo más. Aumentó la velocidad de las embestidas No dejaba de mirarme y su rostro se desfiguraba.

El viejo repugnante, gozaba como loco viéndome y sintiéndome sufrir.

Musitaba inmundicias y repetía que, marido le tendría que dar las gracias, por devolverle una mujer bien domadita y toda rota. Tras un terrible empujón, la dejó un rato clavada, “para que me acostumbre”, según dijo. Respiré hondo, me relajé un poco y efectivamente, mi vagina se fue acostumbrando.

Lo tomé de la cintura y comencé a moverme, con la esperanza que acabara enseguida. Pero era de largo aliento.

Me tuvo, una eternidad bombeándome. Yo subía y bajaba, al mismo compás, para amortiguar un poco sus embestidas.

Por fin, sentí el líquido caliente dentro mío. Sentí alivio, la pesadilla había concluido, aunque estaba muy dolorida y apenas podía caminar.

Cuando volví del baño, previo pasar por la habitación de mis hijos, para cerciorarme que seguían dormidos, el viejo estaba con el terrible aparato en su mano.

Me besaba, mientras me ponía boca abajo y decía:

– Ahora, es el turno de mi amiguito, en tu hermosa colita.

Colocó la almohada, bajo mi cadera, para que el culo quedara bien parado. Me puso mucho gel en el agujero con dos dedos. Se tomó su tiempo, pese a mis quejas, para dilatarlo. Con pánico, sentí como comenzó a meter el aparato. Imposible no gritar, cuando eso abrió mi culo para introducirse.

El viejo hijo de puta, mientras me rompía el culo, se masturbaba, emitiendo gemidos de placer.

Era terrible. Sentí necesidad urgente de ir al baño. Se lo dije, pero metiendo más, esa monstruosidad, replicó:

– Hacete encima, si podés. con este lindo tapón.

Rompí la sábana, con las uñas de las manos, cuando lo terminó de meter, de un golpe. Con los dientes, mordía la otra almohada, para soportar sin gritar..

El dolor era insoportable. A las ganas de defecar, se sumó la sangre que corría por mis piernas dormidas. Era un verdadero calvario. Y el viejo, se reía mientras se pajeaba.

Comenzó a meterlo y sacarlo, cada vez más impulsivamente, mientras me decía:

– No sabes qué hermoso está quedando el agujerito. Entra mi brazo ahí dentro.Y largó una carcajada.

No puedo calcular cuanto estuvo metiendo y sacando eso. Hasta que lo sacó y me metió su pija.

La cama, parecía a punto de romperse, de los empujones del viejo, clavándome el culo.

Me cabalgaba tempestuosamente, tirándome de los cabellos, con tal rudeza, que temí me rompiera el cuello. Me llamaba yegua y me trataba como tal. Me cogía y me insultaba. Marcó mis nalgas de tanto golpearlas y apretujarlas, como si las abriera y cerrara. Al acabar, me tuvo clavada un rato, hasta que la sacó.

Estaba exhausta, transpirada, dolorida, pero alcancé a ver que iba a higienizarse. Al salir, sin más, se vistió. Se rió con una risa depravada, como el hijo de puta que era. Luego, me dio un beso en la frente y me ordenó que, al día siguiente, consiguiera con quien dejar los chicos y fuera a su casa. Me recordó que ahora tenía algo más para presionarme. Podía contar todo a mi esposo.

Tardé en pararme para ir al baño, era intenso el dolor. Sangraba mucho por el ano. Lloré y y no dejé de lavarme hasta que la hemorragia pasó.

Al día siguiente, hice los arreglos necesarios y fui a su casa, por la noche.

Me recibió tan ebrio como el día anterior y me acometió de inmediato. De pie, apoyándome contra un mueble, me metió por delante y detrás, el enorme aparato. Luego, riendo, me preguntó si alguna vez había estado con dos tipos y empezó a cogerme por ambos lados, al unísono, usando su pene y el monstruoso aparatejo.

Estuve toda la noche con algo dentro mío, el aparato, la pija del viejo o ambos a la vez.

Tres días antes del regreso de mi esposo, las cosas se pusieron peor. Llevé los chicos a la casa de una pareja amiga.

El viejo, había dicho que vendría a las 10 de la noche. Que lo esperara, como yo sabía que debía hacerlo, es decir, bien provocativa. Apareció con otro viejo.

Era el jefe de mi marido. Un tipo morrudo, falto de modales, tanto para hablar como para moverse.

Quise quejarme y el “jefe” me dijo que me callara. Que al fin de cuentas, era una buena puta, que me había regalado, a cambio de trabajo para mi marido y que, de continuar siéndolo, dependía el futuro de Alberto. Me estaba chantajeando.

Pensé rebelarme, pero tuve que admitir que algo de razón tenía. Al fin de cuentas, desde el primer día, gocé con el baboso, gracias a su arte y aunque sufrí, en los días subsiguientes, me había acostumbrado y hasta disfrutado con él. De pronto, todo como en un flash, recordé el cuchillo, la amenaza sobre mis hijos y grité:

– Noooo!!!! Este hijo de puta – señalando a Braulio – me obligó a todo, cuchillo en mano.

Ambos rieron y dijeron que era un poco tarde para arrepentirse. Braulio, agregó que tanto entusiasmo mío, había despertado la curiosidad de su amigo. Que mejor me relajara y disfrutara. Que ya quedaban pocas “sesiones” y mucho por aprender y que si no me sentía contenta de que haya traído un “consolador natural”.

Luego, con una sonrisa burlona, agregó:

– ¿No me dirás que no te gustó el “juguetito” ?. Me di por vencida. Ahí estaba, sola con ambos.

No me desvistieron. Tras manosearme de pie, me hicieron arrodillar y chuparle la pija al jefe, muy cómodamente sentado. Braulio, por detrás y alzando bien mis nalgas, comenzó a cogerme por el culo, sin siquiera lubricarme mínimamente, tan acostumbrada estaba ya a recibirlo. Me dolió y mucho. La metió de una vez, pero no podía gritar. Mi boca estaba totalmente ocupada.

El “jefe”, me hacía ahogar, tan profundamente metía su pene largo y fino, entre mis labios. Cada vez que el otro, embestía por el culo, me empujaba hacia delante. Tenía arcadas, náuseas, pero nada podía hacer. Sólo soportar y esperar. Esta vez, ninguna excitación sentía. Sólo asco, incluso de mí misma.

Braulio acabó. Se incorporaron y me hicieron parar. El otro, me puso contra la pared y me la metió, de un empujón, en la vagina.

Creí que, me rompería la espalda, de cómo me daba. Me dolía todo el cuerpo. Sus movimientos eran muy bruscos, violentos. Era evidente que sólo deseaba poseerme y dañarme, como para dejar su huella en mi Braulio colaboraba, sosteniéndome las piernas bien en alto y rodeando el cuerpo de su amigo, mientras mi cabeza y cuerpo, daban contra la pared.

Acabó dando un grito, que pareció un alarido feroz y se desplomó. Braulio, volvió a mi culo, su única obsesión.

Me flexionó la cintura, contra la mesa y a enterró de tal manera que grité como nunca. Mientras me agarraba bien, por la cintura, golpeaba mis nalgas con saña.

Para acentuar mi calvario, su amigo, agarró mis pezones. Los pellizcaba y tiraba de ellos, pidiéndome que soltara la leche. Braulio, gritaba que sí, que les diera todo, que quería sentirme bien mojada, mientras introducía dos sucios dedos en mi vagina. Como notó mi sequedad, me golpeó más fuerte en la ancas y gritó:

– Puta, te quiero bien caliente, chorreada y rogando….

Sus expresiones, motivaron al “jefe”, quien de inmediato, colocó su pene entre mis labios, para que se lo chupe. Como no podía hacerlo, en esa posición y sufriendo tal dolor, me tomó de los cabellos y de un tirón, forzó que abriera la boca. Ambos se fueron casi a la par.

Me pidieron que les sirviera algo de beber, pese a que no podía caminar y uno de mis pechos, sangraba. Tuve que hacerlo. Bebieron de una vez sus tragos y me pidieron que los acariciara, para “devolverles la vida”. No quería, ni podía hacer nada. Me desplomé en el sillón, llorando, no se si de dolor, impotencia o ambas.

Fue un error. Era evidente que ambos eran sádicos y el sufrimiento los estimulaba. Con sorna, comentaron que “había que mimarme” y pronto me estaban abriendo bien las piernas y embadurnándome con gel por delante y detrás, mientras, me chuponeaban todo el cuerpo, a medida que me quitaban toda la ropa. Braulio se acostó boca arriba, en el mismo sillón y me puso encima de él. Yo subía y bajaba rápido, esperando que acabara pronto, cuando recibí una gran “lección”. Su compañero me tiró bien para adelante y de pronto tenía ambas pijas en mi vagina. Por si poco fuera, el “juguetito”, se abría paso por mi ano..

No estaba doblemente, sino triplemente penetrada. Era el acabose. Ni gritar podía, tal era el dolor y la tensión en todo mi cuerpo. Tampoco podía relajarme. Sólo sufrir. Comprendí, al fin, lo que se siente ser violada.

Como aguantaba y nada decía, me preguntaban si quería más y arremetían más violentamente, moviendo el consolador, al mismo ritmo de ellos. Cuando logre gritar, los complací. El jefe, tomó el lugar del consolador y acabaron casi juntos, desbordándome de semen por ambos agujeros.

Los dos días que quedaban antes del arribo de Alberto, estuve en cama. Dije que, aparentemente, tenía un problema en la columna, tanto me dolía.

Mi marido trabaja, estamos al día con los gastos y podemos ahorrar.

Cada tanto, lo mandan en comisión afuera, para agarrarme entre los dos viejos y cogerme.

Todavía estoy pagando el precio, por “tanta tranquilidad”.

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En el cine

Hace dos meses, pasé por la puerta de un cine porno que está en el centro y me dio curiosidad, no entré por vergüenza, pero me quedé pensando todo el día en lo que ocurriría ahí adentro.
Al día siguiente no aguante mas, estaba súper excitada y no quería masturbarme, solo quería ir a ese lugar, así que me puse un pollerita negra bien cortita y suelta, una tanguita chiquita, una camisa negra de mangas cortas y me fui bien temprano a la mañana para ese cine, quería saber y no imaginar lo que podía ocurrir.
Me tome el colectivo 60 para ir, estaba lleno, casi no me deja subir. Nunca había tomado un colectivo tan lleno. No se si fue porque se notaba mucho que estaba excitada o porque, pero un tipo, se paro atrás mío y me empezó a apoyar, al principio disimuladamente, pero después fue alevoso, podía sentir como me se le había puesto dura y me refregaba en la cola. Yo, estaba muy nerviosa y quería correrme, aunque no podía, pero también quería quedarme porque me calentaba cada vez mas, y se sentía bien, no se como explicarlo, me sentía sucia, pero me gustaba, un desconocido me estaba apoyando y en lo único que yo pensaba era en el bulto que le hacia en el pantalón eso duro y, casi sin darme cuenta, separe las piernas, como para sentirlo mejor. Inmediatamente el caradura me metió la mano entera en la cola y me la empezó a tocar como si me quisiera sacar jugo, me la acariciaba, me la apretaba, me la abría, me rozaba entre las nalgas con el dedo, yo pensé que me moría, sentía que en cualquier momento iba a acabar, pero trate de pensar en otra cosa, no quería enfriarme. Después de un rato se corrió y se paro a mi lado apoyándome el bulto en mi brazo; estaba duro, podía sentirlo latir, dentro mío quería agarrarlo con la mano, pero tenia miedo que alguien me viera, lo intente un par de veces, pero la baje de inmediato. De repente, el tipo se fue, la verdad me arrepentí de no haberlo tocado, pero me consolé con saber que me quedaban solo tres paradas para bajarme.
Cuando baje del colectivo, lo primero que hice fue prender un cigarrillo, tenia que tranquilizarme, me temblaba todo el cuerpo, era como si una corriente eléctrica me recorriera por completo.
Cuando llegue al cine, seguí de largo, tenía vergüenza, pero estaba tan excitada, que me pare a unos metros nada más, así que me arme de valor, y cuando parecía que nadie me veía, entré, saque a entrada. Lo primero que me llamo la atención fue que había un bar con unas mesitas en el lado opuesto a donde me dijeron que estaban las salas, por suerte no había nadie, así que rápidamente me metí en una de las salas y me senté lejos de la puerta. Estaban pasando, como era obvio, una peli porno, bastante mala, de esas en las que las chicas gritan como si las estuvieran matando. Después de un rato mire hacia el fondo de la sala, y me di cuenta que habían varios hombres en las últimas filas, yo no había ido para ver una peli, yo quería ver que pasaba ahí adentro, y parecía que no pasaba nada. No había movimiento. Entonces me paré y fui como para la salida, ahí vi que había un par de hombres parados, recostados contra la pared, así que me pare justo atrás de la última fila, del lado mas alejado a la entrada, y esperé a ver si algo pasaba. La verdad, no tuve que esperar mucho, ya que enseguida sentí como unos dedos rozaban mi cola, a lo que respondí quedándome quietita, si en el colectivo había funcionado, ahí también. El roce fue cada vez mas obvio, hasta que toda la mano del tipo estaba en mi cola. Mire, sin darme vuelta, para un costado, y vi que el tipo estaba parado casi a mi lado con la pija afuera. Sentí una sensación muy rara pero placentera en ese momento, una mezcla de miedo, excitación, deseo y vergüenza que me quito el aire por unos segundos. De repente sentí otra mano en mi cola, y no era del mismo tipo; yo me desesperé, no sabía que hacer, me faltaba el aire, pero a la vez sentía como me estaba mojando toda. Sin pensarlo, apoye las manos en el respaldo de una de las butacas que tenia adelante y me recline, dentro mío pensé: “Ana, a eso viniste, querías ver que pasaba, ahí lo tense, ahora soltate, entregate y deja que ocurra lo que sea”, así que, me relaje, tomé aire, y le agarre la pija al tipo que estaba a mi izquierda, pero siempre mirando hacia delante, era bastante grande y estaba durísima. Enseguida, el tipo me puso la mano en la nuca, y fue llevando la cabeza para que se la chupara, cosa que hice de inmediato y casi con desesperación. Mientras yo le chupaba la pija, el otro tipo me bajo la tanguita y, literalmente, hundió su boca en mi cola; me estremecí por completo, nunca había estado con dos hombres, y todo lo que estaba ocurriendo era mucho, mucho de verdad, me sobrepasaba, por momentos quería salir corriendo y por momentos quería TODO, absolutamente TODO. Luego de que me chupara la cola un buen rato mientras yo me comía esa hermosa pija, me hicieron arrodillar en una de las butacas, dando la espalda a la pantalla, y de inmediato, los dos tipos cambiaron de lugar y al que yo se la estaba chupando empezó a comerme la cola mientras el otro me la metió en la boca sin esperar, esta si que era enorme, enorme de ancha y enorme de larga, era imposible de chupar, me llenaba toda la boca. Mientras yo chupaba ese monstruo magnifico el otro me la metió de golpe en la concha y empezó a cogerme a lo bestia, no pasaron diez segundos y me arranco un orgasmo como nunca había tenido antes, pensé que me iba a desmayar, pero eso era imposible ya que no paraba de cogerme. Trate de aguantar lo mas posible para no acabar otra vez tan rápido, quiera que todo esto durara mucho, así que me concentré en la enorme pija que estaba chupando y trate de olvidarme un poco de cómo me estaban cogiendo, auque, la verdad era difícil, pero la “fortuna” estuvo de mi parte y me ayudo a concentrarme un poco mas, ya que otros dos tipos se pararon a mi lado, uno de cada lado, con la pija afuera para que se las chupara, a lo que accedí de inmediato, era increíble, estaba con cuatro tipos, tenia tres pijas para chupar y me estaban cojiendo, pero no pude soportar por mucho tiempo mas, ya que el tipo que me cogía, me metió uno de sus dedos en la cola y de inmediato estalle en otro orgasmo increíble. Así estuvieron un buen rato, intercambiándose entre ellos para cogerme, todos menos el de la enorme pija, que seguía cerca mío para que la siguiera chupando, estaba exhausta, pero muy excitada todavía. Uno de los tipos se sentó a mi lado y me hizo montarlo, siempre de espaldas a la pantalla, para que pudría seguir chapándosela a los otros tres, pero la enorme, bestial y hermosa pija no estaba, intente buscarla, pero uno de los tipos empezó a cogerme la boca, si, a cogerme la boca, me agarro de la nuca y me cogía la boca metiéndomela entera hasta hacerme atragantar, y cuando me la sacaba, solo tenia tiempo para tomar aire ya que me la metía el otro en la boca. En eso siento que, mientras me cogían, empiezan a pasarme saliva por la cola. Lo primero que pensé, es que, el que me estaba cogiendo, me iban a meter un par de dedos, pero de repente siento que esa enorme pija que había perdido de vista, se estaba abriendo paso en mi cola. A pesar que no iba a ser la primera vez que lo hacia por la cola, nunca había tenido una pija de ese tamaño dentro, era enorme, no quiero mentirte, pero calculo que tenia 25 cm de largo por 6 o mas de ancho, estaba asustada, pero, quizá por la calentura que tenia, fue entrando poco a poco hasta el fondo. ¡Era increíble! ¡No solo estaba chupando dos pijas hasta que desaparecían en mi boca, sino que me estaban cogiendo y a la vez una enorme pija me hacia la cola! ¡Me sentía putísima! Ahí mismo acabe dos veces seguidas más, y luego otra, y otra, fue increíble, pero aunque te parezca mentira, no estaba satisfecha todavía, quería mas, pero no lo iba a tener, al menos no como yo pensaba; el que me estaba haciendo la cola, me agarro del brazo, llevo al fondo de la sala y me hizo arrodillar en el piso, como si se hubieran puesto de acuerdo, los cuatro se pararon frente mío y empezaron a pajearse, ahora les tocaba a ellos acabar y yo sabia que es lo que tenia que hacer. Así vino el primero y me acabo en la cara, luego el segundo que lanzo un gran chorro que entro en mi boca, luego el tercero, ya para entonces tenia la cara cubierta de leche espesa y caliente, y después vino el dueño de esa enorme y maravillosa pija que había gozado con mi cola, y me baño, literalmente, me baño de leche, llenando mi boca y mi cubriendo mi cara. Sentía como se derramaba por mi frente, mis mejillas, mi nariz, mi boca, mi cuello. Con mis dedos fui llevando toda esa leche a mi boca, sentía que había sido totalmente violada, ultrajada, que era la peor de las putas, y eso me éxito aun mas, así que comencé a masturbarme ahí mismo, bañada en leche, y cuando estaba por acabar, sentí otro chorro mas en mi cara, y luego otro mas. Quede exhausta. Cuando pude abrir los ojos, no había nadie al lado mío, había quedado totalmente sola. Me levante, agarre mi pañuelo y me limpie lo mejor que pude, luego busque el baño, que para mi vergüenza quedaba un poquito retirado de la sala. Luego de lavarme bien la cara, me di cuenta que mi camisa y mi pollera estaban todas manchadas de leche y así debía volver a casa, pero no me importó, lo que viví ese día, fue lo mejor que me había pasado hasta entonces.
Desde ese día, al menos dos veces por semana, voy a algún cine porno, casi nunca el mismo. Que te puedo decir, me hice adicta.

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